Palabras del traductor

La obra árabe escrita por el allama Yusuf al-Qaradawi «‘Al-–Halal wal Haram fil Islam»’—cuya traducción al bengalí, titulada «La normativa de lo halal y lo haram en el islam», he podido presentar ante la distinguida comunidad de habla bengalí, doy sinceramente gracias al gran Allah, exaltado sea. A este insignificante siervo, Allah, exaltado sea, le ha concedido anteriormente la gracia de presentar la traducción al bengalí de los dos enormes volúmenes de «Fiqh al-Zakat», escritos por el allama Qaradawi. Por ello, no conozco palabras con las que expresar mi gratitud.

En efecto, que Yusuf al-Qaradawi es uno de los más grandes juristas islámicos del siglo actual no solo lo afirmo yo; muchos célebres eruditos de nuestro tiempo lo han reconocido francamente. Así lo demuestran irrefutablemente todas sus grandes e importantes obras escritas; asimismo, los dos volúmenes de «La legislación del zakat en el islam», publicados en bengalí, y su inmortal obra escrita «‘Al Iman wal Hayat’», junto con mi obra «El ideal de una vida elevada», escrita basándome en ella, también lo han dejado fuera de toda duda para los lectores.

La presente obra del autor no solo ofrece un análisis exhaustivo, sino que tampoco tiene parangón en ninguna otra lengua del mundo, ya sea árabe, urdu o cualquier otra. El propio autor ha dicho: «Esta obra sobre el halal y el haram constituye la mayor aportación a la literatura islámica mundial». Todo lector reconocerá que esta afirmación del autor es absolutamente cierta. Las distintas partes del tema tratado se encuentran dispersas en los libros de fiqh, pero, como fueron escritos según métodos antiguos, a la gente de la época moderna le resulta difícil extraer de ellos las cuestiones pertinentes. Por primera vez, bajo un título específico, se han reunido todos los asuntos relacionados, con plena amplitud, coherencia lógica y métodos modernos de investigación y análisis. Como resultado, la obra ha adquirido la dignidad de ser una «enciclopedia» de importantes cuestiones islámicas. Por esta razón ha sido especialmente apreciada por los eruditos de todo el mundo. La publicación de numerosas ediciones de su obra original en árabe, así como de sus traducciones al turco y al inglés, junto con la enorme demanda de estas, demuestra sin lugar a dudas esta afirmación.

La importancia de los temas tratados en esta obra es innegable. Junto con el tawhid y la risalat, las cuestiones relativas al halal y al haram poseen igualmente una importancia fundamental. Sin distinguir entre el halal y el haram, ni la fe ni el islam pueden ser aceptables, y ningún acto de adoración puede ser aceptado por Allah, exaltado sea, ni siquiera en lo más mínimo. Considero que, si no se observa la distinción entre el halal y el haram, la humanidad del ser humano no puede preservarse; por el contrario, su descenso al nivel de los animales se vuelve inevitable. El autor ha presentado un análisis completo, con plena amplitud, de todos los aspectos y de todas las ramas relacionadas con el tema, basándose en pruebas y evidencias claras e incontrovertibles.

Los temas tratados en esta obra son tan importantes que en casi todos los centros de pensamiento islámico del mundo actual se están llevando a cabo amplias investigaciones al respecto. En una palabra, puede decirse que estos son los interrogantes de la mente moderna, y que esta obra constituye una respuesta clara y completa precisamente a esos interrogantes modernos. Muchos otros pensadores islámicos han investigado estos temas; sin embargo, no sería exagerado afirmar que la manera científica en que el autor de esta obra ha presentado los resultados de una investigación amplia, de alto nivel y basada en teorías y datos carece de precedente. Ha mantenido un equilibrio pleno al pensar, considerar y establecer prioridades, algo que no está al alcance de muchos.

Precisamente teniendo en cuenta el elevado nivel de esta obra, la he traducido. Considero que esta obra constituye una gran contribución al cumplimiento de la difícil responsabilidad que se me ha confiado: presentar, por medio de la lengua bengalí, ante la sociedad instruida, el ideal completo, íntegro y amplio de la religión del islam. La Fundación Islámica de Bangladesh también está cumpliendo esa responsabilidad al publicar esta grandiosa obra. Por supuesto, no es condición necesaria que el traductor esté completamente de acuerdo con todas y cada una de las conclusiones adoptadas en esta obra.

Muhammad Abdur Rahim

1 de mayo de 1984 d. C.

بِسْمِ اللَّهِ الرَّحْمَٰنِ الرَّحِيمِ

Prefacio del autor

Con el propósito de redactar obras sobre diversos temas del islam, se adoptó un plan en el Centro de Cultura Islámica situado en la Universidad Jame Azhar de Egipto. El plan incluía, en particular, presentar una explicación amplia y completa del ideal y las enseñanzas del islam ante los musulmanes y no musulmanes residentes en Europa y América. Las autoridades de Jame Azhar fueron precisamente quienes me invitaron a participar activamente en este noble plan.

No cabe duda de que este plan relacionado con la redacción de obras es sumamente valioso y, desde el punto de vista ideal, su necesidad es inconmensurable. Era necesario comenzar a trabajar en un plan de este tipo desde hacía mucho tiempo. Pues, en realidad, las comunidades musulmanas residentes en Europa y América saben muy poco sobre el islam. Y ese escaso conocimiento está además plagado de diversas distorsiones y dudas. Por esa misma época, este amigo mío de Azhar viajó por América y me escribió que un gran número de musulmanes residentes en esos países dirigían negocios de bebidas alcohólicas y bares, obteniendo enormes ganancias. Sin embargo, no tienen ni la menor conciencia de que esta actividad es completamente haram y constituye un grave pecado para los musulmanes.

También escribió que los hombres musulmanes están tomando como esposas a las hijas de cristianos y judíos —e incluso de ateos, paganos e idólatras (Heathen, Idolater)—, mientras que no están dispuestos a casarse con mujeres musulmanas.

Y cuando esta es la situación de los musulmanes, resulta innecesario decir cuál puede ser la situación de los no musulmanes. Estos solo están viendo una imagen externa y espantosa del islam. No tienen ninguna oportunidad de conocer la verdad y la belleza inherentes del islam. Como consecuencia, han perdido por completo todo respeto y veneración por el islam y por los musulmanes —es decir, por quienes se proclaman musulmanes—. En particular, los misioneros cristianos, enemigos del islam, y las potencias imperialistas envidiosas les han presentado desde tiempos inmemoriales esta imagen distorsionada del islam. Por ello, desde tiempos inmemoriales han estado urdiendo día y noche intrigas sumamente viles. Sin embargo, los pensadores musulmanes del mundo permanecen completamente inconscientes e ignorantes de este asunto.

Por tanto, si ahora la conciencia de nuestros pensadores ha despertado y se ha trazado el plan de esta noble actividad, ello es sumamente auspicioso y oportuno, algo que no hace falta explicar. Tampoco cabe duda de que ayudar y cooperar de todas las maneras posibles en la realización de este plan y en esta valiosísima labor de la da‘wah islámica es deber de todo musulmán. Considero que esta labor no debería limitarse únicamente al ámbito de la «Yami‘a al-Azhar» (Universidad de Al-Azhar), sino que también debería llevarse a cabo fuera de ella, en todo el mundo musulmán.

Desde el mencionado centro de cultura islámica se pidió al autor de esta obra que redactara un libro. Se le dio el título: «Al-Halal wal-Haram fil-Islam» —Las normas de lo lícito y lo ilícito en el islam—.

Al mismo tiempo, se le indicó que la obra debía estar redactada en un lenguaje comprensible y contener un análisis detallado, además de presentar un estudio comparativo con las perspectivas de las demás religiones y culturas del mundo.

Aunque a primera vista el tema de «lo lícito y lo ilícito» parece sencillo, en realidad es sumamente complejo. Esto se debe especialmente a que, hasta ahora, no se había escrito ninguna obra sobre este tema en la literatura religiosa, ni en la antigüedad ni en la época moderna. Aunque los materiales relacionados con el tema se encuentran dispersos en los extensos capítulos del tafsir, el hadiz y el fiqh islámico, y los lectores se familiarizan con ellos en distintos momentos mientras los estudian, reunir todos esos materiales en una sola obra no es en absoluto una tarea sencilla.

Además, el asunto es tal que el autor debe adoptar una conclusión definitiva y personal sobre muchos temas acerca de los cuales existían considerables diferencias de opinión entre los sabios de la antigüedad. Por otra parte, las opiniones de los muhaddizun sobre esos temas tampoco son enteramente iguales ni unánimes. Y para dar preferencia a una sola opinión entre las diversas opiniones sobre lo lícito y lo ilícito, es necesario realizar un análisis y una revisión detallados. Más aún, en un estudio de este nivel, quien lo emprende debe consagrarse con absoluta sinceridad a la búsqueda de la verdad, y para ello se vuelve indispensable realizar un esfuerzo denodado.

Los escritores, investigadores y autores contemporáneos sobre el islam pueden dividirse en dos grupos:

Puede decirse de una parte de estas personas que el brillo de la civilización y la cultura occidentales les ha deslumbrado. No solo eso, sino que han considerado la civilización y la cultura occidentales como una gran divinidad. Le han rendido plena obediencia y se han entregado a su culto, adoración y veneración. También le presentan devotamente ofrendas, presentes y dádivas ante esa divinidad. Ante ella, sus miradas permanecen temerosas, aterrorizadas y abatidas. Han llegado a considerar todo lo que emana de la civilización y la cultura occidentales como la verdad definitiva y algo que debe seguirse eternamente. No están en absoluto dispuestos a discrepar de ella, adoptar una opinión diferente ni refutar una opinión contraria. Cuando encuentran alguna coincidencia con algo, se ponen a exclamar jubilosos, como en un sueño feliz. Y allí donde observan una contradicción, se dedican de un modo u otro a establecer una armonía o conciliación, o comienzan a hablar en tono justificativo desde la perspectiva del islam, o presentan una interpretación que distorsiona la perspectiva islámica y que no guarda ninguna relación real con el islam. Así se hace evidente su idea de que el islam no tiene nada que decir contra la civilización, la cultura y la filosofía occidentales. Por sus declaraciones sobre las reproducciones, las imágenes, las figuras, las esculturas de seres vivos, los negocios basados en el interés, los encuentros privados e íntimos con mujeres ajenas, la rebelión de las mujeres contra su feminidad y el uso por los hombres de adornos o joyas de oro y plata, entre otras cuestiones, he podido percibir claramente esta actitud. Tampoco es en absoluto diferente su actitud respecto al permiso existente en el islam para el divorcio y para tomar simultáneamente más de una esposa. Parece que creen que lo que Occidente ha declarado lícito debe ser necesariamente lícito, y lo que ha declarado ilícito debe ser necesariamente ilícito. Sin embargo, el islam es una concepción de vida independiente; es una norma revelada por el Altísimo Allah, y es deseable que la norma de Allah prevalezca sobre todo y triunfe sobre todo. Han olvidado por completo que solo hay que seguir al islam, y que este no puede seguir a nadie ni a ninguna otra cosa. Allah es el Ma‘bud y todos los demás son siervos. El Ma‘bud jamás puede aceptar seguir al siervo ni permanecer subordinado a él. ¿Por qué habría de someterse el Creador ante la criatura? Allah mismo ha dicho:

………… (árabe)…………..

La verdad absoluta: si el Altísimo Allah siguiera los caprichos de la gente, entonces los cielos, la Tierra y todo cuanto hay en ellos quedarían gravemente sumidos en el caos.

………… (árabe)…………..

Di: ¿Acaso alguno de aquellos a quienes asociáis con Allah guía hacia la verdad absoluta? Y di: ¿Quién tiene más derecho a ser seguido: quien guía hacia la verdad absoluta, o quien no guía en absoluto y, más bien, necesita ser guiado? Este último, ¿tiene acaso mayor derecho?

Esto se refiere a una clase de autores y escritores. En cuanto a la segunda clase de personas, permanecen firmemente aferradas a una opinión determinada sobre lo lícito y lo ilícito. Tal vez se hayan apoyado en el texto de algún libro sobre este asunto, o hayan supuesto que eso era el islam. Por ello no están dispuestas a apartarse ni un ápice de sus ideas arraigadas. Incluso se niegan por completo a examinar y analizar las pruebas jurídicas de la sharía sobre esta cuestión, cuando habría sido posible alcanzar la verdad mediante el examen comparativo, el debate y el análisis de las pruebas de su propia opinión y de las opiniones diferentes.

Si se pregunta a estas personas cuál es su opinión sobre los instrumentos musicales, la música, el juego del ajedrez, la educación de las mujeres, que las muchachas dejen descubiertos el rostro y los brazos, y cuestiones similares, responderán o escribirán: «Ilícito». También han olvidado qué actitud adoptaban los sabios de épocas anteriores en estos casos y qué forma o manera de hablar seguían. Pues cuando no se sabía de manera definitiva e indudable que una cosa o acción era ilícita, ellos nunca la calificaban de ilícita. Más bien decían: «No me gusta», «La detesto», y expresiones semejantes. Ante esta situación, decidí no incluirme en ninguna de estas dos clases en particular. Mi din no me permite ser siervo de Occidente ni un seguidor ciego suyo. Yo he reconocido únicamente al Altísimo Allah como mi Rabb, he aceptado el islam como la norma completa de mi vida y he creído que Muhammad —la paz y las bendiciones de Allah sean con él— es el último Mensajero de Allah.

En segundo lugar, puesto que mi conciencia y mi razón aún están despiertas y conscientes, no puedo aceptar que una sola escuela jurídica de un faqih sea la autoridad definitiva en todos los asuntos. Pues, aunque pueda ser correcta, tampoco está completamente libre de la posibilidad de equivocarse. El imán Ibn al-Yawzi dijo que quien sigue ciegamente depende de una base poco fiable. Con ello, la conciencia y la razón quedan completamente inutilizadas. La conciencia, la razón y la capacidad de pensar y reflexionar son una noble cualidad que Allah ha otorgado al ser humano. Cuando se adopta el principio del taqlid o seguimiento ciego, uno se priva de todos los beneficios de esta noble cualidad. Si quien tiene en la mano una antorcha encendida la apaga y comienza a caminar en la oscuridad, su comportamiento ridículo no puede considerarse razonable bajo ningún concepto.

Por esta razón, no me vinculé a ningún grupo particular de un madhhab. Pues, en mi opinión, la verdad genuina no está limitada a la opinión de un madhhab específico. Los imanes de estos madhhabs reconocidos en el mundo jamás afirmaron ser infalibles e irreprochables. En realidad, fueron mujtahidun que se esforzaron con toda su alma en buscar la verdad. Si cometían un error, recibían una recompensa; y si lograban expresar una opinión correcta basada en el iŷtihad, recibían una doble recompensa. En efecto, este es el rango reconocido de la búsqueda sincera y desapegada de la verdad en las ciencias y el conocimiento islámicos.

El imán Malik —que Dios tenga misericordia de él— dijo:

………… (árabe)…………..

La condición de todos los seres humanos, excepto el Noble Profeta —la paz y las bendiciones de Dios sean con él—, es que algunas de sus palabras pueden aceptarse y otras rechazarse.

El imán Shafi‘i —que Dios tenga misericordia de él— dijo:

………… (árabe)…………..

Mi opinión es correcta, aunque puede contener errores. Y las opiniones de los demás son erróneas, aunque pueden ser correctas.

Un musulmán erudito que posee la capacidad y los medios para comparar y examinar las distintas opiniones en materia de conocimiento, y para dar preferencia a una de ellas, no puede de ningún modo considerarse obligado a permanecer confinado en un madhhab particular entre los diversos madhhabs, ni ser un seguidor ciego de la opinión de un especialista concreto en fiqh. Por el contrario, debe adoptar el principio de actuar conforme a las pruebas y los argumentos. Entonces seguirá la prueba que sea correcta y cuya evidencia sea concluyente. En cambio, aquello cuya cadena de transmisión sea débil o cuya fuerza probatoria no esté demostrada será fácilmente abandonado. Por tanto, si se hubiera adoptado una opinión semejante, también debería abandonarse necesariamente. El honorable Ali —que Dios esté complacido con él— dijo como máxima:

………… (Árabe)…………..

No intentes reconocer y conocer la verdad observando a las personas. Más bien, intenta conocer y reconocer la verdad como verdad y, basándote en ella, busca a quienes la sostienen.

He procurado con todas mis fuerzas cumplir las instrucciones del Consejo de Cultura de Jami‘ al-Azhar. He intentado examinar cada asunto basándome en las pruebas y, mediante la comparación, dar prioridad a una opinión desde la perspectiva de su causa fundamental. En esta etapa, he aprovechado plenamente las ideas y los conocimientos de la época moderna. En todos los ámbitos, he encontrado que la perspectiva del islam es resplandeciente y está sustentada en argumentos y pruebas irrefutables. Y esto es lo natural, pues el islam es la religión de toda la humanidad. Allah mismo ha dicho:

………… (Árabe)…………..

El color de Allah. ¿Y qué color puede ser mejor que el de Allah?

La cuestión de lo halal y lo haram es una cuestión eterna. Desde tiempos antiguos, esta cuestión se ha presentado como sumamente importante en la vida de cada pueblo. Sin embargo, no se puede negar que existen diferencias respecto a la cantidad y la naturaleza de lo haram. Naturalmente, sus causas también son diversas. La perspectiva en este ámbito está profundamente vinculada con las creencias fundamentales y las tradiciones culturales ancestrales de cada pueblo.

En épocas posteriores, las grandes religiones celestiales presentaron las disposiciones de la sharía, y en ellas la cuestión de lo halal y lo haram estaba necesariamente presente. Después de abrazar la fe en la religión, el asunto ya no fue una mera cuestión de costumbre, tradición grupal o práctica habitual. Entonces se elevó al nivel de un ideal humano. Sin embargo, en muchos casos de determinación de lo halal y lo haram se reflejó la influencia de la visión y las tendencias de la sociedad contemporánea. Con el cambio de las circunstancias, también cambiaron lo halal y lo haram. Tampoco se pudo negar la influencia de los cambios de los tiempos. A modo de ejemplo, puede decirse que en la sociedad de los judíos muchas cosas haram eran temporales. Por el delito de transgredir esos límites de lo haram, Allah castigó a los Hijos de Israel, aunque ese haram no era una cuestión eterna. Las palabras que el profeta Jesús (la paz sea con él) dirigió a los Hijos de Israel aparecen citadas en el Corán con estas palabras:

………… (Árabe)…………..

Yo confirmo la veracidad de la Torá anterior a mí y os declararé lícitas algunas cosas que os habían sido prohibidas.

Después, cuando descendió la religión del islam, la humanidad había alcanzado la madurez y se había vuelto apta para recibir la última contribución de la profecía y la misión apostólica. Entonces Allah Ta‘ala reveló las disposiciones eternas y permanentes de la última sharía del islam. Sura Al– Mā’idah Después de mencionar en la aleya diversos alimentos prohibidos, Allah Ta‘ala proclamó precisamente esto con las siguientes palabras:

………… (árabe)…………..

Hoy he perfeccionado para vosotros vuestra religión, he completado y consumado Mi gracia sobre vosotros, y he escogido para vosotros el islam como religión.

En realidad, la concepción de lo halal y lo haram en el islam es sumamente sencilla, clara y evidente. El hecho de que los cielos y la tierra declararan su incapacidad y su negativa a cargar con la responsabilidad que Allah les había ofrecido también forma parte de esa responsabilidad. Pues el ser humano la aceptó voluntariamente sobre sus hombros. Y esa responsabilidad consiste en cumplir las leyes y disposiciones otorgadas por Allah y asumir la representación de Allah en la tierra. Es una responsabilidad difícil y pesada. Sobre la base de haber asumido esta responsabilidad, el ser humano recibirá recompensa o castigo el Día de la Resurrección. Para que el ser humano pudiera llevar debidamente la carga de esta responsabilidad y fuera capaz de cumplir los deberes relacionados con ella, Allah Ta‘ala le concedió conciencia, razón y voluntad, envió profetas y mensajeros, y reveló Sus grandes Escrituras como código de vida. En estas circunstancias, el ser humano no tiene derecho a preguntar por qué se le dieron disposiciones sobre lo halal y lo haram, ni por qué no se le deja libre y sin restricciones. En realidad, esto es el complemento del sistema de prueba establecido por Allah. Solo se aplica al ser humano. De entre las innumerables criaturas de Allah, únicamente la humanidad ha sido escogida y seleccionada para ello. Pues el ser humano no es simplemente «espíritu», como los ángeles, ni está compuesto únicamente de deseos y pasiones, como los animales. El ser humano es la combinación de ambos: una creación sumamente equilibrada. Al elevar esta naturaleza integrada, el ser humano puede alcanzar la dignidad de los ángeles y llegar a ser incluso mejor y superior a ellos. Asimismo, al hundirse en el nivel más bajo de la degradación, puede llegar a ser como los animales, o incluso descender a un estado más bajo y vil que el de estos.

Desde otra perspectiva, esta cuestión de lo halal y lo haram gira constantemente en el ámbito de las disposiciones de la sharía islámica. Está fundada en procurar el bienestar de las personas y eliminar el perjuicio y la desgracia. Su propósito es hacer la vida humana ordenada, hermosa y más fácil. Así como esta ley previene toda calamidad, también activa todo bien. Su objetivo supremo es procurar el bienestar integral de toda la humanidad. El bienestar del alma, el bienestar del cuerpo y la salud de la conciencia y de la razón del ser humano se encuentran en el cumplimiento de esta ley. Aunque las personas estén divididas en distintas naciones, razas, países, épocas y demás circunstancias, pueden obtener beneficio precisamente de esta ley.

Esta ley es una parte inseparable de la religión del islam. Esta religión fue revelada como vehículo del bienestar integral y de la misericordia para toda la humanidad. Allah Ta‘ala dijo esto dirigiéndose a Su último Mensajero:

………… (árabe)…………..

Te hemos enviado como misericordia para todos los mundos.

El Mensajero, la paz sea con él, también dijo:

………… (árabe)…………..

Sin duda, no soy sino una misericordia perfeccionada.

Como fruto de esta misericordia, Dios ha eliminado de Su última comunidad todas las normas de sufrimiento, dureza y austeridad. También la ha liberado de la deformidad del principio: «Todo es lícito; nada está prohibido». Sin embargo, los idólatras y algunos grupos seguidores de religiones escriturarias, al adoptar el principio de la austeridad, el sufrimiento y la dureza, han declarado haram para sí toda clase de cosas puras y sagradas, y han declarado halal para sí muchas acciones o cosas abominables y repugnantes. Dios mismo ha dicho:

………… (árabe)…………..

Mi misericordia lo abarca todo. La reservaré para quienes temen a Dios, pagan el zakat y creen en Nuestros signos; ellos siguen al Profeta iletrado, cuya mención encuentran escrita en la Torá y el Evangelio que poseen. Este Profeta les ordena las buenas obras, les prohíbe la injusticia y los actos pecaminosos, declara halal para ellos las cosas buenas y puras, declara haram para ellos todas las cosas y acciones abominables, repugnantes y perversas, y los libera de las cargas y cadenas que han pesado sobre ellos desde tiempos inmemoriales.

Al comienzo de este libro se han mencionado los dos versículos sobre los que se fundamenta la legislación islámica relativa a lo halal y lo haram.

En conclusión, considero que debe reconocerse la importancia de esta breve obra escrita sobre lo lícito y lo ilícito. Considero que constituye una adición significativa a la producción de obras musulmanas modernas. Esta obra resolverá muchos problemas de la vida musulmana y presentará públicamente respuestas correctas a numerosas preguntas relacionadas con asuntos individuales y colectivos. Tengo la firme convicción de que, mediante esta obra, los musulmanes podrán conocer detalladamente qué es lícito, qué es ilícito y cuáles son sus verdaderas razones y fundamentos.

Finalmente, no cumpliría con mi deber si no expresara mi agradecimiento al vicerrector de Jami‘ al-Azhar y al Consejo de Cultura Islámica. Pues fue siguiendo sus indicaciones como emprendí la redacción de esta obra.

 

En el islam, lo lícito– y lo ilícito: sus disposiciones

Primer capítulo

– Definición

– Todas las cosas son, en principio, mubāḥ– (lícitas)

– Halal o haram —determinarlo corresponde únicamente a Allah‌, quien tiene ese derecho.

– Convertir lo halal en haram y declarar lo haram halal es considerado shirk

– haram cosas extremadamente perjudiciales

– Las cosas halal liberan a las personas de depender de lo haram y las mantienen libres

– Lo que es causa del haram también es haram

– En cuanto al haram, recurrir a subterfugios también es haram

– La intención buena por sí sola no convierte lo haram en halal .।

– Para protegerse de las cosas haram, hay que evitar las cosas dudosas, apartándose de ellas.

– Lo haram es haram para todos .

– Cuando la necesidad es intensa, muchas cosas prohibidas también pueden volverse permisibles

 

Definición

Halal: lo permisible; aquello que el Legislador de la sharía ha permitido hacer o que no ha prohibido hacer.

Haram: aquello que el Legislador de la sharía ha declarado explícitamente prohibido; quien lo haga será necesariamente arrojado al Infierno en la otra vida. A menudo también tendrá que sufrir un castigo en este mundo.

Makruh: aquello que el Legislador de la sharía ha prohibido hacer, pero no lo ha prohibido con gran severidad. En comparación con lo haram, su prohibición es mucho menor y más leve. Quien realiza un acto haram recibe el castigo que le corresponde, pero no ocurre lo mismo con quien realiza un acto makruh. Sin embargo, si continúa realizando actos makruh, tendrá que sufrir el castigo correspondiente a los actos haram.

Los pueblos anteriores al islam estaban sumidos en una extrema desviación en muchos aspectos. La cuestión de lo halal y lo haram era uno de ellos. En este ámbito, su desviación consistía en que habían considerado haram lo halal y halal lo haram. A este respecto, la perspectiva de los politeístas comunes y la de todos los judíos y cristianos, pertenecientes a la Gente del Libro, era completamente idéntica. Esta desviación alcanzó dos extremos opuestos. El brahmanismo indio y el ascetismo cristiano llegaron al extremo. También llegaron a ese extremo aquellas religiones que consideraban lícito mortificar y atormentar el cuerpo y que declaraban haram el uso de alimentos y vestimentas excelentes, así como de objetos adornados y suntuosos. Al igual que entre ciertos ascetas vaishnavas, incluso lavarse los pies y bañarse habían sido establecidos como actos pecaminosos.

En Persia, la doctrina religiosa de Mazdak se encontraba en el otro extremo. Según esta doctrina, todo se consideraba «mubah», es decir, permisible. Nada estaba prohibido. Aunque el honor y el pudor de una persona eran asuntos sumamente sagrados y dignos de respeto para los demás, según esta doctrina religiosa no había el menor inconveniente en menoscabarlos o destruirlos.

En la época de la ignorancia, los árabes habían establecido un criterio completamente erróneo para determinar lo halal y lo haram. A su juicio, no había la menor culpa ni objeción en actos tan abominables como beber alcohol, consumir grandes cantidades de usura, mantener relaciones ilícitas con mujeres, tratarlas de forma abusiva o matar a los hijos. Un acto tan abominable y espantoso como matar a los hijos era presentado como algo atractivo, seductor y glorioso. Por ello, en el corazón de los padres no había ni un ápice de compasión, y nada podía apartarlos de ese acto abominable. Fue precisamente en este contexto cuando se dijo en el Noble Corán:

وَكَذَٰلِكَ زَيَّنَ لِكَثِيرٍ مِّنَ الْمُشْرِكِينَ قَتْلَ أَوْلَادِهِمْ شُرَكَاؤُهُمْ لِيُرْدُوهُمْ وَلِيَلْبِسُوا عَلَيْهِمْ دِينَهُمْ

Y, de este modo, sus asociados hicieron que el asesinato de sus propios hijos resultara muy atractivo para muchos politeístas, con el fin de sumirlos en la perdición y hacerles confusa su religión. (Sura An’’am: 137)

Con este propósito, inventaron entonces ciertas razones e intentaron demostrar su legitimidad. Entre ellas estaban el temor a la necesidad, la escasez y la pobreza, y considerar vergonzoso tener hijas, entre otras. Tampoco dudaban en sacrificar a sus hijos con el propósito de acercarse a sus divinidades. Es sumamente asombroso: por un lado, habían llegado a considerar completamente lícito asesinar a sus hijos, parte de sus entrañas, o enterrarlos vivos. Por otro lado, habían declarado ilícitos para sí mismos muchos tipos de cultivos puros y halal, así como diversos animales. Y lo más sorprendente de todo era que difundían esa prohibición como si fuera una norma de la religión. Afirmaban que el propio Allah había declarado ilícitas todas esas cosas.

Pero esto era completamente falso y carecía de fundamento. Allah, exaltado sea, refutó esta afirmación suya y dijo:

وَقَالُوا هَٰذِهِ أَنْعَامٌ وَحَرْثٌ حِجْرٌ لَّا يَطْعَمُهَا إِلَّا مَن نَّشَاءُ بِزَعْمِهِمْ وَأَنْعَامٌ حُرِّمَتْ ظُهُورُهَا وَأَنْعَامٌ لَّا يَذْكُرُونَ اسْمَ اللَّهِ عَلَيْهَا افْتِرَاءً عَلَيْهِ ۚ سَيَجْزِيهِم بِمَا كَانُوا يَفْتَرُونَ

Y decían: «Estos animales cuadrúpedos y los cultivos están prohibidos; nadie puede comerlos, excepto aquellos que nosotros queramos». Esa era una idea inventada por ellos. También había otros animales cuya espalda había sido declarada ilícita; además, no pronunciaban el nombre de Allah sobre los animales al sacrificarlos, atribuyendo así una mentira a Allah. Por esta mentira, ciertamente recibirán su retribución. (Sura An’’am: 138)

El Noble Corán ha declarado con palabras claras que se han desviado del camino recto quienes han declarado halal aquello que debía ser haram y han declarado haram aquello que debía ser halal. El Corán dice:

……….. (Árabe) ……….

Quienes, por insensatez, matan a sus propios hijos sin ningún conocimiento ni razón y consideran ilícito el sustento que Allah les ha concedido, albergando opiniones infundadas acerca de Allah, han sufrido una pérdida terrible. Todos ellos se han extraviado y jamás recibirán guía.

Cuando el Islam fue revelado, se enfrentó precisamente a semejante distorsión y extravío en la determinación de lo halal y lo haram. Fue necesario establecer ciertos fundamentos sobre los cuales pudiera resolverse definitivamente esta cuestión de lo halal y lo haram. Para ello hubo que fijar un criterio, y cada asunto fue examinado cuidadosamente conforme a él. Por tanto, hubo que presentar públicamente la balanza de la justicia y, basándose en ella, determinar lo halal y lo haram con el máximo equilibrio. Por eso fue apropiado declarar a la comunidad musulmana una «nación que adopta una postura intermedia» (árabe). Pues a un lado se encuentra la nación extraviada y desviada, y al otro, la nación que distorsiona: a derecha y a izquierda. En medio se encuentra la nación musulmana, libre de los defectos de ambos lados. Por ello Allah también la denominó la «mejor nación» y dijo que esta nación fue creada para procurar el bienestar de toda la humanidad.

1. Todas las cosas en todo asunto fundamental principio es– que son mubah

El primer principio fundamental del Islam en la formulación de las normas de la sharía es que todo cuanto Allah ha creado para los seres humanos es halal y mubah. Si, mediante una declaración irrefutable, clara y probada del Legislador de la sharía, algo ha sido señalado como «haram», únicamente eso será haram. Pero si no se ha demostrado ninguna declaración concluyente sobre un asunto, o si de ninguna prueba se ha demostrado una declaración concluyente, o si de ninguna evidencia puede saberse claramente y sin duda que algo es haram, entonces permanecerá en su estado original: el estado de ser mubah. No podrá declararse haram. Un hadiz débil no puede aceptarse como prueba en este caso.

Que todo cuanto Allah ha creado es halal en principio no es una afirmación inventada. Está demostrado de manera irrefutable por las declaraciones claras contenidas en numerosas aleyas del Noble Corán. A continuación se citan algunas aleyas de este tipo:

هُوَ الَّذِي خَلَقَ لَكُم مَّا فِي الْأَرْضِ جَمِيعًا

Ese mismo Allah Magnífico creó para vosotros todo cuanto hay en la tierra, para vuestro disfrute y uso.(Sura Al-Báqara: 29)

وَسَخَّرَ لَكُم مَّا فِي السَّمَاوَاتِ وَمَا فِي الْأَرْضِ جَمِيعًا مِّنْهُ

Todo cuanto hay en los cielos y en la tierra, Allah lo ha puesto a vuestro servicio. (Sura Al-Yāthiyah: 13)

أَلَمْ تَرَوْا أَنَّ اللَّهَ سَخَّرَ لَكُم مَّا فِي السَّمَاوَاتِ وَمَا فِي الْأَرْضِ وَأَسْبَغَ عَلَيْكُمْ نِعَمَهُ ظَاهِرَةً وَبَاطِنَةً

¿Acaso no has observado que Allah ha puesto al servicio del ser humano todo cuanto hay en los cielos y en la tierra, y ha derramado generosamente sobre vosotros Sus mercedes, visibles y ocultas, manifiestas e invisibles? (Sura Luqmān: 20)

Estas declaraciones demuestran de manera clara e irrefutable que todo cuanto hay en los cielos y en la tierra Allah lo ha creado para el ser humano —para su beneficio y utilización— y lo ha puesto a su servicio. Con ello, Allah ha dado a conocer Su inmensa benevolencia hacia el ser humano. Por tanto, todo cuanto existe en el universo será necesariamente lícito para el ser humano. No puede estar prohibido para él disfrutar de algo o utilizarlo; para todas las cosas existe el permiso de Allah. Todo esto forma parte de las mercedes concedidas por Allah. Si estuviera prohibido, ¿qué sentido tendría afirmar que fue creado para todos los seres humanos?

Sin embargo, si Allah mismo ha declarado ilícitas algunas cosas entre todo lo creado, el asunto es diferente. Si determinadas cosas han sido declaradas ilícitas por razones concretas y con un propósito particular de beneficio, es obligatorio acatarlo. Esto constituye únicamente una excepción a la regla general de la licitud, y debe considerarse que en la base de tal excepción existe sin duda alguna razón.

A este respecto puede decirse que, en la ley islámica, el ámbito de lo ilícito es muy reducido, mientras que el campo de lo lícito es sumamente amplio y extenso. Esto se debe a que son muy pocos los versículos que declaran lo ilícito con un lenguaje claro e irrefutable; se trata solamente de unos cuantos. En cuanto a todos aquellos asuntos sobre los que no se ha establecido expresamente nada nuevo —ni que sean lícitos ni que sean ilícitos—, se juzgarán conforme a ese principio fundamental y quedarán incluidos dentro del ámbito del perdón de Allah.

En este punto también merece mencionarse la declaración del Noble Mensajero (s. a. s.). Él dijo:

……… (árabe)……….

Lo que Allah ha declarado halal en Su Libro es halal, y lo que ha declarado haram es haram. En aquello sobre lo que ha guardado silencio hay indulgencia. Por tanto, aceptad el perdón de Allah. Pues Allah no olvida nada —no puede ser que no lo haya mencionado por olvido—. Como prueba de ello, recitó: «Vuestro Señor no olvida.» (parte de un versículo del Corán)

Salman al-Farisi narró:

………….. (árabe)………….

Cuando se preguntó al Noble Mensajero, la paz y las bendiciones de Allah sean con él, acerca de la grasa, la mantequilla, el queso y las prendas hechas de pelo suave de animales, respondió: «Lo que Allah ha declarado halal en Su Libro es halal. Lo que ha declarado haram en Su Libro es haram. Y aquello sobre lo que ha guardado silencio pertenece a las cosas por las que Allah perdonará.»

En respuesta a la pregunta, el Noble Mensajero, la paz y las bendiciones de Allah sean con él, no se pronunció sobre cada cosa en particular. En esa ocasión proclamó el principio eterno sobre cuya base se determina, y debe determinarse, lo halal y lo haram. Qué cosas ha declarado Allah haram puede determinarse muy fácilmente conforme a este principio fundamental. Y, después, todo aquello respecto a lo cual no se encuentre ninguna declaración de prohibición se considerará halal.

El Noble Profeta, la paz y las bendiciones de Allah sean con él, dijo:

………… (árabe) ………….

Allah, exaltado sea, ha establecido como obligatorias ciertas acciones; no las descuidéis. Ha fijado ciertos límites; no los transgredáis. Ha declarado haram algunas cosas; no os opongáis a ello. Y, por misericordia hacia vosotros —no por olvido—, ha guardado silencio absoluto sobre muchos asuntos. Por tanto, no discutáis sobre ellos. (Tirmidhi, Ibn Mayah)

En este punto quiero pronunciar una advertencia sobre un asunto. La afirmación «en principio, todo es lícito» no se aplica únicamente a ciertos bienes y objetos. Este principio fundamental también se aplica a todas las acciones, intervenciones, iniciativas y demás asuntos que no forman parte de los actos de culto. A esto lo llamamos costumbres, hábitos y relaciones mutuas. La esencia de todo ello es que, en realidad, todo es no prohibido: es lícito sin condición alguna. Sin embargo, si el Legislador ha declarado prohibido algún acto o ha impuesto alguna condición respecto de un asunto, entonces será necesariamente prohibido y dicha condición deberá cumplirse. En este punto, la declaración de Allah es:

…………. Árabe …………..

Él os ha explicado claramente todo lo que se os ha prohibido.

Esta declaración se aplica tanto a los bienes como a las acciones. Pero el asunto del culto es independiente y diferente de esto. Pues este es precisamente el verdadero din, el fundamento del din, y solo puede conocerse por medio de la revelación. Lo que no se haya establecido mediante la revelación como culto jamás, bajo ninguna circunstancia, puede considerarse parte del culto. Al respecto, la declaración del Noble Mensajero, que Allah le bendiga y le conceda paz, es:

………… Árabe …………..

Si alguien introduce en nuestro din algo que no forma parte de él, será necesariamente rechazado. (Bujari, Muslim)

Pues el verdadero din se manifiesta mediante dos cosas. La primera es que se adore únicamente a un solo Allah: no se adorará a nadie excepto a Allah. La segunda es que se adore únicamente a Allah conforme a la norma que Él ha dado, y no de ninguna otra manera. Por tanto, si alguien inventa por su propia cuenta algún método o ritual de culto, sea quien sea, eso no es más que extravío. Los creyentes no deben aceptarlo, sino rechazarlo. Pues el único Legislador es Allah. Solo Él tiene derecho a ser adorado; solo Él puede indicar los métodos y las reglas del culto, y nadie más. Y el culto solo puede ser aceptado por Él cuando se realiza según el camino, el método y las reglas que Él ha mostrado; únicamente mediante ese culto se puede alcanzar la proximidad de Allah.

Sin embargo, el propio ser humano, y no el Legislador, es quien inventa las formas y métodos de las costumbres y hábitos generales, así como de las relaciones y transacciones mutuas, entre otros asuntos. En este ámbito, el Legislador solo indicará qué forma, método o norma es correcta y válida, y cuál no lo es. Él se inclina por mantener vigentes las prácticas que están libres de perjuicio y daño.

El imán Ibn Taymiyya dijo: Las actividades de los siervos relacionadas con sus palabras y acciones son de dos tipos. Algunas son actos de adoración, mediante los cuales se rectifica la condición religiosa de las personas. Otras son costumbres, necesarias para la vida humana a fin de vivir en este mundo. En este sentido, el punto de vista de la sharía es que los actos de adoración que Allah ha hecho obligatorios o que le agradan no pueden establecerse de ninguna otra manera que mediante las disposiciones de la sharía.

Sin embargo, las cuestiones relacionadas con las costumbres humanas son diferentes, pues las personas las inventan por sí mismas para satisfacer sus propias necesidades. En lo que respecta a estas invenciones, la única condición es que no sean contrarias a la sharía. Y si Allah mismo no ha objetado algo, la objeción de cualquier otra persona al respecto no puede tener ninguna validez. Tanto las órdenes como las prohibiciones son disposiciones de la sharía. La adoración consistirá únicamente en aquellas acciones sobre las que no se ha dado ninguna orden; ¿qué derecho puede tener otra persona para pronunciar una prohibición al respecto?

Por esta razón, el imán Ahmad ibn Hanbal y otros juristas expertos en hadices solían decir que los actos de adoración se fundamentan esencialmente en la revelación. Por tanto, una disposición de la sharía es únicamente aquello sobre lo cual existe un dictamen de la sharía. Considerar parte de la sharía aquello sobre lo cual no existe nada semejante equivale a arrogarse autoridad sobre Allah. En este contexto fue revelado el siguiente versículo de Allah:

أَمْ لَهُمْ شُرَكَاءُ شَرَعُوا لَهُم مِّنَ الدِّينِ مَا لَمْ يَأْذَن بِهِ اللَّهُ

¿Acaso tienen divinidades asociadas que les hayan establecido una ley que Allah no ha autorizado?(Sura Shura: 21)

Por eso, las costumbres generales de las personas son diferentes. En realidad, todas ellas son permitidas, exentas de reproche e indeterminadas. De entre ellas, solo será haram aquello que Allah haya declarado haram, y nada más. Si no aceptamos esta afirmación como verdadera, se aplicará a nosotros el siguiente versículo:

قُلْ أَرَأَيْتُم مَّا أَنزَلَ اللَّهُ لَكُم مِّن رِّزْقٍ فَجَعَلْتُم مِّنْهُ حَرَامًا وَحَلَالًا

¿Acaso habéis convertido en haram una parte y en halal otra parte del sustento que Allah ha hecho descender para vosotros? ¿Habéis reflexionado sobre qué clase de acción es esta?(Sura Yunus: 59)

Este es un principio fundamental sumamente importante y de gran beneficio. Basándonos en este principio, diremos que la compraventa, la hiba, la iyara y demás son asuntos relacionados con las costumbres y prácticas habituales de la vida social de las personas. Para vivir en este mundo, estas cosas deben observarse, del mismo modo que para las personas son indispensables la comida, la bebida y la vestimenta. En estos ámbitos, la sharía ha enseñado normas excelentes y correctas. Por ello, ha prohibido todo aquello en lo que se ha observado algún perjuicio y ha declarado deber obligatorio todo lo que es absolutamente necesario. Asimismo, ha denominado makruh todo lo que se ha considerado indeseable, y ha llamado mustahabb a todo aquello en lo que se ha observado un beneficio general. Por consiguiente, no ha sido necesario eliminar por completo estas prácticas ni remodelarlas desde cero.

Una vez aclarada esta verdad, puede decirse que las personas son completamente libres de realizar, según su voluntad, transacciones, negocios y trabajos a cambio de una remuneración, mientras la sharía no declare haram ninguna de esas acciones. Como ejemplo puede mencionarse el asunto de la comida y la bebida. En este ámbito, basta con evitar todo aquello que sea haram. Fuera de eso, no se ha obligado a las personas a someterse a ninguna otra restricción normativa. Por tanto, todas estas cosas son, en principio, mubah, es decir, no prohibidas.

………….. Árabe ………….

Basándose en este principio, el imam Ibn al-Qayyim, discípulo de Ibn Taymiyya, y todos los juristas de la escuela hanbalí han dicho:

………….. Árabe ………….

En principio, todos los contratos y condiciones son mubah. Todo contrato respecto del cual la sharía no haya expresado objeción alguna y que no haya sido declarado haram es lícito.

Este principio fundamental también cuenta con el respaldo de hadices sahih. Yabir ibn Abd Allah, que Dios esté complacido con él, dijo:

……………. Árabe …………….

Estábamos practicando el azl mientras se revelaba el Corán. Si hubiera algo que debiera prohibirse, el Corán ciertamente lo habría prohibido. [Pero no por ello ‘el «azl»’ deja de estar, prohibido; no puede afirmarse tal cosa,। porque este hadiz pertenece a una etapa inicial;। posteriormente, en otros hadices, también se ha mencionado su prohibición.। –el traductor]

Con esto solo pretendo demostrar que aquello sobre lo cual no ha llegado ninguna prohibición mediante la revelación no está prohibido; no es haram. Hasta que no descienda ninguna declaración prohibiéndolo, es completamente lícito. Esta era la convicción de los compañeros respecto a la sharía, y de estas palabras queda demostrado de manera concluyente que comprendieron correctamente los principios fundamentales de la sharía.

En resumen, todos estos ejemplos y argumentos demuestran que solo es conforme a la sharía aquella forma de culto y aquellas normas de culto que el propio Allah Altísimo ha establecido. Y, entre las costumbres y hábitos de las personas, solo es haram aquello que el propio Allah Altísimo ha declarado haram. Lo que Allah no ha prohibido nunca puede ser haram.

2. halal–haram declarar el derecho únicamente Allah‌lo tiene

El islam de Allah ha declarado como segundo principio fundamental que el derecho a declarar algo halal o haram pertenece únicamente al Creador, Allah Altísimo. Esta autoridad ha sido retirada de las criaturas. Cualquiera que sea su posición desde el punto de vista de la religión de Allah o del mundo material, nadie posee este derecho. Esta autoridad debe reconocerse como un derecho exclusivo de Allah. Ningún erudito, jeque sufí, rey, monarca o líder tiene derecho a declarar haram ninguna cosa para los siervos de Allah. Si alguien se atreve a hacerlo, debe entenderse que está transgrediendo los límites establecidos por Allah. Quienes pretendan arrebatar a Allah Su autoridad absoluta para establecer las leyes y normas religiosas, y quienes acepten, reciban y sigan de buen grado esa acción, cometerán un crimen tan grave como asociarle copartícipes a Allah. Allah no perdonará en absoluto este pecado de shirk. El versículo citado anteriormente de la sura ash-Shura también debe leerse aquí:Sura ash–Shura el versículo citado anteriormente también debe leerse aquí:

أَمْ لَهُمْ شُرَكَاءُ شَرَعُوا لَهُم مِّنَ الدِّينِ مَا لَمْ يَأْذَن بِهِ اللَّهُ.

¿Acaso tienen socios o divinidades que les prescriben normas religiosas que Allah no ha autorizado? Los judíos y los cristianos habían otorgado a sus sacerdotes y eruditos autoridad absoluta para determinar lo halal y lo haram. El Noble Corán, aludiendo a esto, dijo:

اتَّخَذُوا أَحْبَارَهُمْ وَرُهْبَانَهُمْ أَرْبَابًا مِّن دُونِ اللَّهِ وَالْمَسِيحَ ابْنَ مَرْيَمَ وَمَا أُمِرُوا إِلَّا لِيَعْبُدُوا إِلَٰهًا وَاحِدًا ۖ لَّا إِلَٰهَ إِلَّا هُوَ ۚ سُبْحَانَهُ عَمَّا يُشْرِكُونَ

Ellos, dejando de lado a Allah, tomaron como dioses a sus sacerdotes y eruditos, y también a Jesús el Mesías. Sin embargo, se les había ordenado adorar y servir únicamente a un solo Allah. En realidad, no hay ninguna divinidad excepto Él. Él es absolutamente puro y está muy por encima del politeísmo de ellos. (Sura At-Tawba: 31)

Ali ibn Hatim había profesado anteriormente el cristianismo. Después de aceptar el islam, cuando vio que el Noble Profeta, la paz y las bendiciones de Allah sean con él, recitaba esta aleya, dijo:

………… Árabe ……………..

¡Oh Mensajero! ¿Acaso ellos no adoraban a sus sacerdotes y eruditos?

El Noble Mensajero, la paz y las bendiciones de Allah sean con él, respondió: «¿De veras? Fueron esos sacerdotes y eruditos quienes determinaron para ellos lo halal y lo haram, y ellos lo aceptaron con entusiasmo y plena convicción. En el Corán, esto es llamado su “adoración”; es decir, hacer algo así es adoración. Ellos les rindieron a esos sacerdotes y eruditos aquello que se entiende por “adoración”. [Tirmidhi y otros]

En otra narración se afirma que, al explicar la aleya mencionada anteriormente, el Noble Profeta, la paz y las bendiciones de Allah sean con él, dijo:

…………….. Árabe ……………..

¿Es verdad que ellos no servían a sus sacerdotes y eruditos? Pero la realidad es que, cuando esos sacerdotes y eruditos declaraban halal alguna cosa para ellos, ellos también la aceptaban como halal; y, del mismo modo, cuando les declaraban haram alguna cosa, inmediatamente la aceptaban como haram. En realidad, conceder a alguien una autoridad o posición de esa naturaleza es adorarlo.

Los cristianos siempre han sostenido la creencia de que Jesús el Mesías (la paz sea con él), antes de ascender al mundo celestial, otorgó a sus discípulos plena autoridad para declarar algo lícito o ilícito. Ellos pueden declarar lícito o ilícito lo que quieran. Evangelio de Mateo se cita:

En verdad os digo: todo lo que atéis en la tierra quedará atado en el cielo, y todo lo que desatéis en la tierra quedará desatado en el cielo.

En el Noble Corán se ha dicho acerca de los politeístas: ellos determinaron por sí mismos lo lícito y lo ilícito sin permiso de Allah.

Se ha declarado:

قُلْ أَرَأَيْتُم مَّا أَنزَلَ اللَّهُ لَكُم مِّن رِّزْقٍ فَجَعَلْتُم مِّنْهُ حَرَامًا وَحَلَالًا قُلْ آللَّهُ أَذِنَ لَكُمْ ۖ أَمْ عَلَى اللَّهِ تَفْتَرُونَ

¿Habéis reflexionado? De aquello que Allah os ha proporcionado como sustento, ¿habéis determinado qué es lícito y qué es ilícito? Di: ¿Os ha dado Allah permiso para hacerlo, o habéis inventado una mentira contra Allah? (Sura Yunus: 59)

Allah también ha dicho:

وَلَا تَقُولُوا لِمَا تَصِفُ أَلْسِنَتُكُمُ الْكَذِبَ هَٰذَا حَلَالٌ وَهَٰذَا حَرَامٌ لِّتَفْتَرُوا عَلَى اللَّهِ الْكَذِبَ ۚ إِنَّ الَّذِينَ يَفْتَرُونَ عَلَى اللَّهِ الْكَذِبَ لَا يُفْلِحُونَ

No digáis simplemente lo que os venga a la boca: «Esto es halal y esto es haram». Con ello se estaría inventando una mentira absoluta en nombre de Allah. Y quienes difunden semejantes mentiras en nombre de Allah jamás podrán alcanzar el bien ni el éxito. (Sura Nahl: 116)

De estas aleyas y hadices claros e incontrovertibles se puede saber y comprender, sin ninguna duda, que el único que posee el derecho de determinar y declarar lo halal y lo haram es Allah, el Altísimo. Nadie aparte de Allah tiene ese derecho, ni puede tenerlo. Él mismo ha realizado esta tarea y la ha expuesto en Su propia Palabra, el Noble Corán, o ha hecho que fuera declarada en las palabras de Sus profetas y mensajeros. Nadie tiene derecho alguno a contravenir la decisión de Allah en materia de declarar algo halal o haram. Los juristas tampoco lo hicieron. En el Noble Corán se ha declarado:

وَقَدْ فَصَّلَ لَكُم مَّا حَرَّمَ عَلَيْكُمْ

Allah mismo os ha explicado claramente y por separado todo aquello que ha declarado haram para vosotros. (Sura An’‘am: 119)

En realidad, los juristas no tienen ningún derecho ni autoridad para determinar, según su propio criterio y de manera independiente, qué es lícito y qué es ilícito. Pues esto equivale a legislar la sharía religiosa. Los juristas pueden practicar el iytihad, y su opinión y guía en asuntos de la sharía deben ser reconocidas. A pesar de ello, solían temer mucho emitir una fatwa sobre cualquier asunto. Cuando se pedía una fatwa a uno de ellos, evitaba hacerlo y enviaba al solicitante a otro. Temían equivocarse al hacerlo y cometer el pecado de declarar haram lo halal o lo contrario. Y hacer tal cosa no puede ser correcto en modo alguno.

El imán Shafi’i citó, en su obra en árabe, las palabras del cadí Abu Yusuf, discípulo del imán Abu Hanifa. Él dijo:

«He visto a un gran número de eruditos muy versados y expertos en religión. No les gustaba emitir fatuas. En vez de declarar directamente que algo era halal o haram, consideraban suficiente decir lo que aparece en el Corán, sin ninguna explicación. El eminente erudito tabi’i Ibn al-Sa’ib dijo: No seáis como quienes dicen: “Allah ha declarado halal tal cosa” o “Esto agrada mucho a Allah”. Pues el Día de la Resurrección Allah dirá: “Ni Yo la había declarado halal ni me agradaba”. Del mismo modo, no seáis como quien dice: “Allah ha declarado haram tal cosa”. Pero el Día de la Resurrección Allah dirá: “Eres un mentiroso; Yo no la había declarado haram ni había prohibido realizar ese acto”. Se ha transmitido acerca del célebre jurista tabi’i de Kufa, Ibrahim al-Najai, que cuando sus discípulos emitían fatuas, decían cosas como: “Esto es makruh” o “No hay nada reprochable en ello”, entre otras expresiones semejantes. Pues no hay tarea más irresponsable que determinar que algo es halal o haram.»

El shayj al-islam, el imán Ibn Taymiyya, dijo:

…………… Árabe …………..

Los eruditos de las primeras generaciones nunca empleaban la palabra «haram» para ninguna otra cosa, salvo para aquello cuya prohibición se conocía de manera cierta, específica e incontrovertible.

Del mismo modo, cuando se le preguntaba al imán Ahmad ibn Hanbal (r.) sobre algún asunto, respondía: «Lo considero makruh», o bien: «No lo considero bueno ni me gusta». Lo mismo se aplica al imán Malik, al imán Abu Hanifa y a los demás imanes.

3. Convertir lo halal en haram y lo haram en halal shir‌k al nivel de delito

El islam ha condenado severamente a quienes se consideran, por su propia naturaleza, con derecho a declarar algo halal o haram. En particular, su ataque contra quienes declaran haram lo halal es extremadamente severo. Esto se debe a que, como consecuencia, las personas caen innecesariamente en la estrechez y la austeridad, cuando Allah ha concedido una amplia facilidad. Como resultado de tal principio, se fortalece en la mente de la gente la tendencia a adoptar una austeridad y una minuciosidad infundadas, aunque el Noble Profeta (s.) les ordenó evitar con palabras severas esta tendencia a la austeridad y al exceso de minuciosidad. Expresó un intenso rechazo hacia quienes adoptan este principio. Dijo:

……………. Árabe …………..

¡Cuidado! Han perecido, han perecido, han perecido quienes se muestran excesivamente rigurosos en los detalles de la religión del islam.(Muslim, Ahmad, Abu Dawud)

Al describir las características de la misión profética muhammadiana, dijo:

……………. árabe …………..

He sido enviado con una religión unitaria, sincera y amplia.

No cabe duda de que la religión del Islam es singularmente idealista en cuanto a la doctrina y la fe, y al reconocimiento del Creador como Uno en todos los aspectos y sin asociados, y que es completamente amplia y tolerante en lo relativo a la sharía y las normas de conducta. El politeísmo y declarar ilícito lo lícito son totalmente contrarios a ella.

En un hadiz, el Noble Profeta (la paz y las bendiciones sean con él) informó que Allah, exaltado sea, dijo:

………………. árabe ………………..

Creé a Mis siervos con una disposición unitaria y sincera. Pero los demonios los incitaron y los desviaron. Les declararon ilícitas las cosas que Yo había hecho lícitas. Les ordenaron atribuirme asociados sobre los que nunca hice descender ninguna autorización.(Muslim)

De esto se demostró claramente que declarar ilícito lo lícito es un acto de la categoría del politeísmo. El Sagrado Corán expresó una intensa indignación contra los politeístas árabes por su politeísmo y su adoración de ídolos, y por haber declarado ilícitas para sí mismos cosas puras, como los cultivos y los animales. Esto se debe a que Allah, exaltado sea, no hizo descender ninguna autorización ni respaldo respecto de ellas. Bahira, saiba, wasila y ham eran los nombres de los animales que ellos habían declarado ilícitos. Cuando una camella paría cinco crías y la última era macho, esos politeístas le cortaban la oreja. Proclamaban prohibido montar sobre ella y la dejaban libre en honor de sus divinidades adoradas. Después declaraban absolutamente ilícito sacrificarla o cargarla. Tampoco se podía ahuyentarla de los abrevaderos ni de los pastizales. Llamaban bahira a esa camella, es decir, la camella de oreja cortada. Se llamaba saiba a la camella que su dueño, al regresar de un viaje al extranjero o recuperarse de una enfermedad, consagraba a los dioses y dejaba libre. Si paría una cría hembra, la consideraba de su propiedad; pero si paría una cría macho, consideraba que los dioses habían adquirido derechos sobre ella. Si paría crías de ambos sexos, en vez de sacrificar la cría macho en honor de los dioses, la dejaba libre. Entonces se la llamaba wasila. Y cuando la cría de una camella llegaba a tener otra cría capaz de transportar cargas, se prohibía utilizar a aquella camella vieja para transportar cargas o como montura. A esta se la llamaba ham.

De este modo, el Sagrado Corán protestó enérgicamente contra considerar ilícitos a estos animales. El Sagrado Corán dejó claro que de ningún modo era correcto actuar así por seguir ciegamente a los antepasados. Se dijo:

مَا جَعَلَ اللَّهُ مِن بَحِيرَةٍ وَلَا سَائِبَةٍ وَلَا وَصِيلَةٍ وَلَا حَامٍ ۙ وَلَٰكِنَّ الَّذِينَ كَفَرُوا يَفْتَرُونَ عَلَى اللَّهِ الْكَذِبَ ۖ وَأَكْثَرُهُمْ لَا يَعْقِلُونَ – وَإِذَا قِيلَ لَهُمْ تَعَالَوْا إِلَىٰ مَا أَنزَلَ اللَّهُ وَإِلَى الرَّسُولِ قَالُوا حَسْبُنَا مَا وَجَدْنَا عَلَيْهِ آبَاءَنَا ۚ أَوَلَوْ كَانَ آبَاؤُهُمْ لَا يَعْلَمُونَ شَيْئًا وَلَا يَهْتَدُونَ –

Alá no estableció nada como la bahira, la sa’iba, la wasila ni el ham, entre otras cosas. Estos infieles inventan falsas acusaciones contra Alá. La mayoría de ellos carece de entendimiento. Cuando se les invita a aceptar la ley que Alá ha revelado y a obedecer a Su Mensajero, dicen: «Las costumbres que hemos heredado de nuestros antepasados nos bastan». Sin embargo, sus antepasados no sabían nada ni estaban guiados por el camino recto. Aun así, ¿seguirán siguiendo sus pasos?(Sura Al-Ma’idah: 103–-104)

Sura Al-–A’‘raf–— en ella se mencionan las cosas verdaderamente prohibidas, y se dice:

قُلْ مَنْ حَرَّمَ زِينَةَ اللَّهِ الَّتِي أَخْرَجَ لِعِبَادِهِ وَالطَّيِّبَاتِ مِنَ الرِّزْقِ

Di: ¿Quién ha prohibido los adornos que Alá ha creado para Sus siervos y las provisiones puras que les ha proporcionado?(Sura Al-–A’raf: 32)

قُلْ إِنَّمَا حَرَّمَ رَبِّيَ الْفَوَاحِشَ مَا ظَهَرَ مِنْهَا وَمَا بَطَنَ وَالْإِثْمَ وَالْبَغْيَ بِغَيْرِ الْحَقِّ وَأَن تُشْرِكُوا بِاللَّهِ مَا لَمْ يُنَزِّلْ بِهِ سُلْطَانًا وَأَن تَقُولُوا عَلَى اللَّهِ مَا لَا تَعْلَمُونَ

Di: «Mi Señor solo ha declarado ilícitas estas cosas: los actos de indecencia, el pecado manifiesto u oculto, la transgresión injusta y desmedida sin razón, asociar copartícipes a Allah, para lo cual Él no ha revelado ninguna autoridad, y decir acerca de Allah lo que no sabéis. ((sura Al -A’‘raf: 33))

Esta controversia relativa a declarar algo lícito o ilícito ha sido citada en las suras mequíes. Esto significa que, desde la perspectiva del Corán, este asunto no es pequeño, minucioso ni carente de importancia. Al contrario, está relacionado con los principios fundamentales del islam y su ideal general.

En Medina, entre los musulmanes, se manifestó intensamente la tendencia al ascetismo y a declarar ilícitas para sí mismos las cosas puras. En esta etapa, Allah reveló versículos decisivos y claros, ordenándoles permanecer dentro de los límites establecidos por Allah y mantenerse firmes en el camino recto. Él dijo:

يَا أَيُّهَا الَّذِينَ آمَنُوا لَا تُحَرِّمُوا طَيِّبَاتِ مَا أَحَلَّ اللَّهُ لَكُمْ وَلَا تَعْتَدُوا ۚ إِنَّ اللَّهَ لَا يُحِبُّ الْمُعْتَدِينَ – وَكُلُوا مِمَّا رَزَقَكُمُ اللَّهُ حَلَالًا طَيِّبًا ۚ وَاتَّقُوا اللَّهَ الَّذِي أَنتُم بِهِ مُؤْمِنُونَ

¡Oh creyentes! No consideréis ilícitas las cosas puras que Allah os ha hecho lícitas. Y no transgredáis. Sabed con certeza que Allah no ama en absoluto a los transgresores. Comed de la provisión lícita y pura que Allah os ha concedido, y temed a Allah, en quien afirmáis creer. ((sura Al-Ma’idah: 87-–88))

4.. Las cosas prohibidas son perjudiciales

Allah, exaltado sea, es el Creador de toda la humanidad. Ha concedido al ser humano tantas bendiciones inestimables que resulta imposible contarlas. Por ello, naturalmente, tiene el derecho de declarar lícita o ilícita cualquier cosa para las personas. Nadie puede tener derecho alguno a cuestionarlo ni a presentar objeciones al respecto. Él posee este derecho en su condición de Rabb. El ser humano es Su siervo. Como tal, está obligado a acatar este derecho Suyo. Del mismo modo que, en Su condición de Rabb, hizo del ser humano Su siervo, también le proporcionó un código de vida y un sistema de normas para que lo siguiera y lo practicara. Sin embargo, puesto que Allah es infinitamente misericordioso con Sus siervos, no los ha obligado en este asunto ni les ha impuesto normas irracionales o contrarias al buen juicio. Con plena racionalidad, ha declarado lícita o ilícita cada cosa. El objetivo supremo de todo ello es procurar el bienestar fundamental de toda la humanidad. Por eso, solo ha declarado lícitas para las personas las cosas puras, limpias, buenas y excelentes, y ha declarado ilícitos todos los productos viles, corruptos, malos y perjudiciales.

Cabe señalar que también había declarado ilícitas para los judíos algunas cosas buenas y excelentes. Pero esto fue un castigo por la conducta desobediente de los propios judíos, pues habían transgredido arbitrariamente los límites de lo lícito y lo ilícito establecidos por Allah. Allah lo ha dicho en la siguiente aleya:

وَعَلَى الَّذِينَ هَادُوا حَرَّمْنَا كُلَّ ذِي ظُفُرٍ ۖ وَمِنَ الْبَقَرِ وَالْغَنَمِ حَرَّمْنَا عَلَيْهِمْ شُحُومَهُمَا إِلَّا مَا حَمَلَتْ ظُهُورُهُمَا أَوِ الْحَوَايَا أَوْ مَا اخْتَلَطَ بِعَظْمٍ ۚ ذَٰلِكَ جَزَيْنَاهُم بِبَغْيِهِمْ ۖ وَإِنَّا لَصَادِقُونَ

A quienes adoptaron la religión judía les habíamos prohibido toda clase de aves con garras, así como la grasa del ganado vacuno y caprino, excepto la que permanece adherida a sus lomos, a sus intestinos o a sus huesos. Esto lo hicimos como retribución por su actitud rebelde. Al hacerlo, sin duda, fuimos justos y veraces. (Sura Al-’An’am: 146)

En otra sura del Corán se ha explicado qué actitud rebelde habían adoptado los judíos. La aleya dice así:

فَبِظُلْمٍ مِّنَ الَّذِينَ هَادُوا حَرَّمْنَا عَلَيْهِمْ طَيِّبَاتٍ أُحِلَّتْ لَهُمْ وَبِصَدِّهِمْ عَن سَبِيلِ اللَّهِ كَثِيرًا – وَأَخْذِهِمُ الرِّبَا وَقَدْ نُهُوا عَنْهُ وَأَكْلِهِمْ أَمْوَالَ النَّاسِ بِالْبَاطِلِ

A quienes adoptaron el judaísmo y cometieron injusticias, debido a esas injusticias les prohibimos aquellas cosas que les habían sido declaradas lícitas. Y también por el hecho de que impedían excesivamente a la gente, cobraban usura aunque se les había prohibido hacerlo y consumían injustamente los bienes de la gente. (Sura An‌–‌ Nisa: 160–-161)

Más tarde, Allah Ta‘ala envió a toda la humanidad a Su último Mensajero, quien puso fin a la llegada de los profetas y mensajeros. Para entonces, la humanidad había alcanzado la madurez y el pleno desarrollo de la razón y el discernimiento. Entonces, por Su gracia, Allah Ta‘ala les quitó aquella pesada carga de prohibiciones impuesta temporalmente sobre ellos. Para la Gente del Libro, la identidad de esta misión profética se encontraba escrita; en el Noble Corán se menciona con estas palabras:

يَجِدُونَهُ مَكْتُوبًا عِندَهُمْ فِي التَّوْرَاةِ وَالْإِنجِيلِ يَأْمُرُهُم بِالْمَعْرُوفِ وَيَنْهَاهُمْ عَنِ الْمُنكَرِ وَيُحِلُّ لَهُمُ الطَّيِّبَاتِ وَيُحَرِّمُ عَلَيْهِمُ الْخَبَائِثَ وَيَضَعُ عَنْهُمْ إِصْرَهُمْ وَالْأَغْلَالَ الَّتِي كَانَتْ عَلَيْهِمْ

Encuentran su descripción escrita en la Torá y el Evangelio que conservan. Él les ordena las buenas obras, les prohíbe las malas acciones, declara lícitas para ellos las cosas puras y buenas y les quita las pesadas cargas y las cadenas que pesaban sobre ellos. (Sura Al-A‘raf: 157)

Después, en lugar de prohibir las cosas buenas, puras y excelentes como expiación por las faltas, en el islam se establecieron otros métodos y medios. Para la expiación de los pecados se estableció el arrepentimiento sincero. Así como el agua lava y limpia la suciedad y los desechos, el arrepentimiento también hace que los pecados sean perdonados. Además, se prescribieron muchas obras que eliminan las malas acciones. La caridad extingue el fuego de los pecados, del mismo modo que el agua apaga el fuego. Asimismo, en el curso de la vida hay que soportar muchas penas, dificultades, desgracias y calamidades, que hacen caer los pecados y errores del siervo como caen las hojas secas. Por ello, esta verdad del islam se ha vuelto absolutamente evidente: todo lo que ha declarado ilícito es necesariamente malo, vil y perjudicial.

En realidad, ha declarado ilícito aquello cuyo perjuicio es mucho mayor y completo en comparación con su beneficio. Y ha declarado lícito todo aquello que es enteramente beneficioso y provechoso. Respecto del vino y el juego de azar, el Noble Corán dice:

يَسْأَلُونَكَ عَنِ الْخَمْرِ وَالْمَيْسِرِ ۖ قُلْ فِيهِمَا إِثْمٌ كَبِيرٌ وَمَنَافِعُ لِلنَّاسِ وَإِثْمُهُمَا أَكْبَرُ مِن نَّفْعِهِمَا

¡Oh, Profeta! La gente te pregunta acerca del vino y del juego de azar. Di: en ambos hay un gran pecado, aunque también tienen algún beneficio, pero su perjuicio es mucho mayor que su beneficio. (Sura Al-Báqara: 219)

En este contexto puede decirse que, cuando se pregunta qué es lo halal en el islam, la respuesta es: las cosas puras, beneficiosas y provechosas; es decir, aquello que una mente humana sana considera bueno y excelente, y que, sin estar sometido a ninguna costumbre o hábito particular, es apreciado en términos generales por todas las personas: eso es lo halal. En el Noble Corán se dice:

…………….. Árabe ……………….

La gente te pregunta qué cosas les han sido declaradas halal. ¡Oh, Profeta!, diles: os han sido declaradas halal todas las cosas que son puras, limpias y buenas, excelentes.

En otro lugar se ha dicho:

………….. Árabe ……………..

Hoy se os han declarado halal todas las cosas puras, limpias, excelentes y buenas.

La razón por la que Allah Ta‘ala ha declarado haram algo es su vileza, maldad y carácter perjudicial. No es necesario que todos los musulmanes conozcan detalladamente esa razón, pues no todos poseen por igual un conocimiento correcto sobre estos asuntos. Quizá algunos lleguen a conocerla, mientras que para muchos permanezca desconocida. A menudo, el defecto y la vileza de algo todavía no se han manifestado, pero sin duda se conocerán más adelante. En tal situación, todo creyente tiene el deber de aceptar la declaración de Allah con un corazón firme y sin vacilación, diciendo: «Lo he sabido y lo he aceptado».

Allah, exaltado sea, ha declarado ilícita la carne de cerdo. Los musulmanes solo pudieron comprender que había sido declarada ilícita porque era sumamente repugnante y mala. Pero, con el paso del tiempo, también avanzaron el conocimiento y la ciencia. Como resultado, se supo que la carne de cerdo contiene una especie de microbio venenoso, destructivo y mortal para el ser humano. Sin embargo, aunque no se hubiera llegado a conocer este hecho relacionado con la carne de cerdo, o aunque se hubiera descubierto algo diferente, la creencia de los musulmanes nunca habría cambiado. Pues, según la declaración de Allah, es impura y sumamente mala.

A modo de ejemplo, cabe mencionar que el Noble Profeta —la paz y las bendiciones sean con él— dijo:

………………. Árabe ………………

Apartaos de tres cosas que atraen la maldición: defecar en los lugares donde se bebe agua, en medio de los caminos y en los lugares sombreados. (Abu Dawud, Ibn Majah, Hakim, Bayhaqi)

Al principio, el significado de estas palabras se entendía únicamente en el sentido de que defecar en esos tres lugares era una acción sumamente mala, contraria a la cortesía, la higiene y el sano juicio. Pero, con el desarrollo del conocimiento científico, posteriormente llegamos a saber que esta práctica es sumamente perjudicial desde el punto de vista de la salud pública. Esto se debe a que puede provocar la propagación de enfermedades infecciosas graves.

En este contexto, puede decirse que cuanto más se desarrollen y avancen el conocimiento y la ciencia, más se irán descubriendo las razones y la consideración del beneficio subyacentes a la formulación de las normas de la ley islámica. Ya no quedará nada por descubrir acerca de las razones fundamentales de la determinación de lo lícito y lo ilícito. En realidad, en la base de la ley islámica está la sincera consideración del bienestar de toda la humanidad por parte de su Legislador. ¿Y cómo podría ser de otro modo? Fue establecida por Allah, el Omnisciente, el Sapientísimo y de infinita misericordia. Por ello, se ha dicho en el Noble Corán:

وَاللَّهُ يَعْلَمُ الْمُفْسِدَ مِنَ الْمُصْلِحِ ۚ وَلَوْ شَاءَ اللَّهُ لَأَعْنَتَكُمْ ۚ إِنَّ اللَّهَ عَزِيزٌ حَكِيمٌ

Allah, exaltado sea, sabe con absoluta precisión y certeza qué es perjudicial y malo, y qué es beneficioso y bueno. Si Allah hubiera querido, podría haberos sumido en una dura aflicción. (Pero no quiso hacerlo.) Sin duda, Allah es Invencible, Inconquistable y Sapientísimo. (Sura Al-Baqara: 220)

5. Lo halal es suficiente, lo haram es innecesario

En verdad, el islam es un sistema de vida dotado de una gran belleza. Fue revelado con el propósito de proporcionar comodidad a la vida de las personas. Si en este sistema alguna cosa ha sido declarada haram, en su lugar se ha hecho halal algo superior. Se ha ofrecido una alternativa sumamente excelente. Esta alternativa es tal que, por un lado, cierra el camino a todas las cosas que causan perjuicio y, por otro, elimina por completo la necesidad o dependencia de las cosas haram. El erudito Ibn al-Qayyim (que Allah tenga misericordia de él) aludió a esto cuando dijo:

El islam ha declarado ilícito buscar el conocimiento del destino mediante los dados. En su lugar, ha establecido la súplica de la istijara. [El islam ha enseñado a los musulmanes que antes, de realizar cualquier acción antes uno debe consultar y hacer la istijara .। Se ha dicho que, ‘quien hace la istijara la istijara hace no fracasa ni lo hace y quien consulta a otros, no queda avergonzado ni lo está। ‘El significado de la istijara’es el significado, de que dos asuntos sobre los cuales uno ha quedado indeciso y se pregunta– cuál‌de ellos hará, uno debe entre estos dos elegir el que sea mejor para encontrarlo buscar y obtener para ello a Alá‌de Él ante Él una súplica’de súplica haciendo। Para este fin se ha establecido la oración y la súplica’de la oración transmitida y se ha dispuesto que se haga y se recite así।]

Islam ha declarado haram la usura. En su lugar, ha declarado lícitos los negocios lucrativos.

Ha declarado haram el juego; en su lugar, ha permitido aceptar los premios obtenidos en competiciones de caballos, camellos y tiro con arco que no sean contrarias a la Sharía.

Se ha prohibido a los hombres usar seda. En su lugar, se han declarado lícitas las prendas hermosas de algodón, lana y lino.

Ha declarado haram la zina —el adulterio— y la homosexualidad masculina. En su lugar, ha declarado lícitas las relaciones sexuales con la esposa legítimamente casada.

Se han declarado haram las sustancias intoxicantes. En su lugar, ha declarado halal las bebidas sabrosas beneficiosas para el cuerpo y la mente.

Ha declarado haram los alimentos malos y de calidad inferior. En su lugar, ha declarado halal los alimentos buenos, excelentes y de primera calidad.

Al examinar de este modo la legislación integral del islam, quedará demostrado que, si Allah Ta‘ala ha restringido la vida humana declarando haram ciertas cosas, por otro lado ha declarado halal muchas otras, aportando a la vida una gran amplitud y liberalidad. Es cierto que ha cerrado la puerta de un lado, pero ha abierto de par en par la del otro. Pues Allah Ta‘ala no quiso someter la vida humana a dificultades penosas ni a la austeridad. Lo que desea para ellos es la comodidad. Quiso colmar la vida humana de bienestar, guía recta y misericordia. Allah mismo ha declarado:

يُرِيدُ اللَّهُ لِيُبَيِّنَ لَكُمْ وَيَهْدِيَكُمْ سُنَنَ الَّذِينَ مِن قَبْلِكُمْ وَيَتُوبَ عَلَيْكُمْ ۗ وَاللَّهُ عَلِيمٌ حَكِيمٌ – وَاللَّهُ يُرِيدُ أَن يَتُوبَ عَلَيْكُمْ وَيُرِيدُ الَّذِينَ يَتَّبِعُونَ الشَّهَوَاتِ أَن تَمِيلُوا مَيْلًا عَظِيمًا – يُرِيدُ اللَّهُ أَن يُخَفِّفَ عَنكُمْ ۚ وَخُلِقَ الْإِنسَانُ ضَعِيفًا

Allah quiere explicarles claramente Sus leyes y normas, e informarles de las reglas y caminos de guía de los pueblos que los precedieron. Él se vuelve hacia ustedes con Su misericordia. Allah es Omnisapiente y conocedor de todo. Allah quiere tratarlos con misericordia, pero quienes siguen sus deseos, pasiones y concupiscencias quieren desviarlos mucho del camino recto. Allah quiere aligerarles la carga pesada, pues el ser humano fue creado débil. (Sura An-Nisá: 26––28)

6.. La causa de los actos prohibidos también está prohibida

Uno de los principios fundamentales del islam es que también está prohibido aquello que conduce a un acto prohibido. De este modo, el islam también ha prohibido las causas que dan lugar a la comisión de actos prohibidos. Pues, si no se bloquean esas causas, no habrá ninguna dificultad para que se cometa el acto prohibido original. Como ejemplo, puede decirse que el islam ha prohibido la zina o fornicación. También ha declarado prohibidas las causas que hacen fácil, conveniente e inevitable este acto prohibido. Entre estas se encuentran la circulación y exhibición desenfrenada y sin restricciones de las mujeres, el aislamiento indebido de hombres y mujeres, los encuentros y contactos sin límites, las relaciones y amistades secretas, las imágenes desnudas, las revistas y publicaciones obscenas, y las canciones y músicas que provocan excitación sexual, entre otras. Por ello, los expertos en la sharía islámica han establecido el siguiente principio:

«Todo lo que provoca actos prohibidos también está prohibido.»

En este contexto, también debe considerarse otro principio fundamental del islam: no solo se considera pecador y culpable quien comete directamente el acto prohibido. Todo aquel que haya contribuido a ese acto será considerado pecador y culpable en la medida de su contribución, ya sea material o verbal. Quien haya ayudado en cierta medida al acto prohibido original tendrá exactamente esa misma participación en el pecado principal. Por ello, el Noble Profeta —que la paz y las bendiciones de Allah sean con él— no maldijo únicamente al bebedor de alcohol, sino también al productor de alcohol, a quien lo administra, a quien lo transporta, a aquel para quien se transporta e incluso a quien cobra su precio. Del mismo modo, son malditos quien consume usura, quien la hace consumir, quien redacta su documento y quien actúa como testigo. Por tanto, también está prohibido aquello que sirve de apoyo a un acto prohibido. Y no es en absoluto extraño que quienquiera que ayude en un acto prohibido participe en ese pecado en la medida de su ayuda.

7. En lo haram de las acciones recurrir a estratagemas también es haram .

Así como son haram todas las causas externas que atraen a las personas hacia las acciones haram, también lo es ocultarlas y realizar acciones mediante estratagemas. Todas estas artimañas son fruto de la instigación de Satanás. Los judíos hicieron halal, mediante estratagemas, las acciones y cosas que Allah había declarado haram. Esto es sumamente aborrecible. El Noble Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo:

………….. Árabe ……………

No hagáis lo que hicieron los judíos. No intentéis convertir en halal, mediante una pequeña estratagema, aquello que Allah ha declarado haram.

Allah Ta‘ala había prohibido a los judíos cazar de cualquier manera los sábados. Sin embargo, mediante una estratagema hicieron halal aquello que era haram. Los viernes cavaban hoyos; el sábado los peces acudían y quedaban allí acumulados, y el domingo los capturaban. No consideraban en absoluto injusto recurrir a semejante estratagema. Pero, según los juristas islámicos, hacerlo es completamente haram. Pues, en realidad, Allah quería que se abstuvieran de cazar, ya fuera de manera directa o indirecta.

Si se cambia el nombre de algo haram o su apariencia externa, pero su esencia permanece sin ningún cambio, esa cosa no se vuelve halal; esto no es más que una artimaña para eludir lo haram. Si la gente empieza a idear formas nuevas y recurre a estratagemas para realizar una acción ilícita como la usura, o da un buen nombre al vino y comienza a beberlo, eso no cambiará en absoluto el hecho de que sea haram y pecaminoso. El Noble Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) ya advirtió sobre esto cuando dijo:

…………….. Árabe ……………….

Entre los miembros de mi ummah habrá un grupo de personas que querrá hacer halal el vino cambiándole el nombre. (Ahmad)

El hecho de que la gente denomine «arte» o «bellas artes» a la danza que destruye la moral, llame «bebida» al licor y designe la usura con el nombre de beneficio (interés), no es más que el resultado de las vicisitudes, los cambios y las transformaciones del tiempo; de lo contrario, no se ha producido ninguna diferencia en cuanto a que el acto original sea haram.

8. La buena intención no convierte lo haram en halal

No cabe duda de que el islam concede gran importancia, en los asuntos de la sharía, a las buenas intenciones, los objetivos exentos de defectos y una actitud mental desinteresada. El propio Profeta, la paz y las bendiciones de Alá sean con él, dijo:

…………. Árabe ……………..

Todas las obras se valoran según las intenciones. Y cada persona obtiene aquello que se propone. Debido a la intención, los actos permitidos y los actos habituales adquieren la capacidad de convertirse en actos de adoración y medios para acercarse a Alá. Quien consume alimentos para conservar la vida y alcanzar bienestar, a fin de poder cumplir sus deberes y responsabilidades hacia el pueblo de Alá, convierte también ese consumo de alimentos y bebidas en un acto de adoración y un medio para acercarse a Alá.

Quien mantenga relaciones sexuales con su esposa con la intención de preservar la castidad propia y la de ella y de tener hijos, verá también ese acto considerado como adoración y tendrá derecho a una recompensa. En este sentido, el Profeta, la paz y las bendiciones de Alá sean con él, dijo:

…………… Árabe ………………

Que uno de vosotros mantenga relaciones sexuales con su esposa es también un acto por el que recibe recompensa. Los compañeros preguntaron: «¡Oh, Mensajero de Alá! ¿Acaso alguien satisface su deseo sexual y por ello recibe una recompensa?». El Mensajero respondió: «Si hubiera mantenido relaciones sexuales ilícitas, ¿no habría pecado? Del mismo modo, tendrá derecho a recibir una recompensa por mantener relaciones sexuales lícitas y halal. (Bujari, Muslim)

También se cita en un hadiz:

…………….. árabe ……………..

Quien procure obtener las cosas lícitas de este mundo con el propósito de preservar su dignidad, satisfacer las necesidades de su familia y mostrar compasión hacia su vecino, se encontrará con Allah en un estado tal que su rostro resplandecerá y brillará como la luna llena. (At-Tabarani)

Así, cualquier obra lícita que realice el creyente se convertirá en un acto de adoración gracias a su buena intención. Pero lo ilícito seguirá siendo ilícito en toda circunstancia, por muy buena y pura que sea la intención, y por elevado, noble y excelente que sea el objetivo que la motive. El islam no aprueba en absoluto adoptar medios ilícitos para alcanzar un objetivo elevado.

Porque el islam exige tanto que el objetivo sea elevado y noble como que los medios y métodos para alcanzarlo sean puros. El islam no está dispuesto en absoluto a aceptar el principio oportunista de que el fin justifica toda clase de medios y métodos. Además, no considera necesario recurrir a numerosos medios y métodos erróneos para alcanzar un objetivo y una finalidad correctos. Por el contrario, considera absolutamente necesario adoptar medios y métodos correctos, precisos y puros para alcanzar un objetivo y una finalidad correctos y precisos. Si alguien obtiene dinero mediante el interés, el soborno, lo ilícito, los juegos y entretenimientos, el juego de azar u otros medios prohibidos con el propósito de construir una mezquita o realizar obras de beneficio público, su buena intención no cambiará la naturaleza ilícita de la obra ni la hará lícita. Esto se debe a que los objetivos, las actitudes o las buenas intenciones del islam no pueden ejercer la menor influencia sobre lo ilícito. El Noble Profeta, al impartir esta enseñanza, dijo:

………….. árabe …………..

Allah es Puro y solo acepta lo que es puro. A los creyentes les ordenó lo mismo que había ordenado a Sus profetas y mensajeros. Dijo: (versículo del Corán) «¡Oh, mensajeros! Comed de las cosas buenas y obrad rectamente. Estoy bien informado de todo cuanto hacéis».(Sura Al-Mu’minun: 51)

También dijo:

يَا أَيُّهَا الَّذِينَ آمَنُوا كُلُوا مِن طَيِّبَاتِ مَا رَزَقْنَاكُمْ

¡Oh, creyentes! Comed de las provisiones puras que os hemos concedido.  (Sura Al-Baqara: 172)

Entonces el Mensajero, la paz y las bendiciones de Allah sean con él, dijo:

…………… árabe ……………..

Un hombre emprende un largo viaje. Tiene el cabello desgreñado y despeinado, y sus pies están cubiertos de polvo. Levanta ambas manos hacia el cielo y suplica repetidamente: «¡Allah, Allah!». Pero su alimento es ilícito, su bebida es ilícita y su vestimenta es ilícita; se ha criado con alimento ilícito. ¿Cómo puede ser aceptada ante Allah la súplica de semejante persona? (Muslim, Tirmidhi)

También dijo:

…………… árabe. ………..

Quien acumule bienes ilícitos y luego los dé en caridad no obtendrá ninguna recompensa por ello. El pecado de sus ganancias ilícitas pesará sobre él como una carga.

……………… Árabe. ……………

Lo que un siervo da en caridad de la riqueza ilícita que ha obtenido no será aceptado. Lo que gasta de ella tampoco recibe bendición. Y lo que deja atrás solo será provisión para su entrada en el Infierno. La verdad es que Allah no elimina la injusticia mediante la injusticia; más bien, elimina la injusticia mediante la justicia. Y, en realidad, la suciedad no puede eliminar la suciedad.

9. . Evitar lo haram para mantenerse alejado de las acciones dudosas

La gran misericordia de Allah para la gente del mundo consiste en que, así como ha explicado claramente lo halal, también ha identificado lo haram.

وَقَدْ فَصَّلَ لَكُم مَّا حَرَّمَ عَلَيْكُمْ

Allah os ha explicado claramente todo lo que se os ha prohibido. (Al -An’‘am: 119)

Por tanto, no puede haber ningún impedimento para hacer aquello que es claramente halal. En cuanto a lo que es manifiestamente haram, no se puede permitir hacerlo en circunstancias normales, salvo en una situación de extrema necesidad. Además, entre este halal evidente y este haram manifiesto existe también una categoría de cosas dudosas. Respecto a ellas, la gente cae en la duda y la confusión. La razón por la que son dudosas es que, en muchos casos, las pruebas pertinentes no son claras; y a veces, como no es posible tomar una decisión concluyente sobre la aplicación de la prueba concluyente obtenida, la gente cae en una duda extrema. En el islam, evitar estas cosas dudosas se denomina temor de Allah, taqwa y adoptar precauciones para mantenerse a salvo de la injusticia. Esto cierra el camino al pecado. Forma correctamente a la persona y la guía por el camino recto. De lo contrario, una persona puede involucrarse en acciones dudosas y terminar cayendo en acciones haram. El Noble Profeta (s. a. w.) proclamó él mismo este principio fundamental:

…………….. Árabe …………………

Lo halal es claro y lo haram también es claro. Entre ambos hay ciertas cosas dudosas. Muchas personas no saben si en realidad son halal o haram. En tal situación, quien se mantiene alejado de ellas para proteger su religión y su honor ciertamente estará a salvo. Pero quien se involucre en alguna de ellas no estará a salvo de caer en lo haram. Quien hace pastar sus animales alrededor de un terreno de pastoreo prohibido corre el riesgo de entrar en esa zona prohibida. Escuchad: todo rey tiene un terreno de pastoreo protegido. Escuchad también: las cosas que Allah ha declarado haram son Su terreno de pastoreo protegido.(Al-Bujari, Muslim, At-Tirmidhi)

10. Lo haram es para todos

En la sharía islámica, la prohibición de lo haram es general, sin distinción y para todos. En el islam no puede ocurrir que algo sea haram para los habitantes de un país y halal para los de otro, o que esté prohibido para las personas de raza negra y permitido para las de raza blanca. Es asimismo completamente inconcebible en el islam que algo sea halal para una clase o grupo particular de personas y esté prohibido para los demás. En el islam no se ha reconocido ningún privilegio especial para los sacerdotes, clérigos, eruditos, reyes, gobernantes, nobles ni para ninguna clase semejante. No se les ha dado en el islam ninguna oportunidad de satisfacer sus deseos alegando su estatus especial y, por otro lado, ejercer una dominación de alguna clase sobre el pueblo. En este aspecto, los musulmanes tampoco tienen ningún privilegio ni derecho especial. En el islam no existe ninguna disposición según la cual algo sea halal para los musulmanes y ese mismo algo sea haram para los demás. Esto se debe a que Allah es el Señor de toda la humanidad, sin distinción. Del mismo modo, la forma de vida que Él ha dado —la sharía islámica— es una guía para toda la humanidad, sin distinción. Por tanto, todo lo que Su sharía ha declarado halal es halal para toda la humanidad, sin distinción. En cambio, todo lo que ha declarado haram es haram para todos y hasta el Día de la Resurrección.

A modo de ejemplo, puede mencionarse el robo. Es haram para todos. Es lo mismo tanto si el ladrón es musulmán como si no lo es. Cualquiera que sea la identidad del ladrón, debe sufrir inevitablemente el castigo, tanto si es musulmán como si no lo es. Cualquiera que sea la identidad del ladrón, debe sufrir inevitablemente el castigo. El Noble Mensajero, la paz y las bendiciones sean con él, puso personalmente en práctica este principio. Declaró:

……………. Árabe ………………

¡Juro por Allah! Incluso si Fátima, hija de Muhammad, robara, también le sería amputada la mano. (Al-Bujari)

Durante la vida del Noble Mensajero (s. a.), ocurrió un caso de robo. Se sospechó de un musulmán y de un judío. Los familiares del musulmán comenzaron a culpar al judío, cuando, en realidad, quien había robado era el musulmán. En estas circunstancias, descendió una revelación de Allah, estableció una justicia imparcial y declaró inocente al judío. Se dijo:

إِنَّا أَنزَلْنَا إِلَيْكَ الْكِتَابَ بِالْحَقِّ لِتَحْكُمَ بَيْنَ النَّاسِ بِمَا أَرَاكَ اللَّهُ ۚ وَلَا تَكُن لِّلْخَائِنِينَ خَصِيمًا – وَاسْتَغْفِرِ اللَّهَ ۖ إِنَّ اللَّهَ كَانَ غَفُورًا رَّحِيمًا – وَلَا تُجَادِلْ عَنِ الَّذِينَ يَخْتَانُونَ أَنفُسَهُمْ ۚ إِنَّ اللَّهَ لَا يُحِبُّ مَن كَانَ خَوَّانًا أَثِيمًا –

Hemos hecho descender este Libro a ti con la verdad, para que juzgues y administres entre la gente conforme a lo que Allah te ha mostrado. No seas litigante en favor de los traidores ni abogues por quienes se traicionan a sí mismos. Allah no aprecia en absoluto a los traidores ni a los pecadores.(Sura an-Nisá: 105–107)

Los judíos alteraron a su conveniencia muchas cosas del Libro de Allah que les había sido revelado. Decidieron que el interés sería haram para los judíos cuando uno de ellos prestara dinero a un hermano judío. Pero no había ninguna prohibición de conceder un préstamo con interés a un no judío; eso no era haram. En su libro está escrito:

No prestes dinero con interés a tu hermano, pero sí puedes prestar dinero con interés a alguien de otra nación.

El Noble Corán también menciona esta mala acción de los judíos. Dice:

وَمِنْ أَهْلِ الْكِتَابِ مَنْ إِن تَأْمَنْهُ بِقِنطَارٍ يُؤَدِّهِ إِلَيْكَ وَمِنْهُم مَّنْ إِن تَأْمَنْهُ بِدِينَارٍ لَّا يُؤَدِّهِ إِلَيْكَ إِلَّا مَا دُمْتَ عَلَيْهِ قَائِمًا ۗ ذَٰلِكَ بِأَنَّهُمْ قَالُوا لَيْسَ عَلَيْنَا فِي الْأُمِّيِّينَ سَبِيلٌ وَيَقُولُونَ عَلَى اللَّهِ الْكَذِبَ وَهُمْ يَعْلَمُونَ

Entre ellos hay quienes, si les confías una sola moneda, no te la devolverán hasta que te plantes sobre su cabeza. Esto se debe a que dicen: «No tenemos ninguna responsabilidad respecto de los ummíes (no judíos)». Y difunden deliberadamente esta mentira en nombre de Allah.(Sura Aali–Imrán: 75)

No cabe duda de que difundieron una mentira en nombre de Allah. Pues la ley de Allah y la ley de la sharía no establecen diferencias entre las distintas naciones. Allah hizo declarar haram la traición por boca de todos los profetas y mensajeros. No cabe duda de que esta disputa de los judíos es simplemente el resultado de una mentalidad vil, baja y estrecha. No puede tener ni el más mínimo lugar en ninguna religión celestial. Pues la moral elevada y la veracidad son siempre humanas y universales. Por tanto, algo no puede ser halal para unos y haram para otros. Tal es el caso de custodiar lo confiado en depósito. Ciertamente, entre ellos se reconocía como una característica del buen carácter, pero no de manera universal. Se limitaba específicamente a las relaciones entre los miembros de su propia tribu. Sin embargo, toda forma de traición hacia personas de fuera de la tribu no solo era lícita, sino también un deber sumamente meritorio y apreciado.

Así, en todas partes circulan muchas doctrinas religiosas antiguas y opiniones científicas modernas que crean divisiones entre las personas, entre las tribus y entre las naciones. Además de inhumanas, no superan la prueba de la verdadera razón. Por tanto, deben rechazarse.

11. La necesidad lo prohibido lícito hace

El ámbito y el alcance de lo que el islam declara haram son sumamente restringidos. Sin embargo, en todo aquello que ha declarado haram, se ha adoptado una postura de extrema severidad e intransigencia. También ha cerrado las vías manifiestas y ocultas que conducen a los actos haram. Además, se ha declarado haram aquello que constituye la causa de un acto haram. Asimismo, en el islam se ha declarado haram brindar oportunidades a aquello que ayuda y auxilia en la realización de actos haram. Incluso se ha declarado haram intentar, mediante subterfugios, hacer lícito algo haram. No obstante, el islam no ha negado las exigencias de las necesidades reales de las personas. Tampoco ha mostrado la más mínima indiferencia ante la debilidad humana. Por ello, teniendo en cuenta las necesidades extremas y la debilidad natural de las personas, se ha permitido consumir de lo haram en la medida necesaria para satisfacer las necesidades básicas. Pero ese permiso tampoco es ilimitado ni incondicional. Su único objetivo fundamental es satisfacer la necesidad y evitar la destrucción. Por esta razón, después de que Allah Ta‘ala declarara haram comer animales muertos, sangre y carne de cerdo, dijo:

فَمَنِ اضْطُرَّ غَيْرَ بَاغٍ وَلَا عَادٍ فَلَا إِثْمَ عَلَيْهِ ۚ إِنَّ اللَّهَ غَفُورٌ رَّحِيمٌ

Quien se vea obligado, sin desearlo ni exceder los límites, y consuma algo de ello, no incurrirá en pecado. Sin duda, Allah es perdonador y misericordioso. (Sura al-Baqara: 173)

Allah Ta‘ala ha proclamado repetidamente en el Corán este permiso. Y precisamente de esta declaración los juristas islámicos han establecido el siguiente principio:

«La necesidad hace lícito incluso lo prohibido».

Pero aquí debe prestarse especial atención a que, en todos estos casos, se ha impuesto a la persona en situación de necesidad la condición de «no desearlo ni exceder los límites». Esto significa que, cuando alguien se vea obligado, no encuentre alimento halal y, debido al hambre, se intensifique el temor de que su vida se extinga, podrá «comer alimento haram; pero no podrá tener como objetivo el deseo, la apetencia, el disfrute de su sabor ni la satisfacción. En segundo lugar, al comerlo solo podrá consumir la cantidad mínima necesaria; no podrá comer hasta saciarse». A partir de esta condición, los juristas han establecido otro principio fundamental, que es el siguiente:

………………. Árabe. ……………

La necesidad misma determina su medida (o el límite de su medida).

Es cierto que el ser humano debe someterse ante la necesidad. Pero eso no significa que se rinda completamente ante ella y entregue en sus manos las riendas de su propio ser. Debe permanecer vinculado a lo lícito y afanarse día y noche en su búsqueda. Puesto que se ha permitido consumir temporalmente cosas prohibidas y en la cantidad mínima requerida debido a la necesidad, es absolutamente necesario mantener una mirada aguda y vigilante para que no intente aferrarse a ellas para siempre ni se entregue al deleite de su sabor.

Al permitir el consumo de lo prohibido en casos de necesidad extrema, el islam ha demostrado la realidad de su concepción fundamental y ha establecido con gran facilidad su propia orientación de principios e ideales. Esto demuestra de manera concluyente la veracidad de la declaración de Allah, el Altísimo:

يُرِيدُ اللَّهُ بِكُمُ الْيُسْرَ وَلَا يُرِيدُ بِكُمُ الْعُسْرَ

Allah quiere facilitaros las cosas. No desea imponeros ninguna dificultad. ((Sura Al-Baqara: 185)

مَا يُرِيدُ اللَّهُ لِيَجْعَلَ عَلَيْكُم مِّنْ حَرَجٍ وَلَٰكِن يُرِيدُ لِيُطَهِّرَكُمْ وَلِيُتِمَّ نِعْمَتَهُ عَلَيْكُمْ لَعَلَّكُمْ تَشْكُرُونَ

Allah no quiere arrojaros a la dificultad ni a la estrechez. Más bien, desea purificaros y completar Su bendición sobre vosotros, para que seáis agradecidos. ((Sura Al-Ma’ida: 6)

يُرِيدُ اللَّهُ أَن يُخَفِّفَ عَنكُمْ ۚ وَخُلِقَ الْإِنسَانُ ضَعِيفًا

Allah quiere aligerar vuestra carga. Pues el ser humano fue creado débil e incapaz. (Sura An-Nisā’ 28)

 

Segundo capítulo

Del musulmán en su vida personal: halal y–haram

– Alimentos y bebidas

– Vestimenta y joyas y–belleza

– Casa–y hogar

– ingresos y profesión

 

del musulmán personal en la vida lo lícito–lo ilícito

Alimentos y bebidas: especialmente en lo que respecta al consumo de alimentos procedentes de los animales, desde los tiempos más remotos han existido discrepancias y diferencias de opinión entre las naciones. Las controversias han surgido precisamente en torno a qué cosas están permitidas y son lícitas, y cuáles no.

En el caso de los alimentos y bebidas de origen vegetal, las discrepancias no son tan numerosas ni tan extendidas. El islam ha declarado ilícito el consumo de bebidas alcohólicas, ya estén elaboradas con uvas, dátiles, cebada o cualquier otra cosa. Del mismo modo, todo aquello que corrompe la razón y el juicio de las personas, que provoca algún tipo de perjuicio o que es dañino para la salud, es ilícito.

Sin embargo, en lo que respecta a los alimentos de origen animal, existe una intensa discrepancia entre los diversos pueblos del mundo.

Los brahmanes consideran a los animales sacrificarlos y comerlos desde su perspectiva

Para los brahmanes y otros creyentes religiosos, así como para algunos seguidores de determinadas corrientes filosóficas, sacrificar animales y comerlos es ilícito para ellos mismos. Las plantas, las verduras y los vegetales son su único alimento. Esto se debe a que, según ellos, sacrificar animales es un acto sumamente cruel y despiadado. Los animales también tienen derecho a vivir, y no se les puede privar de ese derecho.

Pero si se observa la naturaleza del universo y se la considera con una mirada profunda y perspicaz, se puede comprender claramente que sacrificar animales es un acto completamente inocente. Esto se debe a que esos animales no fueron creados con un propósito propio e independiente. Carecen de razón, conciencia, voluntad propia y capacidad de elegir. La estructura natural de sus cuerpos demuestra por sí misma que fueron creados y destinados principalmente a cumplir servicios para el ser humano. El ser humano los somete a su control y realiza muchas tareas por medio de ellos. Del mismo modo, cuando se los sacrifica y se los consume como alimento, no puede haber en ello ninguna objeción. La ley establecida por Allah y siempre vigente en la creación es que las criaturas inferiores y más bajas se sacrifican por las criaturas mejores y superiores. Asimismo, los animales han sido utilizados continuamente como alimento del ser humano. Del mismo modo, los animales se convierten en alimento para el ser humano. Más aún, matar a un individuo para garantizar la seguridad de la comunidad humana se ha convertido en algo natural. Si no se sacrificaran animales para los seres humanos, eso no significaría que quedarían a salvo de la muerte y la destrucción. Es inevitable que otros animales y bestias depredadoras más poderosos los despedacen y los conviertan en su alimento. O bien se verían obligados a morir de muerte natural. Y esto sería sin duda más doloroso que degollarlos haciendo pasar un arma afilada por sus gargantas.

Judíos y cristianos consideran haram a los animales

Entre los creyentes en los Libros celestiales, a los judíos se les prohibieron muchos animales terrestres y acuáticos. En el capítulo undécimo de Levítico, del Antiguo Testamento, se ofrece una descripción detallada de ello. También se mencionan algunos aspectos en el Noble Corán. De este modo se sabe qué cosas fueron prohibidas a los judíos. Y se declara claramente que esta prohibición se impuso únicamente como castigo por su propia injusticia y sus actos de rebeldía contra Allah. Se ha dicho:

وَعَلَى الَّذِينَ هَادُوا حَرَّمْنَا كُلَّ ذِي ظُفُرٍ ۖ وَمِنَ الْبَقَرِ وَالْغَنَمِ حَرَّمْنَا عَلَيْهِمْ شُحُومَهُمَا إِلَّا مَا حَمَلَتْ ظُهُورُهُمَا أَوِ الْحَوَايَا أَوْ مَا اخْتَلَطَ بِعَظْمٍ ۚ ذَٰلِكَ جَزَيْنَاهُم بِبَغْيِهِمْ ۖ وَإِنَّا لَصَادِقُونَ

Y a quienes se hicieron judíos les prohibimos todos los animales dotados de garras. También les prohibimos la grasa del ganado vacuno y de las ovejas, excepto la adherida a sus lomos, sus intestinos o sus huesos. Así les retribuimos por su oposición a Allah. Y, ciertamente, somos veraces.(Sura Al-An’‘am: 146)

Esta es la cuestión relativa a los judíos. El caso de los cristianos es semejante, pues en este asunto están subordinados a los judíos. El Injil no rechazó esta disposición; por el contrario, declaró: «Isa al-Masih no vino para abolir la ley anterior, sino para perfeccionarla». Sin embargo, los propios cristianos transgredieron las normas de la ley religiosa y declararon halal todo lo que se les había prohibido en la Tawrat. En materia de alimentos y bebidas siguen las disposiciones del santo Pablo, y declararon halal todo excepto los animales sacrificados para los ídolos. Pablo, explicando la razón, dijo: «Para los santos, todo es santo. Y nada de lo que entra en la boca contamina; más bien, lo que sale de la boca es lo que contamina». Basándose en este argumento, también hicieron lícita la carne de cerdo, aunque, según la clara declaración de la Escritura en la Tawrat, hasta hoy sigue siendo completamente haram para ellos.

