Introducción

Ilah, Rabb, Din e Ibadah: estas cuatro palabras poseen una importancia fundamental en la terminología coránica. El mensaje general del Corán es que únicamente Allah Ta‘ala es el Rabb y el Ilah único; no existe ningún otro Ilah aparte de Él, ni ningún otro Rabb. Nadie comparte con Él la uluhiyya ni la rububiyya. Por tanto, reconocedle únicamente a Él como vuestro Ilah y Rabb; rechazad la uluhiyya y la rububiyya de todos los demás aparte de Él. Adoradle a Él y no adoréis a nadie más aparte de Él. Dedicad exclusivamente a Él el Din y rechazad todos los demás dins.

——————-Sura An-Nisá: 25——————– A todo Mensajero que enviamos antes de ti le revelamos: «No hay ningún Ilah excepto Yo. Adoradme, pues, únicamente a Mí». — An-Nisá, 25

———————Sura At-Tawba: 31——————— No se les ordenó otra cosa sino adorar a este Ilah. No hay ningún otro Ilah aparte de Él. Él está libre de aquello que Le han asociado. — At-Tawba, 31

——————–Sura Al-Anbiya: 92—————– En verdad, esta comunidad vuestra —es decir, la comunidad de todos los profetas— es una sola comunidad, y Yo soy vuestro Rabb. Adoradme, pues, únicamente a Mí. — Al-Anbiya, 92

———————Sura Al-Anam: 164 ————– Di: «¿Acaso buscaré otro Rabb aparte de Allah, cuando Él es el Rabb de todas las cosas?». — Al-Anam, 164

——————–Sura Al-Kahf: 110 —————- Por tanto, quien espere encontrarse con su Rabb, que obre rectamente y no asocie a nadie en la adoración de su Rabb. — Al-Kahf, 110

——————-Sura An-Nahl: 36 ——————- En verdad, enviamos a un Mensajero a cada comunidad con la orden: «Adorad a Allah y apartaos de la adoración del Tagut». — An-Nahl, 36

——————Sura Al-i Imran: 83 —————— ¿Acaso buscan una religión distinta de la religión de Allah? Sin embargo, todo cuanto hay en los cielos y en la tierra está sometido a Él, voluntaria o involuntariamente. Y a Él habrán de regresar. -Al-i Imran: 83

———————-Sura Az-Zumar: 11 ————— Di: Se me ha ordenado adorar a Allah y consagrar exclusivamente a Él mi religión. -Az-Zumar: 11

——————–Sura Al-i Imran: 51 —————– Ciertamente, Allah es mi Rabb y vuestro Rabb. Adoradlo, pues. Este es el camino recto. -Al-i Imran: 51

Se han presentado estos pocos versículos a modo de ejemplo. Todo aquel que estudie el Corán percibirá, desde la primera mirada, que toda la exposición del Corán gira en torno a estos cuatro términos. La idea central (Central idea) del Noble Corán es la siguiente:

Allah es el Rabb y el Ilah.

Nadie aparte de Allah tiene derecho a la rububiyyah-uluhiyyah.

Por tanto, solo a Él se le debe rendir ibadah.

La religión debe consagrarse exclusivamente a Él.

La importancia de los cuatro términos fundamentales

Es evidente que, para comprender las enseñanzas del Corán, es absolutamente indispensable entender correcta y plenamente el significado de estos cuatro términos. Si una persona no sabe qué significa la palabra ilah, cuál es la definición de ibadat y qué se entiende por din, todo el Corán carecerá de sentido para ella. No podrá conocer el tawhid ni comprender el shirk; no podrá consagrar exclusivamente la ibadat a Allah ni dedicar el din exclusivamente a Él. Del mismo modo, si el significado de estos términos permanece confuso e incompleto en la mente de alguien, toda la enseñanza del Corán seguirá siendo confusa para esa persona. A pesar de creer en el Corán, tanto su aqidah como sus creencias y actos permanecerán incompletos. Dirá con la lengua: «La ilaha illallah», es decir, «No hay otra divinidad sino Allah», y, aun así, convertirá a muchos en divinidades. Aunque declare verbalmente: «No hay otro señor sino Allah», en la práctica muchos ocuparán para él el lugar de su señor. Dirá con toda sinceridad: «No adoro a nadie sino a Allah», pero, a pesar de ello, permanecerá ocupado adorando a muchos otros objetos de culto. Afirmará enfáticamente: «Estoy en el din de Allah»; si se le dice que está en otro din, se dispondrá a luchar, pero, aun así, llevará colgadas del cuello las cadenas de muchos otros dines. Nunca saldrán de su boca las palabras «ilah» o «rabb» aplicadas a alguien distinto de Allah; sin embargo, según el significado para el cual fueron formadas estas palabras, tendrá muchos ilahes y señores. Y el pobre ni siquiera sabrá que, en la práctica, ha convertido en señores y divinidades a muchos además de Allah. Si se le dice: «Estás adorando a otro y cometiendo shirk en el din», acudirá furioso dispuesto a arrojar piedras; pero, atendiendo al significado de ibadat y din, en la práctica estará adorando a otro y siguiendo otro din. Ni siquiera sabrá que lo que hace no es otra cosa que adorar a otro. De quien ha caído en semejante situación no puede decirse sino que sigue el din de alguien distinto de Allah.

La causa fundamental de las ideas equivocadas

Cuando el Corán fue presentado en Arabia, todos sabían qué significaba ilah y a quién se llamaba rabb, porque ambas palabras ya eran corrientes en su habla. Sabían qué significaban y cuál era su alcance. Por eso, cuando se les dijo que Allah es el único Señor y la única divinidad, y que nadie tenía participación alguna en la uluhiyyah ni en la rububiyyah, lo comprendieron perfectamente. Entendieron con claridad qué se prohibía atribuir a otros y qué se establecía exclusivamente para Allah. Quienes se oponían lo hacían sabiendo exactamente dónde les afectaba la negación de la uluhiyyah y la rububiyyah de todo aquel que no fuera Allah. Aceptaron la fe sabiendo qué debían abandonar y qué debían adoptar al aceptar esta doctrina. Del mismo modo, las palabras ibadat y din ya eran corrientes en su lengua. Sabían quién era un abd y qué estado se denominaba ubudiyyah. Sabían qué tipo de conducta implicaba la ibadat y cuál era el significado del din. Por eso, cuando se les dijo: «Abandonad la adoración de todos y adorad a Allah; apartaos de todos los dines y entrad en el din de Allah», no se equivocaron al comprender la invitación coránica. En cuanto la oyeron, entendieron qué tipo de transformación exigía esta enseñanza en su sistema de vida.

Sin embargo, el significado fundamental que tenían estos términos cuando descendió el Corán comenzó a cambiar gradualmente en los siglos posteriores. Finalmente, cada palabra perdió toda la amplitud de su significado y quedó restringida a un sentido sumamente limitado, e incluso impreciso. Una causa fue la falta de una comprensión adecuada de la lengua árabe; la segunda fue que, entre las personas surgidas en la sociedad islámica, ya no permanecía el significado de ilah, rabb, din e ibadat que estaba extendido en la sociedad no musulmana cuando descendió el Corán. Por esta razón, en los diccionarios y libros de tafsir posteriores, la mayoría de las palabras coránicas fueron explicadas no según sus significados lingüísticos, sino mediante sentidos que los musulmanes de épocas posteriores comprendían. Por ejemplo:

La palabra ilah fue convertida casi en sinónimo de ídolo y divinidad. Rabb fue convertido en sinónimo de criador, sustentador o Parvardigar; el significado de ibadat fue reducido al de veneración y culto; y din fue convertido en sinónimo de religión, madhhab y religion. Tagut fue traducido como ídolo o Satanás.

El resultado fue que a la gente le resultó difícil comprender el propósito fundamental del Corán. El Corán dice: «No toméis a nadie como ilah aparte de Allah». La gente piensa: «Hemos abandonado los ídolos y las divinidades; por tanto, hemos cumplido el propósito del Corán». Sin embargo, siguen aferrándose a todo aquello a lo que también se aplica el significado de ilah, sin siquiera darse cuenta de que están convirtiendo en ilah a otros distintos de Allah. El Corán dice: «No reconozcáis a nadie como rabb aparte de Allah». La gente responde: «No reconocemos a nadie aparte de Allah como Parvardigar; por tanto, nuestro tawhid es completo». Sin embargo, en los demás sentidos en que se emplea la palabra rabb, la mayoría de las personas han aceptado en la práctica la rububiyyah de otros en lugar de la de Allah. El Corán dice: «Abandonad la ibadat del tagut y adorad únicamente a Allah». La gente responde: «No adoramos ídolos, maldecimos a Satanás y nos postramos únicamente ante Allah; por tanto, también hemos cumplido esta exigencia del Corán». Sin embargo, se aferran a otros tagut distintos de los ídolos de piedra y han dedicado a otros distintos de Allah todas las demás formas de ibadat que no consisten en el culto. Lo mismo ocurre con el din. Se considera que purificar el din para Allah significa únicamente que la persona acepte la “religión del islam” y no permanezca hindú, judía o cristiana. Sobre esta base, todos los seguidores de la “religión del islam” creen: «He purificado mi din para Allah». Sin embargo, desde la perspectiva del significado más amplio de din, son mayoría quienes no han purificado su din para Allah.

El resultado de las ideas equivocadas

Es cierto que, debido únicamente a que el significado de estos cuatro términos fundamentales ha quedado cubierto, más de las tres cuartas partes de las enseñanzas del Corán, o más bien su verdadero espíritu, queda oculto a la vista. Esta es una de las principales razones de los errores que se observan en las creencias, prácticas, convicciones y acciones de las personas, pese a haber aceptado el islam. Por ello, es absolutamente necesario exponer las enseñanzas fundamentales del Sagrado Corán y explicar detalladamente su contenido.

Anteriormente intenté exponer el significado de estas palabras en muchos artículos. Sin embargo, lo que he analizado hasta ahora, por un lado, no basta para eliminar todas las ideas erróneas y, por otro, no puede satisfacer plenamente a la gente. Esto se debe a que, sin citar los diccionarios y los versículos del Corán, la gente considera que todas mis explicaciones son meras opiniones personales. Al menos para quienes no están de acuerdo conmigo, mis opiniones no pueden ser motivo de satisfacción. En la presente obra intentaré exponer con toda claridad el significado completo de estos cuatro términos. En este libro no afirmaré nada que no esté respaldado por los diccionarios y por el Corán.

Ilah

 

Análisis lexicográfico

Las letras radicales de esta palabra son alif, lam y ha. Estas son las palabras que aparecen en los diccionarios derivadas de estas letras radicales:

Se ha quedado exhausto.

Al buscar refugio en él o establecer una relación con él, he encontrado paz y satisfacción.

Cuando una persona, tras verse aquejada por alguna aflicción o dificultad, ha quedado aterrorizada y alarmada, otra persona le ha ofrecido refugio.

—————————— Debido a su intenso interés, el hombre prestó atención a la otra persona.

———————– Al encontrar a su madre, la cría de la camella que había perdido a su madre se refugió en su regazo.

—————————– Ha quedado cubierto u oculto, se ha elevado y ha ascendido.

————-Ha adorado.

————– Su significado puede conocerse al considerar los sentidos etimológicos que explican por qué y en qué relación se emplean ibadat, es decir, adoración (culto), e ilah, es decir, objeto de adoración.

Primero: La necesidad misma despierta en el corazón humano el impulso inicial hacia la adoración. Antes de que surja en la mente la idea de alguien capaz de satisfacer sus necesidades y ofrecerle refugio en las dificultades, el ser humano ni siquiera puede imaginar adorar a alguien.

Segundo: El ser humano no puede considerar a alguien capaz de satisfacer sus necesidades si no lo juzga superior a sí mismo. No basta con reconocer su superioridad en cuanto a posición y rango; también hay que reconocer su superioridad en cuanto a fuerza y capacidad.

Tercero: También es cierto que el ser humano no siente ningún impulso a rendir culto a aquello mediante lo cual normalmente se satisfacen sus necesidades, conforme a la cadena de causa y efecto, cuando todos los procesos por los que se satisfacen esas necesidades se desarrollan ante sus ojos o dentro de los límites de su conocimiento. Por ejemplo, necesito dinero para gastar, así que acudo a una persona y solicito un empleo o un jornal. Esa persona acepta mi solicitud, me asigna un trabajo y me paga por realizarlo. Puesto que todos estos actos han tenido lugar dentro del alcance de mis cinco sentidos y de mi conocimiento, sé cómo ha satisfecho mi necesidad. Por ello, no surge en mi corazón la idea de que sea digno de adoración. Solo cuando la personalidad, la fuerza y capacidad de alguien, o el proceso mediante el cual satisface necesidades y ejerce influencia, está envuelto en misterio, puede surgir en mi corazón la idea de adorar a una persona. Por eso se eligió para el objeto de adoración una palabra que, además de expresar preeminencia, incluye también los significados de ocultamiento e inquietud o agitación.

Cuarto: es indispensable que las personas presten atención con interés a aquel de quien creen que puede satisfacer sus necesidades en tiempos de carencia, brindarles refugio en momentos de peligro y darles paz en tiempos de inquietud.

De la discusión anterior se sabe que las ideas sobre cuya base se empleó la palabra ilah para el ma‘bud son las siguientes: satisfacer las necesidades, brindar refugio, conceder paz y sosiego, poseer un poder superior, ser dueño de influencia y autoridad, poseer todos aquellos poderes y derechos sobre cuya base puede esperarse que el ma‘bud sea capaz de satisfacer las carencias y brindar refugio, que su personalidad esté envuelta en misterio o no se encuentre dentro del panorama visible común, y que las personas se interesen por él.

La concepción de la época de la ignorancia acerca del ilah

Después de analizar esta teoría lexicográfica, veremos qué concepción tenían los árabes y los pueblos antiguos acerca de la uluhiyyah, una concepción que el Corán pretende refutar.

—————————– Han tomado otros ilah además de Allah, para que sean una fuente de fuerza para ellos (o para que, refugiándose en ellos, puedan estar a salvo). Sura: Maryam: 81

Uno: ———————————— Han tomado otros ilah además de Allah, con la esperanza de que fueran ayudados (es decir, de que esos ilah los ayudarían). Sura: Ya-Sin: 84

De estos dos versículos se sabe que la concepción que tenían las personas de la época de la ignorancia acerca de aquel a quien llamaban ilah era que este era su líder y guía, que los protegía en las desgracias y que, con su ayuda, quedaban a salvo del miedo y del daño.

Dos: —————————– Entonces, cuando llegó el momento del decreto de tu Señor, aquello a lo que invocaban aparte de Allah no pudo serles de utilidad en ningún asunto, salvo para su destrucción. —Sura Hud: 101

——————————————– Aquel a quien invocan en lugar de Allah no es creador de cosa alguna; por el contrario, él mismo es una criatura creada. No está vivo, sino muerto. Tampoco sabe cuándo serán resucitados con una nueva vida. Vuestro único ilah es, ciertamente, vuestro ilah. _ An-Nahl: 20-22

———————— Y no invoquéis a ningún otro ilah junto con Allah. No hay otro ilah aparte de Él.¹ -Sura Al-Qasas: 88

(1)(Debe recordarse aquí que en el Corán la palabra ilah se emplea en dos sentidos. Primero: un ma‘bud (objeto de adoración) al que de hecho se adora, sea ese ma‘bud verdadero o falso. Segundo: el ma‘bud que, en esencia, merece ser adorado. En esta aleya, la palabra ilah se emplea en estos dos sentidos distintos en sus dos apariciones.)

———————— Quienes invocan a otros asociados aparte de Allah no siguen nada más que meras imaginaciones. Solo siguen suposiciones y fantasías, y corren tras ellas. -Yunus: 66

En estas aleyas se han puesto de relieve varios asuntos. Primero: aquello a lo que la gente de la época de la ignorancia llamaba ilah, lo invocaban para eliminar las dificultades y satisfacer sus necesidades. En otras palabras, le dirigían sus súplicas.

Segundo: sus ilah no eran únicamente genios, ángeles o deidades; también eran personas fallecidas. Esto se conoce claramente por la siguiente aleya del Corán:

——————- Están muertos, no vivos. Tampoco saben cuándo serán resucitados.

Tercero: respecto de los ilah que ellos creían capaces de oír sus súplicas, también creían que podían acudir en su ayuda.

También es necesario tener presente aquí el significado de la súplica y la naturaleza de la ayuda que se espera de ellos. Si tengo sed y llamo al sirviente para que traiga agua, o si estoy enfermo y llamo al médico para que me trate, eso no puede llamarse súplica. Tampoco significa convertir al sirviente o al médico en un ilah, pues todo esto está sujeto a la cadena de causa y efecto y no la trasciende. Pero si, estando sediento o enfermo, en lugar de llamar al sirviente o al médico llamo a algún santo venerable o a alguna deidad, eso significará convertirlo en un ilah y suplicarle; porque llamar a ese santo venerable, que yace en una tumba a mil millas de mí, significa que lo considero oyente y vidente. Creo que posee autoridad sobre el mundo de las causas y los efectos, gracias a la cual puede hacerme llegar agua y procurar la curación de mi enfermedad. Del mismo modo, llamar en tales circunstancias a una deidad significa creer que tiene autoridad sobre el agua y sobre la salud y la enfermedad. Puede activar sobrenaturalmente las causas y los efectos para satisfacer mis necesidades. Por tanto, la idea sobre cuya base se suplica a un ilah implica necesariamente una fuerza sobrenatural (Autoridad sobrenatural), junto con la creencia de que posee dicha fuerza sobrenatural.

Tres: —————————————————- Destruimos a los habitantes de las ciudades cuyos vestigios podéis ver a vuestro alrededor. Les mostramos repetidamente y de forma sucesiva Nuestros signos, para que pudieran regresar. ¿Por qué no los ayudaron aquellos a quienes, abandonando a Allah, habían convertido en ilah, creyendo acercarse a ellos? Lejos de ayudarlos, desaparecieron y los abandonaron. Así era, en realidad, su conducta falsa e inventada. —Sura Al-Ahqaf: 27-28

———————————————— El que me creó: ¿por qué no habría de adorarlo, si hacia Él habréis de regresar todos? ¿Acaso tomaré, en lugar de Él, a aquellos como ilah cuya situación es tal que, si el Rahmán quisiera causarme algún daño, su intercesión no me serviría de nada ni podrían liberarme? —Sura Ya-Sin: 22-23

———————————————– Además de Allah, han tomado a otros como asociados y agentes, y dicen: «Solo los adoramos para que nos acerquen a Allah». Allah decidirá entre ellos, el Día de la Resurrección, sobre aquello en lo que discrepan. —Az-Zumar: 3

——————————————- Adoran, además de Allah, a poderes que no pueden beneficiarles ni perjudicarles, y dicen: «Estos intercederán por nosotros ante Allah». —Yunus: 18

Estos versículos también arrojan luz sobre algunos otros asuntos. De ellos se sabe que la gente de la época de la ignorancia no creía, respecto a sus ilah, que toda la divinidad hubiera sido distribuida entre ellos y que no existiera ninguna autoridad superior sobre ellos. Claramente sostenían la idea de una autoridad suprema; por eso la palabra Allah estaba presente en su lenguaje. Su creencia fundamental acerca de los demás ilah era que estos tenían cierta participación e influencia en la divinidad de la autoridad suprema. Se aceptaban sus palabras, por medio de ellos podían lograrse nuestros objetivos y mediante su intercesión podíamos obtener beneficios y salvarnos de los daños. Basándose en estas ideas, consideraban también a estos ilah junto con Allah. Por eso, según su terminología, considerar a alguien intercesor ante Allah y pedirle ayuda, mostrarle honor y reverencia, y ofrecerle votos y ofrendas significaba convertirlo en un ilah.¹

Nota: (1) Aquí es necesario saber que hay dos tipos de intercesión. Primero: una forma de intercesión basada en algún tipo de poder o influencia. Sea cual sea el medio, al final se hace que algo sea aceptado, y solo entonces se deja libre a la persona. Segundo: aquella cuya idea es semejante a una mera petición o súplica, sin que detrás de ella opere ninguna capacidad efectiva para imponer algo por la fuerza. Según el primer sentido, considerar a alguien intercesor, convertirlo en un ilah y hacerlo partícipe de la divinidad de Dios son una misma cosa. El Corán niega este tipo de intercesión. Según el segundo sentido, los profetas y mensajeros, los ángeles, los santos y virtuosos, los creyentes y todos los siervos pueden interceder por otros siervos. Allah posee plena potestad para aceptar o no aceptar la intercesión de cualquiera. El Corán reconoce este tipo de intercesión.)

———————————————————————————- Y Allah dice: «No toméis dos ilah; solo hay un ilah. Por tanto, temedme únicamente a Mí». Sura An-Nahl: 51

——————————————————————————— (Ibrahim dijo): No temo en absoluto a aquellos a quienes asociáis con Allah. Sin embargo, si mi Señor desea algo, eso necesariamente puede suceder. – Al-An’am: 80

———————————————————————- (El pueblo de Hud le dijo): Diremos que uno de nuestros dioses te ha maldecido. Sura Hud: 54

Estos versículos muestran que la gente de la época de la ignorancia temía que, si de algún modo disgustaban a sus divinidades o eran privados de su mirada favorable, les sobrevendrían enfermedades y aflicciones, pobreza y penurias, pérdidas de vidas y bienes, y toda clase de calamidades.

