Introducción
Al revisar la historia, se vuelve tan claro como la luz del día que los nobles profetas siempre han reorganizado la sociedad humana. Han llamado a la humanidad hacia un ideal fundamental y han unido, mediante un nuevo vínculo de unidad, a quienes respondieron a ese llamado. El grupo humano que se había dividido en diversos partidos, tribus y clanes, y cuyos miembros eran sedientos de la sangre de los demás y enemigos del honor ajeno, gracias a este llamado se convirtió en una comunidad de hermanos, cada uno de los cuales protegía el honor del otro. Como resultado de esta unidad surgió una nueva fuerza, y este llamado creó la historia más importante del mundo y se convirtió en el factor que dio forma a la más grandiosa civilización. El Corán ha señalado esta profunda verdad de su propia manera incomparable:
واذكروا نعمة الله عليكم اذ كنتم اعداء فالَّف بيت قلوبكم فاصبحتم بنعمته اخوانا وَّ كنتم على شفاء حفرة من النار فانقذكم منها –
«Recordad la gracia de Allah: cuando erais encarnizados enemigos unos de otros, Él unió vuestros corazones y, por Su favor y misericordia, os convertisteis en hermanos. (Sin duda,) estabais al borde de un foso de fuego; entonces Él os salvó de él (y os protegió de la destrucción)». Al Imrán: 103
Los nobles profetas llamaron a la humanidad diciendo:
واعتصموا بحبل الله جميعا ولا تفرقوا –
«Aferraos firmemente a la cuerda de Allah (manteneos unidos) y no os separéis unos de otros».
La unidad del islam no es simplemente una unidad externa y legal, sino que es la unidad de los corazones. El islam no considera que la unidad legal, por sí sola, sea verdadera unidad; más bien, quiere establecer en el corazón humano el fundamento de esa unidad externa. Su verdadera fuente es la unidad de la fe y de la doctrina, la unidad de las esperanzas y aspiraciones, y la unidad de las determinaciones y los sentimientos del corazón. Así como une externamente a todos mediante un solo vínculo de unidad, también los une interiormente mediante una relación de «ujuwah» o fraternidad. Y es cierto que la verdadera unidad se establece precisamente cuando ambos rasgos se manifiestan plenamente. Porque la unidad artificial nunca es duradera; los corazones llenos de odio y hostilidad nunca pueden unirse. La falsedad nunca puede crear unidad alguna. La unidad basada en el egoísmo solo se convierte en fuente de división y discordia. Y los vínculos meramente legales tampoco pueden establecer la base de una verdadera unión o amistad. Por eso el islam ha establecido el fundamento de la unidad sobre la fe, el amor y el sacrificio personal. La relación construida sobre esta base se convierte en una muralla tan sólida que, aunque grandes tempestades choquen contra ella, solo pueden destrozar sus propias cabezas, pero no pueden causarle ningún daño.
Además, en la sociedad que se forma sobre esta base, en lugar de la discordia y el conflicto se desarrolla una corriente de cooperación y apoyo. Allí, cada persona se convierte en apoyo, protector y ayudante de las demás. Allí no se permite que quien está cayendo llegue a caer; por el contrario, se extienden innumerables manos para ayudarle. Allí no se abandona a quien ha quedado rezagado, sino que se le ayuda de todas las maneras posibles y se le impulsa hacia adelante. Esta sociedad capacita a la persona para afrontar sus problemas y cumple la función de aferrarse a quien está en peligro de caer.
Es deber ineludible de los trabajadores del movimiento islámico comprender profundamente las bases sobre las que el islam construye sus relaciones sociales y dedicar a la consecución de ese objetivo sus propias fuerzas y capacidades.
Nuestro respetado amigo y querido hermano Khurram Jah Murad escribió este libro para satisfacer esta necesidad fundamental de los trabajadores del movimiento islámico. Entre los pocos jóvenes de este país que, a pesar de haber recibido una educación occidental, se esforzaron especialmente por adquirir conocimientos religiosos y alcanzaron un mérito considerable en este campo, el señor Khurram es uno de ellos. En verdad, si la flor puede reconocerse por su fragancia, esta obra suya también ayudará a comprender su pensamiento y su perspectiva. En realidad, el tema tratado tiene tres aspectos:
Primero: qué características fundamentales desea ver el islam manifestadas en el carácter individual para construir y mantener estable un modo de vida social e integral.
Segundo: qué cosas destruyen y debilitan estas bases, para poder mantenerse a salvo de ellas.
Tercero: qué cualidades fortalecen y elevan estas bases, para que puedan adoptarse.
El respetado autor ha respondido con gran amplitud a estas tres preguntas. Creo que, si los trabajadores del movimiento islámico leen atentamente estas respuestas y se esfuerzan por ponerlas en práctica, podrán hacer florecer toda su vida mediante las flores de la fe, el amor y el sacrificio, que convierten la vida en un jardín florido.
Para beneficiarse de este opúsculo, los trabajadores deben prestar atención también a otro asunto. El ser humano no puede adquirirlo todo de la noche a la mañana. Por ello, nuestro deber consiste en comprender el plan completo de formación del carácter, arraigar profundamente cada elemento en nuestra mente, después intentar adoptarlo y seguirlo, y así aceptar el segundo después del primero y el tercero después del segundo.
Se ha narrado acerca de Hazrat Abdullah ibn Umar (que Allah esté complacido con él) que tardó siete u ocho años en estudiar la sura Al-Baqarah. Cuando le pidieron que explicara esto, dijo: «Estudio una cosa, la acepto y luego avanzo». En realidad, para la formación del carácter se necesita precisamente un esfuerzo gradual, continuo e incesante. El mero estudio no es suficiente para ello. Este objetivo solo puede alcanzarse mediante esfuerzos y empeños constantes. También debemos recordar muy bien que este es un camino de ascensos y descensos. El éxito en este camino reside en el esfuerzo ininterrumpido, acompañado de valor y confianza. En este camino surgirán fracasos, pero habrá que afrontarlos con firmeza. Los problemas declararán la guerra, pero habrá que vencerlos. Las crisis crearán obstáculos, pero habrá que superarlas. Estas son etapas inevitables de este camino. Al ver todo esto, ¿nos dejaremos atemorizar o retrocederemos del camino hacia nuestro objetivo?
—Profesor Khurshid Ahmad.
Primera: La base de las relaciones mutuas: su importancia y necesidad
1. La base y la dignidad de las relaciones
El movimiento islámico es un llamamiento a una revolución integral y total. Por ello, vincular a los miembros de este movimiento revolucionario con todas las personas en general, y especialmente entre sí, sobre la base correcta forma parte de sus principales deberes fundamentales. Para cumplir este deber, el islam ha arrojado luz sobre cada aspecto de estas relaciones y ha establecido todo, desde sus fundamentos hasta sus detalles más minuciosos.
Para describir las relaciones mutuas, el Corán ha empleado una forma de expresión sumamente concisa y, a la vez, hermosa; se dice:
انما المؤمنون اخواة –
«Los creyentes son hermanos unos de otros» —Al-Hujurat: 10
A primera vista, esto no es más que una breve frase de tres palabras. Sin embargo, en realidad, esta frase basta para expresar el fundamento de las relaciones mutuas, su dignidad ideológica y su importancia y profundidad para el movimiento islámico. En este sentido, podría otorgársele la dignidad de carta constitutiva del movimiento islámico.
De esto se demuestra que la relación entre las personas del movimiento islámico es una relación ideológica. La unidad de metas y objetivos establece sus cimientos, y la unidad de fe en un mismo ideal le da color y forma. En segundo lugar, por ser una relación ideológica, no es una relación insípida o frágil. Por el contrario, la estabilidad, profundidad y amor intenso que en ella se combinan solo pueden expresarse mediante el ejemplo de la relación mutua entre dos hermanos. Precisamente a una relación así se la denomina ukhuwah o hermandad. En verdad, para hacer eco de la estabilidad, amplitud y emoción que el islam infunde en una relación ideológica, ¿qué palabra podría ser mejor que hermandad (ukhuwah)?
2. La hermandad, una exigencia inevitable de la fe
En la civilización islámica, el concepto de la fe no consiste simplemente en aceptar unas cuantas verdades sobrenaturales y dar el asunto por terminado. Es, más bien, una convicción basada en un concepto mucho más amplio, que envuelve el corazón y la mente de la persona y circula por sus venas y arterias como la sangre. Es un sentimiento que hace vibrar y agita continuamente su pecho. Es una fuerza de pensamiento que transforma la estructura de su mente, intelecto y corazón. Sobre todo, es la fuerza ejecutiva de una gestión realista que somete todos sus miembros a su control e inicia una revolución en toda su vida individual y colectiva. Si la fe tiene una influencia tan extensa, ¿cómo podrían las relaciones humanas mantenerse libres de sus tentáculos? Especialmente cuando es una verdad innegable que, salvo una parte insignificante, toda la vida de una persona está íntimamente ligada a sus relaciones con los demás. Precisamente por ello, la fe ordena a sus seguidores establecer relaciones con todas las personas en general y entre sí en particular. Además, para fundamentar esas relaciones en la justicia (adl) y la benevolencia (ihsán), da forma también a un sistema de vida y una civilización integrales. Por otro lado, convierte los fundamentos de los derechos y la dignidad en un sistema jurídico completo, para que cada persona pueda observarlo desde su propia posición. Así, del mismo modo que los dedos de una mano se unen y entrelazan con los de la otra, o un hermano con otro hermano, las personas vinculadas por la fe deben poder unirse y entrelazarse unas con otras. Y esta es una exigencia inevitable de la dignidad ideológica de la fe. Una fe así es la que exige la naturaleza humana, y acerca de ella da testimonio la conciencia. Si quienes han abandonado todos los colores para teñirse únicamente con el color de Allah, han rechazado toda obediencia para aceptar solo la obediencia a Allah, se han apartado de toda falsedad para vincularse únicamente con la verdad y se han consagrado y orientado exclusivamente hacia Allah, no se vincularan entre sí ni establecieran relaciones de amor, ¿quién lo haría entonces? ¿Qué fuerza mayor que la orientación unificada hacia un objetivo puede unir a una persona con otra? Cada etapa de esta orientación unificada y del camino de la verdad continúa transformando esta relación en una realidad viva. Quien se sacrifica por la causa de la verdad necesita y depende naturalmente del amor, la compasión, el consuelo y el apoyo de cada caminante de este sendero. Por tanto, si al emprender este camino tampoco obtiene esta bendición, ninguna otra cosa podrá llenar semejante carencia.
3. La hermandad es indispensable para una revolución islámica mundial
El objetivo fundamental de la fe en este mundo —es decir, crear una revolución islámica mundial y establecer la civilización islámica— exige naturalmente una relación firme, estable y fraternal. Alcanzar este objetivo no es una tarea fácil. Equivale a «aproximarse al amor». Aquí, a cada paso se levantan tormentas de peligros y llegan inundaciones de pruebas. Es evidente que, para cumplir una responsabilidad tan grande, la amistad de cada persona es sumamente valiosa. Su ausencia no puede compensarse por ningún otro medio. Especialmente porque la escasez de partidarios y ayudantes en este camino es una realidad natural, no se puede tolerar ni por un instante un vacío de esta clase.
Además, ninguna revolución integral puede llevarse a cabo sin una jamaat organizada y fuerte. Y una jamaat cohesionada y poderosa nace precisamente cuando las personas que la integran se vinculan estrechamente entre sí. Con este propósito, se debe trabajar de manera tan organizada que naturalmente se convierta en un «muro de plomoبنيان مرصوص»; dentro de él, ninguna división ni discordia podrá encontrar un camino. En verdad, solo un esfuerzo tan cohesionado puede garantizar el éxito.
Allah Todopoderoso ordenó en la sura Al Imrán a los dirigentes de un Estado islámico recién constituido que establecieran precisamente una relación de este tipo:
يايها الذين امنوا اصبروا وصابروا ورابطوا واتقوا الله لعلكم تفلحون –
“¡Oh, creyentes! Sed pacientes y manteneos firmes al enfrentaros al enemigo. Temed a Alá continuamente, para que podáis alcanzar vuestro objetivo.” (La familia de Imrán: 200)
Hacia el final de la sura Al-Anfal, la relación mutua entre los musulmanes se presenta como una condición indispensable para la culminación de la revolución islámica. Y se dice: quienes crean en esta religión, lo sacrifiquen todo por ella y ofrezcan sus bienes y sus vidas en este movimiento, tendrán entre sí, sin duda, una relación de amistad y amor. Aquí se ha utilizado la palabra «amistad» para designar esta relación.
ان الذين امنوا وهاجروا وجاهدوا باموالهم وانفسهم فى سبيل الله والذين اواو ونصروا اولـــئك بعضهم اولــياء بعضٍ –
“Quienes han creído, han emigrado y han combatido por la causa de Alá con sus vidas y sus bienes, y quienes les han dado refugio y ayuda, son amigos unos de otros.” (Al-Anfal: 72)
Avanzando un poco más desde aquí, y señalando la unidad organizativa de los incrédulos y la fuerza de sus grupos, se afirma que, si los musulmanes no establecen una relación de amistad semejante, la aspiración a una revolución islámica mundial, basada en la justicia, la benevolencia y la devoción a Dios, nunca podrá echar raíces firmes en el mundo real. Como consecuencia, el mundo de Alá se llenará de sedición y corrupción. Pues, sin esta relación amistosa, a los musulmanes no les será posible enfrentarse a las fuerzas contrarias a la revolución.
والذين كفروا بعضهم اولـــياء بعضٍ – الا تفعلوه تكن فتنة فى الارض وفساد كبير –
“Y los incrédulos son amigos y aliados unos de otros. Si vosotros, creyentes, no os ayudáis mutuamente, habrá en la tierra una gran sedición y una grave calamidad.” (Al-Anfal: 73)
Y es evidente que tales esfuerzos por establecer la civilización islámica y crear la revolución islámica constituyen el verdadero criterio para determinar la autenticidad de la fe.
والذين امنوا وهاجروا وجاهدوا فى سبيل الله والذين اَوَاوْ ونصروا اولـــئك هم المؤمنون حقاً –
«Quienes han creído, han abandonado sus hogares y han combatido por la causa de Allah, y quienes les dieron refugio y ayuda, esos son los verdaderos creyentes.» (Al-Anfal: 74)
Poco antes de esto, Allah Todopoderoso, junto con la promesa de Su ayuda contra los opositores, dio al Noble Profeta la buena noticia acerca de la comunidad de creyentes: Él había unido estrechamente sus corazones, y ellos eran la clave del éxito de la revolución islámica.
هو الذى ايدك بنصره وبالمؤمنين – والّف بين قلوبهم-
«Él es quien te fortaleció con Su ayuda y con la de los creyentes, y unió los corazones de los creyentes entre sí.» (Al-Anfal: 62-63)
4. Las exigencias de la fraternidad: su importancia y sus resultados
En realidad, la relación mutua entre los convocadores de la revolución islámica es una relación de fraternidad (ukhuwwat), amistad, misericordia y amor. Sin embargo, la palabra «fraternidad» tiene un significado tan amplio que incorpora en sí misma las demás cualidades. Es decir, así como dos hermanos carnales se mantienen unidos y no se permite que entre ellos prosperen las diferencias de opinión, las disputas, los conflictos ni las discordias, los trabajadores del movimiento islámico deben vincularse entre sí de la misma manera. Así como dos hermanos están dispuestos a sacrificarlo todo el uno por el otro, desean mutuamente el bien, se dedican a ayudarse y cooperar, y se convierten en apoyo y respaldo el uno para el otro, del mismo modo se establece entre los caminantes del camino de la verdad —quienes consagran toda su vida por la causa de la religión del islam— una relación que inspira una intensa emoción amorosa y vitalidad espiritual. En suma, cuanto más profundamente esté alguien unido a la revolución islámica, tanto más profunda será la relación que establezca con su hermano compañero. Del mismo modo, cuanto más querido sea para alguien este objetivo, tanto más querida será para él esta relación. Porque esta relación pertenece exclusivamente a quienes luchan por Allah y en el camino de Allah. Por consiguiente, si la relación de quien es trabajador y convocador de la revolución islámica con su hermano compañero es como la de dos desconocidos mientras recorren el camino, debería reflexionar sobre sí mismo y preguntarse por qué camino avanza. O si su relación con sus compañeros y colaboradores es tan efímera como el polvo que uno se sacude del cuerpo, debe reflexionar sobre cuánto valor tiene en su corazón el objetivo del que afirma estar enamorado.
Precisamente por esta relación de hermandad, el Noble Profeta (s.) utilizóحب الله (amor por Allah) como un término sagrado, amplio y hermoso. «Amor» es en sí mismo un término sumamente atractivo y melodioso. Al añadirle las dos precisiones «en el camino de Allah» y «por Allah», lo elevó desde toda vulgaridad e impureza hasta el nivel más sublime de nobleza. De este modo, este término proporciona simultáneamente al corazón y al intelecto un criterio exacto mediante el cual todo creyente puede examinar su relación.
Existe una relación inseparable entre la fe en Allah y el amor en Su camino. Donde esté una de estas dos cosas, también se encontrará la otra. Si falta una, la otra se vuelve dudosa. Por eso, el Noble Profeta (s.) dijo:لا تؤمنوا حتى تحابوا
«No seréis creyentes hasta que os améis unos a otros». (Muslim: Abu Huraira)
Por consiguiente, se ha declarado condición indispensable para la perfección de la fe establecer toda relación sobre esta base y reservar el amor y la enemistad exclusivamente para Allah:
من احب لله وابغض لله واعطى لله ومنع لله فقد استكمل الايمان –
«Quien ame únicamente por Allah, sea enemigo por Allah, dé algo a alguien por Allah y se abstenga de dárselo por Allah, habrá perfeccionado su fe».
La amistad y la enemistad ejercen, en realidad, una influencia sumamente poderosa en la vida humana. Por ello, resulta enteramente natural y razonable que, para la perfección de la fe, se haya establecido como condición indispensable reservar ambas cosas para Allah. La fe tiene numerosas ramas y ramificaciones. Cada una de ellas es importante en su propio ámbito. Puesto que el amor por Allah es tan necesario para llevar al poder a una fuerza bien cohesionada, el Noble Profeta (s.) lo llamó la mejor de todas las obras. Hazrat Abu Dharr (r.) narra:
خرج علينا رسول الله صلى الله عليه وسلم فقال أتد رون اىُّ الاعمال احب الى الله تعالى قال قائـــل الصلوة والزكوة وقال قائـــل الجهاد قال النبى صلى الله عليه وسلم ان احب الاعمال الى الله تعالى الحب لله والبغض لله –
«En cierta ocasión, el Mensajero de Allah (s.a.s.) vino a nosotros. Preguntó: “¿Sabéis qué obra es la más querida por Allah, el Altísimo?”. Alguien respondió: “La oración y el zakat”. Otro dijo: “La yihad”. El Noble Profeta (s.a.s.) dijo: “El amor únicamente por Allah y la enemistad únicamente por Allah son, entre todas las obras, las más queridas por Allah» (Ahmad, Abu Dawud, Abu Dharr).
En otra ocasión, Muhammad (s.a.s.) preguntó dirigiéndose a Abu Dharr (r.a.):
يا اباذرٍّ اىُّ عرى الايمان اوثق قال الله ورسوله اعلم قال
الموالاة فى الله والحب لله وابغض لله«¡Oh Abu Dharr! ¿Qué obra de la fe es la más firme?». Él respondió: «Allah y Su Mensajero saben mejor». El Noble Profeta (s.a.s.) dijo: «Es la amistad por el camino de Allah, y el amor y la enemistad por Él» (Bayhaqi, Ibn Abbas).
La palabra mencionada en el hadizعرىsignifica también una cuerda y el aro o asa de los utensilios de cocina. Además, también se llama así al árbol cuyas hojas no caen ni siquiera en invierno. Asimismo,عرىse llama así. Es decir, el amor por el camino de Allah es un fundamento tan firme que, apoyándose en él, la persona puede cumplir tranquilamente las exigencias de la fe. En un fundamento así nunca aparecen grietas ni se derrumba.
