Aquel cuyo derecho es mayor después del de Allah

El principal deber del ser humano es creer en Allah y obedecerle y adorarle con sinceridad. Inmediatamente después comienza el cumplimiento de los deberes familiares. Cumplir todas estas responsabilidades y pensar en reformar y reorganizar la vida familiar es, por un lado, socialmente necesario y, por otro, también un deber religioso.
Después de la vida familiar comienza el ámbito de la vida genealógica. En esta vida, el lugar más elevado y el derecho más importante corresponden a los padres. La elevada dignidad de los padres y la importancia de sus derechos pueden percibirse incluso en la forma en que el Sagrado Corán los presenta. En diversos pasajes del Sagrado Corán se mencionan los derechos de los padres junto con los derechos de Allah, y junto con la gratitud hacia Allah se concede especial importancia a mostrar gratitud a los padres.
وقضى رَبُّكَ أَلا تَعْبُدُوا إِلَّا إِيَّاهُ وَبِالْوَالِدَيْنِ إِحْسَانًا ، إِمَّا يَبْلُغَنَّ عِنْدَكَ الْكِبَرَ أَحَدُهُمَا أَوْ كِلَهُمَا فَلَا تَقُل لَّهُمَا أفٍّ وَلَا تَنْهَرْهُمَا وَقُل لَّهُمَا قَوْلاً كَرِيمًا وَاخْفِضْ لَهُمَا جَنَاحَ الذُّلِّ مِنَ الرَّحْمَةِ وَقُلْ رَبِّ ارْحَمْهُمَا كَمَا ربيني صغيرا بنی اسرائیل : ٢٣-٢٤
«Y tu Señor ha decretado que no adoréis a nadie excepto a Él y que tratéis bien a los padres. Si uno de ellos o ambos llegan a la vejez estando contigo, no les digas ni siquiera “uf”, ni les reprendas, sino háblales con palabras honorables. Inclínate ante ellos con humildad y misericordia, y di: “¡Señor mío! Ten misericordia de ellos, tal como ellos me criaron con misericordia y afecto paternal cuando era pequeño”» —Sura Bani Israel: 23-24

Al recitar repetidamente estos dos versículos del Sabio Corán y reflexionar sobre ellos, se comprenderán claramente varias cosas:

En primer lugar, después del derecho de Allah, el derecho más importante sobre el creyente es el de los padres. En el Sabio Corán, después de ordenar la unicidad del Señor, la primera instrucción es tratar bien a los padres. Luego, esta exhortación se repite muchas veces en el Corán mediante expresiones semejantes.

En segundo lugar, cuando los padres envejecen, inevitablemente su carácter se vuelve en cierta medida áspero e irritable, y debido a la edad comienzan a decir cosas indeseables. Los musulmanes deben tener en cuenta el carácter áspero de sus padres durante esa etapa de la vejez, soportar con alegría cada una de sus palabras, no responder siquiera con un “uf” cuando algo de lo que dicen les moleste, y no contestarles con reprimendas. Los hijos deben recordar su propia infancia. En aquel tiempo, sin comprender bien las cosas, los atormentaban con toda clase de preguntas innecesarias y palabras sin sentido. Sin embargo, sus padres escuchaban sus palabras con una sonrisa, se alegraban, les respondían con ternura y nunca se irritaban.

En tercer lugar, hay que prestar plena atención al honor y la dignidad de los padres. Al hablar con ellos, se debe cuidar su honra. En la última etapa de la vida, cuando pierden sus fuerzas, es natural que los padres ancianos digan diversas cosas para preservar su dignidad y manifestar su importancia. Insisten innecesariamente en sus opiniones. Se enfadan una y otra vez. Expresan de diversas maneras su descontento. En esta situación hay que comprender las instrucciones del Sagrado Corán. Debemos soportar sus palabras con una sonrisa y nunca, por irritación, pronunciar algo que sea contrario a su honor y dignidad.

En cuarto lugar, en el trato y la conducta hay que ser humildes y bondadosos con ellos. Además de obedecerles, es necesario inclinar la cabeza ante ellos. Hay que escuchar atentamente todas sus instrucciones, cumplirlas y sentirse satisfecho al hacerlo. Cuando, en la vejez, los padres dependen de sus hijos para toda clase de ayuda, es indispensable servirles como un servidor obediente. Pero ninguna palabra ni acción debe manifestar arrogancia ni reproche por el favor realizado. Al contrario, se debe sentir orgullo al mostrarles un respeto filial y agradecer a Allah por haber concedido la oportunidad de servirles.

En quinto lugar, al ver a los padres en una edad de impotencia y debilidad, hay que recordar aquella etapa de la propia infancia en la que el niño es extremadamente débil, indefenso y dependiente. Entonces, los padres crían al niño con gran ternura, amor y atención, soportando toda clase de sufrimientos y dificultades. Se alegran con la alegría del niño y se angustian al verlo sufrir. Al recordar la situación de la infancia, impulsado por las emociones de amor y misericordia, debe elevar las manos para suplicar repetidamente y decir espontáneamente: “¡Oh Señor! Así como durante nuestra infancia ellos nos criaron con ternura y amor, entregando todo su ser, ten misericordia también de ellos y alivia sus dificultades”.

Lo que se ha expuesto de manera sumamente concisa y hermosa en estos dos versículos del Corán Majestuoso se encuentra explicado detalladamente en la Sunna o los hadices del Mensajero de Allah, que Allah le bendiga y le conceda la paz.

La importancia de los padres

عن أبي أمامة رضي اللهُ عَنْهُ أَنَّ رَجُلاً قَالَ يَا رَسُولَ اللَّهِ صَلَّى اللَّهُ عَلَيْهِ وَسَلَّمَ مَا
حق الوالدين على ولدهما ؟ قَالَ هما جنتك وبارك ابن ماجه، مشكوة«Hazrat Abu Umamah, que Allah esté complacido con él, narró que un hombre preguntó al Mensajero de Allah, que Allah le bendiga y le conceda la paz: “Oh, Mensajero de Allah, ¿qué derechos tienen los padres sobre sus hijos?”. Él respondió: “Los padres son vuestro Paraíso y vuestro Infierno”».

El significado de esta declaración del Mensajero de Allah, que Allah le bendiga y le conceda la paz, es que nadie puede prescindir de ellos. Además de su importancia en la vida social, su importancia es inmensa también en cuanto a la salvación y el éxito en la vida del Más Allá. Mediante el buen trato, la obediencia y manteniéndolos satisfechos, el hijo puede construir su propia morada en el Paraíso. Por otra parte, al pisotear sus derechos y provocar su descontento, puede convertirse también en combustible del Infierno.

عنْ عَبْدِ اللهِ بْنِ عَمْرٍ رَضِيَ اللهُ عَنْهُ – وَقَالَ قَالَ رَسُولُ اللَّهِ صَلَّى اللَّهُ عَلَيْهِ وَسَلَّمَ، رِضا اللهِ فِي رِضَا الْوَالِدِ وَسُخْطُ اللَّهِ فِي سُخْطِ الْوَالِدِ.
«Hazrat Abd Allah ibn Amr, que Allah esté complacido con él, narró que el Mensajero de Allah, que Allah le bendiga y le conceda la paz, dijo: “La complacencia de Allah se encuentra en la complacencia del padre, y la ira de Allah se encuentra en la ira del padre”».

No se puede alcanzar la complacencia de Allah negando los derechos de los padres. Solo quienes logran mantenerlos satisfechos pueden complacer a Allah. Quienes provocan su ira no pueden escapar de la ira de Allah, y quienes los disgustan disgustarán también a Allah.

عن معاوية بن جامعة أن جَاهِمَة جَاءَ إِلى النَّبِيِّ صَلَّى اللهُ عَلَيْهِ وَسَلَّمَ . فَقَالَ يَا رَسُول الله – أردت أَنْ أَغْزُو، وَقَدْ جِئْتُ اسْتَشِيرُكَ ؟ فَقَالَ هَلْ لَّكَ من أم قال نعم، قَالَ فَالْزَمَهَا فَإِنَّ الْجَنَّةَ عند رجلها – ابن ماجه، نسائ«Hazrat Muawiya, hijo de Hazrat Jāhima, que Allah esté complacido con ambos, narró que Hazrat Jāhima, que Allah esté complacido con él, se presentó ante el Mensajero de Allah, que Allah le bendiga y le conceda la paz, y dijo: “Oh, Mensajero de Allah, deseo participar contigo en la yihad. He venido a consultarte sobre ello. Dime, ¿cuál es tu instrucción al respecto?”. El Mensajero de Allah, que Allah le bendiga y le conceda la paz, le preguntó: “¿Está viva tu madre?”. Jāhima, que Allah esté complacido con él, respondió: “Sí. Alabado sea Allah, está viva”. El Noble Profeta, que Allah le bendiga y le conceda la paz, dijo: “Regresa y permanece al servicio de ella, pues el Paraíso está bajo sus pies”».

La expresión «el Paraíso está bajo sus pies» se ha transmitido con un significado amplio. Esto quiere decir que se le debe mostrar un respeto absoluto y una extrema humildad en la conducta y el comportamiento. Se debe considerar su servicio, realizado con el corazón y el alma, como el medio de la propia salvación.
En el hadiz anterior se ha destacado la obediencia al padre, mientras que en este hadiz se ha explicado la importancia de la obediencia y el servicio a la madre. Este hadiz también se ha narrado mencionando tanto a la madre como al padre en la versión de al-Tabarani. El propio Hazrat Jāhima, que Allah esté complacido con él, dijo: «Me presenté ante el Noble Profeta, que Allah le bendiga y le conceda la paz, y le dije: “Oh, Mensajero de Allah, deseo participar en la yihad. Quiero conocer tu opinión al respecto”. Él dijo: “¿Están vivos tu madre y tu padre?”. Respondí: “Sí. Alabado sea Allah, ambos están vivos”. Él dijo: “Ve y permanece al servicio de ellos, pues el Paraíso está bajo sus pies”».

عن أبي هريرة عن النبي صلى الله عَلَيْهِ وَسَلَّمَ قَالَ رَغمَ أَنْفُهُ ثُمَّ رَعْمَ أَنْفُهُ ثُمَّ رَغمَ أَنْفُهُ، قَبْلَ مَنْ يَا رَسُولَ اللهِ ؟ قَالَ مَنْ أَدْرَكَ وَالدَيْهِ عِنْدَ الْكَبَرِ أَوْ أَحَدَهُمَا ثُمَّ لَمْ يَدْخُلِ الْجَنَّةَ .
“Se ha narrado de Abu Huraira —que Allah esté complacido con él— que el Mensajero de Allah —que la paz y las bendiciones de Allah sean con él— dijo: «¡Que sea humillado, nuevamente humillado y otra vez humillado!». La gente preguntó: «¡Oh, Mensajero de Allah! ¿Quién?». Él respondió: «Aquel que encuentre a sus dos padres, o a uno de ellos, en la vejez y luego no entre en el Paraíso (por servirlos)».

La recompensa mundana de servir a los padres

La mayor recompensa por servir y obedecer a los padres es obtener mediante ello la complacencia de Allah y alcanzar el Paraíso. Esa es la recompensa de la Otra Vida. Sin embargo, Allah Todopoderoso también recompensa en este mundo a quienes sirven sinceramente a sus padres y tienen presentes sus derechos. En cierta ocasión, el Noble Profeta —que la paz y las bendiciones de Allah sean con él— relató personalmente a sus compañeros la cautivadora historia de tres hombres. Dijo: «Una vez, tres hombres viajaban juntos. En el camino los sorprendió una lluvia torrencial. Entraron en una cueva para refugiarse y se sentaron allí. ¡Gloria a Allah! Una gran roca se desprendió de la montaña, cayó sobre la entrada de la cueva y la cerró por completo. Los tres amigos se alarmaron terriblemente, y con razón. Estaba fuera de sus posibilidades mover la roca. Tampoco había allí ninguna persona a quien pudieran llamar para pedir ayuda. Se sentaron desesperados y pensaron que habían sido enterrados vivos y que aquella cueva sería su tumba. Uno de ellos dijo: “No debemos desesperar de la misericordia de Allah. Venid, que cada uno de nosotros invoque a Allah mencionando la mejor obra que haya realizado en su vida. Espero que Allah, mediante Su misericordia, nos libere de esta desgracia”.
Uno de los viajeros comenzó a decir: “¡Oh, Allah! Mis padres eran ancianos y yo tenía hijos pequeños. Durante el día pastoreaba las cabras y, al regresar a casa y ordeñarlas, daba de beber primero a mis padres. Después se lo daba a mis hijos. Un día, por circunstancias, me alejé mucho y tardé bastante en regresar. Cuando llegué a casa por la noche, mis padres ya se habían dormido. Como de costumbre, ordeñé las cabras, llené una copa y fui a situarme junto a la cabecera de mis padres, esperando que despertaran para ofrecerles la leche. Pasó buena parte de la noche. Mis hijos comenzaron a gemir de hambre. Repetidamente venían, se arrojaban a mis pies y pedían leche. Pero no pude soportar darles de beber antes que a mis padres. No podía ser que mis padres permanecieran acostados hambrientos mientras mis hijos comían hasta saciarse y descansaban cómodamente. En resumen, permanecí de pie toda la noche con la copa en la mano. Mis padres siguieron durmiendo y mis hijos, llorando de hambre, continuaron desplomándose. Así pasó toda la noche. ¡Oh, Allah! Si hice esto con mis padres únicamente para obtener Tu complacencia, entonces, con la ayuda de Tu misericordia, aparta esta roca de la entrada de la cueva”.
Apenas dijo esto, la roca se apartó un poco de la entrada de la cueva y el cielo pudo verse claramente. Después, los otros dos viajeros también invocaron a Allah por medio de sus respectivas buenas obras, y Allah abrió la entrada de la cueva mediante Su misericordia.

El buen trato hacia los padres

عَنْ عَبْدِ اللهِ بْنِ مَسْعُودٍ رَضِيَ اللهُ عَنْهُ قَالَ سَأَلْتُ رَسُولَ اللَّهِ صَلَّى اللهُ عَلَيْهِ وَسَلَّمَ أَيُّ الْعَمَلِ أَحَبُّ إِلى اللهِ ؟ قَالَ : الصَّلُوةُ عَلَى وَقْتِهَا -قُلْتُ ثُمَّ أَي ؟ قَالَ : بِرُّ الْوَالِدَيْنِ قُلْتُ، ثُمَّ أَيُّ ؟ قَالَ الْجِهَادُ فِي سَبِيلِ اللَّهِ ای
بخاری، مسلم
“Hazrat Abdullah ibn Masud —que Allah esté complacido con él— dijo: «Pregunté al Mensajero de Allah —que la paz y las bendiciones de Allah sean con él—: “¿Qué buena obra es la más querida por Allah?”. El Mensajero de Allah respondió: “Realizar la oración a su debido tiempo”. Pregunté nuevamente: “¿Y después, cuál es la obra más querida?”. Él respondió: “Tratar bien a los padres”. Pregunté: “¿Y después?”. Él contestó: “Luchar por la causa de Allah”». —Bujari y Muslim

Ningún musulmán desconoce la importancia y la virtud de la oración. Aun así, cabe preguntarse qué importancia puede tener en la religión la buena obra cuya realización el amado Profeta —que la paz y las bendiciones de Allah sean con él— enfatizó junto con una adoración tan importante como la oración. Entre los padres y los hijos existe, naturalmente, un vínculo. El buen trato y el amor entre ellos son algo completamente normal por el vínculo de sangre. Todo creyente ama a sus padres y, en la medida de lo posible, los sirve con todo su corazón. Sin embargo, el sentido del énfasis del amado Profeta —que la paz y las bendiciones de Allah sean con él— es que esta relación no es únicamente de linaje ni de este mundo; también es un asunto religioso. La religión de Allah y la exigencia de obedecer a Allah consisten precisamente en tratar bien a los padres. La orden de Allah y de Su Mensajero —que la paz y las bendiciones de Allah sean con él— es obedecerlos y servirlos, mostrarles respeto y esforzarse por mantenerlos contentos de diversas maneras. Si un musulmán no obedece a sus padres, tampoco obedece a Allah y a Su Mensajero —que la paz y las bendiciones de Allah sean con él—. No solo es culpable ante su linaje y en este mundo, sino que también es culpable ante Allah. Tendrá que rendir cuentas ante Allah.

قَالَ عَبْدُ الله بن عمرو بن العاص رض : أَقْبَلَ رَجُلٌ إِلَى رَسُولِ اللهِ صلى الله عَلَيْهِ وَسَلَّمَ فَقَالَ أَبَايِعُكَ عَلى الهِجْرَةِ وَالْجِهَادِ ابْتَغِي الْآخِرَ مِنْ الله، قَالَ فَهَلْ مِنْ والديك أحد حي ؟ قَالَ نَعَمْ، بَلْ كِلَاهُمَا حَيٍّ، قَالَ فتبتغي الأجر من اللهِ ؟ قَالَ نَعَمْ، قَالَ فَارْجِعُ إِلَى وَالِدَيْكَ فَأَحْسِنُ
صحبتهما – مسلم
“Hazrat Abdullah, hijo de Amr ibn al-As —que Allah esté complacido con él—, dijo: «Un hombre se presentó ante el amado Profeta —que la paz y las bendiciones de Allah sean con él— y dijo: “Te doy mi juramento de emigrar y luchar, buscando su recompensa de Allah”. El Profeta Noble —que la paz y las bendiciones de Allah sean con él— preguntó: “¿Está vivo alguno de tus padres?”. Él respondió: “Sí; más aún, gracias a Allah, ambos están vivos”. Él preguntó: “¿Buscas realmente la recompensa de tu emigración y de tu lucha ante Allah?”. Respondió: “Sí, busco la recompensa de Allah”. El Profeta Noble —que la paz y las bendiciones de Allah sean con él— dijo: “Entonces regresa con tus padres y trátalos bien”». —Muslim

¿Quién puede negar la importancia que se ha concedido en la religión a la emigración y a la lucha? A pesar de ello, si los padres, debido a la vejez, la debilidad o alguna incapacidad, necesitan la ayuda y el servicio de sus hijos, entonces el hijo debe servirlos y procurar proporcionarles comodidad, esperando la recompensa de Allah. En ello se encuentra la complacencia de Allah. En una situación de desamparo como esta, el islam ha calificado permanecer junto a los padres para servirlos como una obra aún mejor que las excelentes obras de emigrar y luchar.

Hazrat Abdullah ibn Amr (que Allah esté complacido con él) narró que un hombre se presentó ante el amado Profeta (que Allah lo bendiga y le conceda paz) para jurarle fidelidad con el propósito de emigrar, dejando a sus padres llorando. Entonces el Mensajero (que Allah lo bendiga y le conceda paz) le dijo: «Ve, regresa junto a tus padres y hazlos felices del mismo modo que los dejaste llorando». —Abu Dawud

También dijo que un hombre se presentó ante el Profeta (que Allah lo bendiga y le conceda paz) con la intención de participar en la yihad. El amado Profeta (que Allah lo bendiga y le conceda paz) le preguntó: «¿Están vivos tus padres?». Él respondió: «Sí, gracias a Allah, están vivos». Entonces dijo: «Ve y continúa sirviéndolos. Eso es la yihad». —Muslim, Abu Dawud

Mostrar respeto hacia los padres

عن أبي سعيد رض أنَّ رَجُلًا مِنْ أَهْلِ الْيَمَنِ هَاجَرَ إِلَى رَسُولِ اللَّهِ صَلَّى اللهُ عَلَيْهِ وَسَلَّمَ فَقَالَ : هَلْ لكَ أحدٌ بِالْيَمَنِ ؟ قَالَ، أَبُولَى، قَالَ أَدْنَالَكَ ؟ قَالَ لا، قَالَ، ارجع اليهما ، فَاسْتَاذِنَهُمَا، فَإِنْ أَدْنَالَكَ فَجَاهِدُ وَإِلَّا فَبِرَهُما – ابوداود«Hazrat Abu Sa’id (que Allah esté complacido con él) narró que un yemení se presentó ante el Mensajero de Allah (que Allah lo bendiga y le conceda paz). El Mensajero de Allah (que Allah lo bendiga y le conceda paz) le preguntó: “¿Tienes a alguien en Yemen?”. Respondió: “Sí, tengo a mis padres”. Le preguntó: “¿Te han dado permiso?”. Respondió: “No”. Entonces le dijo: “De acuerdo, regresa y pídeles permiso a ambos. Si te dan permiso, participa en la yihad; de lo contrario, permanece junto a ellos y continúa tratándolos bien”».

Un hombre recorrió millas y millas para llegar ante el Mensajero (que Allah lo bendiga y le conceda paz). Además, había venido con una intención noble: permanecer junto al Mensajero (que Allah lo bendiga y le conceda paz) y esforzarse por elevar la dignidad de la religión. Sin embargo, él lo hizo regresar únicamente porque no había venido con el permiso de sus padres, y no le permitió participar en una obligación tan importante como la yihad sin el permiso de estos. Al reflexionar sobre este hadiz, se comprende qué clase de reverencia hacia los padres y qué grado de respeto enseña el islam.

El consejo de Hazrat Abu Huraira (que Allah esté complacido con él)

En cierta ocasión, Hazrat Abu Huraira (que Allah esté complacido con él) vio a dos hombres y le preguntó a uno de ellos: «¿Qué relación tienes con este hombre?». Él respondió: «Señor, es mi respetado padre». Entonces le dijo: «Mira, nunca lo llames por su nombre; nunca camines delante de él y nunca intentes sentarte antes que él en ninguna reunión». —Al-Adab al-Mufrad

La recompensa de hablar con voz suave.

Hazrat Taylah ibn Miyath (que Allah esté complacido con él), al relatar un episodio de su vida, dijo: «Una vez fui a la guerra con el ejército. Allí me vi envuelto en algunos actos pecaminosos. A mi parecer, se trataba de un pecado grave. Me angustié mucho y, aprovechando la ocasión, se lo mencioné a Hazrat Abdullah ibn Umar (que Allah esté complacido con él). Él dijo: “Dime, ¿qué ha sucedido?”. Le conté todo con exactitud. Después de escucharme, dijo: “Esto no es un pecado grave; los pecados graves son solamente nueve: asociar copartícipes a Allah, matar injustamente a alguien, dar la espalda a la yihad, acusar falsamente a una mujer casta, consumir usura, apropiarse de los bienes del huérfano, mantener conversaciones blasfemas en la mezquita, burlarse y mofarse de la religión, y hacer llorar a los padres desobedeciéndolos o rebelándose contra ellos”. Después de decir esto, me preguntó: “Hermano, ¿deseas mantenerte alejado del Infierno y entrar en el Paraíso?”. Respondí: “Hazrat, ¿cómo no habría de desearlo? Por Allah, eso es lo que quiero”. Hazrat me preguntó: “Dime, ¿tus padres están vivos?”. Respondí: “Sí. Mi madre está viva”. Entonces dijo: “¡Por Allah! Si hablas con tu madre con dulzura y respeto y atiendes sus necesidades, sin duda entrarás en el Paraíso. Tan solo abstente de los pecados graves”».

La compensación debida a los padres

عن أبي هريرة عن النبي صلى الله عليه وسلَّمَ قَالَ لا يُجْزِى وَلَدٌ وَالدَه إلا أن يجده مملوكا فيشتريه فيعتقه – مسلم، ترمذی، ابو ادود وغیره«Se narró de Hazrat Abu Huraira (que Allah esté complacido con él) que el Profeta (que Allah le bendiga y le conceda la paz) dijo: “Como compensación por el afecto, el amor, la crianza y las dificultades de los padres, si un hijo pudiera hacer algo por ellos, sería que, si encontrara a su padre como esclavo de alguien o a su madre como esclava, los comprara y los liberara”».

La compensación debida a la madre

«Hazrat Abu Huraira (que Allah esté complacido con él) narró que una vez Hazrat Abdullah ibn Umar (que Allah esté complacido con él) vio a un yemení circunvalando la Kaaba llevando a su madre sobre la espalda. Aquel hombre estaba circunvalando la Kaaba y recitaba con gran emoción el siguiente poema».

Soy el camello montado que se mueve a su señal;
cuando su montura huye aterrada, yo no salgo corriendo.

Al ver a Hazrat Abdullah (que Allah esté complacido con él), le preguntó: «Dígame, ya he compensado a mi madre, ¿no es cierto?». Hazrat Abdullah (que Allah esté complacido con él) respondió: «¿La has compensado? Eso ni siquiera compensa uno de sus “¡ay!”».

El comportamiento de Hazrat Abu Huraira (que Allah esté complacido con él) con su madre

En una ocasión, Marwán nombró a Abu Huraira como su sustituto durante algunos días. En aquel tiempo se encontraba en Dhul-Hulayfa. Su madre vivía en otra casa, a cierta distancia. Cada vez que tenía intención de salir, primero iba y se detenía ante la puerta de su madre, y decía: «Querida madre, que la paz, la misericordia y las bendiciones de Allah sean contigo». Su madre respondía desde dentro: «Querido hijo, y que la paz, la misericordia y las bendiciones de Allah sean contigo». Entonces Abu Huraira decía: «Madre, que Allah tenga misericordia de ti, así como durante mi infancia me criaste con cariño y afecto». Ella respondía: «¡Querido hijo! Que Allah tenga misericordia de ti, así como tú me has tratado bondadosamente y me has proporcionado comodidad en mi vejez». Después, cuando regresaba del exterior y entraba en casa, saludaba igualmente a su madre y decía las mismas palabras.

La forma suprema de obedecer a los padres

عَنِ ابْنِ عَبَّاسٍ رَض قَالَ قَالَ رَسُولُ اللهِ صَلَّى اللَّهُ عَلَيْهِ وَسَلَّمَ مَنْ أَصْبَحَ مطيعا الله في والديه أصبح له بابان مفتوحانِ مِنَ الْجَنَّةِ وَإِنْ كَانَ وَاحِدًا فَوَاحِداً وَمَنْ أمسى عاصيا لله في والديه أَصْبَحَ لَهُ بَابَانَ مَفْتُوحَانِ مِنْ النَّارِ وَإِنْ كَانَ وَاحِدًا فَوَاحِداً قَالَ رَجُلٌ وَإِنْ ظَلَمَاهُ قَالَ وَإِنْ ظَلَمَاهُ وَإِنْ ظلْماهُ وَإِنْ ظَلْماهُ – مشكوة«Abdullah ibn Abbas narró que el Mensajero de Allah —que Allah le bendiga y le conceda paz— dijo: “Quien amanezca obedeciendo a Allah con respecto a sus padres, amanecerá con dos puertas del Paraíso abiertas para él. Y si uno de ellos está vivo, con una sola. Y quien anochezca desobedeciendo a Allah con respecto a sus padres, tendrá dos puertas del Infierno abiertas para él. Y si uno de ellos está vivo, una sola”. Un hombre preguntó: “¿Aunque ambos lo traten injustamente?”. Él respondió: “Aunque lo traten injustamente”. “Aunque lo traten injustamente”. “Aunque lo traten injustamente”» —Mishkat.

El Noble Profeta —que Allah le bendiga y le conceda paz— adoptó este modo de exposición para insistir en el buen trato hacia los padres. Así, ante el creyente se hace evidente que la obediencia debe ser únicamente para Allah. No es lícito obedecer a nadie fuera de Allah. La obediencia a los padres y el buen trato hacia ellos se deben a que Allah ha explicado los derechos de los padres y ha ordenado respetarlos y servirlos. El creyente jamás obedecerá a sus padres en un asunto que implique desobedecer a Allah.

El significado de mantener un buen trato hacia los padres a pesar de sus excesos es que, aunque debido a su temperamento severo los padres sigan haciendo exigencias difíciles de cumplir para el hijo, o le impongan cada vez más esfuerzo sin considerar los límites de su resistencia, o le reclamen más recursos económicos de los que puede permitirse, los hijos deben dominar sus emociones y, haciendo un esfuerzo, continuar sirviéndolos y tratándolos bien.

Aunque en tal situación la obediencia no sea obligatoria para el hijo —pues Allah no impone a nadie una carga superior a su capacidad—, esta es, aun así, la forma suprema de obedecer a los padres. El hijo entregará su vida al servicio de sus padres incluso más allá de sus propias posibilidades y renunciará a todo para mantenerlos satisfechos y proporcionarles comodidad.

Sin embargo, si exigen algo que perjudique los derechos de otra persona, cuyos efectos desagradables recaigan sobre otra persona o que contradiga algún mandato de Allah, entonces no se les debe obedecer. Por ejemplo, si impiden que alguien reciba sus derechos económicos, o si, movidos por una enemistad puramente personal o por obstinación, quieren obligar a una hija a separarse sin motivo de un esposo que no escatima en cumplir los derechos islámicos de su esposa, o le impiden servirlo y obedecerlo, entonces no es obligatorio obedecer a tales padres. Cumplir los derechos económicos de otra persona es obligatorio, y no hacerlo es un pecado grave. Allah solo perdona este tipo de pecado si el titular del derecho lo perdona.

También debe tenerse presente algo respecto al servicio y la obediencia al esposo, o a mantener la relación con él: establecer el vínculo matrimonial, el amor mutuo entre los esposos y su buena relación son actos sumamente apreciados por Allah. El Islam insiste en conservar esta relación a cualquier precio.

Sin duda, obedecer a los padres es obligatorio, pero esta obediencia está subordinada a la obediencia a Allah. No es una obediencia independiente. Obedecer a los padres apartándose de la guía, los mandamientos, las exigencias y los intereses legítimos de la religión no es obediencia a Allah, sino desobediencia a Allah. Ningún creyente puede esperar recompensa por una obediencia de este tipo; lo que le corresponde es el castigo.

El Mensajero de Allah —que Allah le bendiga y le conceda paz— dijo: «Si se obedece a uno de ellos, queda abierta una puerta del Paraíso». Esto no significa que, si uno de los padres fallece y ya no existe la posibilidad de obedecerlo y servirlo, para tal hijo solo quede abierta una puerta. Más bien, significa que, si obedece a uno de los padres y mantiene descontento al otro, una puerta del Paraíso queda abierta por obedecer al primero, mientras que una puerta del Infierno queda abierta por desobedecer al segundo. Si uno de los dos parte de este mundo y fue obedecido durante su vida, la puerta abierta como recompensa por esa obediencia permanecerá abierta; no se cerrará.

El hadiz advierte que, si alguien obedece a uno de ellos y mantiene descontento al otro mediante sus actos, eso no es correcto. Por obedecer a uno, Allah mantiene abierta la puerta del Paraíso. Pero por desobedecer al otro, se dispone que la puerta del Infierno permanezca abierta. No puede ser el proceder correcto de un creyente sentirse seguro respecto al servicio y la obediencia a uno después de obedecer al otro. Él desea alcanzar la complacencia de Allah sirviendo y obedeciendo a ambos.

El rechazo a obedecer a los padres

Aunque se insiste en la importancia de los derechos de los padres en la vida social, así como en obedecerlos y expresarles gratitud, a veces se presenta una situación en la que usted puede negarse a obedecerlos. Puede apartarse de sus palabras para cumplir con las exigencias de la sharía. En el islam, el derecho a ser obedecido pertenece únicamente a Allah. Solo puede obedecer a otras personas cuando Allah ha permitido obedecerlas, y únicamente en aquello que sea lícito o permitido. Si obedece a alguien desobedeciendo a Allah, será pecador, y esa obediencia suya constituirá desobediencia a Allah. Permanecer obediente a los padres en la obediencia a Allah es un medio para obtener la complacencia de Allah; del mismo modo, obedecerlos en la desobediencia a Allah provoca la indignación de Allah.
En relación con los derechos de los padres existe un hadiz famoso de Hazrat Abdullah ibn Umar, que Allah esté complacido con él. Este hadiz está relacionado con una cuestión sumamente delicada y grave de la vida social, y muchas veces la gente cae en una idea equivocada por las palabras aparentes del hadiz. Es necesario comprender profundamente la verdadera intención del Mensajero de Allah, que Allah le bendiga y le conceda paz, y no adoptar, por una idea equivocada, una medida que llegue a convertirse en causa de desobediencia a Allah y a Su Mensajero, que Allah le bendiga y le conceda paz. El hadiz es el siguiente:

عن ابن عمر رض قال كان تحتى إمرأة أحبُّهَا وَكَانَ عُمَرُ يَكْرَهُهَا فَقَالَ لِي طلقها فَأَبَيْتُ فَأَتَى عُمَرُ رَسُولَ اللهِ صَلَّى اللَّهُ عَلَيْهِ وَسَلَّمَ فَذَكَرَ ذَالِكَ لَهُ فَقَالَ لِي رَسُولُ الله صلى الله عَلَيْهِ وَسَلَّمَ طَلَّقَها – ابو داود، ترمذی
نسائی، ابن ماجه«Hazrat Abdullah ibn Umar, que Allah esté complacido con él, narró: Yo tenía una esposa a quien amaba mucho, pero Hazrat Umar, que Allah esté complacido con él, la desaprobaba. Entonces me dijo: “Divórciate de ella”. Me negué. Después, Hazrat Umar, que Allah esté complacido con él, acudió al Mensajero de Allah, que Allah le bendiga y le conceda paz, y le relató todo lo sucedido. El Mensajero de Allah, que Allah le bendiga y le conceda paz, me dijo: “Abdullah, divórciate de ella”». —Abu Dawud, Tirmidhi, Nasai e Ibn Mayah

Este hadiz le exige con firmeza que obedezca plenamente a sus padres y que ni siquiera dé cabida en su corazón a la idea de desobedecerlos. Sin embargo, tampoco es correcto considerar, a partir de esto, que la obediencia a los padres carece de condiciones o impedimentos. Por las palabras aparentes del hadiz, algunas personas caen en la equivocada idea de que los padres tienen también el derecho de ordenar al hijo que se divorcie de su esposa cuando lo deseen. Incluso si su esposa es piadosa y obediente, podrían ordenarle que se divorcie de ella. Y cuando quieran, podrían ordenar a la hija que rompa su relación con su esposo, aun si este es piadoso. Aunque no exista ninguna causa legítima para romper la relación, habría que hacerlo simplemente por orden de los padres.
Esta es una idea gravemente equivocada. No tiene ninguna correspondencia real con la sharía ni relación alguna con sus enseñanzas fundamentales. Para comprender un hadiz y conocer la verdadera intención del Santo Mensajero de Allah, que Allah le bendiga y le conceda paz, es necesario entenderlo y asimilarlo a la luz de las enseñanzas fundamentales del Corán y la Sunna y de la naturaleza general de la religión, de modo que concuerde con la explicación manifiesta del Corán y la Sunna y sea compatible con las enseñanzas básicas de la religión.
Este acontecimiento se refiere al segundo califa, Hazrat Umar, que Allah esté complacido con él. Él había asimilado por completo el espíritu de la religión. Sus ojos habían contemplado la religión corporal en acción. Conocía plenamente la naturaleza de la religión. También sabía que una buena relación entre esposo y esposa es más importante incluso que los actos voluntarios de adoración, y que el islam insiste en preservar esa relación a cualquier precio. Solo permite romper esta relación sagrada cuando, en realidad, continuarla amenaza con hacer surgir una fitna religiosa y social mayor. También sabía perfectamente que, al romperse esta relación, solo se alegra aquel Satanás sobre quien pesa la maldición eterna de Allah. Él detestaba a su nuera y no deseaba que permaneciera con su hijo. Piénselo: ¿por qué una persona tan conocedora de la religión como Hazrat Umar, que Allah esté complacido con él, no apreciaba a su propia nuera? ¿Puede imaginarse que tuviera una enemistad personal con ella y que quisiera, por algún objetivo mundano, privarla de la protección de su esposo? ¿O que, debido a alguna desobediencia de su nuera, se hubiera empeñado en que no cejaría hasta que se produjera el divorcio? ¿Podría una mujer conocedora de la piedad de los compañeros pensar algo así de Hazrat Umar Faruq, que Allah esté complacido con él, el mismo Hazrat Umar, que Allah esté complacido con él, que sacrificó todo cuanto poseía por la religión?
Es más claro que la luz del día que, sin duda, tenía ante sí un objetivo religioso mayor y que insistió ante su hijo para que se divorciara por alguna consideración moral y social. No lo hizo simplemente diciendo: “Soy tu padre. Por el honor de ser tu padre puedo hacer que te divorcies incluso sin motivo, y, tengas o no culpa, estás obligado a permanecer obediente a mí”.
Por otro lado, Hazrat Abdullah, que Allah esté complacido con él, era por sí mismo un joven piadoso. También estaba plenamente familiarizado con la religión. Observaba con mente y corazón la Sunna del Mensajero de Allah, que Allah le bendiga y le conceda paz. Sus pensamientos se habían formado bajo la educación del Mensajero de Allah, que Allah le bendiga y le conceda paz. Conocía completamente los derechos de los padres y la importancia de obedecerlos. Nadie podía siquiera imaginar que él pudiera desobedecer a sus padres. Cuando Hazrat Umar, que Allah esté complacido con él, le pidió que se divorciara, no le dijo: “Al negarte a obedecer, te has rebelado contra tu padre”. Más bien presentó el asunto ante el Mensajero de Allah, que Allah le bendiga y le conceda paz. Desde aquella presencia se habían emitido en distintas ocasiones y con diferentes expresiones órdenes de tratar bien a las esposas y cumplir durante toda la vida las promesas hechas a ellas, aunque ello exigiera soportar alguna dificultad. Después de reflexionar sobre el asunto, el Mensajero de Allah, que Allah le bendiga y le conceda paz, coincidió con la opinión de Hazrat Umar, que Allah esté complacido con él, y ordenó a Hazrat Abdullah, que Allah esté complacido con él, que se divorciara.

Cuando reflexione sobre este hadiz a la luz de la naturaleza de la religión y del Corán y la Sunna, llegará precisamente a esta conclusión: ese es el significado del hadiz. La naturaleza de la religión también lo exige, y las enseñanzas del Corán y la Sunna dicen lo mismo. ¿Puede concederse a los padres el derecho de ordenar al hijo que se divorcie, haya o no una razón legítima para ello, ignorando la orientación clara de la religión únicamente por las palabras manifiestas del hadiz? ¿O puede obligarse a la hija, por orden de sus padres, a separarse de su esposo mediante el jul‘?
Si la obediencia a los padres estuviera libre de toda restricción y condición de este tipo, cada día se destruirían miles de hogares debido a las futuras disputas entre suegras y nueras, y miles de mujeres y hombres inocentes perderían la tranquilidad de sus vidas. La sharía de Allah no existe para que sea utilizada para satisfacer intereses personales, enemistades, ira o ambiciones individuales. No existe para que, cuando los padres lo deseen, se prive con su ayuda a una mujer inocente del amor y la protección de su esposo, ni para obligar a un joven inocente a verse privado del afecto y el amor de una esposa piadosa.
Exigir al hijo una obediencia de este tipo, y además contraria a la razón, sería sumamente cruel y severo. La justicia indica que la religión no puede exigir al hijo semejante obediencia. Al discutir este asunto, Mulla Ali Qari, que Allah tenga misericordia de él, explicó claramente, mediante un ejemplo, que si los padres ordenan al hijo divorciarse de su esposa, no es obligatorio para él cumplir esa orden. El famoso muhaddiz y jurista, el honorable Izzuddin Shafi‘i, que Allah tenga misericordia de él, afirmó que la obediencia a los padres no es obligatoria para el hijo en todos los asuntos. Es decir, no es obligatorio para el hijo cumplir todo lo que sus padres ordenen o prohíban. ¿Quién puede negar la importancia que la religión concede a la obediencia a los padres y a mostrarles gratitud? Pero eso no significa, en absoluto, que sea obligatorio obedecerlos en todo asunto lícito o ilícito. Las cuestiones del divorcio y del jul‘ son de naturaleza sumamente delicada y tienen consecuencias de largo alcance. Sus efectos no recaen únicamente sobre el hombre que se divorcia y la mujer que solicita el jul‘; muchos inocentes también sufren sus dolorosas consecuencias. Tienen que padecerlas durante toda la vida.

Toda esta discusión se aplica únicamente cuando los padres obligan a divorciarse o a solicitar el jul‘ sin una razón beneficiosa y razonable conforme a la sharía. Si percibe que la orden de sus padres no se debe a una enemistad personal, obstinación o motivo mundano, sino que se ha dado por una razón religiosa o social, entonces no puede desobedecerla bajo ninguna circunstancia. En ese caso, cumplirla con todo su corazón y su alma se convierte en una obligación para usted. Nunca le está permitido dar prioridad a sus deseos personales sobre la obediencia a ellos ni presentar como excusa su amor. Entre los derechos importantes de sus padres y las exigencias de la obediencia hacia ellos está que sacrifique su propio amor, sus deseos, sus inclinaciones y aversiones personales, y que encuentre su felicidad en la satisfacción de ellos.

El consejo de Abu al-Darda, que Allah esté complacido con él

Se encuentra otro hadiz que respalda esta idea. «Un hombre acudió a Abu al-Darda, que Allah esté complacido con él, y dijo: “Mi padre insistió mucho en que me casara, pero ahora me ordena divorciarme de mi esposa”. Abu al-Darda, que Allah esté complacido con él, dijo: “Hermano, no te digo que desobedezcas a tus padres, pero tampoco te digo que te divorcies de tu esposa. Sin embargo, si quieres, puedo transmitirte lo que escuché del Mensajero de Allah, la paz y las bendiciones de Allah sean con él. Escuché al Mensajero de Allah, la paz y las bendiciones de Allah sean con él, decir: ‘El padre es la mejor de las puertas del Paraíso’. Si queréis, conservadla para vosotros; y si queréis, desatendedla».- Ibn Hibban

Este aspecto del hadiz merece reflexión. El interlocutor acudió y dijo claramente: «Mi padre me ha ordenado divorciarme». Sin embargo, Abu al-Darda, que Allah esté complacido con él, no respondió explícitamente: «Como tu padre lo dice, divórciate, pues obedecerle es obligatorio». Más bien dijo: «No te digo que desobedezcas a tus padres, pero tampoco te digo que te divorcies de tu esposa». Si en este asunto la obediencia hubiera sido incondicionalmente obligatoria, Abu al-Darda, que Allah esté complacido con él, habría dicho claramente: «Divórciate y obedece a tus padres». Abu al-Darda, que Allah esté complacido con él, transmitió con gran sabiduría y prudencia las palabras del Mensajero de Allah, la paz y las bendiciones de Allah sean con él, y animó al interlocutor a reflexionar por sí mismo sobre el asunto. Naturalmente, debía cuidar también de no cometer una injusticia contra sus padres, pues obedecerlos es un medio para alcanzar el Paraíso.

Qué hacer después del fallecimiento de los padres

عن أبي أسيد قَالَ كُنَّا عِندَ النَّبِيِّ صَلَّى اللَّهُ عَلَيْهِ وَسَلَّمَ فَقَالَ رَجُلٌ يا رسول الله هل بقى من برابوى شيء بعد موتهما أبرهُمَا قَالَ نَعم . خصال أربع الدعاء لَهُمَا، وَالاسْتِغْفَارُ لَهُمَا وَأَنْفَاذُ عَهْدِهِمَا وَأَكْرِمْ صديقهما وصلة الرحم التي لارحم لك الا من قبلهما.
«Abu Usaid, que Allah esté complacido con él, dijo: Estábamos en presencia del Profeta, la paz y las bendiciones de Allah sean con él. Un hombre preguntó: “Oh, Mensajero de Allah, ¿existe alguna manera de seguir tratándolos bien después de la muerte de mis padres?”. El Profeta, la paz y las bendiciones de Allah sean con él, respondió: “Sí. Hay cuatro formas: (1) suplicar por ellos y pedir perdón por ellos; (2) cumplir las promesas que hicieron y sus legados lícitos; (3) honrar y atender a los amigos del padre y a las amigas de la madre; y (4) mantener los vínculos de parentesco y tratar bien a quienes son vuestros parientes por parte de vuestros padres”.»- Al-Adab al-Mufrad

Los padres soportan dificultades para criar y educar a sus hijos, y los cuidan día y noche. En realidad, aunque les sirviera durante toda su vida como un esclavo o una sirvienta, nunca podría cumplir plenamente el derecho que tienen a ser atendidos. Por ello, el creyente trata bien a sus padres durante toda su vida. Pero cuando los padres parten de este mundo, continúa pensando: «¡Ay de mí! No he podido hacer nada por ellos». Por eso, después de su muerte, desea encontrar alguna manera de alegrar sus almas. Un hombre preguntó al Mensajero de Allah, la paz y las bendiciones de Allah sean con él, acerca de los sentimientos profundos de un creyente así. Él respondió que también es posible tratar bien a los padres después de su fallecimiento, y explicó las maneras de hacerlo.

Uno: Súplica e istighfar: Después de la oración y en otros momentos, supliquen a Allah entre lágrimas: «¡Oh Allah! Perdona a mis padres. Cubre sus pecados y concédeles aquello que concedes a Tus siervos y siervas piadosos. ¡Oh Allah! Cuando dependíamos de su ayuda, afecto y crianza, ellos lo sacrificaron todo por nosotros. Renunciaron durante el día a su comodidad y durante la noche a su descanso por nosotros. ¡Oh Señor! Ahora se encuentran ante Ti. En nuestra infancia, cuando estábamos indefensos, dependíamos de ellos. Ahora necesitan aún más que en aquel tiempo Tu misericordia y Tu benevolencia. ¡Oh Señor! Concédeles la sombra de Tu misericordia y dales refugio en el Paraíso, la morada de Tu complacencia».

Hazrat Abu Huraira, que Allah esté complacido con él, narró que, cuando después de la muerte se eleva el rango del difunto, este pregunta asombrado: «¿Cómo ocurrió esto?». Entonces se le dice de parte de Allah: «Tus hijos han continuado suplicando por ti y pidiendo tu perdón, y Allah lo ha aceptado». Hazrat Abu Huraira, que Allah esté complacido con él, también narró que el Mensajero de Allah, que Allah le bendiga y le conceda paz, dijo: «Cuando una persona muere, cesa la posibilidad de realizar obras. Solo hay tres cosas que continúan beneficiándola después de su muerte: primero, la sadaqa yariya; segundo, el conocimiento extenso que dejó y del cual la gente se beneficia; y tercero, los hijos piadosos que piden perdón por ella».

Hazrat Ibn Sirin, que Allah tenga misericordia de él, fue un célebre venerable tabií. Al narrar una historia, dijo: «Una noche estábamos en presencia de Hazrat Abu Huraira, que Allah esté complacido con él. Él levantó las manos para suplicar y dijo humildemente: “¡Oh Señor! Perdona a Abu Huraira; ¡oh Señor! Perdona a la madre de Abu Huraira; y ¡oh Señor! Perdona a todos aquellos que suplican por el perdón de Abu Huraira y de su madre”. Hazrat Ibn Sirin, que Allah tenga misericordia de él, dijo: “Nosotros continuábamos suplicando el perdón para Abu Huraira, que Allah esté complacido con él, y para su madre, para quedar incluidos en la súplica de Abu Huraira, que Allah esté complacido con él”».

Dos: Cumplir las promesas y los legados de los padres: Mientras están vivos, los padres pueden haber hecho promesas a muchas personas. Pueden haber prometido algo en distintos asuntos y, al momento de morir, pueden haber dejado ciertos legados.
Después del fallecimiento de los padres, queda para el hijo una forma de tratarles con bondad y rectitud: cumplir las promesas que hicieron y sus legados. De este modo, debe continuar esforzándose por alegrar sus almas. Sin embargo, solo deben cumplirse sus legados permitidos y legales. Si también se cumple un legado ilícito, eso no será un acto de bondad hacia ellos, sino un mal comportamiento.
Si los padres habían prometido ayuda económica a alguien o habían querido donar algo a una persona, pero no tuvieron la oportunidad de hacerlo en vida; o si habían hecho un voto, pero fallecieron antes de cumplirlo; o si tenían una deuda; o si no tuvieron la oportunidad de hacer un legado, aunque usted sabe que, de haber tenido la oportunidad, ciertamente lo habrían hecho; o si no dejaron ningún legado: si usted da caridad en su nombre, todo ello será un acto de bondad hacia ellos. Así, incluso después de su fallecimiento, puede obtener durante toda su vida la complacencia de Allah tratándoles con bondad.
Hazrat Abdullah ibn Abbas, que Allah esté complacido con él, narró que un hombre preguntó al Mensajero de Allah, que Allah le bendiga y le conceda paz: «¡Oh Mensajero de Allah! Mi madre ha fallecido y no dejó ningún legado. Si doy algo en caridad en su nombre, ¿la beneficiará?». El amado Profeta, que Allah le bendiga y le conceda paz, respondió: «Sí, sí. ¿Por qué no?».

Hazrat Abdullah, que Allah esté complacido con él, también narró que Hazrat Asyad ibn Ubada, que Allah esté complacido con él, dijo al Mensajero de Allah, que Allah le bendiga y le conceda paz: «¡Oh Mensajero de Allah! Mi madre había hecho un voto, pero falleció antes de cumplirlo. ¿Puedo cumplir este voto en su nombre?». El Profeta, que Allah le bendiga y le conceda paz, respondió: «¿Por qué no? Cumple el voto en su nombre».

Tres: La relación con las amigas de la madre y los amigos del padre: Después del fallecimiento de los padres, la tercera forma de tratarles es comportarse con bondad y amabilidad con las amigas de la madre y los amigos del padre. En la vida social, también hay que respetarlos como a las personas venerables. Debe mostrarse respeto por sus opiniones. Es necesario incluirlos en las consultas sobre diversos asuntos y tratarles siempre con amabilidad y respeto.
En una ocasión, el Noble Profeta, que Allah le bendiga y le conceda paz, dijo: «Tratar bien a los amigos del padre es la forma más hermosa de bondad».