Quinto: ——————————————————————————– Se han tomado como señores, en lugar de Allah, a sus propios sabios y sacerdotes. También hicieron señor al Mesías, hijo de Maryam. Sin embargo, sólo se les ordenó adorar a una única divinidad; no hay ninguna divinidad excepto Él. Sura At-Tawba: 31

———————————————————————————- ¿Qué opinas de quien ha tomado como divinidad los deseos de su propia alma? ¿Acaso puedes asumir la responsabilidad por él? Al-Furqan: 43

——————————————————————————– Del mismo modo, sus socios inventados (es decir, quienes comparten la divinidad) hicieron que a muchos politeístas les pareciera muy hermoso matar a sus propios hijos. – Al-An’am: 137

—————————————————————————- ¿Acaso tienen socios (es decir, quienes comparten la divinidad) que les hayan establecido una legislación que Allah no ha autorizado? Ash-Shura: 21

En todos estos versículos aparece otro significado de «divinidad». Este significado es completamente distinto de los anteriores. Aquí está ausente la idea de alguna persona sobrenatural. Aquello que ha sido tomado como divinidad puede ser una persona o la pasión de una persona. No se la ha tomado como divinidad en el sentido de que se le rezara, se la considerara dueña del beneficio y el perjuicio, y se suplicara esperando su ayuda; más bien, se la ha tomado como divinidad en el sentido de que se ha aceptado su mandato como ley, se han obedecido sus órdenes y prohibiciones, y se ha aceptado como lícito lo que declaró lícito y como ilícito lo que declaró ilícito. Se ha asumido que tiene autoridad para ordenar o prohibir, y que no existe ninguna autoridad superior a ella cuya aprobación deba obtenerse o a la que sea necesario recurrir.

En el primer versículo se menciona que los ulemas y los sacerdotes (en el lenguaje del Corán, ahbar y ruhban) fueron tomados como ilah. Encontramos una explicación clara de esto en un hadiz. Cuando Hazrat Adi ibn Hatim (que Allah esté complacido con él) preguntó al Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) acerca de este versículo, él respondió: «Considerabais halal aquello que vuestros ulemas y monjes-sacerdotes declaraban halal, y aceptabais como haram aquello que ellos declaraban haram. No os preocupabais en absoluto por cuál era el mandato de Allah al respecto».

El significado del segundo versículo es sumamente claro. Quien sigue sus pasiones y concede la máxima autoridad a sus dictados, en realidad ha convertido sus propias pasiones en su ilah. Esto se comprende fácilmente a partir del versículo en cuestión.

Sin embargo, en los dos versículos siguientes se utiliza la palabra «socio» en lugar de ilah. En la traducción de los versículos hemos dejado claro que socio significa asociar a alguien con Allah en la uluhiyyah. Estos dos versículos establecen claramente que quienes consideran como ley legítima cualquier costumbre, norma o reglamento sin prueba de la orden de Allah, hacen de ese legislador un socio de Allah en la uluhiyyah.

Ilah frente al poder

Existe una relación lógica entre todos los significados de ilah que se han explicado anteriormente. Quien considera a alguien, en un sentido sobrenatural, como auxiliador, colaborador, aliviador de las dificultades, cumplidor de necesidades, oyente de súplicas o causante del bien o del mal, lo hace porque cree que esa persona posee algún tipo de poder para dirigir el universo. Del mismo modo, si alguien teme a una persona y cree que su descontento le causará daño y que su satisfacción le traerá beneficio, la causa de esa creencia y de esa conducta no es otra que la idea de que dicha persona posee alguna clase de poder. Por otra parte, si alguien, aun reconociendo al gran Allah, Rabb de los mundos, se vuelve hacia otro en momentos de necesidad, la causa de tal conducta es únicamente que considera a ese otro una especie de socio en la divinidad de Allah. Asimismo, quien considera la orden de alguien como ley y sus mandatos y prohibiciones como algo que debe cumplirse obligatoriamente, también reconoce a esa persona como poseedora de la autoridad suprema. Por tanto, el verdadero espíritu de la uluhiyyah es el poder. Ya se reconozca ese poder como una autoridad de tipo sobrenatural en la administración del universo, o como la autoridad a la que las personas están sometidas en la vida material y cuyas órdenes deben obedecerse en su debido ámbito, reconocer ese poder —en cualquiera de estos sentidos— constituye la esencia de la uluhiyyah.

El razonamiento del Corán

Basándose en esta concepción del poder, el Corán emplea todos sus recursos para negar todo lo que no es Allah y establecer exclusivamente la ilahiyyah de Allah. El razonamiento del Corán es que, en los cielos y en la Tierra, un Ser único posee toda la autoridad y el poder. Crear, otorgar bendiciones, dar órdenes, disponer de fuerza y capacidad: todo está en Sus manos. Todas las cosas Le obedecen, voluntaria o involuntariamente. Nadie tiene poder aparte de Él; nadie tiene derecho a dar órdenes, nadie conoce los misterios de la creación, la administración y la dirección, y nadie comparte siquiera en la mínima medida Su autoridad gobernante. Por tanto, en realidad no existe ningún otro ilah aparte de Él. Puesto que de hecho no existe ningún otro ilah, las acciones que realizáis al considerar ilah a otros son, en esencia, erróneas e injustas. Ya se trate de suplicar y orar, de convertirlos en intercesores, o de obedecer sus órdenes y seguirlos, todas las relaciones que habéis establecido con otros deberían estar reservadas exclusivamente para Allah, porque Él es el único poseedor del poder.

Escuchad, en las propias palabras del Corán, cómo presenta su razonamiento sobre este asunto:

————————————————————————————- Y Él es Aquel que es Dios tanto en el cielo como en la tierra, y Él es Sabio y Omnisciente, sumamente hábil y conocedor de todo (es decir, posee todo el conocimiento y la sabiduría necesarios para gobernar los cielos y la tierra). —Sura Az-Zujruf: 84

—————————————————————————— ¿Acaso pueden ser iguales quien crea y quien no crea? —— ¿Es que ni siquiera comprendéis esta sencilla verdad? —– Aquellos a quienes invocan aparte de Allah no pueden crear absolutamente nada; más bien, ellos mismos son criaturas de otros. —– Vuestro dios es un solo Dios. —An-Nahl: 17-22

—————————————————————— ¡Oh humanidad! Recordad la gracia que Allah os ha concedido. ¿Existe, aparte de Allah, algún creador que os provea de sustento desde los cielos y la tierra? No hay otro dios aparte de Él. Aun así, ¿hacia dónde os desviáis? —Sura Fatir: 3

———————————————————— Di: ¿Habéis considerado que, si Allah os privara del oído y de la vista y sellara vuestros corazones (es decir, os arrebatara el conocimiento y la razón), qué dios, aparte de Allah, podría devolvéroslos? —Al-An’am: 46

—————————————————————– Él es Allah; no hay otro dios aparte de Él. A Él pertenece toda alabanza en este mundo y en el Más Allá. Él solo decreta y posee la autoridad suprema. A Él habréis de regresar. Di: ¿Habéis considerado alguna vez que, si Allah hiciera que la noche permaneciera para vosotros hasta el Día de la Resurrección, qué dios podría traeros una luz? ¿Es que no escucháis? Di: ¿Habéis pensado que, si Allah hiciera que el día permaneciera sobre vosotros para siempre, qué dios podría traeros una noche en la que encontrarais descanso? ¿Es que no veis? —Al-Qasas: 70-72

———————————————————————— Di: Invocad a aquellos a quienes consideráis algo aparte de Allah. Ellos no poseen ni siquiera el peso de un átomo en los cielos ni en la tierra, no tienen participación alguna en la administración de los cielos y la tierra, y nadie entre ellos es ayudante de Allah. La intercesión de nadie ante Allah sirve de nada, excepto de aquel en cuyo favor Allah mismo conceda permiso para interceder. (Sura As-Saba: 22-23)

———————————– Él ha creado los cielos y la tierra con verdad. Él hace que la noche suceda al día y que el día suceda a la noche. Ha sometido el sol y la luna; cada uno sigue su curso hasta un plazo determinado. …. Él inició vuestra creación a partir de una sola persona (es decir, inició la vida humana). Después creó de ella a su pareja. Y para vosotros creó ocho pares de animales de rebaño. Os crea en el vientre de vuestras madres, pasando vuestra creación por sucesivas etapas, dentro de tres velos (los tres velos son: el abdomen, la matriz y el útero). Este es Allah, vuestro Señor. A Él pertenece el dominio. No hay otro dios aparte de Él. Entonces, ¿hacia dónde os desviáis? (Sura Az-Zumar: 5-6)

————————————– ¿Quién ha creado para vosotros los cielos y la tierra? Después hizo descender para vosotros agua del cielo y, con ella, creó hermosos jardines cuyos arbustos y enredaderas no estaba en vuestro poder crear. ¿Acaso existe otra divinidad asociada con Allah en estas obras? Pero ellos se apartan de la verdad. ¿Quién hizo habitable esta tierra, fijó montañas en ella como anclas y puso una barrera entre dos mares? ¿Acaso existe otra divinidad asociada con Allah en estas obras? Sin embargo, la mayoría de los idólatras carecen de conocimiento y entendimiento. ¿Quién escucha la súplica de la persona afligida cuando lo invoca y elimina su sufrimiento? ¿Quién os ha hecho sucesores en la tierra (es decir, os ha concedido el derecho de disfrutarla y utilizarla)? ¿Acaso hay otra divinidad asociada con Allah en estas obras? ¡Qué poco reflexionáis! ¿Quién os guía en las tinieblas de la tierra y del mar y envía los vientos como anunciadores de buenas nuevas antes de Su misericordia (es decir, antes de la lluvia)? ¿Acaso hay otra divinidad asociada con Allah en estas obras? Allah está muy por encima de todo lo que ellos asocian con Él. ¿Quién inicia la creación y luego la repite? ¿Quién os provee de sustento desde los cielos y la tierra? ¿Acaso hay otra divinidad asociada con Allah en estas obras? Di: Si sois veraces respecto al politeísmo, aportad una prueba. 1 —Sura An-Naml: 60-64

(1)(Es decir, si reconoces que todas estas acciones pertenecen a Allah y que Él no tiene asociado alguno en ellas, entonces, ¿en qué aspecto de la divinidad asocias a otros con Él? Aquellos que no poseen ningún poder ni tienen ninguna acción voluntaria en los cielos y la tierra, ¿cómo pueden haberse erigido en divinidades?) ——————————— Él es el dueño del reino de los cielos y de la tierra. No ha tomado a nadie como hijo y no tiene asociado alguno en Su autoridad. Él ha creado todas las cosas y ha determinado para cada una su medida exacta. La gente, abandonándolo a Él, ha tomado como divinidades a quienes no pueden crear nada; más bien, ellos mismos son criaturas y no tienen poder para procurarse beneficio ni evitarse perjuicio, ni tienen poder sobre la vida, la muerte o la resurrección. —Al-Furqán, 23

——————————— Él es quien da existencia a los cielos y a la tierra a partir de la nada. ¿Cómo podría tener un hijo, si no tiene esposa? Él es quien ha creado todas las cosas y tiene conocimiento de todo. Él es Allah, vuestro Señor. No hay otra divinidad aparte de Él. Él es el Creador de todo. Por tanto, adorad únicamente a Él. Él es suficiente para conservar y custodiar todas las cosas. —Sura Al-An‘am, 101-102

—————————————— Hay personas que establecen, aparte de Allah, a otros como asociados y auxiliares en la divinidad, y los aman como aman a Allah. Pero los creyentes aman a Allah mucho más. Si estos injustos comprendieran hoy mismo la verdad que comprenderán cuando descienda sobre ellos el castigo: que todo el poder y toda fuerza están en manos de Allah. —Sura Al-Báqara, 165

——————————— Di: «¿Habéis reflexionado alguna vez sobre la condición de aquellos a quienes invocáis, aparte de Allah, para que satisfagan vuestras necesidades? Mostradme qué parte de la tierra han creado o qué participación han tenido en la creación de los cielos. ¡Mostrádmelo!». ¿Y quién está más extraviado que aquel que invoca, aparte de Allah, a quienes no pueden responder a su invocación hasta el Día de la Resurrección?¹ (1) Nota: (Es decir, no pueden tomar ninguna medida en respuesta a su petición.) ————————————- Si hubiera otras divinidades en los cielos y en la tierra aparte de Allah, el orden del universo se habría trastornado. Por tanto, Allah, el Dueño del Trono (es decir, de la autoridad gobernante del universo), está libre y por encima de todo lo que ellos dicen acerca de Él. Él no está obligado a rendir cuentas por ninguna de Sus acciones, mientras que todos los demás están obligados a rendirle cuentas (a Él).

——————————— Allah no ha tomado ningún hijo, ni hay otra divinidad junto a Él. Si así fuera, cada divinidad se separaría con lo que hubiera creado y unas se impondrían sobre otras. (Sura Al-Mu’minún, 91)

——————————— Di: «Si hubiera otras divinidades junto a Allah, como ellos dicen, ciertamente habrían buscado un medio para apoderarse del reino del Dueño del Trono». Él es puro y está muy por encima de lo que ellos dicen. —Banu Isra’il, 42-43

En todas estas aleyas se observa, de principio a fin, una misma idea central. Y es esta: la divinidad y el poder están inseparablemente vinculados, estrechamente unidos. En esencia y significado, ambas cosas son una misma realidad. Quien no tiene poder no puede ser una divinidad, ni debe serlo. Solo quien tiene poder puede ser una divinidad; únicamente él debe ser reconocido como tal. Porque todas nuestras necesidades ante la divinidad —en otras palabras, todas aquellas necesidades por las que nos vemos obligados a reconocer a alguien como divinidad— no pueden satisfacerse sin poder. Por tanto, que alguien sin poder sea una divinidad carece de sentido y es absurdo. Y dirigirse a él resulta inútil.

La función y las consecuencias de esta idea central, tal como la presenta el Corán, pueden comprenderse claramente en la exposición que sigue.

Uno: Satisfacer las necesidades, resolver las dificultades, brindar refugio, prestar ayuda y cooperación, supervisar y proteger, y responder a las invocaciones: consideráis todas estas acciones ordinarias, pero en realidad no lo son; más bien, están vinculadas con la facultad creadora y administrativa del universo entero. Si reflexionáis sobre cómo se satisface vuestra más pequeña necesidad, comprenderéis que sería imposible satisfacerla sin la acción conjunta de innumerables causas y factores en la vasta fábrica de los cielos y la tierra. Pensad tan solo en un vaso de agua para beber o en una partícula de alimento; solo Allah sabe cuánto tienen que hacer el sol, la tierra, el aire y el mar para suministrar estas cosas insignificantes. Solo entonces llegan hasta vosotros. Por tanto, para escuchar vuestras súplicas y eliminar vuestras necesidades y quejas no hace falta un poder ordinario, sino un poder como el que se necesita para crear los cielos y la tierra, hacer girar los planetas y las estrellas, mover los vientos y hacer llover; en una palabra, el poder necesario para dirigir y ordenar todo el universo.

Dos: Este poder es indivisible. No es posible que el poder de crear esté en manos de uno, el de proporcionar el sustento en manos de otro, el sol bajo la autoridad de uno y la tierra bajo la de otro; que la creación esté bajo el poder de alguien, la salud y la enfermedad bajo el de otro, y la vida y la muerte bajo el poder de un tercero. Si fuera así, la administración del universo no podría funcionar de ningún modo. Por tanto, es absolutamente necesario que todo el poder y toda la autoridad estén en manos de un único gobernante central. Que sea así también lo exige la administración del universo. Y, en realidad, así ha ocurrido.

Tres: Puesto que todo el poder reside en manos de un mismo gobernante y nadie posee ni la más mínima participación en él, la uluhiyya pertenece por completo a ese gobernante, y tampoco hay asociados en ella. Nadie posee el poder de responder a vuestras súplicas ni de aceptar vuestras oraciones. Por tanto, cualquiera que sea el significado de ilah que tengáis en mente, no existe otro ilah. Ni siquiera en el sentido de que, para acercarse al Gobernante y Administrador del universo, alguien pueda ejercer cierta autoridad y lograr que su intercesión sea aceptada, existe otro ilah. Nadie tiene derecho a intervenir en la administración de Su reino. Nadie puede inmiscuirse en Sus obras. A Él corresponde por completo aceptar o no aceptar la intercesión. Nadie posee un poder que le permita hacer que su intercesión sea aceptada.

Cuatro: La exigencia de un poder supremo único es que todas las categorías de soberanía, liderazgo y autoridad se concentren en la existencia del Poseedor del poder universal y único. Ninguna parte de la soberanía será transferida a otro. Puesto que Él es el Creador, nadie comparte con Él la creación; Él es quien provee el sustento, y nadie participa con Él en otorgarlo; Él es el único director de la administración del universo, y nadie comparte con Él su dirección y gestión. Por tanto, Él es también quien ordena y quien establece y promulga las leyes. Tampoco en este nivel del poder hay razón alguna para que alguien sea Su asociado. Del mismo modo que es falso que, dentro de los límites de Su reino, otro pueda responder a las súplicas, satisfacer las necesidades y brindar refugio, también es erróneo y falso que exista un ordenante independiente, un monarca autónomo y despótico, o un legislador independiente. Crear y proporcionar el sustento, dar la vida y la muerte, someter el sol y la luna, alternar la noche y el día, determinar las medidas, ordenar, y ejercer el dominio y la autoridad únicos y establecer las leyes: todo ello constituye distintos aspectos del poder único y de la soberanía. Este poder y esta soberanía son indivisibles. Si alguien considera digno de obediencia a otro sin la autorización de las órdenes de Allah, comete shirk, del mismo modo que comete shirk quien suplica a otro que no sea Allah. Si alguien afirma, en sentido político, que es un monarca supremo (——), poseedor del poder máximo y gobernante absoluto (—), su afirmación es directamente análoga a la pretensión de Allah; del mismo modo que lo sería afirmar, en sentido sobrenatural: «Yo soy tu protector, quien dispone tus asuntos, tu auxiliador y tu custodio». Por eso, allí donde se menciona que Allah no tiene asociado en la creación de los seres y en la administración del universo, también se dice que el derecho a ordenar corresponde únicamente a Él (–) ; el derecho legítimo pertenece solo a Él, y nadie comparte con Él la autoridad y la soberanía (–), entre otras expresiones. De esto se demuestra claramente que el significado de dominio y autoridad también forma parte del sentido de la uluhiyya (–). Desde este punto de vista, no reconocer a ningún asociado de Allah es indispensable para la unicidad del ilah. Este asunto se expresa aún más claramente en el siguiente versículo:

Di: «¡Oh Allah, Dueño del dominio! Concedes el reino a quien quieres y se lo quitas a quien quieres. Honras a quien quieres y humillas a quien quieres». —Âl Imrán, 26

Así pues, Allah es el verdadero Rey, el Altísimo. No hay otro ilah aparte de Él, el Dueño del Trono sublime. —Al-Mu’minun, 116

Di: «Busco refugio en el Señor de los seres humanos, el Rey de los seres humanos, el Ilah de los seres humanos». —An-Nas, 1-3

En el versículo 16 de la sura Al-Mumin se expresa esto de manera aún más clara:

El día en que todas las personas queden sin velo, ninguno de sus secretos permanecerá oculto para Allah. ¿De quién es hoy el reino? De Allah, el Único, el Todopoderoso.

Es decir, el día en que se retiren los velos de todas las personas y ningún secreto de nadie permanezca oculto para Allah, se preguntará en voz alta: «¿De quién es hoy el reino?». La única respuesta será: «De Allah, el Único, cuyo poder prevalece sobre todos»; ese día no habrá otra respuesta. El imán Ahmad ha transmitido, según ʿAbdullah ibn ʿUmar —que Allah esté complacido con él—, que el Mensajero de Allah —la paz y las bendiciones de Allah sean con él— dijo en un sermón: «Allah tomará los cielos y la Tierra en Su puño y proclamará: “Yo soy el Rey, Yo soy el Poderoso, Yo soy el Soberano supremo. ¿Dónde están los reyes que se sentaban como soberanos en la Tierra? ¿Dónde están los tiranos arrogantes y poderosos?”»

Este hadiz es la mejor explicación de la aleya en cuestión. ʿAbdullah ibn ʿUmar —que Allah esté complacido con él— dijo: «Cuando el Profeta —la paz y las bendiciones de Allah sean con él— pronunciaba estas palabras durante el sermón, su cuerpo temblaba de tal manera que temíamos que cayera del púlpito».

