Primera edición, palabras del editor
El problema actual del mundo musulmán es que no está siendo administrado adecuadamente. El mundo musulmán no es dinámico. La razón principal es que sus dirigentes no han sido capaces de comprender los problemas fundamentales de la ummah. Han fracasado en elaborar una estrategia eficaz y adoptar un programa que les permita superar la actual situación de inestabilidad. Esta es la situación general.
Quienes trabajan en Bangladesh en nombre de la reforma y el renacimiento han fracasado en satisfacer las aspiraciones del pueblo porque no han sido capaces de establecer las prioridades de su labor. La historia reciente es el ejemplo más claro de ello. Aunque sea lamentable, es cierto que quienes actualmente ejercen el liderazgo en Bangladesh no han sido capaces de construir una base teórica para establecer las prioridades de su trabajo: ¿qué tarea debe realizarse primero y por qué?
La Oficina de Información Islámica de Bangladesh es una institución privada, autónoma y sin fines de lucro. El objetivo de la Oficina es construir una base intelectual para la reforma social. Con este propósito, la Oficina está publicando para los lectores la obra escrita por el profesorḍa. Yusuf Al QaradavíEscritoPrioridades ob El Islámico Movimiento En El Próximamente cara– está publicando la traducción al bengalí de [la obra]. Creemos que este libro será capaz de sacar de su plácido sueño a quienes trabajan en la reforma social en Bangladesh y contribuirá a infundir dinamismo entre ellos. Se espera que el libro inspire a los trabajadores sociales y, al insuflarles nueva vida, pueda desempeñar el papel de un catalizador activo para lograr el cambio social deseado.
Este importante libro del Dr. Qaradawi fue traducido por el distinguido periodista Muhammad Sanaullah Akhunji a partir de la primera edición, publicada por Dar al-Nasr, El Cairo. Cuando la traducción estaba a punto de concluirse inicialmente, recibimos una edición revisada y corregida del libro, publicada por Awakening Publications, del Reino Unido. Por ello, fue necesario reorganizar la traducción al bengalí. Como el señor Sanaullah Akhunji, debido a sus múltiples ocupaciones, no pudo dedicar tiempo a reorganizar, revisar y corregir la obra, el editor tuvo que asumir la difícil tarea de reorganizarla y editarla. En este trabajo me ayudaron el distinguido periodista Shafik Chowdhury y el poeta Omar Biswas. Cabe señalar que, si a pesar de todo quedara algún error u omisión en la traducción al bengalí, la responsabilidad recaerá íntegramente en el editor y el publicador del libro. Esto se debe a que la traducción al bengalí fue preparada manteniendo la correspondencia con la traducción inglesa revisada, que el señor Sanaullah no pudo revisar debido a su enfermedad física. Para traducir los versículos del Sagrado Corán, no recurrimos a ninguna traducción bengalí publicada del Corán. Más bien, los versículos fueron traducidos al bengalí a partir del libro con la traducción inglesa revisada del Dr. Qaradawi. Por esa razón, no utilizamos signos de «cita» y «fin de cita». Lo mismo se aplica a la traducción de los hadices. El señor Shafik Chowdhury tradujo las palabras iniciales del libro, la nota del editor de la edición inglesa y el prólogo del autor. El poeta Omar Biswas tradujo la presentación del autor y las palabras del editor.
El distinguido investigador Mohammad Abdul Mannan nos proporcionó el libro publicado en El Cairo, gracias a lo cual pudimos emprender su traducción. El señor Shah Abdul Hannan nos entregó la edición revisada del libro publicada en el Reino Unido. Esto facilitó su revisión, corrección y reorganización. Estamos agradecidos a ambos. A petición nuestra, [email protected] nos envió una breve presentación del Dr. Qaradawi. Por ello, también estamos agradecidos a www.islamonline.net. Agradecemos al señor Shafik Chowdhury y al poeta Omar Biswas su ayuda voluntaria en la reorganización y edición del libro. El poeta Omar Biswas realizó, como muestra de afecto, la ardua tarea de revisar las pruebas del libro. Cabe mencionar que, salvo una o dos excepciones, en la ortografía del libro se siguieron, en la medida de lo posible, las normas del «Diccionario de ortografía bengalí» de la Academia Bangla. El apreciado Ahmad Hossain Manik dedicó un tiempo valioso al libro. Por encima de todo, el señor Sanaullah Akhunji nos obsequió con una hermosa traducción del libro. Les estoy en deuda a todos.
En mayo de 1995, la Oficina de Información Islámica de Bangladesh publicó el libro escrito por el Dr. . Ismail Raji al Faruqi titulado Conocimiento: formulación islámica. Mi distinguido amigo Mahbubul Haq, a petición mía, se encargó de organizar la traducción de este libro. Su importante contribución a la traducción de la obra es innegable. Estoy especialmente en deuda con el señor Mahbubul Haq por haberme brindado la oportunidad de publicar este extraordinario libro del Dr. Ismail Raji al-Faruqi. Ata Sarkar, a quien aprecio mucho, realzó la belleza de este libro mediante la supervisión integral de su publicación. Aunque tardíamente, reconozco mi deuda con ellos.
Shah Abdul Halim
Presidente
Oficina de Información Islámica de Bangladesh
Palabras preliminares
El joven y prometedor Hasan al-Banna ha realizado una tarea importante mediante la traducción revisada al inglés, su lengua materna, del libro «Las prioridades del movimiento islámico en la próxima fase». La importancia de la traducción inglesa de este libro es la siguiente:
1. Fiqh contemporáneo
Los jóvenes musulmanes instruidos necesitan un fiqh adaptado a la época contemporánea, especialmente quienes viven en Occidente. Muchos de ellos están adoptando diversas orientaciones, entre ellas el extremismo, la fitna o las doctrinas engañosas, la tendencia a declarar incrédulos a los demás y una actitud inflexible. Tratan con rudeza a otros musulmanes. Muestran hostilidad hacia los habitantes del país donde residen, aunque allí constituyen una minoría débil. Han sido abandonados por su propia patria. Muchos de ellos han sido expulsados de sus países. Incluso los gobiernos de sus países de origen incitan a los gobiernos occidentales contra ellos. Sin embargo, además de darles refugio, los gobiernos occidentales les han proporcionado diversos beneficios sociales. Allí han tenido la oportunidad de estudiar, hacer negocios y construir mezquitas, centros sociales y escuelas.
Estas personas deberían estar agradecidas con quienes les dieron la bienvenida. En el Sagrado Corán se ha dicho: «¿Acaso la recompensa del bien no es otra cosa que la mejor recompensa?(sura Ar Rahmán: 60)». Este tipo de afirmación también aparece en un hadiz: «Quien no agradece a las personas tampoco agradece a Alá». En cambio, se dejan influir por la literatura escrita en los países musulmanes donde el islam está establecido desde hace varios siglos. Cuando aparecen el extravío y la confusión, los eruditos y predicadores islámicos se oponen a ellos mediante duras críticas y un lenguaje condenatorio, y los llaman a regresar a la esencia pura.
Este tipo de llamamientos y libros se importan de aquellos países musulmanes donde los eruditos y predicadores del dīn adquirieron una experiencia aterradora al oponerse a los gobernantes autoritarios y dictatoriales. Esto dio origen a un pensamiento islámico desequilibrado, cuya base era el aislamiento de la sociedad y declarar kafir a alguien. Incluso provocaba conflictos entre los gobernantes y la sociedad, además de suscitar sospechas respecto a cualquier llamamiento al diálogo o a la libertad. Esta literatura se importó de su entorno original a Occidente. En este caso, no se tuvo en cuenta en absoluto el principio fundamental del fiqh: que las fetuas cambian según el lugar, el tiempo y las circunstancias. Tampoco se tuvo en cuenta la actual situación de debilidad de los musulmanes.
Cuando todo el mundo los rechazaba, ¿qué sabiduría y propósito podía haber detrás de crear hostilidad hacia los gobiernos que permitían realizar actividades de da‘wa y ofrecían diversas facilidades, libertad y dignidad a los predicadores del dīn? Cuando los gobiernos musulmanes fracasaron en restablecer el Estado islámico, ¿qué justificación podía haber para imponer esa responsabilidad a las minorías residentes en Occidente, que se enfrentan a la amenaza del racismo? ¿Qué beneficio habría en involucrar a estas minorías en las divisiones entre los distintos grupos musulmanes, cuando estas diferencias no tienen ninguna relación con el islam? Además, nunca hubo consenso entre los eruditos de la umma sobre declarar kafir a un grupo musulmán determinado.
No hay explicación para las cuestiones originadas por la ignorancia mencionada anteriormente. El doctor Qaradawi ofreció en su libro un extenso análisis de ellas y trazó las líneas generales del fiqh de las prioridades, del fiqh del equilibrio y del fiqh de la realidad.
2.activismo fiqh
Este libro constituye un nuevo horizonte en el pensamiento islámico, aunque el doctor Qaradawi recopiló sus materiales del Sagrado Corán, la Sunna, la tradición de los califas rectamente guiados, los eruditos del fiqh y los reformadores religioso-espirituales.
No obstante, es cierto que, antes del doctor Qaradawi, nadie había logrado relacionar con éxito todos los materiales recopilados con la realidad mediante una organización sistemática. Analizó nuestros problemas actuales desde diversas perspectivas y encontró también sus soluciones. Lo hizo mediante explicaciones precisas y análisis lógicos y eruditos.
Junto con el jeque Muhammad al-Ghazali, este libro es fruto del arduo esfuerzo del doctor Qaradawi. En él evaluó y analizó los movimientos islámicos de la época contemporánea. Expuso las causas fundamentales de las dolencias del movimiento y señaló el camino para resolverlas. También trató estos temas en varios de sus libros, entre ellos: «El fenómeno del extremismo en el takfir», «El despertar islámico entre el rechazo y el extremismo» y «¿Dónde está el error?».
Además, en este libro se esbozan perspectivas y métodos islámicos alternativos. Por otro lado, los libros anteriores se centraron en amplios análisis, críticas y evaluaciones. Es encomiable su contribución al desarrollo y la introducción de nuevos tipos de usul o principios fundamentales, del activismo en el islam, del fiqh, del fiqh de la experiencia práctica, así como a la necesidad del fiqh religioso y al desarrollo de métodos para ponerlo en práctica.
En realidad, la falta de literatura islámica es una de las principales causas de la situación actual del islam. Se ha escrito abundante literatura sobre la da‘wa islámica, enriquecida con argumentos poco realistas y desvinculados de la naturaleza de los problemas contemporáneos y del lugar. Lo que los predecesores nos legaron se considera la palabra final, sin posibilidad alguna de desarrollarlo, innovarlo o renovarlo. Las ideas y prácticas tomadas de diversos entornos islámicos han generado debates similares en los círculos islámicos de Occidente. Como resultado, ha surgido confusión sobre qué es específico e inmutable y qué es indefinido y susceptible de cambio. Y estas discusiones innecesarias no han aportado ningún beneficio. El propósito de este libro es corregir estas confusiones, mostrando que el islam y su tradición afrontan, comprenden y transforman la realidad racionalmente mediante métodos orientados a la práctica.
3. Del autor erudición
No sería exagerado mencionar al Dr. Yusuf al-Qaradawi como una de las principales figuras del pensamiento intelectual islámico y de la da‘wa en la época contemporánea. Esto se debe a lo siguiente:
a. Su enfoque moderado y su propuesta moderna y equilibrada. Ha adoptado una posición intermedia entre la imitación ciega de una escuela jurídica específica y el rechazo de todas las demás escuelas, por un lado, y la adhesión a ninguna escuela jurídica, por otro. Asimismo, ha adoptado una posición intermedia frente al sufismo desviado y al sufismo de orientación tasawwuf surgido recientemente, frente a quienes se oponen al sufismo guiado por la verdad, frente a quienes se guían por la razón aunque se opongan a la revelación y frente a quienes se oponen al papel de la razón en la comprensión de la revelación. Así, la escuela del justo término medio se impone sobre la umma, mientras toda forma de extremismo pierde importancia.
b. Posee un conocimiento amplio y extenso del islam. No ha limitado sus contribuciones intelectuales a un solo campo. Así como ha escrito sobre la aqida, también ha escrito sobre el fiqh de la adoración y sobre el fiqh de la realidad. No escribe únicamente sobre estos campos, sino también sobre otros. Ha compuesto numerosas obras sobre el fiqh del Corán y la Sunna, y sobre el fiqh de la realidad y su aplicación.
No se ha apartado del camino de los grandes eruditos mencionados en la historia del islam. Juzga y analiza a la luz del Corán y la Sunna, y rechaza aquello que los contradice. No pertenece a quienes imitan ciegamente una escuela jurídica, pero tampoco aboga por rechazar la rica tradición islámica. Sus declaraciones y consejos son muy claros. Su corazón está lleno del temor y del amor de Allah. Es salafí como Ibn al-Qayyim, un gran autor y poeta como el erudito sufí Imam al-Shafi‘i, y un erudito experto en asuntos contemporáneos como el Imam Ibn Taymiyya.
c. Su profunda convicción de que el islam no es únicamente una creencia religiosa, sino también una estructura, una organización, un movimiento y una lucha indispensables; convicción que, siendo joven, lo vinculó a la mayor y más antigua organización islámica de la época contemporánea: los Hermanos Musulmanes. Debido a su actividad en el movimiento, tuvo que comparecer ante los tribunales y fue encarcelado. Por la misericordia de Allah, mostró una paciencia extrema hasta que terminó su período de encarcelamiento.
A pesar de ello, ha viajado de Oriente a Occidente llevando el estandarte de su misión islámica, aunque ya tiene más de setenta años. Que Allah derrame Su misericordia sobre él. Concédale una larga vida. Estos viajes por todo el mundo lo han hecho ampliamente conocido y cercano a los pensadores musulmanes contemporáneos, a los pueblos musulmanes, a los movimientos juveniles musulmanes y a sus compañeros y colaboradores.
Preside numerosos consejos de fetuas en Europa y América. Al mismo tiempo, es fundador de numerosos consejos de fiqh, universidades e instituciones de investigación contemporáneos, y participa activamente en sus actividades. Él mismo cree en el pensamiento libre y exhorta a practicarlo en el ámbito del pensamiento islámico contemporáneo. Ha alcanzado gran reconocimiento participando en debates y diálogos interconfesionales en diversos foros: islámicos y seculares, musulmanes y cristianos, nacionalistas árabes e institutos islámicos.
En verdad, es encomiable el esfuerzo de traducción del joven Hasan al-Banna. Ha presentado al Dr. al-Qaradawi a los lectores de habla inglesa.
Como reconocimiento de esta enorme contribución al islam y a los musulmanes en Occidente, que Allah recompense al profesor Dr. Yusuf al-Qaradawi y a S. M. Hasan al-Banna por la traducción al inglés. Amén.
Jeque Rashid Ghannouchi
Presidente
Partido Ennahda de Túnez
Abril de 2000
inglesa edición del editor Nota
Por desgracia, el siglo XX no llegó a ver el restablecimiento del sistema islámico del califato. A pesar de ello, no cabe duda de que se han creado las condiciones para que se produzca un renacimiento y un resurgimiento islámicos. Entre muchas personas, especialmente entre los educados y los jóvenes, ha surgido la conciencia de que el islam es un sistema de vida integral que guiará al ser humano hacia la verdadera felicidad tanto en esta vida como en la otra.
La situación actual de la ummah musulmana es tal que debe hacer frente a numerosos desafíos internos y externos. Hoy, la civilización islámica y otros asuntos estrechamente vinculados a ella se enfrentan a un proceso de deterioro. Como consecuencia, han aparecido numerosas enfermedades y problemas.
El fracaso a la hora de comprender que el islam es un sistema de vida completo se ha convertido hoy en un fenómeno común del pensamiento musulmán. Estas personas creen que el islam puede adaptarse plenamente al secularismo. Por otro lado, están quienes son absolutamente sinceros respecto a la labor de la da‘wa islámica, pero son extremistas —o bien negligentes— en su comprensión y aplicación del islam. Muchos tampoco comprenden que los problemas de gran alcance requieren soluciones de gran alcance. Otros tienen grandes esperanzas y objetivos elevadísimos, pero carecen de la capacidad intelectual necesaria para hacer realidad esas esperanzas y sueños.
Además, han surgido muchos movimientos islámicos con el propósito de corregir los defectos y deficiencias de la situación actual y restablecer aquella sociedad anhelada, largamente esperada, en la que Allah pueda ser, en todos los aspectos, el único adorado. Se observa que este tipo de movimientos se desarrolla inicialmente y obtiene una amplia confianza popular. Sin embargo, al cabo de poco tiempo cae en el estancamiento. Ese es precisamente el período que estamos atravesando ahora. Pero, aunque sea lamentable, lo cierto es que el movimiento islámico también está infectado por los mismos defectos y problemas que afligen a la ummah musulmana.
Entonces, la pregunta es: ¿por dónde empezaremos? ¿Cuál es nuestra carencia? ¿Qué debemos hacer? ¿Cómo debemos hacerlo? ¿Hemos comprendido claramente la naturaleza de la da‘wa, del movimiento (harakah) y de la reforma (islah) islámicos? ¿Qué método debemos aplicar? ¿Cómo debemos tratar con los distintos sectores de la sociedad? ¿Cuáles son las prioridades del movimiento islámico? Teniendo presentes estas preguntas, el profesor Dr. Yusuf al-Qaradawi escribió este libro.
Por la gracia de Allah, el Dr. Qaradawi es uno de los pocos eruditos versados en fiqh que siguen vivos. Ha sido capaz de presentar decisiones y opiniones modernas equilibradas mediante la conciliación de ambos grupos: los nuevos, representantes de la modernidad, y los antiguos, representantes del tradicionalismo. Su amplia experiencia y sus vastos conocimientos han aportado beneficios a la ummah.
El Dr. Qaradawi reflexiona constantemente sobre los problemas, las posibilidades y el avance del movimiento islámico. Cuando considera que está capacitado para ofrecer un consejo o una instrucción sobre algún asunto del movimiento, lo hace sin vacilación.
Este libro nació de su vasta experiencia en el ámbito de la da‘wa y el movimiento islámicos. De este libro deberían obtenerse no solo consejos, sino también orientación. Porque vivimos en una época en la que todos tienen algo que decir y una perspectiva propia, pero solo unos pocos poseen la capacidad de ofrecer orientación.
El libro original fue escrito en árabe. Ya se han publicado diez ediciones. Pocos meses después de la publicación del libro apareció una primera versión en inglés. Sin embargo, era incompleta. Por ello se sintió la necesidad de una traducción revisada al inglés, más cercana al contenido subyacente de la obra árabe original.
Expreso mi profunda gratitud al respetado maestro, el jeque Rashid al-Ghannushi, por haber aceptado escribir la introducción de esta nueva edición en inglés. El Dr. Kamal Hilbawi me ofreció valiosos consejos y recomendaciones; le estoy agradecido. Yusra Ghannushi ayudó de diversas maneras, incluida la traducción de la introducción. Que Allah la recompense por esta colaboración. Además, la publicación del libro fue posible gracias a la colaboración de Wali, Umar, Nadim, Bara, Sahera y muchas otras personas. Que Allah los recompense a todos.
Por último, recuerdo con gratitud a mi respetado padre, Hafiz Abd al-Qadir, y a los demás maestros que me enseñaron la lengua del Corán. He podido comprender que la verdadera belleza del islam solo puede apreciarse por medio de la lengua árabe.
Que Allah nos mantenga firmes a todos en este mundo en el camino indicado por Allah y Su Mensajero —que la paz y las bendiciones de Allah sean con él—, y con el objetivo de restablecer la soberanía de Allah.
S M Hasan al Banna
Londres, Reino Unido.
Abril de 2000
Prefacio del autor
Toda alabanza pertenece a Allah Todopoderoso, por cuya misericordia toda buena obra da fruto; y que la paz descienda sobre Su Profeta enviado, su familia y sus seguidores.
Tuve la fortuna de conocer al autor Mohamed al-Hashimi al-Hamidi durante el invierno de diciembre de 1989, cuando asistí al congreso anual de la Asociación de Jóvenes Musulmanes Árabes de Norteamérica. Allí me habló del Centro de Estudios sobre el Futuro Islámico, fundado por iniciativa de un grupo de pensadores musulmanes. Me pidió que brindara cooperación y apoyo al Centro.
Me habló de organizar, por iniciativa del Centro, un simposio sobre diversos asuntos relacionados con el bienestar y el perjuicio futuros del islam, y mencionó también los temas que se tratarían y los nombres de los ponentes. Cuando me pidió mi opinión al respecto, acogí favorablemente la iniciativa del Centro y la organización del simposio, y ofrecí los consejos que estaban a mi alcance. A pesar de ello, quería que asumiera un compromiso claro de participar activamente en esta iniciativa. Para hacerme más atractiva su propuesta, me dijo: «Celebraremos el simposio en un país que usted aprecia; ese país es Argelia». Me pidió que me concentrara en redactar un artículo sobre las prioridades del movimiento islámico durante las próximas tres décadas para el simposio. Al ver su interés por mis ideas sobre la determinación de las prioridades del movimiento islámico, estableció este tema. He concentrado mis reflexiones en esta rama del fiqh y he mantenido muchas conversaciones al respecto. Es un tema que me interesa, con el objetivo de encaminar correctamente al movimiento islámico y demostrar la necesidad del renacimiento islámico. Es tan importante que le pido ayuda a Allah para poder presentarlo debidamente, después de una profunda reflexión. Las circunstancias eran tales que no tenía otra opción que aceptar la invitación de los organizadores del simposio. El tema, la persona que me invitó, los participantes y el lugar del acto: todos estos elementos no solo me inspiraron, sino que me obligaron a aceptar la invitación.
En aquella época tuve que viajar repetidamente, lo que interrumpió mi labor de reflexión e investigación. Buscando la ayuda de Allah, me concentré en redactar el artículo.
Este libro es el fruto de aquella labor de investigación. Espero que el rayo de luz que contiene sea tenue, pero que aun así nos muestre el camino correcto. Sin embargo, ya es suficiente que hayamos logrado llevar el tema al ámbito de la investigación y el debate. Y, si no fuera así, al menos servirá de inspiración. Todo lo que he escrito aquí es una ampliación y continuación de mis obras anteriores —libros, artículos y ensayos, entre otros escritos— sobre el movimiento islámico en particular y el renacimiento islámico en general.
La diferencia entre el movimiento y el renacimiento es que un movimiento representa a un grupo organizado o a varios grupos organizados, con metas y objetivos definidos y una línea de acción clara. El renacimiento, en cambio, es una corriente omnipresente que abarca tanto a los individuos como a las colectividades, y tanto a los organizados como a los no organizados. El renacimiento es una marea que fortalece y agudiza el movimiento. Por otro lado, el movimiento es un viático que orienta al renacimiento hacia el camino correcto. Entre ambos existe una relación de acción y reacción. Como dicen los racionalistas, dicha relación existe entre la universalidad absoluta, la «absolute generality», y la particularidad absoluta, la «absolute particularity». Todo movimiento es un renacimiento, pero no todo renacimiento es un movimiento. Por ello, el renacimiento es más amplio y extenso que el movimiento en cuanto a su objetivo.
En este sentido, deseo llamar la atención sobre un asunto importante. Cuando hablo del movimiento islámico, me refiero siempre al movimiento islámico integral, no a una organización o movimiento de un tipo particular. Naturalmente, en la mayoría de los casos mencionaré como ejemplo a los Hermanos Musulmanes, porque fue dentro de este movimiento donde tuve la oportunidad de formarme. Adquirí experiencia atravesando las diversas vicisitudes de este movimiento y fui testigo del curso de los acontecimientos durante casi medio siglo.
He elegido para este libro el título «Prioridades del movimiento islámico en la próxima fase». No he limitado el contenido de la discusión a tres décadas, conforme a lo solicitado. En esta época de rápidos cambios, no encuentro razón alguna para limitar la discusión a un período determinado.
Profesor Dr.. Yusuf R. Qaradawi
Doha, Catar.
Abril de 1990
Primerocapítulo
Islámico movimiento: introducción
Islámico movimiento definición
Por movimiento islámico se entiende el esfuerzo colectivo organizado por el pueblo que procura restablecer el islam como fuerza motriz en la dirección de la sociedad, es decir, en todos los ámbitos de la vida.
Antes que nada, el movimiento islámico es una actividad práctica, un esfuerzo arduo y continuo. Esta labor no consiste únicamente en palabras adornadas, discursos y declaraciones, ni en escribir libros. Todo ello es ciertamente necesario, pero solo constituye una parte del movimiento; no es el movimiento en sí. Allah, el Todopoderoso, ha dicho: «Y di (¡oh, Muhammad!): Obrad, pues Allah, Su Mensajero y los creyentes verán vuestras obras.»(Sura At-Tawba: 105)
El movimiento es el esfuerzo del pueblo por actuar
El movimiento islámico consiste en los esfuerzos emprendidos por las amplias masas populares, especialmente mediante la iniciativa propia de las personas y basados en una profunda convicción. La fe es la base de este esfuerzo, y esta labor se realiza por la complacencia de Allah, con la esperanza de recibir la recompensa únicamente de Él, no de ningún ser humano. Cuando un musulmán toma conciencia del renacimiento islámico, siente en su interior motivación, agitación y entusiasmo. Cuando un musulmán percibe una discordancia entre su fe, por un lado, y la realidad que lo rodea, por otro, se produce una conmoción en lo más profundo de su corazón. Y de esta clase de inquietud interior nace en él la iniciativa propia.
Ante esta comprensión, movido por su amor a la religión, su fe en Allah, en Su Mensajero y en el Corán, su preocupación por la umma musulmana y su dolor ante la indiferencia propia y de su pueblo en el cumplimiento del deber, se lanza espontáneamente al movimiento. Así, se siente impulsado a cumplir sus deberes con profundo interés; a erradicar la debilidad; a contribuir al esfuerzo por restablecer las obligaciones religiosas descuidadas con el fin de aplicar la sharía otorgada por Allah; a unir a la umma musulmana bajo la sombra del Corán; a apoyar a los amigos de Allah; a luchar contra los enemigos de Allah; a recuperar los territorios musulmanes de toda agresión o control no musulmán; a restablecer nuevamente el sistema del califato conforme a las exigencias de la sharía; a renovar su compromiso con el deber obligatorio de difundir la predicación del islam; a ordenar el bien y prohibir el mal; y a continuar el yihad por la causa de Allah con sus palabras, sus actos o, al menos, en su corazón. Se consagra a estas luchas con el objetivo de que la palabra de Allah sea exaltada por encima de todo en todos los niveles de la vida.
Gubernamental del trabajo insuficiencia
En realidad, el movimiento islámico se establece únicamente mediante actividades dirigidas a alcanzar la complacencia de Allah. La formación de juntas, consejos superiores, asociaciones o sindicatos bajo la supervisión del Ministerio de Asuntos Religiosos, para dirigir actividades gubernamentales o semigubernamentales, es decir, actividades islámicas, o la creación de cualquier organismo gubernamental para trabajar enérgicamente por los intereses del islam, depende del interés y el entusiasmo de las personas empleadas en esos organismos gubernamentales. El resultado de la labor islámica depende también del grado de devoción a la religión de estas personas y de quienes las designan para esos cargos, en comparación con su apego a la vida mundana.
Sin embargo, las actividades de estas instituciones gubernamentales y semigubernamentales son siempre insuficientes y defectuosas en diversos aspectos. Por ejemplo:
1. Estas actividades se desarrollan dentro de los límites de la política estatal. Esto se debe a que es el gobierno quien las pone en marcha y las financia. Al tener que ajustarse a la política correspondiente, estos organismos no pueden actuar conforme a sus propios deseos y planes. Por ello, aunque representan los intereses de ese Estado particular en cierta medida, no representan en igual medida los intereses del islam y de la umma musulmana en general.
2. En la mayoría de los casos, estas instituciones no son dirigidas por personas experimentadas, que hayan adquirido competencia en el campo correspondiente mediante la lucha y el esfuerzo del movimiento y hayan sido puestas a prueba directamente en el terreno. Más bien, son dirigidas por personas que apoyan la financiación estatal. Y este tipo de personas, para satisfacer sus deseos o por miedo, se dedican a adular al aparato estatal. La mayoría de ellas tiene tal carácter que no puede desobedecer las instrucciones del Estado ni tiene capacidad para preguntar «¿por qué?» o decir «no» en ningún asunto. Por otro lado, entre los funcionarios públicos hay algunos que, en ciertos casos, trabajan incluso mejor que los miembros del movimiento islámico no gubernamental. Esto se debe a que se consagran espontáneamente al servicio del islam como parte de su obediencia a Allah, de su apego a la religión y de sus esfuerzos denodados por establecer la religión mediante el método correcto.
3. En muchos casos también falta una verdadera sinceridad en la defensa de los intereses del islam. Incluso estas actividades pueden llevarse a cabo enteramente para alcanzar objetivos políticos. En la mayoría de los casos, estas actividades se asemejan a la «mezquita de la discordia» mencionada en el Corán, cuyo propósito externo es la adoración y la práctica de la piedad; pero cuya intención oculta es sembrar la división entre los creyentes y obstaculizar las actividades de los miembros del movimiento islámico.
4. Por estas razones, los programas gubernamentales relacionados con el islam son objeto de quejas por parte del pueblo. Como consecuencia, estos programas quedan privados de la simpatía y el apoyo populares. Incluso los ulemas gubernamentales que se dedican a aplicar la política estatal quedan privados del apoyo del pueblo. Hablan conforme a las exigencias del Estado y guardan silencio por orden estatal. Por eso pierden la confianza del pueblo. La gente los califica de «ulemas gubernamentales» o «agentes de la policía».
Por estas razones, en ausencia de un gobierno islámico, los programas islámicos gubernamentales y semigubernamentales no pueden dar forma a un verdadero movimiento islámico. Sin embargo, si estos programas se aprovechan adecuadamente, pueden realizar alguna contribución en los ámbitos intelectual y práctico, así como brindar apoyo financiero y moral al movimiento islámico y a sus instituciones. En particular, si los programas islámicos gubernamentales y semigubernamentales son dirigidos por personas creyentes y valientes.
El movimiento es un esfuerzo colectivo
Aunque el movimiento islámico sea únicamente por Allah, constituye un esfuerzo organizado y colectivo. No basta con continuar trabajando por iniciativa voluntaria individual, de manera separada y dispersa en distintos lugares, por el bien del islam. Aunque sus obras y esfuerzos se sumarán al cómputo del Día del Juicio, pues Allah no hará perder la recompensa de ningún hombre ni de ninguna mujer. Cada uno será recompensado después de evaluar su intención y la rectitud de sus obras. En el Corán se dice: «Quien haga una buena obra equivalente al peso de un átomo, la verá. ((Sura Az-Zalzalah: 7)
En la situación actual de la ummah musulmana, el esfuerzo individual no será suficiente para poner fin a las divisiones y alcanzar el resultado deseado; por ello, necesariamente habrá que realizar un esfuerzo colectivo. Y esto es una obligación religiosa y una exigencia de la situación real.
El islam fomenta el espíritu del esfuerzo organizado y colectivo, y se opone al aislamiento. La ayuda de Allah acompaña el esfuerzo colectivo. Quien se separa será arrojado al Infierno. La oveja que se aparta del rebaño y queda aislada cae en las fauces del lobo. Por eso, si alguien, dejando de lado la oración en congregación, reza solo o quebranta la disciplina de la congregación, su oración no es completa. Un creyente es para otro creyente como una sólida estructura de ladrillos unidos entre sí. Cooperar en las buenas obras y en las obras virtuosas es uno de los principales deberes religiosos obligatorios, y aconsejarse mutuamente la verdad y la paciencia es uno de los requisitos fundamentales para librarse de la pérdida mundana y de la del Más Allá.
En esta difícil realidad, es natural que haya que trabajar colectivamente para obtener el resultado deseado. El aplauso se produce con las dos manos; la debilidad está en la soledad, y la fuerza, en avanzar junto a muchos. Los grandes éxitos se alcanzan mediante el esfuerzo colectivo. Sin duda, solo permaneciendo unidos se puede triunfar en la batalla final. En el Corán se dice: «Ciertamente, Allah ama a quienes combaten en Su camino en filas compactas, como si fueran una estructura sólida y bien ensamblada».(Sura Saff’: 4)
El esfuerzo colectivo debe estar bien organizado. Hay que llevarlo a cabo bajo un liderazgo responsable, sobre una base firme y con una visión clara. Precisamente la claridad de visión determina la relación entre el liderazgo y la base, conforme a los principios de la consulta obligatoria (shura) y la obediencia.
El islam no reconoce ningún esfuerzo colectivo que no siga las normas y los procedimientos establecidos. Incluso la oración que se realiza juntos en congregación se basa en una buena organización y disciplina. Allah no dirigirá Su mirada hacia una fila que no esté ordenada. Más aún, las filas deben estar estrechamente unidas. No debe haber ningún espacio entre los fieles de una fila, pues en ese espacio se instala Satanás. Por ello, hay que permanecer hombro con hombro y pie con pie. Las inclinaciones, postraciones y formas externas de la oración son señales de consenso en el pensamiento. «No os dividáis, para que vuestros corazones tampoco se vean afectados por la división».
Por esta razón, antes de comenzar la oración, el imán debe comprobar si las filas detrás de él están rectas, y exhortará a los fieles a «ayudar a sus hermanos». En efecto, por el bien de la disciplina general, durante la oración en congregación son indispensables la solidaridad y el espíritu de cooperación.
Después surge la cuestión de la obediencia al imán. El imán es designado precisamente para que se le siga. Cuando pronuncia «Allah es el más grande», hay que decir lo mismo; cuando se inclina, hay que inclinarse, y cuando se postra, hay que postrarse. Asimismo, cuando recita, hay que escucharle.
Nadie puede quebrantar la disciplina ni inclinarse o postrarse antes que el imán, para que nadie tenga la oportunidad de crear desorden e irregularidad en esta estructura bien organizada y coordinada, sembrando la confusión. Quien haga algo semejante debe temer las consecuencias.
Pero si el imán comete un error, corregirlo no solo es lícito para los fieles alineados detrás de él, sino también un deber. Ya se trate de una acción indebida, un olvido, la recitación del Corán o cualquier otro asunto fundamental de la oración, los fieles pueden señalar el error del imán. Incluso las mujeres de las filas posteriores pueden dar una palmada para llamar la atención sobre el error del imán.
La oración en congregación es una representación en miniatura del sistema general de congregación del islam y de cómo debería ser la relación mutua entre el comandante y los soldados. Es decir, el liderazgo nunca puede ser infalible, y tampoco hay lugar para una obediencia absoluta y ciega.
El objetivo es del islam su revitalización
¿Cuál es el objetivo del movimiento islámico? El movimiento islámico se inició con el objetivo de revitalizar y restablecer el islam en todos los ámbitos de la vida, eliminando todos los obstáculos y dificultades. La expresión «revitalización del islam» no es nueva. Es una afirmación del propio Mensajero de Allah, que Allah le bendiga y le conceda paz, transmitida por Abu Huraira en un hadiz auténtico. El hadiz dice: «Al comienzo de cada siglo, Allah Todopoderoso enviará a alguien que revitalizará esta religión» (Abu Dawud y al-Hakim).
La mayoría de los comentaristas de este hadiz han querido decir que «quien» se refiere aquí a una persona en particular, por medio de la cual se producirá la revitalización de la religión. En este contexto, también han mencionado los nombres de varios célebres juristas e imanes que fallecieron hacia el final de un siglo de la hégira y que revitalizaron la religión. Por ejemplo, Hazrat Umar ibn Abd al-Aziz (r.) (fallecido en el año 101 de la hégira), al-Shafi‘i (r.) (fallecido en el año 204 de la hégira), entre otros. Sin embargo, existe discrepancia entre ellos sobre quién pudo haber sido el mujaddid del tercer siglo de la hégira.
Algunos comentaristas del hadiz han expresado la opinión de que la palabra «quien» de este hadiz puede entenderse tanto en sentido plural como en singular. Es decir, por «el revitalizador» no tiene que entenderse una sola persona; también puede entenderse un grupo. Ibn al-Azir señaló en su obra «Al-Jami‘ li-l-Usul» que esto es muy posible. Al-Hafiz al-Dhahabi y otros también apoyan esta opinión.
Además, debe decirse que no es necesario que una persona o personas determinadas estén involucradas en el grupo que revitaliza el islam. Cualquiera que represente una corriente de pensamiento y de método de acción puede integrarse en este grupo, siempre que esté dispuesto a trabajar conjuntamente en la revitalización de la religión.
Esta puede ser la interpretación más probable para comprender y aplicar el hadiz mencionado al finalizar un siglo y comenzar otro. Rogamos a Allah que los días del nuevo siglo sean mejores que los días pasados y que Allah haga aún más luminosos nuestros días venideros.
de la revitalización las estrategias
El movimiento islámico puede lograr la revitalización mediante tres métodos.
El primer medio es,, hay que formar un grupo de vanguardia del movimiento islámico. Este grupo de vanguardia, formado con espíritu de solidaridad y cooperación, será capaz de conducir hábilmente la sociedad contemporánea hacia el islam. Y al hacerlo, no se aislará ni dará cabida a la indiferencia. Solo mediante las directrices prescritas por el islam podrá remediar la decadencia de la sociedad musulmana. Este grupo de vanguardia debe estar compuesto por personas unidas por lazos del corazón, sobre la base de una fe firme, un conocimiento profundo, sensatez y relaciones estrechas.
El segundo medio es,, hay que crear una opinión pública entre los musulmanes. En ella se reflejará la opinión de la mayoría de la población; una opinión pública que, conociendo plenamente los objetivos generales del movimiento islámico, confiará en la fe y la capacidad de sus militantes, y continuará amándolos y apoyándolos. Al mismo tiempo, esta población se mantendrá libre de los efectos nocivos de la propaganda maliciosa contra el islam, el movimiento islámico y su liderazgo.
El tercer medio es,, crear en todo el mundo un ambiente en el que los pueblos comprendan el verdadero mensaje del islam y la auténtica naturaleza de su civilización y cultura, y reconozcan la existencia de la umma musulmana. Asimismo, se mantendrán libres de los efectos nocivos del fanatismo surgido en la Edad Media y de las mentiras, invenciones, distorsiones y maliciosa propaganda del sector contrario al islam. Esta opinión pública será tolerante con el surgimiento del poder musulmán junto a las demás potencias mundiales. Porque podrá comprender que, puesto que los musulmanes son mayoría en sus respectivos países, tienen derecho a establecer un sistema de gobierno conforme a sus creencias religiosas. Esto es precisamente una exigencia de los principios democráticos tan elogiados y difundidos, y, conforme a dichos principios, también tienen derecho a promover el ideal universal y humanista del islam como uno de los ideales más nobles del mundo. Este ideal tiene un pasado, un presente y un futuro, y lo importante es que en el mundo actual cuenta con más de mil millones de seguidores.
Prioridades del movimiento islámico
Los ámbitos en los que será necesario que el movimiento islámico trabaje en el futuro son amplios y diversos. Los líderes activos y los teóricos del movimiento deberían examinar cuidadosamente estos ámbitos. Este tipo de examen debe basarse necesariamente en información y estadísticas comprobadas y exactas.
Ámbito educativo
El trabajo en este ámbito es importante para formar una generación que aspire a la victoria, miembros dotados de cualidades humanas y un grupo dirigente islámico. Los miembros de este grupo comprenderán y creerán plenamente en el islam, incluyendo el conocimiento, la práctica, la da‘wa y la lucha. La primera tarea de esta generación será llevar la da‘wa del islam a su propio pueblo y, después, difundir ese mensaje por todo el mundo. Solo podrán realizar esta tarea cuando estén comprometidos con el islam, conserven en su corazón una comprensión clara de él, arraiguen profundamente el ideal en su corazón y la moral islámica actúe como su fuerza rectora y como código de conducta en todos los ámbitos de la vida. Adorarán a Allah y tratarán a las personas conforme a la sharía, y comprenderán que el islam posee un sistema y una civilización que mejorarán la situación actual de la umma musulmana, unirán a la humanidad sobre la base de la palabra de Allah y proporcionarán a la sociedad humana extraviada la mejor y correcta orientación.
Ámbito político
El objetivo de la actividad política será arrebatar el poder de las manos de todos los pusilánimes y traidores y entregarlo a personas valientes y honestas: personas que no desean ocupar altos cargos para exhibir su poder ni quieren corromper el país. Por el contrario, si Allah las coloca en el poder, establecerán la oración, organizarán el pago del zakat, ordenarán el bien y prohibirán el mal.
Ámbito social
El objetivo del programa social será eliminar la pobreza, el analfabetismo, las enfermedades y la inmoralidad, así como hacer frente a las instituciones sospechosas que participan en actividades sociales y humanitarias como instrumento para debilitar la relación de la umma musulmana con su identidad y su religión.
Económico ámbito
El programa del ámbito económico liberará a la sociedad de la penuria financiera y de la carga de los préstamos basados en el interés, y contribuirá al desarrollo de la sociedad al crear las condiciones para establecer un sistema económico islámico.
de la yihad ámbito
El objetivo de la yihad será recuperar los territorios musulmanes, luchar contra las fuerzas opuestas a la da‘wa islámica y a la umma musulmana, y preservar la libertad de voluntad de los musulmanes y su derecho a tomar decisiones libremente.
Medios de comunicación y propaganda ámbito
El objetivo de este programa es difundir los ideales del islam y explicar sus enseñanzas de tal manera que queden claras las características de moderación y amplitud de dichos ideales. De este modo, se eliminarán toda clase de ambigüedades y falsedades capaces de destruir la claridad de la verdad. Para ello, deberán utilizarse toda clase de medios de comunicación, desde las publicaciones hasta los medios audiovisuales.
Intelectual ámbito
El objetivo de esta labor será corregir las ideas erróneas generalizadas sobre el islam en la mente de musulmanes y no musulmanes respecto al movimiento islámico, establecer una comprensión correcta y corregir esas ideas erróneas y las fetuas defectuosas (opiniones jurídicas). Entre algunos grupos islámicos están ampliamente difundidas doctrinas erróneas. Por ello, es necesario poner fin a ellas para comprender correctamente el movimiento islámico. Esta comprensión se construirá sobre una base válida, derivada de los principios fundamentales del Corán, la Sunna y la sharía, y esta conciencia y comprensión deben inculcarse especialmente entre los musulmanes instruidos. Porque, en realidad, esta clase no tiene ninguna oportunidad de conocer el islam de manera correcta y precisa.
Distribución de responsabilidades
Es urgente trabajar en todos los ámbitos y no se debe descuidar ni dejar de lado ninguno. En este sentido, lo que necesariamente debe hacerse es asignar a cada ámbito los recursos humanos y las capacidades, teniendo en cuenta, por un lado, cuáles son las necesidades de cada ámbito y, por otro, qué recursos humanos y capacidades tenemos a nuestra disposición.
En la época del Mensajero de Dios (s. a. s.), el Sagrado Corán prohibió que todos los musulmanes fueran al yihad. ¿Cuál era ese ámbito sagrado hacia el que se dirigía dicha prohibición? No era en absoluto menos sagrado e importante que el campo del yihad. Más bien, en ocasiones, este ámbito era más importante. Porque este ámbito recuerda a los musulmanes el yihad, allanando su camino, y les advierte contra descuidarlo. Y ese ámbito es el estudio del conocimiento y las ciencias con el objetivo de comprender la religión.
La sura At-Tawba condena a quienes se muestran reacios a la yihad y menciona para ellos un castigo severo. En esta sura, en la 122 .ª aleya, Allah Altísimo dice: No es correcto que todos los creyentes vayan juntos a la yihad. Por tanto, que una parte de cada grupo vaya a la yihad, para que los demás puedan dedicarse al estudio y la investigación del conocimiento religioso y, cuando quienes se hayan unido a la yihad regresen a su propia comunidad, puedan advertirles sobre las malas acciones.
Este es el firme llamamiento a distribuir las responsabilidades del cuerpo de trabajadores correspondiente y a especializarse.
Fundamento de la importancia y las prioridades
A la luz del pensamiento sobre las prioridades expuesto anteriormente, en adelante el movimiento islámico deberá prestar atención a ciertos asuntos de especial importancia. Estos son:
1. En el ámbito intelectual, se debe centrar la atención en ofrecer explicaciones claras de varias corrientes de pensamiento y presentar dichas explicaciones de manera comprensible para todos y con profundidad. Podemos denominarlo «nuevo fiqh».
2. Centrar la atención en qué sectores de la sociedad puede extenderse el movimiento y qué sectores pueden incorporarse a la corriente principal del renacimiento islámico en la difusión y expansión del islam.
3. Prestar atención a estándares cualitativos específicos en la preparación de los futuros dirigentes y la formación de sus cualidades en el ámbito educativo, especialmente allí donde está en juego el perfeccionamiento del iman y la aqida.
4. Prestar atención al desarrollo del pensamiento y la conciencia en los acontecimientos políticos locales y mundiales y en las relaciones internacionales, para garantizar la universalidad y el dinamismo del movimiento en el ámbito político, rompiendo el aislamiento y el bloqueo del mundo musulmán.
Posteriormente se examinará por separado cada uno de estos cuatro ámbitos de acción.
Segundocapítulo
Islámico Movimiento: intelectual y del conocimiento en el ámbito
intelectual y del conocimiento en el ámbito
El ámbito intelectual es el primero y el más importante de todos. Porque este constituye la base de la enseñanza islámica y de la difusión de la da‘wah. En realidad, la crisis intelectual es el principal problema. Muchas personas carecen de una comprensión clara del islam y, al mismo tiempo, existe una grave falta de conocimiento sobre las enseñanzas del islam y sobre la importancia relativa de dichas enseñanzas; es decir, cuáles son las más importantes, cuáles tienen una importancia ordinaria y cuáles no tienen ninguna importancia en absoluto.
También se observa una grave falta de conocimiento sobre las realidades del entorno de la época en que vivimos actualmente. Nuestra ignorancia respecto de los demás es tal que, o bien les damos una importancia excesiva, o bien los menospreciamos. Mientras tanto, los demás conocen toda clase de información sobre nosotros y están profundamente informados acerca de nuestros asuntos.
Incluso somos ignorantes respecto de nosotros mismos. Hasta ahora no hemos examinado minuciosamente nuestros puntos fuertes y débiles. Más bien, con frecuencia hacemos que los asuntos pequeños parezcan grandes o armamos una tormenta en un vaso de té. Ya consideremos nuestras fuerzas y capacidades o nuestros defectos y deficiencias, la situación es la misma en ambos casos. Esta ignorancia no se limita únicamente a los musulmanes comunes. Es manifiesta tanto en el grupo dirigente del que depende la responsabilidad de promover los intereses del islam como en las personas vinculadas a la labor fundamental sobre la cual se edificará el movimiento islámico.
nuevo fiqh
En realidad, necesitamos un fiqh nuevo para poder reunir las condiciones necesarias para formar parte de aquellos a quienes Allah ha descrito como personas sensatas. Aquí, por fiqh no se entiende el fiqh empleado como término islámico; es decir, la jurisprudencia que determina normas específicas y detalladas, como las condiciones de la ablución, la pureza ritual, los actos de adoración y devoción, las transacciones, el matrimonio, el divorcio y la crianza de los hijos. Por importantes que sean estas normas, no pretendemos referirnos aquí a ellas. Tampoco pretendemos referirnos al sentido en que la palabra fiqh se emplea en este contexto en el Corán y el hadiz, pues se pronunció dentro de expresiones y conceptos que cambiaron después de cierto tiempo. Así lo explicó también el imán al-Ghazali en el capítulo sobre el conocimiento de su célebre obra «Ihya Ulum al-Din».
La palabra original fiqh aparece en las suras mecánicas del Corán antes de que, dentro del ámbito de la sharía, se establecieran las normas detalladas de los mandatos y las prohibiciones, e incluso todas las obligaciones, los hudud (penas legales) y las leyes judiciales.
Revelada en La Meca, sura Al -An’‘am, 65 .ª aleya, el Todopoderoso Allah dice: «Di: Él es tan poderoso que puede enviaros un castigo desde el cielo y desde la tierra, o confundiros dividiéndoos en grupos y hacer que unos de vosotros probéis la violencia de otros. ¡Observa! Explicamos las pruebas de diversas maneras para que comprendan.»
En el versículo 98 de la misma sura se menciona además:Y Él es quien os creó de un solo ser; os dio un lugar de residencia (en la tierra o en el vientre materno) y otro lugar de depósito. Ciertamente, hemos expuesto detalladamente las pruebas para quienes comprenden.
En estos dos versículos, el término fiqh significa comprender profundamente, a la luz del alma, el corazón y la experiencia, las leyes inmutables de Allah, Su creación y el castigo que ha dispuesto para quienes se desvían del camino recto que Él ha establecido.
En la sura mequíAl A‘’raf 179 n.º se menciona acerca delas personas que el Altísimo Allah ha destinado al Infierno. Él dice acerca de ellas: Tienen corazones, pero no comprenden con ellos. Después se dice de ellas: Estas personas son como los cuadrúpedos; más aún, están más extraviadas que ellos. Estas personas son negligentes.