En resumen, la fe exige la vida entera de la persona. Es decir, cada instante de la vida —mientras continúe la respiración en el cuerpo— debe transcurrir conforme a las exigencias de la fe. Sin embargo, mientras todas las relaciones del creyente no se conviertan en relaciones de amor por Allah, no pueden comenzar en la vida obras buenas de una manera tan amplia. Esto se debe a que las relaciones constituyen una parte enorme de la vida humana. Estas influyen inevitablemente en su vida y, en cierto modo, se convierten en el criterio de sus amistades y de su din. Por eso, Allah, el Altísimo, ordenó a los musulmanes que vincularan su propio ser con quienes tienen firmemente arraigado el recuerdo de Allah en sus vidas. Y, para que siguieran el camino de la verdad y no se extraviaran por completo al caer en el laberinto del esplendor y los adornos de la vida mundana, utilizó la palabra «sabr»:
واصبر نفسك مع الذين يدعون ربهم بالغدوت والعشى يريدون وجهه ولا تعد عيناك عنهم تريد زينة الحيوة الدنيا –
«Contén tu ser junto a quienes invocan a su Señor por la mañana y por la tarde, buscando Su complacencia; y que tu mirada no se aparte de ellos para dirigirse a otro lado por desear el esplendor de la vida mundana» (sura Al-Kahf).
Por otra parte, el Noble Profeta (s.a.w.) advirtió a la gente que estableciera sus amistades con mucha reflexión. Pues:
المرء على دين خليله فلينظر احدكم من يخالل – (احمد- ترمذى – ابو داود –بيهقى- ابو هريرة)
«La persona se mantiene en la religión de su amigo (jalil). Por tanto, que cada uno de vosotros reflexione bien sobre a quién toma como amigo». (Transmitido por Abu Huraira, que Allah esté complacido con él)
La palabra mencionada en el hadiz خليل procede de خلت Se refiere a un amor y una sinceridad que arraigan profundamente en el corazón. En el hadiz se ofrece un ejemplo magnífico del amor y la compañía de las personas buenas y malas. Se dice: la compañía de una persona buena es como sentarse junto a un vendedor de perfumes; aunque no se obtenga perfume, su fragancia refrescará el corazón y la mente. Del mismo modo, aunque no se obtenga perfume, su fragancia refrescará el corazón y la mente. Y el contacto con una persona mala es como estar en una herrería: aunque la ropa no se queme, su hollín y su humo inevitablemente alterarán el ánimo.
Al alcanzar cierto grado de fe, la persona experimenta por sí misma un tipo especial de alegría y dulzura al cumplir la fe y sus exigencias prácticas. Precisamente por causa de esta sensación de alegría nace en ella el impulso de realizar buenas obras. El Noble Mensajero (s.a.w.) se refirió a esto mismo como حلاوت الايمان . Mencionó tres condiciones para ello. Una de ellas es la siguiente:
ان يحب المرء لا يحبه الا لله –
«Amará a otra persona, y su amor no será por nadie salvo por Allah». (Bujari y Muslim)
Si un esclavo y siervo logra obtener el amor de su dueño y señor, ¿qué otra cosa podría recibir a cambio de esta inmensa riqueza? En realidad, este amor es para el creyente como un mi‘ray. El Noble Profeta (s.a.w.) dijo: «Quienes establecen entre sí relaciones de amistad por Allah son dignos de esta inmensa gracia». Por eso, Muaz ibn Yabal, que Allah esté complacido con él, dijo:
سمعت رسول الله صلى الله عليه وسلم يقول قال الله تعالى وجبت محبتى للمتحابين فى المسجالسين فى المتزاورين فى والمتباذلين فى-
«Escuché decir al Mensajero de Allah (s. a. s.) que Allah, exaltado sea, dijo: “Mi amor por aquellos que se aman mutuamente por Mí, se reúnen por Mí, se visitan mutuamente por Mí y gastan sus bienes unos por otros por Mí es obligatorio”.» —(Málik)
5. Los beneficios de la fraternidad en el Más Allá
El fruto de amar por Allah en la vida mundana ya existe; pero en el Más Allá, cuando cada buena obra del ser humano sea considerada valiosa y hasta dar en caridad un solo dátil o pronunciar una buena palabra sea considerado una ganancia para él, esta relación conferirá a un creyente un rango sumamente elevado. En realidad, a la luz de cuanto sabemos sobre la importancia de esta relación respecto a la revolución islámica, esto resulta muy natural y evidente.
Aquel día nadie tendrá conciencia de los demás. La gente huirá lejos, abandonándolo todo: a sus padres, hermanos y hermanas, esposa, hijos e hijas. Incluso estará dispuesta a ofrecerlos a todos como rescate para salvarse del Infierno. Aquel día se revelará todo el misterio de la amistad, y el amigo a quien se amó y cuyo amor quedó arraigado en el corazón durante la vida mundana se convertirá allí en enemigo. Pero la amistad de las personas verdaderamente temerosas de Allah permanecerá allí. Porque aquel día, en ese momento de angustia, se sabrá con exactitud qué cosa útil se dieron mutuamente esos amigos durante la vida mundana y se percibirá correctamente su importancia:
الا خلاء يومئذ بعضهم لبعض عدو الا المتقين ياعباد لا خوف عليكم اليوم ولا انتم تحزنون –
«Aquel día, los amigos serán enemigos unos de otros, excepto los temerosos de Allah. ¡Oh, Mis siervos! Hoy no tendréis nada que temer ni estaréis afligidos.» —(Sura az-Zujruf)
Así, el destino del ser humano quedará unido al de aquellos con quienes haya establecido una relación de amor. Incluso si quienes se aman por Allah se encuentran uno en Oriente y el otro en Occidente, el Grandioso Señor de todos los mundos, Allah, los reunirá el Día de la Resurrección y dirá: «Este es precisamente aquel a quien amabas por Mí». La narración del hadiz es la siguiente:
1) المرء مع من احبَّ
2) لو ان عبد ين تحابَّا فى الله عزَّ وجلَّ واحد فى المشرق واخر ى المغرب لجمع الله بينهما يوم القيامة يقول هذا الذى كنت تحبه فىَّ
1. «El destino de una persona queda unido a aquel a quien ama». (Bujari, Muslim; Ibn Masud, que Allah esté complacido con él.)
2. «Aunque uno de los dos hombres que se aman por Allah se encuentre en Oriente y el otro en Occidente, Allah, Señor de los mundos, reunirá a ambos el Día de la Resurrección y dirá: “Esta es la persona a quien amabas por Mí”». (Bayhaqi; Abu Huraira, que Allah esté complacido con él.)
Aquel día, bajo los pies de las personas brotará fuego, sobre sus cabezas habrá nubes de fuego y de ellas lloverán chispas de fuego. A derecha, izquierda, delante y detrás, solo el fuego lo rodeará, y habrá una única sombra bajo la cual podrá refugiarse. Esa será la sombra del Trono divino. Aquel día, siete categorías de personas encontrarán un lugar bajo esta sombra. El Mensajero de Allah (s.) dijo acerca de ellas:
رجلان تحابَّا فى الله اجتمعا عليه وتفرق عليه –
«Entre ellos habrá dos personas que se amaron mutuamente por Allah, se reunieron por Él y se separaron por Él».
Que la misericordia de Allah descienda sobre aquel que nos transmitió este mandato Suyo:
ان الله تعالى يقول يوم القيامة اين المتحابون فىَّ بجلا لى اليوم اظلهم فى ظلى يوم لا ظلَّ الا ظلِّى –
«Allah dirá el Día de la Resurrección: “¿Dónde están hoy aquellos que se amaban mutuamente por Mi causa? Hoy les daré refugio bajo Mi sombra. Hoy no hay sombra alguna excepto la Mía”». (Muslim; Abu Huraira, que Allah esté complacido con él.)
¡Y qué honor será para aquellos acerca de quienes Allah ha dado la siguiente noticia!
المتحابون بجلالى لهم منابر من نور يغيطهم النبيون والشهداء –
«En la otra vida se erigirán púlpitos de luz para quienes se aman mutuamente por Mi causa, y los profetas y los mártires sentirán envidia de ellos». (Tirmidhi; Mu‘az bin Yabal)
6. La importancia de las relaciones mutuas
Esta profunda, estable y afectuosa relación entre unos y otros, basada en una misma fe por Allah, es tan importante para el movimiento islámico que su corrupción ha sido considerada con extrema preocupación. La severa advertencia que se ha transmitido acerca de la ruptura de las relaciones mutuas, la promesa hecha respecto a reconciliarse y reconciliar a los demás, y todo lo que se ha dicho acerca de quienes corrompen las relaciones serán tratados detalladamente más adelante. Pero aquí es necesario recordar que el Profeta (s. a. s.) comparó la corrupción de las relaciones y albergar enemistad con un arma que elimina por completo toda la religión:
هى الحالقة لا اقول تحلق الشعر ولكن تحلق الدين – (احمد وترمذى- زبير)
De aquí se puede comprender cuán amplio y trascendental es el efecto de esta relación. Quienes se vinculen a este din con devoción y sinceridad harán brotar continuamente de lo más profundo de su corazón manantiales de amor para sus compañeros. Esta relación les será tan querida y adquirirá en su corazón un valor tan grande que estarán dispuestos a aceptar cualquier otra pérdida, pero no tolerarán ningún perjuicio para ella.
Allah Ta‘ala ha considerado esta relación de amor y afecto mutuos entre los miembros del movimiento islámico como una de Sus mayores bendiciones. Y sobre la jamaat islámica que obtenga este tesoro invaluable se derramarán Su misericordia y Sus bendiciones especiales. Esto se debe a que esta relación es el alma de la jamaat islámica y el signo de su vitalidad. Esta relación crea para sus miembros un ambiente en el que, apoyándose unos a otros, continúan determinando el destino del camino de la verdad y se esfuerzan constantemente por conducir unos a otros por la senda de la virtud. El enorme tesoro de unidad, amor y fraternidad mutuos que Allah Ta‘ala concedió a la jamaat islámica de la primera época es mencionado en la sura Al Imrán y calificado como una de Sus bendiciones especiales:
واذكروا نعمة الله عليكم اذ كنتم اعداء فالف بين قلوبكم فاصبحتم بنعمته اخوانًا –
«Y recordad la bendición de Allah cuando erais enemigos unos de otros; entonces Él unió vuestros corazones y, por Su misericordia, os convertisteis en hermanos.» —Al Imrán: 103
Después, en la sura Al-Anfal, dirigiéndose al Noble Profeta (s. a.), se afirma que, aunque hubiese gastado todas las riquezas del mundo, no le habría sido posible unir los corazones de los musulmanes mediante una relación de amor, afecto y fraternidad. Esto solo fue posible por el poder de Allah Ta‘ala; únicamente Él podía hacerlo. Él concedió a la humanidad un din y le otorgó la capacidad de tener fe y amor por él. El resultado inevitable de ello es este amor y afecto.
Segundo: La necesidad del carácter y sus características fundamentales
Para establecer y mantener el nivel que el islam ha fijado también para las relaciones mutuas, Allah y Su Mensajero (s. a.) establecieron un conjunto de normas basado en los derechos y la dignidad recíprocos. Siguiendo estas normas, esta relación puede elevarse fácilmente al nivel que el din del islam pretende. La base de estas normas se asienta sobre ciertos principios fundamentales. Si la persona los adopta y los sigue en su vida moral, todo lo relacionado con esos derechos y esa dignidad continuará manifestándose como consecuencia natural de estas cualidades fundamentales. En otras palabras, estas cualidades continuarán impulsando y exigiendo desde el interior de la persona el cumplimiento de cada deber y la obtención de cada dignidad. Como resultado, no será necesario recurrir a consejos o advertencias a cada paso. La primera y más importante de estas cualidades es procurar el bienestar.
1. Procurar el bienestar
En el noble hadiz, para expresar el deseo del bien se utiliza la palabra «nasíhat» (نصخت) Esta palabra tiene un significado sumamente amplio. Por eso, el Noble Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo:الدين النصيحة (ثلاثا) «La religión consiste únicamente en desear el bien». (Pronunció esta frase tres veces seguidas.) Muslim.
A continuación, como explicación más detallada, se mencionó a quiénes se debe desear el bien. Entre ellos también se mencionó a los musulmanes en general. Así, en una ocasión el Noble Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) tomó de algunos de sus compañeros el juramento de desear el bien (nasíhat) a los musulmanes en general. Según el significado lexicográfico, esta palabra implica que en la relación no debe quedar ninguna adulteración ni defecto. En otras palabras, podemos definir esta cualidad de la siguiente manera: la persona estará siempre motivada por el deseo del bienestar y el bien de su hermano; permanecerá en todo momento ansiosa por procurarle el bien, se esforzará por todos los medios para beneficiarlo y no consentirá que sufra ningún daño ni dificultad. Por el contrario, procurará ayudarlo en todo lo que sea posible, tanto en los asuntos de la religión como en los mundanos. El verdadero criterio de este deseo del bien es que la persona desee para su hermano exactamente lo que desea para sí misma. Porque nadie puede desear jamás su propio perjuicio. Más bien, cada uno se esfuerza por obtener para sí el mayor beneficio, bienestar y bien posibles. En cuanto a sus propios derechos, no está dispuesto a aceptar ni la más mínima pérdida; no escatima tiempo ni dinero para su propio beneficio, no puede escuchar que se hable de su perjuicio, nunca tolera su propia deshonra y, por el contrario, desea obtener para sí la mayor cantidad posible de oportunidades y facilidades. Por tanto, desear el bien significa que estas cualidades deben arraigarse en el carácter humano y que la persona desee para su hermano exactamente lo que desea para sí misma. De este modo continuará desarrollándose su conducta y comportamiento.
El Noble Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) señaló esta característica moral del creyente como una condición indispensable de la fe:
والذى نفسى بيده لا يؤمن عبد حتى يحب لاخيه ما يحب لنفسه –
«¡Juro por Aquel en cuya mano está mi vida! Ningún siervo puede ser creyente hasta que desee para su hermano lo mismo que desea para sí mismo». (Bujari y Muslim —Anas.)
Así se han mencionado seis derechos importantes que un musulmán tiene sobre otro musulmán; entre ellos, el deseo del bien fue expresado en un hadiz de la siguiente manera:
وينصح له اذا غاب او شهد –
Es decir: «Desea el bien para su hermano, esté este presente o ausente». (Siyagui —Bujari— Abu Huraira, que Allah esté complacido con él.)
En otro hadiz se dice al respecto que el musulmán tiene seis derechos sobre otro musulmán; uno de ellos es:
ويحب له ما يخب لنفسه –
«Debe desear para él lo mismo que desea para sí mismo». (Tirmidhi, Fabisí-Alí, que Allah esté complacido con él.)
Más adelante veremos cuántos derechos y honores están implícitos en esta cualidad de desear el bien, que surgen directamente como exigencias inevitables de ella.
2. Autosacrificio (ايثار)
Cuando un musulmán no solo desea para su hermano lo mismo que desea para sí mismo, sino que le da prioridad sobre sí mismo, esta cualidad suya se denomina ايثر o autosacrificio. Esta es la segunda cualidad fundamental. ايثار La palabra اثر procede de otra palabra. Su significado es dar un paso o dar prioridad. Es decir, el musulmán dará prioridad al bienestar y al bien de su hermano sobre su propio bienestar y bien. Dejará de lado sus propias necesidades para satisfacer las de los demás. Soportará dificultades para brindar comodidad a otros. Permanecerá hambriento para saciar el hambre de otros. Si fuera necesario para sí mismo, aceptará cosas contrarias a su naturaleza y temperamento, pero protegerá, tanto como sea posible, el corazón de su hermano de cualquier situación desagradable.
En realidad, esta es una cualidad moral elevada, y no se puede esperar de todos. Pues no se ha establecido ningún derecho ni deber como fundamento de ella. Sin embargo, sobre esta base se ha descrito una grandeza moral inconmensurable.
Este autosacrificio debe practicarse primero dentro de los límites de las necesidades; después, en lo relativo a las comodidades y los placeres, y finalmente, en lo relativo a la naturaleza y el temperamento. Este último aspecto es especialmente importante. Por naturaleza, las personas tienen temperamentos diversos y, por ello, sus deseos y necesidades también adoptan formas distintas. En estas circunstancias, si cada persona se aferra a las exigencias de su propio temperamento, la sociedad humana necesariamente acabará hecha pedazos. En cambio, si aprende a dar prioridad a los gustos, preferencias e inclinaciones de los demás, pueden establecerse relaciones sumamente excelentes y cordiales.
El nivel más elevado de este sacrificio consiste en dar prioridad a las necesidades del propio hermano sobre las propias, aun encontrándose uno mismo en la pobreza, la escasez y la adversidad. La vida de los compañeros del Mensajero de Allah (s. a. s.) está colmada de acontecimientos de este tipo. El Noble Corán también elogia esta cualidad de ellos:
ويوثرون على انفسهم ولو كان بهم خصاصة –
«Y dan prioridad a las necesidades de los demás sobre las propias, aunque ellos mismos se encuentren en la necesidad». — (Sura al-Hashr, 9)
En efecto, la manera en que los ansar, pese a su propia pobreza y escasez, recibieron a sus hermanos emigrantes y les dieron un lugar entre ellos constituye, sin duda, un ejemplo ideal de sacrificio. Como motivo de revelación del versículo citado, se menciona un relato acerca de Abu Bakr Talha al-Ansari. En este relato se encuentra un ejemplo admirable de ello:
«Un día llegó ante el Noble Mensajero (s. a. s.) un hombre hambriento. En ese momento no había comida en su casa. Entonces dijo: “Allah derramará Su misericordia sobre quien aloje a este hombre como huésped esta noche”. Abu Talha llevó al hombre a su casa. Pero, al llegar, se enteró por su esposa de que en la casa solo había comida suficiente para saciar el hambre del huésped. Dijo: “Da de comer a los niños y apaga la lámpara. Nosotros dos pasaremos toda la noche sin comer. Sin embargo, el huésped creerá que también nosotros estamos comiendo”. Finalmente, hicieron exactamente eso. A la mañana siguiente, cuando se presentaron ante el Mensajero de Allah (s. a. s.), él dijo: “Allah está sumamente complacido con esta buena acción tuya”, y además les recitó este versículo». (Bujari y Muslim)
Este es un ejemplo de sacrificio en medio de la escasez económica. Pero aún más admirable es el acontecimiento de una batalla, que puede considerarse la culminación suprema del sacrificio. El relato es el siguiente:
«En el campo de batalla llevaron agua a un hombre herido. Justo en ese momento se oyó cerca el lamento de otro hombre. El primero dijo: “Llévensela primero a aquel hombre”. Cuando llegaron junto al segundo hombre, volvió a repetirse la misma situación, y aun encontrándose al borde de la muerte, este dio prioridad a la necesidad de su compañero. Así, la misma situación se repitió hasta el sexto hombre, y cada uno comenzó a dar prioridad a la necesidad del otro sobre la propia. Pero, al llegar junto al sexto hombre, descubrieron que la llama de su vida ya se había extinguido. De este modo, mientras regresaban al primer hombre, todos fueron muriendo uno tras otro».
Otro significado del sacrificio consiste en conformarse uno mismo con un objeto de calidad relativamente inferior y ofrecer a su compañero el objeto de mejor calidad. En cierta ocasión, el Mensajero de Allah (s. a. s.) atravesaba un bosque. Cortó dos miswaks: uno era recto y el otro curvo. Lo acompañaba un sahabi. Le dio el miswak recto y se quedó él con el curvo. El sahabi dijo: “Oh, Mensajero de Allah, este es mejor y más apropiado para usted”. Él respondió: “Si alguien mantiene relación con otra persona aunque solo sea durante una hora, el Día del Juicio se le preguntará si, durante ese período de trato, observó el derecho de esa persona o lo desperdició”. (Quimiya-ye Saadat) En realidad, con esto se señala que el sacrificio también es un derecho propio de la convivencia.