Las prácticas de los nobles Compañeros, que Allah esté complacido con ellos

En una ocasión, Hazrat Abu Darda, que Allah esté complacido con él, enfermó y su enfermedad continuó agravándose, hasta que ya no quedó esperanza de que sobreviviera. En ese momento, Hazrat Yusuf ibn Abdullah, que Allah esté complacido con él, viajó desde tierras lejanas y se presentó para atenderlo. Al verlo, Hazrat Abu Darda, que Allah esté complacido con él, preguntó sorprendido: «¿Cómo has venido hasta aquí?». Yusuf ibn Abdullah, que Allah esté complacido con él, respondió: «Hazrat, he venido aquí únicamente para atenderle, pues entre mi respetado padre y usted existía una relación profunda».
En una ocasión, Hazrat Abdullah ibn Umar, que Allah esté complacido con él, se encontraba de viaje. Entonces se encontró con un beduino de La Meca. El beduino reconoció muy bien a Hazrat Ibn Umar, que Allah esté complacido con él, y le preguntó: «¿Es usted hijo de Hazrat Umar?». Hazrat Ibn Umar respondió: «Sí, soy su hijo». Entonces se quitó el turbante de la cabeza, se lo entregó al hombre y lo hizo sentarse respetuosamente sobre su propio asno. Hazrat Ibn Dinar dijo: «Todos observamos aquello con asombro y después dijimos: “¡Hazrat! Él no es más que un beduino, un aldeano. Si le hubieras dado dos dírhams, habría sido suficiente para satisfacerlo”». Hazrat Abdullah, que Allah esté complacido con él, respondió: «Hermano, su padre era amigo de Hazrat Umar, que Allah esté complacido con él, y el Mensajero de Allah, que Allah le bendiga y le conceda paz, dijo: “Honren a los amigos del padre y no permitan que esta relación se extinga; de lo contrario, Allah Altísimo apagará vuestra luz”».

Hazrat Abu Burdah, que Allah esté complacido con él, dijo: «Cuando llegué a Medina, Hazrat Abdullah ibn Umar, que Allah esté complacido con él, vino a verme y comenzó a decir: “Abu Burdah, ¿sabes por qué he venido a ti?”. Abu Burdah, que Allah esté complacido con él, respondió: “Hazrat, no lo sé”. Hazrat Abdullah, que Allah esté complacido con él, dijo: “Escuché al Mensajero de Allah, que Allah le bendiga y le conceda paz, decir: ‘Quien desee tratar bien en la tumba a su propio padre debe tratar bien, después de la muerte de su padre, a sus amigos’. Luego dijo: ‘Hermano, entre mi padre, Hazrat Umar, que Allah esté complacido con él, y su padre existía una relación de hermandad y amistad. Quiero cumplir sus derechos como muestra de respeto a esa amistad’”. —Ibn Hibban

Cuatro: Tratar bien a los parientes de los padres: La cuarta forma de comportarse después del fallecimiento de los padres consiste en tratar bien a sus parientes: los parientes del lado materno, como las tías maternas, los tíos maternos, las abuelas y los abuelos maternos, entre otros; y los parientes del lado paterno, como los tíos paternos, las tías paternas, los abuelos y las abuelas paternos, etc. Prescindir de todos estos parientes y mostrarse indiferente hacia ellos equivale, en realidad, a prescindir de los padres; y un creyente o una creyente no puede comportarse con indiferencia hacia sus padres. El Mensajero de Allah, que Allah le bendiga y le conceda paz, dijo: «Nunca os comportéis con indiferencia hacia vuestros padres ni hacia vuestros abuelos. Comportarse con indiferencia hacia los padres equivale a ser ingrato con Allah».

La recompensa de suplicar por los padres

عن أنس قَالَ قَالَ رَسُولُ اللهِ صلَّى اللهُ عَلَيْهِ وَسَلَّمَ إِنَّ الْعَبْدَ لَيَمُوتُ وَالِدَاهُ أَوْ أَحَدُهُمَا وَإِنَّهُ لَهُمَا لَعَاقَ فَلَا يَزَالُ يَدْعُولَهُمَا وَيَسْتَغْفِرْ لَهُمَا حَتَّى يكتبَهُ اللهُ بَارًا«Se narró de Hazrat Anas, que Allah esté complacido con él, que el Mensajero de Allah, que Allah le bendiga y le conceda paz, dijo: “Si una persona desobedece a sus padres durante toda su vida y después fallece su padre o su madre, o ambos, debe continuar suplicando por sus padres y pidiendo perdón por ellos. Como resultado, Allah, por Su misericordia, lo inscribe entre las personas virtuosas”».

Es necesario mantener durante toda la vida la obediencia a los padres, tratarlos bien y continuar esforzándose por mantenerlos complacidos. Sin embargo, si, a pesar de todos los esfuerzos, no quedan satisfechos y parten de este mundo estando descontentos, la puerta de la misericordia de Allah sigue abierta y la reparación aún es posible. Como consecuencia de suplicar continuamente por ellos y pedir perdón por ellos, cabe esperar que Allah el Altísimo perdone los errores y os cuente entre Sus mejores siervos. Ningún siervo creyente debe desesperar de la misericordia de Allah. Cuando surge en el corazón de un siervo el impulso de arrepentirse, Él se apresura a aceptarlo y dispone todos los medios para fortalecer ese impulso y hacer que influya en su vida. Sin embargo, no es correcto extraer de este hadiz la idea equivocada de que se puede desobedecer a los padres mientras están vivos y, después de su muerte, obtener la misericordia de Allah mediante súplicas y petición de perdón. Lo correcto es servirles mientras están vivos, mantenerlos complacidos y procurar así la complacencia de Allah.

Una mirada de amor hacia los padres

عَنِ ابْنِ عَبَّاسٍ رَض أَنَّ رَسُولَ اللهِ صلَّى اللهُ عَلَيْهِ وَسَلَّمَ قَالَ مَا مِنْ وَلَدٍ
بار ينظر إلى والديه نظرة رحمة إلا كتب اللهُ لَهُ بِكُلِّ نَظَرَةٍ حَجَّة مبرورة قَالُوا إِنْ نَظَرَ كُلِّ يَوْمٍ مِائَةَ مَرَّةٍ قَالَ نَعَمُ وَاللَّهُ أَكْبَرُ وَأَطيبُ – مسلم«Hazrat Ibn Abbas, que Allah esté complacido con él, narró que el Mensajero de Allah, que Allah le bendiga y le conceda paz, dijo: “A todo hijo virtuoso que mire una vez a sus padres con una mirada de amor, Allah le concede, a cambio de cada mirada, la recompensa de un hayy aceptado”. La gente preguntó: “Mensajero de Allah, ¿y si alguien los mira cien veces en un día con una mirada de misericordia y amor?”. Él respondió: “Sí, aunque los mire cien veces”. Allah es mucho más grande y más puro de lo que imagináis».

El sentido es que la misericordia y la magnanimidad de Allah son tan inmensas que Él puede conceder aún más. Si un hijo mira cien veces durante el día a sus padres con una mirada de misericordia y amor, Allah puede concederle incluso la recompensa de cien hayy. Él es mucho más grande y honorable que todo cuanto el ser humano pueda imaginar acerca de Allah. El ser humano piensa teniendo presentes sus propias capacidades. Por eso, recibir una recompensa tan grande le parece imposible y cae víctima de una idea equivocada. Pero no es correcto albergar una idea equivocada semejante acerca de Allah. Él es puro y está libre de toda concepción errónea. Ese Ser misericordioso puede conceder tanto que la imaginación humana ni siquiera es capaz de alcanzar tal magnitud.

Ayuda económica a los padres

يسْأَلُونَكَ مَاذَا يُنفِقُونَ ط قُلْ مَا أَنفَقْتُمْ مِنْ خَيْرٍ فَللوالدين .
«La gente te pregunta qué deben gastar o aportar. Di en respuesta: cualquier riqueza que gastéis, quienes tienen el primer derecho sobre ella son los padres»—sura Al-Baqara, 215.

Del mismo modo que en el Corán y la Sunna se ha enfatizado la importancia de servir a los padres, obedecerlos y tratarlos bien, también se ha insistido en que no es correcto ahorrar riquezas sin gastar en ellos. Más bien, hay que gastar primero en ellos. Y si están necesitados, pueden tomarlo incluso por la fuerza. Si alguien, aunque no sea negligente en servir y obedecer a sus padres, no quiere gastar dinero en ellos, eso tampoco será correcto. Así como los hijos tienen derechos sobre ellos, los padres también tienen derechos sobre los bienes de sus hijos.

El derecho del padre sobre los bienes de su hijo

En una ocasión, un hombre acudió ante el amado Profeta, que Allah le bendiga y le conceda paz, y se quejó de su padre diciendo: «Él toma mis bienes cuando quiere». El Mensajero de Allah, que Allah le bendiga y le conceda paz, mandó llamar al padre de aquel hombre. Llegó un anciano débil, apoyándose en un bastón. Cuando empezó a preguntarle por todo, el anciano dijo: «¡Oh, Mensajero de Allah! Hubo un tiempo en que este débil era aún más indefenso y yo tenía fuerza. Yo era rico y él no tenía ni un céntimo. Nunca le impedí tomar mis bienes. Hoy yo soy débil y él es fuerte y vigoroso. Yo no tengo ni un céntimo y él es rico. Ahora no me da de sus bienes». Al oír esto, la Misericordia de los mundos, que Allah le bendiga y le conceda paz, rompió a llorar y dijo: «Tú y tus bienes pertenecéis a tu padre. Tú y tus bienes pertenecéis a tu padre».

La preocupación por las deudas de los padres

Hazrat Abd Allah ibn al-Zubayr, que Allah esté complacido con él, era un hombre sumamente ocupado. A pesar de ello, no descuidó el servicio a sus padres ni sus derechos. Así como cuidó de ellos durante su vida, también después de su muerte prestó plena atención a sus derechos. Hazrat al-Zubayr, que Allah esté complacido con él, era un hombre muy acomodado. Por lo general, cuando muere una persona rica, inmediatamente después de su muerte sus herederos empiezan a preocuparse por sus propias partes. Pero él no se preocupó lo más mínimo por su parte, como lo hacen los mundanos comunes. Sin embargo, según la herencia, le correspondían millones. Su única preocupación era si su padre habría quedado endeudado con alguien. En efecto, lo primero que hizo fue pagar las deudas de su padre con los bienes que este había dejado. Después de pagar las deudas, los demás herederos empezaron a instar a que se repartiera la herencia y a presentar sus reclamaciones. Pero Hazrat Abd Allah impidió el reparto de la herencia. Dijo que durante cuatro años continuaría anunciando, en la temporada del Hayy, la cuestión de las deudas de su padre. Si hubiera algún acreedor, podría cobrar lo que se le debía. Podía haber algún acreedor. Después de hacer anuncios de ese modo durante cuatro años, repartiría la herencia.

De este modo, logró que los demás aceptaran retrasar cuatro años el reparto de la herencia y, mediante anuncios realizados durante la temporada del Hayy, consiguió que miles de personas suplicaran y pidieran perdón por su padre.

Las bendiciones de servir a los padres

عن أنس بن مَالِكٍ رَضِيَ اللهُ عَنْهُ قَالَ : قَالَ رَسُولُ اللَّهِ صَلَّى اللَّهُ عَلَيْهِ وَسَلَّمَ مَنْ سَرَّهُ أَن يُعدَّ لَهُ فِي عُمُرِهِ وَيُزَادُ لَهُ فِي رِزْقِهِ فَلْيَبَرُ وَالدَيْهِ وليصل رحمه – احمد، الترهيب والترغيب«Anas bin Malik, que Allah esté complacido con él, narró que el Mensajero de Allah, que Allah le bendiga y le conceda paz, dijo: “Si alguien desea que se prolongue su vida y se amplíe su sustento, debe tratar bien a sus padres y mantener los lazos de parentesco”».

Este mundo es un campo de acción. Aquí el ser humano tiene la oportunidad de realizar muchas obras para alcanzar el éxito en la vida del Más Allá. Obtener una vida larga y prosperidad a cambio de servir a los padres es una gran bendición de Allah. En este mundo se ha brindado la oportunidad de que la persona haga más buenas obras, incremente sus recompensas y, sirviendo a sus padres, se haga merecedora de la misericordia de Allah.

عَنْ مُعَانِبْنِ أَنَسٍ رَض أَنَّ رَسُولَ اللهِ صَلَّى اللَّهُ عَلَيْهِ وَسَلَّمَ قَالَ مَنْ بَرُ وَلِدَيْهِ طُوبَى لَهُ زَادَ اللَّهُ فِي عُمره – ( الترغيب والترهيب ج (۲«Se narra de Muadh bin Anas, que Allah esté complacido con él, que el Mensajero de Allah, que Allah le bendiga y le conceda paz, dijo: “Quien trate bien a sus padres, recibirá la buena noticia de que Allah Todopoderoso prolongará su vida”».

Para un creyente, recibir una vida larga es una buena noticia en el sentido de que ha obtenido la oportunidad de trabajar para cumplir más nobles aspiraciones, con el objetivo de alcanzar el éxito en la vida del Más Allá.

Los derechos de la madre son mayores que los del padre

Tanto la madre como el padre participan en la crianza de los hijos. Ambos sacrifican su comodidad y bienestar para criar a sus hijos. El padre gasta en ellos el dinero que gana con el sudor de su cuerpo, mientras que la madre los cría alimentándolos con la sangre de su propio corazón. Los hijos son criados con el amor, el esfuerzo y el afecto conjuntos de ambos. Por ello, el Corán y la Sunna han enfatizado el buen trato hacia los dos y han ordenado servirlos y obedecerlos.
Sin embargo, también es absolutamente claro que quien soporta mayores dificultades en la crianza de los hijos es la madre. La madre cría al niño entregando su propia existencia. No hay ejemplo comparable al servicio y sacrificio con que, llena de ternura y afecto, lo alimenta con la sangre de su propio corazón y sacrifica continuamente el descanso del día y el sueño de la noche por él. Por ello, aunque el Sagrado Corán ha destacado la importancia del buen trato hacia ambos padres, ha presentado con gran fuerza las dificultades de la madre y, al mismo tiempo, ha señalado este significado: la madre, que consagra su vida, tiene más derecho que el padre al servicio, la obediencia y el buen trato. Este significado fue explicado abiertamente por el Mensajero de Allah, que Allah le bendiga y le conceda paz:

ووصينا الْإِنْسَانَ بِوَالِدَيْهِ إِحْسَانًا ، حَمَلَتْهُ أُمَّهُ كُرْهًا وَوَضَعَتْهُ كُرْهًا . وحمله وفصله ثلثون شهراً – – الاحقاف : ١٥«Hemos ordenado al ser humano que trate bien a sus padres. Su madre lo llevó en su vientre con dificultad y lo dio a luz con gran dificultad; y el período de gestación y destete es de treinta meses» —sura Al-Ahqaf, 15.

En otro lugar, al exhortar a expresar gratitud hacia los padres, el Noble Corán menciona el sacrificio y el sufrimiento incomparables de la madre y pone especial énfasis en que el hijo agradezca a su madre.

ووصينا الإنسان بوالديه ، حملته أمه وهنا عَلَى وَهُن وَفَضْلُهُ فِي عَامَيْنِ أَنِ
اشكر لي ولوالديك – – لقمن : ١٤«Y hemos encomendado al ser humano [que sea bueno] con sus padres: su madre lo llevó en su vientre, soportando dificultad tras dificultad, y lo destetó a los dos años. [Le hemos ordenado:] “Sé agradecido conmigo y con tus padres”». —Sura Luqmán, 14

De esta forma de exposición del Sagrado Corán queda claro que la madre tiene más derecho a recibir servicio, amor, obediencia, buen trato y gratitud. Esto se debe a que soporta un sufrimiento extraordinario al dar a luz y criar al hijo. Sin duda, el padre también participa en la crianza. Pero no hay comparación entre el esfuerzo y el sacrificio de la madre y los del padre.

Conversación instructiva

Una vez, un hombre se presentó ante el Mensajero de Allah, que Allah le bendiga y le conceda paz, y se quejó: «¡Oh, Mensajero de Allah! Mi madre es una persona de mal carácter». El amado Profeta, que Allah le bendiga y le conceda paz, dijo: «Cuando te llevó continuamente en su vientre durante nueve meses, no tenía mal carácter». El hombre dijo: «Señor, digo la verdad: tiene mal carácter». El Mensajero, que Allah le bendiga y le conceda paz, dijo: «Cuando por ti permanecía despierta noche tras noche y te amamantaba, tampoco tenía mal carácter». El hombre dijo: «Ya he compensado todas esas acciones de mi madre». El Mensajero, que Allah le bendiga y le conceda paz, preguntó: «¿De verdad las has compensado?». Él respondió: «Llevé a mi madre sobre mis hombros y la hice realizar el Hayy». El amado Profeta, que Allah le bendiga y le conceda paz, respondió de forma concluyente: «¿Puedes compensar o retribuir el sufrimiento que ella soportó cuando te dio a luz?»

عن أبي هريرة رض قال جاء رجل إلى رسولِ اللَّهِ صَلَّى اللَّهُ عَلَيْهِ وَسَلَّمَ فقال يا رسول الله مَنْ أَحَقُّ النَّاسِ بِحُسْنِ صَحَابَتِي، قَالَ أُمُّكَ قَالَ ثُمَّ مَنْ ؟
قَالَ أُمُّكَ ! قَالَ : ثُمَّ مَنْ قَالَ : أُمِّكَ – قَالَ ثُمَّ مَنْ قَالَ أَبُوكَ—«Abu Huraira, que Allah esté complacido con él, narró que un hombre se presentó ante el Mensajero de Allah, que Allah le bendiga y le conceda paz, y preguntó: “¡Oh, Mensajero de Allah! ¿Quién tiene más derecho a recibir de mí un buen trato?”. Él respondió: “Tu madre”. Preguntó: “¿Y después quién?”. Él respondió: “Tu madre”. Preguntó: “¿Y después quién?”. El Noble Profeta, que Allah le bendiga y le conceda paz, dijo: “Tu madre”. Él dijo: “¿Y después quién?”. Él respondió: “Tu padre”».

Este hadiz deja claro que, en cuanto a recibir buen trato, servicio y obediencia, la posición de la madre es superior a la del padre. El Compañero repitió la misma pregunta varias veces, y el Noble Profeta, que Allah le bendiga y le conceda paz, siguió dando la misma respuesta: vuestra madre es quien tiene más derecho a recibir vuestro buen trato. La cuarta vez dijo que vuestro padre era quien tenía derecho a vuestro buen trato. El honorable Ibn Battal dijo algo muy acertado: el derecho de la madre al servicio y al buen trato es tres veces mayor que el del padre. Esto se debe a que, respecto al hijo, la madre realiza tres tareas que a cualquier padre le resulta difícil siquiera imaginar. Durante el embarazo lleva al niño en su vientre; después soporta el sufrimiento del parto y lo amamanta. El Sagrado Corán también llama la atención sobre estos tres importantes servicios y sufrimientos de ella. En cuanto a la educación y la crianza, ambos padres participan por igual. Por ello, al exhortar y guiar hacia el buen trato a ambos, se ha dicho que hay que tratarlos a los dos con respeto, reverencia, servicio, obediencia y humildad. La mayoría de los eruditos, los ulemas mayoritarios, coinciden en que el derecho de la madre es mayor que el del padre. Pero eso no significa que haya que servir y obedecer siempre a la madre y ni siquiera prestar atención al padre. En lo relativo al respeto y los buenos modales, el padre tiene más derecho, y de ningún modo es correcto romper los vínculos con él. Se ha ordenado tratar bien a ambos. Sin duda, en la práctica hay que recordar que la naturaleza más débil de la madre la hace más merecedora de consideración. Y lo que exige esta consideración es proporcionarle cada vez más comodidad. Nunca debe haber deficiencia en la obediencia a la madre. Nunca debe herirse su corazón lleno de amor. Así como la madre cuida todos los sentimientos de su hijo durante su infancia, tampoco se deben menospreciar nunca sus sentimientos.

Considerar el afecto de la madre

En la época del Mensajero de Allah, que Allah le bendiga y le conceda paz, un sahabí se divorció de su esposa por cierta cuestión y quiso quitarle a su hijo pequeño. La situación de la madre se volvió angustiosa. Por un lado, sufría por la separación de su esposo; por otro, estaba a punto de serle arrebatado el hijo, pedazo de su corazón y fuente de alivio para sus preocupaciones. Con el corazón apesadumbrado y afligido, se presentó ante el Mensajero de Allah, que Allah le bendiga y le conceda paz, y le relató toda su dolorosa historia con palabras llenas de emoción. Dijo: «¡Oh, Mensajero de Allah! Mi esposo se ha divorciado de mí y, de este modo, he sido privada de su tutela. ¡Oh, Mensajero de Allah! Ahora también quiere quitarme este niño. ¡Oh, Mensajero de Allah, oh Misericordia de los Mundos! Este es mi hijo querido. Mi vientre ha sido su lugar de descanso, mi pecho su odre para beber y mi regazo su hogar. Él es la fuente de mi bienestar y me trae agua del pozo. ¡Oh, Mensajero de Allah! ¿Cómo podré soportar este dolor?»
El amado Profeta, que Allah le bendiga y le conceda paz, dijo: «Echadlo a suertes». El padre se adelantó y dijo: «¡Oh, Mensajero de Allah! Este es mi hijo. ¿Quién puede tener más derecho sobre él que yo?». El Noble Profeta, que Allah le bendiga y le conceda paz, se dirigió al niño y dijo: «Este es tu padre y esta es tu madre. Hijo mío, toma la mano de quien quieras». El niño tomó la mano de su madre.
El Mensajero de Allah, que Allah le bendiga y le conceda paz, dijo a la madre del niño: «Vete. Mientras no vuelvas a casarte, nadie podrá quitártelo».

Prestar atención a las órdenes de la madre

Durante el gobierno de Hazrat Uthmán, que Allah esté complacido con él, aumentó el precio de los dátiles. Un día, la gente vio que Hazrat Usama ibn Zayd, que Allah esté complacido con él, estaba cortando una palmera para extraer su médula. Todos se sorprendieron y le preguntaron: «¡Hazrat! En un mercado tan caro como este, está usted destruyendo así una palmera. Hoy en día, las palmeras son un bien sumamente valioso». Él respondió: «Hermanos, ¿qué puedo deciros? Mi madre me ha ordenado sacar la médula de la palmera. ¿Acaso se puede desobedecer alguna vez la orden de una madre?»

Mostrar adab a la madre

Hazrat Muhammad ibn Sirin, que Allah tenga misericordia de él, fue un célebre tabi‘í. Se le consideraba un imán en jurisprudencia islámica y hadiz. Su madre era originaria del Hiyaz. Prestaba mucha atención al adab, al respeto y a los deseos de su madre. Cuando compraba ropa para ella, buscaba que fuera suave y hermosa. Para el Eid, teñía con sus propias manos la ropa de su madre. Le mostraba tanta devoción y reverencia que nunca hablaba en voz alta delante de ella. Le hablaba de tal manera que parecía estar susurrándole un secreto.

Servir a la madre

Hazrat Uways al-Qarani, que Allah tenga misericordia de él, fue un hombre piadoso muy célebre. El Mensajero de Allah, que Allah le bendiga y le conceda paz, lo calificó como el mejor de los tabi‘íes. Le dijo a Hazrat Umar, que Allah esté complacido con él: «El mejor de los tabi‘íes es un hombre de la tribu de Qaran. Se llama Uways. Tiene una madre anciana. Cuando jura algo, cumple su juramento. Si puedes pedirle que ruegue por tu perdón, hazlo sin falta».
Hazrat Uways, que Allah tenga misericordia de él, vivió en la época del Mensajero de Allah, que Allah le bendiga y le conceda paz. Sin embargo, no pudo encontrarse con él. ¿Qué deseo puede ser mayor para un creyente que iluminar sus ojos contemplando al Mensajero de Allah, que Allah le bendiga y le conceda paz? Pero, debido a que tenía una madre anciana y no quería dejarla sola, Hazrat Uways, que Allah tenga misericordia de él, no pudo presentarse al servicio del Mensajero de Allah, que Allah le bendiga y le conceda paz. Permanecía dedicado a servirla día y noche. Tenía un gran anhelo de realizar el hajj, pero mientras su madre estuvo viva no pudo dejarla sola para ir a cumplirlo. Solo después de su fallecimiento pudo satisfacer este anhelo.

El trato hacia la madre

Un hombre acudió ante Hazrat Ibn Abbas, que Allah esté complacido con él, y dijo: «¡Hazrat! Había enviado una propuesta de matrimonio a una joven en cierto lugar, pero la novia rechazó la propuesta. Cuando otro hombre le envió una propuesta, ella la aceptó. Considerando esto un asunto humillante y llevado por la emoción, maté a esa mujer. ¡Hazrat! Dígame, ¿queda todavía algún camino de arrepentimiento para mí? Hazrat Abdullah, que Allah esté complacido con él, le preguntó: «Dime, ¿tu madre está viva?». Él respondió: «¡Hazrat! Mi madre ha fallecido». Él dijo: «Ve, arrepiéntete con un corazón sincero y realiza obras mediante las cuales puedas alcanzar la cercanía y la complacencia de Allah».
Hazrat Zayd ibn Aslam acudió ante Hazrat Abdullah y preguntó: «¿Por qué le preguntó a aquel hombre si su madre estaba viva?». Hazrat Abdullah respondió: «No conozco ninguna obra mayor que tratar bien a la madre para alcanzar la cercanía y la complacencia de Allah».
Un acontecimiento semejante ocurrió en la época del Mensajero, que Allah le bendiga y le conceda paz. Un hombre se presentó ante el amado Profeta, que Allah le bendiga y le conceda paz, y comenzó a decir: «¡Oh Mensajero de Allah! He cometido un gran pecado. ¡Oh Mensajero de Allah! ¿Existe algún camino de arrepentimiento abierto para mí?». El Misericordia de los Mundos, que Allah le bendiga y le conceda paz, dijo: «¿Está viva tu madre?». El hombre respondió: «¡Señor! Mi madre ya no está viva». Entonces él dijo: «Bien, ¿está viva tu tía materna?». Él respondió: «Sí, está viva». Él dijo: «Trata bien a tu tía materna».

De estos acontecimientos se puede comprender la excelencia de la madre y la importancia religiosa de servirla. El Noble Mensajero, que Allah le bendiga y le conceda paz, dijo que, incluso si una persona comete un gran pecado, puede salvarse de su castigo y alcanzar la complacencia de Allah tratando bien a su madre. Y es una misericordia suprema de Allah que, si la madre ha fallecido, una persona pueda preparar su vida futura tratando bien a la hermana de su madre.

El trato hacia la madre de leche

عن أبي الطفيل رض قال : رأيت النبي صلى اللهُ عَلَيْهِ وَسَلَّمَ يُقْسِمُ لَحْمًا بالجعرانة إِذا أَقْبَلَتْ امْرَأَةٌ حَتَّى بنت إلى النَّبِيِّ صَلَّى اللَّهُ عَلَيْهِ وَسَلَّمَ فبسط لها رداءه فجلست عَلَيْهِ فَقُلْتُ من هي ؟ قَالُوا : هِيَ أُمُّهُ الَّتِي أرضعته (ابو داود)
«Se narró de Hazrat Abu al-Tufayl, que Allah esté complacido con él, que dijo: Vi al Mensajero de Allah, que Allah le bendiga y le conceda paz, repartiendo carne en un lugar llamado Ji’rana. En ese momento llegó una mujer y se acercó mucho al Mensajero de Allah, que Allah le bendiga y le conceda paz. Él extendió su manto para ella y la mujer se sentó sobre él. Pregunté a la gente quién era aquella mujer. Ellos respondieron: “Es la madre del Profeta, que Allah le bendiga y le conceda paz; ella lo amamantó”.

Se llama madre de leche a la mujer cuya leche bebe un niño que no es su hijo biológico. Una mujer no puede convertirse en la madre biológica de un niño únicamente por amamantarlo. Sin embargo, en ciertos aspectos recibe el mismo rango que tiene la madre biológica. En lo relativo al matrimonio y al recato, el islam ha establecido para la madre de leche el mismo rango que ha concedido a la madre biológica. Este acontecimiento del amado Profeta, que Allah le bendiga y le conceda paz, también deja claro que hay que tratar a la madre de leche como a la propia madre. Hay que servirla y mostrarle todo tipo de respeto.

El trato hacia los padres no musulmanes

En este mundo continúa sin interrupción el conflicto entre la verdad y la falsedad, y entre la justicia y la injusticia. Aunque sea poco frecuente, es posible que los padres de un musulmán estén privados del islam. En tal situación, ¿qué tipo de trato se les puede dar? Esta es una cuestión importante de la vida social.
En cuanto a la religión y la fe, el Sagrado Corán declara claramente que, si los padres ordenan asociar copartícipes a Allah o cometer pecados, no se les debe obedecer en absoluto. El derecho de Allah es superior al de los padres, y los padres también deben cumplir el derecho de Allah y obedecerle. Pues, lejos de obedecer a los padres desobedeciendo al Creador y Dueño de estos, ni siquiera está permitido pensar en algo semejante.

وَإِنْ جَاهَدَكَ عَلَى أَنْ تُشْرِكَ بِي مَا لَيْسَ لَكَ بِهِ عِلْمٌ فَلَا تُطِعْهُمَا ، – لقمن : ١٥
«Y si ambos te presionan para que Me asocies aquello de lo que no tienes conocimiento, no les obedezcas» —Sura Luqmán: 15

No se trata únicamente de la idolatría; en todos aquellos casos en los que necesariamente se incurre en desobediencia a Allah, la obediencia a ellos deja de ser válida. El Mensajero de Allah, que Allah le bendiga y le conceda paz, declaró claramente que no se puede obedecer a nadie desobedeciendo a Allah.

La madre incrédula de Sa’d

Hazrat Sa’d ibn Abi Waqqas, que Allah esté complacido con él, fue un ilustre compañero. A los diecinueve años acababa de tener la dicha de aceptar el islam. Su madre recibió la noticia y, al enterarse, juró: «O abandonas el islam o moriré de hambre». Hazrat Sa’d, que Allah esté complacido con él, era sumamente obediente con su madre. Ella empezó a decirle repetidamente: «¡Mira! En vuestra religión se concede una importancia especial a la obediencia a los padres. Yo soy tu madre. Al desobedecer a tu madre, estás actuando contra tu propia religión. Te ordeno que abandones el islam». El propio Hazrat Sa’d relató que durante tres días no comió ni bebió nada. Quedó muy debilitado por el hambre y la sed. Mi hermano lo alimentó a la fuerza, sujetándole la boca y obligándolo a abrirla. En esas circunstancias, Allah, glorificado y exaltado sea, reveló esta aleya: «Si tus padres te obligan a asociar copartícipes a Allah, no les obedezcas».

En lo referente a la religión y la fe, el asunto es claro. Hay que rechazar decididamente obedecerlos y no dejarse afectar en absoluto por su dureza ni por sus presiones. Sin embargo, en los asuntos mundanos hay que servirlos y tratarlos bien. Debe mantenerse un esfuerzo constante por conducirlos hacia la fe mediante un trato amable.

وصاحبهما في الدنيا معروفا ، واتبع سبيل مَنْ آنَابَ إِلَى – لقمن : ١٥«Y tratadlos bien en este mundo, y seguid el camino de quienes se vuelven arrepentidos hacia Mí». —Sura Luqman, 15

El islam ha concedido una importancia extrema al servicio y la obediencia a los padres, incluso si estos están sumidos en la inmundicia de la incredulidad y la idolatría. Aunque no solo quieran sumirse ellos mismos en ello, sino también obligar a sus hijos a hacerlo, el hijo debe asegurarse de no menospreciar de ninguna manera su dignidad en los asuntos mundanos. Al fin y al cabo, son sus padres y son el medio por el cual vino al mundo. Por ello, a pesar de todo, es obligatorio servirlos de todas las maneras y tratarlos bien. Si es necesario, también hay que brindarles ayuda económica y no darles ninguna oportunidad de quejarse de él en los asuntos mundanos. Sin embargo, en lo referente a la religión y la fe, solo hay que seguir a quienes se vuelven hacia Allah, permanecen en el camino del islam y son siervos piadosos verdaderamente obedientes a Allah.

La instrucción del Mensajero de Allah, que Allah le bendiga y le conceda paz, acerca de la madre idólatra

عَنْ أَسْمَاءَ بِنْتِ أَبِي بَكْرٍ رَض قَالَتْ : قَدِمَتْ عَلَى أُمِّي وَهِيَ مُشْرِكَةً فِي عَهْدِ رسول الله صلَّى اللهُ عَلَيْهِ وَسَلَّمَ فَاسْتَفْتَيْتُ رَسُولَ اللَّهِ صَلَّى اللهُ عَلَيْهِ
وسلم قلت : قدمت على أمي ، وهي راغبةٌ أَفَاصِلُ أُمِّي ؟ قَالَ : نَعَمُ
صلى أمك – بخاریHazrat Asma, hija de Hazrat Abu Bakr, que Allah esté complacido con ambos, dijo: «Durante la bendita época del Profeta, que Allah le bendiga y le conceda paz, mi madre vino a visitarme siendo idólatra. Le pregunté al amado Profeta, que Allah le bendiga y le conceda paz: “Ha venido mi madre, pero siente aversión por el islam. ¿Puedo mantener con ella los lazos de parentesco?”. Él respondió: “Sí. Puedes mantener los lazos de parentesco con tu propia madre”». —Bujari

De este hadiz se entiende claramente que también se debe mantener el vínculo de parentesco con los padres politeístas, del mismo modo que se hace con los padres musulmanes. En los asuntos mundanales, se debe prestar especial atención a su honor, dignidad y servicio, y procurarles comodidad de todas las maneras posibles. Sin embargo, como creyente, hay que tener siempre presente que el mayor deseo de bien y el mejor trato hacia los padres consiste en esforzarse continuamente por acercarlos al islam mediante el propio carácter, conducta, conversación y servicio. Se debe suplicar a Allah por su guía, llorando ante Él con el corazón abierto. La madre de Hazrat Abu Huraira (que Allah esté complacido con él) también estuvo privada del islam al principio. Pero él no escatimó nada en honrarla ni servirla. Siempre continuó tratándola bien y también invitándola al islam. Suplicaba constantemente a Allah que la guiara. Este acontecimiento deja claro cómo debe uno comportarse con sus padres si, Allah no lo permita, son no musulmanes: cómo convivir con ellos, cómo honrarlos, cómo tratarlos bien y cómo procurar su bienestar.

El resultado de tratar bien a una madre que niega el islam

Mucho tiempo después de que Hazrat Abu Huraira (que Allah esté complacido con él) se hiciera musulmán, su madre continuaba sumida en el politeísmo. Él siguió invitándola constantemente a conocer las consecuencias del politeísmo y a aceptar el islam. Pero como su corazón aún no se había abierto a aceptar la guía, ella continuaba rechazándolo. A pesar de ello, Hazrat Abu Huraira (que Allah esté complacido con él) no escatimó nada en honrarla, servirla ni obedecerla. Un día, mientras le presentaba la invitación a la religión, su madre habló irrespetuosamente del Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz). El corazón de Hazrat Abu Huraira (que Allah esté complacido con él) se llenó de dolor y, llorando, acudió ante el amado Profeta (que Allah le bendiga y le conceda paz) y le dijo: «¡Oh, Mensajero de Allah! Siempre intento explicarle la religión a mi madre, pero ella siempre la ha rechazado. Sin embargo, hoy la situación ha llegado al colmo. Cuando hoy le presentaba la invitación a la religión del tawhid, se enfureció, faltó al respeto a usted y llegó a insultarlo. ¡Oh, Mensajero de Allah! No pude soportarlo. Mi corazón se llenó de dolor y las lágrimas comenzaron a correr por mis ojos. ¡Mensajero de Allah! Ruega para que Allah abra el corazón de mi madre al islam». El Mensajero de misericordia para los mundos (que Allah le bendiga y le conceda paz) levantó inmediatamente las manos para suplicar y dijo: «¡Oh, Allah! Guía a la madre de Abu Huraira».

Al ver al Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) suplicar, todas mis preocupaciones comenzaron a desaparecer y regresé de allí lleno de alegría. Al llegar a casa, vi que la puerta estaba cerrada y oí el sonido del agua cayendo. Al escuchar mis pasos, mi respetada madre dijo desde dentro: «¡Hijo! Espera un momento afuera». Esperé allí un rato. Al oír el sonido del agua, comprendí que mi madre se estaba bañando. Mi corazón estaba entonces eufórico de alegría. Mi madre terminó rápidamente de bañarse, se vistió y vino a abrir la puerta. Lo había hecho con tanta prisa que incluso había olvidado ponerse el pañuelo, y en cuanto abrió la puerta dijo: «Hijo, Abu Huraira, Allah ha escuchado tu súplica. Sé testigo: estoy pronunciando el testimonio de fe: “Atestiguo que no hay divinidad excepto Allah, y atestiguo que Muhammad es Su siervo y Su Mensajero”». Me sentí tan feliz que las lágrimas de alegría corrieron por mis ojos. Con los ojos llenos de lágrimas de alegría, acudí en ese mismo momento ante el Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) y le dije: «¡Oh, Mensajero de Allah! He venido a darte una buena noticia. Allah ha aceptado la súplica de Su amado Mensajero y mi madre ha obtenido el tesoro de la fe». Al oírlo, él también se alegró mucho, alabó a Allah y me dio varios consejos.

Después expuse otra petición ante el amado Profeta (que Allah le bendiga y le conceda paz). Dije: «¡Oh, Mensajero de Allah! Ruega para que Allah haga que yo y mi madre seamos amados por todos los creyentes, y que todos los creyentes sean amados por mí y por mi madre». El Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) también hizo esa súplica: «¡Oh, Señor! Infunde en los corazones de todos los creyentes amor por Abu Huraira y su madre, y crea en los corazones de ambos amor por todos los musulmanes». Después de esta súplica aceptada del Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz), todo musulmán que me vio o escuchó hablar me tomó cariño.

La desobediencia a los padres

Después del politeísmo, el pecado más grave es desobedecer a los padres. Es una transgresión tan abominable que el cuerpo se estremece con solo pensar en ella. La gratitud y la manifestación de ihsan son cualidades fundamentales mediante las cuales el ser humano llega a ser verdaderamente humano. Quien se priva de esta cualidad fundamental carece de humanidad. Una persona así no puede ser del agrado de Allah. No puede cumplir los derechos de Allah ni los derechos de las personas. Después de Allah, el mayor ihsan corresponde a los padres. A través de ellos, Allah concede la vida y, bajo la sombra de su cariño y amor, proporciona la crianza. Ellos olvidan su propia existencia para criar a sus hijos y sacrifican su bienestar pensando en la comodidad y el bienestar de estos. Sin duda, la mejor manera de cumplir con la nobleza, el ihsan y la gratitud consiste en expresarles agradecimiento desde lo más profundo del corazón, reconocer su ihsan, permanecer agradecido con ellos durante toda la vida y continuar tratándolos bien, olvidándose de uno mismo.
Si alguien agradece a Allah, siente el ihsan de Allah y desea obedecerle, jamás puede desobedecer a sus padres. Lejos de desobedecerlos, tampoco puede mostrarse indiferente hacia ellos.

Pecados abominables

عنْ أَبِي بُكْرَةَ رَضِيَ اللهُ عَنْهُ قَالَ : قَالَ رَسُولُ اللَّهِ صَلَّى اللَّهُ عَلَيْهِ وسلم : أَلا أُنَبِّئُكُمْ بِأَكْبَرِ الْكَبَائِرِ ثَلَاثًا قُلْنَا بَلَى يَا رَسُولُ اللَّهِ : قَالَ : الإشراك بِاللهِ وَعُقُوقَ الْوَالِدَيْنِ، وَكَانَ مُتَّكِنَّا فَجَلَسَ فَقَالَ : أَلَا وَقَوْلُ الزورِ ، وَشَهَادَةُ الرُّورِ ، فَمَا زَالَ يُكَبِّرُهَا حَتَّى قُلْنَا لَيْتَهُ سَكَتَ (بخاری
مسلم، ترمذی)
“Hazrat Abu Bakr, que Allah esté complacido con él, narró que el Mensajero de Allah, que Allah le bendiga y le conceda paz, dijo: «¿Acaso no os informaré tres veces acerca de los pecados más grandes y abominables?». Todos dijimos: «¡Claro que sí, oh Mensajero de Allah!». Él dijo: «Asociar copartícipes a Allah y desobedecer a los padres». Se incorporó de su posición reclinada y dijo: «Escuchad muy atentamente: decir mentiras y dar falso testimonio». Y continuó repitiendo estas palabras hasta que dijimos: «¡Ojalá guardara silencio!»”

En este hadiz se ha utilizado la palabra «‘uqūq» para referirse a la desobediencia a los padres. Es una palabra de significado muy amplio. ‘Uqūq es oponerse a todo aquello que el Noble Corán ha enfatizado al ordenar tratar a los padres con ihsān. Mostrar indiferencia hacia los padres, tratarlos con dureza, no prestar atención a sus instrucciones, causarles tristeza y desobedecerlos: todo ello forma parte del significado de «‘uqūq».

En segundo lugar, también merece reflexión la forma de expresarse del amado Profeta, que Allah le bendiga y le conceda paz. Este tipo de narración resulta muy natural e influyente para mostrar la importancia del asunto y hacerlo penetrar en el corazón. Si existe un sentimiento de obediencia, suscita en el corazón del oyente tal aversión hacia esta clase de pecados abominables que tan solo pensar en ellos provoca repugnancia y tan solo imaginarlos hace temblar el cuerpo.
En este hadiz, el Mensajero de Allah, que Allah le bendiga y le conceda paz, formuló primero una pregunta a los Sahabah, que Allah esté complacido con ellos. El propósito de la pregunta no era que los Sahabah, que Allah esté complacido con ellos, respondieran. Más bien, quiso decir que él había venido para mostrar el camino de la salvación y, por ello, necesariamente debía decirles esto. Dijo: «¿Acaso no os informaré acerca de tres pecados abominables?». No formuló la pregunta una sola vez para luego exponer el asunto principal. Al contrario, llamó la atención de los Sahabah, que Allah esté complacido con ellos, tres veces y dijo: «¿Acaso no os informaré acerca de tres pecados grandes?».
Este método de narración indica claramente que el Mensajero de Allah, que Allah le bendiga y le conceda paz, consideraba estos pecados destructivos para las personas y también deseaba que el oyente comprendiera su significado con el oído del corazón. Después de advertirles continuamente tres veces, cuando los Sahabah, que Allah esté complacido con ellos, se impacientaron por escuchar, dijo: «Asociar a alguien con Allah y desobedecer a los padres». Entonces la preocupación por estos pecados abominables también agitó al Mensajero, que Allah le bendiga y le conceda paz. Estaba sentado reclinado. Por la emoción y la inquietud se incorporó y exclamó: «¡Oh, gente! Escuchad atentamente con vuestros oídos: decir mentiras y dar falso testimonio». Luego se volvió aún más preocupado y continuó repitiendo estas palabras una y otra vez. Al observar su estado, los Sahabah, que Allah esté complacido con ellos, se inquietaron y comenzaron a desear: «¡Ay! Ojalá el Mensajero, que Allah le bendiga y le conceda paz, guardara silencio».

La tercera cuestión importante es que el amado Profeta, que Allah le bendiga y le conceda paz, advirtió a la Ummah acerca de tres pecados graves. Entre estos pecados, después del shirk, se mencionó la desobediencia a los padres. En el Noble Corán también aparece este mismo orden. «Di: Venid, os recitaré lo que vuestro Señor os ha prohibido: no asociéis a nadie con Allah y tratad bien a los padres». Negar los derechos de Allah es shirk, y mostrar negligencia respecto de los derechos de los padres es desobediencia. Reflexionad: el derecho más grande pertenece al Creador, Allah. Negar la unicidad de Allah y asociarle copartícipes es el pecado más grande. Es un pecado tan abominable que no tiene perdón. En el Sagrado Corán se ha dicho: «En verdad, Allah no perdonará el pecado del shirk». Después de Allah, los derechos más grandes son los de los padres, y después de la ingratitud y la desobediencia hacia Allah, el pecado más grande es ser ingrato y desobedecer a los padres. Esto se debe a que Allah mencionó sus derechos después de Sus propios derechos y ordenó agradecer a los padres junto con agradecerle a Él. Es decir: «Agradéceme a Mí y agradece a tus propios padres». Quizá en algunas narraciones no se haya mencionado este orden y por eso no se haya relatado de esa manera. Sin embargo, en cada lugar del Sagrado Corán y también en los hadices se ha mencionado en este orden.

La carta del Mensajero, que Allah le bendiga y le conceda paz, a los habitantes del Yemen

El Mensajero de Allah, Muhammad, que Allah le bendiga y le conceda paz, envió a los habitantes del Yemen una carta memorable por medio de Hazrat Amr ibn Hazm, que Allah esté complacido con él. En ella también les advirtió diciendo: «Sabed que, ante Allah, el día de la Resurrección, los pecados más grandes serán: (1) asociar copartícipes a Allah; (2) matar injustamente a un creyente; (3) huir de la lucha por la causa de Allah; (4) desobedecer a los padres; (5) acusar falsamente a mujeres castas, puras y honorables; (6) aprender magia y hechicería; (7) consumir usura; y (8) consumir los bienes del huérfano».

El consejo del Mensajero, que Allah le bendiga y le conceda paz

Hazrat Mu‘adh ibn Yabal, que Allah esté complacido con él, era un Sahabi de altísima categoría. Hazrat Umar, que Allah esté complacido con él, solía decir: «Si Mu‘adh no hubiera existido, yo habría perecido inevitablemente». El Mensajero de Allah, que Allah le bendiga y le conceda paz, le dio muchos consejos. En una ocasión dijo: «El Mensajero de Allah, que Allah le bendiga y le conceda paz, me aconsejó: “Nunca asocies a nadie con Allah, aunque seas asesinado y quemado con fuego; y nunca desobedezcas a tus padres, aunque te ordenen alejarte de tus bienes y de tu familia”».

Hacer llorar a los padres

Su excelencia Abdullah ibn Umar, que Allah esté complacido con él, fue un Compañero de elevadísima categoría. Era un erudito extraordinario, devoto y asceta. En todos los ámbitos observaba rigurosamente la Sunna. Durante sesenta años emitió fatwas. Él dijo que hacer llorar a los padres significa desobedecerlos, y que esto constituye un pecado gravísimo.

Insultar a los padres

عَنْ عَبْدِ اللَّهِ بْنِ عَمْرِ بنِ الْعَاصِ رَضِيَ اللَّهُ عَنْهُمَا أَنَّ رَسُولَ اللَّهِ صَلَّى اللهُ عَلَيْهِ وَسَلَّمَ قَالَ : مِنَ
الكَبَائِرِ شَتُمُ الرَّجُلِ وَالدَيْهِ قَالُوا : يَا رَسُولَ
الله ! وَهَلْ يَسْتمُ الرَّجُلُ وَالدَيْهِ ؟ قَالَ نَعَمْ يَسُبُّ أَبَا الرَّجُلِ فَيَسُبُّ أَبَاهُ يسب أمه فيسب أمه – بخاری، مسلم، ترمذی وغيرهSu excelencia Abdullah ibn Amr, que Allah esté complacido con él, narró que el Mensajero de Allah, que Allah le bendiga y le conceda paz, dijo: «Insultar a los padres forma parte de los pecados graves». La gente preguntó, sorprendida: «¡Oh, Mensajero de Allah! ¿Acaso una persona insulta a sus propios padres?». Él, que Allah le bendiga y le conceda paz, respondió: «Sí. Una persona insulta al padre de otro, y este, a cambio, insulta a su padre; insulta a la madre de otro, y este insulta a su madre».

De este hadiz se aprende que hay que prestar necesariamente atención al honor y la dignidad de los padres. Se debe procurar que no sufran ningún tipo de daño. No solo eso: tampoco se deben hacer comentarios sobre los padres de otra persona que puedan provocarla hasta el punto de que termine atacando a los propios padres de uno.

Maldecir

Su excelencia Abu Tufail cuenta: A su excelencia Ali, que Allah esté complacido con él, le preguntaron si el Mensajero de Allah, que Allah le bendiga y le conceda paz, le había dicho alguna cosa que no hubiera dicho a nadie más. Él respondió: «El Mensajero de Allah no me dijo nada que no hubiera dicho a los demás. Sin embargo, tengo un escrito en la vaina de mi espada». Entonces sacó aquel escrito de la vaina de su espada. En él estaba escrito: «Allah maldice a quien sacrifica en nombre de otro que no sea Allah. Allah maldice a quien altera los límites de una tierra. Allah maldice a quien maldice a sus propios padres, y Allah maldice a quien introduce una innovación en la religión». Maldecir e insultar a los padres es una de las acciones más abominables que puedan imaginarse; sin embargo, en este mundo de actividad humana ocurren hechos de diversa índole. A causa de la ira, el deseo de venganza, la ignorancia y la necedad, a veces las personas cometen actos que, en circunstancias normales, resultarían difíciles incluso de concebir.

Los padres también son seres humanos. Tampoco están libres de las debilidades humanas. En ellos existen igualmente el odio, el amor, la ira, el deseo de venganza y otras debilidades. Debido a la fragilidad humana, en ocasiones pueden pronunciar palabras o adoptar comportamientos que no se esperarían de ellos. No se debe reaccionar con agitación ante esto. No se deben ignorar sus derechos. Los padres son dos personas que entregan toda su vida para criar a sus hijos y proporcionarles bienestar. Cualquiera que sea su comportamiento, no es apropiado decir cosas ofensivas sobre ellos. Tampoco se debe insultarlos ni olvidar todos sus favores.

Sin duda, en ocasiones los padres también pueden, por descuidar el cumplimiento de los derechos de sus hijos y por su comportamiento indeseable, empujarlos hacia la desobediencia y la rebeldía. Esto ocurre especialmente cuando el padre contrae un segundo matrimonio y los hijos tienen que vivir con una madrastra. Surgen entonces diversos acontecimientos dolorosos. Por lo general, la madrastra intenta de distintas maneras provocar al padre contra sus hijos, y su deseo más profundo llega a ser que el padre se vuelva en contra de ellos. Normalmente, el padre también, para complacer en cierta medida a su nueva esposa y debido a sus constantes insistencias, empieza a tratar a sus propios hijos como si fueran hijastros.

