Palabras de publicación
En el subcontinente, durante el siglo XX, Sayyid Abul Ala Mawdudi (que Allah tenga misericordia de él) fue un célebre pensador y filósofo islámico. Sus obras basadas en la filosofía islámica y su tafsir han sido traducidos a diversos idiomas en todo el mundo, y han recibido amplios elogios y reconocimiento. El interés por conocer su vida personal y su vida dedicada a la labor ha aumentado enormemente. La quinta edición de la biografía de Maulana Mawdudi ya se ha agotado. Ahora que está a punto de publicarse la sexta edición, ofrecemos infinitas alabanzas al Gran Señor de los mundos y, al mismo tiempo, pedimos el perdón y la misericordia para el alma del honorable autor de esta obra, el respetado Abbas Al Khan, quien ya no se encuentra entre nosotros.
Además, el profesor Yusuf Ali, editor de las ediciones anteriores, también ha partido de este mundo. Rogamos a Allah que acepte todas sus buenas obras y le conceda la entrada en el Paraíso.
Espero que esta edición también sea recibida con aprecio por los lectores, como las anteriores. Que el Gran Señor de los mundos nos conceda la capacidad de ofrecer todo sacrificio en la difusión de Su religión. Amén.
| Daca 16 de abril de 2005 | Atentamente Mohammad Tasnim Alam |
Prefacio a la cuarta edición
La tercera edición de la biografía de Maulana Mawdudi (que Allah tenga misericordia de él) se agotó hace más de un año. Ahora que está a punto de publicarse la cuarta edición, ofrezco infinitas alabanzas a Allah, el Altísimo. Es natural que en la tercera edición hayan quedado algunos errores y omisiones a pesar del cuidado puesto. Espero que los lectores benevolentes los vean con indulgencia. También quedo agradecido a la División Central de Publicaciones de Jamaat-e-Islami Bangladesh por haber asumido la responsabilidad de publicar este libro.
Espero que esta obra sea recibida por los lectores con el mismo aprecio que antes. Que Alá Todopoderoso acepte este insignificante servicio mío. Amén.
El humilde autor
Julio de 1996
Prólogo de la segunda edición
Hace aproximadamente quince años, se publicó la primera edición de esta obra, que ofrecía una breve exposición de la vida y la labor de Maulana Sayyid Abul A‘la Mawdudi (que Dios tenga misericordia de él). Esta fue la primera obra de este tipo en lengua bengalí. Puesto que el difunto Maulana aún vivía cuando se publicó la obra, no puede considerarse una biografía completa de él. En cualquier caso, se agotó antes de la creación de Bangladesh, y comenzaron a llegar desde distintos lugares peticiones y solicitudes para que se reeditara. Posteriormente, hace poco, el Maulana abandonó este mundo y partió hacia la presencia de su propio Señor.
Esta vez, mi propia incapacidad e ineptitud me han desalentado repetidamente a la hora de volver a tomar la pluma para escribir sobre la vida y la labor de Maulana. La posición del Maulana entre los sabios y notables del mundo musulmán es tan elevada, y la contribución que dejó para la comunidad musulmana y para sus futuras generaciones es tan vasta y enorme, que trazar una imagen completa de ella está más allá de mis posibilidades. No dejó sin hacer ni decir nada de cuanto debía hacerse y decirse por la comunidad musulmana y sus generaciones futuras. Su literatura y su pensamiento, especialmente su revolucionario tafsir Tafhim al-Qur’an y su Sira de Sarwar-e Alam, continuarán sirviendo durante varios siglos como guía para la comunidad musulmana. Para los diversos aspectos y ámbitos de la vida y la sociedad, dejó una guía completa. Por ello, el mundo islámico lo recuerda y seguirá recordándolo unánimemente como líder del mundo islámico, reformador del siglo y creador de historia.
Dado que la da‘wa, el mensaje y los ideales de Maulana Sayyid Abul A‘la Mawdudi (que Dios tenga misericordia de él) eran internacionales, universales y estaban orientados al bienestar de toda la humanidad, su personalidad no se limitaba a ningún país definido geográficamente, sino que era internacional; por eso se encontraba muy por encima de todo regionalismo, favoritismo hacia los allegados y visión unilateral. Por ello, para los musulmanes de todo el mundo, Sayyid Mawdudi es un nombre sumamente querido, objeto de atracción y respeto para todos. Esta obra no es únicamente la biografía de una persona, sino una vida, una historia y un movimiento islámico completo.
La tierra ancestral de los antepasados del Maulana era Delhi. Él nació y fue criado en Hyderabad, en el Decán. Con el propósito de hacer realidad los grandes ideales del islam, abandonó para siempre su tierra natal y eligió como lugar de trabajo Pathankot, en el Punjab oriental. Tras la partición de la India, emigró a Lahore. El apego a ninguna región geográfica pudo desviarlo del camino de los ideales. Aunque pasó los últimos treinta y tres años de su vida en Lahore, no se convirtió en lahoreño ni en panyabí. Pertenecía al mundo entero. Pertenecía a toda la humanidad.
Siempre predicó la verdad. Alzó la voz contra la mentira, la injusticia, la corrupción, la opresión y la explotación. Sus palabras veraces a veces desagradaron a sus familiares, a sus amigos y a muchos de los notables de la comunidad.
Su lengua materna era el urdu, al que sirvió durante toda su vida. Dio a ese idioma una nueva forma y lo adornó con nuevos recursos estilísticos. Sin embargo, respetaba todas las lenguas y concedía especial importancia a la lengua materna. Aunque el urdu era su lengua materna, expresó claramente su opinión a favor de que el bengalí se convirtiera en la lengua oficial de Pakistán.
Durante la época del Pakistán unido, criticó severamente la injusticia y el trato discriminatorio de los gobernantes de Pakistán Occidental hacia Pakistán Oriental, y propuso una solución.
Hizo comentarios claros, basados en la justicia, sobre la conducta de los musulmanes foráneos en Pakistán Oriental, así como sobre los problemas lingüístico, laboral y de defensa del país. Comparó Pakistán Oriental con una parte de su propio cuerpo. Dijo: «Pakistán es como mi cuerpo y mi alma. Así como no puedo hacer distinción entre mis dos manos, tampoco puedo hacerla entre las dos partes de Pakistán. Si una de mis dos manos está enferma, eso es una enfermedad de todo el cuerpo. Es mi deber investigar su causa y disponer el tratamiento adecuado. No hacerlo significa enemistarme conmigo mismo».
Durante sus viajes por Oriente Medio, criticó sin temor el nacionalismo árabe ante la población y los intelectuales de la región. Por otra parte, también criticó las actividades de los empleados de las embajadas pakistaníes destinados en el extranjero.
Otra encantadora característica de su carácter era que nunca se consideraba por encima del error. Por eso, en las conferencias de trabajadores de la Jamaat y en las sesiones del Consejo (Majlis-e-Shura), siempre se ofrecía para ser criticado. Daba plena oportunidad incluso a quienes estaban siempre dispuestos a dar la vida por él, para que, si habían advertido alguno de sus errores o defectos, pudieran expresarlo sin la menor vacilación. De este modo hizo añicos una superstición arraigada durante mucho tiempo: «Khata-e buzurgan gereftan khata ast» —señalar los errores de los mayores también es un error—.
Estaba tan entregado día y noche al servicio de la religión que no tenía tiempo siquiera para prestar atención a su hogar, a sus hijos ni a su propia salud. Se había consagrado por entero al servicio de la comunidad musulmana y de la humanidad entera.
Por tanto, puede afirmarse sin ninguna duda que la personalidad de Sayyid y Murshid Maududi no estaba limitada a un solo país. No era hindustaní ni pakistaní, ni árabe ni ajamí. Más bien pertenecía al mundo musulmán y a toda la humanidad.
Por eso decía que, al intentar escribir sobre la personalidad del venerable erudito de la comunidad musulmana, el sayyid Mawdudi, una y otra vez he sentido mi propia incapacidad. No obstante, debido a la presión de las crecientes demandas y solicitudes provenientes de todos lados, estoy intentando publicar una edición ampliada. Sin embargo, como no dispuse del tiempo ni del ambiente tranquilo que esto requería, puedo decir sin vacilación que no logré cumplir debidamente con el cometido de escribir sobre este tema. Podrían escribirse grandes obras sobre los diversos aspectos del pensamiento del Maulana, y ciertamente existe una gran necesidad de ello. Creo que, ante las exigencias de la época, los círculos intelectuales sin duda emprenderán también esta tarea, y muchos ya lo han hecho.
A los lectores de lengua bengalí les pido que intenten conocer la verdadera personalidad del Maulana con una perspectiva imparcial y clara. Tengo la firme convicción de que su literatura es tan vigorosa, fluida y conmovedora que no puede dejar de agitar el corazón y la mente del lector atento. También les pido a los lectores que lean alguna vez, con la mente abierta, las demás obras literarias del Maulana. Solo mediante la lectura de su literatura su verdadera personalidad se hará claramente manifiesta ante el corazón y la mente.
Mi ferviente deseo era que, desde el punto de vista de la impresión, este libro tuviera la mejor calidad posible. Pero, debido a la ocupación del trabajo y a mis frecuentes viajes a Daca y al extranjero, no me fue posible dedicar toda mi atención a la impresión. Por ello, es natural que hayan quedado errores y deficiencias de impresión. Espero que los lectores benevolentes los vean con indulgencia.
A pesar de las numerosas dificultades, este libro ha podido publicarse; por ello ofrezco incontables agradecimientos a Allah, el Altísimo.
Por último, si este libro logra obtener aunque sea un poco de estima entre los lectores, consideraré que mi esfuerzo ha dado fruto. Naturalmente, espero recibir la verdadera recompensa en la otra vida. Este libro se publica en los albores del siglo XV de la Hégira. Por ello, suplico ante el Señor del universo que esta pequeña obra pueda contribuir de algún modo a las olas del renacimiento islámico mundial. Amín.
El humilde autor
Daca
Muharram, 1400 de la Hégira
Diciembre de 1979
Dedicatoria
Este libro, cuyo protagonista es aquel cuya vida aquí se narra, queda dedicado a él, así como a mi difunta madre, a mi padre y a mi tío. Y también a quienes, por el camino de Alá, han teñido de rojo con su sangre esta tierra de Alá.
El autor
El canto de victoria de la vida en la celda del patíbulo
El 8 de mayo de 1953, el tribunal militar de Pakistán condenó a muerte al Maulana Maududi. Tras escuchar esta sentencia, el intrépido y sereno muyaahid pronunció estas históricas palabras:
«Recuerden que no he cometido ningún delito. No pediré clemencia de ningún modo a esas personas. Ni siquiera permitiré que nadie pida clemencia por mi vida en mi nombre: ni mi madre, ni mis hermanos, ni mi esposa, mis hijos o mis familiares. Este es también mi ruego a los miembros de la Jamaat. Porque la decisión sobre la vida y la muerte se toma en el cielo, no en la tierra.»
Los parientes, amigos y simpatizantes de aquel revolucionario, cuyo ascenso al patíbulo era ya seguro, le suplicaron: «La decisión de no pedir clemencia por su vida es, desde luego, suya. Pero eso no significa que la Jamaat tenga que acatarla. Usted debe aceptar cualquier decisión que la Jamaat tome, teniendo en cuenta la situación externa y en aras del interés superior.»
«Considero que mi decisión es correcta también desde el punto de vista de la Jamaat. Es mi deber comunicarles también a los dirigentes de la Jamaat esta decisión clara y firme que he tomado.»
«Si me siento,
¿quién permanecerá de pie?»
En octubre de 1963 se celebró en Lahore una conferencia de la Jamaat-e-Islami de todo Pakistán. Para impedir que la conferencia pudiera celebrarse, el Gobierno se negó a conceder el permiso. Después declaró prohibido el uso de altavoces en todo Pakistán. Aun así, comenzó la conferencia, con diez o doce mil personas, sin altavoces. Cada quince o veinte codos había una mesa; alguien se subía a ella y, al mismo tiempo que desde el estrado se pronunciaba el discurso, leía en voz alta el texto impreso del discurso.
Unos diez minutos después de comenzar la reunión, de repente se vio que algunos matones habían irrumpido en la carpa. Estaban casi enloquecidos por la embriaguez. Comenzaron a alterar el orden de la reunión. De pronto, la carpa se incendió; fuera de ella se oyeron gritos y alboroto, así como disparos de pistola. También dispararon varias veces contra Maulana, pero ninguno de los disparos dio en el blanco. En ese momento se oyó decir desde todos lados: «Maulana, siéntese; Maulana, siéntese». Maulana, que estaba pronunciando el discurso, dijo con voz tranquila, sin dejar de estar de pie: «Si me siento, ¿quién permanecerá de pie?»…….. Así concluyó su discurso inaugural.
Los miembros de la Jamaat mantuvieron toda la situación completamente bajo control y conservaron el orden pleno mediante una paciencia y una sabiduría inmensas.
Mientras se pronunciaba este discurso, el trabajador de la Jamaat Allah Bakhsh fue martirizado por los disparos de unos criminales a sueldo.
Linaje de Maulana Maududi (r)
El maulana Sayyid Abul A‘la Maududi nació en una familia sumamente noble que, durante los últimos trece o catorce siglos, ha mantenido en el mundo la labor de la difusión del islam, la educación religiosa y la guía espiritual. En el siglo III de la Hégira, una rama del linaje de Hazrat Alí y Fátima se estableció en un lugar cercano a la ciudad de Herat, en Afganistán; posteriormente, ese lugar alcanzó fama mundial con el nombre de «Chisht». Hazrat Shah Sufí Abdal Chishti (R), célebre santo de esta familia, era descendiente de Hazrat Imam Hasan (RA). Fue a partir de Hazrat Abdan Chishti que se difundió la célebre tariqa Chishtiyya. Falleció en el año 355 de la Hégira. Su nieto y sucesor espiritual, Hazrat Nasiruddin Abu Yusuf Chishti (R), descendía de la segunda rama del linaje de Hazrat Alí y Fátima. Según su genealogía ascendente, a través de Hazrat Imam Alí Naqi (R), Hazrat Khwaja Qutbuddin Maudud Chishti (R), hijo primogénito de Hazrat Imam Husain el Mártir (RA), fue el primer maestro espiritual de los pires de la tariqa Chishtiyya india. La familia Maududi se originó tomando su nombre de él. Khwaja Qutbuddin falleció en el año 572 de la Hégira.
La relación entre la familia Maududi y el célebre sufí y derviche de la India y Pakistán, Hazrat Khwaja Muinuddin Chishti (R), es la siguiente:
Sucesión descendente de pires
1) Hazrat Qutbuddin Chishti (R)
2) Hazrat Jami Sharif Zindani (R)
3) Hazrat Usman Haruni (R)
4) Hazrat Khwaja Muinuddin Chishti Sinjari (R)
Es decir, Hazrat Qutbuddin Maudud Chishti (R) fue el maestro espiritual bisabuelo de Khwaja Muinuddin Chishti (R).
El primero entre los antepasados de la familia Mawdudi que llegó a la India se llamaba Hazrat Abul A’la Chishti (r). Llegó a la India a finales del siglo IX de la Hégira, durante el reinado del rey de Delhi, Sikandar Lodi, y se estableció en una pequeña ciudad llamada Baras, en las proximidades de Karnataka. Fue un célebre santo venerable. Falleció en el año 935 de la Hégira y alcanzó el Paraíso.
Durante el reinado del rey Shah Alam, dicha familia llegó a Delhi y se estableció allí permanentemente. Desde entonces, todos los descendientes hasta la quinta generación vivieron en Delhi. El actual Mawlana Sayyid Abul A’la Mawdudi (r) es el sexto descendiente de aquella familia.
Por vía materna, por las venas del Mawlana Mawdudi (r) corre la sangre de los héroes turcos. Su bisabuelo materno, Mirza Qurban Ali Beg Khan Salek, fue un poeta y literato turco. Sin embargo, la profesión de sus antepasados era la milicia. Uno de sus antepasados, llamado Mirza Tolak Beg, llegó a la India durante el reinado del emperador Aurangzeb Alamgir y se incorporó al ejército. Hasta el reinado del rey Shah Alam, los miembros de aquella familia ocuparon algún cargo en la corte real. Tras la fragmentación del Imperio mogol, ellos también se dispersaron en distintas direcciones. El difunto Nawab Alam Beg Khan, padre del difunto Qurban Ali Beg Khan Salek, y su tío, el difunto Nawab Niyaz Bahadur Khan, llegaron a Hyderabad en la última etapa del gobierno del entonces nizām de Hyderabad, el nawab Mir Nizam Ali Khan. El nawab Niyaz Bahadur se casó con la hija del nawab Mustaqil Jang Izzat-ud-Dawla Ashur Beg Khan. Ashur Beg Khan era tío de Niyaz Bahadur Khan. Los nizāms de Hyderabad les concedieron títulos semejantes a los que les habían otorgado los emperadores mogoles. Después de Mustaqil Jang, el nawab Niyaz Bahadur Khan lo sucedió como jamadar y jagirdar.
El nawab Alam Beg Khan se casó en la familia de Abdur Rahim Khan, comandante de la fortaleza de Golconda. De este matrimonio nació Qurban Ali Beg Khan Salek. En 1822, el nawab Niyaz Bahadur Khan murió como mártir durante los disturbios de Chanchalgarh, en el Decán. Después de este suceso, el nawab Alam Beg se trasladó a Delhi junto con su hijo pequeño. Unos cuarenta años más tarde, Mirza Qurban Ali Beg fue a Hyderabad, donde Salar Jang Azam lo nombró principal asesor educativo. Allí, con la ayuda del nawab Imad-ul-Mulk Bilgrami, compuso una valiosa obra titulada «Makhzanul Fawaid». No cabe duda de que esta obra, aunque quizá no sea la primera de Hyderabad, es una de sus más célebres obras antiguas. Mirza Qurban Ali Beg Khan Salek falleció en 1855.
Genealogía del Mawlana Mawdudi (r)
Descendente
Imam de los temerosos de Dios, nuestro señor Hazrat Ali ibn Abi Talib (r)
Hazrat Imam Husayn, mártir (r)
Hazrat Imam Zayn al-Abidin (ra)
Hazrat Imam Muhammad al-Baqir (ra)
Hazrat Imam Muhammad Ja’far al-Sadiq (ra)
Hazrat Imam Musa al-Kazim (ra)
Hazrat Imam Muhammad al-Taqi (ra)
Hazrat Imam Muhammad al-Naqi (ra)
Sayyid al-Sa’adat Abdullah-Ali-Akbar (r)
Sayyid al-Sa’adat Husayn (r)
Sayyid al-Sa‘adat Muhammad (r)
Muhammad Shamayan Chishti (r)
Khwaja Nasiruddin Qutbuddin Yusuf Chishti (r) w
Khwaja-e Khwajagan Qutbuddin Maudud Chishti (r)
Khwaja Abu Ahmad Maududi Chishti (r)
Khwaja Ruknuddin Maududi Chishti (r)
Khwaja Nizamuddin Maududi Chishti (r)
Khwaja Qutbuddin Muhammad Maududi Chishti (r)
Jaya Alí Abu Ahmad Sani Maududi Chishti (que Dios tenga misericordia de él)
Jaya Ahmad Abu Yusuf Sani Maududi Chishti (que Dios tenga misericordia de él)
Jaya Muhammad Zahed Maududi Chishti (que Dios tenga misericordia de él)
Jaya Qutbuddin Maudud Sani Chishti (que Dios tenga misericordia de él)
Jaya Nizamuddin Alí Maududi Chishti (que Dios tenga misericordia de él)
Jaya Muhammad Muhyuddin Shah Khajgi Maududi Chishti (que Dios tenga misericordia de él)
Shah Abul Ala Maududi Chishti (que Dios tenga misericordia de él)
Shah Abdul Alí Maududi (que Dios tenga misericordia de él)
Shah Abdulganí Maududí (que Allah tenga misericordia de él)
Khwaja Abdus Samad Maududí (que Allah tenga misericordia de él)
Khwaja Abdus Shakur (también conocido como Khoshal Muhammad) Maududí (que Allah tenga misericordia de él)
Khwaja Abdullah (también conocido como Gul Muhammad) Maududí (que Allah tenga misericordia de él)
Khwaja Abdul Bari (también conocido como Mir Bikhari) Maududí (que Allah tenga misericordia de él)
Khwaja Abdul Wali (también conocido como Mir Fazl Ilahi) Maududí (que Allah tenga misericordia de él)
Shah Abdul Aziz (también conocido como Mir Karam Ila) Maududí (que Allah tenga misericordia de él)
Shah Wares Ali Maududí (que Allah tenga misericordia de él)
Sayyid Hasan Maududi (r)
Sayyid Ahmad Hasan Maududi (r)
Sayyid Abul A’la Maududi (r)
Sayyid Ahmad Hasan Maududi
El padre del Maulana Maududi (r), Sayyid Ahmad Hasan Maududi (r), nació en la ciudad de Delhi en 1855, dos años antes de la rebelión de los cipayos de 1857. Fue alumno de la primera época de la institución educativa de Aligarh. Es sabido por todos que la institución educativa de Aligarh no pudo obtener el apoyo ni la simpatía de los musulmanes piadosos de aquella época. Esto se debía a que estos sentían un profundo desprecio y rechazo por la educación inglesa, es decir, por la tahdhīb y la civilización occidentales. En cambio, su fundador, Sir Sayyid Ahmad, sentía por ellas un gran interés. Reunía a muchachos inteligentes y talentosos entre sus familiares y los matriculaba en Aligarh. Inscribió a Sayyid Ahmad Hasan Maududi en Aligarh, en cierto modo, por la fuerza.
Es fácil imaginar que la familia Maududi estaba sumamente disconforme y sentía una profunda aversión por la educación inglesa y occidental. Esto se debía a que no solo ocupaban una posición preeminente en materia de educación y formación islámicas, sino que también habían alcanzado la posición más elevada entre los pīrān de la tarīqa, es decir, entre los maestros de la formación espiritual. Sin embargo, como Sayyid Ahmad llevó a Ahmad Hasan, hijo de un pīr, a Aligarh alegando sus lazos de parentesco, el pīr Sayyid Hasan Maududi (r) permaneció en silencio, profundamente afligido.
En cierta ocasión, un amigo del pīr Sayyid Hasan Maududi (r) fue a Aligarh por un asunto. Allí vio al muchacho Ahmad Hasan jugando al críquet con los demás estudiantes, vestido con ropa inglesa. Aquel comportamiento del hijo de un célebre pīr de los pīrān de la tarīqa lo afligió profundamente. Al regresar a Delhi, dijo: «Traigan inmediatamente a Ahmad Hasan de Aligarh a casa; de lo contrario, rompan toda relación con él. Se ha echado a perder».
La vida estudiantil de Ahmad Hasan en Aligarh llegó a su fin. Su padre, Sayyid Hasan, obtuvo inmediatamente un certificado de traslado del Aligarh College y llevó a su hijo de regreso a casa. El director de aquella época le entregó el siguiente certificado de recomendación:
Por la presente se certifica que Ahmad Hasan estuvo cursando el tercer año escolar de este colegio durante parte del año pasado y que entonces disfrutaba de una beca de 5 rupias al mes.
Su conducta era satisfactoria, y el mulaví con quien estudiaba su segunda lengua declara que tenía un conocimiento bastante sólido tanto del árabe como del persa.
Firmado: S. D. T. Siddons
Fecha: 17 de febrero de 1877
Director
Colegio Anglo-Oriental Mahometano de Aligarh
Más adelante, Ahmad Hasan Maududi obtuvo, en Allahabad, su título para ejercer la abogacía. Después de obtenerlo, fue invitado a trabajar como tutor particular de la familia real del estado principesco de Deogarh. Al llegar a Deogarh, se enteró de que también habían invitado a uno de sus maestros para el mismo puesto. Cortésmente informó al rajá de que no deseaba competir con su propio maestro por el empleo. Por tanto, dijo que se sentiría satisfecho si nombraban a su maestro en su lugar. Entretanto, el rajá hizo algunas preguntas al maestro de Ahmad Hasan Maududi acerca de su otro candidato y rival. Él respondió: «No es más que mi alumno y, para mí, apenas un muchacho. ¿Qué aptitudes puede tener para la enseñanza?»
Al observar estas características opuestas en el carácter de los dos candidatos, el rajá comentó: «Veo mayores aptitudes en el alumno que en el maestro». Finalmente, Ahmad Hasan Maududi fue nombrado tutor particular.
El abogado Ahmad Hasan Maududi
Después de trabajar durante algún tiempo como tutor particular en Deoghar, Sayyid Ahmad Hasan Maududi ejerció la abogacía en Meerut, Ghaziabad, Buland Shahr y otros lugares. En 1896 viajó a la ciudad de Aurangabad, en Hyderabad, para llevar un caso. El señor Mahiuddin Khan era allí el Mir, es decir, el juez principal. Era tío de Ahmad Hasan Maududi en un grado lejano de parentesco. Ahmad Hasan demostró una considerable erudición en la conducción del caso. Por consejo del Mir provincial, comenzó a ejercer permanentemente la abogacía en Aurangabad y, en poco tiempo, su fama como jurista se extendió ampliamente.
Hasta entonces, las ideas y costumbres occidentales habían ejercido una influencia especial sobre el abogado Maududi. La chispa religiosa heredada que existía en su corazón estaba cubierta por las tinieblas. Sin embargo, gracias a la compañía y al contacto con el señor Mahiuddin Khan, las ideas occidentales que había en él comenzaron gradualmente a transformarse en una visión plenamente islámica. Mahiuddin Khan no era solamente un juez principal, sino también un wali de gran categoría. En 1900, Ahmad Hasan hizo bay‘at de su mano y se consagró al dhikr y las invocaciones, a la murāqaba y la mushāhada, y a la adoración y la devoción. Así transcurrieron cuatro años completos.
En 1904, cuando Sayyid Abul Ala Maududi (r) tenía un año de edad, el abogado Maududi pensó que la profesión jurídica se había convertido en un gran obstáculo para su búsqueda del conocimiento espiritual. Por ello abandonó la abogacía y aprovechó la oportunidad de entregarse desapegadamente a la contemplación amorosa de Dios. Repartió generosamente todo el dinero obtenido de su ejercicio jurídico, sus ropas, los muebles y los enseres de la casa, y marchó a Delhi con su familia sin recursos. Allí se refugió en un barrio muy antiguo llamado «Arab Sarai», situado cerca del noble mausoleo de Hazrat Khwaja Nizamuddin Auliya Mahbub-e Ilahi (r). Renunció en cierta medida a la convivencia con su esposa, sus hijos y sus familiares, y se dedicó día y noche a la meditación de Allah, recluido en su celda. Así transcurrieron tres años enteros.
Mientras tanto, el juez principal de Aurangabad, el señor Mahiuddin Khan, al enterarse de la penosa situación del abogado Maududi, lo llamó para que acudiera junto a él en Aurangabad. Ahmad Hasan Maududi regresó a Aurangabad atendiendo al llamado de su tío y guía espiritual. Mahiuddin Khan le aconsejó que, para alcanzar a Dios, no era indispensable abandonar todo contacto con el mundo. Al contrario, el ascetismo es censurado por el islam. Es absolutamente necesario ganar dinero para vivir y mantener a la familia; pero había que cuidar que cada céntimo se obtuviera por medios halal. Por orden de su guía espiritual, Sayyid Ahmad Hasan Maududi volvió a Aurangabad con toda su familia y reanudó el ejercicio de la abogacía. Sin embargo, a partir de entonces comenzó una nueva etapa en su profesión jurídica.
A partir de entonces, antes de aceptar cualquier pleito, debía hacer numerosas averiguaciones sobre su veracidad. Como consecuencia, tuvo que aceptar la pobreza. Pero, mientras por un lado aumentaban su visión islámica y su profundo amor por Dios, por otro crecían igualmente su aversión y repugnancia hacia los deseos de placer mundano. Su pensamiento, su forma de vida y cada una de sus actividades experimentaron tal transformación que resultaba sumamente difícil creer que alguna vez hubiera fluido en su corazón la arrolladora corriente de las ideas occidentales.
En cualquier caso, ejerció la abogacía en Aurangabad hasta 1915. Después fue a Hyderabad. Sin embargo, debido al deterioro de su salud, tuvo que ir a Bhopal. Lamentablemente, allí sufrió una parálisis y, cuatro años más tarde, en 1920, pasó a morar en el Paraíso.
Cabe señalar que Ahmad Hasan Maududi recibió del maestro y muhaddiz de la Madrasa Islamia de Aurangabad, el maulana Habibur Rahman, la enseñanza completa de Sahih Muslim y de Sunan al-Nasa’i, obtuvo el certificado correspondiente y recibió permiso para enseñar hadices.
Nacimiento y educación de Maulana Maududi
El 3 de Rayab del año 1321 de la hégira (1903 d. C.), nació un niño extraordinario en el hogar de Sayyid Ahmad Hasan Maududi, un célebre abogado de la ciudad de Awrangabad. El padre, rebosante de entusiasmo, llamó a su hijo Sayyid Abul A‘la Maududi y expresó su infinito agradecimiento a Allah Todopoderoso. Tres años antes del nacimiento del niño, un venerable wali le había dicho a su padre: «Mira, por la gracia de Allah tendrás un hijo. Lo llamarás Abul A‘la Maududi, porque con ese nombre llegó por primera vez a la India, entre vuestros antepasados, un célebre pir kamil».
Estas palabras proféticas permanecían vivas en el corazón del padre. En efecto, por la gloria de Dios, tres años después tuvo un hijo, y su corazón y su espíritu se conmovieron de alegría inconmensurable y gratitud hacia Dios.
Ya se ha dicho que, desde antes del nacimiento de Sayyid Abul A‘la Maududi, se había producido una transformación revolucionaria en su padre y que, apenas un año después del nacimiento de su hijo, se había vuelto un renunciante del mundo, enloquecido por el amor a Dios. Aunque posteriormente volvió a asumir la vida familiar, no regresó a la familia que había abandonado, sino que creó un hogar imbuido de un ambiente plenamente islámico y moral. El fruto de ello fue que, cuando el pequeño Maududi abrió los ojos del entendimiento —cuando aprendió a disfrutar de la luz y el aire del mundo—, a su alrededor solo percibió el suave murmullo de un dulce ambiente islámico, impregnado de moralidad celestial. La forma de vida tanto del padre como de la madre estaba teñida por completo de espíritu islámico. Por ello, desde la infancia quedó grabada en el tierno corazón de Maududi una imagen completa de la concepción islámica.
La educación infantil de Maududi
El mayor deseo de su padre era convertir a su hijo en un alim de la religión. Así se organizó su educación y formación. Junto con la enseñanza primaria, recibió instrucción en el Corán, el hadiz, el fiqh y otras materias por medio del árabe, el persa y el urdu. Se le mantuvo cuidadosamente alejado de la educación inglesa y del contacto con el pensamiento occidental. Durante su infancia no fue matriculado en ninguna escuela. Su educación infantil continuó bajo la supervisión de un tutor doméstico muy competente y de carácter íntegro. En sus momentos libres, su padre lo llevaba consigo a reuniones de personas cultas. Aunque ni una sola palabra de las eruditas discusiones filosóficas penetraba en la mente del pequeño Maududi, estas dejaban, aun así, una huella moral en su espíritu. Por las noches, su padre le relataba, como cuentos, las vidas de los profetas —la paz sea con ellos—, de los compañeros —que Allah esté complacido con ellos— y de los grandes hombres de la religión, así como la historia islámica. Mediante un lenguaje cautivador, comprensible y lleno de recursos expresivos, grababa en el corazón de su pequeño hijo las creencias, doctrinas y concepciones islámicas.
Su padre vigilaba atentamente que, en el trato cotidiano y las conversaciones con otras personas, mantuviera la moralidad y la cortesía. También prestaba especial atención a su lengua materna, el urdu. A pesar de haber pasado veinte largos años en el Decán, conservó intactas la pureza y la elegancia del idioma. En su manera de hablar jamás se introdujo ningún sinónimo ni giro procedente de otra lengua. Siempre hablaba un urdu puro y claro. Para preservar también la pureza del lenguaje de su hijo, nunca le permitió entrar en contacto con el mundo exterior. Si por alguna razón oía en las palabras de su hijo algún término de otra lengua, lo corregía de inmediato.
Desde la infancia, su padre se esforzó especialmente por formar su noble carácter. Vigilaba atentamente que su carácter no se corrompiera al mezclarse con compañías perversas y deshonestas.
En cierta ocasión, el joven Maududi golpeó al hijo pequeño de la sirvienta de la casa. Tan pronto como su padre se enteró, hizo llamar al hijo de la sirvienta y le ordenó que golpeara a su propio hijo Maududi exactamente de la misma manera. Esta lección quedó grabada de tal modo en el tierno corazón del joven Maududi que, en su vida posterior, nunca levantó la mano contra una persona subordinada, aun cuando esta hubiera cometido una falta, ni le dirigió palabras ásperas.
Hasta los nueve años, el joven Maududi continuó sus estudios en casa. Durante ese período terminó varios libros elementales de gramática árabe, literatura y jurisprudencia islámica. Después, siguiendo el consejo de su maestro, el difunto Maulvi Nadimullah Husaini, fue admitido en la clase del último año del nivel Rushdiyya (octavo grado) de la madrasa Fauqania (superior) de Aurangabad. Apenas seis meses después de su ingreso, se presentó al examen de Rushdiyya, pero no lo aprobó. Sin embargo, aprobó satisfactoriamente todas las asignaturas excepto matemáticas. La razón de que no aprobara matemáticas fue que apenas seis meses antes había comenzado a estudiarlas por primera vez. El director de la madrasa, el señor Molla Daud, lo admitió en la clase superior de Maulvi.
Ahora tuvo la oportunidad de adquirir nuevos conocimientos en diversas materias. Aunque el medio de instrucción era el urdu, desarrolló un profundo interés por la química, las ciencias de la salud, las matemáticas, la historia, la geografía y otras disciplinas. Además, el contacto y la convivencia con distintos maestros ampliaron su perspectiva y su forma de pensar. Hasta entonces, su aislamiento del mundo exterior y de la sociedad había producido en él cierta insipidez e indiferencia; la compañía de sus compañeros de estudios eliminó esas características.
Cabe señalar que, en aquella época, se estableció en Hyderabad y Aurangabad un nuevo tipo de sistema educativo conforme a los planes de Allama Shibli Nomani, el nawab Nizam-ul-Mulk Bilgrami y Maulana Hamiduddin Farahi. El medio de instrucción era el urdu. Se enseñaban historia, Corán y hadices, jurisprudencia islámica, mantiq (lógica), entre otras materias. En este sistema, la matriculación se denominaba Maulvi, el nivel intermedio Maulvi Alim y el colegio universitario Darul Ulum.
En 1914, el joven Maududi se presentó al examen de Maulvi y, debido a su debilidad en matemáticas, obtuvo el sexto puesto entre los estudiantes aprobados. Por entonces, la salud de su padre se deterioró por completo. En 1916, este se trasladó de Aurangabad a Hyderabad y allí matriculó a su hijo Maududi en el Darul Ulum para que recibiera educación superior. En aquel momento, el director del Darul Ulum era el difunto Maulana Hamiduddin. Dejando a su hijo en Hyderabad, se trasladó a Bhopal para tratar su enfermedad y mejorar su salud.
El joven Maududi continuó sus estudios en el Darul Ulum de Hyderabad. Pero antes de que hubieran transcurrido seis meses, llegó desde Bhopal la triste noticia de que su padre yacía en su lecho de muerte. Tan pronto como recibió la noticia, el joven Maududi se trasladó a Bhopal con su madre y se dedicó a cuidar de su padre moribundo. Desde entonces, el joven Maududi tuvo que buscar medios para ganarse la vida. Porque, aun a tan corta edad, había adquirido suficiente comprensión de la vida para entender que, si quería vivir en el mundo conservando su dignidad, debía valerse por sí mismo y luchar por ganarse el sustento de manera honrada. Mientras tanto, después de luchar durante varios años contra la pobreza y la enfermedad, su padre se despidió para siempre de este mundo en 1920.
Un carácter moral firme y una fuerza de voluntad inquebrantable
Gracias a la estrecha compañía de su padre y a su educación y formación, el joven Maududi aprendió a distinguir entre el bien y el mal. Mediante su educación inicial y su tarbiyat, se había establecido en él una base de carácter moral tan sólida que ningún entorno diferente pudo influir en él de manera alguna. El fruto de ello fue que, cuando apenas tenía quince años, pudo sostenerse completamente por sí mismo. Entonces, fueron precisamente las cualidades de su firme carácter moral las que lo mantuvieron inquebrantable en el camino de la verdad. En la misma etapa de la vida en que el ímpetu y la exaltación de la primera juventud suelen desviar a una persona, las olas y corrientes de la marea juvenil de la vida se estrellaron contra los pies de Maududi, se partieron y quedaron hechas añicos. Pero no pudieron hacerlo vacilar ni arrastrarlo a la deriva en medio del mar.
El comienzo de la vida activa de Maududi
El Misericordioso Allah Ta‘ala había concedido al joven Maududi un talento extraordinario. Por ello, desde muy temprana edad llegó a dominar el cultivo de la literatura. A los diecisiete años, en un momento de grave crisis, tuvo que escoger el arduo camino de ganarse la vida. Trabajar como escribiente en una oficina o servir bajo las órdenes de alguien era contrario a su naturaleza. Por ello, consideró que su capacidad literaria era su único recurso.
En 1918, el hermano mayor de Maududi, Sayyid Abul Khair Maududi, ingresó en el campo del periodismo. Asumió personalmente la responsabilidad de editar el periódico «Madinah», publicado en Bijnor. Sayyid Abul A‘la Maududi también comenzó a dirigir «Madinah» junto con su hermano mayor. Sin embargo, dos meses después, el joven Maududi se marchó de allí a Delhi. En aquel entonces, una poderosa tormenta de agitación por la independencia se había levantado en la India. La libertad de mente y pensamiento, la tradición familiar y la influencia del ambiente de su infancia estaban haciendo que Abul A‘la Maududi sintiera una aversión natural hacia el dominio y la civilización británicos. Por consiguiente, apoyaba todo movimiento por la independencia. Además, llevaba dentro de sí una gran inspiración combativa del islam. Por estas razones, comenzó a trabajar como miembro de la entonces «Anjuman-e Imdad-e Nazarbandan-e Islam». Cuando en 1919 comenzaron los movimientos del Califato y del Satyagraha, también participó en ellos.
El movimiento del Califato y Maulana Maududi
El movimiento del Califato no solo fue un capítulo significativo en la vida de Maulana Maududi, sino también un hito en la historia nacional de los musulmanes. Aunque sea brevemente, es necesario tratar este tema para poder comprender plenamente la vida de Maulana a la luz de su contexto.
En la Primera Guerra Mundial, la Turquía descrita como «el enfermo de Europa» (The sick man of Europe) combatió del lado de Alemania contra los británicos. Hasta entonces, el Imperio otomano en Turquía era considerado el protector del Califato. Con el propósito de asestar un golpe decisivo a su adversario británico y hacer añicos la unidad musulmana, los británicos enviaron a Lawrence de Arabia a los países árabes como propagandista del nacionalismo árabe. El entonces jerife de La Meca, Husain Hashimí, quedó tan influido por esta propaganda que, en 1915, tomando las armas contra los musulmanes en nombre de la independencia nacional de los árabes, apuñaló a Turquía por la espalda. En la Primera Guerra Mundial, los británicos, es decir, las Fuerzas Aliadas (Allied Forces), obtuvieron la victoria. Ya al comienzo de la guerra habían repartido entre ellos el Imperio otomano mediante un acuerdo secreto. Al finalizar la guerra, en 1919, el Imperio turco fue desmembrado. Su parte europea se perdió. Como consecuencia del veneno del nacionalismo árabe, los países árabes se separaron del Imperio turco, pero fueron repartidos entre Inglaterra, Francia y Grecia. El Imperio otomano quedó reducido a la antigua Anatolia (Estambul). En mayo de 1919, en la capital otomana solo quedó la existencia nominal de un sultán. Incluso allí su independencia estaba en peligro. Los dirigentes musulmanes de la India británica habían inculcado en los musulmanes la convicción de que el Jalifatul Muslimin y el sistema del Califato eran partes integrantes de su verdadera fe. Por ello, al contemplar la caída y el desmembramiento del Imperio otomano, los musulmanes indios comenzaron a temer que los británicos destruyeran el propio centro del Califato, que ellos consideraban su centro religioso y espiritual.
Después, los dirigentes musulmanes se reunieron en la India con el virrey y expresaron su postura. Una delegación, encabezada por dirigentes como Maulana Muhammad Ali Jauhar y Maulana Sayyid Sulayman Nadwi, se reunió con las autoridades británicas en Londres y presentó sus argumentos. En respuesta, se les dijo que no se les entregarían otros territorios aparte del territorio de la Turquía propiamente dicha.
El comportamiento británico enfureció profundamente a los musulmanes de la India, y en la India comenzó un poderoso movimiento del Califato para preservar la existencia del Califato. Se formó el Comité del Califato, y el Congreso Indio, la Jamiat Ulama-e-Hind y el Comité del Califato dirigieron conjuntamente este movimiento. El 10 de agosto se celebró en todo el país el Día del Califato, y desde entonces también comenzaron a observarse huelgas en diversos lugares. En resumen, estalló en toda la India una poderosa explosión contra los británicos. En un solo mes, unos treinta mil musulmanes se ofrecieron para ser encarcelados. En las ciudades y puertos, en los mercados y bazares, en las aldeas y regiones rurales, el movimiento del Califato adquirió una forma poderosa. Pero un movimiento tan grande y aquellas protestas y explosiones antibritánicas terminaron todos en fracaso.
La razón fue que Kemal Atatürk aprovechó el impulso yihadista de los musulmanes turcos y condujo la guerra con extraordinario valor y perspicacia, recuperando de los ingleses numerosos territorios. Unificó a los turcos y logró restaurar su dignidad y gloria perdidas. Después de hacerse con el poder, Kemal Atatürk depuso en noviembre de 1922 al sultán Muhammad Hashim del califato otomano y, en marzo de 1924, expulsó del país al último sultán títere, Abdülmecid, y abolió el califato.
El doctor Moinuddin comenta en su obra Historia y movimiento por la libertad, parte VIII, 1:
Esta medida de Kemal Atatürk asestó un golpe devastador a los musulmanes indios vinculados al movimiento del Califato. Quien recibió el golpe más duro fue Maulana Muhammad Ali, que era el alma del movimiento del Califato. Sharif Hussein, que actuaba como una marioneta en manos de los ingleses y cuya traición había hecho añicos el Imperio otomano, se proclamó pretendiente al califato. Pero, por un lado, ya se había convertido en objeto de odio para el mundo musulmán, y el Gobierno inglés también rechazó su reivindicación. Por otro lado, tampoco pudo repeler los ataques del líder wahabí revolucionario Ibn Saud. Hacia finales de año, Ibn Saud conquistó La Meca y Taif, y la mayor parte del Hiyaz quedó bajo su control.
Quienes estaban vinculados al movimiento del Califato simpatizaban con Ibn Saud. Pero cuando este destruyó por completo todo tipo de monumentos erigidos sobre las tumbas, con el fin de erradicar el culto a las tumbas, los seguidores de las corrientes badauní y barelví, entre otras, abandonaron el Comité del Califato. A pesar de ello, el Comité del Califato indio envió el 4 de enero un telegrama felicitando a Ibn Saud como Jalīfat al-Muslimīn. Sin embargo, apenas cuatro días después, él respondió que era el rey del Hiyaz, no el califa.
(Historia del movimiento por la libertad – Dr. Moinuddin)
Mientras tanto, Kemal Atatürk construyó un palacio de una nueva religión, el Dīn-i-Ilāhī, sobre las ruinas del califato otomano.
El padre del urdu, el maulavi Abdul Haq, dice:
Kemal Pachá llegó tan lejos que, imitando a Occidente, declaró símbolos nacionales de Turquía la comida y la bebida, la vestimenta, las costumbres, el baile y el canto, el consumo de alcohol y muchas otras prácticas contrarias al islam. Incluso eliminó la enseñanza religiosa de las instituciones educativas islámicas. Cambió el antiguo alfabeto de la lengua propia de Turquía e introdujo el alfabeto romano. Una delegación turca llegó a Delhi. Sus miembros se enorgullecían de presentarse repetidamente como una nación europea. Los musulmanes de Delhi los invitaron a realizar la oración del viernes en la mezquita del Viernes de Delhi. Pero rechazaron la invitación. También fue rechazada la invitación de la Universidad Musulmana de Aligarh. En cambio, aunque no había ningún programa previsto de antemano, visitaron con gusto la Universidad Hindú de Benarés.
Sir Sayyid Ahmad-Maulvi Abdul Haq (p. 34)
Aunque el movimiento del Califato terminó en fracaso, dejó una enorme huella en la historia de la India y generó un impulso indomable para el movimiento independentista de la India. Su influencia sobre Maulana Maududi consistió en que este movimiento le infundió la inspiración, el valor y la fuerza para hablar en asambleas públicas, y también le brindó la oportunidad de expresar, mediante la escritura, las esperanzas, aspiraciones y futuras líneas de acción de la comunidad musulmana. Durante el movimiento del Califato, Maulana se ocupaba de editar la revista «Taj» desde Jabalpur. Tenía entonces apenas diecisiete años. En su autobiografía dice:
«En aquel tiempo no había aquí nadie que pudiera decir algo en una asamblea pública en nombre de los musulmanes. Por obligación, tuve que encargarme yo mismo de esa tarea. Esto me reportó dos grandes beneficios. El primero fue que nació en mí una enorme confianza en mí mismo, que antes no tenía. Antes no me atrevía a realizar ninguna tarea de responsabilidad. Pero cuando en Jabalpur comencé a trabajar en el periodismo y el servicio público completamente solo, sin la ayuda de nadie y bajo mi propia responsabilidad, sentí que en mí estaban ocultas ciertas fuerzas que se manifestaban espontáneamente cuando surgía la necesidad. Desde entonces, nunca vacilé en asumir ninguna responsabilidad.
El segundo beneficio fue que me volví completamente autosuficiente en mi vida. Hasta entonces había vivido junto con algún pariente o amigo, y en mí aún existía, aunque fuera en cierta medida, la debilidad de depender de otros. Pero en Jabalpur pude trabajar siendo autosuficiente.»
Al leer los artículos editoriales de Maulana publicados en aquella época en la revista «Taj» de Jabalpur, hay que reconocer que, pese a su corta edad, había adquirido tal conocimiento profundo que también poseía la capacidad lingüística para suscitar entusiasmo e inspiración indomable entre el pueblo. Cada una de sus palabras era sumamente razonada, aceptable para la sociedad instruida y extraordinariamente perspicaz. En sus palabras, tanto anteriores como posteriores, había pleno equilibrio y armonía. En aquella época escribió un extenso artículo editorial en el que criticaba duramente a los británicos por la extrema injusticia que habían cometido contra Turquía. Como consecuencia, se suspendió la publicación de «Taj».
El movimiento de la Hégira y Maulana Maududi
Al observar la actitud intransigente de los británicos durante el movimiento del Califato, los ulemas de la India declararon que la India era «dar al-harb» y que emigrar de allí constituía un deber religioso para los musulmanes. En 1920, después de que Maulana Abul Kalam Azad fuera liberado de la cárcel de Ranchi, inició el movimiento de la Hégira.
En aquel tiempo, el rey de Afganistán, el emir Amanullah Khan, declaró en una asamblea pública que los musulmanes indios podían emigrar a Afganistán. Por las palabras de Maulana Azad, los musulmanes se afanaron por realizar la Hégira con los ojos cerrados. Se constituyó un Comité de la Hégira y se estableció formalmente su oficina en Delhi. Miles de familias musulmanas piadosas comenzaron a vender sus bienes muebles e inmuebles a precios simbólicos y a presentarse en la oficina del Comité de la Hégira. Solo en el mes de agosto, dieciocho mil personas realizaron la Hégira y cruzaron la frontera afgana. Cerca de quinientos mil musulmanes perdieron valiosos bienes bajo el pretexto de la Hégira.
Los dos hermanos Maududi (Abul A’la Maududi y su hermano mayor, Abul Jaire Maududi) se presentaron en la oficina del Comité de la Hégira de Delhi con la intención de emigrar. Un conocido amigo del Maulana, el señor Tozzammel Hossain, era el secretario. El Maulana mantuvo con él una larga conversación. Durante ella, el Maulana descubrió que detrás de la Hégira no había ningún plan o esquema bien meditado y organizado. Cientos de miles de personas se dirigían a Afganistán, pero no se había mantenido ninguna conversación con el Gobierno afgano al respecto. Los dirigentes de la Jamiat Ulama-i-Hind, entre ellos el muftí Kifayatullah y el Maulana Ahmad Saíd, estaban sumamente interesados en la Hégira. El Maulana Maududi (el joven Maududi) se reunió con ellos y les dijo que, sin un plan organizado, la Hégira sería irrealizable y perjudicial. Ellos reconocieron el error y pidieron al joven Maududi que presentara un plan sobre el asunto.
El Maulana Maududi propuso que, en primer lugar, se consultara con el Gobierno afgano para saber si estaba dispuesto a reasentar a los emigrantes procedentes de la India y, en caso afirmativo, cuál sería el método y el programa para hacerlo. Después de reunirse con el embajador afgano en Delhi, se supo que el Gobierno ya se encontraba sumamente preocupado por el asunto. Aunque dudaba en rechazar a quienes habían partido de la India, ya no podía asumir los gastos de su manutención. Así llegó a su prematura muerte el plan de la Hégira.
Sin ningún plan organizado, la comunidad de ulemas de aquel tiempo, movida únicamente por el fervor religioso, emitió una fetua sobre la Hégira y convirtió a varios cientos de miles de musulmanes en personas desposeídas y sin hogar. Gracias a la previsión y a la oportuna intervención del Maulana Maududi, otros cientos de miles de musulmanes se salvaron del peligro.
El extraordinario talento, la aguda inteligencia y la previsión del joven Maududi dejaron asombrados y atrajeron al Maulana Muhammad Ali y a los dirigentes de la Jamiat. Por ello, le pidieron repetidamente al joven Maududi que asumiera la responsabilidad de editar sus respectivos periódicos.
Maududi en el ámbito del periodismo
Un noble personaje de las Provincias Centrales llamado Tajuddin era el alma de la «Anjuman» mencionada anteriormente. Publicaba desde Jabalpur un semanario llamado «Taj» y, ante su insistente petición, los dos hermanos Maududi asumieron la responsabilidad de editarlo. En aquella época, publicar un periódico era sumamente difícil. Por ello, al cabo de algún tiempo dejó de publicarse «Taj». Después, los dos hermanos Maududi se trasladaron de Jabalpur a Delhi. Para entonces, el Maulana Maududi se había interesado tanto por el periodismo que se vio obligado a aprender inglés. Luego comenzó a estudiar inglés con un tal Muhammad Fazel. En lugar de leer primero los libros elementales de inglés, comenzó directamente con libros del nivel de matriculación de aquella época. Gracias a su extraordinaria capacidad intelectual, en apenas seis meses adquirió tal dominio del inglés que podía comprender, en términos generales, el contenido de cualquier periódico o libro en ese idioma. Estudió inglés durante dos años. Sin la ayuda de ningún maestro, siguió estudiando diversas obras únicamente con la ayuda de un diccionario y acumulando abundantes conocimientos.
El señor Tajuddin volvió a publicar «Taj» desde Jabalpur y confió al Maulana su edición. Gracias a los esfuerzos del Maulana, «Taj» pasó de ser un semanario a convertirse en un destacado diario. A partir de entonces se involucró en la política. En aquella época no había nadie que dirigiera a los musulmanes de Jabalpur. Por eso, el Maulana tuvo que pronunciar discursos en diversas asambleas públicas para infundir vitalidad y entusiasmo entre los musulmanes.
Durante su estancia en Jabalpur, el Maulana desarrolló virtudes como la autosuficiencia, la dedicación al deber y el sentido de la responsabilidad. En ese período podía realizar importantes tareas dependiendo enteramente de sí mismo. Sin embargo, tampoco le fue posible permanecer mucho tiempo en Jabalpur. A causa de un editorial de «Taj», se encendió la ira del Gobierno británico imperialista. El Gobierno presentó una demanda contra el editor, el impresor y el editor responsable de «Taj». Pero, como en la declaración oficial el señor Tajuddin figuraba sucesivamente como editor, impresor y editor responsable del periódico, el Maulana quedó exento del proceso. No obstante, su conciencia continuó atormentándolo por ello. Prometió que, en adelante, no desempeñaría ningún cargo de responsabilidad bajo las órdenes de otra persona. Se comprometió firmemente a trabajar asumiendo sobre sus propios hombros todas las grandes responsabilidades.
A finales de 1920 fue a Delhi. A comienzos de 1921 conoció al maulana Muftí Kifayatullah y al maulana Ahmad Said, presidente de la Jamiat Ulama-e-Hind. Ellos publicaron, en nombre de la Jamiat, un periódico llamado «Muslim» y, impresionados por el talento del maulana Maududi, lo nombraron su editor. El periódico funcionó satisfactoriamente hasta 1923, y el maulana continuó editándolo hasta el final.
Desde 1916 hasta 1921, durante cinco o seis años, el maulana tuvo que atravesar una gran prueba. Debido a la incurable enfermedad de su padre, a la cruel necesidad de ganarse la vida y a la falta de apoyo, entre otras circunstancias, el maulana no tuvo la oportunidad de adquirir los conocimientos adecuados. Desde 1921, en Delhi, se dedicó con plena concentración a dirigir el periódico y a adquirir conocimientos durante su tiempo libre. Estudió literatura árabe, hadiz, tafsir, fiqh, mantiq (lógica), filosofía y otras disciplinas con eruditos religiosos versados en diversos campos, y alcanzó una profunda erudición.
El maulana Abdus Sattar Niazi era uno de los más grandes eruditos religiosos de la India de aquel tiempo. Su profundo conocimiento del Corán, el hadiz y la lengua árabe se había difundido por todas partes, y en su conducta y moral era completamente un derviche. El sayyid Maududi estudiaba con él cada día durante una hora antes de la oración del fayr: gramática árabe (nahw y sarf), ma‘qulat, ma‘ani y balagha.
Después, el 12 de enero de 1926, a los veintidós años, el sayyid Maududi obtuvo del maulana Muhammad Sharifullah Khan, profesor del Darul Ulum Fatehpuri de Delhi, los certificados de estudios de «ulum-e aqliya wa adabiya wa balaghat» y «ulum-e asliya wa furuiya».
Al año siguiente (1927), el sayyid Abul A‘la obtuvo del maulana Ashfaqul Rahman Kandhalvi, profesor del mencionado Darul Ulum, los certificados de estudios de hadiz, fiqh y literatura árabe.
Además, en 1928, el sayyid Abul A‘la Maududi obtuvo del maulana Ashfaqul Rahman Kandhalvi el certificado de haber completado el estudio de la Jami‘ at-Tirmidhi y la Muwatta del imán Malik.
Cabe señalar que el maulana Maududi también estudió con el maulana Sharifullah Khan el Tafsir al-Baydawi, la Hidaya, el ilm al-ma‘ani y la balagha.
Así, durante los siete u ocho años que permaneció en Delhi, junto con su labor periodística, el maulana Maududi completó, gracias a su extraordinaria capacidad intelectual y sabiduría, los estudios inconclusos de su formación, y alcanzó una profunda erudición en lengua árabe, hadiz, tafsir, fiqh y otras disciplinas.
Tras el cierre de «Muslim» en 1923, Maulana Maududi partió hacia Hyderabad. Sin embargo, en el camino interrumpió el viaje en Bhopal y allí se dedicó intensamente al estudio durante un año y medio. En 1924 regresó a Delhi. Por entonces conoció al difunto Maulana Muhammad Ali Jauhar, una de las grandes figuras del subcontinente indio. Maulana Muhammad Ali dirigía entonces el periódico «Hamdard». Invitó al joven y prometedor periodista Maulana Maududi a hacerse cargo de dicho periódico. Precisamente en ese momento, Maulana Ahmad Said invitó a Maulana Maududi, en nombre de Jamiat Ulama-e-Hind, a publicar el periódico «Al Jamiat». Aunque sentía un profundo respeto por Maulana Muhammad Ali, el espíritu independiente de Maududi le impedía aceptar la subordinación a otra persona. Por ello consideró más apropiado hacerse cargo de la dirección de «Al Jamiat» con plena independencia. Desde 1924 hasta 1928 dirigió impecablemente el semanario bisemanal «Al Jamiat». Durante ese período también escribió valiosas obras sobre diversos temas. Entre sus primeras publicaciones destacan especialmente «Al Jihadu fil Islam» y «Dawlat-e Asfiya wa Hukumat-e Bartania».
«Al Jihadu fil Islam»
La redacción de la obra «Al Jihadu fil Islam», de Maulana Maududi, tiene ciertos antecedentes históricos.
A finales de 1926, Swami Shraddhanand, iniciador y líder del movimiento shuddhi, fue asesinado por un musulmán. Como consecuencia, la India hindú quedó sumamente agitada. Los hindúes emprendieron una amplia campaña contra los musulmanes y el islam. Difundieron que el islam incita a sus seguidores al homicidio. Incluso el señor Gandhi afirmó en una declaración que en el pasado el islam se propagó por medio de la espada y que eso seguía ocurriendo en el presente. Su propaganda contra el islam hizo resonar los cielos y el aire de la India, y provocó el estallido de disturbios y enfrentamientos entre hindúes y musulmanes en diversos lugares del extranjero. Al intentar poner fin a toda aquella propaganda infundada e incendiaria, Maulana Muhammad Ali Jauhar expresó su profunda tristeza y dijo: «¡Ay! Si hoy hubiera en la India algún siervo de Dios, un muyahid, capaz de dar una respuesta demoledora a esas viles campañas, ¡cuánto mejor sería!»
El joven muyahid Maulana Maududi estaba presente en aquella reunión de la mezquita mayor. Como ya se ha dicho, en ese tiempo era editor del periódico «Al Jamiat». La inspiración de la yihad recorrió su mente, su corazón y todas sus venas. Se resolvió firmemente a responder a la India hindú y a los demás enemigos del islam. A partir de comienzos de 1927, comenzó a publicar de manera serial, a través de su periódico, una serie de artículos titulada «Al Jihadu fil Islam». Más tarde, estos se publicaron en forma de una gran obra.
El doctor Iqbal hizo el siguiente comentario sobre la obra:
«Esta obra, que contiene las leyes islámicas relativas a la yihad, la guerra y la paz, es original y excelente. Recomiendo a toda persona instruida y sensata que la lea.»
La obra escrita de puño y letra por Maulana no dejó de ejercer una considerable influencia también sobre su propio carácter. Sobre este tema, hizo el siguiente comentario:
«Yo mismo fui quien más se benefició de esta obra. Cuando la escribí, el fervor y el apego al sentimiento de dignidad nacional predominaban en mi corazón sobre el sentimiento de dignidad religiosa. Sin embargo, durante la redacción de la obra y la investigación de los datos relacionados con ella, tuve la oportunidad de estudiar detenida y minuciosamente la perspectiva fundamental del islam y sus mandatos y prohibiciones. Como resultado, no solo adquirí un conocimiento completo de las normas de la sharía y una convicción plena de su verdad, sino que también surgió en mi corazón una motivación indomable para restablecer el sistema de gobierno de Alá. Además, llegué a conocer el método de lucha en favor de esta causa. Después decidí abandonar los métodos entonces habituales del periodismo. Por ello rompí mi relación con el periódico “Al Jamiat”. En aquel momento resolví que, si algún día volvía a entrar en el mundo del periodismo, lo haría únicamente con la condición de utilizarlo como un arma para propagar el “Din de la Verdad”. Después pasé cinco largos años dedicado exclusivamente al estudio y al cultivo del conocimiento.»
Antes de 1928, Maulana Maududi había comenzado a aprender alemán. Sin embargo, después de estudiar durante algunos meses, su profesor se marchó de Delhi a otro lugar, por lo que aquella esperanza quedó frustrada.
En ese período comenzaron las diferencias fundamentales entre Maulana y las autoridades del periódico “Al Jamiat”, vinculado a Jamiat Ulama-e-Hind. Jamiat Ulama se había convertido en un partidario ciego del Congreso indio. Cuando dirigentes de renombre nacional, como Maulana Muhammad Ali, habían abandonado el Congreso debido a su obstinación, su política de doble rasero y su actitud contraria al islam, que Jamiat Ulama siguiera siendo un lacayo de aquel Congreso resultaba sumamente impropio de su dignidad. Por ello, en 1928, él renunció para siempre a la responsabilidad editorial de dicho periódico.
La vida independiente de Maulana
Después de abandonar el periodismo, Maulana Sayyid Abul A’la Maududi decidió dedicarse a la recopilación y redacción de obras. Sin embargo, como en Delhi eran difíciles de encontrar los valiosos libros necesarios para reunir información sobre los temas que deseaba tratar, tuvo que regresar nuevamente a Hyderabad. Permaneció allí hasta agosto de 1928. Durante ese período redactó “Tarij as-Saljuk” (Historia de los selyúcidas) y tradujo la sección “Los califas fatimíes de Egipto” de la historia de Ibn Jaldún; en agosto de ese mismo año enfermó y regresó a Delhi.
Le llevó varios meses recuperarse por completo. Después permaneció algunos meses en Bhopal, donde reunió la información necesaria para redactar su muy anhelada “Historia del Decán”. En julio de 1931 volvió a Hyderabad y se consagró a la redacción de dicha obra.
Cabe mencionar a este respecto que su hermano mayor, Sayyid Abul Jaire Maududi, ya se encontraba en Hyderabad. Era miembro de la “Dar-ul-Tarjuma Usmania”. Maulana Maududi vivió durante algunos años en Hyderabad junto a su hermano.
En 1932, Maulana Maududi tradujo, por encargo de la Dar-ul-Tarjuma (Departamento de Traducción) de la Universidad de Osmania, la obra árabe titulada “Al-Asfar al-Arba’a”, del sabio Allama Sadruddin Shirazi. El libro es una obra filosófica sumamente compleja escrita en árabe.
El título completo de la obra árabe era «Al-Hikmatul Muta‘āliya fī Asfār al-‘Aqliyya». Sin embargo, entre los especialistas en lengua árabe era conocida simplemente como «Asfār al-Arba‘a». Los grandes eruditos de la lengua árabe han señalado que la obra era tan compleja y difícil que, por no hablar de traducirla, en aquella época no había en toda la India más de cinco o diez personas capaces de leerla correctamente.
En cualquier caso, para realizar una traducción eficaz y satisfactoria de la obra, el departamento de traducción pagó al Maulana una considerable remuneración.
Esta enorme suma obtenida de la traducción contribuyó al desarrollo del talento del Maulana. Al recibir el dinero, compró con él todos los volúmenes de la «ENCYCLOPAEDIA BRITANNICA». Y no solo eso: reservó una parte considerable de esa suma para su posterior publicación «Tarjumán al-Qurán», y con el resto compró hadices, tafsires, obras de fiqh y otros libros valiosos.
La vida combativa del Maulana
En 1932 comenzó un nuevo capítulo en la vida del Maulana Maududi. Ninguna persona sabia y de conciencia sana puede negar que el Maulana consagró toda su vida a mostrar a la confundida y extraviada humanidad del mundo moderno, encaminado hacia la destrucción, un camino sencillo, recto y científico. A decir verdad, su esfuerzo de toda una vida dio inicio auspicioso a un vigoroso movimiento islámico y a una revolución moral y espiritual de la sociedad humana en el seno de un mundo abrasado por el pecado y el sufrimiento.
En 1932, el Maulana comenzó a publicar desde Hyderabad, en el Decán, una revista mensual llamada «Tarjumán al-Qurán». Desde entonces empezó a vivir por separado. Con un empleado, comenzó a publicar dicha revista desde una casa de dos pisos situada cerca del mercado de Muazzam Shahi. En aquel entonces aún no estaba casado.
Publicar una revista no es cosa fácil. Para ello se necesita estabilidad financiera. Pero, a decir verdad, él no tenía ningún respaldo económico. No tenía bienes ni recursos, ni casa paterna, ni ingresos o medios de subsistencia mensuales regulares. Sobre este asunto mantuvo muchas conversaciones con su hermano mayor. Al enterarse de su determinación de publicar una revista mensual en medio de semejante penuria económica, su hermano mayor se alarmó. Finalmente consiguió para el Maulana un puesto de profesor de alto grado en la Universidad de Osmania y le pidió que desistiera de la audacia y el riesgo de publicar la revista. Durante seis horas intentó convencer a su hermano menor sobre este asunto. Aun después de ello, el Maulana le suplicó a su hermano mayor con voz serena y grave:
«Ya no se puede perder más tiempo. Tengo la firme convicción de que, si mis palabras son sinceras, mi inspiración no será en vano.»
Además, dijo: «La situación se ha vuelto sumamente grave. Puedo ver que la inundación no tardará en llegar. Esta inundación será más grave y destructiva que la inundación del dominio inglés de 1857. Considero que es mi deber advertir a los musulmanes de este peligro. Haré todo lo posible por prestarles algún servicio».
Al ver los argumentos irrefutables y la firme determinación de su hermano menor, el hermano mayor cedió. Refrenando la tentación de aceptar el atractivo puesto, bien remunerado, en la Universidad Osmania, Maulana Maududi se dedicó al servicio de la nación mediante el periodismo. A través de sus escritos, inició un movimiento revolucionario.
Es, desde luego, innegable que, para dirigir científicamente un movimiento basado en un ideal, se requieren principalmente tres cosas.
En primer lugar, es necesario poseer un conocimiento completo y una convicción firme acerca del asunto por el que se emprende el movimiento, así como dominar un método de acción científico para dirigirlo.
En segundo lugar, hay que formar el propio carácter conforme al ideal que se propagará y, por otra parte, difundirlo entre la sociedad humana.
En tercer lugar, hay que formar una Jamaat o grupo compuesto por unas cuantas personas de carácter plenamente moldeado por dicho ideal y lanzarse a una lucha a vida o muerte para plasmarlo en la realidad.
Este es el único método científico y correcto para lograr el éxito de cualquier movimiento. También vemos la vida de Maulana Maududi dividida en estas tres etapas.
En primer lugar, desde su infancia hasta antes de 1932, dedicó ese largo período a adquirir conocimientos sobre el islam, el movimiento islámico, el Corán y el hadiz, el fiqh, la yihad, la guerra y la paz, y las políticas interna, exterior e internacional del Estado islámico, entre otros temas. Además, llegó a familiarizarse con los conocimientos y las ciencias del mundo moderno.
Después, en 1932, comenzó la segunda etapa de su vida. En ese período, presentó el ideal islámico a la sociedad humana mediante la revista mensual titulada «Tarjuman-ul-Qur’an».
En la tercera etapa, es decir, en 1941, se formó una Jamaat o partido islámico mediante la unión de algunas personas idealistas y de carácter íntegro. Hasta 1971, este grupo dirigió continuamente un movimiento islámico, conforme a un programa de acción específico, en toda la India y Pakistán; después de 1971, lo ha hecho en el Pakistán restante y en Bangladesh. Este grupo es conocido como la «Jamaat-e-Islami». Después de que se impusiera la ley marcial en Pakistán el 7 de octubre de 1958, también fue declarado ilegal, al igual que los demás partidos. La Jamaat reanudó sus actividades en 1962.
En cualquier caso, la revista mensual «Tarjuman-ul-Qur’an», fundada y publicada en 1932, ha continuado hasta el día de hoy con regularidad y excelencia. Nadie ignora el ferviente llamamiento que hizo al país y a la nación por medio de esta revista, ni que, mediante la Jamaat-e-Islami fundada en 1941, formó a algunos auténticos soldados del islam, firmes e inconmovibles como montañas.
La búsqueda de la verdad y el pensamiento revolucionario del maulana anunciaban una revolución, y aquella revolución era plenamente islámica, social, económica, política, mental y espiritual. Había comprendido perfectamente que el camino que había emprendido estaba lleno de espinas, peligros y soledad. Aun así, el llamamiento de la verdad lo había enloquecido. Por un lado, la civilización capitalista y atea de Occidente oprimía a la sociedad humana; y, como reacción a ello, por otro lado, el espejismo del comunismo o igualitarismo arrebataba al ser humano sus derechos fundamentales y lo encerraba en un corral de animales. La nación musulmana, privada de las enseñanzas islámicas, avanzaba arrastrada por la inundación de la confusión mental. Precisamente en este momento crítico, el maulana Maududi encendió la antorcha del Noble Corán y de la Sunna del Mensajero, e invitó a la humanidad hacia el camino de la verdad. Sabía claramente que este camino no estaba cubierto de flores, sino que era muy escabroso y sumamente peligroso. Sin embargo, corrió por él con ánimo intrépido. Al principio, sus amigos se burlaron de él, llamándolo loco. Sus familiares se apartaron de él, exhalando suspiros de desesperanza. Sus compañeros de viaje se detuvieron a mitad del camino. Pero su marcha no se detuvo. Su paso no se debilitó, ni su corazón y su espíritu se desalentaron.
La yihad en el camino de Alá
El maulana inició la yihad en el camino de Alá precisamente mediante su primera publicación, la obra «Al-Yihad fi al-Islam». Esto fue iniciar la yihad por medio de la pluma. Esto fue la yihad por medio de la pluma.
No es posible analizar aquí el contenido de este libro. Aunque fue escrito en la primera etapa de su vida, la profunda erudición que demuestra respecto a sus importantes temas puede apreciarse claramente desde el prólogo. En cada página de esta obra se manifiestan su temor de Dios, su amor a Dios y su inagotable inspiración para extender la victoria, la gloria y la supremacía del islam. Para conocimiento de los lectores, citamos el prólogo que escribió para la primera edición del libro:
«Entre las numerosas calumnias falsas y carentes de fundamento que la Europa moderna ha atribuido al islam por intereses políticos, la más grave es la de que el islam es una religión sanguinaria y que inicia a sus seguidores en el culto de la sangre. Si en la raíz de estas calumnias hubiera algún elemento de verdad, lo más natural habría sido que se formularan precisamente en la época en que el mundo temblaba ante las conquistas de los musulmanes. En realidad, solo entonces podría haber surgido la sospecha de que aquellas campañas victoriosas eran el resultado de enseñanzas religiosas sanguinarias. Pero lo sorprendente es que esta calumnia surgió mucho tiempo después de que se hubiera puesto el sol de la gloria del islam. El alma fue insuflada en esta imagen inventada por la imaginación de la calumnia precisamente cuando la espada del islam se había embotado. En cambio, justo en aquel momento, la espada desnuda de Europa se teñía con la sangre fresca de inocentes hijos de la humanidad. Así como una gigantesca serpiente devora, tras morderlas, a las pequeñas criaturas, Europa también se tragaba atropelladamente a las naciones débiles en aquella época. Si en esos tiempos hubiera surgido en el mundo siquiera un poco de buen juicio, sin duda se habría planteado esta pregunta: quienes están haciendo correr ríos de sangre por la tierra con la sangre fresca de los débiles y practican el bandolerismo contra otras naciones, ¿tienen acaso derecho a acusar al islam? Al contrario, ellos mismos eran culpables de ese delito. ¿No había detrás de toda su investigación histórica y de sus debates eruditos una intención maliciosa semejante: desviar hacia el islam la fuerza de la poderosa inundación de odio y cólera del mundo que estaba a punto de dirigirse contra ellos? Pero es una debilidad natural del ser humano que, cuando es derrotado en el campo de batalla, también sea vencido en el campo del conocimiento. No puede soportar el golpe de la pluma de aquel por cuyo golpe de espada fue derrotado. Por eso, en cada época, ejercen influencia en el mundo aquellas ideas y doctrinas que aparecen respaldadas por la espada. En verdad, Europa logró arrojar polvo a los ojos del mundo en este asunto. Como resultado, las naciones de mentalidad servil aceptaron, sin juicio ni reflexión, la visión errónea difundida sobre la yihad islámica como una verdad absoluta, semejante a una revelación celestial.»
Durante el siglo pasado y también en la época actual, los musulmanes han respondido reiteradamente a las acusaciones mencionadas. Se ha discutido tanto sobre este asunto que ahora se lo considera, en cierto modo, superfluo y dejado de lado. Sin embargo, el defecto que he observado en esas respuestas es que los defensores del islam parecen haber sido avasallados por sus adversarios y encontrarse de pie en el banquillo de los acusados, dispuestos a presentar una defensa como si fueran culpables. Algunos pensadores han llegado incluso al extremo de modificar y reformar las enseñanzas y la política islámicas para fortalecer el caso en su favor. Además, atemorizados y consternados ante sus adversarios, han intentado eliminar de la historia del islam aquellos asuntos que, según su propio criterio, consideran graves, para que puedan escapar a la atención de sus opositores. Las respuestas de quienes no incurren en estos defectos también quedan incompletas, porque no exponen plenamente las enseñanzas islámicas sobre el yihad y la guerra islámica. Parecen esforzarse por ocultar estos asuntos, dejando así lugar a dudas al respecto.
Para eliminar la confusión, es necesario analizar, a la luz del Corán, la Sunna y la ciencia del fiqh, las enseñanzas y las leyes islámicas relativas al yihad y a la guerra en el camino de Allah, con el propósito de elevar la religión y la palabra de Allah. No está permitido modificar ni ampliar en lo más mínimo ninguna de estas leyes. Tampoco debe intentarse cambiar los objetivos fundamentales ni las enseñanzas del islam. Tengo una discrepancia fundamental con la idea de que debamos volver a presentar nuestras propias convicciones de acuerdo con la perspectiva de otros. No existe en el mundo problema alguno sobre el cual todos estén de acuerdo con una misma perspectiva. Cada grupo tiene su propia perspectiva y la considera infalible. Por mucho que presentemos nuestras creencias fundamentales adornadas en consideración a la perspectiva ajena, nunca será posible que los seguidores de distintas doctrinas estén de acuerdo con ellas. Por tanto, el mejor método es presentar con claridad la verdadera imagen de nuestras creencias y doctrinas, nuestros problemas, enseñanzas y política, e informar al mundo de nuestra perspectiva de la mejor manera posible. Después, debemos dejarlo a su conocimiento y conciencia. Si lo acepta, tanto mejor. Si no lo acepta, tampoco nos preocupa. Este es el único método correcto para llamar a la verdad y difundirla. Los nobles profetas —la paz sea con ellos— y los grandes hombres firmemente comprometidos con la verdad siguieron precisamente este camino.
Desde hacía mucho tiempo sentía la necesidad de hacerlo. Pero, a pesar de esa convicción, no pude emprender ninguna acción al respecto. La única razón era la falta de tiempo. Pues es bien sabido que, en la vida de un periodista, rara vez hay tiempo y ocio disponibles. Sin embargo, hacia finales de diciembre de 1926 ocurrió un acontecimiento que me obligó a tomar medidas efectivas, pese a las numerosas dificultades. El hecho fue que Swami Shraddhanand, dirigente del movimiento Shuddhi, fue asesinado. Aprovechando esta ocasión, personas necias y estrechas de miras comenzaron a difundir confusión sobre el yihad islámico. Desgraciadamente, un musulmán fue acusado del asesinato, y en los periódicos se inició una campaña afirmando que había matado a Swami Shraddhanand por considerarlo su enemigo religioso. También se difundió que creía que por ese acto obtendría el Paraíso. El verdadero misterio solo lo conoce el Conocedor de lo oculto. Pero ante el público se presentó precisamente esa imagen del suceso. Por ello, entre los enemigos del islam en general se produjo una gran agitación. Después, pese a las declaraciones de los ulemas, a la publicación de folletos de divulgación islámica y al análisis de la declaración unánime de los intelectuales de la sociedad, no limitaron el hecho a sus circunstancias naturales, sino que responsabilizaron de aquel asesinato a toda la nación musulmana y a las enseñanzas islámicas. También difundieron contra el sagrado Corán la calumnia de que convierte a los musulmanes en fanáticos religiosos que consideran un deber obligatorio matar a todo infiel y esperan alcanzar el Paraíso mediante ello. Algunos individuos insolentes llegaron a afirmar que, mientras siguieran vigentes las enseñanzas del Corán, no podría establecerse la paz. Por tanto, la humanidad debía esforzarse por abolirlas. Estas opiniones erróneas se difundieron en tal medida que incluso las personas sensatas quedaron desconcertadas. Hasta Gandhi, el hombre más perspicaz de la comunidad hindú, influido por aquella propaganda, llegó a declarar:
«El islam nació en un entorno en el que todas las decisiones se tomaban por medio de la espada, y todavía se siguen tomando así.»
Aunque estas campañas no surgieron de una búsqueda de la verdad ni de un debate filosófico, sino que sus propagadores repetían como loros exactamente lo que sus maestros les habían enseñado desde tiempos inmemoriales, un acontecimiento extraordinario dio a estas supersticiones un matiz tal que las personas ignorantes podían ser fácilmente engañadas. En realidad, este tipo de ideas erróneas siempre ha obstaculizado la difusión del islam. Precisamente en circunstancias así se hace necesario hacer resplandecer las verdaderas enseñanzas del islam, para que, al disiparse las nubes, el sol pueda salir con sus brillantes rayos. Por ello, dedicaba a escribir artículos sobre este tema el poco tiempo libre que tenía después de dirigir el periódico. Al mismo tiempo, estos artículos comenzaron a publicarse también a través del periódico «Al Jamiat».
Al principio había decidido escribir un breve artículo sobre este tema. Pero, una vez iniciada la discusión, resultó necesario arrojar luz, según lo exigía el contexto, sobre diversos aspectos del asunto, y la columna del periódico resultó completamente insuficiente para ello. Por tanto, me vi obligado a suspender su publicación en el periódico después de que aparecieran veintitrés o veinticuatro entregas. Ahora publico el tema íntegramente en forma de libro. Aunque en esta obra se analizan diversos aspectos de distintos temas, la falta de tiempo me obligó a dejar muchos asuntos inconclusos. Los temas sobre los que habría debido escribirse un capítulo entero los terminé brevemente en una o dos líneas. Al redactar este libro presté especial atención a no insertar en ninguna parte opiniones personales, ni mías ni de ningún otro. Por el contrario, registré todos los asuntos fundamentales y detallados a la luz del Sagrado Corán. Cuando consideré necesaria una explicación detallada, recurrí a las colecciones de hadices, a obras fiables de fiqh y a exégesis auténticas y confiables. Al ver esto, cada lector podrá comprender que en este libro no se ha creado ningún asunto nuevo para adaptarlo al mundo actual. Por el contrario, todo lo que aquí se afirma se basa enteramente en las palabras de Allah, de Su amado Mensajero —la paz y las bendiciones sean con él— y de los nobles profetas —la paz sea con ellos—.
A los no musulmanes que no albergan una enemistad ciega hacia el islam por mero odio, les pido que intenten conocer, por medio de este libro, las verdaderas enseñanzas islámicas sobre la guerra. Después, si tienen algo que decir en contra, que lo digan. Si aun así quedara alguna duda en la mente de alguien, intentaré disiparla.
Delhi
15 de junio de 1972. Abul A’la.
Temas tratados en esta obra
En los primeros cinco capítulos de esta extensa obra se analiza detalladamente la dignidad de la yihad islámica, la guerra defensiva, la difusión del islam y la espada, así como las leyes islámicas relativas a la guerra y los tratados de paz. El sexto capítulo aborda la doctrina bélica de las religiones hindú, budista, judía y cristiana. El séptimo capítulo trata sobre la guerra y los tratados de paz llevados a cabo bajo la civilización actual.
Puede afirmarse sin la menor duda que ningún autor ha escrito, en ninguna lengua del mundo, una obra tan informada, razonada y autorizada sobre este tema. Allah Ta’ala concedió este honor y esta fama al Maulana Sayyid Abul A’la Mawdudi.
Tarjumanul Corán
Se ha dicho anteriormente que el propio Maulana Mawdudi fue quien más se benefició de la obra «Al-Yihad fi al-Islam». Inspirado por ella, después de cinco o seis años de profundo estudio y adquisición de conocimientos, comenzó en 1932, desde Hyderabad, en el Decán, una lucha incesante mediante la publicación de la revista mensual «Tarjumanul Corán». En sus páginas se encuentra, una y otra vez, la huella del llamamiento revolucionario que hizo para despertar a una nación adormecida, en medio de la penuria económica y en solitario, y conducirla por el camino de la verdad.
La publicación de Tarjumanul Corán
El 31 de julio de 1931, el Maulana Mawdudi regresó de Delhi a Hyderabad. En la ciudad de Hyderabad, un musulmán de buen corazón llamado Abu Muhammad Musleh Sahib llevaba algún tiempo publicando una revista mensual titulada «Tarjumanul Corán». Su objetivo era hacer llegar el sagrado mensaje del Corán a cada hogar. Fascinado por la sabiduría del Maulana Mawdudi, su talento, su admirable competencia en el ámbito del periodismo y, sobre todo, sus extraordinarios conocimientos islámicos, le confió la dirección editorial de Tarjumanul Corán. El Maulana aceptó esta responsabilidad convencido de que podría utilizar plenamente la revista para la causa de la invitación islámica y del movimiento islámico. Desde entonces, las siguientes palabras comenzaron a imprimirse cada mes en la página posterior de la revista (Back Page):
«En toda la India no existe más que una revista de este tipo. Su único objetivo es ensalzar la palabra de Alá y hacer el llamamiento al yihad fi sabililá. Su propósito y tema central consisten en examinar y criticar, desde la perspectiva del Corán, las corrientes de pensamiento, ideologías y principios de civilización y cultura que se están difundiendo por el mundo; y, en suma, explicar y analizar cada asunto —la filosofía, la ciencia, la política, la economía, la cultura y la vida social— a la luz de los principios expuestos por el Corán y la Sunna. Esta revista está invitando a la umma musulmana a una nueva vida. La esencia de su invitación es: “Haz musulmanes tu mente y tu corazón. Abandona las costumbres y métodos de la yahiliya y camina por el sirat al-mustaqim del islam. Sal con el Corán en la mano y permanece en el mundo con el porte de un vencedor”.»
Cabe señalar que, a comienzos de 1932, el Maulana compró la propiedad de Tarjumanul Corán, cuya edición estaba a su cargo y que pertenecía al señor Abu Muhammad Musleh, y se dedicó independientemente al servicio de la religión y de la comunidad.
En la tercera página del primer número de Tarjumanul Corán, publicado bajo su dirección en 1932, dijo: «El islam debe presentarse bajo su verdadera luz, la luz con la que lo presentó el Noble Corán».
En la quinta página dijo: «Hay que ayudar a todos, musulmanes y no musulmanes por igual, a comprender el Corán, y hay que disipar las dudas y sospechas que surgen en la mente de quienes lo estudian.»
En la página 150 de la revista, probablemente fue él quien presentó por primera vez de esta manera la concepción islámica de la vida:
«Desde la perspectiva del islam, el mundo no es algo despreciable que deba abandonarse, ni algo por lo que el ser humano haya de quedar cautivado y entregarse por completo a sus placeres. No es enteramente paz y sosiego, ni enteramente maldad e inquietud. No está bien mantenerse alejado de él, pero tampoco sumergirse por completo en él. No es totalmente impuro y turbio, ni totalmente puro y limpio. Además, la relación del ser humano con este mundo no debe ser como la del rey con su reino. Tampoco debe ser como la del prisionero que inclina la cabeza ante su cárcel. Y el ser humano no es tan victorioso y poderoso que todo se incline ante él. No es tan impotente que su voluntad no signifique nada, ni tan poderoso que su voluntad y deseo lo sean todo. No es el soberano absoluto de la creación, ni el esclavo indefenso de innumerables señores. La verdad se encuentra en un estado intermedio entre estos dos extremos.»
Cuando su revista entró en su segundo año, comentó en un artículo editorial:
“Tarjumanul Corán, bajo mi dirección, ha completado su primer año y entra en el segundo. Considero que es mi deber ineludible expresar mi gratitud a Alá Todopoderoso por la fuerza que me ha concedido durante este año para servir a Su religión y a Su valioso Libro, el Noble Corán, y por haberme mantenido firme e inquebrantable en esta tarea, incluso en medio de circunstancias extremadamente desesperanzadoras. Naturalmente, en comparación con Su gracia y Sus dones, mi gratitud es insignificante. Dadas las circunstancias en las que asumí la responsabilidad editorial de esta revista y los peligros a los que posteriormente tuve que enfrentarme, sin duda habría caído en la desesperación si, en vez de confiar únicamente en Dios, hubiera dependido de los medios y recursos mundanos y de mis propias fuerzas y capacidades. Pero gracias a Dios, no tenía ni la más mínima confianza en nada mundano y dependía únicamente de la gracia de Alá. La promesa de Dios es literalmente verdadera: quien se esfuerza con paciencia y sinceridad en Su camino tiene asegurado el éxito, y las penas y dificultades no pueden alcanzarlo.» (Tarjumanul Corán, Muharram de 1353 de la Hégira).
A pesar de enfrentarse a enormes dificultades y penurias económicas, el Maulana Maududi no pidió ayuda a la gente ni se sometió ante nadie. Esto era una manifestación de su profunda relación con el Señor. El departamento religioso del Estado del Nizam de Hyderabad compraba cada año varios cientos de ejemplares de Tarjuman al-Qur’an. En cierta ocasión, esa compra fue suspendida. El Nawab Zul Qadar Jang Bahadur era funcionario de dicho departamento. Expresó su deseo de que, si el Maulana se presentaba personalmente ante él para suplicarle y adularlo, él dispondría que su revista volviera a comprarse en mayor cantidad. Al enterarse de ello, el Maulana dijo: «Aunque viviera hasta el Día de la Resurrección, no iría ante él. Porque esto no es un asunto personal mío, sino un trabajo por la religión».
Como consecuencia, naturalmente el Maulana tuvo que afrontar una enorme pérdida económica.
Cuando la revista entró en su tercer año, el Maulana escribió el siguiente editorial:
«Este mes comienza el tercer año de Tarjuman al-Qur’an. El primer año transcurrió en medio de la penuria. Durante el segundo año se vislumbró cierta prosperidad por la gracia de Dios. En el tercer año vuelven a percibirse indicios de dificultades y penurias. Pero, sea como fuere, tanto en la dicha como en la aflicción debemos depender únicamente de Allah. Pues Él es el único digno de confianza y el único en quien se puede depositar la esperanza. Él ha afirmado con firmeza que, ciertamente, después de la dificultad llegará la facilidad, y que esto es inevitable. Por tanto, tenemos la firme convicción de que, si permanecemos constantes en el servicio de la religión incluso en la adversidad, y dependemos de Él considerando únicamente a Allah como nuestro auxiliador y quien satisface nuestros deseos, entonces Su gracia se presentará ante nosotros en forma de felicidad. Sabemos que todas las dificultades, humillaciones, penas y pobrezas nos sobrevienen precisamente para ponernos a prueba».
En dicho artículo editorial añadió:
«La situación de la nación musulmana actual es semejante a la de un terreno estéril, donde crecen abundantemente plantas de baja calidad, pero donde no pueden crecer árboles de buena clase. Ante nuestros ojos, muchas semillas de bien y prosperidad desaparecieron bajo la tierra. En otros lugares, aunque la semilla germinó, terminó pereciendo sin poder extender sus raíces. … Pero, en mi opinión, no puede ser tarea de un hombre musulmán sentarse desalentado al contemplar la esterilidad de la tierra, el clima desfavorable de la estación y la escasez de agua. Desde tiempos inmemoriales, la ley de la naturaleza ha sido que se are la tierra estéril y se luche contra su dureza. Hay que humedecer esa tierra con el propio sudor, e incluso, si es necesario, con gotas de sangre, y sembrar la semilla sin preocuparse por el resultado. Si gracias a sus esfuerzos la tierra estéril se vuelve verdeante y productiva, no hay nada más que decir. Pero si pasa toda su vida trabajando en vano en esa tierra improductiva y finalmente muere un día, tampoco eso constituye en realidad su derrota. ¿Acaso es poco éxito que haya permanecido firme hasta el último instante de su vida en aquello que consideraba obligatorio (fard) y que ningún fracaso haya podido apartarlo de su deber? (Tarjuman al-Qur’an, Muharram de 1354 H.)»
El amor y el afecto por Dios, la relación profunda e íntima con Él, la dependencia exclusiva de Él y la disolución del propio ser en Él: todo esto constituye el sustento de quienes desean recorrer el camino de Allah. También encontramos todas estas cualidades en el carácter del Maulana Maududi. El editorial citado y sus actividades prácticas lo demuestran, por tanto, sin lugar a dudas.
Cuando Tarjuman al-Qur’an entró en su cuarto año, comentó en su columna editorial:
«¿Acaso no es una gran gracia de Dios que me haya utilizado, a mí, una persona insignificante como yo, para prestar un gran servicio al din? Si se hubiera designado para esta tarea a una persona basándose en el conocimiento, el temor de Dios, la sinceridad y el conocimiento completo de lo aparente y lo oculto, jamás habría sido considerado apto para ella. Además, Su gracia aún mayor consiste en que se han pasado por alto todos mis errores y desvíos. Yo carecía de conocimiento; Él me concedió conocimiento. Estaba extraviado; Él me mostró el camino recto. Me encontraba sin recursos y desanimado. Él me concedió paciencia, valor y firmeza en mi determinación. Carecía de todo apoyo y recurso; Él me ayudó a cada paso desde tesoros invisibles y hizo que cada dificultad resultara tan fácil que superaba mi imaginación. Tengo sed de conocimiento; aparte de Él, no hay nadie que pueda saciar esta sed. Mi conocimiento y mi razón están llenos de innumerables errores y deficiencias. Si existe alguien capaz de eliminarlos, solo Él puede hacerlo. Mi corazón está angustiado, mi alma inquieta e impaciente, y mi mente intranquila. Solo Él puede curar esta enfermedad mía. Estoy sumergido en un mar de pecados. Mis actos contienen innumerables defectos y faltas. Mi debilidad natural me desvía a cada paso del camino de obtener la complacencia de Dios. Fuera de Dios, no existe nadie que pueda eliminar estos defectos míos. Le pido una capacidad de pensamiento sana y una perspectiva clara. Le pido la fuerza para amar y odiar únicamente por Allah.»
(Tarjumánul Corán, Muharram de 1355 H.)
En las palabras anteriores se ha manifestado claramente la expresión interior de un amante de Dios y de un devoto sincero. Inclina la cabeza al pensar en sus propios pecados. Se siente avergonzado y humillado por su incapacidad. Un intenso deseo de caminar por el Sirat al-Mustaqim, atormentado por la sed de conocimiento, humillándose y postrándose en el polvo ante su Señor, y un anhelo ferviente por alcanzar el amor del Señor: todo esto es característico del mard-e mu’min, el creyente enamorado y enloquecido de amor.
De la descripción anterior se puede comprender claramente a través de qué circunstancias adversas estaba invitando a la nación musulmana hacia la verdad, con una mente serena y firme. Durante seis o siete años consecutivos intentó de esta manera despertar una conciencia entre los musulmanes de la India y Pakistán. Continuó luchando solo e ininterrumpidamente por un camino difícil. En su pecho llevaba un valor ilimitado, en su mano una pluma irresistible y una confianza plena en Dios. Sin embargo, debido a la debilidad natural propia del ser humano, en ocasiones afloraron en él una profunda tristeza y dolor. A través de su revista, comentó:
–«El progreso máximo de esta revista es el anhelo más ferviente de mi corazón. Pero no estoy satisfecho con la forma en que se está publicando. Quiero que se convierta en una fuerza revolucionaria; que ilumine el pensamiento humano con el resplandor de la luz del islam, sacándolo de la oscuridad de la ignorancia, y que ese pensamiento sea purificado, iluminado y desarrollado sobre la base de los auténticos principios islámicos. Esta revista debe presentar ante la sociedad al islam, que ha sido reducido a una simple reliquia estéril del pasado, como una fuerza dinámica y como creador de un movimiento activo y revolucionario para el establecimiento de un sistema de vida. Espero que, mediante la crítica elevada y la protesta, vaya arrancando una a una de la faz de la Tierra las raíces de la oposición al islam, y que, mediante una investigación profunda de los hechos, resuelva cada problema de la vida basándose precisamente en los principios fundamentales del islam. Durante los últimos seis años he albergado esta esperanza en mi corazón y he intentado alcanzar ese objetivo empleando todas mis fuerzas. Pero, por desgracia, en este camino estoy completamente solo, sin medios ni recursos de apoyo. Mis fuerzas y capacidades son limitadas. Por eso no puedo hacer lo que deseo hacer. Voy por todas partes buscando colaboradores y compañeros de trabajo, pero no encuentro ninguno. En esta ciudad populosa me siento solo, desconocido y forastero. No encuentro a la amada por cuyo amor estoy fuera de mí. Durante años he expresado mi estado de ánimo a ciertas personas, pero cuando me acerco a ellas, siento que están muy lejos de mí. Sus aspiraciones son distintas de las mías. El objetivo de sus vidas es diferente del mío. Mi corazón les resulta extraño, al igual que sus corazones me son extraños. Por eso mi llamamiento angustiado no llega a sus oídos. Es como si viviera en un mundo completamente diferente.»