En diversas suras se ha descrito la actitud de los politeístas hacia el Corán. A este respecto, Allah Todopoderoso dice: Y hemos puesto una cubierta sobre sus corazones para que no comprendan el Corán y hemos tapado sus oídos (Al An’am: 25, Bani Isra’il: 46, Al Kahf: 57)।
En varias suras medinesas del Al-Corán, la palabra fiqh se ha utilizado para expresar la falta de capacidad de comprensión de los politeístas y los hipócritas. La sura Al -Anfal 65 .º dice en su aleya que Allah, dirigiéndose a Su Mensajero y a los creyentes, dice: «Si hay entre vosotros veinte hombres firmes, prevalecerán sobre doscientos; y si hay entre vosotros cien, prevalecerán sobre mil incrédulos, porque ellos son gente que no comprende».
Aquí, la advertencia sobre la falta de conocimiento de los incrédulos significa que desconocen las leyes inmutables de Allah y cómo Él concede sucesivamente a todas las personas diversos días de misericordia y buena fortuna.
Sura At-Tawba 87 .º versículo, Allah, censurando a los hipócritas, dijo: Se sintieron satisfechos de permanecer con las mujeres recluidas en sus hogares, y sus corazones fueron sellados para que no comprendieran.
Aquí, comprender significa reconocer la necesidad del yihad, y comprender la necesidad de proteger la religión significa reconocer la necesidad de esforzarse por proteger la vida, el honor, los bienes y, en sentido general, la sociedad. Estas tareas tendrán prioridad sobre cualquier interés personal, por urgente que sea.
En el versículo n.º 127 de la misma sura,el Dios Todopoderoso habla sobre este tipo de personas (que carecen de entendimiento): «Y cuando se revela una sura, se miran unos a otros y dicen: “¿Acaso alguien os está observando?”. Luego se marchan. Dios ha apartado sus corazones, porque no son más que una sociedad insensata.
Estas personas insensatas olvidan que Dios los ve antes de que cualquier ser humano los vea. En realidad, han perdido su fiqh y su capacidad de comprensión.
En el versículo n.º 13 de la sura Al-Hashr,el Altísimo, dirigiéndose a los creyentes, dijo acerca de los hipócritas: «Ciertamente, en sus corazones vuestro temor es mayor que el temor a Dios; esto se debe a que no comprenden».
Sura Al -Munafiqun, aleya 3 . ª Alá Todopoderoso dice: Esto se debe a que creyeron y después descreyeron. Por eso se han sellado sus corazones; por tanto, no comprenden.
En la aleya n.º 7 de la misma sura, el Todopoderoso Alá también dice: Ellos dicen: «No gastéis nada en favor de quienes están con el Mensajero de Alá hasta que lo abandonen». Sin embargo, a Alá pertenece la totalidad de los tesoros de los cielos y de la tierra, pero los hipócritas no comprenden.
Aquí se ve que una gran parte del Corán está dedicada a describir a los hipócritas, «esas personas que no comprenden». Porque los hipócritas creen que son inteligentes. Por eso, en lugar de tomar partido, adoptan una postura oportunista y, siguiendo una política de doblez, intentan engañar a Alá y a los creyentes. Cuando se reúnen con los creyentes, dicen: «Creemos». Pero cuando se juntan con sus malvados, dicen: «Estamos con vosotros».
Pero el omnipotente Alá ha dejado al descubierto sus secretos, dudas y engaños en numerosas aleyas. En la sura Al- Báqara, el 9.º versículo dice: Alá dice: creen que engañan a Alá y a los creyentes, pero en realidad se engañan a sí mismos y no lo comprenden.
En realidad, su hipocresía ha quedado al descubierto ante Alá y la gente. Han perdido la vida mundana y la del Más Allá, y ciertamente serán arrojados al nivel más bajo del Infierno. ¿Qué consecuencia podría ser más dolorosa que esta?
Por lo tanto, según esta descripción, si se observan en alguien signos de hipocresía, sin duda debe entenderse que no posee ni el mínimo grado de discernimiento.
Conclusión
Según el estilo discursivo del Corán, la palabra fiqh no denota, en el lenguaje actual, el sentido técnico de jurisprudencia. Más bien, se refiere a la comprensión y adquisición de conocimiento sobre la palabra de Allah y Sus disposiciones relativas al mundo creado, la vida y la sociedad.
Incluso la sura At-Tawba, en la aleya 122 , se dice: que un grupo de cada comunidad debe salir para participar en el yihad, para que los demás puedan dedicarse al estudio y la investigación del conocimiento religioso, y para que, cuando quienes hayan participado en el yihad regresen a su pueblo, puedan advertirles sobre las malas acciones.
La palabra fiqh de esta aleya no se emplea en el sentido convencional. Si se le diera un significado relacionado con la jurisprudencia, no contendría la advertencia necesaria para prevenir a la persona concernida contra la tergiversación del significado, contra el descuido de protegerse a sí misma y contra la negligencia en el cumplimiento de las responsabilidades fundamentales de la labor de da‘wah.
Existe una correspondencia entre el uso de la palabra «fiqh» en la aleya coránica citada y su uso en un hadiz del Mensajero de Allah, la paz y las bendiciones de Allah sean con él. El hadiz dice: «Si Allah desea el bien para una persona, la hace experta en el conocimiento religioso». Es decir, Allah ilumina su visión para que, en lugar de sentirse satisfecha únicamente con las palabras y los significados superficiales, se esfuerce profundamente por comprender mejor la verdad, los misterios y los objetivos de la religión.
El fiqh que necesitamos
Varios de los tipos de fiqh que necesitamos han sido tratados en mi libro «El despertar islámico entre el rechazo y el extremismo». En él se examinan el fiqh de las acciones y el fiqh de la ordenación de las actividades.
Otra parte de esta exposición fue incluida en mi libro «El despertar islámico entre las diferencias permitidas y la desunión censurable». En él se analiza uno de nuestros principales ámbitos de necesidad: el «fiqh de las discrepancias». Allí se señala que necesitamos cinco tipos de fiqh. Aquí solo se han analizado dos de ellos:
1. Fiqh del equilibrio (Fiqh al-Muwāzanāt)
2. Fiqh de las prioridades (Fiqh al-Awlawiyyāt)
Es necesario explicar cada uno de estos tipos de fiqh.
Fiqh del equilibrio
Por fiqh del equilibrio entendemos varias cuestiones:
1. Mantener el equilibrio al determinar qué es más importante que otra cosa a la luz de la magnitud y la capacidad, el valor y los resultados, y la tolerancia, para poder determinar a cuál debe darse prioridad y cuál debe posponerse.
2. Mantener el equilibrio entre los asuntos malos, del mismo modo que se mantiene entre los asuntos buenos, para poder determinar cuál debe aceptarse y cuál debe evitarse.
3. Si los asuntos buenos y malos entran en conflicto, dar prioridad a evitar el mal sobre obtener el bien, y determinar en qué casos y cuándo puede ignorarse el mal en beneficio del bien.
dos’tipos de fiqh
En este contexto, necesitamos dos niveles de fiqh:
Jurisprudencia de la sharía
La primera es la jurisprudencia de la sharía. Su base será la comprensión profunda de la verdadera esencia de la sharía. Su objetivo es demostrar de manera concluyente la validez de los «principios del equilibrio» mencionados anteriormente y determinar su autenticidad. Esto debe quedar claro para quienes se esfuerzan por comprender las fuentes fundamentales y las normas de la sharía, así como por desentrañar sus profundos fundamentos.
La sharía fue revelada teniendo únicamente ante sí varios tipos de necesidades innatas para el bienestar mundano y ultraterreno de las personas. Sus niveles de beneficio son: lo indispensable (al-daruriyyah), lo necesario (al-hajiyyah) y lo estético (al-tahsiniyyah).
El fiqh de la realidad
El fiqh de este segundo nivel es, en realidad, positivo, y se basa en la investigación de la realidad contemporánea. Debe llevarse a cabo cuidadosamente, y a gran escala, una investigación sumamente rigurosa basada en datos e información. Al respecto, hay que mantenerse alerta ante los datos propagandísticos y las estadísticas engañosas y poco realistas basadas en cuestionarios. Esto se debe a que detrás de ellos opera una intención. En conjunto, no tienen como objetivo revelar la verdad.
La coordinación del fiqh
Es necesario armonizar el fiqh de la sharía y el fiqh de la realidad, para que podamos alcanzar un proceso adecuado de equilibrio teórico, libre tanto del extremismo como de la indiferencia. En principio, la cuestión del fiqh de la sharía está clara. Este tema ha sido tratado en las obras de usul al-fiqh, desde Al-Mustasfa, del imán Al-Ghazali, hasta Al-Muwafaqat, del imán Al-Shatibi, así como en libros sobre normas, analogías, similitudes y diferencias.
Cuando entran en conflicto intereses diversos, hay que sacrificar los intereses inferiores por los superiores, y los intereses individuales por los intereses generales. No obstante, en tal caso se debe compensar al titular del interés individual por su perjuicio. Cuando los intereses son contrapuestos, es necesario dar prioridad a los intereses a largo plazo o permanentes sobre los de corto plazo, a los intereses reales sobre los insignificantes y a los intereses ciertos sobre los inciertos.
Hemos visto que el Mensajero de Allah (s. a. s.) dio prioridad, en el tratado de Hudaybiyya, a los intereses reales, fundamentales y futuros en ciertos casos en los que cualquier otra persona jamás habría querido hacer concesiones. Aceptó condiciones que, a primera vista, parecían injustas y humillantes para los musulmanes. Accedió a eliminar la frase «En el nombre de Allah, el Clemente, el Misericordioso». En su lugar se escribió: «En tu nombre, oh Señor». También aceptó que en el tratado no se mencionara la expresión «el Mensajero de Allah» y que se escribiera únicamente su nombre: «Muhammad ibn Abdullah». Hay muchos ejemplos semejantes.
Si los asuntos perjudiciales son contrapuestos y alguno de ellos resulta inevitable, se debe elegir el menos malo de los dos males y el mal relativamente menos perjudicial. Los eruditos musulmanes han recomendado eliminar los asuntos perjudiciales en la medida de lo posible. Sin embargo, no se debe eliminar un asunto relativamente menos perjudicial en lugar de otro de gran perjuicio. Se debe tolerar un perjuicio menor si con ello es posible evitar uno mayor. Asimismo, para evitar el perjuicio general, se debe aceptar el perjuicio individual. En las obras tituladas Al-Qawa’id al-fiqhiyya y Al-Ashbah wa al-Naza’ir se mencionan numerosos ejemplos de ello.
Si surge un conflicto entre beneficio y perjuicio, hay que evaluarlo según su magnitud, sus consecuencias y su duración. Puede pasarse por alto un perjuicio pequeño con el fin de alcanzar un interés mayor. Se debe aceptar un perjuicio temporal en favor de un interés a largo plazo o permanente. Incluso puede aceptarse un perjuicio grande si existe la posibilidad de eliminar otro aún mayor. En condiciones normales, antes de procurar obtener un beneficio se debe intentar evitar el asunto perjudicial.
Estas ideas no deben considerarse meramente teóricas; debemos aplicarlas en la práctica. Esto se debe a que entre los grupos islámicos activos existen numerosas discrepancias precisamente en torno a estos equilibrios.
Formar una alianza con fuerzas hostiles
¿Es aceptable llegar a un entendimiento o establecer una tregua con gobiernos que no son fieles al islam?
¿Deberíamos participar en un gobierno en el poder que no sea de carácter puramente islámico, que se rija por una Constitución defectuosa o que no cuente con nuestro pleno apoyo?
¿Deberíamos unirnos a un frente opositor formado por diversos partidos políticos para derrocar a un gobierno impío, autocrático, opresor y corrupto?
¿Podemos establecer instituciones económicas islámicas en un entorno sometido a la influencia de un sistema económico basado en el interés y creado por el ser humano?
¿Debería permitirse en general que los musulmanes trabajen en bancos e instituciones basados en el interés, o debería impedirse que las personas piadosas que siguen las enseñanzas del islam trabajen en ese tipo de instituciones?
Aplicación en la vida real
Formular principios es fácil, pero cumplirlos es difícil. A la gente común y a quienes hacen alboroto por motivos insignificantes no les resulta fácil comprender la fiqh del equilibrio.
Cuando Maulana Sayyid Abul Ala Maududi y su partido, Jamaat-e-Islami de Pakistán, sostuvieron en la década de 1960 que, a la luz de la fiqh del equilibrio, apoyar a Fátima Jinnah en las elecciones presidenciales de Pakistán, en lugar de Ayub Khan, era la opción menos perjudicial, él y sus seguidores se enfrentaron a una intensa oposición y hostigamiento. Se lanzó contra ellos una campaña agresiva basada en el hadiz: «Un pueblo que designe a una mujer como su líder jamás prosperará». Entonces, ¿qué será de ese pueblo que acepta a un dictador como su líder? ¿Acaso hará las cosas mucho mejor? ¡Nunca! Ahí radica la función de la fiqh del equilibrio: elegir el mal menor entre dos males para evitar un perjuicio mayor.
Cuando el Dr. Hasan al-Turabi, líder del movimiento islámico de Sudán, y sus colaboradores decidieron unirse a la Unión Socialista, e incluso aceptaron cargos en el gobierno de Jaafar Nimeiry antes de anunciar la instauración de la sharía islámica en Sudán, algunos islamistas los criticaron duramente.
Nuestros hermanos colaboradores en Siria se enfrentaron a una oposición similar porque habían decidido aliarse con algunas fuerzas no islámicas para resistir al régimen dictatorial que pretendía destruirlos por completo. Sin embargo, el propio Profeta Muhammad, que la paz y las bendiciones de Allah sean con él, estableció una alianza con la tribu politeísta de Khuza’ah y, en ocasiones, apoyó a un grupo de politeístas contra otro.
Por supuesto, aquí no estoy tomando partido por ninguna de las partes. Solo estoy exponiendo un principio: el fiqh del equilibrio, sobre el cual debería construirse la estructura de la «política de la sharia». Existen numerosas pruebas, tanto en las posturas adoptadas por el Mensajero de Allah, que la paz y las bendiciones de Allah sean con él, y sus compañeros, como en las amplias disposiciones de nuestra sharia, que respaldan la afirmación de que es permisible participar en un gobierno no islámico o aliarse con fuerzas no musulmanas.
Pruebas del fiqh’del equilibrio
Si estudiamos atentamente las suras mecَanas y medinenses del Corán, encontraremos numerosas pruebas del fiqh del equilibrio y medios para medir la importancia de un asunto en relación con otro.
Encontramos un ejemplo de la consideración del equilibrio entre diversos intereses en la respuesta de Aarón a la pregunta de Moisés: «¡Oh, hijo de mi madre! No me tomes de la barba ni de la cabeza. Temí que dijeras: “Has creado división entre los hijos de Israel y no has respetado mi palabra”» (Sura Ta-Ha: 94)।
Asimismo, entre las cuestiones perjudiciales, se observa un ejemplo de equilibrio en la explicación de por qué al-Jidr (la paz sea con él) perforó la embarcación: «En cuanto a la embarcación, pertenecía a unos pobres que trabajaban en el mar; por eso quise hacerle un agujero, pues detrás de ellos había un rey que se apoderaba por la fuerza de toda embarcación perfecta. (Sura al Kahf: 79)।
Para su propietario, conservar la embarcación perforada es menos perjudicial que perderla por completo. Es decir, sin duda es mucho mejor salvar algo que perderlo todo.
La cuestión del fiqh del equilibrio también está claramente presente en la palabra de Allah: La gente te pregunta sobre combatir en el mes sagrado. Di: Combatir deliberadamente en él es un grave pecado ante Allah. Pero impedir que la gente siga el camino de Allah, negar a Allah, impedir el acceso a la Mezquita Sagrada y expulsar de ella a sus habitantes es un pecado más grave ante Allah. Y crear fitna es más grave que matar. (Sura al Baqarah: 217)।
Allah, el Todopoderoso, nos dice que combatir en el mes sagrado es un grave pecado, pero que puede combatirse para impedir un crimen aún más grave.
Con el fin de comparar los intereses materiales y abstractos, leamos el versículo en el que Allah Todopoderoso reprendió a los musulmanes después de la batalla de Badr: «No es propio de un Profeta tener prisioneros de guerra y liberarlos a cambio de un rescate sin haber derramado abundante sangre de los incrédulos en la tierra. Vosotros queréis los bienes de este mundo, pero Allah quiere la Otra Vida; y Allah es Poderoso, Sabio.(Sura Al Anfal: 67)।
En cuanto a la cuestión de mantener el equilibrio entre el bien y el mal, veamos qué dice Allah, el Altísimo: «Te preguntan acerca del vino y del juego de azar. Di: En ambos hay un grave pecado y algunos beneficios para la gente, pero el pecado de ambos es mayor que su beneficio.»(Sura Al Baqarah: 219)।
Al comparar entre sí diversos grupos y círculos no musulmanes, Allah Todopoderoso predijo en los primeros versículos de la sura Ar-Rum la victoria de los romanos sobre los persas. En esta sura se menciona que los creyentes se alegrarán ese día, aunque ambos bandos sean no musulmanes. Sin embargo, en comparación con los persas adoradores del fuego, los romanos están más cerca de los musulmanes. Al ser gente del Libro, están más próximos a los musulmanes.
Ibn Taymiyya opina
El jeque del islam Ibn Taymiyya ha sostenido firmemente que es permisible que un musulmán acepte un cargo oficial en un Estado no islámico, si la persona que ocupa dicho cargo está dispuesta a remediar ciertas injusticias o a combatir las malas acciones y la corrupción (Apéndice–1)।
También escribió un párrafo detallado sobre la aceptación o el rechazo temporal del bien y del mal cuando surge un conflicto entre ambos, o cuando ambos se presentan simultáneamente y no es posible conciliarlos ni separarlos (Apéndice–2)।
En un simposio sobre economía islámica [en Argelia 1990 del año 2–5 de marzo sexta Barakat conferencia se celebró .। En ella también varios faqihs junto con la oportunidad de participar tuve .। Ellos son, el jeque Abdul Hamid al Sayeh, el jeque Mukhtar al Salami, Dr.. Abdus Sattar Abu Guddah, Dr.. Sayyed Darsh y Dr.. Talal Bafaqih।] Varios juristas islámicos y economistas participantes expresaron la opinión de que, desde el punto de vista de la sharía, es lícito comprar y vender acciones de compañías e instituciones establecidas en sectores permitidos en los países musulmanes. Aunque en tales transacciones existe una leve sospecha de relación con el interés. Tras examinar esta cuestión a la luz del fiqh del equilibrio, se expresó en el simposio la opinión de que no se debe dejar en manos de no musulmanes o de musulmanes irreligiosos este tipo de sectores importantes y productivos. Esto se debe a que tal medida provocaría graves peligros, especialmente en algunos países. Más bien, los accionistas pueden donar, como sadaqa o para obras de beneficencia pública, la parte proporcional que consideren equivalente a los dividendos que reciben de las transacciones relacionadas con el interés.
Según esta jurisprudencia, se ha aconsejado a los jóvenes musulmanes conscientes que no abandonen sus empleos en compañías como bancos y aseguradoras. Aunque ciertamente exista el riesgo de incurrir en algún pecado, pueden aprovechar la experiencia que adquieran allí para desarrollar la economía islámica. De este modo, además de rechazar interiormente el aspecto perjudicial, participan también con quienes se dedican a intentar islamizar todo el sistema.
Ausencia de la jurisprudencia del equilibrio
Si no aplicamos la jurisprudencia del equilibrio, nosotros mismos cerraremos las puertas a muchos beneficios y provechos. Como consecuencia, la filosofía del rechazo en todos los asuntos se convertirá en un instrumento; con el pretexto de evitar problemas, nos aislaremos y elegiremos no entrar en confrontación con el adversario conforme a su propia lógica. Entonces nos resultará fácil decir «no» o afirmar «esto es haram» en cada asunto sujeto al iŷtihad.
Pero si aplicamos la jurisprudencia del equilibrio, encontraremos la manera de comparar una situación con otra y de medir los beneficios en lugar de los perjuicios, tanto a corto como a largo plazo y tanto en el plano individual como en el colectivo. Así podremos elegir el camino para obtener el bien y evitar el mal de la mejor manera posible.
En 1980 recibí una invitación para escribir en la revista «Doha», publicada en Qatar. Es una publicación literaria y cultural, y la mayoría de sus colaboradores editoriales son de tendencia secular. Aunque sus principios no son contrarios al islam, tampoco son islamistas ni favorables al islam. Después de muchas dudas, consideré la propuesta conforme al principio del equilibrio y decidí que sería mejor escribir en la revista en lugar de boicotearla. Esto se debe a que sus lectores representan a un amplio sector cultural que normalmente no lee revistas islámicas. Puesto que los lectores de esta revista no pertenecen a la misma categoría que los lectores de publicaciones como «Al-Ummah», debemos aprovechar la oportunidad para hacerles llegar nuestro mensaje. Y esta es una responsabilidad que Allah nos ha encomendado.
Por esta razón, aunque la línea editorial de estas publicaciones no sea favorable a nuestras opiniones, debemos aceptar concederles entrevistas o escribir para ellas. Todavía hay quienes reprochan a quienes escriben en diarios que no siguen claramente una línea islámica. Algunos incluso me reprocharon la publicación por entregas de mi libro «Islamic Awakening Between Permitted Differences and Blameworthy Disunity» en el diario saudí «Sharq al-Awsat», porque no apoyan algunos de los puntos de vista de ese periódico. Pero yo tuve muy en cuenta los beneficios de publicar el libro en este periódico, que cuenta con una amplia difusión.
Hay muchas personas que creen que, debido a las ideas desviadas que difunden, deberían boicotearse todos los medios de comunicación, incluidos los audiovisuales. Olvidan que boicotear los medios de comunicación significa permitir que adopten formas aún más infames y que personas seculares y de mentalidad ruin tengan la oportunidad de infiltrarse ampliamente y llevar a cabo actividades destructivas. Y nosotros quedaríamos privados de una oportunidad que no tiene alternativa.
Si examinamos este asunto a la luz de la jurisprudencia del equilibrio, veremos que trabajar en este campo sumamente importante no solo es permisible y recomendable, sino también indispensable. Esto se debe a que puede ser un instrumento legítimo para continuar nuestra labor de da‘wa y hacer frente, en la medida de nuestras posibilidades, a las actividades perversas.
de las prioridades jurisprudencia
Por jurisprudencia de las prioridades entendemos considerar cada asunto en su contexto real. No se debe posponer ningún asunto importante, ni considerar grande ningún asunto menor, ni restar importancia a ningún asunto importante. Asimismo, no es correcto conceder una importancia excesiva a un asunto pequeño. Tanto las leyes naturales como las disposiciones de la sharía ofrecen esta orientación. Creo que Allah ha hecho que Su creación y Sus disposiciones exijan seguir este contexto real. la sura Al A’raf 54 señala en el versículo lo siguiente: «Ciertamente, a Él corresponde la creación y la orden».
del Profeta en la vida la jurisprudencia de las prioridades
Durante el período de La Meca, la misión del Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) estaba limitada a un solo ámbito. El programa de esta misión consistía únicamente en invitar a la gente al camino de Allah y formar un grupo de creyentes que posteriormente difundiera esa invitación entre los árabes y, después, por todo el mundo. En esta etapa, el trabajo del Mensajero (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) se centró en establecer la creencia religiosa, practicar el tawhid, eliminar el politeísmo y la idolatría, y cultivar las buenas y rectas acciones.
El respaldo del Corán a la línea de acción de esta etapa se manifestó en la disposición de que el Corán no pidió a los musulmanes que prestaran atención a ninguna normativa secundaria específica, sino que los instó a concentrar todos sus esfuerzos en formar la concepción islámica expuesta en la sura Al-Asr. En la sura 3 ª aleya se afirma: «Pero quienes creen, hacen buenas obras y se exhortan mutuamente a la verdad y a la paciencia».
Durante la etapa mequí de la labor de la da‘wa, el Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) no permitió a los musulmanes tomar hachas para destruir los ídolos que veían diariamente en la Kaaba, ni levantar espadas para luchar contra ellos y contra los enemigos de Allah, aunque los incrédulos estaban persiguiendo a aquellos musulmanes. En aquel tiempo, cuando acudían ante el Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) después de haber sido golpeados y heridos, él les decía, en palabras del Corán: «Contened vuestras manos y estableced la oración» ((sura An -Nisā’: 77)।
Todo tiene un momento apropiado. Si se espera obtener algo antes de que llegue ese momento determinado, puede existir el riesgo de que, en lugar de beneficio, se produzca perjuicio.
Relación mutua entre el fiqh de las prioridades y el fiqh del equilibrio
El fiqh de las prioridades está estrechamente relacionado con el fiqh del equilibrio. En algunos casos, ambos se entrelazan o llegan a ser paralelos entre sí; y, en otras ocasiones, el proceso de equilibrio se inclina hacia las prioridades. De este modo, pasa a formar parte del ámbito del fiqh de las prioridades.
Necesidad de mantener la proporción
Según el fiqh de las prioridades, es obligatorio mantener la proporción en las disposiciones y obligaciones (taklif) de la sharía y en las obras. Si se transgrede la proporción establecida por la sharía del islam, habrá un daño enorme tanto en la vida religiosa como en la mundana.
En el islam, la fe precede a las obras, pues la fe es el fundamento y las obras son el edificio. No hay edificio sin fundamento. La fe precede a las obras. Las obras tienen múltiples facetas. El Mensajero de Allah (s. a. s.) dijo en un hadiz auténtico: «La fe tiene 77 ramas; la más elevada es que no hay más dios que Allah, y el nivel más bajo consiste en retirar del camino aquello que causa daño.»
En el Corán se ha expuesto que las obras ante Allah no se encuentran en un solo nivel, sino que están divididas en niveles superiores e inferiores. Allah, el Todopoderoso, dice: «¿Acaso habéis considerado que dar de beber a los peregrinos y mantener la Mezquita Sagrada equivale a la obra de quien cree en Allah y en el Día de la Resurrección y combate por la causa de Allah? No son iguales ante Allah. Y Allah no guía a los injustos. Quienes creen, emigran y combaten por la causa de Allah con sus bienes y sus vidas tienen un rango mucho mayor ante Allah. Ellos son los triunfadores»(Sura At-Tawba: 19–-20)।
Por esta razón, el jeque del islam Ibn Taymiyya dijo que participar en la yihad es mejor que realizar el peregrinaje. Los juristas hanbalíes y otros juristas han denominado espontáneamente la yihad como la mejor obra física que debe realizarse. Muchos hadices han elogiado la yihad. Entre ellos se encuentra el hadiz narrado por Abu Huraira, que Allah esté complacido con él. Él dijo: Un compañero del Mensajero de Allah, que la paz y las bendiciones de Allah sean con él, atravesaba un estrecho valle donde había un manantial de agua dulce. El valle le agradó y dijo: «¿Cómo podría apartarme de la gente para dedicarme al culto de Allah? No haré esto sin pedir permiso al Mensajero de Allah, que la paz y las bendiciones de Allah sean con él». Aquel hombre expresó su deseo al Mensajero de Allah, que la paz y las bendiciones de Allah sean con él, y este le dijo: «No lo hagas así. Combatir por la causa de Allah es mucho mejor que adorar durante setenta años en tu casa»(Tirmidhi y Al- Hakim)।
En un hadiz narrado por Salman, que Allah esté complacido con él, se ha explicado la importancia de vigilar a los musulmanes frente a los infieles (ribاط): un día y una noche de ribاط son mejores que un mes de ayuno y de adoración nocturna. Si alguien muere mientras se encuentra en ribاط, el registro de sus buenas obras continuará a su favor como si estuviera vivo; y si permanece vivo, estará a salvo de las tentaciones de Satanás(Muslim)।
Un imán como Abdullah ibn al-Mubarak escribió, desde un campamento militar durante la yihad, un poema a su amigo llamado al-Fudayl ibn Iyad, quien viajaba constantemente entre los dos lugares sagrados, La Meca y Medina. Los versos dicen:
Oh, adorador en los dos lugares sagrados,
Si nos vieras,
entonces sabrías que tu adoración no es más que un juego.
Algunos mojan sus mejillas con sus lágrimas;
y nosotros empapamos el pecho con nuestra propia sangre…..
[En el tafsir de la sura Al Imran sobre el último versículo, Ibn Kathir ha relatado esta historia.। Otros historiadores también han relatado la misma historia.।]
Según el fiqh establecido, no se debe dar prioridad a los actos de adoración nafl (actos voluntarios que no son obligatorios como los actos de adoración fard) sobre los fard; la obligación colectiva (fard kifaya) es más importante que la obligación individual (fard ayn); una obligación colectiva que nadie cumple en absoluto tendrá prioridad sobre aquella responsabilidad para cuyo cumplimiento hay personas suficientes. Asimismo, la responsabilidad relacionada con un grupo o una nación tendrá prioridad sobre los derechos del individuo, y la tarea cuyo plazo de cumplimiento es limitado deberá realizarse antes que aquella para la cual hay tiempo suficiente.
En el fiqh se ha establecido, en cuanto a la importancia de los intereses reconocidos por la sharía, cuál asunto debe recibir mayor prioridad. Esto se debe a que los intereses indispensables (al-masalih al-daruriyyah) tienen precedencia sobre los intereses necesarios (al-masalih al-hajiyyah) y los intereses de perfeccionamiento (al-masalih al-tahsiniyyah). Asimismo, los intereses necesarios reciben mayor prioridad que los tahsiniyyah. Sin embargo, cuando surge un conflicto entre los intereses de la nación y los del individuo, se dará prioridad a los intereses nacionales. Aquí, el fiqh del equilibrio y el fiqh de las prioridades convergen en un mismo punto.
de las prioridades fiqh hacia la negligencia
El problema de muchos grupos relacionados con el renacimiento islámico es que para ellos no existe el fiqh de las prioridades, ya que a menudo dan importancia a los asuntos secundarios antes que a los principales. En lugar de comprender los intereses generales, se dedican a investigar un aspecto particular. Y, en vez de vincularse con los asuntos establecidos, se aferran a cuestiones controvertidas. Por desgracia, hablamos del derramamiento de sangre de las hormigas, pero no nos preocupamos por el derramamiento de sangre del imán Husein (r. a.). O nos volvemos agresivos para proteger lo nafl mientras la gente descuida lo fard. Discutimos sobre la cáscara sin preocuparnos por la sustancia.
En términos generales, esta es la situación de los musulmanes de hoy. Veo que cada año, durante Ramadán o en otros meses, millones de personas realizan la umra, y algunas realizan el hach diez, e incluso veinte veces. Si ahorraran el dinero que emplean en estos actos voluntarios, podrían reunir decenas de millones. Nos afanamos durante años para recaudar un fondo de mil millones de dólares para las instituciones de servicio islámico. Pero no logramos recaudar ni siquiera una décima parte de esa suma, mucho menos una vigésima o una trigésima parte. Si se pidiera a quienes realizan estas peregrinaciones adicionales del hach y la umra que destinaran el dinero de sus viajes voluntarios a impedir la conversión al cristianismo en Asia y África o a ayudar a quienes sufren hambruna, no darían nada. Es una enfermedad tan antigua que ningún cardiólogo podría jamás curarla. [Bashar al -Hafi’: un episodio relacionado con él ‘ se describe en el libro’ Al-Ihya, en el tercer tomo, en la página 409, se ha descrito.।]
Al aplicar el fiqh de las prioridades, podemos saber a qué cuestión debemos prestar más atención que a las demás, para dedicarle más esfuerzo y tiempo. El fiqh de las prioridades también nos permite saber contra qué enemigo debemos emplear más fuerzas y concentrar nuestro ataque, y qué lucha merece ser librada comparativamente. Pues, desde la perspectiva del islam, existen varias categorías de personas: musulmanes, infieles e hipócritas.
Entre los infieles hay quienes son partidarios de la paz y quienes tienen una actitud militante. Entre ellos no solo hay infieles, sino también infieles que obstaculizan el camino de Allah. Entre los hipócritas hay quienes incurren menos en la hipocresía y también quienes se entregan a ella en mayor grado. Entonces, ¿por dónde comenzaremos? ¿Qué ámbito es más apropiado para trabajar? ¿A qué cuestión debemos prestar más atención?
El fiqh de las prioridades nos hace conscientes de la necesidad de actuar conforme a las exigencias del momento, para que la tarea específica se complete debidamente sin demora. Pues, una vez que se pierde una oportunidad, puede que vuelva a presentarse o puede que no. Y aunque vuelva, quizá tarde mucho tiempo. Un poeta dijo sobre el valor del tiempo:
Aprovecha una oportunidad,
pues, si la dejas escapar, vendrá convertida en pesar.
Un proverbio árabe dice: No dejes para mañana el trabajo de hoy.
Cuando aconsejaron a Umar ibn Abd al-Aziz —que Allah esté complacido con él— dejar algunas tareas para el día siguiente, respondió: Ya estoy cansado de hacer el trabajo de un solo día; entonces, ¿en qué estado me encontraré mañana si tengo que hacer el trabajo de dos días?
Una de las palabras llenas de sabiduría de Ibn Ata —que Allah esté complacido con él— es: Hay muchas tareas para las que se dispone de mucho tiempo y que pueden realizarse dentro de ese plazo. Pero también hay tareas que, si no se realizan dentro del tiempo establecido, ya no llegan a hacerse. Pues cada nuevo período trae nuevas responsabilidades y nuevas tareas determinadas por Allah.
Al-Ghazali y de las prioridades jurisprudencia
El imán Al-Ghazali, que Dios tenga misericordia de él, criticó en la obra «Al-Ihya» a quienes, sin prestar atención a las buenas obras, se contentan únicamente con los actos de adoración. Dice: «Hay otro grupo que no muestra tanto interés por los actos voluntarios como por los obligatorios. Vemos que se sienten muy felices al realizar las oraciones voluntarias de la mañana, el taháyyud nocturno y otras oraciones, pero no disfrutan de cumplir los actos obligatorios. O bien no se apresuran a realizar las oraciones obligatorias a su debido tiempo. Olvidan el hadiz transmitido por el Mensajero de Dios, que la paz y las bendiciones de Dios sean con él: “Ninguna obra de mi siervo puede acercarlo más a Mí que aquellas obras que le he ordenado cumplir como obligatorias»(Bujari). Descuidar el orden de las obras buenas según su grado de importancia se considera una conducta indebida. Si una persona se encuentra en una situación en la que solo puede realizar una de dos obligaciones, o si una de ellas debe cumplirse en poco tiempo mientras que dispone de mucho tiempo para la otra, entonces, si no respeta el orden de prioridad, está extraviada.
Hay muchos ejemplos de este tipo en los que se hacen evidentes tanto la obediencia a los mandatos de Dios como su desobediencia. Lo que realmente puede resultar ambiguo es dar prioridad a ciertas obligaciones sobre otras. Por ejemplo, dar prioridad a las obras obligatorias sobre las voluntarias, prestar mayor atención a la obligación individual que a la obligación colectiva, dar prioridad a las tareas que no pueden aplazarse sobre aquellas menos necesarias que sí pueden aplazarse, y priorizar satisfacer las necesidades de la madre sobre las del padre.
Le preguntaron al Mensajero de Alá (s. a. s.): «¿Quién tiene más derecho a recibir mi cuidado y atención?». Él respondió: «Tu madre». El hombre preguntó: «¿Y después quién?». El Mensajero de Alá (s. a. s.) dijo: «Tu madre». El hombre volvió a preguntar: «¿Y después quién?», y el Mensajero de Alá (s. a. s.) respondió: «Tu madre». El hombre preguntó por cuarta vez: «¿Y después quién?». El Mensajero de Alá (s. a. s.) dijo: «Tu padre». El hombre preguntó nuevamente: «¿Y después quién?», y el Mensajero (s. a. s.) respondió: «El más cercano de tus parientes, y después el que le siga en cercanía». Cada persona debe cumplir los derechos de sus parientes según el grado de parentesco. Si dos de sus parientes tienen el mismo grado, debe ayudar al que más necesite ayuda. Y si las necesidades de ambos son iguales, debe ayudar al que sea más devoto.
Del mismo modo, si alguien desea realizar el hach sin poder cubrir los gastos de su padre, no debería emprender el viaje para realizarlo. Si lo hace, actuará como un necio, pues debería dar prioridad a proteger los intereses de su padre. Así, dará prioridad a una obligación religiosa sobre otra obligación religiosa de rango inferior.
Además, si llega la hora de la oración del viernes durante el horario de un trabajo previamente acordado, debe incorporarse a la congregación. Si acude al trabajo previamente acordado, desobedecerá a Alá, aunque completar el trabajo prometido también sea una obligación. Si alguien ve alguna impureza en su ropa y trata mal a sus padres, la impureza ciertamente es inaceptable, pero tampoco es aceptable herir a los padres. Es más importante cuidarse de abstenerse de herir a los padres que ser cuidadoso para evitar la impureza.
Existen innumerables ejemplos de la relación recíproca entre los actos prohibidos y las obligaciones exigibles. Quien ignora el orden de prioridades en cualquiera de estos asuntos está ciertamente extraviado. [Véase ‘Al Ihyá’, tercer tomo, páginas 400–404, mi libro véase: ‘Imam Al Ghazali: Entre sus panegiristas y sus críticos’, páginas 87–93]
La opinión de Ibn Qayyim
¿Qué acto de adoración es mejor: los actos de devoción que son muy difíciles de realizar o los que son muy beneficiosos? Sobre estas cuestiones, el imán Ibn Qayyim expresó diversas opiniones.
Él opinó que no existe una única forma de culto preferible. Sin embargo, en determinados momentos, algunos actos de culto pueden ser preferibles. [Madārij al Sālikīn, primer tomo, página 85–90, mi libro ‘Ibadah en Islam’।] Durante una hambruna, proporcionar alimentos es la mejor obra, y mediante ella un musulmán obtiene una mayor cercanía a Alá. Cuando las fuerzas kufr atacan un país musulmán, la yihad es la mejor obra. El siguiente lugar corresponde al suministro de armas y dinero a los muyahidines. Cuando muere un erudito sin dejar herederos, adquirir conocimiento religioso es la mejor obra. Por ello, un musulmán puede esperar una recompensa de Alá y también obtener la alabanza de Alá y de los creyentes. Así se puede mantener el equilibrio entre las buenas obras según las características de cada una.
Tercercapítulo
Islámico movimiento: campaña de divulgación y del conocimiento en el ámbito
Campaña de divulgación
El movimiento islámico debería realizar un esfuerzo intenso para llevar a cabo actividades de da‘wa entre todos los grupos y clases de la sociedad, y para suscitar en el pueblo, en todos los rincones, la conciencia del renacimiento islámico. Si se trabaja de este modo, ningún estrato de la sociedad quedará sin la presencia y la actividad del movimiento islámico. El llamamiento del movimiento llegará a todas partes. Su dedicado cuerpo de activistas también participará en este esfuerzo. De este modo, el número de seguidores, simpatizantes y defensores del movimiento aumentará muchas veces.
Es posible llegar a esta etapa trabajando en el ámbito de la información y los medios de comunicación. Para ello, deben utilizarse de manera organizada y bien planificada los últimos avances de la ciencia, así como las tecnologías de la información y de la comunicación. Para un trabajo de esta naturaleza, deben aprovecharse, tanto como sea posible y allí donde se encuentren, todas las técnicas y capacidades de Oriente y Occidente. Este método debe seguir utilizándose mientras contribuya a alcanzar el objetivo que nos proponemos. Un creyente sincero debe buscar siempre palabras llenas de conocimiento. Cuando las encuentra, le corresponden por derecho.
El movimiento debería recurrir a la ayuda de expertos con experiencia en la manera de dirigirse a las asambleas generales y a cada grupo por separado. Estos expertos son eruditos en psicología, sociología, política y ciencias de la comunicación, y saben cómo emplear estos conocimientos y experiencias en beneficio del movimiento y del islam.
El movimiento debe comenzar hoy mismo a planificar la creación de un grupo de predicación islámica capaz de hablar en el lenguaje de esta época y de afrontar con igual competencia las circunstancias contemporáneas. Sus integrantes deben conocer la grandeza, amplitud, universalidad y equilibrio de la predicación islámica. Es necesario formar mediante una capacitación de alto nivel a un grupo de profesionales de los medios de comunicación capaces de llevar la predicación a la gente empleando argumentos en el lenguaje actual.
Ahora analizaremos cómo puede extenderse la labor del despertar y del movimiento entre los sectores más importantes de la sociedad: los intelectuales, los trabajadores, los comerciantes y otras clases.
Cultural grupo
Primero hay que extender el movimiento islámico entre los grupos culturales, para encauzar correctamente sus ideas acerca del islam y de su mensaje esencial, su ley, su cultura y su historia, e informarles sobre el movimiento islámico, sus metas, objetivos y resultados.
Ideas erróneas
Aunque el despertar islámico se ha extendido entre muchos jóvenes cultos, algunos todavía ignoran el islam, o bien su conocimiento del islam es incompleto, deformado o confuso. Esto se debe a siglos de atraso o a las nuevas y distorsionadoras consecuencias de la influencia de la agresión ideológica extranjera.
Aunque muchos de ellos han recibido educación universitaria, todavía creen en supersticiones y leyendas. En sus creencias dan cabida al politeísmo, mezclan costumbres y tradiciones con los actos de culto, y en su conducta reina el desorden. Sin embargo, ellos mismos se consideran verdaderos musulmanes devotos. Muchos intelectuales todavía frecuentan los mausoleos de santos y derviches, como si esos mausoleos y santuarios fueran semejantes a la Kaaba. Piden ayuda a los muertos, llevan talismanes, creen que se puede invocar a los espíritus, juran por otros que no son Allah y sacrifican animales en honor de los muertos.
Aunque el número de estas personas es relativamente reducido debido a la marea materialista de largo alcance y a la agresión ideológica de Occidente, su existencia persiste bajo la influencia de un sufismo desviado. En muchos países musulmanes todavía hacen alarde de su poder, y las autoridades gubernamentales los apoyan pública y secretamente. Una persona inteligente no tiene razón alguna para no comprender el significado de esto. Estas personas cultas deberían comprender los fundamentos de la verdadera fe y la ‘aqida, y adquirir conocimiento sobre las formas de adoración aprobadas por Allah. Muchos intelectuales aún ignoran diversos aspectos de la naturaleza eterna, la fuerza y la grandeza del islam. Apenas saben nada de los principios y características del islam. Obtienen su conocimiento del islam de los orientalistas, los misioneros y la situación actual de los musulmanes. Creen que, dado el estado de los musulmanes que los rodean, el islam debe ser así. Por tanto, consideran que el islam es responsable del atraso, la corrupción y la ignorancia de los musulmanes. Sin embargo, nada de esto tiene relación alguna con el islam.
Las personas cultas deberían saber dónde adquirir conocimiento sobre el islam y qué fuentes pueden enseñarles sus verdaderas enseñanzas. Deberían saber que no se debe juzgar al islam observando a los musulmanes, sino juzgar a los musulmanes según el islam. Los musulmanes confundidos no son el criterio del islam; los musulmanes verdaderos son el criterio del islam.
Algunas personas cultas todavía creen que pueden ser musulmanes verdaderamente piadosos. Sin embargo, aceptan el gobierno de leyes distintas de la sharía islámica y viven en países cuyas leyes y cuyo gobierno en el poder no son islámicos.
Deberían comprender que el islam es un sistema de vida y una legislación, y que Allah no reveló el Corán para que se recitara por los muertos, sino para guiar a los vivos. El Todopoderoso Allah ha dicho: «Ciertamente, te hemos revelado este Libro verdadero, el Corán, para que juzgues entre la gente conforme a lo que Allah te ha revelado (sura An- Nisā’: 105)». También deberían comprender que quienes no juzgan conforme a lo que Allah ha revelado, según la descripción del Libro, incurren en incredulidad, injusticia o perversidad, o cargan con todas esas faltas a la vez.
Algunas personas cultas todavía creen que el islam es una forma de cristianismo y que el cristianismo acepta las divisiones de clase entre las personas y la separación de la vida entre Dios y César. Mateo 22:21—se dice allí—: «Dad, pues, a César lo que es de César y a Dios lo que es de Dios». De este modo, limitan el islam a la relación entre el ser humano y Allah. Y el único lugar de esta relación es la conciencia humana. Si esta relación sale del ámbito de la conciencia, su único lugar será la mezquita, y ningún otro. ¿Qué papel tiene el islam en la vida y su sistema, la cultura y su desarrollo, la educación y sus planes de estudio, la economía y su aplicación, la ley y el código penal?
Aún más lamentable es que algunos de ellos no solo se proclaman musulmanes, sino que también se sienten orgullosos de serlo. Rezan y realizan la ‘umra o el hach. Al mismo tiempo, alaban el secularismo, prefieren los vínculos nacionalistas en lugar del islam y adoptan por completo el pensamiento occidental, sin discernir ni examinar aquello que persiguen.
Aceptan la teoría de la evolución de Darwin, la teoría del psicoanálisis de Freud, la interpretación materialista de la historia de Marx y la teoría de Durkheim sobre el origen de la religión. Sin embargo, no se preguntan qué lugar ocupa el islam entre todas estas teorías. Uno de ellos llegó a decir una vez: «Soy un marxista musulmán». No se comprende cómo pueden coexistir estas dos cosas en una sola persona. ¿De dónde obtuvo esta inspiración: del Corán, de El capital o del Manifiesto comunista? Si surgiera un conflicto, ¿quién sería su ejemplo y árbitro: Muhammad (s. a. s.) o Marx?
Si alguien dijera: «Soy un budista musulmán» o «soy un cristiano musulmán», ¿podría aceptarse? Si la respuesta es «no», ¿cómo puede decir: «Soy un marxista musulmán»? ¿Es acaso porque el marxismo no es una religión, sino que lucha contra todas las religiones y considera la religión «el opio del pueblo»? Si es así, resulta más conveniente rechazar el marxismo. Pues el islam no puede fusionarse con otra religión, aunque esta sea una religión de la Gente del Libro. Entonces, ¿cómo puede el islam vincularse con una doctrina que se opone a todas las religiones?
En realidad, aunque el marxismo niega todas las religiones, tiene un carácter religioso. Esto se debe a que el marxismo exige una obediencia absoluta de sus seguidores; por ello, no ha sido posible que se mezcle con ninguna otra religión o doctrina.
El marxismo es una filosofía totalitaria absoluta. No deja lugar al islam ni a ninguna otra religión. Incluso, salvo cuando sea necesario, no reconoce ningún papel para la religión, y en la sociedad marxista la religión se considera secundaria, no fundamental.
Algunas personas cultas creen que la causa de la debilidad política, la derrota militar, el atraso cultural y la insuficiencia en los campos de la ciencia y la tecnología de los musulmanes es el islam. Y que la victoria y el progreso de Occidente fueron posibles gracias a liberarse del control de la religión y adoptar el ideal secular que separa la religión del Estado.
A este grupo cultural hay que enseñarle la verdadera naturaleza de la religión a la luz de las dos fuentes fundamentales: el Sagrado Corán y la Sunna del Mensajero (s. a. s.), tal como adquirieron conocimiento las mejores generaciones de la umma: los compañeros y sus seguidores. Entonces verán que, cuando se conoce correctamente la verdadera doctrina del islam y se la sigue con todo el corazón, se obtienen los mejores resultados.
La verdadera enseñanza del islam no es otra cosa. Esta enseñanza libera la mente, purifica el nafs, fortalece la voluntad y construye el cuerpo sobre una base sólida y firme. Mediante la ciencia, la fe, la interdependencia y la moralidad, conduce a la sociedad hacia el progreso. Establece un gobierno basado en la justicia y la consulta, gobierna conforme a la ley de Alá y guía a toda la humanidad por el mejor camino.
Al estudiar la historia del islam, también deben conocer las causas del auge y la decadencia, las victorias y las derrotas, el desarrollo y las catástrofes, la fuerza y la debilidad del islam. Al examinar la historia, se verá sin duda que los musulmanes alcanzaron la victoria, el progreso y la fuerza únicamente cuando se aferraron al islam, a sus valores y enseñanzas, dentro de un movimiento dirigido por un califa, un comandante militar o un gran pensador. Así ocurrió durante los tiempos de los Califas Rectamente Guiados, Umar ibn Abd al-Aziz, Abu Ya‘far al-Mansur, Harún al-Rashid, Nur al-Din Mahmud al-Shahid, Saladino al-Ayubi y otros.
Por otra parte, la época de la derrota, la calamidad, la debilidad y la decadencia llegó cuando los musulmanes se apartaron de la verdad del islam. Cuanto más se alejaron, más los abrumaron las desgracias.
Algunas personas cultas todavía ignoran muchas cuestiones difundidas en nombre del islam. Por ejemplo, hemos visto que cierto autor escogió como tema, considerándolo verdadero, el acontecimiento de la crucifixión. Sin embargo, el islam ha rechazado inequívocamente la supuesta crucifixión de Jesús (la paz sea con él). Algunos también narran la historia de cómo Eva (la paz sea con ella) tentó a Adán (la paz sea con él) para que comiera del fruto del árbol prohibido y de cómo, como consecuencia, ambos fueron expulsados del Paraíso, trayendo sufrimiento y desgracia a la humanidad en la Tierra.