Del mismo modo, si la madre contrae un segundo matrimonio y los hijos quedan bajo la autoridad de un padrastro, este generalmente no puede tolerar de ningún modo que se trate bien a los hijos del matrimonio anterior. Aunque no llegue a ese extremo, al menos desea amar a sus propios hijos más que a los anteriores. La madre, en ocasiones, también se comporta mal, en parte para complacer a su esposo y en gran medida por someterse a sus deseos. Sin embargo, eso no es algo que pueda esperarse de una personalidad como la de una madre. Desde el punto de vista de la justicia, en esta situación los padres son considerados culpables, aunque sea en pequeña medida.

En una situación así, la familia y la sociedad tienen una responsabilidad. Su deber es poner freno a este tipo de padres, recordarles sus responsabilidades y deberes y, mediante la presión social, obligarlos a tratar a los hijos como hijos. No obstante, por el vínculo familiar, los hijos deben mantener la paciencia en toda circunstancia. Deben vigilar atentamente el honor y la dignidad de sus padres, y no deben dejar salir de su boca ninguna palabra que sea contraria al honor de la madre. En toda circunstancia, el deber de los hijos es demostrar, en la medida de lo posible, gratitud, obediencia y buen comportamiento. Un poeta dijo muy bellamente:
«Obedece cualquier orden que te dé tu padre; ten por seguro que quien obedece a su padre jamás será humillado».

El castigo de la desobediencia se recibe ya en este mundo

عن أَبِي بَكْرَةَ رَض عَنِ النَّبِيِّ صَلَّى اللهُ عَلَيْهِ وَسَلَّمَ قَالَ : كُلُّ الذُّنُوبِ يُؤَخِّرُ اللَّهُ مِنْهَا مَا شَاءَ إِلَى يَوْمِ الْقِيَامَةِ إِلَّا عُقُوقُ الْوَالِدَيْنِ فَإِنَّ اللَّهَ يعجلة بصاحبه في الحيوة قَبْلَ الْمَمَاتِ – رواه الحاكم«Hazrat Abú Bakra, que Allah esté complacido con él, narró que el amado Profeta, que Allah le bendiga y le conceda paz, dijo: “Allah retrasa hasta el Día de la Resurrección el castigo de los pecados que desea. Pero el castigo por desobedecer a los padres lo impone rápidamente, durante la vida y antes de la muerte”». —Transmitido por al-Hákim

El significado es que Allah el Altísimo retrasa hasta la Resurrección el castigo de los demás pecados, y en este mundo la persona queda protegida de su castigo. Pero desobedecer a los padres es un pecado cuyo castigo se sufre ya en este mundo, y el castigo del Más Allá también está reservado.

Las buenas obras del desobediente quedan sin fruto

Se ha narrado que Hazrat Zawban, que Allah esté complacido con él, dijo que el Mensajero de Allah, que Allah le bendiga y le conceda paz, dijo: «Hay tres pecados junto a los cuales ninguna buena obra resulta provechosa: primero, el politeísmo; segundo, desobedecer a los padres; y tercero, huir de la yihad.

Otro compañero, Amr ibn Marra, que Allah esté complacido con él, dijo: Un hombre se acercó al amado Profeta, que Allah le bendiga y le conceda paz, y comenzó a decir: “Doy testimonio de que Allah es Uno, que no hay divinidad excepto Él y que usted es el Mensajero de Allah. Rezo las cinco oraciones diarias, pago el zakat de mis bienes y ayuno durante Ramadán”. Al oírlo, el Noble Profeta, que Allah le bendiga y le conceda paz, dijo: “Quien termine de decir esto estará el Día de la Resurrección junto a los profetas, los siddiqes y los mártires” (y levantó dos dedos de su mano), “con la condición de que no desobedezca ni sea desleal a sus padres».

Desobedecer a la madre

وَعَنْ أَبِي عِيسَى الْمُغِيرَةِ بْنِ شُعْبَةَ رَضِيَ اللَّهُ عَنْهُ عَنِ النَّبِيِّ صَلَّى اللَّهُ عَلَيْهِ وَسَلَّمَ قَالَ : إِنَّ اللهَ تَعَالَى حَرَّمَ عَلَيْكُمْ عُقُوقَ الْأُمَّهَاتِ، وَمَنْعًا وَهُتِ، وَدَاد البنات وكره لكم قيل وقال، وكثرة السؤال، وإضاعَةَ الْمَال – متفق عليه«Hazrat Abú Isa al-Mugira ibn Shu‘ba, que Allah esté complacido con él, narró que el Profeta, que Allah le bendiga y le conceda paz, dijo: “Sabed que Allah os ha prohibido desobedecer a las madres, la avaricia, la codicia y enterrar vivas a las niñas; y ha desaprobado de vosotros las conversaciones vanas, preguntar demasiado y malgastar la riqueza”». —Transmitido por al-Bujari y Muslim

Este hadiz tiene un significado muy amplio. El Noble Profeta, que Allah le bendiga y le conceda paz, señaló, mediante unas pocas palabras, un vasto ámbito de orientación. Todo creyente, hombre y mujer, debe recordar y tener siempre presentes estas amplias orientaciones para su formación y purificación. El Mensajero de Allah, que Allah le bendiga y le conceda paz, impartió seis orientaciones especiales en estas pocas palabras. Tres cosas Allah nos las ha prohibido, y verse involucrado en las otras tres también es algo que Allah desaprueba. Ninguna persona creyente puede siquiera pensar en adoptar las tres cosas que Allah el Altísimo ha prohibido claramente. En cuanto a las otras tres cosas, que Allah ha desaprobado, tampoco deben tomarse a la ligera.

Las tres cosas que Allah ha prohibido son: desobedecer a la madre, la avaricia y la codicia, y enterrar vivas a las hijas.

Uno: En este hadiz se ha insistido especialmente en mantenerse alejado de la desobediencia a la madre, señalando con ello que, en comparación con el padre, la persona suele estar más ocupada sirviendo a la madre y que se presta mayor atención al trato que se le dispensa. Del mismo modo, es necesario prestar más atención y sensibilidad para evitar desobedecer a la madre. Los sentimientos de la madre son delicados. Ella es sumamente vulnerable. Su corazón puede herirse por una palabra insignificante. Puede ocurrir que, por descuido, se considere algo de poca importancia, mientras que ello lastime los sentimientos de la madre y hiera su corazón. La guía del Mensajero de Allah —que Allah le bendiga y le conceda paz— significa tener plenamente en cuenta los sentimientos y emociones de la madre, sus hábitos, su temperamento, sus gustos y sus disgustos; y prestar atención para que ni siquiera surja en el corazón la intención de entristecerla, desobedecerla o hacer pedazos su corazón. La madre es esa personalidad cuyo servicio tiene como recompensa el jardín de la primavera eterna del Paraíso, y cuya satisfacción tiene como recompensa la morada de la complacencia de Allah. Si se desea el Paraíso, la morada de la complacencia de Allah, hay que consagrarse por completo al servicio y a la obediencia de la madre.

Dos: En el hadiz se han utilizado dos palabras. Una es «manyān» y la segunda, «hāti». La palabra «manyān» significa que una persona se muestra reacia a entregar los bienes y derechos que debe a otros. Les pone obstáculos de diversas maneras para cumplir con ello. No está dispuesta a brindar a nadie ayuda económica ni moral. La palabra «hāti» significa «toma». Es decir, estar siempre dispuesto a recibir de los demás. No se trata únicamente de exigir los propios derechos a otros, sino de dedicarse a llenar el saco sin prestar atención a si algo es legítimo o ilegítimo. Estas ideas de avaricia y codicia jamás pueden concordar con el temperamento de un creyente o una creyente. Su criterio para dar y recibir es el mismo. El trato que reclama de los demás y que desea recibir, ese mismo trato les dispensa, y cumple con todos sus derechos con suma generosidad. Más aún, muestra tanta nobleza y amplitud de corazón en este aspecto que, aunque alguien sea deficiente en cumplir sus derechos o lo trate mal, él sigue tratándolo con bondad y buen comportamiento.

Tres: Enterrar vivas a las hijas. En la Arabia preislámica existía la cruel costumbre de enterrar vivas a las niñas. Había además otros dos métodos de matar a los hijos. Muchos politeístas mataban a sus propios hijos por temor a los ídolos y para complacerlos. Muchos ignorantes y necios mataban a sus queridos hijos, dominados por la fantasiosa idea de la pobreza y la necesidad. Sin embargo, el hadiz menciona especialmente a las hijas porque esta costumbre era sumamente cruel. Tan solo pensar en una opresión y una dureza semejantes eriza los vellos del cuerpo. Con la llegada del Islam cambiaron estas ideas opresivas. Las hijas se libraron de esta humillación y opresión, y en los hogares comenzó a tratárselas con afecto y amor.
Aunque actualmente nuestra sociedad, gracias al Islam, está libre de la maldición de enterrar vivas a las hijas, debido a la falta de apego a la religión y a la ignorancia de las enseñanzas islámicas, en muchos hogares no se muestra a las niñas el mismo amor que a los niños. Cuando nace una hija no se expresa la misma alegría que cuando nace un hijo. Muchos ignorantes privan a las hijas del amor y el afecto que muestran a los hijos. Especialmente después de que se casan, es como si se convirtieran en extrañas. Esos opresores ni siquiera están dispuestos a entregarles la parte que el Islam les ha asignado. Esta podrida concepción no tiene ninguna relación con el Islam.

A continuación, el Mensajero de Allah —que Allah le bendiga y le conceda paz— explicó tres cosas que Allah no aprueba para nosotros. Una: hablar inútilmente. Dos: hacer demasiadas preguntas. Y tres: desperdiciar los bienes.
Hablar inútilmente significa no sentir ninguna responsabilidad por la propia lengua: decir todo lo que a uno se le ocurre, transmitir a otros todo lo que se oye, y hablar sin parar sin discernir lo que se dice ni reflexionar sobre si guarda alguna relación con la realidad. «Tal mujer dijo esto», «tal señora tiene esta opinión», «tal mujer pensaba así», y otras palabras vanas de ese tipo. Existe un dicho famoso: «Quien habla mucho, se equivoca mucho». El amado Profeta —que Allah le bendiga y le conceda paz— dijo: «Quien cree en Allah y en el Más Allá debe hablar bien; de lo contrario, debe guardar silencio». —Muslim

Hacer preguntas innecesarias. Hay personas que, en cuanto se reúnen en algún lugar, atormentan a los demás haciéndoles una pregunta tras otra. En particular, hay cierto tipo de mujeres que, cuando se reúnen en un lugar, hacen innumerables preguntas sobre la familia. «Hermana, ¿qué ocurrió con tu cuñada? ¿Por qué surgió la disputa entre tú y tu suegra? ¿Qué pasó con tu cuñado? Tu marido quiere a los niños, ¿verdad? ¿Envías algo a la casa de los vecinos? ¿De dónde llegó la propuesta de matrimonio para tu hija?». Se impacientan por conocerlo todo: los asuntos internos de la familia, los acontecimientos externos, los negocios; en resumen, cualquier asunto. Ni siquiera permiten que se oculte nada. En respuesta a sus preguntas inoportunas, uno tiene que dar una versión incorrecta o, muchas veces, evitar responder y sufrir su descontento. Hay muchas cosas que no se pueden contar a otros, especialmente los asuntos familiares. Pero estas mujeres de cierto tipo se empeñan en sacar la información de cualquier manera. Si no se les dice nada, comentan: «¡Vaya, qué arrogante es!». Y si se les cuenta algo, lo divulgan inmediatamente a los demás. Van expresando su opinión por todas partes. Del mismo modo, se desesperan por describir la situación de otros. En realidad, este tipo de mujeres, por ignorar el valor de la vida y por su necedad, comete delitos sociales que destruyen innecesariamente la paz de la sociedad, la unidad del linaje y la tranquilidad familiar. Al llevar sin motivo las palabras de un lugar a otro, provocan en la sociedad diversos malentendidos y numerosas complicaciones.
Del mismo modo, algunas personas crean complicaciones innecesarias incluso en asuntos religiosos. Su ocupación consiste en formular preguntas nuevas continuamente. Así pretenden demostrar la fertilidad de su intelecto. Por lo general, se quedan atrás en el campo de las obras, pero para demostrar su conocimiento y capacidad se presentan como omniscientes y son grandes expertos en plantear preguntas extremadamente sutiles y sacar trece asuntos de una sola cuestión. La tarea de los creyentes y las creyentes es valorar su vida, emplearla en buenas obras, reflexionar a cada instante sobre aquello que complace a Allah y esforzarse por abstenerse de preguntas innecesarias. El Noble Profeta —que Allah le bendiga y le conceda paz— dijo: «La belleza del Islam de una persona consiste en que abandone lo que no le concierne». —Tirmidhi

Desperdiciar los bienes significa no tomar las medidas adecuadas para conservarlos, no gastarlos cuando la religión lo requiere y emplearlos, por deseo de ostentación y fama, en costumbres inútiles, actos desvergonzados y obras contrarias a la religión. Los bienes son un depósito confiado por Allah. Deben gastarse conforme a la voluntad de Allah. Los adornos y utensilios del hogar, la vajilla, la ropa de cama, los muebles, los relojes, los bolígrafos, los libros, el papel; en resumen, todos los objetos son bendiciones de Allah y, al mismo tiempo, depósitos confiados. Todo debe utilizarse y conservarse correctamente. No se debe destruir por negligencia. Allah tampoco aprueba que se desperdicien Sus bendiciones y los depósitos confiados sin apreciarlos.

La maldición de la madre

La complacencia de la madre y la súplica de su corazón lleno de amor son la mayor dicha de la religión y de este mundo. Por el contrario, la mayor humillación de la religión y de este mundo es la maldición de una madre, cuyo corazón está afligido por causa de su hijo.
El Mensajero de Allah, sallallahu alayhi wa sallam, dijo: «Hay tres súplicas que sin duda son aceptadas:
Una: la súplica del oprimido.
Dos: la súplica del viajero.
Y tres: la súplica de los padres por sus hijos».
En los primeros tiempos vivió un hombre piadoso llamado Jariz. Hazrat Jariz, rahmatullah alayh, era un hombre virtuoso y muy devoto. Siempre pasaba el tiempo adorando en su propia khanqah, alejada de la ciudad. Un pastor apacentaba cabras durante todo el día y pasaba la noche en su khanqah.
Un día, la madre de Hazrat Jariz, rahmatullah alayh, fue a visitarlo. Hazrat Jariz, rahmatullah alayh, estaba rezando. Su madre lo llamó: «¡Jariz!». Él consideró mejor permanecer en silencio y continuar la oración. Lo mismo ocurrió el segundo día. Su madre llegó y comenzó a llamarlo. Pensando de la misma manera, permaneció en silencio, continuó rezando y no respondió a la llamada de su madre. El tercer día, su madre volvió a acercarse a su hijo y comenzó a llamarlo. Pensando: «¿Cómo puedo responder durante la oración?», permaneció callado. Al ver esto, su madre se entristeció mucho y, enfurecida, hizo una maldición contra él. Suplicó a Allah diciendo: «¡Oh Allah! Que Jariz no muera hasta que haya caído en manos de mujeres malas».

Diciendo esto, su madre se marchó de allí desesperanzada. Poco después, un día, la gente de los Hijos de Israel hablaba de las buenas obras y la devoción de Hazrat Jariz. En ese momento, una mujer de extraordinaria belleza dijo: «Si me lo permiten, lo haré caer en el pecado». Después, aquella mujer se presentó en la khanqah de Hazrat Jariz y comenzó a invitarlo a cometer una mala acción. Allah Todopoderoso derramó Su misericordia sobre Hazrat Jariz, y él escapó completamente de la conspiración de aquella mujer malvada. Al perder toda esperanza en él, la mujer se dirigió al pastor que se encontraba en la khanqah de Hazrat Jariz. El pastor cayó víctima de la conspiración y se cubrió de vergüenza. Después, cuando la mujer tuvo un hijo, difundió que aquel era hijo de Jariz. Cuando la noticia llegó al rey, este ordenó destruir la khanqah y llevar a Jariz ante él.
La gente llegó a la khanqah de Hazrat Jariz, la destruyó y lo golpeó brutalmente. Después, lo ataron con las manos a la espalda y lo llevaron ante el rey. Mientras lo conducían atado de aquella manera, algunas mujeres malvadas lo vieron en ese estado y comenzaron a reírse. Al verlas reír, Hazrat Jariz también sonrió levemente.
El rey dijo a Hazrat Jariz: «¿Qué dice esta mujer?». Él respondió: «Diga qué dice». El rey dijo: «Dice que el niño es de Jariz». Jariz, rahmatullah alayh, dijo: «Que traigan al niño». Cuando trajeron al niño, él dijo: «Dejadme rezar». Rezó y, al terminar, le dio un toque con el dedo en el vientre al niño y le dijo: «Dime, ¿quién es tu padre?». Por orden de Allah, se abrió la lengua del niño y este dijo: «El pastor fulano es mi padre». Entonces la gente comenzó a besar las manos y los pies de Hazrat Jariz y a pedirle perdón. El rey también quedó profundamente impresionado y dijo a Hazrat Jariz: «Hazrat, ¿quieres que construya tu khanqah de oro?». Él respondió: «No. Pero constrúyala tal como era, hecha de barro».
El rey dijo: «De acuerdo, Hazrat. ¿Me responderás algo? Cuando algunas mujeres malvadas se reían de ti con burla en el camino, ¿por qué sonreías tú?». Él respondió: «Es un secreto que solo yo conozco. Todo lo que ha sucedido es el resultado de la maldición de mi madre. La maldición de mi madre me alcanzó». Y relató detalladamente toda la historia de la maldición de su madre.

El castigo ejemplar de la desobediencia a la madre

En la época del Mensajero, sallallahu alayhi wa sallam, ocurrió un suceso aterrador. Al escucharlo, parece que el corazón se sale por la boca. Algunos sahabah, radiyallahu anhum, se encontraban al servicio del Mensajero de Allah, sallallahu alayhi wa sallam. En ese momento llegó un hombre diciendo: «¡Oh Mensajero de Allah! Un joven se encuentra agonizando. La gente le está aconsejando que recite la shahada, pero no puede abrir la boca». El Noble Profeta, sallallahu alayhi wa sallam, preguntó: «¿Rezaba este hombre?». Él respondió: «Sí, rezaba». Al oír esto, el Noble Profeta, sallallahu alayhi wa sallam, se levantó y fue con él. Nosotros también fuimos detrás de ellos. El amado Profeta, sallallahu alayhi wa sallam, llegó junto al joven. Este se encontraba en el estado previo a la muerte. Le indicó que recitara la kalima. Él dijo: «¡Oh Mensajero de Allah! No puedo pronunciarla». Él preguntó: «¿Por qué? ¿Qué ha ocurrido?». Se supo que había desobedecido a su madre. Preguntó a la gente si su madre estaba viva. Todos respondieron: «Sí, está viva». El amado Profeta ordenó que trajeran a su madre. Cuando llegó la anciana, le dijo: «Buena señora, ¿este es tu hijo?». Ella respondió: «Sí, es mi hijo». Él dijo: «Buena señora, dime: si se encendiera un fuego terrible y te dijeran que, si intercedes, él se salvará, pero de lo contrario será arrojado a él, ¿intercederías en esa situación?». La anciana respondió: «Sí. En ese momento, sin duda intercedería». Al oír esto, el Profeta de la misericordia, sallallahu alayhi wa sallam, dijo: «Entonces, poniendo a Allah y a mí como testigos, di que estás complacida con él». La anciana dijo: «¡Oh Allah! Te pongo a Ti y a Tu Mensajero, sallallahu alayhi wa sallam, como testigos de que me he reconciliado con este pedazo de mi corazón».

Entonces el Profeta, sallallahu alayhi wa sallam, volvió la mirada hacia el joven y le dijo: «Di: “La ilaha illallahu wahdahu la sharika lahu wa ashhadu anna Muhammadan abduhu wa rasuluhu”». Por la bendición de la complacencia de su madre, la boca del joven se abrió y recitó inmediatamente la kalima. Al ver esto, el Mensajero de Allah, sallallahu alayhi wa sallam, alabó a Allah y dijo: «Alabado sea Allah, Quien, por mi intercesión, ha salvado a este joven del terrible castigo del Infierno». —Tabarani, Ahmad

Los frutos de tratar bien a los padres de un vistazo

Uno: Entre las mercedes de Allah, la mayor merced son los padres. Después de Allah, los padres tienen la mayor contribución en el nacimiento y la crianza de una persona. Si reconoces su ihsan, has reconocido el ihsan de Allah. Y si eres agradecido con ellos, has sido agradecido con Allah.

Dos: Mantén satisfechos a tus padres; entonces Allah estará satisfecho contigo. Si se disgustan contigo por alguna negligencia o desobediencia tuya, Allah estará disgustado contigo. La complacencia de los padres es la complacencia de Allah, y el descontento de los padres es el descontento de Allah.

Tres: Tratar bien a los padres y servirles equivale a hacer la yihad; más aún, en ocasiones es una obra incluso mayor que esta. Si usted se dedica a servirles, también será considerado, al igual que los muyahidines, parte del grupo de quienes establecen el din. Ante Allah, usted también tendrá un rango equivalente al de quienes participan en la yihad en el campo de batalla.

Cuatro: La satisfacción de los padres es la llave del Paraíso. Si continúa realizando acciones para satisfacerlos, obtendrá la satisfacción de Allah.

Cinco: A quien Allah Todopoderoso le ha concedido la oportunidad de servir a sus padres, en realidad le ha concedido la oportunidad de recorrer el camino hacia el Paraíso. Allah concederá el Paraíso a quien aproveche esta oportunidad. Y quien no la acepte, será destruido.

Seis: Circunvalar la Casa de Allah y realizar el hach y la umra son actos importantes de adoración. Si alguien se dedica a servir a sus padres, Allah le concederá una recompensa equivalente a la de quien realiza el hach y la umra.

Siete: Si usted muestra buenos modales y respeto hacia sus padres, sus hijos también lo respetarán. Si trata bien a sus padres, Allah Todopoderoso enseñará esa misma lección a sus hijos.

Ocho: Al servir a los padres, uno se libera de todas las calamidades y preocupaciones.

Nueve: Nunca se mantenga alejado de la obediencia, los buenos modales y el respeto hacia sus padres. Esto traerá bendición a su vida y ampliará los medios de sustento y de subsistencia.

Los derechos de los hijos

La dignidad de los hijos
Crianza
Buen comportamiento
Ponerles un buen nombre
Cariño y amor
Educación y formación
Matrimonio

El deseo de tener hijos

¿Quién no desea tener hijos? No existe un hogar en el que no se desee tenerlos. La realidad es que la presencia de los hijos trae baraka al hogar, y son ellos quienes embellecen la casa. Un hogar en el que no se escuchan las voces alegres de niños inocentes carece de esplendor y belleza. En particular, las mujeres consideran aterrador un hogar en el que no resuenan las voces infantiles. Las mujeres pasan cada instante de su vida esperando tener un hijo. En el mundo de la imaginación esperan el momento en que iluminarán su regazo con la llegada de un niño. Anhelan el momento en que ese niño las llame «mamá, mamá». Se mantienen ocupadas contemplando las alegrías y los momentos felices de las distintas etapas de la vida del niño. Cuentan los días para alcanzar esa felicidad y, gracias a su alegría espiritual, sienten bienestar interior. A veces, en el mundo de la imaginación, piensan en el hermoso o extraordinariamente exitoso futuro de su amado hijo y en una primavera llena de alegría; así descubren en sí mismas la existencia de una personalidad honorable. Después, llevadas por la gratitud, inclinan la cabeza ante Allah. Piensan en el gran ihsán que Allah ha concedido a una existencia débil como la suya y en que ha considerado su existencia valiosa e imprescindible para la sociedad humana. Allah ha creado la naturaleza de las mujeres de tal manera que consideran que toda su vida está consagrada a sus hijos y, al sacrificarla por ellos, sienten una inmensa paz y felicidad. Durante mucho tiempo cuentan los días, llevando a ese pedazo de su corazón como parte de su cuerpo y de su mente. Cuando Allah, mediante Su favor, llena su regazo con el regalo de un niño, ella contempla al recién nacido con una mirada afectuosa. En ese momento borra de su mente todas las imágenes de las penas y sufrimientos que había soportado hasta dar a luz al niño. Luego comienza la segunda etapa: la etapa de sacrificarse por la crianza del niño. En realidad, Allah le ha confiado la gran responsabilidad de servirle. Por ello, Allah les ha concedido generosamente una sensibilidad extraordinaria, una paciencia y un valor incomparables para soportar penas y dificultades, así como elevadas cualidades morales para criar a los hijos. Las mujeres no soportan todas estas penas y dificultades únicamente por verse obligadas a ello; conforme a una exigencia natural, sienten alegría y orgullo al soportarlas. Poseen un valor incomparable para afrontar repetidamente la muerte con el fin de dar a luz. Al sacrificar sus deseos, placeres, belleza y juventud por la crianza y el cuidado de los hijos, sienten una profunda paz y felicidad.

La singularidad de las mujeres musulmanas

Si la mentalidad de las mujeres es islámica, consideran que, en cada etapa de soportar penas y dificultades, están entregadas al yihad por el camino de Allah. Sobre todo, creen que están ocupadas en la ibadah. El islam infunde en el corazón de cada mujer la convicción de que el trabajo físico y natural de las mujeres, su recompensa y sus beneficios no se limitan únicamente a este mundo, y que cada una de sus penas, sacrificios y actos de abnegación equivale, ante Allah, a ibadah y yihad. Toda mujer que soporta estas aflicciones y se sacrifica por sus hijos está, en realidad, activa en el yihad y ocupada en la ibadah de Allah. Este yihad y esta ibadah también tienen beneficios mundanos. Sin embargo, las mujeres musulmanas mantienen su mirada fija igualmente en las bendiciones eternas, que obtendrán en la vida del Más Allá. La singularidad de la mujer musulmana consiste en que, al soportar diversas penas y dificultades por sus hijos y sacrificar sus deseos, emociones, belleza y juventud, no obtiene a cambio únicamente beneficios mundanos —estos beneficios a veces se alcanzan y a veces no—, sino que también obtendrá la complacencia de Allah y el ŷannat en la vida eterna del Más Allá. Y qué ŷannat: allí se cumplirá cada uno de sus deseos, se le proporcionarán los medios para satisfacer cada una de sus emociones y se le concederán una belleza y una juventud que nunca se deteriorarán. Esa belleza y juventud estarán libres del temor de la vejez.
Un aspecto excelente de la concepción islámica es que, aunque una mujer musulmana, después de cumplir sus responsabilidades adecuadamente, se vea desafortunadamente privada del bienestar mundano, no cae en la desesperanza ni siente reparos en cumplir con su deber. Continúa cumpliendo su responsabilidad con gran alegría, paz y sincera emoción. Incluso después de soportar todo tipo de sufrimientos y sacrificios por sus hijos, si no recibe de ellos ninguna felicidad y estos llegan a hacer añicos sus esperanzas, deseos y sueños, tampoco se convierte en víctima de la desesperanza ni se avergüenza de su labor. Tampoco piensa equivocadamente en el futuro a causa de ello, pues sabe que el éxito real y verdadero de la mujer creyente es el éxito del Más Allá. Al pensar en esto, siempre encuentra consuelo en que Allah recompensará sus obras en la otra vida. Y esa recompensa será tan grande que no habrá lugar para el arrepentimiento. Tampoco existirá temor de que le arrebaten la recompensa de allí. Por eso, durante toda su vida se mantiene activa, considerando todas sus obras como ibadah y yihad por el camino de Allah.
El Mensajero de Allah, que Allah le bendiga y le conceda paz, dijo:

المرأةُ إِذَا حَمِلَتْ كَانَ لَهَا أَجْرُ الصَّائِمِ الْقَائِمِ الْمُخْبِتِ الْمُجَاهِدِ فِي سبيل الله وَإِذا ضربها الطلق فَلا تَدرِى الْخَلَائِقُ مَا لَهَا مِنَ الْأَجْرِ وَإِذَا وضعت كَانَ لَها بِكُلِّ مَضَةٍ أو رضعة أجرُ نَفْسٍ تُحْيِيهَا وَإِذَا أَفْطَمَت ضَرَبَ الْمَلِكِ عَلَى مَنْكَبِهَا وَقَالَ اسْتَائِفِي الْحَمَلَ – كنز العمال«Cuando una mujer está embarazada, recibe durante todo el período de gestación una recompensa como la que reciben quien ayuna, quien vela por la noche, quien es obediente y el siervo que lucha por la causa de Allah. Y por el sufrimiento del momento del parto recibe una recompensa cuyo alcance ninguna criatura puede calcular; no se puede siquiera imaginar cuál es esa recompensa ni cuán grande es. Después de los gritos de la mujer, cuando nace el niño —y ella lo cría amamantándolo—, por cada sorbo de leche recibe la recompensa que se concede por dar vida a una persona. Y cuando llega el momento del destete, el ángel de Allah pone la mano sobre su hombro con honor y amor y le dice: “Sierva de Allah, prepárate ahora para un segundo embarazo”».

Las esperanzas y deseos de la madre

La mujer que una y otra vez pone en peligro su propia vida, emplea por completo su cuerpo y sus fuerzas vitales para dar a luz y criar a sus hijos, naturalmente espera algo de ellos. Desea sinceramente que el futuro de sus hijos sea brillante, que tengan buena fortuna, que sean serviciales, que construyan un futuro excelente conforme a la mentalidad y los ideales de su madre, que sean guardianes de la religión y la civilización de sus padres y que sean extraordinariamente obedientes. Cuando observa que sus hijos están convirtiendo sus sueños y deseos en realidad, que están siendo criados conforme a sus anhelos y que Allah los ha elevado hasta la cumbre de la excelencia, su alegría y orgullo no tienen límites.

Quejas comunes sobre los hijos

Pero si aquellos hijos al servicio de quienes una madre débil permanece ocupada día y noche, consumiendo las fuerzas de su cuerpo y de su vida, y por quienes eleva constantemente sus manos en súplica, destruyen los sueños, anhelos y esperanzas de su madre y se vuelven desobedientes y rebeldes, ¿cuál será la situación de esa madre? La angustia y el dolor de su mente y de su corazón no pueden expresarse con palabras.
En la época actual, salvo algunas familias afortunadas, en todas las familias se escucha el mismo lamento y la misma aflicción. Todos expresan lo mismo: la situación de los hijos es indescriptible. Sean hijos varones o hijas, están desatentos a los derechos de sus padres. No está en absoluto en su naturaleza mostrar respeto y reverencia hacia ellos ni manifestarles obediencia. Parece que tratar bien a los padres, procurar su satisfacción, servirlos, mostrarles respeto y prestar atención a sus sentimientos y emociones fueran palabras sin sentido. Una queja común es que los hijos se están volviendo ingratos y rebeldes. Siéntese en cualquier reunión o visite cualquier hogar: escuchará lo mismo y verá a los padres llorando por el mismo asunto. Entonces algunas ancianas, llamando la atención sobre sí mismas, comienzan a decir: «¡Ay, hija! En nuestros tiempos, ¿acaso los hijos podían hablar en voz alta delante de sus padres?». Después comienza una larga historia sobre el mal entorno, estos tiempos turbulentos, la difusión de pensamientos erróneos y perjudiciales, la literatura obscena y la educación desprovista de moralidad, entre otras cosas. Cada mujer siente cierta tranquilidad y piensa: «En estas circunstancias, ¿qué otra cosa podría ocurrir? ¿Qué más podrían hacer los padres?». Esta situación es sumamente triste.

Un motivo de preocupación para los padres

Sin duda, los padres no tienen capacidad para hacerlo todo. Pero sí tienen capacidad para reflexionar sobre su propio papel. A la luz de la religión de Allah, deben revisar sus actos y preguntarse si están cumpliendo correctamente la responsabilidad que Allah ha confiado a la madre respecto a la educación, formación y crianza de los hijos. ¿Hay alguna deficiencia en sus expectativas y aspiraciones sobre la vida futura de sus hijos? ¿Están dejando de concederles alguno de los derechos que Allah les ha otorgado? Los hijos solo pueden cumplir las esperanzas y aspiraciones de ustedes cuando ustedes tampoco son negligentes con respecto a sus derechos. Pueden ver a su hijo adornado con el carácter moral que desean y convertido en una persona afortunada, servicial, obediente y de buen comportamiento, si sienten esas responsabilidades y las cumplen con todo su cuerpo, mente y bienes.
La desobediencia y la rebeldía de los hijos son, sin duda, motivo de tristeza. Pero también es motivo de reflexión preguntarse si su estado es consecuencia de la negligencia de los padres y de la falta de conciencia de sus responsabilidades. ¿Cómo pensará en los derechos de ustedes un hijo a quien nunca le hicieron sentir que existen derechos? ¿Cómo puede pensar en servir y respetar a sus padres un hijo a quien nunca se le dijo que servir y honrar a los padres es una obligación del hijo? Si ustedes no tienen en cuenta sus sentimientos y emociones, ¿de quién aprenderán ellos a tener en cuenta los sentimientos y emociones de ustedes? Si no los aman y, mediante su conducta, les han hecho entender que prefieren su muerte antes que soportar las dificultades de criarlos, ¿cómo pensarán ellos en amarlos y servirlos? Si solo comprenden todas las comodidades y lujos propios y han olvidado sus necesidades, ¿de dónde les llegará a ellos la conciencia de las necesidades de ustedes? Si son portadores y defensores de un ideal particular para reformar la sociedad y construir la civilización y la cultura, pero no han establecido el respeto por ese ideal en sus corazones, ¿cómo pueden pedirles que sean portadores y defensores de él? Esperen de sus hijos únicamente aquello para lo que los han preparado, y esperen de ellos el tipo de conducta que ustedes han tenido con ellos.
«Hazrat Nu‘mán, que Allah esté complacido con él, dijo: Mi padre, Hazrat Bashir, que Allah esté complacido con él, me llevó ante el Mensajero de Allah, que Allah le bendiga y le conceda paz, y dijo: “¡Oh, Mensajero de Allah! Sé testigo de que he dado a Nu‘mán tal y cual cosa”. Después de esto, el Profeta, que Allah le bendiga y le conceda paz, le preguntó: “¿Has dado a todos tus hijos un regalo de este tipo?”. Él respondió: “No, no se lo he dado a todos”. El Profeta, que Allah le bendiga y le conceda paz, dijo: “Entonces busca a otro como testigo”. Luego dijo: “¿Acaso no deseas que todos tus hijos te traten con la misma bondad?”. Bashir, que Allah esté complacido con él, respondió: “Por supuesto que sí”. Él dijo: “Entonces no hagas esto”». —Al-Adab al-Mufrad

Esta parte del hadiz merece una reflexión especial: «¿Acaso no deseas que todos tus hijos te traten con la misma bondad?». Es decir, el niño aprende de la conducta de ustedes cómo debe comportarse con sus padres.
Además de los padres, también actúan otros factores en la formación del carácter y la conducta del niño. La educación, el entorno, los amigos, los familiares y el sistema estatal son responsables, cada uno dentro de sus propios límites, de la destrucción o construcción de su personalidad. Pero aquí se hablará únicamente de los padres: cuáles son sus responsabilidades respecto a los hijos y qué derechos tienen los hijos respecto a ellos.

Una comprensión clara de los derechos de los hijos

Toda madre desea que su hijo sea una fuente de paz para su corazón y de consuelo para sus ojos; que sea para ella un medio de honor y bienestar en este mundo y en el Más Allá, y que sea beneficioso para su linaje y su sociedad. Sin duda, su deseo merece ser respetado. Pero ningún deseo se cumple únicamente mediante súplicas. Sus súplicas son puras y sus aspiraciones también son puras, pero ningún objetivo puede alcanzarse solo con súplicas y deseos. Si no se cumple debidamente con el esfuerzo necesario conforme a las propias súplicas y aspiraciones, estas nunca se convertirán en éxito.
¿Quién no desea un buen futuro y un futuro próspero para sus hijos? ¿Qué madre espera que su hijo siga un camino desviado? ¿A quién no le duele en el corazón la mala conducta y el extravío de un hijo? Si un hijo queda avergonzado y fracasa, ¿qué madre no derrama lágrimas de sangre? Y al contemplar el futuro logrado de su hijo, ¿qué madre no se llena de alegría? Pero el objetivo no puede alcanzarse solo mediante buenos sentimientos y emociones. Para el brillante futuro de los hijos es necesario darles una comprensión clara de sus derechos y esforzarse plenamente por que estos sean respetados. Solo después de cumplir ustedes hermosa y correctamente con sus propias responsabilidades podrán enseñar a sus hijos a reclamar sus derechos. Si ustedes mismos no tienen una comprensión clara de sus derechos, ¿cómo van a respetarlos?
También deben esforzarse por cumplir los derechos de sus hijos porque esta es una responsabilidad religiosa suya. Allah ha establecido sus derechos y un día les pedirá cuentas sobre este asunto.
El Noble Profeta, que Allah le bendiga y le conceda paz, dijo:

والمرأة راعية على بيت زوجها وولده فَكُلُّكُمْ رَاعٍ وَكُلُّكُمْ مَسْئُولٌ عَنْ
رعيته – متفق عليه«Y la mujer es responsable de la casa de su esposo y de sus hijos. Todos ustedes son responsables, cada uno según su situación, y a todos se les preguntará por aquellos bajo su responsabilidad». —Bujari y Muslim

Sin duda, el padre también es protector de sus propios hijos y responsable de sus derechos. Pero es una realidad que la responsabilidad de la madre es algo mayor. Debido a que el padre se esfuerza por ganarse el sustento, pasa la mayor parte del tiempo fuera de casa. En el hogar, la madre está siempre con los niños, y estos también sienten un mayor apego hacia ella. Para cuidar de los niños, la madre, por naturaleza, les dedica más tiempo, y estos reciben en cierta medida una mayor influencia de ella.

Los derechos de los hijos

También es una realidad que las mujeres, por la sabiduría de Allah, han recibido en cierta medida más que los hombres de las cualidades y virtudes morales elevadas necesarias para cumplir bella y correctamente las responsabilidades de los niños y satisfacer plenamente sus derechos. Se les han concedido, en mayor medida que a los hombres, las cualidades fundamentales de paciencia, sacrificio, abnegación, compasión, dulzura y amor. Por ello, necesitan más de esas cualidades para cumplir las responsabilidades que Allah les ha encomendado.

Los 7 derechos de los hijos

Uno: valorar y reconocer el valor del hijo
Dos: crianza y cuidado
Tres: buen trato
Cuatro: darle un buen nombre
Cinco: afecto y amor
Seis: educación y formación, y
Siete: matrimonio.
A continuación, hablaremos detalladamente de estos siete derechos. Además de hacer súplicas sinceras por su hijo, solo una comprensión profunda de estos derechos y la plena disposición para cumplirlos pueden hacer que su hijo sea la dicha de sus ojos.

Valorar y reconocer el valor del hijo

El primer y más importante derecho del hijo es que usted tenga conciencia de su dignidad y su valor. No debe molestarse considerando su existencia una calamidad de la vida. Al contrario, debe considerar al hijo una misericordia y un regalo de Allah para usted. Si no logra valorar su existencia, nunca podrá cumplir sus demás derechos; o ni siquiera le dará la oportunidad de cumplirlos; y, aunque se presente esa oportunidad, no logrará satisfacer sus derechos.

Para tratar correctamente al hijo, es sumamente necesario conocer su verdadera dignidad y valor. El hijo es una gran bendición de Allah. Es el ornamento del hogar, una fuente de bondad y bendición, y equivalente al bienestar de la religión y de este mundo. El hijo aumenta su honor y prestigio en este mundo y es considerado un apoyo o ayudante en la vida. Cumple sus esperanzas y aspiraciones. Se convierte en un medio para preservar y difundir sus ideas o ideales predilectos. Mantiene las normas y costumbres que usted estableció y, como su heredero, mantiene vivos posteriormente sus logros.

Desde la perspectiva religiosa, el hijo también es un regalo incomparable de Allah. En las labores religiosas, es su mejor ayudante y heredero. En la responsabilidad por las obras religiosas, es motivo de alegría para sus ojos y paz para su corazón. Es guardián y heredero de sus tradiciones e ideales religiosos. Por eso, el Profeta de Allah, que Allah le bendiga y le conceda paz, suplicó a Allah:

رب هَبْ لِي مِنْ لَّدُنْكَ ذُرِّيَّةً طَيِّبَةً .
“¡Oh Allah, mi Señor! Concédeme de Tu parte una descendencia pura.”

Esta súplica tenía un propósito: que el hijo fuera el heredero religioso después de él y cumpliera la misión de su padre.

فَهَبْ لِي مِن لَّدُنكَ وَلِيًّا – يَرِثُنِي وَيَرِثُ مِنْ آلِ يَعْقُوب –
“(¡Oh, mi Señor!) Concédeme de Ti un heredero. Él será mi heredero y heredará también la herencia de la familia de Jacob.”

Es decir, será el heredero de la luz de la religión que se difundió desde la familia de Jacob —que Allah le conceda paz— y nunca permitirá que esa luz se extinga. La verdad es que un hijo piadoso es un medio de gran honor y respeto tanto en este mundo como de incontables recompensas y premios en el Más Allá.

Una morada especial en el Paraíso

Si durante su vida fallece un hijo suyo y usted soporta el dolor de su muerte con paciencia y perseverancia, entonces el hijo será para usted un tesoro para el Más Allá, un medio para alcanzar el Paraíso y un motivo de gran honor y respeto. Como recompensa por esa paciencia, Allah le concederá el Paraíso y construirá allí para usted una morada de tipo especial. El nombre de esa morada será «la Morada de la Gratitud». Abu Musa al-Ashari —que Allah esté complacido con él— narró que el Noble Profeta —que la paz y las bendiciones de Allah sean con él— dijo:

إِذا مَاتَ وَلَدُ الْعَبْدِ قَالَ اللهُ تَعَالَى لِمَلَائِكَتِهِ قَبَضْتُمْ وَلَدَ عَبدِي فَيَقُولُونَ نعم فَيَقُولُ قَبَضْتُم ثمرة فؤاده فيقولون نعم فَيَقُولُ فَمَاذَا قَالَ عَبْدِى فيقولون حمدك واسترجع فَيَقُولُ الله تعالى ابْنُوا لِعَبْدِي بَيْتًا فِي الْجَنَّةِ وسموه بيت الحمد – جامع ترمذى
“Cuando muere el hijo de un siervo, Allah, el Altísimo, pregunta a Sus ángeles: «¿Habéis tomado el alma del hijo de Mi siervo?». Los ángeles responden: «Sí». Él pregunta: «¿Habéis tomado el fruto de su corazón?». Ellos responden: «Sí». Entonces Allah pregunta: «¿Y qué dijo Mi siervo?». Los ángeles responden: «Te alabó, oh Señor, y pronunció, ante esta calamidad, “Ciertamente, pertenecemos a Allah y a Él hemos de retornar”». Al oír esto, Allah, el Altísimo, ordena a los ángeles que construyan para Su siervo una morada en el Paraíso y que la llamen «la Morada de la Gratitud».”

“Umm Habiba —que Allah esté complacido con ella— narró: «Estaba sentada junto a Aisha —que Allah esté complacido con ella— cuando llegó el Mensajero de Allah —que la paz y las bendiciones de Allah sean con él—. Él —que la paz y las bendiciones de Allah sean con él— dijo: “Si a una pareja musulmana le mueren tres hijos menores de edad, estos niños permanecerán de pie ante las puertas del Paraíso el Día de la Resurrección. Cuando se les diga que entren en el Paraíso, esos niños inocentes responderán: ‘No podemos entrar en el Paraíso hasta que nuestros padres entren en él’. Entonces Allah ordenará: ‘Id, vosotros y vuestros padres; entrad todos en el Paraíso’”.» —Tabarani

El hijo como sadaqa yaria

Si fallece y parte de este mundo mientras su hijo aún vive, ese hijo será considerado para usted una sadaqa cuyo mérito seguirá registrándose en su libro de obras mientras exista el mundo. En cuanto el ser humano abraza la muerte, termina la oportunidad de realizar obras. Pero si deja un hijo piadoso, este será una buena obra cuyo mérito continuará registrándose. Abu Huraira, que Dios esté complacido con él, narró que el noble Profeta, que Dios le bendiga y le conceda paz, dijo:

إِذَا مَاتَ الْإِنسان انقطع عمله إلا من ثلاث صدقة جارية أو علم ينتفع به أو ولد صالح يدعوله – صحيح مسلم«Cuando una persona fallece, cesa la oportunidad de realizar obras, excepto por tres cosas (cuyo mérito continúa recibiendo después de su muerte). Estas tres cosas son: una sadaqa cuyo beneficio continúa después de él; un conocimiento que haya dejado y del que la gente siga beneficiándose; o un hijo piadoso que rece por él después de su muerte».

«Abu Huraira, que Dios esté complacido con él, dijo: cuando se eleva el rango del difunto, este pregunta sorprendido: “¿Cómo ha sucedido esto?”. Se le responde de parte de Dios: “Tu hijo está suplicando a Dios que te perdone, y Dios ha aceptado su súplica”».

«Ibn Sirin, que Dios tenga misericordia de él, dijo: una noche estábamos sentados al servicio de Abu Huraira, que Dios esté complacido con él. Entonces levantó las manos para hacer una súplica y dijo humildemente: “¡Oh, mi Señor! Perdona a Abu Huraira. ¡Oh, mi Señor! Perdona a la madre de Abu Huraira. Y, oh, Señor, perdona también a todas las personas que suplican por el perdón de Abu Huraira y de su madre”. Por ello, nosotros seguimos suplicando siempre por el perdón de Abu Huraira, que Dios esté complacido con él, y de su madre, para ser incluidos en la súplica de Abu Huraira, que Dios esté complacido con él».

Matar a los hijos es el peor de los pecados

Aunque la sociedad musulmana se encuentra actualmente desgarrada por un lamentable retroceso y una degradación aleccionadora, ha perdido incluso el valor para avanzar y alcanzar el progreso en el mundo, y ha olvidado la enseñanza de obtener un rango elevado en el Más Allá. A pesar de ello, gracias a que mantienen su vínculo con el tawhid y con las enseñanzas fundamentales de la religión, las mujeres musulmanas poseen este privilegio particular: ni siquiera pueden imaginar algunos pecados en los que otras mujeres están involucradas o en los que podrían involucrarse con mucha facilidad.
Una mujer musulmana ni siquiera puede imaginar que matará con sus propias manos a su niño inocente. Para eliminar este pecado mortal, el islam, por una parte, ha creado en el corazón de los padres un profundo sentimiento del valor de la vida humana y de la importancia y el valor de los hijos. Por otra parte, ha calificado el asesinato de los hijos como un pecado tan grave que lo ha descrito como un pecado abominable, semejante al politeísmo. En el Sagrado Corán se ha dicho:

قُلْ تَعَالَوْا أَتْلُ مَا حَرَّمَ رَبُّكُمْ عَلَيْكُمْ أَلَّا تُشْرِكُوا بِهِ شَيْئًا وَبِالْوَالِدَيْنِ إِحْسَانًا وَلَا تَقْتُلُوا أَوْلَادَكُمْ مِّنْ إِمْلَاقٍ – – الانعام : ١٥١«¡Oh, Mensajero!, diles: “Venid, os recitaré lo que vuestro Señor os ha prohibido: no asociéis nada con Él; tratad bien a los padres; y no matéis a vuestros hijos por temor a la pobreza”». —Sura Al-Anam: 152

El noble Profeta, que Dios le bendiga y le conceda paz, concedió tanta importancia a purificar a la sociedad de esta terrible injusticia que, entre los asuntos esenciales sobre los que pidió por primera vez una promesa a los ansar durante el pacto de Aqaba, uno de los principales era que no mataran a sus hijos. También exigía a las mujeres que acudían a la presencia del Mensajero, que Dios le bendiga y le conceda paz, la promesa de no matar a sus hijos. Entre los compromisos exigidos a las mujeres que aceptaron el islam después del tratado de Hudaybiyya se incluía la promesa de no matar a sus hijos. En las reuniones generales del Eid, visitaba la zona de las mujeres y, junto con otros asuntos, les exigía también una promesa sobre este tema.

«Hazrat Ubaidah, que Allah esté complacido con él, hijo de Samit, narró: En cierta ocasión, estábamos en presencia del amado Profeta —que Allah le bendiga y le conceda paz—. Él nos dijo: “Comprometeos conmigo mediante la bai‘ah a que no asociaréis a nadie con Allah, no robaréis, os abstendréis de las malas acciones y no mataréis a vuestros propios hijos. Quien cumpla esta promesa tendrá su recompensa bajo la responsabilidad de Allah. Y quien cometa alguna mala acción entre ellas y reciba el castigo establecido por la ley, ello será una expiación por su pecado. Pero aquel cuyo pecado no sea descubierto ante nadie en este mundo queda a disposición de Allah: si quiere, puede perdonarlo, y si quiere, puede castigarlo”».

Causas del asesinato de los hijos

En la época preislámica, el asesinato de hijos estaba extendido en muchos países. En Roma era particularmente frecuente. Los hijos eran asesinados públicamente y nadie investigaba ni juzgaba esos hechos. Esta terrible costumbre también existía entre los rajputs de la India, y las historias sobre la crueldad y la brutalidad de los árabes se han convertido en leyenda.