3. Adl (justicia equitativa)
Dos cualidades fundamentales e importantes del carácter son el adl y el ihsan. Si el creyente sigue estas dos cualidades, no solo ninguna causa de ruptura de relaciones podrá alzarse y prevalecer, sino que, además, las relaciones llegarán a ser sumamente armoniosas. Por eso, Allah el Altísimo las ordenó expresamente diciendo:
ان الله يأمر بالعدل والاحسان –
«Allah el Altísimo ordena mantenerse firmes en el adl y el ihsan». —(Sura An-Nahl, 16:90)
Aquí merece especial atención la expresión «Allah ordena». El concepto de adl encierra dos verdades fundamentales. Primero: debe mantenerse la igualdad y el equilibrio en lo que respecta a los derechos de las personas. Segundo: el derecho de cada persona exige que sus derechos morales, sociales, culturales, políticos, económicos y de ayuda sean satisfechos plenamente y con total integridad de fe. Es decir, un musulmán debe satisfacer todos los derechos legítimos de su hermano conforme a la sharía, comportarse según la voluntad de la sharía y tratarlo de acuerdo con sus mandatos. Pues en la sharía se encuentran incorporadas, de manera completa y armoniosa, todas las normas y disposiciones del adl:
وانزلنا معهم الكتاب والميزان ليقوم الناس بالقسط –
«Y envié con ellos a los Mensajeros el Libro y la balanza de la justicia, para que la gente estableciera la equidad». —(Sura Al-Hadid, 57:25)
Del mismo modo, la sharía también exige que, al tomar represalias contra alguien por un daño causado, se le cause únicamente un daño equivalente al que él haya causado. Quien vaya más allá de eso habrá actuado contra el adl. Una explicación amplia y una concepción completa del adl se exponen en un hadiz del Noble Profeta (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él). En dicho hadiz se mencionan nueve asuntos ordenados por Allah. Uno de ellos es el siguiente:
كلمة العدل فى الغضب والرضاء –
«Mantente firme en el principio de la justicia, ya sea que estés en un estado de ira o de satisfacción, cualquiera que sea tu situación.»
En realidad, la señal fundamental de un carácter íntegro es que, cualquiera que sea el estado interior de la persona, no se aparte del camino de la justicia. Debe poseer tal fortaleza de carácter que, por grande que sea la discordia o el resentimiento entre él y su hermano, no permita que sus negocios, conducta y trato se aparten de los criterios de la Sharía. Lo que sigue a esta justicia es el ihsán. Este es algo adicional a la justicia.
4. Ihsán (buen trato)
En las relaciones mutuas, la importancia del ihsán es aún mayor que la de la justicia. Si la justicia puede considerarse la base de una relación, el ihsán constituye su belleza y perfección. Si la justicia protege la relación de la aversión y la amargura, el ihsán crea en ella dulzura y armonía. En realidad, si cada parte se limita a medir únicamente el nivel mínimo de la relación, esta no puede perdurar mucho tiempo cuando uno da siquiera un poco menos de lo que le corresponde y toma un poco más de lo que el otro le concede. Como resultado de una relación tan sencilla, quizá no surja ningún conflicto; pero la persona quedará privada de las bendiciones del amor, el sacrificio, la moralidad y la buena voluntad, que crean alegría y dulzura en la vida. Pues estas bendiciones se alcanzan mediante las cualidades del ihsán, es decir, el buen trato, la generosidad, la compasión, la buena voluntad, el buen humor, la indulgencia, la cortesía mutua, la urbanidad, dar a los demás más de lo que les corresponde y sentirse satisfecho tomando para uno mismo menos de lo que le corresponde, entre otras virtudes.
El concepto del ihsán también hace completos y claros tres asuntos en el hadiz que reúne nueve asuntos:
ان اصل من قطعنى واعطى من حرمنى واعفو عمَّن ظلمنى –
«A quien se aparte de mí, yo me uniré a él; a quien me prive de mis derechos, yo le concederé sus derechos; y a quien me oprima, yo lo perdonaré.» (Sura ar-Ra‘d, 22)
Esto significa que esta cualidad del carácter exige que una persona no solo responda al trato justo y virtuoso de su hermano con una justicia y una virtud aún mayores, sino que, incluso si él obra injustamente, le responda con justicia.
ويدرون بالحسنة السيّئة –
«Ellos repelen la injusticia y el pecado con justicia y virtud». (Sura Al-Qasas, 54)
5. Rahma
Después de estas cuatro cualidades, emplearé la palabra «rahma» para la quinta. Por supuesto, también se han utilizado muchos otros términos para expresarla.
Empleo la palabra «rahma» porque el propio Allah Todopoderoso eligió este término para describir la relación mutua entre los musulmanes. Esto señala precisamente la amplitud de su significado:
محمد الرسول الله والذين معه أشداء على الكفار رحماء بينهم –
«Muhammad, el Mensajero de Allah, y sus compañeros son firmes frente a los incrédulos y misericordiosos entre sí». (Sura Al-Fath, 29)
Para comprender fácilmente esta cualidad, podemos referirnos a ella como la humildad y la ternura del corazón. Como resultado, en la conducta de la persona se manifiestan un profundo amor por su hermano, afecto, cariño, compasión y preocupación por él. Incluso imaginar que pueda causarle a su hermano el más mínimo sufrimiento o herida le resulta doloroso. Esta cualidad de misericordia hace popular a la persona y atrae hacia ella a la gente en general. El Corán la ha mencionado como una de las principales cualidades del Mensajero y ha presentado varios ejemplos de ella en los asuntos de la da‘wah y la organización.
لقد جاءكم رسول من انفسكم عزيز عليكم ما عنتُّم حريص عليكم بالمؤمنين رؤف رَّحيم –
«Ciertamente, ha venido a vosotros un Profeta salido de entre vosotros. Le aflige profundamente cualquier sufrimiento que padezcáis. Está siempre ansioso por vuestro bienestar y es sumamente compasivo y misericordioso con los creyentes». (Sura At-Tawbah, 128)
En la sura Al Imrán se dice que, si vuestro corazón no hubiera sido tierno, la gente jamás se habría acercado a vosotros. Y esta ternura del corazón es una misericordia de Allah, el Altísimo.
فبما رحمة من الله لنت لهم ولو كنت فظا غليظ القلب لا نفضُّيوا حولك –
«Por la misericordia de Allah te has mostrado amable y compasivo con ellos. Si hubieras sido malhumorado y duro de corazón, se habrían alejado de ti». (Al Imrán, 159)
El fruto espontáneo de la fe es el amor y el afecto. Y el amor y el afecto jamás pueden coexistir con un corazón duro. Por eso, cuando un creyente se convierte en una persona amorosa, naturalmente adquiere un carácter humilde. De lo contrario, no hay ningún bien en su fe. El Noble Mensajero (s) arrojó la siguiente luz sobre esta verdad:
المؤمن مالف ولا خير فيمن لا يألف ولا يولف – (احمد وبيهقى – ابو هريرة)
“El creyente es un símbolo resplandeciente de amor y afecto. En quien no ama a nadie ni nadie lo ama no hay ningún bien.” (Ahmad, al-Bayhaqi—Abu Huraira, que Allah esté complacido con él)
Y por eso se ha dicho:
من يحرم الرفق يحرم الخير –
“Quien está privado de un carácter afable también está privado del bien.” (Muslim)
La explicación amplia de estas palabras es la siguiente:
من اعطى حظه من الرفق اعطى حظه من خير الدنيا والاخرة –
“A quien se le ha concedido su parte de un carácter humilde, también se le ha concedido su parte del bien de este mundo y del Más Allá.” (Sharh al-Sunna—Aisha, que Allah esté complacido con ella)
En cierta ocasión, el Noble Profeta (s.a.w.) mencionó a uno de los tres hombres del Paraíso. Aquel hombre era sumamente compasivo y comprensivo con sus familiares y con los musulmanes en general.
رحيم رفيق القلب لكل ذى قرب وَّ مسلم – (مسلم )
En verdad, nadie es más desdichado que quien no tiene misericordia con la gente de este mundo. Porque en la otra vida será privado de la misericordia de Dios. En cambio, para quien tiene misericordia con los siervos de Allah, la misericordia de Allah se vuelve inevitable. Por eso Muhammad (s.a.s.) dijo:
لا تنزع الرحمة الا من شقىٍّ –
«La misericordia no se le arrebata a nadie, excepto al desdichado».
También dijo:
الرحيمون يرحمهم الرحمن – ارحم من فى الارض يرحمكم من فى السماء –
«Quienes tienen misericordia recibirán la misericordia del Misericordioso. Tened misericordia con los habitantes de la tierra, para que los habitantes del cielo tengan misericordia con vosotros». —Abu Dawud, Tirmidhi—Ibn Umar (r.a.)
Estos dos aspectos diferentes de la misericordia y la amabilidad se manifiestan al mostrar afecto hacia los pequeños y respeto hacia los mayores. Estas dos cosas han sido mencionadas en las siguientes palabras:
ليس منا من لم يرحم صغيرنا ولم يوقر كبيرنا –
«Quien no muestra misericordia (afecto) hacia nuestros jóvenes ni respeto hacia nuestros mayores no es de los nuestros». (Tirmidhi—Ibn Abbás, que Allah esté complacido con él)
Un musulmán es de naturaleza amable en su relación con su hermano y se esfuerza con toda su alma, por todos los medios posibles, en alegrar su corazón, no causarle sufrimiento y satisfacer cada una de sus justas demandas. El Noble Mensajero (s. a. s.) explicó este asunto mediante el siguiente ejemplo:
المؤمنون هينون لينون كلجمل ان قيد انقاد وان أنيخ على صخرة استنا خ –
«El creyente es paciente y bondadoso como ese camello que lleva una brida en la nariz: si se tira de ella, se deja conducir, y si se le hace sentarse sobre una piedra, se sienta». —(Tirmidhi)
El Noble Corán ha descrito todo este asunto de manera muy concisa:
اذلة على المؤمنين –
«Serán humildes y bondadosos con los creyentes». —(Sura al-Má’idah, 5:54)
En realidad, es precisamente esta cualidad de misericordia la que infunde una nueva vitalidad y conciencia en las relaciones humanas, y las lleva a su plenitud en belleza y excelencia. Si una persona llega a comprender una vez la grandeza de esta misericordia, resulta muy difícil convencer a su corazón de romper la relación mediante la cual ha recibido esta bendición.
6. El perdón (عفوٌّ)
Perdonar significa conceder el perdón. Sin embargo, dentro de este significado se incluyen por separado muchos aspectos, como controlar la ira, la paciencia, la perseverancia y la tolerancia. Pero, puesto que estos aspectos están estrechamente relacionados con esta cualidad, también los incluimos dentro de ella. Cuando se establece una relación entre dos personas, es natural que cada una haga algo que resulte desagradable, amargo, doloroso o triste para la otra. Algunas de esas cosas suscitan ira en su corazón, mientras que otras incluso le dan derecho a una represalia legítima. Pero, en situaciones de este tipo, una relación de amor exige que prevalezca el amor, que, aun teniendo la capacidad de vengarse, se abstengan de hacerlo y sigan el principio del perdón y la indulgencia. Esta era una cualidad característica del Noble Mensajero (s.a.s.). Por ello, Allah Ta‘ala le aconsejó en numerosos lugares:خذ العفو –
«Adopta la indulgencia y la benevolencia». —(Sura Al-A‘raf, 199)
فاعف عنهم واستغفرلهم –
«Perdónalos y pide perdón por ellos». —(Al Imrán, 159)
También se dijo al enseñar a los musulmanes las cualidades de la taqwa:
والكاظمين الغيظ والعافين عن الناس –
«Quienes refrenan su ira y perdonan a las personas». — (Al Imrán, 134)
Cuando una persona sufre o recibe algún daño, lo primero que intenta apoderarse de su mente y su corazón es la ira. Y si la ira logra dominar su corazón y su mente, lejos de perdonar, comete actos tan anormales que desaparece toda esperanza de mantener en el futuro una relación sana y normal. Por eso, ante todo, cada persona debe preocuparse por contener su propia ira. Si una persona tiene la oportunidad de reflexionar sobre esta relación con serenidad y luego no sigue el principio del perdón, al menos no transgredirá los límites de la justicia. El noble Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) advirtió en diversas ocasiones sobre los perjuicios de la ira y aconsejó dominarla. Dijo:
ان الغضب ليقسد الايمان كما يفسد الصبر العسل –
«Ciertamente, la ira destruye la fe del mismo modo que una medicina venenosa destruye la miel». — (Al-Bayhaqi—Ibn Umar, que Allah esté complacido con él)
ما تجرع عبد افضل عند الله عز وجل من جرعة غيظ يكظمها ابتغاء وجه الله تعالى –
«A los ojos de Allah, ningún siervo puede tragar un sorbo mejor que el de la ira que se traga por causa de la complacencia de Allah». — (Ahmad—Ibn Umar, que Allah esté complacido con él)
De igual manera, el noble Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) enseñó la paciencia y dijo que, en lugar de romper los vínculos, soportar las dificultades con paciencia y mantener la convivencia es la mejor conducta del ser humano. Dijo:
المسلم خالط الناس ويصبر على اذاهم افضل من الذى لا يخالطهم ولا يصبر على اذاهم –
«El musulmán que se relaciona con la gente y persevera ante las penas y sufrimientos que le causan es superior a aquel que se aparta de relacionarse con ellos y no persevera ante las penas y sufrimientos». (Tirmidhi, Ibn Mayah—Ibn Umar, que Allah esté complacido con él)
Una vez, al aconsejar a Abu Bakr Siddiq, que Allah esté complacido con él, entre otras cosas dijo:
عبدا ظلم بظلمة فيغضى عنها لله عز وجل الا امر الله بنصره –
«Si se comete una injusticia contra un siervo y este guarda silencio únicamente por complacer a Allah, Allah le brinda una gran ayuda». (Bayhaqi—Abu Huraira, que Allah esté complacido con él)
Lo siguiente después de la paciencia es perdonar de buen grado al propio hermano, aun teniendo la capacidad de vengarse y tomar represalias. El Profeta, que la paz sea con él, dijo: el profeta Moisés, que la paz sea con él, preguntó a Allah: «¿Quién de Tus siervos es más amado por Ti?». Allah, Exaltado sea, respondió:
من اذا قدر عذر –
«Aquel que perdona a pesar de tener la capacidad de vengarse». (Bayhaqi—Abu Huraira, que Allah esté complacido con él)
Del mismo modo, el Noble Profeta, que la paz sea con él, advirtió del castigo a quien no acepte el perdón de su hermano:
من اعتذر الى اخيه فلم يعتذره او لم يقبل عذره كان عليه مثل خطيئة صاحب مكسٍ –
«Quien pidió perdón a su hermano por su propia injusticia, pero este no lo consideró perdonado ni aceptó su disculpa, cargará con un pecado equivalente al de un recaudador de impuestos ilegal». (Tirmidhi — Sahl ibn Mu‘adh)
Y quien perdone a su hermano a pesar de estar enfadado recibirá también la mejor recompensa en el Más Allá. Por eso, el Noble Profeta (la paz sea con él) dijo:
من كظم غليظا وهو يقدر على ان ينقذه دعاه الله على رئوس الخلائق يوم القيامة حتى يخيره فى اى الحور شاء –
«A quien, teniendo poder para satisfacer su ira, la reprima, Allah lo llamará el Día de la Resurrección ante todas Sus criaturas y le dará la posibilidad de elegir la hurí que desee». (Tirmidhi — Sahl ibn Mu‘adh)
A quienes perdonen durante la vida mundana, Allah les perdonará sus faltas y errores.
وليعفوا وليصفحوا الا تحبون ان يغفرالله لكم والله غفور رَّحيم –
«Deben adoptar la actitud de perdonarlos y disculparlos. ¿Acaso no desean que Allah los perdone? En verdad, Allah es Perdonador y Misericordioso». (Sura An-Nur, 22)
Sin duda, puede responderse a una injusticia con una injusticia equivalente, pero la recompensa de quien perdona está en manos de Allah.وجزاؤ اسيّئة سيّئة مّثلها – فمن عفا واصلح فاجره على الله انه لا يحب الظالمين –
«La retribución de una injusticia es una injusticia equivalente. Pero quien perdona y reconcilia, su recompensa está junto a Allah; Él no ama a los injustos». (Sura Ash-Shura, 40)
Adquirir esta cualidad del perdón no es una tarea fácil. Es una gran muestra de valentía.
ولمن صبر وغفر ان ذالك من عزم الامور-
«Quien tuvo paciencia y perdonó realizó, ciertamente, una obra de gran valentía». (Sura Ash-Shura, 43)
Sin embargo, precisamente esto genera una gran nobleza y pureza en las relaciones. Por eso es una cualidad sumamente importante.
En este contexto, considero necesario mencionar otras dos cualidades. Una es la confianza mutua o la dependencia, y la segunda es la apreciación del valor.
7. La confianza
El concepto integral de la confianza incluye también la amistad. En ella está implícito aquello que el Corán ha utilizado para definir la relación mutua entre los musulmanes. En realidad, se llama amigo a quien es completamente digno de confianza y ante quien una persona puede revelar todos sus secretos con plena tranquilidad. Y la relación de hermandad exige precisamente que una persona confíe en su compañero y lo haga partícipe de todos los asuntos de su vida.
8. Comprensión del valor
El objetivo de este último elemento es que la persona conozca suficientemente la importancia y la dignidad de esta relación, de modo que pueda comprender su verdadero valor. Esto solo será posible cuando la persona no esté dispuesta, bajo ninguna circunstancia, a romper esta relación.
Tercero: medios para proteger la relación de la corrupción
A la luz de estos principios y virtudes fundamentales, Allah y Su Mensajero (s) nos han proporcionado una guía detallada, para elevar la relación al nivel deseado. Algunos de estos elementos son negativos: protegen la relación del daño. Otros son positivos: le aportan mayor estabilidad y afecto.
La primera y principal cosa prohibida es interferir en los derechos.
1. Interferir en los derechos
En este mundo, toda persona posee algunos derechos. Estos derechos se extienden tanto a las cosas que utiliza como a las personas relacionadas con ella. Es deber del musulmán vigilar estrictamente que no sea culpable de usurpar ninguno de los dos tipos de derechos de su hermano. Así como no usurpará los derechos de su hermano sobre sus bienes, riquezas o intereses materiales, tampoco dejará de cumplir los deberes que le corresponden respecto de su vida, sus bienes, su honor, su dignidad y su religión. El Corán ha tratado detalladamente todos estos derechos. En materia de herencia, matrimonio, divorcio y todos los demás asuntos, Allah ha establecido Sus límites, cerrando el camino a interferir en ellos. Los detalles relacionados con esto se mencionan con mucha claridad en los hadices. Además, en todos los lugares donde se exponen las normas correspondientes, se exhorta con un lenguaje sumamente severo al respeto de los derechos y al temor de Allah, y se advierte sobre las malas consecuencias de transgredir los límites establecidos.
تلك حدود الله فلا تعتدوها ومن يعتدَّ حدود الله فاولـــئك هم الظالمون –
«Estos son los límites establecidos por Allah; no los transgredáis, pues quien transgrede los límites de Allah, ese es un injusto». (Sura Al-Baqarah, 229)
تلك حدود الله ومن يطع الله ورسوله يدخله جنات تجرى من تحتها الانهار خالدين فيها وذالك الفوز العظيم- ومن يعص الله ورسوله ويعتدَّ حدوده يدخله نارا خالدا فيها وله عذاب مُّهين –
«Estos son los límites establecidos por Allah. A quien obedezca a Allah y a Su Mensajero, Él lo hará entrar en jardines por cuyos bajos fluyen ríos, y allí permanecerá eternamente. Este es el mayor éxito. Y a quien desobedezca a Allah y a Su Mensajero y transgreda los límites establecidos por Allah, Él lo arrojará al fuego del Infierno, donde permanecerá eternamente, y tendrá un castigo humillante». (Sura An-Nisá, 13-14)
El Noble Profeta (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) expuso este asunto ante los musulmanes de la siguiente manera:
من اقتع حق امرء مسلم بيمينه فقد اوجب الله له النار وحرَّم عليه الجنة –
«A quien, jurando, usurpe el derecho de un musulmán, Allah ciertamente le ha hecho inevitable el Infierno y le ha prohibido el Paraíso.
Alguien de entre los compañeros preguntó:
وان كان شيئا يسيرا يا رسول الله ! فقال ان كان قضيبا من اراك –
«¿Y si se trata de algo insignificante? El Noble Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) respondió: Sí, aunque fuera incluso una rama inútil y ordinaria de un árbol de pilu».