Esta doctrina fue tomada de la Torá y del Antiguo Testamento, y no tiene fundamento alguno en el islam. Porque fue Adán quien comió del fruto del árbol prohibido y fue Adán quien desobedeció la orden de Allah. Sura Ta-Ha’ de 115 .º aleya: Allah Todopoderoso dice: «Anteriormente habíamos impuesto un compromiso a Adán, pero él lo olvidó y no encontramos en él firmeza.» En los versículos 121– y 122 de la misma sura: Allah dice: «Adán desobedeció a su Señor y se extravió. Pero su Señor lo escogió para concederle Su misericordia, se volvió hacia él y lo guio por el camino recto.»
Se ve que la responsabilidad principal recayó en Adán, y que su esposa simplemente lo siguió al comer del fruto prohibido.
Muchas personas cultas todavía juzgan la cultura desde una perspectiva occidental. Para ellas, uno de los elementos principales de la cultura es la danza. Por eso, quien no baila no es una persona culta. Nuestra danza se realiza con espadas. Dígales también que tenemos la danza folclórica libanesa darka, así como muchas otras danzas folclóricas, como en cualquier país, que se organizan en bodas y otras celebraciones. Si les dice esto, se convertirá en objeto de sus burlas. Porque usted no ha entendido el único significado que ellos atribuyen al baile. Y este es que bailar significa que una mujer baile con un hombre que no es su esposo, y un hombre con una mujer que no es su esposa. Al bailar, sienten el contacto de sus cuerpos y se mueven al ritmo de la música. Pero, ¡cuidado!, no tenga una mala opinión de ellos, porque no son personas comunes como usted y yo, que tienen instintos y deseos. Están por encima de las sospechas y de los impulsos bestiales; es como si fueran ángeles que caminan por la tierra.
Además, lo lícito y lo ilícito establecen para el musulmán que no puede hacer cualquier cosa según su voluntad. Más bien, debe actuar dentro de los límites inviolables establecidos por Alá. Alá, el Altísimo, dice en lasura At-Talaq’, en su primera aleya: «Y quien transgreda los límites establecidos por Alá, se habrá perjudicado a sí mismo». Para las personas cultas, esta es una teoría extraña que no están dispuestas a aceptar.
Trato hacia las personas cultas
Para atraer al grupo cultural hacia el renacimiento islámico, deben adoptarse dos métodos: el correctivo y el preventivo.
El método correctivo consiste en tomar medidas para eliminar las ideas erróneas arraigadas entre las personas cultas. La exposición debe hacerse mediante un diálogo sereno, objetivo y teórico; no insultándolas, hablando de manera desordenada ni atacándolas con una avalancha de palabras acaloradas. Más bien, hay que indicarles fuentes autorizadas de las que puedan obtener un conocimiento correcto sobre el islam, el Libro, el Mensajero, la teología, la sharía, la historia y la cultura.
Este método es especialmente adecuado para los jóvenes que no han caído en las garras del extremismo ni intentan adoptarlo como principio o construir su vida a la luz de él. También puede resultar eficaz para los jóvenes que buscan la verdad por amor a la verdad. Es inútil discutir con quienes se aferran al extremismo, al progresismo, al liberalismo, a la derecha, a la izquierda y a otras corrientes semejantes. Sin embargo, quizá pueda ser útil para explicar o refutar algún tema específico.
El segundo método es el preventivo. El objetivo de este esfuerzo será presentar la imagen de una cultura islámica pura y auténtica, con una doctrina precisa y una expresión clara: orientar para comprender el islam, eliminar las diversas ideas erróneas surgidas entre las personas cultas y, al mismo tiempo, hacer frente a los pensamientos y creencias falsos e imaginarios.
Uno de los objetivos principales del método preventivo es proteger a los jóvenes de la venenosa mordedura de las ideologías agresivas. Como resultado de trabajar mediante este método, el conocimiento que adquieran los jóvenes servirá de vacuna para prevenir la epidemia ideológica que se propaga, abierta o clandestinamente, por nuestro territorio.
Hay que mantener a los predicadores o propagadores religiosos comunes alejados de los grupos culturales. Estos predicadores y wa’ices no pueden hablar en el lenguaje de la época ni presentar sus argumentos mediante razones comprensibles y aceptables para las personas cultas. Estos propagadores religiosos solo pueden suscitar entusiasmo entre los fieles mediante su elocuencia emotiva, pero no pueden conmover el corazón de las personas de mentalidad liberal. Estos liberales rara vez dicen «sí»; más bien, siempre preguntan: «¿Por qué? ¿Cómo?»
Los predicadores populares son como los escritores populares. Los primeros suscitan entusiasmo mediante sus sermones y exhortaciones de voz melodiosa, mientras que los segundos despiertan emociones y sentimientos mediante una escritura clara y elocuente. Según un antiguo proverbio árabe, la pluma es una de las dos lenguas. La lengua tiene mucha más eficacia para excitar e impresionar al oyente mediante la voz y su sonido. Y si a esto se añade la imaginación, no hay nada más que decir. El papel y la utilidad de estos wa’ices y escritores se limitan al grado de conocimiento que poseen. Sin embargo, el daño que causan entre las personas cultas suele ser mayor que el beneficio que aportan.
El pueblo
Prestar atención a los grupos culturales no significa descuidar a la gente común. La labor en ambos ámbitos no es contradictoria. La principal característica del movimiento islámico es su popularidad. El movimiento es popular en el sentido de que no es un movimiento gubernamental ni elitista. Es un movimiento que surge del corazón del pueblo y expresa sus sentimientos. Mediante la interacción mutua, el movimiento refleja la opinión del pueblo, habla en su nombre y le ayuda a obtener sus derechos y cumplir sus responsabilidades.
Los enemigos extranjeros del movimiento y sus agentes dentro del país intentan separar al movimiento islámico del pueblo. A veces lo hacen mediante la propaganda y la distorsión; otras, mediante la intimidación o la presión. Además, algunos continúan este esfuerzo vano por diversos medios.
Aún más peligroso es que el propio movimiento se separe del pueblo con la arrogancia, las acusaciones, la falta de respeto, la temeridad y la excusa de estar ocupado. El verdadero peligro aparece cuando el movimiento olvida su relación recíproca con el pueblo, desprecia sus problemas, sufrimientos y desgracias, y se mantiene ocupado escuchándose hablar únicamente de sí mismo. Así, el movimiento se separa del pueblo y se refugia en una cámara aislada.
El movimiento islámico solo tendrá éxito cuando sea capaz de avanzar junto con el pueblo. El pueblo se identificará con los intereses del movimiento y considerará sus problemas o crisis como sus propios peligros y dificultades. Las alegrías del movimiento serán motivo de alegría para ellos; elogiarán todas sus funciones, posiciones y esfuerzos, y maldecirán a sus enemigos. El movimiento islámico solo tendrá éxito cuando concentre sus esfuerzos en integrarse con el pueblo como la sangre que circula por las arterias y las venas. La relación del movimiento será como la del alma con el cuerpo y la de la visión con el ojo. Entonces la corriente del pueblo y el movimiento islámico se fundirán, de modo que no puedan separarse uno del otro.
Esto solo será posible cuando el movimiento islámico haga suyos los intereses del pueblo, muestre empatía hacia sus sentimientos y expresiones, comparta sus penas y sufrimientos, permanezca a su lado en la adversidad y se identifique plenamente con él.
Irreal sueño
Debido a nuestra confianza en el pueblo y a nuestra fe en su fuerza, no debemos apartarlo de enfrentarse a la dura realidad ni sumirlo en sueños irreales. Los promotores y teóricos del movimiento islámico deben mostrar ante la nación su verdadera enfermedad. No se debe ocultar la enfermedad, como se hace con un paciente aquejado de una dolencia incurable. Por amarga que sea, hay que decirle a la nación la verdad. No se le deben presentar sueños que no puedan hacerse realidad.
Los sabios sufíes musulmanes han distinguido entre la esperanza y la aspiración, y han dicho que la esperanza va acompañada del esfuerzo y la acción; de lo contrario, no es más que un deseo. La esperanza es la meta de los creyentes, mientras que el deseo es el recurso astuto de quienes no quieren hacer nada. El Corán se dirige a quienes afirman que el Paraíso les pertenece exclusivamente, aunque ni creen ni practican buenas obras. Enla sura Al Baqarah’, 111 º versículo, se dice: «Esos son sus deseos». Di: «Presentad vuestra prueba, si sois veraces».
Alí ibn Abi Tálib —que Dios esté complacido con él— le dijo a su hijo Hasán —que Dios esté complacido con él—: «¡Cuidado! No dependas en absoluto de los deseos. El deseo es el apoyo de los necios». Un poeta árabe dijo: «No seas esclavo del deseo, pues el deseo es el recurso de quienes carecen de recursos».
La esperanza, la aspiración y el anhelo de un futuro hermoso son la fuerza motriz del movimiento que quiere iluminar con una luz resplandeciente la oscuridad de la noche más tenebrosa. La esperanza y la aspiración son diferentes del deseo, porque cuando no se obtiene algo conforme al deseo, este termina en frustración; en cambio, en la esperanza y la aspiración no hay lugar para la desesperanza ni para la falta de esperanza.
Debemos presentar necesariamente al pueblo la dura realidad. Hay que advertirle de los peligros del futuro para que pueda prepararse para afrontar esas calamidades. No debe permanecer bajo la ilusión de que el camino del futuro está cubierto de flores, libre de espinas o que en él es posible obtener frutos sin esfuerzo.
El movimiento islámico debe corregir el error que comete al difundir entre el pueblo musulmán consignas islámicas y afirmaciones que contienen soluciones a los problemas. Cuando las consignas dicen «El islam es la solución», «No hay esperanza fuera del islam» o «El islam es la única solución a nuestros problemas socioeconómicos y políticos», la gente común cree que, con solo llenar el cielo y la tierra con esas consignas, apoyar a sus candidatos en las elecciones y enviarlos al Parlamento con una mayoría de votos, todos sus problemas se resolverán como por arte de magia o de manera milagrosa.
Los activistas del movimiento islámico y sus intelectuales deben explicar al pueblo de manera directa y sencilla que el islam quiere resolver los problemas del pueblo por medio del propio pueblo. Dios no enviará ángeles a la tierra para realizar sus tareas —arar la tierra, criar ganado, impulsar la industrialización, expandir el comercio, construir infraestructuras, movilizar la mano de obra musulmana para llevar a cabo actividades productivas o proteger a la nación de la ociosidad y del despilfarro de sus fuerzas—.
Para llevar una vida hermosa se necesita una sociedad justa. El pueblo mismo debe trabajar para establecer esa sociedad. A unos hombres que permanecían en la mezquita esperando que Allah enviara ayuda, Umar ibn al-Jattab —que Allah esté complacido con él— les dijo: «No debéis permanecer sentados perezosamente ni tratar de obtener de inmediato lo que Allah ha destinado para vosotros». Luego dijo: «¡Oh Allah, envíame todo lo que esté destinado para mí!». Sin embargo, sabía que del cielo no lloverían oro ni plata. Allah dice: «Y cuando termine la oración del viernes, dispersaos por la tierra y buscad, mediante el trabajo, el sustento que Allah os ha concedido» ((Sura al-Yumu’a: 10).) El Corán declara claramente esta norma inviolable de la siguiente manera: «En verdad, Allah no cambia la condición de un pueblo mientras este no cambie lo que hay en sí mismo» ((Sura ar-Ra’d: 11).)।
Este es el punto de partida. Debemos transformar nuestras ideas equivocadas, nuestros malos pensamientos, nuestros rasgos de carácter despreciables y nuestros principios y valores inaceptables en ideas correctas, pensamientos claros y honestos, un carácter encomiable y una moral elevada. Es imprescindible cambiar el modo de vida al que la gente está acostumbrada. Hay que orientar la vida hacia el trabajo y la producción. No se puede ser perezoso ni vagabundo. Debemos considerar la vida un asunto serio, no una diversión. La vida es austeridad, no lujo. Es justicia, no injusticia. La vida es esfuerzo, no ocio.
Corrección de las ideas equivocadas
La responsabilidad del movimiento islámico y de sus promotores consiste en corregir las ideas erróneas sobre el islam que se han difundido entre los musulmanes. Porque el pensamiento y la conciencia islámicos pueden ser un instrumento para la construcción y el progreso de la sociedad.
Muchas personas religiosas albergan ideas erróneas sobre algunos de los principales valores del islam. Entre ellos se encuentran la fe, la taqwa, la honestidad y la franqueza.
En el Sagrado Corán se dice: Y si los habitantes de estas ciudades hubieran creído y hubieran temido a Allah, ciertamente les habríamos abierto las bendiciones del cielo y de la tierra (Sura Al A’’raf: 96). También se dice: Y quien teme a Allah y cumple su deber para con Él, Allah le abrirá una salida de toda dificultad. Y le proveerá desde donde no lo imagina (Sura At-Talaq: 2-–3). También se dice: Y, en verdad, hemos escrito en el Zabur, después de la Tabla Protegida, como exhortación, que Mis siervos justos heredarán la tierra (Sura Al-Anbiya: 105). En otra sura se dice: Y si estos (los no musulmanes) hubieran creído en Allah y seguido el camino recto del Islam, ciertamente los habríamos empapado con abundante lluvia (Sura Al-Yinn: 16)।
Cuando la gente común recita estas aleyas, cree que en ellas se habla de ciertos ritos y del cumplimiento de obligaciones religiosas. Por ejemplo, realizar la oración y el ayuno, recitar el tasbih, el tahlil, el takbir y otras invocaciones, así como mantenerse alejado de todos los actos prohibidos, como el alcohol y el juego. Sin duda, estos son partes inseparables de la religión; no cabe duda de ello. Pero la religión, la fe y la piedad no se limitan únicamente a esto. la sura Adh-Dhariyat’, 56 . En la aleya el Altísimo Allah dijo: «Y no he creado a los genios y a los seres humanos sino para que Me adoren». Cuando Allah creó al ser humano para Su adoración, también quiso decir con ello que el ser humano sería Su representante o califa en la tierra, para cultivarla y construirla mediante el conocimiento y el trabajo. Allah dice: «Ciertamente, estableceré en la tierra un representante ((sura Al- Baqara: 30)». Él os creó de la tierra y os estableció en ella ((sura Hud: 61)». Aquí, la palabra «estableció» significa que Él quiere que la cultivéis y la construyáis. Esta labor de cultivar y construir también se considera un acto de adoración.
La fe, la piedad, la honestidad y la franqueza exigen que establezcamos un equilibrio entre nuestra vida material y nuestra vida religiosa, que adoremos a Allah siguiendo las normas universales del islam, que estemos plenamente preparados para hacer frente a nuestros enemigos, que cultivemos la tierra y trabajemos en las fábricas. Aprovechad todos los ámbitos de la ciencia y la industria necesarios para la vida religiosa y material de la nación. Pues los juristas musulmanes han considerado esta tarea una responsabilidad colectiva (fard kifaya) para toda la nación. Si todos no cumplen conjuntamente con este deber, será un delito reprobable.
La piedad religiosa que se desea no consiste en el rosario en la mano de un derviche, ni en el turbante sobre la cabeza de un jeque autoproclamado, ni en un lugar apartado o una khanqah escogidos por el fiel para el culto y la adoración. La piedad religiosa significa adquirir conocimiento y esforzarse en la acción; religiosidad y vida mundana, cuerpo y alma, planificación y organización, producción y desarrollo, alcanzar la plenitud y la excelencia. Se ha mencionado en un hadiz: Allah se complace cuando una persona realiza una tarea exactamente de la manera excelente en que debe realizarse(al-Bayhaqi). Ciertamente, Allah ha depositado excelencia en todas las cosas(Muslim)।
El Mensajero de Allah, que la paz y las bendiciones de Allah sean con él, instó a los musulmanes a ser competentes en todos sus actos, incluso al matar a un pequeño reptil. En un hadiz del Mensajero, que la paz y las bendiciones de Allah sean con él, se narra: quien mata una salamanquesa de un solo golpe es como si hubiera obtenido cien buenas obras. Quien la mata de dos golpes también obtiene buenas obras, aunque menos que el primero, y quien logra matarla de tres golpes también obtiene buenas obras, aunque menos que el segundo(Muslim). Hay que esforzarse por hacer bien todo trabajo, aunque sea insignificante.
Los compañeros del Mensajero de Allah, que la paz y las bendiciones de Allah sean con él, no consideraban el islam una religión de pobres y derviches, ni separaban la fe y la piedad religiosa de la vida, ni se dedicaban únicamente a las obligaciones religiosas abandonando el esfuerzo por construir una vida próspera. Cuando Sa’d ibn al-Rabi, que Allah esté complacido con él, le ofreció a Abd al-Rahman ibn Awf, que Allah esté complacido con él, una donación considerable, este la rechazó humildemente y dijo: «Soy comerciante; ¿dónde está el mercado? Muéstramelo». Se dedicó al comercio y obtuvo enormes ganancias. Este comercio no menoscabó en lo más mínimo su fe ni su piedad religiosa; al contrario, era tan creyente y piadoso que fue uno de los diez a quienes se les anunció la buena nueva del Paraíso. El Mensajero de Allah, que la paz y las bendiciones de Allah sean con él, le había anunciado de antemano que entraría en el Paraíso y expresó su satisfacción hacia él en el momento de su fallecimiento. Abd al-Rahman ibn Awf, que Allah esté complacido con él, también fue miembro del consejo de consulta de seis integrantes formado por Umar, que Allah esté complacido con él. Umar formó este consejo para que, en su ausencia, eligieran de entre ellos a un califa.
Son verdaderamente creyentes piadosos quienes, apoyándose en la fe en Allah y en la honestidad, además de esforzarse arduamente por el bienestar mundano, se mantienen siempre dispuestos a realizar buenas obras. Por eso Allah les concede Su misericordia en sus esfuerzos terrenales y tampoco escatimará en recompensarlos en la otra vida.
Gente trabajadora
Con «gente trabajadora» me refiero a los obreros industriales y artesanos de diversos sectores. Actualmente constituyen una enorme población activa en las grandes ciudades. Esta clase trabajadora organizada y unida puede paralizar la vida cotidiana convocando una huelga para exigir sus derechos y protestar contra la injusticia y la opresión.
Al observar esta situación, se comprende que hasta hoy el movimiento islámico apenas ha logrado influir en la clase trabajadora. En este sector de nuestra sociedad, los izquierdistas siguen siendo más influyentes y tienen una voz más fuerte. Los izquierdistas explotan ampliamente las reivindicaciones y deseos de los trabajadores en beneficio de sus propios intereses. En Egipto, la principal organización del movimiento islámico, los Hermanos Musulmanes, dirigida por el imán Hasan al-Banna, comenzó a trabajar con un grupo de trabajadores egipcios. Estos trabajadores prestaron juramento de lealtad en Ismailía, comprometiéndose a apoyar el objetivo por el que trabajaba el imán.
Aunque en la mayoría de los países musulmanes (Egipto, Sudán, Jordania, Túnez, Argelia, Pakistán, etc.) ha sido posible arraigar profundamente el movimiento islámico entre los estudiantes y alumnos, su presencia entre la clase trabajadora es insignificante. A pesar de que el movimiento islámico es sumamente influyente en la sociedad sudanesa, el Dr. Hasan al-Turabi, líder del Frente Islámico Nacional de Sudán, mencionó este asunto en su libro titulado «El movimiento islámico en Sudán». En algunos ámbitos, el movimiento ejerce un dominio exclusivo, y en otros también es capaz de ejercer una influencia considerable.
No conozco las razones del fracaso en la expansión del movimiento islámico entre la clase trabajadora. ¿Se debe acaso a la debilidad de la conciencia religiosa entre los trabajadores? Pero, aunque los trabajadores forman parte de la población mayoritaria, para la cual la religión es una parte inseparable, ¿por qué se debilitó su conciencia religiosa? ¿Se debe acaso a la falta de conocimiento sobre el islam verdadero y su papel en la vida, así como a la influencia de ideas y concepciones extranjeras importadas? Este asunto debe examinarse detenidamente.
¿O se debe al fracaso del movimiento islámico en reconocer los intereses de los trabajadores, tomar iniciativas para protegerlos y apoyar sus reivindicaciones legítimas, o a las acciones de los capitalistas codiciosos y de los gobernantes opresores? ¿O se debe al éxito de los izquierdistas, que ejercen una influencia planificada sobre los trabajadores y los apoyan con el objetivo de utilizarlos para difundir sus políticas destructivas y su filosofía materialista? Los izquierdistas son expertos en estas actividades. También conocen las técnicas para seducirlos y son hábiles en difundir la propaganda de que el movimiento islámico nunca beneficiará a los trabajadores.
Cualquiera que sea la razón, en este ámbito debe revisarse la estrategia del movimiento islámico. Porque la clase trabajadora es una parte importante de la sociedad musulmana. El islam sigue siendo una fuerza motriz firme en la vida de los trabajadores. Pues ellos creen que el islam es la única religión que, por encima de todo, otorga dignidad al trabajo y no transige en la justicia hacia los trabajadores. Las normas económicas, sociales y jurídicas del islam protegen a los trabajadores y sus derechos, y el islam se pone del lado de los trabajadores contra quienes les hacen injusticia e intentan utilizarlos para satisfacer sus propios intereses. El islam insta a establecer un sistema social que proporcione empleo a todo trabajador desempleado y sustento a todas las personas capaces de trabajar de la sociedad.
Ahora está operando un nuevo factor para crear una actitud favorable hacia el movimiento islámico en la sociedad trabajadora. Se trata del colapso de la filosofía y los métodos comunistas. Como consecuencia, sonaron las campanas de despedida para los gobiernos dictatoriales de Europa Oriental. La clase trabajadora se rebeló contra la dictadura establecida en nombre de la defensa de sus propios intereses. Incluso la Unión Soviética, cuna del socialismo, emprendió un nuevo camino hacia la reconstrucción social a la luz de la filosofía de la perestroika. Los gobiernos marxistas y socialistas, establecidos por los trabajadores y para los trabajadores, fracasaron en traerles la felicidad y la paz que estos anhelaban, aquella por la que los trabajadores se habían rebelado contra los gobiernos feudales y capitalistas. Ha quedado demostrado que los trabajadores viven mucho mejor bajo el gobierno de un Estado libre que bajo las cadenas del régimen comunista.
Las dos partes de Alemania antes de la reunificación constituyen un ejemplo excelente para comprender este asunto en detalle. ¿Cómo vivían los trabajadores en ambas partes y cuáles eran sus sentimientos? Los habitantes de Alemania Oriental sentían que vivían en una enorme prisión. Aprovechaban la menor oportunidad para huir en masa a Alemania Occidental. ¿Qué prueba podría ser mejor que esta?
Comerciante y capital inversor
Entre los ámbitos en los que el movimiento islámico debe extender su influencia también son importantes los grupos de comerciantes, hombres de negocios e inversores financieros. Las personas de este grupo viven en un mundo de dinero y capital, ganancias y pérdidas, monopolio y competencia. Por lo general, olvidan las normas de lo lícito y lo ilícito, y descuidan el recuerdo de Allah, la oración y el pago del zakat. Por ello, el Mensajero de Allah —la paz y las bendiciones de Allah sean con él— estaba atento a orientar y aconsejar a los comerciantes sobre los aspectos nocivos y riesgosos presentes en las actividades comerciales.
Les advirtió contra el fraude, diciendo: «Quien engaña no es de los nuestros». Les advirtió contra el monopolio, diciendo: «Quien monopoliza una mercancía comete una injusticia», es decir, peca. Advirtió a los comerciantes contra jurar excesivamente por Allah. Al criticar a los comerciantes que convierten al Todopoderoso Allah en una mercancía, dijo que parecen incapaces de comprar o vender sin jurar por Allah. También advirtió contra los juramentos falsos, por los cuales quizá aumenten las transacciones, pero el vendedor queda privado de la misericordia de Allah. Advirtió contra la usura, diciendo: «Allah maldice a quienes la cobran, a quienes la pagan, a quienes redactan su contrato y a quienes dan testimonio de él». También advirtió contra la venta de mercancías que no están disponibles (gharar), pues se mantiene al comprador en la ignorancia respecto a la mercancía y, cuando esta se presenta, inevitablemente surge una disputa.
En el Sagrado Corán también se censura el fraude en la medida y el peso: «¡Ay de quienes defraudan en la medida y el peso (privando a otros de sus derechos)! Cuando reciben de la gente algo medido, lo reciben completo; pero cuando miden o pesan para otros, dan menos. ¿Acaso no piensan que serán resucitados en un día grandioso, el día en que toda la humanidad comparecerá ante el Señor de los mundos ((Sura al-Mutaffifín: 1-–6).)।
Por otro lado, el Corán ha elogiado a aquellos comerciantes que no son negligentes en el cumplimiento de sus deberes para con Allah ni de las obligaciones religiosas. En el Sagrado Corán, al describir su asistencia regular a las mezquitas para realizar la oración, se dice: «(Se encuentran) en casas o mezquitas que Allah ha ordenado elevar en santidad y dignidad; en ellas, por la mañana y por la tarde, hay hombres que glorifican la santidad de Allah, a quienes la compra y la venta no pueden distraer del recuerdo de Allah, de realizar la oración ni de pagar el zakat; temen el día en que se trastornarán muchos corazones y ojos (Sura al-Nur: 36–-37).)।
Los comerciantes controlan la mayor parte de la riqueza de la nación. Controlan el suministro de bienes a la población y fijan los precios de los bienes de consumo. De este modo, ejercen influencia sobre la economía nacional y la política financiera. Por tanto, hay que advertir a los comerciantes que nunca hagan aquello que no deben hacer y que paguen el zakat de sus bienes, además de dar otras limosnas y caridades aparte del zakat.
No se debe considerar inútil trabajar entre la comunidad de comerciantes por el hecho de que no forme parte del movimiento de renacimiento islámico y de que sus miembros estén ocupados únicamente con los asuntos mundanos. Ellos también son seres humanos como los demás. Los consejos y las advertencias los conmueven, y también pueden quedar impresionados por palabras sensatas presentadas con paciencia y de manera adecuada.
En los primeros días de la predicación del Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él), muchos comerciantes creyeron en Allah y en Su Mensajero (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él). Incluso cuando existía el riesgo de que sus negocios y capitales fueran destruidos o sufrieran pérdidas, respondieron a la invitación al tawhid. Entre quienes abrazaron el islam en los primeros tiempos se encontraban Abu Bakr (que Allah esté complacido con él), Uthman (que Allah esté complacido con él) y Abdurrahman ibn Awf (que Allah esté complacido con él). Formaban parte de los diez a quienes se anunció el Paraíso. Con la esperanza de obtener la satisfacción y la misericordia de Allah, y para ayudar y apoyar a Allah y a Su Mensajero, se vieron obligados a abandonar sus hogares y bienes y emigrar a Medina. Aceptaron de buen grado este cambio de fortuna únicamente por Allah.
En nuestra época vemos a muchos comerciantes honrados gastar voluntariamente sus riquezas en obras religiosas, dando prioridad a la vida del Más Allá sobre la vida mundana. No se aferran a los bienes que han recibido como una manifestación de la misericordia de Allah, pues consideran que sus vidas y sus bienes pertenecen a la da‘wah y al movimiento islámicos.
Los capitalistas cristianos de Occidente entregan miles de millones de dólares a las instituciones cristianas de todo el mundo para difundir su religión. Lo mismo se aplica a los capitalistas judíos. A pesar de su tacañería y de su costumbre de adorar el dinero, siguen gastando generosamente en favor de los intereses judíos, tanto antes como después de la creación del Estado de Israel. Los musulmanes adinerados no deben ser menos generosos. Ellos saben que Allah es el dueño de la riqueza. Por tanto, deben gastar esos bienes en el camino de Allah, y por ello Allah Todopoderoso los recompensará.
Quisiera llamar la atención sobre un aspecto importante de las donaciones materiales. Entre los musulmanes hay muchos ricos que son honestos y veraces, y desean gastar sus riquezas para obtener la satisfacción de Allah. Ellos hacen donaciones con generosidad. Sin embargo, deben saber cómo y en qué causas gastar su dinero.
El ámbito apropiado para gastar ese dinero son las actividades islámicas. Por ello, quienes tienen capacidad para hacer donaciones deben comprender que lo importante no es simplemente gastar dinero, sino gastarlo en el camino correcto. En este sentido, es indispensable establecer prioridades; es decir, determinar qué sector es más importante ahora y qué ámbito será necesario en la etapa siguiente, y ordenar así las áreas en las que se gastará el dinero. Es verdaderamente lamentable que la mayoría de los musulmanes ricos, especialmente quienes gastan dinero en obras de beneficio público, suelan mostrar interés por hacer donaciones únicamente para construir mezquitas o instituciones religiosas de este tipo. Por esta razón existe un considerable descontento y numerosas quejas entre los miembros del movimiento islámico.
La Organización Islámica de la Dawah de África ha presentado esta queja. El doctor Muhammad Nasir y sus colaboradores, vinculados al Consejo Supremo para la Dawah Islámica de Indonesia, también han formulado la misma queja. También se reciben quejas similares de quienes trabajan para difundir y promover los ideales y las enseñanzas islámicos frente al secularismo, el marxismo y otras ideologías.
Los expertos y los partidarios devotos vinculados al movimiento islámico y a la da‘wah han coincidido en que existen ámbitos de trabajo más importantes incluso que la construcción de mezquitas. Uno de ellos es formar personas: personas que construyan la civilización, logren el éxito en la labor de la da‘wah, avancen impulsadas por la esperanza, construyan mezquitas y progresen paso a paso en el esfuerzo por establecer diversas instituciones según el modelo islámico.
Establecer un centro con el objetivo de ampliar las actividades de predicación del islam y crear conciencia entre los musulmanes constituye uno de los primeros programas para acercarse a Allah y servir al islam de manera adecuada. Gastar dinero en este camino merece prioridad, y mediante una obra noble un musulmán puede, sin duda, obtener la complacencia de Allah. Un centro de este tipo ayudará a transmitir a los jóvenes musulmanes el llamamiento a los ideales islámicos puros, así como a purificar sus pensamientos y reformar su conducta. Mediante diversos medios y métodos, incluidos campamentos educativos, talleres y reuniones de debate, este centro podrá contribuir a despertar en las mentes de los jóvenes la atracción y el entusiasmo por el islam.
Un cuerpo de trabajadores del movimiento islámico, adecuadamente formado, altamente competente, culto y refinado, enriquecido con conocimientos religiosos y mundanos, y cuyos medios de subsistencia estén asegurados, podrá cumplir sus responsabilidades con plena dedicación y de manera adecuada. Considerarán pecado descuidar este deber y estimarán que realizar esta noble tarea merece una recompensa de Allah y el reconocimiento de la gente. En realidad, este programa requiere, además de dinero y tiempo, un esfuerzo constante para llevarlo a cabo.
Actividad de las mujeres
Desde el comienzo de la labor de predicación, el movimiento islámico ha prestado atención a las mujeres. El imán Hasan al-Banna fundó una organización de mujeres llamada «Al-Akhawat al-Muslimat» y les encomendó difundir el llamamiento entre las mujeres musulmanas y formar un grupo de mujeres que, participando en los esfuerzos de los Hermanos Musulmanes dedicados a establecer la religión de Allah en la tierra, actuara como su colaborador. Las mujeres de esta organización desempeñaron un papel significativo. Soportando muchas penalidades, desempeñaron un papel eficaz en el cuidado de las familias de los miembros encarcelados de los Hermanos Musulmanes y en proporcionarles ayuda alimentaria y económica, algo digno de mención. Cumplieron esta peligrosa responsabilidad ignorando el riesgo de sufrir acoso a manos de los agentes de los servicios de inteligencia. Varias de ellas tuvieron que soportar un sufrimiento extremo. Una de ellas fue Zaynab al-Ghazali.
Falta de actividad islámica entre las mujeres
Pero debemos reconocer que la labor islámica entre las mujeres aún no ha alcanzado el nivel deseado, aunque el llamamiento ya ha llegado a las mujeres, especialmente a las estudiantes universitarias y de secundaria.
Aunque han transcurrido sesenta o setenta años desde el comienzo del movimiento, no se ha formado ninguna líder mujer capaz de enfrentarse por sí sola y con competencia al secularismo y al marxismo. Esta situación se ha producido como consecuencia de los continuos esfuerzos de los hombres por controlar el movimiento de las mujeres. Los hombres nunca les dieron a las mujeres la oportunidad de manifestar sus cualidades y características ni de demostrar su talento y capacidad para el liderazgo. Si hubieran recibido esa oportunidad, las mujeres habrían podido demostrar su capacidad para asumir la responsabilidad de su labor sin la dominación de los hombres.
Condición del éxito
Creo que el trabajo islámico de las mujeres tendrá éxito si el movimiento islámico logra formar un liderazgo islámico femenino en los ámbitos de la dawa, el pensamiento, la ciencia, la literatura y la educación.
No considero que esto sea una tarea imposible o difícil. Al igual que hay hombres talentosos, también hay mujeres talentosas. La excelencia no es monopolio de los hombres. El Sagrado Corán no nos ha relatado sin motivo esta historia, en la que un pueblo llegó al umbral del éxito bajo el liderazgo prudente y valiente de una mujer. Ella era la reina de Saba. Esta historia sobre la reina y el profeta Salomón (la paz sea con él) está narrada en la surala sura An-Namlha sido narrada.
En la Universidad de Catar observé que, en los estudios, las chicas son mucho mejores que los chicos. Mis otros colegas de la universidad opinan lo mismo. Esto es especialmente cierto porque las chicas disponen de más tiempo que los chicos para estudiar. Los chicos, en cambio, están ocupados en actividades inútiles.
La expansión de una actitud intransigente
Quiero decir francamente que en el movimiento islámico prevalece una actitud intransigente respecto a las relaciones entre hombres y mujeres. Sobre este asunto se han adoptado perspectivas tan estrictas como nunca antes se habían visto. He observado exactamente este tipo de disposición en numerosas conferencias y simposios, incluso en Europa y América. A mediados de la década de 1970 asistí durante varios años consecutivos a las conferencias anuales de la Asociación de Estudiantes Musulmanes de Estados Unidos y Canadá. Tanto mujeres como hombres participaban allí en discursos y debates. Participaban en comentarios, sesiones de preguntas y respuestas y debates sobre cada uno de los principales asuntos islámicos. Entre ellos se incluían cuestiones teóricas, sociales, educativas y políticas. En las sesiones reservadas exclusivamente para mujeres solo se discutían cuestiones relacionadas con las mujeres.
En la década de 1980 asistí a varias conferencias en Estados Unidos y Europa y observé que se mantenía a las mujeres alejadas de gran parte de los temas centrales de los discursos y debates importantes. Varias mujeres se quejaron de que sentían aburrimiento al escuchar continuamente discursos centrados en el papel, los derechos, las responsabilidades y la dignidad de las mujeres en el islam. La repetición de estos discursos les parecía una especie de castigo impuesto. Critiqué enérgicamente esta perspectiva en varias conferencias y dije que la norma es que todos participen en la adoración y en la adquisición del conocimiento religioso. En el islam nunca hubo una mezquita reservada exclusivamente para mujeres y en la que los hombres no participaran. Cuando el Mensajero de Dios (la paz y las bendiciones de Dios sean con él) aconsejaba a la gente en alguna reunión, las mujeres también estaban presentes. Participaban con los hombres en las oraciones comunitarias del viernes, de las dos fiestas y en las demás oraciones, o al menos asistían a ellas. Las mujeres hacían preguntas sobre sus asuntos particulares. No se abstenían de conocer las normas religiosas con el pretexto de su timidez natural. La propia Aisha (que Dios esté complacido con ella) lo afirmó.
En los libros de hadices hay numerosos ejemplos de mujeres que hicieron preguntas al Mensajero de Dios (la paz y las bendiciones de Dios sean con él). Entre ellas hay preguntas que las mujeres formularon únicamente sobre asuntos femeninos, y también preguntas que algunas mujeres hicieron en nombre de todas las mujeres. Por ejemplo, una mujer dijo: «Oh, Mensajero de Dios (la paz y las bendiciones de Dios sean con él), las mujeres me han enviado a ti».
Las mujeres también solicitaron al Mensajero de Dios (la paz y las bendiciones de Dios sean con él) que les asignara un día y un horario exclusivos, para que pudieran hablar abiertamente en privado sobre cualquier asunto sin la presencia de hombres. De este modo, además de recibir educación general junto con los hombres, se concedió a las mujeres una ventaja especial adicional.
en las actividades problema
El problema de las actividades islámicas de las mujeres es que los hombres las dirigen, no las mujeres. Además, los hombres se esfuerzan por mantener su autoridad en este ámbito, pues no quieren ver surgir un liderazgo femenino. En el trabajo islámico de las mujeres, los hombres imponen su autoridad, incluso en las reuniones y asambleas de mujeres. Aprovechándose de la timidez de estas, nunca les permiten asumir el liderazgo de sus propias actividades. Por consiguiente, en el proceso del movimiento islámico, las mujeres no tienen ninguna oportunidad de demostrar su talento y capacidad, ni de completar su experiencia y esfuerzo. Tampoco tienen la oportunidad de adquirir conocimientos y aprender algo de la vasta escuela de la vida mediante la perseverancia y el conocimiento.
Por supuesto, nuestras hermanas musulmanas tampoco están completamente libres de culpa. También han sucumbido a esta lamentable situación, dejando sus preferencias y aversiones en manos de los hombres y conformándose con la comodidad y el bienestar. Ahora es el momento de abrir las puertas al esfuerzo, tomar medidas para ampliar la labor de da‘wa y silenciar esas voces femeninas autoproclamadas que pretenden ser expertas en las políticas, ideales, normas y valores de la umma musulmana. Por muy fuertes que sean esas voces, solo representan a un grupo minoritario derrotado y pisoteado. No tienen ningún valor en ningún ámbito de la religión ni de la vida mundana.
En 1989 recibí una invitación para pronunciar un discurso ante las estudiantes universitarias de Argelia. Después del discurso, como era habitual, respondía a las preguntas escritas y orales de las estudiantes. También estaban presentes varios jóvenes. Uno de ellos, por iniciativa propia, reunía las preguntas, seleccionaba cuáles serían respondidas y cuáles se descartarían, y me las entregaba. Me opuse a ese papel y pregunté: «¿Por qué no realiza esta tarea una estudiante en nombre de sus compañeras?»
Dije: «¿Por qué os entrometéis vosotros, los muchachos, en los asuntos de las muchachas? Retiraos y dejadlas tranquilas. Permitidles hacer el trabajo a su manera. Que ellas mismas seleccionen las preguntas y decidan cuáles deben responderse, y que una de ellas las lea en voz alta.»
Fue como si hubiera quitado una enorme carga del corazón de aquellas muchachas. Una estudiante se adelantó rápidamente y desempeñó el papel que hasta entonces había estado desempeñando el joven que me acompañaba.
En el invierno de 1990 ocurrió algo parecido en una convención de estudiantes musulmanes celebrada en Manchester, Gran Bretaña. Allí, después de que pronunciara mi discurso dirigido a las mujeres musulmanas, hubo una sesión de preguntas y respuestas. También allí un joven entusiasta asumió la responsabilidad de recopilar y seleccionar las preguntas. Le dije claramente: «No tienes ninguna razón para estar aquí. Basta con que una de las muchachas haga esta tarea. Pues las muchachas tienen derecho a dirigir por sí mismas sus propios asuntos». Pero el bondadoso joven me dijo que, según las normas del lugar, esa responsabilidad le había sido asignada a él y que, por tanto, no podía dejar de cumplirla. Dio su propia explicación, y tuve que aceptarla.
Las hermanas de Egipto y Argelia formulan otra queja. Cuando una mujer activa del movimiento islámico, conocida por medio del movimiento, se casa con un hombre activo del movimiento, sucede que él no solo le prohíbe participar en el movimiento, sino que la obliga a quedarse en casa. De este modo, apaga una antorcha que en otro tiempo mostraba el camino de la luz a otra mujer musulmana.
Estas situaciones se han vuelto tan comunes que una joven argelina que trabajaba en el movimiento islámico me escribió una vez para preguntarme si era haram que se negara a casarse para evitar semejantes circunstancias. Pues se ha visto a muchas hermanas elegir una vida ociosa, alejándose del movimiento y de la labor de da‘wa, en un momento en que las mujeres comunistas, seculares y liberales trabajan por sus propios intereses.
Objeciones y refutación
Los extremistas pueden preguntar: ¿cómo podemos encomendar a las mujeres musulmanas responsabilidades de liderazgo para que desempeñen un papel activo en el movimiento islámico y demuestren su presencia en las actividades islámicas, cuando el Sagrado Corán les ha ordenado permanecer en sus hogares: «Permaneced en vuestras casas y no os exhibáis como en los tiempos de la ignorancia» ((sura Al-Ahzab: 33)।
En respuesta a la pregunta de estos hermanos excesivamente entusiastas, quiero decir que este versículo se dirige a las esposas del Mensajero de Allah, la paz y las bendiciones de Allah sean con él. Ellas poseen una dignidad especial que no tienen las demás mujeres. Para ellas había restricciones que no se aplicaban a las otras mujeres. El Todopoderoso Allah les dice en el Sagrado Corán: «¡Oh, esposas del Profeta! No sois como las demás mujeres» ((sura Al-Ahzab: 32)।
Sin embargo, este versículo no pudo impedir que Aisha, que Allah esté complacido con ella, partiera a la Batalla del Camello. Según su convicción, participó en esta batalla para cumplir con la exigencia de honestidad en la política. Dos venerables Compañeros del Mensajero de Allah, la paz y las bendiciones de Allah sean con él, le brindaron su apoyo. Ambos Compañeros habían sido nominados para el califato y figuraban entre los Compañeros a quienes se les había anunciado la entrada al Paraíso. Según relatan los historiadores, el pesar que Aisha, que Allah esté complacido con ella, manifestó posteriormente por esta situación no se debió a que salir de su hogar fuera ilícito, sino a que su postura política no había sido correcta. Que Allah la perdone y que la paz sea sobre su alma.
Pero al examinar la opinión de quienes sostienen que todas las mujeres son objeto de este versículo, vemos que su significado no es que las mujeres deban permanecer en sus casas y tengan prohibido salir. El Corán estableció de este modo la permanencia en el hogar como castigo para aquellas mujeres cuya fornicación hubiera sido probada por cuatro testigos. Esta norma estuvo vigente antes de la promulgación de la disposición sobre el castigo severo denominada «hadd» (pena capital), mencionada en el Corán y en los hadices. El Todopoderoso Allah dice: «Y a aquellas de vuestras mujeres que cometan fornicación, presentad cuatro testigos de entre vosotros contra ellas. Si dan testimonio, recluidlas en sus casas hasta que les llegue la muerte o Allah determine para ellas otro camino(Sura an- Nisá: 15)।
Además, la orden de Allah: «Y no os exhibáis como en la época de la ignorancia(Ahzab: 33). Aquí se indica que está permitido que las mujeres salgan, vestidas decorosamente y sin exhibirse ostentosamente. No está prohibido que una mujer se adorne en el hogar, pues se le permite embellecerse en él como desee. Solo se le ordena abstenerse de adoptar adornos ostentosos cuando salga del hogar para ir por las calles, al mercado o a cualquier otro lugar.
Cuarto capítulo
Islámico movimiento: educación y formación
Formación a la luz de la fe
Para cualquier movimiento islámico cuyo objetivo sea transformar la situación mediante la transformación del pueblo, la educación y la formación constituyen la estrategia fundamental e indispensable. El objetivo fundamental del programa educativo debe ser formar una vanguardia musulmana que ayude a impulsar la labor del islam. Así como los compañeros del Mensajero de Allah —que Allah le bendiga y le conceda paz— fueron en su época, así de importante es para nosotros la vanguardia en la época actual.
La primera cualificación de los miembros de esta vanguardia será la fe. Me refiero a la fe descrita en el Corán y la Sunna, una fe que posee más de setenta ramas relacionadas con los valores y la moralidad, una fe sobre la cual se han compilado numerosas obras. Pues la fe no surge del capricho ni de la imaginación. La fe emana del corazón y se demuestra mediante las obras o acciones.
Por tanto, la fe no significa simplemente un conocimiento intelectual que no produzca un toque de luz en el corazón ni conmueva la voluntad. Tampoco significa asimilar términos como Allah, el Señor, la religión y la adoración, el tawhid, el tagut y la jahiliyyah. No significa enorgullecerse de haber adquirido, por albergar estos conceptos en la mente, las cualidades que deben poseer los verdaderos creyentes. En realidad, estas son las creencias supremas y absolutas. La fe no significa entablar con otros debates y disputas verbales sobre palabras y terminología.
Ni la argumentación ni la disputa verbal despertarán una fe como la que los magos del faraón depositaron en el Señor de Moisés y Aarón, o como la fe que los compañeros del Mensajero de Dios depositaron en la palabra de Dios. La fe necesaria es la fe de primer rango descrita en el Corán y la Sunna. A este respecto, basta mencionar el versículo del Sagrado Corán en el que Dios Altísimo, respondiendo a la afirmación de los beduinos árabes «creemos», dice que la fe no ha entrado en sus corazones. Dios Altísimo dice en la sura Al-Huyurat 15 n.º versículo:«Solo son creyentes quienes han creído en Dios y en Su Mensajero y después no han albergado dudas, sino que han luchado con sus bienes y sus vidas por la causa de Dios; esos son los veraces».
Se ha narrado de Anas que el Mensajero de Dios dijo: «Quien posea tres cualidades podrá percibir la dulzura de la fe. Estas son: amar a Dios y a Su Mensajero por encima de cualquier otra cosa, amar a alguien únicamente por Dios y aborrecer regresar a la incredulidad de la que Dios lo ha salvado, del mismo modo que se aborrece ser arrojado al Infierno» ((Bujari y Muslim)।
Para la gente común que sigue a un líder, una obediencia a medias o de una cuarta parte puede ser suficiente; pero el grupo dirigente del movimiento islámico debe tener necesariamente una fe sincera. Su fe nunca puede ser deficiente ni estar incompleta.
El imán Hasan al-Banna decía a sus discípulos: «Dadme doce mil creyentes y atravesaré montañas, cruzaré mares y conquistaré países». [El imán Banna r.. parece que Ahmad, Abu Dawud, Tirmidhi, Ibn Juzayma, Ibn Hibban y al- Hakim de hadices recopilados e insertado un hadiz del que este significado lo extrajo। En estos hadices Ibn Abbas es citado para relatar que un grupo de, doce mil creyentes es invencible aunque, este número parezca pequeño El hadiz। del Mensajero de Dios —la paz y las bendiciones de Dios sean con él—. ha sido transmitido precisamente por medio de esta tradición que fue transmitida así।] ¿Es suficiente este número para hacer realidad las aspiraciones de la umma islámica? Yo digo que sí, es posible. Con doce mil creyentes verdaderos podremos alcanzar el objetivo deseado. Pero también diré que no se logrará nada con veinticuatro mil creyentes a medias o cuarenta y ocho mil personas creyentes en una cuarta parte. Ni tampoco con un grupo de creyentes cuya enorme cantidad podría dejar atón a cualquiera, pero cuyo ejército no serviría para nada cuando llegara el momento de la necesidad.
Queremos creyentes como los Ansar de Medina, que se incorporaban en gran número durante la guerra, pero de los que se veía a muy pocos en el momento de repartir el botín.
Quienes son numerosos, pero inútiles en la práctica, no son mejores que la espuma formada por un torrente impetuoso [Zawban narró que el Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él). en un hadiz se menciona: se menciona: Llegará un momento en que cuando desde cada dirección os diversas naciones os rodearán por completo y os derrotarán por completo। igual que las personas hambrientas se abalanzan sobre la comida en el recipiente abalanzándose sobre ella de repente। Al Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él). le preguntaron si se debería, a los enemigos en comparación con los musulmanes ser menos en número el hecho de ser así ¿ocurrirá esto?? Él respondió:, No;; los musulmanes en ese momento serán como la espuma de un torrente impetuoso formada por la espuma y serán débiles como ella.। Vuestros corazones se volverán débiles y quedarán y vuestros enemigos ya no os temerán ni estarán aterrorizados por vosotros más.। La razón será que tendréis apego al mundo y aversión a la muerte y odio.।]No hay nada mejor que la espuma. Aunque lleguen a ser millones, nunca serán dignos de formar parte de la vanguardia del movimiento. La educación y la formación basadas en la fe o inspiradas en la palabra de Allah son el requisito previo para formar una generación que proteja los intereses del islam. Allah, el Altísimo, describió en el Sagrado Corán a ese grupo: «¡Oh, creyentes! Quien de vosotros reniegue de su religión, Allah traerá pronto a un pueblo al que Él amará y que lo amará; será humilde y bondadoso con los creyentes, severo con los incrédulos, combatirá por la causa de Allah y no temerá la censura de ningún censor. Esta es la gracia de Allah, que Él concede a quien quiere. Allah es Inmenso, Omnisciente (sura Al-Maida: 54)।
Educación sufí auténtica
Se necesita una auténtica educación sufí basada en el Corán y la Sunna. Este tipo de educación ayuda a formar un carácter sufí que dará prioridad a Allah sobre Su creación, al Más Allá sobre la vida mundana y al logro de los objetivos religiosos sobre la satisfacción de los propios deseos.