Generalmente, había tres causas para el asesinato de los hijos. Algunos ignorantes o necios lo consideraban un acto religioso y, con la intención de complacer a los ídolos, ofrecían a sus propios hijos en sacrificio ante ellos. Hacían votos diciendo: “Si se cumple tal asunto mío, sacrificaré a mi hijo”. Esta acción de opresión y brutalidad no era cometida únicamente por los hombres; las mujeres también participaban en ella con crueldad. En cierta ocasión, una mujer acudió ante Hazrat Abdullah ibn Abbas, que Allah esté complacido con él, y dijo: “Había hecho el voto de sacrificar a mi hijo”. Él respondió: “No hagas jamás tal cosa. Ofrece la expiación por el voto”».
—Muwatta del imán Malik

Esta costumbre de ignorancia y brutalidad no es únicamente un asunto memorable del pasado; incluso hoy, algunas personas de este subcontinente siguen dando vueltas en la oscuridad de la ignorancia. Hace poco, en un lugar llamado Wazaran, una niña inocente de nueve años fue asesinada en nombre de una diosa. El Sagrado Corán también ha descrito su ignorancia y su opresión, y ha declarado que se encuentran en una pérdida manifiesta.

وَكَذلِكَ زَيَّنَ لِكَثِيرٍ مِّنَ الْمُشْرِكِينَ قَتْلَ أَوْلَادِهِمْ شُرَكَاؤُهُمْ لِيُرْدُوهُمْ
وليلْبِسُوا عَلَيْهِم بَيْنَهُمْ ، وَلَوْ شَاءَ اللهُ مَا فَعَلُوهُ فَذَرْهُمْ وَمَا يَفْتَرُونَ«Y así, sus asociados hicieron que a muchos de los politeístas les pareciera atractivo matar a sus propios hijos, para precipitarlos a la perdición y confundirles su religión». —Sura Al-An‘am, 137

قد خَسِرَ الَّذِينَ قَتَلُوا أَوْلادَهُم سَفَها بغير علم – الانعام : ١٤٠«Ciertamente, han sufrido una pérdida quienes mataron a sus hijos por ignorancia y necedad». —Sura Al-An‘am, 140

Algunas personas de escaso entendimiento mataban a sus queridos hijos por temor a que, al compartir su sustento, estos los arrojaran a la pobreza y la preocupación. A estos ignorantes se les prohibió esta opresión diciéndoles: ¿Acaso vosotros mismos creáis vuestro sustento? El mismo Allah que os proporciona el sustento se lo proporcionará también a ellos. Cuando Allah decide enviar una criatura al mundo, envía con ella los medios para su sustento. Las llaves de los tesoros del sustento están únicamente en manos de Allah.

ولا تَقْتُلُوا أَوْلَادَكُمْ خَشْيَةَ إِمْلَاقٍ ، نَحْنُ نَرْزُقُهُمْ وَإِيَّاكُمْ ، إِنَّ قَتَلَهُمْ كَانَ خِطْأُ كبيران (بنی اسراء يل : (۳۱«No matéis a vuestros hijos por temor a la pobreza. Nosotros les proveemos a ellos y a vosotros. En verdad, matarlos es un pecado enorme». —Sura Bani Isra’il, 31

El Noble Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) calificó este delito como el mayor de los pecados:

عن عبد اللهِ قَالَ سَأَلْتُ النَّبِيُّ صَلَّى اللهُ عَلَيْهِ وَسَلَّمَ أَيُّ الذَّنْبِ أَعْظَمُ عِندَ اللهِ قَالَ أَنْ تَجْعَلَ الله ندا وَهُوَ خَلَقَكَ قُلْتُ إِنْ ذَالِكَ لَعَظِيمٌ قُلْتُ ثُمَّ أَيُّ قَالَ أَنْ تَقْتُلَ وَلَدَكَ تَخَافُ أَنْ يُطْعَمَ مَعَكَ قُلْتُ ثُمَّ أَي قَالَ أَنْ تُزَانِي حَلِيلَةً جارك – صحيح بخاري كتاب التفسير«Hazrat Abd Allah ibn Mas‘ud (que Allah esté complacido con él) dijo: Le pregunté al Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él): “¿Cuál es el mayor pecado ante Allah?”. Él respondió: “Que asociéis a alguien con Allah, cuando en realidad Allah os ha creado”. Dije: “En verdad, este es un gran pecado”. Luego pregunté: “¿Y cuál viene después?”. Él respondió: “Que matéis a vuestro propio hijo por temor a que participe de vuestro sustento”. Pregunté: “¿Y después cuál?”. Él respondió: “Cometer una mala acción con la esposa de vuestro vecino”».

El tercer método de matar a los hijos era sumamente terrible y doloroso. El corazón tiembla con solo pensar en este método. Algunos hombres de corazón endurecido y cruel enterraban vivas con sus propias manos a sus queridas e inocentes hijas. Ni aquella escena espantosa ni los desgarradores gritos de las inocentes y puras niñas producían en ellos el menor efecto. Para ellos, la existencia de una hija era considerada un símbolo de humillación y deshonra. Les parecía una deshonra inimaginable que una mujer se convirtiera en esposa de otro y lo llamara padre. También consideraban sumamente vergonzoso que alguien se convirtiera en su yerno y que los yernos los llamaran suegros. En realidad, cada vez que se enteraban de que había nacido una niña en su casa, se agitaban presa de la preocupación. Intentaban arrojar de inmediato varias paladas de tierra sobre aquel objeto de deshonra. Detestaban terriblemente ser suegros y esposos de las hijas de otros. El Sagrado Corán describe así esta reprobable mentalidad:

وإذا بشر أحدهم بالأنثى ظل وجهه مسوداً وَهُوَ كَظِيمٌ يَتَوَارَى مِنَ الْقَوْمِ مِنْ سُوءِ مَا بُشِرَبِهِ ، أَيُمْسِكُهُ عَلَى هُونٍ أَمْ يَدُسُهُ فِي التَّرَابِ—«Cuando a uno de ellos se le anuncia la buena nueva del nacimiento de una hija, su rostro se ensombrece. Y se consume de ira. Se oculta de la gente por causa de esta mala noticia: “¿La conservaré soportando la humillación o la enterraré en la tierra?”»—Sura an-Nahl: 58-59

Algunas tribus y personas de Arabia eran famosas por esta crueldad y dureza de corazón. Estos malhechores consideraban un gran mérito enterrar vivas a las indefensas e inocentes niñas. Estos desalmados incluso se enorgullecían de su crueldad. Un hombre se presentó ante el Noble Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él), relató su hazaña y dijo que había enterrado vivas con sus propias manos a ocho hijas.

Un desgarrador episodio de una hija inocente

Entre la tribu de Banū Tamīm, la cruel costumbre de enterrar vivas a las niñas estaba particularmente extendida. Cuando el jefe de esta tribu, Qays ibn ʿĀsim, aceptó el islam, relató el desgarrador episodio de haber enterrado con sus propias manos a su hija inocente y dijo:

«¡Oh, Mensajero de Allah! Me encontraba fuera de viaje. Durante ese tiempo nació una hija mía. Si hubiera estado en casa y hubiese escuchado su voz, la habría enterrado en la tierra y la habría silenciado para siempre. Su madre la crió como pudo durante algunos días. Con el paso del tiempo, el amor maternal que sentía al cuidarla se hizo muy intenso. Al pensar que su padre podía enterrarla viva, la madre tembló de miedo. En realidad, temiendo mi reacción, envió a su querida hija a casa de su tía materna. Pensaba que, cuando la niña creciera allí, tal vez también despertaría la compasión en el corazón de su padre. Cuando regresé a casa del viaje, me informaron de que había nacido un bebé muerto en mi hogar. Así terminó el asunto. La niña siguió creciendo bajo el cuidado de su tía hasta hacerse bastante grande.

Por voluntad de Allah, un día salí de casa por algún motivo. Su madre pensó: “Hoy el padre de la niña no está en casa; ¿qué inconveniente habría en traerla?”. Así que la llevó a casa. Desgraciadamente, pocos días después también regresé yo. Al llegar, vi a una niña de una belleza incomparable corriendo y jugando por toda la casa. En mi corazón también brotó un amor desconocido. Al observar mi expresión, mi esposa comprendió que el amor paternal que dormía en mí había despertado y que el vínculo de sangre había comenzado a manifestarse. Le pregunté a mi esposa: “Afortunada, ¿de quién es esta niña? ¡Qué hermosa es!”.

Entonces mi esposa me contó toda la historia. Yo abracé a la niña sin reparo. Su madre le dijo: “Este es tu padre”. La niña se aferró a mí. Al recibir el cariño de su padre, se alegró tanto que, repitiendo “papá, papá”, acercaba su rostro al mío; y cuando corría hacia mí llamándome “papá, papá”, yo la abrazaba y sentía una paz extraordinaria.

Así pasaron los días, y la niña fue creciendo tranquilamente, rodeada de cariño y amor. Sin embargo, al mirarla, a veces pensaba que, por causa de ella, yo tendría que convertirme en suegro. También tendría que soportar la humillación de que mi hija se convirtiera en la esposa de alguien. ¿Cómo podría mostrar mi rostro en público? Mi honor y mi dignidad quedarían hundidos en el polvo. Finalmente, mi sentido del honor se exaltó. Se rompió el dique de mi paciencia y decidí que enterraría a toda costa aquel objeto que consideraba una deshonra.

Le dije a mi esposa: “Prepara a la niña; la llevaré conmigo a una invitación”. Mi esposa la bañó, le puso ropa limpia, la arregló y la dejó preparada. La pequeña estaba rebosante de alegría ante la idea de salir de paseo con su padre. La llevé hacia un bosque solitario. La niña caminaba conmigo, danzando de felicidad, mientras en mi corazón de piedra solo había un pensamiento: cómo enterrar cuanto antes aquel “bulto de vergüenza” en la tierra. Ella no sabía nada. La inocente niña unas veces me tomaba de la mano, otras corría delante de mí y otras avanzaba hablando, embriagada de alegría.

Finalmente, me detuve en un lugar y comencé a cavar un hoyo. La niña quedó desconcertada: ¿por qué estaba cavando un hoyo su padre en aquel bosque solitario? Me preguntó: “Papá, ¿por qué estás cavando un hoyo?”. No sabía que aquel padre cruel estaba cavando una tumba para ella, con la intención de silenciarla para siempre. Mientras cavaba, la tierra cayó sobre mis pies y mi ropa. La niña inocente la sacudió con sus pequeñas, queridas y delicadas manos y dijo con su lenguaje infantil: “Papá, se te está ensuciando la ropa”.

Cuando terminé de cavar el hoyo profundo, levanté a aquella niña pura, inocente y alegre, la arrojé dentro y comencé a echar tierra sobre ella con toda rapidez. La niña me miró dolorida y empezó a gritar: “¡Papá, querido papá! ¿Qué estás haciendo? ¡Papá, qué estás haciendo! Papá, yo no he hecho nada. Papá, ¿por qué me estás enterrando en la tierra?”. Y yo continué con mi obra como si fuera mudo, ciego y sordo.

¡Oh, Mensajero de Allah! En mi corazón injusto y de piedra no surgió compasión ni piedad alguna. Después de enterrar viva a mi hija, regresé respirando aliviado.

Al escuchar esta historia, llena de dolor, sobre la crueldad cometida contra la niña inocente y su indefensión, el corazón del Mensajero de Allah, la Misericordia para los mundos —que Allah le conceda bendiciones y paz—, se llenó de tristeza y dolor. Las lágrimas comenzaron a caer de sus nobles ojos. Llorando, decía: “Esto es obra de un corazón extremadamente duro. ¿Cómo puede Allah apiadarse de quien no tiene compasión por los demás?”»

Relato aleccionador

Ante el amado Profeta —que Allah le conceda bendiciones y paz—, un hombre relató una historia de su época de la ignorancia y la describió de tal manera que el Noble Profeta —que Allah le conceda bendiciones y paz— quedó profundamente afligido.

«¡Oh, Mensajero de Allah! Éramos ignorantes y no sabíamos nada. Adorábamos ídolos de piedra y arrojábamos con nuestras propias manos a nuestros queridos hijos al seno de la muerte. Oh, Mensajero de Allah, yo tenía una hija a la que quería muchísimo. Cada vez que la llamaba, corría hacia mí. Un día la llamé y ella vino corriendo hacia mí, rebosante de alegría. Me la llevé conmigo. Yo caminaba delante y ella venía corriendo detrás de mí. Cerca de mi casa había un pozo profundo. Llegué hasta él y me detuve. La niña también se acercó a mí. Entonces, oh, Mensajero de Allah, la levanté tomándola de la mano y la arrojé al pozo. La niña inocente comenzó a gritar desde el interior y me llamaba “papá, papá” con una voz llena de dolor. ¡Oh, Mensajero de Allah! Ese fue el último sonido de su vida».

Al escuchar aquel relato lleno de dolor, el corazón del Mensajero de Allah —que Allah le conceda bendiciones y paz— quedó profundamente afligido y las lágrimas comenzaron a resbalar por sus ojos. Uno de los compañeros lo reprendió y le dijo: “Has hecho sufrir innecesariamente al Mensajero de Allah al contarle este relato tan doloroso”. Al oírlo, el Mensajero de Allah —que Allah le conceda bendiciones y paz— dijo: “No le digas nada. No le digas nada. Ha venido para conocer la expiación de la desgracia que le fue impuesta”. Luego se dirigió al hombre y le dijo: “Vuelve a contar tu historia”. El compañero relató por segunda vez aquella historia llena de dolor. Al escucharla, el Mensajero de Allah —que Allah le conceda bendiciones y paz— se conmovió de una manera extraordinaria. Mientras lloraba, su noble barba quedó empapada de lágrimas. Después le dijo: “Como habéis aceptado el islam, todos los pecados de la época de la ignorancia han sido perdonados. Ve ahora y obra bien”. —Musnad al-Dārimī

Solo Allah sabe cuántas niñas inocentes e indefensas fueron víctimas de esta opresión y durante cuánto tiempo las niñas fueron enterradas vivas por sus propios padres. Aunque incluso en aquella época hubo, sin duda, personas compasivas y amantes de Allah. Intentaron salvar a las niñas de las garras de aquella opresión y barbarie. Sin embargo, sus esfuerzos individuales no pudieron acabar con aquella terrible costumbre.

El noble esfuerzo por salvar a las niñas de ser enterradas vivas

Farazdaq fue un célebre poeta árabe. Sentía un gran orgullo por un asunto: su abuelo, Hazrat Sa’sa’a, había salvado de ser enterradas vivas a muchas niñas. El propio Hazrat Sa’sa’a narró su historia así:
«Una vez salí en busca de dos camellos míos que se habían perdido. A lo lejos divisé un fuego. A veces sus llamas se elevaban y otras veces se apagaban. Pensé: “¿Por qué no voy a averiguar qué sucede?”. Probablemente alguna persona afligida había encendido aquel fuego. Me puse en marcha y decidí que, si se trataba de alguien que sufría una calamidad y yo podía serle de ayuda, intentaría sin duda aliviar su desgracia. Así que hice avanzar rápidamente a mis camellos y, al poco rato, llegué al barrio de Banu Anmar. Al llegar, vi a un anciano de largos cabellos sentado delante de su casa, lamentándose, mientras muchas mujeres rodeaban a otra mujer. Esta última sufría los dolores del parto. Después de saludar y hacer una súplica, pregunté por la situación, y me informaron de que la mujer llevaba tres días padeciendo los dolores del parto. Mientras hablaba de esto con el anciano, las mujeres exclamaron que había nacido el bebé. El anciano gritó: “Si es un varón, qué bien. Pero si es una niña, no quiero oír su voz. La mataré ahora mismo”. Yo le dije con mucha dulzura: “¡Sheij, no haga eso! Es su propia hija. En cuanto a su sustento, quien lo proporciona es Allah”. El anciano volvió a rugir: “No, no la dejaré vivir. La mataré sin falta”. Como insistí humildemente una vez más, cambió un poco de actitud y dijo: “Si eres tan misericordioso, paga su precio, llévatela y críala”. Respondí sin vacilar: “Estoy dispuesto a comprarla”. Compré a la recién nacida y regresé feliz, comprometiéndome ante Allah a criar a aquella niña con cariño y amor. También prometí a Allah que, siempre que un corazón de piedra quisiera matar a una niña inocente, nunca se lo permitiría. Pagaría por llevarme a la niña y la criaría con el mayor cariño y amor. A partir de entonces, esta práctica continuó. Finalmente, Allah Todopoderoso envió a Hazrat Muhammad —que Allah lo bendiga y le conceda paz—. Hasta ese momento, yo había salvado a noventa y cuatro niñas de las garras de padres crueles. Después, el Mensajero —que Allah lo bendiga y le conceda paz— puso fin para siempre a aquella maldición».

El islam purifica a la sociedad de todas las prácticas opresivas de matar a los hijos, y menciona como característica del siervo amado de Allah que suplica a Allah que haga de sus hijos un motivo de alegría y consuelo para sus ojos:

والَّذِينَ يَقُولُونَ رَبَّنَا هَبْ لَنَا مِنْ أَزْوَاجِنَا وَذُرِّيَّتِنَا قُرَّةَ أَعْيُن – الفرقان : ٧٤«Y quienes dicen: “¡Señor nuestro! Concédenos, de nuestras esposas y nuestros hijos, aquello que sea un consuelo para nuestros ojos”». —Sura Al-Furqan: 74

El nacimiento de una hija

Ya nazca una hija o un hijo en su hogar, usted expresa alegría. Es natural que se alegre por ello. No solo desea expresar su felicidad, sino también que sus amigos y familiares participen de ella. Y así suele suceder. Mientras tenga ante usted la luz guía que le ha mostrado el islam y la práctica del Profeta —que Allah lo bendiga y le conceda paz—, no puede siquiera pensar en hacer distinción entre un hijo y una hija: alegrarse por el nacimiento de un hijo y no hacerlo por el de una hija. Considerar deshonrosa la existencia de una hija y dar preferencia al hijo sobre la hija son consecuencias de una mentalidad contraria al islam. La sociedad islámica debe mantenerse absolutamente libre de estas ideas. En realidad, la sociedad islámica ya está libre de ellas. Sin embargo, todavía se encuentran algunas familias en las que no se vive el mismo ambiente cuando nace un hijo que cuando nace una hija. La alegría que se expresa sinceramente por el nacimiento de un hijo no se expresa de la misma manera ante el nacimiento de una hija. La buena noticia del nacimiento de un hijo se comunica a familiares y amigos con una emoción y un entusiasmo que no acompañan la noticia del nacimiento de una hija, como sí ocurre con el hijo. Las felicitaciones por el nacimiento de una hija se parecen bastante a un consejo para tener paciencia.

Dígame usted: ¿qué significado tienen frases como estas? “Se me ha roto la espalda. Me he quedado erguido de golpe. El deseo de mi corazón se quedó dentro de mi corazón. También la tomaré en brazos, pero lo del hijo es diferente. Se me ha inclinado la cabeza. Los que tienen una hija ni siquiera pueden levantar la cabeza. Está bien, hermano; ¿quién puede oponerse a la voluntad de Allah? Que Allah le conceda buena fortuna. Allah me ha puesto a prueba. Él mismo me dará valor. También quiero a la niña, pero me siento muy triste. Si hubiera sido un hijo, mi deseo habría sido de otra índole. No le di la noticia porque ¿qué noticia iba a darle? Ha ocurrido lo que siempre ocurre. ¿Qué voy a escribir por eso?”. ¡Que Allah perdone! Dígame: ¿qué relación pueden tener todas estas frases con las enseñanzas islámicas? Sin embargo, tanto consciente como inconscientemente, estas expresiones se repiten en algunas familias musulmanas. Tanto los hombres como las mujeres las repiten.

El asunto de los hijos está directamente bajo la potestad de Allah. Nadie tiene control alguno sobre ello, ni sobre sus deseos ni sobre sus anhelos. Y solo Allah sabe mejor para quién es mejor una hija y para quién un hijo. Usted puede, por supuesto, suplicar y desear que tenga una hija y no un hijo, o un hijo y no una hija. Pero no es necesario que se cumpla su deseo ni que sea aceptada su súplica. El único dueño de esta decisión es Allah, Altísimo. Nadie tiene poder para cambiar Su decisión ni para influir en Él. Nadie comparte Su poder ni Su potestad.

يخلق ما يشاء ، يهب لمن يشاء انانا ويهب لمن يشاء الذكور أو يزوجهم ذكرانا وإناثًا ، ويجعل من يشاءُ عَقِيمًا ، إِنَّهُ عَلِيمٌ قدير – شوری : ٥٠٤٩«Él crea lo que quiere. Concede hijas a quien quiere, concede hijos varones a quien quiere, o combina para quien quiere hijos varones e hijas, y deja estéril a quien quiere. Sin duda, Él es Omnisciente y Todopoderoso». —Ash-Shura: 50

La realidad es que el ser humano es completamente impotente en lo que respecta a los hijos. Si reflexiona sobre este asunto, verá que en el universo solo se cumple la voluntad de un único Allah y que nadie comparte Su divinidad. En la cuestión de los hijos, la grandeza espiritual y los milagros de nadie sirven de nada. Los amuletos, los talismanes y los tratamientos tampoco sirven. Mucho menos pueden conceder hijos a otros o hacer que nazca un varón en lugar de una niña; incluso muchas personas dotadas de capacidades espirituales no pueden tener en su propia casa un hijo conforme a sus deseos. Y si alguien es privado de hijos, tampoco puede obtener uno por sus propios esfuerzos.
Tampoco es posible saber, mediante ningún conocimiento, si una hija será más beneficiosa para usted o un hijo. A veces se ve que en una casa solo hay hijas, y que en ella abundan tanto las bendiciones como las aflicciones. En otra casa solo hay hijos varones, pero cada uno de ellos se ha convertido en motivo de preocupación para sus padres. También sucede que, después de tener varios hijos varones, la madre suplica día y noche por una hija; pero, cuando Allah le concede una, se dice que ha arruinado la vida de sus padres, y la madre se ve obligada a maldecirla diciendo: «¡Ay! ¡Qué bueno habría sido que hubiera muerto al nacer!». También hay padres que no soportan siquiera hablar de sus hijos varones, mientras que quieren tanto a su hija que siempre alaban sus virtudes. La verdad es que solo Allah conoce lo oculto y solo Él sabe en qué reside la felicidad y el bienestar de las personas.

Las hijas son causa de felicidad

La esposa de Imrán suplicó a Allah: «¡Oh, Señor! He consagrado a Tu servicio al hijo que está por nacer. Acepta mi voto». Pero, cuando nació una niña, se angustió mucho y dijo: «¡Oh, Señor! ¡Es una niña! ¡Ay, Allah! ¿Cómo se cumplirá con esta niña el propósito que tenía? Un hijo no es como una hija. El hijo está libre de las debilidades naturales y de las limitaciones sociales». Pero Allah sabía muy bien para qué la esposa de Imrán había ofrecido a su hijo. Ella se angustiaba profundamente al considerarla una niña. Pensaba: «¿Cómo se cumplirá el propósito por el cual quería consagrar a su hijo?». ¿Acaso sabía que esta misma niña sería causa de felicidad para ella y que iluminaría su nombre hasta el Día de la Resurrección? Gracias a ella, el nombre de la esposa de Imrán quedaría preservado en el último Libro celestial, y millones y millones de personas recordarían su nombre hasta el Día de la Resurrección. Gracias a ella, se convertiría en la abuela de un profeta eminente sobre quien Allah revelaría el Evangelio.
En realidad, Allah no frustró el voto de la esposa de Imrán. Por el contrario, aceptó a aquella niña de una manera tan hermosa que sería recordada hasta el Día de la Resurrección. Su nombre ha quedado preservado en las páginas sagradas: leerlas es una recompensa, escucharlas es una recompensa y hacer que otros las escuchen también es una recompensa. Esta historia también se narra así en el Sagrado Corán:

متقبلها ربها بقبول حسن وأنبتها نباتا حسنَا ، وَكَفَلَهَا زَكَرِيَّا ، كُلَّمَا دَخَلَ عليها زكريا المحراب ، وجد عندها رزقا ، قال يمريمُ أَنِّي لَكَ هَذَا ، قَالَتْ
هُوَ مِنْ عِندِ اللهِ ، إِنَّ اللهَ يَرْزُقُ مَنْ يَشَاء بغير حساب ال عمران : ۲۷«Finalmente, su Señor la aceptó con una hermosa aceptación, la hizo crecer de la mejor manera y puso a Zacarías bajo su tutela. Cada vez que Zacarías entraba en el santuario donde ella se encontraba, hallaba junto a ella algún alimento o bebida. Le preguntaba: “María, ¿de dónde te ha llegado esto?”. Ella respondía: “Esto procede de Allah”. En verdad, Allah provee abundantemente a quien quiere».

Los hijos son un don de Allah. Tanto las hijas como los hijos son dones Suyos. La obligación de quien recibe un regalo es valorar ese don y mostrar gratitud hacia el Dador. No corresponde en absoluto a un creyente no valorar el don de Allah y mostrarse ingrato. Solo Allah sabe a quién debe conceder cada bendición, y solo Él toma decisiones sabias conforme a Su conocimiento y poder. Es deber del creyente estar satisfecho con Su decisión y considerarla beneficiosa para sí mismo.
La creencia de todo hombre y toda mujer creyentes acerca del amado Profeta —que Allah le bendiga y le conceda paz— es que nadie ha sido creado ni puede ser creado mejor o más excelente que él. Él —que Allah le bendiga y le conceda paz— fue padre de cuatro hijas. El Mensajero de Allah —que Allah le bendiga y le conceda paz— dijo acerca de Jadiya —que Allah esté complacido con ella—: «No hay ninguna mujer en los cielos ni en la Tierra mejor que ella». Fue por medio de ella que Allah concedió estas cuatro hijas al amado Profeta —que Allah le bendiga y le conceda paz—, y Jadiya —que Allah esté complacido con ella— fue la madre de aquellas cuatro hijas. El Profeta —que Allah le bendiga y le conceda paz— guio a la comunidad diciendo:

لا تَكْرِهُو الْبَنَاتِ فَإِنِّي أَبُو الْبَنَاتِ«No odiéis a las hijas, pues yo mismo soy padre de hijas».

También dijo que las hijas son muy afectuosas y traen bondad, bienestar y bendiciones. En Kanz al-Ummal, Ibn Shurayt dijo:

سبعة رَسُولَ اللهِ صلَّى اللهُ عَلَيْهِ وَسَلَّمَ يَقُولُ إِذَا وُلِدَ لِلرَّجُلُ ابْنَةُ بَعَثَ اللهُ عَزَّ وَجَلَّ مَلَئِكَةٌ يَقُولُونَ السَّلامُ عَلَيْكُمْ يَا أَهْلَ الْبَيْتِ يَكْتَنفُونَهَا
بأجنحتهم ويمسحون بأيديهم على رأسها ويَقُولُونَ ضَعِيفَةٌ خَرَجَتْ مِنْ ضعيفة القيم عليها معان إلى يوم القيمة – المعجم الصغير اللطبراني«Escuché al Mensajero de Allah —que Allah le bendiga y le conceda paz— decir: “Cuando nace una hija en la casa de alguien, Allah envía allí ángeles. Ellos llegan y dicen: ‘¡La paz sea con vosotros, habitantes de la casa!’. Los ángeles cubren con sus alas a la niña recién nacida, ponen sus manos sobre su cabeza y dicen: ‘Este es un cuerpo débil, nacido de una vida débil. Quien asuma la responsabilidad de criar a esta vida débil tendrá consigo la ayuda de Allah hasta el Día de la Resurrección’”». —Al-Mu’jam al-Saghir de al-Tabarani

Un hombre estaba sentado ante Hazrat Abdullah ibn Umar (que Allah esté complacido con él). El hombre tenía varias hijas. Dijo: «¡Ay! ¡Qué bueno sería que estas hijas murieran!». Al oír esto, Abdullah ibn Umar (que Allah esté complacido con él) montó en cólera y le dijo: «¿Acaso tú les proporcionas su sustento?».
Solo puede haber dos razones fundamentales para fruncir el ceño y entristecerse cuando nace una hija. La primera es considerar vergonzosa la existencia de una hija, y la segunda es angustiarse por los gastos que ocasionará.
Al analizar la primera razón, se ve que es algo sumamente vergonzoso. Pues, si una mujer desea vivir conforme a la luz del islam y considera como modelo para sí misma la vida pura del Mensajero, que Allah le bendiga y le conceda paz, ¿cómo puede ser vergonzoso aquello de lo que el amado Profeta, que Allah le bendiga y le conceda paz, fue precisamente padre, y cuando él describió la existencia de una hija como un escudo contra el Infierno y un medio para alcanzar el Paraíso?
Al examinar la segunda razón, se ve que tales ideas propias de la ignorancia ni siquiera pueden surgir por un instante en la mente de un musulmán. ¿Cómo puede pensar quien cree que Allah es el Proveedor del sustento y quien concede el sustento que él es quien proporciona el sustento de su hija? La creencia de quien tiene fe en los atributos de Allah es que el Proveedor del sustento y el Único que satisface las necesidades es Allah, y que Allah proporciona el sustento a todo ser creado. Cada persona trae consigo la parte de sustento que le corresponde. ¿Qué derecho tiene alguien a pensar que proporciona el sustento de otra persona, cuando Allah mismo le concede su sustento y él depende de Allah para satisfacer sus propias necesidades? Nadie puede saber qué le está destinado a cada persona. Es posible que la débil niña que ha nacido haya venido con una gran fortaleza y un destino magnífico. Tampoco está fuera del poder de Allah que la débil niña nacida en su hogar no solo traiga consigo su propio sustento, sino que, gracias a su destino, pueda cambiar favorablemente su situación. Al convertirlo en tutor de una hija débil, Allah le ha concedido un enorme favor. ¡Y qué favor tan grande! Si reflexiona sobre ello, se verá colmado de gratitud. El Paraíso, que Allah ha rodeado de un camino difícil, lleno de sufrimientos y adversidades, ha visto facilitado para usted el camino hacia él por el hecho de ser padre o madre de una hija.

La crianza de los hijos

El segundo derecho importante de los hijos es recibir crianza y cuidados. Así como el hijo depende de sus padres para existir, también depende de ellos para crecer, ser criado y recibir atención. La infancia es una etapa de extrema indefensión. Si durante este periodo no recibe la tutela y los cuidados de sus padres, no puede desarrollarse adecuadamente. Por eso, después de explicar el valor y la importancia de los hijos, el islam ha mencionado como su segundo derecho que sean criados debidamente.

El favor de Allah hacia los padres

Criar a los hijos es una tarea sumamente difícil. Requiere paciencia ilimitada, sacrificio y abnegación, así como afecto sincero y amor. Allah Todopoderoso ha creado en el corazón de los padres un amor infinito por sus hijos y les ha dado un fuerte deseo de criarlos, preparándolos así para cumplir esta difícil responsabilidad. Aunque soportan dificultades de todo tipo durante la crianza, los padres nunca sienten aversión; al contrario, incluso en medio de esas penas y dificultades sienten paz interior. Cuando, después de aceptar las penas y soportar diversas dificultades, dirigen una sola mirada afectuosa al niño, se desbordan de orgullo y alegría. Surge en el corazón de los padres una dicha y una felicidad espiritual tan grandes que ya no queda rastro de la sensación de las muchas dificultades de la crianza. Allah Todopoderoso ha mostrado un gran favor a los padres al concederles este extraordinario afecto sincero por el niño. Si no existieran esta emoción y este entusiasmo, probablemente cumplir el deber de criar a los hijos se convertiría para los padres en una prueba enorme, y muy pocas personas serían capaces de cumplir con esta obligación llena de penas y dificultades.
Piense en esa madre débil y exhausta que, durante varios meses determinados, consume gradualmente su propio cuerpo y sus fuerzas vitales para dar existencia y fortaleza a un niño y después, arriesgando su propia vida, da a luz a un recién nacido. Piense precisamente en ese recién nacido: un indefenso pedazo de carne. No tiene capacidad para hablar. Y esa madre enferma, sin preocuparse por su propia vida, acepta con una sonrisa las dificultades de criarlo mediante sacrificio y abnegación.
No siente la menor incomodidad ante el llanto continuo del niño. Este orina y defeca una y otra vez, no solo en la cama, sino con frecuencia también sobre su cuerpo y su ropa. Pero tampoco le da importancia. Además, si el niño sufre alguna molestia, la débil madre lo toma en brazos y pasa toda la noche en vela. No siente la menor dificultad por ello. Al contrario, al verlo sufrir se agita de tal manera que, si fuera posible, estaría dispuesta a asumir el sufrimiento sobre sí misma para proporcionar comodidad al niño. Lo mismo ocurre con el padre. El padre no duda en gastar en ese delicado niño lo que gana con el sudor de su frente. Ya sea por la alegría de su nacimiento o por la felicidad de la aqiqah, siempre gasta sus bienes con alegría. Soporta el calor abrasador que quema el cuerpo, recibe los golpes del duro viento caliente, trabaja intensamente bajo un sol que raja las piedras y, en el frío que congela la sangre, corre y se esfuerza a cualquier hora; todo lo que gana con enorme dificultad lo gana para sus hijos. Después lo gasta en ellos sin sentir pesar en el corazón; al contrario, experimenta una inmensa paz espiritual. Si en el corazón de los padres no existieran por ese niño un amor y un afecto ilimitados, así como un intenso deseo de criarlo, ¿cómo sería posible todo esto?

La crianza de los hijos es una inclinación natural

El amor por los hijos y el impulso de criarlos son un instinto innato. Allah Todopoderoso ha creado este instinto en el corazón de todos los padres. No hay diferencia entre que los padres sean musulmanes o no, ni entre que crean o no en alguna religión o en Allah. Debido a la enorme necesidad de preservar la raza humana y mantener habitado este mundo, Allah, el Altísimo, ha creado en todo ser humano el instinto y el deseo de criar hijos. Para ello, Allah Todopoderoso ha concedido a todos los padres, sin distinción, un impulso innato. Por naturaleza, toda persona desea que, después de ella, su hijo ocupe su lugar, mantenga vivo su nombre y herede sus bienes y propiedades, así como su historia, civilización, costumbres y tradiciones. El hijo es una parte del propio cuerpo y del alma. Por eso, por naturaleza, su vida debe ser querida para los padres. Incluso quienes tienen una comprensión clara de la crianza de los hijos y de sus emociones consideran que criar a los hijos bajo el influjo del afecto y el amor innatos es un deber excelente y una buena obra. Para que una mujer soporte toda clase de dificultades por el bien del niño y se entregue continuamente al sacrificio y la abnegación, basta el vínculo de ser su madre. Que crea en el islam, que siga otra religión distinta del islam o que no siga por completo ninguna religión, no cambia nada.

La diferencia de la madre musulmana en la cuestión de la crianza

Al-láh Altísimo ha concedido a todas las madres el sentimiento de amor hacia sus hijos y el impulso de criarlos. Tanto la madre musulmana como la madre ignorante de la religión islámica crían a sus hijos obedeciendo a su instinto natural. Sin embargo, existe una enorme diferencia entre ambas en cuanto a sus ideas, las razones por las que se esfuerzan, sus métodos de actuación y los efectos y consecuencias de sus esfuerzos.
La madre privada del islam limita todo lo que piensa o puede pensar acerca de la crianza de sus hijos a este mundo. Su visión no se extiende hasta el mundo eterno, más allá de la frontera de la muerte. Cría a su hijo porque es suyo. En su corazón existe un sentimiento ilimitado de amor hacia él. Considera la crianza de los hijos una buena obra en este mundo y la realiza debido a ese impulso natural.
Piensa que, por medio de sus hijos, su linaje continuará, o que cuando crezcan le proporcionarán comodidad y tranquilidad y serán sus ayudantes. Bajo la influencia de estas ideas, cría a sus hijos de tal manera que puedan llevar una vida exitosa desde una perspectiva mundana.
La madre musulmana también cría a sus hijos debido a su ilimitado amor por ellos. También considera que el hijo es un medio para preservar la continuidad de su linaje. Lo ve como un apoyo en su vida y un refugio durante su vejez. Pero la diferencia es que considera la crianza de los hijos un deber religioso y un medio para alcanzar la salvación en el Más Allá y la complacencia de Al-láh. Además, los padres musulmanes someten su crianza de los hijos a las normas y mandatos islámicos. Los padres musulmanes no crían a sus hijos únicamente para que vivan con prosperidad y comodidad en este mundo; más bien, bajo su tutela forman muyahidines de visión amplia, que viven y mueren en este mundo para vivir conforme a la voluntad de Al-láh y alcanzar Su complacencia en el Más Allá.
Para la madre musulmana, la cuestión de criar a los hijos no se refiere únicamente a la vida mundana, sino que sus efectos buenos o malos también se manifestarán en la vida llamada vida del Más Allá. Y ella cree en esa vida del Más Allá. Su forma de pensar es que, si educa a sus hijos según las ideas islámicas y los cría conforme a las instrucciones islámicas, su vida del Más Allá será hermosa. Al-láh estará complacido con ella, le concederá el Paraíso y derramará sobre ella una lluvia de recompensas. Pero si muestra debilidad en el cumplimiento de este deber o no educa a sus hijos conforme a las instrucciones de Al-láh, se avergonzará en el Más Allá y su vida futura quedará arruinada. Al-láh estará disgustado con ella y la castigará.
La madre musulmana cría a sus hijos impulsada también por el amor maternal y espera una buena recompensa por ello en este mundo. Pero, al mismo tiempo, esperará su compensación y recompensa el día en que tendrá mayor necesidad de recompensa que en este mundo. Esa recompensa será eterna.
La madre privada de la bendición del islam nunca puede sentir hacia sus hijos un amor como el de la madre musulmana. Cuando al sentimiento natural se suma el sentimiento de la fe, la profundidad de afecto y sinceridad que se produce no puede surgir en el corazón de una madre no musulmana. Además, la alegría y la fuerza que surgen en el corazón de la madre musulmana gracias a sus ideas fundamentales y distintivas tampoco pueden surgir en el corazón de una madre no musulmana.
El mayor beneficio de este modo de pensar y actuar es que, aunque el hijo sea incapaz de satisfacer los deseos de la madre a pesar de todos sus esfuerzos y sacrificios, ella no se avergüenza. Tampoco se desespera ni disminuye su empeño. Por el contrario, permanece siempre fortalecida por la confianza de que, aunque en este mundo su hijo no logre satisfacer sus deseos, Al-láh cumplirá la compensación y recompensa que ella espera de Él. Esto se debe a que Al-láh nunca deja que se pierda la recompensa de las obras de Sus siervos. Él es Todopoderoso. Recompensa plenamente las buenas obras de Sus siervos y nunca los priva de su recompensa.

إِنَّ هَذَا كَانَ لَكُمْ جَزَاء وَكَانَ سَعيكم مشكورا الدهر : ٢٢«Esta es vuestra recompensa por vuestros esfuerzos, y vuestro esfuerzo es aceptado (ante Al-láh y no queda desperdiciado)». —Sura Al-Dahr, 22

El poder de Al-láh se manifiesta en que aumenta aún más, mediante Su favor, la recompensa de las buenas obras de Sus siervos y les concede recompensas y premios multiplicados varias veces. Aunque haya algunas deficiencias y errores en las obras de Sus siervos, Él no reduce la recompensa, sino que perdona sus deficiencias y errores y aumenta la recompensa mediante Su favor.

ومن يُقْتَرِفْ حَسَنَةً نَزِدْلَهُ فِيهَا حُسْنًا ، إِنَّ اللهَ غَفُورٌ شَكُور – الشورى : ۲۳«A quien realice una buena obra, le aumentaremos su bondad en ella. Ciertamente, Al-láh es muy Perdonador y agradece y valora las obras». —Sura Al-Shura, 23

El significado de la crianza de los hijos: dos responsabilidades

La responsabilidad de los padres en la crianza de los hijos es igual, y ambos cumplen juntos esta responsabilidad. La crianza de los hijos significa cumplir dos tipos de responsabilidades.
Primera: prestar el servicio de cuidar y criar al niño.
Segunda: proporcionar los recursos para los gastos de la crianza del niño.
La primera responsabilidad significa prestar atención al crecimiento de los niños, protegerlos y supervisarlos. También significa ocuparse de su salud y comodidad. Hay que prestarles este servicio hasta que sean capaces de alimentarse por sí mismos. La madre amamantará al niño y lo supervisará. Incluso después del destete, deberá supervisarlo hasta que alcance la madurez y ocuparse de sus necesidades físicas y morales, para que, al ser criado y educado, pueda adquirir un sentido de responsabilidad humana y llegue a ser digno de ser criado.
La segunda responsabilidad significa hacerse cargo de todos los gastos del hijo desde su nacimiento hasta que alcance la pubertad. Deben cubrirse todos los gastos de su alimentación, vestimenta y vivienda, así como los relacionados con su cuidado, la atención de su salud física, y su educación y formación.

Distribución de responsabilidades

Aunque la primera responsabilidad, es decir, el cuidado y la crianza del niño, corresponde a ambos padres, naturalmente la mayor carga recae sobre la madre. El islam también le ha concedido este derecho a la madre. Asimismo, es responsabilidad de la madre amamantar normalmente a su hijo durante dos años.
La segunda responsabilidad, es decir, la de sufragar los gastos, recae exclusivamente sobre el padre. Al-láh ha eximido a la madre de esta responsabilidad, para que pueda permanecer siempre con los niños y cumplir con concentración, de manera bella y adecuada, la parte de la responsabilidad que le corresponde.

El verdadero mérito de la madre está en el servicio de la crianza de los hijos

El verdadero ámbito del esfuerzo de la madre es su hogar, y su auténtico mérito consiste en cuidar del niño y brindarle un servicio excelente en su crianza. El islam le ha confiado precisamente este servicio como responsabilidad. Este es el verdadero campo de su éxito y este es su auténtico mérito. Sobre este asunto tendrá que rendir cuentas el Día del Juicio. El noble Profeta —que Allah le bendiga y le conceda paz— dijo:

والمرأة راعية في بيت زوجها ومسئولة عن رعيتها – بخاری، مسلم«La mujer es responsable de la casa de su esposo y se le pedirá cuentas por aquello que se le haya confiado administrar, tanto personas como bienes». —Bujari y Muslim

Siempre que se ha apartado a la mujer de su verdadero ámbito y se la ha llevado al campo exterior, cargándola con responsabilidades externas adicionales a sus deberes naturales mediante la promesa de sueños de un progreso anormal, la vida familiar ha quedado destruida. También se han producido calamidades semejantes a las del Día del Juicio en la vida pública, y la vida de los hijos ha quedado desolada y arruinada. Sin embargo, Allah no les había impuesto esta responsabilidad. Seducida por sus ilusorias aspiraciones de progreso, la mujer ha aceptado una doble responsabilidad.

En los países donde este experimento todavía no ha terminado, las mujeres se esfuerzan hasta el agotamiento para satisfacer sus deseos internos, y la sociedad corre ciegamente por este camino. Pero quienes han concluido el experimento de esta espantosa civilización están sufriendo sus amargos frutos. Avergonzados de sus actos, piensan en regresar. El gran pensador occidental de la era moderna, Arnold Toynbee, escribió:
«Las épocas de la historia humana que han sucumbido al declive son aquellas en las que la mujer ha sacado sus pasos fuera de las cuatro paredes del hogar».
El Dr. Judd escribió: «Si las mujeres se conformaran con cumplir en sus propios hogares la responsabilidad de cuidar de ellos y criar a sus hijos, tengo plena confianza en que este mundo se convertiría en un símbolo del Paraíso».
El mejor de los guías, Hazrat Muhammad Mustafa —que Allah le bendiga y le conceda paz—, había advertido mucho tiempo antes a su comunidad que sería una época muy mala para ellos: aquella en la que quedarían bajo el control de sus esposas y las riendas de sus asuntos colectivos serían puestas en sus manos. Además, dijo:

إِذَا كَانَ أَمَرَ أَنكُم شراركُمْ وَأَغْنِيَاءكُم بِخَلاتُكُمْ وَأَمركم إلى نساءكم
فَبَطْنُ الأَرْضِ خَيرٌ لكم من ظهرها – مشكوة باب تغير الناس«Cuando vuestros gobernantes y responsables sean gente malvada, vuestros ricos sean avaros y vuestros asuntos sean confiados a las mujeres, entonces el seno de la tierra será mejor para vosotros que su superficie». —Mishkat

El amado Profeta —que Allah le bendiga y le conceda paz— dijo a las mujeres de su comunidad: si cumplís hermosa y correctamente vuestros deberes naturales, estaréis conmigo en el Paraíso. Es decir, vuestros deberes naturales y domésticos son, ante Allah, responsabilidades sumamente importantes y valiosas. De ningún modo deben considerarse insignificantes. Solo tienen éxito aquellas mujeres que cumplen con sinceridad esta responsabilidad primordial. Nunca pueden tener éxito las mujeres que, cargando sobre sus hombros el peso de responsabilidades externas, desean estar junto a los hombres en todos los ámbitos. El amado Profeta —que Allah le bendiga y le conceda paz— dijo:

أيما امرأة قعدت على بيت أولادها فهي مَعِي فِي الْجَنَّةِ – كنز العمال«La mujer que permanece en su hogar para cuidar de sus hijos estará conmigo en el Paraíso». —Kanz al-Ummal

¿Qué mayor fortuna y éxito podría haber para las mujeres que estar con el Mensajero de Allah —que Allah le bendiga y le conceda paz— en el Paraíso? Toda mujer puede alcanzar esta fortuna si cuida de sus hijos, realiza las labores del hogar y cumple con su verdadera responsabilidad.

En realidad, Allah creó la constitución física de la mujer, sus especiales emociones y sentimientos puros, sus cualidades morales particulares y su temperamento específico precisamente de manera adecuada para esa labor. Apartarla de esta tarea natural y asignarle otra no es sino una injusticia.

La obra de mayor dignidad para las mujeres

Considerar las labores del hogar como algo despreciable, considerar deshonroso criar a los hijos y pensar que participar en actividades colectivas externas es progreso no es más que una idea equivocada. El islam ciertamente le ha concedido el derecho de participar en actividades colectivas dentro de ciertos límites. Pero no le ha concedido este derecho para que considere deshonroso su deber innato y, abandonándolo, piense que cumplir responsabilidades externas es progreso. El verdadero desarrollo de la civilización y la cultura humanas consiste en construir una sociedad humana avanzada. Y para construir una sociedad humana avanzada es indispensable cumplir con la responsabilidad de criar a los hijos y formar personas de carácter elevado y naturaleza pura. Pues una sociedad pura solo puede construirse con buenas personas. Nadie puede realizar esta tarea salvo las mujeres. Las buenas personas se crían en un buen regazo. Por eso el islam ha calificado esta labor suya como la obra de mayor dignidad. Esta labor suya es yihad a los ojos del islam, y el Noble Profeta, que Allah le bendiga y le conceda paz, describió la yihad como la cúspide de la religión. El amado Profeta, que Allah le bendiga y le conceda paz, dijo a Hazrat Mu‘az, que Allah esté complacido con él:

ألا أدلك برأس الأمر وعموده وذروة سنامه ؟ قُلْتُ بَلَى يَا رَسُولَ الله ! قَالَ رَأس الأمر الإسلام وعموده الصلوة وذروة سنامه الجهاد – ترمذى«¿Les informaré sobre la cabeza de la religión, su pilar y su cúspide? Respondí: “Sí, oh Mensajero de Allah”. Él dijo: “La cabeza de la religión es la sumisión, su pilar es la oración y su cúspide es la yihad”».

A la luz de esta enseñanza, si usted se dedica a cuidar el hogar y criar a los hijos, se encuentra en el campo de la yihad, y ante Allah su rango es igual al del muyahid. Se ha transmitido de Hazrat Aisha, que Allah esté complacido con ella, que el Noble Profeta, que Allah le bendiga y le conceda paz, dijo:

عَلَيْكُنَّ بِالْبَيْتِ فَإِنَّهُ جِهَادُكُن – مسند احمد ج ۲«Es su responsabilidad cuidar del hogar; y esta es su labor de yihad».

No volver a casarse por consideración a los hijos

Si el esposo de una mujer fallece, para ella volver a casarse no solo es lícito, sino también recomendable. Pero si una mujer no vuelve a casarse por consideración a sus propios hijos y sacrifica su belleza y juventud por los hijos huérfanos de su difunto esposo, su acción será tan recomendable y aceptable que el Día del Juicio estará junto al Mensajero de Allah, que Allah le bendiga y le conceda paz.

قَالَ رَسُولُ اللهِ صلَّى اللهُ عَلَيْهِ وَسَلَّمَ أَنَا وَامْرَأَةُ سَفَعَاءُ الخَدِّينِ كَهَاتَيْنِ يوم القيمة وأوما يزيد بن زريع إلى الوسطى والسبابة امرأة أمت من زوجها ذات منصب وجمال حبست نفسها علَى يَتَامَاهَا حَتَّى بَانُوا أَوْ مَاتُوا—El Noble Profeta, que Allah le bendiga y le conceda paz, dijo: «El Día del Juicio, yo y la mujer de las mejillas quemadas por la preocupación estaremos juntos como estos dos dedos». (Yazid ibn Zuray‘ señaló con el dedo medio y el índice). Es decir, la mujer cuyo esposo ha fallecido, una mujer de noble linaje y hermosa. Sin embargo, por el bien de sus hijos huérfanos, se abstiene de volver a casarse, hasta que esos niños dejan de estar bajo su tutela o fallecen.

La expresión «mujer privada de esposo» puede tener dos significados. Primero, aquella cuyo esposo ha fallecido. Segundo, aquella cuyo esposo se ha divorciado de ella. Desde el punto de vista lexicográfico, ayima se denomina a la persona privada de un vínculo matrimonial. Un hombre puede estar privado de dicho vínculo, al igual que una mujer. Aquí, el Noble Profeta, que Allah le bendiga y le conceda paz, elogió la acción del hombre o la mujer privados de esposo; es decir, que la mujer no se vuelve a casar por consideración a los niños huérfanos. Por eso, aquí se ha mencionado propiamente el caso de la viuda. Sin embargo, si el esposo de una mujer se divorcia de ella y, por alguna razón, un niño queda bajo su responsabilidad, si ella no vuelve a casarse por consideración al niño, también cabe esperar que sea merecedora de esa recompensa.