En cierta ocasión, al explicar este asunto de una manera sumamente amena, el Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) preguntó a los Compañeros:
أتدرون المفلس؟ قالوا المفلس فينا من لا درهم له ولا متاع فقال ان المفلس فى امتى من يأتى يوم القيامة بصلوة وصيام وزكوة وياتى قد شتم هذا وقذف هذا واكل مال هذا وسفك دم هذا وضرب هذا فيعطى هذا من حسناته وهذا من حسناته فان فنيت حسناته قبل ان يقضى ما عليه اخذ من خطاياهم فطرحت عليه ثم طرح فى النار –
«¿Sabéis quién es el pobre? Los Compañeros respondieron —en el sentido habitual—: El pobre es quien no posee bienes ni recursos. El Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: El verdadero pobre de mi comunidad es aquel que, el Día de la Resurrección, llegará con obras como la oración, el ayuno y el zakat, pero también llegará con las obras de haber insultado, calumniado a alguien, consumido los bienes de alguien, derramado la sangre de alguien y golpeado a alguien. Entonces se entregarán sus buenas obras a una de sus víctimas oprimidas. Después se entregarán sus buenas obras a una segunda víctima oprimida. Y si sus buenas obras se agotan antes del juicio final, se tomarán los pecados de quienes tenían derechos sobre él y se cargarán sobre él; luego será arrojado al Infierno» (Muslim, de Abu Huraira, que Allah esté complacido con él).
Para proteger las relaciones de la vida mundana de la corrupción y salvarse del castigo de la otra vida, es necesario garantizar plenamente los derechos. Por eso, el Noble Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) aconsejó encarecidamente, antes de su muerte, pedir a los hermanos musulmanes que perdonaran las propias faltas.
El principio fundamental en cuanto a la protección de los derechos es que la vida, los bienes y el honor de los musulmanes estén a salvo de la mano y la lengua de sus hermanos. De hecho, el Noble Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) incluyó esto entre las cualidades indispensables. Dijo:
المسلم من سلم المسلمون من لسانه ويده –
«El musulmán es aquel de cuya boca y mano todos los musulmanes están a salvo». (Bujari y Muslim; Abdullah ibn Umar, que Allah esté complacido con él)
2. La seguridad del cuerpo y la vida
Lo más querido y valioso para todo musulmán son su cuerpo y su vida. Quien comete una injusticia en este asunto, jamás puede considerarlo su hermano. Por ello, se ha prohibido estrictamente a los musulmanes derramar sangre injustamente:
ومن يقتل مؤمنا متعمدا فجزائه جهنم خالدا فيها وغضب الله عليه ولعنه واعدله عذابا عظيما –
«Quien mate intencionadamente a un creyente, tendrá como recompensa el Infierno, donde permanecerá eternamente. Allah ha descargado sobre él Su ira y Su maldición, y le ha preparado el más severo de los castigos». (Sura An-Nisa, 93)
Durante el Peregrinaje de Despedida, el Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) declaró, con palabras sumamente elocuentes, que la vida, los bienes y el honor de los musulmanes eran inviolables para los demás; luego dijo: «Mirad, no os volváis incrédulos después de mí, empezando a degollaros unos a otros».
Así, en cierta ocasión, dijo:
سباب المسلم فسوق وقتاله كفرً-
«Insultar a un musulmán es una conducta impía, y luchar contra él es incredulidad». (Bujari y Muslim)
El uso indebido de la boca, más que el de la mano, vuelve sumamente frágiles las relaciones mutuas. Esto da lugar a fitnas desde innumerables perspectivas. Y cada fitna es tan compleja que resolverla resulta sumamente difícil. Por eso, es especialmente necesario crear una barrera frente a esta clase de fitnas. Así pues, Allah y Su Mensajero (la paz sea con él) no solo pronunciaron advertencias muy extensas sobre el uso de la boca en las relaciones, sino que también identificaron cada causa de corrupción y perturbación dentro de los límites de las relaciones y señalaron los medios para prevenirlas.
El Corán dice a los musulmanes:
ما يلفظ من قول الا لديه رقيب عتيد –
«No pronuncia palabra alguna sin que haya junto a él un vigilante». (Sura Qaf, 18)
Cierta vez, después de dar diversos consejos a Hazrat Muadh, el Noble Mensajero (la paz sea con él) se sujetó la lengua y dijo:كف عليك هذا Tu deber es refrenarla. Él preguntó: «¡Oh, Mensajero de Allah (la paz sea con él)! ¿También seremos interrogados por todo lo que decimos?». Él respondió:
هل يكبَّ الناس على وجوههم الا حصائد ألسنتهم –
«¿Qué otra cosa arrojará a la gente al fuego del Infierno, aparte de lo que cosecha la lengua (es decir, el habla)?» (Tirmidhi—Muadh ibn Yabal)
Sufyán ibn Abdullah preguntó: «¿Qué es lo que más debo temer respecto de mí mismo?». El Mensajero (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) se tomó la lengua y dijo: «Esta».
3. El lenguaje ofensivo y los insultos
Insultar a un hermano en su presencia, hablarle con palabras hirientes y burlarse de él está completamente prohibido. Del mismo modo, llamarlo por nombres deformados también entra en esta categoría. Sobre esto, el Corán dice:
ولا تنابزوا بالالقاب بئس الاسم الفسوق بعد الايمان –
«Y no os difaméis unos a otros con apodos ofensivos; ¡qué mala es la denominación de perverso después de la fe!». (Sura Al-Huyurat, 11)
Del mismo modo, el Mensajero (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo:
لا يدخل الجنة الجواط الجعظرى –
«Ninguna persona de lenguaje ofensivo y mal carácter entrará en el Paraíso». (Abu Dawud, Al-Bayhaqi; Hariz ibn Wahab)
ان ابغضكم الى وابغضكم منى عبسا يوم القيامة الثارثرون المتشدقون المتفيهقون –
«El Día del Juicio Final, las personas más malditas a mis ojos y las más alejadas de mí serán los charlatanes, los obscenos, quienes falsamente se atribuyen conocimiento y los arrogantes». (Tirmidhi — Yabir, que Allah esté complacido con él)
ليس المؤمن بالطّعّان ولا بالَّعان ولا الفاحش ولا البذى –
«El creyente no es ni burlón, ni maldiciente, ni obsceno, ni charlatán». (Tirmidhi — Ibn Masud, que Allah esté complacido con él)
En resumen, el creyente no atacará de ninguna manera el honor y la dignidad de su hermano en su presencia.
4. La murmuración
Otra forma de discordia es la murmuración. Esta es aún más grave que la anterior, porque en ella la persona no censura a su hermano en su presencia, sino que habla mal de él a sus espaldas. Por eso, el Corán comparó la murmuración con comer la carne del propio hermano muerto:
لا يغتب بعضكم بعضا – أيحب أحدكم أن يأكل لحم اخيه ميتا فكرهتموه –
«No murmuréis unos de otros. ¿Acaso le gustaría a alguno de vosotros comer la carne de su hermano muerto? Eso ciertamente os repugnaría». (Sura Al-Huyurat-12)
En una ocasión, el Noble Mensajero (s.a.s.), al explicar la definición de la murmuración, preguntó a los Compañeros: «¿Sabéis qué es la murmuración?»
Los Compañeros respondieron: «Allah y Su Mensajero saben mejor». Él dijo:
ذكرك اخاك بما يكره فقيل ارايت ان كان فى اخى ما اقول قال ان كان فيه ما تقول فقد اغتبته وان لم يكن فيه ما تقول فقد بهته –
«La murmuración consiste en hablar de tu hermano de una manera que no le agradaría. Se le preguntó: “¿Y si el defecto mencionado realmente existe en mi hermano?”. El Mensajero (s.a.s.) dijo: “Si mencionáis un defecto que realmente existe en él, habréis murmurado; y si no existe en él, le habréis imputado una calumnia”». (Muslim—Abu Huraira (r.a.))
En verdad, el honor y la dignidad de un hermano musulmán exigen que su hermano no hable mal de él a sus espaldas.
5. Llevar chismes
Una forma de la murmuración es llevar chismes. Al condenarlo, el Corán dice:
همَّازٍ مَّشّاء بنميم –
«Los que se burlan de la gente y andan llevando chismes». (Sura Al-Qalam, 11)
Hazrat Hudhayfa (que Allah esté complacido con él) dijo:
«Escuché decir al Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él): “El chismoso no entrará en el Paraíso”».
El Noble Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) aconsejó especialmente a sus compañeros, diciendo:
لا يبلغنى احد من اصابى شيئا فانى احبَّ ان اخرج اليكم وانا سليم الصدر –
«Que nadie me transmita nada malo sobre otra persona, pues cuando vaya ante vosotros, me gusta que mi corazón esté limpio hacia todos». (Abu Dawud—Ibn Mas‘ud, que Allah esté complacido con él)
La maledicencia y el llevar chismes incluyen también, además de la lengua, cometer actos dañinos con la ayuda de las manos, los pies y los ojos.
6. Avergonzar
Una de las formas más graves de maldad, que provoca odio y hostilidad en el corazón humano, consiste en avergonzar al propio hermano por sus defectos y faltas, ya sea en su presencia o delante de otras personas, y humillarlo de ese modo. Como consecuencia de tal conducta, su corazón queda destrozado, pues nadie puede soportar semejante humillación.
En el Corán se dice:
ولا تلمزوا انفسكم –
«No censuréis a vuestro propio hermano». (Sura Al-Huyurat, 11)
En un hadiz, el Noble Mensajero (s) dijo: Quien avergüence a su hermano por un pecado no morirá hasta cometer él mismo ese pecado.
من غيَّر اخاه بذنب لم يمت حتى يعمله –
En un hadiz narrado por Hazrat Ibn Umar (r. a.), Hazrat (s) mencionó algunos deberes de los musulmanes. Dijo: «No los avergoncéis ni los humilléis, convirtiéndolos en blanco de alguna falta o pecado». (Tirmidhi)
7. Buscar defectos
Antes de culpar y humillar, existe otra mala acción: buscar y rastrear los defectos del propio hermano, escudriñar sus faltas. Porque aquel cuyos defectos son escudriñados se siente desconcertado, y en el corazón de quien descubre sus errores se arraiga también una opinión adversa. Puesto que la búsqueda de defectos no se basa en ningún método de investigación fiable, generalmente es muy probable que, al depender de métodos de investigación deficientes, se incurra en el grave pecado de albergar una opinión adversa, es decir, sospechas, respecto del propio hermano. Por ello, el Noble Corán, inmediatamente después de mencionar la opinión adversa, dijo a los musulmanes:
ولا تجسَّسوا
«Y no os dediquéis a buscar defectos». (Sura al-Hujurat, 12)
El Noble Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) también dijo al respecto:
ولا تتَّبعوا عوراتهم فانه من يتَّبع عورة اخيه المسلم يتَّبع الله عورته ومن يتَّبع الله عورته يفضحه ولو فى جوف رحله –
«No busquéis los defectos de los musulmanes. Porque quien se dedica a buscar los defectos ocultos y los pecados de su hermano musulmán, Allah comienza a sacar a la luz sus defectos ocultos. Y a quien Allah comienza a exponer sus defectos, ciertamente lo humilla, aunque se esconda dentro de su propia casa». (Tirmidhi; Abdullah ibn Umar, que Allah esté complacido con él)
8. Burlarse
Entre las graves faltas de la lengua hay otra muy peligrosa —que separa a un hermano de otro—: bromear o ridiculizar. Es decir, burlarse del propio hermano de tal manera que se mezcle en ello un tono de menosprecio; más bien, en la mayoría de los casos, la burla es el resultado de menospreciar al otro y considerarse superior. Por eso, el Corán ha pronunciado la siguiente advertencia al respecto:
يايُّها الذين امنوا لا يسخر قوم من قوم عسى ان يَّكونوا خيرًا منهم ولا نساء من نساءٍ عسى ان يّكنًّ خيرًا منهنَّ-
«¡Oh, creyentes! Que ningún pueblo se burle de otro pueblo; quizá estos sean mejores que aquellos. Y que ninguna mujer se burle de otra mujer; quizá estas sean mejores que aquellas». (Sura Al-Huyurat, 11)
Sobre el terrible destino en la Otra Vida de quien se burla de alguno de sus hermanos musulmanes, el Noble Mensajero lo describió de la siguiente manera:
انَّ المستهزئين بالناس يفتح لاحدهم فى الاخرة باب من الجنة فيقال له هلمَّ فيجئُّ بكربه وغمِّه فاذا جاءه اغلق دونه ثم يفتح له باب اخر فيقال له هلمَّ فيجئُّ بكربه وغمِّه فاذا جاءه اغلق دونه فما يزال كذالك حتى انَّ احدهم ليفتح له الباب من ابواب الجنة فيقال له هلمَّ فما يأتيه من الياس-
«El Día de la Resurrección se abrirá una puerta del Paraíso para quien ridiculiza a la gente, y se le dirá: “Entre”. Se dirigirá hacia allí con dificultad y, apenas llegue a la puerta, esta se cerrará delante de él. Después se abrirá una segunda puerta y se le dirá: “Entre, siéntese”. Volverá a acercarse con dificultad y, en cuanto esté cerca, la puerta se cerrará. Este proceso continuará de la misma manera una y otra vez. Finalmente, se abrirá para él una puerta del Paraíso y se le dirá: “Entre”. Entonces, debido a su desesperanza, ni siquiera se atreverá a dirigirse hacia ella ni a entrar en el Paraíso». (Al-Bayhaqi)
Una forma de la burla consiste en ridiculizar los defectos y las faltas de otras personas. En cierta ocasión, cuando Aisha ridiculizó a alguien, el Mensajero manifestó un profundo disgusto y dijo:
ما احب انى حكيت احدا وانَّ لى كذا وكذا –
«No me gusta burlarme de nadie, aunque a cambio me dieran tal o cual cosa (es decir, cualquier bendición mundana). (Tirmidhi—Aisha, que Allah esté complacido con ella)
9. Menospreciar
Aquello que permanece oculto en el interior y que exteriormente se manifiesta mediante insultos, humillaciones, murmuraciones, la difusión de chismes y las burlas es considerar al propio hermano inferior a uno mismo. En realidad, solo después de que surge tal sentimiento de superioridad se atreve una persona a comportarse de esa manera con su hermano. De lo contrario, quien considere a su propio hermano superior a sí mismo jamás puede cometer semejantes actos. Por eso, al prohibir las burlas, el Corán indicó que, si una persona reflexionara y comprendiera que su hermano podría ser superior a ella, jamás se burlaría de él.
عسى ان يَّكونوا خيرًا مِّنهم –
«Puede que él sea mejor que quien se burla». (Sura Al-Huyurat, 11)
Alguien de entre los compañeros preguntó: menospreciar a un hermano creyente y musulmán, o tener de él una opinión baja y despreciable, jamás puede coexistir con el iman y la taqwa. Porque el criterio de la dignidad y el honor de cada persona es la taqwa, y su verdadero veredicto tendrá lugar en el Más Allá, ante Allah. Por tanto, menospreciar en este mundo al propio hermano musulmán significa que esa persona aún no ha comprendido el verdadero valor del iman. En una ocasión, el Noble Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él), en un hadiz de gran significado, describió la taqwa como algo del corazón y dijo:
يحسب امرء مِّن الَِّشرِّ ان يُّحقر اخاه المسلم –
«Para que una persona sea pecadora, le basta con considerar despreciable a su hermano musulmán». (Muslim—Abu Huraira, que Allah esté complacido con él)
En otra narración, el Mensajero (s. a. s.) dijo así:
ولا يخذ له ولا يحقره –
«Que ningún musulmán humille ni desprecie a otro musulmán.»
Un día, el Mensajero (s. a. s.) dijo que quien albergara en su corazón siquiera una pizca de orgulloتعدno entraría en el Paraíso. Entonces, en respuesta a la pregunta de un hombre, explicó el orgullo diciendo:
يطر الحقِّ وغمط النَّاس –
«El orgullo consiste en rechazar la verdad y despreciar a la gente.» (Muslim—Ibn Masud, que Allah esté complacido con él)
En un hadiz, Abu Huraira (que Allah esté complacido con él) mencionó tres asuntos que salvan y tres que destruyen, y dijo:
اعجاب المرء بنفسه وهى اشدُّ هُنَّ –
«Una de las cosas destructivas es considerarse a uno mismo piadoso y superior a los demás, y esta es la peor de las costumbres». (Al-Bayhaqi, Abu Huraira —que Allah esté complacido con él—)
En la sociedad y el entorno actuales, los miembros del movimiento islámico deberían ejercitarse en este aspecto no solo al tratar con sus propios amigos y compañeros de trabajo, sino también al relacionarse con los musulmanes en general.
10. Las peores suposiciones
La enfermedad de las suposiciones es una enfermedad grave. Esta enfermedad corroe las relaciones mutuas y las deja vacías de contenido. En el sentido habitual, por suposición se entiende una idea que no se basa en ninguna prueba clara ni en un conocimiento directo. Y cuando semejante idea es negativa, se la denomina sospecha. Si un musulmán empieza a sospechar de su hermano sin tener ningún conocimiento directo sobre él, el amor y el afecto necesariamente desaparecen de allí. Por eso, el Corán dice al respecto:
يايها الذين امنوا اجتـنبوا كثيرًا من الظَّنِّ انَّ بعض الظَّنِّ اثم –
«¡Oh, creyentes! Evitad muchas suposiciones; ciertamente, algunas suposiciones son pecado». (Sura Al-Huyurat, 12)
El Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo a sus compañeros con las siguientes palabras:
ايّاكم والظّنِّ فانَّ الظَّنَّ اكذب الحديث –
«Evitad las suposiciones, pues la suposición es la peor de las falsedades». (Bujari y Muslim — Abu Huraira, que Allah esté complacido con él)
La mejor manera de protegerse de las suposiciones y las sospechas es que una persona no albergue una mala opinión sobre las intenciones de su hermano ni haga comentarios maliciosos al respecto. Porque la intención es algo sobre lo cual no es posible obtener un conocimiento claro o directo. En este asunto siempre habrá que depender de las suposiciones. Si se tienen presentes algunas otras consideraciones al respecto, será fácil remediar esta enfermedad.
En primer lugar, así como es obligación ineludible de todo musulmán no albergar suposiciones ni sospechas sobre su propio hermano, también es su deber no dar a los demás la oportunidad de sospechar de él. Por eso, debe evitar en la medida de lo posible todo aquello que pueda suscitar sospechas. No se debe poner a nadie en una situación de fitna bajo ninguna circunstancia. El propio Noble Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dio un ejemplo al respecto. En cierta ocasión se encontraba haciendo i‘tikaf. Por la noche, una de sus esposas fue a visitarlo. Al regresar, él salió para acompañarla. Por casualidad se encontró con dos hombres de los Ansar. Al verlo con una mujer, consideraron inoportuna su presencia y se dispusieron a marcharse. Inmediatamente él los llamó y les dijo: «Escuchad, ella es mi esposa fulana». Los dos ansaríes dijeron: «¡Oh, Mensajero de Allah! Si hubiéramos tenido que sospechar de alguien, ¿acaso habríamos sospechado de usted?». Él dijo: «Satanás circula por el ser humano como circula la sangre».
En segundo lugar, si a pesar de los esfuerzos por evitarla llega a surgir una sospecha, no se la debe mantener reprimida en el corazón. Porque ocultar una sospecha en el corazón equivale a una traición. Por el contrario, debe ir de inmediato a comunicársela a su hermano, para que este pueda disiparla. Por otra parte, aquel sobre quien se ha expresado la sospecha no debe quedarse callado, sino refutarla inmediatamente. De lo contrario, una buena parte de este pecado podría recaer también sobre él.
11. La calumnia
Considerar deliberadamente culpable a un hermano o atribuirle un pecado que no ha cometido se denomina calumnia. Es claramente una forma de mentira y traición. Otra forma aún peor de esta calumnia consiste en cargar sobre otro los propios pecados. Al respecto, el Corán dice:
ومن يكسب خطيئة او اثما ثمَّ يرم به بريئًا فقد احتمل بهتانا وَّاثمًا مُّبينا –
«Quien comete un pecado o un acto de desobediencia y luego atribuye su calumnia a un inocente, carga sobre sí una enorme pérdida y un pecado manifiesto». (Sura Nisa, 112)
Así se ha dicho acerca de lanzar falsas calumnias contra los musulmanes:
والذين يؤذون المؤمنين والمؤمنات بغير ما اكتسبوا فقد احتملوا بهتانا وَّاثما مُّبينا –
«Quienes atribuyen falsas acusaciones a los hombres musulmanes y a las mujeres musulmanas, cargan sobre sí mismos el buhtán y un pecado manifiesto». (Sura Al-Ahzab, 58)
En realidad, ¿cuánto lugar puede haber para tal conducta en una relación basada en el amor?
