Palabras del traductor
Rindo infinitas gracias al Altísimo Allah por haberme concedido la oportunidad de traducir esta valiosa obra del imán al-Dhahabí, «Kitab al-Kabair». Asimismo, expreso mi sincero agradecimiento y mis mejores deseos a las autoridades del Centro Islámico de Bangladesh por disponer la publicación gradual de esta obra en la revista mensual Prithibi y, finalmente, su publicación en forma de libro.
La traducción de Kitab al-Kabair se ha realizado directamente a partir de la obra original en árabe. Si esta obra beneficia aunque sea mínimamente a los musulmanes de habla bengalí, ruego sinceramente al Misericordioso Allah que, por su bendición, perdone todos los pecados de este humilde siervo. Esta es mi sincera súplica ante el Señor Allah, el Misericordioso.
«Los pecados mayores», aunque es una traducción fiel de la obra Kitab al-Kabair del erudito al-Dhahabí, ha requerido al mismo tiempo una pequeña labor editorial. Por ejemplo, se ha evitado repetir varias veces en la traducción los mismos hadices y versículos; en algunos casos se han omitido relatos de experiencias y sueños de ciertos venerables; las extensas prosas y poesías exhortativas personales del autor se han mencionado de forma resumida en algunos lugares y se han omitido en otros por considerarse innecesarias; dado que se presentan suficientes versículos y hadices auténticos como pruebas, se han omitido los hadices débiles y las declaraciones de los sabios; y, en uno o dos casos, se han cambiado los títulos para que concordaran con el contenido original, entre otras cosas.
Esta pequeña labor editorial se realizó con dos objetivos: primero, librar al lector de habla bengalí de la molestia de leer extensas descripciones innecesarias; segundo, garantizar que el volumen del libro no aumentara de tamaño.
Espero que esta obra sea bien recibida en todos los ámbitos y contribuya a preservar los valores islámicos y morales de la sociedad.
Akram Faruk,
Daca
1-11-1995
Información sobre el autor
(El imán Shamsuddin Muhammad ibn Uthman ibn Qaymaz al-Turkmení, al-Fariqí, damasceno, al-Dhahabí, nació en Damasco en el año 673 de la hégira, equivalente al año 1274 de la era cristiana. Su lugar ancestral de residencia era Míyafarqín, en Turkmenistán. Recibió formación de los grandes eruditos musulmanes de Siria, Egipto y el Hiyaz, y viajó a numerosos países con este propósito. Alcanzó una gran excelencia en numerosas ramas de las ciencias islámicas, especialmente en las disciplinas relacionadas con el Noble Corán y los hadices. Aunque se convirtió en una figura legendaria como hafiz de hadices, su destreza para evaluar y verificar su autenticidad y debilidad llevó su erudición y sabiduría a la cumbre de la fama. Escribió 90 valiosas obras en diversas ramas de las ciencias islámicas. Estas tratan, entre otros temas, de los hadices, la historia y las biografías. Además de su obra más extensa, Tarikh al-Islam (Historia del islam), sus obras Siyar al-Nubala (Biografías de los eruditos musulmanes), y tres libros sobre la evaluación de la autenticidad y debilidad de los hadices —Mizan al-I‘tidal, al-Mushtabih fi Asma al-Rijal y Tajrid al-Usul fi Ahadiz al-Rasul— son las más célebres. También dejó una vasta enciclopedia que contiene los nombres y breves biografías de 1300 eruditos. Muchos de estos eruditos fueron sus discípulos o sus maestros.)
Su obra titulada «Kitab al-Kaba’ir» contiene una descripción de setenta pecados mayores. Fue escrita con el propósito de proteger a los musulmanes comunes del extravío.
El imán al-Dhahabi ocupó varios cargos gubernamentales en el ámbito educativo en Damasco y, además de su trabajo, escribió esas obras. Aunque dejó de escribir al perder la vista en el año 741 de la Hégira, continuó enseñando hasta su fallecimiento, en 748 de la Hégira, correspondiente al año 1348 d. C. Su tumba se encuentra en Damasco.
¿Qué son los pecados mayores?
Los pecados mayores son aquellas cosas que, según el Libro de Allah, la Sunna del Mensajero y las enseñanzas de los piadosos sabios del pasado, se sabe que Allah y Su Mensajero prohibieron explícitamente. Allah ha garantizado en el Corán que, si se evita los pecados mayores y las cosas prohibidas, se perdonarán los pecados menores.
Allah dice: «Si os abstenéis de los grandes pecados que os han sido prohibidos, Nosotros perdonaremos vuestras otras faltas y os haremos entrar en un lugar honorable». (Sura an-Nisa)
Mediante esta declaración categórica e inequívoca, Allah, exaltado sea, ha garantizado claramente el Paraíso a quienes se abstienen de los pecados mayores.
En la sura ash-Shura, Allah dice: «Y aquellos que se abstienen de los grandes pecados y de las obscenidades, y perdonan cuando se enojan».
Y en la sura an-Najm, Allah dice: «Y para quienes se abstienen de los grandes pecados y de las acciones obscenas, el perdón de Allah es ciertamente vasto. En cuanto a los pecados pequeños, ese es otro asunto».
El Mensajero de Allah, que Allah le bendiga y le conceda paz, dijo: «Las cinco oraciones diarias, la oración del viernes hasta el viernes siguiente y el ayuno de Ramadán hasta el Ramadán siguiente garantizan el perdón de los pecados cometidos entre ellas, siempre que se eviten los pecados mayores».
A la luz de estos versículos y hadices, se convierte en un deber indispensable para nosotros investigar cuáles son los pecados mayores. Sobre este asunto observamos algunas diferencias de opinión entre los eruditos. Según algunos, los pecados mayores son siete. Presentan como argumento que el Mensajero, que Allah le bendiga y le conceda paz, dijo: «Absteneos de los siete pecados destructivos: asociar a alguien con Allah, practicar la magia, matar ilegalmente a una persona, salvo conforme a lo establecido por la ley islámica, apoderarse de los bienes del huérfano, consumir usura, huir del campo de batalla y acusar de adulterio a las mujeres creyentes, castas, honradas e ingenuas». (Sahih al-Bujari y Sahih Muslim) El venerable Abdullah ibn Abbas dijo: «Su número se aproxima a setenta».
En los hadices no se conoce un número específico de pecados mayores. Sin embargo, se entiende y queda demostrado de manera concluyente que son pecados mayores todos aquellos pecados graves para los que se ha ordenado un castigo en este mundo, como el asesinato, el robo y el adulterio; o para los que se ha anunciado un terrible castigo en el Más Allá; o cuyo autor ha sido maldecido en palabras del Mensajero; o de los que se ha dicho que quien los comete carece de fe o no es considerado parte de la comunidad musulmana.
Se ha transmitido de Saíd ibn Yubair que un hombre le dijo a Abd Allah ibn Abbás: «Los pecados mayores son solo siete». Ibn Abbás respondió: «Más bien, se acercan a setecientos». Sin embargo, si se pide perdón y se hace tawba, ningún pecado mayor permanece como tal; es decir, queda perdonado. Pero si se continúa cometiéndolo, ni siquiera el pecado menor permanece como menor, sino que se convierte en mayor. Según otra narración, Ibn Abbás dijo que los pecados mayores son aproximadamente setenta. La mayoría de los eruditos, al contarlos, encontró setenta o apenas algunos más.
También es cierto que incluso entre los pecados mayores existen grados: unos son más graves o más leves que otros. Por ejemplo, el shirk también se considera uno de los pecados mayores. Sin embargo, quien incurre en este pecado permanecerá eternamente en el Infierno y su pecado es imperdonable. Allah Todopoderoso dijo en la sura An-Nisá: «Allah no perdona el pecado del shirk, pero perdona cualquier otro pecado, a quien Él quiere». Naturalmente, si se abandona el shirk, el asunto es diferente. [A continuación se expone una explicación de los setenta pecados mayores.]
1. El shirk
Asociar a alguien con Allah es el mayor de los pecados mayores. Este shirk es de dos tipos: (1) el shirk doctrinal, es decir, considerar a alguien distinto de Allah igual a Allah y adorarlo. Ya se trate de árboles, piedras, el sol, la luna, las estrellas, los ángeles, los profetas, los santos o cualquier otra cosa, considerarlo igual a Allah y adorarlo es shirk. Allah Todopoderoso dijo:
«Ciertamente, Allah no perdona que se Le asocie a alguien, pero perdona cualquier pecado menor que ese a quien Él quiere». (Sura An-Nisá)
«Ciertamente, el shirk es una enorme injusticia». (Sura Luqmán)
«A quien asocie a alguien con Allah, Allah le prohibirá el Paraíso y su morada será el Infierno». (Sura Al-Máida)
Hay muchos más versículos sobre este tema.
En verdad, quien asocie a alguien o algo con Allah y muera en ese estado irá sin duda al Infierno. Del mismo modo, quien crea en Allah y muera siendo creyente será de los habitantes del Paraíso, aunque sufra cuanto castigo sea posible en el Infierno. Se ha transmitido en Sahih al-Bujari y Sahih Muslim que un día el Mensajero dijo tres veces: «¿Queréis que os informe sobre los mayores pecados mayores?». Todos respondieron: «¡Sí, oh Mensajero!». Entonces dijo: «Asociar a alguien con Allah y hacer sufrir a los padres». Después se incorporó, dejando la posición reclinada, y dijo: «¡Tened cuidado con mentir y dar falso testimonio!». Continuó repitiendo tanto estas últimas palabras que el narrador del hadiz dijo: «Pensábamos para nosotros mismos que habría sido mejor que el Mensajero guardara silencio».
En una narración de Bujari y Ahmad se dice: «El Mensajero dijo: Absteneos de los siete pecados destructivos y ruinosos». Después mencionó el shirk y luego dijo: «Matad a quien cambie su religión», es decir, a quien abandone el islam.
El segundo tipo de shirk consiste en realizar buenas obras con el propósito de aparentar ante la gente.
Allah dice: «Quien desee encontrarse con Allah debe obrar rectamente y no asociar a nadie con su Señor en la adoración». Es decir, no se debe realizar una buena obra con la intención de mostrársela a alguien. El Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: «Alejaos del shirk menor». Los Compañeros preguntaron: «¿Qué es el shirk menor?». Él respondió: «El riya, es decir, realizar buenas obras para que la gente las vea». El día en que Allah recompense a Sus siervos por sus obras, les dirá: «Id hacia aquellos ante quienes realizabais buenas obras en el mundo para que os vieran. Ved si os dan alguna recompensa». (Ahmad, Bayhaqi, Tabarani). En otro hadiz, el Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: «Allah, Exaltado sea, ha dicho: “Quien realiza una obra y asocia en ella a alguien aparte de Mí, esa obra pertenece a aquel que Me fue asociado. Yo no tengo ninguna relación con ella”». (Muslim, Ibn Majah). El Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) también dijo: «A quien habla para que la gente lo oiga, Allah hará que la gente oiga acerca de él; y a quien obra para que la gente lo vea, Allah lo tratará también con ostentación». (Bujari y Muslim). El Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: «Hay muchos ayunantes cuyo ayuno no les aporta nada salvo hambre y sed. Y hay muchos que pasan la noche rezando, pero de su vigilia nocturna no obtienen nada». Es decir, si la oración y el ayuno no se realizan buscando la complacencia de Allah, no habrá recompensa por ellos. (Ibn Majah, Ahmad, Tabarani). Allah, Exaltado sea, declara: «Me ocuparé de sus obras y las convertiré en polvo disperso». Es decir, Allah anulará la recompensa de las obras que una persona realice con cualquier intención distinta de obtener Su complacencia.
Adí ibn Hatim narra que el Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: «A algunas personas se les ordenará entrar en el Paraíso el Día de la Resurrección. Cuando se hayan acercado mucho al Paraíso, hayan percibido su aroma y hayan contemplado sus palacios y sus demás dones incomparables, se dirá a los ángeles: “Hacedlos regresar de allí, pues no tienen derecho a ninguno de esos dones del Paraíso”. Entonces regresarán sumidos en la más profunda decepción y arrepentimiento. Después dirán: “¡Oh Allah! Si nos hubieras enviado al Infierno antes de mostrarnos los dones que has reservado para Tus seres queridos, nos habría resultado mucho más fácil”. Allah dirá: “He decidido trataros precisamente así. Cuando estabais a solas, os comportabais con extrema desobediencia hacia Mí; pero cuando os relacionabais con la gente, os comportabais con ellos como personas temerosas de Allah. La actitud que manifestabais ante la gente mediante vuestras acciones no la albergabais sinceramente hacia Mí. Temíais a la gente, pero no Me temíais. Dábais importancia a la gente, pero no Me dabais importancia. Hacíais sacrificios por la gente, pero no hacíais sacrificios por Mí. Por eso hoy os privaré de Mi inmensa recompensa y os impondré un castigo doloroso”». En otro hadiz se relata que un hombre preguntó al Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) cómo podía alcanzar la salvación. Él respondió: «Si no engañas a Allah, alcanzarás la salvación». El hombre preguntó: «¿Qué significa engañar a Allah?». Él respondió: «Si realizas una obra que Allah y Su Mensajero te han ordenado realizar para complacer a alguien distinto de Allah, eso equivale a engañar a Allah». El Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) también dijo: «Abstente de realizar obras para que la gente te vea, pues el riya es shirk menor. A quien se entregue al riya se le llamará el Día de la Resurrección, ante la multitud reunida, con cuatro calificativos: “¡Oh, ostentador! ¡Oh, traidor! ¡Oh, desobediente! ¡Oh, perdedor! Tus obras han sido anuladas, tu recompensa se ha perdido y no tienes ninguna remuneración que reclamarme. ¡Oh, embaucador! Recibe tu remuneración de aquel por quien trabajaste”».
Se cuenta que preguntaron a cierto sabio musulmán qué eran la sinceridad y la pureza de intención (ijlas). Respondió: «Así como una persona oculta sus malas obras, debe ocultar también sus buenas obras. Eso es la sinceridad o ijlas». Le preguntaron: «¿Cuál es el objetivo del ijlas o de la sinceridad?». Respondió: «No desear que la gente te elogie». Fudayl ibn Iyad dijo: «Abandonar una mala obra por temor a la gente es ostentación, y realizar una buena obra para complacer a la gente es shirk. El ijlas consiste en estar libre de ambas enfermedades».
2. Matar o cometer homicidio
Allah, Exaltado sea, ha dicho: «Quien mate intencionadamente a un creyente, tendrá como retribución el Infierno, donde permanecerá eternamente. Allah se enojará con él, lo maldecirá y le preparará un castigo terrible». (Sura an-Nisa). «Y quienes no matan a la persona cuya vida Allah ha prohibido, salvo por un motivo legítimo, ni cometen adulterio —pues estos son los siervos amados de Allah—; quienes cometen esas malas acciones son grandes pecadores. El castigo se les duplicará y permanecerán allí eternamente, humillados. Excepto quien se arrepienta, crea y obre rectamente: ese caso es diferente». En la sura al-Maida, matar a una persona es considerado equivalente a matar a toda la humanidad. Allah dice: «Por ello prescribí a los Hijos de Israel que quien matara a una persona, sin que fuera en represalia por un homicidio, sería como si hubiera matado a toda la humanidad,»
«y quien salvara una vida sería como si hubiera salvado a toda la humanidad». En los hadices, matar y tener la intención de matar han sido considerados delitos igualmente graves. El Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: «Cuando dos musulmanes se enfrentan atacándose con sus espadas, tanto el que mata como el que muere estarán en el Infierno». Le preguntaron: «Oh Mensajero de Allah, comprendemos el caso del homicida; pero ¿qué ocurre con el asesinado?». El Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) respondió: «También había querido matar a su adversario». (Bujari, Muslim, Ahmad).
Los imanes y los expertos en hadices han dicho, al explicar este hadiz, que se aplica cuando las personas se enfrentan por un interés ilegítimo, enemistad u odio. No se aplica, en cambio, cuando se empuñan las armas para defenderse o proteger bienes legítimos. Esto se debe a que el objetivo de quien se defiende no es matar al adversario, sino repeler el ataque. Si es posible defenderse sin matar al agresor, eso es preferible.
El Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) también dijo: «Después de mí, no os convirtáis en incrédulos que se matan unos a otros». También dijo: «Mientras no cometa un homicidio ilegítimo, el siervo tiene la posibilidad de que todos sus demás pecados sean perdonados». También dijo: «El Día de la Resurrección, el primer asunto que será juzgado será el homicidio». También dijo: «Para mí, el homicidio de un creyente es un acontecimiento más grave que la destrucción del mundo entero». En un hadiz, asociar copartícipes a Allah, matar a una persona y prestar un juramento falso son considerados los pecados mayores más graves. El Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: «Por cada homicidio injusto que se cometa en la Tierra, el primer hijo de Adán recibirá una parte de su pecado, porque él fue el primero en establecer esta práctica». El Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) también dijo: «Quien mate a un no musulmán no percibirá siquiera el aroma del Paraíso, aunque el aroma del Paraíso pueda percibirse desde una distancia de cuarenta años».
3. Practicar la magia
La razón por la que la magia es un pecado grave es que no es posible practicarla sin convertirse en incrédulo. Allah, el Altísimo, dice: «Los demonios enseñaban magia a la gente mientras se entregaban a la incredulidad». En realidad, el único propósito de que el maldito Satanás enseñara magia a la gente era hacer que asociaran copartícipes con Allah. Al relatar la historia de los dos ángeles llamados Harut y Marut, Allah dice: «Antes de enseñar magia a alguien, ambos le advertían: “Solo somos una prueba; no caigas, pues, en la incredulidad”. Aun así, la gente aprendía de ellos una magia con la que podía separar al marido de su esposa. Sin embargo, no podían perjudicar a nadie con ella excepto con el permiso de Allah. Lo que aprendían de magia solo les perjudicaba y no les beneficiaba. También sabían que quien adquiriera la magia no tendría ninguna parte en la otra vida». (Sura Al-Baqara)
Por eso se ve que muchas personas extraviadas recurren a la magia, pues solo la consideran una acción prohibida. Sin embargo, no saben que en realidad también constituye incredulidad. Para separar al marido de su esposa o crear amor entre un hombre y una mujer que no son parientes cercanos, se practica la magia mediante ciertos conjuros, la mayoría de los cuales están llenos de shirk e incredulidad.
El castigo prescrito por la sharía para el mago es la pena de muerte, pues esto constituye incredulidad hacia Allah o pertenece al ámbito de la incredulidad. La magia también está incluida entre las «siete acciones destructivas» que el Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) ordenó evitar en un hadiz. Por tanto, se debe temer a Allah y no acercarse a una acción perjudicial tanto en este mundo como en la otra vida. En un hadiz se dice: «El castigo del mago consiste en acabar con él mediante un golpe de espada». (Al-Yami‘ at-Tirmidhi)
En un hadiz de Sahih al-Bujari se narra: «Ibn Abda dijo: Un año antes del fallecimiento de Umar, recibimos una carta en la que se ordenaba: “Matad al mago, sea hombre o mujer”». En un hadiz qudsi, Allah, el Altísimo, dice: «No hay ninguna divinidad salvo Yo. No son de mi agrado quien practica magia, aquel para quien se practica, quien hace predicciones, aquel para quien se hacen predicciones, quien cree en los buenos o malos augurios o aconseja a alguien creer en ellos». Ali (que Allah esté complacido con él) narró que el Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: «Tres personas no entrarán en el Paraíso: (1) el bebedor de alcohol, (2) quien rompe los lazos de parentesco y (3) quien confía en la magia». (Musnad de Ahmad)
En un hadiz narrado por Ibn Mas‘ud se afirma: «Creer en los amuletos y en los ensalmos es shirk». Sin embargo, no hay inconveniente en usar amuletos y recitar ensalmos si se cree que estos no tienen ningún beneficio salvo por la voluntad y la gracia de Allah, siempre que no estén escritos en un idioma no islámico. El imán al-Jattabi dijo: Es lícito llevar amuletos en los que estén escritos versículos del Corán o nombres de Allah, pues el Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) escribió personalmente amuletos para Hasan y Husayn (que Allah esté complacido con ambos).
4. Mostrar negligencia en la oración
Allah, el Altísimo, dice: «Después de aquellos profetas, vinieron sucesores que descuidaron la oración y siguieron sus pasiones. Ciertamente, caerán en Ghayy, salvo quienes se arrepientan, crean y hagan buenas obras; estos son una excepción». (Mariam)
Ibn Abbas (que Allah esté complacido con él) dijo: «Descuidar la oración no significa abandonarla por completo, sino rezarla después de su hora establecida o realizarla como oración compensatoria. Sa‘id ibn al-Musayyab dijo: Significa retrasar la oración hasta que llegue el momento de la siguiente. Allah ha amenazado con arrojar al lugar llamado “Ghayy” a quien se acostumbra a hacerlo y muere sin arrepentirse de este hábito. Es el nombre de una de las cavidades más bajas y repugnantes del Infierno».
En otra aleya, Allah ha dicho: «¡Ay de aquellos que oran y son negligentes con sus oraciones!», es decir, que actúan con pereza y dilación.
Hazrat Sa’d ibn Abi Waqqas dijo: Le pregunté al Mensajero (s. a. s.) qué era esa negligencia. Él respondió: «Retrasarlas más allá de su hora establecida». Se les llamó personas que oran, pero, debido a su descuido y demora, se les amenazó con el «Wayl». Wayl significa la severidad del castigo. Según algunos, Wayl es un lugar extremadamente ardiente del Infierno, donde, aunque se arrojaran todas las montañas de la Tierra, se derretirían por su intenso calor. Si no se arrepienten y piden perdón con pesar, este lugar está destinado como morada para quienes dejan pasar las oraciones y para quienes son perezosos al rezar.
Allah Todopoderoso ha dicho en otra aleya: «¡Oh, creyentes! Que ni vuestras riquezas ni vuestros hijos os distraigan del recuerdo de Allah. Quien haga eso será de los perdedores». Los exegetas han dicho que en esta aleya «el recuerdo de Allah» se refiere a las cinco oraciones diarias. Por tanto, si alguien, ocupado en sus actividades para ganar dinero, como los negocios y el comercio, o en sus responsabilidades relacionadas con sus hijos, no realiza la oración a su debido tiempo, será de los perdedores.
El Mensajero (s. a. s.) dijo: «El primer acto del siervo por el que se le pedirá cuentas el Día de la Resurrección será la oración. Si puede rendir cuentas de ella, alcanzará la salvación; de lo contrario, el fracaso será inevitable».
Acerca de los habitantes del Infierno, Allah dice: «Los habitantes del Paraíso les preguntarán: “¿Qué os hizo entrar en el Infierno?”. Responderán: “No éramos de los que rezaban…”»
El Mensajero (s. a. s.) dijo: «El pacto que existe entre los no musulmanes y nosotros es la oración. Quien la abandona es un incrédulo». También dijo: «Entre el siervo y su conversión en incrédulo no hay más que el abandono de la oración».
En Sahih al-Bujari se relata que el Mensajero (s. a. s.) dijo: «A quien se le pierda la oración de la tarde, todas sus buenas obras le serán anuladas». En otro hadiz, el Mensajero (s. a. s.) dijo: «Allah queda libre de responsabilidad respecto de quien abandona deliberadamente la oración». En un hadiz narrado por Umar (r. a.) y recogido en Sahih al-Bujari y Sahih Muslim, el Mensajero (s. a. s.) dijo: «Se me ha ordenado combatir a la gente hasta que reconozcan al Único Allah como su Señor, establezcan la oración y entreguen el zakat. Quienes hagan estas cosas tendrán a salvo de mí su sangre y sus bienes, salvo por un derecho legítimo. Su rendición de cuentas corresponde a Allah Todopoderoso». Al explicar este hadiz, Umar (r. a.) dijo: «Quien abandona la oración no podrá disfrutar de ninguna de las concesiones ni de la seguridad que ofrece el islam».
El Mensajero (s. a. s.) también dijo: «Quien realice debidamente la oración, esta será para él, el Día de la Resurrección, un medio de salvación, una luz y una prueba. Pero para quien no la realice debidamente no será ni una luz, ni una prueba, ni un medio de salvación. Además, el Día de la Resurrección estará en compañía del Faraón, Qarún, Hamán y Ubayy ibn Jalaf».
Al explicar este hadiz, algunos sabios musulmanes dijeron que la razón por la que quien no reza será resucitado junto a esos cuatro célebres incrédulos es que existen cuatro tipos de causas para abandonar la oración: la protección de las riquezas, las ocupaciones relacionadas con el gobierno, las ocupaciones administrativas y las ocupaciones comerciales. Si la primera es la causa de abandonar la oración, será resucitado junto a Qarún; si es la segunda, junto al Faraón; si es la tercera, junto a Hamán; y si es la cuarta, junto a Ubayy ibn Jalaf, el destacado comerciante de La Meca.
Al-Bayhaqi narró de Umar (r. a.) que un hombre acudió al Mensajero (s. a. s.) y le dijo: «¡Oh, Mensajero! ¿Qué acto del islam es más amado por Allah?
El Mensajero (s. a. s.) respondió: «Realizar la oración a su debido tiempo. Quien abandona la oración no tiene religión. La oración es el pilar del islam».
Cuando Umar (que Allah esté complacido con él) resultó herido por el golpe de un asesino, le informaron: «¡Oh, Comandante de los creyentes! Ha llegado la hora de la oración». Él dijo: «Sí, rezaré. Quien abandona la oración no tiene ninguna relación con el islam». Después rezó, aunque la sangre seguía manando de su herida.
El ilustre tabi‘í —a quien no se considera compañero porque no vio al Mensajero (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él), aunque sí se reunió con los Compañeros— Abd Allah ibn Shaqiq (que Allah tenga misericordia de él) dijo: Los Compañeros del Mensajero (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) no consideraban que abandonar ninguna obra, aparte de la oración, hiciera que una persona se convirtiera en incrédula. Ali (que Allah esté complacido con él) e Ibn Masud (que Allah esté complacido con él) declararon claramente, respectivamente, que quien no reza es incrédulo y apóstata. Ibn Abbas dijo: Incluso si alguien abandona deliberadamente una sola oración obligatoria, cuando se encuentre con Allah, Él estará enojado con él.
El Mensajero (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: «Allah no aceptará las demás buenas obras de quien se presente ante Él sin haber rezado». (At-Tabarani) El imán Ibn Hazm dijo: Después de asociar copartícipes a Allah y matar injustamente a un creyente, el pecado más grave es abandonar la oración. El Mensajero (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) también dijo: «Cuando un siervo realiza la oración al comienzo de su tiempo, esa oración asciende hasta el Trono, lanzando rayos de luz, y continúa suplicando hasta el Día de la Resurrección: “Así como me protegiste, que Allah te proteja a ti”». (At-Tabarani)
El Mensajero (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: «Allah no acepta la súplica de tres personas:
(1) aquel que se impone como dirigente de un pueblo, aunque este lo deteste;
(2) aquel que priva de su libertad a una persona libre;
(3) aquel que realiza la oración después de que haya pasado su tiempo establecido». (Abu Dawud)
El Mensajero (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) también dijo: «Quien reúna dos oraciones sin una excusa comete un pecado enorme». (Al-Hakim)
Se ha transmitido en Abu Dawud que el Mensajero (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: «Cuando un niño cumpla siete años, ordenadle que rece; y cuando cumpla diez años, golpeadlo por ello y separadlo de su cama».
El imán Al-Jattabi dijo: Este hadiz indica que para un adulto que abandona la oración se aplica un castigo aún más severo. Según algunos eruditos de la escuela shafi‘í, a un adulto que abandone deliberadamente la oración se le puede imponer como máximo la pena de muerte.
Según los imanes Malik, Ash-Shafi‘i y Ahmad, merece la muerte.
Según Ibrahim An-Najai, Ayyub As-Sajtiyani, Abd Allah ibn Al-Mubarak, Ahmad ibn Hanbal e Ishaq ibn Rahwayh, quien abandone voluntariamente la oración sin excusa debe ser considerado incrédulo una vez terminado el tiempo de la oración.
Se ha narrado en un hadiz que quien cumpla debidamente las cinco oraciones obligatorias recibirá de Allah cinco honores. Primero: Él eliminará su pobreza; segundo: lo librará del castigo de la tumba; tercero: le entregará su registro de obras en la mano derecha; cuarto: le hará cruzar el Sirat a la velocidad de un relámpago; quinto: le hará entrar en el Paraíso sin rendir cuentas. Y a quien sea negligente con la oración, Allah le impondrá catorce castigos: cinco durante la vida mundanal, tres en el momento de la muerte, tres en la tumba y tres al ser resucitado de la tumba. Los cinco de la vida mundanal son: la bendición desaparecerá de su vida, el resplandor propio de las personas rectas desaparecerá de su rostro y no recibirá recompensa por ninguna de sus buenas obras.
Ninguna de sus súplicas será aceptada y será privado de las súplicas de las personas piadosas. Los tres castigos del momento de la muerte son: morirá humillado, morirá hambriento y morirá con una sed tan intensa que, aunque bebiera el agua de todos los mares del mundo, no se le apagaría la sed. Los tres castigos que sufrirá mientras permanezca en la tumba son: su tumba se estrechará y lo aplastará con tanta fuerza que las costillas de un lado se romperán y pasarán al otro lado; su tumba se llenará de fuego, que arderá día y noche; y una serpiente venenosa lo morderá continuamente hasta el Día de la Resurrección. Los tres castigos que sufrirá al salir de la tumba son: su cuenta será rigurosa, verá a Allah enojado y entrará en el Infierno. En otra transmisión se afirma que el Día de la Resurrección tendrá tres frases inscritas en la frente. La primera será: «¡Oh, destructor del derecho de Allah!». La segunda será: «¡Oh, merecedor de la ira de Allah!». La tercera será: «Así como no concediste en la tierra el derecho de Allah, hoy serás privado de la misericordia de Allah».
Se ha narrado de Ibn Abbás (que Alá esté complacido con él) que, el Día del Juicio, un hombre será puesto de pie ante Alá y se ordenará que sea llevado al Infierno. Él preguntará: «¡Oh, mi Señor! ¿Por qué razón?». Alá dirá: «Por haber rezado después del tiempo establecido y por haber jurado falsamente en Mi nombre».
Una vez, el Mensajero (la paz y las bendiciones de Alá sean con él) dijo: «¡Oh, Alá! No hagas que ninguno de nosotros sea un desdichado privado de Tu misericordia». Luego preguntó a los compañeros presentes: «¿Sabéis quién es el desdichado privado de la misericordia?». Los compañeros dijeron: «¡Oh, Mensajero de Alá! ¿Quién?». Él respondió: «El que abandona la oración».