La situación de los árabes en la época preislámica

Antes de la llegada del Islam, durante la época de la ignorancia, la sociedad árabe consideraba impuros a ciertos animales y, por su deseo de acercarse a las divinidades y por seguir supersticiones, había declarado haram para sí misma a otros. Bahira, Sa’iba, Wasila y Ham, entre otros, eran animales prohibidos en aquella época; su explicación ya se ha dado anteriormente. En cambio, habían declarado lícitas y halal muchas cosas impuras, como los animales muertos y la sangre derramada.

El islam hizo lícitas las cosas puras

Cuando llegó el islam, los habitantes de Arabia estaban afligidos por diversas ideas contradictorias respecto a los alimentos de origen animal. Por ello, dirigiéndose a toda la humanidad, el islam dijo:

يَا أَيُّهَا النَّاسُ كُلُوا مِمَّا فِي الْأَرْضِ حَلَالًا طَيِّبًا وَلَا تَتَّبِعُوا خُطُوَاتِ الشَّيْطَانِ ۚ إِنَّهُ لَكُمْ عَدُوٌّ مُّبِينٌ

¡Oh, gente! Comed de todo lo que hay en la tierra que sea lícito y puro, y no sigáis las huellas de Satanás. En verdad, Satanás es un enemigo manifiesto para vosotros. (Sura Al-Baqarah: 168)

En otras palabras, el islam, dirigiéndose a todos sin excepción, dijo: «¡Oh, gente! Tomad como alimento las cosas puras y excelentes de este vasto e inmenso banquete que es la tierra. Y no sigáis en absoluto el camino que muestra Satanás». Es decir, no consideréis ilícito lo que Allah ha hecho lícito, cayendo así en el profundo abismo del extravío. Luego, dirigiéndose específicamente a los creyentes, dijo:

……………… Árabe ……………

¡Oh, creyentes! Comed de las cosas puras que os hemos proporcionado como sustento y dad gracias a Allah, si estáis dispuestos a adorarle exclusivamente a Él. Él solo os ha prohibido la carroña, la sangre, la carne de cerdo y los animales sacrificados invocando un nombre distinto del de Allah. Pero quien se vea obligado por una necesidad extrema, sin desearlo ni excederse, no cometerá pecado por comerlo. Allah es indulgente, misericordioso.

Con estas palabras dirigidas especialmente a ellos, Allah ordenó a los creyentes que consumieran alimentos puros y excelentes. Asimismo, les ordenó que dieran gracias al Generoso Dador, reconocieran debidamente el valor de Sus dádivas y cumplieran con su deber hacia ellas. Luego se afirma que, aparte de las cuatro clases de cosas mencionadas en la aleya, Allah no ha prohibido ninguna otra. Se dice:

قُل لَّا أَجِدُ فِي مَا أُوحِيَ إِلَيَّ مُحَرَّمًا عَلَىٰ طَاعِمٍ يَطْعَمُهُ إِلَّا أَن يَكُونَ مَيْتَةً أَوْ دَمًا مَّسْفُوحًا أَوْ لَحْمَ خِنزِيرٍ فَإِنَّهُ رِجْسٌ أَوْ فِسْقًا أُهِلَّ لِغَيْرِ اللَّهِ بِهِ ۚ فَمَنِ اضْطُرَّ غَيْرَ بَاغٍ وَلَا عَادٍ فَإِنَّ رَبَّكَ غَفُورٌ رَّحِيمٌ

Di: «En la revelación que me ha sido descendida no encuentro nada prohibido para quien come, excepto un animal muerto, sangre derramada y carne de cerdo, o un animal sacrificado en nombre de alguien distinto de Allah. Pero quien se vea obligado a comer algo de ello, sin desearlo ni exceder el límite de la necesidad, encontrará que tu Señor es, ciertamente, Perdonador, Misericordioso». (Sura Al-An’’am: 145)

Sura Al-–Ma’idah: después de presentar la descripción de estas cosas prohibidas, se dice:

حُرِّمَتْ عَلَيْكُمُ الْمَيْتَةُ وَالدَّمُ وَلَحْمُ الْخِنزِيرِ وَمَا أُهِلَّ لِغَيْرِ اللَّهِ بِهِ وَالْمُنْخَنِقَةُ وَالْمَوْقُوذَةُ وَالْمُتَرَدِّيَةُ وَالنَّطِيحَةُ وَمَا أَكَلَ السَّبُعُ إِلَّا مَا ذَكَّيْتُمْ وَمَا ذُبِحَ عَلَى النُّصُبِ

Se os han prohibido los animales muertos, la sangre, la carne de cerdo, lo que haya sido ofrecido en sacrificio a otros dioses distintos de Allah, lo que haya muerto estrangulado, por un golpe, por una caída desde un lugar elevado, por la cornada de otro animal, lo que haya sido despedazado por una fiera, salvo que logréis sacrificarlo, y lo que haya sido sacrificado en honor de alguna divinidad. (Sura Al-Ma’idah: 3)(Sura Al- Ma’idah: 3)

En esta aleya se mencionan diez animales prohibidos. En la aleya anterior solo se mencionaban cinco cosas prohibidas. Por tanto, no existe contradicción entre ambas. Más bien, una aleya constituye en particular la explicación de la otra. Pues los animales que han muerto estrangulados, por un golpe, por una caída desde un lugar elevado, por la cornada de otro animal o despedazados por una fiera son, en realidad, animales muertos: simplemente distintas formas de animal muerto. El animal sacrificado en honor de una divinidad también se considera del mismo tipo que el animal sacrificado en nombre de alguien distinto de Allah. En realidad, por tanto, solo hay cuatro tipos de animales prohibidos.

Muerto animal prohibido de ser las causas

Entre los versículos del Corán en los que se mencionan los alimentos prohibidos, el primero que aparece en todos ellos es al-mayta, es decir, el animal o ave que ha muerto de manera natural. En otras palabras, se trata de un animal o ave cuya muerte no se produjo como consecuencia del sacrificio ritual o de la caza.

Pero cuál podría ser la razón fundamental por la que se prohíbe y se declara ilícito utilizar este animal como alimento, dejándolo inútil y permitiendo que se descomponga: esta es la pregunta que se plantea la mentalidad moderna. Como respuesta, quisiera decir que en la base de la prohibición del animal y el ave muertos, así como de permitir que se descompongan, hay varias razones beneficiosas:

a. La naturaleza humana sana siente aversión por los animales muertos. Una persona sensata considera sumamente repugnante comer un cadáver. Cree que hacerlo es algo completamente impropio y vil para el ser humano. Por ello, en todas las Escrituras celestiales y religiones se ha declarado ilícito comer cadáveres y, en todas partes, se ha preferido comer animales sacrificados ritualmente, por muy diversos que sean los métodos y las normas del sacrificio.

b. Que el ser humano consuma como alimento algo que no tenía intención de obtener ni había deseado en su corazón no es del agrado de Alá. El caso del al-mayta es exactamente así. Sin embargo, en el animal sometido a sacrificio ritual o cazado intervienen la determinación, el esfuerzo y el cuidado humanos, por lo que resulta aceptable.

c. Respecto del animal que ha muerto de muerte natural, existe el temor de que quizá padeciera una enfermedad crónica, que muriera víctima de algún accidente o tras haber comido hierbas o plantas venenosas. En tal caso, su consumo podría ocasionar un daño enorme. También es posible que haya muerto debido a una debilidad extrema o a su mal estado de salud.

d. Al declarar ilícito el al-mayta para los seres humanos, Alá, por Su especial misericordia, ha dispuesto alimento para los animales y las aves. Pues ellos también son criaturas de Alá, al igual que nosotros.

e. Otro aspecto es que el ser humano no debe dejar abandonados a los animales de su propiedad para que, enfermos o debilitados, perezcan. Más bien, debe procurarles tratamiento de inmediato o someterlos a un sacrificio ritual y concederles la paz eterna.

¿Por qué la sangre derramada es haram?

El segundo lugar en la lista de cosas haram corresponde a la sangre derramada. Se le preguntó a Hazrat Ibn Abbas, que Allah esté complacido con él, cuál era la norma de la sharía respecto al bazo. Respondió: «Se puede comer». La gente dijo: «¿Acaso no es simplemente sangre coagulada?». Respondió: «Allah, exaltado sea, solo ha declarado haram la sangre derramada, porque es impura, sucia y repugnante (inmundicia). La naturaleza humana limpia, pura y sana no puede evitar sentir aversión por ella. Además, al igual que en el animal muerto, es muy posible que también contenga microbios nocivos».

En la época de la ignorancia, cuando alguien sentía un hambre intensa, clavaba un hueso o algún objeto afilado en el cuerpo de un camello u otro animal. Bebía con avidez la sangre que salía a chorros. Como consecuencia de tales actos, los animales se veían obligados a sufrir tormentos y dolores atroces. Al perder sangre, su debilitamiento se volvía inevitable. Por todas estas razones, Allah, exaltado sea, declaró haram la sangre que fluye.

Carne de cerdo

El tercer elemento de esta lista es la carne de cerdo. Toda naturaleza y disposición sana siente aversión por ella, porque es impura. Es inconcebible que una persona de gusto saludable pueda sentir atracción por la carne de cerdo, pues los excrementos y toda clase de suciedad y desperdicios constituyen su alimento más apetitoso. Incluso desde el punto de vista de la ciencia sanitaria moderna, comerla es muy perjudicial en todas partes, especialmente en los países de clima cálido. También se ha demostrado mediante pruebas científicas que, al consumir carne de cerdo, se genera en el cuerpo una especie de gusano que va devorando la salud poco a poco.

{Las investigaciones científicas más recientes han revelado que en la carne de cerdo pueden desarrollarse estos microorganismos: Cysticerus teunicallis, Cysticereus cellulosae Spargamune mousoni, Echinococeus podymorphus, paragonimus weater manall. —Traductor}

En el futuro podrían descubrirse muchos otros aspectos y muchas otras causas de su perjuicio. Según muchos especialistas, consumir carne de cerdo habitualmente despierta la desvergüenza en el carácter humano y acaba con el sentido de la dignidad personal.

Animal ofrecido en sacrificio a alguien distinto de Allah

La cuarta categoría de animales prohibidos consiste en consumir animales ofrecidos a alguien distinto de Allah. Eso también es haram. Es decir, si se sacrifica o se ofrece en sacrificio un animal en nombre de alguien distinto de Allah, o se pronuncia sobre él el nombre de otra persona, pasa a ser haram para todo musulmán. Los idólatras ofrecían, y aún ofrecen, animales en sacrificio a sus dioses y divinidades e ídolos. Los sacrificaban o degollaban como ofrenda. Puesto que fueron ofrecidos a divinidades distintas del Único Allah, con ello se buscaba acercarse a ellas y rendirles culto, lo cual constituye un acto de shirk extremo. Por esta razón, quien cree en el Único Allah no puede comer esos animales. Desde la perspectiva de la religión del tawhid, comerlos es shirk manifiesto. Por eso son haram. El propósito es preservar la pureza de la creencia y la doctrina del tawhid, mantener a las personas alejadas del shirk y de la idolatría, y hacer que sientan rechazo hacia ellos.

Allah mismo creó al ser humano. Sometió para él todo cuanto hay en la tierra. Los animales también están subordinados al ser humano y destinados a su servicio. Sacrificarlos para el bienestar humano es completamente lícito. Sin embargo, la condición es que, al sacrificarlos, se pronuncie el nombre del Único Allah, diciendo: «Allahu Akbar». Así se demuestra que el acto de sacrificar a una criatura viviente y quitarle la vida se realiza con el permiso otorgado por ese mismo Allah. Pero si al sacrificarla se pronuncia el nombre de otra persona, en la práctica se rechaza este permiso de Allah. Por eso se ha declarado haram a ese animal y se ha querido apartar de él a la persona.

Algunos tipos de animales muertos

En términos generales, estas cuatro cosas son básicamente las prohibidas. Sin embargo, la sura Al-–Mā’idah ofrece una descripción algo más detallada; desde esa perspectiva, el número asciende a diez. Las restantes son las siguientes:

5. Al-munjanīqah: el animal que muere estrangulado;

6. Al-mawqūdhah: el animal que muere por el golpe de un bastón o de cualquier otro objeto duro;

7. Al-mutaraddiyah: el animal que muere al caer desde un lugar elevado, o tras caer en un pozo o una zanja;

8. An-natīhah: el animal que muere al ser embestido por los cuernos de otro animal;

9. El animal despedazado por una fiera —que ha devorado alguna parte de su cuerpo y, por ello, ha muerto—; después de mencionar estos cinco tipos de animales, Allah Altísimo ha dicho: si encontráis vivo a alguno de ellos y lo sacrificáis ritualmente, no es haram; al contrario, podéis comerlo. Para sacrificarlo basta con que conserve un hálito de vida. Hazrat Ali (que Allah esté complacido con él) dijo:

………. (árabe)………………..

Comed estos animales, muertos por el golpe de un bastón, por una caída desde lo alto o por la embestida de un cuerno, si se los sacrifica ritualmente mientras aún están vivos —cuando mueven una mano o una pata—.

‘Dah‌hak’ dijo: La gente de la época de la ignorancia comía estos animales sin sacrificarlos ritualmente. Pero Allah Altísimo ha declarado haram en el islam comerlos. Sin embargo, si a alguno de ellos, aunque le quede apenas un poco de vida, se lo puede sacrificar ritualmente mientras mueve una pata, la cola o un ojo, será halal.

(Según algunos juristas, es necesario que conserve una vida estable; solo será halal después del sacrificio ritual si la sangre fluye y mueve con fuerza las patas y las manos.)

La razón por la que estos animales muertos son declarados haram

En la base de la prohibición de estos animales muertos se encuentran precisamente las razones y objetivos mencionados detalladamente antes. En particular, el objetivo de la sharía es que el ser humano sea compasivo con los animales y llegue a ser plenamente considerado con respecto a la responsabilidad de cuidarlos. El ser humano no debe abandonarlos indefensos. Que uno muera ahorcado, otro al caer desde un lugar elevado y otro, al enfrentarse con otro animal, muera por una embestida de cuerno, sin que su dueño sienta la menor responsabilidad al respecto, no es algo que Allah apruebe en absoluto. Si alguien golpea a los animales con tal crueldad que su muerte se vuelve inevitable, ello se convierte en causa del desagrado de Allah. Algunas personas se divierten haciendo luchar a los animales o determinando quién vence y quién pierde. En ello, un animal embiste al otro, lo hiere y lo cubre de sangre, hasta que no le queda más remedio que morir. Allah tampoco aprueba este acto.

También es haram comer el animal despedazado por una fiera. El objetivo principal de ello es preservar la dignidad humana, pues no es decoroso que el ser humano coma los restos dejados por un animal. Se pretende mantenerlo alejado de ello. En la época de la ignorancia, la gente comía estos animales sin reparo. Pero Allah Altísimo ha declarado haram para los creyentes comer los restos dejados por las fieras.

Animal ofrecido en sacrificio a una deidad

El décimo entre los animales prohibidos es aquel que sea sacrificado en un lugar determinado como ofrenda a una deidad. Su propósito y objetivo será adorar a alguna fuerza, persona o deidad distinta de Allah. En la época de la ignorancia se construyeron muchos «altares» de este tipo alrededor de la Kaaba. En aquel entonces, la gente sacrificaba animales en esos lugares con el propósito de adorar a sus divinidades y obtener cercanía a ellas. En una palabra, esto también es simplemente un sacrificio ofrecido a alguien distinto de Allah. En ambos casos, el objetivo supremo es mostrar devoción y reverencia hacia una fuerza distinta de Allah, exaltarla y manifestar su grandeza. La única diferencia es que la expresión «animal sacrificado en nombre de alguien distinto de Allah» puede emplearse para el animal que, al ser sacrificado, no tiene ningún «ídolo» delante; basta con que sea sacrificado en nombre de algún ídolo. Sin embargo, el animal sacrificado en un altar será ilícito aunque no sea sacrificado en nombre de nadie distinto de Allah. En otras palabras, en el primer caso no se especifica el lugar, mientras que en el segundo el lugar queda claramente determinado.

La gente creía que, si se sacrificaban animales en los «altares» construidos alrededor de la Kaaba, con ello se mostraría respeto por la Casa de Allah. El Corán refutó esta idea equivocada y declaró expresamente ilícita esta práctica. De lo contrario, entre los animales sacrificados para alguien distinto de Allah también estaría incluido el animal sacrificado en un «altar».

Peces y langostas respecto de una disposición particular

En el islam se ha establecido una disposición particular respecto de los peces y otros animales acuáticos de este tipo. No se los incluyó entre los animales declarados ilícitos. Cuando al Noble Profeta —la paz y las bendiciones de Allah sean con él— le preguntaron acerca del agua del mar, respondió:

……….. Árabe ……………

El agua del mar es pura y sus animales muertos son lícitos.

En el Noble Corán se dice:

……….. Árabe ……………

La caza del mar y su alimento os han sido declarados halal.

El honorable Umar (que Allah esté complacido con él), al comentar esta parte del versículo, dijo:

Por «la caza del mar» se entienden todos los seres que se cazan en el mar. Y por el alimento del mar se entiende aquello que el propio mar arroja a la superficie.

El honorable Ibn Abbas (que Allah esté complacido con él) también dijo: Por el alimento del mar se entienden los «seres muertos» del mar.

Bujari y Muslim citan en sus obras este hadiz, narrado por el honorable Yabir (que Allah esté complacido con él):

……….. Árabe ……………

El Noble Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) envió a un grupo de sus compañeros en una expedición especial. Les cayó en las manos un pez enorme. El mar había arrojado el pez a la superficie; es decir, estaba muerto. Continuaron comiendo de aquel pez durante más de veinte días. Después regresaron a Medina y le informaron de ello al Noble Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él). Él les dijo: «Comed del sustento que Allah os ha proporcionado. Si queda alguna parte de aquel pez con vosotros, dadnos también de comer». Entonces algunos le ofrecieron al Noble Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) una parte de aquel pez. Él la comió. (Bujari)

El mismo dictamen de la sharía se aplica también a las langostas. El Noble Profeta (que Allah le bendiga y le conceda paz) permitió comer langostas muertas, pues no pueden ser sacrificadas ritualmente. Hazrat Ibn Abū Laylā dijo:

……….. Árabe ……………

Fuimos con el Noble Mensajero (que Allah le bendiga y le conceda paz) en siete expediciones militares. Y entonces comimos langostas junto a él.

Muertos animales piel, huesos y pelo uso

«La prohibición de la carroña» significa que está prohibido comerla. Sin embargo, no hay ningún inconveniente en utilizar la piel, los cuernos, los huesos y el pelo de los animales muertos. Más aún, es recomendable hacerlo. Pues se trata de bienes que pueden utilizarse y aprovecharse. Por tanto, no puede estar permitido destruirlos.

Hazrat Ibn Abbās dijo:

Un esclavo de la Madre de los Creyentes, Hazrat Maymūna, recibió una cabra como regalo. Después, la cabra murió. Al verla, el Noble Profeta (que Allah le bendiga y le conceda paz) dijo: «¿Por qué no le quitan la piel? Después de limpiarla y curtirla, podrán utilizarla». La gente dijo: «Pero ha muerto». El Mensajero (que Allah le bendiga y le conceda paz) dijo: «Lo único prohibido de la carroña es comerla».

El Noble Profeta (que Allah le bendiga y le conceda paz) explicó cómo purificar y limpiar la piel de un animal muerto. Dijo:

……….. Árabe ……………

Purificar y limpiar la piel mediante el curtido equivale a sacrificar al animal. (Abu Dawud, an-Nasa’i)

En otra narración se cita lo siguiente:

El curtido elimina la suciedad y la impureza de la piel. (al-Hakim)

En Muslim y otras obras se cita la siguiente declaración del Noble Profeta:

……….. Árabe …………….

Toda piel que sea curtida quedará purificada.

Esta es una norma general. Se aplica a las pieles de toda clase de animales. En cuanto a las pieles del perro y del cerdo, tampoco hay ninguna diferencia. Esta es la opinión de los juristas.

La Madre de los Creyentes, Hazrat Sawda (que Allah esté complacido con ella), dijo:

Una de nuestras cabras murió. Entonces curtimos su piel. Después, solíamos preparar continuamente en ella nabidh (bebida de dátiles). Así, se convirtió en un antiguo odre nuestro.(Al-Bujari)

Disposición particular en situación de necesidad

La norma sobre lo prohibido que se explica aquí es, en realidad, el principio aplicable a lo que puede consumirse voluntariamente en un estado de salud y tranquilidad. Sin embargo, la situación de necesidad es diferente. Este asunto ya se explicó detalladamente anteriormente. Allah ha dicho:

وَقَدْ فَصَّلَ لَكُم مَّا حَرَّمَ عَلَيْكُمْ إِلَّا مَا اضْطُرِرْتُمْ إِلَيْهِ

Allah os ha explicado detalladamente todo lo que os ha prohibido. Sin embargo, hay una excepción si os veis obligados, por necesidad extrema, a consumir alguna de esas cosas.( Sura Al-’Anam: 119)

Verse obligado a consumir algo por necesidad es un asunto aceptado y respaldado por todos. Esta situación de necesidad se observa con frecuencia en el ámbito de los alimentos. Por ejemplo, alguien puede verse sumamente afligido por el hambre. Según algunos juristas, en ese estado de hambre ha transcurrido un día y una noche. Sin embargo, durante ese tiempo no encontró nada que pudiera comer para saciar su hambre. En ese momento, el único alimento fácilmente disponible ante él es alimento prohibido. Entonces puede consumir la cantidad mínima necesaria para satisfacer su necesidad y salvarse de una muerte segura. La sharía le concede este permiso. El imán Malik (que Allah tenga misericordia de él) dijo:

………… en árabe …………

La cantidad de alimento prohibido que puede consumirse por necesidad es la suficiente para llenar el estómago (satisfacción) y obtener sustento de él hasta que se encuentre alimento halal.

Pero otros han dicho:

………… Árabe …………

La persona que se encuentra en esta situación de necesidad solo puede consumir la cantidad de alimento prohibido que sea suficiente para mantener sus últimas respiraciones.

Probablemente esta opinión sea la que concuerda con la declaración coránica —(árabe) «sin desearlo ávidamente ni transgredir»—. Para aclarar la cuestión del hambre, el Corán dice explícitamente:

………… Árabe …………

Si alguien, impulsado por el hambre, se ve obligado a comer algo prohibido, sin ninguna inclinación ni deseo hacia el pecado, entonces Allah es ciertamente indulgente y misericordioso.

Por necesidad de tratamiento

La cuestión que se plantea en el ámbito del tratamiento es la siguiente: si la curación de una persona depende de que tome como medicamento alguna sustancia haram, ¿cuál es la disposición de la sharía al respecto? Los juristas han expresado diversas opiniones sobre este asunto. Algunos juristas no consideran la necesidad médica una necesidad tan intensa, grave e imperiosa como la necesidad de alimento. En apoyo de esta opinión, también citaron un dicho del Noble Mensajero, que Allah lo bendiga y le conceda paz. El hadiz dice:

………… Árabe …………

Allah no ha dispuesto la curación de vuestras enfermedades en aquello que os ha prohibido.((Bujari))

Muchos juristas, por su parte, han considerado seriamente la necesidad del tratamiento y han juzgado que la medicina o el tratamiento son igualmente necesarios que el alimento. Pues, así como el alimento es esencial para la vida, tampoco puede negarse en modo alguno la necesidad de los medicamentos. Por ello, según ellos, debe ser ciertamente permisible utilizar estas sustancias prohibidas como medicamentos cuando sea necesario. Como prueba, añadieron que los honorables Abdurrahmán ibn Auf y Zubair ibn al-Awwam, que Allah esté complacido con ambos, padecieron enfermedades cutáneas. El Noble Profeta, que Allah lo bendiga y le conceda paz, les permitió usar prendas de seda, aunque estas estaban generalmente prohibidas y el Noble Profeta, que Allah lo bendiga y le conceda paz, había maldecido a quien las vistiera.

Probablemente esta sea la opinión más acorde con el espíritu fundamental del islam. Pues adoptar cualquier medio eficaz para preservar la vida humana es el objetivo principal de todo sistema jurídico islámico.

Sin embargo, el permiso para utilizar con fines terapéuticos medicamentos que contengan sustancias haram está sujeto a ciertas condiciones. Estas son:

1. Debe considerarse con certeza que, si no se utiliza ese medicamento, puede sobrevenir un peligro real para la salud.

2. Debe darse la situación de que no exista ningún medicamento que contenga sustancias halal y que pueda sustituirlo o servir como alternativa.

3. En este asunto, debe obtenerse una autorización explícita de un médico musulmán creyente.

Basándonos en nuestros propios conocimientos e informaciones, así como en los relatos recibidos de médicos fiables, queremos añadir algo más. La situación en la que el uso de un medicamento que contiene una sustancia prohibida se vuelva absolutamente indispensable para salvar la vida no es realmente habitual. No obstante, por principio y como medida de precaución, no negamos la posibilidad de que sea inevitable utilizar este tipo de medicamentos. Pues no es correcto considerar del todo imposible que un musulmán llegue a encontrarse en un lugar o situación donde no haya nada disponible salvo estas sustancias prohibidas.

A nivel colectivo, cuando las necesidades están cubiertas, ya no queda una necesidad–individual pendiente ni remanente.

Puede ocurrir que una persona no encuentre alimentos en su propio país o que no disponga de ellos. Pero eso no significa que se encuentre en una situación de extrema necesidad en todos los aspectos y que no pueda salvar la vida si no come alimentos prohibidos; tal afirmación no puede aceptarse. Pues en el país del que es ciudadano y en la sociedad a la que pertenece, en manos del país, de la sociedad o de sus habitantes, existe una gran reserva de alimentos. En tal situación, la necesidad de la persona apremiada debe satisfacerse con los excedentes alimentarios de otras personas. Mediante tal ব্যবস্থা es posible protegerla de consumir alimentos prohibidos, y ello constituye un deber ineludible. En realidad, mediante la ayuda mutua debe perfeccionarse la sociedad islámica. Cada miembro de esta sociedad es responsable de todos los demás. El conjunto de todas las individualidades de esta sociedad se convierte en una sola individualidad común. Una sociedad de este tipo puede ser como una sólida muralla de plomo. Cada uno de sus ladrillos sirve de apoyo a los demás.(Sentido del hadiz)

En el cumplimiento de la responsabilidad colectiva,el imán Ibn Hazmha dejado una cita que sirve de guía a los juristas del islam. Él escribió:

A ningún musulmán le puede estar permitido, bajo ninguna circunstancia, comer carne de animal muerto o de cerdo, ni siquiera en una situación de extrema necesidad. Esto se debe a que su vecino musulmán o no musulmán tiene alimentos excedentes almacenados. En tal caso, es su deber alimentar a la persona hambrienta. Por ello, no puede considerarse que la persona en extrema necesidad esté obligada a comer carne de animal muerto o de cerdo. Tiene pleno derecho a obtener de su vecino los alimentos y bebidas sobrantes. Si para ello tiene que luchar y muere en el enfrentamiento, el asesino deberá sufrir qisas. Y aunque haya que matar a quien impida el acceso a esos alimentos excedentes, podrá hacerse, y sobre el muerto recaerá la maldición de Allah. Esto se debe a que ese muerto impidió que una persona hambrienta y en extrema necesidad obtuviera su derecho legítimo. Por ello será considerado uno de los rebeldes. Y Allah, exaltado sea, ha ordenado combatirlo:

فَإِن بَغَتْ إِحْدَاهُمَا عَلَى الْأُخْرَىٰ فَقَاتِلُوا الَّتِي تَبْغِي حَتَّىٰ تَفِيءَ إِلَىٰ أَمْرِ اللَّهِ

Si un grupo de ellos ataca al otro, combatid a los transgresores hasta que finalmente regresen al mandato de Allah. (Sura Al-Huyurat: 9)

En verdad, quien usurpa o niega el derecho de su hermano, o crea obstáculos para que lo obtenga, es precisamente el rebelde. Por esta razón, el noble Abu Bakr al-Siddiq, que Allah esté complacido con él, combatió a quienes se negaban a pagar el zakat.

Método para realizar conforme a la sharía el sacrificio

La vida marina es toda halal

Los seres vivos y los animales se dividen en dos categorías según su ubicación y el lugar donde habitan: o bien son acuáticos, o bien terrestres.

Por vida marina se entienden los animales que permanecen y viven en el agua, y cuya vida fuera de ella es inconcebible. Desde la perspectiva de la sharía, todos ellos son básicamente halal, sin importar dónde se encuentren. Ya sean capturados vivos en el agua o encontrados muertos, hayan muerto o no por sí mismos. Esto incluye los peces pequeños y grandes. También se consideran halal los animales a los que se hace referencia como perros marinos o cerdos marinos, así como los demás seres de esta clase de animales acuáticos. En este caso carece por completo de relevancia si quien los capturó, mató o cazó es musulmán o kafir. En realidad, Allah, exaltado sea, ha concedido una inmensa gracia a Sus siervos al hacer halal todo cuanto hay en el mar. No se ha declarado haram ninguna categoría particular de seres marinos, ni se ha impuesto condición alguna para sacrificarlos. Al contrario, se ha concedido al ser humano libertad plena en este asunto: puede recoger y utilizar cuanto desee para aliviar sus dificultades y necesidades. Precisamente al manifestar Su especial favor hacia Sus siervos, Allah, exaltado sea, dijo:

(Árabe***********)

Ese Dios grandioso ha sometido y puesto a vuestro servicio los ríos y los mares, para que podáis obtener de ellos carne fresca.

Dijo:

(Árabe*******************)

Se os ha hecho lícita la caza y la comida del mar. Es un recurso para vosotros y para los viajeros. (Sura Al-Maida: 96)

En estos dos versículos se ha declarado lícita, de manera general e indiscriminada, toda criatura marina.

Animales terrestres ilícitos

Entre los animales y criaturas terrestres, únicamente se han declarado haram la carne de cerdo, la carroña, la sangre y aquello ofrecido o sacrificado en nombre de otro que no sea Allah. Este asunto ya se ha tratado anteriormente.

Sin embargo, en el Sagrado Corán, Allah, el Altísimo, también confió al Honorable Profeta Muhammad (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) ciertas responsabilidades relativas a declarar lo lícito y lo ilícito. Al describir su misión, se dice:

(Árabe*******************)

Él declara lícitas para la gente las cosas puras y excelentes, y declara ilícitas las cosas malas, corruptas e impuras. (Sura Al-A‘raf: 157)

Por «khabīth» se entiende aquello que, en general, la sana disposición de la humanidad considera repugnante, aunque algunas personas lo prefieran.

Un hadiz de este tipo dice:

(Árabe**********************)

El Honorable Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) prohibió comer carne de burro doméstico el día de la batalla de Jaibar. (Bujari)

Se ha narrado en Bujari y Muslim: (Árabe**********************)

El Noble Profeta (s.a.s.) prohibió comer la carne de todos los animales depredadores con colmillos y de todas las aves que desgarran a sus presas.

El tigre, el chacal, el leopardo y otros semejantes pertenecen al primer grupo. El milano, el buitre, el halcón y otras aves provistas de garras pertenecen al segundo.

Ibn Abbás (r.a.) opinaba que, aparte de los cuatro animales mencionados como prohibidos en el Noble Corán, ningún otro es haram. Al parecer, según su opinión, la carne de los animales cuyo consumo se prohíbe en los hadices no es haram, sino solamente makruh. También es posible que no hubiera conocido estos hadices.

Él dijo: (en árabe************************)

En la época anterior al islam, la gente comía muchas cosas y se abstenía de otras por considerarlas malas. Después, Allah envió a Su Profeta y reveló Su Libro. En él declaró lo que era halal y lo que era haram. Por tanto, lo que en él es halal sigue siendo halal, y lo que en él es haram sigue siendo haram. Y todo aquello sobre lo que se guardó silencio es inocente y está perdonado.

Después recitó la aleya 145 de la sura al-An’am, citada anteriormente. A la luz de esta aleya, Ibn Abbás (r.a.) consideraba halal comer la carne del asno doméstico. El imán Malik (r.a.) también adoptó esta opinión. Él dijo que comer la carne de los animales depredadores y de los que devoran desgarrando no es haram, sino, como mucho, makruh.

Sin embargo, es definitivo que no existe ninguna disposición según la cual los animales haram se vuelvan halal simplemente por ser sacrificados. Si se los sacrifica, su piel puede considerarse pura sin necesidad de curtirla.

El sacrificio es una condición para que los animales domésticos sean halal

Los animales terrestres cuya carne está permitido comer se dividen en dos categorías.

Algunos animales están bajo el control del ser humano. Los animales domésticos, como los camellos, las vacas, las cabras y las ovejas, así como las aves, como los patos y las gallinas, que se crían en el ámbito doméstico, pertenecen a una categoría. La otra categoría comprende los animales que no están bajo el control humano o cuyo control está fuera de las posibilidades del ser humano.

Es lícito comer la carne de los animales y las aves de la primera categoría. Sin embargo, la condición es que sean sacrificados conforme al procedimiento establecido por la sharía.

Condiciones del sacrificio conforme a la sharía

Las condiciones necesarias para realizar el sacrificio conforme a la sharía son las siguientes:

1. El animal debe ser sacrificado o degollado con un instrumento afilado, de modo que la sangre pueda fluir y las venas queden bien cortadas. El instrumento puede ser de piedra, de hierro o de madera. Hadrat Adi ibn Hatim at-Ta’i dijo:

(Árabe******************)

Dije: «¡Oh, Mensajero! Cazamos animales, pero en ese momento no tenemos cuchillos; solo tenemos una piedra afilada o un trozo de bambú. ¿Qué debemos hacer?». El Mensajero (la paz y las bendiciones sean con él) dijo: «Haz que la sangre fluya con cualquier objeto que pueda lograrlo y pronuncia sobre él el nombre de Allah». (Musnad de Ahmad, Abu Dawud, an-Nasa’i e Ibn Mayah)

2. Se debe pasar el cuchillo por la garganta o clavarlo en la parte inferior del cuello (en el lenguaje corriente, esto es el naḥr), provocando así la muerte del animal.

La forma de realizar correctamente el sacrificio consiste en cortar el esófago y las dos grandes venas del cuello. Sin embargo, cuando resulta imposible clavar el cuchillo en el lugar establecido —por ejemplo, si una vaca cae dentro de un pozo, con la cabeza en el interior y las patas fuera, de modo que no puede ser sacrificada normalmente en el lugar correspondiente—, su situación será como la de un animal cazado. Entonces se debe utilizar un arma afilada en cualquier parte que sea posible, haciendo que fluya la sangre. Si se hace esto, el animal será lícito.

En al-Bujari y Muslim se cita un hadiz transmitido por Rafi ibn Jadiya (que Allah esté complacido con él). Él dijo:

(árabe**************)

En un viaje estábamos con el Noble Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él). De repente, un camello se descontroló. Como la gente no llevaba caballos, no pudimos alcanzarlo rápidamente. Un hombre le lanzó una flecha y lo sujetó. Al ver esto, el Noble Profeta dijo: «Cuando estos cuadrúpedos se escapen de vuestro control de esta manera, actuaréis del mismo modo con ellos».

3. Al realizar el sacrificio no se debe pronunciar el nombre de nadie aparte de Allah. Esto cuenta con el consenso general. La razón es que, en la época de la ignorancia, la gente sacrificaba animales para aproximarse a sus divinidades, diosas, dioses e ídolos. Al sacrificarlos, pronunciaban los nombres de esas divinidades o los ofrecían en lugares determinados. El Noble Corán ha declarado ilícitas estas prácticas. Ya se han mencionado anteriormente los versículos relacionados con este asunto.

4. Al animal que se está sacrificando se le debe pronunciar el nombre de Allah. El versículo coránico lo establece claramente con estas palabras: (árabe**********************)

Si sois creyentes en los versículos de Allah, comed de los animales sobre los que se haya pronunciado el nombre de Allah al sacrificarlos. (Sura al-An‘am: 118)

Se ha dicho: (árabe******************)

No comáis los animales sobre los cuales no se haya pronunciado el nombre de Allah al sacrificarlos ritualmente. Porque comerlos es fisq (un acto que transgrede los límites del islam.

El Noble Mensajero (que Allah le bendiga y le conceda paz) dijo: (árabe*************************)

Comed el animal cuya sangre haya sido derramada y sobre el cual se haya pronunciado entonces el nombre de Allah. (Bujari)

Los hadices que mencionan pronunciar el nombre de Allah al disparar una flecha con intención de cazar y al enviar un perro adiestrado para cazar respaldan la opinión expuesta anteriormente. Según algunos eruditos, pronunciar el nombre de Allah es ciertamente necesario, pero no es indispensable hacerlo exactamente en el momento del sacrificio ritual. También basta con pronunciarlo al comer. Pues quien pronuncia el nombre de Allah al comer seguramente no come algo sobre lo cual no se haya pronunciado el nombre de Allah. Aisha, que Allah esté complacido con ella, narró: (árabe***********************)

Algunas personas que habían aceptado recientemente el islam preguntaron al Noble Profeta (que Allah le bendiga y le conceda paz): «La gente nos trae carne y no sabemos si pronunció sobre ella el nombre de Allah. ¿Debemos comerla o no?». El Noble Profeta respondió: «Pronunciad el nombre de Allah y comed». (Bujari)

La importancia de este método de sacrificio ritual

La razón fundamental por la que se ha establecido de esta manera el sacrificio ritual de los animales es que la vida del animal se extinga de tal forma que sufra el menor dolor posible. Por eso se ha establecido que el instrumento del sacrificio sea muy afilado y que el sacrificio se realice en el cuello. Cuando se sacrifica con estos instrumentos, se produce una condición semejante a la obstrucción de la garganta del animal. El Noble Profeta (que Allah le bendiga y le conceda paz) ordenó afilar muchísimo el cuchillo y dejar que el animal descansara. Dijo: (árabe************************)

Allah Ta’ala ha hecho obligatorio mostrar misericordia en todo asunto. Por tanto, cuando matéis, hacedlo ciertamente con misericordia. Y cuando sacrifiquéis, sacrificad también de la mejor y más apropiada manera. Cada uno de vosotros debe afilar bien su cuchillo al sacrificar y, después del sacrificio, darle tiempo para recobrar gradualmente la calma. (Bujari)

A este respecto, se menciona un hadiz narrado por el honorable Ibn Umar sobre la compasión y la misericordia. Él dijo:

(Árabe**********)

El Noble Profeta (que la paz sea con él) ordenó afilar el cuchillo y ocultarlo de los demás animales. Por ello dijo: Cuando uno de vosotros vaya a sacrificar, debe llevar el acto a su completa realización. (Ibn Mayah)

El honorable Ibn Abbas (que Allah esté complacido con él) dijo que un hombre estaba afilando su cuchillo después de haber tendido una cabra. Al verlo, el Noble Profeta (que la paz sea con él) dijo:

¿Quieres matarla varias veces? ¿Por qué no afilaste tu cuchillo antes de tumbarla? (Hakim)

El honorable Umar (que Allah esté complacido con él) vio a un hombre sujetar a su cabra con el pie y arrastrarla tirando de ella para sacrificarla. Entonces le dijo:

¡Ay de ti! Lleva a la cabra hacia la muerte de la mejor manera.

En este sentido, encontramos en general que el pensamiento islámico es el siguiente: mostrar compasión hacia los animales mudos y librarlos, en la medida de lo posible, de toda clase de sufrimiento.

En la época de la ignorancia, la gente gustaba mucho de cortar y comer la joroba de los camellos mientras aún estaban vivos. También cortaban, estando vivos, el disco colgante de la parte trasera de los carneros. Así les causaban un sufrimiento indescriptible. Por esta razón, el Noble Profeta (la paz sea con él) prohibió cortar partes del cuerpo de un animal vivo. Dijo:

(Árabe*******************)

Si se corta una parte del cuerpo de un animal mientras está vivo, debe considerarse como un animal muerto (y, por tanto, es ilícita). (Ahmad, Abu Dawud y Tirmidhi)

La importancia de pronunciar el nombre de Allah al sacrificar

En la obligatoriedad de pronunciar el nombre de Allah al sacrificar hay razones profundas y sutiles. Es especialmente necesario conocerlas y prestarles atención.

Los idólatras y la gente de la época de la ignorancia pronunciaban, al sacrificar, los nombres de sus divinidades. En el islam se estableció en su lugar la norma de pronunciar el nombre de Allah. Pues, si los politeístas mencionan los nombres de sus ídolos al sacrificar, ¿cómo podrían los creyentes en el Dios único dejar de hacerlo en una ocasión semejante?

En segundo lugar, los animales también son criaturas del único Allah, al igual que los seres humanos. Para que el ser humano les quite la vida, es absolutamente necesario que exista el permiso de Allah. Cuando se pronuncia el nombre de Allah al sacrificar, ello se convierte en una declaración de que se ha obtenido ese permiso. En ese momento, es como si dijera: «No hago esto porque sean débiles, incapaces e indefensos, ni porque quiera cometer una injusticia contra ellos. Por el contrario, este acto de sacrificarlos lo realizo únicamente con el permiso de Allah. En Su nombre cazo y en Su nombre los como».

Animales sacrificados por los judíos y los cristianos

Ya hemos visto anteriormente cuán estrictas son las disposiciones que el islam ha establecido respecto al sacrificio de animales. En realidad, este asunto tiene una importancia enorme en el islam. Los politeístas árabes y la gente de la época de la ignorancia consideraban el sacrificio de animales, conforme a su aqida, como parte de la religión y como un rito indispensable de la adoración y el culto. Al sacrificar animales, en realidad pretendían obtener la complacencia y la proximidad de sus dioses y divinidades. Por ello, sacrificaban animales en lugares específicos destinados a ofrecer sacrificios a sus divinidades. Y entonces pronunciaban los nombres de sus dioses.

El islam puso fin a todo esto y estableció y aplicó firmemente la norma de pronunciar únicamente el nombre de Alá al realizar el sacrificio. Prohibió por completo mencionar el nombre de cualquier otro fuera de Alá. Hizo ilícito sacrificar animales en aquellos lugares específicos, así como los animales ofrecidos en nombre de alguien distinto del Dios Único.

La Gente del Libro —los judíos y los cristianos— originalmente creía en el tawhid. Pero después el shirk se infiltró en su aqida de fe. Esto se debió a que la invitación a esa religión les llegó por medio de personas que no habían podido purificar sus creencias y sus corazones de los defectos y las impurezas de la creencia del shirk. Por esta razón, era muy probable que surgiera en la mente de los musulmanes la idea de que debían considerarles politeístas adoradores de ídolos y tratarlos en consecuencia. Sin embargo, Alá, exaltado sea, ordenó adoptar con ellos un trato diferente del que se adopta con los adoradores de ídolos. Se permitió compartir con ellos la comida y la bebida, del mismo modo que se permitió establecer vínculos matrimoniales con ellos. Alá, exaltado sea, declaró en la última aleya revelada del Corán: (árabe********************)

Hoy se os han hecho lícitos todos los alimentos puros y excelentes; y también es lícito para vosotros el alimento de quienes recibieron el Libro, y vuestro alimento es lícito para ellos. (Sura de La Mesa: 5)

En una palabra, el significado de esta aleya es que toda clase de alimento puro y excelente es completamente lícita. Por tanto, ya no existen cosas llamadas bahira, sa’ira, wasila o ham. Y el alimento de los pueblos de la Gente del Libro —judíos y cristianos— es fundamentalmente lícito para vosotros. Alá nunca lo hizo ilícito. Vuestro alimento también es lícito para ellos. Por tanto, también os está permitido comer la carne de los animales sacrificados por ellos o sacrificados en asociación con otros. Del mismo modo, no hay ninguna prohibición de que ellos coman lo que vosotros sacrifiquéis o consagréis en asociación con otros.

Sin embargo, el islam ha adoptado una postura muy estricta respecto a los politeístas árabes, mientras que ha adoptado un trato indulgente con la Gente del Libro. La razón es que la Gente del Libro acepta la revelación, la profecía y, en términos generales, los principios fundamentales de la religión. Por ello, se encuentra muy cerca de los creyentes. Se ha declarado lícito compartir con ellos la comida y la bebida, casarse con sus hijas y convivir con ellos. De este modo, se les ha dado la oportunidad de observar el islam en su forma verdadera en los hogares de la gente, en las palabras y los actos, en la moral y en las transacciones. Así podrán comprender que, en realidad, el islam es una religión basada en verdades y principios elevados, normas completas y los mejores sistemas de creencias. En ella no hay lugar para el shirk ni para palabras carentes de sentido.

Declaración del Corán: (árabe*****************)

El alimento de la gente de la Escritura.

La expresión tiene un significado muy general y amplio. Incluye toda clase de alimentos. Tanto la carne de los animales sacrificados por ellos como los demás alimentos son halal. Por tanto, todo ello es halal para nosotros de manera permanente. Sin embargo, si algo ha sido declarado haram, como el animal muerto, la sangre derramada y la carne de cerdo, no está permitido comerlo. Esta es la opinión unánime, ya se trate de la gente de la Escritura o de un musulmán; no hay diferencia alguna.

Sin embargo, aquí hay varios asuntos que los musulmanes deben considerar especialmente.

1. Animales sacrificados en iglesias y ferias con motivo de celebraciones

Mientras no se sepa que una persona de la Escritura pronunció, al sacrificar el animal, el nombre de alguien distinto de Allah, como Jesús el Mesías, Uzayr u otro, es halal comer la carne de ese animal sacrificado. Pero cuando se sepa que pronunció el nombre de alguien distinto de Allah al sacrificarlo, los juristas han opinado que ese animal en particular se vuelve haram.

Sin embargo, algunos han dicho: «Allah ya ha declarado halal para nosotros su alimento. Él sabe mejor qué dicen y el nombre de quién pronuncian cuando sacrifican los animales. No es necesario prestar atención a eso».

Cuando se preguntó al imán Malik acerca de los animales sacrificados con motivo de las festividades de la gente de la Escritura, de las iglesias y de ceremonias semejantes, respondió:

No considero makruh comerlo. [Esta es la fatua de la escuela jurídica del imán Malik. A diferencia de algunos eruditos de esta época, no se apresuraba a declarar algo haram; se limitaba a calificarlo de makruh.]

Que él lo considerara desaconsejable se debía a su propia piedad excepcional. Sospechó que el animal había sido sacrificado invocando un nombre distinto del de Dios. Por eso consideró desaconsejable comerlo. Pero no lo consideró ilícito. Según él, en el caso de la Gente de la Escritura, sacrificar invocando un nombre distinto del de Dios significa que el animal que sacrifican con el propósito de adorar a sus divinidades y obtener su cercanía ellos mismos no lo comen. En cambio, los animales que sacrifican con el propósito de comerlos cuentan entre sus alimentos, y él mismo declaró que son lícitos para nosotros. [En el libro al-Mugní se afirma que, si una persona de la Gente de la Escritura no pronuncia conscientemente el nombre de Dios al sacrificar, no es lícito comer el animal sacrificado por ella. Esto mismo se ha transmitido de ʿAlí (que Dios esté complacido con él).

Ésta es también la opinión del imán al-Shafiʿí, al-Najaʿí, Hammād, Ishāq y los seguidores de la escuela hanafí. El sentido de la aleya coránica relativa a la licitud de los alimentos de la Gente de la Escritura es que es lícito comer los animales sacrificados por ellos cuando se han cumplido las condiciones establecidas para el sacrificio, tal como deben cumplirse en el caso de los musulmanes. Ahora bien, si se sabe con certeza que quien realizó el sacrificio pronunció o no el nombre de Dios, o pronunció o no el nombre de alguien distinto de Dios, sigue siendo lícito comer el animal que sacrificó. Esto se debe a que Dios Altísimo ha declarado lícitos para nosotros los animales sacrificados tanto por los musulmanes como por la Gente de la Escritura. En realidad, Dios sabe que no podemos conocer la situación de cada persona que realiza un sacrificio. (Al-Mugní, tomo 8, pág. 571)]

2. Comer animales sacrificados mediante electrocución o carne enlatada

La segunda cuestión es la siguiente: ¿debe el método de sacrificio de la Gente de la Escritura —judíos y cristianos— ser semejante al nuestro? Así como nosotros cortamos la garganta con un instrumento afilado, ¿debe su sacrificio realizarse también de ese modo?

La mayoría de los especialistas han impuesto esta condición al respecto. Sin embargo, un grupo de eruditos de la escuela malikí dictaminó que no es una condición necesaria.

El cadí Ibn al-ʿArabí dijo en su exégesis de las aleyas de la sura al-Māʾida:

Esto demuestra de manera concluyente que la caza y los alimentos de la Gente de la Escritura se cuentan entre las cosas que Dios ha declarado lícitas. Son lícitos sin condición alguna. Esta afirmación se hizo expresamente para que se disipara toda duda al respecto y no quedara el menor rastro de una concepción errónea. Me preguntaron: «Los cristianos matan a las gallinas retorciéndoles el cuello. Después las cocinan. En tal situación, ¿podemos compartir la comida con ellos? ¿Se pueden comer sus alimentos?». Respondí: «Se pueden comer, pues son los alimentos de los cristianos y de sus sacerdotes y eruditos. Aunque, según nosotros, este método de sacrificio no es correcto, Dios ha declarado lícitos para nosotros, en términos generales, sus alimentos. Y aquello que ellos consideran lícito en su religión también es lícito para nosotros. Sin embargo, no se pueden comer aquellos alimentos respecto de los cuales Dios los ha declarado mentirosos». Nuestros especialistas han dicho: «Esta Gente de la Escritura nos da en matrimonio a sus hijas, y las relaciones sexuales con ellas son lícitas. En tal caso, ¿por qué no habríamos de comer los animales que ellos sacrifican? Si se considera desde la perspectiva de lo lícito y lo ilícito, comer alimentos es un asunto mucho menos importante que mantener relaciones sexuales».

Este mismo exegeta escribió en otro lugar:

Ellos no realizan el sacrificio ritual, sino que matan al animal ahorcándolo o aplastándole la cabeza. Luego se lo comen. Por ello, para nosotros es carroña y está prohibido. Sin embargo, no existe contradicción entre ambos asuntos —el que sea ilícito y el que sea lícito según lo expuesto anteriormente—. Pues lo que la Gente del Libro considera un sacrificio correcto será ciertamente lícito para nosotros, aunque, desde nuestro punto de vista, su método de sacrificio no sea válido. Pero aquello que ellos mismos consideran un sacrificio incorrecto tampoco es lícito para nosotros. El sacrificio ritual significa extraer la vida del animal con la intención de hacerlo lícito para el consumo.’

Esta es la opinión de un grupo de seguidores de la escuela malikí.

A la luz de esta discusión podemos comprender la norma de la sharía respecto de la carne de pollo o de res enlatada y conservada procedente de la Gente del Libro. En sus países, los pollos son sacrificados mediante descargas eléctricas. Mientras ellos mismos sigan considerándolos alimentos halal, conforme a la declaración general de la aleya seguirán considerándose halal para nosotros. [Sin embargo, esta afirmación no cuenta con el consenso de todos. Es sabido en general que la carne enlatada no procede de animales sacrificados conforme a la sharía. El hecho de que un animal haya sido degollado de un solo corte o de que durante el sacrificio no se haya pronunciado conscientemente el nombre de Alá no puede hacer que sea halal para nosotros únicamente por considerar a quienes lo sacrificaron como gente de la Gente del Libro. Es necesario emitir la fatwa tomando en cuenta lo que ocurre habitualmente. Por tanto, no está permitido comer un animal que no haya sido sacrificado conforme a las normas de la sharía, aunque quien lo haya sacrificado sea musulmán. —(Traductor)]

Sin embargo, en modo alguno puede ser lícito para nosotros comer carne enlatada producida en países comunistas. Esto se debe a que han rechazado y negado todo lo relacionado con la religión. Por consiguiente, no se cuentan entre la Gente del Libro.

Los animales sacrificados por los adoradores del fuego y otros

Los eruditos han expresado opiniones diversas sobre comer la carne de animales sacrificados por los adoradores del fuego o por los seguidores de la antigua religión persa. Muchos han prohibido comerla, porque en realidad son politeístas. Otros sabios han dicho que es halal, pues el Noble Profeta (la paz y las bendiciones de Alá sean con él) dijo: (en árabe******************)

Tratadlos como se trata a la Gente del Libro. (Málik, al-Shafi‘i)’

Por esta razón se recaudó la yizia de los adoradores del fuego de un lugar llamado Hiyr. (Bujari)

Ibn Hazm escribió en su obra Al-Muhalla: (árabe**********************)

Ellos también son gente del Libro. Por tanto, en todos los asuntos se debe tratarlos como a la gente del Libro. [Según la mayoría de los eruditos, no está permitido comer los animales sacrificados por los magos —adoradores del fuego o persas—. Esta opinión fue sostenida, entre otros, por Hazrat Ibn Mas‘ud, Hazrat Ibn ‘Abbas, Hazrat ‘Ali, Hazrat Jabir, el imán Malik, el imán Zuhri, el imán Shafi‘i, los juristas hanafíes y el imán Ahmad. Según Ibn Qudamah, la declaración anterior del Noble Profeta (la paz sea con él): «Tratadlos como a la gente del Libro», se aplica únicamente al cobro de la yizia. No se refiere a comer los animales sacrificados por ellos ni a casarse con sus mujeres. (árabe************************)

El erudito Yassas dice que existe discrepancia respecto a los magos. Según la mayoría de los juristas, no son gente del Libro. Muy pocos los consideran gente del Libro. En el Corán solo se ha llamado gente del Libro a dos comunidades. Si también se considerara a los magos gente del Libro, se hablaría de tres comunidades en lugar de dos. El Noble Profeta (la paz sea con él) no dijo que fueran gente del Libro; únicamente ordenó tratarlos como a la gente del Libro, y eso solo en relación con el cobro de la yizia por parte de ellos. (árabe*********) —El traductor.]

Según el imán Abu Hanifa, los sabeos son gente del Libro. (Muchos también consideran que los brahmanes son gente del Libro. Se dice que les fue revelado un Libro, aunque lo han perdido.)

No es necesario investigar lo que está oculto a la vista

No es responsabilidad del musulmán preguntar ni esforzarse por investigar aquello que está oculto a la vista: cómo se realizó el sacrificio, si se cumplieron todas sus condiciones o si se pronunció el nombre de Allah durante el sacrificio. No tiene que intentar averiguar este tipo de asuntos desconocidos. Si un musulmán ha realizado el sacrificio, comer su carne es completamente lícito, independientemente de los demás asuntos desconocidos, ya sea que quien lo sacrificó sea ignorante, necio, impío o gente del Libro. Ya se ha mencionado que los Compañeros preguntaron: «¡Oh, Mensajero de Allah! La gente nos trae carne, pero no sabemos si pronunciaron o no el nombre de Allah al sacrificarla. ¿Qué debemos hacer en ese caso?». El Mensajero respondió: «Decid bismillah y comed».

Los especialistas han dicho acerca de este hadiz:

Este hadiz demuestra que todos los actos, intervenciones y demás deben considerarse válidos y correctos mientras no se encuentre una prueba concluyente de que son malos o inválidos.

La caza

Un gran número de personas entre los árabes y otras naciones del mundo depende de la caza para subsistir. Por ello, el Corán y la Sunna han otorgado especial importancia a este tema. Los autores de las obras de jurisprudencia islámica han dedicado capítulos independientes a esta cuestión en sus respectivos libros. En ellos han registrado detalladamente qué es lícito y qué es ilícito, así como qué es obligatorio y qué es recomendable en este ámbito. Era necesario exponerlo con tal detalle, pues muchos de los animales y aves cuya carne es pura y excelente viven fuera del alcance del ser humano. Capturarlos y someterlos tampoco es fácil, ya que no están familiarizados estrechamente con las personas. Por esta razón, el islam no ha impuesto a estos animales, para que sean lícitos, la misma condición que exige al sacrificar animales domesticados, es decir, cortar con un cuchillo la garganta o la parte inferior del cuello. Más bien, ha establecido un método sencillo para cazarlos. De este modo, se ha aliviado considerablemente la dificultad de las personas y se ha ampliado la facilidad en materia de alimentación.

El islam ha prestado plena atención a las necesidades naturales de las personas. El propósito de las condiciones establecidas en este ámbito es que el ser humano se someta a las creencias fundamentales del islam y a sus normas. Y, así como un musulmán debe observar las normas del islam en todos los asuntos y circunstancias, también en este caso debe cumplirlas debidamente.

Algunas de las condiciones de este ámbito se refieren al cazador, otras al animal cazado y otras al acto de cazar.

Aquí se trata de la caza de animales terrestres. En cuanto a la caza marina, ya se ha tratado anteriormente con detalle. En resumen, Allah ha hecho lícito todo ello sin ninguna restricción. Se ha dicho:

(Árabe***************)

Se os ha permitido la caza del mar y su alimento. (Sura Al-Ma’idah: 96)

Cuestiones relativas al cazador

Para quien caza en tierra se establece la misma condición que para quien sacrifica un animal. Es decir, debe ser musulmán o pertenecer a la Gente del Libro. También se puede comer la caza de quienes pertenecen a la Gente del Libro, como los sabeos y los magos.

La enseñanza del islam es que no es recomendable cazar inútilmente, es decir, sin la intención de comer o sin perseguir algún otro beneficio. Esto se debe a que el islam no permite matar animales sin motivo ni propósito. En un hadiz se ha dicho: (árabe********٩٥***********)

Quien mate un ave sin sentido ni propósito, el Día de la Resurrección esta se quejará ante Allah diciendo: «¡Oh Allah! Fulano me mató sin motivo; no me mató para obtener ningún beneficio!»

En otro hadiz se ha dicho: (árabe***********************)

Quien mate injustamente un gorrión o un ave mayor que este, Allah ciertamente le pedirá cuentas por ello el Día de la Resurrección. Un compañero preguntó: «¡Oh Mensajero! ¿Qué derecho tienen ellas?». Él respondió: «Su derecho consiste en sacrificarlas y comerlas, no en cortarles la cabeza y arrojarlas».

Otra condición para el cazador es que no se encuentre en estado de ihram para realizar el hayy o la umra. Esto se debe a que, mientras está en estado de ihram, el musulmán se encuentra en una situación de paz, seguridad y protección completa frente a los peligros. En este aspecto, la disposición para él es muy amplia: todos los animales y aves de su entorno también gozan de plena seguridad. Incluso si una pieza de caza se pone al alcance de la mano o de las flechas de un musulmán en estado de ihram, debe abstenerse de cazarla. Esta es una medida destinada a entrenar la paciencia del musulmán. Por eso Allah ha dicho en el Corán: (árabe***********************)

¡Oh, creyentes! Allah ciertamente os pondrá a prueba con algo de caza, al alcance de vuestras manos y de vuestras flechas, para saber quién le teme en secreto. Y quien transgreda después de esto tendrá un castigo doloroso.

(Árabe********************)

¡Oh, creyentes! No cacéis mientras estéis en estado de ihram. (Sura Al-Ma’idah: 95)

(Árabe*******************)

Mientras permanezcáis en estado de ihram, se os ha prohibido cazar en tierra. (Sura Al-Ma’idah: 96)

Condiciones relativas al animal cazado

La condición relativa al animal que se vaya a cazar es que sea un animal al que no sea posible sujetar y sacrificar en la garganta o en la médula. Si eso fuera posible, deberá ser sacrificado conforme a las normas establecidas; de no hacerlo, no será halal.

Si no ha sido cazado mediante el lanzamiento de una flecha ni por medio de un perro adiestrado, y se lo encuentra en un estado en el que aún conserva signos de vida, deberá ser sacrificado de la manera habitual, degollándolo. Pero si se lo encuentra en un estado en el que ya no conserva vida estable, lo apropiado es no sacrificarlo. Y si, encontrándolo en ese estado, se lo deja morir, no habrá pecado. Al-Bujari y Muslim transmitieron este hadiz:

(Árabe*****************)

Cuando envíes a tu perro cazador, pronuncia el nombre de Allah sobre él. Después, si mantiene la presa para ti y la encuentras viva, sacrifícala.

Métodos de caza

Los métodos mediante los cuales se puede cazar son de dos tipos:

1. Armas afiladas y puntiagudas, como espadas, lanzas, etc. En la aleya coránica se encuentra una indicación de este aspecto:

(Árabe********)

lo que alcanzan vuestras manos y vuestras flechas. (Sura Al-Ma’idah: 94)

2. Animales de caza que han sido debidamente adiestrados y entrenados para la caza, como perros, halcones, etc. En el Corán se ha dicho: (árabe******************)

Se os han hecho lícitas todas las cosas buenas y puras, y los animales de caza que habéis entrenado, enseñándoles con lo que Allah os ha enseñado……… (Sura Al-Ma’idah: 4)

Cazar con armas afiladas

Hay dos condiciones para cazar con un arma:

Primero, el arma debe penetrar en el cuerpo de la presa de tal manera que la herida sea la causa de su muerte; no debe morir por el impacto del arma. Hazrat Adi ibn Hatim (que Allah esté complacido con él) preguntó al Noble Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él):

(Árabe***************)

Cazo únicamente con una flecha sin punta. Si alcanza el objetivo, ¿es lícito comerlo?

El Noble Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) respondió:

Cuando dispares una flecha, si su parte afilada penetra en el cuerpo, cómelo. Pero si lo alcanza de lado y muere por el golpe, no lo comas. (Bujari, Muslim)

Este hadiz deja claro que lo fundamental es que el arma penetre en el cuerpo de la presa. Si la presa muere aplastada bajo un peso pesado, no será lícito comerla. Según este criterio, serán halal los animales cazados con balas de fusiles, pistolas y revólveres, porque estas balas penetran en el cuerpo de forma más afilada y profunda que las flechas, las lanzas y las espadas. En este sentido, un hadiz citado por el imán Ahmad dice:

No comas el animal o el ave cazados con un fusil; pero si lo sacrificas ritualmente, puedes comerlo. En Bujari también se cita una declaración de Hazrat Ibn Umar (que Allah esté complacido con él): la presa cazada con un fusil es tan haram como el animal muerto por el golpe de un bastón mawqadha; aquí, bunduqah significa una bola de barro. El animal cazado lanzándole eso es ciertamente haram. Sin embargo, aquí entendemos por fusil las armas de fuego modernas, y el animal cazado con ellas será, por supuesto, halal.

Los objetos semejantes a la honda son los fragmentos de piedra o de ladrillo cocido. El Noble Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo:

(árabe*********98***********)

No se puede cazar con fragmentos de piedra o de ladrillo, ni herir profundamente al enemigo. Sin embargo, con ellos se pueden romper dientes y dañar los ojos. (Bujari, Muslim)

La segunda cuestión es que, al lanzar el instrumento o disparar el arma, debe pronunciarse el nombre de Allah. Las enseñanzas que el Noble Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) impartió a Hadhrat Adi ibn Hatim (que Allah esté complacido con él), así como los hadices que él narró sobre este asunto, tienen una importancia especial.

La caza con perros

Cuando se desee cazar con perros, halcones u otros animales semejantes, deberán cumplirse las siguientes condiciones:

Una de ellas es que el animal o el ave debe recibir una instrucción y un entrenamiento adecuados para cazar.

La segunda es que el animal o el ave adiestrado cace para su dueño, y no para alimentarse por sí mismo. Esto se entiende de la indicación del Corán.

Y la tercera condición es pronunciar el nombre de Allah sobre él cuando se lo envía con el propósito de cazar.

Todas estas condiciones se mencionan en el siguiente versículo:

(Árabe******************)

La gente te pregunta qué les ha sido declarado lícito. Di: «Se os han declarado lícitas todas las cosas buenas y puras, y las presas de los animales o aves de caza que hayáis adiestrado para cazar. Comed de lo que os capturen y retengan para vosotros, y pronunciad sobre ello el nombre de Allah».

1. También está claramente definido lo que significa adiestrar a un animal o ave de caza: ejercer un control completo sobre él, poder dirigirlo según las propias órdenes, enviarlo cuando y hacia donde se desee y que esté dispuesto a actuar conforme a ellas; que se acostumbre a cazar y presentarse ante su dueño, a proteger sus pertenencias en ausencia de este y a alejarse cuando el dueño lo ahuyente. Algunos juristas discrepan parcialmente sobre la imposición de todas estas condiciones, pero, en términos generales, el animal o ave de caza debe estar debidamente adiestrado conforme a la costumbre establecida.

2. Proteger la presa para el dueño significa que el animal o ave de caza no debe comerse la presa, sino conservarla para su dueño. El Noble Profeta (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: (Árabe*******************)

Cuando envíes un perro para cazar y este capture una presa y coma parte de ella, no la comas tú, pues se ha demostrado que la retuvo para sí. Pero si, después de ser enviado, captura la presa y no come de ella, puedes comerla, pues se ha demostrado que la retuvo para su dueño. (Ahmad)

Algunos juristas han distinguido entre los animales de caza —como el perro— y las aves de caza, como el halcón. Han dicho que, aunque el ave de caza coma algo de la presa, sigue siendo lícito comerla; pero si el perro come de ella, no está permitido comerla.

Estas dos condiciones tienen una justificación bastante razonable. Adiestrar al perro para la caza y hacer que, después de cazar, retenga la presa para su dueño es compatible con la elevada dignidad del ser humano. Esta condición se estableció para mantener a las personas alejadas de los restos de comida del perro. Pues cuando el perro está adiestrado, caza la presa y la retiene para su dueño, no es más que un instrumento de caza que el cazador utiliza para cazar, como utiliza una flecha, una lanza o un arma de fuego.

3. Decir «Bismillah» al soltar al perro es igual que decir «Bismillah» al lanzar una flecha, arrojar una lanza o usar un cuchillo. Esto es lo que se ordena en el versículo coránico:

4. También se han transmitido numerosos hadices auténticos sobre este asunto, como los narrados por el honorable Adi ibn Hatim (que Allah esté complacido con él).

De la condición mencionada anteriormente también se desprende claramente que, si otro perro se une al perro que fue enviado, no será lícito comer la presa cobrada por ambos. El honorable Adi (que Allah esté complacido con él) preguntó:

(Árabe******************)

Envío a mi perro a cazar y después veo junto a él un segundo perro desconocido. ¿Qué debo hacer entonces?

El Noble Profeta (que Allah le bendiga y le conceda paz) dijo:

Entonces no comas la presa, porque has pronunciado «Bismillah» sobre tu propio perro, el que enviaste, y no sobre el otro. (Y no sabes cuál de los dos cazó la presa.)

Si olvida decir «Bismillah» al lanzar la flecha o al enviar al animal de caza, bastará con corregir este olvido al comer. Allah, por Su misericordia, ha perdonado y perdona muchas faltas y errores de la comunidad musulmana. Este caso se considera perteneciente a esa categoría.

Encontrar la presa muerta después de lanzar la flecha

Es bastante frecuente, y puede ocurrir, que el cazador lance una flecha con la intención de cazar, que esta atraviese a la presa y que luego esta desaparezca de su vista y se pierda. Después de algún tiempo se la encuentra muerta; tampoco es raro encontrarla varios días más tarde. En tal situación, la presa puede ser halal si se cumplen ciertas condiciones:

1. No debe haber quedado en el agua. A este respecto, hay un hadiz en el que el Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo:

(Árabe***********)

Cuando lanzas tu flecha contra una presa y luego la encuentras muerta, puedes comerla. Pero si la encuentras caída en el agua, no la comas, pues no sabes si murió por el impacto de tu flecha o por haberse ahogado en el agua.

2. No debe haber en ella marcas de otra flecha, de modo que pueda saberse que ninguna otra flecha causó su muerte. Adí ibn Hátim dijo en árabe:

¡Oh, Mensajero! Yo lanzo flechas para cazar. Al día siguiente encuentro la presa, con mi flecha clavada en ella.

El Noble Profeta (la paz sea con él) dijo:

Si sabes con certeza que fue tu flecha la que lo mató y no encuentras en él ninguna señal de que lo haya atacado una fiera, puedes comerlo. (Tirmidhi)

3. La presa no debe estar a punto de pudrirse, pues la naturaleza humana sana siente aversión por comer cosas podridas. Además, estas son perjudiciales. En un hadiz transmitido en Sahih Muslim se narra que el Noble Profeta (la paz sea con él) dijo a Abu Sa‘laba (que Allah esté complacido con él):

(Árabe*****************)

Si después de disparar tu flecha esta permanece fuera de tu vista durante tres días y luego encuentras la presa, puedes comerla siempre que no se haya podrido.

Las bebidas alcohólicas

Se llama bebida alcohólica o vino a toda sustancia alcohólica cuyo consumo provoca embriaguez.

Al tratar detalladamente este tema, queremos señalar en primer lugar que el consumo de esta sustancia causa graves daños a la razón, la conciencia y la salud física de la persona. También destruye su religiosidad. Desde el punto de vista material, la persona cae asimismo en una grave desgracia. Su familia también sufre enormes perjuicios. Inevitablemente, una situación así trae extrema calamidad a la vida material, moral y espiritual de la nación y de la sociedad.

Un experto dijo acertadamente que nada ha golpeado al ser humano con tanta dureza como el alcohol. Si se examinan los hospitales del mundo, se verá que, a causa del consumo de alcohol, muchas personas se han vuelto locas y han contraído enfermedades incurables. Tras perder la salud de la mente y del cerebro, cometen homicidios; padecen enfermedades nerviosas y desarrollan afecciones crónicas del estómago. Incluso muchos dilapidan sus bienes y terminan completamente arruinados. Su número llega a ser tan elevado que, por muchos consejos que se les den, todo será en vano. No será posible introducir ningún cambio en sus vidas.

En la época de la ignorancia, los árabes se habían vuelto locos por beber alcohol. Su adicción al alcohol tampoco tenía límites. En su lengua le habían dado al alcohol cerca de cien nombres. En su poesía y sus versos se mencionaban sus diferentes clases y se describían las particularidades de cada una. Sus composiciones rebosaban de descripciones de la belleza de quienes lo bebían y lo servían, así como de elogios a las reuniones donde se consumía alcohol.

El islam los educó y guio por un camino definido y saludable. Por ello, se adoptó un proceso gradual para declarar ilícito el consumo de alcohol.

Primero se les prohibió rezar estando ebrios. Después se les explicó que el pecado de consumir alcohol era mucho mayor que su beneficio. Finalmente, mediante un versículo de profundo significado de la sura al-Maida, el consumo de alcohol fue declarado ilícito de manera definitiva y para siempre. El versículo dice:

¡Oh, creyentes! Sabed con certeza que el alcohol, los juegos de azar, los altares de sacrificio y los medios de adivinación no son sino inmundicia y obra de Satanás. Apartaos, pues, de ello. Quizá así triunféis. Satanás pretende sembrar entre vosotros la enemistad y el odio mediante el alcohol y los juegos de azar, y apartaros del recuerdo de Alá y de la oración. ¿Acaso no os abstendréis de estas cosas?

En estos dos versículos, Alá ha declarado ilícitos el consumo de alcohol y los juegos de azar con palabras severas, y ha ordenado o instado con gran énfasis a evitarlos. En este versículo se mencionan el consumo de alcohol y los juegos de azar junto con los altares de sacrificio y los medios de adivinación para mostrar la vileza y abominación de ambos. En el lenguaje coránico, esta acción es llamadaرجس y se la ha calificado como obra de Satanás. Es innecesario decir que las obras satánicas constituyen una desvergüenza de la peor clase. De este modo, el versículo ordena evitar ambas cosas. Al señalar el daño colectivo que provocan, se afirma que, como consecuencia de ellas, quien consume alcohol no podrá rezar y olvidará a Alá. Entre las personas surgirán una hostilidad y un odio extremos, hasta convertirse en enemistad mortal. El ser humano perderá la oración y el recuerdo de Alá, ambos medios para alcanzar la elevación espiritual. Después de decir todo esto, se pregunta a los creyentes, con un tono sumamente severo, si evitarán por completo ambas prácticas.

Ante una orden y una instrucción tan severas, los creyentes solo podían pronunciar una respuesta. Y esta era:

¡Oh, Señor! Nos abstendremos.

¡Oh Dios!, nos abstuvimos de ello.

Y, en la práctica, los musulmanes ofrecieron una escena asombrosa. Algunos musulmanes se habían reunido en un lugar y estaban bebiendo alcohol. Uno de ellos tenía un recipiente en la mano y había bebido una parte, pero aún no lo había terminado. En cuanto escuchó este versículo, apartó el recipiente de su boca y derramó boca abajo lo que quedaba.

Debido a que los efectos nocivos del consumo de alcohol se reflejan gravemente en la vida del individuo, la familia, la sociedad, la nación y el Estado, varios Estados modernos también han intentado prohibirlo mediante la ley y el poder. En cierta ocasión, Estados Unidos quiso poner fin al consumo de alcohol por la fuerza de la ley. Sin embargo, tuvo que reconocer el fracaso absoluto de esta medida. Solo el islam logró combatir el consumo de alcohol y erradicarlo plenamente.

Entre las autoridades eclesiásticas ha surgido una gran divergencia al determinar la doctrina cristiana sobre el consumo de alcohol. Basándose en distintos pasajes del Evangelio, establecieron una opinión:

Beber una pequeña cantidad de alcohol es bueno y beneficioso para el estómago.

Si esto fuera correcto y el alcohol realmente fuera bueno para el estómago, sería inevitable que el alcohólico comenzara a beber cantidades cada vez mayores con el pretexto de consumirlo en pequeñas cantidades. Un vaso de alcohol solo despierta el deseo de muchos vasos más. Así, no solo se acostumbrará a beber alcohol, sino que tampoco le será posible mantener ningún límite en la cantidad.

Pero también en este asunto la postura del islam es clara y concluyente. No solo es haram beber alcohol, sino que toda forma de ayuda y cooperación en ese acto es completamente haram.

Todas las sustancias intoxicantes son haram

Cuando el Noble Profeta (la paz y las bendiciones sean con él) declaró por primera vez la prohibición de consumir bebidas alcohólicas, no prestó ninguna atención a con qué se elaboraban. Su atención estaba dirigida a sus efectos y consecuencias. Y estos son la intoxicación. Por tanto, todo aquello que produzca intoxicación será considerado haram, sin importar de qué sustancia se elabore. Esta es la palabra definitiva del islam acerca de las bebidas alcohólicas. Por consiguiente, la cerveza y toda otra bebida intoxicante similar son completamente haram.

Al Noble Profeta (la paz y las bendiciones sean con él) le preguntaron acerca de las bebidas alcohólicas elaboradas con miel, maíz y cebada. En respuesta, proclamó un principio fundamental y dijo: (árabe*********************)

Toda sustancia intoxicante es jamr, y todo jamr es haram. (Muslim)

Hazrat Umar al-Faruq (que Allah esté complacido con él) proclamó, de pie sobre el púlpito del Noble Profeta (la paz y las bendiciones sean con él):

(Árabe************)

Todo aquello que obnubile y pervierta el entendimiento y la razón de las personas es jamr y está prohibido. (Bujari, Muslim)

Toda sustancia intoxicante es haram, sea poca o mucha

En el islam, toda sustancia intoxicante ha sido declarada haram. En este asunto, no se presta ninguna atención a su cantidad. Por tanto, sea poca o mucha, en ambos casos es haram. Esta medida se estableció para que, al poner el pie en este camino resbaladizo, la persona no se vea obligada a sufrir una caída tras otra. El Noble Profeta (la paz y las bendiciones sean con él) dijo claramente:

(Árabe****************)

Incluso la cantidad que llena la palma de la mano de aquello cuya gran cantidad embriaga es ilícita. (Ahmad, Abu Dawud, Tirmidhi)

(Árabe*******************)

Incluso la cantidad que llena la palma de la mano de aquello cuya pequeña cantidad, de unos pocos rattis, embriaga es ilícita.

El comercio de bebidas alcohólicas

El Noble Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) no se limitó a declarar ilícito beber bebidas alcohólicas, ya fuera en poca o mucha cantidad. También declaró ilícito comerciar con ellas. Incluso comerciar con ellas con los no musulmanes tampoco está permitido. Por tanto, ningún musulmán puede dedicarse lícitamente a importar o exportar bebidas alcohólicas. Ni construir una fábrica para producirlas ni abrir un bar está permitido. Trabajar en una tienda de bebidas alcohólicas está igualmente prohibido. Por esta razón, el Noble Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) maldijo a diez personas por su relación con las bebidas alcohólicas. Son: (Árabe**********************)

El productor de bebidas alcohólicas, quien encarga su producción, quien las bebe, quien las transporta, aquel para quien son transportadas, quien las sirve para beber, quien las vende, quien consume su precio, quien las compra y aquel para quien se compran: sobre todos ellos recae la maldición. (Tirmidhi, Ibn Majah)

(Árabe*******************)

Allah Altísimo ha prohibido beber vino. Por lo tanto, quien conozca esta disposición, aunque tenga alguna cantidad en su poder, no podrá beberlo ni venderlo. (Muslim)

El narrador del hadiz dice que, en ese momento, todos los que tenían vino almacenado lo derramaron en los caminos y callejuelas de Medina.

Con el propósito de cerrar todos los caminos que conducen al consumo de vino, se proclamó que ningún musulmán debía vender uvas a alguien de quien se supiera que las utilizaría para elaborar vino.

En un hadiz se dice:

Quien coseche y almacene uvas con la intención de venderlas a un judío, a un cristiano o a cualquier otra persona que las convierta en vino, se habrá arrojado deliberadamente al fuego. (Al-Tabarani, en Al-Awsat)

El musulmán no puede regalar vino

Para los musulmanes no solo está prohibido vender vino y consumir su precio; también está absolutamente prohibido que un musulmán se lo entregue como regalo a un no musulmán. Tampoco se le puede ofrecer a él como obsequio. Esto se debe a que el musulmán es puro: no puede regalar ni ofrecer como agasajo a nadie algo que no sea puro, ni puede aceptarlo él mismo. Un hombre expresó su intención de ofrecer vino como regalo al Noble Mensajero. Al enterarse de ello, el Profeta (que Allah le bendiga y le conceda paz) le dijo que Allah Altísimo había prohibido el vino. Entonces el hombre dijo: «¿Debo venderlo, pues?». El Mensajero respondió:

Quien ha prohibido beberlo también ha prohibido entregárselo como obsequio a un judío.

Entonces el hombre dijo: «¿Qué debo hacer con ella?». El Noble Mensajero (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) respondió: «Viértela en las calles de Medina».

Evitar las reuniones donde se consume alcohol

Precisamente por ello, se ha ordenado a todo musulmán evitar las reuniones o asambleas donde se consume alcohol. También se les ha prohibido relacionarse con los ebrios. Umar (que Allah esté complacido con él) narró: el Noble Mensajero (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo:

Que quien crea en Allah y en el Último Día no se siente junto a otros en una reunión o a una mesa donde se sirva alcohol. (Ahmad)

Por otra parte, todo musulmán tiene el deber de esforzarse por impedir las injusticias y los actos pecaminosos. Pero si no le es posible hacerlo, al menos deberá marcharse de allí.

Umar ibn Abd al-Aziz azotaba, junto con los ebrios, también a quienes se sentaban con ellos en sus reuniones, aunque ellos mismos no bebieran. En cierta ocasión trajeron a varios ebrios. Él ordenó que fueran castigados. Alguien dijo: «Entonces a él habría que castigarlo primero». ¿Acaso no habéis oído el mandato de Allah:

(Árabe******)

En vuestro Corán se ha revelado este mandato: cuando oigáis que se niegan las aleyas de Allah y escuchéis conversaciones en las que se burlan de ellas, no os sentéis más con ellos. Si después prestan atención a otro asunto, entonces será diferente. Pero si aun en ese momento permanecéis sentados con ellos, también seréis culpables de un delito semejante.

El vino no es una enfermedad ni un medicamento

A partir de estas pruebas y evidencias concluyentes se comprende que el islam adoptó una postura sumamente firme e inflexible en su lucha contra el vino. Quiso mantener al musulmán alejado de él. Quiso levantar una barrera infranqueable entre los musulmanes y el consumo de vino, de modo que no quedara abierto ni siquiera el más pequeño resquicio o camino. No se dejó a los musulmanes ninguna posibilidad de utilizar el vino para ningún propósito.

Para el musulmán no se ha permitido beber vino, ni siquiera en pequeña cantidad. Tampoco está permitido comprarlo o venderlo. No se puede ofrecer como regalo o presente. También está prohibido fabricarlo, y es completamente ilícito conservarlo en la propia tienda, oficina o vivienda. No se puede servir en celebraciones, invitaciones, banquetes ni recepciones. Tampoco se puede ofrecer con él hospitalidad a huéspedes no musulmanes. Del mismo modo, el islam no permite mezclarlo con alimentos o bebidas.

Sin embargo, hoy se ha planteado la cuestión de si se puede utilizar el vino como medicamento. También se le formuló esta pregunta al Noble Mensajero (s.a.s.). En respuesta, dijo: (Árabe*******************)

El vino no es ningún medicamento; en realidad, no es más que una enfermedad. (Muslim, Ahmad, Abu Dawud, Tirmidhi)

El Noble Mensajero (s.a.s.) dijo: (Árabe*********************)

Allah ha hecho descender tanto las enfermedades como sus remedios. También ha dispuesto el tratamiento para vuestras enfermedades. Por tanto, tratadlas, pero no con cosas ilícitas. (Abu Dawud)

(Árabe*******************)

Dios no ha puesto ninguna curación para vuestras enfermedades en las cosas que os ha prohibido.

Se ha declarado prohibido tratarse con vino y otras sustancias ilícitas. Esto no resulta sorprendente. Pues declarar ilícita una cosa significa ordenar que se mantenga uno alejado de ella y que la evite completa y absolutamente. Ahora bien, si se utilizara como medicamento, habría que permanecer inmerso precisamente en esa cosa ilícita y se fomentaría el interés por ella. En tal caso, declarar ilícita esa cosa perdería todo sentido. El imán Ibn al-Qayyim expuso precisamente este argumento.

También dijo: «Si se permitiera utilizar cosas ilícitas como medicamentos, aumentaría el interés y la atracción de la gente hacia ellas, pues existe una inclinación natural del corazón hacia ellas. Especialmente cuando se demostrara que son beneficiosas y parecieran curar las enfermedades y proporcionar salud, sería imposible abstenerse de ellas. Si se permitiera utilizar el vino como medicamento, se convertiría en un medio para satisfacer los deseos. Llamando la atención en este punto sobre un aspecto psicológico importante, el imán Ibn al-Qayyim escribió:

Para curarse mediante un medicamento, es necesario utilizarlo con interés y sinceridad. Hay que considerarlo beneficioso y creer que se podrá obtener la bendición de la curación que Dios ha depositado en él. Pero el musulmán cree que el vino es indiscutiblemente ilícito. Precisamente por esta creencia no podrá curarse mediante el vino. Tal creencia no permitirá que se forme una buena opinión sobre él, y también será difícil consumirlo con interés. Por el contrario, cuanto más firme sea el siervo en la fe, más odiará el vino; lo considerará malo y no podrá soportarlo. En tal situación, no podrá curarse utilizando vino; más bien, su enfermedad aumentará.»

Todo esto es cierto. Sin embargo, la necesidad y la situación extrema tampoco carecen de importancia desde la perspectiva de la sharía. Por ello, teniendo en cuenta estas circunstancias, se han establecido las normas de la sharía. Si una enfermedad pone en peligro la vida de una persona y se determina que el vino o un medicamento que lo contenga es el único tratamiento, y no se encuentra ningún otro medicamento que pueda sustituirlo, y un médico musulmán creyente, dotado de firmeza en la fe, ha prescrito su uso, únicamente en tal situación podrá utilizarse como medicamento. (Aunque no es frecuente que se presente una situación así.) Pues la sharía facilita la vida de las personas y elimina los obstáculos y las dificultades. Naturalmente, este permiso del islam debe aplicarse dentro de límites concretos y estrechos, y no pueden transgredirse. Dios ha dicho:

Pero quien se vea obligado por una necesidad extrema, sin desearlo ni exceder los límites, encontrará que Dios es indulgente y misericordioso.

Sustancias que anulan la conciencia

El jamr es aquello que anula la razón y la conciencia de las personas. Este es un principio fundamental de enorme importancia y amplio alcance. Su excelencia Umar, que Dios esté complacido con él, lo declaró al pronunciar un discurso desde el púlpito del Noble Mensajero. A la luz de estas palabras, puede comprenderse el significado de la palabraخمرutilizada en el Corán, y no queda lugar para ninguna duda o sospecha al respecto. Así se sabe de manera concluyente que toda sustancia que anule la razón y la conciencia de las personas, que les arrebate o afecte de algún modo los sentimientos, el discernimiento, la capacidad de comprensión y la facultad de tomar decisiones, recibe el nombre de jamr o vino (bebida alcohólica). Y Dios y Su Mensajero han prohibido para siempre precisamente esa cosa.

El cannabis, el opio, la cocaína y otras sustancias semejantes pertenecen a esta categoría. Ofuscan la razón y el entendimiento de la persona de tal manera que lo lejano le parece cercano y lo cercano, lejano. Comienza a sufrir ilusiones o confusiones respecto de lo que realmente existe. Y llega a creer que existe aquello que en realidad no existe. Así, se hunde en un océano de errores extremos y de ideas y fantasías infundadas. Finalmente, olvidándose de sí mismo, de su religión y de todo su mundo, comienza a vagar por un mundo de meras fantasías.

Además, el consumo de este tipo de estupefacientes deteriora la salud. Los nervios pierden la conciencia. El cuerpo se debilita. A esto se suman una mentalidad débil, la falta de valor, la degradación moral, la pérdida de la fuerza de voluntad y la impaciencia; como consecuencia, la persona habituada a consumir estas sustancias venenosas provoca una extensa putrefacción en el cuerpo social.

Además de todos estos vicios y desastres, el despilfarro de los bienes y la ruina y el desmoronamiento del hogar y la familia son consecuencias inevitables. Muchas veces, la persona habituada a consumir estas sustancias anestésicas (annesthetic) gasta incluso el dinero destinado a la comida y las necesidades de sus hijos en comprar dichas sustancias. Por ello, tampoco tiene reparos ni vacilaciones en recurrir a la corrupción y a medios deshonestos.

Ya se ha dicho que el principio fundamental del islam es que las cosas haram son la causa de toda vileza, maldad, bajeza y perjuicio. Y la realidad ha demostrado que, desde el punto de vista de la salud, así como desde las perspectivas psicológica, social y económica, estas cosas son sumamente perjudiciales y peligrosas; no cabe duda de ello. Todos los juristas que vivieron cuando comenzó a extenderse el uso de estas sustancias coincidieron plenamente en su vileza y bajeza. El shayj al-islam Ibn Taymiyya fue el más destacado entre ellos. Escribió:

El hachís y el cannabis son haram, haya pérdida de conciencia o no. Su consumo provoca agitación del corazón, euforia, júbilo y un estado de embriaguez de alegría. Por ello, principalmente los rebeldes contra Dios son quienes lo consumen. Por sus efectos y características, es tan estimulante como el vino. Incita a la gente a pelear y discutir. Además, el cannabis provoca trastornos mentales y causa una extrema humillación. También corrompe la conciencia y el temperamento de la persona. Estimula las tendencias sexuales viciosas. La persona pierde incluso su sentido del honor. Por estas razones, en cuanto a su efecto embriagador, el cannabis es más vil y perjudicial que el vino. Bajo la influencia del levantamiento de los tártaros, su uso se extendió ampliamente entre la gente. Quien lo consuma, en cantidad grande o pequeña, debe recibir la pena del consumo de vino: ochenta o cuarenta latigazos.

A quien se demuestre que ha consumido cannabis se le debe considerar culpable del delito de haber bebido vino. En algunos aspectos, su delito es incluso más grave que el consumo de vino. Por tanto, se le debe imponer la misma pena que por beber vino. La norma de la sharía establece que, respecto de las cosas haram hacia las cuales surge deseo y apetito, como el vino y la fornicación, debe aplicarse el hadd. Pero respecto de aquellas cosas por las que no surge deseo, como comer carne de un cadáver, si alguien las consume debe recibir ta’zir. Sin embargo, para los consumidores de cannabis este es tan querido y apetecible que nunca pueden abandonarlo, aunque las pruebas concluyentes del Corán y la Sunna demuestran de manera igualmente irrefutable que es haram, del mismo modo que demuestran que el vino y otras sustancias semejantes son haram.

(Árabe**************)

Toda cosa perjudicial es haram

Según la regla general de la sharía islámica, al musulmán no le está permitido comer ni beber nada que pueda destruirlo o acabar con él de inmediato o gradualmente. Todo tipo de veneno y cualquier otra cosa perjudicial son haram por esta razón. También es ilícito comer y beber en exceso, pues es natural que ello provoque enfermedades. No basta con que el musulmán se ocupe únicamente de satisfacer las exigencias del nafs; su din, millat, vida, salud, bienes y las innumerables bendiciones de Allah están confiados a su cuidado como una amanah. Debe cumplir también los derechos de todo ello. Por tanto, no tiene derecho a destruir ninguna de esas cosas. El propio Allah Ta’ala ha dicho: (árabe**********************)

No os matéis a vosotros mismos. Ciertamente, Allah es sumamente misericordioso con vosotros. (Sura An-Nisa: 29)

(Árabe*********************)

No os arrojéis a la destrucción con vuestras propias manos.

El Noble Mensajero (s. a. s.) dijo: (árabe********************)

No se causará daño a sí mismo ni causará daño a otros.

Sobre la base de estos principios fundamentales, podemos decir que, si el tabaco resulta perjudicial para quienes lo consumen, entonces es haram. (No existe ninguna prueba directa para declarar que sea haram. Lo que existe permite, como mucho, calificarlo de makruh). En particular, si un médico declara que fumar tabaco es perjudicial para una persona determinada, entonces queda prohibido por la aleya antes citada. Y aunque no fuera perjudicial para la salud, no cabe duda de que implica un derroche extremo de bienes y riquezas, del que no se obtiene ningún beneficio religioso ni mundano. Se ha transmitido en un hadiz: (árabe*************************)

El Noble Profeta (s. a. s.) prohibió el despilfarro de bienes y riquezas.

Pero si alguien es tan pobre que le resulta difícil conseguir siquiera los gastos necesarios para sí mismo y su familia, entonces esta prohibición es para él aún más estricta y enfática.

Vestimenta y atuendo

El musulmán embellecerá su apariencia y figura utilizando la belleza creada por Allah, así como ropa y un atuendo apropiados; en el islam esto no solo está permitido, sino que es plenamente deseable.

El islam pretende alcanzar dos objetivos mediante la vestimenta. Uno es cubrir las partes íntimas y el segundo, obtener belleza. Allah, exaltado sea, ha otorgado un gran favor al disponer para la humanidad vestimenta y elementos de adorno. Él mismo dijo:

(Árabe*********************)

¡Oh, hijos de Adán! Hemos hecho descender para vosotros vestimentas que cubren vuestras partes íntimas, así como adornos para vosotros. Entre estos dos objetivos de la vestimenta —cubrir las partes íntimas y adornarse— deben establecerse y mantenerse necesariamente la armonía y el equilibrio. Si se destruye este equilibrio, se abandona la senda principal del islam y se adopta el camino satánico. Esta es una verdad de suma importancia. En el versículo citado a continuación, Allah, exaltado sea, ha prohibido claramente adoptar, siguiendo las huellas de Satanás, el camino de la desnudez y de la falta de belleza: (árabe*********************)

¡Oh, hijos de Adán! Que Satanás no os conduzca a la perdición, como expulsó a vuestros padres del Paraíso y les quitó sus vestiduras para dejar al descubierto sus partes íntimas ante ellos. (Sura al-A’raf: 27)

En otro versículo dijo: (árabe*********************)

¡Oh, hijos de Adán! Adoptad vuestro adorno cada vez que acudáis a una mezquita; comed y bebed, pero no transgredáis. (Sura al-A‘raf: 31)

Así como una persona civilizada siente vergüenza de descubrir las partes privadas de su cuerpo y las cubre, el islam ha hecho obligatorio para todo musulmán adoptar una apariencia y una forma distintas de las de los animales desnudos. La enseñanza del islam es que incluso en la soledad se deben cubrir las partes íntimas, para que la vergüenza y el pudor se conviertan en un hábito y en un adorno natural de la persona.

Bahŷ ibn Hakim relató de su abuelo: (Árabe*********************)

Dije: «¡Oh, Mensajero! ¿Hasta qué punto debemos proteger nuestras partes íntimas y hasta qué punto no?». El Mensajero dijo: «Protege tus partes íntimas de todos, excepto de tu esposa y de tu esclava». Dije: «¡Oh, Mensajero! ¿Y cuando las personas se reúnan durante un viaje u otra ocasión semejante?». Dijo: «Aun entonces, mantén cubiertas tus partes íntimas tanto como sea posible». Dije: «¿Y cuando uno de nosotros se encuentre solo?». Dijo: «Es obligación de todos sentir mayor vergüenza ante Allah». (Aḥmad, Abū Dāwūd, Ibn Māŷah, at-Tirmiḏī, al-Ḥākim, al-Bayhaqī)

La religión que establece la limpieza y la belleza

El islam ha dado mayor importancia a la limpieza antes que a la belleza, porque la limpieza constituye la base de toda belleza, elegancia y esplendor. El Noble Mensajero (s. a. s.) dijo:

(Árabe*******************)

Adoptad todos la limpieza, pues el islam es una religión limpia.

(Árabe*********************)

La limpieza llama a la fe, y la fe llevará consigo a su compañero al Paraíso. (Tibraní)

El Noble Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) exhortó a mantener limpios el cuerpo, la ropa, las casas y los caminos. En particular, ordenó mantener limpios los dientes, las manos y la cabeza.

La importancia que la limpieza tiene en la religión del islam no es en absoluto sorprendente, pues esta misma religión declaró que la pureza y la limpieza son como una llave para una práctica fundamental de adoración como la oración. Por ello, la oración del orante no es aceptada si su cuerpo, su ropa y el lugar no están limpios. La limpieza y pureza obtenidas mediante el baño ritual y la ablución son algo distinto de esta limpieza.

Los árabes vivían en entornos rurales y desérticos. Por ello, muchas personas no consideraban necesario prestar demasiada atención a la limpieza y la belleza. Por esta razón, el Noble Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) procuraba siempre despertar en ellos el sentido de la pureza y la limpieza. Mediante su formación, los elevó tanto que se convirtieron en la nación civilizada más destacada del mundo. Toda clase de vileza y rudeza quedó atrás en sus vidas. Como resultado, en su condición se desarrolló una belleza equilibrada.

Un hombre se presentó ante el Noble Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él). Su barba y el cabello de su cabeza estaban desaliñados. El Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) le hizo un gesto que daba la impresión de que le estaba indicando que arreglara su cabello y su barba. Él lo hizo y se presentó de nuevo ante el Mensajero después de arreglarse el cabello y la barba. Al verlo, el Noble Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: (árabe**************)

¿Acaso no es mejor esto que presentarse con el cabello desordenado, como si fuera un demonio?

El Noble Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) vio a otro hombre cuyo cabello estaba desordenado. Dijo: (árabe**********)

¿Acaso ese hombre no encontraba nada con qué arreglarse el cabello? Al ver a otro hombre vestido con ropa sucia, dijo: «¿Acaso ese hombre no encontraba nada con qué limpiar y lavar su ropa?» (Abu Dawud)

El Noble Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) vio a otro hombre que llevaba ropa de mala calidad y le dijo: «¿Posees alguna riqueza?»

El hombre respondió: «Sí». Le preguntó: «¿Qué tipo de riqueza?» El hombre respondió:

(Árabe******************)

«Allah me ha dado toda clase de riquezas».

Entonces el Noble Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo:

«Puesto que Allah te ha concedido riquezas, es apropiado que se manifiesten en ti las bendiciones y la gracia de Allah». (an-Nasa’i)

El Noble Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) insistió especialmente en mantener una adecuada limpieza e higiene durante las reuniones públicas, como la oración del viernes y las dos festividades del Eid. Dijo:

Si es posible, el viernes se deben vestir otras dos prendas, aparte de las dos que se llevan durante el trabajo. (Abu Dawud)

El oro y las prendas de seda están prohibidos para los hombres

Aunque el islam ha declarado lícita y deseable la belleza y ha prohibido considerarla ilícita, como se ha dicho:

(Árabe*******************)

Di: «¿Quién ha prohibido la belleza y las provisiones puras que Allah ha dispuesto para Sus siervos?» (Sura al-A‘raf: 32)

Sin embargo, a los hombres se les han prohibido dos tipos de adornos, aunque se han hecho completamente lícitos para las mujeres: primero, el uso de joyas de oro.

Segundo, vestir prendas de seda pura.

Se ha narrado de Ali —que Allah esté complacido con él— que dijo: (árabe*******************)

El Noble Profeta (s. a. s.), sosteniendo la seda en su mano derecha y el oro en la izquierda, dijo: «Estas dos cosas están prohibidas para los hombres de mi comunidad». (Ahmad, Abu Dawud, Nasai)

Se narró de Hazrat Umar (r. a.) que dijo: «Escuché al Noble Profeta (s. a. s.) decir: (árabe**************)»

No vistáis prendas de seda, pues quien vista prendas de seda en este mundo no podrá vestirlas en la otra vida. (Bujari, Muslim)

Respecto a la vestimenta de seda, dijo: (árabe*****************)

Esta es la vestimenta de aquellos que no tendrán ninguna parte en la otra vida.

El Noble Profeta (s. a. s.) vio un anillo de oro en la mano de un hombre. Entonces se lo quitó, lo arrojó lejos y dijo: (árabe**********************)

¿Acaso quieres sostener una chispa con tu propia mano?

Después de que el Noble Profeta (s. a. s.) se levantó y se marchó, le dijeron al hombre: «Recoge tu anillo y úsalo». Entonces él dijo: (árabe*********************)

No, ¡por Dios! No recogeré lo que el noble Mensajero (s.a.s.) ha arrojado lejos. (Muslim)

Al igual que este anillo de oro, en la época moderna se ve a personas adineradas y amantes del lujo utilizar bolígrafos de oro, encendedores de cigarrillos de oro, estuches de cigarrillos de oro y boquillas para cigarrillos de oro, entre otras cosas. Todo esto es haram.

Sin embargo, el Profeta noble (s.a.s.) hizo halal y permitido que los hombres también usaran anillos de plata. En el Sahih de Bujari se narra de Hazrat Ibn Umar (r.a.). Él dijo: (árabe***********************)

El Profeta noble (s.a.s.) llevaba un anillo de plata, que adornaba su propia mano. Después pasó a adornar la mano de Hazrat Abu Bakr. Luego, la mano de Hazrat Umar, y después, la mano de Hazrat Uthman. Finalmente, cayó en un pozo llamado Aris. (Bujari)

Además, no es haram usar anillos hechos de hierro u otros materiales. No se conoce ninguna prueba concluyente que indique que sean haram, y en un hadiz narrado en el Sahih de Bujari se dice que el Profeta noble (s.a.s.) le habló a un hombre sobre la dote matrimonial: (árabe****)

Busca y trae alguna cosa, aunque sea un anillo de hierro.

Basándose en este hadiz, el imán Bujari sostuvo que está permitido usar anillos hechos de hierro.

No obstante, si existe una razón genuina, puede estar permitido usar ropa de seda. El Profeta noble (s.a.s.) permitió a Hazrat Abdur Rahman ibn Awf (r.a.) y a Hazrat Zubair ibn al-Awwam (s.a.s.), a Hazrat Abdur Rahman ibn Awf (r.a.) y a Hazrat Zubair ibn al-Awwam (r.a.), usar ropa de seda debido a sus enfermedades, como la sarna y la picazón.

Razones por las que el uso de la seda y el oro está prohibido a los hombres

El objetivo fundamental de prohibir a los hombres el uso de la seda y de las joyas de oro es proporcionarles una excelente formación moral. Pues el islam es la religión de la yihad y de la demostración de fuerza. Por ello, uno de los objetivos del islam es proteger la virilidad de toda clase de debilidad moral, desenfreno y decadencia. Al-lah ha dotado al hombre de una constitución corporal y una estructura física especiales, diferentes de las de la mujer. Por tanto, los hombres no deben, por competir con las mujeres hermosas, empezar a llevar joyas valiosas y prendas de vestir excesivamente lujosas y ostentosas. Además, en ello también subyace el bienestar colectivo y general.

El islam ha luchado contra el lujo, la comodidad excesiva y la ostentación. Prohibir a los hombres las joyas de oro y las prendas de seda es precisamente una parte de esa lucha. Pues, desde la perspectiva del Corán, el lujo y la vida de comodidad excesiva pueden convertirse en causa de la destrucción y la ruina de una nación. También son fruto de la opresión y la explotación colectivas. Pues un pequeño número de personas acumula montañas de lujo y disfruta de una comodidad ilimitada explotando a la mayoría y a los pobres. Y esta clase de personas siempre ha constituido una fuerza de resistencia contra cualquier reforma social y cualquier esfuerzo por el bienestar colectivo. En este punto, la declaración del Corán es: (árabe************************)

Cuando decidimos destruir una ciudad, hacemos que sus habitantes acomodados, entregados al lujo y a la comodidad, se conviertan en sus dirigentes; entonces comienzan a desobedecer a Al-lah. Después hacemos efectivo sobre sus habitantes el decreto del castigo y la destruimos por completo. (Sura Bani Israel: 16)

(Árabe***********************)

Cuando enviamos a un amonestador a una población y este comienza su misión, los ricos y acomodados de allí empiezan a decir: «Negamos aquello con lo que habéis sido enviados». (Sura as-Saba: 34)

En conformidad con esta orientación y perspectiva del Corán, el Noble Profeta (la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él) declaró ilícitos en la vida musulmana los artículos de lujo y comodidad. Así vemos que, por un lado, declaró ilícitos para los hombres las joyas de oro y las prendas de seda y, por otro, declaró igualmente ilícitos tanto para hombres como para mujeres todos los utensilios de oro y plata.

Además, en este asunto también hay razones económicas. Pues el oro se considera un capital reservado dentro de la gestión internacional, como activo líquido. Por consiguiente, no puede ser en modo alguno conveniente que los hombres lo utilicen como adorno o como recipiente.

¿Por qué es lícito para las mujeres?