12. Causar daño
Este término también tiene un significado muy amplio. Sin embargo, aquí significa que todo musulmán debe cuidar que ningún musulmán cause daño a su hermano. Este daño puede ser físico o mental. Sobre esto, el Noble Mensajero (s. a. s.) dijo con palabras muy severas:
ملعون من ضارُّمؤمنا او مكربه-
«Quien perjudica a un creyente o engaña a alguien es un maldito». (Tirmidhi, Abu Bakr as-Siddiq, r. a.)
«A quien perjudique a un musulmán, Allah lo perjudicará; y a quien cause sufrimiento a un musulmán, Allah le causará sufrimiento». (Ibn Māŷa, Tirmidhi)
13. Causar pesar
Para un musulmán, causar pesar a su hermano es ciertamente una acción indeseable. Tal acción no debe tolerarse en absoluto. El corazón de un hermano puede sufrir por causa de otro por diversos motivos. Además de las grandes causas relacionadas con esto, el carácter y la manera de expresarse de una persona incluso en los pequeños asuntos de la vida pueden ser también causa de pesar. El principio en este asunto es que todo musulmán debe esforzarse por no causar pesar a su hermano ni herir sus sentimientos.
Esto constituye también la base de una falta tan grave como la murmuración. Por ello, la definición de la murmuración es hablar de alguien de una manera que no le agradaría o que podría causarle pesar.
El Noble Mensajero (la paz sea con él) dijo: «Cuando se reúnan tres personas, dos de ellas no deben conversar en secreto dejando aparte a la tercera. Sin embargo, si se reúne un grupo numeroso de personas, esto sí puede hacerse». La razón expuesta para esta norma es la siguiente:
من اجل ان يَّحزنه –
«Por temor a que se angustie». (Muslim, Abu Abd Allah ibn Mas‘ud)
Al examinar estas normas y leyes establecidas por el Islam, se comprenderá que detrás de ellas opera como principio fundamental el evitar causar pesar al corazón de un hermano musulmán. Causar sufrimiento a un musulmán es sumamente injusto también desde la perspectiva religiosa. Por ello, acerca de esto, el Noble Mensajero (la paz sea con él) dijo:
من اذى مسلما فقد اذى الله –
‘Quien cause daño a un musulmán, habrá causado daño a Allah mismo.’ (Tirmidhi—Anas, que Allah esté complacido con él)
Por el contrario, cuando se realiza una acción con el propósito de alegrar el corazón de alguien, se ha anunciado una buena nueva al respecto:
من قضى لاحد من امَّتى حاجَّة يُّريد ان يُّسرَّه بها فقد سرَّنى ومن سرَّنى فقد سرَّالله ومن سرّالله ادخله الله الجنة –
‘Quien, con el propósito de alegrar a alguien de mi umma, satisface una de sus necesidades, me ha alegrado a mí. Quien me alegra a mí, alegra a Allah mismo. Y a quien alegra a Allah, Allah lo hará entrar en el Paraíso.’ (Bayhaqi—Anas, que Allah esté complacido con él)
Aquí también conviene recordar estas palabras del Noble Mensajero (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él): ‘El creyente es un símbolo resplandeciente de amor y afecto. En quien no siente amor por nadie ni nadie siente amor por él, no hay bien.’
La aflicción del corazón suele ser consecuencia de molestar mediante bromas y chanzas. Es decir, bromear de tal manera que la otra persona se sienta incómoda y sufra en su corazón.
En una ocasión, los Compañeros viajaban con el Mensajero (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él). Durante la noche, mientras la caravana se alojaba en un lugar del camino, un hombre tomó la cuerda de otro compañero que estaba dormido y lo puso así en una situación embarazosa. Al enterarse de ello, el Noble Mensajero dijo:
لا يحلُّ للمسلم ان يَّروع مسلماً –
«No es lícito para un musulmán molestar a otro musulmán mediante bromas y burlas». (Ahmad, Abu Dawud, Tirmidhi; Abdurrahmán, que Allah esté complacido con él)
Del mismo modo, cuando en una ocasión ocurrió un incidente en el que se ocultó un arma, el Mensajero (s.a.w.) lo prohibió diciendo:
ان يَّروع المؤمن او ان يُّؤخذ متاعه لا لعبا وَّلا جدَّا –
«No está permitido asustar a un creyente, ni llevarse en broma o en realidad alguna pertenencia de otra persona».
14. Engañar
Se ha prohibido a los musulmanes engañar o mentir a su hermano en las conversaciones o en las transacciones. Porque allí donde una parte puede comportarse de ese modo con la otra, nadie puede confiar en el otro. Y donde la palabra de una persona no puede ser confiable para la otra, la amistad, el amor y la confianza mutua no pueden existir de ninguna manera. En el hadiz se ha denominado precisamente a esto «la peor de las traiciones». El Mensajero (s.a.w.) dijo:
قال كبرت خيانة ان تحدث اخاك حديثا هولك مصدق وانت به كاذبٌ –
«La mayor traición es que le digas algo a tu hermano y él te considere veraz, mientras que tú le hayas dicho una mentira». (Tirmidhi-Sufyan bin Asad)
15. La envidia
La envidia o los celos por los bienes ajenos son una enfermedad abominable. Si esta enfermedad encuentra una vez un lugar en el corazón de una persona, no solo se quiebran las relaciones sinceras, sino que también se pone en peligro la fe de la gente. La definición de la envidia es no apreciar una bendición que Allah Todopoderoso haya concedido a una persona —como riqueza, conocimiento, inteligencia o belleza— y desear de todo corazón que esas bendiciones le sean arrebatadas. En la envidia, el deseo de arrebatarle algo a otro es más fuerte que el deseo de obtener una bendición para uno mismo.
En ocasiones, la envidia tiene su origen en el rencor y la hostilidad; en otras, en la arrogancia personal y el sentimiento de inferioridad respecto a los demás; a veces, en el deseo de someter a otros; otras veces, en el propio fracaso y el éxito ajeno en una tarea colectiva; y en ocasiones, simplemente en el deseo de alcanzar honor y prestigio. Respecto a la envidia, el Noble Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) pronunció la siguiente advertencia:
ايَّاكم والحسد فانَّ الحسد يأكل الحسنات كما تأكل النّار الحطب –
«Guardaos de la envidia, pues así como el fuego consume la leña (la madera), la envidia consume las buenas obras y las acciones virtuosas». (Abu Dawud-Abu Huraira, que Allah esté complacido con él)
Y precisamente de esto el Corán ha ordenado a todo musulmán buscar refugio:
من شرِّ حاسدٍ اذا حسد –
«y (busco refugio) del mal del envidioso cuando envidia». (Sura Al-Falaq, 5)
En un importante hadiz, el Noble Profeta (s. a. s.) señaló varios asuntos indispensables para la relación de hermandad. En una parte de dicho hadiz se mencionó la mala sospecha. En la parte restante, el Mensajero (s. a. s.) dijo:
ولا تجسَّسوا ولا تناجشوا ولا تحاسدوا ولا تباغضوا ولا تدابروا ولا تنافسوا وكونوا عباد الله اخوانا –
«No busquéis los defectos de los demás, no perjudiquéis los negocios ni el comercio de otros, no albergéis envidia ni rencor unos contra otros, no mantengáis enemistad entre vosotros, no rompáis vuestras relaciones, no os entreguéis a la codicia unos con otros; más bien, sed siervos de Allah y hermanos entre vosotros». (Bujari y Muslim, de Abu Huraira —que Allah esté complacido con él—)
El célebre comentarista de hadices, Hafiz Ibn Hayar al-Asqalani, dice al explicar esto: «Su significado es que, cuando abandonéis estas acciones prohibidas, naturalmente os convertiréis en hermanos». Además, respecto a esta envidia y enemistad, el Mensajero (s. a. s.) también dijo:
دبَّ اليكم داء الامم قيلكم الحسد والبغضاء هى الحالقة لا اقول تحلق الشَّعر ولكن تحلق الدين-
«La enfermedad de las comunidades anteriores ha penetrado entre vosotros. Esa enfermedad es la envidia y la enemistad, que afeitan. No me refiero, por supuesto, a afeitar el cabello, sino a que afeitan la religión». (Ahmad, Tirmidhi)
Cuatro: Métodos para fortalecer las relaciones
Además de prohibirnos estas cosas que corrompen las relaciones y causan perjuicio, Allah y el Mensajero (s.) también nos han indicado claramente aquellas cuya adopción y seguimiento fortalecen y estabilizan las relaciones, incrementan la amistad y el amor, y crean entre dos corazones una cercanía semejante a la de dos dedos de una misma mano. Algunas de ellas han sido declaradas indispensables; o, dicho de otro modo, han sido presentadas como derechos (huqūq). Para otras se ha recomendado su práctica. Estas pertenecen al grado de la excelencia y la nobleza. En realidad, las virtudes fundamentales del carácter mencionadas anteriormente constituyen la esencia de los derechos y la nobleza; sin embargo, es necesario considerar cada una de ellas por separado, pues cada una es sumamente importante para desarrollar y embellecer con flores y frutos las relaciones de amistad y amor.
1. Protección del honor y la dignidad
Lo más valioso para una persona es su honor y su dignidad. Nadie está dispuesto, bajo ninguna circunstancia, a destruir su propio honor y dignidad. Por eso, así como se ha prohibido al musulmán atacar el honor de su hermano, también se ha insistido especialmente en proteger el honor de su propio hermano, calificándolo como un deber supremo. Si en algún lugar se insulta a un hermano o se le atribuye una acusación falsa, es deber de todo musulmán enfrentarse a ello considerándolo un ataque contra su propio honor. El dolor que siente cuando su propio honor es destruido debería sentirlo en igual medida en tal situación. Si un musulmán cree firmemente que su honor y dignidad están a salvo en manos de su hermano musulmán, entre ambos se establecerá necesariamente una relación sincera. Pero si además está convencido de que su hermano protege su honor, tanto en su presencia como en su ausencia, del mismo modo que protege el suyo propio, resulta fácil imaginar cuán profundo amor puede surgir en su corazón. Por ello, el Noble Profeta (s.) ha dado instrucciones sobre este asunto en innumerables hadices. Dijo:
ما من امرء مُّسلم يخذل امرأ مسلما فى موضع ينتهك فيه حرمته وينتقص فيه من عرضه الا خذله الله فى موطن يحب فيه نصرته وما من امرى ينصر مسلما فى موضع ينتقص فيه من عرضه وينتهك فيه من حرمته الا نصره الله فى موطن يحب نصرته –
«Si en algún lugar se ofende o se deshonra a un musulmán y algún musulmán se abstiene de ayudarlo y apoyarlo, en una situación tan delicada Allah también restringe Su ayuda hacia él, aunque Él desea que alguien se adelante para ayudarlo y apoyarlo. Y si en algún lugar se humilla y se deshonra a un musulmán, y algún musulmán se pone de pie para ayudarlo, Allah también lo ayuda y lo apoya en una situación semejante, pues Él desea que alguien lo ayude. (Abū Dāwūd; Jābir, que Allah esté complacido con él)»
La mayor ayuda de Allah consiste en que Él lo protegerá del fuego del Infierno. Por eso, el Mensajero (s.) dijo:
ما من مسلم يردُّ عن عرض اخيه الا كان حقا على الله ان يَّردُّ عنه نار جهنَّم ثمَّ تلا هذه الاية وكان حقا علينا نصر المؤمنين –
«Aquel musulmán que impida que alguien deshonre a su hermano musulmán tiene ante Allah el derecho de que Él le impida entrar en el fuego del Infierno». Después, el Mensajero (s.) recitó esta aleya: «Ayudar a los musulmanes es un deber particular que nos incumbe». (Sharḥ al-Sunna; Abū al-Dardā)
Una forma común de atentar contra la honra es la murmuración. Su definición ya fue expuesta anteriormente.
Acerca de esto, el Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo:
من اغضب عنده اخوه المسلم وهو يقدر على نصره فنصره نصر الله فى الدنيا والاخرة فان لم ينصره وهو يقدر على نصره اخذه الله به فى الدنيا والاخرة –
«Si delante de una persona se murmura de su hermano musulmán, y tiene la capacidad de ayudarlo y lo ayuda, Allah lo ayudará en este mundo y en el Más Allá. Pero si, a pesar de tener la capacidad de ayudarlo, no lo ayuda, Allah lo hará rendir cuentas en este mundo y en el Más Allá. (Sharhus-Sunnah; Anas, que Allah esté complacido con él)»
Acerca de proteger al propio hermano del daño ajeno, el Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo:
من حمى مؤمنا من منافقٍ ازاه قال بعث الله ملكا يحمى لحمه يوم القيامة من نَّار جهنَّم –
«A quien proteja a un creyente del daño de un hipócrita, Allah Todopoderoso le asignará un ángel que protegerá su carne del fuego del Infierno el Día de la Resurrección». (Abu Dawud)
En cuanto a ayudar un musulmán a su hermano, se le imponen muchos tipos de deberes: por ejemplo, brindar ayuda económica, aliviar sus dificultades, procurar resolver sus problemas y satisfacer, además, innumerables necesidades religiosas y mundanas. Estas acciones están relacionadas con el ihsán y quedan fuera del ámbito de la ley. Aun así, son asuntos necesarios y habrá que rendir cuentas por ellos en el Más Allá, aunque no sea posible establecer leyes sobre ellos. Si un musulmán puede saciar el hambre de otro musulmán, cubrir su cuerpo desnudo, ayudarlo a superar sus desgracias y calamidades, satisfacer sus necesidades y aliviar sus dificultades económicas, entonces hacer todo esto es un derecho que su hermano tiene sobre él. De lo contrario, el Día de la Resurrección Allah Todopoderoso mencionará cada una de estas cosas como un derecho Suyo y le preguntará: «¿Por qué no cumpliste este derecho?». El Noble Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) expresó esto con palabras sumamente conmovedoras: «Allah dirá: “Oh, siervo Mío, tenía hambre; ¿por qué no me alimentaste? Estaba desnudo; ¿por qué no me vestiste? Estaba enfermo; ¿por qué no me atendiste (realizaste iyadat)?» Pero el siervo no tendrá ninguna respuesta que dar. (Muslim; Abu Huraira, que Allah esté complacido con él)
En verdad, ayudar a cualquier siervo de Allah o satisfacer la necesidad de un hermano musulmán es una obra de tan gran recompensa que ninguna otra buena acción puede igualarla. Su verdadero espíritu consiste en que, siempre que se encuentre cualquier medio para brindar alivio a un hermano musulmán o alegrar su corazón, no se debe demorar en absoluto.
Mientras una persona se dedica a ayudar a su hermano, permanece merecedora de la ayuda de Allah. El Noble Mensajero (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo:
والله فى عون عبده ما كان العبد فى عون اَخِيْهِ –
«Allah continúa ayudando a Su siervo mientras este se dedica a ayudar a su hermano». (Muslim, Tirmidhi; Abu Huraira, que Allah esté complacido con él)
En este hadiz, el Noble Profeta (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) explica los diversos aspectos de la ayuda y menciona la recompensa correspondiente a cada uno:
من نفس عن مؤمن كربة من من كرب الدنيا نفس الله عنه كربة من كرب يوم القيامة من يَّسَّر على معسر يسَّر الله عليه فى الدنيا والاخرة ومن يستر مسلما ستره الله فى الدنيا والاخرة –
«A quien alivie una dificultad mundana de un creyente, Allah le aliviará una dificultad en el Día de la Resurrección. A quien conceda facilidades a una persona necesitada, Allah le concederá facilidades en este mundo y en el Más Allá. Y a quien oculte la falta de un musulmán, Allah le ocultará sus faltas en este mundo y en el Más Allá». (Muslim; Abu Huraira)
En relación con este mismo tema, dice en otro hadiz:
المسلم اخو المسلم لا يظلمه ولا يسلمه ومن كان فى حاجة اخيه كان الله فى حاجته ومن فرج عن مسلم كربة فرج الله عنه كربة من كربات يوم القيامة –
«El musulmán es hermano del musulmán. No lo oprimirá ni, retirando su ayuda, lo empujará hacia la perdición. Quien satisfaga la necesidad de su hermano, Allah satisfará su necesidad. Y quien alivie la aflicción y la calamidad de un musulmán, Allah aliviará sus dificultades el Día de la Resurrección». (Al-Bujari y Muslim, de Ibn Umar —que Allah esté complacido con él—)
Una gran parte de la ayuda y la buena conducta se relaciona con la riqueza y los bienes. Toda persona privada de ellos tiene derecho a recibir ayuda de quien Allah haya agraciado con esta bendición:
وفى اموالهم حق للسَّائل والمحروم –
El Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) presentó este asunto con una expresión sumamente elevada:
الخلق عيال الله فاحبُّ الخلق الى الله من احسن الى عياله –
«Las criaturas son como la familia de Allah; por tanto, quien trate bien a esta familia Suya será, ante Allah, el más amado de Sus criaturas». (Al-Bayhaqi)
El Corán ha insistido mucho en alimentar al hambriento. Hay numerosos ejemplos de ello en las primeras suras mequíes. Cuando el Noble Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) llegó a Medina, en su primer sermón ordenó a los musulmanes cuatro cosas y dijo que, después de cumplirlas, podrían entrar en el Paraíso. Una de esas instrucciones era:واطعموا الطعام«Y alimentad»
También dijo:
ليس المؤمن بالذى يشبع وجاره جائع الى جنيه –
«No es creyente quien come hasta saciarse mientras su vecino más cercano permanece hambriento». (Al-Bayhaqi; Ibn Abbás, que Dios esté complacido con él)
Un hombre se quejó ante el Mensajero (que la paz y las bendiciones de Dios sean con él) de su propia dureza de corazón. El Mensajero (que la paz y las bendiciones de Dios sean con él) le dijo:
قال امسح رأس اليتيم واطعم المسكين –
«Pasa la mano por la cabeza del huérfano y alimenta al necesitado». (Ahmad; Abu Huraira, que Dios esté complacido con él)
Hacer justicia al que clama por ayuda es también una rama particular de esta ayuda. Por eso, el Mensajero (que la paz y las bendiciones de Dios sean con él) dijo:
من اغاث ملهو فا كتب الله ثلاثا وثبعين مغفرة وَّاحدة فيها صلاح امره كله واثنتان وسبعون له درجات يوم القيامة –
«A quien haga justicia a favor de un suplicante, Allah le registrará 73 recompensas. Una de ellas será la garantía del beneficio de todas sus obras, y las 72 restantes elevarán su rango el Día del Juicio». (Bayhaqi)
Interceder a favor de una persona necesitada también es una de las principales formas de ayudar. El Corán elogia la intercesión justa y beneficiosa, y dice:
من يشفع شفاعة حسنة يكن لَّه نصيب منها –
«Quien interceda para lograr una buena obra tendrá también una parte de su recompensa». (Sura An-Nisa, 85)
Cuando alguien acudía alguna vez ante el Mensajero de Allah con una necesidad, él decía a los compañeros:
قال اشفعوا فلتؤ جروا –
«Interceded por él y participad en la recompensa».
En cierta ocasión, durante una conversación con Hazrat Abu Dharr al-Ghifari (que Allah esté complacido con él), el Noble Profeta (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) explicó con gran claridad los distintos niveles y medios de ayudar. Él (al-Ghifari) dijo: «Hábleme de las obras junto con la fe». El Mensajero (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) respondió: «Darás a otros de la provisión que Allah te ha concedido». Preguntó: «¡Oh, Mensajero de Allah! ¿Y si esa persona es pobre?» Respondió: «Hará una buena obra con su propia lengua». Preguntó nuevamente: «¿Y si su lengua es incapaz?» Respondió: «Ayudará al débil». Preguntó: «¿Y si él mismo es débil y no tiene fuerzas para ayudar?» Respondió: «Hará el trabajo de quien no pueda realizarlo por sí mismo». Preguntó nuevamente: «¿Y si él mismo es completamente incapaz?» Respondió: «Se abstendrá de causar sufrimiento a la gente».