En otro hadiz se dice que, el Día del Juicio, aquellos cuyos rostros ennegrecerán primero serán quienes hayan abandonado la oración. En el Infierno hay una región llamada “Malham”. Allí hay muchas serpientes. Cada una de ellas es tan gruesa como el cuello de un camello y tan larga como la distancia recorrida en aproximadamente un mes. Estas serpientes morderán a quien abandone la oración. Su veneno seguirá atormentando su cuerpo durante setenta años; finalmente, su carne se desprenderá y caerá.
Se ha narrado que una mujer de los Hijos de Israel acudió una vez ante Moisés (la paz sea con él). Dijo: «¡Oh, Mensajero de Alá! He cometido un pecado terrible. Después también me arrepentí. Ruega para que Alá me perdone». Moisés (la paz sea con él) preguntó: «¿Qué pecado cometiste?». Ella respondió: «Cometí adulterio. Después di a luz a un hijo ilegítimo y lo maté». Moisés (la paz sea con él) dijo: «¡Oh, gran pecadora! Sal inmediatamente. Temo que ahora mismo descienda fuego del cielo y todos quedemos reducidos a cenizas». La mujer se marchó con el corazón destrozado. Poco después llegó Gabriel (la paz sea con él) y dijo: «¡Oh, Moisés! Alá te pregunta: ¿por qué expulsaste a esta mujer arrepentida? ¿Acaso no has visto a alguien aún más vil que ella?». Moisés dijo: «¡Oh, Gabriel! ¿Quién puede ser más pecador que ella?». Gabriel (la paz sea con él) respondió: «Quien abandona deliberadamente la oración».
Se ha narrado otro suceso: un hombre terminó de amortajar y enterrar a su hermana y, al regresar a casa, descubrió que le faltaba la cartera. Entonces pensó que quizá se le había caído dentro de la tumba. Regresó, cavó la tumba y vio que todo su interior ardía intensamente. Volvió a cubrirla de tierra y regresó a casa llorando. Cuando contó todo lo sucedido a su madre, ella dijo que la joven era negligente con la oración y rezaba después de que hubiera pasado su tiempo. Si por recuperar una oración fuera de su tiempo sin excusa puede producirse semejante castigo, ¡cuán terrible debe ser el destino de quien no reza! Solo rezar dentro del tiempo establecido no es suficiente; también es necesario realizar la oración correcta y de manera válida. De lo contrario, rezar incorrectamente equivale a no rezar. En Sahih al-Bujari y Sahih Muslim se narra que «un día un hombre entró en la Mezquita del Profeta. El Mensajero (la paz y las bendiciones de Alá sean con él) estaba sentado allí. El hombre rezó y luego se acercó al Mensajero (la paz y las bendiciones de Alá sean con él) y lo saludó. Él le devolvió el saludo y dijo: “Regresa y reza, porque no has rezado”. El hombre se fue, rezó nuevamente como antes y luego se acercó al Mensajero (la paz y las bendiciones de Alá sean con él) y lo saludó. Él le devolvió el saludo y volvió a decir: “Regresa y reza, porque no has rezado”. Después de rezar así tres veces, el hombre dijo: “¡Oh, Mensajero de Alá! No sé rezar mejor que esto. Enséñame”. Él dijo: “Primero, ponte de pie para la oración y pronuncia el takbir. Después, recita del Corán lo que puedas. Luego inclínate y permanece quieto durante la inclinación. Después levántate y ponte completamente erguido. Luego prostérnate y permanece quieto durante la postración. Después siéntate tranquilamente. Luego prostérnate de nuevo y permanece quieto durante la postración. Así concluye tu oración”».
En el Sagrado Corán se dice: «Se ha establecido el “Wail” para aquellos que rezan y son negligentes con su oración». En la explicación de este versículo, un hadiz dice que se refiere a quienes no realizan correctamente la inclinación y la postración, sino que se limitan a dar golpes apresurados.
En un hadiz se dice que el mayor de los ladrones es quien roba en su oración. Se preguntó: «¿Cómo se roba en la oración?». El Mensajero (la paz y las bendiciones de Alá sean con él) respondió: «No realizar correctamente la inclinación y la postración, ni recitar el Corán de manera correcta». (Ahmad). El Mensajero (la paz y las bendiciones de Alá sean con él) también dijo: «Alá no dirigirá Su mirada hacia quien no se endereza completamente entre la inclinación y la postración». (Ahmad). El Mensajero (la paz y las bendiciones de Alá sean con él) también dijo: «La oración de quien permanece sentado observando el sol y, cuando este llega entre los dos cuernos de Satanás —es decir, poco antes de ponerse—, se levanta de inmediato y da cuatro golpes con la cabeza, es la oración del hipócrita. En ese momento, apenas recuerda a Alá». (Sahih al-Bujari y Sahih Muslim).
Se ha narrado de Abu Musa (que Alá esté complacido con él) que un día el Mensajero (la paz y las bendiciones de Alá sean con él) rezó con sus compañeros y se sentó. En ese momento llegó un hombre, realizó rápidamente la inclinación y la postración, y rezó. El Mensajero (la paz y las bendiciones de Alá sean con él) dijo: «¿Veis a ese hombre? Si muriera en ese estado, moriría fuera de la comunidad de Muhammad (la paz y las bendiciones de Alá sean con él)». Terminó la oración dando golpes apresurados, como un cuervo que picotea la sangre con su pico. (Sahih de Abu Bakr ibn Juzaima).
«El Mensajero (la paz y las bendiciones de Alá sean con él) también dijo: cada vez que alguien reza, un ángel se encuentra a su derecha y otro a su izquierda. Si termina correctamente la oración, ambos llevan esa oración ante Alá. De lo contrario, se la arrojan al rostro». (Ad-Daraqutni).
El Mensajero (s. a. s.) también dijo: «Quien realiza correctamente la ablución, luego se pone de pie para la oración y la completa haciendo correctamente el rukūʿ, el suyūd y la recitación del Corán, recibirá de su oración estas palabras: “Así como tú me has protegido, que Allah te proteja a ti”».
Después asciende hacia el cielo, esparciendo rayos de luz. Entonces se abren para ella las puertas del cielo y, al llegar ante Allah, intercede en favor de quien realizó dicha oración. Pero cuando no realiza correctamente el rukūʿ, el suyūd y la recitación del Corán, la oración le dice: «Así como tú me destruías, que Allah te destruya a ti». Después asciende al cielo envuelta en oscuridad. Las puertas del cielo se cierran ante ella. Luego es doblada como un paño viejo y arrojada sobre el rostro de quien realizó la oración.
El Mensajero (s. a. s.) también dijo: «La oración es como una balanza. A quien colme esta balanza por completo, se le dará íntegramente su recompensa. Y respecto de quien dé menos en la medida, el Corán dice que el “Wayl” está destinado a quienes dan menos en la medida. Dar menos en la medida puede ocurrir tanto con otras cosas como con la oración. “Wayl” es un lugar extremadamente caliente del Infierno, cuyo calor incluso el propio Infierno busca evitar refugiándose en Allah». (Musnad Ahmad)
El Mensajero (s. a. s.) dijo: «Durante el suyūd, colocaréis el rostro, la nariz y las dos manos sobre el suelo. Pues Allah, el Altísimo, me ordenó postrarme apoyándome sobre siete partes del cuerpo: la frente, la nariz, las palmas de ambas manos, las dos rodillas y el dorso de ambos pies». Prohibió recoger la ropa y el cabello durante el suyūd. A quien reza sin conceder a cada miembro su debido derecho, el miembro correspondiente no deja de maldecirlo durante todo el tiempo de la oración. (Sahih al-Bujari y Sahih Muslim)
El venerable Hudhayfa vio a un hombre rezando sin realizar correctamente el rukūʿ y el suyūd. Le preguntó: «¿Cuánto tiempo llevas rezando de esta manera?». Él respondió: «Cuarenta años». Entonces le dijo: «No has realizado ninguna oración durante cuarenta años. Si mueres en este estado, morirás como no musulmán».
El imán Hasan Basri solía decir: «¡Oh hijo de Adán! Si la oración es para ti un asunto sin importancia, ¿qué otra obra del islam será importante para ti? Sin embargo, el Mensajero (s. a. s.) dijo: “El siervo será interrogado primero acerca de la oración el Día del Juicio. Si la ha realizado correctamente, se salvará. Pero si no la ha realizado correctamente, fracasará y sufrirá una pérdida. Y si se encuentra alguna deficiencia en la oración obligatoria, Allah dirá: ‘Veamos si mi siervo tiene alguna obra voluntaria. Si la tiene, con ella se completará la deficiencia de la obligatoria’. Del mismo modo se juzgarán todas las obras”». (Tirmidhi) Por tanto, todo creyente debe realizar tantas oraciones voluntarias como le sea posible, para compensar las deficiencias de las obligatorias.
Sobre el castigo por no realizar la oración en congregación
Allah, el Altísimo, dice: «El día en que se presente una situación difícil y se llame a la gente a postrarse…». Kaʿb al-Ahbar (que Allah esté complacido con él) dijo: «Esta aleya fue revelada únicamente acerca de quienes se ausentan de la oración en congregación». Esto permite conocer cuán terrible es la consecuencia de no asistir a la congregación sin una excusa válida. En un hadiz de Sahih al-Bujari y Sahih Muslim, el Mensajero (s. a. s.) dijo: «Deseo que se establezca la oración en congregación, nombrar entonces a un imán y, después, ir a las casas de quienes no acudieron a la congregación acompañado de un grupo que lleve leña seca, para incendiar sus casas».
En un hadiz de Sahih Muslim se relata que un hombre ciego acudió al Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones sean con él) y le dijo: «Oh, Mensajero, no hay nadie que pueda llevarme a la mezquita. Permíteme rezar en casa». El Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones sean con él) le dio permiso. Cuando se disponía a marcharse, lo llamó y le preguntó: «¿Oyes la llamada a la oración?». Él respondió: «Sí». Entonces dijo: «En ese caso, irás a la mezquita». Este hadiz aparece en Sunan Abu Dawud de la siguiente manera: «Amr ibn Umm Maktum acudió al Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones sean con él) y dijo: “¡Oh, Mensajero! Medina es una ciudad llena de muchos animales salvajes. No puedo ver y mi casa está muy lejos. Hay alguien que podría llevarme a la mezquita, pero no es adecuado para mí. ¿Puedo rezar en casa?”. El Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones sean con él) dijo: “¿Oyes la llamada a la oración?”. Él respondió: “Sí, la oigo”. El Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones sean con él) dijo: “En ese caso, irás a la mezquita. No puedo darte permiso para rezar en casa”».
De este hadiz se entiende que, para una persona sana, no asistir a la oración en congregación no puede ser lícito bajo ninguna circunstancia. Esto se debe a que el Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones sean con él) ni siquiera permitió que un ciego rezara en casa. Por eso, cuando le preguntaron a Ibn Abbas por un hombre que ayunaba siempre durante el día y rezaba por la noche, pero no rezaba en congregación, y le preguntaron qué sería de él, respondió: «Si muere persistiendo en ello, irá al Infierno». (Tirmidhi)
El Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones sean con él) dijo: «Quien oyó la llamada a la oración, pero no asistió a la congregación sin tener ninguna excusa, no verá aceptada su oración individual». Le preguntaron: «¿Qué tipo de excusa?». El Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones sean con él) respondió: «Una enfermedad o el temor de un peligro». (Abu Dawud)
El Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones sean con él) dijo: «Allah ha maldecido a tres personas:
(1) A quien se convierte en líder de un pueblo contra la voluntad de este. (2) A la mujer cuyo marido pasa la noche disgustado con ella. (3) A quien oye la llamada a la oración y aun así no va a la congregación.
Ali dijo: «La oración del vecino de una mezquita no es válida fuera de la mezquita». Le preguntaron: «¿Quién es el vecino de una mezquita?». Respondió: «Aquel que puede oír la llamada a la oración mientras está en su casa».
En un hadiz de Sahih al-Bujari, Abdullah ibn Masud dijo: «No considerábamos a quien estaba ausente de la oración en congregación sino un hipócrita o un enfermo».
Ibn Umar informó que, en cierta ocasión, Umar fue a ver su huerto de palmeras datileras. Al regresar, comprobó que la oración de la tarde en congregación ya había terminado. Inmediatamente donó aquel huerto de palmeras datileras a los pobres, para que compensara la pérdida de haber faltado a la congregación.
En cuanto a rezar en congregación, se debe dar la mayor importancia a las oraciones de la noche y del alba. Pues el Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones sean con él) dijo: «Estas dos oraciones —es decir, la del alba y la de la noche— son las más difíciles para el hipócrita. Si la gente supiera cuál es la recompensa de rezar estas dos oraciones en congregación, no las abandonaría jamás». (Sahih al-Bujari)
Ibn Umar (que Allah esté complacido con él) dijo: Cuando alguien faltaba a la oración comunitaria del alba y de la noche, pensábamos que se había convertido en un hipócrita.
Ubaydullah ibn Umar al-Qawariri, maestro del imán Bujari y del imán Muslim, dijo: Nunca olvidaba rezar la oración de la noche en congregación. Pero un día llegó un invitado a mi casa y, al estar ocupado con él, no pude alcanzar la oración comunitaria de la noche. Después repetí la oración de la noche veintisiete veces, porque en un hadiz se dice que la recompensa de la oración en congregación es veintisiete veces mayor. Pero por la noche soñé que competía corriendo con un grupo de jinetes. Sin embargo, me estaba quedando atrás. Los que iban delante dijeron: «Nunca podrás alcanzarnos, porque nosotros rezamos la oración de la noche en congregación y tú la rezaste solo».
5. No dar la zakat
Allah, el Altísimo, dice: «No consideréis beneficioso para ellos el hecho de que sean avaros con los bienes que Allah les ha concedido. Al contrario, es perjudicial para ellos. El bien con el que fueron avaros se les colgará del cuello el Día de la Resurrección». (Al Imran)
Allah, el Altísimo, también dice: «¡Destrucción para esos asociadores que no dan la zakat!». Aquí Allah los ha calificado de asociadores.
Allah, el Altísimo, también dice: «Anuncia a quienes atesoran el oro y la plata y no los gastan en el camino de Allah un castigo doloroso. El día en que ese oro y esa plata sean calentados en el fuego del Infierno y con ellos se les marquen la frente, la espalda y los costados, se les dirá: “Esto es lo que atesorasteis para vosotros. Gustad, pues, el castigo de lo que atesorasteis”». (At-Tawba)
Se narra en Sahih al-Bujari y Sahih Muslim que el Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: A quien posea una cantidad suficiente de oro y plata, pero no entregue de ellos lo que le corresponde conforme a la sharía, el Día de la Resurrección se le marcará la frente, la espalda y ambos costados con placas de hierro calentadas en el fuego. Cada vez que esos lugares se enfríen, se volverán a marcar inmediatamente. Así continuará su tormento durante cada día tan largo como cincuenta mil años. Las marcas seguirán aplicándose hasta que se celebre el juicio. Después irá al Paraíso o al Infierno. Los compañeros preguntaron: «¡Mensajero de Allah! ¿También recibirá semejante castigo quien no dé la zakat de los camellos, las vacas, las cabras y demás?». El Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) respondió: «Sí».
En un hadiz transmitido por Abu Huraira, el Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: Los tres primeros que entrarán en el Infierno serán: un gobernante que se apodera del poder por la fuerza (es decir, un tirano), un rico que no da la zakat y un pobre arrogante. (Sahih Ibn Juzayma y Sahih Ibn Hibban)
Hazrat Ibn Abbas (que Dios esté complacido con él) dijo: Quien posee bienes suficientes para realizar el hach, pero no lo realiza, o posee bienes suficientes para pagar el zakat, pero no lo paga, lamentará al morir no haber recibido un poco más de vida para poder cumplir con el derecho de Dios. En ese momento, uno de los oyentes dijo: «¡Oh, Ibn Abbas! Teme a Dios. Solo los incrédulos sentirán un arrepentimiento semejante al momento de la muerte». Hazrat Ibn Abbas dijo: «Como prueba de lo que he dicho, voy a recitarte ahora mismo un versículo del Corán. Dios Todopoderoso dice: “¡Oh, creyentes! Gastad en el camino recto de los bienes que os he concedido antes de que os llegue la muerte, cuando el moribundo diga: ‘¡Señor mío! Si retrasaras un poco mi muerte, daría sadaqa y sería de los virtuosos’”. (Al-Munafiqun)»
Aquí, «daría sadaqa» significa «realizaría el hach». Después preguntaron a Hazrat Ibn Abbas: «¿Cuándo se vuelve obligatorio el zakat?». Él respondió: «Cuando se acumula una riqueza equivalente a doscientos dirhams». (Aproximadamente el equivalente a diez mil takas). Luego le preguntaron: «¿Qué hace obligatorio el hach?». Respondió: «Cuando se han reunido las provisiones y los gastos de transporte».
No es necesario pagar zakat por las joyas lícitas hechas para uso personal. Sin embargo, debe pagarse zakat por las joyas hechas para ahorrar o para alquilarlas. También debe pagarse zakat por las mercancías comerciales.
El Mensajero (que la paz y las bendiciones de Dios sean con él) dijo: «A aquel a quien Dios ha concedido riquezas, pero no paga su zakat, sus bienes se transformarán el Día del Juicio en una serpiente venenosa que se enroscará alrededor de su cuello y morderá sus dos mandíbulas, diciéndole: “Yo soy tu riqueza; yo soy tu tesoro”». Después recitó el siguiente versículo: «Quienes son avaros con los bienes que Dios les ha concedido no deben considerar que esa avaricia es beneficiosa para ellos. Al contrario, es perjudicial para ellos. Los bienes por los que fueron avaros permanecerán enroscados alrededor de sus cuellos el Día del Juicio». (Sahih al-Bujari)
En un hadiz narrado por al-Tabarani se dice: «El Día del Juicio, el oro y la plata serán calentados en el fuego y se marcarán con ellos sus frentes, sus espaldas y sus costados». Al explicar estas palabras del Corán, Hazrat Ibn Masud dijo que no se quemarán sus dinares y dirhams para luego aplicarlos uno sobre otro, sino que la piel del cuerpo de esa persona se extenderá tanto que será posible quemar cada dinar y cada dirham (es decir, las monedas corrientes de la época correspondiente) y aplicarlos por separado.
Podría preguntarse por qué se han señalado la espalda, la frente y los costados para ser marcados con el fuego. La respuesta es que, cuando los ricos avaros ven a una persona pobre, fruncen la frente con fastidio y ensombrecen el rostro. Después vuelven el costado, encorvan el cuerpo y permanecen de pie. Luego, cuando el pobre se acerca para pedir algo, le vuelven la espalda y se marchan. Por ello, serán castigados de manera acorde con sus actos, marcando con el fuego esas partes del cuerpo.
En un hadiz narrado por al-Tabarani, el Mensajero (que la paz y las bendiciones de Dios sean con él) dijo: «Cinco pecados tienen cinco castigos». Los compañeros preguntaron: «¡Oh, Mensajero de Dios! ¿Cuáles son los cinco castigos correspondientes a los cinco delitos?». El Mensajero (que la paz y las bendiciones de Dios sean con él) dijo: «Cada vez que un pueblo rompa su pacto, Dios impondrá sobre su cuello a sus enemigos. Cada vez que un pueblo gobierne conforme a algo distinto de las leyes reveladas por Dios, Dios extenderá la pobreza entre ellos. Cada vez que se generalicen entre un pueblo la obscenidad, el desenfreno y el adulterio, Dios hará que la muerte (es decir, la muerte anormal y a una edad prematura) se extienda entre ellos». (En algunas narraciones, en lugar de muerte se menciona la «perturbación mental»). «Cada vez que un pueblo defraude en la medida y el peso, Dios lo afligirá con el hambre y la esterilidad de las cosechas. Cada vez que un pueblo deje de pagar el zakat, Dios lo afligirá con la falta de lluvia».
Consejo: Quienes se enorgullecen de sus riquezas deben recordar que pronto tendrán que abandonar este mundo y todos sus bienes y recursos. Cuando sus riquezas acumuladas sean quemadas y aplicadas como marcas de fuego en sus frentes, espaldas y costados, no les servirán de nada. Nunca debemos olvidar este versículo. No se debe mostrar fastidio al ver a los pobres y a los mendigos. Si Dios quiere, puede convertir al pobre en rico y al rico en pobre en un solo instante. No debemos olvidar el profundo y noble propósito de Dios detrás de hacer pobre a una persona y rica a otra.
El destacado tabi‘í Muhammad ibn Yusuf al-Firyabi dijo: Una vez, mis compañeros y yo fuimos a visitar a Hazrat Abu Sinan (que Dios tenga misericordia de él). Poco después, Hazrat Abu Sinan nos llevó consigo a visitar a uno de sus vecinos. Un hermano de aquel vecino había muerto recientemente. Nuestro propósito era consolarlo. Cuando llegamos, vimos que lloraba desconsoladamente. Ninguna palabra de consuelo lograba tranquilizarlo. Finalmente le dijimos: «¿Acaso no sabe que la muerte es inevitable?». Él respondió: «Eso lo sé, hermanos, pero lloro únicamente porque mi hermano está sufriendo un terrible castigo en la tumba». Le dijimos: «¿Acaso Dios le ha informado de lo oculto?». Él respondió: «Después de terminar el entierro, cuando todos se marcharon, permanecí sentado un rato junto a la tumba. De repente, oí una voz que salía de ella: “¡Ah! Déjame solo. Seguiré sufriendo el castigo. Yo también rezaba y ayunaba”». Al oír sus palabras, comencé a llorar. Excavé la tumba para ver su estado. Vi que dentro ardía un fuego intenso y que del cuello de mi hermano colgaba una cadena de fuego. Le preguntamos: «¿Qué hacía su hermano cuando vivía en este mundo?». Respondió: «No pagaba el zakat». Entonces dijimos: «Dios ha dicho en el Sagrado Corán: “No consideréis bueno lo que hacen quienes son avaros con los bienes que Dios les ha concedido. Eso es malo para ellos. Los bienes por los que fueron avaros serán colgados de sus cuellos el Día del Juicio”. Tal vez este castigo le esté siendo adelantado a su hermano». Después salimos de allí y fuimos junto a un compañero del Profeta, que todavía estaba vivo. Le contamos todo lo sucedido y dijimos: «Mueren tantos judíos y cristianos, pero no vemos que les ocurra algo semejante». Él respondió: «Sin duda irán al Infierno. Sin embargo, Dios muestra ejemplos entre los creyentes para que aprendáis una lección».
6. Romper el ayuno de Ramadán sin excusa
Allah Todopoderoso dice: «¡Oh, creyentes! Se os ha prescrito el ayuno, tal como fue prescrito a quienes os precedieron. Quizá alcancéis la piedad. Son días determinados; pero quien de vosotros esté enfermo o de viaje, que ayune otros días».
En Sahih al-Bujari y Sahih Muslim se narró este hadiz: «El islam se fundamenta en cinco cosas: dar testimonio de que no hay otra divinidad sino Allah y de que Muhammad es Su Mensajero; establecer la oración; dar el zakat; realizar el hajj; y ayunar durante Ramadán».
El Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) también dijo: «Quien abandone, sin excusa, siquiera un ayuno de Ramadán, aunque ayune durante toda su vida después de ello, no podrá compensarlo». (At-Tirmidhi, an-Nasa’i e Ibn Mayah)
En realidad, aunque la expiación perdone el pecado de romper el ayuno, no será posible obtener la recompensa ni el mérito del ayuno de Ramadán.
7. No realizar el hajj pese a tener los medios
Allah Todopoderoso dice: «El hajj es obligatorio para quien tenga capacidad para realizarlo». El Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: «A Allah no le importa si quien posee la montura y las provisiones necesarias para llegar a la Casa de Allah y realizar el hajj no lo hace, y muere siendo judío o cristiano».
Umar (que Allah esté complacido con él) dijo: «Deseo imponer la yizia a quienes, pese a tener los medios, no realizan el hajj, porque no son musulmanes».
Ibn Abbas (que Allah esté complacido con él) dijo: «Quien, pese a tener los medios, no da el zakat ni realiza el hajj, lamentará, al morir, no haber recibido una prolongación de su vida». Le preguntaron: «Ese tipo de lamento corresponde a los incrédulos». Él respondió: «Lo que he dicho se encuentra en el Corán».
Entonces recitó los siguientes versículos: «¡Oh, creyentes! Que ni vuestras riquezas ni vuestros hijos os distraigan del recuerdo de Allah. Y quienes se distraigan serán los perdedores. Dad de lo que os hemos concedido antes de que llegue el momento en que la muerte se presente ante alguno de vosotros y diga: “¡Señor mío! ¿Por qué no me concedes un breve plazo más? Entonces daría limosna —es decir, daría el zakat— y estaría entre los virtuosos —es decir, entre quienes realizan el hajj—”».
Le preguntaron: «¿Sobre qué se hace obligatorio el zakat?». Él respondió: «Cuando se poseen doscientos dirhams o oro de valor equivalente». Después le preguntaron: «¿Sobre qué se hace obligatorio el hajj?». Él respondió: «Cuando se reúnen los gastos del viaje de ida y vuelta y el medio de transporte, el hajj se vuelve obligatorio». Sa’id ibn Yubair (que Allah esté complacido con él) dijo: «Cuando murió un vecino rico mío sin haber realizado el hajj, no ofrecí la oración funeraria por él».
8. Cometer suicidio
Allah Todopoderoso dice: «No os matéis a vosotros mismos. Ciertamente, Allah es misericordioso con vosotros. Y a quien haga esto transgrediendo y obrando injustamente, lo quemaré en el Fuego. Esto es fácil para Allah». (Sura an-Nisa)
El imán al-Wahidi, Ibn Abbas y otros dijeron, al interpretar esta aleya, que su significado es: «No os matéis unos a otros», porque seguís la misma religión; por tanto, sois como una sola persona. Sin embargo, otros dijeron que en esta aleya se ha prohibido el suicidio. Esta última opinión es la correcta, pues en cuanto al asesinato de otras personas existen prohibiciones más explícitas en el Corán y en los hadices, y este asunto ha sido tratado por separado. Además, el hadiz narrado por Amr ibn al-As y citado en el Sahih de Abu Dawud constituye una de las pruebas de la autenticidad de esta opinión. Amr ibn al-As dijo: Durante la batalla de Dhat as-Salasil, dirigida por el Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él), tuve una emisión nocturna en una noche muy fría. Si me hubiera bañado aquella noche, temía morir a causa del frío. Por eso hice tayammum y dirigí la oración del alba con mis compañeros. Después informé al Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) de lo sucedido. Él dijo: «¡Oh, Amr! ¿Dirigiste la oración con tus compañeros en estado de impureza?». Le expliqué por qué no me había bañado y añadí: «He leído en el Corán estas palabras de Allah: “No os matéis; ciertamente, Allah es misericordioso con vosotros”». Al oír esto, el Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) sonrió y no dijo nada más. Este hadiz demuestra que Amr entendió por esta aleya el suicidio, no el asesinato de otra persona; sin embargo, el Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) no objetó su interpretación.
En otro hadiz, el Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: Entre los pueblos que os precedieron había un hombre que sufría a causa de una herida. Por ello, se golpeó el cuerpo con un cuchillo y, como consecuencia de la hemorragia, murió. Entonces Allah, el Altísimo, dijo: «Mi siervo se ha adelantado a Mí y ha decidido por sí mismo; por eso le he prohibido el Paraíso». (Sahih al-Bujari y Sahih Muslim)
En otro hadiz, el Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: Quien se mate con un arma de hierro permanecerá sentado en el fuego del Infierno, apuñalándose continuamente con esa misma arma durante toda la eternidad. Quien se suicide bebiendo veneno continuará bebiendo veneno en el Infierno durante toda la eternidad. Y quien se suicide saltando desde una montaña seguirá saltando continuamente desde un lugar elevado, incluso sentado en el Infierno. Así continuará atormentándose eternamente. (Sahih al-Bujari y Sahih Muslim)
En otro hadiz, el Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: «Maldecir a un creyente equivale a matarlo. Acusar falsamente de incrédulo a un creyente equivale a matarlo. Y quien se mate con cualquier objeto será castigado el Día de la Resurrección con ese mismo objeto». (Sahih al-Bujari, Sahih Muslim, an-Nasa’i y at-Tirmidhi)
En otro hadiz auténtico se narra que un hombre, incapaz de soportar el dolor de su herida, se suicidó con su propia espada. Al enterarse de ello, el Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo que era de los habitantes del Infierno.
En verdad, la vida y el plazo de vida que Allah concede son una enorme bendición y una oportunidad limitada para realizar buenas obras destinadas a la otra vida. Es inevitable que la ira de Allah recaiga sobre quienes ponen fin a todo ello con sus propias manos. Que Allah nos proteja de este terrible pecado mayor.
9. Desobedecer a los padres y causarles sufrimiento
Allah, el Altísimo, declara en la sura Al-Isra: «Tu Señor ha decretado que no adoréis a nadie excepto a Él y que tratéis bien a los padres». Es decir, que cuidéis de ambos y los tratéis con amor y compasión. «Si uno de ellos, o ambos, llegan a la vejez junto a ti, no les digas ni siquiera “¡Uf!” ni les reprendas». Es decir, no emplees un lenguaje áspero ni duro. En verdad, puesto que ambos cuidaron de ti, también tú debes cuidar de ellos. Debes recordar que ellos te cuidaron primero, demostrando la máxima abnegación y generosidad, y que, aunque los cuides, no podrás igualarlos. Es lamentable que, durante la infancia, los padres, pese a sufrir por causa de sus hijos, los cuidasen y desearan para ellos una vida sana y larga; mientras que el hijo, al sufrir siquiera un poco por causa de sus padres ancianos, desea que mueran pronto. Después Allah dice: «Háblales con palabras amables». Es decir, háblales con humildad y sincera compasión. Extiende sobre ellos las alas de la misericordia y di: “¡Señor mío! Ten misericordia de ellos, tal como ellos me criaron con cariño y ternura cuando era pequeño”».