La crianza de los hijos y las mujeres Compañeras

Las mujeres Compañeras que creyeron en el Mensajero, que Allah le bendiga y le conceda paz, y se sumergieron en su guía, amaban profundamente, con la vida y el corazón, cada una de las instrucciones y enseñanzas del amado Profeta, que Allah le bendiga y le conceda paz, y cumplían debidamente con la obligación de ponerlas en práctica únicamente para obtener la complacencia de Allah. Estas mujeres Compañeras de espíritu elevado, que Allah esté complacido con ellas, también asumieron la responsabilidad de criar a sus hijos. Por consideración a sus hijos, sacrificaron toda comodidad, esperanza, aspiración, belleza y juventud. En realidad, habían logrado asimilar correctamente las enseñanzas del Mensajero, que Allah le bendiga y le conceda paz.

Una madre que asumió la responsabilidad de la crianza

«Que Allah recompense con el bien a mi madre. Ella asumió la responsabilidad de criarme y tutelarme».
Estas palabras fueron pronunciadas por el Muy Noble Profeta, que Allah le bendiga y le conceda paz, acerca de su madre, por Anas, que Allah esté complacido con él, su sirviente especial. La madre de Anas, Umm Sulaym, era más conocida por su kunya. Su nombre verdadero era Ramila o Sahla, y su sobrenombre era Ramisa. Su padre se llamaba Malhan. Estaba vinculada al clan Nayyar de los Ansar.
Se casó con un joven de su propio clan llamado Malik ibn Nadr. De él nació Anas, que Allah esté complacido con él. Cuando Anas aún era un niño, Umm Sulaym se hizo musulmana.
Umm Sulaym amaba a su hijo pequeño con todo su corazón y su alma. Cuando le enseñaba al niño el kalima, Malik ibn Nadr se enfadaba mucho. Finalmente, disgustado, se marchó a Siria.
En Siria, uno de sus enemigos aprovechó la ocasión y lo mató, y Umm Sulaym quedó viuda en plena juventud. Entonces comenzaron a llegarle propuestas de matrimonio. Pero rechazó cada una de ellas diciendo: «No me casaré hasta que mi hijo alcance la capacidad de sentarse y levantarse en las reuniones y conversar. Después, cuando Anas mismo acepte mi matrimonio, me casaré».
Umm Sulaym era una mujer joven. Anas era un niño. Umm Sulaym estaba preocupada. Pero le resultaba insoportable que el maltrato de un padrastro causara alguna herida en el corazón del niño.
Después, cuando Anas llegó a la juventud, Abu Talha envió una propuesta de matrimonio. Pero ¿cómo podía aceptarla? Abu Talha todavía no era musulmán. Por eso rechazó la propuesta. Sin embargo, este rechazo estaba lleno de sabiduría, para que los ojos de Abu Talha se abrieran. Umm Sulaym dijo:

يا أبا طلحة الست تعلم أن الهك الذي تعيد نبت مِنَ الْأَرْضِ قَالَ بَلَى قَالَت
أفلا تستحيي تعبد شجرة – اصابه ج دوم و مسند احمد«Abu Talha, ¿acaso no sabes que aquello que adoras convirtiéndolo en tu dios brota de la tierra?». Él respondió: «Sí, lo sé». Entonces Umm Sulaym continuó: «¿No te da vergüenza adorar un árbol?». —Al-Isaba y el Musnad de Ahmad

Al oír esto, Abu Talha quedó sumido en sus pensamientos. En ese momento se marchó. Pero la impureza de su corazón comenzó a desaparecer. Pasados unos días, regresó junto a Umm Sulaym y fue honrado con la aceptación del islam.
Cuando Umm Sulaym vio que Allah había honrado a Abu Talha con una riqueza como el islam, sin preocuparse por su impotencia ni su pobreza, le dijo: «Abu Talha, acepto tu propuesta. Mi dote es tu islam». El matrimonio de Umm Sulaym se celebró precisamente para garantizar la crianza de aquel buen hijo, por cuyo cuidado y adecuada formación ella había rechazado casarse hasta entonces. Anas, que Allah esté complacido con él, decía: «La dote de mi madre también fue algo extraordinario».
La estima de esta piadosa esposa ante Allah puede apreciarse por la siguiente narración del amado Profeta, que Allah le bendiga y le conceda paz:

دخلت الجنَّةَ فَسَمِعتُ خَشَفَةً فَقُلْتُ مَا هذَا فَقِيلَ الرميصاء بنت ملحان –
صحيح مسلم ج دوم وطبقات ابن سعد ج هشتم«Entré en el Paraíso y oí un sonido. Pregunté: “¿Qué es ese sonido?”. Se me respondió: “Es la voz de R umaisa, hija de Malhan”». —Muslim y las Tabaqat de Ibn Sa’d

Sacrificio sin precedentes para criar a los hijos

¿Quién podía ser más querido para las compañeras del Profeta —que Allah esté complacido con ellas— que el Mensajero —que Allah lo bendiga y le conceda paz—? Sin embargo, cuando el Noble Profeta —que Allah lo bendiga y le conceda paz— presentó una propuesta de matrimonio a Umm Hani, hija de su tío paterno Abu Talib, ella se disculpó, pues las compañeras del Profeta habían comprendido muy bien la enseñanza que el Mensajero de Allah —que Allah lo bendiga y le conceda paz— les había impartido sobre la importancia de criar a los hijos. Reflexionen sobre las palabras que Umm Hani dirigió al Noble Profeta —que Allah lo bendiga y le conceda paz— al disculparse. Entonces quedará claro cuánta importancia concedían las compañeras del Profeta a la crianza de los hijos. Umm Hani dijo:
«¡Oh, Mensajero de Allah! Usted me es más querido que estos dos ojos míos. Pero los derechos del esposo son mucho mayores. Temo que, si me caso y cumplo debidamente los derechos de servir a mi esposo, no pueda cumplir los derechos de estos tesoros de mi corazón (mis hijos). Y si me dedico a atender a mis hijos, no podré cumplir los derechos de mi esposo». —Tabaqat de Ibn Sa‘d: relato sobre Umm Hani
Esta era la afortunada Umm Hani, en cuya casa el Noble Mensajero de Allah —que Allah lo bendiga y le conceda paz— se bañó el día de la conquista de La Meca y realizó la oración de Duha. Por el vínculo de parentesco, Umm Hani había dado refugio en su casa a dos politeístas, y el Mensajero de Allah —que Allah lo bendiga y le conceda paz— también les concedió protección. —Musnad de Ahmad

La leche materna desde la perspectiva islámica

En la crianza de los hijos, la madre amamanta al niño por una razón natural. ¡Es una costumbre o práctica ampliamente conocida! Es un derecho del hijo amado sobre su madre y, al mismo tiempo, una exigencia de la maternidad. Amamantar al niño con leche materna es una costumbre conocida y un asunto habitual en la sociedad. Por otro lado, toda madre considera natural e instintivo amamantar a su propio hijo. Darle su leche después de haberlo llevado en su vientre, haberlo dado a luz y para favorecer su crecimiento es un impulso natural de toda madre.
El Sagrado Corán dice:

والوالدت يرضعن أولادهن حولين كاملين لِمَنْ أَرَادَ أَن يَتِمَّ الرَّضَاعَةَ .
«Las madres amamantarán a sus hijos durante dos años completos, para quien desee completar la lactancia». Sura Al-Baqarah: 233

En este versículo, en realidad, se ordena amamantar a aquellas madres cuyos esposos se han divorciado de ellas o que se han separado de sus esposos mediante un divorcio por jula‘. El niño tiene un derecho natural a la leche de su madre, y no es solamente un fragmento del corazón del padre, sino también del de la madre. Por ello, la madre no debe descargar sobre el hijo la ira que siente contra su padre ni privarlo de su derecho. Cuando el Sagrado Corán ordena a las mujeres separadas de sus esposos no negarse a amamantar a sus hijos, queda claro que amamantar es un derecho y una responsabilidad religiosa de la madre.
¿Cómo podría ser, entonces, que se ordene amamantar a la mujer separada de su esposo, pero no se dé esta orden a la mujer que permanece junto a él? En ambos casos se establece la misma disposición porque ella es la madre del niño. El Sagrado Corán da esta orientación por temor a que, debido a la separación de los esposos, el niño sea privado de su derecho a ser amamantado. La razón por la que el Sagrado Corán no da una orden específica respecto de las madres que viven con sus esposos es que amamantar al propio hijo es una práctica común, y toda madre, impulsada por sus sentimientos naturales, amamanta a su hijo y experimenta paz mental y alegría espiritual.
Por eso, esta instrucción también se conoce claramente a partir de este versículo del Sagrado Corán. Así pues, el Corán no presentó este asunto como una obligación jurídica permanente. Más bien, lo describió como una responsabilidad otorgada por la naturaleza y como una práctica común, estableciendo la costumbre de que, así como toda madre carga con el peso de su hijo y acepta el proceso del parto, también le da a beber la sangre de su propio corazón durante dos años.

حملته أنه كرها ووضعته كرها ، وحمله وفصله ثلثون شهراً – –
«Su madre lo llevó en su vientre con dificultad y lo dio a luz con dificultad, y desde el embarazo hasta el destete transcurrieron treinta meses». —Sura Al-Ahqaf: 15

En este versículo se reconocen tres grandes favores de la madre.
Primero: lo llevó en su vientre soportando dificultades.
Segundo: lo dio a luz soportando dificultades.
Tercero: lo amamantó con su propia leche.
La consecuencia de estos tres favores sin precedentes es que la madre tiene tres veces más derechos que el padre. Lo que el Sagrado Corán mencionó de forma implícita, el Noble Profeta —que Allah lo bendiga y le conceda paz— lo explicó así, como su intérprete:
«Un compañero preguntó: “¡Oh, Mensajero de Allah! ¿Quién tiene más derecho a recibir de mí un buen trato?”. Él respondió: “Tu madre”. Preguntó: “¿Quién después de mi madre?”. Respondió: “Tu madre”. El compañero preguntó: “¿Y después?”. Respondió: “Tu madre”. Volvió a preguntar: “¿Y después?”. Él respondió: “Tu padre”». Bujari y Muslim
De esta narración del Corán y la Sunna se sabe que toda madre tiene tres veces más derechos sobre cada hijo. Esto se debe a que la madre, por naturaleza, realiza tres acciones por su hijo: lo lleva en su vientre durante nueve meses, soportando una debilidad tras otra; después arriesga su vida para darlo a luz; y luego, durante dos años, le da a beber la sangre de su propio corazón. Estas son inclinaciones naturales y actos conocidos de toda madre. Mediante estas acciones, el Sagrado Corán, con enorme sabiduría, dejó clara la atracción y el favor de la madre hacia su hijo, y afirmó que la madre posee tres veces más derechos que el padre.
El islam es una religión natural. Por eso no arroja a nadie a dificultades innecesarias. En general, la madre debería amamantar durante dos años. Pero si por alguna razón fuera necesario destetar al niño antes de completar los dos años, el islam no hace obligatorio amamantarlo durante todo ese período. Del mismo modo, si una mujer está enferma o débil y existe el temor de que su salud empeore aún más, puede dejar de amamantar según las circunstancias. Sin embargo, no amamantar únicamente por seguir la moda, sin una dificultad real ni una necesidad, se considera una vulneración del derecho del hijo y un acto de dureza de corazón.
Las mujeres que, influidas por el brillo de la civilización moderna, no amamantan a sus hijos, o que los privan de su propia leche por temor a que la lactancia destruya su belleza, juventud y encanto, y acabe con su juventud, aunque sean madres quedan privadas del afecto y los sentimientos maternales y del corazón de una madre. Esto se debe a que ninguna leche puede sustituir a la leche materna para un niño. El Mensajero de Allah —que Allah lo bendiga y le conceda paz— pronunció una severa advertencia contra las mujeres inspiradas por estas ideas. El Noble Profeta —que Allah lo bendiga y le conceda paz— advirtió de un castigo extremadamente grave a las mujeres que, debido a estas actividades reprobables, privan a sus propios hijos de ser amamantados. Al relatar el acontecimiento de la noche del Viaje Nocturno y la Ascensión, el Noble Profeta —que Allah lo bendiga y le conceda paz— dijo:

ثم انطلق بي فَإِذَا بِنِسَاء تَنهش تديَهُنَّ الْحَيَّاتُ قُلْتُ مَا بَالُ هَؤُلَاءِ قَبْلَ هُؤُلاء
يمنعن أولادهن البانهن – ترغيب وترهيب«Después me llevaron más adelante. Mientras tanto, vi a varias mujeres cuyos pechos eran mordidos por serpientes. Pregunté: “¿Quiénes son estas mujeres?”. Me respondieron: “Son las mujeres que no amamantaban a sus propios hijos”». —At-Targhib wa at-Tarhib

La importancia jurídica y moral de la leche materna

La leche materna es el alimento natural del niño. Este alimento le proporciona plena salud y fortaleza. Sin embargo, no es únicamente alimento físico, sino también alimento espiritual y moral. La leche materna ejerce una profunda influencia sobre el corazón, las emociones, el carácter y las acciones del niño. Al amamantarlo, la madre no solo le proporciona alimento nutritivo, sino que, con cada gota de leche, hace fluir hacia su cuerpo y su alma sus propios pensamientos puros, sus nobles sentimientos, sus elevadas esperanzas y aspiraciones, y su carácter virtuoso. Por naturaleza, el niño absorbe todo ello junto con la leche de su madre. Desde el punto de vista moral, la leche materna es algo de suma importancia. En general, todo alimento produce necesariamente un efecto sobre el carácter y las acciones de la persona. Pero, dado que la leche es el primer alimento del ser humano, su importancia es aún mayor.

Si, por alguna razón, un niño no recibe la leche de su propia madre y debe ser amamantado por una mujer extraña, debe procurarse que el cuerpo de la mujer que lo amamante sea saludable. También debe ser satisfactoria en cuanto a pureza y limpieza. Asimismo, debe ser recomendable por sus sentimientos y pensamientos, confiable en su carácter y sus acciones, y buena en sus hábitos y cualidades, para que el niño pueda adquirir de ella un buen carácter.

La principal causa de la extraordinaria relación y del profundo amor que se crean entre la madre y el niño es la leche. Las madres que no amamantan a sus hijos no sienten por ellos la atracción que surge únicamente por amamantarlos. Si se quejan de la falta de vínculo y de la frialdad en la relación con sus hijos, ellas mismas son responsables de ello. Puesto que durante los dos primeros años de la vida del niño no lo acercaron a su pecho cálido para vivificar el afecto, el amor y el vínculo espiritual, el resultado naturalmente tenía que ser este.

En la ley islámica no solo se ha reconocido la importancia de la leche, sino que se le ha otorgado tal importancia que, sobre esa base, se han establecido las normas de lo lícito y lo ilícito.

En árabe, amamantar se denomina rada‘a. El islam considera que esta relación de lactancia merece casi el mismo respeto que el parentesco de sangre. Si, por alguna razón, un niño bebe la leche de una mujer desconocida, se establece entre él y esa mujer una relación de lactancia. La mujer que lo amamanta se convierte en su madre de leche. La posición de la madre de leche es casi como la de la madre biológica. Debido a la lactancia, no solo la mujer se convierte en madre de leche, sino que su esposo se convierte en el padre de leche del niño, y sus hijos pasan a ser hermanos y hermanas de leche del niño. En la ley islámica, la consideración de estos parientes es casi como la de los parientes de sangre. De hecho, el matrimonio entre esos parientes queda prohibido del mismo modo que está prohibido entre los parientes consanguíneos. En el Sagrado Corán se declara:

وأُمَّهَاتُكُمُ الَّتِي أَرضَعْنَكُم وَأَخَوَاتُكُم من الرضاعة – النساء : ٢٣«Y vuestras madres de leche, que os amamantaron, y vuestras hermanas de leche» —An-Nisá, 23

Es decir, los parientes que se vuelven ilícitos debido al vínculo con los padres biológicos se vuelven ilícitos debido al vínculo con los padres de leche. Como explicación de ello, el Noble Mensajero de Allah, que la paz y las bendiciones de Allah sean con él, expuso la norma diciendo:

إِنَّ اللَّهَ حَرَّمَ مِنَ الرَّضَاعَةِ مَا حَرَّمَ مِنَ النَّسب – صحيح مسلم«Allah ha declarado ilícitos, por la lactancia, a los mismos parientes que ha declarado ilícitos por el parentesco de sangre». —Sahih Muslim

La importancia que la ley islámica concede a la lactancia es tal que, si alguna vez un hombre y una mujer contraen matrimonio sin saber que entre ellos existe una relación de lactancia, ese matrimonio quedará disuelto únicamente por el testimonio de una mujer, y una vez conocida la relación de lactancia, no será lícito que esas dos personas permanezcan ni un solo instante como marido y mujer.

El honorable Uqbah ibn al-Harith, que Allah esté complacido con él, se casó con una mujer. Después del matrimonio, llegó una mujer y dijo: “Yo os amamanté a ambos”. Uqbah preguntó a los familiares de la esposa sobre el asunto, pero ellos manifestaron no saber nada. Finalmente, Uqbah, que Allah esté complacido con él, se presentó ante el amado Profeta, que la paz y las bendiciones de Allah sean con él, y le expuso todo el caso. Al escuchar el relato, el Noble Profeta, que la paz y las bendiciones de Allah sean con él, dijo: “¿Cómo podéis permanecer juntos ahora?”. Uqbah, que Allah esté complacido con él, se divorció de aquella mujer, y ella se casó con otro hombre. —Sahih al-Bujari

El valor ilimitado de la lactancia

Ante la extraordinaria importancia de amamantar al propio hijo y sus enormes beneficios morales y espirituales, el Profeta সাল্লাল্লাহু আলাইহি ওয়া সাল্লাম, además de advertir severamente a quienes no amamantan a sus hijos, las exhortó a hacerlo. Dirigiéndose a las mujeres musulmanas, dijo: «Si amamantáis al fruto de vuestro corazón, no solo recibiréis su recompensa en este mundo, sino que también se os concederá una recompensa y un premio inconmensurables en la vida del Más Allá». El amado Profeta সাল্লাল্লাহু আলাইহি ওয়া সাল্লাম dijo:

وإِن لها من أول رضعة ترضعه أجر حياة نسمة – كنز العمال«La mujer musulmana que da a su hijo el primer sorbo de leche recibe una recompensa equivalente a la de quien da vida a una persona». —Kanz al-‘Ummal

Además, el amado Profeta সাল্লাল্লাহু আলাইহি ওয়া সাল্লাম describió a la mujer que amamanta como el muyahid que permanece continuamente de guardia en el camino de Allah. Si esa mujer muere durante ese período, recibe la recompensa del martirio.

La leche materna desde el punto de vista médico y psicológico

La leche materna también es extraordinariamente beneficiosa desde los puntos de vista médico y psicológico. Los especialistas en medicina y psicología han escrito detalladamente sobre este tema. Aquí presentaremos algunos fragmentos de un artículo de investigación de una institución de investigación sanitaria y médica. A partir de esta cita se podrá comprender qué han pensado los especialistas médicos y psicológicos sobre este asunto, y qué beneficios tienen para usted y su descendencia los derechos cuya reivindicación el islam le ha animado a realizar.

«Muchas exigencias de la civilización moderna nos están alejando de numerosas leyes naturales. Muchas mujeres embarazadas se preguntan si deben alimentar a su hijo con su propia leche o con leche de vaca. Es necesario informarles de que la leche de vaca jamás puede sustituir a la leche materna. Si desea proteger a su hijo de todo tipo de alergias, dolores de estómago e indigestión, amamántelo.

Después del nacimiento del niño, el cuerpo de la madre se recupera rápidamente en cuanto comienza a amamantarlo. Además, la debilidad de los bebés nacidos prematuramente también se elimina mediante la leche materna.»

El caso de una madre

El hijo de una mujer nació seis semanas antes de la fecha prevista. La enfermera le vendó el cuerpo con firmeza. La mujer le preguntó a la enfermera: «¿Por qué me ha puesto este vendaje?»

La enfermera respondió: «Se lo hemos puesto para impedir que le baje la leche».

«Pero yo quiero amamantar a mi hijo». «Usted no podrá darle de mamar», dijo la enfermera. «Como su hijo ha nacido antes de tiempo, está débil. Tendrá que permanecer separada de él durante varias semanas».

«¡Doctor!», dijo la mujer, decepcionada con la enfermera. «¿Puede ayudarme? Quiero amamantar a mi hijo».

El médico dijo con tono severo: «Usted sabe que su hijo ha nacido algunos días antes de tiempo».

«Precisamente por eso quiero darle mi leche. Quiero que ese cuerpo débil adquiera fuerzas de inmediato y que sobreviva».

«Esa cuestión ni siquiera se plantea».

«Si quiere darle su leche, tendremos que extraérsela de algún modo. ¿Está dispuesta a ello?»

Por amor, la madre estaba dispuesta. Le extrajeron la leche con un aparato eléctrico. En algunas ocasiones se extraían hasta 11 onzas. También otros niños del hospital bebían aquella leche. Cuando dieron de alta a la madre, dejaron al niño allí, porque pesaba menos de 6 libras. En casa, la madre se extraía su leche con una bomba y la enviaba al hospital para su hijo. Entretanto, el niño cumplió cinco semanas y lo llevaron a casa.

En nuestra sociedad amante de la moda, son muy pocas las mujeres que insisten en amamantar a su hijo como lo hizo la mujer mencionada. Esta mujer había visto con sus propios ojos la situación de sus amigas. Sabía que los niños alimentados con biberón sufrían constantemente de dolores de estómago. Aunque su hijo había nacido prematuramente, pronto alcanzó un estado normal, y la debilidad que se había observado al principio desapareció de inmediato.

La leche materna y la salud

En los países donde, bajo el pretexto de las exigencias modernas de la civilización, las madres muestran renuencia a amamantar a sus hijos, el nivel de salud está decayendo y los hijos se ven privados del carácter de sus padres.
Durante los primeros días, la leche materna contiene mezclada una sustancia llamada calostro. Este calostro proporciona al niño una sólida fuerza vital. La cantidad de vitamina «A» que contiene ya no se obtiene posteriormente en la misma medida. Su cantidad va disminuyendo poco a poco. Por ello, al principio la madre debe amamantarlo necesariamente. El niño no recibe esta vitamina en el vientre materno. Por tanto, debe obtenerla necesariamente al comienzo de su vida. El calostro también protege a los recién nacidos contra los ataques de gérmenes externos.
Los recién nacidos corren el riesgo de sufrir tos y neumonía. Si reciben calostro, disminuye la probabilidad de que contraigan estas enfermedades. La mayoría de los niños que mueren durante el primer mes después de nacer mueren debido a la falta de calostro.

Investigaciones modernas

Los investigadores coinciden en que la mejor manera de proteger a los recién nacidos de toda clase de sufrimientos es amamantarlos. Este alimento satisface sus necesidades de medicamentos. La mayoría de las enfermedades que padecen los niños al comienzo de la vida se deben precisamente a la alimentación.
Si se reflexiona, se verá que la situación de los animales es completamente diferente de la de los seres humanos. La leche de vaca es muy adecuada para su ternero, pues este tiene que ponerse de pie muy pronto. En su caso, necesita algo más de fuerza física que de capacidad cerebral. El bebé humano no necesita desplazarse inmediatamente después de nacer. Tiene que desarrollar su capacidad cerebral. La leche materna actúa como el medio perfecto para adquirir estas capacidades.
La leche materna contiene un 4 por ciento de grasa. En cambio, la leche de la foca contiene un 40 por ciento de grasa. La razón es clara: el cuerpo de la foca necesita pronto una capa de grasa. Con ayuda de esta grasa, sobrevive enfrentándose al frío del hielo y del agua helada. Por otro lado, la leche de coneja contiene una proporción algo mayor de proteínas: diez veces más que la leche humana. Por eso la cría de conejo crece a gran velocidad. En tan solo seis días, su peso se duplica con respecto al día de su nacimiento. El peso del bebé humano tarda seis meses en duplicarse. Esta es la ley de la naturaleza.

Perjuicios de alimentar al niño con otra leche en lugar de la materna

Según las concepciones modernas, la hipertensión no aparece a una edad avanzada; más bien comienza en la infancia. Su causa principal es el exceso de sodio de la leche de vaca. Una de las razones del aumento de las enfermedades cardíacas entre las naciones aficionadas a la moda es consumir una leche distinta de la materna. Según una encuesta, se ha sabido que en Estados Unidos el número de madres que amamantan a sus propios hijos se ha reducido a la mitad. En una ciudad de Gran Bretaña, esta cifra ha descendido del 77 al 36 por ciento, y en cinco años, en Francia, el número de niños que no fueron amamantados aumentó del 31 al 51 por ciento. La realidad es que la naturaleza ha hecho que la leche de cada mamífero sea adecuada únicamente para sus propias crías.

Afecto

El niño al que su madre amamanta sosteniéndolo contra su pecho, además de recibir leche, obtiene junto a ella una sensación de protección. Esta sensación permanece despierta durante toda su vida y, desde el punto de vista psicológico, lo convierte en una buena persona. Esta relación creada por la lactancia establece un vínculo indestructible entre la madre y el niño. Este vínculo y esta relación de cariño y ternura no pueden comprarse en el mercado.
Los especialistas en enfermedades mentales afirman que una de las principales razones del aumento de estas enfermedades es que hoy las personas están privadas del cariño materno. La civilización moderna está levantando una pared artificial entre la madre y el niño. Una botella sin vida de vidrio o plástico, llena de leche animal, no puede sustituir los suaves brazos de la madre ni la leche completa que ella ofrece. Además, no hay nada comparable a la tranquilidad que la madre obtiene mientras amamanta.

La manutención de los gastos de la crianza de los hijos

La segunda parte de la crianza de los hijos consiste en sufragar los gastos. El islam ha impuesto exclusivamente al padre la responsabilidad de cubrir estos gastos, pues Dios Altísimo ha encomendado al hombre la tarea de esforzarse por obtener el sustento y proporcionar los bienes necesarios para la vida. Para ello, Dios le ha concedido también fuerza física, mental y moral. A los hombres se les han otorgado, en mayor medida que a las mujeres, salud física, capacidad para el trabajo arduo, valentía, firmeza, reflexión y fuerza física y moral, porque necesitaban más estas fuerzas y aptitudes para cumplir sus responsabilidades específicas. Dios Altísimo ha eximido a las mujeres de la responsabilidad de esforzarse por obtener el sustento y les ha confiado las tareas del hogar. Para ello, les ha concedido las cualidades apropiadas. En resumen, Dios ha otorgado al hombre y a la mujer aptitudes diferentes y les ha encargado cumplir adecuadamente las responsabilidades propias de sus respectivos ámbitos.

El significado de sufragar los gastos

La responsabilidad de sufragar los gastos significa que el padre cubrirá todos los gastos del hijo desde su nacimiento hasta que alcance la pubertad. Esto incluye los gastos del nacimiento, alimentación y bebida, vestimenta y velo, cuidado y supervisión, salud y comodidad, así como el pago a otra mujer si fuera necesario que amamantara al niño. Si la madre del niño es divorciada y amamanta al pequeño, también deberá pagarle por ello. En resumen, sufragar todos los gastos necesarios para criar al hijo y favorecer su desarrollo es una responsabilidad religiosa legal del padre. Si el padre tiene solvencia, también está obligado a pagar la sadaqa y el fitra del hijo, mientras que ofrecer la aqiqah es recomendable.

Los gastos y el afecto del padre

El padre cumple este derecho del hijo con gran generosidad. Cuando, después de gastar sin reservas los bienes que ha ganado con el sudor de su frente, ve a su hijo alegre y feliz, desaparecen todas sus fatigas. Se calma la emoción de su afecto paternal y se llena de alegría. Dios Altísimo ha concedido un gran favor al padre y al hijo al crear en el corazón del padre una emoción ilimitada de amor paternal. Sin este afecto y ternura naturales, sufragar los gastos del hijo únicamente como un deber habría sido una tarea muy difícil, y muy pocas personas habrían podido cumplir con esta responsabilidad. Como consecuencia, la crianza de los hijos se habría convertido en un problema difícil para la sociedad humana, y, por lo general, los hijos habrían quedado privados de una crianza adecuada. También es un gran favor de Dios para los hijos que haya creado afecto y ternura en el corazón de los padres y les haya confiado la hermosa responsabilidad de criarlos.

Los gastos y la responsabilidad religiosa

El padre musulmán sufraga los gastos de su hijo por amor natural. Pero, al mismo tiempo, considera que sufragar los gastos de la crianza del hijo es también una responsabilidad religiosa. Dios le ha confiado la tutela del hijo. Al sufragar sus gastos, satisface por un lado su afecto paternal y, por otro, expresa ante Dios su esperanza de recibir en la otra vida una recompensa ilimitada por esta buena obra.
Cuando este poderoso motivo se une al amor natural por el hijo, sufragar los gastos de su crianza se convierte en un medio para alcanzar el éxito en la otra vida. Por tanto, cuando el significado de sufragar los gastos de la crianza queda embellecido por este noble objetivo, cumplir con esta responsabilidad se vuelve muy fácil. El padre musulmán cumple esta responsabilidad considerándola obligatoria para alcanzar la salvación en la otra vida y la complacencia de Dios. Soporta los trabajos más arduos y realiza grandes sacrificios para criar a su hijo, y se alegra al comprobar que no ha desperdiciado el depósito que Dios había puesto bajo su responsabilidad. Al gastar dinero en la crianza de su hijo, considera que, por mandato de Dios, ha gastado por la causa de Dios. Hadrat Abu Masud al-Badri, que Dios esté complacido con él, narró que el Noble Profeta, que Dios le bendiga y le conceda paz, dijo:

إذا أنفق الرَّجُلُ عَلَى أَهْلِهِ نَفَقَةً يَحْسِبُهَا فَهِي لَهُ صَدَقَةٌ – متفق عليه، رياض
الصالحين ص ١٥٢«Cuando una persona gasta en su familia únicamente buscando la complacencia de Dios y la recompensa en la otra vida, ese gasto se cuenta para ella como sadaqa (caridad ante Dios)». —Bujari y Muslim

Obrar con ihtisab significa hacer algo únicamente para obtener la complacencia de Allah y la recompensa del Más Allá, y no hacerlo con ningún otro propósito.

El mejor ejemplo

Cuando nació Ibrahim, el hijo menor, en la casa del amado Profeta —que Allah le bendiga y le conceda paz—, su esclavo Abu Rafi le dio la buena noticia. Él, lleno de alegría, liberó inmediatamente a un esclavo. Al séptimo día realizó la aqiqah y mandó cortar el cabello del niño.
Donó por la causa de Allah una cantidad de plata equivalente al peso de su cabello.
Muchas mujeres de los Ansar se ofrecieron para amamantarlo. De entre ellas, eligió a Khawla bint Zayd al-Ansariyyah para este servicio y le confió a Ibrahim. Como pago por este servicio, se le dieron algunas palmeras datileras.

Aqiqah

Realizar la aqiqah por un hijo es una sunnah. El amado Profeta —que Allah le bendiga y le conceda paz— realizó la aqiqah por sus hijos y animó también a los demás a realizarla. Sin embargo, debe tenerse muy presente que la aqiqah es simplemente una sadaqa mustahab. No es un farz obligatorio. Si alguien no realiza la aqiqah, no incurre en ningún pecado. Si el padre tiene solvencia, es mejor que realice la aqiqah. La aqiqah es una sadaqa por la vida del hijo. Al realizarla, las calamidades se alejan y el hijo queda protegido de las desgracias y aflicciones. El Noble Profeta —que Allah le bendiga y le conceda paz— dijo:

رَأْسَهُ . بح عنه يوم سابعه ويُسمّى فِيهِ وَيُخلق كل غلام رهين بحقيقته تذبح عنه يوم .
جامع ترمذی«Todo niño queda en prenda a cambio de su aqiqah. El séptimo día debe sacrificarse un animal en su nombre; ese mismo día se le debe poner nombre y se le debe cortar el cabello de la cabeza». —Tirmidhi

En realidad, se llama aqiqah al animal que se sacrifica como sadaqa el séptimo día después del nacimiento del recién nacido. Si es posible, deben sacrificarse dos carneros u ovejas por un varón y uno por una niña. Sin embargo, no es obligatorio sacrificar dos animales para la aqiqah de un varón; también se puede sacrificar una oveja o un carnero. En realidad, es una sadaqa por la vida del hijo, y la vida del hijo queda en prenda a cambio de ella. Por ello, realizar la aqiqah es una obra excelente. Pero la condición es que la situación económica sea holgada.

عن على بن أبي طَالِبٍ قَالَ عَى رَسُولُ اللَّهِ صَلَّى اللَّهُ عَلَيْهِ وَسَلَّمَ عَنِ الحسن بشَاةٍ وقال يا فاطمة : اخْلِقى رأسه وتصدقي بِزَنَةِ شَعْرِه فِضة فوزناه فكان وزنه برهما أو بعض درهم – جامع ترمذی«Ali ibn Abi Talib —que Allah esté complacido con él— relató que el Mensajero de Allah —que Allah le bendiga y le conceda paz— sacrificó una oveja como aqiqah por Hasan —que Allah esté complacido con él— y dijo: “¡Fatimah! Córtale el cabello y da en sadaqa una cantidad de plata equivalente a su peso”. Pesamos su cabello y pesaba un dirham o algo menos». —Tirmidhi

De este hadiz se sabe que también está permitido sacrificar una cabra por parte de un niño varón. Si Allah ha concedido riqueza a alguien y este desea sacrificar dos animales, puede hacerlo con alegría. Sin embargo, debe recordarse que sacrificar dos animales por un niño varón no es obligatorio; también puede sacrificarse uno.

La aqiqah debe realizarse el séptimo día después del nacimiento. Si por alguna razón no puede hacerse ese día, puede realizarse el decimocuarto o el vigesimoprimer día, e incluso después. La aqiqah es una celebración de la sunnah. Debe celebrarse de manera muy sencilla, con la intención de seguir la sunnah. Hay que prestar especial atención para que la práctica de esta sunnah no se profane con exhibicionismo, orgullo, arrogancia ni con las costumbres y tradiciones. Quienes, durante esta celebración de la sunnah, incurren en diversos derroches y organizan música y canciones se engañan a sí mismos y pretenden engañar también a su Señor. Eliminar la sunnah en nombre de la sunnah es el más abominable de los pecados. En una aqiqah de este tipo, esperar obtener recompensa es algo muy difícil. Más bien, esta conducta causa dolor en el corazón del Mensajero —que Allah le bendiga y le conceda paz— y Allah se disgusta.

La circuncisión

La circuncisión es la sunnah de todos los profetas —que la paz sea con ellos— y una práctica islámica. Se ha narrado de Abu Huraira —que Allah esté complacido con él— que el Noble Profeta —que Allah le bendiga y le conceda paz— dijo:

الفطرة خمس الختان والاستحداد، ونتف الابط، وقص الشارب وتعليم الأظفار – الادب المفرد ص ۱۸۸
«Cinco acciones forman parte de la naturaleza íntegra: circuncidarse, eliminar el vello púbico, depilarse el vello de las axilas, recortarse el bigote y cortarse las uñas».

Al-fitrah significa naturaleza o disposición hermosa. Es decir, cinco cosas son signos de pureza. Desde tiempos antiguos, estas cinco cosas se han considerado la sunnah de los profetas. Todos los profetas las practicaron y fueron observadas por consenso en las leyes reveladas de todos ellos.

Si el niño no es muy débil, debe ser circuncidado el séptimo día después de su nacimiento. Esto tiene dos beneficios. Primero, en ese momento la piel del niño es suave y fina, y sana rápidamente. Segundo, se cumple la indicación sobre la circuncisión en el séptimo día que aparece en el hadiz del Noble Profeta —que Allah le bendiga y le conceda paz—. Salman ibn Amir —que Allah esté complacido con él— dijo: «Escuché al Profeta —que Allah le bendiga y le conceda paz— decir:

معَ الغُلَامِ عَقِيقَةُ فَأَهْرٍ قُوا عَنْهُ دما وأميطُوا عنه الأذى – بخاري
«Con el nacimiento del niño hay una aqiqah. Así pues, derramad sangre por él y eliminad de él la suciedad y demás» —Bujari.

Eliminar la suciedad y demás significa cortar el cabello, bañar al niño y cosas similares. Según algunos sabios, la circuncisión también está incluida en esta instrucción, porque la circuncisión sirve igualmente para eliminar la suciedad y alcanzar la pureza.

Por ello, conviene circuncidarlo el séptimo día. Si por alguna razón no se hace entonces, debe hacerse dentro de los cuarenta días. O puede hacerse en cualquier otro momento; no hay inconveniente en ello. Sin embargo, deben tenerse en cuenta dos asuntos.

Primero: no debe retrasarse demasiado. Es bueno circuncidarlo antes de los siete años, porque después la piel se vuelve más gruesa y, por tanto, el sufrimiento es mayor. Segundo: esta sunnah debe cumplirse de manera sumamente sencilla, sin gran pompa ni ostentación. Si las circunstancias son favorables, se puede invitar a los amigos y ofrecerles comida con alegría por haber cumplido esta sunnah. Pero convertirla en una celebración permanente y considerar necesario gastar para exhibirse no concuerda con la naturaleza del islam. Imponerse algo innecesariamente, sufrir después por ello y crearse dificultades equivale a desobedecer la Sharía.

Un hombre invitó a Uthman ibn Abi al-As —que Allah esté complacido con él— a asistir en su casa a una celebración de circuncisión, pero él no asistió. Cuando le preguntaron la razón por la que no había ido, respondió: «En la época del Mensajero de Allah —que Allah le bendiga y le conceda paz— no asistíamos a ninguna celebración de circuncisión ni éramos invitados a ellas».

Lo mejor es cumplir esta sunnah de manera sumamente sencilla, para que no se convierta innecesariamente en una carga para la gente. No hay nada malo en que el padre del niño, si tiene medios y desea ofrecer comida a algunas personas o repartir algunos dulces, considerando que Allah le ha concedido la capacidad de cumplir esta sunnah. Sin embargo, debe prestarse especial atención a que esto no se convierta en una costumbre.

La remuneración de la nodriza por amamantar al niño

El padre tiene la responsabilidad de pagar a la mujer que amamanta al niño. Si el padre se ha divorciado de la madre del niño o ella ha obtenido el khul‘, lo mejor es que el niño sea amamantado por su propia madre, y la madre no debería privarlo de su leche. En tal situación, es obligatorio para el padre del niño hacerse cargo de los gastos de la madre y proporcionarle alimento y ropa. Si la madre no está presente o, por alguna razón, es necesario que otra mujer lo amamante, también entonces corresponde al padre, según la sharía, pagarle. Si el padre muere, la responsabilidad de pagar por la lactancia recaerá sobre el abuelo del niño o sobre cualquiera de sus tutores. En el Sagrado Corán se dice:

والوالدت يرضعن أولادهن حولين كاملين لمَنْ أَرَادَ أَنْ يُتِمَّ الرَّضَاعَةَ . وعلى المولودله رزقهن وكسوتهن بالمعروف ، لا تُكَلِّفُ نَفْس إلا وسعها : لا تضار والدة بولدها ولا مولود له بولده وعلى الوارث مثلُ ذَلِكَ ، فَإِنْ أراد فصالاً عن تراض منهما وتشاور فَلا جُنَاحَ عَلَيْهِمَا ، وَإِنْ أَرَدتُّمْ أَن تسترضعوا أولادكم فلا جناح عليكم إِذا سلمتم ما أتيتُم بالمعروف . واتَّقُوا الله واعلموا أن الله بما تعملون بصير البقرة : ٢٣٣«Y las madres amamantarán a sus hijos durante dos años completos, para quien desee completar el período de lactancia. El padre del niño deberá proporcionarles alimento y vestimenta de manera adecuada. A nadie se le impone una carga superior a su capacidad. No se debe perjudicar a la madre por causa de su hijo, ni al padre por causa de su hijo. Y el heredero tiene la misma obligación. Pero si ambos desean destetar al niño de común acuerdo y después de consultarse, no hay pecado en ello. Y si queréis que vuestros hijos sean amamantados por otra mujer, no hay pecado en vosotros, siempre que paguéis debidamente lo que hayáis acordado. Y temed a Allah, y sabed que Allah ve cuanto hacéis». —Sura al-Baqara, 233

De esta aleya se obtienen siete instrucciones fundamentales relativas a la lactancia:
Primera: Las madres amamantarán normalmente a sus hijos durante dos años.
Segunda: Las madres que, por alguna razón, se hayan separado del padre también amamantarán a su hijo durante el período completo. Sí, si el padre del niño desea que se complete el período de lactancia, deberá hacerse así.
Tercera: Durante el período de lactancia, el padre del niño deberá hacerse cargo de los gastos de alimentación y vestimenta de la madre.
Cuarta: Si el padre del niño no está presente, corresponderá al abuelo o a quien sea el wali del niño pagar por la lactancia.
Quinta: No se impondrá a nadie una carga superior a su capacidad. Por una parte, no se debe presionar a la madre diciéndole que, por amor a su hijo, está obligada a amamantarlo y, por tanto, que se le puede pagar menos. Por otra parte, tampoco se debe acosar al padre exigiéndole una remuneración excesiva.
Sexta: Si los padres del niño desean destetarlo antes de los dos años, basándose en el consentimiento mutuo y la consulta, no hay ningún inconveniente.
Séptima: Si la madre, por alguna razón, no desea amamantar al niño, está permitido que otra mujer lo amamante. Naturalmente, se debe fijar la remuneración y pagarla debidamente.
Estas siete instrucciones fundamentales no fueron dadas únicamente para ser recitadas, sino para ser puestas en práctica. Solo pueden cumplirlas correctamente quienes desarrollen en sí mismos dos cualidades fundamentales: el temor de Allah y el conocimiento y la convicción de que Allah lo ve todo.
La taqwa, o temor de Allah, significa evitar Su desagrado y sentir el deseo de obtener Su complacencia. Es decir, no hacer por temor a Allah nada que provoque Su ira, y, impulsado por el amor a Allah, realizar sinceramente cada acto que conduzca a Su complacencia.
La certeza o convicción de que Allah lo observa todo es una gran fuerza de la fe. Por un lado, esta fuerza protege a la persona de la negligencia, la imprudencia y el extravío; por otro, la mantiene permanentemente activa para obtener de Allah recompensa y galardón.

La instrucción coránica de asumir los gastos de los hijos

En el Sagrado Corán no se menciona, ciertamente, con palabras explícitas la instrucción de asumir los gastos de la crianza de los hijos. En el Corán no se dice: «Asumid los gastos de los hijos», ni: «Es obligatorio asumir los gastos de los hijos». Pero esto tampoco significa que el Corán no contenga la instrucción de asumir los gastos de los hijos y que su énfasis aparezca únicamente en los hadices.
El Corán es, en realidad, una palabra o discurso de elevadísimo nivel. Al exponer los mandatos, las disposiciones y las leyes, adopta un estilo extraordinariamente sabio. En esta exposición se presta plena atención a la naturaleza, las emociones y los aspectos psicológicos del ser humano.
Asumir los gastos de la crianza de los hijos es, en la sociedad humana, una acción tan hermosa, natural, innata y querida que el Sagrado Corán ni siquiera consideró necesario describirla bajo el encabezamiento de un mandato; al mismo tiempo, con gran sabiduría dejó claro que el padre es responsable de asumir los gastos de la crianza de sus hijos.
En la aleya mencionada anteriormente se dice que, cualquiera que sea la mujer a la que el padre quiera confiar la lactancia de su hijo, deberá proporcionarle alimento, ropa o la remuneración correspondiente a la lactancia. Si el padre no está presente, esta responsabilidad recaerá sobre quien sea el tutor del niño. El Corán le ha encomendado asumir los gastos de una mujer desconocida precisamente porque ella ha amamantado a su hijo. Si una mujer desconocida amamanta a su hijo, se convierte en responsabilidad suya cubrir adecuadamente sus gastos. Y esto se debe a que ella ha amamantado a su hijo. Si se le confía a usted la responsabilidad de asumir los gastos de una mujer desconocida por amamantar a su hijo, ¿cómo podría ser posible que no recayera sobre usted la responsabilidad de asumir los gastos del propio hijo? Todo lo que usted entrega a la mujer que amamanta lo entrega, en efecto, como compensación por el alimento y el cuidado de su niño. Al encomendar al padre la responsabilidad de pagar esta compensación, el Corán ha aclarado precisamente este significado: el único responsable de asumir los gastos de la crianza de los hijos es el padre, y el Mensajero de Allah, que Allah le bendiga y le conceda la paz, explicó ese mismo significado con sus propias palabras.

La manutención de los hijos a la luz de los hadices

En los hadices se ha tratado la cuestión de asumir los gastos de la crianza de los hijos desde diversos puntos de vista. Teniendo en cuenta todos estos aspectos, un musulmán puede criar a sus hijos conforme a las exigencias de la religión y alcanzar así su propio éxito.

Los gastos iniciales son para el hijo

La primera persona que tiene derecho a la riqueza que Allah Todopoderoso le ha concedido es su hijo. Gastar en los hijos no es una cuestión meramente mundana o material; también es una exigencia directa de la religión. La enseñanza de la religión es que, ante todo, deben satisfacerse las necesidades de los hijos. Satisfacer sus necesidades no es mundanalidad, sino religiosidad.
No es aceptable que usted dé limosnas y caridad privando a sus hijos de sus derechos, usurpándolos o dejándolos a merced de la compasión de otros. En realidad, la limosna y la caridad aceptables son aquellas después de las cuales aún queda solvencia y los hijos no sufren ningún tipo de dificultad. El Mensajero de Allah —que Allah le bendiga y le conceda la paz— no aprobaba una sadaqa o caridad después de la cual hubiera que pedir a otros para satisfacer las necesidades de los hijos. Tampoco es una buena acción según la religión que sus hijos miren a los rostros de distintas personas mientras usted gasta en otras causas nobles. Asimismo, es señal de ignorancia respecto de la religión que los propios hijos de una persona estén hambrientos y desnudos, que se les dé la comida racionada, mientras se gasta generosamente para difundir el propio nombre y obtener fama o para el confort y los placeres personales. Los primeros en tener derecho a su riqueza son sus queridos hijos, incluso si son hijos de la esposa de la que usted se ha divorciado. En resumen, son sus hijos. Dejarlos desamparados o en la pobreza mientras usted vive cómodamente, o mientras procura comodidad a otros, equivale a privarlos de sus derechos. Debe corregirse esa demostración de generosidad al dar a otros. La guía del Mensajero de Allah —que Allah le bendiga y le conceda la paz— para usted es que, ante todo, satisfaga las necesidades de sus hijos:

قَالَ رَسُولُ اللهِ صلَّى اللهُ عَلَيْهِ وَسَلَّمَ خَيْرُ الصَّدَقَةِ مَا كَانَ عَنْ ظَهْرٍ غَنِيٌّ وابدأ بمن تعول – بخاري، مشكوة باب فضل الصدقة عن أبي هريرة
وحكيم بن حزام ص ۱۷۰
«El Profeta —que Allah le bendiga y le conceda la paz— dijo: “La mejor sadaqa es aquella después de la cual queda solvencia, y comiencen por aquellos cuyo sustento está bajo su responsabilidad”». —Bujari

En este hadiz, los padres musulmanes han recibido una norma equilibrada y natural. El deseo natural de toda persona es que su riqueza sea útil para sus hijos y que ellos lleven una vida cómoda y placentera. Esta es la razón principal para adquirir riqueza y también la primera categoría de gasto preferible. El islam concede especial importancia a la limosna y la caridad; más aún, las presenta como una exigencia de la fe y describe la avaricia y la falta de generosidad como señales de hipocresía. Pero, al mismo tiempo, se ha ordenado satisfacer primero las necesidades de aquellas personas que han sido confiadas a nuestra responsabilidad. En el islam no es aceptable dar limosnas y caridad descuidando las necesidades de los hijos. La mejor sadaqa es aquella después de la cual los hijos no sufren.

Descuidar la manutención de los hijos es un pecado grave

قَالَ رَسُولُ اللهِ صَلَّى اللهُ عَلَيْهِ وَسَلَّمَ كَفَى بِالْمَرْءِ إِنَّمَا أَنْ يُضِيعَ مَنْ يقوت – رياض الصالحين، ابوداود عن عبد الله بن عمر وبن العاص ..
«El Profeta —que Allah le bendiga y le conceda la paz— dijo: “Para que una persona sea considerada pecadora, basta con que perjudique a aquellos a quienes alimenta y da de beber”.

Descuidar la manutención de las personas que han sido confiadas a la responsabilidad de alguien y perjudicarlas es un pecado tan grave que, por sí solo, basta para calificarlo de desobediente a Allah y pecador. Esta negligencia puede adoptar varias formas:

Gasta mucho para obtener fama y ostentar, pero descuida los derechos de sus hijos. Él vive con gran comodidad y placer, mientras sus hijos sufren hambre y sed.
Por no tener una comprensión correcta de la religión, gasta su riqueza en otras buenas causas y descuida satisfacer las necesidades de sus hijos.
El hijo vive entre la vida y la muerte. Incluso entonces, él permanece insensible, sin disposición alguna a mover las manos y los pies ni a hacer nada.
Mantener a los hijos es responsabilidad de todo padre. Carecer de este sentido de responsabilidad y descuidar el cumplimiento de sus exigencias es un pecado grave.

El gasto cuya recompensa es mayor

عن أبي هُرَيْرَةَ رَضِيَ اللهُ عَنْهُ قَالَ : قَالَ رَسُولُ اللَّهِ صَلَّى اللَّهُ عَلَيْهِ وسلم دينار أنفقته في سبيل الله ودينار أنفَقْتُهُ فِي رقبة ودينار تصدقت بِهِ على مسكين ودينار أنفقته على أهلك أعظمها أَجْرًا الَّذِي أَنفَقْتَهُ عَلَى أَهْلِكَ
– صحيح مسلم«Hazrat Abu Huraira, que Allah esté complacido con él, dijo: el Profeta noble, que Allah le bendiga y le conceda paz, dijo: de todas estas monedas de oro, la mayor recompensa corresponde a la que gastaste en tu familia: una moneda de oro que gastaste en el camino de Allah, una que gastaste para liberar a un esclavo de la esclavitud, una que diste como limosna a un pobre y una que gastaste en tu propia familia».