Aunque algunos piensen lo contrario, no todo el tasawwuf (sufismo) es malo. Tampoco todos los sufíes están extraviados, aunque muchos lo afirmen por falta de conocimiento o de una comprensión correcta. Los sufíes son un grupo como los demás grupos. A este respecto, el shayj al-islam Ibn Taymiyya escribió en uno de sus tratados, titulado «Al-Fuqara»: Entre los sufíes encontrarán personas rectas y extraviadas. Algunos corrompen su nafs, otros siguen una vía moderada y también hay quienes, por la gracia de Allah, son sumamente virtuosos.
Rechazamos ciertamente todas las doctrinas erróneas del tasawwuf filosófico, como el hulul (la doctrina de la encarnación divina) y el ittihad (en el sentido de unión espiritual con Allah), las diversas afirmaciones atribuidas a los sufíes extraviados como resultado de supuestos logros espirituales y el sufismo interesado cuyo objetivo es ganar dinero. Queremos un sufismo puro de este tipo, cuyos mejores ejemplos son los venerables sufíes, como al-Hasan al-Basri, al-Fudayl ibn Iyad, Ibrahim ibn Adham, Abu Sulayman al-Darani, Abu al-Qasim, al-Yunayd y otros.
Queremos un sufismo que siga la vía moderada del Corán y la Sunna, un sufismo que conceda importancia a la purificación del corazón, en el que no haya lugar para diversos ejercicios de las partes del cuerpo. El tasawwuf contempla la realidad interior antes que la apariencia exterior. En un hadiz auténtico se afirma claramente: «Allah no mirará vuestros cuerpos ni vuestros rostros, sino que mirará vuestros corazones ((Muslim).)।
Queremos un sufismo que cure las enfermedades del alma, cierre las vías de entrada de Satanás en el corazón y frene la tendencia del corazón humano a satisfacer sus pasiones, para que la persona abandone los actos pecaminosos y alcance verdaderos valores morales y virtud.
Cierto sabio describió el sufismo así: El sufismo consiste en ser sincero ante Allah y beneficioso para las personas. El Todopoderoso Allah dice: «Ciertamente, Allah está con quienes Le temen y son virtuosos ((Sura An-Nahl: 128).)।
El erudito Ibn al-Qayyim, citando a los sufíes de las primeras generaciones, dijo: El sufismo consiste en la buena conducta; si alguien te supera en buena conducta, es mejor que tú. Al comentar esto, Ibn al-Qayyim dijo: No; la religión misma consiste en la buena conducta, y si alguien te supera en temor reverencial y piedad, entonces, desde la perspectiva de la religión, es mejor que tú en buena conducta. En este sentido, basta recordar un hadiz del Mensajero (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él): «He sido enviado como portavoz para perfeccionar la moral» (Bujari)।
Cuatro asuntos importantes
En el ámbito de la educación, debemos concentrar la atención en cuatro asuntos:
a. intención pura
El primer asunto importante es purificar la propia intención. Hay que actuar únicamente para obtener la complacencia de Allah, no para alcanzar riquezas, poder, el favor de la gente ni ningún otro propósito oculto en lo más profundo del corazón.
La labor del islam consiste en la adoración y el yihad. La adoración solo es beneficiosa cuando se realiza exclusivamente para Allah con una intención pura. Allah, exaltado sea, dice: «Y no se les ordenó sino adorar a Allah, y no adorar a nadie más que a Él (Sura al-Báyyina: 5)।
El yihad en el camino de Allah solo es verdadero cuando se realiza con una intención sincera y con el único objetivo de elevar la palabra de Allah. Él no acepta una obra realizada con un propósito distinto de Allah ni una obra cuya creencia incluya a otro. Por ello, el imán Hasan al-Banna eligió como su primer lema: «Allah es nuestro objetivo», para hacer hincapié en que la complacencia y la recompensa de Allah son el objetivo supremo que anhelamos.
Podemos decir que queremos establecer una sociedad islámica. Queremos un Estado islámico o un sistema de gobierno islámico, o estamos trabajando para restaurar un sistema de vida islámico integral, o para alcanzar cualquier otro objetivo a corto o largo plazo. Pero nuestro objetivo general será obtener la complacencia de Allah, para que Él nos incluya entre Sus siervos piadosos. Todo activista islámico debe recordar estas dos aleyas: Di: «En verdad, mi oración, mi sacrificio, mi vida y mi muerte pertenecen a Allah, Señor de los mundos. Él no tiene copartícipe. Así se me ha ordenado, y soy el primero de los que se someten(Sura Al’An’am: 162–-163)।
El esfuerzo de quienes buscan fama y reconocimiento no logra alcanzar ningún objetivo. Según el relato de un hadiz, la victoria se alcanza mediante los esfuerzos de aquellos que son benevolentes, honestos y corteses; cuando están presentes, no se nota su presencia, y cuando están ausentes, se siente su falta; sus corazones son lámparas que iluminan el camino de Allah(Al Hakim)।
b. Sentir la presencia de Allah
El segundo asunto en el que debemos concentrar nuestra atención consiste en sentir la presencia de Allah en cualquier tarea, para que en ella se manifieste verdaderamente la excelencia. Por ello, cuando Yibril preguntó al Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) acerca de la excelencia, él respondió: «El grado supremo de la excelencia consiste en adorar a Allah como si Lo vieras. Y aunque tú no Lo veas, Él te ve a ti».
Esta es una condición previa para cualquier obra religiosa o mundana. Porque la excelencia en la obra es una obligación religiosa que todo musulmán debe esforzarse por alcanzar. Allah ha exhortado a la excelencia en todos los asuntos. Y, al esforzarse por alcanzar la excelencia, ninguna persona debería tener otra conciencia aparte de la de que Allah la ve, escucha sus palabras y conoce todo lo que hace.
La excelencia es aún más necesaria si la obra está relacionada con el din, especialmente si se realiza en favor de la da‘wa islámica y del movimiento islámico, tanto si se trata de un fard ‘ayn como de un fard kifaya. En la obra de la da‘wa islámica y del movimiento islámico, los trabajadores asumen la responsabilidad en nombre de otros musulmanes que simplemente pasan el tiempo ociosamente y observan. Incluso, cuando tienen la oportunidad, atacan a los trabajadores islámicos y los incitan a abandonar esta obra del din.
No hay ninguna carencia en la supervisión de los trabajadores islámicos. Tampoco necesitan una inspección administrativa de su trabajo, porque están sometidos a la autosupervisión y ellos mismos son los primeros inspectores de su trabajo. En sus corazones permanece siempre viva esta palabra de Allah: «Él está con vosotros dondequiera que os encontréis, y Allah ve todo lo que hacéis.(Sura Al-Hadid: 4)।
c.. Autocrítica
El tercer asunto central es practicar la autocrítica (ihtisab). Si antes de comenzar la obra nuestra intención es clara y durante la obra surge la conciencia de que Allah está presente, eso es autocrítica. Y esto es precisamente la rendición de cuentas. Se ha transmitido en un hadiz: «Inteligente es quien hace rendir cuentas a su nafs y se prepara para lo que vendrá después de la muerte; y desvalido es quien actúa conforme a los deseos de su nafs y luego deposita su confianza en Allah(Tirmidhi)।
También se ha narrado que Hazrat Umar (que Allah esté complacido con él) dijo: «Antes de que se te pida cuentas, pídetelas tú mismo. Sopesa tus obras antes de que sean pesadas contra ti». Una frase de Maymun ibn Mihran dice: «Solo es consciente de Allah quien examina su propia alma con mayor severidad que un gobernante tiránico y que un avaro». Su fundamento está en la palabra del Altísimo: «Juro por el alma que se reprocha a sí misma»(Sura Al-Qiyamah: 2)।
La autoevaluación intensifica constantemente el esfuerzo por corregir los errores y eliminar las debilidades. Como resultado, la persona se esfuerza siempre por alcanzar la excelencia y abandona el hábito de alabarse a sí misma, la arrogancia y la censura de los demás.
En el islam, este principio de rendirse cuentas a uno mismo es uno de los principios fundamentales en los ámbitos moral y educativo. Por ello, todos los sufíes y eruditos lo han considerado obligatorio.
En la actualidad, la gente pronuncia con frecuencia la expresión «autocrítica». No hay nada reprochable en emplear esta expresión. Lo verdaderamente reprochable es aceptarla en su sentido convencional y considerarla algo tomado de otros. Pues la autocrítica no es otra cosa que rendirse cuentas a uno mismo. Y, en esencia, está prescrita por el Corán, la Sunna y nuestra cultura.
d.. Tawakkul en Allah
El cuarto tema central es depositar la confianza en Allah (tawakkul). Es un arma espiritual que transforma la debilidad en fuerza. Es el arma con la que el Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) se enfrentó a los gobernantes tiránicos de diversas naciones. Su tiranía nunca lo atemorizó, ni sus intrigas pudieron debilitarlo. El Altísimo dice: «¿Y qué razón tendríamos para no confiar en Allah, cuando Él nos ha guiado por el camino que seguimos? Soportaremos con paciencia el daño que nos habéis causado. Y en Allah deben depositar su confianza los pacientes»(Sura Ibrahim: 12)।
Confiar en Allah significa aceptarlo como guía, obedecer Sus mandatos y depender únicamente de Él. Allah, el Altísimo, dice al respecto: «Él es el Señor del Oriente y del Occidente. No hay otra divinidad excepto Él. Tómalo, pues, como tu encargado en todos tus asuntos (Sura al-Muzzammil: 9)।
Sin embargo, solo después de prepararse y adoptar toda clase de precauciones debe uno aceptar a Allah como encargado de sus asuntos; luego debe avanzar con la confianza de que Allah no lo abandonará. Confiar en Allah no significa en modo alguno que alguien descuide su trabajo, abandone las estrategias establecidas para alcanzar su objetivo, muestre indiferencia hacia las normas permitidas o espere cosechar sin haber sembrado ni cuidado el campo. El tawakkul significa hacer lo que hicieron el Mensajero de Allah —que la paz y las bendiciones de Allah sean con él— y los profetas y mensajeros anteriores a él. Consiste en esforzarse al máximo, confiar en Allah, tener una firme convicción en Su promesa y esperar Su apoyo, dejando luego el resultado en manos de Allah.
El Noble Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) tomó las mejores medidas para realizar la Hégira. Sin embargo, los incrédulos llegaron a la cueva en la que se había ocultado. Cuando el honorable Abu Bakr (que Allah esté complacido con él) dijo: «Si alguno de ellos mirara bajo sus pies, sin duda nos vería», el Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: «Abu Bakr, ¿qué piensas de dos personas con las que hay un tercero? Él es Allah».En la sura At-Tawbah, versículo 40.º, se dice: No estés triste ni tengas miedo; ciertamente, Allah está con nosotros.
Esto mismo dijo el profeta Moisés (la paz sea con él) a su pueblo cuando el faraón lo perseguía con su ejército. El pueblo de Moisés quedó atrapado entre el mar delante de ellos y el ejército del faraón detrás. Allah dice: «Cuando ambos grupos se vieron mutuamente, los compañeros de Moisés dijeron: “Sin duda, seremos alcanzados por ellos”. Moisés dijo: “¡Jamás! Pues mi Señor está conmigo. Él nos guiará” (sura ash- Shu’’ara: 61–-62)।
Lo que realmente necesitamos es una fe firme de este tipo. Fortalecidos por la convicción de que Allah está con nosotros, debemos enfrentarnos a los descendientes del faraón y de Abu Yahl. Aquellos con quienes está Allah no pueden fracasar. En el Corán se declara: «Si Allah os ayuda, nadie podrá venceros; pero si no os ayuda, ¿quién, aparte de Él, podrá ayudaros? Y los creyentes deben confiar únicamente en Allah» (sura Alí Imrán: 160)।
correcta de la acción importancia
Al formar el grupo de vanguardia necesario, debemos asegurar la combinación de dos elementos: sinceridad en la intención y acción correcta.
Toda obra islámica requiere una intención pura y buena voluntad. Porque toda obra islámica es, por definición, adoración y yihad. Ya hemos dicho que ninguna adoración ni yihad será aceptada si no se realiza conforme a un método correcto. Por ello, nuestros ulemas han concedido una enorme importancia al hadiz del Mensajero de Allah (s. a.): «Las obras se valoran o se miden según las intenciones». En conjunto, los ulemas consideran que la intención constituye una cuarta parte, una tercera parte e incluso la mitad del islam.
Pero la buena intención por sí sola no basta para hacer avanzar al movimiento islámico a través de violentas tormentas y tempestades. Además de la buena intención, se debe tener la capacidad de distinguir entre lo correcto y lo incorrecto, e incluso cuál de dos opiniones es más correcta, y de elegir el menor de dos males o el mejor de dos bienes. Se dice que la persona inteligente es la que puede distinguir lo bueno de lo malo y reconocerlo;, y la persona sabia es quien, entre’dos males, puede identificar cuál es el menor.।
En realidad, un musulmán debe esforzarse por saber cuál es la verdad. Si, aun después de esforzarse, alguien se equivoca, será perdonado e incluso recompensado. A este respecto, se ha transmitido en un hadiz que, si alguien llega a una decisión equivocada después de esforzarse por conocer la verdad, recibirá aun así una recompensa; y si, después de esforzarse y empeñarse, encuentra el camino correcto, recibirá una recompensa doble: una por su esfuerzo y la otra por haber tomado la decisión correcta. La promesa de una doble recompensa por la decisión correcta se debe a que el objetivo constante de quienes se esfuerzan debe ser conocer la «verdad real», y a que todos los creyentes sabios puedan centrar su atención, mediante sus esfuerzos, precisamente en conocer la verdad real. En esta etapa, expondré dos cuestiones.
En primer lugar, quienes serán recompensados por su esfuerzo deben estar capacitados para emprenderlo; es decir, deben poseer al menos la capacidad necesaria para ejercer su discernimiento personal (ijtihad). Aquí no entiendo por ijtihad el sentido jurídico y técnico descrito en las obras de fiqh acerca de este tipo de esfuerzo, sino el esfuerzo intelectual realizado en un ámbito que requiere conocimientos especializados. El ijtihad en asuntos políticos es, sin duda, de una naturaleza distinta del ijtihad en asuntos militares, económicos y educativos, pues cada ámbito exige conocimientos específicos.
Pero si alguien comienza a investigar una cuestión sobre la que no posee buenos conocimientos y emite un juicio sin el conocimiento adecuado, habrá cometido una injusticia contra sí mismo, habrá sido injusto con su investigación y habrá perjudicado a su pueblo. No recibirá ninguna recompensa; por el contrario, merecerá ser castigado por un pecado innegable. Pues emite un juicio a pesar de su ignorancia, como quien, sin saber nadar, se mete en el agua y finge nadar. Por eso, el Mensajero de Dios (que Dios lo bendiga y le conceda paz) dijo: «Los jueces son de tres clases: uno irá al Paraíso y los otros dos irán al Infierno. El primero es el juez que conoce la verdad y juzga conforme a ella; por eso irá al Paraíso. El segundo juez es ignorante, pero emite un juicio; irá al Infierno. El tercer juez conoce la verdad, pero juzga injustamente; él también será condenado al Infierno (Abu Dawud, Tirmidhi, Ibn Maja, Nasa’i y al Hakim)।
En este hadiz, el juez que emite un juicio pese a su ignorancia y el juez que, aun conociendo la verdad, emite un juicio injusto son colocados al mismo nivel. Esto se debe a que se ha involucrado en un ámbito en el que no tiene experiencia. En tal caso, lo mejor sería apartarse de él y dejarlo en manos de una persona capacitada para ocupar ese puesto.
Este tipo de juez, aunque haga lo correcto, no será recompensado. Porque la afirmación correcta se hizo desde una posición equivocada. Al no basarse en un método apropiado, tales actos carecen de valor. Se ha narrado en un hadiz: quien opina sobre el Corán sin conocimiento, aunque su opinión parezca correcta, se equivoca.[Abu Dawud y Tirmidhi este hadiz fue narrado por un narrador, y lo llamaron ‘«gharīb»’ . y An Nasāʾī y otros han calificado este hadiz de débil o da‘īf .।]Esto es como disparar con una mano inexperta.
Aunque la opinión de un juez así sea correcta, se considerará errónea, porque su interpretación (iytihad) se ha elaborado según su propio capricho, sin seguir estrictamente ningún método ni regla válida. Por tanto, no se puede confiar en una decisión tomada mediante un esfuerzo tan arbitrario.
En segundo lugar, solo serán recompensados por el esfuerzo de interpretación, incluso con una única recompensa, aquellos que se esfuercen al máximo en buscar la verdad y concentren plenamente su atención en comprender el asunto con certeza y precisión. Para ello, deberán comprender y aprovechar todos los medios y recursos disponibles para descubrir la verdad, así como todos los datos y la información obtenidos en esa búsqueda. También deberán consultar a personas eruditas para enriquecer sus opiniones correctas y sus valiosas experiencias. Todo ello les ayudará a tomar decisiones acertadas.
Futuro liderazgo
El problema del movimiento islámico en muchos países es que sus bases son tan amplias que faltan dirigentes capaces de gestionarlo. No hay ningún reparo en reconocerlo.
La razón de esta situación es que el movimiento islámico contemporáneo se ha extendido por todo el mundo. Sus raíces han penetrado profundamente en todos los países. Como resultado, su expansión continúa ampliándose gradualmente. Sin embargo, junto con este desarrollo progresivo, no se están formando dirigentes adecuados en los ámbitos ideológico, educativo y político. El liderazgo actual debe prepararse para la próxima etapa teniendo presente esta situación.
La primera cuestión que debe considerarse aquí es ser fiel al programa de la da‘wah. Por ello, hacer sacrificios o haber estado entre los primeros participantes del movimiento no constituye por sí solo las cualidades necesarias para ejercer el liderazgo del movimiento islámico, aunque tales cualidades tienen un valor propio ante Dios y ante los seres humanos. El tipo de liderazgo que se necesita requiere que las personas encargadas de dirigir posean capacidades intelectuales, psicológicas y prácticas especiales. Estas características deben añadirse a los requisitos previos habituales de carácter moral, conductual y doctrinal.
Al hablar de liderazgo no me refiero a los cargos superiores del movimiento. Me refiero, más bien, al grupo responsable de planificar, ejecutar, orientar y controlar el trabajo, y de obtener de sus subordinados el máximo rendimiento posible. Este grupo encamina al personal correspondiente desde las actividades perjudiciales hacia procesos constructivos, desde las discusiones hacia la actividad y desde la inactividad hacia el trabajo arduo.
Quienes han estado al frente del liderazgo desde el principio no deben obstaculizar el camino de los nuevos dirigentes pensando que el liderazgo es un derecho de por vida que solo la muerte puede arrebatar. De hacerlo, impedirían que personas jóvenes, talentosas y capaces accedieran al liderazgo. Se nos ha instado a seguir como modelo a los Califas Bien Guiados, que fueron designados por un período indefinido. En las circunstancias actuales, debemos abandonar la actitud de elegir a alguien como dirigente para toda la vida.
En realidad, estos precedentes históricos no constituyen una ley que la ummah deba seguir hasta el Día del Juicio. Ya hemos tratado este asunto en otro lugar. Aquí debemos insistir necesariamente en la preparación de un liderazgo para la próxima etapa, de modo que líderes firmes, honestos, dignos de confianza e inteligentes puedan asumir con seguridad las riendas del movimiento. Debemos formar líderes en los ámbitos ideológico, educativo y político.
Debemos reflexionar seriamente sobre este asunto, adoptar medidas prácticas y eficaces, y transformar la teoría en acción.
Formación del liderazgo en un instituto especial
Con este objetivo, propongo establecer un instituto para formar un liderazgo islámico. Como estudiantes de este instituto deben seleccionarse personas talentosas, resueltas y dotadas de las cualidades intelectuales, psicológicas, conductuales y espirituales necesarias. Estos estudiantes deberían ser seleccionados basándose en las recomendaciones de personas sabias capaces de evaluar las cualidades y características humanas. Antes de reclutarlos para su formación en el instituto, también se les deben realizar exámenes escritos y básicos. Lo más conveniente sería que el instituto fuera de tipo residencial, de modo que los estudiantes vivieran allí como una comunidad. Los elementos fundamentales de su vida serían la religión, el conocimiento, las actividades de da‘wah, la hermandad y la yihad.
El plan de estudios de este instituto debería ser amplio, profundo y multidimensional. Debe integrar la tradición con los conocimientos y las ciencias contemporáneos, así como combinar la religión y las ciencias humanas dentro de un contexto islámico. Al mismo tiempo, debe conceder la debida importancia a los asuntos locales, árabes, islámicos e internacionales. En este sentido, el plan de estudios debe dar importancia al examen y análisis de los círculos hostiles a nuestra religión, a la ummah y a nuestro avance. Esta institución deberá integrar el conocimiento con la acción y la teoría con la práctica.
Para impartir este plan de estudios deben designarse profesores fiables, altamente instruidos y dotados de un pensamiento y una fe maduros. Estos profesores deben mantenerse muy alejados tanto de la indulgencia como de la severidad. Deben poseer un pensamiento integrado y armonioso. Ninguno de ellos debe considerar indignas de atención las opiniones de los demás; tampoco deben ser especialistas en Occidente o en Oriente, ni de izquierdas o de derechas. Si lo fueran, generarían contradicciones y confusión en el pensamiento, lo que obstaculizaría el proceso de formación del carácter de los estudiantes.
Con esto no quiero decir que estos eruditos profesores deban ser réplicas exactas unos de otros. Solo quiero decir que debe existir un acuerdo entre su visión general sobre las cuestiones principales y la filosofía fundamental adoptada por el instituto.
Ahora analizaré algunas características del ideal que pretendemos establecer mediante esta ambiciosa iniciativa.
Características del ideal deseado
Sin ningún tipo de duda o ambigüedad, quiero afirmar enfáticamente una cosa: para los futuros dirigentes del movimiento islámico, además de una educación basada en el iman, debe disponerse también una sólida formación ideológica, que constituye la clave fundamental de su desarrollo moral. Esta será la educación y formación basadas en el fiqh descritas anteriormente, necesarias para el movimiento de los días venideros.
Para nosotros, el iman no es contrario a la razón ni al intelecto. Al contrario, el iman se basa en la razón y está guiado por ella, y en el Corán los creyentes son descritos como personas inteligentes. El Corán es una guía para quienes son sensatos y reflexionan profundamente. Para los intelectuales destacados de la ummah, la base de la razón es todo el conocimiento de la revelación transmitido por herencia. Pues sin el conocimiento de la revelación no se puede demostrar la existencia de Allah ni la validez de la risalat.
Las instrucciones expuestas en el Corán construyen una mentalidad racional, que establece los cimientos de la adoración y rechaza toda superstición y la imitación de los antepasados o de personas eminentes. [Mi libro ‘El Profeta y el conocimiento’, páginas 38–40)]
Científico ideal
El ideal sobre cuya base queremos organizar la educación y la formación que deseamos tiene ciertas características. Los docentes deberían comprender y poner en práctica estas características. Además, estas características deben reflejarse en el plan de estudios.
En el sentido plenamente literal, esta educación será científica. Al decir científica, no me refiero a la ciencia relacionada con las ciencias teóricas y prácticas. Aunque los musulmanes deberían estudiar estos campos de la ciencia. Pero se trata de un ideal en el que no será aceptable ninguna afirmación sin pruebas, ningún resultado sin una proposición, ningún testimonio sin una evidencia documental ni ninguna proposición que no esté completamente libre de dudas.
Queremos un pensamiento orientado científicamente y una conciencia científica en todos los ámbitos de la vida, que nos guíen para poder considerar cualquier asunto, cuestión, situación y persona de manera científica, y tomar decisiones prudentes y estratégicas, con una mentalidad científica, en la economía, la política, la educación y todos los demás ámbitos, libres de la influencia de las emociones, la impulsividad, el egocentrismo, los intereses grupales y diversos pretextos cotidianos. Los aspectos adversos mencionados controlan en gran medida nuestra conducta. Si una persona encargada de tomar decisiones se deja guiar por sus propios caprichos o por los de su grupo, tratará de complacer al pueblo haciendo lo que este prefiere, y no centrará su atención en lo que sea beneficioso para el pueblo, la patria y, en general, el futuro de la nación.
Mi ‘La solución islámica: una obligación y una necesidad’ trata, al analizar la autocrítica en el movimiento islámico, algunas de las principales características de la conciencia científica. Considero necesario volver a mencionar aquí estas características, haciendo hincapié en las necesidades de la umma, no en un secularismo importado.
Se necesita conciencia científica conciencia
Una característica importante de la conciencia científica es:
1. Adoptar una perspectiva objetiva sobre diversos asuntos, situaciones y contextos, sin prestar atención a su procedencia. Hazrat Ali, que Dios esté complacido con él, dijo: «No intentes conocer la verdad a través de las personas; conoce primero qué es la verdad y entonces podrás reconocer fácilmente a las personas relacionadas con ella».
2. Dar importancia a la especialización. En el Corán se ha declarado: Preguntad a quienes tienen experiencia en el Libro ((Surah an-Nahl: 43)), preguntad a quien tiene conocimiento de Él ((Surah al-Furqan : )59(), y nadie podrá informarte como el Omnisciente Allah (Surah Fatir: 14)।
La religión tiene sus propios especialistas, al igual que la economía, la defensa y las demás ramas del conocimiento, especialmente en nuestra época. Quien posee conocimientos sobre la religión, la política, la economía y la defensa, y opina sobre todos los asuntos, en realidad no sabe nada.
3. Debe existir disposición para la autocrítica, reconocer los errores, aprender de ellos y revisar claramente las experiencias del pasado. Hay que mantenerse alejado de una perspectiva autocomplaciente, pues esta solo ve el pasado lleno de gloria y victorias.
4. Aplicar las estrategias más modernas y mejores para garantizar el éxito y aprender de la experiencia de todos, incluidos los enemigos. El conocimiento es un bien perdido de los creyentes; no importa de dónde se obtenga. El creyente es quien tiene más derecho a ese conocimiento que cualquier otra persona.
Examinar y poner a prueba todos los asuntos, excepto las doctrinas religiosas e ideológicas incontrovertibles, y aceptar sus resultados sin considerar si favorecen o perjudican a alguien.
No precipitarse al emitir decisiones y opiniones. Solo mediante un proceso de formación de una perspectiva basado en una revisión cuidadosa, a la luz de la experimentación y la verificación, y después de un diálogo constructivo con la otra parte, podrán salir a la luz todos los aspectos positivos y negativos del asunto tratado.
Las opiniones de quienes sostienen concepciones diferentes en las diversas cuestiones del fiqh y en todas las ramas del conocimiento deben evaluarse con la debida importancia. Mientras existan argumentos y pruebas pertinentes en cada asunto, este debe resolverse a la luz del Corán y la Sunna de manera que puedan evitarse las disputas. Nuestros ulemas han dictaminado que no hay restricciones respecto de las opiniones basadas en el iŷtihad. Por tanto, quien emita una opinión basada en el iŷtihad no debe ser considerado superior a los demás. Sin embargo, mediante el iŷtihad no deben cesar el diálogo constructivo ni la verificación teórica e imparcial en un ambiente tolerante y sincero.
Práctica contraria a las teorías científicas
La simplificación excesiva de asuntos complejos, la subestimación de cuestiones graves, considerar ligeros los problemas difíciles o abordar las cuestiones principales como personas ignorantes y mediante actitudes propias de derviches es contrario al pensamiento científico.
Una mano invisible y fuerzas extranjeras malignas trazan planes como malhechores y esperan pacientemente para empujarnos hacia el sufrimiento, hasta que nosotros mismos caemos en la trampa. En esta situación, percibimos el olor de la conspiración en todo y pensamos que carecemos de la fuerza necesaria para enfrentarnos a esos círculos malignos. Por tanto, creemos que es mejor cruzarnos de brazos. Esta mentalidad es perjudicial para nosotros. En algunos casos puede ser cierta, pero es erróneo considerarla aplicable a todo. Tal interpretación del curso de los acontecimientos históricos es, en realidad, fruto de la conspiración y de los planes trazados. Sean políticos, económicos, sociales o culturales estos acontecimientos, juzgarlos desde la perspectiva anterior tiene dos consecuencias negativas:
En primer lugar, si esta actitud se intensifica, dará lugar a una especie de fatalismo, como si no pudiéramos hacer nada contra esas conspiraciones diabólicas. Porque ante el enorme poder financiero e intelectual de esos círculos malignos somos extremadamente débiles y de inteligencia inferior. Así nos convertimos en piezas de ajedrez. Esta forma de pensar solo generará una actitud destructiva de desesperación y derrota.
En segundo lugar, esta mentalidad nos hace reacios a la autocrítica y no genera en nosotros ningún interés por realizar un esfuerzo sincero para comprender los defectos, remediar los problemas o examinar los fracasos y las faltas. En consecuencia, también se ve obstaculizado el esfuerzo por diagnosticar la causa de la enfermedad y procurar su curación. Mientras sigamos creyendo que la causa de nuestra debilidad, indiferencia, corrupción o destrucción es una malvada conspiración extranjera y no el resultado de nuestra propia conducta, esta situación persistirá.
A menudo adoptamos este tipo de mentalidad, pero el Corán nos enseña que, cuando nos enfrentemos a la desgracia, la calamidad y la derrota, debemos considerarnos los únicos culpables. El Todopoderoso Allah dice: «Cualquier desgracia que os acontezca se debe a lo que vuestras propias manos han cometido; y Él perdona muchas cosas» ((sura Ash-Shura: 30)।
En la batalla de Uhud, los musulmanes sufrieron una calamidad extrema al perder a setenta de sus valientes guerreros. Sin embargo, ese mismo ejército musulmán había obtenido una brillante victoria en la batalla de Badr. Cuando se preguntaron a sí mismos por la causa de aquello, Allah Todopoderoso les envió esta respuesta: «¿Qué os ocurre que, cuando os sobrevino una desgracia, aunque vosotros mismos habíais infligido a vuestros enemigos un golpe doble, dijisteis: “¿De dónde viene esto?”. Diles: “Esta desgracia ha sobrevenido por causa vuestra”» ((sura Alí Imrán: 165)।
Un ideal realista
Las características del ideal científico que queremos ver en el futuro para el movimiento islámico serán realistas, basadas en la realidad, y no ilusorias ni basadas en sueños.
la ambición y la capacidad el equilibrio
Debemos grabar en nuestra mente una verdad práctica: nuestro programa ambicioso debe ser proporcional y equilibrado con respecto a nuestras capacidades. Además, debemos comprobar qué queremos obtener y cuánto podemos obtener realmente. No debemos esperar obtener algo para lo cual no estamos preparados o para lo cual no tenemos bajo nuestro control los medios y recursos necesarios. El Corán ha permitido al combatiente retirarse mientras intenta ejecutar una estrategia de guerra o con el propósito de reunirse con su propio ejército.
A un muyahid se le ha permitido retirarse del campo de batalla únicamente cuando la situación deja de ser favorable debido a la presencia de un número de soldados enemigos superior al doble del de las fuerzas musulmanas. Allah, el Altísimo, dice: «Ahora Allah os ha aliviado la carga y sabe que hay debilidad entre vosotros. Así pues, si hay cien de los firmes entre vosotros, vencerán a doscientos; y si hay mil de vosotros, vencerán, con el permiso de Allah, a dos mil. Y Allah está con los pacientes» ((sura An-fal: 66))।
En la batalla de Mu’tah, las fuerzas romanas superaban varias veces en número a las fuerzas musulmanas. Frente a ciento cincuenta mil soldados romanos, los musulmanes apenas contaban con tres mil. Debido a esta proporción entre los efectivos de ambos bandos, el estratega Khalid ibn al-Walid decidió retirar las fuerzas musulmanas a un lugar seguro, en vez de lanzarlas a una batalla que podía resultar suicida.
Cuando regresó a Medina con su ejército, los jóvenes enfurecidos de Medina los recibieron arrojándoles piedras y llamándolos fugitivos. Pero el Mensajero de Allah, que Allah le bendiga y le conceda la paz, los defendió diciendo: «No; ellos serán los atacantes, si Allah quiere».
Un comandante sabio es aquel que cuida de sus soldados. Por esta razón, Umar ibn al-Jattab, que Allah esté complacido con él, no mostró interés en emprender una campaña contra los bizantinos al comienzo de su gobierno. A quienes lo instaban a hacerlo les dijo: «Juro por Allah que un musulmán me es más querido que el Imperio bizantino y todas sus riquezas».
El musulmán sabio no se involucra en aquello que no tiene capacidad para realizar. A este respecto, Allah Todopoderoso dice: «Obedeced, pues, a Allah y temedle tanto como podáis» ((Sura At-Tagabun: 16)।
Se ha narrado en un hadiz: No se le ha permitido a un musulmán humillarse a sí mismo. Le preguntaron al Mensajero de Allah: «¿Cómo se humilla una persona a sí misma, oh Mensajero de Allah?». El Mensajero de Allah respondió: «Cargando sobre sus hombros un peso que no puede soportar».
El movimiento islámico puede cometer fácilmente un error: tomar decisiones importantes impulsado por las emociones de las masas. En algunos países, la población musulmana hace que ciertos líderes del movimiento se lancen a la lucha política. Estos se precipitan a hacerlo sin haber adquirido plenamente las capacidades mentales, políticas y especiales necesarias para tal tarea. Al hacerlo, cargan sobre sus hombros un peso superior a sus capacidades. El fracaso de esta iniciativa está asegurado.
Estos fracasos se deben a la precipitación, las ideas equivocadas, la sobreestimación de la capacidad de alguien y la subestimación de las capacidades de los demás. Tenemos ante nosotros el ejemplo del Mensajero de Allah, quien no permitió a sus compañeros emprender una lucha armada contra los politeístas, incluso cuando estaban siendo perseguidos y sufriendo daños. Él decía: «Retened vuestras manos de la lucha y estableced la salat».
El Mensajero de Allah siguió esta práctica hasta que, por parte de Allah, encontró un territorio libre y una base sólida desde donde iniciar la yihad y emprender campañas militares. A este respecto, Allah Todopoderoso dijo: «Se les ha dado permiso para combatir a aquellos contra quienes se combate, porque han sido oprimidos; y ciertamente Allah tiene pleno poder para concederles la victoria» ((Sura Al-Hajj: 39)।
La resolución de los viejos problemas por completo
Queremos resolver, mediante la adopción de un nuevo ideal, aquellos viejos problemas que han mantenido nuestros corazones agobiados y que durante mucho tiempo han frustrado numerosos esfuerzos de los musulmanes. Entre esos problemas están la existencia de Alá y Sus atributos. ¿Son los atributos de Alá parte de Su naturaleza esencial o algo distinto? ¿O acaso esos atributos no son ni Su naturaleza esencial ni algo distinto?
Entre esos problemas estaba si el Corán fue creado o no, lo que posteriormente provocó que la espada se cerniera sobre varios ilustres imanes del islam. Al interpretar los versículos del Corán sobre estas cuestiones, se buscaba su significado esotérico (ta’wil), se suscitaban debates innecesariamente exacerbados entre las generaciones anteriores y posteriores, y se intentaba refutar las doctrinas de los asharíes, los maturidíes y sus defensores entre los eruditos de universidades del mundo musulmán como Al-Azhar, Al-Zaytuna, Al-Qarawiyyin y Deoband.
No deberíamos preocuparnos por ninguno de estos problemas. Debemos preparar nuestras mentes para, en la próxima etapa, hacer frente al judaísmo, los cruzados, el marxismo y los defensores de las filosofías destructivas de Oriente y Occidente.
Innecesario debate
El ideal realista que necesitamos consiste en centrar nuestra atención en actividades constructivas, no en la negociación ni en el debate. Pues cuando Alá quiere castigar a un pueblo, lo sumerge en el debate y la inacción. Por debate entiendo aquí debatir sobre problemas históricos, completamente hipotéticos o que son naturalmente controvertidos.
A menudo se plantea un debate innecesario, o del que hoy no obtendremos ningún beneficio: el debate sobre la naturaleza de la yihad armada en el islam. ¿Debe ser una yihad defensiva para proteger las creencias religiosas, los lugares sagrados y el territorio del islam, o una yihad ofensiva para extender el islam por todo el mundo?
Numerosos eruditos contemporáneos han escrito sobre este tema y se han dividido en dos grupos. Entre quienes sostienen que la yihad debe ser defensiva se encuentran Sayyid Muhammad Rashid Rida, el jeque Mahmud Shaltut, el jeque Muhammad Abu Zahra, el jeque Muhammad al-Ghazali y el jeque Abdullah ibn Zayd Al Mahmud, entre otros.
La base de su argumento son numerosos versículos del Corán: «Combatid por la causa de Alá contra quienes os combatan, pero no transgredáis. Ciertamente, Alá no ama a los transgresores (sura Al Baqara: 190)». En otro lugar se dice: «Por tanto, si se apartan de vosotros, no os combaten y os ofrecen la paz, Alá no os ha dado ningún motivo para luchar contra ellos (sura An Nisa: 90)।
Entre los partidarios de la opinión contraria se encuentran el maulana Sayyid Abul Ala Maududi, el mártir Sayyid Qutb y otros.
La base de su argumento es el versículo de la espada (Ayat as-Sayf). Según ellos, este versículo abrogó todos los versículos anteriores y las circunstancias en las que fueron revelados llegaron a su fin. Sin embargo, también discreparon sobre cuál era exactamente el versículo de la espada, porque no pudieron determinar por consenso cuál de los versículos del Corán debía aplicarse en este caso.
Actualmente ya no es necesario debatir esta cuestión por tres razones:
En primer lugar, nosotros, los musulmanes, no hemos cumplido con el deber del yihad, que es obligatorio para cada uno de los países islámicos. En particular, recuperar los territorios musulmanes de manos de los ocupantes y agresores. Y estos territorios musulmanes son Palestina, Eritrea, Filipinas, Afganistán, Taskent, Bujará, Samarcanda, Uzbekistán, Azerbaiyán, la Unión Soviética [1991 año soviética Unión caída anterior situación। Ahora seis musulmanas repúblicas independientes Estados se convirtieron han। Estas son: Azerbaiyán, Uzbekistán, Tayikistán, Kirguistán, Kazajistán y Turkmenistán।] y las demás repúblicas musulmanas, así como otros lugares de países como China, Etiopía y Tailandia. Ningún musulmán puede esgrimir argumentos contra la necesidad de liberar estos países de las fuerzas contrarias al islam. Y la decisión de Alá aplicable a su caso está expresada en este versículo del Corán: «¿Qué os pasa que no combatís por la causa de Alá y por aquellos hombres, mujeres y niños débiles, perseguidos y oprimidos que suplican: “¡Señor nuestro! Sácanos de esta población cuyos habitantes son opresores, y suscítanos, de Tu parte, un protector que nos defienda y envíanos, de Tu parte, a alguien que nos auxilie!”» (Sura An Nisa: 75)।
Si la umma musulmana no ha cumplido este deber obligatorio de autodefensa, ¿cómo puede plantearse ahora la cuestión de la yihad ofensiva?
En segundo lugar,, la yihad ofensiva consiste, según sus defensores, en eliminar a las fuerzas que obstaculizan el camino de los siervos de Alá y que intentan impedir que los musulmanes transmitan el mensaje de Alá a la gente. Pero hoy nadie puede obstaculizar nuestro camino si nos esforzamos por continuar llevando sinceramente y con devoción nuestro da‘wa a todo el mundo. El da‘wa puede difundirse por todo el mundo y en todos los idiomas mediante materiales impresos y medios audiovisuales. Actualmente, el mensaje del da‘wa puede transmitirse por medio de la radio, la televisión, los libros, los periódicos y las comunidades musulmanas de todos los países del mundo.
Sin embargo, en este ámbito la negligencia de nuestra gente es ilimitada. Si comparamos nuestro trabajo y nuestras actividades con los de los misioneros cristianos, veremos que, para difundir su religión, traducen la Biblia al menos a mil lenguas y dialectos y envían a miles de misioneros, hombres y mujeres, a todos los rincones del mundo. Su campaña de proselitismo ha llegado a tal punto que ahora desean incluso convertirnos al cristianismo, para que los sigamos.
En tercer lugar,, dependemos de otros en materia de poder militar. Quienes fabrican todo tipo de armas y nos las venden son precisamente aquellos contra quienes queremos iniciar una yihad ofensiva. Si no lo hicieran, estaríamos desarmados, indefensos e incapaces de hacer nada para enfrentarlos. Si esta es la situación, ¿cómo podemos hablar de una yihad ofensiva para llevar a todo el mundo bajo el alcance de nuestro da‘wa? Solo podemos adquirir las armas que ellos nos proporcionan, y solo pueden llegar a nuestras manos aquellas armas que ellos no están dispuestos a vendernos.
Ideal tradicionalista
Una de las características fundamentales de este ideal es que se trata de un ideal tradicionalista (salafista). Aquí, por tradicionalista entendemos un método intelectual basado en los principios del Corán y la Sunna, cuya aplicación correcta fue realizada por los compañeros de la umma, la primera generación, y posteriormente por quienes siguieron correctamente su camino.
Principios fundamentales del método salafista
En general, la base de este método es la siguiente:
1. Analizar a la luz del Libro original e infalible, no de las palabras de ninguna persona.
2. Para determinar el significado de las expresiones difíciles (mutashabihat) del Libro original, recurrir a las expresiones claras (muhkamat), y en las cuestiones indeterminadas (zanniyyat), recurrir a las expresiones definitivas (qat’iyyat).
3. Comprender los conceptos secundarios (furu) y las conclusiones complementarias (juz’iyyat) a la luz de los principios fundamentales y las reglas generales.
4. Fomentar la investigación (ijtihad) y la renovación (tajdid) a nivel individual, y desalentar la rigidez y la imitación (taqlid).
5. En materia de moralidad, fomentar la constancia en la práctica correcta, no la indulgencia.
6. Promover la sencillez en el fiqh, no la complejidad.
7. En la orientación y la dirección, fomentar la aplicación del principio de tratar a las personas con benevolencia, en lugar de atemorizarlas mediante un comportamiento áspero (tanfir), y presentarles un ejemplo bello y ordenado (tabshir).
8. No debatir sobre la fe (iman), sino concentrarse en construir una fe pura y firme.
9. En materia de adoración, centrarse en la satisfacción, no en el método.
10. Prestar atención a observar las normas religiosas y esforzarse por idear costumbres para los asuntos mundanos.
Este es el meollo del método seguido por los creyentes de las primeras generaciones, y dicho método fue aplicado en la enseñanza teórica y práctica de los sabios de aquella generación de la umma. Alá, el Todopoderoso, y el Mensajero de Alá (la paz y las bendiciones sean con él) elogiaron a quienes siguieron este método. También sabemos por la historia que este método es verdaderamente digno de elogio.
Porque los sabios de las primeras generaciones dejaron a sus sucesores las enseñanzas del Sagrado Corán y, conforme a este Corán, formaron sus vidas, preservaron las prácticas de vida lícitas, alcanzaron victorias, promovieron la justicia y la benevolencia, y establecieron firmemente la tradición del conocimiento y la fe. De este modo, sentaron las bases de una civilización universal, moral, humanista y religiosa, cuyo recuerdo imperecedero aún permanece vivo en las páginas de la historia.
Salafia: interpretación errónea del ideal
Tanto sus seguidores como sus opositores han interpretado erróneamente el término tradicionalista (salafia).
Muchos de los defensores del ideal salafista y de sus partidarios han reducido la teología intelectual (ilm al-kalam, fiqh) o las cuestiones de los sufíes a un marco formal de argumentación y debate. Quienes se oponen a la doctrina salafista en estos asuntos o refutan la opinión salafista en cuestiones de detalle se dedican día y noche a criticar duramente a los salafistas.
Su perspectiva es tan irrazonable que algunos consideran el ideal salafista un método de dialéctica que no es constructivo ni orientado a la acción, o creen que este método concede mayor importancia a las explicaciones detalladas en lugar de a lo universal, a las ideas controvertidas en lugar de a las aceptadas y a la exterioridad en lugar del significado profundo.
Los detractores del método salafí lo consideran un pensamiento retrógrado. Según ellos, este método siempre mira hacia atrás, no avanza y nunca se preocupa por el presente ni por el futuro. Tildan a los salafíes de intransigentes, reacios incluso a escuchar las opiniones ajenas, por no hablar de tomarlas en consideración. Los detractores consideran que esta mentalidad salafí es contraria a la renovación (taydid), la innovación (ibdaʿ) y el iŷtihad, y que no muestra ningún indicio de flexibilidad. En realidad, esto constituye una injusticia contra el verdadero ideal salafí y sus auténticos defensores.
Probablemente, los defensores más célebres del ideal salafí en épocas anteriores fueron el jeque del islam Ibn Taymiyya y su discípulo Ibn al-Qayyim. Fueron, en sentido estricto, los representantes más cualificados del movimiento de renacimiento islámico de su tiempo. Se opusieron a la imitación ciega (taqlid) y al fanatismo ideológico, teológico y centrado en el fiqh, que habían dominado el pensamiento islámico durante varios siglos. Toda su labor estuvo dedicada al renacimiento de las ciencias y el saber islámicos.
Sin embargo, aunque se opusieron al método intransigente del taqlid, concedieron a los imanes de las escuelas jurídicas el debido respeto que merecían. Esto queda demostrado en la obra de Ibn Taymiyya titulada «Levantar la acusación contra los imanes eminentes».
Además, aunque emprendieron una campaña contra las desviaciones ideológicas y teóricas —en particular, la corrupción doctrinal de los defensores del hulul y del iŷtihad, así como las desviaciones conductuales introducidas en el sufismo por ignorantes, impostores y mercenarios—, Ibn Taymiyya e Ibn al-Qayyim trataron con justicia y respeto al sufismo genuino y a sus defensores. Escribieron numerosas obras sobre este tema. Entre ellas se encuentra la obra en dos volúmenes de Ibn Taymiyya que contiene sus fatwas, «Maymuʿ al-Fatawa», y, entre los diversos libros de Ibn al-Qayyim, destacan «Madariŷ al-Salikin» y «Sharh Manazil al-Saʾirin», en tres volúmenes.
Adopción del método
Quiero insistir en que, respecto de cualquier asunto concreto, no debemos adoptar únicamente las conclusiones de los musulmanes de las primeras generaciones, sino también el método que ellos siguieron. Pues alguien puede aplicar sus conclusiones a un determinado asunto sin llegar a conocer nada de su método equilibrado y coherente.
Una persona puede esforzarse por aplicar la importancia de este método y comprender sus objetivos, y al mismo tiempo discrepar de algunas conclusiones de los musulmanes de las primeras generaciones.
Esta es mi posición respecto del imán Ibn Taymiyya y del imán Ibn al-Qayyim. Respeto su método general y lo valoro correctamente. Pero eso no significa que acepte todas sus opiniones. Si aceptara todas sus afirmaciones, estaría imitándolos. Y de ese modo violaría precisamente el método que ellos defendieron. Por seguir este método, tuvieron que enfrentarse a una intensa oposición y a grandes sufrimientos. Porque su método no consiste en aceptar las decisiones de una persona basadas en una reflexión profunda y en un juicio sustentado en pruebas. Toda decisión debe examinarse a la luz de los argumentos y la importancia de la propia decisión.
¿Cómo puede quien sigue ciegamente a Ibn Taymiyya e Ibn al-Qayyim criticar a los seguidores del imán Abu Hanifa y del imán Malik?
También sería injusto centrarse únicamente en los aspectos teóricos e intelectuales de la vida de estos dos imanes e ignorar los demás aspectos brillantes de sus vidas. No debemos pasar por alto las nobles cualidades de carácter de Ibn Taymiyya, reflejadas en esta afirmación suya: «Suelo decir que, si los moradores del Paraíso han vivido como yo, entonces ciertamente han vivido una vida excelente». Incluso durante sus penalidades y su vida en prisión, pudo decir: «¿Qué daño pueden hacerme mis enemigos? Mi encarcelamiento es un retiro para adorar; mi exilio es un viaje religioso dedicado principalmente a la búsqueda del conocimiento; y mi muerte es el martirio».
Era un hombre de espíritu religioso, y su discípulo Ibn al-Qayyim también lo era. Quienes estudien sus obras con atención y buena intención podrán comprenderlo sin duda. Además, no debemos ignorar el papel desempeñado por estos dos imanes en el apoyo a la predicación y la yihad. Ibn Taymiyya participó personalmente en varias batallas militares. Además de combatir físicamente, encendió con sus palabras la llama de la inspiración en los corazones de otros muyahidines. Estos dos imanes lucharon incansablemente por el resurgimiento del islam. Debido a su lucha denodada, fueron encarcelados varias veces. El jeque del islam Ibn Taymiyya murió en prisión en el año 728 de la hégira. Este es el ejemplo singular del tradicionalismo auténtico.