Rabb

Estudio lexicográfico

La palabra deriva de la raíz ——. Su significado primario y fundamental es criar y sustentar. De ahí se desarrollaron los sentidos de disfrutar y utilizar, supervisar, transformar una condición, llevar algo a su culminación y perfeccionarlo. Sobre esta base surgieron los sentidos de preeminencia, liderazgo y autoridad, dominio y señorío. He aquí algunos ejemplos de su uso en los diccionarios:

Uno: criar y sustentar, promover el desarrollo y el progreso graduales, y aumentar. Por ejemplo, al hijo adoptivo se le llama rabīb (–) y a la hija adoptiva, rabība (–). También se llama rabībī (–) al niño criado en la casa de su madrastra. A la nodriza que cría también se le llama rabība (–). A la madrastra se la llama rābba (–), porque, aunque no es la madre, cría al niño. Por eso al padrastro se le llama — (rabbunā). A la medicina que se conserva cuidadosamente se la llama murabbab o murabbā (—). ———- significa añadir, aumentar y llevar algo a su culminación. Por ejemplo: — significa «ha añadido a la gracia» o «ha llevado la gracia hasta su límite final».

Dos: comprimir, reunir y juntar. Por ejemplo, se dice —-, es decir, «tal persona reúne a la gente» o «toda la gente se congrega junto a él». El lugar donde se reúnen se llamará (–) marabb; la compresión y la reunión se llamarán tarabbub (–).

Tres: supervisar, corregir y transformar la situación, cuidar y actuar como garante. Por ejemplo, —- significa que fulano ha cuidado y supervisado sus bienes. Safuán le dijo a Abu Sufyan:

Para mí es preferible que un hombre de Quraysh me acoja bajo su protección a que cualquier hombre de Hawazin me críe.

Un poema de Alqama ibn Ubayda:

————————– He perdido a aquellos que antes eran mis protectores, y finalmente la responsabilidad de mi crianza ha llegado a tus manos.

El poeta Farazdaq dice:

————————– En este poema, ———- significa una piel cuyo pelo no ha sido separado, una piel que no ha sido limpiada mediante el curtido. ———————- significa que fulano ejerce su oficio con otro o aprende de él un trabajo artesanal.

Cuatro: predominio, autoridad, liderazgo, ejercer el mando y utilizar, como en: —————- es decir, fulano ha sometido a su pueblo a su obediencia. ——- He ejercido el mando sobre el pueblo y me he erigido en su dirigente. El poeta Labid ibn Rabi’a dice:

——————- Aquí, —- significa el jefe de Kindah, aquel cuya autoridad prevalecía en esa tribu. En este sentido está el poema de al-Nabigha al-Dhubyani:

Cinco: ser propietario. Así, en el hadiz noble se cuenta que el Profeta (s) preguntó a un hombre: ——- ¿Eres propietario de cabras o de camellos? En este sentido, al propietario de una casa se le llama —- (Rabbud-dar), al propietario de una camella —- (Rabbun-naqah) y al propietario de un bien ——– (Rabbuz-zaiyyah). La palabra Rabb también se emplea con el sentido de amo o señor, y se utiliza como opuesto de abd (–) o esclavo. Por ignorancia, se ha limitado la palabra Rabb únicamente al sentido de Sustentador y Criador. Se ha definido la rububiyyah diciendo: —————; no significa simplemente llevar algo gradualmente a la perfección. Al examinar toda su amplitud, se descubre que la palabra expresa los siguientes sentidos:

Uno: sustentador, proveedor de lo necesario, dador de educación y desarrollo gradual.

Dos: responsable, supervisor, encargado del cuidado y responsable de corregir y transformar las condiciones.

Tres: quien desempeña un papel central, alrededor de quien se reúne diversa gente.

Cuatro: líder o jefe, a quien se obedece; autoridad poderosa cuyas órdenes se cumplen, cuya autoridad se reconoce y que tiene derecho a intervenir y emplear la fuerza.

Cinco: propietario y amo.

El uso de la palabra Rabb en el Corán

En el Noble Corán, la palabra Rabb se ha empleado con todos estos sentidos. En algunos lugares se pretende uno o dos de ellos; en otros, más que eso, y en otros se indican simultáneamente los cinco sentidos. Aclararemos este asunto mediante diversos ejemplos de los versículos coránicos.

En el primer sentido: dijo: «¡Me refugio en Allah! Él, que me ha cuidado bien, es mi Rabb». 1—Yusuf—23

(1) Que nadie vaya a pensar que el honorable Yusuf (la paz sea con él) llamó Rabb al Aziz de Egipto. Algunos comentaristas incluso han albergado tal duda. En realidad, mediante «él» se alude a Allah, en cuya protección buscó refugio. Se ha dicho: si Allah, a quien se alude, ya ha sido mencionado cerca, ¿qué necesidad hay de buscar un «musharun ilayhi» no mencionado?

En el segundo sentido: aquel en el que también está incluido, en cierta medida, el concepto del primer sentido:

——————————————————————- El Rabb de los mundos, que me creó, me guía, me da de comer y de beber, y me cura cuando estoy enfermo; aparte de Él, todos esos rabb vuestros son mis enemigos. —Los Poetas—77-80

Cualquier bendición que hayáis recibido, la recibís de parte de Allah. Luego, cuando os sobreviene alguna desgracia, acudís desconcertados a Su presencia. Pero cuando Él aparta de vosotros vuestra desgracia, hay entre vosotros quienes comienzan a asociar a otros con su Rabb en la concesión de las bendiciones y en la liberación de las calamidades. —Las Abejas—54

——————————————- Di: «¿Buscaré acaso otro Rabb aparte de Allah, cuando Él es el Rabb de todas las cosas?» —Los Rebaños—164

————————————– Él es el Rabb del Oriente y del Occidente. No hay ilah aparte de Él; por tanto, tómalo como tu wakil (garante y responsable de todos tus asuntos). —El Envuelto—9

———————- Él es vuestro Rabb; a Él retornaréis una y otra vez.

—————————————— Después, vuestro retorno será ante vuestro Señor. -Az-Zumar-7

————————- Di: reunirá a nuestros dos grupos. -Saba-26

———————————– ———————- No hay animal que se desplace por la tierra ni ave que vuele con sus dos alas que no sea una comunidad como vosotros. No hemos omitido nada en el Registro. Finalmente, todos serán conducidos hacia su propio Señor. -Al-An’am-38

———————————————– En cuanto se sople en la trompeta, saldrán de sus moradas hacia su propio Señor. -Ya Sin-51

En el tercer y cuarto sentido:

————————- Han tomado como señores, en lugar de Alá, a sus derviches, ulemas, sacerdotes y clérigos. (At-Tawba-31)

—————- Y que ninguno de nosotros tome como señor a nadie aparte de Alá.

En ambos versículos, arbab (plural de Rabb) significa aquellas personas, pueblos y diversos grupos de pueblos que eran generalmente reconocidos como sus guías y líderes, y a quienes se consideraba formalmente dotados de autoridad para ordenar y prohibir.

—————————————————- (Dijo José:) Ciertamente, uno de vosotros dará de beber vino a su señor. De los dos, aquel sobre quien José había considerado que sería liberado, obtendría la libertad. José le dijo: «Menciona mi caso ante tu señor». Pero Satanás le hizo olvidar, y por eso no recordó mencionar a José ante su señor. (José 41-42)

———————- Cuando el mensajero se presentó ante José, José le dijo: «Regresa ante tu señor y pregúntale cuál es la situación de aquellas mujeres que se cortaron las manos. En verdad, mi Señor conoce perfectamente sus intrigas».—José 50

En estos versículos, el profeta José menciona repetidamente como su señor al faraón, gobernante de Egipto, al conversar con los egipcios. Esto se debe a que en aquel tiempo reconocían su autoridad central y su soberanía, y lo consideraban dueño de los mandatos y las prohibiciones.

En quinto lugar: ——————————————————— Por tanto, deberían adorar al Dueño de esta Casa, quien les proporcionó el sustento y los puso a salvo del miedo y la inseguridad. Coraix 3-4

————– Tu Señor, Dueño del honor y del poder, está libre y exento de los defectos y faltas que ellos le atribuyen.

————————- Alá, Dueño del Trono, está libre y exento de todos los defectos y faltas que ellos le atribuyen. Al-Anbiya 22

———– Pregunta: «¿Quién es el Dueño de los siete cielos y del Trono majestuoso?»

——————— Él es el Dueño de los cielos y de la tierra, y de todo cuanto hay en los cielos y en la tierra. También es el Dueño de todo aquello sobre lo que sale el sol.

———— Y Él es, en verdad, el Dueño y Rabb de Sirio (nombre de una estrella).

Las ideas erróneas de las naciones extraviadas acerca de la rububía

Mediante estas pruebas y evidencias, el significado de la palabra Rabb ha quedado determinado de manera absolutamente indudable. Ahora debemos examinar cuáles eran las ideas erróneas de las naciones extraviadas acerca de la rububía, ideas cuya refutación motivó la revelación del Corán, y hacia qué cosa llama el Corán. Será más conveniente abordar por separado estos asuntos en relación con cada una de las naciones extraviadas mencionadas por el Corán, para que el tema quede completamente claro.

La nación de Noé (la paz sea con él)

La primera nación que menciona el Corán es la nación del profeta Noé (la paz sea con él). Por la descripción coránica se sabe claramente que no eran incrédulos respecto a la existencia de Allah; no negaban Su existencia. El propio Corán reproduce así sus palabras en respuesta a la invitación de Noé (la paz sea con él):

————————————————– Este hombre no es más que un ser humano como vosotros; en realidad, pretende imponerse sobre vosotros. De no ser así, si Allah hubiera querido enviar a un mensajero, habría enviado ángeles.

Tampoco negaban que Allah es el Creador y que Él es el Rabb en el primero y segundo sentidos. Cuando el profeta Noé (la paz sea con él) les dijo:

——————————– Él es vuestro Rabb. A Él tendréis que regresar.

——————————————– Pedid perdón a vuestro Señor; ciertamente, Él es sumamente indulgente.

———————————————————————————– ¿Acaso no veis cómo Allah creó los siete cielos, unos sobre otros, e hizo que la luna fuera una luz y el sol una lámpara entre ellos, y os creó de la tierra? —Noé, 15-16

En ese momento, ninguno de ellos dijo: «Allah no es nuestro Señor», ni «Él no creó los cielos, la tierra y a nosotros», ni «Él no gobierna todos estos asuntos de los cielos y de la tierra».

Tampoco negaban que Allah fuera su ilah. Por eso el profeta Noé (la paz sea con él) les presentó su llamamiento con estas palabras:

———— «No tenéis ningún otro ilah aparte de Él»;

De lo contrario, si no hubieran reconocido a Allah como ilah, las palabras del llamamiento habrían sido:

——————- «Reconoced a Allah como ilah».

Ahora surge la pregunta: entonces, ¿en qué discrepaba el profeta Noé (la paz sea con él) con ellos?, ¿sobre qué asunto? Al examinar los versículos del Corán, se sabe que hubo dos causas de la discrepancia:

Uno: La enseñanza de Hazrat Nuh (la paz sea con él) era esta: Aquel que es Rabbul Alamin, a quien también reconocéis como el Creador vuestro y de todo el universo, a quien consideráis capaz de satisfacer todas vuestras necesidades, solo Él es vuestro ilah, nadie más. No hay otro ilah aparte de Él. No existe ningún ser que pueda satisfacer vuestras carencias y quejas, eliminar vuestras crisis y problemas, escuchar vuestras súplicas y acudir en vuestra ayuda. Por tanto, inclinaos únicamente ante Él y reconoced que solo Él merece vuestra obediencia:

————– ¡Oh, gente de mi pueblo! Adorad a Allah; no tenéis otro ilah aparte de Él. ……….. Pero yo soy un Mensajero enviado por Rabbul Alamin. Os transmito el mensaje de vuestro propio Rabb. —Al-A‘raf, 59-60

Por otro lado, ellos se obstinaban en afirmar que otros también tenían una participación, mayor o menor, en la administración de Allah. Además, estaban vinculadas a ellos nuestras diversas necesidades. Por ello, reconoceremos también a otros como ilah junto con Allah:

————————– Sus líderes y jefes dijeron: «¡Oh, gente! No abandonéis de ningún modo a vuestros ilah; no abandonéis a Wadd, Suwa‘, Yaghuz, Ya‘uq ni Nasr». —Nuh, 23

Dos: Reconocían a Allah como Rabb únicamente en el sentido de que Él era su Creador y Hacedor, el Dueño de los cielos y de la tierra y el principal administrador, regulador y director del universo. Pero no reconocían que, también en todos los asuntos del carácter moral, la sociedad, la civilización, la política y la vida, solo Él tenía derecho a la soberanía y al poder supremo; que solo Él era el Guía, el Legislador y el único poseedor del derecho a establecer órdenes y prohibiciones; y que la obediencia debía ser únicamente para Él. En estos asuntos, habían convertido en Rabb a sus propios jefes y líderes religiosos. En cambio, la reivindicación de Hazrat Nuh (la paz sea con él) era: la rububiyyat es indivisible; no la dividáis ni la fragmentéis. Reconoced únicamente a Allah como Rabb en todos los sentidos. Como Su representante, seguid las leyes y normas que os transmito:

————————————————- Soy para vosotros el Mensajero digno de confianza de Allah. Temed, pues, a Allah y obedecedme. —Ash-Shu‘ara, 107-108

El pueblo de ‘Ad

Después del pueblo de Nuh (la paz sea con él), el Corán ha tratado el tema del pueblo de ‘Ad. Este pueblo tampoco negaba la existencia de Allah. También ellos reconocían a Allah como Rabb en el mismo sentido en que lo hacía el pueblo de Hazrat Nuh (la paz sea con él). Sin embargo, había dos cuestiones que constituían la base de la disputa, ya mencionadas anteriormente al hablar del pueblo de Nuh (la paz sea con él). La siguiente declaración clara del Corán proporciona una prueba evidente al respecto:

—————————————– Y les enviamos a su hermano Hud. Él dijo: «¡Oh, pueblo mío! Adorad a Allah. No tenéis otra divinidad aparte de Él»……….. Ellos dijeron: «¿Acaso has venido para que adoremos únicamente a Allah y abandonemos aquello que nuestros antepasados adoraban?»—Al-A‘raf 65-70

—————————– Dijeron: «Si nuestro Señor hubiera querido, habría enviado ángeles».

———————————- Estos fueron los ‘Ad, que se negaron a aceptar la ley de su Señor, no obedecieron a Su Mensajero y siguieron a los arrogantes, enemigos de la verdad. Hud 59

El pueblo de Thamud

Ahora escuchad acerca del pueblo de Thamud. Después de los ‘Ad, fueron el pueblo más arrogante. Ya se ha hablado del extravío de Noé y del pueblo de ‘Ad. En esencia, su extravío también era del mismo tipo. No reconocían que Allah es la única divinidad, que solo Él merece ser adorado y que la soberanía divina, en todos sus sentidos, está reservada exclusivamente a Allah. Se empeñaban en reconocer, además de Allah, a otros como receptores de las súplicas, liberadores de las dificultades y proveedores de las necesidades. En su vida moral y civilizada, estaban decididos a obedecer, aparte de Allah, a jefes, notables y dirigentes, y a recibir de ellos las normas que regían su vida. Finalmente, esto fue la causa de que se convirtieran en un pueblo corruptor, una comunidad que provocaba la ruina, y de que acabaran cayendo en el castigo. Las siguientes aleyas ofrecen una prueba clara de ello:

————- (¡Oh, Muhammad!) Si estos se apartan de tu obediencia, diles: «Os advierto de un castigo terrible, semejante al que sufrieron ‘Ad y Thamud». Cuando llegaron a esos pueblos Mensajeros por delante y por detrás, diciéndoles: «No adoréis a nadie salvo a Allah», respondieron: «Si nuestro Señor hubiera querido, habría enviado ángeles; por tanto, no creemos ni reconocemos aquello con lo que habéis venido».

————————————- Y enviamos al pueblo de Thamud a su hermano Salih. Él dijo: «¡Oh, hermanos de mi pueblo! Adorad a Allah; no tenéis otra divinidad aparte de Él». Dijeron: «¡Salih! Antes teníamos grandes esperanzas y confianza en ti. ¿Nos prohíbes adorar aquello que nuestros antepasados han adorado desde tiempos antiguos?»—(sura Hud 61-62)

———————————————- Cuando su hermano Salih les decía: «¿Acaso no pensáis en protegeros? Mirad, soy para vosotros un Mensajero digno de confianza de Allah. Absteneos, pues, de aquello que provoca la ira de Allah y obedecedme»……. No obedezcáis a los transgresores, que siembran la corrupción en la tierra y no hacen ningún bien.

La nación de Abraham (la paz sea con él) y Nimrod

A continuación se aborda el caso de la nación de Abraham (la paz sea con él). Este asunto es especialmente importante, porque está muy extendida la idea equivocada de que su rey, Nimrod, negaba a Allah y afirmaba ser Dios. Sin embargo, reconocía la existencia de Allah y creía que Él era el Khaliq —el Creador— y el Gobernante del universo. Solamente se atribuía a sí mismo el título de Rabb en el tercer, cuarto y quinto sentido. También está muy difundida la idea equivocada de que esta nación ignoraba por completo a Allah y ni siquiera lo reconocía como Rabb e Ilah; sin embargo, su situación no era en absoluto diferente de la de los pueblos de Noé, Ad y Zamud. Reconocían la existencia de Allah. Sabían que Él era el Rabb, el Creador de los cielos y la tierra y el Gobernante del universo, y tampoco negaban su ibadah. Su extravío consistía, ciertamente, en que, en el primer y segundo sentido de la rububiyyah, consideraban socios incluso a los planetas y las estrellas y, basándose en ello, los tomaban también como objetos de adoración junto con Allah. En el tercer, cuarto y quinto sentido de la rububiyyah, habían convertido a sus propios reyes en Rabb. A pesar de las declaraciones claras e inequívocas del Corán sobre este asunto, resulta sorprendente que la gente no haya podido comprender la realidad. Veamos primero el episodio del despertar de la conciencia de Abraham (la paz sea con él). En él se describe la búsqueda de la verdad durante su vida anterior a la profecía:

——————————————–

Cuando la noche lo cubrió con sus tinieblas, vio una estrella y exclamó: «¡Este es mi Rabb!». Pero cuando se ocultó, dijo: «No me gustan las cosas que se ocultan». Luego, al ver la luna resplandeciente, dijo: «¡Este es mi Rabb!». Pero cuando también se ocultó, dijo: «Si mi Rabb no me guía, temo convertirme también en uno de los extraviados». Después, al ver el sol radiante, dijo: «¡Este es mi Rabb! ¡Este es el más grande de todos!». Pero cuando también se ocultó, gritó: «¡Oh, pueblo mío! No tengo ninguna relación con aquello que asociáis en el shirk. He vuelto mi rostro, apartándome de todas las direcciones, hacia Aquel que creó los cielos y la tierra, consagrándome exclusivamente a Él. No soy de los asociadores». —Al-An‘am, 77-80

De las frases señaladas se sabe claramente que, en la sociedad en la que Abraham (la paz sea con él) abrió los ojos, no eran una misma cosa los conceptos de que el Ser Supremo, Creador de los cielos y la tierra, fuera el Rabb, y de la rububiyyah de aquellos planetas y estrellas. ¿Por qué no habría de ser así? Los musulmanes que habían creído en Noé (la paz sea con él) pertenecían a esa misma estirpe. Entre sus parientes cercanos y las naciones vecinas —Ad y Zamud— también continuaba, mediante sucesivos profetas, la renovación de la religión del islam.

——————————–

Por tanto, Abraham (la paz sea con él) había recibido de su propia sociedad la concepción de que Allah es el Creador de los cielos y la tierra y el Rabb. Sin embargo, las preguntas que surgieron en su mente eran estas: ¿hasta qué punto era realista la idea, existente entre su pueblo, de que la luna, el sol y los planetas y las estrellas compartían con Allah la administración y el sustento de la creación, y de que, basándose en ello, los asociaban también con Allah en la ibadah?¹ Antes de su profecía, se dedicó a buscar esta verdad. El movimiento de los astros, desde su aparición hasta su ocaso, le ayudó a llegar a la realidad de que no hay otro Rabb aparte del Creador de los cielos y la tierra. Por eso, al ver que la luna se ocultaba, dijo: «Si mi Rabb —es decir, Allah— no me guía, temo no lograr llegar a la verdad real. También yo acabaré engañado por aquello que engaña a millones de personas a mi alrededor, que se dejan seducir por lo que ven».

Después, Abraham (la paz sea con él) fue investido con la misión profética y comenzó a llamar a la gente al camino de Allah. Si reflexionamos sobre el lenguaje en que presentó su da‘wah, nuestra afirmación anterior se vuelve aún más clara. Dijo:

1. No estará de más mencionar aquí un asunto. De los datos descubiertos mediante excavaciones arqueológicas sobre ‘Ur’, la tierra de Abraham (la paz sea con él), se sabe que allí se adoraba al dios de la luna. En su idioma lo llamaban Nannar (–) y, en las regiones circundantes, cuyo centro era Larsa (–), se adoraba al dios del sol. En su idioma lo llamaban Shamash (—-). El fundador de la dinastía gobernante de aquel país era Arnamu (—). En Arabia su nombre se convirtió en Nimrod. Según su nombre, el título de los gobernantes de aquella región pasó a ser Nimrod, del mismo modo que al sucesor de Nizam al-Mulk se le llamaba Nizam.