Esta narración puede explicarse más ampliamente mediante el hadiz de Hazrat Saubán, que Allah esté complacido con él. Él dijo: el Profeta noble, que Allah le bendiga y le conceda paz, dijo: «La mejor moneda de oro es la que una persona gasta en sus hijos y descendientes, luego la que gasta en una montura para el camino de Allah y luego la que gasta en los compañeros del camino de Allah». Abu Qilaba, uno de los narradores intermedios, dice que él comenzó mencionando el gasto en los hijos y descendientes, y dijo: ¿Quién podría recibir mayor recompensa y galardón que aquel que gasta en sus hijos pequeños, para que Allah los preserve de tener que pedir y los mantenga en una situación holgada?». —Yami‘ at-Tirmidhi

El rostro del padre resplandecerá como la luna llena

عن أبي هريرة قَالَ : قَالَ رَسُولُ الله صلَّى اللَّهُ عَلَيْهِ وَسَلَّمَ مَنْ طَلَبَ الدنيا خلالاً اسْتِعْفَافًا عَنِ المسئلة وسعيا عَلَى أَهْلِهِ وَتَعَطَّفًا عَلَى جَارِهِ لقى الله تعالى يوم القيمة ووجهه مثل القمَرَ لَيْلَةَ الْبَدْرِ وَمَنْ طَلَبَ الدُّنْيَا حلالاً مكاثراً مُفَاخِرًا مُرَائِيًا لقى الله تَعَالَى وَهُوَ عَلَيْهِ غَضْبَانُ – بهقى في شعب الايمان«Se ha narrado de Hazrat Abu Huraira, que Allah esté complacido con él, que el Mensajero de Allah, que Allah le bendiga y le conceda paz, dijo: quien busque los bienes mundanos por medios lícitos para preservarse de pedir a otros, mantener a su familia y tratar bondadosamente a su vecino, se encontrará con Allah el Día de la Resurrección con el rostro resplandeciente como la luna llena; y quien adquiera bienes mundanos lícitamente con el propósito de superar a los demás en riqueza y establecer su superioridad sobre ellos, se encontrará con Allah mientras Él esté enojado con él».

La recompensa de la madre que gasta en sus hijos

El islam ha declarado al padre único responsable de asumir los gastos de la crianza de los hijos y ha liberado a la madre de la lucha por ganarse el sustento, para que pueda cumplir su parte de la responsabilidad con plena concentración y dedicación. Pero esto no significa que, si una madre gasta en sus hijos, quede privada de recompensa y galardón. Si su esposo ha fallecido, o se ha vuelto incapaz y está imposibilitado, y la madre se hace cargo de los gastos de sus hijos, sin duda recibirá la recompensa y el galardón por su buen comportamiento.

عن أم سلمةَ قَالَتْ قُلْتُ يَا رَسُولَ الله هَلْ لِي فِي بَنِي أَبِي سَلَّمَةَ أَجْرٌ أَنْ أنفق عليهم ولست بتاركتهم هكذا وهكذا إِنَّمَا هُمْ بَنِي ؟ فَقَالَ نَعَمْ لَكَ أَجْرُ ما أنفقت عليهم – متفق عليه رياض الصالحين ص ١٥٢«Hazrat Umm Salama, que Allah esté complacido con ella, narró: le pregunté al Profeta, que Allah le bendiga y le conceda paz: “¿Recibiré una recompensa por gastar en los hijos de Abu Salama, que Allah esté complacido con él? No puedo dejarlos así, vagando por caminos y lugares como necesitados. Ellos también son mis hijos”. Él respondió: “Sí, recibirás la recompensa por lo que gastes en ellos”». —Bujari y Muslim

Umm al-Mu’minin Hazrat Umm Salama, que Allah esté complacido con ella, tuvo dos hijos varones y dos hijas de su primer esposo, Hazrat Abu Salama, que Allah esté complacido con él. Fue acerca de ellos que preguntó al Profeta noble, que Allah le bendiga y le conceda paz. De este hadiz se desprenden dos indicaciones. En primer lugar, aunque la madre no esté obligada a gastar en sus hijos, sin duda recibirá recompensa y galardón por todo lo que gaste.

Este hadiz también indica cómo debe ser la forma de pensar de una madre creyente. Hazrat Umm Salama, que Allah esté complacido con ella, sentía un amor natural por sus hijos. Por eso se vio obligada a hacerse cargo de ellos. Ella misma dijo: «No puedo dejarlos de tal manera que, como necesitados, anden vagando de un lado para otro».

Pero, al mismo tiempo, también reflexionó sobre la cuestión de que debía recibir una recompensa en la Otra Vida por esta buena obra. Esto se debe a que la base de toda acción del creyente es la Otra Vida. No puede hacer nada despreocupándose del éxito en la Otra Vida.

La crianza de las hijas

Junto con estas orientaciones generales sobre la crianza de los hijos, el islam ha concedido especial importancia a la crianza de las hijas y ha alentado particularmente esta labor, señalando que conlleva una enorme recompensa y premio.

En realidad, una hija es una criatura vulnerable. Incluso después de criarla y sufragar sus gastos durante años, los padres no pueden esperar recibir de ella ninguna compensación. Tampoco pueden esperar obtener de ella ningún servicio, pues cuando una hija alcanza la edad de servir, debe ser entregada para servir a otros. En estas circunstancias, si las enseñanzas del islam no están presentes ante las personas, no podrán cumplir debidamente con el derecho de criar a una hija ni brindarle el afecto, el cariño, el amor y el honor a los que tiene derecho. Por eso es necesario recordar repetidamente estas orientaciones. En especial, hay que comprender con seriedad las enseñanzas que el islam ha impartido acerca de la crianza de las hijas.

La dicha de criar hijas

Se narró de Anas, que Allah esté complacido con él, que el Noble Profeta, que Allah le bendiga y le conceda paz, dijo:

من عَالَ جَارِيَتَيْنِ حَتَّى تَبْلُغَا جَاءَ يَوْمَ الْقِيمَةِ أَنَا وَهُوَ كَهَاتَينِ وَضَمَّ أَصَابِعِهِ
رياض الصالحين، صحيح مسلم«Quien críe a dos hijas hasta que alcancen la madurez, llegará el Día de la Resurrección estando él y yo juntos como estos dos dedos», y él, que Allah le bendiga y le conceda paz, juntó sus dedos para mostrarlo. —Riyad as-Salihin, Sahih Muslim

¿Qué mayor dicha podría tener una madre y un padre creyentes que encontrarse el Día de la Resurrección con el Mensajero de Allah, que Allah le bendiga y le conceda paz, como su compañero? En este hadiz, el Mensajero de Allah, que Allah le bendiga y le conceda paz, utilizó la palabra «tabluga». Esta palabra tiene un significado muy amplio. Uno de sus significados es que esas dos hijas hayan llegado a la juventud. También puede significar que hayan llegado a su destino o propósito; es decir, que hayan llegado a su propio hogar, bajo la tutela de sus esposos.

La madre para quien el Paraíso se vuelve obligatorio

عَنْ عَائِشَةَ رضى اللهُ عَنْهَا قَالَتْ جَاءَ تَنِي مِسْكِينَةٌ تَحْمِلُ ابْنَتَيْنِ لَهَا فاطعمتها ثلاث تمرات فأعطت كل واحدة منهما تمرة ورفعت إلى فيها تمرة لتأكلها فاستطعمتها ابنتاها فَشَقَتِ الثمرة الَّتِي كَانَتْ تُرِيدُ أَنْ تَأْكُلَهَا بَيْنَهُمَا فَأَعْجَبَنِي شَأْنُهَا فَذَكَرْتُ الَّذِي صَنَعَت لِرَسُولِ الله صَلَّى اللهُ عَلَيْهِ وَسَلَّمَ فَقَالَ : إِنَّ اللَّهَ قَدْ أَوْجَبَ لَهَا بِهَا الْجَنَّةَ أَوْ اعْتَقَهَا بِهَا مِنَ النَّارِ –
رياض الصالحين، صحيح مسلم«Aisha, que Allah esté complacido con ella, narró: “Una mujer pobre llegó a mí con sus dos hijas. Le di tres dátiles. Ella dio dos dátiles a sus dos hijas y dividió el dátil restante en dos partes para dárselo a ambas. Este acto me agradó mucho. Le conté al Noble Profeta, que Allah le bendiga y le conceda paz, lo que había hecho, y el Noble Profeta, que Allah le bendiga y le conceda paz, dijo: ‘Allah le ha hecho obligatorio el Paraíso gracias a la crianza de estas dos hijas y la ha salvado del fuego del Infierno’.”»

La hija: el paraíso de los padres

Si Allah te ha hecho madre o padre de una hija, eres sumamente afortunado. Allah Todopoderoso ha puesto tu paraíso bajo tu responsabilidad. Ahora depende de ti proteger o destruir ese paraíso. El Mensajero de Allah, que Allah lo bendiga y le conceda paz, anunció con plena certeza esta buena nueva: si cumples debidamente con el derecho de criar a una hija, el paraíso se vuelve obligatorio para ti.
Hazrat Yabir ibn Abd Allah, que Allah esté complacido con él, dijo: el Noble Profeta, que Allah lo bendiga y le conceda paz, dijo:

منْ كَانَ لَهُ ثَلاث بنات يرويهن ويكفيهن ويرحمهن فقد وجب له الجنة البتة
فقَالَ رَجُلٌ مِنْ بَعْضِ الْقَوْمِ وَثِنْتَيْنِ يَا رَسُولَ اللهِ : قَالَ وَثِنْتَيْنِ –
الادب المفرد ص ١٥«A quien tenga tres hijas, las mantenga bajo su tutela, cubra sus necesidades y tenga misericordia de ellas, el paraíso le será ciertamente obligatorio. Un hombre de una tribu preguntó: “Oh, Mensajero de Allah, ¿y si son dos hijas?”. Él respondió: “También si son dos hijas”» —Al-Adab al-Mufrad.

En Mishkat Sharif hay más hadices con este mismo significado. El narrador de ese hadiz es Abd Allah ibn Abbas, que Allah esté complacido con él. Dijo que, si la gente hubiera preguntado acerca de una sola hija, el Mensajero de Allah, que Allah lo bendiga y le conceda paz, también habría dado esta buena nueva con respecto a una sola.

Asumir los gastos de una hija desamparada

إن النبي صلى اللهُ عَلَيْهِ وَسَلَّمَ قَالَ أَلا أدلُّكُمْ عَلَى أَفْضَلِ الصَّدَقَةِ ابْنَتُكَ
مردودة إِلَيْكَ لَيْسَ لَهَا كَاسب غيرك –
ابن ماجه، جمع الفوائد باب بر الاولاد«El Noble Profeta, que Allah lo bendiga y le conceda paz, dijo: “¿Acaso no os diré cuál es la mejor caridad? Es vuestra hija que ha sido devuelta a vosotros y que no tiene a nadie que la mantenga, salvo vosotros”».

Esto se refiere, en realidad, a la hija que, después de casarse, es enviada de nuevo junto a sus padres. Puede ocurrir debido a la muerte de su esposo: tras la muerte de este, como no hay nadie en la casa de sus suegros que se haga cargo de sus gastos, o porque su esposo se ha divorciado de ella por alguna razón, ella vuelve junto a sus padres. El significado de este hadiz también puede abarcar a la hija que no se ha casado o que no está en condiciones de casarse.

Una revolución resplandeciente de fe

Gracias a todas estas enseñanzas revolucionarias del islam, la revolución fortalecedora de la fe que surgió en la tierra de Arabia en el breve lapso de unos pocos años es considerada un capítulo dorado de la historia. Solo aquellos afortunados que vivieron en aquella época presenciaron la verdadera imagen de las bendiciones de esta asombrosa revolución. Solo quienes contemplaron tanto la lamentable imagen del mundo de los ojos y del pensamiento antes de la revolución como las escenas de fortalecimiento de la fe posteriores a ella saben qué significa una revolución. Sin embargo, incluso hoy, si aparece ante nosotros algún destello de aquel dorado capítulo de las páginas de la historia, los ojos se iluminan y la fe cobra vida.
Antes de la época del Mensajero, que Allah le bendiga y le conceda paz, en el mundo árabe se consideraba el mayor honor que el padre tuviera un corazón endurecido hacia su hija y fuera cruel con ella. Prefería la muerte a la vida de su hija inocente y débil. Un poeta de aquella época dijo:

تهوى حياتي وأهوى موتها شفقا – والْمَوْتُ أكرم نزال على الحرم –
«Ella desea mi vida, y yo, por compasión hacia ella, deseo su muerte. Porque para las mujeres, su muerte es el huésped de mayor honor.»

Otro poeta dijo:

إِنَّ النِّسَاءَ شَيَاطِينُ خُلِقْنَ لَنَا – فَوُذْ بِاللَّهِ مِنْ شَرِّ الشَّيَاطِينِ .
«En verdad, las mujeres son demonios; fueron creadas para nosotros. Que Allah nos libre del mal de estos demonios.»

Con motivo del fallecimiento de la hija del jefe de Bahra, Abu Bakr al-Juarizmi pidió que escribieran un mensaje de condolencias:
«Aunque hubieras mencionado el velo de la difunta o recordado su belleza, para ti habría sido mejor una felicitación que un mensaje de condolencias. Pues es mejor que lo que no debe mostrarse permanezca oculto, y enterrar a las niñas pequeñas es una obra de mayor honor. Estamos atravesando una época en la que, si la esposa de un hombre muere durante su vida, él se considera dueño de todas las bendiciones. Y si entierra con sus propias manos a su hija en una fosa, habrá obtenido plena venganza de su yerno.»
Qais ibn Asim, jefe de los Banu Tamim, declaró personalmente ante el Misericordioso de los Mundos, que Allah le bendiga y le conceda paz, que había enterrado vivas con sus propias manos a diez de sus hijas inocentes. Otro hombre expuso ante el Mensajero de Allah, que Allah le bendiga y le conceda paz, el relato de su doloroso suceso de tal manera que el Mensajero de Allah quedó afligido y lloró tanto que su venerable barba se empapó de lágrimas.
Cuando aquella sociedad árabe aceptó el islam y comprendió profundamente las enseñanzas islámicas, su apariencia cambió por completo en pocos años. Las mismas niñas cuya existencia les resultaba vergonzosa se convirtieron para ellos en un medio de salvación. Los mismos que arrebataban a las hijas de los brazos de sus madres y las enterraban vivas comenzaron a disputar entre sí para criar a las hijas de los pobres.

Una escena asombrosa

Cuando el Profeta, que Allah le bendiga y le conceda paz, se disponía a regresar de La Meca después de la umra, una niña huérfana llegó corriendo y gritando: «¡Tío, tío!». La niña era hija de Hamza y se había quedado en La Meca. Alí, que Allah esté complacido con él, se adelantó, la tomó en brazos y, mientras la colocaba en el regazo de Fátima, que Allah esté complacido con ella, dijo: «Esta es la hija de tu tío». Entonces Alí, Yafar y Zayd, que Allah esté complacido con ellos, comenzaron a disputar entre sí para hacerse cargo de la niña.
Yafar at-Tayyar, que Allah esté complacido con él, dijo: «¡Oh, Mensajero de Allah! Esta niña debería quedar a mi cargo, pues es hija de mi tío y yo tengo más derecho sobre ella, ya que su tía materna está en mi casa». Zayd, que Allah esté complacido con él, dijo: «Oh, Mensajero de Allah, entrégame a esta niña. Su padre era mi hermano en la religión».
Alí, que Allah esté complacido con él, la había sostenido en brazos desde el principio. Dijo: «Señor, ella es mi hermana y fue la primera en llegar a mis brazos. Por eso me corresponde a mí». Esta inquietud por criar a la niña fue realmente una escena asombrosa y conmovedora. El amado Profeta, que Allah le bendiga y le conceda paz, consideró detenidamente las palabras de los tres y entregó la niña a su tía materna, diciendo que la tía materna ocupa el lugar de la madre. —Bujari

El buen trato

El tercer derecho de los hijos es recibir un buen trato. Mostrarles bondad, relacionarse con ellos con afecto, velar por su comodidad y bienestar, tener en cuenta sus emociones y sentimientos, procurar mantenerlos felices y no comportarse de manera que sus sentimientos resulten heridos, se les parta el corazón, caigan en la desesperanza o se menoscaben su orgullo y su autoestima.

Su amado hijo, que está bajo su cuidado, lo mira con la esperanza de recibir afecto. Esto es una recompensa de Allah para usted. Agradezca a Allah por esta recompensa y no la deshonre. Honre a sus hijos y trátelos como merecen.

Los hijos son un depósito confiado por Allah. Proteja y custodie este depósito, y no lo destruya mediante su propia necedad y mal comportamiento. Trate a sus hijos de tal manera que, al convertirse en personas virtuosas, resulten una bendición para el mundo y un medio para su honor, buena reputación y salvación en la otra vida.

Las terribles consecuencias del mal comportamiento

Si su trato hacia sus hijos no es bueno, no puede ser sino una injusticia contra usted mismo, contra sus hijos y contra la sociedad.

Enojarse por cualquier cosa, gritar, amenazar, insultar, emplear palabras como «calabaza inútil» y otras semejantes, manifestar descontento e impaciencia ante su falta de entendimiento, maldecirlos, mostrarse severo con ellos y no permitirles sin motivo jugar y divertirse: todo eso es mal comportamiento hacia los hijos. Las consecuencias de este mal comportamiento son muy malas y terribles. Estas terribles consecuencias resultan muy perjudiciales para los hijos, los padres y la sociedad. En la primera etapa de su vida, cuando el hijo carece de entendimiento, es débil e indefenso, tiene derecho a su amor y bondad. Entonces necesita de usted afecto, compasión, ayuda y orientación. Pero si, estando bajo su cuidado, no recibe estas tres bendiciones y solo encuentra ira y dureza, por naturaleza se desesperará de usted. Intentará mantenerse alejado de usted y huir de la casa, y avanzará sin vacilar hacia cualquier lugar donde vea resplandecer esas tres bendiciones. Los niños no pueden distinguir entre el amor verdadero y el fingido. Las personas de mala naturaleza de la sociedad encuentran la oportunidad de desviar a estos niños y atraparlos en las redes de sus conspiraciones. Así, estos hijos ingenuos se vuelven poco a poco una amenaza para la sociedad y comienzan a cometer grandes delitos.

Aunque, por fortuna, estos niños logren escapar de convertirse en víctimas de personas malvadas, siguen siendo una preocupación constante para sus padres. No mantienen ninguna relación con ellos. Como consecuencia del mal trato y la conducta abusiva de los padres, en el corazón de los niños no nace hacia ellos ese sentimiento sagrado que surge en el corazón de los hijos afortunados.

Los padres pasan toda la vida lamentándose de su desobediencia e incompetencia. En realidad, su mal comportamiento y su trato abusivo son el factor que más profundamente contribuye a convertirlos en rebeldes. Sin embargo, los padres cargan toda la culpa sobre los hombros de sus hijos. Pero conviene saber que, en esta situación, la culpa de los padres no es en absoluto menor que la de los hijos.

Un acontecimiento aleccionador

Le pregunté a un joven inteligente: «Parece que no existe en usted el tipo de relación con sus padres que cabría esperar de una persona como usted. ¿Cuál es la razón?». El joven suspiró y relató su historia. Así describió su infancia:

«Que Allah mantenga a mi padre en paz. Era un hombre de carácter extremadamente severo, como un verdugo. Durante mi infancia temblaba constantemente ante su furia y su ira. Por la noche, al acostarme, no sentía mucho deseo de levantarme por la mañana. Y, cuando me despertaba, me daba mucha vergüenza presentarme ante mi padre; en mi interior solo esperaba: “¡Ojalá el día de hoy transcurra en paz! ¡Ojalá pase un día sin insultos ni golpes!”. Si algún día transcurría en su mayor parte entre castigos, me ponía muy contento y decía: “¡Qué día tan bendito! Hoy he sobrevivido”. Pero antes de que llegara la tarde, mi alegría se convertía en polvo.

Mi padre también viajaba. Cuando me enteraba de que regresaría muy pronto, me entristecía mucho. Sí, a veces esperaba con alegría, pensando que seguramente traería algo para comer y beber.

Al ver el carácter severo y el corazón de piedra de mi padre, pensaba que todos los padres eran así. Cuando veía a alguien más saludable y fuerte que mi padre, y además sabía que era muy valiente e iracundo, mi tristeza no tenía límites. Pensaba: “¿Cuál será entonces la situación de sus hijos? Deben de haber perdido toda esperanza en la vida. Siempre soportan insultos, amenazas y golpes”. A veces realmente rompía a llorar. Cuando consideraba que el padre de alguien era muy débil, enfermizo o incapaz, y además de carácter muy apacible y humilde, envidiaba la buena fortuna de sus hijos y pensaba: “¡Ay! ¡Qué bueno sería que mi padre también fuera así de débil, humilde y apacible!”»

Después de decir esto, el joven permaneció callado durante un buen rato. Me puse a pensar en cuán grande es también la responsabilidad de ser padre. Si los padres quieren ver a sus hijos en buenas condiciones, deben reflexionar sobre su propia conducta. Pues los hijos no aprenden de los consejos de sus padres tanto como aprenden de sus actos y su comportamiento.

La tercera mala consecuencia del mal trato o del mal comportamiento de los padres afecta a la moralidad. Los hijos de padres así alcanzan un nivel muy bajo en el aspecto moral. Si una persona en el mundo quiere lograr algo grande, debe ser muy elevada moralmente. Pero los hijos que reciben un trato abusivo de sus padres siempre quedan privados de las virtudes morales. Carecen de confianza en sí mismos, valor, honor, autoestima, iniciativa, buenos modales, buen humor y amabilidad al hablar, entre otras cualidades morales. En cambio, se convierten en víctimas de malos hábitos como la rudeza, la falta de previsión, la insensibilidad, la avaricia, la bajeza y el orgullo arrogante. La mayoría de las veces consideran despreciable e inútil su propia existencia. Para compensar o encubrir todos estos defectos, presumen de diversas maneras. Si de verdad desea el bien de sus hijos, cumpla sus derechos y trátelos del modo en que espera que ellos lo traten a usted. Solo entonces podrá ver y sentir las bendiciones de tener hijos, y de lo más profundo de sus corazones brotará esta súplica por usted:

رب ارحمهما كما ربيني صغيراً – بني اسرئيل : ٢٤«¡Señor nuestro! Ten misericordia de nuestros padres, tal como ellos nos criaron con bondad y afecto durante nuestra infancia» —sura de Los Hijos de Israel, 24.

La insistencia del Noble Corán en el buen trato

El Corán insiste en tratar a los hijos con ternura y clemencia. Castigarlos por sus errores y faltas, tomar represalias y mostrarse severo con ellos para desahogar la ira son actos reprobables. Allah, el Altísimo, perdona las faltas y concede Su misericordia a quienes tratan con clemencia a los miembros de su familia.

وَإِنْ تَعْفُوا وَتَصْفَحُوا وَتَغْفِرُوا فَإِنَّ اللَّهَ غَفُورٌ رَّحِيمٌ التغابن : ١٤«Y si perdonáis, pasáis por alto y disculpáis, ciertamente Allah es indulgente y misericordioso.»

Incluso después de aceptar el islam, algunas personas fueron privadas de la bendición de la hégira. Sucedió que, cuando se prepararon para emigrar a Medina, sus familiares se lo impidieron. Les dijeron: «Hemos tolerado que os hayáis hecho musulmanes, pero no podemos tolerar que os separéis de nosotros». Sus esposas e hijos despertaron en ellos sentimientos de amor y ejercieron presión sobre sus corazones, por lo que desistieron de emigrar. Después, cuando llegaron a Medina y vieron que quienes habían emigrado en aquella época y habían llegado al servicio del Noble Profeta, que Allah le bendiga y le conceda paz, los habían aventajado en el conocimiento de la religión, se entristecieron. Pensaron que la causa de aquella enorme pérdida eran sus esposas e hijos. Entonces se encendió en ellos el fuego de la ira contra sus esposas e hijos. Desearon vengarse de ellos y castigarlos. En ese momento, el Corán les indicó que, ciertamente, habían sido privados de la virtud de la hégira debido a la ignorancia de sus familiares, pero que ellos mismos les habían dado prioridad sobre las exigencias de la religión. Por tanto, en el futuro debían guardarse de ellos. Sin embargo, también debían tener presente que Allah jamás aprobaría que trataran con dureza a sus familiares ni que se vengaran de ellos. Tratarles bien es una exigencia de la religión. Allah es sumamente indulgente y ama a quienes perdonan. Él es misericordioso y ama a quienes muestran misericordia.

Si deseáis el perdón y la misericordia de Allah, tratad a vuestros hijos con afecto y bondad. Perdonadlos. Sed pacientes ante sus errores y faltas, y disculpadlos.

El consejo de Ahnaf ibn Qays

Ahnaf era un famoso jefe árabe. Era muy conocido en Arabia por su grandeza, sabiduría, paciencia y serenidad. Hazrat Muawiya, que Allah esté complacido con él, lo respetaba mucho y decía: «Si este hombre se corrompiera, sabrías que cien mil árabes se han corrompido». Una vez, Hazrat Muawiya, que Allah esté complacido con él, mandó llamarlo. Cuando se presentó, le preguntó: «Abu Bahar, ¿cuál es su opinión sobre la manera de tratar a los hijos?». Ahnaf ibn Qays respondió: «El hijo es el fruto de nuestros deseos más íntimos y la fuerza de nuestra espalda. Para él somos como la tierra: sumamente blanda y completamente libre de daño. Nuestra existencia es para él como el cielo que lo cubre con su sombra. Con su ayuda nos atrevemos a realizar grandes obras. Por tanto, si el hijo le pide algo, complázcalo de buen grado. Si está preocupado, elimine su preocupación. Verá que lo amará y apreciará sus esfuerzos paternales. Nunca se convierta en una carga insoportable para él. De lo contrario, se irritará con usted, deseará su muerte y detestará acercarse a usted».

La importancia del buen trato en los hadices

Los hadices también abordan con gran detalle la cuestión del buen trato hacia los hijos. El Noble Profeta, que Allah le bendiga y le conceda paz, describió sus beneficios terrenales y explicó ampliamente la recompensa y el premio de la otra vida. Además, en este contexto llamó la atención, con gran sabiduría, sobre los errores de pensamiento o de actuación que cometen los miembros de la sociedad humana en diversos ámbitos, para que se cumpla el derecho al buen trato y no se cometa ningún exceso contra nadie.

Igualdad en el trato

عَنِ النُّعْمَانِ بْنِ بَشِيرٍ قَالَ أَعْطَانِي أَبِي عَطِيَّةً فَقَالَتْ عُمْرَةُ بِنْتُ رَوَاحَةَ لا أرضى حتى تُشَهِدَ رَسُولَ اللهِ صلَّى اللَّهُ عَلَيْهِ وَسَلَّمَ فَأَتَى رَسُولَ الله صلى اللهُ عَلَيْهِ وَسَلَّمَ فَقَالَ إِنِّي أَعْطَيتُ ابْنِي مِنْ عمرة عطية فأمرتني أن أشهدك يا رسول الله : قَالَ أَعطيت سائِرُ ولِدَكَ مِثْلَ هَذَا قَالَ لَا، قَالَ فَاتَّقُوا اللهَ وَاعْدِلُوا بَيْنَ أَوْلادِكُمْ قَالَ فَرَجَعَ ورَدَّ عَطِيَّتَهُ وَفِي رِوَايَةٍ قَالَ اني لا أشهد على جور – بخاری، مسلم، مشكوة باب العطايا”Se ha transmitido de Nu‘mán ibn Bashir —que Allah esté complacido con él— que dijo: Mi padre me hizo un regalo. Entonces ‘Umrah bint Rawáhah dijo: «No estaré satisfecha hasta que hagas testigo de esto al Mensajero de Allah —que Allah le bendiga y le conceda paz—». Después, mi padre acudió al Mensajero de Allah —que Allah le bendiga y le conceda paz— y dijo: «He dado un regalo a uno de mis hijos, que es hijo de ‘Umrah bint Rawáhah, y ella me ha pedido que le haga testigo de ello». Al oír esto, el Mensajero de Allah —que Allah le bendiga y le conceda paz— dijo: «¿Has dado a todos tus hijos un regalo semejante?». Él respondió: «No, no se lo he dado a todos». Entonces el Noble Profeta —que Allah le bendiga y le conceda paz— dijo: «Teme a Allah y sé justo entre tus hijos». Él dijo: «Después regresó y recuperó el regalo que había dado». En otra narración se dice que él —que Allah le bendiga y le conceda paz— dijo: «No doy testimonio de la injusticia». En otra narración se relata que el Noble Profeta —que Allah le bendiga y le conceda paz— le dijo a Bashir —que Allah esté complacido con él—:

اليك في البر سواء ؟«¿Te gustaría que todos tus hijos te trataran de la misma manera?». Bashir —que Allah esté complacido con él— respondió: «Por supuesto». El Profeta —que Allah le bendiga y le conceda paz— dijo: «Entonces no hagas eso». —Bujari y Muslim

Está más allá de la capacidad humana amar a todos sus hijos exactamente de la misma manera. Por razones naturales, a veces se siente una mayor inclinación hacia alguno de ellos. Ningún ser humano puede mostrar completa igualdad en el amor, y tampoco se le ha exigido tal cosa. Lo que el hadiz enfatiza es la igualdad en el trato. Todos los hijos son iguales por ser sus hijos, y todos tienen los mismos derechos sobre usted. Por tanto, debe tratar a todos con la misma bondad y no dar preferencia a uno sobre otro en este aspecto. Tampoco es correcto dar preferencia a un hijo sobre otro, porque con ello se priva a uno de su derecho y, por otro lado, se perjudica la moral de los hijos. El hijo que recibe un trato especial desarrolla arrogancia y comienza a considerar inferiores a sus demás hermanos y hermanas. Los hijos que reciben un mal trato desarrollan un sentimiento de inferioridad y comienzan a considerarse mentalmente insignificantes. Como consecuencia, se obstaculiza su desarrollo moral y físico. Al mismo tiempo, se perjudican los sentimientos de amor, afecto, sacrificio y abnegación que, por naturaleza, cada uno posee hacia sus hermanos y hermanas. De este modo se hiere el sentimiento de respeto y honor que los hijos tienen hacia sus padres.
A veces también ocurre que no es posible tratar por igual a los hijos de la primera esposa o del primer esposo y a los hijos de la esposa actual. Se valora más a los hijos de la nueva esposa o del nuevo esposo que a los hijos de la esposa o del esposo del que uno se ha separado, y no se presta atención a los derechos de los hijos del primer cónyuge. Si su corazón no está libre de prejuicios hacia esos hijos, si no le gusta su conducta y su corazón no se inclina hacia ellos, usted se encuentra en una situación difícil. Sin embargo, el islam le exige necesariamente que, a pesar de todo, trate a todos por igual. Si reúne todos los medios de comodidad y bienestar para uno y priva de ellos a los demás, es culpable ante la ley islámica.
Puede engañar a su propio corazón justificando sus actos. Puede arrojar polvo a los ojos del mundo, pero no puede ocultar su culpa a la mirada de Allah, ni puede engañarlo. El Noble Profeta —que Allah le bendiga y le conceda paz— calificó este tipo de conducta como injusticia y no aprobó dar testimonio de la injusticia. El compañero obediente también devolvió inmediatamente el regalo que había dado. Bashir —que Allah esté complacido con él— también estaba cometiendo una falta de este tipo: daba un regalo al hijo de ‘Umrah bint Rawáhah, pero privaba de él a los hijos de sus otras esposas. Sin embargo, cuando conoció la cuestión correcta, corrigió de inmediato su conducta y abandonó el trato especial.

Trato desigual entre hijos e hijas

عن ابن عباس رض قَالَ : قَالَ رَسُولُ اللهِ صَلَّى اللَّهُ عَلَيْهِ وَسَلَّمَ مَنْ كَانَتْ لهُ أنثَى فَلَم يندها ولم يهنها ولم يوثر ولدَهُ عَلَيْهَا يعني الذِّكُورَ أَدْخَلَهُ الله الجنة – ابو داود”Se ha transmitido de Ibn Abbás —que Allah esté complacido con él— que dijo: El Mensajero de Allah —que Allah le bendiga y le conceda paz— dijo: «A quien tenga una hija, no la entierre viva, no la considere despreciable y no prefiera a los hijos varones sobre ella, Allah lo hará entrar en el Paraíso».

El acto por el cual el Noble Profeta —que Allah le bendiga y le conceda paz— anunció a los padres la buena nueva del Paraíso en este hadiz tiene tres partes:
Primera: no enterrar viva a la hija y concederle el derecho a vivir.
Segunda: no deshonrarla ni humillarla.
Tercera: no dar preferencia al hijo varón sobre la hija.
Respecto de la primera parte, es decir, conceder a la hija el derecho a vivir, la sociedad musulmana está obligada. Después de recibir la luz del islam, ningún musulmán puede siquiera pensar en enterrar viva a una hija o privarla de algún modo de su derecho a vivir. Sin embargo, en cuanto a considerar inferior a la hija y dar preferencia al hijo sobre ella, todavía existen deficiencias en las ideas y acciones de algunas familias musulmanas. Es indispensable corregir estas ideas y acciones, y las advertencias y exhortaciones del Noble Profeta —que Allah le bendiga y le conceda paz— están dirigidas precisamente a ese objetivo.
En muchas familias, el honor y la importancia que se conceden al hijo dentro del hogar y del linaje no se conceden a la hija. El buen trato que se dispensa al hijo, a la nuera y a sus hijos no se dispensa a la hija, al yerno y a sus hijos. En realidad, en la raíz del trato discriminatorio entre hijos e hijas opera la idea de que la hija se cría para otra familia, mientras que el hijo se cría para uno mismo. No se espera nada de la hija, mientras que se espera todo del hijo. La hija es la belleza y el medio de prosperidad del hogar ajeno; por el contrario, el hijo es la belleza y el medio de prosperidad del propio hogar. La consecuencia inevitable de esta forma de pensar es que las hijas quedan privadas de la sinceridad y la emoción que acompañan a la crianza de los hijos varones. En la crianza de la hija y en el trato con ella está presente el sentimiento de cumplir una obligación, pero faltan la esperanza, las aspiraciones y la alegría desbordante. En cambio, todo eso se encuentra en la crianza del hijo.

En el propio hogar y también en la sociedad, se considera inferior a la hija. En el hogar se da preferencia al hijo sobre la hija, y en la sociedad también los hijos gozan de mayor estima. Los padres tampoco dan a la hija la ropa, las joyas y los regalos que dan a la nuera. Todo lo que dan a la nuera se lo entregan con sincero afecto, porque ella embellece su propio hogar; en cambio, lo que dan a la hija lo hacen únicamente para cumplir con una obligación o para aumentar su prestigio social. Cuando dan algo a la nuera, nunca lo recuerdan; pero cuando dan algo a la hija, lo recuerdan y siempre lo mencionan, incluso se lo reprochan. En este tipo de familias, las hijas no reciben la tutela, el cariño y el amor que reciben los hijos de los varones. A los hijos de los varones se los considera hijos de la casa, mientras que a los hijos de las hijas se los considera hijos de otra casa. Ante el linaje, la sociedad e incluso las personas destacadas, se presenta a los hijos de los varones como miembros e hijos de la propia casa, y se espera que la sociedad los trate de ese modo; pero ni ellos mismos tratan así a los hijos de las hijas, ni esperan de la sociedad un trato con ese nivel de dignidad. Por otro lado, la sociedad tampoco trata a los hijos de las hijas de esas personas del mismo modo en que trata a los hijos de sus hijos. El Noble Profeta, que Allah le bendiga y le conceda paz, advirtió en este hadiz a los padres musulmanes que esta conducta no es aceptable. El camino para obtener la complacencia de Allah y alcanzar el Paraíso consiste en que los padres musulmanes concedan la misma importancia a sus hijos y a sus hijas y traten a ambos por igual. También deben dar a la hija, tanto en el hogar como en la sociedad, la misma dignidad y respeto que se da al hijo. Además, no se puede dar preferencia al hijo sobre la hija en ningún asunto; siempre debe darse prioridad a lo que exige la religión por encima de los gustos personales y las costumbres sociales.

La hija, una protección contra el fuego del Infierno

عن عائشة رضى اللهُ عَنْهَا قَالَتْ : دَخَلَتْ عَلَى امْرَأَةٌ وَمَعَهَا ابْنَتَانِ لَهَا تَسأَلُ فَلَمْ تَجِدُ عِندى شيئًا غير تمرة واحدة فأعْطَيْتُهَا إِيَّاهَا فَقَسَمْتُهَا بَيْنَ ابنتيها ولم تَأْكُلُ مِنْهَا ثُمَّ قَامَتْ فَخَرَجَتْ فَدَخَلَ النَّبِيِّ صَلَّى اللَّهُ عَلَيْهِ
وسلم علينا فأخبرته فقال : من ابتلي من هذهِ الْبَنَاتِ بِشَيْ فَأَحْسَنَ إِلَيْهِنَّ كُن لَه ستراً من النار – متفق عليه، رياض الصالحين ص ١٤٤
La señora Aisha, que Allah esté complacido con ella, dijo: «Una mujer llegó a mí con sus dos hijas para pedir limosna. En ese momento no tenía nada conmigo, excepto un dátil. Se lo di en la mano. Ella lo partió por la mitad y dio cada mitad a sus dos hijas, sin probarlo siquiera. Luego se levantó y se marchó. Después, cuando el Noble Profeta, que Allah le bendiga y le conceda paz, entró en casa, le conté lo sucedido. Él dijo: “A quien sea puesto a prueba por medio de estas hijas y las trate bien, ellas serán para él una protección contra el fuego del Infierno”.» —Bujari y Muslim

Aunque en este mundo no se espere obtener ningún beneficio material de una hija, ¿qué mayor estímulo puede haber para que los padres que creen en la veracidad del Mensajero, que Allah le bendiga y le conceda paz, y tienen confianza en el Más Allá traten bien a sus hijas, que el hecho de que estas débiles hijas se conviertan para ellos, el Día de la Resurrección, en una protección contra las llamas ardientes del Infierno?
«Un hombre se presentó ante el amado Profeta, que Allah le bendiga y le conceda paz. Llevaba a su hijo pequeño en brazos y comenzó a acariciarlo con ternura. Al ver la escena, él le preguntó: “¿Sientes compasión por él?”. Respondió: “¿Cómo no?”. Él dijo: “Allah tiene contigo más compasión que la que tú tienes con este niño, pues Él es el más misericordioso de todos los misericordiosos”.» —Al-Adab al-Mufrad

El trato del Mensajero, que Allah le bendiga y le conceda paz, con sus hijos

No existe ningún acontecimiento, por pequeño que sea, de la vida del Profeta, que Allah le bendiga y le conceda paz, que sus esposas, sus hijos y sus nobles compañeros no hayan recordado. Todo ello se ha conservado en los libros de biografía y de hadices. La gente incluso recordó los pequeños acontecimientos de su vida familiar más íntima y de su vida completamente privada, los narró unos a otros y estos fueron conservados en los libros de hadices y de la Sira.
Sin embargo, resulta asombroso pensar que en toda la vida santa del amado Profeta, que Allah le bendiga y le conceda paz, no se encuentra ni un solo acontecimiento en el que haya golpeado o maltratado a alguno de sus hijos, le haya dirigido palabras duras o haya tenido con él algún tipo de trato severo. Hay innumerables ejemplos de amor, afecto, bondad, dulzura, misericordia y buen trato; pero, sorprendentemente, no existe ni un solo caso de trato severo con ninguno de sus hijos. El ser humano siente un amor extraordinario por sus hijos y suele tolerar muchas de sus conductas que contradicen su temperamento. Pero aquí la situación era diferente. Un sirviente permaneció a su servicio durante diez años completos, y él nunca le dijo ni una sola vez: “¡Uf!, ¿qué estás haciendo?”. Anas, que Allah esté complacido con él, dijo: «Durante aproximadamente diez años estuve al servicio del Profeta, que Allah le bendiga y le conceda paz, en Medina, y en aquel tiempo era un muchacho. Por eso, no todas mis acciones se ajustaban a los deseos del Profeta, que Allah le bendiga y le conceda paz —ni podían ajustarse, pues ¿qué entendimiento puede tener un niño de diez o doce años?—. Pero durante todos aquellos diez años nunca me dijo siquiera “¡Uf!”, ni me preguntó jamás: “¿Por qué hiciste esto?” o “¿Por qué no hiciste aquello?”».
La señora Aisha, que Allah esté complacido con ella, describió así el hermoso trato y comportamiento del Mensajero, que Allah le bendiga y le conceda paz: «Nunca golpeó con su propia mano a ningún esclavo, esclava, mujer ni animal, y siempre que regresaba a casa lo hacía muy alegre, sonriente y con una sonrisa amable.»

El buen trato con la hija

El Noble Profeta, que Allah le bendiga y le conceda paz, decía acerca de su hija: «Fátima, que Allah esté complacido con ella, es una parte de mi cuerpo. Quien la disguste me disgusta a mí». —Bujari

Después de su matrimonio, cada vez que Fátima —que Allah esté complacido con ella— acudía a visitar al Mensajero —que Allah le bendiga y le conceda paz—, él se levantaba de su lugar para recibirla. Besaba su frente y la sentaba en su propio lugar. —Abu Dawud

Si alguna vez veía triste a Fátima —que Allah esté complacido con ella—, él también se entristecía. En una ocasión, el amado Profeta —que Allah le bendiga y le conceda paz— entró sumamente preocupado en la casa de Fátima —que Allah esté complacido con ella—. Poco después salió de allí muy alegre y sonriente. Los Compañeros preguntaron: «¡Oh, Mensajero de Allah! Cuando entraste en la casa de tu hija estabas preocupado, y cuando saliste estabas alegre y sonriente. ¿Qué ocurrió?». El Mensajero de Allah —que Allah le bendiga y le conceda paz— respondió: «He puesto fin a la desavenencia entre ambos. Los dos son muy queridos para mí».

En Medina, el Noble Profeta —que Allah le bendiga y le conceda paz— se alojaba en la casa de Abu Ayyub al-Ansari —que Allah esté complacido con él—. La casa de Fátima —que Allah esté complacido con ella— estaba bastante lejos de la casa del Profeta —que Allah le bendiga y le conceda paz—. En cierta ocasión, el Noble Profeta fue a visitar la casa de su hija. Durante la conversación le dijo: «Hija mía, estás muy lejos de mí. Quiero trasladarte a una casa cercana a la mía».

Fátima —que Allah esté complacido con ella— respondió: «¡Padre mío! Harith bin Nu’man tiene varias casas. Si se lo pides, seguramente te dará una de ellas. ¡Padre mío, pídeselo!». El amado Profeta —que Allah le bendiga y le conceda paz— dijo: «Hija mía, me da vergüenza pedírselo».

De algún modo, Harith bin Nu’man llegó a enterarse de esto. Se presentó personalmente ante el Profeta —que Allah le bendiga y le conceda paz— y dijo: «¡Oh, Mensajero de Allah! He oído que deseas traer a tu hija, Fátima —que Allah esté complacido con ella—, a una casa cercana a la tuya. ¡Oh, Mensajero de Allah! ¡Que mis padres sean sacrificados por ti! Pongo todas mis casas a tu disposición. Llévala con gusto a la que desees. ¡Por Allah! Cualquier cosa que tomes de mí me agrada más que tenerla yo mientras permanezca contigo».

El Mensajero de Allah —que Allah le bendiga y le conceda paz— dijo: «Tienes razón. Que Allah te bendiga y haga descender Su misericordia sobre ti». Después llevó a su querida hija, Fátima —que Allah esté complacido con ella—, a una de las casas de Harith bin Nu’man, para tenerla cerca de sí. Cada vez que el amado Profeta —que Allah le bendiga y le conceda paz— emprendía un viaje, visitaba por última vez la casa de Fátima —que Allah esté complacido con ella—, se despedía de ella y partía. Del mismo modo, cuando regresaba de un viaje, después de terminar la oración voluntaria en la mezquita, visitaba primero a Fátima —que Allah esté complacido con ella—.

También amaba profundamente a sus nietos. Cada vez que visitaba a Fátima —que Allah esté complacido con ella—, decía: «¡Fátima! Trae a mis hijos». Fátima llevaba a sus hijos ante él. Él los olía y los estrechaba contra su pecho.

Una de las hijas del Noble Profeta —que Allah le bendiga y le conceda paz— se llamaba Zaynab —que Allah esté complacido con ella—. Era la mayor de todas. Se casó con su primo materno, Abu al-As. Jadiya —que Allah esté complacido con ella— le había regalado como presente de bodas un valioso collar de ágata yemení. Cuando el amado Profeta —que Allah le bendiga y le conceda paz— emigró a Medina, Zaynab —que Allah esté complacido con ella— se encontraba en la casa de su esposo. Su marido todavía no había abrazado la fe; por el contrario, había participado en la batalla de Badr junto a los incrédulos y había sido capturado. Envió un mensaje a su familia para que mandaran el dinero del rescate para obtener su liberación. En realidad, Zaynab —que Allah esté complacido con ella— había enviado aquel collar que su madre le había regalado como presente de bodas. Cuando el Profeta —que Allah le bendiga y le conceda paz— vio el collar de su hija, se conmovió profundamente y las lágrimas comenzaron a correr por sus ojos. Entonces dijo a los Compañeros: «Si estáis de acuerdo, podéis devolver este collar a Zaynab —que Allah esté complacido con ella— y liberar también a su esposo». Los Compañeros aceptaron de buen grado esta petición del Mensajero —que Allah le bendiga y le conceda paz—. Abu al-As fue liberado y el collar de su esposa le fue entregado. Sin embargo, se estableció como condición que regresara a La Meca y enviara a Zaynab —que Allah esté complacido con ella— junto al Profeta —que Allah le bendiga y le conceda paz—.

Así pues, Zaynab —que Allah esté complacido con ella— regresó junto a su padre.

Unos días después, Abu al-As también fue a Medina y abrazó el islam. Tras la conversión de Abu al-As al islam, Zaynab —que Allah esté complacido con ella— vivió un año y tres meses, y en el octavo año de la Hégira partió de este mundo mortal.

El Noble Profeta —que Allah le bendiga y le conceda paz— la depositó personalmente en la tumba con sus propias manos puras. Mientras la depositaba en la tumba, estaba sumamente afligido y preocupado. Después suplicó a Allah: «¡Señor! Ella era muy débil. ¡Señor! Facilítale sus dificultades y haz amplia su tumba». —Usud al-Ghaba

Elegir un buen nombre

La personalidad de una persona también se refleja en su nombre, y este ejerce una gran influencia desde el punto de vista psicológico. Todos desean acariciar a los niños rollizos y hermosos. Pero cuando preguntan su nombre y se les responde con cualquier nombre sin sentido y desagradable, naturalmente el ánimo se decae. En ese momento uno piensa: «¡Ojalá su nombre también fuera tan hermoso como él!». En realidad, un nombre hermoso ejerce una gran influencia sobre los sentimientos y las emociones. Por ello, si se llama a una mujer con un nombre desagradable y malo, también se observa una reacción de ira. Al dirigirse a ella con un mal nombre, expresa precisamente emociones negativas. En cambio, si se llama a una mujer con un nombre hermoso, ella responde con profundo agradecimiento y afecto. Al escuchar su buen nombre, se considera digna y honrada.

Es un deseo natural de los padres que la gente llame a su hijo por un buen nombre. Cuando se llama al niño por un buen nombre, por un lado se alegra; por otro, en el corazón de quien lo llama se forma una buena impresión sobre él. Pero esto solo puede suceder cuando usted pone a su hijo un buen nombre. El derecho de su amado hijo sobre usted es que le dé un nombre hermoso y puro.

El Noble Profeta, la paz y las bendiciones de Allah sean con él, ordenó a su comunidad poner nombres buenos y puros. Cuando los compañeros y las compañeras del Profeta, la paz y las bendiciones de Allah sean con él, acudían a él para pedirle que pusiera nombre a sus hijos, siempre proponía nombres sumamente puros y llenos de significado. Cuando preguntaba a alguien su nombre y este respondía con un nombre sin sentido y desagradable, el Noble Profeta, la paz y las bendiciones de Allah sean con él, lo desaprobaba y no le permitía realizar alguna de sus tareas. En cambio, cuando pronunciaba un nombre hermoso y puro, lo aprobaba, hacía una súplica por él y le permitía realizar su tarea. Cuando el amado Profeta, la paz y las bendiciones de Allah sean con él, salía por alguna necesidad, le agradaba escuchar expresiones como «Wa Nayih» o «Ya Rashid». Cuando enviaba a alguien como responsable de un lugar, le preguntaba su nombre. Si le agradaba el nombre que este decía, se alegraba mucho y las señales de alegría aparecían en su rostro. Si no le agradaba, su efecto se reflejaba en su rostro. Cuando entraba en una aldea, preguntaba el nombre de esta. Si le gustaba, se alegraba mucho. También ocurría con frecuencia que cambiaba los nombres desagradables. No podía tolerar un mal nombre para ninguna cosa. La gente llamaba a un lugar Hujrah, es decir, estéril o improductivo. Él dejó el nombre del lugar como Juzrah, es decir, siempre verde y fértil. A una fortaleza la llamaban la fortaleza del extravío; él la llamó la fortaleza de la guía. Asimismo, cambió los nombres de muchos hombres y mujeres. Quien insistía en usar el antiguo nombre en lugar del nombre que él había cambiado, sentía sobre su propia personalidad el mal efecto de aquel antiguo nombre, y su mala influencia permanecía sobre sus descendientes.

Nombres recomendables para los hijos

Por nombres recomendables para su hijo se entienden aquellos en cuya elección se han tenido en cuenta ciertos aspectos y se ha procurado mantenerse alejado de otros. Primero: nombres formados uniendo la palabra Abd o Amatuhu con el nombre esencial o atributivo de Allah. Por ejemplo: Abdullah, Abdur-Rahman, Abdul-Ghaffar, Amatullah, Amatur-Rahman, etcétera. También pueden ser nombres que expresen alabanza a Allah.