En la sura Luqman, Allah dice: «Agradéceme a Mí y agradece también a tus padres». Es digno de observar cómo Allah ha unido el agradecimiento a los padres con el agradecimiento que se le debe a Él. Ibn Abbas (que Allah esté complacido con él) dijo: Tres aleyas fueron reveladas vinculando tres cosas; una de ellas no es aceptada sin la otra. En la primera, Allah, el Altísimo, dijo: «Obedeced a Allah y obedeced al Mensajero». Quien obedezca a Allah pero no obedezca al Mensajero no tendrá aceptada su obediencia a Allah. En la segunda, Allah dice: «Estableced la oración y dad el zakat». Quien rece pero no dé el zakat no tendrá aceptada su oración. En la tercera, Allah dice: «Agradéceme a Mí y agradece a tus padres». Quien solo agradezca a Allah y no agradezca a sus padres tendrá un agradecimiento a Allah carente de sentido e inaceptable. Por eso el Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: «La complacencia de Allah reside en la complacencia de los padres, y la ira de Allah reside en la ira de los padres». (Al-Yami at-Tirmidhi)
Ibn Umar (que Allah esté complacido con él) dijo: Un hombre se presentó ante el Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) y le pidió permiso para ir a combatir junto a él. El Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) le preguntó: «¿Están vivos tus padres?». Él respondió: «Sí». El Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: «Entonces combate sirviéndolos a ellos». Es decir, servirlos es tu yihad. (Sahih al-Bujari y Sahih Muslim)
Cabe señalar que se ha declarado que servir a los padres tiene prioridad sobre la yihad.
En otro hadiz narrado por Sahih al-Bujari y Sahih Muslim, el Mensajero (que Allah le bendiga y le conceda paz) dijo: «¿Os informaré de cuál es el mayor de los pecados graves? Es asociar copartícipes a Allah y tratar mal a los padres». Aquí debe observarse que el maltrato, el descuido y la negligencia hacia los padres se han puesto al mismo nivel que asociar copartícipes a Allah. En otro hadiz de Sahih al-Bujari y Sahih Muslim, el Mensajero (que Allah le bendiga y le conceda paz) dijo: «No entrarán en el Paraíso quien maltrate a sus padres, quien dé caridad y luego reproche su favor, ni quien beba alcohol». El Mensajero (que Allah le bendiga y le conceda paz) también dijo: «Si hubiera alguna conducta dañina menor que decir “uf”, Allah también la habría prohibido. Por tanto, que quien maltrata a sus padres haga lo que quiera: jamás entrará en el Paraíso. Y que quien los trate bien haga lo que quiera: jamás entrará en el Infierno». (Ad-Daylami)
También dijo: «Allah ha maldecido a quien maltrata a sus padres». En otro hadiz narrado por Ibn Abbas, el Mensajero (que Allah le bendiga y le conceda paz) dijo: «Allah ha maldecido a quien insulta y reprende a su padre, y también ha maldecido a quien insulta y reprende a su madre». En otro hadiz narrado por Abu Bakr, el Mensajero (que Allah le bendiga y le conceda paz) dijo: «Allah retrasa el castigo de todos los pecados tanto como quiere, incluso puede retrasarlo hasta el Día de la Resurrección. La única excepción es el maltrato a los padres: Allah hace que su castigo se cumpla inmediatamente». Es decir, esa persona recibe el castigo en esta vida terrenal, antes del Día de la Resurrección.
Ka‘b al-Ahbar (que Allah tenga misericordia de él) dijo: «Cuando un siervo maltrata a sus padres, Allah acorta su vida para apresurar su castigo. Y cuando un siervo trata bien a sus padres, Allah prolonga su vida para que pueda realizar más buenas obras y obtener felicidad, paz y bienestar». Tratar bien a los padres también consiste en que, cuando sienten la necesidad de algo, el hijo satisfaga esa necesidad. Un hombre acudió al Mensajero (que Allah le bendiga y le conceda paz) y dijo: «¡Mensajero de Allah! Mi padre quiere gastar toda mi riqueza». El Mensajero (que Allah le bendiga y le conceda paz) dijo: «Tú y tus bienes pertenecéis a tu padre». A Ka‘b al-Ahbar le preguntaron qué significa maltratar a los padres. Respondió: «Que, si los padres hacen un juramento o formulan un voto por su hijo, este no lo cumpla; que no obedezca cuando le ordenan algo; que no les dé lo que piden, pese a tener capacidad para hacerlo; y que, si le confían algo, el hijo se apropie de ello». (Ibn Mayah)
En varios libros de hadices, entre ellos Ibn Mayah, se narra de Ibn Abbas y de otros transmisores que se preguntó a Ibn Abbas (que Allah esté complacido con él) qué es al-A‘raf y quiénes habitarán allí. Ibn Abbas respondió que al-A‘raf es una montaña situada entre el Paraíso y el Infierno. Desde esa montaña se pueden ver el Paraíso y el Infierno, y recibió el nombre de al-A‘raf porque en ella hay numerosos árboles frutales y manantiales. Quienes mueran como mártires tras acudir a la yihad sin el consentimiento de sus padres permanecerán allí temporalmente. Esto se debe a que alcanzar el martirio en el camino de Allah les cerrará el camino hacia el Infierno, mientras que la desaprobación de sus padres les bloqueará el camino hacia el Paraíso. Después de permanecer allí durante algún tiempo, Allah decidirá sobre su situación.
En un hadiz de Sahih al-Bujari y Sahih Muslim se narra que un hombre acudió al Mensajero (que Allah le bendiga y le conceda paz) y le preguntó: «¡Mensajero de Allah! ¿Quién tiene más derecho a recibir mi buen trato?». Él respondió: «Tu madre». El hombre preguntó: «¿Y después quién?». Él respondió: «Tu madre». Volvió a preguntar: «¿Y después quién?». El Mensajero (que Allah le bendiga y le conceda paz) respondió: «Tu madre». Preguntó: «¿Y después quién?». Él respondió: «Tu padre». Después, por orden, tus familiares más cercanos y próximos». Así, insistió tres veces en el buen trato a la madre y una vez en el buen trato al padre. La única razón es que la madre es quien más se preocupa por su hijo y quien le brinda mayor afecto, cariño y cuidados. Llevarlo en el vientre, amamantarlo, criarlo y velar por él durante la noche son tareas penosas que solo la madre realiza por su hijo.
En una ocasión, Ibn Umar (que Allah esté complacido con él) vio a un hombre dando vueltas alrededor de la Kaaba llevando a su madre sobre los hombros. El hombre dijo: «¡Oh, Ibn Umar! ¿Crees que al llevar así a mi madre sobre los hombros mientras realizo la circunvalación he podido saldar parte de mi deuda con ella?». Ibn Umar respondió: «Nunca. Ni siquiera has saldado la deuda correspondiente a un solo día del sufrimiento que soportó al llevarte en su vientre. Sin embargo, lo que has hecho está bien. Allah te recompensará abundantemente por esta pequeña obra».
El Mensajero (que Allah le bendiga y le conceda paz) dijo: «Allah ha determinado que cuatro personas no entren en el Paraíso ni tengan la oportunidad de disfrutar de sus bendiciones: quien bebe alcohol, quien practica la usura, quien se apropia de los bienes del huérfano y quien maltrata a sus padres. Naturalmente, si se arrepienten, ese es otro asunto». (Al-Hakim) El Mensajero (que Allah le bendiga y le conceda paz) también dijo: «El Paraíso está bajo los pies de las madres». (Ibn Mayah, an-Nasa’i) Un hombre acudió a Abu ad-Darda (que Allah esté complacido con él) y dijo: «Me he casado con una mujer, pero mi madre me ordena que me divorcie de ella». Abu ad-Darda dijo: «La madre es la puerta central del Paraíso. Si quieres, puedes destruirla, o puedes conservarla». (Abu Dawud, at-Tirmidhi, an-Nasa’i, Ibn Mayah)
El Mensajero (que Allah le bendiga y le conceda paz) dijo: «No hay duda de que se aceptan las súplicas de tres personas: la súplica del expatriado o del viajero, la súplica del oprimido y maltratado, y la súplica de los padres por su hijo». (At-Tirmidhi, Abu Dawud)
El Mensajero (la paz sea con él) también dijo: «La tía materna tiene la misma dignidad que la madre». Es decir, es obligatorio tratarla bien, honrarla y ofrecerle regalos como se hace con la madre. Se ha narrado de Hazrat Wahb ibn Munabbih que Allah Todopoderoso reveló a Hazrat Musa (la paz sea con él): «¡Oh, Musa! Honra a tus padres. Pues a quien honra a sus padres le concedo una larga vida y le doy hijos que lo honren. Y a quien trata mal a sus padres le acorto la vida y le concedo hijos insolentes y desobedientes».
Hazrat Abu Bakr ibn Abu Maryam (que Allah esté complacido con él) dijo: «He leído en la Torá que quien golpea a su padre debe ser castigado con la muerte». Hazrat Wahb dijo: «He leído en la Torá que quien abofetea a su propio padre debe ser lapidado hasta morir». Hazrat Amr ibn Murrah al-Yuhani (que Allah esté complacido con él) dijo: «Un hombre acudió al Mensajero (la paz sea con él) y dijo: “Oh, Mensajero, si rezo las cinco oraciones, ayuno durante Ramadán, pago el zakat y realizo el hajj, ¿qué beneficio obtendré?”. Él respondió: “Quien cumpla correctamente con estas obligaciones estará en compañía de los profetas, los veraces, los mártires y los siervos virtuosos. Pero si trata mal a sus padres, será privado de esta oportunidad”». (Ahmad, Tabarani, Ibn Hibban, Ibn Juzaymah). El Mensajero (la paz sea con él) también dijo: «Allah ha maldecido a quien trata mal a sus padres». El Mensajero (la paz sea con él) también dijo: «La noche del Mi‘ray vi a algunas personas colgadas de columnas de fuego. Pregunté a Yibril: “¿Quiénes son?”. Él respondió: “Son quienes reprendían a sus padres en este mundo”». También se sabe por diversas narraciones que, cuando una persona reprende y regaña a sus padres, en su tumba caerá desde el Infierno una cantidad tan enorme de brasas ardientes como las gotas de lluvia que caen del cielo. Asimismo, se ha narrado que, después de ser enterrada, la tumba oprime con tanta fuerza a la persona que trata mal a sus padres que sus costillas quedan destrozadas; y que, el Día del Juicio, quienes sufrirán el castigo más severo serán el politeísta, el adúltero y quien maltrata a sus padres.
Hazrat Bishr (que Allah esté complacido con él) dijo: quien permanece tan cerca de su madre que puede oír su voz es mejor que quien combate por la causa de Allah con una espada. No hay obra más noble que mirar a la madre con devoción.
En un hadiz narrado por el imán Ahmad y Abu Dawud se cuenta que un hombre y una mujer acudieron ante el Mensajero (la paz sea con él) para disputar acerca de su hijo. El hombre dijo: «Oh, Mensajero, yo soy el padre de este niño». La mujer dijo: «¡Oh, Mensajero! Él no sufrió ninguna dificultad al engendrar a este niño; al contrario, solo disfrutó al engendrarlo. En cambio, yo llevé al niño en mi vientre con sufrimiento, lo di a luz con sufrimiento y lo amamanté durante dos años». Al oír esto, el Mensajero (la paz sea con él) decidió que el niño permaneciera con su madre.
El imán Tabarani y el imán Ahmad narraron un acontecimiento. En la época del Mensajero (la paz sea con él) vivía en Medina un joven llamado Alqama. Se dedicaba con gran perseverancia a adorar a Allah Todopoderoso mediante la oración, el ayuno y la caridad. Una vez contrajo una grave enfermedad. Su esposa envió un mensaje al Mensajero (la paz sea con él): «Mi esposo Alqama se encuentra agonizando. Oh, Mensajero, considero necesario informarle de su estado». El Mensajero (la paz sea con él) envió inmediatamente a Hazrat Ammar, Suhayb y Bilal (que Allah esté complacido con ellos) y les ordenó: «Id con él y hacedle recitar el testimonio de fe». Cuando llegaron, vieron que Alqama estaba agonizando. Por ello intentaron hacerle recitar «La ilaha illallah», pero de ningún modo podía pronunciar el testimonio de fe. Finalmente enviaron un mensaje al Mensajero (la paz sea con él) informándole de que el testimonio no podía ser pronunciado por boca de Alqama. El Mensajero (la paz sea con él) preguntó al hombre que había llevado la noticia: «¿Está vivo alguno de los padres de Alqama?». Él respondió: «Oh, Mensajero, solo vive su anciana madre». El Mensajero (la paz sea con él) lo envió inmediatamente junto a la madre de Alqama y le dijo: «Ve y dile que, si puede venir ante el Mensajero (la paz sea con él), que venga; de lo contrario, que espere, pues él irá a encontrarse con ella». El mensajero se presentó ante la madre de Alqama y le comunicó lo que había dicho el Mensajero (la paz sea con él). La madre de Alqama dijo: «¡Que mi vida sea sacrificada por el Mensajero (la paz sea con él)! Más bien iré yo ante él». La anciana, apoyándose en un bastón, acudió ante el Mensajero (la paz sea con él) y lo saludó. Él le devolvió el saludo y dijo: «Oh, madre de Alqama, dígame la verdad. Si miente, me llegará una revelación de Allah. Dígame, ¿cómo era el carácter y la conducta de su hijo Alqama?». La anciana respondió: «Oh, Mensajero de Allah, rezaba, ayunaba y daba mucha caridad». El Mensajero (la paz sea con él) preguntó: «¿Cuál es su actitud hacia él?». La anciana respondió: «Oh, Mensajero de Allah, estoy disgustada con él». El Mensajero (la paz sea con él) preguntó: «¿Por qué?». La anciana respondió: «Daba prioridad a su esposa sobre mí y desobedecía mis órdenes». El Mensajero (la paz sea con él) dijo: «A causa del disgusto de la madre de Alqama, la lengua de Alqama se ha paralizado para pronunciar el testimonio de fe». Luego el Mensajero (la paz sea con él) dijo: «¡Oh, Bilal! Ve y reúne una gran cantidad de leña para mí».
La anciana preguntó: «Oh, Mensajero de Allah, ¿qué hará con la leña?». El Mensajero (la paz sea con él) respondió: «Lo quemaré delante de usted». La anciana dijo: «Oh, Mensajero de Allah, no podré soportar que queme a mi hijo delante de mí». El Mensajero (la paz sea con él) dijo: «Oh, madre de Alqama, el castigo de Allah es aún más severo y duradero que eso. Ahora bien, si desea que Allah perdone a su hijo, perdónelo y siéntase complacida con él. De lo contrario, por Aquel en cuya mano está mi vida, mientras usted esté disgustada con él, sus oraciones, ayunos y caridad no le servirán de nada a Alqama». Al oír esto, la madre de Alqama dijo: «Oh, Mensajero de Allah, pongo a Allah, a los ángeles de Allah y a todos los musulmanes presentes aquí como testigos de que estoy complacida con mi hijo Alqama». El Mensajero (la paz sea con él) dijo: «¡Oh, Bilal! Ve ahora junto a Alqama y observa si puede decir “La ilaha illallah”. Creo que la madre de Alqama me ha dicho la verdad sin ocultar nada por vergüenza». Hazrat Bilal (que Allah esté complacido con él) fue inmediatamente y oyó a Alqama pronunciar en voz alta desde el interior de la casa: «La ilaha illallah». Entonces Bilal entró en la casa y dijo a los presentes: «Sabed que, debido al disgusto de la madre de Alqama, al principio no pudo pronunciar el testimonio de fe. Después de que ella se complació con él, su lengua pudo pronunciarlo». Luego Alqama murió ese mismo día, y el Mensajero (la paz sea con él) acudió personalmente, ordenó que lo lavaran y amortajaran, dirigió la oración fúnebre y participó en su entierro. Después, de pie junto a su tumba, el Mensajero (la paz sea con él) dijo: «¡Oh, ansar y muhajirun! ¡Que Allah, los ángeles y todas las personas maldigan a quien da prioridad a su esposa sobre su madre! Allah no aceptará ninguna intercesión en su favor. Solo podrá salvarse arrepintiéndose, tratando bien a su madre y logrando que ella se complazca con él. Recordad que la complacencia de Allah está en la complacencia de la madre, y el disgusto de Allah está en el disgusto de la madre».
10. Abandonar a los parientes consanguíneos
Allah, exaltado sea, dice: «Temed a Allah y sed cuidadosos con los parientes consanguíneos». Es decir, no rompáis los lazos de parentesco. (Sura An-Nisá)
Allah, exaltado sea, también dice: «¿Acaso, al rechazar la invitación del Mensajero, pretendéis sembrar la corrupción en la tierra y romper los lazos de parentesco? Allah, exaltado sea, ha maldecido precisamente a quienes cometen esas malas acciones, y los ha dejado sordos y ciegos». (Sura Muhammad) Allah, exaltado sea, también dice: «Y quienes cumplen el pacto de Allah y no quebrantan la promesa, mantienen los vínculos que Allah ha ordenado mantener, temen a su Señor y temen el mal resultado, esos son los sensatos». (Sura Ar-Ra‘d)
Allah, exaltado sea, también dice: «Con esto —es decir, con el Corán— extravía a muchos y guía a muchos. Solo extravía con ello a los impíos que rompen el pacto establecido con Allah, cortan los vínculos que Allah ha ordenado mantener y siembran la corrupción en la tierra. Esos son los perdedores».
En verdad, los vínculos que Allah ha ordenado mantener son los más importantes. En Sahih al-Bujari y Sahih Muslim se relata que el Mensajero (s.a.s.) dijo: «Quien rompe los lazos de parentesco nunca entrará en el Paraíso». Esta amenaza y advertencia se aplica a quien rompe la relación con sus parientes cercanos débiles y pobres, los abandona y se muestra orgulloso y altivo ante ellos; aunque él sea rico y ellos pobres, no estrecha la relación con ellos mediante compasión, generosidad y favor, y no tendrá derecho a entrar en el Paraíso. Solo puede salvarse de este desenlace arrepintiéndose ante Allah y tratando bondadosamente a dichos parientes.
En un hadiz transmitido por una cadena fiable en el Tarغيب se relata que el Mensajero (s.a.s.) dijo: «Si una persona tiene parientes cercanos pobres y no muestra generosidad hacia ellos, sino que da sus donaciones y limosnas a otros, Allah, exaltado sea, no aceptará su limosna ni lo mirará el Día de la Resurrección». Si él mismo es pobre, debe esforzarse por estrechar la relación visitándolos y averiguando cómo se encuentran. Pues el Mensajero (s.a.s.) dijo: «Fortaleced los lazos de parentesco, aunque solo sea saludando a los parientes cercanos».
El Mensajero (s.a.s.) también dijo: «Quien crea en Allah y en el Último Día, que mantenga los lazos de parentesco». (Sahih al-Bujari, Abu Dawud, Tirmidhi) En otro hadiz, el Mensajero (s.a.s.) dijo: «Quien mantiene los lazos como respuesta no cumple verdaderamente con la responsabilidad de mantenerlos. Quien mantiene los lazos es aquel que conserva o restablece la relación con quien rompe los lazos de parentesco».
En un hadiz qudsí, el Mensajero (s.a.s.) dijo: «Allah, exaltado sea, ha dicho: “Yo soy el Misericordioso. Quien mantiene los lazos de parentesco, Yo mantengo Mi relación con él; y quien los rompe, Yo también rompo Mi relación con él”». El honorable Alí (que Allah esté complacido con él) dijo a su hijo: «¡Hijo mío! Nunca seas compañero de quien rompe los lazos de parentesco, pues he visto en el Libro de Allah que una persona así es calificada de maldita en tres lugares». (Abu Dawud, Tirmidhi)
Una vez, mientras Abu Huraira (que Allah esté complacido con él) relataba en una reunión un hadiz del Mensajero (s.a.s.), dijo: «Me desagrada sentarme junto a quien rompe los lazos de parentesco, hasta que se levante». Al oír esto, un joven se levantó del extremo de la reunión. Fue a visitar a su tía paterna, con quien había roto los lazos durante muchos años, y restableció la relación. Su tía le preguntó: «¿Por qué has venido?». Él respondió: «Estaba sentado junto a Abu Huraira, compañero del Mensajero (s.a.s.), y él dijo: “Me desagrada sentarme junto a quien rompe los lazos de parentesco, hasta que se levante”». Su tía dijo: «¡Oh, sobrino! Regresa junto a Abu Huraira y pregúntale cuál es la razón». Él regresó junto a Abu Huraira, le comunicó las palabras de su tía y le preguntó: «¿Por qué no puede sentarse junto a usted quien rompe los lazos de parentesco?». Abu Huraira dijo: «Escuché al Mensajero decir que, si en un grupo hay una persona que rompe los lazos de parentesco, la misericordia de Allah no desciende sobre ellos». (At-Targuib wa at-Tarhib)
Se cuenta que, en cierta ocasión, un hombre adinerado emprendió el viaje para realizar el Hayy. Al llegar a La Meca, depositó mil dinares suyos en manos de un hombre conocido por su gran honestidad y confiabilidad. Más tarde, al regresar de Arafat, descubrió que aquel hombre había muerto. Fue a la familia del difunto y, al preguntarles, supo que no sabían nada acerca de aquellos mil dinares. Entonces acudió a los destacados sabios de La Meca para pedirles consejo. Ellos le dijeron: «Ve a la hora de medianoche junto al pozo de Zamzam y llámalo por su nombre. Si está entre los habitantes del Paraíso, responderá a tu primera llamada y te informará sobre tu dinero». El hombre fue a medianoche al pozo de Zamzam y llamó repetidas veces, pero no obtuvo respuesta alguna. Finalmente, regresó ante aquellos sabios. Ellos dijeron: «Tememos que tu amigo se haya convertido en uno de los habitantes del Infierno. Ve al Yemen. Allí hay un pozo llamado Barahut. Según la tradición popular, ese pozo está conectado con el Infierno y en él permanecen las almas de los pecadores. Ve allí en lo más profundo de la noche y llámalo por su nombre. Si se encuentra entre los condenados al Infierno, responderá a tu llamada». Entonces el hombre fue al mencionado pozo del Yemen y llamó por su nombre al difunto. El difunto respondió de inmediato. Le preguntó: «¿Dónde has dejado mis mil dinares?». Él respondió: «Están enterrados en tal lugar de mi casa. Como mi hijo no es digno de confianza, no se los confié. Ve a mi casa, cava la tierra y toma tus dinares». Él le dijo: «Nosotros te considerábamos un hombre honrado. Pero ¿por qué estás aquí?». Respondió: «Tenía una hermana pobre y no me preocupaba por saber cómo estaba. Por eso Allah me ha infligido este castigo».
Nota: Existe margen para discrepar sobre si los detalles de esta historia pueden aceptarse literalmente. El imán Ibn Qayyim rechazó en su obra «Ar-Ruh» la idea de que las almas de los creyentes se encuentren en el pozo de Zamzam y las almas de los pecadores en el pozo de Barahut o de Zabia, por considerarla contraria al Corán y a los hadices. (Nota del autor.) Sin embargo, la enseñanza fundamental de esta historia cuenta con el respaldo del hadiz auténtico del Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él), según el cual «quien rompe los lazos de parentesco no entrará en el Paraíso». —El traductor
11. El adulterio
La gravedad del adulterio varía según las circunstancias y las personas implicadas.
Allah, el Altísimo, dice: «No os acerquéis al adulterio. Ciertamente, es una obscenidad y un mal camino». (Los Hijos de Israel) «Y aquellos que no invocan a otra divinidad junto con Allah, no matan a la persona cuya vida Allah ha prohibido, salvo con derecho, y no cometen adulterio —estos son los siervos amados de Allah—. Quien haga tales cosas recibirá su castigo. El Día de la Resurrección se le duplicará el castigo y permanecerá allí eternamente humillado, salvo quien se arrepienta». (Sura Al-Furqán)
«Azotad con cien latigazos a cada uno de los adúlteros, hombre y mujer. Que la compasión por ellos no os impida aplicar la ley de Allah, si creéis en Allah y en el Último Día. Y que un grupo de creyentes presencie su castigo». (Sura An-Nur)
Los sabios han dicho: este es el castigo mundano para el adúltero y la adúltera solteros. Pero si están casados, o si alguna vez estuvieron casados en su vida, deben ser ejecutados mediante lapidación. Esto está demostrado por los hadices. Si aun esta pena de muerte no expiara por completo su pecado y ambos murieran sin arrepentirse, serían castigados en el Infierno con barras de hierro al rojo vivo.
En el Libro de Allah, el Zabur, estaba escrito: «Los adúlteros serán colgados desnudos en el Infierno y golpeados en sus órganos sexuales con varas o bastones de hierro. Cuando, a causa de los golpes, griten, los ángeles del Infierno les dirán: “Cuando en el mundo os divertíais, reíais y no meditabais en Allah ni sentíais vergüenza ante Él, ¿dónde estaban entonces estos gritos?”»
En un hadiz narrado por Abu Huraira y registrado en Sahih al-Bujari, Muslim, Abu Dawud y al-Nasa’i, el Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: «Ningún adúltero comete adulterio mientras es creyente; ningún ladrón roba mientras es creyente; ningún bebedor de alcohol bebe mientras es creyente; y ningún saqueador saquea mientras es creyente». En otro hadiz narrado por Abu Dawud, al-Tirmidhi y al-Bayhaqi, el Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: «Cuando un siervo comete adulterio, la fe sale de su interior y queda suspendida sobre su cabeza como una nube. Luego, cuando se arrepiente, la fe regresa a él».
En otro hadiz narrado por Abu Huraira, el Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: «A quien comete adulterio o bebe alcohol, Allah le arrebata la fe del mismo modo que una persona se quita la camisa por encima de la cabeza». En otro hadiz narrado por Muslim y al-Nasa’i, el Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: «El Día de la Resurrección, Allah no hablará con tres personas, no las mirará, no las purificará y tendrán reservado un castigo doloroso. Son: el anciano adúltero, el gobernante mentiroso y el pobre arrogante».
Ibn Mas’ud (que Allah esté complacido con él) dijo: Le pregunté: «¡Oh, Mensajero! ¿Cuál es el pecado más grave ante Allah?». Él respondió: «Considerar a alguien igual a Allah, aunque Él es el Creador de toda criatura». Dije: «Eso es ciertamente un pecado terrible. ¿Y después cuál?». Él respondió: «Matar a tu hijo por temor a que coma contigo». Dije: «¿Y después cuál?». Él respondió: «Cometer adulterio con la esposa de tu vecino». (Sahih al-Bujari y Sahih Muslim)
Aquí cabe observar cómo se ha colocado el adulterio con la esposa del vecino junto con asociar copartícipes a Allah y matar injustamente a una persona cuya vida está protegida.
En el hadiz que contiene el relato del sueño del Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él), narrado por Samura ibn Yundub (que Allah esté complacido con él) en Sahih al-Bujari, el Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: «Yibril y Mika’il (la paz sea con ellos) vinieron a mí y partí con ellos. Mientras avanzábamos, llegamos ante un gran horno. Su parte superior era estrecha y su parte inferior, ancha. Dentro se escuchaban enormes gritos y alboroto. Vimos en el interior del horno a hombres y mujeres desnudos. De debajo de ellos salía, de vez en cuando, una llamarada de fuego y, con el intenso ardor de las llamas, gritaban fuertemente. Pregunté: “¡Oh, Yibril! ¿Quiénes son?”. Él respondió: “Son hombres y mujeres adúlteros”». (Sahih al-Bujari)
«El Infierno tendrá siete puertas». Al comentar este versículo de la sura Al-Hiyr del Sagrado Corán, Ata (que Allah tenga misericordia de él) dijo: «De esas siete puertas, la puerta con mayor calor, más llena de tristeza y aflicción y más fétida será la de quienes se entregan deliberadamente al adulterio».
Makhul al-Dimashqi dijo: Un hedor repugnante llegará a las narices de los habitantes del Infierno. Dirán: «Nunca antes habíamos percibido un hedor tan horrible». Entonces se les dirá que ese hedor procede de los órganos sexuales de los adúlteros. El destacado imán de la exégesis, Ibn Zayd, dijo: El hedor de los órganos sexuales de los adúlteros causará un sufrimiento adicional a los habitantes del Infierno. Uno de las diez primeras aleyas que Allah dio al venerable Moisés (la paz sea con él) decía: «No robes ni cometas adulterio. Si lo haces, ocultaré Mi rostro de ti». Si se dijo algo así al profeta de Allah, Moisés (la paz sea con él), es fácil imaginar qué se les puede decir a los demás.
El Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: Cuando Iblís dispersa sus ejércitos por la tierra, les dice: «A quien de vosotros logre extraviar más a un musulmán, le pondré una corona en la cabeza y le concederé el rango más elevado». Al final del día, van llegando uno tras otro ante Iblís y le describen sus logros. Uno dice: «Induje repetidamente a fulano, mediante insinuaciones maliciosas, a divorciarse de su esposa, y se divorció de ella». Iblís dice: «No has hecho gran cosa; se casará con otra mujer». Luego llega otro y dice: «Induje continuamente a fulano, mediante insinuaciones, a enemistarse con su hermano». Iblís dice: «No has hecho gran cosa; pronto se reconciliarán». Después llega otro y dice: «No cesé de incitar a fulano hasta que cometió adulterio». Al oír esto, Iblís lo felicita y dice: «Sí que has hecho una obra importante». Luego lo acerca, le pone una corona en la cabeza y le dice: «¡Que Allah nos proteja de las garras de Satanás y de sus secuaces!»
Se narró de Anas (que Allah esté complacido con él): El Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: «La fe es una vestidura excelente que Allah Altísimo hace vestir a quien quiere. Pero cuando un siervo comete adulterio, Él le arrebata la vestidura de la fe. Después, si se arrepiente, le devuelve esa vestidura». (Bayhaqi, Tirmidhi, Abu Dawud y Hakim)
En otro hadiz, el Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: «¡Oh musulmanes! Absteneos del adulterio, pues tiene seis castigos: tres se manifiestan en este mundo y tres en el Más Allá. Los tres castigos de este mundo son: se apaga el resplandor de su rostro, se acorta su vida y su pobreza se vuelve permanente. Y los tres que se manifiestan en el Más Allá son: sufrirá el desagrado de Allah, un ajuste de cuentas severo y el castigo del Infierno». (Bayhaqi) El Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) también dijo: «A quien muera persistiendo en el consumo de alcohol, Allah le dará de beber el agua de un manantial llamado Ghawta. Ghawta es un manantial de pus y fluidos impuros que emanan de las partes íntimas de mujeres adúlteras y que fluirá en el Infierno». (Ahmad)
El Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) también dijo: «Después de asociar a alguien con Allah, no hay pecado mayor que mantener relaciones sexuales con una mujer prohibida». (Ahmad y Tabarani)
El Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) también dijo: «En el Infierno hay un lago en el que habitan numerosas serpientes. Cada serpiente es tan gruesa como el cuello de un camello. Esas serpientes morderán a quien abandone la oración, y con una sola mordedura el veneno permanecerá en su cuerpo durante setenta años. Después, su carne se desprenderá. Además, en el Infierno hay otro lago llamado “el lago de la tristeza”. En él habitan muchas serpientes y escorpiones. Cada escorpión es del tamaño de una mula y tiene setenta aguijones; cada aguijón está lleno de veneno. Esos escorpiones morderán al adúltero y verterán todo su veneno en su cuerpo. Como consecuencia, sufrirá el dolor del veneno durante mil años. Después, su carne se desprenderá y de sus órganos genitales emanarán pus y fluidos impuros».