Aquí también es necesario volver a mencionar ese hadiz:
«Quien, con el propósito de alegrar a alguno de mis seguidores, satisface sus necesidades religiosas y mundanas, me ha alegrado a mí; quien me alegra a mí, alegra a Allah, y quien alegra a Allah, Allah lo hará entrar en el Paraíso».
En este contexto se ha citado una excelente narración de Hazrat Abdullah ibn Umar (que Allah esté complacido con él). La narración es la siguiente: En cierta ocasión, un hombre se acercó al Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) y le preguntó: «¿Quién es la persona más querida por Allah entre la gente?». El Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) respondió:
احبَّ الناس الى الله انفعهم للنَّاس- احبَّ الاعمال الى الله عزَّ وجلَّ سرور تدخله تكشف عنه كربة او تقضى عنه دينا او تطرد عنه جوعا وان تمشى مع اخ فى حاجة احبَّ الىَّ من ان اعتكف فى هذا المسجد شهرًا ومن كظم غيظه ولو شاء ان يمضيه امضاه ملائه الله قلبه يوم القيامة رضاه ومن مَّشى مع اخيه فى حاجة حتى يقضيهاله ثبَّت الله قدميه يوم تزول الاقدام –
«Entre la gente, el más querido por Allah es quien más beneficio aporta a las personas; y, entre las obras, lo que más agrada a Allah es que alivies la aflicción y la desgracia de un musulmán, o pagues su deuda, o satisfagas su hambre y lo hagas feliz. Sabed que para mí es más querido caminar con un hermano para satisfacer su necesidad que hacer retiro espiritual durante un mes en esta mezquita. A quien reprima su ira —aunque hubiera podido desahogarla si lo hubiera querido— Allah llenará su corazón de satisfacción el Día de la Resurrección. Y a quien camine con su hermano para satisfacer su necesidad y la satisfaga, Allah le dará firmeza a sus dos pies ese día en que temblarán estremecidos (es decir, el Día de la Resurrección)».
2. Participar en las penas y los sufrimientos
La base para ayudar al propio hermano, satisfacer sus necesidades y tratarlo bien es que el dolor y la aflicción de uno se conviertan en el dolor y la aflicción del otro. Si una persona siente sufrimiento, la otra también lo sentirá con la misma intensidad. Así como un órgano del cuerpo participa del dolor de todos los demás órganos y miembros, del mismo modo un musulmán participará del dolor y el sufrimiento de otro musulmán.
El noble Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) aclaró este asunto mediante varios ejemplos. Dijo:
ترى المؤمنين فى تراحمهم وتوادَّهم وتعاطفهم كمثل الجسد اذا اشتكى عضوا تداعى له سائر الجسد بالسهر والحمَّى –
«Veréis a los creyentes, en su mutua compasión, amistad, amor y sentimiento recíproco del sufrimiento y la aflicción, como un solo cuerpo. Cuando uno de sus miembros enferma, todo el cuerpo participa con él mediante la fiebre y la vigilia nocturna». (Bujari y Muslim — Nu‘mán ibn Bashir, que Allah esté complacido con él)
De manera semejante, en una narración, al explicar esto, dijo que la posición de un creyente en la sociedad es comparable a la cabeza en el cuerpo entero. Así como todo el cuerpo siente dolor cuando duele la cabeza, del mismo modo todos los creyentes sufren cuando un creyente padece. El Mensajero (sallallahu alaihi wa sallam) lo explicó mediante un ejemplo directo, diciendo:
المؤمن للمؤمن كالبنيان يشدُّ بعضه بعضا ثم شبك بين اصابعه –
«Un musulmán debe ser para otro musulmán como un edificio, y deben ser mutuamente fuente de firmeza y fortaleza, tal como un ladrillo del edificio lo es para los demás ladrillos». Después, el Mensajero (sallallahu alaihi wa sallam) entrelazó los dedos de una mano con los de la otra. (Bujari y Muslim — Abu Musa, que Allah esté complacido con él)
3. La crítica y el consejo
Es deber de un musulmán prestar atención a las acciones de su hermano y, si lo ve desviarse del camino recto, intentar corregirlo aconsejándolo. Este es, en particular, el deber de un musulmán hacia otro musulmán. Por supuesto, cumplir este deber suele resultar desagradable. Sin embargo, es innegable que, si una persona posee plena conciencia de que el verdadero éxito está en el Más Allá y de la necesidad de ayudarse mutuamente a alcanzar ese éxito, y permanece consciente también de que la crítica en este mundo es preferible a ser interrogado en el Más Allá, entonces necesariamente estará agradecida a su hermano por brindarle en la vida mundana la oportunidad de corregirse. Además, si quien critica y quien pide cuentas tienen en cuenta las condiciones necesarias al respecto y realizan esta labor con amor, sinceridad y devoción, esa gratitud avanzará aún más y enriquecerá y fortalecerá el amor, la amistad y la cordialidad mutuos. Esto se debe a que, como resultado, quien critica se manifestará como una persona compasiva. En el hadiz en el que el Noble Profeta (sallallahu alaihi wa sallam) aconsejó criticar, también aclaró todo el asunto mediante un ejemplo. Dijo:
انَّ احدكم مراة اخيه فان راى به اذًى فليمت عنه –
«Cada uno de vosotros es como un espejo de su hermano. Por tanto, si alguien ve algo malo en su hermano, debe eliminarlo». (Tirmidhi — Abu Huraira, que Dios esté complacido con él)
La narración de Abu Dawud al respecto es la siguiente:
المؤمن مرأة المؤمن والمؤمن اخوُّ المؤمن يكفُّ ضيعته او يحوطه من وَّرائه –
«El creyente es como un espejo para otro creyente, y un creyente es hermano de otro creyente: protege sus derechos incluso durante su ausencia».
A la luz de este ejemplo, pueden establecerse los siguientes principios para la crítica y el consejo sincero:
1. No se debe buscar defectos ni dedicarse a descubrir faltas. Porque el espejo nunca busca defectos. Solo cuando una persona se coloca delante de él, muestra su rostro.
2. No se debe criticar a alguien a sus espaldas. Porque un espejo que no está frente a una persona no muestra su figura.
3. No debe haber exageración en la crítica. Porque el espejo muestra el rostro real tal como es, sin aumentarlo ni disminuirlo de ninguna manera.
4. En materia de crítica, se debe ser imparcial y estar completamente libre de cualquier interés personal o mala intención, pues el espejo no alberga animosidad hacia aquel cuyo rostro refleja.
5. Después de expresar lo que debía decirse, no se debe seguir conservándolo en el corazón, pues, una vez que la persona se aleja de delante del espejo, este no conserva su imagen. En otras palabras, no se deben pregonar los defectos ajenos.
6. Lo más importante es que en esto actúen la máxima devoción, sinceridad, compasión y amor, de modo que el descontento que naturalmente surge en el corazón de toda persona al escuchar una crítica sobre sí misma desaparezca en cuanto perciba la actitud del crítico. Por eso, en el hadiz, مرأة المسلمjunto con اخوُّ المسلمtambién se dijo. En realidad, solo cuando una persona pueda sentir que sus defectos son destructivos para él y, al mismo tiempo, en lugar de considerarse superior a él, se considere más pecadora y culpable, pueden surgir una compasión y una bondad semejantes.
4. La visita
Una de las principales y fundamentales exigencias del amor es que la persona visite y se reúna repetidamente con aquel a quien ama, disfrute de su compañía y se siente a conversar con él. Incluso un estudiante principiante de psicología humana sabe que estas cosas no son solo exigencias fundamentales del amor, sino también algunos de los medios más eficaces para desarrollar y aumentar el amor, y fortalecer el vínculo sincero entre ambas personas. El amor exige que, siempre que tenga la oportunidad, una persona visite y se reúna con su hermano. Como resultado de tales encuentros, el amor mutuo aumenta naturalmente, y así comienza una corriente ininterrumpida. Si, al realizar estas visitas, se recuerdan los principios de la sharía mencionados anteriormente y se presta atención también a los aspectos que se expondrán a continuación, es imposible que el encuentro de dos musulmanes no contribuya al mejoramiento de su relación mutua y no acerque aún más a los dos hermanos. Por eso vemos que el Noble Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) concedió especial importancia a esto en el ámbito del amor mutuo, lo ordenó y describió sus innumerables virtudes. En un hadiz dijo: «La buena compañía es mejor que la soledad». (Transmitido por al-Bayhaqi, de Abu Dharr, que Allah esté complacido con él.)
En cierta ocasión, dirigiéndose a Abu Zarain, dijo:
هل شعرت انَّ الرجل اذا خرج من بيته زئرًا اخيه شيَّعه سبعون الف ملك كلُّهم يصلُّون عليه ويقلون ربَّنا انَّه وصل فيك فصيله فان استطعت ان تعمل جسدك فى ذالك فافعل –
«¿Sabes que cuando un musulmán sale de su casa con el propósito de visitar y reunirse con su hermano, lo siguen setenta mil ángeles, que ruegan por él y dicen: “¡Oh, Señor! Este hombre se dirige a reunirse únicamente por Ti; por tanto, haz que se encuentren”? Si puedes realizar esta acción (la visita) con tu propio cuerpo, hazlo sin duda». (Al-Bayhaqi, de Abu Zarain, que Allah esté complacido con él.)
En un hadiz, Rasulullah (s.a.w.) arrojó una luz sumamente esclarecedora sobre esta visita:
قال انَّ رجلا زار اخالَّه فى قرية اخرى فارصد الله له على مدرجته ملكا فلما اتى عليه قال: اين تريد ؟ قال اريد اخالّى فى هذه القرية – قال هل لَّك عليه من نعمة تربُّها قال لا غير انِّى احببته فى الله قال فانِّى رسول الله اليك بانَّ الله قد احبَّك كما احببته فيه –
«Un hombre se dirigió a otra aldea para visitar a un hermano suyo. Allah Todopoderoso puso a un ángel en su camino. El ángel le preguntó: “¿Adónde va usted?”. Él respondió: “Voy a visitar a mi hermano en tal aldea”. El ángel volvió a preguntarle: “¿Tiene usted alguna deuda pendiente con él que va a cobrar?”. Respondió: “No; lo amo únicamente por Allah, y no hay ninguna otra razón”. El ángel dijo: “Allah me ha enviado a usted y le anuncia la buena noticia de que, así como usted ama a su amigo por Él, Él también lo ama a usted”. (Muslim, de Abu Huraira, que Allah esté complacido con él)
Un hombre expresó su amor por el honorable Mu‘adh ibn Yabal (que Allah esté complacido con él) y dijo: “Lo amo por Allah”. Él le transmitió esta buena noticia de Rasulullah (s.a.w.): “Allah Todopoderoso dice que Mi amor se vuelve obligatorio para quienes se sientan juntos por Mí, se visitan unos a otros por Mí y gastan dinero unos por otros por Mi causa”.
El Noble Profeta (s.a.w.) también anunció de la siguiente manera la recompensa que aguarda en la Otra Vida por amarse y visitarse mutuamente por Allah:
انَّ فى الجنة لعمدا مِّن ياقوت عليها غرف مِّن زبرجدٍ لَّها ابواب مُّفتَّحة منه تضئ كما يضئ الكوكب الدَّرِّىُّ فقالوا يا رسول الله من يَّسكنها قال المتحابُّون فى الله والمتجالسون فى الله والمتلاقون فى الله –
«En el Paraíso hay columnas de yaqut y, sobre ellas, mansiones de zabarjad (una especie de piedra preciosa verde). Sus puertas son tan resplandecientes que parecen estrellas centelleando. Los Compañeros preguntaron: “¡Oh, Mensajero de Allah! ¿Quiénes vivirán allí?”. Él respondió: “Aquellos que se aman mutuamente por Allah, se sientan juntos y se visitan unos a otros”». (Bayhaqi, de Abu Huraira, que Allah esté complacido con él)
La tanta insistencia en el amor mutuo y en visitarse, así como el anuncio de una recompensa tan grande por ello, no se debe únicamente a que sea una exigencia inevitable del amor o a que mediante ello el amor se desarrolle y crezca. También se debe a que, para mantener al ser humano firme en el camino recto, llega a necesitar la compañía de sus amigos cercanos. Esta compañía solo puede hacerse posible mediante las visitas y las conversaciones. Además, hay otra razón: aunque las personas normalmente se visitan, si alguien visita a su hermano con plena expectativa de recompensa y mérito, y recuerda a Allah durante esa visita, entonces esta puede desempeñar un papel enorme en la formación y el desarrollo de su vida y su carácter.
A la luz de los hadices y las pruebas mencionados, podemos decir que un creyente debe esforzarse por visitar y encontrarse con otro creyente tanto como sea posible. De este modo, no solo mejorarán las relaciones mutuas, sino que también será merecedor de las súplicas de perdón de setenta mil ángeles y del amor de Allah. Además, si durante estas visitas se tienen presentes los hadices y las instrucciones mencionados, el sentimiento de visitar por Allah nunca desaparecerá del corazón.
5. Atención al hermano enfermo (عيادت )
Una forma especial de esta visita consiste en ir a atender al propio hermano enfermo. Se la ha descrito como un deber especial de un hermano musulmán hacia otro musulmán. Una persona enferma, por sus necesidades físicas y psicológicas, llega a depender del servicio, los cuidados y la compasión de los demás. Si en ese momento alguno de sus hermanos logra satisfacer estas dos necesidades, ello puede influir tan profundamente en su corazón y en su mente que contribuirá enormemente a consolidar y desarrollar las relaciones mutuas.
Por atención ordinaria se entiende preguntar por el estado de la persona enferma. Pero, en realidad, preguntar por su estado constituye solo la noción mínima de esta atención. De lo contrario, también quedarían comprendidos expresar compasión, brindar consuelo, prestar cuidados y servicios, procurar medicamentos y alimentos adecuados, etc. Aun si se admitiera que atender significa únicamente preguntar por el estado del enfermo, debemos reflexionar necesariamente sobre cuál será la dignidad de expresar compasión, brindar consuelo, desear la recuperación y prestar cuidados y servicios, si por el simple hecho de preguntar por su estado existen tantas exhortaciones y una recompensa tan grande.
En cada uno de los célebres hadices sobre los deberes de un musulmán hacia otro musulmán, en los que se mencionan cinco, seis o incluso siete asuntos, se insiste en la atención al enfermo como un deber especial.
واذا مرض فعده –
«Cuando enferme, atiéndelo». (Muslim — Abu Huraira, que Allah esté complacido con él)
El Mensajero de Allah ha explicado de manera sumamente hermosa los deberes y derechos de los siervos. En cierta ocasión, al explicarlos, dijo que estos deberes y derechos fueron establecidos originalmente por Allah. El propio Allah se presentará como demandante el Día de la Resurrección y preguntará acerca de ellos. Por eso, respecto a la atención del enfermo, el Noble Profeta dijo que Allah preguntará: «¡Oh, hijo de Adán! Yo enfermé y no me atendiste». Él responderá: «¡Oh, mi Señor! Tú eres el Señor de todos los mundos; ¿cómo iba yo a atenderte?». Allah dirá: «¿Acaso no sabías que Mi siervo había enfermado? Sin embargo, no lo atendiste. Si lo hubieras hecho, Me habrías encontrado junto a él». ¿Qué consejo puede ser más sublime que este: al atender a un enfermo, el siervo alcanza también la proximidad de su Señor?
Acerca de la recompensa por cuidar a los enfermos, el Noble Profeta (s. a. s.) dijo:
ان المسلم اذا عاد اخاه المسلم لم يزل فى حرفة الجنة حتى يرجع –
«Cuando un musulmán visita a su hermano musulmán enfermo para cuidarlo, continúa recogiendo frutos del Paraíso hasta que regresa». (Muslim; Zawbán, que Allah esté complacido con él)
ما من مسلم يعود مسلما غد وة الا صلىَّ عليه سبعون الف ملك حتى يمسى وان عاده عشيَّة الا صلىَّ عليه سبعون الف ملك حتى يصبح وكان له حريف فى الجنة –
«Cuando un musulmán cuida por la mañana a otro musulmán enfermo, setenta mil ángeles siguen suplicando por él hasta la tarde. Y si lo cuida por la tarde, setenta mil ángeles siguen suplicando por él hasta la mañana. Y para él habrá un jardín de frutos en el Paraíso». (Tirmidhi, Abu Dawud; Alí, que Allah esté complacido con él)
من عاد مريضا لَّم بزل يخوض الرحمة حتى يجلس واذا جلس اغتمس فيها –
«Quien visita a un enfermo entra en un mar de misericordia. Y cuando se sienta junto al enfermo, queda sumergido en la misericordia».
El Mensajero (s. a. s.) también dijo:
اتمام عيادت المريض انَّ يضع احدكم يده على جبهته او على يده فيساله كيف هو –
«La atención perfecta del enfermo consiste en que quien lo cuida ponga su propia mano sobre la mano o la frente del enfermo y le pregunte cómo se encuentra». (Ahmad, Tirmidhi; Abu Uzman, que Dios esté complacido con él)
La atención del enfermo también tiene ciertas normas. La más importante de ellas es consolarlo, desearle la recuperación y prestarle cuidados. El Noble Mensajero (la paz y las bendiciones de Dios sean con él) lo ordenó con las siguientes palabras:
اذا دخلتم على مريض فنفسوا له فى اجله فانَّ ذالك لا يردَّ شيئا ويطيب بنفسه –
«Cuando visitéis a un enfermo, consoladlo. Aunque esto no puede cambiar el decreto divino, alegra el corazón del enfermo». (Tirmidhi, Ibn Mayah; Abu Saíd al-Judri, que Dios esté complacido con él)
Cuando el propio Mensajero (la paz y las bendiciones de Dios sean con él) iba a visitar a un enfermo, le ponía la mano sobre la frente para consolarlo y decía:لا بأس طهور انشاء اللهDespués le preguntaba qué cosa en particular deseaba. También decía a los compañeros: «Cuando vayáis a visitar a un enfermo, poned vuestra mano sobre su mano o su frente, consoladlo y suplicad por su recuperación». (Abu Dawud; Sirat al-Nabi, la paz y las bendiciones de Dios sean con él)
Sin embargo, prohibió permanecer demasiado tiempo junto al enfermo o hacer ruido.
6. La manifestación de las emociones
Cuando existe en el corazón humano el sentimiento del amor, este busca naturalmente una vía para manifestarse. Por lo general, la expresión de los sentimientos produce dos beneficios. En primer lugar, la persona que permite que sus sentimientos se manifiesten los mantiene siempre frescos y vigorosos, y estos continúan desarrollándose gradualmente. Si los sentimientos se reprimen en el interior, poco a poco la sombra de la muerte se cierne sobre ellos, y su desarrollo y crecimiento se detienen. Se ve privada de vitalidad y energía, y así desciende gradualmente hacia la decadencia. El segundo beneficio de los sentimientos es que fortalecen y estabilizan aún más las relaciones mutuas. Cuando una persona conoce los sentimientos de su hermano hacia ella y descubre cuán profundos son el amor, el afecto, la fraternidad y la amistad que este alberga por ella, ello ejerce naturalmente una influencia duradera sobre su corazón. En su interior nace respeto por el valor de la amistad y del amor de su hermano. En realidad, si los sentimientos del corazón no se expresan, aunque ambos alberguen buenos sentimientos, nunca puede mantenerse entre dos hermanos una relación firme y estable de amistad y amor.
Si un hermano musulmán siente amor por otro musulmán, este tiene pleno derecho a conocer esa disposición y actitud afectiva hacia él. Esto le permite cultivar en su propio corazón sentimientos de igual intensidad en respuesta a ellos y evita que, por ignorancia, adopte una conducta contraria o perjudicial para los sentimientos de amor que su hermano alberga por él.
Por esta razón, para fomentar y desarrollar el amor mutuo entre dos hermanos musulmanes, no sería exagerado decir que, en la mayoría de los casos, es absolutamente necesario no ocultar los sentimientos y permitir que se manifiesten abiertamente, a fin de proteger esa relación de la ruina. La causa principal de la ruptura suele ser que una persona siente amor por su hermano y expresa ese amor de diversas maneras. Pero si su hermano, aun albergando amor en su interior, permanece callado, como un espectador silencioso, esa falta de expresión de los sentimientos amorosos creará inevitablemente en el corazón de su hermano sospecha, desconfianza y distanciamiento.