Al no prohibir a las mujeres el uso de joyas de oro y prendas de seda, se han tenido en cuenta sus características particulares. La naturaleza femenina tiende innatamente a la belleza. El carácter de la mujer tiene una inclinación natural hacia el cuidado de la apariencia, los cosméticos y el uso de adornos. Sin embargo, el islam no permite ni da oportunidad de utilizar estas cosas para atraer a hombres ajenos y despertar en ellos impulsos sexuales ilícitos. En un hadiz se dice: (árabe****************)

Toda mujer que se perfuma y se acerca a hombres ajenos, de modo que ellos perciben su fragancia, es una adúltera, y la mirada dirigida hacia ella se convierte en una mirada adúltera. (An-Nasa’i, Ibn Jara, Ibn Harayash)

Acerca de advertir a la sociedad femenina, Allah dijo: (árabe*******************)

Que las mujeres no golpeen sus pies con tanta fuerza que su belleza oculta pueda hacerse manifiesta y quedar expuesta. (Sura An-Nur: 31)

La vestimenta de la mujer musulmana

El islam ha prohibido a las mujeres llevar prendas a través de las cuales pueda hacerse visible exteriormente la belleza del cuerpo. Del mismo modo, también está completamente prohibido para las mujeres llevar prendas que dejen al descubierto determinadas partes del cuerpo y que puedan provocar excitación sexual en los hombres que las vean. No es lícito en absoluto que una mujer musulmana vista dejando al descubierto los senos, la cintura, los muslos, la espalda o el abdomen.

Abu Huraira (que Allah esté complacido con él) narró que el Noble Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: (árabe****************)

Habrá dos tipos de personas condenadas al Infierno. Un tipo estará compuesto por gobernantes y administradores injustos, que llevarán siempre col látigos semejantes a colas de vaca y azotarán con ellos a la gente. El segundo estará compuesto por mujeres que, aunque vistan ropa, estarán desnudas. Intentarán atraer a los hombres hacia sí y ellas mismas se inclinarán hacia los hombres. Sus cabezas serán como las jorobas inclinadas de los camellos. No entrarán en el Paraíso ni percibirán su fragancia, aunque el aroma del Paraíso se extenderá a una gran distancia. (Muslim)

Hay mujeres que, pese a llevar ropa, están desnudas porque sus prendas no cubren todo el cuerpo; sus ropas son tan finas que a través de ellas se transparenta el resplandor —la belleza— del cuerpo. También lo están porque llevan ropa dejando al descubierto las partes sexualmente estimulantes del cuerpo. En ambas situaciones se frustra el propósito fundamental de vestir. Las mujeres modernas de hoy se han acostumbrado precisamente a llevar este tipo de ropa.

Se ha comparado la cabeza de estas mujeres con la joroba de un camello porque atan el moño de su cabello muy alto sobre la cabeza. Parece que el Noble Profeta ya había visto con claridad lo invisible del futuro. Esto se debe a que esta moda de peinarse el cabello es propia de la época moderna; en aquel tiempo no existía. Hoy se han establecido en determinadas ciudades salones de estilo moderno para embellecer el cabello y hacer moños que lo vuelvan «modernos». En árabe, estos salones reciben el nombre de «kawāfir». Casi en todas partes son hombres quienes se encargan de dirigirlos. A cambio de su trabajo, exigen y cobran honorarios muy elevados. Y no solo eso: las mujeres consideran insuficiente el cabello natural que Dios les ha dado, compran cabello artificial y lo unen al suyo.

La situación es que, por un lado, cierto grupo de hombres ha comenzado a intentar superar a las mujeres en alegría, delicadeza y suavidad, belleza y atractivo, e incluso en apariencia. Por otro lado, las mujeres se esfuerzan por volverse atractivas y atraer a los hombres por todos los medios.

El hadiz citado anteriormente alude a un asunto específico. Existe una relación profunda entre la tiranía política o estatal y la decadencia moral. La situación actual demuestra de manera irrefutable la realidad de esta afirmación. Los políticos tiránicos mantienen constantemente a la nación ocupada en actividades cargadas de deseo sexual y, involucrando a la gente en sus problemas y complicaciones personales, quieren desviar su atención de los problemas nacionales, para que nadie repare en su tiranía.

Crear semejanza entre mujeres y hombres

El Noble Profeta declaró que es completamente ilícito que las mujeres vistan ropa masculina y que los hombres vistan ropa femenina. (Ahmad, Abū Dāwūd, Nasā’ī, Ibn Mājah, Ibn Ḥibbān)

Además, maldijo a quienes imitan a las mujeres asemejándose a los hombres y a quienes imitan a los hombres asemejándose a las mujeres. (Bujari)

La imitación se considera en todos los ámbitos: el habla, los movimientos, la manera de caminar, de sentarse y levantarse, la vestimenta, etc. Negar la propia naturaleza y no estar dispuesto a satisfacer las exigencias de la disposición natural, adoptando en cambio una conducta contraria a ella, constituye la causa fundamental de la corrupción en la vida humana y en la sociedad. El hombre posee una disposición natural particular, y la disposición natural de la mujer es completamente diferente. No existe en absoluto semejanza o afinidad entre la naturaleza de uno y la del otro. Pero cuando el hombre intenta convertirse en mujer, y las mujeres quieren adoptar maneras de actuar y una disposición masculina, el resultado inevitable es una extrema corrupción moral y social.

El Mensajero noble (s.a.s.) maldijo tanto al hombre a quien Allah, el Altísimo, creó como hombre, pero que desea convertirse en mujer e imitar a las mujeres, como a la mujer a quien Allah, el Altísimo, creó como mujer, pero que desea adornarse con características masculinas. Ambos están malditos tanto en este mundo como en el Más Allá. Los ángeles de Allah también se unen a esta maldición.

Por esta razón, el Profeta noble (s.a.s.) prohibió a los hombres vestir prendas de color amarillo. Se ha narrado de Hazrat Alí (r.a.) que dijo:

El Mensajero noble (s.a.s.) me prohibió usar un anillo de oro, prendas de seda y ropa de color amarillo. (Muslim)

Se ha narrado de Hazrat Ibn Umar (r.a.) que dijo: El Mensajero noble, al ver que llevaba dos prendas amarillas, me dijo:

Estas son prendas de los incrédulos. Por tanto, no las vistas.

La vestimenta de la fama y la arrogancia

Todas las cosas puras —bebidas, alimentos y prendas de vestir— son lícitas para el musulmán. Sin embargo, la condición es que no se incurra en excesos al consumirlas o utilizarlas, ni se manifieste ningún tipo de arrogancia u orgullo.

En la terminología árabe, «isrāf» significa el uso excesivo y transgresor de las cosas lícitas. La actitud mental de orgullo y vanidad también es un asunto interno, cuya manifestación externa rara vez se produce. Considerarse superior y caer en la vanidad es la arrogancia. Manifestarse como superior a los demás es la jactancia. Allah, exaltado sea, ha declarado en el Noble Corán:

Allah no aprecia ni ama a ninguna persona absorta en la vanagloria y la arrogancia. (Sura Al-Hadid: 23)

El Noble Profeta dijo:

A quien arrastre su ropa por arrogancia, Allah no le prestará atención el Día de la Resurrección. (Al-Bujari, Muslim)

Para mantener a los musulmanes alejados de la actitud de arrogancia y jactancia, el Noble Profeta prohibió vestir prendas de fama y notoriedad. La ropa que hace evidente que alguien se distingue de la gente común y que, por causa de ella, manifiesta su superioridad, es precisamente la vestimenta de fama y notoriedad. El Noble Mensajero dijo:

A quien vista una prenda de fama y prosperidad, Allah le hará vestir, el Día de la Resurrección, una prenda de humillación y deshonra. (Ahmad, Abu Dawud, al-Nasaí, Ibn Mayah)

Un hombre preguntó a Umar, que Allah esté complacido con él: «¿Qué tipo de ropa debo vestir?». Él respondió:

Vestirás una ropa que no haga que los ignorantes e insensatos te consideren frívolo y poco serio (es decir, no una ropa vil y baja), ni permita que las personas sensatas encuentren en ella defecto alguno (es decir, no vestirás una ropa que rompa el equilibrio). (Al-Tabarani)

La deformación de la creación de Allah en aras de una belleza excesiva:

El islam no aprueba en absoluto realizar actos para embellecerse que terminen deformando la creación de Allah. El Corán ha denominado esta práctica la «inspiración» o el consejo de Satanás. Según la declaración del Corán, Satanás mismo dijo acerca de su mala incitación: (árabe****************)

Ordenaré a mis seguidores. Así, ellos deformarán la creación misma de Allah. (Sura an-Nisa: 119)

Tatuarse el cuerpo, afilarse los dientes y someterse a operaciones para embellecerse

En el islam está prohibido hacerse dibujar diversas imágenes en el cuerpo con ayuda de instrumentos especiales y afilarse los dientes. Se cita en el hadiz: (árabe****************)

El Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) maldijo a todas estas categorías de personas: la mujer que se tatúa el cuerpo, quien hace que se lo tatúen, quien se afila los dientes y quien pide que se los afilen. (Muslim)

Para hacer tatuajes generalmente se utiliza tinta azul y se dibujan imágenes de un tipo muy desagradable. Como resultado, el rostro y las manos se vuelven antiestéticos. Los árabes, y especialmente las mujeres, han llegado muy lejos en esta práctica. Se tatúan todo el cuerpo. Algunos seguidores de determinadas religiones incluso se hacen dibujar imágenes de sus divinidades y sus símbolos. Los cristianos se hacen dibujar cruces en las manos y el pecho.

Además de estos males, uno de los mayores es que, al hacerse un tatuaje, se clava una aguja en el cuerpo, lo que provoca mucho dolor y sufrimiento. Por ello, tanto realizar esta práctica como hacer que otros la realicen está prohibido y maldito en el islam.

El Mensajero noble (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) ha maldecido tanto a quien lima y afila los dientes «‘ashr» como a quien pide que se los hagan así. También recae la maldición sobre la mujer que hace que otra persona le realice este procedimiento. Sin duda, si un hombre hace esto, también queda incluido en esa maldición.

Así como esto es cierto respecto de los dientes, el Mensajero noble (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) también declaró ilícito tallar y hacer hendiduras entre los dientes. Se ha narrado en un hadiz: (árabe****************)

El Mensajero noble (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) también maldijo a las mujeres que se separan y tallan los dientes con el propósito de aumentar su belleza, pues alteran el estado natural de la creación de Allah.

Muchas mujeres tienen naturalmente espacios entre los dientes de la boca, mientras que otras no los tienen. Las que no los tienen se los hacen artificialmente. De este modo, engañan a la gente. Recurren a esta artificialidad únicamente para aumentar su belleza. Como consecuencia, desde la perspectiva del islam, también aparece artificialidad en su naturaleza y carácter. El islam no está dispuesto en absoluto a tolerarlo.

Los hadices citados anteriormente son auténticos. Basándonos en ellos, podemos conocer la norma de la sharía sobre someterse a una operación (cirugía) con el propósito de aumentar la belleza. La civilización de esta época, adoradora del cuerpo y del placer sexual, ha difundido estas cirugías. Debe decirse que esta es una de las principales contribuciones de la civilización materialista occidental contemporánea. Influenciados por esta incitación, hombres y mujeres gastan miles de taka con el propósito de dar a su nariz, pecho (senos) y otras partes una forma acorde con sus deseos y atractiva. En realidad, tales actos atraen la maldición de Allah. Además de ser dolorosos, equivalen a cambiar sin motivo la forma que Allah ha creado. Y, en realidad, el cambio que puede lograrse mediante la cirugía es insignificante; no es posible efectuar un cambio verdadero. Como máximo, puede modificarse el cuerpo, no el espíritu.

Sin embargo, si alguien tiene un defecto que sobresale de la estructura corporal original y que le causa sufrimiento o lo mantiene afligido por una angustia psicológica, no hay inconveniente en tratarlo. No obstante, el único objetivo debe ser eliminar esa dificultad, pues la persona sufre por ella y su vida se vuelve insoportable. Esto está permitido porque Allah no ha establecido ninguna causa de dificultad para nosotros en la religión. (árabe*****************)

También se encuentra apoyo para esta opinión en los hadices. En ellos se prohíbe la cirugía con el propósito de aumentar la belleza. Por tanto, si se realiza con ese propósito, sin duda merece la maldición. Pero si se realiza para eliminar un sufrimiento o satisfacer una necesidad, no puede haber ningún inconveniente en ello.

Afinamiento de las cejas

Otro método moderno para obtener una belleza y un atractivo excesivos consiste en depilarse el pelo o el vello. Generalmente se trata de depilar el vello de las cejas para hacerlas lo más finas posible. Sin embargo, esta práctica está prohibida según el islam. El Mensajero de Dios (la paz y las bendiciones de Dios sean con él) maldijo a quien la realiza. Así se menciona en un hadiz.

El Mensajero de Dios (la paz y las bendiciones de Dios sean con él) maldijo tanto a la mujer que se depila el pelo o el vello como a aquella que hace que otra persona lo haga por ella. (Abu Dawud)

La depilación del pelo o del vello se vuelve aún más gravemente ilícita cuando se convierte en un hábito regular de mujeres inmorales y llega a ser una de sus características. Algunos eruditos de la escuela hanafí han dicho que está permitido a las mujeres depilarse el vello del rostro, aplicarse color rojo, dibujarse diseños y pintarse las uñas. Sin embargo, debe hacerse con el permiso del marido, pues estas prácticas se consideran adornos de belleza. Pero el imán Nawawi se opuso firmemente a depilar el pelo o el vello del rostro. Basándose en el hadiz citado anteriormente, declaró ilícita esta práctica. No obstante, Abu Dawud escribió en su Sunan que la mujer que se dibuja diseños en las cejas y las hace más finas es llamada en el hadizنامصهasí. Con ello se refuta la opinión del imán Nawawi, pues eliminar el pelo o el vello del rostro no se considera una de las prácticas malditas.

En la obra de al-Tabarani se transmite que la esposa de Abu Ishaq era joven y amante de la belleza. Se presentó ante Aisha (que Dios esté complacido con ella) y preguntó: ¿Puede una esposa quitarse el vello del rostro por su marido? Aisha (que Dios esté complacido con ella) respondió: «Elimina de tu rostro, en la medida de tus posibilidades, aquello que te cause molestia.»

Añadir extensiones al cabello

También es ilícito para las mujeres realzar su belleza uniendo al cabello de su cabeza cabello ajeno (peluca), ya sea cabello real o artificial.

El imán Bujari citó un hadiz transmitido por Aisha, Asma, Ibn Masud, Ibn Umar y Abu Huraira (que Dios esté complacido con ellos):

(Árabe*********131************)

El Mensajero Noble (saw) ha maldecido a ambas mujeres: la que se pone extensiones de cabello y la que hace que otra se las ponga.

Si esto se aplica a las mujeres, entonces puede afirmarse sin duda que los hombres que hagan esto también incurrirán ciertamente en esta maldición. El Noble Profeta (saw) calificó esta práctica de تد ليسengaño. Incluso una mujer cuyo cabello se haya caído debido a una enfermedad no tiene permitido ponerse en la cabeza el cabello de otra persona. Esta práctica también está prohibida para la novia que está siendo enviada a su esposo.

Se narró de Aisha (ra) que, después de que una muchacha de los ansar contrajera matrimonio, se le cayó el cabello debido a una enfermedad. Ella quiso ponerse otro cabello en la cabeza. Cuando se le preguntó al Noble Profeta (saw) sobre este asunto, respondió: (en árabe*********)

Allah, el Altísimo, ha maldecido a ambas mujeres: la que se pone extensiones de cabello y la que hace que otra se las ponga.

Cuando Asma (ra) manifestó su deseo de hacer esto después de que se le cayera el cabello debido a una enfermedad femenina, el Noble Profeta (saw) pronunció las mismas palabras mencionadas anteriormente.

Saíd ibn al-Musayyib dijo: «Hazrat Muawiya llegó a Medina; aquella fue su última visita. Entonces nos dirigió un sermón. Durante el sermón sacó un mechón de cabello y dijo: (en árabe******************)»

No creo que nadie, salvo los judíos, siga esta moda. El Noble Profeta (saw) calificó esta práctica de engaño y falsedad; es decir, unir al cabello el cabello de otra persona.

Según otra narración, Hazrat Muawiya dijo a los habitantes de Medina: (en árabe**********************)

¿Dónde están ahora vuestros eruditos? Yo mismo he oído al Noble Mensajero (s.a.s.) prohibir hacer cosas de este tipo. También le oí decir que la destrucción de las mujeres de los Hijos de Israel comenzó precisamente cuando iniciaron esta moda. (Al-Bujari)

El Noble Profeta (s.a.s.) calificó este acto de falsedad y engaño. Con ello queda clara la razón por la que está prohibido. En realidad, este acto no es sino una forma de engaño y fraude, realizada mediante la falsedad. Si se permitiera este tipo de acción, también se permitirían el engaño y el fraude, aunque en el islam son pecados gravísimos. El Noble Profeta (s.a.s.) dijo:

Quien nos engaña no pertenece a mi comunidad.

El imán Al-Jattabi dijo: Este acto está prohibido porque mediante él se engaña y se defrauda a la gente. Además, con este acto se altera la creación original de Allah, y eso constituye el mayor delito. A esto se alude en el hadiz citado anteriormente, narrado por Ibn Masud. Asimismo, en los hadices, unir y mezclar cabello con cabello —ya sea natural o artificial— es básicamente un acto de engaño y fraude. Sin embargo, si se une al cabello cualquier otra cosa, como hilo, un trozo de tela u otro material, no será ilícito. Sobre este asunto se ha transmitido de Saíd ibn Yubair (r.a.) que dijo:

No hay inconveniente en unir hilo, seda o lana para hacer un moño.

El imán Ahmad ibn Hanbal también lo consideró permitido.

Aplicación del jizab

Teñirse el cabello de la cabeza y la barba con jizab es una forma de embellecimiento. Los judíos, los cristianos y otros miembros de la Gente del Libro no son partidarios de cambiar con jizab el color de la barba y del cabello. Consideran que el embellecimiento y la mejora de la apariencia son contrarios a la religiosidad y a la adoración de Allah. Esta es también la actitud de quienes, en materia de religiosidad, exageran y sobrepasan los límites mediante el ascetismo, el monacato, el vaishnavismo y prácticas semejantes. Sin embargo, el Noble Mensajero (s.a.s.) prohibió seguir a esas personas y adoptar costumbres semejantes, para que los musulmanes pudieran conservar, tanto interior como exteriormente, los rasgos y particularidades de su identidad, sus principios y sus ideales distintivos. Se ha transmitido de Abu Huraira (r.a.) que el Noble Profeta (s.a.s.) prohibió seguir a esas personas y adoptar costumbres semejantes, para que los musulmanes pudieran conservar, tanto interior como exteriormente, los rasgos y particularidades de su propia identidad, sus principios y sus ideales distintivos. Se ha transmitido de Abu Huraira (r.a.) que el Noble Profeta (s.a.s.) dijo:

Los judíos y los cristianos no se tiñen el cabello. Oponeos a ellos.

Los Compañeros consideraron que esta norma era de carácter mustahabb, es decir, recomendable. Pues, a pesar de existir esta orden, no todos los Compañeros se teñían el cabello. Por ejemplo, Abu Bakr y Umar lo hacían, pero Ali y Ubay ibn Ka’b no lo hacían.

Pero ¿con qué debe teñirse el cabello? ¿Se puede usar el negro o cualquier otro color? ¿O debe evitarse el tinte negro? La respuesta es que no es aconsejable que quienes han llegado a la vejez se tiñan el cabello de negro. Cuando tuvo lugar la conquista de La Meca, Abu Bakr presentó a su padre, Abu Quhafa, ante el Mensajero de Allah. Al verlo, observó que el cabello de su cabeza se había vuelto completamente blanco. Entonces dijo:

Cambia el color de este cabello, pero evita el color negro. (Muslim)

Sin embargo, si una persona cuya condición o edad aún no es como la de Abu Quhafa utiliza tinte negro, entonces, según el hadiz mencionado anteriormente, no será ilícito. El imán al-Zuhri también sostuvo esta opinión. Dijo:

Cuando nuestros rostros eran frescos, llenos de vitalidad y juventud, usábamos tinte negro. Pero cuando comenzaron a aparecer cambios en nuestros rostros y dientes, lo abandonamos. (Fath al-Bari)

Sa’d ibn Abi Waqqas, Uqba ibn Amir, Hasan, Husayn, Yarir y otros Compañeros sostuvieron que, en general, es lícito utilizar tinte negro.

Sin embargo, según otros eruditos, no es lícito teñirse el cabello de negro. No obstante, incluso según su opinión, puede hacerse durante el yihad con el propósito de atemorizar al bando enemigo, para que este piense que todos los miembros del ejército son jóvenes. Así se sentirán bastante intimidados.

En el hadiz narrado por Hazrat Abu Dharr al-Ghifari (que Allah esté complacido con él) se dice:

Los mejores productos para cambiar el color blanco de las canas de la vejez son la henna y el katam.

El katam es una hierba yemení. Su color tiende al negro rojizo oscuro. La henna, en cambio, es roja. Hazrat Hasan (que Allah esté complacido con él) narró que Hazrat Abu Bakr utilizaba ambos tipos de tinte, henna y katam, mientras que Hazrat Umar (que Allah esté complacido con él) utilizaba únicamente henna pura como tinte.

Dejar crecer y alargar la barba

Entre los asuntos que estamos tratando se encuentra el de dejar crecer la barba. Se narró de Hazrat Ibn Umar (que Allah esté complacido con él) que el Noble Profeta (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo:

Oponeros a los idólatras: dejad crecer la barba y recortad el bigote. (Bujari)

وفروا«Dejad crecer la barba» significa dejarla tal como está, abandonarla y permitir que crezca por sí misma. En el hadiz también se menciona la razón de esta orden: oponerse a los idólatras. Con estos idólatras se hace referencia a los adoradores del fuego, los magos. Esto se debe a que ellos se recortaban la barba. Muchos de ellos incluso se afeitaban la barba. El Noble Mensajero (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) ordenó oponerse precisamente a ellos. Quería formar y educar a los musulmanes de tal manera que conservaran su identidad propia; que, así como fueran diferentes de los idólatras en cuanto a la fe y la doctrina, también adquirieran características distintivas en su apariencia externa. Sin embargo, el afeitado de la barba es un asunto completamente distinto, pues además de contradecir la naturaleza, crea semejanza con las mujeres, mientras que la barba es un signo distintivo del hombre. Externamente, por tanto, diferencia al hombre de la mujer.

Sin embargo, la orden de dejar la barba y hacerla crecer no significa que no se pueda cortar absolutamente nada de ella. A veces la barba crece de manera excesiva, hasta el punto de resultar desagradable a la vista. Esto puede causar a la persona considerable dificultad e incomodidad. Por ello, se puede recortar tanto por su longitud como por su anchura. En el Sahih de Tirmidhi se cita el siguiente hadiz:

El Noble Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) recortaba su barba tanto a lo largo como a lo ancho.

Muchos de los antiguos solían hacerlo. Iyad dijo: (árabe************************)

Es makruh afeitarse la barba o recortarla y dejarla toda igual. Sin embargo, si crece demasiado, es mejor recortarla tanto a lo largo como a lo ancho. (árabe****************)

Abu Shamah dijo: En esta época se ven personas que se afeitan la barba, aunque es de conocimiento general que los adoradores del fuego solían recortársela.

En este punto quiero decir que un gran número de musulmanes ha comenzado a afeitarse la barba siguiendo a los imperialistas, como los enemigos del islam, los judíos y los cristianos. Al hacerlo, están aceptando su derrota cultural ante ellos. Pues son los pueblos vencidos quienes imitan y siguen la cultura de la nación vencedora; sin embargo, han olvidado por completo que el Noble Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) ordenó oponerse a los incrédulos y prohibió asemejarse a ellos. En un hadiz se dice: (árabe***********************)

Quien se asemeje a un pueblo será contado entre ellos. Muchos juristas han declarado completamente haram afeitarse la barba, basándose en los hadices del Noble Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) relativos a dejarla crecer. Esto se debe a que obedecer esta orden es obligatorio. Esta orden específica se basa en oponerse a los politeístas, y oponerse a ellos es obligatorio para los musulmanes. No existe ninguna prueba de que alguien de las generaciones anteriores haya abandonado esta obligación.

Pero algunos eruditos de esta época, influenciados por el espíritu de los tiempos y observando la práctica generalizada, han comenzado a decir que no hay nada malo en afeitarse la barba. También han comenzado a afirmar que dejarla crecer era simplemente una costumbre personal del Noble Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él), que no pertenece a la sharía ni constituye un acto de adoración. Sin embargo, la verdad es que dejar crecer la barba no está demostrado únicamente por la práctica del propio Profeta; también está vinculado a la razón de oponerse a los incrédulos. El imán Ibn Taymiyya escribió que oponerse a los incrédulos y politeístas en todos los aspectos forma parte de los objetivos específicos de la sharía. El parecido externo despierta en el corazón sentimientos de inclinación, amor y amistad, del mismo modo que el amor interior produce semejanza externa. Esto queda demostrado por los sentimientos humanos y la experiencia real. También escribió que la orden de oponerse a los incrédulos y politeístas y la prohibición de asemejarse a ellos están demostradas de manera concluyente por el Corán, los hadices y el consenso. Todo aquello en lo que radique la causa de algún mal puede ser considerado haram. Asemejarse a las acciones externas de los incrédulos conduce a seguir sus malos caracteres y comportamientos. Incluso se teme que este proceso de semejanza pueda llegar a influir en el ámbito de la creencia y la doctrina. Esta influencia no se percibe, porque el defecto esencial que produce no resulta visible externamente. Pero, una vez arraigado, resulta muy difícil eliminarlo. Por tanto, no hay duda de que todo lo que conduzca a algún mal será haram desde el punto de vista de la sharía. (árabe*******************)

Por último, cabe mencionar tres opiniones sobre el afeitado de la barba. Una sostiene que afeitarse la barba es haram. La segunda, que afeitarse la barba es makruh.

Esta afirmación ha sido citada en la obra Fath al-Bari como procedente del cadí Iyad. En ella no se menciona el nombre de ninguna segunda persona. Y la tercera opinión es que está permitido.

Aunque varios ulemas de nuestra época sostienen esta opinión, la postura intermedia, más cercana a la verdad y más justa, es que afeitarse la barba es makruh, pero no haram. Esto se debe a que no toda orden del noble Mensajero se convierte necesariamente en una obligación absoluta, aunque se haya citado como fundamento la razón de oponerse a los incrédulos y politeístas. El ejemplo más claro es que ordenó teñir las canas para diferenciarse de los judíos y los cristianos. Sin embargo, algunos compañeros no lo hicieron al intentar cumplir esta orden. Esto demuestra que una orden de este nivel tiene el grado de mustahab.

Es cierto que no se sabe de ningún musulmán de épocas anteriores que se afeitara la barba. Pero también puede deberse a que, en aquellos tiempos, la gente no consideraba necesario afeitarse la barba; más bien, conservarla se había convertido en su costumbre.

El hogar y el lugar de residencia

La casa o el lugar de residencia es para las personas un refugio seguro. En ella transcurre su vida familiar y conyugal. En su propia casa, la persona se siente libre de toda clase de restricciones sociales. Es en su hogar donde encuentra comodidad y descanso, y experimenta una paz profunda. Por ello, Allah Altísimo, al mencionar Sus favores para con Sus siervos, dijo:

Allah Altísimo ha hecho de vuestras casas una fuente de tranquilidad para vosotros. (Sura an-Nahl: 80)

El noble Profeta prefería las casas y viviendas espaciosas. Consideraba este tipo de vivienda un medio de prosperidad material. Dijo:

Cuatro cosas son fuentes de bienestar: una esposa de carácter virtuoso y casto, una casa espaciosa, un buen vecino y un excelente medio de transporte.

El Noble Profeta (s. a. s.) solía suplicar con frecuencia: (árabe*********************)

¡Oh, Allah! Perdóname mis pecados, concédeme amplitud en mi casa y bendice mi sustento para mí.

Un hombre preguntó: «Oh, Mensajero de Allah, ¿por qué recitas con frecuencia esta súplica?». Él respondió:

(Árabe****************)

¿Acaso hay algo que se haya omitido en esta súplica?

El Noble Profeta (s. a. s.) ordenó mantener limpias y aseadas las casas, para que esta preocupación por la limpieza llegara a ser una manifestación externa y una característica de la religión islámica, amante de la pureza, y para que, basándose en ello, los musulmanes pudieran distinguirse y gozar de una posición honorable frente a aquellos cuya religión considera la suciedad y la falta de higiene el único medio de alcanzar la proximidad de Allah. El Noble Mensajero (s. a. s.) dijo: (árabe************************)

Allah, el Altísimo, es puro y ama la pureza. Es misericordioso y generoso, y ama la misericordia y la generosidad. Es dadivoso y ama la dádiva. Por tanto, mantened todos limpios y aseados los patios de vuestras casas y no os parezcáis a los judíos. (Tirmidhi)

Manifestaciones del lujo y la idolatría

Para los musulmanes no está en absoluto prohibido embellecer sus hogares con pintura, brillo y formas lícitas de belleza.

El propio Allah, exaltado sea, dijo: (árabe**********************)

¿Quién puede declarar ilícita la belleza que Allah ha creado para Sus siervos?

En realidad, no está en absoluto prohibido que el musulmán mantenga su hogar, su vestimenta y todo lo relacionado con ellos de manera muy bella, ordenada, adornada y brillante. No hay ningún inconveniente en ello.

El Noble Profeta (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: (árabe****************)

Quien tenga en su corazón siquiera un átomo de orgullo no podrá entrar en el Paraíso. Entonces alguien dijo: «¡Oh, Mensajero! A cualquiera de nosotros le gusta que su ropa y sus zapatos sean muy bonitos; ¿acaso esto también se considera orgullo?». El Mensajero respondió: «De ningún modo. Allah es Bello y ama la belleza». (Muslim)

En otra narración se ha dicho: (árabe****************)

Un hombre apuesto y de hermoso aspecto se presentó ante el Noble Profeta (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) y dijo: «Me gusta la belleza, y se me ha concedido mucho de ella, como pueden ver. Incluso no me gusta que nadie me supere, ni siquiera en los cordones de los zapatos. ¡Oh, Mensajero! ¿También se considera esto orgullo?». Él respondió: «No; el orgullo consiste en rechazar la verdad y considerar inferiores e insignificantes a las personas». (Abu Dawud)

Sin duda, en ningún aspecto de la vida el islam aprueba en absoluto el exceso ni la extralimitación. El Profeta Noble (s. a. s.) tampoco aprobó que las casas de los musulmanes se convirtieran en centros de lujo y ostentación. El Corán lo ha prohibido, y tampoco es aceptable que constituya una manifestación del politeísmo. Pues la religión monoteísta de Allah ha combatido con todas sus fuerzas el politeísmo.

Vajilla de oro y plata

Precisamente por esta razón también se ha prohibido que en las casas de los musulmanes haya vajilla de oro y plata y lechos de seda pura. Para oponerse a este principio, el Profeta Noble (s. a. s.) advirtió con palabras severas sobre graves consecuencias. Umm Salama (r. a.) narró que el Profeta Noble (s. a. s.) dijo: (árabe****************)

A quien coma y beba en vajilla de oro y plata, el fuego del Infierno seguirá hirviendo en su vientre. (Muslim)

(Árabe****************)

El Noble Mensajero (s. a. s.) nos prohibió comer y beber en vajilla de oro y plata, vestir prendas de seda y terciopelo y sentarnos sobre ellas. Dijo: Estas cosas corresponden a los incrédulos en este mundo y a nosotros en la otra vida. (Bujari)

Lo que está prohibido utilizar también está prohibido ofrecerlo como obsequio o regalo; asimismo, está prohibido utilizarlo para adornarse y embellecerse.

Utilizar vajilla de oro y plata y dormir sobre lechos de seda está prohibido tanto para los hombres como para las mujeres. El único propósito de prohibir estas cosas es mantener las casas libres y purificadas de artículos de lujo. Ibn Qudama escribió muy acertadamente sobre este asunto:

Puesto que estas palabras aparecen en el hadiz de manera general, son igualmente ilícitas para hombres y mujeres. La razón de prohibirlas es impedir el despilfarro, los gastos inútiles, la ostentación y la arrogancia, así como evitar herir los sentimientos de los pobres. Y esto se aplica por igual a hombres y mujeres. Sin embargo, a las mujeres se les permite usar joyas y objetos semejantes únicamente para que puedan engalanarse para sus maridos. Alguien podría preguntar: si esta es la razón de la prohibición, ¿por qué no se prohibieron también las vajillas de rubíes, diamantes, joyas y otras piedras preciosas? La respuesta es que los pobres no están familiarizados con esas cosas. Por tanto, si los ricos las usan, no hay razón para que los pobres se sientan afligidos. Además, como esas piedras preciosas son muy escasas, ni siquiera se plantea la posibilidad de fabricar recipientes con ellas. Por esta razón, no queda necesidad alguna de prohibirlas. Pero el caso del oro y la plata es diferente. (árabe****************)

Además de estas razones, también existen razones económicas detrás de la prohibición de estos objetos. Ya hemos señalado esto anteriormente. En realidad, desde una perspectiva internacional, el oro y la plata se consideran capital líquido. Dios Altísimo los ha establecido como medida del valor de la riqueza. En ellos reside una especie de poder adquisitivo. Crean y mantienen el equilibrio correcto entre los valores, y también sirven para el intercambio de monedas extranjeras. Dios Altísimo ha bendecido a la humanidad con Sus favores al explicar de este modo la manera de utilizarlos. Dios quiere que las personas los mantengan en circulación. No le agrada en absoluto que los encierren en sus casas como riqueza líquida o los dejen inutilizados como objetos ornamentales y utensilios.

El imán al-Ghazali escribió sobre este tema de manera muy bella:

Quien fabrique recipientes de oro y plata con monedas de oro, como dírhams o dinares, o los compre y los conserve, es ingrato con las mercedes de Dios. Comete una falta mayor que quien atesora riquezas. Es como si se empleara al administrador de una ciudad en una tarea insignificante, como tejer telas o barrer, que cualquier persona común puede realizar. En lugar de utilizarlos de ese modo, sería mejor conservarlos. Pues el oro y la plata sustituyen a materiales corrientes como la cerámica, el hierro, el plomo y el cobre para conservar las cosas que fluyen; y los utensilios existen precisamente para conservar esas cosas corrientes. Pero con la cerámica y el hierro no puede alcanzarse el objetivo de obtener riqueza líquida. Quien no conozca esta realidad debería comprenderla mediante la explicación y el análisis proporcionados por Dios, y se le debería recitar este hadiz: (árabe****************)

Quien coma o beba en recipientes de oro y plata llenará su vientre con el fuego del Infierno. (Iḥyāʾ ʿulūm)

No es correcto pensar que, al establecer estas prohibiciones, surgiría algún tipo de estrechez en las actividades domésticas de los musulmanes. Fuera de ello, el ámbito de las cosas puras y lícitas es muy amplio. Los recipientes de vidrio, porcelana, cobre y muchos otros metales de este tipo son excelentes y brillantes. Las camas y almohadas de algodón, hilo y materiales semejantes son muy cómodas.

En el islam, las estatuas son ilícitas

El islam ha prohibido conservar en los hogares de los musulmanes representaciones de seres vivos (estatuas). Esto incluye también las imágenes o estatuas de personas respetadas. Si estas cosas se encuentran en la casa de alguien, los ángeles de la misericordia de Dios huyen de ella. El Noble Mensajero (la paz y las bendiciones sean con él) dijo: (árabe****************)

Los ángeles de la misericordia de Allah no entran en la casa donde hay imágenes o retratos.

Los expertos han explicado la razón diciendo que quienes cuelgan imágenes de seres vivos en las paredes de sus casas actúan como los incrédulos. Pues normalmente son los incrédulos quienes cuelgan imágenes y retratos en las paredes de sus hogares y les muestran respeto, veneración y reverencia. Como a los ángeles no les agrada esta conducta, abandonan esas casas y no regresan a ellas.

En el islam también se ha declarado ilícita la elaboración de retratos. Aunque se hagan para no musulmanes, tampoco estará permitido. El Noble Mensajero (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo:

Las personas que realizan o elaboran estas imágenes y retratos serán las que sufran el castigo más severo el Día de la Resurrección.

En otra narración se dice:

Son quienes intentan imitar la obra creadora de Allah.

El Noble Profeta (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) advirtió:

A quien dibuje la imagen de un ser vivo o elabore su retrato se le ordenará, el Día de la Resurrección, insuflarle el espíritu. Pero jamás podrá hacerlo. (Bujari)

Se le impondrá el castigo por haber querido realizar esta tarea imposible: darle vida mediante el espíritu real. Pues jamás será capaz de hacerlo.

La razón por la que las imágenes y las figuras están prohibidas

(a) Existen muchas razones por las que las imágenes y las figuras están prohibidas. La primera razón importante es preservar la creencia en el tawhid y evitar las prácticas semejantes al politeísmo. Pues los politeístas fabrican con sus propias manos imágenes y figuras, las consideran sagradas, las adoran y se postran ante ellas con humildad.

En lo referente a la creencia en el tawhid, el islam es inflexible e implacable. Y es natural que sea así. Pues las naciones que fabrican imágenes y figuras de sus antepasados ejemplares y de sus héroes nacionales, después de transcurrido algún tiempo comienzan a considerar esas imágenes y figuras como grandes, sagradas y venerables. Comienzan a adorarlas, considerándolas divinidades dignas de culto. Sin darse cuenta, empiezan a temerlas, procuran obtener su complacencia y se esfuerzan por hacer realidad sus esperanzas y deseos. Comienzan a presentarse ante ellas con el propósito de obtener bendiciones. Esta es precisamente la historia que se encuentra detrás de figuras como Udd, Suwa, Yaguz, Yauq y Nasr.

La cautela del islam en este asunto no tiene nada de sorprendente. Pues el islam está decidido a cerrar todos los caminos que conducen a la corrupción y a la destrucción. Su objetivo es cerrar para siempre todas las vías por las que el shirk manifiesto o el shirk oculto puedan penetrar en la mente y el corazón de las personas, apoderarse de ellos y convertirlas en politeístas, así como todas las vías por las que puedan difundirse en la sociedad el paganismo y los excesos en materia religiosa. La política y la postura inflexibles del islam en este asunto se deben también a que la sharía islámica no está destinada a las personas de una época, un período, un país o un linaje determinados, sino que es un código de vida para todos los seres humanos de todos los tiempos. No importa en qué parte del mundo o en qué país vivan: toda la humanidad puede cumplirla debidamente hasta el Día de la Resurrección.

(b) Otra razón por la que está prohibido elaborar imágenes y figuras es que quien las fabrica cae bajo la influencia de la falsa idea de que quizá ha sido capaz de sacar algo de la inexistencia y darle existencia, o de crear un ser vivo mediante tierra, piedra o tinta y pluma. Los hechos reales demuestran la veracidad de esta idea. Puede mencionarse el caso de un hombre que fabricó una figura. Después permaneció durante mucho tiempo debajo de ella. Cuando la figura quedó completamente terminada, se paró frente a ella y, al contemplar sus rasgos, la forma de su nariz y su belleza adornada con delicadas filigranas, se entregó a la vanagloria y, henchido de orgullo, comenzó a decirle a la figura: «¡Habla, habla!», como si fuera un ser vivo.

Precisamente por esta razón, el Noble Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: (árabe****************)

A quienes fabrican este tipo de imágenes y figuras se les infligirá un castigo el Día de la Resurrección, y se les dirá: «Dad ahora vida a lo que habíais creado». (Bujari, Muslim)

En el hadiz se dice que Allah, el Altísimo, dijo: (árabe****************)

¿Y quién puede ser más injusto que quien pretende crear algo semejante a Mi creación? ¡Que creen, pues, un grano de cebada o de trigo! (Así podremos comprobar qué capacidad tienen). (Al-Bujari, Muslim)

(c) Quienes buscan alcanzar sus propios objetivos mediante esta actividad no se detienen en ningún punto. Comienzan a fabricar imágenes y estatuas de cuerpos femeninos desnudos y semidesnudos. Tampoco sienten la menor duda o reparo en fabricar estatuas de cruces, símbolos de la idolatría y la adoración de ídolos, aunque para un musulmán no es lícito en absoluto fabricar semejantes objetos.

(d) No cabe duda de que las estatuas son una manifestación de una vida lujosa. Es una costumbre antigua de los ricos que viven en el lujo y la ostentación adornar sus palacios y mansiones con estatuas e imágenes. Cubren las paredes de sus habitaciones colocando una imagen tras otra. Fabrican estatuas con diversos metales para demostrar y exhibir su habilidad artística y su afición por el arte. El din del islam ha combatido toda clase de artículos de lujo y los símbolos que manifiestan y exhiben su ostentación. Al islam no le es posible tolerar en modo alguno la acumulación o existencia de estatuas en los hogares musulmanes, y no resulta extraño que haya sido declarado completamente haram.

Medios para preservar la memoria de los grandes hombres

Alguien podría preguntar: ¿no deberían erigirse estatuas materiales de los grandes hombres que dejaron hazañas eternamente memorables en la historia nacional, para mantener siempre vivo en la memoria de todos el recuerdo de sus contribuciones, reconocer sus beneficios y hacer que permanezcan eternamente radiantes ante las generaciones venideras? La memoria de una nación no es muy poderosa; las personas lo olvidan todo. La corriente del tiempo los sumerge en el seno del olvido. En tal situación, ¿qué daño habría en fabricar estatuas?

La respuesta es que el islam no aprueba la veneración ni la devoción excesivas hacia una persona, por grande y elevada que sea, y tanto si está viva como si ha muerto. El Noble Profeta (que Allah le bendiga y le conceda paz) dijo:

No exageréis ni transgredáis los límites en vuestra alabanza hacia mí, como los cristianos exageraron transgrediendo los límites en su alabanza de Jesús, hijo de María. Decid más bien de mí: el siervo de Allah y Su Mensajero.

Los compañeros quisieron ponerse de pie en honor del Noble Profeta (s. a. s.). Pero él mismo se lo prohibió. Dijo: (árabe****************)

No os pongáis de pie como lo hacen los no árabes para mostrar respeto unos a otros. (Abu Dawud, Ibn Mayah)

Después de que el Noble Mensajero (s. a. s.) partiera de este mundo, los miembros de su comunidad no debían excederse al mostrarle estima, respeto o veneración. Dijo: (árabe****************)

No comencéis a celebrar festividades alrededor de mi tumba.

Él suplicaba constantemente a Allah: (árabe****************)

¡Oh Allah! No permitas que mi tumba se convierta en un ídolo venerado.

Algunas personas se presentaron ante el Noble Mensajero (s. a. s.) y comenzaron a decir:

¡Oh Mensajero de Allah! ¡Oh, nuestra personalidad más excelente;

¡Oh hijo digno de nuestro más eminente personaje!

¡Oh nuestro señor, oh hijo de nuestro señor!

Al oír esto, el Noble Profeta dijo:

¡Oh gente! Llamadme y dirigiros a mí como lo habéis hecho hasta hoy. ¡Que Satanás no os engañe! Yo soy Muhammad, siervo de Allah y Su Mensajero. No intentéis elevarme por encima del lugar y la dignidad que Allah me ha concedido. (Nasā’ī)

Construir retratos de personas, colocarlos como estatuas, mostrarles respeto y gastar miles de monedas en ello: esta forma de rendir homenaje no cuenta en absoluto con el respaldo del islam.

Los falsos pretendientes de la superioridad y los creadores de una historia falsa e inventada llevan siglos confundiendo a las naciones del mundo mediante estos procedimientos conspirativos. Y jamás han permitido que los verdaderos servidores y benefactores de la nación se presenten ante la gente; los han mantenido ocultos y alejados. No les han dado ninguna oportunidad de darse a conocer ni de que la gente los reconozca.

La permanencia eterna que desea el creyente solo puede obtenerse de Allah. Él conoce todos los secretos y lo oculto, y jamás olvida nada. En Él no puede haber ningún error ni defecto. Cientos de grandes personalidades tienen sus nombres escritos en Su registro permanente, aunque la gente no las conozca ni las reconozca. Pues Allah ama a las personas buenas, piadosas y desconocidas; ama a las personas buenas, piadosas y desconocidas, de modo que, si están sentadas en alguna reunión, no se las reconocerá, y, si están ausentes, nadie las buscará.

Si lo que se desea es la permanencia eterna, no será posible obtenerla erigiendo retratos o estatuas de este tipo. Existe un único medio, y ese es el que el islam aprueba y respalda: arraigar firmemente en la mente y el corazón de la gente el recuerdo de esas personalidades. Sus virtudes y alabanzas se pronunciarán y resonarán de boca en boca. Al contemplar las buenas y beneficiosas obras que realizaron y los incomparables logros que dejaron, las generaciones venideras continuarán alabándolos y ensalzándolos eternamente; eso es lo natural.

La memoria del Noble Mensajero (s. a. s.), de los Califas Bien Guiados, de los líderes históricos del islam y de los imames mujtahid no se ha conservado ni hecho imperecedera mediante imágenes o estatuas de piedra. No se esculpieron sus figuras en piedra; más bien, las personas de una generación han transmitido hasta nuestros días, de boca en boca y de memoria en memoria, a través de los hijos, padres, madres, tíos y abuelos de las generaciones anteriores, el relato de sus obras imperecederas e incomparables. Se ha hablado de ellos de manera benéfica, se han explicado sus obras en reuniones y asambleas, y se han debatido. Los corazones y las mentes de las personas están colmados de las historias de sus hazañas, y esto continuará sin interrupción hasta la eternidad. Sin crear imágenes ni estatuas de ningún tipo, han sido y seguirán siendo recordados para siempre, de manera imperecedera e inolvidable.

[Cito aquí una parte de la exposición que el antiguo jefe del Departamento de Sharía de la Universidad de Damasco, al-Ustadh Muhammad al-Mubarak, presentó en un seminario celebrado en la Universidad de al-Azhar. Dijo: Actualmente nos enfrentamos a nuevos entornos y circunstancias, organizaciones y costumbres sociales. Sin embargo, muchas de ellas no guardan la menor compatibilidad con nuestra correcta creencia y nuestros principios y normas tradicionales. Una de ellas es la práctica de erigir estatuas, seguida en Europa y América con el propósito de hacer eternamente memorables a los «héroes» nacionales. Cuando reflexionamos con una mirada independiente y libre de influencias, vemos que los árabes de la antigüedad hacían eternamente memorables, de una manera especial, las extraordinarias y singulares acciones históricas de sus grandes hombres —como el sacrificio por los intereses nacionales, la incomparable generosidad, la liberalidad y el valor y la bravura ilimitados—. Estas acciones se mencionaban ampliamente en sus relatos y leyendas y en sus reuniones y asambleas, y así se hacían inolvidables para las generaciones sucesivas. Escribían grandes elogios sobre ellos en sus poesías y poemas. De este modo se hicieron perdurables las historias de la generosidad del histórico Hatim al-Ta’i y de la valentía de Unshaja.]

El islam vino a reforzar precisamente este método. La mejor criatura de Dios y el último profeta fueron presentados como un ser humano. Se le hizo declarar con sus propios labios: (Árabe****************)

Soy un ser humano como vosotros. Sin embargo, recibo la revelación.

Como resultado, el valor y el criterio para juzgar a una persona pasaron a ser sus obras, no su cuerpo. El Mensajero fue establecido como modelo digno de ser seguido por todos, para que todas las personas pudieran seguirlo sin reservas. Al mismo tiempo, se evitó establecer la santidad y la superioridad de una persona elevándola a un grado que llegara incluso a la adoración. Pues eso haría indirectamente que los demás seres humanos parecieran inferiores, insignificantes y despreciables.

Por eso, cuando falleció el Noble Mensajero (s. a. s.), el primer califa proclamó con voz sonora: (Árabe****************)

Quien adoraba a Muhammad (s. a. s.) debe saber que Muhammad (s. a. s.) ha muerto; y quien adoraba a Dios debe saber que Dios es siempre viviente y nunca morirá.

Después recitó: (Árabe****************)

Muhammad (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) no es más que un Mensajero. Antes de él también pasaron muchos Mensajeros. Si muere o es asesinado, ¿acaso vais a volveros atrás?

El islam hace que las personas sean recordadas eternamente mediante sus buenas obras en beneficio de la humanidad, y las ha hecho perdurar en la memoria de los musulmanes. Tanto los grandes como los humildes son recordados por igual gracias al recuerdo de sus buenas obras. Umar (que Allah esté complacido con él) permanece imborrable en la mente y el corazón de la gente por su firme política estatal basada en la justicia y su capacidad para gobernar; Abu Bakr, por su firme determinación y su certera previsión; y Ali, por su piedad y valentía. Para hacerlos eternamente memorables, no fue necesario depender de estatuas de piedra. Sus obras los hicieron inolvidables, al igual que su incomparable carácter puro.

En realidad, si se adopta la práctica de hacer eternamente memorables a las grandes personalidades mediante la construcción de estatuas, se estará retrocediendo: no habrá progreso, sino regresión, y se descenderá de una posición elevada a una inferior. Los romanos y los griegos fueron los primeros en adoptar esta práctica. Más tarde, los europeos la siguieron, pues todos ellos son, por naturaleza, idólatras. No otorgaron a las obras imperecederas de las personas el valor que realmente merecían; más bien, por ello les concedieron la categoría de dioses. Hicieron de los dioses héroes nacionales.

No hay nada malo en los juguetes de los niños

También existen estatuas y representaciones que no pretenden expresar una devoción ni una veneración ilimitadas hacia nadie, ni tienen como objetivo mostrar un lujo excesivo o riqueza. Además, en ellas no se da lugar al peligro mencionado anteriormente. El islam no ha mostrado una mentalidad estrecha ni intolerancia respecto de este tipo de estatuas y representaciones. No se las ha considerado censurables.

En esta categoría se incluyen las estatuas y representaciones hechas como juguetes para los niños pequeños, tanto varones como niñas: por ejemplo, muñecas y figuras de animales como gatos, perros y aves. No se plantea en absoluto que se les manifieste veneración o respeto, ni que estos sentimientos existan en el corazón hacia ellas. Los niños y las niñas simplemente juegan con ellas; no las adoran. La Madre de los Creyentes, Aisha (que Allah esté complacido con ella), dijo: (árabe****************)

Yo solía jugar con muñecas en presencia del Noble Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él). Mis amigas venían a verme y, por temor al Mensajero, se escondían; sin embargo, al Mensajero le agradaba que vinieran a verme y jugaran conmigo. (Bujari, Muslim)

En otra narración se relata que, en cierta ocasión, el Noble Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) le preguntó: «¿Qué son estas?». Ella respondió: «Son mis muñecas». Él preguntó: «¿Y qué es eso que está entre ellas?». Ella respondió: «Es un caballo». Le preguntó: «¿Y qué tiene sobre él?». Ella respondió: «Tiene dos alas». Él dijo: «¿Acaso los caballos tienen alas?»

Hazrat Aisha (que Allah esté complacido con ella) dijo: «¿No has oído que Sulayman, hijo de Dawud, tenía caballos alados?». Al oír esto, el Noble Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) soltó una carcajada. Al reír, se hicieron visibles sus benditos dientes. (Abu Dawud)

Las muñecas mencionadas en el hadiz son aquellas con las que juegan los niños y las niñas. Hazrat Aisha (que Allah esté complacido con ella) era todavía una niña muy pequeña cuando contrajo matrimonio.

El imán Al-Shawkani escribió: (árabe****************)

El hadiz que contiene el diálogo mencionado anteriormente demuestra que está permitido que los niños jueguen con este tipo de figuras.

Sin embargo, se ha transmitido acerca del imán Malik (que Allah tenga misericordia de él) que consideraba reprobable comprar para los niños muñecas y otros juguetes de este tipo. El cadí Iyad dijo que está permitido que las niñas pequeñas jueguen con muñecas.

Entre estos juguetes también se incluyen las muñecas hechas de dulces y vendidas en las ferias y los mercados. Los niños juegan con ellas durante un rato y luego se las comen ellos mismos.

Figuras incompletas y deformadas

Se ha citado en un hadiz que Hazrat Yibril (la paz sea con él) se abstuvo una vez de entrar en la casa del Noble Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él), porque había una figura colocada en la puerta de su casa. Al venir también al día siguiente, no entró. Entonces le dijo al Noble Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él): (árabe****************)

Córtenle la cabeza a la imagen. Así adoptará la forma de un árbol. (Y entonces no habrá ningún impedimento para que entre.) (Abu Dawud, an-Nasa’i, at-Tirmidhi)

Basándose en este hadiz, un grupo de expertos ha dicho que solo son haram las imágenes o representaciones completas y enteras. En cambio, es lícita una imagen o representación a la que le falte un miembro sin el cual un cuerpo vivo no puede subsistir.

En realidad, el profeta Gabriel (la paz sea con él) ordenó cortarle la cabeza para que adoptara la forma de un árbol. De esto se entiende que no se trata únicamente de quitarle un miembro sin el cual un cuerpo vivo no puede subsistir. Lo esencial es desfigurarla, de modo que no conserve una forma capaz de despertar en el corazón sentimientos de veneración y respeto al contemplarla.

Si reflexionamos un poco y emitimos un juicio basándonos en la justicia, podemos afirmar sin ninguna duda que los retratos completos que se colocan para decorar las casas, así como los bustos de reyes, monarcas, jefes de Estado, soldados, poetas y escritores que se erigen como monumentos conmemorativos en campos, plazas y encrucijadas, deben ser mucho más haram.

Imágenes y retratos de seres inanimados

Hasta aquí se ha expuesto brevemente la perspectiva del islam sobre las representaciones. Ahora la cuestión es cuál es la perspectiva del islam respecto de las imágenes artísticas dibujadas sobre papel, tela, cortinas, paredes, suelos, escenarios, monedas y otros objetos.

Como respuesta, quisiera decir que, antes de conocer el dictamen de la sharía sobre una imagen, es necesario aclarar qué representa principalmente, dónde se coloca, cómo se utilizará y con qué propósito la creó el artista.

Si estas imágenes artísticas representan a las divinidades que se adoran aparte de Allah, como la imagen de Jesús (la paz sea con él), a quien los cristianos han convertido en su divinidad, o la imagen de una vaca o un toro, que es una deidad de los hindúes, sus creadores las han realizado precisamente con ese propósito y son kafir. Su objetivo es difundir la incredulidad y el extravío mediante las imágenes. Es respecto de quienes dibujan estas imágenes que el Noble Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) pronunció severas advertencias. En este contexto, sus palabras son: (árabe****************)

Los fabricantes de imágenes serán arrojados al más severo castigo el Día de la Resurrección. (Muslim)

Al-Tabari escribió:

Aquí se hace referencia al fabricante de imágenes cuyas imágenes son adoradas. Fabricar deliberadamente imágenes de este tipo es un acto de incredulidad. Pero quien toma o fabrica una imagen con otro propósito, y no con este, solamente será pecador.

Esto se refiere a quien considera sagrada una imagen y la cuelga en la pared. Ningún musulmán puede hacer tal cosa. Sin embargo, si alguien abandona el islam, su caso es distinto.

Lo mismo ocurre con fabricar imágenes de cosas que no son adoradas, cuando el objetivo principal es imitar la obra creadora de Alá; en otras palabras, al fabricar imágenes, esa persona parece afirmar que también posee, al igual que Alá, la capacidad de crear e innovar.

Una persona así queda expulsada de la religión del islam debido a su intención y propósito. En relación con los fabricantes de imágenes de este tipo, se ha dicho en un hadiz: (árabe****************)

Serán arrojados al más severo castigo aquellos que imitan a Alá en la creación. (Muslim)

El asunto está relacionado con la intención del fabricante de imágenes. El siguiente hadiz también respalda esta afirmación. En él se citan las palabras de Alá: (árabe****************)

Nadie puede ser más injusto que quien comienza a crear algo semejante a la creación de Allah. Que esa gente intente crear aunque sea un grano o una partícula.

De las palabras del hadiz se entiende que se alude a la intención de imitar y de igualarse a Allah en Su atributo exclusivo de divinidad: crear e innovar. Allah, exaltado sea, ha desafiado este acto. Dijo: «Si realmente queréis imitar, ¿por qué no creáis aunque sea un ser vivo, un grano o una partícula?». De esto también se sabe que esa persona lo hizo precisamente con tal propósito. Por ello, Allah les impondrá este castigo el Día de la Resurrección: les ordenará insuflar vida en los cuerpos que ellos mismos hayan creado, delante de la gente. Pero jamás serán capaces de hacerlo.

Es ilícito fabricar y conservar imágenes o representaciones que, desde una perspectiva religiosa, se consideren sumamente sagradas, o que, desde una perspectiva mundana, se consideren dignas de veneración. Las imágenes y representaciones del primer tipo pueden ser las de profetas y mensajeros, ángeles y personas virtuosas; por ejemplo, imágenes o representaciones del honorable Abraham, del honorable Isaac, del honorable Moisés, de la honorable María y del honorable Gabriel. En las comunidades cristianas existe una amplia costumbre de conservar imágenes y representaciones de este tipo. Muchos musulmanes innovadores también los imitan. Fabrican imágenes o representaciones del honorable Alí, de Fátima —que Allah esté complacido con ambos— y de otras personas semejantes.

Las imágenes o representaciones del segundo tipo son las de reyes, gobernantes, dictadores y artistas y escritores. Fabricar estas es un pecado algo menor que fabricar imágenes o representaciones del primer tipo. Pero si se fabrican imágenes o representaciones de grandes incrédulos, opresores y personas inmorales y licenciosas, el pecado se vuelve mucho más grave. Por ejemplo, las imágenes o representaciones de aquellos gobernantes que no gobiernan conforme a la ley de Allah; las grandes imágenes o representaciones de aquellos líderes que, abandonando el modo de vida que Allah ha dado, llaman a la gente hacia otra dirección; y las imágenes y representaciones de aquellos artistas y escritores que difunden ideologías falsas y propagan entre la gente la desvergüenza, la desnudez y la inmoralidad.

En la época contemporánea al Mensajero, las imágenes o representaciones se fabricaban principalmente para expresar santidad y veneración. La mayoría de ellas eran obra de los romanos y los persas, es decir, de cristianos y adoradores del fuego. Por ello, en ellas se manifestaban claramente la devoción y veneración religiosas, así como la consideración sagrada hacia los gobernantes. El honorable Abū al-Ḍuḥā dijo: (árabe****************)

Me encontraba en una habitación con Masrūq. En ella se conservaban numerosas representaciones e imágenes. Al verlas, Masrūq me preguntó: «¿Son estas representaciones de Cosroes?». Respondí: «No, es una representación de la honorable María». Probablemente Masrūq pensó que aquellas representaciones habían sido realizadas por los adoradores del fuego, pues ellos solían hacer imágenes de sus reyes en recipientes y objetos semejantes. Sin embargo, se supo que aquellas representaciones habían sido realizadas por cristianos. Entonces Masrūq dijo: «Escuché a ʿAbd Allāh ibn Masʿūd —que Allah esté complacido con él— decir que el Mensajero de Allah, que la paz y las bendiciones de Allah sean con él, dijo: “Las personas que recibirán el castigo más severo ante Allah son aquellas que fabrican imágenes y representaciones”».

Aparte de estas, no hay ningún inconveniente en fabricar y conservar imágenes de paisajes naturales inanimados, como plantas y árboles, ríos, barcos, montañas, la luna, el sol y las estrellas. No hay lugar para ninguna discrepancia al respecto.

Pero si se trata de una imagen de un ser vivo y no existe en ella el riesgo de las ideas mencionadas anteriormente —si no es una imagen que despierte veneración, devoción, respeto o una consideración sagrada, y si no se pretende imitar el poder creador de Allah—, en opinión del autor de esta obra no hay pecado en ello ni es ilícita. Los dos hadices que se citan a continuación ofrecen respaldo a esta opinión: (árabe****************)

Narró el compañero Abu Talha que el Mensajero de Dios (s.a.s.) dijo: «Los ángeles no entran en una casa donde hay imágenes». Busr, el narrador de este hadiz, dijo: «Más tarde, cuando Zayd cayó enfermo, fuimos a visitarlo. Vimos que en la cortina colgada en la puerta de su casa había imágenes. Preguntamos a Ubaydullah al-Jawlani, protegido de Maymuna, esposa del Mensajero: “¿Qué nos dijo Zayd aquel primer día acerca de las imágenes?”. Ubaydullah respondió: “Cuando dijo que las imágenes eran haram, también mencionó esta excepción: si están dibujadas en una tela, no hay inconveniente”».

Se narró que Utba fue a visitar a Abu Talha al-Ansari y encontró allí a Sahl ibn Hunayf. Abu Talha le dijo a un hombre: «Saca la alfombra de debajo». Al oírlo, Sahl preguntó: «¿Por qué la sacas?». Él respondió: «Porque tiene imágenes. Ya sabes lo que dijo el Noble Profeta (s.a.s.) acerca de las imágenes». Sahl dijo: «También dijo que, si están dibujadas en una tela, no hay inconveniente». Abu Talha dijo: «Sahl tiene razón, pero considero que es mejor retirarla».

¿No demuestran estos dos hadices que por imágenes prohibidas se entienden las representaciones tridimensionales (estatuas)? Sin embargo, que sean ilícitas las imágenes dibujadas sobre tablas de madera, tablones, cartón grueso, telas, alfombras o paredes no está demostrado por ningún hadiz auténtico, claro y concluyente.

No obstante, los hadices auténticos demuestran que el Noble Profeta (s.a.s.) mostró aversión hacia este tipo de imágenes, pues en ellas se observa una plena semejanza y afinidad con el lujo, la ostentación de los ricos y la adoración de los intereses mundanos.

Se narró de Hazrat Abu Talha (r.a.) que dijo: «Oí al Mensajero de Dios (s.a.s.) decir: (árabe****************)»

Los ángeles no entran en una casa donde hay un perro o una representación.

Dijo: «Después le pregunté a Hazrat Aisha (r.a.). Este hombre afirma que el Mensajero de Dios (s.a.s.) dijo que los ángeles no entran en una casa donde hay un perro o una representación. ¿Usted oyó que el Noble Mensajero dijera eso?». Ella respondió: «No. Sin embargo, te relataré lo que yo misma lo vi hacer. El Mensajero de Dios (s.a.s.) salió a una expedición. Entonces colgué una tela en la puerta a modo de cortina. Cuando regresó y vio aquella tela colgada en la puerta, en su rostro aparecieron claramente el malestar y la desaprobación. Después tiró de la tela, la rasgó y dijo: “Dios no nos ha ordenado adornar las piedras y la tierra con telas”. Hazrat Aisha (r.a.) dijo: “Con aquella tela hice dos cojines y los rellené con fibra de palmera datilera”. Finalmente, él no puso ninguna objeción a ello».

Lo máximo que este hadiz demuestra es que adornar las paredes y demás con telas que llevan imágenes es solamente makruh tanzihi. El imán al-Nawawi escribió: (árabe****************)

En este hadiz no hay nada que demuestre que sea haram. Pues la expresión del hadiz «Allah no nos ha ordenado esto» no demuestra que sea obligatorio ni recomendable. Tampoco demuestra que sea haram.

Esto también se desprende de otro hadiz narrado por la honorable Aisha. El hadiz dice:

Yo tenía una cortina sobre la cual estaba pintada la imagen de un pájaro. Cuando alguien entraba en la casa, su mirada recaía sobre ella. Al verlo, el Profeta (s.a.s.) me dijo: «Retírala, pues cuando entro en la casa, mi mirada se posa sobre ella y el mundo se presenta ante mis ojos».

El Profeta (s.a.s.) no ordenó que se rasgara la cortina, sino que se retirara. Por ello, apartaba de su vista las cosas que recordaban el materialismo, el esplendor mundano y las escenas de comodidad y bienestar, pues aumentaban la atracción hacia ellas. Generalmente, él realizaba las oraciones sunnah y nafl en su propia casa. Las colchas y cortinas con imágenes y retratos de la clase mencionada siguen atrayendo constantemente a las personas hacia sí. Bajo su influencia, se ve considerablemente obstaculizada la sumisión sincera a Allah y la entrega concentrada a la oración y la súplica. El corazón se vuelve negligente. Hadrat Anas dijo:

La honorable Aisha tenía una cortina que había colocado en un lado de la casa. El Profeta (s.a.s.) le dijo: «Retírala, pues las imágenes pintadas sobre ella quedan delante de mí durante la oración».

De esto se entiende claramente que el Profeta (s.a.s.) toleró la existencia de la tela que contenía la imagen de un pájaro y otras imágenes. No ordenó que se rasgaran las dos telas.

Basándose en estos hadices y en otros semejantes, la opinión de los antiguos era que únicamente son haram las imágenes o estatuas que proyectan una sombra; en otras palabras, las que tienen una entidad corpórea. En cambio, no hay objeción en aquellas que no proyectan sombra.

El imán Nawawi escribió, al comentar el Sahih Muslim, que esta opinión es inválida e inaceptable. Sin embargo, el hafiz Ibn Hayar al-Asqalani criticó al imán Nawawi y afirmó que esta opinión fue sostenida por Qasim ibn Muhammad, uno de los destacados juristas de la Medina de aquella época, y que fue transmitida con una cadena de transmisión auténtica.

El jeque Bajit citó las palabras del imán al-Jattabi. Estas son sus palabras:

Considero que las severas palabras mencionadas anteriormente no se refieren a quien representa figuras de seres vivos ni al artista que dibuja árboles y otras plantas. Aunque todas las obras de esta índole son reprobables y hacen que la atención de las personas se dirija hacia actividades innecesarias.

Citando estas palabras de al-Jattabi, el jeque Bajit escribió:

La razón es que quien representa la figura de un ser vivo en realidad no crea su forma, sino que únicamente traza un contorno de sus rasgos y configuración. En las imágenes que se dibujan de este modo quedan ocultas muchas partes y miembros cuya ausencia haría imposible que cualquier ser vivo permaneciera con vida. Más bien, lo que falta en realidad es el cuerpo mismo. Por tanto, no es la imagen de un ser vivo cuyo autor podría ser considerado merecedor, el Día de la Resurrección, del castigo por intentar insuflarle espíritu, aunque sería incapaz de hacerlo. La severa advertencia pronunciada acerca de las imágenes se refiere a la fabricación de una figura provista de cuerpo y sombra, en la que no falte ningún miembro esencial cuya ausencia le impediría permanecer con vida. Solo en una figura de ese tipo podría plantearse la cuestión de insuflarle espíritu. Sin embargo, el autor de la imagen es incapaz de insuflarle espíritu. Esto no significa que la figura carezca de capacidad para recibir vida; significa, más bien, que el dibujante es incapaz de hacerlo. Por consiguiente, la responsabilidad de esa incapacidad recae sobre él.

La licitud de hacer imágenes sin cuerpo también encuentra apoyo en el hadiz que se cita a continuación. Allah, Exaltado sea, dijo:

(Árabe******************)

¿Y quién puede ser más injusto que aquel que crea algo semejante a Mi creación? Que creen, pues, un átomo; que creen, pues, un grano de trigo.

En realidad, la creación de Allah —como podemos observar— no consiste simplemente en líneas sobre una superficie plana, sino en seres corporales dotados de longitud y anchura. Así lo ha dicho Allah mismo:

(Árabe*****************)

Es Allah quien os da forma y apariencia en el vientre materno como Él quiere.

En contra de esta opinión puede presentarse como prueba el hadiz narrado por Aisha (que Allah esté complacido con ella). El hadiz dice:

(Árabe****************)

Aisha (que Allah esté complacido con ella) compró un cojín. Tenía una imagen. Al verla desde fuera, el Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) no entró en la casa, sino que se quedó de pie en la puerta. Entonces Aisha (que Allah esté complacido con ella), al advertir señales de incomodidad y desagrado en el noble rostro del Mensajero de Allah, dijo: «¡Oh, Mensajero de Allah! Me vuelvo hacia Allah y Su Mensajero; ¿qué falta he cometido?». Él dijo: «¿De dónde ha salido este cojín?». Aisha dijo: «A quienes fabrican imágenes de este tipo se les castigará el Día de la Resurrección y se les dirá: “Dad ahora vida a lo que habéis creado”». Después dijo: «Los ángeles no entran en una casa en la que hay imágenes».

En la narración citada en Sahih Muslim se añade lo siguiente:

(Árabe****************)

Después lo corté y fabriqué dos cojines pequeños. El Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) comenzó a utilizarlos en la casa para apoyarse. Lo que Aisha quiso decir es que convirtió el cojín que tenía una imagen en dos cojines pequeños.

Pero los siguientes puntos contradicen este hadiz:

1. Este hadiz ha sido transmitido por diversas cadenas de transmisión. Las narraciones se contradicen entre sí. En algunas se dice que el cojín que tenía una imagen fue cortado para hacer dos cojines pequeños, que él utilizaba. Pero en otra narración se dice que no lo utilizó.

2. De algunas narraciones parece que su uso era simplemente makruh, y eso en relación con decorar las paredes con telas que tuvieran imágenes. Se trata de una forma de lujo y de ostentación propia de los ricos. Al Mensajero no le agradaba en absoluto tal actitud. Él dijo:

(Árabe*************)

Alá no nos ha ordenado vestir de ningún modo las piedras ni la tierra.

3. En el Sahih Muslim se cita, de la propia Aisha (que Alá esté complacido con ella), un hadiz acerca de una cortina con imágenes, en el que el Noble Profeta (la paz y las bendiciones de Alá sean con él) dijo: «Retírala, porque cuando mi mirada se posa en ella, el mundo viene a mi mente». Esto no demuestra de manera concluyente que sea haram.

4. Esto contradice el hadiz en el que se dice que el Noble Mensajero (la paz y las bendiciones de Alá sean con él) ordenó retirar la cortina que había en la casa de Aisha. Esto se debía a que la imagen dibujada en ella quedaba directamente frente a sus ojos durante la oración. Hafiz Ibn Hajar dice: Es difícil conciliar este hadiz con el hadiz relativo al cojín de Aisha. Pues este hadiz indica que el Noble Profeta (la paz y las bendiciones de Alá sean con él) ordenó retirar la cortina porque, durante la oración, la imagen quedaba justo delante de sus ojos. De lo contrario, no dio esta orden únicamente por causa de la imagen.

Después, para conciliar ambos hadices, dijo: Las imágenes mencionadas en el primer hadiz son imágenes de seres vivos. En cambio, la imagen mencionada en este hadiz no es de un ser vivo.

Pero esta conciliación no es correcta, pues en el hadiz relativo a la cortina se menciona la imagen de un pájaro.

5. El hadiz narrado por Abu Talha también contradice el hadiz citado anteriormente. En él no se declara ilícita la imagen pintada sobre una tela.

El imán al-Qurtubi escribió:

Una forma de conciliar ambos hadices consiste en decir que el hadiz narrado por Aisha solo declara que es makruh, mientras que del hadiz narrado por Abu Talha solo se prueba que es lícito. Y esto no contradice que sea makruh.

Según Hafiz Ibn Hayar, esta conciliación es la mejor.

6. El narrador del hadiz de Aisha relativo al cojín era su sobrino, Qasim ibn Muhammad ibn Abu Bakr. Según él, eran lícitas las imágenes que no proyectaban sombra. Ibn Awn dijo: «Fui a visitar a Qasim. Se encontraba en su casa, en la parte alta de La Meca. En su casa vi una habitación muy bien decorada. Sobre ella estaban pintadas imágenes de un animal acuático llamado “kundus” y de un tipo de ave llamado “umqa”».

Hafiz Ibn Hayar dice:

Probablemente entendió que era lícito en general a partir de las palabras del hadiz: «pero si está pintado sobre una tela, no es ilícito». Y posiblemente, según él, la explicación del hadiz relativo a la cortina de la casa de Aisha era que la tela de su cortina también estaba decorada y se utilizaba para cubrir la pared. A esto se refieren las palabras del Mensajero: «No se nos ha ordenado vestir de tela la tierra y las piedras». Qasim ibn Muhammad fue uno de los siete destacados juristas de Medina de su época. Él narró el hadiz relativo al cojín para recostarse. Si no hubiera considerado lícita la presencia de imágenes en un lugar «ricamente decorado», ciertamente no las habría utilizado allí. (Fath al-Bari)

Sin embargo, de estos hadices relatados acerca de las imágenes y de quienes las dibujan puede extraerse una posible conclusión: al principio, cuando aún no había pasado mucho tiempo desde la época del politeísmo, la idolatría y la veneración de las imágenes, el Noble Mensajero adoptó una actitud muy severa respecto a ellas. Pero más adelante, cuando la creencia monoteísta se hubo arraigado firmemente en el corazón y la mente de la gente, permitió conservar imágenes sin seres vivos, que en realidad no eran más que diseños y líneas. Si no fuera así, jamás habría tolerado en su propia casa una cortina con imágenes, ni habría considerado lícitas las imágenes dibujadas en las telas como adorno. De esto también puede deducirse la norma respecto a las imágenes dibujadas en papel y en las paredes.

Tahawi, uno de los principales pensadores e imanes de la escuela hanafí, escribió: «Al principio, el Legislador de la sharía declaró prohibidas toda clase de imágenes y figuras. Incluso estaban incluidas las imágenes dibujadas en papel o en tela, pues no había pasado mucho tiempo desde la época en que se adoraban las estatuas y las imágenes. Por eso, entonces se prohibieron toda clase de imágenes. Una vez puesta en vigor esta prohibición, declaró fuera de su alcance, atendiendo a las necesidades ordinarias, los diseños e imágenes dibujados en las telas. También se hicieron lícitas aquellas imágenes hacia las que no se mostraba gran respeto ni veneración. No existía temor de que se honrara o venerara aquello que era objeto de desprecio. En cambio, respecto a las imágenes que normalmente no son deshonradas, la prohibición permaneció vigente como antes». (Al-Yawāb al-Shāfī)

El desprecio mostrado hacia una imagen es lo que la hace lícita

Si una imagen es alterada de tal manera que deja de ser digna de respeto y se convierte en algo deshonrado, pasa a estar comprendida dentro de lo permitido. En un hadiz se relata que, cuando Jibril (la paz sea con él) pidió permiso para entrar en la casa, el Noble Profeta (la paz y las bendiciones de Dios sean con él) dijo:

(Árabe***************)

Jibril dijo: «¿Cómo voy a entrar en la casa, si en ella cuelga una cortina con imágenes? Si necesariamente ha de conservarse, córtale la cabeza a la imagen o rasga la tela de la cortina y conviértela en un cojín o en una alfombra».

Por esta razón, cuando Aisha (que Dios esté complacido con ella) vio señales de incomodidad en el rostro del Noble Profeta (la paz y las bendiciones de Dios sean con él) a causa del cojín en el que se reclinaba, lo rasgó y confeccionó con él dos cojines pequeños. De este modo se mostraba indiferencia hacia la imagen y no quedaba temor de que se le tributara ningún tipo de respeto.

Se ha transmitido acerca de la gente de épocas anteriores que no consideraban censurable utilizar imágenes desprovistas de honor. Se narra de Urwa que se reclinaba sobre cojines con imágenes de aves y de personas. Ikrima dice que los sabios no aprobaban colocar las imágenes en posición elevada. En cambio, no consideraban censurable aquellas imágenes que normalmente eran pisoteadas. Las imágenes dibujadas en cojines y alfombras son pisoteadas, por lo que son lícitas.

Fotografías

Está claro que todos los hadices citados acerca de la elaboración de imágenes y de quienes las elaboran se refieren a imágenes talladas o dibujadas a mano. Pero la fotografía obtenida mediante la luz reflejada a través de una cámara es algo completamente novedoso. La fotografía no existía en la época del Mensajero de Allah. Aquí surge la pregunta: ¿son aplicables a la fotografía las normas jurídicas citadas acerca de las imágenes y de quienes las elaboran?

Esos ulemas consideran ilícita únicamente la elaboración de imágenes con un cuerpo completo; según ellos, no hay objeción en las fotografías, especialmente cuando son incompletas.

Según la opinión de los demás ulemas, la cuestión en este punto es la siguiente: ¿son estas imágenes creadas mediante el reflejo equivalentes a las que el artista pinta por sí mismo con su pincel? O bien, tal como se afirma en algunos hadices como “causa” (Reason): quien elabora una imagen imita la obra creadora de Allah; ¿se encuentra esto también en la fotografía? Y, desde la perspectiva de la teoría del fiqh, cuando no existe la “causa” (Reason), tampoco permanece la norma jurídica establecida sobre esa base. Es decir, cuando en esencia no existe imitación, no puede ser ilícita.

En este asunto, la fatua emitida por el difunto muftí de Egipto, el jeque Muhammad Bakhit, es sumamente clara. Escribió: La imagen obtenida mediante la fotografía —que es posible gracias a la captura de la luz reflejada de un modo especial— no pertenece a la categoría de imágenes que han sido declaradas prohibidas. Pues el tipo de imágenes cuya elaboración fue prohibida es aquel que consiste en idear y crear una imagen que antes no existía ni había sido hecha, de modo que, al producirla, se imita a un ser vivo creado por Allah. Pero la fotografía obtenida mediante una cámara no entra en esa categoría.

(Árabe*****************)

En realidad, esta es la cuestión fundamental de la fotografía y su norma desde la perspectiva de la Sharía. Sin embargo, muchos ulemas adoptan una postura muy estricta respecto de las imágenes, cualquiera que sea su tipo, y las consideran makruh (muchos las consideran claramente ilícitas). Consideran ilícita la fotografía. A pesar de ello, los ulemas también consideran lícito tomar fotografías por necesidad y por el bienestar nacional o cultural, como las de los documentos de identidad, los pasaportes y otros semejantes. En especial, las fotografías de personas sospechosas y las utilizadas para explicaciones, análisis o aclaraciones. Con este tipo de fotografías no se pretende mostrar respeto ni veneración hacia nadie, ni existe en ellas temor alguno de que se corrompa la creencia. El Mensajero de Allah no consideró ilícitas las imágenes dibujadas sobre telas. Por tanto, este tipo de fotografías, que son aún más necesarias que aquellas, queda con mayor razón fuera del ámbito de lo ilícito.

La finalidad de las imágenes

No se puede negar que el propósito con el que se hacen las imágenes reviste una gran importancia para determinar si son lícitas o ilícitas, y que esto puede establecerse sobre esa base. Ningún musulmán puede discrepar acerca de que son ilícitas las imágenes cuyo propósito es contrario a la creencia islámica, a su sharía, a su cultura y a sus normas y costumbres. Por tanto, es absolutamente ilícito hacer fotografías de mujeres desnudas o semidesnudas, así como imágenes o dibujos de aquellas partes del cuerpo femenino cuya contemplación pueda aumentar la excitación sexual. No cabe ninguna duda de que las imágenes o bocetos publicados en periódicos y revistas con el propósito de despertar el deseo sexual y aumentar su excitación entre la gente, calentando las bajas inclinaciones como un fuego ardiente, son ilícitos y sumamente peligrosos. La difusión masiva, impresión y conservación de este tipo de imágenes o ilustraciones, colgarlas en casas, oficinas y lugares públicos, exhibirlas, fijarlas en las paredes, y contemplarlas y observarlas por deseo e interés: todo ello se considera parte de esta prohibición.

Lo mismo se aplica a las imágenes de incrédulos, impíos y opresores. No es decoroso ni apropiado para ningún musulmán realizar o conservar retratos de personas de esta categoría. También son absolutamente ilícitas las imágenes de los líderes ateos que niegan la existencia misma de Allah y rechazan Su sharía; de los idólatras que practican el shirk asociando copartícipes con Allah; de los judíos y cristianos que niegan la profecía de Muhammad (que Allah le bendiga y le conceda paz); de quienes, pese a afirmar que son musulmanes, gobiernan el Estado, formulan políticas y administran justicia abandonando las normas reveladas por Allah; y de quienes difunden la desvergüenza y la corrupción en la sociedad, como actores y actrices, cantantes y cantoras, bailarines y bailarinas, entre otros.

Las imágenes de quienes promueven la idolatría, así como las imágenes de símbolos de religiones contrarias al islam —ídolos, retratos, cruces y demás—, no son lícitas en modo alguno. En la época del Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz), probablemente este tipo de imágenes se dibujaba en la mayoría de las sábanas, cortinas y telas de los cojines. Por ello, se ha dicho en un hadiz:

(Árabe*************)

El Profeta (que Allah le bendiga y le conceda paz) no conservaba en su casa ningún objeto que tuviera imágenes de cruces u otras semejantes. Si encontraba algo así, lo rasgaba y lo hacía pedazos.

Se ha transmitido de Ibn Abbás (que Allah esté complacido con él):

(Árabe***************)

En el año de la conquista de La Meca, cuando el Profeta (que Allah le bendiga y le conceda paz) vio imágenes dentro del recinto sagrado, no entró. Después, fueron borradas, y solo entonces entró allí.

De aquellas imágenes se hacía evidente la idolatría de los politeístas de La Meca y su antiguo extravío.

Narró Hazrat Ali (que Allah esté complacido con él) que cierta vez el Noble Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) participó en un funeral. Entonces dijo:

(Árabe***********)

¿Quién de vosotros está dispuesto a ir a Medina, nivelar todas las tumbas y no dejar ninguna imagen, sino deformarlas todas?

Un hombre se levantó y dijo: «Oh Mensajero, estoy dispuesto a llevarlo a cabo». Al oír esto, los habitantes de Medina se llenaron de miedo y consternación. Luego, aquel hombre regresó y dijo:

(Árabe****************)

«¡Oh Mensajero! No dejé ningún ídolo; los hice añicos. No omití ninguna tumba: las nivelé todas, y deformé cada imagen; no perdoné ninguna».

Al oír esto, el Noble Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) proclamó:

(Árabe*********)

Por consiguiente, todo aquel que realice siquiera una de estas acciones será desobediente de la guía revelada a Muhammad (la paz y las bendiciones de Allah sean con él). (Musnad de Ahmad)

En este hadiz, las imágenes cuya deformación y eliminación ordenó el Noble Profeta (la paz sea con él) no eran sino símbolos y emblemas de la incredulidad y el politeísmo de la época de la ignorancia. Por ello, el Noble Profeta (la paz sea con él) quiso liberar y purificar Medina de tales cosas. Y por eso declaró que volver a realizar siquiera una de estas acciones equivalía a incurrir en incredulidad y desobediencia respecto a la ley revelada por Allah.

Síntesis de las normas relativas a las imágenes, los retratos y sus creadores

La síntesis de las normas de la sharía islámica relativas a las imágenes, los retratos y sus creadores, expuestas detalladamente, es la siguiente:

a. Los retratos e imágenes de quienes son tomados como divinidades adoradas aparte de Allah constituyen el haram más grave y tienen el mayor pecado. Un gran ejemplo de ello es la imagen del venerable Mesías, la divinidad de los cristianos (y de su madre María). Crear imágenes de este tipo es una incredulidad manifiesta. Si alguien crea deliberadamente una imagen de este tipo, sabiéndolo y queriéndolo, debe entenderse que se ha convertido en incrédulo. Crear retratos de esta clase es uno de los pecados más graves y una acción sumamente vil y abominable. Toda persona que difunda este tipo de imágenes o que, de una u otra manera, les muestre respeto, participará del pecado en proporción a su intervención.

b. Menor que este es el pecado de crear retratos de personalidades a quienes, aunque no se adore, se les muestra respeto. Por ejemplo, los reyes y monarcas de un país, sus máximos dirigentes, administradores, dictadores y otros semejantes: se crean retratos de ellos como monumentos conmemorativos y se erigen en lugares públicos. En cuanto a que el retrato sea incompleto o completo, no hay diferencia alguna respecto al pecado.

d. Aún menor es el pecado de crear retratos de personas a quienes no se tributa veneración ni sacralidad. Sin embargo, esto también es haram, y no existe desacuerdo al respecto. No se incluyen en esta categoría aquellos a quienes se trata con desprecio y desdén. Por ejemplo, las figuras hechas como juguetes para niños o elaboradas con dulces y golosinas que luego se comen.

e. A continuación se plantea la cuestión de las imágenes figurativas; es decir, las imágenes artísticas de personalidades a las que se muestra respeto, como administradores, líderes populares, fundadores de Estados y otros semejantes. Especialmente si se colocan o cuelgan en algún lugar. La prohibición se vuelve aún más grave y severa si se trata de imágenes de personas del tipo de los tiranos, los impíos, los libertinos, los ateos y semejantes. Pues mostrar veneración y respeto por esas personas constituye un delito equivalente a la destrucción del islam.

f. Desde el punto de vista del pecado, en un grado inferior están las imágenes de seres dotados de miembros completos y cuerpo, así como las imágenes de animales a los que, ciertamente, no se muestra ningún respeto. Sin embargo, son una manifestación de lujo. Cubrir puertas y paredes con telas que contienen este tipo de imágenes no es más que makruh.

g. No hay pecado en hacer ni conservar imágenes de seres inanimados —como palmeras, ríos, barcos, montañas, la luna, el sol y otras escenas naturales y paisajísticas—, siempre que no hagan que la gente se desatienda del culto y la adoración de Allah ni sean simplemente un símbolo de lujo. De lo contrario, este tipo de imágenes es makruh.

h. Por último, están las imágenes formadas por reflejo, es decir, las fotografías. En principio son mubāh, siempre que no tengan como propósito una acción prohibida, como cuando la fotografía de una persona tiene por finalidad mostrar su santidad religiosa o su honor mundano. Especialmente si esa persona es un incrédulo, un idólatra, un comunista o un artista descarriado; en tal caso no están permitidas.

i. Finalmente, si las representaciones y las imágenes prohibidas son deformadas, o se las convierte en algo deshonrado y humillado, dejan de pertenecer a la categoría de lo prohibido y pasan a considerarse lícitas. Por ejemplo, las imágenes dibujadas en una sábana o en el suelo, que son pisoteadas con los pies o los zapatos, y cosas semejantes.

Criar perros sin necesidad

El Noble Profeta (s.a.s.) prohibió criar perros en casa sin necesidad.

No faltan en el mundo personas de gustos tan deplorables que gastan dinero a manos llenas en criar y mantener perros, pero muestran tacañería y reparo hasta para gastar un solo céntimo en los hijos de los seres humanos. Algunas ni siquiera se contentan con gastar dinero para satisfacer los caprichos y susceptibilidades del perro, sino que vinculan a él sus emociones. Y esto ocurre cuando no sienten afecto por sus propios familiares y están a punto de olvidar a sus vecinos y hermanos, aunque no soportan que se desatienda al perro ni siquiera un poco.

Existe el temor de que, si hay un perro en la casa de un musulmán, pueda lamer la comida, los recipientes y otras cosas, volviéndolos impuros. El Noble Profeta (s) dijo: (en árabe**********************)

Si un perro mete el hocico en el recipiente de alguien, este deberá lavarse siete veces; una de ellas, necesariamente, frotándolo con tierra.

Algunos expertos han dicho que está prohibido criar perros en casa porque ladran al ver a los invitados y visitantes, asustan a los mendigos y tampoco se abstienen de morder a los transeúntes.

El Noble Profeta (s) dijo: (en árabe**********************)

El honorable Yibril (a) vino a mí y me dijo: «Anoche vine a verte, pero no entré en la casa porque en la puerta había una figura, en la casa había una cortina con imágenes y, además, había un perro. Ahora ordena que se corte la cabeza de la figura de la casa; así adoptará la forma de un árbol. Y ordena que se corte la tela de la cortina para hacer dos cojines, que serán pisoteados día y noche, y expulsa al perro».

La instrucción dada aquí se refiere al perro que se conserva sin necesidad.

Criar perros para la caza y la vigilancia

El perro criado para alguna necesidad —como el perro de caza o el criado para el cuidado y la vigilancia de los campos, las granjas o los animales domésticos— no está incluido en esta prohibición. El Noble Mensajero (s) dijo: (en árabe***************)

 Quien críe y tenga un perro sin el propósito de cazar, cuidar los campos y las granjas, la casa o el ganado, verá reducida cada día en un qirat la recompensa de sus buenas obras.

Algunos juristas, basándose en este hadiz, han opinado que la prohibición de tener perros solo es makruh, no haram. Pues, si tener perros fuera haram, lo sería en toda circunstancia y habría que evitarlo siempre, se redujeran las obras o no.

La prohibición de tener perros en las casas no significa que se deba tratarlos con crueldad, ni que se haya ordenado exterminarlos o matarlos. Pues el Noble Profeta (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: (árabe********************)

Si el perro no fuera una especie creada por Allah, como existen muchas otras especies, habría ordenado matarlo.

El Noble Mensajero (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) respaldó con estas palabras la opinión importante mencionada anteriormente. Y la verdad real y primordial es que el propio Noble Corán también lo indica cuando dice: (árabe************************)

Todos los animales que se desplazan por la tierra y todas las aves que vuelan apoyándose en sus dos alas son especies creadas de distintas maneras, como vosotros. (Sura al-An’am: 38)

El Noble Profeta (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) relató ante sus compañeros la historia de un hombre. Este vio un perro en el desierto. El perro jadeaba y, acuciado por la sed, lamía la tierra. Al verlo, el hombre se dirigió a un pozo, sacó agua llenando un cubo, y dio de beber al perro hasta saciarlo. Allah aceptó su acción y le perdonó sus pecados.

La tenencia de perros desde la perspectiva de la ciencia y el conocimiento modernos

Vemos a personas que, cegadas por su amor a la civilización occidental, se consideran de corazón compasivo, elevadamente humanitarias y misericordiosas con todos los seres vivos. Plantean objeciones al punto de vista del islam, diciendo: ¿Cómo puede este exigir que se evite un animal tan inteligente, amistoso y fiel? Para conocimiento de esas personas, queremos presentarles un escrito de este erudito alemán, publicado en una revista alemana. En este escrito se exponen las diversas aflicciones inevitables que resultan de criar perros y entrar en contacto con ellos. El escrito es el siguiente:

Durante los últimos años, el interés de la gente por criar perros ha aumentado considerablemente. Por ello, parece sumamente necesario llamar su atención sobre los peligros que pueden derivarse de ello. Especialmente porque las personas no se limitan a criar perros, sino que juegan con ellos y los besan. Además, se deja a los perros en libertad de tal manera que lamen las manos tanto de niños como de adultos. Muchas veces se les ofrece comida sobrante directamente en los recipientes o platos que utiliza la propia gente. Esta costumbre, además, es tan desagradable que una conciencia sana y el buen gusto no están dispuestos a aceptarla. También es contraria a las normas de higiene.

Desde el punto de vista de la ciencia médica, no se puede considerar en absoluto insignificante el peligro que puede cernirse sobre la salud y la vida humanas a causa de criar perros y bromear con ellos. Muchas personas se ven obligadas a pagar un precio muy alto por su ignorancia. Esto se debe a que en el cuerpo de los perros hay microorganismos capaces de causar enfermedades permanentes e incurables. Es imposible contar cuántas personas se ven obligadas a perder la vida tras contraer estas enfermedades.

La forma de estos microorganismos es semejante a una cinta. Causan en el cuerpo humano enfermedades parecidas a los forúnculos y la sarna. Este tipo de microorganismos también se encuentra en los cuerpos de los animales domésticos, especialmente en los cerdos; pero la capacidad de desarrollarse tras ser criados y alimentados solo la poseen los microorganismos del cuerpo del perro.

También hay microorganismos en los cuerpos de los buitres y los chacales. Sin embargo, no suelen encontrarse en el cuerpo de los gatos. Estos microorganismos son de una naturaleza diferente de la de los demás microorganismos con forma de cinta. Son tan diminutos y delgados que no pueden verse. En los últimos meses se han conocido algunos datos al respecto.

El autor del artículo escribió posteriormente:

Estos microorganismos penetran en el hígado humano y allí se manifiestan de diversas maneras. A veces penetran en los pulmones, los ovarios, el bazo, los riñones y el cerebro. Entonces su forma cambia considerablemente. Se llega a tal estado que incluso los especialistas son incapaces de detectarlos y reconocerlos.

Sea como fuere, la lesión causada por estos microorganismos, en cualquier parte del cuerpo en que se encuentre, es muy perjudicial y peligrosa para la salud. Hasta hoy no se conoce ningún tratamiento para estos microorganismos. Por ello, debemos esforzarnos con todas nuestras fuerzas para hacer frente a las enfermedades incurables. Hay que salvar a las personas de este peligro.

El médico alemán Nulllor afirmó que el número de lesiones causadas en el cuerpo humano por los gérmenes de los perros no es, en absoluto, inferior al uno por ciento. Y en algunos países, hasta el doce por ciento de las personas padecen esta enfermedad. El mejor medio para prevenirla consiste en mantener estos gérmenes confinados al cuerpo del perro y no permitir que se propaguen…..

Si una persona desea proteger su salud y conservar la vida, debe evitar abrazar y besar a los perros. No se les debe permitir acercarse; hay que mantener a los niños alejados de ellos. Tampoco se debe permitir que los perros laman las manos de las personas. No se debe permitir que los perros permanezcan en los lugares donde los niños juegan, pasean y se divierten, ni darles la oportunidad de esparcir allí suciedad. Pero es muy lamentable que se vea un gran número de perros precisamente en los lugares de juego de los niños.

Los recipientes para la comida de los perros deben ser completamente diferentes e independientes. Es muy inapropiado darles para lamer los recipientes que las personas utilizan para su propia comida. No se les debe permitir entrar en los mercados, las tiendas ni los hoteles y cocinas. En resumen, hay que tener precaución con los perros y mantenerlos alejados de todo lo relacionado con los alimentos y las bebidas.

Al considerar esta reflexión de un pensador no musulmán, es necesario examinar hasta qué punto se basaba en la realidad y era plenamente científica la prohibición de Muhammad (la paz sea con él) de relacionarse estrechamente con los perros. También ordenó tomar precauciones especiales para impedir que los perros metieran el hocico en los recipientes relacionados con la comida y la bebida. Además, prohibió criar perros sin necesidad. Al reflexionar a la luz de la explicación anterior, se puede comprender claramente el enorme beneficio para toda la humanidad que está contenido en las normas establecidas por el Noble Mensajero (la paz sea con él).

En realidad, el Noble Profeta (la paz sea con él) era iletrado. Sin embargo, al observar hasta qué punto las enseñanzas que presentó concuerdan, mil cuatrocientos años después, con las teorías y los datos científicos más modernos de nuestra época, uno queda profundamente maravillado. Al contemplar esta verdad, la siguiente declaración del Glorioso Corán surge espontáneamente en nuestros labios: (Árabe***************)

El Profeta no dice nada por voluntad propia; todo lo que dice no es sino revelación.

Ingresos y profesión

(Árabe****************)

Ese Allah es Quien ha hecho para vosotros la tierra dócil, suave y sumisa. Caminad, pues, por sus caminos y comed del sustento de Allah.

Esta es la orientación fundamental de Allah en materia de ganarse el sustento. Para ello, Allah Altísimo ha puesto la tierra al servicio de los seres humanos. Por tanto, hay que aprovechar plenamente esta bendición y dedicar esfuerzo y empeño a cada una de sus partes, buscando los dones de la gracia de Allah.

Es ilícito que una persona capaz de trabajar permanezca ociosa

De ningún modo puede un musulmán abstenerse de ganarse el sustento o mostrarse despreocupado de ello con el pretexto de estar absorto en la adoración y el servicio a Allah, o de confiar en Allah. Pues del cielo no lloverán oro ni plata.

Del mismo modo, no puede ser lícito permanecer sentado dependiendo de las donaciones y limosnas de la gente y, aun disponiendo de los medios para ganarse la vida, no utilizarlos ni dedicarse a obtener ingresos, sin esforzarse de ese modo por satisfacer las necesidades propias y las de los familiares. En este sentido, el Noble Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo:

(Árabe*********************)

No es lícito aceptar limosnas para ninguna persona rica, ni tampoco para una persona fuerte y sana.

El Noble Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) pronunció palabras severas y contundentes sobre el musulmán que extiende la mano para pedir ante otra persona, haciendo que desaparezca el resplandor de su rostro y dañando sin motivo la dignidad y el honor de su condición humana. Dijo: (Árabe*****************)

Quien pide limosna sin necesidad comete el terrible acto de recoger brasas con sus propias manos. (Al-Bayhaqi, Ibn Juzayma)

También dijo:

Quien pida limosna a la gente con el propósito de enriquecerse se habrá marcado el rostro con heridas hasta el Día de la Resurrección y estará obligado a comer las piedras ardientes del Infierno. Que quien quiera acumule para sí una gran cantidad de estas cosas, y que quien quiera acumule poco. (At-Tirmidhi)

Otra de sus palabras fue:

Quien se acostumbre a mendigar se encontrará con Allah sin un solo trozo de carne en el rostro. (Al-Bujari, Muslim)

Para proteger a los musulmanes de este terrible destino, el Noble Profeta (la paz sea con él) salvaguardó su honor y tomó medidas para cultivar en ellos el sentido de la dignidad, el alejamiento de las malas acciones y la abstención de la mendicidad.

¿Cuándo está permitida la mendicidad?

Sin embargo, el Noble Profeta (la paz sea con él) tuvo plenamente en cuenta las necesidades ineludibles de la gente. Si alguien se viera realmente obligado a pedir limosna y a solicitar ayuda al gobierno o a particulares, no incurriría en pecado. El Noble Profeta (la paz sea con él) dijo:

(Árabe********************)

Pedir limosna equivale a herirse. Quien pide limosna se desfigura el rostro con heridas. Por tanto, quien quiera puede dejar su rostro en ese estado, y quien quiera puede abstenerse de hacerlo. Sin embargo, si alguien pide limosna a una persona investida de autoridad, o se ve obligado a pedirla por un asunto absolutamente necesario, ese caso es distinto. (Abu Dawud, Nasai)

Abu Bishar Qubaysah ibn al-Mukhariq (que Allah esté complacido con él) dijo:

(Árabe*************************)

Yo había asumido la responsabilidad de una garantía en un asunto. Por ello, me presenté ante el Noble Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) y le pedí limosna. Él dijo: «Espera; cuando lleguen los bienes de la caridad, te daremos de ellos». Luego dijo: «¡Oh, Qubaysah! No está permitido pedir limosna, salvo para tres personas. La primera es quien ha asumido la responsabilidad de una garantía para alguien. Puede pedir limosna hasta recibir la cantidad necesaria; después debe abstenerse. La segunda es aquella persona cuyos bienes hayan sido destruidos a causa de alguna calamidad. Puede pedir limosna hasta disponer de lo necesario para vivir. Y la tercera es quien se haya visto enfrentada a la pobreza extrema, hasta que tres personas sensatas de su vecindario den testimonio de que esa persona se encuentra en la indigencia. En tal situación, puede pedir limosna hasta disponer de lo necesario para vivir».

Fuera de estos casos, para cualquiera que pida limosna, es ilícita la riqueza que consume.

El trabajo es honorable

La gente considera indignos ciertos trabajos. Pero el Noble Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) no lo aprobó. Enseñó a sus compañeros que, sea cual sea el trabajo, en él residen el honor y la plena dignidad, mientras que aceptar la ayuda de la gente y depender de ella entraña toda clase de humillación y deshonra. Dijo: (Árabe*********************)

Que una persona vaya al bosque con una cuerda, cargue sobre su cabeza un fardo de leña, lo traiga, lo venda y se gane la vida con ello —gracias a lo cual Allah preservará su dignidad— es mucho mejor y más beneficioso que pedir limosna a la gente, cuando ni siquiera hay certeza de que le den algo.

Por tanto, el musulmán debe ganarse la vida mediante la agricultura, el comercio, la industria o cualquier trabajo o empleo semejante, siempre que no implique involucrarse en algo ilícito.

Ganarse la vida mediante la agricultura

En el Noble Corán, al mencionar Sus propios favores y Su benevolencia hacia la humanidad, Allah Ta‘ala ha proporcionado numerosas orientaciones de importancia fundamental relacionadas con la agricultura.

Allah Ta‘ala ha hecho que el suelo y la tierra sean aptos para producir y cultivar. La ha hecho como una cama y un suelo firme; hacerla así para Sus criaturas es una gran bendición de Allah. Es absolutamente necesario recordar esta bendición y comprender su valor.

Se ha dicho: (árabe***********)

Allah Ta‘ala ha hecho para vosotros la tierra como una cama y un suelo firme, para que podáis transitar por los caminos abiertos que se encuentran sobre ella. (Sura Nuh: 19-20

Él creó la tierra para todas las criaturas. En ella hay frutos, palmeras datileras con racimos envueltos, cereales con su cáscara y flores fragantes. Entonces, ¿cuál de las mercedes del poder de vuestro Señor negaréis?

Él ha hecho descender agua en forma de lluvia, la ha hecho correr por canales y manantiales, y con ella da vida a la tierra muerta.

(Árabe************)

Él ha hecho descender agua desde lo alto. Luego, con ella, hemos producido toda clase de plantas, árboles y demás; después, de ellas hemos hecho brotar ramas verdes, lozanas y frondosas, y de ellas extraemos granos dispuestos en capas.

(Árabe **************

Es deber del ser humano prestar atención a su alimento y reflexionar. Nosotros hemos hecho descender el agua según la necesidad. Después hendimos la tierra de manera asombrosa y produjimos en ella cereales, uvas y hortalizas.

Alá envía los vientos como portadores de buenas nuevas. Con su ayuda, las nubes se desplazan y las plantas dan fruto.

(Árabe***************)

Y hemos extendido la tierra, hemos establecido en ella elevadas y firmes montañas, y hemos producido en ella cada cosa de manera bien planificada y proporcionada. Y hemos dispuesto en ella vuestro sustento, así como el de aquellos para quienes no sois proveedores. Y no hay nada cuyos depósitos no estén junto a Nosotros; solo lo hacemos descender en una medida conocida. Y enviamos los vientos cargados de frutos. Después hacemos descender agua del mundo superior y os damos de beber con ella. Pero vosotros no podríais almacenarla. (Sura Al-Hiyr: 19-22)

En todos estos versículos, Allah ha llamado la atención de la gente sobre las bendiciones de la agricultura y sobre los medios que facilitan su práctica. El Noble Mensajero (la paz sea con él) dijo: (árabe************)

Todo musulmán que plante un árbol o cultive un campo, y de ello coman aves o personas, recibirá por ello una recompensa como caridad. (Bujari, Muslim)

Es decir, la recompensa de esta obra seguirá acumulándose para él mientras continúe el acto de comer de ese árbol o campo, aunque el propietario de la tierra o quien plantó el árbol haya muerto, o aunque la propiedad haya sido transferida.

Según los especialistas, no es imposible, dada la misericordia y generosidad de Allah, que Él continúe concediendo recompensa después de su muerte a una persona así, del mismo modo que se la concedía durante su vida. Estas palabras se aplican a las seis obras siguientes: la caridad continua, un conocimiento del que la gente se beneficia, un hijo virtuoso que sigue rezando por él, un árbol plantado, la agricultura y la vigilancia de las fronteras.