En otro hadiz se narra que quien cometa adulterio con una mujer casada, tanto él como dicha mujer sufrirán en la tumba la mitad del castigo de toda la comunidad musulmana. El Día de la Resurrección, Allah Altísimo encargará a su esposo juzgar sus buenas obras y le preguntará si sabía del acto indecente cometido por su esposa. Si lo sabía y no tomó ninguna medida para impedirlo, Allah le prohibirá el Paraíso. Pues Allah Altísimo ha colocado un aviso en la puerta del Paraíso que dice que el Paraíso está prohibido para el dayyuth. El dayyuth es aquel en cuya familia tienen lugar actos obscenos, pero que, aun sabiéndolo, guarda silencio y no toma ninguna medida para detenerlos.
En otro hadiz también se narra que quien toque con malas intenciones a una mujer prohibida se presentará el Día del Juicio con la mano unida al cuello. Si la besó, sus dos labios serán cortados con tijeras de fuego. Y si cometió adulterio con ella, sus dos muslos darán testimonio diciendo: «Yo monté para realizar el acto ilícito». Allah Altísimo lo mirará con ira. Al sentirse humillado, dirá obstinadamente: «Yo no lo hice». Entonces su lengua testificará contra él. La lengua dirá: «Hablé de asuntos ilícitos». Su mano testificará: «Toqué cosas ilícitas». Luego sus ojos dirán: «Miré cosas ilícitas». Sus dos pies dirán: «Caminé hacia cosas ilícitas». Sus partes íntimas dirán: «Cometí adulterio». El ángel vigilante dirá: «Yo lo oí». El otro ángel dirá: «Y yo lo escribí». Y Allah Altísimo dirá: «Yo lo supe y lo oculté». Después Allah Altísimo dirá: «¡Oh ángeles! Apresadlo y hacedle sufrir Mi castigo, pues Mi ira aumenta contra aquel cuya vergüenza disminuye».
La veracidad del hadiz mencionado queda demostrada por el siguiente versículo: «El día en que sus lenguas, sus manos y sus pies testifiquen contra ellos acerca de lo que hacían en la vida mundana». (Sura An-Nur)
La forma más abominable de adulterio es mantener relaciones sexuales con mujeres mahram, es decir, aquellas con las que está prohibido casarse para siempre. Entre ellas se encuentran la madre, la tía materna, la hermana, la hija, etc. El Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: «A quien cometa adulterio con una mujer mahram, matadlo».
Se narró de Al-Bara (que Allah esté complacido con él) que el Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) envió al tío materno de Al-Bara con la orden de matar a cierto hombre y traer consigo todos sus bienes confiscados, pues se había casado con su propia madrastra». (Hakim)
Que el Altísimo Allah nos proteja de este pecado mayor y abominable. Y que conceda a quienes están entregados a este pecado la capacidad de arrepentirse y los perdone.
Las disposiciones de la sharía para prevenir la fornicación
Allah ha prohibido la fornicación para mantener a la sociedad humana libre de una mezcla de linajes y establecida sobre una base genealógica sana y pura. Para prevenir la fornicación, la sharía islámica ha establecido un conjunto detallado de normas denominado purdah. Conforme a estas normas, se han prohibido que las mujeres salgan de sus hogares sin cubrirse con el propósito de exhibir su belleza; que estudien y trabajen junto a hombres sin observar el purdah; que dos adultos, un hombre y una mujer que no sean esposos, permanezcan juntos en aislamiento; que las mujeres permitan que hombres ajenos escuchen su voz sin necesidad; así como las canciones obscenas, la música, la literatura obscena, las obras teatrales, las películas y otras cosas semejantes. En particular, se ha ordenado tanto a hombres como a mujeres que bajen la mirada unos ante otros. En la sura An-Nur, Allah, el Altísimo, dice: «Di a los hombres creyentes que bajen la mirada y protejan sus partes íntimas… Y di a las mujeres creyentes que bajen la mirada y protejan sus partes íntimas».
En un hadiz se dice: «Si alguien mira a una mujer ajena, el Día de la Resurrección se verterá plomo fundido en sus ojos». En otro hadiz se dice: «La mirada es el zina de los ojos; pronunciar palabras obscenas es el zina de la lengua; tocar a alguien ilícitamente es el zina de las manos; caminar con intención de fornicar es el zina de los pies; escuchar palabras malas es el zina de los oídos; y fantasear y desear el zina es el zina del corazón. Después, las partes íntimas lo llevan a su realización o lo dejan incompleto». (Sahih al-Bujari, Muslim, Abu Dawud y an-Nasa’i)
También se dice en un hadiz: «La mirada es una flecha venenosa de Iblís. Quien la controle, Allah concederá a su corazón el verdadero sabor de la adoración, que seguirá disfrutando hasta el Día de la Resurrección».
En resumen, todas las cosas que incitan a la fornicación son también pecados mayores, al igual que la propia fornicación. (El traductor)
12. Homosexualidad y perversiones sexuales
Allah, el Altísimo, ha relatado en varios pasajes del Sagrado Corán la historia del pueblo de Lot. Por ejemplo, dice en la sura Hud: «Cuando se cumplió Mi mandato, pusimos lo alto de aquella ciudad abajo y lo bajo arriba, e hicimos llover sobre ella piedras de arcilla endurecida en sucesión continua. Las piedras estaban marcadas. (Es decir, tenían señales por las que se podía reconocer a simple vista que no eran piedras de la Tierra.) Estaban junto a tu Señor. (Es decir, se encontraban en Su tesoro, del cual nada se utiliza sin el permiso de Allah.) En verdad, este castigo no está lejos de los injustos. (Es decir, si los miembros de esta comunidad cometieran actos abominables semejantes, también les ocurriría el desdichado destino que les ocurrió a aquellos.) Ibn Mayah y at-Tirmidhi narran que el Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: “Lo que más temo para vosotros es el acto abominable del pueblo de Lot”. Después maldijo tres veces a quienes practicaban este acto, diciendo: “¡La maldición de Allah sea sobre quien practica el acto del pueblo de Lot!” En un hadiz narrado por Abu Dawud, at-Tirmidhi e Ibn Mayah, el Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: “Matad a ambos de aquellos a quienes encontréis practicando el acto del pueblo de Lot”. Ibn Abbas (que Allah esté complacido con él) dijo: «Deben ser arrojados desde el tejado de la casa más alta de la zona y, al mismo tiempo que son arrojados, deben ser apedreados, tal como fue apedreado el pueblo de Lot». Existe consenso, es decir, una decisión unánime, entre los musulmanes de que la homosexualidad es un acto prohibido y un pecado mayor.»
Allah dice: «¿Os acercáis únicamente a los hombres de entre las criaturas de la Tierra y abandonáis las esposas que vuestro Señor ha creado para vosotros? En realidad, sois transgresores —es decir, quienes traspasan los límites de lo lícito y entran en los límites de lo ilícito—» (sura Ash-Shu‘ara). Allah Todopoderoso dice en otra aleya, acerca de Su profeta Hazrat Lut: «Y lo salvé de aquella ciudad cuyos habitantes se entregaban a actos obscenos. En verdad, eran gente malvada y pecadora» (sura Al-Anbiya).
El nombre de aquella ciudad era Sodoma. En el Corán se ha descrito la clase de actos obscenos a los que se entregaban sus habitantes. Practicaban relaciones anales con los hombres y cometían diversos actos pecaminosos en lugares públicos de reunión.
Se ha transmitido de Hazrat Ibn Abbas que calificó las siguientes prácticas como propias del pueblo de Lut: que las mujeres lleven el cabello corto como los hombres y los hombres lo lleven largo como las mujeres; llevar desabrochados los botones de la camisa; disparar armas de fuego; arrojar piedras; jugar con palomas voladoras; silbar poniendo los dedos en la boca; perforarse los tobillos; dejar colgar la ropa por debajo de los tobillos; dejar deliberadamente abierta la parte inferior de la vestimenta; beber alcohol; y mantener relaciones sexuales entre hombres y entre mujeres. (Cabe señalar que, al calificar estas prácticas como propias del pueblo de Lut, Hazrat Ibn Abbas quiso decir que ellos fueron sus primeros iniciadores. Salvo disparar armas de fuego, todas las demás son prácticas ilícitas u obscenas según el consenso. Incluso disparar armas de fuego no está permitido, excepto para los organismos gubernamentales encargados de hacer cumplir la ley y en casos de especial necesidad de autodefensa. El traductor.)
En un hadiz citado por At-Tabarani, el Mensajero (que Allah le bendiga y le conceda paz) dijo: «Las relaciones sexuales entre mujeres forman parte del adulterio». En un hadiz transmitido por At-Tabarani y Al-Bayhaqi, el Mensajero (que Allah le bendiga y le conceda paz) dijo: «Cuatro personas permanecen bajo la ira y la cólera de Allah por la mañana y por la tarde: el hombre que adopta una vestimenta semejante a la de las mujeres, la mujer que adopta una vestimenta semejante a la de los hombres, quien mantiene relaciones sexuales con animales y el homosexual». Se ha transmitido en otro hadiz: «Cuando un hombre penetra a otro hombre, el Trono de Allah tiembla por temor a la ira de Allah, y el cielo está a punto de caer sobre la Tierra. Los ángeles sostienen el cielo por sus extremos y continúan recitando la sura Al-Ikhlas hasta que se aplaca la ira de Allah».
El Mensajero (que Allah le bendiga y le conceda paz) dijo: «Allah maldice a siete personas, no las mirará el Día del Juicio y les ordenará entrar en el Infierno: los homosexuales, quienes mantienen relaciones sexuales con animales, quien se casa simultáneamente con una mujer y su hija, y quien se masturba. Sin embargo, si se arrepienten, todos pueden ser perdonados». También se ha transmitido que el Día del Juicio cierta clase de personas resucitará con las manos embarazadas a causa del adulterio. Durante su vida mundana se masturbaban». En otro hadiz se dice: «Los juegos como el ajedrez y los dados, las peleas de palomas, las peleas de perros, las peleas de carneros, las peleas de gallos, entrar en los baños sin llevar ropa y dar menos de la medida: todo esto son prácticas del pueblo de Lut. Quienes realicen estas prácticas recibirán inevitablemente un severo castigo». Se ha transmitido de Hazrat Ibn Abbas que, si un homosexual muere sin arrepentirse, adoptará en la tumba la forma de un cerdo.
En At-Tirmidhi, An-Nasa’i e Ibn Abbas se ha transmitido que el Mensajero (que Allah le bendiga y le conceda paz) dijo: «Allah Todopoderoso no mirará a quien mantenga relaciones anales con un hombre o una mujer». Mirar con deseo a una mujer o a un joven apuesto también forma parte del adulterio. Pues ya se ha transmitido anteriormente un hadiz según el cual la mirada maliciosa es el adulterio de los ojos. Un poeta árabe dijo: «El comienzo de todos los acontecimientos está en la mirada, del mismo modo que de una pequeña chispa se originan grandes incendios».
Se ha transmitido que, por orden de Hazrat Abu Bakr, Hazrat Khalid ibn al-Walid quemó con fuego a un homosexual habitual.
También se ha transmitido que, en cierta ocasión, una delegación de la tribu de Abd al-Qays acudió ante el Mensajero (que Allah le bendiga y le conceda paz). Entre ellos había un joven imberbe. El Mensajero (que Allah le bendiga y le conceda paz) sentó al joven detrás de él y dijo: «Fue a causa de una mirada que Hazrat Dawud sufrió un percance».
Una vez, un muchacho acudió ante Hazrat Sufyán al-Zawri. Él gritó: «¡Apartadlo de mi presencia! Porque junto a cada mujer veo un demonio, mientras que junto a los muchachos veo más de diez demonios».
Una vez, mientras Hazrat Isa (la paz sea con él) se dirigía a algún lugar, vio en el camino a un hombre consumido por el fuego. Al verlo, trajo agua y, apenas apagó el fuego, este se transformó en un muchacho. Y el hombre se transformó en fuego. Hazrat Isa (la paz sea con él) suplicó: «¡Oh, Allah! Devuelve a ambos a su estado original; quiero preguntarles algo». Cuando Allah les devolvió la vida, se vio que uno era un hombre anciano y el otro, un muchacho. Hazrat Isa (la paz sea con él) preguntó: «¿Qué os había sucedido?». El hombre respondió: «¡Oh, Espíritu de Allah! Me enamoré de este muchacho y cometí una conducta inmoral con él. Después de que ambos muriéramos, Allah nos castiga de esta manera: durante un tiempo me convierto en fuego y quemo al muchacho; después, durante un tiempo, el muchacho se convierte en fuego y me quema a mí. Así continuará hasta el Día del Juicio».
Cabe señalar que mantener relaciones sexuales anales con la propia esposa, o mantener relaciones durante la menstruación, también forma parte del adulterio ilícito. Pues el Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: «Quien mantenga relaciones con su esposa durante la menstruación o mantenga relaciones anales será maldito».
Que Allah proteja a todos los musulmanes de este pecado mayor.
13. La práctica de la usura
El Altísimo Allah dice: «¡Oh, creyentes! No consumáis usura con intereses compuestos. Temed a Allah. Quizá alcancéis el éxito». (Sura Al Imran) Allah, Exaltado sea, también dice: «Quienes consumen usura se levantarán como aquel a quien Satanás ha trastornado con su toque». (Es decir, el Día del Juicio se levantarán de las tumbas como una persona enloquecida por el toque de Satanás). «Esto se debe a que dicen: “El comercio es como la usura”. Pero Allah ha permitido el comercio y ha prohibido la usura». (Sura Al-Baqara)
Es decir, consideraron lícito aquello que Allah había prohibido. Después, el Día del Juicio, cuando Allah resucite a la humanidad, todos saldrán de las tumbas y correrán a gran velocidad. Pero los usureros no podrán hacerlo. Se levantarán y caerán alternativamente, como una persona ebria. Cada vez que se levanten, caerán de inmediato. Esto se debe a que en el mundo consumieron la usura prohibida. Y Allah había aumentado enormemente dentro de sus vientres aquel alimento ilícito. Así, el Día del Juicio los hará tan pesados que cada vez que intenten levantarse caerán. Querrán correr al mismo ritmo que los demás, pero no podrán.
El imán Qatada (que Allah tenga misericordia de él) dijo: El usurero será resucitado el Día del Juicio en estado de locura. Este estado de locura será reconocible para todos en el campo del Juicio como una señal de su práctica de la usura.
Los imanes Bayhaqi, Ibn Yarir e Ibn Abi Hatim narran de Hazrat Abu Saíd al-Judri que el Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: «La noche del Mi‘ray, cuando fui llevado, pasé junto a un grupo de personas cuyos vientres eran enormes, como casas. Con vientres tan grandes no podían caminar correctamente; por ello, al avanzar, se desviaban de su camino. El camino por el que Faraón y sus huestes son llevados al Infierno por la mañana y por la tarde; aquellas personas se metían cada vez en ese camino y avanzaban como camellos extraviados, insensatos y sordos. Cuando estos hombres de grandes vientres se daban cuenta de que Faraón y sus huestes estaban siendo llevados, intentaban huir apresuradamente. Pero, al no poder mover sus vientres, no podían apartarse del camino. Entonces Faraón y sus huestes se abalanzaban sobre ellos y los empujaban y arrastraban, una vez hacia atrás y otra hacia delante. Continuarán sufriendo este castigo hasta antes del Día del Juicio».
El Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: «Pregunté: “¡Oh, Gabriel! ¿Quiénes son estos?”. Él respondió: “Son los usureros, que caminan como aquellos a quienes Satanás ha trastornado con su toque”».
En un hadiz narrado por el imán Ahmad, el Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: «La noche del Mi‘ray, sobre mi cabeza, en el séptimo cielo, escuché un estruendo terrible. Al abrir los ojos y mirar, vi allí a unas personas cuyos vientres sobresalían ante ellas. Sus vientres eran enormes, cada uno como una casa. En aquellas casas había miles de serpientes y escorpiones. Todo eso podía verse desde fuera de sus vientres. Pregunté: “¿Quiénes son?”. Gabriel respondió: “Son los usureros”».
En un hadiz narrado por Abu Ya‘la y al-Hakim, transmitido por Ibn ‘Abbas, el Mensajero (s.a.s.) dijo: «Cuando un pueblo se entrega a la fornicación y a la usura, Allah Todopoderoso les permite ser destruidos». Abu Dawud narró que, cuando un pueblo se vuelve avaro, realiza sus transacciones basándose en la usura, organiza carreras de toros y abandona la lucha por la causa de Allah, Allah Todopoderoso hace descender sobre ellos una calamidad de la que no podrán librarse hasta que regresen al camino de la religión. Ibn Mayah, al-Bazzaz, al-Bayhaqi y al-Hakim narran que el Mensajero (s.a.s.) dijo: «Cuando la usura se generaliza en una sociedad, aumentará en ella el número de los locos; cuando la fornicación se generaliza, aumentará la tasa de mortalidad; y cuando se practica la defraudación en las medidas, Allah Todopoderoso dejará de enviarles lluvia. Esto es inevitable».
En un largo hadiz transmitido en Sahih al-Bujari se relata que el usurero sufrirá el castigo nadando en un río rojo lleno de sangre desde su muerte hasta el Día de la Resurrección, y se le obligará a tragarse piedras. Ese río es la riqueza ilícita que obtuvo en este mundo, en la cual será obligado a sumergirse. Las piedras ardientes que se le harán tragar son el castigo por haber consumido alimentos ilícitos. Recibirá este castigo hasta el Día de la Resurrección y, además, seguirá recibiendo maldiciones. En otro hadiz auténtico, el Mensajero (s.a.s.) dijo: «Allah Todopoderoso se ha impuesto a Sí mismo no permitir que cuatro personas entren en el Paraíso ni disfruten de sus bendiciones mientras no se arrepientan: el bebedor de alcohol, el usurero, quien se apropia de los bienes del huérfano y quien descuida sus deberes hacia sus padres».
También se relata en un hadiz que, así como un grupo de judíos, pese a que estaba prohibido pescar los sábados, cavaba astutamente grandes hoyos en la orilla del mar, de modo que los peces caían en ellos el sábado y ellos los sacaban el domingo, y Allah los convirtió en monos y cerdos como castigo por aquella artimaña, del mismo modo Allah resucitará el Día de la Resurrección convertidos en monos y cerdos a quienes, al no poder consumir usura abiertamente, la consumen mediante diversos pretextos y engaños. Pues ninguna de sus estratagemas ni engaños permanece oculto para Allah Todopoderoso. El eminente tabi‘í Ayyub al-Sajtiyani dijo: «Los usureros intentan engañar a Allah del mismo modo que se engaña a un niño. Si, en lugar de eso, hubieran consumido la usura abiertamente, quizá su castigo habría sido algo más leve».
Se relata en al-Tabarani, Ibn Mayah y al-Bayhaqi que el Mensajero (s.a.s.) dijo: «La usura tiene setenta pecados. El menor de ellos equivale al pecado de casarse con la propia madre. Y la forma más abominable de usura es deshonrar a un musulmán o apoderarse por la fuerza de sus bienes al exigir el pago de una deuda usuraria».
Al-Bayhaqi narra que el Mensajero (s.a.s.) dijo: «Si un usurero cobra aunque sea la cantidad de un dírham en concepto de usura, su pecado equivale al de cometer fornicación treinta y seis veces».
Ibn Mayah y al-Bayhaqi narran que el Mensajero (s.a.s.) dijo: «La usura tiene setenta pecados. El menor de ellos equivale a cometer fornicación con la propia madre». En un hadiz transmitido por Sahih al-Bujari y Sahih Muslim, el Mensajero (s.a.s.) calificó siete pecados como «pecados destructivos» y ordenó protegerse de ellos. Consumir usura es uno de esos siete.
El Mensajero (s.a.s.) también dijo: «Allah Todopoderoso ha maldecido a todos: al que consume usura, al que la paga, a sus testigos y a quien la registra» (Sahih Muslim y Sunan al-Tirmidhi). Ibn Mas‘ud (que Allah esté complacido con él) dijo: «Si alguien te debe una deuda y te envía un regalo, no lo aceptes, pues es usura». Al-Hasan al-Basri dijo: «Si consumes algo proveniente de una persona que te debe dinero, eso es usura».
El Mensajero (s.a.s.) dijo: «Todo préstamo del que se obtiene algún beneficio es usura». Se narra en Sunan Abi Dawud que el Mensajero (s.a.s.) dijo: «Quien intercede por alguien y luego esa persona le envía un regalo, y el intercesor lo acepta, ha realizado una de las formas más graves de transacción usuraria».
14. Apropiarse de los bienes del huérfano (niño o niña menor de edad que ha perdido a su padre) y oprimirlo
Allah ha dicho: «Ciertamente, quienes consumen injustamente los bienes de los huérfanos no introducen en sus vientres sino fuego. Pronto arderán en el Infierno». Allah también ha dicho: «No os acerquéis a los bienes del huérfano, excepto de la mejor manera, hasta que alcance la mayoría de edad».
Se narró en Sahih Muslim, de Hazrat Abu Saíd al-Judri (que Allah esté complacido con él), que el Mensajero (s.a.) dijo: «La noche del Viaje Nocturno vi a unas personas a cargo de las cuales había otras personas. Estas últimas les abrían las mandíbulas y les hacían abrir la boca, mientras que otras traían pequeños trozos de piedra del Infierno y se los introducían en la garganta. Inmediatamente, las piedras salían por sus anos. Pregunté: “Oh, Gabriel, ¿quiénes son ellos?”. Él respondió: “Son quienes se apropian de los bienes de los huérfanos. Solo comen fuego”».
Hazrat Abu Huraira narró que el Mensajero (s.a.) dijo: «El Día de la Resurrección, Allah levantará de las tumbas a algunas personas en tal estado que saldrá fuego de sus vientres y brotará fuego de sus bocas». Se preguntó: «Oh, Mensajero, ¿quiénes son ellos?». El Mensajero (s.a.) respondió: «¿Acaso no has leído las palabras de Allah: “Quienes se apropian injustamente de los bienes de los huérfanos no consumen sino fuego en sus vientres”?»
El imán Suddi (que Allah tenga misericordia de él) dijo: Cuando quienes se han apropiado injustamente de los bienes de los huérfanos sean reunidos en el campo de la Resurrección, saldrá fuego de sus bocas, narices, oídos y ojos. Todo aquel que los vea reconocerá que esa persona ha devorado los bienes de un huérfano.
Los eruditos expertos han dicho: Si el tutor del huérfano es pobre, puede tomar de sus bienes lo que necesite para atender sus intereses, mejorar sus bienes y ocuparse de su administración, siempre que la cantidad tomada sea la acostumbrada y justa en la sociedad de su tiempo. Si toma más que eso, será ilícito y prohibido. Allah dice acerca del tutor del huérfano:
«Que el rico se abstenga; y que el pobre consuma de manera justa». Existen varias opiniones acerca de cuál es esa cantidad justa. La primera opinión es que debe considerarse un préstamo. La segunda es que puede consumir cuanto necesite para vivir, sin desperdiciar ni derrochar en absoluto. La tercera es que el tutor solo puede recibir una remuneración cuando realiza algún trabajo para el huérfano, y en proporción a la cantidad de ese trabajo. La cuarta es que solo puede tomar algo cuando siente una necesidad extrema; si tiene solvencia, no debe tomar nada, pero si no la tiene, puede hacerlo. El sabio Ibn al-Yawzi expuso estas cuatro opiniones en su tafsir.
Se narra en Sahih al-Bujari que el Mensajero (s.a.) dijo: «Yo y quien mantiene a un huérfano estaremos así en el Paraíso». Al decirlo, juntó dos dedos de su mano. En Sahih Muslim se narra que el Mensajero (s.a.) dijo: «Quien mantiene a un huérfano, ya sea pariente o no, y yo estaremos en el Paraíso como estos dos dedos». Al decirlo, mostró dos dedos. Mantener a un huérfano significa asumir su responsabilidad, proporcionarle alimento, ropa y demás necesidades con sus propios bienes, si los posee, y procurar que esos bienes aumenten progresivamente. Si no posee ningún bien, significa mantenerlo con los bienes propios, buscando la complacencia de Allah. La expresión del hadiz «pariente o no» significa que puede ser un familiar o un desconocido. Por ejemplo, si el tutor es su abuelo, hermano, madre, tío paterno, padrastro, tío materno u otro familiar, es uno de los suyos; de lo contrario, es un extraño.
En el Tirmidhi Sharif se relata que el Mensajero (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: «A quien acoge a un niño huérfano musulmán entre los miembros de su familia y lo mantiene así hasta que Allah lo haga próspero e independiente, Allah le garantizará el Paraíso. Sin embargo, si comete un pecado imperdonable, su caso será distinto. En el Musnad de Ahmad se relata que el Mensajero (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: quien acaricie la cabeza de un huérfano que no tenga a nadie más que Allah para hacerlo, recibirá una recompensa por cada cabello que haya recibido el contacto de su mano. Y quien trate bien a un huérfano estará conmigo de esta manera —juntos— en el Paraíso.»
Un hombre le dijo a Abu al-Darda (que Allah esté complacido con él): «Aconséjame». Él respondió: «Sé compasivo con el huérfano, acércalo a ti y aliméntalo con tu propia comida. En cierta ocasión, un hombre informó al Mensajero (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) de que tenía el corazón muy endurecido. Entonces el Mensajero le dijo: “Si quieres que tu corazón se vuelva tierno, acoge al huérfano, acaricia su cabeza y aliméntalo con tu propia comida. Si haces esto, tu corazón se volverá tierno y todas tus necesidades serán satisfechas”.
Un gran hombre de las primeras generaciones del islam dijo: «En mi primera juventud estaba entregado a la bebida y a diversas clases de pecados. Un día, en aquella época, vi junto al camino a un niño huérfano y desamparado. Lo llevé a casa, lo traté y cuidé como a un hijo, lo bañé, le puse buena ropa y le di de comer.»
Después, me dormí por la noche y soñé que la Resurrección había comenzado y que me habían convocado para rendir cuentas. Tras el juicio, se ordenó que me arrojaran al Infierno como castigo por mis pecados. Cuando los ángeles del Infierno comenzaron a arrastrarme para lanzarme allí, en un estado de extrema humillación e impotencia, de repente vi que aquel niño huérfano se acercaba y se interponía en nuestro camino. Dijo: “¡Oh, ángeles! Dejadlo. Intercederé por él ante mi Señor, porque él me hizo mucho bien”. Los ángeles respondieron: “No hemos recibido ninguna orden al respecto”. En ese momento se oyó de repente una voz invisible. El Gran Allah, Señor de los mundos, decía: “¡Oh, ángeles! Dejadlo, pues, por haber tratado bien al huérfano, le he concedido a este huérfano el derecho de interceder por él”. Él dijo: «Entonces me desperté. Me arrepentí de todos los pecados a los que aún estaba entregado y acostumbrado. Después dediqué todos mis esfuerzos al servicio de los huérfanos.»
Por eso, Anas ibn Malik (que Allah esté complacido con él), el sirviente del Mensajero (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él), dijo: «La mejor casa es aquella en la que se cuida de un huérfano. Y la peor casa es aquella en la que se oprime a un huérfano. El siervo que beneficia y sirve a un huérfano o a una viuda es el siervo más amado por Allah, exaltado sea.»
Se relata que Allah, exaltado sea, reveló al profeta David (la paz sea con él): «¡Oh, David! Sé para el huérfano como un padre compasivo y para la viuda como un esposo afectuoso. Y sabe que cosecharás aquello que siembres. Es decir, después de tu muerte, se tratará a tus hijos huérfanos y a tu esposa viuda del mismo modo en que tú trates a los demás». David dijo en su súplica: «¡Oh, mi Señor! ¿Cuál será la recompensa de quien ayuda a los huérfanos y a las viudas buscando Tu complacencia?». Allah, exaltado sea, respondió: «El Día de la Resurrección, cuando no haya ninguna sombra salvo la sombra de Mi Trono, lo colocaré bajo la sombra de Mi Trono.»
Se cuenta una historia sobre la virtud de servir a los huérfanos y a las viudas. Se dice que, en cierta ocasión, un musulmán extranjero emigró con su familia y llegó a Balj. Al principio eran muy prósperos y felices. Pero, cuando el esposo murió repentinamente, su viuda y sus hijos huérfanos cayeron en la pobreza. Para superar su miseria y protegerse de las burlas de sus vecinos hostiles, la mujer, desafiando el intenso frío, se trasladó con sus hijos a otra ciudad. Dejó a sus hijos en una mezquita abandonada y salió en busca de alimento para ellos. En ese momento se encontró con dos personas importantes. Uno era un musulmán de la localidad y alcalde de la ciudad; el otro era adorador del fuego y responsable de la seguridad de la ciudad. Primero describió así su desgracia al alcalde: «Soy una mujer musulmana viuda. Tengo varios hijos huérfanos. Los he dejado en una mezquita abandonada y estoy buscando alimento para ellos para esta noche». El alcalde dijo: «Primero demuestra que eres una mujer musulmana, casta y virtuosa». La mujer respondió: «Soy extranjera. Aquí nadie me conoce». Al oír esto, el alcalde la ignoró y se marchó. La mujer se despidió de él con el corazón abatido y acudió al responsable de seguridad, adorador del fuego, al que le contó todo lo sucedido. También le relató su encuentro con el alcalde musulmán. El responsable de seguridad le pidió que esperara un poco, entró en su casa y envió a una mujer. Por medio de ella llevó a la visitante y a sus hijos a su propia casa. Luego les dio de comer hasta saciarlos, les proporcionó buenas ropas y les preparó con honor un lugar donde pasar la noche.