———————————————- ¿Cómo podría temer, en última instancia, a aquellos que asociáis con Allah? Sin embargo, vosotros no teméis asociarlos con Allah, aunque Él no os ha revelado ninguna prueba acerca de su participación junto a Él en la divinidad y el señorío.

——————————- Me aparto de aquellos a quienes invocáis aparte de Allah. —María—48

—————————————- Dijo: «Vuestro Señor es solamente el Señor de los cielos y de la tierra, quien creó todo esto». … Dijo: «¿Acaso adoráis, aparte de Allah, a estos señores que no tienen ningún poder sobre vuestro beneficio ni vuestro perjuicio?». —Los Profetas—56-66

———————————– Cuando Abraham dijo a su padre y a su pueblo: «¿A quién adoráis? ¿Queréis servir, en lugar de Allah, a divinidades que vosotros mismos habéis fabricado? Entonces, ¿qué opinión tenéis del Señor de los mundos?». —Los Ordenados en Filas—85-87

——————————————- Abraham y los musulmanes que estaban con él declararon claramente a la gente de su pueblo: «No tengo ninguna relación con vosotros ni con aquellos a quienes adoráis aparte de Allah. Rechazo vuestras normas. Mientras no creáis en el Dios único, quedarán establecidas para siempre entre vosotros y nosotros las bases de la enemistad y del odio». —La Examinada—4

De estas palabras del profeta Abraham (la paz sea con él) se sabe claramente que él no se dirigió a personas completamente inconscientes de Allah, que no lo reconocían como Señor de los mundos y objeto de adoración, ni a aquellas en cuyos corazones no se había arraigado ninguna concepción sobre Él; más bien, se dirigió a quienes asociaban a otros con Allah en el señorío —en el primer y segundo sentido— y en la divinidad. Por eso, en ningún lugar de todo el Corán aparece una declaración del profeta Abraham (la paz sea con él) en la que intentara hacer que su pueblo reconociera la existencia de Allah y lo aceptara como Dios y Señor; por el contrario, en todas partes proclamó que Allah es el único Señor y Dios.

Ahora veamos el caso de Nimrod. El Corán menciona de la siguiente manera la conversación que tuvo con el profeta Abraham (la paz sea con él):

————————————— ¿Has visto a aquel que discutió con Ibrahim acerca de su Rabb? Lo hizo porque Allah le había concedido el poder del Estado. Cuando Ibrahim dijo: «Aquel en cuya mano están la vida y la muerte está bajo mi autoridad». Ibrahim dijo: «La verdad es que Allah hace salir el sol por el Oriente; veamos, pues, si tú puedes hacerlo salir por el Occidente». Al oír esto, el incrédulo quedó perplejo. —Al-Baqara, 258

De esta conversación queda claro que la disputa no era acerca de si Allah existe o no, sino acerca de a quién reconocía Ibrahim (la paz sea con él) como Rabb. En primer lugar, Nimrod pertenecía a un pueblo que reconocía la existencia de Allah. En segundo lugar, nadie que no haya perdido completamente la razón podría hacer una afirmación tan evidentemente absurda como decir que él mismo es el creador de los cielos y la Tierra y quien hace girar y cambiar el sol y la luna. «Yo soy Allah, el Rabb de los cielos y la Tierra»: esa no era, en esencia, su reivindicación; su reivindicación era: «Yo soy el Rabb de ese reino del que Ibrahim es miembro». Tampoco pretendía ser su propio Rabb en el primero y segundo sentidos de la rububiyyah, pues, en esos sentidos, reconocía al propio Allah como el Rabb del sol, la luna y los planetas y las estrellas. Sin embargo, en el tercero, cuarto y quinto sentidos, se proclamaba Rabb de su propio reino; es decir, afirmaba: «Yo soy el dueño de este reino, y todos sus habitantes son mis siervos y esclavos, totalmente sometidos a mí. Mi poder central es la base de su unión, y mis órdenes y decretos son para ellos la ley y la norma». El fundamento de su pretensión de rububiyyah era la arrogancia de la realeza; la frase «porque Allah le había concedido el poder del reino» lo indica claramente. Cuando supo que en su reino había aparecido un joven llamado Ibrahim que no reconocía la rububiyyah sobrenatural del sol, la luna y los planetas y las estrellas, ni reconocía la rububiyyah política y cultural del emperador de la época, quedó asombrado y estupefacto. Entonces llamó a Ibrahim (la paz sea con él) y le preguntó: «Entonces, ¿a quién reconoces como Rabb?». Ibrahim (la paz sea con él) respondió primero: «Mi Rabb es Aquel en cuya mano está el poder sobre la vida y la muerte». Pero, al escuchar esta respuesta, no pudo penetrar en la profundidad del asunto. Intentó establecer su propia rububiyyah diciendo: «Yo también tengo poder sobre la vida y la muerte: puedo matar a quien quiera y dar vida a quien quiera». Entonces Ibrahim (la paz sea con él) le dijo: «Yo reconozco únicamente a Allah como Rabb; en todos los sentidos de la rububiyyah, únicamente Allah es mi Rabb. ¿Qué lugar puede haber para la rububiyyah de cualquier otro en el sistema que gobierna el universo? Ellos no tienen ni la más mínima influencia ni autoridad sobre la salida y la puesta del sol». Nimrod era astuto. Al oír este argumento, la verdad se manifestó ante él: en realidad, en el reino de Allah, su pretensión de rububiyyah no era más que una insensatez. Por eso quedó desconcertado y sin saber qué hacer. Pero su orgullo y el apego a sus intereses personales y familiares no lo impulsaron a abandonar el trono del gobierno y la autoridad arbitrarios para someterse a Allah y obedecer a Su Mensajero. Por eso, después de mencionar esta conversación, Allah, exaltado sea, dice:

————- Pero Allah no guía al pueblo injusto. Es decir, cuando, después de que la verdad se hizo manifiesta, no estuvo dispuesto a adoptar el camino que debía adoptar, sino que, mediante su autoridad arrogante, consideró preferible oprimir al mundo y a su propia alma, Allah tampoco le concedió la luz de la guía. Pues no es la norma de Allah imponer por la fuerza la guía a quien no desea obtenerla.

El pueblo de Lut

Después del pueblo de Ibrahim (la paz sea con él), aparece ante nosotros otro pueblo para cuya reforma y corrección fue enviado Lut (la paz sea con él), el sobrino de Ibrahim (la paz sea con él). También acerca de este pueblo podemos saber por el Corán que no negaba la existencia de Allah. Tampoco negaba que Allah es el Creador ni que es el Rabb en el primero y segundo sentidos. Sin embargo, se negaba a reconocerlo como Rabb en el tercero, cuarto y quinto sentidos, y a aceptar el liderazgo del Mensajero como Su representante fiel. Su delito fundamental era que quería actuar como le placiera, conforme a los deseos de su propio corazón. Por eso cayó bajo el castigo. La siguiente declaración explícita del Corán lo demuestra:

———————————– Cuando su hermano Lut les dijo: «¿Es que no vais a adoptar la taqwa? Ved, soy para vosotros un Mensajero digno de confianza. Así pues, absteneos de la ira de Allah y obedecedme. No os pido ninguna recompensa por esto. Mi recompensa incumbe únicamente a Allah, el Rabb de los mundos. ¿Os dirigís, entre toda la gente del mundo, solamente a los varones y abandonáis a las esposas que vuestro Rabb ha creado para vosotros? En verdad, sois un pueblo que transgrede sobremanera los límites». —Ash-Shu’ara, 161-166

Es evidente que este llamamiento solo podía dirigirse a un pueblo que no negaba la existencia de Allah ni que Él es el Creador y Sustentador. Por eso vemos que, en su respuesta, tampoco dijeron: «¿Qué es Allah?» o «¿Quién es ese creador?» o «¿De dónde ha salido para erigirse en nuestro Rabb?». Más bien dijeron:

————————- «¡Lut! Si no cesas en tus palabras, serás expulsado del país». —Ash-Shu’ara, 167

En otro lugar, este acontecimiento se relata así:

——————————————— «Y enviamos a Lot. Cuando dijo a su pueblo: “Cometéis una indecencia que nadie antes de vosotros había cometido en el mundo. ¿Os entregáis a actos sexuales con hombres? ¿Practicáis el bandolerismo en los caminos y cometéis actos perversos en vuestras reuniones públicas, unos delante de otros?”. La respuesta de su pueblo no fue otra que: “Tráenos el castigo de Allah, si dices la verdad”. —Al-Ankabut 28-29— ¿Podría ser esta la respuesta de un pueblo contrario a Allah? Por tanto, queda claro que negar la uluhiyyah y la rububiyyah no era su verdadero problema; su delito fundamental era que, aunque reconocían a Allah como Ilah y Rabb en sentido sobrenatural, no estaban dispuestos a obedecer a Allah en la moral, la civilización y la vida social, ni a seguir la guía del Mensajero.

El pueblo de Shuayb

Consideremos ahora a los habitantes de Madián y de Aykah. A ellos fue enviado el honorable Shuayb (la paz sea con él). Sabemos que eran descendientes del honorable Ibrahim (la paz sea con él). Por lo tanto, ni siquiera se plantea la cuestión de si creían en la existencia de Allah o si lo reconocían como Ilah y Rabb. En realidad, su situación era la de un pueblo cuyos comienzos se remontaban al islam, pero que después se transformó al caer en la corrupción de sus creencias y de sus obras; incluso parece, según el Corán, que se atribuían ser creyentes. Por eso vemos que el honorable Shuayb (la paz sea con él) les dijo repetidamente: “Si sois creyentes, debéis hacer esto”. Al examinar todos los discursos del honorable Shuayb (la paz sea con él) y sus respuestas, resulta claramente evidente que eran un pueblo que creía en Allah y también lo reconocía como Ma‘bud y Señor sustentador. Sin embargo, habían caído en dos tipos de extravío. Primero: en sentido sobrenatural, habían llegado a considerar también a otros, además de Allah, como ilahes y rabbes; por eso su adoración no estaba consagrada exclusivamente a Allah. Segundo: según ellos, la rububiyyah de Allah no tenía ninguna relación con el carácter moral de las personas, las normas sociales, la economía, ni la política y la cultura. Por eso decían que éramos libres en la vida civilizada: llevaríamos a cabo nuestros asuntos como quisiéramos.

Los siguientes versículos del Corán demuestran la exactitud de esta afirmación nuestra:

——————– Y a Madián enviamos a su hermano Shuayb. Él dijo: “¡Oh, pueblo mío! Adorad a Allah; no tenéis otro ilah aparte de Él. Os ha llegado una guía clara procedente de vuestro Rabb. Así pues, dad la medida y el peso con exactitud. No privéis a la gente de sus bienes ni les deis menos de lo debido. No sembréis la corrupción en la tierra después de que se haya establecido en ella la paz y el orden. Esto es mejor para vosotros, si sois creyentes… Esperad, pues, hasta que Allah juzgue entre nosotros, si un pequeño grupo de vosotros cree en la guía con la que he sido enviado y los demás no creen. Él es el mejor de los jueces”. Al-A‘raf 85-87 ——————————————————-

¡Oh, pueblo mío! Estableced la justicia en la medida y el peso; medid y pesad con exactitud y no deis a la gente menos de sus bienes. No vayáis sembrando la corrupción en la tierra. Lo que queda de vuestras transacciones por la gracia de Allah es mejor para vosotros, si sois creyentes. Yo no soy vuestro vigilante ni vuestro protector. Ellos respondieron: “¡Shuayb! ¿Acaso tu oración te ordena que abandonemos la adoración de los dioses a los que nuestros antepasados adoraban, o que dejemos de disponer de nuestras riquezas según nuestro deseo? ¡Ciertamente, solo tú has quedado como un hombre paciente y justo!”. —Sura Hud 85-86

Las últimas líneas señaladas dejan claramente de manifiesto cuál era su verdadero extravío respecto de la rububiyyah y la uluhiyyah.

El faraón y su pueblo

Ahora hablaremos del faraón y de su pueblo. En este asunto se encuentran ideas aún más equivocadas que las relativas a Nimrod y su pueblo. La opinión general es que el faraón no solo negaba la existencia de Allah, sino que también se proclamaba dios. Es decir, su mente se había corrompido tanto que declaró públicamente ante el mundo: «Yo soy el creador de los cielos y de la tierra». Y su pueblo se había vuelto tan insensato que creyó en esa afirmación. Sin embargo, el verdadero hecho puede conocerse a partir de los testimonios del Corán y de la historia. La realidad es que su extravío respecto a la uluhiyya y la rububiyya no era distinto del extravío de Nimrod, ni el extravío de su pueblo era diferente del del pueblo de Nimrod. La única diferencia era que, por razones políticas, surgieron frente a los hijos de Israel una obstinación y una terquedad partidista propias de la idolatría nacionalista. Por ello, se negaron a aceptar a Allah como su Señor y su Dios, movidos únicamente por la hostilidad. Sin embargo, en su interior ocultaban el reconocimiento de Allah, como hacen hoy la mayoría de los materialistas.

La realidad es que, cuando el profeta José (la paz sea con él) obtuvo el poder en Egipto, dedicó todas sus fuerzas a difundir las enseñanzas islámicas. Dejó una huella tan profunda en la tierra de Egipto que nadie podía borrarla. En aquella época quizá no todos los habitantes de Egipto aceptaron la verdadera religión, pero era imposible que ningún egipcio conociera a Allah o negara que Él es el Creador de los cielos y de la tierra. No solo eso, sino que las enseñanzas de José ejercieron sobre cada egipcio al menos la siguiente influencia: en un sentido sobrenatural, reconocía a Allah como «Ilāh al-ilāh» y «Rabb al-arbāb». Ningún egipcio se oponía a la uluhiyya de Allah. Sin embargo, quienes persistían en la incredulidad asociaban a otros con Allah en la uluhiyya y la rububiyya. Esta influencia perduró hasta la aparición del profeta Moisés (la paz sea con él).¹ La clara prueba de ello se encuentra en el discurso pronunciado por un caudillo copto en la corte del faraón. Cuando el faraón manifestó su intención de matar al profeta Moisés (la paz sea con él), este noble de su corte —que había aceptado el islam en secreto— exclamó angustiado:

—————————————-

¹ Si nos basamos en el relato histórico de la Torá, puede suponerse que aproximadamente una quinta parte de la población total de Egipto había aceptado el islam. A la luz del censo de los hijos de Israel incluido en la Torá, puede decirse que quienes abandonaron Egipto junto con el profeta Moisés (la paz sea con él) eran aproximadamente dos millones. En aquella época, la población de Egipto no superaba los diez millones. La Torá se refiere a todos ellos como hijos de Israel. Sin embargo, no parece posible, según ningún cálculo, que los descendientes de los doce hijos del profeta Jacob (la paz sea con él) hubieran aumentado hasta alcanzar los dos millones en veinticinco años. Por tanto, se deduce que una gran parte de la población egipcia aceptó el islam y se incorporó a los hijos de Israel. Al abandonar el país, estos musulmanes egipcios también se unieron a los israelitas. Esto puede deducirse de la labor de predicación que el profeta José (la paz sea con él) y sus representantes habían realizado en Egipto.

————————————

«¿Acaso vais a matar a un hombre por decir: “Allah es mi Señor”, cuando él os ha traído pruebas claras de parte de vuestro Señor? Si es un mentiroso, sobre vosotros recaerá parte de aquello con lo que os amenaza; pero si dice la verdad, os alcanzará algo de lo que os promete. Ciertamente, Allah no guía al bien al mentiroso transgresor. ¡Oh, pueblo mío! Hoy tenéis el poder en el país y sois los dominadores de la tierra; pero ¿quién nos protegerá mañana, cuando el castigo de Allah caiga sobre nosotros? ¡Oh, pueblo mío! Temo que os suceda lo mismo que les sucedió a los pueblos poderosos cuando el castigo cayó sobre ellos… Antes de esto, cuando José vino a vosotros con pruebas claras, permanecisteis en la duda respecto a lo que os había presentado. Y cuando murió, dijisteis: “Allah no enviará ningún mensajero después de él”. … ¡Oh, pueblo mío! Os invito a la salvación, pero ¡qué cosa tan asombrosa! Vosotros me invitáis a que niegue a Allah y asocie con Él a aquellos sobre cuya asociación no tengo ninguna prueba basada en el conocimiento, mientras que yo os invito hacia Aquel que es Todopoderoso y muy Perdonador». (Al-Mu’min, 28-42)

Incluso después de transcurridos varios siglos, la influencia de la gran personalidad del profeta José (la paz sea con él) aún perduraba; esto queda demostrado por este largo discurso. Debido a la influencia de la enseñanza de este gran profeta, aquel pueblo no se encontraba en un nivel de ignorancia tal que desconociera la existencia de Allah o no supiera que Allah es el Dios y el Señor, y que Su influencia y control se ejercen sobre las fuerzas de la naturaleza. Tampoco desconocía que Su ira era algo que debía temerse. En la parte final del discurso también queda claro que ese pueblo no negaba en absoluto la divinidad ni la soberanía de Allah; más bien, la causa de su extravío era la misma que se ha descrito respecto al extravío de otros pueblos: asociar a otros con Allah en Su divinidad y soberanía. El motivo de la duda es que, al escuchar las palabras del profeta Moisés (la paz sea con él): «Yo soy ciertamente el mensajero del Señor de los mundos», el Faraón preguntó: «¿Y qué es eso del Señor de los mundos?». Le dijo a su visir Amán: «Constrúyeme una torre elevada para que pueda ver al dios de Moisés». Y amenazó al profeta Moisés (la paz sea con él), diciéndole: «Si tomas como dios a alguien distinto de mí, te encarcelaré». Proclamó por todo el país: «Yo soy vuestro señor supremo». Y dijo a sus cortesanos: «No conozco para vosotros ningún dios aparte de mí mismo». Al ver tales declaraciones, la gente llegó a pensar que quizá el Faraón negaba incluso la existencia de Allah, que no tenía ninguna noción del Señor de los mundos y que se consideraba a sí mismo el único objeto de adoración. Pero la realidad es que todas esas afirmaciones se debían a su obstinación nacionalista. Durante la época del profeta José (la paz sea con él), la enseñanza del islam se había extendido por Egipto bajo la influencia de su poderosa personalidad. Además, la autoridad que había establecido en el gobierno del Estado hizo que los Hijos de Israel adquirieran una gran influencia en Egipto. Este poder de los Hijos de Israel permaneció establecido en Egipto durante tres o cuatro siglos. Después comenzaron a surgir allí sentimientos nacionalistas contra los Hijos de Israel. Finalmente, su poder fue desmantelado y una dinastía nacionalista egipcia ocupó el trono. Este nuevo grupo gobernante no se limitó a someter y erradicar a los Hijos de Israel, sino que también intentó borrar una a una las huellas del gobierno del profeta José (la paz sea con él) y restablecer las tradiciones de su antigua religión pagana. Cuando, en esas circunstancias, apareció el profeta Moisés (la paz sea con él), temieron que el poder del gobierno volviera a escapárseles de las manos. Fue debido a esa hostilidad y obstinación que el Faraón preguntó insistentemente al profeta Moisés (la paz sea con él): «¿Quién es, pues, el Señor de los mundos? ¿Quién puede ser dios aparte de mí?». En realidad, no ignoraba quién era el Señor de los mundos. Sus conversaciones con sus cortesanos y el discurso del profeta Moisés (la paz sea con él), mencionados en el Corán, demuestran esta verdad con absoluta claridad. Para hacer creer un día a la gente de la corte que Moisés (la paz sea con él) no era un mensajero de Allah, dijo:

Entonces, ¿por qué no se le han enviado brazaletes de oro, o por qué no han venido con él los ángeles en grupo? —Az-Zujruf, 53

¿Podría decir algo así una persona en cuyo corazón no existe ninguna noción de Allah ni de los ángeles? En otra ocasión tuvo lugar el siguiente diálogo entre el Faraón y el profeta Moisés (la paz sea con él):

Entonces el Faraón le dijo: «¡Moisés! Creo que estás hechizado y que has perdido el juicio». Moisés respondió: «Tú sabes muy bien que nadie, salvo el Señor de los cielos y de la tierra, ha hecho descender estos signos instructivos. ¡Faraón! Creo que tu perdición se acerca». —Los Hijos de Israel, 101-102

En otro lugar, Allah, exaltado sea, describió así el estado de ánimo de la gente del grupo del Faraón:

Cuando nuestros signos se hicieron manifiestamente claros ante ellos, dijeron: «¡Esto no es sino magia evidente!». Sus corazones reconocían plenamente su verdad, pero se negaron a aceptarla únicamente por maldad, orgullo y desobediencia. —Las Hormigas, 13-14

El Corán describe así la escena de otra reunión: «Moisés les dijo: “¡Ay de vosotros! No atribuyáis falsamente una mentira a Allah, pues, si lo hacéis, Él os destruirá con un castigo severo. Quien inventa una mentira contra Allah está perdido”». Al oír esto, comenzaron a discutir y discrepar entre ellos. Se reunieron en secreto para deliberar. Entonces algunos dijeron: «Estos dos —Moisés y Aarón— no son sino hechiceros. Quieren expulsaros de vuestro país mediante su magia y quieren aniquilar vuestro modelo de vida ideal». —Ta-Ha, 61-63

Es evidente que, después de que se les infundiera temor del castigo de Allah, exaltado sea, y se les advirtiera sobre las consecuencias de atribuirle mentiras, surgió entre ellos una disputa verbal porque en sus corazones aún existía, en cierta medida, el temor de Allah y la influencia de Su grandeza. Pero cuando su clase gobernante nacionalista, amenazándolos con una revolución política, dijo que aceptar las palabras de Moisés y Aarón (la paz sea con ambos) tendría como consecuencia que Egipto volvería a caer en manos de Israel, sus corazones volvieron a endurecerse. Todos resolvieron oponerse al Mensajero.