En fin, entre esperanzas y desesperanzas, golpes y contragolpes, el «Tarjumánul Corán» siguió avanzando: con su espada de doble filo, limpiaba la acumulada basura y desesperanza del mundo del pensamiento musulmán, y con la antorcha de su guía iluminaba todos los horizontes.
Maulana Mawdudi en Darul Islam
A mediados de abril de 1938, Maulana Sayyid Abul A‘la Mawdudi emigró desde Hyderabad, en el Decán, a un lugar llamado Pathankot, en el distrito de Gurdaspur, en el Punjab oriental. Siguiendo el consejo del difunto Allama Iqbal, se estableció un centro de investigación islámica llamado «Darul Islam» a unos cuatro kilómetros de la ciudad de Pathankot. Desde 1938 hasta la partición de la India, Darul Islam no fue únicamente un centro de investigación islámica; de allí también surgieron numerosos verdaderos soldados del islam y mard-e mujahid.
Cabe señalar que el filósofo Iqbal, visionario de Pakistán, leía regularmente el Tarjumanul Corán publicado por Maulana Maududi. Estaba tan influido por el pensamiento revolucionario y los artículos de Maulana que a veces se le oía decir: «Solo este Maududi puede mostrar a los musulmanes indios descarriados el camino correcto». La razón era que el filósofo Iqbal había percibido en Maulana claras señales de un gran hombre del futuro. Al conocer sus múltiples talentos, su capacidad de trabajo, su ambición y su carácter intachable, el poeta Iqbal invitó a Maulana a Lahore. Este fue el primer encuentro y conocimiento entre el poeta Iqbal y Maulana. El tema principal de su conversación fue la petición del perspicaz poeta de que Maulana hiciera del Punyab su campo de actividad. Tras el encuentro, Maulana regresó nuevamente a Hyderabad.
El señor Chaudhry Niaz Ali Khan era uno de quienes reflexionaban y planificaban el camino de acción correcto para el futuro de la comunidad islámica. Presentó al poeta Iqbal el proyecto de su plan y programa de trabajo. Sin embargo, alegando que por motivos de salud no podía hacer nada al respecto, el poeta le dijo: «Como sea, traiga a Maulana Maududi a Darul Islam».
Aquí cabe mencionar un episodio interesante. En cierta ocasión tuve la oportunidad de visitar la ciudad de Pattoki, en el Punyab. Allí fui huésped en la casa de un anciano hakim llamado Nemat Ali. El episodio que me relató fue el siguiente:
Un devoto de Dios, Chaudhry Niaz Ali Khan, pidió consejo a sus amigos acerca de gastar su enorme riqueza en alguna obra beneficiosa para la religión. Uno de sus amigos le aconsejó acudir a Allama Iqbal para conversar sobre el asunto. Entonces Chaudhry Niaz Ali Khan se entrevistó con Allama Iqbal y le expuso su deseo. Después de escuchar atentamente todo lo que le dijo, Allama Iqbal se levantó y entró en la casa. El señor Chaudhry esperó sentado durante mucho tiempo el regreso de Allama y, finalmente, se marchó decepcionado. Al no haberle dicho Allama ni una sola palabra, se sintió profundamente afligido.
Al enterarse de esto, su amigo le dijo: «Vuelva a visitar a Allama. Es un gran filósofo y hombre reflexivo. Tal vez, sumido en algún océano de pensamientos, haya olvidado lo que usted le dijo. Esta vez quizá le dé el consejo correcto». Chaudhry Niaz Ali volvió a exponer su deseo a Allama Iqbal y le dijo con voz humilde:
«Su Excelencia, aquel día entró sin decirme una palabra. Por eso creo que mi proyecto no le agradó».
Allama respondió: «¿Cómo que no dije nada? Sí, por supuesto que dije algo. Usted no lo entendió».
Entonces mostró el Tarjumanul Corán editado por Maulana Maududi y dijo:
«¿No notaste aquel día que entré, mostrándote esta revista? Eso significa que, para hacer realidad tu plan, necesitas a Abul A’la Maududi, el editor de esta revista. Si logras traerlo, todo tu trabajo quedará hecho.»
Chowdhury Niaz dijo: «Hazur, ni siquiera tengo relación con él.»
El Allama dijo: «Está bien, de acuerdo. Él vendrá a Delhi tal día. Ve a encontrarte con él llevando una carta.»
A su debido tiempo, Chowdhury Niaz Ali Khan fue a Delhi y entregó la carta del Allama a Maulana Maududi.
Maulana Maududi quedó estupefacto al leer la carta del Allama Iqbal. El Allama lo invitaba a abandonar Hyderabad y trasladarse al Punyab. Algún tiempo después, Maulana Maududi se entrevistó con el Allama y mantuvo con él una larga conversación sobre el asunto.
Después, Maulana abandonó Hyderabad y llegó a «Darul Islam». Pero ¿quién habría sabido que aquel cuya invitación y petición habían llevado a Maulana a abandonar su tierra natal y a sus familiares y amigos para elegir su residencia en una aldea rural de un país extranjero partiría al Más Allá apenas después de hacerle la llamada? Cuando Maulana llegó a «Darul Islam» y estaba ocupado organizando y acomodando su equipaje y sus pertenencias, recibió una carta del señor Sayyid Nazir Niazi, enviada desde Lahore. El resumen de la carta era el siguiente:
«El estado del doctor es sumamente crítico. Está muy deseoso de verlo una vez. Si es posible, venga pronto.»
El propio Maulana Maududi relata al respecto: «Al recibir la carta quedé estupefacto. Apenas acababa de llegar a un lugar nuevo. Mis pertenencias estaban amontonadas. Pensé que las ordenaría y acomodaría un poco, y que iría después de dos o cuatro días. Pero ¿quién habría sabido que el ángel de la muerte estaba al acecho? Mientras me preparaba para ir a Lahore, llegó de repente la noticia del fallecimiento del Allama.»
Apenas había puesto los pies en una tierra extranjera, desconocida y remota cuando la muerte de su benefactor y protector quizá dio un tremendo golpe a la nave de la vida del Maulana, haciéndola zozobrar por un instante; pero el hábil timonel permaneció en silencio, imperturbable, aferrado con firmeza al timón.
La laboriosa misión en Darul Islam
El ambiente tranquilo, apartado y libre de bullicio de Darul Islam favoreció la manifestación y el pleno desarrollo del pensamiento y la investigación islámicos. Como resultado de diez largos años de labor ininterrumpida con la pluma, por un lado se formó un acervo de literatura islámica nacido de la investigación del Corán y el hadiz, y las mentes, los corazones, la conducta y las obras de algunos siervos de Allah quedaron teñidos del color de Dios; por otro, fue precisamente en el centro de investigación de Darul Islam donde cobraron forma los elementos fundamentales para la creación de Pakistán: la doctrina de la teoría de las dos naciones. Entre las obras del Maulana publicadas desde allí se cuentan Khutbat (la esencia de la fe, el islam, la oración, el ayuno, el hach, el zakat y otros asuntos), La doctrina política del islam, ¿Qué es el Corán en cuatro términos fundamentales?, Renovación y reanimación de la religión, El camino de la revolución islámica, entre otras. Allí mismo comenzó el Tafsir del Corán, conmovedor y revolucionario, del Maulana, Tafhim al-Qur’an. Además, la excepcional obra de reflexión islámica y sentimiento nacional titulada Musulmanes y la actual crisis política, volumen 3, fue concluida durante un bendito mes de Ramadán en Darul Islam. En suma, cuando la nación musulmana se había perdido en la oscuridad de una noche tenebrosa, la antorcha encendida de Darul Islam iluminó su camino.
No sería exagerado decir que Darul Islam era una fábrica de armamento, de la que salieron dos armas de guerra sólidas y poderosas, con las cuales los cien millones de musulmanes del subcontinente indopakistaní hicieron trizas al Congreso y todas sus conspiraciones políticas y culturales. Esas dos armas eran la cuestión del nacionalismo y Musulmanes y la actual crisis política.
La hégira del Maulana
La palabra hégira significa abandonar la propia patria, a los familiares, parientes y amigos, los campos y granjas, los negocios y el comercio, y elegir en algún otro lugar de la tierra de Allah un sitio donde residir, con el propósito de obtener la complacencia de Allah y en beneficio del islam; un lugar donde sea posible practicar plenamente el islam o desde el cual se tenga una mayor oportunidad de servir a la religión. Nadie puede negar que esta tarea es sumamente difícil y dolorosa. No es poca cosa romper los lazos con el lugar donde uno nace, cuyo aire y cuya luz lo crían y hacen crecer, y con sus árboles, ríos, paisajes naturales, seres queridos, amigos, diversos bienes y utensilios cotidianos, que crean una red de afectos que lo mantiene aferrado a ellos, para marcharse a otro sitio. Incluso el Santo Profeta (la paz y las bendiciones sean con él) sintió tristeza al romper vínculos de esa naturaleza. Pero tuvo que hacerlo por Allah.
El Maulana Maududi nació en Aurangabad, una ciudad moderna de Hyderabad. Más tarde eligió la ciudad de Hyderabad como campo de trabajo. Sin embargo, con un gran propósito y atendiendo al llamado del Allama Iqbal, hizo la hégira a una aldea remota llamada Jampur, bajo la jurisdicción de Pathankot, en la provincia del Punyab. Allí no había electricidad. La estación de ferrocarril más cercana, Sarnao, se encontraba a varios kilómetros. Por la noche había que trabajar a la luz de lámparas de queroseno. No había casas modernas ni instalaciones modernas de baño o letrinas. Había que sacar agua del pozo para bañarse y preparar los alimentos. Había que partir la leña y, entre nubes de humo, soportar grandes penurias para cocinar.
El Maulana se casó con una mujer de una familia sumamente distinguida de la ciudad de Delhi. Es fácil imaginar cuán difícil debió de ser para su esposa vivir en una aldea tan apartada. Aunque residir en un lugar así era inadecuado para sus gustos y su salud, tuvieron que aceptarlo, como si colocaran una piedra sobre el corazón. ¿Acaso fue un sacrificio y una renuncia insignificantes? Pero él lo hizo únicamente para servir a la religión y con el propósito de obtener la complacencia de Allah. No dudó en realizar cualquier sacrificio y renuncia por este camino. Hoy innumerables personas de todo el mundo disfrutan de los frutos dorados de ese sacrificio y pasan del camino equivocado de la vida al camino correcto.
El matrimonio del Maulana
Un año antes de emigrar a «Darul Islam», el 5 de marzo de 1937, el Maulana Maududi contrajo matrimonio con una familia sayyid de renombre.
Al emperador mogol de la India, Shah Jahan, le gustaba rezar únicamente detrás de un imán perteneciente a la estirpe sayyid. Por ello, nombró imán de la mezquita congregacional de Delhi a un erudito sayyid de elevada formación procedente de Bujará. Hasta hoy, un erudito descendiente de una rama de esta familia ocupa el cargo de imán de la mezquita congregacional de Delhi. En esta misma familia contrajo matrimonio el Maulana Sayyid Abul Ala Maududi.
La contribución inmortal del Maulana al movimiento por Pakistán
Cuando la nación musulmana se encontraba confundida y había perdido el rumbo ante el movimiento de nacionalidad panindia del Congreso hindú, es decir, el movimiento para establecer el Ram Rajya en una India indivisa, el Maulana Maududi encendió ante ella la antorcha de la verdad, le mostró el camino y le hizo un ferviente llamamiento a unirse mediante los lazos de la fraternidad islámica. Ya se ha dicho que, en su libro «Al-Yihad fi al-Islam», presentó el islam como un verdadero movimiento revolucionario de carácter ideológico y describió el deber, el propósito y el objetivo de la nación musulmana. Debido a la ciega devoción al Congreso de la Jamiat Ulama-e-Hind, rompió su relación con la revista «Al-Jamiat». Posteriormente, después de que los históricos catorce puntos del señor Muhammad Ali Jinnah —que todavía no había recibido el título de Qaid-e-Azam— fueran aceptados en la Conferencia de la Mesa Redonda de Inglaterra, la Liga Musulmana emprendió un movimiento de autodefensa contra el Congreso nacionalista hindú. Esto tampoco era, en realidad, un movimiento ideológico sólido.
Es evidente que el Congreso había dedicado muchos años a formar una nación geográfica y regional mediante la integración de todas las comunidades. Al comprender su peligrosidad, los musulmanes adoptaron otro camino equivocado para protegerse de ella: el nacionalismo musulmán, en lugar de la nacionalidad unitaria influida por la civilización y la cultura hindúes. En realidad, ambas formas de nacionalismo son peligrosas. Por ello, en el primer volumen de su libro «Siyasi Kashmakash», el Maulana Maududi analizó científicamente, en primer lugar, el objetivo fundamental, el ideal y el papel político del islam. Después, en el segundo volumen de la misma obra, analizó los defectos y las terribles consecuencias del nacionalismo que el Congreso propugnaba. A continuación, analizó también las terribles consecuencias del nacionalismo musulmán hacia el que los musulmanes indios se inclinaban bajo el liderazgo de la Liga Musulmana. En realidad, el islam no vino para crear ningún nacionalismo ni para establecer ningún Estado nacional. Por el contrario, pretende presentar al mundo un ideal recto, una filosofía de vida y una filosofía social, y formar un Estado ideológico, es decir, un Estado basado en un ideal. En esta obra —el segundo volumen de «Siyasi Kashmakash»— se propugna la formación de un Estado islámico, en lugar de un Estado musulmán.
Desde 1935, el Maulana presentó advertencias y soluciones acerca de la confusión política en la que habían caído y por la que habían perdido el rumbo los musulmanes indios, en obras suyas como «Tanqihat», «Siyasi Kashmakash», «Purdah» y «Tajdid wa Ihya-e-Din».
El Maulana nunca pudo apoyar el desastroso movimiento del Congreso. Por el contrario, sostenía que había que romper toda relación con el Congreso y que los musulmanes debían vivir como un partido o una nación ideológica independiente. Los musulmanes, olvidando las verdaderas enseñanzas del islam y su ideal de moralidad, se inclinaban hacia la civilización y la cultura europeas. Él pronunció severas advertencias contra ellos y, mediante su libro «Tanqihat», les mostró claramente las consecuencias venenosas del fruto del árbol ponzoñoso de la civilización europea. El objetivo fundamental de todos sus escritos y esfuerzos era que los musulmanes se alzaran en el mundo como una nación ideal y que, en toda la vida humana, se estableciera plenamente el gobierno exclusivo de Alá Todopoderoso. En realidad, posteriormente, esto fue lo que tomó la forma del movimiento por Pakistán.
El nacionalismo unitario de Maulana Madani
Sin embargo, el Congreso se mantuvo siempre firme en su propio objetivo: crear una nación única en toda la India y obtener, sobre esa base, la independencia del país. Con el propósito de confundir y engañar a los musulmanes indios demostrando un nacionalismo geográfico y regional, el Congreso hindú puso al servicio de su causa a uno de los más eminentes eruditos religiosos. El difunto Hazrat Maulana Husain Ahmad Madani, jefe del departamento de hadices del centro de estudios islámicos más prestigioso de la India, Deoband, intentó en cierta ocasión, en la mezquita principal de Lahore, demostrar mediante citas del Corán y de los hadices la existencia de una nación geográfica formada por todos los habitantes de la India —hindúes, musulmanes, budistas, cristianos y jainistas, sin distinción—. Su discurso también fue publicado en forma de folleto. En aquel momento, el movimiento de la Liga Musulmana estaba cobrando gran fuerza y había avanzado hasta entonces presentando a los musulmanes como una nación distinta. Pero, al escuchar de labios del jefe del departamento de hadices de un célebre centro de estudios los argumentos y pruebas en favor de una nación única formada por musulmanes y no musulmanes, los círculos de la Liga Musulmana y, en general, la India musulmana quedaron atónitos, profundamente desconcertados y sacudidos por la desesperanza. En ese momento, el poeta y filósofo Iqbal, visionario de Pakistán, yacía en su lecho de enfermo. Al enterarse, desde su lecho de enfermo, de las palabras de Madani, se sintió profundamente afligido e inquieto. Lentamente, con el cuerpo tembloroso, se incorporó en la cama y, como poeta por naturaleza, criticó con extrema dureza las palabras de Maulana Madani en versos, aun en medio de los tormentos de su enfermedad:
El persa aún no ha comprendido el misterio de la religión,
¡Qué extraña maravilla es este Husain Ahmad de Deoband!
Entona en el púlpito: «La nación nace de la patria».
¡Qué ignorante es de la dignidad de Muhammad el árabe!
Acércate a Mustafa, pues toda la religión está en él.
Si no llegas a él, todo se reduce a Abu Lahab.
Es decir:
Aquel pueblo de Ajam no comprendió
la perplejidad ante la esencia del Din,
por eso, en Deoband, Husain
Ahmad dice qué cosa tan extraña.
«Del watan nace la millat»
repite él, estas palabras;
¡ay!, no comprendió la posición del Profeta
Él es el honor de los árabes.
Llévalo ante el Profeta.
Entregarse a sí mismo: esa es la exigencia de esta religión.
Si no puedes hacerlo llegar
todo será «abu-lahabí».
Es innecesario decir que, aunque unos cuantos versos del doctor Iqbal fustigaron la doctrina del difunto señor Madani, no fueron suficientes para demostrar que el nacionalismo unitario era falso. Como resultado, los musulmanes indios y la Liga Musulmana, al ver su movimiento envuelto en la niebla, quedaron desorientados. Precisamente en este momento de crisis, Maulana Maududi comenzó a manejar su vigorosa pluma y escribió una obra revolucionaria e invaluable titulada «Mas’ala-e Qaumiyat».
Aquí considero necesario mencionar brevemente las palabras del difunto Maulana Madani. En su discurso intentó demostrar precisamente que, en la época actual, una nación se constituye sobre la base de la regionalidad geográfica. Para demostrar su afirmación, comenzó diciendo:
«Ahora considero necesario señalar los errores y defectos de todo cuanto se ha publicado y se está publicando en relación con la oposición a la teoría de una sola nación y con la demostración de que esta es contraria a los principios de justicia. Desde 1885, el Congreso viene realizando esfuerzos y empeñándose considerablemente para reclamar ante los habitantes de la India la unidad nacional sobre la base del patriotismo. Las fuerzas que se le oponen se esfuerzan denodadamente por demostrar que negarla es, más bien, ilegítimo y haram. En realidad, nada hay más peligroso que esto para el imperialismo británico. Estas cosas no se han expresado solamente hoy, sino que ya se habían expresado en 1886 o incluso antes.»
También dice:
«Aunque la unidad nacional fuera una cosa tan maldita y despreciable, puesto que los europeos desarraigaron el poder islámico y el Califato otomano precisamente aplicando esta arma, hoy es deber de los musulmanes utilizar esta misma arma con el propósito de desarraigar a los británicos». (Islam y nacionalismo, página 43).
Al comienzo de la obra revolucionaria que escribió en respuesta a las palabras del difunto Maulana Sayyid Abul Ala Maududi —«Islam y nacionalismo», traducción bengalí de la obra en urdu «La cuestión del nacionalismo», escrita por Maulana Maududi—, dice:
«El director de Darul Ulum Deoband, el honorable Maulana Husain Ahmad Madani, ha escrito un folleto titulado “La teoría de una sola nación y el Islam”. Naturalmente, se esperaba que este folleto, escrito por un erudito de gran renombre y por el director de la más importante institución de enseñanza religiosa de la India indivisa, ofreciera un análisis sencillo de la “compleja teoría de la nacionalidad” y una plena expresión de la verdadera perspectiva islámica. Pero, después de leerlo, hemos quedado cruelmente decepcionados y hemos considerado que este libro perjudica la dignidad del autor. En la época actual, innumerables doctrinas contrarias al Islam se disponen a lanzar un violento ataque contra los principios fundamentales del Islam; hoy el Islam se encuentra indefenso incluso en su propia casa. Los propios musulmanes no examinan los acontecimientos y problemas del mundo desde la perspectiva del Islam puro. Huelga decir que no pueden hacerlo únicamente por ignorancia. Además, la cuestión de la “nacionalidad” es tan compleja que la vida o la muerte de cada nación depende precisamente de comprenderla con claridad. Si una nación mezcla con los fundamentos de su propia nacionalidad principios completamente diferentes, no puede sobrevivir en el mundo como “nación”. Al tomar la pluma sobre este complejo asunto, era necesario que una persona como el Maulana Husain Ahmad Madani fuera plenamente consciente de su propia responsabilidad. Pues a él le ha sido confiada la encomienda del Profeta. Si alguna vez se acumulan suciedad y basura sobre las verdaderas enseñanzas y los principios fundamentales del Islam, corresponde a personas como ellos eliminarlas.»
En esta época de oscuridad, deberían haber comprendido plenamente que su responsabilidad es mucho mayor y más exigente que la de los musulmanes comunes. Si los musulmanes comunes permanecen sumidos en el error, también se considerará responsables de ello, ante todo, a las personas de esta clase. Por eso debo decir nuevamente que en el folleto del Maulana Madani no se encuentra ninguna prueba de su conciencia ni de su sentido de la responsabilidad». (Islam y nacionalismo, página 41).
Para demostrar que la «teoría de una sola nación» de todos los habitantes de la India es legítima, el Maulana Madani presentó otro argumento:
«Cada día formamos asociaciones o sociedades para intereses comunes, y no solo participamos en ellas, sino que también hacemos denodados esfuerzos para obtener su membresía. …. Existen áreas urbanas, áreas notificadas, juntas municipales, juntas distritales, consejos legislativos, asociaciones educativas y cientos de asociaciones de este tipo, constituidas para fines especiales conforme a normas y reglamentos determinados. Nadie declara prohibido participar en estas asociaciones ni esforzarse por ello total o parcialmente. Pero lo sorprendente es que, si alguna asociación de este tipo se establece para trabajar por la independencia del país y contra la dominación británica, entonces participar en ella se vuelve ilícito, contrario a la justicia, contrario a las enseñanzas del Islam y contrario a la razón y el entendimiento, etc.». (Islam y nacionalismo, página 52).
En respuesta, Maulana Maududi dice:
«En realidad, esto es tomar una decisión equivocada basándose en un error. El maulana Madani considera obligatorio un acto pecaminoso y, cegado por su amor hacia él, intenta demostrar que otro pecado semejante es lícito. Sin embargo, en ambos casos existe la misma causa fundamental de su prohibición. Quiero decir claramente que, para los ulemas de la India, declarar un día ilícito y al día siguiente lícito el ingreso en los consejos y las asambleas se ha convertido enteramente en un juego de niños. Pues no tienen como principio declarar ilícita una cosa después de examinar la realidad del asunto. Una sola palabra de Gandhi hace que se active su capacidad de emitir fetuas. Pero yo afirmo, basándome en los principios y normas eternos e inmutables del islam, que es sin duda un delito perpetuo que los musulmanes apoyen aquellas instituciones colectivas que otorgan a los seres humanos el derecho absoluto a emitir nuevos veredictos sobre asuntos respecto de los cuales Alá y Su Mensajero (la paz y las bendiciones de Alá sean con él) han dictado decisiones claras. Pero cuando, en esas instituciones colectivas dotadas de tal derecho y autoridad absolutos, los no musulmanes pasan a ser mayoría y todas las decisiones se toman precisamente sobre la base de esa mayoría, entonces ello se considera un delito doble. Por tanto, el primer deber de los musulmanes es separar el ámbito de acción de esas instituciones colectivas de los límites establecidos por la sharía de Dios; y esa es, para ellos, la verdadera lucha por la libertad. Si los límites mencionados para el ejercicio de la autoridad de ambas partes fueran independientes entre sí, sería lícito para los musulmanes cooperar con un grupo formado para atender algún interés común de las naciones musulmana y no musulmana. Ya sea para repeler el ataque de un enemigo o para realizar alguna actividad económica o industrial, no hay diferencia. Pero mientras los ámbitos de acción y autoridad de ambas naciones permanezcan entrelazados, aparte de la unión y la cooperación, incluso vivir bajo un sistema de gobierno semejante será completamente impropio para los musulmanes. En este asunto, todos los musulmanes sin excepción serán considerados culpables hasta que, unidos y con la ayuda de su fuerza conjunta, hagan añicos dicho sistema de gobierno. Y quienes acepten voluntariamente este sistema y se esfuercen por ponerlo en funcionamiento serán aún más culpables. Pero la persona que, sea quien sea, presente argumentos extraídos del Corán y del hadiz en favor de poner en funcionamiento ese sistema será la más culpable de todos.»
(Islam y nacionalismo, página 53)
Al observar las nefastas consecuencias del nacionalismo unitario del Congreso, el maulana Maududi dice:
«Con este propósito se elaboró el Plan de Wardha. El mismo era también el propósito del Plan Vidya Mandir. Este propósito estaba expresado claramente por escrito en ambos planes. Pero el maulana Madani no había examinado en absoluto ninguno de estos planes ni sus programas de estudios. Durante varios años, Pandit Nehru había estado inculcando precisamente esta forma de nacionalismo. Sin embargo, ninguno de sus discursos o escritos había llegado al conocimiento del maulana Madani. Cada una de las personas responsables del Congreso declara, escribe y difunde enérgicamente esta misma idea con la ayuda del poder estatal obtenido mediante la nueva constitución. Pero el maulana Madani no puede oír, ver ni percibir nada de ello. Y, sin embargo, cada una de las instituciones colectivas que él ha mencionado está llevando a cabo todas estas actividades.» (Islam y nacionalismo, páginas 59-60).
El maulana Maududi añade:
«Por tanto, habría sido mejor que el maulana Madani hubiera utilizado expresiones como “amistad mutua” para expresar su actitud y que, en lugar de presentar esto como la política y la actividad del Congreso, hubiera presentado por su propia cuenta una propuesta como recomendación. Al menos, si todavía muestra siquiera un poco de benevolencia hacia esta nación, será un gran favor. De lo contrario, existe una gran posibilidad de que sus escritos provoquen una enorme calamidad. Los gobernantes y reyes tiranos, y los líderes estatales impíos, hicieron cuanto hicieron, y los ulemas lo demostraron como verdadero mediante pruebas del Corán y del hadiz, utilizando así la religión como instrumento de opresión y explotación,
Tras la publicación del mencionado folleto del maulana Madani, se ha vuelto sumamente urgente analizar el “nacionalismo” desde una perspectiva puramente científica y poner de manifiesto, en este asunto, la diferencia fundamental entre las doctrinas islámica y no islámica. Si se hiciera esto, todas las ideas equivocadas relacionadas con el tema desaparecerían de la mente de la gente, y les sería posible elegir, con conocimiento y reflexión, uno de los dos caminos. Esta era responsabilidad de los ulemas; pero cuando la principal figura de la comunidad de ulemas ha izado la bandera del nacionalismo unitario y ningún ulema está dispuesto a cumplir con su verdadero deber, nosotros, la gente común, tendremos que ocuparnos de ello.» (Islam y nacionalismo, página 61).
Al describir en esta obra los fundamentos del nacionalismo islámico, dice:
«Alá y Su Mensajero (s. a. s.) hicieron añicos los fundamentos limitados, rígidos, sensoriales y supersticiosos sobre los que se han erigido los palacios de las distintas nacionalidades del mundo. Basándose en diferencias y discriminaciones anticientíficas de raza, tribu, patria, economía y política, los seres humanos, debido a su propia necedad y extrema ignorancia, destruyen la humanidad, mientras que, desde la perspectiva de la humanidad, han concedido a todas las personas la misma categoría, la misma dignidad y los mismos derechos.»
«En el nacionalismo islámico ciertamente se establece una diferencia entre las personas, pero no por ninguna causa material, mundana o externa. Se establece desde la perspectiva espiritual, moral y humana. Se presenta ante la humanidad una ley natural y verdadera llamada Islam. Se ha invitado a toda la humanidad a la servidumbre y obediencia a Alá, a la pureza y purificación del corazón y la mente, a la integridad de las acciones, a la honestidad y a la práctica religiosa. Luego se declara que quienes acepten esta invitación serán considerados una sola nación. Y quienes la rechacen pertenecerán a una nación completamente distinta. Es decir, una de las naciones humanas es la nación de la fe y el Islam, y el conjunto de todos sus individuos forma una ummah. La otra es la nación de la incredulidad y el extravío. Sus seguidores, pese a sus discrepancias y diferencias mutuas, son considerados un mismo grupo y pertenecientes a una misma comunidad.»
«Entre estas dos naciones no existe diferencia en cuanto a linaje o tribu. La diferencia está en la creencia y las obras. Por tanto, incluso dos hijos de los mismos padres pueden, debido a la mencionada separación entre el Islam y la incredulidad, ser considerados miembros de dos naciones distintas; y dos personas sin parentesco ni relación, por haber abrazado el Islam, pueden pertenecer a una misma nación.»
«La diferencia de patria tampoco puede ser causa de separación entre estas dos naciones. Aquí la distinción se establece sobre la base de la verdad y la falsedad. Y la verdad y la falsedad no tienen “patria” ni “lugar de nacimiento”. Dos personas de la misma ciudad, del mismo barrio e incluso de la misma casa pueden tener nacionalidades diferentes debido a la diferencia entre el Islam y la incredulidad. Un negro puede ser, por el vínculo del Islam, hermano de un marroquí.»
«La diferencia de raza tampoco es aquí motivo de diferencia nacional. En el Islam, el color de la apariencia externa carece de importancia. Aquí solo tiene importancia el color de Alá. Ese es el color más excelente.»
«La diversidad de lenguas tampoco es causa de diferencia entre el Islam y la incredulidad. En el Islam, el lenguaje de la boca no tiene ningún valor. Lo que tiene valor es el lenguaje de la mente y del corazón, el lenguaje sin palabras.»
El centro de este círculo del nacionalismo islámico es la profesión de fe: la ilaha illa-llahu muhammadur rasulullah. La amistad y la enemistad se establecen precisamente sobre la base de esta profesión de fe. Su aceptación une a las personas, mientras que su rechazo provoca una separación definitiva entre ellas. A quien esta profesión de fe separa, ninguna relación ni parentesco basado en la sangre, la tierra, la lengua, la raza, el alimento o el sistema de gobierno puede volver a unirlo. Del mismo modo, nada puede separar a quienes esta profesión de fe une.
El Maulana añade:
«Cabe señalar que la relación entre la nación musulmana y las naciones no musulmanas tiene dos aspectos. El primero es que, en cuanto seres humanos, musulmanes y no musulmanes son iguales. El segundo es que la diferencia entre el islam y el kufr nos ha hecho completamente distintos de ellos. En virtud del primer aspecto, los musulmanes deben tratarlos con compasión, misericordia, generosidad y cortesía. Pues, desde el punto de vista de la humanidad, ese es el trato que pueden esperar. Incluso si no son enemigos del islam, se puede establecer con ellos amistad, paz y cooperación en objetivos comunes (Common Cause). Sin embargo, ninguna relación material o mundana puede unirlos a nosotros y convertirnos en “una sola nación”.»
En cualquier caso, la obra mencionada de Maulana Maududi provocó una conmoción en la sociedad de aquella época y disipó por completo la confusión causada por los discursos y el folleto de Maulana Madani. Los líderes y activistas del movimiento por Pakistán la utilizaron como un arma afilada. En realidad, esta obra estableció la base científica de la teoría de las dos naciones y se convirtió en la causa principal de la creación de Pakistán. La obra refutó los argumentos y razonamientos del peligroso plan del Congreso para establecer el Ramrajya, así como del nacionalismo regional respaldado por Maulana Husain Ahmad Madani, demostrando que eran acientíficos, irracionales, antiislámicos y vacíos de contenido. Además, mediante esta obra, Maulana Maududi hizo evidente y clara la legitimidad de la reivindicación de los musulmanes de constituir una nación separada y establecer un Estado independiente.
Esta es la causa principal de la ciega hostilidad de Maulana Madani hacia Maulana Maududi. Basándose en dicha hostilidad, Maulana Madani, posteriormente, disparó desde la ametralladora de sus fatwas, hasta el final de su vida, una andanada de fatwas incendiarias, formuladas a partir de acusaciones infundadas, sin base y llenas de odio contra Maulana Maududi. Aún más lamentable es que muchos discípulos y seguidores del difunto señor Madani, conocidos como ulemas de la religión, siguiendo a su maestro, también se entregaran a una oposición ciega contra Maulana Maududi. Es innegable que Maulana Madani y sus discípulos y seguidores pusieron enormes obstáculos a la creación de Pakistán. Incluso después de que Pakistán fuera proclamado, durante el “referéndum de Sylhet”, estos honorables ulemas fueron de puerta en puerta entre los musulmanes de Sylhet para conseguir votos contra Pakistán. Después de la creación de Pakistán, estos mismos honorables ulemas se presentaron de repente como sus más fervientes benefactores y acusaron a Maulana Maududi de oponerse al movimiento por Pakistán. ¿Qué mancha mayor, qué tergiversación más grave de la verdad, podría haber en la historia del “islam” y de los “ulemas de la religión”?“
Ninguna persona consciente, instruida, justa y mentalmente sana puede negar la enorme contribución de Maulana Sayyid Abul Ala Maududi a la creación de Pakistán. Esto quedará escrito con letras de oro en las páginas de la historia para las generaciones futuras.
Algunos partidos políticos de nuestro país, movidos por sus intereses y oportunismo, y ciertos de sus seguidores ciegos —incluso algunos ulemas— acusan a Maulana Maududi de haber sido en una época un acérrimo opositor de Pakistán, como seguidor del Congreso y de la Jamiat Ulema-e-Hind. A las personas instruidas no debería resultarles difícil comprender que semejante propaganda nace de la hostilidad hacia el islam y constituye una conspiración siniestra para impedir el renacimiento del islam. Pedimos a los lectores y lectoras imparciales y a las personas distinguidas del país que intenten conocer y comprender todas las actividades del pasado de Maulana Maududi. Maulana Maududi no es más que un ser humano. Es natural que tenga defectos y limitaciones propios de la condición humana. Pero eso no convierte en acto propio de una persona buena el formular acusaciones falsas y maliciosas contra quien consagró todo su tiempo, sus recursos y su esfuerzo a lo largo de su vida al camino de Alá y continúa esforzándose incansablemente por restablecer la religión del islam. ¿Qué injusticia y opresión mayores podrían cometerse contra él? Sin embargo, quienes actúan así deberían recordar que un día la verdad resplandecerá con su luz celestial, y ese día se desvanecerán en el vacío todos los globos de mentira.
Maulana Maududi y la Liga Musulmana
Aunque el movimiento por Pakistán continuó desarrollándose bajo el liderazgo de la Liga Musulmana de toda la India, Maulana Maududi no se incorporó a la Liga Musulmana. Más adelante se explicará por qué no lo hizo. No obstante, es innegable que Maulana Maududi fue uno de los pensadores cuyas ideas dieron origen al movimiento por Pakistán. Más aún, prestó una colaboración activa a dicho movimiento. No somos los únicos en afirmarlo: también ha sido reconocido por otros sectores y, en particular, por el propio ámbito de la Liga Musulmana. Como prueba, presentamos a continuación algunas citas:
Durante el período anterior a la partición, Maulana Zafar Ahmad Ansari, M.A., LL.B., fue la mano derecha del difunto Quaid-e-Azam y del difunto Liaquat Ali Khan. Fue secretario adjunto de la Liga Musulmana de toda la India y secretario de su Comité de Acción y de la Junta Parlamentaria Central. Él dice:
«Sobre este tema, el maulana Abul A‘la Maududi Sahib comenzó a escribir una serie de artículos titulada “El problema del nacionalismo” (Mas’ala-e Qaumiyyat). Debido a sus irrefutables argumentos y pruebas, así como a su poderoso estilo de expresión, el artículo fue recibido con enorme aprecio por los musulmanes. En poco tiempo se convirtió rápidamente en un tema de discusión entre ellos. Como resultado de este importante debate, la idea de la teoría de una sola nación quedó completamente destrozada, y el sentimiento de una teoría nacional distintiva se propagó entre los musulmanes con la velocidad de un relámpago. Esto no era una mera discusión ideológica sobre el nacionalismo; más bien, había derribado el palacio de sueños del Congreso y de la Jamiat Ulema-e-Hind. La estrategia más peligrosa de los hindúes consistía en eliminar de cualquier manera del corazón de los musulmanes el sentimiento de una teoría nacional distintiva y vaciar de contenido la raíz misma de su existencia nacional. La propia Liga Musulmana intentaba hacer resaltar más el aspecto religioso de este debate, para que el pueblo pudiera comprender el juego del Congreso y se sintiera impulsado a cumplir las exigencias de su din y de su fe.»
(“El movimiento de Pakistán y los ulemas”, mensual Chiragh-e Rah, número especial sobre la ideología de Pakistán, pág. 232).
El maulana Ansari Sahib añade:
«En realidad, incluso antes de que se adoptara la Resolución de Pakistán, desde diversos sectores comenzaron a surgir demandas de “Gobierno divino”, “Hindustán musulmán” y “Califato del Señor”, entre otras. Allama Iqbal había propuesto la idea de un Hindustán musulmán. Los escritos del señor Maududi habían alzado la voz por el “Gobierno divino”. El maulana Azad Subhani había propuesto la idea del “Califato del Señor”. El surgimiento de demandas de este tipo desde diversos lugares demostraba que los musulmanes sentían profundamente la necesidad de establecer un Estado basado en su propio pensamiento y que, dadas las circunstancias, su determinación latente estaba despertando plenamente.»
(“El movimiento de Pakistán y los ulemas”, mensual Chiragh-e Rah, número especial sobre la ideología de Pakistán, pág. 233).
Allama Iqbal estaba profundamente influido por los artículos y demás escritos del maulana Maududi. El señor Mian Muhammad Shafi, editor del semanario Iqdam, publicado en Lahore, afirma que Allama Iqbal escuchaba, mediante la lectura de otra persona, aquellos artículos de Tarjuman al-Qur’an. Quedó tan fascinado e influido por ellos que pidió al maulana que abandonara Hyderabad, en el Decán, y se trasladara al Punyab. Fue a raíz de esta invitación suya que el maulana Maududi se trasladó al Punyab en 1938.
El señor Mian Muhammad Shafi comentó en un artículo titulado “Diario de Lahore”, publicado en el semanario Iqdam el 9 de junio de 1963:
«En realidad, el maulana Sayyid Abul A‘la Maududi era enemigo de los musulmanes nacionalistas. Lo afirmo con plena responsabilidad: yo solía oír decir a Allama Iqbal: “Maududi dará una lección a todos estos musulmanes congresistas”. Allama Iqbal criticaba claramente a Azad (el maulana Abul Kalam Azad) y a Madani (el maulana Husain Ahmad Madani). Sin embargo, estaba acostumbrado a que otras personas le leyeran determinadas partes de Tarjuman al-Qur’an del maulana Maududi. Además, en este asunto lo afirmo con absoluta responsabilidad: Allama Iqbal pidió al maulana Maududi, mediante una carta, que hiciera del Punyab su lugar de trabajo en vez de Hyderabad, en el Decán, y dictó esta carta precisamente a mí.»
Syed Sharifuddin Pirzada, asesor de la Comisión Constitucional formada durante el régimen militar de Pakistán y presidente de la Comisión de Derecho de Compañías, afirma en su obra Evolution of Pakistan:
«Mediante una serie de artículos publicados en 1938-39 en Tarjumanul Qur’an, Maulana Maududi desenmascaró al Congreso y advirtió a los musulmanes. Además, examinó la historia de los musulmanes del subcontinente. Despojó al Congreso de la máscara de su secularismo y demostró que, dadas las circunstancias particulares de la India, la democracia no era adecuada para ella. Porque aquí los musulmanes tienen un voto y los hindúes cuatro votos. Condenó el imperialismo nacionalista de los hindúes y expresó la opinión de que ni los electorados conjuntos ni la obtención de un número algo mayor de escaños en las asambleas, ni la fijación de una proporción numérica en los empleos, constituían una solución al problema político de la nación musulmana. También presentó tres propuestas alternativas al respecto». (Evolultion of Pakistan, página 191)
De estas tres propuestas, la tercera era precisamente la propuesta de la partición de la India. El señor Pirzada concluye en su obra:
«Todas esas propuestas y recomendaciones presentadas por Sir Abdullah Haroon, el Dr. Latif, Sir Sikandar Hayat Khan, un punyabí, el Dr. Qadri, Maulana Maududi, Chaudhry Khaliquzzaman y otras personalidades fueron, en cierto sentido, indicaciones del camino hacia la creación de Pakistán». La obra citada.
No necesitábamos las citas anteriores para demostrar lo que afirmamos. Pero consideramos necesario presentarlas únicamente para quienes no estaban familiarizados con las circunstancias de aquella época. De ellas se desprende hasta qué punto las dos obras de Maulana Maududi, Musulmanes y la actual lucha política y El problema del nacionalismo, prestaron un servicio nacional en el movimiento de independencia de Pakistán y la India, especialmente en el camino hacia la consecución de Pakistán.
Las tres propuestas de Maulana que Sharifuddin Pirzada menciona en su obra eran propuestas de tres constituciones alternativas, publicadas en los números de octubre, noviembre y diciembre de 1938 de Tarjumanul Qur’an.
En resumen, se presentan a continuación:
Primera propuesta
(a) El sistema estatal se basará en los principios de la Federación Internacional (International Federation). En otras palabras, no será el Estado de una sola nación, sino un Estado de naciones federadas (A state of federated nations).
(b) Cada nación que participe en esta federación tendrá derecho a la autonomía cultural (Cultural autonomy).
(c) En los asuntos nacionales e internos comunes, el modo de proceder se establecerá sobre la base de una asociación en pie de igualdad (Equal partnership).
A continuación, el Maulana analiza también los principios fundamentales de la autonomía cultural.
La segunda propuesta
Si la propuesta de la Federación Internacional no es aceptada, la segunda propuesta alternativa es que se delimiten territorios separados para las distintas naciones, donde puedan establecer sus propios Estados democráticos. Se fijará un plazo de veinticinco años o, más o menos, de diez años para el intercambio de habitantes. Cada Estado tendrá un mayor grado de autonomía, mientras que la federación central tendrá muy poca autoridad.
La tercera propuesta
Si tampoco se acepta la propuesta anterior, la tercera propuesta alternativa es establecer por separado nuestros Estados nacionales y que cada uno tenga su propia federación.
La tercera y última propuesta era, en esencia, la propuesta de Maulana de dividir la India, que la Liga Musulmana adoptó quince meses después, el 23 de marzo de 1940, y que pasó a ser conocida como la histórica Resolución de Lahore o Resolución de Pakistán.
Ahora surge la pregunta: ¿por qué, después de todo esto, Maulana Maududi no participó en el movimiento junto con la Liga Musulmana? La única razón era el programa de acción de la Liga Musulmana. Al analizarlo en varias ocasiones, Maulana dijo:
—Si nuestro objetivo es establecer un Estado islámico, para alcanzar ese objetivo también debemos preparar moralmente a nuestra nación. Para ello, debemos trabajar en todos los ámbitos: educación y formación, pensamiento, moralidad, cultura y civilización, política, etcétera. De lo contrario, será muy difícil lograr este propósito.
—En este movimiento se debe actuar con suma cautela al elegir el liderazgo general y el de todas sus secciones. La multitud que se forma al reunir en un mismo lugar a socialistas, ateos, irreligiosos, jagirdares, terratenientes y demás nunca podrá conducir a la nación por el camino correcto. Estos intentarán utilizar a la nación para destruirse mutuamente y satisfacer sus propios intereses. En consecuencia, el objetivo final se desviará. (Es innecesario decir que los temores de Maulana en aquel momento se han visto reflejados. La historia de las tres décadas pasadas de Pakistán ha demostrado repetidamente esta misma realidad —el autor.)
—La característica fundamental de los musulmanes es que son un grupo idealista que llama a la verdad. No debe permitirse, bajo ninguna circunstancia, que esta característica se vea afectada.
Lamentablemente, las autoridades de la Liga Musulmana no consideraron necesario conceder importancia alguna a estas palabras.
En respuesta a una carta escrita en nombre del Comité de Acción de la Liga Musulmana de Toda la India, Maulana dijo:
«No piensen jamás que no participo en este trabajo debido a algún desacuerdo. En realidad, mi incapacidad consiste en que no comprendo cómo podría hacerlo si participara. No me convencen los métodos y procedimientos parciales o incompletos. Considero más apropiado para mí observar en este asunto como un estudiante, en lugar de participar activamente, para ver qué medios determinan los planificadores para esta reforma parcial y labor constructiva, y qué beneficios producen los encargados de ejecutarla al llevarla a la práctica». (Tarjumán al-Qurán, julio-octubre de 1944)
Este era el desacuerdo del Maulana con respecto al método de trabajo de la Liga Musulmana. Puede haber opiniones divergentes sobre este parecer suyo. Sin embargo, los futuros historiadores probablemente no podrán ignorar el hecho de que los obstáculos que han surgido y siguen surgiendo en el camino hacia el establecimiento de un sistema social islámico en Pakistán después de la partición de la India, el hecho de que, incluso treinta y siete años después de la independencia, Pakistán no se haya convertido en la práctica en un Estado islámico y haya quedado como tal solo en el papel, y el modo en que quienes intentan transformarlo en un verdadero Estado islámico han tenido que sufrir encarcelamientos, ejecuciones y diversas formas de opresión y persecución, todo ello ya se había manifestado claramente como una predicción en los artículos del Maulana escritos antes de la partición.
No obstante, no debe olvidarse que, aunque el Maulana no participó directamente en el movimiento por Pakistán, mediante sus escritos, en los que presentó un análisis claro del modo de vida islámico, continuó apoyando el movimiento por Pakistán. Durante el movimiento por Pakistán, algunos musulmanes comenzaron a comentar: «¿Es acaso tolerable dividir la India en fragmentos?». En respuesta, el Maulana dijo:
«Como musulmán, para mí carece por completo de importancia la cuestión de si la India permanecerá unida o se dividirá en diez partes. El mundo entero es un solo país. Los seres humanos lo han dividido en miles de partes. Si hasta ahora las divisiones de la tierra han sido justas, ¿qué perjuicio habría en que en el futuro se dividiera en algunas partes más? El dolor que causa que este ídolo sea hecho pedazos lo sienten quienes lo consideran una deidad. Si aquí encontrara siquiera una milla cuadrada de tierra donde nadie, excepto Dios, ejerciera dominio y autoridad sobre los seres humanos, consideraría ese pequeño fragmento de tierra más valioso que toda la India».
(Siyasi Kashmakash, tomo III, págs. 76-77).
Cuando se comparó la demanda de Pakistán con la demanda de los israelíes, el Maulana protestó enérgicamente y declaró:
«En mi opinión, la demanda de Pakistán no puede compararse en absoluto con la demanda judía de una patria nacional. Palestina no es, en realidad, la patria de los judíos. La situación de los judíos no era la de un pueblo que tuviera un país como patria nacional y que se esforzara por desarrollar su cultura. Su verdadera posición era, más bien, que un determinado país no era en absoluto su patria nacional, pero exigían que se los reuniera allí desde distintos lugares del mundo, se les permitiera establecerse y, por la fuerza, se convirtiera ese país en su patria nacional. En cambio, la base de la demanda de Pakistán es que las regiones donde los musulmanes son mayoría son ya su patria nacional. El planteamiento de los musulmanes es que, al permanecer unidos a las demás regiones de la India bajo el sistema democrático vigente, la entidad política de su patria nacional resulta perjudicada; por ello, deben ser protegidos de esa situación y, en lugar de un solo Estado independiente en una India indivisa, deben existir dos Estados independientes, llamados “India hindú” e “India musulmana”. En otras palabras, los musulmanes no exigen que se cree una patria nacional para ellos. Su planteamiento es, más bien, que se les conceda el derecho de establecer un Estado independiente en la patria nacional que ya poseen, como entidad separada».
(Tarjuman ul-Qurán, julio-octubre de 1944).
La Liga Musulmana proclamaba a viva voz que Pakistán sería un Estado plenamente islámico. Algunos miembros de la Liga percibían que, puesto que se había iniciado un movimiento por un sistema social islámico, era necesario preparar un borrador que contuviera sus principios fundamentales. Con este propósito, la Liga Musulmana provincial de UP constituyó un comité de ulemas. Entre sus miembros destacaban especialmente el Maulana Sayyid Sulayman Nadwi, el Maulana Sayyid Abul A‘la Maududi, el Maulana Abdul Majid Daryabadi, el Maulana Azad Subhani, el Nawab Muhammad Ismail (el Nawab de Chhatari), el Nawab Shamsul Hasan y Chaudhry Khaliquzzaman.
El presidente de dicho comité era el nawab Muhammad Ismail Khan de Chhatari. En la primera semana de enero de 1941, el nawab de Chhatari escribió al Maulana para invitarlo a asistir a la reunión del comité de Nadwatul Ulama, en Lucknow. La carta que el Maulana escribió a Saiyid Abul Hasan Ali Nadwi, de Nadwa, antes de asistir a la reunión, fue incluida al final del libro descriptivo titulado «Mi libro favorito».
El señor Kamruddin Khan, lector del Instituto Central de Investigación Islámica, afirma que en una ocasión se reunió con el Quaid-e-Azam en 1941, por iniciativa del Maulana Maududi. Sobre este asunto, ofrece el siguiente relato:
«A través del Raja de Mahmudabad se organizó nuestro encuentro en el Palacio Gularana de Delhi. El Quaid-e-Azam escuchó mis palabras con gran paciencia durante cuarenta y cinco minutos. Luego dijo que apreciaba enormemente el servicio prestado por el Maulana Maududi. Pero para los musulmanes de este subcontinente, obtener un Estado independiente era más urgente que su sagrada vida y su trayectoria de trabajo. La Jamaat trabaja por un gran objetivo, y la Liga se ha dedicado a la solución inmediata de ese problema. Porque, si no se resuelve, la labor de la Jamaat no podrá completarse.»
—Semanario Thinker (un artículo del 27 de diciembre de 1963).
La discusión anterior demuestra claramente que el Maulana Maududi no solo apoyó el movimiento por Pakistán, sino que también le prestó toda su ayuda, aceleró su impulso y respondió con argumentos irrefutables a las declaraciones y críticas contrarias al movimiento. Sin embargo, no se unió a la Liga Musulmana; no pudo hacerlo. Un partido formado reuniendo a personas de distintos caracteres e ideologías, incluso de ideologías contrarias al islam, jamás puede avanzar hacia un gran ideal. El Maulana poseía esta comprensión. La prueba más contundente de ello es que las numerosas predicciones que hizo sobre este asunto mucho antes de la partición de la India se vieron reflejadas, letra por letra, después de la creación de Pakistán, y todavía siguen haciéndolo. Espero que esto disipe el error de quienes mantienen una opinión desfavorable sobre el Maulana.
El Maulana Maududi después de la histórica Resolución de Lahore
Bajo el liderazgo de la Liga Musulmana, los musulmanes indios finalmente adoptaron la Resolución de Pakistán en una histórica sesión de la Liga celebrada en Lahore el 23 de marzo de 1940. Había que reconocer a los musulmanes como una nación distinta y concederles, dentro del propio subcontinente indio, una patria separada donde pudieran establecer un Estado completo conforme a su religión, su cultura y civilización, y sus tradiciones. Esta era la esencia del movimiento por Pakistán. Aunque este movimiento se desarrollaba en nombre del islam, el Maulana Maududi comprendía claramente que no era en absoluto favorable ni adecuado para establecer el islam. Pues la Liga Musulmana, en vez de marchar hacia el destino que había proclamado, había comenzado a avanzar por otro camino y en otra dirección. Esto podía deberse a dos razones. En primer lugar, quizá carecía de plena sinceridad en sus objetivos; o, en segundo lugar, desconocía un método correcto y científico para alcanzar su meta.
Seis meses después de la aprobación de la Resolución de Pakistán, el 11 de septiembre, el Maulana Maududi pronunció un extenso discurso en una reunión celebrada en el salón Strachey de la Universidad de Aligarh, por iniciativa de la «Asociación de Historia y Civilización Islámicas». El tema de su discurso era «¿Cómo se establece un Estado islámico?» (Islami Hukumat Kis Tarah Qaim Hoti Hai?). Este discurso se publicó en forma de folleto en urdu, inglés, bengalí y otros idiomas. El libro «El camino de la revolución islámica» es precisamente su traducción al bengalí.
En su discurso, Maulana dijo:
«El Estado islámico es meramente un Estado basado en un ideal. Está completamente libre del nacionalismo estrecho y de su influencia directa o indirecta. En realidad, esta primera característica del gobierno islámico es precisamente la que le ha otorgado una distinción completa respecto de los demás Estados del mundo. En inglés, a este tipo de Estado se le denomina IDEOLOGICAL STATE. El mundo no ha podido conocer más de una vez un Estado basado en semejante ideal. Quienes, aunque hayan nacido en una sociedad musulmana, han adoptado sus conceptos y teorías sociales de la historia, la política y las ciencias sociales europeas, no pueden albergar este idealismo en su mente y pensamiento». (El camino de la revolución islámica, pág. 48).
Maulana añadió:
«Toda la estructura del Estado islámico está asentada sobre los cimientos de la soberanía de Allah, el Altísimo. En realidad, esta es la segunda característica del gobierno islámico. Todo el universo es exclusivamente el reino de Allah, el Altísimo; Él es su Señor, Gobernante y Legislador. Este es el concepto fundamental de la política del Estado islámico. Ninguna persona, familia, clase o nación, ni siquiera la humanidad entera, posee derecho alguno a la soberanía. El derecho a elaborar las leyes del Estado y a emitir órdenes e instrucciones pertenece exclusivamente a Allah, el Altísimo, y a nadie más. El ser humano actuará en este mundo como califa o representante de Allah, el Altísimo. Esta es la única vía correcta y adecuada para gobernar los Estados de la Tierra». (El camino de la revolución islámica).
Acerca de las cualidades especiales necesarias para gobernar un Estado islámico, Maulana dijo:
«Para gobernar un Estado islámico es necesario establecer una mentalidad, una naturaleza y un tipo de actividades especiales. No puede compararse en absoluto con ningún otro sistema estatal. Su ejército, su policía, sus tribunales, su economía, sus leyes y su política, su política de tratados y de guerra, así como todas las actividades relacionadas con ellas, son completamente distintos de los de un Estado secular. El juez y el presidente del tribunal de un tribunal de un Estado materialista secular ni siquiera son aptos para ser escribientes o ujieres del gobierno islámico. El inspector general de policía de allí no podría ser nombrado ni siquiera como un simple agente de policía en un gobierno islámico. El mariscal de campo de allí ni siquiera podría ingresar aquí en el ejército ordinario. El secretario de Asuntos Exteriores de allí, lejos de poder ocupar algún cargo en un Estado islámico, sería merecedor de la pena del exilio por los delitos de propaganda falsa, engaño y traición». (El camino de la revolución islámica, pág. 11).
En su discurso, Maulana afirmó claramente que, puesto que el Estado islámico es un Estado basado en un ideal, para construirlo y gobernarlo es necesario, ante todo, crear un cierto número de personas de carácter plenamente conforme con el ideal islámico y dotadas de virtudes islámicas, así como un entorno semejante. De lo contrario, un Estado basado en semejante ideal no sería posible. Como ejemplo, dijo:
«La revolución que correspondía a sus objetivos pudo producirse en Francia precisamente como resultado del campo moral y mental de un ideal particular que dirigentes como Rousseau, Voltaire y Montesquieu habían preparado allí durante largo tiempo. La Revolución rusa pudo producirse únicamente gracias al pensamiento de Marx, al liderazgo de Lenin y Trotsky y a las actividades revolucionarias de miles de militantes comunistas profundamente instruidos en la ideología del comunismo; no pudo producirse por ningún otro medio. El nacionalsocialismo de Alemania pudo echar raíces y consolidarse únicamente en aquel campo moral, psicológico y cultural particular que habían creado las investigaciones, los pensamientos y las doctrinas de Hegel, Fichte, Goethe, Nietzsche y muchos otros pensadores semejantes, junto con el audaz liderazgo de Hitler. Del mismo modo, la revolución islámica surgirá y el Estado islámico se establecerá solamente cuando se alce un movimiento de masas sobre la base de los ideales y las doctrinas del Corán y del carácter y las acciones del Profeta Mustafá (la paz y las bendiciones de Allah sean con él). Entonces será posible transformar radicalmente, mediante una lucha más intensa, todos los cimientos mentales, morales, psicológicos y culturales de la vida social. Ninguna revolución islámica puede surgir mediante el movimiento nacionalista. Pues detrás de este se encuentra un sistema educativo erróneo, y sus fundamentos se han establecido sobre una mentalidad oportunista y sobre la tendencia desenfrenada a dejarse arrastrar sin rumbo por la corriente gregaria de la época. En realidad, en el ámbito de la filosofía del Estado y de la sociedad, al igual que el antiguo ministro francés monsieur Renou, no creo en absoluto en un acontecimiento anormal de este tipo. Esta es mi convicción sincera. La obra producirá necesariamente un resultado correspondiente a su naturaleza; no puede haber excepción a ello». (El camino de la revolución islámica, págs. 18-19).
Criticando severamente el tipo de movimiento y método de acción que se estaba llevando a cabo por Pakistán y por el gobierno islámico, Maulana dijo:
«Una clase de musulmanes cree que todos los sufrimientos llegarán a su fin si se logra organizar de algún modo a la nación musulmana. Si se consigue reunir a una nación de personas que llevan el nombre de musulmanes en una determinada plataforma, y organizarla y dirigirla bajo un liderazgo central, el Estado islámico se establecerá por sí solo. Pero, en realidad, esto no es más que una fantasía irreal. Además, no cabe duda de que no es sino una perspectiva nacionalista ciega y un método de acción nacionalista. Cualquier nación que quiera establecer su dominio en el mundo tendrá que adoptar este método, sin importar a qué religión o país pertenezca. La principal característica de un líder embriagado por el amor a su nación es que sabe hablar comprendiendo el momento y la oportunidad, puede hacer diversas maniobras y posee plenamente la capacidad de dar instrucciones y dirigir a un grupo. Es innegable que, bajo el liderazgo de semejante dirigente, una nación puede alcanzar un considerable progreso. Del mismo modo, esto habría sido aplicable a los musulmanes si estos no fueran más que el nombre colectivo de una nación dotada únicamente de una tradición genealógica o histórica. Pero no hace falta decirlo nuevamente: mediante este tipo de liderazgo y método de acción no puede producirse en absoluto una revolución islámica, ni puede establecerse por medio de ellos un Estado islámico». (El camino de la revolución islámica, págs. 20-21.)
Es cierto que en la India indivisa el movimiento por Pakistán avanzaba con todo vigor, pero no se hizo ningún esfuerzo por reformar a la sociedad descarriada y carente de moral, ni se adoptó programa alguno al respecto. Dentro de la sociedad, la conciencia islámica y la situación moral eran sumamente anárquicas. Se intentaba establecer un Estado islámico junto con la inmundicia y los defectos de carácter de la época de la ignorancia. Maulana protestó enérgicamente contra todo esto y dijo:
«Si se reúne a una multitud de personas de opiniones y naturalezas diversas pertenecientes a una nación cuya situación moral es tan baja y degradada, se forma con ellas un ejército, se las vuelve astutas como zorros mediante la educación y formación políticas, o se les inculca la ferocidad de los tigres haciéndolas expertas en el arte de la guerra, quizá resulte fácil conquistar el dominio del mundo de la selva; pero con su ayuda no es posible en absoluto propagar la religión del islam del Dios Altísimo ni establecer un gobierno islámico. Porque, en tal situación, nadie en el mundo reconocerá su superioridad moral, en el corazón de nadie despertarán el espíritu emotivo y la inspiración del islam y, por todas estas razones, nunca tendremos la dicha de contemplar la fascinante escena de multitudes de personas del mundo entrando en los límites del islam». (El camino de la revolución islámica, pág. 22.)
Señalando mediante un análisis científico el error del camino equivocado por el que la Liga Musulmana dirigía su movimiento, Maulana Maududi dijo:
«No logro comprender cómo, una vez establecido un Estado nacional sin religión, podría ser posible transformarlo en un futuro indefinido y reconstruirlo conforme al ideal islámico. Si, de acuerdo con las normas democráticas, entre los votantes del país no se despiertan la doctrina islámica, el carácter y la conducta islámicos, la perspectiva islámica y los valores islámicos, y si no se han acostumbrado de antemano a vivir una vida islámica, entonces mediante sus votos nunca podrá ser elegido un “verdadero musulmán” como miembro del Parlamento o de la asamblea legislativa. Como consecuencia, el poder del Estado caerá en manos de personas que, aunque figuren como “musulmanes” en los registros del censo, no poseen ni el menor rastro del islam en cuanto a doctrina y pensamiento, ideales y métodos de acción. Al quedar el poder estatal en manos de este tipo de personas, aun después de obtener plena libertad y un Estado independiente, nos veremos obligados a vivir exactamente en la misma situación en que vivíamos antes de alcanzar la independencia, bajo un Estado no musulmán. Incluso podría surgir una situación peor y más peligrosa. Pues el Estado nacional que lleve pegada la etiqueta de “gobierno islámico” será aún más audaz e intrépido que un Estado no musulmán a la hora de bloquear el camino de la revolución islámica. Incluso en los casos de delitos por los que un Estado no musulmán impondría penas de prisión, el “Estado nacional musulmán” impondrá la pena de muerte y el destierro. Y, a pesar de ello, durante su vida los dirigentes del Estado nacional musulmán serán llamados “ghazis” y “valerosos muyahidines”, y después de su muerte, “gloriosos”. Por tanto, es completamente erróneo pensar que el Estado nacional musulmán puede servir de ayuda para establecer un Estado islámico». (El camino de la revolución islámica, pág. 28.)
No hace falta decir que las palabras anteriores del perspicaz y visionario Maulana se reflejaron literalmente a los pocos años del nacimiento del Estado de Pakistán, y así continúa ocurriendo hasta hoy.
Maulana hace además el siguiente comentario en la obra mencionada:
«Pero ahora la cuestión es la siguiente: si realmente queremos establecer un Estado islámico, ¿qué método debemos adoptar? Muchas personas de nuestra sociedad, por otra parte, han dejado todo en manos de los dirigentes y permanecen sentadas con los brazos cruzados. Confían en que serán los dirigentes quienes establezcan el Gobierno islámico. Por ello, creen que no tienen que hacer nada. Pero esta concepción es tan errónea como lo fue el método adoptado al comienzo del movimiento de los musulmanes para organizarse nacionalmente y establecer un Estado.» (El camino de la revolución islámica, págs. 28-29)
Es sumamente lamentable que, aun después de analizar en su conferencia en el Strachey Hall de la Universidad Musulmana de Aligarh el panorama completo del Estado islámico, el método científico para establecerlo, sus etapas y características, así como las terribles consecuencias del método equivocado, la Liga Musulmana continuara actuando temerariamente según su procedimiento habitual. Gracias a su visión de futuro, el Maulana comprendió claramente que, como resultado del movimiento popular, quizá o seguramente nacería un nuevo Estado. Pero, en lugar de convertirse en un Estado islámico, sería conducido por un camino tan errado que, para salvarlo de sus terribles consecuencias, habría que adoptar medidas de antemano. La imagen del futuro ya se había hecho nítida en la mente del Maulana. Por supuesto, no era un profeta. Sin embargo, pudo comprenderlo mediante el conocimiento adquirido de la experiencia histórica del pasado y las relaciones científicas de causa y efecto. En la conferencia antes mencionada dijo:
«Si un árbol es un naranjo desde el momento en que rompe el seno de la tierra hasta que se convierte en un árbol plenamente desarrollado, no puede producir de repente mangos cuando llega el momento de dar fruto.»
Por ello, también pudo pronunciar una declaración clara sobre el futuro del movimiento por Pakistán.
Creación del entorno para el movimiento islámico
Para dar forma concreta a la visión que el Maulana Sayyid Abul A’la Mawdudi había trazado en su mente sobre el establecimiento de un sistema de vida islámico, tuvo que dedicar años, incansablemente, a extender la red del pensamiento y la inspiración necesaria para crear el entorno y el trasfondo requeridos. Para que los lectores puedan comprender correctamente el enorme esfuerzo y la práctica espiritual que tuvo que realizar, atravesando con infinita paciencia la oscuridad de la desesperanza, presento ante ellos el tema central de las exposiciones seriales de Tarjuman al-Qur’an. A partir de ello podrán comprender esta verdad: iniciar un auténtico movimiento islámico entre una nación musulmana deformada y degenerada en sus creencias, pensamientos y acciones era una tarea sumamente difícil, y eso fue lo que hizo el Maulana Mawdudi. Nadie puede construir un movimiento islámico simplemente por desearlo ni en cualquier momento. Para ello se necesitan un conocimiento profundo y erudición sobre el islam, es decir, sobre el Corán y la Sunna; una incomparable capacidad de escritura para expresarlo en un lenguaje sencillo, claro y conmovedor; y sabiduría y competencia para conducir a la sociedad humana extraviada hacia el camino de la verdad y de la luz. Además, se requieren sensibilidad mental y espiritual, paciencia y tolerancia infinitas, capacidad para escribir obras de valor perdurable y una incomparable habilidad organizativa. Dios Todopoderoso le había concedido todo ello en su plenitud.
Fundación de la Jamaat-e Islami
Para establecer el «Din al-Haqq», el Maulana Abul A’la Mawdudi inició el movimiento por medio de su revista mensual Tarjuman al-Qur’an. Para dirigir correctamente cualquier movimiento y darle forma concreta, se necesita una jamaat o partido. Sin un esfuerzo y una lucha integrales y unidos, no es posible dirigir ningún movimiento. Con este propósito, en 1941 el Maulana estableció un partido llamado «Jamaat-e Islami». Durante el movimiento por Pakistán, es necesario analizar detalladamente por qué era necesario fundar otro partido llamado «Jamaat-e Islami» y a qué situación se enfrentaban los musulmanes de la India de aquella época en los ámbitos político, religioso, moral y cultural. También debemos saber claramente si la Liga Musulmana podía satisfacer todas las necesidades de los musulmanes y, si no podía, cuál podría haber sido la alternativa.
Desde finales del siglo XIX, el Gobierno británico comprendió que debía conceder a los habitantes de la India el derecho a participar en la administración del país, y que ello debía hacerse por medio de instituciones democráticas. Esa democracia, a su vez, sería semejante a la vigente en Inglaterra. El Gobierno británico consideraba que, al igual que en Inglaterra, los habitantes de la India constituían una sola nación, sin distinción de raza ni religión. El partido mayoritario dirigiría la administración y el partido minoritario, permaneciendo en la oposición, intentaría obtener la mayoría. Detrás de todo ello estaba también su filosofía cultural y política, a saber: que la religión debía limitarse únicamente a la vida personal del ser humano y que el Estado debía ser secular. Los únicos que podrían beneficiarse de los cambios constitucionales que se iniciarían sobre la base de esta perspectiva y filosofía política serían quienes constituían la mayoría en la India. Por ello, el Gobierno británico no solo estaba dispuesto a aceptar este sistema, sino que comenzó incluso a defenderlo enérgicamente. Mientras tanto, todo el movimiento del Congreso Indio se orientaba desde el principio a intentar formar un gobierno responsable conforme a dicha perspectiva. Pero, para los musulmanes, la idea de ese Estado nacional, democrático y secular era equivalente al veneno mortal, por lo que se enfrentaron a este enorme problema.
Al principio pensaron que era mejor que el derecho de autogobierno no pasara a manos de los habitantes del país, sino que permaneciera en manos de los gobernantes británicos. Pero después aceptaron el principio fundamental de establecer un Estado democrático sobre la base de una sola nación. Sin embargo, su empeño consistía en que debían contar con salvaguardias legales que les permitieran conservar su propia identidad. Más tarde, durante el movimiento del Califato, comenzaron de repente a proclamar el lema de la unidad hindú-musulmana y aceptaron rendirse depositando su confianza en la comunidad mayoritaria. Después volvieron a plantear la exigencia de salvaguardias legales. Pero, sobre esta cuestión, las discrepancias comenzaron a surgir gradualmente entre ellos. La opinión de un grupo era que primero debía alcanzarse la independencia uniéndose a la mayoría y que luego se plantearía la exigencia de salvaguardias. El segundo grupo decía que primero debían establecerse salvaguardias para ellos como minoría y que después podría emprenderse el movimiento conjunto por la independencia. Pero ninguno de los dos grupos comprendió que, dentro del sistema democrático establecido sobre el principio de una sola nación, ninguna identidad nacional particular puede permanecer intacta, ni que en un Estado sin religión puede desarrollarse ninguna cultura y civilización religiosa.
En medio de esta situación, en 1935 se aprobó la Ley del Gobierno de la India y se establecieron nuevos gobiernos en las provincias de la India sobre la base de una autonomía plena. Así pudo comprobarse en la práctica que la comunidad mayoritaria del país seguiría administrando el gobierno sobre los principios de democracia basada en una sola nación y de secularismo, es decir, de ausencia de religión.
El perspicaz Maulana Maududi pensó que era necesario explicar claramente a los musulmanes la terrible situación a la que se enfrentarían en el futuro como consecuencia de semejante sistema. Pues para él estaba tan claro como la luz del día que, bajo un sistema así, ninguna clase de salvaguardia legal podría proteger a los musulmanes y su cultura y civilización de quedar absorbidos por la cultura y civilización de la mayoría. Al advertir este peligro, desde 1937 hasta 1939, durante tres años consecutivos, el Maulana Maududi escribió en Tarjumanul Corán los artículos titulados «Musulmanes y la actual crisis política» y «La cuestión de la nacionalidad», que posteriormente fueron publicados en forma de libro. Mediante estos artículos intentó hacer comprender a los musulmanes que, si aceptaban la formación de un Estado democrático y sin religión sobre el principio de una sola nación, ello equivaldría a su propio suicidio.
Después comenzó a surgir cierto buen juicio entre los musulmanes. Ahora comprendieron claramente que, bajo el gobierno democrático que se establecería sobre la base de una sola nación, ninguna medida de protección legal les serviría de nada. Pero entonces, ¿cuál sería la solución? Un grupo dijo que debía exigirse la partición de la India y que las regiones de mayoría musulmana fueran separadas de la India. Al principio, muchos no estuvieron dispuestos a aceptar esta propuesta. El señor Muhammad Ali Jinnah tampoco estaba dispuesto a aceptarla al principio. Pues consideraban que con ello se resolvería el problema de una parte de la nación, mientras que la otra parte, mucho más numerosa, dispersa por distintas regiones de la India como una débil minoría, quedaría abandonada a la merced de la India hindú.
Precisamente en ese momento, el Maulana Maududi publicó el tercer tomo de «La crisis política». En esta obra, el Maulana Maududi dijo que la única razón del problema al que se enfrentaban los musulmanes indios era que, al considerarse una nación, pensaban que en una democracia su fuerza dependía de su número. Por ello habían caído en un doble problema. Si la India permanecía unida, serían destruidos; y si se producía la partición, habría que dejar a la mitad de la nación a merced de la benevolencia de los hindúes indios. Pero el Maulana afirmó que los musulmanes indios no eran en realidad simplemente una nación, sino un grupo ideológico o millat. No eran una nación hereditaria como los alemanes, los franceses o los ingleses. Tenían una visión de la vida propia, un ideal y un gran objetivo vital. Gracias precisamente a este ideal habían conquistado en el pasado país tras país. Los millones de musulmanes que había entonces en la India también habían sido subyugados por ese mismo ideal. Por tanto, si los musulmanes luchaban por su propio ideal y su propia visión de la vida, en lugar de hacerlo por derechos e intereses nacionales, ocurriría que nadie podría destruirlos en la India; más aún, podía esperarse que un día la bandera islámica ondeara sobre toda la India. Pues ninguna nación ni grupo de la India poseía un ideal vivo semejante al que había dado a los musulmanes islámicos.
El Maulana expuso esta doctrina suya a los musulmanes indios. Pero la mayoría de la gente no le prestó ninguna atención. En 1940, la resolución sobre Pakistán fue adoptada en la sesión de Lahore de la Liga Musulmana, y se mantuvo un vigoroso movimiento en favor de ella como objetivo nacional.
Después, naturalmente, dos preguntas comenzaron a preocupar a las personas reflexivas. La primera era: si, Dios no lo permita, los musulmanes se vieran decepcionados después del movimiento por Pakistán, ¿cómo podrían protegerse el islam, la cultura y civilización islámicas y la identidad propia de los musulmanes de las consecuencias de una derrota nacional semejante? La segunda era: una vez creado Pakistán, ¿cómo se mantendría encendida la luz del islam entre los millones de musulmanes de la India? Y, dado que el movimiento por Pakistán estaba dirigido por aquellas personas, ¿cómo podría evitarse que Pakistán se convirtiera en una segunda Turquía?
Estas dos cuestiones habían preocupado al Maulana. Por ello, después de mucha reflexión e investigación, en 1941 fundó un partido llamado «Jamaat-e Islami». Su propósito era que, por medio de este partido, se formaran en el subcontinente indo-pakistaní algunos auténticos soldados del islam, que continuaran luchando por mantener en alto el mensaje del islam en este país. Si el movimiento por Pakistán fracasaba, protegerían a los musulmanes de las terribles consecuencias de la derrota nacional; y, una vez creado Pakistán, ayudarían a conducirlo por el camino correcto.
La organización de Jamaat-e Islami
«Ahora el futuro de la humanidad depende del islam. Todas las ideologías creadas por el ser humano han fracasado. Ya no existe ninguna posibilidad de que alguna de ellas alcance el éxito. Tampoco queda entre los seres humanos suficiente valor como para crear una nueva ideología y arriesgar la vida para ponerla a prueba. En estas circunstancias, el islam es la única ideología y el único camino del que la humanidad puede esperar el bien y el progreso; será el sistema de vida completo de la humanidad, y, siguiéndolo, el ser humano podrá librarse de la destrucción.»
En el número de abril de 1941 de Tarjuman al-Qur’an, el Maulana Maududi escribió un artículo titulado «La necesidad de una Jamaat recta». En él, tras exponer detalladamente el fracaso del shirk, del ascetismo y del moderno sistema de vida materialista de Occidente, formuló la observación anterior y afirmó que, en ese momento, la salvación de la humanidad residía únicamente en el islam. Naturalmente, esto no significa que, con solo continuar difundiendo el islam, se vaya a conquistar el mundo entero. La cuestión esencial es que, para derrocar cada civilización, hace falta una fuerza, un partido. Del mismo modo, para una nueva civilización hacen falta una nueva forma de pensamiento y un nuevo partido. Por tanto, para liberar al mundo del peligro de una futura época de oscuridad y beneficiarse de la contribución del islam, no basta con que exista una ideología correcta. También hace falta, junto con la ideología correcta, una Jamaat o un partido recto.
Después de decir que cada miembro de esta Jamaat o partido debía alcanzar un nivel muy elevado en cuanto a la fe y las obras, afirmó que había que romper toda relación con la civilización y la cultura actuales y con sus seguidores. Había que renunciar a todo tipo de comodidades, placeres y esperanzas y aspiraciones de prosperidad y progreso vinculados con este sistema de civilización y sociedad. Luego había que soportar las pérdidas materiales, los sufrimientos, las dificultades y las calamidades inevitables para desarraigar un sistema social errado y establecer en su lugar un sistema correcto. Esta revolución requería un esfuerzo total, y había que sacrificar la vida, los bienes y un tiempo valioso. Había que aceptar toda clase de trabajo mental y físico. Había que estar preparado para la cárcel, la horca, la tortura, los castigos y demás. Los bienes podían ser confiscados, y la esposa, los hijos y la familia podían quedar expuestos a la ruina. Había que aceptar todo esto con una sonrisa. Si era necesario, también había que sacrificar la propia vida por este camino. Sin recorrer un camino tan difícil, ninguna revolución ha surgido jamás en el mundo, ni puede surgir ahora.
A propósito de las personas de carácter noble, iniciadas en el espíritu de la prueba de fuego, el Maulana dijo:
«Se nos dice: “¿Dónde se pueden encontrar hoy personas de ese tipo? En una época santa y grandiosa sí surgieron personas así. Pero el Creador ha dejado de crear para siempre personas de esa clase”».
En realidad, se trata de una idea equivocada, de una superstición. Esta superstición ha surgido precisamente en la mente de quienes han sucumbido a la desesperanza. En el mundo se encuentran personas con toda clase de aptitudes en todas las épocas. Si la gente, creyendo en Hitler, Marx y Gandhi, puede hacer tanto, ¿acaso no se puede hacer nada creyendo en Dios? Si existe un apego tan grande a la patria que una persona puede sacrificar por ella su vida y sus bienes, ¿acaso no existe ni siquiera un poco de apego por obtener la complacencia y la cercanía de Dios?»
En el artículo titulado «La organización de Jamaat-e Islami», publicado en Tarjumanul Corán, el Maulana explicó las razones para fundar la Jamaat con estas palabras:
«Durante los últimos tres años, varios que compartían mis ideas y yo veníamos esforzándonos para que los grandes partidos musulmanes existentes, ya fuera en su conjunto o al menos uno de ellos, introdujeran en sus métodos de organización y programas ciertos cambios que permitieran satisfacer esta necesidad del islam y evitaran la necesidad de fundar un partido nuevo. Pero, lamentablemente, nuestros esfuerzos no tuvieron éxito. Después de eso, no nos quedó otra alternativa que reunir a quienes no estaban satisfechos con las actividades de los partidos existentes y deseaban trabajar sobre la base de los verdaderos principios islámicos. Por ello, en agosto de 1941 se convocó con ellos una conferencia y, tras consultas mutuas, se estableció Jamaat-e Islami.»
Jamaat-e Islami
Deseo presentar a los lectores cómo y en qué circunstancias se fundó Jamaat-e Islami.
En el tercer volumen de su obra «El musulmán y la actual lucha política», el Maulana Maududi explicó el movimiento islámico, describió la necesidad de formar una organización para llevarlo adelante y presentó también un borrador del método de organización de dicha entidad. Posteriormente, en el número de Safar del año 1360 de la Hégira de Tarjumanul Corán, el Maulana Maududi dirigió un llamamiento al público musulmán, solicitando que quienes aceptaran la doctrina y la visión mencionadas y desearan actuar conforme a ellas se pusieran en contacto con la oficina de Tarjuman. Al cabo de pocos días comenzaron a llegar noticias de que un número considerable de personas estaba interesado en formar una organización islámica y trabajar por medio de ella. Por ello, se convocó a todos los interesados a reunirse en Lahore el 1 de Shaabán de 1360 de la Hégira, correspondiente al 25 de agosto de 1941.
En total, 75 personas procedentes de distintas partes del país participaron en la asamblea. El primer día, varias personas formularon al Maulana preguntas sobre diversos asuntos. El Maulana les dio respuestas satisfactorias.
La asamblea comenzó a las ocho de la mañana del segundo día. En primer lugar, el Maulana arrojó amplia luz en su discurso sobre la historia del movimiento islámico hasta aquel momento. Presentó el dīn como un movimiento y dijo: «No debemos permitir que la religiosidad permanezca en nuestra vida inactiva y estancada, como si fuera un asunto meramente personal. Al contrario, debemos esforzarnos por establecer el dīn en el conjunto de nuestra vida y por extirpar las fuerzas reaccionarias. La fundación de Darul Islam en 1938 fue el primer paso de este proceso. En aquel momento, mis colaboradores eran apenas cuatro. Este pequeño comienzo era sumamente modesto. Sin embargo, ni siquiera por ello nos desesperamos. Por el contrario, por la gracia de Dios continuaron la invitación al movimiento islámico y la labor de preparar la visión, la mente y el entendimiento necesarios para este movimiento. Gracias a la benevolencia de Alá, los colaboradores fueron aumentando poco a poco. En distintos lugares del país comenzaron a establecerse pequeñas filiales de personas de este tipo. Paralelamente, continuaron la publicación de literatura islámica y la labor fundamental de invitación y divulgación. Finalmente, después de evaluar y examinar las repercusiones del movimiento, se comprendió que ya se había creado un campo adecuado para formar Jamaat-e Islami y llevar adelante el movimiento islámico de manera organizada. Por eso se convocó esta asamblea.»
Después de analizar este trasfondo, el Maulana dijo: «Lo primero que debemos comprender bien es cuál es la diferencia fundamental entre el movimiento islámico y todos los movimientos que generalmente han existido y existen entre los musulmanes.»
«En primer lugar, quizá todos estos movimientos se dirigen tomando como base alguna parte específica del islam o algún objetivo mundano. Pero nuestro movimiento se desarrollará en torno al islam completo.»
«En segundo lugar, la organización partidaria de estos grupos se ha establecido siguiendo el método de los demás grupos del mundo. Pero nosotros adoptamos exactamente el sistema de organización partidaria que existía originalmente dentro del grupo establecido por el Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él).»
«En tercer lugar, cuando se admite a alguien en estos grupos, se hace bajo la idea de que, puesto que ha nacido entre la nación musulmana, necesariamente será un musulmán verdadero. Como resultado, desde los miembros y activistas del grupo hasta sus dirigentes, se han infiltrado en ellos muchas personas que, por su carácter, no son en absoluto dignas de confianza ni aptas para asumir grandes responsabilidades. Pero nosotros no aceptamos a nadie en nuestro grupo bajo la idea de que “será musulmán”. Por el contrario, solo lo aceptamos cuando, comprendiendo el significado, la esencia y las exigencias de la kalima tayyiba, se compromete a creer en ella. Después de incorporarse, la condición indispensable para seguir siendo miembro del grupo es que cumpla las exigencias mínimas de la fe. De este modo, si Allah quiere, de entre la nación musulmana serán seleccionadas únicamente las personas honestas para incorporarse a este grupo.»
Después de analizar así las razones para formar un grupo islámico, su método de organización y sus diferencias comparativas con los demás grupos, el Maulana Maududi leyó el proyecto de estatutos de la Jamaat-e Islami. Por supuesto, copias impresas de este habían sido distribuidas a todos el día anterior. Tras un debate exhaustivo, los estatutos fueron aprobados por unanimidad, con unas modificaciones muy pequeñas.
Después, el Maulana Maududi se puso de pie, recitó la kalima de la profesión de fe y, dirigiéndose a todos los presentes, declaró: «Sean todos ustedes testigos de que estoy renovando mi fe y uniéndome a la Jamaat-e Islami.»
Después, uno tras otro, todos recitaron la kalima de la profesión de fe y declararon que se incorporaban a la Jamaat. Mientras recitaban la kalima, todos lloraban entre sollozos. Por un lado, el temor de Allah y, por otro, la emoción y el sentimiento de asumir una enorme responsabilidad hacían temblar sus corazones.
Inicialmente, setenta y cinco personas se incorporaron a la Jamaat-e Islami, y la Jamaat-e Islami fue fundada con ellos. El Maulana Maududi fue elegido Amir de la Jamaat por unanimidad.
(a) Después de la elección del Amir, el Maulana Manzur Nu’mani levantó las manos para hacer una súplica. El señor Nu’mani suplicó: «¡Oh, Dios! Algunos de Tus siervos insignificantes han decidido transmitir Tu mensaje al mundo entero. Han expresado el deseo de transformar la sociedad y purificar el islam del contacto con la falsedad. Somos Tus siervos insignificantes, inútiles y débiles. Nos hemos levantado con un propósito tan grande y noble, buscando únicamente Tu complacencia. Concédenos la capacidad de hacer que este propósito y esta meta se conviertan en una parte inseparable de nuestra vida durante toda nuestra existencia. Permítenos restaurar el islam a su forma verdadera.»
La súplica del Maulana Nomaní, pronunciada con la voz entrecortada por las lágrimas, hizo brotar un torrente de lágrimas de los ojos de todos. Infundió en sus corazones un nuevo entusiasmo y fervor, así como una resolución indomable de transitar por el camino de Dios.
El Hakim Maulana Muhammad Abdullah, uno de los participantes, dijo: «La emoción sin precedentes que surgió entre quienes participaron en esta súplica me conmovió tanto que es algo que jamás podré olvidar. Aún más conmovedor, y algo que permanecerá grabado para siempre en mi corazón, fue que, después de que los invitados terminaron de comer, el Maulana Sayyid Abul Ala Maududi retiró con sus propias manos los huesos, restos y demás desperdicios esparcidos sobre el mantel, y limpió el lugar donde se había servido la comida».
Este fue el discurso que pronunció el Maulana Maududi después de ser elegido Amir:
«No soy el más instruido ni el más piadoso de entre ustedes. Tampoco tengo ninguna superioridad sobre ustedes en ningún otro aspecto. Pero, puesto que han depositado su confianza en mí y me han confiado la responsabilidad de esta gran tarea, le suplico a Allah —y ustedes también deben suplicarle— que me conceda la fuerza para cumplirla y que preserve la confianza que tienen en mí. Haré todo lo posible por realizar esta labor con un temor pleno de Dios y un profundo sentido de la responsabilidad. No descuidaré voluntariamente mi deber de ninguna manera. Conforme al conocimiento y a la ciencia, no dejaré de seguir el Libro de Allah, la Sunna del Mensajero y las huellas de los Califas Rectamente Guiados. No obstante, si cometo algún error o me desvío, y alguno de ustedes siente que me he apartado del camino correcto, no deben pensar que lo he hecho deliberadamente. Al contrario, manteniendo una buena opinión de mí, intenten corregirme. Mientras permanezca en el camino correcto, ustedes me apoyarán, obedecerán mis instrucciones, me ofrecerán consejos sinceros, me brindarán toda la ayuda y cooperación posibles, y se mantendrán alejados de cualquier forma de actuar que quebrante la disciplina de la Jamaat. Soy plenamente consciente de la grandeza de este movimiento y de mis propios errores y deficiencias. Sé que es un movimiento dirigido por los grandes profetas y mensajeros de Allah, y que, después del fin de la era de la profecía, fue conducido por hombres extraordinarios que eran las mejores personas de la sociedad humana. Ni por un instante albergo la falsa idea de que soy digno de dirigir este gran movimiento. Más bien, considero desafortunado que, para esta enorme tarea, no haya aparecido ante sus ojos alguien más capacitado que yo. … Jamás permitiré que yo mismo sea un obstáculo en el camino de Dios. Tampoco daré a nadie la ocasión de decir que se ha traído a una persona incompetente. El cargo que ustedes me han concedido permanecerá siempre disponible para alguien así. Sin embargo, no estoy dispuesto a decir que, si nadie más se adelanta para continuar esta labor, yo tampoco lo haré.»
Este movimiento es el objetivo de mi vida. Mi vida y mi muerte son por él. Vayan otros por este camino o no, yo debo seguirlo. Si nadie camina conmigo por este sendero, caminaré solo. Si todo el mundo se une para oponerse, tendré que luchar contra él y no retrocederé».
La Asamblea Consultiva
Después de celebrarse la histórica conferencia fundacional de la Jamaat-e-Islami, el Amir de la Jamaat anunció los nombres de los miembros de su Asamblea Consultiva. Al día siguiente se celebró la reunión de la Asamblea Consultiva, y el Amir de la Jamaat, el Maulana Maududi, anunció el siguiente programa:
Quienes se han incorporado a esta Jamaat purificarán sus almas y reformarán su modo de vida conforme al islam. En cuanto a quienes están fuera de esta Jamaat, sean no musulmanes o musulmanes que se hayan alejado de sus deberes y objetivos religiosos, a ambos grupos se les deberá presentar, en general, la invitación a negar la soberanía de cualquiera distinto de Allah y a reconocer la soberanía del Señor de los Mundos. Después deberán tomarse medidas según las circunstancias. Sin embargo, hay que recordar que desarraigar un sistema social firmemente establecido sobre la obediencia a alguien distinto de Dios y establecer un sistema de vida basado en la obediencia a Dios no es, de ningún modo, una tarea fácil. En ello son inevitables los daños a las vidas, los bienes y a todas las cosas. Por eso, solo deberán avanzar en esta labor quienes estén dispuestos a renunciar con una sonrisa a toda clase de oportunidades y comodidades, placeres y lujos, y a aceptar de buen grado toda clase de perjuicios.
En el manifiesto de la Jamaat-e-Islami se declara lo siguiente:
«La Jamaat-e-Islami no es uno de esos grupos que normalmente se denominan, en sentido restringido, grupos políticos, religiosos o reformistas. En realidad, es un grupo basado en un ideal. Este grupo cree en una concepción de la vida amplia y universal para la humanidad. Busca hacer realidad de manera efectiva esta concepción en el pensamiento y las creencias humanas, en el carácter y la conducta, en la educación, en la literatura y las artes, en la civilización y la cultura, en la religión y la vida social, en los ámbitos económico y político, y en la administración del Estado. Según esta Jamaat, cuando el ser humano abandona la obediencia a Dios, olvida que deberá rendir cuentas ante Allah en la otra vida y se niega a seguir el camino indicado por los honorables profetas (la paz sea con ellos), se convierte entonces en la única causa de toda la agitación y la corrupción existentes en la Tierra.»
En resumen, la Jamaat-e-Islami invita fundamentalmente a toda la humanidad a tres cosas. Estas son:
La invitación de la Jamaat-e-Islami
A la sociedad humana en general y, en particular, a los musulmanes:
— Reconoced la servidumbre a Dios y la obediencia a los profetas en todos los ámbitos de la vida.
— Abandonad la actitud de disimulo y la hipocresía, y no asociéis a nadie con Dios.
— Apartad del liderazgo y la autoridad a quienes se apartan de Dios, y confiad todo el poder a los verdaderos creyentes y a los virtuosos que obran rectamente, para que la vida se conduzca exactamente por el camino de Dios.
Si creen que este llamamiento es verdadero, únanse a nosotros. Ustedes mismos recibirán su recompensa de Dios. Quien obstaculice esta obra, que se prepare para rendir cuentas ante Dios.
En suma, la Jamaat-e-Islami se ha alzado con la misma misión con la que los profetas de Allah vinieron al mundo y cuyo desarrollo completo alcanzó su culminación con el último Profeta, el honorable Muhammad Mustafa (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él). Es decir, la obediencia exclusiva a Dios debe regir cada ámbito de la vida humana: la educación y la formación, las artes y las ciencias, la civilización y la cultura, la vida social, económica y política, la administración del Estado y el campo de batalla, los negocios y el comercio, las oficinas y los tribunales, así como el establecimiento de tratados y relaciones internacionales. Este es el objetivo de la Jamaat-e-Islami. A esto se lo denomina «Iqamat-e-Din», es decir, el establecimiento pleno de la religión islámica de Allah.
En 1943, la sede central de la Jamaat-e-Islami fue trasladada de Lahore a Dar-ul-Islam, en Pathankot, Punyab Oriental. En 1945 se celebró allí la primera conferencia de la Jamaat-e-Islami de toda la India.
Conferencia de la Jamaat-e-Islami de toda la India
En octubre de 1942, la sede central de la Jamaat-e-Islami fue trasladada de Lahore a Dar-ul-Islam, en Pathankot, Punyab Oriental. En 1945 se celebró allí la primera conferencia de la Jamaat-e-Islami de toda la India.