Si examinamos nuestra historia contemporánea, veremos que la figura más destacada, Sayyid Muhammad Rashid Rida, desempeñó un papel pionero en la difusión de la bandera del tradicionalismo moderno y del método salafista mediante sus obras, libros y su propia revista. Fue el editor fundador de la revista Al-Manar. En esta revista publicó también el Tafsir de Al-Manar, que fue ampliamente aclamado en todo el mundo musulmán.
El imán Muhammad Rashid Rida fue, en su época, verdaderamente un renovador del islam. Cualquiera que lea su tafsir, sus fetuas o sus libros «La inspiración de Muhammad», «La facilidad del islam», «Un llamamiento al sexo bello», «El califa», «Los argumentos del reformador y del imitador», así como muchas otras obras y escritos, comprenderá sin duda que su pensamiento era realmente un faro de luz (manar). Este «Manar» mostró el camino de la luz a los seguidores del islam; su vida también fue un ejemplo práctico del ideal salafista.
El imán Rida fue el autor de una fórmula de oro que posteriormente siguió el imán Hasan al-Banna. La fórmula dice: Debemos cooperar en todo aquello en lo que estemos de acuerdo. Y, en aquello en lo que exista discrepancia, es preferible que nos mantengamos mutuamente al margen.
Qué principio tan magnífico. [He demostrado la validez de este principio y he presentado también en su apoyo pruebas de la sharía, como testimonio y evidencia, en el libro ‘Fatwa contemporánea ’ .।]Si tan solo los defensores del tradicionalismo hubieran comprendido y seguido correctamente este principio, ¡cuánto mejor habría sido!
Ideal revivalista
Otra característica del ideal que buscamos es que sea revivalista. No está limitado a la tradición antigua, ni se deriva de la herencia, ni se adhiere a las costumbres o prácticas establecidas. Es un ideal que cree en el ijtihad y se apoya en la creatividad, porque rechaza la imitación ciega (taqlid) y la obediencia incondicional, y considera que el estancamiento equivale a la muerte. Cree en el renacimiento en el fiqh, la educación, la política y todos los demás ámbitos.
El revivalismo no se opone al tradicionalismo .
He explicado este tema en mi libro «El despertar islámico y los males del mundo musulmán árabe». No existe ninguna incompatibilidad ni contradicción entre los ideales revivalista y tradicionalista. Más bien, son las dos caras de una misma moneda. El verdadero renacimiento solo es posible cuando está orientado hacia la tradición, y la tradición solo puede conservarse cuando cree en el ideal revivalista.
Aprobación del revivalismo
Nunca debemos decir que, en cuanto a su fuente, orientación, objetivos y principios, el movimiento islámico es una cuestión rígida y que no hay margen para la renovación.
El islam mismo aprueba la legitimidad de la renovación. En un hadiz auténtico se dice: «Al-lah enviará al comienzo de cada siglo a alguien que renueve esta religión (Abu Dawud y Al Hakim)।
La renovación (taydid) es legítima y está demostrada por los hadices. ¿Qué puede ser mejor que lo que dijo el Mensajero de Al-lah, que la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él? Por tanto, no tenemos motivo para alarmarnos al oír hablar de la renovación de la religión, demostrada por hadices auténticos. Lo que debemos hacer es comprender el significado de la renovación, para que ningún grupo interesado pueda utilizar la religión en nombre de su supuesta renovación. Pues esas personas están muy lejos de la renovación.
En un artículo que escribí tras investigar este hadiz, expliqué el significado de la renovación, sus diversos aspectos y quiénes pueden emprenderla. En resumen, renovar no significa llevar algo a su punto culminante y ponerlo en lugar de otra cosa. Más bien, significa restaurarlo, en la medida de lo posible, a la forma que tenía cuando comenzó a existir, preservando minuciosamente su naturaleza esencial, sus características y su configuración, sin el menor cambio. Esto se aplica tanto en sentido teórico como práctico. Reconstruir un edificio antiguo, como un palacio, un monumento o una mezquita, no significa demolerlo y construir en su lugar otro edificio según los estilos de construcción más modernos, sino poner todo el cuidado posible en restaurarlo a su forma original. Eso es, por tanto, la verdadera renovación.
La renovación de la religión significa renovar su fiqh o su comprensión. Y eso es una renovación ideológica. El renacer de la fe en la religión es un sentimiento espiritual. Avanzar en apoyo de la religión y esforzarse con renovado ímpetu para difundir la da‘wa es, en verdad, renovación. En cada época se necesita una renovación acorde con los tiempos, que elimine los errores y desviaciones contemporáneos y cure las enfermedades de esa época.
Pero existe un ámbito en el que la renovación no puede intervenir bajo ninguna circunstancia. Se trata de aquellos asuntos específicos sobre los cuales el islam ha emitido una decisión definitiva. Son diversos aspectos de la aqidah, la ibadah y las leyes (ahkam), mediante los cuales se ha reflejado la unidad espiritual, intelectual y conductual de la ummah musulmana. He tratado este tema detalladamente en otras obras. [mi ‘Ijtihad en la sharía islámica’ libro ‘Directrices y controles para un ijtihad contemporáneo apropiado Ijtihad’ titulado párrafo। Ustad Umar Abed Hasana escrita obra ‘La jurisprudencia de la da‘wah: sus características y horizontes’ del libro ‘Ijtihad y renovación entre los controles jurídicos y las necesidades contemporáneas’ titulado párrafo, página 147–188।]
Reorganización de la estrategia
Aunque el movimiento es islámico en cuanto a su origen, contexto, principios y objetivos, es necesario adoptar estrategias y métodos que, teniendo en cuenta el tiempo, el lugar y las circunstancias, faciliten la práctica de la religión y sean adecuados para establecerla en la tierra.
Las estrategias, los métodos y los sistemas no son eternos como el islam. Tampoco son tan inalterables como los principios y conceptos fundamentales del islam. Esto se debe a que las estrategias y los métodos se formulan como resultado del esfuerzo humano, con el objetivo de revitalizar y restablecer el islam en los corazones y en la vida real.
El imán Hasan al-Banna formuló directrices para el trabajo organizado del movimiento islámico con miras al renacimiento islámico. No afirmó que la estrategia que había elaborado, por sí mismo o gracias a la misericordia de Dios, fuera infalible. Sin embargo, su estrategia era tan sólida que Sayyid Qutb, mártir, la calificó de estrategia organizativa ingeniosa. Omar al-Tilmisani, guía general de los Hermanos Musulmanes, lo describió como un líder inspirador y talentoso. El jeque Muhammad al-Ghazali dijo que el imán Hasan al-Banna fue el renovador del siglo XIV de la hégira. Estos métodos y estrategias deben revisarse de vez en cuando, del mismo modo que los educadores revisan anualmente los planes de estudio y los libros de referencia, añadiendo, eliminando o corrigiendo contenidos. Esto es necesario en cualquier actividad humana, tanto si ese esfuerzo se acerca a la exactitud o a la excelencia como si no.
Hasan al Banna era flexible
El propio imán Hasan al-Banna era flexible. Siempre reevaluaba y desarrollaba la estructura, las instituciones y las técnicas operativas del movimiento. No se enfadaba si alguno de sus devotos seguidores sostenía una opinión contraria respecto de una postura que él había expresado anteriormente sobre algún asunto. En uno de mis escritos discrepé de su opinión sobre el sistema multipartidista en el Estado islámico.
No le molestaba que alguien añadiera algo complementario a sus principios fundamentales. Así lo hizo, por ejemplo, el jeque Muhammad al-Ghazali al explicar los veinte principios fundamentales de Hasan al-Banna en su obra «La Constitución de la unidad cultural de los musulmanes». Al reconsiderar los métodos de formación de la usra y la kátiba del Ikhwan, [la kátiba es del Ikhwan un espiritual método de formación. Los miembros en formación। pasan la noche dedicados a actos voluntarios’de adoración cada semana o cada dos semanas No existía ninguna restricción jurídica, tradicional o psicológica que impidiera reconsiderar los métodos de formación।] para poder introducir algo nuevo en la estrategia de acción.
No hay ningún inconveniente en revisar la estrategia política a la luz de los cambios y acontecimientos locales, regionales e internacionales. En el contexto de la situación actual, y en aras de los intereses más amplios del islam, la umma y el movimiento, se puede participar en frentes o alianzas, así como formar parte de acuerdos o coaliciones. Cada país tiene un entorno particular, cada época sus normas específicas y cada grupo sus propias capacidades, motivaciones y posiciones, de las que el grupo en cuestión está mejor informado que cualquier otro.
El movimiento islámico no puede existir, prosperar y desarrollarse sin una reflexión perseverante y creativa, como ocurre con el fiqh y las demás disciplinas relacionadas con la sharía. Si cae bajo el dominio de la mentalidad de los imitadores ciegos, el movimiento corre el riesgo de volverse estancado, limitado y débil. Esto se debe a que las ideas nacidas de las mentes fértiles de los imitadores ciegos no fomentan el pensamiento creativo.
La inflexibilidad es una enfermedad
La inflexibilidad es una enfermedad que perjudica el método cohesionado del movimiento islámico y se convierte también, desde dentro, en uno de los principales obstáculos en su camino. He explicado detalladamente este asunto en mi libro «La solución islámica: una obligación y una necesidad».
La inflexibilidad consiste en una tendencia obstinada dentro de la organización, un proceso estancado en la educación, una estrategia intransigente en la labor de da‘wa y un método inflexible para alcanzar los objetivos; y cuando alguien intenta cambiar o corregir la estrategia, su esfuerzo no solo es rechazado con envidia, sino que además se enfrenta a diversas calumnias y acusaciones.
Quiero insistir una vez más en que el renacimiento (taydid) que buscamos no significa abolir los caminos antiguos, sino modernizar las prácticas antiguas, desarrollarlas, elevar su nivel y añadirles elementos nuevos, especialmente en lo relativo a las técnicas y los métodos, que serán naturalmente flexibles y cambiantes. Debemos poder utilizar, al igual que los demás, estas técnicas contemporáneas que están a nuestro alcance.
lo que me causa más temor
Lo que más temo del movimiento islámico es que se oponga al pensamiento libre, cierre las puertas del taydid y el ijtihad, y se confine a un único modo de pensar que no acepte ningún otro punto de vista ni opinión. En esas opiniones se recomiendan para el movimiento objetivos, estrategias y etapas diferentes. Se presentan análisis distintos sobre los acontecimientos, las circunstancias y las personas, o se discrepa del pensamiento unilateral en asuntos comprendidos dentro del ámbito del ijtihad humano. Esto se debe a que el ijtihad humano está siempre sujeto a cambios conforme cambian las circunstancias. Nuestros alfaquíes ya dijeron hace mucho que las fetuas necesariamente deben cambiar con los cambios de lugar, tiempo, costumbres y circunstancias.
Si mi temor llega a hacerse realidad, las personas reflexivas, capaces de concebir ideas e innovaciones siempre nuevas, serán expulsadas de la estructura del movimiento como el agua que se escurre entre los dedos. Quedarán atrás aquellos conservadores que solo son expertos en la imitación ciega y que quieren mantener todo tal como está, por antiguo que sea. Creen que lo que sabemos es mejor que lo que no sabemos, y que todo lo que hemos hecho es mejor que lo que aún no hemos podido hacer.
La consecuencia será que el movimiento perderá de su estructura organizativa a las personas dotadas de talento creativo y, inevitablemente, será víctima del estancamiento o de la inercia, tal como ocurrió con el triste destino del fiqh y la literatura durante la época del taqlid. Los demás miembros del movimiento, al no ver esperanza alguna de realizar un esfuerzo fructífero con la ayuda del islam, se replegarán discretamente; o bien trabajarán por su cuenta, o se vincularán a alguna otra iniciativa coordinada, cuyo desenlace nadie conoce.
Este dicho es el que, a lo largo de las épocas, ha causado el daño más grave a la mentalidad musulmana: los predecesores no dejaron nada para que sus sucesores añadieran algo nuevo. O, dicho de otro modo, nada puede ser mejor que esto.
Actualmente, para la mentalidad musulmana, no puede haber nada más beneficioso que adoptar este dicho, que reza: «los predecesores han dejado muchas obras realizadas para sus sucesores ». O bien, siempre puede haber algo mejor. Allah, el Todopoderoso, dice: «Y también crea muchas cosas de las que no sabéis» ((sura An-Nahl: 8).)।
Equilibrado ideal
Otra característica del ideal que buscamos es que sea equilibrado con respecto a los objetivos y las circunstancias circundantes. Porque es un ideal equilibrado que refleja una visión moderada, integrada y amplia del ser humano y de la vida. Es una visión equilibrada de una umma cohesionada y equilibrada, libre de extremismo e indiferencia.
Principales principales en los asuntos equilibrado ideal
El equilibrio de la perspectiva de este ideal en los diversos asuntos principales es evidente:
1. Este ideal mantiene una posición equilibrada entre quienes propugnan seguir estrictamente un madhhab específico en ámbitos como la teología, el fiqh, etc., y quienes no siguen ningún madhhab.
2. Este ideal adopta una perspectiva equilibrada entre quienes apoyan el sufismo en la práctica de la adoración, sea este desviado o fraudulento, y quienes se oponen a él por muy correcto y conforme a la sharía que sea.
3. Este ideal mantiene una posición equilibrada entre los defensores de una política de puertas abiertas sin control y los de una política de puertas cerradas irracional.
4. Este ideal adopta una perspectiva equilibrada entre quienes recurren a la razón cuando algo contradice el Corán y la Sunna, y quienes nunca recurren a la razón para comprender el Corán y la Sunna.
5. Este ideal mantiene el equilibrio entre quienes consideran sagrada la tradición a pesar de sus deficiencias humanas y quienes la rechazan aunque haya inspiración divina en ella.
6. Este ideal es equilibrado entre quienes se dedican a la política dejando de lado la educación y quienes descuidan por completo la política con el pretexto de consagrarse a la educación.
7. Este ideal mantiene el equilibrio entre quienes quieren obtener resultados antes de que el fruto madure y quienes no perciben ningún fruto hasta que madura y cae en manos ajenas.
8. Este ideal mantiene el equilibrio entre quienes solo están ocupados con el presente y no piensan en el futuro, y quienes exageran en sus preocupaciones por el futuro.
9. Este ideal es equilibrado entre quienes consideran que trabajar bajo una estructura organizativa equivale a la adoración y quienes prefieren trabajar fuera de cualquier estructura organizativa.
10. Este ideal mantiene el equilibrio entre ambos grupos: quienes, al obedecer al líder de la organización, llegan al extremo de la devoción excesiva, y quienes actúan de manera independiente y caprichosa, como si ni siquiera fueran miembros de la organización.
11. Este ideal mantiene el equilibrio entre quienes propugnan actividades a escala mundial sin tener en cuenta las circunstancias locales y quienes creen en actividades regionales estrechas sin mantener ninguna relación con el movimiento mundial.
12. Este ideal mantiene el equilibrio entre quienes son excesivamente optimistas sin preocuparse por los obstáculos y los excesivamente pesimistas, que no ven más que oscuridad.
13. Este ideal mantiene el equilibrio entre quienes, al prohibir, llegan al extremo de considerar que nada en el mundo es halal, y quienes, al conceder indulgencia, exageran como si no existiera nada haram.
Este es el ideal equilibrado que queremos. Aunque la norma de nuestra sociedad actual consiste en aferrarse a alguna postura extrema, ya sea la exageración excesiva o la indiferencia extrema. Las excepciones son muy pocas.
Equilibrada perspectiva declive
Algunos islamistas solo ven dos colores: blanco y negro. No reconocen ni ven ningún otro color, ni distinguen cuál es un color básico y cuál es una mezcla de colores, como sí hacen otros. Algunos de ellos, excluyendo todos los colores, limitan su visión e incluso su vida a un solo color negro. Ven a las personas y las cosas a través de unos ojos cubiertos por una película negra.
Preparan la respuesta a cada pregunta desde esta visión negra y pesimista, y la lanzan como un misil, sin preocuparse por a quién alcanzará ni dónde caerá. Para ellos, toda la sociedad es ignorante, como en la época preislámica. Todo en la vida es pecado. Todas las personas son incrédulas o hipócritas. El mundo está lleno de fuerzas del mal; el universo entero está lleno de maldad.
A sus ojos, todo lo que la gente hace en la época contemporánea no es más que haram. Toda la música, la actuación, el teatro y las artes son haram.
Los pesimistas proclaman audazmente la decisión mencionada. Sin embargo, nuestros antepasados eran sumamente cautelosos al emplear la palabra haram, hasta estar seguros, sin lugar a dudas, de que algo era haram. En dos versículos del Al-Corán se condena el consumo de vino: «Te preguntan sobre el vino y el juego. Di: En ambos hay un pecado grave y algunos beneficios para la gente; pero su pecado es mayor que su beneficio (sura Al Báqara: 219)।
En otro lugar se dice: «Y no os acerquéis a la oración estando ebrios(sura An- Nisá: 43)». Pero algunos de los compañeros del Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) continuaron bebiendo alcohol, y algunos dijeron: «Oh Allah, envíanos una decisión definitiva sobre el alcohol»; y la decisión definitiva fue comunicada en la sura Al-Má’ida, 90, versículo : «Apartaos completamente de ello, para que podáis prosperar».
Debemos admitir que en la década de 1950 surgieron varias corrientes de pensamiento jahilí. Estas corrientes se extendieron en la sociedad islámica hasta tal punto que el rechazo de todo, la desesperanza, la duda y la tendencia a acusar a otros, incluidos los musulmanes, se convirtieron en la corriente principal del pensamiento.
En aquella época se creó un terreno propicio para la tendencia a declarar a otros pecadores, incrédulos e incluso kafir, y un entorno represivo de ese tipo contribuyó al desarrollo de estas ideas. En ese mismo entorno, el movimiento islámico y sus seguidores tuvieron que enfrentarse a aquella época. En aquel tiempo, los seguidores del movimiento islámico fueron ahorcados públicamente. Fueron torturados en secreto y empujados hasta las puertas de la muerte. También se ejercieron contra ellos toda clase de otras formas de represión. En cambio, todas las puertas fueron abiertas para los comunistas, los secularistas y los enemigos del islam.
Fue precisamente en ese período cuando se publicaron los libros del mártir Sayyid Qutb, en los que se reflejaba su pensamiento último. Estas obras identificaban a la sociedad como una comunidad incrédula y exhortaban a suspender la labor de la da‘wa islámica. Se ridiculizaba la nueva iniciativa de revitalizar y desarrollar el fiqh islámico y de reavivar el iÿtihad. Se hacía un llamamiento a iniciar un yihad agresivo contra todas las personas en general, aislándose de la sociedad. Los defensores de la tolerancia y la flexibilidad eran calificados de inmaduros y de haber sufrido una derrota psicológica ante la civilización occidental.
Este pensamiento del mártir Sayyid Qutb se refleja claramente en su célebre tafsir «A la sombra del Corán», «La trayectoria de la revolución de la sociedad islámica», «El islam y los problemas de la civilización», así como en otras obras. Aunque estos escritos tuvieron una amplia influencia positiva, también es perceptible su influencia negativa.
Además, el shayj Sayyid Hawwa (que Allah tenga misericordia de él) expuso con firmeza ideas similares en sus libros y escritos.
Mientras tanto, surgió ante nosotros un nuevo tipo de fiqh, elaborado por los neozahiríes, que interpretan el Corán basándose en su significado literal. Aunque afirman ser seguidores del pensamiento del imán Ibn Taymiyya, no se encuentra ni la más remota relación entre la interpretación literal del Sagrado Corán y Ibn Taymiyya y sus seguidores. Ellos nunca se limitaron a la estructura y la configuración externas, cuestión a la que los neozahiríes conceden una importancia excesiva.
Así, la rigidez y la obstinación llegaron a predominar en el pensamiento islámico, y durante algún tiempo la conciencia tolerante del pensamiento correcto y equilibrado permaneció reprimida. Creo que el movimiento islámico debería apartarse de este tipo de pensamiento anormal, para que pueda avanzar por la vía de un ideal flexible y equilibrado, y así se manifiesten una umma musulmana equilibrada y un pensamiento plenamente equilibrado. Un ideal mediante el cual Alá desea facilidad para Sus siervos, no dureza.
Moderación y facilidad
Para garantizar la comodidad, en mi opinión, la moderación o el enfoque equilibrado van de la mano. En el ámbito de la religión, este enfoque ofrece una perspectiva equilibrada entre, por un lado, la rigidez y la exageración innecesaria y, por otro, la laxitud y la falta de control.
Más fácil camino
El movimiento islámico debe avanzar necesariamente por el camino más fácil, no por la complejidad. Debe adoptar este principio de facilidad en las opiniones de los juristas islámicos sobre la sociedad, así como en la economía, el derecho, la conducta y el derecho internacional. Lo digo por varias razones.
En primer lugar, nuestra sharía se asienta sobre la facilidad, el perdón y la tolerancia. Busca eliminar la dureza y las dificultades. Este espíritu se refleja en los textos fundamentales de la sharía.
Allah, el Todopoderoso, dice: Allah quiere facilitaros las cosas y no desea la dificultad para vosotros (Sura al- Baqarah: 185). En otro lugar, Allah, el Altísimo, dice: Allah no desea imponeros ninguna dificultad (Sura al-Ma’idah: 6). Allah, el Magnífico, dice: Allah desea aligerar vuestra carga, porque el ser humano fue creado débilmente (Sura an- Nisa: 28). Allah, el Altísimo, dice: Esta es una disposición fácil y una gracia procedentes de vuestro Señor (Sura al- Baqarah: 178)।
El Profeta —que la paz y las bendiciones de Allah sean con él— dijo: Facilitad los asuntos, no los dificultéis (Bujari y Muslim)। En otro hadiz se dijo: Habéis sido enviados para facilitar los asuntos y no los hagáis difíciles (Tirmidhi)।
Amr ibn al-As —que Allah esté complacido con él— realizó la oración una noche fría sin hacer el baño ritual obligatorio, a pesar de encontrarse en estado de impureza ritual. Cuando sus compañeros se quejaron ante el Mensajero de Allah —que la paz y las bendiciones de Allah sean con él—, Amr se defendió diciendo: Recordé el versículo del Corán en el que Allah, exaltado sea, dice: «No os matéis a vosotros mismos; ciertamente, Allah es Compasivo con vosotros» (Sura an Nisa: 29) y el Mensajero de Allah —que la paz y las bendiciones de Allah sean con él— sonrió levemente.
El Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) también condenó severamente esta actitud de algunas personas. Estas habían insistido en que un herido debía bañarse obligatoriamente debido a su impureza ritual, y el hombre murió después de bañarse a causa de su cruel decisión. Al respecto, el Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: «Lo han matado. ¿Por qué no preguntaron cuando no sabían? El remedio para no saber es preguntar. Bastaba con vendarle la herida y hacer tayammum (Ahmad, Abu Dawud y al Hakim y Sahih al Yami al Sagir también este hadiz se ha narrado)।
En segundo lugar, en nuestra época existe una necesidad de facilitar las cosas en beneficio de la humanidad mucho mayor que en cualquier otro momento. Esto se debe a que la fuerza de voluntad de las personas se ha debilitado tanto en la actualidad que ha disminuido su interés por las obras buenas y beneficiosas, mientras que ha aumentado su inclinación hacia las malas acciones.
Por lo tanto, en lugar de insistir en que se sigan las normas más estrictas al cumplir los preceptos religiosos, es preferible animar a las personas a adoptar la facilidad. El Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) trataba de ese modo a quienes aceptaban el islam en los primeros tiempos y a los beduinos del desierto, quienes no se comprometían a realizar otros actos de adoración voluntarios aparte del cumplimiento de los preceptos religiosos obligatorios. El Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) también los aceptaba y decía acerca de algunos de ellos: «Si obra bien de acuerdo con lo que ha dicho, será un hombre justo y virtuoso; o, si cumple su promesa, entrará en el Paraíso. Y si alguno de vosotros desea ver a una persona del Paraíso, que mire a este hombre».
El Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) se comportaba así con ellos únicamente por compasión hacia ellos y teniendo en cuenta sus difíciles circunstancias.
En tercer lugar, cualquiera puede imponerse personalmente una disciplina rigurosa para poner a prueba los límites de su propia fuerza de voluntad. Sin embargo, la moderación es el mejor y más adecuado camino. Pues el Mensajero de Allah, que la paz y las bendiciones de Allah sean con él, dijo: «Allah aprecia a quienes aceptan las facilidades que Él les ha concedido, porque detesta que cometan pecados» (Ahmad,, Ibn Hibban y Bayhaqi y Sahih al Yami al Saghir; también este hadiz ha sido incluido .)।
Por lo tanto, un alfaquí no debería imponer condiciones estrictas a la gran mayoría de la población musulmana. Debe tener en cuenta que entre el público en general hay personas débiles y ancianas, así como otras respecto de las cuales existen razones legítimas para mostrar indulgencia. En un hadiz sobre dirigir la oración comunitaria se relata: quien dirige la oración como imán debe abreviarla, pues entre quienes oran detrás del imán puede haber ancianos, enfermos y viajeros ocupados. La salat es un símbolo en el que se reflejan los diversos aspectos de la vida.
Por consiguiente, los alfaquíes del movimiento islámico no pueden adoptar decisiones que levanten muros de restricciones, no indiquen el camino de la facilidad, se limiten a prohibir y no permitan. Especialmente en cuestiones relacionadas con las mujeres, la familia, las artes, el entretenimiento y otros asuntos semejantes.
Otras cuestiones de este tipo también se aplican a las transacciones, en las que permitir debería ser la regla normal y establecer prohibiciones debería considerarse algo excepcional. Esto también se aplica al derecho penal. Debería imponerse la pena mínima. Aquí debería tenerse en cuenta la opinión de que el arrepentimiento anula la pena penal. Por ejemplo, el castigo por consumir alcohol está sujeto al taʿzir, [mi artículo ‘«Los factores de flexibilidad en la sharía islámica»’।] ], cuya medida no está especificada en el Corán ni en la Sunna y es determinada por los tribunales o por la asamblea legislativa, etc.
En esta etapa, deseo exponer nuestro objetivo a la luz de la declaración del imán Sufyan al-Zawri: solo los juristas fiables pueden emitir dictámenes sobre la facilidad; todos saben cómo imponer prohibiciones.
Orientado hacia el futuro ideal
Una de las características fundamentales del ideal que deseamos para el movimiento islámico es que sea un ideal orientado hacia el futuro; es decir, que no se limite al presente, sino que mantenga siempre la mirada fija en el futuro. No hay nada de sorprendente en ello. El movimiento islámico se preocupa por el futuro, pues ello forma parte de la propia lógica del islam, y esta lógica se refleja claramente en el Corán y la Sunna.
El–Corán y el futuro
Si se estudia atentamente el Sagrado Corán, se verá que, desde el período de La Meca, el Corán ha atraído a los musulmanes hacia un futuro esperanzador, afirmando que el mundo está cambiando y que las circunstancias también son cambiantes. Los vencedores de una época son derrotados y los débiles se vuelven fuertes. Tanto en el ámbito regional como en el internacional, a todos les llega su turno de asumir el poder.
Los musulmanes también deben poner en orden sus asuntos y prepararse para acoger el turno del cambio, que llegará sin duda, sea hoy o mañana; llegará inevitablemente, in sha Allah.
En la sura mequí Al- Qamar, los versículos –45 y 46 dicen que Allah el Altísimo habla de los politeístas poderosos, armados y numerosos: Pronto huirán en gran número y volverán la espalda. Más bien, la Hora es el momento prometido para que reciban su plena retribución, y la Hora es sumamente aterradora y sumamente amarga.
Ibn Kathir, citando a Ikrima en su famoso tafsir, dijo: «Cuando fue revelado el versículo “Pronto huirán en mayor número”, Umar ibn al-Jattab —que Allah esté complacido con él— preguntó: “¿Qué enorme ejército huirá?”. El día de Badr vi al Mensajero de Allah —que Allah le bendiga y le conceda paz— avanzando, cubierto con una armadura. Él dijo: “Pronto huirán en mayor número”. Entonces comprendí el significado de este versículo.
Por transmisión de Aisha, que Allah esté complacido con ella, el imán Bujari dice: Aisha, que Allah esté complacido con ella, dijo: cuando Muhammad, la paz y las bendiciones de Allah sean con él, estaba en La Meca, fue revelado este versículo, y en aquel tiempo yo era una niña pequeña. El versículo dice: «Más bien, la Hora es el momento prometido para ellos, para su plena retribución, y la Hora es más terrible y más amarga».
El propósito de versículos como estos es preparar la mente musulmana para el cambio inevitable y el futuro inminente.
En el ámbito internacional, en el Sagrado Corán encontramos la mención del conflicto histórico entre dos superpotencias contemporáneas: los romanos y los persas; y en La Meca, tanto los musulmanes como los incrédulos estaban preocupados por el enfrentamiento. En este contexto, el Corán prometió a los musulmanes que se aproximaba el día en que la supremacía pertenecería a los romanos, la Gente del Libro, y los persas adoradores del fuego serían derrotados. Aunque hoy son vencedores, en pocos años serán derrotados. A este respecto, en la sura Ar-Rum, versículos 1–– 5 se dice: Alif, Lam, Mim. Los romanos han sido derrotados en una tierra cercana, pero, después de su derrota, pronto vencerán. A Alá pertenece el dominio de lo que ocurrió antes y de lo que ocurrirá después. Y ese día los creyentes se regocijarán por la ayuda de Alá. Él ayuda a quien quiere. Él es el Todopoderoso, el Misericordioso.
Los versículos mencionados nos señalan dos aspectos:
1. Aunque los musulmanes eran pocos en número y contaban con escasos medios y recursos, estaban muy conscientes de los acontecimientos del mundo, de los conflictos entre las grandes potencias que los rodeaban y de las consecuencias de esos conflictos para ellos.
2. Al mencionar estos acontecimientos, el Sagrado Corán dirigió la atención de los musulmanes hacia los factores del cambio y hacia la transición del presente al futuro.
La sura Al-Muzzammil, en su último versículo, Alá declaró que había flexibilizado para el Mensajero de Alá, la paz y las bendiciones de Alá sean con él, y para los musulmanes las exigencias relativas a la oración de taháyyud y a la recitación del Corán. Esto se debía a que tenían que enfrentarse al enemigo. Estos enemigos combatían contra los musulmanes y obstaculizaban su avance por el camino de Alá. Por ello, era necesario que acumularan fuerzas para hacer frente a este conflicto impuesto a los musulmanes.
Allah Todopoderoso dice: Tu Señor sabe que tú y algunos de tus compañeros permanecéis de pie para la adoración durante casi dos tercios de la noche, a veces la mitad de la noche y otras veces un tercio de la noche. Allah es el único que puede calcular con exactitud la duración de la noche y del día. Él sabe que no podéis permanecer en adoración durante toda la noche. Por ello, os ha concedido Su indulgencia. Así pues, recitad del Corán cuanto os resulte fácil. Él sabe que algunos de vosotros estarán enfermos, que otros viajarán por tierras lejanas en busca del sustento y que otros combatirán por la causa de Allah. Por tanto, recitad del Corán cuanto os resulte fácil (sura Muzámil: 20)।
de largo alcance perspectiva
Al estudiar atentamente la Sira del Mensajero de Allah, la paz y las bendiciones de Allah sean con él, se observa que el Mensajero de Allah, la paz y las bendiciones de Allah sean con él, no era indiferente al futuro de su da‘wa. Al contrario, siempre reflexionaba y planificaba para el futuro a la luz de todas las oportunidades, recursos y medios que Allah le había concedido.
Basta estudiar los esfuerzos y las actividades del Mensajero de Allah, la paz y las bendiciones de Allah sean con él, durante la temporada del hach para comprenderlo: en esa época se reunían todas las tribus de Arabia, y el Mensajero de Allah, la paz y las bendiciones de Allah sean con él, les presentaba la da‘wa y solicitaba su ayuda prometiéndoles las riquezas de los imperios romano y persa. Esto demuestra hasta qué punto su mirada estaba orientada hacia el futuro.
El Mensajero de Allah, la paz y las bendiciones de Allah sean con él, creía en dos principios fundamentales:
En primer lugar, el cambio de las circunstancias era inevitable, pues ya existían las causas del cambio. El islam era la alternativa a la situación existente. La luz del amanecer habría de resplandecer atravesando la oscuridad de la ignorancia. Por tanto, los musulmanes debían mantenerse firmes y ser pacientes, y no era correcto esperar resultados antes de que llegara el momento adecuado.
La opresión de los incrédulos contra los compañeros del Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) en La Meca, especialmente contra los débiles, aumentó tanto que Jabbab ibn al-Aratt (que Allah esté complacido con él) acudió al Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él), se quejó ante él y le pidió ayuda. En aquel momento, el Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dormía a la sombra de la Kaaba. Jabbab dijo: «¡Oh, Mensajero de Allah! ¿No pedirás ayuda a Allah por nosotros? ¿No suplicarás a Allah por nosotros?». El Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) respondió: «Entre quienes os precedieron hubo personas que fueron capturadas, enterradas en agujeros cavados en la tierra y luego partidas en dos con una sierra; a otras se les separó la carne de los huesos con peines de hierro. Sin embargo, ni siquiera así pudieron apartarlas de la religión. Juro por Allah que Él hará prevalecer la religión islámica de tal manera que una caravana podrá viajar de Saná a Hadramaut (Yemen) sin temer a nadie excepto a Allah. Naturalmente, también llevará guardias para impedir que los lobos ataquen su rebaño de ovejas. Pero vosotros no tenéis la paciencia necesaria para esperar hasta ver esa verdad hecha realidad((Bujari))।
En segundo lugar, el Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) creía que ese futuro anhelado solo se haría realidad cuando las personas cumplieran sus deberes conforme a las normas aprobadas por Allah y se prepararan tanto como fuera posible. Debían esforzarse por eliminar todos los obstáculos del camino y dejar todo lo demás en manos del Creador. Pues aquello que el ser humano puede hacer no es en absoluto difícil para Allah.
La emigración del Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) a Medina estableció esta verdad. Eligió como lugar de emigración un sitio adecuado dentro de la península arábiga, y no un lugar como Abisinia. Consideraba a los ansar árabes genuinos. Ellos se habían comprometido a protegerlo como a sus propias familias. Dio prioridad a la emigración de sus compañeros para que les resultara más fácil abandonar La Meca. En realidad, que el Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) llegara a Medina después de ellos hacía que su llegada fuera aún más significativa.
Después de recibir el permiso de Allah, el Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) escogió los animales que servirían de montura para el viaje. También decidió quién sería su compañero y quién lo guiaría por el camino. Incluso determinó de antemano en qué cueva se ocultaría hasta que los incrédulos dejaran de buscarlo.
Tomó todas las precauciones posibles para mantener el secreto y realizó todos los preparativos, y encomendó a Allah aquellos asuntos que no estaban bajo su control. No tenía ninguna duda de que Allah lo ayudaría. Cuando el honorable Abu Bakr (que Allah esté complacido con él) le dijo en la cueva: «¡Oh, Mensajero de Allah! Si alguno de ellos mirara bajo sus pies, sin duda nos vería», el Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) respondió: «Abu Bakr, ¿qué piensas de dos personas cuyo tercer acompañante es Allah?». En el Corán se declara: «Si no lo ayudáis, no importa; Allah ya lo ayudó cuando los incrédulos lo expulsaron, cuando él era uno de los dos y ambos se encontraban en la cueva, cuando dijo a su compañero: “No estés triste ni tengas miedo; ciertamente, Allah está con nosotros”. Entonces Allah hizo descender Su tranquilidad sobre él y lo fortaleció con tropas de ángeles que vosotros no veíais, e hizo que la palabra de los incrédulos fuera la más baja, mientras que la palabra de Allah permaneció suprema. Y Allah es Todopoderoso y Sapientísimo((Sura At-Tawba: 40))।
Capítuloquinto
El movimiento islámico: en el ámbito político e internacional
Fiqh político razonable
adversa ideológica situación
En el caso del movimiento islámico, especialmente en el ámbito político, prevalece una situación ideológica adversa que no puede escapar a la atención de ningún observador atento.
En el ámbito de las ideas existen diversas corrientes de pensamiento nocivas que todavía influyen de una u otra manera en la corriente del pensamiento político, incluidos los dirigentes y los escritores del movimiento islámico, así como los libros escritos para las actividades de predicación o educativas. El movimiento debe liberarse de la influencia de estas corrientes y desarrollar sus actividades respecto de la sociedad en su conjunto, la vida y el mundo, a la luz de una ideología beneficiosa.
La corriente zahirí se limita a aceptar el significado literal de los textos fundamentales y, fuera de ello, no estudia los verdaderos objetivos de la sharía. Por consiguiente, no presta ninguna atención a los intereses de las personas. Eminentes ulemas han subrayado que el objetivo de la sharía es procurar el bienestar de las personas en este mundo y en el Más Allá. En palabras del imán Ibn al-Qayyim: toda norma que abandona el bien en favor del mal y fomenta la necedad en lugar de la sensatez no guarda ninguna relación con la sharía, aunque, por una concepción errónea, se considere que forma parte de ella.
Una ideología de este tipo puede ser aceptable en el caso de ciertas costumbres o normas aplicables a individuos concretos, pero este método nunca puede ser aceptable en la política basada en la sharía. Esto se debe a que la base de la política basada en la sharía debe ser la flexibilidad y la tolerancia, teniendo en cuenta los cambios de lugar, tiempo, circunstancias y personas.
Aunque los partidarios de la corriente jariyí parezcan caracterizarse por la honestidad y la valentía, son estrechos de miras y su visión de la religión y del mundo es miope. Además, son violentos en su trato con los demás y padecen una obsesión constante por rechazar, acusar y sospechar de todos, incluso de los miembros del movimiento islámico. No cesan de elogiar únicamente sus propias opiniones. Y esta autocomplacencia es sumamente peligrosa.
Luego está la corriente taqlidí, que no es más que la imitación ciega. Los seguidores de este método buscan las respuestas a sus cuestiones ideológicas, políticas y jurídicas en los libros escritos por los antiguos imanes y alfaquíes de sus respectivos madhhabs. Nunca desean salir de los límites de su propio ámbito. Los seguidores de los madhhabs no contemplan la sharía desde una perspectiva amplia. Juzgan y evalúan conforme a sus propios métodos y procedimientos, pero tampoco muestran interés por la época actual, los acontecimientos contemporáneos ni la solución de los problemas surgidos. Este tipo de perspectiva estrecha lo que Dios ha hecho amplio y vuelve difícil aquello que el islam ha hecho fácil.
Si el movimiento islámico no logra liberar a sus seguidores de estas ideologías anómalas y de sus efectos negativos, y si no cultiva ni practica la nueva corriente de fiqh en la que queremos centrar nuestra atención —una corriente que integra el fiqh de las prácticas aprobadas, o fiqh de las sunan, el fiqh de los objetivos de la sharía, el fiqh del equilibrio y el fiqh de las prioridades—, el movimiento islámico no podrá construir una ideología política razonable.
político fiqh incompleto
Es necesario corregir las concepciones y decisiones defectuosas y anómalas del movimiento islámico, así como sus métodos anómalos de desvinculación.
En el ámbito del fiqh político, estas ideas, normas y métodos extraños son particularmente evidentes. En el pasado, ni siquiera en ámbitos como el culto, las transacciones y el matrimonio habían adquirido tanta importancia.
En el fiqh político actual se han infiltrado diversas ideas erróneas y decisiones débiles. Estas han echado raíces de formas tan diferentes en la mentalidad de los islamistas que, cuando alguien aplica una norma, esta queda tan distante de las normas aplicadas por otro como Oriente de Occidente.
Algunos consideran que la consulta o shura no es un deber obligatorio, sino simplemente un asunto de intercambio de información. Otros, en cambio, otorgan al jefe de Estado la facultad de declarar la guerra y celebrar tratados sin consultar a los representantes de la nación. Y otro grupo considera la democracia una doctrina de kufr.
También hay quienes creen que las mujeres no tienen lugar alguno en la política islámica y que su único lugar es el hogar paterno. Desde allí solo pueden dirigirse a dos destinos: el hogar del esposo o la tumba. Según este grupo, ni siquiera se plantea que puedan presentarse como candidatas en las elecciones del gobierno local o del parlamento; tampoco tienen derecho a votar en las elecciones.
Hay otra clase de personas que considera que el islam ha rechazado el sistema democrático multipartidista. Creen que en un Estado musulmán no puede existir ningún partido o grupo que siga una orientación o corriente política de cualquier tipo.
Cuando algunos hermanos religiosos me mostraron el artículo de cierto escritor entusiasta, titulado «Entrar en el parlamento va contra el tawhid», me quedé estupefacto. En dicho artículo se calificaba de contrario al tawhid el hecho de ser miembro del parlamento. Observé en él una extraña confusión entre las obras y la aqida. Lo relacionado con las obras es lo justo y lo injusto, no la creencia y la incredulidad. Estas cuestiones forman parte de la política de la sharía, en la que se ha establecido que la recompensa del ijtihad es doble cuando se acierta y una sola recompensa cuando se yerra.
Los jariyíes de aquella época también cometieron el mismo error al declarar incrédulo al imán Alí —que Dios esté complacido con él— por una cuestión mundana relacionada con la política. El asunto que incorporaron a los fundamentos de la fe era el siguiente: él había establecido el control de los seres humanos sobre la religión de Dios, cuando nadie salvo Dios tiene derecho a juzgar. El imán respondió a su acusación con un lenguaje sumamente claro y dijo: «Se ha recurrido a una afirmación correcta para establecer un error».
política jurisprudencia aplicación
Los ulemas de Afganistán dirigieron la yihad con valentía y coraje. Sin embargo, me he sorprendido al ver que algunos de ellos consideran ilícita la educación de las mujeres y sostienen la misma opinión respecto a la utilización de las elecciones como método para elegir representantes populares o al presidente del Estado. Creen que es ilícito fijar la duración del mandato presidencial y hacer obligatoria la shura.
Algunos hermanos religiosos que creen en estas ideas me dijeron, al conversar conmigo sobre estos asuntos, que la causa del fracaso del movimiento islámico en la época actual es la creencia en ideas que ellos consideran no islámicas, y que los musulmanes no podremos triunfar mientras no utilicemos estrategias islámicas para alcanzar los objetivos del islam.
Les pregunté: si los musulmanes establecen la duración del mandato presidencial en beneficio de sus propios intereses, ¿qué razón podría haber para considerarlo ilícito?
Respondieron: Esto contradice la tradición musulmana vigente desde la época del primer califa, Abu Bakr al-Siddiq —que Dios esté complacido con él—. Ningún califa fue elegido por un período determinado. En particular, los califas rectamente guiados permanecieron en el poder durante toda su vida, y el Mensajero de Dios —que la paz y las bendiciones de Dios sean con él— nos ordenó seguir estrictamente cada una de las prácticas de los califas rectamente guiados. Se ha narrado en un hadiz que el Mensajero de Dios —que la paz y las bendiciones de Dios sean con él— nos advirtió acerca de las novedades introducidas o innovaciones religiosas y dijo: «Toda novedad introducida o innovación en la religión es un extravío del camino recto». Y esto es un asunto nuevo inventado por los seres humanos ((Abu Dawud y Tirmidhi)।
En respuesta, dije que se nos ha ordenado seguir la sunna del Mensajero —que la paz y las bendiciones de Dios sean con él— antes que seguir la práctica de los califas rectamente guiados. Puesto que la sunna es la segunda fuente del derecho islámico, cuando exista una discrepancia sobre cualquier asunto debemos recurrir tanto al Corán como a la sunna. En el hadiz narrado por al-Irbad se dice: «Seguid mi sunna y la práctica de los califas rectamente guiados». Por tanto, primero debe recurrir a la sunna del Mensajero —que la paz y las bendiciones de Dios sean con él—.
Todos saben que la sunna del Mensajero —que la paz y las bendiciones de Dios sean con él— consiste en sus palabras, sus actos o su aprobación de algún acto. Su acto no tiene por qué ser obligatorio en todos los casos; más bien, puede indicar únicamente aprobación o autorización, a menos que existan pruebas que hagan que dicha aprobación tenga carácter obligatorio.
Por esta razón, cuando los Califas Rectamente Guiados veían que, en circunstancias cambiantes, la acción o medida que el Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) había tomado con cierto propósito no favorecería los intereses de los musulmanes, tomaban una decisión contraria a aquella acción del Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él).
Un ejemplo de ello es que, tras la conquista de Jaibar, el Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) distribuyó el botín de guerra entre los soldados. Sin embargo, Umar (que Allah esté complacido con él) no lo hizo después de conquistar las zonas rurales de Irak, porque, dadas las circunstancias de aquel momento, no consideró apropiado hacerlo. Muchos Compañeros del Mensajero presentaron argumentos contra la opinión de Umar, especialmente porque su decisión era, literalmente, contraria a la norma general establecida en la sura Al-Anfal en el versículo 41 , donde se dice: «Y sabed que, de todo lo que obtengáis como botín, una quinta parte pertenece a Allah».
Umar (que Allah esté complacido con él) comentó: Considero que los bienes son suficientes para las personas de la generación actual y de las futuras. ¿Acaso quieren que las generaciones venideras se encuentren en una situación en la que no se haya dejado nada para ellas?
Esto significa que Umar (que Allah esté complacido con él) hizo la consideración anterior pensando en las generaciones futuras, lo cual constituye una medida sorprendente destinada a garantizar la interdependencia mutua entre las generaciones de la comunidad musulmana. De este modo, la generación actual no podría llevar una vida lujosa ignorando los intereses de las generaciones venideras. La base racional de esta medida de Umar fue la sura Al- Hashr 10 n.º aleya. Allí, al mencionar la norma relativa al reparto del botín entre los emigrantes y los auxiliares, se dice: «Y quienes vinieron después de ellos». El imán Ibn Qudama, al explicar la diferencia entre las medidas del Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda la paz) y Umar, dijo: «Ambos hicieron lo que consideraron más apropiado para su época».
Aunque algunos actos del Mensajero de Dios, que Dios lo bendiga y le conceda la paz, forman parte inseparable de la Sunnah, no son obligatorios para las generaciones posteriores. Sus Compañeros, en ocasiones, actuaron de manera contraria teniendo en cuenta determinadas circunstancias. Entonces, ¿por qué las acciones de los musulmanes posteriores habrían de ser obligatorias para quienes vendrán después de ellos?
Ningún precedente puede constituir una razón válida para una obligación jurídica. Un precedente solo es adecuado para el lugar, el tiempo y las circunstancias correspondientes. Si estos elementos cambian, habrá que actuar basándose en ellos.
La cuestión fundamental aquí es que, entre las disposiciones y normas que hemos heredado, debemos escoger las que sean adecuadas para nuestro tiempo, entorno y circunstancias, siempre dentro del marco del Libro fundamental y de los objetivos de nuestra tolerante sharía.
El debate sobre el supuesto consenso de los eruditos musulmanes contra la limitación del mandato de los gobernantes resulta bastante confuso. No hay duda ni debate respecto al consenso según el cual un gobernante puede reinar de por vida. Sin embargo, nunca se discutió ni se investigó la cuestión de limitar la duración del mandato. Era un asunto completamente silencioso. Se dice que no se debe hacer ningún comentario sobre una persona silenciosa. Del mismo modo, no se debe involucrar a los eruditos en una cuestión sobre la que no han emitido una decisión, ni positiva ni negativa.
Por otra parte, se afirma que determinar la duración del mandato del jefe de Estado es una innovación introducida en el islam, o bid‘a, y que existe consenso en que toda bid‘a es un extravío. Admitimos la segunda parte de esta afirmación, es decir, que toda bid‘a implica extravío; pero no existe ninguna prueba de la primera parte, a saber, que una decisión de este tipo constituya una bid‘a desde la perspectiva de la sharía.
Es erróneo pensar que el islam adopta una postura de rechazo, bajo el nombre de bid‘a, contra cualquier cosa nueva o cualquier invención. En realidad, solo puede haber bid‘a cuando se introduce algo en una cuestión puramente religiosa, como la fe, los actos de culto y sus ramas. Pero los asuntos cambiantes de la vida, como las costumbres, las tradiciones, los usos y los sistemas administrativos, sociales, culturales y políticos, pertenecen, en el lenguaje de los eruditos, al ámbito de «los asuntos de la gente», cuya explicación encontramos en la obra de Imam al-Shatibi, Al-I‘tisam. Por ello, los Compañeros del Mensajero, que Dios lo bendiga y le conceda la paz, hicieron muchas cosas que el propio Mensajero de Dios, que Dios lo bendiga y le conceda la paz, no hizo, como escribir copias del Corán, utilizar registros y libros de cuentas, imponer un impuesto territorial y construir cárceles. Los musulmanes posteriores a los Compañeros del Mensajero, los tabi‘in, hicieron en su época algunas cosas que los Compañeros anteriores a ellos no habían hecho, como acuñar moneda e instaurar el servicio postal, entre otras.