A medianoche, el alcalde musulmán soñó que la Resurrección había comenzado y que el propio Mensajero (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) estaba de pie, con una bandera en la mano, delante de un edificio semejante a un palacio, hecho de piedras verdes de esmeralda. El alcalde preguntó: «¡Oh, Mensajero de Allah! ¿De quién es este palacio?». Él respondió: «Es de un dirigente musulmán que cree en la unicidad de Allah». Él dijo: «Yo soy un dirigente musulmán que cree en la unicidad de Allah». El Mensajero (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: «Primero demuestra que eres un musulmán verdadero que profesa el tawhid». Al oír esto, quedó perplejo. El Mensajero volvió a decir: «Anoche, cuando una mujer se presentó como musulmana y pidió ayuda, tú le dijiste que demostrara primero que era musulmana. Del mismo modo, ahora tú debes demostrar que eres musulmán.»
Al despertar de aquel sueño, el alcalde se puso muy inquieto y envió gente en todas direcciones para buscar a aquella mujer. Finalmente supo que se encontraba en la casa del responsable de seguridad adorador del fuego. Fue allí y le dijo: «Envíame a la mujer musulmana que se ha refugiado en tu casa con sus hijos». Él respondió: «Le tendí una mano de ayuda y obtuve abundante bondad y bendiciones. Por tanto, no puedo despedirla». El alcalde dijo: «Te doy mil dinares. Entrégamelos». Él respondió: «No, eso me resulta imposible». Y añadió: «He visto en sueños que se ha construido para mí un enorme palacio. Por eso, toda mi familia y yo hemos aceptado el islam a manos de esta mujer musulmana.»
Por ello, se ha narrado en Sahih al-Bujari y Sahih Muslim que el Mensajero (s. a. s.) dijo: «Quien se esfuerza por el bienestar de los huérfanos y las viudas es igual que quien combate en el camino de Allah». El narrador dice: «Creo que el Mensajero (s. a. s.) también dijo que esa persona es igual a quien ora y ayuna continuamente».
15. Atribuir mentiras a Allah y al Mensajero
En la sura Az-Zumar, Allah Ta‘ala dice: «El Día de la Resurrección verás ennegrecidos los rostros de quienes hayan inventado mentiras contra Allah». Hasan al-Basri dijo: «Quienes atribuyen mentiras a Allah y a Su Mensajero son aquellos que dicen: “Haremos tal cosa si queremos, y si no, no la haremos. No recibiremos ningún castigo por ello”». El erudito Ibn al-Yawzi dice en su exégesis: «Según la opinión de un grupo de sabios, quien calumnia a Allah y al Mensajero de Allah se convierte completamente en incrédulo y queda fuera del islam. Del mismo modo, considerar lícito lo que Allah ha prohibido y prohibido lo que ha hecho lícito es pura incredulidad. No se lo puede calificar simplemente como un pecado grave. Por tanto, atribuir mentiras a Allah y al Mensajero debe ser algo distinto de esta clase de calumnia».
En un hadiz narrado por Sahih al-Bujari y Sahih Muslim, el Mensajero (s. a. s.) dijo: «Quien mienta deliberadamente sobre mí, que se prepare un lugar en el Infierno». En otro hadiz de Sahih Muslim, el Mensajero (s. a. s.) dijo: «Quien narra un hadiz sobre mí sabiendo que es falso, es un mentiroso».
En otro hadiz de Sahih Muslim, el Mensajero (s. a. s.) dijo: «Mentir sobre mí no es como mentir sobre otras personas. Quien mienta sobre mí, que se prepare un lugar en el Infierno». El Mensajero (s. a. s.) también dijo: «Quien difunda un dicho atribuyéndomelo, aunque yo no lo haya dicho, que se prepare un lugar en el Infierno». El Mensajero (s. a. s.) también dijo: «Un creyente puede tener cualquier otro defecto en su carácter, pero no puede tener mentira, traición, deslealtad ni apropiación indebida de bienes confiados por otros».
16. Huir del campo de batalla
«Cuando el ejército enemigo no sea más del doble que el ejército musulmán, huir de su enfrentamiento es un pecado grave. Sin embargo, si se huye como estrategia de guerra o con la intención de unirse a algún grupo de combatientes o a todo su ejército, no es un pecado grave. Allah Ta‘ala dice: «Quien huya del enfrentamiento con los enemigos el día de la batalla incurrirá en la ira de Allah, y su morada será el Infierno. ¡Qué pésimo destino! Pero si alguien huye como estrategia de guerra o con la intención de unirse a otro contingente, será diferente». (Al-Anfal)
En un hadiz narrado por Sahih al-Bujari y Sahih Muslim se mencionan siete pecados graves y destructivos; huir del campo de batalla es uno de ellos.
Hazrat Ibn Abbás dijo: Cuando fue revelado este versículo: «Si hubiera entre vosotros veinte personas pacientes, vencerían a doscientos», Allah Todopoderoso ordenó que, si en el ejército musulmán había veinte hombres y en el ejército enemigo había doscientos, ninguno del ejército musulmán podía huir. Después fue revelado este versículo: «Ahora Allah Todopoderoso ha aliviado vuestra carga, pues sabe que hay algunos débiles entre vosotros. Por tanto, si hay entre vosotros cien personas pacientes, vencerán a doscientos, con el permiso de Allah. Allah está ciertamente con los pacientes». Al revelar este último versículo, Allah Todopoderoso ordenó que, cuando hubiera cien combatientes en el ejército musulmán y doscientos en el ejército enemigo, la huida de los musulmanes quedaba prohibida. (Sahih al-Bujari)
Esto significa que, cuando la fuerza del enemigo es más del doble que la de los musulmanes, no es obligatorio continuar la guerra y está permitido, de una u otra manera, declarar un alto el fuego o concertar una tregua. El traductor.
17. La opresión y el engaño del gobernante hacia los gobernados, y brindarles apoyo y ayuda
Allah Todopoderoso dice en el Sagrado Corán: «Solo se puede actuar contra quienes oprimen a la gente y se rebelan injustamente en la tierra. Para ellos habrá un castigo doloroso». (Sura ash-Shura)
Allah Todopoderoso también dice: «No pienses jamás que Allah está desatento a lo que hacen los opresores. Él solo retrasa su juicio hasta un día en que los ojos quedarán desorbitados, las personas correrán con la cabeza levantada, sin poder volver la mirada hacia sí mismas, y sus corazones estarán vacíos». (Sura Ibrahim)
Allah Todopoderoso también dice: «Los que cometieron injusticia pronto sabrán a qué destino se encaminan». (Ash-Shura)
Allah Todopoderoso también dice: «No se prohibían unos a otros las malas acciones que cometían. ¡Qué detestable era su conducta!». (Al-Maida)
El Mensajero, que Allah le bendiga y le conceda paz, dijo: «Quien nos engaña no es de los nuestros». (Sahih Muslim) El Mensajero también dijo: «La opresión se convertirá en tinieblas el Día de la Resurrección». (Sahih al-Bujari, Sahih Muslim, Yami at-Tirmidhi) El Mensajero también dijo: «Cada uno de vosotros es un gobernante y a cada uno se le preguntará cómo gobernó». (Sahih al-Bujari)
El Mensajero también dijo: «Todo gobernante que engañe a sus súbditos será de los habitantes del Infierno». (At-Tabarani) El Mensajero también dijo: «A quien Allah haya confiado algunos súbditos bajo su gobierno y no los beneficie procurando su bienestar, Allah le prohibirá el Paraíso». (Sahih al-Bujari) El Mensajero también dijo: «A quien Allah haya confiado algunos súbditos bajo su gobierno, pero continúe engañándolos y muera mientras los engaña, Allah le prohibirá el Paraíso». (Sahih al-Bujari)
El Mensajero también dijo: «Todo gobernante que gobierne sobre el pueblo será detenido el Día de la Resurrección, y un ángel lo sujetará por el cuello. Si Allah le dice: “Suéltalo”, el ángel lo soltará y será arrojado al Infierno». (Ahmad, Ibn Mayah)
El Mensajero también dijo: «Incluso el juez justo se enfrentará el Día de la Resurrección a un momento en el que lamentará no haber dejado de intervenir siquiera para resolver una disputa entre dos personas por un dátil». (Ahmad) El Mensajero también dijo: «Incluso el gobernante de diez personas será llevado ante Allah el Día de la Resurrección, atado con las manos a la espalda. Entonces, o bien su justicia y buen gobierno lo liberarán, o bien su injusticia y mal gobierno lo destruirán». (Ahmad e Ibn Hibban)
El Mensajero (la paz sea con él) suplicaba así: «¡Oh, Allah! Sé misericordioso con quien sea encargado de alguna responsabilidad sobre esta comunidad y trate a sus miembros con amabilidad; y sé severo con quien sea duro con ellos». (Sahih Muslim, Sunan an-Nasa’i) El Mensajero (la paz sea con él) también dijo: «A quien Allah confíe alguna responsabilidad sobre los musulmanes y luego se oculte sin remediar sus necesidades y su pobreza, Allah también se ocultará de él sin remediar sus necesidades y su pobreza». (Sunan Abu Dawud, Al-Yami‘ at-Tirmidhi)
El Mensajero (la paz sea con él) también dijo: «Pronto aparecerán en la Tierra gobernantes pecadores y opresores. Quien acepte sus mentiras y apoye su opresión no forma parte de mi comunidad, ni yo formo parte de la suya. Jamás tendrá la oportunidad de llegar al Estanque de Kawzar». (Ahmad, Tirmidhi, Nasa’i) El Mensajero (la paz sea con él) también dijo: «Dos grupos de personas de mi comunidad jamás obtendrán mi intercesión: los gobernantes opresores y engañadores, y quienes cometen excesos en asuntos religiosos. Se dará testimonio contra ellos y nadie asumirá responsabilidad alguna por ellos». (Tabarani) El Mensajero (la paz sea con él) también dijo: «El gobernante opresor sufrirá el mayor castigo el Día de la Resurrección». (Tabarani)
En otro hadiz, el Mensajero (la paz sea con él) dijo: «¡Oh, gente! Ordenad el bien y prohibid el mal; de lo contrario, llegará un tiempo en que Allah no aceptará vuestras súplicas, aunque suplicéis, ni os perdonará, aunque pidáis perdón. Sabed que Allah maldijo, por medio de sus profetas, a los sabios judíos y a los ascetas cristianos porque dejaron de ordenar el bien y prohibir el mal, y descargó sobre ellos calamidades y desgracias generalizadas».
El Mensajero (la paz sea con él) también dijo: «Allah no tendrá misericordia de quien no tenga misericordia de la gente». (Sahih al-Bujari) El Mensajero (la paz sea con él) también dijo: «En el Día de la Resurrección, cuando no haya otra sombra sino la sombra de Allah, Allah dará al gobernante justo un lugar bajo la sombra de Su Trono». (Sahih al-Bujari y Sahih Muslim) El Mensajero (la paz sea con él) también dijo: «En el Día de la Resurrección, los gobernantes justos se sentarán sobre púlpitos de luz: aquellos que gobiernen con justicia a sus subordinados, a sus familias y parientes, y al pueblo». (Sahih Muslim y Nasa’i)
Cuando envió a Mu‘adh a Yemen, el Mensajero (la paz sea con él) le dijo: «Ten cuidado: protege los valiosos bienes de la gente y mantente alerta respecto a la súplica del oprimido, pues no hay ningún velo entre Allah y la súplica del oprimido». (Sahih al-Bujari) En un hadiz narrado en Sahih Muslim, el Mensajero (la paz sea con él) dijo que Allah no hablará con tres personas el Día de la Resurrección; una de ellas será un gobernante mentiroso. También dijo: «Ambicionaréis el liderazgo, aunque el liderazgo será para vosotros causa de arrepentimiento el Día de la Resurrección». (Sahih al-Bujari) El Mensajero (la paz sea con él) también dijo: «¡Por Allah! No confiaré esta responsabilidad a quien la pida o la ambicione». (Sahih al-Bujari)
El Mensajero (la paz sea con él) también dijo: «¡Oh, Ka‘b ibn Ujrah! Que Allah te proteja del gobierno de los ignorantes y necios. Después de mí, asumirán el poder gobernantes que no seguirán el camino que yo mostré». (Ahmad) El Mensajero (la paz sea con él) también dijo: «Quien desee ser juez de los musulmanes y luego sea nombrado para ese cargo, si su justicia supera su injusticia, tiene garantizado el Paraíso; y si su injusticia supera su justicia, tiene destinado el Infierno». (Sunan Abi Dawud) El Mensajero (la paz sea con él) también dijo: «El Día de la Resurrección, un gobernante será arrojado sobre el puente del Infierno. Este temblará con tanta fuerza que sus uniones se abrirán y se desplazarán. Si ese gobernante es obediente a Allah, aun así atravesará el puente. Pero si desobedece a Allah, el puente se derrumbará con él y será arrojado a las profundidades del Infierno, situadas a una distancia de cincuenta años».
‘Amr ibn al-Muhajir dice: ‘Umar ibn ‘Abd al-‘Aziz me dijo: «Cuando veas que me he apartado del camino de la verdad, tira inmediatamente de mi cuello y dime: “¡Oh, ‘Umar! ¿Qué estás haciendo?”»
Por tanto, ¡oh, gobernante injusto y opresor!, recuerda que tu prisión es el Infierno y que Allah, el Gran Señor, es tu juez definitivo. Allí no podrás presentar ninguna excusa ni alegación. La tumba aterradora será tu celda. Y tendrás que comparecer para un prolongado ajuste de cuentas y rendir cuentas. Así pues, sálvate de ese castigo. Y tú, oh, oprimido, recuerda que al opresor no se le perdona ni lo más mínimo. Si ves que algún opresor ha adquirido tanta influencia que ya no puede ser detenido, encomiéndalo a Allah y duerme tranquilo. Verás que quizá durante la misma noche padezca alguna enfermedad; jamás podrá escapar del castigo de Allah.
18. La arrogancia
Considerarse superior a los siervos de Allah, considerar a los demás inferiores e insignificantes en comparación con uno mismo, mostrarse insolente ante las órdenes de Allah, desobedecerle y desatender Sus mandatos: todo ello son signos de arrogancia y está incluido en ella. En varios lugares del Sagrado Corán se ha condenado la arrogancia y se ha declarado la reprobación de los arrogantes. Así, en la sura Al-Mu’min, Allah, el Altísimo, dice: «Musa dijo: “Busco refugio en mi Señor y en vuestro Señor contra todo arrogante que no cree en el Día de la Cuenta”». En la sura An-Nahl, Allah, el Altísimo, dice: «Ciertamente, Allah no ama a los arrogantes».
En la sura Al-Baqara, Allah dice: «Dijimos a los ángeles: “Prosternaos ante Adán”. Todos se prosternaron, excepto Iblis. Se negó y fue arrogante, y se convirtió en uno de los incrédulos». Esto demuestra que quien desobedece la orden de Allah por arrogancia no obtendrá ningún beneficio aunque tenga fe en Allah. Será considerado incrédulo, como Iblis. En la sura Luqman se dice: «No pongas mala cara a la gente, ni frunzas el ceño, ni andes por la tierra con arrogancia. Allah no ama a ningún arrogante jactancioso».
En un hadiz qudsí, Allah, el Altísimo, dice: «La arrogancia es Mi manto. A quien intente arrebatarme este manto, lo arrojaré al Infierno». (Sahih Muslim)
El Mensajero (la paz y las bendiciones sean con él) dijo: «El Día de la Resurrección, los déspotas arrogantes serán levantados con el tamaño de diminutas partículas. La gente los pisoteará y, desde todos lados, no les llegará sino humillación y deshonra. Serán llevados a una prisión del Infierno llamada Bulas. Sobre sus cabezas arderá el fuego y se les hará comer las heces, el sudor, la tos y demás de los habitantes del Infierno». (Sunan an-Nasa’i, Yami‘ at-Tirmidhi)
El Mensajero (la paz y las bendiciones sean con él) también dijo: «Quien tenga en su corazón siquiera el peso de una partícula de arrogancia no entrará en el Paraíso». (Sahih Muslim)
El Mensajero (la paz y las bendiciones sean con él) también dijo: «El Paraíso y el Infierno disputarán entre sí. El Paraíso dirá: “¿Qué me sucede, que nadie entra en mí salvo los débiles y los caídos de la sociedad humana?”. Y el Infierno dirá: “He sido destinado para todos los tiranos y arrogantes”. Entonces Allah resolverá su disputa y dirá: “¡Oh, Paraíso! Tú eres el símbolo de Mi misericordia; concedo Mi misericordia por medio de ti a quien quiero. ¡Oh, Infierno! Tú eres el símbolo de Mi castigo; castigo por medio de ti a quien quiero. Sin embargo, ambos seréis llenados hasta el borde”». (Sahih Muslim)
La historia atestigua que el pecado mediante el cual se desobedeció por primera vez a Allah fue la arrogancia. Iblis fue quien cometió este delito.
Hazrat Salama ibn al-Akwa’ relata: Un hombre comió con la mano izquierda en presencia del Mensajero (la paz y las bendiciones sean con él). Él le dijo: «Come con la mano derecha». El hombre respondió: «No puedo comer con la mano derecha». El Mensajero (la paz y las bendiciones sean con él) dijo: «¡Que ya no puedas hacerlo!». Luego, dirigiéndose a sus compañeros, dijo: «La razón por la que no puede comer con la mano derecha no es otra que la arrogancia». Después de aquello, nunca volvió a poder llevarse la mano a la boca. (Sahih Muslim)
El Mensajero (la paz y las bendiciones sean con él) dijo: «¿No os diré quiénes son los habitantes del Infierno?». Todos respondieron al unísono: «Sí, díganos». Entonces el Mensajero (la paz y las bendiciones sean con él) dijo: «El de corazón extremadamente duro, el avaro y codicioso, y el arrogante». (Sahih al-Bujari y Sahih Muslim)
El Mensajero (la paz y las bendiciones sean con él) también dijo: «Quien camina con arrogancia y se considera superior, cuando se encuentre con Allah, verá que Él está enojado con él». (Tabarani)
El Mensajero (la paz y las bendiciones sean con él) también dijo: Los primeros tres que entrarán en el Infierno serán un gobernante tiránico que haya tomado el poder por la fuerza, un rico negligente en pagar el zakat y un pobre arrogante. En Sahih al-Bujari se narra que el Mensajero (la paz y las bendiciones sean con él) dijo: El Día de la Resurrección, Allah no mirará a tres personas, no las purificará de sus pecados y les ha reservado un castigo severo. Estas tres personas son: quien viste una prenda que arrastra hasta los tobillos o hasta los pies; quien reprocha a alguien haberle dado una limosna o haberle hecho un favor; y quien vende una mercancía jurando en falso. Se considera que arrastrar la prenda hasta los pies es una señal de arrogancia. Por eso, el Mensajero (la paz y las bendiciones sean con él) dijo: La prenda que quede por debajo de los tobillos estará en el Infierno.
Debe recordarse que jactarse de la superioridad del conocimiento y la erudición, así como de la elevada posición y rango, es una de las formas más despreciables de arrogancia. Quien adquiere conocimiento, especialmente conocimiento islámico, con el propósito de alcanzar el Más Allá no puede ser arrogante. Siempre vigila su corazón y lo observa atentamente. Si muestra negligencia en este asunto, la arrogancia entrará en su corazón y lo desviará del camino recto. Allah, exaltado sea, ha dicho: «A quien se ensoberbezca lo apartaré de Mis signos». Es decir, la arrogancia cierra el camino de la guía para la persona. Y quien adquiere conocimiento con la intención de mostrarse arrogante y menospreciar a los musulmanes, y después de adquirirlo los considera necios, incurre en la forma más grave de arrogancia.
19. Dar falso testimonio
En la sura Al-Furqan del Sagrado Corán se menciona como una de las cualidades indispensables de los creyentes: «Quienes no dan falso testimonio». En la sura Al-Hajj se ha dicho: «Apartaos de la falsedad». En un hadiz se ha dicho: «Dar falso testimonio equivale al politeísmo». (Abu Dawud, At-Tirmidhi, Ibn Mayah, At-Tabarani)
En otro hadiz narrado por Ibn Mayah, el Mensajero (la paz y las bendiciones sean con él) dijo: El Día de la Resurrección, quien haya dado falso testimonio no podrá siquiera mover los pies hasta que se dicte la sentencia de que entrará en el Infierno.
Quien da falso testimonio incurre en realidad en cuatro grandes pecados. En primer lugar, dice mentiras y palabras inventadas. Sobre esto, Allah, exaltado sea, dice en el Corán: «Allah no guía al derrochador mentiroso». (Sura Al-Mu’min) En segundo lugar, perjudica a aquel contra quien da falso testimonio, pues mediante ello daña su vida, sus bienes o su honor. En tercer lugar, también perjudica a aquel en cuyo favor testifica, pues le procura el disfrute de bienes ilícitos y, como consecuencia, el Infierno se vuelve inevitable para él. El Mensajero (la paz y las bendiciones sean con él) dijo: «Si, bajo la influencia de un falso testimonio, ordenara que se entregaran a alguien los bienes de otro hermano creyente, que no los aceptara, pues esos bienes serían para él un trozo del fuego del Infierno». (Sahih al-Bujari y Sahih Muslim) En cuarto lugar, mediante el falso testimonio hace lícita la intervención de otra persona en bienes, vida u honor prohibidos.
En un hadiz narrado por Sahih al-Bujari, Muslim y At-Tirmidhi, el Mensajero (la paz y las bendiciones sean con él) dijo: «¿No queréis que os diga cuáles son los peores pecados graves? Escuchad: asociar copartícipes a Allah, causar sufrimiento a los padres y, atención, dar falso testimonio; atención, dar falso testimonio». El narrador dice que repitió esta última frase tantas veces que pensábamos para nuestros adentros: «Ojalá ahora guardara silencio; sería mejor».
20. Beber alcohol
Allah, exaltado sea, dice en la sura Al-Ma’idah: «¡Oh, creyentes! El alcohol, los juegos de azar y la adivinación son obras impuras de Satanás. Apartaos de ellas; así prosperaréis. Satanás solo quiere provocar entre vosotros enemistad y odio mediante el alcohol y los juegos de azar, y apartaros del recuerdo de Allah y de la oración. ¿Acaso no os abstendréis?»
Por lo tanto, queda demostrado de manera inequívoca que Allah, en esta aleya, ha prohibido consumir alcohol y ha advertido contra él. El Mensajero (s. a. s.) dijo: «Abandonad el alcohol, pues es la madre de todos los actos abominables». De esto queda claro que quien no abandona el alcohol desobedece a Allah y a Su Mensajero, y por ello merece el castigo. Al respecto, Allah dice en la sura An-Nisá: «A quien desobedezca a Allah y a Su Mensajero y transgreda Sus límites, Allah lo hará entrar en el Infierno, donde permanecerá eternamente. Para él habrá un castigo humillante».
El honorable Ibn Abbás (que Allah esté complacido con él) dijo: «Después de que se reveló la prohibición del alcohol, los compañeros comenzaron a visitarse unos a otros y a decir: “El alcohol ha sido declarado ilícito y se ha establecido que es un pecado equivalente al politeísmo”».
Según un hadiz transmitido por At-Tabarani y Al-Hakim, el honorable Abd Allah ibn Amr consideraba el consumo de alcohol el mayor de los pecados mayores. No cabe duda de que es la fuente o madre de la incitación a toda clase de actos sucios y reprobables. En varios hadices transmitidos en el Sahih de Abu Dawud por el honorable Ibn Umar, en el Ibn Mayah y el Sahih de At-Tirmidhi por el honorable Anas, y en Abu Dawud y el Musnad de Ahmad por el honorable Ibn Abbás, se pronuncia una maldición contra quien consume alcohol.
En un hadiz transmitido por Sahih Muslim, el Mensajero (s. a. s.) dijo: «Toda sustancia embriagadora o narcótica es alcohol, y todo alcohol es ilícito. Quien se haya acostumbrado a consumir alcohol durante la vida mundana y muera sin arrepentirse, será privado en la otra vida de las bebidas del Paraíso». Este hadiz también ha sido transmitido en Sahih al-Bujari, At-Tirmidhi, An-Nasaí, Abu Dawud y Al-Bayhaqi. En un hadiz transmitido por Sahih Muslim y An-Nasaí, el Mensajero (s. a. s.) dijo: «A quien consuma cualquier sustancia embriagadora, Allah le ha prometido hacerle beber el sudor y las excreciones de los habitantes del Infierno». En un hadiz transmitido en el Musnad de Ahmad por el honorable Abu Huraira, el Mensajero (s. a. s.) dijo: «El alcohólico es igual que el adorador de ídolos».
En un hadiz transmitido por Sahih an-Nasaí, el Mensajero (s. a. s.) dijo: «Dos personas no entrarán en el Paraíso: quien desobedece a sus padres y el alcohólico». En otro hadiz se ha dicho: «Tres personas no entrarán en el Paraíso: el alcohólico, quien desobedece a sus padres y el dayyuth». El dayyuth es quien, aun sabiendo que los miembros de su familia están entregados a actos inmorales, no se lo impide.
El Mensajero (s. a. s.) dijo: «La oración de tres personas no es aceptada y ninguna buena obra asciende: el esclavo fugitivo, hasta que regrese junto a su amo; la esposa con la que su esposo está disgustado, hasta que él vuelva a estar complacido con ella; y quien se embriaga tras beber alcohol, hasta que recupere la lucidez».
Toda sustancia embriagadora que anula el entendimiento y la razón de una persona es alcohol, ya sea una bebida líquida o un alimento sólido, y esté seca o húmeda. El Mensajero (s. a. s.) dijo: «Mientras quede siquiera una mínima cantidad de alcohol en el cuerpo del alcohólico, Allah no aceptará su oración». En otro hadiz se dice: «Allah no acepta ninguna buena obra del alcohólico, y la oración de quien se embriaga por consumir alcohol no será aceptada durante cuarenta días. Si se arrepiente y vuelve a beber alcohol, Allah le hará comer cobre fundido del Infierno». El Mensajero (s. a. s.) también dijo: «A quien beba alcohol pero no se emborrache, Allah le volverá la espalda durante cuarenta noches. Y a quien beba alcohol y se emborrache, Allah no le aceptará ninguna limosna ni buena obra durante cuarenta noches. Si muere durante ese período, morirá como un politeísta. Y Allah le hará beber las excreciones y el sudor de los habitantes del Infierno».
El Mensajero (s. a. s.) dijo: «El ladrón no roba siendo creyente, el adúltero no comete adulterio siendo creyente y el alcohólico no consume alcohol siendo creyente. Después, el arrepentimiento lo devuelve a su estado normal».
(Sahih al-Bujari, Muslim, Abu Dawud, At-Tirmidhi y An-Nasaí)
El Mensajero (s. a. s.) también dijo: «A quien cometa zina o consuma alcohol, Allah le arrebata la fe, del mismo modo que una persona se quita la camisa pasándola por encima de la cabeza» (Al-Hakim).
El Mensajero (s. a. s.) también dijo: «Quien beba vino por la tarde permanecerá siendo politeísta hasta el amanecer. Y quien beba vino por la mañana permanecerá siendo politeísta hasta la tarde». El Mensajero (s. a. s.) también dijo: «La fragancia del Paraíso puede percibirse desde una distancia de quinientos años. Sin embargo, no percibirán esta fragancia el hijo desobediente de sus padres, quien reprocha a otros la limosna que les da, el bebedor de vino y el adorador de ídolos». (Tabarani). El Mensajero (s. a. s.) también dijo: «Al bebedor de vino se le hará beber en el Infierno el agua que emana de los genitales de las mujeres adúlteras».
El Mensajero (s. a. s.) también dijo: «Allah me envió como misericordia y guía. Me envió para erradicar los instrumentos musicales y las prácticas de la ignorancia. Mi Señor ha jurado que, si alguno de Mis siervos bebe siquiera una gota de vino, le daré de beber agua hirviendo del Infierno. Y al siervo que abandone el vino por temor a Mí, le daré de beber en el lugar más noble del Paraíso, junto a los mejores compañeros».
El Mensajero (s. a. s.) dijo: «Ha caído la maldición sobre el vino, sobre quien lo bebe, sobre quienes hacen que otros lo beban, sobre sus compradores, vendedores, productores, transportistas, almacenistas, distribuidores y sobre todos los que consumen el dinero obtenido de su venta».
Hazrat Abd Allah ibn Amr ibn al-As dijo: «Cuando los bebedores de vino enfermen, no vayáis a visitarlos». El imam Bujari dijo que Ibn Umar dijo: «No saludéis a los bebedores de vino». El Mensajero (s. a. s.) dijo: «No os sentéis en compañía de los bebedores de vino. Cuando enfermen, no vayáis a visitarlos. No asistáis a sus funerales. Cuando el bebedor de vino se presente en el campo de la Resurrección, su lengua colgará sobre su pecho y de ella goteará saliva. Todo aquel que lo vea lo detestará y lo reprenderá, y todos lo reconocerán como bebedor de vino».
Algunos sabios musulmanes dijeron: «La razón por la que está prohibido visitar al bebedor de vino cuando enferma y saludarlo es que el bebedor de vino es un pecador y está maldito. Allah y Su Mensajero han hecho caer sobre él la maldición. Sin embargo, si se arrepiente, Allah lo perdonará».
Hazrat Umm Salama (r. a.) dijo: «Cuando una de mis hijas enfermó, preparé un poco de vino para tratarla. En ese momento, el Mensajero (s. a. s.) entró en mi casa y dijo: “¡Oh, Umm Salama! ¿Qué es esto?”. Respondí: “¡Oh, Mensajero de Allah! Estoy tratando a mi hija con ello”. El Mensajero (s. a. s.) dijo: “Allah no ha puesto ninguna propiedad curativa en aquello que ha prohibido a mi comunidad”».
Abu Musa (r. a.) dijo: Se llevó ante el Mensajero (s. a. s.) un poco de zumo guardado en una jarra. El zumo había comenzado a fermentar. El Mensajero (s. a. s.) dijo: «Arrojad esta jarra contra la pared, porque la bebida que contiene es la bebida de quienes no creen en Allah ni en la Otra Vida».
El Mensajero (s. a. s.) también dijo: «Cuando alguien que guarda en su pecho una aleya del Libro de Allah bebe vino, el día de la Resurrección cada letra de esa aleya acudirá como acusadora contra él y lo hará comparecer como acusado ante Allah. Y malas noticias para aquel contra quien el Corán sea acusador el día de la Resurrección».
El Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo también en otro hadiz: «Si un grupo se une en este mundo para consumir alguna sustancia embriagante, Allah los reunirá en el Infierno. Entonces todos se culparán mutuamente por haberse incitado unos a otros a consumir dicha sustancia. Cada uno le dirá al otro: “Tú fuiste quien me impulsó a consumir esta cosa prohibida”».
El Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo también: «A quien beba alcohol, Allah le hará beber en el Infierno un veneno tan letal que, apenas acerque la copa a la boca, y antes de beberlo, la carne de su rostro caerá dentro de la copa. Después de beber el veneno, toda la carne y la piel de su cuerpo se desprenderán. Por su hedor, todos los habitantes del Infierno sufrirán. Sabed que el bebedor de alcohol, quien lo produce, lo transporta y distribuye, quien lo compra y vende, y quien consume el dinero obtenido de su venta, todos comparten su pecado. Allah no aceptará sus oraciones, ayunos ni peregrinación hasta que se arrepientan. Si mueren sin arrepentirse, Allah les hará beber, a cambio de cada trago de alcohol, el pus sanguinolento de los habitantes del Infierno. Sabed que toda sustancia embriagante y narcótica se considera alcohol, y que todo alcohol es haram».
Se narra en un hadiz que los guardianes del Infierno arrebatarán a los alcohólicos del Puente del Sirat y que, si la bebida repugnante que les harán beber en el Infierno cayera sobre el cielo, todo el cielo ardería y se convertiría en cenizas por su calor.
Hazrat Ibn Mas‘ud (que Allah esté complacido con él) dijo: «Cuando muera un alcohólico, crucifícalo sobre un trozo de madera y entiérralo. Después abre la tumba y observa. Si ves que su cabeza no se ha apartado del oeste, quítalo de la cruz y entiérralo normalmente. De lo contrario, déjalo crucificado».
En cierta ocasión, Hazrat Fudayl ibn Iyad fue a visitar a un discípulo suyo moribundo y le pidió que recitara la kalima. Pero él no podía recitarla. Fudayl se la enseñó una y otra vez, pero él dijo: «No puedo recitar la kalima y no tengo ninguna relación con ella». Fudayl se marchó de su lado llorando. Algunos días después lo vio en sueños y observó que lo llevaban arrastrado hacia el Infierno. Le preguntó: «¿Qué te había arrebatado el conocimiento de la kalima?». Él respondió: «Una vez enfermé y el médico me dijo que bebiera alcohol para tratarme. Por eso bebía alcohol». En verdad, si este es el estado de quien bebe alcohol con fines medicinales, al pensar en cuál será el estado de quien lo bebe por placer y bajo el efecto de la adicción, el cuerpo se estremece de horror.
Además del alcohol, existen sustancias narcóticas líquidas o sólidas que, al comerlas o beberlas, provocan embriaguez, alteran temporal o permanentemente la razón y el estado de ánimo, causan una ebriedad parcial o total, producen una excitación sexual excesiva que incita a la fornicación, vuelven violento el carácter y provocan insultos, peleas, disturbios y desórdenes, y hacen que quien las consume se abstenga de la oración, el ayuno y los demás actos de adoración; incluso, si se consumen en exceso, pueden causar la muerte del consumidor. La marihuana, el bhang, el opio, el toddy, la heroína, el hachís y sustancias locales o extranjeras similares están incluidos entre las sustancias narcóticas. Todas ellas son haram. Con la frase inequívoca «toda sustancia narcótica es haram, ya sea en mucha o en poca cantidad», el Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) las declaró completamente haram, y el castigo establecido por la sharía para el bebedor de alcohol —ochenta azotes— corresponde a todo consumidor de sustancias narcóticas.
Un relato: un joven llegó llorando ante el gobernante omeya Abd al-Malik ibn Marwan y dijo: «Oh, Emir de los creyentes, yo cavaba tumbas y robaba los sudarios de los muertos. Al cavar una tumba, vi que el hombre que yacía dentro había adoptado la forma de un cerdo. Estaba a punto de abandonar la tumba por miedo cuando una voz invisible dijo: “Te estás marchando.
¿Sabes por qué este hombre fue transformado en cerdo?” Respondí: “No”. Se me dijo: “Bebía alcohol y murió sin arrepentirse. En este estado sufrirá el castigo hasta el Día de la Resurrección”. ¡Que Allah nos proteja de este pecado terrible!
21. El juego de azar
El Altísimo dice: «¡Oh, creyentes! El vino, los juegos de azar, los sacrificios ofrecidos sobre los altares en nombre de los ídolos y la adivinación mediante loterías son obras impuras de Satanás. Apartaos de todo ello; así prosperaréis. Satanás solo quiere sembrar entre vosotros la enemistad y el odio por medio del vino y los juegos de azar, y apartaros del recuerdo de Allah y de la oración. ¿Acaso no desistiréis?». (Sura Al-Maida)
En esta aleya se ha declarado prohibido todo tipo de juego de azar, ya sea practicado con ajedrez, cartas, dados, fichas o cualquier otra cosa. En realidad, está comprendido entre las formas ilícitas de apropiarse y saquear los bienes de las personas. Allah Ta‘ala lo prohibió en esta aleya de la sura Al-Baqarah: «No consumáis los bienes de los demás entre vosotros por medios ilícitos». El Mensajero (la paz y las bendiciones sean con él) dijo en un hadiz: «Hay personas que se apropian injustamente de los bienes de la gente; para ellas habrá el castigo del Infierno». (Sahih Al-Bujari) En otro hadiz de Sahih Al-Bujari se narra que el Mensajero (la paz y las bendiciones sean con él) dijo: «Si alguien propone o invita diciendo: “Ven, juguemos contigo por dinero”, debe dar caridad (como expiación por su pecado)». En verdad, si por hablar simplemente del juego de azar hay que dar caridad o una kaffara, ¡reflexionad sobre cuál podría ser la consecuencia de practicarlo!
Si juegos como las cartas y el ajedrez están libres de apuestas económicas y se practican únicamente como entretenimiento, existe discrepancia al respecto: según algunos son haram y según otros son halal. Sin embargo, todos los sabios e imames de las distintas escuelas jurídicas coinciden en que son haram cuando incluyen apuestas económicas. Los imames también han coincidido en que los juegos de azar como el mard o los dados son haram.
Pues el Mensajero (la paz y las bendiciones sean con él) dijo: «Quien juega a los dados es como si hubiera sumergido sus manos en carne y sangre de cerdo y las hubiera teñido con ello». (Muslim) En un hadiz narrado por Sahih Al-Bujari, el Mensajero (la paz y las bendiciones sean con él) dijo: «Quien juega a los dados desobedece a Allah y al Mensajero». Hazrat Ibn Umar (que Allah esté complacido con él) dijo: «Jugar a los dados es una forma de juego de azar y es una acción haram, como pulir algo con grasa de cerdo».
La mayoría de los sabios considera haram jugar al ajedrez, tanto si existe la obligación de apostar algo como si no. Pero si se apuesta algo y se confisca lo apostado por el jugador que pierde, es decir, si hay una apuesta económica, todos coinciden en que se trata de juego de azar y que es haram. Incluso sin apuestas ni pérdidas económicas, la mayoría de los sabios considera haram jugar al ajedrez. Solo el Imam Ash-Shafi‘i lo consideró halal, con la condición de que se jugara en privado y no provocara la pérdida de una oración obligatoria incumplida ni de ningún otro deber obligatorio. El Imam An-Nawawi emitía fetuas conforme a esta opinión del Imam Ash-Shafi‘i. Al mismo tiempo, dictaminó que jugar al ajedrez a cambio de una remuneración o un premio entra dentro del juego de azar.
La prueba de los sabios que consideran haram jugar al ajedrez es esta expresión de la tercera aleya de la sura Al-Maida: «Wa an tastáqsimu bil-azlam». El Imam Sufyan y Waki‘ ibn Al-Yarrah explicaron que «azlam» significa jugar al ajedrez. Hazrat Ali (que Allah esté complacido con él) dijo: «El shatranj, es decir, el ajedrez, es el juego de azar de los no árabes». Un día, Hazrat Ali (que Allah esté complacido con él) pasó junto a un grupo de personas que jugaban al ajedrez. Al verlos, dijo: «¿Qué es esto por lo que estáis tan absortos? Tocar fuego ardiente sería mejor que tocar estas piezas. ¡Por Allah!, no fuisteis creados para esto». Hazrat Ali (que Allah esté complacido con él) también dijo: «Nadie es más mentiroso que el jugador de ajedrez. Dice: “Estoy matando”, aunque no ha matado a nadie. Dice: “Eso ha muerto”, aunque nada ha muerto». Hazrat Abu Musa al-Ashari (que Allah tenga misericordia de él) dijo: «Nadie juega al ajedrez excepto un pecador». Al Imam Ishaq ibn Rahwayh le preguntaron si consideraba censurable jugar al ajedrez. Respondió: «El ajedrez es completamente censurable». Le dijeron: «Los soldados de las fortalezas juegan al ajedrez como preparación para la guerra». Respondió: «Eso es un acto pecaminoso». Muhammad ibn Ka‘b al-Qurazi, al responder a una pregunta sobre el ajedrez, dijo: «El menor perjuicio de jugar al ajedrez es que el jugador de ajedrez será reunido el Día de la Resurrección con quienes siguen la falsedad».
Hazrat Ibn Umar (que Allah esté complacido con él) consideraba el ajedrez peor que los dados, mientras que el Imam Malik (que Allah tenga misericordia de él) lo consideraba equivalente a los dados; ambos declararon haram los dos juegos. El Imam Malik añadió: «He oído que Hazrat Ibn Abbas estaba encargado de administrar los bienes de un huérfano. Al encontrar en ellos utensilios para jugar al ajedrez, los quemó. Si jugar al ajedrez hubiera sido lícito, no habría podido destruir de ese modo los bienes del huérfano. Pudo hacerlo porque era haram, del mismo modo que es obligatorio derramar el vino que se encuentre entre los bienes de un huérfano». Según Ibrahim An-Najai (que Allah tenga misericordia de él), el ajedrez es un juego maldito. En un hadiz, el Mensajero (la paz y las bendiciones sean con él) dijo: «Allah dirige cada día 360 veces una mirada de misericordia hacia Su creación. Quien juega al ajedrez no recibe ni una sola de esas miradas». Hazrat Abu Huraira narró que el Mensajero (la paz y las bendiciones sean con él) dijo: «Cuando paséis junto a personas absortas en el ajedrez, los dados u otros juegos que provocan ociosidad, no las saludéis con el salam. Pues cuando están enfrascadas en el juego, Satanás se reúne entre ellas con sus seguidores. Cada vez que alguien abandona el juego y se marcha, Satanás aparta de él la mirada, porque Satanás y sus seguidores lo odian. Cuando los jugadores de ajedrez se dispersan y se marchan al terminar la partida, se van como perros con el vientre lleno tras haber comido carroña de animales muertos». En otro hadiz, el Mensajero (la paz y las bendiciones sean con él) dijo: «Los jugadores de ajedrez sufrirán un castigo severo el Día de la Resurrección».
22. Difamación contra las mujeres castas
Allah, el Altísimo, dice: «A quienes difaman a las mujeres creyentes, castas e ingenuas, les espera la maldición en este mundo y en el Más Allá, y tendrán un castigo terrible el día en que sus lenguas, sus manos y sus pies atestigüen contra ellos por lo que hicieron». (Sura an-Nur) «A quienes difamen a las mujeres castas y luego no presenten cuatro testigos, azotadlos con ochenta latigazos y no aceptéis jamás su testimonio. Ellos son los transgresores». (Sura an-Nur)
En estos versículos, Allah, el Altísimo, ha dejado claro que quien acuse a una mujer casta de adulterio y de cometer actos obscenos será maldecido en este mundo y en el Más Allá, y que le está reservado un castigo severo. Su castigo en este mundo consiste en recibir ochenta latigazos (con un instrumento de castigo especialmente preparado), y su testimonio jamás será aceptado, aunque diga la verdad. En Sahih al-Bujari y Sahih Muslim se narra que el Mensajero (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) ordenó abstenerse de los siete pecados mayores, y uno de ellos es difamar por adulterio a las mujeres musulmanas castas e ingenuas. Hay diversas formas de difamación, como dirigirse a una mujer musulmana inocente diciendo: «¡Oh, adúltera! ¡Oh, prostituta! ¡Oh, impúdica!»; dirigirse a su esposo diciendo: «¡Oh, esposo de una adúltera o de una prostituta!»; o decirle a su hijo: «¡Oh, hijo de una unión ilícita! ¡Oh, hijo de una prostituta o de una adúltera!», y expresiones semejantes. Cabe señalar que, si se acusa de adulterio sin pruebas, ya sea a una mujer o a un hombre, con cualquier tipo de expresión, y tanto si la persona acusada es libre como si es esclava, quien formule la acusación recibirá ochenta latigazos a petición de la persona perjudicada.
(El tema de las acusaciones relacionadas con otros actos pecaminosos distintos del adulterio se expondrá más adelante por separado, pues, aunque constituyen pecados mayores, no tienen establecido un castigo específico en este mundo. El traductor.)
Es lamentable que, por lo general, musulmanes ignorantes difundan este tipo de palabras obscenas y, por ello, sean maldecidos y sufran castigo en este mundo y en el Más Allá. Por eso, el Mensajero (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) ordenó a las personas controlar sus lenguas. En un hadiz narrado por Sahih al-Bujari y Sahih Muslim, el Mensajero (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: «Hay personas que, por decir ciertas cosas sin testimonio ni prueba, son arrojadas a una profundidad del Infierno mayor que la distancia entre el lugar donde se pone el sol y el lugar donde sale». Al oír esto, Muadh ibn Yabal dijo: «¡Oh, Mensajero de Allah! ¿También seremos castigados por nuestras palabras?». El Mensajero (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) respondió: «¡Oh, Muadh! ¿Acaso hay algo que arroje a una persona de bruces al Infierno, aparte de los pecados cometidos por su lengua?». El Mensajero (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) también dijo: «Quien crea en Allah y en el Más Allá, que hable bien o que guarde silencio». Asimismo, en este versículo del Sagrado Corán se expresa una severa advertencia respecto de la lengua: «No pronuncia palabra alguna sin que haya junto a él un vigilante preparado para registrarla». (Sura Qaf) Uqba ibn Amir (que Allah esté complacido con él) preguntó al Mensajero (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él): «¡Oh, Mensajero de Allah! ¿Cómo se alcanza la salvación?». Él respondió: «Controla tu lengua; que la amplitud de tu casa te sea suficiente (es decir, no codicies las tierras ajenas); llora por tus pecados y recuerda que las personas de corazón cruel son las más alejadas de Allah». (Abu Dawud y at-Tirmidhi)
El Mensajero (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) también dijo: «La persona más detestada por Allah es la que pronuncia palabras obscenas». (At-Tirmidhi) Este hadiz permite comprender fácilmente cuánto más detestadas son las personas que se entregan a actos obscenos. También dijo: «Quien me garantice preservar el órgano que está entre sus dos mandíbulas (la lengua, los dientes y la garganta) y el órgano que está entre sus dos muslos (los genitales), yo le garantizaré el Paraíso». Cabe señalar que estas estrictas medidas legales contra la acusación pública de adulterio sin cuatro testigos presenciales se han establecido precisamente para proteger el honor de las personas virtuosas y castas, y para impedir la propagación de la obscenidad en la sociedad. El propósito de la sharía no es proteger a los verdaderos adúlteros —¡Dios nos libre!—. Para castigar a los verdaderos culpables, la acusación debe presentarse ante un tribunal conforme al procedimiento establecido.
23. Malversación de los bienes del Estado
También se incluye la malversación directa del tesoro público y de los fondos del zakat. Allah, el Altísimo, dice: «Ciertamente, Allah no ama a los traidores». (Sura at-Tawba) «No es propio de ningún profeta malversar los bienes del Estado. Quien malverse comparecerá el Día de la Resurrección llevando consigo aquello que malversó». (Al Imrán)
Hazrat Abu Huraira (que Allah esté complacido con él) narró que un día el Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) pronunció un sermón. En él mencionó con gran énfasis la malversación de los bienes públicos. Luego dijo: «No quiero ver el Día de la Resurrección a ninguno de vosotros en una situación en la que lleve sobre el cuello un camello que esté bramando. Entonces esa persona me dirá: “¡Oh, Mensajero de Allah, sálvame!”. Yo le responderé: “No puedo ayudarte en absoluto; ya te había transmitido la ley de Allah”. No quiero ver el Día de la Resurrección a ninguno de vosotros en una situación en la que lleve sobre el cuello un caballo que relinche en voz alta. Esa persona me dirá: “¡Oh, Mensajero! ¡Sálvame!”. Yo responderé: “No puedo ayudarte en absoluto; ya te había transmitido la ley de Allah”. No quiero veros a ninguno el Día de la Resurrección en una situación en la que llevéis sobre el cuello una cabra que esté balando en voz alta. Esa persona me dirá: “¡Oh, Mensajero! ¡Sálvame!”. Yo responderé: “No puedo ayudarte en absoluto. Ya te había transmitido la ley de Allah”. No quiero veros a ninguno en una situación en la que llevéis sobre el cuello un animal que grite. Esa persona me dirá: “¡Oh, Mensajero! ¡Sálvame!”. Yo responderé: “No puedo ayudarte en absoluto. Ya te había transmitido la ley de Allah”. No quiero veros a ninguno el Día de la Resurrección en una situación en la que llevéis sobre el cuello un montón de ropa y me digáis: “¡Oh, Mensajero! ¡Sálvame!”. Pero yo responderé: “No puedo ayudarte. Ya te había transmitido la ley de Allah”. No quiero veros a ninguno el Día de la Resurrección en una situación en la que llevéis sobre el cuello objetos inanimados (oro y plata) y digáis: “¡Oh, Mensajero! ¡Protégeme!”. Pero yo responderé: “No puedo ayudarte. Ya te había transmitido la ley de Allah”». (Sahih Muslim)
En verdad, quien tome algo de estos bienes después de que hayan llegado como botín de guerra (bienes del tesoro público), antes de su distribución oficial, o de la Casa del Tesoro, o de los bienes recaudados como zakat, sin el permiso del funcionario o responsable correspondiente, cargará con ello sobre su cuello el Día de la Resurrección. En el Sagrado Corán se ha indicado esto con las palabras: «Quien malverse algo vendrá con aquello que haya malversado».
El Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: «Si alguien tiene aunque sea una aguja o un hilo de los bienes recaudados en nombre del gobierno, que lo entregue. Absteneos de malversar, pues quien malversa sufrirá una terrible humillación y deshonra el Día de la Resurrección». En cierta ocasión, un compañero llamado Ibn al-Latbiyya fue designado para recaudar el zakat y las limosnas. Tras recaudar algunos bienes de caridad, se presentó ante el Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él). Señalando algunos objetos, dijo: «Esto es para vosotros». Y señalando otros, dijo: «Esto me fue dado como regalo». Al oírlo, el Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) subió al púlpito de la mezquita y, después de alabar a Allah, pronunció el siguiente sermón: «¡Por Allah! Que ninguno de vosotros tome algo sin derecho. De lo contrario, el Día de la Resurrección se presentará cargando aquello. A quien se presente ese día ante Allah llevando sobre su cuello un camello, una vaca o una cabra que grite, no lo reconoceré». Luego levantó las manos y dijo: «¡Oh, Allah! ¿He transmitido Tu mandato?». (En otra narración se relata que el Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo al recaudador: «Si no hubieras ido como recaudador del gobierno y te hubieras quedado en casa, ¿acaso alguien te habría dado regalos?». (Sahih al-Bujari y Sahih Muslim)
Hazrat Abu Huraira (que Allah esté complacido con él) dijo: «Fuimos con el Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) a Jaibar (que después fue conquistada por nosotros). Allí no encontramos oro ni plata entre los bienes obtenidos como botín de guerra; solo encontramos alimentos y ropa. Después nos dirigimos a Wadi al-Qura. Con el Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) había un sirviente que le había sido entregado por un hombre de la tribu de Banu Yudham. (Era conocido como Rifa‘a ibn Zayd, de la tribu de Banu Yuzayb). Cuando hicimos una parada en el valle, el sirviente del Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) se encontraba entre los camellos de la caravana. En ese momento murió al ser alcanzado por una flecha lanzada desde algún lugar. Dijimos: “¡Oh, Mensajero de Allah! ¡Qué afortunado es este hombre, pues ha muerto como mártir!”. El Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: “¡De ningún modo! Juro por Aquel en cuya mano está mi vida que tomó una manta de los bienes del botín, aunque no le había sido distribuida oficialmente. Esa manta arderá como fuego sobre su cuerpo”». Al oír esto, los compañeros quedaron aterrorizados, y quienes tenían una o dos correas de sandalia las llevaron y las entregaron, diciendo: «Las encontré el día de la batalla de Jaibar». El Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: «Una o dos correas de sandalia pertenecen al fuego». (Malik, Ahmad, Abu Dawud, al-Nasa’i, Ibn Maya, al-Bujari y Muslim)
Hazrat Abdullah ibn Umar (que Allah esté complacido con él) narró que, en cierta ocasión, durante un viaje, se encargó a un hombre llamado Kirkira la custodia de los bienes del Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él). Cuando murió, el Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: «Él pertenece al Infierno». Cuando la gente fue a verlo, descubrió que había malversado una capa. Hazrat Zayd ibn Jalid al-Yuhani (que Allah esté complacido con él) dijo que, durante la batalla de Jaibar, un hombre malversó un objeto. Cuando murió, el Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) no realizó la oración fúnebre por él. Dijo: «Este compañero vuestro malversó bienes destinados al camino de Allah». Registramos sus pertenencias y encontramos una prenda de seda valorada en dos dírhams, que había sido obtenida de los judíos durante la batalla. El imán Ahmad dijo: «No sé que el Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) se abstuviera de realizar la oración fúnebre por alguien, salvo por quien malversaba y por quien se suicidaba». El Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) también dijo: «Los regalos recibidos por los funcionarios pertenecen a la categoría de la malversación». (Sahih Muslim)
El Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) también dijo: «Así como Allah no acepta la oración sin pureza, tampoco acepta la limosna hecha con bienes malversados». (Sahih Muslim)
Existen muchos otros hadices acerca de la malversación. Algunos de ellos se expondrán en el capítulo relativo a la injusticia. La injusticia se divide en tres categorías, a saber:
Primera: apoderarse injustamente de los bienes de alguien. Segunda: cometer injusticia contra alguien matándolo, golpeándolo o hiriéndolo. Tercera: atentar contra el honor de alguien mediante insultos, maldiciones, murmuraciones y falsas acusaciones. En el sermón de la Peregrinación de Despedida, el Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) declaró prohibidos todos estos actos y dijo: «¡Sabed que vuestra sangre, vuestros bienes y vuestro honor son sagrados para vosotros, así como son sagrados este día, este mes y esta ciudad!». (Sahih al-Bujari y Sahih Muslim)
24. Robar
Allah Todopoderoso dice: «Al ladrón y a la ladrona, sean hombre o mujer, cortadles las manos como retribución por lo que han cometido y como castigo proveniente de Allah. Allah es Poderoso y Sabio». (Sura al-Maida)
Al explicar esta aleya, Ibn Shihab dijo: Allah estableció el castigo de cortar la mano por el delito de apoderarse de los bienes de las personas. Él es Poderoso para castigar al ladrón y Sabio al hacer obligatorio el corte de la mano.
El Mensajero (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: «Ningún ladrón roba mientras es creyente. Sin embargo, si se arrepiente, su fe se restablece». (Abu Dawud, Tirmidhi)
Ibn Umar (que Allah esté complacido con él) narró que el Mensajero (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) cortó la mano en un caso de robo de un objeto valorado en tres dirhams. (Sahih al-Bujari, Sahih Muslim) Aisha (que Allah esté complacido con ella) dijo: el Mensajero (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) cortaba la mano por el robo de un cuarto de dinar o más. (Sahih al-Bujari, Sahih Muslim) En varios hadices se ha narrado que no se corta la mano por robar menos de un cuarto de dinar o tres dirhams. En aquella época, un dinar equivalía a doce dirhams. Sin embargo, cualquiera que sea la cantidad robada y tanto si el robo merece como si no el castigo de cortar la mano, en todos los casos constituye un pecado grave y un delito abominable.
En un hadiz narrado por Sahih al-Bujari y Sahih Muslim, Aisha (que Allah esté complacido con ella) dijo que una mujer de la tribu de Banu Majzum tomaba prestados diversos objetos y después lo negaba. El Mensajero (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) ordenó que le cortaran la mano. Los familiares de la mujer acudieron a Usama, hijo de Zayd, el hijo adoptivo del Mensajero (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él), y le pidieron que intercediera para que la mujer fuera eximida. Cuando Usama intercedió, el Mensajero (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: «¡Oh, Usama! No quiero verte interceder respecto a un castigo prescrito por Allah Todopoderoso». Después se puso de pie y pronunció un discurso dirigiéndose a la gente reunida: «Lo único que hizo perecer a las naciones anteriores a vosotros fue que, cuando una persona noble de entre ellos robaba, la dejaban libre; pero cuando robaba una persona débil, le cortaban la mano. ¡Por Allah! Aunque Fátima, la hija de Muhammad (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él), robara, le cortaría la mano». Después le cortaron la mano a aquella mujer de Banu Majzum.
En un hadiz narrado por Tirmidhi, Abu Dawud, Nasa’i e Ibn Majah, Abd al-Rahman ibn Jarir dijo: preguntamos a Fudala ibn Ubayd si colgar la mano amputada del ladrón de su hombro después de cortársela era una sunna del Mensajero (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él). Él respondió: «Sí, el Mensajero (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) colgó la mano amputada del hombro del ladrón».
Los eruditos dicen: el arrepentimiento del ladrón no le reportará ningún beneficio si no devuelve lo robado a su propietario. Sin embargo, si es pobre, puede pedirle perdón al propietario.
25. Cometer bandolerismo
Allah dice: «El único castigo para quienes hacen la guerra contra Allah y Su Mensajero y siembran la corrupción en la tierra es que sean ejecutados, crucificados, que se les corten las manos y los pies de lados opuestos, o que sean expulsados del país. Esa será su humillación en este mundo; y en el Más Allá les espera un castigo terrible». (Sura Al-Ma’idah)
El imán Wahidi dice, al explicar el versículo mencionado: «Hacer la guerra contra Allah y Su Mensajero» significa oponerse a Allah y al Mensajero y desobedecer sus órdenes y prohibiciones. Quien desobedece, en realidad, participa en la guerra y la rebelión. «Sembrar la corrupción en la tierra» significa propagar la corrupción mediante el asesinato y la apropiación de bienes. Quien toma las armas contra los creyentes es considerado un rebelde que ha declarado la guerra contra Allah y Su Mensajero. El imán Malik, el imán Shafi’i y el imán Awza’i sostenían esta opinión. El uso reiterado de la palabra «o» indica que el gobierno islámico tiene libertad para aplicar cualquiera de estas medidas. Es decir, si lo desea, puede ejecutarlo; si lo desea, puede crucificarlo; y si lo desea, puede expulsarlo. Esta era la opinión de Ibn Abbas, Hasan, Sa’id ibn al-Musayyab y Mujahid. Según el imán Atiya, esto no indica libertad de elección, sino la aplicación del castigo según la gravedad del delito. Al bandido que cometa tanto asesinato como robo de bienes se le ejecutará y luego se le crucificará. Al bandido que robe bienes pero no mate a nadie se le cortarán únicamente la mano y el pie de lados opuestos. Al bandido que solo derrame sangre y no robe bienes se le ejecutará. Y a quien no mate ni robe bienes, pero siembre el terror con armas o de cualquier otro modo, se le expulsará del país. Esta es la opinión de la escuela Shafi’i. El imán Shafi’i añade que cada persona será castigada de acuerdo con la gravedad de su delito. A quien merezca tanto la ejecución como la crucifixión se le ejecutará primero o se le crucificará y bajará tres veces, para hacer patente la extrema ignominia de su castigo. A quien solo merezca la pena de muerte se le ejecutará y su cadáver se entregará a sus familiares. Y a quien solo merezca la amputación se le cortará primero la mano derecha. Si vuelve a robar o a cometer bandolerismo, se le cortará el pie izquierdo. Si vuelve a cometer el delito, se le cortará la mano izquierda. Esto se debe a que, en el hadiz transmitido por Abu Dawud y Nasa’i, el Mensajero dijo: «Si roba por primera vez, cortadle la mano; si roba por segunda vez, cortadle el pie; si vuelve a robar, cortadle la mano; y si vuelve a robar, cortadle el pie».
» Durante los califatos de Abu Bakr y Umar se actuaba conforme a este hadiz, y ninguno de los compañeros se opuso a ello.
Al explicar la expresión del versículo «o que sean expulsados del país», Ibn Abbas dice: respecto de aquel a quien no sea posible capturar, el gobierno anunciará que quien logre aprehenderlo deberá matarlo. En cuanto al que sea capturado, deberá ser arrestado y encarcelado. Así se le impedirá recorrer el país cometiendo delitos, y eso es lo que significa su expulsión.
En realidad, incluso amenazar únicamente con matar y sembrar el terror es un pecado grave. Si además alguien roba bienes y causa heridas o mata, entonces comete a la vez varios pecados graves. Además, este tipo de delincuentes suele estar implicado también en otros pecados graves, como beber alcohol, la fornicación, la homosexualidad y abandonar la oración.
26. Prestar falso juramento y jurar por alguien distinto de Allah
Allah dice: «Ciertamente, quienes obtienen un beneficio insignificante a cambio de sus promesas y juramentos en nombre de Allah no tendrán parte alguna en el Más Allá. Allah no les hablará, no los mirará ni los purificará, y tendrán un castigo doloroso». (Al Imran)
El imán Wahdí dijo: Una vez, dos personas comenzaron a presentar reclamaciones opuestas sobre la propiedad de un terreno y ambas acudieron al Mensajero (s. a. s.) para que resolviera su disputa. Cuando el demandado se dispuso a jurar en apoyo de su reclamación, fue entonces cuando se reveló esta aleya. Por ello, se abstuvo de jurar y reconoció la propiedad del terreno al demandante.
En un hadiz, el Mensajero (s. a. s.) dijo: «Quien jura para apoderarse de los bienes de otra persona, aun sabiendo que no tiene derecho a ellos, encontrará a Allah enojado con él cuando se reúna con Él». Ashyas dijo: «La aleya mencionada fue revelada acerca de mí. Yo tenía una disputa con un judío por un terreno».
Lo llevé ante el Mensajero (s. a. s.). Él me preguntó: «¿Tienes algún testigo o prueba?». Respondí: «No». Entonces el Mensajero (s. a. s.) le dijo al mencionado judío: «Jura que ese terreno es tuyo». Yo dije: «¡Oh, Mensajero! Si le das al judío la oportunidad de jurar, jurará y se apoderará de mi terreno». En ese momento fue revelada esta aleya. La «ganancia insignificante» mencionada en la aleya se refiere a los intereses mundanos, por los cuales la gente suele prestar falsos juramentos.