Se ha relatado en un hadiz que un hombre se presentó ante Abu Dardá (que Allah esté complacido con él), quien estaba plantando un nogal. «¿No tardará muchos años en dar fruto?». Abu Dardá (que Allah esté complacido con él) respondió: «¿Qué daño hay en ello? Otros comerán de él y yo obtendré la recompensa».

Se ha narrado de otro compañero del Noble Profeta (la paz sea con él) que dijo: «Escuché con mis propios oídos al Noble Mensajero decir: (árabe ***************)»

Quien planta un árbol y después continúa protegiéndolo y cuidándolo hasta que da fruto, recibirá de Allah la recompensa por cualquier beneficio que se obtenga de sus frutos durante ese tiempo.

Basándose en estos y muchos otros hadices semejantes, los especialistas han dicho que la agricultura es muy superior a las demás formas de ganarse el sustento. Sin embargo, otros especialistas consideran que la artesanía y el trabajo manual son mejores. Y algunos opinan que el comercio es la mejor opción.

Otros especialistas han dicho que, en distintas circunstancias, distintas actividades pueden considerarse superiores. Por ejemplo, cuando hay una grave escasez de alimentos, la agricultura es superior, pues su beneficio está generalmente al alcance de todos. Y cuando, debido a los asaltos de bandidos, llega poca mercancía a los mercados, el comercio es una buena actividad, mientras que, para satisfacer la necesidad de productos industriales, la actividad industrial se considera superior.

Esta descripción mencionada al final concuerda plenamente con los conocimientos y las ciencias económicas modernas.

La agricultura prohibida

Está prohibido cultivar las plantas cuyo consumo el islam ha declarado haram o cuyo uso es perjudicial. Por ejemplo, el cannabis, el opio, etc.

Lo mismo se aplica al tabaco. Sin embargo, según quienes consideran que el tabaco es haram, consumirlo también es haram. Muchos han dado preferencia a esta opinión. Y quienes consideran que consumir tabaco es makruh opinan que cultivarlo también es makruh.

No está permitido a un musulmán cultivar algo prohibido con la intención de obtener dinero vendiéndolo a los no musulmanes. Un musulmán nunca puede contribuir a la difusión de cosas prohibidas. Por ello, no está permitido a los musulmanes criar cerdos con la intención de venderlos a no musulmanes, cristianos y otros. Ya hemos dicho que, desde la perspectiva del islam, no está permitido vender uvas lícitas a alguien de quien se sepa que las convertirá en sura (vino).

La industria, etc.

El islam ha alentado la actividad agrícola y ha descrito detalladamente sus virtudes. También ha declarado que esta actividad conlleva una gran recompensa. Pero no es en absoluto deseable que los miembros de la comunidad musulmana se dediquen únicamente a la agricultura, como un gusano de la ostra que permanece encerrado dentro de la ostra. El islam no aprueba que los musulmanes consideren suficiente dedicarse solo a la agricultura y sigan siempre detrás de los bueyes de labranza. Pues, si así fuera, no podrían hacer frente a los posibles peligros y calamidades nacionales. Por eso, si el Noble Profeta (s) calificó la agricultura de una actividad que causa humillación, no hay nada de extraño en ello, pues la realidad de los tiempos ha puesto de manifiesto la verdad de sus palabras. Él dijo:

Si os dedicáis a transacciones basadas en la usura, permanecéis aferrados a las colas del ganado vacuno y de los búfalos, y os ocupáis de la agricultura sin prestar atención a la yihad, Allah os impondrá la humillación. Después no podrá ser eliminada hasta que regreséis a vuestra religión. (Abu Dawud) Por esta razón, también es necesario dedicarse a las actividades industriales junto con la agricultura. Solo con la ayuda de ambas pueden satisfacerse las necesidades de una vida próspera y cómoda, así como las exigencias de una umma independiente y poderosa y de un sistema de gobierno y Estado firme y autosuficiente. La actividad industrial no solo es lícita desde la perspectiva del islam, como han dicho algunos eruditos, sino que también es un fard kifaya; es decir, es necesario que en la sociedad musulmana haya suficientes personas capacitadas en toda clase de industrias y oficios, de modo que no haya dificultad alguna para satisfacer las necesidades nacionales y que puedan realizar adecuadamente todas sus propias tareas. Si en algún ámbito de la industria surge tal escasez que no se encuentra a nadie que realice ese trabajo, toda la sociedad y la nación serán culpables y pecadoras por ello; en particular, los dirigentes y los responsables de la administración del Estado serán responsables.

El imán al-Ghazali (que Allah tenga misericordia de él) dijo:

Adquirir aquellos conocimientos sin los cuales la vida material de las personas no puede desarrollarse es un fard kifaya. Por ejemplo, la medicina es absolutamente necesaria para conservar la salud del cuerpo. La aritmética o la contabilidad son indispensables para toda clase de asuntos, incluidos los tratos mutuos, los testamentos y la distribución de las herencias. Se trata de conocimientos cuya ausencia de personas capacitadas expone a la población a graves dificultades. Cuando alguien se dedica a este tipo de trabajo, los demás quedan exentos de la responsabilidad de realizarlo. Por esta razón, según nuestra opinión, la medicina y la contabilidad son un fard kifaya. Los oficios tradicionales y las actividades industriales tampoco son otra cosa que un fard kifaya, como cultivar la tierra, arar, tejer telas y criar animales, entre otros. También lo son las labores agrícolas y la sastrería. Si en un país no existen medios para realizar estas actividades, de ningún modo es lícito dejarlo al borde de la destrucción.

En el Noble Corán se han dado numerosas indicaciones sobre diversas actividades industriales, y se ha explicado claramente que son una gran bendición de Allah para la gente del mundo. Por ejemplo, acerca del profeta David (la paz sea con él) se ha dicho: Las disposiciones de lo lícito y lo ilícito en el islam

Hemos ablandado el hierro para él y le ordenamos: «Fabrica corazas y ajusta sus anillas con la medida adecuada». (Sura Saba, 10-11)

Y le enseñamos el arte de fabricar corazas, para que os protegieran en la guerra. ¿Acaso estaréis agradecidos? (Sura al-Anbiya, 80)

Acerca del profeta Salomón (la paz sea con él) se ha dicho:

Y para él hicimos fluir una fuente de cobre, y sometimos a su servicio a unos genios que trabajaban ante él por mandato de Allah.

Y para él hicimos fluir un manantial de cobre, y sometimos a su servicio a unos yinn que trabajaban delante de él, por mandato de Allah. A quien de ellos desobedecía Nuestro mandato, le hacíamos probar el castigo del fuego ardiente. Ellos construían para él, según lo que deseaba: altos palacios y edificios, y grandes calderos firmemente instalados. «¡Oh, descendientes de David! Obrad con gratitud.»

En el Corán también se menciona la construcción de la elevada y sólida muralla de Dhul-Qarnayn. Se dijo: (árabe *********************)

Lo que mi Señor me ha dado es mucho. Ayudadme únicamente con vuestro trabajo y esfuerzo, y yo levantaré una barrera entre vosotros y ellos. Traedme bloques de hierro. Cuando finalmente hubo rellenado el espacio entre las dos montañas, dijo a la gente: «Encended el fuego». Cuando aquella muralla de fuego se puso completamente roja, como el fuego, dijo: «Traedme cobre fundido para verterlo sobre ella». Esta barrera había sido construida con tanta solidez que Gog y Magog no podían escalarla, y les resultaba aún más difícil abrir un túnel en ella. (Sura Al-Kahf: 95-97)

En el Corán también se narra la historia de la construcción del arca del profeta Noé. En ella se indica la construcción de una sólida nave, capaz de surcar ríos y mares elevándose como una montaña. Se dijo: (árabe*************)

Los barcos que surcan ríos y mares, elevándose como montañas, son en particular signos de Allah. (Sura Ash-Shura: 32)

En numerosas suras del Corán se mencionan toda clase de técnicas y actividades de caza****, como la pesca, la caza de animales marinos, la caza de animales terrestres y el buceo para obtener perlas y piedras preciosas, entre otras.

Sobre todo, el Noble Corán menciona el verdadero valor y la utilidad del hierro.

No se encuentra ninguna mención de ello en las anteriores escrituras religiosas ni en los libros escritos por seres humanos. Después de mencionar en el Corán el envío de los mensajeros y la revelación de los Libros, se dijo: (árabe************************)

Y hemos creado el hierro. En él hay una fuerza formidable y un beneficio inmenso e ilimitado para la gente.

Este versículo pertenece a la sura «El Hierro». De él se entiende claramente que el islam ha concedido una importancia especial a la industria del hierro.

En realidad, desde la perspectiva del islam, cualquier actividad industrial que se realice con el propósito de satisfacer las necesidades de la sociedad humana y procurar su verdadero bienestar será considerada «ʿamal ṣāliḥ», una buena obra, siempre que se mantenga una sinceridad auténtica en dicha actividad y se adopten plenamente la pericia y la competencia que el islam prescribe.

El islam ha otorgado gran dignidad a muchas ocupaciones que en la sociedad humana eran consideradas sumamente bajas e insignificantes. Por ejemplo, la gente no solía mirar con respeto a los pastores de cabras. Sin embargo, el Noble Profeta (s.) dijo:

Todos los profetas enviados por Allah pastorearon cabras. Los Compañeros preguntaron:

¡Oh, Mensajero! ¿También usted ha pastoreado cabras?

Los Compañeros preguntaron:

¡Oh, Mensajero! ¿También usted ha pastoreado cabras?

En respuesta, dijo:

Sí, pastoreé las cabras de la gente de La Meca a cambio de un salario. (Bujari)

El Sello de los Profetas, el honorable Muhammad (la paz y las bendiciones de Allah sean con él), pastoreó cabras. Lo importante es que esas cabras no eran suyas, sino de la gente de La Meca, y las pastoreó a cambio de un salario determinado. Al mencionar esto, el Noble Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) enseñaba a sus compañeros que el honor pertenece a quienes trabajan y se ganan la vida con su trabajo. Quienes permanecen ociosos, sin ingresos, y viven a costa de los demás, no tienen honor ni dignidad.

En el Sagrado Corán se ha relatado la historia del honorable Isa (la paz sea con él). Se dice que trabajó como jornalero para un anciano jeque durante ocho años consecutivos. El pago por su trabajo consistió en que le dieran en matrimonio a una de las hijas del anciano. El honorable Isa (la paz sea con él) era considerado un trabajador excelente y muy digno de confianza. Una de las hijas del anciano dijo con gran sensatez:

Padre, contrátalo como trabajador a cambio de un salario. El mejor empleado que puedes contratar es aquel que sea fuerte y digno de confianza.

El honorable Ibn Abbas (que Allah esté complacido con él) narró que el honorable David fabricaba armaduras y utensilios. El honorable Adán era agricultor. El honorable Noé (la paz sea con él) era artesano; el honorable Idrís (la paz sea con él) era sastre, y el honorable Moisés (la paz sea con él) era pastor de cabras.

Por tanto, un musulmán puede estar satisfecho adoptando cualquier profesión halal. Todo profeta ejercía necesariamente alguna profesión. Se ha dicho en un hadiz auténtico.

Nadie puede comer un alimento mejor que el que se ha ganado con su propio trabajo. El profeta de Allah, David (la paz sea con él), se ganaba la vida y obtenía su alimento trabajando. (Bujari)

Trabajos y profesiones prohibidos

Sin embargo, el islam ha declarado haram ciertos trabajos y profesiones para los musulmanes, porque esos trabajos y profesiones destruyen y perjudican terriblemente las creencias, la fe, el carácter, el honor y los valores culturales de las personas.

Prostitución

La prostitución, como profesión, es reconocida y respaldada en muchos países occidentales y en muchos países que siguen a Occidente. Por ello, se conceden debidamente permisos y licencias, así como oportunidades y facilidades libres y sin obstáculos. Esta actividad también recibe la consideración de profesión, como las demás profesiones habituales del país, y se le conceden todos los derechos relacionados con ella.

Pero el islam ha asestado un golpe contundente a esta profesión y no ha permitido que ninguna mujer, libre o esclava, obtenga ingreso alguno mediante sus órganos sexuales.

En la época de la ignorancia, algunos imponían a sus esclavas un «tributo» diario. Ellas estaban obligadas a entregar regularmente ese «tributo» a sus amos. Por eso tenían que ganar dinero de cualquier manera. Debido a ello, muchas esclavas se veían obligadas a prostituirse para pagar el «tributo» impuesto. Algunos amos de esclavas incluso las destinaban directamente a ese trabajo y obtenían a cambio grandes ganancias. Más tarde, el islam liberó a las mujeres de esta extrema desgracia y de la obligación de realizar tan abominable actividad. Fue entonces cuando se reveló el mandato de Alá: (en árabe)

No obliguéis a vuestras esclavas o hijas a prostituirse, si desean conservar la pureza y la castidad, solo para obtener mediante ellas beneficios mundanos. (Sura An-Nur: 33)

El honorable Ibn Abbás (que Alá esté complacido con él) narró: Abd Allah ibn Ubay, el jefe de los hipócritas, se presentó ante el Mensajero de Alá. Lo acompañaba una esclava de extraordinaria belleza llamada Muayzat. Dijo: «¡Oh, Mensajero de Alá! Esta muchacha es esclava de unos huérfanos. ¿Le permitirías prostituirse? Así esos huérfanos podrían obtener muchas ganancias». El Noble Profeta respondió claramente: «No».

El Noble Profeta cerró para siempre el camino a esta abominable profesión; sin importar quién se beneficiara de sus ingresos, cuán grande fuera la necesidad que satisficiera o cuán noble fuera el propósito, el objetivo del islam es mantener a la sociedad islámica libre y purificada de toda inmundicia del pecado.

La danza y las actividades artísticas sexuales

El islam no aprueba en absoluto adoptar la danza sexualmente provocativa como profesión. Del mismo modo, el islam no permite ninguna actividad que aumente la excitación sexual en la mente y el ánimo. Las canciones obscenas, las actuaciones desvergonzadas y otras actividades absurdas de este tipo entran en esta categoría. Aunque en la época actual se las denomina con el atractivo nombre de “arte” y se las considera indispensables para alcanzar el desarrollo y el progreso, desde la perspectiva del islam no son más que una extrema desviación.

En realidad, el islam ha declarado absolutamente ilícita toda relación sexual entre hombres y mujeres fuera del vínculo matrimonial. Desde la perspectiva del islam, son completamente ilícitas todas las palabras y acciones que abren el camino hacia ella. Esta verdad está implícita en el método milagroso que empleó el Corán al declarar ilícitos la fornicación y el adulterio.

La declaración del Corán es:

No os acerquéis siquiera a la fornicación y al adulterio, pues son actos sumamente desvergonzados y un camino y medio muy abominables. (Sura Bani Israil: 320)

Además de todo lo que hemos mencionado anteriormente, todas aquellas cosas que la gente considera sexualmente excitantes son medios que acercan a esta fornicación y adulterio. Más bien, impulsan a la persona hacia ello y hacen más intensa su atracción. Por consiguiente, no cabe duda de que quienes realizan cualquiera de las actividades de este ámbito cometen actos sumamente graves.

La escultura, los retratos y el arte de fabricar cruces

En el islam, las imágenes y los retratos son haram. Su análisis detallado ya se ha expuesto anteriormente. La fabricación de imágenes es aún más estrictamente haram. En el Sahih al-Bujari se cita que Saíd ibn al-Hasan dijo:

Yo me encontraba en presencia de Ibn Abbás (que Dios esté complacido con él). En ese momento llegó un hombre y dijo: «¡Oh, Ibn Abbás! La artesanía manual es mi medio de subsistencia. Fabrico este tipo de imágenes». Ibn Abbás (que Dios esté complacido con él) dijo: «Te diré exactamente lo que yo mismo escuché decir al Mensajero de Dios (la paz y las bendiciones de Dios sean con él). Lo escuché decir: “A quien fabrique una imagen o un retrato, Dios lo castigará ordenándole insuflarle un alma, pero jamás podrá insuflarle un alma”». Al oír esto, el rostro del hombre se deformó y palideció. Ibn Abbás le dijo: «Si tienes que fabricar imágenes o retratos, fabrica imágenes de árboles y de otras cosas inanimadas». (Bujari)

La misma norma se aplica a las estatuas, las cruces y todos los objetos de este tipo.

Sin embargo, respecto a las fotografías, ya hemos dicho anteriormente que, desde el punto de vista compatible con la sharía, son lícitas. Como mucho, se las puede considerar makruh. Pero la condición es que la finalidad de ese acto no sea originalmente haram. Por ejemplo, fotografiar desnudas las partes del cuerpo de una mujer que despiertan atracción sexual, fotografiar a un hombre y una mujer besándose, o fotografiar aquello cuya grandeza o santidad se pretende establecer, como los ángeles, los profetas y los mensajeros.

La industria de los estupefacientes y las sustancias que destruyen el conocimiento y la razón

Ya se ha dicho que el islam ha declarado haram cualquier participación, ayuda o cooperación en la difusión de los estupefacientes y las bebidas alcohólicas. Su fabricación y preparación, distribución, consumo o suministro para el consumo: todo está completamente prohibido. Toda persona que realice cualquiera de estas actividades es maldita, según las palabras del Mensajero.

El hachís, al igual que el opio, y todas las sustancias que eliminan la conciencia y la razón son haram, como los estupefacientes. El comercio, la compra y venta, la distribución y la industria de su producción: todo es haram. Desde el punto de vista del islam, que un musulmán adopte una actividad industrial o una profesión basada en un acto haram, o mediante la cual se difunda cualquier acto haram, es completamente reprobable e inaceptable.

Ganar mediante el comercio

El islam ha dado gran importancia a la actividad comercial mediante las declaraciones coránicas y la Sunna del Mensajero, y ha exhortado firmemente a realizarla. Con este propósito, también ha alentado los viajes al extranjero y los ha descrito como una búsqueda de la gracia de Allah. Además, se ha mencionado a quienes viajan al extranjero por motivos comerciales junto con quienes combaten por la causa de Allah. Se ha dicho: (en árabe********************)

Algunas personas viajarán al extranjero en busca de la gracia de Allah, mientras que otras combatirán y lucharán por la causa de Allah. (Sura al-Muzzammil: 20)

Las rutas marítimas de comunicación y transporte son sumamente importantes para el comercio internacional. Estas rutas han brindado a las personas y a las naciones amplias oportunidades para el comercio interno y exterior. Allah, exaltado sea, ha mencionado este hecho como una manifestación de Su especial gracia hacia la humanidad. Al mencionar la gracia de haber sometido el mar, haberlo hecho favorable y haber dado la posibilidad de navegar en barcos, Allah, exaltado sea, dijo Él mismo: (en árabe******************)

Y podéis ver cómo las embarcaciones y los barcos surcan el agua en los ríos y los mares, para que podáis buscar Su gracia y agradecerle. (Sura Fátir: 12)

En algunos versículos también se menciona que Él hace soplar los vientos: (en árabe*******************)

Y entre Sus signos está que envía los vientos como anunciadores de buenas nuevas y para haceros conocer Su misericordia, y también para que los barcos naveguen por Su mandato, para que podáis buscar Su gracia y agradecerle.

Allah, exaltado sea, concedió Su gracia a la gente de La Meca y estableció para ellos condiciones tales que su ciudad, La Meca, se convirtió en un centro comercial especial y destacado en toda la península arábiga. El profeta Ibrahim (la paz sea con él) suplicó: (en árabe*******************)

¡Oh Allah! Haz que los corazones de la gente se inclinen hacia ellos y provéelos de frutos de diversas clases, para que puedan agradecerte.

Esta súplica también resultó muy beneficiosa para los habitantes de La Meca. Del mismo modo, Allah había favorecido a los quraysh al proporcionarles condiciones ordenadas y seguras para sus viajes comerciales de invierno hacia Yemen y de verano hacia Siria. La seguridad que disfrutaban durante esos viajes era un favor especial de Allah, y les fue concedida porque se ocupaban del servicio de la Kaaba. Por tanto, debían adorar únicamente a Allah y agradecerle este favor. Pues Él es el único Señor de la Kaaba y el único que concede favores.

Puesto que los quraysh se habían acostumbrado, es decir, tenían por costumbre realizar viajes al extranjero en invierno y en verano, debían adorar a Allah en esta Casa, quien les había proporcionado alimento para aliviar su hambre y les había concedido seguridad frente a toda clase de temores. (Sura de Quraysh)

El islam ha brindado a los musulmanes una gran oportunidad para las transacciones comerciales internacionales y para los viajes y las comunicaciones. Esta oportunidad se presenta cada año durante el hach. Allah ha mencionado claramente estos viajes durante el hach diciendo:

Entre las actividades beneficiosas mencionadas en el versículo, la más importante es el comercio. Sin embargo, los musulmanes sentían escrúpulos por comerciar durante el hach. Pensaban que comerciar durante el hach introduciría un defecto en la sinceridad de su intención para realizarlo y arruinaría la pureza y la integridad de su adoración. En este asunto, el Noble Corán declaró claramente:

Si durante el hach buscáis el favor de vuestro Señor, no incurriréis en falta por ello. (Sura de la Vaca: 198)

El Noble Corán se dirigió de este modo a quienes permanecen en las mezquitas, glorificando a Allah por la mañana y por la tarde:

Hay muchas personas a las que el comercio o la compraventa no pueden distraer de sus deberes religiosos: recordar a Allah, establecer la oración y dar el azaque. (Sura de La Luz: 37)

Esto significa que, según el Corán, el musulmán no puede ser alguien recluido dentro de una mezquita. Tampoco es un derviche, una persona dependiente de otros, un asceta que ha renunciado al mundo, un monje ni un ermitaño. Del mismo modo, tampoco es alguien completamente absorbido por los asuntos mundanos. En realidad, es una persona activa. Su particularidad consiste en que su trabajo material no puede impedirle cumplir sus responsabilidades religiosas ni hacerle olvidarlas.

Hemos presentado anteriormente algunas de las declaraciones del Noble Corán relacionadas con el comercio.

A continuación, hablaremos de la sunna y los hadices. El Noble Profeta (s) alentó enormemente, tanto con sus palabras como con sus actos, la actividad comercial. Este asunto era muy importante para él. Él mismo fortaleció los fundamentos de esta actividad mediante sus palabras y sus acciones.

En esta sección mencionamos aquí algunas máximas importantes: (árabe**************)

El comerciante veraz y digno de confianza estará junto a los mártires el Día de la Resurrección. (árabe***********)

El comerciante honesto y digno de confianza será compañero de los profetas, los veraces y los mártires.

No nos sorprende que el Noble Profeta (s) haya mencionado a los comerciantes con una dignidad igual a la de los muyahidines y quienes sacrifican sus vidas por la causa de Allah. Pues la experiencia de la vida nos ha demostrado que la yihad no se lleva a cabo únicamente en el campo de batalla. Esta yihad también es inevitable en el ámbito económico.

El Noble Mensajero (s) prometió que los comerciantes alcanzarían esta elevada posición ante Allah y que en la Otra Vida recibirían por ello una recompensa inagotable. Esto se debe a que, en el comercio, a menudo se observa el sometimiento a la codicia y la avidez. En este ámbito es muy marcada la tendencia a arrebatar ganancias por cualquier medio. Además, la riqueza genera riqueza, y las ganancias incitan a las personas a buscar todavía más ganancias. Pero el comerciante que mantiene la honestidad, la justicia y la integridad es, en verdad, un combatiente por la causa de Allah. Se enfrenta constantemente a la codicia y la avidez. Por ello, la dignidad de muyahid le corresponde y le resulta sumamente apropiada y deseable.

La naturaleza del comercio es que sumerge a la persona en montañas de riquezas. Permanece absorta día y noche calculando el capital y las ganancias. Incluso vemos que el Noble Profeta (s) estaba de pie sobre el púlpito pronunciando el sermón cuando llegó allí una caravana comercial cargada de mercancías. En cuanto la gente se enteró de la llegada de la caravana, corrió hacia ella sin prestar atención al sermón del Mensajero. En este contexto fue revelado el siguiente versículo del Noble Corán. (árabe***************)

Cuando ven algún negocio o alguna diversión, corren hacia ella y te dejan, oh Profeta, de pie. Lo que está junto a Allah es mucho mejor y más beneficioso que esa diversión y ese negocio; y Allah es el mejor de los proveedores. (Sura Al-Jumu’a, 11)

Por tanto, quien, aun cayendo en este torbellino, pueda mantenerse firme en la fe y convencido, con el corazón lleno del temor de Allah y empapado del recuerdo de Allah, sin duda será contado entre los profetas, los veraces y los mártires favorecidos por Allah.

Para orientarnos en materia de negocios, basta con la conducta del Noble Mensajero (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él). Así como concedió plena importancia al aspecto espiritual, también estableció en Medina una mezquita basada en el temor reverencial de Allah y en Su complacencia, para que, además de ser un centro de adoración a Allah, de conocimiento islámico, educación, estudio y difusión de la predicación religiosa, fuera también el centro del Estado y del gobierno, es decir, el cuartel general. También concedió la debida importancia al aspecto económico de la gente. Creó un mercado puramente islámico sobre el cual los judíos no podían ejercer autoridad ni dominio. El mercado de Banu Qaynuqa, que ya existía, estaba bajo el control de los judíos. Él mismo estableció las normas y el funcionamiento del mercado fundado por el Profeta (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él), y él mismo lo supervisaba. La característica de este mercado era que allí no había ninguna posibilidad de engañar, defraudar o estafar; reducir o aumentar injustamente las medidas y los pesos; ni acaparar mercancías y causar perjuicio a la gente.

Además de todo esto, observamos que entre los compañeros del Noble Mensajero había comerciantes muy experimentados, artesanos competentes, agricultores y personas que ejercían profesiones y dominaban todos los trabajos y conocimientos necesarios para la vida social.

El Noble Mensajero (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) vivía entre la gente. Sobre él descendían las órdenes de Allah, los versículos del Corán. Él se los recitaba a la gente. Yibril (la paz sea con él) acudía a él mañana y tarde llevando la revelación.

La situación de los compañeros era tal que no querían separarse del Noble Mensajero (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) ni siquiera por un instante. A pesar de ello, vemos que todos los compañeros estaban ocupados en sus propios trabajos y profesiones. Algunos quizá habían emprendido un viaje de negocios, mientras que otros se habían ocupado de sus palmerales. Asimismo, algunos, por estar ocupados con sus profesiones y labores artesanales, no podían acudir al Noble Mensajero para aprender la religión. Por ello, aprendían todo de otro hermano suyo que había podido estar presente ante el Mensajero. Era también su deber, pues el Noble Mensajero (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) había declarado como principio permanente lo siguiente:

Que quien esté presente transmita todo a quien esté ausente.

La mayoría de los ansar se dedicaban a la agricultura, mientras que los muhajirun generalmente eran comerciantes. Abd al-Rahman ibn Awf (que Allah esté complacido con él) era un muhajir. Su conducta sigue brillando eternamente ante nosotros. Su hermano en la fe, Sa’d ibn Ansari, le ofreció la mitad de sus bienes, una de sus dos casas y divorciarse de una de sus dos esposas para que él pudiera casarse con ella.

Le dijo a Sa‘d (que Dios esté complacido con él): (Árabe*****************)

Que Dios bendiga sus bienes y su familia. No necesitaré nada de eso. Ahora, si hay algún mercado donde pueda comerciar, muéstremelo y comerciaré.

Sa‘d respondió: «Sí, está el mercado de Banū Qaynuqā‘». Al día siguiente, él fue al mercado llevando queso y mantequilla clarificada, y los vendió. Continuó con este negocio y obtuvo una gran riqueza. Al morir, dejó una enorme fortuna.

El ejemplo de Hazrat Abū Bakr (que Dios esté complacido con él) es aún más luminoso. Siempre se dedicó al comercio. Por ello trabajaba con todas sus fuerzas. Incluso el día en que fue elegido califa, quiso ir al mercado.

Hazrat ‘Umar (que Dios esté complacido con él) dice acerca de sí mismo: (Árabe*******************)

La compraventa en el mercado me mantenía tan ocupado que me vi privado de escuchar los hadices del Noble Mensajero (la paz y las bendiciones de Dios sean con él).

Lo mismo se cuenta de Hazrat ‘Uthmān (que Dios esté complacido con él) y de los demás compañeros.

El papel de la Iglesia respecto al comercio

De la manera antes mencionada, permaneciendo bajo la sombra de la religión del islam, continuaron su gran marcha mundana. Los creyentes en el islam se dedicaron a los negocios y a la compra y venta; sin embargo, estar ocupados y absortos en estas actividades no los hizo descuidar el recuerdo de Allah ni los desvió ni un ápice del camino de la obediencia a Allah. En cambio, durante ese período, los pueblos de los grandes países medievales y de los Estados de la Europa cristiana se hallaban indecisos entre opiniones contradictorias respecto al comercio. Por un lado estaba la doctrina de la «renuncia». Se pensaba que, al ocuparse de las actividades comerciales, el nafs se contaminaría con muchas clases de pecados; por tanto, había que protegerse de ello y mantenerse alejado de ese tipo de actividades. Por otro lado, se creía que quien se dedicara al comercio y a la industria en contra de las enseñanzas y opiniones de los líderes religiosos quedaría maldito. Pues este pecado no era simplemente una mala acción, sino un pecado eterno y una maldición de todos los tiempos, tanto en la tierra como en el cielo, tanto en este mundo como en el Más Allá.

San Agustín dice: «El comercio es esencialmente un pecado, pues, por su influencia, el nafs o la mente se aparta de Allah, la Verdad Suprema».

Otro dice: «Quien compra algo con el propósito de venderlo tal como está, sin introducir en ello ningún cambio, pasa a formar parte del grupo de comerciantes que se ha apartado de las alturas y del ambiente de la verdadera adoración».

En realidad, estas afirmaciones no son más que una prolongación de las enseñanzas expuestas por san Rols. Él decía que, puesto que ningún cristiano debía involucrarse en disputas ni conflictos con su hermano cristiano, tampoco era conveniente que existiera actividad comercial entre los cristianos.

El comercio haram

Sin embargo, en el islam el comercio no es haram. Pero todo comercio en el que haya opresión, engaño, fraude, estafa, búsqueda de ganancias abusivas, o en el que se compren, vendan o produzcan artículos prohibidos, es ciertamente haram.

Por ejemplo, el comercio de bebidas alcohólicas, la compra y venta de sustancias que nublan la razón y el entendimiento, el comercio de cerdos, o el comercio de ídolos, imágenes u objetos semejantes, está ciertamente prohibido. Pues en el islam se ha declarado completamente haram consumir, beber, transportar y beneficiarse de estas cosas. El islam no está dispuesto en absoluto a dar ningún apoyo a tales actividades. Todo lo que se obtiene por estas vías es haram y abominable. La Gehena es el lugar apropiado para la carne que crezca en el cuerpo de una persona como consecuencia de consumirlo. No puede haber ninguna razón para pensar que quienes se dedican al comercio de estos artículos prohibidos sean veraces, justos y dignos de confianza. Pues la base misma de estos negocios es abominable y haram. El islam les declara la guerra y no está dispuesto en absoluto a permitir que este comercio continúe.

Sin embargo, no es haram comerciar con oro o seda, es decir, con prendas de seda. Pues, aunque estas dos cosas no estén permitidas para los hombres, sí son halal para las mujeres. No obstante, no está permitido comerciar con artículos fabricados con estos materiales cuyo uso sea exclusivo de los hombres.

En el comercio lícito y permitido, el comerciante tiene ciertos deberes. Si no los cumple, el Día del Juicio será incluido entre los pecadores. Y esos pecadores ciertamente irán al Infierno.

Un día, el Noble Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) salió para la oración. Vio que la gente estaba comprando y vendiendo. Vio que la gente estaba comprando y vendiendo. Entonces les dijo:

¡Oh comerciantes! La gente respondió a la llamada del Mensajero. Alzaron la mirada hacia él y observaron. Entonces el Noble Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: (árabe**********************)

El Día del Juicio, los comerciantes serán resucitados como grandes pecadores, excepto aquellos que teman a Allah y realicen sus negocios con rectitud, honestidad y buenos modales. (Tirmidhi, Ibn Mayah)

Wasila ibn al-Asqa (que Allah esté complacido con él) dijo: el Noble Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) venía a nosotros —éramos comerciantes— y decía: (árabe*****************)

¡Oh comerciantes! Debéis manteneros completamente alejados de las palabras falsas y de las transacciones engañosas.

Por tanto, es deber de los comerciantes evitar por completo esta falsedad. Porque para los comerciantes constituye un peligro muy grande. La mentira arrastra a la persona por el camino del pecado, y el resultado del camino del pecado es el Infierno. También deben evitar hacer demasiados juramentos. En particular, jurar en falso es sumamente grave. Pues el Noble Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo:

(Árabe*****************)

El Día de la Resurrección, Allah no mirará a tres personas, ni las purificará, y recibirán un castigo doloroso. Una de ellas es quien vende sus mercancías mediante juramentos falsos.

Se narró de Abu Saíd (que Allah esté complacido con él) que dijo: un beduino llevaba una cabra. Le pregunté: «¿Venderías esta cabra por tres dírhams?». El hombre respondió: «No, ¡por Allah!». Pero después vendió la cabra por ese mismo precio. Mencioné este asunto ante el Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él). Al oírlo, dijo:

Ese hombre ha vendido su otra vida a cambio de este mundo.

El comerciante debe mantenerse alejado del engaño y el fraude, pues quien engaña y defrauda ha salido de la comunidad islámica.

Alterar los pesos y las medidas es una acción sumamente reprobable. Debe evitar la búsqueda abusiva de ganancias y el acaparamiento, pues si lo hace, Allah y Su Mensajero romperán toda relación con él.

No está permitido realizar transacciones con interés, pues Allah, el Altísimo, elimina y hace desaparecer las ganancias obtenidas mediante el interés. En el hadiz se dice:

Si alguien consume conscientemente aunque sea un solo dírham de interés, comete un pecado mayor que el de cometer zina treinta y seis veces. (Ahmad)

Estos asuntos se tratarán detalladamente más adelante.

Empleo

Ganar el sustento mediante un empleo está permitido para todo musulmán, ya sea un empleo gubernamental, en una institución o trabajando para una persona particular. Mientras sea capaz de cumplir todas las obligaciones relacionadas con el empleo, le será lícito desempeñarlo. Pero quien no posea la aptitud necesaria para un trabajo no tiene permitido solicitar ser contratado para él. Esta condición es especialmente importante en lo referente a los cargos importantes de la administración y del poder judicial. Se narra de Hazrat Abu Huraira (que Allah esté complacido con él) que el Noble Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: (Árabe****************)

¡Desgracia para los administradores, desgracia para los dirigentes y desgracia para los tesoreros! Cuántas personas desearán el Día de la Resurrección que su cabello hubiera sido atado a la estrella Zúrayya y que hubieran sido suspendidas entre el cielo y la tierra; ¡cuánto mejor habría sido para ellas!

Narrado de Hazrat Abu Dharr (que Allah esté complacido con él): (Árabe***********************)

Dije: «¡Oh, Mensajero! ¿No me nombrará para algún cargo de responsabilidad?». Al oír esto, puso su mano sobre mi hombro y dijo: «Oh, Abu Dharr, eres una persona muy débil. Este cargo es una pesada responsabilidad confiada. El Día de la Resurrección será causa de vergüenza y humillación, excepto para quien lo acepte con plena honestidad y cumpla debidamente las responsabilidades y obligaciones que recaen sobre él por razón de ese cargo».

El Noble Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) también dijo: (Árabe******************)

Hay tres tipos de jueces. Uno de ellos entrará en el Paraíso, mientras que los otros dos entrarán en el Infierno. Entrará en el Paraíso el juez que conoció la verdad real y juzgó y dictó sentencia conforme a ella. Pero el juez que, después de conocer la verdad real, cometió una injusticia entrará en el Infierno. También entrará en el Infierno el que resolvió los casos judiciales basándose en la necedad y la ignorancia.

Por tanto, ningún musulmán debería desear ni solicitar de ningún modo estos grandes cargos de responsabilidad, ni esforzarse por obtenerlos, aunque posea la aptitud para alguno de ellos. Pues quien convierta un cargo en su propio señor, ese cargo lo convertirá en su esclavo. Y quien considere que los resultados aparentemente visibles en este mundo lo son todo será privado del tawfíq celestial.

Hadrat ʿAbd al-Rahman ibn Samura (que Allah esté complacido con él) dijo: (árabe****************)

El Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) me dijo: «¡Oh, ʿAbd al-Rahman! No debes desear ningún cargo de liderazgo. Pues, si lo obtienes sin haberlo solicitado, recibirás ayuda para cumplir con esa responsabilidad. Pero si lo obtienes como resultado de pedirlo y esforzarte por conseguirlo, quedarás abandonado a tu propia capacidad para desempeñarlo».

Se narró de Hadrat Anas (que Allah esté complacido con él) que dijo: (árabe*******************)

A quien deseara obtener el cargo de juez, lo solicitara y buscara recomendaciones para conseguirlo, se le confiaría a sí mismo; pero si alguien se viera obligado a aceptar ese cargo —sin haberlo solicitado—, Allah haría descender un ángel para ayudarlo. (Abu Dawud y Tirmidhi)

Estas palabras se aplican cuando hay otras personas disponibles para cubrir el puesto vacante. Pero si la situación es tal que no hay nadie más que él para ocuparlo, y resulta evidente que, si no se ofrece para ese trabajo, el bienestar general quedará paralizado y los asuntos nacionales se desorganizarán, entonces no hay ningún inconveniente en que se ofrezca para desempeñarlo. El Sagrado Corán nos relata la historia de Hadrat Yusuf. Allí se menciona que él mismo dijo al rey: (árabe********************)

Él dijo: «Nómbrame encargado de los tesoros del reino y del Estado. Ciertamente, soy un buen custodio y tengo conocimiento de todos los asuntos».

Tal es también la orientación del Islam respecto a solicitar un cargo político.

Empleos ilícitos

En cuanto a la licitud del empleo, todo lo que hemos dicho hasta ahora se refiere únicamente a aquellos trabajos cuyas funciones no impliquen perjuicio para la población musulmana. Por tanto, ningún musulmán puede trabajar en ningún puesto de un ejército que esté en guerra contra los musulmanes. Del mismo modo, no está permitido a los musulmanes trabajar para una institución o fábrica dedicada a producir armas para combatir contra ellos. Lo mismo se aplica a las instituciones que realizan propaganda contra el islam y los musulmanes.

Del mismo modo, es haram para un musulmán aceptar un empleo en cualquier institución u organización que ayude o colabore en actos de opresión o en trabajos haram. Por ejemplo, tampoco puede aceptar un empleo en una institución dedicada a negocios con intereses, en una fábrica de bebidas alcohólicas o en una tienda que las venda, ni en un salón de baile, un teatro, una productora cinematográfica o establecimientos de ese tipo.

Quienes aceptan empleos en estos ámbitos no pueden excusarse diciendo que ellos mismos no realizan el trabajo haram. Pues, como ya he dicho, el principio fundamental del islam es que ayudar a cometer un pecado también es pecado, cualquiera que sea la forma o el grado de esa ayuda. Por ello, el Noble Profeta (s. a. s.) maldijo tanto al que redacta los contratos o lleva las cuentas de los negocios con intereses y a sus testigos como a quienes cobran intereses. Asimismo, maldijo a quienes destilan y sirven bebidas alcohólicas, del mismo modo que maldijo a quien las consume.

Esta norma y directriz se aplica cuando una persona se ve sometida a una dificultad extrema y obligada a aceptar un empleo o realizar un trabajo de esta índole. Pero si realmente un musulmán se encuentra en semejante dificultad y no puede encontrar ningún otro empleo halal aparte de este, puede aceptarlo, manteniendo en su interior aversión hacia dicho trabajo. Sin embargo, debe seguir esforzándose sin descanso para encontrar algún otro empleo halal, de modo que, por la gracia de Allah, pueda abandonar este trabajo, obtener una profesión o empleo completamente halal y evitar las ganancias haram.

El musulmán debe tratar siempre de mantenerse alejado de los trabajos dudosos o sospechosos, pues estos provocan debilidad en la práctica de la religión y en la aqida. Por eso, aunque en tal actividad fuera posible obtener enormes ingresos y abundante riqueza, el musulmán se mantiene apartado de ella. El Noble Profeta (s. a. s.) dijo: (árabe*****************)

Abandona aquello que te hace dudar y acepta aquello que parezca claro y libre de toda duda. (Ahmad, Tirmidhi, Nasa’i)

También dijo: (árabe******************)

Una persona no puede alcanzar la categoría de los muttaqines mientras no abandone aquello que contiene dudas y acepte aquello en lo que no hay ninguna duda. (Tirmidhi)

(En otras palabras, evitar incluso las cosas exentas de culpa en muchos casos, por tratar de mantenerse alejado de la culpa, es propio de los piadosos.)

Regla general en materia de ingresos

La regla general en materia de ingresos es que el islam no permite a los musulmanes intentar obtener ganancias por cualquier medio, camino o método que deseen. Por el contrario, el islam ordena distinguir, para obtener ingresos, entre los métodos conformes a la sharía y los métodos no respaldados por la sharía. La esencia de este principio es el bienestar social y colectivo. El principio fundamental de esta distinción es que los métodos mediante los cuales obtener ingresos o ganancias implica inevitablemente perjudicar a otros no son conformes a la sharía; en cambio, los métodos mediante los cuales las ganancias se distribuyen entre las personas sobre la base de la satisfacción y el consentimiento mutuos, y dicha distribución es justa, son ciertamente métodos respaldados por la sharía.

Allah, exaltado sea, ha declarado Él mismo este principio fundamental en el siguiente versículo del Corán: (Árabe****************)

¡Oh, creyentes! No os apropiéis de los bienes de los demás por medios ilícitos. Sin embargo, si se realiza un comercio basado en el consentimiento mutuo, podéis aceptarlo. No os matéis unos a otros. Ciertamente, Allah es muy misericordioso con vosotros. A quien cometa este acto transgrediendo los límites y obrando injustamente, sin duda lo introduciremos en el Infierno.

En este versículo, el comercio ha sido declarado lícito bajo dos condiciones:

Primero, el comercio debe realizarse sobre la base de la plena satisfacción y el consentimiento de ambas partes; y segundo, la ganancia de una de las partes no puede resultar del perjuicio de la otra. Esto queda demostrado por la parte del versículo que dice: «No os matéis unos a otros».

Las dos interpretaciones que los exegetas han ofrecido del versículo citado son aplicables en este caso. La primera significa que las personas no deben matarse unas a otras. La segunda es que no debéis causar vuestra propia muerte con vuestras propias manos. Considerado desde ambos aspectos, el sentido esencial del versículo es que quien perjudica a otro para obtener un beneficio personal es como si estuviera chupando la sangre de esa otra persona. Y, como consecuencia, abre él mismo el camino hacia su propia destrucción. Por tanto, en todos estos actos —el robo, el soborno, el juego de azar y el engaño y el fraude, obtener el precio de un bien bueno entregando un bien defectuoso y las transacciones con interés— están manifiestamente presentes ambas causas. Por eso no están respaldados por la sharía. En ciertos casos puede existir la condición del consentimiento mutuo, pero falta la otra condición esencial —«no os matéis unos a otros» (es decir, que no se perjudique al otro)—. Por ello no son lícitos.

[Fundamentos de la economía, escrito por Maulana Maududi]

Capítulo tercero

Lo lícito y lo ilícito en el matrimonio y la vida familiar

Los límites para satisfacer los deseos naturales

El matrimonio

Las relaciones mutuas entre los cónyuges

El control de la natalidad

El divorcio

Las relaciones mutuas entre padres e hijos

Los límites del ámbito para satisfacer el deseo natural

Allah creó al ser humano en este mundo con el propósito de que cumpliera aquí la responsabilidad del califato de Allah y el deber de cultivar y desarrollar la tierra. Para que esta tarea se llevara a cabo correctamente, era absolutamente necesario que la especie humana sobreviviera y que su modo de vida continuara aquí sin interrupción. Solo así el ser humano podría dedicarse aquí a la agricultura, establecer industrias y producir los bienes necesarios que cambian constantemente. En una palabra, sería posible desarrollar la Tierra, establecer la sociedad humana y cumplir los derechos de Allah mediante el cumplimiento de las responsabilidades que Él ha confiado al ser humano. Precisamente para hacer realidad este propósito, Allah ha depositado desde el nacimiento en la naturaleza humana ciertas exigencias, deseos, anhelos e inclinaciones fundamentales, organizados de manera armoniosa. Esto es lo que permite la estabilidad y el progreso continuo del conjunto de la especie humana, tanto a nivel individual como colectivo. El ser humano ha sido impulsado a realizar esta tarea.

Una de ellas es el deseo de alimentarse. El ser humano se esfuerza por comer hasta saciarse debido a su deseo natural, y gracias a ello le es posible sobrevivir.

La segunda es el deseo, anhelo y apetito sexual. De ello depende precisamente la supervivencia de la especie humana y la continuidad de las generaciones. Este impulso arraigado en la naturaleza humana es extremadamente intenso, poderoso e incontrolable. Su particularidad es que obliga inevitablemente a cada individuo a satisfacerlo como expresión de sus propios deseos y anhelos:

La actitud del ser humano ante el impulso sexual

1. El ser humano puede soltar las riendas de este impulso. No observará ningún control ni moderación en el camino de satisfacerlo arbitrariamente y en cualquier lugar. Por ello, no prestará la menor atención a ninguna restricción o control religioso, moral o social, y transgredirá todo. En este caso, existe una postura según la cual todo está permitido y nada está prohibido. Quienes sostienen esta postura no siguen ninguna religión ni creen en ninguna pureza moral. Al satisfacer el impulso sexual, estas personas adoptan precisamente esta actitud. Sin embargo, esta actitud reduce al ser humano al nivel de los animales y las bestias, y provoca una devastación total en el individuo, la familia, la sociedad y, por extensión, el Estado.

2. La segunda actitud puede consistir en enfrentarse a este impulso, reprimirlo con gran fuerza y destruirlo por completo, para que este deseo nunca pueda levantar la cabeza. Quienes practican la austeridad, el ascetismo y la tendencia a privarse de todo son precisamente los que adoptan la actitud mencionada. Con esta actitud, la inclinación natural misma llega a desaparecer. Es completamente contraria a la disposición establecida desde el nacimiento para satisfacer este impulso. Asimismo, es totalmente contraria a la contribución que este impulso puede aportar a la preservación de la descendencia humana.

3. La tercera postura puede consistir en establecer una norma y un control para satisfacer este deseo. Dentro de los límites de esa norma y ese control, se le permitirá libertad y apertura; no se la eliminará ni se permitirá transgredir los límites como un demente. Las religiones celestiales han adoptado precisamente este principio. Por ello, en casi todas las religiones se ha declarado haram el adulterio y la fornicación, y se ha establecido un sistema apropiado de matrimonio. En particular, el din del islam ha reconocido el deseo humano como una fuerza natural y ha ideado medios para satisfacerlo por vías halal. Ha censurado y prohibido la tendencia a permanecer soltero y evitar el contacto con las mujeres. Por otra parte, la zina y la fornicación, así como todas las acciones relacionadas que atraen a la persona hacia ellas, han sido declaradas prohibidas.

Al reflexionar sobre ello, hay que reconocer que la norma y la postura adoptadas por el islam son moderadas, justas y equilibradas. Si no se estableciera el matrimonio, esta fuerza natural sería incapaz de cumplir su función de asegurar la continuidad de la especie humana. Por el contrario, si no se prohibieran la zina y la fornicación, y no se estableciera para la mujer la posibilidad de casarse con un hombre y quedar vinculada a él, no podría formarse la estructura familiar, que es el centro donde se manifiestan el afecto, el cariño, el amor y la intimidad. Sin la formación de semejante institución familiar, no puede construirse la sociedad. Tampoco habría oportunidad alguna para el desarrollo y el progreso de la sociedad.

No os acerquéis a la zina

Cuando vemos que todas las religiones celestiales han declarado unánimemente completamente haram la zina y la fornicación, y que se ha declarado la guerra contra ellas, no surge en nosotros ni el menor asombro. El islam es la última religión descendida del cielo. En este asunto ha sido sumamente estricto: lo ha prohibido, lo ha declarado haram y ha pronunciado advertencias especiales sobre todas las causas que conducen a la mezcla de linajes, la destrucción de la descendencia, la ruptura y el trastorno de la familia, el deterioro de las buenas relaciones mutuas, la propagación de enfermedades contagiosas, el aumento de la intensidad de la lujuria y la destrucción del carácter. Por eso Allah, exaltado sea, no se limitó a prohibir la zina, sino que dijo: (árabe****************)

No os acerquéis a la zina, pues es una indecencia abominable y un camino muy malo. (Sura Bani Israil: 32)

Vemos que, cuando el islam declara haram una acción, cierra y declara haram todas las vías indirectas de esa acción prohibida: todas las acciones que conducen a ella.

Por tanto, el islam ha declarado prohibidas y completamente haram todas las acciones que aumentan la excitación sexual, llevan a la mujer o al hombre al borde de la decadencia moral, los incitan a la indecencia o los acercan a ella y facilitan su realización. Pues, si el camino hacia lo haram permanece abierto y resulta fácil, nadie puede protegerse de la prohibición principal. Impedir el desastre se vuelve completamente imposible.

Es haram reunirse en privado con una mujer ajena

En este punto, hay una cuestión importante: reunirse en reclusión a solas con una mujer ajena, cuando esa mujer no es su esposa ni una mahram, como su madre, hermana, tía paterna o tía materna. Esto no se debe simplemente a una falta de confianza; más bien, en una situación así, ambos pueden caer, debido a las insinuaciones satánicas, en actos que dañen su honor y su moralidad. Esta es una medida para protegerlos de ello. Cuando se prende fuego a un hilo de cera, es natural que la cera comience a derretirse por el calor. Más bien, lo anormal sería que dos jóvenes, un hombre y una mujer ajenos entre sí, pudieran reunirse a solas sin que surgiera inevitablemente una situación que los fundiera en una atracción mutua. Pues allí no hay una tercera persona. En este punto, son dignas de recuerdo las palabras del Noble Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él). Se ha transmitido: (árabe****************)

Quien tenga fe en Allah y en el Último Día no debe reunirse a solas con una mujer de tal manera que no haya allí ninguna mahram, hombre o mujer. Pues, en ese momento, Satanás estará presente como tercera persona entre ambos. Y todos conocen bien las intrigas de Satanás. (Musnad de Ahmad)

Versículo del Noble Corán acerca de las esposas del Profeta: (árabe****************)

Si pedís algo a las esposas del Profeta, pedidlo desde detrás de una cortina. Esta es una medida excelente para mantener puros vuestros corazones y los suyos. (Sura Al-Ahzab: 53)

Al comentar la exégesis de este versículo, el imán Qurtubí escribió:

Este versículo alude a aquellos sentimientos que surgen naturalmente en los hombres hacia las mujeres y en las mujeres hacia los hombres; es decir, si se observa la norma de pedir las cosas desde detrás de una cortina, no surgirá ninguna sospecha. Nadie podrá formular tampoco una acusación falsa. Además, esta medida ofrece mayor precaución para proteger el honor propio. De esto también se entiende que, cuando uno se reúne a solas con una mujer no mahram, es mayor el riesgo de no poder contenerse. Por eso, lo mejor es evitarlo. De este modo también resulta más fácil preservar la propia pureza moral.

En este punto, el Noble Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) también advirtió sobre la estrecha relación de la esposa con los parientes cercanos de su marido. El hermano del marido, su primo paterno y otros semejantes son parientes cercanos del marido, y no es extraño que exista una relación estrecha con ellos. En estos casos, a menudo se observa negligencia y se piensa muy poco en las consecuencias, aunque la cercanía y el aislamiento íntimo con los familiares son aún más peligrosos. No es extraño ni raro que en una situación así se produzca un desliz.

Porque un «familiar» puede entrar en la habitación de una mujer con mucha más facilidad —y, cuando entra, nadie tiene nada que decir—, mientras que para alguien completamente ajeno y desconocido no es tan fácil.

Lo mismo se aplica a los parientes varones cercanos de la esposa que no sean mahram. Sus primos por parte del padre, así como los primos por parte de la madre, están incluidos en esta categoría. Por tanto, no está permitido reunirse a solas con ninguno de ellos. El Noble Profeta ﷺ dijo:

No entréis en un aislamiento íntimo con mujeres ajenas. Un compañero ansarí preguntó: «¡Oh, Mensajero! ¿Qué dices acerca de los parientes cercanos del esposo?». El Noble Mensajero ﷺ respondió: «Los parientes cercanos del esposo equivalen a la muerte».

Es decir, este aislamiento íntimo conduce al peligro y a la destrucción. Si el pecado llega a cometerse, se produce la ruina desde el punto de vista de la religión; y si el esposo se entera y se divorcia de ella, comienza la desintegración de la vida matrimonial. Además, cuando surgen sospechas, malos pensamientos y desconfianza entre los parientes cercanos, los vínculos de las relaciones sociales y comunitarias quedan completamente desgarrados. Y no cabe duda de que esto constituye una calamidad generalizada.

La verdad es que los efectos de que un hombre y una mujer ajenos se reúnan en aislamiento privado no recaen únicamente sobre las emociones y los pensamientos de las personas; es inevitable que su intensa repercusión se refleje también en toda la familia, en la estabilidad de la vida conyugal entre esposos y en todos sus asuntos confidenciales mutuos. Además, esto brinda una gran oportunidad a los calumniadores y charlatanes para difundir afirmaciones infundadas. El objetivo de esta clase de personas no es restablecer la estabilidad de la vida matrimonial, sino únicamente provocar ruptura y devastación.

Ibn Amir dijo que, así como los árabes dicen «el león es la muerte» y dicen «el gobernante es un ogro», es decir, que encontrarse con estas dos cosas equivale para una persona a encontrarse con la muerte y el fuego, también dicen: «El pariente cercano del esposo es como la muerte». Es decir, reunirse en privado con los parientes cercanos del esposo es más grave y peligroso que reunirse a solas con un hombre completamente extraño y no emparentado. Esto se debe a que muchas veces hacen surgir en la mente de la esposa deseos de cosas cuya obtención resulta sumamente difícil y penosa para su pobre esposo. A menudo se sienten inclinados a comportarse mal. Además, que los parientes del esposo entren en el interior de su casa durante su ausencia y conozcan sus asuntos privados es algo que él en absoluto puede aceptar.

Mirar con deseo al sexo opuesto

El islam ha declarado ilícito que un hombre mire a una mujer ajena o que una mujer mire a un hombre ajeno. Esto se debe a que el ojo es la ventana del corazón. La mirada es una fuerza que anuncia de antemano la calamidad y lleva el mensaje de la fornicación. Un antiguo poeta árabe dijo:

Todo accidente comienza con una mirada. De una pequeña chispa se enciende un incendio devastador.

Un poeta de esta época dijo: (árabe****************)

Primero, una mirada; después, una dulce y leve sonrisa; luego, el intercambio de saludos. Después, la conversación; luego, las promesas y compromisos; y finalmente, el encuentro.

Por esta razón, Allah, exaltado sea, ordenó a todos los hombres y mujeres creyentes que bajaran mutuamente la mirada y, junto con ello, les ordenó preservar la pureza de sus partes íntimas. Dijo: (árabe****************)

Di a los hombres creyentes que bajen la mirada y preserven la pureza de sus partes íntimas. Esta conducta es más pura para ellos. Allah está muy bien informado de lo que hacen. Y di igualmente a las mujeres creyentes que bajen la mirada y preserven la pureza de sus partes íntimas.

En estos dos versículos se ordena tanto a las mujeres como a los hombres bajar la mirada y preservar la pureza de sus partes íntimas. La expresión citada en el Corán para la orden de bajar la mirada es: (árabe****************), es decir, no se ordena bajar toda la mirada, sino ciertas miradas. Pero, en cuanto a la preservación de las partes íntimas, no se especifica ninguna parte; se ordena preservarlas completa y enteramente. Pues eso es lo que exige la sharía. En cambio, el asunto de la mirada es diferente. Allah ha mostrado en ello especial indulgencia y amplitud por la necesidad de satisfacer necesidades, evitar peligros y encontrar el camino del bien. Pero no ocurre lo mismo con las partes íntimas.

Por tanto, bajar ciertas miradas no significa que la persona deba cerrar los ojos ni inclinar la cabeza hacia el suelo de tal manera que no vea nada salvo la tierra. Tampoco ese es el sentido del versículo, ni es posible hacerlo. En el versículo 19 de la sura Luqmán se dice: (árabe****************) —«y baja algunas de tus voces». En este versículo no se ordena mantener la boca cerrada, ni se dice que todo tipo de voz deba ser débil. (árabe****************) significa que no se debe permitir que la mirada vague a su antojo; no es conveniente posar la mirada sobre todo lo que está cerca. Por ello, cuando la mirada recae sobre alguien del sexo opuesto, no se debe fijarla para deleitarse con el néctar de su belleza, ni mirarlo repetidamente, una y otra vez. Este es el verdadero sentido del versículo.

El Noble Mensajero le dijo a Alí, que Allah esté complacido con él: (árabe****************)

Oh, Alí, no lances una mirada tras otra. Puedes mirar la primera vez, pero no la segunda. (Ahmad, Abu Dawud, Tirmidhi)

Ha llamado adulterio de los ojos a mirar al sexo opuesto con una mirada codiciosa y lujuriosa. En palabras del hadiz:

Los dos ojos también cometen adulterio, y este consiste en mirar. (Bujari)

Se ha llamado adulterio a «mirar» porque también ofrece la posibilidad de experimentar cierto placer. De este modo se satisface el deseo sexual por medios contrarios a la sharía. En el Evangelio también se recoge una declaración semejante pronunciada por Jesús:

Ya se os había dicho: «No cometeréis adulterio», pero yo os digo que quien mira con sus propios ojos ya ha cometido adulterio.

Esta mirada codiciosa y lujuriosa no solo es peligrosa para la pureza moral y la castidad, sino también muy perjudicial para la concentración de la mente y la paz y tranquilidad del corazón. Pues es inevitable que provoque en la mente una extrema incomodidad e inquietud.

Está prohibido mirar las partes íntimas

En el islam, la orden de bajar la mirada es una instrucción general. Por ello, cuando la mirada recae sobre las partes íntimas, es un deber importante apartar inmediatamente los ojos. El Noble Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) prohibió mirar las partes íntimas, ya fueran las de un hombre o las de una mujer, con deseo sexual o sin él; y esta orden se aplica por igual a hombres y mujeres. El Noble Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo:

Ningún hombre debe mirar las partes íntimas de otro hombre, ni ninguna mujer las partes íntimas de otra mujer. Asimismo, ningún hombre debe estrecharse con otro hombre bajo una misma vestimenta, ni ninguna mujer con otra mujer.

Por las partes íntimas del hombre se entiende la parte del cuerpo comprendida entre el ombligo y las rodillas. No está permitido que ningún hombre ni ninguna mujer dirija la mirada hacia ellas. Sin embargo, según algunos imanes, entre ellos Ibn Hazm, el muslo no está incluido en ellas.

En cuanto a las partes íntimas de la mujer respecto de los hombres no emparentados por mahram, comprenden todo su cuerpo excepto el rostro y las palmas de ambas manos. Sobre las partes íntimas de la mujer respecto de los hombres mahram —como su padre o su hermano— hablaremos más adelante.

Además, la parte del cuerpo que se considera íntima, hacia la cual no está permitido que otro dirija la mirada, tampoco puede ser tocada por otra persona con la mano ni con ninguna otra parte del cuerpo.

Todo lo dicho sobre mirar o tocar las partes íntimas se refiere a la situación ordinaria, cuando en realidad no surge ninguna necesidad. Pero si surge una verdadera necesidad, entonces no será ilícito; por ejemplo, cuando dicha necesidad se presenta durante un tratamiento médico o al prestar auxilio. Asimismo, lo que se ha dicho sobre la permisibilidad de mirar está condicionado a que esa mirada no sea causa de ningún perjuicio. De lo contrario, se revocará el permiso para mirar, pues cerrar el camino que conduce al pecado original es una de las reglas principales de la sharía.

Dirigir la mirada hacia hombres o mujeres

De lo dicho anteriormente queda claro que a la mujer le está permitido mirar las partes del cuerpo del hombre que no sean sus partes íntimas —es decir, las partes distintas de la zona comprendida entre el ombligo y las rodillas— mientras esa mirada no despierte ningún deseo sexual ni exista temor de que pueda producirse algún perjuicio. El Noble Mensajero (la paz y las bendiciones sean con él) permitió a Aisha (que Dios esté complacido con ella) mirar a los abisinios, que estaban ofreciendo una exhibición con sus armas en la propia Mezquita del Profeta. Ella los observaba desde detrás de una cortina. Después, cuando se cansó, se marchó de allí. (Bujari, Muslim)

Está permitido que el hombre mire las partes del cuerpo de la mujer que no sean sus partes íntimas —el rostro y las palmas de ambas manos—, siempre que no haya ningún deseo sexual mezclado con esa mirada ni temor de que se cometa un pecado.

Según una narración de Aisha (que Dios esté complacido con ella), Asma bint Abu Bakr (que Dios esté complacido con ella) —su hermana— se presentó ante el Noble Profeta (la paz y las bendiciones sean con él). Vestía una tela tan fina que el resplandor de su cuerpo se traslucía a través de ella. Al verlo, el Noble Profeta apartó la mirada y dijo: (árabe****************)

¡Oh, Asma! Cuando una mujer alcanza la madurez, no debe quedar visible ninguna parte de su cuerpo, excepto el rostro y las palmas de las manos. (Abū Dāwūd)

Aunque este hadiz es débil en cuanto a su cadena de transmisión, dicha debilidad ha quedado subsanada, pues en numerosos hadices auténticos se ha transmitido que está permitido mirar el rostro y las palmas de las manos cuando no existe temor de incurrir en una conducta indebida.

En resumen, está permitido y es lícito mirar sin malicia las partes del cuerpo del hombre o de la mujer que no sean las partes íntimas. Sin embargo, no está permitido mirar repetidamente ni hacerlo con una mirada minuciosa y deleitándose en ello, pues precisamente de ahí puede surgir el peligro.

Sin embargo, no se considerará culpable a quien dirija accidentalmente la mirada hacia una parte que no es lícito ver. Esta es una muestra de la indulgencia del islam. Se ha narrado de Ŷarīr ibn ʿAbdullāh —que Allah esté complacido con él— que dijo: (árabe****************)

Cuando le preguntaron al Noble Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) acerca de la mirada accidental, dijo: «Aparta tu mirada hacia otro lado».

Es decir, no debe volver a mirar por segunda vez después de la primera.

El problema de mostrar la belleza de la mujer

Antes se ha hablado de apartar la mirada. En dos versículos se ha establecido en esta materia una norma tanto para las mujeres como para los hombres. En el tercer versículo se menciona específicamente una instrucción dirigida a las mujeres. La instrucción es la siguiente: (árabe****************)

No mostrarán su belleza, salvo aquello que aparece espontáneamente. (Sura An-Nur: 31)

Por «belleza» de la mujer se entienden aquellas cosas que la hacen hermosa y atractiva. Entre ellas se incluyen las bellezas naturales, como el rostro, la cabellera y el rubor corporal. También se incluyen la belleza y el encanto adquiridos mediante la ropa, las joyas, los cosméticos y otros elementos semejantes. En la aleya citada anteriormente, Allah Ta‘ala ordenó a las mujeres ocultar su belleza y no dejarla expuesta. De ello queda exceptuado únicamente aquello que aparece espontáneamente.

Los distintos exegetas llegaron a conclusiones diferentes al determinar qué se entiende por «aquello que aparece espontáneamente».

Se ha planteado la cuestión de si por «aquello que aparece espontáneamente» se entiende únicamente lo que queda expuesto por necesidad y sin intención alguna, como cuando algo queda al descubierto por una ráfaga de viento. ¿O significa aquello que normalmente y por costumbre queda expuesto? ….. Lo esencial en este asunto es que quede expuesto.

Se ha transmitido que la mayoría de los sabios de épocas anteriores sostenían esta última opinión.

Se ha transmitido de Ibn Abbas (que Allah esté complacido con él) que, al comentar la parte «aquello que aparece espontáneamente», dijo que se refiere al surma de los ojos, el kohl, los polvos, los anillos y cosas semejantes. También se ha transmitido una opinión similar de Anas (que Allah esté complacido con él).

Es lícito aplicar surma en los ojos y llevar anillos en los dedos. Por ello, es inevitable que estas dos partes queden expuestas; es decir, el rostro y las palmas de las manos. También se ha transmitido esta misma opinión de Sa‘id ibn Yubayr, Ata, Awzai y otros.

Aisha, Qatada y otros incluyeron también en ello las pulseras de ambas manos. La parte del antebrazo que queda comprendida en ellas queda excluida de la belleza cuya exhibición está prohibida. Existen discrepancias respecto al límite: desde el puño hasta la mitad del antebrazo.

En contraste con esta amplitud, otros han adoptado una interpretación más restrictiva. Hazrat Abdullah ibn Mas‘ud, Naja‘i y otros dijeron, al explicar «lo que queda expuesto espontáneamente», que se refiere al manto y a la ropa que se llevan por encima del cuerpo, pues no es posible ocultarlos ni cubrirlos.

Sin embargo, muchos Compañeros y tabi‘in declararon claramente, basándose en la expresión «lo que queda expuesto espontáneamente», que se refiere al rostro y a ambas manos, y que no incluye ninguna otra belleza. Yo considero que esta interpretación merece prioridad. En ella se incluyen los anillos de las manos, el kohl de los ojos y cosas semejantes.

El caso del sindoor, el esmalte de uñas y los polvos es diferente. Las mujeres de hoy los usan en las mejillas, los labios y las uñas. Pero esto constituye un exceso muy indeseable. Solo pueden usarse dentro de la casa. Sin embargo, hoy en día las mujeres los utilizan al salir de casa con el propósito de atraer las miradas de los hombres. Esta práctica es completamente haram. No es correcto pensar que la expresión «lo que queda expuesto espontáneamente» se refiere únicamente a objetos externos como el manto, el burqa y otras prendas semejantes. La exposición de estas prendas es algo completamente natural; no pueden dejar de estar visibles. Por tanto, no puede existir ninguna orden de ocultarlas. Tampoco es aceptable entender que se refiere solamente a «lo que queda expuesto por una ráfaga de viento», pues en ello la persona no tiene ningún control. Por consiguiente, hablar o no hablar de ello viene a ser lo mismo. Lo que se entiende fácilmente de esa expresión es que, en cuanto a aquello que puede ocultarse, estas cosas quedan excluidas. Esto constituye una concesión para las mujeres creyentes. Y es ciertamente razonable que esta concesión se refiera al rostro y a ambas manos.

Debe comprenderse la razonabilidad de esta concesión respecto del rostro y de ambas manos. Pues para las mujeres resulta muy difícil mantenerlos ocultos todo el tiempo. Especialmente cuando necesitan salir de casa por una causa legítima, no puede negarse que se vuelve necesario mostrar estas dos partes. Por ejemplo, una viuda necesita salir para adquirir los artículos de primera necesidad para sus hijos huérfanos, y las mujeres de familias pobres necesitan salir para ayudar a sus esposos; en tales casos, se vuelve indispensable descubrir el rostro y las manos. Si en esas circunstancias se cubrieran el rostro y ambas manos, desplazarse resultaría sumamente difícil y penoso.

El imán Qurtubí dijo:

El rostro y ambas manos normalmente quedan descubiertos, especialmente durante la realización de actos de adoración como la oración, el hayy y la ‘umra. Por eso, lo más correcto es considerar que estas partes quedan excluidas de la orden de cubrirse mediante la expresión «excepto lo que queda expuesto espontáneamente». El hadiz narrado por Aisha (que Allah esté complacido con ella) lo confirma. El hadiz es el siguiente (ya ha sido citado anteriormente):

Cuando Asma, hija de Abu Bakr (que Allah esté complacido con ambos), se presentó ante el Noble Profeta (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él), llevaba puesta una prenda fina. El Noble Mensajero apartó la mirada de ella y dijo: «¡Oh, Asma! Cuando una mujer alcanza la madurez, no debe quedar visible de su cuerpo nada excepto el rostro y ambas manos.»

Las siguientes palabras de Allah también respaldan lo dicho anteriormente:

Di a los creyentes que bajen la mirada. (Sura An-Nur: 30)

De esto se comprende que, puesto que los rostros de las mujeres no están cubiertos, sino descubiertos, se ha ordenado a los hombres bajar la mirada; es decir, no mirar esos rostros.

Pues si el rostro estuviera cubierto junto con todo el cuerpo, no tendría sentido ordenar bajar la mirada, ya que allí no habría nada que ver.

A pesar de ello, la mujer musulmana debe esforzarse al máximo por ocultar toda su belleza y sus adornos. Incluso no debería descubrirse el rostro, pues la corrupción moral comienza al ver el rostro. La amplia difusión de la rebeldía contra Dios en esta época ha hecho aún más urgente esta necesidad. Si una mujer es bella y hermosa, no se puede pensar en otra cosa que en cubrirle el rostro, pues la belleza y el atractivo del rostro femenino es lo que más atrae a los hombres.

(Árabe****************)

Y deben ajustar el extremo de sus pañuelos sobre sus pechos.

La mujer musulmana debe cubrirse la cabeza con su pañuelo, colocándose una cubierta sobre la cabeza, y debe cubrirse completamente el pecho con cualquier tipo de tela que sea posible. Así, esos miembros que pueden causar perjuicios no quedarán descubiertos, ni podrán posarse sobre ellos las miradas escrutadoras de los malvados y los ojos ávidos de las abejas.

(Árabe****************)

Y no mostrarán su belleza ante nadie excepto sus esposos y sus padres. (Sura An-Nur: 31)

Este mandato ordena a las mujeres creyentes no mostrar su belleza oculta ante hombres ajenos, sino mantenerla cubierta. Por belleza oculta se entienden las orejas, el cabello, la garganta, la nuca, el pecho, las pantorrillas, etc. Aunque se haya permitido mostrar el rostro y ambas manos ante hombres ajenos, que se pronuncie esta prohibición es sumamente significativo.

Se ha exceptuado de esta prohibición a doce categorías de personas:

1. Sus esposos. Por tanto, para el esposo está completamente permitido ver cualquier parte del cuerpo de su esposa. En el hadiz se dice:

Protege —mantén cubiertas— tus partes íntimas de todos excepto de tu esposo.

2. El padre; esto incluye al abuelo y al bisabuelo, tanto por parte del padre como por parte de la madre.

3. El padre del esposo, que es como el propio padre.

4. Sus hijos; también están incluidos los hijos de sus hijos, tanto varones como mujeres.

5. El hijo del esposo: esto es inevitable. Además, en el hogar ella es como una madre para ellos.

6. Sus hermanos, tanto hermanos carnales como medio hermanos, es decir, hijos de la misma madre o del mismo padre.

7. El hijo del hermano, pues el matrimonio entre la tía paterna y su sobrino está completamente prohibido.

8. El hijo de la hermana, pues el matrimonio entre la tía materna y el hijo de su hermana está prohibido para siempre.

9. Sus mujeres. Puede haber trato libre con todas las mujeres que sean parientes cercanas, ya sea por parentesco o por la religión. Sin embargo, no está permitido que las mujeres no musulmanas vean la belleza de una mujer musulmana. Solo se les puede mostrar aquello que puede mostrarse a un hombre ajeno.

10. Los esclavos y las esclavas, pues el islam los ha convertido en miembros de la familia. Según algunos imanes, este permiso se aplica únicamente a las esclavas, y no a los esclavos.

11. Los hombres subordinados y sin deseo sexual. Por una parte, están subordinados y, por otra, no sienten una atracción particular hacia las mujeres, ya sea debido a una incapacidad física o a la inmadurez de su intelecto y juicio. Se trata de los empleados comunes remunerados que realizan las tareas domésticas y se ven obligados a entrar y salir de la casa, pero cuya falta de atracción sexual elimina cualquier temor de peligro.

12. Los niños que todavía no sienten ninguna atracción por las partes íntimas de las mujeres. Son pequeños y menores de edad; su conciencia sexual aún no se ha despertado. Si se percibe que dicha conciencia ya ha despertado, no está permitido mostrarles la belleza oculta de la mujer, aunque todavía no hayan alcanzado la madurez plena.

En los versículos del Corán no se mencionan los tíos paternos ni maternos, porque son como el padre. En un hadiz se dice: (Árabe****************)

El tío paterno es como el padre

Las partes íntimas de la mujer

Por la explicación anterior hemos sabido que toda parte del cuerpo de la mujer cuya exposición no está permitida constituye una parte íntima, que es obligatorio cubrir y cuya exposición está completamente prohibida.

Por tanto, ante hombres ajenos y también ante mujeres no musulmanas, todo el cuerpo de la mujer, salvo el rostro y ambas muñecas, debe mantenerse cubierto, pues constituye una parte íntima. Puesto que es indispensable dejar descubiertos el rostro y ambas muñecas para actividades como realizar y recibir transacciones y otras tareas, está permitido dejarlos expuestos, como escribió el imán Razi. En cambio, se ha ordenado cubrir aquellas partes del cuerpo cuya exposición o descubrimiento no es necesario. Se ha permitido descubrir lo que normalmente queda expuesto y cuya manifestación resulta necesaria. Esto se debe a que las normas de la sharía islámica son equilibradas y están orientadas al bienestar humano. El imán Razi escribió:

Todos están de acuerdo en que, puesto que es necesario mostrar el rostro y ambas manos, estas partes no se consideran partes íntimas de las mujeres. Sin embargo, no es necesario dejar los pies descubiertos. Por eso surgió una diferencia de opinión sobre si se consideran o no partes íntimas de la mujer. (Árabe****************)

Como se afirma en el versículo de la sura An-Nur, ante las doce categorías de hombres mencionadas anteriormente deben cubrirse todas las partes del cuerpo, excepto las orejas, el cuello, el cabello, el pecho, ambos brazos y ambas pantorrillas. La sharía permite mostrar estas partes ante ellos. Aparte de esto, no está permitido en absoluto mostrar ante ningún hombre o mujer, salvo el esposo, otras partes del cuerpo, como la espalda, el abdomen, los genitales y ambos muslos.

Este significado del versículo se aproxima mucho a la opinión de varios imanes. Ante los hombres mahram, las partes íntimas de la mujer se limitan a la zona entre el ombligo y las rodillas. Para las demás mujeres, el límite es el mismo. Según algunos expertos, ante los hombres mahram las partes íntimas de la mujer comprenden únicamente aquello que ni siquiera queda expuesto durante las labores y tareas cotidianas. Las partes del cuerpo de la mujer que normalmente quedan descubiertas mientras realiza las tareas domésticas no pueden ser objeto de una mirada prohibida por parte de los hombres mahram.

La orden de Allah a las mujeres creyentes es que, cuando salgan de sus casas para ocuparse de sus asuntos, cubran todo su cuerpo con un gran manto. Así se hará evidente ante todos su distinción respecto de las demás mujeres incrédulas y de mala conducta. Allah, el Altísimo, ordenó a Su Profeta comunicar esto a toda la comunidad. Se ha dicho:

¡Oh, Profeta! Di a tus esposas, a tus hijas y a las mujeres creyentes que se cubran con sus mantos. Esta es una manera más adecuada; así serán reconocidas y nadie las molestará.

Es una palabra en plural. En singular, significa una prenda amplia. El burka de nuestros días pertenece a esta categoría.

En la época de la ignorancia, cuando las mujeres salían de sus casas, dejaban al descubierto algunos de sus atractivos —el pecho, el cuello, la garganta, el cabello, etc.—. Los hombres de mala conducta las seguían. En esas circunstancias fue revelado este versículo. En él se ordena a las mujeres creyentes que se coloquen sobre la cabeza una parte de sus mantos, de modo que esas partes del cuerpo queden cubiertas. Así, por su apariencia externa, serán reconocidas como mujeres de carácter casto. En consecuencia, ningún hombre hipócrita y desvergonzado las molestará ni se atreverá a hacerlo.

El versículo menciona claramente una causa: que las mujeres sean molestadas y acosadas por hombres depravados y malvados. En ello no hay ninguna causa de temor para las mujeres, ni se les ha atribuido desconfianza alguna. Si alguien piensa eso, no tiene fundamento, pues una mujer desnuda y engalanada, o una mujer que camina con movimientos seductores y provocativos, siempre despierta en el corazón de los hombres excitación sexual, lujuria y deseo. Quienes forcejean con las mujeres o les toman de la mano son precisamente los que se vuelven codiciosos y dominados por el deseo. Por eso se ha dicho en el Corán:

No habléis con voz suave, pues el hombre cuyo corazón está enfermo se excitará.

El islam ha adoptado una especial severidad en lo relativo a la protección del recato y la castidad de la mujer musulmana. En este asunto ha mostrado muy poca indulgencia. Por ejemplo, respecto a cierta flexibilidad en el velo de las mujeres ancianas, Allah, el Altísimo, ha dicho:

Las mujeres ancianas que ya no esperan casarse no incurren en pecado si dejan a un lado sus mantos exteriores, siempre que no exhiban su belleza ni sus adornos. Pero si se abstienen de hacerlo y adoptan la cautela en este asunto, será mejor para ellas. Allah lo oye todo y lo sabe todo.

En la aleya se refiere a aquellas mujeres que, debido a la vejez, se han retirado de la vida activa, ya no menstruan y no tienen esperanza de tener hijos. Por ello, no son deseadas para volver a casarse. Tampoco sienten deseo, pasión ni interés por los hombres, y estos no sienten ninguna atracción por ellas. Allah ha aligerado para estas mujeres la norma relativa al velo y a cubrir sus partes íntimas. Les ha permitido quitarse sus prendas exteriores y visibles, como el vestido, el manto o el burka.

Incluso esta concesión está sujeta a una condición: no pueden quitarse la ropa con el propósito de mostrarse ante la gente. Cuando sea necesario, pueden beneficiarse de esta concesión.

A pesar de esta concesión, para ellas es mejor adoptar la conducta más virtuosa y actuar con cautela para mantenerse libres de toda duda o sospecha.

La entrada de las mujeres en los baños públicos

Con el propósito de proteger el recato y el honor de las mujeres, el islam ha adoptado una política estricta. Por ello, el Noble Mensajero (s. a. s.) pronunció una prohibición muy severa contra la entrada de las mujeres en los baños públicos y contra quitarse la ropa delante de otras mujeres. Esto se debe a que esas mujeres suelen describir los atributos físicos de las demás mujeres en sus reuniones y tertulias, y disfrutan mucho haciéndolo.

El Noble Profeta (s. a. s.) también prohibió a los hombres entrar en los baños públicos sin llevar un paño de cintura o una toalla. En efecto, en el islam no está en absoluto permitido desnudarse delante de los demás. Se transmitió de Yabir que el Noble Profeta (s. a. s.) dijo:

Quien crea en Allah y en el Más Allá no debe entrar en un baño público sin un paño de cintura. Y quien crea en Allah y en el Más Allá no debe permitir que su esposa entre en un baño público.

Se transmitió de Aisha:

El Noble Mensajero (s.a.s.) prohibió inicialmente, de manera general, entrar en los baños públicos. Posteriormente, permitió a los hombres entrar llevando un taparrabos.

En este caso, se concedió una facilidad a las mujeres: pueden entrar en los baños públicos para tratar alguna enfermedad o para curarse del nifás y afecciones similares.

Se narró de ʿAbdullah ibn ʿAmr (r.a.): (árabe****************)

El Noble Profeta (s.a.s.) dijo respecto a los baños públicos que los hombres no deben entrar en ellos sin llevar un taparrabos. Y prohibid a las mujeres entrar en ellos. Sin embargo, pueden entrar las mujeres enfermas o las que se encuentren en estado de nifás. (Ibn Māŷah, Abū Dāwūd)

La cadena de transmisión de este hadiz presenta cierta debilidad. Sin embargo, a la luz de las disposiciones generales de la sharía, del mismo modo que se han concedido muchas facilidades a los enfermos y se les ha eximido de numerosos actos de culto y obligaciones, el contenido de este hadiz adquiere considerable fuerza. Así, se ha establecido como un principio célebre de la ley islámica: (árabe****************)

Si para impedir un acto haram también se ha declarado haram su causa o el medio que conduce a él, este último se vuelve permisible cuando existe una necesidad o está en juego el bienestar general.

La veracidad de lo expuesto anteriormente también se confirma desde esta perspectiva.

El hadiz narrado por Ibn ʿAbbās (r.a.) también respalda esta afirmación. El hadiz dice así: (árabe****************)

El Noble Profeta (s. a. s.) dijo: «Manteneos alejados de las casas llamadas hammam». Los Compañeros dijeron: «¡Oh, Mensajero de Allah! Pero el hammam elimina la suciedad y beneficia al enfermo». Entonces él dijo: «En tal caso, quien entre debe cubrir sus partes íntimas». (Al-Hakim)

En tales circunstancias, si una mujer entra allí sin ningún motivo válido ni necesidad, habrá cometido un acto ilícito y merecerá la severa advertencia pronunciada por el Noble Mensajero (s. a. s.) al respecto. Abur Mulayz al-Hazali (r. a.) narró:

Un grupo de mujeres de Hims o de Siria se presentó ante Hazrat Aisha (r. a.). Ella dijo: «¿Entráis en los baños públicos? He oído decir al Noble Mensajero (s. a. s.): “La mujer que se quite la ropa en un lugar distinto de la casa de su esposo habrá desgarrado el velo que existe entre ella y su Señor”».

Se transmitió de Hazrat Umm Salama (r. a.) que el Noble Profeta (s. a. s.) dijo:

A la mujer que se quite sus prendas en un lugar distinto de su propia casa, Allah le desgarrará su velo. (Ahmad, at-Tabarani, al-Hakim)

Si el islam es tan estricto respecto a la entrada de las mujeres en los baños públicos, pese a que estos están rodeados por cuatro paredes y solo entran en ellos mujeres, ¿qué se dirá entonces de esas mujeres desvergonzadas y errantes que exponen sus partes íntimas en las calles, excitan la lujuria de los recolectores de miel, exhiben sus cuerpos en las playas, ofrecen un espectáculo para las miradas ávidas y lujuriosas y se dedican constantemente a despertar los deseos sexuales?…… En realidad, han desgarrado todos los velos y coberturas de modestia y pudor que las protegían en su relación con el Altísimo Allah. Los hombres también comparten por igual este pecado, pues han sido designados responsables y protectores de las mujeres.…… ¡Ay! ¿Acaso el sentido común de los hombres no volverá nunca?

La desnudez y el desenfreno de las mujeres son ilícitos

La mujer musulmana posee un carácter distinto y diferente del de las mujeres incrédulas o de las mujeres de la época de la ignorancia. La conducta moral, la pureza, la castidad y la protección del honor, el pudor y la modestia son las características propias de las mujeres musulmanas.

Por el contrario, el carácter de la mujer de la Yahiliya se manifiesta en la desnudez, la libertinaje y la exhibición de habilidad para despertar la excitación sexual entre los hombres. La palabra empleada en el Corán significa: abrirse, quedar al descubierto, hacerse visible y quedar expuesto; es decir, poder ser visto por la gente en general. Por esta semejanza se emplea en árabe la expresión:

porque el firmamento se encuentra muy elevado y está expuesto ante los ojos de quien lo contempla.

El sabio Zamajsharí dijo que el sentido profundo de la palabra es hacer visible, con especial cuidado y preparación, aquello que debería mantenerse oculto. En árabe se dice: «una embarcación visible», porque no tiene ninguna cubierta. Por la afinidad con este significado, la palabra se emplea para referirse a que una mujer se descubra y se desnude ante los hombres. Al hacerlo, expone ante ellos toda su belleza, el color y el resplandor de su cuerpo. El imán Zamajsharí señaló además un aspecto nuevo de este significado: revelar deliberadamente algo secreto, cuando lo apropiado habría sido mantenerlo oculto. Mostrar ante hombres ajenos partes específicas del cuerpo, los movimientos y balanceos de las extremidades, las formas particulares de hablar y caminar, o los adornos, todo eso es el «tabarruy».

Este «tabarruy» tiene diversas formas y maneras, conocidas tanto por la gente de la antigüedad como por la de nuestros días. Los comentaristas del Corán las han mencionado al interpretar el siguiente versículo:

¡Oh mujeres! Permaneced en vuestros hogares y no os exhibáis como se exhibían durante la época de la antigua Yahiliya.

Mujáhid dijo: En aquel entonces, las mujeres caminaban con movimientos seductores y contoneándose.

Muqatil dijo: Las mujeres colocaban sus velos sobre la cabeza, pero no los sujetaban firmemente. Por ello quedaban al descubierto el collar, los pendientes y el cuello.

Así era el «tabarruy» de la época de la antigua Yahiliya: la mezcla y familiaridad con los hombres eran generalizadas. En la manera de caminar y de hablar se percibía una marcada coquetería. Las mujeres utilizaban el velo de tal forma que quedaban expuestas la belleza de su cuerpo y de sus adornos. Pero la Yahiliya moderna ha adquirido tantas formas y variedades que ha dejado muy atrás a la Yahiliya antigua.

¿En qué circunstancias no se considera tabarruy?

Al observar las reglas que se exponen a continuación, la mujer musulmana puede abandonar los límites del tabarruy y entrar en el ambiente de la civilización islámica:

(a) Bajar la mirada, pues el pudor es la belleza más valiosa de la mujer. Y la mayor manifestación del pudor se produce al bajar la mirada. Por eso, Allah ha dicho:

Y di a las mujeres creyentes que bajen parte de sus miradas.

(b) Deben evitar la estrecha intimidad con los hombres; en los cines, las reuniones y asambleas, los hoteles y restaurantes, así como en las aulas, los pasillos y las cafeterías de colegios y universidades de nuestros días, esta mezcla íntima se observa plenamente. El venerable Ma’qal ibn Yasar narró las palabras del Noble Mensajero:

Es mucho mejor que a una persona le claven una barra de hierro en la cabeza que tocar a una mujer que no le es lícita. (Tabarani, Bayhaqi)

(c) Su vestimenta debe ajustarse a los modales, las normas y los principios de la sharía islámica. Por vestimenta conforme a la sharía se entiende aquella que posee las siguientes características:

1. Debe cubrir todo el cuerpo, salvo «lo que se manifiesta espontáneamente», que el propio Corán ha excluido; es decir, debe cubrirse todo el cuerpo excepto el rostro y ambas manos.

2. El cuerpo o sus contornos no deben resultar visibles a través de la ropa. El Noble Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) informó: (árabe****************)

Las mujeres que, aunque llevan ropa, están desnudas, sienten atracción por los hombres y provocan la atracción de estos, estarán en el Infierno; no entrarán en el Paraíso ni percibirán siquiera su fragancia.

Si, pese a llevar ropa, no se cumple el propósito de vestirla —cubrir el cuerpo—, y debido a que la tela es demasiado fina todo el cuerpo se vuelve claramente visible desde fuera, entonces se está desnuda aunque se lleve ropa.

Unas mujeres de la tribu de Banū Tamīm se presentaron ante Aisha (que Allah esté complacido con ella). Llevaban prendas muy finas. Al verlas, Aisha (que Allah esté complacido con ella) dijo: (árabe****************)

Si sois creyentes, sabed que la ropa que lleváis no es la ropa de las mujeres creyentes.

Una novia se presentó ante Aisha (que Allah esté complacido con ella). Llevaba una prenda muy transparente y fina. Entonces ella dijo: (árabe****************)

Quien viste una prenda de este tipo no cree en las disposiciones establecidas en la sura An-Nur.

3. La ropa no debe ser tan ajustada que haga visibles desde fuera todas las partes elevadas y bajas del cuerpo, aunque no sea transparente ni fina. La ropa introducida por la civilización occidental es un gran ejemplo de ello. Esta civilización adora el cuerpo y la sexualidad; bajo su influencia, los diseñadores de moda cortan la tela de tal manera que los senos, las nalgas, los muslos y otras partes sexuales sobresalen claramente ante los espectadores. Estas prendas se confeccionan de tal modo que provocan agitación y excitación sexual. La mujer que viste este tipo de ropa también se cuenta entre las «desnudas aunque lleven ropa»; estas prendas son mucho más peligrosas que las telas transparentes y finas.

4. Las mujeres no vestirán prendas específicas de los hombres, como los pantalones. Esta es una prenda especialmente propia de los hombres en la época actual. Pues el Profeta (s. a. s.) maldijo a las mujeres que imitan a los hombres, del mismo modo que maldijo a los hombres que imitan a las mujeres. Por eso, el Profeta (s. a. s.) prohibió a las mujeres vestir prendas de hombres y a los hombres vestir prendas de mujeres.

5. Tampoco vestirán las prendas particulares de las mujeres judías, cristianas, adoradoras del fuego y kafir. Pues en el islam está prohibido imitarlas. Así como el islam desea distinguir entre hombres y mujeres, también busca liberar a los creyentes de seguir ciegamente a las naciones kafir, tanto exterior como interiormente. Por ello, en numerosos asuntos el islam ha ordenado expresamente oponerse a los kafir. El siguiente dicho del Mensajero de Allah (s. a. s.) pertenece a este tema: (árabe****************)

Quien imita a otro pueblo será considerado uno de ellos.

(d) En sus desplazamientos y conversaciones debe adoptar seriedad y firmeza. Debe abstenerse por completo de todo movimiento o gesto de su cuerpo y rostro que, mediante giros y contoneos, pueda despertar la excitación sexual. Pues la coquetería y el amaneramiento al caminar y hablar son propios de las mujeres kafir carentes de moralidad, no del carácter de las mujeres musulmanas. En este contexto conviene volver a leer estas palabras de Allah: (árabe****************)

No habléis con voz suave y seductora, pues quien tenga una enfermedad en el corazón se sentirá atraído. (Sura Al-Ahzab: 32)

(e) No podrá despertar en el corazón de los hombres atracción por su belleza oculta mediante perfumes, attar, polvos perfumados y cosas semejantes. Allah ha dicho: (árabe****************)

No caminarán golpeando fuertemente los pies contra el suelo, pues así se darían cuenta de los adornos y la belleza que ellas mantienen ocultos.

En la época de la ignorancia, cuando las mujeres caminaban entre la gente, golpeaban sus pies con estrépito contra el suelo. Como resultado, los adornos de sus pies tintineaban y la gente podía oír su sonido. Por esta razón, el Corán prohibió hacerlo. Pues, si se hace de ese modo, en el corazón de los hombres dominados por la lujuria despertarán intensamente pensamientos y deseos sexuales. Él empezará a pensar que esa mujer desea atraer hacia sí a los hombres.

Lo mismo se aplica a las mujeres que se perfuman con diversas fragancias, impregnan el ambiente, excitan el deseo sexual e intentan atraer a los hombres hacia ellas. En un hadiz se dice: (árabe****************)

Cuando una mujer se perfuma con atar y fragancias y se presenta en una reunión, es esto —es decir, una fornicadora—. (Abu Dawud, Tirmidhi)

De esta detallada exposición hemos comprendido sin lugar a dudas que el islam no ha impuesto en absoluto que las mujeres permanezcan confinadas en la «prisión» de sus hogares (?) y no salgan a ningún lugar salvo al cementerio. Por el contrario, salir de casa para participar en la oración comunitaria, adquirir conocimientos y satisfacer otras necesidades biológicas y familiares está totalmente permitido a las mujeres musulmanas. Las mujeres de los Compañeros y las musulmanas de generaciones posteriores hacían precisamente eso. Muchas de ellas salían incluso para participar en la guerra. Salían también junto al Mensajero de Dios (la paz y las bendiciones de Dios sean con él). Después de él, salían junto a los califas y los comandantes de los ejércitos islámicos. El Profeta (la paz y las bendiciones de Dios sean con él) dijo a su esposa, la honorable Sawda (que Dios esté complacido con ella): (árabe****************)

Dios os ha dado permiso; podéis salir de casa para atender vuestras necesidades. (Bujari)

También dijo: (árabe****************)

Si alguna de vuestras esposas os pide permiso para ir a la mezquita a realizar la oración, no se lo impidáis. (Bujari)

En otro hadiz se dice: (árabe****************)

No impidáis a las siervas de Dios acudir a las mezquitas. (Muslim)

Algunos eruditos adoptan una postura muy estricta en este asunto. Según ellos, es ilícito para las mujeres mirar siquiera una parte del cuerpo de un hombre ajeno. Como prueba, presentan un hadiz narrado por Narhan, esclavo de Umm Salama. El hadiz dice: (árabe****************)

Cuando Abdullah ibn Umm Maktum entró en la casa de Umm Salama y Maymuna, el Noble Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) les dijo a ambas: «Cubríos». Ellas respondieron: «¡Pero él es ciego!». El Noble Profeta dijo: «¿Acaso vosotras dos también sois ciegas? ¿Es que no veis?»

Sin embargo, según los especialistas, este hadiz no es auténtico. Esto se debe a que su narrador, Narhan, era esclavo de Umm Salama, y su hadiz no puede aceptarse como prueba.

Y aunque el hadiz fuera auténtico, habría que decir que se trata de una severidad adicional del Noble Profeta con sus esposas, teniendo en cuenta su rango y dignidad. El Mensajero de Allah era especialmente estricto con ellas en lo relativo al velo. Abu Dawud y otros expertos en hadices también lo han señalado. Por tanto, solo queda como prueba el hadiz cuya autenticidad está demostrada. Y este dice: (árabe****************)

El Noble Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) ordenó a Fátima bint Qays (que Allah esté complacido con ella) observar el período de ‘iddah en la casa de Umm Shurayk, pero después corrigió esta instrucción y dijo: «Mis compañeros temen a esa mujer. En lugar de ello, observa tu ‘iddah en casa de Ibn Umm Maktum, pues él es ciego. Puedes quitarte la ropa, pero él no podrá verte». (Al-Qurtubi)

La esposa atendiendo a los invitados de su esposo

De la exposición realizada hasta ahora también queda claro que, en presencia de su esposo, la esposa puede atender a sus invitados. Sin embargo, la condición es que su vestimenta, sus adornos y embellecimiento, su forma de hablar, su comportamiento y demás aspectos sean conformes a las normas, la civilización y la decencia islámicas. En tal situación, es completamente natural que los invitados varones la vean y que ella también los vea. Pero no habrá ningún inconveniente en ello, pues en este caso no existe temor de que ninguna de las partes cometa excesos ni de que se produzca algún peligro.

Sahl ibn Sa‘d al-Ansari (que Allah esté complacido con él) narró: (árabe****************)

Abū Usaid al-Sāʿidī invitó al Noble Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) y a sus compañeros con motivo de su boda. En esa ocasión, su esposa, Umm Usaid, se encargó de cocinar, preparar la comida y servirla. Dejó algunos dátiles en un recipiente de piedra para que se remojaran desde la noche anterior. Cuando el Noble Profeta terminó de comer, ella los abrió con sus propias manos y se los ofreció como obsequio para que los bebiera. (Bujari, Muslim)

Como dijo Ibn Hayar al-ʿAsqalānī, este hadiz demuestra de manera concluyente que es completamente lícito que la esposa se adelante para atender a los invitados y convidados de su esposo y se presente ante ellos. Sin embargo, es evidente que esto solo puede hacerse cuando no exista temor de un peligro moral. En tal situación, debe mantener el cuerpo completamente cubierto. En esas condiciones, está permitido que el esposo encargue a su esposa atender a los invitados y servirles la comida. Pero si la esposa no observa las restricciones y obligaciones establecidas por el islam respecto a cubrir el cuerpo —como sucede con frecuencia en la actualidad—, entonces no le está permitido presentarse ante los hombres.

El acto contrario a la naturaleza es un pecado grave

En el marco del método que el islam ha adoptado para controlar y organizar los deseos sexuales, es importante señalar que, así como en el islam la fornicación y sus medios y causas están prohibidos, también se ha declarado completamente ilícito el «liwat», es decir, el acto contrario a la naturaleza de la gente de Lot.

Esta acción abominable y repugnante no solo es contraria a la naturaleza, mancha el honor y menoscaba la virilidad, sino que también constituye un delito de privación de los derechos de la mujer y, por ello, una gran injusticia.

En cualquier sociedad en la que se extienda esta práctica abominable, la vida social de sus habitantes caerá en una calamidad extrema. Se acostumbrarán a esta repugnante práctica y se convertirán en sus esclavos. Además, perderán la integridad moral, el buen gusto y la pureza; lo perderán todo. En este punto, el relato de la gente de Lot consignado en el Corán es suficiente para adquirir el conocimiento correcto. Esa gente inició semejante acto abominable y repugnante y lo difundió ampliamente. Abandonaron a sus esposas legítimas y puras y adoptaron esta práctica ilícita. Por ello, el profeta de Allah, el venerable Lot (la paz sea con él), les dijo:

¿Sois vosotros los únicos en todo el mundo que os acercáis a los hombres y abandonáis a las esposas que Allah ha creado para vosotros? ¡No! Sois gente transgresora. (Sura al-Shuʿarāʾ, 165-166)

El Noble Corán ha rechazado esta práctica y la ha declarado injusticia, exceso, ignorancia, corrupción y delito. Es la máxima deformación de la naturaleza humana y el extravío más extremo del camino de la guía. Es la máxima decadencia moral y una grave enfermedad del gusto. Para poner a prueba a esta gente, Allah, exaltado sea, envió ángeles con forma humana. Como represalia por el trato que los habitantes de aquella comunidad les dieron, Allah hizo descender sobre ellos un castigo severo. Por eso, el Corán dice:

Cuando Nuestros ángeles llegaron ante Lot, este se angustió por su llegada y se entristeció. Dijo: «Hoy es un día de gran calamidad». Al enterarse de la llegada de estos huéspedes, los habitantes de su pueblo acudieron espontáneamente a su casa. Ya estaban acostumbrados a tales actos depravados y abominables. Lot les dijo: «¡Pueblo mío! Aquí están mis hijas; ellas son más puras para vosotros. Temed, pues, a Alá, y no me deshonréis con respecto a mis huéspedes. ¿Acaso no hay entre vosotros ningún hombre sensato?». Respondieron: «Bien sabes que no tenemos ningún derecho sobre tus hijas. Y sabes también que podríamos castigarte, o que podríamos contar con un apoyo firme al que recurrir». Entonces los ángeles le dijeron: «¡Oh, Lot! Somos los ángeles enviados por tu Señor. Ellos no podrán hacerte ningún daño». (Sura Hud: 77-81)

Los juristas tienen opiniones divergentes sobre el castigo que debe imponerse a quien comete este acto depravado y abominable. La cuestión es si al sodomita se le debe aplicar la pena del fornicador, o si tanto quien practica la sodomía como aquel con quien se comete deben ser condenados a muerte —es decir, ejecutados—. Y, si se les ejecuta, ¿con qué se les debe dar muerte: con la espada, quemándolos en el fuego o arrojándolos desde lo alto de una muralla?

La severidad del islam respecto a este tipo de delitos puede parecer crueldad. Sin embargo, preservar a la sociedad islámica de semejantes actos inmundos y repugnantes no es posible de ningún modo sin aplicar un castigo tan severo. Pues este pecado es contagioso y perjudicial. Si este pecado se generaliza en la sociedad, no puede tener otro desenlace que la ruina y la destrucción.

Masturbación

Muchos jóvenes recurren a sus propias manos con el propósito de controlar la excitación sexual. Mediante la masturbación con sus propias manos, expulsan el semen y calman el sistema nervioso. En la actualidad se la denomina «hábito secreto».

Muchos expertos han declarado que esta práctica es haram. El imán Malik tomó como prueba, al respecto, el siguiente versículo del Noble Corán: (Árabe****************)

Y quienes protegen sus partes íntimas —salvo con sus esposas y sus esclavas— no serán reprochados. Pero quienes busquen algo más allá de esto, esos son los transgresores. (Sura Al-Mu’minun: 4-7)

Según el imán Malik, quienes se masturban recurren a una vía distinta, dejando de lado la vía lícita declarada por el Corán. Por tanto, es haram.

Se ha transmitido de imán Ahmad ibn Hanbal que consideraba el semen como una especie de desecho, al igual que los demás desechos del cuerpo, y consideraba lícita su expulsión mediante el método mencionado anteriormente, como aplicarse «sinta». El imán Ibn Hazm también sostuvo esta opinión. Los eruditos de la escuela hanbalí declararon lícito este acto bajo dos condiciones: la primera, que exista temor de caer en la fornicación si no se realiza; y la segunda, que se sea incapaz de casarse.

En este contexto, podemos adoptar la opinión del imán Ahmad únicamente cuando la excitación sexual se vuelva incontenible y aumente intensamente el temor de que, por causa de ella, la persona pueda cometer zina, es decir, fornicación; por ejemplo, un estudiante o una persona solitaria que trabaja en el extranjero, frente a quien existan innumerables causas de excitación sexual. En tal situación, resulta muy difícil y arduo para cualquiera mantener el autocontrol. Para una persona así, recurrir a este medio para reprimir su excitación sexual no será demasiado censurable. Sin embargo, la condición es que en ello no se excedan los límites y que de ningún modo se adopte este método permanentemente.

Sin embargo, el Noble Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) mostró ese camino a los jóvenes musulmanes incapaces de casarse, y por ello es el mejor método: deben ayunar con frecuencia. Esto se debe a que el ayuno disciplina y fortalece considerablemente la fuerza de voluntad de la persona; le enseña la paciencia y la acostumbra a perseverar. El ayuno fortalece en la persona la conciencia de taqwa y hace más intensa la convicción de que Allah está siempre presente y observa. En este sentido, el Noble Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: (árabe****************)

¡Oh, jóvenes! Quienes de entre vosotros sean capaces de mantener relaciones sexuales con una esposa deben casarse, pues el matrimonio les ayudará a acostumbrarse a bajar la mirada y preservará y protegerá sus órganos sexuales. Y quien no pueda casarse debe ayunar, pues el ayuno será para él un escudo.

En el islam no existe el ascetismo

El islam no permite que la excitación sexual quede sin riendas ni restricciones, pues, si se la dejara así, no estaría dispuesta a someterse a ningún límite, restricción, condición ni impedimento. Por eso se han declarado haram la zina y la fornicación, así como todas las actividades relacionadas con ellas o que conducen hacia ellas. Por otra parte, el islam tampoco ha apoyado en lo más mínimo las ideas que chocan con esta inclinación natural y pretenden erradicarla por completo. Por ello, el islam ha alentado el matrimonio y se ha opuesto firmemente a permanecer soltero o célibe, o a castrarse. Por tanto, no es lícito que un hombre o una mujer musulmanes, pese a tener capacidad para casarse, permanezcan sin contraer matrimonio con el propósito de romper sus vínculos con el mundo y consagrarse a Allah, o de dedicarse a la adoración de Allah con una concentración absoluta y sin ninguna preocupación. El islam no respalda en lo más mínimo tal actitud ni tal conducta.