Los musulmanes también inventaron muchas cosas de las que ni siquiera se había oído hablar en la época del Mensajero de Dios, que Dios lo bendiga y le conceda la paz, o de sus Compañeros, como la creación de diversas ramas del saber, entre ellas las ciencias religiosas, la lingüística y las ciencias humanas.
Aplicación errónea de la sira
Una de las principales causas de los errores y las decisiones equivocadas en el ámbito de la jurisprudencia política es la confusión entre la Sunna y la Sira del Mensajero. En el islam, además del Sagrado Corán, la Sunna es una fuente de la ley. El Sagrado Corán es la base y el fundamento de la ley, mientras que la Sunna constituye su explicación y aplicación.
Sin embargo, algunos cometen el error de colocar la Sira en lugar de la Sunna y citan los acontecimientos de la Sira como si fueran igualmente obligatorios que el Corán y la Sunna.
La Sira no es sinónimo de la Sunna. Esto se debe a que la Sira contiene detalles que no tienen ninguna relación con la ley. Por eso, los juristas no incluyeron la Sira en la definición de la Sunna. Solo dijeron lo siguiente: la Sunna es aquello que el Mensajero de Alá dijo, hizo o aprobó. No incluyeron aquí la Sira.
Pero los especialistas en hadices añadieron, junto con los actos, palabras y aprobaciones del Mensajero, descripciones de su apariencia, su conducta y su modo de vida. Por lo general, recopilaron todos los detalles relacionados con el Mensajero de Alá, sin prestar atención a si tenían relación con las leyes o no. Describieron ampliamente todo lo relativo a la vida del Mensajero: su nacimiento, cuidado, crianza, matrimonio, conducta, características físicas y todos los demás detalles relacionados con su nacimiento y su muerte.
Lo que nos preocupa aquí es que algunos grupos islámicos consideran la Sira una prueba definitiva para respaldar determinadas decisiones. Creen que estas son obligatorias para todos los musulmanes. Aquí quisiera mencionar dos cuestiones.
En primer lugar, en la Sira se han incluido acontecimientos transmitidos de un narrador a otro sin pruebas concluyentes. Esto se debe a que esos narradores relataron la Sira con tanta ligereza que, al transmitir las normas de la sharía y lo relacionado con lo lícito y lo ilícito, no utilizaron referencias a ningún hadiz.
En segundo lugar, la Sira es una representación de la dimensión práctica de la vida del Mensajero. Ningún acto del Mensajero impone una obligación; solo indica aprobación. Para hacer efectiva una obligación debe existir otra prueba.
Es cierto que debemos seguir el ejemplo del Mensajero de Alá. En el Sagrado Corán se declara: «Ciertamente, en el Mensajero de Alá hay un excelente ejemplo para que lo sigáis (sura Al-Ahzab: 21)». Es obligatorio seguir el ejemplo del Mensajero de Alá en la conducta moral, los valores y los asuntos generales, pero no en los detalles.
Si es posible y está permitido proclamar públicamente la dawah, no hay necesidad de trabajar en secreto para imitar el ejemplo del Mensajero. Si no es necesario, tampoco tenemos que abandonar nuestra patria y emigrar a un lugar seguro con el propósito de difundir la dawah de la religión simplemente para seguir el ejemplo del Mensajero.
Por esta razón, después de la conquista de La Meca, ya no es obligatorio para todo musulmán emigrar a Medina. Pues el Mensajero de Allah dijo: «Después de la conquista de La Meca, no hay más emigración, salvo el yihad y el firme deseo de realizarlo; cuando seáis convocados, debéis partir (Bujari y Muslim)». Esto significa que ya no es necesario emigrar a Medina. Sin embargo, si los musulmanes no logran establecer la religión en un país, tienen permiso para emigrar de allí.
El Mensajero de Allah pidió ayuda a las tribus poderosas, y las tribus de Aws y Jazrach respondieron a su llamado. Ahora ya no necesitamos hacer algo semejante, pues en esta época ese método ya no es suficiente.
El hecho de que el Mensajero de Allah realizara actividades de dawah en La Meca durante trece años no significa que nosotros también debamos dedicar trece años a cultivar la fe y continuar con las actividades de dawah. Pues la comunidad musulmana entre la que vivimos ahora cree que no hay otra divinidad sino Allah y que Muhammad es el Mensajero de Allah. Por tanto, no necesitamos tanto tiempo para aprender la fe y el credo.
Si ahora centramos nuestra atención en cuestiones como la justicia social, la shura, la libertad, la intifada palestina y el yihad afgano, no estaremos actuando en contra de la orientación del Mensajero. En Medina, él estaba ocupado precisamente con este tipo de asuntos. Pues antes de la emigración, el Mensajero de Allah vivía en La Meca dentro de una sociedad ignorante y politeísta que rechazaba arrogantemente la dawah. Por eso, su primera lucha con aquella sociedad giró en torno al tawhid y la dawah. Nuestra sociedad no es igual. Esta sociedad cree en Allah, en Su religión y en Su Mensajero, aunque en ella puedan existir defectos y desviaciones del camino de Allah.
Recuperación de los territorios musulmanes
Desde sus inicios, el movimiento islámico adoptó como uno de sus programas más importantes la recuperación de todos los territorios musulmanes y la garantía de su liberación e independencia. Ninguna persona sensata puede negarlo.
El imán Hasan al-Banna dijo en uno de sus discursos: «Nuestros esfuerzos y nuestro yihad se concentran en dos objetivos principales: el ideal islámico y los territorios musulmanes».
Él coordinó estos dos objetivos porque el ideal sólo puede establecerse en una tierra independiente y libre, donde sea posible preservar sus valores y aplicar las disposiciones de la ley. En esto reside el significado del Estado islámico o Dar al-Islam. El islam perdura dentro de un territorio así; desde allí se dirigen sus actividades y se guía a la nación.
Por ello, los juristas del islam han coincidido en que es un deber recuperar y proteger todos los territorios musulmanes ocupados por los no creyentes, y han declarado que el yihad es obligatorio individualmente para los musulmanes de esos territorios, así como que, colectivamente, todos los musulmanes deben ayudar en este yihad con sus vidas, bienes y armas hasta liberar sus territorios de las manos de los agresores.
Por tanto, si incluso una parte del territorio musulmán cae bajo la ocupación de agresores extranjeros, el movimiento islámico no puede contemplarlo como un espectador silencioso. Esto no tiene nada de sorprendente. La sede de los Hermanos en El Cairo también fue un centro de operaciones para los muyahidines y revolucionarios que participaban en la lucha contra los ocupantes en todas las regiones del mundo árabe y musulmán, desde Indonesia hasta Marruecos.
En una ocasión, Hasan al-Banna presentó las reivindicaciones nacionales de los Hermanos en una conferencia nacional. Habló de construir una patria musulmana: una pequeña patria formada por Egipto y Sudán; una gran patria árabe que se extendería desde el Golfo hasta el océano Atlántico; y una patria musulmana aún más extensa, cuyas fronteras abarcarían desde el océano Atlántico hasta el océano Índico. Afirmó enfáticamente que liberar la mayor patria musulmana de toda forma de influencia extranjera impuesta a los musulmanes es una obligación religiosa para cada musulmán y uno de los principales objetivos de los Hermanos.
Hasan al-Banna colocó Palestina en lo más alto de la lista como una de las cuestiones principales. Le concedió especial importancia e instó a las masas musulmanas a dirigir su atención hacia la tierra sagrada de los profetas y mensajeros, de la Isra y el Miʿray, y a mantenerse alerta ante la amenaza judía, pues los judíos acechan para clavar sus feroces garras en esta tierra. Los dirigentes árabes y musulmanes permanecen ignorantes de la red de conspiraciones que se está tejiendo contra la mezquita de Al-Aqsa, la primera de las dos qiblas, aunque Al-Aqsa está envuelta en la misericordia de Alá.
Hasan al-Banna escribió numerosos artículos para defender los intereses palestinos, encabezó muchas manifestaciones, organizó numerosas reuniones, reclutó a incontables personas y reunió grandes cantidades de dinero y armas. Para valorar sus méritos en este ámbito, basta mencionar que la heroica lucha librada en 1948 en territorio palestino por sus seguidores espirituales y combatientes está inscrita con letras de oro en la historia. Esta verdad fue reconocida por otros comandantes, incluido el mayor general egipcio Al-Mawawi, e incluso por los propios judíos. El libro «Al-Ikhwan al-Muslimun and the Palestine War», escrito por Kamal al-Sharif, presenta numerosos datos sobre este glorioso yihad.
El movimiento islámico ha desempeñado su papel en la defensa de todos los intereses de todas las naciones musulmanas y en la lucha contra el imperialismo de todas las razas.
Por eso, el movimiento islámico acudió en defensa de los intereses de Afganistán, símbolo de la primera línea de defensa contra la agresión comunista. Este interés era tan profundo que algunos llegaron a pensar que el movimiento islámico quizá había olvidado los intereses palestinos. En realidad, el movimiento islámico nunca olvidó Palestina y nunca la olvidará. Palestina es, pues, el primero y supremo interés islámico; su liberación es el primer y supremo deber, algo que también creen de todo corazón los muyahidines afganos.
Ahora, la lucha palestina necesita una bandera islámica que reúna a la gente a su alrededor y la unifique como una sola entidad. Esto es lo que ha ocurrido mediante la expansión de la revolución en las mezquitas y a través del levantamiento popular o intifada, cuyo lema principal es «No hay más dios que Alá» (la ilaha illa Alá) y «Alá es el más grande» (Aláhu ákbar). El firme, valiente y vigilante movimiento de resistencia islámica Hamás ha convertido este levantamiento en una fuerza unificada.
Hamás es una institución simbólica de la fe del pueblo palestino, forjado en las antiguas tradiciones musulmanas y árabes. Este pueblo aún conserva su vigor. Con la ayuda de Alá, nunca desfallecerá hasta alcanzar la victoria. Un pueblo de cuerpo y espíritu puros llevará adelante el estandarte de la yihad.
El movimiento debe desempeñar el papel central en toda actividad relacionada con los intereses islámicos. Cualquiera que sea el lugar de donde llegue el llamamiento, debe responder a cada petición de ayuda. El movimiento islámico debe participar en la yihad contra el brutal régimen marxista cristiano de Eritrea. La junta de allí quiere apoderarse de Eritrea y mantener el país bajo su control como una colonia, y pretende convertir a la población en una clase esclava sometida al sistema feudal.
El movimiento islámico debe ponerse del lado de Sudán contra la rebelión cristiana racista y traidora. Los cristianos quieren imponer su fanatismo religioso racista en todo el territorio sudanés y separar al país de la umma musulmana y del mundo árabe.
Hay que apoyar a los musulmanes de Filipinas contra los gobernantes cristianos parciales. Pues la junta cristiana quiere exterminar allí a los musulmanes y dejar lugar únicamente a quienes acepten una vida de esclavitud; personas que no serán útiles ni para sí mismas ni para los demás.
Hay que tender una mano de ayuda a la lucha de los musulmanes de Cachemira por su derecho a la autodeterminación, hasta que Cachemira forme parte de Pakistán o sea independiente, para poder frustrar todas las conspiraciones de los imperialistas indios. Con el fin de convertir Cachemira en una base de conspiraciones contra Pakistán y, en general, contra el mundo musulmán, el imperialismo indio intenta borrar la identidad musulmana de esta región difundiendo una educación atea, el vicio y la drogadicción.
El movimiento islámico debería apoyar a los musulmanes contra el dictador de Somalia. La junta dictatorial del país está matando a los eruditos musulmanes y ejerciendo tiranía y persecución contra toda persona de carácter religioso o intelectual.
El movimiento islámico debe disponer de información correcta sobre estos movimientos de liberación. Es conveniente que el movimiento islámico esté presente, en uno u otro nivel, en el liderazgo y la estructura organizativa de estos movimientos de liberación. Hay que trabajar sin descanso por la unidad, eliminando las distancias entre los distintos niveles de la organización, y esforzarse por eliminar las pequeñas diferencias en aras de alcanzar el objetivo mayor. El síntoma más peligroso que puede perjudicar la yihad es la desunión entre los grupos. El todopoderoso Alá dice: «Ciertamente, Alá ama a quienes combaten en Su camino en filas, como si fueran una sólida estructura (sura As-Saff’: 4)।
El movimiento islámico también debe asumir la responsabilidad de organizar a los musulmanes del mundo en favor de los intereses palestinos. Pues el movimiento sionista ha organizado a los judíos del mundo en beneficio de los intereses de Israel. El movimiento islámico debe esforzarse por obtener el apoyo de las personas conscientes de todo el mundo a favor de nuestros legítimos intereses.
Actualmente es absolutamente necesario emprender un esfuerzo de esta índole desde la plataforma del movimiento islámico. La lucha palestina ha llegado ahora a una etapa crítica. Se ha tramado un complot para traer a judíos soviéticos y establecerlos en los territorios ocupados, pisoteando los intereses palestinos. El objetivo de este complot es hacer realidad el sueño del Gran Israel, cuyas fronteras se extenderían desde el Nilo hasta el Éufrates, y cuyo deseo posterior es expandirse hasta el Hiyaz, Medina y Jaibar.
Movimiento de liberación
El movimiento islámico no debe limitar su atención únicamente a los territorios musulmanes. Ciertamente, conforme a los principios del islam, los territorios musulmanes pueden recibir especial importancia en aras de la interdependencia y la solidaridad mutuas. Pero el movimiento islámico debe tender una mano de ayuda a todos aquellos que, musulmanes o no musulmanes, en cualquier lugar del mundo, luchan por liberarse de la ocupación territorial, el imperialismo, la opresión y la injusticia.
El islam surgió con un llamamiento universal a la liberación de la humanidad. Allah honró al ser humano al enviarlo a la Tierra como Su representante y, por ello, sometió a su dominio todo cuanto hay en los cielos y en la Tierra.
El islam llegó para liberar al ser humano de la servidumbre a cualquier poder tagut rebelde contra Dios y para formarlo de modo que pueda alzarse contra el tagut.
El mensaje del venerable Moisés (a.s.) tenía como esencia liberar a los Hijos de Israel de la opresión del Faraón, Qarún y Hamán. El propósito del mensaje del venerable Muhammad (s.a.s.) era liberar a toda la humanidad de las garras de todos los faraones, qarunes y hamanes, que encadenan a las personas a la esclavitud y se imponen como gobernantes sumamente poderosos, sin tener derecho alguno a ello. Estos gobernantes se comportan con arrogancia hacia los siervos de Allah, como si compartieran la grandeza y supremacía de Allah. Se presentan como dioses y convierten a las personas en sus esclavas.
A través del Mensajero (s.a.s.), el Corán, dirigiéndose a los gobernantes y soberanos, proclamó con voz clara y elevada el mensaje de la libertad: Venid a una palabra justa entre nosotros y vosotros: que no adoraremos sino a Allah, que no asociaremos a nadie con Allah y que ninguno de nosotros tomará como señor a otro en lugar de Allah.(Sura Al Imrán: 64)।
Rabi ibn Amir declaró ante Rustam, comandante del ejército persa: «Alá nos ha enviado para liberar a la gente de la servidumbre de unos seres humanos a otros, para que sirvan únicamente a Él, y para conducirla de las injusticias y abusos de las diversas religiones hacia la justicia del islam».
El Todopoderoso Alá envió Su Libro y a Sus mensajeros a la Tierra con la responsabilidad exclusiva de establecer la justicia. A este respecto, el Sagrado Corán dice: «Ciertamente, enviamos a Nuestros mensajeros con pruebas claras y enviamos con ellos el Libro y la balanza, para que la gente se mantenga firme en la justicia» ((Sura Al-Hadid: 25)।
Por tanto, toda opresión e injusticia de un individuo contra otro, de un grupo contra otro o de un pueblo contra otro —especialmente la opresión y la injusticia de los gobernantes tiránicos y poderosos contra las personas débiles y oprimidas— constituye, en esencia, una violación de todos los mensajes divinos. Por ello, el Sagrado Corán lanza una severa advertencia, criticando duramente a los tiranos: «Pero ellos (los mensajeros) pidieron la victoria y la ayuda, y todo gobernante tiránico, rebelde y obstinado fracasó por completo y fue destruido. Delante de él está el Infierno, y se le dará a beber agua hirviente mezclada con pus y sangre» ((Sura Ibrahim: 15-–16)।
Así, Allah sella el corazón de todo déspota arrogante (Sura Mu’’min: 35)।
Entrad, pues, por las puertas del Infierno y permaneced en él eternamente; ¡qué pésima morada es la de los arrogantes! (Sura Najl: 29)।
En las suras mecánicas y medinenses del Corán se censura severamente a los malhechores: ciertamente, Allah no guía a quienes son injustos (Sura Al-Ma’idah: 51)।
En verdad, quienes son injustos nunca alcanzarán ningún éxito (sura Yusuf: 23)।
Y estas ciudades las destruimos cuando cometieron injusticia (Al Kahf: 59)।
Estas son sus viviendas, completamente en ruinas por la injusticia que cometieron (sura An- Naml: 52)।
Así es el castigo de tu Señor: Él castiga a los habitantes de las ciudades cuando cometen injusticia. Sin duda, Su castigo es doloroso y severo ((Sura Hud: 102)।
Entonces fueron cortados de raíz los opresores. Y a Alá pertenecen todas las alabanzas y el agradecimiento, Señor de los mundos ((Sura Al-An’‘am: 45)।
Y no os inclinéis hacia quienes cometen injusticia, para que el Fuego no os toque. Y no tenéis ningún protector aparte de Alá. Entonces no recibiréis ayuda en ninguna parte ((Sura Hud: 113)।
El islam no se limitó a declarar estrictamente ilícitas y prohibidas la opresión y la injusticia, sino que ordenó combatirlas por todos los medios. Y quienes no hagan nada para erradicar la injusticia serán considerados cómplices de los pecadores en la tierra y también tendrán que sufrir castigo en el Más Allá.
Incluso, el islam considera que una nación que continúa cometiendo abiertamente injusticias y malas acciones, sin que nadie proteste ni se oponga a sus fechorías, merece el castigo divino, y su destrucción es inevitable. Y cuando el castigo de Allah desciende sobre una nación así, nadie podrá escapar de él. Los pecadores serán castigados por sus pecados, y los espectadores silenciosos, por su silencio. Allah Todopoderoso dice: Temed la fitna que no afectará únicamente a los injustos, y sabed que Allah es severo en el castigo(Sura Al Anfal: 25)।
El Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: Si la gente ve a un malhechor cometer una injusticia y no se lo impide, se acerca al castigo de Allah, y ese castigo recae sobre todos ellos ((Abu Dawud, al-Tirmidhi, Ibn Majah, Ibn Hibban y Sahih al- Jami al- Saghir).)En otro hadiz se ha narrado: Cuando veas que mi umma se ha vuelto temerosa y aterrorizada, y que no le dice a ningún malhechor: «Estás cometiendo una injusticia», entonces puedes perder toda esperanza en ella ((al- Hakim).)।
Todos los pecadores quedan comprendidos en el alcance de la declaración mencionada. Ya sea que sus injusticias y atropellos se cometan contra musulmanes o contra otros, toda injusticia y toda mala acción son pecado.
Tampoco hay nada de sorprendente en esto: el islam fomenta todas las medidas positivas para resistir a los injustos y proteger a los oprimidos y débiles. Incluso considera la resistencia y la defensa como adoración y yihad en el camino de Alá. En el Sagrado Corán, al exhortar a luchar contra los malhechores y proteger a los oprimidos, se dice: «¿Y qué os pasa que no combatís por la causa de Alá y por aquellos hombres, mujeres y niños débiles, oprimidos y maltratados que suplican: “¡Señor nuestro! Sácanos de esta ciudad cuyos habitantes son opresores, y desígnanos, de Tu parte, un protector que nos defienda, y envíanos, de Tu parte, a alguien que nos auxilie!”»(Sura An- Nisá: 75)।
Aquí se hace referencia principalmente a los creyentes al hablar de la clase débil. Por eso, en esta aleya solo se menciona su súplica. Pero el islam no aprueba la injusticia contra nadie, aunque sea un incrédulo. Se ha narrado en un hadiz: «Guárdate de la súplica del oprimido, aunque sea incrédulo, porque no hay ninguna barrera que impida que su súplica llegue a Alá»(Ahmad y Sahih al- Yami al- Saghir)।
El Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él), al escuchar una vez la historia de la persecución de una mujer débil a manos de un hombre poderoso y cruel en Abisinia, comentó: «¿Cómo considerará Allah pura a una nación en la que no se arrebatan los derechos de los débiles de manos de los poderosos?(Ibn Mayah, Ibn Hibban y Sahih al Yami al Saghir)». Cabe señalar que, en aquella época, en Abisinia gobernaban los cristianos.
En realidad, el objetivo de las campañas de conquista del islam era rescatar a las personas oprimidas y perseguidas de la tiranía de los autócratas y de la opresión de los opresores, y liberar a esos pueblos del dominio de los emperadores persas y romanos. Por eso, esas personas acogieron el islam y lo abrazaron voluntariamente.
En verdad, quienes poseen fe y valor moral tienen el deber de alentarse mutuamente a resistir la opresión de los débiles y ayudar a estos hasta que sus derechos les sean restituidos plenamente por el opresor. El Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) nos relató una experiencia semejante. Durante los Días de la Ignorancia, cuando era adolescente, presenció un acontecimiento de ese tipo y se involucró en él mediante Hilf al-Fudul, una institución de bienestar social. Esta organización había sido fundada por un grupo de personas honradas, benevolentes y devotas, con el objetivo de ponerse del lado de los débiles frente a los poderosos, para que los derechos y la dignidad de los débiles fueran restablecidos.
Si el islam alza la voz para proteger los intereses de los animales inocentes y mudos, ¿cómo no habría de ponerse de parte de las personas oprimidas, perseguidas y maltratadas para hacer valer sus derechos?
Minorías musulmanas
El movimiento islámico debe prestar especial atención a los intereses de las minorías musulmanas dispersas por todo el mundo.
Información importante
A este respecto, debemos considerar varios elementos, incluidos los siguientes aspectos:
1. Las minorías representan aproximadamente una cuarta parte, o incluso más, de la población musulmana total del mundo. Este dato se obtuvo en un estudio realizado hace unos veintisiete años por la Universidad Islámica Imam Muhammad ibn Saud de Riad.
2. Entre estas minorías musulmanas, la comunidad musulmana de la India es la segunda comunidad musulmana más grande del mundo por su enorme número. Más de doscientos millones de musulmanes viven en la India. Esta comunidad musulmana ha ejercido una influencia histórica, científica y cultural sobre el subcontinente indio y, en general, sobre la cultura islámica.
3. Algunas comunidades denominadas minoritarias son en realidad poblaciones de países genuinamente musulmanes. Estos países fueron incorporados por la fuerza a algunos grandes países vecinos, con el fin de que sus comunidades musulmanas se disolvieran en ellos y se convirtieran en minorías oprimidas dentro de una población mayoritaria más amplia. Ejemplos de ello son las repúblicas musulmanas de la antigua Unión Soviética: Uzbekistán, Turkmenistán y Azerbaiyán. Los estudios han demostrado que estos países son partes inseparables del mundo musulmán.
4. Algunas comunidades musulmanas han sido presentadas como minorías en estadísticas mundiales sesgadas. La realidad es completamente opuesta. Las estadísticas auténticas muestran que los musulmanes son ampliamente mayoritarios en los países correspondientes, aunque en estadísticas falsas se afirma deliberadamente que la población musulmana es menor; en particular, los enemigos del islam presentan a los musulmanes de ciertas regiones como minorías para lograr objetivos políticos. Los musulmanes de Etiopía son uno de los ejemplos más destacados de ello. Aunque los musulmanes de ese país son mayoría, se les ha privado de la mayoría de los derechos humanos fundamentales y se les ha mantenido sometidos y pisoteados.
Las minorías lo que necesitan
Las minorías tienen mucho que recibir del mundo musulmán en general:
1. Se necesita ayuda para sus instituciones religiosas, especialmente las educativas, a fin de preservar su carácter musulmán. Ante la terrible campaña que los promotores e instituciones de la cristianización han emprendido con el objetivo de erradicar el islam, esta ayuda es sumamente urgente.
2. Es necesario proporcionarles libros islámicos fundamentales, como fuente correcta de conocimiento, para presentarles en el idioma de estas minorías musulmanas las creencias fundamentales del islam, los actos de culto, los valores morales y las normas y disposiciones islámicas. Necesitan especialmente una exégesis del Sagrado Corán y varias recopilaciones de hadices auténticos y fiables.
3. Es urgente brindar a algunos estudiantes de las comunidades musulmanas minoritarias la oportunidad de estudiar en las universidades islámicas de los países árabes, para que adquieran conocimientos allí y, al regresar a sus respectivos países, se dediquen a difundir y promover las enseñanzas del islam. Como se dice en el Corán: para que, al regresar a su pueblo, puedan advertirles sobre las malas acciones ((Sura At-Tawba: 122)।
Sin embargo, lamentablemente, estas universidades han cerrado recientemente sus puertas a los estudiantes pertenecientes a minorías musulmanas de distintos países. Esta decisión es peligrosa para las minorías musulmanas, para la predicación islámica en los países afectados e incluso para la propia comunidad musulmana.
4. Es urgente proporcionar enseñanza de la lengua árabe en los países donde hay minorías, así como ayuda financiera y otras formas de apoyo a las escuelas árabes; sin embargo, el fracaso de los árabes en este ámbito no tiene límites. Los países desarrollados gastan miles de millones de dólares en enseñar sus idiomas. También difunden su civilización y su cultura por medio de esas lenguas. Pero los árabes permanecen inactivos en este ámbito. Cuando se plantea la difusión y expansión de la lengua árabe, se aferran a sus tesoros. Si las minorías musulmanas no hubieran establecido por iniciativa propia escuelas y colegios para aprender árabe, movidas por su amor y devoción hacia su religión, el Profeta —que la paz y las bendiciones de Dios sean con él— y su Libro, y considerando la lengua árabe como fundamento de la comprensión y la concordia entre el Corán, los hadices, los actos de culto, la cultura islámica y la comunidad musulmana, no veríamos a ninguna persona que supiera árabe fuera del mundo árabe.
Bajo el liderazgo del príncipe Muhammad al-Faisal Al Saud y la dirección del Dr. Tawfiq al-Shabi, la «Asociación de Escuelas Árabes» organiza cursos útiles para la enseñanza y la difusión de la lengua árabe en numerosos países de África y Asia, y también brinda apoyo a las instituciones educativas con este propósito. Esta iniciativa es digna de elogio.
5. Las minorías musulmanas necesitan predicadores o mubáliges y maestros que dominen sus idiomas. Estos deben vivir entre ellas para instruir a los ignorantes, aconsejar a los descarriados, responder a sus diversas preguntas y emitir fetuas, así como unir a la gente mediante los lazos de la unidad, sobre la base de la religiosidad, el temor de Dios, la armonía y la buena voluntad.
Sin embargo, debemos estar atentos a los mubáliges destructivos. Estos no solo perjudican a la sociedad, sino que también encienden el fuego de discusiones y disputas inútiles, dando origen al odio y la hostilidad. Puede que algunos de ellos tengan buenas intenciones, pero si estas van acompañadas de ignorancia, causan más perjuicio que beneficio. Un antiguo proverbio dice: un enemigo instruido es menos peligroso que un amigo ignorante.
6. Es necesario organizar reuniones, encuentros y conversaciones de las minorías con intelectuales, académicos y mubáliges destacados. De este modo, se abrirán ante ellas nuevos horizontes de pensamiento y se fortalecerá su moral. Deben organizarse con la mayor frecuencia posible encuentros, reuniones y simposios de este tipo, para que los hermanos de las minorías que viven en diversos países, lejos del centro vital de la ummah, no se sientan ignorados por la corriente principal de la ummah ni aislados del centro del pensamiento del movimiento islámico y de la solidaridad de sus dirigentes.
7. Probablemente, lo que más necesitan es unirse en un frente común, para poder preservar su existencia y su identidad religiosa. Es lamentable que, mientras las minorías de todo el mundo se unen, dejando de lado sus diferencias para fortalecer su existencia frente a las mayorías, las minorías musulmanas estén constantemente enfrentadas entre sí y desperdicien su tiempo y sus esfuerzos en disputas innecesarias y carentes de sentido, especialmente en controversias religiosas en torno a cuestiones de fiqh y aqida.
Es deber de todos los musulmanes apoyarse mutuamente conforme al mandato de Allah. Para los musulmanes, esto es suficiente: poseen un sentido de unidad desde el cual pueden comenzar. Están unidos en su fe en Allah, el Mensajero —que la paz y las bendiciones de Allah sean con él— y el Sagrado Corán. Digo esto aunque sé que incluso los musulmanes que viven en el corazón del mundo musulmán padecen muchas aflicciones y dificultades. Entonces, ¿cómo es posible que los musulmanes pertenecientes a minorías que viven fuera del mundo musulmán no tengan quejas ni carencias? Si los musulmanes de los países musulmanes sufren opresión e injusticia a manos de gobernantes que se llaman musulmanes, ¿cómo podemos esperar que los musulmanes de países no musulmanes, bajo gobernantes no musulmanes —sean cristianos, comunistas o idólatras—, no tengan ninguna queja?
Nación sin liderazgo
El problema más grave de los musulmanes y de los musulmanes pertenecientes a minorías, dispersos por todo el mundo, es que esta enorme y creciente población no cuenta con un liderazgo capaz de orientarla en todos los asuntos.
Hubo un tiempo en que teníamos el sistema del califato, que unificaba a la nación musulmana bajo una sola bandera. Teníamos un califa, que representaba el liderazgo central de la ummah unida. Los enemigos del sistema del califato conspiraron contra él y desmantelaron esta magnífica institución, símbolo de la unidad de la nación musulmana. Ya no nos quedó una existencia común ni una bandera bajo la cual pudiéramos reunirnos.
Hemos perdido el sistema del califato. Pero tampoco hemos podido idear ningún sistema alternativo. Por tanto, tenemos que seguir adelante sin ningún tipo de liderazgo.
El cristianismo tiene su propio liderazgo, reconocido por sus seguidores. Es un liderazgo religioso bien organizado, con sus propias instituciones, tradiciones y personal. En cuanto a sus recursos de apoyo financiero, ocupa el tercer lugar después de Estados Unidos y Rusia. Los misioneros cristianos están dispersos por todo el mundo, incluidos los países musulmanes. Pero nosotros, los musulmanes, no tenemos ni un califa venerable ni un papa. Somos como ese huérfano cuya llamada es recibida con la puerta cerrándosele en la cara, sin importar a qué puerta llame.
Hubo un tiempo en que existía un cargo conocido como Shayj al-Islam. Aunque no había ningún cargo oficial del islam con ese nombre, algunos eruditos eran tan sabios, virtuosos, respetados y piadosos que el pueblo musulmán se dirigía a ellos con reverencia mediante este título. La comunidad de ulemas de hoy no solo se abstiene de decir la verdad justa por seguir el compás de los gobernantes, sino que también emite declaraciones engañosas. Como consecuencia, el pueblo ha perdido la confianza en muchos de los grandes shayjs. Por eso ya no se llama Shayj al-Islam a ningún erudito. Estos ulemas, siguiendo las indicaciones de sus amos y apoderándose de abundantes recursos y medios, se esfuerzan por atacar o desacreditar a los ulemas verdaderamente íntegros, que hacen caso omiso de las tentaciones, hasta que la resistencia de estos ulemas íntegros cese y queden separados del pueblo.
La misión del movimiento
El movimiento islámico debe asumir el liderazgo perdido de la nación musulmana, con todas sus corrientes de pensamiento y grupos. Hasta que surja de entre ellos un verdadero Shayj al-Islam, digno de obediencia y apoyo, el movimiento seguirá desempeñando el papel de liderazgo con la ayuda de auténticos eruditos. Y el Shayj al-Islam que surja en el futuro deberá tener la capacidad de convocar a la comunidad musulmana mundial en los momentos de necesidad, y deberá recibir respuesta a ese llamamiento.
Musulmanes expatriados
Además de las minorías musulmanas que viven en Europa, América y Australia, así como en el Lejano Oriente, el movimiento islámico también debe prestar especial atención a los inmigrantes que han emigrado de países musulmanes.
Razones de la importancia
Los inmigrantes musulmanes ya no son pocos en número. Ahora son millones. En particular, en Francia hay un gran número de norteafricanos. En Gran Bretaña hay bangladesíes, indios y pakistaníes. La presencia de turcos en Alemania es notable. En Estados Unidos, el número de musulmanes es considerable debido a la presencia de estadounidenses de ascendencia musulmana; sus antepasados fueron secuestrados en África y llevados allí hace mucho tiempo. Además, su número también ha aumentado allí debido a la inmigración masiva. No hay ningún país occidental donde no haya inmigrantes temporales que hayan ido allí a estudiar o trabajar. Asimismo, muchos se trasladan a esos países para establecerse permanentemente.
Por parte de la Organización de la Conferencia Islámica se han formulado numerosas recomendaciones para conceder becas destinadas exclusivamente al estudio de aquellas materias que no pueden estudiarse en los países musulmanes por falta de oportunidades educativas en ciencia y tecnología. Además, cada día muchos estudiantes viajan al extranjero, por cuenta propia o con gastos pagados por sus países, para estudiar.la sura Al-Ankabut 56 n.º versículoAllah Todopoderoso dice: «¡Oh, Mis siervos creyentes! Ciertamente, Mi tierra es vasta; adoradme, pues, solo a Mí». En los países occidentales, el movimiento islámico comenzó primero bajo la guía de Allah; no surgió conforme al plan de ninguna organización islámica. Jóvenes de ambos sexos se trasladaron al mundo occidental para salvar su religión de los conflictos y enfrentamientos de sus países de origen y con la esperanza de alcanzar conocimiento, libertad y seguridad. Allí encontraron una excelente oportunidad para trabajar y difundir actividades de da‘wah entre los inmigrantes procedentes de Oriente, los eruditos y otros.
en Occidente del islam presencia
En la era actual, es necesaria la presencia de grupos islámicos en las sociedades que ejercen influencia en la política mundial. Es indispensable la presencia de grupos islámicos en Europa, América del Sur y del Norte, y Australia. Porque:
1. La presencia de grupos islámicos es necesaria para difundir el mensaje del islam entre los no musulmanes mediante palabras bondadosas, un diálogo y debate razonables, y una conducta ejemplar.
2. Es indispensable la existencia de una comunidad islámica para supervisar la conducta de los nuevos musulmanes y cultivar su fe en un entorno islámico que favorezca una vida islámica saludable.
3. Es necesario acoger a los recién llegados, especialmente a los eruditos y los inmigrantes, en los países occidentales, porque estos musulmanes recién llegados entrarán en contacto con los ansar, quienes recibirán a los recién llegados en sus países y acudirán en ayuda de los muhajir recién llegados para crear un ambiente islámico.
4. La presencia de grupos islámicos es indispensable para proteger los intereses de la umma musulmana y de los territorios musulmanes frente a la oposición activa y la propaganda de las fuerzas contrarias al islam.
No es correcto que el cristianismo siga ejerciendo en estos países una dominación exclusiva e irrestricta, o que únicamente el judaísmo, como adversario, se alíe con ellos para oponerse a los musulmanes. Hace varios años expuse esta cuestión a nuestros hermanos musulmanes en Estados Unidos, Canadá, Australia y otros países. Naturalmente, esta tarea debe llevarse a cabo mediante un plan bien estructurado, una organización adecuada y conforme a la jurisprudencia de las prioridades. Por ello, debemos actuar adoptando los lugares más apropiados, los mejores programas y las estrategias más eficaces. En los países y ciudades conocidos, los musulmanes deben contar con sus propias instituciones sociales y organizaciones religiosas, educativas y recreativas. También es indispensable que entre los musulmanes residentes en el extranjero haya ulemas y líderes religiosos, para que puedan formular preguntas y obtener respuestas, y para que, cuando surja alguna discrepancia o conflicto, los ulemas puedan ofrecer una orientación correcta.
Conservadurismo y liberalidad
Les digo a los hermanos que viven en el extranjero: procuren preservar su pequeña comunidad dentro de la sociedad más amplia. De lo contrario, no podrán conservar su existencia y desaparecerán. Durante varios siglos, los judíos han preservado sus rasgos distintivos mediante sus propias ideas y prácticas. Los musulmanes también deben conservar su identidad.
No estoy diciendo que debamos cerrarles nuestras puertas a quienes nos rodean. Eso equivaldría a la muerte. Lo necesario es mantener el contacto con la gente con una mente abierta, para transmitirle el mensaje de un ideal unificado. Esta liberalidad no significa imitar a los demás ni seguir cada uno de sus pasos.
Desde hace mucho tiempo venimos escuchando una queja: debido a la falta de oportunidades adecuadas en sus países de origen, la emigración de numerosos científicos y especialistas está provocando una fuga de cerebros árabes y musulmanes.
Si esta queja es cierta, en ningún caso deben perder su lealtad a su religión, su nación, su cultura y su patria. Debemos proseguir todos los esfuerzos posibles para garantizar su lealtad y sus sentimientos hacia su pueblo y su país de residencia. Esto solo será posible cuando mantengan su lealtad a Allah, al Mensajero —que la paz y las bendiciones de Allah sean con él— y a los intereses musulmanes. Esta lealtad también puede esperarse si, además de preocuparse por sus propios intereses, sienten compasión por las aflicciones y penurias de su nación.
También es deber del movimiento islámico velar por que los inmigrantes no se integren en la vida materialista de Occidente. Asimismo, hay que concienciar a los musulmanes residentes en el extranjero sobre el lugar del que proceden.
Diversas organizaciones estudiantiles islámicas han desempeñado un papel encomiable en este ámbito durante las últimas tres décadas. Antes de ello, los izquierdistas, nacionalistas y secularistas habían tomado el control de estas organizaciones, cuyas actividades se desarrollaban bajo su dirección. Para quienes conocen la actividad islámica en el hemisferio occidental, es imposible negar la contribución de la Asociación de Estudiantes Musulmanes (MSA) en Estados Unidos y Canadá. Establecieron sucursales en diversos lugares y organizaron varias conferencias. De la propia organización matriz, la MSA, surgieron la Unión de Sociólogos Islámicos, la Sociedad de Científicos e Ingenieros Musulmanes, la Sociedad Médica Islámica, la Sociedad Islámica de Norteamérica y otras organizaciones. Se decidió mantener el centro del movimiento en Estados Unidos, para facilitar su labor desde una posición normal dentro de la sociedad.
De los expatriados deberes
Durante varios años he participado en las conferencias organizadas por la Unión de Estudiantes Musulmanes. En estos actos encuentro una fuente de alegría. Lo mismo ocurre con la Sociedad Musulmana de Estudiantes de Gran Bretaña, la Federación de Sociedades Islámicas de Estudiantes y otras organizaciones de Europa.
En mis conversaciones con los expatriados, siempre les he recordado cinco deberes:
1. Responsabilidad del expatriado para consigo mismo : protegerse y aumentar sus capacidades.
2. Deberes para con la familia: proteger a la familia de la desintegración y dirigirla sobre la base del islam.
3.. Deber hacia su propia comunidad musulmana : unirla en una sola plataforma.
4.. Deber hacia las comunidades no musulmanas vecinas :Llamarlas al camino de Alá mediante la sabiduría y la buena exhortación.
5. La obligación de proteger los intereses de la umma musulmana del expatriado : velar por sus intereses y tender una mano de ayuda.
Tema de advertencia
Quiero advertir sobre dos asuntos: la mentalidad racista y nacionalista, y el extremismo y las discrepancias. Es lamentable que veamos manifestaciones de una mentalidad racista y nacionalista entre algunos grupos musulmanes. Cada uno de esos grupos mantiene a sus miembros separados unos de otros. La única excepción son quienes, por la misericordia de Allah, se libran de esta injusticia.
Incluso las mezquitas son identificadas como pertenecientes a distintos grupos. No hay nada de extraño en ello. Cuando se visita una ciudad, pueden decirle: esta es la mezquita de los turcos, aquella es la mezquita de los marroquíes, la tercera es la de los yugoslavos, la cuarta la de los indios, la quinta la de los paquistaníes y la sexta la de los árabes o la de algún otro grupo árabe. Y en Estados Unidos ya existen mezquitas especiales para los musulmanes negros.
El islam vino para eliminar las diversas diferencias entre las personas y situarlas en pie de igualdad. La mezquita es el medio prescrito por Allah para alcanzar este objetivo. ¿Cómo puede entonces convertirse en un medio de división?
Es cierto que, al principio, esta separación era necesaria porque la primera generación de expatriados no conocía la lengua local. Sin embargo, hasta que se generalizara entre las distintas comunidades musulmanas de cada país o ciudad el uso de una lengua común comprensible, esta situación podía remediarse organizando sermones separados para cada grupo en una misma mezquita. Aunque en la mayoría de los casos esta separación dejó de ser necesaria, todavía quedan mezquitas que llevan el nombre de algún grupo o comunidad étnica. Una mezquita debería ser para todos los musulmanes. Y la bandera bajo la cual deberían unirse todos los expatriados debe ser, sin duda, la bandera del islam.
Los musulmanes expatriados solo serán fuertes cuando se unan y acudan en ayuda unos de otros. Porque la unión es fuerza y la desunión, debilidad. Aunque la solidaridad siempre es deseable, es aún más necesaria en tierras extranjeras, donde, para superar la soledad, todos necesitan la compañía de alguien como ellos.
En segundo lugar, quiero advertir contra el extremismo y la preocupación por asuntos triviales y minucias. Aunque este fenómeno anormal se viene observando desde hace algún tiempo en los países occidentales, todavía se encuentra en una etapa inicial.
Los hermanos musulmanes de Oriente no deben importar sus diferencias y problemas a Occidente. De ese modo, estos aspectos negativos levantarán cabeza en su nueva tierra de residencia, pues han cambiado el lugar, el tiempo y las circunstancias. Los musulmanes expatriados han aprendido de sus maestros religiosos que las fetuas también cambian cuando cambian el lugar, el tiempo y las circunstancias. Entonces, ¿por qué no actuar de acuerdo con lo que han aprendido?
Hace aproximadamente diez años visité el Centro Islámico de Los Ángeles. Allí, algunas personas de actitud negativa me preguntaron: «¿Debe permitirse mostrar películas en la mezquita, aunque sean educativas?». Respondí: «¿Qué daño hay en ello? Si esas películas enseñan a realizar buenas obras, verlas es un acto de adoración. Y la mezquita es un lugar de adoración y un foro para adquirir conocimiento y educación».
También dije que el Mensajero de Allah había permitido que los abisinios bailaran con lanzas en su mezquita, y había animado a su esposa, la honorable Aisha, que Allah esté complacido con ella, a contemplar su danza y a alentarlos a continuar.
Otros preguntaron: «¿Debe permitirse entrar en la mezquita a las mujeres que no visten ropa islámica para escuchar sermones y exhortaciones?». Respondí: «Sí. Si les prohibimos acudir a la mezquita, ¿dónde escucharán entonces el mensaje del islam y la palabra de Allah? Si les impedimos entrar en la mezquita y les obstaculizamos escuchar sermones y exhortaciones, las perderemos para siempre. El llamamiento de la religión no llegará hasta ellas. Pero si tienen la oportunidad de acudir a la mezquita, cabe esperar que Allah las guíe para seguir el camino del islam».
Mientras preparaba este manuscrito para enviarlo a la imprenta, recibí una carta de mi estimado hermano, científico, poeta y propagador del islam, el Dr. Hasan. En la carta exponía varias actividades del Centro Islámico de Los Ángeles y las labores que allí se realizaban para ayudar a todos, musulmanes y no musulmanes por igual. Cualquier musulmán se alegraría al leer esta carta, pues en ella se manifiesta claramente que, si las personas perseveran en sus esfuerzos combinando una comprensión correcta con una intención sincera, el islam nunca desaparecerá.
Libertad política y democracia
En la próxima etapa, el deber del movimiento islámico será levantarse contra el gobierno autocrático y dictatorial, la arbitrariedad política y la privación de los derechos del pueblo. El movimiento debe alzar su voz en favor de la libertad política representativa de una democracia genuina, no ficticia. Debe declarar claramente que no reconoce a los gobernantes injustos ni mantiene relación alguna con los dictadores, incluso si algún gobernante injusto aparenta mostrar temporalmente buena voluntad hacia el movimiento para lograr algún interés.
El Mensajero de Allah dijo: «Cuando veas que mi comunidad está aterrorizada y no le dice a ningún malhechor: “Estás obrando mal”, puedes despedirte de sus esperanzas (Al Hakim)». Entonces, ¿qué debe hacerse con los gobernantes injustos y arrogantes que obligan al pueblo a decirles: «¡Qué justo y qué grande es usted, oh nuestro héroe, nuestro salvador y nuestro libertador!»?
El Corán no solo condenó a Nimrod, al Faraón, a Hamán y a los demás gobernantes opresores, sino que también reprendió a quienes los siguen y obedecen sus órdenes. Allah Todopoderoso, al condenar al pueblo de Noé, dijo: «Y siguieron a personas cuya riqueza y descendencia no les proporcionaron prosperidad, sino que fueron causa de su perdición. (Sura Nuh: 21)।
Allah Todopoderoso también dice acerca del pueblo de Hud: «Y siguieron la orden de todo déspota arrogante. (Sura Hud: 59)।
Se ha relatado acerca del pueblo del Faraón: siguieron las órdenes del Faraón, y las órdenes del Faraón no eran en absoluto correctas (Sura Hud: 97). En otro lugar, el Corán declara: Y le obedecieron. Ciertamente, eran totalmente rebeldes contra Alá (Sura Az-Zujruf: 54)।
Si examinamos atentamente la historia de la comunidad musulmana y del movimiento islámico en la época moderna, queda claro que el pensamiento islámico, el movimiento islámico y el despertar islámico no se desarrollaron ni resultaron eficaces sin un entorno democrático y libre. Al verse reprimido, durante los gobiernos de gobernantes tiránicos y opresores, el deseo del pueblo de aferrarse al islam, el movimiento y el despertar se vieron obstaculizados. Los gobernantes autoritarios impusieron por la fuerza sobre el pueblo el socialismo, el comunismo y el secularismo, empleando, además de la tortura clandestina y los asesinatos públicos, otras crueles tácticas.
En distintos momentos, hemos presenciado este trato cruel en numerosos Estados musulmanes durante épocas de gobierno autoritario, entre ellos Turquía, Egipto, Siria, Irak, Yemen del Sur, Somalia y los países del norte de África.
Por otro lado, durante la libertad y el gobierno democrático, el movimiento islámico resulta eficaz y se desarrolla. Tras la caída de los gobiernos que habían establecido un reino de terror y opresión sobre el pueblo, se observa que el movimiento islámico cobra nueva vida. Por eso, ni siquiera puedo imaginar que el movimiento islámico pueda apoyar otra cosa que no sean la libertad política y la democracia; que los gobernantes autoritarios permitan que se alce cualquier voz excepto la del islam, o que permitan expresar, política o de cualquier otra forma, cualquier pensamiento o ideología excepto el pensamiento islámico. Y, sin embargo, es el pensamiento islámico el que expresa lo que vive en el corazón de esta comunidad y manifiesta sus creencias doctrinales, sus valores, su conciencia y su existencia.
Sin embargo, algunos islamistas discrepan respecto de la democracia. Incluso no son tolerantes con la palabra «democracia». Aquí quiero afirmar enfáticamente que el islam no es democracia, ni la democracia es islam. Más bien diré que el islam no tiene relación con ningún otro principio o sistema. En todos los aspectos —objetivo, orientación y método— el islam es incomparable. No quiero que la democracia occidental, con sus aspectos negativos, encuentre un lugar dentro del islam. Solo incorporando nuestros propios valores e ideales podemos integrar la democracia occidental en el marco de gran amplitud que nos es propio.
Sin embargo, los principios políticos que el islam pone en práctica en el mundo para frenar los deseos y caprichos de los gobernantes se aproximan mucho a los mecanismos y salvaguardias creados por la democracia. Estos principios son: la asamblea consultiva o shura, el buen consejo, ordenar el bien y prohibir el mal, desobedecer las órdenes injustas, resistir la incredulidad y remediar la injusticia y la opresión empleando la fuerza tanto como sea posible. Solo en la democracia se refleja claramente el poder del parlamento dentro de la libertad política. Si se viola la Constitución, los representantes del pueblo pueden presentar una moción de censura contra cualquier gobierno. Solo en un entorno así se percibe al máximo la presencia de la prensa libre, el parlamento libre, la oposición y la fuerza del pueblo.
En este sentido, muchos temen que la democracia considere al pueblo como fuente del poder, incluso en el ámbito de la legislación, aunque la ley pertenece únicamente a Alá. Este temor carece de fundamento, porque el pueblo del que hablamos es musulmán en su mayoría y ha aceptado a Alá como Señor, a Muhammad (la paz y las bendiciones de Alá sean con él) como Mensajero y al islam como religión. No cabe esperar que este pueblo promulgue una ley contraria al islam, a sus principios inviolables y a sus disposiciones definitivas.
No obstante, este temor puede disiparse añadiendo un artículo que estipule que toda ley contraria a las disposiciones inviolables del islam se considerará nula. Puesto que el islam es la religión del Estado y este es la fuente de legitimidad de todas las instituciones y normas, no se puede transgredirlo.