Una vez establecida esta verdad, podemos afirmar con facilidad y certeza cuál era el verdadero motivo de la disputa entre Moisés (la paz sea con él) y el Faraón, y en qué consistía realmente el extravío del Faraón y de su pueblo. ¿En qué sentido se atribuía el Faraón la uluhiyyah y la rububiyyah? Para este propósito, reflexionen detenidamente, una por una, sobre las siguientes aleyas del Corán:

Primero: los cortesanos del Faraón que insistían en erradicar por completo la prédica de Moisés (la paz sea con él) se dirigieron al Faraón en esta ocasión y le dijeron:

———————————- ¿Acaso dejarás a Moisés y a su pueblo para que te abandonen a ti y a tus dioses, y se dediquen a propagar la corrupción en el país? —Al-A‘raf, 127

Por otro lado, el hombre de entre aquellos cortesanos que había creído en Moisés (la paz sea con él) se dirigió a ellos y les dijo:

———————————————– ¿Me convocáis para que descrea de Allah y asocie con Él a alguien cuya asociación no puedo demostrar mediante ningún argumento científico? —Al-Mu’min, 42

Al confrontar las dos aleyas en cuestión con los conocimientos que hemos adquirido sobre los egipcios de aquella época mediante la historia y los vestigios arqueológicos, podemos saber claramente que el propio Faraón y los miembros de su pueblo adoraban a ciertos dioses, considerándolos socios de Dios en la rububiyyah en su primer y segundo sentido. Es evidente que, si el Faraón se hubiera atribuido la divinidad en sentido sobrenatural, es decir, si hubiera sostenido que también tenía autoridad sobre la cadena de causas y efectos, y que fuera de él no existía ningún otro Rabb-ilah de los cielos y la tierra, entonces él mismo no habría adorado a ningún otro ilah.1

Segundo: en el Corán se han mencionado estas palabras del Faraón:

———————————————– 1. Partiendo únicamente de la idea de que el propio Faraón se había proclamado «Ilah al-‘Alamin» (el Ilah del universo), algunos comentaristas, en la aleya antes citada de la sura Al-A‘raf, adoptaron una lectura (qira’ah) en lugar de ———, —————-. Y dieron a —- el significado de «adoración». Según esta lectura, la traducción de la aleya sería: «abandonarte a ti y a tu adoración». Pero, en primer lugar, esta lectura es rara y contraria a la lectura conocida y ampliamente reconocida. En segundo lugar, la idea en cuya base se adoptó esta lectura carece por completo de fundamento y es infundada. En tercer lugar, el significado de – puede ser también un objeto de adoración o una diosa, además de «adoración». Durante la época de la ignorancia, esta palabra se empleaba en Arabia para referirse al sol. Es sabido que, por lo general, el principal ídolo de los egipcios era el sol. En la lengua egipcia, al sol se le llamaba Ra (-). Y el significado de Faraón era hijo femenino de Ra, encarnación de Ra; en otras palabras, encarnación del sol. Por tanto, aquello que el Faraón reclamaba era simplemente esto: «No soy más que la manifestación corporal del dios solar».

¡Oh, dignatarios! No conozco ningún otro ilah vuestro aparte de mí. —Al-Qasas-38

————————— ¡Moisés! Si adoptas a alguien distinto de mí como ilah, ciertamente te incluiré entre los encarcelados. —Ash-Shu‘ara-29

Estas palabras no significan que el Faraón negara a todos los ilah salvo a sí mismo; más bien, su verdadero propósito era rechazar la predicación de Moisés (la paz sea con él). Puesto que Moisés (la paz sea con él) invitaba hacia un ilah que no era objeto de adoración únicamente en el sentido sobrenatural, sino que también, en el sentido político y civilizacional, era el poseedor de la autoridad sobre los mandatos y las prohibiciones y el poseedor del poder supremo. Por eso dijo a su pueblo: «No tenéis ningún ilah semejante aparte de mí». Y, amenazando a Moisés (la paz sea con él), dijo que, si aceptaba a alguien distinto de él como ilah en este sentido, sería arrojado a la prisión.

También se sabe por los versículos del Corán, y se encuentra confirmación de ello en la historia y en los vestigios arqueológicos, que la dinastía de los faraones de Egipto no solo reivindicaba la soberanía absoluta, sino también cierta sacralidad mediante su relación con la divinidad, para afianzar su posición en los corazones y las mentes de sus súbditos. En este aspecto, la dinastía faraónica de Egipto no constituye un caso excepcional; más bien, en la mayoría de los países del mundo, las familias reales, además de la soberanía política, intentaron en mayor o menor medida apropiarse de una parte de la uluhiyyat y la rububiyyat en sentido sobrenatural. También les impusieron a sus súbditos la práctica de alguna forma de servidumbre ante ellos. Pero, en realidad, esto era solo una cuestión secundaria. El verdadero objetivo era consolidar la soberanía política. La reivindicación de una uluhiyyat sobrenatural se utilizaba como uno de sus medios. Por eso, en Egipto y en otros países dominados por concepciones paganas, junto con la caída política, la uluhiyyat de la familia real siempre desapareció por completo. La uluhiyyat pasó a aquellos en cuyas manos cayó el trono del poder.

Tercero: la divinidad sobrenatural no era la verdadera reivindicación del Faraón; su reivindicación principal era la divinidad política. En el tercer, cuarto y quinto sentido de la rububiyyat, decía: «Yo soy el rabb supremo de la tierra de Egipto y de sus habitantes (Over Lord); soy el dueño de este país y de todos sus elementos y recursos. El derecho a la soberanía absoluta sobre este país me pertenece exclusivamente; mi persona en su totalidad es el fundamento de la organización social y de la civilización y la cultura de este país. Aquí no regirá ninguna ley ni norma que no sea la mía».

En palabras del Corán, la base de su reivindicación era la siguiente:

——————– Y el Faraón proclamó entre su pueblo: «¡Oh, gente de mi pueblo! ¿Acaso no me pertenece la tierra de Egipto? ¿No es mío el reino de Egipto? ¿No veis que estos ríos y canales fluyen bajo mi dirección?». —Az-Zujruf-51

La reivindicación de rububiyyat de Nimrod también se sustentaba en esta base.

(———————) Sobre esta base, también el soberano contemporáneo de José se erigió en señor de su pueblo.

Cuarto: el mensaje del profeta Moisés —por causa del cual disputaba con el Faraón y con la dinastía del Faraón— consistía fundamentalmente en que nadie, en ningún sentido, es un dios salvo Allah, el Señor de los mundos. Él es el único dios incluso en el sentido sobrenatural, y también en el sentido social y político. La adoración, el servicio y la obediencia deben serle exclusivamente a Él; solo deben seguirse Sus leyes y normas. Él me ha designado como Su representante, dándome señales claras; por medio de mí establecerá las normas de los mandatos y las prohibiciones. Por tanto, las riendas del poder sobre Sus siervos no deben estar en tus manos, sino en las mías. Por eso el Faraón y sus colaboradores políticos repetían una y otra vez que estos dos hermanos querían expulsarnos del país y ocupar ellos mismos la sede del poder. Se habían empeñado en destruir la religión y el sistema civilizatorio de nuestro país para establecer su propia religión y civilización.

———————– Y enviamos a Moisés con Nuestras señales y claras pruebas de la revelación a los dignatarios del Faraón y de su pueblo. Pero ellos siguieron la orden del Faraón, aunque la orden del Faraón no era justa. —Hud, 96-97

——————– Y antes de ellos habíamos puesto a prueba al pueblo del Faraón. Se les había presentado un noble Mensajero. Dijo: «Entregadme a los siervos de Allah. Soy para vosotros un Mensajero digno de confianza. No os comportéis con arrogancia frente a Allah. Os presento una prueba clara de la revelación». —Ad-Duján, 17-19

——- (¡Oh habitantes de La Meca!) Os hemos enviado un Mensajero, que da testimonio contra vosotros, tal como enviamos un Mensajero al Faraón. Pero cuando el Faraón desobedeció al Mensajero, lo aprehendimos con un severo castigo. —Al-Muzzammil, 15-16

———————- El Faraón dijo: «¡Moisés! (Si no reconoces a ninguna deidad ni a la dinastía real,) entonces, ¿quién es tu Señor?». Moisés respondió: «Mi Señor es Aquel que dio a cada cosa su forma particular y luego le indicó el modo de cumplir su función». —Ta-Ha, 49-50

————————— El Faraón dijo: «¿Y qué es ese Señor de los mundos?». Moisés respondió: «El Señor de los cielos, de la tierra y de cuanto hay entre ambos, si estáis convencidos». El Faraón dijo a quienes lo rodeaban: «¿Habéis oído?». Moisés dijo: «Vuestro Señor y también el Señor de vuestros antepasados». El Faraón dijo: «En verdad, vuestro señor Mensajero —que os ha sido enviado— está completamente loco». Moisés dijo: «El Señor del Oriente y del Occidente, y de cuanto hay entre ambos, el Señor de todas las cosas, si tan solo tuvierais algo de conocimiento». Entonces el Faraón exclamó: «Si tomas como dios a alguien distinto de mí, te incluiré entre los encarcelados». —Ash-Shuara, 23-29

— El Faraón dijo: «¡Moisés! ¿Has venido acaso para expulsarnos de nuestro territorio mediante tu magia?». —Ta-Ha, 57

]——————— Y Faraón dijo: «Dejadme, mataré a Moisés. Que invoque a su Señor para que lo ayude. Temo que cambie vuestra religión (modo de vida) o que provoque la corrupción en el país». —Al-Mu’min, 26

—————————— Dijeron: «Estos dos no son más que magos. Con su poder pretenden expulsaros de vuestra tierra y quieren eliminar vuestro modelo ideal de vida». —Ta-Ha, 63

Al examinar sucesivamente estas aleyas, queda claro que la misma desviación respecto al señorío divino que, desde el comienzo, se había extendido entre diversos pueblos del mundo también había cubierto por completo la tierra del Nilo. Moisés y Aarón (la paz sea con ellos) también invitaban a aquello mismo a lo que habían llamado todos los profetas y mensajeros desde el principio.

Judíos y cristianos

Después del pueblo del Faraón, se presentan ante nosotros los Hijos de Israel y los demás pueblos que habían adoptado el judaísmo y el cristianismo. No se puede suponer que no reconocieran la existencia de Allah o que no lo aceptaran como Señor y Dios, pues el propio Corán ha confirmado que eran Gente del Libro. Entonces surge la pregunta: ¿qué incoherencia, error o desviación había en sus creencias sobre el señorío divino y en su conducta, por lo cual el Corán los calificó de extraviados? Encontramos en el propio Corán una respuesta breve a ello:

—————————– Di: «¡Oh, Gente del Libro! No cometáis excesos injustos en vuestra religión. No sigáis las ideas falsas de los pueblos que se extraviaron antes que vosotros. Ellos extraviaron a muchos y también se apartaron del camino recto». —Al-Ma’ida, 77

De esto se sabe que el extravío de los pueblos judío y cristiano era esencialmente del mismo tipo que aquel en el que sus pueblos anteriores habían estado sumidos desde el principio. Además, se sabe que este extravío penetró entre ellos siguiendo el camino del «ghulú fi d-dīn», es decir, del exceso injusto e innecesario en materia de religión. Veamos ahora cómo presenta el Corán la explicación de esta descripción resumida:

—————————————– Los judíos dicen: «Uzair es hijo de Allah», y los cristianos dicen: «El Mesías es hijo de Allah». —At-Tawba, 30

———————————— Quienes dicen que el Mesías, hijo de Maryam, es Allah han caído en la incredulidad. Sin embargo, el Mesías dijo: «¡Oh, hijos de Israel! Adorad a Allah, que es mi Señor y vuestro Señor». —Al-Ma’idah, 72

——————————- Quienes dicen que Allah es el tercero de tres han caído en la incredulidad. Sin embargo, no existe ninguna divinidad excepto una sola Divinidad. —Al-Ma’idah, 73

————————————————– Y cuando Allah pregunte: «¡Oh, Jesús, hijo de Maryam! ¿Acaso dijiste a la gente: “Tomadme a mí y a mi madre como divinidades en lugar de Allah”?», él responderá: «(¡Gloria a Allah!) No me corresponde decir aquello a lo que no tengo derecho. ¿Cómo podría decir tal cosa?». —Al-Ma’idah, 116

——————————————————- No corresponde a ningún ser humano que Allah le conceda el Libro, la autoridad y la profecía y luego diga a la gente: «Convertíos en siervos míos en lugar de Allah»; más bien, dirá: «Sed rabbani (devotos de Dios), tal como estudiáis el Libro de Dios y lo enseñáis». No es propio de un profeta ordenaros que toméis a los ángeles y a los profetas por señores. ¿Acaso os enseñaría la incredulidad después de que os habéis sometido a Allah? —Ali ‘Imran, 79-80

A la luz de estos versículos, la primera desviación de la Gente del Libro consistió en elevar a la categoría de divinidad, por encima de su verdadera posición, a las grandes personalidades que, desde la perspectiva de la religión, eran profetas, mensajeros, hombres piadosos, ángeles y otros semejantes; los hicieron asociados y partícipes en las acciones de Allah. Los adoraron, los consideraron partícipes de Su poder y llegaron a creer que también poseían la capacidad de perdonar, ayudar, auxiliar y proteger. Después, su segunda desviación fue la siguiente:

———————————————- Tomaron como señores, en lugar de Allah, a sus propios ulemas y mashayikh, sacerdotes y clérigos. —Sura At-Tawbah, 31

Es decir, aquellos cuya posición en el negocio religioso consistía únicamente en explicar las disposiciones de la sharía de Allah y formar el carácter conforme a la voluntad de Allah fueron elevándolos gradualmente a una posición tal que, según su propia autoridad, declaraban lícito o ilícito lo que querían, ordenaban lo que querían sin la aprobación de la religión ni del Libro, prohibían lo que querían y podían imponer cualquier método que desearan. Así, terminaron sumidos en dos grandes desviaciones fundamentales. Al igual que las naciones anteriores, también ellos hicieron partícipes de Allah en la rububiyya, en un sentido sobrenatural, a los ángeles y a las grandes personalidades, desviación en la que se habían sumido Nuh, Ibrahim, ‘Ad, Thamud, la gente de Madyan y otros pueblos. Al igual que aquellos, también ellos comenzaron a adoptar de los seres humanos sus normas de civilización, cultura, costumbres, conducta, moral y política, sin preocuparse por la aprobación de Allah. Hasta que, finalmente, la situación llegó a ser la siguiente:

—————————————————————- ¿Acaso has visto a quienes recibieron una parte del Libro de Allah? Su situación era tal que reconocían a Jibt y a Taghut. —An-Nisa, 51

Di: «¿Queréis que os informe de quiénes tendrán un destino peor ante Allah que los perversos? Son aquellos a quienes Allah ha maldecido, sobre quienes ha descargado Su ira, muchos de los cuales, por orden Suya, fueron transformados en monos y cerdos, y que adoraron y sirvieron al tagut. Estos son los que ocupan el peor rango. Y se han alejado mucho del camino recto de la verdad». —Al-Ma’idah, 60

La palabra «yibt» es sumamente amplia y abarca toda clase de pensamientos e ideas basados en la imaginación. La magia y los hechizos, los amuletos, la adivinación, la predicción del futuro, las creencias y fantasías sobre la buena o mala suerte, las actividades sobrenaturales; en una palabra, toda clase de concepciones e imaginaciones inventadas pertenece a esta categoría. En cuanto al «tagut», se refiere a aquellas personas, grupos u organizaciones e instituciones que han adoptado la arrogancia y la desobediencia frente a Allah, han transgredido los límites y condiciones de la servidumbre y se han erigido en portadores de la divinidad. Los judíos y los cristianos estaban sumidos en las dos formas de extravío mencionadas anteriormente. La consecuencia de la primera forma de extravío fue que toda clase de ideas y fantasías se apoderaron de sus mentes. Y la segunda forma de extravío los llevó, más allá de la servidumbre a sus ulemas y jeques, sabios y sufíes, sacerdotes y clérigos, maestros religiosos, sufíes y ascetas, hasta la servidumbre y obediencia a aquellos opresores y malhechores que eran abiertamente rebeldes contra Allah.

La sociedad idólatra de Arabia

Ahora analizaremos qué tipo de extravío tenían los idólatras de Arabia en este asunto. El Mensajero (la paz sea con él) fue enviado a ellos, y a ellos fue dirigido el primer llamamiento del Corán. ¿Acaso desconocían a Allah y no creían en Su existencia? ¿Fue enviado el Mensajero únicamente para hacerles reconocer la existencia de Allah? ¿Acaso no reconocían a Allah como Rabb e Ilah? ¿Acaso fue revelado el Corán únicamente para hacerles reconocer la divinidad y el señorío del Dios Altísimo? ¿Acaso negaban la adoración y el servicio a Allah? ¿O acaso creían que, en realidad, Lat, Manat, Hubal, Uzza y las demás divinidades eran las creadoras, dueñas, proveedoras y administradoras del universo? ¿O reconocían a esas divinidades como fuentes de la ley y como fuentes de guía para los problemas morales y culturales?

En el Corán encontramos respuestas negativas a cada una de estas preguntas. El Corán nos dice que los idólatras de Arabia no solo creían en la existencia de Allah, sino que también lo reconocían como el Creador, Dueño y Gran Señor de todo el universo y de sus propias divinidades; lo reconocían como Rabb e Ilah. En tiempos de crisis, problemas, calamidades y adversidades, era ante Él ante quien presentaban su última súplica. Tampoco negaban la adoración y el servicio a Allah. No creían que sus propios dioses y divinidades fueran los creadores y proveedores de ellos mismos y del universo, ni creían que esas divinidades les proporcionaran orientación en los problemas morales y culturales de la vida. Los siguientes versículos lo demuestran: «¡Oh, Profeta! Pregúntales: “¿A quién pertenece la tierra y cuanto hay en ella? Decidlo, si lo sabéis”. Responderán: “A Allah”. Di: “¿Aun así no reflexionaréis?”. Pregunta: “¿Quién es el Rabb de los siete cielos y del Trono grandioso?”. Responderán: “Allah”. Di: “¿Aun así no temeréis?”. Di: “¿En manos de quién está el dominio de todas las cosas? ¿Y quién es Él que protege, mientras que nadie puede protegerse contra Él? Decidlo, si lo sabéis”. Responderán: “Todo eso pertenece únicamente a Allah”. Di: “Entonces, ¿cómo os dejáis engañar?”. La verdad es que les hemos presentado la verdad, pero ellos son ciertamente mentirosos» (Al-Mu’minun, 84-90).

Él es Allah, Quien os hace viajar por tierra y mar. Y cuando os embarcáis en una nave y navegáis alegremente con un viento favorable, y de pronto sopla con fuerza un viento contrario y las olas comienzan a azotaros por todas partes, pensando que la tormenta os ha rodeado, entonces todos invocan únicamente a Allah. Le consagran sinceramente su religión y suplican: «Si nos salvas de esta calamidad, seremos ciertamente siervos agradecidos». Pero cuando Él los salva de la calamidad, se rebelan injustamente en la tierra, apartándose de la verdad. —Yunus, 22-23

Cuando os sobreviene una calamidad en el mar, desaparecen todos aquellos a quienes invocabais aparte de Allah, el Único. Pero cuando Él os salva y os lleva a tierra firme, os apartáis de Él. En verdad, el ser humano es sumamente ingrato, un siervo profundamente desagradecido. —Bani Isra’il, 67

El Corán menciona así, con sus propias palabras, cuál era su concepción acerca de sus divinidades:

————————————————————— Y quienes, aparte de Él, toman a otros como aliados y gestores de sus asuntos, dicen: «Solo los adoramos para que nos acerquen a Allah». -Az-Zumar-3

———————- Y dicen: «Ellos son nuestros intercesores ante Allah».

Tampoco tenían acerca de sus dioses (objetos de adoración) la creencia de que fueran guías para los problemas de la vida. En la aleya 35 de la sura Yunus, Allah ordena a Su Profeta:

——————————– Pregúntales: «¿Hay entre esos asociados que habéis inventado alguno que guíe hacia la verdad?»