Entre algunos compañeros del Noble Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) surgió una inclinación a renunciar al mundo. Pero tan pronto como el Noble Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) lo percibió, declaró que renunciar al mundo equivalía a abandonar el modo de vida islámico y despreciar la sunna del Mensajero. En realidad, se trataba de una tendencia propia de los cristianos. El Noble Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) declaró que esta tendencia era completamente contraria al islam. Se ha transmitido de Abu Qilaba: (árabe****************)

Algunos compañeros decidieron renunciar al mundo, abstenerse de las relaciones con sus esposas y adoptar el ascetismo. Pero el Noble Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) reprendió este asunto con mucha firmeza. Dijo: «Vuestros predecesores adoptaron una extrema severidad y austeridad en la práctica de la religión, y entonces Allah también fue severo con ellos. Los habitantes actuales de las iglesias, monasterios y janqahs son sus herederos. Por tanto, adorad a Allah y no asociéis a nadie con Él. Realizad el hajj y la umra, y seguid el camino recto; entonces se os tratará debidamente». (Abd al-Razzaq ibn Jarir ibn al-Mundhir)

El narrador de este hadiz dice: Respecto de estas personas fue revelado el siguiente versículo: (árabe****************)

¡Oh, creyentes! No declaréis ilícitas las cosas puras que Allah os ha hecho lícitas, y no transgredáis, pues Allah no ama en absoluto a los transgresores. (Sura al-Maida: 87)

Mujahid dijo: Uzmán ibn Maz‘un, Abdullah ibn Amr y otros compañeros decidieron vivir apartados de sus esposas, castrarse y vestir ropas de arpillera. El versículo mencionado anteriormente y los que le siguen fueron revelados en relación con este asunto.

Un grupo de compañeros se presentó en la casa del Noble Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) y trató de informarse por medio de sus esposas acerca de sus actos de adoración. Cuando averiguaron todo lo que querían saber, les pareció muy poco e insuficiente. Entonces comenzaron a decir entre ellos: (árabe****************)

¿Qué comparación puede haber entre nosotros y el Noble Mensajero? Allah le ha perdonado todos sus pecados, los anteriores y los posteriores. Entonces uno de ellos dijo: Yo ayunaré durante toda mi vida y no romperé jamás el ayuno. El segundo dijo: Pasaré toda la noche despierto adorando a Allah y no dormiré ni un poco. El tercero dijo: Me abstendré de relacionarme con mujeres y nunca me casaré. Más tarde, cuando el Noble Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) se enteró de esto, les explicó y les hizo comprender su concepción errónea y la desviación de la conducta que habían adoptado. Dijo: Yo conozco a Allah mejor que vosotros y también le temo más que vosotros. A pesar de ello, del mismo modo que paso parte de la noche adorando, también duermo. Ayuno y también rompo el ayuno, y tomo esposa y llevo una vida conyugal. Esta es mi norma y mi modelo. Por tanto, quien se aparte de ello no forma parte de mi comunidad.

Hazrat Sa‘d ibn Abi Waqqas (que Allah esté complacido con él) dijo: (árabe****************)

Cuando Uzmán ibn Maz‘un quiso adoptar una vida sin relaciones conyugales, el Noble Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) rechazó su propuesta. Si le hubiera dado permiso, nos habríamos castrado y convertido en eunucos.

En este contexto, los expertos han opinado que casarse es obligatorio para todo musulmán. No está permitido abstenerse del matrimonio mientras se tengan los medios y la capacidad para hacerlo. Según otros, quien desea casarse y teme por la preservación de su castidad si no lo hace debe casarse necesariamente.

No es digno de ningún musulmán abstenerse de casarse por temor a la pobreza y las dificultades, por la estrechez del sustento o por falta de valor para asumir el peso de las responsabilidades. Más bien, debe esforzarse al máximo para obtener la ayuda y la gracia de Allah. Pues Allah ha prometido derramar Su gracia sobre quienes se casen con el propósito de preservar la pureza de su carácter. Allah, el Altísimo, ha dicho: (Árabe****************)

Casad a los solteros de entre vosotros y a los virtuosos de entre vuestros esclavos y esclavas. Si son pobres, Allah los enriquecerá con Su favor. (Sura An-Nur: 32)

El Noble Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: (Árabe****************)

Es responsabilidad de Allah ayudar a tres personas: quien se casa con el propósito de preservar la pureza de su carácter; el esclavo que acuerda con su amo comprar su libertad por una cantidad determinada de dinero, si realmente tiene la intención de pagarla; y el combatiente por la causa de Allah.

Ver a la novia a la que se ha hecho una propuesta

Cuando un musulmán decide casarse y propone matrimonio a una determinada mujer, la ley islámica permite que el pretendiente la vea antes de la ceremonia nupcial. Al verla, puede avanzar con conocimiento y comprensión. No debe emprender un asunto de esta naturaleza a ciegas bajo ninguna circunstancia, pues más tarde podría arrepentirse y sentirse decepcionado. Si se aplica esta medida, no debería haber motivo de preocupación.

En realidad, los ojos o la mirada representan el corazón. Por ello, cuando los ojos de dos personas se encuentran, es muy posible que sus corazones también se unan. Antes del matrimonio, cabe esperar que surjan entre los futuros esposos armonía y afecto mutuo, algo absolutamente esencial para la estabilidad de la vida conyugal.

Narrado por Abu Huraira (que Allah esté complacido con él), quien dijo: (Árabe****************)

Me encontraba en presencia del Noble Mensajero. En ese momento llegó un hombre. Había decidido casarse con una mujer de la tribu de los Ansar. Entonces el Noble Profeta le preguntó: «¿La has visto?». El hombre respondió: «No». Entonces el Noble Profeta le preguntó: «¿La has visto?». El hombre respondió: «No». Entonces el Noble Profeta dijo: «Ve ahora mismo y mírala, pues los ojos de las mujeres de los Ansar tienen cierta particularidad (defecto)».

Se narró de Mugira ibn Shu‘ba que él le propuso matrimonio a una joven. Entonces el Noble Profeta dijo:

Primero mírala, pues es muy probable que esta observación previa al matrimonio establezca afinidad entre ustedes. Mugira se presentó ante los padres de la joven y les comunicó lo que había dicho el Noble Profeta. Ellos no consideraron el asunto muy apropiado. Pero cuando la joven oyó estas palabras desde detrás del velo, dijo: «Si el Mensajero de Allah mismo ha ordenado que me vea, que me vea». Mugira dijo: «Al oír las palabras de la joven, la vi y me casé con ella». (Ahmad, Ibn Mayah, Tirmidhi, Darimi e Ibn Hibban.)

El Noble Profeta no estableció con palabras claras ningún límite preciso sobre cuánto puede verse de la novia propuesta; no estableció ningún límite preciso. Algunos expertos han dicho que solo pueden verse el rostro y las manos. Pero esto no constituye una disposición especial respecto de la novia propuesta; también se aplica al hecho de mirar a una mujer que no ha recibido una propuesta. Está permitido verla aunque no se le haya propuesto matrimonio. Cuando se presenta una propuesta, el permiso para ver a la joven involucrada demuestra que, en esta situación, debe ser lícito y estar permitido ver mucho más de lo que normalmente está permitido ver.

En un hadiz se ha dicho:

Cuando alguno de ustedes le proponga matrimonio a una joven, debe procurar ver de ella, si le es posible, aquello que lo anime a casarse con ella.

Por un lado, algunos expertos consideran permitido observar detenidamente a la novia propuesta, mientras que, por otro, algunos ulemas mantienen una postura muy restrictiva al respecto. La posición intermedia es la mejor y la más equilibrada. Algunos expertos sostienen que el hombre que presenta la propuesta matrimonial debe tener permiso para ver a la novia propuesta con la misma vestimenta con la que ella se presenta ante su padre, sus hermanos y los hombres que son sus mahram. No solo eso: para observar o evaluar su inteligencia, criterio y cualidades particulares, él debe sentarse con ella, acompañado por uno de sus mahram, en un lugar al que ella suela acudir. La condición es que ese lugar sea de naturaleza lícita y que la novia propuesta lleve vestimenta conforme a la sharía. La base de esta opinión es la parte del hadiz citado anteriormente que dice que debe ver de ella aquello que lo anime a casarse con ella.

El hombre que presenta la propuesta puede ver formalmente a la joven propuesta, informándola a ella y a los miembros de su familia; también puede verla sin informar a nadie. Sin embargo, es absolutamente indispensable que tenga la intención real y firme de presentar una propuesta específica y casarse. Yabir ibn Abdullah dijo acerca de su esposa: «Me escondí bajo un árbol para verla».

Del hadiz anteriormente citado, narrado por Hazrat Mugira (ra), se sabe que, si unos padres musulmanes, alegando ciertas costumbres, impiden que un hombre que realmente desea casarse con su hija la vea o se niegan a mostrársela, tales costumbres deben ser conformes con la sharía, y no contrarias a ella. Someter la sharía a las costumbres y prácticas habituales equivale a infringirla. Sin embargo, no está permitido que los padres, aprovechando este permiso para verla, permitan que un joven ponga la mano en el cuello de una muchacha, que, con el pretexto de pedir su mano, vaya con ella al teatro, al cine, a un campo de deportes o al mercado y pasee en su compañía sin que esté presente un hombre mahram. Tampoco es lícito que el hombre que la pretende o la novia pretendida se comporte de manera tan desenfrenada. No obstante, los esclavos de la civilización occidental de nuestros días hacen todo esto con el pretexto de ver a la muchacha.

La verdad es que el extremismo, ya sea de derecha o de izquierda, no guarda ninguna compatibilidad con el sistema de vida islámico.

Formas ilícitas de hacer una propuesta de matrimonio

No está permitido a ningún musulmán proponer matrimonio a una mujer divorciada o viuda durante su período de ‘idda, es decir, antes de que termine. La ‘idda se observa precisamente con el propósito de mostrar respeto por el matrimonio anterior. Por tanto, a nadie le está permitido excederse en este asunto. Sin embargo, durante el período de ‘idda se puede intentar hacerle saber, mediante señales e insinuaciones, si la viuda está interesada en casarse con él una vez terminado dicho período, pero no de manera pública ni con palabras explícitas. Allah, el Altísimo, ha dicho:

No incurriréis en pecado si habláis indirectamente, mediante señales e insinuaciones, acerca de una propuesta de matrimonio.

No está permitido presentar una segunda propuesta de matrimonio antes de que se haya tomado una decisión sobre la primera, si las conversaciones relativas a esta avanzan hacia el éxito. Es derecho de quien hizo la primera propuesta que se tome una decisión sobre ella. Este derecho debe ser respetado. Esto es necesario para preservar las relaciones entre las personas y evitar conductas descorteses. De lo contrario, se estaría vulnerando el derecho del primer pretendiente, lo cual ciertamente sería una conducta abusiva. Pero si el primer pretendiente renuncia por iniciativa propia, retira su propuesta o permite por sí mismo que otro presente una propuesta, entonces no hay falta alguna en que otra persona haga una segunda propuesta. El Mensajero noble (sa) dijo:

Un creyente es hermano de otro creyente. Por tanto, no está permitido comprar por encima de la compra de otro hermano ni presentar una propuesta de matrimonio por encima de la propuesta de otro hermano.

El noble Profeta (sa) también dijo:

No está permitido que alguien haga una propuesta de matrimonio antes de que la propuesta de otro haya sido rechazada o antes de que se le haya negado el permiso para hacerla. (Bujari)

El consentimiento de la hija virgen; no obligarla

La joven virgen tiene el mayor derecho a ser consultada sobre su matrimonio. No está permitido en absoluto que su padre o tutor ignore su opinión o no tenga en cuenta su consentimiento y autorización. El Noble Profeta (que Allah le bendiga y le conceda paz) dijo: (árabe****************)

La mujer que ya ha estado casada tiene más autoridad sobre sus propios asuntos que su tutor. En cuanto a la hija virgen, es obligatorio pedirle su consentimiento respecto a sus propios asuntos.

Una joven se presentó ante el Noble Profeta (que Allah le bendiga y le conceda paz) y le informó de que su padre la había casado con el hijo de su tío paterno. Pero ella no estaba conforme con ese matrimonio. Entonces el Noble Profeta (que Allah le bendiga y le conceda paz) le concedió a ella la facultad de decidir al respecto. La joven dijo: «Mi padre ha llevado a cabo el vínculo familiar que estableció, pero he decidido informar a las mujeres de que: (árabe****************)»

Los padres no tienen autoridad para decidir nada sobre sus hijas.

Cuando llega para una hija una propuesta de matrimonio de un joven piadoso, de buen carácter y de condición equivalente, el padre no tiene derecho a retrasar su matrimonio. El Noble Profeta (que Allah le bendiga y le conceda paz) dijo: (árabe****************)

No está permitido retrasar tres asuntos: la oración, cuando llega su hora; el funeral, cuando el cuerpo está presente; y el matrimonio de una joven en edad de casarse, cuando se encuentra un pretendiente de condición equivalente.

También dijo: (Árabe****************)

Dad en matrimonio a aquellos cuya religiosidad y carácter os agraden. Si no lo hacéis, habrá una gran discordia y una enorme corrupción en la tierra.

Mujeres con las que está prohibido casarse

Para todo hombre musulmán, está absolutamente prohibido casarse con las siguientes mujeres.

1. La esposa del padre: ya sea una mujer de la que el padre se haya divorciado o una que haya quedado viuda al morir él; en ambos casos rige la misma norma. En la época de la ignorancia anterior al islam, era costumbre casarse con la esposa del padre. El islam lo declaró ilícito. Pues la esposa del padre es como una madre, y el hecho de que se haya casado una sola vez con el padre es suficiente para que ese matrimonio sea ilícito. Esto se debe a que la posición del padre ante el hijo es muy elevada y honorable. Al quedar para siempre prohibida al hijo la esposa del padre, también quedaron completamente prohibidos los deseos y la lujuria del hijo hacia ella. Así, la relación de respeto y honor entre el hijo y la esposa del padre quedó establecida para siempre, firme e inmutable.

2. La madre: la madre biológica, así como la abuela paterna y la materna, también están prohibidas.

3. La hija: también están incluidas la hija del hijo y la hija de la hija, y así sucesivamente, por larga que sea la lista.

4. La hermana: ya sea hermana de ambos progenitores, hermana por parte de madre o hermana por parte de padre.

5. La hermana del padre, ya sea hermana carnal o de cualquier otro tipo.

6. La hermana de la madre.

7. La hija del hermano.

8. La hija de la hermana.

En el islam, estas mujeres son llamadas «maharim» o «muharramat», pues son permanentemente haram para el musulmán. En ningún momento ni circunstancia son halal; no está permitido casarse con ellas. En virtud de esta relación, al hombre también se le llama «muharram».

Razones por las que está prohibido casarse con estas mujeres

a. La naturaleza de una persona civilizada y de buen gusto jamás puede consentir ni estar dispuesta a utilizar a su propia madre, hermana o hija para satisfacer su deseo sexual. Mucho menos un ser humano; incluso algunos animales tampoco están dispuestos a hacerlo. Hacia las tías maternas y paternas se siente la misma reverencia que hacia la propia madre que le dio a luz, así como respeto y veneración. Del mismo modo, los tíos paternos y maternos son dignos de un respeto y una veneración equivalentes a los debidos al padre por parte de cualquier mujer.

b. Si la sharía islámica no hubiera establecido una norma semejante respecto de estas «muharramat», y no hubiera prohibido para siempre sentir deseo sexual hacia ellas, no habría sido imposible que surgieran relaciones sexuales entre ellas, pues, debido a la vida familiar normal, suelen relacionarse mucho entre sí en la intimidad y a solas.

g. Entre estos parientes cercanos existe un profundo vínculo afectivo; por ello, cada persona siente respeto y veneración hacia ellos, así como una intensa compasión y emoción. Por esta razón, es preferible establecer, con amor y afecto, vínculos matrimoniales con mujeres ajenas a este círculo. De este modo, mediante los nuevos lazos de parentesco, el círculo de los seres queridos y familiares se amplía y extiende considerablemente dentro de la sociedad, y también se ensancha el ámbito de las relaciones basadas en el amor y la compasión. El Corán alude precisamente a ello cuando dice:

y ha creado entre vosotros vínculos de amistad y amor.

h. Es absolutamente necesario e indispensable que perdure el afecto natural existente entre estos parientes cercanos. Así, la relación permanente que los une puede mantenerse firme e inquebrantable y alcanzar su madurez. De este modo puede establecerse una base sólida para su amor, protección y apoyo mutuos. Pero, si por el contrario existiera entre ellos la posibilidad de establecer vínculos matrimoniales, sus diferencias de opinión se convertirían inevitablemente en celos, rencor, disputas y conflictos. Como resultado, la vida familiar sufriría una profunda ruptura y una enorme calamidad. La separación mutua y la enemistad aparecerían como una consecuencia inevitable.

i. Si se establecieran vínculos matrimoniales entre hombres y mujeres unidos por estos estrechos lazos de parentesco, sería muy natural que la descendencia resultante fuera débil e incapaz en todos los aspectos. Si en una familia existiera alguna debilidad o defecto físico, moral o intelectual, se transmitiría hereditariamente y quedaría limitado a esa familia.

j. Toda mujer necesita a un hombre que la apoye y se esfuerce en su favor, y depende considerablemente de él. Cuando su relación con el esposo se deteriora, la necesidad de una persona así se vuelve aún más apremiante. Si entonces no hubiera nadie que protegiera sus intereses y la defendiera, la indefensión de la mujer se volvería trágica. Pero si se casara con alguno de estos parientes íntimos, no encontraría en ninguna parte a nadie que hablara en su defensa, pues entonces sus propios familiares se convertirían en sus rivales o enemigos.

La prohibición del matrimonio por la lactancia

9. Para un varón que durante su infancia haya mamado del pecho de una mujer, está completamente prohibido casarse con ella. Esto se debe a que, por haberlo amamantado, ella pasó a ser como su madre. La leche de su pecho se convirtió en una parte importante de los músculos y la médula ósea que se formaron en su cuerpo. Debido a esta lactancia, entre ambos surgió un nuevo vínculo afectivo de madre e hijo. Es cierto que muchas veces esta relación permanece oculta, pero continúa presente durante mucho tiempo en el subconsciente de la persona y se manifiesta claramente cuando surge la necesidad.

La disposición de la sharía derivada de la lactancia será aplicable si esta tuvo lugar durante la primera infancia, es decir, antes de que el niño cumpliera dos años. Solo cuando haya mamado del pecho de una mujer durante esa edad se aplicará la disposición de la sharía. Su indicio es que el niño, al saciarse mientras mama, dejará de hacerlo por sí mismo y el pezón se desprenderá espontáneamente de su boca.

La condición de cinco tomas de leche merece ser considerada la opinión preferible, basándose en las diversas narraciones de los hadices.

10. También está prohibido casarse con una hermana de leche. Así como una mujer se convierte en madre de leche de un niño varón al amamantarlo, las hijas biológicas de esa mujer serán sus hermanas de leche. Las hermanas de esa mujer serán sus tías maternas de leche. Los demás parientes también pasarán a ser parientes suyos por vínculo de lactancia.

En este punto, el hadiz del Noble Profeta (que la paz y las bendiciones sean con él) dice: (Árabe****************)

Todo lo que está prohibido debido al parentesco consanguíneo también quedará prohibido debido al parentesco de leche.

Así como por parentesco consanguíneo está prohibido casarse con las tías paternas, las tías maternas, las sobrinas hijas de hermanos y las sobrinas hijas de hermanas, por la lactancia también quedará prohibido casarse con esas parientes.

Prohibición del matrimonio por afinidad

11. La madre de la esposa, es decir, la suegra. También está prohibido casarse con ella. En cuanto un hombre se casa con la hija de una mujer, esa mujer queda prohibida para él, se haya consumado o no la relación conyugal con la hija, pues la suegra equivale a una madre.

12. La hijastra, es decir, la hija de una esposa con la que se ha consumado la relación conyugal, está prohibida para el esposo. Si esa relación no se ha consumado realmente, no hay inconveniente en que se case con su hija.

13. La esposa del hijo biológico de uno. La esposa del hijo adoptivo no es ilícita. Pues, aunque en el islam se críe a un niño, este no se convierte en el hijo biológico de uno. Esta práctica estaba vigente en la época de la ignorancia, pero el islam la abolió. Esto se debe a que implica negar la realidad y la verdadera naturaleza de las cosas. En consecuencia, se considera lícito lo ilícito e ilícito lo lícito. Allah, el Altísimo, dijo: (árabe****************)

No se ha convertido en un hijo verdadero aquel a quien llamáis hijo con vuestra boca, pues eso no es más que una expresión de vuestros labios. (Sura Al-Ahzab: 4)

Y lo real y verdadero nunca cambia por el simple hecho de pronunciar unas palabras. El extraño no se convierte en familiar.

Establecer un vínculo matrimonial con estas tres personas está prohibido debido a la relación de afinidad. Dado el parentesco que surge por el matrimonio, es absolutamente apropiado que este matrimonio sea ilícito.

Tomar a dos hermanas como esposas simultáneamente

14. Está prohibido tomar simultáneamente a dos hermanas como esposas. Esta práctica estaba muy extendida en la época de la ignorancia. Pero el islam la declaró ilícita. La razón es que, en tal situación, no puede mantenerse la relación de afecto y cercanía entre las dos hermanas. Sin embargo, el objetivo del islam es conservar esta relación intacta e inalterada. Pero cuando las dos hermanas se convierten en coesposas, esta relación termina y, de manera completamente natural, ambas se convierten en enemigas la una de la otra.

En el Noble Corán se ha declarado explícitamente ilícito tomar simultáneamente a dos hermanas como esposas. El Noble Mensajero (la paz sea con él) dio además esta instrucción: (árabe****************)

No está permitido tomar simultáneamente como esposas a una mujer y a su tía paterna, ni a una mujer y a su tía materna.

También dijo:

Si hacéis algo semejante, cometeréis el pecado de romper los lazos de parentesco.

Sin embargo, el islam está decidido a mantener intactos estos lazos de parentesco. Entonces, ¿cómo puede ser lícito hacer algo que produzca semejante consecuencia?

La esposa de otro hombre

15. Las mujeres que ya son esposas de un hombre tienen absolutamente prohibido tomar otro esposo mientras se encuentren en esa situación.

El matrimonio de una mujer en semejante situación por parte de otro hombre solo puede ser lícito en dos circunstancias:

a. Que su esposo actual muera o se divorcie de ella, y que de ese modo su vínculo matrimonial termine por fallecimiento o disolución.

b. Después, deberá cumplirse el período de idda que Allah, exaltado sea, ha establecido para la mujer; así habrá cumplido su deber para con el esposo anterior y se habrá establecido la debida protección para ella. Si la mujer está embarazada, este período terminará con el nacimiento de su hijo, sea corto o largo.

Para la mujer cuyo esposo ha fallecido, el período de idda es de cuatro meses y diez días.

En cuanto a la divorciada, su período de idda es de tres menstruaciones. Este período es absolutamente necesario para asegurarse de que no lleva ningún hijo en su vientre. Pues existe el riesgo de que lleve en su vientre un hijo de su exesposo. Por tanto, observar esta idda es indispensable para impedir la mezcla de los linajes de dos familias. Sin embargo, si la esposa es muy joven o una anciana cuya menstruación ha cesado, su idda es de solo tres meses. Allah, Exaltado sea, ha dicho: (Árabe****************)

Las mujeres divorciadas se abstendrán hasta que hayan transcurrido tres períodos menstruales. No les está permitido ocultar lo que Allah ha creado en sus vientres, si creen en Allah y en el Último Día. (Sura Al-Báqara: 228)

Dijo: (Árabe****************)

Si tenéis dudas respecto de aquellas de vuestras esposas que ya no esperan menstruar, deberán observar una idda de tres meses. Ese también es el período de idda para aquellas cuya menstruación ha cesado; y la idda de las mujeres embarazadas termina con el parto.

También dijo: (Árabe****************)

Las esposas de aquellos de vosotros que mueran dejando esposas deberán observar una idda de cuatro meses y diez días. (Sura Al-Báqara: 234)

En el islam está prohibido casarse con las quince categorías de mujeres mencionadas anteriormente. Esto se ha declarado conjuntamente en tres versículos de la sura An-Nisá del Noble Corán. Estos son los tres versículos: (Árabe****************)

No os caséis con las mujeres con las que se casó vuestro padre. Salvo lo que ya haya ocurrido, esto es, sin duda, una indecencia manifiesta, un pecado abominable y un pésimo proceder. Se os han prohibido vuestras madres, vuestras hijas, vuestras hermanas, vuestras tías paternas, vuestras tías maternas, vuestras sobrinas por parte de hermano, vuestras sobrinas por parte de hermana, vuestras madres de leche que os amamantaron, vuestras hermanas de leche, las madres de vuestras esposas (vuestras suegras), las hijas de vuestras esposas que están bajo vuestra tutela y con cuyas madres habéis consumado el matrimonio. Pero si no habéis consumado el matrimonio, no incurrís en falta al casaros con sus hijas; y también se os prohíben las esposas de vuestros hijos nacidos de vuestra propia sangre. Asimismo, está prohibido que toméis simultáneamente a dos hermanas como esposas, salvo lo que ya haya ocurrido. Ciertamente, Allah es Perdonador, Misericordioso. También se os prohíben las mujeres que ya están casadas……… (Sura an-Nisá, 22-24)

Mujeres politeístas

16. También está prohibido casarse con mujeres politeístas. Son politeístas las mujeres que adoran ídolos. Los politeístas de la antigua Arabia y los hindúes politeístas de la India se incluyen en esta categoría.

Allah, Exaltado sea, lo ha dicho claramente: (Árabe****************)

No os caséis con mujeres politeístas hasta que adopten la fe del tawhid. Sabed que una esclava creyente es mucho mejor que una mujer politeísta, aunque esta os guste mucho y os atraiga. No caséis a vuestras hijas con hombres politeístas hasta que crean. Porque un esclavo creyente es mucho mejor que un politeísta, aunque este os guste. Ellos llaman al Infierno, mientras que Allah llama al Paraíso y al perdón, con Su permiso.

Este versículo declara claramente que a ningún musulmán le está permitido casarse con una mujer politeísta. Tampoco está permitido que una musulmana se case con un hombre politeísta. Esto se debe a que existe una diferencia fundamental entre la religión del tawhid y la religión politeísta. El creyente conduce a las personas hacia el Paraíso, mientras que los politeístas las conducen al Infierno. Los creyentes creen en Allah, el Único, en el Mensajero, en la profecía y en la otra vida. En cambio, estos asocian copartícipes a Allah, niegan la profecía y no creen en la otra vida.

Sin embargo, el matrimonio es un vínculo de paz interior, estabilidad, amistad y armonía. Por ello, es imposible reunir en él estas dos corrientes de pensamiento opuestas.

Mujeres de la Gente del Libro

El Noble Corán ha permitido a los musulmanes casarse con mujeres de estas dos comunidades de la Gente del Libro: los judíos y los cristianos. También ha ordenado tratarlas de manera especial. Aunque hayan alterado muchas cosas de su propia religión, debe reconocerse que siguen a una religión celestial. Por eso, del mismo modo que ha declarado lícita la carne de los animales sacrificados por ellas, también ha declarado lícito casarse con sus mujeres. Allah, Exaltado sea, ha dicho: (Árabe****************)

El alimento de la Gente del Libro es lícito para vosotros, y vuestro alimento es lícito para ellos. Asimismo, son lícitas para vosotros las mujeres creyentes de conducta pura y castas, así como las mujeres de conducta pura y castas de aquellos a quienes se dio el Libro antes que vosotros, siempre que les entreguéis sus dotes, buscando preservar la castidad, no la fornicación ni tomarlas como amantes secretas.

Ciertamente, este es un aspecto especial de los principios liberales del islam. En las demás naciones y religiones del mundo se encuentran muy pocos ejemplos semejantes. A pesar de que se califica de incrédulos y extraviados a los miembros de la Gente del Libro, el islam ha declarado que las mujeres pertenecientes a esas religiones pueden, permaneciendo firmes en sus propias religiones, ser esposas de musulmanes y reinas de sus hogares. Pueden ser el consuelo del corazón del musulmán, confidentes de sus secretos y madres de sus hijos. El islam lo ha permitido incluso en esta situación, cuando, al tratar de la relación conyugal y sus secretos íntimos, el Corán dice: (Árabe****************)

Uno de los signos de Allah es que creó para vosotros esposas de entre vosotros mismos, para que encontréis tranquilidad junto a ellas, y puso entre vosotros afecto, amor y misericordia.

En este punto es absolutamente necesario advertir sobre una cuestión. Una mujer musulmana piadosa, dotada de sincera devoción y apego a la religión, es muy superior a una mujer musulmana únicamente por herencia familiar. El Noble Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) nos enseñó esto. Dijo: (Árabe****************)

Cásate con una mujer religiosa; ella será la causa de tu éxito. Si no lo haces, ¡que tus manos se cubran de polvo!

De esto se sabe que cualquier mujer musulmana puede ser mejor esposa para un hombre musulmán que cualquier mujer de la Gente del Libro.

Además, si se toma una esposa de este tipo, existe el temor de que sus creencias influyan en sus hijos y también los extravíen. Cuando este temor es intenso y seguro, lo aconsejable, con el fin de proteger la religión, es evitar tales riesgos y no tomar una esposa de ese tipo.

Además, si en algún país los musulmanes son una minoría, en tal situación debería estar completamente prohibido que los hombres musulmanes tomaran esposas de la Gente de la Escritura. Porque si entonces los hombres musulmanes, dejando de lado a las mujeres musulmanas, se casaran con mujeres de la Gente de la Escritura, las mujeres musulmanas no podrían casarse y, como consecuencia, quedarían sumidas en una extrema desdicha. Esto se debe a que no pueden casarse con hombres no musulmanes, ya que ello no está permitido. Entonces no habría nadie que se casara con ellas. Una situación así resultaría muy grave para la sociedad musulmana. Por eso, aunque casarse con una mujer de la Gente de la Escritura sea lícito para un hombre musulmán, se considera que, en tales circunstancias, no dejarle esa posibilidad es el único medio de salvarse de dicho peligro.

Matrimonio de una mujer musulmana con un hombre no musulmán

Entregar en matrimonio a una mujer musulmana a un hombre no musulmán está completamente prohibido, ya sea que este sea un no musulmán de la Gente de la Escritura o cualquier otro. En ninguna circunstancia es lícito para una mujer musulmana. El mandato coránico sobre este asunto ya ha sido citado anteriormente. El mandato es el siguiente: (Árabe****************)

No caséis a vuestras hijas con los idólatras hasta que crean.

Se ha dicho acerca de las mujeres creyentes que emigraron: (Árabe****************)

Si sabéis que las mujeres que han emigrado son creyentes, no las devolváis a los incrédulos. Ellas no les son lícitas, ni ellos les son lícitos a ellas.

Aquí no se excluyó a la Gente de la Escritura al decir esto. Por consiguiente, no hay lugar para ninguna diferencia de opinión respecto a que está prohibido entregar a las mujeres musulmanas en matrimonio a hombres incrédulos, idólatras o no musulmanes.

En el islam se ha permitido casarse con mujeres judías y cristianas, pero se ha prohibido casar a una mujer musulmana con ellas; esto tiene razones lógicas y fundadas. Porque el hombre es quien dirige el hogar y la familia y tiene autoridad sobre la mujer. Él es directamente responsable de todos los asuntos. Además, el islam ha concedido a la esposa de la Gente de la Escritura plena libertad en sus creencias. También ha protegido sus derechos mediante las leyes y normas de la sharía, y ha establecido medidas eficaces para preservar su honor y dignidad. En cambio, las religiones judía y cristiana —o la hindú— no garantizan ningún derecho, dignidad o libertad a una esposa perteneciente a otra religión. Tampoco se encuentra ninguna promesa de que sus derechos serán protegidos. En una situación así, ¿cómo podría el islam permitir que una mujer musulmana se casara con un hombre no musulmán y empujarla a este grave peligro? Adoptar la política de entregar a estas mujeres a un hombre que no garantiza la preservación de su creencia religiosa y su carácter islámicos no es posible en absoluto.

En esencia, el esposo debe respetar y honrar la fe religiosa y el carácter de su esposa. Una buena relación entre ambos solo puede mantenerse de esta manera. Los musulmanes consideran a los judíos y cristianos creyentes en una religión celestial, a pesar de que sus creencias y doctrinas han sufrido muchos cambios fundamentales. Reconocen la Torá y el Evangelio como Libros de Allah. También creen que Moisés y Jesús (la paz sea con ambos) fueron grandes profetas y mensajeros de Allah. Por esta razón, es muy posible que una mujer de la Gente del Libro, siendo esposa de un musulmán, permanezca firme en su propia religión y viva en paz y felicidad. Esto se debe a que su esposo reconoce su religión, su Libro y su profeta. Además, sabe que la fe de un musulmán no puede ser correcta ni válida si no los reconoce como verdaderos. Sin embargo, la actitud de los judíos y cristianos es completamente opuesta. Ellos no reconocen en absoluto el islam. Tampoco aceptan el Libro del islam ni a su Mensajero. Entonces, ¿cómo puede una mujer creyente en el islam vivir feliz y en paz como esposa de un marido semejante? Ella practicará su religión y sus actos de adoración islámicos, y se esforzará por preservar el honor y la dignidad del islam y la aplicación de sus normas. Se protegerá de lo que la sharía ha declarado ilícito y cumplirá sus obligaciones. Pero, estando bajo la autoridad de un esposo así, esto no sería realmente posible, pues tendría que someterse a la autoridad de su marido no musulmán.

A la luz de esto puede comprenderse la razón por la que el islam declaró ilícito que un hombre musulmán se case con una mujer politeísta adoradora de ídolos. El islam se opone completamente al politeísmo y a la idolatría, y los rechaza por entero. Por consiguiente, no es posible que entre tales esposos se desarrollen y perduren el amor profundo, la amistad y el afecto deseables.

La mujer habituada a la fornicación

No está permitido que un musulmán creyente se case con una mujer habituada a la fornicación, dedicada a la prostitución y que ejerza públicamente esa profesión. Mursad ibn Abu al-Mursad (que Allah esté complacido con él) pidió al Noble Profeta (que Allah le bendiga y le conceda paz) permiso para casarse con una prostituta con quien había mantenido una relación en la época de la ignorancia. El nombre de aquella mujer era Inak. Al oír esto, el Noble Profeta volvió el rostro y se apartó de él. Fue entonces cuando descendió un versículo coránico:

El fornicador no se casará sino con una fornicadora o una politeísta, y la fornicadora no se casará sino con un fornicador o un politeísta; estas mujeres están prohibidas para los creyentes.

El Noble Profeta le recitó inmediatamente el versículo y le dijo: «No, no te casarás con ella».

La razón es que Allah, exaltado sea, ha permitido a los hombres creyentes casarse con mujeres creyentes de conducta casta y con mujeres de la Gente del Libro de la misma condición. Esto se ha permitido con la condición de que las tomen en matrimonio y no sean fornicadores.

Por tanto, quien desobedezca esta instrucción del Libro de Allah y no esté dispuesto a cumplirla es un politeísta. Solo otro hombre politeísta como él podría estar dispuesto a casarse con ella; ningún creyente puede hacerlo. Y quien acepte y reconozca esta disposición, pero aun así, actuando en contra de ella, se muestre dispuesto a contraer el matrimonio que ha sido declarado ilícito, se habrá convertido en fornicador.

La aleya anteriormente mencionada de la sura An-Nur fue citada después de otra aleya de la misma sura. En esa aleya precedente, al mencionar el castigo por el adulterio, se dice: (árabe****************)

Azota con cien latigazos tanto a la mujer adúltera como al hombre adúltero, a cada uno de ellos.

Este es el castigo físico por el adulterio. Lo mencionado anteriormente es el castigo moral y educativo por el adulterio. Pues el objetivo principal de prohibir el matrimonio con una mujer o un hombre adúltero es impedirles ocupar una posición importante y honorable, y negar su pertenencia a la comunidad. En términos actuales, significa privarlos de sus derechos y mantenerlos alejados de ellos.

El imán Ibn al-Qayyim escribió, después de explicar la aleya mencionada anteriormente:

Este mandato del Corán es tan claro y obligatorio como conforme a la razón, al entendimiento y a la naturaleza humana. Allah ha prohibido completamente a Sus siervos ser el esposo, el dayyuz o el amigo y compañero de una mujer inmoral. La naturaleza en la que Allah creó al ser humano considera este acto sumamente repugnante, censurable y abominable. Por eso, cuando se quiere insultar gravemente a alguien, se le dice: «esposo de una mujer obscena». Por esta razón, Allah ha prohibido realmente que un musulmán sea así. Esta prohibición también deja claro que el pecado de la esposa perjudicará gravemente el lecho y el linaje del esposo, mientras que Allah desea establecer el linaje sobre una base sumamente pura y благéfica. También ha declarado que esto forma parte de una de Sus leyes especiales. Sin embargo, la fornicación abre el camino a la mezcla de los espermatozoides y el linaje se vuelve dudoso. Por ello, una característica de la sharía es que ha prohibido casarse con una mujer adúltera. Pero si se arrepiente y purifica su útero —esperando un período menstrual completo—, el asunto es diferente; es decir, entonces está permitido casarse con ella. (árabe****************)

Otra razón por la que está prohibido casarse con una adúltera es que la mujer adúltera suele ser sumamente «jabis». Allah, sin embargo, ha hecho del matrimonio un vínculo sagrado de amistad, amor y armonía. La amistad es amor verdadero. Una mujer «jabis» no puede ser la esposa amada de un hombre de carácter casto. En árabe, al esposo se le llama (árabe****************) «zawŷun». Esta palabra deriva de (árabe****************) «izdiwaj». Su significado es que existe semejanza y compatibilidad en todos los aspectos. Pero entre lo «jabis» y lo «puro» surge inevitablemente una repulsión y un rechazo absolutos. Por tanto, tanto desde la perspectiva de la sharía como según los valores comunes, no es posible que entre ambos se establezcan la sinceridad mutua, el amor profundo, el afecto, el cariño y la convivencia deseables. Por eso Allah dijo verdaderamente: (árabe****************)

Las mujeres jabis son para los hombres jabis, y los hombres jabis son para las mujeres jabis. Las mujeres de carácter casto son para los hombres de carácter casto, y los hombres de carácter casto son para las mujeres de carácter casto. (Sura An-Nur: 26)

Matrimonio temporal

En el islam, el matrimonio es un vínculo firme y un compromiso inquebrantable, fruto del inmenso deseo y entusiasmo de ambas partes por vivir juntas para siempre. Su propósito es establecer entre el esposo y la esposa un estado de sosiego espiritual y una corriente de amistad, amor, misericordia y compasión. Su objetivo supremo es dar estabilidad al progreso de la humanidad mediante la continuidad de la descendencia. En el Noble Corán, Allah, el Altísimo, ha dicho:

Allah, el Altísimo, os ha dado parejas de entre vosotros mismos y, de esas parejas, ha dispuesto para vosotros hijos y nietos.

Por esta razón, el matrimonio debe celebrarse siempre sobre una base permanente. Sin embargo, el matrimonio temporal o provisional no es así. Se contrae por un período determinado a cambio de una remuneración específica. Por consiguiente, en este caso está completamente ausente el significado del matrimonio expuesto anteriormente a la luz del Corán. El Noble Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) había permitido este tipo de matrimonio antes de que las disposiciones de la sharía alcanzaran su plenitud y estabilidad. Incluso en el contexto de este permiso, se trataba de períodos prolongados de viaje y de expediciones militares; pero posteriormente él mismo lo declaró haram para siempre.

Al principio había una razón para permitir este tipo de matrimonio. En aquel entonces, la gente se encontraba en una etapa crítica o de transición, abandonando la ignorancia preislámica y avanzando hacia el islam. En la época de la ignorancia preislámica, la zina o fornicación era fácil, libre y sin ningún tipo de impedimento.

Después de la llegada del islam, cuando estas mismas personas tuvieron que emprender largos viajes a tierras lejanas para participar en la yihad, se volvió muy difícil permanecer durante tanto tiempo separados y sin relación con sus esposas. Por otro lado, entre los nuevos musulmanes había tanto hombres de fe muy firme como hombres de fe débil. En particular, entre estos últimos se hizo cada vez más intensa la posibilidad de que cayeran en la zina, aunque esta es la más desvergonzada de las transgresiones y una acción abominable.

Por otra parte, los hombres de fe firme decidieron castrarse para reprimir su deseo sexual. En esta ocasión, el honorable Ibn Mas‘ud (que Allah esté complacido con él) dijo:

Partíamos con el Noble Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) en expediciones militares. En ese tiempo, nuestras esposas no nos acompañaban. Entonces dijimos: «¿Debemos acaso castrarnos?». Pero el Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) nos prohibió hacerlo y nos permitió casarnos por un período determinado a cambio de prendas de vestir y cosas semejantes.

Así se permitió este matrimonio temporal, que en árabe se denomina matrimonio mut‘a. Su finalidad era aliviar las dificultades y problemas pasajeros de ambas clases de musulmanes, los de fe débil y los de fe firme. Esto constituyó un paso hacia la disposición de la sharía que el islam quería establecer para la vida matrimonial y conyugal de los musulmanes. El objetivo del islam era presentar un sistema matrimonial y de vida conyugal que hiciera realidad todos los propósitos del matrimonio: la pureza moral, la protección de la castidad, la estabilidad de la vida matrimonial, la continuidad de la descendencia y la ampliación del ámbito de la vida familiar mediante los lazos matrimoniales, con amor, afecto y cariño.

Así como el Corán siguió un método gradual al prohibir el consumo de alcohol y la usura —ambos estaban ampliamente extendidos por todas partes en la época de la ignorancia—, también siguió un procedimiento gradual al prohibir la fornicación y proteger la dignidad de las partes íntimas. Por ello, al principio permitió el matrimonio mutʿa por razones de necesidad. Posteriormente, el Profeta —la paz y las bendiciones de Allah sean con él— declaró completamente ilícito este tipo de matrimonio. En esta materia se han transmitido hadices por medio de Alí y de muchos Compañeros. Se narra de Maburata al-Yuhaní: (árabe****************)

Él había partido con el Profeta —la paz y las bendiciones de Allah sean con él— en la campaña de la conquista de La Meca. En aquella ocasión, les permitió contraer matrimonio mediante el mutʿa. También dijo: «Pero, antes de salir de La Meca, el Profeta —la paz y las bendiciones de Allah sean con él— lo prohibió».

El texto de otro hadiz transmitido por él dice: (árabe****************)

Y Allah, exaltado sea, ha prohibido este matrimonio hasta el Día de la Resurrección.

Ahora surge la pregunta: ¿sigue vigente esta declaración de prohibición y continúa aplicándose, como la prohibición perpetua de casarse con la madre o con la hija, o esta prohibición es semejante a la de los animales muertos, la sangre y la carne de cerdo?…… Entonces, si surgiera una necesidad y el temor de caer en la fornicación fuera intenso, ¿se volvería lícito un matrimonio de este tipo?

En general, toda la comunidad de los Compañeros coincidió plenamente en que el matrimonio mutʿa está prohibido para siempre y de manera definitiva, y que aquella declaración de prohibición sigue plenamente vigente, aplicándose, manteniéndose y sin haber sufrido modificación alguna. Puesto que la ley islámica alcanzó su forma definitiva, ya no puede haber en ella lugar para un matrimonio de este tipo.

Sin embargo, el venerable Ibn Abbás —que Allah esté complacido con él— expresó una opinión diferente. Dijo que, incluso posteriormente, podía ser permitido y lícito por razones de necesidad. Cuando un hombre le preguntó sobre tomar una esposa mediante el mutʿa, le dio permiso. Su esclavo le preguntó: «¿Solo es lícito en circunstancias de extrema dificultad y necesidad?». Ibn Abbás —que Allah esté complacido con él— respondió: «Sí».

Más adelante, cuando él mismo supo que la gente había comenzado a excederse considerablemente en este asunto y que recurría a este método incluso sin necesidad, retiró su opinión y dejó también de emitir fetuas en su apoyo. (árabe****************)

Tomar varias esposas simultáneamente

El islam es una religión plenamente acorde con la naturaleza. Es un sistema de vida integral, capaz de afrontar la realidad. Así como mantiene al ser humano alejado de los excesos, tampoco contiene ninguna deficiencia o incapacidad frente a las necesidades. Encontramos una prueba real de ello en el hecho de que permite tener varias esposas simultáneamente. Pues ha permitido al musulmán tener varias esposas a la vez por numerosas necesidades humanas, personales y sociales de gran importancia.

Antes del islam, entre los pueblos de diversas naciones y religiones estaba ampliamente extendida la práctica de que un solo hombre tomara como esposas a un gran número de mujeres. En ocasiones, su número superaba incluso las diez, y llegaba a cien, doscientas o trescientas, sin que se impusiera ninguna condición ni existiera restricción alguna. Pero, con la llegada de la religión del islam, se establecieron normas, condiciones y controles específicos respecto a tomar varias esposas.

El primer control consiste en que el islam ha fijado en cuatro el límite máximo de esposas que se pueden tener simultáneamente y al mismo tiempo. Un hombre llamado Gailan As Makafi abrazó el islam. En aquel momento tenía diez mujeres como esposas. El Profeta Noble (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) le dijo: (árabe****************)

Quédate con cuatro de ellas y separa de las demás.

Del mismo modo, al que tenía ocho o cinco esposas cuando abrazó el islam, el Noble Mensajero (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) también le prohibió conservar más de cuatro.

Sin embargo, el hecho de que el propio Profeta Noble (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) tuviera nueve esposas simultáneamente es un asunto completamente excepcional. Allah, el Altísimo, le había concedido un permiso especial para ello, teniendo en cuenta las necesidades de la labor de predicación y las necesidades de la comunidad musulmana después de su fallecimiento.

Condición para tomar varias esposas simultáneamente: justicia

El islam ha permitido tomar varias esposas simultáneamente con la condición de que el hombre tenga la firme convicción de que podrá mantener una justicia plena entre sus esposas en cuanto a la alimentación, la vestimenta, pasar las noches y asumir los gastos.

Para quien no tenga la firme convicción de que podrá cumplir debidamente todos estos derechos con plena justicia, equilibrio e igualdad, se ha declarado completamente ilícito tomar varias esposas. Allah, Exaltado sea, dice:

Y si teméis no poder mantener esa justicia, entonces tomad solamente una esposa.

Y el Noble Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo:

Quien tenga dos esposas y conceda preferencia a una de ellas sobre la otra, comparecerá el Día del Juicio arrastrando el costado caído o inclinado.

En este hadiz se advierte contra inclinarse hacia una de las dos. Inclinarse de este modo significa privar a la otra de su derecho legítimo y ser injusto con ella. La mera inclinación del corazón no es un pecado, pues la inclinación o atracción del corazón es algo sobre lo que nadie tiene control voluntario. Por ello, Allah, Exaltado sea, no hace responsable a nadie por esto, y esta deficiencia no se tendrá en cuenta. Allah mismo ha dicho:

No podréis mantener entre vuestras esposas una justicia y un equilibrio perfectos, por mucho que lo deseéis. Por tanto, no os inclinéis completamente hacia una de ellas.

Por esta razón, el Noble Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) repartía todo equitativamente entre sus esposas y actuaba con justicia entre ellas, y además decía:

¡Oh, Allah! He repartido equitativamente según mis posibilidades. Por tanto, no me reprendas por no poder hacer justicia más allá de mis capacidades, pues eso está bajo Tu poder.

Con «más allá de las posibilidades» se refiere a esto: no es en absoluto anormal sentir una inclinación y una atracción excesivas del corazón, así como un amor y un afecto extraordinarios, particularmente hacia una sola persona. En este asunto, el ser humano a menudo se vuelve incapaz y queda completamente impotente.

Cuando el Noble Profeta (la paz sea con él) tenía la intención de emprender un viaje al extranjero, partía llevando consigo a la esposa cuyo nombre había salido en el sorteo entre sus esposas.

La justificación de permitir tener más de una esposa

En realidad, el islam es la religión definitiva de Allah, y el sistema de vida revelado por medio del último Profeta y Mensajero. Ha presentado una Sharía eterna y aplicable a toda la humanidad. En ella existen leyes y normas relativas a todos los aspectos y ámbitos de la vida humana. Es aplicable y ciertamente eficaz en todos los tiempos, épocas y países. Cada persona puede obtener de ella la solución a los problemas de su vida. No es una Sharía que contenga normas para los habitantes de las ciudades, pero no para los de las aldeas o del desierto; ni normas para los habitantes de los países fríos, sin prestar atención a las necesidades de los habitantes de los países cálidos. Tampoco es así que haya satisfecho las necesidades de las personas de una determinada época o linaje, de modo que las personas de otra época o linaje no puedan obtener de ella sus normas.

En verdad, satisface tanto las necesidades de los individuos como las de la sociedad y la colectividad. Contiene un sistema adecuado para el bienestar de toda la humanidad, sin excepción.

Las situaciones de las personas son diversas y dignas de consideración. Alguien desea perpetuar su linaje, pero, a pesar de tener esposa, no tiene ni un solo hijo. Cualquiera que sea la causa, ya sea la infertilidad u otra razón, en una situación así, ¿no sería más honroso para la esposa y mejor para ese hombre que él conservara a su primera esposa a su lado, siguiera cumpliendo debidamente todos sus derechos y tomara otra esposa, para que pudiera satisfacer su deseo natural de tener hijos?

Algunas personas pueden tener una capacidad sexual muy fuerte e intensa. El impulso y la excitación sexual pueden resultarles indomables. Sin embargo, su esposa puede ser indiferente o poco interesada en ese aspecto, o ser incapaz; también puede padecer una enfermedad crónica y no poder satisfacer las exigencias de su marido. El período menstrual de la esposa puede ser prolongado, y su marido puede ser incapaz de soportar durante mucho tiempo la abstinencia que ello requiere. En una situación así, en lugar de entablar una relación con una amiga (girl friend), ¿no sería más decoroso para él contraer otro matrimonio conforme a la Sharía?

Muchas veces, en un país, el número de mujeres es muy superior al de hombres. Especialmente cuando, en una guerra nacional, los jóvenes mueren por grupos, muchas mujeres se ven obligadas a pasar la vida viudas, pues no encuentran hombres con quienes casarse. En una situación semejante, el bienestar general de la sociedad y, en particular, el de las mujeres puede alcanzarse mejor si, en vez de verse privadas de la vida conyugal y permanecer solteras hasta la vejez, prefieren convertirse en coesposas. Así podrán disfrutar de la dignidad de esposa y de la oportunidad de vivir con el amor del esposo, tranquilidad mental y pureza moral. Podrán convertirse en madres. Precisamente este modo de vida es, en realidad, el eco de su propia naturaleza.

Cuando el número de mujeres casaderas supera al de hombres, es inevitable que se presente una de las siguientes tres situaciones:

-que beban durante toda su vida el amargo veneno de la privación y pasen así toda su existencia;

-o que, convertidas en mujeres libres, independientes y licenciosas, consuman su vida como juguetes para los hombres y combustible para sus deseos;

-o que se considere lícito que se casen con hombres casados capaces de asumir los gastos y dispuestos a comportarse correctamente.

Si se juzga desde la perspectiva de personas imparciales y sensatas, se comprenderá sin duda que esta última situación es la solución justa y equilibrada. También desde el punto de vista del orden social y la salud moral, este sistema es el mejor. Y esta es precisamente la solución que el islam ha presentado para este complejo problema humano. Dios ha dicho con toda verdad: (Árabe****************)

¿Y quién puede dar una ley mejor que la ley de Dios para quienes tienen una firme convicción en Dios? (Sura al-Ma’ida: 50)

Este es el fundamento esencial y el contexto de la autorización islámica para tomar simultáneamente más de una esposa. Sin embargo, los sacerdotes cristianos occidentales han levantado una tormenta mundial difamando a los musulmanes precisamente por esto. Pero su propia situación es que han concedido a los hombres libertad y permiso ilimitados para tener innumerables amantes, amigas y concubinas, sin aplicar en ello ningún control legal ni moral. Como resultado de semejante conducta carente de moralidad y religión, están cosechando innumerables hijos ilegítimos y huérfanos. La corrupción social que esto ha creado es indescriptible y muy difícil de erradicar. A la luz de esta gran verdad, debe considerarse seriamente qué sistema es más humano y beneficioso: ¿el occidental o el islámico?

Relación mutua entre esposo y esposa

El Noble Corán ha descrito con gran énfasis y claridad el propósito y el objetivo del matrimonio. Sobre esta base se edifica el palacio de la vida conyugal. En lugar de la promiscuidad sexual, los verdaderos objetivos del vínculo matrimonial son el amor entre esposo y esposa; la paz, la tranquilidad y la satisfacción mental; una relación profunda de amor y armonía entre los parientes y las familias de ambos cónyuges; la manifestación plena de la compasión humana, la bondad y la sensibilidad afectiva; y el establecimiento de una relación sincera con los hijos en calidad de padres, entre otras cosas. En este sentido se hace referencia en un versículo de la sura Ar-Rum. Se ha dicho:

Y entre Sus signos está que creó para vosotros esposas de entre vosotros mismos, para que encontréis sosiego y tranquilidad junto a ellas, y estableció entre vosotros afecto y misericordia. En ello hay numerosos indicios y lecciones para las personas reflexivas.

La relación sensible entre esposo y esposa

Además de estos objetivos y propósitos, el Noble Corán también ha arrojado luz sobre la relación sensible y física o sexual entre esposo y esposa. También en este ámbito el Corán ha guiado al ser humano por un camino sencillo, recto y claro. Siguiéndolo, puede satisfacer sus deseos y necesidades naturales, evitando los caminos erróneos, inmundos y abominables.

Se ha narrado en los hadices que, cuando sus esposas menstruaban, los judíos y los adoradores del fuego se alejaban mucho de ellas y exageraban enormemente en este asunto. En cambio, los cristianos mantenían relaciones sexuales con sus esposas incluso durante ese estado. No mostraban la menor consideración ni aversión hacia la menstruación. Por su parte, la gente de la yahiliya, cuando sus esposas menstruaban, evitaba comer y beber con ellas, sentarse o levantarse junto a ellas, dormir en el mismo lecho e incluso vivir en la misma casa, igual que los judíos y los adoradores del fuego.

Al ver estas prácticas, a algunos musulmanes les surgieron preguntas. Preguntaron al Mensajero de Dios sobre qué era lícito y qué era ilícito en lo relativo a la intimidad con sus esposas en tal estado. Entonces fue revelado el siguiente versículo:

Te preguntan acerca de la menstruación. Di: «Es una impureza dolorosa y repugnante. Apartaos de las mujeres durante la menstruación y no os acerquéis físicamente a ellas hasta que estén puras. Cuando se hayan purificado, acercaos a ellas de la manera que Dios os ha prescrito. Ciertamente, Dios ama a quienes se arrepienten y a quienes se purifican».

A partir de la orden de mantenerse apartados de las esposas contenida en este versículo, los árabes habían entendido que tampoco se podía convivir con ellas. Entonces el Noble Profeta (s. a. s.), al explicar correctamente el versículo, dijo:

Yo solo os ordené absteneros de mantener relaciones sexuales con vuestras esposas durante la menstruación. No os ordené expulsarlas de sus casas, como hacen los no árabes.

Cuando los judíos se enteraron de esto, dijeron: «Este hombre se ha propuesto contradecirnos en todo».

Por tanto, salvo mantener relaciones sexuales con la esposa durante la menstruación —evitando el lugar de la impureza—, no hay ningún impedimento para que el musulmán disfrute de ella en todos los demás aspectos. De esto se desprende que se ha establecido una norma equilibrada y armoniosa entre dos posturas extremas: por un lado, expulsar a las esposas de sus casas durante la menstruación y, por otro, relacionarse con ellas hasta llegar a mantener relaciones sexuales.

La medicina moderna ha descubierto que la sangre expulsada durante la menstruación contiene una sustancia tóxica que, si permanece en el organismo, resulta muy perjudicial. Así se ha descubierto la razón de abstenerse de mantener relaciones sexuales durante la menstruación. Se sabe que, durante la menstruación, el órgano sexual femenino se contrae debido a la acumulación de sangre. Debido a la congestión de las venas y los vasos internos, el sistema nervioso se encuentra en un estado de gran agitación y anormalidad. Por ello, mantener relaciones sexuales en tales condiciones resulta perjudicial para ella. A veces la menstruación puede interrumpirse, lo que provoca enfermedades nerviosas. En ocasiones también aparece irritación en los órganos sexuales. (Véase la obra del Dr. Abdul Aziz Ismail.)

Evitar el coito anal

En relación con las relaciones físicas con las esposas, fue revelado este versículo de la sura al-Báqara:

Vuestras esposas son vuestro campo de cultivo. Id, pues, a vuestro campo como queráis. Y preparad provisiones para vuestro futuro. Temed a Alá. Sabed que ciertamente tendréis que comparecer ante Él. Y anuncia buenas nuevas a los creyentes.

Esta aleya fue revelada por una razón especial y con una justificación concreta. Shah Waliullah Dehlawi la ha mencionado. Dijo:

Los judíos habían creado restricciones en las relaciones sexuales conyugales sin ninguna instrucción otorgada por Dios. Los miembros de la comunidad ansarí que vivían cerca de ellos seguían su práctica. Decían: «Si se mantiene una relación sexual desde atrás hacia la parte delantera de la esposa —es decir, en su órgano sexual—, el hijo nace bizco». Entonces fue revelada esta aleya del Corán:

Acudid a vuestro campo de cultivo como queráis.

Es decir, la relación sexual debe realizarse en el órgano sexual de la esposa, ya sea desde la parte delantera o desde el lado exterior, es decir, desde atrás. Ninguna forma o método específico de relación sexual guarda relación con asuntos sociales, civilizatorios o nacionales. En cuanto a las ventajas y desventajas personales, cada individuo las conoce por sí mismo. En este asunto, la estrechez de miras de los judíos fue fruto de su excesiva minuciosidad. Por ello, es preferible rechazarla.

En realidad, determinar la forma y la posición de la relación sexual no es una cuestión propia de la religión. La persona debe temer a Dios y saber bien que inevitablemente comparecerá ante Él. Por eso debe abstenerse de practicar el coito anal, pues ese es el conducto de las heces. Esta práctica forma parte de la repugnante sodomía. Por esta razón, la sharía consideró necesario declararla prohibida. El Noble Profeta (s.a.s.) dijo:

No mantengáis relaciones sexuales con vuestras esposas por el ano.

A quien mantiene relaciones sexuales con su esposa por el ano, el Noble Mensajero (s.a.s.) le dijo:

Practicante de la sodomía menor.

Cuando una mujer de la estirpe de los Ansar le preguntó acerca de mantener relaciones con la esposa desde atrás, el Noble Profeta (s. a. s.) le recitó esta aleya:

Vuestras esposas son vuestro campo de cultivo. Acudid, pues, a vuestro campo como queráis y desde la dirección que queráis.

Hazrat Umar (r. a.) preguntó:

«¡Oh, Mensajero! Estoy perdido». Él preguntó: «¿Qué fue lo que te perdió?». Respondió: «Anoche mi montura había cambiado de dirección». (Es decir, mantuve relaciones con mi esposa desde atrás.)

Al oír esto, el Noble Profeta (s. a. s.) no respondió. Después fue revelada la aleya mencionada anteriormente. Entonces el Noble Profeta (s. a. s.) dijo:

Hazlo desde delante; también puedes hacerlo desde atrás. Pero evita hacerlo durante la menstruación y por el ano. (Ahmad, Tirmidhi)

Preservación de los secretos íntimos entre marido y mujer

Al describir las virtudes de las mujeres virtuosas y piadosas, el Noble Corán dice:

Las mujeres devotas son guardianas de lo oculto, bajo la protección y el favor de Allah. (Sura An-Nisá: 34)

Los asuntos relativos a la relación íntima entre marido y mujer también están incluidos entre las cuestiones ocultas y secretas cuya protección se menciona en esta aleya. Está prohibido mencionar estos secretos en las reuniones y tertulias con amigos y allegados.

En un hadiz se dice:

El Día de la Resurrección, la persona que ocupará la posición más despreciable ante Allah será aquella que satisface su necesidad con su esposa y luego divulga ese secreto.

Abu Huraira (que Allah esté complacido con él) dijo: el Noble Profeta (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) nos dirigió en la oración y, después de pronunciar el saludo final, se volvió hacia nosotros y dijo: «Quedaos sentados todos y escuchad. ¿Hay alguien entre vosotros que, al ir con su esposa, cierre la puerta de la casa y corra las cortinas? Y luego, cuando sale, comienza a decirle a la gente: “Hice esto y aquello con mi esposa”?»

Nadie respondió a esta pregunta del Noble Mensajero (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él). Entonces se dirigió a las mujeres que habían rezado y dijo: «¿Hay también entre vosotras alguna que hable de esa manera?». Una joven, apoyándose sobre sus rodillas, intentaba ver al Noble Profeta (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) y escuchar sus palabras. Ella dijo: «¡Por Allah! Los hombres también hablan así». Al oír esto, el Noble Profeta (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo:

¿Sabéis cuál es el ejemplo de quien hace algo así? Su ejemplo es como el de un demonio macho y una demonio hembra que se unen en la vía pública, satisfacen su deseo, mientras toda la gente contempla con los ojos abiertos esa escena desvergonzada.

El ejemplo presentado a un musulmán para suscitar un profundo rechazo hacia este acto insensato es suficiente, pues se trata de una acción sumamente abominable. Ningún musulmán puede desear convertirse en un demonio macho o en una demonio hembra.

Planificación familiar

La estabilidad de la humanidad y la continuidad de la descendencia humana son el objetivo supremo del matrimonio y de la vida conyugal. Y esta estabilidad depende de que la línea de descendencia continúe ininterrumpidamente. Por ello, el islam ha otorgado una gran importancia a la procreación y la ha declarado sumamente recomendable. Desde la perspectiva islámica, los hijos —sean varones o mujeres— son un medio de inmensa bendición y prosperidad. Sin embargo, al mismo tiempo, el islam ha expresado la opinión de que, por razones sensatas y necesidades importantes, puede adoptarse un método de planificación familiar. En la época del Noble Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él), se practicaba el ‘azl —es decir, expulsar el semen fuera del órgano femenino durante la eyaculación— con el propósito de impedir o reducir la natalidad. Durante la época de la Profecía, los compañeros adoptaban este método. Se narró de Yábir (que Allah esté complacido con él): (Árabe****************)

Practicábamos el ‘azl durante la vida del Noble Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él), mientras el Corán estaba siendo revelado. El texto de otro hadiz dice: (Árabe****************)

Practicábamos el ‘azl durante la vida del Noble Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él). Cuando esta noticia llegó a él, no nos prohibió hacerlo.

En otro hadiz se dice: (Árabe****************)

Un hombre se presentó ante el Noble Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) y dijo: «¡Oh, Mensajero! Tengo cien esclavas; practico el ‘azl con ellas y no deseo que queden embarazadas. También deseo lo que los hombres suelen desear. Por otra parte, los judíos andan diciendo que el ‘azl es un pequeño infanticidio secreto». Entonces el Noble Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: «Los judíos mienten. Si Allah quiere que nazca un niño, no puedes impedirlo».

El significado de estas palabras del Noble Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) es que, a pesar de practicar el ‘azl, los espermatozoides pueden llegar al útero y la concepción puede producirse sin que uno se dé cuenta.

En la asamblea de Hazrat Umar al-Faruq (que Allah esté complacido con él) se estaba hablando del ‘azl. Alguien dijo: «La gente lo considera un pequeño infanticidio secreto». Al oír esto, Hazrat Ali (que Allah esté complacido con él) dijo: «Puede llamarse “enterrar vivas a las niñas”, es decir, “matar a un hijo”, cuando el embrión ha atravesado siete etapas; es decir, el extracto de la tierra se convierte en esperma, luego adquiere la forma de sangre coagulada, después se convierte en un trozo de carne, y posteriormente se forman los huesos y sobre ellos se acumula la carne. Solo después de atravesar estas etapas adquiere forma y figura humanas». Hazrat Umar (que Allah esté complacido con él) dijo: «Ha hablado usted con verdad. Que Allah le conceda una larga vida».

¿En qué circunstancias está permitida la planificación familiar?

La adopción de métodos de planificación familiar puede estar permitida únicamente por algunas necesidades especiales. Una de estas necesidades se presenta cuando la vida o la salud de la madre se ven amenazadas por una enfermedad o por complicaciones durante el parto; en tal caso, puede recurrirse a este método. La existencia de estas complicaciones o amenazas se determinará basándose en la experiencia, o será indicada por un médico competente, digno de confianza y fiable. Allah mismo ha dicho: (árabe****************)

No os arrojéis con vuestras propias manos a la destrucción.

Dijo: (árabe****************)

No os matéis a vosotros mismos. Ciertamente, Allah es sumamente misericordioso con vosotros.

La segunda base es el temor de caer en dificultades, problemas e incertidumbre materiales, así como en una situación de impotencia, a consecuencia de la cual podrían surgir problemas religiosos. Como resultado, debido a los hijos, la persona podría verse llevada a consumir cosas prohibidas y a involucrarse en actos ilícitos. Allah ha dicho: (árabe****************)

Allah quiere establecer para vosotros la facilidad y no quiere someteros a ninguna dificultad. (Sura Al-Baqara: 185)

(Árabe****************)

Allah no desea imponeros estrechez ni dificultad.

La tercera es el temor de que la salud de los hijos se deteriore o de no poder proporcionarles una crianza y formación adecuadas. En este contexto se cita el siguiente hadiz: (árabe****************)

Se narró de Usama ibn Zayd que un hombre se presentó ante el Noble Mensajero y dijo: «¡Oh, Mensajero de Allah! Practico el coitus interruptus con mi esposa». Él preguntó: «¿Por qué lo haces?». Respondió: «Temo por sus senos». Entonces el Noble Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: «Si el temor de que se produzca un daño fuera realmente fundado, los persas y los romanos también habrían sufrido daños».

El significado de esto es que, según el Noble Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él), si las personas practican esto a nivel individual, no resulta colectivamente perjudicial para toda la umma. Y la mayor prueba de que no es perjudicial es que, en aquella época, los persas y los romanos poseían gobiernos y sistemas estatales muy poderosos, y no sufrieron ningún daño por causa de esta práctica.

Desde la perspectiva de la sharía también puede mencionarse otra necesidad. Si la madre de un lactante vuelve a quedar embarazada, esto puede ser perjudicial para el niño. Esto se debe a que su leche puede secarse, haciendo que el niño se debilite.

El Noble Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) guiaba a la umma a realizar colectivamente aquello que le reportara beneficio. Y ordenaba evitar todo aquello que pudiera causar daño a la umma. Las palabras del Noble Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) pertenecen a esta categoría: (árabe****************)

No destruyáis a vuestros hijos mediante medios ocultos. Pues mantener relaciones conyugales mientras hay un lactante puede perjudicar al niño.

Sin embargo, el Noble Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) no prohibió esta práctica considerándola haram. Esto se debe a que, en su época, personas de otras naciones habían adoptado este método, sin que ello les causara ningún daño. Si, durante el período de lactancia del niño, se hubiera prohibido por completo mantener relaciones conyugales por esta razón, sus esposos habrían sufrido dificultades. El período de lactancia puede prolongarse hasta dos años. Teniendo en cuenta todos estos aspectos, el Noble Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: (árabe****************)

Quise prohibir tener relaciones sexuales con la madre de un niño lactante. Pero supe que los persas y los romanos hacían esto; sin embargo, no causaba ningún daño a sus hijos.

El erudito Ibn al-Qayyim ofreció un análisis para conciliar los dos hadices citados anteriormente. Dijo:

El Profeta —que la paz y las bendiciones de Dios sean con él— tenía ante sí dos aspectos. Uno era el temor de que el niño lactante resultara perjudicado si se mantenían relaciones sexuales con su madre mientras ella lo amamantaba. Aunque ese daño no llegara al grado de matar o destruir, él lo prohibió por temor a que se produjera. Sin embargo, no lo declaró haram; más tarde quiso disuadir de ello como medida preventiva. Pero también se le hizo patente otro aspecto: si se prohibían las relaciones sexuales con las mujeres que amamantaban, no sería posible evitar, mediante esa prohibición preventiva, las dificultades y consecuencias adversas que podrían producirse. En particular, existía un gran temor de que los jóvenes y las personas de fuerte excitación sexual cayeran en una calamidad extrema. Por ello consideró que evitar este beneficio tendría consecuencias mucho más graves y merecía mayor prioridad que las consecuencias de la prohibición preventiva. También tenía ante sí la práctica de dos grandes naciones establecidas de aquella época. Como ellas no habían abandonado esta práctica, por todas estas razones no la prohibió.

En la época moderna se han inventado nuevos métodos y procedimientos de anticoncepción. [Es necesario recordar que el autor habla aquí de la planificación familiar, no del control de la natalidad ni de la esterilización. Por tanto, no puede decirse que la planificación familiar basada en procedimientos modernos ni la esterilización sean lícitas. La esterilización constituye fundamentalmente un delito de alterar la creación de Dios. No hay ninguna duda de que es un pecado, algo haram y un acto manifiesto de matar a los hijos, prohibido por Dios. Sin embargo, el caso de quien se vea obligado por una necesidad extrema es distinto. —Traductor]

Mediante su aplicación y uso es posible preservar el beneficio, y eso era lo que quería el Mensajero de Dios —que la paz y las bendiciones de Dios sean con él—, es decir, proteger al niño lactante del daño. También quiso proteger a la comunidad de las calamidades que podían resultar de prohibir las relaciones sexuales con la esposa durante la lactancia.

A la luz de esta discusión, según Ibn Hanbal, el coitus interruptus («azl») es lícito. Sin embargo, la condición es que se practique con el consentimiento de la esposa. Esto se debe a que ella tiene derecho tanto al placer y la satisfacción de la relación sexual como a tener hijos. Umar —que Dios esté complacido con él— prohibió practicar el «azl» sin el consentimiento de la esposa.

Esto pone de manifiesto la perspectiva característica del islam. El Profeta —que la paz y las bendiciones de Dios sean con él— concedió tanta importancia a los derechos de las mujeres en una época en la que la gente del mundo desconocía por completo incluso la idea de los derechos de la mujer.

El aborto

El islam ha permitido recurrir a métodos anticonceptivos únicamente cuando surge una necesidad apremiante de ello. Sin embargo, una vez que se ha producido la concepción, dañarla no es permisible bajo ninguna circunstancia.

Los juristas sostienen unánimemente que, después de que el feto recibe la vida, provocar un aborto es completamente haram y constituye un delito. Tal acto no puede ser lícito para ningún musulmán, pues representa una crueldad inhumana contra un ser vivo y completo. Por ello, los juristas han dicho que, si durante el aborto el feto nace vivo y luego muere, debe pagarse la diyya —el precio de sangre—. Pero si el feto nace muerto, debe pagarse una multa cuyo importe será inferior al de la diyya. No obstante, afirman que, si se sabe por medios fiables que salvar al feto ocasionará la muerte de la madre y que no existe ningún otro medio de salvar su vida sino practicar un aborto, entonces este se vuelve necesario. La regla general de la sharía es que, ante dos males, no se puede poner en peligro la vida de la madre para salvar la del feto, pues la vida de la madre es la primordial y su derecho tiene prioridad. Por tanto, sacrificar la vida de la madre para preservar la del feto no puede ser considerado de ningún modo conveniente.

El imán Al-Ghazali dijo:

Hay que distinguir entre la anticoncepción y el aborto. La anticoncepción no equivale a matar a un hijo, pues solo puede hablarse de matar a un hijo cuando este ha llegado a existir en el vientre. La existencia del hijo en el vientre atraviesa varias etapas. La primera consiste en que el espermatozoide se establezca en el útero y adquiera la capacidad de recibir vida. Destruirlo en ese estado es un pecado. Y cuando se le haya insuflado el espíritu y se haya desarrollado sano y completo, destruirlo será causa de un pecado aún mayor. El pecado de grado supremo es matarlo después de su nacimiento.

(Pero ¿cómo pudo el imán Al-Ghazali olvidar que destruir los espermatozoides también es ciertamente un pecado y que, si se lo declarara lícito, podría frustrarse por completo la voluntad de Alá de crear seres humanos en el mundo? Eso nunca puede ser lícito. Actualmente, precisamente ese método ha sido inventado y se practica ampliamente. En realidad, el espermatozoide que sale del cuerpo del hombre es el hijo del hombre, y el Noble Corán ha prohibido repetidamente matarlo. Y si ello se hace por temor a la escasez de alimentos, entonces este haram será aún más grave.) —El traductor.

Los derechos sociales de los esposos

El matrimonio es un vínculo bien establecido y un compromiso firme. Alá, exaltado sea, instituyó este sistema precisamente para crear un vínculo sólido entre el hombre y la mujer. Una vez casados, ambos son la pareja del otro. Aunque sean independientes en cuanto a su personalidad, en la realidad son complementarios entre sí. Cada uno es garante del otro. Los deseos, anhelos, esperanzas y aspiraciones propios de cada uno están mutuamente ligados e integrados.

Con el propósito de explicar la máxima solidez e inseparabilidad de esta relación entre marido y mujer, se dice en el Noble Corán:

Vuestras esposas son vuestra vestimenta, y vosotros sois su vestimenta.

El verdadero significado de esta aleya es que el marido y la esposa deben estar estrechamente unidos, cubrirse mutuamente sus intimidades, apoyarse y ayudarse, y ser cada uno un medio de embellecimiento para el otro. En otras palabras, cada uno tiene derechos sobre el otro. Esos derechos deben cumplirse plenamente. Estos derechos son completamente iguales, salvo los derechos específicos concedidos a los hombres conforme a su naturaleza; esto queda claro por las propias palabras de Dios. Él dice: (árabe****************)

Las esposas tienen derechos equivalentes a sus obligaciones, conforme a lo reconocido y establecido comúnmente. Sin embargo, los hombres tienen un grado de preferencia sobre ellas.

Ese grado de preferencia consiste en dirigir, supervisar, asumir la responsabilidad y estar obligado a rendir cuentas. Un hombre preguntó al Noble Profeta (la paz y las bendiciones de Dios sean con él): «¿Qué derechos tienen nuestras esposas sobre nosotros?». Él respondió: (árabe****************)

Que les deis de comer de lo que coméis vosotros y las vistáis como os vestís vosotros. No las golpeéis en el rostro, no las insultéis con palabras vulgares u obscenas y no las abandonéis sino dentro de la casa. (Abu Dawud, Ibn Hibban)

Por tanto, ningún musulmán puede mostrar indiferencia o negligencia respecto a la manutención de su propia esposa. En un hadiz se dice: (árabe****************)

Es suficiente pecado para un hombre que descuide gravemente a aquellos cuya manutención le ha sido confiada. (Abu Dawud, an-Nasa’i, Hafem)

El islam no ha permitido golpear a la esposa en el rostro, pues tal acto es contrario al honor y la dignidad humanas. Con ello se hiere y se menoscaba la parte del cuerpo más digna de honor y respeto, aquella en la que se concentra toda la belleza del cuerpo. En el caso de una esposa desobediente y rebelde, al tratar de educarla adecuadamente y corregirla, en ocasiones puede golpeársela ligeramente. Pero de ningún modo está permitido golpearla de manera que le cause dolor o le desfigure el rostro. Tampoco está permitido insultar a la esposa. Causarle dolor, dirigirle palabras insoportables e incluso invocar el mal contra ella, entre otras cosas, está completamente prohibido.

A propósito de los derechos del esposo sobre la esposa, cabe mencionar el siguiente hadiz. El Noble Profeta (s. a. s.) dijo:

No es lícito para una mujer que cree en Allah permitir que entre en la casa de su esposo una persona que a él no le agrada. Tampoco le está permitido salir de casa sin el permiso de su esposo. En este asunto, no debe obedecer la palabra de ninguna otra persona, ni tampoco es conveniente que se aparte del lecho de su esposo. Si el esposo es opresor, ella debe esforzarse cuanto pueda por mantenerlo satisfecho. Si el esposo acepta este servicio, será mejor. Allah aceptará su excusa y hará manifiesta su sinceridad. Pero si el esposo no queda satisfecho, ante Allah quedará presentada la excusa de su incapacidad.

La paciencia mutua entre esposos

Todo esposo musulmán tiene el deber de ser paciente con su esposa, especialmente cuando observa en ella algo que no le agrada. Es absolutamente necesario que el esposo se acostumbre a tolerar los defectos que naturalmente existen en las personas por el hecho de ser humanas, así como las debilidades propias de la feminidad que se observan en las mujeres. Del mismo modo, es conveniente que mantenga más presente sus virtudes y sus aspectos positivos que los defectos y las faltas de su esposa. En el hadiz se dice:

Que ningún hombre creyente odie a una mujer creyente; pues, si hay en ella una cualidad que le desagrada, seguramente encontrará otras cualidades que le agradarán. (Muslim)

Y Allah, Exaltado sea, dijo:

Convivid y llevad vuestra vida con las esposas de manera honorable (adoptad un buen trato). Si os desagradan, es posible que Allah haya depositado en ellas mucho bien y beneficio.

Así como el islam ha ordenado al esposo tener paciencia y mostrar gran tolerancia ante los aspectos desagradables de sus esposas, también ha ordenado a las esposas esforzarse cuanto puedan por mantener satisfechos a sus respectivos esposos y no pasar la noche mientras ellos están disgustados con ellas. En el hadiz se dice:

La oración de tres personas ni siquiera se eleva un palmo por encima de sus cabezas. Una de ellas es aquella que dirige la oración de unas personas que no lo quieren. La segunda es la mujer que pasa la noche mientras su esposo está disgustado con ella. Y la tercera son dos hermanos que están enfrascados en disputas y peleas entre sí. (Ibn Māŷah, Ibn Hibban).

Cuando surgen desavenencias entre el esposo y la esposa

El hombre es el jefe, administrador y responsable del hogar y de la familia. Ha sido creado precisamente para este propósito y, puesto que posee las aptitudes necesarias para ello, su posición en la lucha por la vida es también de esa naturaleza. Asimismo, se le ha conferido esta posición porque sobre él recae la responsabilidad de pagar la dote y sufragar los gastos. Por consiguiente, la esposa no puede tener derecho alguno a desobedecerlo, realizar actos contrarios a su obediencia, rebelarse contra él o pasar por encima de él. Si se actúa de ese modo, es inevitable que las relaciones mutuas se deterioren gravemente. La barca del hogar se tambaleará entre las olas y, al no haber un verdadero timonel, no es imposible que termine hundiéndose por completo.

Cuando el esposo observe que la esposa lo desobedece y se muestra desafiante ante él, debe esforzarse al máximo por corregirla mediante buenos consejos y palabras razonadas y conmovedoras. Pero si los consejos no son efectivos, debe apartarse de su lecho y evitarla en la cama, para que despierte en ella su disposición femenina y, finalmente, se rinda y se vuelva obediente y sumisa.

Si este procedimiento no resulta efectivo, se puede levantar la mano contra ella. Pero eso no significa que se permita en modo alguno golpearla con extrema severidad, maltratarla o golpearla en el rostro; todo ello debe evitarse por completo. Para algunas mujeres, una forma leve de golpear puede resultar en cierta medida beneficiosa y revitalizadora. Golpear no significa pegar con un látigo, una vara o un bastón. Una declaración del Profeta Noble (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) arroja una luz clara sobre este asunto. Uno de sus sirvientes lo había enojado por alguna acción concreta. Entonces dijo: (árabe****************)

Si el Día de la Resurrección no existiera la posibilidad de tomar represalias, te golpearía precisamente con este siwāk. (Ṭabaqāt de Ibn Saʿd)

El Mensajero Noble (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) no aprobó en absoluto golpear. Dijo: (árabe****************)

¿Por qué algunos de vosotros golpean a su propia esposa como un amo golpea a su esclava? Y luego, posiblemente esa misma noche, mantendrá relaciones sexuales con ella. (Musnad de Ahmad)

Acerca de quienes golpean a las mujeres, el Noble Profeta (s.a.s.) dijo: (árabe****************)

Una persona de esta clase nunca puede ser considerada buena entre vosotros.

El hafiz Ibn Hayar escribió:

Los mejores de entre vosotros nunca golpearán a sus esposas. De estas palabras del Noble Mensajero (s.a.s.) se entiende que golpear a las esposas es, en cierta medida, lícito. Sin embargo, el momento adecuado para ello es cuando el esposo observa desobediencia por parte de su esposa precisamente en un asunto en el que ella debe obedecerle. En tal situación puede golpearla con el propósito de obligarla a obedecer y someterse. Pero si el asunto puede resolverse mediante una reprimenda, una amenaza u otra forma de intimidación, entonces debe evitarse por completo golpearla. Pues ello intensifica el odio de la esposa hacia su esposo, y eso es contrario a una vida conyugal armoniosa, cuando precisamente ese es el objetivo fundamental de la vida matrimonial. Pero si hay que golpearla por un asunto relacionado con la desobediencia a Allah, entonces se trata de un caso distinto.

En la obra de al-Nasaí, Aisha (r.a.) narró: (árabe****************)

El Noble Mensajero (s.a.s.) nunca golpeó a ninguna de sus esposas ni a ningún sirviente. Jamás levantó la mano para golpear a ninguna otra persona. Sin embargo, si castigaba a alguien por la causa de Allah o por haber atentado contra la santidad de Allah, ese era un asunto completamente distinto. (Fath al-Bari, tomo 9, pág. 249)

Pero si incluso estas medidas fracasan y resultan inútiles, y surge el temor de que las desavenencias y diferencias mutuas se extiendan y se profundicen, entonces las personas influyentes, con autoridad y preocupadas por el bienestar de la sociedad islámica intervendrán y procurarán lograr una reconciliación. El procedimiento consiste en nombrar a un árbitro por parte del esposo y a otro por parte de la esposa, ambos verdaderamente interesados en el bienestar de los dos. Intentarán reconciliar a los esposos y eliminar la disputa surgida; entonces Allah seguramente establecerá la concordia entre ellos. La declaración del Altísimo sobre este asunto es: (árabe****************)

A aquellas esposas cuya rebeldía y desobediencia temáis, amonestadlas y aconsejadlas; abandonadlas en sus lechos y golpeadlas. Pero si os obedecen, no busquéis después ningún motivo para acusarlas. Sabed con certeza que Allah está por encima de todo y es Grandioso. Y si teméis una ruptura entre ambos, nombrad un árbitro de la familia del esposo y otro de la familia de la esposa. Si ambos procuran realmente la reconciliación, Allah establecerá la concordia entre ellos. Sin duda, Allah es Omnisciente y está bien informado de todas las cosas.

El divorcio solo puede darse en una situación así

Solo después de que todos los esfuerzos mencionados y analizados anteriormente hayan fracasado, puede ser lícito para el esposo, como último recurso y por necesidad, adoptar el procedimiento establecido por la sharía islámica para eliminar todos los problemas y complicaciones; es decir, divorciarse. El islam ha permitido recurrir a este procedimiento con gran desgana y desagrado. No es algo que Él prefiera, ni es obligatorio ni un deber religioso. El Noble Profeta (s.a.s.) dijo: (Árabe****************)

Entre las cosas lícitas ante Allah, el divorcio es la más detestada y desagradable.

(Árabe****************)

Allah no ha declarado lícita ninguna acción más desagradable que el divorcio.

Que el divorcio es lícito, aunque desagradable, queda claro por el hecho de que es un permiso cuyo uso solo es lícito en caso de extrema necesidad y cuando no queda otra salida. Cuando la vida familiar queda paralizada y trastornada, cuando el odio y la hostilidad entre los cónyuges se intensifican y ya no pueden permanecer dentro de los límites establecidos por Allah ni cumplir los derechos conyugales mutuos, no queda otra opción que recurrir a este procedimiento. Cuando no existe ninguna forma de reconciliación, la separación es mejor: este es un dicho común. Allah dijo: (Árabe****************)

Si ambos se separan, Allah hará que los dos dejen de necesitarse mutuamente mediante Su abundancia.

La práctica del divorcio antes del islam

El divorcio no es un sistema instituido únicamente por el islam. Antes del islam, el divorcio estaba ampliamente extendido por todo el mundo. Sin embargo, se observaban excepciones en una o dos naciones. Cuando el esposo se enojaba con su esposa, ya fuera por una razón legítima o sin motivo alguno, la expulsaba de la casa. La esposa no podía decir ni hacer nada en su propia defensa o para justificar su posición. Tampoco le era posible obtener ningún tipo de compensación de su esposo. No se le reconocía ningún otro derecho. Durante la época de la fama y el predominio de los griegos, cuando el estandarte de la victoria de su civilización ondeaba orgullosamente, el divorcio también se practicaba en su sociedad sin condición, restricción ni impedimento alguno. En la sociedad romana, el divorcio se consideraba efectuado en el mismo momento en que se celebraba el matrimonio. Incluso si el esposo y la esposa estipulaban la condición de no divorciarse, el juez dictaba sentencia anulando el matrimonio.

Según las antiguas tribus romanas, el divorcio estaba prohibido en el matrimonio religioso. Sin embargo, el esposo obtenía una autoridad ilimitada sobre su esposa. Incluso en ciertas circunstancias le estaba permitido matarla. Más tarde, en su religión el divorcio fue declarado lícito, al igual que en el derecho civil.

El divorcio en el judaísmo

Aunque en el judaísmo se intentó elevar la dignidad y la consideración de las esposas, se declaró lícito el divorcio y se amplió enormemente su permisibilidad. Una vez probada la culpabilidad de la esposa por su pecado, el esposo quedaba obligado a divorciarse de ella también desde el punto de vista religioso. Aunque el esposo le perdonara su pecado, divorciarse de ella se convertía para él en un deber indispensable. Si, después de transcurridos diez años, la esposa no daba a luz un hijo, el divorcio se consideraba necesario también desde el punto de vista legal.

El divorcio en el cristianismo

El cristianismo se opuso por completo al divorcio. Por un lado, se opuso al judaísmo. El Evangelio declaró absolutamente ilícito el acto de divorciarse, en nombre de Jesús. Además, declaró ilícito que el hombre que se divorcia y la esposa divorciada contrajeran matrimonio. En el relato de Mateo del Evangelio se dice:

Y se dijo: «Cualquiera que repudie a su esposa, que le dé una carta de repudio (acta de divorcio). Pero yo os digo que cualquiera que repudie a su esposa por una causa distinta del adulterio la hace adúltera, y quien se case con esa mujer repudiada comete adulterio. (Mateo, capítulo 5, versículos 31-32)»

En el Evangelio escrito por Marcos se dice:

Quien abandona a su propia esposa y se casa con otra comete adulterio contra ella; y si una mujer abandona a su propio esposo y se casa con otro, también comete adulterio.

En la Biblia se da la siguiente razón para declarar esto prohibido:

Lo que Dios ha unido, que no lo separe el ser humano. (Mateo, capítulo 19, versículo 6)

Esta afirmación es, por sí misma, verdadera y correcta. Pero resulta muy sorprendente aplicar esta afirmación para declarar prohibido el divorcio. El significado sencillo y directo de que Dios haya unido al esposo y a la esposa es que Él ha permitido el matrimonio. Si Él ha permitido divorciar el matrimonio, entonces también debe considerarse que esta separación procede de Dios, aunque el acto de separar haya sido realizado por una persona. De esto queda claro que quien separa a aquellos a quienes Dios ha unido no es el ser humano, sino el mismo Dios.

Cuando se comete adulterio, ¿acaso no es Dios quien separa a ambos? Aparte del adulterio, ¿existen otras razones para la separación?

La opinión divergente del cristianismo acerca del divorcio

Aunque el Evangelio no declara prohibido divorciarse de la esposa cuando se comete adulterio, sino que lo exime de la prohibición y lo establece como una excepción, la doctrina católica ha interpretado esta excepción. Afirma que, en realidad, aquí no existe ninguna excepción. En ninguna parte hay posibilidad alguna de divorciarse. En el cristianismo no se reconoce en absoluto la existencia del divorcio. Sin embargo, el verdadero significado del divorcio debido al adulterio es que el propio adulterio rompe el vínculo matrimonial. Por eso, cuando se comete adulterio, el deber del esposo es abandonar a su esposa.

La doctrina protestante ha emitido un veredicto completamente opuesto. Sus seguidores consideran permitido el divorcio en circunstancias especiales, como el adulterio de la esposa o la infidelidad del esposo, entre otras. Sin embargo, esta opinión suya va más allá del principio declarado en el Evangelio según Mateo. No obstante, en tales circunstancias el Evangelio ha declarado prohibido que el hombre que se divorcia y la esposa divorciada vuelvan a casarse.

Los seguidores de la doctrina ortodoxa declararon lícito, en su concilio celebrado en Egipto, divorciarse de la esposa por adulterio y por otras razones. Entre estas razones se incluían la esterilidad de la esposa durante tres años consecutivos, las enfermedades contagiosas y la prolongación de disputas y conflictos para los que no había esperanza de reconciliación. Sin embargo, estas razones constituían un añadido a lo declarado en el Evangelio. Por ello, los guardianes de esta doctrina no pudieron aceptar que otros consideraran lícito divorciarse por tales motivos. Y por esta misma razón, el tribunal cristiano de Egipto rechazó la solicitud de divorcio presentada por una mujer cristiana alegando la pobreza de su marido. Al mismo tiempo, comentó que era muy extraño que algunos dirigentes religiosos y miembros de este consejo hubieran declarado lícito el divorcio basándose en motivos que no tenían ningún fundamento en el Evangelio.

Consecuencias de la doctrina seguida por el cristianismo respecto al divorcio

Las consecuencias de estas restricciones y obligaciones impuestas por el cristianismo respecto al divorcio resultaron ser muy graves. Los seguidores del cristianismo comenzaron a negar su propia religión. Separaron a quienes Dios había unido. Occidente cristiano elaboró códigos civiles que hicieron completamente legal eludir estas obligaciones. En Estados Unidos y en varios otros países, el divorcio fue convertido en un acto libre y enteramente voluntario. En la práctica, desafiaron al propio Evangelio. Como resultado, la gente comenzó a utilizar el arma del divorcio por motivos ordinarios. Cuando, como consecuencia final, la vida conyugal y la estructura familiar sufrieron una crisis extrema, los sensatos de aquella sociedad comenzaron a preguntarse: «¿Adónde vamos?». Un juez destacado en casos de divorcio se vio obligado a decir que no faltaba mucho para que la vida conyugal y familiar desapareciera de su país. Después se establecerían entre hombres y mujeres la anarquía más extrema y relaciones sexuales sin restricciones. Ahora la vida conyugal ha adquirido la condición de una sociedad mercantil. Sus dos socios pueden romper su acuerdo mutuo y separarse por cualquier motivo trivial e insignificante. Esta situación no favorece ni es compatible con ninguna religión del mundo. Pues ahora ninguna creencia religiosa logra mantenerlos unidos. El simple placer y disfrute sexual se convirtió en el único fundamento de las relaciones entre hombres y mujeres.

El papel particular del cristianismo en materia de divorcio

No se encontrará en ningún lugar, fuera del Occidente cristiano, un ejemplo de transformar la ley familiar en normativa civil dejando de lado las enseñanzas religiosas. Solo los cristianos hicieron que las enseñanzas de la religión se revelaran gravemente deficientes en este ámbito. En la base de ello cobró fuerza una razón: habían llegado a creer que las normas de su religión relativas al divorcio eran contrarias a la realidad. Que la naturaleza humana no se adecuaba a ellas. Por tanto, su aplicación en la vida humana no era correcta. (Árabe****************)

La enseñanza del cristianismo es temporal

Aunque todo lo dicho en el Evangelio acerca del divorcio fuera correcto y exacto, y aunque no se hubiera producido en ello ningún cambio durante la época inicial, sigue siendo evidente que Jesús (la paz sea con él) no dejó ninguna norma permanente, eterna y perpetua. No es una norma que todos los seres humanos de todas las épocas deban seguir y aceptar. Los judíos habían transgredido los límites en relación con las facilidades y permisos que Dios les había concedido. Esta transgresión fue especialmente manifiesta en el asunto del divorcio. Jesús solo quiso oponerse a ella. En el Evangelio escrito por Mateo se cita lo siguiente: cuando los fariseos quisieron poner a prueba a Jesús, le preguntaron:

«¿Es lícito repudiar a la propia esposa por cualquier motivo?». Él respondió: «¿No habéis leído que el Creador, desde el principio, los hizo hombre y mujer, y dijo: “Por esto el hombre dejará a su padre y a su madre, se unirá a su esposa y los dos serán una sola carne”? Así que ya no son dos, sino una sola carne. Por tanto, lo que Dios ha unido, que no lo separe el ser humano». Ellos le dijeron: «Entonces, ¿por qué Moisés ordenó dar un acta de repudio y repudiarla?». Él les dijo: «Por la dureza de vuestro corazón, Moisés os permitió repudiar a vuestras esposas; pero al principio no fue así. Y yo os digo que quien repudia a su esposa, salvo por causa de adulterio, y se casa con otra, comete adulterio; y quien se casa con la repudiada también comete adulterio». (Evangelio según Mateo, capítulo 19, versículos 3-9)

De esto se hace evidente que, cuando los judíos se excedieron respecto al divorcio que Moisés había permitido, el Mesías lo declaró ilícito para ellos como castigo. El divorcio quedó permitido únicamente para la mujer adúltera. Y esto era una disposición temporal. Su vigencia duró solamente hasta la llegada de Muhammad (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) y la instauración de la sharía universal, eterna y perpetua.

No es razonable afirmar que Jesús el Mesías quisiera presentar esta disposición sobre el divorcio como una sharía eterna. Pues sus propios compañeros, los apóstoles y discípulos, declararon inválida esta disposición. Dijeron: «Si la relación del hombre con su propia esposa ha de ser así, entonces es mejor no casarse». (Evangelio de Mateo, capítulo 19, versículo 10).

Pues casarse en tales circunstancias equivale a atarse al cuello una cuerda de la que jamás es posible liberarse. Por mucho que el corazón del hombre sienta aversión y hostilidad hacia su esposa, por mucho que esté disgustado con ella y por grandes que sean las diferencias entre ambos en su carácter, temperamento, inclinaciones y tendencias.

Las restricciones del islam respecto al divorcio

En materia de divorcio, el islam ha impuesto diversas condiciones y restricciones. Como resultado, ese ámbito se ha vuelto sumamente estrecho. Sin utilizar ninguno de los medios que hemos mencionado anteriormente y sin una causa válida, divorciarse está totalmente prohibido e ilícito en el islam. Pues, si se hace, es inevitable que cause un gran perjuicio y dificultades no solo a la esposa, sino también al esposo. Además, va en contra de su propio bienestar. Por tanto, en tales circunstancias, divorciar a la esposa es tan ilícito como destruir los bienes y las riquezas. El Noble Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: (Árabe****************)

No se perjudicará a sí mismo, ni perjudicará a otro, ni permitirá que se le perjudique.

También a la luz de este hadiz, no está permitido divorciarse injustificadamente y sin motivo.

A Allah no le agrada la conducta de quienes, llevados por un exceso de entusiasmo, recurren demasiado al divorcio; tampoco le agrada a Su Mensajero. El Noble Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: (Árabe****************)

No me agradan los hombres ni las mujeres que van de un lado a otro buscando saborear placeres.

Hazrat Abdullah ibn Abbas (que Allah esté complacido con él) dijo: (ÁRABE****************)

El divorcio fue instituido únicamente por necesidad.

Es haram divorciarse durante la menstruación

Cuando surge la necesidad de divorciarse, no está permitido hacerlo en cualquier momento. Es indispensable esperar el momento apropiado. Desde el punto de vista de la sharía, el momento apropiado es cuando la esposa se encuentra en estado de pureza; es decir, cuando no está menstruando ni en el período posparto, y se encuentra en un estado de pureza durante el cual el esposo no ha mantenido relaciones sexuales con ella. Sin embargo, si la esposa está embarazada y su embarazo se ha hecho evidente, el caso es distinto.

Esta condición se estableció porque, durante la menstruación o el período posparto, el esposo se mantiene separado de su esposa. La esposa se ve obligada a abstenerse de mantener relaciones sexuales. En tal situación, el esposo puede sentirse disgustado o enojado con ella y, por esa razón, puede estar dispuesto a divorciarse de ella. Debido a esta posibilidad, se ordenó que el esposo espere hasta que la esposa haya recuperado por completo su estado de pureza para divorciarse de ella. Y, una vez que esté pura, debe divorciarse antes de mantener relaciones sexuales con ella.

Así como es haram divorciarse de la esposa durante la menstruación, también es haram divorciarse de ella durante un estado de pureza en el que el esposo haya mantenido relaciones sexuales con ella. Porque, si el esposo supiera que la esposa ha quedado embarazada, quizá no se divorciaría de ella. Tampoco sería extraño que decidiera no divorciarse de su esposa debido al embarazo.

Pero cuando la esposa se encuentra en estado de pureza y el esposo no ha mantenido relaciones sexuales con ella, o cuando la esposa está embarazada y su embarazo se ha hecho evidente, divorciarse en tal situación significa que la aversión hacia la esposa ha alcanzado una intensidad extrema. Por ello, está permitido divorciarse en tal situación.

Hazrat Abdullah ibn Umar (ra) se divorció de su esposa durante la menstruación, en vida del Noble Profeta. Hazrat Umar (ra) preguntó al Noble Profeta (saw) acerca de ello, y él dijo:

Dile que la recupere. Después, si lo desea, que se divorcie de ella cuando esté en estado de pureza y antes de mantener relaciones sexuales.

Este es el divorcio conforme a la idda. Allah Ta’ala ha dicho lo mismo en el versículo que se cita a continuación:

¡Oh, Profeta! Cuando os divorciéis de vuestras esposas, divorciaos de ellas con vistas a que cumplan la idda.

Es decir, el «tuhr»: divorciarse de la esposa cuando se encuentra en estado de pureza.

En otro hadiz, las palabras del Mensajero se citan con esta formulación:

Dile que recupere a su esposa. Después, que se divorcie de ella cuando esté en estado de pureza o embarazada.

Sin embargo, aquí surge la pregunta de si el divorcio pronunciado durante la menstruación llega a producirse. Es comúnmente sabido que, cuandoquiera que se pronuncie el divorcio, este se produce. Pero quien lo pronuncie fuera del momento apropiado será pecador.

Algunos juristas han dicho que, si se pronuncia el divorcio fuera del momento debido, este no se produce, porque Allah, Altísimo, no legisló este tipo de divorcio ni lo autorizó. Por esta razón, tal divorcio no es conforme a la Sharía. Entonces, ¿cómo podría considerarse válido y cómo podría surtir efecto?

Se le preguntó a Hazrat Ibn Umar (que Allah esté complacido con él): (Árabe****************)

¿Qué opina usted del hombre que divorció a su esposa mientras estaba menstruando?…… En respuesta, relató al interrogador el caso de su propio divorcio de su esposa durante la menstruación y dijo que el Profeta noble (que Allah le bendiga y le conceda paz) había revocado ese divorcio y no lo había considerado divorcio en absoluto.

Está prohibido jurar por el divorcio

No está permitido convertir el «talaq» en un juramento; es decir, decir que, si se hace o no se hace cierta cosa, «se producirá el talaq». Amenazar a la propia esposa diciéndole: «Si haces esto, te divorciaré», está completamente prohibido. Esto se debe a que en el islam el juramento tiene una fórmula y unas palabras específicas; no se considera realizado mediante ninguna otra fórmula o palabra, ni el islam ha permitido hacerlo así.

Consiste en jurar en nombre de Allah. El Mensajero noble (que Allah le bendiga y le conceda paz) dijo: (Árabe****************)

Quien jure por algo distinto del nombre de Allah comete shirk.

(Árabe****************)

Quien vaya a hacer un juramento, que jure por Allah; de lo contrario, que guarde silencio.

La mujer divorciada cumplirá la idda en la casa de su esposo

Desde la perspectiva de la sharía islámica, es deber de la mujer divorciada observar la idda —cumplir el período de espera— en la casa de su esposo. Está prohibido que abandone esa casa y salga al exterior. También está prohibido que el esposo expulse a su mujer de la casa durante el período de la idda. Esto se debe a que, durante la idda, el esposo puede volver a aceptarla, si le ha dado uno o dos divorcios. En tal situación, si ella permanece en la casa cerca de su esposo, tendrá la oportunidad de disipar su ira o descontento. El esposo también tendrá la oportunidad de reconsiderar su decisión respecto a ella.

Se ha establecido la obligación de observar la idda con el fin de garantizar que el útero esté libre de embarazo, confirmar que no hay un hijo en gestación, dar importancia a los derechos del esposo y preservar la dignidad de la condición de esposa. El estado de la mente humana es cambiante. Cuando cambian las circunstancias, también cambia el estado mental de la persona, que empieza a pensar desde una nueva perspectiva. No es en absoluto extraño que, al desaparecer la ira y el descontento, surjan la satisfacción y la armonía. La persona arrastrada por la emoción comienza a pensar con calma y serenidad. Como resultado, puede llegar a apreciar a quien antes no apreciaba. La importancia de esta obligación de observar la idda en la casa del esposo es sumamente amplia y profunda.

Allah, Exaltado sea, dijo acerca de las mujeres divorciadas:

Temed a Allah, vuestro Señor. No las expulséis de sus casas, ni permitáis que ellas salgan. Salvo que cometan una indecencia manifiesta. Quien transgreda los límites establecidos por Allah, se perjudica a sí mismo. No sabéis; quizá Allah haga surgir después de esto una nueva situación.

Pero si la separación entre el esposo y la esposa se vuelve realmente inevitable, ambos deben separarse de buena manera y conforme a las costumbres reconocidas.

No se debe causar ningún daño a la esposa, ni presentar contra ella acusaciones falsas o reproches, ni privar a nadie de sus derechos. Allah dijo:

Entonces, retenedlas de manera honorable o separaos de ellas de manera honorable.

Dijo: (árabe****************)

A las esposas divorciadas se les debe dar alguna provisión conforme a la costumbre. Esto es un derecho de ellas y una obligación para los piadosos.