Debe saberse que la ley pertenece a Dios; aceptar este principio no priva a la nación de su derecho a elaborar las leyes necesarias para una vida y unos asuntos mundanos en constante transformación.
Queremos elaborar leyes y normas dentro de los límites del Corán, la Escritura fundamental, los objetivos generales de la sharía y el mensaje esencial del islam. El número de mandatos y prohibiciones obligatorios es muy reducido; en cambio, el ámbito de lo opcional o de la legislación abierta es muy amplio. Los mandatos y disposiciones del Corán son tan flexibles y vastos que admiten múltiples comprensiones y pueden aceptarse diversas interpretaciones. Como resultado, dentro de la amplia estructura del islam surgieron varias escuelas jurídicas y corrientes filosóficas.
Recientemente examinamos varias leyes promulgadas en Qatar y observamos que incluían numerosos artículos basados en la consecución del bienestar y el rechazo del perjuicio. Sin embargo, salvo uno o dos casos, el Corán no menciona directamente estos asuntos.
La amenaza más grave para la umma musulmana y el movimiento islámico es la legislación faraónica. Los faraones creían que sus opiniones eran infalibles y correctas, y que nunca podían equivocarse. Tales gobernantes adoptan el razonamiento del faraón: «Yo solo os muestro el camino que considero correcto y os guío únicamente por el camino del bien» ((sura al-Mu’’min: 29)।
Estos gobernantes rechazan e incluso censuran cualquier opinión discrepante, tal como el faraón dijo acerca de Moisés, la paz sea con él: «Temo que cambie vuestra religión o provoque la corrupción en el reino» ((sura al-Mu’’min: 26)।
Étnicas y religiosas minorías
El movimiento islámico debe adoptar una postura definitiva hacia las minorías antropológicas o étnicas y religiosas del mundo musulmán y árabe.
Étnicas minorías del problema solución
En el sistema islámico, las minorías antropológicas o étnicas no constituyen ningún problema. Esto se debe a que el islam reúne a todos los grupos raciales en una misma plataforma, sobre la base de una sola fe, una sola qibla y una estrecha hermandad.
Desde la perspectiva del islam, todos los musulmanes constituyen una sola nación, sin distinción de raza, lengua o tierra de origen. El islam considera por igual a todos los musulmanes, ya sean árabes, persas, bereberes, kurdos, turcos, indios o pertenecientes a cualquier otro grupo étnico. Incluso la persona de condición más humilde tiene derecho a hablar, en virtud de su propia identidad, igual que la persona de rango más elevado, y todos ellos se alzan unidos contra el enemigo, como un solo cuerpo y una sola alma. El Todopoderoso Alá dice acerca de ellos: Los creyentes son ciertamente hermanos entre sí (sura Al-Huyurat: 10)।
Salvo por la taqwa, ningún árabe es superior a un no árabe, ningún no árabe es superior a un árabe, ningún blanco es superior a un negro, ni ningún negro es superior a un blanco. El Altísimo Allah ha dicho: «En verdad, el más noble de vosotros ante Allah es quien posee mayor taqwa» ((Sura Al-Huyurat: 13)।
Es bien sabido por todos cuál era la posición honorable de Sulaymán de Persia, que Allah esté complacido con él, Bilal de Abisinia, que Allah esté complacido con él, y Suhayb de Roma, que Allah esté complacido con él, a los ojos de todos los musulmanes de todas las épocas.
Ningún erudito del islam puede negar las contribuciones que los eruditos no árabes hicieron al islam y a la lengua árabe. La historia del islam está repleta de ejemplos de eruditos destacados y personalidades talentosas como Al-Hasan al-Basri, Ibn Sirin, Ata, Sa’id ibn Yubayr, Abu Hanifa, Bujari, Muslim, Abu Dawud, At-Tirmidhi, An-Nasa’i, Ibn Mayah y otros.
Aunque todos ellos eran originalmente no árabes, gracias al islam llegaron a ser conocidos como árabes. El árabe se convirtió en su lengua, para que pudieran hablar, escribir e investigar en la lengua del Corán. En un hadiz narrado por Ibn Asakir se menciona: «Para ser árabe no se necesitan padres árabes; basta con la lengua. Quien habla árabe es árabe».
Los kurdos, bereberes, persas, malayos y otros no árabes que no adoptaron el árabe como lengua materna al aceptar el islam se volvieron árabes de corazón y de espíritu por la influencia de la cultura islámica, es decir, del islam. Esto se debe a que, inspirados por Allah, fueron los árabes quienes, hace muchos siglos, llegaron a sus tierras llevando el mensaje del islam para guiarlos por el camino recto.
Todo musulmán ama la lengua árabe porque es la lengua del Corán, de la Sunna y de la adoración. Todo musulmán ama las tierras árabes porque allí se encuentran la Kaaba, la Mezquita del Profeta y la bendita tumba del Mensajero, que Allah le bendiga y le conceda la paz. Todo musulmán ama a los árabes porque son los guardianes vigilantes del Mensajero y del islam, y porque difundieron el islam por todo el mundo. Un antiguo proverbio dice: si los árabes son fuertes, el islam también será fuerte; si se debilitan, el islam también se debilitará.
Desde la perspectiva del islam, no existe ningún problema étnico o racial; por el contrario, la perspectiva islámica puede ofrecer una solución infalible a los problemas étnicos o raciales. Pero si los árabes hacen un llamamiento al nacionalismo árabe, que no tiene relación con el islam, entonces los kurdos exigirán el nacionalismo kurdo, los bereberes levantarán el lema del nacionalismo bereber y, si esto continúa, una sola umma quedará sin duda hecha pedazos. Incluso en los distintos países surgirán sentimientos étnicos como en la época de la ignorancia, una estrechez de miras que solo el islam y la fraternidad islámica habían logrado vencer. Nuestro Gran Profeta, que Allah le bendiga y le conceda la paz, rompió sus vínculos con todo aquel que promoviera el nacionalismo ciego o el tribalismo, luchara por ellos o muriera por ellos.
La solución del problema de las minorías
Debería prestarse la debida atención a resolver el problema de las minorías religiosas. En un artículo las denominé comunidades no musulmanas dentro de la sociedad musulmana. El problema de las comunidades no musulmanas debe abordarse abiertamente y con una mente abierta, no mediante maquinaciones políticas ni hipocresía.
En mi obra de investigación «La inevitabilidad de la solución islámica» he expuesto la perspectiva islámica hacia estas minorías. Sin repetir lo ya dicho, presento brevemente algunos de sus aspectos:
En primer lugar, los secularistas, que por lo general no tienen lealtad ni al islam ni al cristianismo, alegan que la solución islámica y la ley islámica son contrarias a la libertad de los no musulmanes. Estas acusaciones carecen de fundamento, porque olvidan o pasan por alto otro aspecto importante, incluso más significativo: abandonar la ley y la solución islámicas en interés de las minorías no musulmanas es contrario al principio de libertad de la mayoría musulmana para cumplir los mandamientos de su religión. Cuando los derechos de la minoría son contrarios a los derechos de la mayoría, ¿cuál de ellos tendrá mayor importancia?
La democracia, por la que alzan la voz los secularistas, se basa en el principio de que los derechos de la mayoría tendrán prioridad sobre los de la minoría. Esta es la regla que se ha aplicado en todos los países del mundo. Todavía no se ha ideado un sistema que cuente con el apoyo de todos, porque los seres humanos han sido creados con tendencias diversas. Nunca todos pueden aceptar lo mismo. Para que un sistema sea establecido basta con que lo acepte la mayoría de la gente y que no cometa injusticia ni agravio alguno contra las minorías, ni viole sus normas religiosas. Si las comunidades cristianas y de otras religiones renuncian a sus derechos con el fin de que los musulmanes puedan gobernar conforme a su religión y aplicar la ley de Allah con la esperanza de obtener Su misericordia, no sufrirán ningún perjuicio por ello.
Si las minorías religiosas no aceptan esto y presionan para que la mayoría renuncie a sus derechos, ello equivaldría a imponer la dictadura de las minorías sobre la mayoría. Sería, por ejemplo, como si tres millones de miembros de una minoría gobernaran sobre cuarenta millones de personas de la mayoría. Una situación de este tipo no es aceptable desde ningún punto de vista, ni religioso ni secular. Además, no se plantea siquiera que la mayoría musulmana renuncie a sus derechos, porque eso equivaldría a la apostasía, y el castigo que Allah ha establecido para ella es el Infierno.
En segundo lugar, la acusación mencionada por los secularistas se basa en la idea de que existe una contradicción entre los derechos de la mayoría musulmana y los derechos de la minoría no musulmana. En realidad, no existe ninguna contradicción entre ambos. Si un cristiano puede ser ciudadano bajo un gobierno secular, no religioso, entonces no hay razón válida para que se oponga a vivir bajo un gobierno islámico.
Además, el cristiano que comprende correctamente su religión debería acoger con beneplácito el gobierno islámico, pues la base de tal gobierno es Allah, Su revelación y la recompensa del Más Allá. Este gobierno pretende establecer los valores de la fe y la moralidad a los que llamaron todos los profetas y mensajeros. El islam considera con respeto a Jesús, a María y al Evangelio, y concede un estatus especial a la Gente del Libro. Por tanto, ¿cómo podrían los seguidores de una religión que reconoce a Allah, a Sus profetas y mensajeros y la vida futura temer a un gobierno inspirado por la ley divina y por valores morales y humanos? Sin embargo, los creyentes cristianos no sienten temor ni ansiedad ante un gobierno secular carente de religión, que odia a todas las religiones y que, aun cuando permite alguna vez la práctica religiosa, la mantiene confinada a un pequeño ámbito de la vida.
Lo mejor para los cristianos creyentes es aceptar el sistema de gobierno islámico, considerándolo como consideran cualquier otro sistema de gobierno. Los musulmanes, por su parte, consideran este sistema de gobierno su propio sistema religioso, mediante el cual esperan obtener la complacencia de Allah y alcanzar Su cercanía.
Esto es, en efecto, mejor para los cristianos. Porque, en palabras de Hasan al-Hudaybi, como resultado de esta creencia, los musulmanes permanecerán atentos para que no se produzca ningún error o equivocación al aplicar la ley islámica. Sentirán que se encuentran bajo la mirada vigilante de Allah Todopoderoso; allí, ningún temor a un gobernante tendrá cabida en sus corazones, un temor que por lo general puede superarse. [Hermanos Musulmanes antiguo Guía General Hasan al- Hudaybi, ‘Nuestra Constitución ’ obra de।]
Por consiguiente, los sensatos y de mente abierta han acogido el gobierno islámico como un obstáculo irresistible para frenar el avance del materialismo. Pues el materialismo, bajo el patrocinio del comunismo mundial, ha puesto a todas las religiones frente a una amenaza. El ilustre pensador Faris al-Juri ha expresado precisamente esto.
Quisiera corregir aquí una idea equivocada. Muchos creen que las leyes elaboradas por el hombre e importadas de Occidente cristiano guardan relación con el cristianismo. Sin duda, esta es una idea equivocada. Quienes estudian el origen y las fuentes históricas de las leyes lo saben muy bien. La verdad es que el cristianismo y sus seguidores están más cerca de la jurisprudencia islámica que estas leyes occidentales: en primer lugar, por razones religiosas y, por otro lado, por la influencia del entorno circundante.
En tercer lugar, también es falsa la acusación de que, en la práctica, el gobierno musulmán obligará a los no musulmanes a realizar actos contrarios a sus creencias religiosas. Las cuatro ramas del islam son: la fe, el culto, los valores morales y la sharía. El islam no impone de ningún modo sus creencias religiosas ni sus actos de culto a los no musulmanes.
A este respecto, en el Corán hay dos versículos explícitos: uno mequí y el otro mediní. En el primer versículo, Dios Altísimo se dirige a Su Mensajero —la paz y las bendiciones de Dios sean con él— y dice: «¿Acaso obligarás a la gente hasta que crean (sura Yunus: 99)?
En el segundo versículo, Dios Altísimo ha declarado aún más claramente: «No hay coacción en la religión (sura Al Baqara: 256)।
Los compañeros del Mensajero (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) decían acerca de los ahl al-dhimma [ahl al-dhimma son los súbditos de un Estado que residen allí, no musulmanes .।] Decían: «Dejadlos practicar su religión».
Desde la época de los Califas Rectamente Guiados, los judíos y los cristianos han disfrutado de sus derechos, incluido el culto, sin impedimentos. Prueba de ello son los tratados celebrados entre los musulmanes y ellos durante los gobiernos de Abu Bakr y Umar, que Allah esté complacido con ambos. Entre estos, uno de los más destacados es el tratado celebrado entre Umar y los habitantes de Jerusalén.
Las disposiciones del islam son tan sensatas que no se recauda la zakat de los no musulmanes ni estos tienen que participar en la yihad, pues ambas son importantes formas de culto islámico. La zakat es una especie de impuesto financiero y la yihad, un servicio militar. En su lugar, el islam impone a los no musulmanes otro tipo de impuesto, llamado jizya en la terminología islámica. Sin embargo, las mujeres, los niños, los pobres y los discapacitados están exentos de este impuesto.
Si alguien no está dispuesto a aceptar la palabra jizya, que la llame como quiera. Los miembros de la tribu árabe cristiana de Banu Taglib pidieron permiso a Umar ibn al-Jattab para pagar el doble de zakat en lugar de la jizya. Umar estuvo de acuerdo y firmó con ellos un tratado en ese sentido. Al respecto, comentó: «Esta gente es necia: acepta el significado, pero rechaza el nombre».
En cuanto a los valores morales del islam, puede decirse que no difieren de los de otras religiones, pues la moralidad es la misma desde la perspectiva de todas las religiones.
En el islam, ahkam o sharía tiene un significado específico: son las leyes que regulan las relaciones recíprocas entre las personas. Estas leyes determinan la relación del individuo con la nación, su comunidad y su Estado, y también regulan la relación del Estado con sus ciudadanos y con otros Estados.
En asuntos relacionados con las relaciones familiares y conyugales, como el matrimonio, el divorcio y otros, los no musulmanes pueden elegir entre su propia religión o la nuestra. No están obligados a aceptar las disposiciones de la sharía. Por ejemplo, en materia de distribución de bienes, pueden optar por aplicar la ley islámica si así lo desean. Así lo han aceptado voluntariamente los cristianos en algunos países árabes. Si no desean aplicar la ley islámica en su vida cotidiana, esta no se les aplicará.
Por esta razón, es conveniente que los ahl al-dhimma tengan sus propios tribunales, donde puedan acudir en busca de justicia. También pueden recurrir a los tribunales islámicos. La historia ofrece ejemplos de ello.
En otros ámbitos, como el derecho civil, comercial o administrativo, los no musulmanes, al igual que los demás, están sujetos a cualquier ley originada en Oriente o en Occidente y reconocida por la mayoría.
Por tanto, vemos que el islam no ha obligado a los no musulmanes a abandonar ningún asunto esencial de su religión. Tampoco les ha ordenado hacer algo que su fe religiosa prohíbe. Asimismo, no los ha obligado a creer en nada contrario a su religión.
Solo hay ciertos asuntos que están prohibidos en el islam, pero que los no musulmanes consideran lícitos, como el alcohol y la carne de cerdo. Incluso los asuntos lícitos pueden ser evitados por una persona o por un grupo de personas según su libre voluntad. Por tanto, si los cristianos dejan de beber alcohol, no serán culpables desde el punto de vista de su religión. No puedo imaginar que ninguna religión fomente el consumo de alcohol y vea con buenos ojos la embriaguez causada por la adicción. Lo que la Biblia dice sobre el alcohol es que beber una pequeña cantidad es beneficioso para el estómago. Y por esta razón, los propios cristianos están divididos respecto al consumo de alcohol.
Un cristiano puede pasar toda su vida sin dar un solo mordisco a la carne de cerdo. Porque comerla no es una práctica religiosa, ni es una norma transmitida durante generaciones por los profetas y mensajeros. La carne de cerdo también estaba prohibida en el judaísmo antes del islam.
Sin embargo, muchos ulemas han sostenido que los cristianos pueden comer carne de cerdo y beber alcohol dentro de sus propios territorios, e incluso comerciar entre ellos con ambos productos. No obstante, estos no deben difundirse entre la comunidad musulmana ni deben despreciarse, por medio de ellos, los sentimientos de los musulmanes. Esta es una tolerancia sin parangón. [mi obra ‘«Las pruebas de la solución islámica y las ambigüedades de los secularistas y occidentalistas»,’ del libro ‘«Las minorías y la solución islámica»’ titulado capítulo।]
Movimiento y diálogo
El movimiento islámico no puede limitarse, en la próxima etapa, únicamente a resolver sus propios problemas. Debe ampliar necesariamente su ámbito para poder prestar atención también a los problemas de los demás.
Muchos escritores y pensadores islámicos escriben únicamente para sí mismos. Es decir, escriben para quienes siguen sus pasos y se dedican a difundir sus opiniones. Parecen incapaces de superar este círculo de hablar solamente entre ellos, como si no hubiera en el mundo nadie más aparte de ellos. Si salen de este círculo, escriben únicamente para otros grupos islámicos que comparten sus opiniones sobre el islam y la da‘wa, aunque aplican estrategias y corrientes de pensamiento diferentes.
Cuando abandonan el segundo círculo, escriben únicamente para las personas religiosas en general, sean o no miembros de algún grupo o movimiento religioso.
Ahora que el movimiento islámico ha alcanzado una etapa deseable y ha ampliado su base, debe prestar atención a quienes difieren en cuanto a ideales y pensamiento. No se debe dejar a estas personas en manos de la ignorancia heredada de la antigüedad, de la incredulidad hacia el islam y de los propagandistas, sin intentar guiarlas en la dirección correcta ni mostrarles el camino de la luz.
Por tanto, este es el momento apropiado para poner fin al aislamiento autoimpuesto del movimiento islámico, de modo que el movimiento pueda considerar a todos los musulmanes parte de él y entable primero un diálogo con ellos. Después, es indispensable iniciar un diálogo entre ambas partes: por un lado, el movimiento y esos musulmanes afines, y por otro, sus opositores e incluso sus rivales. En un diálogo razonable, sereno y teórico, se interesarán quienes sienten desprecio por la religión; se tranquilizarán quienes están angustiados; y recuperarán la confianza quienes se agitan en el vaivén de la incertidumbre. Incluso podría desaparecer la mentalidad de quienes albergan una hostilidad cargada de odio. El Todopoderoso Alá dice: «Es posible que Alá establezca amistad entre vosotros y aquellos con quienes mantenéis enemistad; y Alá es omnipotente, sumamente indulgente y misericordioso»(Sura al-Mumtahanah: 7)।
Quiero mencionar un simposio celebrado en Ammán, Jordania, al que fui invitado. El tema de discusión era «El despertar islámico y el uso del mundo árabe».
En el simposio participaron musulmanes, cristianos, comunistas y nacionalistas de todas las tendencias. Cuando consulté sobre este simposio con algunos hermanos religiosos, opinaron que no debía asistir. Argumentaban que mi presencia en esos simposios, organizados sin seguir una corriente islámica auténtica, podía conferirles legitimidad. Pero no presté atención a ese tipo de temores ni a asuntos puramente imaginarios. Pues una fantasía semejante es como ver un fantasma en la mostaza. Acepté la invitación y envié un artículo al simposio. Más tarde se publicó como libro independiente.
Allí, en presencia mía y de varios pensadores islámicos, entre ellos el Dr. Hasan al-Turabi, Fahmi Huwaydi y Kamal al-Sharif, las opiniones de los islamistas, expresadas a través de la corriente islámica moderada, ejercieron una influencia sumamente significativa. Cabe señalar que creo en la corriente islámica moderada y alzo mi voz en su defensa. Aunque los islamistas eran pocos en el simposio, fueron ellos quienes ejercieron la mayor influencia y cuyas intervenciones atrajeron más atención.
Nunca olvidaré las palabras de un orador cristiano nacionalista. Me dijo en la mesa: «Nuestra opinión sobre usted ha cambiado por completo». Le pregunté: «¿Qué opinión tenían de mí?». Respondió: «Que usted era un extremista fanático y un intolerante». Le pregunté: «¿De dónde sacaron esa idea?». Contestó: «No lo sé, pero, para hablar con franqueza, esa era nuestra opinión sobre usted». Le pregunté: «¿Y ahora?». Me dijo: «Ahora, después de observarlo, dialogar y comunicarnos directamente, lo que hemos descubierto ha cambiado por completo nuestra opinión equivocada sobre usted. Ahora vemos que respeta la razón. Su pensamiento se basa en la razón. Sabe escuchar las opiniones de los demás. Porque no es una persona obstinada ni testaruda, sino sumamente flexible y tolerante».
Al relatar este episodio, quiero decir precisamente que el contacto directo y un diálogo razonable y sereno, llevado a cabo en pie de igualdad, son necesarios para el bien del movimiento islámico. El movimiento se beneficiará de ello y no tiene absolutamente nada que perder.
Basándome en mi experiencia en todas las reuniones y asambleas celebradas con la participación conjunta de islamistas y no islamistas, doy personalmente este testimonio. El último simposio de este tipo se celebró en Argelia. El tema era «Cuestiones del futuro islámico».
Por tanto, podemos decir que, en la próxima etapa, el lema del movimiento islámico debería ser: «Bienvenido el diálogo con los demás». Por «los demás» entiendo a quienes discrepan del movimiento islámico en sus objetivos, métodos de actuación, perspectivas, ideales e incluso creencias religiosas. El movimiento debería acoger el diálogo con todos los que sostienen opiniones diferentes. Y debe continuar el diálogo ya iniciado con aquellos con quienes se ha entablado.
También debemos esforzarnos por obtener el apoyo de todas las fuerzas islámicas que comparten la orientación del movimiento. El movimiento debe conseguir asimismo el apoyo de los grupos o individuos que ejercen influencia intelectual y teórica. El Corán ha ordenado dialogar con quienes discrepan de nosotros. También nos ha instado a no considerar que no queda ninguna esperanza para ellos ni a considerarnos separados de ellos. En el Corán se dice: «Convoca al camino de tu Señor con sabiduría y buena exhortación, y discute con ellos de la mejor manera» ((Sura An-Nahl: 125)।
Lo que el Corán ordena es entablar el debate y el diálogo de la mejor manera y con la mejor estrategia, para asegurar la fe en la mente y el despertar en el corazón. En esta aleya se refleja una manifestación extraordinaria de la expresión coránica. Desde la perspectiva del Corán, la labor de la da‘wa debe realizarse de la mejor forma, pero solo puede aceptarse el argumento y el diálogo que se presentan de la mejor manera. Esto se debe a que normalmente la da‘wa se dirige a quien ya está de acuerdo, mientras que el argumento debe plantearse a quien no está de acuerdo. Por tanto, en cualquier circunstancia, lo apropiado es presentar la da‘wa o el argumento de la mejor manera.
Los secularistas con diálogo
El diálogo necesario incluye también el diálogo con los laicistas: aquellos laicistas que son racionales, personas bastante buenas, dispuestas a escuchar a los islamistas y que intentan comprender sus objetivos y programas.
Estos laicistas son, en esencia, musulmanes. Muchos incluso se sienten orgullosos de identificarse como musulmanes. Algunos practican los ritos islámicos, rezan, ayunan y posiblemente realizan el hach y la umra. Sin embargo, su problema es que, como muchas personas cultas, nunca intentan comprender correctamente el islam. Esto se debe a que nunca han tenido la oportunidad de aprender las enseñanzas del islam a partir de fuentes originales o auténticas, ni de reunirse con un erudito y pensador fiable. Por el contrario, han adquirido sus nociones de la religión de orientalistas o misioneros cristianos y de sus discípulos y colaboradores. O bien se han formado una idea del islam al observar o leer sobre la extrema miseria actual de los musulmanes, o a partir de personas extremistas y descarriadas que se proclaman seguidores del islam.
En cualquier caso, su crianza, educación y modo de vida nunca les han dado la oportunidad de conocer el islam puro y auténtico. Este pasado y presente dolorosos, con sus ideas erróneas, aplicaciones incorrectas y abusos, han perjudicado al islam.
Junto con el esplendor de la civilización occidental, que ha alcanzado su apogeo, la situación de oscuridad imperante en el mundo musulmán se ha convertido, para los laicistas, en una excusa para comprender erróneamente el islam, la sharía islámica y el modo de vida islámico. Por ello creen que la manera de escapar de la doble crisis actual consiste en seguir el camino de Occidente para alcanzar el progreso. Pues, liberado de la religión, los ritos religiosos y el clero, Occidente emprendió, guiado únicamente por la ciencia, el camino de los descubrimientos, las innovaciones, la producción y la construcción y creación, y logró dominar las fuerzas de la naturaleza para la felicidad y prosperidad de la humanidad.
En el verano de 1985, en El Cairo, iniciamos en Dar al-Hikma un diálogo histórico con los laicistas, por invitación de la Asociación de Médicos. En él representamos a los islamistas el jeque Muhammad al-Ghazali y yo. Su único representante fue el doctor Fuad Zakaria.
Los periodistas y los círculos intelectuales dieron una cálida bienvenida al simposio, porque reflejaba la importancia del diálogo entre las distintas partes de una misma patria.
Numerosos escritores, entre ellos Fahmi Huwaidi, señalaron varios aspectos positivos de aquella reunión. El aspecto más significativo fue que cada parte escuchó directamente las declaraciones de la otra. Sin embargo, observé un defecto en aquella reunión: en lugar de ser un diálogo entre el islam y los laicistas, el simposio se convirtió en una sesión de debate.
El debate genera tensión, especialmente cuando hay un gran número de oyentes. Además, el representante de los laicistas en aquel diálogo era un hombre obstinado, que carecía por completo de flexibilidad, tolerancia y cortesía. Por consiguiente, no tenía la disposición mental necesaria para escuchar las declaraciones de la otra parte, a través de las cuales podría haber aprendido algo sobre el islam. Lamento decir que su ignorancia sobre el islam era profunda.
Al comprender en realidad la debilidad de su declaración y la inconsistencia de sus argumentos, comenzó a escribir en los periódicos que lo apoyaban artículos de crítica sumamente hostil contra todos los oyentes en general, contra los islamistas en particular y mencionándome por mi nombre. En respuesta a esas críticas, expliqué la cuestión en su conjunto en mi libro «Islam y secularismo: cara a cara».
Una vez más solicito que se organice un diálogo, no un debate. La propia palabra «debate» contiene un tono de desafío y una mentalidad de victoria. Por ello, cada parte intenta derrotar contundentemente a la otra.
No creo que se obtenga mucho beneficio de este tipo de debate. Porque probablemente ninguna de las partes querrá hacer concesiones ni abandonar su propia posición; por el contrario, puede volverse aún más obstinada e intolerante.
El debate puede resultar aceptable para la parte islámica únicamente si se siente incómoda ante el desafío de la parte adversaria. Entonces, para librarse de la acusación de que los islamistas huyen por miedo al conflicto y abandonan la lucha, no les queda otra opción que aceptar el desafío. Pero el principio del diálogo consiste en observar la debida cortesía, lo que el Corán expresa así: «Argumentad de la mejor manera».
Los gobernantes con diálogo
Se necesita otro tipo de diálogo: el diálogo con gobernantes prudentes y racionales, gobernantes que, aunque adopten una posición discrepante, no asuman un papel agresivo contra el islam. El diálogo con los gobernantes que adoptan una posición discrepante y se enfrentan al islam es inútil, porque no desean nada bueno salvo la desaparición y la destrucción total del islam. Pero Dios dice: «Quieren apagar la luz de Dios con sus bocas, pero Dios no lo permitirá y hará plena Su luz, aunque los incrédulos lo aborrezcan ((sura At-Tawba: 32)।
Sin embargo, existe otro tipo de gobernantes que no odian el islam, sino que le temen. En la mayoría de los casos, este temor se debe a su ignorancia sobre la realidad del islam, la sharía islámica y las características de la da‘wa. A muchos de ellos se les puede juzgar con indulgencia, porque no tuvieron la oportunidad de saber qué es realmente el islam ni de adquirir conocimiento de fuentes puras y de eruditos fiables. En virtud de esta ignorancia, se les puede incluir en la categoría de las personas cultas y distinguidas mencionadas anteriormente. Diversas ideas les han enredado la mente, y los hechos reales y las historias imaginarias les parecen iguales.
Si, con la voluntad del Dios Todopoderoso, se logra explicar a estos gobernantes el islam verdadero, presentando sus aspectos beneficiosos de manera integral, sin divisiones; como una doctrina pura, sin distorsiones; y como algo fácil, sin dureza, comprenderán que el islam es beneficioso para la vida individual, familiar y social, y que desea eliminar toda actividad perniciosa para preservar la fuerza moral y la prosperidad material de la nación. Si aceptan esta explicación con una mente abierta, sin duda se producirá un cambio en ellos y adoptarán una perspectiva diferente, parcial o completa, respecto del islam y de la da‘wa. Porque los gobernantes son seres humanos como nosotros. Por tanto, también en ellos pueden producirse cambios, influencias y comprensiones, de tal manera que finalmente cambien sus ideales y su conducta.
La historia está llena de ejemplos de gobernantes cuya mentalidad cambió bajo la influencia de verdaderos ulemas y eruditos. Muchos gobernantes mantienen una actitud recelosa hacia el islam debido a las falsas advertencias de sus consejeros maquinadores o por haber sido víctimas de las conspiraciones de un «demonio» extranjero.
Hay que acercarse a estos gobernantes, apoyándose en la sensatez que aún permanece en sus corazones y reavivando la sangre musulmana que todavía fluye por sus venas. Hay que asegurarles que, aunque sea temporalmente, se les permitirá permanecer en el trono o en el poder si conceden libertad para llevar a cabo las actividades de da‘wa del islam, cuya misión es formar a los jóvenes a la luz de los valores morales, el despertar de la conciencia y la pureza de carácter; protegerlos de las sustancias intoxicantes, los estupefacientes y las prostitutas; y hacer frente a las políticas destructivas perjudiciales tanto para los gobernantes como para los gobernados.
No hay nada malo en establecer semejante pacto o acuerdo con los gobernantes, aunque al movimiento no le agraden su conducta ni sus relaciones con los demás. Pues el movimiento guiado por el fiqh del equilibrio cree que esta política es mejor que despreciar a los gobernantes o mantener una hostilidad constante hacia ellos.
A este respecto, quisiera expresar una advertencia. Este tipo de actitud no debe convertirse de ningún modo, frente a estos gobernantes, en adulación ni en meras «palabras vacías» carentes de sinceridad. Existe una enorme diferencia entre el entendimiento y la hipocresía.
Diálogo con los partidarios de Occidente
El diálogo de Occidente con el movimiento islámico es indispensable, aunque en el camino de este diálogo existan muchos obstáculos y dificultades.
Existen varias diferencias entre nosotros y Occidente. Hay una diferencia religiosa. Occidente es fundamentalmente cristiano, mientras que nosotros somos musulmanes. También hay una diferencia en cuanto a la visión del mundo. Occidente es materialista y realista, mientras que nosotros somos espiritualistas e idealistas. También existen diferencias en el ámbito político. Occidente generalmente está del lado de Israel y en contra de nosotros, aunque esta actitud puede variar de un país occidental a otro según sus capacidades y su posición.
A pesar de ello, no podemos evitar el diálogo con Occidente. Nos guste o no, lo cierto es que Occidente ha gobernado el mundo durante siglos. La civilización de Occidente es la que predomina en el mundo actual. Han gobernado varios de nuestros países y han ocupado nuestros territorios durante distintos períodos. Más tarde abandonaron los países ocupados, voluntariamente o contra su voluntad, pero aún ejercen una influencia directa o indirecta sobre nosotros. De un modo u otro, influyen en quienes toman nuestras decisiones. Tampoco puede negarse su influencia sobre la mentalidad y la voluntad de nuestros gobernantes.
Además, ningún pueblo puede vivir aislado del mundo que lo rodea, habitando en un mundo imaginario basado únicamente en sus propias creencias y principios religiosos. El cambio tecnológico constante en el ámbito de las comunicaciones ha convertido la Tierra, en palabras de un escritor, en una aldea global.
Por tanto, el diálogo con Occidente es para nosotros un deber ineludible, para que podamos explicar a los occidentales qué queremos para nosotros y para los demás. Porque somos promotores de un ideal, no saqueadores. Mensajeros del bien, no portadores del mal. Defensores de la paz, no belicistas. Partidarios de la justicia y la equidad, no protectores de la injusticia y la opresión.
Nuestro objetivo es guiar a la humanidad extraviada por el camino de Allah y vincular la vida terrenal con la vida del Más Allá, la tierra con el cielo y a las personas entre sí, para que cada ser humano desee para los demás lo que desea para sí mismo y haga por ellos lo que detesta para sí mismo, de modo que la humanidad pueda liberarse de las enfermedades comunes a todos los pueblos: la envidia y el odio. Estas enfermedades despojan a la humanidad de la religión.
Sabemos que Occidente todavía nos contempla desde un trasfondo sombrío que ha empañado su actitud hacia nosotros desde la época de las Cruzadas y que aún anida en el corazón de la mayoría de los occidentales.
Muchos pensadores imparciales de Occidente, entre ellos el filósofo y sociólogo francés Gustave Le Bon, lo han reconocido. Él lo afirmó abiertamente en varias notas al pie de su obra «La civilización de los árabes». Cuando un erudito occidental estudia temas islámicos, pierde su carácter natural e imparcial y se vuelve tendencioso y contrario al islam. Ni siquiera se da cuenta de ello, aunque esos mismos eruditos juzgan otros asuntos con una actitud natural e imparcial. Recientemente, el orientalista Montgomery Watt dijo lo mismo en su obra «¿Qué es el islam?».
También vemos que, en distintos momentos y ámbitos, este espíritu de las Cruzadas vuelve a levantar la cabeza. Su influencia es evidente asimismo en la actitud de Occidente hacia Israel, el agresor, y el pueblo palestino, víctima de la agresión. Este efecto también se observa en la actitud de Occidente hacia la Lituania cristiana y el Azerbaiyán musulmán de la Unión Soviética.
Este signo también se observa en las actividades de funcionarios franceses, españoles e italianos. Atemorizados por la difusión de la conciencia islámica en Argelia, llevan a cabo acciones deliberadas. Esta actitud de Occidente también se observa en las cuestiones políticas de Sudán del Sur, Eritrea, Cachemira, Filipinas y otros lugares.
También hemos observado esta influencia en algunas cuestiones sociales. La más importante de ellas es Salman Rushdie, quien, al cambiar de apariencia, traicionó sus propias creencias religiosas y a su propio pueblo. Esta influencia también es evidente en la cuestión del hiyab en Francia. ¿Cómo puede un país proclamarse «cuna de la libertad» cuando no pudo tolerar que varias estudiantes musulmanas observaran las normas religiosas de vestimenta por el bien de su modestia, para obtener la complacencia de Allah y salvarse del Infierno? El país considerado tierra de la libertad y los derechos humanos ni siquiera concedió a las muchachas el derecho a buscar la complacencia de Allah en un asunto puramente personal.
Es lamentable que el espíritu, la perspectiva y las circunstancias de las Cruzadas sigan presentes de tal manera que resulta difícil medir su alcance. Incluso Turquía, país que durante casi tres cuartos de siglo imitó con gran entusiasmo a Occidente, impuso a los musulmanes el secularismo importado de Occidente mediante el derramamiento de sangre con la espada y expulsó por todas partes la sharía islámica, tampoco obtuvo el apoyo de Occidente al solicitar su adhesión al Mercado Común Europeo. El canciller de Alemania Occidental, al explicar el motivo del rechazo de la solicitud de Turquía, afirmó que Turquía posee una cultura diferente de la occidental. Ellos son portadores de la cultura musulmana, mientras que nosotros lo somos de la cultura judía y cristiana.
A pesar de todo esto, no podemos sentirnos frustrados ni desesperanzados respecto de Occidente. Tampoco podemos abandonarlos pensando que quizá nunca sea posible llevarlos al diálogo. Aunque su civilización difiere de la nuestra, ¿puede haber diálogo sin dos partes? Por tanto, el diálogo puede entablarse precisamente sobre la civilización. El famoso pensador Roger Garaudy se refirió al asunto de esta manera: no queremos un choque de civilizaciones, sino un diálogo entre civilizaciones.
Entonces, ¿por qué no entablaríamos un diálogo con Occidente, cuando el Alcorán nos exhorta a dialogar con quienes sostienen opiniones diferentes? De este modo, el diálogo se ha convertido en un medio para invitar al camino de Alá.
Además, el Alcorán menciona un diálogo entre Alá, el Todopoderoso, e Iblis, la peor de Sus criaturas. Alá, el Todopoderoso, no cerró siquiera ante el maldito Satanás la puerta del diálogo.la sura Sad–de los versículos 71–al 85 se narra: Recuerda cuando tu Señor dijo a los ángeles: En verdad, crearé a un ser humano de arcilla. Y cuando haya completado su creación y haya insuflado en él un espíritu procedente de Mí, postraos todos ante él. Entonces todos los ángeles se postraron ante Adán, excepto Iblis. Este se ensoberbeció y pasó a formar parte de los incrédulos. Alá dijo: ¡Oh, Iblis! ¿Qué te impidió postrarte ante aquello que he creado con Mis propias manos? ¿Te ensoberbeces o eres de los que poseen una posición elevada? Iblis respondió: Yo soy mejor que él. Tú me creaste del fuego y a él lo creaste de arcilla. Alá dijo: Sal de aquí, pues ciertamente estás expulsado. Y ciertamente tendrás Mi maldición hasta el Día de la Resurrección. Él dijo: ¡Señor mío! Concédeme un plazo hasta el día en que los muertos sean resucitados. Alá dijo: Ciertamente eres de aquellos a quienes se les ha concedido un plazo hasta el día del tiempo señalado. Él dijo: ¡Por Tu gloria! Sin duda, los desviaré a todos, salvo a aquellos siervos Tuyos que hayas elegido. Alá dijo: La verdad es —y Yo digo la verdad— que llenaré el Infierno contigo y con todos aquellos de entre ellos que te sigan.Se narra: Recuerda cuando tu Señor dijo a los ángeles: En verdad, crearé a un ser humano de arcilla. Y cuando haya completado su creación y haya insuflado en él un espíritu procedente de Mí, postraos todos ante él. Entonces todos los ángeles se postraron ante Adán, excepto Iblis. Este se ensoberbeció y pasó a formar parte de los incrédulos. Alá dijo: ¡Oh, Iblis! ¿Qué te impidió postrarte ante aquello que he creado con Mis propias manos? ¿Te ensoberbeces o eres de los que poseen una posición elevada? Iblis respondió: Yo soy mejor que él. Tú me creaste del fuego y a él lo creaste de arcilla. Alá dijo: Sal de aquí, pues ciertamente estás expulsado. Y ciertamente tendrás Mi maldición hasta el Día de la Resurrección. Él dijo: ¡Señor mío! Concédeme un plazo hasta el día en que los muertos sean resucitados. Alá dijo: Ciertamente eres de aquellos a quienes se les ha concedido un plazo hasta el día del tiempo señalado. Él dijo: ¡Por Tu gloria! Sin duda, los desviaré a todos, salvo a aquellos siervos Tuyos que hayas elegido. Alá dijo: La verdad es —y Yo digo la verdad— que llenaré el Infierno contigo y con todos aquellos de entre ellos que te sigan.
El diálogo con Occidente debería desarrollarse en varios niveles. Este diálogo puede darse en los ámbitos religioso, intelectual y político.
Diálogo religioso
Puede haber un diálogo religioso entre el islam y el cristianismo con diversos objetivos. Entre los más importantes:
1. Hacer frente a las corrientes de pensamiento ateas y materialistas. Corrientes que se oponen encarnizadamente a la revelación divina, ridiculizan la creencia en lo oculto y niegan a Alá, a Sus profetas y mensajeros, Su castigo y los valores morales. Este diálogo también hará frente a la promiscuidad y a la decadencia moral, que han destruido casi por completo las nobles cualidades humanas otorgadas por la revelación.
2. Determinar los puntos de convergencia entre las dos religiones. Al explicar cómo se debe hablar con la Gente del Libro, el Corán indica: «Creemos también en el Libro que se nos ha revelado y en el que se os ha revelado; nuestro Dios y vuestro Dios es uno, y nosotros nos sometemos a Él como musulmanes» ((sura Al-Ankabut: 46)।
3. Iniciar un nuevo capítulo de relaciones mejores y más limpias, normalizando las relaciones hostiles surgidas como consecuencia de las Cruzadas del pasado y del imperialismo actual, y fomentando sentimientos de fraternidad, humanidad y buena voluntad. Esto incluye que la Iglesia deje de apoyar a la parte cristiana en los conflictos que tienen lugar entre musulmanes y cristianos. Se producen conflictos de este tipo en Sudán del Sur, Filipinas y otras regiones. La Iglesia incluso apoya a comunistas y paganos contra los musulmanes.
Sé que muchos partidarios del islam tienden a sospechar de este tipo de diálogo. Piensan que una mano invisible que opera entre bastidores utiliza el diálogo, impulsada por objetivos particulares. Pues creen que, dado que los musulmanes son sin duda la parte débil en el diálogo, un oponente poderoso los utiliza sin que ellos lo sepan. Por eso, si alguien participa en un diálogo de este tipo, se le acusa de ser un necio o un agente.
Creo que este tipo de sospecha carece de fundamento. En algunos casos, sus sospechas pueden ser acertadas. Pero no en todos los casos ni siempre. ¿Por qué vamos a perder tanta confianza en nosotros mismos? ¿Por qué vamos a considerarnos la parte débil? Somos fuertes precisamente con todo lo que poseemos. ¿Por qué vamos a pensar que, por el mero hecho de participar en un diálogo, alguien ha perdido su derecho a la fe y se ha rendido ante la otra parte? En realidad, lo importante es que entremos en el diálogo convencidos de que el diálogo es preferible al conflicto o a la mentalidad de huida, y después de asegurarnos de que quienes nos representen lo harán desde una base sólida.
En realidad, el diálogo es una de las principales estrategias de la campaña de predicación que inició el Mensajero de Alá (P.) mediante sus históricas cartas enviadas a Heraclio, a al-Muqawqis, el principal cristiano de Egipto, al Negus de Abisinia y a otros gobernantes de la Gente del Libro. Concluyó estas cartas con esta aleya: «¡Oh, Gente del Libro! Venid a una palabra justa entre nosotros y vosotros: no adoraremos sino a Alá, no asociaremos a nadie con Alá y no tomaremos a nadie de entre nosotros como señor en lugar de Alá. Si después se apartan, decid: Sed testigos de que somos musulmanes ((sura Al Imran: 64)।
Recientemente se celebró un diálogo de este tipo, cuyos resultados fueron positivos. El profesor Muhammad al-Mubarak, que Dios tenga misericordia de él, nos informó de ello. Este diálogo tuvo lugar en Roma, entre la Liga del Mundo Islámico y una delegación del Vaticano. La delegación de la Liga estuvo encabezada por su secretario general, el jeque Muhammad al-Harqan. Lo acompañaban Maruf al-Dawalibi y Muhammad al-Mubarak.
Como resultado de este diálogo, la imagen que cada parte tenía de la otra mejoró, especialmente la imagen del islam, respecto del cual se habían mantenido actitudes injustas y hostiles. En ocasiones, esto también se ha reflejado en las relaciones entre musulmanes y cristianos.
Otro diálogo tuvo lugar en Libia entre varios intelectuales musulmanes y altos miembros de la Iglesia. El doctor Izz al-Din Ibrahim informó de que también produjo buenos resultados. Él mismo participó en él. He leído el artículo que presentó durante el diálogo. El contenido del artículo era muy razonado y equilibrado. No había en él ningún rastro de extremismo ni de arrogancia.
Intelectual diálogo
Además del diálogo religioso con Occidente, es necesario otro diálogo complementario: un diálogo entre occidentalistas y orientalistas interesados en estudiar cuestiones relacionadas con el islam, el Corán, el Mensajero, las creencias religiosas, la historia, la cultura, el conocimiento, los pueblos, el presente y el futuro. Es especialmente necesario dialogar con los eruditos interesados en las corrientes intelectuales, los movimientos modernos de revitalización y los resurgimientos contemporáneos.
Este diálogo es necesario para depurar las ideas, conocer más de cerca todos los puntos de vista y abrir el camino para mejorar aún más el ambiente y las relaciones entre ambas partes. Si es posible dialogar con el clero y los representantes de la Iglesia —depositarios de sus posiciones y de profundas creencias cultivadas durante siglos—, entonces el diálogo con los orientalistas debería ser aún más fácil y beneficioso. Aunque muchos creen que no existe diferencia entre el clero occidental y los pensadores occidentales, ni entre los misioneros y los orientalistas. Según ellos, la diferencia está únicamente en su vestimenta: los clérigos visten como sacerdotes, mientras que los occidentalistas y los orientalistas visten como eruditos; en realidad, son las dos caras de una misma moneda.
Sin embargo, si existe una voluntad firme, conciencia del propósito y el camino está despejado, el diálogo no debería ser imposible. Las universidades y los foros intelectuales pueden reunir a representantes de ambas partes e impulsar el diálogo para iniciar investigaciones sobre determinados temas, libres de prejuicios y provocaciones.
Debemos ser conscientes de que la actitud de los orientalistas hacia el islam, la umma musulmana y el renacimiento islámico no es uniforme. Se ha escrito mucho sobre los eruditos orientales, como el libro de al-Aqiqi. También se han escrito numerosos textos en respuesta a sus acusaciones o en defensa de ellos. Asimismo, se han redactado artículos y ensayos clasificando estas obras, como el artículo del doctor Muhammad al-Bahai. Él tituló el tema tratado «Los orientalistas y sus actitudes hacia el islam».
Debo decir que la mayoría de los orientalistas comparten varias debilidades.
En primer lugar, como los orientalistas no dominan el árabe, no pueden captar plenamente sus diversos matices. Por consiguiente, tropiezan inevitablemente al comprender las fuentes islámicas fundamentales, especialmente el Corán y la Sunna. Así, su comprensión del islam y de su mensaje resulta confusa e incompleta.
En segundo lugar, los orientalistas padecen una especie de arrogancia respecto a la mentalidad, el ser humano y la civilización occidentales. Consideran a Occidente el señor del mundo y a Europa la madre de todos los países. Creen que la historia comenzó en Occidente y que allí llegará a su fin.
En tercer lugar, comienzan a investigar cuestiones que no son susceptibles de ser examinadas. Pues creen que el Corán no fue revelado por Dios y que Muhammad, la paz y las bendiciones sean con él, no es Su Mensajero. De este modo, se forman una idea antes de iniciar la investigación y la llevan a cabo basándose en ella, tratando por cualquier medio de demostrar precisamente sus propias ideas. Para ello, aceptan relatos procedentes de fuentes débiles, creen en falsedades, exageran lo insignificante, convierten un montículo de termitas en una montaña, aceptan la duda como prueba y rechazan todo aquello que contradice sus ideas, incluso cuando sus propias concepciones inventadas les dan un golpe en el rostro.
En cuarto lugar, en muchos casos los orientalistas realizan sus investigaciones por encargo de determinados círculos, con el objetivo de alcanzar fines políticos. En la mayoría de los casos se gastan enormes sumas de dinero en estas investigaciones. Por ello, tales investigaciones no están completamente libres de prejuicios ni de intereses ocultos.
A pesar de todo, en muchos casos el diálogo sigue siendo necesario. Puede entablarse con personas de pensamiento libre, cuyo número aumenta día tras día. Pues muchas personas están abandonando las viejas mentalidades y dejándose influir por ideas nuevas.
Al tomar la iniciativa de iniciar este diálogo, debemos elegir a aquellos orientalistas que sean relativamente imparciales y flexibles con respecto a todas las naciones. Entre ellos destaca el profesor Jack Berek. Fue invitado varias veces a la Universidad de Catar.
Sin embargo, por las obras traducidas de los orientalistas contemporáneos parece que los orientalistas de hoy se acercan mucho más a la imparcialidad que los de antaño y se mantienen más alejados de la exageración y el extremismo. En particular, los musulmanes leen ahora sus libros, analizan sus opiniones o las refutan cuando les resultan inaceptables. En cambio, los orientalistas del pasado escribían para sí mismos, es decir, unos para otros. Por ello, sus escritos parecían en la mayoría de los casos informes especializados, en lugar de tratar temas de interés general.
Político diálogo
Después de completar los diálogos religioso e intelectual, el movimiento islámico debe entablar otro diálogo con Occidente: con los responsables de la toma de decisiones políticas, es decir, con aquellos políticos que desempeñan un papel público o entre bastidores en la escena política.
Creo que los dos diálogos mencionados anteriormente allanarán el camino para este importante diálogo. Aunque la Iglesia se mantiene oficialmente al margen de la política, todavía ejerce una considerable influencia sobre los timoneles del Estado y mueve los hilos entre bastidores en materia de política exterior, especialmente en los asuntos relacionados con el islam y los musulmanes.