Segundo: ponerle el nombre de algún profeta. Por ejemplo: Yaqub, Yusuf, Idris, Ahmad, Ibrahim, Ismail, etcétera.

Tercero: ponerle el nombre de algún muyahid, wali o servidor de la religión, por ejemplo: Umar Faruq, Jálid, Abdul-Qadir, Hayara, Maryam, Umm Salamah, Sumayya, etcétera.

Cuarto: que el nombre sea un reflejo de sus sentimientos religiosos y de sus hermosas esperanzas y aspiraciones. Por ejemplo, al observar la situación actual de decadencia de la comunidad, puede poner a su hijo los nombres de Umar, Salahuddin y otros semejantes, y albergar la esperanza de que, cuando crezca, su hijo conduzca a salvo hasta la orilla la barca que se hunde de la comunidad y revitalice la religión.

Quinto: proponer un nombre teniendo presente algún logro religioso. Por ejemplo, mientras recitaba el Noble Corán, apareció el siguiente versículo:

يوم يأْتِ لا تكلم نفس الا باذنه ، فمنهم شقى وسعيد«Cuando llegue aquel día en que no tendrás poder para hablar con nadie. Sí, la gente podrá hablar con el permiso de Allah. Entonces, ese día, algunas personas serán desdichadas y otras serán afortunadas.»

Es decir, el Día de la Resurrección toda la humanidad se dividirá en dos grupos. Un grupo será desdichado y el otro será afortunado. Al leer esta aleya, espontáneamente suplicó desde lo más profundo de su corazón: «¡Oh, Señor!, inclúyeme a mí y a mis hijos entre los afortunados». Después de que nació su hijo, le puso el nombre de Saíd.

En realidad, usted propone los nombres consciente o inconscientemente de acuerdo con sus deseos, emociones, esperanzas y aspiraciones; y sobre la base de estas esperanzas y aspiraciones el niño va creciendo y, normalmente, por naturaleza, acaba haciendo realidad sus sueños. Se ha alentado a tener presentes estos asuntos al proponer un nombre. Sin embargo, hay también algunos asuntos respecto de los cuales se debe tener precaución al proponerlo.

Primero: pensamientos y sentimientos contrarios a la creencia y los ideales islámicos, especialmente los nombres que hieren la concepción monoteísta. Por ejemplo, Nabi Bakhsh y Abd al-Rasul.

Segundo: cualquier palabra que exprese orgullo, arrogancia, pretensión de pureza o vanagloria.

Tercero: nombres que reflejen esperanzas y aspiraciones no islámicas y respecto de los cuales no pueda albergarse ninguna esperanza de obtener la misericordia de Allah.

Orientación y sabiduría al poner buenos nombres

قَالَ رَسُولُ اللهِ صَلَّى اللهُ عَلَيْهِ وَسَلَّمَ إِنَّكُمْ تَدْعُونَ يَوْمَ الْقِيَامَةِ بِأَسْمَائِكُمْ ، وَأَسْمَاءِ آبَاءِ كُمْ فَأَحْسِنُوا أَسْمَائِكُم – ابو داود عن أبي الدردا«El Noble Profeta, que Allah le bendiga y le conceda paz, dijo: “El Día de la Resurrección seréis llamados por vuestro propio nombre y por el nombre de vuestro padre. Por tanto, elegid buenos nombres”».

Los nombres preferidos por Allah

عن أبي وهب رض عَنِ النَّبِيِّ صَلَّى اللهُ عَلَيْهِ وَسَلَّمَ قَالَ : تُسَمُوا بِأَسْمَاءِ الأنبياء وأحبُّ الْأَسْمَاءِ إِلى اللهِ عَزَّ وَجَلَّ عبدُ اللَّهِ وَعَبْدُ الرَّحْمَنِ وَأَصْدَقَهَا حارث وهمام وأقبحها حرب ومرة – الادب المفرد وجمع الفوائد ج ۲ ص ٤٠٦ بحو اله ابوا داود ونسائي«Hadrat Abu Wahab narró del Noble Profeta, que Allah le bendiga y le conceda paz, que dijo: “Poned nombres de profetas. Los nombres preferidos por Allah, el Poderoso y Majestuoso, son Abdullah y Abdur Rahman; los más veraces son Hareth y Hammam, y los más detestables son Harb y Murrah”».

La palabra «Allah» es el nombre propio de Allah. Rahmán no es uno de los nombres propios de Allah en el islam. Sin embargo, antes del islam era utilizado como nombre de Allah por algunos pueblos. Por ello también tiene importancia, en comparación con Sus demás atributos o sifat. La mención en el hadiz únicamente de estos dos nombres no significa que solo puedan ponerse estos dos nombres y que solo estos sean aceptables para Allah. Más bien, se han mencionado como ejemplo. Si se añade la palabra «Abd» a uno de los atributos de Allah para formar un nombre, ese es un nombre aceptable para Allah. Es posible que el Noble Profeta —que Allah le bendiga y le conceda paz— haya mencionado únicamente estos dos nombres también porque en el Sagrado Corán ambos aparecen relacionados con «Abd».

Se llama Háriz a la persona que se dedica a la agricultura y a ganarse el sustento. Si se gana la vida en este mundo por medios lícitos, eso ya es bueno; pero si se dedica a ganarse la recompensa de la otra vida, ¿qué podría ser mejor que eso?

Hammam: se llama así a la persona de firme determinación, que, una vez termina una tarea, se ocupa de otra.

Harb: significa guerra. Es evidente que la guerra no es un acto apreciado.

Murrah: se llama así a algo amargo, y lo amargo ciertamente resulta desagradable para todos.

Un buen comienzo con un buen nombre

Hadrat Yahya ibn Sa‘id —que Allah esté complacido con él— relató que el Noble Profeta —que Allah le bendiga y le conceda paz— preguntó a la gente quién ordeñaría una camella:

مَنْ يُحْلبُ هَذِهِ ؟ فَقَامَ رَجُلٌ فَقَالَ لَهُ صَلَّى اللهُ عَلَيْهِ وَسَلَّمَ مَا اسْمُكَ ؟ قَالَ : مُرَّة، فَقَالَ لَهُ : اجْلِسُ ثُمَّ قَالَ : مَنْ يُحْلَبُ هَذِهِ ؟ فَقَامَ رَجُلٌ ، فَقَالَ له صلى الله عَلَيْهِ وَسَلَّمَ مَا اسْمُكَ ؟ قَالَ حَرْبٌ ، فَقَالَ لَهُ اجْلِسُ ثُمَّ قَالَ من يحلب هذه ؟ فَقَامَ رَجُلٌ ، فَقَالَ لَهُ صَلَّى اللَّهُ عَلَيْهِ وَسَلَّمَ مَا اسْمُكَ ؟ قَالَ : يَعِيشُ فَقَالَ لَهُ أحلب – جمع الفوائد بحوا الله مؤطا امام مالك رح«¿Quién ordeñará esta camella?». Un hombre se levantó. Él le preguntó: «¿Cómo te llamas?». Respondió: «Me llamo Murrah». Él le dijo: «Siéntate». Después preguntó: «¿Quién ordeñará esta camella?». Un hombre se levantó. Él le preguntó: «¿Cómo te llamas?». Respondió: «Me llamo Harb». Él le dijo: «Siéntate». Luego preguntó: «¿Quién ordeñará esta camella?». Un hombre se levantó. Él le preguntó: «¿Cómo te llamas?». Respondió: «Me llamo Ya‘ish». Él le dijo: «De acuerdo, tú ordéñala». —Jami‘ al-Fawa’id, con referencia al Muwatta del imán Malik

El significado de los dos primeros nombres era desagradable, mientras que el significado del último era agradable. La palabra Ya‘ish significa «vivir».

Asimismo, el imán Bujari también transmitió un hadiz:

«El Noble Profeta —que Allah le bendiga y le conceda paz— preguntó a la gente: “¿Quién conducirá nuestro camello?”, o dijo: “¿Quién lo llevará hasta su destino?”. Un hombre respondió: “Yo”. Él le preguntó: “¿Cómo te llamas?”. Respondió: “Me llamo Así”. Él le dijo: “Siéntate”. Entonces se levantó un segundo hombre con ese propósito. Él le preguntó: “¿Cómo te llamas?”. También respondió: “Me llamo Así”. Él le dijo: “Siéntate”. Después se levantó un tercer hombre. También le preguntó: “¿Cómo te llamas?”. Respondió: “Me llamo Nājiya”. Entonces le dijo: “Tú eres apto para esta tarea. Conduce el camello”».

Una anécdota de Hadrat Umar —que Allah esté complacido con él—

Hadrat Umar —que Allah esté complacido con él— preguntó a un hombre: «¿Cómo te llamas?». Respondió: «Ascua». Le preguntó: «¿Cómo se llama tu padre?». Respondió: «Llama». Le preguntó: «¿A qué tribu perteneces?». Respondió: «A la tribu de la Combustión». Le preguntó: «¿Dónde está tu casa?». Respondió: «Sobre una colina ardiente». Le preguntó: «¿Sobre qué colina de fuego?». Respondió: «Sobre una colina en llamas». Al oír esto, Hadrat Umar —que Allah esté complacido con él— le dijo: «Ve deprisa y avisa a los habitantes de la casa. Todos han perecido quemados». Y ocurrió exactamente lo que Hadrat Umar —que Allah esté complacido con él— había dicho. —Jami‘ al-Fawa’id

Mostrar respeto por los nombres

Hazrat Abu Rafi‘, que Allah esté complacido con él, dijo: El Profeta, que Allah le bendiga y le conceda paz, dijo:

إذا سميتم محمدًا فَلَا تَضْرِبُوهُ وَلَا تَحْرِمُوهُ .
«Cuando pongáis a alguien el nombre de Muhammad, no lo golpeéis ni lo privéis de sus derechos» —Jami‘ al-Fawa’id

Hazrat Anas, que Allah esté complacido con él, dijo que el Profeta, que Allah le bendiga y le conceda paz, dijo:تسمونهم محمدًا ثُمَّ تَلْعَنُونَهم .
«Llamaréis Muhammad a los niños y luego los maldeciréis e insultaréis».

Es decir, no tratéis mal a los niños por respeto a este nombre. De por sí, tratar mal a los niños es una conducta reprobable. Y si el niño se llama Muhammad, hay que tener aún más cuidado, pues también es obligatorio honrar este nombre.

Algunos nombres propuestos por el Profeta, que Allah le bendiga y le conceda paz

Uno: Hazrat Yusuf, hijo de Hazrat Abdullah ibn Salam, dijo: «El Profeta, que Allah le bendiga y le conceda paz, me puso el nombre de Yusuf. Me sentó en su regazo y me acarició la cabeza».

Dos: Hazrat Abu Musa, que Allah esté complacido con él, dijo: «Cuando nació mi primer hijo, lo llevé ante el Profeta, que Allah le bendiga y le conceda paz. Él le puso el nombre de Ibrahim. Masticó un dátil, se lo colocó en la boca y me lo devolvió después de suplicar por él pidiendo el bien y la bendición».

Tres: Hazrat Ali, que Allah esté complacido con él, había puesto a sus tres hijos el nombre de Harb. El amado Profeta, que Allah le bendiga y le conceda paz, les cambió los nombres por Hasan, Husayn y Muhsin.

Cambio de nombres

El Noble Profeta, que Allah le bendiga y le conceda paz, era sumamente cuidadoso con respecto a los nombres. Si el nombre de alguien le parecía malo por algún motivo, lo cambiaba y proponía un nombre bueno. Si un nombre expresaba un significado contrario a la concepción del tawhid, carecía de significado, era el nombre de algo desagradable y malo, tenía un significado indeseable, estaba relacionado de algún modo con un pecado personal, expresaba vanidad y engreimiento, o presentaba cualquier otro aspecto negativo, él lo cambiaba y proponía en su lugar un nombre bueno y puro.
La honorable Aisha, que Allah esté complacido con ella, narró que el Noble Profeta, que Allah le bendiga y le conceda paz, cambiaba los nombres malos. —Yami‘ at-Tirmidhi

Uno: Hani ibn Zayd se presentó ante el amado Profeta, que Allah le bendiga y le conceda paz, junto con una delegación. En aquella ocasión oyó que su kunya era Abu al-Hakam. El Noble Profeta, que Allah le bendiga y le conceda paz, lo llamó y le dijo: «Al-Hakam es Allah, y el otorgamiento del juicio pertenece a Su autoridad. ¿Cómo has tomado la kunya de “Al-Hakam”?». Ibn Zayd respondió: «No es eso lo que quiero decir. (No deseo asociarme con ese derecho de Allah.) Lo cierto es que, cuando surge una disputa entre los miembros de mi pueblo sobre algún asunto, vienen a mí. Yo pronuncio un veredicto correcto entre ellos y ambas partes aceptan con agrado esa decisión». El Noble Profeta, que Allah le bendiga y le conceda paz, dijo: «¡Qué excelente asunto has descrito!». Luego preguntó: «¿No tienes hijos?». Ibn Zayd respondió que tenía tres hijos. Sus nombres eran Shuraih, Abdullah y Muslim. Él preguntó: «¿Cuál de ellos es el mayor?». Ibn Zayd respondió: «Shuraih es el mayor de todos». Él dijo: «Entonces tu kunya es Abu Shuraih», y suplicó por él y por sus hijos.
Además, se enteró de que uno de los miembros de aquella delegación se llamaba Abd al-Hayar. Le preguntó: «¿Cuál es tu nombre?». Él respondió: «Abd al-Hayar». Él dijo: «No; tu nombre será Abdullah».
Shuraih dice: Cuando Hani ibn Zayd se disponía a regresar a su patria, se presentó ante el Noble Profeta, que Allah le bendiga y le conceda paz, y preguntó: «¡Oh, Mensajero de Allah! Dígame qué obra me hará entrar inevitablemente en el Paraíso». Él respondió: «Cumple dos cosas: habla bien con la gente y distribuye abundante comida». —Al-Adab al-Mafrūz

Dos: La honorable Abd al-Rahman dice: Me presenté ante el Profeta, que Allah le bendiga y le conceda paz. Él me preguntó: «¿Cuál es tu nombre?». Respondí: «Mi nombre es Abd al-Uzza». Él dijo: «No; tu nombre es Abd al-Rahman». En otra narración se menciona que respondí: «Mi nombre es Aziz». Entonces él dijo: «Al-Aziz es Allah». —Al-Adab al-Mafrūz

Tres: La honorable Ibn Umar, que Allah esté complacido con él, narró que el Profeta, que Allah le bendiga y le conceda paz, cambió el nombre de Asiya y dijo: «Tu nombre es Yamilah». —Al-Adab al-Mafrūz

En una narración de Sahih Muslim se menciona que la hija de la honorable Umar, que Allah esté complacido con él, se llamaba Asiyah, y que el Noble Profeta, que Allah le bendiga y le conceda paz, cambió su nombre por el de Yamilah.

Cuatro: La honorable Muhammad ibn Amr narró que un día fue a visitar a Zaynab, hija de Abu Salamah [era hija de Umm Salamah, esposa del Profeta, que Allah le bendiga y le conceda paz; era hija de su primer esposo, Abu Salamah]. En aquella ocasión, Zaynab preguntó por el nombre de la hermana de una mujer que me acompañaba. Le dije que se llamaba Barrah. Ella dijo: «Cámbiale el nombre, pues cuando el Noble Profeta, que Allah le bendiga y le conceda paz, se casó con Zaynab bint Yash, ella se llamaba Barrah. El Noble Profeta, que Allah le bendiga y le conceda paz, cambió su nombre por el de Zaynab». En aquel momento, su madre la llamaba repetidamente «Barrah, Barrah». Entonces el Profeta, que Allah le bendiga y le conceda paz, dijo: «No proclaméis vuestra propia pureza. Allah sabe mejor quién de vosotros es piadoso y quién es malvado», y dijo: «Llamadla Zaynab». Mi madre, Umm Salamah, dijo: «Está bien; entonces se le puso el nombre de Zaynab».

Cinco: La honorable Raytah bint Muslim dice: Mi padre, Muslim, me dijo: «Estuve con el Mensajero de Allah, que Allah le bendiga y le conceda paz, en la batalla de Hunayn. Él me preguntó: “¿Cuál es tu nombre?”. Respondí: “Mi nombre es Ghurab (cuervo)”. Él dijo: “No; tu nombre es Muslim”».
La honorable Aisha, que Allah esté complacido con ella, narró que un hombre fue mencionado en la reunión del Profeta, que Allah le bendiga y le conceda paz, diciendo que se llamaba Shihab. Al oír esto, el Mensajero de Allah, que Allah le bendiga y le conceda paz, dijo: «No; más bien, tú eres Hisham».

Seis: Antes del islam, el hijo de Abd al-Rahman bin Sa‘id al-Majzumi se llamaba «al-Asram». Después, el Noble Profeta, que Allah le bendiga y le conceda paz, cambió su nombre y lo dejó como «Sa‘id». El Profeta, que Allah le bendiga y le conceda paz, preguntó a Sa‘id: «¿Quién es mayor entre nosotros dos, yo o tú?». Sa‘id, que Allah esté complacido con él, respondió: «Usted es mayor que yo; yo soy mayor que usted en edad». Cuando estaba quedándose ciego, Umar, que Allah esté complacido con él, fue a visitarlo para atenderlo y le dijo: «Debe asistir sin falta a la oración del viernes y a la oración en congregación». Él respondió: «¿Quién me llevará?». Umar, que Allah esté complacido con él, envió a un esclavo para que lo guiara y lo atendiera.

Siete: El Noble Profeta, que Allah le bendiga y le conceda paz, dijo: «No llamen Hubab a su hijo, pues Hubab es el nombre de Satanás. Un hijo no debe llamarse Hubab. Más bien, el nombre del hijo es Abd al-Rahman». A la serpiente se la llama Hubab, y al mundo se lo llama Umm Hubab. Por eso prohibió poner el nombre Hubab.

Los malos efectos de los malos nombres

El famoso tradicionista de Medina, el tabi‘í Sa‘id ibn al-Musayyib, relató la historia de su abuelo Hurun. Dijo que una vez este se presentó ante el Profeta, que Allah le bendiga y le conceda paz. Entonces le preguntó: «¿Cómo te llamas?». Él respondió: «Me llamo Hayn». Él le dijo: «No, tu nombre no es Hayn; tu nombre es Sahala». Hayn respondió: «No cambiaré el nombre que me dio mi padre para adoptar otro». Sa‘id ibn al-Musayyib dijo: «Por eso, desde entonces hasta hoy, la tristeza ha continuado en nuestro linaje».

El peor nombre ante Allah

عن أبي هريرةَ قَالَ قَالَ رَسُولُ اللهِ صلَّى اللهُ عَلَيْهِ وَسَلَّمَ أَخْنَى الْأَسْمَاءِ عند الله رجلٌ تُسمى ملك الأملاك – الادب المفرد«Abu Huraira, que Allah esté complacido con él, relató que el Mensajero de Allah, que Allah le bendiga y le conceda paz, dijo: “El nombre más aborrecible y que provoca mayor ira ante Allah es llamar a una persona Malik al-Amlak”».

La expresión Malik al-Amlak significa «rey de reyes». En persa, su significado es «Shahanshah». Por su significado, es un nombre sumamente malo, pues contiene una insinuación de politeísmo. El poder y la soberanía pertenecen exclusivamente a Allah. Nadie comparte con otro ese derecho. Esta expresión también aparece en Sahih Muslim. Su significado es que la soberanía y el poder pertenecen únicamente a Allah.

Llamar a la persona por el nombre que prefiere

Cuando llame a alguien por su nombre, también puede llamarlo por el nombre que le gusta. Por ello, llame siempre a los demás por el nombre que les resulte agradable. De este modo, la persona a la que se dirige sentirá que aumenta su honor. Al Profeta —que Allah le bendiga y le conceda paz— le gustaba mucho que se llamara a cada persona por el nombre y la kunya que más le agradaban.

El nombre preferido de Hazrat Ali —que Allah esté complacido con él—

Un día, el Noble Mensajero de Allah —que Allah le bendiga y le conceda paz— fue a la casa de su yerno, Hazrat Ali —que Allah esté complacido con él—. Hazrat Fátima —que Allah esté complacido con ella— estaba sola en casa. Hazrat Ali —que Allah esté complacido con él— no estaba allí. Preguntó a su hija: «¿Dónde está el hijo de vuestro tío?». Ella respondió: «Hemos discutido. Está enfadado conmigo y se fue, enfurecido, a algún lugar. Después de almorzar, tampoco descansó aquí». El Noble Profeta —que Allah le bendiga y le conceda paz— le dijo a alguien: «Ve a ver dónde está Ali». El hombre respondió: «Está acostado, apoyado contra la pared de la mezquita». El Noble Profeta —que Allah le bendiga y le conceda paz— fue tras él. Vio que estaba tendido boca arriba. Su manta tampoco estaba bien colocada y tenía tierra en el cuerpo. El Noble Profeta —que Allah le bendiga y le conceda paz— le sacudía la tierra de la espalda y le decía: «Abu Turab, levántate y siéntate».

Pronunciar un nombre abreviado con cariño

El amado Profeta —que Allah le bendiga y le conceda paz— a veces, como muestra de cariño, utilizaba un nombre abreviado en lugar de pronunciar el nombre completo. Por ejemplo, decía Aish en lugar de Aisha y Uzam en lugar de Uzmán. Naturalmente, usted también puede hacer esto en ocasiones para expresar afecto y amor. No hay nada censurable en ello, pues no se hace para deformar el nombre, sino para expresar sentimientos de amor. Hazrat Abu Salama —que Allah esté complacido con él— narró:

أن عَائِشَةَ رَضِيَ اللهُ عَنْهَا قَالَتْ : قَالَ رَسُولُ اللَّهِ صَلَّى اللَّهُ عَلَيْهِ وسلَّم يَا عَائِشَ : هَذَا جِبْرِيلُ يُقْرِئُ عَلَيْكَ السَّلام قَالَتْ : وَعَلَيْهِ السَّلام ورحمة الله قَالَتْ وَهُوَ يُرَى مَالَا أَرَى—
«Hazrat Aisha —que Allah esté complacido con ella— dijo: el Mensajero de Allah —que Allah le bendiga y le conceda paz— dijo: “¡Aish! Este es Gabriel, que te transmite el saludo de paz”. Ella respondió: “Y sobre él sean también la paz y la misericordia de Allah”. Y dijo: “El Noble Profeta —que Allah le bendiga y le conceda paz— veía aquello que yo no veía”. Al-Adab al-Mufrad

Si alguna vez no recuerda el nombre de alguien y necesita llamarlo, tampoco se dirija a él con un nombre desagradable o malo. Utilice alguna expresión buena para llamarlo hacia usted. Cuando al amado Profeta —que Allah le bendiga y le conceda paz— no le venía a la memoria el nombre de alguien, se dirigía a él diciendo: «¡Oh, hijo de Abdullah!».

Afecto y amor hacia los hijos

Mostrar afecto y amor hacia los hijos también es uno de sus derechos. Mostrar afecto y amor hacia los hijos es algo natural. Allah Todopoderoso ha creado esta disposición innata en el corazón de cada padre y madre. Al crear en el corazón de los padres un amor ilimitado por sus hijos, Allah también les ha concedido a los padres un inmenso favor. Por otro lado, esto también es un favor hacia los hijos, porque sin ello sería imposible criarlos; de hecho, en su mayor parte habría sido imposible. El niño humano es, en comparación con las crías de todos los demás animales, el más indefenso, necesitado, débil y dependiente de ayuda. Si en el corazón de los padres no existiera por él un afecto y un amor ilimitados, no sería posible criarlo. Gracias al incomparable afecto y amor de sus padres y a sus extraordinarios sacrificios, crece y llega a ser competente.
Por otra parte, esto es un favor hacia los padres porque Allah Todopoderoso les ha confiado la gran responsabilidad de criar a sus hijos. Los padres nunca podrían haber cumplido este derecho si no se hubiera creado en ellos un enorme sentimiento de amor hacia sus hijos.
El amor hacia los hijos es una señal de la misericordia y la sabiduría de Allah, y una prueba evidente de que Él es el Rabb o Sustentador. Allah ha creado este sentimiento en el corazón de todos los seres humanos, sin discriminación alguna. No solo a los seres humanos, sino también a los animales les ha concedido Allah este sentimiento, y por naturaleza sienten amor por sus descendientes.

La diferencia del amor de la madre musulmana

El amor hacia los hijos es un sentimiento natural. Por eso, todos los padres aman a sus hijos, independientemente de su religión o ideología. Aunque unos padres no crean en ninguna religión ni en el Creador, aun así aman a sus hijos. Sin embargo, en este aspecto los padres musulmanes poseen una característica especial. Y los padres privados del Islam nunca pueden alcanzar esta característica. Una madre no musulmana satisface su sentimiento natural al amar a su hijo. Del mismo modo, una madre musulmana también satisface ese sentimiento. Pero la característica particular de la madre musulmana es que ama a su hijo con la conciencia de que esto es un derecho del hijo, una exigencia del Din y una Sunna del Noble Profeta, que Allah le bendiga y le conceda paz, y de sus honorables Compañeros. Mostrar afecto hacia los hijos no consiste únicamente en satisfacer un sentimiento natural, sino también en considerarlo un medio para obtener la complacencia de Allah y de Su Mensajero, que Allah le bendiga y le conceda paz, recibir recompensa en la Otra Vida y alcanzar la salvación en el Más Allá. Debido a este intenso sentimiento, en el corazón de la madre musulmana se despiertan una gran emoción y una fuerza extraordinaria. El amor que nace de este sentimiento es completamente diferente del amor meramente natural. El amor de una madre que ama movida por un sentimiento religioso no puede ser un amor ciego. Ella ama a su hijo conforme a la guía del Din y nunca, llevada por la emoción, adopta un método que termine siendo causa de su propia destrucción y de la de su hijo.

Los hijos como medio de prueba

Mostrar amor hacia los hijos es un derecho de los hijos, pero también es un medio de prueba para los padres. Allah ha concedido el sentimiento natural de amor hacia los hijos y también lo ha fomentado; al mismo tiempo, ha pronunciado una advertencia: estad alerta respecto a los hijos. Porque a veces esos mismos hijos se convierten en enemigos de la persona. Al quedar atrapada en la red de un amor excesivo hacia ellos, la persona pierde el equilibrio y se aparta mucho del Din. Por ellos arrebata los derechos de otros. Pierde la capacidad de distinguir entre lo halal y lo haram. Se vuelve negligente respecto a la adoración y la obediencia a Allah. Olvida las exigencias de la fe y del Islam. Se aparta de grandes obras buenas y, al desviarse por el camino equivocado, arruina su vida futura. Por eso Allah Todopoderoso ha dicho que hay que estar alerta respecto a los hijos. Algunos hijos, en este sentido, se convierten en enemigos de la persona.

يأَيُّهَا الَّذِينَ آمَنُوا إِنَّ مِنْ أَزْوَاجِكُمْ وَأَوْلَادِكُمْ عَدُوا لَّكُمْ فَاحْذَرُوهُمْ:
«Oh creyentes, algunos de vuestras esposas y de vuestros hijos son vuestros enemigos. Por eso, estad prevenidos respecto a ellos». —Sura At-Tagabun: 14

Ser precavido respecto a los hijos significa que la persona no debe quedar tan atrapada en el amor hacia ellos que se vuelva negligente respecto a las exigencias del Din y de la fe. Si el amor hacia los hijos impide avanzar por el camino del Din y ofrecer sacrificios por causa del Din, entonces se convierte en enemistad; por eso hay que mantenerse alerta. Nunca debe suceder que el amor hacia ellos prevalezca sobre el amor al Din, ni que por causa de ellos la persona retroceda en el ámbito religioso. Antes de la Hégira, algunas personas habían abrazado la fe en La Meca. Pero, pese a haber aceptado el Islam, no pudieron emigrar a Medina junto con los musulmanes que hicieron la Hégira. Aunque eran creyentes, fueron privados de la bendición de la Hégira únicamente porque habían quedado atrapados en un amor excesivo hacia sus esposas e hijos, y estos les impidieron marcharse a Medina. Estos musulmanes fueron privados de una bendición como la Hégira porque no fueron precavidos en lo relativo a su amor por los hijos y se ocuparon tanto de amarlos que no pudieron responder al llamado del Din. El Sagrado Corán también ha llamado a los hijos fitna y prueba en este sentido. Por un lado está el sentimiento natural de amor hacia ellos y, por otro, las exigencias del Din y de la fe. Se ha insistido en mostrarles amor y cumplir sus derechos. Pero, al mismo tiempo, se ha pronunciado esta advertencia: los hijos son un medio de prueba. Por eso, no os absorbáis tanto en el amor hacia ellos que terminéis olvidando las exigencias del Din y de la fe:

إِنَّمَا أَمْوَالُكُمْ وَأَولادكم فنتة ، التغابن : ١٥
«En verdad, vuestras riquezas y vuestros hijos son una prueba para vosotros». —Sura At-Tagabun: 15

En otro lugar se ha declarado:يأَيُّهَا الَّذِينَ آمَنُوا لا تُلْهِكُمْ أَمْوَالُكُمْ وَلَا أَوْلَادُكُمْ عَنْ ذِكْرِ اللَّهِ ، وَمَنْ يَفْعَلُ
ذالِكَ فَأُولَئِكَ هُمُ الْخَسِرُونَ المنافقون : ٩«¡Oh, creyentes! Que ni vuestras riquezas ni vuestros hijos os distraigan del recuerdo de Allah. Y quienes hagan eso serán los grandes perdedores». —Sura Al-Munafiqun: 9

El significado de esta aleya es que los hipócritas habían quedado atrapados por el amor a las riquezas y a los hijos. Estaban absortos en los deseos materiales y habían olvidado la otra vida a cambio de este mundo. Y esta es la mayor pérdida: que el ser humano quede privado de las infinitas bendiciones de la vida eterna por causa de este mundo perecedero. Por ello, los musulmanes deben mantenerse atentos a este respecto.

En cierta ocasión, el Noble Profeta, que Allah le bendiga y le conceda paz, estaba pronunciando un sermón en la Mezquita del Profeta. En ese momento, Hasan, que Allah esté complacido con él, y Husayn, que Allah esté complacido con él, llegaron a la mezquita vestidos con ropas rojas. Eran muy pequeños. Avanzaban tropezando y tambaleándose sobre sus pies como podían. El Noble Profeta, que Allah le bendiga y le conceda paz, no pudo soportarlo. Bajó del púlpito, tomó a sus dos nietos en brazos, los acercó a él y los sentó junto a sí. Luego dijo: «Allah ha dicho la verdad:»

إِنَّمَا أَمْوَالُكُمْ وَأَوْلَادُكُمْ فِتْنَةٌ – التغابن : ١٥«En verdad, vuestras riquezas y vuestros hijos son una prueba para vosotros». —Sura At-Tagabun: 15

Jawla bint Hakim, que Allah esté complacido con ella, era una mujer muy piadosa. Relató que un día el Noble Profeta, que Allah le bendiga y le conceda paz, salió. Llevaba en brazos a uno de sus nietos y le decía: «Vosotros hacéis que las personas se vuelvan avaras, vosotros hacéis que las personas se vuelvan cobardes y vosotros arrojáis a las personas a la ignorancia y la necedad». —Yami‘ at-Tirmidhi

La verdad es que, debido a los hijos y la descendencia, surgen diversos tipos de debilidad en las personas; por causa de ellos se extingue su valentía y se vuelven cobardes. En muchos casos, se desconciertan y retroceden ante el avance. Que Allah no lo permita, si el desenlace fuera malo, ¿qué sería de los hijos? Gastan con mucho cuidado, teniendo en cuenta sus necesidades, y por causa de ellos, arrastrados por las emociones, a veces realizan actos propios de ignorantes e ingenuos.

El islam no menosprecia la emoción del amor hacia los hijos ni la prohíbe; por el contrario, la considera valiosa y llena de propósito, y anima a ella. Sin duda, el islam exige enfáticamente que el musulmán ame a sus hijos a la luz de la religión. En este asunto debe mantener siempre presentes las orientaciones de la religión y no adoptar en modo alguno una conducta que Allah desapruebe.

عَنْ أَنَسٍ قَالَ دَخَلْنَا مَعَ رَسُولِ الله صلَّى اللهُ عَلَيْهِ وَسَلَّمَ عَلَى أَبي سيف القَيْنِ وَكَانَ ظَرًا لإبراهيم فَأَخَذَ رَسُولُ اللهِ صَلَّى اللَّهُ عَلَيْهِ وَسَلَّمَ فَقَبْلَهُ وشمه ثُمَّ دَخَلْنَا عَلَيْه بعد ذالك وإبراهيم يجودُ بِنَفْسِهِ فَجَعَلْتُ عَيْنَا رَسُول الله صَلَّى اللهُ عَلَيْهِ وَسَلَّمَ تَنْرَفَانِ فَقَالَ لَهُ عَبْدُ الرَّحْمَنِ بْنِ عَوْفِ وَأَنْتَ يا رَسُولَ اللهِ فَقَالَ يَا ابْنَ عَوْفِ إِنَّهَا رَحْمَةٌ ثُمَّ اتَّبَعَهَا بِأُخْرِى فَقَالَ إِنَّ الْعَيْنَ تدمع والقلب يَحْزُنُ وَلَا نَقُولُ إِلا ما يرضى رَبُّنَا وَإِنَّا بِفِرَاقِكَ يَا إِبْرَاهِيمُ لمحزونون – بخاری، مسلم«Anas, que Allah esté complacido con él, relató: Fuimos con el Noble Profeta, que Allah le bendiga y le conceda paz, a la casa de Abu Sayf, el herrero. Abu Sayf era el esposo de la nodriza del hijo del Profeta, Ibrahim. El amado Profeta, que Allah le bendiga y le conceda paz, tomó a su hijo en brazos, lo acarició y lo olió —es decir, acercó su nariz y su boca a su rostro de tal manera que parecía olerlo—. Después, cuando volvimos allí, Ibrahim estaba exhalando su último aliento, y las lágrimas comenzaron a caer de los dos ojos del Profeta, que Allah le bendiga y le conceda paz. Al ver esto, Abd al-Rahman ibn Awf, que Allah esté complacido con él, le dijo al amado Profeta, que Allah le bendiga y le conceda paz: “¡Oh, Mensajero de Allah! ¿También vos lloráis?”. Él respondió: “¡Ibn Awf! Estas lágrimas son una manifestación de misericordia”. Y las lágrimas siguieron corriendo. Dijo: “Los ojos derraman lágrimas y el corazón siente tristeza, pero con nuestra lengua solo decimos aquello que agrada a nuestro Señor. ¡Oh, Ibrahim! Estamos afligidos por tu separación”».

El trato áspero hacia los hijos

Algunas personas consideran contrario a la piedad religiosa reír y jugar con los hijos, ocuparse de ellos, alimentarlos en brazos, besarlos y acariciarlos. Según ellos, la piedad y la seriedad exigen abstenerse de hablar alegremente con los hijos. Hay que mantenerse separado y distante de ellos. En lugar de relacionarse con ellos, hay que mostrar desapego y, en vez de expresar amor, manifestar dureza y aspereza.

El islam nunca respalda semejantes ideas. Estas son consecuencia de una comprensión deficiente de las ideas religiosas y de la religión. Por el contrario, a partir de la guía y la práctica del Noble Profeta, que Allah le bendiga y le conceda paz, se sabe claramente que mostrar afecto y amor a los hijos es una acción encomiable. El corazón de quien no ama a sus propios hijos está, sin duda, vacío de compasión y ternura. Los hijos son motivo de consuelo para los ojos. Mostrarles afecto y amor será un medio para alcanzar el éxito en la otra vida. Y verse privado de ello significa quedar privado de la misericordia de Allah.

Besar a los hijos es causa de la misericordia de Allah

عَنْ أَبِي هُرَيْرَةَ قَالَ قَبْلَ رَسُولُ اللهِ صلَّى اللَّهُ عَلَيْهِ وَسَلَّمَ الْحَسَنَ بْنَ عَلِي رضي الله عَنْهُ وَعِندَهُ الأقرع بن حابس التَّمِعِي جَالِسٌ فَقَالَ الْأَقْرَعُ إِنْ لي عشرَةً مِّنَ الْوَلَدِ مَا قَبلْتُ مِنْهُمْ أَحَدًا فَنَظَرَ إِلَيْهِ رَسُولُ اللَّهِ صَلَّى اللهُ عَلَيْهِ وَسَلَّمَ ثُمَّ قَالَ مَنْ لا يرحم لا يرحم .
“Se ha transmitido que Abu Huraira, que Allah esté complacido con él, dijo: el noble Profeta, que Allah le bendiga y le conceda paz, besó y acarició a su nieto Hasan ibn Ali, que Allah esté complacido con él. En ese momento, Aqra ibn Habis también estaba sentado allí. Dijo: «Tengo diez hijos, pero nunca he acariciado a ninguno de ellos». El noble Profeta, que Allah le bendiga y le conceda paz, lo miró y dijo: «A quien no tiene misericordia, Allah tampoco le tendrá misericordia».”

Es decir, besar y acariciar a los propios hijos es una muestra de misericordia y bondad. Solo acarician y besan a sus hijos quienes tienen misericordia en el corazón por gracia de Allah, y Allah tiene misericordia de quienes tienen misericordia de los demás. Quienes no tienen misericordia de los demás también se ven privados de la misericordia.

عنْ أَسَامَةَ بْنِ زَيْدٍ قَالَ أَرْسَلَتِ ابْنَةُ النَّبِيُّ صَلَّى اللَّهُ عَلَيْهِ وَسَلَّمَ إِلَيْهِ إِنْ ابنا لي قبض فَاتِنَا فَارْسل يُقْرِئُ السَّلام وَيَقُولُ إِنَّ لِلَّهِ مَا أَخَذَ وَلَهُ مَا أعطى وكُلَّ عِندَه بَأجَلٍ مُسَمًّى فَلْتَصْبِرُ وَلتَحْتَسِبْ فَأَرْسَلَتْ إِلَيْهِ تُقْسِمُ عَلَيْهِ ليَأْتِيَنَّهَا فَقَامَ وَمَعه سعد بن عبادة ومعاذ بن جبل وأبي بن كعب وزيد بن ثَابِتٍ وَرِجَالٌ فَرُفِعَ إِلَى رَسُولِ اللهِ صلَّى اللهُ عَلَيْهِ وَسَلَّمَ الصَّبِيُّ وَنَفْسَهُ تتقعقع ففاضت عيناهُ فَقَالَ سَعد يا رَسُولَ اللَّهِ مَا هُذَا ؟ فَقَالَ هَذِهِ رَحْمَةٌ جَعَلَهَا اللهُ فِي قُلُوبِ عِبَادِهِ فَإِنَّمَا يَرْحَمُ اللَّهُ مِنْ عِبَادِهِ الرَّحَمَاء – بخاری مسلم
«Usama ibn Zayd, que Allah esté complacido con él, narró que Zaynab, la hija del noble Profeta, que Allah le bendiga y le conceda paz, envió a un mensajero para llamarlo y le hizo decir: “Mi hijo se encuentra en sus últimos momentos; venga a acompañarnos un rato”. El Profeta, que Allah le bendiga y le conceda paz, envió a decirle al mensajero: “Ve, salúdala de mi parte y dile: ‘Lo que Él ha tomado pertenece a Allah, y lo que Él ha dado también pertenece a Allah, y cada cosa tiene un plazo determinado. Así pues, ten paciencia y espera la recompensa de Allah por ello’”.» —Bujari y Muslim

Zaynab, que Allah esté complacido con ella, volvió a llamarlo y le hizo jurar: «Debe venir sin falta». Entonces se levantó para ir junto a su hija. Lo acompañaban Sa’d ibn Ubada, que Allah esté complacido con él; Mu’adh ibn Yabal, que Allah esté complacido con él; Ubayy ibn Ka’b, que Allah esté complacido con él; Zayd ibn Thabit, que Allah esté complacido con él, y algunos otros hombres. Cuando llegó a la casa de Zaynab, que Allah esté complacido con ella, le entregaron al niño para que lo sostuviera en su regazo. En ese momento, el alma del niño estaba siendo separada de su cuerpo. Al ver aquella escena, sus ojos se llenaron de lágrimas. Sa’d, que Allah esté complacido con él, dijo: «¡Oh, Mensajero de Allah! ¿Qué es esto? ¿También está llorando?». Él respondió: «Esto es misericordia que Allah ha creado en los corazones de Sus siervos, que tienen misericordia unos de otros».»

No mostrar afecto hacia los hijos equivale a la crueldad

عنْ عَائِشَةَ رَض قَالَتْ جَاءَ أَعْرَابِيُّ إِلَى النَّبِيِّ صَلَّى اللَّهُ عَلَيْهِ وَسَلَّمَ فَقَالَ اتقبلون الصبيانَ فَمَا نُقَبِلُهُمْ فَقَالَ النَّبِيِّ صَلَّى اللَّهُ عَلَيْهِ وَسَلَّمَ أَوَ أَمْلِكُ لَكَ أَنْ نَزَعَ اللهُ مِنْ قَلْبِكَ الرحمة – بخاری، مسلم
«Aisha, que Allah esté complacido con ella, dijo: un hombre del desierto se presentó ante el noble Profeta, que Allah le bendiga y le conceda paz, y dijo: “¿Besáis a los niños y los acariciáis? Nosotros no besamos a los niños”. Al oír esto, el Profeta, que Allah le bendiga y le conceda paz, dijo: “¿Qué puedo hacer yo si Allah ha arrancado la misericordia de vuestros corazones?”». —Bujari y Muslim

No besar ni acariciar a los niños no es algo bueno; al contrario, es una señal de crueldad. No acariciar a los niños significa que Allah ha extraído la fuente de la misericordia del corazón. Si la fuente de la misericordia permanece, la persona necesariamente acariciará a sus propios hijos.

Llevar al niño en brazos

عَنْ عَدِي بْنِ ثَابِت قَالَ سَمِعْتُ الْبَرَاء يَقُولُ رَأَيْتُ النَّبِيُّ صَلَّى اللَّهُ عَلَيْهِ وسَلَّمَ وَالْحَسَنُ صَلوتُ اللهِ عَلَيْهِ عَلَى عَاتِقِهِ وَهُوَ يَقُولُ اللَّهُمَّ إِنِّي أَحِبُّهُ فاحبه«Hazrat Adi ibn Zabit (que Allah esté complacido con él) dijo: escuché a Hazrat Bara (que Allah esté complacido con él) decir: “Vi al Profeta (que Allah le bendiga y le conceda paz) con Hazrat Hasan (que Allah esté complacido con él) montado sobre él, y dijo: ‘¡Oh Allah! Yo lo amo; ámalo Tú también.’”

Una vez, Hazrat Hasan (que Allah esté complacido con él) o Hazrat Husayn (que Allah esté complacido con él) iba montado sobre su cuello. Al verlo, alguien dijo: «¡Vaya! ¡Qué hermosa montura ha encontrado!». Al oírlo, el Noble Profeta (que Allah le bendiga y le conceda paz) dijo: «Y el jinete también es un excelente jinete». —Sira del Profeta: segundo volumen

Hazrat Usama ibn Zayd (que Allah esté complacido con él) dijo: «El Noble Profeta (que Allah le bendiga y le conceda paz) me tomaba en brazos, me sentaba sobre un muslo y sentaba a Hazrat Hasan (que Allah esté complacido con él) sobre el otro; luego nos estrechaba a ambos contra su pecho y decía: “¡Oh Allah! Ten misericordia de estos dos. Yo tengo compasión de ellos”». —Bujari

Amaba muchísimo a Hazrat Hasan y a Hazrat Husayn (que Allah esté complacido con ambos). Decía: «Ellos son las joyas de mi cuello». Cuando iba a la casa de su hija, decía: «Traedme a mis niños». Cuando los traían, los tomaba en brazos, los besaba y los estrechaba contra su pecho. —Sira del Profeta: segundo volumen

A menudo tomaba en brazos a Hazrat Husayn (que Allah esté complacido con él) y lo acariciaba poniendo su rostro contra el suyo. Decía: «¡Oh Allah! Yo amo a este, y también amo a quien lo ama». —Sira del Profeta: segundo volumen

El amor del Mensajero por sus hijos

Hazrat Anas (que Allah esté complacido con él) era el sirviente especial del amado Profeta (que Allah le bendiga y le conceda paz). Permanecía a su servicio día y noche. Dijo que nunca vio al Noble Profeta (que Allah le bendiga y le conceda paz) amar a nadie tanto como amaba a sus familiares. Sira del Profeta: segundo volumen

Era una costumbre permanente del Mensajero de Allah —que Allah le bendiga y le conceda paz— que, cada vez que emprendía un viaje, visitaba por último la casa de su querida hija, Hazrat Fátima —que Allah esté complacido con ella—; y, al regresar del viaje, después de ofrecer primero dos rakaat de oración en la mezquita, se dirigía a la casa de Hazrat Fátima —que Allah esté complacido con ella—.

En cierta ocasión, Hazrat Fátima —que Allah esté complacido con ella— y Hazrat Ali —que Allah esté complacido con él— tuvieron un desacuerdo por un asunto. Al enterarse de lo ocurrido, el amado Profeta —que Allah le bendiga y le conceda paz— fue a su casa y los reconcilió. Después, cuando salió, estaba muy alegre y sonriente. La gente le preguntó: «¡Oh, Mensajero de Allah! Cuando entrasteis en la casa estabais muy preocupado, pero cuando salisteis estabais muy feliz». El Mensajero de Allah —que Allah le bendiga y le conceda paz— respondió: «Sí, reconcilié a esas dos personas. Los amo muchísimo». —Sirat an-Nabi, volumen segundo

En cierta ocasión, Hazrat Ali —que Allah esté complacido con él— expresó su deseo de contraer un segundo matrimonio. Al enterarse de ello, el amado Profeta —que Allah le bendiga y le conceda paz— se entristeció mucho. Inmediatamente fue a la mezquita y pronunció un sermón. En él mencionó su disgusto y dijo: «Fátima es mi querida hija y un pedazo de mi corazón. Quien la haga sufrir me hará sufrir a mí». —Bujari

El esposo de Hazrat Zaynab —que Allah esté complacido con ella—, Abu al-As, fue capturado en la batalla de Badr. Se decidió que esos prisioneros serían liberados a cambio de un rescate. Abu al-As no tenía dinero para pagar el rescate. Envió un mensaje a su casa para que le hicieran llegar el dinero del rescate a fin de obtener su libertad. Su devota esposa envió de inmediato el collar que le había regalado su madre, Hazrat Jadiya —que Allah esté complacido con ella—. Abu al-As presentó ese collar como rescate. Cuando el collar llegó ante el amado Profeta —que Allah le bendiga y le conceda paz—, se conmovió profundamente. Las lágrimas comenzaron a deslizarse por sus ojos. Llamando la atención de los Compañeros, dijo: «Si estáis de acuerdo, ¿podría devolverse este collar a Zaynab?». Los Compañeros respondieron: «Por supuesto, devolvédselo». Entonces devolvió el collar a Hazrat Zaynab —que Allah esté complacido con ella—.

El hijo menor del amado Profeta, que Allah le bendiga y le conceda paz, Hazrat Ibrahim, estaba siendo criado junto a un herrero llamado Abu Yusuf, en una zona periférica de Medina. A menudo iba allí a pie. Abu Yusuf era herrero; por eso, la casa permanecía llena de humo. Él se sentaba en medio de aquel humo, tomaba al niño en brazos y lo mimaba. Después regresaba a Medina. —Sirat an-Nabi: segundo tomo

En cierta ocasión, el amado Profeta, que Allah le bendiga y le conceda paz, iba de camino a algún lugar. Hazrat Husayn, que Allah esté complacido con él, estaba jugando en la calle. Él extendió ambos brazos con sincero afecto, para que Hazrat Husayn, que Allah esté complacido con él, se acercara a él. Hazrat Husayn, que Allah esté complacido con él, se acercaba a él riendo y luego se alejaba juguetonamente. Finalmente, lo atrapó, le puso una mano bajo la barbilla y la otra sobre la cabeza, y lo estrechó contra su pecho. Después dijo: «Husayn es mío y yo soy de Husayn». —Sirat an-Nabi: segundo tomo, con cita de Bujari

Hazrat Zaynab, que Allah esté complacido con ella, tenía una querida hija pequeña. Se llamaba Umamah. El amado Profeta, que Allah le bendiga y le conceda paz, amaba mucho a Umamah. Casi siempre, a la hora de la oración, ella estaba con el Mensajero, que Allah le bendiga y le conceda paz. Cuando él se ponía de pie para la oración, ella se subía a sus hombros. Durante el rukūʿ, él la bajaba. Cuando volvía a ponerse erguido, ella volvía a subirse.

En cierta ocasión, un hombre envió algunas cosas como regalo al Profeta, que Allah le bendiga y le conceda paz. Entre ellas había también un collar de oro. En ese momento, ella estaba jugando allí. El Noble Profeta, que Allah le bendiga y le conceda paz, dijo: «Este collar se lo daré a la persona que más quiero de la casa». Las mujeres de la casa pensaron que se lo daría a Hazrat Aisha, que Allah esté complacido con ella. Pero llamó a Umamah junto a sí y, con su propia santa mano, le puso aquel collar alrededor del cuello. —Sirat an-Nabi: segundo tomo

El amor de una madre y la decisión del Profeta —que la paz y las bendiciones de Allah sean con él—

En la época del Profeta —que la paz y las bendiciones de Allah sean con él—, un hombre se divorció de su esposa y quiso quedarse con su hijo pequeño. La situación de la madre era indescriptible: por un lado, el dolor de la separación de su esposo y, por otro, el sufrimiento de que le arrebataran a su hijo. En aquel estado desgarrador, la mujer se presentó ante la Misericordia de los mundos —que la paz y las bendiciones de Allah sean con él— para exponer su súplica y le relató su caso al Mensajero —que la paz y las bendiciones de Allah sean con él— con palabras llenas de dolor:
«¡Oh, Mensajero de Allah! Mi esposo se divorció de mí y me separó de él, y ahora quiere arrebatarme esta querida criatura. ¡Oh, Mensajero de Allah! Él es parte de mi corazón. Mi vientre ha sido su lugar de descanso. Mi pecho ha sido para él como un odre, y mi regazo ha sido como su hogar. ¡Oh, Mensajero de Allah! ¿Cómo soportaré este dolor?»