Aquí se reproduce un breve fragmento del discurso que Maulana Maududi pronunció ante los trabajadores en aquella conferencia.
Debe señalarse que, desde la formación de la Jamaat, algunos comerciantes de la religión, defensores de intereses creados (Vested interests), comenzaron a criticar abiertamente a la Jamaat y al Maulana. Hay una razón para ello, y es completamente natural.
La Jamaat-e-Islami es un movimiento ideológico, no una simple organización islámica de tabligh. En realidad, existe una gran diferencia entre el movimiento (tahrik) y el tabligh.
Tablig significa hacer escuchar a la gente algunas buenas palabras y acciones, aconsejarles hacer el bien y exhortarlos en general a abstenerse del mal. Cuando se aconseja a alguien hacer el bien y se le exhorta a abstenerse del mal, no debería enfadarse ni sentirse disgustado. Al contrario, aunque no se sigan los consejos de quienes ofrecen este tipo de exhortaciones, por lo general se les muestra respeto. Pero movimiento significa erradicar del seno de la sociedad las malas acciones, la injusticia, la obscenidad y cosas semejantes, y establecer el bien. Si ante una reunión de diez o veinte mil personas se dijera con voz enérgica: «Hagan el bien y absténganse del mal», quizá se obtendría cierto éxito. Pero ninguna fuerza reaccionaria se alzaría en oposición. En cambio, si se dijera: «Unámonos y establezcamos todo lo bueno que haya en la sociedad, y erradiquemos todo lo malo», entonces esto se llamaría un movimiento, y ciertamente se vería que una fuerza reaccionaria se ha empeñado en levantarse contra él para impedirlo. Este movimiento fue precisamente la labor de los profetas, y el mandato que Allah Todopoderoso dio en el Corán, “amr bil ma‘ruf y nahi anil munkar”, solo puede llevarse plenamente a la práctica mediante un movimiento.
Puesto que la Jamaat-e Islami era un movimiento, desde el principio las fuerzas reaccionarias se volvieron hostiles hacia ella. El discurso que el Maulana pronunció ante los miembros en la primera conferencia de la Jamaat-e Islami de toda la India, a la luz de las críticas y la oposición de los reaccionarios, es sumamente importante. Por un lado, su discurso esclarece plenamente el propósito y el objetivo de la Jamaat y, por otro, señala los obstáculos, peligros, calamidades, sufrimientos, persecuciones y opresiones que naturalmente surgirían en el camino del movimiento, alertando y previniendo a sus miembros. Por una parte, infunde en ellos una motivación indomable para este gran movimiento y, por otra, les ordena mostrar tolerancia hacia los reaccionarios opositores.
El objetivo de la Jamaat: establecer el gobierno divino y alcanzar la complacencia de Allah
En su discurso, el Maulana dijo: «No podemos decir nada sobre el resultado de este movimiento para establecer el din. El resultado está en manos de Allah. Si el fruto de nuestro esfuerzo es que hemos logrado establecer un sistema social recto, será un gran don de Allah. Muchos se burlan y dicen que todos nuestros esfuerzos supuestamente tienen como objetivo obtener el poder, y que alcanzar la complacencia de Allah no es nuestro objetivo. Su idea es completamente errónea. Todos nuestros esfuerzos están dirigidos a establecer el din de Allah, un sistema de vida recto y otorgado por Dios; en este esfuerzo por establecer el din de Allah no hay nada malo. Tampoco hay nada de qué avergonzarse. Cuando hablamos del gobierno divino, nos referimos precisamente a un sistema de este tipo. No comprendo qué hay de discutible si un sistema semejante es el objeto que deseamos y anhelamos. ¿Acaso esto es algo distinto de buscar la complacencia de Allah? ¿Qué podría procurar más la complacencia de Allah que que el reino de Allah gobierne sobre la tierra de Allah? ¿Quién podría esforzarse más por complacer a Allah que aquellos que, sin preocuparse por nada, consagran su vida a que sobre la tierra de Allah no gobierne ninguna autoridad distinta de Allah? Si un esfuerzo de este tipo es mundanalidad, ¿qué es entonces la religiosidad? ¿Pasar toda la noche despierto recitando “Allah, Allah” y, durante el día, intentar establecer el Estado de Satanás sobre la tierra de Allah? Quienes dicen tales cosas tienen en su mente y en su corazón una idea sumamente vil del din.»
En un momento de su discurso, el Maulana dijo:
«Ustedes saben que Allah Todopoderoso no nos exigirá establecer un Estado como el de Hazrat Abu Bakr y Hazrat Umar. Nadie tiene capacidad para hacer algo así, y Allah tampoco lo ha ordenado. Lo que se nos exige, desde luego, es que hagamos todo tipo de esfuerzos por establecer el din y que, en ese esfuerzo, empleemos todos los recursos de nuestra vida; es decir, nuestra propia vida, nuestras riquezas y también todo lo que amamos. Por din no entendemos ninguna de sus partes particulares, por importante que sea. Por din entendemos el din completo en su totalidad: sus principios y sus detalles, sus creencias y sus prácticas; con din nos referimos a todo ello. Continuaremos esforzándonos por el din con sinceridad, entusiasmo y energía. Para Allah, esto es la única piedra de toque de nuestra fe y nuestra hipocresía. Donde no existe la motivación para establecer el din, no hay lugar para la fe. Un corazón que no siente preocupación por el din nunca puede convertirse en la casa de Allah. Por mucho que se recite el tasbih, por muchos wird y adhkar que se practiquen, nada de eso puede igualar el amor por establecer el din. Esto es el alma de toda religiosidad, y esto será lo primero que Allah buscará en nuestros corazones. Además, este esfuerzo por establecer el din debe realizarse de manera organizada, no individualmente. Debemos intentar encender en nuestros corazones el fuego del amor y el afecto por establecer el din. Es irrelevante preguntarse cuál será el resultado. Incluso puede ocurrir que nos partan en dos con una sierra.»
Al comentar la oposición al movimiento, el Maulana dijo:
«La exigencia de este camino es que surja en nosotros la disposición a acoger favorablemente la oposición. Ya sea el camino de la verdad o el camino de la falsedad, la norma de Allah a este respecto es que quienquiera que elija cualquier camino deberá enfrentarse en él a una prueba de fuego. Y precisamente la característica del camino de la verdad es que, desde el principio hasta el final, está lleno de pruebas de fuego. Del mismo modo que un estudiante brillante de matemáticas se alegra al recibir un problema difícil, porque así podrá poner a prueba su talento, un creyente decidido se alegra al enfrentarse a una prueba, pues mediante ella tiene la oportunidad de demostrar su obediencia. Una lámpara vacilante se apaga con el más leve golpe de viento. Pero una estufa encendida arde aún más con el viento. Desarrollen entre ustedes la capacidad de que, así como una estufa encendida no se apaga con combustible húmedo, sino que lo convierte en su propio combustible, ustedes tampoco sean abatidos por la oposición, sino que puedan obtener de ella alimento y fuerza. Mientras no hayamos desarrollado esta capacidad, no se puede esperar que prestemos un buen servicio al din de Allah.»
Después, en cierto momento de su discurso, el Maulana instó a los trabajadores a estudiar profundamente la literatura de la Jamaat, el Corán Sagrado y la Sira del Profeta, y les aconsejó purificar sus almas y formar su carácter. Les recomendó mantenerse alejados de actividades inútiles y vanas, de los debates y disputas (reuniones de debate), y de asuntos semejantes.
Después dijo: «Si alguien critica severamente mi carácter y conducta personales, no intenten defenderme. Porque yo tampoco lo haré. No desperdicien su tiempo ni sus energías en tales cosas. … Si durante una conversación mutua perciben agitación en el oponente, pongan fin a la conversación. Porque las conversaciones acaloradas tienen muchas consecuencias perjudiciales».
También dijo: «El movimiento islámico tiene un temperamento y una naturaleza particulares. Tiene un método de trabajo específico, que no guarda ninguna semejanza con el método de trabajo de ningún otro movimiento. Quienes hasta ahora han estado vinculados a diversos tipos de movimientos y se han acostumbrado a esos métodos, al incorporarse a esta Jamaat tendrán que cambiar muchas cosas. Asambleas y reuniones, pancartas, estandartes y banderas, consignas, uniformes, manifestaciones, adopción de resoluciones, discursos desenfrenados, escritos que provocan agitación y todas las cosas semejantes son el alma de esos movimientos, pero son veneno mortal para el movimiento de la Jamaat. Aquí deben aprender y practicar el método de trabajo extraído del Corán Sagrado, de la vida del Profeta Muhammad (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) y de las biografías de los nobles compañeros».
Finalmente, el Maulana dijo: «El alma de este movimiento es, en realidad, una relación firme con Allah. Si su relación con Él es débil, no podrán adquirir la capacidad de establecer el Gobierno Divino y dirigirlo con éxito. Por ello, además de las obligaciones religiosas, practiquen regularmente también los actos voluntarios de adoración. Las oraciones voluntarias, los ayunos voluntarios, la caridad y cosas semejantes generan sinceridad en las personas. Realicen todo esto, en la medida de lo posible, en secreto, para que no haya “riya” (ostentación). Recen comprendiendo lo que dicen. No como si estuvieran recitando algo memorizado, sino de tal manera que, conscientemente, estén presentando una súplica ante el Señor. …
…… Manténganse alejados de todas aquellas formas de dhikr y adhkar, ejercicios espirituales, contemplación y visión espiritual, recitación de tasbih y letanías que no estén fundamentadas en hadices auténticos».
Una entrevista
A continuación se presenta la respuesta del Maulana cuando, en una entrevista, le preguntaron cómo se estableció la Jamaat Islami y en qué circunstancias comenzó. Sin duda, los lectores se alegrarán de escuchar de labios del propio artista la historia de los comienzos de la obra que creó.
Escuchen de sus propios labios cuándo surgió en él la idea de realizar un esfuerzo total por el movimiento islámico, antes de organizarse la Jamaat Islami:
«Yo reflexioné sobre su forma correcta en el año mil novecientos treinta y ocho o treinta y nueve. Por supuesto, antes de eso había deseado establecer una academia de investigación y un centro de formación (tarbiyatgah), para poder preparar a algunas personas. Porque es una tarea de tal naturaleza que no puede llevarse a cabo si uno no prepara personas por sí mismo. La idea de incorporar a algunas personas a un movimiento y realizar esfuerzos colectivos de manera organizada surgió en mi mente algún tiempo después.»
Pero ¿por qué surgió esta idea en mi mente y qué situación se había producido entonces para que naciera en mí este sentimiento?
Desde el año mil novecientos veinticuatro hasta aproximadamente mil novecientos treinta y siete, la situación fue extremadamente desesperanzadora. Los musulmanes se enfrentaron a una enorme crisis. Por un lado, el movimiento del Califato había fracasado y después comenzaron los disturbios comunales entre hindúes y musulmanes. Los musulmanes, divididos en dos y tan desunidos, no tenían en absoluto ningún líder o dirigente en quien confiar. No tenían ante sí ningún objetivo en la vida y estaban enfrentados entre sí. Por otro lado, aprovechando esta situación, las intenciones y los objetivos de los hindúes quedaron claramente al descubierto. Gandhi representaba personalmente sus intereses. Los musulmanes confiaban en él. Sin embargo, él no les servía en absoluto. En vez de beneficiarlos, solo les causó perjuicios. Al observar su actitud, parecía que su apariencia exterior era de una manera y su interior, de otra. Pues, durante los disturbios entre hindúes y musulmanes, cargaba toda la culpa sobre los musulmanes y apoyaba a los hindúes incluso cuando estos se excedían. Como consecuencia, los musulmanes comenzaron a perder la poca confianza que tenían en él. Fue precisamente en ese periodo cuando Maulana Muhammad Ali Jauhar cayó en la desesperanza. Hakim Ajmal Khan también se desesperó.
Durante uno o dos años de aquel periodo, la situación transcurrió de tal manera que fue extremadamente dolorosa para mí. En aquel entonces yo era apenas un joven. Ni siquiera podía imaginar que fuese capaz de dirigir algún movimiento. Porque la situación era clara. Todos los líderes en quienes confiábamos habían fracasado. No tenían ningún mensaje mediante el cual pudieran tranquilizar a la nación. No lograba decidir, ni siquiera después de pensarlo, qué se podía hacer.
En aquel periodo comenzó a propagarse toda clase de nuevas civilizaciones y corrientes de pensamiento. Tras el fracaso del movimiento del Califato, durante cuatro o cinco años continuaron los disturbios entre hindúes y musulmanes. Después, el ateísmo y la inmoralidad comenzaron a arraigar entre los musulmanes. Se empezó a deformar el islam. Poco a poco, aquello adquirió la forma de una tormenta. [Una revista editada por Fateh Niazpuri, a través de la cual comenzó un movimiento para demostrar que la ciencia del hadiz no era digna de confianza.] «Nigar» surgió precisamente en aquella época. Incluso de las madrasas religiosas de nuestro país empezaban a salir muchas personas que, decepcionadas del islam, se alejaban de él. Finalmente, la situación llegó a tal punto que la gente sentía vergüenza de realizar la oración. En particular, cuando alguien rezaba mientras viajaba en tren o en un jardín, parecía considerarse a sí mismo digno de convertirse en objeto de burla.
Mientras reflexionaba en aquel tiempo, llegué a la conclusión de que era necesario hacer algo para hacer frente a esta situación. Al observar una situación así, comprendí directamente que la protección y la elevación del islam no eran posibles sin un esfuerzo organizado.»
Pregunta: Entonces, ¿lo primero que planeó fue purificar las ideas?
Respuesta: Sí, en efecto. En aquel momento pensaba que, ante todo, debíamos comenzar algún trabajo en el ámbito del pensamiento y preparar así a algunas personas para esta tarea. Finalmente, podríamos realizar un esfuerzo conjunto.
Después de librar una lucha en el ámbito del pensamiento, comprendí que ahora no tenía otra opción que avanzar y actuar. Pero también me preocupaba que, si nadie respondía a mi llamado, no sabía si sería capaz de llevar adelante este movimiento. Aun así, tras reflexionar detenidamente, llegué a la conclusión de que todo se demostraría mediante la experiencia directa. Si no había ninguna otra persona que avanzara y emprendiera la labor, tendría que hacerlo yo mismo.
Pregunta: ¿Cómo solicitó la ayuda de otras personas para esta labor y cómo las motivó?
Respuesta: En este asunto, todo dependía de los artículos y los llamamientos de da‘wah publicados en Tarjumanul Quran. Conversé con todos aquellos con quienes tuve ocasión de reunirme. Escribí muy pocas cartas. La mayor parte de la labor la realicé mediante los artículos publicados en Tarjuman y a través de encuentros personales. No me apresuré en esta tarea. Por ejemplo, no adopté el método de celebrar grandes reuniones y congresos para congregar en ellos a algunas personas. Soy partidario de comenzar modestamente. Mi esfuerzo siempre consistió en iniciar la labor con cuantos hombres idóneos y dignos de confianza pudieran encontrarse.
Pregunta: ¿Cuántas personas encontró cuando formó la Jamaat?
Respuesta: Cuando formé la Jamaat por primera vez, aproximadamente 150 personas respondieron a mi llamado, y 75 se incorporaron directamente a la Jamaat. Ese fue el número inicial. [En realidad, en respuesta al llamamiento para formar la Jamaat publicado en Tarjumanul Quran, 150 personas enviaron sus nombres y direcciones a la oficina de Tarjuman, y se envió una carta a todas ellas para que se presentaran el 25 de agosto de 1941 en la oficina de Tarjumanul Quran de Lahore. Después de este llamamiento, se presentaron 75 personas, y la Jamaat se formó con ellas. —El autor.]
Pregunta: Al comienzo de esta Jamaat, ¿qué reacción experimentó usted?
Respuesta: Comprendía claramente que no podía esperarse en absoluto un comienzo mejor que este. Nunca pensé que haría un llamado y que miles y miles de personas responderían y se presentarían.
El Maulana en el histórico catorce de agosto
El catorce de agosto de mil novecientos cuarenta y siete fue un día memorable para los musulmanes del Pakistán y la India. Ese día despuntó el sol de la libertad de los musulmanes, liberados de las cadenas del imperialismo británico e hindú. El distrito de Gurdaspur, en Punyab, era completamente de mayoría musulmana. Según el principio fundamental, aceptado por consenso, de la partición de la India, el distrito de Gurdaspur correspondía legítimamente a Pakistán. Por eso, para los musulmanes de ese distrito, aquel era el día del Eid. Pero, por una cruel ironía del destino, la alegría de los musulmanes se convirtió en tristeza. El Laudo de Radcliffe, al arrancar de Pakistán Oriental y Occidental varios distritos de mayoría musulmana, como Gurdaspur, y anexarlos a la India, dio un ejemplo de extremo partidismo, injusticia y descarado favoritismo hacia los hindúes.
Ese día, el Maulana Maududi se encontraba en Darul Islam, cerca de Pathankot, en el distrito de Gurdaspur. La población de la ciudad de Pathankot era casi enteramente sij e hindú. La localidad de Darul Islam también estaba rodeada de hindúes y sijes. Apenas oyó por radio que Gurdaspur había sido incorporado por la fuerza a la India, el Maulana comentó con profunda tristeza que Cachemira se había escapado de las manos de los musulmanes. También dijo que, si hubiera contado con cien soldados armados a su lado, en lugar de ir a Pakistán habría ido a Cachemira para luchar por liberarla.
Después de la partición de la India, el fuego de los disturbios comunales se encendió por todo Punyab. La cuestión de la seguridad de Darul Islam, rodeada de hindúes y sijes, se volvió entonces una gran preocupación para los habitantes de aquella pequeña localidad. En ese momento, el Maulana Maududi actuó como un comandante sumamente prudente. Por orden suya, por un lado, se cavaron varias trincheras en Darul Islam y todos se mantuvieron preparados con apenas dos fusiles y bastones, para poder defenderse en caso de ser atacados por hindúes y sijes. Por otro lado, los responsables de la Jamaat comenzaron a pedir a los líderes sijes que se abstuvieran de participar en disturbios.
En cierta ocasión corrió el rumor de que varios cientos de sijes e hindúes se preparaban para atacar Darul Islam con armas. Encomendándose a Allah, el Maulana envió al secretario de la Jamaat, Mian Tofail Muhammad, junto con dos compañeros, ante los líderes sijes Jagir Singh y Chunilal Singh. Los tres musulmanes desarmados llegaron a las casas de los líderes sijes atravesando una localidad sij llena de hombres armados. Al verlos, aquellos quedaron sumamente sorprendidos. Los dirigentes de la Jamaat dijeron con total valentía: «Hemos oído que ustedes quieren atacar Darul Islam. Si eso es cierto, ¿cuál es la razón?». La conducta intachable del Maulana y de los habitantes de Darul Islam ya había ejercido una influencia sobre ellos. Ahora quedaron cautivados por la valentía de aquellos hombres y, tras tranquilizarlos, los acompañaron hasta un lugar seguro.
Por orden del Maulana, se dio refugio en Darul Islam a los musulmanes en peligro procedentes de lugares lejanos. Posteriormente, con la ayuda de convoyes llegados de Pakistán, fueron trasladados a ese país. Después de enviar a salvo a todas las personas a Pakistán, finalmente el Maulana dejó Darul Islam y se dirigió a Lahore.
Tras trasladarse a Lahore, la cuestión de encontrar un techo para el Maulana y sus colaboradores se convirtió en un problema importante. Después de que el Gobierno les asignara una casa, esta fue recuperada nuevamente en menos de veinticuatro horas. El Maulana prohibió a sus hombres aceptar una casa mediante asignación oficial. Entonces instalaron tiendas en Islam Park y allí se refugiaron. Más tarde se trasladaron a casas alquiladas en Ichhra.
Con aquellos dirigentes de la Jamaat, desarraigados de sus hogares, el Maulana inició dos campañas: la limpieza de la ciudad y el servicio a los muhajirun. En aquel tiempo, las acumulaciones de basura maloliente que se habían formado en muchos lugares de la ciudad anunciaban enfermedades epidémicas. Los trabajadores de la Jamaat se dedicaron a retirar la basura de Mochi Darwaza y Bhati Darwaza.
Para servir a los muhajirun, un grupo fue destinado a la frontera, mientras que otros dos grupos se consagraron a atender las necesidades de los muhajirun alojados en los campamentos de Walton y Baoli.
En resumen, Maulana Maududi emigró a Lahore junto con muchos de sus compañeros y, en lugar de convertirse en un refugiado dependiente del Gobierno o del pueblo, inició su labor en Pakistán sirviendo a los demás muháyires que habían llegado.
Después de la partición de la India
Después de la partición de la India, la oficina central de la Jamaat-e-Islami fue trasladada a Lahore. La Jamaat-e-Islami se dividió en dos organizaciones independientes, llamadas «Jamaat-e-Islami de Pakistán» y «Jamaat-e-Islami de la India». Maulana Maududi fue elegido entonces emir de la Jamaat-e-Islami de Pakistán.
Desde octubre de 1947 hasta enero del año siguiente, la Jamaat-e-Islami de Pakistán se dedicó a prestar servicios en el campamento de muháyires de Lahore.
Es especialmente digno de mención que, desde el nacimiento del Estado de Pakistán, comenzó a verse reflejado, letra por letra, lo que Maulana Maududi había vaticinado seis años antes, en el Strachey Hall de Aligarh, acerca de la futura forma del Estado pakistaní. La educación y formación, la perspectiva moral y la doctrina y las creencias de quienes asumieron la responsabilidad de criar y cuidar al Estado recién nacido no eran en absoluto favorables a la construcción de un Estado islámico. Millones de hombres y mujeres musulmanes habían sacrificado sus vidas, bienes y honor por el gran objetivo por el que se creó Pakistán; sin embargo, quienes ocuparon los asientos de los amos blancos británicos después de la consecución de Pakistán se convirtieron también en amos negros de sus habitantes y se erigieron en un enorme obstáculo para alcanzar aquel gran objetivo por el que Pakistán había sido creado. Millones de personas habían bebido, impulsadas por el espíritu de la yihad, la copa plena del martirio para establecer exclusivamente la religión de Allah; olvidando su gran sacrificio, los gobernantes del nuevo Estado siguieron las mismas huellas de los amos británicos. Además, no se pudo percibir, ni siquiera por el menor indicio o gesto, deseo alguno en sus corazones de moldear este Estado recién nacido según el modelo islámico. Por ello, cinco meses después de la creación de Pakistán, en enero de 1948, en su primer discurso en el Lahore Law College, Maulana Maududi exigió que el sistema de gobierno de Pakistán fuera islámico. Nuevamente, en febrero, durante un discurso sobre la «ley islámica» pronunciado en el mismo colegio, el Maulana presentó cuatro demandas. En marzo, en la histórica concentración pública del parque Jahangir de Karachi, pronunció un discurso en el que explicó sus cuatro demandas. Estas cuatro demandas eran:
(1) El único soberano del Estado de Pakistán es Allah Ta‘ala, y en este Estado únicamente se cumplirá Su voluntad.
(2) Deben abolirse todas las leyes contrarias al islam que estén vigentes hasta ahora.
(3) La Sharia islámica será la única fuente de todas las leyes y normas de Pakistán.
(4) Pakistán puede actuar según su voluntad únicamente dentro de los límites establecidos por la sharía.
La Jamaat-e-Islami fue la primera en iniciar un movimiento popular para que el Estado de Pakistán y la Asamblea Constituyente aceptaran las cuatro demandas mencionadas. En el plazo de tres meses, este movimiento adquirió tal intensidad y amplitud que los gobernantes se sintieron desconcertados. Aunque no estaban dispuestos a someterse a estas cuatro demandas del pueblo islámico, tampoco tenían el valor de rechazarlas. La razón era la siguiente:
— Estas eran demandas plenamente conformes con el islam, y durante los diez años anteriores ellos se habían encaramado sobre los hombros del pueblo invocando precisamente el nombre del islam. Por eso, ahora no se atrevían a rechazar las demandas islámicas.
— Las demandas eran justas y razonables en todos los aspectos.
— Detrás de las demandas había un movimiento bien organizado y firme.
— El pueblo se había lanzado a este movimiento con tanta rapidez que oponerse a él habría equivalido a oponerse al propio pueblo. Sin embargo, pese a todo ello, los gobernantes contrarios al islam finalmente comenzaron a retroceder. Para frustrar el movimiento islámico, recurrieron a las siguientes maniobras insidiosas. Iniciaron una campaña de propaganda calumniosa afirmando que:
(1) Maulana Mawdudi no está dispuesto a aceptar que la guerra de Cachemira sea una yihad.
(2) La Jamaat-e-Islami debilitó la seguridad del Estado al disuadir a la gente de alistarse en el ejército.
(3) La Jamaat-e Islami no quiere reconocer la obediencia al Estado.
Como todos los medios de propaganda del país están bajo el control del Estado, el Gobierno puede presentar ampliamente la verdad como mentira y la mentira como verdad, y puede impedir toda crítica y protesta contra ello. Eso fue precisamente lo que ocurrió en este caso. En realidad, el entonces secretario de Asuntos Exteriores de Pakistán, sir Zafrullah Khan, declaró en la reunión de las Naciones Unidas del 3 de febrero de 1948 que su Gobierno había prohibido considerar la guerra de Cachemira como yihad. Cuando se pidió al maulana Maududi que declarara que la guerra de Cachemira era una yihad, respondió: «La responsabilidad de declarar la yihad contra un país corresponde al Estado; no es tarea de ningún individuo.»
Si el propio Estado está haciendo todo lo posible para no declarar que la guerra de Cachemira es una yihad, ¿cómo puede cualquier individuo o grupo sometido a ese Estado declararla como tal? Sin embargo, el maulana Maududi a título personal y la Jamaat-e Islami como organización prestaron toda clase de apoyo activo a la guerra de Cachemira.
Las demás acusaciones contra el maulana y la Jamaat eran igualmente infundadas y malintencionadas. Hasta el día de hoy, nadie ha podido presentar prueba alguna de ellas. A esto se le llama el descarado encubrimiento de la maquinaria propagandística oficial.
El primer encarcelamiento del maulana Maududi
En lugar de rechazar directamente las demandas islámicas, los gobernantes recurrieron a la mentira y se entregaron a un intento de desvirtuarlas. Con la ayuda de la maquinaria propagandística oficial, comenzaron a difundir ampliamente aquellas historias infundadas y, con pretextos falsos y malintencionados, el 4 de octubre de 1948, después de la oración del magrib, arrestaron al maulana Maududi junto con varios destacados dirigentes de la Jamaat —Mian Tufail Muhammad y el maulana Amin Ahsan Islahi— en virtud de la infame Ley de Seguridad Imperialista, y lo mantuvieron recluido en la cárcel de Multán. Un mes después, prolongaron su detención otros seis meses.
El 11 de octubre, el maulana Abdul Jabbar Ghazi fue elegido emir de la Jamaat y mantuvo el movimiento plenamente activo. Poco a poco, toda clase de propaganda maliciosa del Gobierno comenzó a quedar al descubierto ante la opinión pública, y el movimiento islámico también empezó a cobrar fuerza. El pueblo comenzó a incorporarse al movimiento con mayor simpatía y cooperación. Con el apoyo popular de la Jamiat Ulema-e-Islam, respaldada por la Liga Musulmana, los miembros de la Jamaat dirigieron este movimiento con tal ímpetu que, el 12 de marzo de 1949, la Asamblea Constituyente de Pakistán aprobó la histórica «Resolución de Objetivos».
Tras la aprobación de la «Resolución de Objetivos», se suponía que la causa del desacuerdo entre la Jamaat-e Islami y el Gobierno desaparecería con la aprobación de dicha resolución. De hecho, en una reunión celebrada el 13 de marzo, la Majlis-e Shura de la Jamaat felicitó al Gobierno por la Resolución de Objetivos. Muchos esperaban también que, a partir de entonces, se liberara al maulana Maududi. Lo sorprendente es que, desde el 4 de abril de 1949, se prolongó nuevamente por seis meses el período de su encarcelamiento. A pesar de ello, en sus reuniones del 6, 7 y 8 de abril, la Majlis-e Shura central de la Jamaat expresó su voluntad de cooperar plenamente con el Gobierno, para que pudiera avanzar la redacción de la Constitución sobre la base de la Resolución de Objetivos. Pero el fuego de la ira del Gobierno aún no se había extinguido. Decidieron vengarse plenamente del maulana Maududi por haber tenido que aceptar, contra su voluntad y bajo la presión del pueblo, la «Resolución de Objetivos». El 4 de octubre de 1949, el Gobierno prolongó por tercera vez la vida carcelaria del maulana durante otros seis meses. La razón por la que mantuvieron al maulana durante tanto tiempo tras el telón de hierro, sin juicio y sin causa, fue precisamente que querían someter de ese modo al dirigente del movimiento islámico y acabar con su partido y con la Jamaat.
El papel de los gobernantes hostiles al islam después de la adopción de la Resolución de los Objetivos
Durante estos ocho meses, desde octubre de 1949 hasta mayo de 1950, los militantes de la Jamaat se enfrentaron a una gran adversidad. Conforme a la «Resolución de los Objetivos», exigieron la instauración de una constitución islámica en todo Pakistán, pensando que quizá entonces el Gobierno liberaría al maulana Maududi. Sin embargo, iniciaron el movimiento. Dos obras del maulana Maududi de aquella época, a saber, «La elaboración de una constitución islámica» y «Los principios fundamentales de la constitución islámica», son especialmente dignas de mención. Pero los gobernantes comenzaron a buscar pretextos para impedir la instauración de una constitución islámica. Empezaron a declarar de diversas maneras que:
Cachemira está en peligro; por tanto, no es posible elaborar una constitución.
Pakistán está ahora en peligro; por tanto, este es el momento de la yihad, no de elaborar una constitución.
Que gobiernen los «mullahs» no convierte ese gobierno en islámico. Más bien, cualquier gobierno de musulmanes se denomina gobierno islámico.
La «Resolución de los Objetivos» no se elaboró conforme a los principios del islam antiguo y caduco, sino conforme al islam moderno de Occidente.
No es razonable elaborar una constitución basada en los ideales islámicos para ningún Estado progresista de la era moderna.
Si se funda un Estado en nombre del fanatismo religioso, el mundo moderno se burlará de él.
Los trabajadores de Jamaat-e-Islami continuaron respondiendo contundentemente, de manera organizada y sistemática, con pruebas y argumentos irrefutables, a la propaganda difamatoria antes mencionada de las fuerzas contrarias al islam; así, comenzó a formarse en todo Pakistán una poderosa opinión pública a favor del sistema de gobierno islámico.
La liberación del Maulana
A los gobernantes ya no les fue posible mantener sin motivo alguno, dentro de los muros de la prisión, al pionero del movimiento islámico y líder islámico revolucionario de la época contemporánea. El 28 de mayo de 1950, el Gobierno liberó al Maulana por obligación legal. Después de diecinueve meses y veinticinco días, el Maulana Sayyid Abul A’la Maududi salió de detrás del telón de hierro y regresó al aire libre del mundo. Tras su liberación, Jamaat-e-Islami volvió a investirlo como Amir.
Después de la liberación del Maulana, durante los cuatro meses transcurridos entre junio y septiembre, el Gobierno intentó bloquear el camino hacia un sistema de gobierno islámico mediante diversas interpretaciones engañosas de la «Resolución de Objetivos». Sin embargo, bajo el liderazgo del Maulana, los trabajadores de Jamaat-e-Islami frustraron todos sus esfuerzos con argumentos y pruebas irrefutables, y expusieron ante el pueblo el objetivo fundamental de la «Resolución de Objetivos». Obligado por las circunstancias, el Gobierno presentó en septiembre ante la Asamblea Constituyente el informe del Comité de Principios Constitucionales. Este informe puso de manifiesto la verdadera actitud de la clase gobernante inclinada hacia Occidente, pues había incorporado todo cuanto era contrario al islam y no guardaba ninguna concordancia con la Resolución de Objetivos. Por ello, en una gran asamblea pública celebrada el 14 de octubre en Mochi Darwaza, Lahore, el Maulana Maududi condenó enérgicamente y protestó contra dicho informe; el Gobierno se vio obligado a retirar el informe y las recomendaciones del Comité de Principios Constitucionales. Después de eso, el Gobierno se quedó sentado en silencio, con las manos y los pies recogidos. No obstante, algunos ulemas subordinados y prooccidentales del Gobierno desafiaron a los ulemas a presentar un borrador del sistema de gobierno islámico, lanzando indirectas contra ellos.
La reivindicación unificada de los ulemas
Por consiguiente, veintiún ulemas célebres de distintas partes de Pakistán aceptaron el desafío mencionado y se reunieron en la ciudad de Karachi el 21 de enero de 1951. En su conferencia formularon por unanimidad veintidós principios y los presentaron al Gobierno. También los difundieron entre el pueblo. En realidad, esto fue considerado un poderoso impulso para el sistema de gobierno islámico en Pakistán. Jamaat-e-Islami publicó en gran cantidad estos veintidós principios presentados por los ulemas y los distribuyó por todo el país. De este modo, los esfuerzos del Gobierno contrarios al islam fracasaron.
A partir de entonces, el movimiento por un sistema de gobierno islámico comenzó con pleno ímpetu. Pero cuando, pese a ello, la elaboración de la Constitución siguió retrasándose, Jamaat-e-Islami inició una campaña para recoger las firmas del pueblo en hojas impresas que contenían nueve reivindicaciones. Dichas nueve reivindicaciones eran:
— La Sharía islámica será la verdadera fuente de la Constitución del país.
No podrá promulgarse ninguna ley contraria a la sharía.
Deberán derogarse todas las leyes y normas contrarias a la sharía.
Será deber del Gobierno ordenar el bien y prohibir el mal.
No podrán privarse los derechos civiles sin un juicio ante los tribunales.
Todo ciudadano tendrá derecho a recurrir ante los tribunales del país contra el poder ejecutivo y las autoridades gubernamentales.
El poder ejecutivo no podrá interferir en el poder judicial.
El Gobierno deberá asumir plenamente la responsabilidad de las cinco necesidades básicas del ser humano: alimentación, vestimenta, vivienda, educación y atención médica.
La comunidad qadianí deberá ser declarada una minoría no musulmana.
— La comunidad qadianí debe ser declarada una minoría no musulmana.
Además de la campaña de firmas sobre las nueve demandas mencionadas, se llevó a cabo en todo el país una campaña, tanto a título individual como por parte de asociaciones y reuniones, mediante cartas y telegramas, para exigir la pronta promulgación de una constitución islámica. Esta campaña continuó hasta finales de 1952.
Este año tuvo lugar en Pakistán un acontecimiento sumamente trágico. El primer ministro de Pakistán, señor Liaquat Ali Khan, fue asesinado a tiros por un atacante el 16 de octubre de 1951 en Rawalpindi. Como consecuencia del surgimiento de un ominoso satélite en el cielo de la política pakistaní, este brutal asesinato cubrió de tinta la historia de Pakistán. En fin, después del difunto Liaquat Ali Khan, Khawaja Nazimuddin se convirtió en primer ministro de Pakistán.
Ese mismo año, el 21 de noviembre, se celebró en Karachi una histórica asamblea pública, organizada por la Jamaat-e-Islami, sobre las nueve demandas mencionadas. En ella, el emir de la Jamaat-e-Islami, Maulana Sayyid Abul A’la Maududi, declaró con voz firme que, si el proyecto de constitución de esta ocasión volvía a ser antiislámico como el anterior, el pueblo islámico arrojaría dicho proyecto a la cara de sus autores. Después, los gobernantes quedaron atónitos al contemplar la larga procesión que salió aquel día, con diversos carteles, para exigir la promulgación de una constitución islámica. Como resultado, se produjo tal reacción en la ciudad de Karachi que el gobierno se vio obligado a ceder y, a finales de año, en diciembre, presentó por segunda vez un proyecto de constitución.
Esta vez, en enero de 1953, se celebró en Karachi una conferencia de 31 ulemas eminentes para examinar las recomendaciones constitucionales. El 18 de enero, los ulemas presentaron sus propuestas sumamente razonadas sobre el proyecto de constitución mencionado.
Ese mismo mes se convocó en Karachi una convención multipartidaria para declarar a los qadianíes una minoría. Maulana Maududi también participó en dicha convención. Insistió ante la convención en que el problema qadianí no debía considerarse por separado, sino incluirse en el propio movimiento constitucional.
Acción directa por la Convención Multipartidaria
El 27 de febrero de 1953 se celebró en Karachi una sesión del comité ejecutivo de la Convención Multipartidaria. En ella se decidió emprender una «Acción Directa» para obligar al gobierno a resolver el problema qadianí. En esta sesión, el representante de la Jamaat-e-Islami se opuso enérgicamente a la Acción Directa y anunció la ruptura de relaciones de la Jamaat-e-Islami con la convención. Al día siguiente fueron arrestados los dirigentes de la «Acción Directa», y la acción directa terminó fracasando en la ciudad de Karachi. Sin embargo, en el Punjab adquirió proporciones espantosas.
Se considera que los disturbios ocurridos en Punjab, llamados oficialmente Punjab Disturbances, fueron instigados por el Gobierno de Punjab Occidental. La causa principal de los disturbios fue que se habían rechazado algunas demandas justas del pueblo. En la convención de todos los partidos participaron todos los partidos políticos y religiosos de Pakistán, a saber: la Liga Musulmana, Jamaat-e-Islami, el Majlis-e-Ahrar, la Jamiat Ulema-e-Pakistán, la Jamiat Ahl-e-Hadith, la Anjuman Tahaffuz-e-Huqooq-e-Shia, entre otros. La demanda conjunta de estos partidos era que los qadianíes fueran declarados una comunidad minoritaria. También había una o dos demandas menores de este tipo; estas eran las demandas del pueblo pakistaní, porque las organizaciones mencionadas representaban a los musulmanes de todas las clases de Pakistán. Cuando el Gobierno se negó a aceptar estas demandas, se tomó la decisión de emprender una acción directa.
Como se ha dicho anteriormente, esta acción directa no se llevó a cabo en ningún lugar aparte de Punjab. Probablemente tampoco se habría llevado a cabo en Punjab. Sin embargo, se considera que el Gobierno de Punjab cometió aquí un grave error. En Punjab estaba establecido el gabinete de Daulatana. La acción directa de la organización de la Liga Musulmana contra el gabinete de la Liga Musulmana pareció trastornar el equilibrio mental del gabinete de Daulatana. Así pues, comenzó a estremecerse de miedo ante los fantasmas con solo ver una sombra negra. Los disturbios continuaron del 4 al 6 de marzo. Desde el primer día, la policía comenzó a cargar brutalmente con porras contra el pueblo y a dispararle. La tarde del 4 de marzo, un policía disfrazado se presentó en una asamblea pública y anunció que la policía había golpeado con porras a la multitud en cierto lugar y que, tras patear el Corán atado al cuello de una persona, lo había despedazado y esparcido. Después mostró a la multitud algunos fragmentos de las páginas desgarradas del Corán. Como consecuencia, la multitud se enfureció enormemente. La gente común, los obreros y trabajadores, los estudiantes y profesores, e incluso los empleados de las oficinas gubernamentales, expresaron una intensa protesta contra el Gobierno. De este modo, se estaba provocando intensamente al pueblo contra el Gobierno.
Otro incidente añadió leña al fuego que ardía. Ese mismo día se disparaba incesantemente contra el pueblo desde un jeep. Tras investigar, se descubrió que varios qadianíes viajaban en el jeep.
De este modo se encendió un incendio devastador contra el Gobierno. Sin embargo, los disturbios no pudieron continuar durante mucho tiempo. El 6 de marzo se impuso la ley marcial en Lahore y, en cuestión de horas, los disturbios cesaron por completo.
En las sesiones del Majlis-e-Shura central de Jamaat-e-Islami, presididas por Maulana Maududi los días 4 y 5 de marzo, se condenó enérgicamente la «acción directa» y, tras analizar sus terribles consecuencias, se exhortó al pueblo a mantenerse alejado de ella. Por entonces se publicó un folleto de Maulana Maududi titulado «El problema de los qadianíes». En esta obra analizó las diferencias fundamentales entre los musulmanes y los qadianíes, y presentó una solución pacífica y adecuada al problema.
La condena a muerte de Maulana Maududi
El 28 de marzo, las autoridades de la ley marcial arrestaron repentinamente a Maulana Maududi y a otros dirigentes de Jamaat. No se informó de ningún motivo para el arresto.
Maulana Maududi y sus colaboradores Malik Nasrullah Khan Aziz y el señor Naqi Ali fueron acusados ante un tribunal militar de propagar el odio entre el pueblo mediante el folleto «El problema de los qadianíes» y de rebelarse contra el Gobierno. Basándose en esa misma acusación, el 8 de mayo el tribunal militar condenó a muerte a Maulana Maududi.
Cabe señalar aquí que las autoridades no se atrevieron a confiscar el libro por cuya redacción se condenó a muerte a su autor. Mientras se celebraba el juicio ante el tribunal militar, dicho folleto se vendía por cientos en la propia ciudad de Lahore. En ninguna parte del folleto había nada que pudiera considerarse censurable a los ojos de la ley. Por el contrario, en el libro «El problema qadianí» se condenaba la acción directa. Sin embargo, los esclavos de la civilización occidental y los enemigos del islam y de la ley islámica se entregaron a la conspiración para eliminar de la faz de la tierra, mediante engaños, fuerza y artimañas, al heroico e inmortal guerrero del movimiento islámico. Después de hacerse pública la sentencia de muerte, desde Pakistán y desde el exterior surgieron demandas para revocarla, acompañadas de una enérgica condena a la temeridad y falta de previsión del Gobierno. Se produjeron tales protestas en todos los países musulmanes del mundo que el principal funcionario de la ley marcial anuló la sentencia de muerte y condenó al Maulana a catorce años de prisión con trabajos forzados.
La sentencia de muerte constituye, en la historia del islam, un monumento imperecedero a la extraordinaria personalidad del Maulana Maududi, a su popularidad en todo el mundo musulmán y al grandioso ejemplo de sacrificio del conocimiento por Allah que se manifestó en él. La sentencia de muerte dictada contra él, seguida de la condena a cadena perpetua, no desalentó a la Jamaat-e-Islami; por el contrario, inspiró a sus trabajadores con una motivación yihadista multiplicada cien veces. Hizo que el progreso de la organización aumentara muchas veces. La lección de la historia es que, desde tiempos inmemoriales, en todas las épocas y eras, el movimiento islámico ha avanzado hacia delante tras recibir los embates de las fuerzas que se le oponen. Todos los que intentaron erigir una resistencia frente a su irresistible e inflexible fuerza fueron arrastrados por su poderoso torrente, y sus nombres y huellas desaparecieron de la faz de la tierra.
A este respecto, no se puede dejar de mencionar que cierta clase de personas enemigas del islam y del sistema de gobierno islámico formulan contra el Maulana Maududi la falsa acusación de que fue el principal responsable de los disturbios qadianíes de Punjab y de que, instigados por él, miles de personas fueron asesinadas allí. Podemos afirmar con orgullo que en la exposición anterior de la trayectoria de este movimiento constitucional no hay ni el menor ápice de falsedad ni rastro alguno de exageración. De la discusión precedente no se desprende que el Maulana Maududi fuera responsable de los disturbios de Punjab. Personas interesadas los denominaron «disturbios qadianíes», pero, ante todo, no fueron en absoluto «disturbios qadianíes», ni murieron en ellos miles de personas. La Convención de Todos los Partidos exigió al Gobierno que declarara a los qadianíes una minoría no musulmana. Cuando el Gobierno se negó a aceptar esta demanda, dicha Convención adoptó la acción directa (Direct Action) contra el Gobierno. En realidad, fue una lucha entre el Gobierno y el pueblo. Para sofocarla se impuso la ley marcial, y los disparos de las fuerzas armadas causaron 11 muertos y 49 heridos. (Véase el Informe Munir, pág. 1).
Lejos de participar en esta lucha, el Maulana Maududi y la Jamaat-e-Islami se opusieron incluso a la «acción directa» de la Convención de Todos los Partidos y exhortaron al pueblo a abstenerse de ella. Cualquier persona imparcial y dotada de conciencia reconocerá abiertamente que la acusación formulada contra él es completamente fruto de la animadversión, infundada y carente de base.
En ninguna parte del Informe Munir se responsabiliza al Maulana de estos disturbios. Se atribuye la principal responsabilidad a los dirigentes del ya desaparecido partido Ahrar, y también se responsabiliza directa e indirectamente a otros partidos. Lo más curioso es que cierta clase de partidos políticos oportunistas y carentes de ideales del país, formando sus propias organizaciones con los dirigentes del partido Ahrar, responsabiliza al Maulana Maududi de los disturbios de Punjab para encubrir sus propias fechorías.
Más curioso aún es que, según la terminología oficial, los disturbios de Punjab (Punjab Disturbance) tuvieron lugar en 1953. Fue una lucha entre el Gobierno y el pueblo. La Jamaat-e-Islami, y por tanto el Maulana Maududi, no tuvo absolutamente ninguna relación, ni siquiera la más remota, con estos disturbios.
Por otro lado, el libro «El problema qadianí», por cuya redacción se condenó a muerte al Maulana, tampoco tenía relación alguna con los disturbios de Punjab. Así es como los enemigos precipitados y ciegos del islam cometieron un grave error. El libro por el que se dictó la sentencia de muerte no fue confiscado, nunca lo ha sido y todavía se encuentra disponible en el mercado. En sus páginas no hay ni una sola línea por la que su autor pudiera recibir siquiera el menor castigo. Pero, aunque fuera inocente, había que acabar de la noche a la mañana con uno de los más grandes defensores del islam. Por tanto, había que mostrar alguna razón. Por el propio título «El problema qadianí», los enemigos del islam supusieron que se trataba de un libro peligroso. Probablemente llegaron a la conclusión, sin leerlo, de que el libro instigaba al exterminio de los qadianíes. Tampoco tuvieron tiempo de leerlo. Ni siquiera se les ocurrió confiscar el libro por el que se estaba imponiendo la pena de muerte.
Algunas personas que ocupaban entonces los más altos cargos de poder del Gobierno pakistaní quisieron, ocultando la enfermedad de sus corazones, desarraigar el movimiento islámico. No pudieron hacerlo, y su mentalidad oculta quedó al descubierto. El movimiento islámico no murió, y el Maulana Maududi tampoco murió. Pero los adversarios sufrieron una muerte deshonrosa. Su muerte deshonrosa no nos alegra. Sin embargo, este es el implacable juicio de la historia.
Es sumamente lamentable que, incluso veinticinco años después de los disturbios de Punyab, algunas personas sigan insultando al Maulana, llamándolo asesino de cientos de qadianíes. No cabe duda de que padecen una enfermedad mental aún más grave que la de los gobernantes pakistaníes de aquel entonces. Sentimos compasión por ellos. Por eso rogamos para que se cure su enfermedad mental.
Es una cruel burla de la justicia y la equidad que no se haya condenado a muerte a ninguno de quienes fueron directamente responsables de los disturbios de Punyab. La única culpa del Maulana Maududi fue haber planteado en Pakistán la exigencia de un sistema de gobierno islámico. Huelga decir que el deseo más ferviente de los interesados era eliminarlo de la faz de la tierra de la noche a la mañana y frustrar así el movimiento islámico. Pero quizá los adversarios del islam no sabían que Alá Todopoderoso concede de este modo la victoria a Sus seres queridos y a Su partido.
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«Alá se ha complacido con ellos y ellos están complacidos con Alá (en la adversidad, las calamidades, la tiranía y la opresión). Ellos son el partido de Alá. Así pues, ¡atención!, recordad que, ciertamente, el partido de Alá será el victorioso». Al-Muyádila (22)
El Maulana Maududi en la cámara de ejecución
Cuando el creyente, con la cabeza inclinada ante Alá, Rey de la religión y del mundo, se hallaba entregado a la adoración, le comunicaron la orden de ejecución. Ante la sentencia de muerte, no había señal alguna de temor ni de preocupación en los ojos ni en el rostro del amado siervo de Alá. Con el rostro sereno y una sonrisa, aceptó la orden de ahorcamiento con gratitud.
Quiero presentar a los lectores el relato de un testigo presencial. El señor Sayyid Naqi Ali, editor e impresor del folleto «El problema qadianí», dijo:
«El ocho de mayo estábamos rezando la oración del magrib en la antigua cancha de tenis de la casa de Dewaní. El Maulana era el imán. Entre los orantes, aparte del encargado y el cocinero de la prisión, éramos cinco: Mian Tofail Muhammad, el Maulana Amin Ahsan Islahi, Malik Nasrullah Khan Aziz, Chaudhry Muhammad Akbar y yo. Cuando estábamos en la segunda rak‘at, de repente se abrió la puerta y después se oyeron los pasos de varias personas. Hubo algunos susurros y el sonido de alguien que regresaba.»
Apenas terminó de pronunciar el saludo de la sunna, se volvió a oír un golpeteo. Vimos entrar a varios soldados y empleados de la prisión. Uno de ellos preguntó: «¿Quién es el maulana Sayyid Abul A‘la Maududi?»
El maulana respondió con voz serena: «Soy yo; dígame».
El funcionario: «Por publicar dos declaraciones en el periódico Tasnim, usted ha sido condenado a siete años de trabajos forzados, y Malik Nasrullah Khan Aziz, a tres años». Ambos respondieron en voz baja: «Está bien, de acuerdo», y permanecieron en silencio.
El funcionario volvió a decir: «Por redactar el libro “El problema de los qadianíes”, el maulana Sayyid Abul A‘la Maududi ha sido condenado a muerte, y su impresor, Sayyid Naqi Ali, a nueve años de trabajos forzados».
Ambos dijimos: «Está bien, gracias», y permanecimos callados.
La condena a muerte del maulana fue completamente inesperada. Sin embargo, no había preocupación en el rostro de nadie. Pero nuestras mentes se llenaron de pensamientos. Todos miramos al maulana. Vimos su figura serena y tranquila. En su mirada había una profundidad inmensa, como la insondable profundidad del mar.
El funcionario entregó un trozo de papel al maulana y dijo:
«Maulana, si lo desea, puede solicitar clemencia dentro de una semana».
El Maulana tomó el papel en silencio, con una leve sonrisa. Al marcharse, el funcionario dijo:
—Maulana, prepárese; tendrá que irse dentro de un momento.
—¿Adónde?
—A la celda de ejecución.
—Estoy preparado.
Después, caminamos en silencio hacia la habitación del pabellón civil. Mientras avanzábamos, oímos decir al funcionario:
—Malik Nasrullah Khan Aziz y Sayyid Naqi Ali, ustedes también tendrán que ir. Pero… está bien, de acuerdo. Los llevaré mañana por la mañana.
Malik Sahib y yo fingimos no haberlo oído, aunque lo habíamos escuchado. La noticia de la condena a muerte del Maulana nos había afligido tanto que no prestábamos atención a ninguna otra cosa.
¡Cuántas humillaciones, cuántas torturas y persecuciones sufren los caminantes del sendero de la verdad en el escenario del mundo! Todos nosotros habíamos tenido la fortuna de estar a la altura de los hombres luchadores del sendero de la verdad, aunque éramos humildes servidores de la religión de la verdad. ¿Cuál era nuestro delito? ¿El delito de publicar un libro sobre el problema qadiano? Eso se dice únicamente para engañar al mundo. Pero, en realidad, nuestro delito era que queríamos utilizar en Pakistán la fuerza conjunta de la nación y del Gobierno al servicio del islam. Habíamos hecho de establecer la religión de Alá el objetivo de nuestra vida. Ese, y solamente ese, era nuestro delito.
Sí, eso era lo que estaba diciendo. Realmente estaban llevando al Maulana a la horca. ¿Un erudito tan eminente, objeto de enorme veneración no solo en el subcontinente indo-paquistaní, sino en todo el mundo árabe, iba ahora a la horca? Me preguntaba: ¿era esto verdad?
¿Iban a colgar hoy en la horca al valiente muyahid del movimiento islámico? ¿Iban hoy a dar este paso los necios dirigentes de la nación, que por su insensatez no quieren ver el triunfo del islam en Pakistán?
¿De verdad iba el movimiento islámico a verse privado de esta gran personalidad en su misma infancia?
Las palabras claras, lentas y solemnes del Maulana comenzaron a resonar en mis oídos: «Recuerden que no he cometido ningún delito. No pediré clemencia por mi vida bajo ninguna circunstancia. Que nadie pida clemencia por mí; ni mi madre, ni mi hermano, ni mi esposa, mis hijos o mis familiares. Esta es también mi petición a los miembros de la Jamaat».
El señor Mian Tofail Muhammad abrió y extendió el holdall del Maulana. Todos juntos empezamos a guardar en él las pertenencias. El Maulana y yo ordenamos la maleta de cuero, pues todo eso debía enviarse de vuelta a la casa del Maulana.
Mientras tanto, prepararon una pequeña cama para enviarla con el Maulana a la cámara de ejecución. También pusieron junto a ella un paquete de comida envuelto en tela, el Corán Majid y un lota y un vaso.
No podía pronunciar palabra. Me temblaba el corazón. Los brazos y las piernas se me iban quedando rígidos. La idea de la condena a muerte del Maulana parecía extenderse por cada molécula y átomo de mi cuerpo como la electricidad. El estado del señor Tofail era exactamente el mismo. Malik Nasrullah Khan Aziz caminaba de un lado a otro con expresión solemne y pensativa, y de sus labios salía también una súplica apenas audible. El estado del señor Chowdhury Muhammad Akbar, el mayor de todos nosotros, era extraño. Se limitaba a permanecer de pie, mudo e inmóvil. El señor Islami caminaba unas veces y otras se detenía bruscamente. Sus emociones y su exaltación contenidas se manifestaban en su rostro, que adquiría un tono rojo como la sangre.
Mientras ataba la ropa de cama, cobré ánimo y lo dije de una vez:
—Maulana, la decisión de no pedir clemencia por su vida es exclusivamente suya. No tiene ningún sentido que la Jamaat tenga que aceptar esta decisión. Usted tendrá que acatar lo que decidan los miembros de la Jamaat después de considerar la situación externa.
Maulana dijo con su tono habitual:
Considero correcta mi decisión incluso desde el punto de vista de la Jamaat. Es deber de ustedes informar de mi decisión a los dirigentes de la Jamaat.
Mientras tanto, llegó un empleado de la prisión. Nuestro estado era sumamente tranquilo, como el mar sereno y apacible antes de una tormenta.
Pero ¿y Maulana? Aquel heroico soldado del movimiento islámico y del camino de la verdad, a quien se había anunciado que se le concedería el honor del martirio, permanecía completamente tranquilo, sereno, firme e inquebrantable.
Maulana abrazó de todo corazón a cada uno de nosotros. Fue un abrazo tan sincero que lo recordaré para siempre.
Nosotros tomamos algunas de las pertenencias y el guardia de la prisión se llevó otras. Salimos de la celda y llegamos hasta la puerta de la sala civil para despedir a Maulana. Entonces se manifestó la tormenta que se había acumulado en nuestro pecho. El señor Mian Tofail y yo comenzamos a llorar entre sollozos; luego regresé y caí postrado sobre la alfombrilla de oración.
Islahi Sahib, Malik Sahib y Chowdhury Sahib ya estaban postrados en sujud.
Todos comenzamos a suplicar a Allah entre sollozos. El ímpetu del llanto era incontenible; el torrente de lágrimas, impetuoso e inagotable.
No sé cuánto tiempo pasamos así. De pronto, el severo sonido de los pasos del carcelero jefe atrajo nuestra atención hacia allí. Vimos que había traído de vuelta la ropa, la comida, los utensilios, los zapatos y demás pertenencias del Maulana. También había devuelto el Noble Corán, porque no había ningún lugar donde guardarlo en la celda de ejecución.
Maulana Islahi Sahib tomó de mis manos la ropa del Maulana y comenzó a besarla una y otra vez, deleitándose con su dulce contacto en los ojos y el pecho. Porque aquella ropa pertenecía a un muyahid en el camino de Allah, que estaba encerrado en la cámara de ejecución, aguardando beber el néctar del martirio.
Mia Tofail Sahib tomó aquella ropa de manos de Maulana Islahi y comenzó a pasársela por el rostro, los ojos y el pecho. La ropa quedó empapada por las lágrimas de todos nosotros.
¿Por qué sentíamos por él este amor entregado con toda el alma?
—¿Acaso era pariente nuestro?
—¿Acaso teníamos con él algún parentesco de linaje?
– ¿Acaso este amor y afecto se debía a que pertenecíamos a la misma casta y linaje?
– ¿Acaso se debía a que éramos habitantes del mismo país?
– No, no; se debía únicamente a que él se disponía a entregar su vida por la causa de Alá. Solo el vínculo del islam hizo que nuestro amor fuera tan histórico y desinteresado.
El amor ilimitado del Maulana por Dios y su anhelo apasionado de entregar la vida por la causa de Dios dejaron al mundo estupefacto. También llenaron de asombro y admiración a los empleados de la cárcel, y dejaron en la historia del islam un ejemplo sumamente luminoso.
En la cámara de la horca le dieron al Maulana un pantalón sin cordón de cintura para ponerse. El Maulana le preguntó al guardián:
«Hermano, olvidaste darle el cordón de cintura.»
El guardián respondió:
«Maulana, a los condenados a la horca no se les da cordón de cintura. ¿Y si se suicidara con él?»
El Maulana dice con una leve sonrisa:
«¿Acaso quien se dispone a beber con todo su corazón la copa del martirio sería tan insensato como para suicidarse y entrar en el infierno?»
El Maulana no muestra ninguna preocupación en la cámara de ejecución. No tiene ningún pensamiento ni inquietud por la pérdida de la vida. En su rostro y en sus ojos no hay ninguna señal de abatimiento. En lugar de leer el Sagrado Corán, se quedó dormido con total naturalidad y gran serenidad mientras leía la biografía de Sayyid Ahmad Shahid (que Dios tenga misericordia de él). En circunstancias normales, no se percibía ninguna diferencia entre el sueño del hogar del Maulana y el sueño en la cámara de ejecución.
Otra de las preciosas declaraciones del Maulana en aquellos momentos fue la siguiente: cuando sus familiares, amigos y los innumerables admiradores y devotos se angustiaron al recibir la orden de ejecución, él los consoló diciendo:
«El destino de la vida y la muerte se decide en el cielo, no en la tierra.»
¡Qué firme convicción! ¡Qué fortaleza inquebrantable!
Escuchemos de labios del propio Maulana cuál era su estado en la cámara de ejecución. Cuando le preguntaron al Maulana al respecto, dijo:
Cuando, dentro del recinto del tribunal civil, me comunicaron la orden de ejecución y, al mismo tiempo, me concedieron el derecho a solicitar el perdón de la vida en el plazo de una semana, surgieron en mi mente tres pensamientos.
La primera razón es que suplicar clemencia al opresor es contrario a mi dignidad.
La segunda es: ¿por qué habría de pedir perdón? ¿Acaso porque me están enviando al Paraíso? Es cierto que quien sirve al din durante toda su vida y muere de otra manera no tiene tanta certeza de alcanzar el Paraíso como quien muere como mártir. Por tanto, ¿acaso voy a decir: «Libérame del Paraíso»?
La tercera razón es que, si hoy una persona como yo suplicara que le perdonasen la vida, el sentido de la dignidad desaparecería del corazón de la gente común de este país.
Por eso les dije a mis amigos, con absoluta firmeza, que ninguna persona de mi familia ni ningún miembro de la Yamaat pidiera clemencia en mi nombre. De lo contrario, jamás los perdonaría.
Cuando me llevaron a la celda de los condenados a la horca, me privaron de todos los artículos necesarios. Me quitaron todo. Incluso me quitaron la ropa que llevaba puesta y me entregaron ropa de la cárcel. Me dieron un pantalón sin cordón. Al principio, al verlo, pensé que quizá habían olvidado ponerle el cordón. Pero, al preguntar, me enteré de que no se entregaban cordones en absoluto, porque el preso podía suicidarse con ellos si, desesperado, lo intentaba. Me vi obligado a ponerme el pantalón uniendo sus dos extremos delanteros. Pero no servía para cubrir adecuadamente las partes íntimas y empezó a resultar muy difícil hacer la oración. Al principio quise conservar conmigo el Noble Corán, pero cuando vi que no había ningún lugar donde ponerlo aparte del suelo donde dormía, lo devolví. Solo permaneció conmigo aquello que estaba grabado en mi corazón.
En fin, después de que todos se marcharan, vino un guardia y se puso a insultar de todo corazón al Gobierno y a los ministros. Después llegaron el segundo, el tercero y el cuarto. Cada uno se marchó maldiciendo al Gobierno.
Por la noche comenzaron en la celda de los condenados a la horca tantos gritos y lamentos que no pude dormir antes de las dos. Uno llamaba a algún piadoso jeque por su nombre. Otro recitaba poemas, y otro continuaba murmurando: «¡Maula, sálvanos! ¡Maula, sálvanos!».
Cuando le preguntaron qué pensaba el Maulana sobre la ejecución de la pena de muerte, respondió:
Yo tenía la convicción de que, si no se producía una gran protesta popular, dada la actitud del Gobierno, ellos acabarían ejecutándolo. Si se les daba la oportunidad de dar ese paso, las consecuencias serían extremadamente graves. Después de ello, la labor de la religión permanecería suspendida en este país durante mucho tiempo. Pero si el pueblo actuaba con conciencia y el Gobierno se veía obligado a retroceder siquiera una vez, entonces, si Dios quiere, tendría que seguir retrocediendo y no sería posible bloquear el camino del movimiento islámico. Este momento era una gran prueba de fuego para todo el país.
Al segundo día, el jeque Sultan Ahmad y el señor Safdar vinieron a visitarme con los muchachos. Volvieron a hablarme de pedir clemencia. Los reprendí y les dije que no suplicaran clemencia bajo ninguna circunstancia.
Después vino Mian Mahmud Ali Qasuri. También quiso ofrecer sus propios servicios para pedir clemencia. Le dije que aquello no me entraba en la cabeza de ninguna manera.
Le preguntaron al Maulana si había sufrido alguna dificultad especial en la celda de los condenados a la horca. El Maulana respondió:
Para empezar, la ropa que se nos daba era inadecuada e insuficiente, y había gritos y alboroto. Segundo, la propia estructura de la cámara de la horca resultaba penosa para los presos en todas las estaciones. Era una habitación estrecha, sin luz ni ventilación. No había manera de protegerse del sol, la lluvia, el frío o el calor. Además, en la celda de los condenados a la horca se servía comida de clase C, absolutamente incomible.
El tercer día, alrededor de las dos de la tarde, alguien llegó corriendo y dijo: «Maulana, le doy la enhorabuena: su condena a muerte ha sido conmutada». Después comenzaron a llegar grupos de personas para comunicar la noticia. Poco después, al Maulana Niazi y a mí nos sacaron de allí y nos llevaron al hospital.
Reacciones dentro y fuera del país ante la sentencia de muerte
Como se ha mencionado anteriormente, el tribunal militar de Lahore condenó primero a muerte al Maulana Sayyid Abul A‘la Maududi y después revocó esa condena para sentenciarlo a catorce años de prisión con trabajos forzados. La enorme protesta que esta sentencia suscitó no solo en Pakistán, sino en todo el mundo musulmán, no tiene precedente en las páginas de la historia pasada. Las huelgas, procesiones, reuniones y asambleas de protesta contra semejante trato no se limitaron a las grandes ciudades y las capitales; por el contrario, las llamas de la protesta ardieron con fuerza también en las pequeñas ciudades y las zonas rurales del interior del país. Desde todos los lugares, desde las aldeas más remotas hasta las grandes ciudades, comenzaron a llegar innumerables telegramas, cartas y resoluciones, llenos de enérgicas protestas y condenas. Esta protesta mundial no se manifestó bajo el impulso de una excitación pasajera ni de la emotividad. Fue, en realidad, la expresión espontánea del permanente respeto del mundo musulmán por el Maulana. No se alzó como una burbuja de agua para desaparecer de repente. Las protestas y manifestaciones continuaron sin interrupción durante cinco meses. Incluso quienes en el pasado habían presenciado diversas formas de protesta durante la época de los movimientos del Califato y del Congreso reconocieron abiertamente que nunca antes se habían visto manifestaciones de este tipo, ni una solidaridad sincera, un duelo y unas súplicas tan afligidas.
Cabe señalar que esta protesta no se realizó por simple cortesía ni para aparentar ante la gente. Cada momento de las noches silenciosas y de los días ocupados atestiguaba que no solo los hombres, sino también las mujeres que observaban el purdah, se hallaban profundamente afligidas, apenadas y consternadas. En plena noche, sus alfombrillas de oración para el taháyyud quedaban empapadas de lágrimas. El mundo musulmán consideró una gran tragedia la condena a muerte y, posteriormente, a cadena perpetua de este heroico combatiente inmortal del movimiento islámico. Por ello, los dirigentes de Arabia, Egipto, Irak, Siria, Marruecos, Argelia, Indonesia y otros países musulmanes expresaron su enérgica protesta. En los editoriales de los periódicos de esos países se condenó la conducta del Gobierno de Pakistán y se exigió la inmediata liberación del Maulana.
En Pakistán, los directores de los siguientes periódicos también expresaron su protesta mediante un memorando:
Karachi: los diarios Jang, Anjam, Millat, Times of Karachi, Imroz, Al Muntazer, Iqbal, Asr-e-Yadid, Musalman, Naya Roshni, Shabnam y Watan; los diarios Nayi Sindh y Al Wahid; Maqasid; los semanarios Jahan-e-Nau y Students Voice; el quincenal Nimkadan; y los mensuales Faran, Riyaz, Mushir y Chiragh-e-Rah, entre otros.
Daca: los diarios Pasban, Azad, Angara, Sitara, Morning News, Al Qaed (en inglés), The Mail, Dainik y Nizam-e-Islam.
Lahore: los diarios Pakistan Times, Imroz, Afaq, Nawa-e-Waqt, Ihsan, Helal-e-Pakistan, Safina y Asar; los semanarios Kendil, Iqdam y Karwan; el Civil and Military Gazette; y los mensuales Khadim-ul-Haramain, Arif, Al Jamea, Islamic Life, Muslim y Adabi Dunya,
Bahawalpur: Insaf, Kainat, Ilham, Al Imam, Azam, Rahbar, Parwaz, Difa, Rafiq, Naya Daur, Karwan, Tabligh y Nawa-e-Bahawalpur.
Quetta: Mizan, Pasban, Nara-e-Haq, Maqasid, Hilal, Khurshid, Tarjuman Rahbar-e-Niswan, Bachchuka Shaheen, Times, Muallim, Dushman, Pukar, Nawa-e-Baluchistán, Niswan-e-Dunya, Nawa-e-Watan, Paigham-e-Yadid, Sadaqat y Karwan Tameer-e-Baluchistán.
Además, los periódicos extranjeros también expresaron una enérgica protesta—
As-Sijil-Bagdad, Ikhwate Islamiya-Bagdad, Ad-Da‘wat-El Cairo, Membarash Sharq-El Cairo.
Los estudiantes de los países musulmanes que estudiaban en Inglaterra y los musulmanes residentes en Inglaterra presentaron una protesta ante el primer ministro de Pakistán, señor Muhammad Ali (de Bogra), advirtieron al Gobierno pakistaní sobre la sentencia de muerte impuesta al Maulana y exigieron su inmediata liberación.
El gran muftí de Palestina, al-Hayy Muhammad Amin al-Husayni; el guía de los Hermanos Musulmanes, el jeque Hasan al-Hazimi; el abogado de la Universidad de al-Azhar, Muhammad Abd al-Latif Daraz; y el presidente de la Asociación de Jóvenes Musulmanes, Muhammad Salih Hereb, declararon en un telegrama conjunto dirigido al gobernador general y al primer ministro de Pakistán lo siguiente:
«Todos los musulmanes que sienten amor y buena voluntad hacia Pakistán están profundamente afligidos por la orden de ejecución del Maulana Sayyid Abul Ala Maududi. Espero que el Gobierno pakistaní actúe con sensatez y revoque la sentencia de muerte de nuestro eminente señor Maududi».
El gran muytahid de la comunidad chií de Irán, Su Eminencia el imán Muhammad al-Jalisi, y el más destacado líder de Ahl as-Sunna wal-Yama‘a en Irak, el erudito Amjad az-Zahabi, enviaron un telegrama conjunto a los siguientes estadistas, solicitándoles que presionaran al Gobierno de Pakistán para lograr la liberación del Maulana Maududi:
El segundo emir, Faisal-Bagdad; el sultán Ibn Saud, Arabia Saudita; el erudito ayatolá Kashani, Irán; el doctor Musaddiq, ex primer ministro de Irán; el primer ministro de Irak; el primer ministro de Egipto, el general Naguib; el jeque de al-Azhar, Hasan al-Hazimi; y el gran muftí de Palestina. También enviaron un telegrama similar al gobernador general y al primer ministro de Pakistán.
El gran muyahid de Indonesia, el erudito Isa Ansari, declaró en nombre de los sesenta partidos islámicos de Indonesia:
«El Maulana Maududi es un depósito confiado por el mundo. Si Pakistán ya no lo necesita, el mundo islámico sí lo necesita. Los musulmanes de Indonesia le brindamos nuestro pleno apoyo y consideramos que hoy el mundo musulmán necesita sus ideas».
Además, entre los dirigentes de Pakistán que protestaron y exigieron la liberación del Maulana, merecen especial mención el ex primer ministro de Pakistán, Khawaja Nazimuddin; el señor M. G. Ghaizdar; el señor Husain Imam; el Maulana Zafar Ahmad Usmani; el Pir Ghulam Muhyiddin Sirhindi; el Maulana Akram Khan; el Maulana Din Muhammad Khan; el Maulana Abdul Hamid Khan Bhashani; y el Maulana Raghib Ahsan.
En resumen, la fuerza opuesta al islam que había querido acabar de la noche a la mañana con el Maulana y frustrar el movimiento islámico se vio obligada, ciertamente, a inclinarse ante la mirada airada del mundo musulmán sublevado; pero, incapaz de contener el odio acumulado durante años contra el Maulana, intentó hallar consuelo condenándolo a catorce años de prisión con trabajos forzados.
La liberación del Maulana
No solo desde Pakistán, sino desde todo el mundo musulmán, se alzó una firme demanda por la liberación incondicional del Maulana, cuyo relato ya se ha expuesto anteriormente. Finalmente, el Gobierno redujo la condena de catorce años a tres años y medio. Después, a causa de una confusión jurídica en Pakistán, el Maulana fue liberado tras dos años y nueve meses. La confusión jurídica consistió en lo siguiente: hacia finales de 1958, el entonces primer ministro de Pakistán, Muhammad Ali de Bogra, ya fallecido, había anunciado que ese mismo año, el 25 de diciembre, con ocasión del cumpleaños de Quaid-e-Azam, ofrecería a la nación una constitución islámica.
El gobernador general Ghulam Muhammad sufría una profunda aflicción al no ver al Maulana Maududi colgado en el patíbulo. Entretanto, el anuncio de una constitución islámica por parte del primer ministro echó sal en la herida. Por ello, enfurecido, disolvió la Asamblea Constituyente de Pakistán.
Como consecuencia, se produjo en el país un estancamiento constitucional. Al disolverse la Asamblea Constituyente, quedaron anuladas todas las leyes y normas.
Entretanto, se presentó ante el Tribunal Superior una solicitud para que se expusieran las razones de la detención (Habious Corpus), con el fin de obtener la liberación del Maulana. Sin embargo, antes de que comenzara la vista en el tribunal, el Gobierno anunció la liberación incondicional del Maulana.
La visita del Maulana a Pakistán Oriental
Tras la liberación de Maulana Maududi del cadalso y de la cadena perpetua, el mundo musulmán dio gracias a Dios. Como los habitantes de Pakistán Oriental nunca habían visto a Maulana, comenzaron a desear entrevistarse con él. Además, se había vuelto urgentemente necesario que Maulana visitara Pakistán Oriental.
En ese momento volvió a surgir en Pakistán Oriental una nueva crisis constitucional. Después de que el gobernador general disolviera la Asamblea Constituyente, se formó un gabinete «talentoso» (competente), integrado por militares y civiles. El difunto mártir Suhrawardy fue nombrado ministro de Justicia. Posteriormente se conspiró para imponer al pueblo, mediante una convención y con ayuda de una ordenanza, una constitución antiislámica y antidemocrática. Sin embargo, después de que el Tribunal Federal declarara, en su fallo, que la formación de la convención era contraria a la Constitución, el gobernador general y el gabinete talentoso se vieron obligados a celebrar elecciones para la Asamblea Constituyente en mayo de 1955. Tras estas elecciones, Chaudhry Muhammad Ali fue elegido primer ministro. Su firme deseo era elaborar una constitución islámica para el país. Pero el difunto mártir Suhrawardy, líder de la Liga Awami en la Asamblea Constituyente, y los dirigentes del Congreso se convirtieron en un obstáculo extremo para la elaboración de una constitución islámica. Suhrawardy había abogado enérgicamente por la destitución de Khawaja Nazimuddin y, finalmente, por la disolución de la Asamblea Constituyente, con el fin de cerrar el camino a una constitución islámica en el país. Más tarde, mientras ocupaba el cargo de ministro de Justicia del gabinete talentoso, también se desvaneció la esperanza de Suhrawardy de imponer a la nación, mediante la convención, una constitución antidemocrática y secular. Por ello, formó un poderoso frente antiislámico con los miembros del Congreso hindú, para impedir que la Asamblea Constituyente reelegida elaborara una constitución islámica. Así pues, surgió la necesidad de intensificar el movimiento popular para frustrar esa maniobra y crear un ambiente favorable a una constitución islámica.
Después de que Maulana Maududi fuera liberado de la cárcel, realizó su primera visita a Pakistán Oriental el 24 de enero de 1956. Permaneció allí durante un mes y medio y visitó casi todas las capitales de distrito y las principales ciudades subdivisionales. Durante esa visita pronunció discursos ante varios cientos de miles de personas, presentó el mensaje del islam, explicó la necesidad de una constitución islámica, respondió a cientos de preguntas y concedió entrevistas personales a cientos de personas. De este modo, fortaleció también en la región oriental de Pakistán la demanda de una constitución islámica. Además, adquirió experiencia directa sobre todos los problemas internos y las carencias y quejas de esta provincia.
Hacia el final de su visita, el 4 de marzo, en una conferencia de trabajadores de Jamaat-e-Islami celebrada en el salón de la Junta del Distrito de Daca, Maulana Maududi habló extensamente, principalmente sobre todos los problemas, carencias y quejas de Pakistán Oriental, así como sobre el camino adecuado para resolverlos. La traducción bengalí de aquel discurso se publicó en forma de folleto con el título «Los problemas de Pakistán Oriental y su solución».
Maulana Maududi analizó detalladamente varios problemas complejos de los habitantes de Pakistán Oriental y también presentó sus soluciones. Determinó las causas reales de las graves quejas de los habitantes de Pakistán Oriental y las puso de relieve.
Sobre el camino equivocado que seguían los muhajires en Pakistán Oriental, comentó:
«Una gran parte de quienes han venido aquí como funcionarios públicos no ha desempeñado ningún papel particularmente digno de elogio. Sentados en las sillas de los ingleses, se han considerado ingleses. Han adoptado la misma política que seguían los ingleses para gobernar a otra nación. No han reflexionado sobre el hecho de que han asumido la responsabilidad de gobernar y servir a su propio país y a su propia nación. Si su objetivo era imitar a los ingleses, entonces su deber era seguir la política vigente en Inglaterra. En realidad, esta es la principal razón por la que el pueblo de Pakistán Oriental ha comenzado a pensar que ha sido convertido en una colonia.»
(Los problemas de Pakistán Oriental y su solución, p. 5)
La advertencia del Maulana a los forasteros
Sobre los comerciantes forasteros, hizo el siguiente comentario:
«Estamos agradecidos con los comerciantes y propietarios de fábricas forasteros por haberse hecho cargo de la industria y el comercio de esta región. Pero debieron considerar este país como su propio país y a esta nación como su propia nación, y tratar de ayudar a sus hermanos menos desarrollados para que progresaran; ayudarles a avanzar en el ámbito de la industria y el comercio; gastar aquí mismo las ganancias obtenidas aquí, con el fin de aliviar su difícil situación; establecer instituciones apropiadas para su bienestar y progreso; y prestarles la ayuda adecuada en tiempos de dificultades y desgracias. Es muy lamentable que muchos de ellos no fueran conscientes de este deber.» (Véase el folleto citado, pp. 7-8.)
El problema lingüístico
A continuación se expone la clara opinión expresada por el Maulana acerca del movimiento por la lengua bengalí y del problema lingüístico en Pakistán Oriental:
«El problema lingüístico era el asunto importante primordial. En realidad, en Pakistán Oriental nunca hubo hostilidad contra la lengua urdu. Al contrario, entre las personas educadas de aquí se observaba un interés particular por su necesidad. La gente común de aquí respetaba enormemente a los hablantes de urdu. Hasta el día de hoy, después del árabe, la lengua urdu posee también cierto rango religioso. Sin embargo, si se la hubiera adoptado como única lengua nacional y oficial, habría causado grandes dificultades a la gente de aquí. Pues ni siquiera las personas educadas de aquí saben urdu. En consecuencia, temían quedar rezagadas en todos los ámbitos respecto de las personas educadas de habla urdu. Fue en vista de esta situación que los bengalíhablantes exigieron que el bengalí también se convirtiera, junto con el urdu, en lengua oficial. Habría sido una muestra de prudencia aceptar esta exigencia desde el primer día, comprendiendo plenamente la gravedad de la situación. Pero en la práctica se hizo exactamente lo contrario. Por un lado, se intentó sofocarla mediante una política de represión y, por otro, desde Pakistán Occidental se alzaron repetidamente voces contra ella. Por esta razón, la exigencia del bengalí dejó de ser un problema solucionable y adquirió la forma de una ideología y de una tendencia emocional; esta es su consecuencia natural. Porque si, ante una exigencia, se responde “no se concederá”, necesariamente se alzará como réplica el clamor: “la lograremos cueste lo que cueste”. Eso es precisamente lo que ocurrió también en este asunto.»
El problema del empleo público
En el discurso que pronunció en el DB Hall de Daca, el Maulana Maududi también expresó, respecto del empleo público, lo que sentía el corazón de Pakistán Oriental.
Dice:
«El segundo problema es el relacionado con los empleos gubernamentales. No cabe duda de que, durante el dominio británico, los musulmanes estaban sumamente rezagados en materia de empleo. En los puestos superiores, su representación proporcional era prácticamente nula. Por supuesto, tampoco era fácil corregir de repente esta deficiencia, que los británicos y los hindúes habían mantenido durante doscientos años. Sin embargo, tras la creación de Pakistán, los musulmanes de la región oriental albergaban, con toda justicia, la esperanza de que se les brindarían oportunidades para progresar. Lamentablemente, esa esperanza no se cumplió. La amargura que esto ha provocado entre los jóvenes de Pakistán Oriental está plenamente justificada. Es sumamente lamentable la actitud de los empleados, que allí donde tienen influencia procuran conseguir puestos para sus propios parientes. Al menos, las personas de alta posición e influencia deberían haberse mantenido al margen de semejante injusticia. Era su deber esforzarse por elevar a sus hermanos musulmanes desatendidos y subdesarrollados de Bengala Oriental, para que también pudieran tener la oportunidad de participar por igual en el servicio del país. Pero, lamentablemente, en este asunto se ha mostrado una negligencia extrema. Tanto es así que, debido a esta negligencia, ha surgido un descontento general en Pakistán Oriental.» (Véase el opúsculo citado, pp. 14-15.)
El problema de la defensa nacional
El problema más doloroso de Pakistán Oriental es el de la seguridad. A este respecto, el Maulana dice:
«Una cuestión aún más importante es la de los empleos en las fuerzas armadas. La política del Gobierno central al respecto es realmente objetable. Hasta hoy sigue vigente aquí la idea de la época británica de que únicamente las “razas marciales” son aptas para servir en las fuerzas armadas. Como consecuencia, la profesión militar se ha convertido en un monopolio de los habitantes de una región determinada. No solo no se proporciona a los habitantes de Pakistán Oriental una parte significativa del presupuesto militar, sino tampoco de los demás aspectos esenciales de la formación militar.
No sé si, para nuestros gobernantes, los habitantes de Ceilán, Birmania, Siria, Indonesia y Filipinas, entre otros países, son considerados razas marciales. Si no lo son, entonces habría que privarlos de la capacidad de defender sus países, o bien habría que reclutar personal militar de otros lugares y formar con él las fuerzas armadas. Y si los habitantes de esos países son capaces de defender por sí mismos sus propios países, ¿en qué son inferiores a ellos los habitantes de Pakistán Oriental para que se les considere ineptos para servir en las fuerzas armadas? La importancia de este asunto no termina aquí. Más bien, es una cuestión de vida o muerte para Pakistán. Más de la mitad de la población de este país vive en una zona tan pequeña que sus tres lados están rodeados por territorio bajo el dominio del Indostán. Hay que defender una frontera de casi mil cuatrocientas millas. Durante una guerra, no parece posible prestarle ninguna ayuda desde Pakistán Occidental. Si los habitantes de esta región no son capaces de defender por sí mismos su país y no se les prepara para ello, capacitándolos en todos los aspectos, nunca tendrán una verdadera sensación de seguridad. Jamás podrán tranquilizarlos haciéndoles creer que, en tiempos de guerra, la región occidental defenderá a la región oriental. Porque eso significaría que, primero, la región oriental sería ultrajada por el enemigo y, después, ustedes presionarían desde la región occidental para expulsarlo. Esto no es más que una perspectiva equivocada. Y esa es precisamente la principal causa del descontento de los habitantes de Pakistán Oriental.»
(Véase el opúsculo citado, pp. 15-16.)
Después del fin de la ley marcial, cuando los partidos políticos comenzaron a funcionar legalmente, se celebró en la ciudad de Rangpur una conferencia de tres días de la Jamaat-e-Islami. En el mitin público organizado con motivo de dicha conferencia, el 18 de noviembre de 1962, el Maulana dijo:
«He dicho muchas veces antes de la ley marcial, y lo repito hoy, que hay que preparar plenamente a Pakistán Oriental para la defensa del país.»
El discurso anteriormente citado del Maulana demuestra con absoluta claridad que consideraba suyo cada centímetro del territorio de Pakistán y a todos sus habitantes. El provincialismo o la estrechez de miras basada en la lengua jamás pudo tocar su corazón. Además de un pleno sentido de la fraternidad islámica, el Maulana poseía como rasgo de carácter un humanismo generoso. Sentía la misma preocupación por los diversos problemas regionales de Pakistán. Por eso, jamás pudo ignorar ninguno de ellos.
El Maulana expresó maravillosamente este sentimiento en su discurso de aquel día en el D.B. Hall de Daca. Dijo:
«Pakistán es para mí como mi cuerpo y mi alma. Del mismo modo que no puedo distinguir entre mis dos manos, tampoco puedo hacer distinción alguna entre las dos partes de Pakistán. Si una de mis dos manos enferma, es una enfermedad de todo mi cuerpo. Es mi deber investigar su causa y disponer el tratamiento adecuado. No hacerlo equivale a enemistarme conmigo mismo.»
Tras la adopción de la Constitución islámica
Gracias a los sinceros esfuerzos y al incansable trabajo del primer ministro de Pakistán, Chaudhry Muhammad Ali, en Pakistán se redactó y adoptó una Constitución islámica. El 29 de febrero de 1956, la Asamblea Constituyente aprobó la Constitución islámica. El 2 de marzo la firmó el gobernador general, y entró en vigor el 23 de marzo. Naturalmente, cuando se adoptó esta Constitución, el difunto señor Suhrawardy boicoteó la Asamblea Constituyente junto con los miembros de su partido, la Liga Awami, y los miembros del Congreso. Aunque se adoptó la Constitución islámica, desde los sectores contrarios al islam del país surgió un movimiento reaccionario contra varios de los siguientes puntos.
(1) La denominación del Estado como República Islámica,
(2) Que el jefe de Estado fuera musulmán
(3) No promulgar leyes contrarias al Corán y la Sunna,
(4) Prohibir el alcohol, el juego, el adulterio, etc.
Cuando se adoptó una constitución islámica para Pakistán (aunque, desde el punto de vista del islam y de la democracia, no estaba completamente exenta de defectos), toda la ira de algunas personas recayó sobre Maulana Maududi. Después comenzaron las acusaciones y las críticas contra el Maulana. La acusación más infundada y lamentable contra él era que, desde el principio, ocupaba el cargo de emir de Jamaat-e Islami sin haber sido elegido.
Para demostrar que nunca había ambicionado el liderazgo, el Maulana renunció de buen grado al cargo de emir. Además, declaró que, debido a su prolongado encarcelamiento, después de su renuncia se eligiera temporalmente al señor Chaudhry Ghulam Muhammad como emir y se continuaran los preparativos para elegir al emir de acuerdo con los estatutos.
Con este propósito, en febrero de 1957 se celebró durante una semana una conferencia de miembros de Jamaat-e Islami en un lugar llamado Machigot, perteneciente al Estado principesco de Bahawalpur. El indigno autor de este libro también tuvo la fortuna de asistir a aquella conferencia. Más de ochocientos miembros de Jamaat procedentes de distintas regiones de Pakistán participaron en ella. Los trabajos de la conferencia concluyeron en un ambiente de completa paz, disciplina y una pureza incomparable. En esa misma conferencia se llevó a cabo nuevamente la elección del emir de Jamaat-e Islami. Se constató que, de los más de ochocientos electores, todos salvo cuatro habían votado por Maulana Maududi para el cargo de emir mediante voto secreto. Por tanto, el Maulana no pudo eludir la responsabilidad que todos le habían confiado espontáneamente. Volvió a asumir la responsabilidad del cargo de emir.
En esta conferencia, el Maulana pronunció un discurso sumamente razonado y erudito, de seis horas de duración, sobre el futuro programa de acción de Jamaat-e Islami. Este discurso se ha convertido en un tesoro inestimable de Jamaat-e Islami. Fue publicado en forma de libro con el título «El futuro programa del movimiento islámico».
Mientras tanto, el cielo político de Pakistán comenzó a cubrirse de densas nubes. Iskander Mirza sustituyó a Ghulam Muhammad como gobernador general y posteriormente se convirtió en presidente de Pakistán. La Constitución hacía hincapié en acelerar la celebración de elecciones generales en todo Pakistán, pero no se había determinado el método electoral. Ante la vehemente oposición de la Liga Awami y del Congreso, ya era sumamente difícil aprobar cualquier tipo de constitución islámica. Por tanto, no había ninguna posibilidad de debatir si se emplearía un sistema electoral conjunto o separado. Ahora, los sectores contrarios al islam encontraron una oportunidad de oro para frustrar la constitución islámica. Estaban convencidos de que, si lograban introducir un sistema electoral conjunto entre musulmanes y no musulmanes, los candidatos partidarios del islam tendrían muy pocas posibilidades de triunfar en las elecciones. En consecuencia, sería fácil modificar la constitución islámica o las cláusulas islámicas de la Constitución.
Sobre el método electoral se había decidido únicamente que la Asamblea Nacional tomaría la decisión definitiva al respecto siguiendo las recomendaciones de las dos asambleas provinciales. La Asamblea de Pakistán Occidental recomendó las elecciones separadas. Se anunció que en febrero de 1958 se celebraría en Daca una sesión de la Asamblea Nacional. También se anunció que en esa misma sesión se adoptaría la decisión definitiva sobre el método electoral.
La segunda visita de Maulana a Pakistán Oriental
Es innegable que, en un país donde musulmanes y no musulmanes viven juntos, el sistema social islámico y los valores islámicos dependen de elecciones separadas. Los musulmanes elegirán por separado a su líder nacional y, del mismo modo, los no musulmanes elegirán al suyo. Puesto que los musulmanes constituyen una nación distinta formada únicamente por musulmanes, esta teoría de la nacionalidad fue precisamente la base que dio origen a Pakistán. Así como las elecciones conjuntas de todas las comunidades, sin distinción entre musulmanes y no musulmanes, socavan el ideal de Pakistán, también eliminan las esperanzas y aspiraciones nacionales de los musulmanes.
En Pakistán Oriental estaba establecido un gabinete perteneciente a la Liga Awami. La actitud de la Liga Awami hacia el islam no era desconocida para nadie. Por ello, la Jamaat-e-Islami, el Partido Nizam-e-Islam y la Liga Musulmana comenzaron a realizar esfuerzos conjuntos para formar una opinión pública favorable a las elecciones separadas en Pakistán Oriental. Con este propósito se organizó una asamblea pública en el campo de Paltan, en Daca. Sin embargo, un grupo de matones armados designado por el Gobierno atacó el lugar de la reunión y derribó a numerosas personalidades destacadas a golpes despiadados. El Gobierno provincial, que se proclamaba abanderado de la democracia, se regocijó con orgullo por su victoria ante semejante acto contrario a la democracia y a la humanidad.
En ese momento, Maulana Maududi visitó Pakistán Oriental por segunda vez, en 1958. Se elaboró un programa de visitas del Maulana para cada capital de distrito y para las principales ciudades subdivisionales. El 21 de febrero, miles de personas esperaban ansiosas la llegada del Maulana en la estación de Rangpur, dispuestas a ofrecerle una cálida bienvenida. Pero ocurrió algo sumamente extraordinario y asombroso en la historia de la democracia. Mientras el tren del Maulana se dirigía a Rangpur, le entregaron instrucciones de parte del Gobierno provincial. En ellas se anunciaba que, por temor a una alteración del orden público, el Maulana no podría bajar del tren en la ciudad de Rangpur. También se había prohibido la asamblea pública. El Gobierno de la Liga Awami de Pakistán Oriental estableció un nuevo récord en la historia de la democracia.
La multitud de la estación de Rangpur estallaba en protestas. Parecía que iba a producirse una gran catástrofe. Cuando el tren se detuvo en la estación, el Maulana permaneció de pie en la puerta del vagón, recibió el respetuoso saludo del pueblo y dijo con voz sumamente serena y amable: «Siempre he sido partidario de obedecer la ley. Les pido que mantengan la ley y el orden del país. Si Dios lo quiere, algún día volveré a presentarme al servicio de ustedes en su ciudad». [El 18 de noviembre de 1962, Maulana Maududi pronunció un valioso discurso ante una multitud en la ciudad de Rangpur y cumplió así el deseo que sus habitantes habían albergado durante tanto tiempo.]
La escena que aquel día se veía en el andén de la estación de Rangpur todavía flota ante los ojos del autor. Después de este brevísimo discurso del Maulana, toda la ira y agitación de la multitud contra el Gobierno se desvanecieron como burbujas. Un poderoso impulso de llanto llegó a la garganta, hizo que ambos ojos se llenaran de lágrimas y se despidió bajo la forma de una leve sonrisa seca. Parecía que en algún lugar se había trazado un plan de matanza. Y, como este se había desbaratado, en el mundo invisible alguien clavó un cuchillo en el pecho de Satanás. El tren que llevaba al Maulana avanzó. La multitud regresó a la ciudad con el corazón destrozado.
Después, el Maulana pronunció discursos en asambleas públicas en las ciudades de Saidpur, Thakurgaon, Dinajpur, Bogra, Rajshahi y Pabna.
De este modo, después de pronunciar discursos en asambleas públicas de cada capital de distrito del país y de muchas ciudades subdivisionales, el Maulana regresó a Daca. Pero, ignorando la demanda unánime del pueblo en favor del sistema de elecciones separadas, la Asamblea Nacional impuso a la nación el sistema de elecciones conjuntas en la quietud de la última hora de la noche.
A finales de marzo se celebró en Daca una conferencia de tres días de la Jamaat-e Islami. Maulana Maududi participó en ella. El último día de la conferencia, una marcha conjunta de trabajadores de la Jamaat-e Islami y del pueblo, de una milla de longitud, recorrió varias avenidas principales de la ciudad y se congregó en el campo de Paltan. Se manifestó contra los Gobiernos provincial y central por sus medidas antidemocráticas, contrarias a las esperanzas y aspiraciones del pueblo musulmán. Después, Maulana pronunció un discurso en la reunión pública de Paltan. Afortunadamente, los maleantes no se atrevieron a perturbar el orden de la reunión.