Aunque los orientalistas son aparentemente conocidos como teóricos, es innegable que mantienen vínculos con los servicios de inteligencia, las agencias de seguridad nacional y los ministerios de Asuntos Exteriores.
Muchos intentan sembrar dudas sobre cualquier iniciativa de diálogo político con Occidente. Otros citan las palabras de un antiguo poeta occidental: «Oriente es Oriente y Occidente es Occidente, y nunca se encuentran» (Oriente es Oriente, Occidente es Occidente; nunca se encuentran). Pero hemos visto que Occidente también se ha encontrado con la India, Japón y, más recientemente, China.
Otros dicen que Occidente puede encontrarse con la India, Japón, China o con los hindúes, los budistas y los comunistas, pero no con los musulmanes. A este respecto, también citan declaraciones vehementemente hostiles al islam de misioneros, orientalistas y políticos occidentales.
También hay quienes miran con sospecha a cualquiera que intente establecer contacto con Occidente u organizar algún diálogo. Para desacreditar a quienes emprenden tales iniciativas, siempre tienen preparadas contra ellos acusaciones de rebelión, colaboracionismo, traición y similares. Nadie puede olvidar las penurias que tuvo que soportar, por haber establecido contacto con el señor Evans, nuestro fiel hermano Hasan al-Hudaybi, el segundo guía general de los Hermanos Musulmanes. Los dirigentes de la revolución egipcia conocían este contacto y hasta lo habían apoyado. Pero, al final, utilizaron dicho contacto como un arma contra Hudaybi. Sirviéndose de su contacto con Evans, mancharon la reputación de Hudaybi, del movimiento islámico, de sus miembros y de los principios del movimiento.
Debemos ser cautelosos en estos asuntos, para que los enemigos del movimiento no puedan aprovechar este tipo de contactos para perjudicarlo. Aquí debo decir que un miedo y una hostilidad anormales hacia el islam todavía suelen influir en la conducta de los políticos occidentales. Las batallas de Yarmuk y Ajnadayn, las Cruzadas y las conquistas árabes y otomanas siguen siendo para ellos una pesadilla. Nombres como Jálid ibn al-Walid, Tariq ibn Ziyad, Saladino ayubí y Muhammad al-Fatih, el conquistador de Constantinopla, todavía les quitan el sueño.
Pero no debemos ser víctimas de los temores derivados de semejante mentalidad anormal. Debemos romper todas nuestras barreras psicológicas y deshacernos de todas las complicaciones mentales, tanto nuevas como antiguas.
Aunque Europa ha quedado desgarrada por guerras, conflictos y derramamiento de sangre durante varios siglos, los países de ese continente se están uniendo y, en un futuro próximo, se convertirán en un solo país.
Los estadounidenses y los soviéticos pusieron fin a sus guerras caliente y fría y eliminaron la distancia que los separaba. Entonces, ¿por qué no puede llegarse a un entendimiento con los musulmanes?
El razonamiento de Occidente al respecto es bien conocido. No existen amistades permanentes ni enemistades permanentes. Solo existen intereses permanentes.
No nos oponemos a iniciar un diálogo basado en el principio de proteger los intereses mutuos entre ellos y nosotros. Creo que los intereses de Occidente residen en evitar la hostilidad de cientos de millones de musulmanes y ganarse su confianza, amistad y respeto. A cambio, procuraremos mejorar nuestra imagen ante los ojos de Occidente, para que puedan cambiarse las ideas acumuladas durante siglos de conflictos amargos, ideas que no han estado exentas de exageraciones y ficciones.
No negamos que entre nosotros haya personas que, mediante sus ideas o su conducta, no presentan la mejor imagen del islam. Presentan el islam como si fomentara la violencia, el fanatismo y el conflicto con los demás, así como el desprecio por la libertad y los derechos humanos, especialmente los derechos de las minorías y de las mujeres. La situación real existente en muchos países musulmanes ha contribuido a crear esta imagen, que se considera consecuencia del islam y de la ley islámica.
Este tipo de grave engaño no puede desaparecer por sí solo ni disiparse de la noche a la mañana. Más bien, solo puede eliminarse mediante la buena voluntad y un diálogo duradero. Un diálogo basado en la apertura de mente y la franqueza, no en maniobras políticas ni engaños. Por supuesto, no cabe esperar semejante diálogo en la política, pero no es imposible. Porque en la política actual no hay nada imposible.
Si podemos convencer plenamente a los líderes occidentales y a quienes tienen influencia en la política de que tenemos derecho a vivir conforme a la aquida, la fe, la sharía, los valores y las normas morales del islam, sin albergar ninguna intención maliciosa hacia Occidente ni ningún deseo de perjudicarlo, avanzaremos considerablemente hacia el objetivo de establecer la sociedad musulmana que deseamos para nuestros países de residencia.
No cabe duda de que el primer obstáculo para alcanzar este objetivo son nuestros gobernantes, que nos mantienen bajo una estrecha vigilancia, controlan cada uno de nuestros pasos y obstaculizan cualquier intento de establecer el islam como norma de la vida social, política y cultural.
No cabe duda de que Occidente, poderoso, y sus dirigentes ejercen influencia sobre nuestros gobernantes y los previenen contra el islam. Infunden en ellos temor hacia los islamistas. Mediante tácticas directas e indirectas, y discursos y declaraciones públicos y privados, hacen que desconfíen del movimiento islámico.
Por tanto, si logramos explicar a Occidente la necesidad del surgimiento del islam como fuerza orientadora y gran potencia, quizá también sea posible convencer a los dirigentes árabes y musulmanes. Y eso constituiría un gran éxito.
Instituciones religiosas oficiales
El movimiento islámico debe realizar grandes esfuerzos para obtener el apoyo de las instituciones religiosas. Entre las instituciones más destacadas se encuentran Al-Azhar, en Egipto; Al-Zaytuna, en Túnez; Al-Qarawiyyin, en Marruecos; y Deoband, en el subcontinente.
El movimiento debe centrar su atención, dentro de su plan indispensable, en alcanzar un gran objetivo. Es decir, debe penetrar en las instituciones religiosas oficiales con sus propios ideales y recursos humanos, y ejercer influencia sobre ellas. Si el movimiento tiene éxito en este empeño, obtendrá resultados significativos, entre ellos los siguientes:
El movimiento podrá evitar el conflicto con los miembros de esas instituciones que todavía cuentan con el apoyo de las masas musulmanas. Estos miembros, especialmente los lacayos de los gobernantes, aún tienen capacidad para perjudicar la imagen del movimiento ante los ojos de las personas analfabetas o semianalfabetas, formulando diversas acusaciones, verdaderas o falsas.
Sus acusaciones obstaculizan el avance del movimiento, que debe dedicar mucho tiempo a defenderse y refutar acusaciones falsas. Por tanto, si puede evitar el conflicto con ellos, el movimiento podrá proseguir sin impedimentos sus esfuerzos contra los verdaderos enemigos del islam, que quieren apagar con el soplo de sus bocas la luz del din de Allah.
2. Se crearán oportunidades para reformar estas importantes instituciones, de modo que, mediante la reforma, puedan cumplir con su responsabilidad fundamental y obligatoria de difundir las verdaderas enseñanzas del islam. Estas instituciones presentarán el islam en su forma integral, verdadera e inalterada, de manera que queden liberadas del dominio de los gobernantes opresores, el comunismo y los cristianos. Así, la institución se convertirá en una fortaleza inexpugnable de la dawah islámica frente a las conspiraciones de los enemigos del islam. Si estas instituciones religiosas oficiales pueden ser reformadas, se formarán personas que no solo desempeñen funciones oficiales, sino que también se consagren a la dawah y al servicio de la religión.
3. Será posible utilizar los medios y recursos de estas instituciones religiosas oficiales para difundir entre la población la conciencia sobre los principales intereses del islam e influir en ella. Entre los principales intereses del islam se encuentran los problemas de los musulmanes de todo el mundo, el deber de la población musulmana hacia la ideología islámica y los territorios musulmanes. Asimismo, se incluyen las actividades del movimiento destinadas a materializar el renacimiento cultural islámico en los ámbitos del conocimiento, la acción, la educación y la formación de una personalidad musulmana.
También será posible utilizar los medios y recursos de las instituciones oficiales para hacer frente a la corriente perniciosa que, con el apoyo de los hipócritas internos y mediante las conspiraciones de los enemigos del islam, intenta infiltrarse abierta y secretamente en la ummah.
Como resultado de esta cooperación y solidaridad entre el movimiento islámico popular y las instituciones oficiales, se ampliará aún más el apoyo popular a la dawah islámica y a su noble esfuerzo cultural.
4. Será posible refutar las excusas que ciertos gobiernos intentan presentar para evitar las leyes islámicas como fuerza motriz de la vida y la sociedad. El gobierno adopta como fundamento de su postura ciertas fetuas débiles y engañosas de los funcionarios de estas instituciones religiosas oficiales.
Otro objetivo es establecer la legitimidad de las reivindicaciones y los esfuerzos del movimiento encaminados a establecer un Estado islámico, un Estado gobernado por la ley enviada por Alá, que adopte el islam como creencia fundamental, sistema de vida y mensaje, con el propósito de guiar y promover el desarrollo de toda la humanidad.
El imán Hasan al-Banna siempre estaba interesado en mantener conversaciones con los eruditos de al-Azhar. Muchos de ellos eran sus amigos. En una ocasión, durante una conferencia celebrada en Tanta a la que asistieron numerosas eminencias de la Universidad de al-Azhar, escuché al imán Hasan al-Banna decir: «Ustedes, los ulemas, son el ejército regular del islam, y nosotros estamos detrás de ustedes como fuerza de reserva».
Naturalmente, esto no se aplica a aquellas instituciones que han vendido la religión a cambio de los placeres de este mundo, se han convertido en portavoces de los gobernantes dictatoriales y en espadas en manos de los gobernantes tiránicos; espadas que se utilizan para golpear a los verdaderos islamistas. No se puede ignorar ni dejar impunes a estas instituciones. Más bien, hay que desenmascararlas ante la población, para que esta pueda estar alerta ante sus actividades perniciosas y sepa quiénes son.
Debemos distinguir entre quienes se han convertido en marionetas en manos de los gobernantes autocráticos y quienes los odian, pero no se atreven a oponérseles debido a su debilidad y temor. Pues los débiles están tan atemorizados que consideran preferible guardar silencio y temen incluso pronunciar palabras justas. Sin embargo, tampoco se involucran en conversaciones injustas. Por tanto, teniendo en cuenta esta situación anormal, debemos ayudarles a superar su debilidad y sus temores.
En la revolución contra el sha en Irán, las instituciones religiosas actuaron como fuerza impulsora. Conforme a la exigencia de obediencia absoluta del pueblo, de acuerdo con las directrices de la doctrina yaafarí, la revolución recibió una enorme respuesta y apoyo. Además, el pueblo estuvo siempre dispuesto a sacrificar sus vidas y bienes por la revolución, atendiendo al llamamiento de los jeques y ayatolás.
Los fondos aportados voluntariamente por el pueblo también contribuyeron a esta revolución. Según la jurisprudencia yaafarí, la cantidad de la donación es el jums, es decir, una quinta parte, fijada sobre los ingresos totales. Estas donaciones eran entregadas a los ulemas representantes del «Imán oculto».
De este modo, los líderes religiosos de Irán no dependían de la benevolencia del Gobierno. Si así hubiera sido, el Gobierno les habría pagado sus salarios y prestaciones, y habría controlado el destino de ellos y de sus familias. También habría estado en manos del Gobierno la facultad de nombrarlos y destituirlos a su voluntad.
Por tanto, uno de los principios indispensables para reformar las instituciones religiosas es que estas gocen de independencia doctrinal, administrativa y financiera, y que también tengan libertad para recuperar las propiedades de waqf ocupadas y utilizarlas en los sectores apropiados, de modo que las instituciones religiosas recuperen sus atribuciones específicas. Un gobernante dijo acerca del secreto de ese poder del imán Hasan al-Basri: «Su religión es nuestro Gobierno, pero él no necesita nuestro dinero».
Este es el verdadero problema cuando los líderes religiosos se convierten en funcionarios del Estado, mientras que el Estado no necesita la religión de ellos, pero ellos sí necesitan el dinero del Estado.
Islámico renacimiento
Con el objetivo de establecer el islam en el mundo y hacer frente a todas las fuerzas agresoras opuestas a la prédica islámica, el movimiento islámico debe esforzarse al máximo por unir en una sola plataforma a todos los grupos islámicos y a todos los grupos del renacimiento islámico. Este frente debe desempeñar necesariamente un papel activo en la determinación del método correcto de diálogo y en la adecuada confrontación de las perspectivas de la parte opositora, para que podamos sentar las bases de la cooperación en aquello en lo que estamos de acuerdo y de la tolerancia en aquello en lo que discrepamos.
El imán Hasan al-Banna hizo todo lo posible por poner fin a las divergencias entre los grupos islámicos de Egipto y formuló los célebres veinte puntos como programa mínimo sobre el cual podía alcanzarse un acuerdo.
Esto es lo que el movimiento islámico debe hacer siempre para alcanzar sus principales objetivos. Porque solo la fuerza conjunta de todos los grupos que trabajan en el ámbito islámico puede fortalecer al movimiento islámico. Aquí me refiero a los grupos islámicos que actúan con seriedad y dedicación; no a los grupos insignificantes o desviados, ni a los que engañan en nombre del islam.
Si algún grupo islámico cree que puede, por sí solo, establecer el gobierno islámico en esta época y hacer frente a los problemas internos y a las conspiraciones extranjeras, cometerá un grave error.
Lo que todos los grupos y movimientos islámicos deberían hacer en realidad es unir todos sus esfuerzos con el objetivo de formar una alianza islámica fuerte y poner fin a sus divergencias, para que esta alianza pueda ayudar a los aliados del islam y hacer frente a sus enemigos.
Lo que más temo es que el egoísmo menoscabe el espíritu de la fraternidad islámica. Cada grupo se presenta como superior y se empeña en demostrar la incapacidad de los demás, hasta el punto de concentrar todos sus esfuerzos en destruir al otro, en vez de tratar de convertir a su propio grupo en una parte fuerte de toda la alianza.
También temo la estrechez de miras que devora a los grupos islámicos y controla su pensamiento y conciencia. Exageran sus desacuerdos y conflictos, hacen una montaña de un montículo de termitas, convierten cuestiones secundarias en principios fundamentales e incluyen cuestiones de ijtihad entre los principios básicos de la sharía, como hizo el autor del artículo titulado «La opinión correcta sobre la contradicción entre la pertenencia al Parlamento y el tawhid».
Para establecer un gobierno islámico fuerte capaz de lograr el renacimiento religioso de la umma y mejorar nuestra vida mundana, se requiere una iniciativa conjunta de todos los grupos y fuerzas islámicos, independientemente de sus distintas opiniones, caminos y principios. Además, hay que incorporar a este esfuerzo a las personas piadosas y entusiastas que no pertenecen a ningún grupo ni organización.
Creo que el éxito del movimiento estará asegurado si el movimiento islámico logra coordinar en una sola plataforma los esfuerzos de todas las fuerzas islámicas para alcanzar este objetivo, de modo que todos consideren que este Estado es su Estado, que este gobierno es su gobierno, que su victoria es la victoria de todos y que su derrota es la derrota de todos.
Sextocapítulo
Conclusión
Lo que no puede dejar de decirse
Al llegar al final del libro, quiero señalar con especial énfasis que el movimiento islámico debe mantener una perspectiva clara sobre las cuestiones del futuro, tanto a nivel regional como internacional. A la luz de esa perspectiva, el movimiento deberá adoptar planes claros y detallados para alcanzar objetivos concretos por medios legítimos. Dichos planes deberán elaborarse mediante conceptos modernos, una división en etapas específicas y un proceso teórico. Estos planes deberán ser flexibles, fáciles de modificar y viables de ejecutar. Todas las responsabilidades deberán distribuirse equitativamente entre las instituciones y organizaciones adecuadas, y no se deberá depender de ninguna persona. Pues si la ejecución del plan depende de una persona o de unas pocas personas, el plan durará únicamente mientras ellas permanezcan activas.
La planificación debe elaborarse sobre la base de una investigación exhaustiva, con datos fidedignos, estadísticas reales, una amplia revisión, un análisis científico, una perspectiva objetiva y todos los recursos materiales y humanos disponibles y potenciales, sin subestimar ni exagerar los obstáculos psicológicos y materiales, tanto internos como externos.[Para conocer las características del plan en cuestión, lea mi libro « La ‘solución islámica: una obligación y una necesidad ».’। En un contexto teórico, se ha presentado esta discusión.।]
Este tipo de plan debe ser elaborado por un equipo integrado por especialistas cualificados en diversos campos del conocimiento. Cada especialista aportará al equipo sus conocimientos, aptitudes e inteligencia. El equipo también podrá recabar, según lo considere conveniente, opiniones o información de cualquier otra persona cualificada.
Antes y después de elaborar el plan, es necesario prestar atención a tres aspectos: el trabajo a tiempo completo, la cualificación de los especialistas, y la información y la investigación. En la conclusión analizaremos detalladamente estos tres aspectos.
Trabajo a tiempo completo
En la planificación futura del movimiento, deben emplearse necesariamente varias personas cualificadas a tiempo completo en todos los ámbitos estratégicos y otros ámbitos importantes, especialmente en los campos del conocimiento y la ciencia, la educación, la información, los medios de comunicación, la política y la planificación.
El movimiento no debe depender únicamente del trabajo de voluntarios a tiempo parcial. Puesto que estas personas tienen que dedicar la mayor parte de su tiempo a sus asuntos personales, no se puede esperar que, con el poco tiempo que ofrecen al movimiento, desempeñen responsabilidades importantes. Desde luego, no hay que menospreciar a los voluntarios que dedican aunque sea un poco de tiempo por la causa de Allah. Por el contrario, su contribución es sumamente importante y ampliamente fructífera. Esto se debe a que son los voluntarios quienes construyen la base expansiva del movimiento. Salvo unas pocas personas dedicadas a tiempo completo a las actividades de da‘wa, todos los miembros del movimiento trabajan como voluntarios sin remuneración.
El imán Hasan al-Banna continuó trabajando como profesor durante varios años dentro del movimiento, hasta que, ante la presión de la labor de da‘wa y del impulso del movimiento, se vio obligado a dedicar todo su tiempo y esfuerzo a las actividades del movimiento.
En varios países, muchos miembros y dirigentes del movimiento fueron en algún momento profesores universitarios, altos funcionarios del Gobierno o empresarios y comerciantes independientes. Sin embargo, el mejor esfuerzo posible es aquel en el que la persona se dedica a tiempo completo al servicio del movimiento y a la consecución de sus objetivos.
Al contratar personal a tiempo completo, debe asegurarse que sean especialistas quienes asuman las responsabilidades en los distintos campos. Ellos se complementarán mutuamente. De este modo, habrá que aprovechar la competencia de los especialistas en todos los ámbitos del trabajo. Así se impedirá que, dejando de lado algunos campos, la especialización se limite únicamente a unos pocos ámbitos. Como resultado, no se realizará ningún gasto fuera de los ámbitos adecuados.
En este caso, el dinero no debería ser un problema. Pues gastar dinero en este ámbito es uno de los mejores medios para obtener la complacencia de Allah. Por ello, los fondos necesarios pueden recaudarse del zakat, la sadaqa, el waqf y otras fuentes similares.
Los intereses obtenidos del capital depositado en bancos nacionales y extranjeros también pueden destinarse a este propósito. No deberíamos tener reparos en utilizar este dinero porque dichos intereses se obtienen de una fuente haram. Esto solo es haram para quien deposita el capital. Sin embargo, gastarlo en beneficio del islam es halal. Y, ante todo, este dinero puede destinarse a los trabajadores a tiempo completo del movimiento islámico.
Los trabajadores devotos no deberían mostrarse reacios a recibir un salario suficiente, equivalente al de un trabajo del mismo nivel en otros lugares, para que puedan continuar el trabajo del movimiento con satisfacción y no alberguen descontento debido a un salario bajo. Puede considerarse salario justo una remuneración que no sea ni demasiado alta ni demasiado baja.
Sin embargo, es necesario colocar a la persona adecuada en el lugar adecuado, evaluando sus cualidades y características apropiadas, sin ningún tipo de favoritismo. La competencia y la honestidad deberían ser los únicos criterios para seleccionar a las personas. Al respecto, se narra en el Corán: «Ciertamente, el mejor de aquellos a quienes puedes emplear es el fuerte y digno de confianza (sura Al-Qasas: 26)।
Cualificación de los especialistas
Deberían intensificarse los esfuerzos para formar especialistas con las cualificaciones necesarias en todos los ámbitos de la vida. Ahora vivimos en la era de la especialización, cuyos especialistas son verdaderamente especialistas. No vivimos en la época en que los eruditos y las personas talentosas expresaban sus opiniones sobre todas las ramas del conocimiento y la ciencia. No basta únicamente con la inteligencia, ni con el brillo intelectual ni con el talento.
Se necesita una cualificación educativa especializada que pueda mantenerse al ritmo de los tiempos, satisfacer las necesidades y demostrar excelencia en la realización de tareas específicas. En un hadiz sahih se ha narrado: «Ciertamente, Allah ha puesto excelencia en todo. [An- Nawwas ibn Samán según Muslim–en narrado।] y Allah se complace cuando cualquiera de vosotros realiza perfectamente una tarea.» [Hazrat Aisha r.. según Al- Bayhaqi narrado।]
En nuestra época, la excelencia solo es posible mediante la especialización. Toda medida adoptada para perfeccionar una obligación religiosa (wāyib) es también obligatoria.
Tomemos, por ejemplo, las relaciones públicas y la multidimensional especialización relacionada con ellas. Elaborar un manuscrito es una ciencia; convertirlo en un guion también es una ciencia, y dirigirlo lo es igualmente. Del mismo modo, actuar en él y comercializarlo también son ciencias. Así, es posible elaborar una larga lista de conocimientos especializados, hasta llegar a los niveles más básicos.
La dirección de programas para la radio es un tipo de trabajo. La dirección de programas televisivos es otro. Asimismo, la dirección teatral y la dirección cinematográfica son dos cosas completamente distintas. Hoy, el trabajo de los medios de comunicación constituye un campo en el que convergen todas las artes. Existen numerosos institutos y universidades donde los estudiantes reciben formación superior y de posgrado para aprender estos ámbitos con competencia.
La islamización de estas ramas del conocimiento nunca será posible si no recurrimos a la ayuda de especialistas. Solo ellos pueden constituir una alternativa islámica en este campo.
El movimiento islámico es rico en talento. Sin embargo, sus recursos humanos talentosos no son asignados adecuadamente a los campos y puestos apropiados. A menudo vemos una concentración de especialistas en ciertos campos, como la medicina, la farmacología o la ingeniería. Pero son muy pocos los especialistas vinculados al movimiento islámico en las ramas menos comunes de la ciencia.
Esta situación también se aplica a campos de las humanidades y las ciencias sociales, como la psicología, la sociología, la economía, la ciencia política y las relaciones públicas. Por lo general, los jóvenes menosprecian estas disciplinas y se inclinan por las ciencias aplicadas. Sin embargo, estas ciencias son más necesarias para la sociedad y ejercen influencia sobre ella. Por eso, los judíos de Estados Unidos y de otros países han establecido un dominio exclusivo en este campo y han ocupado la mayoría de los puestos importantes, para poder dirigirlo conforme a sus deseos y en función de sus propios intereses.
Aunque muchos jóvenes brillantes tienen aptitudes e interés por las humanidades y la literatura, debido a la presión social se ven obligados a estudiar ciencias aplicadas; sin embargo, si su talento pudiera emplearse en aquello hacia lo que se orientan sus capacidades e intereses, sería posible obtener mejores resultados en el campo correspondiente.
En realidad, a pesar de la importancia de las humanidades y de su grave influencia, la carencia de musulmanes en esta rama es muy marcada. Incluso en el ámbito literario —es decir, en el relato breve, la crítica literaria y otros campos— la carencia es considerable. Puede decirse que prácticamente no existe ningún joven brillante en este ámbito. Aunque algunos de ellos practican la literatura, no reciben las necesarias oportunidades de difusión como los demás, mientras que los izquierdistas y otros se ayudan y apoyan mutuamente en este campo.
Información y investigación
En la época contemporánea, una necesidad sumamente urgente del movimiento islámico es establecer un banco de datos o un centro de información e investigación capaz de satisfacer las exigencias de la revolución informativa de esta era. En este centro deberán contratarse especialistas cualificados y capacitados. En este sentido, la orientación de Allah Todopoderoso es: «Y nadie podrá informarte como Allah, el Omnisciente» (Sura Fátir: 14). Además, este centro deberá estar equipado con tecnología de vanguardia y personal suficiente, conforme a las exigencias del siglo XXI.
Las fuentes y los métodos de recopilación de información, así como los métodos de almacenamiento, clasificación y recuperación de datos, también se han diversificado. ¿Hemos dado algún paso para utilizar estos métodos y herramientas?
Incluso dejando de lado los asuntos de los demás, sean enemigos o amigos, no conocemos ni la mitad de la información relacionada con nosotros mismos. Sin embargo, nuestros enemigos conocen todos nuestros asuntos.
Fui a Estambul con algunos hermanos árabes que trabajaban en banca islámica. Nos reunimos con varios hermanos procedentes de la república turcomana de la antigua Unión Soviética. Nos preguntaron: «¿Dónde está ahora vuestra ayuda para vuestros hermanos de Turkmenistán y de las demás repúblicas, atrapados tras el Telón de Hierro, que ahora pueden trabajar y actuar libremente? Actualmente necesitan todo tipo de ayuda y conocimientos especializados en los ámbitos religioso, cultural, educativo y económico. ¿Dónde están esa ayuda y esos especialistas? ¿Quién los ayudará?»
En cuanto se obtuvieron los resultados de la glásnost y la perestroika, las autoridades religiosas cristianas se activaron. Ya habían preparado toda la información, los datos, las estadísticas y mapas señalizados. Por ello, de inmediato comenzaron a distribuir la Biblia y otros libros, y enviaron misioneros a todas partes. Desde entonces, en este breve lapso, se han construido o reconstruido en nuevos lugares unas 2.000 iglesias, y se han renovado las que estaban al borde de la destrucción. Las iglesias y su gente aún continúan allí con esta labor. Entonces, ¿dónde está la labor islámica en las tierras musulmanas?
Les pregunté: «¿Qué saben ustedes sobre nuestros hermanos de allí? ¿Cuál es su número, cuáles son sus países, su historia, sus antecedentes materiales y culturales, y cuáles son sus necesidades?». Descubrí que apenas tenemos conocimiento sobre ellos y que ni siquiera conocemos una institución islámica que posea información suficiente y fiable sobre ellos que pueda utilizarse.
Hay que desarrollar el movimiento islámico a escala regional e internacional siguiendo una orientación acorde con los tiempos. Para ello debemos realizar un esfuerzo total y reunir todas las fuerzas de los musulmanes que rodean al movimiento para alcanzar el objetivo. Con este objetivo en mente, hagamos esta súplica:
Oh Allah, haz que nuestro día de hoy sea mejor que el de ayer y que mañana sea mejor que el día de hoy. Derrama Tu misericordia sobre todos nuestros actos. ¡Amén!
Apéndice: Ibn Taymiyya fatua
1. injusticia y opresión y los malvados para combatir un cargo público aceptar
Al Shayj al-Islam Ibn Taymiyya, que Allah esté complacido con él, le preguntaron acerca de un hombre que había aceptado un cargo gubernamental y había recibido la responsabilidad sobre varias concesiones territoriales, cuyos habitantes estaban obligados a pagar los impuestos establecidos conforme a las normas del gobierno. Aquel hombre dedicó todos sus esfuerzos a aliviar de los hombros del pueblo toda carga de injusticia y opresión, considerando que, aunque renunciara, la injusticia permanecería, si es que no empeoraba. Si el hombre puede condonar la mitad del tributo, aliviar así la carga de los súbditos y recaudar la otra mitad para gastarla en beneficio del pueblo, ¿debería permanecer en el cargo gubernamental con la intención de reducir la injusticia tanto como sea posible, o debería renunciar y entregar la concesión a otro, aun sabiendo que la injusticia no desaparecerá, sino que podría aumentar debido a su renuncia? Si se aferra al cargo gubernamental, ¿cometerá pecado? Si no es así, ¿sería correcto aconsejarle que permaneciera en su puesto? ¿Qué sería mejor para él: permanecer en el cargo intentando eliminar la injusticia, o renunciar y permitir que la injusticia continúe y aumente? Si los súbditos prefieren que ese hombre permanezca en el poder porque se benefician del fin de la opresión que padecen, ¿debería quedarse?
El imán Ibn Taymiyya respondió: «Alabado sea Allah. Sí, debe permanecer en el poder si es un hombre virtuoso y se esfuerza por aliviar la carga de la injusticia tanto como sea posible; si su permanencia es mejor que la de cualquier otra persona y se considera más beneficioso que la concesión permanezca bajo su control en lugar de ser entregada a otro. Puede permanecer en el cargo gubernamental y no pecará por ello. Si no tiene otro deber mejor que este, permanecer en el puesto es preferible a abandonarlo.»
Si no hay ninguna otra persona, es deber de alguien así permanecer en el cargo. Esto se debe a que establecer la justicia por todos los medios posibles y erradicar esta injusticia constituye un deber colectivo. Si alguien se considera capaz y no hay otra persona, debe cumplir este deber. Sin embargo, no se debe exigir a quien asuma la responsabilidad que elimine una injusticia que está fuera de su alcance.
No se le debe pedir a ese hombre que retire los impuestos que los gobernantes imponen a los habitantes de las concesiones territoriales, pues quizá no esté dentro de sus posibilidades. Además, los fondos que exigen los gobernantes y sus representantes no pueden pagarse si no se recauda el tributo. Si ese hombre no satisface esta exigencia, ellos pondrán a otra persona a cargo de la concesión. Entonces esa persona continuará ejerciendo la opresión y la injusticia, o aumentará su intensidad. Por tanto, es mucho mejor entregar algunos tributos que permitir a los gobernantes recaudar todos los tributos. Si ese hombre se esfuerza por actuar con la mayor justicia posible, será mejor que los demás, incluso si satisface algunas exigencias de los malvados para proteger a la gente de sus injusticias. Si recauda impuestos de los musulmanes sin oprimirlos personalmente, será recompensado, y aunque recaude impuestos en la situación mencionada, no será castigado. Si hace todo lo posible para garantizar la justicia, no será castigado ni en este mundo ni en el Más Allá.
Ese hombre es como el tutor de los huérfanos, el administrador de un waqf, el socio de una empresa comercial o quien actúa en nombre de otros o en su lugar. Es como quien, en nombre de sus clientes, entrega una parte de su capital a un gobernante tirano si esa es la única manera de proteger los intereses de los clientes. En ese caso, dicho hombre estará haciendo lo correcto, no lo incorrecto. Lo que entrega a los gobernantes es como los impuestos inmobiliarios y sobre las ventas que deben pagarse a los recaudadores de tributos. Pues cualquiera que realice estas transacciones en esos países, para sí mismo o en nombre de otros, debe recaudar esos impuestos y entregarlos a las autoridades. Si no recauda los impuestos, no podrá proteger los intereses de quienes están bajo su responsabilidad sin pagar dichos impuestos. Como consecuencia, se perjudicarán los intereses de sus subordinados e incluso sus propios intereses.
Muchos creen que no se debe permitir que surjan situaciones de este tipo para evitar que los súbditos sufran siquiera una pequeña injusticia. Si el pueblo adopta esta opinión, la injusticia y la corrupción ciertamente aumentarán. Su situación sería como la de unos viajeros atacados por bandidos. Si los viajeros no apaciguan a los bandidos entregándoles algo de dinero, estos los matarán y saquearán todas sus riquezas. Si alguien les dice a los viajeros que entregar dinero a los bandidos es injusto, en realidad les está aconsejando que no pongan esa pequeña suma en manos de los ladrones. Pero si siguen ese consejo, perderán no solo esa pequeña cantidad, sino todo su dinero y sus bienes. Nadie con sentido común podría dar semejante consejo, mucho menos alguien que tenga conocimiento de la religión. Allah Todopoderoso envió a Su Mensajero, que Allah le bendiga y le conceda paz, para procurar el bienestar de las personas tanto como fuera posible, contener a los malvados y erradicar el mal.
Si un hombre virtuoso que acepta un cargo gubernamental bajo un gobernante tirano puede proteger al pueblo de un gran perjuicio recaudando la menor cantidad posible de tributos, pero si abandona el cargo no solo no podrá hacer nada más, sino que otra persona ocupará su lugar y recaudará de la población todos los tributos, sin poder protegerla de ningún perjuicio, entonces el hombre que aceptó el cargo gubernamental con una buena intención será recompensado por su labor y no será castigado por ello ni en este mundo ni en el Más Allá.
Una persona así es como el tutor de un huérfano o el administrador de un waqf, quienes cumplen con sus deberes aun pagando los impuestos injustamente impuestos por el gobierno. Si no lo hicieran y abandonaran su responsabilidad, podría llegar a ocupar su lugar alguien que aumentara el grado de injusticia. Por tanto, es lícito que las personas virtuosas permanezcan en cargos gubernamentales, y no pecarán por pagar tales impuestos al gobernante tirano. Más bien, permanecer en sus puestos constituye un deber que deben cumplir.
Este principio también se aplica al soldado encargado de recaudar los impuestos de un feudo. Aunque recaude menos impuestos del pueblo, no entrega todo al gobierno, pues se le ha ordenado comprar con ese dinero armas, caballos y otros equipos. Un soldado bien equipado tiene también una buena oportunidad de servir a los musulmanes en la guerra. Si alguien le dice que no tiene derecho a recaudar impuestos y que debería renunciar a su feudo, lo dice por ignorancia de la religión. Pues, si renuncia a su feudo, puede suceder que lo sustituya alguien que aumente la opresión y no haga nada por el bienestar de los musulmanes. Incluso la presencia de soldados turcos y árabes es preferible, porque son mejores que otros soldados: se interesan por la justicia hacia el pueblo y se esfuerzan por eliminar, en la medida de lo posible, la injusticia y la opresión. Este soldado es beneficioso para los musulmanes. Por tanto, entregar el feudo a otra persona en su lugar podría ser menos beneficioso y más injusto.
Todo funcionario y empleado justo y dedicado al bienestar público de este tipo será recompensado por sus buenas obras, y no será castigado por no poder realizar ninguna buena acción que esté fuera de sus capacidades. Por tanto, no se les exigirá rendir cuentas por lo que recaudan y gastan, aunque no puedan hacer nada más. Porque, si no recaudaran los impuestos y no los gastaran en beneficio público, ello podría causar un perjuicio mayor. [el jeque del islam Ibn Taymiyya ‘Fatwas’, tercer tomo, páginas 356–360।]
2. misma situación bien mal conflicto
En un capítulo relativo al conflicto entre el bien y el mal, el shayj al-islam Ibn Taymiyya dice: puesto que está demostrado que lo bueno trae beneficios, no hacer el bien se considera injusticia, y la injusticia es perjudicial. Incluso en algo indeseable puede haber algún beneficio. Asimismo, si no es posible realizar conjuntamente dos buenas acciones, debe darse prioridad a la mejor de ellas. Si no es posible evitar dos males, puede optarse por el menor de ellos. Del mismo modo, cuando se presenta una situación en la que hay que aceptar o rechazar conjuntamente un bien y un mal, se debe decidir aceptarlo o rechazarlo teniendo en cuenta el beneficio mayor. Es decir, debe aceptarse lo bueno si contiene un beneficio mayor, o debe aceptarse lo malo si con ello puede evitarse un daño mayor.
El primer tipo de conflicto es semejante a la contradicción entre una acción obligatoria (wāyib) y una acción recomendable (mustahabb), como dar prioridad al pago de una deuda sobre la sadaqa. O bien se trata de determinar cuál merece prioridad: las obligaciones farḍ impuestas a todos los musulmanes, las obligaciones farḍ que corresponde cumplir a cualquier musulmán o el cumplimiento de una obligación farḍ que incumbe a cada musulmán.
El conflicto de la segunda categoría es semejante a dar prioridad al gasto para la esposa y la familia de alguien sobre el gasto destinado a la yihad. En este caso, la yihad no constituye una obligación individual. Asimismo, debe darse prioridad a la ayuda económica a los padres sobre la yihad. En este sentido, un hadiz auténtico dice que se preguntó al Mensajero de Allah (s. a. s.) cuál era la acción más virtuosa. Él respondió: realizar la oración a su debido tiempo; después, tratar bien a los padres; y luego, la yihad por la causa de Allah.
Asimismo, la yihad tendrá prioridad sobre el hajj cuando constituya una obligación individual, aunque el hajj sea una acción farḍ. De igual manera, entre dos acciones lícitas también debe determinarse la prioridad a la luz del Corán y la Sunna.
La recitación del Corán merece prioridad sobre el recuerdo de Allah si en ambas acciones se emplean por igual el corazón y la lengua. A su vez, la oración tendrá prioridad sobre ambas si en ella participa el corazón. De lo contrario, debe darse preferencia al recuerdo de Allah en lugar de la recitación del Corán si en dicha recitación no interviene la atención interior. Naturalmente, este es un asunto que requiere un análisis extenso de la jurisprudencia islámica.
El tercer tipo de conflicto es el que se da entre un viaje de una mujer sin su mahram y permanecer en Dar al-Harb. Por ejemplo, Hazrat Umm Kulsum permaneció en Dar al-Harb. A este respecto fue revelado: «¡Oh, creyentes! Cuando las mujeres musulmanas emigren hacia vosotros, examinadlas» ((sura Al-Mumtáhina: 10)।
Aunque en la jurisprudencia del yihad está prohibido matar a mujeres y niños civiles, si se involucran en algún tipo de combate, pueden ser matados cuando sea necesario, por ejemplo, mediante el uso de armas de tipo misil o en incursiones nocturnas. En la Sunna se menciona, a este respecto, atacar durante el sitio de Taif y lanzar piedras con armas de tipo misil. También se han relatado incursiones nocturnas contra los no musulmanes que viven en un país musulmán. El objetivo de esta decisión es matar a quienes estén involucrados en ello para evitar la fitna; de otro modo, no se puede matar a quienes no deben ser matados.
del tatarrus descrito por los juristas [tatarrus es la situación en la que los enemigos a sus propias mujeres y niños o musulmanes prisioneros de guerra como escudos humanos los utilizan। Su objetivo es obligar a las fuerzas musulmanas a mantenerse apartadas del ataque y abstenerse।] del ataque. El asunto también es similar. La yihad consiste en luchar contra las semillas de rebelión que siembran los incrédulos. Esta guerra debe librarse aun aceptando el aspecto relativamente menos malo. Por tanto, los juristas coinciden en que, si el daño causado a los musulmanes solo puede evitarse matando a quienes son utilizados como escudos, estos pueden ser matados. No obstante, también existe desacuerdo al respecto.
Otro tipo de conflicto surge cuando un musulmán, en un estado de extrema hambre, tiene que comer carne de un animal muerto. En este caso, solo mediante este acto malo puede lograrse el acto bueno de salvar una vida. Del mismo modo, surge la cuestión de si puede tomarse un medicamento impuro cuando su daño es mayor que su beneficio para curar la enfermedad, debido a que, aunque existan otros medicamentos en su lugar, la curación con ellos es incierta. Esto también se aplica a beber alcohol como medicamento.
Un mal puede tolerarse en dos casos: si con ello se evita un mal más grave que no puede evitarse de ninguna otra manera, y si de ello resulta un bien indispensable que no puede obtenerse de ninguna otra forma. Un interés o beneficio puede abandonarse en dos casos: si con ello puede perjudicarse un interés mayor, o si existe el riesgo de que ello cause un daño más amplio. Este asunto está relacionado con el equilibrio religioso.
La exención de un deber por algún perjuicio en la vida mundana o la aceptación de algo ilícito con la esperanza de obtener algún beneficio en la vida terrenal —como la exención del ayuno durante un viaje, el permiso de realizar durante el Hayy ciertos actos prohibidos debido a una enfermedad y la exención de algunas condiciones fundamentales de la oración por causa de una enfermedad— entra en el ámbito de las concesiones religiosas y la reducción de la rigidez. Puede haber diferencias de opinión sobre este asunto entre las distintas escuelas jurídicas. Pero en el caso mencionado anteriormente no puede haber motivo para la discrepancia, al menos en los detalles según el juicio común. Eso también debe determinarse a la luz de la razón. A este respecto puede mencionarse un proverbio: no es sabio quien puede decir cuál es el bien frente al mal; sabio es quien puede decir cuál de dos cosas buenas es mejor y cuál de dos males es menos malo.
Por ejemplo, para la gente es una verdad cierta que la lluvia durante una sequía es una misericordia, aunque el gobernante tirano sea quien obtenga la mayor parte de las cosechas. Pero, si no lloviera, todas las personas sufrirían pérdidas. La gente prefiere tener un gobernante opresor antes que no tener gobernante alguno. Un sabio dijo: es mejor vivir sesenta años bajo un gobernante opresor que pasar una sola noche sin gobierno.
Además, a un gobernante se le puede responsabilizar por la tiranía y la opresión que comete, así como por los derechos de las personas que vulnera. Pero si un gobernante o funcionario es incapaz de cumplir plenamente con sus deberes, aunque se mantenga alejado de todos los actos ilícitos e intente abstenerse de cometer malas acciones —mientras que otros las cometen deliberadamente—, se le debe asignar una responsabilidad gubernamental. Pues entre las funciones de un cargo público puede haber deberes que deben cumplirse, como hacer la yihad contra el enemigo, distribuir el fay (bienes obtenidos sin guerra), aplicar los hudud (penas capitales) y garantizar la seguridad. Este cargo debe ser ocupado. De lo contrario, se otorgará a alguien que no sea apto para él, y ese funcionario no podrá impedirlo. En tal caso, sus medidas para cumplir con el deber se considerarán inevitables. Por tanto, el daño que causen será aceptable si es menor que el beneficio de cumplir dicho deber. Además, si una persona inmoral ha ocupado un cargo público y otra persona lo asume para reducir la injusticia y la opresión, aliviando la mayor parte de la carga y aceptando una carga menor, entonces, debido a su intención, su acción se considerará mejor; y aunque, al desempeñar su función, cometa algunas malas acciones para evitar un daño mayor, estas se considerarán buenas acciones.
Este es un caso en el que la intención es el factor determinante. Si un gobernante tiránico exige a una persona que entregue una cantidad determinada de dinero, y un intermediario, con el objetivo de protegerla de la injusticia, recauda de ella una parte de esa cantidad y se la entrega al gobernante cruel, salvándola así de su ira, entonces el intermediario habrá hecho una buena acción. Pero si hace algo para apoyar al tirano, cometerá una mala acción.
Sin embargo, en la mayoría de los casos se observa una discrepancia entre la intención y la acción. Si se actúa deliberadamente con la intención de cometer una injusticia, o se abandona un deber, debe considerarse que existe una deficiencia en la intención.
Además, aunque ocupar un cargo público sea permisible, recomendable o indispensable, la persona que vaya a ser nombrada para él puede tener otras consideraciones aún más indispensables o aconsejables. Es decir, a veces por obligación y otras veces por elección, debe dar prioridad a lo mejor entre dos cosas buenas.
El hecho de que el profeta José (la paz sea con él) solicitara al rey de Egipto hacerse cargo de los graneros del país entra dentro de esta clasificación. Sin embargo, el rey y su pueblo eran incrédulos. En el Al-Qur’an se relata: «Y ciertamente, antes de esto, José había venido a vosotros con pruebas claras, pero no dejasteis de dudar de aquello que os había traído (Sura Al Mu’’min: 34)». Sobre la función del profeta José (la paz sea con él) durante su encarcelamiento, se relata en el Al-Qur’an: «¡Oh, compañeros de prisión! ¿Son mejores muchos dioses diversos o Allah, el Único, el Todopoderoso? No adoráis, aparte de Allah, sino unos cuantos nombres irreales que vosotros y vuestros antepasados habéis establecido (Sura Yusuf: 39–40)।
Puesto que eran incrédulos, existían un método y una tradición establecidos para recaudar sus riquezas y gastarlas en la corte real, el ejército y los súbditos. Dicho método y tradición no guardaban ninguna correspondencia con las normas y la justicia de los profetas y mensajeros. Por consiguiente, Yusuf (a. s.) no pudo hacer todo lo que quería conforme a la ley de Allah. Sin embargo, lo que sí pudo hacer fue establecer la justicia y las obras rectas, y obtener, mediante su autoridad, beneficios para los creyentes de su familia, algo que no habría podido lograr de ninguna otra manera. Todo ello queda comprendido en las palabras de Allah: «Así pues, obedeced a Allah y temedle cuanto podáis» ((Sura At-Tagabun: 16)।
Si se presentan dos deberes al mismo tiempo, pero solo se puede cumplir uno y es necesario elegir el más importante, entonces el otro deja de ser un deber. No se puede considerar negligente en el cumplimiento de sus responsabilidades a quien abandona esa tarea para realizar la más importante.
Del mismo modo, si se presentan dos actos prohibidos, hay que cometer el menos grave para evitar el más grave. En tal caso, ese acto ya no se considera realmente prohibido.
Sin embargo, si en ambos casos no se realiza la acción, en el primer caso se considerará negligencia en el cumplimiento del deber, y en el segundo se entenderá que se ha cometido un acto prohibido. A este respecto se dice que existe una excusa para eludir un deber, mientras que el acto malo se realiza en interés de un bien mayor, por necesidad o para evitar un daño más grave.
El ámbito de los conflictos de intereses es muy amplio, especialmente porque son escasos sus precedentes durante la época de la Sunna y del Califato. Por ello, las cuestiones conflictivas adquieren gran importancia. Cuanto más escasos son los precedentes tradicionales, más extendido se vuelve el conflicto y más causa de discrepancia llega a ser dentro de la umma. Cuando el bien y el mal quedan atrapados en un dilema, surge tal confusión que algunas personas eligen, creyéndolo bueno, algo sumamente malo. Otros consideran dañina una cosa y eligen otra en la que no hay esperanza del bien deseado. Por supuesto, también hay muchas personas que reflexionan profundamente sobre ambas.
Una persona sabia debe considerar estos asuntos con cautela. Como ya he dicho, quizá tenga que mostrarse flexible al decidir sobre ciertos asuntos, en lugar de permitir o prohibir algo categóricamente. Por ejemplo, quizá tenga que ordenar una acción que implique el riesgo de un daño grave, pero no debe ordenar realizarla con el propósito de evitar un daño menor. Por ejemplo, nadie puede entregar a un culpable en manos de un tirano que lo castigue con mayor severidad de la que merece su delito, ni imponer una prohibición sobre alguna acción mala en la que también haya un aspecto bueno, cuando lo bueno supera a lo malo. En tal caso, nadie debe emitir una prohibición que obligue a abandonar lo que Allah y Su Mensajero —la paz y las bendiciones de Allah sean con él— han ordenado. Las acciones ordenadas por Allah y Su Mensajero son más beneficiosas que evitar estos perjuicios. [Shaykh al- Islam Ibn Taymiyya ‘Fatwas’, 20 .º tomo, páginas 48–61।]
Terminología
Ahl al- dhimma: literalmente, comunidad sujeta a un pacto de protección. Ciudadanos no musulmanes, como judíos, cristianos y sabeos, bajo un gobierno musulmán, que gozan de seguridad para sus vidas y bienes en un país musulmán mediante el pago del impuesto de la yizia.
Ahl al- Kitab: literalmente, comunidad de los seguidores de las Escrituras: judíos y cristianos.
Awqaf: fideicomiso religioso o institución de servicio público.
Dar al- harb: territorio en guerra. País en el que no se ha establecido la paz entre los musulmanes y los infieles.
Dar al- Islam: Estado islámico. Territorio en el que están establecidos el islam y la ley islámica.
Fard: deber obligatorio. Acto de culto obligatorio.
Fatua: opinión jurídica islámica.
Fiqh: En sentido literal, esquema del conocimiento. En sentido terminológico, las disposiciones de la ley islámica.
Halal y haram: respectivamente, las cosas lícitas e ilícitas en el islam.
Hégira: la emigración de los musulmanes a Medina.
Yahiliya: la época preislámica y las costumbres paganas de aquella época.
Yabana: impureza que hace obligatorio el baño ritual.
Yihad: lucha por la causa de Alá.
Masale MusSala: el interés público.
Náfila: nafl, acto de adoración voluntario.
Ribāṭ: proteger a los musulmanes de los infieles.
Ṣadaqa: limosna adicional al zakat.
Tahlil: recitación de la profesión de fe «لا إله إلا الله». Es decir, la pronunciación de que no hay ninguna divinidad excepto Allah.
Takbir: pronunciación de la fórmula «الله أكبر». Es decir, Allah es el más grande.
Takfir: declarar a alguien infiel.
Tasbih: pronunciación de «سبحان الله». Es decir, Allah, poseedor de toda la gloria.
Usul al- fiqh: principios de la jurisprudencia.
………. Fin ……….