Pero, al oír esta pregunta, el silencio los invade. Ninguno de ellos respondió que Lat, Manat, Uzza u otros dioses y objetos de adoración nos guiaran por el camino correcto en el pensamiento y la acción; que nos enseñaran, en la vida terrenal, la paz, el sosiego y los principios de la justicia; ni que obtuviéramos, de su corriente de conocimiento, saber sobre las verdades fundamentales del universo. Al ver su silencio, finalmente Allah dice a Su Profeta:

————————————— Di: «Allah guía hacia la verdad». Di también: «¿Quién merece más ser seguido: Aquel que guía hacia la verdad o quien, si no es guiado, no puede encontrar por sí mismo ninguna orientación? ¿Qué os pasa? ¿Cómo juzgáis? Yunus-35

Después de estas declaraciones claras, queda una sola pregunta sin resolver. La pregunta es: ¿cuál era entonces su verdadera desviación respecto de la Rububía, por cuya corrección Allah envió a Su Profeta e hizo descender el Libro? Al examinar el Corán para resolver esta cuestión, encontramos dos desviaciones fundamentales en sus creencias y sus acciones, desviaciones que también se hallaban desde tiempos antiguos entre todos los pueblos extraviados. Por un lado, asociaban a Allah, en un sentido sobrenatural, a otros señores-divinidades, y creían que, en la cadena de causas y efectos, además de Aquel que ejerce la autoridad, los ángeles, las personas venerables y los astros tenían algún tipo de autoridad en cuanto a poder y disposición. Por eso, en sus súplicas, peticiones de ayuda, formas y normas de adoración y ritos, no se dirigían únicamente a Allah, sino también a esos dioses artificiales.

Por otro lado, respecto de la Rububía civilizatoria y política, estaban completamente vacíos. Ni siquiera había encontrado lugar en un rincón de sus mentes la idea de que existiera un Rabb en este sentido. Así, habían convertido en sus Rabb a sus líderes y autoridades religiosas, a sus jefes y notables, y a los grandes hombres de sus familias; de ellos adoptaban el sistema de vida. El Corán da testimonio de su primera desviación:

————————– Entre los seres humanos hay quien adora a Dios permaneciendo en el límite extremo de la devoción. Cuando obtiene algún bien, se queda tranquilo y satisfecho con él; pero, si le sobreviene alguna dificultad, vuelve la espalda. Tal persona ha arruinado este mundo y el Más Allá. Y esa es la pérdida manifiesta. Invoca, aparte de Allah, a quien no tiene poder para causarle ningún daño ni para procurarle ningún bien. Esa es la gran perdición, el enorme extravío. Invoca en busca de ayuda a quien, al invocarlo, le causa un daño mucho más cercano que el beneficio. ¡Qué mal amigo y qué mal compañero! —Al-Hajj, 11-13

———————– Adoran, aparte de Allah, a quienes no pueden causar daño ni procurar beneficio alguno. Y dicen: «Ellos son nuestros intercesores ante Allah». Di: «¿Acaso informáis a Allah de algo que Él no conozca en los cielos y en la tierra¹?». ¡Glorificado y libre está Allah de lo que asocian! —Yunus, 18

——————————— ¡Oh, Profeta! Diles: «¿Acaso no creéis en Aquel que creó la tierra en dos días y establecéis junto a Él iguales y rivales?». —Hā Mīm as-Sajda, 9

———————————

1. Es decir, habéis caído en la falsa creencia de que esas divinidades tienen ante Mí tal poder que cualquier intercesión que hagan ante Mí necesariamente será aceptada. Por eso golpeáis la cabeza ante sus santuarios y les ofrecéis presentes. No conozco en los cielos y en la tierra ningún ser que tenga ante Mí un poder tan grande, o que sea tan querido por Mí, que Yo esté obligado a aceptar su intercesión. ¿Acaso no sé y vosotros venís a informarme de la existencia de tales intercesores? Es evidente que el hecho de que algo no esté en el conocimiento de Allah significa, en realidad, que no existe.

Di: «¿Acaso adoráis, aparte de Allah, a quienes no tienen ninguna autoridad sobre vuestro beneficio ni capacidad para causaros daño, cuando solo Allah es quien oye y conoce?». —Al-Mā’ida, 76

—————————- Cuando al ser humano le sobreviene una calamidad, invoca con corazón devoto únicamente a su Señor. Pero, cuando Él lo colma de una gracia, olvida la calamidad por la que antes Lo había invocado y empieza a establecer iguales para Allah¹, para desviar a otros de Su camino. —Az-Zumar, 8

—————————– Toda bendición que habéis recibido la habéis obtenido gracias a la dádiva y al regalo de Allah. Después, cuando os sobrevenga alguna calamidad, acudid ante Allah presentando vuestra súplica. Pero, cuando Él os libra de esa calamidad, algunos de vosotros comienzan a asociar a otros en esta liberación, respondiendo al favor con el olvido del favor. ¡Bueno, disfrutad! Pronto conoceréis sus consecuencias. Y asignáis una parte del sustento que os hemos concedido a quienes no conocéis.² Allah

1. Hacer iguales a Allah significa decir que esta calamidad desapareció gracias a la bendición de tal venerable personaje, o que esta gracia se obtuvo por la benevolencia y el favor de tal honorable señor.

2. Es decir, hacen ofrendas votivas y presentan dádivas, en señal de gratitud, a aquellos de quienes, sin ningún conocimiento ni prueba, no se ha establecido que fueran liberadores de las calamidades y solucionadores de las crisis. Lo sorprendente es que hacen todo esto con el sustento que Nosotros les hemos proporcionado.

Juro que ciertamente seréis interrogados minuciosamente acerca de las ideas y concepciones absurdas y extravagantes que estáis sosteniendo. —An-Nahl, 55-56

Queda su segunda desviación. El testimonio del Corán sobre ella es el siguiente: ——————- Así, muchos de sus socios inventados han hecho que a los politeístas les parezca bien matar a sus propios hijos, para conducirlos a la perdición y hacer que su religión les resulte confusa.

Está claro que aquí shurakā (socios) no significa ídolos ni divinidades, sino que se refiere a aquellos líderes y autoridades que presentaban el asesinato de los hijos ante los árabes como una obra beneficiosa, hermosa y honorable. Fueron ellos quienes introdujeron semejante práctica extravagante en la religión de Hazrat Ibrahim y Hazrat Ismail (la paz sea con él). También está claro que los árabes los consideraban autoridades dentro de la cadena de causas y efectos, o los adoraban, o les dirigían sus súplicas. No se les llamó socios de Allah en estos sentidos. Se les llamó socios en la rububiyat y la uluhiyat porque los árabes habían reconocido su derecho a establecer, como quisieran, las normas relativas a los problemas sociales y culturales, así como a las cuestiones morales y religiosas.

¿Acaso han tomado socios que les han establecido, en materia de religión, leyes y normas que Allah no ha autorizado ni ordenado? —Ash-Shura, 21

La explicación de la palabra din se hará más adelante. Allí también se aclarará plenamente la amplitud total del significado de esta aleya. Pero aquí, al menos, queda claro que establecer, sin la autorización de Allah, normas y costumbres por parte de sus líderes y autoridades, cuya naturaleza y forma son semejantes a las de la religión, y que los árabes las reconocieran como algo que debía seguirse exclusivamente, constituía asociarlos con Allah en la rububiyat divina; esto era lo que significaba que los árabes reconocieran su condición de socios.

La invitación del Corán

Del análisis de las ideas y concepciones de las naciones extraviadas mencionado anteriormente, queda absolutamente claro que ninguna de las naciones que el Corán, desde tiempos antiguos hasta el momento de su revelación, ha descrito como opresoras, poseedoras de pensamientos erróneos y descarriadas negaba la existencia de Allah. Sin embargo, el extravío esencial y común de todas ellas consistía en que habían dividido en dos partes los cinco significados de la Rububiyya que, basándonos en el diccionario y en las pruebas del Corán, demostramos desde el principio.

Consideraban que el significado de Rabb según el cual Él es plenamente suficiente, de manera sobrenatural, para sustentar, mantener, satisfacer las necesidades y cuidar de las criaturas era diferente. Aunque, conforme a este significado, reconocían únicamente a Allah como el Rabb supremo, también asociaban con Él en la Rububiyya a los ángeles, las divinidades, los genios, las fuerzas invisibles, los planetas y las estrellas, así como a los profetas, santos, pirs y sacerdotes.

Su concepción de Rabb como Aquel que posee la autoridad para ordenar y prohibir, el poder supremo, la fuente de la guía y la orientación, el fundamento de la legislación, el dirigente del Estado y el centro de la organización social era completamente distinta. Desde esta perspectiva, consideraban Rabb a los seres humanos en lugar de Allah; o, aunque doctrinalmente reconocieran a Allah como Rabb, en la práctica inclinaban la cabeza en obediencia ante la Rububiyya moral, cultural y política de los seres humanos.

Precisamente para eliminar este extravío aparecieron los profetas y mensajeros desde el principio. Por eso, finalmente, llegó el profeta Muhammad (la paz y las bendiciones de Allah sean con él). El mensaje de todos ellos era este: en todos estos sentidos, solo existe un Rabb, y Él es Allah, el Altísimo, Rabb al-Alamin. La Rububiyya es indivisible. Nadie puede participar de ninguna parte de la Rububiyya, en ningún sentido. La administración del universo está sometida a un orden central perfecto. Allah es su único Creador. Él mismo ejerce autoridad sobre él. Solo Allah posee todo el poder y la autoridad del universo. Nadie tiene participación en su creación, ni socio en su dirección y administración. Nadie comparte con Él el gobierno. Como poseedor de la autoridad central, solo Él es vuestro Rabb sobrenatural. Él es también vuestro Rabb moral, cultural y político. Él es vuestro único objeto de adoración, y solo Él merece que os inclinéis y os postréis ante Él. Él es el destino final de vuestras súplicas y oraciones. Él es vuestro apoyo y sostén de esperanza. Él es quien satisface vuestras necesidades y resuelve vuestras aflicciones. Asimismo, Él es el Rey, el Soberano de todo el reino, el Rey de reyes. Él es el Legislador, Aquel que tiene autoridad para ordenar y prohibir. Estos dos aspectos de la Rububiyya —que, debido a la ignorancia, habíais separado— son en realidad partes indispensables de Allah y atributos propios de Allah; no es posible separar ninguno de ellos del otro, ni es lícito asociar a ninguna criatura con Allah en ninguno de estos aspectos.

Escuchad, en las propias palabras del Corán, cómo presentó el Corán este mensaje:

En verdad, vuestro Rabb es Allah, el Altísimo, quien creó los cielos y la tierra en seis días y luego se estableció sobre el Trono. Él cubre el día con el manto de la noche, mientras la noche persigue rápidamente al día. La luna, el sol y las estrellas están todos sometidos a Su mandato. Escuchad: Suyos son la creación y el gobierno exclusivo. Allah es el Rabb de todos los mundos, poseedor de abundante bendición. Al-A’raf 54

Pregúntales: ¿quién os provee el sustento desde los cielos y la tierra? ¿Quién tiene bajo Su autoridad el poder auditivo de los oídos y el poder visual de los ojos? ¿Quién es Aquel que extrae lo vivo de lo muerto y lo muerto de lo vivo? ¿Quién dirige esta maquinaria del universo? Sin duda responderán: Allah. Di: ¿aun así no vais a temer? Puesto que todo esto Le pertenece, Él es, por tanto, vuestro verdadero Rabb. Después de que la verdad se ha manifestado, ¿qué puede quedar aparte del extravío? Entonces, ¿de dónde os habéis desviado y apartado de la verdad tras tropezar de ese modo?

Él creó los cielos y la tierra con toda verdad. Él envuelve la noche sobre el día y el día sobre la noche. Sometió el sol y la luna a un orden y una disciplina, de modo que todos siguen moviéndose continuamente hasta un plazo determinado. ………………. Este Allah es vuestro Rabb. Suyo es el reino. No tenéis otra deidad aparte de Él. Entonces, ¿de dónde os habéis desviado y regresáis tras tropezar de ese modo? —Az-Zumar 5-6

——————————————— Él es Allah, quien ha hecho la noche para vosotros, para que podáis encontrar sosiego en ella. Y ha hecho luminoso el día. ….. Ese Allah es vuestro Señor, Creador de todas las cosas. No hay otra divinidad sino Él. Entonces, ¿de dónde os dejáis engañar y adónde os volvéis? ….. Allah es quien ha hecho para vosotros la tierra como morada y ha extendido sobre vosotros el cielo como techo, y os ha proporcionado cosas puras y buenas para vuestro sustento. Ese Allah es vuestro Señor, Señor de todos los mundos, colmado de bendiciones. Él es el Viviente. No hay otra divinidad sino Él. Así pues, invocadlo, consagrando exclusivamente para Él la religión. -Al-Mu’min-61-65

——————————————- Allah os creó de tierra. …. Él hace que la noche penetre en el día y que el día penetre en la noche. Ha sometido al sol y a la luna a un orden, y cada uno sigue su curso hasta un plazo determinado. Ese Allah es vuestro Señor. Suyo es el reino. Aquellos a quienes invocáis aparte de Él no tienen poder ni siquiera sobre el peso de un átomo. Si los invocáis, no oyen vuestra llamada; y aunque la oyeran, no tendrían poder para responder a vuestra petición. Y aquellos a quienes asociáis con Allah repudiarán esa asociación el Día de la Resurrección. -Fatir-11-14

————————————- Todos, ya sean habitantes de los cielos o de la tierra, son Sus siervos y todos siguen Su mandato. …. Allah os propone un ejemplo tomado de vosotros mismos: de los bienes que os hemos concedido, ¿acaso alguno de vuestros siervos puede ser vuestro socio en su propiedad? ¿Sois iguales vosotros y vuestros siervos en el disfrute y uso de esos bienes? ¿Los teméis como teméis a vuestros iguales? Así proceden quienes siguen sus conjeturas infundadas sin conocimiento ni razón. … Así pues, conságrate con toda devoción a la verdadera religión. Mantente firme en la naturaleza de Allah, conforme a la cual creó a todos los seres humanos. No hay cambio en la creación de Allah. Esta es la vía recta, pero la mayoría de la gente no sabe. -Ar-Rum-26-30

—————————————— No han valorado la grandeza y majestad de Allah como debían. El Día de la Resurrección verán que toda la tierra estará en Su puño y que los cielos estarán enrollados en Su mano. Glorificado y exaltado sea Él por encima de aquello que Le asocian. -Az-Zumar-67

————————————- Así pues, toda alabanza pertenece a Allah, Señor de los cielos, de la tierra y de todos los mundos. Suyas son exclusivamente la majestad y la grandeza en los cielos y en la tierra. Él es Todopoderoso, Sapientísimo. -Al-Yathiyah-36-37

——————————————- Él es el Señor y Dueño de los cielos y de la tierra, y de todo cuanto hay en ellos. Así pues, adóralo exclusivamente a Él y persevera en Su adoración. ¿Conoces a alguien semejante a Él? Sura Maryam-65

————————————— El conocimiento de Allah abarca todos los secretos de los cielos y de la tierra. Todos los asuntos son presentados ante Él. Así pues, adóralo exclusivamente a Él y confía en Él. -Sura Hud-123

———————————————– Él es el Señor del Oriente y del Occidente. No hay otra divinidad sino Él. Así pues, tómalo exclusivamente a Él como encargado de tus asuntos. -Al-Muzzammil-9

————————————— En verdad, vuestra comunidad es una sola comunidad, y Yo soy vuestro Señor. Adoradme, pues, solo a Mí. La gente ha repartido entre sí las funciones de la señoría y los asuntos de la vida. Pero, sea como sea, todos tendrán que regresar ante Mí. —Sura An-Nisá, 93-96

—————————————- Seguid el Libro que ha sido revelado por vuestro Señor y no sigáis, abandonándolo, a ningún otro como encargado de vuestros asuntos. —Al-A‘raf, 3

———————————- Di: «¡Oh, gente de la Escritura! Venid a una palabra común entre nosotros y vosotros: que no adoremos sino a Allah, que no asociemos a nadie con Él y que ninguno de nosotros tome como Señor a otro fuera de Allah». —Al-Imán, 64

————————— Di: «Busco refugio en el Señor de los seres humanos, el Rey de los seres humanos y la Deidad de los seres humanos». —An-Nás, 1-3

——————————- Por tanto, quien anhele encontrarse con su Señor debe obrar rectamente y no asociar a nadie en la adoración de su Señor. —Al-Kahf, 110

Al estudiar estos versículos sucesivamente, se comprende claramente que el Corán presenta la rububiyya como un equivalente pleno de la soberanía. Y este concepto de Señor nos presenta a Aquel que es el soberano absoluto del universo, el gobernante omnipotente y el propietario y juez único, sin asociado.

En este sentido, Él es nuestro Sustentador, nuestro educador y quien satisface nuestras necesidades y atiende nuestras aflicciones, así como las de todo el universo.

En este sentido, Él es nuestro supervisor, protector, encargado de nuestros asuntos y patrocinador.

En este sentido, la fidelidad a Él constituye una base natural sobre la cual puede erigirse de manera recta y hermosa el edificio de nuestra vida social. La vinculación con Su personalidad central puede establecer una relación de una sola umma entre todos los individuos y grupos dispersos.

En este sentido, Él es digno de recibir nuestra adoración, obediencia y veneración, así como las de toda la creación.

En este sentido, Él es el Dueño, Amo y soberano absoluto de nosotros y de todas las cosas.

Los árabes y todos los ignorantes e insensatos del mundo han estado sumidos en este error en todas las épocas, y aún lo están: han dividido el concepto amplio del señorío en cinco tipos diferentes de señorío. Basándose en sus propias ideas e imaginaciones, han decidido que los distintos tipos de señorío pueden, y de hecho lo hacen, estar vinculados a distintas personas. Pero el Corán ha demostrado, mediante sus sólidos argumentos y pruebas, que ninguna función del señorío, en ningún nivel, puede ser confiada a otra entidad aparte de Aquel en cuyas manos está depositado el poder soberano; en este completo sistema central del universo no existe el menor margen para ello. La centralidad de este sistema atestigua por sí misma que todas las formas de señorío están reservadas y consagradas a un solo Dios, quien dio existencia a este sistema. Por tanto, quien, permaneciendo bajo este sistema, considere que alguna parte del señorío está vinculada de algún modo a alguien distinto de Dios, o la vincule efectivamente a otro, entra en conflicto y confrontación con la realidad, vuelve la espalda a la verdad, se rebela contra ella y, actuando contra la realidad, se sumerge a sí mismo en la destrucción.

Adoración

Análisis lexicográfico

En la lengua árabe, el significado original de ——————— es ——– y ——, es decir, someterse, obedecer y entregarse ante alguien de tal manera que no haya resistencia, desobediencia ni ingratitud frente a él. Este puede recibir sus servicios y utilizarlo como quiera, según su voluntad. Por eso, los árabes llaman —– al camello completamente obediente a su jinete, y llaman ——– al camino que se ha vuelto llano debido al tránsito de muchas personas. Después, de esta raíz surgieron los significados de esclavitud, obediencia, adoración, servicio, cautiverio u obstáculo. El resumen de la explicación de esta palabra en el mayor diccionario de la lengua árabe, Lisān al-ʿArab, es el siguiente:

Uno: ———————- se llama ʿabd a la persona que pertenece a alguien y no es libre. Es lo contrario de «hurr» o libre. ——— ha convertido al hombre en esclavo y lo ha tratado como a un esclavo. ——— y ——— también se mencionan con este mismo significado en el hadiz:

——————————————– El Día del Juicio presentaré una denuncia y seré demandante contra tres personas. Una de ellas es quien convierte en esclavo a un hombre libre, o, después de liberar a un esclavo, lo trata como si siguiera siendo esclavo.

Moisés (la paz sea con él) le dijo al Faraón: —————————————————- El significado del reproche con el que me recuerdas el favor que me concediste es que convertiste a los Hijos de Israel en esclavos.

Dos: ———— Se llama adoración a la obediencia que se realiza con plena humildad. ————- Adoró al taghut significa que se sometió y obedeció a este.

————– Solo a Ti adoramos, es decir, Te obedecemos con plena obediencia.

———————— Adorad a vuestro Señor, es decir, obedecedle.

———————————- Es decir, cuando el Faraón dijo que el pueblo de Moisés y Aarón era nuestro esclavo servidor, quiso decir que obedecía mis órdenes. Ibn al-Anbari dice: —————- significa que es obediente a su señor y sigue sus instrucciones.

Tres: ————————- Lo adoró, es decir, le rindió culto. ——– Taʿarrud — significa convertirse en adorador de alguien. El poeta dice:

————————— Veo que el dinero del avaro permanece a salvo.———————

Cuarto: decir «… y …» significa que se vinculó con él y no se separó; lo siguió y nunca lo abandonó.

Quinto: si una persona se abstiene de acudir ante alguien, se dirá: «¿Qué te ha impedido y apartado de venir a mí?»