Un talaq después de otro talaq

El islam ha establecido para el musulmán que no dé a su esposa los tres talaq de una sola vez, sino que los dé por separado. La norma es que dé un talaq durante un período de pureza en el que no haya mantenido relaciones sexuales con su esposa. Luego la dejará en esa misma situación. Al permanecer así, su período de idda llegará a su fin. Si durante la idda el esposo decide conservarla, podrá recuperarla con suma facilidad. Pero si no la recupera y la idda termina en esa situación, también podrá recuperarla después mediante un nuevo matrimonio. Y si el esposo no siente ninguna necesidad de conservarla, entonces la esposa podrá aceptar a otro hombre como esposo.

Si después de pronunciar el primer talaq el esposo la recupera nuevamente como esposa, pero más tarde la relación entre ambos vuelve a deteriorarse y se cierran todos los caminos para lograr la reconciliación, entonces también puede darle el segundo talaq. Según el procedimiento mencionado, el esposo todavía conserva el derecho de recuperarla durante la idda o de volver a tomarla como esposa mediante un nuevo contrato matrimonial después de que termine la idda.

Pero si después de recuperarla por segunda vez le da también el tercer talaq, quedará demostrado de manera concluyente que el odio y la hostilidad entre ambos se han vuelto tan intensos que ya no existe ninguna esperanza de reconciliación. En tal situación, después de este tercer talaq, el esposo no podrá volver a aceptar a su esposa. En ese momento, ella no le será lícita hasta que se case con otro esposo y conviva con él. Este matrimonio debe ser válido y conforme a la sharía. Debe tratarse de un matrimonio genuino; no será válido casarse únicamente con el propósito de hacerla lícita para su anterior esposo.

Este es el procedimiento y la forma prescritos por la sharía para dar el talaq. Si alguien, apartándose de este procedimiento, da tres talaq uno tras otro en el mismo momento o da tres talaq en una sola frase, ello será completamente contrario al procedimiento y la forma establecidos por la sharía. Esa persona ha abandonado el camino de la guía y sigue el camino del extravío; ha perdido el Sirat al-Mustaqim. En un hadiz auténtico se ha dicho que el Mensajero Noble (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) supo que un hombre había dado a su esposa tres talaq de una sola vez. Se levantó enfadado y dijo: (árabe******************)

¿Acaso este hombre, estando entre vosotros, se está burlando del Libro de Allah? En ese momento, un hombre se levantó y dijo: «¡Oh, Mensajero! ¿Acaso no debo matar a un hombre así?» (Nasai)

Cuando el marido se divorcia de su esposa y termina el plazo establecido de la ‘idda, debe hacer una de estas dos cosas:

O bien la conservará de manera correcta y conforme a la costumbre; es decir, la retomará como esposa con buen trato y comportamiento, con la intención de corregir la situación, sin pretender pelear, discutir ni causarle sufrimiento innecesario.

O bien optará por separarse de ella de manera correcta y conforme a la costumbre; es decir, la dejará hasta que termine la ‘idda y después la dejará marchar sin causarle ningún daño, habiendo cumplido todos sus derechos y sin escatimar en nada de lo que le corresponde.

No está permitido en absoluto que el marido la retome cuando haya terminado el plazo de la ‘idda con el propósito de causarle sufrimiento y prolongar dicho plazo, privándola durante mucho tiempo de la posibilidad de contraer matrimonio con otro marido.

En la época de la ignorancia, la gente adoptaba semejante comportamiento. Pero Allah, exaltado sea, ha declarado ilícito causar sufrimiento a la esposa de esa manera. Expresó esta prohibición de forma sumamente conmovedora: (árabe******************)

Cuando os divorciéis de vuestras esposas y ellas hayan cumplido su ‘idda, retenedlas de manera correcta o dejadlas marchar de manera correcta. No las retengáis con la intención de causarles daño; de hacerlo, transgrediríais los límites. Y quien haga eso se habrá oprimido a sí mismo. No toméis las aleyas de Allah como objeto de burla y diversión. Recordad la gracia de Allah que os ha concedido. Recordad el Libro y la sabiduría que Él os ha revelado. Él os exhorta con ello. Temed a Allah y sabed que Allah conoce perfectamente todas las cosas. (Sura al-Baqara: 231)

Si leemos estas aleyas con profunda atención, comprendemos que contienen siete expresiones: advertencia tras advertencia y amonestación tras amonestación. Contienen consejo y exhortación. Se recuerdan las bendiciones de Allah y, junto con ello, aparecen repetidamente mensajes de temor. En verdad, estas aleyas son sumamente valiosas para quien tiene corazón, está dispuesto a prestar atención con concentración y posee una mirada alerta.

No impidáis que la divorciada se case con quien desee.

Cuando termine el período de ‘iddah de la divorciada, no se le podrá impedir que se case con quien ella quiera y prefiera. Ni su exmarido, ni su tutor, ni ninguna otra persona tienen derecho a hacerlo. Si el matrimonio se celebra conforme a la sharía y a las costumbres establecidas, sobre la base de una propuesta matrimonial y con el consentimiento de su familia, nadie tiene derecho a objetarlo. Algunos hombres, aun después de divorciar a sus esposas, intentan mantener su autoridad sobre ellas y ejercer influencia. Las intimidan respecto a otros hombres y las amenazan diciéndoles que no les irá bien si se casan con ellos. Esto no es más que extrema necedad, barbarie y carácter de la ignorancia preislámica.

Del mismo modo, si la esposa desea volver a casarse con su exmarido y aceptarlo nuevamente como esposo, y ambos están de acuerdo y toman la decisión de manera correcta y conforme a las costumbres establecidas, no es lícito que el tutor ni ningún otro miembro de la familia se lo impida. Allah ha dicho: «La reconciliación es lo mejor».

Dijo:

Cuando divorciéis a vuestras esposas y ellas hayan cumplido el período de ‘iddah, no les impidáis casarse con sus futuros esposos, si ambos aceptan casarse conforme a las costumbres establecidas. Con esto se exhorta a quienes creen en Allah y en el Último Día. Esto es más puro, limpio e inmaculado para vosotros. Allah sabe, pero vosotros no sabéis. (Sura al-Báqara: 232)

El derecho de la esposa que siente aversión hacia su marido

Si una esposa siente aversión hacia su marido, le disgusta y no cree que pueda convivir armoniosamente con él y llevar una vida conyugal común, puede comprar su libertad y liberación mediante una compensación. Tiene derecho a liberarse del vínculo matrimonial devolviendo todo el mahr o los regalos que su marido le haya dado, o la cantidad que ambos acuerden. Sin embargo, no debería aceptar de él más de lo que este haya gastado en ella. Allah mismo ha dicho:

Si teméis que ambos, marido y mujer, no puedan respetar los límites establecidos por Allah, no habrá pecado para ninguno de los dos si ella se separa mediante la compensación que ofrezca. (Sura al-Báqara: 229)

La esposa de Hazrat Sābit ibn Qays se presentó ante el Noble Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) y dijo: «¡Oh, Mensajero! No tengo ninguna queja ni reproche contra mi esposo Sābit ibn Qays en cuanto a su carácter y su religiosidad. Pero, en realidad, no me agrada». El Noble Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) preguntó: «¿Qué te dio?». Ella respondió: «Un jardín». Cuando le preguntaron si estaba dispuesta a devolverle ese jardín a cambio del divorcio, respondió: «Sí». Entonces el Noble Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo a Sābit: (árabe******************)

Recupera el jardín y divórciate de ella.

En este punto, es necesario recordar que, si por parte del esposo no existe realmente ninguna razón, la esposa no debe apresurarse a solicitar el divorcio. El Noble Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: (árabe******************)

A la mujer que solicite el divorcio a su esposo sin motivo alguno le será prohibido incluso el aroma del Paraíso.

Está prohibido atormentar a la esposa

Está completamente prohibido para el esposo hacer sufrir a su esposa con el propósito de que ella le devuelva todo lo que él le dio, y atormentarla por ello. Sin embargo, si ella comete un acto manifiesto de indecencia, ese es un asunto distinto. Con respecto a esto, Allah, exaltado sea, ha dicho: (árabe******************)

No las hagáis sufrir con el propósito de recuperar alguna parte de lo que les habéis dado. Pero si cometen un acto manifiesto de indecencia, ese es un asunto distinto. (Sura An-Nisā: 19)

Y si la esposa ya no es del agrado del esposo, y él mismo desea divorciarse de ella para casarse con otra, no está permitido recuperar nada de la esposa. Allah, exaltado sea, ha dicho: (árabe******************)

Si queréis tomar una esposa en lugar de otra y habéis dado a una de ellas una gran cantidad de bienes, no podréis tomar nada de ello. ¿Acaso queréis tomarlo calumniándola y usurpando manifiestamente su derecho? ¿Y cómo podríais tomarlo, cuando ya habéis obtenido derechos unos de otros y ellas han tomado de vosotros un pacto firme y solemne?

Está prohibido jurar abandonar a la esposa

El islam ha concedido una importancia especial al cumplimiento de los derechos de la mujer. Una prueba contundente de ello es que ha declarado completamente ilícito para el esposo jurar, llevado por la ira, abstenerse de su esposa en el lecho durante tanto tiempo que resulte sumamente difícil de soportar para ella. Si el esposo jura abstenerse de su esposa, se le concede un plazo de solo cuatro meses. Se espera que durante este tiempo su ira se calme. Entonces puede cambiar de decisión. Si reanuda las relaciones con su esposa antes de que transcurran esos cuatro meses, Allah le perdonará el pecado que haya cometido por ello y le abrirá ampliamente las puertas de Su misericordia. En ese caso, deberá ofrecer la expiación por este juramento. Pero si, una vez transcurrido ese plazo, no cambia de decisión ni rompe el juramento, su esposa quedará separada de él. Sin duda, esta es la justa sanción por descuidar el cumplimiento de los derechos de la esposa.

Según algunos juristas, el divorcio se produce en cuanto transcurre el plazo mencionado. No es necesario esperar ninguna decisión del cadí ni de la autoridad administrativa.

Otros juristas, sin embargo, consideran necesario presentar el asunto ante la autoridad una vez vencido el plazo. Esta le dará la posibilidad de elegir una de dos opciones: o bien reconsiderar voluntariamente su decisión y conservar a su esposa, o bien divorciarse de ella. Podrá escoger la que de las dos le parezca mejor.

Este juramento de abstenerse de la esposa se denomina «īlāʾ» en la terminología de la sharía. Allah Altísimo ha dicho al respecto:

A quienes juran abstenerse de sus esposas se les concede un plazo de cuatro meses. Si vuelven a ellas, Allah es perdonador y misericordioso. Y si deciden divorciarse, entonces Allah todo lo oye y todo lo sabe. (Sura al-Báqara: 226-227)

Se ha concedido un plazo de cuatro meses para que el esposo tenga plena oportunidad de reconsiderar su decisión y actuar con sensatez y reflexión. Por otro lado, una esposa sin marido difícilmente puede tener paciencia durante más tiempo que este plazo.

Los exegetas han mencionado en este punto un incidente relacionado con ʿUmar.

Una noche, mientras recorría las callejuelas de Medina con el propósito de observar la situación, oyó la voz de una mujer. Su esposo se había marchado a un país lejano para participar en la yihad. Afligida por la separación de su esposo, la mujer cantaba con voz lastimera.

La noche se ha alargado y la oscuridad lo ha cubierto todo alrededor.

Y lo que me hace llorar es que

mi amigo no está conmigo, aquel con quien yo

jugaré.

Juro por el nombre de Allah que, si no fuera por el temor al castigo de Allah

que no hubiera

Entonces, ahora mismo, los brazos de este lecho

se pondrían en movimiento.

Al escuchar el lamento de la mujer, Hazrat Umar (que Allah esté complacido con él) preguntó a su hija, Hazrat Hafsa (que Allah esté complacido con ella): «¿Cuánto tiempo puede una mujer soportar la separación de su esposo?». Ella respondió: «Cuatro meses». Entonces, el Comandante de los Creyentes ordenó que ningún hombre permaneciera separado de su propia esposa durante más de cuatro meses.

La relación entre los padres y los hijos

La preservación del linaje

El hijo es el secreto íntimo del padre, portador de sus características. En vida, es el consuelo de sus ojos; después de su muerte, quien preserva la continuidad de su existencia. Es el símbolo de su memoria. Es el heredero de sus cualidades, buenas y malas, y de sus rasgos distintivos; es un pedazo de su corazón, una belleza que habita en lo más profundo de su interior.

Por esta razón, Allah ha prohibido la fornicación y el adulterio, y ha hecho obligatorio el matrimonio, para que se preserve el linaje y no se mezclen los fluidos seminales de distintas personas. Así, el hijo puede conocer a su padre y el padre puede reconocer a sus hijos. Mediante el matrimonio, la mujer queda destinada y protegida para un hombre determinado. La traición hacia su esposo se vuelve ilícita para ella. El hijo que nace en el hogar de los esposos después del matrimonio es reconocido como descendiente del marido. Para establecer esta relación no se necesita ninguna prueba independiente. El padre tampoco tiene que declararlo, ni la madre tiene que afirmar: «Este es el padre de mi hijo». Pues el Noble Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo:

El hijo pertenece a aquel en cuyo lecho nació.

No está permitido negar la paternidad de un hijo propio

Por estas razones, el esposo no puede negar la paternidad del hijo que su esposa, estando legítimamente casada con él, ha dado a luz en su lecho. No le está permitido hacerlo. Esta negación resulta sumamente vergonzosa y perjudicial tanto para su esposa como para el hijo. Por tanto, si, basándose únicamente en sospechas infundadas, dudas o indicios innegables difundidos por la gente, el esposo llega a tener la firme convicción de que su esposa le ha sido infiel, la ley islámica no quiere imponer la responsabilidad de criar al niño a una persona que no lo reconoce como hijo de su propia sangre; tampoco es conforme a la ley islámica obligarlo a convertir a ese hijo en su heredero.

En pocas palabras, la ley islámica no pretende mantener a ningún esposo durante toda su vida en la duda y la sospecha. El procedimiento que el islam ha establecido para librarse de esta complejidad se denomina técnicamente «li‘ān». Por consiguiente, si un hombre tiene respecto de su propia esposa la firme convicción o la fuerte sospecha de que ella ha deshonrado su lecho al recibir el semen de otro hombre y ha concebido en su vientre un hijo engendrado por otro, pero no puede presentar testigos que prueben la verdad de este asunto, el juez hará que ambos realicen el li‘ān. Esto se expone en la sura An-Nur con estas palabras:

El testimonio de quienes acusen falsamente a sus esposas y no tengan más testigos que ellos mismos consiste en que juren cuatro veces por Allah, dando testimonio de que dicen la verdad en su acusación. La quinta vez dirán que la maldición de Allah caiga sobre ellos si son mentirosos. Y el castigo podrá evitarse para la mujer si jura repetidamente por Allah, dando testimonio de que ese hombre es un mentiroso. La quinta vez dirá que la maldición de Allah caiga sobre ella si el hombre dice la verdad en la acusación que ha presentado.

Después, ambos serán separados para siempre y el hijo será atribuido a la madre.

Está prohibido adoptar un hijo como hijo propio

Así como el padre no tiene derecho a negar la paternidad de su hijo de sangre, tampoco tiene derecho a convertir en hijo propio a un niño que no es de su propia sangre, ni a presentarlo y reivindicarlo como hijo suyo. En la época de la yahiliyya, los árabes, al igual que los pueblos de otras naciones, tomaban hijos adoptivos y establecían con quien querían una relación de linaje propio. Convertían en hijo suyo a quien querían. Los deberes y derechos de este hijo adoptivo eran exactamente iguales a los de los hijos de sangre. Incluso cuando se conocían el padre y el linaje del hijo adoptivo, se lo adoptaba de esta manera.

Incluso en la época de la llegada del islam, esta costumbre de adoptar hijos estaba extendida en la sociedad árabe de entonces. Antes de recibir la profecía, el Noble Profeta convirtió en hijo suyo a Zayd ibn Haritha, conforme a esta práctica de la época de la yahiliyya. Sin embargo, el islam consideró este asunto un hecho irreal y falso. Desde la perspectiva islámica, convertir a una persona ajena y sin parentesco en miembro del propio linaje y permitirle permanecer en reclusión y soledad con las mujeres de la casa, exactamente como un hombre mahram, aunque en realidad no posee tal condición y esas mujeres no son mahram para él, constituye una práctica inadmisible.

Quien convierte a alguien en hijo adoptivo también lo convierte en su heredero. En tal situación, los verdaderos herederos, sus parientes cercanos, aunque tengan derecho a recibir una parte de la herencia, quedan privados de ella. Como consecuencia, en el corazón de los parientes legítimos surge de manera muy natural un resentimiento oculto, así como celos y deseos de venganza contra ese hijo de nombre. Esto provoca disputas, conflictos y un deterioro de las relaciones. Por estas razones, el Noble Corán ha declarado abolido y absolutamente ilícito este sistema de la época de la ignorancia. Allah, el Altísimo, ha dicho:

Él, Allah, no ha convertido a vuestros hijos adoptivos en vuestros verdaderos hijos. Eso no es más que una palabra salida de vuestra boca. Pero Allah dice la verdad y guía hacia el camino correcto y sin error. Llamadlos por sus padres; eso es más justo ante Allah. Pero si no conocéis a sus padres, entonces son solamente vuestros hermanos en la fe y vuestros amigos y protectores.

El Corán dice: «Esto deja claro que un hijo llamado así, o hijo adoptivo, no es más que una palabra carente por completo de sustancia y sin ninguna base verdadera detrás».

En realidad, una palabra salida de la boca no puede cambiar la verdad ni puede cambiar la realidad. Por medio de ella, una persona ajena no puede convertirse en pariente. Un hijo llamado así nunca puede ser un verdadero hijo biológico. Una palabra salida de la boca no puede hacer que la sangre de quien lo cría y mantiene circule por las venas y arterias del cuerpo del hijo adoptivo, ni puede crear en el corazón de quien lo cría el amor paternal, el afecto y la ternura propios de un padre verdadero hacia su hijo. Del mismo modo, tampoco puede crear en el corazón del hijo adoptivo sentimientos de devoción filial. Es completamente incapaz de crear en él las características y particularidades físicas, intelectuales y psicológicas de esta familia.

Todos los aspectos de este sistema de adopción —la ley de herencia, la prohibición de casarse con la esposa divorciada del hijo adoptivo, entre otros— también fueron declarados completamente abolidos. La ley de herencia expuesta en el Noble Corán no concede ninguna importancia a las relaciones que no se basan en el parentesco cercano verdadero por consanguinidad o matrimonio. No le asigna ninguna parte de la herencia.

Los parientes consanguíneos tienen mayor derecho unos sobre otros conforme a la ley de Allah.

En cuanto al matrimonio, el Corán ha declarado que solo están prohibidas las esposas de los hijos biológicos, no las esposas de los hijos llamados así.

Solo las esposas de vuestros hijos biológicos están prohibidas para vosotros.

Por consiguiente, no está prohibido casarse con la esposa de un hijo adoptivo; por el contrario, está plenamente permitido. En realidad, ella es la esposa de una persona ajena a la familia. Por tanto, cuando él se divorcie de su esposa —o fallezca—, no puede haber ningún impedimento para casarse con ella.

La abolición efectiva del sistema de los hijos adoptivos

El asunto no era en absoluto sencillo. El sistema de hijos adoptivos de la sociedad árabe estaba firmemente arraigado. Sus raíces estaban profundamente hundidas en la sociedad y se hallaba estrechamente vinculado a la vida de la gente. Por ello, Allah, el Altísimo, no consideró posible ni suficiente erradicar este sistema únicamente mediante una orden verbal. Así pues, además de la orden verbal, dispuso su aplicación efectiva en la práctica.

Con el propósito de hacer realidad este objetivo, Allah decidió involucrar al propio Mensajero Noble (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él). Para que después de ello no quedara ninguna duda al respecto, no había otro medio, ni habría sido adecuado o suficiente, para eliminar las dudas y reservas acumuladas desde tiempos inmemoriales sobre la permisibilidad de casarse con la esposa de un hijo adoptivo. Esto constituía una medida indispensable para crear una fe y una convicción firmes: considerar definitivamente lícito lo que Allah ha hecho lícito y considerar definitivamente ilícito lo que Allah ha prohibido.

Zayd ibn Haritha era el hijo adoptivo del Mensajero Noble. Por ello, en la sociedad era ampliamente conocido como Zayd ibn Muhammad (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él). Se había casado con una mujer llamada Zaynab bint Jahan. Ella era prima paterna del Noble Profeta (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él). La relación conyugal de Zaynab y Zayd se deterioró. Zayd presentó numerosas quejas sobre este asunto ante el Noble Profeta (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él). El Noble Profeta comenzó a aconsejarlo y amonestarlo de diversas maneras. Aunque sabía, por la revelación de Allah, que Zayd se divorciaría de ella y que después él mismo se casaría con ella, en ciertos momentos afloraba la debilidad humana, por lo que temía las burlas y las críticas maliciosas de la gente. Por eso, cada vez que Zayd se quejaba, le decía:

¡Oh, Zayd! Conserva a tu esposa y teme a Allah.

En ese momento fue revelado un versículo del Corán en el que se reprendía al Noble Mensajero (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él); más bien, se le exhortaba a enfrentarse a la sociedad para eliminar la concepción errónea y la superstición arraigadas durante largo tiempo en ella acerca de casarse con la esposa repudiada de un hijo adoptivo. En él se dice:

Y cuando decías a aquel a quien Allah había concedido Su favor —dándole la oportunidad de creer— y a quien tú habías favorecido —liberándolo de las cadenas de la esclavitud—: «Conserva a tu esposa para ti y teme a Allah», ocultabas en tu interior aquello que Allah iba a hacer manifiesto, y temías a la gente, cuando Allah es quien más merece ser temido. Después, cuando Zayd hubo satisfecho su necesidad con ella, te la dimos en matrimonio, para que los creyentes no sintieran ningún reparo ni impedimento en casarse con las esposas de sus hijos adoptivos cuando estos hubieran satisfecho su necesidad con ellas y las hubieran dejado. Y la orden de Allah ha de cumplirse. (Sura Al-Ahzab: 37)

En el versículo siguiente se refuta la censura dirigida al Mensajero por este acto y se afirma categóricamente que este acto es completamente lícito y que no hay absolutamente ninguna falta en él. Se dice: (Árabe******************)

El Profeta no incurrió en falta al hacer aquello que Alá había prescrito. Esta es la norma de Alá desde tiempos antiguos. Y el decreto de Alá se cumple conforme a la medida establecida. Quienes transmiten debidamente los mensajes de Alá, le temen a Él y no temen a nadie excepto a Alá, tienen suficiente a Alá como rendición de cuentas. Muhammad no es el padre de ninguno de vuestros hombres; más bien, es el Mensajero de Alá y el sello de los profetas. Y Alá conoce perfectamente todas las cosas.

Islam ha declarado inválida y prohibida la adopción de un hijo únicamente con el propósito de criarlo, tal como se ha explicado hasta ahora respecto a hacer de alguien un hijo. En este caso, una persona sabe que el muchacho no es suyo, sino de otro hombre, y aun así lo incorpora a su propio linaje y familia y lo trata como tal, aplicándole todas las normas y derechos concedidos a sus hijos biológicos. Esto provoca la mezcla de los linajes, hace ilícito casarse con su esposa y le permite recibir una parte de la herencia.

Además, existe otra forma de criar a un muchacho como hijo. Islam no ha prohibido esta forma. Consiste en que alguien lleve a su casa a un niño encontrado o a un huérfano y le prodigue afecto, cuidados, educación y formación como a su propio hijo; lo alimente, lo vista, lo críe y lo haga crecer exactamente como a un hijo suyo. Sin embargo, pese a todo ello, no lo llama «su propio hijo» ni le impone las normas y derechos correspondientes a un hijo biológico. Este tipo de servicio y obra benéfica es muy elogiable y apreciada en Islam. Quien realice una obra así recibirá sin duda una recompensa inmensa de Alá y entrará en el Paraíso. En este contexto, el Noble Mensajero (la paz y las bendiciones sean con él) dijo: (Árabe******************)

«Yo y quien se hace cargo de un huérfano y lo cría estaremos así en el Paraíso»; al decir esto, indicó con los dedos índice y medio, dejando ver el espacio entre ambos.

Si alguien encuentra a un niño perdido, debe considerarlo huérfano. Incluso en las relaciones terrenales, este término se aplica en sentido amplio. Islam ha exhortado encarecidamente a velar por él.

Si alguien no tiene hijos y desea beneficiar económicamente a un muchacho de esta clase, mientras esté vivo puede darle de sus bienes cuanto desee; y antes de morir también puede disponer por testamento que se le entregue algo, dentro del tercio del total de sus bienes y propiedades.

La gestación mediante métodos artificiales

Al prohibir la fornicación y el adulterio, así como convertir al hijo adoptivo en hijo propio, el islam ha protegido la dignidad del linaje. Ha mantenido el linaje puro de las malas ideas.

Por esta razón, el islam ha declarado ilícita la inseminación artificial si se realiza con el semen de un hombre que no sea el esposo. En tal caso, no cabe duda de que se trata de un crimen imperdonable y de una acción abominable. El jeque Shaltut emitió esta fetua. En realidad, no es más que una nueva forma de zina, pues la naturaleza de ambos actos es exactamente la misma. Su resultado también es uno solo: la concepción del semen de un hombre que no es el esposo. Desde la perspectiva tanto de la ley natural como de la ley islámica, este acto es sumamente abominable.

Desde una perspectiva externa, la inseminación artificial quizá no constituya una infracción legal. Pero eso se debe a la debilidad y las deficiencias de la ley. En realidad, es zina: según la ley islámica, un delito por el cual corresponde imponer al culpable el hadd, un castigo severo.

No cabe duda de que este método novedoso de concepción constituye un crimen sumamente grave y abominable. Es un delito aún más grave que llamar hijo propio al hijo de otro. Pues el hijo que nazca mediante este método llevará en sí dos formas de abominación. Una es la abominación de llamar hijo propio al hijo de otro; es decir, considerar como miembro del linaje a alguien ajeno a él. La segunda es la inmoralidad, que adopta la forma de zina. Ni la ley islámica ni ninguna otra ley puede aprobar este acto. La persona pierde la dignidad humana y desciende al nivel de la animalidad. Le resulta completamente imposible adquirir conciencia de la dignidad social.

Llamar padre a alguien distinto del padre biológico

En el islam, al igual que es ilícito negar la paternidad de los propios hijos biológicos, también es ilícito llamar padre a alguien distinto del propio padre biológico y declararse hijo de otra persona. El Noble Profeta consideró este acto uno de los más abominables. Como consecuencia, la persona cae bajo la maldición del Creador y de toda la creación. Hadrat Ali narró que el Noble Profeta dijo:

Sobre quien se declare hijo de alguien distinto de su verdadero padre, o se proclame esclavo de alguien distinto de su propio amo, recaen la maldición de Allah, la de los ángeles y la de toda la humanidad. El Día de la Resurrección, Allah no aceptará de él ni arrepentimiento ni compensación alguna. (Bujari, Muslim)

Hadrat Sa’d ibn Abi Waqqas narró que el Noble Profeta dijo:

Quien reclame ser hijo de alguien distinto de su propio padre, sabiendo que este no es su padre, tendrá el Paraíso prohibido.

No matéis a vuestros hijos

Así es como el islam procura proteger el linaje humano y hacerlo avanzar de manera continua. Por ello, ha establecido como obligatorios los derechos mutuos de cada hijo y de sus padres, en la medida en que sean apropiados y necesarios por su condición de hijo o de padre, y, para preservar plenamente esos derechos, ha declarado ilícitas ciertas cosas para ambas partes.

El hijo tiene derecho a vivir. Por ello, los padres no tienen derecho a destruir la vida de su hijo, ya sea matándolo o impidiendo secretamente que llegue a existir. Eso es lo que hacían los padres en la época de la ignorancia. Lo hacían tanto con las hijas como con los hijos. Por eso, Allah, exaltado sea, ordenó:

No matéis a vuestros hijos por temor a la pobreza. Nosotros les proveemos, y también os proveemos a vosotros. Matarlos es un pecado sumamente grave y un error terrible.

A la niña enterrada viva, cuando llegue el Día de la Resurrección, se le preguntará: «¿Por qué crimen fue asesinada?» (Sura At-Takwir: 8-9)

Cualquiera que sea el motivo que origine este acto abominable y espantoso, ya sea económico —el temor a la pobreza y a la falta de alimentos— o, por ejemplo, el temor a la vergüenza social. Si nacía una niña, en la Arabia de entonces se la mataba por vergüenza. El islam ha declarado completamente ilícito este acto bárbaro y brutal, pues con él se mata una vida, se vulnera el derecho del vínculo sanguíneo y se cometen opresión e injusticia contra un ser humano débil. Por esta razón, al Noble Profeta (que Allah lo bendiga y le conceda paz) se le preguntó: «¿Cuál es el pecado más grande y terrible?»

Él respondió:

Harás de alguien un rival de Allah, aunque ese único Allah te creó. Luego, cuando le preguntaron cuál era el pecado mayor, respondió: «Matarás a tu hijo por temor a que comparta contigo el sustento».

El Noble Profeta (s. a.) también tomó juramento de fidelidad a las mujeres, al igual que a los hombres, sobre este asunto: que es un crimen terrible y absolutamente ilícito. Por tanto, debe evitarse. En el Noble Corán se cita:

No asociarán absolutamente nada con Allah, no robarán, no cometerán zina ni adulterio y no matarán a sus hijos. (Sura al-Mumtahana: 12)

El segundo derecho del hijo respecto a su padre es que este le dé un nombre hermoso. Por tanto, es deber del padre no ponerle a su hijo un nombre que pueda causarle vergüenza o sufrimiento cuando crezca. En segundo lugar, también está prohibido darle un nombre cuyo significado sea ser siervo o esclavo de alguien distinto de Allah, como Abdun Nabi —siervo del Profeta—, Abd al-Masih —siervo de Isa, el Mesías—, etc.

El tercer derecho del hijo es recibir pleno cariño y cuidado, una buena crianza y manutención. Por tanto, no está permitido en absoluto mostrar negligencia o desatención en estos asuntos. El Noble Profeta (s. a.) dijo al respecto:

Cada uno de vosotros es responsable, y a cada uno se le preguntará por su responsabilidad.

Dijo:

A quien se le ha confiado la responsabilidad de alimentar y mantener a alguien, le basta con descuidar y desatender esa responsabilidad para ser considerado pecador. (Abu Dawud, al-Nasa’i, al-Hakim)

Allah, Altísimo, preguntará a toda persona responsable acerca de su responsabilidad: si la cumplió, si la descuidó y permitió que se perdiera. Incluso se preguntará a cada persona por su familia.

Mantener la igualdad entre los hijos

Es deber del padre adoptar, en lo relativo a lo que se da y se entrega, una actitud equilibrada e imparcial entre sus hijos, mostrarles afecto y cariño por igual y desear por igual el bienestar de todos.

Dar a uno, sin motivo, preferencia sobre los demás en el afecto y la ternura, los mimos y cuidados, y los regalos y donaciones —haciendo cualquier diferencia o mostrando favoritismo— es completamente ilícito. Esto hace que surja el resentimiento en el corazón de los hijos privados o relegados. En sus corazones puede encenderse con fuerza el fuego de la enemistad y la venganza. En este asunto, el padre y la madre tienen la misma responsabilidad. El Noble Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo:

Sed plenamente justos entre vuestros hijos varones, mantened plenamente la igualdad entre ellos y repartid equitativamente entre ellos todo cuanto deis. (Ahmad, al-Nasa’i, Abu Dawud)

Este hadiz tiene un acontecimiento como antecedente. La esposa de Bashir ibn Sa’d al-Ansari le pidió que diera a su hijo, Nu’man ibn Bashir, bienes especiales, como un huerto y un esclavo, y quiso consolidar esta donación. Por ello, se presentó ante el Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) para pedirle que confirmara dicha donación, y dijo:

¡Oh, Mensajero! La hija de fulano —es decir, su esposa— me pide que dé a su hijo —mi hijo— mi esclavo. El Noble Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) preguntó: «¿Tiene él más hermanos y hermanas?». Respondió: «Sí». Entonces dijo: «¿Darás lo mismo a cada uno de ellos?». Respondió: «No». Entonces el Noble Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: «En ese caso, esto no estará bien de ninguna manera. Y yo no puedo ser testigo de nada excepto de la verdad y la justicia». (Muslim, Ahmad, Abu Dawud)

En otra narración, la parte final de las palabras del Mensajero es la siguiente:

No me hagas testigo de una injusticia ni de una decisión injusta. Entre los derechos que tus hijos tienen sobre ti está también que repartas entre ellos con justicia, así como ellos tienen derechos sobre ti y deben servirte. Temed a Allah y tratad a vuestros hijos con justicia y equidad. (Bujari, Muslim, Abu Dawud)

Se ha narrado de Imam Ahmad ibn Hanbal que dijo: Se puede establecer una diferencia en el reparto de bienes entre los hijos si existe una razón real para ello; por ejemplo, si uno de ellos ha caído en una calamidad y se encuentra en una situación más difícil que los demás.

En la obra Al-Mughni se afirma que, si debido a una enfermedad, una necesidad, la ceguera, el hecho de tener un mayor número de hijos o estar dedicado a adquirir conocimiento se le da cierta cantidad o algo específico, o si no se le da nada a un hijo por haberse corrompido, según Imam Ahmad ello será lícito. Él dice que es lícito, por necesidad y sin que haya falta alguna, constituir un waqf específicamente para algunos hijos. Sin embargo, dar a alguien una cantidad mayor o algo específico sin razón ni necesidad es reprobable. La misma norma se aplica a las donaciones.

Observar la ley de Allah en el reparto de la herencia

También en el reparto de la herencia debe adoptarse una política igualmente justa. Por tanto, no es lícito que un padre prive a ninguno de sus hijos de la herencia. Intentar, mediante artimañas, privar de la herencia a un pariente que tiene derecho a ella es asimismo una acción completamente haram. Esto se debe a que la herencia es una disposición y un sistema establecidos por Allah. Él mismo estableció este sistema deliberadamente, conforme a Sus principios de justicia y sabiduría. En él concedió a cada acreedor su parte según su derecho, y ordenó a la gente mantenerse firme en esta disposición y actuar conforme a ella. Quien la desobedezca y la transgreda estará acusando a Allah.

Allah Ta’ala ha expuesto en tres versículos del Noble Corán todo lo relacionado con la herencia. Al final del primer versículo dijo:

No sabéis quién de entre vuestros padres y vuestros hijos está más cerca de vosotros en beneficio y utilidad. Esta es la distribución de las partes y la determinación de las porciones por parte del propio Allah. Y Allah es Omnisciente y el más sabio.

Al final del segundo versículo dijo:

Sin causar daño a nadie; esto es un mandato de Allah. Y Allah lo sabe todo y es sumamente paciente. Estos son los límites establecidos por Allah. Y quien obedezca y siga a Allah y a Su Mensajero, Él lo hará entrar en jardines bajo los cuales corren ríos; permanecerán allí eternamente. Y ese es el gran éxito. Pero quien desobedezca a Allah y a Su Mensajero y transgreda Sus límites establecidos, Él lo hará entrar en el Infierno, donde permanecerán eternamente. Y tendrá un castigo humillante y vergonzoso.

Al final del tercer versículo relativo a la herencia, Allah, Exaltado sea, dijo:

Allah les explica claramente todo aquello que es beneficioso para ustedes, para que no se extravíen. Y Allah conoce perfectamente todas las cosas.

Por tanto, quien se oponga a la ley de la herencia establecida por Allah, Exaltado sea, se habrá desviado de la verdad que Allah ha expuesto detalladamente. También habrá transgredido los límites establecidos por Allah. Por consiguiente, deberá esperar el castigo de Allah. Y este es:

El Infierno, en el que permanecerá eternamente, y tendrá además un castigo aún más humillante.

Romper los lazos con los padres

Los padres tienen muchos derechos sobre sus hijos. Obedecerlos, hablarles amablemente y mostrarles respeto y consideración, entre otras cosas, forma parte de los deberes de los hijos. La naturaleza humana misma impulsa a hacerlo e inspira a las personas a realizar todas estas acciones de manera hermosa. Este deber es aún más imperativo respecto de la madre, pues ella fue quien lo llevó en su vientre; lo cargó continuamente durante diez meses; sufrió el terrible y doloroso padecimiento del parto; lo amamantó de su propio pecho; le dio a beber la leche producida a costa de su sangre y lo cuidó y crió desde su más tierna infancia. El sufrimiento que padeció no puede describirse con palabras. Allah mismo dijo:

Hemos exhortado al ser humano a tratar bien a sus padres. Su madre lo llevó con sufrimiento y soportó los dolores del parto. Y lo llevó y lo amamantó durante treinta meses.

Un hombre vino y preguntó al Noble Mensajero (s. a. s.):

¿Quién tiene más derecho que nadie a recibir mi mejor ayuda, servicio y cuidado?

Él respondió: «Tu madre». Cuando le preguntaron quién después, quién después de ella y quién después de esa persona tenía más derecho, el Noble Mensajero (s. a. s.) respondió cada vez: «Tu madre, tu madre, tu madre». Después de ella, quien tiene derecho es «tu padre». (Bujari, Muslim)

El Noble Mensajero (s. a. s.) declaró que romper los lazos con los padres y causarles sufrimiento es uno de los pecados mayores más graves. Según su declaración, después del shirk, este pecado es el más grave. El Noble Mensajero (s. a. s.) dijo:

¿No queréis que os informe de cuál es el mayor de los pecados mayores? El Noble Mensajero (s. a. s.) hizo esta pregunta tres veces. Los compañeros dijeron: «Sí, sí, ciertamente nos lo diréis». Entonces dijo: «Es asociar copartícipes a Allah y romper los lazos con los padres».

El Noble Mensajero (s. a. s.) también dijo:

Tres personas jamás entrarán en el Paraíso: quien rompe los lazos con sus padres, quien los trata mal, el hombre que hace que su esposa cometa malas acciones y la mujer que adopta modales masculinos.

En otro hadiz, dijo:

Entre los pecados, Allah retrasará hasta el Día de la Resurrección el castigo de aquellos que Él quiera. Pero convertirá el pecado de romper los vínculos con los padres y maltratarlos en un castigo inmediato en esta vida, antes de la muerte.

En particular, se ha insistido más en procurar el bienestar de los padres cuando llegan a la vejez, pues en ese momento sus fuerzas y capacidades se agotan. Entonces surge la necesidad de prestar mayor atención a sus asuntos cotidianos y se vuelve indispensable cuidarlos cada vez más. En ese momento aumenta la necesidad de atenderlos con gran afecto, compasión, devoción y respeto. Esto mismo ha dicho Allah en el versículo que se cita a continuación:

Tu Señor ha decretado que no adoréis a nadie sino a Él y que tratéis bien a los padres. Si uno de ellos o ambos llegan a la vejez estando contigo, no les digas una palabra que les cause pesar ni los reprendas; al contrario, háblales con palabras respetuosas. Extiende ante ellos, con humildad y compasión, las alas de la misericordia y di: «¡Señor mío! Ten misericordia de ambos, como ellos me criaron cuando era pequeño».

En apoyo de este versículo, se ha dicho en el hadiz:

Si Allah hubiera sabido que podía existir hacia los padres alguna conducta aún menor que decirles «uf» y que alcanzara el nivel de romper los vínculos con ellos y maltratarlos, también la habría prohibido.

Incluso provocar que se insulte a los padres es un pecado grave

Más importante aún, el Noble Profeta declaró ilícito incluso provocar que los padres fueran insultados. Más bien, eso es un pecado grave.

Él dijo:

Maldecir a los padres también es uno de los pecados mayores más graves. La gente no podía comprender cómo una persona creyente e inteligente podía maldecir a sus padres, cuando precisamente gracias a ellos había obtenido la vida y la existencia. Preguntaron asombrados: «¿Cómo puede un hombre maldecir a sus padres?». El Noble Mensajero (saw) respondió: «Cuando alguien insulta al padre de otro, este también insulta a su padre; y cuando alguien injuria a la madre de otro, este también injuria a su madre. Así es como se consuma el acto de maldecir».

Entonces, ¿qué puede decirse de quien insulta directamente a sus propios padres, estando ellos presentes?

Partir al yihad sin el permiso de los padres

También se ha declarado ilícito partir al yihad sin el permiso de los padres. Pues, desde la perspectiva del islam, la satisfacción de los padres es más importante y más deseable. En comparación con ella, el yihad es una obra de menor rango, aunque encierra una recompensa mucho mayor, que no se obtiene ni pasando toda la noche rezando ni ayunando durante todo un año.

Hazrat Abdullah ibn Umar ibn al-As (ra) dijo: Un hombre acudió al Noble Mensajero (saw) y le pidió permiso para partir al yihad. Él le preguntó: «¿Están vivos tus padres?». Respondió: «Sí». Entonces el Noble Profeta (saw) dijo:

«Entonces dedícate por completo a servirlos». En otra narración se relata que un hombre acudió al Noble Mensajero (saw) y le dijo:

«Prestaré ante usted el juramento de emigrar y combatir, y con ello deseo obtener una recompensa de Allah».

El Noble Profeta (saw) preguntó: «¿Está vivo alguno de tus padres?». Respondió: «Sí, ambos están vivos». El Noble Profeta (saw) le preguntó: «¿De verdad deseas obtener una recompensa de Allah?». Respondió: «Sí, la deseo». Entonces el Noble Profeta (saw) dijo:

Entonces regresa con tus padres y acompáñalos de la mejor manera.

El texto de otro hadiz es el siguiente: ( árabe******************)

Un hombre acudió ante el Noble Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) y dijo: «He venido a prestarte el juramento de lealtad para la hégira, y he dejado a mis padres llorando». Al oír esto, el Noble Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: «Regresa con tus padres y haz que sus rostros vuelvan a sonreír, tal como los hiciste llorar».

Se ha narrado de Abu Saíd (que Allah esté complacido con él) que un hombre yemení emigró y se presentó ante el Noble Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él). Él le preguntó: «¿Tienes a alguien en Yemen?». Respondió: «Tengo a mis padres». El Noble Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) preguntó: «¿Te dieron permiso?». Respondió: «No». Entonces el Noble Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) ordenó: «( árabe******************)»

Regresa con tus padres y pídeles permiso; si te lo conceden, ve al yihad; de lo contrario, dedícate a servirlos.

El trato con los padres mushrikes

Puesto que el islam concede una importancia sumamente grande a los padres, ha declarado ilícito incluso romper los vínculos con ellos y tratarlos mal aunque sean mushrikes. Incluso si se exceden enormemente en las prácticas de shirk, invitan a ellas, se convierten en sus propagadores y quieren llevar a su hijo musulmán a esas prácticas de shirk, no está permitido tratarlos mal de ninguna manera ni romper los vínculos con ellos. En el Noble Corán se dice: ( árabe******************)

«Sé agradecido conmigo y con tus padres. A Mí será el retorno. Si ambos te presionan para que asocies conmigo aquello de lo que no tienes conocimiento, no les obedezcas. Sin embargo, acompáñalos y trátalos bien en esta vida mundana. Y sigue el camino de quien se consagra enteramente a Mí. Luego, a Mí será el retorno de todos vosotros, y entonces os informaré de todo lo que hacíais». (Sura Luqmán: 14-15)

Este versículo declara claramente que, si los padres mushrik instan a asociar copartícipes a Allah y ejercen presión para ello, no se les debe obedecer ni cumplir sus órdenes. Pues jamás puede obedecerse a nadie cuando ello implica desobedecer a Allah. ¿Qué pecado podría ser mayor que asociar copartícipes a Allah? A pesar de ello, se ha ordenado tratar bien a los padres mushrik durante la vida mundana. No se debe prestar atención a su estado de fe; por el contrario, hay que seguir únicamente el camino de las personas virtuosas que obedecen las órdenes de Allah. Pues Allah es el mayor de quienes ordenan y el mayor de los jueces: el Día en que los padres no podrán servir de nada a sus hijos, ni ningún hijo podrá beneficiar en nada a sus padres.

En verdad, este es un ejemplo tan elevado y sublime de generosidad, clemencia y justicia que ninguna otra religión ni ideología del mundo puede ofrecer algo comparable.

Cuarto capítulo

Creencia doctrinal y seguimiento religioso ciego

Actividades y transacciones mutuas

Juegos, diversiones y actos recreativos

Relaciones sociales y comunitarias

Relaciones con los no musulmanes

La creencia doctrinal y religiosa, sana, correcta y precisa, y la obediencia ciega

La creencia doctrinal sana, correcta y precisa constituye la base del sistema social. Y la creencia en el tawhid —que Allah es absolutamente Uno, Único e Incomparable— constituye la esencia de esta doctrina y la fuerza vital de la religión islámica completa. El islam ha establecido como objetivo supremo, al formular su sharía y sentar las bases de su enseñanza, la preservación de la creencia correcta y del tawhid puro. Asimismo, ha tenido que oponerse a las creencias doctrinales jahilíes que los idólatras habían difundido ampliamente y erradicarlas. Pues esta labor es absolutamente indispensable para proteger a la sociedad musulmana de los vestigios de la suciedad, la vileza y el extravío del shirk.

Establecer la dignidad de la Sunnah de Allah

El islam consolidó primero en la mente y el entendimiento de sus seguidores esta concepción del universo. El islam declaró que el ser humano vive sobre la tierra y bajo los cielos, sometido al grandioso sistema de este universo. Este vasto universo no es un reino sin ley ni un juguete de niños. No funciona sin las normas de la guía ni vaga de un lado a otro según el capricho. Tampoco se rige conforme a los deseos y anhelos de ninguna criatura. Pues los deseos y anhelos de las criaturas no son uno y los mismos, no son mutuamente armoniosos, sino que, por el contrario, entran en conflicto entre sí. Además, es indudable que están confundidos y desorientados. En el Noble Corán se dice: (árabe******************)

Si la verdad suprema siguiera sus deseos y anhelos, los cielos, la tierra y cuanto hay entre ambos se desmoronarían y quedarían hechos pedazos. (Sura al-Mu’minun: 71)

En realidad, este universo está sujeto a los firmes lazos de las leyes naturales y de la Sunnah establecida por Allah. Estas normas y esta Sunnah establecida por Allah no sufren cambio alguno ni contienen ninguna excepción. Esta afirmación ha sido proclamada enfáticamente en varios pasajes del Noble Corán. En la sura Fátir se dice: (árabe******************)

No encontrarás cambio ni excepción alguna en la Sunnah de Allah, en Sus normas y leyes.

El Corán y la Sunnah han enseñado al musulmán que es su deber respetar estas leyes naturales y preservar su dignidad. Debe esforzarse y trabajar para obtener resultados mediante la aplicación de las relaciones de causa y efecto. Pues Allah ha establecido una causa en la base de cada asunto y ha dispuesto una profunda relación entre ambas cosas. Ningún musulmán puede prestar la menor atención ni reconocer importancia alguna a las supuestas causas ocultas e imaginarias que los encargados de los lugares de culto, los profesionales del engaño y el fraude y los comerciantes de la religión han adoptado como medio de sustento con el propósito de satisfacer sus propios intereses.

La lucha contra las supersticiones y las creencias infundadas

Cuando el Profeta universal, Muhammad (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él), llegó al mundo, encontró en la sociedad grupos y más grupos de embaucadores. Eran conocidos como adivinos o astrólogos. Afirmaban que podían conocer, por medio de los genios, los acontecimientos y asuntos ocultos del pasado o del futuro. Puesto que este engaño y fraude eran completamente contrarios al Corán y a la Sunna, el Noble Profeta (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) declaró la guerra contra ellos. Les recitó a todos la palabra de Allah:

Ninguno de los que están en los cielos y en la tierra conoce lo oculto; el único que lo sabe todo es Allah. (Sura An-Naml: 65)

Por tanto, ni los ángeles, ni los genios, ni los seres humanos pueden conocer lo oculto.

El Noble Mensajero (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) también recitó esta declaración de Allah:

Si yo (Muhammad) conociera lo oculto, procuraría para mí mucho bien y prosperidad, y ningún mal podría siquiera tocarme. Yo no soy sino un amonestador y un anunciador de buenas nuevas para los creyentes.

Acerca de los genios que estaban al servicio de Salomón, Allah, exaltado sea, informó:

Si hubieran conocido lo oculto, no habrían permanecido durante tanto tiempo sometidos a aquel castigo humillante. (Sura Saba: 14)

Por tanto, quien afirme conocer verdaderamente lo oculto atribuye una mentira completa y manifiesta a Alá, a la realidad y a toda la humanidad.

Diversas delegaciones se presentaron ante el Noble Profeta (la paz sea con él). Creían que el Noble Profeta (la paz sea con él) también afirmaba conocer lo oculto. Para ponerlo a prueba, ocultaron algo en el puño de la mano y le preguntaron: «Díganos, ¿qué hay dentro de nuestro puño?». El Noble Profeta (la paz sea con él) les respondió claramente: ( árabe******************)

Yo no soy ningún adivino. Sabed que el adivino, la adivina y el grupo de los adivinos serán arrojados todos al Infierno.

Creer en el adivino es kufr

El islam no se limitó a hablar contra los adivinos y los embaucadores fraudulentos. También incluyó entre ellos a quienes, debido a sus supersticiones y conceptos erróneos, acuden a ellos, les preguntan y buscan información, y creen que dicen la verdad; y declaró que ambas clases de personas tendrán el mismo destino. El Noble Profeta (la paz sea con él) dijo: ( árabe******************)

A quien acudió a un astrólogo, le preguntó sobre algo y creyó que decía la verdad, no se le aceptará ninguna oración durante cuarenta días.

En otro hadiz se afirma: ( árabe******************)

Quien acudió a un adivino y creyó que lo que este decía era verdad, renegó de la religión revelada a Muhammad; se convirtió en incrédulo. (Bazzar)

Esto se debe a que a Muhammad (s. a. w.) le fue revelado que únicamente Allah conoce lo oculto; Muhammad (s. a. w.) no conoce lo oculto, y mucho menos los demás. En el Noble Corán se dice: ( Árabe******************)

Di: «No digo que posea los tesoros de Allah, ni conozco lo oculto, ni os digo que soy un ángel. Solo sigo aquello que me es revelado».

Si, después de que el musulmán ha sabido clara e irrefutablemente por el Noble Corán que ningún ser creado —ya sea humano o yinn— puede descubrir los secretos del destino ni posee conocimiento del mundo de lo oculto, aun así cree lo contrario, entonces ha rechazado por completo la religión del islam revelada a Hazrat Muhammad (s. a. w.) y ha manifestado incredulidad hacia ella.

Consultar la suerte mediante flechas

Basándose precisamente en el razonamiento expuesto anteriormente, el islam ha declarado completamente ilícito consultar la suerte mediante flechas.

Aquí, por «flechas» se entienden varias flechas de adivinación. En la época de la ignorancia, los árabes las utilizaban para intentar conocer su suerte. En una de ellas estaba escrito: «Mi Señor me ha ordenado». En la segunda estaba escrito: «Mi Señor me ha prohibido». La tercera estaba completamente vacía; no había nada escrito en ella. Cuando querían emprender un viaje al extranjero o realizar algún acto, como casarse, acudían a la casa de los ídolos, donde se guardaban estas flechas. Querían saber qué estaba escrito en su destino. Si salía la primera flecha, en la que estaba escrito «ha ordenado», seguían adelante. Si salía la flecha que decía «ha prohibido», se abstenían del acto que se proponían realizar. Y si salía la flecha vacía, repetían el procedimiento una y otra vez, hasta recibir una indicación clara.

Aunque en nuestra sociedad no está extendida exactamente esta práctica de la época de la ignorancia, existen varias prácticas semejantes. Por ejemplo, echar las monedas «raman», consultar la suerte abriendo un libro, leer las cartas o las tazas, y todo lo que se hace de este tipo está completamente prohibido en el islam.

Después de mencionar los alimentos que Allah ha prohibido a Sus siervos, dijo: ( Árabe******************)

Pretender conocer el destino mediante flechas es ilícito; es una transgresión de la ley de Allah. (Sura Al-Maida: 3)

Y el Noble Profeta (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo:

Quien practicó la adivinación, intentó conocer el destino mediante flechas o regresó de un viaje al extranjero por haber recibido un mal augurio, nunca podrá alcanzar una posición elevada. (Bujari, Muslim)

La magia

De manera semejante, el islam se ha enfrentado a la magia y a los magos. Sobre quienes aprenden magia, el Noble Corán dice:

Aprenden un conocimiento que les perjudica y no les beneficia en nada.

El Noble Profeta (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) incluyó la magia entre los pecados mayores que causan destrucción. Esta destruye a las naciones antes que a los individuos. Antes de la vida eterna, los magos empujan a este mismo mundo hacia una ruina extrema. El Noble Profeta (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo:

Absteneos de las siete acciones destructivas. Los Compañeros preguntaron: «¡Oh, Mensajero! ¿Cuáles son esas siete?». Él respondió: «Asociar copartícipes a Allah, practicar la magia, matar a una persona cuya muerte Allah ha prohibido, salvo que sea con justa causa, consumir usura, apoderarse y consumir los bienes del huérfano, huir del campo de batalla y acusar falsamente de adulterio a mujeres creyentes castas e inocentes». (Bujari, Muslim)

Algunos juristas han declarado que la magia o la práctica de la magia es kufr, o han dicho que conduce a la persona al kufr. Otros juristas sostuvieron que es obligatorio matar al hechicero para mantener a la sociedad libre de su maldad.

El Noble Corán nos ha enseñado a buscar refugio en Allah contra la maldad y el daño de los hechiceros: ( árabe******************)

Oh Allah, busco refugio en Ti contra la maldad y el daño de las mujeres que soplan sobre los nudos y los atan.

Soplar sobre los nudos es un método de practicar la magia y una actividad característica de los hechiceros. En el hadiz se dice: ( árabe******************)

Quien sopla sobre los nudos practica la magia; y quien practica la magia comete shirk.

Así como el islam ha declarado haram acudir a los adivinos e intentar conocer lo oculto y los asuntos misteriosos, también ha declarado completamente haram recurrir a la magia o a los hechiceros para tratar una enfermedad o resolver un problema. El Profeta, que Allah le bendiga y le conceda paz, declaró su total desvinculación de este acto. Dijo: ( árabe******************)

Quien practicó la adivinación, o para quien se practicó; quien buscó un augurio, o para quien se buscó; o quien practicó la magia, o para quien se practicó, no forma parte de mi comunidad.

El honorable Ibn Mas‘ud dijo: ( árabe******************)

Quien acudió a un adivino, un hechicero o alguien que afirmaba conocer lo oculto, le hizo preguntas y creyó que era verdad lo que este le dijo, renegó de la religión del islam revelada a Muhammad (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) y la rechazó.

El noble Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) también dijo:

El bebedor de alcohol, quien cree en la hechicería y quien rompe los lazos de parentesco jamás entrará en el Paraíso.

A la luz de estos hadices se sabe que no solo es ilícita la práctica del hechicero; también es completamente ilícito creer en la hechicería y considerar veraz a alguien por ser un adivino.

Si esta hechicería se emplea principalmente con el propósito de realizar actos ilícitos, como provocar la separación entre marido y mujer o causar daño físico, se convierte en algo aún más gravemente ilícito; y todos saben que los hechiceros suelen realizar estas cosas.

El uso de talismanes

El uso de talismanes y amuletos también pertenece a esta misma categoría. En ello subyace la creencia de que, al llevar un talismán, la enfermedad se curará o uno quedará protegido de su ataque. Incluso en esta luminosa era del siglo XX hay muchas personas que atan una «herradura» de caballo en la entrada de sus casas. En el mundo actual tampoco faltan quienes, aprovechándose de la ignorancia y la necedad de la gente, se dedican día y noche a satisfacer sus intereses materiales y económicos. Escriben talismanes para esas personas. En estos talismanes aparecen líneas y enigmas dibujados. Delante de sus clientes juran solemnemente, manifestando su veracidad y firme determinación. Recitan encantamientos y soplan sobre los talismanes. Afirman que, al llevar talismanes y amuletos, no se puede sufrir la influencia perniciosa de los yinn, ni daño alguno de fantasmas, malos espíritus, el mal de ojo, la envidia u otras cosas semejantes. Pero estos no son métodos de tratamiento respaldados por el islam.

Para curar las enfermedades, prevenirlas y protegerse de sus ataques, el islam ha establecido métodos reconocidos. Ha censurado a quienes los abandonan y rechazan para seguir el camino del extravío.

El Noble Profeta (s.a.w.) dijo: (árabe******************)

Utilizad medicamentos para tratar las enfermedades, pues Aquel que creó la enfermedad también creó su remedio. (Al-Bujari)

También dijo: (árabe******************)

Entre estos remedios vuestros, tres son especialmente beneficiosos: beber miel, la lanceta para extraer sangre o la cauterización. (Al-Bujari, Muslim)

Con un poco de reflexión se verá que estos tres remedios, señalados por el Noble Mensajero como especialmente beneficiosos, forman parte de los métodos de la medicina moderna. El tratamiento mediante medicamentos ingeridos, la curación por medio de la cirugía y la recuperación mediante la cauterización. El tratamiento con calor eléctrico o mediante quemadura pertenece a esta tercera categoría y constituye un método muy moderno. Por tanto, todos estos tratamientos son lícitos.

Llevar un amuleto o recitar encantamientos mágicos con el propósito de prevenir o tratar enfermedades es una ignorancia y un extravío manifiestos, y contradice la Sunna y la creencia del tawhid otorgadas por Allah. Hazrat Uqba ibn Amir (r.a.) dijo: una delegación de exactamente diez personas se presentó ante el Noble Profeta; él aceptó el juramento de fidelidad de nueve de ellas, pero no lo aceptó del décimo. En respuesta a sus preguntas, dijo: (árabe******************)

Aquel hombre llevaba un amuleto atado en el brazo. Al oír esto, el hombre rompió el amuleto y lo arrojó. Entonces el Noble Profeta (s.a.w.) también aceptó su juramento de fidelidad y después dijo: quien lleva un amuleto comete shirk. (Ahmad, Al-Hakim)

En otro hadiz se dice: (árabe******************)

Allah no concederá éxito a quien se ponga un talismán. Y a quien se ate un amuleto, Allah no le concederá ni un ápice de paz y tranquilidad. (Ahmad)

Imrán ibn Husain (que Allah esté complacido con él) relata que el Noble Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) vio un amuleto o brazalete de latón atado en el brazo de un hombre. Le dijo: «¡Ay de ti! ¿Qué es eso que llevas atado?». Respondió: «Me lo he atado con el propósito de eliminar la debilidad». Entonces el Noble Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: (árabe******************)

Eso no hará sino aumentar tu debilidad; quítatelo. De lo contrario, si mueres mientras lo llevas atado, jamás alcanzarás el bien. (Ahmad, Ibn Hibban)

Estas enseñanzas habían ejercido una profunda influencia sobre los compañeros, por lo que ellos mismos se negaban a adoptar tales medios, instrumentos y métodos falsos.

Isa ibn Hamza relata: fui a visitar a Abdullah ibn Hakim, quien padecía erisipela (una inflamación de la piel acompañada de enrojecimiento). Le pregunté: «¿Por qué no te atas ningún talismán o amuleto para esta enfermedad?». Él respondió:

(árabe******************) Busco refugio en Allah contra ello.

En otra narración, sus palabras son estas: (árabe******************)

La muerte está más cerca de quien cuelga o ata algo; se le dejará a merced de aquello.

Su eminencia Abdullah ibn Mas‘ud (que Allah esté complacido con él) fue a ver a su esposa y encontró algo atado alrededor de su cuello. Lo arrancó y lo rompió. Luego dijo:

La gente de la familia de Abdullah se ha apartado del politeísmo, sobre el cual Allah no ha hecho descender ninguna prueba.

Después dijo: «Escuché al Noble Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) decir:

Los amuletos, talismanes, brazaletes, tawla y todo lo demás semejante son politeísmo. La gente preguntó: «¿Qué es la tawla?». Él respondió: «Es un recurso y una práctica que las mujeres utilizan para obtener más amor de sus maridos».

En pocas palabras, la tawla también es una clase de magia.

La opinión de los eruditos es que, cuando los amuletos no están escritos en árabe, no se puede saber ni comprender lo que contienen; podrían incluir magia o palabras de incredulidad. Por eso están prohibidos. Sin embargo, si se comprende su significado y sentido, y contienen la mención del recuerdo o del nombre de Allah, entonces no están prohibidos ni son haram. En tal caso, el amuleto se considera una súplica. No es un tratamiento ni un medicamento, sino únicamente una esperanza en la ayuda de Allah. Los amuletos utilizados en la época de la ignorancia contenían magia, politeísmo o palabras misteriosas cuyo significado no podía comprenderse. Por ello fueron declarados haram.

Su eminencia Ibn Mas‘ud (que Allah esté complacido con él) había prohibido a su esposa utilizar aquellos ensalmos y amuletos de la época de la ignorancia. Ella respondió relatando un suceso. Dijo: «Un día salí, y entonces cierto hombre me vio. De mis dos ojos comenzaron a brotar lágrimas continuamente.

Después, cuando recitaba el ensalmo, las lágrimas dejaban de correr; y cuando dejaba de recitarlo, volvían a caer con gran fuerza. Ibn Mas‘ud dijo:

Este es Satanás. Cuando lo sigues, te deja en paz; pero cuando le desobedeces, te pincha el ojo con el dedo. Sin embargo, si haces lo que hacía el Noble Profeta, será muy bueno para ti y quizá puedas sanar. Es decir, pon agua en tus propios ojos y di una súplica. (Ibn Māŷah, Abū Dāwūd)

Adoptar malos augurios

Considerar algo como un mal augurio —ya se trate de un lugar, una persona o cualquier otra cosa— no es más que una superstición infundada. Existe en las sociedades humanas desde tiempos muy antiguos y quizá continúe durante mucho tiempo más. Se puede ver a muchas personas y numerosos grupos humanos sumidos en ella. La gente de la época del profeta Ṣāliḥ dijo:

Para nosotros, tú y tus compañeros sois precisamente un mal augurio.

Cuando alguna calamidad se abatía sobre el Faraón y su gente:

Comenzaban a considerar a Moisés y a sus compañeros como un mal augurio.

Cuando alguna calamidad caía sobre las numerosas multitudes de incrédulos sumidos en una extrema perdición, debido a que en aquella época rechazaban el mensaje de los profetas y mensajeros, decían:

Os consideramos un mal augurio.

Los profetas y mensajeros respondían:

—Vuestro mal agüero está ligado a vosotros.

Es decir, la causa de vuestra desgracia os acompaña: vuestra incredulidad, vuestra enemistad con Allah y vuestra rebelión contra Allah y Su Mensajero.

Los árabes de la época de la ignorancia tenían creencias diferentes respecto a los malos augurios. Pero el islam llegó, declaró inválidas todas esas creencias y los guio por un camino firme y razonable.

El Noble Profeta (saw) vinculó la creencia en los malos augurios con la adivinación y la magia. Dijo:

Quien tome un mal augurio, o para quien se tome o se consulte un mal augurio, o quien practique la magia, o para quien se practique magia, no forma parte de mi comunidad. (Tabarani)

También dijo:

El raml, tomar malos augurios mediante el vuelo de las aves y tomar malos augurios lanzando piedrecillas: todo ello forma parte de las creencias supersticiosas.

La aceptación de los malos augurios no se basa en ningún conocimiento ni razonamiento, ni guarda relación alguna con la realidad. Es fruto de la debilidad de la conciencia, la capacidad de pensar y la mente humanas. Debido a una mentalidad supersticiosa, el ser humano está dispuesto a dejarse guiar por los presagios, sean malos o buenos. De lo contrario, ¿qué sentido puede tener considerar a una persona determinada, un lugar específico o la entrada de un planeta o una estrella en cierta órbita como un símbolo de mal augurio? ¿Puede tener alguna relación con el sano razonamiento creer que el viaje se volverá desafortunado al oír el canto de un ave, que el bien o el mal se hallan en el temblor de un párpado, o que cualquier propósito se tambaleará al escuchar una palabra determinada?

En realidad, es debido a la debilidad inherente a la naturaleza humana que se toman presagios de ciertas cosas. Por tanto, es deber de la persona inteligente y consciente no someterse ante ninguna forma de debilidad.

En un hadiz marfūʿ se dice:

Hay tres cosas de las que muy pocas personas pueden librarse: los malos pensamientos, la aceptación de los malos augurios y la envidia. Por tanto, si surge en tu mente un mal pensamiento, no lo tomes por cierto; si un mal augurio te provoca dudas, no regreses a mitad del camino; y si surge la envidia, no la desees. (Al-Tabarani)

Si se sigue el método enseñado por el Mensajero, estas tres cosas no parecerán más que pensamientos y fantasías infundados que surgen en la mente, y susurros de Satanás, sin que tengan ningún efecto sobre las acciones reales. En tal situación, Allah, Exaltado sea, perdonará todo ello. Se ha transmitido de Ibn Masʿūd que el Profeta, la paz y las bendiciones sean con él, dijo:

La aceptación de los malos augurios es shirk; la aceptación de los malos augurios es shirk; la aceptación de los malos augurios es shirk.

Ibn Masʿūd dijo: «No hay nadie entre nosotros en cuya mente no surjan pensamientos relacionados con los malos augurios. Pero, cuando se deposita la confianza en Allah, todas esas ideas desaparecen». (Abu Dawud, Al-Tirmidhi)

La lucha contra el seguimiento ciego de la ignorancia preislámica

Así como el islam luchó contra las creencias de la Yahiliya y las supersticiones —pues son contrarias a la razón, la moral y la conducta correcta—, también emprendió la yihad contra la imitación y el seguimiento ciegos de la Yahiliya, porque se basan en el odio, la arrogancia y el orgullo tribal.

La ideología del odio, contraria al islam

En este ámbito, el islam asestó primero un golpe decisivo a la ideología del odio y enterró bajo tierra todas sus formas y modalidades. Asimismo, declaró haram crear una ideología hostil e invitar a la gente a seguirla. El Noble Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) proclamó con voz clara:

Quien invita a la gente a la ideología del odio, quien combate basándose en ella y quien muere abrazándola, ninguno de ellos forma parte de mi comunidad. (Abu Dawud)

Por tanto, desde la perspectiva del islam, el color particular de la piel no tiene importancia ni mérito alguno, y no se reconoce la supremacía de ningún pueblo en particular. Ninguna región de la Tierra posee superioridad sobre las demás. No es lícito para un musulmán fomentar el odio de una raza contra otra. Ningún pueblo tiene derecho a establecer su superioridad sobre otro. Lo mismo afirma el islam respecto de regiones, reinos e imperios particulares. El islam no está dispuesto en absoluto a establecer diferencias entre las personas basándose en diferencias de color, linaje, pueblo o región. Por tanto, un musulmán no puede actuar basándose en el odio racial, nacional o territorial. Tampoco corresponde a un musulmán apoyar siempre a su propio pueblo, en toda circunstancia, sea en lo justo o en lo injusto, en la verdad o en la falsedad, en la opresión o en la justicia. Wasila ibn al-Asqa (que Allah esté complacido con él) dijo:

Pregunté: «Oh, Mensajero de Allah, ¿qué es la ‘asabiyya?». Él respondió: «Que apoyes y ayudes a tu pueblo aunque esté cometiendo injusticia; eso es la ‘asabiyya (una ideología hostil contra otro pueblo.»

La declaración de Allah, el Altísimo, es:

¡Oh, creyentes! Manteneos firmes por la justicia y el trato equitativo, como testigos por Allah, aunque sea contra vosotros mismos, contra vuestros padres o contra vuestros parientes cercanos. (Sura An-Nisa, 135)

Que la hostilidad hacia un pueblo determinado no te impulse a cometer injusticia.

La norma de justicia del Noble Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) estaba extendida por todas partes durante la época de la jahiliyyah y se entendía en su sentido aparente. Él dijo:

Ayuda a tu hermano, sea opresor o sea oprimido.

Más tarde, cuando la fe islámica quedó firmemente establecida entre los Compañeros, el mal sentido de la afirmación anterior se hizo evidente para la gente, y como consecuencia surgieron en sus corazones el temor y el asombro. Ellos preguntaron:

¡Oh, Mensajero! Según sus palabras, si mi hermano es oprimido, puedo ayudarlo y comprendo el significado de sus palabras en este caso. Pero si es opresor, ¿cómo podemos ayudarlo? No he comprendido el significado de esta afirmación. Él respondió:

Debes impedirle que cometa injusticia; ese es el significado de que se te ordene ayudarlo.

De esto sabemos claramente que en la sociedad musulmana no puede admitirse ninguna pretensión de superioridad regional ni de superioridad nacional. Invocar la patria, o invocar y enorgullecerse de un nacionalismo basado en la región, la clase, el linaje, la raza o la lengua, es una pretensión de la jahiliyyah. Nada de ello puede tener relación alguna con el islam, el Mensajero o el Libro de Allah.

En realidad, el islam no aprueba ninguna alianza contraria a su credo ni ninguna relación de hermandad fuera de la hermandad islámica. El islam tampoco reconoce ningún otro fundamento para distinguir a unas personas de otras aparte de la fe y la incredulidad. Por tanto, el enemigo del islam —el kafir— es también enemigo del musulmán, aunque sea su compatriota, miembro de su propio pueblo y vecino. No solo eso: sea quien sea —su propio hermano, padre o madre— tampoco es de los suyos si es enemigo del islam. Allah, exaltado sea, ha dicho precisamente esto en la siguiente aleya:

No encontrarás a un pueblo creyente en Alá y en el Más Allá que mantenga amistad con los enemigos de Alá y del Mensajero, aunque estos sean sus padres, sus hijos, sus hermanos o sus parientes. (Sura al-Muyádala: 22)

Dijo:

¡Oh, creyentes! No toméis como amigos ni protectores a vuestros padres y hermanos, si prefieren la incredulidad a la fe. (Sura at-Tawba: 23)

No hay gloria en el linaje ni en el color

Se ha narrado en el Sahih al-Bujari que el venerable Bilal al-Habashi y Abu Dharr al-Gifari (que Alá esté complacido con ambos) fueron compañeros de los primeros tiempos. En un arrebato de ira contra el otro, comenzaron a insultarse. En la intensidad de su cólera, el venerable Abu Dharr (que Alá esté complacido con él) se dirigió al venerable Bilal (que Alá esté complacido con él) diciendo: «¡Oh, hijo de negra!». Bilal se quejó de estas palabras ante el Noble Profeta (la paz y las bendiciones de Alá sean con él). Él le dijo a Abu Dharr:

¿Has insultado a su madre? Se ve que todavía queda en ti el carácter y la conducta de la ignorancia.

Se ha transmitido del venerable Abu Dharr (que Alá esté complacido con él) que el Noble Profeta (la paz y las bendiciones de Alá sean con él) le dijo:

Reflexiona sobre ti mismo. No eres superior en ningún aspecto a las personas de tez roja o negra. Solo puedes alcanzar superioridad sobre él en virtud de la taqwá. (Ahmad)

El Noble Profeta (s. a. s.) dijo:

Todos vosotros sois descendientes de Adán. Y Adán fue creado de tierra.

El islam ha declarado completamente ilícito enorgullecerse de la ascendencia, la raza y la superioridad y dignidad de los antepasados de los musulmanes, y tratar de demostrar la propia grandeza frente a los demás basándose en ello. Pues estas son precisamente herramientas de la jahiliyyah. El ser humano solo puede actuar así cuando se entrega por completo a la esclavitud de sus deseos. Por tanto, en el islam no hay lugar para que las personas se digan unas a otras palabras hostiles y llenas de odio, como: «Yo soy hijo de fulano, soy descendiente de fulano, y tú eres de un linaje inferior; yo soy blanco y tú eres negro; yo soy árabe y tú no eres árabe», y cosas semejantes.

En realidad, puesto que toda la humanidad procede de un mismo origen, no tiene ningún sentido ni derecho que las generaciones posteriores se enorgullezcan de su linaje, tribu o sangre, ni que pretendan demostrar su superioridad sobre los demás. Incluso si se admitiera que el linaje tiene alguna importancia, ¿qué superioridad propia puede tener una persona por haber nacido en ese linaje, o qué culpa se le puede atribuir? El Noble Profeta (s. a. s.) proclamó con voz firme:

No podéis reclamar superioridad sobre los demás por vuestros linajes. Pues todos vosotros, toda la humanidad, sois hijos y descendientes de Adán. Ninguno de vosotros tiene superioridad sobre los demás salvo por la piedad y el temor de Allah. (Ahmad)

También dijo:

Toda la humanidad desciende de Adán y Eva. El Día del Juicio, Allah no os preguntará por vuestro linaje ni por vuestra nobleza. En realidad, el más honorable de vosotros ante Allah es quien más Le teme.

Advirtiendo con severidad a quienes se enorgullecen de la nobleza de sus antepasados o de su linaje, el Noble Profeta (s. a. s.) dijo:

¡Oh, gente! Renunciad a jactaros de vuestros antepasados, esos antepasados que, al morir, se convirtieron en el carbón del Infierno. De lo contrario, serán aún más viles y humillados que los insectos. Allah, exaltado sea, ha eliminado la arrogancia y el orgullo de linaje de la yahiliyyah. Ahora, la persona será creyente y piadosa, o pecadora y depravada. Todas las personas son descendientes de Adán, y Adán fue creado de tierra. (Abu Dawud, Tirmidhi, Bayhaqi)

Este hadiz contiene una lección muy importante para quienes se enorgullecen de sus antiguos antepasados y de su linaje, así como de los líderes de la yahiliyyah árabe y no árabe, el Faraón, el César y Kisra, aunque, según la declaración del Noble Profeta, no son más que carbón del Infierno.

Durante la Peregrinación de la Despedida, más de cien mil musulmanes se habían reunido en la venerada ciudad de La Meca, en el mes del Hayy, para escuchar el elocuente sermón del Noble Mensajero. Al comienzo, proclamó: (árabe******************)

¡Oh, gente! Vuestro Dios es uno. Ningún árabe tiene superioridad sobre un no árabe, ni ningún no árabe tiene superioridad sobre un árabe. Una persona de tez clara no tiene superioridad sobre una persona de tez negra, ni una persona de tez negra tiene superioridad sobre una persona de tez clara, salvo por la taqwa. La declaración de Allah es que, entre vosotros, el más honorable ante Allah es quien posee mayor temor de Allah. (Bayhaqi)

El lamento por los muertos

Una de las costumbres y prácticas de la época de la yahiliyyah contra cuya imitación luchó el islam fue la actitud de la yahiliyyah hacia los muertos.

Entre ellas se encontraba lamentarse por los muertos y excederse en la expresión de un dolor y una aflicción excesivos.

El islam enseñó a sus seguidores que la muerte no es más que el viaje o traslado de un mundo a otro. No es una destrucción, aniquilación ni desaparición definitiva. Además, por mucho que se lamente uno, el muerto no volverá a la vida. El decreto de Allah no cambiará por ningún otro decreto. Por tanto, el deber del creyente es afrontar la muerte con paciencia y perseverancia, tal como debe enfrentar con paciencia cada calamidad. Más bien, extraerá una lección de ella. En su corazón conservará la esperanza de repetir las palabras enseñadas por Allah: «En verdad, pertenecemos a Allah y a Él hemos de regresar».

Por ello, en el islam, el lamento que se hacía por los muertos en la época de la ignorancia quedó prohibido y debía abandonarse. El Noble Mensajero declaró que no tenía nada que ver con ello. Dijo:

Quien, al lamentarse por un muerto, se hiere el rostro, desgarra sus ropas y grita y se lamenta como en la época de la ignorancia, no forma parte de mi comunidad. (Bayhaqi)

No es lícito ni permitido para ningún musulmán, al llorar por un muerto, vestir ropas de duelo, abstenerse de los adornos, abandonar la vestimenta habitual y alterar su aspecto y apariencia. Sin embargo, la esposa debe cumplir lo que corresponde tras la muerte de su marido. Por ejemplo, tiene la obligación de observar la ‘idda durante cuatro meses y diez días. Este período de duelo prescrito para la esposa por su marido es obligatorio debido al fin de la vida matrimonial. Puesto que el vínculo de amor y afecto que existía entre ambos se rompió con la muerte del marido, es justo que ella manifieste cierto pesar. Con ello se muestra respeto por esa relación sagrada. Por eso, durante este período no debe usar ningún adorno, para no resultar atractiva a los ojos de los numerosos hombres que deseen casarse mientras observa la ‘idda.

Pero si el fallecido es alguien distinto del marido —como el padre, el hermano, el hijo o la madre—, no está permitido que las mujeres expresen duelo durante más de tres días. Se ha transmitido un relato de Zaynab bint Abi Salama, quien lo narró de Umm Habiba, esposa del Noble Profeta. Cuando murió su padre, Abu Sufyan ibn Harb, y cuando murió el hermano de Zaynab bint Yash, ambas usaron perfume y dijeron: «Ahora no había necesidad de aplicar perfume». Pero el Noble Profeta dijo:

A la mujer que cree en Dios y en el Más Allá no le está permitido guardar luto por un muerto durante más de tres noches. Sin embargo, debe guardar luto por su marido durante cuatro meses y diez días. (Bujari)

Este duelo por el marido es obligatorio. No se puede mostrar desprecio hacia él. Una mujer se presentó ante el Noble Profeta y dijo: «El marido de mi hija ha muerto. ¿Puedo aplicarle kohl en los ojos?». El Noble Profeta respondió: «No», y repitió la misma respuesta dos o tres veces. Esto deja claro que, cuando muere el marido, la esposa tiene prohibido usar productos de belleza y adornos hasta que termine el período de ‘idda.

Pero sentir simplemente pesar o tristeza, sin manifestar ninguna agitación, y llorar sin gritar es algo natural. Por ello no se comete ningún pecado. Umar oyó que unas mujeres lloraban por Jálid ibn al-Walid. Entonces algunos hombres quisieron prohibírselo. Al verlo, Umar dijo:

Déjenlas. Que lloren por Abu Sulayman —Jálid— mientras no se echen tierra sobre la cabeza ni griten en voz alta.

Transacciones mutuas

Allah, exaltado sea, creó al ser humano con una naturaleza tal que las personas dependen unas de otras y dependen completamente de la ayuda mutua. A ningún individuo le es posible reunir por sí solo todo lo que necesita. Puede que alguien posea algo que satisfaga la necesidad de otra persona, mientras que otra persona necesite algo que se encuentre en posesión de alguien más. Por ello, Allah, exaltado sea, inspiró entre ellos la disposición a establecer un sistema de intercambio de bienes y beneficios mediante la compraventa. Así se satisfacen todas las necesidades humanas y, de este modo, la vida humana adquiere estabilidad. Esto no se limita a las relaciones mutuas entre individuos; también las naciones y los Estados pueden intercambiar entre sí los frutos del bienestar y de la producción.

Cuando el Noble Profeta (saw) fue enviado, en la sociedad árabe ya se practicaban diversos tipos de compraventas y transacciones mutuas. Se mantuvieron las prácticas y transacciones compatibles con la sharía islámica, declarándolas permitidas, mientras que todo lo contrario a la sharía fue declarado haram y prohibido. Esta prohibición se divide en varias categorías, como ayudar y cooperar en actos pecaminosos, en actividades de engaño y fraude, en la usurpación de precios y ganancias excesivos, y en actos por los que una de las partes del contrato sufra injusticia.

Es haram vender cosas haram

a. Usar bienes declarados prohibidos y haram, así como beneficiarse de ellos, también es haram y una forma de pecado. Por ello, comprarlos, venderlos o comerciar con ellos es haram. El cerdo, las bebidas alcohólicas, los alimentos y bebidas haram, los ídolos, las cruces, las estatuas (Statue) y otros similares pertenecen a esta categoría. Si se hubiera permitido comprar, vender y comerciar con estas cosas, tales actos pecaminosos se habrían extendido ampliamente. Se habría incitado a la gente a realizarlos, se les habría facilitado cometerlos y se habría conducido a las personas hacia ellos. Por eso se las habría animado a practicarlos. Pero, puesto que la compraventa y la adquisición de estas cosas han sido declaradas haram, la gente puede mantenerse alejada de ellas. De este modo, se pretende que las personas ni siquiera dirijan su mirada hacia estas cosas ni tengan motivo alguno para recordarlas. Se ha querido mantener a la gente lejos incluso del contacto con ellas. Por eso, el Noble Profeta (saw) dijo:

Allah y Su Mensajero han prohibido vender bebidas alcohólicas, animales muertos, cerdo e ídolos. (Bujari, Muslim)

En un hadiz se ha dicho:

Cuando Allah prohíbe algo, también prohíbe el precio obtenido por su venta. (Ahmad, Abu Dawud)

La venta engañosa es ilícita

b. Está prohibido, conforme al principio de «cerrar los medios», todo tipo de venta en el que el producto sea desconocido, exista engaño o haya posibilidad de que una de las partes perjudique a la otra, dando lugar a disputas entre ambas. Por ejemplo, vender lo que se encuentra sobre el lomo de un camello macho, la cría que está en el vientre de una camella, o vender aves que vuelan, peces que se encuentran en el agua y otros productos desconocidos de este tipo.

En tiempos del Noble Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él), se solían vender las cosechas de los campos y los frutos de los huertos antes de que maduraran. Muchas veces, después de concertarse la venta, los frutos se destruían por causas naturales y las cosechas se echaban a perder, lo que provocaba disputas entre el comprador y el vendedor. El vendedor decía: «Yo ya lo había vendido». El comprador decía: «El fruto que compraste ya no existe». Por ello, el Noble Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) prohibió expresamente vender los frutos y las cosechas antes de que maduraran. Sin embargo, puede ser lícito si se estipula que los frutos se cortarán inmediatamente. También se prohibió vender las espigas o brotes de los cereales antes de que se blanquearan y estuvieran a salvo de las calamidades. Él dijo: (árabe******************)

¿Habéis reflexionado sobre cómo puede ser lícito para vosotros tomar el dinero de vuestro hermano, cuando Allah ha hecho que el fruto se pierda?

No significa que toda compraventa de un producto desconocido esté prohibida. En algunos casos, gran parte del producto permanece desconocida. Por ejemplo, si alguien compra una casa ya construida, el estado de sus cimientos y de la parte interior de sus paredes permanece oculto para el comprador. No le es posible conocer esos aspectos. Sin embargo, puede examinar bien todos los demás aspectos. Por tanto, solo está prohibido aquello que es completamente desconocido, que puede provocar disputas entre las partes o que permite apoderarse de los bienes ajenos por medios ilícitos.

Si algo es desconocido solo en pequeña medida y existe la costumbre de comprar y vender bienes parcialmente desconocidos, entonces su compraventa es lícita, como la venta de rábanos, zanahorias, cebollas y otros productos, así como la venta de campos de pepinos y melones. Según el imán Malik, esto es lícito por necesidad, pues el grado de desconocimiento no es amplio, sino común y limitado.

El imán Ibn Taymiyya dijo que el criterio del imán Malik en materia de compraventa es mejor que el de los demás, porque se basa en la opinión de Sa‘id ibn al-Musayyib. Además, se le reconoce como un gran jurista en las cuestiones relacionadas con la compraventa. (árabe******************)

La opinión del imán Ahmad ibn Hanbal también se aproxima a esta.

Jugar con los precios de las mercancías

El islam desea que el mercado y los precios de las mercancías sigan su curso natural. Cuando los mercados funcionan normalmente, los precios tienden a regularse por sí mismos; según la llegada de mercancías al mercado y la demanda de estas, los precios suben y bajan continuamente. Eso es precisamente lo que vemos en la época del Noble Profeta. Cuando los precios aumentaron, la gente acudió y dijo: «¡Oh, Mensajero! Fije los precios para nosotros». Entonces el Noble Profeta (s. a. s.) dijo: ( আরবি******************)

En realidad, quien fija los precios es el propio Allah, exaltado sea. Él es quien eleva los precios y quien los abarata. Él es el Proveedor. Yo deseo encontrarme con Allah en una situación en la que nadie tenga una reclamación contra mí por ninguna injusticia, derramamiento de sangre, apropiación de bienes o algo semejante. (Aḥmad, Abū Dāwūd, Tirmidhī, Ibn Mājah)

Mediante este hadiz, el Noble Profeta declaró que imponer, sin necesidad alguna, una intervención o un control sobre la libertad individual constituye una injusticia, y que desea encontrarse con Allah libre y purificado de tal injusticia.

Pero si en circunstancias anormales se ejerce presión sobre los precios del mercado, por ejemplo, si comienza el acaparamiento de bienes necesarios y los acaparadores empiezan a jugar con los precios, entonces, en interés del bienestar colectivo, habrá que fijar los precios de las mercancías de las personas implicadas. De ese modo será posible proteger a la población de la explotación de quienes cobran precios excesivos.

Por tanto, el significado del hadiz citado no es que fijar los precios de las mercancías sea injusticia y esté prohibido en cualquier circunstancia, incluso cuando se haga para aliviar las dificultades de la gente o protegerla de una injusticia manifiesta. Más bien, los especialistas del islam han dicho que existen dos tipos de fijación de precios. En un tipo, la fijación de precios perjudica injustamente a la gente y es haram. En otra situación, la fijación de precios es una exigencia de la equidad y la justicia, por lo que es lícita y necesaria.

Por tanto, si injustamente se impone a la gente un precio con el que no está de acuerdo y se le impide acceder a bienes lícitos, eso será haram. En cambio, si se fijan los precios con el propósito de hacer efectiva la equidad y la justicia entre la gente —obligándola a vender al precio habitual (precio estándar) o impidiéndole cobrar más que el valor habitual de intercambio—, hacerlo no solo es lícito, sino también obligatorio.

El hadiz mencionado anteriormente se cita en relación con la primera situación. Por consiguiente, cuando la gente vende las mercancías conforme a la práctica habitual, sin ninguna injusticia ni exceso, y los precios aumentan debido a la escasez de bienes o al crecimiento de la población, se debe encomendar todo el asunto a Allah. En tal situación, obligar a vender al precio fijado por el Gobierno no es más que un exceso injustificado.

Y en la segunda situación, si los comerciantes no venden las mercancías a pesar de que la gente las necesita, o exigen un precio superior al vigente, entonces también es obligatorio venderlas al precio corriente. En ese momento, fijar el precio de las mercancías significa hacer que el precio vigente sea obligatorio para la gente. En tal situación, fijar los precios significa obligar a los comerciantes a acatar la justicia que Allah ha declarado necesaria y obligatoria.

(Árabe******************)

Maldito es quien acapara mercancías

Aunque el islam concede plena libertad a la compraventa y a la competencia natural, de ningún modo está dispuesto a tolerar que las personas, impulsadas por el egoísmo y la codicia, intenten superar a los demás para inflar sus propios bienes y riquezas. Esta severidad del islam se aplica a los alimentos, a los artículos de uso general y diario de la población, y a todos los demás asuntos semejantes. Por eso, el Noble Profeta (s. a. s.) pronunció en diversas ocasiones advertencias severas y contundentes contra el acaparamiento de mercancías. En un hadiz dijo:

Quien almacene alimentos durante cuarenta noches se habrá desvinculado de Allah, y Allah se habrá desvinculado de él. (Ahmad, al-Hakim)

El Noble Profeta (s. a. s.) también dijo:

Nadie acapara mercancías excepto el pecador. (Muslim)

La palabra «pecador» no se emplea aquí en un sentido simple. Es correcta la afirmación: «Todo aquel que acapara mercancías es un pecador». En el Noble Corán se observa el uso de esta palabra para referirse a grandes incrédulos y rebeldes contra Dios, como el Faraón y Hamán. Así se ha dicho:

En verdad, el Faraón, Hamán y los ejércitos de ambos eran grandes criminales.

Explicando la mentalidad y la actitud abominable de quien acapara mercancías, el Noble Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo:

El acaparador de mercancías es una persona sumamente malvada. Si se entera de que los precios han bajado, se siente muy mal. Pero si se entera de que los precios han subido, se alegra enormemente. (Razin)

También dijo:

Quien introduce mercancías en el mercado recibe sustento; en cambio, quien las acapara es maldito.

Esto se debe a que el comerciante puede obtener ganancias de una de dos maneras. Una consiste en almacenar las mercancías con la esperanza de venderlas a un precio más alto; es decir, si retiene las mercancías, su escasez se hará intensa en el mercado y la gente se verá en una situación muy apremiante. Entonces, cualquiera que sea el precio que exija, por elevado y abusivo que sea, la gente se verá obligada a comprarlas a ese precio.

La segunda consiste en llevar las mercancías al mercado y venderlas obteniendo solo una pequeña ganancia. Después, con ese capital, traerá otras mercancías, con las que también obtendrá ganancias. De este modo continuará con su negocio y, al vender mayores cantidades de mercancías, seguirá obteniendo pequeñas ganancias poco a poco. Esta política y método de obtener ganancias es beneficiosa para la sociedad en su conjunto. Con ello aumenta la bendición. Y, tal como dijo el Noble Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él), este es el comerciante que recibe sustento.

La gravedad del delito de acaparar mercancías y manipular los productos queda clara a partir de otro dicho del Noble Mensajero. Hazrat Maqal ibn Yamar (que Allah esté complacido con él) narró que, cuando enfermó, el gobernador omeya Ubaydullah ibn Ziyad fue a visitarlo. Dirigiéndose a él, le dijo: «Oh, Maqal, ¿sabes de algún derramamiento ilícito de sangre que yo haya cometido?». Respondió: «No lo sé». Le preguntó: «¿Sabes si he intervenido de algún modo en las mercancías de los musulmanes?». Respondió: «Eso tampoco lo sé». Entonces Maqal dijo a la gente: «Ayudadme a sentarme». La gente lo sentó, y él dijo: «¡Oh, Ubaydullah! Escucha: voy a relatarte un hadiz que escuché del Noble Mensajero no solo una o dos veces. Él dijo:

Si alguien interviene de cualquier manera con el propósito de aumentar los precios de los productos para la población musulmana, Allah Todopoderoso tiene el derecho de sentarlo sobre el fuego el Día de la Resurrección. (Ahmad, Tabarani)

Al oír esto, el gobernante omeya dijo: «¿Usted mismo escuchó este hadiz de boca del Noble Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él)?». Respondió: «Sí, no una ni dos veces».

Basándose en estos hadices y en sus indicaciones, los eruditos han establecido la norma de que el acaparamiento de mercancías es haram bajo dos condiciones. La primera es la siguiente:

Que las mercancías sean acaparadas en un lugar y en un momento en que, debido a ello, la población tenga que afrontar grandes dificultades.

La segunda es que su propósito y objetivo sea obtener un precio más elevado, con lo cual la cantidad de ganancias aumentará considerablemente.

Intervención artificial en la libertad del mercado

El Noble Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) también prohibió otra práctica semejante al acaparamiento de mercancías: que los habitantes de la ciudad compren las mercancías de los habitantes del campo. La forma de hacerlo era la siguiente: una persona de fuera de la ciudad llegaba al mercado urbano con sus mercancías para venderlas al precio vigente. Pero el habitante de la ciudad le decía: «Déjame estas mercancías; después las venderé a un precio más alto y te entregaré el dinero». En tal situación, si la persona que había llegado del campo hubiera vendido las mercancías por sí misma, estas se habrían vendido a un precio más bajo. Así, ella también habría obtenido ganancias y los demás —los compradores de la ciudad— igualmente se habrían beneficiado.

En la sociedad de aquella época, este tipo de compraventa estaba muy extendido y era una práctica común. Hazrat Anas dijo: (árabe******************)

Se nos ha prohibido que un habitante de la ciudad venda las mercancías de un habitante del campo, aunque esa persona sea su propio hermano, padre o madre.

De esto se sabe que, en el islam, el bienestar colectivo tiene mucha más importancia que las relaciones personales y los vínculos de parentesco.

El noble Profeta (s. a. w.) dijo:

Que ningún habitante de la ciudad venda las mercancías de un habitante del campo. Dejad a la gente; Allah hará que unos reciban su sustento por medio de otros.

Esta declaración del Mensajero de Allah (s. a. w.) es importante. De ella se desprende un gran principio para la actividad comercial: debe permitirse que el intercambio de bienes y el mecanismo natural de intercambio en el mercado funcionen libremente por sí mismos. Si no se interviene de ninguna manera en este asunto, la gente podrá obtener naturalmente su propio sustento.

Se le preguntó a Ibn Abbás, que Allah esté complacido con él, cuál era el verdadero significado del hadiz mencionado anteriormente. Él respondió:

No habrá ningún intermediario entre el vendedor y el comprador. (Bujari)

Esto significa que no hay ningún inconveniente si alguien le informa del precio, le aconseja y le da a conocer la situación del mercado, sin cobrar por ello ninguna remuneración. Esto se debe a que su consejo se ofrece exclusivamente por Allah. Dar consejo forma parte de la religión; más aún, constituye la religión completa e íntegra. En un hadiz auténtico se ha transmitido: La religión es consejo, o el consejo es la religión.

En otro hadiz se dice:

Si alguno de vosotros pide consejo, es deber de su hermano aconsejarlo.

El «intermediario» suele estar ansioso por recibir su remuneración. Y en estos asuntos, a menudo olvida el bienestar de la gente común.

La intermediación es lícita

No hay ningún inconveniente en actuar como intermediario en otros asuntos. Pues se trata de orientar, establecer contacto entre el comprador y el vendedor y servir de mediador. Gracias a ello, ambas partes se benefician. De lo contrario, ambas encontrarían muchas dificultades en sus respectivas actividades. En la época actual existe una gran necesidad de intermediación en el comercio de importación y exportación, así como entre los comerciantes minoristas y mayoristas. En esta época y generación, esa necesidad es más apremiante que en cualquier otro período o era del pasado. Y no se puede negar el importante papel que desempeña el intermediario en ello.

Por tanto, no hay ningún inconveniente si el intermediario recibe en efectivo su remuneración fija, una comisión proporcional a las ganancias, o cualquier otra compensación acordada por ambas partes. El imán al-Bujari escribió que célebres juristas como Ibn Sirin, Ata, Ibrahim y Hasan no veían ningún inconveniente en recibir una remuneración por la intermediación. Ibn Abbas dijo: si uno le dice a otro: «Vende esta tela, y lo que obtengas de más será tuyo», eso es completamente lícito. Ibn Sirin dijo: «Vende este artículo a este precio. Lo que obtengas de más será tuyo, o lo repartiremos entre tú y yo», y si se realiza la venta sobre esta base, no hay ningún inconveniente. Este tipo de intermediación comercial, semejante a una agencia a comisión, es completamente lícito. El Noble Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo:

Los musulmanes están obligados a cumplir las condiciones acordadas entre ellos. (al-Bujari)

El enriquecimiento abusivo y el engaño son ilícitos

Al prohibir la intervención artificial en el mercado o en los precios normales de las mercancías, el Noble Profeta (s. a. s.) también prohibió expresamente el acaparamiento lucrativo y el engaño. En el hadiz se emplea un término para expresar esta idea. El honorable Ibn Umar (que Allah esté complacido con él) lo explicó así: ofrecer por una mercancía un precio superior al justo sin tener intención de comprarla, con el propósito de que, al oír tu oferta, otras personas te sigan. Generalmente, esto se hace precisamente con la intención de engañar a los demás.

Con el fin de mantener las transacciones comerciales libres y puras de la búsqueda de ganancias abusivas, y los precios de las mercancías libres y puros del engaño, el Noble Profeta (s. a. s.) prohibió comprar los productos fuera del mercado antes de que llegaran a él; de lo contrario, se obstaculizaría el suministro de mercancías al mercado principal. Como resultado, tampoco podría determinarse el precio correcto. Esto se debe a que el precio justo puede determinarse en proporción al suministro de mercancías al mercado y a su demanda. Sin embargo, en la situación mencionada, el vendedor no puede conocer los precios del mercado. Por esta razón, el Noble Profeta (s. a. s.) declaró que, después de que las mercancías llegaran al mercado, el vendedor tenía derecho a anular la transacción anterior.

Quien engaña no es de los nuestros

El islam ha declarado haram todas las formas y métodos de engaño y fraude. Ya se trate de compraventas o de cualquier otro asunto humano, el musulmán debe actuar con honestidad y justicia. Desde la perspectiva del islam, el «consejo sincero en la religión» es mucho más valioso y de máxima importancia en comparación con toda clase de ganancias y medios materiales de subsistencia.

El Noble Profeta (s. a. s.) dijo:

Mientras el comprador y el vendedor no se separen, ambos tienen la opción de rescindir el contrato. Si los dos actúan con honestidad y exponen los defectos de la mercancía, Allah bendecirá su compraventa. Pero si ambos recurren a la mentira y ocultan los defectos, la bendición de su compraventa desaparecerá. (Bujari)

También dijo:

No es lícito para nadie vender una mercancía sin informar de sus defectos. Y quien los conoce, si aun sabiéndolo no los revela, tampoco tiene permitido beneficiarse lícitamente de ello. (Hakim, Bayhaqi)

El Noble Mensajero (s.a.s.) fue al mercado y vio a un hombre vendiendo grano. Le gustó mucho. Luego introdujo la mano en el montón y vio que se le había mojado. Entonces preguntó al vendedor: «Oh, comerciante de grano, ¿qué es esto?». Él respondió: «Se mojó con el agua de la lluvia». Entonces el Noble Profeta (s.a.s.) dijo:

Entonces, ¿por qué no colocaste estos granos húmedos en la parte superior del montón, para que los compradores pudieran verlos?… Esto es engaño. Y quien nos engañe no pertenece a los nuestros. (Muslim)

En otra narración se dice: el Noble Profeta (s.a.s.) fue a ver a otro vendedor de alimentos. Este estaba sentado junto a productos de muy buena calidad. Él introdujo la mano en ellos y vio que debajo había alimentos de muy mala calidad. Entonces le dijo:

Venderás estos alimentos por separado y estos otros también por separado. Debes saber que quien nos engañe no es de los nuestros. (Ahmad)

Los musulmanes de épocas anteriores seguían este principio. Explicaban claramente cualquier defecto que tuviera la mercancía. No ocultaban nada de ello. Asimismo, siempre decían la verdad en las compras y ventas y no daban cabida a la mentira. Buscaban el bienestar de la gente y no engañaban a nadie.

El célebre jurista Ibn Sirin vendió una cabra. Le dijo al comprador: «Quiero liberarme de toda responsabilidad informándote de que la cabra tiene un defecto: esparce la hierba de un lado a otro con las patas».

Hasan ibn Salih vendió una esclava. Le dijo al comprador que la muchacha había expulsado sangre una vez junto con la saliva. Solo había ocurrido una vez. A pesar de ello, su corazón creyente no pudo guardar silencio sin mencionarlo, aunque existía el riesgo de que eso redujera su precio.

Hacer juramentos repetidos

Si los juramentos falsos se combinan con el engaño, esta práctica se vuelve aún más ilícita. El Noble Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) prohibió claramente a los comerciantes prestar juramento en general y, en particular, prestar juramentos falsos. Dijo:

Mediante los juramentos se pueden vender los productos, pero no se obtiene bendición.

Al Noble Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) no le agradaba en absoluto prestar demasiados juramentos durante las ventas. En primer lugar, porque existe el riesgo de que ambas partes del contrato incurran en engaño. En segundo lugar, porque también se teme que se deshonre el sagrado nombre de Allah.

Disminuir la medida y el peso

Dar menos al medir los productos con un recipiente o al pesarlos con una balanza es también una forma de engaño. En el Noble Corán se ha concedido gran importancia a este asunto, y se lo ha incluido entre los diez consejos mencionados al final de la sura al-An‘am. La aleya dice lo siguiente:

Llenad completamente los recipientes de medida y las balanzas de pesar, con equidad. No imponemos a nadie una responsabilidad superior a su capacidad.

Dijo:

Y cuando midáis, medid con exactitud; y pesad con una balanza firme y precisa. Esta norma es sumamente beneficiosa y, por sus consecuencias, muy buena y excelente. (Sura Bani Isra’il: 35)

Dijo: ( árabe******************)

¡Gran desgracia para quienes defraudan en la medida y el peso! Cuando reciben algo de la gente, lo toman por completo; pero cuando les miden o pesan a los demás, les dan menos. ¿Acaso no piensan que serán resucitados en aquel día terrible en que toda la humanidad se pondrá de pie ante el Señor de los mundos? (Sura al-Mutaffifín: 1-6)

Todo musulmán tiene el deber de adoptar, en la medida de sus posibilidades, la plena justicia y la equidad en este asunto. Pues quizá sea difícil imaginar una justicia y una equidad absolutamente completas y verdaderas. Por eso, junto con ordenar que se colme la medida, el Corán dice: «No imponemos a nadie una responsabilidad superior a su capacidad».

En el Noble Corán se menciona la historia de las naciones que cometieron injusticias en sus relaciones y transacciones mutuas, especialmente aquellas que violaron la justicia en la medida y el peso y engañaron a la gente al venderles sus mercancías. Al-lah envió profetas y mensajeros a esas naciones; ellos intentaron reformarlas y conducirlas hacia la justicia, del mismo modo que intentaron hacerlas creyentes en la unicidad divina.

Entre ellas se menciona al pueblo del profeta Shuayb. Él les predicó abiertamente y les advirtió sobre las consecuencias de la desobediencia. Dirigiéndose a ellos, dijo: ( árabe******************)

«Dad la medida completa y no seáis perjudiciales para la gente. Pesad con una balanza firme y no deis a la gente menos de lo que le corresponde; y no cometáis abusos en la tierra, sembrando la corrupción. (Sura ash-Shuará: 181-183)

Esta orden debe cumplirse obligatoriamente en la sociedad musulmana. En su vida, en sus relaciones con la gente y en todas sus actividades mutuas, deben observar este principio. Por tanto, no les está permitido comprar y vender utilizando dos medidas y dos tipos de balanza: una norma para sí mismos y otra norma general para los demás; un trato para sí mismos y sus seres queridos y otro criterio para el resto de la gente. En el islam, esta doble norma es completamente inadmisible. Pues, de ser así, uno exigiría íntegramente, e incluso en exceso, lo que le corresponde a él y a sus seguidores, mientras daría menos a los demás y les causaría perjuicio. Pero no puede haber injusticia mayor que esta.