A este respecto, cabe señalar que, según la ley islámica, cuando el demandante no puede presentar ante el tribunal testigos y pruebas adecuados, el demandado tiene la oportunidad de prestar juramento, y el tribunal resuelve la disputa basándose en dicho juramento. Por tanto, en tales casos el juramento es un medio sumamente eficaz.
Se ha transmitido de Abd Allah ibn Mas‘ud (que Allah esté complacido con él) que el Mensajero (s. a. s.) dijo:
«Quien jura reclamando una propiedad, aun sabiendo que no le corresponde, se encontrará con Allah mientras Él esté enojado con él». Después, el Mensajero (s. a. s.) recitó esta aleya: «Quienes hacen un pacto con Allah y juran a cambio de una ganancia insignificante…».
Abu Umama (que Allah esté complacido con él) dijo: «Estábamos sentados junto al Mensajero (s. a. s.).
El Mensajero (s. a. s.) dijo: “Quien, mediante su juramento, se apodera de los bienes de un musulmán, se asegura el Infierno y se prohíbe el Paraíso”. Un hombre preguntó: “¡Oh, Mensajero! ¿Incluso si se trata de algo muy insignificante?”. Él respondió: “Incluso si fuera la rama de un árbol”». (Sahih Muslim, Nasai e Ibn Mayah.)
En un hadiz transmitido de Abu Dharr por Sahih Muslim, Abu Dawud, Tirmidhi, Nasai e Ibn Mayah, el Mensajero (s. a. s.) dijo: «El Día del Juicio, Allah no hablará con tres personas, no las purificará y tendrán reservado un castigo severo». Repitió estas palabras tres veces. Abu Dharr dijo: «¡Son personas completamente arruinadas y desdichadas!».
«¡Oh, Mensajero! ¿Quiénes son?». El Mensajero (s. a. s.) respondió: «El que lleva una prenda hasta los tobillos, el que reprocha a quien ha recibido de él una caridad o un favor, y el que vende sus mercancías mediante un falso juramento». Es decir, jura falsamente que la mercancía tiene un precio de compra más alto o que es un producto extranjero, para poder venderla a un precio elevado, mientras oculta sus defectos mediante un falso juramento.
En otro hadiz transmitido por Sahih al-Bujari, el Mensajero (s. a. s.) dijo: «Los pecados mayores son asociar copartícipes con Allah, desobedecer a los padres, suicidarse y prestar un falso juramento». El falso juramento prestado deliberadamente se denomina en la terminología de la sharía «yamín gamús», es decir, el juramento sumergente, porque sumerge a la persona en el pecado. Según algunos, recibe este nombre porque sumerge a la persona en el fuego.
Jurar por alguien distinto de Allah también forma parte de los pecados mayores: jurar por el Profeta, por la Kaaba, por los ángeles, por el cielo, por el agua, por la vida, por un depósito confiado, por el alma, por la cabeza, por la tumba de determinada persona, etc.
En un hadiz transmitido por el Muwatta del imán Malik, Sahih al-Bujari, Sahih Muslim, Sunan de Abu Dawud, Yami‘ de Tirmidhi, Sunan de Nasai y Sunan de Ibn Mayah, el Mensajero (s. a. s.) dijo: «Allah os ha prohibido jurar por vuestros antepasados. Si vais a jurar, jurad por Allah; de lo contrario, guardad silencio».
En un hadiz narrado en Sahih Muslim, el Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: «No juréis por los ídolos ni por vuestros padres y antepasados». Decir: «Si lo que digo no es verdad, no soy hijo de fulano», entra en la categoría de jurar por los padres y antepasados. En un hadiz narrado por Abu Dawud, Ibn Mayah y al-Hakim, el Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: «Quien jure diciendo: “Si lo que digo no es verdad, no soy musulmán”, si es mentiroso, se cumplirá lo que ha dicho —quedará privado de la fe—; y aunque sea veraz, no podrá permanecer completamente a salvo en el camino del islam». En un hadiz narrado en Sahih al-Bujari y Sahih Muslim, el Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: «Si alguien, por costumbre, jura accidentalmente por alguien distinto de Allah, debe decir inmediatamente: “La ilaha illa Allah”».
27. Cometer zulm u opresión
La opresión puede cometerse de muchas maneras. Entre sus formas más comunes están apoderarse de los bienes de las personas, arrebatar por la fuerza los bienes ajenos, golpear a la gente, insultarla, atacar a alguien sin provocación, perjudicar sus intereses económicos, su integridad física o su honor, y ejercer crueldad contra los débiles, entre otras cosas.
En la sura Ibrahim, Allah dice: «No penséis jamás que Allah está distraído de lo que hacen los opresores. Allah solamente les concede un plazo hasta un día determinado: aquel día en que los ojos quedarán desorbitados; correrán apresuradamente con la cabeza levantada, sin que sus miradas puedan volver a ellos, y sus corazones quedarán vacíos. Advierte a la gente sobre el día en que les llegará el castigo. Ese día, los opresores dirán: “¡Señor nuestro! Concédenos un breve plazo; responderemos a Tu llamada y seguiremos a los Mensajeros”. ¿Acaso no jurabais anteriormente que no sufriríais ningún declive? Habéis habitado en las moradas de quienes se perjudicaron a sí mismos, y os ha quedado claro cómo traté a aquellos opresores. Además, os expuse numerosos ejemplos».
Allah dice en la sura ash-Shura: «Solo se puede actuar contra quienes oprimen a la gente». En el último versículo de la sura ash-Shu‘ara, Allah dice: «Los opresores pronto sabrán cuál será el destino de su opresión».
El Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: «Allah concede al opresor un largo plazo. Pero cuando finalmente lo apresa, ya no lo deja escapar». Luego recitó este versículo: «Así es el castigo de tu Señor cuando apresa a las ciudades mientras son injustas. Su castigo es ciertamente doloroso e inexorable». (Sahih al-Bujari, Sahih Muslim y Yami‘ at-Tirmidhi).
El Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) también dijo: «Si alguien ha perjudicado el honor de su hermano o le ha causado algún daño, debe hoy mismo pedirle que lo perdone —es decir, debe pedirle disculpas—, antes de que llegue aquel día terrible en el que no habrá compensación mediante dinero. En ese momento, si posee buenas obras, se entregarán a la persona oprimida en proporción a su opresión; y si no tiene malas obras, se cargarán sobre él las malas obras de la persona oprimida». (Sahih al-Bujari y Yami‘ at-Tirmidhi).
En un hadiz qudsi, el Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo que Allah ha dicho: «¡Oh, Mis siervos! He prohibido la opresión para Mí mismo y también la he prohibido entre vosotros. Así pues, no os oprimáis unos a otros». (Sahih Muslim y Yami‘ at-Tirmidhi).
En otro hadiz se narra: «El Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) preguntó a sus compañeros: “¿Sabéis quién es el arruinado?”. Ellos respondieron: “El arruinado entre nosotros es quien no tiene dinero ni bienes”. El Mensajero dijo: “El arruinado de mi comunidad es aquel que llegará el Día de la Resurrección con abundantes oraciones, zakat, ayunos y peregrinación, pero llegará después de haber insultado a alguien, haber usurpado los bienes de otro, haber mancillado el honor de alguien, haber golpeado a alguien y haber derramado la sangre de otra persona. Entonces sus buenas obras se distribuirán entre ellos. Cuando sus buenas obras se hayan agotado antes de compensar a las personas oprimidas, se cargarán sobre él, una tras otra, las faltas de estas, y será arrojado al Infierno»». (Sahih al-Bujari y otras colecciones de hadices auténticos).
En otro hadiz narrado en Sahih al-Bujari y Sahih Muslim se dice: «Quien se apodere injustamente de un palmo de tierra ajena, el Día de la Resurrección llevará sobre su cuello siete tierras». En un hadiz qudsi, Allah dice: «Me enfurezco enormemente contra quien oprime a alguien que no tiene más auxiliador que Yo».
Un poeta árabe dijo:
«No cometas opresión solo porque tengas poder; el resultado de la opresión no es más que el arrepentimiento. Después de oprimir, tú duermes plácidamente, pero la persona oprimida no puede dormir. Pasa toda la noche suplicando contra ti, y Allah escucha sus súplicas, pues Él tampoco duerme».
Un sabio dijo: «No oprimáis a los débiles, pues un día se convertirán en un grupo poderoso y sumamente perjudicial».
Se relata en la Torá que «un pregonero anunciará desde el lado del Puente del Sirat el Día de la Resurrección: “¡Oh, arrogantes y crueles opresores! Allah ha jurado por Su majestad y poder que hoy ningún opresor podrá cruzar este puente y entrar en el Paraíso”».
Hazrat Yabir (r. a.) relata: «El año de la conquista de La Meca, cuando los emigrantes que habían emigrado a Abisinia regresaron ante el Mensajero (s. a. w.), este les dijo: “¿Me contaréis alguna experiencia extraordinaria que hayáis vivido mientras estabais en Abisinia?”. Entonces algunos jóvenes de entre los emigrantes dijeron: “Sí, oh Mensajero de Allah. Un día estábamos sentados allí cuando vimos pasar junto a nosotros a una anciana que llevaba un cántaro de agua sobre la cabeza. De repente, llegó un joven, le puso la mano en el cuello y la empujó con fuerza. La anciana cayó y su cántaro de agua también cayó y se rompió. La anciana se levantó, miró al joven y dijo: ‘¡Oh, traidor! El día en que Allah establezca el Trono, el día en que reúna a todos los seres humanos, los primeros y los últimos, y el día en que las manos y los pies de las personas testifiquen sobre sus actos, verás cuál será tu destino ante Allah y cuál será mi situación’”. Al oír esto, el Mensajero (s. a. w.) dijo: “La anciana tiene razón. ¿Cómo honrará Allah a una nación que no controla a sus poderosos en beneficio de sus débiles?”» (Ibn Maya, Ibn Hibban y Bayhaqi).
El Mensajero (s. a. w.) dijo: «La ira de Allah recaerá inevitablemente sobre cinco personas. Si Él quiere, hará que recaiga sobre ellos en este mundo; de lo contrario, lo hará en el Más Allá:
(1) El gobernante de una nación que recauda de sus súbditos lo que corresponde al Estado, pero no los trata con justicia ni equidad y no los protege de la opresión.
(2) El jefe de un grupo, el líder de una tribu o el dirigente de una nación a quien todos obedecen y cuyas órdenes todos acatan, pero que no trata por igual a los fuertes y a los débiles y habla según sus propios caprichos.
(3) La persona que no ordena a su familia y a sus hijos que obedezcan a Allah ni les enseña las normas del Islam.
(4) La persona que, después de exigir plenamente a su empleado el trabajo que le ha encomendado, no le entrega íntegramente la remuneración que le corresponde.
(5) La persona que priva a su esposa de su dote y la oprime».
Hazrat Abdullah ibn Salam dijo: «Cuando Allah creó por primera vez a todas Sus criaturas, estas le preguntaron: “Oh, nuestro Señor, ¿con quién permaneces?”. Allah respondió: “Con el oprimido, hasta que se le devuelva lo que le corresponde”».
Hazrat Wahb ibn Munabbih dijo: «Un rey poderoso había construido un palacio. Un día, una anciana mendiga llegó, construyó una choza junto al palacio y comenzó a vivir allí. Más tarde, un día, mientras el rey subía al tejado del palacio y contemplaba los alrededores, vio la choza y preguntó: “¿De quién es esa choza?”. La gente respondió: “De una anciana pobre. Vive allí”. Inmediatamente, el rey ordenó derribar la choza. En ese momento, la anciana había salido a mendigar. Poco después regresó y vio su choza destruida. Preguntó a la gente de los alrededores: “¿Quién ha derribado mi choza?”. Le informaron que había sido el rey. La anciana levantó la cabeza hacia el cielo y dijo: “¡Oh, Allah! Cuando yo no estaba en mi choza, ¿dónde estabas Tú? ¿Acaso no pudiste protegerla?”. Entonces Allah ordenó a Yibril que destruyera aquel palacio, y este fue destruido inmediatamente».
Se cuenta que, después de caer del poder, cuando el rey Khalid ibn Barmak y su hijo fueron encarcelados, el hijo dijo: «Padre, después de haber ocupado una posición de tanto honor y dignidad, ¿por qué estamos ahora en prisión?». Khalid respondió: «Sí, hijo mío. La noche en que dormimos satisfechos después de oprimir a nuestros súbditos, Allah estaba despierto y aceptó las súplicas de los oprimidos». Yazid ibn Hakim solía decir: «Yo había oprimido a un hombre. Sabía que, aparte de Allah, no tenía ningún otro auxiliador en este mundo. Pero cuando dijo: “Allah es suficiente para mí; Allah juzgará entre tú y yo”, le tuve tanto miedo que nunca en mi vida había temido tanto a nadie».
En cierta ocasión, el califa Harun al-Rashid encarceló al poeta Abu al-Atahiya. En la carta que el poeta le escribió desde allí figuraban estas líneas: «¡Por Allah! Debes saber que la opresión misma trae una terrible desgracia sobre el propio opresor. El opresor siempre es malvado. ¡Oh, opresor! Cuando nos reunamos el Día de la Resurrección, sabrás quién es verdaderamente digno de reproche».
En un hadiz narrado en el Sharif de Tabarani se relata: «Cuando el opresor llegue al Puente Sirat el Día de la Resurrección, todos aquellos a quienes haya oprimido —es decir, a quienes haya privado de sus derechos y perjudicado— acudirán y, como compensación, le arrebatarán sus buenas obras. Después de quitarle todas sus buenas obras, se cargarán sobre sus hombros montones de pecados de los oprimidos. Así, el opresor será arrojado al nivel más bajo del Infierno».
En un hadiz narrado en el Musnad de Ahmad, el Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: «El Día de la Resurrección, los siervos de Allah se reunirán en la llanura descalzos y desnudos. Entonces resonará una voz solemne que todos, tanto los cercanos como los lejanos, podrán oír. Se dirá: “Yo soy el Rey de reyes, quien satisface las necesidades de todos. Ningún habitante del Paraíso podrá entrar en él, ni ningún habitante del Infierno podrá entrar en él, hasta que haya tomado venganza por la injusticia que haya cometido, aunque haya sido solamente una bofetada o una patada. Tu Señor no es injusto con nadie”. Nosotros preguntamos: “¡Oh, Mensajero! ¿Cómo será posible eso, si todos estaremos descalzos y desnudos?”. El Mensajero (la paz sea con él) respondió: “La retribución se realizará mediante el intercambio de las buenas y malas obras de cada persona. Vuestro Señor no es injusto”». En otro hadiz, el Mensajero (la paz sea con él) dijo: «El Día de la Resurrección se exigirá reparación incluso por un golpe de bastón».
Se cuenta que un emperador persa contrató un maestro para su hijo. Cuando el muchacho ya había crecido bastante, un día el maestro lo llamó y lo castigó severamente, sin causa ni falta alguna. El muchacho quedó resentido y lleno de ira contra su maestro. Poco después murió el rey y aquel muchacho ascendió al trono. Entonces convocó al maestro a la corte y le preguntó: “¿Por qué me castigó usted aquel día sin motivo?”. El maestro respondió: “Oh, emperador, escúcheme. Cuando vi que usted había crecido y que pronto ascendería al trono, decidí hacerle experimentar el dolor que produce ser golpeado y oprimido sin causa, para que no oprimiera a nadie”. Al oír esto, el emperador le dio las gracias y dijo: “Que Allah le conceda la mejor recompensa”. Después despidió a su antiguo maestro con abundantes regalos».
La opresión del huérfano y la opresión del gobernante sobre sus súbditos ya se han tratado por separado. Aquí se aborda la opresión que, en todos los niveles, el fuerte ejerce sobre el débil. Es decir, destruir el derecho o la prerrogativa de cualquier siervo constituye opresión. En este contexto, cabe señalar que también es una forma de opresión que una persona rica o capaz retrase injustificadamente y ponga excusas para entregar al acreedor pobre el salario que le corresponde o cualquier otra cosa que se le deba. Por eso, en un hadiz se ordena pagar al trabajador su salario antes de que se seque el sudor de su cuerpo. El Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: «La demora del rico también forma parte de la opresión».
En un hadiz narrado en el Musnad de Ahmad y en Tirmidhi, el Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: «La súplica del oprimido asciende por encima de las nubes, y entonces Allah dice: “Juro por Mi dignidad y Mi poder que ciertamente te ayudaré, aunque sea después de un tiempo”». Que el esposo no entregue a su esposa la dote y la manutención que le corresponden también es una forma de opresión. El Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: «El trato injusto del fuerte hacia el débil, mediante el cual perjudica sus bienes, sus recursos y su honor, y le causa sufrimiento, forma parte de la opresión».
En un hadiz narrado por el venerable Ibn Masud se dice: «El Día de la Resurrección, cada hombre y cada mujer será llevado sucesivamente de la mano ante toda la humanidad reunida en la llanura de la Resurrección, y se dirá: “Aquí está fulano, hijo o hija de fulano. Si alguien tiene algo que reclamarle, que venga a exigirlo”. En ese momento, las esposas privadas de sus derechos se alegrarán y reclamarán sus derechos a los padres, hermanos o esposos que se los hayan arrebatado. Entonces él recitó esta aleya: “Ese día no servirá ningún parentesco, ni se preguntarán unos a otros”. Ese día Allah perdonará, respecto de los derechos que le pertenecen, a quien quiera, pero no perdonará los derechos de las personas. Después, el hombre o la mujer que haya sido identificado permanecerá de pie en un lugar, y se dirá a los reclamantes: “Adelantaos para tomar vuestros derechos”. Allah, exaltado sea, dirá a los ángeles: “Dad a cada reclamante, de las buenas obras de esa persona, una cantidad proporcional a su derecho”. Si, después de entregar a todos los reclamantes lo que les corresponde, quedaran algunas buenas obras y esa persona fuera, considerando el conjunto de sus actos, alguien amado por Allah, sus obras restantes serán aumentadas de tal manera que pueda entrar en el Paraíso. Después será introducida en el Paraíso. Pero si, en conjunto, fuera una persona malvada y no le quedara ninguna buena obra, los ángeles dirán: “Oh Allah, todas sus buenas obras se han agotado, pero aún quedan muchos con derechos pendientes”. Entonces Allah dirá: “Cargad sobre él los pecados de quienes tienen derechos y hacedlo entrar en el Infierno”».
Quien oprima a un no musulmán sufrirá las mismas consecuencias tanto en este mundo como en el Más Allá. Del mismo modo que es opresión no dar a un musulmán lo que le corresponde, darle menos, engañarlo, defraudarlo, imponerle un trabajo que exceda su capacidad o tomar algo suyo sin que lo entregue voluntaria y gustosamente, todas estas acciones constituyen igualmente opresión cuando se trata de un no musulmán. El Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: «El Día de la Resurrección, yo mismo reclamaré ante el tribunal de Allah contra quien viole los derechos de un no musulmán o perjudique su vida o sus bienes».
En un hadiz narrado por Tabarani, el Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: «La primera disputa que será presentada para ser juzgada el Día de la Resurrección será la de un esposo y su esposa. La esposa no hablará, pero sus manos y sus pies testificarán sobre el trato que daba a su esposo; y las manos y los pies del esposo testificarán sobre el trato bueno o malo que daba a su esposa. Después se presentará el caso de los amos y los sirvientes, hombres y mujeres. Allí no se resolverá ninguna disputa con dinero; solamente se entregarán al oprimido las buenas obras del opresor. Después, todos los gobernantes opresores y poderosos serán presentados encadenados con cadenas de hierro y serán enviados al Infierno».
Se cuenta que el destacado tabií Tawus al-Yamani aconsejó en cierta ocasión a Hisham ibn Abd al-Malik, gobernante omeya: «Cuidado con el día del llamado a la oración». Hisham preguntó: «¿Qué día del llamado a la oración?». Tawus respondió: «Allah, exaltado sea, ha dicho: “Ese día alguien hará el llamado —es decir, proclamará—: ‘¡La maldición de Allah sea sobre los opresores!’”». Al oír esto, Hisham se desmayó. Tawus dijo: «Si esta es vuestra condición al escuchar la descripción de lo que ocurrirá el Día de la Resurrección, ¿cuál será vuestra condición cuando suceda realmente y lo veáis con vuestros propios ojos?»
Además de la opresión misma, el islam también ha prohibido estrictamente ayudar a los opresores y mantener una relación estrecha con ellos. Allah dice en la sura Hud: «No os inclinéis hacia los opresores, pues el fuego os tocará». El venerable Ibn Abbas dijo, al explicar esta aleya: significa que no debéis albergar hacia ellos un amor sincero y completo, hablarles con un lenguaje suave y humilde, ni mantener amistad con ellos. Suddi dijo: significa que no debéis reconciliaros con los opresores. Ikrimah dijo: significa que no debéis obedecerlos. Abu al-Aliya dijo: significa que no debéis aceptar de buen grado las acciones de los opresores.
En la sura as-Saffat, Allah dice: «Reunid a los injustos y a sus cómplices». Es decir, sus colaboradores y seguidores también sufrirán el mismo destino. En un hadiz, el Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: «Quien apoye a un opresor sabiendo que es un opresor habrá salido del islam». En otro hadiz, el Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: «Surgirán muchos gobernantes que tendrán numerosos seguidores, y esos seguidores también oprimirán a la gente y mentirán. Quien se relacione con ellos, apruebe sus mentiras y los ayude en su opresión, no es de los míos ni yo soy de los suyos. Y quien se mantenga alejado de ellos y no los ayude en su opresión, es de los míos y yo soy de los suyos». El Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: «A quien ayude a un opresor se le impondrá algún opresor». Hazrat Sa‘id ibn al-Musayyib (que Allah tenga misericordia de él) dijo: «Cuando miréis a los gobernantes opresores y a sus cómplices, hacedlo con indignación y resentimiento en el corazón; de lo contrario, existe el temor de que vuestras buenas obras sean anuladas». Makhul ad-Dimashqi dijo: «El Día del Juicio, cuando sean convocados los opresores y sus cómplices, tampoco quedará excluido quien llenaba de tinta la pluma del opresor, quien le ordenaba sus plumas o quien lo ayudaba realizando tareas pequeñas o grandes. Todos los colaboradores serán introducidos en una caja de fuego y arrojados al Infierno».
El Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo en un hadiz: «Quienes recorrían los caminos armados en favor de los gobernantes opresores y golpeaban injustamente a la gente para complacerlos serán los primeros en entrar en el Infierno». Hazrat Ibn Umar (que Allah esté complacido con él) dijo: «Los cómplices de los opresores serán los perros del Infierno».
En otro hadiz, el Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: «No permanezcáis en un lugar donde una persona sea torturada o asesinada injustamente. Pues la maldición de Allah desciende sobre quienes permanecen en ese lugar y no impiden la opresión» (Tabarani).
En otro hadiz, el Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: «Después de que un hombre sea llevado a la tumba, los ángeles le dirán: “Te daremos cien latigazos”. El hombre suplicará y rogará insistentemente que lo perdonen, por lo que solo recibirá un latigazo. Después, la tumba se llenará de fuego. Entonces el hombre preguntará: “¿Por qué me golpeasteis?”. Ellos responderán: “Porque rezaste una oración sin haber realizado la purificación ritual y porque, junto a tu camino, una persona estaba siendo oprimida, pero, aunque tenías poder, no la ayudaste”». Es motivo de reflexión que, si este es el destino de quien no ayuda al oprimido pese a tener poder para hacerlo, ¿cuál será entonces la situación de quien oprime personalmente?
En un hadiz de Sahih al-Bujari y Sahih Muslim, el Mensajero dijo: «Ayuda a tu hermano, tanto si es opresor como si es oprimido». Los compañeros dijeron: «¡Oh, Mensajero de Allah! Si es oprimido, entendemos que debemos ayudarlo, pero si es opresor, ¿cómo lo ayudaremos?». El Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: «Impídele oprimir. Esa es la manera de ayudarlo».
Se cuenta que, cierto día, un derviche vio en sueños, algún tiempo después de su muerte, a uno de los colaboradores de unos funcionarios gubernamentales opresores, en un estado de extrema desdicha. Le preguntó: «¿Cómo estás después de la muerte?». Él respondió: «Estoy en una situación insoportable. Estoy sufriendo el castigo de Allah». Le preguntó: «¿Dónde están tus amos, es decir, los funcionarios gubernamentales opresores?». Respondió: «Están en una situación aún más terrible que la mía». Luego dijo: «¿Acaso no has leído esta aleya?: “Los opresores pronto sabrán cuál será su destino”».
Un historiador relató otro suceso a este respecto. Dijo: «Una vez vi a un hombre al que le habían amputado un brazo desde el hombro. Gritaba en voz alta: “Quienes me vean, que no opriman a nadie”. Me acerqué a él y le pregunté: “Hermano, ¿qué te ha ocurrido?”. Respondió: “Ha sucedido algo extraordinario. Yo era un esbirro de un hombre opresor. Un día vi a un pescador que llevaba un pez grande. Al verlo, sentí una enorme codicia; golpeé al pescador y le arrebaté el pez. Me dirigía alegremente a casa con él cuando, de repente, el pez me mordió con gran fuerza el pulgar. Al llegar a casa, arrojé el pez al suelo. Esa noche no pude dormir del dolor. A la mañana siguiente vi que el dedo se había hinchado muchísimo. Fui rápidamente al médico, quien me informó de que había que amputar el pulgar; de lo contrario, más tarde se afectaría toda la mano. No hubo más remedio que amputarlo. Pero el dolor tampoco se alivió. Volví al médico y esta vez me amputó toda la palma de la mano y me la vendó. Pero ni siquiera así se alivió”».
Poco a poco, tuvieron que amputarme todo el brazo. Después, un hombre que escuchó toda mi historia me dijo que fuera a pedir perdón al dueño del pez; de lo contrario, me advirtió que todo mi cuerpo podría enfermar. Tras buscar mucho, encontré al pescador, le recordé todo lo ocurrido y le pedí perdón sujetándome a sus pies. Ahora el resto de mi cuerpo está sano, porque el pescador me ha perdonado y ha retirado la maldición que había pronunciado contra mí.
En verdad, la opresión contra las personas es un pecado tan terrible que su castigo comienza a sufrirse de una u otra manera ya en la vida terrenal, aunque muchos no lo perciban. Una manera eficaz de protegerse de ello es dedicarse a obras de beneficencia y al servicio de la comunidad, contenerse de la codicia, la envidia y la ira, y sentirse satisfecho con todo lo que uno posee y ha obtenido lícitamente. El Mensajero (s.a.s.) dijo: «Quien está satisfecho con el destino y no ambiciona lo que otros poseen, solo esa persona saborea verdaderamente la fe.
28. Recaudar contribuciones por la fuerza
Esto también es una forma de opresión. También está incluido en la opresión mencionada en el siguiente versículo del Noble Corán:
«Solo se debe actuar contra quienes oprimen a la gente y se rebelan injustamente en la tierra. Para ellos habrá un castigo doloroso.» (Ash-Shura)
Quienes recaudan contribuciones por la fuerza son opresores ellos mismos y también los mayores colaboradores de los opresores. Las contribuciones que recaudan los extorsionadores no les corresponden, del mismo modo que tampoco es lícito el camino por el que las gastan.
Por eso, el Mensajero (s.a.s.) dijo: «El recaudador de contribuciones ilegales no entrará en el Paraíso.» (Abu Dawud)
La razón es que quien recauda contribuciones por la fuerza oprime y explota a los siervos de Allah. Les arrebata el dinero que han ganado con esfuerzo. Esta clase de personas no podrá entregar a los oprimidos lo que les corresponde el Día de la Resurrección. Si posee alguna buena obra aceptada, tendrá que entregársela a ellos; de lo contrario, deberá ir al Infierno cargando sobre sus hombros el peso de los pecados de los oprimidos.
El hadiz relacionado con esto ya fue mencionado anteriormente. El Mensajero (s.a.s.) dijo: «El verdaderamente pobre de entre mi comunidad es aquel que, el Día de la Resurrección, llegará con abundantes oraciones, ayunos, peregrinación y zakat
Pero llegará después de haber insultado a alguien, golpeado a alguien o usurpado los bienes de alguien. Entonces sus buenas obras serán entregadas una por una a todas esas personas perjudicadas. Cuando sus buenas obras se agoten, los pecados de los oprimidos serán cargados sobre él y será arrojado al Infierno.»
En el hadiz en el que se relata que una mujer adúltera fue apedreada hasta morir, el Mensajero (s. a. s.) dijo: «Esta mujer se arrepintió de tal manera que, si quien cobra tributos por la fuerza se arrepintiera así, también se le perdonarían sus pecados». Esto demuestra cuán enorme y grave es este pecado. En realidad, cobrar dinero por la fuerza es semejante al bandolerismo y al saqueo. Todos participan por igual en este pecado: quien cobra el tributo por la fuerza, quien lo ayuda, quien lo escribe y quien actúa como testigo. Todos ellos se alimentan de lo ilícito.
El Mensajero (s. a. s.) dijo: «El trozo de carne que se forma a partir de bienes ilícitos es digno del Infierno».
El imán Wahidi (que Allah tenga misericordia de él), al comentar el versículo «Di: “¡Oh, Profeta!, lo puro y lo impuro no son iguales”», incluyó entre las cosas impuras aquello que se obtiene por la fuerza. El Mensajero (s. a. s.) dijo: «La riqueza de alguien no se vuelve lícita si este no la entrega voluntariamente». En cierta ocasión, Yábir (que Allah esté complacido con él) acudió al Mensajero (s. a. s.) y le dijo: «¡Oh, Mensajero! Me dedicaba al comercio del vino. De ese negocio tengo una cantidad considerable de dinero ahorrado en efectivo. Si utilizara ese dinero para alguna forma de adoración a Allah o para una obra piadosa, ¿me beneficiaría en algo?»
El Mensajero (s. a. s.) respondió: «Si utilizaras ese dinero para el hach, el yihad o la caridad, no tendría ante Allah ni siquiera el valor del ala de una mosca. Allah no acepta nada excepto los bienes puros». Entonces Allah reveló, en apoyo de estas palabras: «Di: “Lo puro y lo impuro no son iguales, aunque te maraville la abundancia de lo impuro”». El imán Ata y Hasan al-Basri dijeron que por puro e impuro se entienden, respectivamente, lo lícito y lo ilícito.