Al escuchar la súplica de la mujer, la Misericordia de los mundos —que la paz y las bendiciones de Allah sean con él— dijo: «Mientras no contraigas un segundo matrimonio, nadie podrá arrebatarte a tu hijo».-Abu Dawud: Kitab al-Talaq

El anhelo de Ya‘qub —la paz sea con él—

Anas —que Allah esté complacido con él— relató que una vez el Noble Profeta —que la paz y las bendiciones de Allah sean con él— contó un suceso. Dijo que, en cierta ocasión, un hombre preguntó al profeta Ya‘qub —la paz sea con él—: «¡Oh, profeta! ¿Por qué se está debilitando su vista y por qué se le está encorvando la espalda?». El profeta Ya‘qub —la paz sea con él— respondió: «Mi vista se ha debilitado de tanto pensar en Yusuf —la paz sea con él—, y mi espalda se ha encorvado de tanto preocuparme por su hermano Binyamin». Justo entonces, el ángel Yibril —la paz sea con él— acudió ante el profeta Ya‘qub —la paz sea con él— y dijo: «¿Te estás quejando contra Allah?». El profeta Ya‘qub —la paz sea con él— respondió: «No; más bien presento ante Allah mi súplica por mis penas y sufrimientos». El ángel Yibril —la paz sea con él— dijo: «Allah conoce muy bien la aflicción que has descrito». Después, Yibril —la paz sea con él— se marchó. El profeta Ya‘qub —la paz sea con él— entró en su habitación y comenzó a decir: «¡Oh, mi Señor! ¿No tienes misericordia de un anciano? Me has quitado la vista y también me has encorvado la espalda. ¡Oh, mi Señor! Devuélveme mis dos flores, para que pueda al menos oler a ambos. Después, haz conmigo lo que quieras». Entonces el ángel Yibril —la paz sea con él— regresó y dijo: «¡Oh, Ya‘qub! Allah Altísimo te envía saludos y dice: “Ya‘qub, alégrate. Aunque tus dos hijos hubieran muerto, por consideración a ti los habría devuelto a la vida, para que pudieras contemplarlos y refrescar tus ojos”». -Targib wa Tarhib: tercer volumen

La súplica de una madre ante el Mensajero

Una mujer acudió ante el Profeta —que la paz y las bendiciones de Allah sean con él— y comenzó a suplicar: «¡Oh, Mensajero de Allah! Tengo un hijo. Me ayuda en muchas tareas. Como soy mujer, no puedo trabajar fuera. Él trae agua del pozo para mí y también realiza otros trabajos fuera de casa. ¡Oh, Mensajero de Allah! Mi esposo, que está separado de mí, también quiere arrebatarme a este niño».

Al escuchar la súplica de la mujer, el amado Profeta —que la paz y las bendiciones de Allah sean con él— dictó su decisión: «Está bien, echad suertes. A quien le salga su nombre en el sorteo se llevará consigo al niño». El padre del niño dijo: «¡Oh, Mensajero de Allah! Él es mi hijo. ¿Cómo puede otra persona reclamar llevárselo consigo? Y, estando yo presente, ¿cómo puede llevárselo otra persona?»

El Noble Profeta, que Allah le bendiga y le conceda paz, después de escuchar a ambos padres, miró al hijo y dijo: «¡Hijo! Este es tu padre y esta es tu madre. Ve tomado de la mano de quien quieras. Tienes esa libertad». El hijo se levantó de su lugar, se acercó a su madre y tomó su mano.

La educación y la formación de los hijos

El crecimiento físico y corporal, así como el cuidado y mantenimiento, también son derechos importantes del hijo. Pero, aunque cumpla con este derecho, si descuida su educación, formación, buenos modales y civilización, está cometiendo una gran injusticia. Sin educación ni formación, su hijo no puede llegar a ser verdaderamente un hijo. Los nobles anhelos con los que desea tener hijos y las excelentes esperanzas por cuya realización dedica día y noche a criarlos solo pueden cumplirse cuando usted satisface el derecho de sus hijos a la educación religiosa y a la formación moral.
Formar al hijo para que sea virtuoso y afortunado es, por un lado, una responsabilidad religiosa suya. Del mismo modo, mostrar amor a los hijos también forma parte de sus derechos. En realidad, el más importante de los derechos de los hijos es que usted organice su formación con gran sabiduría, reflexión, paciencia, sentido del deber, generosidad, buen gusto, entusiasmo y concentración. Solo después de cumplir este derecho de los hijos puede esperar que su hijo sea para usted una causa de paz, para la sociedad un medio de misericordia, para la comunidad un motivo de orgullo y para la religión un valioso recurso. Si, después de gastar una enorme cantidad de energía vital y riqueza en la crianza de sus hijos, muestra negligencia respecto de su formación, está cometiendo un grave delito social. Las consecuencias de este delito son sumamente amargas.

La especial participación de la madre en la educación y la formación

Sin duda, la responsabilidad de la educación y formación de los hijos no recae únicamente sobre usted. Ambos padres tienen responsabilidades. Así como la formación por parte de la madre es necesaria, también lo es especialmente la educación impartida por el padre. Más bien, en lo que respecta a los gastos, el islam ha hecho recaer toda la responsabilidad sobre el padre. La madre ha sido eximida de esta responsabilidad. Pero también es cierto que la actividad de la madre en la crianza de los hijos merece una importancia especial. Ella realiza la mayor parte del esfuerzo. Así como se necesita el esfuerzo dedicado de la madre para el cuidado físico y la crianza de los hijos, también desempeña un papel especial en su educación y formación; y es mediante la formación materna como el niño adquiere las aptitudes necesarias para aumentar el honor del país y de la nación. Al mismo tiempo, los padres alcanzan felicidad y buena fortuna.

El padre suele estar ocupado la mayor parte del tiempo con sus ingresos y ganancias y con satisfacer las necesidades de la vida. Por ello, pasa la mayor parte del tiempo alejado de sus hijos. Aunque lo desee, no tiene la oportunidad de prestar la debida atención a su educación y formación. Por naturaleza, la madre dispone de muchas más oportunidades en este aspecto. Por lo general, está siempre con los hijos. Toda la vida de estos y cada aspecto de su personalidad se encuentran ante ella. Como permanece siempre a su lado, los niños no sienten temor de su madre. Debido a su extraordinaria dulzura, paciencia y excepcional cariño maternal, los niños no le tienen miedo y le obedecen. Sin temor y con libertad, le expresan toda clase de demandas, protestas y travesuras. De este modo se manifiestan todas sus capacidades y sus fuerzas buenas y malas. Así, resulta fácil corregirlos y formarlos. Además, Allah Todopoderoso ha concedido a la madre, más que al padre, la paciencia, el sacrificio, la generosidad, el afecto y las cualidades morales necesarios para la formación y la corrección. El padre se impacienta y manifiesta su ira con mucha rapidez. La madre, en cambio, conserva hasta el final la paciencia, la compasión, el cariño y el buen trato, y tiene mayor éxito en despertar los sentimientos internos de los niños. Enfurecido por los errores de sus hijos, el padre se disgusta y llega a declarar que rompe la relación con ellos. La madre, por el contrario, estrecha al hijo contra su pecho y, hasta el último momento, se esfuerza de todo corazón y con plena dedicación por corregirlo y convertirlo en una persona digna.

El cambio del destino mediante la formación de una gran madre

Una caravana de comerciantes avanzaba hacia Bagdad. Entre ellos viajaba también un joven recién iniciado. Su madre lo había enviado con la caravana, proporcionándole algunas instrucciones, para que llegara sano y salvo a su destino, adquiriera conocimientos religiosos, transmitiera los mandatos de Allah a los siervos de Allah y les mostrara la luz.
La caravana avanzaba muy tranquilamente. En el camino, un grupo de bandidos la atacó. Los integrantes de la caravana hicieron muchos intentos para proteger sus bienes y pertenencias, pero sus maniobras no sirvieron de nada contra los bandidos. Estos tampoco prestaron atención a sus diversas súplicas de clemencia. Les arrebataron todo a cada uno de los miembros de la caravana. Cuando los bandidos terminaron su trabajo, uno de ellos preguntó al joven, que estaba preocupado:
Bandido: Muchacho, ¿tienes algo contigo?
Joven: Sí. Tengo cuarenta dinares.
Bandido: ¿Tienes cuarenta dinares? (El bandido no podía creerlo. ¿De dónde habían salido cuarenta dinares para aquel pobre hombre de aspecto tan miserable? Y, si los tenía, ¿por qué se lo estaba diciendo a ellos? El bandido reflexionó durante un buen rato y llevó a aquel joven tan extraño ante el jefe.)
Bandido: Jefe, mire a este muchacho. Dice que tiene cuarenta ashrafíes.
Jefe: Muchacho, ¿de verdad tienes dinares contigo?
Joven: Sí. Tengo cuarenta dinares.
Jefe: Bien, ¿dónde has guardado tus dinares? El jefe comenzó a mirar al pobre muchacho con asombro.
Joven: Sí, tengo una bolsa atada a la cintura. Los dinares están dentro.
Jefe: El jefe desató la bolsa de la cintura del joven y comprobó que contenía exactamente cuarenta dinares. Perplejo, se quedó mirándolo durante un rato. Luego dijo: Muchacho, ¿adónde vas?
Joven: Voy a Bagdad para adquirir conocimientos religiosos.
Jefe: ¿Tienes allí algún conocido?
Joven: No. Es una ciudad desconocida para mí. Mi madre me dio cuarenta dinares para que pudiera adquirir conocimientos religiosos tranquilamente. ¿Quién atenderá mis necesidades en aquella ciudad desconocida? ¿Y por qué habría de depender de otros? El jefe escuchaba al joven con gran interés y asombro.
Su inquietud aumentaba y se preguntaba por qué el joven no había ocultado los dinares. Si no lo hubiera dicho, ninguno de sus compañeros habría imaginado que aquel joven pobre y preocupado pudiera tener algo más. ¿Por qué no había pensado el joven que se dirigía a un lugar desconocido? Su futuro y sus estudios dependían precisamente de aquel dinero. ¿Por qué, finalmente, no había ocultado el dinero? La sencillez y veracidad del joven suscitaban muchas preguntas en su corazón. Le preguntó: Muchacho, ¿por qué no ocultaste este dinero? Si no lo hubieras dicho y lo hubieras negado, ni siquiera habríamos sospechado que pudieras tener más dinero contigo.

Joven: Cuando salía de casa, mi madre me aconsejó: «Hijo, pase lo que pase, nunca mientas». ¿Cómo podría desobedecer las instrucciones de mi madre?

El interior del jefe despertó. Comenzó a pensar: «Este joven, aun viendo la inevitable ruina de su futuro, no está dispuesto a desobedecer las instrucciones de su madre; mientras que yo llevo mucho tiempo pisoteando las instrucciones de mi Señor». Abrazó al joven y le devolvió sus dinares. Restituyó las pertenencias de los integrantes de la caravana y comenzó a llorar, postrado ante Allah. Se arrepintió sinceramente, y la misericordia de Allah lo envolvió. Aquel bandido se convirtió, en su época, en un gran wali de Allah; quien saqueaba a los siervos de Allah se transformó en alguien que distribuía entre ellos, por la causa de la religión, los bienes obtenidos. La educación de aquella gran madre no solo elevó al joven a una alta posición, sino que también cambió el destino de los bandidos. Este era aquel joven lleno de posibilidades, célebre en todo el mundo islámico como Abd al-Qadir al-Yilani, que Allah tenga misericordia de él, cuyo nombre hace que los corazones se inclinen con reverencia.

El brillante futuro del hijo

Desear un futuro brillante para los hijos es una aspiración natural. Allah ha creado una fuerza y una atracción intensas dentro de esta esperanza y aspiración. En este asunto, los padres suelen ser especialmente reflexivos, sensibles y diligentes. A pesar de las numerosas ocupaciones mundanas, los padres nunca se liberan de esta preocupación; más bien, la mayoría de sus pensamientos y esfuerzos se orientan a que el futuro de sus hijos sea espléndido. Probablemente son muy pocos los padres que no se preocupan por el futuro de sus hijos.

La aspiración de un futuro brillante para los hijos es una aspiración muy loable. Desde la perspectiva del conocimiento y la razón, desde la perspectiva de la sociedad y desde la perspectiva de la religión, se considera una aspiración muy elevada. De hecho, el islam anima precisamente a ello. Exhorta a los padres creyentes a construir para sus hijos un futuro hermoso y brillante. Pero la cuestión es: ¿qué significa, desde la perspectiva del islam, un futuro brillante para los hijos?

El futuro brillante desde la perspectiva del islam

¿Qué es el futuro brillante de un hijo desde la perspectiva del islam? Para encontrar la respuesta correcta a esta pregunta, debemos reflexionar sobre una cuestión relacionada. La pregunta es: ¿por qué los padres musulmanes desean tener hijos? ¿En qué se diferencia su deseo del de los demás padres? Para comprender este significado, debemos entender los versículos del Sagrado Corán relacionados con el profeta Zacarías, la paz sea con él:

قَالَ رَبِّ إِنِّي وَهَنَ الْعَظمُ مِنّى وَاشْتَعَلَ الرَّأْسُ شَيْبًا وَلَمْ أَكُنُ بِدُعَائِكَ رَبِّ شقيا واني خفت المولى من ورائي وكانت امرأتِي عَاقِرًا فَهَبْ لِي مِنْ لدنك وليا يرثني ويَرِثُ مِنْ آل يعقوب ، وَاجْعَلْهُ رَبِّ رَضِيا مريم : ٦٤«El profeta Zacarías, la paz sea con él, dijo: “¡Señor mío! Mis huesos se han debilitado hasta la médula y mi cabeza se ha encanecido por la vejez. ¡Oh Allah! Nunca he quedado decepcionado al suplicarte. Temo, después de mí, las malas acciones de mis hermanos y amigos. Mi esposa es estéril. Concédeme, por Tu gracia especial, un heredero que me herede y herede también de la familia de Jacob. ¡Señor mío! Hazlo una persona de Tu agrado”». Sura de Maryam: 4-6

El profeta Zacarías, la paz sea con él, y su esposa, al-Yashba, habían llegado ambos al final de sus vidas y sus fuerzas se habían agotado. En aquella situación, el profeta Zacarías, la paz sea con él, se afligía pensando: «¿Quién llevará la bandera de mi misión después de mí? ¿Quién asumirá la responsabilidad de proteger y difundir la religión de Allah?». Veía que los jóvenes del linaje de los profetas eran herejes e irresponsables. No había ni uno solo que pudiera ser heredero del profeta Zacarías, la paz sea con él. Al contemplar esta situación, suplicaba a Allah con la cabeza inclinada.

«Señor de todas las cosas, concédeme un heredero que pueda asumir la responsabilidad de la herencia que me corresponde a mí y a la familia de Jacob, la paz sea con él. ¡Señor mío! Hazlo un siervo de Tu agrado». El profeta Zacarías, la paz sea con él, no deseaba tener un hijo para perpetuar su linaje. Tampoco lo deseaba para administrar sus riquezas, negocios y comercio. Más bien, deseaba un hijo que asumiera después de él la responsabilidad de la religión, fuera su verdadero heredero y se convirtiera en un siervo del agrado de Allah.

Allah, el Altísimo, aceptó esta súplica surgida de lo más profundo del corazón del padre creyente y le concedió un hijo piadoso cuyo brillante futuro está atestiguado en el propio Libro de Allah:

وَآتَيْنَهُ الْحُكْمَ صَبِيًّا ، وَحَنَانًا مِّنْ لَّدُنَّا وَزَكُوةً ، وَكَانَ تَقِيًّا وَبَرَا بِوَالِدَيْهِ ولم يكن جباراً عصيان مريم : ١٢-١٤«Lo hemos colmado de sabiduría desde la infancia, le hemos concedido, procedente de Nosotros, ternura y pureza; era piadoso y protector de los derechos de sus padres. No era arrogante ni opresor, ni desobediente.»

Al trazar la imagen de un futuro exitoso, el Sagrado Corán destaca aquí algunas cualidades especiales del carácter de Hazrat Yahya, la paz sea con él: sabiduría, ternura de corazón, pureza, una vida de taqwa, protección de los derechos de los padres y una vida libre de rebeldía y desobediencia. La sabiduría significa la capacidad de tomar decisiones correctas. La aptitud para reflexionar profundamente sobre los asuntos de la religión y del mundo y llegar a decisiones acertadas es una cualidad muy apreciable y valiosa.

La ternura de corazón no es solamente una cualidad, sino también la base de muchas virtudes morales. La pureza significa que su nafs estaba libre del pecado, la desvergüenza, el extravío y la opresión. La pureza del nafs es una elevada dignidad moral. Una vida de taqwa, temor de Allah y piedad es una vida exitosa. Y solo una persona piadosa puede merecer honor y dignidad ante Allah. Proteger los derechos de los padres es un recurso que prepara a la persona para cumplir con éxito sus obligaciones en la vida social. Solo el hijo obediente, servicial y protector de los derechos de sus padres puede ser la luz de sus ojos y la paz de sus corazones. No es rebelde ni desobediente.

Teniendo presente esta descripción del Sagrado Corán, examínese y vea qué desea. ¿Cuál es su aspiración? ¿Qué espera de su Rabb y qué le pide en sus súplicas? ¿Cuál es, según usted, el proyecto de un futuro brillante para su hijo? ¿En qué medida coincide ese proyecto con el proyecto coránico? ¿Y cuáles son sus esfuerzos para lograrlo? Alcanzar un futuro brillante no significa únicamente que su hijo sea próspero, obtenga títulos elevados y ocupe grandes cargos, tenga a su alcance todos los bienes del confort y el lujo, alcance prestigio, poder e influencia mundanos, y posea mansiones semejantes a palacios y automóviles de alta categoría. El islam no le impide desear estas cosas para su hijo ni ayudarlo a obtenerlas. Sin embargo, el islam quiere educar su mente para que su mirada no se limite solo a esas cosas y para que no considere que obtenerlas constituye el futuro brillante.

No es censurable que desee que su hijo reciba una educación superior, alcance un cargo elevado, disfrute de honor y comodidad, y tenga éxito en el aspecto material. Tampoco es censurable que se esfuerce por todo ello. Lo censurable es convertir este mundo o el éxito material en el objetivo de su vida y descuidar la religión y el akhlaq de su hijo. La madre musulmana nunca debe olvidar que la vida verdadera es la vida del Más Allá y que jamás es posible alcanzarla permaneciendo ajeno a la fe. El futuro magnífico de su hijo consiste en que esté adornado con educación religiosa, alcance profundidad en la religión, sea representante de un carácter puro y de la civilización islámica, y ocupe un lugar destacado en el cumplimiento de las responsabilidades sociales. Que su vida sea un modelo de pureza, temor de Allah y piedad; que sea obediente y servicial con sus padres; y que, aun ocupando altos cargos en la vida material, sea un verdadero representante de la religión de la verdad y un servidor sincero.

El lugar de la educación y formación religiosa de los hijos

Para hacer que la vida del hijo sea exitosa desde esta perspectiva, es necesario prestar una atención extraordinaria a su educación y formación. Hacerlo con la máxima sabiduría, sincero esfuerzo, paciencia y perseverancia es honorable tanto a los ojos de la sociedad como desde cualquier otra perspectiva. Gracias a ello, usted obtendrá honor, prestigio y buena reputación en este mundo, y también será merecedor de honor y dignidad en el Más Allá. Según la perspectiva del Mensajero de Allah, la paz y las bendiciones de Allah sean con él, el mejor regalo para un hijo consiste en adornarlo con una buena educación y formación. El Mensajero de Allah, la paz y las bendiciones de Allah sean con él, dijo:

مَا تَحِلَّ وَالِدٌ وَلَدَهُ مِنْ نَحْلٍ أَفْضَلَ مِنْ أَدب حسن— «De todo lo que un padre puede otorgar a su hijo, lo mejor es una buena educación y formación.»

La buena educación y formación de un hijo es una sadaqa yaria. El tiempo y las oportunidades para realizar sus obras llegarán a su fin, pero la recompensa y el mérito continuarán aumentando en su registro de obras. El amado Profeta, la paz y las bendiciones de Allah sean con él, dijo:

إِذا مَاتَ الإِنسان انقطع عمله إلا من ثلاث صدقة جارية أو علم ينتفع به، أو ولد صالح يدعوله— «Cuando una persona muere, sus obras llegan a su fin, salvo por tres cosas: una sadaqa yaria; un conocimiento del que la gente siga beneficiándose; o un hijo virtuoso que suplique por ella.»

En cierta ocasión, el Noble Mensajero, la paz y las bendiciones de Allah sean con él, dijo que el Día de la Resurrección se pondría un tocado a los padres de quien fuera un erudito del Corán. Dijo:

من قرء الْقُرْآنَ وَعَمِلَ بِهِ اليس والده تاجًا يَوْمَ الْقِيمَةِ ضَوْءَهُ أَحْسَنُ مِنْ ضوء الشمس في بيوت الدنيا فما ظَنَّكُم بِالَّذِي عَمِلَ بِهذا – ابو داود، حاكم”A quien adquirió conocimiento del Corán y actuó conforme a él, a sus padres se les colocará una corona el Día de la Resurrección, cuya luz será mejor que la luz del sol que ilumina las casas de este mundo. Entonces, decidme qué pensáis acerca de quien actuó conforme a él.” —Abu Dawud, al-Hakim

En una narración de Hadrat Buraida, que Allah esté complacido con él, se menciona una vestimenta del Paraíso en lugar de la corona. El Noble Profeta, que Allah lo bendiga y le conceda paz, dijo: “A quien recitó el Corán, lo aprendió y actuó conforme a él, el Día de la Resurrección se les hará llevar a sus padres una corona luminosa.

Su luz será como la luz del sol, y a sus padres se les harán vestir dos prendas tan valiosas que ni siquiera todo el mundo podría igualar su precio. Entonces, los padres preguntarán maravillados por qué se les han puesto esas prendas. Se les dirá: «Se os han puesto a cambio de que vuestro hijo adquiriera el Corán».” En estas narraciones, el Noble Profeta, que Allah lo bendiga y le conceda paz, describió la recompensa y el premio ilimitados de la educación de los hijos, alentando a la comunidad a asumir esta responsabilidad. El objetivo de este estímulo es que ningún hogar de la comunidad descuide la educación y formación de sus hijos. Al mismo tiempo que alentó a asumirla, también señaló que los padres que descuiden esta responsabilidad serán interrogados severamente el Día de la Resurrección.

Prestar atención a la dignidad de los hijos

عَنِ ابْنِ عَبَّاسٍ رَضِيَ اللَّهُ عَنْهُمَا عَنِ النَّبِيِّ صَلَّى اللَّهُ عَلَيْهِ وَسَلَّمَ : أَكْرِمُوا أولادكم وأحسنوا أدبهم – ترغيب وترهيب بحو الله ابن ماجه”Se narra de Hadrat Abd Allah ibn Abbas, que Allah esté complacido con ambos, que el Mensajero de Allah, que Allah lo bendiga y le conceda paz, dijo: «Tratad a vuestros hijos con compasión y honor, y dadles una buena educación y formación».” —Targhib wa Tarhib

En este hadiz, además de insistir en proporcionar una buena educación y formación, el Noble Profeta, que Allah lo bendiga y le conceda paz, también insistió en tratarlos con compasión y honor. Más aún, la primera insistencia fue que se tratara a los hijos con respeto y dignidad. Después, insistió en proporcionarles una educación y formación excelentes. Esto es muy importante para los padres. El trato compasivo y honorable hacia los hijos es tan importante que el Noble Profeta, que Allah lo bendiga y le conceda paz, llamó primero la atención sobre ello. Después habló de la buena educación y formación. Tratar a los hijos con compasión y honor significa prestar la máxima atención a su dignidad y respeto propio. No se les debe tratar ni hablar de una manera que hiera su orgullo y les haga considerarse inferiores. Por lo general, este tipo de negligencia se manifiesta precisamente durante la educación y formación iniciales, cuando no se presta atención a la dignidad ni al orgullo del niño. En realidad, la infancia es el mejor momento para dibujar en la mente y el corazón puros del niño la imagen que uno desee, aprovechando su claridad. Esta imagen influye durante toda la vida en su carácter y sus acciones. La educación y formación iniciales tienen una importancia fundamental en la formación del niño.

Piense usted mismo: si, como consecuencia de los métodos erróneos de los padres o del maestro, se arraiga en la mente del niño la idea de que es débil, inútil e inferior; de que no es digno de que se le hable bien; de que no merece ser tratado con respeto; de que no es alguien en quien se pueda confiar para encomendarle una tarea, dígame entonces cómo podrán surgir en él cualidades como las altas aspiraciones, el orgullo, la valentía y la confianza en sí mismo. Y ¿cómo podrá un niño así realizar grandes obras por la religión y la comunidad? Los padres deben vigilar atentamente sus propias palabras y acciones, y también deben cerciorarse de quienes estarán encargados de la educación de sus hijos. El orgullo y el sentido de dignidad del niño constituyen una fuerza fundamental. Si esta fuerza resulta herida, en el niño se desarrollan defectos morales como la falta de valor, la cobardía, la bajeza y la falta de confianza en sí mismo; y de niños así no se pueden esperar grandes obras en el futuro. A la luz de esta declaración del Noble Profeta, que Allah lo bendiga y le conceda paz, examinen y evalúen su propio hogar, y examinen también las instituciones educativas y formativas. El principio fundamental de una buena educación y formación es que los padres y maestros deben tratar a los niños con compasión y honor, y no deben decir nada que destruya la dignidad del niño o hiera su sentido de orgullo.

Rendición de cuentas respecto a la educación de los hijos

El amado Profeta, que Allah le bendiga y le conceda paz, también llamó la atención sobre este asunto, haciendo hincapié en la educación de los hijos. Dijo que Allah, el Altísimo, preguntará el Día del Juicio si uno había dispuesto la educación y formación de sus hijos. Brindar educación religiosa y moral a los miembros de la familia es una de las principales responsabilidades religiosas. El Mensajero de Allah, que Allah le bendiga y le conceda paz, dijo:

لا يسترعى اللهُ تَبَارَكَ وَتَعَالَى عَبْدًا رَعِيَّةً قَلَّتْ أَوْ كَثْرَتْ إِلَّا سَأَوْلَهُ اللَّهُ تبارك وتعالى عنها يَوْمَ القِيمة أقام فيها أمرَ اللَّهِ تَبَارَكَ وَتَعَالَى أَمْ أَضَاعَهُ حتَّى يَسْأَلُهُ عَنْ أَهْلِ بَيْتِهِ خَاصَّةً«A todo siervo a quien Allah, bendito y exaltado sea, haya puesto al cuidado de personas, sean muchas o pocas, Allah, bendito y exaltado sea, le preguntará por ellas el Día del Juicio: si estableció entre ellas el mandato de Allah, bendito y exaltado sea, o lo descuidó; y le preguntará especialmente por los miembros de su familia.»

El momento de comenzar la educación y la formación

El célebre educador de Chicago, Francis Willinder Parker, estaba dando una conferencia sobre la educación de los niños. Al terminar la conferencia, una mujer le preguntó:
«¿Cuándo debo comenzar la educación de mi hijo?»
Willinder Parker respondió: «¿Cuándo nacerá su hijo?»
«¿Nacerá?», dijo la mujer sorprendida. «Señor, ya tiene cinco años.»
«¡Qué desgracia! Usted está aquí de pie conversando, mientras que allí se han perdido cinco valiosos años.»
Esto no es una historia, sino un hecho real. Desde el momento en que nace el niño, debe pensarse en su educación y formación. Los primeros años son muy importantes para la educación y la formación, pero normalmente estos primeros años se desperdician despreocupadamente. La sabiduría de recitar el adhán y la iqama en el oído del niño nada más nacer es que, desde el principio, el esplendor y la grandeza de Allah penetren en sus oídos. El erudito Qawem, que Allah tenga misericordia de él, dijo en su libro escrito por él, «Tuhfatul Wadud»:
«Esto significa que lo primero que llegue al oído del ser humano sea la voz del esplendor y la grandeza de Allah. La profesión de fe mediante la cual entrará en el islam al alcanzar la pubertad debe inculcársele desde el día de su nacimiento, del mismo modo que, al morir, se le inculca la kalima del tawhid. El segundo beneficio del adhán y la iqama es que Satanás, agazapado, quiere poner a la persona a prueba desde su nacimiento. Al oír el adhán en ese momento, huye, y antes de la invitación de Satanás se invita al niño al islam y a la adoración de Allah.
Aunque el niño no puede hablar durante los primeros días de su vida, sí puede sentir y recibe la influencia de las palabras. Aprende muchas cosas del comportamiento de su madre. Por eso, tampoco en este período deben pronunciarse ante el niño palabras malas ni tenerse comportamientos groseros. Hay que criarlo con palabras y expresiones buenas. Se debe recitar el Sagrado Corán a su lado.
Cuando el niño comienza a hablar, hay que enseñarle la kalima e inculcarle desde el principio la enseñanza del tawhid y una concepción correcta de los atributos de Allah. Se narra en un hadiz que, cuando un niño de la descendencia del Profeta, que Allah le bendiga y le conceda paz, aprendía a hablar, él le enseñaba este versículo de la sura Al-Furqán:

الَّذِي لَهُ مُلْكُ السَّمَوتِ وَالْأَرْضِ وَلَمْ يَتَّخِذُ وَلَدًا وَلَمْ يَكُن لَّهُ شَرِيكَ في الْمُلْكِ وَخَلَقَ كُلَّ شَيْءٍ فَقَدَّرَهُ تقديرا – الفرقان : ٢«Aquel a quien pertenece el reino de los cielos y de la tierra, que no ha tomado hijo alguno, que no tiene asociado alguno en Su reino, que ha creado todas las cosas y les ha asignado una medida determinada.» —Sura Al-Furqán, 2

En otro hadiz se narra: cuando el niño comienza a hablar, enseñadle la kalima:إِذَا أَفْصَحَ أَوْلَادُكُمْ فَعَلِمُوهُمْ لَا إِلَهَ إِلَّا الله – ابن سنى«Cuando vuestros hijos aprendan a hablar, enseñadles la kalima “La ilaha illallah”.»

El significado del hadiz no es que se les enseñe únicamente «La ilaha illallah». Con ello se hace referencia, en realidad, a la kalima del tawhid. El sentido es: enseñadles la kalima completa: «La ilaha illallah, Muhammadur Rasulullah».

Enseñanza del Corán, las súplicas y la oración

Cuando el niño adquiere cierto entendimiento y se vuelve consciente, hay que enseñarle los aspectos de la oración. Desde pequeño debe recibir enseñanza sobre la recitación de la oración, y se debe prestar especial atención a que la recitación sea correcta y adecuada. Pues si aprende una recitación incorrecta durante la infancia, puede conservar ese error durante toda la vida. A esta edad también hay que organizar que lea el Noble Corán. Se le debe hacer memorizar o aprender de memoria algunas partes del Noble Corán y explicarle de manera sencilla el significado y el sentido de otras partes. Así, desde el principio, se formará en ellos la idea de que el Sagrado Corán debe leerse comprendiéndolo bien.

Además, hay que enseñarles las súplicas de la Sunna que se recitan en distintas ocasiones. Sin duda, usted está ocupado día y noche con las tareas familiares. Pero esta responsabilidad suya no es en absoluto menos importante que las responsabilidades de los demás. Convierta la educación y formación de los niños en una hermosa ocupación y cumpla esta responsabilidad de todo corazón. Teniendo en cuenta la edad y la capacidad intelectual de los niños, debe enseñarles necesariamente algunas súplicas. Por ejemplo, la súplica al acostarse y al levantarse, la súplica antes de comer y beber, la súplica al ponerse ropa nueva y al comer fruta nueva, la súplica al estornudar y su respuesta, y la súplica al ver la luna nueva, entre otras. Estas súplicas son sumamente eficaces para desarrollar su mente y crear en ellos amor por la religión. Los niños recitan con gran entusiasmo las palabras rimadas y los poemas, y los memorizan con mucha rapidez. Ayúdelos en este asunto y, para satisfacer su interés, seleccione para ellos versos hermosos y apropiados. Por ejemplo:

مَا فِي قَلْبِي غَيْرَ اللَّهِ لَآإِلَهَ إِلَّا اللهُ
حسبي ربي جَلَّ اللَّهُ نور محمد صَلَّى اللهُSi usted no logra satisfacer este entusiasmo de los niños, memorizarán poemas indeseables y continuarán recitándolos una y otra vez. Y usted sabe cuán necesaria es la protección del lenguaje para preservar la moralidad.

Enseñanza de los modales islámicos

Esta es también la edad para enseñar los modales, la civilización y las normas de conducta de la vida. Es una enorme necedad desentenderse de los niños considerándolos incapaces de comprender. Los modales que les enseñe durante la infancia y los hábitos que forme en ellos influirán durante toda su vida. Los hábitos buenos o malos que se forman en la infancia rara vez desaparecen. A esta edad es muy necesario prestar mucha atención a los niños. La responsabilidad de la madre es muy grande. Un poco de negligencia al comienzo de la vida puede convertirse en causa de vergüenza y preocupación para siempre.

Enséñeles los modales con sabiduría, perseverancia y paciencia, siguiendo un plan. Enséñeles los modales al comer y beber, al levantarse y sentarse, al dormir y al despertarse. Hábleles de los modales hacia la educación y los maestros, y de los modales de la mezquita y la madraza. Enséñeles los modales de la pureza y la limpieza, los modales relacionados con la salud y la higiene, los modales al caminar y al relacionarse con sus compañeros, así como la manera de utilizar de forma bella y ordenada las cosas de la casa y sus pertenencias; y ejerza continuamente su tutela para que lleven una vida civilizada y pura. No basta con llamar una sola vez su atención sobre algo bueno; la formación exige que vigile continuamente ese asunto y que no se impaciente aunque cometan el mismo error repetidas veces. Siga corrigiéndolos con paciencia, serenidad y de todo corazón, y no considere insignificante ni el menor error. Hazrat Abu Huraira, que Allah esté complacido con él, narró que una vez Hazrat Hasan ibn Ali, que Allah esté complacido con él, tomó un dátil de la sadaqa y se lo llevó a la boca. El Mensajero de Allah, que Allah le bendiga y le conceda paz, le dijo: «¡Vaya, escúpelo y déjalo! ¿Acaso no sabes que no nos está permitido comer de la sadaqa?». Hazrat Umar ibn Abu Salama, que Allah esté complacido con él, era hijo de Hazrat Umm Sulaym, que Allah esté complacido con ella, esposa del amado Profeta, que Allah le bendiga y le conceda paz. El Noble Profeta, que Allah le bendiga y le conceda paz, lo estaba criando. Él narró su propio relato:

كُنتُ غُلامًا فِي حِجْرٍ رَسُولِ اللهِ صلَّى اللَّهُ عَلَيْهِ وَسَلَّمَ وَكَانَتْ يَدِى تَطِيشُ في الصحفَةِ فَقَالَ لِي رَسُولُ اللهِ صلَّى اللَّهُ عَلَيْهِ وَسَلَّمَ يَا غُلَامُ : سَمَ اللَّهَ
تعالى وكل بيمينك وكل مما يليكَ فَمَا زَالَتْ تِلْكَ طُعْمَتِي بَعْد – متفق عليه«Yo era entonces un niño pequeño y estaba bajo el cuidado del Mensajero de Allah, que Allah le bendiga y le conceda paz. A la hora de comer, mi mano recorría todo el plato. Entonces el Mensajero de Allah, que Allah le bendiga y le conceda paz, me dijo: “Hijo, pronuncia el nombre de Allah, come con la mano derecha y come de lo que tienes delante”. Desde entonces, esta se convirtió en mi costumbre.»

Organizar que se les narren historias sagradas

Durante la infancia, los niños sienten un gran interés por escuchar historias. Escuchan las historias con enorme alegría y también se dejan influir por ellas. Más aún, algunos personajes de las historias los impresionan hasta tal punto que comienzan a intentar convertirse ellos mismos en esos personajes. Aproveche esta cualidad psicológica de los niños y nárrales historias del tipo de personas que desea que lleguen a ser. No les cuente historias únicamente para satisfacer su interés. Más bien, considérelas un excelente medio de educación y organícelo con ese propósito. Nárrales las historias sagradas de los profetas. Cuéntales los relatos llenos de entusiasmo de los compañeros del Profeta. Nárrales las hazañas heroicas de los muyahidines del islam. Mencione sus logros en el campo de batalla. Fomente así en ellos el entusiasmo por el islam.

Las historias de genios y hadas, los relatos de fantasmas y espíritus, las historias de magia y hechicería y los relatos de ogros y demonios son muy perjudiciales para los niños. Debido a sus malos efectos, un temor desconocido se apodera de manera dañina de la mente y el corazón de los niños. A pesar de recibir la educación más elevada, sufren diversos tipos de dudas.

El interés por escuchar historias es un interés innato de los niños. No es correcto impedirlo, pero también es un error dejarlos completamente libres en este asunto. Ayúdelos en esto con gran habilidad y sabiduría, y satisfaga esta necesidad e interés de tal manera que logre proporcionarles la mejor formación.

La exhortación a la oración

La oración es un acto de adoración tan importante que mantiene a la persona vinculada con la religión. También protege la religión y fomenta el interés por ella. Asimismo, prepara a la persona para llevar una vida religiosa. Desde el principio, se debe inculcar a los niños el hábito de realizar regularmente la oración. En este asunto, el afecto y la indulgencia excesivos e innecesarios son muy perjudiciales.
No permita que los niños se acuesten sin realizar la oración de la noche. Aunque se hayan acostado, levántelos y haga que recen. Despiértelos para la oración del alba al comienzo de su horario y acostúmbrelos a levantarse por la mañana. La orden de Allah es:

وأمر أهلك بالصلوةِ وَاصْطَبِرْ عَلَيْها – – طه : ۱۳۲
«Exhorta a tu familia a realizar la oración y sé perseverante en ella tú mismo». —Sura Taha: 132

El Mensajero de Allah, que la paz y las bendiciones de Allah sean con él, dijo:مروا أولادَكُمْ بِالصَّلوةِ وَهُمْ أَبْنَاء سَبْع وَاضْرِبُوهُمْ عَلَيْهَا وَهُمْ أَبْنَاءُ عَشْرٍ وَفَرِّقُوا بَيْنَهُمْ فِي الْمَضَاجِعِ .
«Cuando el niño cumpla siete años, ordénale realizar la oración. Cuando cumpla diez años, sé estricto con él respecto a la oración y, al alcanzar esa edad, separa sus camas».
El significado de todas estas instrucciones es que usted mismo debe ser constante en la oración y crear en el hogar un ambiente tal que los niños también recen con entusiasmo. Sus actos deben demostrar que no tolerará de ningún modo la negligencia respecto a la oración.

El matrimonio de los hijos

Cuando el niño entra en la juventud, cae en nuevas preocupaciones, deseos y aflicciones. Cuando el hijo llega a esta etapa de la vida, los padres se llenan de nuevas emociones. Al pensar en su situación futura, el temor, la inquietud y la incertidumbre perturban su tranquilidad. A veces, al pensar en las hermosas esperanzas y aspiraciones del futuro, su alegría no tiene límites. Otras veces, sus corazones se angustian por preocupaciones infundadas y complicaciones imaginarias. En ocasiones, el sentido de la responsabilidad los agita y se impacientan por liberarse cuanto antes de esta responsabilidad hacia su hijo. A veces, sus corazones se llenan de alegría ante la idea de llevar al hogar una nuera hermosa y educada. Otras veces, llorando, suplican a Allah que conceda a su hija un compañero de vida afortunado y de buen carácter.
Casar a los hijos es, por un lado, un deber social. Del mismo modo, es un deseo sincero de los padres, y el islam también lo fomenta y orienta al respecto.

La orientación del islam

El islam es una religión natural. Esta religión satisface las necesidades propias de la naturaleza. En cuanto el hijo alcanza la juventud y se encuentra una propuesta adecuada, usted desea casarlo. El islam reconoce la legitimidad de este deseo. La enseñanza del islam también es no retrasar el matrimonio del hijo una vez que alcanza la juventud. Encontrar una propuesta adecuada requiere, sin duda, tiempo. Sin embargo, conforme a las enseñanzas del islam, después de encontrar una propuesta adecuada, no es correcto bajo ningún concepto retrasar innecesariamente el matrimonio ni poner excusas. Muchas veces, esta demora y estas evasivas innecesarias producen malas consecuencias. En resumen, los padres no pueden eludir la responsabilidad por estas malas consecuencias.

Las malas consecuencias de retrasar el matrimonio

Una de las obligaciones más importantes de los padres es pensar en establecer una relación matrimonial adecuada para su hijo o hija en cuanto alcance la juventud. Y cuando se encuentre una relación de este tipo, se debe proceder inmediatamente a conducirlo hacia el matrimonio. Retrasar innecesariamente el matrimonio a menudo acarrea consecuencias muy vergonzosas. La persona llega a no poder mostrarse ante la sociedad. Esta vergüenza se convierte en una fuente de deshonra en la vida de los padres. Sin embargo, la responsabilidad también recae sobre ellos, porque suelen mostrarse negligentes respecto al matrimonio de sus hijos o lo retrasan sin ninguna razón legítima según la sharía ni razonable. Si las emociones o la excitación de la juventud no encuentran un medio adecuado para ser apaciguadas, existe un gran riesgo de que los jóvenes se desvíen del camino correcto. Por ello, no es válido que usted intente declararse inocente alegando el mal ambiente, ni que trate inútilmente de aligerar su propia culpa insultando a los jóvenes. El tratamiento correcto de esta enfermedad consiste en que usted sea consciente de su responsabilidad y deber, y cumpla con la máxima seriedad y atención la guía que el Mensajero de Allah, que Allah le bendiga y le conceda la paz, proporcionó en este asunto. La consecuencia de retrasar el matrimonio no consiste únicamente en las malas situaciones que se originan; desde la perspectiva de las consecuencias en el islam, usted será considerado pecador. El Mensajero de Allah, que Allah le bendiga y le conceda la paz, dijo:

من ولد لَهُ وَلَدٌ فَلْيُحْسِنَ اسْمُهُ وَالبُهُ فَإِذَا بَلَغَ فَلْيُزَوجَهُ وَإِنْ بَلَغَ وَلَمْ
يُزَوجَهُ فَأَصَابَ إِثْمًا فَإِنَّمَا اثْعَهُ عَلَى أَبِيهِ – بيهقى«A quien Allah le haya concedido un hijo le corresponde darle un buen nombre, educarlo bien y, cuando alcance la madurez, casarlo. Si, después de que alcance la madurez, no casa a ese hijo y este incurre en algún pecado, el castigo recaerá sobre el padre». —Bayhaqi

En otro lugar, el Noble Profeta, que Allah le bendiga y le conceda la paz, dijo que está escrito en la Torá: «Si la hija de un hombre ha cumplido doce años y él no la casa, y ella comete una mala acción, el castigo por esa mala acción recaerá sobre el padre».

La búsqueda de una relación adecuada

Por lo general, el matrimonio se retrasa porque no se encuentra un candidato o una candidata adecuados. Es completamente natural desear y esforzarse por encontrar una candidata o un candidato adecuado para el hijo o la hija. Más bien, esta reflexión y este esfuerzo son obligatorios para usted. La enseñanza islámica también exige que usted se esfuerce plenamente por encontrar una relación adecuada.
El islam nunca le exige que acepte con los ojos cerrados a cualquier candidato o candidata, por malo que sea. Tampoco le exige que no haga ningún esfuerzo ni investigación al respecto. El matrimonio es un asunto sumamente importante. Es un asunto para toda la vida. Sus efectos no se limitan a los cambios y dificultades de este mundo; también pueden repercutir en la vida del Más Allá. Es un asunto extremadamente serio. Es indispensable reflexionar al elegir al compañero de vida.
La única cuestión que debe considerar es si sus esfuerzos y deliberaciones se realizan a la luz del islam. Debe adoptar los criterios que el islam ha establecido para elegir al compañero de vida. Tenga presentes estos asuntos fundamentales al elegir el compañero de vida de su hijo. Reflexione y examine si está retrasando la elección de un candidato o candidata por dar prioridad a asuntos que, en la religión, no tienen ninguna importancia.

Los criterios para elegir al compañero de vida

Al elegir al compañero de vida, normalmente se tienen en cuenta cinco cosas.
Primera: la riqueza.
Segunda: la nobleza del linaje.
Tercera: el buen aspecto y la belleza.
Cuarta: la religión y la conducta moral.
Quinta: la educación.
Sin duda, puede decirse que estas cinco cualidades son importantes, cada una en su ámbito. En esta época, ¿quién puede negar la importancia de la riqueza? La nobleza del linaje tampoco es algo que pueda ignorarse en muchos casos.
Al elegir a la compañera de vida, la belleza y el buen aspecto también merecen una importancia fundamental. En particular, este aspecto suele ser decisivo al elegir a una candidata. Tampoco se puede negar que Allah ha concedido a las personas el gusto y la belleza, y que la apariencia es algo que naturalmente se aprecia.
La importancia y la necesidad de la educación son hechos reconocidos. En la época actual, al establecer relaciones matrimoniales se presta especial atención a la educación y a los títulos. También es cierto que la educación superior aumenta el entusiasmo y el estímulo, y embellece la civilización. La educación superior se considera un medio para aumentar la dignidad y el respeto. Es causa de una vida acomodada y de consideración social.
En cuanto a la religión y la conducta moral, es evidente que para el musulmán siempre tendrán importancia y valor. No puede ocurrir que los padres musulmanes observen todo en la persona propuesta, pero ignoren la religión y la conducta moral o no les concedan ninguna importancia.
Si su esperanza, deseo y esfuerzo consisten en conseguir para su hija o hijo un compañero de vida dotado de estas cinco cualidades, su deseo es encomiable. Su esperanza es correcta y su esfuerzo también lo es. ¿Qué padre o madre no desea que la persona más querida de su corazón obtenga un compañero de vida dotado de estas cualidades?
El islam nunca menosprecia esta esperanza, este deseo ni esta aspiración suyos. El islam respeta estos sentimientos.
Si encuentra una pareja adornada con todas las cualidades, será una gracia especial de Allah. Por lo general, es muy difícil encontrar todas las cualidades juntas en cada relación. Cuando se encuentran algunas cualidades en una persona, también pueden encontrarse algunos defectos. En realidad, su prueba en este asunto consiste en que, al elegir, tenga presente la perspectiva islámica y dé prioridad a aquello a lo que el islam ha dado prioridad.

La instrucción del Mensajero de Allah ﷺ

La instrucción del Mensajero de Allah ﷺ es que, al elegir al novio o a la novia, ante todo se debe dar importancia a la religión y al carácter. Si, además de la religión y el carácter, encuentran cualquiera de las otras cuatro cualidades, deben dar gracias a Allah. Después de eso, no deben retrasar innecesariamente el matrimonio. Sí, no puede considerarse aceptable para ustedes un parentesco o una relación en la que estén presentes todas las cualidades, pero falten la religión y el carácter. Lo primero que deben considerar los padres musulmanes es la religión y el carácter. Quien carezca de ellos, aunque sea ejemplar en otros aspectos, no puede convertirse en el compañero de vida de la persona que es un pedazo de su corazón. No pueden pensar en convertirlo en nuera o yerno de su hogar. Las deficiencias en otras cosas pueden compensarse con la religión y el carácter; o puede decirse que, por causa de la religión y el carácter, pueden tolerarse otras debilidades, pero ni siquiera en consideración a grandes virtudes puede tolerarse la carencia de religión y carácter. El perjuicio causado por la falta de religión y carácter no puede compensarse con ninguna otra cualidad. La instrucción del Mensajero de Allah:

«Por lo general, al considerar a una mujer para el matrimonio, se toman en cuenta cuatro cosas. Estas cuatro cosas son: riqueza, nobleza de linaje, belleza y juventud, y religión y carácter. Casaos con una mujer religiosa. En ello reside vuestro bienestar».

Este hadiz indica precisamente que deben conseguir para su hijo una esposa religiosa y adornada con un carácter islámico. Solo por medio de una esposa así su hogar puede convertirse en una fortaleza del islam. Y de una esposa así puede esperarse que en su regazo nazcan hijos firmes en la religión y la fe, y entregados en cuerpo y alma al islam.

Del mismo modo, el Mensajero de Allah ﷺ también dio instrucciones para elegir al yerno y a la nuera. En esas instrucciones también se otorgó una importancia fundamental a la religión y al carácter.

Abu Huraira, que Allah esté complacido con él, narró que el Mensajero de Allah ﷺ dijo: «Cuando alguien cuyo compromiso religioso y carácter les satisfacen y agradan les envíe una propuesta de matrimonio, denle en matrimonio a la persona que es un pedazo de su corazón. Si no lo hacen, se producirá una grave corrupción en la tierra».

Este hadiz les ordena de manera decisiva que, cuando reciban la propuesta de un novio cuya religión y carácter les satisfagan, y tengan información fiable de que es temeroso de Allah, religioso, constante en la oración y el ayuno, y adornado con la moral islámica, no es correcto retrasar el matrimonio innecesariamente. Confíen en Allah, casen con él a la persona que tienen a su cargo y esperen el bien. Pues, para el matrimonio de un musulmán, lo primero y más importante son la religión y la fe. Cuando en una sociedad se ignoran la religión y la fe y se da importancia a otras cosas, o se da prioridad a la riqueza, la belleza y la juventud sobre la religión y el carácter, entonces en esa sociedad se desata una tormenta de sedición y corrupción, y ninguna fuerza del mundo podrá protegerla de la ruina.

—Fin—