Comprar mercancía robada

El islam ha declarado la lucha contra el crimen y la inclinación a delinquir. Ha confinado a los delincuentes dentro de un estrecho cerco. Por ello, no es lícito para un musulmán comprar, sabiendo que una mercancía ha sido secuestrada, robada o arrebatada injustamente a su propietario, pues al hacerlo estaría ayudando al secuestrador, al ladrón y al salteador en su delito. El Noble Profeta (la paz y las bendiciones sean con él) dijo:

Quien compre conscientemente bienes robados se habrá hecho partícipe de su pecado y de su acto injusto. (Al-Bayhaqi)

Aunque transcurra mucho tiempo desde el robo de una mercancía, su pecado no desaparece. Esto se debe a que, en el islam, el transcurso del tiempo no convierte lo ilícito en lícito ni anula el derecho de su verdadero propietario. Incluso las leyes humanas han adoptado este mismo principio.

La usura es ilícita

En el islam es completamente lícito obtener beneficios del capital mediante el comercio. Allah, exaltado sea, ha dicho:

¡Oh, creyentes! No os apropiéis injustamente de los bienes de los demás. Pero no hay falta en que realicéis negocios con el consentimiento mutuo de todas las partes involucradas.

El Corán elogia a quienes se dedican al comercio en este mundo y viajan por países extranjeros y nacionales, y dice:

Y a otros que recorren la tierra buscando el favor de Allah. (Sura Al-Muzzammil: 20)

Pero el islam ha cerrado y declarado completamente ilícito el sólido camino de obtener «beneficios» mediante la usura. Sea pequeña o grande su cantidad, en el islam todo ello ha sido declarado prohibido.

Sea poca o mucha su cantidad: todo es ilícito. Se prohibió a los judíos dedicarse a este negocio usurario, pero, a pesar de ello, lo hicieron. Por eso fueron reprendidos. Entre los últimos versículos revelados del Corán se encuentra este: (árabe******************)

¡Oh, creyentes! Temed a Allah y abandonad lo que reste de la usura, si sois creyentes. Y si no lo hacéis, preparaos para la guerra contra Allah y Su Mensajero. Pero si os arrepentís, podréis recuperar vuestro capital. No cometeréis injusticia ni sufriréis injusticia. (Sura Al-Báqara, 2:278-279)

El Noble Mensajero (s. a. s.) declaró la guerra contra la usura, los usureros y quienes se dedican a negocios usurarios. Explicó claramente el peligro que, como consecuencia de la usura, se cierne sobre la vida social. Dijo: (árabe******************)

Cuando la usura y la fornicación se generalizan en un país o una ciudad, se vuelve inevitable que el castigo de Allah descienda sobre sus habitantes. (Hakam)

Entre las religiones celestiales, esta no es una declaración exclusiva del islam. En el libro sagrado de los judíos, el Antiguo Testamento, se dice:

Si prestas dinero a alguno de mi pueblo, a un pobre de tu misma nación, no te comportes con él como un usurero ni le impongas intereses. (Libro del Éxodo, capítulo 22, versículo 25)

Y en el libro sagrado de los cristianos se dice:

Amad a vuestros enemigos, hacedles el bien y prestad sin perder jamás la esperanza; si lo hacéis, recibiréis una gran recompensa. (Nuevo Testamento—Lucas, versículo 35, capítulo 6)

Es muy lamentable que, mediante la modificación del libro del «Antiguo Testamento», la prohibición de prestar dinero con usura haya quedado limitada únicamente a los judíos. Se ha considerado que «hermano» se refiere solamente a ellos, y se ha concedido a los demás plena libertad para dedicarse al préstamo basado en la usura.

La justificación de la prohibición de la usura

El islam ha adoptado una postura sumamente estricta respecto de la usura y la ha declarado ilícita con un lenguaje enfático. De este modo, ha procurado en general el bienestar de la humanidad y ha establecido medidas para proteger su moralidad, su sociedad y su economía de la destrucción.

Al explicar la justificación de que la usura sea ilícita, los ulemas han mencionado varias razones graves, que se han hecho evidentes mediante el análisis y la reflexión modernos.

Consideramos suficiente mencionar aquí lo que el imán Razi escribió en su tafsir. Escribió:

La primera cuestión es que la usura obtiene dinero de las personas sin ofrecer nada a cambio. Pues quien vende una moneda por dos monedas recibe una moneda adicional, pero no tiene que dar nada a cambio. Además, el dinero de las personas se necesita precisamente para satisfacer sus necesidades. También posee una dignidad especial y enorme. En un hadiz noble se dice: ( árabe******************)

La dignidad de los bienes y riquezas de las personas es exactamente igual a la dignidad de la sangre humana.

Por esta razón, es plenamente conveniente que sea absolutamente ilícito aceptar algo sin ofrecer ninguna contraprestación.

En segundo lugar, la dependencia de obtener ingresos mediante la usura hace que las personas se aparten y pierdan el interés en trabajar para ganarse la vida. Cuando, como consecuencia de practicar la usura o de invertir sobre una base usuraria, se obtiene dinero adicional, ya sea al contado o a crédito, la gente no sentirá ninguna necesidad de trabajar ni de esforzarse en el comercio, la industria y la producción; como consecuencia, el sistema del bienestar colectivo quedará desintegrado. Y si no se llevan a cabo actividades como el comercio, la industria, la agricultura y la construcción, no puede esperarse ni imaginarse ningún bienestar para la humanidad.

En nuestra opinión, esta es la razón por la que la usura está prohibida desde el punto de vista económico.

En tercer lugar, como consecuencia de ello se desintegra el sistema habitual de prestar y tomar préstamos entre los miembros de la sociedad. Pues cuando la usura se considera ilícita, las personas estarán dispuestas a devolver exactamente una unidad monetaria si han recibido una unidad monetaria en préstamo. Pero si la usura es lícita o está generalizada, la necesidad obligará a las personas a dar y aceptar dos unidades en lugar de una. Como resultado, desaparecerá por completo la solidaridad mutua, el deseo del bienestar ajeno, la compasión y la benevolencia entre las personas.

Y esta es la razón moral por la que la usura está prohibida.

En cuarto lugar, por lo general el prestamista es una persona rica y el prestatario, una persona pobre. Ahora bien, si está vigente un sistema de préstamos basados en la usura, se otorgará al rico el derecho de recibir dinero adicional de la persona pobre y débil. Sin embargo, en el sistema de gracia del Dios Todomisericordioso, esto no puede ser lícito de ningún modo.

Esta es la razón por la que la usura está prohibida desde el punto de vista social, y significa que el sistema usurario brinda al poderoso una oportunidad ilimitada de explotar al débil en beneficio propio. Como consecuencia, el rico se vuelve cada vez más rico y el pobre se hunde cada vez más en la pobreza; una clase de la sociedad se enriquece día tras día, explota y arruina a muchas otras clases. Como resultado, la envidia y la hostilidad entre las distintas clases sociales se vuelven cada vez más intensas. El fuego del conflicto y la lucha mutuos arde en la sociedad con creciente ferocidad. Finalmente, esto desemboca en una destrucción extrema y una catástrofe colectiva. La historia social de la época moderna también demuestra la veracidad y exactitud de esta afirmación. Se observa que la usura y los usureros se han convertido en una enorme amenaza para la política, el Estado, la administración y la paz y la seguridad.

El prestamista usurario y el redactor del documento usurario

Los ricos son quienes practican la usura y conceden préstamos basados en ella. Ese préstamo consiste en dar dinero al deudor para que devuelva una cantidad adicional sobre el capital. Una persona así está maldita tanto ante Allah como ante la gente. Sin embargo, desde la perspectiva del islam, no solo los usureros son culpables: quienes pagan la usura y quienes hacen que otros la paguen también participan en este pecado. Quienes redactan el documento de la usura y quienes dan testimonio de él tampoco son menos culpables. En el hadiz se dice:

Allah ha maldecido a todos aquellos que cobran usura, hacen que otros la paguen, dan testimonio de ella y redactan su documento. (Musnad de Ahmad, Abu Dawud, Nasa’i e Ibn Mayah)

No obstante, si surge una necesidad extrema de tomar un préstamo basado en la usura, solo el usurero será pecador. Sin embargo:

1. Si realmente existe una necesidad. Su objetivo no debe ser simplemente satisfacer sus necesidades personales ni ampliar proyectos de desarrollo. Por necesidad se entiende aquello de lo que una persona no puede evitar, aunque lo intente, salvo que esté dispuesta a destruirse a sí misma. Así, muchas veces una persona se ve obligada a tomar un préstamo basado en la usura para satisfacer necesidades indispensables como alimentos, ropa y atención médica.

2. Debe limitarse únicamente a satisfacer su necesidad. Por ejemplo, si necesita diez takas, no debe aceptar once.

3. Debe esforzarse al máximo por liberarse de la usura. Es deber de los musulmanes ayudar a quien se encuentra en una situación desesperada. Pero si esa persona no encuentra ninguna otra forma de obtener un préstamo que recurrir a uno basado en la usura, puede tomarlo; con la condición de que no surja en su corazón deseo o afán por ello y de que no transgreda los límites en ese asunto. En tal situación, quizá Allah lo perdone.

4. Si se ve obligado a hacerlo, debe hacerlo con la mayor repugnancia. No debe sentirse satisfecho con ello, sino manifestar su descontento. Solo podrá hacerlo hasta que Allah le disponga otra solución.

El Profeta solía pedir protección contra endeudarse

Todo musulmán debe saber que el islam ha guiado a establecer el equilibrio en la vida y a seguir una vía moderada en la economía. Allah, Exaltado sea, dijo: ( আরবি******************)

No transgredáis los límites, pues Allah no ama a los transgresores.

( আরবি******************) No gastéis derrochadoramente, pues quienes gastan sus bienes inútilmente son hermanos y aliados de Satanás. (Sura Bani Isra’il: 26-27)

El Noble Corán ordenó a los musulmanes gastar sus bienes en el camino de Allah. Pero no les ordenó gastar toda la riqueza que Allah les ha concedido, sino gastar una parte de ella. Quien gasta en el camino de Allah una parte de sus propios ingresos probablemente nunca llegará a ser pobre ni necesitado. La exigencia inevitable de adoptar esta política moderada y equilibrada es que ningún musulmán se vea obligado jamás a contraer una deuda. En particular, el Noble Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) nunca aprobó que los musulmanes contrajeran deudas. Esto se debe a que, para una persona libre y digna, la deuda se convierte en causa de preocupación durante la noche y humillación durante el día. El Noble Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) siempre buscó refugio en Allah de contraer deudas. Él hacía esta súplica: ( আরবি******************)

¡Oh Allah! Busco refugio en Ti del aumento de la carga de la deuda y de la ira feroz.

Decía: ( আরবি******************)

Busco refugio en Allah de la incredulidad y de la deuda.

Un hombre preguntó: ¡Oh Mensajero! Según vuestra opinión, ¿son la incredulidad y la deuda asuntos equivalentes? Él respondió: Sí.

A menudo recitaba esta súplica durante la oración:

¡Oh, Allah!, me refugio en Ti de los pecados y de las deudas.

En cierta ocasión le preguntaron:

¡Oh, Mensajero! ¿Por qué pides con tanta frecuencia protección contra las deudas? Él respondió: Cuando una persona se endeuda, miente al hablar y rompe sus promesas. (An-Nasa’i, Al-Hakim)

Estos hadices demuestran de manera concluyente y clara como la luz del día cuán grave es el endeudamiento desde el punto de vista moral.

Cuando llevaban ante el Noble Profeta (s.a.s.) el cadáver de alguien para que dirigiera la oración fúnebre, si descubría que había muerto endeudado y no había dejado nada con lo que pudiera saldarse su deuda, no dirigía la oración fúnebre por él. Al abstenerse de dirigirla, solo pretendía advertir a la gente sobre las graves consecuencias del endeudamiento. Más tarde, cuando se acumularon en manos del Mensajero Noble (s.a.s.) grandes riquezas procedentes del botín, se encargaba de saldar con ellas las deudas de los fallecidos. Él dijo:

Todos los pecados del mártir son perdonados, pero la deuda no es perdonada. (Muslim)

A la luz de estas palabras, hay que decir que un musulmán nunca debería contraer una deuda. Sin embargo, si se ve obligado a ello por una necesidad extrema y difícil, es distinto. Y si en tal situación llega a endeudarse, debe mantener siempre una firme intención de saldarla. En un hadiz se dice:

A quien contrae una deuda con otros y tiene la intención de devolverla, Allah le facilitará el pago de su deuda. Pero a quien contrae una deuda con la intención de no pagarla o malgastarla, Allah también lo llevará a la ruina. (Bujari)

En realidad, cuando un musulmán nunca está dispuesto a contraer una deuda salvo que se encuentre en una necesidad extrema, ¿cómo se le puede obligar a contraer una deuda basada en el interés?

Compra a crédito a un precio más elevado

Aquí parece necesario explicar otro asunto. Así como está permitido comprar mercancías al contado, tampoco está prohibido comprarlas a crédito, basándose en el consentimiento mutuo. Sin embargo, debe establecerse un plazo determinado. El propio Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) compró alimentos a crédito a un judío para los miembros de su familia. Como garantía, dejó su armadura de hierro.

Pero si el vendedor fija un precio más alto por no pagar al contado y comprar a crédito —muchos grandes comerciantes venden los productos aumentando el precio y estipulando su cobro en cuotas—, muchos juristas consideran ilícita esta clase de venta. Esto se debe a que se fija un precio más elevado a cambio del retraso en el cobro. Y eso es, en efecto, una forma de interés. Sin embargo, los eruditos y juristas en general consideran lícita esta venta. Afirman que la compraventa es, en esencia, lícita y permitida. No puede encontrarse ninguna prueba que permita declararla ilícita. Además, esta clase de compraventa tampoco es enteramente igual a las operaciones basadas en el interés. Consideran que, por diversos factores, el vendedor tiene derecho a fijar un precio adicional por vender la mercancía a crédito. No obstante, el precio no debe ser excesivamente elevado, ni debe admitirse ninguna situación que implique una injusticia para el comprador. De lo contrario, también será ilícita.

El imán Shawkani escribió: Aparentemente, esta clase de compraventa será lícita, pues existen varias pruebas generales de este nivel. También es lícita según la opinión de juristas como Shafi‘i, Hanafi y Zayd ibn Ali. ( Árabe******************)

Pagar primero el precio y recibir después la mercancía

En la terminología islámica, se denomina venta salam, y es lícito, entregar por adelantado al vendedor una cantidad determinada de dinero y recibir a cambio la mercancía después de transcurrido un plazo específico. Estaba ampliamente extendida en Medina. Sin embargo, el Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) impuso varias condiciones para esta operación; si se cumplen, se mantiene plenamente su conformidad con la sharía.

Hazrat Ibn Abbás (que Dios esté complacido con él) dijo: El Noble Profeta (la paz y las bendiciones de Dios sean con él) llegó a Medina y vio que sus habitantes pagaban por adelantado el precio para recibir, a cambio, la cosecha después de uno o dos años.

Entonces el Noble Profeta (la paz y las bendiciones de Dios sean con él) dijo: (árabe******************)

Quien acuerde comprar algo pagando su precio por adelantado, debe especificar claramente su peso, cantidad y plazo.

Si la cantidad, el peso y el plazo quedan especificados de antemano, no hay temor de que surjan disputas y conflictos entre las partes. También se reduce considerablemente la posibilidad de fraude. Por eso el Noble Profeta (la paz y las bendiciones de Dios sean con él) prohibió comerciar por adelantado con los frutos de un árbol determinado, pues existe el riesgo de engaño y estafa. Muchas veces, debido a calamidades naturales, el árbol ni siquiera produce fruto. Entonces la situación se vuelve extremadamente grave.

La forma correcta de realizar este tipo de transacción podría ser no estipular que la cosecha proceda de un árbol o terreno determinado. Se puede realizar la transacción especificando únicamente el peso y la cantidad. Sin embargo, si se obtiene ilícitamente un beneficio del propietario del árbol o del terreno —es decir, si se le obliga a realizar dicha transacción—, existe la posibilidad de que sea haram.

La cooperación mutua entre el trabajo y el capital

Algunos dicen que Dios Altísimo, conforme a Su propia sabiduría creadora, ha bendecido a los seres humanos con Sus ilimitadas dádivas. Hay muchas personas dotadas de conocimientos, talento y capacidad de trabajo ilimitados, pero que no poseen dinero. Por otro lado, también hay muchas personas cuya riqueza no tiene límite, pero que carecen de aptitud y capacidad laboral. Entonces surge la pregunta: ¿por qué quienes poseen riquezas no las confían a personas capaces de trabajar? Si estas las recibieran, podrían esforzarse y trabajar para hacerlas más beneficiosas. Y los propietarios de la riqueza también podrían convertirse, a cambio de ella, en partícipes de grandes ganancias.

En respuesta a esta pregunta diremos que la sharía islámica no ha creado ningún obstáculo para la coordinación y cooperación entre el capital y la capacidad de trabajo, o entre el capital y el trabajo. Al contrario, ha ideado un método de cooperación basado en la justicia, la equidad y una gestión correcta y precisa. Por tanto, si una persona rica desea emprender un negocio lucrativo con su socio sobre la base de una asociación, debe asumir responsablemente todos los resultados de dicha asociación. En la terminología de la sharía islámica, esto se denomina «mudaraba» o «quirad». Los juristas han establecido como condición que ambas partes del negocio participen tanto en las ganancias como en las pérdidas, y que acuerden entre sí su proporción. Puede ser el cincuenta por ciento, un tercio o un cuarto para una de las partes, y el resto para la otra. Una vez establecido el negocio de esta manera, si produce ganancias, estas se distribuirán entre ambas partes conforme al acuerdo. Si hay pérdidas, se deducirán de las ganancias y se repartirán según la proporción convenida. Y si las pérdidas superan las ganancias, la pérdida adicional se tomará del capital. No hay nada sorprendente en que al propietario del capital se le descuente de este su parte de la pérdida, pues su socio también debe soportar la pérdida de su trabajo y esfuerzo.

Esta es la norma del islam al respecto. Establecer para el propietario del capital un límite de ganancias y garantizarle su obtención —haya ganancias o pérdidas, seguir dándole beneficios— es totalmente contrario a los principios de justicia y equidad. Con ello se da al capital una prioridad excesiva e injustificada sobre la capacidad y el trabajo. Además, contradice el sistema de vida que procura beneficios para las personas, pero también las protege de los perjuicios. No solo eso, sino que fomenta la tendencia a asegurar las ganancias. En tal caso, no hay necesidad de trabajar ni razón para asumir el riesgo de sufrir pérdidas. En realidad, termina siendo como la usura y las transacciones usurarias.

El Profeta —que la paz y las bendiciones de Allah sean con él— prohibió cultivar la tierra mediante un reparto en el que una parte recibiera la cosecha de una zona determinada y la otra parte la de otra zona determinada. También prohibió repartir la cosecha sobre la base de una cantidad fija, pues esto es exactamente como la usura o el juego de azar. Podría ocurrir que en esa zona determinada de la tierra no se produjera ninguna cosecha, o que la cosecha no alcanzara la cantidad fijada. En tal caso, una de las partes podría quedar completamente privada de su beneficio, mientras que la otra obtendría todo el provecho. Y una situación así de ningún modo puede considerarse justa.

La mudaraba está permitida en el islam. Pero la condición es que no se establezca para una de las partes una ganancia garantizada sin tener en cuenta las ganancias y pérdidas reales del negocio. Existe consenso sobre esta opinión. Si se impone tal condición, la mudaraba no será válida, por la misma razón por la que no son válidos esos acuerdos. El cultivo cooperativo de la tierra también se vuelve ilícito por una razón semejante. Los juristas dicen que, si una de las partes estipula como ganancia una cantidad fija de dinero y el negocio produce exactamente esa cantidad, ello significaría que toda la ganancia la ha recibido una sola parte; incluso existe la posibilidad de que no se obtenga ninguna ganancia. Y si el negocio se realiza bajo la condición de obtener una ganancia mayor, esa parte necesariamente sufrirá pérdidas.

La razón expuesta anteriormente es plenamente coherente con el espíritu fundamental del islam. En realidad, todos los principios y normas del islam se basan en una justicia firme, clara y absoluta.

Participación mutua en el capital

Así como está permitido invertir personalmente el propio capital, según la propia voluntad, en cualquier actividad lícita y obtener ganancias de ella, y entregarlo a una persona experimentada y competente para que realice negocios conforme a las normas de la mudaraba, también está completamente permitido que quienes invierten capital se reúnan y, de común acuerdo, establezcan una industria, una empresa comercial o una sociedad, o participen en cualquier otro negocio sobre la base de la asociación mutua. Esto se debe a que existen muchos negocios para los cuales es absolutamente indispensable reunir la inteligencia y el trabajo de muchas personas, así como una gran cantidad de capital. Y esto solo puede lograrse mediante la cooperación y la asociación mutuas. Allah, exaltado sea, ha dicho:

Ayudaos mutuamente en las obras de bien, de piedad y de temor de Allah.

Sin duda, toda acción cuyo propósito sea procurar el bienestar de la persona o de la sociedad, o prevenir el perjuicio, es una obra de bien y de temor de Allah. Pero la condición es que se realice necesariamente con una buena intención y una actitud sincera.

El islam no solo ha declarado lícita y legítima la asociación mutua, sino que ha dicho que en ella reside la bendición. En ella existe la promesa de recibir la ayuda de Allah en este mundo, así como la esperanza de obtener una gran recompensa en el Más Allá. Sin embargo, los negocios de asociación deben realizarse dentro de los límites de lo lícito y manteniéndose cuidadosamente alejados de la usura, el engaño, el fraude, la injusticia, la codicia y la traición. El Noble Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo acerca de los socios que realizan tales negocios:

La ayuda de Allah acompaña a los dos socios mientras ninguno de ellos actúe con deslealtad hacia el otro. Pero si uno traiciona al otro, Allah retira y suspende Su ayuda.

El Noble Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) citó las palabras de Allah de la siguiente manera:

Yo soy el tercero de dos socios mientras ninguno de ellos traicione al otro. Pero si uno traiciona al otro, me aparto de ambos y allí entra Satanás.

La compañía de seguros

Una forma sumamente moderna de negocio es la compañía de seguros. Hay diversos tipos de seguros, entre ellos el seguro de vida, el seguro contra accidentes y el seguro contra incendios. Pero lo que se debe examinar es cuál es el dictamen de la ley islámica al respecto. ¿Se permitirá en el islam este tipo de negocio? Antes de responder a esta pregunta, es necesario conocer la naturaleza de las compañías de seguros. También es indispensable saber qué tipo de relación tiene quien contrata el seguro con la compañía aseguradora. En otras palabras, ¿se considera al asegurado un socio de la entidad principal de la compañía? Si fuera así, el asegurado tendría que participar por igual en las ganancias y pérdidas del negocio principal. En el seguro contra accidentes, el asegurado debe pagar anualmente a la compañía una cantidad determinada de dinero. Si el negocio asegurado no sufre ningún accidente, la compañía se quedará y se apropiará de todo el dinero entregado por el propietario de ese negocio, sin devolverle nada. Sin embargo, si ocurre un accidente, se le cobra a la compañía la cantidad establecida en concepto de indemnización. Pero este sistema no es compatible con la naturaleza de la asociación ni con la de los negocios.

La norma del seguro de vida es que, si se contrata un seguro de dos mil takas y la muerte ocurre después de pagar la primera cuota, la persona asegurada tiene derecho a recibir los dos mil takas completos. Pero si hubiera sido como un socio del negocio principal, solo debería recibir la cantidad pagada en cuotas y la ganancia correspondiente a esa proporción. En segundo lugar, si el asegurado infringe las normas de la compañía y queda incapacitado para pagar las cuotas, deberá ser privado de todo el dinero pagado o de una parte de él. Es evidente que esta norma es injusta, opresiva y establece una condición inválida.

Y aunque ambas partes acepten esta condición de común acuerdo y se vinculen mediante un contrato semejante, incluso después de comprender bien sus respectivos intereses, ello no lo hará lícito. Pues tanto quienes practican la usura como quienes la reciben también celebran estos contratos de mutuo acuerdo. Quienes juegan también cuentan con el consentimiento mutuo; pero por ello lo prohibido nunca puede convertirse en lícito. Esta clase de consentimiento no es aceptable. No es cierto que en ello no haya ni el menor grado de engaño y transgresión. En este caso, la ganancia de una parte está garantizada, mientras que el beneficio de la otra es completamente incierto. En estos asuntos, la base debe ser una justicia y una equidad absolutamente puras. Todo debe garantizarse de tal manera que ni uno mismo sufra perjuicio ni los demás resulten perjudicados.

¿Es la compañía de seguros una institución de ayuda mutua?

La relación entre el asegurado y la compañía de seguros no es como la de un negocio societario. Entonces, ¿cuál es la naturaleza de esa relación? ¿Es una relación de ayuda mutua entre ellos? ¿Son estas instituciones organismos de ayuda mutua que funcionan con la colaboración o la participación de los donantes? ¿Y se realiza la participación financiera con el propósito de ayudarse mutuamente?… Es evidente que no lo son.

Para la ayuda mutua, es necesario adoptar un procedimiento correcto. Su objetivo debe ser ayudar a las personas afligidas por las dificultades, y el dinero debe recaudarse con ese propósito. Por ello, deben tenerse en cuenta los siguientes aspectos:

1. Cada persona aportará una cantidad determinada como donación, en espíritu de fraternidad, y de este fondo solo se ayudará a quienes estén necesitados.

2. Para beneficiarse del fondo, solo deberán emplearse medios lícitos.

3. Nadie debe aportar con el propósito de recibir una cantidad determinada de dinero si ocurre un accidente. Más bien, el fondo de la institución debe disponer la entrega de una suma conforme a sus posibilidades, de modo que con ella se cubra total o suficientemente la indemnización.

4. Una donación es una donación. Recuperarla es absolutamente haram. Por tanto, cuando ocurra un accidente, el asunto deberá examinarse y resolverse conforme a las normas de la sharía.

Estas condiciones solo pueden aplicarse a determinadas organizaciones e instituciones que hayan sido establecidas precisamente con este propósito. En ellas, las personas entregarán sus aportaciones mensuales como donación, sin tener derecho alguno a recuperarlas. No se establecerá como condición que, en caso de calamidad, deban recibir una cantidad determinada de dinero.

Pero estas condiciones no se imponen en absoluto a las compañías de seguros, y especialmente en los seguros de vida. Su situación es completamente diferente.

1. Los asegurados (titulares de pólizas) no pagan las cuotas como donación. Ni siquiera se les ocurre tal idea.

2. Las compañías de seguros invierten su capital en negocios usurarios prohibidos y obtienen beneficios. Sin embargo, ningún musulmán puede participar en negocios basados en la usura. En este asunto, tanto los pragmáticos como los rigoristas están de acuerdo.

3. Una vez finalizado el plazo del contrato, el asegurado recupera todo el dinero de las cuotas. Además, recibe una cantidad adicional. Entonces, ¿cómo puede considerarse esa cantidad adicional sino como usura?

Del mismo modo, dar más dinero a una persona rica y solvente que a una persona pobre y necesitada es completamente contrario al espíritu de la ayuda mutua. Pues se observa que una persona adinerada contrata un seguro por una suma considerable. Por ello, en caso de muerte o accidente, se le entrega una cantidad mucho mayor en proporción. Pero, conforme al espíritu de la ayuda, el dinero se daría.

4. La persona que desea rescindir el contrato de seguro debe aceptar una gran pérdida en el dinero que se le devuelve. Sin embargo, desde el punto de vista de la ley islámica, no existe ninguna razón válida para aceptar semejante pérdida.

Cambios y modificaciones

A pesar de todo esto, es posible modificar el sistema de seguros contra accidentes actualmente vigente y acercarlo mucho a las normas islámicas. Para ello, habrá que adoptar el principio de aceptar donaciones sobre la base de una condición de contraprestación. El asegurado prestará ayuda financiera a la compañía con la condición de que, si ocurre un accidente, la compañía le pague una indemnización; así recibirá ayuda y se aliviará la gravedad de la desgracia. Según algunos juristas, tal contrato está permitido. Si en materia de seguros se aplican tales cambios y modificaciones, y las actividades de las compañías de seguros quedan libres de usura, puede considerarse permitido. Pero todo el sistema de los seguros de vida se encuentra muy, muy lejos de las disposiciones de la ley islámica.

El sistema de seguros en el islam

Hemos visto que actualmente las compañías de seguros no funcionan conforme a las normas islámicas. Pero eso no significa que el seguro en sí sea contrario al islam. En realidad, no es así. Lo que únicamente resulta incompatible con el islam son sus principios actualmente vigentes; esa es la cuestión fundamental. Si se adoptaran normas y principios acordes con el islam, sería sin duda aceptable desde la perspectiva islámica.

Lo cierto es que el sistema de vida islámico ha establecido, para la población musulmana y para quienes viven bajo la autoridad de un Estado islámico, un sistema de seguridad aseguradora mediante la manutención colectiva o el tesoro público, es decir, el bait al-mal. En realidad, el bait al-mal del islam es una compañía de seguros para el pueblo. Beneficia a todos aquellos que vivan bajo su autoridad.

El islam ha asumido la responsabilidad de ayudar y prestar asistencia a las personas en momentos de accidentes, calamidades y adversidades. Si alguien se encuentra en una situación difícil, puede presentar su problema ante el funcionario responsable del Gobierno. El Gobierno dispondrá, en consecuencia, la reparación de sus pérdidas. También se ha garantizado la protección de los herederos desamparados después de la muerte.

El Noble Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo:

Mi relación con cada musulmán es más estrecha que la de él consigo mismo. Todo musulmán que deje bienes y riquezas los legará a sus herederos. Pero si alguien deja una deuda o hijos pequeños incapaces de valerse por sí mismos, sobre mí recaerá la responsabilidad de pagar esa deuda y asegurar el cuidado y la manutención de los niños.

Una importante medida de seguridad que el islam ha establecido para la población musulmana consiste en destinar una parte de los gastos del zakat obligatorio a los endeudados. Algunos exegetas de épocas anteriores explicaron esta expresión así:

Quien haya perdido su casa y todas sus pertenencias en un incendio, o cuyos bienes hayan sido arrastrados por inundaciones y lluvias torrenciales, está incluido en esta categoría de los endeudados.

Producción de cultivos en tierras agrícolas

Cuando un musulmán adquiere legítimamente, conforme a la Sharía, la propiedad de una tierra agrícola, se convierte en su deber ineludible cultivarla para obtener cosechas, o plantar árboles para obtener frutos. En el islam, dejar la tierra improductiva sin cultivarla es ilícito. Esto se debe a que hacerlo sería mostrar desprecio por las bendiciones concedidas por Allah. También puede considerarse un desperdicio de la riqueza y los bienes. Sin embargo, el Noble Mensajero (s.a.s.) prohibió expresamente destruir la riqueza y los bienes. El propietario de la tierra puede adoptar diversos métodos y procedimientos para beneficiarse de ella.

Diversas maneras de aprovechar la tierra

El propietario cultivará personalmente la tierra. Plantará árboles y establecerá un sistema adecuado para regarlos. Como resultado, la tierra producirá cosechas y los árboles darán frutos. En verdad, esta es una obra muy encomiable. El propietario recibirá la recompensa por el beneficio que las personas, las aves y los animales obtengan de esos campos y jardines. Es bien sabido que los grandes compañeros del Noble Mensajero (s.a.s.) se dedicaron a la agricultura y a la creación de jardines.

El segundo método

El propietario no puede cultivar personalmente su tierra. Entonces se la dará en préstamo a una persona que realizará el trabajo agrícola utilizando sus propias herramientas, trabajadores, semillas y animales. Pero el propietario de la tierra no tomará nada de ella para sí mismo. Dar la tierra en préstamo de esta manera es algo deseable y digno de elogio en el islam. Se narró de Abu Huraira (r.a.) que el Noble Mensajero (s.a.s.) dijo:

Quien tenga una tierra debe cultivarla personalmente; de lo contrario, debe entregársela a su hermano para que la cultive.

Se narró de Yabir (r.a.) que dijo:

En la época del Noble Profeta (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él), cultivábamos la tierra según el sistema de la «muzābirat». Por ello, después de la cosecha, encontrábamos aquí y allá los granos que quedaban entre las espigas. Entonces el Noble Profeta (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: «Quien tenga una tierra, que la cultive él mismo o que se la entregue a su hermano para que la cultive sin pedir nada a cambio. Y, si no hace ninguna de estas dos cosas, que la deje sin cultivar».

«Muzābirat» significa cultivar la tierra sobre la base de una parte de ella.

Basándose en el sentido aparente de este hadiz, algunas personas han dicho que estas son las dos únicas formas lícitas de beneficiarse de la tierra: cultivarla uno mismo o permitir que otra persona la cultive sin cobrarle ningún precio ni exigirle compensación alguna. Esto puede hacerse de modo que la tierra pertenezca a su propietario y la cosecha a quien la cultive.

(Árabe******************)

No está permitido arrendar la tierra a cambio de dinero. Tampoco se puede entregar mediante ningún otro tipo de contrato. Solo hay una forma: que el propietario la cultive él mismo o que se la entregue a otra persona sin exigir ninguna compensación.

Ibn Abbás (que Allah esté complacido con él) dijo que el mandato de entregar la tierra, mencionado en estos hadices, no significa que hacerlo sea obligatorio. En realidad, solo es recomendable. Entregarla de esta manera es una acción muy meritoria. Ibn Dinar narró: Le pregunté a Tawús, el célebre discípulo de Ibn Abbás: «¿Qué te parece si evito la “muzābirat” (el cultivo de la tierra a partes iguales)?». Tawús respondió: «El gran erudito Ibn Abbás (que Allah esté complacido con él) me dijo que el Noble Profeta (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) no lo prohibió». Lo expresó de este modo:

Es mejor entregar gratuitamente la tierra a vuestro hermano que cobrarle un impuesto. (Bujari)

Cultivo de la tierra a partes iguales

La tercera modalidad consiste en que una persona realiza las labores agrícolas con sus propios aperos, semillas y animales, y el propietario de la tierra se la entrega con la condición de que aquella reciba la parte acordada por ambos de la cosecha, como la mitad o un tercio. También es lícito que el propietario proporcione al agricultor las semillas, los aperos y los animales. Cuando se organiza el cultivo de la tierra de esta manera, se denomina cultivo compartido, aparcería, mujábara, musáqat, etc.

El Noble Profeta (saw) permitió personalmente que las tierras de Jaibar se cultivaran a cambio de la mitad de la cosecha. (Bujari, Muslim.) Los juristas que consideran lícito este tipo de cultivo compartido toman como prueba la mencionada práctica del Mensajero de Allah (saw). Dicen: es un asunto célebre, conocido por todos y auténtico. El Mensajero de Allah (saw) actuó de este modo durante toda su vida, hasta su muerte. Después de él, sus seguidores también lo hicieron. Más tarde, los Califas Rectamente Guiados siguieron finalmente sus pasos. No había casa alguna en Medina cuyos habitantes no cultivaran de esta manera. Las esposas del Noble Profeta (saw) siguieron también este principio. Es un asunto que no puede ser rechazado ni abrogado. En efecto, la abrogación o el cambio de una norma solo podía tener lugar durante la vida del Noble Profeta (saw). Pero una práctica que él mantuvo hasta su muerte, que después mantuvieron los califas y sobre la cual los compañeros actuaron con total acuerdo y consenso, sin que ninguno se opusiera ni protestara contra ella, ¿cómo podría haber sido abandonada y anulada? Y si hubiera sido abandonada durante la vida del Mensajero de Allah (saw), ¿cómo pudieron sus seguidores cultivar después de él de esta manera? ¿Cómo pudo permanecer oculto este asunto hasta el punto de que ni siquiera los Califas Rectamente Guiados lo conocieran? Sin embargo, el asunto de Jaibar era de conocimiento general. ¿Dónde se encontraba entonces quien relata que había sido abandonado, para no informar de ello a nadie? ( árabe******************)

El cultivo compartido basado en un principio incorrecto

En tiempos del Noble Profeta (saw) también estaba extendida otra modalidad de cultivo. Sin embargo, daba cabida al engaño, el fraude, la estafa y la ignorancia, lo que provocaba disputas y conflictos entre las dos partes. Por ello, el Noble Profeta (saw) declaró prohibida esta modalidad de cultivo. En segundo lugar, el islam pretende establecer una justicia y una equidad claras; pero, puesto que en la modalidad mencionada se realizaban actos contrarios a esa justicia y equidad, se vio obligado a prohibirla.

La modalidad consistía en que el propietario de la tierra imponía al agricultor la condición de que se le reservara una cuarta parte determinada de la tierra, cuyos límites quedarían fijados. Durante toda la cosecha recibiría únicamente la producción de esa parcela determinada, fuera cual fuera su cantidad. O bien recibiría una cantidad determinada de la cosecha, medida o pesada. El resto de la cosecha quedaría exclusivamente para el agricultor, o se dividiría por partes iguales entre ambos.

Pero el Noble Profeta (saw) vio que la exigencia de la justicia y la equidad era que ambas partes participaran en la totalidad de la cosecha, fuera esta abundante o escasa. No era correcto asignar de antemano a una de las dos una parcela determinada de tierra o una cantidad determinada de la cosecha. A menudo, aquella parte de la tierra podía no producir ninguna cosecha. Entonces uno solo obtendría lo que le correspondía, mientras que el otro quedaría engañado y privado de su derecho. En efecto, podía no crecer nada en la parcela determinada; así, uno no recibiría nada, mientras que la otra parte obtendría todo. En tal situación, la modalidad plenamente justa sería que, conforme al acuerdo mutuo, cada parte recibiera su participación de toda la cosecha de toda la tierra. Si la tierra producía mucho, ambas partes se beneficiarían. Y si producía poco, ambas recibirían poco. Si no producía ninguna cosecha, ambas compartirían también esa pérdida. No cabe duda de que esta modalidad es la mejor para ambas partes.

Se narró de Rafi ibn Jadiŷ que dijo: ( árabe******************)

La mayoría de quienes tenían tierras entre nosotros las explotaban según el principio del cultivo compartido. Arrendaban la tierra con la condición de que la cosecha de una parcela situada en una de sus esquinas quedara reservada para el propietario. Pero ocurría que en aquella parte determinada de la tierra no había cosecha, mientras que sí la había en la otra parte. Y a veces había cosecha en la parte determinada y no en la otra. Por esta razón se nos prohibió realizar este tipo de cultivo.

Este Hadrat Rafi‘ dijo:

La gente de la época del Noble Profeta (s. a. s.) solía celebrar contratos de cultivo a cambio de los frutos y las cosechas de las orillas de los canales y de los lugares por donde corría el agua, o a cambio de entregar una parte de la cosecha. Luego ocurría que la cosecha de una parte se perdía y la de otra se salvaba, o sucedía lo contrario. Para la gente no había entonces otra forma de cultivar la tierra que esta. Por ello fue prohibida. (Muslim)

El Noble Profeta (s. a. s.) preguntó:

¿Cómo cultiváis vuestras tierras y campos agrícolas?

La gente respondió:

Celebramos contratos de cultivo compartido a cambio de una cuarta parte y de una cantidad determinada de dátiles y trigo.

Al oír esto, él dijo: «No hagáis eso». En aquel tiempo, esto significaba que fijaban una cantidad determinada y la tomaban de la cosecha. Después se repartía entre los agricultores la cosecha restante: uno recibía una cuarta parte y otro tres cuartas partes.

Estos hechos dejan claro que el Noble Profeta (s. a. s.) estaba especialmente empeñado en establecer una justicia y una equidad completas e integrales en la sociedad que había fundado. Y estaba decidido a eliminar de la sociedad de los creyentes todo aquello que pudiera provocar disputas y conflictos entre ellos.

El honorable Zayd ibn Thabit (que Allah esté complacido con él) narró: Dos hombres disputaron por unas tierras en presencia del Noble Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él). Entonces dijo:

Si esta es vuestra situación, entonces no arrienden las tierras cultivables.

Por tanto, todo propietario de tierras debe mostrar compasión y consideración hacia su socio y compañero. Por ello, el propietario no debe exigir la mayor parte de la cosecha. Por su parte, el agricultor tampoco debe perjudicar al propietario en lo relacionado con sus tierras. En este contexto, se narró de Ibn Abbas:

El Noble Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) no prohibió el cultivo de tierras sobre una base recíproca. Más bien, ordenó a cada una de las dos partes que tratara a la otra con compasión. (Tirmidhi)

Por eso, cuando le dijeron a Tawus: «¡Oh, Abu Abdurrahman! Sería mejor que abandonáramos esta mukhabara, pues la gente cree que el Noble Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) prohibió a la gente practicarla», él respondió:

Yo los ayudaré; yo les daré.

Ellos ni siquiera pensaban en obtener cada vez más ganancias de sus propias tierras. No querían que quienes trabajaban y se esforzaban en ellas permanecieran atormentados por el hambre. Más bien, los ayudaban y les daban. Y, en verdad, esta es una característica de la sociedad musulmana.

A menudo, el propietario deja la tierra improductiva. No la cultiva ni planta árboles o vegetación en ella. Sin embargo, tampoco está dispuesto a cederla a ningún agricultor a cambio de una pequeña compensación. Por esta razón, el honorable Umar ibn Abd al-Aziz ordenó a los responsables de las distintas regiones durante su califato: permitid que la gente cultive las tierras a cambio de una cuarta, una tercera o una quinta parte de la cosecha; incluso les indicó que dieran hasta una décima parte, y prohibió dejar las tierras sin cultivar.

Arrendamiento de tierras por dinero en efectivo

La cuarta modalidad podría consistir en permitir al cultivador trabajar la tierra con la condición de que pague el precio en dinero efectivo.

Muchos juristas eminentes han declarado lícita esta modalidad. Sin embargo, otros juristas la han prohibido. Su argumento es que el Noble Profeta (que Allah le bendiga y le conceda paz) prohibió arrendar las tierras; esta es una narración auténtica. Hazrat Abu Bakr, Hazrat Umar, Hazrat Rafi ibn Jadiŷ, Hazrat Yabir, Abu Saíd, Abu Huraira e Ibn Umar (que Allah esté complacido con ellos) transmitieron este hadiz. Todos ellos dicen que el Noble Profeta (que Allah le bendiga y le conceda paz) prohibió categóricamente arrendar las tierras.

(Árabe******************)

Otra modalidad de arrendar tierras consiste en hacer que se cultiven a cambio de una parte de la cosecha. El Noble Profeta (que Allah le bendiga y le conceda paz) celebró precisamente este acuerdo con los habitantes de Jaibar durante su vida y se mantuvo firme en él hasta el final. Durante el período de los califas rectamente guiados tampoco se hizo nada diferente.

Para quienes han observado la evolución progresiva de la ley islámica, la exactitud de las palabras de Ibn Hazm resultará muy clara en este punto. Escribió que, cuando el Noble Profeta (que Allah le bendiga y le conceda paz) se presentó entre ellos, estos arrendaban sus tierras de cultivo. También se ha citado una narración similar de Rafi ibn Jadiŷ (que Allah esté complacido con él). Y el arrendamiento de tierras se practicaba antes de la presencia del Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz), y no cambió después de ella. Ninguna persona sensata puede albergar la menor duda al respecto. Posteriormente, se transmitió mediante una cadena auténtica de Hazrat Yabir, Abu Huraira, Abu Saíd, Rafi, Zuhair (que Allah esté complacido con ellos), un compañero que participó en la batalla de Badr y Hazrat Ibn Umar (que Allah esté complacido con él):

El Noble Profeta (que Allah le bendiga y le conceda paz) prohibió de manera general arrendar las tierras.

No hay duda de que este hadiz abolió la norma anteriormente permitida. Por tanto, quienes consideran lícito arrendar tierras a cambio de dinero efectivo están equivocados. Sus palabras jamás pueden demostrarse auténticas. Sin embargo, puede ser lícito arrendar la tierra a cambio de entregar una parte determinada de la cosecha producida. Pues está demostrado que, después de que el Noble Profeta (que Allah le bendiga y le conceda paz) prohibiera arrendar tierras, acordó en Jaibar que estas fueran cultivadas a cambio de una parte de la cosecha, y este sistema permaneció completamente inalterado hasta su muerte.

Muchos juristas de los primeros tiempos sostenían esta opinión. Tawús, el célebre jurista del Yemen y eminente tābiʿī, consideraba makruh entregar tierras para que fueran cultivadas a cambio de oro o plata. Sin embargo, no veía ningún inconveniente en entregarlas a cambio de una parte de la cosecha, ya fuera un tercio o un cuarto. Cuando algunos objetaron al respecto y dijeron que el Profeta (s. a. s.) había prohibido arrendar tierras para su cultivo, él respondió: «Muʿādh vino a nosotros —y fue el propio Profeta (s. a. s.) quien lo había enviado al Yemen— y entonces él entregaba tierras para que fueran cultivadas con la condición de recibir un tercio o un cuarto de la cosecha. Y así seguimos haciéndolo hasta hoy».

De esto se entiende que, según Tawús, lo prohibido es arrendar tierras por un precio en efectivo. En cambio, no hay inconveniente en entregarlas para su cultivo con la condición de compartir la cosecha.

Lo mismo se ha transmitido de Muhammad ibn Sirín y de al-Qāsim ibn Muhammad ibn Abū Bakr al-Siddīq. Sin embargo, algunos tābiʿūn consideraban prohibido arrendar tierras de cualquier manera, ya fuera por un precio en efectivo o sobre la base de compartir la cosecha. Pero esta opinión no es muy sólida. Pues el Profeta (s. a. s.), los Califas Rectamente Guiados y Muʿādh (que Dios esté complacido con él) cultivaron tierras ellos mismos o hicieron que otros las cultivaran con la condición de compartir la cosecha. Esto demuestra sin duda que este método es lícito. En épocas anteriores, las leyes se establecían en la práctica para los musulmanes de acuerdo con este principio. En cuanto a la prohibición de arrendar tierras a cambio de un precio en efectivo, está demostrada por los hadices. Y que dicha prohibición es razonable también es indudable.

La justificación de la prohibición de arrendar tierras por un precio en efectivo

Si se reflexiona y se considera la cuestión a la luz de los principios y los ideales fundamentales del islam, parece preferible que sea ilícito arrendar tierras baldías a cambio de dinero en efectivo.

a. El Profeta (s. a. s.) prohibió arrendar tierras a cambio de una parte determinada de la cosecha producida. Solo es lícito hacerlo sobre la base de una proporción de la cosecha; es decir, puede arrendarse la tierra sobre la base de un tercio o un cuarto de la producción. Consideramos que lo mejor es fijar la parte en forma porcentual. Así, ambas partes se beneficiarán por igual de la obtención de su parte de la cosecha producida. Si la cosecha sufre algún daño debido a una calamidad, ambas partes compartirán esa pérdida en la misma proporción. Pero si se fija de antemano la cantidad que corresponde a una de las partes, esta quedará a salvo de la pérdida, mientras que la otra quedará inevitablemente expuesta a una situación incierta. En su parte no recibirá nada salvo hierba seca. Esto es plenamente semejante a la usura y al juego; entre ambas cosas no existe ninguna diferencia fundamental.

Si desde esta perspectiva se considera la cuestión de arrendar tierras a cambio de dinero en efectivo, tampoco se observa ninguna diferencia entre ello y la forma de aparcería mutua prohibida mencionada anteriormente. El propietario de la tierra recibe con toda seguridad en efectivo lo que se le debe. Pero quien tomó la tierra para cultivarla con ese dinero pone su propio trabajo, se… Pero quien tomó la tierra para cultivarla con ese dinero pone su propio trabajo, esfuerzo y capital en una situación de grave riesgo. No tiene ninguna certeza de si obtendrá algo de la tierra. No se sabe si dará fruto o no.

b. Además, cuando alguien entrega una cosa a otra persona en régimen de arrendamiento, es su propietario. Tiene derecho a recibir el alquiler porque entrega esa cosa al arrendatario en condiciones que le permiten utilizarla y beneficiarse de ella. Tiene derecho a recibir una compensación por la depreciación que sufra como consecuencia de su uso. Pero para arrendar una tierra no se requiere ninguna preparación. El propietario de la tierra no crea su capacidad productiva; esta es enteramente un don de Dios. En segundo lugar, cuando se cultiva la tierra, esta no sufre ninguna «depreciación»: a diferencia de los instrumentos, no se ensucia, ni envejece como los edificios.

c. También es cierto que, cuando alguien alquila una casa, reside y vive en ella, beneficiándose directamente de ella. No hay ningún obstáculo intermedio. Del mismo modo, aunque alquile una herramienta, puede beneficiarse directamente del objeto mismo. Sin embargo, no es posible obtener un beneficio directo de la tierra, y tampoco está garantizado obtener provecho de ella. La cuestión de la tierra no es como la de una casa alquilada; obtener beneficio de ella es algo incierto. Más bien, cuando alguien alquila una tierra, lo hace con la esperanza de beneficiarse de ella. Con esa esperanza trabaja arduamente en ella y gasta dinero y tiempo; aun así, a veces obtiene provecho de ella y a veces no. Por tanto, no es correcto considerar el alquiler de tierras como el alquiler de casas y otros bienes similares.

d. Se ha citado en un hadiz sahih:

El Profeta —que Allah le bendiga y le conceda paz— prohibió comprar y vender los frutos antes de que maduraran, mientras aún se encontraban en los campos y huertos. Como razón, dijo: «¿Habéis considerado cómo podría ser lícito para vosotros el dinero que habéis tomado de vuestro hermano si Allah privara a los frutos de llegar a buen término? Los frutos han comenzado a madurar, pero todavía no existe ninguna garantía de que puedan obtenerse de manera segura. Pues podrían no madurar debido a algún desastre. Si esta es la situación, ¿por qué no habría de estar prohibido alquilar una tierra vacía, en la que ni siquiera se ha clavado una azada ni se han sembrado semillas? En realidad, la forma correcta y justa es la explotación agrícola conjunta sobre la base de compartir proporcionalmente la cosecha. De ese modo, ambas partes participan por igual en las ganancias o beneficios, y, si hay pérdidas, estas recaen sobre ambas».

(Árabe******************)

El imán Ibn Taymiyya dijo que hacer cultivar la tierra sobre la base de compartir proporcionalmente la cosecha es el método conforme a los principios fundamentales de la sharía islámica y al sistema de justicia. Además, el contrato basado en compartir la cosecha es más justo y equitativo que el alquiler, pues mediante este método ambas partes participan tanto de las ganancias como de las pérdidas. El alquiler de la tierra es diferente: el propietario recibe el alquiler, pero el arrendatario unas veces obtiene una cosecha y otras veces queda privado de ella.

(Árabe******************)

El imán Ibn al-Qayyim escribió:

Los musulmanes han practicado, desde la época del Mensajero de Allah —que Allah le bendiga y le conceda paz— y de los califas rectamente guiados, la explotación agrícola conjunta de la forma justa. También lo hicieron los descendientes de Abu Bakr, Umar, Uthmán y Ali —que Allah esté complacido con ellos—. Los grandes compañeros consideraban lícita esta práctica. Compañeros como Ibn Masud, Ubayy ibn Kaab y Zayd ibn Thabit —que Allah esté complacido con ellos— sostenían esta opinión. Asimismo, los imanes expertos en hadiz y jurisprudencia Ahmad ibn Hanbal, Ishaq ibn Rahwayh, el imán al-Bujari, Dawud ibn Ali, Ibn Juzayma, Abu Bakr Ibn al-Mundhir y Muhammad ibn Nasr al-Marwazi, entre otros, declararon correcta esta opinión. También expresaron la misma opinión destacados juristas musulmanes como Layth ibn Sad, Ibn Abi Layla, Abu Yusuf y Muhammad ibn al-Hasan.

Ibn al-Qayyim protestó enérgicamente contra la opresión y la tiranía ejercidas por los administradores y los miembros del ejército sobre los agricultores durante su época. Dijo: «Si estos administradores y soldados trataran a los campesinos conforme a las disposiciones de la sharía establecida por Allah y Su Mensajero, todos ellos podrían obtener las abundantes bendiciones de Allah, otorgadas desde arriba y desde abajo. Las puertas de las bendiciones del cielo y de la tierra se abrirían para ellos. Incluso si recibieran solo una cuarta parte de lo que obtienen mediante la opresión y la persecución, sería mucho más de lo que reciben ahora. Pero son ignorantes y opresores. Por eso, aparte de la opresión y el pecado, no hacen nada. Como consecuencia, se les ha privado de la abundancia de las bendiciones y del sustento, y por ello se ha acumulado para ellos el castigo del Más Allá. No les corresponderá ninguna bendición en este mundo.»

Si se preguntara: «¿Qué disposiciones establecieron Allah y Su Mensajero en este asunto, y qué principio siguieron los Compañeros?»

La respuesta sería: el método verdaderamente equitativo, mediante el cual el propietario de la tierra y el agricultor puedan alcanzar una misma y auténtica medida de justicia, sin garantizar, como ocurre en la práctica habitual, el destino de una de las partes y arrojar a la otra al riesgo de la incertidumbre; ese es el método correcto. Las costumbres generalmente extendidas en el mundo se basan en principios espurios. Son ellas las que han causado tantas calamidades en la tierra y han arrojado a la población a graves dificultades. La lluvia ha dejado de caer y las bendiciones han desaparecido. La mayoría de los administradores y miembros del ejército han comenzado a consumir lo ilícito. Y el Infierno es, sin duda, el lugar apropiado para la carne que se ha formado en sus cuerpos a causa del alimento ilícito.

Este sistema agrícola equitativo era el principio seguido por la comunidad musulmana, tanto en la época del Noble Profeta (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) como durante la de los Califas Rectamente Guiados y los períodos posteriores. El propio Noble Profeta (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) celebró con los habitantes de Jaybar un acuerdo para cultivar la tierra basándose en este principio. Se actuó conforme a él hasta que Umar (que Allah esté complacido con él) los deportó. El acuerdo estipulaba que ellos cultivarían la tierra por su propia cuenta y también proporcionarían las semillas.

Por esta razón, según los sabios, aunque lo apropiado sería que el agricultor proporcionara las semillas, es lícito que las proporcione cualquiera de los dos. Umar (que Allah esté complacido con él) estableció un acuerdo según el cual, si él proporcionaba las semillas, recibiría la mitad de la cosecha. Y si las proporcionaba el agricultor, este recibiría igualmente la mitad, es decir, más de la mitad.

En las numerosas narraciones de hadices sobre el cultivo compartido de la tierra no se encuentra ninguna mención de que el agricultor recibiera menos de la mitad; por el contrario, algunas narraciones indican que podía recibir incluso más.

En este contexto, parece razonable que la parte del agricultor no sea inferior a la mitad. Así procedieron el Noble Profeta (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) y los Califas Rectamente Guiados con los judíos de Jaybar. Por tanto, al repartir la cosecha, no es apropiado que la parte de la piedra —la tierra— sea mayor que la parte del ser humano —el agricultor—.

La participación en la cría de animales

En nuestro país, especialmente en las zonas rurales, existe otra práctica: un sistema de asociación para la cría de animales. Una de las partes aporta todo o parte del capital, mientras que la otra asume la responsabilidad de cuidarlos y atenderlos. Luego, ambas se reparten los frutos o las ganancias.

Antes de conocer el dictamen de la sharía al respecto, es necesario analizar las distintas modalidades de esta actividad.

1. Una modalidad consiste en que ambas partes se asocien con un propósito puramente comercial: criar terneros para engordarlos, o criar vacas y búfalas para obtener leche.

En este caso, una de las partes aporta el capital y la otra aporta su trabajo y asume la responsabilidad de cuidar y atender a los animales. Ambas sufragarán los gastos de proporcionarles alimento y bebida. Cuando se vendan, se deducirán los gastos del precio obtenido. Después, las dos partes se repartirán las ganancias resultantes conforme al acuerdo celebrado entre ellas.

Si una sola de las partes está obligada a soportar todos los gastos y no recibe nada a cambio, mientras que las ganancias se reparten por igual entre ambas, entonces no puede considerarse un negocio justo.

2. La segunda modalidad consiste en que una de las partes aporte el precio y la otra asuma los gastos y la responsabilidad del cuidado. Esta última se beneficiará de la leche del animal o de utilizarlo para las labores agrícolas o para transportar agua.

Sí, no hay ningún inconveniente en hacerlo de esta manera, si el animal es grande, produce leche o puede utilizarse para realizar trabajos. Es cierto que lo que la segunda parte obtiene, como la leche y demás, no parece equivalente a los gastos que soporta; además, existe el riesgo de sufrir una pérdida. Sin embargo, lo hemos considerado permitido por ser razonable y no hemos dado demasiada importancia a este pequeño riesgo de pérdida, pues la sharía no encuentra dificultad en tolerar cosas de este tipo. El Mensajero de Dios (la paz y las bendiciones sean con él) dijo:

A cambio de sufragar los gastos del animal dejado en prenda, se puede montar y también beber su leche. Quien lo monte y beba su leche debe hacerse cargo de sus gastos. (Al-Bujari)

En este hadiz, el Profeta ﷺ consideró como compensación equivalente a los gastos del animal, como su alimento y demás, utilizarlo como montura y beber su leche.

Los gastos del animal pueden ser mucho mayores o menores que el beneficio de montarlo y beber su leche. Pero, si por la costumbre se ha considerado lícita esta situación en el caso de una prenda, no tenemos ninguna duda en considerar lícito, por necesidad, el negocio asociativo de criar animales que estamos tratando.

La conclusión que hemos extraído del hadiz citado es exclusivamente la opinión del autor de esta obra. Que Allah haga correcta esta opinión.

Pero si se crían animales pequeños, como terneros, que no pueden utilizarse como montura ni ordeñarse, y una de las partes aporta el precio mientras la otra soporta los gastos, esto no puede considerarse permisible a la luz de los principios fundamentales del islam. Pues la parte que debe asumir los gastos sufrirá una pérdida, mientras que la otra obtendrá únicamente beneficios y ganancias. Por tanto, es evidente que tal acuerdo no se basa en la justicia, cuando el islam exige que la equidad y la justicia se apliquen en todos los asuntos. Sin embargo, si ambas partes sufragan de mutuo acuerdo todos los gastos hasta que llegue el momento de que la parte que los soporta obtenga su beneficio, consideramos que será lícito.

Juegos y diversión

El islam es un sistema de vida realista. No pretende mantener al ser humano encerrado en un entorno de fantasías irreales y de diversas nubes de pensamientos y reflexiones. Por el contrario, el islam enseña al ser humano el modo y la forma de vivir correctamente en este mundo real, en medio del desarrollo de los acontecimientos. No estableció sus normas suponiendo que el ser humano fuera un ángel que recorriera los cielos. Sus normas le fueron prescritas considerándolo un ser humano que come y bebe y que recorre los mercados.

Por ello, no puede imaginarse ni esperarse que cada palabra del ser humano sea un recuerdo de Allah, que incluso cuando guarde silencio deba estar sumergido en una profunda investigación, que únicamente el sonido del Corán entre en sus oídos y que pase todo su tiempo libre en la mezquita. El islam tampoco le impuso al ser humano tal deber ni estableció semejante obligación. La verdad es que el islam ha prestado plena atención a la naturaleza humana y a sus inclinaciones innatas. Allah creó al ser humano de tal modo que, así como comer y beber responden a las exigencias de su naturaleza, también la alegría, la diversión, la satisfacción y el buen ánimo, así como la risa, las bromas, los juegos y demás, forman parte de sus inclinaciones naturales. Esta verdad no puede negarse de ningún modo.

No se mantiene el mismo estado en todo momento

Algunos Compañeros, debido al predominio de la espiritualidad y a haber alcanzado en ella el grado más elevado, comenzaron a pensar que su deber era permanecer siempre absortos en la adoración y que era preferible renunciar a los intereses, placeres y alegrías mundanos. No debían participar en juegos, diversiones ni actividades recreativas. Consideraban absolutamente necesario entregarse por completo a la orientación hacia la Otra Vida, a sus reflexiones y al cumplimiento de sus responsabilidades.

En este punto, cabe mencionar la historia del ilustre Compañero Hanzala Usaydi (ra). Él era uno de los escribas especialmente designados por el Noble Mensajero (s.a.s.). Él mismo relató acerca de sí:

Hazrat Abu Bakr (ra) se encontró conmigo. Me preguntó: «¿Cómo estás, Hanzala?». Respondí: «Hanzala se ha convertido en un hipócrita». Él dijo: «¡Subhan Allah! ¿Qué estás diciendo?». Entonces respondí: «Sí, eso es precisamente lo que ocurre. Cuando estamos sentados ante el Noble Mensajero (s.a.s.) y él nos recuerda el Paraíso y el Infierno, nos encontramos en un estado tal que parece que los contemplamos con nuestros propios ojos. Pero cuando salimos de aquella reunión, nos ocupamos de nuestras esposas, hijos, familiares y negocios, y entonces olvidamos en gran medida el Paraíso y el Infierno». Al oír esto, Hazrat Abu Bakr también dijo: «¡Juro por Allah! Mi situación es exactamente igual». Hanzala relató: «Después, los dos —Abu Bakr y yo— acudimos al servicio del Noble Profeta y dijimos: “¡Oh Mensajero de Allah! ¡Hanzala se ha convertido en un hipócrita!”. El Noble Mensajero (s.a.s.) preguntó: “¿Cómo es eso?”. Respondí: “¡Oh Mensajero de Allah! Cuando estamos contigo y hablas del Paraíso y del Infierno, nos hallamos en un estado en el que parece que los vemos claramente. Pero cuando salimos de aquí, nos ocupamos tanto de nuestras esposas, hijos, familiares y negocios que olvidamos muchas cosas”».

Al oír estas palabras, el Noble Profeta (s.a.s.) dijo:

«Juro por Aquel en cuya mano está mi vida: si permanecierais siempre en el estado y la disposición espiritual que experimentáis cuando estáis conmigo y en el recuerdo de Allah, los ángeles vendrían a estrecharos la mano en vuestras camas y por los caminos. Pero, ¡oh Hanzala!, hay momentos y momentos». No es posible permanecer siempre en un mismo estado; repitió estas palabras tres veces seguidas. (Muslim)

El Mensajero también era un ser humano

El Noble Mensajero (s.a.s.) era un ser humano, y su vida sublime constituye un modelo luminoso y resplandeciente, digno de seguir, para una vida humana plena y del más elevado nivel. Rezaba en profunda soledad y pasaba largos momentos en humildad, temor reverencial y llanto. Como permanecía de pie durante largos períodos en la oración, sus dos pies se hinchaban. Estaba completamente establecido en la verdad y no sentía el menor temor de parte de Allah; sin embargo, llevaba una vida humana. Al igual que la gente común, apreciaba las cosas buenas y los aromas agradables, reía, bromeaba y hacía chistes; esto formaba parte de las particularidades de su noble naturaleza. Pero jamás decía algo contrario a la verdad.

Al Profeta (s.a.s.) le agradaban mucho la alegría, la diversión y el buen humor, y le disgustaban el sufrimiento y la tristeza. Buscaba refugio en Allah contra todo mal. Decía:

¡Oh Allah! Te pido refugio de la preocupación y la tristeza.

También bromeaba. Una anciana se presentó ante él y dijo: «¡Oh, Mensajero! Ruega a Allah que me haga entrar en el Paraíso». Entonces el Noble Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: «Oh, madre de fulano, los ancianos no entrarán en el Paraíso». Al oír esto, la anciana se estremeció y comenzó a llorar. Pensando que no podría entrar en el Paraíso, quedó completamente abatida. Al ver el estado de la anciana, el Noble Profeta explicó: «Esto significa que los ancianos no entrarán en el Paraíso en ese estado. Más bien, Allah los bendecirá con una nueva creación y entrarán en el Paraíso en plena juventud». Entonces recitó este versículo:

Las crearemos con una creación especial y las haremos vírgenes. Serán amantes de sus esposos y de la misma edad. (Sura Al-Waqi’a: 35-38)

La mente se cansa

El Noble Profeta, de corazón puro, y los Compañeros de noble carácter también bromeaban y se divertían. Participaban en juegos y entretenimientos. Respondían al llamado de su naturaleza interior. Alegraban la mente y procuraban tranquilidad y bienestar para el corazón; mediante ello adquirían nuevo vigor, capacidad y energía para el trabajo, y, renovados y revitalizados, se entregaban nuevamente a sus labores.

Hazrat Ali (que Allah esté complacido con él) dijo:

Al igual que el cuerpo, la mente también se cansa y se agota. Por eso, para aliviar ese cansancio y agotamiento, habla de manera amena e ingeniosa.

También dijo:

Concede al corazón, de vez en cuando, paz, bienestar y alegría, pues la inquietud del corazón lo ciega.

Hazrat Abu Dardā (que Allah esté complacido con él) dijo: (árabe******************)

Doy a mi alma cierta oportunidad de bromear con lo vano, para que ello me ayude a recorrer el difícil camino de la verdad.

Por lo tanto, no hay nada de malo en que el corazón se aligere mediante conversaciones jocosas. Tampoco hay pecado en procurar consuelo y tranquilidad para uno mismo y para los compañeros mediante juegos permitidos, siempre que ello no se convierta en un hábito permanente ni cree la tendencia a estar ocupado exclusivamente en eso todo el tiempo. De ser así, habría que pasar en ello la mañana y la tarde, lo que provocaría desgana para cumplir con las responsabilidades. Incluso en lugares donde es necesario mantener la seriedad, comenzaría a bromear. Por eso se ha dicho: (árabe******************)

Mezcla en la conversación exactamente tanta gracia como sal se necesita para la comida.

Pues no puede ser propio de un musulmán burlarse de la gente sin tener en cuenta su honor, dignidad y respeto. Por eso Allah, Exaltado sea, dijo: (árabe******************)

¡Oh, creyentes! Que unos no se burlen de otros, pues puede que estos sean mejores que aquellos. (Sura Al-Huyurat: 11)

Tampoco es apropiado ni lícito recurrir a mentiras con el propósito de hacer reír a la gente. Advirtiendo sobre esto, el Noble Profeta (s.a.s.) dijo: (árabe******************)

¡Desdichado quien dice mentiras para hacer reír a la gente! ¡Desdichado él, desdichado! (Tirmidhi)

Juegos permitidos

Existen muchas formas y modalidades de diversión y actividades recreativas que el Noble Profeta (s. a. s.) declaró lícitas para los musulmanes. Mediante ellas, los musulmanes pueden aliviar las preocupaciones de la mente y obtener alegría. Estas actividades impulsan a las personas a dedicarse al culto y a cumplir sus deberes, y a participar activamente en estas tareas. Mediante estos ejercicios físicos pueden recibir un entrenamiento que fortalezca su cuerpo. Gracias a ello, también pueden prepararse para participar en el yihad. Los siguientes son juegos de esta categoría:

Competencias de carrera

Los honorables Compañeros competían en carreras. El Noble Profeta (s. a. s.) les había permitido hacerlo. Se ha narrado que el Honorable Alí (r. a.) era una persona sumamente veloz en las carreras.

El propio Noble Profeta (s. a. s.) participaba en carreras con su honorable esposa, la Honorable Aisha (r. a.), para complacerla y para enseñar a los honorables Compañeros (r. a.). La Honorable Aisha (r. a.) misma dijo: (árabe******************)

El Noble Profeta (s. a. s.) compitió conmigo en una carrera. En aquella ocasión llegué delante de él. Más tarde, cuando mi cuerpo se volvió más pesado, volvió a competir conmigo, me venció y dijo: «Esta vez he cobrado la revancha de aquella ocasión». (Ahmad, Abú Dawud)

Practicar la lucha

El Noble Profeta (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) luchó contra un famoso luchador llamado Rukana. Lo derribó varias veces. (Abu Dawud)

En otra narración se dice que aquel a quien el Noble Profeta (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) derribó era extraordinariamente fuerte. Lo hizo caer al suelo tres veces consecutivas. Los juristas, basándose en estos hadices, han dictaminado que competir en carreras es completamente lícito y que los hombres pueden correr juntos. Los hombres y las mujeres que sean mahram entre sí, así como los esposos, pueden competir juntos. Competir en carreras y practicar la lucha no es contrario a la dignidad, la solemnidad, el conocimiento, la erudición ni la edad avanzada. En efecto, cuando el Noble Profeta (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) compitió en una carrera con Aisha (que Allah esté complacido con ella), tenía más de cincuenta años.

Tiro con arco

Los juegos de tiro con arco y de lanzamiento de lanzas también están permitidos por la sharía.

Cuando el Noble Profeta (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) veía a los nobles Compañeros ocupados en practicar el tiro con arco, los animaba plenamente. Decía:

Disparad vuestras flechas; yo estoy con vosotros.

En realidad, para el Noble Profeta (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él), el tiro con arco no era simplemente un juego o un asunto de diversión y entretenimiento. Era una fuerza: adquirir fuerza y manifestarla. Allah, el Altísimo, lo ha ordenado:

Adquirid y reunid tanta fuerza como podáis para enfrentaros a vuestros enemigos.

En esta ocasión, el Noble Mensajero (la paz y las bendiciones sean con él) dijo:

Sabed que el tiro con arco es una fuerza. Disparar flechas es una fuerza; disparar flechas es una fuerza.

También dijo:

Es vuestro deber aprender el tiro con arco, pues también es un excelente deporte para vosotros.

Sin embargo, prohibió utilizar como blanco a un animal doméstico. Eso era lo que hacían los árabes en la época de la ignorancia. Al ver a algunas personas haciéndolo, Ibn Umar (que Dios esté complacido con él) dijo:

El Noble Mensajero (la paz y las bendiciones sean con él) maldijo a quien utilizara como blanco para disparar flechas a cualquier criatura viva.

La razón de esta maldición es que, además de desperdiciarse la riqueza, se causa sufrimiento a los seres vivos y se provoca también la propia destrucción. En realidad, nunca es digno del ser humano celebrar sus diversiones y festejos causando sufrimiento a cualquier criatura viviente del mundo.

Precisamente por esta razón, el Noble Mensajero (la paz y las bendiciones sean con él) prohibió expresamente incitar a los animales y enfrentarlos en combates mutuos. (Abu Dawud, al-Tirmidhi). En aquella época, los árabes hacían que dos cabras o dos toros se enfrentaran de tal manera que, tras luchar repetidamente, ambos terminaban destruidos y al borde de la muerte. Al verlo, se regocijaban y estallaban en estruendosas carcajadas. Al explicar la razón por la que esta práctica está prohibida, los expertos dijeron:

En esta práctica, los animales son sometidos a un tormento y un sufrimiento atroces. Se les abandona en una situación extremadamente penosa. Además, no es sino una acción infructuosa.

Lanzamiento de lanzas

Al igual que el tiro con arco, el lanzamiento de lanzas es también una forma de juego lícito. El Profeta (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) permitió a los abisinios practicar el juego de lanzamiento de lanzas en la mezquita. También permitió a su esposa, la honorable Aisha (que Allah esté complacido con ella), observarlo desde el interior de la casa. Para animarlos, les decía: «¡Oh, hijos de Arfada, golpead; golpead con fuerza! Vuestro adversario está frente a vosotros».

Como Umar (que Allah esté complacido con él) era un hombre de carácter severo, este juego no le agradaba. Quiso prohibírselo, pero el Profeta (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) se lo impidió. Abu Huraira (que Allah esté complacido con él) narró: «Los abisinios jugaban con lanzas delante del Profeta (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él). En ese momento llegó Umar. Con el propósito de impedirles y prohibirles ese juego, les arrojó piedrecillas. El Profeta (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: “Deja que jueguen, Umar”».

Al permitir que se practicara este juego en su sagrada mezquita, el Profeta (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) mostró una extraordinaria amplitud de miras y tolerancia. De este modo, en la mezquita se integraron y armonizaron tanto los asuntos religiosos como los mundanos. Así, cuando los musulmanes juegan y se divierten, deben recordar que esto no es un simple juego. Aunque sirve de recreación y entretenimiento, también constituye ejercicio físico y entrenamiento corporal. A la luz de este hadiz, los expertos han opinado:

La mezquita es el centro de todas las actividades de la sociedad musulmana. Por tanto, es indudablemente lícito realizar en ella cualquier actividad que implique beneficio para la religión y para las personas religiosas.

En este contexto, los musulmanes de la actualidad deberían reflexionar sobre cómo, en aquella época, sus mezquitas fueron convertidas en fuentes de vida y fortaleza. En cambio, hoy se las ha convertido en centros de ociosidad para los inactivos. En ellas no se percibe el pulso de la vida ni se encuentra ningún medio para obtener fuerza. Además, de esto se desprende la orientación del Mensajero de Allah respecto a mantener y cultivar la relación con las esposas, así como a alegrar el ánimo y el corazón mediante juegos y diversiones lícitos de este tipo. Aisha, esposa del Profeta (que Allah esté complacido con ella), dijo:

Yo observaba mientras el Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) me cubría con su manto, y observaba a los abisinios mientras jugaban en la mezquita. Estuve mirándolos hasta que me cansé. Por tanto, podéis ocupar en juegos a las niñas pequeñas que sienten entusiasmo por jugar. (Bujari, Muslim)

Ella también dijo: «Jugaba con las niñas en su casa delante del Mensajero Noble. Tenía algunas amigas que jugaban conmigo. Cuando el Mensajero Noble (s.a.s.) entraba en casa, ellas se ocultaban. Entonces el Profeta Noble (s.a.s.) bromeaba con ellas junto conmigo, y así se atrevían a jugar conmigo». (Bujari, Muslim)

Equitación

Allah, Altísimo, ha dicho: (árabe*******************)

Hemos creado los caballos, las mulas y los asnos para que los montéis, y también para que sean un adorno para vosotros. (Sura An-Nahl: 8)

El Mensajero Noble (s.a.s.) dijo: (árabe*******************)

El bien está ligado a las frentes de los caballos. (Bujari)

También dijo: «Practicad el tiro con arco y montad a caballo».

Toda actividad en la que no se recuerda a Allah es solamente juego y vanidad. Hay cuatro excepciones: correr entre dos objetivos, entrenar caballos, jugar con la esposa y la familia, y enseñar a nadar. El honorable Umar (r.a.) dijo: (árabe*******************)

Enseñad a vuestros hijos a nadar y a lanzar flechas. Acostumbradlos también a saltar sobre el lomo de los caballos y sentarse firmemente en él. (Muslim)

Ibn Umar (que Dios esté complacido con él) dijo: el Noble Mensajero organizó carreras de caballos y otorgó un premio al caballo que ganó.

Todo esto forma parte de las acciones mediante las cuales el Noble Mensajero animaba a alcanzar la vanguardia en las carreras. Es tanto un juego como una práctica y un ejercicio.

Le preguntaron a Anas (que Dios esté complacido con él): «¿Solíais apostar en la época del Noble Mensajero?». Respondió: «Sí. Él mismo apostó por un caballo llamado “Sarha”. Este llegó el primero, y al verlo se sintió sumamente complacido y animado».

La forma permitida de apostar es que el premio no sea anunciado por ninguna de las dos partes participantes. Debe proceder de otra persona o de una sola de las partes. Si procede de ambas partes y se dice que quien gane recibirá el premio, entonces eso será juego de azar. Y el juego de azar está prohibido. El Noble Mensajero llamó caballos satánicos a los caballos utilizados en los juegos de azar. Dijo que aceptar su precio, alimentarlos con hierba y montar en ellos era pecado. (Ahmad)

Dijo: «Hay tres tipos de caballos: el caballo de Dios, el caballo del ser humano y el caballo de Satanás. El caballo que está destinado a combatir por la causa de Dios es el caballo de Dios. Alimentadlo con hierba; en todo lo relacionado con él, incluso sus heces y su orina, hay beneficio. En cambio, el caballo utilizado en juegos de azar, apuestas o carreras es el caballo de Satanás. Y los caballos que la gente cría con el propósito de aumentar la descendencia son los caballos del ser humano. Sirven para aliviar la pobreza».

La caza

La caza es un juego muy útil y beneficioso. El islam le ha concedido gran importancia. En realidad, además de proporcionar bienes y medios de subsistencia, también constituye una forma de ejercicio. Ya sea con instrumentos como flechas o lanzas, o mediante perros o aves de caza, ambos tipos de caza están permitidos. Ya hemos expuesto anteriormente, con detalle, las condiciones y normas necesarias de esta actividad.

El islam solo ha prohibido la caza en dos ocasiones. Fuera de ellas, está permitida en todo momento. Esas dos ocasiones son cuando se está en estado de ihram por el Hayy o la Umrah. Esto se debe a que es un tiempo de paz absoluta y seguridad plena. En ese tiempo no se puede matar ni derramar sangre. Así lo ha dicho Allah mismo:

¡Oh, creyentes! No matéis animales de caza mientras estéis en estado de ihram. Y mientras permanezcáis en estado de ihram, también se os ha prohibido la caza terrestre.

La segunda situación es cuando se está dentro del Haram Sharif de La Meca. Esto se debe a que Allah Ta‘ala ha convertido el Haram Sharif en un centro de paz y seguridad en todos los aspectos. Allí hay paz y seguridad para todos. Incluso si un animal de caza vivo se refugia allí, o si un ave voladora puede ser capturada allí, no está permitido hacerlo. El Profeta (s.a.w.) dijo:

No se puede cazar a los animales de caza de allí, ni cortar sus árboles, ni arrancar ninguna de sus hierbas.

El juego de dados

Todo juego que contenga apuestas, y cada una de sus formas, es haram. Y todo juego en el que haya ganancia o pérdida económica es una apuesta. El Noble Corán menciona esta apuesta junto con el vino, los sacrificios en los altares y la adivinación mediante flechas, entre otras obras prohibidas.

El Profeta (s.a.w.) dijo que si alguien dice: «Ven, juguemos a las apuestas», debe dar caridad por el pecado que ello implica. Esto se debe a que incluso invitar a jugar por dinero es un pecado, y es necesario expiarlo.

El juego de dados es uno de los juegos de esta categoría. Si se le añade una apuesta, es haram por consenso. Algunos, sin embargo, han dicho que es makruh, no haram. Quienes lo consideran haram han presentado como prueba el hadiz narrado por Hazrat Buraida (r.a.). El Mensajero de Allah (s.a.w.) dijo: ( árabe*******************)

Quien juega a los dados mancha su mano con la sangre y la carne de cerdo.

El hadiz narrado por Abu Musa dice:

Quien juega a los dados desobedece a Allah y a Su Mensajero.

Estos dos hadices afirman claramente que jugar a los dados es ilícito, haya o no apuestas.

El imán Al-Shawkani escribió: Según Ibn Mughaffal e Ibn al-Musayyib, no hay nada reprochable en jugar a los dados si no se mezcla con apuestas. Ambos consideraron que los hadices citados anteriormente se referían al juego de dados acompañado de apuestas.

Jugar al ajedrez

El ajedrez es un juego muy famoso. En árabe se llama shatranj. Los juristas han llegado a distintas conclusiones respecto a este juego. Algunos dijeron que es lícito, otros que es reprobable y otros que es ilícito.

Quienes lo consideraron ilícito basaron su argumento en algunos hadices atribuidos al Noble Profeta (la paz y las bendiciones sean con él). Sin embargo, los críticos y especialistas en las cadenas de transmisión de los hadices negaron la autenticidad de esos hadices. Dijeron que el ajedrez comenzó a difundirse y extenderse ya en la época de los compañeros; antes de ese período, este juego no existía. Por tanto, no se reconoce la existencia de ningún hadiz al respecto. Todos son falsos. Entonces, ¿cuál era la opinión de los compañeros sobre este asunto? Se sabe que no todos tenían la misma opinión. Ibn Umar (que Allah esté complacido con él) dijo: «Jugar al ajedrez es peor que jugar a los dados». El honorable Ali (que Allah esté complacido con él) dijo: «Este juego también es una forma de juego de azar». Según algunos compañeros, solo era reprobable.

Asimismo, algunos Compañeros y tabi‘íes consideraron que es lícito, un juego inocente. El honorable Ibn Abbas, Abu Huraira, Ibn Sirin, Hisham ibn Urwa, Zayd ibn al-Musayyab y Zayd ibn Yuzayra, entre otros, sostuvieron esta opinión.

En opinión del autor de esta obra, la opinión de estos últimos grandes expertos es la correcta. La verdad es que no se ha presentado ninguna prueba concluyente que demuestre que este juego sea ilícito. Además, contiene un considerable ejercicio mental y entrenamiento del pensamiento. Por ello, es necesario considerarlo diferente del juego de dados. Por esta razón, ellos dijeron que en el juego de dados solo se obtiene diversión y entretenimiento; esa es su característica. Pero la particularidad del shatranj o ajedrez es que en él están presentes y son necesarias la agudeza intelectual y la capacidad de razonamiento. Por tanto, debe considerarse semejante al tiro con arco.

Quienes declararon lícito este juego establecieron tres condiciones: (1) que no provoque negligencia en la oración, pues existe un grave riesgo de no poder realizarla a su debido tiempo; (2) que no haya apuestas; y (3) que, mientras juegan, los jugadores mantengan sus bocas libres y puras de insultos y palabras vulgares u obscenas. Si se infringe alguna de estas condiciones, o incluso una parte de ellas, el juego también se vuelve ilícito.

El canto y los instrumentos musicales

(Aquí, el digno autor no menciona el hadiz sobre los instrumentos musicales en el que el amado Profeta (que la paz y las bendiciones de Alá sean con él) dijo: «He sido enviado para eliminar los instrumentos musicales». Por instrumentos musicales se entienden aquellos instrumentos que despiertan el deseo sexual latente del ser humano. —El traductor)

La actividad que generalmente atrae la mente de las personas, proporciona satisfacción y tranquilidad al corazón y derrama miel en los oídos es el canto o la música. Desde la perspectiva del islam, no hay objeción al uso de instrumentos musicales, siempre que no se combine con desvergüenza, lenguaje vulgar u obsceno, ni con estímulo o excitación hacia actos pecaminosos.

En las celebraciones festivas, no solo es lícito utilizar estas cosas para expresar alegría y satisfacción, sino que también es recomendable. Por ejemplo, pueden utilizarse sin reparo durante el Eid, las bodas, el regreso de un pariente desaparecido, las ceremonias de la walima y la aqiqah, y con motivo del nacimiento de un hijo.

Aisha (que Alá esté complacido con ella) dijo que se estaba celebrando el matrimonio de una joven con un hombre de la tribu de los ansar. Entonces el Noble Profeta (que la paz y las bendiciones de Alá sean con él) dijo: «¡Oh, Aisha! ¿No hay algún entretenimiento festivo para ellos? Pues a los ansar les gusta mucho esto». (Bujari)

La venerable Aisha (que Allah esté complacido con ella) casó a una muchacha de su familia con un joven de la tribu de los ansar. Entonces llegó el Noble Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) y preguntó: «¿Habéis enviado ya a la novia?». Ellos respondieron: «Sí». Él preguntó: «¿Habéis enviado con ella a una muchacha cantante?». Respondieron: «No». Entonces dijo:

A la gente de los ansar le gusta mucho el canto. Por eso, habría sido muy bueno que enviarais con la novia a una muchacha que cantara: «Hemos venido a vosotros, hemos venido a vuestra casa; que Allah nos conserve con vida a nosotros y a vosotros también». (Ibn Maja)

La venerable Aisha (que Allah esté complacido con ella) dice: «Dos muchachas cantaban y tocaban instrumentos en su presencia el día del Eid al-Adha. El Noble Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) estaba acostado, cubierto con una tela. En ese momento llegó la venerable Abu Bakr (que Allah esté complacido con él). Al ver aquello, reprendió a las dos muchachas. Al oírlo, el Noble Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) descubrió su rostro y dijo: “¡Oh, Abu Bakr! Déjalas hacerlo. Hoy es el tiempo de la celebración del Eid”». (Bujari, Muslim)

El imán Gazali menciona en su obra Ihya ul-Ulum numerosos hadices relacionados con el canto de las dos muchachas. También menciona el juego de los abisinios en la Mezquita del Profeta y el estímulo que el Noble Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) les brindó. En aquella ocasión, el Noble Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) preguntó a la venerable Aisha: «¿Quieres ver este juego?». Después permaneció junto a ella y se lo mostró; todos estos hadices fueron transmitidos en los Sahih de Bujari y Muslim. Esto demuestra de manera concluyente que el canto y el juego no son absolutamente haram. También existen pruebas de la licencia que la sharía concede al respecto.

En primer lugar, debe considerarse la cuestión del juego. La danza y la afición deportiva de los abisinios son de todos conocidas. En segundo lugar, que aquello se celebrara en la Mezquita del Profeta, y, en tercer lugar, que el Noble Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) los alabara y los animara, son pruebas de que estas cosas son mubah. Y estando presentes todos estos elementos, ¿cómo podría declararse haram?

El cuarto aspecto es que la venerable Abu Bakr y la venerable Umar les habían prohibido aquello. Sin embargo, el Noble Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) impidió que ambos lo prohibieran y permitió que continuara, explicando que era la celebración del Eid. Era un momento de alegría y esparcimiento. Estas cosas son medios para disfrutar y alegrarse.

El quinto punto es que el Noble Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) esperó durante largo tiempo para verlo y, por consideración hacia la venerable Aisha, también lo escuchó. Esto demuestra que mostrar juegos a las mujeres y a los niños y proporcionarles alegría es una acción de buen carácter. En comparación con apartarse de ello o impedir que otros lo hagan por adoptar la severidad y la dureza de una austeridad y una piedad excesivamente rígidas, esta conducta es mucho mejor.

El sexto punto es que, desde el principio, le dijo a la venerable Aisha:

¿Quieres ver?

Y la séptima es permitir que dos muchachas canten y toquen instrumentos musicales.

Se ha transmitido mediante fuentes fiables que numerosos compañeros y tabi‘ines escuchaban y no consideraban que hubiera en ello nada censurable. Los hadices prohibitivos citados en este asunto han quedado gravemente debilitados por la crítica. No hay ni uno solo sobre el cual los especialistas en hadices y los juristas no hayan formulado objeciones. El cadí Abu Bakr ibn al-Arabi dijo: «Ningún hadiz sobre la prohibición del canto es auténtico». Ibn Hazm dijo: «Todas las narraciones de este asunto son inválidas y apócrifas».

El canto y los instrumentos musicales suelen utilizarse en reuniones de lujo, ostentación y pompa, en tertulias donde se consume alcohol y en reuniones nocturnas. Por esta razón, numerosos ulemas los han declarado haram o makruh. Otros ulemas consideran que, en el lenguaje del Corán, este canto y esta música son ese «lahw al-hadith» mencionado en esta aleya:

Entre la gente hay quienes compran el «lahw al-hadith» para extraviar a otros del camino de Allah sin conocimiento alguno y para tomar el camino de Allah a broma y burlarse de él. Para esas personas habrá un castigo humillante.

Ibn Hazm dijo que esta aleya, al describir a quien adopta el «lahw al-hadith», indica que tal persona es indudablemente kafir, pues se burla y ridiculiza el camino de Allah. Si compra un libro para extraviar a la gente y burlarse y ridiculizar el camino de Allah, es sin duda kafir. Allah, exaltado sea, mencionó en la aleya anterior la falta de esa persona. No censuró ni reprobó a quien compra el «lahw al-hadith» no con el propósito de extraviar a la gente, sino únicamente para jugar, entretenerse y divertirse, y para alcanzar mediante ello el equilibrio y la satisfacción de su temperamento.

En respuesta a quienes dicen que el canto no es correcto y que constituye necesariamente extravío, Ibn Hazm escribió: el Noble Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo que el valor bueno o malo de las acciones depende de las intenciones. Por tanto, quien escucha canto con la intención de obtener mediante él estímulo para cometer pecados es fasق. En cambio, quien lo escucha con el propósito de alcanzar equilibrio en su temperamento, obtener fuerza y valor para obedecer a Allah, y aumentar su interés y estímulo por las buenas y rectas acciones, no está realizando algo injusto ni inválido. Y quien no lo escucha ni con la intención de obedecer a Allah ni con la intención de desobedecerle, realiza una acción considerada inútil; Allah se la perdonará. Es como salir a pasear por el jardín de alguien, por un campo abierto o a la orilla de un río; sentarse ante la puerta de la propia casa únicamente para dar un paseo matutino o vespertino, entretenerse y relajarse; o teñir la propia ropa de amarillo, verde o cualquier otro color, y cosas semejantes.

Sin embargo, respecto al canto deben tenerse necesariamente en cuenta varias cuestiones:

1. La letra o el contenido de la canción no debe ser contrario a las enseñanzas ni al espíritu islámicos. Una canción que elogie el vino o invite a beberlo es, sin duda, haram, pues inspira a cometer actos prohibidos.

2. A veces se observa que una canción quizá no sea contraria al espíritu islámico, pero la cadencia musical y la manera de interpretarla por parte del cantante traspasan los límites de lo halal y llegan al grado de lo haram. Por ejemplo, cuando se presenta con gestos sumamente lascivos y vergonzosos, balanceándose, imitando maneras desvergonzadas y provocando, mediante una intensa agitación de las emociones, una excitación y conmoción tempestuosas, de forma que estimula la lujuria y conduce al desorden.

3. La religión islámica se opone en todos los asuntos a la exageración y a las conductas transgresoras. Esto también se aplica a la adoración. Tampoco debe tolerarse ningún exceso en el lahw. Nunca es apropiado dedicarle demasiado tiempo, pues el tiempo es el capital fundamental de la vida.

No cabe duda de que, cuando se incurre en exceso y exageración incluso en los asuntos lícitos, es muy natural que se descuide el cumplimiento de los deberes verdaderos. Por eso se ha dicho con toda razón: ( árabe*******************)

He visto la exageración llegar a tal punto que, ante ella, la verdad genuina queda abatida y se pierde.

4. Al escuchar ciertas canciones, la propia persona puede recibir una fatwa de su conciencia: si, al oírlas, sus emociones se excitan y la impulsan a causar daño, y se observa que la bestialidad prevalece sobre la espiritualidad, entonces debe evitarlas por completo; y es conveniente cerrar la puerta de la que llega el viento del peligro.

5. Todos están de acuerdo en que una canción es haram cuando se combina con alguna cosa prohibida, como beber alcohol, la promiscuidad o la falta de moralidad. Sobre este asunto, el Noble Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) anunció un severo castigo. Dijo: ( árabe*******************)

Algunas personas de mi comunidad beberán alcohol y le darán un nombre nuevo y diferente en lugar de su nombre original. Sobre sus cabezas se tocarán instrumentos musicales y las cantantes cantarán. Allah hará que la tierra se los trague y convertirá a algunos de ellos en monos y cerdos. (Ibn Mājah)

Según esto, la deformación no tiene por qué manifestarse en la apariencia física. También puede producirse en la mentalidad y en la perspectiva; es decir, en el cuerpo humano habitarían el espíritu y la mentalidad del mono, y el espíritu del cerdo. En otras palabras, en apariencia sería humano, pero por naturaleza, mono y cerdo. Debe tenerse presente que el autor ha mencionado aquí, para considerar permisibles las canciones, unas condiciones cuya observancia resulta muy difícil. Sin embargo, las canciones que normalmente se escuchan o se hacen escuchar en nuestro país y sociedad, así como las canciones de las películas que se difunden, no pueden cumplir dichas condiciones. Por tanto, no cabe en absoluto hablar de que sean lícitas, pues constituyen un importante medio de difusión y promoción de la indecencia y la sexualidad. Son sumamente perjudiciales para la moralidad. Los cantantes y las cantantes cautivan y embelesan a hombres y mujeres mediante sus canciones. No obstante, el islam ha concedido una importancia extraordinaria a la pureza moral y a la inocencia. No se ha permitido siquiera que una mujer hable con un hombre ajeno, o un hombre con una mujer ajena, con una voz suave y melosa. Esto ha sido declarado claramente en el Noble Corán. En el islam, saborear la dulce voz de una mujer ajena ha sido denominado adulterio. Por consiguiente, no cabe ninguna duda de que estas canciones son ilícitas. Sin embargo, todos reconocen que son permisibles las canciones que crean un verdadero espíritu islámico y despiertan el fervor y el valor yihadíes. —Traductor

Juego, bebida y compañía

En el islam se han declarado lícitos muchos tipos de juegos y actividades recreativas. Al mismo tiempo, se ha declarado ilícito todo juego mezclado con apuestas, así como todo juego en el que el sistema de ganancias y pérdidas económicas constituya una parte inseparable. En este sentido, es digno de recordar lo que dijo el Noble Mensajero (s.a.s.): si alguien dice «Ven, juguemos a las apuestas», debe dar limosna como expiación de ese pecado.

Por tanto, así como no es lícito para un musulmán adoptar el juego de azar como medio de obtener ingresos, tampoco puede adoptarlo como juego, fuente de tranquilidad y satisfacción mental, o medio de entretenimiento en el tiempo libre.

Detrás de la prohibición del juego de azar hay razones sumamente irrefutables y objetivos elevados.

1. Es un deber ineludible para el musulmán seguir, para obtener ingresos, las normas y el camino establecidos por Allah. Debe procurar alcanzar los resultados mediante las causas. Para entrar en una casa hay que hacerlo por su puerta; hay que buscar el resultado de la causa o la acción emprendida: ese es el objetivo del islam.

El juego de azar y la lotería también despiertan en las personas la tendencia a depender del destino y de esperanzas y aspiraciones infundadas. Allah ha dado importancia y ha ordenado recurrir, para obtener ingresos, a los esfuerzos, el trabajo y

la adopción de medios y causas; el juego no impulsa a las personas a recurrir a ellos.

2. El islam ha declarado ilícitos para el musulmán los bienes de otra persona; por tanto, solo se pueden tomar de ella mediante un intercambio conforme a la sharía, o si los entrega voluntariamente como donación o regalo. Fuera de esto, tomarlos por cualquier otro medio es completamente haram. Desde esta perspectiva, puede decirse que el juego de azar es un método falso e ilícito para apoderarse de los bienes ajenos.

3. El juego de azar, por su propia naturaleza, crea de manera muy natural una profunda enemistad y sentimientos de odio y venganza entre los propios jugadores y participantes, y no hay nada sorprendente en ello. Por sus palabras y exteriormente puede parecer que son amistosos entre sí, pero en realidad, entre ellos arden constantemente las llamas del conflicto y del odio y la venganza entre el vencedor y el vencido. Aunque el vencido permanezca callado, sigue consumiéndose de ira, resentimiento y deseos de vengarse de su fracaso. Pues ha sido derrotado y lo ha perdido todo. Y si comienza a discutir y a entablar una disputa verbal, ese resentimiento reprimido en su interior lo impulsa a tomar venganza.

4. Cuando una persona pierde una apuesta en el juego, vuelve a empezar a jugar. Entonces espera recuperar lo que ha perdido y se entrega por completo a ese pensamiento. Por otro lado, al vencedor se le despierta la codicia; se le hace la boca agua. Por eso se ve obligado a jugar una y otra vez. La codicia de apoderarse de cada vez más dinero lo vuelve ciego e imprudente.

La continuidad del juego prosigue así ininterrumpidamente. Ni el vencedor ni el vencido están dispuestos a dejar al otro.

5. Por esta razón, así como la adicción al juego de azar acarrea peligros para el individuo, también provoca graves desastres en la sociedad. Esta adicción no solo arrebata a las personas sus bienes y riquezas, sino que también arruina sus vidas.

Este juego vuelve completamente inútiles a los jugadores. Reciben muchas cosas de la vida, pero no le aportan nada. Consumen, pero no producen. El jugador se embriaga tanto con el juego de azar que olvida por completo sus propias responsabilidades y deberes. Le resulta imposible cumplir las responsabilidades y deberes que Alá ha impuesto a Sus siervos. Les resulta imposible recordar a su propia familia, a la sociedad y al pueblo. Una persona de este tipo no vacila en vender, a cambio de sus propios intereses, su religión y su fe, su honor y su dignidad, e incluso su país. Esto se debe a que la atracción del juego es tan intensa, y su amor y apego por él llegan a ser tan grandes y vehementes, que empieza a jugar en todos los asuntos y ámbitos. Incluso, al quedar atrapado por la esperanza de obtener ganancias indefinidas e inciertas, acaba jugando con su propio honor y dignidad, así como con las convicciones y la fe de él mismo y de toda la nación; ese es el desenlace natural.

No hace falta analizar qué prueba de elevada visión realista presentó el Noble Corán al reunir el alcohol y el juego de azar en una misma aleya y mandato, y declararlos haram de la misma manera. Pues los daños y las graves consecuencias perjudiciales de ambos afectan por igual al individuo, la familia, el país y el carácter. La adicción al juego es tan total y peligrosa como la embriaguez mental. Además, allí donde está presente uno de ellos, la presencia del otro es inevitable.

El Corán ha dicho que ambos son obra de Satanás, y los ha mencionado conjuntamente con los lugares de sacrificio y la adivinación mediante flechas; ha ordenado evitar y abandonar todas estas cosas, considerándolas instituciones de pecados sumamente graves. En este punto, la aleya coránica dice: ( Árabe*******************)

¡Oh, creyentes! El vino, el juego de azar, los altares de sacrificio y las flechas adivinatorias son inmundicias y obras satánicas. Evitadlas, para que podáis alcanzar el éxito. Satanás solo quiere sembrar entre vosotros la enemistad y el odio mediante el vino y el juego de azar, y apartaros del recuerdo de Allah y de la oración. ¿Acaso no vais a absteneros de estas cosas?

La lotería también es una forma de juego de azar

¡La lotería también es una forma de juego de azar! Considerarla algo ordinario y considerarla lícita en nombre de las instituciones de bienestar público y de los intereses humanos no puede ser correcto en modo alguno. Quienes consideran lícita la lotería para este tipo de fines tampoco dudan en recaudar dinero para esos propósitos mediante bailes y manifestaciones artísticas prohibidos, entre otras cosas. Pero esto no puede ser aceptable para ninguna persona de sano juicio. Queremos recordarles:

Allah, el Altísimo, es puro. Él solo acepta lo que es puro. (Hadiz)

Estas personas creen que entre la gente no existe ningún deseo ni inclinación hacia la compasión humana y las obras de bienestar. No comprenden en absoluto el significado de las buenas obras. Tampoco les queda ningún sentido del deber. Solo poseen deseos, pasiones y lujuria bestiales. Por eso, creen que no se puede realizar ninguna obra sin convertir en medio el espectáculo del juego de azar, los juegos prohibidos y cosas semejantes. Pero el islam no respalda esta actitud ni esta perspectiva respecto de la sociedad musulmana, ni permite recurrir a tales medios para ninguna buena obra. El islam insta a emplear medios y métodos puros para un propósito noble y puro. Esos medios consisten en invitar a las buenas obras, despertar sentimientos humanos puros e invitar a realizar obras beneficiosas sobre la base de la fe en Allah y en la Otra Vida.

Ver películas

Mucha gente desea saber cuál es la perspectiva del islam respecto del cine y el teatro de nuestra época, y si está permitido para los musulmanes entrar en ellos y ver sus producciones.

No se puede negar que el cine, el teatro y otras cosas semejantes son importantes medios de entretenimiento. Al mismo tiempo, tampoco hay duda de que estos medios modernos pueden utilizarse tanto para fines buenos como para fines malos.

Desde la perspectiva del islam, puede decirse que el cine o las películas no contienen en sí mismos ningún defecto ni maldad. La cuestión fundamental es para qué se utilizan y qué objetivo se pretende alcanzar por medio de ellos. Por eso, según el autor de esta obra, el cine o las películas son algo bueno y excelente. Si se utilizan bajo las condiciones que se exponen a continuación, pueden resultar muy beneficiosos.

En primer lugar, el propósito y objetivo que se reflejen y expresen por medio de ellos deben estar completamente libres de desvergüenza, desnudez, obscenidad, fisq y fuyur. Asimismo, dicho propósito y objetivo no deben ser contrarios a la aqida islámica, la sharía ni sus normas y leyes. Si la historia presentada despierta en los espectadores bajos deseos sexuales, los inclina a cometer pecados, los incita a actos delictivos o difunde ideas y creencias erróneas, entonces esa película es indudablemente haram. Ningún musulmán puede verla considerándola halal o permitida, ni se puede animar a nadie a verla.

No parece que en nuestros países se exhiba ninguna película libre de estos objetivos erróneos y graves. Por lo general, el amor entre jóvenes y los conflictos por las mujeres constituyen el tema central de las películas. La exhibición de la belleza y la juventud de hombres y mujeres es su principal atractivo, brillo y elemento de seducción. A ello se suman danzas cautivadoras y música. Los diálogos amorosos de las películas, que destruyen el pudor y dañan el carácter, contribuyen enormemente a la decadencia moral de nuestro tiempo. Por lo tanto, de ningún modo pueden considerarse permitidas. Sin embargo, si alguna película estuviera realmente libre de estas obscenidades y transmitiera un espíritu beneficioso, no habría objeción a ella. —El traductor—

En segundo lugar, no debe mostrarse negligencia alguna respecto del cumplimiento de las responsabilidades religiosas y mundanas. En particular, no debe surgir ningún impedimento para realizar las cinco oraciones diarias, que son obligatorias para todo musulmán. Debido a ver una película, no debe perderse la oración, especialmente la oración del magrib. De lo contrario, verla no será permisible de ninguna manera. En tal caso, quedaría comprendida en este versículo del Corán:

¡Ay de aquellos que oran y son negligentes o descuidados respecto de sus oraciones! (Sura al-Maún)

En la explicación de la expresión de este versículo se ha dicho que se muestra negligencia respecto de la oración cuando no se realiza a su debido tiempo. Asimismo, en el versículo citado anteriormente se señaló que una de las principales razones por las que el alcohol y el juego son haram es que ambos apartan del recuerdo de Allah y de la oración, e impiden prestar atención a ello.

En tercer lugar, quienes asisten al cine deben evitar toda clase de mezcla o trato cercano con hombres y mujeres extraños y no mahram, y mantenerse alejados de ese tipo de lugares o situaciones. Pues ello puede conducir a un peligro moral y suscitar sospechas en la gente, especialmente porque las películas suelen verse a oscuras. Aunque este hadiz ya haya sido citado anteriormente en otro lugar, conviene recordarlo también aquí:

Es mucho mejor que a cualquiera de vosotros le atraviesen la cabeza con una aguja que tocar a una mujer que no le sea lícita. (Al-Bayhaqi, al-Tabarani)

Relaciones sociales

El islam ha establecido las relaciones mutuas entre los miembros de la sociedad sobre dos bases.