El viaje de Maulana al extranjero
Para asistir a la segunda sesión del Mu’tamar del Mundo Islámico, celebrada en Damasco, Maulana Sayyid Abul A’la Maududi partió hacia Oriente Medio en junio de 1956. No pudo asistir a la primera sesión, pues en aquel momento cumplía una condena de cadena perpetua. En esta sesión del Mu’tamar, los delegados llegados de todo el mundo musulmán elogiaron abiertamente los servicios islámicos de Maulana. Maulana presidió una de las sesiones del Mu’tamar. Por unanimidad, fue elegido presidente del comité de «Tabligh y Da‘wah Islámica» de dicha institución.
Tras concluir la sesión del Mu’tamar del Mundo Islámico, Maulana visitó varios países de Oriente Medio. En esta ocasión realizó el Hayy y tuvo contacto directo con numerosos eruditos y pensadores distinguidos del mundo musulmán.
Cuando Maulana llegó a Beirut, camino de Damasco, los trabajadores y dirigentes de la organización del movimiento islámico en el Líbano, «Ibadur Rahman», así como las personalidades notables de la ciudad, le ofrecieron una multitudinaria recepción en el aeropuerto. Los scouts de Ibadur Rahman le rindieron honores. Por ellos se supo que la literatura de Maulana gozaba de una amplia difusión entre ellos y que todos conocían bien a Maulana Maududi y a la Jamaat-e Islami.
Al cruzar la frontera siria, se permitió que el equipaje de Maulana y sus acompañantes pasara sin ser registrado. Un empleado del puesto de control dijo que el Gobierno sirio les había ordenado recibir cordialmente a Maulana en nombre del Gobierno y del pueblo de Siria. A diez o doce millas de Damasco, las personalidades distinguidas de la ciudad esperaban desde mucho antes la llegada de Maulana, acompañadas por una gran caravana de automóviles para darle la bienvenida. Maulana entró en la ciudad de Damasco en medio de una recepción real y de una gran procesión. Más tarde, además de las personalidades notables de la ciudad, asistieron a la recepción cívica vespertina el secretario de Justicia del Gobierno sirio, el presidente del Parlamento y el secretario del Interior.
En esa ocasión se supo que la literatura de Maulana había llegado en grandes cantidades a Sudán y que también estaba llegando a otros lugares del mundo árabe. El señor Makkiyun Naseri, dirigente del partido islámico de Marruecos, obtuvo asimismo desde Tánger autorización para publicar la literatura de Maulana, además de hacerlo en Damasco. Dijo que había planeado publicar las obras de Maulana en árabe y difundirlas ampliamente en Marruecos, Túnez y Argelia.
La disipación de las ideas erróneas sobre Pakistán
En este viaje, Maulana Maududi tuvo la oportunidad de prestar un gran servicio a su país. Hasta entonces, los países árabes tenían una opinión desfavorable de Pakistán. Habían sido confundidos por la propaganda india. Mediante su viaje, Maulana eliminó esa idea errónea. También criticó el nacionalismo árabe y demostró sus errores. Les dijo que la única base de las relaciones entre Pakistán y los países árabes era el islam. Añadió que, así como Israel es enemigo de los árabes, India es un enemigo aún mayor de Pakistán, porque India ocupa injustamente una gran parte de Cachemira. Maulana señaló que India había reconocido al Estado de Israel, mientras que Pakistán no lo había hecho. Preguntó: en tales circunstancias, si los países árabes establecieran amistad con India en lugar de con Pakistán, ¿qué podrían esperar de Pakistán? Durante su viaje por Oriente Medio, Maulana difundió por doquier entre los árabes esta postura sobre Pakistán, en sus conversaciones y discusiones con ellos. Los árabes lamentaban que Pakistán no hubiera estado verdaderamente representado en los países árabes.
Al regresar de Damasco, el Gobierno sirio también despidió a Maulana con el máximo honor. El secretario de Transportes lo acompañó hasta la estación y le ofreció allí el saludo de despedida final. El Gobierno dispuso vehículos oficiales para Maulana hasta la frontera siria.
El rey Hussein de Jordania invitó a Maulana, quien allí tuvo que pronunciar un discurso en una asamblea pública. En esa reunión, Maulana tuvo que responder a diversas preguntas sobre el sistema de vida islámico, Jamaat-e-Islami, su literatura, la traducción de todo ello al árabe y otros asuntos. Maulana explicó la política exterior de Pakistán, y el público expresó su satisfacción con sus respuestas. Maulana dijo que, aunque los países árabes eran veinte veces mayores que Israel, no consideraban censurable pedir ayuda a Rusia para protegerse de sus ataques. Si Pakistán solicitaba ayuda a Estados Unidos para protegerse de los ataques de India, que era cuatro veces más poderosa que Pakistán, ¿por qué habría de ser censurable? No obstante, Pakistán siempre había apoyado a los árabes.
Una delegación especial de Alepo fue a recibir a Maulana. Después, viajó a Alepo acompañado por el líder marroquí Makkiun Naseri y el líder argelino Muhammad al-Gaybi. También a lo largo de este trayecto Maulana fue recibido por todas partes con sincero entusiasmo. Antes de llegar a cada ciudad o puerto, los ciudadanos salían a su encuentro a diez o doce millas de distancia, en caravanas de automóviles, para darle la bienvenida.
En Homs y Hama, los jóvenes de la Hermandad le dieron la bienvenida a Maulana recitando poemas y aplaudiendo, conforme a la antigua tradición árabe. Maulana se sintió sumamente complacido y conmovido por su alegría espontánea y su sinceridad.
Muchos jóvenes de las fuerzas armadas sirias se entrevistaron con Maulana. Le informaron de que habían leído muchos de sus libros y de que el Gobierno no imponía ninguna restricción a la lectura de sus obras. Al enterarse de ello, Maulana se entristeció profundamente al pensar que, en su propio país, su literatura estaba prohibida para los miembros de las fuerzas armadas. Allí se consideraba un delito muy grave poseer cualquiera de sus libros.
En Arabia Saudita, todos los que habían leído los libros de Maulana acudían a entrevistarse con él, y entre ellos se produjo un intercambio de ideas sobre diversos asuntos.
Los emigrados del Turquestán ruso se entrevistaron con Maulana y le relataron la extrema persecución que el Gobierno ruso ejercía contra ellos. Uno de sus eruditos tradujo varias obras de Maulana al turco.
Muchos musulmanes de la Cachemira ocupada relataban al Maulana sus penas y sufrimientos, y, llorando en el Haram Sharif, continuaban suplicando a Allah.
Muchos musulmanes de Turquía lograron entrevistarse con el Maulana después de realizar numerosas averiguaciones. Se enteraron de que el Maulana Maududi vendría ese año a realizar el Hayy. Tras buscarlo en La Meca sin encontrarlo, finalmente lograron entrevistarse con él en Medina. Cuando expresaron su deseo de traducir al turco las obras del Maulana, este les concedió el permiso con agrado.
El régimen militar en Pakistán
En Pakistán se había adoptado y puesto en vigor una Constitución Islámica, y, conforme a la nueva Constitución, en febrero de 1959 se celebrarían elecciones generales en todo el país para las asambleas nacionales y provinciales. Sin embargo, debido a la Constitución Islámica, los sectores contrarios al islam, desde el jefe de Estado hasta los niveles provinciales, no podían conciliar el sueño. Para hacer fracasar la Constitución Islámica, el jefe de Estado, Iskander Mirza, comenzó en el centro su juego de formar y disolver gabinetes. El partido sin poder empezó a emplear toda clase de artimañas para ganar las próximas elecciones. Con el pretexto de impedir alteraciones del orden durante las elecciones, el partido gobernante comenzó a reclutar miles de policías especiales entre sus propios miembros. Al igual que en el pasado, se inició el plan de utilizar a los funcionarios públicos para superar esta vez también el obstáculo electoral. En todo el país se instauró un reino del terror bajo el nombre de las próximas elecciones.
El Maulana Maududi comprendía profundamente esta situación. Para expresar su actitud al respecto, el 6 de octubre se organizó una asamblea pública en Muchidarja, Lahore. En su discurso, el Maulana analizó la situación del país y advirtió a la nación que, debido a la sed de poder y la falta de previsión de la clase gobernante de Pakistán, la burocracia de aquí había levantado considerablemente la cabeza. Si el partido gobernante y el pueblo no corregían todavía sus errores, en este país se cavaría la tumba de la democracia y sobre ella se levantaría el palacio de la burocracia.
No hace falta decir que las palabras del Maulana eran literalmente ciertas. La burocracia pakistaní estaba buscando una oportunidad. Los gabinetes del centro y de las provincias se habían convertido en títeres que bailaban al son del jefe de Estado. El vandalismo de Pakistán Oriental llegó hasta la sala de la asamblea. Esta era la oportunidad de oro para la burocracia ávida de poder.
La misma noche en que el Maulana Maududi pronunciaba en la asamblea pública de Muchidarja una advertencia a la nación, durante las últimas horas de esa noche se impuso en el país el régimen militar. Iskander Mirza salió victorioso, en la oscuridad de esa noche, de su juego de tantos años. Destrozó la Constitución tan anhelada y conquistada con grandes esfuerzos, e impuso sobre el país la pesada losa del régimen militar, es decir, de la burocracia. Todos los partidos políticos del país y sus actividades quedaron prohibidos.
El Maulana en Oriente Medio por segunda vez
Han pasado varios años desde el viaje del Maulana por Arabia Saudita y Oriente Medio. Como resultado de aquel viaje, se profundizaron sus relaciones con las masas islámicas y los líderes de esos países. Ellos desean poder ver al Maulana entre ellos cada año.
En Pakistán rige un gobierno militar. Toda actividad política ha cesado. La Jamaat-e-Islami tampoco desarrolla ninguna actividad. Este era precisamente el momento más adecuado para que el Maulana viajara al extranjero.
En octubre de 1959, el Maulana emprendió por segunda vez un viaje por Oriente Medio. En esta ocasión, su viaje tuvo como único propósito adquirir conocimientos, visitar lugares históricos y, especialmente, obtener experiencia directa sobre «Ardul Qur’an», es decir, los lugares mencionados en el Corán. El Maulana consideraba necesario contemplar con sus propios ojos Ardul Qur’an para su mundialmente célebre tafsir, Tafhimul Qur’an.
También durante este viaje, en todas partes se trató al Maulana con especial fraternidad. Los gobiernos árabes le proporcionaron con gran interés facilidades y privilegios especiales para su viaje. La sincera hospitalidad que Arabia Saudita y Jordania ofrecieron al Maulana es algo que nunca podrá olvidarse. Durante el viaje, el Maulana aprovechó las ocasiones para condenar severamente el nacionalismo árabe e intentó corregir esa doctrina errónea. En sus conversaciones, presentó a los árabes la verdadera posición de Pakistán y su realidad. El Maulana les dijo con palabras inequívocas:
«La relación entre vosotros y nosotros existe únicamente por el islam. Si os alzáis en defensa del islam, cientos de millones de musulmanes de todo el mundo se pondrán detrás de vosotros. Pero si, en lugar del islam, adoptáis el kufr y la jahiliyyah, no solo los demás musulmanes del mundo, sino también los musulmanes árabes, os abandonarán.»
El Maulana añadió:
«Creo que la corriente de nacionalismo, ateísmo y maldad que se ha extendido por los países árabes tiene una sola fuente. Estas tres cosas están íntimamente vinculadas entre sí. Quienes enarbolan la bandera del nacionalismo árabe son los mismos que llevan también la bandera del ateísmo y de la rebelión contra Dios.»
El segundo viaje del Maulana por Oriente Medio resultó bastante prometedor. En esta ocasión, los libros del Maulana fueron mucho más conocidos y apreciados en los países árabes que durante su primer viaje. Los gobiernos de esos países también trataron al Maulana con mayor sinceridad, hospitalidad y fraternidad que antes. En diversos lugares, durante reuniones públicas, en colegios y en encuentros de personas cultas, el Maulana expuso claramente su mensaje y su misión mediante discursos, y respondió satisfactoriamente a diversas preguntas. Gracias a ello, la comunidad intelectual llegó a conocer íntimamente al Maulana. Se supo que la vigorosa literatura del Maulana estaba influyendo en algunas mentes contra el nacionalismo árabe. En suma, el segundo viaje del Maulana por Oriente Medio fue plenamente fructífero.
Con el propósito de hacer autorizada, fiable y atractiva la revolucionaria exégesis del Corán, Tafhim al-Qurán, escrita para las generaciones futuras, el Maulana pasó más de tres meses en este viaje. Entre los lugares históricos que visitó, los siguientes son especialmente dignos de mención.
Diriyya, que fue el centro del movimiento de Muhammad ibn Abd al-Wahhab al-Najdi; Aqrabah, donde Musaylima, el falso pretendiente de la profecía, fue derrotado por Jalid ibn al-Walid; la residencia de Ayyub al-Ansari; Saqifa Banu Saida; Mu’ta; Yarmuk; Shumaysi, el lugar del tratado de Hudaybiyya; el lugar de nacimiento del Santo Profeta (la paz y las bendiciones de Dios sean con él); Dar al-Arqam; el desfiladero de Abu Talib; el monte Nur; la cueva; el monte Sattar; las ruinas de Taif; la mezquita al-Jayf; el Jabal al-Rahma de Uhud, donde el Santo Profeta (la paz y las bendiciones de Dios sean con él) apostó a cincuenta arqueros para custodiar la posición; Jaybar; los vestigios de Mada’in Salih; Tabuk; Aqaba, donde los Ashab al-Sabt pescaban; el valle de Musa; el monte de Musa; el lugar de trabajo de Harun, y otros lugares. El resultado de este viaje del Maulana, dedicado a la investigación y la enseñanza, fue que en Tafhim al-Qurán se incorporaron fotografías cautivadoras de estos lugares y de sus ruinas. Asimismo, se recopilaron los datos más modernos sobre los temas mencionados en el texto original del Sagrado Corán.
La contribución del Maulana a la Universidad de Medina
Poco después de concluir su segundo viaje por Oriente Medio, el Maulana tuvo que volver a viajar a Arabia Saudita en diciembre de 1960. Esta vez fue por invitación del rey Saud. Desde hacía mucho tiempo, el rey Saud abrigaba el deseo de establecer una universidad islámica en Medina al-Sharif. Para preparar un borrador inicial de la universidad propuesta, convocó una reunión de varios especialistas. El Maulana Maududi participó en ella como «invitado real».
El Maulana Maududi ya había preparado el borrador de la Universidad Islámica antes de ir allí. Entregó una copia de dicho borrador a cada uno de los miembros participantes en la reunión. Después de un debate detallado y de algunos cambios menores, el plan del Maulana fue aprobado por unanimidad, y sobre esa base se estableció la Universidad Islámica de Medina. El rey Saud pidió al Maulana que fuera a Medina, inspeccionara el lugar y los edificios de la universidad y ofreciera las recomendaciones necesarias. Después, el Maulana se dirigió a Medina al-Sharif.
En señal de gratitud, el rey Saud nombró al Maulana miembro permanente del consejo de gobierno de la Universidad Islámica de Medina. El rey Saud también prometió diversas oportunidades y facilidades para los estudiantes pakistaníes. Para entonces, un número considerable de estudiantes de Pakistán ya estudiaba en esa universidad.
En este viaje, el Maulana conoció a muchas personas. Los profesores y estudiantes de la Universidad de Riad conversaron con el Maulana sobre diversos temas. El Maulana pronunció discursos en distintos actos.
En esta ocasión se elaboró aquí el programa de tabligh islámico para África. A raíz de la invitación al Maulana por parte de la Anjuman Himayat-e-Islam de Nairobi, se preparó un amplio programa. Los musulmanes de Kenia también esperaban con gran entusiasmo la llegada del Maulana. Pero, por desgracia, el viaje del Maulana a África no pudo realizarse por diversas razones.
Después del régimen militar
Como se mencionó anteriormente, el 8 de octubre de 1958 se instauró el régimen militar en Pakistán. En aquel momento, todos los partidos políticos de Pakistán fueron declarados ilegales. Como consecuencia, cesaron todas las actividades políticas del país. Naturalmente, al igual que las actividades de los demás partidos, también se suspendieron durante ese período las actividades de Jamaat-e-Islami. Gracias a ello, Maulana Maududi pudo aprovechar plenamente el inesperado tiempo libre del que dispuso. Su viaje de varios meses por Oriente Medio fue de especial importancia. Desde hacía mucho tiempo albergaba en su corazón el deseo de visitar los lugares históricos importantes mencionados en el Corán. Ahora vio cumplido ese antiguo anhelo. Además, por deseo del sah Saud, tuvo tiempo para elaborar el gran proyecto preliminar de la Universidad Islámica de Medina. Al visitar personalmente la «Tierra del Corán» y consignar sus experiencias prácticas relacionadas con ella, subsanó una gran carencia de la literatura de tafsir; y no cabe duda de que la Universidad Islámica de Medina, fundada sobre la base de su proyecto, seguirá siendo un logro del mundo islámico.
En cualquier caso, el régimen militar terminó en 1962 y, en julio de ese mismo año, la Asamblea Nacional de Pakistán aprobó la Ley de Partidos Políticos. En virtud de esta ley, las actividades de los partidos políticos comenzaron nuevamente. Los antiguos partidos políticos empezaron a revitalizarse. La labor organizativa de Jamaat-e-Islami fue la primera en reanudarse con todo vigor, tal como antes.
Conferencia de Jamaat-e-Islami de todo Pakistán
La Majlis-e-Shura (Consejo Central) de Jamaat-e-Islami anunció que en octubre de 1963 se celebraría en Lahore una conferencia de Jamaat-e-Islami de todo Pakistán. Al observar la sólida organización y la creciente popularidad de Jamaat-e-Islami bajo el firme liderazgo de Maulana Maududi, el partido gobernante se sintió incómodo. Para impedir la celebración de la conferencia, el Gobierno de Pakistán Occidental se negó inicialmente a autorizar cualquier lugar. Más tarde, aunque llegó a autorizar un lugar inadecuado, no concedió permiso para utilizar altavoces. Como medida de represalia, se prohibió el uso de altavoces en Pakistán Occidental. Aun así, cuando comenzó la conferencia de diez o doce mil personas sin altavoces, un grupo de matones a sueldo provocó disturbios y un inocente trabajador de Jamaat fue asesinado a tiros a plena luz del día ante los ojos de la policía. Sin embargo, pese a todas estas maniobras, la conferencia concluyó con gran paciencia y tolerancia.
Quiero presentar a los lectores un breve relato de esta conferencia, para que puedan comprender cabalmente lo ocurrido. El Gobierno no dejó de emplear ninguna artimaña para frustrar esta conferencia. Como se trataba de la primera conferencia de alcance nacional en casi diez años, se esperaba la asistencia de diez o doce mil trabajadores. Sin embargo, en vez de conceder el amplio terreno necesario, el Gobierno autorizó un lugar estrecho entre Bhati Darwaza y Taksali Darwaza. Los vagones de ferrocarril reservados para los trabajadores que deseaban asistir desde lugares lejanos fueron cancelados poco antes de su partida. Después se negó el permiso para utilizar altavoces. Mantener el orden en una conferencia de miles de personas sin altavoces era prácticamente imposible. Tampoco se podía renunciar al derecho democrático de utilizar altavoces. Por ello, se presentó un recurso ante el Tribunal Superior. Como se consideraba probable que el fallo del Tribunal Superior favoreciera a Jamaat, antes de que se publicara dicho fallo se promulgó una ordenanza que prohibía el uso de altavoces en todo Pakistán Occidental. No obstante, en circunstancias especiales, las autoridades del distrito podían autorizar su uso si lo consideraban oportuno. Aprovechando esta posibilidad, se solicitó a las autoridades del distrito de Lahore permiso para utilizar altavoces. Las autoridades del distrito se negaron, alegando que los habitantes del barrio donde se celebraba la conferencia de Jamaat no aprobaban ese tipo de conferencias. Afirmaban que los vecinos habían solicitado que no se concediera el permiso para utilizar altavoces; de lo contrario, existía el riesgo de que se alterara la paz.
Cuando Jamaat comunicó esto a los habitantes del barrio, estos quedaron atónitos y calificaron la acusación de absurda. Además, los vecinos protestaron enérgicamente y declararon que no habían presentado ninguna objeción al uso de altavoces. Entre los habitantes del barrio que firmaron esta declaración de protesta había diez abogados y un profesor.
A pesar de todo ello, no se obtuvo permiso para utilizar altavoces. Estaba previsto que la conferencia comenzara el 25 de octubre. Ya se habían dispuesto diversos pabellones con seiscientas tiendas, cien baños, trescientas letrinas, teléfonos, iluminación eléctrica y demás instalaciones. La gente comenzó a llegar dos días antes. En una reunión urgente de la Majlis-e-Shura (Consejo Central) celebrada el 25 de octubre, se decidió que la conferencia continuaría sin altavoces.
Por la tarde fuimos al campamento. Vimos que el lugar, antes lleno de basura maloliente, hoy resplandecía con una belleza celestial incomparable. Los encuentros, abrazos, conversaciones y presentaciones entre los amigos heridos que habían llegado de lugares lejanos se prolongaron hasta muy entrada la noche.
Al día siguiente, a las nueve de la mañana, Maulana Maududi pronunciaría el discurso inaugural de la conferencia. Se había congregado una multitud de quince o veinte mil personas. El Maulana había hecho imprimir su discurso. Dio instrucciones de que, exactamente al mismo tiempo que él comenzara su discurso inaugural desde el estrado, algunos trabajadores se subieran a mesas colocadas entre los oyentes a intervalos de quince o veinte codos y leyeran en voz alta el discurso impreso. Así sería posible hacer que todos escucharan el discurso simultáneamente, sin micrófono. De ese modo, el trabajo comenzó con la precisión de un reloj.
Unos diez minutos después de que comenzara la actividad, se vio de repente que algunos matones irrumpían en el recinto de la asamblea. Estaban casi enloquecidos por la embriaguez. Comenzaron a perturbar el orden de la reunión; de pronto, la carpa empezó a arder y, fuera de ella, se oyeron alborotos y disparos de pistola. También se disparó varias veces contra el Maulana, pero todas las balas erraron el blanco. En ese momento se oía decir desde todas partes: «Maulana, siéntese; Maulana, siéntese».
Pero el Maulana, permaneciendo de pie como antes, dijo con voz serena: «Si me siento, ¿quién permanecerá de pie?»
¡Qué respuesta tan propia del dirigente del movimiento islámico! Si, en el momento culminante del peligro, quien dirige se sienta, da la espalda y pierde el ánimo, ¿qué duda puede haber de que ese movimiento morirá prematuramente? Por eso, en aquel momento de peligro, desempeñó plenamente el papel de un líder capaz del movimiento islámico: permaneció de pie, firme e inamovible, con un corazón intrépido. ¡Cuánta devoción tenía por el ideal, qué grandiosa disposición a sacrificar la vida por la complacencia de Dios! ¡Cuánta sumisión a la voluntad de Alá!
Los trabajadores de la Jamaat lograron, con infinita paciencia y sabiduría, controlar por completo toda la situación y restablecer plenamente el orden en un plazo de diez o quince minutos. La policía, sin embargo, permanecía de pie contemplando el espectáculo. En fin, el Maulana reanudó su discurso inaugural y lo terminó. No volvió a producirse ningún desorden.
Pero no comprendimos que, en aquellos quince o veinte minutos, fuera del recinto de la asamblea había tenido lugar una gran catástrofe que lo había dejado todo devastado. Los trabajadores de la Jamaat, bien educados, expertos y pacientes, que estaban encargados de mantener el orden, no nos permitieron enterarnos de nada.
Después del discurso inaugural salimos del recinto de la asamblea y del campamento. Parecía que una tormenta, con una velocidad de cien o ciento cincuenta millas por hora, hubiera pasado por allí. Las numerosas tiendas instaladas para la conferencia, los puestos de comida y té, los campamentos de los trabajadores de la Jamaat de Lahore encargados de la vigilancia, y todo lo demás, estaban completamente destrozados, desgarrados y cubiertos de polvo. Una hora más tarde supimos que el trabajador de la Jamaat Allah Bakhsh había sido martirizado por el disparo de una pistola efectuado por un matón. La esposa y las hijas del mártir se encontraban en el campamento de mujeres. Los matones también habían atacado el campamento de mujeres. Pero quedamos atónitos al comprobar que, después de haber ocurrido todo aquello, no había alboroto, carreras, lamentos ni señal alguna de preocupación o agitación. Jamás había podido imaginar un ambiente tan incomparable, impregnado de paciencia. Allí había asesinato, pero no había gritos de dolor; había un incendio, pero no había lamentaciones.
Considero necesario presentar esto para conocimiento de los lectores en el discurso inaugural del Maulana.
Discurso inaugural del Maulana Maududi en la conferencia de Lahore de la Jamaat-e-Islami
(Durante este discurso, el trabajador de la Jamaat, Allah Bakhsh, fue martirizado por los disparos de unos maleantes a sueldo.)
¡Amigos!
Hoy, por primera vez desde 1957, hemos tenido la oportunidad de reunirnos en una conferencia de todo Pakistán. Hace veintidós años, la Jamaat-e-Islami fue fundada en esta ciudad con apenas 75 miembros. Hoy volvemos a congregarnos en esta ciudad. Es una inmensa misericordia de Allah Todopoderoso que, a pesar de todos nuestros errores y deficiencias, haya aceptado la sinceridad con la que iniciamos este humilde servicio a la religión. Él ha bendecido esta labor de tal manera que hoy se pueden encontrar miles de miembros y simpatizantes de la Jamaat en cada región de Pakistán, así como personas que sienten simpatía por ella y personas influenciadas por la Jamaat; su influencia también se ha extendido a diversas partes del mundo fuera del país. No teníamos la capacidad de alcanzar este resultado mediante nuestros propios esfuerzos. Todo esto es un don de Dios y el maravilloso resultado de la ayuda y el apoyo procedentes de Su sagrada esencia. Por ello, le damos gracias con plena sinceridad.
¡Amigos!
En la historia de la Jamaat-e-Islami de Pakistán no se encontrará un solo día que no haya caído bajo la ira de los gobernantes de este país ni se haya clavado como una espina en sus ojos. Durante los últimos dieciséis años, todos los que han estado en el poder aquí han considerado molesta e insoportable la existencia de esta Jamaat. Han llevado a cabo campañas de propaganda falsas contra nosotros, directa e indirectamente. Se han difundido constantemente nuevas calumnias contra nosotros. Se han cerrado nuestros periódicos y revistas. Se han confiscado nuestros bienes y recursos. Se han creado toda clase de obstáculos para nuestra labor. Hemos tenido que sufrir penas de prisión. Después, durante el régimen militar, se disolvió nuestra organización y se destruyeron todas aquellas obras constructivas que habíamos levantado durante años con el dinero obtenido del incansable esfuerzo de nuestros trabajadores y simpatizantes. Sin embargo, nunca fuimos rivales por el poder. Jamás esperamos obtener el poder en nuestras propias manos en lugar de otros. Nuestra exigencia siempre ha sido, y sigue siendo, que, puesto que este país fue creado en nombre del islam, aquí debe implantarse plenamente un sistema de vida islámico. Hemos declarado repetidamente, con plena sinceridad, que apoyaremos de todo corazón a quienquiera que complete honestamente esta tarea y que, lejos de querer compartir el poder con él, no deseamos de su parte ninguna recompensa de ningún tipo. Pero todos los que han llegado al poder aquí han intentado, por un lado, alejar aún más a este país del islam mientras proclamaban consignas islámicas y, por otro, han empleado también las armas más viles para someter y aniquilar a la Jamaat, considerándola un obstáculo en el camino de su autoridad.
No vuelvo a mencionar esta historia como una queja. La buena disposición que los gobernantes han mostrado hacia nosotros no es ninguna misericordia nueva. Mi único propósito es despertar en nosotros este sentimiento. Durante dieciséis años hemos sido objeto de favores semejantes, y de otros aún más severos, y, aun trabajando mientras afrontábamos todo esto, nuestro movimiento ha avanzado tanto por la misericordia de Dios. Por tanto, no se entristezcan simplemente porque se haya intentado frustrar nuestra conferencia privándonos de los micrófonos. Ninguna medida anterior, por más severa que fuera, pudo perjudicarnos; al contrario, resultó beneficiosa para nosotros. Entonces, ¿qué daño puede causarnos este mezquino intento? Si sufrimos algún daño, será por nuestra propia ignorancia, no por el ataque de otros. Naturalmente, si Allah así lo quiere, será distinto.
¡Amigos!
Quien deba trabajar por la religión de Dios debe poseer necesariamente dos cualidades. La primera es el sabr y la segunda, la hikmah, es decir, un juicio y un discernimiento sanos. Lo que exige el sabr es que, si se crea algún obstáculo en vuestro camino, no os dejaréis llevar por la agitación ni perderéis el equilibrio. Al contrario, ante cada obstáculo debéis mantener firme vuestra determinación y, protegiendo vuestra mente y vuestro corazón del ardor de la excitación, adoptar un camino basado en un juicio sano y razonable.
El juicio y el discernimiento sanos significan que no debéis acostumbraros a avanzar, con los ojos cerrados, únicamente por un camino determinado. Al contrario, debéis tener la capacidad de encontrar otros diez caminos en cuanto uno quede cerrado. La persona que carece de esta hikmah se sienta y se detiene apenas ve cerrado un camino. Y si además carece de sabr, se rompe la cabeza al enfrentarse con ese obstáculo o abandona el camino. Pero quien ha recibido de Allah tanto hikmah como sabr se vuelve como una corriente de agua en movimiento. Nada puede perjudicar su destino. La enorme roca queda desconcertada y el río avanza por otro lado hacia su destino.
Pronunciar discursos en reuniones y conferencias para que miles de personas escuchen no es el único medio de transmitir nuestro mensaje y ampliar la da‘wah. Sin duda, también es un método para realizar esta labor. Pero si se nos cierra este camino, no importa. Formad grupos de tres o cuatro personas y dispersaos por toda la ciudad de Lahore. Id de casa en casa, de tienda en tienda y de mezquita en mezquita. Reuníos individualmente con cada persona. Informad a cada uno de qué es la Jamaat-e Islami, cuál es su sistema y organización, cuáles son sus objetivos, cuál es su método de trabajo, qué cosas desea reformar y qué buenas obras desea establecer. A quienes quieran comprender algo más, familiarizadlos con la literatura de la Jamaat. Después de estudiarla, podrán formarse su propia opinión. No perdáis el tiempo con quienes no estén interesados. Al contrario, dedicad vuestro tiempo precisamente a los interesados. Y a quienes quieran entablar debates, no entréis en conflicto con ellos; seguid avanzando. Vuestro método-
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Invitad al camino de vuestro Señor con sabiduría y una buena exhortación. (Sura an-Nahl, aleya 125)
Vuestra da‘wah debe realizarse conforme a esta instrucción divina. Vuestro lenguaje será dulce. Vuestro carácter será puro. Vuestro trato será cortés. Responded al mal con el bien. Debéis demostrar, no solo con palabras, sino mediante vuestras obras y vuestra manera de expresaros, que realmente queréis establecer el bien en lugar del mal. Después, creed que la misericordia de Allah os ayudará y que los ángeles de Dios, como colaboradores vuestros, realizarán mucho más trabajo del que vosotros mismos realicéis.
Durante estos días de la conferencia, muchos ojos os observarán desde diferentes perspectivas. ¿Por qué habéis traído aquí y dejado en exhibición la esencia de vuestra propia Jamaat? Seréis examinados en innumerables piedras de toque. Ahora bien, si queréis demostrar que sois auténticos o adulterados, eso dependerá de vuestras acciones. El mundo es un examinador muy implacable. No podréis demostrar vuestra pureza ante su piedra de toque mediante ninguna artimaña artificial ni ningún esplendor externo. En realidad, aunque seáis auténticos, solo después de mucha consideración y vacilación os reconocerá como tales. Pero creedme: si demostráis vuestra autenticidad mediante vuestras obras, por mucho que las fuerzas opositoras intenten demostrar que sois adulterados, terminarán perjudicándose a sí mismas en lugar de perjudicaros. No os alarméis en lo más mínimo al presenciar ataques falsos. Su llegada es como una tormenta, pero desaparecen en un instante como burbujas. Y una vez que quedan completamente destruidos, la basura oculta en su interior sale a la vista de la gente de tal manera que el mundo entero los repudia. Por eso, no debéis pensar en cómo enfrentar la falsedad. Debéis pensar en vuestra propia veracidad. Si sois verdaderos, no tendréis que enfrentaros a la falsedad. Allah se enfrentará a ella y hará que la falsedad de hoy resulte tan aleccionadora como hizo aleccionadora la falsedad de cada época anterior.
Quiero decir, como última palabra, que toda persona que considere a esta Jamaat y a este movimiento un peligro terrible para sí misma emplea todas sus fuerzas contra mí. Esto resulta naturalmente desagradable para quienes me aman. Ustedes se enfrentarán repetidamente a esta situación. Temo que, en vez de ampliar su da‘wat, terminen gastando su tiempo y sus fuerzas en defenderme. A todos mis hermanos íntimos les digo que estén seguros de que, por la misericordia de Dios, no necesito ninguna defensa. No he aparecido aquí de repente desde el vacío. Llevo años trabajando en la tierra de este país. Millones de personas conocen directamente mi labor. Mis escritos no están difundidos solamente en este país, sino también en vastas regiones del mundo, y una de las misericordias de mi Señor para conmigo es que me ha mantenido libre de corrupción. No es fácil ennegrecer mi rostro. No es tan sencillo que cualquiera se levante, lance contra mí diez o veinte acusaciones falsas y me unte la cara con una pincelada de tinta. Sobre todo, no les resultará fácil a quienes no tienen pasado ni futuro, y a quienes la sucesión de los acontecimientos ha elevado apenas por unos días. Al jugar este juego, insha’Allah, no podrán causarme ningún daño. Por tanto, yo estoy tranquilo y ustedes también permanezcan tranquilos. En lugar de ocuparse de defenderme, continúen invitando a los siervos de Allah hacia el camino de Allah. Confío en mi Señor. Si he servido sinceramente a Su din, entonces Él mismo me defenderá.
Fue gracias a la infinita misericordia y la incomparable grandeza de Allah Todopoderoso que, pese a haberse empleado toda clase de malas maniobras, no se pudo frustrar la conferencia ni fue posible causar daño alguno al Maulana o a la Jamaat. Por el contrario, Jamaat-e Islami atrajo las miradas llenas de simpatía de la gente de todo el país. Como, siguiendo las instrucciones del Maulana, pequeños grupos de tres o cuatro personas se dispersaron por la ciudad, no solo obtuvieron la benevolencia del pueblo, sino que cerca de diez mil personas firmaron la declaración de apoyo a la Jamaat y se afiliaron a ella.
Después de aquel caos del primer día, los dos días restantes transcurrieron bien. Todos abandonamos el pabellón de la conferencia. Después, los miembros del Consejo Consultivo Central nos reunimos en la residencia del Maulana, situada en 5-E Zaildar Park, y comenzamos a examinar y revisar diversos asuntos de la conferencia. En cierto momento de la conversación, propusimos unánimemente que, puesto que el Gobierno de Ayub estaba decidido a acabar con la vida del Maulana y a desarraigar la Jamaat, se apostaran dos guardias armados en la residencia del Maulana por motivos de seguridad.
Con una leve sonrisa, el Maulana rechazó la propuesta y dijo: «Miren, estoy liderando un movimiento islámico, en el que el riesgo para la vida es inevitable a cada momento. Por un lado, les aconsejaría que arriesgaran sus vidas y, por otro, apostaría guardias para mi propia seguridad; ¿qué podría ser más ridículo que esto? Además, sería contrario a mi dignidad».
Tras guardar silencio un momento, añadió: «Si la muerte de alguien no es del agrado de Allah, aunque todo el mundo lo intente, no podrá matarlo. Y, si esa es Su voluntad, un padre puede incluso morir por el disparo de su propio hijo».
El Maulana dejó escapar, como hablando consigo mismo, unas palabras. Cuando durante la conferencia comenzaron los disparos y le pidieron que tomara asiento, había dicho: «Si al ver el peligro me siento, ¿quién permanecerá de pie?». Aquella intrépida declaración del Maulana alentó e inspiró cien veces más a los trabajadores. Era, en verdad, la declaración de un líder ejemplar. La declaración de esta ocasión era aún más importante. Sin embargo, sus palabras no fueron una profecía, pues el ser humano no tiene ni la capacidad ni el derecho de hacer profecías. La declaración del Maulana se refería a la posible consecuencia que se desprendía del análisis de la tendencia y la dinámica del sistema social vigente. Pero, sorprendentemente, sus palabras se hicieron realidad en apenas tres o cuatro meses. Por orden de Ayub Khan, el entonces gobernador de Pakistán Occidental había traído matones a sueldo desde Kalabagh y había intentado convertir la conferencia de la Jamaat en un escenario sangriento. Tres o cuatro meses después, murió en su propia casa por el disparo de la pistola de su propio hijo.
Jamaat-e Islami declarada ilegal
Como se ha dicho anteriormente, incluso antes de la conferencia los ministros centrales y provinciales habían estado calentando el ambiente mediante declaraciones incendiarias tras declaraciones incendiarias contra Jamaat-e Islami y el Maulana Maududi. Después, al ver el éxito triunfal de la conferencia, se desesperaron y decidieron que había que acabar con esa Jamaat a toda costa. En consecuencia, el 6 de enero de 1964 se declaró ilegal en todo el país la organización Jamaat-e Islami y se arrestó y envió a prisión a sesenta dirigentes de la Jamaat, incluido el Maulana Maududi.
El partido político más sólido, constitucionalista y amante de la paz de Pakistán fue expulsado del escenario político, y sus dirigentes fueron confinados en las oscuras celdas de las cárceles. Los dirigentes de todos los partidos políticos del país, excepto el partido gobernante, expresaron una enérgica protesta. De casi todos los países musulmanes surgieron protestas y voces de condena. Pero el Gobierno, tras acabar con la Jamaat-e Islami, permaneció en silencio, respirando aliviado.
Es especialmente digno de mención que la revista mensual revolucionaria Tarjuman-ul-Qurán, publicada por Maulana Mawdudi en 1932, había continuado apareciendo regularmente hasta entonces. Durante los treinta y un años anteriores, ni el Gobierno de la India anterior a la partición ni el Gobierno de Pakistán posterior a la partición se habían atrevido a clausurar esta revista. Sin embargo, el llamado Gobierno popular y democrático de Pakistán posterior al régimen militar prohibió su publicación durante seis meses, a partir de enero de 1964, por un motivo trivial.
Es universalmente reconocido que la exégesis del Corán elaborada por Maulana, Tafhim-ul-Qurán, constituye una contribución inestimable a la literatura exegética. Tafhim-ul-Qurán es la obra de toda la vida de Maulana. Sin embargo, cuando fue enviado a prisión después de que la Jamaat-e Islami fuera declarada ilegal, tampoco se le permitió escribir allí su exégesis del Sagrado Corán. Finalmente, tras las intensas protestas de la población amante del islam, el Gobierno concedió el permiso.
El caso de la Jamaat
Algún tiempo después se presentaron recursos de amparo ante los Tribunales Superiores de Pakistán Occidental y Pakistán Oriental contra la orden gubernamental que declaraba ilegal a la Jamaat-e Islami. El Tribunal Superior de Pakistán Occidental falló a favor del Gobierno, mientras que el Tribunal Superior de Pakistán Oriental falló a favor de la Jamaat. Posteriormente, en nombre de Maulana Mawdudi, se presentó ante el Tribunal Supremo un recurso contra la sentencia del Tribunal Superior de Pakistán Occidental. Puesto que la victoria de la verdad era segura e inevitable, el Honorable Tribunal Supremo emitió el veinticinco de septiembre un fallo claro a favor de la Jamaat-e Islami, estableciendo un precedente histórico de justicia imparcial.
A continuación se reproducen, para conocimiento de todos, las respuestas claras e intrépidas que Maulana Mawdudi dio ante el Tribunal y el Tribunal Superior de Pakistán Occidental a todas las acusaciones en virtud de las cuales el Gobierno declaró ilegal a la Jamaat-e Islami y encarceló a sus dirigentes.
Una de las acusaciones específicas era que Maulana Mawdudi había emitido una fatua declarando haram la yihad de Cachemira. Esta acusación fue difundida una y otra vez. El problema de Cachemira es para Pakistán una cuestión de vida o muerte. El propósito de los acusadores era incitar al pueblo contra él haciendo creer que Maulana Mawdudi se oponía a la solución de Cachemira. Al final también se incluyen las declaraciones de los dirigentes populares cachemires sobre este asunto, para que la enfermedad mental de los acusadores quede manifiesta ante los lectores y el público.
La respuesta de Maulana Mawdudi
Al Secretario del Interior del Gobierno de Pakistán Occidental:
Honorable señor:
En primer lugar, expondré brevemente mis objeciones legales respecto de las razones de mi detención y arresto que usted expuso en su carta del 13-1-64. Después haré sobre ellas un comentario general y, por último, describiré cada una de las razones por separado.
Objeciones legales a la detención
Mis objeciones legales respecto de las razones de mi arresto y detención son las siguientes:
1. Fui arrestado el 6 de enero de 1964, y las razones de mi arresto y detención me fueron comunicadas la tarde del 13 de enero. Sin embargo, no hay entre esas razones ni una sola que no estuviera mencionada en el comunicado de prensa. Dicho comunicado fue emitido por el Gobierno el 6 de enero y publicado en todos los periódicos del país el 7 de enero. Esto significa que las razones de la detención fueron formuladas el 6 de enero. Pero me fueron enviadas con un retraso de ocho días. Esto es evidentemente contrario a la ley en virtud de la cual fui arrestado, cuyo artículo 3, apartado 6, establece que se debe informar al detenido de las razones de su arresto y detención lo antes posible. ¿Puede darse alguna razón razonable para este proceder, alegando que no era posible preparar en menos de ocho días un resumen del comunicado de prensa publicado el 6 de enero?
2. Al día siguiente de recibir su presente comunicación, le solicité que se me permitiera traer del exterior los libros y documentos necesarios para responder a las razones de mi detención. Sin embargo, usted tardó aún más en concederme ese permiso, y no pude obtener los libros y documentos necesarios antes del 4 de febrero. De este modo, dejó transcurrir un mes entero durante el cual no pude beneficiarme en absoluto ni siquiera de la oportunidad meramente nominal que, mediante la Ordenanza de Seguridad Pública, se concede a un detenido para presentar su declaración. No existe ninguna razón razonable para la lentitud de los procedimientos de su oficina que ocasionó este retraso. ¿Por qué habría de sufrir el castigo de esta demora la persona cuya libertad ustedes han arrebatado?
3. En mi solicitud del 14 de enero también le pedí que se me permitiera consultar con mis abogados para responder a las razones de mi detención. El 1 de febrero presenté nuevamente esta solicitud. Varios días después, recibí de su parte, por medio del superintendente de distrito, la respuesta de que podía consultar con mis abogados. Pero durante esa entrevista estaría presente un funcionario del C.I.D. Sin duda, esta era una condición injusta. Con esta condición, el asesoramiento jurídico habría sido. Sin duda, era una condición injusta. Con esta condición, consultar sobre asuntos jurídicos me resultaba completamente inútil. Que durante la conversación de una persona con su propio abogado, con quien desea consultar sobre asuntos jurídicos para refutar una acusación presentada contra ella por una parte, estuviera presente el agente de la otra parte —la parte contra la cual se dirigía su acusación— no es en absoluto compatible con el sentido común, la conciencia ni el conocimiento.
Suponga que el detenido y su abogado deciden que existe la posibilidad de presentar un recurso de hábeas corpus contra esta detención, solicitando que se expongan las razones del encarcelamiento. En estas circunstancias, la presencia de los agentes del C.I.D. significa que, antes de que la solicitud de hábeas corpus llegue al tribunal, usted conocerá su contenido y adoptará las medidas necesarias para hacerla fracasar. ¿Acaso no es esto un claro asesinato de la justicia? [Estoy agradecido de que hayan eliminado esta objeción mía el 26 de febrero.]
4. De todas las razones de mi arresto y detención que usted expone en esta carta, salvo la séptima, todas son vagas, imprecisas y meras acusaciones. De ellas no se puede saber cuál es la base de esas acusaciones. Exponer así las razones de la detención o no exponerlas viene a ser lo mismo.
5. Entre las razones de la detención que usted ha expuesto, la quinta afirma que, antes de que la Jamaat-e-Islami fuera considerada ilegal conforme a la Ley Penal modificada de 1908, estaba involucrada en ciertas actividades, y que usted, como su Amir, participó en ellas. Por ello se le ha detenido.
Esta detención tuvo lugar exactamente el mismo día y a la misma hora en que la Jamaat-e-Islami fue declarada ilegal mediante la Ley Penal modificada de 1908. Esto significa claramente que esta detención es un castigo por mis actividades pasadas —suponiendo, por un momento y a efectos del argumento, que se aceptara que fueron tales—. Sin embargo, la ley en virtud de la cual fui arrestado y detenido le otorga facultades de detención preventiva, no de detención punitiva. De este modo, usted ha transgredido en realidad los límites de la ley. Si el Gobierno temía que, aun después de que la Jamaat-e-Islami fuera declarada ilegal, yo continuara realizando las actividades por las cuales fue declarada ilegal, para eso existían los apartados 1, 2 y 3 del artículo 17 de la Ley Penal modificada de 1908. ¿Qué necesidad había entonces de utilizar la Ordenanza de Seguridad Pública? ¿No demuestra esto que el Gobierno estaba sumamente impaciente por arrestarme? Por ello, el Gobierno ni siquiera pudo esperar un poco para ver si, después de que la Jamaat fuera declarada ilegal, yo realizaba o no esas actividades; en cambio, mediante la Ordenanza de Seguridad Pública, me impuso el castigo por mis actos pasados.
6. La ordenanza mediante la cual usted me ha arrestado y detenido por las razones quinta y séptima está fuera de su ámbito de aplicación. Aunque, a efectos del argumento, se supusiera que cometí todos los actos que usted me atribuye, usted tampoco tiene derecho a actuar contra mí en virtud de la Ordenanza de Seguridad Pública.
7. La séptima razón está comprendida en el ámbito de la Ordenanza de Prensa y Publicaciones. Mediante ella, usted ya había suspendido durante seis meses mi periódico Tarjumanul Quran. Ahora, infringiendo por completo la justicia y transgrediendo los límites de la ley, también se me ha castigado, mediante la Ordenanza de Seguridad Pública, por publicar este artículo.
Algunas consideraciones generales sobre las razones de la detención
Después de presentar estas objeciones legales, quiero examinar las razones que se han expuesto. Antes de examinarlas una por una, deseo declarar de manera clara y firme, con plena conciencia de mi responsabilidad, que las razones de mi arresto y detención mencionadas en su carta no son las verdaderas razones. Más bien, las verdaderas razones son otras, y son razones cuya revelación también resulta penosa para el propio Gobierno.
La primera razón es que, mientras pronunciaba un discurso en una asamblea pública celebrada en Rawalpindi en 1963, exigí que los importantes estados de Swat, Dir y otros fueran incorporados a Pakistán Occidental exactamente del mismo modo en que habían sido incorporados Kalat, Kharan, Makrán, Bahawalpur y los demás estados fronterizos. También exigí que se concedieran a los habitantes de esas regiones las mismas facilidades y derechos de que disfrutaban los demás ciudadanos de Pakistán. Nuestra exigencia estaba plenamente fundada en la ley: cuando todos los estados importantes de la antigua India británica se unieron a Pakistán y a la India, ¿por qué no habría de eliminarse también este último vestigio de la época de la esclavitud? Por expresar con tanta claridad una razón tan justa, varios altos funcionarios del Gobierno se sintieron incómodos y estallaron de ira.
En segundo lugar, gracias a los esfuerzos de Jamaat-e-Islami, el partido gobernante sufrió la derrota en dos elecciones parciales, en Rawalpindi y Hyderabad. Esto avivó el fuego de la ira de los gobernantes. Estas dos elecciones se celebraron, respectivamente, en septiembre y octubre de 1963.
En tercer lugar, los gobernantes consideraban que el movimiento bien organizado de Jamaat-e-Islami constituía un enorme obstáculo para el avance de su propia Liga Musulmana de la Convención, y juzgaban necesario, antes de las próximas elecciones, acabar con el partido mejor organizado de la oposición y apartar del escenario a sus dirigentes. Al observar los resultados de las elecciones parciales, habían comprendido que, en las próximas elecciones, Jamaat-e-Islami demostraría ser un fuerte rival del partido gobernante.
Por estas razones, describo a continuación, en orden cronológico, las medidas que fueron adoptándose sucesivamente contra mí y contra Jamaat-e-Islami.
El 21 de septiembre de 1963, un funcionario responsable del Ministerio del Interior central me amenazó por teléfono: debía reconocer en la prensa mi error respecto de lo que había dicho en una declaración publicada contra la Liga de la Convención; de lo contrario, el Gobierno adoptaría medidas severas contra mí (véase Nawa-i-Waqt, 22 de septiembre de 1963). Inmediatamente envié a diversos periódicos del país esta amenaza para que la publicaran, y fue publicada. Pues de ello podía deducirse que se tomarían medidas severas contra mí y contra Jamaat-e-Islami.
El 16 de octubre se denegó el permiso para utilizar altavoces en la Conferencia de Toda Pakistán de Jamaat-e-Islami. Sin embargo, entre el 14 de septiembre y el 13 de octubre se celebraron en Lahore, una tras otra, siete u ocho asambleas públicas de ese tipo, y en todas ellas se concedió permiso para utilizar altavoces, incluso bajo la vigencia de la sección 144. En estas circunstancias, negar el permiso para utilizar altavoces en una conferencia a la que acudían unos siete mil delegados de todas las regiones de Pakistán y en la que miles de personas de la ciudad de Lahore iban a participar constituía una prueba clara de que en el ánimo de los gobernantes estaba activa una particular voluntad de resistencia contra Jamaat-e-Islami.
El 17 de octubre se presentó una solicitud ante el Tribunal Superior de Pakistán Occidental para que se actuara contra la injusticia antes mencionada del magistrado de distrito de Lahore. Estaba previsto que se dictara sentencia el 22 de octubre. Sin embargo, antes de que el Tribunal Superior pronunciara su fallo, el gobernador de Pakistán Occidental, mediante una ordenanza especial, prohibió el uso de altavoces en toda la provincia. Esto demostró claramente que la facultad del gobernador de legislar mediante ordenanzas se había utilizado específicamente para hacer fracasar la conferencia de Jamaat-e-Islami.
La conferencia de Jamaat-e-Islami estaba comenzando el 25 de octubre. Justo un día antes, el ministro del Interior del Gobierno central publicó una declaración extremadamente severa y provocadora contra mí y contra Jamaat-e-Islami, y el día de la conferencia también se publicaron en los periódicos matutinos declaraciones de varios ministros del Gobierno provincial. ¿Cuál era la razón de que, precisamente en ese momento, se desatara de repente semejante tempestad de ira? ¿Había alguna otra razón, aparte de que el Gobierno no podía tolerar que se manifestaran la fuerza y la organización de Jamaat-e-Islami en un lugar central como Lahore?
La mañana del 25 de octubre se organizó una acción de matonismo en la reunión de la Jamaat-e-Islami. La política que adoptó la policía en aquella ocasión fue presenciada con sus propios ojos por unos treinta o cuarenta mil habitantes de Lahore. Todo el país se enteró de ello a través de los periódicos. El relato de este vergonzoso incidente llegó también a diversos países fuera de Pakistán. En pleno día, y ante los ojos de la gente, fueron llevados matones al lugar. Incendiaron el campamento. Cortaron las cuerdas de las tiendas. Saquearon los puestos de libros. También arrojaron ladrillos y botellas de soda contra el campamento de las mujeres. Sacaron los ejemplares del Noble Corán de uno de los puestos de libros y los lanzaron contra la reunión como si fueran ladrillos y piedras. Finalmente, incluso mataron de un disparo de pistola a una persona inocente.
Todo esto se estaba llevando a cabo en presencia de la policía, y la policía permanecía allí riéndose. Cada una de estas acciones era de tal naturaleza que la policía debía haber intervenido. Sin embargo, no se arrestó a un solo matón. La propia policía tampoco capturó al asesino. Por el contrario, los trabajadores de la Jamaat lo apresaron y lo entregaron por la fuerza a la policía; y, como resultado de sus repetidas presiones, la policía detuvo al asesino. Se reconozca o no por boca de las autoridades gobernantes, su conciencia sabe muy bien quién hizo que se cometieran estos actos y con qué propósito. Además, ninguno de los gobernantes responsables de mantener el orden público en Lahore ignora este secreto: ¿quiénes fueron los que hicieron que los guardianes de la ley humillaran la ley?
El propósito con el que se tramó esta infame conspiración era, en realidad, que los trabajadores de la Jamaat-e-Islami entablaran de algún modo un enfrentamiento con los matones, para que se pudiera disparar contra ellos, declarar a toda la Jamaat una organización alborotadora y proscribirla. Pero la paciencia y la moderación de los trabajadores de la Jamaat frustraron esta conspiración.
Apenas había transcurrido una semana cuando se urdió de nuevo otra conspiración contra la Jamaat, con el fin de implicarla de algún modo. El 6 de noviembre de 1963 iban a celebrarse las elecciones de la Unión de la Universidad de Punjab. Justo dos días antes, Barakallah Khan, candidato a la presidencia de la Unión, fue expulsado de la universidad. El resultado inevitable de esta medida —y, de hecho, lo que se manifestó— fue que se extendió un profundo descontento entre los estudiantes. Por ello, todos los candidatos a los distintos cargos de la Unión, cuyo número era de aproximadamente 65, retiraron simultáneamente sus candidaturas. Inmediatamente formaron un comité de acción. El 4 de noviembre, los estudiantes salieron de la universidad en una procesión. Llevaban consigo un altavoz. (Si esta procesión y el uso del altavoz eran ilegales, ¿por qué quienes tenían la responsabilidad de preservar la paz y el orden no los detuvieron en la propia universidad? Por el contrario, permitieron que la procesión avanzara hasta tal punto que la multitud aumentó enormemente y otros individuos con segundas intenciones se mezclaron con ella.) Después, de repente, cargaron con porras contra ellos cerca de Charing Cross, dispersándolos, y también arrestaron a muchos de sus dirigentes. El propósito evidente de estas acciones era exasperarlos aún más, provocar un enfrentamiento entre ellos y las fuerzas del orden, y luego cargar toda la culpa sobre la Jamaat-e-Islami. La manera en que se investigaron estos sucesos desde el primer día y en que la investigación continuó hasta el final pone plenamente de manifiesto que el verdadero propósito era implicar a la Jamaat-e-Islami. En las declaraciones que en aquel momento publicaban en los periódicos y difundían por radio, desde el presidente del país hasta los ministros, también se reflejaba este mismo propósito. Esto demostraba abiertamente cuán impacientes estaban las autoridades gobernantes por involucrar a la Jamaat-e-Islami en estos disturbios estudiantiles. Pero, pese a todos sus esfuerzos, la conspiración fracasó y no se encontró ninguna prueba para responsabilizar a la Jamaat de estos disturbios.
¿Cuánto tiempo más podía el Gobierno esperar a que la Jamaat-e-Islami cometiera algún delito para luego apresarla? Y, además, ¿cómo podía ser que, aunque la Jamaat que se había convertido en un obstáculo para el progreso de la Liga de la Convención no cometiera ningún delito, no se la pudiera apresar de todos modos?
La Ley Penal Modificada y la Petition of Public Order se habían guardado precisamente en el arsenal de la ley para poder utilizarlas cuando surgiera la necesidad de apresar a quienes no cometían delitos. Por eso, el 6 de enero, con la ayuda de estas dos armas, se me tomó como blanco a mí y a mi Jamaat, y se formularon contra mí las acusaciones descritas en el comunicado de prensa oficial del 6 de enero y entre las razones de arresto y detención que usted envió.
La razón por la que afirmo que estas acusaciones no son la verdadera causa de esa medida del Gobierno es que este inició su campaña contra mí y contra la Jamaat-e-Islami en la tercera semana de 1963, y entre las acusaciones formuladas en este asunto hay dos —a saber, los disturbios estudiantiles de Lahore y el artículo de Tarjuman-ul-Quran— que están relacionadas con hechos posteriores al comienzo de dicha campaña. Las acusaciones restantes, en cambio, se refieren a asuntos y acontecimientos de varios años atrás.
Ahora examinaré por separado cada una de las razones que usted expuso para mi arresto y detención, y revelar é la verdadera naturaleza de cada una.
Conquistar el poder mediante la fuerza
Su primera acusación es que el objetivo de Jamaat-e-Islami era apoderarse de la autoridad política y del poder mediante la fuerza; pero usted no ha dicho cómo llegó a conocer ese objetivo de Jamaat. Solo puede haber dos maneras de conocer el objetivo de una organización como Jamaat: una, sus actos; dos, su constitución, sus resoluciones y las declaraciones de sus dirigentes. En cuanto a los actos de Jamaat, puede decirse que el ministro del Interior del Gobierno de Pakistán, señor Habibullah Khan, reconoció ante el mundo entero, en su conferencia de prensa del 23 de octubre de 1963, que «Jamaat ni siquiera había infringido la ley en sus actividades». Consulte el informe de esa conferencia de prensa en los diarios Pakistan Times y Dawn del 24 de octubre de 1963. A continuación, se presenta una descripción detallada de la segunda manera:
1. En septiembre de 1948, la Majlis-e-Shura de Jamaat-e-Islami declaró, mediante una resolución, la siguiente política:
«Su (es decir, el de Jamaat-e-Islami) propósito es moldear por completo el sistema de vida del país (es decir, Pakistán) conforme al modelo del islam. Para alcanzar este objetivo, esta Jamaat no considera legítimo utilizar métodos, medios o instrumentos que sean contrarios a la verdad y la honestidad, o que den lugar al desorden y la inquietud. Cree en el método democrático para la reforma y la revolución. Es decir, formar la opinión pública mediante la propaganda y la difusión, reformar las mentes, los pensamientos y el carácter, y realizar los cambios que constituyen nuestro objetivo. Ninguna actividad de Jamaat se lleva a cabo en secreto; por el contrario, todo se hace abiertamente. No desea quebrantar las leyes sobre las que está establecido el actual sistema de gobierno del país; por el contrario, desea modificarlas conforme a los principios islámicos. No es su objetivo apartar a quienes dirigen el sistema de gobierno del país ni ocupar sus puestos. Al contrario, desea reformarlos y, si no aceptan la reforma, cambiarlos por medios democráticos y poner en su lugar a personas que, según la opinión pública reformada, sean consideradas honradas». (Tarjuman-ul-Qur’an, septiembre de 1948, pp. 329-330)
2. En el artículo décimo de la constitución que la Jamaat-e-Islami publicó en 1953, y nuevamente en el artículo quinto de la constitución revisada que publicó también en 1953, se declara claramente que:
«Para alcanzar sus objetivos y metas, la Jamaat-e-Islami nunca utilizará medios ni métodos contrarios a la verdad y la honradez, ni aquellos que provoquen desórdenes en el mundo. La Jamaat-e-Islami trabajará mediante métodos democráticos y legales para llevar a cabo las reformas y la revolución expuestas en sus objetivos. Es decir, deberá reformar la mente, el intelecto y el carácter mediante la predicación, la propaganda y la difusión de ideas, y deberá formar la opinión pública en favor de todos los cambios cuya realización constituye el objetivo de la Jamaat-e-Islami. Para alcanzar sus objetivos, la Jamaat-e-Islami no intentará imitar métodos secretos, sino que actuará abiertamente y ante el público. (Cabe mencionar aquí que cada miembro de la Jamaat-e-Islami, al ingresar en ella, presta formalmente juramento de cumplir esta constitución.)»
3. En el discurso presidencial de la Conferencia de toda Pakistán de la Jamaat-e-Islami, celebrada el 10 de noviembre de 1951, al comentar el martirio del difunto señor Liaquat Ali Khan, dije:
«¿Puede haber una desgracia mayor para un país que arrebatar a la opinión pública el poder supremo de decidir, que pertenecen a la inteligencia, la conciencia y la razón, y entregárselo a la espada del juez? Una nación que no sea enemiga de sí misma y cuya conciencia no se haya declarado en quiebra no puede ser tan necia como para confiar la decisión de sus diversos asuntos, en lugar de a la conciencia y la razón, a jueces ciegos y sobornables de la espada. Si no queremos considerar oscuro nuestro futuro, debemos impedir con todas nuestras fuerzas que la situación de nuestro país avance en una dirección tan terrible. Nosotros, y especialmente quienes tienen responsabilidades, debemos esforzarnos al máximo para crear y mantener aquí una situación en la que sea posible realizar, por medios pacíficos, toda clase de cambios políticos respaldados por la opinión pública.» (Nuestros problemas internos y externos, p. 14, publicado por Maktaba Jamaat-e-Islami)
4. En febrero de 1957, en la Conferencia de toda Pakistán de Jamaat-e Islami, se aprobó una resolución. En ella se decía claramente:
«Puesto que Jamaat-e Islami, conforme a su Constitución, está obligada a trabajar por medios legales para llevar a cabo su programa de reforma y revolución, y puesto que en Pakistán solo existe un camino práctico para producir esa reforma y revolución, a saber, el camino electoral, Jamaat-e Islami no puede mantenerse ajena a las elecciones del país. Puede participar en ellas de manera directa o indirecta, o, cuando sea necesario, mediante ambos métodos». (El programa futuro del movimiento islámico, pág. 14)
5. En 1958, Jamaat-e Islami publicó su manifiesto electoral. En él se describía así su objetivo:
«Establecer una verdadera democracia que permita llevar al poder a las personas de su propia elección y retirar de los puestos de autoridad a quienes no sean de su agrado». (Manifiesto electoral, pág. 14)
6. Durante el hach del año pasado tuve la oportunidad de dirigirme en La Noble Meca a jóvenes procedentes de los países árabes. En ese discurso les aconsejé que abandonaran el intento de llevar a cabo revoluciones armadas en sus propios países y que consideraran la posibilidad de realizar reformas por medios pacíficos, legales y democráticos. Mi discurso fue publicado en todos los países árabes. También se publicó su traducción al urdu en la revista Tarjuman al-Qur’an. Esta es su parte final:
«Mi último consejo es que no deben dirigir movimientos clandestinos ni intentar llevar a cabo una revolución mediante las armas. ….. Una revolución auténtica y verdadera siempre se realiza por medio de un movimiento popular. Trabajen abierta y ampliamente en la difusión del llamamiento; dedíquense a gran escala a purificar los corazones, las mentes y el pensamiento. Cambien la forma de pensar de la gente. Conquisten los corazones mediante el arma de la moralidad. Enfrenten con valentía y honestidad todos los peligros y obstáculos que surjan durante ese esfuerzo. De este modo, la revolución que se logre gradualmente será tan duradera y poderosa que las tormentas imaginarias de las fuerzas opositoras no podrán destruirla. Incluso si se logra rápidamente una revolución mediante métodos artificiales, también podrá ser destruida por el mismo camino por el que llegó». (Tarjuman al-Qur’an, junio de 1963)
7. El 10 de noviembre de 1963 también repetí esta idea mía en una declaración entregada a la prensa en Pakistán. Esta declaración fue publicada en Nawa-i-Waqt, Mashriq y otros periódicos. Estas son sus palabras exactas:
«Por principio, me opongo firmemente a infringir la ley, a los métodos ilegales y a trabajar en secreto. Mi opinión es que el respeto por la ley es indispensable para la existencia de una sociedad civilizada, no por miedo a alguien ni por alguna necesidad temporal. Si un movimiento destruye alguna vez ese respeto, después resulta muy difícil, más bien imposible, lograr que la gente vuelva a obedecer la ley. Del mismo modo, las organizaciones clandestinas también tienen defectos tales que quienes actúan mediante este método terminan convirtiéndose para la sociedad en una amenaza mayor que las personas a las que adoptaron este método para apartar. Por estas razones, mi convicción es que la ilegalidad y las organizaciones clandestinas son sumamente defectuosas. Todo lo que he hecho, siempre lo he hecho abiertamente y dentro de los límites de la ley. Incluso las leyes a las que me opongo encarnizadamente he intentado cambiarlas mediante procedimientos democráticos y legales, pero nunca las he infringido».
Estas son las declaraciones documentadas mías y de Jamaat-e-Islami desde 1948 hasta hoy. Ahora debería informarse qué pruebas tiene el Gobierno para formular contra mí y contra Jamaat-e-Islami la acusación de que somos partidarios de tomar el poder por la fuerza. ¿Tiene acaso algún escrito o discurso mío o de algún dirigente responsable de Jamaat-e-Islami que exprese tal significado? ¿O puede presentar algún ejemplo de que, durante los últimos diecisiete años, Jamaat-e-Islami haya adoptado alguna medida contraria a la ley? Si posee semejante prueba, ¿por qué no la presenta públicamente?
En su comunicado de prensa del 6 de enero, el Gobierno basó por completo esta acusación únicamente en una cita del Informe Munir. En él se formula esta acusación contra Jamaat-e-Islami. Pero debe recordarse que el Informe Munir no es una sentencia judicial, sino solamente el informe de una comisión de investigación. En este informe se han incluido, de manera desordenada y excediendo los límites de los Términos de Referencia, discusiones irrelevantes. Se han lanzado ataques completamente innecesarios contra diversas personas y grupos, y se ha utilizado un lenguaje tan extrañamente sarcástico que jamás podría considerarse digno de un tribunal investigador imparcial. Ante este tribunal —o comisión de investigación— nunca se planteó, para un examen minucioso, la cuestión de cuál es la ideología de Jamaat-e-Islami, cuáles son sus objetivos y propósitos, ni qué medios pretende emplear para alcanzarlos. No se me hizo ninguna pregunta sobre estos asuntos, ni se hizo pregunta alguna a ningún representante de Jamaat-e-Islami. Tampoco se presentó esta acusación ante nosotros ni se nos pidió que la refutáramos. Y aun en el lugar del informe donde se formula la acusación, no se presentó ninguna prueba que permitiera saber en qué se basó la comisión para formularla contra nosotros.
La cuestión es si el hecho de que un informe —aunque se trate del informe de una investigación judicial— dicte de ese modo, sin testimonios ni pruebas, un veredicto de esta naturaleza contra una organización puede ser suficiente para arrebatarle a dicha organización su derecho a existir y a sus dirigentes su derecho a la libertad. Y, transcurridos ya diez años, ¿dónde está la legitimidad de aprovechar de ese modo aquella frase del Informe Munir? El Informe Munir se publicó en 1954 y, basándose en aquel comentario suyo, en 1964 estamos siendo privados de nuestra libertad y del derecho de Jamaat-e-Islami a existir. ¿Hay en esto siquiera el más mínimo rastro de lógica?
Oposición a la creación de Pakistán
En relación con las razones del arresto y la detención, se ha formulado una segunda acusación: «Jamaat-e-Islami se opuso a la creación de Pakistán y, después de la creación de Pakistán, manifestó continuamente y de forma pública una actitud hostil contra Pakistán y su Gobierno».
Esta acusación consta de dos partes. La primera es que Jamaat-e-Islami se oponía a la creación de Pakistán, y la segunda, que desde la creación de Pakistán manifestó continuamente una actitud hostil hacia Pakistán y su Gobierno. Probablemente se añadió la segunda parte porque la primera les pareció tan absurda incluso a los propios acusadores que consideraron sumamente difícil adoptar cualquier medida basándose únicamente en ella. Resultaría evidentemente ridículo para cualquiera declarar ilegal y arrestar a los dirigentes de una organización que, dieciséis años después de la creación de Pakistán, había trabajado aquí durante los dieciséis años completos —exceptuando el período de gobierno militar—, acusándola de haberse opuesto a la creación de Pakistán. Por eso, para hacerla parecer razonable, se añadió que, incluso después de la creación de Pakistán, durante dieciséis años dicha organización no solo había manifestado públicamente su hostilidad contra el Gobierno, sino también contra Pakistán. Pero aun después de añadir esto, la afirmación sigue siendo exactamente tan ridícula como lo era al principio.
La cuestión es la siguiente: si desde que Jamaat-e-Islami comenzó a trabajar en Pakistán en 1947 hasta el 5 de enero de 1962 se mantuvo una hostilidad ininterrumpida, y no de forma encubierta, sino manifiesta, ¿cómo salió de repente a la luz el 6 de enero de 1964? ¿Por qué se ignoró durante todo ese largo período esta hostilidad pública? Más bien, ¿qué razón especial ha surgido ahora para que se haya considerado necesario actuar inmediatamente contra ella y adoptar medidas tan severas? ¿Por qué no se dijo claramente que, para ampliar la Liga de la Convención, había surgido la necesidad de retirar del escenario a un partido bien organizado del grupo opositor? Sobre todo, esta necesidad aumentó mucho más antes de las elecciones.
A continuación examinaré por separado cada una de las partes de esta acusación. Mi respuesta respecto de la primera parte de la acusación es la siguiente:
1. Incluso si por un momento se admite que la Jamaat-e-Islami se oponía a la creación de Pakistán, pregunto: ¿se oponía acaso más que el Congreso? Todos saben que, hasta el 15 de agosto de 1947, la verdadera lucha por Pakistán se libraba precisamente contra el Congreso. Sin embargo, inmediatamente después de la creación de Pakistán, el grupo del Congreso que se encontraba en este país fundó de inmediato el Congreso de Pakistán. Sus representantes estuvieron en nuestra primera y segunda Asamblea Legislativa. Hasta octubre de 1958 estuvo constituido como un partido opositor musulmán. Y nunca se planteó la cuestión de que, puesto que os oponíais a la creación de Pakistán, ahora no podéis trabajar en Pakistán como partido político. Tras la retirada de la ley marcial, no existe ninguna razón legal para que el Congreso de Pakistán no se revitalice; más bien, se trata de algo similar a que la Liga Awami, el Partido Nacional Awami y otros partidos no se hayan revitalizado. Si el Congreso de Pakistán desea reorganizarse hoy, no hay ningún obstáculo legal en su camino.
2. Pero es completamente contrario a la verdad afirmar que la Jamaat-e-Islami se oponía a la creación de Pakistán. La Jamaat-e-Islami fue fundada en agosto de 1941. Durante los seis años completos transcurridos desde entonces hasta agosto de 1947, ¿puede alguien demostrar que la Jamaat-e-Islami celebró alguna reunión para oponerse a la creación de Pakistán? ¿Que aprobó alguna resolución? ¿Que organizó alguna manifestación? ¿Que presentó algún candidato contra la Liga Musulmana en las elecciones? ¿O que apoyó a algún candidato contrario a la Liga Musulmana? ¿O que dijo al pueblo que no votara por los candidatos de la Liga Musulmana? ¿O que realizó alguna acción o emprendió algún esfuerzo de cualquier otra forma para obstaculizar el avance hacia la creación de Pakistán? Si alguien posee alguna prueba semejante, debe presentarla. Pero si no se encuentra nada de eso en los registros de la Jamaat-e-Islami, que se nos diga, por favor, ¿a qué se opuso la Jamaat-e-Islami en la creación de Pakistán? ¿Cuándo se opuso? ¿Cómo se opuso? A lo sumo, puede decirse que la Jamaat no participó junto con la Liga Musulmana en la lucha por la creación de Pakistán. ¿Puede calificarse de oposición la mera falta de participación?
3. La razón por la que la Jamaat-e-Islami no participó en el esfuerzo por crear Pakistán no era que la Jamaat no quisiera establecer un Estado independiente separado para los musulmanes. Había, más bien, tres razones. Estas tres razones fueron expuestas claramente en los escritos de la Jamaat-e-Islami en más de una ocasión. La primera razón era que era necesario que existiera entre los musulmanes una Jamaat que, si Dios no lo permitía, la Liga Musulmana fracasaba en la lucha por crear Pakistán, pudiera ayudar a la nación; por eso era necesario mantener separada de la lucha a esta fuerza de reserva (Reserve Fprce). La segunda razón era que, incluso después de la creación de Pakistán, varios millones de musulmanes tendrían que permanecer en aquella parte de la India británica que, mediante el plan de Pakistán, pasaría a estar bajo el dominio de los hindúes. Después de la partición del país, la Liga Musulmana no podría hacer nada para ayudar a esos musulmanes. Para ese propósito era necesario preparar desde el principio otro partido bien organizado, y también era necesario mantener a ese partido separado de la lucha por Pakistán, para que pudiera desempeñar esa labor en la India hindú. La tercera razón era que el partido que trabajaba por Pakistán —la Liga Musulmana— tenía toda su atención concentrada exclusivamente en la organización y la lucha políticas. No se realizaba ningún esfuerzo para fortalecer y consolidar al partido desde el punto de vista moral y religioso. En vista de esta situación, se percibía claramente que, si un partido conquistaba el país mediante una lucha llevada a cabo de ese modo, no sería capaz, ni mucho menos, de transformarlo en un Estado islámico, ni siquiera de establecerlo sobre una base firme como Estado nacional. Y allí se produciría una terrible desorganización moral e ideológica. En esas circunstancias, era necesario formar entre los musulmanes un partido bien organizado que, después de la creación de Pakistán, pudiera trabajar para salvar a ese Estado de la destrucción moral y guiarlo por el camino del islam. La cuestión es: ¿era pecado poner en práctica este plan tan previsor? Hoy quieren castigar por ello a la Jamaat-e-Islami aquellas personas que tampoco tuvieron una participación significativa en el esfuerzo por crear Pakistán. El difunto Quaid-e-Azam no la castigó por ello; el difunto Liaquat Ali Khan no la castigó; Khawaja Nazimuddin no la castigó. Durante los gobiernos de todos ellos, la Jamaat-e-Islami continuó trabajando con plena libertad.
4. Los escritos míos que hoy se presentan como prueba de mi oposición a la creación de Pakistán fueron redactados en 1939 y 1940. En primer lugar, es un error atribuirlos a la Jamaat-e-Islami, pues la Jamaat no fue establecida hasta agosto de 1941. En segundo lugar, fueron escritos en una época en la que apenas comenzaba entre los musulmanes el debate sobre cuál era la solución a sus complejos problemas en la India británica. En tercer lugar, el verdadero propósito de esos escritos puede comprenderse a partir de las citas que han presentado quienes han extraído de la obra completa pasajes sobre los qadianíes y los que niegan los hadices (Munkireen-e-Hadith), dándoles un significado contrario. Más bien, su verdadero significado solo puede entenderse después de leer íntegramente todos los artículos relacionados. Escribí esos artículos para explicar a los musulmanes que, para establecer un Estado islámico, y no simplemente un Estado nacional, ninguna organización partidaria carente de vitalidad moral y religiosa podía ser adecuada. Miles de personas instruidas de este país han leído el análisis que expuse en mis artículos para aclarar este propósito. No extrajeron de él el significado que ahora se pretende obtener aislando algunas frases de mis escritos de su contexto.
5. Extraer de la obra de un autor un significado contrario a lo que el propio autor declara claramente constituye, en realidad, una evidente traición. ¿Cómo puede alguien afirmar que yo me oponía a la partición del país y a la creación de Pakistán, cuando yo mismo escribí tres libros en apoyo de la teoría de las dos naciones (véanse mis libros «Musulmanes y la actual crisis política», tomos I y III, y «La cuestión de la nacionalidad»); cuando yo mismo presenté en 1938 un plan para la partición del país (véase mi libro «Musulmanes y la actual crisis política», tomo II, pp. 208-214); cuando en 1944 declaré públicamente que la demanda de Pakistán era una demanda justa (véase mi libro «Rasail o Masail», tomo I, segunda edición, pp. 359-362); y cuando apoyé votar a favor de Pakistán en el referéndum de la Provincia de la Frontera (véase mi libro «Rasail o Masail», tomo I, pp. 362-363)?
Pasemos ahora a la segunda parte de la acusación, es decir: «Desde la creación de Pakistán, la Jamaat-e-Islami ha mostrado continuamente una hostilidad abierta contra Pakistán y su gobierno». Quien elaboró esta parte de la acusación tiene un pensamiento tan confuso que no pudo percibir la diferencia entre Pakistán y su gobierno, y tampoco sabe que, desde la creación de Pakistán hasta hoy, aquí no ha habido un solo gobierno, sino varios gobiernos sucesivos que han cambiado.
Respecto de los gobiernos de Pakistán, puede decirse que Jamaat-e-Islami ha expresado continuamente su desacuerdo con ellos, y que, como partido de oposición, este es su derecho legítimo. Jamaat-e-Islami se mantuvo firme en el principio de que, mientras no obtuviéramos la mayoría en las elecciones y adquiriéramos la capacidad de formar un gobierno nosotros mismos y dirigirlo conforme a nuestros propios principios, no debíamos participar en el aparato gubernamental. Sobre la base de este principio, durante los últimos dieciséis años y medio Jamaat-e-Islami ha actuado como partido de oposición. La pregunta es: si, basándose en un principio democrático razonable y universalmente aceptado, un partido permanece en la oposición y expresa su desacuerdo con los sucesivos gobiernos del país, ¿cuándo y cómo se convirtió eso en un delito que otorgara legitimidad a declararlo ilegal y a detener a sus dirigentes?
Además, la acusación de oponerse a Pakistán es tan abominable y detestable que ningún gobierno debería formularla contra sus propios ciudadanos mientras no disponga de pruebas sólidas y claras que la respalden. Que se me informe de qué pruebas dispone el gobierno para sostener esta grave acusación. ¿Sobre la base de qué testimonios y pruebas han formulado esta acusación? Y si poseen alguna prueba en respaldo de esta acusación extremadamente grave, ¿por qué, en vez de entablar públicamente un proceso contra Jamaat-e-Islami ante los tribunales, recurrieron a leyes mediante las cuales se puede acusar arbitrariamente a cualquiera y castigarlo a voluntad, incluso sin testimonio ni prueba alguna?
Aunque corresponde al acusador presentar pruebas para declarar culpable a una persona o a un partido, y la responsabilidad de demostrar su inocencia no recae sobre la persona o el partido contra el cual se ha formulado la acusación, aun así quiero demostrar que el gobierno pretende eliminarnos mediante acusaciones completamente infundadas. Por ello, expondré cuál era la postura de Jamaat-e-Islami respecto de Pakistán, basándome en sus propias resoluciones. En la resolución sobre su política aprobada por la Majlis-e-Shura de Jamaat-e-Islami en septiembre de 1948, se decía:
«Puesto que la muerte del Quaid-e-Azam ha asestado un duro golpe a las fuerzas internas del país y han comenzado a aparecer peligros también desde el exterior, la Majlis-e-Shura desea declarar claramente que Jamaat-e-Islami, manteniéndose fundada en sus objetivos y su visión reformistas, realizará todos los esfuerzos posibles para preservar la unidad y la independencia de Pakistán y, al respecto, cooperará por todos los medios posibles con los demás partidos y con el gobierno del país.»
«Según Jamaat-e-Islami, para el bienestar, el progreso y la estabilidad de Pakistán era necesario declarar cuanto antes, mediante un procedimiento legal, su transformación en un Estado islámico. Pero ahora que ya no se cuenta con el apoyo de la personalidad del Quaid-e-Azam, esta necesidad se ha hecho aún más evidente. Una vez efectuada esta declaración, los cambios constitucionales y legales se llevarán a cabo gradualmente y a su debido tiempo. Pero, después de esta declaración, nuestro sistema estatal se transformará, en principio, en un sistema islámico. Cuando la verdadera fuerza del país, el corazón y la conciencia del pueblo musulmán, sienta tranquilidad, quedarán definidos el objetivo del Estado y el camino de su progreso. Y las leyes absolutamente necesarias para la estabilidad moral de Pakistán, la unidad de sus sectores inclinados al desorden, la solución de sus importantes problemas culturales y económicos y el fortalecimiento de su sistema de defensa nacional podrán reunirse para trabajar en esta dirección. Además, como resultado de ello desaparecerá también la oposición ideológica que está surgiendo respecto del futuro sistema del país y que está creando desorden mental.»
En esta sesión, en nombre de la Majlis-e-Shura, se envió el siguiente mensaje al entonces gobernador general, señor Khwaja Nazimuddin: «Tras la muerte del Quaid-e-Azam, Dios ha puesto sobre usted la enorme carga de una gran responsabilidad al convertirlo en su sucesor. Rogamos que Aquel que ha puesto esta carga sobre usted le conceda también la fuerza para soportarla y cumplir con este deber. En el discurso que pronunció después de convertirse en gobernador general se percibe una esencia religiosa y se vislumbran señales de buenas intenciones. Lo honramos de todo corazón. Esperamos que intente transformar Pakistán en un Estado verdaderamente islámico, tanto de corazón como de cuerpo. Tenga la seguridad de que, en cualquier esfuerzo correcto que emprenda con este propósito, Jamaat-e-Islami cooperará plenamente con usted.»
(Tarjuman al-Qur’an, septiembre de 1948, páginas 326 y 327).
En la misma sesión, la primera de las instrucciones elaboradas para los trabajadores de Jamaat-e-Islami decía:
«Prepárense plenamente ustedes mismos para la defensa del país y hagan comprender también a los demás musulmanes la necesidad de prepararse. Queremos defender este país por el islam. Por ello, con esta inspiración, prestar la mayor atención a esta tarea entre todas las demás es nuestro deber religioso». (Tarjuman al-Qurán, septiembre de 1948, pág. 336)
El 12 de marzo de 1949, la Asamblea Constituyente de Pakistán aprobó la Resolución de Objetivos, y al día siguiente la Majlis-e-Shura de Jamaat-e-Islami publicó la siguiente declaración:
«Según la Majlis-e-Shura, al aprobar esta resolución, la Asamblea Constituyente ha cumplido los requisitos legales mínimos necesarios para convertir un país en un Estado islámico».
Asimismo, el 18 de abril de 1949, al analizar la influencia y las consecuencias de la Resolución de Objetivos, la Majlis-e-Shura expresó la siguiente política respecto de Pakistán:
«Ahora se ha convertido en una obligación para todo creyente emplear todas las capacidades de su mente y su intelecto, así como todos los medios y recursos disponibles, en proteger y fortalecer este Estado, desarrollarlo y convertirlo, tanto en cuerpo como en espíritu, en un Estado islámico. Debe servirlo de todo corazón, de cualquier manera y en cualquier forma en que pueda prestarle algún servicio. Ahora nuestra relación con el Estado es de lealtad positiva. El espíritu de no cooperación ha llegado a su fin. Ahora no solo desde fuera, sino también entrando desde dentro —es decir, en el Parlamento y en el sistema de gobierno—, realizaremos todos los esfuerzos posibles para su reforma y desarrollo».
(Cuál es la posición de Jamaat-e-Islami a la luz de sus propias decisiones, págs. 6-7)
En la reciente Conferencia de toda Pakistán de Jamaat-e-Islami, celebrada en Lahore, se aprobó una resolución el 26 de octubre de 1964. Su texto es el siguiente:
«En este momento de crisis, Jamaat-e-Islami advierte a la India y a las demás potencias relacionadas que tienen ideas equivocadas sobre Pakistán que, por grandes que sean nuestras diferencias en los asuntos internos, los cien millones de pakistaníes se mantendrán unidos en cualquier circunstancia para defender la seguridad de su patria y su libertad; y si se produjera una situación semejante, inshallah, ni un solo pakistaní se quedará atrás».
«No solamente porque amamos al país, sino también en vista de nuestras convicciones y obligaciones religiosas, la Jamaat concede la máxima importancia a la cuestión de la defensa de Pakistán. Este país fue obtenido en nombre del islam; por eso, todo Pakistán equivale para nosotros a una mezquita, y cada centímetro de su territorio es para nosotros un gran depósito confiado. A pesar de todas las diferencias de opinión, garantizamos plenamente al Gobierno que, cualquiera que sea la medida que adopte para la defensa de nuestro país, la apoyaremos con todo nuestro corazón. El patriotismo no es monopolio de ninguna persona ni grupo particular. Todo pakistaní está igualmente vinculado a la seguridad de su país, porque su vida, sus bienes, su honor y todos sus valores queridos dependen por completo de la seguridad y la estabilidad de este país. Por tanto, estamos firmemente convencidos de que todo pakistaní, salvo que tenga una mente pervertida o sea enemigo de sí mismo, se adelantará para defender su patria». (Ruyadad, Convención de toda Pakistán de la Jamaat-e-Islami, pág. 56)
Estas son resoluciones debidamente adoptadas y publicadas por la Jamaat-e-Islami. El Gobierno no puede afirmar que las desconoce. A pesar de ello, se la ha acusado, con los ojos cerrados, de haber manifestado continuamente una actitud hostil hacia Pakistán. La base de esta acusación se encuentra en una nota de prensa del Gobierno del 6 de enero, basada en un folleto titulado «Mazi Qarib ka Jaiza». Lo que cabe decir sobre este folleto es lo siguiente: después de la creación de Pakistán, cuando volví a publicar en Lahore la revista Tarjuman-ul-Qur’an, escribí tres artículos editoriales consecutivos en sus tres primeros números, correspondientes a junio, julio y agosto de 1948. En ellos hice un comentario detallado sobre la situación que había surgido en el país durante la partición. Comenté con imparcialidad, como un historiador, las perspectivas y actuaciones de los tres grupos —el Gobierno británico, el Congreso Nacional Indio y la Liga Musulmana— y expliqué qué errores cometió cada uno al resolver y llevar a cabo la partición, así como la manera en que sus consecuencias se hicieron manifiestas. Después, en el tercer artículo, expuse cuáles eran los importantes problemas a los que se enfrentaba la nación musulmana después de la partición y si la Liga Musulmana podría resolverlos con éxito. Al parecer, en 1949, sin mi conocimiento, miembros de la Jamaat-e-Islami de Karachi publicaron los dos primeros artículos en Karachi en forma de folleto, con el título «Mazi Qarib ka Jaiza». En cualquier caso, estos artículos se publicaron durante la vida del difunto Quaid-e-Azam, cuando era gobernador general. El difunto Liaquat Ali Khan era entonces primer ministro de Pakistán. En aquel momento nadie los consideró escritos contra Pakistán. Más bien, la crítica que contenían de la labor de la Liga Musulmana se consideró un derecho legítimo del dirigente de un partido de oposición. Por eso no se adoptó contra ellos la medida que el Gobierno actual adoptó dieciséis años después. Afirmo que, si hoy un juez imparcial leyera aquellos artículos —no unas cuantas frases aisladas de su contexto, sino los artículos en su relación completa—, jamás podría llegar a la conclusión de que fueron escritos por alguien que no deseaba que Pakistán se estableciera y que, una vez establecido, quisiera abolirlo. Ese significado solo puede atribuírselo alguien que se haya empeñado en atrapar de cualquier manera a Maududi y a su Jamaat, decidido a inventar toda clase de intrigas con ese propósito.
Provocar disturbios entre los funcionarios públicos
La tercera acusación formulada entre las razones de su arresto y detención es la siguiente: «La Jamaat-e-Islami se infiltró en los departamentos gubernamentales y en las organizaciones obreras con la intención de hacerse con el poder, socavando la base de la lealtad de los funcionarios públicos y provocando disturbios».
Esta acusación también consta de dos partes. Una se refiere a los funcionarios públicos y la otra, a las organizaciones obreras. Responderé por separado a estas dos acusaciones.
En todo lo que se ha dicho sobre los funcionarios públicos, se ha intentado deliberadamente presentar de forma terrible un asunto sencillo. La realidad es que la Jamaat-e-Islami llevaba años desarrollando una amplia actividad en este país. Sus libros se imprimían por miles y por cientos de miles. Se vendían públicamente en diversos lugares. Se habían establecido bibliotecas suyas en cientos de lugares. Toda persona tenía plena libertad para acudir allí, leer sus libros y llevárselos durante un tiempo determinado. Se celebraban reuniones suyas en todo el país. Acudían personas de toda clase y escuchaban los discursos. En cientos de lugares se impartían lecciones del Corán y del hadiz. También a ellas asistían personas de toda clase. Así, este movimiento se mantenía públicamente activo en todo el país. Entonces, ¿cómo podían mantenerse ignorantes y alejados de él los funcionarios públicos, que eran habitantes de este mismo país y vivían junto con la gente común en esas mismas localidades? La Jamaat no se infiltró entre los funcionarios públicos mediante ningún plan ni esfuerzo especial. Los propios funcionarios públicos leyeron sus libros, acudieron por iniciativa propia a sus reuniones y participaron en sus lecciones. Aquellos cuya mente y corazón respondieron al llamamiento de la predicación de la Jamaat, adoptaron por sí mismos su influencia. No podíamos cerrarles el camino por el que sus libros llegaban hasta ellos. No teníamos poder para vendarles los ojos a fin de impedirles leer esos libros. Tampoco podíamos prohibirles asistir a nuestras reuniones ni a las reuniones de estudio del Corán y del hadiz. Si ahora el Gobierno quiere hacer esto, que lo haga. Incluso, si es posible, puede sacar a los funcionarios públicos de esas ciudades y localidades y encerrarlos en alguna fortaleza separada, para que no les llegue el menor soplo de los movimientos que se desarrollan en este país.
De todo lo que he dicho anteriormente queda claro que Jamaat-e-Islami no se infiltró en las oficinas ni entre los funcionarios del Gobierno. Más bien, sus ideas penetraron entre los funcionarios de manera espontánea y natural, y fue el propio Gobierno el que, enviando repetidamente circulares a las oficinas gubernamentales y obteniendo declaraciones juradas de cada funcionario, atrajo a sus empleados hacia esa organización. Ahora bien, respecto a la afirmación de que, debido a esta penetración, se han tambaleado las bases de la lealtad de esos funcionarios, el Gobierno debería explicar qué hay en los libros y en la predicación de Jamaat-e-Islami que desplace la lealtad de los funcionarios públicos. A decir verdad, lo reconozca alguien o no, allí donde la influencia de la predicación de Jamaat-e-Islami ha llegado a los funcionarios, estos se han vuelto más responsables, más cumplidores de su deber, más temerosos de Dios y más leales. Si hay algún grupo entre los funcionarios que se haya mantenido más alejado de la corrupción, la aceptación de sobornos y la negligencia en el cumplimiento del deber, es precisamente el que ha recibido los libros y la influencia de Jamaat-e-Islami. Pero para el Gobierno esto no tiene ningún valor. Su única preocupación es que los funcionarios y oficiales trabajen necesariamente como voluntarios para la Liga de la Convención, pero que no tengan el menor contacto con ningún otro partido de oposición, y especialmente con Jamaat-e-Islami. Expuse claramente mi política respecto a los funcionarios públicos en las páginas 366-368 de la edición de agosto de 1955 de Tarjumán al-Qur’an y en las páginas 420-422 de la edición de febrero de 1956. Presento ambas revistas ante el tribunal.
En cuanto a la segunda parte de la acusación, en la que se habla de la organización de los trabajadores, exijo al Gobierno que presente un solo ejemplo que demuestre que Jamaat-e-Islami haya causado alguna vez disturbios con la ayuda de los trabajadores, haya realizado alguna huelga o haya provocado cualquier tipo de conflicto en una fábrica. No exijo muchos ejemplos, sino solamente uno. Que se sirvan citarlo. La realidad es que, después de la creación de Pakistán, cuando Jamaat-e-Islami observó que los activistas comunistas y sus «compañeros de viaje», los señores Rojos, se estaban infiltrando entre los trabajadores y habían comenzado una lucha de clases entre propietarios y trabajadores para preparar el terreno para la revolución comunista, estableció primero una política para los trabajadores y luego comenzó a actuar conforme a ella.