Cuando el amor secreto del corazón, la amistad y la disposición hacia la armonía se manifiestan exteriormente, adoptan muchas formas. En tal situación, cada acción, conducta y paso de la persona expresa sus sentimientos hacia su hermano. Esta expresión se produce tanto mediante los actos como mediante la palabra. En realidad, esa disposición se manifiesta a través del buen trato, la satisfacción de las necesidades, la crítica sincera y el esfuerzo por corregir, la invitación a comer, un rostro alegre, una sonrisa, un abrazo, la participación en las penas y dificultades, la confianza mutua en los asuntos personales, y otras cosas semejantes. Algunas de estas cuestiones ya las hemos tratado; las restantes se tratarán más adelante.
En este contexto, la segunda gran fuerza eficaz es la lengua. Así como una palabra hiriente salida de la lengua actúa como una flecha y resulta difícil borrar su huella, una palabra dulce ejerce una influencia tan profunda que a otra persona le resulta difícil siquiera imaginarla. Por eso hemos visto que el Mensajero de Allah ordenó ser sumamente cuidadosos con la lengua. Su mal uso puede llevar las relaciones mutuas a los niveles más bajos de la ruina y la deformación; pero, si se usa correctamente, puede elevar esas relaciones hasta los niveles más altos del amor, el afecto y la amistad. Muy pocas personas comprenden esto. Por lo general, un conjunto de unas pocas palabras pronunciadas por la lengua, que manifiestan ante otra persona amistad y afecto amoroso, puede satisfacer enormemente el corazón humano. Incluso, en ocasiones, ni siquiera un gran acto de bondad puede igualarlo. Sin embargo, hay muchas personas que escatiman hasta una buena palabra, una frase alentadora y una expresión agradable. De este modo, no solo se privan de la dicha de proporcionar una alegría infinita al corazón de su propio hermano —pues ya se ha explicado que quien alegra el corazón de un hermano musulmán alegra al Mensajero de Allah; quien alegra al Mensajero de Allah alegra a Allah mismo; y quien alegra a Allah, Allah lo hará entrar en el Paraíso—, sino que a veces también hieren el corazón de su hermano al no decir palabras gratas. Incluso, en ciertas ocasiones, no dudan en proferir declaraciones irreflexivas e irresponsables. Sin embargo, se ha declarado al respecto: «Quien hiere el corazón de un musulmán, hiere a Allah mismo».
Por expresión de los sentimientos mediante la lengua se entienden generalmente la manifestación del amor, el saludo, la súplica, las palabras amables y afectuosas, la expresión de simpatía, preguntar por el estado de alguien y cosas semejantes. Teniendo presente esta importancia de la lengua, el Noble Profeta presentó a los Compañeros la siguiente imagen del Día de la Resurrección: ese día, alrededor de las personas no habrá más que un fuego que arderá violentamente, o estarán sus obras y acciones virtuosas, y ese día Allah mismo se encargará directamente de ajustar las cuentas. Después ordenó: «Protegeos de ese fuego terrible, aunque sea dando un trozo de dátil; y, si tampoco podéis hacer eso, al menos decid una palabra buena».
En realidad, teniendo presentes todas las pruebas y evidencias y considerando todos los aspectos, podemos comprender fácilmente qué ordenó al respecto el Mensajero de Allah y por qué lo hizo. Sobre la expresión del amor, dijo:
اذا احبَّ الرَّجل اخاه فليخبره انه يحبه-
«Cuando una persona albergue amor por su hermano, debe hacerle saber que lo ama». (Tirmidhi, Abu Dawud)
Así, un día un hombre pasó delante del Profeta (la paz sea con él). Entonces, uno de los que estaban con él exclamó: «Amo a ese hombre por amor a Allah». El Noble Profeta (la paz sea con él) le preguntó:
أعلمته قال لا قال قم فاعلمه فقام اليه فاعلمه فقال احبَّك الذى احببتنى له –
«¿Le has hecho saber esto?». Respondió: «No». Él dijo: «Ve y hazle saber que lo amas por amor a Allah». Entonces se levantó, fue hasta él y se lo dijo. El hombre respondió: «Que Aquel por cuya complacencia me amas te ame a ti». (Bayhaqi, Tirmidhi—Anas ibn Malik, que Allah esté complacido con él)
Abu Huraira (que Allah esté complacido con él) relató un acontecimiento y dijo que el Noble Mensajero (la paz sea con él) estaba besando a Hasan ibn Ali (que Allah esté complacido con él). Afra ibn Jalis (que Allah esté complacido con él) estaba sentado allí. Al verlo besar a Hasan, dijo: «Tengo diez hijos, pero nunca he besado a ninguno de ellos». El Noble Mensajero (la paz sea con él) lo miró y dijo: «No se muestra misericordia a quien carece de misericordia».
من لا يرحم لا يرحم –
En otro hadiz, estas palabras se expresan así: «Si Allah ha privado de misericordia tu corazón, ¿qué puedo hacer yo?». (Bujari y Muslim.)
La mejor oportunidad para expresar los sentimientos es el encuentro. Ya se ha hablado anteriormente de la importancia y la necesidad del encuentro. Veamos ahora cómo debe ser el encuentro para expresar los sentimientos.
7. Encuentros con afecto y buen ánimo
Después del buen trato, los encuentros son el medio más eficaz para mejorar las relaciones mutuas. Pero para ello es condición que, durante el encuentro, por un lado no se cause aflicción a nadie mediante palabras desagradables, bromas mordaces, burlas y cosas semejantes; y, por otro, el encuentro debe llevarse a cabo de tal manera que la emoción del amor se manifieste en la propia forma de encontrarse. Sobre esto recibimos muchas orientaciones de los hadices. Una de ellas es que, durante el encuentro, en lugar de comportamientos dolorosos y desgarradores, como la rudeza, la severidad, el desprecio y la indiferencia, se deben mostrar dulzura, buenos modales, cortesía y palabras agradables. Sobre la persona de carácter afable, el Mensajero de Dios (s.a.s.) dijo:
الا اخبركم بمن يحرم على النَّار وبمن تحرم النّار عليه على كلِّ هيِّن ليِّن قريب سهل –
«Os hablaré de una persona a quien el fuego del Infierno le está prohibido y para quien el Infierno está prohibido. Es una persona de carácter afable, naturaleza afable y palabras afables». (Ahmad, Tirmidhi —Ibn Mas‘ud, que Allah esté complacido con él—)
Otro método consiste en encontrarse con el rostro sonriente y sonreír ligeramente en cuanto uno se encuentra con el otro. El Noble Mensajero (s.a.s.) recomendó ambas cosas. En una ocasión dijo:
لا تحفرنَّ من المعروف شيئا ولو ان تلقى اخاك بوجه طليقٍ –
«No consideréis insignificante ninguna buena obra, aunque consista solamente en encontraros con vuestro hermano con un rostro sonriente». (Muslim —Abu Dharr, que Allah esté complacido con él—)
En otro lugar se dice: «Sonreír ligeramente al ver a tu hermano también es una limosna».
No se debe visitar con desprecio e indiferencia, sino con interés y atención; y hay que hacerle saber al otro que esta visita se realiza precisamente por la sincera alegría que produce.
Los compañeros dicen acerca del Noble Profeta (s. a. s.) que, cuando prestaba atención a alguien, lo hacía con todo su cuerpo y su corazón. Al-Bayhaqi ha narrado un suceso de este tipo. El suceso es el siguiente: cierta vez, el Noble Profeta (s. a. s.) estaba sentado en una reunión en la mezquita. En ese momento llegó allí un hombre, y el Noble Profeta (s. a. s.) se incorporó y se movió para hacerle sitio. El hombre dijo: «Oh, Mensajero de Dios, hay espacio suficiente». Él respondió:
انَّ للمسلم لحقاً اذا راه اخوه انْ يَّتزخزح له-
«Es derecho del musulmán que, cuando su hermano lo vea, se levante para recibirlo». (Al-Bayhaqi; Wailah ibn Jattab, que Dios esté complacido con él)
Aisha (que Dios esté complacido con ella) dice que, cuando Zayd ibn Harith (que Dios esté complacido con él) llegó a Medina y llamó desde fuera a la puerta para encontrarse con el Mensajero de Dios, el Mensajero de Dios (s. a. s.) salió a su encuentro arrastrando su manto, sin habérselo ceñido. Por Dios, nunca lo vi en tal estado ni antes ni después. Llevado por la emoción del amor, abrazó a Zayd por el cuello y lo besó. Del mismo modo, cuando Ya‘far al-Tayyar (que Dios esté complacido con él) regresó de Abisinia, el Mensajero de Dios (s. a. s.) lo abrazó por el cuello y lo besó. Cuando Akrama (que Dios esté complacido con él), hijo de Abu Yahl, se presentó ante él, le dijo: «¡Bienvenido, jinete emigrante!»
8. El saludo
El saludo ha sido designado como una forma específica de expresar los sentimientos, y también se lo ha incluido entre los deberes y derechos de un musulmán hacia otro musulmán. De este modo, por un lado se expresan los sentimientos y, por otro, se manifiestan la oración y los buenos deseos por el hermano. Tras la llegada del Noble Profeta (s. a. s.) a Medina, el primer sermón que pronunció contenía instrucciones sobre cuatro asuntos. Uno de ellos era el siguiente:
وافشوا السَّلام بينكم –
«Difundid el salam entre vosotros». Su importancia se hace aún más evidente en el siguiente hadiz:
لا تدخلون الجنَّة حتَّى تؤمنوا ولا تؤمنوا حتّى تحابُّوا الا ادلُّكم على شيئ اذا فعلتموه تحاببتم افشوا السلام بينكم –
«Nunca entraréis en el Paraíso mientras no seáis creyentes, y no seréis creyentes hasta que os améis unos a otros. ¿No queréis que os indique algo que, si lo adoptáis, hará que os améis unos a otros? Es esto: difundid el salam entre vosotros». (Muslim, Abu Huraira, que Allah esté complacido con él)
En otra ocasión, al señalar seis deberes y derechos de un musulmán hacia otro musulmán, dijo:
يسلِّم اذا لقيه –
«Cada vez que te encuentres con él, salúdalo con el salam». (Nasa’i, Abu Huraira, que Allah esté complacido con él)
En este contexto, se ha exhortado especialmente a quien inicia el salam y toma la iniciativa. El Noble Mensajero (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo:
«Quien inicia el salam se mantiene alejado de la soberbia».
También dijo:
انَّ اولى النّاس بالله من بدء السلام –
«Quien inicia el saludo es uno de los más cercanos a la misericordia de Allah». (Ahmad, Abu Dawud — Abu Uzman, que Allah esté complacido con él)
Es evidente que la exigencia del amor consiste en que la persona se adelante y haga una súplica por su hermano, expresando así la emoción de su corazón. El Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) siempre iniciaba el saludo mientras caminaba por el camino. Saludaba a todos aquellos con quienes se encontraba en el camino, sin distinción entre mujeres, hombres o niños. Más aún, se adelantaba especialmente a saludar a los niños. Sobre el saludo, dijo:
اذا لقى احدكم اخاه فليسلِّم عليه فان حالت بينهما شجَّرةٌ او جدارٌ او حجر ثمَّ لقييه فليسلِّم عليه –
«Cuando uno de vosotros se encuentre con su hermano, debe saludarlo. Después, si un árbol, un muro, una piedra u otra cosa se interpone entre ambos y, luego, vuelven a encontrarse, también debe saludarlo». (Abu Dawud — Abu Huraira, que Allah esté complacido con él)
Recomendó especialmente saludar a los miembros de la familia y le dijo a Anas (que Allah esté complacido con él):
يا بنىَّ اذا دخلت على اهلك فسلِّم يكون بركة عليك وعلى اهل بيتك –
«¡Hijo mío! Cuando entres en tu propia casa, saluda a todos. Esto será beneficioso para ti y para los miembros de tu familia». (Tirmidhi-Anas, r. a.)
El intercambio del saludo de paz puede aumentar el amor únicamente cuando se realiza con el sentimiento apropiado: cuando un hermano ruega por la paz de otro hermano y, mediante ello, expresa la profundidad del amor y la buena voluntad que alberga en su corazón. De lo contrario, no cabe duda de que el amor mutuo no puede aumentar por el simple hecho de que, por costumbre, como ocurre con una práctica islámica habitual, salgan de la boca un par de palabras.
9. Musafaha
Durante el encuentro, lo segundo que el Noble Mensajero, después del saludo de paz, prescribió para expresar el amor y la emoción del corazón fue el musafaha o estrecharse la mano. Se le preguntó a Anas (r. a.) si el musafaha era una práctica habitual entre los compañeros del Mensajero de Allah (s. a. s.). Él respondió: Sí.
En realidad, el musafaha es la culminación o plenitud del saludo de paz. Es decir, mediante él se completa todo el espíritu del saludo de paz. El Noble Mensajero lo describió personalmente así:
تمام تحيّاتكم بينكم المصافحة –
«Mediante el musafaha se alcanza la plenitud de vuestro saludo mutuo». (Ahmad, Tirmidhi-Abu Umāmah, r. a.)
Acerca del musafaha, el Noble Profeta (s. a. s.) dijo también: «Seguid estrechándoos la mano, pues mediante ello desaparece la hostilidad.
(تصافحوايذهب الغلَّ) Además, sobre la recompensa del musafaha, el noble Mensajero (s. a. s.) también dio la siguiente buena noticia:
ما من مسلمين يلتقيان فيصا فحان الاَّ غفرلهما قبل ان يَّتفرَّقا وفى رواية اخرى اذا التقى المسلمان فتصافحا وحمدا الله واستغفرا الله غفرلهما –
«Cuando dos musulmanes se encuentran y se estrechan las manos mutuamente, se les perdonan todos sus defectos antes de que se separen. En otra narración se dice que, cuando dos musulmanes se estrechan las manos, alaban a Allah y le piden perdón, se les perdona. —(Ahmad, Tirmidhi, Ibn Mayah; Baya ibn Gharib, r. a.)
10. Dirigirse a los demás con nombres excelentes
Toda persona conocedora de la naturaleza humana desea que se dirijan a ella con un nombre excelente. Esta es una aspiración natural del ser humano. Y cuanto más afectuosa y emotiva sea la manera en que se dirijan a ella, tanto más influirá en su corazón la sinceridad y el amor de quien se dirige a ella. Por ello, no se debe escatimar en este asunto. Al contrario, se debe procurar llamar al propio hermano de tal manera y con un lenguaje que expresen plenamente la emoción del amor que se siente por él. En el movimiento de Sayyid Ahmad Shahid (r. h.), cada persona se dirigía a quienes tenían su mismo rango o eran mayores que ella añadiendo la palabra «hermano» a sus nombres, mientras que a los más jóvenes los llamaba solamente por su nombre. En suma, la forma de dirigirse a alguien debe ser tal que permita expresar plenamente el propio amor y haga feliz el corazón del otro. En una relación afectuosa y sincera no hay lugar para que una persona se dirija a su hermano con un lenguaje que le desagrada. A este respecto resulta aplicable todo el hadiz relativo a las palabras afectuosas. Cuando al honorable Umar (r. a.) le preguntaron: «¿Por medio de qué se fortalece la amistad?», ¡qué excelente respuesta dio! Dijo: «Dirígete a tu amigo con un nombre excelente».
11. Interés por los asuntos personales
Una de las exigencias del amor sincero es interesarse por los asuntos personales del propio hermano del mismo modo que uno se interesa por los propios. Cuando te encuentres con tu hermano, pregúntale por sus circunstancias personales y muestra un interés completo por ellas. De este modo, en el corazón de un hermano nacerá la convicción acerca de la sinceridad y la buena voluntad del otro, y las emociones del corazón de uno se manifestarán al otro. Como resultado, estas cosas harán que su relación sea aún más estable. El noble Profeta (s. a. s.), al ordenar a sus compañeros que se conocieran personalmente entre sí, también señaló este aspecto. Dijo:
اذا اخى الرَّجلُ الرَّجلَ فليسأله عن اسمه واسم ابيه وممَّن هو فانَّه او صل للمودَّة –
«Cuando una persona entabla amistad con otra, debe preguntarle su nombre, el nombre de su padre y su linaje, pues así se fortalecen aún más las raíces del amor mutuo». (Tirmidhi, Yazid bin Nu‘ama —que Allah esté complacido con él—)
El propio nombre y otros datos semejantes forman parte de los asuntos personales de una persona. De este modo, el hadiz en cuestión señala precisamente el principio que he expuesto. La afirmación «además, se fortalecen las raíces del amor» también arroja luz sobre su verdadero significado.
12. Los regalos
Ofrecer un regalo para expresar amor y sinceridad hacia un hermano querido es sumamente beneficioso para la estabilidad de las relaciones. En realidad, decir palabras amables, llamar a alguien por un nombre afectuoso, expresar amor y cosas semejantes son regalos de la lengua. Mediante ellos, un hermano intenta expresar su amor y sus sentimientos hacia otro hermano, atraerlo hacia sí y ganarse su afecto. Así como estos regalos de la lengua alegran el corazón, crean vínculos entre distintos corazones y ayudan a que unos se sientan atraídos hacia otros, los regalos materiales también vinculan el corazón de una persona con el de otra, y de este modo aumenta el amor mutuo. El Noble Profeta (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él), al recomendar los regalos, también señaló este beneficio: por medio de ellos se lava y limpia la impureza de los corazones. Dijo:
تهادوا تحابُّوا وتذهب شحناؤكم – (او كما قال عليه السلام)
«Enviaos regalos unos a otros; mediante ellos aumentará el amor mutuo y desaparecerán la distancia y la enemistad de los corazones». (Al-Muwatta de Malik, ‘Ata)
El propio Noble Profeta (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) regalaba repetidamente obsequios a sus compañeros, y sus sahabas le enviaban regalos a él y también se los enviaban unos a otros. A este respecto, lo que debemos recordar y la guía que recibimos de la vida del Profeta (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) es lo siguiente:
1. Los regalos deben ofrecerse siempre de acuerdo con las propias posibilidades, y no se debe dejar de hacerlo por no poder entregar algo valioso o especial; en realidad, lo que crea un vínculo entre los corazones no es el valor ni la importancia del regalo, sino la sinceridad y el amor de quien lo ofrece.
2. El regalo, sea lo que sea, debe aceptarse siempre con gratitud.
3. Siempre se debe procurar corresponder a un regalo con otro regalo. No es necesario que este sea de igual valor; más bien, cada uno debe dar según sus posibilidades. La práctica del Noble Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) era procurar siempre corresponder a los regalos. En cierta ocasión, cuando un hombre se negó a aceptar la devolución del regalo, el Profeta manifestó un gran disgusto.
4. Entre los regalos, lo que más agradaba al Noble Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) era el perfume. Hoy en día, también podrían incluirse los libros en esta categoría.
13. Expresar gratitud
Expresar la emoción del propio amor y reconocer el afecto de los demás es una excelente forma de manifestar gratitud. Cuando una persona percibe que su hermano comprende debidamente la importancia y el valor de las acciones realizadas por amor a él y movido por ese afecto, su amor sincero hacia su hermano aumentará. Por el contrario, si quien siente afecto percibe que su sinceridad y su amor no tienen ningún valor, la emoción de su corazón se irá apagando naturalmente. Por eso, cuando un musulmán ayuda a otro hermano musulmán, lo trata bien, le dice algo amable o le ofrece un regalo, es deber ineludible de ese hermano musulmán expresarle su agradecimiento con alegría. De este modo le hará saber que aprecia plenamente el valor de su sinceridad y su afecto. Los compañeros dicen acerca del Noble Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) que, cuando alguien le ofrecía algo, lo aceptaba con gratitud, y cuando alguien hacía algo por él, le expresaba su agradecimiento.