Una de ellas es la relación de fraternidad mutua. Esta relación actúa como un vínculo sumamente sólido e inseparable entre las distintas personas. La segunda es la protección de los derechos, la dignidad y el honor: la seguridad y el respeto debidos a la vida, al honor y a los bienes de cada persona. Todo dicho, conducta o acción que perjudique, dañe o afecte negativamente estas dos bases es haram según el islam. No hay diferencia si el daño es material o cultural. Cualquiera que sea su naturaleza y su grado, será haram en esa misma medida. En el versículo citado a continuación se mencionan aquellas cosas haram que perjudican la fraternidad mutua y la dignidad humana:

Los creyentes son hermanos entre sí. Por tanto, reconciliad a vuestros dos hermanos. Y temed a Allah, para que se tenga misericordia de vosotros. ¡Oh, creyentes! Que ningún hombre se burle de otro; pues puede que estos sean mejores que aquellos. No os ofendáis ni os injuriéis mutuamente, ni os llaméis con apodos denigrantes. ¡Qué malo es llamar fasiq después de haber creído! Quienes no se arrepientan, esos son los injustos.

¡Oh, creyentes! Apartaos de muchas sospechas infundadas. Algunas sospechas son un pecado manifiesto. No os dediquéis a buscar los defectos de la gente, ni difundáis los defectos de nadie en su ausencia. ¿Acaso alguno de vosotros querría comer la carne de su hermano muerto? Ciertamente, lo aborreceríais. Y adoptad la taqwa de Allah. Sabed con certeza que Allah acepta mucho el arrepentimiento y es misericordioso. (Sura Al-Huyurat: 10-12)

En el primer versículo, Allah ha dicho que los creyentes son hermanos entre sí. Esto incluye tanto la fraternidad humana como la fraternidad religiosa. Ambas se encuentran unidas y armonizadas. La exigencia de esta fraternidad es que no permanezcan desvinculados ni sean extraños unos para otros. Es absolutamente necesario que exista entre ellos una profunda unión. No deben mantenerse separados, sino estrechamente unidos. No debe haber entre ellos enemistad, envidia ni rencor; debe haber amor sincero, misericordia y compasión. No debe haber conflictos ni diferencias de opinión entre ellos; deben actuar estando completamente de acuerdo. Por eso se ha dicho en el hadiz:

No os entreguéis a la envidia ni al rencor mutuos; no os persigáis unos a otros ni os deis la espalda. No deis cabida a la ira ni al descontento entre vosotros; más bien, sed siervos de Allah y hermanos unos de otros.

No rompas tus relaciones con tu hermano musulmán

Por esta razón, se ha prohibido y declarado ilícito tratar con crueldad y dureza a un hermano musulmán, boicotearlo y mantenerse apartado de él. Cuando surge odio y hostilidad entre dos musulmanes, solo se conceden tres días para contener la ira. Después, es obligatorio esforzarse por lograr la reconciliación, el entendimiento y la armonía mutuos, así como eliminar las causas que originaron la ira y el odio. En el Noble Corán se ha descrito así una cualidad de los musulmanes creyentes: ( *******************)

Sumamente amables, humildes y compasivos con los creyentes. (Sura Al-Ma’ida: 54)

El Noble Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: ( *******************)

No es lícito ni permisible para un musulmán romper las relaciones con su hermano durante más de tres días. Una vez transcurridos los tres días, debe encontrarse con él y saludarlo. Si este responde a su saludo, ambos compartirán la recompensa. Pero si no responde, él será el pecador, mientras que quien saludó quedará libre del pecado de romper las relaciones. (Abu Dawud)

El islam ha declarado obligatorio mantener los lazos de parentesco con los familiares consanguíneos. Cuanto más estrecho sea este vínculo, mayor y más firme será la insistencia en mantenerlo. Romper este vínculo está estrictamente prohibido. Allah, exaltado sea, ha dicho: ( *******************) Y temed a Allah, en cuyo nombre os reclamáis mutuamente vuestros derechos. Y respetad y mantened los lazos de parentesco. En verdad, Allah os observa. (An-Nisa: 1)

Para explicar la importancia de estos lazos de parentesco cercano y su valor y dignidad ante Allah, se dijo metafóricamente: ( *******************) El rahim —el parentesco consanguíneo—, colgado del Trono, dice: «Quien me mantenga, Allah lo mantendrá; y quien me corte, Allah lo cortará». (Bujari, Muslim)

Dijo: ( *******************)

Quien rompa los lazos de parentesco consanguíneo jamás entrará en el Paraíso. (Bujari, Muslim)

Al explicar este hadiz, los eruditos han expuesto dos opiniones. Una es que se refiere a quien rompe los lazos de parentesco, y la otra, al bandido, asaltante y asesino que mata en los caminos; es decir, ambos son criminales del mismo nivel.

El mantenimiento de los lazos de parentesco no consiste en que un pariente cercano trate de la misma manera a otro pariente cercano: si este mantiene la relación, él también la mantiene; si este lo trata bien, él también lo trata bien. Tal actitud de obstinación es indeseable; eso es algo natural. Lo obligatorio es que, aunque alguien rompa los lazos, uno continúe manteniéndolos. El Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: «No mantiene los lazos de parentesco quien simplemente corresponde al trato recibido. Quien realmente los mantiene es aquel que conserva la relación con quien la ha roto». (Bujari)

Esto se aplica cuando romper los lazos y boicotear no se hace por Allah, por Su causa y por la verdad genuina. De lo contrario, uno de los medios más importantes para fortalecer la fe es amar por Allah y sentir rechazo y apartamiento por causa de Allah.

El Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) y sus compañeros rompieron durante cincuenta días las relaciones con quienes se habían quedado atrás en la expedición de Tabuk. Finalmente, la vida de estos últimos se volvió insoportable y llegaron a una situación extrema. Nadie se sentaba con ellos, hablaba con ellos ni siquiera los saludaba. Después, Allah reveló unos versículos anunciando que había aceptado su arrepentimiento.

El Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) llegó a romper durante cuarenta días las relaciones con algunas de sus esposas. Abdullah ibn Umar (que Allah esté complacido con él) rompió las relaciones con su hijo. Finalmente, este murió. La razón fue que no puso en práctica en absoluto un hadiz del Mensajero de Allah que él había transmitido. En ese hadiz, el Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) había prohibido que las mujeres fueran a la mezquita.

Pero si este conflicto mutuo y la ruptura de relaciones se deben a alguna causa material mundana, o sencillamente a un conflicto de intereses, entonces se trata de algo sumamente insignificante. ¿Cómo puede un musulmán enfrentarse a su hermano musulmán cuando existe el riesgo de quedar privado del perdón y la misericordia de Allah? En un hadiz auténtico se dice:

Las puertas del Paraíso se abren los lunes y los jueves. Entonces Allah perdona a todo siervo que no asocia nada con Él. Sin embargo, no perdona a la persona que mantiene enemistad, odio y rencor con su hermano. Entonces Allah dice: «Apartad a esos dos hasta que se reconcilien; abandonadlos hasta que hagan las paces; dejadlos hasta que restablezcan la armonía entre ellos». (Muslim)

Si alguien que posee un derecho legítimo se acerca a su hermano para pedirle perdón, es deber de este perdonarlo y abstenerse de las disputas y los conflictos. Es ilícito rechazar sus disculpas y su petición de perdón. El Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) advirtió a quien actúa así que, el Día de la Resurrección, no podrá presentarse ante él en el Estanque de Kawzar.

Reconciliación y acuerdo mutuos

El deber de las dos personas en conflicto es, en virtud del vínculo fraternal, poner fin a sus disputas y desacuerdos mutuos, y reconciliarse y llegar a un acuerdo. Esto es cierto, pero la sociedad también tiene una responsabilidad al respecto. Pues la sociedad islámica es una comunidad humana cuyos miembros se ayudan y se complementan mutuamente. Por tanto, es inconcebible que la sociedad vea a dos de sus miembros enfrentados y entregados a la violencia, mientras desempeña el papel de un espectador silencioso y se mantiene a una distancia segura. Eso no puede ser permisible de ningún modo. De lo contrario, ambos seguirán consumiéndose en el fuego de la disputa y el conflicto, y ese fuego se extenderá gradualmente hasta incendiar y reducir a cenizas a toda la sociedad.

Más bien, es deber de las personas sensatas e influyentes intervenir y esforzarse por resolver el conflicto entre esas dos personas enfrentadas y lograr su reconciliación, únicamente por amor a la verdad y la justicia, y mantenerse alejadas de someterse a sus pasiones. Alá, exaltado sea, ha ordenado:

Reconciliad a vuestros dos hermanos y temed a Alá. Así, cabe esperar que se tenga misericordia de vosotros. (Sura Al-Huyurat: 10)

El propio Noble Profeta (la paz y las bendiciones de Alá sean con él) explicó la elevada dignidad de esta disposición de reconciliación y acuerdo, así como las malas consecuencias de las disputas y desacuerdos mutuos:

¿Queréis que os hable de una obra mejor incluso que las oraciones voluntarias, el ayuno y la caridad? Los compañeros dijeron: «Sí, Mensajero; dinos». Él dijo: «Es la reconciliación y el acuerdo mutuos. Pues las disputas y los desacuerdos mutuos son una cosa que afeita». No digo que afeite el cabello, sino que digo que eliminará la religión misma.

No está bien burlarse de los demás

En la aleya citada anteriormente, Alá, exaltado sea, declaró ilícitos todos aquellos actos que destruyen el vínculo de fraternidad mutua y menoscaban la dignidad de las personas.

Lo primero en este ámbito es burlarse de la gente, insultarla e intentar humillar a alguien. Por tanto, de ninguna manera es lícito que un creyente que conoce a Allah y aspira a la salvación en la otra vida quiera o llegue a burlarse, insultar, humillar o degradar siquiera a una persona, convertirla en objeto de reproches y palabras malintencionadas, y atormentarla día y noche. Pues puede considerarse que quien actúa así alberga una arrogancia oculta y la baja mentalidad de considerarse superior a los demás. Esta persona no sabe en absoluto cuál es el criterio de bondad ante Allah. Por eso Allah, exaltado sea, dijo: (árabe*******************)

Ningún hombre debe burlarse, insultar ni humillar a otro hombre, pues estos pueden ser mejores que ellos. Del mismo modo, ninguna mujer debe burlarse, insultar ni humillar a otras mujeres, pues ellas también pueden ser mejores que ella.

En realidad, el criterio de bondad ante Allah está constituido por la fe, la sinceridad y una buena relación con Allah. No se basa en la apariencia, la complexión física, el honor, la reputación ni las riquezas. En un hadiz se dice: (árabe*******************)

Allah no mira vuestras apariencias ni vuestras riquezas, ni les concede importancia alguna. Él mira vuestros corazones y vuestras obras; eso es lo que tiene importancia ante Él.

En tal situación, ¿puede un hombre burlarse, insultar y humillar a otro hombre, o una mujer a otra mujer, por su constitución física, sus defectos o carencias corporales, o debido a su pobreza y precariedad? ¿Puede ser lícito hacerlo de algún modo?

Se ha transmitido en un hadiz que, al levantarse la tela que cubría las piernas de Hazrat Abdullah ibn Masud (que Allah esté complacido con él), se vio que eran muy delgadas y finas. Algunos de los presentes, al verlo, soltaron una risa burlona. Entonces el Noble Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: (árabe*******************)

¿Os reís al ver sus piernas ligeras, delgadas y finas? Juro por Aquel en cuya mano está mi vida que esas dos piernas serán más pesadas ante la balanza de Allah que el monte Uhud.

En el Noble Corán se ha relatado cómo los politeístas criminales se burlaban, insultaban y humillaban a los creyentes musulmanes, especialmente a los débiles de entre ellos, como Bilal y Ammar. También ha explicado cómo se invertirán las balanzas el Día de la Resurrección y que aquellos que hoy se burlan, insultan y humillan serán ese día objeto de burla. Se ha dicho: (árabe*******************)

Los culpables se reían con burla de los creyentes. Cuando se acercaban a ellos, se hacían señas unos a otros. Y cuando regresaban con los suyos, mostraban gran satisfacción y orgullo por su éxito. Al verlos, decían: «Estos son todos unos extraviados». Sin embargo, no fueron enviados para ser sus guardianes. Por eso, hoy los creyentes se reirán de los incrédulos con burla.

La prohibición de que las mujeres se burlen, humillen y ridiculicen unas a otras ya está incluida en la primera parte de esta aleya. A pesar de ello, se consideró necesario mencionarlas expresamente y con claridad, diciendo que ninguna mujer debe burlarse, humillar ni ridiculizar a otras mujeres. Esto se debe a que tal conducta entre mujeres es sumamente vil y repulsiva, revela un carácter y una mentalidad despreciables, y se observa entre ellas de manera amplia y manifiesta.

Difamar y acusar

El segundo acto prohibido de esta categoría consiste en difamar y acusar a otras personas. Quien difama y acusa a los demás es como si los hiriera y lesionara con flechas o golpes de espada. Pero la herida causada por las palabras es aún más grave. En la poesía árabe se dice: (árabe*******************)

Las heridas de lanzas y flechas se secan y sanan, pero la herida causada por las palabras nunca cicatriza.

La forma en que se expresa esta palabra en la aleya es, sin duda, una muestra de la singularidad de la revelación de Allah. Se dice: (árabe*******************) —no os hiráis ni os lesionéis unos a otros.

Es decir, no os hiráis ni os hagáis daño unos a otros. De esto se entiende claramente que el Corán considera a la sociedad musulmana «una personalidad indivisible». Pues todos sus miembros son responsables unos de otros y se complementan mutuamente. Ahora bien, si uno hiere a su hermano, en realidad se hiere y se lesiona a sí mismo.

Llamar con malos apodos

Así como está prohibido herir a los demás, también está prohibido llamarse unos a otros con apodos ofensivos: dirigirse a otra persona con una palabra o un nombre que le resulte desagradable y que deteste. Esto la humilla, se burla de ella y la hiere; lastima su corazón. Nadie debe causar así sufrimiento a su hermano. Esto deteriora el ánimo de las personas y transgrede los límites de la fraternidad. Es una conducta contraria a la cortesía y al buen gusto comunes.

Las malas sospechas

El Islam desea que los miembros de la sociedad musulmana vivan unos con otros con una actitud limpia, pura e inocente. Desea que se establezcan entre ellos una confianza plena y una dependencia mutua estable. No deben albergar entre sí ninguna sospecha, desconfianza ni incredulidad. Nadie debe tener malas sospechas de los demás ni acusarlos falsamente. Por esta razón, el versículo citado anteriormente menciona esto como el cuarto acto prohibido. Pues el Islam no está dispuesto, bajo ninguna circunstancia, a tolerar el menoscabo de la dignidad y el honor de las personas. Se ha dicho: ( árabe*******************)

¡Oh, creyentes! Evitad albergar demasiadas sospechas acerca de las personas, pues algunas sospechas son pecado. (Sura Al-Huyurat: 12)

Es evidente que aquí, al hablar de sospechas, se hace referencia a albergar malas sospechas.

Por tanto, ningún musulmán debe albergar malas sospechas acerca de su hermano musulmán mientras no se disponga de una prueba concluyente.

Debe suponerse, como principio básico, que las personas son inocentes. No es correcto en absoluto que los susurros de las malas sospechas declaren culpables a personas inocentes. Por eso dijo el Noble Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él): ( árabe*******************)

Aléjate de las malas sospechas acerca de las personas, pues las malas sospechas son una forma sumamente falsa de hablar.

Es cierto que, debido a la debilidad humana, a menudo el ser humano no logra mantenerse alejado de las malas sospechas y cosas semejantes. A veces surgen sospechas en su mente respecto de ciertas personas, especialmente respecto de aquellas con quienes su relación se ha deteriorado. Sin embargo, todo musulmán tiene el deber de no someterse a esas malas sospechas, es decir, no darles cabida ni ir tras ellas. También se ha transmitido un hadiz sobre este tema:

Cuando surja en tu mente una mala sospecha, no la consideres verdadera.

Buscar los defectos

La desconfianza hacia los demás empuja al ser humano hacia un estado mental oculto: albergar malas sospechas. Entonces se entrega a una actividad externa y física, que consiste en buscar los defectos ajenos. Sin embargo, el islam está firmemente decidido a mantener a la sociedad humana en un ambiente limpio y puro, tanto interior como exteriormente.

Por ello, además de prohibir albergar malas sospechas, también prohibió buscar los defectos ajenos. Esto se debe a que esas malas sospechas suelen ser la causa principal de buscar los defectos de los demás.

En realidad, toda persona posee honor y dignidad. No puede ser lícito, bajo ninguna circunstancia, quebrantar ese honor y dignidad buscando sus defectos y sacar a la luz y exponer públicamente sus asuntos ocultos. No importa en qué defecto o acto pecaminoso esté involucrada una persona en privado: mientras permanezca oculto, que alguien se empeñe en revelarlo es completamente impropio e indeseable.

Abu al-Haytham, escriba de la corte de Uqba ibn Amir —que Allah esté complacido con él—, dijo: Le dije a Uqba ibn Amir: «Tengo algunos vecinos que beben alcohol y quiero llamar a la policía para que los detenga». Entonces él dijo: «No lo hagas. Explícales, aconséjalos y exhórtalos». Le dije: «Les he prohibido hacerlo muchas veces, pero no escuchan. En tal situación, ¿qué se puede hacer aparte de llamar a la policía para que los detenga?». Él dijo: «No, ¡ay de ti! No vayas a hacerlo. Escuché al Noble Mensajero de Allah —que la paz y las bendiciones de Allah sean con él— decir:

Quien mantiene en secreto el secreto de alguien y no lo divulga es como si hubiera devuelto a la vida, en su tumba, a alguien enterrado vivo. (Abu Dawud, Nasa’i, Ibn Mayah)

El Profeta, que la paz y las bendiciones sean con él, consideró buscar los defectos ocultos de las personas como una de las características de los hipócritas. Los hipócritas son aquellos que dicen con la boca: «Hemos creído», pero cuyos corazones, en realidad, no han creído. El Profeta, que la paz y las bendiciones sean con él, criticó duramente a esas personas delante de la gente. Se narró de Ibn Umar, que Allah esté complacido con él, que dijo: El Profeta, que la paz y las bendiciones sean con él, se puso de pie sobre el púlpito y, alzando la voz, llamó: ( আরবি*******************)

¡Oh, aquellos que han aceptado el imán y el islam con la boca, pero cuyo imán no ha llegado a sus corazones! No causéis daño a los musulmanes ni busquéis sus defectos ocultos. Pues quien busque los defectos ocultos de su hermano musulmán, Allah buscará sus defectos. Y a quien Allah le busque sus defectos, lo dejará avergonzado y humillado, aunque esté sentado en un rincón de su casa. (Tirmidhi, Ibn Mayah)

Con el propósito de proteger plenamente el honor y la seguridad de las personas, el Profeta, que la paz y las bendiciones sean con él, declaró estrictamente ilícito entrar en la casa de alguien sin el permiso de sus moradores. También informó que, si los moradores de la casa repelían al intruso, no cometerían ningún pecado. Dijo: ( আরবি*******************)

Si alguien mirara dentro de la casa de otra persona sin el permiso de sus moradores, estos tendrían pleno derecho a sacarle el ojo.

Se ha declarado ilícito escuchar las conversaciones de las personas dentro de una casa sin que ellas lo sepan ni den su permiso. El Profeta, que la paz y las bendiciones sean con él, dijo: ( আরবি*******************)

A quien escuche a escondidas las conversaciones de otras personas —que no desean que nadie las escuche ocultándose—, el Día de la Resurrección se le verterá plomo fundido en ambos oídos. (Bujari)

Si alguien va a la casa de otra persona con el propósito de visitarla, es completamente ilícito entrar en ella sin su permiso y sin saludar. Primero debe saludar y pedir permiso para entrar. Esto es obligatorio. Se ha dicho: ( আরবি*******************)

¡Oh, creyentes! No entréis en casas ajenas hasta que pidáis permiso y saludéis a sus moradores. Esto es mejor para vosotros; quizá lo recordéis. Si no encontráis a nadie en esa casa, no entréis en ella hasta que haya para vosotros una conducta más pura. Allah está perfectamente informado de todo lo que hacéis. (Sura An-Nur, 27-28)

Se cita en un hadiz: ( árabe*******************)

Quienquiera que descubra algo confidencial y dirija su mirada hacia ello antes de recibir permiso, habrá entrado en un ámbito en el que no le es lícito entrar. (Ahmad, Tirmidhi)

Buscar los defectos ajenos —examinar minuciosamente hasta descubrir sus faltas ocultas— está prohibido en general para todos. Esta prohibición se aplica tanto a gobernantes y administradores como a la población gobernada. Nadie está exento de ella ni tiene permiso para hacerlo. Hadrat Mu‘awiya (que Allah esté complacido con él) narró del Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) que dijo: ( árabe*******************)

Si buscas los defectos ocultos de la gente, los arruinarás o los llevarás al borde de la ruina. (Abu Dawud, Ibn Mayah)

También dijo: ( árabe*******************)

Cuando un gobernante o administrador comienza a buscar entre la gente conversaciones que susciten sospechas y dudas, la lleva a la ruina. (Abu Dawud)

La murmuración

Lo que el versículo citado anteriormente ha prohibido en su sexta etapa es la murmuración. La parte del versículo dice: ( árabe*******************)

No os murmuréis unos de otros. (Sura al-Huyurat: 21)

El Noble Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) explicó a sus compañeros el significado de la palabra «ghiba» mediante un método de preguntas y respuestas. Se dirigió a ellos y dijo: (árabe*******************) —¿Sabéis qué es la ghiba?

Los compañeros respondieron: «Allah y Su Mensajero saben mejor». Entonces él dijo: (árabe*******************)

Mencionar a tu hermano de una manera que a él mismo no le agrada: eso es la ghiba. Le preguntaron: «¡Oh, Mensajero de Allah! Si lo que digo realmente se encuentra en mi hermano, ¿también sería ghiba decirlo?». Respondió: «Si lo que dices se encuentra en él, entonces eso es precisamente ghiba; y si no se encuentra en él, será entonces buhtan, una falsa calumnia». (Muslim, Abu Dawud, al-Tirmidhi, al-Nasa’i)

Decir de una persona, en su ausencia, algo que no le agrada incluye todo lo relacionado con su constitución física, aspecto y apariencia, carácter, acciones, linaje y cualquier asunto vinculado con ella. Aisha (que Allah esté complacido con ella) dijo: (árabe*******************)

Le dije al Noble Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él): «El hecho de que tu esposa Safiyya sea de baja estatura es suficiente». Entonces el Noble Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: «Has pronunciado una palabra que, si se mezclara con el agua del mar, cambiaría su color». (Abu Dawud, al-Tirmidhi, al-Bayhaqi)

En realidad, la ghiba manifiesta una inclinación perversa cuyo resultado es degradar a los demás. Aprovechar su ausencia para menoscabar su honor, reputación y dignidad responde a un intenso deseo. Esto revela la mezquindad, bajeza y perversidad del murmurador, pues equivale a atacar por la espalda. Demuestra que el murmurador no tiene nada propio que hacer; solo él se destaca en la práctica de la murmuración. La inclinación a la ghiba es una actividad destructiva para la sociedad, porque muy pocas personas logran escapar de los golpes de la espada de la lengua de quienes están acostumbrados a murmurar.

En tales circunstancias, si el Noble Corán ha revelado su forma repugnante y abominable, presentándola de un modo que despierta una intensa aversión en el corazón de las personas, no hay motivo para sorprenderse. Esta es la imagen: (árabe*******************)

Que ninguno de vosotros murmure de otro. ¿Acaso a alguno de vosotros le gustaría comer la carne de su hermano muerto? Eso ciertamente os repugna.

En realidad, una persona no puede en absoluto disfrutar comiendo la carne de otra. Entonces, ¿cómo podría serle posible comer la carne de su propio hermano, y más aún la de un hermano muerto?

Siempre que encontraba la oportunidad, el momento y el ambiente adecuados, el Noble Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) mostraba esta imagen de la murmuración, pues quería que aquella imagen espantosa permaneciera siempre viva en la mente de la gente.

Hazrat Ibn Mas‘ud (que Allah esté complacido con él) dijo:

Estábamos presentes ante el Noble Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él). En ese momento, un hombre salió de la reunión. Entonces otro hombre habló de él de manera insultante. El Noble Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) le dijo a este hombre: «Límpiate los dientes». El hombre preguntó: «¿Por qué habría de limpiármelos, si no he comido carne alguna?». El Noble Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) respondió: «Acabas de comer la carne de tu hermano».

Se ha transmitido de Hazrat Jābir (que Allah esté complacido con él) que dijo:

Estábamos presentes ante el Noble Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él). Entonces sopló un viento muy maloliente. El Noble Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: «¿Sabéis de qué es este viento? … Es el viento de los creyentes que murmuran de otros». (Ahmad)

Límites de la permisibilidad de la murmuración

Todos los versículos del Corán y hadices citados anteriormente demuestran de manera concluyente que, en el islam, la dignidad de la persona es sumamente sagrada y está protegida.

Sin embargo, según los expertos en el islam, hay ciertos aspectos de la ghiba que constituyen excepciones a lo prohibido. Cuando, por necesidad, no hay otra manera que incurrir en la ghiba, ese es uno de los casos excepcionales, y solo se puede recurrir a esta excepción cuando la necesidad lo exige.

La persona oprimida que presenta una queja contra el opresor revela cosas sobre él que, aunque le resulten desagradables, son todas verdaderas, y además tiene derecho a hacerlo. Cuando, en un caso de opresión como este, surge la necesidad de hablar contra alguien para presentar una queja, hay que hacerlo necesariamente. Allah, exaltado sea, ha dicho: ( árabe*******************)

Allah, exaltado sea, no aprueba en absoluto que se divulguen y propaguen palabras de mal carácter; sin embargo, el caso de quien ha sido oprimido es distinto. Y Allah todo lo oye y todo lo sabe. (Sura an-Nisa: 148)

Una persona pregunta por otra persona determinada con el propósito de asociarse con ella en un negocio si descubre que tiene buen carácter, o pregunta por un joven que pretende casarse con su hija. En todos estos casos, por un lado está la responsabilidad de informar a la gente de la verdad y de la situación real, y por otro, el deber de proteger el honor y la reputación de la persona ausente. Existe una fuerte oposición y conflicto entre estas dos responsabilidades y deberes. Pero, puesto que la primera responsabilidad es la más importante y sagrada, hay que reconocer necesariamente su prioridad. Fátima bint Qays informó al Noble Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) de las dos propuestas de matrimonio que había recibido y le pidió consejo sobre cuál aceptar. Entonces, acerca de uno de ellos, él dijo: «Este hombre golpea mucho a su esposa. Nunca baja el bastón de su hombro».

Entre estas excepciones se encuentra hablar con el propósito de cambiar una injusticia o un pecado. Según el hadiz, esto es un deber.

Si la única forma de identificar a una persona es mediante un nombre que ella misma no aprecia, pero sin mencionar ese nombre no se la puede reconocer —por ejemplo, A’ray, «el cojo»; A’mash, «el de la vista débil»; o «el hijo de la mujer de fulano»—, entonces debe mencionarse con el propósito de identificarla. Interrogar a los testigos, a los transmisores de hadices y a los informantes, así como hablar de sus cualidades y defectos de carácter, también pertenece a esta categoría.

En esta categoría existen dos fundamentos para que la ghiba sea lícita:

Una: la necesidad; segunda: la intención y la actitud. Nadie debería aventurarse en este ámbito prohibido hasta que surja una necesidad apremiante de mencionar el motivo del descontento de la persona ausente. Si basta con insinuarlo para satisfacer la necesidad, debe evitarse expresarlo claramente. También puede hablarse del asunto en términos generales, sin mencionar a una persona determinada. Por ejemplo, una forma de preguntar sería: «¿Cuál es su opinión sobre una persona que hace esto y aquello?». No se debe decir: «Fulano, hijo de fulano». Si se habla de algo que existe en la persona implicada, se aplica una condición. Pero si se le atribuye algo que no existe en ella, será una acusación completamente falsa y, por tanto, totalmente ilícita.

La intención: esta es, en esta etapa, el factor decisivo final en todos los asuntos. Él mismo sabe mejor que nadie por qué habla. Precisamente sobre la base de esta intención es posible distinguir entre la murmuración, la crítica, el consejo y la divulgación de defectos, entre otras cosas. Y también es cierto que el creyente puede examinar con gran rigor sus propias intenciones, y así lo hace.

Desde la perspectiva del islam, también es seguro que quien escucha la murmuración debe ser considerado partícipe de ella. Y es deber de cada persona ayudar a su hermano en su ausencia y defenderlo. En el hadiz se dice:

Quien protegió el honor de su hermano en su ausencia y lo exoneró de sus faltas merece que Allah lo salve del Infierno. (Ahmad)

(Árabe*******************)

A quien protegió el honor de su hermano en este mundo, Allah le apartará el Infierno el Día de la Resurrección. (Tirmidhi)

Quien no tiene tal valentía y no pudo proteger a su hermano del golpe causado por la humillación de su dignidad, debe al menos abandonar aquella reunión y mantenerse apartado de esas personas hasta que se ocupen de otro asunto. Si ni siquiera hace eso, quedará incluido en las palabras de Allah: «También os habéis vuelto como ellos». (Sura an-Nisa, 140)

La delación maliciosa

Cada vez que se menciona la murmuración, también se menciona otra conducta que, desde la perspectiva del islam, está tan estrictamente prohibida como la murmuración: llevar chismes. Consiste en escuchar de alguien algo contra otra persona y transmitírselo a esta de tal manera que entre ambas se produzca una disputa, desaparezca la pureza de sus corazones y surjan la corrupción y la inmundicia; o que la corrupción y la inmundicia ya existentes aumenten aún más.

En las suras de La Meca descendió la palabra de Allah para condenar esta conducta vil y peligrosa. En ella se dice: (árabe*******************)

No hagáis caso de quien jura constantemente y carece de valor, quien causa sufrimiento a la gente, va lanzando maldiciones y lleva chismes. (Sura Al-Qalam: 10-11)

El Noble Profeta (s.a.s.) dijo: (árabe*******************)

El que lleva chismes no entrará en el Paraíso. (Bujari, Muslim)

Aquí, el significado de la palabra «qattatun» es «el que lleva chismes». Algunos dicen que, en realidad, quien lleva chismes es aquel que se une a un grupo de personas enfrascadas en una conversación y después habla contra ellas difundiendo sus confidencias. En cambio, «qattatun» es quien escucha a escondidas la conversación de la gente y comienza a hablar contra ellos.

El Noble Profeta (s.a.s.) dijo: (árabe*******************)

Los siervos más despreciables de Allah son quienes llevan chismes, provocan discordia y divisiones entre los amigos y se empeñan en descubrir faltas en personas inocentes. (Ahmad)

El islam ha permitido a quienes procuran eliminar las disputas entre las personas y lograr la reconciliación y la armonía que, aun sabiendo lo peor de una persona, no lo divulguen. Más aún, pueden añadir por iniciativa propia algunas palabras buenas, aunque no las hayan oído de una persona acerca de la otra.

Sobre quienes oyen en algún lugar algo malo y se apresuran a transmitirlo a otros con intención conspiradora o para crear enemistad, recaen la intensa ira y la indignación del islam. Pues actúan con el mal propósito de sembrar destrucción y corrupción en la sociedad.

Esta clase de personas no se limita a lo que ha oído, sino que, movida por una mentalidad destructiva para la sociedad, no vacila en añadir mucho por su propia cuenta ni en inventar cosas. Si oyen algo bueno, lo mantienen en secreto; si oyen algo malo, lo difunden ampliamente; y, si no han oído nada, mienten.

Un hombre le transmitió a Umar ibn Abd al-Aziz algo acerca de otra persona, algo que él no aprobaba. Entonces el califa Umar (el segundo) dijo: «Si quieres, investigaré tu asunto. Pero si eres un mentiroso, has incurrido en el contenido de esta aleya del Corán:»

Si una persona perversa viene a vosotros con una noticia, verificad sin duda su veracidad y exactitud.

Y si eres veraz, estás comprendido en el alcance de esta aleya: «Y, si quieres, te perdonaremos». El hombre dijo: «Oh, emir de los creyentes, perdóname. No volveré a hacer algo así».

Protección del honor y la dignidad

Hemos visto cuánta importancia concede el islam, mediante sus sublimes enseñanzas, a la protección del honor, la dignidad y la reputación de las personas. También es digno de observar que la protección de la dignidad humana ha llegado hasta los límites establecidos por sus normas de inviolabilidad. Cierta vez, Abdullah ibn Umar miró hacia la Kaaba y comenzó a decir:

¡Oh, Kaaba! Tu dignidad es inmensa; ¿qué más podría decir sobre la grandeza de tu dignidad? Pero la dignidad del creyente es mucho más elevada y grande que la tuya. La dignidad del creyente se refleja en su honor, su sangre y sus bienes.

En el sermón de la Peregrinación de Despedida, el Noble Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) se dirigió a la gran multitud musulmana y dijo: ( আরবি*******************)

Sabed que vuestros bienes, vuestro honor y vuestra sangre son inviolables y respetables entre vosotros, como es sagrado este día vuestro, en este mes vuestro y en esta ciudad vuestra.

El islam también ha protegido el honor de la persona, prohibiendo hablar de ella en su ausencia de algo que, aunque sea cierto, le disgusta. Entonces, ¿cómo podría haber lugar para decir algo inventado y sin fundamento? Si se dijera, sería un delito y un pecado gravísimo. En un hadiz se dice: ( আরবি*******************)

A quien diga de alguien algo que no se encuentra en él, con el único propósito de desacreditarlo, Allah lo mantendrá preso en el Infierno el Día de la Resurrección hasta que demuestre la veracidad de lo que dijo. (At-Tabarani)

Se narró de Aisha (que Allah esté complacido con ella) que el Noble Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo a sus compañeros: ( আরবি*******************)

¿Sabéis cuál es el mayor interés ante Allah? Los compañeros dijeron: «Allah y Su Mensajero saben más». Él dijo: «El mayor interés ante Allah es querer destruir el honor de los musulmanes». Después recitó un versículo del Corán, cuyo significado es: «Quienes causan daño y aflicción a los hombres y mujeres creyentes, a pesar de que son inocentes, cargan sobre sí la maldición de la falsa acusación y de un pecado manifiesto». (Sura Al-Ahzab: 58)

En este ámbito, el mayor pecado es atacar el honor y la dignidad de las personas. Por ejemplo, acusar a mujeres creyentes, castas y de carácter intachable de actos deshonestos. Esto puede perjudicar su reputación y buen nombre, así como el honor y la dignidad de su linaje y de su familia; del mismo modo, puede traerles peligros para su futuro. Además, con ello se observa la tendencia a difundir ampliamente la desvergüenza y la inmoralidad en la sociedad de los creyentes.

Por esta razón, el Noble Profeta (que Allah le bendiga y le conceda paz) incluyó este acto entre los siete pecados mayores destructivos, y el Noble Corán ha advertido, con un lenguaje severo, de un terrible desenlace a causa de él. Se ha dicho:

Quienes acusan de inmoralidad a mujeres creyentes, castas e inocentes serán maldecidos en este mundo y en el Más Allá, y recibirán un gran castigo. Ese día, sus lenguas, sus manos y sus pies darán testimonio contra ellos de lo que hicieron. Ese día, Allah les dará plenamente su verdadera recompensa, y sabrán que Allah es la Verdad manifiesta.

También se ha dicho:

Quienes desean que la obscenidad y el pecado se difundan ampliamente entre la comunidad de los creyentes tendrán un castigo en este mundo y en el Más Allá. Allah sabe, pero vosotros no sabéis. (Sura an-Nur: 19)

La inviolabilidad de la sangre

El islam ha otorgado a la vida humana el máximo honor y dignidad. Ha proclamado la santidad del alma humana y ha declarado que atentar contra ella es, ante Allah, el mayor pecado después de la incredulidad. El Noble Corán declara:

Quien mate a una persona sin que esta haya cometido el delito de homicidio o de sembrar la corrupción en la tierra será como si hubiera cometido el delito de matar a toda la humanidad. Esto se debe a que, desde la perspectiva del islam, todos los seres humanos pertenecen a una misma familia. Por tanto, cuando uno de ellos es asesinado, cuando se comete una transgresión contra él, el daño alcanza a toda la especie humana. Sus consecuencias nocivas recaen sobre todos.

Pero si la persona asesinada es creyente, la prohibición se vuelve aún más grave y severa. Por ello, el Noble Corán dice:

Quien mate intencionadamente a un creyente tendrá como retribución el Infierno, donde permanecerá eternamente. Allah se enojará con él, lo maldecirá y le habrá preparado un gran castigo.

El Noble Mensajero (la paz sea con él) dijo: ( árabe*******************)

Para Allah, la destrucción de todo el mundo es un asunto mucho más leve que el asesinato de un musulmán. (Muslim, Nisai, Tirmidhi)

Dijo: ( árabe*******************)

El creyente permanece en una situación de amplitud en cuanto a la religión, mientras no cometa el delito prohibido de matar a una persona.

Dijo: ( árabe*******************)

Allah, exaltado sea, posiblemente perdonará todos los pecados; pero no al que muera siendo idólatra ni al que mate intencionadamente a un creyente.

Basándose en estos versículos y hadices, el venerable Ibn Abbas (que Allah esté complacido con él) consideró que el arrepentimiento del asesino no sería aceptado. En otras palabras, consideró que una condición para que el arrepentimiento sea aceptado es devolver los derechos de las personas afectadas o conseguir su satisfacción. Pero ¿cómo se pueden devolver los derechos de una persona o conseguir que quede satisfecha?

Otros han dicho que el arrepentimiento sincero será aceptado sin duda. Este tipo de arrepentimiento incluso obtiene el perdón del pecado de la idolatría. Entonces, ¿por qué no habría de perdonarse mediante el arrepentimiento un pecado de menor grado?

Allah Todopoderoso ha dicho: ( Árabe*******************)

Aquellos que no invocan a otra divinidad junto con Allah, no matan a ninguna persona sin causa justa y no cometen fornicación; quien haga estas cosas recibirá el castigo por sus pecados. El Día del Juicio, su castigo será duplicado y permanecerá eternamente en él, humillado. Excepto quien se arrepienta, crea y obre rectamente: Allah transformará sus malas acciones en buenas obras. Allah es Perdonador y Misericordioso. (Sura Al-Furqán: 68-70)

Tanto el asesino como el asesinado estarán en el Infierno

El Noble Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) declaró que entablar una guerra sangrienta contra los musulmanes es una de las puertas de la incredulidad. Lo calificó como una práctica de la época de la ignorancia. Esto se debe a que la gente de entonces estaba constantemente envuelta en guerras y no dudaba en hacer correr ríos de sangre por causa de una camella o un caballo. El Noble Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: ( Árabe*******************)

Insultar a un musulmán es una conducta impía, y entablar una guerra sangrienta contra él es una incredulidad manifiesta. (Bujari, Muslim)

Otra declaración del Noble Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él): ( Árabe*******************)

Después de mi partida, no volváis a la incredulidad apartándoos de la fe ni comencéis a degollaros unos a otros. (Bujari, Muslim)

En otro hadiz se dice: Cuando uno de dos musulmanes empuña un arma contra su hermano, ambos se encuentran al borde del Infierno. Luego, cuando uno mata al otro, ambos entran en el Infierno. Se preguntó: «¡Oh, Mensajero! Es comprensible que el asesino entre en el Infierno, pero ¿por qué entrará en él la víctima?». Respondió:

Porque también había querido matar a su compañero. (Bujari, Muslim)

Por esta razón, el Noble Profeta (la paz sea con él) prohibió realizar todo acto cuya consecuencia pudiera ser un asesinato o una guerra sangrienta. Incluso hacer señas con un arma entra en esta categoría. Dijo:

Que ninguno de vosotros haga señas con un arma hacia su hermano, porque quizá no se dé cuenta de cuándo Satanás le arrebatará el arma de la mano y él caerá en el hoyo del Infierno. (Bujari, Muslim)

Dijo:

A quien haga señas con cualquier arma hacia su hermano, los ángeles lo maldicen hasta que desista de ello, aunque se trate de su propio hermano. (Muslim)

También dijo:

No es lícito que un musulmán asuste a otro musulmán.

El pecado no se limita únicamente al asesino. Por el contrario, quien participe en ello de cualquier manera, mediante palabras o acciones, también será partícipe del pecado de este asesinato. Según el grado de su participación, recaerán sobre él la ira, la cólera y el descontento de Allah. Incluso quien, estando presente en el lugar del asesinato, permanezca pasivo, también participará en este pecado. Se ha dicho en un hadiz:

Cuando alguien sea asesinado injustamente y sin causa, que nadie permanezca allí. Pues también descenderá una maldición sobre quien esté presente en este asesinato y no intente protegerlo.

La inviolabilidad de la sangre de la persona que ha celebrado un pacto y del dhimmí

Estos versículos y hadices advierten al musulmán contra matar a otro musulmán y entablar una guerra sangrienta con él. Esta es una norma de la sharía y una guía para los musulmanes que viven en una sociedad musulmana. Pero esto no significa que la sangre de un no musulmán sea lícita. En realidad, la sangre de todo ser humano debe ser protegida. Hay que protegerlo por el hecho de ser humano; mientras un no musulmán no esté en guerra con los musulmanes, no se le puede matar. Sí, si un no musulmán declara la guerra contra los musulmanes, entonces se puede derramar su sangre. Y si ese no musulmán celebra un pacto con el Estado musulmán o es un dhimmí, la protección de su sangre es obligatoria. Para un musulmán, transgredir los límites nunca será lícito. A este respecto, el Profeta dijo:

Quien mate a una persona con la que existe un pacto no percibirá ni siquiera la fragancia del Paraíso, aunque el aroma del Paraíso puede percibirse incluso a una distancia equivalente a cuarenta años de viaje.

En otra narración se ha dicho:

Quien mate a un dhimmí no percibirá la fragancia del Paraíso.

Cuándo deja de ser inviolable la sangre

Allah Altísimo ha dicho: (árabe*******************)

No mataréis a la persona cuya vida Allah ha declarado sagrada, salvo con justa causa. (Sura al-An‘am: 151)

La justa causa mencionada aquí, por la cual puede matarse a una persona, consiste en matarla como castigo por un delito. Y esos delitos son tres:

1. Matar injustamente. Cuando se demuestre el delito de homicidio de una persona, es obligatorio aplicar el qisás; y el qisás consiste en matar al homicida como castigo por el asesinato. Es decir, vida por vida. En el Corán se dice: (árabe*******************)

En el castigo de matar al asesino reside la vida para vosotros.

2. Cometer zina públicamente, de tal manera que cuatro hombres rectos den testimonio de haberlo presenciado con sus propios ojos. La condición es que esta persona esté familiarizada con el matrimonio celebrado de manera lícita. Aunque no se encuentren testigos, si el propio acusado confiesa su delito repetidamente ante el juez, el delito también quedará probado y se le impondrá el castigo correspondiente.

3. Incluso si, después de aceptar el islam, declara su rebelión contra la religión del islam, puede ser ejecutado como castigo. Esta situación se produce cuando su rebelión contra la comunidad musulmana se convierte en un desafío. El islam no obliga a nadie a aceptarlo por la fuerza. Pero si alguien juega con la religión del islam —la acepta y luego se rebela contra ella—, el islam no puede tolerarlo. Los judíos comenzaron a hacer esto. En el Noble Corán se dice que ellos decían a los suyos: (árabe*******************)

Por la mañana, creed en la religión que ha sido revelada a los musulmanes, y al final del día negadla. Quizá, al ver esto, esas personas abandonen también su religión. (Sura Al ‘Imrán: 72)

El Profeta (s.a.s.) limitó estas tres bases como únicas causas por las que es lícito y permitido derramar la sangre de alguien. Dijo: (árabe*******************)

No es lícito derramar la sangre de un musulmán salvo por estas tres causas: (1) quitar una vida en compensación por otra; (2) que una persona casada cometa adulterio; y (3) que alguien abandone la religión del islam y se separe de la comunidad musulmana.

Sin embargo, como castigo por estos tres delitos, solo el gobernante o la autoridad administrativa puede considerar lícito y permitido derramar la sangre de un musulmán. En modo alguno es lícito que los particulares apliquen este castigo por su propia cuenta. De lo contrario, no quedaría nada de gobierno ni de orden; surgiría una anarquía extrema. Entonces cada individuo de la sociedad se convertiría por cuenta propia en juez y dueño de la vida y la muerte. En el caso del homicidio intencional, el qisās es obligatorio. No obstante, el islam ha otorgado a los herederos del asesinado el derecho de tomar el qisās por su propia mano, aun cuando esté presente la autoridad administrativa. Así se aliviarán su dolor, resentimiento e indignación, se satisfará su deseo de venganza y se hará realidad también la palabra de Alá: (árabe*******************)

Hemos concedido a los herederos de quien sea asesinado injustamente y sin causa esta autoridad (qisās al-wārith), pero no deben excederse en el acto de matar. Sin duda, recibirá ayuda.

El suicidio

La norma establecida respecto del homicidio como delito se aplica plenamente al suicidio de una persona, del mismo modo que se aplica al asesinato de otra persona. Por tanto, quien se suicide, cualquiera que sea el medio o la ayuda con que lo haga, habrá cometido un homicidio que Alá ha prohibido, pues ha prohibido matar injustamente y sin causa.

En realidad, la vida de ningún ser humano le pertenece en propiedad. Pues no se ha creado a sí mismo. Ni siquiera ha creado por sí mismo una sola parte de su cuerpo ni una sola célula viva. Su vida y su alma son un depósito confiado a él; Alá le ha encomendado ese depósito. Por tanto, no puede tener ningún derecho a intervenir en ella de manera alguna. Entonces, ¿cómo podría quitarse la vida? Cualquier iniciativa propia para librarse de esta vida será ciertamente un delito. Alá, el Altísimo, ha dicho: (árabe*******************)

No os matéis unos a otros. Ciertamente, Alá es sumamente misericordioso con vosotros. (Sura an-Nisā’, 29)

El islam quiere que los musulmanes sean sumamente valientes, resueltos e inquebrantables al enfrentarse a las duras y difíciles realidades de la vida. A nadie se le ha concedido, bajo ninguna circunstancia, el derecho a huir de la vida. No puede nadie, al ver un peligro o surgir una crisis o un problema, intentar escapar abriendo esta página de la vida, ni, frustrado y decepcionado, renegar de la vida misma. El creyente fue creado para esforzarse y luchar con toda su alma en el yihad, no para permanecer sentado en la inactividad. Su deber es entrar en el combate frontal; huir o retroceder le resulta impropio. Su fe y su carácter mismo le niegan la posibilidad de huir del campo de la vida y apartarse de él. Posee un arma que nunca envejece y un tesoro inagotable de recursos que jamás se agota. Esa arma es la fe, sumamente firme y sólida, y ese tesoro es el tesoro de una moral inquebrantable.

El Noble Profeta (la paz y las bendiciones sean con él) advirtió de antemano que quien se dispusiera a cometer el abominable crimen del suicidio sería privado de la misericordia de Alá y, al caer en el Infierno, sufriría Su intensa ira y Su desagrado. Dijo:

Entre quienes vivieron antes que vosotros había un hombre que resultó herido y comenzó a retorcerse de dolor. En tal estado, tomó un cuchillo y se cortó la mano. Sangró tanto que murió. Alá dijo acerca de este hombre: «Mi siervo se apresuró demasiado consigo mismo. Por eso le he prohibido el Paraíso». (Bujari, Muslim)

Como no pudo soportar el dolor de la herida y se quitó la vida, el Paraíso le fue prohibido. Si esta es la situación, resulta fácil comprender cuán grave y cuán imperdonable ante Alá será el caso de quienes se suicidan por sufrir una pequeña pérdida en sus negocios, por no ascender en el trabajo, por no aprobar un examen o por ver frustradas sus esperanzas. Las personas de ánimo débil deben prestar atención a esta advertencia contenida en el hadiz del Noble Profeta (la paz y las bendiciones sean con él):

Quien se suicide arrojándose desde una montaña permanecerá cayendo eternamente en el fuego del Infierno y nunca podrá escapar de él. Quien se suicide bebiendo veneno continuará bebiendo veneno con su propia mano en el fuego del Infierno para siempre. Y quien se suicide con un arma de hierro continuará golpeándose eternamente en el Infierno con ese objeto de hierro. (Bujari, Muslim)

La dignidad de los bienes y la riqueza

Para un musulmán, no es censurable ganar y ahorrar bienes y riquezas por medios y caminos halal, ni aumentar su cantidad de manera conforme a la sharía. Mientras que en otras escrituras religiosas se dice que el rico no podrá entrar en el reino celestial hasta que el camello pase por el ojo de una aguja, el islam proclamó:

El islam declaró lícita la propiedad privada de los bienes y riquezas halal. Por ello, con el respaldo de la ley de la sharía y mediante la orientación del camino moral, impidió la intervención de quienes transgreden contra ella, y declaró haram el secuestro, el robo y el bandolerismo.

El Noble Profeta (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) mencionó conjuntamente la inviolabilidad de los bienes, de la sangre y del honor, y declaró que el robo es contrario a la fe. Dijo: ( árabe*******************)

Cuando el ladrón roba, deja de ser creyente.

Allah, el Altísimo, dijo: ( árabe*******************)

Cortad las manos del ladrón y de la ladrona como retribución por lo que hicieron y como castigo prescrito por Allah. Allah es Todopoderoso, Sapientísimo. (Sura al-Mā’idah: 38)

El Noble Profeta (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: ( árabe*******************)

A un musulmán tampoco le está permitido tomar siquiera el bastón de otra persona sin su permiso, otorgado de buen grado.

Los bienes de un musulmán son sumamente dignos de respeto para otro musulmán, y apropiárselos injustamente está completamente prohibido. Con el propósito de hacer comprender esta gravedad, el Noble Profeta (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) pronunció estas palabras. Allah, el Altísimo, también dijo: ( árabe*******************)

¡Oh, creyentes! No consumáis injustamente los bienes de unos y otros. Pero no hay ningún pecado si obtenéis ganancias mediante el comercio basado en vuestro mutuo consentimiento. (Sura an-Nisā’: 29)

El soborno está prohibido

Una de las formas de apoderarse de los bienes de la gente por medios vanos e injustos es el «soborno». Dar dinero a una persona influyente, con autoridad o encargada de una responsabilidad, con el propósito de que falle a su favor, le dé la victoria sobre su adversario, le conceda algún trabajo o retrase el trabajo de su enemigo, entre otros fines semejantes, es precisamente un soborno.

El islam ha prohibido para siempre recurrir al soborno para los gobernantes, administradores o sus asistentes. Si se les ofrece un soborno, tanto aceptarlo como actuar de intermediario entre el donante y el receptor son actos prohibidos. Allah, el Altísimo, dijo:

No consumáis los bienes de unos y otros por medios vanos, ni los presentéis ante los administradores con el propósito de consumir una parte de los bienes de la gente, violando los derechos ajenos, a sabiendas.

El Noble Profeta (s.a.s.) dijo:

Sobre quien ofrece un soborno y quien lo acepta en asuntos gubernamentales y estatales pesa la maldición de Allah. (Ahmad)

Hazrat Sāwban (ra) dijo:

El Noble Mensajero (s.a.s.) maldijo a quien ofrece un soborno, a quien lo acepta y a quien actúa como intermediario entre ambos. (Ahmad, al-Hákim)

Si quien acepta un soborno lo hace con la intención de oprimir a alguien, la gravedad de su delito aumenta muchas veces. Y si lo acepta con la intención de impartir justicia, impartir justicia es su deber; por ello, no tiene ningún derecho a aceptar bienes de ninguna clase.

El Mensajero Noble (que la paz y las bendiciones sean con él) envió a Hazrat Abd Allah ibn Rawaha (que Allah esté complacido con él) ante los judíos, encargándole determinar cuánto ascendía en dinero el kharaj de sus cosechas de dátiles. Entonces ellos le ofrecieron algunos bienes como soborno. Al verlo, Hazrat Ibn Rawaha les dijo: «El soborno que me habéis ofrecido es haram. De ningún modo lo consumiremos». (Imam Malik)

No es de extrañar que el islam haya declarado haram el soborno, ni que haya adoptado una postura severa respecto de todos aquellos que participan en él. Pues la sociedad en la que esta práctica se generaliza está destinada a quedar afligida por la opresión, y su destrucción es inevitable. Quien administró injustamente o dictó un veredicto judicial, o se negó a juzgar conforme a la verdad y la justicia; quien hizo avanzar al que estaba atrás y relegó al que estaba adelante: en una sociedad así, en lugar del espíritu del cumplimiento del deber, se manifiesta y prevalece el espíritu del egoísmo.

Regalos para gobernantes y administradores

El soborno —sea cual sea su forma o el nombre que reciba— ha sido declarado haram por el islam. Aunque se lo llame dádiva, obsequio o regalo, no saldrá por ello de los límites de lo haram para entrar en el ámbito de lo halal.

Se cita en un hadiz que el Mensajero Noble (que la paz y las bendiciones sean con él) dijo: (árabe*******************)

A quien hayamos designado para un cargo y cuyo salario hayamos fijado y establecido, si después de eso toma algo más, habrá cometido una traición. (Abu Dawud)

Se ofrecieron algunos regalos al califa Umar ibn Abd al-Aziz. Él los rechazó. Entonces le dijeron: «El propio Mensajero Noble (que la paz y las bendiciones sean con él) aceptaba dádivas y regalos; ¿y usted no los acepta?». Él respondió: «Sí, para él era un regalo, pero para nosotros no es más que un soborno».

El Noble Mensajero (que la paz y las bendiciones de Dios sean con él) envió a un hombre a la tribu de Azd, encargándole la recaudación de la sadaqa y el zakat. Cuando este regresó junto a él, se quedó con cierta cantidad de bienes y dijo: «Esta parte es para usted y estas otras me han sido entregadas como regalo». Al oír esto, el Noble Profeta se enfadó mucho y dijo: «(árabe*******************)»

«Si lo que dices fuera verdad, te habrías quedado sentado en la casa de tus padres; entonces se vería quién te habría dado regalos». Después dijo: «(árabe*******************)»

¿Qué ocurre? Nombro a uno de vosotros funcionario público y luego dice: «Esta parte de los bienes recibidos es para usted y esta otra me ha sido entregada como regalo». ¿Por qué no se quedó sentado en la casa de su madre? Entonces, si le hubieran dado un regalo, se habría podido comprobar la veracidad de sus palabras. Por Aquel en cuya mano está mi vida, si alguno de vosotros toma injustamente cualquier bien, el Día de la Resurrección tendrá que presentarse ante Allah llevándolo consigo. Así pues, no os veáis obligados a llegar el Día de la Resurrección cargando sobre vuestros hombros camellos, vacas o cabras, mientras el animal lanza sus gritos. Después levantó ambas manos tan alto que se hizo visible la blancura de sus axilas, y dijo: «¡Oh Allah! ¿He transmitido el mensaje?»

El imán al-Ghazali dijo: Al observar esta severidad, intensidad y rigor en el asunto de los sobornos, hay que decir que los jueces, administradores y demás personas encargadas de responsabilidades semejantes deberían permanecer sentados en la casa de sus padres. Si, después de ser destituidos, mientras permanecieran en la casa de su madre, se les ofrecieran regalos, podría ser lícito para ellos aceptarlos, incluso cuando ocuparan el cargo. Pero si se sabe que el regalo se les ha dado precisamente por ocupar su cargo, aceptarlo es completamente ilícito. En cuanto a los regalos ofrecidos por amigos y conocidos, si no se sabe que también se los habrían dado después de ser destituidos, existe duda al respecto. Por tanto, es obligatorio evitarlos. (árabe*******************)

Dar un soborno para poner fin a la opresión

Si la situación llega a tal punto que no hay ninguna manera de obtener el derecho legítimo propio sin pagar un soborno, o uno ha caído en una opresión de la que de ningún modo puede librarse sin pagarlo, debe tener paciencia y perseverar hasta que Allah le procure una vía y un medio mejores para obtener su derecho y librarse de la opresión.

Por ello, si se recurre al soborno, el pecador será quien lo recibe. En tal situación, quien lo entrega no será pecador si, después de haber probado todos los medios lícitos sin obtener resultado, recurre a él como último recurso, siempre que solo pretenda apartar la opresión de sí mismo, obtener su derecho legítimo y no intervenir en los derechos de los demás.

Algunos eruditos han citado como prueba en apoyo de esta opinión ciertos hadices en los que se menciona que un grupo de personas se aferraba al Noble Mensajero (que la paz y las bendiciones de Dios sean con él) para obtener sadaqa. Aunque no tenían un derecho legítimo a recibir nada, él les daba algo. Se ha narrado de Umar que el Noble Profeta dijo: «(árabe*******************)»

Algunos de vosotros salen llevándose bajo el brazo bienes de la caridad que han recibido de mí, aunque esos bienes serán fuego para ellos. Ḥadrat ʿUmar (que Allah esté complacido con él) dijo: «Si usted mismo sabe que serán fuego para ellos, ¿por qué se los da?»

Respondió: «¿Qué puedo hacer? Insisten y se aferran a su petición de tal manera que resulta imposible librarse de ellos. Y Allah, el Altísimo, no quiere que yo sea avaro».

Si el Noble Mensajero (que la paz y las bendiciones sean con él) daba al solicitante algún bien material debido a sus insistentes y apremiantes peticiones, aun sabiendo que sería fuego para él, ¿por qué no estaría permitido ofrecer un soborno para detener una injusticia y obtener el derecho y la deuda que legítimamente corresponden a uno?

Dilapidar los propios bienes

Así como los bienes ajenos tienen una dignidad que hace ilícita cualquier intervención abusiva en ellos, secreta o manifiesta, del mismo modo los bienes propios tienen una dignidad para cada persona. Por ello, derrocharlos, malgastarlos, desperdiciarlos, destruirlos o esparcirlos indistintamente con la mano derecha o con la izquierda está completamente prohibido.

Esto se debe a que en los bienes de los individuos existen derechos de la nación y de la sociedad en su conjunto. Por encima del derecho de propiedad de todo propietario, debe reconocerse necesariamente ese derecho. Por ello, cuando un propietario insensato destruye sus propios bienes, la sociedad tiene el derecho y la autoridad de establecer control sobre él, pues en esos bienes también existe una participación de la sociedad en su conjunto. En este sentido, el Noble Corán dice:

No entreguéis vuestros bienes a los insensatos, bienes que Allah, el Altísimo, ha establecido para vosotros como medio de sustento y subsistencia; alimentadlos con ellos y dirigíos a ellos con palabras buenas y apropiadas.

En esta aleya, Allah, el Altísimo, se dirige fundamentalmente a la sociedad en su conjunto: «No entreguéis vuestros bienes». Aunque, aparentemente, estos bienes son propiedad privada de los individuos, en realidad los bienes de cada persona son patrimonio nacional de toda la sociedad.

En verdad, el islam es una religión de justicia, equidad y equilibrio. La comunidad musulmana es una comunidad moderada, es decir, establecida sobre el principio de la moderación. El ideal del musulmán es establecer la justicia y la rectitud en todos los ámbitos. Por ello, Allah ha prohibido a los creyentes, con palabras claras y severas, el derroche y el despilfarro de las riquezas, del mismo modo que les ha prohibido la avaricia y la tacañería. Dijo:

¡Oh, hijos de Adán! Vestid vuestros mejores atavíos cada vez que acudáis a la mezquita. Comed y bebed, pero no derrochéis, pues Allah no ama a los derrochadores.

Incluso si se gasta riqueza en actividades que Allah ha declarado ilícitas, seguirá siendo derroche y despilfarro, como beber alcohol, adquirir sustancias que nublan la razón, comprar recipientes de oro y plata, y otras cosas semejantes. En estos casos, todo gasto de riqueza está prohibido, sea poco o mucho.

En el islam no está permitido derrochar la riqueza, ni para uno mismo ni para otras personas. El Noble Profeta prohibió expresamente destruir la riqueza. (Bujari)

Gastar demasiado y derrochar en asuntos innecesarios no es más que despilfarro. Tal derroche lleva a la persona a la ruina, hasta que finalmente no le queda suficiente riqueza para satisfacer siquiera sus necesidades básicas.

Versículo del Noble Corán:

Te preguntan, ¡oh, Profeta!, qué deben gastar. Di: «Al-‘afw». (Sura Al-Baqarah: 219)

En la exégesis de este versículo, el imán Fakhr al-Din al-Razi escribió:

Allah, el Altísimo, enseñó a la gente las normas y el método para gastar sus bienes. En la aleya mencionada, dirigiéndose al Noble Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él), dijo: «Da a los parientes lo que les corresponde, y también al pobre y al viajero, y no gastes tus bienes inútilmente. Quienes gastan inútilmente son considerados hermanos de Satanás». (Al-Imrán, 26). Y dijo: «No mantengas tu mano encadenada a tu cuello ni la extiendas por completo». (Al-Imrán, 29). También dijo: «Aquellos que gastan, sin derrochar ni escatimar». (Al-Furqán, 67). El Noble Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: «Si alguno de vosotros posee bienes, que comience gastándolos en sí mismo. Después, que gaste en quienes están bajo su responsabilidad y manutención, y luego en los demás». (Muslim). También dijo: «La mejor sadaqa es aquella que, después de darla, permite a la persona conservar su solvencia». (Tabarani). Yabir ibn Abd Allah (que Allah esté complacido con él) dijo: «Estábamos en presencia del Mensajero Noble (la paz y las bendiciones de Allah sean con él). Entonces llegó un hombre con una cantidad de oro del tamaño de un huevo y dijo: “Acéptalo como donación. ¡Por Allah!, no tengo nada más”. El Noble Profeta apartó el rostro de él. Pero el hombre volvió a presentarse ante él. Entonces le dijo: “Dalo”. Lo tomó con gran disgusto y enojo, y lo arrojó hacia él de tal manera que, si hubiera golpeado a alguien, le habría causado daño. Luego dijo: “Cada uno de vosotros viene con todos sus bienes y después se sienta ante la gente, extendiendo la mano para pedir limosna. La donación y la sadaqa son únicamente las que se realizan preservando la solvencia de quien se encuentra en una situación holgada. Tómalo; no lo necesito”». (Abu Dawud, Hakim). El Noble Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) almacenaba provisiones para un año para los miembros de su familia. (Bujari). Los sensatos dicen que la mejor norma es la que se encuentra entre los dos extremos: el exceso desmedido y gastar menos de lo necesario. Gastar más de lo necesario es derroche inútil; gastar menos es avaricia y tacañería. La moderación es la mejor norma, y eso es lo que Allah, el Altísimo, ha establecido al decir: «Di: el excedente». La sharía de Muhammad depende de comprender y preservar esta sutil y profunda verdad. La sharía judía está fundada en la austeridad y la severidad, mientras que las normas religiosas de los cristianos siguen una generosidad extrema y una política de indulgencia. En todos estos asuntos, la sharía de Muhammad es la portadora y promotora de la moderación. Por ello, en comparación con las demás sharía, es una ley sumamente completa y plenamente madura. (Tafsir, Fajr al-Din al-Razi, tomo VI)

Las relaciones con los no musulmanes

Para resumir la norma y el ideal del islam respecto a la conducta hacia los opositores de la religión, basta con mencionar dos aleyas del Noble Corán. Estas dos aleyas son apropiadas para constituir una amplia norma en este ámbito. Allah, el Altísimo, dijo:

Allah no os prohíbe tratar con bondad y justicia a quienes no os han combatido por causa de la religión ni os han expulsado de vuestros hogares. Ciertamente, Allah ama a quienes actúan con justicia. Solo os prohíbe tomar como amigos a quienes os han combatido por causa de la religión, os han expulsado de vuestros hogares y se han ayudado mutuamente en vuestra expulsión. Quienes los tomen como amigos son los injustos.

Respecto a aquellos con quienes los musulmanes no están en guerra ni mantienen ninguna hostilidad, que no han combatido contra ellos por causa de la religión ni los han expulsado de sus hogares, la primera aleya no solo exhorta a tratarlos con justicia y equidad; también exhorta a tratarlos bien, con bondad, y a procurar su bienestar. La palabra empleada en la aleya tiene un significado amplio de bondad y beneficio; está por encima de la mera justicia y equidad, y los musulmanes entienden por ella el más alto nivel de los derechos humanos. Por ejemplo, se entiende que cumplir los derechos de los padres exige hacerles el bien en toda su plenitud. En este sentido, el Corán dice: «Ciertamente, Allah ama a quienes actúan con justicia y equidad». Todo creyente ama y se esfuerza siempre especialmente por hacer aquello que Allah prefiere y ama. Esto es algo universalmente conocido.

La expresión «Allah no os prohíbe» no implica lo contrario de que se desee que se adopte un buen comportamiento. Se ha elegido esta forma de expresión porque los musulmanes podrían pensar que quienes se oponen a la religión no tienen derecho a recibir buen trato y justicia. Para eliminar esta idea errónea, se declara claramente que Allah no impide ni prohíbe tratar bien, mantener relaciones amistosas y actuar con justicia hacia los opositores. Solo prohíbe mantener relaciones amistosas con quienes combaten contra los musulmanes y ejercen agresión contra ellos.

La forma de expresión utilizada aquí es exactamente como la de otra aleya. La aleya dice:

Quien realice el hach o la umra no incurre en falta si realiza el tawaf entre as-Safa y al-Marwa.

La razón de expresarse de esta manera es que algunas personas, debido a los vestigios de la época de la ignorancia, dudaban en realizar el tawaf de las dos montañas incluso en el Islam; el primer objetivo era eliminar esa duda y vacilación. Se dijo «no hay falta» con el propósito de disipar la duda, aunque realizar el tawaf de estas dos montañas es obligatorio y está considerado entre los ritos esenciales del Hayy.

Concesión de privilegios especiales a la Gente del Libro

Si el Islam no prohíbe adoptar el más alto grado de buen trato y justicia incluso hacia los adversarios de la religión islámica, ni siquiera si son politeístas adoradores de ídolos —como se afirma en las dos aleyas citadas al principio, que fueron reveladas acerca de los politeístas de Arabia—, entonces es completamente natural que el Islam conceda privilegios especiales a la Gente del Libro —los judíos y los cristianos—, residan o no en un país islámico.

En el Noble Corán se llama a estos judíos y cristianos Ahl al-Kitab, «la Gente del Libro», es decir, aquellos a quienes se les ha concedido un Libro. Con ello se quiso señalar que, en realidad, son personas portadoras de la religión revelada por Allah. Por tanto, existe un vínculo de parentesco cercano entre los musulmanes y ellos. La religión y la ley fundamental con las que Allah envió a Sus profetas y mensajeros son, en realidad, una y la misma. Cabe mencionar una aleya: ( árabe*******************)

Él os ha establecido la misma religión que había ordenado a Nuh, la que te hemos revelado y cuyo camino señalamos a Ibrahim, Musa e Isa, diciéndoos: «Estableced todos esta religión y no os dividáis ni os separéis en este asunto». (Sura Ash-Shura: 13)

A los musulmanes se les ha ordenado creer en todos los Libros revelados por Allah. Por ello, es deber del musulmán creer en todos los profetas y mensajeros. De otro modo, su fe no puede ser verdadera ni correcta. Se ha dicho: ( árabe*******************)

Decid: «Creemos en Allah y en lo que se nos ha revelado, en lo que fue revelado a Ibrahim, Ismail, Ishaq, Yaqub y sus descendientes, y en lo que fue concedido a Musa, Isa y a los profetas enviados por Allah. No hacemos distinción alguna entre ellos; nosotros estamos sometidos únicamente a ese Allah». (Sura Al-Baqara: 136)

Cuando la Gente del Libro lee el Corán, observa que en él se elogia grandemente a sus Escrituras y a sus profetas y mensajeros. Por tanto, cuando los musulmanes entablen debates con la Gente del Libro, deben abstenerse absolutamente de pronunciar palabras que incrementen el odio y la hostilidad mutuos. Se ha dicho: ( árabe*******************)

No discutáis con la Gente de la Escritura, sino de la mejor manera, excepto con aquellos de ellos que sean injustos. Y decid: «Creemos en lo que se nos ha revelado y en lo que se os ha revelado. Nuestro dios y vuestro dios son uno y el mismo. Y a Él nos sometemos». (Sura Al-Ankabut: 46)

Hemos expuesto detalladamente la política liberal que el islam ha adoptado al permitir comer y beber con la Gente de la Escritura, comer los animales sacrificados por ellos y casarse con sus hijas —aunque el matrimonio es el escenario del máximo afecto y amor—. En este punto, cabe mencionar el siguiente versículo: (Árabe*******************)

La comida de la Gente de la Escritura es lícita para vosotros, y vuestra comida es lícita para ellos. Y también son lícitas las mujeres castas y recatadas, tanto de entre las musulmanas como de entre quienes recibieron la Escritura antes que vosotros. (Sura Al-Maida: 5)

Esta es la norma general del islam respecto a la Gente de la Escritura. Sin embargo, se ha adoptado una norma especial respecto a los cristianos. El Corán ha dicho de ellos que son los más cercanos al corazón de los musulmanes. Dice: (Árabe*******************)

Encontraréis que los más próximos en amistad a los creyentes son quienes dicen: «Somos nasara, cristianos». Esto se debe a que entre ellos hay muchos sabios y eruditos, y no son arrogantes. (Sura Al-Maida: 82)

Dhimmí

Las enseñanzas citadas anteriormente abarcan a toda la Gente de la Escritura. No hay excepción respecto a nadie, dondequiera que residan. Sin embargo, el islam ha establecido disposiciones especiales para los no musulmanes que viven bajo la protección del Estado islámico. En la terminología musulmana se les llama «dhimmíes». La palabra «dhimmí» significa «pacto» o promesa. Esta palabra indica que Allah y Su Mensajero les han dado una promesa. La comunidad musulmana está obligada a cumplirla. Y esa promesa consiste en que podrán vivir completamente seguros y tranquilos bajo la refrescante sombra protectora del islam.

Según la interpretación moderna, son residentes y ciudadanos del Estado islámico. Desde el primer día hasta hoy, la sociedad musulmana ha estado completamente de acuerdo en este asunto: en el Estado islámico, los no musulmanes tienen los mismos derechos que los musulmanes. Las obligaciones que se imponen a aquellos son también las obligaciones de estos. Sin embargo, no existe entre ellos ninguna coincidencia ni semejanza únicamente en los asuntos relativos a la doctrina, la fe y la religión. Pues el islam les ha concedido plena libertad para mantenerse en su propia religión.

El Noble Profeta (la paz sea con él) aconsejó a los musulmanes acerca de los dhimmíes con palabras muy severas y declaró que, si se contravenía o violaba ese consejo, el desagrado de Allah era inevitable. En un hadiz se citan las palabras del Noble Profeta: (árabe*******************)

Quien cause daño o sufrimiento a un dhimmí es como si me hubiera causado daño y sufrimiento a mí. Y quien me cause daño y sufrimiento, habrá causado daño al Dios Altísimo. (Al-Tabarani, en al-Awsat)

(árabe*******************) Quien cause daño a un dhimmí, yo presentaré una demanda contra él. Y contra aquel contra quien yo haya presentado una demanda, lucharé en su contra el Día de la Resurrección. (Al-Jatib)

(árabe*******************) Quien oprima a una persona con la que existe un pacto, vulnere alguno de sus derechos, le imponga una carga superior a sus capacidades o tome algo suyo sin su voluntad y permiso, el Día de la Resurrección lucharé en su contra. (Abu Dawud)

Los califas del Noble Mensajero (la paz sea con él) siempre se mantenían atentos y vigilantes para garantizar los derechos y proteger la dignidad de estos ciudadanos no musulmanes. Los juristas del islam, pese a sus diferencias de opinión, concedieron especial importancia a estos derechos y a esta dignidad.

El jurista de la escuela malikí Shihab al-Din al-Qarafi dijo:

El pacto celebrado con los dhimmíes nos impone ciertos derechos hacia ellos. Esto se debe a que, al convertirse en nuestros vecinos, han quedado bajo nuestra protección y seguridad. Allah, el Mensajero y la religión del islam les han otorgado seguridad. Por tanto, quien cometa contra ellos cualquier exceso, aunque sea en la mínima medida, será culpable de haber violado la seguridad que les concedieron Allah, Su Mensajero y la religión del islam. Hablar mal de ellos, difamar a cualquiera de ellos, causarles cualquier daño o sufrimiento, o colaborar en actos de este tipo, entre otras cosas, constituye una violación de esa seguridad.

El jurista de la escuela zahirí Ibn Hazm dijo:

Si alguien ataca a quienes son dhimmíes, es nuestro deber avanzar para combatir armadamente en su defensa y dar la vida por ellos. Solo así podremos proteger a quienes han recibido seguridad de Allah y del Mensajero. Pues, en tal situación, permitir que queden indefensos y se conviertan en una presa fácil sería sumamente perjudicial para el cumplimiento del deber de brindarles protección.

La naturaleza de las relaciones con los no musulmanes

Podría surgir la pregunta: ¿cómo es posible tratar bien a los no musulmanes y establecer buenas relaciones con ellos, cuando el propio Corán prohíbe entablar amistad con los incrédulos y convertirlos en aliados y amigos?

Como se dice en el Corán: ( árabe*******************)

¡Oh, creyentes! No toméis a los judíos y a los cristianos como amigos y protectores. Ellos son amigos unos de otros. Así pues, quien de vosotros los tome como amigos y protectores será contado entre ellos. Ciertamente, Allah no guía a los injustos. Observas que aquellos cuyos corazones están enfermos se apresuran entre ellos.

La respuesta a esta pregunta es que estos versículos no se aplican de manera general. Además, no todos los judíos, cristianos e incrédulos son iguales. Si se considera que es así, surgiría una contradicción con otros versículos y pruebas de este mismo tema, en los que se declara lícito tratar bien y mantener buenas relaciones con las personas benevolentes y rectas de cualquier religión. También está permitido establecer vínculos matrimoniales con la Gente del Libro y casarse con sus hijas. Sin embargo, respecto al matrimonio, Allah, el Altísimo, dijo: ( árabe*******************)

Él ha establecido entre los esposos una relación llena de profundo afecto, amor, misericordia y compasión.

Y acerca de los cristianos dijo: ( árabe*******************)

A quienes dicen: «Somos cristianos», los encontrarás más cercanos a los creyentes en cuanto a amistad.

En realidad, la prohibición de establecer relaciones de amistad con ciertos miembros de la Gente del Libro se aplica a quienes son enemigos de la religión islámica y están en guerra contra los musulmanes. No está permitido a ningún musulmán ayudar a esas personas, protegerlas, revelarles información confidencial, convertirlas en aliadas contra los intereses nacionales ni acercarlas demasiado. Esto se ha expuesto claramente en otros versículos. Puede citarse el siguiente versículo:

¡Oh, creyentes! No toméis como amigos íntimos a quienes no son de los vuestros. Ellos no escatimarán esfuerzos para perjudicaros. Todo lo que os causa aflicción, daño o peligro les agrada; su enemistad, su odio y su ira ya se han manifestado por sus bocas. Pero lo que ocultan en sus corazones es aún mayor y más terrible. Os hemos explicado claramente las leyes y normas. Ahora, si comprendéis, actuaréis con prudencia. Cuidado: vosotros los amáis, pero ellos no os quieren en absoluto.

En el versículo citado anteriormente se ha identificado claramente a aquellos con quienes está prohibido establecer relaciones de amistad. En realidad, ocultan en sus corazones una extrema hostilidad hacia los musulmanes. A pesar de ello, sus señales se manifiestan en sus propias bocas.

Allah, exaltado sea, dijo:

Nunca encontrarás que quienes creen en Allah y en el Último Día sientan afecto por quienes se oponen a Allah y a Su Mensajero, aunque estos fueran sus padres, sus hijos, sus hermanos o los miembros de su clan. (Sura al-Muyádila: 22)

En realidad, albergar hostilidad hacia Allah y Su Mensajero no es simplemente incredulidad; es una agresión contra el islam y los musulmanes.

Allah dijo:

¡Oh, creyentes! No toméis ni hagáis de Mis enemigos y de vuestros enemigos amigos y protectores. Vosotros les mostráis un gran afecto y cariño, pero ellos han rechazado la gran verdad que os ha llegado. Expulsan al Mensajero y a vosotros únicamente por creer en Allah, vuestro Señor.

Los politeístas de La Meca que habían declarado la guerra contra Allah y Su Mensajero y habían expulsado a los musulmanes de sus hogares, únicamente por haber dicho: «Nuestro Señor es Allah», eran aquellos a quienes se refería la aleya mencionada. Por ello, jamás está permitido a los musulmanes establecer amistad y afecto con personas de esa clase. Sin embargo, el Corán no ha declarado definitivamente perdida toda esperanza de que sus corazones se purifiquen. Al contrario, expresa la esperanza de que esa mentalidad pueda cambiar y de que su actitud hostil actual algún día deje de existir. Inmediatamente después de la aleya citada se dice: (árabe*******************)

No es en absoluto imposible ni sorprendente que Allah haga surgir afecto y amistad entre vosotros y aquellos contra quienes albergáis hostilidad y cuya enemistad teméis. Allah es Todopoderoso y Allah es Perdonador, Misericordioso. (Sura Al-Mumtahana: 7)

Esta es una advertencia del Corán. De ella se comprende claramente que es absolutamente necesario establecer un límite a la hostilidad, las disputas y las controversias. Si se juzga a la luz de esto, el grado de hostilidad disminuye considerablemente. También se ha dicho en un hadiz: (árabe*******************)

Modera un poco tu sentimiento de odio hacia tu enemigo, pues algún día podría convertirse también en uno de tus amigos.

Cuando el bando enemigo es tan poderoso que la gente deposita esperanzas en él y también le teme, establecer con él una relación de amistad y afecto se vuelve aún más intensamente ilícito. En tal situación, los hipócritas y quienes tienen una enfermedad en el corazón serán los más dispuestos a entablar amistad con ellos. Mantendrán con ellos una relación secreta, para que mañana pueda resultarles beneficiosa. Allah ha dicho: (árabe*******************)

Verás que quienes tienen una enfermedad en el corazón se apresuran continuamente hacia esas personas y se muestran activos entre ellas. Dicen: «Tememos que nos alcance una desgracia». Pero es muy posible que Allah os conceda la victoria o manifieste algo procedente de Él; entonces se avergonzarán y se arrepentirán de lo que ocultaban en sus corazones. (Sura Al-Maida: 52) (árabe*******************)

Anuncia a los hipócritas la buena nueva de que les espera un castigo doloroso. Son aquellos que, en vez de a los creyentes, toman como amigos y protectores a los incrédulos. ¿Acaso buscan obtener de ellos honor, fuerza y poder? En verdad, todo el honor, la fuerza, el poder y la autoridad pertenecen a Allah. (Sura An-Nisa: 138-139)

Pedir ayuda a un no musulmán

Un musulmán puede pedir ayuda a un no musulmán en asuntos científicos como la medicina, la industria y la agricultura, excepto en cuestiones religiosas, y no hay ningún inconveniente en ello. Esta autorización se aplica tanto a las autoridades gobernantes como a la gente común. Sin embargo, es sumamente importante que, en todos estos ámbitos, los musulmanes alcancen la autosuficiencia y la plena independencia; esto es un deber ineludible.

El Noble Profeta (s. a. s.) mismo recibió ayuda de no musulmanes en diversos trabajos y ámbitos a cambio de una remuneración, y les encargó tareas. Durante la Hégira, recurrió a la ayuda del politeísta de La Meca, Abdullah ibn Uraiqit, para que le mostrara el camino. Los sabios dicen que no es necesario afirmar que, por ser alguien incrédulo, no se pueda confiar en él en ningún asunto. El hecho de haber aceptado la ayuda de un politeísta para que les guiara en una tarea como abandonar La Meca rumbo a Medina elimina fácilmente todas las dudas y objeciones en este asunto.

Lo más importante es que los expertos han expresado la opinión de que es totalmente lícito que el dirigente de los musulmanes pida ayuda a los no musulmanes, especialmente a la Gente del Libro. Los incorporó a la guerra y, al obtener la victoria, les concedió también parte del botín, como a los musulmanes. En la batalla de Hunayn, Safwan ibn Umayya combatió como compañero del Noble Mensajero (s. a. s.), pese a ser politeísta.

La condición, sin embargo, es que el no musulmán cuya ayuda se acepte tenga una buena opinión y una actitud favorable hacia los musulmanes. Si no se puede confiar en ellos, entonces, por supuesto, no será lícito aceptar su ayuda. Pues si está prohibido aceptar la ayuda de un musulmán en quien no se puede confiar, no cabe siquiera plantearse aceptar la ayuda de un incrédulo en quien no se puede confiar.

Un musulmán puede ofrecer regalos a un no musulmán y también aceptar los regalos que este le ofrezca. El Noble Profeta (s. a. s.) aceptó los regalos que le ofrecieron reyes y gobernantes no musulmanes. En este sentido se han transmitido y citado numerosos hadices. El Noble Profeta (s. a. s.) le dijo a la Madre de los Creyentes, Umm Salama (que Allah esté complacido con ella):

Yo había enviado regalos, como mantos de seda y otros artículos, al rey Negus.

En efecto, el islam dignifica y honra al ser humano por el mero hecho de ser humano. Entonces, ¿por qué no habría de adoptarse un trato y una conducta igualmente dignos hacia cualquier persona de la Gente del Libro, un dhimmi o alguien sujeto a un pacto?

Estaban llevando un funeral delante del Noble Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él). Al verlo, se puso de pie. Entonces le dijeron: «¡Oh Mensajero de Allah!, ¡es el cadáver de un judío!». Él dijo: «¿Acaso un judío no es un ser humano? En el islam, todo ser humano posee dignidad y honor».

El islam es una misericordia universal

El islam ha ordenado mostrar misericordia hacia toda criatura. Incluso ha prohibido tratar con crueldad a los animales, que carecen de la facultad del habla. Entonces, ¿cómo podría estar permitido que los musulmanes trataran mal a un ser humano no musulmán?

Desde hace mil trescientos años, el islam ha ordenado mostrar misericordia hacia los animales. Ha declarado que mostrarles misericordia es parte de la fe y que causarles cualquier tipo de sufrimiento es causa de entrar en el infierno.

El Noble Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) relató a sus compañeros que un perro jadeaba, angustiado por la sed. Al verlo, un hombre descendió a un pozo, se quitó el calcetín, sacó agua con él y dio de beber al perro hasta saciarlo. El Noble Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: «Allah, el Altísimo, aprobó este acto suyo y le perdonó sus pecados». Los compañeros preguntaron: (árabe*******************)

«¡Oh Mensajero! ¿Recibiremos recompensa incluso por hacer el bien a los animales?». Respondió: «Por tratar bien a cualquier ser vivo se obtiene ciertamente una buena recompensa». (Al-Bujari)

Junto a esta luminosa imagen de cómo se hace inevitable obtener el perdón de Allah, el Noble Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) trazó otra imagen: la de cómo se hacen inevitables el castigo y la ira de Allah. Dijo: (árabe*******************)

Una mujer entró en el infierno por haber tratado cruelmente a una gata. La había mantenido encerrada: no le daba de comer ni la dejaba libre. Por ello, la gata ni siquiera pudo sobrevivir comiendo insectos y otros pequeños animales. (Al-Bujari)

En la conducta del Noble Profeta observamos una preocupación extrema por los animales. Vio un asno cuyo rostro había sido marcado. Protestó contra ello y dijo:

¡Por Dios! No está bien marcarlo de esa manera. Yo marco a los animales lejos del rostro.

En otro hadiz se relata que un asno pasó junto a él. Vio que habían marcado el rostro del animal. Entonces dijo:

¿Acaso no sabéis que he maldecido a quien marca a un animal en el rostro o lo golpea en el rostro?

Como ya he mencionado, el honorable Ibn Umar vio a varias personas practicando el lanzamiento de flechas y la puntería disparando contra una gallina. Entonces dijo:

El Noble Profeta maldijo a quien toma un ser vivo como blanco para practicar el lanzamiento de proyectiles.

El honorable Abd Allah ibn Abbas dijo:

El Noble Profeta prohibió enfrentar a los animales en combates entre sí.

También relató: ( árabe*******************)

El Noble Profeta (s.a.s.) prohibió enérgicamente castrar a los animales. (al-Bazzār)

En la época de la ignorancia, la gente cortaba y hendía las orejas de los animales. El Corán protestó contra esta horrenda práctica y dejó claro que era una acción puramente satánica, realizada por instigación de Satanás.

Al tratar el tema del sacrificio ritual, hemos mostrado que el islam concede gran importancia a proporcionar tranquilidad y facilidad incluso al animal que va a ser sacrificado. Ha ordenado afilar muy bien el cuchillo y mantenerlo fuera de la vista del animal antes del sacrificio.

También se ha prohibido sacrificar un animal a la vista de otro. ¿Acaso existe en el mundo alguna religión o ideología que haya concedido tanta importancia a brindar tranquilidad a los animales?

Conclusión

En esta obra nos habíamos propuesto presentar detalladamente la cuestión de lo halal y lo haram en relación con las actividades de los musulmanes y sus prácticas y conductas externas. Y lo hemos llevado a cabo conforme a nuestras posibilidades. No teníamos, además, ningún plan de abordar en esta obra las actividades de la mente y el cerebro, la dinámica de la psicología, los deseos, las aspiraciones y las imaginaciones, para explicar qué es haram, qué es halal y cuáles son intensamente haram, como la envidia, el rencor, la malicia hacia los demás, la vanagloria, la arrogancia, la ostentación, la hipocresía, la codicia, la avidez y la tacañería, entre otras cosas. Aunque estos estados psicológicos son gravemente haram, y el islam ha combatido y enfrentado duramente todos ellos; aunque el Noble Profeta (s.a.s.) advirtió sobre sus daños y algunos fueron identificados como enfermedades mortales para la comunidad musulmana, y se los calificó de destructivos, no se los incluyó en el ámbito de este estudio.

En realidad, el Noble Corán y la Sunna de Muhammad han querido purificar y formar el mundo interior del ser humano, haciéndolo la base del bienestar integral del individuo y de la comunidad, así como de la salvación en este mundo y en el Más Allá. Apuntando a esto, se ha dicho en el Noble Corán: ( árabe*******************)

Mientras la gente no cambie su mente, su interior y su corazón, Allah Ta’ala tampoco cambiará su situación colectiva.

( আরবি*******************) El día de la Resurrección, las riquezas y los hijos no servirán de nada; solo alcanzará el bienestar quien se presente ante Allah con un corazón sano e inocente.

El Noble Profeta (s. a. s.), desde esta perspectiva, dijo en su famoso hadiz: ( আরবি*******************)

Lo lícito es claro y lo ilícito también es claro. Entre ambos hay muchas cuestiones dudosas. Quien se proteja de ellas y las evite podrá preservar su din y su honor. Pero quien caiga en ellas corre el riesgo de caer en lo ilícito manifiesto. Todo rey tiene un territorio protegido, y el territorio protegido de Allah en la Tierra son las cosas que Él ha declarado ilícitas.

Después habló de la importancia del corazón en el cuerpo humano. También señaló las resistencias, inclinaciones, tendencias y deseos que surgen de él y bajo cuyo impulso se forma la conducta externa de la persona. Dijo: ( আরবি*******************)

Sabed que en el cuerpo humano hay un trozo de carne. Si está sano, todo el cuerpo se vuelve sano; y si enferma, todo el cuerpo se vuelve enfermo. Sabed que ese trozo es el corazón, el interior.

Según este hadiz, el corazón es el órgano principal y el más importante. Todos los demás órganos y miembros funcionan siguiendo sus instrucciones. Si este motor o fuerza motriz es bueno, todo el cuerpo estará bien; y si es malo, todo se echará a perder. Es algo completamente natural.

El criterio para que las obras de una persona sean aceptadas ante Allah es el estado del corazón, es decir, su actitud o intención. En este asunto no se reconoce ninguna importancia a la apariencia externa de la persona ni a sus palabras. Allah no mira la apariencia de las personas; Él observa el estado de su interior y su mente. El hadiz del Mensajero: «Las obras se valoran según las intenciones», significa precisamente eso. La persona obtiene aquello que se propuso obtener.

Esta es la verdadera posición de todas las acciones relacionadas con el corazón, y de aquí se hace evidente la enorme importancia que tienen en el islam las cuestiones psicológicas. Sin embargo, no las hemos mencionado en esta obra, pues pertenecen al ámbito de la moralidad. También en ellas existe la cuestión de lo lícito y lo ilícito. Los especialistas musulmanes en ética y los seguidores del tasawwuf han subrayado su importancia. Desde esta perspectiva, todo aquello que es ilícito recibe en la terminología del tasawwuf el nombre de «Amrāḍ al-qulūb», «las enfermedades del corazón». Ellos han determinado sus causas y también han prescrito tratamientos para remediarlas, basándolos en el Corán y la Sunna. Una cuarta parte de la obra del imán al-Gazālī, «Ihyā’ al-ʿulūm», está dedicada a este tema. Él la denominó «al-Muhlikāt», es decir, «las cosas destructivas», porque, desde la perspectiva del tasawwuf, estas son la causa de la destrucción, la calamidad y la pérdida generalizadas tanto en este mundo como en el Más Allá.

Cuando hablamos de las cosas ilícitas, nos referimos únicamente a las prohibiciones positivas, pues lo ilícito es de dos tipos. Uno consiste en cometer actos injustos; estos son negativos. Este segundo tipo de asuntos no constituye propiamente el tema de esta obra, salvo alguna mención ocasional. Si hubiéramos tratado ese tema, habríamos tenido que desviarnos hacia una materia diferente. Entonces también habría sido necesario mencionar todos los deberes que Alá ha establecido, pues sin duda es ilícito abandonarlos o descuidarlos. Por ejemplo, adquirir conocimiento es deber de todo musulmán. Si se mantiene al musulmán sumido en la ignorancia, es muy natural que caiga en lo ilícito. Asimismo, las obligaciones rituales del salat, el ayuno, el zakat, el hajj y demás constituyen los pilares fundamentales del islam. Ningún musulmán puede legítimamente abandonarlas sin una excusa válida. Si, a pesar de ello, alguien las abandona, comete un pecado grave. Y quien las desprecia y no reconoce que son obligatorias se quita del cuello la cuerda del islam y la arroja lejos.

Adquirir tanta fuerza y capacidad como sea posible para la propia defensa de la comunidad y para infundir temor y pavor a sus enemigos es un deber islámico de suma importancia para toda la nación. En particular, este deber recae ante todo sobre el gobernante responsable de la nación. Si este deber no se cumple o se descuida, se comete una gran prohibición, un grave delito. Lo mismo se aplica a todos los deberes de la vida, tanto particulares como generales.

No pretendemos afirmar que en esta obra hayamos tratado todos los asuntos importantes, grandes y pequeños, relacionados con lo lícito y lo ilícito. Sin embargo, los hemos expuesto de tal manera que todo musulmán podrá comprender, a la luz de ella, qué es lícito y qué es ilícito para él, tanto en su vida personal como en el ámbito colectivo. Se han explicado y analizado muchos asuntos importantes cuyos principios, razones y fundamentos relativos a lo lícito y lo ilícito son completamente desconocidos para la gente común. Consideramos, por ello, que esta obra es suficiente para nosotros.

Creo que en esta obra se han expuesto muchas cuestiones importantes acerca de las profundas y estrechas causas subyacentes a lo lícito y lo ilícito establecidos por el islam. A partir de ello, toda persona perspicaz podrá comprender claramente que no debe pensar de ningún modo que Alá haya querido humillar a la gente mediante aquello que declaró lícito, ni que haya estrechado sus vidas mediante aquello que declaró ilícito. En realidad, esto es enteramente la ley de Alá, y Él la ha establecido basándose en todo aquello que consideró beneficioso para los seres humanos. Por medio de ella protegió su religión y dispuso también los medios para mejorar sus vidas materiales. Mediante ella estableció la protección y regulación de su mente, su conciencia y razón, su carácter, su honor y recato, y sus bienes. Asimismo, estableció los medios para el desarrollo y el progreso de la humanidad, tanto en el plano individual como en el colectivo.

Hay algo que siempre debe recordarse: la elaboración de leyes humanas es un símbolo y un reflejo de la debilidad humana. Por ello, dichas leyes son sumamente defectuosas e incompletas. Quienquiera que sea el autor de esas leyes —un individuo, un gobierno o incluso un parlamento— las redacta atendiendo únicamente al bienestar material y mundano. Pero entonces no presta atención a las exigencias de la religión, ni a las demandas del carácter y la moralidad, ni a cuestiones semejantes. El ser humano piensa siempre dentro de los estrechos límites de su patria y de su nacionalidad geográfica. No tiene capacidad para pensar en el amplio y abierto entorno de la humanidad entera y del mundo mayor, ni para elaborar leyes desde esa perspectiva.

El ser humano elabora leyes para resolver los problemas presentes y para el día de hoy; elaborar leyes capaces de satisfacer las necesidades de mañana, del futuro y de la eternidad está fuera de su capacidad. Además, el ser humano está lleno de debilidad y estrechez. En las leyes elaboradas por el ser humano necesariamente quedan claramente impresas su incapacidad, la estrechez de su visión, sus propios deseos, inclinaciones y tendencias.

Por consiguiente, las leyes humanas, además de estar confinadas a un entorno estrecho, están cargadas de una visión superficial y de concepciones materialistas y pasajeras. Es digno de observar que, en las leyes humanas, lo lícito y lo ilícito se determinan según sus propios deseos y pasiones, y que su objetivo consiste en apaciguar y satisfacer a la opinión pública. Aunque vean y comprendan que ello puede acarrear graves peligros y enormes perjuicios, proceden aun así a elaborar esas leyes. El hecho de que en Estados Unidos se derogara la ley que prohibía el consumo de alcohol y se aprobara una ley que lo legalizaba basta como ejemplo apropiado de este asunto. Pero en la base de la elaboración de la ley islámica no hay lugar alguno para esos defectos, incapacidades ni estrecheces.

La ley islámica es la ley promulgada por el gran Creador. El Creador está plenamente y minuciosamente informado de todas las cosas. Solo el Creador sabe qué constituye el verdadero bienestar de los seres humanos y cómo pueden ser beneficiosos para sí mismos y para toda la creación. Él mismo dijo: ( árabe*******************)

Solo Alá sabe qué es perjudicial y destructivo, y qué es beneficioso.

Es natural que el Creador esté informado de todo lo relacionado con Su creación.

( árabe*******************) Sabed que el Creador es quien sabe. Él es sutil y está informado de todas las cosas.

La ley islámica ha sido establecida por Alá, el Sapientísimo y Omnisciente. Él no declara nada haram sin razón ni declara nada halal de manera arbitraria. Ha creado cada cosa en una medida precisa y ha establecido Su ley pesando cada asunto en la balanza.

La ley islámica es la ley establecida por Alá, el Todomisericordioso y Sustentador. Mediante esta ley, Él ha dispuesto para Sus siervos una vida fácil y hermosa. No puede tener intención alguna de causarles sufrimiento o dificultad. Él es mucho más misericordioso con los seres humanos que ha creado que los padres con sus hijos.

La ley islámica ha sido establecida por el Rey Todopoderoso. Él no necesita de Sus siervos ni depende de ellos; no es partidario de nadie, ni de ningún grupo, nación o linaje, y no está limitado por nada. Solo Él puede tener la autoridad para establecer normas de halal y haram para los demás, pues Él es el Señor de los mundos de todas las cosas.

Esta es la creencia de todo musulmán respecto a las normas de halal y haram establecidas para los musulmanes. Esta creencia es completamente racional y conforme a la conciencia. El musulmán las acepta con plena satisfacción y convicción. Es necesario tener la firme voluntad y determinación de poner en práctica estas normas. La fe del musulmán consiste en creer que su dicha en este mundo y su salvación y éxito en la otra vida dependen enteramente de observar y cumplir debidamente los límites establecidos por las órdenes y prohibiciones de Alá.

Por eso, su primer deber consiste en conocer debidamente esos límites, es decir, lo lícito y lo ilícito. Solo conociéndolos y cumpliéndolos correctamente es posible alcanzar el bien, la dicha y el éxito en ambos mundos.

Para explicar este asunto, quiero presentar aquí dos ejemplos de la vida de los primeros musulmanes. Así se podrá comprender claramente cómo se esforzaban con toda su energía y competían entre sí por respetar los límites de lo lícito y lo ilícito establecidos por Allah y por poner en práctica Sus mandamientos.

Ya hemos mencionado anteriormente un ejemplo al hablar de la prohibición del consumo de bebidas alcohólicas. Los árabes estaban enloquecidos por la bebida. Su afición al alcohol estaba arraigada en lo más profundo de su ser. Por eso preparaban recipientes especiales y reuniones especiales para beber. Allah conocía muy bien su situación. Por ello adoptó un método gradual para prohibirlo. Finalmente, anunció su prohibición definitiva. Dijo:

Es una abominación propia de Satanás; apartaos, pues, de ella.

Por ello, el Noble Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) declaró ilícitos su consumo, su venta y su entrega como regalo a los no musulmanes. En aquel momento, los musulmanes tenían grandes cantidades de bebidas alcohólicas y recipientes. En cuanto oyeron esta prohibición, hicieron que ríos de alcohol corrieran por las calles y callejuelas de Medina y lo abandonaron para siempre.

Al cumplir las normas de la sharía, se observó entre ellos un maravilloso ejemplo de una actitud de intensa obediencia. Cuando se anunció la prohibición, algunos tenían en la mano recipientes llenos de alcohol. Habían bebido una parte y aún quedaba otra para beber. Sin embargo, en cuanto oyeron el anuncio de la prohibición, lo arrojaron lejos. Allah preguntó: —¿Acaso os abstendréis de ello?

Y, en respuesta, dijeron de hecho: «Sí, Allah; nos hemos abstenido».

Si se compara la historia de esta lucha contra el consumo de alcohol en la sociedad islámica y de su decisión final con el episodio de la prohibición del alcohol en Estados Unidos, quedará claramente demostrado que, aparte de la ley de Allah, nada concuerda con la naturaleza humana. Solo mediante esa ley es posible que la mente humana alcance tranquilidad y estabilidad. Resulta fácil comprender que, sin fuerza, supremacía ni autoridad, únicamente la fe es un instrumento más eficaz en este asunto.

El segundo ejemplo es la preparación de las mujeres musulmanas de los primeros tiempos para observar el pudor. Allah Todopoderoso les prohibió la indecencia y circular libremente, como en la época de la ignorancia. Se les hizo obligatorio preservar su dignidad y cubrir sus cuerpos al salir, mientras que en la época de la ignorancia las mujeres salían de sus casas con el pecho descubierto. No cubrían ninguna parte de su cuerpo. Llevaban descubierto el cuello y la garganta. Su cabello flotaba hacia atrás sobre la espalda como una nube, y en sus orejas centelleaba el brillo del oro. Allah Todopoderoso declaró ilícita esa forma de comportarse. Debían seguir una norma distinta y diferente de la de aquella época. Debían dejar de seguir e imitar la ignorancia. Debían cubrir completamente sus cuerpos. Debían sujetar firmemente sobre el pecho el extremo del velo o el dopatta, y cubrirse también la cabeza. Aisha, que Allah esté complacido con ella, narró cómo las mujeres de las familias de los muhāyirūn y los ansar recibieron esta ley de Allah y cómo la pusieron en práctica rápida y eficazmente en la sociedad islámica. Esta ley y mandato de Allah llegó exigiendo un cambio fundamental en la vida de las mujeres, y afectó a su apariencia, su elegancia y su belleza. Aisha, que Allah esté complacido con ella, dijo: «Que Allah derrame Su misericordia sobre las mujeres muhāyir de los primeros tiempos. Cuando fue revelado el versículo coránico: que sujetaran firmemente sus velos sobre sus hombros y sus pechos, se vio que cubrieron sus pechos con sus mantos». (Bujari)

Un día, varias mujeres estaban sentadas ante él. Entonces se habló de las mujeres de la tribu de Quraysh y de su honor y posición. Él dijo: «El honor de las mujeres de Quraysh es indudable. Pero, ¡por Allah!, nunca he visto en ninguna parte mujeres mejores que las de la tribu de los ansar. Ellas pusieron en práctica el Libro de Allah y creyeron inmediatamente en todo lo que era revelado. Después de que fuera revelado el versículo mencionado de la sura An-Nur, sus hombres se lo recitaron. Cada hombre se lo recitó a su esposa, a sus hijas y a sus hermanas. Así, cada hombre informó de este mandato de Allah a las mujeres de su familia. Entonces cada mujer de la tribu de los ansar se ató firmemente a la cabeza su dopatta decorado con dibujos y adornos brillantes. De este modo pusieron en práctica el mandato de Allah, y al día siguiente, en la oración del alba, todas las mujeres que participaron llevaban la cabeza firmemente cubierta con sus dopattas».

Así era la actitud de las mujeres creyentes ante el mandato de Allah. Se apresuraban a obedecerlo sin demora. Abandonaban aquello que se les prohibía hacer; no mostraban la menor duda, reserva ni vacilación. No esperaban ni retrasaban su cumplimiento. No dejaban pasar uno, dos o más días diciendo: «Está bien, después compraremos ropa nueva y la llevaremos conforme a ello». Por el contrario, utilizaron inmediatamente para obedecer el mandato de Allah la ropa que tenían, fuera del color o tono que fuese. Si no encontraban una prenda adecuada, rasgaban la que tenían y se la ataban firmemente sobre la cabeza.

En este punto queremos recordar que no basta con conocer y comprender lo halal y lo haram. En realidad, lo halal y lo haram son asuntos claros; ningún musulmán desconoce nada de ellos. Sin embargo, aun así, muchos musulmanes caen en el torbellino de lo haram. Y, como consecuencia, se están preparando, pese a verlo, oírlo y saberlo todo, para convertirse en combustible del Infierno.

En realidad, lo necesario es tener taqwa, el temor de Allah, en el corazón. Esta taqwa es la fuerza motriz fundamental para cumplir la sharía de Allah. Dicho en el lenguaje actual, lo necesario es una conciencia viva. Solo ella puede mantener al musulmán dentro de los límites de lo halal y ser capaz de impedirle realizar actos haram. Y una conciencia de este tipo solo puede formarse mediante la educación de la fe en Allah y en la otra vida.

Cuando, por un lado, el musulmán posee un conocimiento profundo de los límites del din y de la sharía y, por otro, una conciencia despierta vigila esos límites y no le permite traspasarlos ni siquiera acercarse a ellos, entonces se le pueden abrir las puertas del bien integral. El Noble Profeta, que la paz y las bendiciones de Allah sean con él, dijo ciertamente:

Cuando Allah desea el bien para una persona, crea dentro de ella misma un consejero para ella.

(Árabe*******************)

¡Oh Allah! Sálvanos de lo que has prohibido mediante lo que has hecho lícito, de Tu desobediencia mediante Tu obediencia, y haznos, por Tu gracia, independientes de todo lo que no seas Tú.

— Fin —