La política adoptada al respecto era la siguiente:
1. Debe eliminarse la idea de considerar a los trabajadores y a los propietarios de las fábricas —o, dicho de otro modo, a quienes aportan trabajo y a quienes se benefician de él— como dos clases separadas, enfrentadas y en conflicto. Debe fortalecerse la idea de que ambas clases forman parte de una misma sociedad y que, en lugar del conflicto entre ellas, debe establecerse la cooperación sobre la base de los principios islámicos de justicia, para que, como partes de esa sociedad, puedan contribuir a su progreso.
2. No debe permitirse que las disputas que surjan entre trabajadores y propietarios avancen hacia huelgas, cierres patronales y disturbios; para resolverlas, deben someterse a los tribunales conforme a las leyes vigentes en el país destinadas a eliminar tales conflictos.
3. Las modificaciones adicionales de la ley que sean necesarias para establecer la justicia en los asuntos industriales deben realizarse a través de la asamblea legislativa del país.
Esta política se ha expuesto detalladamente en las páginas 425-426 de la segunda edición del primer volumen de mi libro Rasā’il wa Masā’il, y en las páginas 37-38 de «¿Cuál es el programa de Jamaat-e-Islami?». De acuerdo con esta política, el Comité de Bienestar Laboral formado por Jamaat-e-Islami logró resolver mediante los tribunales, hasta 1958, innumerables conflictos industriales y, consiguiendo que se levantaran huelgas y cierres patronales en muchos lugares, encauzó esos conflictos industriales por la vía legal. Como resultado de este esfuerzo, se resolvieron judicialmente asuntos por valor de 9 millones de rupias, y cuando, tras la instauración de la ley marcial, la organización tuvo que suspender sus propias actividades, seguían en curso litigios por valor de 70 millones de rupias. Ya he dicho que durante todo ese período no se produjo ni un solo incidente como consecuencia del cual Jamaat-e-Islami hubiera provocado una huelga, un conflicto o disturbios en algún lugar. Si el Gobierno puede presentar algún caso semejante, debe hacerlo. Y si no puede presentarlo, le pediría que se abstuviera de formular acusaciones falsas contra ciudadanos pacíficos y respetuosos de la ley, tendiéndoles trampas para obtener beneficios políticos.
Jamiat-e-Talaba Islami
La cuarta acusación de su declaración es que «el amir de la Jamaat-e-Islami, con apoyo y cooperación activos, intentaba, con la ayuda de la Jamiat-e-Tulaba, organizar huelgas ilegales en las instituciones educativas y crear disturbios y desórdenes en los lugares públicos». En esta acusación, la Jamiat-e-Tulaba también ha sido considerada la contraparte de la Jamaat-e-Islami entre los estudiantes.
Esta acusación podrá formularse contra mí y contra la Jamaat-e-Islami únicamente cuando se demuestren dos cosas: primera, que la Jamiat-e-Tulaba haya promovido alguna vez una huelga ilegal en alguna institución o haya creado disturbios o desórdenes dentro de algún centro educativo; segunda, que en esta actividad hubiera alguna indicación mía o de la Jamaat-e-Islami. Afirmo enfáticamente que el Gobierno no podrá demostrar ninguna de estas dos cosas. Por eso ha recurrido a la Ordenanza de Seguridad Pública y a la Ley Penal modificada de 1908, para no tener que afrontar la molestia de presentar testigos y pruebas ante ningún tribunal y para evitar que una investigación judicial imparcial saque a la luz toda la verdad.
Aunque, en respuesta a esta acusación, bastaría con lo que he expuesto anteriormente, tengo ante mí el comunicado de prensa oficial emitido el pasado 6 de enero, cuando la Jamaat fue declarada ilegal y sus dirigentes fueron detenidos. En ese comunicado se ha trazado una imagen sumamente aterradora de la Jamiat-e-Tulaba y se ha intentado demostrar, con enorme empeño, que en realidad la Jamaat-e-Islami está provocando disturbios entre los estudiantes por medio de la Jamiat-e-Tulaba. Por ello no puedo limitarme a dar una respuesta breve a la acusación mencionada. Más bien quiero aclarar los hechos respondiendo detalladamente a las acusaciones expuestas en el comunicado de prensa.
La Jamiat-e-Tulaba se estableció hacia finales de 1947. Es un grupo de estudiantes de colegios y universidades que, además de estudiar ciencias, filosofía, economía, derecho, ingeniería, medicina y otras disciplinas modernas en las instituciones educativas de nuestro país, poseen una mentalidad y una perspectiva islámicas, se adhieren a valores morales y también procuran combatir el ateísmo, la irreligiosidad y la anarquía moral en sus respectivos centros educativos, así como despertar el espíritu islámico entre los estudiantes. Entre estos jóvenes encontrarán numerosos estudiantes que, al mismo tiempo que reciben una educación occidental moderna de alto nivel, también son devotos en la oración nocturna. Durante los últimos dieciséis años han realizado una labor enorme para proteger la fe y la integridad moral de la juventud y salvaguardarla de la avalancha de pensamientos ateos y actos inmorales. Hasta donde sé, afirmo con plena convicción que hasta hoy no han cometido ningún acto contrario a la ley. Por el contrario, han observado estrictamente el principio de limitar sus actividades dentro de los confines de las leyes y reglamentos. Me intereso por estos estudiantes debido a estas cualidades suyas. Pues quiero ver en este país jóvenes que, mientras alcanzan niveles cada vez más elevados de educación, sigan siendo también musulmanes firmes. Y esos estudiantes se interesan por mí precisamente porque esperan de mí que pueda ofrecerles, a la luz del islam, soluciones a los problemas de la vida moderna. La relación entre ellos y yo no está oculta a nadie, ni hay razón alguna para ocultarla.
Aunque la conexión que el comunicado oficial ha intentado establecer para demostrar que la relación entre la Jamaat-e-Islami y la Jamiat-e-Tulaba es más profunda y estrecha constituye una exageración extrema y gran parte de ella es contraria a la verdad, pregunto: aun si todo esto fuera cierto, ¿cuál sería el delito? Los jóvenes que estudian en nuestros colegios y universidades no son menores de edad. No viven en una selva, alejados de las ciudades y de las zonas habitadas. Leen todo tipo de libros. Leen los periódicos, asisten a reuniones y conferencias, y escuchan discursos. Son jóvenes adultos, educados y alfabetizados. Entonces, ¿cómo puede esperar una persona sensata que estos jóvenes permanezcan completamente desvinculados de los movimientos que se desarrollan en el país y de las ideas e ideologías que se difunden, sin que nada de ello ejerza influencia sobre ellos? En realidad, entre los estudiantes existen tantos grupos de distintas opiniones y seguidores de distintos caminos como personas de diferentes opiniones y caminos hay fuera de las instituciones educativas. Entre los estudiantes no existe únicamente una contraparte de la Jamaat-e-Islami; también se encuentran contrapartes de la Liga Awami, el Partido Nacional Awami, la Liga Musulmana, el Partido Nizam-e-Islam y el Partido Comunista, que actúa clandestinamente. Y ahora también está surgiendo —más bien ya ha surgido— una contraparte de la Liga de la Convención. Si esas contrapartes son legales, ¿cómo puede la existencia de una contraparte de la Jamaat-e-Islami llegar a considerarse un pecado?
Cualquiera que sea la naturaleza de la relación entre la Jamaat-e-Islami y la Jamiat-e-Tulaba, no puede aceptarse como fundamento para declararla ilícita ni para adoptar ninguna medida legal mientras no se demuestren las dos cuestiones antes mencionadas: primero, que la Jamiat-e-Tulaba haya cometido algún acto que constituya un delito conforme a la ley; y segundo, que dicho acto se haya realizado por indicación de la Jamaat-e-Islami.
En el comunicado oficial se han presentado, con gran esfuerzo, dos ejemplos de ello. El primero es que, durante el discurso del señor Zulfikar Ali Bhutto en febrero de 1962, la Jamiat-e-Tulaba provocó disturbios en la Universidad de Punyab y la Jamaat-e-Islami emitió instrucciones para provocarlos. Pero quienes redactaron y publicaron este comunicado olvidan que en febrero del 62 regía la ley marcial en el país. Tanto la Jamiat-e-Tulaba como la Jamaat-e-Islami eran ilegales. Y no se planteaba en absoluto la posibilidad de que un grupo provocara disturbios y otro grupo le diera instrucciones para hacerlo. Aun suponiendo que esto fuera cierto, ¿cómo puede explicarse que no se tomaran medidas contra ello conforme a la ley marcial? Dos grupos prohibidos actúan abiertamente: uno provoca disturbios y el otro da instrucciones para provocarlos. ¿Y, pese a ello, la ley marcial permaneció en silencio? ¿Pretende el Gobierno demostrar con esto la incompetencia de las autoridades de la ley marcial? A decir verdad, el hecho de que hoy, dos años después, se tome este suceso como base para emprender acciones contra mí y contra la Jamaat-e-Islami demuestra claramente que el Gobierno ha buscado y encontrado todas las excusas posibles para alzarse contra mí y contra la Jamaat-e-Islami. No obstante, si el Gobierno afirma que esto no es una excusa inventada, sino una verdad plena, debe presentar pruebas ante un tribunal público y demostrar que, en la reunión del señor Bhutto, primero fue la Jamiat-e-Tulaba la que provocó los disturbios y, segundo, que la Jamaat-e-Islami emitió las instrucciones. Este informe sospechoso e incompleto del departamento de inteligencia —que muchas veces se prepara deliberadamente para tenderle una trampa a alguien— jamás puede aceptarse como testimonio ni como prueba.
El segundo ejemplo presentado por el Gobierno es que los disturbios provocados recientemente por los estudiantes en Lahore y otros lugares fueron directamente resultado de la instigación de los seguidores de Jamaat-e-Islami. El Gobierno afirma que posee pruebas contundentes al respecto. Yo pregunto: si el Gobierno realmente dispone de tales pruebas, ¿por qué las ha mantenido ocultas? ¿Por qué no las presenta ante el tribunal para demostrar nuestra culpabilidad? En realidad, el Gobierno es enteramente responsable de estos acontecimientos. El propio Gobierno creó deliberadamente la tensión e incitó a los estudiantes. Él mismo agravó la situación hasta volverla terrible mediante una represión y unos abusos extraordinarios. Después, el propio Gobierno intentó por la fuerza cargar toda la culpa de esto sobre Jamaat-e-Islami. Sin embargo, desde el principio he dicho que Jamaat no tenía ni la más remota relación con estos disturbios. El asunto comenzó así: apenas dos días antes de las elecciones universitarias, Barakallah Khan, candidato a la presidencia de la Unión Universitaria cuyos documentos de candidatura habían sido debidamente aceptados, fue expulsado repentinamente de la universidad para que quedara automáticamente fuera de la contienda electoral. (Debe saberse aquí que Barakallah Khan no tenía ninguna relación con Jamaat-e-Islami ni con Jamiat-e-Talaba. Aunque en algún momento había sido miembro de Jamiat, esta lo había expulsado de sus filas.) Fue una injusticia y una persecución de tal magnitud que, naturalmente, provocó descontento entre los estudiantes, y todos los candidatos a los distintos cargos electorales —cerca de sesenta y cinco, entre los cuales se encontraba también el rival de Barakallah Khan— boicotearon las elecciones. Después, esos candidatos formaron por sí mismos un comité de acción. No había en dicho comité ni una sola persona que tuviera la más remota relación con Jamiat-e-Talaba o Jamaat-e-Islami. Fue precisamente este comité de acción el que decidió protestar contra la expulsión de Barakallah Khan. El mismo comité preparó un programa concreto de protestas, y el 4 de noviembre de 1963 la manifestación salió de la universidad por decisión suya. La policía permitió que la manifestación llegara hasta Charing Cross, incluso con sus altavoces. Después, de repente, sin ninguna advertencia ni aviso, cargó contra ellos con bastones y lanzó gases lacrimógenos. Esto puso a los estudiantes aún más tensos. Regresaron y presentaron una solicitud al vicerrector para que tomara medidas contra esta injusticia. Pero el señor vicerrector probablemente se consideraba impotente. Por eso, lejos de salir a tranquilizar a los estudiantes, se negó incluso a salir para enfrentarse con ellos. Naturalmente, esto provocó todavía más agitación entre los estudiantes, y un grupo de ellos entró en la oficina del vicerrector y comenzó allí los disturbios. El grupo de estudiantes que inició los disturbios estaba compuesto principalmente por estudiantes comunes. El Gobierno no posee, desde luego, ninguna prueba que demuestre la presencia allí de algún estudiante relacionado con Jamiat-e-Talaba. El 5 de noviembre, conforme al programa de este comité de acción, los estudiantes decidieron sentarse en la acera situada fuera de la universidad en señal de protesta. Solo se les concedieron dos minutos para dispersarse. Sin embargo, ninguna persona sensata puede imaginar cómo podía dispersarse en dos minutos una cantidad tan grande de estudiantes. Apenas transcurrieron los dos minutos, se llevó a cabo una brutal carga con bastones contra los estudiantes, y la policía entró en los terrenos de la universidad y comenzó una represión extrema.
¡Señor! Estos son los hechos reales, de los cuales se desprende que fueron las autoridades gobernantes quienes primero provocaron la tensión y que también son responsables de haberla agravado posteriormente. Lejos de poder implicar a Jamaat-e-Islami en todo este asunto, ni siquiera se puede demostrar que Jamiat-e-Talaba haya tenido responsabilidad alguna. Si el Gobierno está convencido de la veracidad de su afirmación y posee pruebas contundentes de que los partidarios de Jamaat-e-Islami incitaron públicamente a los estudiantes, debe presentarse valientemente. Debe informar qué miembros de Jamaat provocaron la tensión y cuál fue exactamente su papel, de palabra y de obra, en estos disturbios.
Creación de descontento entre las fuerzas armadas
Su quinta acusación es que «Jamaat está intentando crear descontento entre las fuerzas armadas mediante los discursos objetables de sus dirigentes». (Debe señalarse especialmente que entre las razones de los arrestos y las detenciones aparece la expresión “The Jamaat Attemption”). Esta es una acusación completamente vaga. No se sabe quién pronunció ese discurso objetable ni qué dijo en él. Aun si, a efectos del debate, se admitiera que algunos dirigentes pronunciaron discursos de esa índole, ¿por qué no se inició un proceso contra ellos? ¿Qué legitimidad hay para hacer responsable a toda Jamaat de los discursos de sus dirigentes? Jamaat nunca resolvió que debía crear descontento entre las fuerzas armadas. Yo mismo, como amir de Jamaat, tampoco di ninguna instrucción semejante. Si algunos dirigentes dijeron algo en sus discursos, ellos mismos eran responsables de sus propios discursos.
Pero lo sorprendente es que, en el comunicado de prensa del Gobierno del 6 de enero, solo se acusó al señor Mian Tofail Muhammad de haber pronunciado un discurso de ese tipo en Mianwali el 7 de septiembre, mientras que usted, como motivo de los arrestos y las detenciones, ha acusado a los dirigentes de Jamaat de haber pronunciado tales discursos. ¿Cómo explicará usted esta contradicción manifiesta entre las dos declaraciones oficiales? ¿No queda claro con ello que todas estas acusaciones se están presentando sin investigación alguna? Y, al formular una acusación, ¿no se recordó que apenas unos días antes el propio Gobierno había declarado, por boca del honorable señor Gobierno, algo completamente diferente?
Liderazgo no islámico
Las acusaciones anteriores fueron las que usted formuló contra Jamaat-e-Islami y, por medio de ella, contra mí. En esta sexta acusación, usted me acusó directamente de que «en los discursos pronunciados en mis diversas reuniones públicas declaré que el liderazgo de la nación era no islámico y satánico». Mi respuesta es la siguiente: en cuanto a la palabra “satánico”, quiero decir que nunca la he utilizado y que tampoco estoy acostumbrado a emplear ese tipo de palabras para expresar desacuerdo con alguien. Sin embargo, respecto de quienes tienen en sus manos la autoridad de Pakistán, he declarado públicamente y sigo afirmando que no actúan conforme al islam; por tanto, su liderazgo es no islámico. Como dirigente de un partido de oposición, tengo el derecho legal y democrático de criticar a los dirigentes que ejercen el poder y sus actos. No estoy dispuesto en absoluto a renunciar a este derecho. Dígaseme: ¿en virtud de qué ley puede considerarse delito expresar esta opinión?
Artículos de Tarjumán al-Qurán
Su última acusación es que, en el número del 1 de octubre de 1963 de mi revista mensual Tarjumán al-Qurán, publiqué un artículo contra Irán y su familia real. Usted también ha afirmado que mi intención al publicar dicho artículo era asestar un golpe en la raíz de las relaciones amistosas entre Pakistán e Irán, su amigo tradicional. Al respecto, expongo lo siguiente:
1. El artículo al que usted se ha referido es un resumen de varios artículos publicados por destacados ulemas de Irak e Irán. Uno de ellos es una carta escrita sobre la situación detallada de los ulemas iraníes contemporáneos. La carta fue escrita en nombre de un destacado erudito chií, as-Sayyid Abul Qasem al-Joi. Fue impresa en la imprenta an-Nu’man de Nayaf al-Ashraf. Su título era: «Risalatun min Ulamá-i Irán».
El autor del segundo opúsculo fue el propio as-Sayyid al-Joi. En él analiza la creciente influencia de los judíos en Irán y advierte al Gobierno iraní que adopte precauciones al respecto. El título de este opúsculo era: «Tasrihatun Nazirátul lil-Ummil Joi».
El tercer opúsculo constituye otra fuente del artículo mencionado. Se titulaba: «Kifahul Ulamá-il-A’lam». Fue publicado por la Zaqafat-e Islamia de Kerbala. En este opúsculo se ofrece un relato detallado, con fechas documentadas, de los acontecimientos ocurridos en Irán.
2. Después de la publicación del artículo mencionado, recibí una respuesta de la embajada iraní y también la publiqué en el número de diciembre de 1963 de mi revista. (Se presentó un ejemplar de ese número para la consideración del tribunal, y llamo especialmente su atención sobre las observaciones editoriales relacionadas con dicho artículo). Ahora bien, si una revista o un periódico publica las declaraciones de ambas partes, ¿qué acusación puede formularse contra los principios universalmente reconocidos del periodismo?
3. Puedo mencionar al menos cincuenta artículos publicados por diversas imprentas de Pakistán contra Turquía, Egipto, Jordania, Arabia Saudita, Irak, Kuwait y otros países, de naturaleza similar o mucho más críticos que este. Incluso en esos artículos se hicieron comentarios sobre la vida personal de los gobernantes de los países mencionados. En prisión no puedo reunir los antiguos archivos de esas revistas y periódicos. Pero, si se me diera la oportunidad, podría reunirlos y presentarlos para su consideración. Ahora la pregunta es: ¿es Irán el único amigo de Pakistán? ¿O también los países mencionados anteriormente han sido reconocidos como nuestros amigos? Y si se los ha considerado amigos de Pakistán, ¿por qué no se adoptaron medidas contra esas revistas y periódicos que los criticaron? ¿Y qué justificación hay detrás de las medidas adoptadas contra Tarjumán al-Qurán?
He sabido que, después de que se suspendiera la publicación de Tarjumán al-Qurán, también se clausuró el semanario «Al-Mimbar» de Lyallpur. El periódico había escrito contra los Estados Árabes Unidos. Esto se hizo para demostrar que anteriormente no se había adoptado ninguna medida meramente discriminatoria. Pero «Al-Mimbar» no fue el único que publicó escritos de ese tipo. Ya he dicho que estoy dispuesto a presentar al menos cincuenta ejemplos de esta clase. Entonces, ¿se restablece el equilibrio simplemente adoptando medidas contra otro periódico?
4. La publicación de Tarjuman-ul-Qurán ya había sido suspendida anteriormente por publicar el artículo mencionado. Ahora, ¿acaso arrestarme y mantenerme detenido por el mismo delito tiene como objetivo hacer justicia o tomar represalias?
5. Yo soy el único responsable de la publicación del artículo mencionado en Tarjuman-ul-Qurán. Yo soy el propietario de esta revista y yo soy su editor. La he publicado desde 1932, nueve años antes de la fundación de la Jamaat-e-Islami. La Jamaat no tiene relación alguna con su propiedad, edición, administración, ganancias o pérdidas. La dirigí conforme a mi situación y capacidad personales. Ahora, por la publicación de un artículo en una revista de esta naturaleza, el Gobierno responsabilizó a la Jamaat-e-Islami, la declaró ilegal y encarceló a más de un centenar de sus dirigentes. ¿Acaso esto no demuestra que el Gobierno ha arrojado por la borda todos los valores de la justicia y la decencia? ¿Y que se ha propuesto imponer por la fuerza a los dirigentes de la Jamaat culpas que ellos no cometieron?
6. ¿Cómo supo usted que mi propósito al publicar el artículo mencionado era asestar un golpe de hacha a la raíz de las relaciones de amistad entre Pakistán e Irán? En todo el mundo se acepta como principio que, cuando el Gobierno de un país sigue una política de opresión contra su pueblo y este se encuentra en una situación de indefensión, la presión de la opinión pública internacional puede hacer que dicho Gobierno comprenda la necesidad de cambiar la política que ha seguido y establecer la justicia. Los habitantes de Irán son nuestros hermanos musulmanes y, naturalmente, sentimos por ellos un profundo amor y simpatía. Cuando supe, por medio de los escritos de los ilustres ulemas de Irán e Irak, que se estaba cometiendo una injusticia contra el pueblo, publiqué un resumen de esos escritos con el propósito de ejercer nuestra fuerza moral sobre el Gobierno iraní para que estableciera la justicia. Ya he mencionado que, con este mismo propósito, dirigentes influyentes del vecino Estado de Irak publicaron esos folletos. En realidad, el propósito que se me ha imputado jamás ocupó siquiera el menor espacio en mi mente. Ni siquiera la más tenue sombra de la idea de «asestar un golpe de hacha a la raíz de las relaciones entre Pakistán e Irán» entró jamás en el ámbito de mis pensamientos. Sin embargo, para ofrecerme como víctima en el bloque de sacrificio, el Gobierno primero tergiversó de manera extrema un principio internacional universalmente aceptado y después formuló una acusación vergonzosa contra toda la Jamaat, como quedó muy claro en la nota de prensa del 6 de enero de 1964. Así se difamó a la Jamaat antes de colgarla en el patíbulo. Pero ¿no basta esta extraña conducta del Gobierno, tan dispuesto a cargar sobre nuestras cabezas cualquier conspiración y a colocarnos cualquier sombrero?
En la discusión anterior demostré que las siete acusaciones que usted presentó contra mí eran todas falsas. Lamento haber tenido que pronunciar en esta discusión tantas palabras amargas que desagradan al Gobierno. Pero me obligaron a hacerlo. Pues ¿cómo podría admitir acusaciones falsas e inventadas? Por eso dije claramente que las razones alegadas para arrestarme y mantenerme detenido no eran las verdaderas razones. Detrás de esta medida del Gobierno hay otros motivos. Al Gobierno le avergüenza expresarlos. Por eso se formularon acusaciones inventadas para ocultar las verdaderas razones.
| Cárcel del Distrito, Lahore 24 de febrero de 1964. | Suyo fielmente, Abul A’la Maududi 7-3-64 Firmado: G. A. Ali, Superintendente, Cárcel del Distrito, Lahore. |
Respuesta adicional a la tercera acusación
Señor juez S. A. Mahmud,
Presidente de la Junta de Revisión de los Prisioneros Políticos, Lahore
Señor:
Deseo adjuntar las siguientes respuestas a la respuesta que presenté anteriormente, el 24 de febrero de 1964, al cargo n.º 3 del Gobierno.
Como estoy encarcelado y mi oficina privada ha sido cerrada con llave, no pude obtener una parte importante de los elementos necesarios para refutar los cargos presentados contra mí. No obstante, con gran dificultad logré conseguir un folleto. Se titula «Actas de la Majlis-e-Shura de la Jamaat-e-Islami de Pakistán». Esta shura se celebró del 15 al 19 de abril de 1951. Fue publicado en abril de 1951 por el Departamento de Organización de la Jamaat-e-Islami. En este folleto se describe el método de trabajo de la Jamaat-e-Islami entre los trabajadores (véanse las páginas 53-60). Esta descripción de la política de la Jamaat-e-Islami refuta por completo el cargo presentado contra ella, según el cual se infiltra en las organizaciones obreras y «las incita a crear disturbios».
En abril de 1951, la Majlis-e-Shura decidió por primera vez que la Jamaat debía interesarse por los problemas de los trabajadores, y se me delegó, como Amir de la Jamaat, la autoridad para determinar un método de trabajo al respecto. En virtud de la autoridad que se me concedió, emití las siguientes instrucciones:
«Si algún grupo de trabajadores ha expresado el deseo de que organicemos a los trabajadores y les proporcionemos liderazgo, se le debe informar claramente desde el principio que solo podemos organizarlos y dirigir el movimiento para lograr sus reivindicaciones bajo la condición de que-
(a) sus reivindicaciones sean legales y justas, y sus quejas sean verdaderas y legítimas. Nunca podemos apoyar sus reivindicaciones injustas e ilegales ni sus quejas ilegítimas.
(b) deben estar dispuestos a someter su movimiento, destinado a lograr el cumplimiento de sus reivindicaciones, a los límites de un método de acción pacífico, justo y digno. No nos gustan las protestas de ninguna clase, los disturbios ni el vandalismo.»
(g) No podrán limitar sus actividades a la satisfacción de sus propios intereses, sino que, al mismo tiempo, deberán estar dispuestos a mejorar su propia condición moral y religiosa.”
En esa misma directriz, al tratar sobre el método de trabajo y la forma de organización de unidades obreras de este tipo, escribí: En primer lugar, debe despertarse entre los trabajadores la conciencia moral y religiosa. Después, las siguientes ideas deben arraigarse gradualmente en sus mentes:
1. Todos los medios y recursos, así como la riqueza de este país, cualquiera que sea su forma (tierras, industrias, propiedades, etc.) y quienquiera que los controle, son en realidad un patrimonio nacional y un fideicomiso; preservar, enriquecer y desarrollar este patrimonio de la nación es un deber moral y nacional de cada ciudadano del país.
2. Son enemigos —no sólo enemigos de sí mismos, sino también del país y de la nación— quienes, directa o indirectamente, están dispuestos a perjudicar y destruir el patrimonio nacional siguiendo el camino de la destrucción y la anarquía.
3. Como musulmanes, somos siervos de Dios, seguidores del Hazrat Muhammad (la paz sea con él) y obedientes a la ley del Corán. Por muy urgente que sea nuestra necesidad y por muy justa que sea nuestra reivindicación, no nos está permitido, como musulmanes, transgredir en ninguna circunstancia los límites establecidos por Dios y Su Mensajero (la paz sea con él). Mientras seamos musulmanes, no podemos correr como un caballo sin riendas.
4. Como musulmanes, no podemos adoptar ninguna filosofía o doctrina distinta del islam para resolver nuestros problemas. Tampoco existe necesidad alguna de hacerlo, pues el islam posee la capacidad y la facultad de resolver todos nuestros problemas de la mejor manera posible. (A este respecto, los trabajadores y obreros deben adquirir un conocimiento general de las enseñanzas fundamentales del islam y un conocimiento detallado sobre la solución de los problemas obreros. De este modo, podrán ser conscientes de sus derechos y deberes y formarse una idea correcta de las facilidades y beneficios que el islam les concede incluso antes de que los soliciten.)
5. Las distintas partes y grupos de la sociedad son como los diversos órganos del cuerpo humano. Así como cada órgano del cuerpo humano coopera con los demás y, si entablaran disputas y guerras entre sí, ninguna persona podría sobrevivir, del mismo modo, ninguna sociedad puede subsistir cuando sus distintos componentes están dominados por el odio, el rencor, la enemistad, la rivalidad, la lucha de clases, los conflictos entre grupos y la mentalidad de oponerse unos a otros. Una sociedad sana sólo puede establecerse sobre la base del amor, la ayuda mutua, la cooperación y la justicia.
6. Es completamente errónea, inhumana, nacida de la crueldad e injusta la mentalidad de quien sólo exalta su propio derecho y el deber ajeno, mientras ignora por completo su propio deber y los derechos de los demás. En realidad, cada persona tendrá que rendir cuentas ante Dios de sus deberes y de los derechos de los demás.
Hace trece años, cuando la Jamaat comenzó a trabajar entre los obreros, se presentaron las citas anteriores sobre las actividades de la Jamaat entre los obreros, tomadas de un folleto publicado en aquella época. Desde el principio adoptamos un método de trabajo claro. El Gobierno no puede decir que desconocía este informe ni que ignoraba la política laboral de la Jamaat. ¿Acaso no es lamentable que, incluso después de esta declaración clara de la Jamaat, el Gobierno haya satisfecho ciegamente la resistencia política y la hostilidad del partido gobernante y nos haya imputado una acusación falsa, irracional, infundada y otras acusaciones: que queremos tomar el poder provocando descontento entre los obreros?
| Cárcel del Distrito, Lahore 3 de marzo de 1964 | Suyo fielmente Abul A‘la Maududi Firmado: G. A. Marí, 7-3-64 Superintendente Cárcel del Distrito, Lahore. |
La respuesta que Maulana Maududi dio al secretario de Asuntos Exteriores del Gobierno de Pakistán Occidental y presidente de la Junta de Revisión de Prisioneros Políticos, el juez S. A. Mahmud, fue tan lógica, conforme a la ley y erudita que no solo demostró que las acusaciones de los denunciantes eran infundadas y malintencionadas, sino que también puso de manifiesto la verdadera enfermedad de la mente dominada por el odio de la parte contraria. El sector interesado, es decir, la Liga de la Convención en el poder, al presentar semejantes acusaciones ridículas en nombre del Gobierno de Pakistán, convirtió a un gobierno constituido en objeto de burla ante el pueblo, la sociedad ilustrada, los juristas y el mundo exterior.
Los dirigentes cachemires responden a las acusaciones
El ex presidente de Azad Jammu y Cachemira, señor Sardar Muhammad Ibrahim Khan, declaró en un comunicado:
«Todas las acusaciones formuladas contra Maulana Maududi en relación con la yihad de Cachemira carecen por completo de fundamento. Cuando Maulana Maududi fue enviado a prisión en 1994 basándose en estas acusaciones, yo era el presidente de este Estado. Investigando dichas acusaciones, descubrí que no contenían ni el menor ápice de verdad. No puede albergarse ninguna duda sobre el patriotismo de Maulana Maududi, su lealtad al Estado y su pleno apoyo al movimiento por la independencia de Cachemira». (APP, diario Kohistan, Rawalpindi, 8 de noviembre de 1963). El ex presidente de Azad Jammu y Cachemira, señor Syed Ali Ahmad Shah, declaró:
«No es correcto convertir la yihad de Cachemira en objeto de controversia, ni declarar una y otra vez que Maulana Maududi se opone a la yihad de Cachemira. Esto perjudica el objetivo de Cachemira. Hasta hoy, todos los partidos del país han coincidido respecto de Cachemira. Maulana Maududi siempre ha apoyado el derecho de autodeterminación y el plebiscito para el pueblo del Estado de Jammu y Cachemira, y, insha’Allah, continuará apoyándolos en el futuro. También sé con certeza que Maulana Maududi se opone firmemente a la división de Cachemira. Todos los Estados musulmanes del mundo sostienen esta misma opinión sobre el problema de Cachemira. En 1948, cuando se libraba la yihad en Cachemira, Maulana Maududi y la Jamaat-e-Islami, con mi autorización, distribuyeron dinero en efectivo y suministros entre el ejército de Azad Cachemira. Maulana Maududi nunca se opuso al derecho de autodeterminación y al plebiscito de los cachemires, ni se opone ahora. Tengo la firme convicción de que, si ahora o en el futuro las Naciones Unidas o la India violaran o rechazaran las resoluciones del Consejo de Seguridad, Maulana Maududi ciertamente aconsejaría y emitiría una fetua a Pakistán y a los demás Estados musulmanes para que emprendieran la yihad». (Anjam, Peshawar, 1 de diciembre de 1963)
Declaración del líder cachemir Chaudhry Ghulam Abbas:
«Rawalpindi, 2 de febrero de 1964. Hoy se celebró aquí, en el salón de la Biblioteca Pública, una sesión presidida por el señor Raja Muhammad Haidar Khan, presidente de la Conferencia Musulmana de todo Jammu y Cachemira. En dicha sesión participaron doscientos consejeros procedentes de Azad Cachemira. En el discurso que pronunció durante la sesión, el Qaed-e-Millat Chaudhry Ghulam Abbas dijo: “Hemos recibido, en nombre de los consejeros de la Conferencia Musulmana, una notificación en la que se solicita que, durante la sesión de consejeros, se apruebe una resolución de condena contra las restricciones impuestas a la Jamaat-e-Islami y contra el arresto de sus dirigentes. Considero necesario dejar claro ante todos los miembros del Consejo General que no tenemos ninguna relación con la política interna de Pakistán. Sin embargo, debemos expresar nuestra opinión sobre los asuntos relacionados con el problema de Cachemira.”»
«Es una verdad universalmente reconocida que todas las personas relacionadas con la Jamaat-e-Islami son patriotas; es más, son los más patriotas. En realidad, en el país solo había un partido que se esforzaba organizadamente y por medios legales por establecer una democracia islámica. En lo referente al problema de Cachemira y a la obtención del derecho de autodeterminación de los cachemires, todos nosotros —incluso con todos los esfuerzos de nuestro Gobierno— no hemos podido hacer lo que Maulana Maududi hizo por sí solo. Por medio de la Liga del Mundo Islámico, formada por Estados islámicos, Maulana Maududi llevó el problema de Cachemira ante las naciones del mundo y obtuvo apoyo para nuestra autodeterminación, que es lo que Pakistán desea. Además, Maulana Maududi era miembro del Comité de Cachemira. También en este aspecto trabajó él solo más que todos nosotros juntos. En una declaración, en la que garantizaba ayuda y apoyo en nombre de su Jamaat, dijo —esta declaración fue publicada en los periódicos el 1 de enero de 1964—: “El Gobierno debe adoptar medidas prácticas respecto al problema de Cachemira”. Pero el Gobierno de Pakistán adoptó inesperadamente una medida práctica de tal naturaleza que, al arrestar a Maulana Maududi y a los dirigentes de la Jamaat-e-Islami, acalló su voz, causando un daño irreparable a los habitantes de Cachemira.»
«Además, nadie ignora que actualmente, entre todos los partidos políticos de la Cachemira ocupada, la Jamaat-e-Islami es el único partido verdaderamente sólido. Sus ramas se han extendido de aldea en aldea. Por esta razón, imponer restricciones a un partido pacífico y democrático como la Jamaat-e-Islami en un país islámico y democrático como Pakistán provocará inevitablemente en el corazón del pueblo cachemir odio contra Pakistán.»
«Actualmente, el ambiente sereno y apacible de Cachemira se ha convertido en un polvorín encendido, y si Pakistán realmente desea obtener Cachemira, jamás se presentará un momento más propicio que este. En este momento debía haberse contado con el apoyo y la cooperación sinceros y unidos de toda la nación pakistaní. El Gobierno de Pakistán había logrado obtenerlos. Pero es motivo de pesar para nosotros que, precisamente en este momento, al imponer restricciones a Maulana Maududi y a la Jamaat-e-Islami, el Gobierno se haya privado a sí mismo de esa ayuda y cooperación. Esto demuestra que el Gobierno no desea adoptar ninguna medida efectiva al respecto.»
«Si el Gobierno de Pakistán alberga sinceridad respecto al problema de Cachemira, entonces exigimos que Maulana Maududi y los dirigentes de la Jamaat-e-Islami sean puestos en libertad incondicionalmente y que se levanten las restricciones impuestas a la Jamaat-e-Islami.»
Todo el Consejo expresó unánimemente su apoyo al discurso anteriormente citado del Qaed-e-Millat y exigió al Gobierno de Pakistán y al presidente, mariscal de campo Muhammad Ayub Khan, que Maulana Maududi y los dirigentes de la Jamaat fueran puestos en libertad y que se levantaran las restricciones impuestas a la Jamaat-e-Islami. (Semanario Pak-Cachemira, Rawalpindi, 6 de febrero de 1964).
Liberación de Maulana y de los dirigentes de la Jamaat
Cabe señalar que, inmediatamente después de que Jamaat-e Islami fuera declarada ilegal el 6 de enero de 1964, fueron arrestados el Maulana Sayyid Abul A‘la Maududi (emir de Jamaat-e Islami de Pakistán) y 13 dirigentes de Jamaat de Pakistán Occidental. Los dirigentes de Pakistán Oriental fueron puestos en libertad al cabo de seis o siete meses. Sin embargo, incluso después del claro veredicto del Honorable Tribunal Supremo del 25 de septiembre de 1964, los dirigentes de Pakistán Occidental, incluido el Maulana Maududi, fueron mantenidos injusta e ilegalmente en prisión. Por supuesto, contra esta orden de detención injusta se presentó un recurso de hábeas corpus ante el Tribunal Superior de Pakistán Occidental.
El 9 de octubre de 1964, el Tribunal Superior de Pakistán Occidental declaró en su sentencia: «La detención de los dirigentes ha sido totalmente injusta e ilegal». El Honorable Tribunal Superior ordenó al Gobierno poner inmediatamente en libertad a los dirigentes.
Por orden del Tribunal Superior, después de que el Maulana Maududi y los demás dirigentes de Jamaat hubieran cumplido más de nueve meses de prisión sin haber cometido delito alguno, tuvieron la oportunidad de regresar al aire libre del mundo. Los habitantes de Lahore esperaban en la puerta de la cárcel para dar una cálida bienvenida al Maulana. Finalmente, después de las tres de la madrugada, se abrió la puerta de la prisión; el Maulana salió y se organizó una enorme procesión en su honor. El grito de victoria de la verdad volvió a resonar, mientras el globo de la mentira se desvanecía en el vasto firmamento.
El papel del Maulana Maududi y de Jamaat-e Islami en la pasada guerra entre Pakistán y la India
El 6 de septiembre de 1965, la India imperialista atacó Pakistán por tierra y aire sin declarar la guerra. Las tropas indias, con tanques, vehículos blindados y armamento pesado, cruzaron la frontera de Wagah, al este de Lahore, y avanzaron hacia la ciudad. Desde el final de la noche se oía el estruendo atronador de los cañones y los disparos indios. Sin embargo, los habitantes de Lahore no conocieron lo que realmente ocurría hasta antes de las nueve de la mañana del día siguiente.
El 5 de septiembre, en Rawalpindi, se reunieron los dirigentes, entre ellos el líder cachemir Chaudhry Ghulam Abbas, el Maulana Maududi, Muhammad Ali, Nawabzada Nasrullah Khan y Sardar Shaukat Hayat Khan. A la mañana siguiente, el 6 de septiembre, en cuanto se recibió la noticia de la guerra, a las ocho de la mañana el Maulana Maududi partió hacia Lahore.
Poco antes del mediodía, el señor Sayyid Munir Husain, secretario del Departamento de Información del Gobierno de Pakistán Occidental, informó por teléfono en la residencia del Maulana que el presidente de Pakistán había convocado a los dirigentes de los partidos de oposición a reunirse a las siete de la tarde en su residencia de Rawalpindi. El Maulana Maududi todavía no había podido llegar a Lahore. El secretario de Información solicitó que, tan pronto como el Maulana llegara a Lahore, se le informara, y entonces enviaría un vehículo oficial para que pudiera dirigirse a Pindi.
En cualquier caso, el Maulana se entrevistó con el presidente y le informó de que, en aquel momento de extrema crisis nacional, él y su Jamaat estaban preparados en todo momento para prestar cualquier servicio y realizar cualquier sacrificio.
No hace falta decir que, cuando la opresión y la persecución ejercidas por la India imperialista contra los musulmanes cachemires alcanzaron su punto máximo, las masas musulmanas oprimidas declararon la yihad, hacia finales de agosto, para defenderse. Maulana Maududi ya había hecho un ferviente llamamiento al pueblo de Pakistán para que prestara toda clase de ayuda a los muyahidines cachemires, y había ordenado a todos los trabajadores de Jamaat-e-Islami que se adelantaran en este asunto. Posteriormente, bajo el nombre de «Fondo para la Yihad de Cachemira», los miembros de Jamaat comenzaron campañas de recaudación de fondos en Pakistán Oriental y Occidental. No solo se recaudaba dinero en efectivo, sino también diversos artículos necesarios. El pueblo, por su parte, donaba generosamente y comenzó a dar muestras de un sacrificio y una entrega sin precedentes.
Maulana Maududi no se limitó a hacer esto. Escribió a cerca de un centenar de ulemas, pensadores, dirigentes y editores de periódicos de todo el mundo musulmán, solicitando toda clase de ayuda para la yihad de Cachemira. Su carta de solicitud fue publicada en numerosas revistas y periódicos del mundo musulmán. Como resultado, se produjo una gran conmoción en todas partes y, conforme al llamamiento del Maulana, comenzaron rápidamente las labores.
Cuando la India atacó directamente el territorio pakistaní el 6 de septiembre de 1965, el Maulana hizo el siguiente llamamiento al pueblo de Pakistán:
«Hoy, después de que las tropas indias hayan tenido la osadía de cruzar la frontera de Wagah y avanzar hacia Lahore, la guerra ya no está limitada a Jammu y Cachemira; más bien, ha comenzado una guerra en toda regla entre ambos países. Y ha sido iniciada sin declaración alguna. Ahora es deber religioso de todo ciudadano pakistaní prepararse para matar y morir, ciñéndose el sudario a la cabeza, y proteger con su vida y sus bienes cada centímetro de esta tierra sagrada. Desde luego, no cabe duda de que, por la gracia de Dios, los miembros de nuestro ejército son muy valientes y tenemos plena confianza en su heroísmo. Sin embargo, cuando se ataca cualquier parte del país, resistir el ataque no se convierte en un deber religioso únicamente para el ejército, sino que, conforme a las instrucciones de Allah y Su Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él), se convierte en un deber religioso para todo musulmán. Por ello, hago un llamamiento a todos los musulmanes de Pakistán para que se mantengan completamente unidos, se alcen por la seguridad de este país y estén preparados para toda clase de sacrificios. Después de esto, Maulana Maududi pronunció cinco discursos a través de Radio Pakistán para inspirar a la nación con el espíritu de la yihad. El Gobierno de Pakistán imprimió los discursos en forma de folleto y los distribuyó entre el pueblo y el ejército. No sería exagerado decir que los discursos del Maulana sobre la yihad infundieron en el ejército, en los habitantes de las zonas fronterizas y, en general, en toda la nación, una fuerza indomable y sin precedentes para la yihad por la causa de Allah. Después del alto el fuego, a comienzos de diciembre, fuimos a visitar los frentes de batalla. Incluso entonces, en los barracones de nuestros hermanos soldados del histórico frente de batalla del sector de Chawinda —al que expertos extranjeros han llamado el «Cementerio de los tanques indios»—, vimos ejemplares del folleto de los discursos del Maulana sobre la yihad.»
El viaje de Maulana Maududi al Azad Cachemira
Desde Muzaffarabad, Maulana Maududi pronunció, a través de Radio Azad Cachemira, un discurso lleno de argumentos irrefutables y datos sobre el problema de Cachemira. Después visitó diversas zonas de combate de Azad Cachemira junto con el secretario general de Jamaat-e-Islami y varios responsables de la oficina central de Jamaat, y exhortó a todos a fortalecer su relación con Dios y mantener firme la moral. El viaje del Maulana a Azad Cachemira infundió gran ánimo y entusiasmo en el pueblo, los muyahidines y el Gobierno de Azad Cachemira.
Posteriormente, a petición del Gobierno de Azad Cachemira, Jamaat-e-Islami asumió toda la responsabilidad de atender y tratar a los miles de refugiados procedentes de la Cachemira ocupada y de la India, así como a los soldados heridos en la guerra. Para ello, estableció ocho centros médicos en los distritos de Poonch y Mirpur y asumió todos sus gastos. Jamaat se encargó de conseguir los médicos y demás empleados necesarios para esta labor. Este servicio funcionó de manera ininterrumpida desde noviembre de 1965 hasta junio de 1966.
A continuación se reproduce la carta que el Gobierno de Azad Cachemira entregó al señor Syed Siddiqul Hasan Gilani, director del Departamento de Socorro de Jamaat, para expresar su agradecimiento por los servicios prestados por Jamaat-e-Islami:
Copia de la carta
N.º INF/519/66
CASA DEL PRESIDENTE
MUZAFFARABAD
FECHADO EL 5 DE ABRIL DE 1966
SAYED SIDDIQUL HASAN GILANI, SR.
ORGANIZADOR, UNIDADES MÉDICAS.
JAMA’AT-I-ISLAMI PAKISTÁN
ICHHRA, LAHORE
Sírvase consultar su carta n.º… de fecha 25.2.66 sobre la clausura de las unidades médicas establecidas por la Jamaat-i-Islami en Azad Kashmir durante el pasado noviembre de 1965.
El señor Presidente del Gobierno de Azad del Estado de Jammu y Cachemira me ha encargado transmitir, en su nombre, su gratitud por la inestimable asistencia y cooperación prestadas por la Jamaat-i-Islami en todos los asuntos, y particularmente en el ámbito médico. Sin duda, el apoyo de la Jamaat-i-Islami ha sido motivo de gran alivio para las víctimas de la barbarie de las fuerzas indias y de los Jana Sanghis al otro lado de la Línea de Alto el Fuego.
También me ha encargado solicitarle que tenga a bien transmitir los sentimientos de agradecimiento a los médicos y demás miembros de las unidades médicas que trabajaron en Azad Kashmir en condiciones sumamente difíciles y atendieron a los refugiados con considerable sacrificio personal.
- M.., Hashmi
Secretario del Gobierno
Gobierno de Azad de Jammu y Cachemira.
También presento a los lectores un breve resumen de esta labor de servicio.
De las ocho unidades médicas mencionadas anteriormente, durante los últimos ocho meses se atendió en total a 202.836 personas (doscientas dos mil ochocientas treinta y seis). Cabe señalar que, para las labores de socorro, la Jamaat-e-Islami recaudó un total de 295.168,68 rupias. De esa suma, se entregaron en efectivo 125.000 rupias al presidente de Azad Kashmir. Se asignaron 75.511,00 rupias a las unidades médicas; se entregaron 3.637,89 rupias a los estudiantes; 2.100,00 rupias fueron proporcionadas por Lahore para los refugiados de guerra; 19.044,85 rupias se mantuvieron como reserva en el Habib Bank; 5.985,00 rupias se destinaron a las asignaciones de los empleados; 28.551,23 rupias se gastaron en la compra de artículos necesarios, como edredones, colchones, utensilios, etc.; 8.734,26 rupias en transporte, desplazamientos, embalaje, etc.; 1.811,48 rupias en asignaciones para los voluntarios; y 2.638,80 rupias en lavar la ropa y reparar y comprar calzado. Después de deducir los demás gastos diversos, quedaron 1.188,44 rupias en el fondo de socorro de la Jamaat.
Además de las actividades médicas, se reunieron cantidades suficientes de toda clase de artículos de uso diario para más de cien mil muhajires y se enviaron a Azad Kashmir. No hubo ningún artículo necesario para las personas que no les fuera proporcionado. Incluso se entregaron varios cientos de cajas de hojalata galvanizada llenas de valiosos regalos de boda para los novios y las novias muhajires, a fin de que en las bodas de los desplazados pudiera aparecer al menos una sonrisa de alegría.
Después de satisfacer las necesidades de Azad Kashmir, se devolvieron a la oficina de la Jamaat en Rawalpindi dieciséis camiones cargados de suministros, que posteriormente fueron distribuidos entre las personas afectadas por la guerra en el sector de Sialkot. El valor de los artículos de socorro reunidos por los trabajadores de la Jamaat, tras el ferviente llamamiento del Maulana Maududi al público musulmán, no fue inferior a tres o tres millones y medio de rupias.
Además, los trabajadores de la Jamaat recaudaron en efectivo 558.645,38 rupias para el «Fondo de la Yihad de Kashmir», el «Fondo de Defensa de Pakistán» y la ayuda a las personas sin hogar (quinientas cincuenta y ocho mil seiscientas cuarenta y cinco rupias con treinta y ocho paisas). Muchos trabajadores de la Jamaat prestaron sus servicios en el campo de batalla. En algunos frentes de guerra se encargaron de proporcionar alimentos y bebidas a los soldados y montaron guardia por la noche para proteger las vías férreas. Impulsado por la yihad, un amir de distrito de la Jamaat-e-Islami repitió el ejemplo de Hazrat Siddiq Akbar (que Allah esté complacido con él), el primer califa del islam. Donó generosamente para la yihad todos los muebles de su casa, hasta su último centavo. [Pero es una gran verdad que la sociedad contraria al islam no puede tolerar a quienes consideran a Allah su único Señor y sacrifican sus vidas y bienes por Su causa. También en este caso se repitió la historia. Las autoridades del distrito comenzaron a ordenar el encarcelamiento de este hombre muyahid, implicándolo sucesivamente en casos políticos. Cabe señalar que, durante el gobierno de Bhutto, era un orador franco de la oposición. Por ello se convirtió en víctima de la conspiración del gobierno de Bhutto y alcanzó el martirio por las balas de un asesino. Era el Dr. Nazir Ahmad, elegido miembro de la Asamblea Nacional en 1970.]
Llamamiento a la unidad durante la guerra
El Maulana Maududi reunió primero a todos los dirigentes de los partidos de la oposición y formó un comité conjunto de guerra; todas las actividades del comité se realizaban en la oficina central de la Jamaat. Este comité informó al Gobierno de que prestaría toda clase de cooperación incondicional respecto a la guerra.
Los servicios de Pakistán en el mundo exterior
Después de que India atacara directamente a Pakistán, el Maulana Maududi envió a varios periódicos de los países musulmanes, para su publicación, una carta abierta dirigida a las naciones musulmanas de todo el mundo. Fue publicada oportunamente en casi todos los periódicos. A continuación se reproduce una copia de la carta:
«La India imperialista se ha quitado la máscara de pacifismo y neutralidad y ha atacado Pakistán desde todos los frentes con numerosos soldados equipados con armas modernas. La única razón posible de este bárbaro ataque es que los musulmanes oprimidos de Cachemira habían declarado la yihad para salvarse de la brutal opresión india, y que Pakistán había ayudado a los cachemires únicamente inspirado por el sentimiento de hermandad islámica. En el plazo de una semana, los muyahidines de Cachemira y Pakistán ocuparon numerosos lugares de la Cachemira ocupada. Al ver esta situación, la India, completamente desconcertada, atacó repentinamente a Pakistán por tierra, mar y aire, y al mismo tiempo comenzó a perpetrar indescriptibles atrocidades contra los musulmanes indios y cachemires. Nuestro ejército cuenta con las armas de “iman billah” y “tawakkul ala Allah”. Por eso, en todos los enfrentamientos librados hasta hoy, los soldados pakistaníes han dado muestras de un valor extraordinario. Hago un llamamiento a los cien millones de musulmanes de Pakistán y a los Estados musulmanes para que, inspirados por la hermandad del islam, se adelanten a prestar ayuda económica y moral a sus hermanos pakistaníes y cachemires para resistir la agresión india.»
No hace falta decir que la respuesta sin precedentes que esto suscitó en todo el mundo musulmán quedará registrada con letras de oro en la historia. Nadie ignora la respuesta que dieron el Congreso Mundial Musulmán de La Meca, la Ikhwan al-Muslimun, los países musulmanes de Oriente Medio y África, así como diversas instituciones de esas regiones. En respuesta, el célebre líder religioso iraní, el allama Muhammad al-Sadiq al-Ruhani, informó a Maulana Maududi de que, como consecuencia del ataque de la India contra Pakistán, los ulemas, los mashayij y los musulmanes comunes de Irán se habían mostrado inquietos y agitados.
Cabe señalar aquí que, incluso antes de que el gobierno declarara ilegal a la Jamaat-e-Islami, confiscó el pasaporte internacional de Maulana Maududi sin dar ninguna razón. En La Meca estaba establecida la sede central del Congreso Mundial Musulmán (Rabita al-Alam al-Islami). Maulana Maududi era miembro de su comité ejecutivo central. También era miembro vitalicio del órgano de gobierno de la Universidad Islámica establecida en Medina. Durante el hach se celebraban reuniones urgentes e importantes de ambas instituciones, a las que también asistía el rey Faisal. Después de que el gobierno confiscara el pasaporte del maulana, este no pudo viajar a La Meca durante varios años. Tras la guerra entre Pakistán y la India, le devolvieron el pasaporte y, durante el hach siguiente, viajó a La Meca. Preparó un valioso folleto informativo sobre el problema de Cachemira en inglés y árabe y llevó consigo cerca de cincuenta mil ejemplares. Estos fueron distribuidos entre los peregrinos instruidos que habían llegado de diversos países del mundo. Los folletos estaban tan llenos de información importante y hechos históricos, y exponían con un lenguaje tan preciso y conmovedor las causas fundamentales del problema de Cachemira, sus antecedentes y la historia política, económica, religiosa y cultural de los musulmanes cachemires, que hasta entonces ningún departamento gubernamental había podido presentar públicamente un folleto, una historia o una declaración de semejante nivel. En este folleto, el maulana demostró con toda claridad una sola cosa: el problema de Cachemira no concierne únicamente a Pakistán, sino a todo el mundo musulmán. Si la muralla de resistencia de Pakistán se derrumba ante la campaña de conquista territorial de la India ávida de imperio, su avance continuará hasta el extremo occidental más remoto del mundo musulmán. Además, la verdadera relación de la India con Pakistán también quedará clara para los musulmanes del mundo.
Además, durante el hach del año anterior, Maulana Maududi elogió grandemente el valor del ejército pakistaní en la guerra entre Pakistán y la India, en una reunión de setecientos u ochocientos notables destacados, seleccionados de diversos países y convocados por iniciativa del Congreso Mundial Musulmán. Pronunció un largo discurso sobre la firme moral del pueblo pakistaní, su extraordinario sacrificio, la conducta bárbara y brutal del ejército indio, las malas intenciones de la India y otros asuntos. Con palabras claras y sólidos argumentos, el maulana hizo comprender a los oyentes que era evidente la mirada codiciosa de la India sobre los recursos petrolíferos de los países musulmanes. Por eso pretende establecer el imperialismo hindú indio sobre los países musulmanes de África y Asia. Posteriormente, en una reunión del Congreso Mundial Musulmán, se aprobó una resolución exigiendo la liberación del jeque Abdullah.
En suma, desde el comienzo de la guerra hasta el periodo posterior al alto el fuego y al Acuerdo de Taskent, los servicios del maulana a Pakistán fueron incomparables. Sin embargo, así como el murciélago no puede soportar en absoluto los rayos del sol, la fuerza vivificante del mundo de la vida, y pasa todo el día cabeza abajo dando patadas al sol, del mismo modo cierto sector de los pakistaníes, movido por un odio injustificado hacia el maulana, se afana en difundir dentro y fuera del país relatos infundados sobre él. Incluso después de la guerra, algún grupo envió a La Meca varios miles de panfletos de propaganda llenos de acusaciones sin fundamento y ataques venenosos contra el maulana. Pero, al observar el ambiente de aquel lugar, no se atrevieron a distribuirlos.
Cuando, en un frente de la guerra entre Pakistán y la India, las tropas indias, tras sufrir una derrota aplastante, comenzaron a retirarse, el Consejo de Seguridad y las grandes potencias bajo su autoridad empezaron a presionar a Pakistán para que aceptara un alto el fuego. En ese momento, Maulana Maududi expresó claramente la opinión de la Jamaat-e-Islami al respecto y declaró que, mientras no se estableciera de manera segura un plebiscito en Cachemira conforme a la resolución aprobada por el Consejo de Seguridad —que la India también había aceptado—, aceptar un alto el fuego equivaldría a un suicidio para Pakistán. Aun después de eso, el maulana continuó ofreciendo al gobierno pakistaní sus consejos honestos, justos y razonados. Pero todo se convirtió en un clamor en el desierto. El Acuerdo de Taskent llevó todo al fracaso. Las esperanzas y aspiraciones nacionales de Pakistán fueron aplastadas, y los musulmanes cachemires oprimidos fueron arrojados ante caníbales hambrientos y feroces.
Desde la guerra entre Pakistán y la India hasta 1970, antes del viaje del maulana al extranjero para recibir tratamiento
Durante los cinco años posteriores a la guerra entre Pakistán y la India, Maulana Maududi desempeñó un papel de liderazgo en la lucha por establecer la democracia en Pakistán. El maulana expresó su opinión de que la declaración incondicional del alto el fuego y, posteriormente, el Acuerdo de Taskent de enero habían perjudicado la imagen de Pakistán. En protesta contra el Acuerdo de Taskent, el 13 de febrero de 1966 se convocó en Lahore una conferencia nacional multipartidista, en la que Maulana Maududi y los líderes de los partidos de oposición pronunciaron discursos criticando duramente al gobierno y al Acuerdo de Taskent. Sin embargo, el gobierno prohibió la publicación de los discursos y las resoluciones de aquella conferencia. Como reacción, comenzó en todo el país un movimiento popular llamado Pakistan Democratic Movement.
El arresto de Maulana Maududi
Puesto que Maulana Maududi era el alma del movimiento democrático, se había convertido en una espina clavada en el ojo de la clase gobernante. El Gobierno buscaba diversos pretextos para arrestarlo y apartarlo indefinidamente del campo de la lucha; finalmente, encontró uno.
Después de la tarde del 10 de enero de 1967, se anunció por radio y televisión, citando al Comité Oficial de Observación de la Luna, que se había avistado la luna nueva del Eid al-Fitr y que al día siguiente, 11 de enero, se celebraría el Eid al-Fitr en todo el país. Sin embargo, la luna no había sido avistada en Pindi, Lahore, Karachi, Delhi ni en ningún lugar de Pakistán Oriental. Por consiguiente, los ulemas expresaron su desacuerdo con el Comité de Observación de la Luna. Decidieron que el Eid se celebraría el 12 de enero en lugar del 11, y esta decisión fue difundida por todo el país a través de los periódicos. La población musulmana tampoco estaba dispuesta a celebrar el Eid el 11 de enero sin haber visto la luna. La razón era que desde ningún lugar había llegado noticia alguna de que la luna hubiera sido avistada la tarde del 10 de enero. Así, aunque en todo el país un número muy reducido de personas celebró el Eid el 11 de enero únicamente para complacer al Gobierno, toda la nación celebró el sagrado Eid al-Fitr el viernes 12 de enero.
Esto supuso un golpe para el prestigio de Ayub Khan. Después, en apoyo de la decisión gubernamental y lanzando invectivas contra los ulemas, especialmente contra Maulana Maududi, comenzaron a publicarse en los periódicos declaraciones tras declaraciones de ministros y aduladores. Con ello, las malas intenciones del Gobierno quedaron claras para todos. Por tanto, el 19 de enero, cuatro destacados ulemas de Lahore, entre ellos Maulana Maududi, fueron arrestados y enviados a cárceles distintas. Maulana Maududi fue trasladado a la prisión de Bannu, a varios cientos de millas de Lahore, y durante varios días sus movimientos se mantuvieron completamente ocultos a los habitantes del país.
Un mes después del arresto, Ayub Khan declaró jactanciosamente en una conferencia de gobernadores que algunos ulemas habían sido arrestados porque querían convertir la religión en un títere en sus manos.
Pero la realidad era completamente opuesta. Ayub Khan no quería someterse él mismo a la religión, sino someter la religión y, por tanto, el islam, a su dominio. En cambio, Maulana Maududi y los ulemas fieles a la verdad no estaban dispuestos, bajo ninguna circunstancia, a tolerar la más mínima interferencia de nadie en el islam.
Cuando, en nombre de Jamaat-e-Islami, Chowdhury Rahmat Ilahi presentó ante el Tribunal Superior una demanda contra esta injusta orden de detención, se fijó el 13 de marzo como fecha de la vista. Mientras la vista estaba en curso, el Gobierno se vio obligado a poner en libertad a Maulana el 16 de marzo. Después, fue trasladado con honores desde la prisión de Bannu hasta su residencia en Lahore.
Viajes de Maulana al extranjero con fines médicos
Debido a la formación de cálculos en la vejiga urinaria, el Maulana padeció durante mucho tiempo esta enfermedad litiásica. Por esta razón, su salud se había deteriorado por completo antes de tiempo. Para trabajar por la religión, había hecho que tanto su cuerpo como su mente fueran duros como una piedra. Por ello, incluso padeciendo una grave enfermedad, trabajaba día y noche. Nunca expresó con palabras el sufrimiento y el dolor de su enfermedad. Tampoco se vio jamás una sombra de dolor en su rostro.
La primera operación de vejiga se le practicó el 16 de octubre de 1946, cuando se encontraba en Darul Islam, Pathankot. Contrajo esta enfermedad debido a que permanecía sentado durante horas y horas, y renunciaba por la noche al sueño reparador para dedicarse a sus labores de estudio y escritura. Al tomar medicamentos unani y alopáticos, los cálculos salían con la orina, pero volvían a formarse. El hakim Muhammad Sharif Amritsari continuó tratándolo, pero la enfermedad no se curó. Por ello, ante la insistencia de todos, el Maulana aceptó someterse a una operación.
El lahoreño Zafar Iqbal era amigo del Maulana, y su hermano, el doctor Riaz Qadir, era un cirujano reconocido. Se decidió que en octubre el doctor Riaz Qadir operaría al Maulana en el Hospital de Amritsar. Para preparar la operación, dispuso algunos medicamentos y aconsejó al Maulana reposo absoluto. Conforme a ello, el 25 de septiembre el Maulana fue a Shimla y permaneció en la casa del señor Sufí Abdur Rahim. Después, el 13 de octubre llegó a Amritsar, y el 16 de octubre el doctor Riaz Qadir lo operó. Se encontraron cinco cálculos en su vejiga. La operación tuvo éxito y el 13 de noviembre el Maulana salió del hospital y llegó a Darul Islam al anochecer. Seis días después, el 19 de noviembre, el Maulana fue a Sialkot para descansar y regresó a Darul Islam a finales de diciembre.
Veintidós años después, siguiendo nuevamente el consejo de los médicos, debe viajar a Londres para someterse a una operación de vejiga. Como era natural, los innumerables devotos y admiradores del Maulana se hallaban preocupados y afligidos al pensar en su separación. La emoción y el fervor de sus corazones, apenados por la separación, se manifestaron con palabras y lágrimas en la residencia del Maulana, en 5-A Jaildar Park, y en los diversos actos organizados en Lahore con motivo de su partida.
De agosto a diciembre de 1968
La tarde del 22 de agosto.
En el aeropuerto de Lahore se agolpan las emociones y el fervor, cargados de tristeza, de miles y miles de personas. Entre la multitud reina una disciplina absoluta. No hay bullicio ni algarabía. Solo un anhelo vehemente de despedirlo en silencio, entre lágrimas. La corriente de gente hacia el aeropuerto fluye sin cesar. Esta multitud se ha congregado para ver al Maulana aunque sea una vez antes de su partida hacia Londres.
Por la tarde, el sol cae como fuego sobre el aeropuerto. La gente que ha venido a despedir al Maulana espera en filas, con absoluta disciplina. En sus manos llevan diversos carteles: «La base de Pakistán es el islam; el islam mantendrá a Pakistán en pie; el origen de Pakistán es: La ilaha illallah».
La persona sumamente venerada que llama hacia la verdad y la belleza, y a cuya vista se ha congregado este mar de gente, ha llegado al aeropuerto. Innumerables miradas permanecen fijamente dirigidas hacia él. La multitud expectante está grabando en sus corazones cada palabra que sale de sus labios, y llevará este valioso mensaje de su despedida a millones de hombres y mujeres que no tuvieron la oportunidad ni la fortuna de participar en esta ceremonia. Con la voz entrecortada por las lágrimas, el Maulana se dirige a la multitud: «Mi exhortación para todos ustedes es que sigan trabajando con plena sinceridad y firmeza para establecer la religión de Allah en la tierra de Pakistán. Yo continuaré rezando por ustedes, y ustedes también seguirán rezando por mí, para que Allah Ta‘ala nos convierta en verdaderos servidores de Su religión. Que Él nos conceda la capacidad de realizar, con mayor competencia y devoción, todo cuanto podamos hacer.»
La multitud exclamó con voz acongojada: «Amén».
Veinticinco de agosto.
Hoy el aeropuerto de Karachi ha adoptado el mismo aspecto que tenía el aeropuerto de Lahore dos días atrás. El Maulana está subiendo por la escalerilla del avión. Todo el ambiente del aeropuerto, cubierto por una sombra de tristeza, ha adquirido un aspecto sereno, solemne y sagrado. Las oraciones de la multitud que ha acudido a despedirlo resuenan por el aire del aeropuerto. De pie en el extremo superior de la escalerilla, el Maulana levantó la mano y dijo a la multitud: «Khuda Hafiz».
El avión Boeing de PIA vuela hacia su destino, sostenido por sus dos alas en el cielo azul, atravesando numerosos países, ríos y mares. Entre los pasajeros, algunos satisfacen su deseo de beber; otros conversan con el pasajero sentado a su lado; y otros se sumergen, para entretenerse, en el deleite de alguna obra literaria. Pero ¿cuándo tiene el Maulana tiempo para todo eso? Está ocupado realizando las correcciones necesarias a la traducción inglesa de sus escritos. De vez en cuando, el avión desciende del cielo sobre la tierra, en Teherán, Beirut y Estambul. En cada lugar, el aire y el cielo del aeropuerto se desgarran con las voces de «Allahu Akbar» de quienes desean ver al Maulana. Entre ellos se encuentran las personalidades distinguidas de la ciudad, los honorables ulemas, dirigentes de diversas instituciones, profesores universitarios y estudiantes. La personalidad del Maulana no está limitada a un solo país; es universal. No pertenece únicamente a Pakistán, sino al mundo entero. Es objeto de veneración para el mundo musulmán, que busca en él una verdadera orientación para seguir el camino del islam.
El Maulana es personalmente desconocido para la multitud que ha acudido. Sin embargo, el sincero homenaje que le rinden, así como su espontánea emoción y entusiasmo, atestiguan que ambos se conocen mutuamente desde hace mucho tiempo, desde épocas remotas, desde siglos. ¿Dónde hay tiempo, y qué necesidad hay, de responder por qué es tan profunda y firme la relación entre quien llama hacia la verdad y quienes la aceptan, o de responder a tantas otras preguntas semejantes? La respuesta está en la conmovedora escena que contemplan los dos ojos y en lo que siente el corazón.
El aeropuerto más grande de Europa resuena con las voces de «Allahu Akbar». Junto a ellas se escuchan también «¡Viva Pakistán!» y «¡Viva el sistema islámico!». Son las cinco y media de la tarde, según la hora estándar británica. El Maulana ha descendido del avión. Multitudes llegadas espontáneamente desde Newton, Birmingham, Manchester, Rochester, Bradford y otras veinte o veintidós ciudades están felicitando al Maulana. Entre ellas hay árabes, turcos, personas de Asia y África, numerosos pakistaníes y nuevos musulmanes procedentes de diversos lugares de Europa. Las distintas pancartas y banderolas escritas en inglés, árabe, urdu, japonés, malayo y turco atraen la atención de los espectadores. Desde el tercer piso y las galerías del aeropuerto de Londres, miles de europeos contemplan, sin pestañear, esta escena sin precedentes. Lo que se dijo en Lahore, Karachi y en los distintos aeropuertos del trayecto se está diciendo ahora en el aeropuerto de Londres. Esta recepción extraordinaria y sin parangón no es una manifestación de apoyo a una personalidad, sino la confesión de un respaldo pleno a una visión del mundo y a un sistema de vida. Es también la expresión de que una millat y una nación acogen en su seno a un hombre que consagró toda su vida al islam y que dio testimonio directo de la «shahadat al-haqq». Es una firme declaración de aceptar la verdad y rechazar la falsedad.
Cabe mencionar que esta persona venerada es precisamente quien tomó la pluma hace cuarenta y ocho años, cuando apenas tenía diecisiete. Entonces el mundo pudo ver que el tema de su pluma era el islam, y que toda su reflexión, empeño y esfuerzo vital estaban dedicados al islam. Cada día y cada noche, cada hora y cada instante de su pasado han dado testimonio de que la obra a la que consagró ese tiempo fue el dīn al-haqq, es decir, el establecimiento de la verdadera religión. En cierta ocasión también se le vio dispuesto a aceptar la muerte por el dīn al-haqq. Millones de personas han observado cada instante de su vida. Para ellas no es un secreto que presentó ante toda la nación esta verdad: el único objetivo de la vida de los musulmanes es hacer triunfar y elevar el islam como un sistema de vida completo. Con su vida demostró que, si se ha de trabajar por el islam, el carácter y la conducta deben ser los de un musulmán verdadero. Si se ha de invitar al islam, el temor de Dios debe morar en el corazón en todo momento. Si se han de mencionar el Corán y la Sunna, toda la formación y educación deben proceder del Corán y la Sunna. Y si se ha de enarbolar la bandera de la verdad, debe hacerse de tal manera que la verdad se convierta en una amenaza enorme para la falsedad.
Los días en Londres
El Maulana ha venido a Londres para recibir tratamiento, concretamente para someterse a una operación de la vejiga. Por un lado, continúan todos los preparativos para esta operación. Por otro, los musulmanes llegados de diversas partes del mundo y los residentes en Inglaterra, junto con sus organizaciones, sienten que el Maulana Sayyid Abul A‘la Maududi se encuentra entre ellos. Europeos procedentes de lugares cercanos y lejanos, así como nuevos musulmanes ingleses, se reúnen con el Maulana y reciben respuestas satisfactorias a sus diversas preguntas. FOSIS, la organización internacional de estudiantes musulmanes, organiza una cena en honor del Maulana, brindando a muchas personas la oportunidad de reunirse con él. El Maulana responde a las diversas preguntas de quienes lo visitan. También se suceden las entrevistas del Maulana con la BBC y otras agencias de noticias.
En la conferencia de la Misión Islámica del Reino Unido
En Londres, el 31 de agosto comenzó una conferencia internacional de tres días de la Misión Islámica del Reino Unido. El Maulana participó en el segundo día de la conferencia. Representantes de todos los países del mundo musulmán participaron en ella. En su discurso, el Maulana dijo:
“Ustedes son embajadores del islam en este país. Lo quieran o no, los no musulmanes de aquí los consideran representantes del islam. Por tanto, sobre ustedes y sobre todos los musulmanes que viven aquí recae naturalmente esta enorme responsabilidad: todo lo que hagan aquí y toda imagen que proyecten mediante su conducta y comportamiento, ellos lo atribuirán enteramente al islam. Ustedes serán responsables de la opinión que se formen a partir de sus modales y su carácter. Piensen detenidamente: ¡qué enorme responsabilidad es esta, por la cual tendremos que rendir cuentas el Día del Juicio!”
En un ambiente completamente solemne y silencioso, cada palabra de aquel discurso golpeaba lo más profundo del corazón de los oyentes. Cada corazón sentía aquel impacto. Este elevado llamamiento del Maulana se dirigía a la conciencia de cada persona. Y este es el atractivo fundamental de su predicación islámica a lo largo de toda su vida. Al hablar durante el tercer día de aquella conferencia, el Maulana dijo:
“Tengo plena convicción de que allí donde vivan seres humanos en cualquier parte del mundo, allí es posible que el islam se expanda. Si presentan la prueba de la veracidad del islam mediante su propia conducta, entonces, in sha Allah, el islam se extenderá también entre las poblaciones no musulmanas de aquí. A decir verdad, tienen ustedes la suerte de que Allah Ta‘ala les haya concedido la oportunidad de conquistar a la nación inglesa.”
El 6 de septiembre, el Maulana pronunció el sermón del viernes (jutba) en el Centro Cultural Islámico. Al día siguiente aumentó considerablemente el número de personas que acudían a visitar al Maulana en su residencia, porque el 8 de septiembre debía ingresar en el hospital para someterse a una operación. Entre quienes lo visitaron el día 7 se encontraban estudiantes sudaneses, personalidades nigerianas y figuras prominentes de otros países. La víspera, por la tarde, el Maulana acudió a la Clínica de Londres para someterse a una operación el 9 de septiembre. Lo acompañaron el profesor Khurshid Ahmad y el hijo del Maulana, el doctor Ahmad Faruq Maududi.
Al día siguiente, es decir, el 9 de septiembre, la operación comenzó a las dos y veinte de la tarde, hora estándar británica, y se extrajo de la vejiga una piedra de 24 gramos de peso. A las cuatro de la tarde, llevaron al Maulana fuera del quirófano mientras aún estaba inconsciente. A las cinco y media de la tarde, el Maulana recobró el conocimiento. La noche transcurrió tranquilamente. Al día siguiente, a las doce del mediodía, se incorporó lentamente en la cama y respondió al saludo de quienes habían acudido a visitarlo.
El 24 de septiembre, el Maulana regresó de la clínica del Dr. Alexander Bednuk a su residencia. En Londres se alojaba como huésped del señor Rashid Ahmad Siddiqui. En aquella época, en la casa del señor Siddiqui se amontonaban continuamente telegramas, llamadas telefónicas y cartas procedentes de todo el mundo, solicitando noticias sobre el estado del Maulana. Además, no cesaba el ir y venir de personalidades distinguidas de diversos países.
El 21 de octubre, el Maulana tuvo que regresar a la clínica. Esta vez era necesario operarlo para extirparle una vejiga. La operación era bastante peligrosa. Al día siguiente, tras una operación de dos horas, se extirpó la vejiga inutilizada. Al día siguiente, el Maulana recobró el conocimiento.
El Dr. Bednuk y los demás médicos de la junta médica expresaron a la vez asombro y satisfacción al ver la rápida recuperación del Maulana. Nunca habían visto que un paciente de este tipo volviera a su estado normal en tan poco tiempo. Debía considerarse una gracia especial de Alá.
Tras recuperarse por completo, el 12 de noviembre el Maulana abandonó la clínica. Después, cuando expresó su deseo de regresar pronto a Pakistán, los médicos le aconsejaron permanecer algunos días en Londres y no asumir de inmediato el riesgo de un viaje largo. El 18 de noviembre, en una carta dirigida al hakīm Nuruddin, de Sadiqabad (Pakistán), el Maulana escribió:
Por la gracia de Alá, mi salud mejora ahora gradualmente. Por primera vez en veintisiete años, esta mañana me he despertado sintiéndome descansado. Durante años y años, mi estado físico había sido tal que, al despertarme por la mañana, sentía como si todo mi cuerpo estuviera lleno de cansancio. El 15 de diciembre, los musulmanes residentes en Inglaterra organizaron en honor del Maulana una recepción en el London Hilton, un hotel londinense muy alto y magnífico. Asistieron al acto los embajadores de países musulmanes, destacados orientalistas, profesores universitarios, especialistas de diversos campos, otras personalidades distinguidas y figuras dirigentes de varias organizaciones.
Después de la recitación del Noble Corán, el Dr. Salah Shaheen, de Egipto, leyó un mensaje de felicitación. Se pusieron en acción más de dos docenas de cámaras de televisión y de cine. Toda la sala resplandeció bajo los repetidos destellos de los flashes. Ante aquella histórica reunión de eminentes personalidades, eruditos, estudiosos, especialistas y dirigentes políticos de diversos países, musulmanes y no musulmanes por igual, el Maulana exhortó a los occidentales a liberarse de toda clase de hostilidad y prejuicio y a adquirir conocimiento sobre el islam con una mente clara y deseosa de buscar la verdad. Dijo: «La búsqueda de la verdad es un deseo y anhelo común e igual de toda la humanidad. No puede haber ninguna razón que les impida recibir orientación del islam en su sociedad. Aprovechen al máximo las oportunidades que tengan al respecto; si llegan a comprender la verdad del islam, el beneficio será para ustedes mismos».
Dirigiéndose a los musulmanes que viven en distintas partes de Occidente, el Maulana dijo:
«Adquieran un conocimiento completo de las ciencias y la tecnología occidentales y disfruten plenamente de sus beneficios. Pero vivan de acuerdo con las enseñanzas del islam. Solo así podrán presentar ante los occidentales el ejemplo de una sociedad equilibrada, humanitaria y justa. Recuerden siempre que su futuro depende enteramente del islam. El modo de vida islámico es el único que puede garantizarles la permanencia en este mundo. De lo contrario, lo único que ocurrirá con toda seguridad es que, después de unos años, la sociedad inglesa de aquí habrá incorporado a algunos ingleses nuevos. Pero con ello ni aumentará su honor y dignidad ni quedará en ustedes el menor rastro de lealtad al islam.»
Ahora el Maulana tendrá que regresar al país en uno o dos días.
26 de diciembre de 1968.
Hoy, una vez más, se ha congregado una multitud en el aeropuerto de Londres para despedir al Maulana. Amigos y conocidos, admiradores y devotos del Maulana llegados de distintas ciudades, miembros del movimiento islámico, personas distinguidas y notables del Oriente Medio se han reunido en el aeropuerto, cubiertos con ropa de abrigo. Con voces entrecortadas por las lágrimas, le ofrecen al Maulana un saludo de despedida. El Boeing 708, llevando al Maulana, extendió sus dos alas y desapareció de la vista en el cielo cubierto de nieve. Al mismo tiempo, cayó el telón sobre un brillante capítulo de la historia de Inglaterra.
El Boeing 708 que lleva al Maulana está dando vueltas en el cielo para aterrizar en el aeropuerto de Estambul. El editor de la revista mensual «Hilal», publicada en Ankara, los editores de los diarios «Bogan» e «Ittihad», y muchas personalidades distinguidas de Turquía esperan ansiosamente para recibir al Maulana. Tras el aterrizaje del avión, quienes desean verlo se reúnen con el Maulana, haciendo vibrar el aeropuerto con los gritos de «Allahu Akbar».
Ha venido a recibir al Maulana el nieto de quien fue el Shaykh al-Islam de Turquía durante el reinado del sultán Abdul Hamid II. Ni siquiera la extrema vejez pudo impedirle acudir al aeropuerto. Con voz llena de emoción, le dice al Maulana: «¡Maulana! Si usted hubiera estado entre nosotros, el movimiento islámico de este país habría avanzado cincuenta años. Nos hemos visto privados del liderazgo de una personalidad como usted. Sin embargo, tenemos la fortuna de poder conocer sus ideas a través de su literatura.»
De camino a Pakistán, también en los aeropuertos de Kuwait y Dhahran se congregan enormes multitudes de personas deseosas de ver al Maulana. Ellos también le expresan su devoción y respeto de todo corazón. El Maulana aterriza en el aeropuerto de Karachi el 27 de diciembre y en el de Lahore el 29 de diciembre. En ambos aeropuertos se congregan miles de personas. Desde Lahore llevan al Maulana a su residencia en una caravana de automóviles y scooters.
A los pocos meses, la residencia del Maulana, 5/A Jaildar Park, vuelve a llenarse de animación. Como si, con la nueva llegada de la primavera, los capullos del jardín de flores hubieran salido tras abrir sus velos para esparcir su embriagadora fragancia. Los buscadores de conocimiento del país y del extranjero han comenzado a congregarse nuevamente aquí.
Este es el histórico 5/A Zayladar Park, Ichhra, Lahore, desde donde las chispas de la revolución islámica se propagaron por todo el mundo. [Para conocer la reunión vespertina que se celebraba diariamente desde 1967 en 5/A Zayladar Park en torno al Maulana, a la que acudían visitantes del Maulana procedentes de diversos lugares del mundo y donde obtenían respuestas a sus distintas preguntas, léase La reunión vespertina, del autor.]
La reunión de la mesa redonda
Cuando, como consecuencia del movimiento popular contra el régimen autocrático de Ayub Khan, la situación política del país adquirió un cariz terrible, Ayub Khan organizó el 26 de febrero de 1969 una reunión de mesa redonda para entablar conversaciones con los dirigentes de los partidos de oposición. Allí se reunieron los dirigentes de los principales partidos políticos, incluido el Maulana Maududi; la segunda reunión tuvo lugar el 10 de marzo. Sin embargo, tras numerosas conversaciones, la reunión de mesa redonda terminó fracasando, pues Ayub Khan manifestó su actitud inflexible.
Después, el movimiento popular cobró una intensidad aún mayor y el deterioro de la ley y el orden continuó agravándose. Ante el movimiento popular y las protestas, Ayub Khan se vio obligado a transferir el poder. El 23 de marzo transfirió el poder al general Yahya Khan y se retiró del escenario político.
Yahya Khan impuso la ley marcial en el país. Aunque no declaró ilegales los partidos políticos, limitó sus actividades. Al año siguiente, es decir, en diciembre de 1970, se celebraron las elecciones para las asambleas nacional y provinciales. Cabe señalar que, en enero de ese año, el Maulana realizó su última visita a Dacca. Percibió que la unidad y la integridad de Pakistán (Solidarity Sand Integrity) se encontraban en peligro.
Durante este período, el curso de la política tomó un rumbo diferente. Como resultado, dos partidos, la Liga Awami y el Partido Popular de Pakistán, compitieron en las elecciones sobre una base regional y resultaron vencedores. Es decir, la Liga Awami obtuvo una victoria arrolladora en Pakistán Oriental y el PPP en Pakistán Occidental.
Inmediatamente después de las elecciones, el Maulana Maududi comentó que ahora ningún milagro podría mantener unido al país. En otras palabras, era una verdad inevitable que Pakistán Oriental y Pakistán Occidental se separarían. Sheikh Mujibur Rahman y su partido, la Liga Awami, obtuvieron la mayoría en la Asamblea Nacional y, de acuerdo con el sistema democrático, a él le correspondía convertirse en primer ministro del país. Se convocó en Dacca una sesión de la Asamblea Nacional. Sin embargo, el líder del PPP, Zulfikar Ali Bhutto, intimidó a los miembros de Pakistán Occidental para impedirles asistir a la sesión de la Asamblea. Como consecuencia, la desconfianza, el descontento y la distancia entre Pakistán Oriental y Pakistán Occidental aumentaron tanto que, tras mucho derramamiento de sangre, el 16 de diciembre de 1971 Pakistán Oriental pasó a existir como el Bangladesh independiente.
El Maulana Maududi ya llevaba muchos años padeciendo enfermedades; después de que Pakistán Oriental se separara y obtuviera la independencia, recibió un golpe tan grande en el corazón que tanto su cuerpo como su mente quedaron completamente abatidos.
Por un lado, fue motivo de inmensa alegría y dicha que en 1972 se completara Tafhim al-Qur’an, fruto del incansable esfuerzo y dedicación de toda la vida del Maulana; por otro, debido a su delicada salud, renunció al cargo de emir de la Jamaat. Mian Tofail Muhammad fue elegido emir de la Jamaat-e-Islami de Pakistán.
En abril y julio de 1978 me reuní dos veces con el Maulana. Entonces lo vi en un estado tal que resultaba muy difícil contener las lágrimas. Parecía como si lo hubieran atado en un bulto y dejado sobre una silla. Aun en esas condiciones hablaba con la gente, continuaba con sus labores de lectura y escritura y daba valiosos consejos sobre diversos asuntos.
En respuesta a una pregunta, el Maulana dijo:
«Alabado sea Allah, pues no me ha dado ninguna enfermedad que me impida trabajar por Su din. Mi enfermedad solo aflige a mi persona, y creo que por medio de ella se me perdonarán mis pecados. Por ejemplo, ahora estoy realizando mis labores de lectura y escritura sentado, sin levantarme. Eso no me causa dolor ni cansancio. Pero cuando me pongo de pie o comienzo a caminar, siento el dolor paso a paso. No puedo permanecer de pie más de un minuto y medio».
Aun en esas condiciones, en 1975 Radio Pakistán grabó una entrevista del Maulana de más de dos horas de duración. La entrevista fue transcrita y publicada en Tarjuman al-Qur’an un año después de su fallecimiento. Se publicó en bengalí en forma de libro con el título «Una entrevista histórica», y el autor de esta obra la tradujo al bengalí.
Entre las cuestiones planteadas en esta entrevista figuraban el movimiento por Pakistán y sus antecedentes; la situación religiosa y política de los musulmanes en el subcontinente indio antes de la Partición; la introducción del sistema parlamentario de gobierno en la India; la conspiración de crear, a partir del sometimiento conjunto de musulmanes y no musulmanes al yugo de una identidad común, una extraña mezcla de una única nacionalidad geográfica y, sobre ella, una estructura moderna de gobierno democrático; el temor a las consecuencias políticas, económicas y culturales para los musulmanes; el impulso hacia una nacionalidad musulmana separada y distinta; la reivindicación de un territorio propio, es decir, la creación de Pakistán; la reivindicación de establecer un sistema social basado en su propia visión de la vida y en sus creencias de aqidah; la justificación de tal sistema, y muchos otros asuntos. El Maulana respondió a las diversas preguntas sobre estos temas. A partir de los valiosos datos históricos que proporcionó en respuesta a las distintas preguntas, puede afirmarse sin ninguna duda que, si un historiador imparcial se dispusiera a escribir la historia correcta del movimiento por Pakistán y de sus antecedentes, de ningún modo podría pasar por alto la personalidad de Alama Maududi ni su inestimable contribución.
Además, en esta entrevista Alama Maududi dijo muchas cosas y recordó muchos asuntos que serán de enorme utilidad exclusivamente para quienes trabajan por el movimiento del din. Por eso considero especialmente necesario que los miembros del movimiento islámico, y en particular nuestra juventud, lean esta entrevista histórica.
El fallecimiento del Maulana
El arduo esfuerzo físico y mental al que el Maulana se entregó durante toda su vida hizo que su salud se deteriorara prematuramente. Durante muchos años padeció una enfermedad de la vejiga. Como consecuencia, el dolor en las rodillas y la cintura llegó a ser, por así decirlo, permanente. En 1968 fue operado de la vejiga en Londres. Sin embargo, la enfermedad no se curó. Así, tuvo que soportar dolores y padecimientos durante toda su vida. A pesar de ello, continuó realizando todas sus tareas. En el rostro del querido siervo de Alá jamás se veía ninguna manifestación externa ni señal del dolor y el sufrimiento causados por la enfermedad.
En 1972 concluyó la redacción de su revolucionario tafsir, «Tafhilul Corán». Mucho antes ya decía: «Mi vida se está agotando; recen para que pueda terminar el Tafhim antes de partir».
Incluso después de terminar la redacción del Tafhim, Alá lo mantuvo con vida. El gran anhelo de su vida era escribir la biografía del Profeta del mundo. Tomó la pluma. En siete años terminó de escribir la vida del Profeta en La Meca. Se publicó en dos volúmenes. Tituló la biografía «Sira del Señor de Aram». También terminó de escribir las notas necesarias sobre la vida medinense. Pero antes de poder tomar la pluma para continuar esa obra, el Señor de la religión y del mundo lo llamó a Su presencia.
El veintidós de septiembre, en un hospital de la ciudad estadounidense de Buffalo, exhaló su último suspiro el más grande erudito del mundo moderno, Sayyid Maududi. Se realizaron oraciones fúnebres por él en Buffalo, Londres, Karachi y Lahore. Participaron eruditos del mundo musulmán, millones de devotos, el público en general y la juventud. A continuación se incluye una descripción de las ceremonias fúnebres.
A la luz de la experiencia en la oración fúnebre del Maulana
El Maulana Sayyid Abul A’la Maududi exhaló su último suspiro el 22 de septiembre de 1979 en un hospital de la ciudad estadounidense de Buffalo. Tras la oración fúnebre celebrada en Lahore el 26 de septiembre, se completó su entierro. Tuve la dicha de participar en su oración fúnebre. Queridos lectores, deseo compartir con ustedes algunos aspectos basados en mi experiencia personal al respecto.
Al regresar de una localidad provincial a Daca la tarde del 23 de septiembre, recibí la triste noticia de que el Maulana Maududi había fallecido. Espontáneamente brotó de mis labios: «Inna lillahi…». Pero sentí como si el cielo se hubiera desplomado sobre mi cabeza. Tenía que ir a la oración fúnebre, y lo antes posible. Al día siguiente resolví todos los trámites, incluidos el visado y la reserva del asiento en el avión, y el 25 llegué a Karachi en un vuelo de PIA. Mi estado era similar. Ese mismo día, a las diez y media de la mañana, los restos mortales del difunto Maulana llegaron a Karachi desde Londres y, después de la oración fúnebre, partieron hacia Lahore.
Pasé la noche en la casa de un amigo. A las nueve y media de la noche, la televisión pakistaní transmitió un reportaje sobre la vida del Maulana, junto con imágenes de su oración fúnebre. El torrente de lágrimas me impedía ver la televisión. Tenía grandes esperanzas de obtener una última visión del Maulana, pero esa esperanza quedó incumplida. No había asientos disponibles en el vuelo nocturno a Lahore. Había uno para la mañana siguiente. La oración fúnebre se celebraría en Lahore a las diez y media de la mañana. Si el avión se retrasaba, tampoco tendría la suerte de asistir a ella. Pasé la noche sumido en esa preocupación.
A la mañana siguiente partimos hacia Lahore a las siete. De repente, uno de mis compañeros había salido apresuradamente de Daca. Cuando estaba a punto de subir al avión en el aeropuerto de Daca, oí detrás de mí una voz agotada que decía: «¡Jan Sahib, gracias a Alá, finalmente he llegado!». Me volví y vi al doctor Azizul Haq Chowdhury. Tenía el rostro demacrado y la apariencia desaliñada de un amante delirante. Y, en efecto, era un amante. Después de subir al avión y descansar un poco, se acercó a mí y dijo: «No tuve la dicha de ver al Maulana en vida. Por eso anhelo profundamente contemplarlo una vez después de su muerte».
Le dije: «Dígalo; que Alá cumpla nuestras esperanzas».
También se nos unieron algunos amigos en el trayecto de Karachi a Lahore. Entre ellos estaba el señor Ariful Haq, editor de la revista «Impact», publicada en Londres. A las nueve aterrizamos en el aeropuerto de Lahore. Había despegado y aterrizado en ese aeropuerto muchas veces a lo largo de mi vida, pero aquel día vi un aspecto completamente distinto. El lugar que normalmente estaba abarrotado de gente se encontraba prácticamente desierto. Fuera del aeropuerto reinaba un ambiente de duelo: una expresión palpable del dolor de una separación desgarradora. Estaba seguro de que alguien acudiría al aeropuerto para recogernos, pero no veía a nadie por ninguna parte. Tal vez los amigos de Karachi, abrumados por el dolor, habían olvidado avisar, o quizá había ocurrido alguna otra cosa.
Un amigo del señor Faruqui había venido en automóvil para recogerlo. El destino de todos nosotros era el mismo, así que nos hicieron subir a los dos en su vehículo. Dije: «Entonces, vayamos directamente a Ichhra, por si podemos tener el último darshan».
El automóvil Fiat nuevo avanzaba silbando a toda velocidad, con la cola levantada, como un ternero dejado solo en el campo que corre jadeante hacia su madre. En unos quince minutos, pasando por Mujang Chungi, llegamos a la carretera de Firozpur. Un poco más adelante, había que girar en la intersección de Ichhra hacia el sur y entrar a la izquierda por Jaildar Park Lane. El número 5/A de Jaildar Park era la residencia del Maulana. Cuando nuestro automóvil llegó a la intersección de Ichhra, un transeúnte afligido nos informó: «Miren, al sur avanza la procesión fúnebre».
Ante nosotros apareció un mar de gente. La amplia carretera de Firozpur estaba completamente abarrotada. Entre la multitud había automóviles particulares, autobuses, camionetas, camiones reservados, autorickshaws, scooters, bicicletas y una procesión multitudinaria de dolientes. De sus labios brotaban en voz alta la kalima de la profesión de fe y «¡Alá es el más grande!».
Parecía que el mayyit estaba medio kilómetro más adelante. ¿Cómo podía avanzar el automóvil entre aquella multitud? A veces conseguía avanzar lentamente, a paso de tortuga. Finalmente, tras avanzar un trecho, nos desviamos a la izquierda desde la carretera de Firozpur y llegamos rápidamente al estadio Gaddafi por otra ruta. Allí se celebraría la oración fúnebre por el más grande pensador islámico del siglo XX, la joya de los ulemas de la religión, líder del movimiento de renacimiento islámico en todo el mundo, el renombrado Al-Ustaz, el Al-Murshid al-Aam, el erudito Maulana Abul A‘la Maududi.