14. Comer juntos
Compartir las comidas y demás alimentos unos con otros, así como invitar a otra persona a comer en el propio hogar, es una excelente manera de expresar sinceridad y afecto. Esto no solo brinda la oportunidad de conversar con franqueza, sino que, cuando un musulmán invita a su hermano a comer en su casa, hace que el invitado sienta que su hermano le tiene un profundo amor. Y cuando surge ese sentimiento, la relación mutua se fortalecerá sin duda. Los compañeros solían invitarse unos a otros y también invitaban con frecuencia al Noble Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él). Cuando el propio Noble Profeta tenía algún alimento o recibía algo de algún lugar, hacía partícipes de ello a todos los presentes. En cuanto a las invitaciones y a comer juntos, también deben tenerse en cuenta las cosas mencionadas anteriormente a propósito de los regalos. En particular, no se debe permitir ninguna reserva respecto a invitar a comer; más bien, cada uno debe ofrecer comida según sus posibilidades, aunque se trate de la comida cotidiana. Sin embargo, si es posible preparar algo especial para la ocasión, ello ciertamente producirá un efecto positivo en el ánimo del invitado. Sea lo que sea que se le presente, es deber del invitado aceptarlo con satisfacción y gratitud. La conclusión de este asunto es que, al igual que con los regalos, también se debe procurar corresponder a las invitaciones.
También conviene saber a este respecto que, al principio, los musulmanes sentían cierta vacilación y reserva a la hora de comer en casa de sus seres queridos y familiares. Allah Altísimo eliminó esta vacilación y reserva al revelar un versículo del propio Corán, en la sura An-Nur, sobre este asunto.
15. La súplica
La súplica es algo que, desde un aspecto, asimila en sí misma muchos de los deberes y derechos que hemos tratado y, desde otro, incrementa la amistad y el amor mutuos. Mediante la súplica, un musulmán pide a su Señor misericordia y perdón para su hermano, ruega por su bienestar y prosperidad, y solicita que su situación mejore. Es evidente que solo el musulmán sostiene la convicción de que la verdadera clave de la causalidad está en manos de Allah. En tales circunstancias, cuando ve que su hermano ha levantado las manos ante su Señor para suplicar por él, queda profundamente conmovido e impresionado.
La súplica puede hacerse tanto en ausencia como cara a cara. Una de sus formas es el saludo, cuya fórmula completa expresa el deseo de paz, misericordia y bendiciones para el hermano musulmán. Otro deber de un musulmán hacia otro es que, cuando este estornude y diga «al-hamdu lillah», su hermano suplique misericordia por él. Ofrecer la oración fúnebre por el propio hermano musulmán también es un deber especial, y constituye asimismo una forma de súplica. La atención al hermano enfermo —que ya se ha explicado anteriormente— también contiene una súplica.
Cuando la súplica se hace cara a cara o llega al conocimiento de la persona concernida, su primer beneficio es que esta llega a creer de todo corazón en la sincera buena voluntad y el amor de su hermano. Puesto que el objetivo de ambos es la misericordia de Allah, ve que su hermano no solo se esfuerza de manera práctica por su bienestar, sino que también presenta ante Allah sus esperanzas y aspiraciones, como si fueran las propias. Aunque esté afligido por sus propios sufrimientos y dificultades, eleva las manos ante su Señor; pide perdón no solo por sus propias faltas y pecados, sino también por las faltas y pecados de su hermano, y espera para él, al igual que para sí mismo, la complacencia y la misericordia de Allah. También ve que su hermano se preocupa tanto por él que, cuando se encuentra a solas, estando presentes únicamente él y su Señor, aun entonces lo recuerda. En tales circunstancias, surge naturalmente en su corazón amor hacia el hermano que suplica por él. Así, mediante la súplica se obtienen todos los beneficios de la expresión de los sentimientos del corazón.
En segundo lugar, cuando quien suplica procura incluir al otro en su súplica, la relación sincera entre ambos se fortalece aún más y, al mismo tiempo, se infunde pureza en esa relación.
Además, junto con suplicar misericordia, perdón, el cumplimiento de las necesidades y la eliminación de las dificultades, se ha aconsejado suplicar también por que el propio hermano permanezca firme en el camino de la verdad y por la amistad mutua.
اللّهمَّ الِّف بين قلوبنا واصلح ذات بيننا –
«¡Oh Allah! Une nuestros corazones y elimina nuestras desavenencias mutuas».
Así también se ha aconsejado suplicar para que sean eliminados del corazón la impureza, el rencor y demás sentimientos semejantes. Pues albergar en el corazón amargura, resentimiento o quejas hacia los demás es una enfermedad sumamente grave. Por ello, para curarla, se debe suplicar humildemente.
ربَّنا اغفرلنا ولاخواننا الَّذ ين سبقونا بالايمان ولا تجعل فى قلوبنا غلاًّ لّلَّذين امنوا ربَّنا انَّك رؤف الرَّحيم –
«¡Oh, Señor nuestro! Perdónanos a nosotros y a nuestros hermanos que creyeron antes que nosotros, y no pongas en nuestros corazones rencor ni hostilidad hacia los creyentes. ¡Oh, Señor nuestro! Tú eres, ciertamente, Munífico y Misericordioso». (Sura Al-Hashr, 10)
Mencionar por su nombre al propio hermano o recordarlo durante la súplica fortalece aún más la relación. Que un musulmán, por iniciativa propia, suplique por la misericordia de Allah para su hermano, pida a Allah su amistad y amor, y le ruegue que proteja la relación de la deformación y el daño, es ciertamente un deber de todo musulmán hacia otro musulmán; pero pedirse mutuamente que supliquen por uno y expresar el deseo de compartir las súplicas también puede contribuir al fortalecimiento de las relaciones mutuas. Como ejemplo, el Noble Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: «Cuando visites a tu hermano enfermo, pídele que suplique también por ti, pues su súplica tiene mayores probabilidades de ser aceptada».
En una ocasión, cuando Umar (que Allah esté complacido con él) partió para realizar el Hayy, el Noble Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) le dijo unas palabras. Respecto de esas palabras, el propio Umar (que Allah esté complacido con él) declaró: «Esto es lo más querido para mí de toda mi vida». Esas palabras fueron: «Hermano nuestro, recuérdanos en tus súplicas».
16. Responder de buena manera
Todo musulmán debe esforzarse por responder a la sinceridad y al amor de su hermano musulmán con una sinceridad y un amor aún mayores. Esto se debe a que ninguna relación puede desarrollarse mediante un amor unilateral. Además, esto hace que el corazón del otro hermano tenga la certeza de que su amor no está siendo desperdiciado ni se le está tratando con desprecio. Devolver el saludo, corresponder un regalo con otro regalo, responder a las buenas palabras con buenas palabras y realizar todo ello de la mejor manera son instrucciones que ponen de relieve el principio mencionado. A este respecto, también se debe recordar la siguiente palabra del Noble Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él):
«De los dos que se aman, el mejor es quien siente mayor amor por su hermano».
Si no es posible responder al amor de un hermano con una respuesta aún mejor, se debe responder al menos con una equivalente; y si, además, se reconoce la propia incapacidad, ello ciertamente conmoverá el corazón del otro.
17. Reconciliación y refutación de las quejas
Después de recordar los fundamentos de la relación, al procurar generar en ella los sentimientos de amistad y amor y adoptar medios adecuados para protegerla de la corrupción y el daño, es natural que se manifiesten diversos defectos e incapacidades. Ningún ser humano puede afirmar que jamás cometerá un error en ninguna tarea. En particular, puesto que esta relación se construye para la revolución islámica, Satanás también se mantiene sumamente activo en este asunto y busca constantemente resquicios para corromper las relaciones mutuas y provocar fisuras en ellas. Si se tienen debidamente presentes todas las cuestiones tratadas anteriormente acerca de las relaciones mutuas, y se siguen principios como no causar al propio hermano ningún daño físico o mental mediante la propia palabra y conducta, esforzarse por todos los medios posibles para ayudarlo en sus asuntos religiosos y mundanos, manifestar plenamente la propia sinceridad y amor, expresar una sinceridad y un amor aún mayores —o al menos equivalentes— como muestra de haber comprendido el valor de la sinceridad y el amor del otro, y continuar examinando la propia conducta según este mismo criterio, entonces a Satanás le resultará sumamente difícil infiltrarse en ellas. Aun así, si se observa corrupción y deterioro en la relación, cada hermano musulmán debe tener presentes algunas cuestiones. Al tenerlas presentes, incluso si aparece alguna alteración, esta podrá eliminarse fácilmente. La base general de la corrupción de las relaciones es que surja en un hermano musulmán una queja contra otro. Puede haber muchas causas para que surjan quejas. Sin embargo, las cuestiones tratadas en este capítulo eliminan todas esas causas. En toda queja se observa un rasgo común: cuando un musulmán se siente herido por alguna palabra o acción de su hermano, de ahí nace la queja. Si el asunto es grave, esa queja basta para corromper la relación. Y si se trata de algo menor, varios asuntos semejantes se combinan hasta producir un sentimiento intenso. Es necesario que todos tengan presentes las cuestiones tratadas a este respecto.
Primero: un musulmán no debe dar a otro musulmán ningún motivo de queja. Debe esforzarse siempre para no causar, por su conducta, ningún pesar en el corazón de su hermano.
Segundo: todo musulmán debe ser magnánimo con su hermano. Debe tener presentes las elevadas enseñanzas morales del Noble Mensajero y esforzarse al máximo para que no surja ninguna queja contra nadie y, si surgiera, para eliminarla inmediatamente de su corazón.
Tercero: si, pese a los esfuerzos mencionados, surge una queja y no es posible olvidarla, no se debe alimentarla en el corazón. Sea el asunto pequeño o grande, debe comunicarse de inmediato al propio hermano. Guardar en el corazón sospecha y resentimiento hacia el propio hermano y relacionarse con él mientras se conserva ese resentimiento es señal del peor carácter. Por ello, sin ninguna demora en este asunto, se debe intentar de inmediato eliminar esa mancha del corazón.
Cuarto: aquel contra quien se presenta una queja no debe disgustarse ni fruncir el ceño por ello. Al contrario, debe expresar su gratitud al hermano afectuoso que, en vez de hablar a sus espaldas y traicionarlo, se presentó ante él para exponer la queja; que, considerando la relación algo sumamente valioso, se adelantó a resolver incluso una queja insignificante y le brindó la oportunidad de corregirse.
Quinto: en cuanto sepa que su hermano alberga alguna queja, debe esforzarse por corregirse. Pues cuanto más tiempo pasa, más arraigada se vuelve la corrupción. Además, cuanto antes se desarraigue la fitna, tanto mejor. Si realmente ha cometido una falta, debe reconocerla abiertamente y expresar arrepentimiento por ella. Si tiene alguna excusa por esa falta, también debe presentarla. Y si no ha cometido ninguna falta, sino que se ha producido un malentendido o existe una excusa razonable, debe procurar disipar ese malentendido. A este respecto, la siguiente declaración de Hazrat Isa (la paz sea con él), recogida en el Injil, arroja una hermosa luz sobre el cumplimiento de este deber por parte de un musulmán:
«Si vas a presentar tu ofrenda en el lugar del sacrificio y allí recuerdas que mi hermano tiene una queja contra mí, deja tu ofrenda frente al lugar del sacrificio, regresa y reconcíliate con tu hermano; solo después podrás presentar tu ofrenda.»
Aquí se ha expresado algo sumamente extraordinario. Si tu hermano está disgustado contigo, te resulta difícil ser una buena persona y establecer tu relación con él sobre la armonía. En realidad, el verdadero propósito de la adoración solo se cumplirá cuando logremos complacer a Allah. Por eso se nos aconseja eliminar la queja de nuestro hermano antes de presentar la ofrenda, esforzarnos por purificarnos interiormente y no retrasar en absoluto este asunto.
Sexto: si un hermano musulmán reconoce su falta, es nuestro deber perdonarlo y no debemos mostrar ninguna mezquindad al respecto. Si presenta una excusa, debemos considerarlo excusado y aceptar su excusa. Además, si expone algo con el propósito de disipar un malentendido, también es nuestro deber creer que sus palabras son verdaderas. A este respecto, debemos recordar las siguientes palabras del Noble Profeta:
«Quien presenta a su hermano musulmán una excusa por su propia falta, pero no lo considera excusado ni acepta su excusa, carga con un pecado equivalente al de un recaudador de impuestos por la opresión cometida al cobrar un impuesto ilegal.»
Para seguir correctamente estas instrucciones, hay que comprender muy bien el valor de las relaciones mutuas entre las personas, albergar en el corazón un pleno respeto por el hermano y por el afecto fraternal, y comprender plenamente qué enorme pecado constituye la corrupción de estas relaciones. Lo primero puede comprenderse muy bien a partir de lo expuesto en el primer capítulo y en la segunda parte del capítulo actual. Sobre lo segundo se ha dicho que el Noble Profeta, al explicar la corrupción de estas relaciones, dijo: «Es una navaja afeitadora que deja completamente al descubierto toda la religión del islam». Por consiguiente, quien cree que el verdadero éxito es el éxito en la otra vida, protegerá sin duda su religión a cualquier precio; y quien desee proteger su religión, jamás permitirá, dentro de sus posibilidades, que esas relaciones se corrompan. Las advertencias que el Noble Profeta pronunció sobre el descontento mutuo y la ruptura de las relaciones son tan hermosas como severas. Dijo:
لا يحلُّ للرَّجل ان يَّهجر اخاه فوق ثلاث ليالٍ يلتقيان فيعرض هذا ويعرض هذا وخيرهما الَّذى يبدأ بالسلام-
«No está permitido a ningún musulmán abandonar a su hermano por más de tres días debido al resentimiento y, cuando ambos se encuentren, volver el rostro en dirección opuesta al otro. De los dos, el que inicie el saludo —es decir, el que abandone el resentimiento y dé comienzo a la reconciliación— es el mejor.» (Bujari y Muslim, de Abu Ayyub al-Ansari)
De esto se demuestra la superioridad de quien inicia la reconciliación. El Noble Profeta también explicó cómo trata Allah, en Su presencia, a dos musulmanes en una situación semejante:
تعرض اعمال النَّاس فى كلِّ جمعة مرَّتين يوم الاثنين ويوم الخميس فيغفر لكلِّ عبدٍ مُّؤمن الاَّ عبدأً بينه وبين اخيه شحناء فيقال اتركوا او اركوا هذين حتى يفيئا –
«Los actos de las personas se presentan ante Allah dos días de la semana, el lunes y el jueves, y se perdona a todo siervo creyente, excepto a quien alberga rencor contra su hermano musulmán. Se dice: “Dejadlo por unos días, para que puedan reconciliarse entre sí”.» (Muslim, Abu Huraira, que Allah esté complacido con él)
Sobre quien abandona a su hermano durante tres días, el Mensajero (s.a.w.) también dijo:
لا يحلُّ لمسلم ان يَّهجر اخاه فوق ثلاث فمن هجر فوق ثلاث فمات دخل النَّار-
«No está permitido a ningún musulmán abandonar a su hermano durante más de tres días. Quien permanezca apartado durante más de tres días y muera durante ese tiempo será de los moradores del Infierno.» (Ahmad, Abu Dawud; Abu Huraira, que Allah esté complacido con él)
También dijo:
فمن هجر اخاه سنة فهو كسفك دمه –
«Quien abandona a su hermano musulmán durante un año es como si hubiera derramado su sangre (es decir, ha cometido un pecado de tal magnitud).» (Abu Dawud; Abu Huraira, que Allah esté complacido con él)
Naturalmente, puede darse una situación en la que una de las partes rompa la relación después de haber intentado alcanzar una reconciliación, o en la que, en una disputa, se mantenga firme en la verdad. En tal caso, desde el punto de vista del juicio sensato y de la Sharía, no tendrá pecado alguno. Sin embargo, incluso en una situación así, se le aconseja actuar con magnanimidad, perdonar a su hermano y, aun estando en la verdad, poner fin a la disputa. En un hadiz, el Noble Profeta (s.a.s.), al aconsejar retirar la disputa, dijo:
من ترك المراء وهو على حقٍّ بنى له بيت فى وسط الجنة ومن حسن خلقه بنى له فى اعلاها-
«A quien retire la disputa se le construirá un edificio en el centro del Paraíso. Y a quien mejore su carácter se le construirá un palacio en el lugar más elevado del Paraíso». (Tirmidhi, Anas —que Allah esté complacido con él—)
Es evidente que el grado más elevado del carácter más bello es el perdón. Precisamente por ello, la persona llega a merecer un lugar en el nivel más elevado del Paraíso.
Junto con la reconciliación, es deber de los demás hermanos musulmanes y, en general, de la sociedad musulmana, velar por la relación entre los dos hermanos y corregirla cuando se adviertan en ella signos de deterioro. Porque de esta corrección depende la estabilidad de las relaciones mutuas. Y estas relaciones son precisamente la vida y el alma de la sociedad. El Corán ha ordenado esta corrección con las siguientes palabras:
انَّما المؤمنون اخوة فاصلحوا بين اخويكم –
«Los creyentes son ciertamente hermanos entre sí. Así pues, reconciliad a vuestros dos hermanos cuando disputen». (Sura Al-Huyurat, 10)
Incluso se ha ordenado combatir contra quien transgreda en este asunto.
El Noble Mensajero (s.a.s.) preguntó una vez a los Compañeros: «¿Queréis que os hable de una obra cuyo mérito y recompensa son superiores a los de la oración, el ayuno y la caridad?». Los Compañeros dijeron: «Sí, ¡oh Mensajero de Allah! Sin duda, díganoslo». Él dijo:
اصلاح ذات البين – وفساد ذات البين الحالقة –
«Reconciliar las relaciones entre las personas, mientras que provocar la discordia entre ellas, es afeitar por completo la religión». (Abu Dawud y Tirmidhi)
Sobre esto también dijo —aunque la postura del islam respecto a la mentira es sumamente severa—:
ليس الكذَّاب الَّذى يصلح بين النَّاس ويقول خيرًا فيمنى خيرًا او يقول خيرًا –
«Quien reconcilia a las personas, habla palabras buenas y transmite palabras buenas no es un mentiroso». (Bujari y Muslim —Umm Kulsum, que Allah esté complacido con ella—)
Es decir, transmite de una parte a la otra una disposición favorable que en realidad no había sido expresada. Naturalmente, cuando para lograr la reconciliación sea necesaria tal mediación, es correcto decir cosas que no son ciertas y hablar de una manera que haga que una parte confíe en el amor y la buena voluntad de la otra.
A la luz de estas instrucciones, si el musulmán no da él mismo ocasión para ser objeto de acusación, continúa esforzándose por lograr la reconciliación y permanece atento a la sociedad, entonces resulta muy difícil que Satanás meta las narices.
18. Suplicar el tawfiq al Señor
La relación de amistad, fraternidad y amor es una condición fundamental y una exigencia ineludible. Cuanto más querido sea el objetivo propio, tanto más profunda será también la relación fraternal entre un hermano y otro. Cuando el sufrimiento y las dificultades de uno se convierten en el sufrimiento y las dificultades del otro, la preocupación de uno en la preocupación del otro y la alegría de uno en la alegría del otro, entonces la relación se eleva, en cierto sentido, hasta alcanzar su propósito. Y cuando, además, se unen la misericordia y la buena voluntad, la relación alcanza el grado más elevado en todos los aspectos. En realidad, solo una relación así puede infundir, dentro de una jamaat y de un movimiento, una vida y una conciencia activa capaces de garantizar el éxito. Allí donde esta gran bendición se obtiene adoptando todas las condiciones y procedimientos indicados por Allah y el Mensajero —que la paz y las bendiciones sean con él—, también se hace necesario el tawfiq de Allah. Porque este es un favor especial de Allah. Por ello, debemos suplicar humildemente al Señor de los mundos que proteja esta relación sagrada de la deformación y la desintegración, y que incremente cada vez más la amistad y el amor que hay en ella.
ربَّنا اغفرلنا ولاخواننا الَّذ ين سبقون بالايمان ولاتجعل فى قلوبنا غلاًّ للَّذ ين امنوا ربَّنا انَّك رؤف الرَّحيم –
«¡Oh, nuestro Señor! Perdónanos a nosotros y a nuestros hermanos que abrazaron la fe antes que nosotros, y no pongas en nuestros corazones resentimiento ni enemistad hacia los creyentes. ¡Oh, nuestro Señor! Ciertamente, Tú eres lleno de benevolencia y misericordioso». (Sura de Al-Hashr, 10)
— Fin —