De esta explicación queda claro que el significado fundamental de la raíz «abd» es reconocer la autoridad y supremacía de alguien, renunciar frente a él a la libertad y al arbitrio, abandonar la arrogancia y la desobediencia, y someterse a él. Esta es también la esencia de la esclavitud y la servidumbre. Por ello, la primera idea que surge en la mente de un árabe al oír esta palabra es la de esclavitud y servidumbre. Puesto que la tarea principal del esclavo es obedecer a su señor y acatar sus órdenes, en la práctica no solo se entrega a la obediencia, sino que también reconoce su lealtad, superioridad y autoridad, y por ello exagera en su honor y dignidad. Expresa de diversas maneras su reconocimiento de los favores recibidos y, de este modo, cumple los ritos de la servidumbre. Esto es lo que se llama adoración. Esta idea entra en el significado de «abdiyya» cuando el esclavo no solo inclina la cabeza ante su señor, sino que también mantiene inclinado su corazón y su mente. Quedan dos conceptos. En realidad, esos dos conceptos son nociones derivadas y relacionadas con la «abdiyya» o servidumbre, no conceptos fundamentales.

El uso de la palabra «adoración» en el Corán

Después de esta explicación lexicográfica, si volvemos al Corán, descubrimos que en este Libro Sagrado la palabra se emplea plenamente en los tres primeros sentidos. En algunos lugares se pretenden simultáneamente el primero y el segundo; en otros, solo el segundo; en otros, el tercero; y en otros, los tres sentidos a la vez.

En el sentido de adoración, servidumbre y obediencia

He aquí un ejemplo del primero y del segundo sentido:

Después enviamos a Moisés y a su hermano Aarón ante el Faraón y sus dignatarios, con Nuestros signos y pruebas de una autoridad manifiesta. Pero ellos se ensoberbecieron, pues eran un pueblo poderoso. Dijeron: «¿Acaso vamos a creer en dos hombres semejantes a nosotros? Ellos pertenecen a un pueblo cuyos miembros son nuestros siervos y obedecen nuestras órdenes». —Al-Mu’minun, 45-47

——————- (El Faraón le reprochaba a Moisés, diciendo: «Te criamos en nuestra casa durante tu infancia». Moisés le respondió:) El favor que me reprochas consiste en que has convertido a los Hijos de Israel en tus ‘abd. —Ash-Shu‘ara, 22

En ambos versículos, ‘ibadah’ significa servidumbre, esclavitud, obediencia y acatamiento de las órdenes. El Faraón dijo: «El pueblo de Moisés y Aarón es nuestro ‘abid»; es decir, nuestros esclavos y seguidores de nuestras órdenes. Y el honorable Moisés dijo: «Tú has convertido a los Hijos de Israel en tus ‘abd»; es decir, los has hecho tus esclavos y obtienes de ellos servicios según tu voluntad.

————– ¡Oh, creyentes! Si adoráis solamente a Mí, comed de las cosas puras que os he concedido y dad gracias a Allah. —Al-Baqarah, 172

En la época anterior al islam, los árabes observaban diversas prohibiciones y restricciones respecto a los alimentos y las bebidas, siguiendo las instrucciones de sus líderes religiosos y las ideas e imaginaciones de sus antepasados. Cuando aceptaron el islam, Allah dijo: «Si adoráis solamente a Mí, entonces, poniendo fin a estas prohibiciones y obligaciones, comed sin reparos de lo que Yo he declarado lícito, considerándolo lícito». El significado claro e inequívoco de esto es que no debéis seguir a vuestros eruditos y maestros; más bien, si sois siervos solamente Míos, y verdaderamente habéis abandonado su obediencia y el acatamiento de sus órdenes para aceptar Mi obediencia, entonces, en materia de lo lícito y lo ilícito, y de lo permitido y lo prohibido, debéis seguir Mi ley en lugar de las normas inventadas por ellos. Por tanto, también aquí la palabra ‘ibadah se emplea en el sentido de servidumbre y obediencia.

——————- Di: «¿Queréis que os informe de quiénes tendrán un destino peor ante Allah? Son aquellos sobre quienes ha recaído la maldición de Allah y Su ira, a muchos de los cuales convirtió en monos y cerdos, y que adoraron al tagut». —Al-Ma’idah, 60

————————- Hemos enviado un mensajero a cada pueblo para enseñarles: «Adorad a Allah y absteneos de adorar al tagut». —An-Nahl, 36

———————– Hay buenas noticias para quienes abandonan la adoración del tagut y regresan a la adoración de Allah. —Az-Zumar, 17

En los tres versículos, la adoración del tagut significa la servidumbre y obediencia al tagut, como ya hemos señalado anteriormente. En la terminología coránica, tagut es todo poder estatal que, rebelándose contra Allah, impone su propio mandato en la tierra de Allah y somete a los siervos de Allah a sus órdenes mediante la fuerza, la codicia y la seducción, o una enseñanza engañosa. Inclinar la cabeza ante el liderazgo de un poder semejante, aceptar su servidumbre y considerar sus órdenes como de obligado cumplimiento es adorar al tagut.

La ‘ibadat’ en el sentido de obediencia

Prestad ahora atención a los versículos siguientes. En estos versículos, la ‘ibadat’ se emplea únicamente en el segundo sentido.

¡Oh, hijos de Adán! ¿Acaso no os exhorté a que no obedecierais a Satanás? Ciertamente, él es vuestro enemigo manifiesto.

Es evidente que nadie en el mundo adora a Satanás. Al contrario, desde todas partes se vierten sobre él maldiciones e imprecaciones. Por tanto, la acusación que Allah presentará contra los hijos de Adán el Día de la Resurrección será que siguieron las palabras de Satanás y obedecieron sus mandatos. Se apresuraron por cada camino que él les indicó.

Cuando tenga lugar la Resurrección, Allah dirá: «Reunid a todos los injustos, a sus compañeros y a las divinidades a las que adoraban aparte de Allah, y mostradles el camino del Infierno»…. Después, comenzarán a acusarse unos a otros. Los adoradores dirán: «¡Vosotros sois quienes veníais a nosotros por el camino del bien!». Sus divinidades responderán: «En realidad, vosotros mismos no estabais dispuestos a creer. No teníamos ningún poder para obligaros; más bien, vosotros mismos erais desobedientes»». (As-Saffat, 22-30)

Si se reflexiona sobre el diálogo mencionado en este versículo entre los adoradores y las divinidades, queda claro que aquí el significado de «divinidades» no es el de los ídolos y dioses que eran adorados, sino el de aquellas personas que, bajo la apariencia del bien, desviaron y extraviaron a la gente; que se presentaron con un atuendo de piedad; que, mediante rosarios y mantos, engañaron a los siervos de Allah y los convirtieron en sus devotos seguidores; o que, proclamándose reformadores y bienintencionados, difundieron destrucción, maldad y desorden. Aquí se denomina «adoración» a seguir ciegamente a tales personas y obedecer sus órdenes sin oponer la menor objeción.

Tomaron a sus ulemas y jeques como señores en lugar de Allah, y también al Mesías, hijo de María. Sin embargo, no se les ordenó adorar a nadie salvo a un único Dios. (At-Tawba, 31)

Convertir en señores a los ulemas y jeques, a los sacerdotes y clérigos, y adorarlos significa aquí aceptar sus órdenes como absolutamente vinculantes. En numerosos relatos auténticos, el propio Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda la paz) explicó claramente este significado. Le preguntaron: «Nosotros nunca adoramos a los ulemas y jeques ni a los sacerdotes y clérigos». Él respondió: «¿Acaso no convertíais en haram aquello que ellos declaraban haram?»

En el sentido de adoración

Veamos ahora los versículos correspondientes al tercer sentido. En este contexto, conviene recordar que, en el Corán, la ‘ibadah’ en el sentido de adoración comprende dos aspectos:

Uno: postrarse y hacer la reverencia ritual ante alguien, permanecer de pie con las manos cruzadas, circunvalar, besar su santuario, realizar votos y ofrendas, y cumplir aquellos ritos sacrificiales que normalmente se realizan con el propósito de adorar; no importa que tales actos se hagan considerándolo o no una divinidad independiente (ma‘bud).

Dos: considerar poderoso a alguien en el mundo de causa y efecto, suplicarle para satisfacer las propias necesidades, invocarlo para que ayude en los propios sufrimientos y dificultades, y pedirle refugio para ser protegido de daños, pérdidas y calamidades.

Desde la perspectiva del Corán, ambos tipos de actos pertenecen por igual a la categoría de la adoración. Por ejemplo:

—————— Di: Se me ha prohibido adorar a aquellos a quienes adoráis en lugar de Allah, después de haber recibido instrucciones claras de parte de mi Señor. —Al-Mu’min-66

——————– (Ibrahim dijo:) Me aparto de vosotros y de todos aquellos a quienes invocáis aparte de Allah, y suplico a mi Señor. .. de ellos y de aquellos a quienes adoraban aparte de Allah. Cuando se separó completamente de todos ellos, le concedimos un hijo como Isaac. —Maryam-48-49

—————— ¿Quién puede estar más extraviado que aquel que, en lugar de Allah, invoca a alguien que no puede responder a su invocación hasta el Día de la Resurrección, y que ni siquiera sabe que está siendo invocado? El Día de la Reunión, ellos mismos serán enemigos de quienes los invocaron. Ese día negarán su adoración.¹ —Al-Ahqaf-4-4

En tres versículos, el Corán mismo ha dejado claro que aquí el significado de la adoración es pedir súplicas y llamar en busca de ayuda.

«Más bien, adoraban a los yinn, y la mayoría de ellos creía en estos».-Saba 41

El significado de adorar a los yinn y creer en ellos se explica en el versículo 6 de la sura Yinn:

«Algunos seres humanos buscaban refugio en algunos yinn».-Yinn 2

De esto se sabe que el significado de adorar a los yinn era buscar refugio en ellos y pedirles protección frente a las calamidades y los daños; y el significado de creer en ellos era creer que podían conceder refugio y proporcionar seguridad.-

———————– El día en que Allah los reúna y reúna también a aquellas divinidades a las que adoraban en lugar de Allah, les preguntará: «¿Fuisteis vosotros quienes extraviasteis a estos siervos Míos, o fueron ellos mismos quienes perdieron el camino recto?». Ellos responderán: «¡Gloria a Allah! ¿Cómo habría sido apropiado para nosotros tomar a alguien como compañero en lugar del Señor?».-Al-Furqán 17-18

Aquí se entiende claramente, por la forma de la exposición, que el significado de divinidades es compañeros, y que el significado de adorarlas era considerarlas elevadas por encima de las cualidades de los siervos y revestidas de atributos divinos; atribuirles ayuda oculta, eliminación de las dificultades y sustento, hasta llegar al límite de la idolatría.

—— El día en que Allah los reúna a todos y luego pregunte a los ángeles: «¿Sois vosotros aquellos a quienes estos adoraban?». Ellos responderán: «¡Gloria a Allah! ¿Qué relación tenemos nosotros con ellos? Nuestra relación es con Vos».-Saba 40-41

Aquí, el significado de la adoración¹ de los ángeles es rendirles culto. Este culto se practicaba representando su posición, su forma y sus imágenes imaginarias. El propósito de este culto era complacerlos, atraer su mirada benévola hacia la propia situación y obtener su ayuda en los asuntos mundanos.

———— Y adoran, aparte de Allah, aquello que no puede causarles ni beneficio ni perjuicio, y dicen: «Estos son nuestros intercesores ante Allah». —Yunus-18

—– Y quienes han tomado como protectores a otros aparte de Allah dicen: «Solo los adoramos para que nos acerquen a Allah». —Az-Zumar-3

Aquí también el significado de la adoración es rendir culto. También se ha explicado el propósito con el que se practicaba este culto.

La ʿibāda, la servidumbre y la obediencia, en el sentido de adoración

A partir de los ejemplos anteriores ha quedado perfectamente claro que la palabra ʿibāda se emplea en el Corán a veces con el significado de servidumbre y obediencia, otras veces únicamente con el de obediencia y otras exclusivamente con el de adoración. Antes de presentar un ejemplo en el que esta palabra se emplea simultáneamente con sus tres significados, conviene recordar otra observación introductoria.

En todos los ejemplos citados anteriormente se menciona la adoración de otros aparte de Allah. Cuando el significado de la adoración es servidumbre y obediencia, entonces

1. Otras naciones politeístas hicieron de estos ángeles dioses (Gods). Y los árabes los llamaban hijas de Allah.

El ma‘bud puede ser Satanás o aquellas personas rebeldes que, convirtiéndose ellas mismas en tagut, hicieron que los siervos de Allah les rindieran servidumbre y obediencia en lugar de rendírselas a Allah; o pueden ser ciertos líderes y autoridades que guiaron al pueblo por opiniones y caminos inventados por ellos mismos, en lugar de seguir el Libro de Allah. Y cuando el significado de la adoración es rendir culto, el ma‘bud son los profetas, los santos y los hombres piadosos; se les convirtió en ma‘bud precisamente en contra de sus enseñanzas y guía; o se consideró que los ángeles y los yinn compartían la soberanía sobrenatural debido a simples creencias erróneas; o estatuas e ídolos de poderes imaginarios, que por mera instigación satánica se convirtieron en el centro del culto. Allí, el ma‘bud son los profetas, los santos y los hombres piadosos; se les convirtió en ma‘bud precisamente en contra de sus enseñanzas y guía; o se consideró que los ángeles y los yinn compartían la soberanía sobrenatural debido a simples creencias erróneas; o estatuas e ídolos de poderes imaginarios, que por mera instigación satánica se convirtieron en el centro del culto. El Corán declara inválidos a todos estos tipos de ma‘bud y considera errónea su adoración, ya se trate de someterse a ellos, obedecerlos o rendirles culto, sea cual sea la forma. El Corán dice: «Estos ma‘bud vuestros —a los que adoráis— son siervos y esclavos de Allah. No tienen ningún derecho a recibir vuestra adoración. Por adorarlos, no os tocará en suerte ni obtendréis nada salvo fracaso, humillación y deshonra». En realidad, Allah es su Dueño y el Dueño de todo el universo. Toda autoridad y poder están exclusivamente en Sus manos. Por tanto, nadie salvo Allah es digno de recibir adoración.

——————— Aquellos a quienes invocáis en lugar de Allah no son sino siervos como vosotros. Invocadlos y que os respondan, si es verdadera vuestra creencia acerca de ellos.¹…… Aquellos a quienes invocáis en lugar de Allah ni siquiera pueden ayudaros en nada. -Al-A‘raf-194-17

¹. Responder no significa contestar, sino adoptar medidas para responderle. Ya hemos aludido anteriormente a ello.

————– Dicen: «¡El Misericordioso ha adoptado un hijo!». Sin embargo, Él está muy por encima de tener un hijo. Aquellos a quienes atribuyen como hijos Suyos son, en realidad, Sus siervos, a quienes se ha concedido un rango elevado. No tienen capacidad para adelantarse y presentar ninguna petición ante Allah; por el contrario, actúan únicamente conforme a Su mandato. Allah conoce todo lo que está claro para ellos, y también sabe todo lo que les resulta oscuro y oculto. No pueden interceder ante Allah por nadie, salvo por aquel cuya intercesión Allah mismo desea aceptar. Y ellos mismos viven siempre atemorizados por temor de Allah.¹-Al-Anbiya-26-18

————————– Han convertido en diosas a los ángeles, que en realidad son siervos del Misericordioso. -Az-Zujruf-19

———————————– Han concebido una relación de parentesco entre los yinn y Allah. Sin embargo, los propios yinn saben que un día tendrán que comparecer ante Allah para rendir cuentas. -As-Saffat-158

——————————– El Mesías nunca consideró deshonroso ni indigno ser siervo de Allah, ni tampoco los ángeles más cercanos. Y quien sienta vergüenza de servirle y someterse a Él, y se ensoberbezca, ¿adónde huirá? A todos ellos Allah los llevará ante Su presencia.

—————————— El sol y la luna siguen sus órbitas. Las estrellas y los árboles inclinan sus cabezas en obediencia ante Allah. -Ar-Rahman-5-6

———————————— Los siete cielos, la tierra y todo cuanto hay en ellos glorifican a Alá. No hay cosa alguna que no glorifique a Alá con alabanzas, pero vosotros no comprendéis su glorificación. -Bani Israel-44

————————— No hay criatura alguna que no esté sujeta al poder de Alá. -Hud-56

——————————— No hay nadie entre los habitantes de los cielos y de la tierra que no comparezca ante el Misericordioso como siervo. Él los ha contado a todos. Y el Día de la Resurrección, todos comparecerán ante Él uno por uno. -María-93-95

——————— Di: «¡Oh, Alá, Soberano del reino! Tú concedes el reino a quien quieres y se lo quitas a quien quieres. Concedes honor a quien quieres y humillas a quien quieres. El bien está en Tu poder. Ciertamente, Tú tienes poder sobre todas las cosas». -Aal Imran-26

Después de demostrar que todos aquellos a quienes se había adorado de alguna forma eran siervos de Alá e impotentes, el Corán exige a todos los yinn y los seres humanos que la adoración, en todos sus sentidos, sea únicamente para Alá. La servidumbre, la obediencia y la adoración serán exclusivamente para Él. No puede quedar ni el menor rastro de ninguna forma de adoración para nadie aparte de Alá.

————– Hemos enviado un mensajero a cada comunidad con este mensaje: «Adorad a Alá y apartaos del taghut». -An-Nahl-36

———————————- Buenas noticias para quienes se han apartado de la adoración del taghut y han vuelto hacia Alá. -Az-Zumar-17

———————- ¡Oh, hijos de Adán! ¿Acaso no os ordené que no adoraseis a Satanás? Él es vuestro enemigo declarado. Y que me adoraseis solamente a Mí. Este es el camino recto. -Yasin-60-61

————————————– Habían tomado como señores, en lugar de Alá, a los ulemas y jeques, y a los sacerdotes y clérigos…. aunque se les había ordenado no adorar a nadie salvo a la Deidad.-At-Tawba-31

—————————————– ¡Oh creyentes! Si verdaderamente os habéis consagrado a Mi adoración, comed sin reparo de las cosas puras que os he concedido y dad gracias a Alá.-Al-Báqara-172

En estos versículos hay pruebas de que se ordena consagrar a Alá la adoración entendida como servidumbre, esclavitud, obediencia y sumisión.

——————————– Di: «Se me ha prohibido adorar a aquellos a quienes invocáis en lugar de vuestro Alá. Por ello, me han llegado claras evidencias de parte de mi Señor. Y se me ha ordenado someterme ante el Señor de los mundos».-Al-Mu’min-66

———————————————— Vuestro Señor ha dicho: «Invocadme y responderé a vuestra invocación. Quienes se ensoberbezcan ante la adoración de Mí serán ciertamente arrojados al Infierno».-Al-Mu’min-60

——————————– Él es Alá, vuestro Señor; Suyo es el reino. Aquellos a quienes invocáis aparte de Él no tienen poder ni siquiera sobre la cantidad de un átomo. Si los invocáis, no oyen vuestra invocación; y aunque la oyeran, no podrían responderos. El Día de la Resurrección negarán vuestra asociación de copartícipes.

—————————- Di: «¿Acaso adoráis, en lugar de Alá, aquello que no puede perjudicaros ni beneficiaros en nada?». Él es, sin duda, quien oye todo y lo sabe todo.

En estos versículos se ha orientado a consagrar a Alá la adoración cuyo significado es culto. También hay indicaciones claras de que la adoración se emplea como complemento de la súplica. En los versículos anteriores y posteriores se menciona a aquellas divinidades a las que se asociaba con Alá en una rububiya sobrenatural.

Ahora no es difícil para ninguna persona perspicaz comprender que, en todos los lugares del Corán donde se menciona la adoración de Allah, aunque no haya cerca ninguna evidencia que indique que se refiere a uno solo de los diversos significados de la adoración, en tales lugares adoración significará las tres cosas: servidumbre, obediencia y culto. Consideren, por ejemplo, los siguientes versículos.

——————————- Yo soy Allah. No hay ninguna otra divinidad aparte de Mí. Por tanto, adórame únicamente a Mí. —Ta-Ha, 14

———————– ¡Ese es Allah, vuestro Señor! No hay ninguna otra divinidad aparte de Él. Él es el Creador de todas las cosas. Por tanto, adoradlo únicamente a Él, y Él conoce perfectamente todas las cosas. —Al-An’am, 102

———————————————————— Di: «¡Oh, gente! Si aún desconocéis cuál es mi religión, sabed que yo no adoro a aquellos a quienes adoráis aparte de Allah; más bien, adoro a Allah, que os quita la vida. Se me ha ordenado formar parte de los creyentes». —Yunus, 104

———————————— Aquellos a quienes adoráis aparte de Allah no son más que unos nombres que vosotros y vuestros antepasados habéis inventado; no tienen ninguna existencia real. Allah no ha hecho descender ninguna prueba de que sean divinidades. El poder pertenece exclusivamente a Allah. Él ha ordenado que no adoréis a nadie excepto a Él. Ese es el camino recto. —Yusuf, 40

———- Solo Allah posee el conocimiento de todos los misterios de los cielos y de la tierra que Sus siervos desconocen. Todos los asuntos son presentados ante Él. Por tanto, adóralo únicamente a Él y confía únicamente en Él. —Hud, 123

——————————————————————————————– Suyo es todo cuanto está delante de nosotros, todo cuanto está oculto y escondido para nosotros, y todo cuanto se encuentra entre ambas cosas: Allah, tu Señor. Y tu Señor no olvida. Él es el Señor de los cielos y de la tierra y de cuanto hay entre ambos. Por tanto, adóralo únicamente a Él y mantente firme en Su adoración. —Maryam, 64-65

————————– Así pues, quien espere encontrarse con su Señor debe obrar rectamente y no asociar a nadie con su adoración de su Señor. —Al-Kahf, 110

No hay razón para restringir la adoración en estos versículos y en otros semejantes únicamente a la veneración, la devoción o la obediencia. En este tipo de versículos, el Corán presenta esencialmente un llamamiento completo. El claro llamamiento coránico consiste en que toda servidumbre, obediencia y veneración —todo cuanto haya— sea exclusivamente para Allah. Por tanto, limitar aquí la adoración a un solo significado equivale, en realidad, a limitar el llamamiento del Corán. La consecuencia inevitable será que quienes crean con una concepción limitada del llamamiento coránico seguirán al Corán de manera incompleta e inconclusa.