El estadio Gaddafi es el más grande de Pakistán. Incluso antes de que llegara el mayyit, la mitad del enorme estadio ya estaba llena. Por sus ocho puertas entraba al interior una poderosa corriente de personas sollozantes. Miles de vigorosos jóvenes de colegios y universidades, llegados de todo el país y consagrados al movimiento islámico, estaban encargados de mantener el orden. No había manera de avanzar hacia delante atravesando aquella estricta barrera de seguridad. Miraba alrededor, impotente. El pañuelo estaba empapado de lágrimas. ¿Dónde se habían perdido mis compañeros?
Un fotógrafo de un periódico me hizo bajar desde lejos. Gritó: «¡Venga, maulana! Para invitados extranjeros como ustedes, la primera fila». Entonces atravesé el estrecho cordón de voluntarios y ocupé un lugar en la primera fila. El doctor Chowdhury también llegó. Poco después, el cadáver llegó al campo y fue colocado delante de nosotros. Junto a él estaban los hijos del difunto maulana, Mian Tufail Muhammad, el profesor Khurshid, el maulana Hamidi, Chowdhury Jilani y muchos otros. Al estrecharlos contra mi pecho, rompí a llorar. A pesar de todos mis esfuerzos, no podía contenerme. Sentía como si me hubieran hecho añicos el corazón.
Muchos otros comenzaron a entrar en la primera fila, y esta empezó a extenderse hacia ambos lados. Tuvimos que apartarnos un poco hacia la derecha desde el lugar que ocupábamos al principio.
Entre los invitados extranjeros que se encontraban en la primera fila destacaban el embajador saudí Riyad Al Jatib, el embajador jordano, el representante especial del ayatolá Jomeini y el secretario del Interior del Gobierno iraní, el doctor Yusuf Abdullah al-Qaradawi, vicerrector de la Universidad de Qatar, el doctor Muhammad Tutunyi, subsecretario general del Consejo Mundial de la Juventud Musulmana, los célebres eruditos y pensadores sirios jeque Said Hawa y jeque Adnan Saduddin, el jeque Abdullah al-Aqil, director del Departamento de Asuntos Islámicos del Ministerio de Awqaf de Kuwait, el célebre jurista kuwaití y editor de la ampliamente difundida revista Al-Mujtama, jeque Mubarak al-Mukawa, el distinguido amigo del difunto maulana, jeque Abdul Aziz al-Ali al-Motawa, el destacado dirigente de los Hermanos Musulmanes en Egipto, doctor Kamal, el abogado jeque Saiful Islam, hijo del mártir Hasan al-Banna, y otros eminentes pensadores. En la primera fila también estaban el emir de la Jamaat-e Islami Hind, maulana Yusuf; el presidente de Pakistán, general Zia-ul-Haq; el gobernador del Punjab, teniente general Sarwar Khan; el pir sahib de Dewal Sharif y varios altos funcionarios de las fuerzas armadas.
Los dirigentes de todos los partidos políticos de Pakistán, excepto el PPP, numerosos ulemas, ciudadanos distinguidos y funcionarios públicos y privados participaron espontáneamente en la oración funeraria. Entre ellos destacaban Muftí Mahmud, Nawabzada Nasrullah Khan, el antiguo presidente de Azad Kashmir, Sardar Abdul Qayyum Khan, Sardar Shaukat Hayat Khan, Chowdhury Zahur Elahi, Khawaja Khairuddin y el al-lama Ihsan Ilahi Zahir, entre otros. Cerca de doscientos ulemas y militantes del movimiento islámico llegados de la India participaron en la oración funeraria.
El «ataúd» de la oración funeraria estaba envuelto en la bandera de la Jamaat-e Islami, que llevaba la kalima tayyiba, y en la bandera nacional de Pakistán. El presidente Zia-ul-Haq llevaba un brazalete negro en la mano, sobre el uniforme militar. Ordenó que cualquier funcionario público que lo deseara pudiera participar en la oración funeraria del maulana. En los momentos previos a la oración, la escena del estadio era desgarradora, a punto de estallar. Dentro del estadio había cerca de un millón de personas, mientras que miles de personas que no habían podido entrar se golpeaban el pecho y lamentaban afuera. De cientos de miles de voces resonaba la kalima de la profesión de fe, junto con los lamentos fúnebres: «¡Oh, mi señor, mi guía, Maududi! ¡Maududi!». Los gemidos y lamentos de cientos de miles de voces resonaban y se multiplicaban alrededor del estadio, rasgaban el firmamento y se elevaban hacia el Trono sagrado. La multitud intentaba avanzar frenéticamente para contemplar una vez el cadáver, obtener la última visión del cuerpo terrenal del maulana y tocarlo siquiera un poco con las manos. Un cuerpo de jóvenes voluntarios se esforzaba con todas sus fuerzas por mantener el orden.
Se había anunciado que el imán de la Kaaba, el jeque Muhammad bin Abdullah bin Subayyil, dirigiría la oración funeraria. Sin embargo, justo antes de partir de La Meca, su viaje tuvo que retrasarse por una causa inevitable. Entonces se confió la dirección de la oración al doctor Yusuf Abdullah al-Qaradawi, vicerrector de la Universidad de Qatar. Había obtenido un doctorado en Estudios Islámicos y Ciencias Religiosas en la Universidad de al-Azhar de El Cairo. Era un célebre sabio de la religión y profesaba una profunda veneración por el maulana. Antes de dirigir la oración, dijo a la multitud: «Sayyid Maududi permanecerá eternamente vivo por su llamamiento universal y su pensamiento. Ha dejado más de un centenar de valiosas obras, y también incontables hijos espirituales. No he venido desde miles de kilómetros para ofrecerles palabras de consuelo. Más bien he venido a decir que miles de millones de personas en el mundo, atraídas por su pensamiento, han comenzado a trabajar. Avanzaremos con paso firme llevando adelante el movimiento del maulana. Lo único beneficioso para Pakistán es que aquí se establezca un Estado verdaderamente islámico. Ustedes, que sienten amor y respeto por el maulana, mantengan la lucha por ello».
Después del discurso del doctor al-Qaradawi, cientos de miles de voces entonaron: «¡Mi señor, mi guía, Maududi! ¡Maududi!». Miles de voces que esperaban fuera del estadio entonaron lo mismo: «¡Mi señor, mi guía, Maududi! ¡Maududi!». Ese clamor resonó por el cielo y el aire, entre los árboles de los alrededores, en los edificios y en cada rincón.
Después de la oración funeraria, se rompió el dique del océano humano. Todos tenían la mirada puesta en el cadáver. Se volvió imposible mantener el orden. Con enorme dificultad, lograron sacar el cadáver del estadio, protegiéndolo de la presión de la multitud, y lo subieron a un camión. La presión insoportable de la gente por todos lados nos dejaba sin aliento. El doctor Chowdhury y yo avanzábamos hacia afuera, apretados el uno contra el otro. El doctor Chowdhury era fuerte como un luchador. Por eso confiaba un poco en que lograríamos salir sanos y salvos. Al llegar a la calle, de repente dos o tres jóvenes cayeron inconscientes delante de nosotros. Mi corpulento compañero ya no pudo sostenerse y cayó. Yo también caí. Y no me limité a caer: media docena de personas cayó encima de mí. No sé cómo sobreviví. Pero sin duda estaba recitando la kalima. Al cabo de unos instantes, dos o tres personas me agarraron, me levantaron y me sacaron afuera. No sabía dónde había desaparecido mi compañero. Mi ropa estaba cubierta de polvo y suciedad. También sufrí heridas en varios lugares.
Este no es el único caso de jóvenes robustos que se desmayaron; hubo muchos. ¿Y por qué no habría de suceder? Después de que los periódicos publicaran la noticia de la oración fúnebre del Maulana, personas de los lugares más remotos y apartados del país corrieron hacia Lahore como enloquecidas. Vinieron en tren, autobús, avión, scooter o bicicleta: cada cual como pudo. Algunos caminaron quince o veinte millas. Soportaron el dolor y la aflicción, el hambre y la sed, el cansancio y el intenso calor del sol.
La razón principal es que la literatura del Maulana, su da‘wah islámica universal y su personalidad internacional han atraído al islam a millones de jóvenes. Los sacó de la densa oscuridad de la jahiliyyah y los condujo hacia la radiante luz del tawhid. Produjo una gran revolución en sus pensamientos, concepciones y mentalidad. Esa es la única razón de su enorme atracción por el Maulana, de su respeto y de su profundo amor por él. La muerte del Maulana los volvió locos y desorientados. Un dolor tan grande y de tal naturaleza era algo que experimentaban por primera vez en su vida. Todos ellos eran hijos espirituales del Maulana. Por eso, muchos jóvenes, sin excepción, abatidos por el golpe de esta aflicción, se desplomaron y perdieron el conocimiento.
En fin, con mucha dificultad encontré el automóvil de Hashem Faruqui, que estaba a media milla de distancia. No había nadie dentro. Mi cuerpo temblaba. De mis dos ojos brotaban torrentes como manantiales de montaña. Diez minutos después llegó el doctor Chowdhury y, entre sollozos, dijo: «Ha ocurrido una desgracia».
Le dije: «Pero está vivo. Entonces, dígame, ¿qué desgracia ha ocurrido?»
Respondió: «Si hubiera muerto, no me habría dolido. Mi querida cámara quedó rota y hecha pedazos. Había tomado veinte o veintidós fotografías realmente hermosas. Eso era todo con lo que pensaba volver a casa; y eso es precisamente lo que he perdido». (El señor Azizul Haq Chowdhury falleció el 7 de abril de 2003 en su propia residencia de Daca.)
Poco después llegaron Hashem Faruqui y su amigo. El camión con el mayyit ya había partido, pero avanzaba muy lentamente. En el camión iban los hijos del Maulana: Umar Faruq, Ahmad Faruq, Muhammad Faruq y Husayn Faruq. También iban Mia Tufail Muhammad y el profesor Khurshid Ahmad. Entre los extranjeros estaban el doctor Qarzari, el doctor Tutunji y el jeque Mubarak al-Mukawa.
El camión con el mayyit atravesaría el estrecho callejón de Jaildar Park hasta la residencia del Maulana, donde se completaría el entierro. ¿Cómo podrían llegar allí millones de personas? Por eso se dispuso que solo personas destacadas pudieran entrar en el callejón. Los invitados extranjeros, los dirigentes de la Jamaat y cuatro o cinco periodistas, entre ellos el señor Altaf Hasan Quraishi, recibieron permiso para llegar hasta la residencia del Maulana.
El mayyit había sido colocado en un lugar elevado frente a la habitación privada del Maulana. Desde los balcones y tejados de las casas de ambos lados, miles de hombres y mujeres afligidos mantenían sus ojos llenos de lágrimas fijos en el mayyit. Faltaba poco para preparar la morada eterna del Maulana. Aunque el espacio era reducido, varios miles de personas se agolpaban allí.
En ese momento se vio una escena extraordinaria, aunque desgarradora. Dos niños pequeños salieron de la casa y se acercaron al cadáver. Uno le decía al otro: «No vayas por allí; el abuelito está durmiendo».
El otro decía: «¿Por qué hay tanta gente aquí? El sueño del abuelito se interrumpirá. Si vienen tantas personas aquí todos los días, ¿cómo podrá trabajar el abuelito?»
Quienes oyeron las dulces palabras de los niños inocentes no pudieron contener las lágrimas. ¡Cuánto cariño y cuánta preocupación sentían los pequeños por su querido abuelito! Pero el abuelito los había dejado y se había marchado lejos, muy lejos. Poco después, Sayyid y Murshid Maududi fueron recostados en su lecho eterno. Cayó el telón sobre un brillante capítulo de la historia de la humanidad. Quizá, sin que nuestros oídos lo percibieran, resonó:
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«¡Oh alma sosegada! Regresa a tu Señor, satisfecha y grata, y siendo grata para tu Señor. Entra, pues, entre Mis siervos virtuosos y entra en Mi Paraíso». (Al-Fayr: 27-30)
Sin embargo, las últimas palabras las escuché realmente con mis propios oídos al día siguiente. Hacia las nueve de la mañana, fui desde la casa de huéspedes hasta 5/A Jaildar Park. Nunca había imaginado que vendría a este lugar y no podría ver al Maulana, sino que vería su lecho eterno. Mi pecho se contrajo de un dolor inexpresable. Vi entre veinte y veinticinco personas alrededor de la tumba del Maulana. Entre ellas estaba el pir sahib de Deval Sharif. Todos tenían las manos levantadas para la oración. Lo primero que escuché de labios del pir sahib fue:
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Él mantenía las manos levantadas para la oración y continuaba diciendo: «Sayyid Maududi habló con verdad durante toda su vida, llamó a la verdad y se mantuvo firme en la verdad hasta el final. El ser humano es como una grabadora. La grabadora que ustedes ven ha sido fabricada por el ser humano; el ser humano ha sido creado por Allah. La grabadora fabricada por el ser humano ríe, llora, canta y habla. Pero Sayyid Maududi era una grabadora creada por Allah, que habló con la verdad en este mundo, continúa haciéndolo en la tumba y también hablará en el Más Allá». —–
El Pir Sahib continuaba diciendo todo aquello, mientras las lágrimas brotaban copiosamente de los ojos de los oyentes.
En cuanto el Pir Sahib terminó la súplica y volvió el rostro, lo saludé y estreché su mano. Me agradaron muchísimo sus palabras. Eran la expresión de sus sentimientos sinceros.
¡Mis queridos lectores y lectoras! Por el momento, retrocedamos un poco. Considero necesario conocer algunos detalles del viaje del Maulana al extranjero desde Lahore para recibir tratamiento y de su posterior viaje al Más Allá.
El Maulana no tenía en absoluto deseos de viajar al extranjero para recibir tratamiento. Tal vez comprendía claramente que el tratamiento no serviría de nada, pues su hora había llegado. Sin embargo, ocurrió un acontecimiento que aceleró su viaje al extranjero. El rey Jalid de Arabia Saudita envió a su médico personal, el doctor Ma’ruf Dawalibi, para examinar al Maulana. Este conversó con el Maulana durante unas dos horas. Durante la conversación, el Maulana no permitió que nadie percibiera que sus nervios se habían debilitado. Pero, apenas el doctor Dawalibi salió de la habitación del Maulana, este cayó inconsciente. El hecho preocupó y angustió a todos. El doctor Ahmad Faruk se desesperó por llevar al Maulana a Estados Unidos para que recibiera tratamiento. Pero ni Begum Maududi ni todos los miembros de la familia juntos lograron convencer al Maulana. El Maulana había escondido su pasaporte. Todos quedaron sumamente preocupados. Finalmente, el contador del Maulana, el señor Bashir Ahmad Butt, ideó una estratagema y logró apoderarse del pasaporte del Maulana. Entonces, el 26 de mayo, el Maulana partió de Lahore hacia Islamabad y de Islamabad hacia Londres, con destino a Estados Unidos. Hasta Londres lo acompañó el mariscal del aire Asghar Khan. Begum Maududi viajó con el Maulana y permaneció a su lado hasta el final.
En la ciudad de Búfalo, a cuatrocientas cincuenta millas de Nueva York, ingresaron al Maulana en el Hospital Miller Fillmore para operarlo.
El segundo hijo del Maulana, Ahmad Faruk Maududi, es un médico eminente —especialista en el cerebro— y también residía allí. El Maulana fue operado en el hospital el 4 de septiembre. Fue necesario operarlo debido a una herida en una arteria.
El médico dijo que, en semejante estado, el paciente siente un dolor insoportable. Pero el Maulana no lo experimentó. El día anterior, el Maulana no había podido hablar. Después de la operación, su estado era satisfactorio. Ese día, a las cuatro de la tarde, uno de los amigos del Maulana, el doctor Amirullah Husaini, fue a visitarlo. Cuando le preguntó cómo se encontraba, el Maulana respondió que estaba bien. Cuando el doctor le pidió que hiciera una súplica, el Maulana recitó la siguiente súplica del Corán:
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Haz que muera como musulmán y reúneme con los justos. —Sura Yusuf (101)
Al día siguiente, 5 de septiembre, sufrió un ataque cardíaco. A partir del día 7, su salud comenzó nuevamente a mejorar. El día 19 volvió a empeorar repentinamente y el dolor del corazón aumentó mucho. Durante la noche del día 21, la Begum Maududi permaneció sentada junto al lecho de su esposo hasta muy entrada la noche, recitó la sura Yasin y otras oraciones y súplicas, y lo encomendó a Allah Ta‘ala.
Al día siguiente, el Maulana pasó la mayor parte del tiempo inconsciente. Sin embargo, durante las horas de la oración, aun estando inconsciente, movía hacia arriba y hacia abajo el dedo índice de su mano derecha, algo que todos pudieron observar. El 22 de septiembre de 1979, a las ocho y cuarenta y cinco de la mañana, a la edad de 76 años, el Maulana se reunió con su verdadero Ma‘bud —innā lillāhi…—.
Según las leyes vigentes en Estados Unidos, no se puede retirar un cadáver del hospital antes de transcurridas 48 horas. Primero, el departamento de salud expide el certificado de defunción. Después se fabrica el ataúd. Se completan todos los preparativos necesarios para conservar el cadáver. Solo entonces puede retirarse. Este proceso requiere al menos 48 horas. Además, para trasladar un cadáver fuera de Estados Unidos se necesita autorización gubernamental. Pero hay que atribuir a la especial misericordia de Allah Ta‘ala que, de manera asombrosa, todos estos trámites se completaran en un tiempo muy breve.
A las cuatro de la tarde, el cadáver fue trasladado desde el hospital a la residencia del Dr. Faruk Maududi, situada en Willing Road, en las afueras de la ciudad de Buffalo. Después, en Willing Road comenzó a congregarse una multitud de musulmanes, nuevos musulmanes y personas afligidas de diversos países del mundo, influenciados por la obra literaria del Maulana, procedentes de distintos lugares de Canadá y Estados Unidos. El 22 de septiembre se realizaron tres oraciones fúnebres en la ciudad de Buffalo. La primera fue dirigida por el Maulana Sharif Bokhari; la segunda, por el qari sahib de Toronto (Canadá); y la tercera, por el jatib de la mezquita Jinnah de Lahore Bagh y presidente de la Anjuman Khuddam-ul-Qur’an, el Dr. Israr Ahmad. Ellos llegaron en avión desde Chicago. Hasta el anochecer de ese día, continuaron llegando sin cesar personas desde Toronto, Nueva York, Chicago, Detroit, Michigan, Indiana y otras ciudades. En cuanto recibió la noticia, el cónsul general de Irán participó en esta primera oración fúnebre en Buffalo. Cuando llevaron el cadáver a Willing Road, estaban presentes el Dr. Ahmad Faruk, la Begum Maududi, el yerno del Maulana, Syed Masud, y el hermano de la Begum Maududi. En su breve discurso, el Dr. Ahmad Faruk dijo: «Todos debemos continuar luchando por la misión por la que el difunto Maulana Maududi dedicó toda su vida. Para nosotros es motivo de alegría que el Maulana haya comparecido ante Allah Ta‘ala, quien le concede su verdadero honor. Siguiendo sus pasos, llevaremos, insha Allah, el mensaje del islam no solo a Pakistán, sino a todo el mundo».
El Dr. Ahmad le dijo al cónsul general de Irán: «El Maulana había dicho que, si su salud se lo permitía, sin duda habría hecho una escala en Irán durante su viaje. El Maulana también había dicho: “La Revolución Islámica de Irán es el latido de mi corazón”».
Una entrevista memorable en Buffalo
El 22 de julio, el Maulana concedió una entrevista a una delegación de treinta y cinco personas procedentes de zonas remotas de Norteamérica. La entrevista tuvo lugar en la residencia del Dr. Ahmad Faruk. El Maulana respondió a sus diversas preguntas y ofreció soluciones para muchos problemas. En aquella ocasión, su estado físico parecía ser bueno. También estaba de muy buen humor y, durante la conversación, hizo algunas bromas propias de su carácter.
En ese momento, alguien trajo paan desde Nueva York para el Maulana. Entonces surgió una conversación sobre el paan. Cierto Anwar Beg dijo: «Maulana, parece que Allah Ta’ala debe haber dejado paan en el Paraíso».
En respuesta, el Maulana bromeó: «Hermano, quizá no sepa que el paan es, en realidad, una hoja del Paraíso y que de allí llegó a la Tierra».
Ya he dicho que retirar un cadáver de un hospital de Estados Unidos y trasladarlo después a otro país era una tarea sumamente difícil. Los devotos y admiradores del Maulana, llegados de diversas ciudades de Norteamérica, ayudaron considerablemente a resolver satisfactoriamente todos estos trámites. Desde Nueva York llegaban repetidas solicitudes telefónicas para celebrar allí la oración funeraria. Desde distintos lugares también se preguntaba por teléfono, con preocupación, hasta qué punto habían avanzado los preparativos. El teléfono de la casa del doctor Ahmad sonaba sin cesar.
Por otra parte, apenas oyó la noticia de la muerte del Maulana, el ayatolá Allamah Ruhullah Jomeini declaró: «La comunidad islámica ha perdido a un eminente erudito y pensador islámico». Inmediatamente informó a Begum Maududi, en Búfalo, de que un avión iraní estaba preparado para tener el gran honor de transportar los restos del Maulana. Al recibir la noticia de su muerte, el rey Jaled, profundamente afligido, declaró: «El fallecimiento de al-Ustaz Maulana Sayyid Abul A’la Maududi es una tragedia desgarradora para el mundo musulmán». También comunicó que un avión de Saudi Airlines estaba preparado para tener el honor de transportar los restos del Maulana. Del mismo modo, el presidente de Pakistán, el general Zia-ul-Haq, quedó abrumado por el dolor al enterarse de la muerte del Maulana y ofreció los servicios de PIA para transportar sus restos.
Begum Maududi expresó su profunda gratitud a esos gobiernos y, en particular, al ayatolá Jomeini, al rey Jaled y al general Zia-ul-Haq, y dijo: «Aceptar después de su muerte un servicio de este tipo en favor de quien jamás, ni una sola vez en toda su vida, extendió la mano ante nadie para pedir nada, sería una falta de respeto hacia él. Reconozco la gratitud que debemos a todos y declaro que realizaremos esta tarea con nuestros propios medios, según nuestras posibilidades».
Se hicieron todos los preparativos para que los restos partieran de Búfalo hacia Nueva York en un avión fletado el 23 de septiembre a las cuatro de la tarde, y para enviarlos desde Nueva York a Londres en el vuelo nocturno de Pan Am.
En un ambiente de duelo, entre un incesante derramamiento de lágrimas, se dio el último adiós a los restos del venerable Murshid-e-A’am. Antes de ello, a las dos y media de la tarde, se realizó por cuarta vez la oración funeraria en Búfalo. Luego, el avión fletado desplegó sus alas y emprendió el vuelo hacia Nueva York, dejando a Búfalo sumido en un mar de lágrimas. Desde Nueva York, el avión de Pan Am despegó con los restos a bordo y, atravesando la oscuridad de la noche, voló hacia Londres por la ruta aérea sobre el océano Atlántico.
En Londres y Pakistán, todos pensaban que no se podía esperar la llegada de los restos antes de cuarenta y ocho horas. Sin embargo, inesperadamente, tras la partida del avión de Nueva York, la noticia llegó a Londres.
Un tal Chowdhury Muhammad Yasin era un amigo íntimo del Maulana y de su familia. También participó en todos los preparativos para el tratamiento del Maulana. Se dedicaba a los negocios en Londres. Después de acompañar al Maulana hasta Estados Unidos, regresó a Londres y se mantuvo constantemente en contacto con el Dr. Ahmad Faruk. Dijo: «De repente, la noche del día 23, recibimos en Londres la noticia de que el cuerpo del Maulana había partido de Nueva York. Ya no había tiempo para publicar la noticia en ningún periódico. Simplemente se informó a todos los lugares por teléfono».
El avión procedente de Nueva York aterrizó al día siguiente, es decir, el 24 de septiembre, a las ocho y media de la mañana, en el aeropuerto de Londres. «¡Allahu Akbar!», nunca antes se había congregado una multitud tan grande en la historia del aeropuerto londinense. Incluso antes de que llegara el avión, el aeropuerto estaba abarrotado de gente. Se veía un flujo incesante de personas, con los ojos llenos de lágrimas, dirigiéndose hacia el aeropuerto.
Descendieron del avión junto con el cuerpo del difunto Begum Maududi, el Dr. Ahmad Faruk y Saiyid Masud. De las voces de miles de personas que lloraban en el aeropuerto resonaban el kalima de la profesión de fe y los gritos de «Allahu Akbar». Bajaron el cuerpo del avión y lo colocaron en la sala Shalimar de PIA; se organizó la oración fúnebre en la terminal número 47. La primera vez dirigió la oración fúnebre el señor Khurram Jah Murad, y la segunda, el profesor Khurshid Ahmad. Después llegaron varias decenas de personas en autobuses procedentes de Birmingham. Esta vez dirigió la oración el vicepresidente de la Misión Islámica del Reino Unido. Aun después siguió llegando gente sin cesar. La salida del avión de PIA se demoró considerablemente. Como consecuencia, se realizó la oración fúnebre dos veces más. Numerosos periodistas nacionales y extranjeros estuvieron presentes en el aeropuerto. Comentaron que jamás habían visto ni imaginado un mar de gente tan abrumado por el dolor.
Para rendir homenaje al alma del Maulana acudieron al aeropuerto el señor Muazzam Ali, asesor especial del presidente de Pakistán, el señor Salim Azam, secretario general del Consejo Islámico de Europa, y representantes diplomáticos de numerosos países.
El avión de PIA partió con retraso por la tarde llevando el cuerpo del difunto, y, pasando por Ámsterdam, Damasco y Dubái, aterrizó al día siguiente (35/9/79) a las diez de la mañana en el aeropuerto de Karachi.
El día 25 fue un acontecimiento memorable en la historia de Karachi.
Desde las nueve de la mañana comenzó a reunirse gente en el aeropuerto de Karachi. Ese día se celebraban las elecciones de la Corporación Municipal de Karachi. La mayoría de los vehículos estaban ocupados en tareas electorales. A pesar de ello, la gente se dirigía con grandes dificultades hacia el aeropuerto.
A las nueve y media, el emir de la Jamaat-e-Islami de Pakistán, Mian Tufail Muhammad, entró en la sala VIP acompañado por los dirigentes de la Jamaat de Karachi y diez o doce periodistas y fotógrafos. Sus rostros estaban apagados y afligidos. Los voluntarios de PIA permanecían alineados, ocupados en mantener el orden. Afuera, en el corredor, varias mujeres con burka lloraban. Miles de personas esperaban el avión. Se anunció que la llegada del avión se retrasaría un poco: no sería a las diez, sino a las diez y media. Por los altavoces se anunció que, quince minutos después de la llegada del avión, se celebraría la oración fúnebre en el estadio del aeropuerto, situado a una milla de distancia. La gente comenzó a correr hacia allí.
Mian Sahib permanece sentado, en silencio, entre la multitud afligida del salón VIP. Poco después, Sardar Sherbaz Mazari entra en el salón y comienza a expresar su dolor junto con Mian Sahib, Jan Muhammad Abbasi y los demás, abrazándolos.
En ese momento, un funcionario gubernamental de alto rango saluda a Mian Sahib y dice: «Vengo de Rusia. Había ido allí para participar en una conferencia internacional. En cuanto llegó a la conferencia la noticia de la muerte del Maulana, espontáneamente la gente levantó las manos para hacer du’a».
También dice: «La pérdida causada por la muerte del Maulana no es sólo una pérdida para su familia y la Jamaat-e-Islami, sino una pérdida irreparable para todo el mundo musulmán».
Pronuncia estas palabras con la voz entrecortada por la emoción.
Exactamente a las diez, el avión aterrizó en la pista y se detuvo frente al salón VIP. Cientos de personas rompieron a llorar. Algunas, abrumadas por el dolor, perdieron el conocimiento.
El primero en bajar del avión fue el Dr. Ahmad Farooq. Después, Begum Maududi. Detrás de ella venían el profesor Khurshid, Sayyid Masud y Chaudhury Muhammad Yasin, de «Dawn Travels London». Estas cinco personas llegaron junto con el mayyit.
Con gran dificultad, entre la multitud, subieron el mayyit al camión. Sobre el camión iban Mian Sahib, el Dr. Ahmad, el profesor Khurshid y otros dirigentes. El camión partió hacia el estadio del aeropuerto atravesando un mar de gente. A las once y cinco, Mian Tufail Muhammad Sahib dirigió la oración funeraria.
Después de la oración, volvieron a subir el mayyit al camión. Esta vez, entre los demás, se encontraba el gobernador general de Sindh, Abbasi. Hasta ese momento, la gente se había contenido con infinita paciencia. Pero ahora se rompió el dique de su paciencia. Innumerables personas habían acudido al aeropuerto desde toda la ciudad. ¿Quién habría, en el momento de la despedida final, que no quisiera contemplar por última vez el rostro de su amado líder? Todos corrían como enloquecidos detrás del camión. Todos deseaban tocar una vez al mayyit y contemplar, una vez más y con todo el corazón, aquel rostro luminoso. Era el momento de la despedida final. Quien había despertado sus almas adormecidas y había dirigido un ferviente llamamiento a sus conciencias, hoy yacía él mismo adormecido y silencioso. Había cumplido su misión y se había marchado a la proximidad de su Señor. Una y otra vez comenzó a resonar: «Allahu Akbar», y junto con ello: «¡Mi señor, mi guía, adiós, adiós!».
La escena de subir el cuerpo al avión es aún más desgarradora. Muchos se abrazan unos a otros y siguen llorando entre sollozos. Muchos pierden el conocimiento. A la una, después de subir el cuerpo al avión, se cierran las puertas de la aeronave. A la una y media, el avión alza el vuelo, extendiendo sus dos alas por el cielo en dirección a Lahore. El estruendo del avión sigue golpeando el corazón de cada persona afligida. Si ellos también hubieran tenido un par de alas, habrían volado junto al avión como una bandada de pájaros. Por eso, junto con la desesperación, los suspiros y las lágrimas, sus labios elevaban fervientes súplicas por su amado murshid.
El cuerpo en Lahore
Aeropuerto de Lahore. El ardiente sol de Ashwin se ha inclinado hacia el horizonte occidental. ¿Quién habría sabido que aquel mard-e mumin que el pasado 26 de mayo partió de este aeropuerto rumbo a Estados Unidos, despidiéndose con un «Khuda hafiz» de la afligida comunidad islámica, estaba dando su último adiós? Ya no pudo regresar a Lahore. Allah Ta‘ala dice de Sus siervos predilectos: «Radiyallahu ‘anhum wa radu ‘anhu»; él era uno de ellos y se ha marchado satisfecho al encuentro de su Señor. Hoy solo ha regresado a Lahore su cuerpo terrenal sin vida. Multitudes se dirigen al aeropuerto de Lahore para recibir respetuosamente su cuerpo. Está previsto que el avión que transporta el cuerpo aterrice a las tres. Ya no pudo regresar a Lahore. Allah Ta‘ala dice de Sus siervos predilectos: «Radiyallahu ‘anhum wa radu ‘anhu»; él era uno de ellos y se ha marchado satisfecho al encuentro de su Señor. Hoy solo ha regresado a Lahore su cuerpo terrenal sin vida. Multitudes se dirigen al aeropuerto de Lahore para recibir respetuosamente su cuerpo. Está previsto que el avión que transporta el cuerpo aterrice a las tres.
Mientras tanto, más de cien mil personas se han congregado en el aeropuerto. Quienes no pudieron llegar hasta el aeropuerto lo hicieron para rendir homenaje al cuerpo del Maulana desde allí.
Entre quienes acudieron al aeropuerto, además de los dirigentes de la Jamaat, destacaban el presidente del Consejo de Ideología Islámica, el juez Afzal Cheema; una delegación de más de cien personas encabezada por el Amir Maulana Yusuf de la Jamaat-e Islami Hind; una delegación llegada de Jordania encabezada por el doctor Latif; los embajadores de los países musulmanes; representantes de Jammu y Cachemira; representantes del Islamic Students Movement of India; y dirigentes de los muyahidines afganos.
Entre los dirigentes de los partidos políticos se encontraban Chaudhry Zahur Elahi, Malik Qasim, Khwaja Khairuddin, Sahibzadi Mahmuda Begum, Sardar Shaukat Hayat y muchos otros. También llegaron, en un automóvil negro, las mujeres de la familia del Maulana. Inmóviles, como estatuas de piedra: la encarnación misma del dolor. Las lágrimas se habían agolpado en las comisuras de sus ojos.
Exactamente a las tres, cuando el avión esperado comenzó a dar vueltas sobre el aeropuerto, la multitud impaciente quedó aturdida por una intensa oleada de dolor. En el aire resonaban, pronunciados con voces entrecortadas por el llanto, la Kalima-e Shahadat y los takbir.
A las tres y cinco minutos, el avión aterrizó y se detuvo frente a la sala VIP. Un camión de PIA se colocó junto a las ventanillas del avión. Para bajar el cuerpo subieron al avión Husain Farooq Maududi, Chaudhry Zahur Elahi, Qazi Husain Ahmad y el trabajador de Piyasi, Mawlavi Rafiq Ahmad.
Después de colocar el cuerpo en el camión, este avanzó lenta y pausadamente hacia la residencia del Maulana. Millones de personas marchaban junto al camión. Habían venido personas de todas las ciudades y localidades, desde Khyber hasta Quetta y desde Azad Cachemira hasta Multán, jóvenes y ancianos por igual. Desde ambos lados del camino y desde los edificios, innumerables hombres y mujeres derramaban lágrimas al contemplar aquella marcha fúnebre y expresaban su respeto arrojando flores sobre el cuerpo. Junto al camión avanzaba una interminable fila, de kilómetros de longitud, de automóviles particulares, autobuses especiales, camionetas, scooters, motocarros, bicicletas y otros vehículos; y con ella caminaban millones de personas afligidas. No había desorden alguno, ni gritos ni alboroto. La multitud avanzaba, manteniendo plenamente la disciplina en la que había sido instruida durante tanto tiempo. Desde un vehículo situado detrás se recitaba por altavoz la Kalima de la Shahada y se proferían takbires. La procesión había comenzado a las tres y media desde el aeropuerto. Pasó por Shahrah-e Quaid-e-Azam, Charing Cross, Shahrah-e Fatima Jinnah y Mujang Chungi, llegó a Firozpur Road y después al cruce de Ichhra a las seis de la tarde. Finalmente, tras grandes dificultades, el camión con el cuerpo llegó a la residencia del Maulana. Desde los minaretes de las mezquitas de los alrededores resonaba el llamado a la oración del magrib. En ninguna de las mezquitas cercanas quedaba siquiera un espacio mínimo donde pudiera permanecer de pie una persona. Mientras tanto, muchas personas, tanto niños como ancianos, perdían el conocimiento por la intensidad del dolor.
Después del magrib se anunció que hasta las nueve de la noche solo las mujeres podrían contemplar por última vez el cuerpo. A partir de las diez de la noche y hasta las ocho de la mañana del día siguiente, solo los hombres tendrían la oportunidad de verlo. El cuerpo había sido colocado en un lugar elevado frente a la habitación privada del Maulana. La gente entraría por una puerta, miraría el cuerpo por un instante y saldría por otra. Desde las seis de la tarde, la fila de mujeres se extendía dentro de la entrada de 5/A Zaildar Park, y aquel flujo continuó ininterrumpidamente hasta las nueve de la noche.
Las estudiantes de la Universidad de Punyab llegaron en tres autobuses llenos. Todas lloraban desconsoladamente. Parecía que en el aire y en el cielo se escuchaba el clamor del llanto; lloraban los ángeles de Dios y lloraba toda la creación.
A las siete y media de la tarde llegó el presidente de Pakistán, el general Zia-ul-Haq, para contemplar por última vez el cuerpo. Se pidió a las mujeres que se detuvieran durante unos instantes para permitirle verlo. Mian Tufail Muhammad entró en la residencia del Maulana acompañando al general Zia-ul-Haq. Con el presidente de Pakistán estaban el gobernador de Punyab, el general Sarwar Khan, el secretario jefe y otros funcionarios militares y civiles. También los acompañaba el señor Liaquat Baloch, dirigente de la Jamiat Islami. Después de contemplar al Maulana, el general Zia-ul-Haq permaneció de pie en silencio durante unos instantes, mientras gruesas lágrimas corrían por sus dos mejillas.
El general Zia-ul-Haq dijo con la voz entrecortada por la emoción: «Este rostro es absolutamente radiante». Luego consoló a los hijos del Maulana y dijo: «La desaparición del Maulana es una pérdida irreparable. No es una pérdida de su familia ni de Pakistán, sino de todo el mundo musulmán. El gran servicio que prestó guiará el camino de la nación musulmana durante los próximos siglos. Espero que sus hijos procuren mantener encendida la antorcha de la guía que el Maulana dejó iluminando el camino». Diez minutos después se marchó.
Desde las nueve y media de la noche hasta las nueve de la mañana del día siguiente, miles de personas hicieron fila para contemplar por última vez al Maulana, aunque solo fuera por un instante.
Poco antes de las nueve en punto se cerró el acceso a la gente y el cuerpo fue colocado nuevamente en el camión para la oración fúnebre. Precisamente en ese momento aterricé en el aeropuerto de Lahore. Las escenas dolorosas que siguieron ya las he descrito anteriormente.
El veintisiete de septiembre, por iniciativa de la Anjuman-e Ittehad-e Talaba de la Universidad de Punyab, se organizó una reunión de duelo en el Auditorio Faisal del campus universitario. La presidió Mian Tufail Muhammad. Allí pronunciaron discursos numerosos intelectuales y eruditos del país y del extranjero, rindiendo un profundo homenaje al Maulana.
El vicerrector de la Universidad de Catar dijo: «El funeral de Sayyid Maududi fue un referéndum. El pueblo de Pakistán ha declarado su decisión a favor del islam».
El subsecretario general de la Asamblea Mundial de la Juventud Musulmana, Dr. Muhammad Ahmad Tutunyi, dijo que las ideas del Maulana seguirían iluminando las mentes y los corazones hasta el Día del Juicio. El director del Departamento de Asuntos Islámicos del Ministerio de Awqaf de Kuwait, el jeque Abdullah al-Aqil, dijo que el Maulana Maududi había desbaratado la conspiración para confinar el islam dentro de las cuatro paredes de las mezquitas y las madrasas. El representante oficial de Arabia Saudita, Dr. Taha Jaber, dijo que Sayyid Maududi había reavivado la religión de Allah en el siglo actual. Un ilustre pensador kuwaití, Abdul Aziz Ali Al-Motawa, dijo que Sayyid Maududi había fundado una Jamaat activa en la lucha por establecer la supremacía del islam en todo el mundo. El emir de la Jamaat-e-Islami de la India, Maulana Yusuf, dijo: «Pongo a Allah por testigo de que el Maulana Maududi cumplió plenamente con su responsabilidad». También dijo: «La literatura y el pensamiento del Maulana han provocado una revolución mental en cientos de millones de personas». Un ilustre pensador sirio, el jeque Said Hawa, dijo que el Maulana Maududi había difundido por todo el mundo la fragancia de Pakistán. El presidente de la Jamiat Islami, Liaquat Baloch, dijo que la literatura y el pensamiento del Maulana habían convertido a cientos de millones de jóvenes de este país y del mundo musulmán en personas consagradas al islam. Si hoy fuera posible devolver al Maulana a cambio de sus vidas, cientos de miles de jóvenes estarían dispuestos a entregar sus vidas por ello.
El abogado egipcio jeque Saiful Islam, hijo del jeque Hasan al-Banna, mártir y fundador de los Hermanos Musulmanes, dijo que, después de que el jeque Hasan al-Banna alcanzara el martirio, los miembros de los Hermanos pensaron que no había nadie que los dirigiera. Pero poco después comprendieron que ahora el Ustaz Sayyid Abul Ala Maududi era su murshid-i-am, su maestro y guía.
En su discurso como presidente, Mian Sahib dijo: «Emplearemos todas nuestras fuerzas para extender la preeminencia del pensamiento del Maulana».
Después de ello, también se celebró una reunión de duelo en la Universidad de Punyab y varias otras en distintos lugares de Lahore con motivo de la muerte del Maulana. Fui invitado y participé en casi todas ellas.
Durante los últimos veintidós años intenté conocer al Maulana; lo conocí y lo vi. Intenté conocerlo y contemplarlo con todo mi corazón. Hoy percibo claramente que la muerte ha hecho al Maulana cien mil veces más grande y grandioso de lo que lo había visto en vida. La muerte ha multiplicado muchas veces el honor y la reverencia que se le tributaban dentro y fuera del país.
En este viaje a Pakistán recorrí Karachi, Lahore, Pindi y Peshawar. Por todas partes, en el cielo y el aire, entre las hojas y las ramas, en las ondulantes corrientes del murmullo de los ríos Indo, Ravi, Jhelum y Attock, y en las colinas y montañas, escuché la elegía del duelo. En todas partes vi imágenes vivientes del luto. Escuché las voces de millones de hombres, mujeres, jóvenes y ancianos, como en el lamento de Muharram: «¡Sayyidi, Murshidi, Maududi, adiós, adiós!». Desde Buffalo hasta Nueva York y Londres, de Londres a Karachi y de Karachi a Lahore, atravesando innumerables ríos, mares, montañas, cordilleras, valles y mesetas, ciudades, poblados y desiertos, su cuerpo inerte de barro llegó volando para reposar en su lecho eterno, sumiendo al mundo entero en un océano de lágrimas. Por eso hoy, ante su muerte, el mundo musulmán llora y entona su elegía.
Hoy comprendí, con todo lo que hay en mi vida, que la diferencia entre el Maududi vivo y el Maududi que se despidió de este mundo de polvo es enorme: es como la diferencia entre el cielo y la tierra. Maududi es hoy invencible ante la muerte. Su prédica islámica universal, su inestimable tesoro literario y su pensamiento claro lo mantendrán inmortal para siempre. Quienes durante su vida lo miraron con malos ojos hoy no cesan de elogiarlo. Hoy, por medio de la BBC, Altaf Gauhar, de la época de Ayub, arrojó luz sobre diversos aspectos de la vida del Maulana y le rindió un profundo homenaje de corazón. El jefe de la PNA, Mufti Mahmud, dijo que el Maulana Abul Ala Maududi era «un sanad», una autoridad acreditada, del Corán y la Sunna.
Con el fallecimiento del Maulana, todo el mundo musulmán quedó sumido en el dolor. En ciudad tras ciudad y en mezquita tras mezquita comenzaron a celebrarse oraciones funerarias por el ausente y reuniones de duelo. Diversos eruditos, intelectuales, personas respetables, profesores y estudiantes continuaron expresando en periódicos y revistas, con el corazón bañado en lágrimas y afligido por el duelo, sus emociones y sentimientos de respeto hacia el Maulana. Entre quienes manifestaron su reacción destacan también el mayor (ret.) Mustafa Shaheen, el Dr. Muhammad Qutb, el célebre cirujano Dr. Ali Alhajj, de Jartum, capital de Sudán, el exministro Yusuf Hashem Al-Rifa‘i, de la Fundación Islámica de Nairobi, el profesor Hamidullah, lingüista francés, Nazir Hasan, residente en Hong Kong, uno de los grandes eruditos del mundo árabe, el Dr. Mustafa al-Zarqa, el jeque Abdul Aziz al-Mubarak, presidente del Tribunal Supremo de los Emiratos Árabes Unidos, el ayatolá Allama Yahya Nuri, de Irán, el Dr. Ibrahim Agah, de Turquía, el Dr. Ismail Raji al-Faruqi, de Estados Unidos, el Maulana Abul Hasan Ali Nadwi, de la India, Sayyid Masud Ali Rizvi, de Yeda, Muhammad Amin, de Riad, Husain Khan, de Japón, el Maulana Said Ahmad Akbarabadi, de la India, Abdul Mujib, de Medina, el Maulana Sadruddin Rifa‘i Mujaddidi, el abogado A. K. Brohi, el asesor jurídico Muzaffar Beg y Sarwat Saulat, del mundo árabe. El número de personas respetables abrumadas por el duelo que expresaron así sus sentimientos es tan elevado que sería necesario escribir una obra independiente para publicarlos.
Segunda parte
La inspiración de la capacidad literaria del Maulana
No es desconocido en el mundo literario que el Maulana era un ensayista, literato y pensador de altísimo nivel. También es innegable que otorgó a la lengua urdu una nueva forma y vitalidad. El estilo de su escritura, su manera de construir las frases y su forma de expresarse eran enteramente propios. La inspiración para escribir de manera extraordinaria parecía ser innata en él, y esta inspiración se manifestó desde su más tierna infancia.
A continuación se presentan sus propias palabras sobre este asunto, para conocimiento de los lectores:
«Cuando tenía nueve años comenzó a surgir en mí una inspiración natural para escribir ensayos. En aquel entonces, un amigo mío llamado Ashfaq Ahmad Zahidi llegó a Aurangabad y se alojó unos días en nuestra casa. Sentía una gran inclinación por escribir ensayos y leer libros. Él despertó en mis dos hermanos y en mí el interés por escribir ensayos y nos animó a leer, además de los libros de texto, revistas generales y periódicos. En cierta ocasión, para poner a prueba nuestra capacidad, nos dijo: “Supongamos que os habéis enamorado de una muchacha. Ahora escribid a esa amada imaginaria una carta de amor en la que se manifiesten la emoción y el arrebato del amor, así como el dolor de la separación”.»
En este asunto éramos completamente inexpertos. En particular, yo tenía una edad en la que ni siquiera había nacido en mi mente una idea de qué eran el amor, la amada, la separación y cosas semejantes. Sin embargo, por entonces ya había leído el Gulistán y el Bustán. De ellos había adquirido algún conocimiento: “El amor es una enfermedad especial que nace al contemplar un rostro hermoso; luego, como consecuencia de esta enfermedad, comienza a arder un fuego en el corazón, que solo se apaga al contemplar de nuevo aquel rostro. Mientras no se lo ve, ese fuego continúa ardiendo en el corazón. Y el nombre de ese estado del corazón es ‘separación’”. En fin, aprovechamos al máximo, según nuestras posibilidades, aquel conocimiento y escribimos largas cartas describiendo ese estado. Ninguno de nosotros tres —mi hermano, yo y el hermano Ashfaq— recuerda qué escribimos entonces. Pero sí recuerdo claramente que el hermano Ashfaq quedó atónito después de leer las dos cartas y que, en particular, le gustó más la mía, aunque la carta de mi hermano mayor era considerablemente más extensa.
Después de aprobar el examen de maulaví, durante un tiempo libre, y a petición de mi hermano mayor, traduje al urdu un libro árabe de Qasim Amin Bey titulado Al-Mir’at al-Jadid. No sé dónde se encuentran ahora los manuscritos de aquella traducción. Sin embargo, recuerdo muy bien que mi difunto padre quedó sumamente complacido con la fluidez de la traducción, la sencillez del lenguaje y la sonoridad de la construcción de las frases, y que mi hermano mayor también la elogió mucho.
Este fue mi esfuerzo inicial. Después de trasladarme a Bhopal en 1917, mi inclinación a escribir artículos, junto con los estudios generales, se arraigó tanto que me pareció que no lograría terminarla antes de morir. Durante los primeros tres o cuatro años me encontraba en una etapa de imitación. Trataba de imitar el estilo de escritura de quien me agradaba. Pero cuanto más avanzaban mis estudios, más comprendía que la belleza de un artículo no se desarrolla imitando el método de otro, sino mediante un estilo de expresión propio. Desde 1921 he adoptado un estilo y un método propios y permanentes, en los cuales no imito a nadie.
Sostengo la idea de que con cada pensamiento y concepto surge también cierto lenguaje. Y el lenguaje más correcto y apropiado para expresar cada pensamiento y concepto es precisamente el que surge espontáneamente junto con ese pensamiento o concepto. Por lo tanto, solo hay que preocuparse por el artículo. En cuanto al lenguaje, no es necesario afanarse por elegirlo. Surgirá por sí solo junto con el artículo.
Esta es la razón por la que, cuando tengo que escribir algo, todos mis esfuerzos se concentran únicamente en ordenar las ideas y reunir el material, los argumentos y las pruebas. Después, una vez que el contenido se ha recopilado en mi mente, no tardo mucho en plasmarlo en el papel. Tengo tanta confianza en la elección de las palabras al escribir que, salvo en asuntos de especial importancia, casi nunca necesito revisar por segunda vez lo que he escrito.
La literatura revolucionaria del Maulana
Durante el último medio siglo, la vigorosa y revolucionaria literatura del Maulana Sayyid Abul Ala Maududi ha provocado una revolución en la mente y el intelecto de cientos de millones de seres humanos. Ha infundido un profundo amor por Dios y el Mensajero en el corazón de innumerables hombres y mujeres, cambiando el rumbo de sus vidas. Su literatura y su pensamiento han seleccionado a muchas personas de entre los cientos de millones y las han puesto al servicio de una lucha incesante contra la falsedad. La literatura del Maulana eliminó el estancamiento que se había acumulado durante siglos en el mundo del pensamiento musulmán e infundió un pensamiento amplio, de largo alcance, claro y puro. Es imposible calcular cuántas personas, gracias a la influencia de su literatura, se han liberado de la codicia por los bienes mundanos y del miedo, convirtiéndose en poseedoras de un carácter firme e intachable.
Características de su literatura
La primera característica de la literatura del Maulana Maududi es que presenta el islam, en lugar de como una religión estancada, antigua, convencional o heredada de los antepasados, como una filosofía revolucionaria de vida y un movimiento. Sus argumentos más sólidos los ha presentado como pruebas internas provenientes del propio pensamiento islámico. Dan testimonio de esta concepción revolucionaria de la religión los versículos del Sagrado Corán, llenos de estímulo y entusiasmo; los veintitrés años de lucha del Santo Profeta; la lucha y el esfuerzo eternos de los nobles Compañeros; y la gloriosa época del Califato Rectamente Guiado. El Maulana no intentó demostrar nada tejiendo una red de palabras mediante la fuerza de su estilo de expresión; más bien, sacudió, limpió y dejó resplandecientes las verdades y los datos que habían permanecido ocultos a la vista de la gente debido al pensamiento estancado y carente de práctica de siglos, y los presentó ante la comunidad islámica.
La segunda característica de su literatura y su pensamiento es que ha puesto de relieve cada aspecto y ámbito del islam y los ha descrito de manera adecuada para la época actual. Ha refutado mediante argumentos y pruebas todas las acusaciones que la era científica moderna dirige contra la religión. Ha trazado una imagen del edificio completo del sistema social islámico. En todos los aspectos y ámbitos de la vida —social, político, económico, cultural, jurídico y educativo, agrícola e industrial, moral y espiritual—, en suma, ha explicado minuciosamente los principios del islam mediante argumentos y pruebas. Ha expuesto cuáles son las exigencias modernas del islam y qué exige el mundo moderno al islam. Ha demostrado que el comunismo es una doctrina errónea. También ha demostrado que el capitalismo es una doctrina destructiva. Considera que todos los «ismos», como el fascismo, el socialismo y el liberalismo, son doctrinas peligrosas para la humanidad.
Él no considera que estas cosas sean «buenas», como lo haría un «mulá fanático». Al contrario, ha analizado sus errores y desviaciones y los ha señalado claramente.
La tercera característica es que el maulana Maududi demostró que el islam no es simplemente una religión de culto y rituales que «no tiene relación» con la política; más bien, no existe ningún ámbito de la vida que pueda permanecer independiente del islam. El islam es un sistema de vida completo, y la política constituye uno de sus ámbitos. Mientras este ámbito político de la vida no sea sometido al islam, sus exigencias no se cumplen.
Breve presentación de algunas obras del maulana
Tafhim al-Qur’an
«Se han escrito tantas obras en nuestra lengua sobre la traducción y el tafsir del Noble Corán que no parece que publicar otra traducción o tafsir, escrito únicamente para obtener la bendición de alguna persona, constituya un uso provechoso del tiempo y del esfuerzo. … Desde hacía mucho tiempo venía percibiendo que, pese a la encomiable labor de los traductores y exegetas, no había sido posible saciar en absoluto la sed cada vez mayor que se observaba entre nuestros círculos instruidos por comprender el significado interno del Corán y su verdadero propósito. Pensé: ¿por qué no habría yo de intentar, de algún modo, contribuir a saciar esta sed?»
El maulana expresó estas palabras en el prólogo de su Tafhim al-Qur’an. Por eso, al traducir el Corán, abandonó la práctica tradicional de la traducción literal y convirtió los términos árabes en un urdu sencillo, fluido y claro. Esta es una muestra excepcional de su magistral arte de composición. Él dice:
«La primera cuestión es que, al leer una traducción literal, se percibe que no se sienten en absoluto la continuidad del texto original, la dulzura del lenguaje ni el efecto del discurso. En cada línea de una traducción del Corán aparece una exposición carente de vida que, después de ser leída, no despierta inspiración alguna en el lector, no le hace estremecerse, no provoca lágrimas en sus ojos ni genera en su mente ninguna corriente de pensamiento revolucionario. No puede sentir en lo más mínimo que algo está influyendo en su conocimiento, su intelecto y su conciencia, y penetrando profundamente en su corazón. Sin embargo, el efecto de su literatura no es menor que el de las sagradas enseñanzas del Corán y su elevado contenido. Por eso, incluso los corazones duros como la piedra se han derretido al escuchar la sagrada recitación del Corán, y toda Arabia tembló ante el estruendo atronador de su mensaje. Incluso sus adversarios reconocían su poder de influencia y temían que aquel mensaje poseyera una fuerza tan mágica que, con solo escucharlo, el ser humano quedara completamente subyugado. Si la lengua del Corán careciera de tal fuerza y el Corán hubiera sido revelado en una lengua del mismo tipo que la que vemos en sus traducciones, no habría podido despertar una vitalidad indomable en toda la nación árabe ni conquistar sus corazones y sus mentes». (Prólogo de Tafhim al-Qur’an).
Después, al leer el Corán, surgen repetidamente en la mente del lector esta perplejidad y estas preguntas: ¿por qué el Corán es tan diferente de nuestros libros habituales?, ¿cuál es su tema?, ¿por qué no presenta orden ni continuidad?, ¿cómo fue recopilado y preservado después de su revelación? El maulana refutó todas estas dudas y objeciones en el prólogo de Tafhim al-Qur’an. Desde el principio ofreció respuestas satisfactorias a todas estas preguntas. En realidad, su prólogo puede considerarse el principio fundamental para comprender el Sagrado Corán, y también fue publicado por separado en forma de folleto.
El Maulana comenzó a escribir Tafhimul Quran de manera serial desde 1943, a través de su revista mensual Tarjumanul Quran, y lo terminó en treinta años. Puede decirse que dedicó la mayor parte de su vida a la redacción de esta valiosa obra. Esta es su mayor contribución para las generaciones futuras.
En cierta ocasión, durante su reunión vespertina (la reunión que se celebraba desde la oración del Asr hasta la del Magrib), comentó:
«He dividido mi tiempo del día y de la noche en tres partes. Una parte para las actividades cotidianas del país y de la organización, una parte para las generaciones presentes y una parte para las generaciones futuras. Considero que la tarea de escribir Tafhimul Quran es un derecho de las generaciones futuras sobre mí. No puedo privarlas de ese derecho por consideración a las generaciones presentes.»
Dedicó todas sus fuerzas a hacer que la obra fuera más útil, autorizada y rica en información para las generaciones futuras. Recorrió personalmente el Oriente Medio, la «Tierra del Corán» (los lugares históricos mencionados en el Corán), y puso en su obra fotografías de esos lugares históricos.
Al explicar la Palabra divina en Tafhimul Quran, el Maulana no introdujo ninguna idea inventada. Siguió las opiniones de los antiguos sabios musulmanes o de los Salaf Salihin, los hadices sahih y la noble Sirat. Entre los tafsires que consultó especialmente al escribir su exégesis destacan Kashshaf an Haqa’iq at-Tanzil, de Allama Yarullah Zamakhshari; Tafsirul Quran al-Azim, de Allama Ibn Kazir; Ahkamul Quran, de Abu Bakr Yassas; y Ahkamul Quran, de Ibn al-Arabi al-Maliki.
Cuando, al explicar el Corán, se enfrentaba a cuestiones relacionadas con el fiqh, el Maulana consultaba las obras fundamentales de los cuatro imames de la jurisprudencia: hanafí, malikí, shafi’í, shafi’í y hanbalí. Esto se debía a que la costumbre permanente del Maulana era estudiar siempre las obras de las fuentes originales para determinar la verdad o falsedad de cualquier asunto. Sobre su mesa permanecían esparcidos diversos tafsires, hadices, obras fundamentales de fiqh, libros de Sirat, historia del islam y otras obras. Antes de escribir algo en Tafhimul Quran, anotaba en hojas separadas la información que necesitaba de esos libros. A veces pasaba días y días, semanas y semanas, examinando e investigando minuciosamente un tema particular.
Una característica de Tafhimul Quran es que el Maulana explicó diversos temas en sus notas teniendo en cuenta la mentalidad moderna. Sin introducir teorías complejas de la lexicografía, la gramática y la lógica árabes, presentó en un lenguaje sencillo y claro soluciones a los problemas de la época moderna. También arrojó una luz esclarecedora sobre las dudas, incertidumbres y preguntas que pueden surgir en la mente del lector mientras lee el Corán.
Otra característica notable de Tafhimul Quran es que al comienzo de cada sura se incluyó una presentación, introducción o prefacio. Desde el principio se expusieron plenamente el tema central de la sura, su contexto histórico, su ocasión de revelación y el entorno y las circunstancias sociales, políticas y culturales en los que fue revelada. Como resultado, el tema de la sura, junto con su significado interno, queda de antemano claramente manifiesto en la mente del lector. Este es un método novedoso para comprender el Corán que el Maulana presentó a los lectores.
Otro aspecto digno de mención de Tafhimul Corán es que, por medio de esta obra, el Maulana realizó un trabajo encomiable sobre la noble biografía del Profeta Mustafa (la paz y las bendiciones de Allah sean con él). Al ofrecer al lector una verdadera presentación del Profeta Mustafa (la paz y las bendiciones de Allah sean con él), portador y transmisor del Noble Corán, despertó en él un amor y un afecto inconmensurables hacia el Profeta. Al dividir la vida mequí y medinense del Noble Profeta en etapas separadas, esclareció los diversos aspectos de la Sira del Profeta. Presentando a cada paso pruebas irrefutables de la profecía, creó en el lector una firme convicción en la misión apostólica. Después de ello, el lector puede percibir claramente que la revelación, los profetas y mensajeros, el Libro y la Sunna están estrechamente vinculados entre sí. A pesar de la exposición completa de la Sira en las notas de Tafhimul Corán, el Maulana deseaba redactar una obra independiente sobre este tema. Por la infinita gracia de Allah Todopoderoso, también llevó a cabo esta grandiosa tarea. Esta obra, Sira Sarware Alam, se ha publicado en varios volúmenes.
Entre las obras literarias revolucionarias del Maulana, ocupan el lugar preeminente su Tafhimul Corán y Al-Yihad fi al-Islam, piedra angular de su labor literaria. Que esta piedra angular de su labor literaria, Al-Yihad fi al-Islam, constituye su mayor contribución para las generaciones futuras de la humanidad puede afirmarse sin vacilación.
En el país y en el extranjero han comenzado, de manera dispersa, trabajos de investigación sobre Tafhimul Corán y las obras del Maulana. Sin embargo, para obtener beneficios duraderos de Tafhimul Corán en favor de las generaciones futuras, es necesario establecer, a nivel estatal, una academia de investigación o un centro de estudios de alto nivel. Espero que Allah también facilite el camino para esta tarea.
Los cuatro términos fundamentales del Corán
Esta obra abre las puertas del corazón del lector para que comprenda correctamente el Corán. Por ello, su importancia es inconmensurable. Los cuatro términos sobre los que el Maulana ha arrojado plena luz en esta obra son: ilah, Rabb, ibadah y din. Si la concepción del lector acerca de estos cuatro asuntos no es clara, de ningún modo podrá comprender el Corán. Si el lector piensa que ilah significa una divinidad adorada, din significa una religión cualquiera, Rabb significa sustentador e ibadah significa alabanza, himnos y culto, entonces le será absolutamente imposible comprender el mensaje esencial del Corán. Por esta razón, el Maulana consideró indispensable ofrecer una explicación correcta de estos cuatro términos y escribió esta obra.
Ciertamente, no es que en Tafhimul Corán no se hayan explicado estos cuatro términos en el contexto correspondiente. Sin embargo, al comprender su importancia, se sintió la necesidad de redactar una obra independiente sobre ellos.
La esencia de la cultura islámica
Actualmente prevalecen entre los musulmanes una confusión mental y una anarquía respecto de la cultura islámica. Todo lo que un musulmán hace, o ha venido haciendo por tradición heredada, está siendo calificado como cultura islámica o musulmana. Se sostiene que todo lo que haga un musulmán es islámico y que el islam debería apoyarlo. El intento de incluir las bellas artes y los espectáculos musicales, en nombre del entretenimiento, dentro de la cultura islámica es resultado de la influencia de la civilización occidental. Ahora bien, ¿presenta el islam ante el mundo ciertos valores culturales?, ¿tiene principios fundamentales en el ámbito de la cultura?, ¿qué se entiende por cultura?, ¿sobre qué bases están establecidas la civilización y la cultura islámicas?, ¿qué concepción cultural acepta la creencia en el tawhid, la misión apostólica y el Más Allá?, y otras cuestiones semejantes: en la obra antes mencionada se ofrece un análisis detallado de todos estos temas, junto con sus soluciones correctas y la exposición de sus principios. No cabe duda de que esta obra servirá de guía a las personas de buen gusto dedicadas a la cultura.
Al-Yihad fi al-Islam
Al respecto se ha tratado ya al comienzo de la obra.
El movimiento del Renacimiento islámico
El islam es una filosofía de vida viva, que el Creador del universo ha enviado para la humanidad con el propósito de que el ser humano dirija toda su vida conforme a ella. La realización plena de esta filosofía de vida tuvo lugar durante la vida del último Profeta, Muhammad Mustafa (la paz y las bendiciones sean con él). También permaneció intacta, inmaculada y pura durante la época del Califato Rashidun. Sin embargo, posteriormente, al transformarse el califato en una monarquía, la jahiliya comenzó a infiltrarse gradualmente en el islam. Entonces esto se convirtió en un problema difícil para la gente común: cuál de todas estas cosas era islam y cuál era jahiliya. Para liberar al islam de la basura de la jahiliya y encontrarlo en su forma pura y verdadera, se necesita un reformador, al que en la terminología islámica se denomina «muyaddid». Cada vez que la nación musulmana ha sentido la necesidad de purificar el islam de la corrupción, ha aparecido un muyaddid en la historia del islam.
En esta obra, el Maulana, al tratar el conflicto ideológico entre el islam y la jahiliya, analizó cuatro doctrinas sobre la vida y demostró que únicamente el islam es la doctrina aceptable para la humanidad. Después ofreció la definición de muyaddid, la diferencia fundamental entre un muyaddid y un profeta, y una descripción del Imam Mahdi, entre otros temas. Luego trató sobre algunos de los grandes muyaddid de la nación musulmana y sus actividades.
El conflicto entre el islam y la civilización occidental
Después de que los ingleses extendieran su supremacía política por el subcontinente indio, los musulmanes no solo fueron privados del poder de gobernar, sino que la civilización moderna llegó a destruir incluso su confianza en sí mismos, su tranquilidad mental, su iman y sus creencias de aqida. Posteriormente, cada vez que la civilización occidental fruncía el ceño con desprecio ante algo de los musulmanes, estos, arrepentidos de tales cosas, comenzaron a abandonarlas. Ya se tratara de su vestimenta, sus costumbres, su lengua o su iman y aqida. Es decir, empezaron a abandonar una por una todas las cosas indeseables a los ojos de Occidente. Finalmente, un sector de los musulmanes llegó tan lejos que empezó a considerar digna de fe, como la revelación, cualquier cosa importada de Europa, mientras que la verdadera «revelación» se volvió sospechosa para ellos. Fascinados y atraídos por los nuevos descubrimientos de la ciencia, comenzaron a ofrecer sobre ellos diversas explicaciones inventadas. La nación que cae presa de semejante esclavitud mental termina cavando con sus propias manos su tumba. Aunque nació en el seno de esta nación, el Maulana criticó duramente esa esclavitud mental y, mediante su pluma afilada, intentó salvar a los musulmanes de este camino hacia el suicidio.
En la obra antes mencionada, el Maulana arroja luz sobre la esclavitud mental y sus causas, la decadencia de la civilización islámica, las enfermedades de la civilización moderna y las consignas vacías de los progresistas, entre otros asuntos, y ofrece un ameno análisis sobre el remedio para las enfermedades de la civilización moderna. Por medio de esta obra, despierta la conciencia de una nación que se había olvidado de sí misma.
Introducción al islam
Este libro es muy importante y provechoso para adquirir conocimientos básicos sobre el islam. Gracias a él, el lector puede comprender el verdadero significado y la esencia del islam. En este libro, el Maulana analiza minuciosamente, con un lenguaje sencillo, claro y conmovedor, el islam, la fe, la profecía, la religión, la sharía y sus normas y disposiciones.
Las enseñanzas fundamentales del islam
(Jutbas o serie Haqiqat)
En este libro se exponen detalladamente los aspectos esenciales de la fe, el islam, la oración y el ayuno, el azaque, el hayy y la yihad. El lenguaje es sencillo y, al mismo tiempo, comprensible para todos. El libro es una recopilación de las conferencias que pronunció sucesivamente sobre estos temas en las jutbas del viernes.
El sistema de vida islámico
En este libro se arroja luz sobre las normas y los sistemas políticos, económicos, sociales, espirituales y morales del islam. Poco después de la fundación de Pakistán, se recopilaron y publicaron en forma de libro las sucesivas alocuciones radiofónicas que el Maulana pronunció sobre estos temas. El libro da testimonio de que el islam es un sistema de vida completo para la humanidad.
El velo y el islam
Esta obra constituye una de las más destacadas contribuciones literarias del Maulana. En ella, uno de los principales pensadores islámicos del mundo, el Maulana Sayyid Abul A‘la Maududi, aborda con firmeza un tema controvertido de la época moderna. Al comenzar la obra, al tratar sobre los problemas fundamentales de la sociedad humana, dice:
«Los dos problemas más importantes y complejos de la civilización humana son los siguientes. El progreso y el bienestar integral de la humanidad dependen de la correcta solución de estos dos problemas. Por ello, los intelectuales y las personas sensatas y reflexivas del mundo se encuentran preocupados y perplejos ante la búsqueda de su solución.
El primer problema consiste en cómo deben establecerse las relaciones entre hombres y mujeres en la vida social. En realidad, esta es la piedra angular de la civilización; si en ella hay algún margen para la desviación, el edificio civilizatorio que se construya sobre esa base será necesariamente desviado.
El segundo problema es la relación entre el individuo y el colectivo dentro de la humanidad. Si quedara la más mínima discordancia en la armonización de ambos, la humanidad tendría que sufrir sus amargas consecuencias durante mucho tiempo». A continuación, el Maulana ha trazado un cuadro sumamente doloroso de los sistemas sociales de la antigua Grecia, Roma y los países de la Europa cristiana. Al describir la concepción de la libertad del siglo XVIII, presentó, como consecuencias inevitables, ejemplos históricos de anarquía sexual (Sexual Anarchy), enfermedades venéreas contagiosas, libertinaje y obscenidad. Basándose en datos históricos, se ha demostrado cómo la sociedad occidental, al no lograr determinar el lugar correcto del hombre y la mujer en la sociedad, avanza rápidamente hacia el suicidio nacional. Después de ofrecer un análisis filosófico, natural, científico y psicológico de las relaciones entre hombres y mujeres en la sociedad, se presenta una descripción detallada del sistema social islámico como solución correcta y duradera a este problema. La obra ha provocado una enorme conmoción en el mundo de las ideas.
Además de las obras mencionadas, también son sumamente importantes otras escritas por él, como «El movimiento por la independencia de la India y los musulmanes», «El Estado islámico», «Ismamic Law and Constitution», «El islam y el control de la natalidad» y «El califato y la monarquía», entre otras. Asimismo, más de medio centenar de sus otros libros y obras están difundidos por todo el mundo, y hasta la fecha la mayoría de ellos ha sido traducida a unas cuarenta lenguas del mundo.
La influencia del Maulana y de su literatura en otros países
India
Entre los países fuera de Pakistán en los que han ejercido influencia el mensaje y la misión del Maulana Maududi, India merece una mención especial. El Maulana comenzó su labor en la India indivisa y, después de la partición, las personas influidas por su pensamiento y su programa continúan trabajando a través de la organización india Jamaat-e-Islami. Actualmente trabajan sobre la base del siguiente programa de cuatro puntos:
* La eliminación de los conflictos comunales.
* La reforma de la sociedad musulmana conforme a los principios islámicos y la amplia difusión y propagación del conocimiento religioso entre sus miembros.
* Influir en la clase educada y talentosa para desarrollar sus capacidades y emplearlas en labores constructivas. En particular, frenar mediante argumentos y pruebas científicas la poderosa corriente del ateísmo, el comunalismo, el socialismo y el comunismo.
* Adquirir la capacidad de escribir artículos y pronunciar discursos en hindi y otras lenguas regionales, para poder difundir en esas lenguas el grandioso mensaje del islam.
Su labor se desarrolla a gran escala y es sumamente prometedora.
Ceilán
Los musulmanes educados de Ceilán, especialmente los académicos y los estudiantes, influenciados por la literatura del maulana Maududi y por el movimiento islámico, trabajan a través de la organización MUSLIM BROTHERHOOD MOVEMENT. Difunden sus ideales mediante reuniones semanales y dos periódicos. La clase empresarial de esta región también muestra un interés especial en este asunto. Han traducido varias obras del maulana al cingalés. Actualmente, esta organización trabaja con el nombre de Jamaat-e-Islami de Ceilán.
América
En los últimos años, las obras de Maulana se han leído con gran aprecio en Estados Unidos. La organización de los musulmanes de Filadelfia, llamada «Liga Musulmana», suele solicitar las obras de Maulana. También se reciben pedidos de sus obras desde otros lugares.
Es particularmente digno de mención que en la Universidad McGill de Canadá se está llevando a cabo una investigación sistemática sobre el pensamiento y la perspectiva de Maulana Maududi. Este trabajo lo realiza el profesor Dr. Charles J. Adams. La Fundación Rockefeller le ha concedido una asignación de seis mil dólares para este proyecto.
Este trabajo se lleva a cabo bajo la institución de Estudios Islámicos de la universidad. En el marco de esta institución se investiga la perspectiva política de Maulana Maududi, así como la organización y el programa de Jamaat-e-Islami.
El profesor Adams permaneció dos años en Pakistán y se reunió con Maulana y sus colaboradores. También aprendió formalmente la lengua urdu.
Para su investigación se ha reunido la totalidad de las obras de Maulana y todos los archivos de Tarjuman al-Qur’an.
Hace algún tiempo, el Dr. Adams envió la siguiente carta a la revista «Voice of Islam», de Karachi.
«El año pasado, una institución estadounidense me pidió que escribiera un artículo. La institución está interesada en establecer relaciones entre las distintas religiones. En fin, en mi artículo expuse detalladamente el pensamiento de Maulana Maududi. En la reunión donde leí mi artículo estaba presente un representante de la Fundación Rockefeller. Después de la lectura del artículo, se reunió conmigo y me pidió que investigara el pensamiento político de Maulana Maududi. Ahora escribiré durante un año un libro sobre Maulana Maududi. En él expondré especialmente su pensamiento sobre la construcción de un Estado islámico.»
El diario de la Universidad McGill, «McGill Daily», hizo el siguiente comentario:
«De las tres o cuatro personas reflexivas del mundo moderno que han intentado establecer un Estado moderno a la luz de la perspectiva tradicional del islam, Maulana Maududi es uno de ellos. En este sentido, la vida de Maulana es sumamente importante.
Influenciado por la literatura de Maulana, un joven neomusulmán altamente educado fundó en 1971 un partido islámico llamado The Islamic party of Narth America, siguiendo el modelo de la Jamaat-e-Islami de Pakistán. La labor del partido es sumamente prometedora. El partido cuenta con dos asambleas: la primera, Central Cuidance Council (Majlis-e-Shura central), y la segunda, General Council (Asamblea General). En representación del partido y como órgano de difusión del islam, se publican regularmente dos periódicos: el mensual Al-Islam (en inglés) y el quincenal New trend.
El fundador y actual presidente de este partido, Yusuf Muzaffaruddin Hamid, dice: «Para comprender la fuerza vital de la revolución islámica, es absolutamente necesario estudiar conjuntamente Tafhim al-Qur’an, de Ustad Maulana Maududi, y Fi Zilal al-Qur’an, del mártir Sayyid Qutb.
Es innecesario decir que la literatura de Maulana condujo a Yusuf Muzaffaruddin por un camino sumamente arduo del movimiento islámico. Él dice:
«Hemos organizado nuestra Jamaat mediante un método científico. El partido cuenta con diversos departamentos, a saber: educación, política, asuntos exteriores, publicaciones literarias, etc. En cada departamento, personas responsables instruidas y trabajadores entregados están consagrados al cumplimiento de sus responsabilidades de manera desinteresada. También concedemos especial importancia a la formación de los trabajadores y a la educación de las generaciones futuras. Se ha establecido una organización especial para la educación de los niños y las niñas. También hemos dispuesto que, junto con el plan de estudios convencional, se pueda adquirir un conocimiento correcto de la religión del islam. Trabajamos en veintidós estados de Estados Unidos.»
Cabe destacar que, en 1969, Yusuf Muzaffaruddin llegó a Pakistán y pasó una semana en compañía de Maulana como su huésped. Durante varios días mantuvo largas conversaciones con Maulana, quien respondió satisfactoriamente a sus diversas preguntas. Las obras de Maulana, la constitución, los métodos de trabajo y la organización de la Jamaat-e-Islami lo impresionaron tanto que expresó su deseo de convertirse en miembro de la Jamaat. Sin embargo, como la membresía estaba prohibida para los ciudadanos extranjeros, regresó a su país y en 1971 fundó el mencionado partido islámico.
Inglaterra
Se reciben pedidos de la literatura de Maulana desde varios lugares de Inglaterra. Esta goza de una gran demanda entre los estudiantes musulmanes. Ellos plantean a Maulana diversos interrogantes religiosos complejos. Las dificultades que afrontan durante su estancia en Londres se las envían a Maulana, solicitando su solución.
Después de leer los libros y escritos del Maulana, varios musulmanes residentes en Londres, inspirados y animados por el ideal islámico, han establecido recientemente en ese país una organización de propagación del islam llamada «UK Islamic Mission», con el propósito de realizar la da‘wah islámica. Los musulmanes expatriados en Londres desean fervientemente ver una vez al Maulana entre ellos. Con este propósito, incluso lo invitaron a Londres, pero su esperanza no se cumplió. Debido a diversas dificultades, no fue posible disponer de tiempo para el viaje del Maulana.
En la década de 1970, inspirados por el pensamiento del Maulana, los musulmanes bengalíes de Londres establecieron una organización llamada «Da‘watul Islam» y continúan trabajando para difundir la da‘wah islámica. También se han establecido филиales de Da‘watul Islam en diversas ciudades.
La organización también ha realizado la encomiable labor de proporcionar educación islámica a los hijos de los bengalíes mediante el establecimiento de escuelas primarias en diversas ciudades.
En la ciudad de Leicester se ha establecido un centro de investigación islámica llamado «Islamic Foundation», centrado en la literatura y el pensamiento del Maulana. Pensadores islámicos e investigadores académicos de diversos países continúan desarrollando plenamente su trabajo a través de la Islamic Foundation.
Alemania
También en Alemania se percibe claramente la influencia del mensaje y la misión del Maulana Maududi. El señor Erik Abdur Rahman Ruslar, vicepresidente de la comunidad islámica de Hamburgo, se puso en contacto con el Maulana y le pidió que le enviara sus libros y escritos.
Le informó al Maulana de que la gente de allí padecía actualmente cuatro tipos de males: inquietud mental, desesperación absoluta, terror y una extrema desorientación en el ámbito del pensamiento.
El Maulana le envió todos sus libros traducidos al inglés. Gracias a los esfuerzos del señor Abdur Rahman, ahora se está llevando a cabo una importante labor de da‘wah islámica en Alemania.
También desde el Centro Islámico establecido en Ginebra se lleva a cabo la labor de predicación islámica, y allí también se han traducido los libros del Maulana. Algunos eruditos alemanes recién convertidos al islam también han comenzado a traducir las obras del Maulana.
Mauricio
Uno de los colaboradores del Maulana reside en Mauricio y lleva a cabo la labor de da‘wah. Allí trabaja como maestro en una escuela, también se desempeña como jatib en una mezquita, imparte clases de Corán y hadiz y edita una revista. El progreso de su labor es alentador.
Corea civil
El grupo de jóvenes de aquí estudia con gran interés las obras del Maulana.
Además, en Birmania, Laos, las Indias Occidentales, la Guayana Británica, Sudamérica, Pretoria, Sudáfrica, Kano, Nigeria, Marruecos, Johannesburgo y otros lugares circulan ampliamente las obras del Maulana en urdu, árabe e inglés.
La Sociedad Islámica de Pretoria obtuvo permiso para traducir al inglés las obras del Maulana.
El Gobierno de Mauricio ha designado algunos libros del Maulana como textos escolares en las escuelas bajo su administración.
Ya se ha dicho que la literatura de Maulana ha gozado de gran estima en los países árabes. Han planeado traducir la literatura de Maulana al árabe, al inglés y a otros idiomas europeos.
Japón
Entre las naciones no musulmanas de Asia, el pueblo japonés manifiesta un intenso deseo de refugiarse bajo la refrescante sombra del islam. Consideran con odio el imperialismo y el hegemonismo de Estados Unidos. No sienten el menor atractivo por el cristianismo. El encanto de la religión sintoísta ya se ha desvanecido para ellos. Desde el punto de vista material, gozan de gran prosperidad. Pero su situación espiritual los vuelve inquietos y angustiados. Hasta el día de hoy, veinticinco mil japoneses han abrazado el islam.
No hace falta decir que todo esto es fruto de la influencia de la literatura de Maulana. En la década de los sesenta, un talentoso trabajador de la Jamaat-e Islami de Pakistán viajó a Japón con el propósito de ampliar la da‘wah islámica. Gracias a sus esfuerzos, se estableció un Centro Islámico en Tokio. Comenzaron las actividades de da‘wah y la traducción de la literatura de Maulana al japonés. El despertar de la conciencia islámica que hoy se observa entre el pueblo japonés es fruto de la literatura conmovedora de Maulana y de los esfuerzos del Centro Islámico. También continúa la traducción al japonés del Tafhim al-Qur’an de Maulana. Un paquistaní llamado Husain Khan es el director de este centro.
Sudán
En Sudán se libra desde hace tres décadas una lucha ininterrumpida entre el islam y el kufr, entre la verdad y la falsedad. El movimiento islámico de ese país, atravesando diversos choques y contragolpes, así como ascensos y descensos, aún se mantiene como una fuerza significativa.
En 1950, los estudiantes de la Universidad de Jartum, en Sudán, se lanzaron por primera vez al movimiento comunista, y la mayoría de los profesores también se unieron a él. Pero el Ikhwan al-Muslimun y la literatura de Maulana despertaron una nueva conciencia entre los estudiantes y formaron un frente poderoso contra el comunismo. En 1956, Sudán obtuvo la independencia y, al extenderse el movimiento islámico por todo el país, el pueblo comenzó a exigir clamorosamente una constitución islámica. En 1967, justo antes de que se aprobara la constitución islámica, se produjo en el país una revolución militar debido a una conspiración extranjera, y la influencia de Rusia comenzó a extenderse por todas partes. Comenzaron la persecución y la represión de los dirigentes y activistas del movimiento islámico.
Sin embargo, a pesar de todo ello, no fue posible borrar la influencia del movimiento islámico de la mente y el corazón del pueblo. El Dr. Hassan Turabi, uno de los dirigentes del movimiento, fue liberado después de pasar largo tiempo en prisión, y el movimiento islámico se está fortaleciendo progresivamente. [En Sudán ya se ha establecido un gobierno islámico. Allí han comenzado gradualmente a aplicar la ley de la sharía. La juventud está preparada para dar la vida por el islam.—Autor]
Maulana Maududi es el convocante de una misión internacional. Su programa se extiende desde la reforma y rectificación del individuo hasta la del Estado, y desde el Estado hasta la reforma, liberación y bienestar de toda la humanidad. Por ello, su elocuente mensaje es internacional y universal.
En comparación con todos los sistemas vigentes en la sociedad humana del mundo moderno, Maulana Maududi ha presentado el islam como un sistema integral de vida. También ha demostrado su superioridad sobre cualquier otro sistema. Sus ideas ejercen una considerable influencia incluso en numerosos países no musulmanes del mundo. Por ello, sus obras han comenzado a traducirse en esos países. Asimismo, personas reflexivas han iniciado profundas investigaciones al respecto.
En segundo lugar, ha trazado una imagen completa de la constitución islámica para construir el sistema estatal sobre los principios del islam. Su valiosa obra «Ismamic Law and Constitution» ha recibido grandes elogios de los círculos cultos, tanto nacionales como extranjeros. En Pakistán dirigió durante ocho años un movimiento popular por una constitución islámica completa y arrojó luz sobre numerosas cuestiones complejas y minuciosas. Dio respuestas satisfactorias a muchas acusaciones y a sospechas, temores y miedos infundados. Como resultado, en la conciencia popular, cuando se habla de constitución islámica, se entenderá un sistema basado en el Corán y la Sunna. También escuchamos el eco del movimiento por la constitución islámica en otros países musulmanes, donde se está intentando establecerla. Entre los sabios musulmanes del mundo actual considerados expertos en leyes y normas islámicas, Maulana Sayyid Abul A‘la Maududi ocupa el lugar más destacado de todos.
Su personalidad es hoy internacional. Es, en particular, uno de los más grandes pensadores del mundo islámico. El breve relato de su viaje por Oriente Medio presentado anteriormente deja claramente de manifiesto que él lleva la luz de la esperanza del mundo islámico y que su pensamiento moderno constituye un gran patrimonio para el mundo musulmán.
Maulana Maududi y el tasawuf
En nuestro país todavía hay bastantes personas que critican y se oponen a Maulana Maududi alegando que está en contra del tasawuf.
Entre ellas, algunas, movidas por un odio injustificado hacia el Maulana, quieren derrotarlo utilizando como arma dicha crítica, mientras que otras dicen estas cosas por pura ignorancia.
Maulana Maududi dedicó toda su vida a la lucha por el establecimiento de la religión. No tiene fin el relato de cuánta persecución y opresión tuvo que soportar en este camino. Sin embargo, pese a todo ello, jamás se inclinó ante la falsedad, ni siquiera por un instante. Entre quienes se oponen al Maulana calificándolo de enemigo del tasawuf, nunca se ha podido observar una actitud combativa por el establecimiento de la religión. Por el contrario, mientras daban pompa a la relación entre pir y murid, estrecharon la mano de las fuerzas de la falsedad. Muchos de ellos, por un lado, se presentan como maestros iniciadores del «tasawuf, ma‘rifat» o del «‘ilm al-batin», mientras que, por otro, actúan como partidarios y militantes de un partido político cuyos esfuerzos y actividades se consagran por completo a combatir el islam. No consideran censurable esto porque, según ellos, la política y el islam son dos cosas distintas. De ello se comprende que su visión fundamental del islam es errónea. Un musulmán debe obedecer en todo momento y en todos los ámbitos de su vida únicamente las órdenes de Allah. No puede siquiera concebir que dentro de las cuatro paredes de la mezquita obedezca las órdenes de un solo Dios, mientras que en la política, en los negocios y el comercio, y en las artes obedezca las órdenes de otro dios.
El Pīr de los pīres, Hazrat Abdul Qadir Yilani (que Allah tenga misericordia de él), dijo: el tasawwuf se deriva de la palabra musafat *******************. Su significado es liberar la mente y el intelecto de todas las doctrinas, tendencias ideológicas y formas de pensamiento contrarias al islam. Purificarse del amor y el afecto, el temor y el miedo, la servidumbre y la obediencia a todo cuanto existe excepto Allah. También es objetivo del tasawwuf protegerse del culto a los deseos, la envidia y el rencor, la codicia y la avidez mundanas, la maledicencia, el hablar de los demás, el orgullo y la arrogancia, entre otras cosas. Los venerables críticos deberían reflexionar sobre hasta qué punto han podido mantenerse por encima de todo ello.
Maulana Maududi expresó lo siguiente con toda claridad acerca del tasawwuf: el tasawwuf no es el nombre de una sola cosa. Más bien, diversas cosas o cuestiones han sido designadas con este nombre. El tasawwuf que aceptamos es una cosa, mientras que el tasawwuf que no aceptamos es otra. Y el tasawwuf que queremos reformar y corregir es todavía una tercera cosa.
Existe un tipo de tasawwuf que se encontraba entre los sufíes de la primera época del islam, como Fudayl ibn Iyad, Ibrahim ibn Adham, Maruf al-Karji (que Allah tenga misericordia de ellos) y otros. No tenía una filosofía independiente ni un método de acción propio. Sus pensamientos y acciones tenían como fuente el Corán y la Sunna, y su propósito y objetivo eran precisamente los del islam. Es decir, la sinceridad y la entrega absoluta a Allah.
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Solo se les ordenó que adoraran a Allah y que, apartándose de todos los demás caminos, se consagraran exclusivamente a la religión. (Al-Bayyina, 5)
Reconocemos la autenticidad de este tasawwuf. No solo eso, sino que queremos revivirlo y difundirlo.
El segundo tipo de tasawwuf es aquel en el que se han mezclado el espiritualismo griego, la doctrina de Platón desprovista de sensualidad, el zoroastrismo y la filosofía vedanta. Se han incorporado en él los métodos de los sacerdotes cristianos y de los ascetas hindúes. En él se han infiltrado ideas y prácticas politeístas. La sharía, la tariqa y la ma’rifa han quedado separadas unas de otras. En lugar de preparar al ser humano para cumplir en el mundo su responsabilidad como califa de Allah, se lo prepara para una tarea completamente distinta. Queremos refutar este tasawwuf. En nuestra opinión, erradicar este tasawwuf es tan necesario para establecer la religión de Allah como erradicar la ignorancia moderna.
Además de estos dos tipos de tasawwuf, existe otro tipo en el que, según se ha demostrado, se han mezclado las características del primero y del segundo. Diversos grandes eruditos de la religión, que eran sabios y cuyas intenciones eran sinceras, dejaron por escrito el método de este tasawwuf. Sin embargo, no estaban libres de las características de su propia época ni de la influencia de épocas pasadas. Se esforzaron plenamente por comprender el tasawwuf correcto del islam y purificar su método de práctica de la impureza del tasawwuf de la ignorancia. A pesar de ello, en su perspectiva había cierta influencia de la filosofía del tasawwuf ignorante y, en sus métodos de acción, cierta influencia de métodos externos. Consideraban que estas cosas no eran contrarias a las enseñanzas del Corán y la Sunna. O, cuando menos, mediante la interpretación y el análisis podían no considerarse contrarias a ellas. Además, el propósito y el resultado de este tasawwuf difieren, en mayor o menor medida, del propósito y el resultado deseados por el islam. Su objetivo no es preparar explícitamente a cada persona para cumplir con su responsabilidad moral, y el Corán ****************
Su propósito tampoco consiste en enseñar lo que indican las palabras «para que seáis testigos ante la humanidad» (Al-Báqara, 143). Ni siquiera este Tasawwuf pudo producir como resultado personas capaces de comprender plenamente el din, impacientarse por la idea de establecer el din y estar capacitadas para esta tarea. No aceptamos por completo este tercer tipo de Tasawwuf, pero tampoco deseamos refutarlo por completo. Más bien, nuestra petición a sus seguidores y defensores es que, manteniendo intacta su fe y respeto por las grandes personalidades, examinen críticamente este Tasawwuf a la luz del Corán y la Sunna, y procuren reformarlo. Además, si alguien critica algún aspecto de este Tasawwuf por considerarlo contrario al Corán y la Sunna, se acepte o no su opinión, al menos no se le debe reprender injustamente negándole el derecho a criticar.
¿Era el Maulana contrario al Tasawwuf?
Sobre este tema habló el célebre escritor y periodista Abed Nizami. Él dice:
Fue hace cincuenta años. El Maulana Sayyid Abul A‘la Maududi ofrecía entonces cada domingo, desde las nueve de la mañana, una lección del Corán en una mezquita situada detrás del Hotel Lahore, en Fateh Muhammad Road. Allí se reunía mucha gente. Yo tenía entonces quince o dieciséis años. Mi entorno familiar estaba completamente influido por el Tasawwuf. Había oído que el Maulana Maududi se oponía al Tasawwuf y a los sufíes. No cabía esperar que sintiera la menor atracción o simpatía por una persona así.
Un día, impulsado por no sé qué motivo, asistí a su lección. Desde casa había escrito en un trozo de papel la siguiente pregunta y la llevé conmigo: «Por favor, dígame, ¿por qué se opone usted al Tasawwuf?»
El trozo de papel pasó de mano en mano entre varias personas hasta llegar a las manos del Maulana. El Maulana respondió: «En realidad, es una gran calumnia contra mí decir que me opongo al Tasawwuf. He dicho repetidamente en diversos artículos que, para mí, el significado del Tasawwuf es la purificación del alma, y que es el espíritu o fuerza vital del din. En el Sagrado Corán se le llama “tazkiya” y “hikma”. En el hadiz recibe el nombre de “ihsán”. Ahora bien, ¿cómo puede un musulmán oponerse a algo que está demostrado por el Corán y el hadiz? Por supuesto, no apoyo en absoluto ese Tasawwuf que no tiene ninguna relación con la sharía islámica. Los sufíes del islam también se opusieron a esa clase de Tasawwuf. En realidad, Tasawwuf es el nombre de seguir el “uswa-e-hasana” del Mensajero con una intención pura y un amor pleno».
Con esta clara respuesta del Maulana comprendí que su explicación sencilla y directa del Tasawwuf había ejercido una enorme influencia sobre mi mente.
Desde entonces empecé a asistir a sus lecciones. También asistía a la reunión que se celebraba después de la oración de Asr en el patio contiguo a su casa, en 5/A Zaildar Park. Un día le dije al Maulana: «Maulana, soñé que usted me daba el libro “Zabte Beladat” (control de la natalidad) y me decía que lo leyera».
El Maulana dijo: «¿Ha leído el libro?»
Respondí: «Sí, señor».
El Maulana dijo: «Entonces, después de casarse, siga practicando sus enseñanzas».
En 1967 fui trasladado a Rawalpindi. Una tarde fui al dispensario Hamdard, situado en Murree Road, llevando conmigo a un bebé enfermo de seis o siete meses. Después de cruzar la calle, justo antes de llegar al dispensario, vi que el Maulana salía de Chandni Chowk después de haber rezado el magrib. Me acerqué y lo saludé. Me dijo: «¿Qué sucede? ¿Qué hace usted aquí?». Respondí: «Maulana, me han trasladado aquí. El niño está gravemente enfermo, por eso he venido a buscar medicinas».
El Maulana acarició al niño. Luego recitó algo con gran ternura y sopló sobre él.
Bromeando un poco, dije: «Maulana, ¿también practica usted la curación mediante recitaciones y soplidos?»
El Maulana dijo: «Sí, claro que sí. Caballeros sufíes como usted me proclaman wahabí sin motivo alguno».
En fin, regresé directamente a casa desde allí. Mi esposa me preguntó: «¿Dónde está la medicina?». Le conté todo lo sucedido. Entonces, insha’Allah, se recuperará sin medicina, dije; y eso fue precisamente lo que ocurrió.