Dīn

Sentido lexicográfico

En la lengua árabe, la palabra «dīn» se emplea con diversos significados.

Primero: fuerza y poder; gobierno y autoridad; obligar a otro a obedecer; ejercer sobre él un poder soberano; convertirlo en esclavo y someterlo a las órdenes. Así se dice: ———— es decir, obligó a la gente a obedecer; ——— es decir, los subyugué y se volvieron obedientes; ———- es decir, sometí a tal grupo y lo convertí en esclavo; ——– tal persona alcanzó honor y poder; ————– lo obligué a realizar un acto que no estaba dispuesto a hacer; ———– tal persona fue obligada por la fuerza a realizar ese acto; ———– ejercí autoridad sobre él imponiéndole mi mandato; —— confié a tal persona el gobierno y la autoridad sobre la gente. En este sentido, cierto poeta, dirigiéndose a su madre, dice:

—————————– Se te había confiado la protección y el cuidado de tus hijos, hasta que los dejaste más finos que la harina.

En el noble hadiz se ha dicho:

———————— Es decir, es sensato quien domina su nafs y realiza obras beneficiosas para su vida futura. En este sentido, se llama — (dayyān) a quien vence y ejerce autoridad sobre un país, una nación o un grupo. Asha al-Harmazī se dirige al Profeta (la paz y las bendiciones sean con él) diciendo: ———– (¡Oh, líder de la gente, jefe de los árabes!). En este sentido, — (madīnūn) significa esclavo, y – (madīnatun) significa esclava. Y —- significa hija de una esclava. El poeta Ajtar dice: ————

Y el Corán dice:

——————- Es decir, si no estuvierais bajo la autoridad, sometidos y obedientes a alguien, ¿por qué no salváis de las garras de la muerte a quien está al borde de morir?

Dos: servidumbre y obediencia; servir a alguien, someterse a alguien, estar bajo las órdenes de alguien y, aplastado por su influencia y poder, soportar la humillación sin enfrentarse a él. Se dice ———- es decir, los vencí y quedaron sometidos. ——- es decir, serví a cierta persona. En un hadiz se relata que el Mensajero de Allah (s.a.s.) dijo:

——————- Quiero someter a los qurayshíes a una frase tal que, si la reconocen, toda Arabia inclinará la cabeza ante ellos. En este sentido, a una nación obediente se la llama —— (qawm dayyinun). Y en este mismo sentido se emplea la palabra din en el «hadiz de los jariyíes»:1

1. El significado de este hadiz no es que los jariyíes se apartaran del din, es decir, de la comunidad religiosa. Cuando se preguntó a Ali (r.a.) acerca de ellos: «¿Son incrédulos?», respondió: «——–», es decir, precisamente han huido de la incredulidad. Luego le preguntaron: «——– ¿Entonces son hipócritas?». Él respondió: «El hipócrita recuerda poco a Allah, mientras que la condición de ellos es que recuerdan a Allah y mencionan Su nombre día y noche». Por tanto, esto demuestra que en este hadiz el significado de din es obediencia al imán. Ibn al-Azir escribió en su obra «An-Nihaya» el siguiente significado:

—————

Tres: la sharía, las leyes y normas, el camino y la manera, la religión, la comunidad religiosa, las costumbres, las tradiciones y los hábitos. Por ejemplo, se dice: ———- He mantenido siempre este camino y esta manera. ———- Es decir, sea cual sea el camino bueno o malo que una persona siga, en ambos casos el camino que sigue se denominará din. En un hadiz se dice: ————- los qurayshíes y quienes seguían la opinión y el camino de los qurayshíes. También se dice en un hadiz: ———- antes de la profecía, el Profeta (s.a.s.) seguía el din de su pueblo; es decir, en asuntos como el matrimonio, el divorcio, la herencia y otros asuntos sociales y culturales, observaba las costumbres vigentes entre su pueblo.

Cuatro: resultado de las acciones, intercambio, recompensa, compensación, veredicto y rendición de cuentas. En árabe existe un proverbio: ——— —es decir, a tal acción, tal resultado. Según actúes, así sufrirás las consecuencias. En el Corán se menciona esta afirmación de los incrédulos: ———– —después de la muerte, ¿se nos pedirá cuentas? ¿Recibiremos una recompensa? En un hadiz de Abd Allah ibn Umar se dice:

——————– No insultéis a los gobernantes. Si tenéis que decir algo, decid: «¡Oh, Allah! Haz con ellos lo mismo que ellos hacen con nosotros». Precisamente en este sentido se emplea la palabra ——- (dayyān), con el significado de cadí, juez y magistrado de un tribunal. Cuando le preguntaron a un venerable anciano acerca de Hazrat Alí (que Allah esté complacido con él), respondió: ——- Después del Profeta (s. a. s.), fue el mayor juez de la comunidad.

Uso del término dīn en el Corán

Uno: influencia, autoridad y dominio por parte de alguien investido de poder.

Dos: obediencia, adoración, servidumbre y sumisión por parte de quien inclina la cabeza ante quien detenta el poder.

Tres: normas y principios, camino y senda que se siguen.

Cuatro: rendición de cuentas, resolución, recompensa y retribución.

Los árabes usaban esta palabra a veces en un sentido y a veces en otro, de diversas maneras. Pero, dado que sus ideas sobre estos cuatro asuntos no eran del todo claras ni estaban muy desarrolladas, había ambigüedad en el uso de la palabra. Por ello, no pudo convertirse en un término técnico de un sistema de pensamiento codificado. El Corán consideró que esta palabra era adecuada para su propósito y la empleó con un significado completamente claro y preciso. En el lenguaje coránico, la palabra dīn representa un sistema completo. Este sistema está compuesto por cuatro partes:

Uno: soberanía, poder supremo y universal.

Segundo: sumisión y obediencia ante la soberanía.

Tercero: el conjunto de pensamientos y acciones formado bajo la influencia de dicha soberanía.

Cuarto: la recompensa otorgada por la autoridad superior como premio por la obediencia o como castigo por la rebelión y la oposición dentro de ese sistema.

El Corán emplea esta palabra unas veces en el primer sentido y otras en el segundo. A veces, en el tercero, y otras, en el cuarto. En ocasiones, al decir «ad-din», adopta todo el sistema junto con sus cuatro componentes. Para comprenderlo claramente, observen los siguientes versículos del Corán:

El din en el primer y segundo sentidos

————————- Él es Allah, quien hizo para vosotros la tierra como morada y el cielo como techo, os dio forma y perfeccionó vuestra apariencia. Él os provee de sustento procedente de cosas puras. Ese Allah es vuestro Señor, el Señor de los mundos, poseedor de majestad y dueño de las bendiciones. Él es el Viviente. No hay otra divinidad aparte de Él. Así pues, invocadlo consagrando exclusivamente a Él el din. Todas las alabanzas pertenecen a Allah, el Señor de los mundos. -Al-Mu’min-64-65

———————— Di: «Se me ha ordenado adorar a Allah consagrándole exclusivamente el din. Se me ha ordenado ser el primero en inclinar la cabeza en obediencia». …….Di: «Adoraré a Allah consagrándole exclusivamente mi din». Tenéis libertad: podéis dedicaros a servir a quien queráis en lugar de Él. … Y quienes se abstienen de servir al tagut y regresan a Allah, recibirán la buena nueva. -Az-Zumar-11-17

————————- Te hemos revelado el Libro con la verdad. Así pues, adora únicamente a Allah, consagrándole exclusivamente el din. El din está dedicado y reservado exclusivamente para Allah. -Az-Zumar-2,3

Todo cuanto hay en los cielos y en la Tierra pertenece a Allah. La religión está consagrada exclusivamente a Él. ¿Acaso temeréis y tendréis taqwa de alguien aparte de Allah? (Es decir, ¿existe alguien aparte de Allah cuya orden os haga absteneros de la desobediencia y cuyo descontento temáis? —An-Nahl, 52

—————– ¿Acaso buscan una religión distinta de la de Allah? Sin embargo, todo cuanto hay en los cielos y en la Tierra se somete a la orden de Allah, voluntaria o involuntariamente. Y a Él habrán de regresar. —Al Imrán, 83

——————– No se les ordenó otra cosa sino consagrar sinceramente la religión a Allah. —Al-Báyyina, 5

——————- En estos versículos, la palabra religión se emplea con el sentido de reconocer la autoridad suprema y aceptar su servidumbre y obediencia. Consagrar sinceramente la religión a Allah significa que el ser humano no reconocerá ninguna otra soberanía, autoridad de gobierno ni dominio aparte de Allah, y consagrará de tal manera su servidumbre y obediencia a Él que no asociará en absoluto la obediencia directa a nadie más con la obediencia a Allah. 1

La religión en su tercer sentido

————————— Di: «¡Oh, gente! Si tenéis alguna duda acerca de mi religión (es decir, si no tenéis claro qué es mi religión), escuchad: aquellos a quienes adoráis y obedecéis en lugar de Allah, yo 1. Es decir, toda obediencia que se preste a alguien distinto de Allah se realizará bajo la obediencia a Allah y dentro de los límites que Él ha establecido. La obediencia del hijo a su padre, de la esposa a su esposo, del esclavo o sirviente a su amo, y todas las demás formas semejantes de obediencia, si se basan en la orden de Allah y se mantienen dentro de los límites que Él ha establecido, serán exactamente obediencia a Allah. Pero si están libres de las normas, prohibiciones y límites de Allah; en otras palabras, si constituyen una obediencia independiente, no será obediencia, sino una rebelión abierta contra la orden de Allah, una oposición directa a Su mandato. Si el sistema de gobierno del Estado se establece sobre la base de la ley de Allah y hace cumplir Su orden, obedecerlo será obligatorio. Pero si no es así, obedecerlo será un delito, una forma de pecado.»

No adoro ni obedezco a aquellos, sino que adoro a Allah, quien toma vuestras vidas. Se me ha ordenado e instruido formar parte de quienes creen en este Allah. Se me ha ordenado: mantente firmemente establecido exclusivamente en esta religión y no formes parte de los politeístas bajo ninguna circunstancia.

——————— La autoridad de gobierno no pertenece a nadie aparte de Allah. Suya es la orden: no adoréis a nadie salvo a Él. Esta es la religión verdadera y recta.

———————- Todo cuanto hay en los cielos y en la Tierra le pertenece. Todos están sometidos a Su mandato. ……….. Para que comprendáis, Él mismo os presenta un ejemplo tomado de vuestra propia situación. Di: este esclavo que está bajo vuestro dominio, ¿acaso alguno de aquellos bienes que os hemos concedido es también suyo en calidad de socio? ¿Los hacéis partícipes, en igualdad con vosotros, de la propiedad de vuestros bienes? ¿Los respetáis como respetáis a vuestros semejantes? La verdad es que estos injustos siguen sus caprichos sin conocimiento ni razón. Por tanto, conságrate enteramente a esa religión y adhiérete a la naturaleza primordial con la que Allah creó a la humanidad. No debe haber alteración en la creación de Allah.¹ Esta es la religión verdadera y recta, pero la mayoría de la gente vive en la ignorancia.

1. Es decir, en la naturaleza con la que Allah creó al ser humano, nadie comparte con Él la creación del ser humano, su sustento ni Su señorío sobre él. Nadie fuera de Allah es dios del ser humano, ni dueño, soberano o digno de recibir obediencia verdadera. Por tanto, la ley natural exige que el ser humano sea siervo únicamente de Allah y no siervo de ningún otro.

————- Azotad a cada adúltero y a cada adúltera con cien latigazos. Que no os mueva a compasión por ellos ningún escrúpulo en materia de religión. —An-Nur, 2

————————— Desde que Allah creó los cielos y la Tierra, el número de meses conforme a Su decreto ha sido de doce. De ellos, cuatro son sagrados y dignos de respeto. Esta es la religión verdadera y recta. —At-Tawba, 36

———————- Y así hicimos que Yusuf encontrara el camino. No le habría sido lícito apresar a su hermano conforme a la ley del rey. —Yusuf, 76

————————————— Así es como muchos asociados inventados por los idólatras¹ hicieron que el asesinato de sus hijos les pareciera una acción admirable, para arrojarlos a la perdición. Y les hicieron que su religión se convirtiera en algo dudoso.² —Al-Anam, 137

———————————— ¿Acaso han tomado asociados que les hayan establecido leyes semejantes a las de la religión, sin que Allah lo haya permitido? —Ash-Shura, 21

1. «Socio» significa alguien que comparte con Allah el señorío, la autoridad y la potestad de legislar.

2. Convertir el dīn en objeto de duda significa que los falsos legisladores de la sharía presentan el pecado de manera tan atractiva que los árabes llegan a dudar y pensar que quizá esa acción forme parte del dīn que originalmente habían recibido de los profetas Abraham e Israel (la paz sea con ambos).

—Vosotros tenéis vuestro dīn y yo tengo mi dīn. —Al-Kāfirūn, 6

En estas aleyas, dīn significa ley y legislación, normas y reglamentos, sharía, camino y orientación, así como las ideas y la conducta que una persona sigue para vivir. Si el sistema que se obedece conforme a la autoridad que lo respalda procede de Allah, entonces la persona está en el dīn de Allah; si procede de un rey o monarca, estará en el dīn del rey o monarca; si procede de sabios y sacerdotes, estará en su dīn. Y si procede de la familia, la tribu, la sociedad o toda la nación, estará en el dīn de estos. En resumen, quien sigue un sistema considerando definitiva la autoridad que lo respalda y final el veredicto de quien lo establece, es seguidor de su dīn.

El dīn en un cuarto sentido

El mensaje sobre el que se os informa —es decir, la vida posterior a la muerte— es ciertamente verdadero, y el dīn tendrá lugar sin duda.

¿Has visto a quien niega el dīn? Es aquel que maltrata al huérfano y no exhorta a alimentar a los necesitados. —Al-Māʿūn, 1-3

¿Y sabes qué es el Día del Dīn? Sí, ¿sabes qué es el Día del Dīn? El Día del Dīn será aquel en que ningún ser humano tendrá poder para beneficiar a otro. Ese día, todo el poder estará en manos del Señor. —Al-Infitar, 17-19

En estas aleyas, la palabra dīn se emplea con el sentido de ajuste de cuentas, veredicto y retribución por las obras.

El din es un término de amplio alcance

Hasta ahora, el Corán ha utilizado esta palabra prácticamente en los sentidos en que se empleaba en el habla de los árabes. Después hemos visto que el Corán utiliza esta palabra como un término de amplio alcance. El Corán lo define. El Corán lo define como un sistema de vida en el que el ser humano reconoce la autoridad suprema de alguien y acepta obedecerle y someterse a su dominio; vive bajo sus normas, disposiciones y leyes; espera honor, progreso y recompensa por obedecer sus órdenes, y teme la humillación, la deshonra y el castigo por su desobediencia y rebeldía. Probablemente no exista en ninguna lengua del mundo una palabra tan amplia que pueda expresar todo su significado. La palabra moderna Estado se aproxima bastante a él. Sin embargo, todavía sería necesario ampliarla mucho para expresar todo el significado de la palabra «din».

En los versículos siguientes, este «din» se utiliza precisamente como término técnico.

Entre la Gente del Libro, combatid a quienes no creen en Allah (1) (es decir, no reconocen que Él es el único poseedor de la autoridad suprema), ni creen en el Último Día (es decir, no creen en el día del juicio, el ajuste de cuentas y la retribución) (2), ni reconocen como prohibido aquello que Allah y Su Mensajero han prohibido (3), ni adoptan el din de la verdad como su propio din (4), hasta que paguen la yizia con sus propias manos y vivan en estado de humillación. —At-Tawba, 29

En este versículo, «din de la verdad» es un término técnico. Allah, que es quien emplea el término, lo ha explicado Él mismo en las tres primeras frases. Hemos indicado mediante números que en esas frases se mencionan los cuatro significados de la palabra din. Y al conjunto de todos ellos se le denomina «din de la verdad».

El Faraón dijo: «Dejadme; acabaré matando a Moisés. Que invoque ahora a su Señor. Temo que cambie vuestro din y que provoque la corrupción en el país». —Al-Mumin, 26

Después de considerar el extenso relato de Moisés y el Faraón presentado en el Corán, no queda ninguna duda de que aquí «din» no se utiliza simplemente en el sentido de religión. Más bien, se utiliza en el sentido del sistema estatal y civilizatorio. La declaración del Faraón significaba que, si Moisés triunfaba en su misión, el Estado cambiaría. El sistema de vida que funcionaba sobre la base del gobierno de los faraones de aquel tiempo y de las leyes y costumbres vigentes sería arrancado de raíz. En su lugar se establecería otro sistema, completamente basado en fundamentos diferentes, o no se establecería sistema alguno, sino que el desorden se extendería por todo el país.

En verdad, para Allah el din es el islam. —Ali Imrán, 19

—————————- Y quien busque una religión distinta del islam, esta nunca le será aceptada. —Al Imrán, 85

——————————– Él es Alá, Quien envió a Su Mensajero con la guía correcta y la religión verdadera, para hacerla prevalecer sobre todas las religiones, aunque ello resulte insoportable para los asociadores. —At-Tauba, 33

—————- Lucha contra ellos hasta que desaparezca la fitna y la religión sea enteramente para Alá. —Al-Anfal, 39

————————————- Cuando llegue la ayuda de Alá y se obtenga la victoria, y veas a la gente entrar en la religión de Alá en multitudes, entonces glorifica a tu Señor con alabanzas y pídele perdón. Él es sumamente indulgente. —An-Nasr

En estos versículos, el significado de la religión es un sistema de vida completo. Todos los aspectos del pensamiento, la creencia, los principios y las obras están comprendidos en esta categoría.

En los dos primeros versículos se afirma que, ante Alá, el único sistema de vida correcto para el ser humano es aquel que se funda exclusivamente en la obediencia y la servidumbre a Alá (el islam). Fuera de este, ningún otro sistema de vida —cuya base se asienta en la obediencia a poderes imaginarios— puede ser aceptable en modo alguno para el Dueño del universo. Naturalmente, tampoco podría serlo. Pues el ser humano fue creado, está sometido y es sustentado por Aquel en cuyo reino vive como un súbdito; por tanto, Él no puede aceptar de ninguna manera que el ser humano tenga derecho a vivir en servidumbre y obediencia a cualquier poder distinto de Él ni a seguir las instrucciones de otro.

En el tercer versículo se afirma que Alá envió a Su Mensajero con el sistema de vida verdadero y correcto, es decir, el islam, y que el objetivo supremo de su misión es hacer que este sistema de vida prevalezca sobre todos los demás sistemas de vida.

En el cuarto versículo se ordena a los seguidores de la religión del islam: continuad luchando contra el mundo; no os detengáis hasta que la fitna, es decir, la existencia de leyes rebeldes contra Dios, sea eliminada y erradicada del mundo, y todos los sistemas de obediencia y servidumbre queden consagrados a Alá.

En el quinto versículo se dirige la palabra al Mensajero de Allah (s.a.s.), y este llamamiento se hace después de que, tras veintitrés años de esfuerzo ininterrumpido, se hubiera completado la revolución en Arabia. El islam, en toda su amplitud y plenitud, se había establecido efectivamente como un sistema completo de pensamiento y creencia, principios, educación, sociedad, civilización, economía y política, y como una legislación integral para todos los asuntos. Desde los rincones más remotos de Arabia, la gente acudía en grupos para refugiarse bajo la protección de ese sistema. Así, una vez concluida la misión para la que Muhammad (s.a.s.) había sido encargado, se le dijo que no se enorgulleciera, considerando esta obra como un mérito propio; el Ser libre de todo defecto y perfecto es únicamente tu Señor, y no ningún otro. Por tanto, expresa Su alabanza y glorificación por haber llevado a cabo esta gran obra, y suplica ante Su presencia: «¡Señor y Sustentador! Perdona todos los errores y faltas que haya cometido durante estos largos veintitrés años de servicio».

Fin