Desde entonces, mi relación con el Maulana fue haciéndose cada vez más profunda.
Un episodio de los años setenta. En el parque Zaildar 5/A se celebraba una reunión vespertina. El Maulana estaba respondiendo a la pregunta de un hombre. En ese momento, un joven se puso de pie con un cuchillo afilado en la mano, lo colocó sobre la mesa frente al Maulana y comenzó a pedirle perdón con voz entrecortada por el llanto. Se supo que el joven había acudido para asesinar al Maulana, después de escuchar en Lyallpur —la actual Faisalabad— un discurso terriblemente incendiario contra él, pronunciado por un clérigo. Sin embargo, al ver el rostro luminoso del Maulana y escuchar su conversación cautivadora, quedó tan impresionado que terminó insultando precisamente a aquel clérigo.
Todos los presentes en la reunión quedaron atónitos, con los ojos desorbitados de asombro. El Maulana lo perdonó de buen grado. El joven abandonó la reunión arrepentido y con el corazón transformado.
En cierta ocasión, alguien preguntó: «Maulana, cuando el Día de la Resurrección se encuentre ante el tribunal del Señor, ¿qué obra meritoria presentará allí?»
El Maulana respondió con voz temblorosa: «¿Una obra meritoria? No, no; ese día esperaré con el corazón aferrado a Su misericordia especial. Si, por Su infinita misericordia, acepta alguna de mis obras, será una gracia especial de Su parte».
Un día, en aquella reunión vespertina, un joven dijo muy exaltado: «¡Maulana! Algunas personas difunden contra usted calumnias tan terribles que se eriza la piel. Incluso algunos clérigos calumnian a los miembros de su familia desde los púlpitos y los mihrabs de las mezquitas. ¿Por qué no presenta ante los tribunales una demanda por difamación contra esas personas?»
El Maulana respondió: «Quédese tranquilo; ya he presentado contra ellos una demanda ante un tribunal tan elevado que de ningún modo podrán escapar. No está muy lejano el día en que sus oraciones y ayunos pasarán a ser de mi patrimonio».
Reforma y rectificación espiritual
Maulana Maududi hizo el siguiente comentario sobre la reforma espiritual en Tafhim al-Qur’an:
«…. Comprendan bien esto: la reforma externa no debe recibir en ningún caso prioridad sobre la reforma y rectificación espiritual. Ante todo, esfuércense por convertirse en verdaderos musulmanes en la piedra de toque del Corán. Después, continúen realizando cambios externos únicamente en la medida en que se produzcan cambios internos. De lo contrario, si, teniendo ante ustedes solamente normas y procedimientos, dan forma al aspecto externo tal como se presenta en los libros de hadices y fiqh como la imagen externa de una persona muttaqí, pero sin que se haya creado una verdadera taqwa, su ejemplo será como el de una moneda de cobre sobre la cual se ha estampado la imagen de una moneda de oro. Estampar la imagen de una moneda de oro no es difícil. Pueden hacerlo fácilmente sobre cualquier papel barato, tan pobre como deseen. Pero producir una moneda auténtica es una tarea difícil. Este material se obtiene tras trabajar durante mucho tiempo con productos químicos. Desgraciadamente, en nuestro país se ha concedido durante algún tiempo una importancia extraordinaria al aspecto externo. El resultado es que han comenzado a circular monedas de cobre, hierro, plomo y toda clase de metales inferiores con el sello de una moneda de oro. El mercado del mundo práctico está tan activo en sus transacciones comerciales que el engaño de estas monedas falsas no durará mucho. Durante algún tiempo circularon monedas de oro falsificadas, pero ahora no valen ni un céntimo en el mercado. Por tanto, el tipo de religiosidad que debemos cultivar entre nosotros exige que, en lugar de intentar estampar el sello de una moneda de oro, procuremos convertirnos en monedas de oro auténticas.»
En lugar de luchar en el mundo exterior contra quienes se rebelan contra Dios, somete al rebelde que habita dentro de ti y que constantemente insiste en actuar contra la ley de Dios y contra Su voluntad. Si este rebelde, al ser alimentado dentro de ti, llega a ejercer sobre ti tanta influencia que consigue que aceptes sus exigencias contra la complacencia de Allah, entonces declarar la guerra al enemigo externo se volverá inútil. El ejemplo es exactamente como si dentro de la casa hubiera una botella de vino mientras se libra una guerra contra los bebedores de fuera. Esta contradicción es sumamente peligrosa para nuestro movimiento. Primero, inclínate tú mismo ante Dios. Después, exige obediencia a los demás.»
La relación con Allah
Entre los consejos que Maulana Maududi ofreció a sus colaboradores, impartió el siguiente sobre el establecimiento de una relación con Allah:
Según la descripción del Sagrado Kalam acerca del significado de establecer una relación con Allah, se entiende que la vida, la muerte, la adoración, el culto, el sacrificio y todo lo demás del ser humano estarán consagrados exclusivamente a Allah.
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«Con plena concentración, consagrarás tu sistema de vida, es decir, tu din, exclusivamente a Allah el Altísimo, y obedecerás únicamente a Él». —(Al-An’am, 162)
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Su Honorable Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) explicó este asunto detalladamente en varias ocasiones, de modo que no quedó nada oscuro en cuanto a su significado, importancia, etc.
El Honorable Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) explicó este asunto detalladamente en varias ocasiones, de modo que no quedó nada oscuro en cuanto a su significado, importancia, etc.
Al examinar las palabras del Honorable Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él), se observa que establecer una relación con Allah significa ************************************* temer a Allah en todos los actos, tanto en secreto como en público (Al-Hadiz). Además, confiar más en el gran poder de Allah que en los propios medios y recursos.
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y ganarse la desaprobación de la gente para complacer a Allah
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(Al-Hadiz)
Lo completamente opuesto a esto es ganarse el desagrado de Allah para obtener la satisfacción de la gente.
Más adelante, cuando esta conexión y relación aumente gradualmente hasta llegar a una situación en la que la amistad, la enemistad, las transacciones y todo lo demás con cualquier persona se realicen únicamente por Allah, sin que quede ni la más mínima influencia de los propios deseos, inclinaciones, intereses u odios, entonces habrá que comprender que la relación con Allah se ha completado.
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Quien amó únicamente por Allah, mostró enemistad únicamente por Allah, dio algo a alguien únicamente por Allah y dejó de dar algo a alguien únicamente por Allah, completó su fe. (Abu Dawud)
El modo de determinar la relación con Allah
Maulana Maududi también dejó expresado claramente en sus consejos cómo se puede medir la relación con Allah. Dice:
¿Cómo podremos saber si nuestra conexión y relación con Allah está aumentando o disminuyendo? Como respuesta a esta cuestión, quiero decirles que para percibirlo no es necesario recibir en sueños una «buena noticia», ni recurrir al kashf-karamat. No hay ninguna necesidad de permanecer tendido en una habitación oscura esperando la «iluminación». Allah mismo ha dispuesto en el corazón de cada creyente los medios necesarios para medir esta conexión y relación. Usted puede medirla y examinarla cuando quiera, durante el día y estando despierto. Examine su propia vida, sus esfuerzos y todas sus ideas, creencias y tendencias. Después de poner en orden sus cuentas, compárelas con el pacto que lo vincula a Allah y vea en qué medida lo ha cumplido. Con respecto a los bienes confiados por Allah, usted no tiene más derecho que el de un depositario. Por tanto, debe considerar necesariamente si no ha cometido alguna forma de traición respecto a ellos. ¿Qué parte de su tiempo, esfuerzo, destreza, capacidad, riqueza y demás se emplea conforme a las disposiciones de Allah? ¿Y qué parte se dedica a otros caminos? Cuando se hieren sus intereses o su actitud, ¿hasta qué punto se irrita y se enfurece? Observe esta situación: cuando se proclama una rebelión contra Allah, ¿cómo son y hasta qué punto llegan también su ira, su dolor, su angustia e inquietud? Además, puede formular muchas otras preguntas a su propio corazón y a su conciencia. Basándose en las respuestas reunidas a estas preguntas, podrá comprender diariamente si existe una relación y comunicación entre usted y Allah. Si existe, ¿en qué medida?, ¿está aumentando o disminuyendo gradualmente? Absténgase de intentar recurrir a medios sobrenaturales como basharat, kashf-karamat, anwar o tajalliyat. En realidad, mientras se permanece en medio de las engañosas variedades de este mundo material, no existe un kashf mayor que comprender la verdadera esencia del tawhid. Frente a las tentaciones y amenazas que Satanás y sus secuaces presentan, no hay karamat mayor que mantenerse firmemente en el camino de la verdad sencilla. Ver la luz de la verdad en la densa oscuridad del kufr, el fisq y el extravío, y contemplar algún «nur» para seguirla, no es algo tan notable. Para los creyentes, el mejor medio de recibir la buena noticia es aceptar a Allah como su propio Señor y Sustentador, permanecer firmemente aferrados a esta creencia y cumplir Sus mandatos.
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Ciertamente, sobre quienes han dicho: «Allah es nuestro Señor», y después se han mantenido firmes en ello, descienden los ángeles y les dicen: «No temáis ni os entristezcáis; recibid la buena nueva del Paraíso que se os había prometido». (Ha-Mim as-Sajda, 30)
Si lo que se ha dicho anteriormente no es el verdadero tasawuf, entonces ¿qué otra cosa puede llamarse tasawuf? El maulana Maududi no se limitó a aconsejar todo esto a sus colaboradores. Hizo que cada una de sus valiosas exhortaciones se reflejara en su propia vida.
Las valiosas exhortaciones del maulana Maududi sobre la reforma y la rectificación espiritual están recogidas en la obra titulada «Hidayat».
El mensaje del maulana Maududi
Mi mensaje a los musulmanes es que comprendan profundamente y cumplan la responsabilidad que se les ha impuesto por ser musulmanes. No quedaréis exentos con decir simplemente: «Somos musulmanes; hemos aceptado a Allah y Su din». Por el contrario, cuando habéis aceptado a Allah como vuestro Señor y Su din como vuestra religión, junto con ello recaen sobre vosotros ciertas responsabilidades, de las que debéis tener conciencia y cuyo cumplimiento debéis considerar seriamente. Si no las cumplís, no podréis escapar de sus terribles consecuencias ni en este mundo ni en el Más Allá. ¿Cuáles son esas responsabilidades? No consisten únicamente en que creáis en Allah, en Sus ángeles, en Sus Libros, en Sus profetas y en el Más Allá. Tampoco consisten solamente en que realicéis la oración, ayunéis, peregrinéis y paguéis el zakat. Ni siquiera consisten únicamente en que sigáis las normas prescritas por el Islam en asuntos como el matrimonio, el divorcio y la herencia. Además de todo esto, tenéis una responsabilidad enorme y sumamente importante. Consiste en que debéis alzaros ante el mundo entero para dar testimonio de la verdad en la que habéis creído. El único propósito de crear una comunidad permanente llamada musulmana, que se menciona en el Corán, es que presentéis plenamente ante la humanidad el testimonio de la verdad.
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«Y así os hemos hecho una comunidad equilibrada, para que deis testimonio de la religión de Allah ante la gente y para que el Mensajero dé testimonio de la religión de Allah ante vosotros». (Al-Baqara, 143)
Este es el verdadero propósito de vuestra permanencia como umma. Si no lo cumplís, vuestra vida habrá fracasado por completo. Este es el deber obligatorio que Allah os ha prescrito. Porque Su mandato-
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¡Oh, creyentes! Sed firmes por Allah y testigos de la verdad». (An-Nisá, 135)
Esto no es simplemente una orden general de Allah, el Altísimo; más bien, se ha insistido en su cumplimiento.
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«¿Y quién puede ser más injusto que aquel que tiene un testimonio de parte de Allah y lo oculta?». (Al-Báqara, 140)
Después, Allah, el Altísimo, también les ha dicho cuál puede ser la consecuencia de no cumplir con este deber. Antes que ustedes, los judíos fueron llevados ante el estrado de los testigos. Sin embargo, ocultaron parte de la verdad y dieron testimonio en contra de otra parte de ella. En resumen, se convirtieron en testigos de la falsedad en lugar de la verdad. Como resultado, Allah los humilló y los maldijo.
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«Fueron aplastados por la humillación y la pobreza, y cayeron bajo el fuego de la ira de Allah». (Al-Báqara, 61)
El significado de la responsabilidad de dar testimonio que se les ha confiado es que deben testificar ante el mundo sobre la verdad que les ha llegado y les ha sido revelada, sobre la veracidad del camino mostrado para el bienestar y la salvación de la humanidad. Deben dar un testimonio tal que su civilización se manifieste claramente y la autenticidad del din quede plenamente demostrada ante la gente del mundo. Este testimonio solo puede ser de dos tipos: uno fundamental y otro práctico. El método del testimonio fundamental consiste en hacer manifiesta, mediante discursos y escritos, la verdad que nos ha llegado a través de los profetas (la paz sea con ellos). Adoptaremos todos los medios posibles para hacerla comprender a la gente y arraigarla firmemente en sus corazones. Utilizaremos todos los medios posibles en las labores de tabligh, da‘wah y propagación. Con la ayuda de todos los recursos que el conocimiento y la ciencia han reunido, haremos resplandecer ante el mundo las enseñanzas del din establecido por Allah. Analizaremos minuciosamente todo lo que este din ha presentado como guía para la humanidad en las ideas y las creencias, la moral, la civilización y el sistema social, la obtención de los medios de vida y las transacciones, las leyes y el sistema judicial, la política y la administración del Estado, así como en los diversos aspectos de las relaciones internacionales. Demostraremos su veracidad mediante argumentos, razonamientos y pruebas, y criticaremos razonadamente todo lo que se le oponga, explicando cuánto mal hay en ello. Este testimonio verbal nunca podrá alcanzar su propósito mientras toda la umma no se preocupe colectivamente por guiar a la humanidad de la misma manera en que los profetas se preocupaban individualmente por ello. Para hacerlo efectivo, es necesario convertir esta tarea en el objetivo central de todos nuestros esfuerzos y actividades, así como de nuestra lucha nacional. Debemos consagrar a ella toda la fuerza de nuestras mentes y nuestros corazones, y todos nuestros recursos. Todas nuestras actividades deberán orientarse hacia este objetivo, y no toleraremos en absoluto que aparezca entre nosotros nada que dé testimonio contra la verdad.
Ahora queda el testimonio práctico. Esto significa que debemos poner en práctica, en la vida real, todos los ideales que hemos reconocido como verdaderos. El mundo no se limitará a escuchar de nuestros labios grandes declaraciones sobre la verdad de todo ello; más bien, deberá contemplar con sus propios ojos su belleza y sus bendiciones en nuestra vida real. Deberá poder saborear, en nuestro comportamiento y trato, la dulzura que la fe produce en la conducta humana. Deberá ver por sí mismo qué clase de personas honestas puede formar la dirección del din, cuánta civilización pura y limpia puede surgir, con qué armonía pueden florecer el conocimiento, la ciencia y las artes literarias, cómo puede manifestarse una cooperación económica justa, compasiva y aceptada por todos, y cómo puede reformarse, ordenarse y llenarse de bienestar cada aspecto de la vida individual y colectiva. Este testimonio solo puede ser efectivo cuando nos convirtamos, individualmente y como nación, en la encarnación del testimonio de la verdad de nuestro din. El carácter de cada uno de nosotros dará prueba de ese testimonio; nuestros hogares estarán llenos de su fragancia; nuestras tiendas, comercios y fábricas estarán iluminados por su luz. Nuestras instituciones y centros educativos resplandecerán con su fulgor. La literatura y el periodismo llevarán el certificado de su belleza. Nuestra política nacional y el conjunto de nuestros esfuerzos y actividades serán ejemplos luminosos de su verdad. En suma, allí donde entremos en contacto con cualquier persona o nación, nuestro carácter individual y nacional deberá demostrar claramente que los ideales que proclamamos como verdaderos lo son en realidad, y que solo mediante ellos la vida humana puede alcanzar verdadera belleza en todos sus aspectos, la mayor excelencia y el más alto desarrollo. Además, deseo decir que este testimonio solo puede alcanzar su plenitud cuando se establezca un Estado sobre la base de estos ideales. Entonces ese Estado pondrá en práctica el din en su totalidad y emprenderá, mediante la justicia, su programa de reforma. Por medio de una administración recta, de la paz y la seguridad, del bienestar y el progreso de la población, de la pureza y probidad de los gobernantes, de una noble política interior, de una política exterior justa, de guerras honorables y de tratados fiables, demostrará ante el mundo que el din que dio origen a ese Estado es verdaderamente un símbolo del bienestar humano y que el bien de la humanidad reside en su observancia. Cuando este testimonio se una al testimonio fundamental y se cumpla la responsabilidad encomendada a la nación musulmana, entonces quedará establecido el argumento concluyente ante la humanidad, y toda la nación musulmana alcanzará tal capacidad que, en el tribunal del Más Allá, podrá ponerse de pie después del Noble Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) y testificar: «El mensaje que el Profeta nos transmitió, también lo hemos transmitido a otros». Si, aun después de ello, no han llegado al camino recto, ellos mismos serán responsables.
Por tanto, mi mensaje es exactamente el que Allah envió por boca de Su Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él):
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«Venid, adoptemos un principio común entre vosotros y nosotros: que no adoraremos ni obedeceremos a nadie excepto a Allah, que no asociaremos a nadie con Él y que ninguno de nosotros tomará a otro como señor en lugar de Allah». (Ale Imrán, 64)
Todos somos siervos de un solo Dios, seguidores de un mismo Mensajero, creyentes en un mismo Libro, y la misma qibla es nuestro centro y el fundamento de nuestro retorno. Convengamos en esto: que no adoraremos a nadie en este mundo excepto a Allah, no aceptaremos ninguna ley aparte de Su ley y no permitiremos que en este mundo se siga ninguna orden que no sea la Suya.
El pensamiento de Maulana Sayyid Abul A‘la Maududi sobre el sistema educativo
En nuestra historia, respondiendo a las exigencias de la época, Sir Sayyid Ahmad apareció con un plan educativo. Después se hicieron visibles tanto los buenos como los malos resultados de los objetivos temporales que dicho plan tenía. Pero, tras la partición de la India en 1947, Pakistán surgió como un Estado independiente. Por consiguiente, todas las necesidades de aquel plan para una nación y un Estado independientes han llegado a su fin. Ya no es en absoluto adecuado para una nación independiente.
Poco antes de que este subcontinente obtuviera la independencia, se hizo oír por primera vez, desde la perspectiva del islam, un firme llamamiento a una revolución educativa integral. Era la voz del Maulana Sayyid Abul Ala Maududi. No se trataba únicamente de una voz; junto con ella, el Maulana Maududi nos dejó abundante material sobre un plan educativo integral, un programa práctico para llevarlo a cabo, listas de asignaturas y otros asuntos, mediante sus numerosos artículos y discursos.
El Maulana escribió tanto sobre un verdadero sistema educativo islámico que aquí no hay espacio para examinar todas esas discusiones. No obstante, aquí se presenta brevemente su perspectiva central. Él dice:
«Ahora se ha vuelto indispensable abolir ambos sistemas educativos opuestos que hasta el momento están vigentes entre nosotros. Es decir, deben eliminarse tanto la antigua educación religiosa implantada bajo el dominio británico como el sistema educativo moderno. En lugar de estos dos sistemas educativos, se necesita un nuevo sistema que, por una parte, esté libre de todos los errores y deficiencias del pasado y, por otra, pueda satisfacer todas aquellas necesidades que en este momento son indispensables para nosotros como nación musulmana, nación independiente y nación orientada al desarrollo.»
Al formular este llamamiento a una revolución educativa, el Maulana describió claramente en varios de sus artículos la estructura del sistema educativo islámico que concebía y sus principios fundamentales. Sin embargo, antes de arrojar luz sobre la política educativa islámica, el Maulana expuso conceptos correctos y claros acerca del ser humano, la filosofía de la vida humana, la naturaleza del universo y otros temas; solo sobre la base de estos conceptos claros y correctos podía establecerse la piedra angular del sistema educativo islámico. Después, al describir la filosofía de la educación, explicó la verdadera definición del conocimiento y su verdadera fuente.
Al describir el propósito de la educación, concedió la máxima importancia a la formación del carácter. Dice que el propósito de la educación es la purificación interior. Si el carácter de las personas no es noble, no puede establecerse un equilibrio correcto en la sociedad. Puesto que el ser humano es el representante de Dios, la mejor manera de desempeñar este importante cargo consiste en desarrollar, en su carácter y conducta, aquellas cualidades cuyo verdadero poseedor es su propio Señor y Creador, Allah, Señor de los mundos. Su carácter debe incluir necesariamente cualidades como el afecto y la ternura, la compasión y la generosidad, la rectitud y la justicia, y la equidad.
En su obra «Ta‘limat» (El sistema educativo: una perspectiva islámica), el Maulana dice: «En nuestro sistema educativo debemos conceder mayor importancia a la formación moral que a la formación mental.
También calificó el desarrollo de las capacidades y talentos latentes como uno de los objetivos de la educación. Añadió que el objetivo primordial de la educación es alcanzar un conocimiento verdadero de Dios. Después, el desarrollo de sus capacidades y talentos debe producirse de tal manera que pueda ser considerado un recurso beneficioso para la sociedad.
El Maulana dice que la educación constituye la manifestación externa de una determinada civilización y cultura. El propósito de la educación no es solamente mantener viva la cultura, sino también transmitirla a las generaciones futuras.
Él dice: El objetivo de nuestro sistema educativo debería ser promover el desarrollo de la vida sobre la base de la ideología y la meta conforme a las cuales se conduce. Las naciones vivas establecen su propio sistema educativo futuro precisamente con ese propósito.
Formación para el liderazgo
El Maulana dice que el objetivo de la educación es formar personas capaces de adquirir, en la época moderna, la competencia necesaria para dirigir correctamente el mundo conforme a los principios fundamentales del din de la verdad. Es decir, uno de los objetivos importantes de la educación es formar ciudadanos excelentes, para que sean capaces de ejercer el liderazgo en el mundo. Las naciones cuyo objetivo es ejercer el liderazgo mundial estructuran su sistema educativo de tal manera que este objetivo se cumpla.
Se han iniciado investigaciones, desde diversos sectores, sobre la política educativa del Maulana Maududi. El profesor Muhammad Husain, de la institución «Educación e investigación» de la Universidad de Punjab, escribió un extenso artículo titulado «El pensamiento del Maulana sobre la educación», que fue publicado en forma de libro por la Agencia de Investigación y Publicaciones de Lahore. Este erudito artículo ha recibido grandes elogios de los especialistas en educación y de distinguidas personas interesadas en la educación.
El Maulana sobre el sistema educativo de Pakistán
Incluso varios años después de que Pakistán surgiera como un Estado independiente basado en una ideología, su sistema educativo permaneció exactamente igual que durante la época de esclavitud bajo los ingleses. No se hizo ningún esfuerzo por establecer un sistema educativo pakistaní basado en sus ideales, en lugar del sistema educativo elaborado por gobernantes extranjeros y ajenos al país. Aunque toda la nación había sentido profundamente que, entre todas las medidas necesarias para hacer realidad sus esperanzas y aspiraciones, debía concederse la máxima importancia a su propio sistema educativo nacional. Pero los gobernantes siguieron aferrándose a los recuerdos dejados por los amos que se habían marchado. La estructura del sistema educativo permaneció exactamente como había sido; más aún, al intentar reformarla parcialmente, se la volvió todavía más decadente y completamente contraria al ideal nacional.
En la conferencia anual de la Jamiat-e-Talaba Islámica de Todo Pakistán, celebrada en Lahore el 25 de diciembre de 1952, el Maulana Maududi pronunció un discurso sumamente importante y erudito sobre el sistema educativo. Expuso con argumentos los defectos y deficiencias del sistema educativo vigente, su peligrosidad y sus venenosas consecuencias, y presentó brevemente la estructura de un sistema educativo adecuado para Pakistán. Aquel discurso histórico suyo fue publicado en forma de folleto. A continuación cito algunos fragmentos:
Un sistema educativo sin Dios
En las materias que se enseñan conforme al sistema educativo moderno no hay ningún rastro del islam. Y tampoco puede haberlo. En la medida en que estas materias se desarrollaron en Europa, han estado dirigidas por personas rebeldes contra Dios. Los religiosos que entonces existían en Europa solo de nombre habían sido desposeídos, mucho tiempo atrás, del campo del pensamiento y la práctica espiritual. Por eso, personas de este tipo asumieron el liderazgo en todos los campos, como la filosofía, la historia y la sociología. Aunque no fueran ateos, en su vida práctica no sentían ninguna necesidad de reconocer la obediencia a Dios. Las disciplinas y los libros que los ingleses importaron y establecieron en este país son los mismos que todavía se enseñan hoy en el nuestro. Quienes estudian conforme a este sistema educativo moderno, naturalmente, han ido alejándose poco a poco, sin saberlo, de la religión del Islam, de la perspectiva islámica y de sus normas y costumbres. En esto, su voluntad, interés o esfuerzo no tienen absolutamente ninguna participación. Por tanto, si en todo lo que una persona ha estudiado desde el primer día de su vida escolar hasta el último momento, y en todos los conocimientos que ha adquirido del mundo, no hay en ninguna parte una perspectiva religiosa o divina, ¿cómo nacerá en su corazón la fe en Dios? Si en ninguno de sus libros de texto hay siquiera una mención de Dios, estudiará historia, pero en ella se le enseñará que él mismo, y nadie más, determina el destino de la vida humana; en la filosofía que estudie, para desentrañar el misterio de la naturaleza de la fe no habrá ninguna necesidad del Creador del universo; estudiará ciencias, pero en ningún lugar del mundo se mencionará la existencia de un Creador sabio y de un supremo director y administrador. Por muchas disciplinas que estudie —derecho, ciencias políticas, economía y otras—, en ninguna parte se mencionará si el Creador de la humanidad ha indicado o no algún modo de vida para ella. Al contrario, el principio fundamental de todas las disciplinas es que el ser humano tiene derecho a determinar por sí mismo su sistema de vida y que nadie más posee tal derecho o autoridad.
No es necesario decirle a una persona educada de este modo: «Niega a Dios». ¿Qué puede impedir que, sin darse cuenta, se vuelva completamente despreocupada e indiferente respecto de Dios?
Una educación carente de principios
Este sistema educativo moderno no solo no tiene ninguna relación con la religión y el islam, sino que, por ironía del destino, tampoco despierta en nuestros jóvenes siquiera el sentido básico de los principios morales. Sin embargo, todos saben que, para una nación carente de principios y de carácter, no solo es imposible progresar, sino que incluso es absolutamente imposible sobrevivir como nación en este mundo. Por eso, entre quienes, después de educarse según el método moderno, han ingresado en la vida laboral, se encuentran todos los defectos y malos hábitos de las naciones occidentales. Pero en ellos no se ve ni el menor rastro de las virtudes de esas naciones. Entre los llamados educados modernos no hay sentido de la responsabilidad, perseverancia, valor, moderación, firmeza de carácter, obediencia a alguien distinto de su propio yo, lealtad ni ninguna otra cualidad semejante. Son como plantas parásitas, como enredaderas sin sostén. Al observar su conducta y comportamiento, no parece que posean nada que pueda llamarse carácter o rasgos nacionales. Incluso después de ocupar cargos de especial honor, no dudan en cometer con toda facilidad las formas más abyectas de traición y de delito. Entre ellos no se encuentran solo unos cuantos, sino miles de sobornados, nepotistas, solicitantes de favores injustos, comerciantes del mercado negro, contrabandistas, quienes amordazan la justicia y los principios de equidad, quienes privan al pueblo de sus derechos legítimos, quienes destruyen el destino de toda la nación a cambio de un pequeño interés personal y quienes eluden sus obligaciones laborales; deambulan libremente por toda la sociedad. Después de la partida de los ingleses, se les ha confiado la responsabilidad de gobernar el Estado. Como consecuencia, todos sienten el desastre que ha sufrido el país en apenas unos años al caer en manos de estos hombres sin carácter. Para observar directamente el carácter y la conducta de los jóvenes que actualmente adquieren conocimientos conforme a este llamado sistema educativo moderno, basta con ir en cualquier momento a las residencias estudiantiles, los centros de diversión y los mercados y bazares con ocasión de actos nacionales.
Añadir la diniyat al sistema educativo anterior
Parece que quienes actualmente tienen en sus manos nuestro destino, quienes controlan nuestro sistema educativo y quienes de vez en cuando anuncian la buena noticia de la implantación de un sistema educativo islámico también se disponen a repetir el error. El sistema educativo implantado durante el dominio inglés seguirá funcionando como antes y bastará con aumentar un poco la proporción de diniyat. En realidad, el plan educativo que tienen ante sí no contiene mucho más que eso. Por esta razón, sigo diciendo hoy lo mismo que dije hace varios años. A mi juicio, no hay error más grave que diseñar un sistema educativo combinando dos elementos contradictorios y opuestos entre sí. Y se trata, además, de dos corrientes en conflicto, una de las cuales declara completamente errónea a la otra. El uso de una mezcla de este tipo no puede producir nada salvo desorden mental.
Supongamos que reservan para las ciencias religiosas la mitad de esta mezcla, es decir, el cincuenta por ciento [aunque actualmente, en las instituciones educativas, la diniyat no llega ni de lejos al cincuenta por ciento: en algunos lugares está en cero y, donde existe, solo aparece en pequeñas dosis. Además, hay coeducación, libre trato entre estudiantes varones y mujeres, y danza, música y actividades literarias]. Y que mantienen la otra mitad sobre los mismos fundamentos del sistema educativo implantado durante el dominio inglés. Como consecuencia, el ambiente mental de cada estudiante estará necesariamente condenado a convertirse en un campo de batalla.
Si todo el ambiente sigue estando, como antes, impregnado de anglificación, tal como lo estaba durante el dominio inglés, y nuestro Estado también se administra conforme a la política anterior, como ocurrió durante el dominio inglés, entonces, como consecuencia natural, surgirán en nuestro país tres clases de personas.
Una categoría de personas que, incluso después de estudiar religión, serán consideradas rebeldes contra Dios, porque en su programa de estudios también se incluyen muchos contenidos contrarios a la religión. Además, todo el ambiente de las instituciones educativas seguirá apoyando esta rebeldía contra Dios. Y, por si fuera poco, el ambiente estatal también les resultará favorable.
Una segunda categoría de personas considerará el islam, conforme a la influencia de los estudios religiosos, como su sistema de vida.
Una tercera categoría de personas seguirá un camino intermedio entre la incredulidad y el islam: algo que no será completamente incredulidad, pero tampoco completamente islam.
Esta es la consecuencia natural de impartir la mezcla mencionada. Si la ponen en práctica, verán que en el país se han creado tres categorías enfrentadas entre sí, incapaces de colaborar unas con otras con dedicación para cumplir la responsabilidad de desarrollar y hacer progresar cualquier civilización o sistema de vida.
La pregunta es si el sistema educativo de un país se establece precisamente para crear allí un vertedero mental y moral.
Determinar el objetivo de la educación
Según muchos, el objetivo de la educación es adquirir conocimientos por sí mismos. Dicen que se debe educar al pueblo con total imparcialidad, para que pueda determinar libremente sus opiniones mediante el «estudio objetivo» (Objective Study) de los problemas de la vida individual y social, de las transacciones y de todos los misterios. Pero en este sentido quiero decir que una observación objetiva de ese tipo solo es posible para una cámara; el ser humano no puede hacerlo. Detrás de los dos ojos del ser humano hay un cerebro. En toda circunstancia tiene una perspectiva propia. También posee una concepción determinada para examinar y analizar los problemas. Todo lo que el ser humano ve y oye, y todo el conocimiento que adquiere, lo asimila conforme a su propia perspectiva. Sobre la base de esta manera de pensar se establece su sistema de vida. A esto lo llamamos cultura. Ahora bien, si tenemos una cultura propia, si pertenecemos a una nación que posee sus propias ideas, creencias, filosofía de vida, objetivos y modo de actividad, entonces necesariamente debemos seguir un camino y establecer, para la educación y formación de nuestras futuras generaciones, un sistema que les permita preservar nuestra civilización y cultura. Y no solo eso: que también les permita desarrollarlas y enriquecerlas, manteniéndolas asentadas sobre sus fundamentos originales. Cada nación del mundo elabora para sí un sistema educativo independiente con este propósito. No conozco ni una sola nación que haya elaborado su sistema educativo basándose únicamente en el «estudio objetivo» (Objective Study). Tampoco conozco ninguna nación que haya adoptado al pie de la letra el sistema educativo de otra nación, o que, sin incorporar a él su propia corriente de pensamiento, haya intentado formar a sus futuras generaciones según ideales ajenos. Si por debilidad y desamparo hemos cometido alguna vez en el pasado semejante necedad, no tiene ningún sentido que sigamos manteniéndola ahora como antes.
Abolición de la distinción entre la religión y la vida mundana
Debemos adoptar otro principio fundamental de nuestro sistema educativo, y la base sobre la cual es necesario establecer un único sistema educativo para toda nuestra comunidad, es esta: debemos poner fin a la actual separación entre el din y el mundo. Pues la idea de separar el din y el mundo solo cuenta con el respaldo de la doctrina cristiana; también la sostienen los budistas, los hindúes y los yoguis y ascetas. Pero la concepción del islam al respecto es completamente opuesta. En los ámbitos de la educación, el Estado y la civilización, no puede haber error más grave que admitir una separación entre la religión y la política, es decir, entre el din y el mundo. No aceptamos en absoluto que deban existir para nosotros dos sistemas educativos separados, uno religioso y otro secular. Más bien, afirmamos que todo nuestro sistema educativo debe considerarse religioso y, al mismo tiempo, ser capaz de satisfacer nuestras necesidades mundanas.
Mundano, en el sentido de que podremos conocer el mundo y administrar sus asuntos con eficiencia; y religioso, en el sentido de que podremos comprender el mundo desde una perspectiva islámica y cumplir todos nuestros deberes en este ámbito conforme a las directrices del din. El islam no es una religión que le permita realizar todas sus actividades según su propia voluntad y a la que baste añadir como apéndice unas cuantas creencias, doctrinas y actos de culto. El islam nunca ha podido ni puede conformarse con desempeñar el papel de un apéndice de la vida humana. Quiere dirigir toda su vida. Está dispuesto a asumir un papel activo como programa integral de la vida. No habla únicamente de un mundo superior desvinculado de este mundo. Al contrario, trata de manera completa y amplia todos los asuntos mundanos. El islam le dice cuál es el verdadero misterio de este mundo, con qué propósito ha sido enviado aquí, cuál es el objetivo de su vida, cuál es su verdadera posición en el universo y cuál es su dignidad; también le dice cómo y conforme a qué principios debe actuar durante su vida terrenal. Le dice además que este mundo es, en realidad, como un campo de cultivo para la vida del Más Allá. Todo cuanto obtenga en la otra vida depende enteramente de qué clase de semilla haya sembrado en este campo. También le explica con claridad cómo debe cultivar y trabajar este campo. Le deja perfectamente claro cuál debe ser su conducta a lo largo de toda su vida terrenal, cuyos frutos podrá recoger en el Más Allá. ¿Cómo podría un din semejante aceptar que tengan un sistema educativo mundano y otro religioso? ¿O que baste con añadir un apéndice religioso a un sistema educativo mundano? Lo que quiere es que todo su sistema educativo se construya exclusivamente conforme a los ideales del «din».
Los valiosos consejos del Maulana sobre la defensa nacional
Los excelentes consejos que el Maulana, como perspicaz político, ofreció sobre la defensa nacional de Pakistán son sumamente valiosos no solo para Pakistán, sino para cualquier país o Estado musulmán. El Maulana dice:
«Saben que todo Pakistán es una frontera; es decir, las fronteras de los Estados extranjeros confluyen con las fronteras de Pakistán. No existe una sola ciudad grande que no esté situada en la frontera. Por eso es necesario que cada ciudadano comprenda su responsabilidad y permanezca siempre preparado para hacer frente a cualquier peligro. En estas circunstancias, lo más importante es la moral de la nación (Morale). Es decir, si una nación carece de moral, incluso los medios bélicos pierden todo sentido. Por muchas armas que haya, estas no pueden compensar la falta de fuerza moral o de moral. Al contrario, debido a la falta de fuerza moral, esas armas pueden caer en manos del enemigo. No consideramos que la fuerza moral se limite al entusiasmo, la valentía y la motivación para defender el país. Más bien, esa fuerza moral debe adquirirse a lo largo de toda la vida. Pues, para recibir la ayuda de Alá, hay que someter toda la vida a Su voluntad. Que una persona o una nación, por un lado, persista en desobedecer a Alá y, por otro, implore Su ayuda, es algo irracional. Una nación que no reconoce en absoluto a Dios puede seguir existiendo durante algún tiempo aun desobedeciéndolo, porque para ella existe, por parte de Alá el Altísimo, una prórroga especial. Pero si una nación conocida por llamar al culto de Dios, por ser portadora y transmisora del Gran Libro revelado por Alá y por representar el din de la verdad adopta una actitud de burla hacia las órdenes de Dios, ninguna fuerza del mundo podrá librarla del castigo de Dios. Tal actitud invoca, en lugar de la misericordia de Dios, Su maldición y Su castigo.»
Los discursos motivadores, las grandes consignas y las declaraciones grandilocuentes resultan inútiles para mantener intacta la moral. Aunque esas palabras puedan crear una moral temporal, esta no será duradera. En lugar de palabras, debemos fortalecer nuestra moral mediante acciones concretas.
«Debemos dar instrucciones a toda la población para que, durante un ataque enemigo, cada persona permanezca firme allí donde se encuentre. No se debe intentar huir bajo ninguna circunstancia. Hay que hacerles comprender que no podrán escapar de la muerte. Cuando llegue la hora fijada para morir, ni siquiera refugiándose en una fortaleza inexpugnable podrán salvarse de la muerte. Incluso durante un bombardeo en el campo de batalla, si aún no ha llegado la hora fijada para morir, la muerte no llegará de ningún modo. Y la creencia de los musulmanes es precisamente que no es posible escapar de la muerte. Por tanto, en una situación semejante, huir para salvarse y tratar de poner a salvo a los hijos son acciones indeseables desde todos los puntos de vista. Se debe decir a la gente: ¿dónde existe para nosotros un lugar tan seguro al que podamos huir y salvarnos? La realidad es que, vayan adonde vayan estos cobardes, quebrantarán también la moral de los habitantes de ese lugar. El enemigo sí dispone de amplios espacios para protegerse. Puede retirarse muy lejos. Pero nosotros no tenemos en ninguna parte ni siquiera un pequeño refugio donde podamos huir y permanecer a salvo. Por tanto, debemos permanecer firmes e inquebrantables allí donde estemos, preparados para cualquier situación.»
«Otro asunto especialmente digno de atención en relación con la defensa nacional es que la opresión, la injusticia y la usurpación de los derechos ajenos dentro del país deben cesar para siempre. Aunque estas cosas no deberían tolerarse en ninguna circunstancia dentro de la sociedad, si se incurre en semejante conducta especialmente durante la guerra, se abrirán grietas en nuestra fortaleza defensiva y ello ayudará al enemigo a penetrar en el interior del país.»
«Es una verdad de sentido común que, si en el corazón de alguien surge el impulso de defender la patria, ello puede deberse a que siente que vive en un país donde se protegen todos sus derechos y su dignidad, y donde es posible hacer realidad sus esperanzas y aspiraciones. Pero si su amarga experiencia de vida consiste en que en este país no se protegen ni su dignidad ni sus derechos individuales, entonces no puede existir razón alguna por la que pueda surgir en él un impulso de defender la seguridad de este país. Cuando el pueblo es privado de la justicia, las personas se ven obligadas a pasar hambre debido a la injusticia económica y los poderosos saquean el honor y la dignidad de los débiles, no puede surgir entre la población ningún impulso de defender la patria cuando se produce una agresión extranjera. Porque no se protegen aquellas cosas que son más queridas para ellos que sus propias vidas y cuya defensa consideran de la mayor importancia. La historia ha demostrado repetidamente que, en tales circunstancias, el pueblo ha permanecido indiferente durante los ataques de los enemigos externos y, en muchas ocasiones, las poblaciones oprimidas han acogido con beneplácito la agresión extranjera con el propósito de vengarse, para poder ver con sus propios ojos la destrucción de quienes les habían arrebatado todos sus derechos. Debemos aprender de estos ejemplos de la historia. Después de ello, debemos proteger los derechos unos de otros. Debemos establecer una justicia plena en nuestro país. La opresión y la injusticia debilitan el sistema de seguridad del país. Quien, por sus intereses personales, hiere el amor propio del pueblo, en realidad facilita el camino para la llegada del enemigo.»
«Consideramos que esta tierra no nos pertenece, sino que es la “casa” del islam. Después de varios siglos, se nos ha presentado esta oportunidad de manifestar la “religión de la verdad” en su forma genuina y dar testimonio de su veracidad ante el mundo. Esto es un gran don para nosotros, y estamos dispuestos a preservarlo a cualquier precio. Queremos fomentar en el corazón de cada musulmán una actitud de respeto hacia este don. Queremos arraigar en la mente de todos la convicción de que, para preservar este don, nadie retrocederá ante ningún sacrificio. Recuerden que entregar la vida por Dios y por Su religión es muchas veces superior a sacrificarla para proteger sus hogares, sus riquezas y su honor. Sin duda, entregar la vida con esta motivación —el martirio— es una forma de entrega de la vida de altísimo rango.»
El sistema económico
Igualdad de derechos en las actividades económicas
Desde la perspectiva islámica, Allah creó para los seres humanos la tierra y todo cuanto hay en ella. Por tanto, esforzarse por obtener el sustento de esta tierra es un derecho natural del ser humano. Todas las personas participan por igual de este derecho. Nadie puede ser privado de él, ni nadie puede tener en este asunto una preferencia sobre los demás. Desde el punto de vista de la ley islámica, no puede imponerse a ninguna persona, linaje o clase una prohibición que le prive del derecho a utilizar algunos de los recursos del sustento o que le cierre el camino para ejercer una profesión. Del mismo modo, según la ley islámica, tampoco puede establecerse una diferenciación que haga que los medios de sustento o las puertas de la riqueza se conviertan en un monopolio de una clase, linaje o familia determinados. En la tierra creada por Dios, todas las personas tienen el mismo derecho a esforzarse por obtener su parte de los medios y recursos creados por Él, y este camino está abierto por igual para todos.
(Principios fundamentales de la economía islámica)
Los problemas económicos y el islam
El islam considera censurable acumular riquezas que excedan las necesidades. Su exigencia es que gastes toda riqueza que poseas en satisfacer tus necesidades o que la dones a otros para que puedan emplearla en las suyas. De este modo, toda la riqueza se distribuirá y circulará por la sociedad. Pero, si no se hace así y se insiste en acumularla, deberá retirarse de esa riqueza acumulada el dos y medio por ciento y entregarse a quienes no pueden ganarse el sustento o no logran cubrir sus necesidades pese a esforzarse por obtenerlo. Este es el “sistema del zakat”. El consejo que da el islam respecto a la administración del zakat es que este debe depositarse en el tesoro público (Public Exchequer), desde el cual se cubrirán las necesidades de todos los necesitados. En realidad, este es el mejor método de seguridad económica para la sociedad (Social Insurance) y elimina de raíz los abusos que surgen por la falta de una administración adecuada para distribuir la asistencia social.
Las normas detalladas relativas a todo esto se encuentran establecidas en el Corán y los hadices. El Maulana ha presentado en su obra «La realidad del zakat» un análisis racional y ameno de estos asuntos.
El Maulana dice:
El «Bayt al-Mal» está siempre disponible como su auxiliador, por lo que usted no tiene motivo alguno para preocuparse. Si se encuentra necesitado, solicite la ayuda del Bayt al-Mal y reclame el derecho que le corresponde. Después de eso, ya no necesitará giros bancarios ni pólizas de seguro. Deje este mundo con tranquilidad, sin preocuparse por sus hijos y familiares. El tesoro de la sociedad será responsable de su manutención después de su muerte. En la vejez y ante toda clase de dificultades y calamidades, el Bayt al-Mal será siempre su apoyo, al que podrá acudir en busca de ayuda. El capitalista no podrá obligarlo a trabajar bajo sus condiciones. Mientras exista el Bayt al-Mal, no habrá motivo para temer tener que vivir desamparado, hambriento y desnudo. [Problemas económicos y su solución (en urdu), pp. 40, 43]
Tras realizar un análisis detallado de la economía, el Maulana escribió dos valiosas obras tituladas «El interés» y «El islam y las doctrinas económicas modernas». Ambas son obras valiosas y autorizadas sobre economía.
En la obra «El interés», después de analizar detalladamente la economía basada en el interés y la economía islámica libre de interés, demostró que la economía islámica es el único sistema económico beneficioso para la humanidad.
En la segunda obra, mediante un estudio comparativo del capitalismo, el comunismo y el islam, demostró la vacuidad de los dos primeros sistemas. Señaló los errores y deficiencias del sistema feudal de los terratenientes, del Renacimiento europeo, del liberalismo medieval, de la Revolución Industrial y del liberalismo moderno. Después presentó también la solución islámica a los problemas económicos modernos.
Maulana Mawdudi desde la perspectiva de otros
Existen comentarios de muchos eruditos y grandes intelectuales sobre el Maulana Sayyid Abul Ala Mawdudi, así como testimonios de personas cercanas a él, que contienen muchas enseñanzas y son dignos de ser seguidos. A continuación se presentan algunos de ellos:
Begum Maududi
Maududi Sahib es un hombre común. Pero, en vista de la grandeza del Corán y del carácter profético que Allah Ta‘ala le ha concedido, puede afirmarse sin vacilación que cada una de sus acciones está conforme al Corán.
«Yo estaba descarriado. Maududi Sahib apareció ante mí como guía del Sirat al-Mustaqim. Era silencioso, pero sus acciones me inspiraban a cada instante hacia el camino de la verdad. Si hubiera abierto la boca, me hubiera impedido cada acción y me hubiera señalado con el dedo en cada asunto, entonces, lejos de corregirme, quizá ni siquiera me habría sido posible convivir con él. Pero jamás hizo eso. Este era su método científico para propagar el islam, que había aprendido del Sagrado Corán.
«Era perspicaz, paciente y afectuoso. No recuerdo que durante los últimos quince o veinte años me haya dado alguna orden severa acerca del “amr bil ma‘ruf” y el “nahi ‘anil munkar”. La dulzura de su carácter consiste en que basta permanecer algún tiempo en su compañía para ganarse su aprobación.»
«Maududi Sahib presta mucha más atención a la reforma espiritual que a la reforma externa. Una vez regresó de algún lugar y se acostó, agotado. En ese momento, un visitante quiso verlo. Dije que se había quedado dormido. Al oírlo, Maududi Sahib se limitó a decir: “¿Acabas de decir una mentira?”»
«Una vez, todos nos sentamos a comer juntos. Le dije a mi hijo mayor: “Muchacho, reza. De lo contrario, la gente dirá que el hijo de Maududi Sahib no reza”.»
«Él dijo: “Mira, muchacho, cuando reces, hazlo únicamente por Allah, no por tu padre”.»
«Nunca he visto a nadie tan afectuoso con sus hijos. Cada vez que llegaba a casa, llamaba a cada uno por su nombre. En Darul Islam teníamos un tanga. Él mismo me llevaba a mí y a los niños a pasear antes del anochecer. Nunca los enviaba a ningún lugar con otra persona, por temor a que alguno cayera de repente del tanga. Una vez, por alguna razón, envió a los niños con el cochero a Pathankot. Después fue a pasear junto al río. Al regresar de la orilla del río antes del magrib, se enteró de que los niños aún no habían vuelto. Entonces, sin entrar en la casa, permaneció sentado afuera durante horas. Solo cuando regresaron los niños entró con ellos.»
«A los diecisiete años, Maududi Sahib quedó huérfano de padre. Por gracia de Alá, su madre aún vive». [Después de la declaración anterior de Begum Maududi, en 1957 la madre de Maulana Maududi entró en el Paraíso.]
«Sirve a su madre hasta tal punto que un hijo así es verdaderamente excepcional. Si algo de lo que hace su madre no le agrada, guarda silencio. Nunca ha manifestado molestia alguna. Aunque ella le diga algo desagradable, él no la mira al rostro. Está dispuesto a servirla en todo momento.
«Mis antepasados llegaron a Delhi desde Bujará durante el reinado del emperador Shah Jahan. Desde entonces, al haber vivido en Delhi generación tras generación, nos acostumbramos a la vida urbana. Cuando Maulana Maududi llegó a Darul Islam desde Hyderabad, comenzó un nuevo capítulo en mi vida».
«El asentamiento de Darul Islam comenzó con apenas tres familias, incluida la nuestra. Sencillas casas de aldea. Allí no había ni luz eléctrica, ni grifos de agua, ni otros medios y facilidades de la vida cotidiana. Esta fue la etapa inicial de la paciencia en mi vida».
«Una vez no había leña en nuestra casa. Maulana desayunó por la mañana y se fue a la oficina. Entonces me quedé sentada pensando qué hacer. En ese momento, Maulana entró en la casa y dijo: “¿Qué pasa? ¿Por qué estás sentada tan callada?”»
Respondí: “No hay leña y la cocinera está sentada”. Él dijo: “¿Ya te has impacientado por algo tan insignificante?”. Dicho esto, salió de la casa con un hacha en la mano. Afuera había varios troncos de madera. Comenzó a partirlos con sus propias manos. Apenas dio uno o dos golpes con el hacha, la gente acudió corriendo desde todas partes y, en poco tiempo, se formó un montón de leña».
«Un día, por alguna razón, el aguador no trajo agua. Además, aquel día hacía un calor terrible. Yo me quedé sentada con la cabeza entre las manos. Al enterarse, Maulana fue al pozo con dos cubos y comenzó a sacar agua con sus propias manos para llenarlos. Al verlo, la gente llenó inmediatamente de agua las casas y los hogares». [Begum Maududi, Mahmuda Khatun, falleció el 4 de abril de 2003.]
Mahirul Qadiri
El célebre poeta y literato de Pakistán y la India, y editor de la revista mensual Farán, el señor Mahirul Qadini, dice:
«Siento un profundo respeto por el Maulana. Creo que el servicio a la religión que presta mediante sus escritos y discursos tiene pocos equivalentes en la época actual. Incluso en los países árabes no existe nada comparable.»
Al comentar sobre el Maulana, dice:
«Es el más grande pensador del mundo islámico. Ha dado inicio a una verdadera investigación islámica entre los musulmanes y ha transformado la manera de pensar de la gente; es comentarista del Corán y la Sunna, defensor de la verdad, personificación de la veracidad, quien ha dado forma a las imágenes imprecisas de la herencia islámica, servidor devoto de la religión de Allah, cuyas palabras y actos pueden inspirar plena confianza; aquel que consagró toda su juventud al servicio de la religión y que, por sus reflexiones, investigaciones, esfuerzos y devoción, ha envejecido prematuramente; un sabio eminente cuyas palabras y escritos llevan un cuarto de siglo convocando a la verdad; un erudito tan grande que puede debatir simultáneamente, con espíritu investigador, sobre el Corán y el hadiz, el fiqh, el ilm al-kalam, la filosofía, la historia, la economía, el sistema de gobierno, la política y otras materias; soberano de la argumentación y océano de conocimiento, familiar no solo con las corrientes intelectuales de Oriente, sino también con las de Occidente, que ha examinado y comprobado; convocador a establecer una relación con Allah y a obedecer al Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él), cuyo movimiento no pudieron silenciar ni los cuatro muros de la prisión de Multán ni la oscura cámara de ejecuciones del fuerte de Lahore, y cuya voz no pudieron acallar las proclamas de incredulidad; quien examina y evalúa cada palabra y cada acto en la piedra de toque del Corán y la Sunna, y proclama sin temor todo cuanto esta piedra de toque revela, aunque se trate del más grande de los sabios y eruditos; aquel cuya misión es establecer la religión, cuyo programa es convocar a la verdad y cuya meta es la complacencia de Allah; quien, al proclamar la verdad, no teme ni se intimida ante la ira del mundo entero, ni teme perder su propia reputación; quien, aunque ignorantes e insensatos lo hayan acusado de diversas maneras, ha ignorado todo con paciencia; aquel cuya pluma ha enriquecido y purificado la literatura urdu y se ha convertido en una contribución inestimable a la lengua urdu; innovador de una forma de expresión extraordinaria en sus discursos, durante los cuales parece que de un cielo sombrío brotan ráfagas de tormenta y relámpagos; aquel cuyo nombre hace estremecerse al «qadianismo» y provoca el ahogo de quienes rechazan el hadiz; protector de la Sunna y exterminador del shirk y las innovaciones religiosas; quien, pese a su erudición y extraordinaria fama, puede relacionarse con la gente común sin formalidad, con sencillez y palabras dulces y amables, como si no hubiera diferencia alguna entre él y los demás; quien no es solamente un erudito, pensador, orador y autor, sino también un verdadero muyahid, que no muestra reacción alguna ni siquiera al escuchar una sentencia de muerte; no es alguien creado por la historia, sino el creador de la historia.»
Bashir al-Ibrahimi
El líder popular de Argelia y presidente de la Asociación de Ulemas Musulmanes de ese país, el ilustre erudito Muhammad al-Bashir al-Ibrahimi, dice:
«He conocido muy pocas personas como él (Sayyid Abul Ala Maududi). En particular, he conocido muy pocos hombres de una personalidad y unas cualidades como las suyas, que ocupan una posición eminente entre los ulemas. Entre sus cualidades, destaca especialmente que es firme e inquebrantable en la verdad, paciente en el camino de la verdad y que, lejos de adular a las clases gobernantes, se opone incluso a buscar su ayuda.»
«Entre las personas que he conocido en Pakistán y la India, y sobre las que he podido informarme, él posee el mayor conocimiento de los datos relativos a la ley islámica y a la historia islámica. Sus estudios son sumamente amplios y profundos. Está dotado de una aguda capacidad de comprensión, una inteligencia superior, un pensamiento claro y un conocimiento profundo.»
«El Maulana Maududi ha adquirido un conocimiento considerable de la ciencia, el saber y la civilización modernos. Examina a todos en la piedra de toque de la justicia.»
«El mes pasado se produjo una gran agitación en Pakistán y también hubo algunos asesinatos y actos de violencia. Como los periódicos de los países árabes no publicaron información detallada al respecto, no pude comprender sus causas ni su profundo misterio. Sin embargo, tengo la clara convicción de que la exigencia de un sistema de gobierno islámico fue la causa fundamental de todo esto. Es posible que, al observar la creciente influencia del Maulana Maududi y de sus colaboradores en el país, el Gobierno haya encarcelado a la mayoría de ellos. Después, se impuso la ley marcial en Lahore y se confió toda la autoridad a las fuerzas militares. Un tribunal militar condenó al Maulana a muerte. Más tarde supe que la pena de muerte había sido anulada y que se había ordenado una condena de catorce años de trabajos forzados. Los musulmanes de Pakistán se indignaron ante esta decisión tiránica y se desató una violenta ola de protestas y manifestaciones contra el Gobierno. No cabe duda de que la pena de muerte fue perdonada como resultado de las protestas extendidas por todo el país.»
Por otra parte, también surgieron protestas de parte de las instituciones y asociaciones islámicas bien organizadas de Egipto, Siria, Irak, Kuwait y otros lugares, y se expresó un profundo descontento hacia el Gobierno de Pakistán. Cuando me encontraba en Kuwait, conocí la veracidad de estas noticias. Debido a mi relación con estas instituciones y al respeto mutuo existente entre ellas y la Jamiat de los Ulemas, también me sentí indignado y afligido. Porque la personalidad del Maulana Maududi no está limitada a una región particular. Al contrario, su personalidad es digna de ser seguida por todo el mundo musulmán. Uno de los derechos que tiene sobre nosotros es que, cuando el Gobierno le impuso una pena de trabajos forzados en lugar de la pena de muerte, era nuestro deber emprender una campaña por su liberación…»
«Por la campaña de yihad en el camino de Dios que el Maulana Maududi ha iniciado, basta como recompensa en este mundo el hecho de que los musulmanes del mundo se hayan unido para ayudarlo y apoyarlo. Ante Dios está reservada para él una recompensa mucho más grande y eterna.»
Dr. Muhammad Ataur Rahman Nadwi
«Esto es precisamente del estilo de Ibn Taymiyya.»
Hace quince años escuché estas pocas palabras de labios de un rostro santo. La escena, tal como quedó grabada en mi mente por la conmovedora manera en que escuché aquellas palabras, permanece flotando intacta ante mis ojos. Me parece que todavía puedo ver aquel rostro y que aquellas palabras conmovedoras aún resuenan en mis oídos.
Considero preferible contar todo abiertamente.
De 1930 a 1934 estudié en la Madrasa Alia de Calcuta. En 1935 ingresé en Darul Ulum Nadwatul Ulama, en Lucknow. En aquella época tuve la oportunidad de ver «Tarjumanul Qurán». Mi estado de ánimo llegó a ser tal que leer «Tarjumanul Qurán» se convirtió en una necesidad natural para mí.
Durante las vacaciones de verano, cuando iba a casa (aldea de Paharpur Bazar, oficina postal de Baro Haria, Saran), llevaba conmigo «Tarjumanul Qurán». Después, con gran entusiasmo, le hablé a mi respetado padre del contenido de dicha revista. Él expresó su deseo de verla.
Mi padre, el señor Maulana Muftí Muhammad Yamil Ansari (que Dios tenga misericordia de él), era un erudito de la religión, sincero y veraz. Dedicó toda su vida a la enseñanza. No solo era profesor, sino también muftí. De 1917 a 1941 fue profesor de la Madrasa Alia de Calcuta y muftí de su Dar al-Ifta.
Le presenté a mi padre todos los números de «Tarjumanul Qurán» que tenía. Al verlos, su primer comentario fue: «Hijo mío, todo esto se encuentra en el Corán y la Sunna. Ahora solo hace falta ponerlo en práctica. Las personas con educación inglesa común escriben sobre estos asuntos en sus periódicos y revistas, pero ellas mismas no los siguen».
Cuando regresé a casa durante las vacaciones de 1936, llevé a mi padre el número recién publicado de «Tarjumanul Qurán». Lo leyó con gran atención y exclamó con entusiasmo: «Tenía una idea completamente equivocada. Este hombre (Mawdudi) no solo tiene educación inglesa, sino que también es un gran erudito de la lengua árabe. Por cierto, ¿qué edad tiene?»
Le dije: «Muy probablemente tendrá treinta o treinta y dos años».
Él dijo asombrado: «¿Tanta erudición y capacidad a tan corta edad? Al leer su revista uno no puede sino asombrarse».
«Le comuniqué todo al señor Maulana Mawdudi. En aquel entonces él se encontraba en Pathankot. El Maulana envió, junto con su respuesta, varias obras, entre ellas “Siyasi Kashmakash” y “Dinimat”. Mi venerable padre, ya fallecido, leyó repetidamente esas obras y dijo: “Tenía una idea equivocada sobre este hombre. ¡Que Dios me perdone! Es, de manera tan exacta, del mismo carácter que el eminente Ibn Taymiyya. Lo asombroso es que, en una época en la que las personas verdaderamente talentosas son escasas, especialmente en este Indostán, ¿cómo pudo aparecer este hombre? Cuando empiece a poner en práctica su ideal, comenzará una oposición extrema contra él. Pues así es como se trata en el mundo a las personas sinceras y defensoras de la verdad. Incluso puede ocurrir que lo martiricen”».
Desde entonces, «Tarjuman al-Qur’an» comenzó a llegar regularmente a la dirección de la biblioteca Ansari de Paharpur Bazar. Cuando mi padre regresaba de Calcuta durante las vacaciones, lo leía atentamente en sus momentos libres. Finalmente, cuando en los artículos editoriales de «Tarjuman al-Qur’an» Maulana Maududi empezó a señalar la necesidad de formar un grupo idealista, mi venerable padre dijo:
«Si se forma ese grupo, yo seré su primer miembro».
Pero es profundamente lamentable que mi padre falleciera, pasando a la morada del Paraíso, apenas diez días antes de la fundación de dicho grupo —la Jamaat-e-Islami—, el 16 de agosto de 1941. Que Allah tenga misericordia de él.
Por aquel entonces, Allama Sayyid Sulayman Nadwi proclamó, en una gran asamblea pública, la extraordinaria personalidad de Maulana Maududi.
A finales de diciembre de 1940 se celebró la «Conferencia Nadwi» de los antiguos alumnos del Darul Ulum. En 1939 había obtenido mi certificado en el Darul Ulum de Nadwa. Por ello, también fui a Lucknow para participar en la «Conferencia Nadwi». Lo que me había inspirado especialmente a asistir a ella era que, precisamente en ese momento, estaba previsto que Maulana Maududi también visitara Lucknow. Al igual que yo, los demás antiguos alumnos de Nadwa sentían un gran interés por conversar con el Maulana. Al concluir la conferencia, Maulana Maududi se dirigió a la hospedería de Nadwa. Todos los profesores y antiguos alumnos comenzaron a conversar con él. Las autoridades de Nadwa le pidieron a Maulana Maududi que pronunciara un discurso ante las personas distinguidas y los estudiantes. La asamblea de Lucknow había sido organizada por la Universidad de Lucknow y las instituciones estudiantiles de Nadwa. Maulana Maududi pronunció, con su estilo característico, un discurso sobre el «nuevo sistema educativo». Maulana Abdul Majid Daryabadi presidió la sesión, y Allama Sayyid Sulayman Nadwi presentó al Maulana. Las palabras y la forma en que el señor Sayyid presentó al Maulana todavía resuenan en mis oídos. Dijo:
«Estoy ante ustedes para presentarles a un joven que, sin embargo, es un océano de conocimiento. Hoy, todo el mundo culto ha llegado a conocer a Maulana Maududi. Es un portavoz del islam en la época actual y un gran erudito de la religión. Allah Todopoderoso ha confiado precisamente a estas manos puras la responsabilidad de levantar una resistencia contra la poderosa ola de irreligión y ateísmo que, procedente de Europa, ha llegado hasta la India. Ha adquirido un conocimiento considerable de las corrientes de pensamiento antiguas y modernas de Europa. No solo eso: posee un conocimiento tan profundo del Corán y la Sunna que, basándose en él, puede ofrecer soluciones satisfactorias a todos los problemas de la época actual. Por ello, grandes ateos y rebeldes contra Dios se han sometido ante la irrefutable fuerza de sus argumentos. Puede afirmarse claramente y sin la menor duda que los musulmanes de la India y del mundo islámico pueden esperar grandes cosas de Maulana Maududi en lo que respecta a la religión.»
Agha Suresh Kashmiri
Maulana Maududi es la única persona que ha mostrado a la capacidad intelectual de Pakistán la gran vía del conocimiento.
En una época en que nuestra visión islámica había sido abandonada bajo las cadenas de doscientos años de sometimiento, él fue quien presentó el islam como una concepción integral de la vida.
Su movimiento es una fuerza capaz de resistir la perspectiva europea moderna.
Su pensamiento posee tal vitalidad del islam que la nueva generación de jóvenes de la época actual puede sentirse inclinada a aceptarlo de todo corazón.
El sistema de gobierno, en constante transformación, puede reprimir durante algún tiempo, amparándose en la ley, la revolución corporal y manifiesta del país. Pero no posee fuerza ni armas capaces de reprimir una revolución mental. Nuestra sociedad, consciente o inconscientemente, o por ciertas razones particulares, ha levantado una revolución mental contra el islam. Si alguien tiene la capacidad de detener su avance, esa capacidad pertenece únicamente al maulana Maududi y a su partido basado en sus ideales.
Maulana Abdul Majeed Daryabadi
No es necesario presentar a los lectores al editor de Tarjumanul Quran. Su amplia perspectiva y su enorme servicio religioso han sido tratados repetidamente en las páginas de Tarjumanul Quran. Para resistir la agitación y el desorden de la época actual, Dios ha ensanchado y abierto especialmente su pecho. Cada línea de lo que escribe es un néctar para los modernos instruidos. En este aspecto, el maulana ocupa un lugar muy elevado entre los ulemas. En realidad, es un hombre reflexivo de la umma.
Maulana Manazir Ahsan Gilani
Siempre he tenido confianza en la naturaleza equilibrada, la capacidad de pensamiento recto y la profunda perspicacia del maulana Sayyid Abul A’la Maududi. Su conducta y sus modales son dones de Dios. Su mirada sobre los problemas es sutil, profunda y omnicomprensiva. Su análisis es tan minucioso que no deja lugar a dudas sobre ningún asunto. Su método de trabajo cautiva, y sus explicaciones y análisis llegan al corazón. Además, he dado repetidamente testimonio de su noble carácter. Yo mismo rogué al maulana, en compañía del maulana Abdul Bari, que aceptara un puesto docente en la Universidad de Osmanía. Pero, a pesar de que su situación económica era extremadamente lamentable, rechazó satisfecho nuestra petición. Ante un hombre cuya alma es tan grande y rica, reflexiva y pensante, y que, como autor, posee cualidades y características otorgadas por Dios, no me atrevía a decir mucho más. Sin embargo, quiero decir al menos esto: Dios ha derramado una gracia extraordinaria sobre el maulana Maududi. Veo su corazón iluminado por la luz de la fe. Su corazón ha sido colmado de profunda reverencia y confianza hacia el Profeta Muhammad Mustafa (la paz y las bendiciones de Dios sean con él). Además, ha sido adornado con diversas capacidades. Si, con toda esta fuerza literaria, intelectual y de fe, se alza para hacer de la invitación al camino de Dios el objetivo de su vida, y si durante algún tiempo realiza esta labor en urdu, inglés, hindi y otras lenguas, quizá la gente no la acepte de inmediato; pero las preguntas naturales a las que el islam responde, al menos, harán brotar en la mente chispas de interrogantes.
Maulana Abul Hasan Ali Nadwi
Su método de escritura, sus argumentos irrefutables, su método de análisis fundamental y básico y, sobre todo, su pensamiento equilibrado eran sumamente adecuados para nuestra naturaleza y mentalidad. Parecía que su don de escritura, otorgado por Dios, era el portavoz de nuestro talento mudo y de nuestro gusto. Nunca olvidaremos el día en que, sentados varios amigos en la hospedería contigua a la mezquita del Darul Ulum de Nadwa, leíamos el artículo editorial de Tarjuman-ul-Quran correspondiente al mes de Muharram del año 1356 de la Hégira, en el que se había hecho una profecía sobre una gran calamidad. Era un artículo tan inspirador del Maulana que su eco se prolongó durante mucho tiempo. Todos alabamos de corazón la perspicacia del Maulana, su visión interior, su señalamiento de las crisis y su extraordinario talento de escritor. Después, leíamos con alegría todos los artículos del Maulana que se publicaban.
Maulana Muhammad Manzur No‘mani
Lo que me ha parecido más importante de la labor del Maulana Maududi y de la Jamaat-e-Islami es que miles de jóvenes, que bajo la influencia de la educación occidental y del ambiente ateo de las instituciones educativas habían llegado a dudar del islam y lo habían abandonado por completo o estaban a punto de hacerlo, no solo han sido devueltos al islam por los artículos del Maulana Maududi y las actividades de la Jamaat-e-Islami, sino que en su vida práctica se ha producido una revolución islámica tal que incluso para muchos creyentes piadosos por tradición familiar ha constituido una lección.
Profesor Alfred Smith
El Maulana Maududi ha ejercido una enorme influencia sobre el pensamiento islámico de la época actual, y su grupo es una de las fuerzas manifiestas de Pakistán. La literatura creada por este movimiento es muy vasta y extensa. La mayor parte de ella está en urdu. No obstante, sus traducciones al árabe y al inglés aumentan día a día. El rasgo distintivo del señor Maududi es que ha presentado gradualmente y con suma continuidad su propia visión como un sistema de vida correcto y atractivo. El señor Maududi parece ser, en la época moderna, un hombre reflexivo sobre el islam, que lo aborda de manera organizada y basada en principios. Ha dado equilibrio a la tendencia moderna de moldear el islam según un modelo de gobierno y disciplina. Fue la primera persona que presentó la ley islámica como un sistema claro y eficaz para la época moderna. Presentó el islam como un sistema de vida que, desde muchos siglos atrás, ya había reunido las soluciones a todos los problemas humanos de todas las épocas futuras. Para él, el islam no es una religión que cada amanecer vaya a crear la nueva molestia de proporcionar a la humanidad un conocimiento divino nuevo para resolver sus problemas. El sistema de pensamiento que fue fortaleciendo gradualmente tiene su origen en la primera época del islam, de donde se recopilaron los fundamentos esenciales de este edificio del sistema. Al mismo tiempo, aprovechó suficientemente las perspectivas y corrientes de pensamiento modernas.
Lo cierto es que, durante la confusión mental y política de Pakistán, influyó en los intelectuales y en una gran parte del público. En medio de la poderosa tormenta de la decadencia moral, mostró una entrega y un sacrificio personal incomparables por el objetivo que se había propuesto.
Considero al señor Maulana Maududi una persona grande y eminente. Pocos hombres así nacen. Pero hoy ha llegado a ser tan grande que nunca antes lo había considerado tan grande. Jamás pude imaginar que Dios Todopoderoso hubiera creado para él semejante fortuna: que un día fuera condenado a muerte por el camino de la religión. Dios lo eligió entre miles y le concedió una posición tan elevada.’
Raja Jaganfar Ali Khan
Estudié en el Lahore Islamia College desde 1939 hasta 1949. Durante ese período, el maulana Sayyid Abul A‘la Mawdudi acudía todos los domingos al Habibiyya Hall para dar conferencias sobre estudios islámicos. El viernes era el día de descanso semanal del colegio. Sin embargo, los domingos se celebraban actividades deportivas y otros actos sociales. Las conferencias del maulana también tenían lugar ese día. Todos los alumnos del colegio asistían a sus clases.
Era una época en la que el rostro de tez clara y sonrosada del maulana estaba enmarcado por una barba negra. Llevaba un gorro negro, una sherwani de color marrón oscuro y un pijama blanco, y usaba gafas azules. El maulana se encontraba entonces en su juventud. Sin embargo, nunca observé rudeza ni emotividad en su carácter. Su manera de hablar era sumamente cortés, y todo lo que decía era muy razonable.
Los muchachos que asistían a sus clases llevaban consigo papel y lápiz. Al terminar la conferencia, escribían sus preguntas en trozos de papel. El maulana respondía a cada una de ellas de manera clara y elegante.
En aquella época, los estudiantes estaban especialmente influenciados por el movimiento Khaksar. Hasta antes de 1940, yo era, podría decirse, un militante del movimiento Khaksar. Como las respuestas que daba el maulana cuando le preguntaban sobre aquel movimiento y su líder no me satisfacían, no pude sentirme atraído por él. Tampoco sentí la necesidad de leer sus obras. En ese tiempo, el movimiento Khaksar y su órgano de difusión, Al-Islah, habían causado conmoción en todo el país. Aquel movimiento había dejado una profunda influencia en nuestras mentes y pensamientos.
En la sesión de la Liga Musulmana de todo Pakistán celebrada en Lahore el 23 de marzo de 1940, me sentí atraído por la personalidad del difunto Qa’id-e Azam Muhammad Ali Jinnah. Su firme actuación, la fortaleza de su carácter, su honestidad y su completa dedicación a sus actividades me llevaron del movimiento Khaksar a la Liga Musulmana.
En la tercera etapa de mi vida me aficioné a la literatura «progresista». Durante ese período estudié los libros de Marx, Lenin y Stalin. Después me sentí atraído por los seguidores de esa ideología. A pesar de ello, yo seguía vinculado a una familia religiosa. Sin embargo, el entorno social me llevó hacia el comunismo. En casa discutía con frecuencia con mi difunto padre. Había quedado atrapado en una red de ignorancia tan profunda que, que Dios me perdone, mi difunto padre dejó de hablarme.
Por entonces, Pakistán aún no había nacido. Ese día, mi difunto padre me dio a leer el libro en inglés del maulana Mawdudi, Towards Understanding Islam. Lo leí. Luego lo volví a leer. El efecto que tuvo el libro en mí fue que disipó la oscuridad del extravío que se había acumulado sobre mi mente y mi pensamiento. Los irrefutables argumentos del maulana y su manera de exponerlos eran sumamente conmovedores, por lo que comencé a leer también sus demás obras.
Después de la creación de Pakistán, el Maulana solía sentarse por las tardes en el pequeño jardín cubierto de hierba verde y exuberante, situado frente a su casa de Ishrar. Yo iba allí y me sentaba. En aquella época no se reunía tanta gente. Le hacía al Maulana muchas preguntas absurdas e incoherentes. Él no se molestaba en absoluto por ello. Respondía a cada una con calma y en un lenguaje dulce. Ni siquiera ante las preguntas impertinentes aparecía jamás en su rostro señal alguna de irritación o enojo. Le expresaba sin reservas al Maulana las preguntas que me surgían al leer «Tulu-e-Islam». El Maulana refutaba las preguntas erróneas con el arma afilada de la lógica. La manera en que respondía era tal que el interlocutor no podía evitar sentirse influido.
Si una persona como yo pudo abandonar el comunismo y sentirse atraída por el islam basándose únicamente en la razón, seguramente también habrá habido muchas otras que, bajo la influencia de la literatura del Maulana, adoptaron el camino recto o, como mínimo, no se apartaron de la ideología con la que nacieron. Esta es una característica especial del Maulana. Personalmente, no he visto a nadie que se le iguale en la profundidad de sus conocimientos. Por eso, sin duda, lo llamaré el mujaddid de esta época.
Si alguien me preguntara quiénes son, para mí, las personas célebres, respondería: solamente tres: Allama Iqbal, Quaid-e-Azam y el Maulana Maududi.
A. K. Brohi
El patrimonio más valioso de una persona es su carácter y su papel. Si es posible transformar el carácter y el papel de alguien y producir en él algún cambio significativo, quien realiza esa labor es el arquitecto o constructor de la vida de esa persona. Desde esta perspectiva, en mi opinión, la personalidad más eminente del Pakistán actual es el Maulana Maududi.
Reconozco la verdad de esta afirmación: si se preguntara quién es la persona que más ha influido en el carácter y el papel de los habitantes de Pakistán, mi respuesta sería: el Maulana Maududi. Tengo la firme convicción de que lo que digo hoy lo diré también mañana. Y si en el Más Allá Allah Ta’ala quisiera aceptar mi testimonio, ese día también daría el mismo testimonio que doy hoy.
Sharifuddin Pirzada
Entre quienes soñaron con Pakistán, el Maulana Maududi se encontraba en primera línea. Los planes y propuestas que él y los demás presentaron al respecto sirvieron de guía en la lucha por Pakistán. Las tres propuestas alternativas que el Maulana Maududi presentó para un Estado musulmán separado fueron publicadas en los números de octubre y diciembre de 1938 de Tarjuman-ul-Quran. Recuerdo claramente que, durante la conducción del movimiento por Pakistán, los estudiantes de la Universidad de Aligarh llevaban regularmente consigo esos números de Tarjuman-ul-Quran junto con otras obras, y leían página tras página de la revista para refutar los argumentos de los abanderados de la teoría de una sola nación.
Maulana Amir Usmani, Deoband
Maulana Maududi es la única persona cuya inteligencia otorgada por Dios, capacidad de escritura, clara comprensión de la religión, devoción incomparable y sinceridad han creado, no solo en Pakistán sino en todo el mundo musulmán, un acervo literario tan vasto que, al reconocerlo, hay que decir que este acervo literario ha creado, al reconocerlo, hay que decir que los siete reinos son insignificantes en comparación con él. Creo que cada página de la literatura que compuso equivale a una joya.
Maulana Abdul Quddus Bihari
Apelo, en nombre de Dios y del Mensajero, a mis hermanos musulmanes, a los ulemas, a la sociedad, a los intelectuales y a las personas eminentes de la nación, para que no pierdan ni un instante en salvar a un pensador islámico incomparable, a un escritor sin igual y a un patrimonio nacional, y para que mantengan de inmediato la lucha, en la medida de lo posible, mediante métodos ordenados.
El testimonio de Maulana Abdul Quddus Bihari
A través de los periódicos se repite una y otra vez la acusación de que Allama Maududi y la Jamaat-e-Islami se opusieron a la creación de Pakistán. He estado enfermo durante bastante tiempo. Además, mis medios y recursos son limitados. Aun así, esperaba que los ulemas defensores de la verdad presentaran la verdad ante el pueblo. Pero veo que, por alguna razón, la voz de la verdad también ha sido silenciada. Por eso estoy cumpliendo con esta responsabilidad. Como fundador de la Jamiat Ulema-e-Islam y antiguo partidario de la Liga Musulmana, considero un deber ineludible de la Jamiat Ulema-e-Islam y de todo partidario de la Liga Musulmana hablar sobre este asunto. Incluso, considerándome responsable de responder ante Dios y el Mensajero por presentar esta verdad, afirmo en términos inequívocos que Allama Maududi jamás se opuso a la creación de Pakistán. Por el contrario, la realidad es que, cuando Maulana Husain Ahmad Madani, que Dios tenga misericordia de él, y la Jamiat Ulema-e-Hind, al apoyar al Congreso, declararon que una nación se forma sobre la base de la tierra natal, Allama Maududi dijo que una nación se forma sobre la base de la religión, no sobre la base del país o de la tierra natal. Escribió una sólida literatura demostrando la nacionalidad islámica. Hazrat Allama Shabbir Ahmad Usmani estableció en Calcuta la Jamiat Ulema-e-Islam como respuesta y para hacer frente a la Jamiat del Congreso. Allama Shabbir Ahmad Usmani llamó a Allama Maududi la espada del islam y protestó enérgicamente contra su primer arresto. En realidad, Allama Shabbir Ahmad Usmani y la Jamaat-e-Islami formaron la opinión pública a favor del referéndum, como resultado del cual la Provincia Fronteriza y Sylhet pasaron a formar parte de Pakistán. Cabe señalar que Allama Maududi jamás se opuso a la creación de Pakistán ni a la creación de un Estado islámico. Sin embargo, la idea equivocada surgió porque Hazrat Allama Maududi expresó sus sospechas respecto de algunos dirigentes de la Liga Musulmana, temiendo que obstaculizaran la aplicación de la ley islámica. La prueba de ello sigue siendo evidente: ni siquiera en los últimos veinticinco años se ha podido promulgar la ley islámica. No se puede alegar que, por albergar sospechas respecto de los dirigentes, se opusiera al Estado islámico. Luego queda la acusación de que se opuso al Quaid-e-Azam. Allama Maududi jamás lo hizo. Naturalmente, exigió repetidamente el establecimiento de la ley islámica. Escribió una literatura inestimable y numerosos libros sobre el islam. La nación le está agradecida por ello.
Maulana Zafar Ahmad Ansari
Maulana Zafar Ahmad Ansari, secretario general de la Liga Musulmana de Toda la India de la India indivisa, dice:
Mi primer encuentro con el maulana Maududi tuvo lugar en Allahabad, en 1938. En aquel entonces aún no existía la Jamaat-e-Islami. El maulana se alojaba en la casa del Dr. Nazir Ali Zaidi. Siempre que venía a Allahabad, se hospedaba allí. El segundo encuentro tuvo lugar en 1941, también en Allahabad, durante una reunión celebrada en Hardaraya, en la casa del señor Hakim Khalid. Allí también pronunció una conferencia en el Islamia College. Me sentí atraído por la profunda erudición del maulana.
Algún tiempo después tuve que trasladarme a Delhi. Cada vez que el maulana venía a Delhi, naturalmente me reunía con él. Se alojaba en casa de sus suegros. En una ocasión también se hospedó en la casa de Chaudhry Muhammad Ali. Asimismo, venía a mi casa y conversábamos durante horas. Incluso antes de la creación de Pakistán, los volúmenes de Tarjuman al-Qur’an ya adornaban la biblioteca de Qaid-e-Azam.
Después de la creación de Pakistán, el maulana vino varias veces a mi casa. No es cierto que el maulana no aceptara ninguna propuesta o consejo de otras personas. Mi experiencia personal es que aceptaba las cuestiones de principio. Tengo la mala fama de que, después de reunirse conmigo, el maulana cambiaba a veces las decisiones de la Jamaat. El maulana escuchaba atentamente cada cuestión. Cuando se le presentaba un argumento, lo aceptaba de inmediato.
La personalidad del maulana era extraordinariamente imponente. Afrontar las críticas con infinita paciencia y una sonrisa era una de sus cualidades más destacadas. Es tan claro como la luz del día que permanecía firme e inquebrantable en el camino que consideraba correcto para la expansión y el engrandecimiento del islam.
Dr. Ibrahim Agah
El profesor Dr. Ibrahim, de la Universidad de Ankara, Turquía, dice:
Sayyid Abul A’la Maududi era un erudito extraordinario. Era un estudioso de tal talla que sus ideas son comprendidas y aceptadas en todo el mundo. También en Turquía, el maulana Maududi es uno de los autores universalmente reconocidos. Varias de sus obras han sido traducidas al turco.
No tuve la oportunidad de reunirme con el maulana Maududi. Sin embargo, lo encuentro en sus obras. La vitalidad que ha suscitado mediante su personalidad dinámica está ejerciendo una gran influencia en la época actual y continuará ejerciendo una influencia aún mayor en el futuro.
Yasín Umar
El miembro de la Asamblea Nacional de Sudán, Yasín Umar, declaró:
Sayyid Abul A‘la Maududi inició el movimiento de renacimiento islámico. En la era moderna, fue la primera persona que desafió las doctrinas y corrientes de pensamiento occidentales. Demostró con el criterio de la razón que las doctrinas y corrientes de pensamiento occidentales desafían. Demostró con el criterio de la razón que el pensamiento occidental es perjudicial para la humanidad. Se enfrentó a la civilización occidental y movilizó también a otros para hacerle frente. Inició esta grandiosa tarea en el ámbito del pensamiento. Con un nuevo estilo de exposición, presentó una imagen tan clara de las doctrinas y la visión islámicas que los musulmanes que se habían apartado del islam por no poder hacer frente al pensamiento occidental cambiaron su forma de pensar, y quienes se encontraban sumidos en la duda y la indecisión también regresaron al islam. La literatura de Maulana Maududi creó en ellos una firme convicción y despertó entre los musulmanes una determinación tan dura como el trueno en favor del islam. ….. Sayyid Abul A‘la Maududi informó a la juventud musulmana, no solo de Pakistán y Asia, sino también de África y de todo el mundo, sobre su verdadera identidad. Unió a la juventud musulmana mundial en torno al islam e hizo del islam el objetivo de sus vidas.
Antes de hablar de cuán elevado es el lugar de Sayyid Maududi en la historia, quisiera decir, basándome en mi experiencia personal, que antes de estudiar su literatura era partidario del comunismo. Me complacía presentarme como comunista y socialista. Fue únicamente la literatura de Sayyid Maududi la que me condujo de ser seguidor del comunismo a la luz del islam.
Llamaría a Sayyid Maududi un gran hombre. Pero siento que esta palabra es incapaz de describir su grandeza. Sayyid Maududi es una persona que ha cambiado el curso de la historia; hoy es un creador de historia. Su pluma afilada ha derrotado a la civilización, el pensamiento y la cultura occidentales. En realidad, hoy se ha producido una revolución tal que la juventud musulmana ha alzado la voz para llamarse «islámica», en lugar de denominarse «oriental y occidental». Hay que decir que este es un cambio enorme, y con el paso del tiempo su influencia se extenderá por todo el mundo.
Dr. Sirajul Haq (Bangladesh)
El conocimiento y la erudición inmensos de Maulana Sayyid Abul A‘la Maududi ocupan un lugar muy elevado. Tan elevado que no es posible estimarlo correctamente con solo decir esto. La labor de investigación y conocimiento que realizó seguirá ejerciendo su influencia durante varias generaciones y a lo largo de siglos. …. Maulana Maududi es la única persona que, cuando toma la pluma sobre cualquier tema, no deja nada más que decir. Cuando iba a Daca, me reunía con él, y también nos reuníamos cuando yo venía aquí. Una vez me encontré con él en esta ciudad de Rawalpindi, en unas circunstancias que jamás podré olvidar. En una ocasión fue invitado al I DO NOT AGREE CLUB de Pindi. A mí también me habían invitado. Maulana atrajo e impresionó a todos mediante su discurso. Su exposición razonada contenía el descubrimiento de una luz tan nueva que a nadie le era posible mantenerse en pie ante ella.
Sayyid Maududi influyó en la historia de su época durante su propia vida. Su influencia también seguirá presente en todo lo que ocurra en el futuro. Más bien, su influencia se intensificará con el paso del tiempo. Después, seguirá aumentando el número de quienes sigan sus huellas, y será considerado cada vez más digno de respeto. Es el «favorito» de todos y seguirá siendo el «favorito». [I DO NOT AGREE CLUB, un club exclusivo de destacados miembros del Servicio Civil de Pakistán (CSP) y altos funcionarios gubernamentales. —El autor.]
Cartas de Maududi
El maulana Sayyid Abul Ala Maududi fue un líder revolucionario islámico del siglo XX. A lo largo de su vida, en el camino del movimiento, tuvo que enfrentarse a innumerables obstáculos y adversidades, burlas y críticas, persecución y opresión. En diferentes momentos y circunstancias, tuvo que expresar sus pensamientos a diversas personas por medio de cartas. La personalidad del autor, su verdadero carácter, sus ideales y su orientación de pensamiento se manifiestan a través de sus cartas. Aquí se han reunido algunas de las cartas que escribió en distintos momentos; en ellas se reflejan su filosofía de vida, los ideales y objetivos de su vida, el verdadero pensamiento islámico, las virtudes y el método de acción del movimiento islámico, así como su actitud de tolerancia hacia los enemigos del sistema social islámico. Espero que estas cartas también sirvan de faro para la vida de los lectores.
[1]
Al señor Abdus Sattar.
Pathankot, Punyab.
7 de junio de 1941
Mi estimado señor:
La paz y la misericordia de Allah sean con usted.
Había ido a Srinagar. A mi regreso recibí su carta. Soy descendiente de Su Eminencia Qutbuddin Maudud Chishti (que Allah tenga misericordia de él). Por eso escribo «Maududi» después de mi nombre. Esto no es ninguna actividad propagandística para darme a conocer, ni tiene como propósito obtener beneficio alguno por ello. Allah Altísimo ha dividido a la humanidad en diversas tribus y linajes para que se conozcan mutuamente y preserven su identidad distintiva. Por tanto, doy a conocer el linaje en el que nací.
«Maududi» no es el nombre de ninguna doctrina ni comunidad religiosa; por ello se me puede reprochar.
Usted no ha mencionado cuáles de mis palabras le hicieron formarse la idea de que albergo una mala opinión de los mayores de la religión. Tampoco ha explicado cuál es la opinión que es necesario mantener respecto de los mayores de la religión. Le ruego que arroje algo de luz sobre estos dos asuntos; entonces podré exponer mi posición. Por su carta no pude comprender cuál es la falta de la que se me ha declarado culpable. Más bien sospecho que no leyó mi artículo en absoluto con una mente serena y sosegada. Se ha convertido en una regla general que, si alguien encuentra en un artículo algo contrario a su gusto, comienza a contemplar el artículo entero con odio y sospecha. Después ya no tiene ocasión de reflexionar serenamente sobre lo que está diciendo el autor.
Probablemente usted no sepa que nací en un linaje en el que, durante mil años, se ha mantenido la tradición de la bai‘at y de la iniciación. Tuve la oportunidad de estudiar directamente todos sus aspectos buenos y malos. No observé estas cosas con la actitud hostil de alguien de fuera; al contrario, naturalmente mi actitud hacia ellas era sumamente comprensiva. Luego, si llego a la conclusión de que, al igual que las demás instituciones del islam, esta institución se ha desvirtuado y necesita bastantes cambios, no se considerará la opinión de un enemigo externo, sino la opinión de un amigo de la propia casa, expresada únicamente por amor a la verdad. Si el servicio de la verdad no hubiera sido mi objetivo, habría podido ocupar con toda facilidad el asiento hereditario de mi familia, organizar reuniones de pires y discípulos, y ver cómo se congregaban a mi alrededor numerosos grandes hombres que besaran manos y pies y ofrecieran nazr y niyaz.
Khaksar
Abul A‘la.
[2]
A nombre del señor Hakim Muhammad Sharif de Hafizabad.
Nueva Cárcel Central
Multán.
17 de marzo de 1949
Mi estimado:
La paz sea con ustedes y la misericordia de Dios.
…… No se preocupe por mi salud. La verdad es que mi salud actual no había sido tan buena en muchos años. He aumentado de peso, tengo más apetito y duermo tan bien que no había dormido tan bien en los últimos quince años. Puedo realizar mucho más esfuerzo físico y mental que antes y siento muy poca fatiga. La razón es que hoy no hay en el mundo nadie más feliz que yo. No tengo ninguna preocupación por mis hijos, hijas y familiares, porque los he confiado a Dios. No tengo ninguna preocupación por la nación, porque, en este asunto, el Gobierno actual ha asumido sobre sus propios hombros toda la responsabilidad que Dios había depositado sobre mí. Tampoco tengo ninguna preocupación por la Jamaat ni por la dawah islámica, porque en cuanto fui arrestado quedé liberado de toda responsabilidad. Además, tengo plena confianza en que mi encarcelamiento no perjudicará a la Jamaat, sino que, por el contrario, le será beneficioso. Ahora piense usted mismo: ¿quién podría ser más feliz que yo?
Khaksar
Abul A’la
[3]
En nombre del hakim Muhammad Sharif Sahib, de Hafizabad.
Nueva cárcel central de Sultan
22 de abril de 1949
Mi respetado,
As-salamu alaikum wa rahmatullah.
El pesar que ha expresado por la prolongación de mi período de encarcelamiento es una muestra de su sincero afecto hacia mí. Pero recuerde como principio que Dios no trata mal a quien mantiene una buena relación con Dios y con Su creación, y trabaja por el camino de Dios para el bien de Su creación. Lo que exteriormente parece perjudicial para él, por la gracia de Dios, yo lo he aprovechado. Esto no es simplemente albergar una buena opinión, sino una gran verdad. En el camino de la reforma y la rectificación por las que estoy trabajando, el obstáculo no era una montaña rocosa. Más bien, el obstáculo eran montañas de inmundicia y basura que llegaban hasta el cielo. Yo había comenzado a limpiar la inmundicia y la basura por complacer a Dios. Las salpicaduras de inmundicia y basura que me alcanzaban mientras realizaba esta tarea las soportaba con paciencia. Pero mi Dios no quiso que yo realizara el trabajo de un barrendero. Por eso me ha llevado a un lugar apartado y tranquilo. Ahora la inmundicia está siendo arrojada sobre quienes son sus dueños. … Esta tarea aún está incompleta. Cuando se complete, me encontrarán entre ustedes.
Khaksar
Abul Ala
[4]
A nombre del señor Sayyid Abul Khayr Maududi.
Nueva Cárcel Central, Multán
23 de noviembre de 1949
Hermano señor
La paz y la misericordia de Alá sean contigo.
A partir de todo lo que he estudiado a lo largo de mi vida, puedo decir que las fuerzas que buscan refugio en el interior de una fortaleza jamás pueden permanecer vivas en este mundo. Pues huir de la competencia en campo abierto y esconderse dentro de una fortaleza es señal de cobardía, y Alá Todopoderoso no creó esta tierra para que los cobardes la gobernaran. Mi estudio también me dice que el régimen de quienes basan sus actividades en la mentira, el engaño y el fraude, de quienes consideran peligrosa la llegada a la luz de la verdad y cuya autoridad necesita leyes de seguridad para protegerse, no puede mantenerse por mucho tiempo sobre el desarrollo, como una olla de madera, por mucho que tales cobardes morales dependan de ello. Esto es contrario a la conciencia, contrario a las leyes de la naturaleza, y mil años de experiencia histórica atestiguan que quienes dependen de todo esto, por poderosos que sean durante un breve tiempo, no pueden mantenerse mucho tiempo.
El humilde
Abul Ala
[5]
A nombre del señor Sayyid Abu’l-Jayr Maududi.
Nueva Prisión Central, Multán
16 de mayo de 1949
Hermano Sahib
La paz, la misericordia y las bendiciones de Dios sean con ustedes.
En adelante, cada vez que venga, traiga consigo a sus dos hijos mayores. Si Haji Mian —el apodo del hijo de mi hermano mayor— quiere venir, tráigalo también. Al principio les prohibí venir, pensando que el ambiente de aquí podría tener una mala influencia sobre ellos. Pero ahora, tras reflexionar, he llegado a la conclusión de que debería mostrarles todos los lugares. Todavía puede ocurrir que las generaciones futuras se desvíen más que la generación actual, y que entonces la gente tenga que librar una lucha más difícil contra ellos que la que nosotros libramos. No quiero criar a mis hijos para el lujo, sino para que sirvan al bien y luchen contra el mal.
Khaksar
Abul Ala
[6]
A nombre de Ahmad Farooq Maududi.
Nueva Cárcel Central, Multán
23 de diciembre de 1949
Querido hijo:
Y con ustedes sea la paz.
No sé cuándo recibirás la carta que te escribo hoy. Por supuesto, yo tampoco estoy preocupado por ello, y ustedes no deberían preocuparse. Tanto si reciben la carta como si no, y tanto si pueden enterarse de cómo están como si no, permanezcan satisfechos en toda circunstancia, sabiendo que todo lo que Dios hace, lo hace para bien. Satanás solo desea que, en esta situación, nos alarmemos sobremanera y perdamos la paciencia. Pero, confiando en Dios, debemos frustrar esta intriga de Satanás.
No logro comprender si están llevando una vida buena o mala. Aunque llegara a saber algo de su situación, buena o mala, no podría hacer nada. Por eso los he encomendado a Dios y he tenido paciencia. Creo que todavía vivirán exactamente como habrían tenido que vivir después de mi muerte. Es una manifestación del poder de Dios que ustedes hayan tenido que afrontar, mientras yo aún vivía, la situación que otros deben afrontar después de la muerte de sus tutores. No se derrumben por esta experiencia; más bien, aprovechen esta oportunidad. Si Dios quiere, demostrará ser beneficiosa para ustedes.
– Abul A‘la Maududi
[7]
A nombre del señor Chowdhury Ghulam Muhammad, de Karachi.
Nueva Prisión Central, Multán
6 de abril de 1950
La paz, la misericordia y las bendiciones de Alá sean contigo.
El espíritu del islam es diferente del espíritu de los movimientos revolucionarios de la época actual. En primer lugar, los movimientos revolucionarios actuales adoptan medidas de represalia contra quienes crean obstáculos para ellos. En segundo lugar, para establecer un sistema social en lugar de otro, recurren a métodos extremadamente viles. No les importa que, como consecuencia de esta revolución y transformación, puedan perecer millones de seres humanos. El islam, por el contrario, cuando logra alcanzar el poder, generalmente adopta una política de perdón en vez de venganza. Luego, en lo que respecta a corregir los defectos y errores del sistema social anterior y aplicar en su lugar su propio programa de reforma y rectificación, su política general consiste en realizar la reforma y la rectificación gradualmente y de la manera más sencilla posible, y en proteger la vida humana tanto como sea posible de una revolución repentina.
Las personas ignorantes del espíritu del islam, llevadas por su excesivo afán de reforma y rectificación, imitan los métodos revolucionarios vigentes en el mundo y, al hacerlo, les colocan la etiqueta del islam. El propósito de exponer los principios islámicos es precisamente analizar sus erróneos métodos de acción.
-Abul A‘la Maududi
[8
Respuestas a las cartas publicadas en Rasa’il wa Masa’il
La tormenta de la oposición
…. No desconozco la campaña que han iniciado contra mí. No es una experiencia nueva para mí. Han intentado difundir repetidamente este tipo de falsas calumnias contra mí, y siempre he tenido paciencia. Hasta ahora, mi experiencia es que Alá no permite que la mentira se extienda.
Siempre he seguido esta norma: nunca he respondido, ni deseo responder en el futuro, a ninguna palabra de quienes he visto despreocuparse de la honestidad, la lealtad y el temor de Dios. Me parece que vengarme de ellos está fuera de mis posibilidades. Solo Allah puede tomar venganza de ellos. También considero que no necesito refutar sus mentiras. Si Allah quiere, su arrogancia quedará al descubierto en este mismo mundo.
Objetivo y método de trabajo
Comprenda bien el objetivo por el que se fundó la Jamaat-e-Islami. Esta Jamaat no se fundó para que un país o una nación resolviera un problema temporal mediante un método temporal. Tampoco se fundó sobre el principio de adoptar, para resolver los problemas, cualquier política que en cada momento pareciera estar en vigor. Ante esta Jamaat solo existe un problema universal y eterno, que abarca todos los problemas de cada país y nación: en qué reside el progreso terrenal y la salvación en la otra vida del ser humano. Y esta Jamaat solo tiene una solución para dicho problema: que toda la humanidad adopte verdaderamente la servidumbre de Allah y siga los principios establecidos en el Libro de Allah y en la Sunna del Mensajero. Fuera de este problema y su solución, no sentimos interés alguno por ninguna otra cosa del mundo.
La necesidad de formar una organización
Está demostrado por los hadices que no puede existir una verdadera vida islámica sin una Jamaat o grupo. Para que la vida sea verdaderamente islámica, lo más necesario es estar vinculado al objetivo del islam, es decir, a la iqamat al-din. Esto exige realizar un esfuerzo total por alcanzar dicho objetivo, y tal esfuerzo no es posible sin una fuerza unida. Por lo tanto, sería un grave error llamar islámica a una vida sin Jamaat. Segundo: aunque una persona no se una a nuestra Jamaat, debe unirse a una Jamaat cuyo objetivo sea este y cuya organización grupal y método para realizar un esfuerzo total estén de acuerdo con las enseñanzas islámicas. En tal caso, no dudaremos en reconocerla como alguien que sigue el camino verdadero. Pero no consideramos correcto que una persona siga únicamente los métodos de formación del carácter personal prescritos por la sharía y no se una a ninguna Jamaat para esforzarse por la iqamat al-din. Consideramos que una vida así es una vida de semiyahiliya. Según nuestro conocimiento y entendimiento, la exigencia mínima del islam es esta: si una persona no encuentra a su alrededor ninguna Jamaat que se esfuerce plenamente, mediante métodos islámicos, por alcanzar los objetivos islámicos, debe intentar formar un grupo semejante y estar preparada para que, tan pronto como encuentre una Jamaat de ese tipo, renuncie a todo individualismo y se una a ella con espíritu de Jamaat.
La predicación y la revolución
Por lo que he podido comprender de su carta, su esencia es la siguiente: en la época actual debe realizarse la predicación únicamente de forma oral, mediante discursos, la redacción de artículos y la difusión a través de periódicos y revistas. No es necesario invitar a nadie a practicar personalmente nada más allá de esto. Después, cuando las mentes y los corazones de todos los musulmanes estén influidos por nuestra manera de pensar, un día ocurrirá de repente una revolución.
La idea es bastante excelente. Pero ¿qué se puede hacer si la naturaleza de la predicación y la de la revolución no son la misma? Una predicación influyente y eficaz solo es posible cuando el grupo que predica practica sus principios y organiza a quienes los ponen en práctica. Los simples sermones y exhortaciones llevan realizándose desde hace mucho tiempo. ¿Qué resultado han producido?
(Rasā’il wa masā’il)
Algunas palabras valiosas
[1]
Siempre he procurado comprender la religión a partir del Corán y la Sunna, sin intentar comprenderla por medio de nadie del pasado o del presente. Por eso, para saber qué exige la religión de Dios de mí y de cada creyente, no procuro averiguar qué dice o hace tal o cual venerable. Más bien, procuro únicamente ver qué dice el Corán y qué hizo su Mensajero (que la paz y las bendiciones de Dios sean con él).
-Abul Ala Maududi
[2]
En realidad, queremos formar un grupo cuyos miembros, por un lado, sean más avanzados en religiosidad y piedad que los llamados religiosos y piadosos y, por otro, posean mayor competencia y capacidad que los mundanos comunes para dirigir los asuntos del mundo. Debería formarse un grupo de personas rectas cuyos miembros sean temerosos de Dios, sinceros y dignos de confianza. Además, estarán adornados con el carácter y las cualidades que agradan a Dios. Al mismo tiempo, comprenderán los asuntos mundanos mucho mejor que los mundanos.
– Abul Ala Maududi
[3]
Cuando quede claro para mí y para mis amigos y colaboradores que nos hemos desviado siquiera un ápice del Corán y la Sunna, entonces, si Dios quiere, verán que no vacilaremos ni un instante en regresar a la verdad. Pero si, en lugar del Libro de Dios y la Sunna del Mensajero, hacen de una persona el criterio para distinguir entre la verdad y la falsedad, encomiéndense ustedes mismos y su futuro a esa persona. Tienen pleno derecho a hacerlo. Después responderán así ante Dios: «Oh Dios, habíamos confiado nuestra religión a fulano y mengano en lugar de a Tu Libro y a la Sunna de Tu Mensajero». Si esta respuesta puede salvarlos ante Dios, continúen dándola con el corazón satisfecho.
– Abu al-A‘la Maududi
[4]
Si hemos realizado esta labor con una mentalidad de tendero, que miles de maldiciones caigan sobre nosotros y sobre este negocio nuestro. Pero si se trata de un servicio sincero a la religión de Dios, todos deberíamos alegrarnos de que él no sea el único que realiza esta labor, sino que también otros estén ocupados en ella. Nuestra tarea consiste en no considerarlo un rival. Debemos acudir a él una y otra vez, para que Allah haga que su corazón vuelva a la verdad.
– Abu al-A‘la Maududi
[5]
El establecimiento del din: un deber firme e ineludible
Es deber ineludible de toda persona que busca la verdad despertar en sí misma una intensa inspiración por el establecimiento de la religión. Después, debe esforzarse para que este fuego arda en su corazón. Las consecuencias de este esfuerzo y de esta conducta quedan fuera de discusión. Es posible incluso que nos sierreen con una sierra, que nos arrastren por el suelo, que nos arrojen sobre brasas ardientes y que nuestros cadáveres se conviertan en alimento de cuervos y buitres. A pesar de todo ello, quizá no tengamos la fortuna de poder transformar el sistema actual de la falsedad en un sistema verdadero y hermoso. Pero este fracaso no es un fracaso. Ningún temor al fracaso ni incertidumbre nos liberará de aquella exigencia que Allah Ta‘ala nos ha impuesto respecto al establecimiento de la religión. Es un deber inquebrantable e ineludible, que debemos cumplir a cualquier precio y en cualquier circunstancia. Si todas las khanqahs intentan asegurarles que ciertos wazifas y prácticas devocionales pueden eximirlos de esta responsabilidad, les diré con certeza que eso no es más que un engaño satánico. Mientras tengan la cabeza sobre los hombros y mientras hasta el más pequeño palmo de la tierra de Allah esté inclinado ante la servidumbre de alguien distinto de Allah, les está prohibido dormir tranquilos.
– Abul A‘la Maududi
(Actas de la Jamaat-e-Islami, tomo 3)
[6]
El gobierno divino y la complacencia de Allah
No puedo decir cuál será el resultado de este esfuerzo por el establecimiento de la religión. El desenlace lo conoce únicamente Allah Ta‘ala. Si el resultado de este esfuerzo es que logremos establecer un sistema social justo, ello será un don de Allah. Algunas personas dicen con sarcasmo y burla que todos nuestros esfuerzos están dirigidos a obtener el poder y que en nosotros no existe el verdadero objetivo de la religión, que es obtener la complacencia de Allah. Esta idea suya es completamente errónea. Todos nuestros esfuerzos están dirigidos a establecer un sistema justo y divino. No hay ningún delito en este esfuerzo, ni hay nada de qué avergonzarse. Cuando hablamos del gobierno divino, nos referimos precisamente al sistema mencionado anteriormente. No comprendo qué motivo de controversia puede haber si este es nuestro deseo. ¿Y cómo podría ser contrario al deseo de obtener la complacencia de Allah? En la tierra de Allah solo se aplicará la ley de Allah; ¿de qué otra manera podría obtenerse una complacencia de Allah mayor que esta? ¿Quién podría desear más la complacencia de Allah que quienes consagran sus vidas y bienes a esta causa y, cualquiera que sea el resultado, no quieren permitir de ningún modo que en la tierra de Allah gobierne alguien distinto de Allah? Si este tipo de lucha y esfuerzo es mundanidad, ¿acaso se llama religiosidad permanecer despierto por la noche pronunciando el recuerdo de «Allah» y durante el día intentar establecer el trono de Satanás? Quienes dicen cosas de este tipo tienen en su mente y en su corazón una concepción sumamente vil de la religión.
– Abul A‘la Maududi
(Actas de la Jamaat-e-Islami, tomo 3)
[7]
La exigencia del camino verdadero
La verdadera exigencia de este camino es que surja en nosotros el deseo de acoger la oposición. Ya sea en el camino verdadero o en el camino errado, la norma de Allah Todopoderoso es que toda persona, cualquiera que sea el camino que adopte, será puesta a prueba por el fuego en ese mismo camino. La característica del camino de la verdad es precisamente que está lleno de esta prueba de fuego desde el principio hasta el final. Así como, en matemáticas, un estudiante talentoso se alegra ante una pregunta difícil porque ha tenido la oportunidad de poner a prueba su capacidad intelectual, del mismo modo un creyente de firme determinación se alegra al enfrentarse a una nueva prueba, porque se le ha presentado la oportunidad de demostrar su obediencia. Una lámpara débil se apaga con una ráfaga de viento, pero una estufa encendida se aviva aún más con ella. Cultiven en ustedes tal capacidad que, así como una estufa encendida no se apaga con combustible húmedo, sino que lo acepta como alimento, ustedes no se sometan a la oposición, sino que obtengan de ella alimento y fuerza. Mientras no se haya desarrollado en nosotros esta capacidad, no podemos esperar que por medio de nosotros se preste un buen servicio a la religión.
– Abul A‘la Maududi
(Actas de Jamaat-e-Islami, tomo 3)
[8]
Si aceptara la manera en que se está distorsionando la religión y me convirtiera en aquello que algunas personas quieren que sea, sería culpable de un delito tan grave que tendría que afrontar un severo ajuste de cuentas ante Allah. Ese día nadie vendría a ayudarme. Por ello, prefiero ser objeto de sus burlas y sarcasmos antes que ponerme en peligro en la otra vida.
– Abul A‘la Maududi
[9]
Dios es testigo de que no tengo enemistad con ninguna persona ni grupo. Solo soy amigo de la verdad y enemigo de la falsedad. He presentado los argumentos que demuestran la verdad de aquello que considero verdadero. También he expuesto los argumentos de aquello que considero falso. Si alguien que no está de acuerdo conmigo señala con argumentos mi error, puedo cambiar de opinión. Aún hay personas que se enfurecen simplemente porque se ha dicho algo contra ellas o contra su líder predilecto. Sin embargo, no les preocupa si lo dicho es verdadero o falso. No me importa en absoluto la furia de tales personas. No responderé a sus insultos ni me desviaré de mi camino.
– Abul A‘la Maududi
[10]
Sin duda, mi franqueza resultará amarga para aquellos grandes hombres que están acostumbrados a juzgar la verdad por las personas, en lugar de juzgar a las personas por la verdad. Como respuesta a ello, me he preparado para recibir algunos insultos más.
– Abul A‘la Maududi
[11]
Me causa un gran pesar que la decadencia moral de los musulmanes haya llegado actualmente a tal extremo que quienes infringen la ley de Dios se paseen con arrogancia. En cambio, quienes obedecen la ley de Rabbul Alamin y exhortan a los demás a obedecerla son hoy los humillados y deshonrados.
– Abul A‘la Maududi
[12]
Por la gracia de Dios, nunca he actuado llevado por la emoción. Cada palabra que pronuncié en mis discursos la expresé tras sopesarla, pensando que tendría que rendir cuentas de ella ante Dios, no ante ningún ser humano. Estoy seguro de que no pronuncié ni una sola palabra contraria a la verdad. Todo lo que dije era absolutamente necesario para servir a la religión. Temí que Dios me hiciera responsable ante Él, no por haber dicho esto, sino por no haberlo dicho.
– Abul A‘la Maududi
[13]
No soy de aquellos que han hecho de la propaganda falsa, las disputas personales y los insultos su profesión. Siempre he mirado con desprecio la conducta de quienes llevan el turbante de los dignatarios de la nación y convierten las diferencias políticas en enemistad personal. Quienes me conocen también conocen esta verdad.
– Abul A‘la Maududi
[14]
Cine
Pregunta:A veces voy al cine para entretenerme. No me dejo influir por el atractivo sexual. ¿Qué dice usted al respecto?
Respuesta:Las escenas del cine solo pueden soportarlas aquellos ojos que todavía no se han hecho plenamente musulmanes. Intente hacer musulmanes sus dos ojos. Entonces verá que el cine ya no le entretendrá. Sentirá tal sufrimiento que le parecerá que alguien le está clavando agujas en los ojos.
– Abul A‘la Maududi
Una entrevista
Pregunta:¿Podría contarnos algunos acontecimientos extraordinariamente importantes de su vida?
Respuesta:No tengo la costumbre de escribir un diario, ni me he sentado nunca a reflexionar sobre estas cosas. A veces surge alguna cuestión en una ocasión apropiada. En el curso de una conversación, termino mencionando algún acontecimiento. Pero nunca he preparado una lista de nada de esto, ni he reflexionado sobre ello. A veces, de repente, surge algún asunto extraordinario. De lo contrario, normalmente no me alegro demasiado por nada, ni tampoco me deprimo.
Pregunta:¿Ha estado alguna vez en una situación en la que haya tenido grandes dificultades para comer y beber?
Respuesta:No, eso no ocurrió. Gracias a Dios por ello. Sin embargo, una sola vez sucedió que pensé que quizá tendría que pasar ese día sin comer. Pero antes de que tuviera que ayunar, Allah el Altísimo dispuso alguna solución. Gracias a Dios, hasta hoy no se ha dado una situación semejante. La razón es que viví solo durante mucho tiempo y a menudo cociné con mis propias manos. En otras ocasiones estuve tan ocupado con el trabajo que no tuve tiempo de cocinar. Cuando llegaba la hora de comer, traía plátanos y los comía.
Pregunta:¿Cuándo solía sentarse a trabajar durante más tiempo seguido y cuántas horas?
Respuesta:Puedo trabajar en cualquier momento. Pero cuando veo que durante el día no tengo tiempo libre, trabajo por la noche. Hubo una época en la que trabajaba desde la oración de isha hasta la oración del fayr. Incluso durante ese tiempo venían personas a visitarme y también conversábamos.
Pregunta:En el trabajo de este movimiento y en esas circunstancias, ¿cómo cuidaba su salud?
Respuesta:Durante algún tiempo también fui despreocupado con respecto a mi salud. Más bien, hubo una época en la que trabajaba pensando que debía emplear todas mis fuerzas, sin importar cuál fuera el resultado. Trabajaba con desesperación y no me preocupaba en absoluto por la presión que esto ejerciera sobre mi cuerpo y mi salud. Trabajé de esa manera desde 1939 hasta 1942. Trabajé solo. No había nadie que me ayudara. Sentía que, continuara o no este trabajo, debía hacer todo lo que estuviera a mi alcance. Por supuesto, no tenía la esperanza de encontrar colaboradores ni de que el trabajo que estaba realizando tuviera éxito.
Pregunta:¿Se alegró al encontrar colaboradores y al ver que el trabajo del movimiento iba creciendo?
Respuesta: Sí, por supuesto; es algo completamente natural.
Pregunta:¿Cuál fue su reacción cuando lo enviaron a prisión por primera vez?
Respuesta:Desde el principio había dado por seguro que esta situación necesariamente llegaría, y no estaba fuera de mis previsiones. Más bien, eso era precisamente lo que había previsto. Tampoco me causaba ninguna tristeza.
Pregunta:Cuando fue encarcelado por primera vez y salió de la cárcel después de haber permanecido allí veinte meses, ¿cuál era su estado de ánimo?
Respuesta:En aquel momento no sentí ninguna felicidad ni tristeza especial. Trabajaba en la cárcel con total tranquilidad. Cada seis meses, el Gobierno prolongaba la duración de mi encarcelamiento. Nunca ocurrió que estuviera contando los días y que finalmente llegara el día de mi liberación. Estaba firmemente convencido de que no me liberarían bajo ninguna circunstancia. Desde el principio estaba preparado para que, después de seis meses, volvieran a prorrogar mi condena. Yo sabía qué clase de personas eran quienes tenían el poder en aquel momento. Por eso no podía esperar que, después de seis meses, no prorrogaran mi condena. Daba por sentado que cada vez la prolongarían y luego volvía a trabajar tranquilamente. No sentía ninguna inquietud por ser liberado.
Pregunta:¿Había pensado que lo condenarían a muerte? Cuando recibió la noticia de la pena de muerte, ¿cómo se sintió?
Respuesta:En realidad, no es un asunto del que se pueda hablar a bombo y platillo. Lo que diga hoy en respuesta a esta pregunta quizá mañana se interprete en sentido contrario. En resumen, desde hacía mucho tiempo esperaba que, si llegaba la muerte, pudiera contemplar también una vez el capítulo siguiente. Por eso me alegraba bastante: en primer lugar, tendría la oportunidad de atravesar la puerta de la muerte y contemplar la escena del Más Allá. En segundo lugar, estaría agradecido a quien me hiciera mártir, pues con ello garantizaría mi salvación en el Más Allá. Más bien, sentía una especie de alegría. Naturalmente, también pensaba: ¿de dónde sacarían el valor para ahorcarme? Ellos quieren librarse de mí, pues mi existencia se había vuelto insoportable para ellos. Por eso era posible que aprovecharan esta oportunidad. Yo también deseaba que así fuera. Por ello estaba seguro y alegre.
Pregunta:¿Ocurrió en su vida algún acontecimiento especial que cambiara el rumbo de su vida en esa dirección?
Respuesta:No soy una persona cuya vida pueda cambiar de rumbo por causa de algún acontecimiento especial. Investigo con serenidad y constancia y avanzo gradualmente en una dirección. Solo hubo un acontecimiento especial que me alteró profundamente.
Después de pasar nueve años en Hyderabad, cuando llegué a Delhi en 1937, sentí que durante ese período los musulmanes se estaban alejando del islam con gran rapidez. La situación que percibí en Delhi no existía en Hyderabad. Las mujeres de las familias musulmanas distinguidas habían comenzado a circular públicamente por los mercados, algo que nunca habría imaginado hasta tal punto. Esto me alteró profundamente. Al ver la situación de Delhi, no podía dormir por las noches; me preguntaba qué había ocurrido. ¡Cuánto había cambiado todo en nueve años! Era la época en que se había establecido un gobierno del Congreso, como consecuencia de lo cual por todas partes se veía únicamente el predominio de los hindúes. Esta situación era sumamente dolorosa. En 1937, cuando partí de Delhi rumbo a Hyderabad en tren, un líder hindú viajaba conmigo. Algunos musulmanes comenzaron a conversar con él. Por sus conversaciones, parecía que los líderes del Congreso eran los dueños de este país y que los musulmanes eran sus súbditos; como si estos fueran mendigos y aquellos, los donantes. Escuché sus conversaciones en silencio. Ante mis ojos apareció una imagen completa de cuál sería la situación futura de los musulmanes. Después de este acontecimiento escribí «Siyasi Kashmakash, primer volumen». Mientras estaba en Hyderabad, no había podido formarme una idea exacta de la situación a través de los periódicos; al presenciar este acontecimiento y recorrer diversos lugares, pude percibirla correctamente. Esto fue lo que me inspiró a emprender esfuerzos de lucha de manera organizada.
(Chiragh-e Rah — número del movimiento islámico)
Algunas declaraciones históricas
* Esta es la tierra de la umma de Muhammad (la paz y las bendiciones de Allah sean con él), no la tierra de las ummas de Marx y Mao Zedong. Si tenemos que luchar por el din de Allah, no dudaremos en luchar en diez frentes. Lucharemos simultáneamente contra el gobierno de un solo hombre y contra la irreligiosidad. Mientras estemos vivos y mientras tengamos la cabeza sobre los hombros, nadie se atreverá a establecer aquí ningún sistema que no sea el islam.
* Hermanos, ya conocen ustedes mi actitud. Ellos saben muy bien cuál es mi delito. Es mejor entregar la vida en la horca que pedirles perdón.
* Si yo me siento, ¿quién permanecerá de pie?
* El tiempo es un examinador sumamente implacable. No será considerado auténtico en su examen mediante ningún procedimiento artificial ni método fabricado. Pero tenga la certeza de que, si logra demostrar su autenticidad mediante sus actos, por mucho que las fuerzas adversarias intenten demostrar que es falso, si Allah quiere, fracasarán. No se deje intimidar por el poder de la falsedad. A veces aumenta con la fuerza de una tormenta y otras veces se disuelve en el vacío como una burbuja. No debe preocuparse por cómo enfrentarse a la falsedad; más bien, debe preocuparse por su propia integridad.
* El islam y la civilización occidental son ahora como dos barcos que navegan exactamente en direcciones opuestas. Si alguien sube a uno de ellos, necesariamente tendrá que abandonar el otro. Y si sube a ambos al mismo tiempo, quedará dividido en dos.
* Ha llegado el momento de tomar la decisión definitiva sobre si seguiremos siendo musulmanes o no. Para seguir siendo musulmanes, debemos resolver convertir nuestro propio entorno y el mundo entero en Dar al-Islam. Si no tenemos siquiera ese poco de valor y determinación, debemos renunciar a pretender ser musulmanes. La cuestión de si la revolución islámica es posible viene después. La primera cuestión es si tienen ustedes la determinación y el deseo de seguir siendo musulmanes. Supongamos que la revolución islámica es imposible. Supongamos que, después de contemplar la actividad fascista y el dominio total de las fuerzas del kufr en esta época, a quien se levante con el objetivo de establecer Dar al-Islam se le llamará, sin duda, loco, y se dirá que quiere jugar con fuego. Crean también que, por así decirlo, en esta época casi hemos perdido el terreno. Parecerá una locura levantarse para hacer frente a esta situación. Sepan también bien que el resultado será el que imaginan nuestros líderes de fe débil: es decir, cada átomo y partícula de los cielos y de la tierra se convertirá en su enemigo. Sepan además de antemano que los bandos enemigos del islam se unirán y se alzarán contra ustedes. Por el contrario, los musulmanes no se unirán para acudir en su ayuda, sino que se burlarán de ustedes por esta «locura». Sabiendo todo esto, pregúntense sinceramente si el sentimiento y la pasión de seguir siendo musulmanes han alcanzado en ustedes el nivel de esa «locura». Solo necesitamos a quienes poseen esta «locura», y solo ellos pueden llevar adelante el movimiento de Dar al-Islam.
* Es necesario saber bien acerca del haqq o la verdad que ella es, por sí misma, verdadera. Es el nombre de un valor eterno, absolutamente correcto e infalible. Aunque todo el mundo la abandone, seguirá siendo la verdad. Porque el hecho de que sea verdadera no depende de que el mundo la acepte. La aceptación o el rechazo del mundo no es la piedra de toque para determinar la verdad y la falsedad. Si el mundo no acepta la verdad, esta no fracasa por ello. Al contrario, fracasa el mundo que, al no aceptarla, acepta la falsedad. Las desgracias no recaen sobre la verdad, sino sobre quienes siguen la verdad. Sin embargo, aquellos que, tras reflexionar y con plena convicción, deciden que deben permanecer firmes en la verdad en cualquier circunstancia y que deben sacrificar su vida y sus bienes para enaltecer su mensaje, ciertamente afrontan dificultades, pero nunca quedan frustrados. En el hadiz se dice que hubo profetas que pasaron toda su vida invitando a la verdad, pero ni una sola persona creyó en ellos. ¿Acaso los llamaremos fracasados? No; la nación que ha quedado verdaderamente frustrada es aquella que rechaza el haqq o la verdad y acepta el liderazgo de quienes siguen la falsedad.
No hay duda de que en el mundo prevalece aquello que la gente común acepta, y lo que no acepta no puede prevalecer. Pero la aceptación o el rechazo de la gente no pueden ser el criterio de la verdad y la falsedad. Si la mayoría quiere tantear y tropezar en la oscuridad, que siga tanteando y tropezando tranquilamente. Nuestra tarea es encender una lámpara en la oscuridad, y continuaremos haciéndolo durante toda nuestra vida. Buscamos refugio en Dios de extraviarnos o de extraviar a otros. Es una gracia infinita de Allah que nos haya concedido la capacidad de encender una lámpara en la oscuridad. Agradeceremos esta gracia de la siguiente manera: moriremos mientras seguimos encendiendo la lámpara.
* La mezquita no es el único hogar de Dios. Fuera de este hogar existe también una segunda mezquita, mucho, mucho más grande, cuyo nombre es el mundo. Así como en aquella pequeña mezquita el ser humano realiza cada una de sus acciones y cada uno de sus pasos siguiendo las órdenes de Allah Ta’ala, del mismo modo, si fuera de esa mezquita realiza todas sus actividades conforme a las órdenes de Allah, eso será adoración, y ese es precisamente el significado de «din».
* Toda mi experiencia de vida me dice que en el mundo no han podido perdurar en absoluto las fuerzas que intentaron refugiarse en el interior de una fortaleza. Porque ocultarse dentro de una fortaleza por miedo a enfrentarse en el campo de batalla es una clara señal de cobardía. Allah Ta’ala no creó esta tierra para establecer el dominio de los cobardes.
Mis libros favoritos
«He estudiado muchos libros de la época de la ignorancia. He leído, de principio a fin, numerosos libros sobre filosofía antigua y moderna, ciencia, historia, economía, política y otros temas. Pero cuando leí el Sagrado Corán con los ojos abiertos, sentí verdaderamente que todo lo que había estudiado hasta entonces era sumamente insignificante. Ahora tenía en mis manos la fuente del conocimiento. Kant, Hegel, Nietzsche, Marx y los demás grandes pensadores del mundo me parecieron simples niños. Siento compasión por ellos, porque pasaron toda su vida intentando resolver ciertos problemas y escribieron grandes obras sobre ellos, pero fueron incapaces de ofrecer sus soluciones. En cambio, en este Libro sublime (el Sagrado Corán), se han presentado soluciones apropiadas para todos esos problemas en unas pocas palabras. Si esos pobres hombres no hubieran ignorado este Libro sublime, no habrían desperdiciado así sus vidas en el fracaso. Este es mi único libro verdaderamente querido. Me ha transformado por completo. Me convirtió de animal en ser humano. Me sacó de la oscuridad y me condujo a la luz. Me puso en las manos una lámpara tal que, mire donde mire en la vida, la verdad se manifiesta ante mí de tal manera que no queda en ella ninguna oscuridad. En inglés, la llave que abre toda clase de cerraduras se llama Master Key, «llave maestra». Para mí, el Corán es la llave maestra. Cualquier cerradura de los problemas de la vida en la que la introduzco se abre de inmediato. No tengo palabras para agradecer al Dios que concedió este Libro sublime.»
Las palabras valiosas citadas arriba se encontraban en la carta que Maulana Sayyid Abul Ala Maududi escribió el 31 de marzo de 1940 en respuesta a una carta de Maulana Sayyid Abul Hasan Ali Nadwi, quien era entonces el editor de la revista «An-Nadwa».
La Liga Musulmana de las Provincias Unidas había creado un comité para redactar un proyecto de constitución islámica, del cual también se incluyó a Maulana Maududi. En nombre del Nawab de Chhatari, se invitó al Maulana a asistir a la reunión de este comité, que se celebraría en «Nadwatul Ulama». También presento a los lectores la carta que escribió a Sayyid Abul Hasan Ali Nadwi antes de asistir a la reunión.
Parque Mubarak, carretera de Poonch, Lahore
24 de diciembre de 1940
Respetado y honorable señor
As-salamu alaykum.
He recibido su carta. Hoy recibí la carta del nawab de Chhatari Sahib. En ella me ha invitado a participar en la reunión del comité encargado de preparar el borrador de la Constitución islámica. La reunión se celebrará precisamente en su Lucknow. No tengo, desde luego, mucho interés ni entusiasmo por los nawabs y su comité. Si se tratara simplemente de asistir a la reunión de su comité, intentaría evitarlo. Pero esta reunión ha creado la oportunidad de establecer un contacto directo con Nadwa y con ustedes. Por ello he decidido ir a Lucknow. Si Dios quiere, llegaré a Lucknow el 3 de enero. La organización de mi alimentación y alojamiento queda bajo su responsabilidad. Deseo alojarme en un lugar al que puedan acudir personas de toda clase y donde puedan conversar libre y abiertamente. Cuando fui a Aligarh, preferí alojarme en el «Old Boys Lodge». La ventaja fue que personas de todos los partidos y opiniones podían visitarme sin vacilación. Quiero un lugar de ese tipo en Lucknow. Comunistas acérrimos y ateos se relacionan conmigo, al igual que los creyentes justos. Para hablar con ellos, es mejor un lugar donde no haya personas ante las cuales duden en presentarse.
Su humilde servidor
Abul A‘la
Las contribuciones del Maulana Maududi
La vida del Allama Sayyid Abu’l A‘la Maududi (que Allah tenga misericordia de él), sus ideales y pensamiento, sus doctrinas y método de acción, su conducta y carácter, eran plenamente islámicos, y tan transparentes, puros e inmaculados como un espejo. Quienes lo observaron de cerca o de lejos con una mente clara e imparcial quedaron fascinados por su humanidad y grandeza elevadas hasta el cielo, por su sencillez y su trato afable y cordial.
Literatos, poetas, políticos, juristas, científicos y filósofos conversaron con él con fluidez sobre cualquier tema y terminaron inclinándose ante su erudición. Aquellos que desde lejos lo habían considerado un «mullah fanático de mente estrecha», al conversar con él lo encontraron semejante a un vasto y generoso océano, y descubrieron en él un ardiente deseo, no de rechazar a la gente, sino de atraerla hacia sí. Para muchos, la conducta humilde, modesta y libre de orgullo de un sabio tan eminente fue una enorme maravilla.
Aunque el Maulana no había obtenido un título de ningún Darul Ulum ni de ninguna universidad, era un océano de conocimiento. Por ello, aun sin haber sido estudiante universitario, enseñó gratuitamente y con competencia y reconocimiento en un célebre colegio. Tras leer sus diversas obras y conversar con él, se puede afirmar sin ninguna duda que no ignoraba nada, desde el Corán, el Hadiz y la jurisprudencia islámica hasta los conocimientos y las ciencias modernas. La historia de los diversos pueblos del mundo y el relato de sus ascensos y caídas religiosas, políticas, sociales y morales estaban al alcance de su mano. Además, con el propósito de adquirir un conocimiento profundo de la psicología de los portadores, propagadores y adoradores de la civilización occidental, las obras teatrales y novelas en lenguas extranjeras como el inglés y el alemán no faltaban en su lista de lecturas. Por ello, sin duda alguna, él era una enciclopedia del conocimiento.
¡Que Allah Ta‘ala derrame Sus innumerables misericordias sobre el visionario sabio de la religión y muyahid Sayyid Abu’l A‘la Maududi, creador de una época en el siglo XX, quien consagró cada momento de su vida a exaltar el dīn de la verdad y dedicó a esta noble tarea todas las fuerzas de su cuerpo y de su mente, sin tomar en consideración su cuerpo ni su salud! Allah el Altísimo también le concedió el honor de ver en vida cómo los latidos de su corazón se convertían en los latidos del corazón de todo el mundo islámico.
Toda su vida estuvo integrada por tres capítulos: hégira, yihad y shahada. Se consagró al servicio de Dios con una concentración tan profunda que aceptó con una sonrisa todas las injusticias y persecuciones del bando de la falsedad, la prisión e incluso el patíbulo. Por ello, fue un mártir viviente, un hombre muyahid.
Dejó para el mundo musulmán contribuciones tan incomparables como nadie más habría podido realizar. Quiero mencionar algunas de ellas a modo de ejemplo.
Uno. Durante la época de decadencia de los musulmanes surgieron numerosas fitnas que provocaron que se alejaran del verdadero Islam. Una de ellas fue la separación entre el dīn y la vida mundana. Como consecuencia, se podía oír incluso de boca de un musulmán, y hasta de un alim, esta frase sarcástica: «¿El poder de gobernar? ¿El Parlamento? ¡Todos esos son asuntos mundanos! Reza, ayuna, realiza el hajj si puedes, paga el zakat, recita el Sagrado Corán, practica el tasbih y el tahlil: eso es el Islam». En aquella época de decadencia, fue el Maulana Maududi quien proclamó por primera vez: «El Islam es un sistema de vida completo». Enseñó la lección que se había olvidado, y hoy este lema resuena y se repite en todo el mundo musulmán: la enseñanza fundamental del Islam es que no existe ningún aspecto ni ámbito de la vida que esté fuera de su esfera.
Dos.Si se elaborara una lista de todas las fitnas creadas contra el Islam, se vería que no hubo ninguna a la que él no hiciera frente con éxito. El resplandor deslumbrante y seductor de la civilización y cultura materialistas de Occidente impulsaba rápidamente a la juventud musulmana hacia la rebelión contra Dios.
La primera tarea que emprendió Maulana fue cómo proteger a la juventud musulmana y a las generaciones futuras del hechizo de la civilización occidental. En su obra «Tanqihat», analizó minuciosamente la civilización occidental y demostró su vacuidad. Basta observar cuán amplia y poderosa, como un hechizo mágico, fue la concepción que guio la redacción de sus dos obras, «Tanqihat» y «Tafhimat». El arma de su pluma practicó una cirugía sobre las enfermedades mortales que aquejaban a la civilización materialista de Europa. Mediante un pensamiento fruto de la investigación y de carácter científico, asestó golpes mortales a aquellas ideologías que constituían la base del materialismo, el ateísmo y el socialismo. Estos golpes desconcertaron a los europeos y despertaron un entusiasmo, una energía y una inspiración extraordinarios entre la juventud musulmana. La literatura de Maulana sació la sed de los jóvenes. Estos corrieron como enloquecidos hacia la moralidad y el islam. Allah Ta‘ala dispuso, por medio de las manos puras de Maulana, la construcción de una barrera frente a la inundación de irreligiosidad y ateísmo que había llegado desde Europa a este subcontinente. Nadie más había realizado esta tarea.
Tres.La mayor contribución de Maulana Maududi fue haber inspirado a los musulmanes a comprender el Corán. Habíamos olvidado que el Corán es la fuente más fiable y preservada de la guía de Allah Ta‘ala. En lugar de obtener del Corán orientación para cada ámbito de la vida, algunos ulemas lo redujeron a los talismanes, los amuletos y los ensalmos. Por otro lado, los orientalistas lanzaron ataques tan graves contra el Corán que la comunidad de personas con educación moderna quedó sumida en la duda, y algunos llegaron a alterar por completo el significado de ciertos pasajes del Corán. También se ha visto que algunos comentaristas, al explicar el Corán, introducen controversias que no guardan relación ni con la vida ni con el Corán.
Muchas traducciones son tan complejas y están tan desvinculadas del contexto anterior y posterior que resulta imposible comprender el mensaje original de Allah Ta‘ala.
Maulana Maududi está realizando en este ámbito una labor tan extraordinaria que del corazón del lector brota espontáneamente una súplica por él. El interés de la juventud por el Sagrado Corán sigue creciendo, y ha comenzado a experimentar un sabor celestial al estudiar la palabra de Allah. El lenguaje de su traducción es tan comprensible para el público en general que no es posible una forma de expresión más sencilla.
Además de la fuerza y el impacto del lenguaje, en su tafsir Tafhim al-Qur’an se ha prestado especial atención a que el sistema de vida islámico se presente al lector de manera armoniosa. Si al estudiar el Corán no se encuentra la estructura del sistema de vida para el cual fue revelado este Libro y enviado el Profeta de Allah, entonces su propósito no se cumple. Sayyid Abul A‘la Maududi (que Allah tenga misericordia de él) ha reunido la imagen completa de ese sistema y su palacio perfecto; asimismo, se ha plasmado toda la vida de aquel protector de la humanidad (el venerado Profeta, la paz y las bendiciones de Allah sean con él), quien en veintitrés años completó la construcción del palacio conforme al diseño.
Cuatro.Otra valiosa contribución es «Sīrat-e Sarwar-e ‘Ālam» (la biografía del Profeta). El Profeta Muhammad (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) fue la representación viva del Corán y alcanzó la cumbre de la nobleza y las virtudes de carácter. Es raro encontrar hoy una biografía profética perfecta que corresponda exactamente al Corán, revelado gradualmente durante veintitrés años. Así como no es posible comprender el Corán ignorando la biografía del Profeta, tampoco es posible conocer correctamente al Profeta sin la ayuda del Corán. En la obra «Sīrat-e Sarwar-e ‘Ālam» se ha arrojado una hermosa luz sobre ambos asuntos. En esta obra biográfica se encuentran argumentos y pruebas conmovedores de que el Profeta Muhammad (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) es, sin duda, el Profeta universal y el único guía y líder benevolente de la humanidad de todos los tiempos y épocas. El autor estaba asimismo loco de amor por el Profeta, y destellos de ese amor aparecen en cada línea de la obra. Este amor por el Profeta lo inspiró a moldear su propia vida siguiendo su ejemplo. Las contribuciones de Maulana Maududi son tan numerosas que podría escribirse un libro sobre ellas. Sin abordar ese tema, deseo mencionar ahora algunas características de su carácter.
Cinco.Muchos acusan a Maulana de oponerse al tasawwuf y de censurar a los pires y jeques. Pero, en realidad, tasawwuf no es un término utilizado por el Corán, el hadiz, los nobles compañeros ni los tabi‘in. Sin embargo, si por tasawwuf se entiende la tazkiya del Corán y el ihsan del hadiz, entonces, ciertamente, Maulana Maududi no solo apoyaba el tasawwuf, sino que era un sufí kámil de muy alto rango. Toda su vida constituye una prueba auténtica de ello. ¿Quién podría ser un sufí mayor que aquel cuyo temor, reverencia y amor son exclusivamente para Allah; cuyo tawakkul está únicamente en Allah; cuya relación es únicamente con Allah; cuyo corazón está lleno del recuerdo de Allah y en el que no hay lugar para nada fuera de Allah? Maulana Maududi era la personificación de todo esto, no sus acusadores.
Seis.Maulana siempre se consideró un siervo insignificante, inclinado ante Allah por temor a Él. No le agradaba en absoluto que alguien lo elogiara. Los dirigentes de los partidos seculares desean que sus seguidores los alaben efusivamente, llenen el aire con gritos de «¡Viva!» y los reciban con guirnaldas de flores o diversos obsequios. Esto les proporciona una gran satisfacción personal. Pero la naturaleza y el carácter de Maulana eran completamente opuestos. Su condena a muerte fue conmutada por una pena de prisión con trabajos forzados. Sin embargo, después de veinticinco meses obtuvo la libertad. Luego volvió a asumir la responsabilidad editorial de Tarjuman al-Qur’an. En su artículo editorial agradeció a aquellos admiradores que se alegraron por su inesperada liberación. En un pasaje de ese artículo dice: «Al mismo tiempo, no puedo dejar de hacer esta petición: al expresar la alegría de los amigos y manifestar sus sentimientos de amor y respeto, se han adoptado formas y métodos en los que no se ha mantenido el equilibrio. También me resulta difícil prohibírselo. Pues no me gusta la ostentación de espiritualidad y humildad, y tampoco me resulta fácil aceptarla. Considero que estas cosas pueden causar fitna. Qué bueno habría sido si mis amigos hubieran considerado suficiente expresarme sus sentimientos reduciéndolos por debajo de los límites del equilibrio». (Tarjuman al-Qur’an, tomo 4, número 4)
Permítanme contar una experiencia personal. En 1958, el Maulana vino a visitar el entonces Pakistán Oriental. En cierto momento, viajaría de Dinajpur a Bogra. Yo lo acompañaba. La vía férrea de Dinajpur a Bogra pasaba por Parbatipur, Joypurhat y Santahar. Le dije: «Maulana, para llegar a Bogra pasará justamente por Joypurhat, donde está mi casa. Mucha gente de Joypurhat y Santahar vendrá a recibirlo».
Al oír mis palabras, noté cierta tristeza en el rostro del Maulana. Dijo claramente: «Hermano, no me gusta en absoluto que la gente, al verme, grite consignas de “¡Viva!” y me ponga guirnaldas de flores al cuello. Quiero librarme de esta molestia. De ninguna manera iré a Bogra pasando por Santahar. Vayamos por otra ruta».
El Maulana no accedió de ningún modo a viajar por esa ruta. No hubo más remedio que ir a Bogra pasando por Rangpur, Kaunia y Gaibandha.
Mucha gente acudió a Joypurhat y Santahar y, al no encontrar al Maulana, regresó con el corazón apesadumbrado. También en la estación de Bahura, quienes habían ido a recibir al Maulana, al no encontrarlo, se llenaron de preocupación. Sin que nadie lo supiera, bajamos en Bogra y llegamos a nuestro destino.
Siete.El Maulana era un «mártir viviente». Por eso no temía en absoluto a la muerte. De ello se han tenido pruebas contundentes muchas veces. Mientras el Maulana pronunciaba un discurso en la conferencia de la Jamaat-e-Islami de todo Pakistán, celebrada en Lahore en 1963, un matón a sueldo disparó tres veces consecutivas contra él con una pistola, desde una distancia de diez o doce codos. El Maulana no temía a la muerte. La muerte parecía temerle a él y ni siquiera se acercó al Maulana. Fue obra del poder infinito de Alá: para proteger a Su siervo amado, hizo que las tres balas de pistola desviaran su trayectoria. Desde todos los lados, la gente gritaba: «¡Maulana, siéntese, siéntese!»
El Maulana respondió con voz intrépida y serena: «Si me siento, ¿quién permanecerá de pie?»
Con ello, el Maulana indicó que permanecería firme sobre el Sirat al-Mustaqim sin temer a la muerte.
No llamo a esto una karamat del Maulana, sino un milagro de Alá, que suscitó asombro en el corazón de todos, incluido el del autor de este libro, presente en el lugar de los hechos.
Cuando exponía las complejas teorías y enseñanzas del Corán y el Hadiz con un estilo sencillo, claro y conmovedor, inspirado por Dios, parecía ser la joya de los eruditos del mundo musulmán moderno, un portavoz fiable del islam y alguien que llevaba la impronta del saber y la investigación islámicos. Por ello, el mundo musulmán lo llamó Al-Ustadh Al-Murshid, y la Rabita del Mundo Islámico le otorgó el título de Al-Imam Maududi.
En la época actual, la nación musulmana atraviesa en la historia una situación sumamente crítica y plagada de crisis. Casi por todas partes se lleva a cabo un amplio esfuerzo, respaldado por ciertas fuerzas estatales, para introducir en la vida social musulmana todas las creencias, convicciones y prácticas, así como todos los ismos y doctrinas contrarios al islam. El socialismo-comunismo, el capitalismo, los movimientos qadianí y partegí, el nacionalismo basado en la lengua, el nacionalismo árabe y otros ismos y doctrinas estaban devorando la fuerza vital del islam. Mediante su poderosa pluma, el Maulana quebró la columna vertebral de todas estas doctrinas. También expresó sin ambigüedad las consecuencias devastadoras del nacionalismo árabe. En Oriente Medio, el descontento y las protestas contra él han comenzado igualmente a cobrar fuerza.
En cierta ocasión, mientras pronunciaba un discurso en una asamblea de juristas en la Bar Library, parecía un jurista omnisciente. Una personalidad de fama internacional como A. K. Brohi se consideraba ante él un estudiante de derecho. Maududi trazó y redactó a la perfección el esquema y las leyes de un Estado islámico completo. Respondió con habilidad a las preguntas modernas que surgían continuamente sobre este tema y disipó todas las dudas e incertidumbres.
Su talento político y su visión de futuro eran extraordinarios. Por eso, la imagen del futuro lejano que trazaba basándose en su perspicacia y previsión políticas llegó a verse convertida en realidad.
Su enorme contribución a la comunidad musulmana consistió en que, durante la época del declive de los musulmanes, cuando las doctrinas y corrientes de pensamiento ateas de Occidente, así como la cultura y las costumbres occidentales, habían cubierto sus mentes y corazones y los habían convertido en esclavos mentales de los amos políticos occidentales, el Maulana, con la ayuda de su poderosa pluma, demostró la vacuidad y el carácter destructivo de las doctrinas y corrientes de pensamiento occidentales, y protegió a la nación musulmana de su devastadora inundación. No solo eso: presentó claramente ante el mundo el islam como el único sistema de vida completo, dinámico, viviente y beneficioso para la humanidad. Millones y millones de jóvenes cultos y personas ilustradas del mundo están comprendiendo el islam como un sistema de vida completo y están formando sus mentes, corazones y caracteres a su luz. El eco del islam que hoy se escucha en todo el mundo es fruto de la literatura del Maulana y de su llamamiento islámico universal.
El Maulana fue un pensador de orientación práctica. Su llamamiento al bienestar, el desarrollo y el progreso integrales de la humanidad era universal. Su programa al respecto era sumamente claro, natural y humano. Mediante el análisis de la biología, la sexología, la medicina, las ciencias naturales y las ciencias sociales, hizo comprender a las personas reflexivas qué podía ser una relación sana, hermosa, armoniosa y feliz entre hombres y mujeres, y cuáles eran sus métodos. En suma, el Maulana Maududi fue un pensador extraordinario, una contribución especial para el mundo musulmán y para la civilización humana.
Poseía un carácter incomparable. Jamás se le vio enfadarse con nadie ni emplear ninguna palabra áspera. Nunca se enfureció ni trató mal a los miembros de su familia, a sus hijos, a sus sirvientes, a sus colaboradores o a sus amigos, ni pronunció siquiera una palabra que pudiera herir sus sentimientos. Esta era la estricta educación que recibió en su infancia de su afectuoso padre, y que observó durante toda su vida. Sin embargo, para corregir los defectos, hacía críticas por medio del humor.
Ni siquiera en los momentos de peligro extremo se veía en su rostro señal alguna de reacción. En la tristeza y la pobreza ordinarias, rodeado por la policía, en la estrecha celda de una prisión o al escuchar una sentencia de muerte, su habitual sonrisa dulce y apacible no desaparecía. Parecía que todo aquello le importaba muy poco.
Los partidos políticos y los llamados líderes de la nación que lo habían colmado incesantemente de insultos, acusaciones infundadas y fatwas, nunca recibieron de su parte ninguna palabra ofensiva. Al contrario, los perdonó para siempre. Su corazón era puro, limpio y generoso, por encima de toda clase de impureza y mancha. Sin embargo, sus calumnias e insultos no cesaron. Cuando se le llamó repetidamente la atención sobre este asunto, dijo:
«Comprendo que están ocupados haciendo más pesada la balanza de mis buenas obras. Les estoy agradecido por ello».
Al igual que su mente limpia, también su vestimenta era pulcra, acorde con el gusto moderno y portadora de la civilización y la cultura islámicas. Su hogar resplandecía, sin el menor rastro de suciedad, y estaba impregnado de un ambiente de impecable decoro. Sus libros, documentos y utensilios de escritura se conservaban en su debido lugar, bellamente y con orden, como dispuestos por la mano de un artista consumado. Su alimentación era sencilla y simple, aunque acorde con el gusto de la clase aristocrática de Delhi.
Nadie deseaba levantarse de junto a aquel hombre de rostro luminoso y siempre sonriente, y de trato amable. Esta era una gran atracción de su personalidad y una dulce característica de su carácter.
Rezar detrás de él proporcionaba un deleite celestial y dulce. Cuando recitaba las suras de la oración lenta y claramente, con una voz baja y melodiosa, por un lado parecía derramarse miel en los oídos y, por otro, infundía en el corazón una concentración plena en la oración y una extraordinaria sensación de cercanía a Allah Todopoderoso.
Una de las principales características del carácter del Maulana era que sus ideales y su pensamiento se reflejaban en toda su vida. No solo se moldeó a sí mismo conforme a esos ideales, sino que también transformó la vida de innumerables seres humanos extraviados, pertenecientes a diferentes comunidades lingüísticas de todo el mundo.
El Maulana llevaba una vida sumamente disciplinada incluso en el ámbito personal. Tenía horarios establecidos para comer, estudiar, recibir visitas y dormir. No permitía fácilmente que se hicieran excepciones. Naturalmente, cuando salía de viaje, en algunos lugares se producían excepciones.
El Maulana decía que en el pasado había sometido su cuerpo a una terrible injusticia. No tenía tiempo para comer ni dormir. Durante muchos años estudió y escribió desde después de la oración de la noche hasta el alba. Como consecuencia, su salud quedó completamente quebrantada. Decía que más tarde se vio obligado a regular sus comidas y su sueño y a someterlos a una estricta disciplina.
En una ocasión, en un lugar de Pakistán Oriental, se habían preparado muchos alimentos para acompañar el té de la tarde. El Maulana dijo que por la mañana tomaba té con tostadas, huevos fritos y algunas frutas. Por la tarde, solo una taza de té.
El Maulana tenía la costumbre de ir a sentarse en el pequeño jardín situado fuera de la casa después de la oración del Asr. Allí se reunían visitantes del país y del extranjero, que le hacían preguntas de diversos tipos, y el Maulana les respondía. A aquella reunión vespertina acudían personas de los países árabes, de Japón y Noruega, de Malasia e Indonesia, de Turquía y de Europa y América. Era como una colmena internacional. Personas sedientas de conocimiento acudían en busca de saber. El Maulana respondía a las preguntas de todos. Así saciaba la sed de conocimiento de cada uno.
El Maulana era muy bromista en las conversaciones. En una ocasión llegó a la ciudad de Saidpur, en el distrito de Rangpur. Por la tarde, los comerciantes y las personas notables de la ciudad conversaron con el Maulana. En el curso de la conversación, el Maulana le preguntó a un caballero a qué se dedicaba.
El caballero: —Me dedico al comercio de pieles.
El Maulana: —¿Pieles de qué? ¿De pollo, acaso?
El caballero, algo desconcertado, respondió apresuradamente: —No, señor; pieles de vaca y de cabra.
El Maulana: —¡Ah, sí! Desde Daca, adondequiera que he ido, no he comido más que pollo y pollo. En ningún sitio me he encontrado con carne de carnero. Por eso pensé que quizá en este país también existía el negocio de las pieles de pollo.
Al inteligente anfitrión no le quedó ninguna duda de que debía servirle carne de carnero al Maulana.
A mediados de 1963, el Maulana fue una vez a Rawalpindi. Fuimos al aeropuerto de Chaklala para recibirlo.
Después de la multitudinaria recepción, antes de subir al automóvil, el Maulana sacó un paan de la caja y se lo metió en la boca. El Maulana sabía que yo era aficionado al paan, por eso también me dio uno. Cuando extendí la mano para pedir zarda, bromeando dijo
—¡Oh! Tú has hecho halal el paan, muchacho.
Le dije: —¡Maulana! El paan es halal en todo momento.
El Maulana: —¿Cuándo es halal el paan sin zarda?
El Maulana se ha despedido de este mundo. Completó su obra y se cumplió la aspiración de su vida. Su esfuerzo, su da‘wah universal y los frutos de su conocimiento que dejó harán que sea inmortal para siempre. Dejó tras de sí un inestimable tesoro literario y un incontable número de descendientes espirituales, que están esparcidos por todo el mundo. La obra que dejó continuará durante generaciones y generaciones, durante siglos y siglos.
Apéndice 1
Allama Iqbal invitó al Maulana Maududi a emigrar al Punjab. A continuación se reproducen algunas de las cartas que, en su nombre, Sayyid Nazir Niyazi intercambió con el Maulana sobre este asunto:
(Copia de la carta escrita por el Maulana a Saiyid Nazir Niyazi)
Tarjuman al-Qur’an
Hyderabad del Decán
17 de Yumada al-Ula de 1356 H.; 26 de julio de 1937.
Mi respetado y honorable señor: as-salamu alaykum.
He recibido su carta. Le agradezco que haya expresado claramente su parecer. Yo también quisiera hablarle con franqueza. Para mi vida he establecido una meta y ciertos principios fundamentales. Por la gracia de Dios, tengo la firmeza suficiente para que, por grandes que sean las dificultades, no me agrade apartarme de mi meta ni alterar ninguno de mis principios. Todas las dificultades a las que me enfrento ahora se deben enteramente a las obligaciones que me he impuesto. De lo contrario, la tormenta de peligros podría alejarse. Entre las obligaciones que me he impuesto está la de no pedir ayuda económica a nadie para mí. La segunda es que no pensaré en recibir remuneración por ningún servicio nacional o religioso. La tercera es que no permitiré que me involucre la codicia de una ganancia que me impida trabajar libremente, según mi propio criterio, por los intereses de la religión y de la comunidad. (Existen algunas otras obligaciones, pero no están relacionadas con el tema en cuestión.) Ahora puede comprender por sí mismo cuán difícil me resulta aceptar lo que usted ha dicho. No quiero ayuda para mí, ni siquiera un paisa, mucho menos cien rupias. Para mis gastos personales he iniciado una actividad comercial. También puedo realizarla en Lahore. Ser imán de la Mezquita Real es para mí una bendición inesperada. ¿Qué oportunidad de trabajar podría ser mayor que esta? Sin embargo, aunque dirigir la oración a cambio de una remuneración no sea ilícito para mí, ciertamente es sumamente makruh. Durante cuatrocientos años hubo consenso entre los musulmanes en que no era lícito recibir remuneración por dirigir las oraciones ni por enseñar el Corán. Más tarde, el deterioro de las circunstancias lo hizo lícito. Desde entonces, ambas dignidades han quedado degradadas y sin vida. Soy plenamente consciente de esta verdad. Por eso ni siquiera puedo pensar en dirigir las oraciones a cambio de una remuneración. Pero si se me encomienda este servicio sin remuneración, estoy dispuesto a aceptarlo con todo mi corazón y mi alma.
Ahora queda la cuestión de mantenerme alejado de la política. Para eso no estoy dispuesto en absoluto. No me orienté hacia la actividad política llevado por una emoción pasajera. Más bien, después de reflexionar, llegué a la conclusión de que ahora debo salir de mi rincón aislado y hacer algo. Los musulmanes se encuentran actualmente sumidos en una crisis extrema. Dejemos de lado a aquellos de quienes no se esperaba recibir una orientación correcta. Incluso quienes suscitaban toda clase de esperanzas hoy están dando un liderazgo equivocado. La expansión del movimiento del Congreso ha provocado una división entre los musulmanes. Llegan a diario noticias de personas que abandonan sus filas. El partido de Jawaharlal está extendiendo rápidamente su influencia entre las masas. Las elecciones de Jhansi han dejado claro hasta qué punto se ha visto influida la opinión pública musulmana. Ahora queda muy poco margen entre los partidarios del Congreso y los no congresistas. Al leer las declaraciones de los dirigentes musulmanes y los artículos de las publicaciones musulmanas, se puede calcular cuán pocos son los que comprenden la verdadera posición de la India musulmana y ante quienes el camino correcto está completamente claro. En semejante situación, piense usted: entre los pocos que aún quedan, ¿cómo puede ser razonable que uno de ellos se imponga la obligación de aceptar un empleo, y además uno de ciento cincuenta o doscientas rupias? Si lo considerara razonable, ¿qué necesidad tendría de ir a Lahore? En la Universidad de Osmania hay disponible para mí un puesto de cuatrocientas rupias. ¿Por qué no aceptarlo? La única razón por la que quiero dirigirme a Lahore es que, a mi juicio, el desenlace de la India musulmana —que ahora está muy próximo— depende de la fuerza de las tres provincias septentrionales. Quiero instalarme en ese Darul Islam y ver qué oportunidades existen allí para fortalecer el poder del islam y aprovecharlo para la acción. Desde aquí no puedo calcularlo. En cuanto llegue allí, buscaré oportunidades. Aprovecharé cualquier oportunidad que encuentre. Para obtener beneficios de este tipo, quiero mantener completamente libres e independientes mi mente, mi intelecto, mis manos y mis pies. No puedo aceptar a ningún precio una obligación que se interponga en el camino de aprovechar cualquier oportunidad de servir a la religión y a la comunidad.
Espero que haya comprendido bien mi punto de vista. Las dificultades que mencioné en mi carta anterior son las siguientes: el gasto mensual de Tarjuman al-Qur’an es de aproximadamente trescientas rupias. Actualmente no hay entre el público un número suficiente de suscriptores para cubrir los gastos de la revista con sus aportaciones. El Gobierno de Nizam compra 275 ejemplares. Es gracias a ello que la revista sigue funcionando. Si voy a Lahore, es muy posible que, además de hacerme cargo de mis gastos personales, tenga que soportar también la carga de las pérdidas económicas de la revista. Para mí resultaría prácticamente imposible hacer frente a ello. Este problema podría resolverse si usted y sus colaboradores de Punyab intentaran promover y ampliar la difusión de Tarjuman al-Qur’an utilizando sus medios. Si pudiera esperar que llegara a contar con quinientos suscriptores, quedaría tranquilo respecto de la revista. No quiero recibir nada de la revista, pero tampoco tengo la capacidad siquiera de aportarle algo.
Para mí es un honor participar junto con el Allama Iqbal en la labor de establecer un nuevo sistema social islámico. Estoy preparado para prestar cualquier servicio posible. Sin embargo, no necesito ninguna asignación económica para este propósito.
Su humilde servidor
Abul A‘la.
(Segunda carta)
Tárŷumán al-Corán, Hyderabad
13 de agosto de 1936
Mi respetado y honrado señor: as-salamu alaykum.
He recibido su carta del 2 de agosto. Conforme a lo que me dice en ella, emigraré con firme determinación y confiando en Dios. He decidido hacer de Lahore mi residencia definitiva. Hay algunas dificultades, y llevará algún tiempo resolverlas. Necesitaré una cantidad considerable de dinero para trasladar de aquí todo el equipaje y saldar algunas de mis deudas. La deuda de Tárŷumán al-Corán supera las mil rupias. Debo pagarla. También necesitaré aproximadamente mil rupias para llevar el equipaje y cerrar aquí mis negocios y actividades comerciales, a fin de comenzar de nuevo en Lahore. Para este propósito, deseo vender un terreno y algunos bienes inmuebles. Espero que todo esto quede resuelto en tres o cuatro meses. Mientras tanto, iré una vez a Lahore para ver qué arreglos necesito hacer si voy a vivir allí. Tengo la intención de viajar a más tardar al final del próximo mes de Rayab. Permaneceré cuatro o cinco días en Delhi y llegaré a Lahore al final de Rayab o al comienzo de Shaabán. En esta ocasión, insha’Allah, también decidiré qué debería escribir sobre los qadianíes. Hasta ahora, en realidad, no he estudiado mucho este asunto. La única fuente de la que he obtenido información al respecto ha sido el libro del señor Bani. Pero eso no es suficiente para escribir algo de carácter investigativo. Consultaré en Lahore a quienes tienen amplia experiencia sobre el qadianismo y reuniré material para escribir.
Nota: No se pudo obtener una copia de la carta del señor Nazeer Niyazi.
Khaksar
Abul A’la.
Apéndice -2
Carta dirigida al Maulana Maududi por el señor Nazeer Niyazi, secretario privado de Allama Iqbal:
25 Macleod Road, Lahore
18 de abril de 1938
Mi estimado señor, as-salamu alaykum,
Espero que se encuentre bien por la gracia de Allah Ta‘ala. Hace algunos días supe por el señor Sayyid Muhammad Shah que usted había llegado a Jamalpur y que pronto también vendría a Lahore. Desde entonces espero continuamente su llegada. El doctor Sahib dice que, si realmente tiene intención de venir a Lahore, venga cuanto antes, para que podamos encontrarnos.
Lo que quiero decirle es que el estado del doctor Sahib Qibla es sumamente preocupante. No hay ninguna garantía, ni siquiera por un instante. Pero mantenga esto estrictamente entre usted y usted mismo; no se lo diga a nadie.
Por tanto, sería mejor que viniera tan pronto como le fuera posible. Rece por la salud del doctor Sahib.
Su sincero
Niyazi
Respuesta de Maulana Maududi
Tarjuman-ul-Qur’an
Dar-ul-Islam, Pathankot
23 de abril de 1938
Mi respetado señor, as-salamu alaykum
Me estaba preparando para ir, conforme a mi promesa, cuando de repente recibí la noticia del fallecimiento del Allama. Mi corazón quedó completamente destrozado. Mi mayor pesar es haber perdido una oportunidad de oro tan grande. Si lo hubiera sabido, habría dejado todo y habría llegado de inmediato. Considero una desgracia extrema haber sido privado de la última oportunidad de verlo, pues probablemente ya no encontraré en ningún lugar a alguien que pueda comparársele.
La muerte de Muhammad Ali (el Maulana) constituye la segunda mayor pérdida para los musulmanes, y en mi opinión es aún mayor que la primera. No sé cuál es la voluntad de Dios. Aparentemente, pensamos que de esta manera se está castigando a la nación musulmana por su ingratitud e ineptitud: se está llevando a su mejor hombre precisamente cuando más lo necesitaba. Ahora, al mirar hacia todo el Indostán, no se vislumbra a nadie como él a quien se pueda acudir en busca de ayuda. La oscuridad lo ha cubierto todo. Una lámpara titilaba débilmente, y también ha sido retirada.
Lo que me atrajo al Punyab fue la persona de Iqbal. Vine aquí con la esperanza de recibir orientación de él. Bajo su liderazgo, haría por el islam y los musulmanes todo lo que estuviera a mi alcance. Ahora siento que he quedado completamente solo en este mar azotado por la tormenta. El estado de agotamiento de mi espíritu ha llegado al extremo. Solo consuelo mi corazón pensando: «¿Qué importa que Iqbal haya muerto? Dios está aquí. Todos somos mortales. El único eterno es ese Hayy y Qayyum. Si Él quiere encomendarte alguna tarea, te proporcionará otros medios y recursos para ayudarte».
¡Mi querido hermano! Usted permaneció junto al Allama hasta el final. Si él dejó dicho algo para mí, le ruego que me lo comunique sin falta.
Khaksar
Abul A’la
Después pensé en enviar un mensaje de condolencias a sus supervivientes. Más tarde comprendí que sus supervivientes somos todos nosotros. Y todos nosotros tenemos derecho a recibir consuelo en este duelo.
Biografía de Maulana Maududi (que Dios tenga misericordia de él)
| 1903 | 25 de septiembre. Nació en la ciudad de Aurangabad, en el Decán de Hyderabad. |
| 1903-1913 | Educación primaria en casa. |
| 1914 | Aprobó el examen de maulaví a los once años. |
| 1916 | Se matriculó en el Darul Uloom de Hyderabad para cursar estudios superiores. |
| 1917 | Residió en Bhopal y cuidó de su padre enfermo. |
| 1918 | A los quince años ingresó en el ámbito del periodismo. Asumió la dirección del periódico «Madina», publicado en Bijnor. Se unió al movimiento Khilafat. |
| 1919 | Miembro activo de la organización «Anjuman-i I’anat-e Nazarbandan-e Islam». |
| 1920 | Fallecimiento de su padre. Asumió la dirección del diario «Taj» en Jabalpur. |
| 1921 | Se trasladó a Delhi, donde adquirió conocimientos de hadiz, tafsir, fiqh y otras disciplinas islámicas, además de estudiar inglés. |
| 1922 | Asumió la dirección de «Muslim», órgano oficial de la Jamiat Ulema-e-Hind. |
| 1923 | Tras el cierre de «Muslim», se trasladó a Bhopal y se dedicó a profundizar sus conocimientos. |
| 1924 | A comienzos del año se trasladó a Delhi. Maulana Muhammad Ali y Maulana Ahmad Saeed, de la Jamiat Ulama-e-Hind, lo invitaron respectivamente a asumir la dirección de los periódicos «Hamdard» y «Al Jamiat». |
| 1925 | Asumió la dirección del periódico «Al Jamiat». |
| 1927 | A los veinticuatro años escribió la obra «Al Jihadu fil Islam», aclamada por todos. |
| 1928 | Renunció al periódico «Al Jamiat» debido a sus desacuerdos con las autoridades de la Jamiat sobre la cuestión de apoyar al Congreso Nacional Indio. |
| 1930 | Regreso a Hyderabad. Redacción de la obra «Diniyat (Introducción al islam)». |
| 1931 | Dedicó todo el año a la redacción de obras. |
| 1932 | Publicación mensual de «Tarjuman al-Corán» desde Hyderabad. |
| 1933 | Redacción de la obra «La civilización islámica y sus principios y fundamentos». Redacción de la obra «La esencia de la cultura islámica y la realidad del destino». |
| 1933-38 | Redacción de las obras El conflicto entre el islam y la civilización occidental y Tafhimat, tomos I y II. |
| 1934-35 | Redacción de obras y comienzo de la presentación pública del llamamiento islámico. |
| 1935 | Redacción de la obra Los derechos de los esposos y las esposas y el control de la natalidad desde la perspectiva del islam. |
| 1936 | Comienzo del intercambio epistolar con Allama Iqbal. A petición de la Universidad Musulmana de Aligarh, redacción de un proyecto de educación integral. |
| 1936-37 | Redacción de las obras Introducción al islam, El interés y El velo. |
| 1937-39 | Encuentro con Allama Iqbal en Lahore. Allama Iqbal instó al Maulana a trasladarse de Hyderabad al Punyab. Publicación de artículos titulados «El musulmán y la actual lucha política». |
| 1937-30 | Publicación de la revista «Tarjumán del Corán». |
| 1938 | 16 de marzo. Traslado de Hyderabad al Punyab. Fundación de «Darul Islam» en Pathankot. Publicación de artículos revolucionarios y conmocionadores titulados «El islam y el nacionalismo» («La cuestión del nacionalismo»). Publicación del libro de la serie «Juturat Haqiqat». |
| 1939 | Publicación de «Tajdid y Ehyaye Din», «Una mirada investigativa a la adoración islámica» y otras obras fundamentales. Redacción de las obras La doctrina política del islam y La esencia de la adoración islámica. |
| 1940 | La Liga Musulmana formó un comité para redactar un proyecto de sistema estatal islámico y nombró al Maulana como uno de sus miembros. En la Universidad de Aligarh pronunció una erudita conferencia sobre el tema «Cómo se establece un gobierno islámico», que fue publicada en forma de libro y que apareció, respectivamente en inglés y bengalí, con los títulos «The Process of Islamic Revolution» y El camino de la revolución islámica. Publicación de las obras El movimiento del renacimiento islámico, El camino de la revolución islámica y Una fatwa importante. |
| 1941 | 26 de agosto. Fundación de la «Jamaat-e-Islami» con setenta y cinco personas y elección del Maulana como su Amīr. |
| Redacción de las obras Los cuatro términos fundamentales del Corán, Islam y jahiliyyah, El nuevo sistema educativo, La solución islámica a los problemas económicos y La necesidad de un partido veraz. | |
| 1942 | 15 de junio. La oficina central de la Jamaat fue trasladada de Lahore a Darul Islam, Pathankot. |
| 1942-47 | Publicación de las obras Rasail o Masail y Shantipath. |
| 1943 | Inicio del mundialmente famoso tafsir «Tafhimul Corán». Redacción de la obra El castigo del apóstata en la única religión y en la ley islámica. |
| 1944 | Redacción de la obra La perspectiva moral del islam y la realidad del shirk. |
| 1944-46 | Esfuerzos denodados para organizar y consolidar el movimiento islámico, así como para extender su influencia. Publicación de diversas obras y revistas. |
| 1945 | La realidad del Tawhid |
| El socialismo y el islam. | |
| 1946 | Publicación de las obras El testimonio de la verdad, La da‘wah islámica y la política de acción. |
| 1947 | 30 de agosto. Como consecuencia de los disturbios y enfrentamientos comunales que se produjeron por todas partes, y después de que Pathankot quedara rodeada por hindúes, los pocos habitantes musulmanes de Pathankot se vieron obligados a emigrar en hijra a Lahore, y la oficina central de la Jamaat-e-Islami fue trasladada a Lahore. La Jamaat tomó medidas prácticas para la rehabilitación de los muhajirines indigentes y desarraigados. Primer discurso radiofónico del Maulana sobre la «qurbani» desde Radio Pakistán. |
| 1947 | Publicación de las obras «La llamada de Jamaat-e-Islami», «Destrucción y reconstrucción» y «La realidad de la taqwa». |
| 1948 | Cinco meses después de la creación de Pakistán comenzó la lucha por establecer en el país un sistema social islámico. El 6 de enero, durante un discurso en el Colegio de Derecho de Lahore, presentó la demanda de establecer un sistema estatal basado en la ley islámica. El 6 de marzo, en una reunión pública celebrada en el parque Jahangir de Karachi, presentó cuatro demandas para un sistema de gobierno islámico. (De abril a septiembre) Campaña de reuniones y asambleas en todo el país para exigir un gobierno islámico y formar la opinión pública. El Gobierno presentó contra el Maulana la falsa acusación de que «el Maulana había declarado ilícita la yihad de Cachemira». El 12 de octubre arrestaron al Maulana junto con varios de sus compañeros y lo enviaron a prisión. Publicación de las obras «El modo de vida del islam», «La ley islámica», «Los derechos de los no musulmanes en un Estado islámico», «Las exigencias islámicas de la libertad» y «Las demandas del sistema islámico». |
| 1949 | 12 de marzo. Como resultado del movimiento de la Jamaat, el Gobierno aprobó la Resolución de Objetivos. Al día siguiente, la Majlis-e-Shura expresó su satisfacción por ella. Del 6 al 8 de mayo se celebró en Lahore la primera conferencia de toda Pakistán de Jamaat-e-Islami, durante tres días. |
| 1949-50 | Redacción de las obras «El interés —volumen II», «Disposiciones sobre la propiedad de la tierra», «La propiedad nacional» y «Las mujeres pakistaníes en una encrucijada». |
| 1950 | 28 de mayo: liberación del Maulana. Pronunció discursos en reuniones públicas por todo el país. Como el proyecto de Constitución propuesto por el Gobierno no era conforme con el islam, se alzaron firmes protestas contra él y se exigió su rechazo. |
| 1951 | En Karachi se celebró una histórica Conferencia de Ulemas de todos los partidos. Se aprobaron por unanimidad 22 recomendaciones constitucionales. En noviembre de este año se celebró en Karachi la segunda Conferencia de toda Pakistán de la Jamaat-e-Islami. |
| 1952 | Se presentaron ocho demandas ante la Asamblea Constituyente encargada de redactar la Constitución. Se emprendió en todo el país un movimiento por una Constitución islámica. El Maulana participó en una conferencia de todos los partidos celebrada en Karachi para exigir que los qadianíes fueran declarados una comunidad minoritaria. |
| 1953 | En febrero, la conferencia de todos los partidos anunció la «Acción Directa». El representante del Maulana se opuso a la Acción Directa y boicoteó la conferencia. El Maulana redactó un folleto titulado «El problema qadianí». |
| El 28 de marzo, arresto del Maulana bajo la ley marcial; en mayo se presentó un caso contra el Maulana ante un tribunal militar. El 11 de mayo, el tribunal militar anunció la sentencia de muerte del Maulana. Debido a las intensas protestas y manifestaciones en todo el mundo, se conmutó la pena de muerte por cadena perpetua. Posteriormente, esta se redujo a tres años y medio. | |
| 1955 | El 29 de mayo, el Maulana fue puesto en libertad por meras razones legales. En noviembre se celebró en Karachi la tercera conferencia de toda Pakistán de la Jamaat, conferencia. |
| 1956 | Movimiento a escala nacional por una constitución islámica. Exitosa gira del Maulana por Pakistán Oriental durante dos meses. Se arrojó luz sobre los problemas de Pakistán Oriental. |
| 1957 | En Machigote se celebró la conferencia de miembros de toda Pakistán de la Jamaat. El Maulana pronunció un discurso histórico. |
| 1958 | El 7 de octubre, mientras pronunciaba un discurso en una reunión pública en Mochi Darwaza, Lahore, el Maulana advirtió al gobierno. Al día siguiente se impuso la ley marcial en todo el país. |
| 1959 | Viaje por Oriente Medio y peregrinación del Hajj con el propósito de visitar personalmente los lugares mencionados en el Corán (Ard al-Qurán) para Tafhim-ul-Qurán. Durante el viaje, pronunció discursos en todas partes, haciendo especial hincapié en la unidad del mundo musulmán. |
| 1960 | Diciembre. Invitado por el Shah Saud, viajó nuevamente a Arabia Saudita y presentó el proyecto preliminar de la Universidad de Medina. |
| 1961 | Movimiento enérgico contra la Ordenanza de Leyes Familiares promulgada por Ayub Khan. Después de emprender gestiones para viajar por invitación de los musulmanes de África, el gobierno lo impidió injustamente. Lucha contra quienes niegan los hadices. |
| 1962 | Participación en la Conferencia Islámica Mundial celebrada en La Meca. Fundación de la organización Rabita al-Alam al-Islami. Maulana fue elegido miembro vitalicio del comité fundador. |
| 1963 | Disparos dirigidos contra Maulana mientras pronunciaba el discurso inaugural de la Conferencia de toda la Jamaat-e-Islami de Pakistán, en Lahore. Un trabajador de la Jamaat alcanzó el martirio. Fracasaron todos los esfuerzos del Gobierno por sabotear la conferencia. |
| 1964 | 4 de enero. La Jamaat fue declarada ilegal. Maulana fue detenido junto con los miembros del Majlis-e-Shura central. |
| 19 de enero. Confiscación de todos los documentos y registros de la Jamaat. Intensificación de la propaganda gubernamental contra la Jamaat. 25 de septiembre: el fallo de la Corte Suprema declaró contrarias a la ley las medidas del Gobierno. | |
| 1965 | Confiscación del pasaporte de Maulana justo antes de su participación en la reunión de la Universidad Islámica de Medina. El 6 de septiembre, India atacó Pakistán. Maulana pronunció seis discursos consecutivos sobre la «yihad» a través de Radio Pakistán. En nombre de la Jamaat, se distribuyeron entre los refugiados artículos de ayuda por valor de millones de takas. |
| 1966 | En la conferencia nacional multipartidaria celebrada en Lahore, crítica del Acuerdo de Tashkent. Viaje a Pakistán Oriental. En una reunión de Rabita al-Alam al-Islami, distribución de un opúsculo sobre Cachemira, redactado por el Maulana en árabe e inglés, con numerosas teorías e informaciones. |
| 1967 | El Maulana y otros cuatro ulemas de renombre fueron arrestados por la cuestión del avistamiento de la luna del Eid. |
| 1968 | Viaje a Londres con fines médicos. Discurso del Maulana en una recepción organizada en el Hotel Hilton de Londres por musulmanes residentes en Inglaterra. |
| 1969 | Participación en la conferencia de mesa redonda convocada por Ayub Khan con el propósito de resolver los problemas políticos. Participación en la conferencia fundacional de la Universidad Islámica de Marruecos. |
| 1970 | Por proclamación del Maulana, se celebró en todo Pakistán el «Día de Shaukat-e-Islam». |
| 1972 | Finalización de «Tafhim al-Qur’an» y publicación de su sexto volumen. Renuncia al cargo de emir de Jamaat-e-Islami debido a una enfermedad persistente. |
| 1979 | 21 de mayo. Viaje a Estados Unidos para recibir tratamiento médico. |
| 4 de septiembre. Operación de la vejiga. | |
| 22 de septiembre. Falleció a las cinco y cuarto de la tarde, según la hora de Pakistán. (En verdad, pertenecemos a Dios y a Él retornaremos.) |
Bibliografía temática de las obras de Maulana Maududi
| Nombres de los libros bengalíes traducidos | Páginas | Título del libro original en urdu | Año de publicación |
| a. El Corán | |||
| 1. Traducción del Noble Corán | 1248 | Traducción del Noble Corán | 1973 d. C. |
| 2. Tafhim al-Qurán, volúmenes 1-19 | 4165 | Tafhim al-Qurán, 6 volúmenes | 1943-1972 |
| 3. Índice temático de Tafhim al-Qurán | 540 | Temas coránicos | |
| 4. Cuatro términos fundamentales del Corán | 119 | El Corán: cuatro términos fundamentales | 1941 d. C. |
| 5. El mensaje esencial del Corán | 48 | Introducción a Tafhim al-Corán | |
| b. Hadiz/ Difícil | |||
| 6. La condición jurídica de la Sunna del Mensajero | 336 | Cuál es la condición jurídica de la Sunna | 1963 d. C. |
| 7. La grandeza y la dignidad del Corán | 133 | Las virtudes del Corán (a la luz de los hadices) | 1977 d. C. |
| c. Filosofía de vida islámica | |||
| 8. Introducción islámica | 112 | Risala-i Diniyat | 1963 d. C. |
| 9. Tawhid, Risalat y Akhirat | 44 | La unicidad de Dios, la misión profética y la vida después de la muerte | |
| 10. El sistema de vida del islam | 55 | El sistema de vida del islam | 1948 d. C. |
| 11. La única religión | 45 | La religión de la verdad | 1943 d. C. |
| 12. El camino de la paz | 27 | El camino de la paz | 1942 d. C. |
| 13. La esencia de la cultura islámica | 279 | La civilización islámica y sus principios y fundamentos | 1933 d. C. |
| 14. Obras seleccionadas, volúmenes 1-3 | 1344 | Tafhimat, volúmenes 1-3 | 1933-1938 d. C. |
| 15. Al-Yihad | 592 | La yihad en el islam | 1928 d. C. |
| 16. El islam y la ignorancia | 48 | Islam aur Jahiliyyat | 1941 d. C. |
| 17. El conflicto entre el islam y la civilización occidental | 228 | Tanqihat | 1933-38 |
| 18. Esquema fundamental del sistema de vida islámico | 384 | El sistema de vida islámico y sus conceptos fundamentales | |
| 19. Fundamento filosófico de la convocatoria islámica | 32 | El islam y la democracia secular occidental | |
| 20. La perspectiva ética del islam | 32 | El punto de vista moral del islam | 1944 d. C. |
| 21. El islam y el nacionalismo | 119 | La cuestión del nacionalismo | 1939 d. C. |
| 22. El islam y el socialismo | 1945 d. C. | ||
| 23. El islam y la justicia social | 24 | El islam y la justicia social | |
| 24. La fuente de la fuerza en el islam | 67 | La fuente de la fuerza del islam | |
| 25. La enseñanza del sacrificio | 48 | La demostración del sacrificio mediante versículos coránicos | |
| 26. La realidad de la fe | 48 | La realidad de la fe | 1938 d. C. |
| 27. La realidad del islam | 44 | La realidad del islam | 1938 d. C. |
| 28. La realidad de la oración y el ayuno | 65 | La realidad del ayuno y la oración | 1938 d. C. |
| 29. La realidad del hach | 48 | La realidad del hach | 1938 d. C. |
| 30. La realidad del zakat | 58 | Realidad del zakat | 1938 d. C. |
| 31. La realidad de la yihad | 28 | La realidad de la yihad | 1933 d. C. |
| 32. La realidad del destino | 102 | La cuestión del yabr y el qadar | 1933 d. C. |
| 33. La realidad de la taqwa | La realidad de la taqwa | 1947 d. C. | |
| 34. El sistema educativo: perspectiva islámica | 133 | Ta’limat | 1941 d. C. |
| 35. La realidad del shirk | La realidad del shirk | 1944 d. C. | |
| 36. La realidad del tawhid | La realidad del tawhid | 1945 d. C. | |
| d. Ley, política y sistema estatal | |||
| 37. Derecho islámico | 63 | Ley islámica | 1948 d. C. |
| 38. El Estado islámico | 700 | El Estado islámico | 1948 d. C. |
| 39. Califato y monarquía | 294 | Califato y monarquía | |
| 40. La doctrina política del islam | 63 | La teoría política del islam | 1939 d. C. |
| 41. El movimiento por la independencia del subcontinente | |||
| y los musulmanes, tomos 1-2 | 877 | El movimiento por la independencia de la India y los musulmanes, tomos 1-2 | 1938 d. C. |
| 42. Elaboración de la Constitución Islámica | 86 | La codificación de la Constitución Islámica | |
| 43. Los principios fundamentales de la Constitución Islámica | 86 | Los fundamentos de la Constitución Islámica | |
| 44. Los derechos humanos fundamentales | 32 | Los mandamientos fundamentales del ser humano | |
| 45. Los derechos de los no musulmanes en el Estado islámico | 50 | Los derechos de los dhimmíes en el Estado islámico | 1948 d. C. |
| 46. La historia política del Decán | 286 | Historia política del Decán | |
| 47. La enseñanza política del Corán | 57 | Las enseñanzas políticas del Corán | |
| 48. Unidad nacional y democracia estable | 21 | Unidad nacional | |
| 49. El castigo del apóstata en la ley islámica | 68 | El castigo del apóstata | 1943 d. C. |
| e. El movimiento y la organización islámicos | |||
| 50. La invitación islámica y la política de acción | 47 | La invitación islámica y su método de trabajo | 1946 d. C. |
| 51. La invitación de Jamaat-e-Islami | El llamamiento de Jamaat-e-Islami | 1947 d. C. | |
| 52. El movimiento del renacimiento islámico | 122 | Renovación y revitalización de la religión | 1940 d. C. |
| 53. De Jamaat-e-Islami | El objetivo de Jamaat-e-Islami | ||
| Objetivo — historia y programa | 80 | Historia y programa de acción | 1951 d. C. |
| 54. La yihad en el camino de Alá | 32 | Yihadun fi sabililá | |
| 55. El fundamento moral del movimiento islámico | 62 | La base moral del movimiento islámico | |
| 56. El movimiento islámico: condiciones para el éxito | 64 | Condiciones para el éxito del movimiento islámico | |
| 57. Programa de acción para el pasado, presente y futuro de los musulmanes | 78 | Programa de acción para el pasado, presente y futuro de los musulmanes | |
| 58. El camino de la revolución islámica | 56 | Cómo se establece el gobierno islámico | 1940 d. C. |
| 39. Programa de acción futuro del movimiento islámico | 138 | Plan de acción futuro del movimiento islámico | 1947 d. C. |
| 60. Movimiento, organización y activista | 224 | Movimiento y activista | |
| 61. El predicador hacia Allah; la invitación hacia Allah | 42 | El predicador hacia Allah; la invitación hacia Allah | |
| 62. Destrucción y construcción | 32 | Construir y reformar | 1947 d. C. |
| 63. La necesidad de un grupo veraz | 23 | La necesidad de una jamaat piadosa | 1941 d. C. |
| 64. El martirio de Husáin (que Dios esté complacido con él) | 16 | El martirio del imán Husein (que Allah esté complacido con él) | |
| 65. Movimiento por la unidad del mundo musulmán | 43 | La Unión del mundo islámico | |
| 66. El testimonio de la verdad | 40 | El testimonio de la verdad | 1946 d. C. |
| 67. El islam en el mundo actual | 42 | El islam en la era contemporánea | |
| 68. Los veintinueve años de la Jamaat-e Islami | 54 | Los veintinueve años de la Jamaat-e Islami | |
| f. La economía y el sistema bancario | |||
| 69. La economía islámica | 328 | La economía del islam | |
| 70. La solución islámica de los problemas económicos | 38 | El problema económico del ser humano y su solución islámica | 1941 d. C. |
| 71. Las directrices económicas del Corán | 38 | Las enseñanzas económicas del Corán | |
| 72. El islam y las doctrinas económicas modernas | 126 | El islam y las teorías económicas modernas | |
| 73. Principios del sistema económico islámico | 31 | Principios de la economía islámica | |
| 74. El interés y la banca moderna | 302 | Interés | 1936 d. C. |
| 75. Disposiciones sobre la propiedad de la tierra | 96 | La cuestión de la propiedad de la tierra | |
| 76. Propiedad nacional | Propiedad nacional | 1950 d. C. | |
| f. La vida matrimonial y la mujer | |||
| 77. El velo y el islam | 280 | El velo | 1937 d. C. |
| 78. Los derechos del esposo y la esposa | 151 | Los derechos de los cónyuges | 1935 d. C. |
| 79. El control de la natalidad desde la perspectiva islámica | 131 | El islam y el control de la natalidad | 1936 d. C. |
| 80. Las exigencias del islam a la mujer musulmana | 24 | Las exigencias del islam a las mujeres musulmanas | |
| g. Purificación del alma | |||
| 81. La guía | 55 | La guía | |
| 82. Las enseñanzas fundamentales del islam | 274 | Sermones | 1938 d. C. |
| 83. La esencia de la adoración islámica | 88 | Una mirada investigativa a la adoración islámica | 1939 |
| 84. El método islámico de purificación del alma | 48 | Purificación del alma | |
| J. Sira | |||
| 85. Sīrat-e Sarwar-e ‘Ālam, volúmenes 1-5 | 1216 | Sīrat-e Sarwar-e ‘Ālam, volúmenes 1-2 | |
| 86. El sello de la profecía | 75 | El sello de la profecía | |
| 87. La identidad coránica del Profeta | 40 | El Corán presenta a sus portadores ante los césares | |
| 88. El ser humano ideal | 32 | Las verdaderas hazañas de Sarwar-e-Alam | |
| 89. La dignidad de los honorables Compañeros | 40 | La posición de los Compañeros | |
| ঞ. General | |||
| 90. Cartas y cuestiones, volúmenes 1-5 | Rasā’il wa Masā’il, volúmenes 1-5 | 1942-1947 | |
| 91. Maulana Maududi frente a la juventud | 450 | Tasrīhāt | |
| 92. Respuestas a las preguntas de la época, volúmenes 1-2 | 448 | Istifsalāt, vols. 1-2 | |
| 93. Las reuniones de la tarde, vols. 1-2 | 250 | Majālis ʿAsrī, vols. 1-2 | |
| 94. Cartas, vols. 1-2 | 455 | Maktūbāt de Maulana Maududi (que Allah tenga misericordia de él), vols. 1-2 | |
| 95. Discursos radiofónicos | 87 | Nashri Takriri | |
| 96. Sermones del Haram | Sermones del Haram | ||
| 97. Correspondencia entre Maulana Maududi y Maryam Jamila | Cartas entre Maulana Maududi y Maryam Jamila | ||
| 98. El problema qadianí | La cuestión qadianí | 1953 d. C. |
Algunos libros en bengalí sobre Maulana Maududi
| Título del libro | Nombre del autor | |
| 1. | Maulana Maududi a los ojos de los intelectuales del mundo | Editado por Abbas Ali Khan |
| 2. | Maulana Maududi | Abbas Ali Khan |
| 3. | El erudito religioso Maulana Maududi | Abbas Ali Khan |
| 4. | La contribución de Maulana Maududi al resurgimiento del islam | Profesor Ghulam Azam |
| 5. | Historia de la Jamaat-e-Islami | Abbas Ali Khan |
| 6. | Actas de la Jamaat-e-Islami – Tomo 1 | |
| 7. | Actas de la Jamaat-e-Islami – Tomo 2 | |
| 8. | La luz de la verdad | Maulana Bashiruzzaman |
| 9. | Maulana Maududi en la tierra del Corán | Muhammad Asim |
| 10. | Las múltiples contribuciones de Maulana Maududi | Abbas Ali Khan |
| 11. | Detrás de la oposición a la Jamaat-e-Islami | Abul Kalam Muhammad Yusuf |
| 12. | El papel de los ulemas en el movimiento de independencia | Zulfiqar Ahmad Kismati |
| 13. | Mawdudi para niños | Sheikh Ansar Ali |
| 14. | Respuesta a las acusaciones contra Maulana Mawdudi | Maulana Abdul Hakim |
| 15. | Examen teórico de las acusaciones contra Maulana Mawdudi | Muftí Muhammad Yusuf |
| 16. | Respuesta a las acusaciones relativas al libro El califato y la monarquía | El juez Malik Ghulam Ali |
| 17. | Cómo vi al Maulana Maududi | El profesor Ghulam Azam |