Exhortación: Piensen dónde se encuentran hoy quienes, tras saquear por la fuerza los bienes de la gente, construyeron y habitaron altos palacios semejantes a fortalezas para protegerse de la ira popular; quienes construyeron hermosos jardines de flores y llevaron una vida de gran lujo; quienes se sentaron en los tronos del honor y del poder en este mundo. Todos sus esfuerzos y sueños de permanecer eternamente en la tierra se han reducido a polvo. Hoy han comenzado a sufrir las consecuencias de sus actos. Al reflexionar sobre ese destino, la persona que se purifica a sí misma abandonando para siempre el camino de la opresión, la persecución y la usurpación de los bienes ajenos es verdaderamente sensata. Quien desea purificarse debe considerar una oportunidad de oro los pocos días que le quedan de vida.
29. Consumir lo ilícito y obtener, poseer y disfrutar riquezas por cualquier medio ilícito
Allah dice en el Sagrado Corán: «No os apropiéis ilícitamente de los bienes de los demás». Ibn Abbás dijo: Esto significa establecer el propio dominio sobre los bienes ajenos mediante juramentos falsos y sin fundamento. Obtener riquezas ilícitamente, es decir, por medios prohibidos, puede ocurrir de dos maneras. En primer lugar, mediante el uso absoluto de la fuerza y la opresión, como la malversación, el secuestro, la apropiación por la fuerza, apoderarse mediante traición de bienes confiados, el robo, el bandolerismo y cosas semejantes. En segundo lugar, mediante juegos, astucia, engaño y cosas similares. También están incluidos los premios obtenidos mediante loterías y juegos de azar. En Sahih al-Bujari se relata que el Mensajero (s. a. s.) dijo: «Hay personas que intervienen injustamente en los bienes de los siervos de Allah. El Día de la Resurrección, el Infierno estará destinado para ellas». En Sahih Muslim se relata que el Mensajero (s. a. s.) dijo: «Un hombre, mientras se encuentra en un largo viaje, con el cabello despeinado y el cuerpo cubierto de polvo, levanta las manos hacia el cielo y suplica: “¡Oh, Señor!, ¡oh, Señor!”, pero lo que come es ilícito, lo que bebe es ilícito, lo que viste es ilícito y se nutre de lo ilícito. ¿Cómo será aceptada su súplica?». Anas (que Allah esté complacido con él) dijo: Yo dije: «¡Oh, Mensajero!, ruega a Allah que mi súplica sea aceptada». El Mensajero (s. a. s.) respondió: «¡Oh, Anas!, mantén lícitos tus ingresos y tu súplica será aceptada. Recuerda que, si alguien introduce en su boca siquiera un prado de alimento ilícito, su súplica no será aceptada durante cuarenta días».
Al-Bayhaqi relata que el Mensajero (s. a. s.) dijo: «Así como Allah ha distribuido vuestro sustento entre vosotros, también ha distribuido entre vosotros vuestros caracteres y disposiciones. Él concede los bienes mundanales tanto a quien ama como a quien no ama. Pero solo concede los bienes de la religión, es decir, del Más Allá, a quien ama. Quien haya recibido la religión de Allah debe comprender que Él lo ha amado. Si un siervo obtiene riquezas ilícitas y las gasta en sus propias necesidades, no obtendrá de ellas bendición ni bien. Si las da en caridad, esa caridad tampoco será aceptada; y lo que deje de ellas en este mundo será para él provisión del Infierno. Allah no repele el mal con el mal, sino que repele el mal con el bien» (Musnad Ahmad).
Hazrat Ibn Umar (que Allah esté complacido con él) narró que el Mensajero (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: «El mundo es dulce y verdeante. Quien obtenga aquí bienes lícitos y los gaste por una vía justa, Allah le dará una excelente recompensa y le concederá el Paraíso. Y quien obtenga bienes ilícitos y los gaste por una vía injusta, Allah lo desterrará a un lugar humillante. Y quienes se apoderen de bienes ilícitos arderán en el fuego el Día del Juicio».
El Mensajero (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) también dijo: «A quien no le importe de dónde obtiene sus bienes, a Allah no le importará por qué puerta del Infierno lo hará entrar».
Hazrat Abu Huraira (que Allah esté complacido con él) dijo: «Para un musulmán, comer tierra es mejor que comer algo ilícito». (Musnad Ahmad)
Hazrat Yusuf ibn Asbat (que Allah tenga misericordia de él) dijo: «Cuando un joven se dedica al culto, Satanás dice a sus colaboradores: “Averiguad qué come ese hombre”. Si come algo ilícito, dejadlo que se canse adorando cuanto quiera; no se lo impidáis, pues él mismo basta para destruir su propia adoración. Mientras continúe comiendo ilícitamente, su adoración no le servirá de nada». Esta declaración está respaldada por el hadiz de Sahih Muslim citado anteriormente. Se ha narrado en un hadiz que un ángel proclama cada noche y cada día en Bayt al-Maqdis: «Allah no acepta ninguna obligación ni acto voluntario de quien come algo ilícito». Abdullah ibn al-Mubarak dijo: «Para mí es más amado dar en caridad cien mil monedas que aceptar un solo dírham dudoso». El Mensajero (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: «A quien gaste dinero ilícito y luego vaya diciendo: “Labbaik” (Señor, aquí estoy), un ángel le dirá: “Tu labbaik no es aceptado; tu peregrinación ha sido arrojada contra tu rostro”». (Tabarani)
En el Musnad Ahmad se ha narrado que el Mensajero (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: «Quien compre una prenda por diez dírhams, de los cuales uno haya sido obtenido por medios ilícitos, no verá aceptada su oración mientras lleve puesta esa prenda». El imán Wahb ibn al-Ward dijo: «Aunque estuvieras destinado como combatiente o guardia en el campo de la yihad, eso no te serviría de nada mientras no prestes atención a si lo que comes es lícito o ilícito». Hazrat Ibn Abbas dijo: «Allah no acepta la oración de quien se alimenta de lo ilícito hasta que se arrepienta ante Allah y vuelva a las ganancias lícitas». Hazrat Sufyan al-Thawri dijo: «Quien realiza una buena obra con dinero ilícito es como quien lava una prenda con orina. La prenda no se purifica sino con agua pura; del mismo modo, la expiación de los pecados no es posible sino mediante ganancias lícitas».
Hazrat Umar (que Allah esté complacido con él) dijo: «Por temor a caer en lo ilícito, rechazábamos nueve décimas partes de los bienes lícitos».
El Mensajero (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: «El cuerpo que ha crecido y se ha fortalecido alimentándose de lo ilícito no entrará en el Paraíso». (Tirmidhi)
En Sahih al-Bujari se ha narrado que Abu Bakr tenía un esclavo. Cuando este le pidió la libertad a cambio de pagarle cierta cantidad de dinero, Abu Bakr aceptó. Después, el esclavo traía cada día una parte del pago de su liberación. Abu Bakr le preguntaba: «¿Cómo has obtenido esto?». Si le daba una respuesta satisfactoria, lo aceptaba y lo consumía; de lo contrario, no lo hacía. Un día, por la noche, el esclavo le llevó algo de comida. Abu Bakr estaba ayunando ese día, por lo que olvidó preguntarle por el origen de la comida y comió un bocado.
Después le preguntó: «¿Cómo has conseguido esta comida?». Él respondió: «En la época de la ignorancia practicaba la adivinación para la gente. No sabía adivinar bien; solo los engañaba. Esta comida fue adquirida con el dinero ganado mediante esa adivinación». Hazrat Abu Bakr dijo: «¡Qué calamidad! ¡Casi me has destruido!». Luego introdujo los dedos en la garganta e intentó vomitar, pero la comida no salió con el vómito. Los presentes le dijeron que, si no bebía agua, la comida no saldría.
Entonces pidió agua y, bebiendo repetidamente, expulsó del estómago todo lo que había ingerido. La gente le dijo: «¡Que Allah tenga misericordia de ti! ¿Todo esto por haber comido un solo bocado?». Hazrat Abu Bakr respondió: «Aunque hubiera tenido que morir para expulsar esa comida, la habría expulsado. Pues he oído al Mensajero (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) decir: “Para el cuerpo que se forma con alimento ilícito, el fuego del Infierno es lo mejor”».
Por eso temía que alguna parte de mi cuerpo pudiera formarse a partir de ese único bocado. Los eruditos han dicho: exigir dinero por la fuerza; la traición; el robo; el engaño y el fraude; la usura y la intermediación en la usura; dar falso testimonio; apropiarse de algo después de tomarlo prestado; aceptar sobornos; alterar las medidas y los pesos; vender un producto ocultando sus defectos; el juego de azar; la magia; la adivinación; dibujar y tomar imágenes; la fornicación; el llanto profesional por los muertos; cobrar del comprador una comisión de intermediación sin el permiso del vendedor; indicar al comprador dónde encontrar un producto a cambio de dinero; vender a una persona libre; los bienes obtenidos de la venta de vino y cerdo; y los bienes de huérfanos secuestrados: todo ello son bienes ilícitos.
El Mensajero (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: «El Día del Juicio, algunas personas se presentarán con buenas obras del tamaño de las montañas de Tihama. Pero Allah las convertirá de inmediato en polvo y las dispersará. Se le preguntó: “Oh, Mensajero, ¿cómo será posible eso?”. El Mensajero (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) respondió: “Estas personas rezaban, ayunaban, pagaban el zakat y realizaban el hach. Pero cada vez que entraban en contacto con algo ilícito, se entregaban inmediatamente a ello. Por eso Allah anuló todas sus buenas obras”». (Tabarani)
Se cuenta que alguien vio en sueños a un hombre piadoso y le preguntó por su estado. Él respondió: «No estoy sufriendo ningún castigo. Sin embargo, mi entrada al Paraíso está suspendida porque, durante mi vida mundana, tomé prestada una aguja y no la devolví».
Consejo: Debemos abstenernos siempre de lo ilícito, teniendo presente el duro e inevitable castigo del Más Allá.
30. Mentir
Allah Todopoderoso dice en el Sagrado Corán: «La maldición de Allah sea sobre los mentirosos» (Al-Baqara). También dice: «Allah Todopoderoso no guía por el camino recto al mentiroso derrochador» (Al-Mu’min).
Se narra en Sahih al-Bujari y Sahih Muslim que el Mensajero (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: La veracidad conduce al hombre hacia la rectitud, y la rectitud conduce al Paraíso. Si una persona continúa diciendo la verdad y buscando el camino de la verdad, con el tiempo queda registrada ante Allah como siddiq, es decir, «sumamente veraz». La mentira conduce al hombre hacia la inmoralidad, y la inmoralidad conduce al Infierno. Y si una persona continúa mintiendo y buscando el camino de la mentira, con el tiempo queda registrada ante Allah como «mentirosa».
También se narra en Sahih al-Bujari y Sahih Muslim que el Mensajero (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: Tres cosas son señales del hipócrita, aunque rece, ayune y se declare musulmán:
– cuando habla, miente;
– cuando promete, incumple su promesa;
– y cuando se le confía algo, traiciona la confianza.
En otro hadiz de Sahih al-Bujari se narra que el Mensajero (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: Quien posea cuatro defectos será un hipócrita consumado; y quien posea uno de ellos conservará en sí una señal de hipocresía hasta que lo abandone: traicionar una confianza, incumplir una promesa, mentir e insultar durante una disputa. En el extenso hadiz de Sahih al-Bujari en el que se relata el sueño del Mensajero (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él), este dice en cierto momento: Llegamos ante un hombre que yacía tendido. Vimos a otro hombre de pie junto a él, que con un instrumento de hierro le abría de un solo golpe la mandíbula y el ojo derechos hasta la nuca. Luego, cada vez que le abría de manera semejante el lado izquierdo, el lado derecho volvía a su estado anterior. Y cuando volvía a abrirle la mandíbula del lado derecho, el lado izquierdo se curaba. Pregunté: «¿Quién es este hombre?». Mis dos compañeros, los ángeles, respondieron: «Salía de su casa y difundía una mentira, y esta se propagaba por todas partes».
En otro hadiz, el Mensajero (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: Un creyente puede tener en su carácter toda clase de defectos, pero no puede tener mentira ni traición. El Mensajero (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: «No albergues malas sospechas sobre nadie, pues la mala sospecha es la peor de las mentiras» (Sahih al-Bujari y Muslim). En un hadiz de Sahih Muslim se narra que el Mensajero (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: Allah Todopoderoso no hablará el Día de la Resurrección con tres personas, no las mirará ni las purificará de sus pecados: un anciano adúltero, un gobernante mentiroso y un pobre arrogante.
En un hadiz de Musnad Ahmad, el Mensajero (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: «¡Que perezca, que perezca, que perezca quien miente para hacer reír a la gente!». Entre las mentiras, la más grave es el juramento falso. Allah Todopoderoso lo describió en la sura Al-Munafiqun como una característica de los hipócritas. Dijo: «Los hipócritas juran falsamente a sabiendas».
(Véase el pecado mayor n.º 26). En los hadices narrados por Abu Dawud, At-Tirmidhi, An-Nasa’i y Al-Bayhaqi, el Mensajero (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: Allah Todopoderoso no hablará el Día de la Resurrección con tres personas, no las purificará y, además, tendrán reservado un castigo severo: quien tenga agua sobrante y no permita que el viajero la utilice; quien jure falsamente ante el comprador, diciéndole: «Lo compré por tal precio», y el comprador le crea y lo compre por un precio mayor, aunque en realidad no lo haya comprado a ese precio; y quien prometa obediencia a un dirigente únicamente por un interés mundano y, cuando el dirigente le concede ese beneficio, le obedezca, pero no lo haga cuando no se lo concede. El Mensajero (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) también dijo: «Mentirle a quien te considera veraz es la peor de las traiciones».
El Mensajero (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) también dijo: «La mayor falsedad contra Allah consiste en que una persona afirme haber visto aquello que no ha visto». Es decir, dice: «He visto tal sueño», aunque no lo haya visto. Hadrat Ibn Mas’ud (que Allah esté complacido con él) dijo: Cuando un siervo persiste en mentir, primero aparece una mancha negra en su corazón; luego esa mancha va creciendo hasta ennegrecer todo el corazón. Entonces queda registrado ante Allah como mentiroso.
Por lo tanto, ningún musulmán debe mentir en ninguna circunstancia, salvo cuando exista un beneficio claro y específico. Debe decir la verdad o guardar silencio. El Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: «Quien crea en Allah y en el Último Día, que diga algo bueno o guarde silencio». Este hadiz deja claro que no se debe hablar cuando el beneficio de una palabra no sea manifiesto. El honorable Abu Musa (que Allah esté complacido con él) dijo: Pregunté: «¡Oh, Mensajero! ¿Quién es el mejor entre los musulmanes?». El Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) respondió: «Aquel de cuya lengua y de cuyas manos no sufren daño los demás musulmanes». (Bujari, Muslim, Tirmidhi y Nasai)
En otro hadiz, el Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: «Quien pronuncie deliberadamente palabras prohibidas será arrojado en el Infierno a una profundidad que se encuentra más lejos que el extremo oriental de la Tierra del extremo occidental». Cabe señalar que no solo está permitido mentir para salvar la vida de alguien, apaciguar la disputa entre dos partes y evitar la ruptura de una relación matrimonial, sino que en determinados casos incluso es obligatorio. Sin embargo, aun en tales circunstancias es mejor emplear palabras ambiguas que decir una mentira manifiesta. Por ejemplo, cuando el Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) se dirigía a la cueva de la montaña de Zūr, un hombre preguntó al honorable Abu Bakr acerca del Mensajero: «¿Quién es este?». Abu Bakr respondió: «Es mi guía». Un sabio dijo: «Entre los seres humanos existen aproximadamente ocho mil defectos de carácter. Pero una sola virtud puede cubrir todos esos defectos: el dominio de la lengua. Y hay otra virtud que puede eliminar todos sus defectos: la veracidad».
31. Deshonestidad y corrupción en la administración de justicia
Allah Todopoderoso dice en la sura Al-Maida: «Quienes no juzgan ni gobiernan conforme a las normas reveladas por Allah son injustos»… «Quienes no juzgan ni gobiernan conforme a las normas reveladas por Allah son incrédulos». «Quienes no juzgan ni gobiernan conforme a las normas reveladas por Allah son transgresores». El Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: «Allah no acepta la oración del juez o gobernante que no decide conforme a las normas reveladas por Allah». (Hakim) El Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) también dijo: «Hay tres clases de jueces: dos de ellas irán al Infierno y una irá al Paraíso. El juez que conoce la verdad y la justicia y juzga conforme a ellas irá al Paraíso. En cambio, tanto el juez que no sabe qué son la verdad y la justicia como el juez que, aun sabiendo qué son la verdad y la justicia, no juzga con justicia, irán al Infierno». Le preguntaron: «¿Qué culpa tiene quien no lo sabe?». El Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) respondió: «Su culpa es haber aceptado ser juez sin conocimiento». (Hakim, Abu Dawud y Tirmidhi) El honorable Abu Huraira (que Allah esté complacido con él) dijo: «A quien se le nombra juez es como si se le sacrificara sin cuchillo».
El honorable Fudayl ibn Iyad dijo: «Un juez debería dedicar un día a administrar justicia y otro día a llorar por sí mismo».
El imán Muhammad ibn Wasi (que Allah tenga misericordia de él) dijo: «El Día de la Resurrección, los jueces serán los primeros en ser llamados para rendir cuentas». El Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: «Cuando un juez justo sea llevado a rendir cuentas el Día de la Resurrección, al ver la severidad de la rendición de cuentas lamentará no haber juzgado entre dos personas ni siquiera en una disputa por un dátil».
El honorable Ali (que Allah esté complacido con él) dijo: «Escuché al Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) decir que el Día de la Resurrección todo gobernante y todo juez será detenido ante Allah sobre el Puente del Sirat, y su registro secreto de obras será leído ante toda la humanidad. Después, si se demuestra que fue un juez justo, Allah lo salvará; de lo contrario, caerá al Infierno junto con el Puente del Sirat».
32. Aceptar sobornos
Allah dice: «No os apropiéis injustamente de los bienes de unos y otros, ni llevéis dinero a los gobernantes para que podáis consumir injustamente una parte de los bienes de la gente, aun sabiendo que lo hacéis». Es decir, no sobornéis a los gobernantes para apoderaros de los bienes ajenos, sabiendo que tal proceder no es lícito.
El Mensajero (que Allah le bendiga y le conceda la paz) dijo: «Allah ha maldecido tanto al que ofrece sobornos como al que los acepta». Los imanes han coincidido en afirmar que la maldición recae sobre quien ofrece el soborno cuando pretende causar daño a otra persona mediante él o conseguir alguna ventaja que no le corresponde. Pero si, al no tener otra alternativa, ofrece un soborno para obtener algo que legítimamente le corresponde o para protegerse de la injusticia de alguien, la maldición no recaerá sobre él. En el hadiz citado por Abu Dawud y al-Tirmidhi, también se incluye entre los malditos a la tercera persona que ayuda a ambas partes, al que ofrece y al que acepta el soborno. Si esta persona ha sido contratada por quien ofrece el soborno, su situación, al obtener un derecho legítimo o protegerse de una injusticia, será como la de quien ofrece el soborno y no merecerá la maldición. De lo contrario, la merecerá. Sin embargo, para un gobernante el intercambio de sobornos es ilícito en cualquier circunstancia, ya sea que se realice para destruir el derecho de alguien o para impedir una injusticia.
El Mensajero (que Allah le bendiga y le conceda la paz) también dijo: «Quien interceda por alguien y, después, la persona por quien se intercedió le ofrezca un regalo o presente, si acepta ese regalo, ello será como consumir una forma grave de usura». Ibn Mas‘ud (que Allah esté complacido con él) dijo: «Si satisfaces una necesidad de tu hermano y luego aceptas de él un regalo, eso será ilícito». (Cabe señalar que, si una persona está empleada con un salario para realizar un trabajo y, al llevar a cabo una tarea que forma parte de sus responsabilidades, recibe alguna compensación de aquel para quien trabajó, esto se considera unánimemente un soborno, ya se le dé el nombre de regalo, obsequio, presente o gratificación. Pero si la tarea excede sus responsabilidades y se realiza fuera del horario laboral, recibir por ella una remuneración o compensación no será un soborno. —El traductor.)
Se relata que, en cierta ocasión, un cristiano se entrevistó en Beirut con el imán al-Awza‘i y se quejó de que el gobernador de Baalbek le había impuesto injustamente un tributo excesivo. Le pidió al imán que escribiera una carta de recomendación para remediar aquella injusticia y le entregó una botella de miel como regalo. El imán al-Awza‘i le dijo: «Escribiré la carta y te devolveré la botella de miel». El hombre se marchó con la botella de miel y la carta y, a petición del imán, el gobernador de Baalbek redujo en treinta dírhams su tributo.
33. Adoptar una vestimenta semejante a la de las mujeres por parte de los hombres y a la de los hombres por parte de las mujeres
Se relata en Sahih al-Bujari, Abu Dawud, al-Tirmidhi, al-Nasa’i e Ibn Mayah, por autoridad de Ibn Abbas, que el Mensajero (que Allah le bendiga y le conceda la paz) dijo: «Allah ha maldecido a los hombres que adoptan una vestimenta semejante a la de las mujeres y a las mujeres que adoptan una vestimenta semejante a la de los hombres». También está comprendido en esto que los hombres imiten la voz de las mujeres y las mujeres imiten la voz de los hombres.
Por tanto, cuando una mujer viste prendas ceñidas y transparentes, semejantes a las de los hombres, que dejan al descubierto partes del cuerpo que deben cubrirse, está adoptando una apariencia semejante a la de los hombres y merece la maldición. Si su marido aprueba esta conducta y no se lo impide, él también merecerá la maldición, pues se le ha ordenado mantener a su esposa obediente a las órdenes de Allah y apartarla de la desobediencia. Allah ha dicho: «¡Oh, creyentes! Protegeos a vosotros mismos y a vuestras familias del Fuego…». Es decir, enseñadles una conducta correcta, ordenadles obedecer a Allah y apartadlos de desobedecerle, del mismo modo que esto es necesario en vuestro propio caso. Además, el Mensajero (que Allah le bendiga y le conceda la paz) dijo: «Todos vosotros sois responsables, y cada uno de vosotros será interrogado acerca de quienes están bajo su autoridad. El hombre es responsable de su familia y será interrogado sobre ella el Día de la Resurrección». (Sahih al-Bujari y Muslim). El Mensajero (que Allah le bendiga y le conceda la paz) también dijo: «Los hombres perecerán cuando se sometan a la obediencia de sus esposas».
Este hadiz indica que el hecho de que una mujer se convierta en gobernante también se considera una adopción de la semejanza con los hombres, y que la obediencia de un hombre a una mujer se incluye en la imitación de las mujeres. El Mensajero (que Allah le bendiga y le conceda la paz) dijo: «Habrá dos categorías de personas que estarán en el Infierno: quienes golpean a la gente con látigos semejantes a colas de vaca, y aquellas mujeres que visten prendas tan transparentes que a través de ellas puede verse el color de sus cuerpos y que caminan balanceándose con la actitud de las arrogantes. Esas mujeres ni siquiera percibirán el aroma del Paraíso, aunque puede percibirse desde una gran distancia». (Sahih Muslim). Se relata, por autoridad de Nafi‘ (que Allah esté complacido con él), que un día Ibn Umar y Abdullah ibn Amr se encontraban junto a al-Zubayr.
En esas circunstancias, se acercó una mujer llevando un arco sobre el hombro y conduciendo un rebaño de ovejas. Abdullah ibn Umar le preguntó: «¿Eres hombre o mujer?». Ella respondió: «Mujer». Entonces él miró hacia Abdullah ibn Amr, quien dijo: «Allah Altísimo ha maldecido, por boca de Su Profeta, a las mujeres que imitan a los hombres y a los hombres que imitan a las mujeres». De esto se entiende que, para las mujeres, adoptar profesiones propias de los hombres, desplazarse y trabajar de manera masculina y sin observar el hiyab constituye una imitación de los hombres. Sin embargo, pueden ejercer una profesión y trabajar observando el hiyab.
Entre las acciones por las que las mujeres son maldecidas están mostrar la belleza del cuerpo y las joyas al salir, ponerse perfumes en el cuerpo o en la ropa, y vestir prendas ceñidas y transparentes que no cubren el awrah ni constituyen un velo. Todo esto forma parte del tabarruj, contra el cual Allah y Su Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) han formulado una severa censura. Puesto que la mayoría de las mujeres se entrega a estas prácticas, el Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: «La noche del Mi‘ray vi el Infierno y vi que la mayoría de sus habitantes eran mujeres». También dijo: «No he dejado para los hombres ninguna prueba más perjudicial que las mujeres».
34. Dar cabida a la obscenidad y la inmoralidad dentro de la propia familia
El Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: «Tres personas no entrarán en el Paraíso: quien desobedece a sus padres, el dayyus, es decir, quien tolera la obscenidad y la inmoralidad dentro de su familia, y la mujer que adopta un comportamiento masculino». Según una narración de an-Nasa’i, el Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: «Allah ha prohibido el Paraíso a tres: el bebedor de alcohol, quien desobedece a sus padres y quien tolera la obscenidad y la inmoralidad dentro de su propia familia».
A quien sospecha que su propia esposa está involucrada en la obscenidad, pero no tiene pruebas claras contra ella y no puede decirle nada por el amor que le tiene; o que muestra indulgencia porque está tan endeudado con su esposa que no puede pagarle, porque le debe una cuantiosa dote, o porque tienen muchos hijos pequeños y teme que su esposa acuda a los tribunales para reclamar su manutención, no se le puede llamar dayyus. Sin embargo, quien no siente aversión por la obscenidad y no obliga a su esposa e hijos a observar las normas islámicas, especialmente el hiyab, no obtendrá ningún bien en este mundo ni en el Más Allá, y será considerado dayyus.
[Cabe señalar que, dejando de lado las pocas situaciones excepcionales mencionadas anteriormente, en general una persona posee autoridad absoluta y dominio exclusivo sobre su esposa e hijos, algo semejante a la soberanía de un Estado. Tanto las normas de la sharía como las costumbres sociales garantizan al padre y al esposo el derecho a recibir de sus hijos y de su esposa una obediencia casi incondicional y plena. Por ello, para que pueda ejercer su autoridad dentro de este ámbito y mantener a su familia en el camino recto, el Sagrado Corán ordena: «Protegeos a vosotros mismos y a vuestras familias del Fuego del Infierno». A quienes muestran negligencia en este asunto se les llama dayyus. Si el cabeza de familia muestra negligencia respecto al hiyab en su hogar o respecto a las demás normas de la sharía, él será considerado responsable y, desde la perspectiva de la sharía, será un dayyus. El traductor]
35. El tahlil de la mujer divorciada
(Es decir, casarse con la condición de divorciarse sin consumar el matrimonio, para que la mujer divorciada vuelva a ser lícita para su anterior esposo). En un hadiz narrado por an-Nasa’i y at-Tirmidhi, Ibn Mas‘ud (que Allah esté complacido con él) dijo: «El Mensajero de Allah maldijo tanto a quien se casa con una mujer divorciada con la intención de hacerla lícita para su anterior esposo y luego se divorcia de ella sin consumar el matrimonio, conforme a la condición matrimonial, como a aquel para quien la hace lícita». El imam at-Tirmidhi dijo: «Umar, Abdullah ibn Umar y los juristas de los tabi‘in actuaban de acuerdo con este hadiz». El imam Ahmad también narró este hadiz en su Musnad. Ibn Abbas (que Allah esté complacido con él) dijo: «Cuando se preguntó al Mensajero de Allah acerca del tahlil, respondió: “No; ningún matrimonio es válido salvo el contraído por libre voluntad. No se permite ningún engaño bajo el nombre del matrimonio”». (Es decir, no está permitido fingir o representar un matrimonio sin casarse realmente.)
No hay lugar para burlarse del Libro de Allah. No es aceptable asumir la obligación de divorciarse de una esposa sin haber mantenido relaciones sexuales con ella. Se narró de Uqba ibn Amir que el Mensajero (s. a. s.) dijo: «¿A quién llamaré el macho cabrío alquilado?». Todos dijeron: «Sí, dígalo». Entonces el Mensajero de Allah dijo: «El macho cabrío alquilado es quien contrae matrimonio aceptando la condición de que deberá divorciarse de la mujer sin mantener relaciones sexuales con ella». Allah, exaltado sea, ha maldecido tanto a quien contrae un matrimonio condicionado de ese modo como a aquel para quien se realiza el matrimonio. (Ibn Mayah)
Un hombre preguntó al venerable Ibn Umar (que Allah esté complacido con él): «Me he casado con una mujer divorciada. Quiero divorciarme de ella para hacerla lícita para su anterior marido. Sin embargo, su antiguo marido no me lo ha ordenado, ni siquiera sabe que estoy haciendo esto por él. ¿Cuál es su opinión al respecto?». Ibn Umar (que Allah esté complacido con él) respondió: «Todo matrimonio que no sea un matrimonio contraído enteramente por voluntad propia carece de validez. Si te agrada, puedes conservarla; de lo contrario, puedes dejarla. En tiempos del Mensajero de Allah considerábamos este acto adulterio». El venerable Umar (que Allah esté complacido con él) consideraba adúlteros tanto al que contraía ese matrimonio como a aquel para quien lo contraía, y expresaba su intención de condenar a ambos a la lapidación. El venerable Ibn Umar (que Allah esté complacido con él) calificó de adúlteros al esposo y a la esposa incluso si habían permanecido veinte años casados con la intención de realizar el tahlil. Un hombre preguntó al venerable Ibn Abbas (que Allah esté complacido con él): «Mi primo ha pronunciado de una vez tres divorcios contra su esposa y ahora se arrepiente».
El venerable Ibn Abbas (que Allah esté complacido con él) dijo: «Ha desobedecido a Allah, y por ello Allah lo ha arrojado a esta situación lamentable. Ha obedecido a Satanás, y por eso Satanás lo ha dejado en esta situación angustiosa, sin dejarle una salida». El hombre preguntó: «¿Qué ocurriría si alguien se ofreciera a hacer lícita su esposa para él?». Ibn Abbas (que Allah esté complacido con él) respondió: «Quien intente engañar a Allah, será engañado por Allah». El venerable Ibrahim Najai, destacado imán de la generación de los tabi‘in, dijo: «Si cualquiera de los tres —el primer marido, la esposa o el segundo marido— tiene la intención de realizar el tahlil, el matrimonio celebrado con el marido posterior se considerará inválido, y mediante tal matrimonio la mujer no será lícita para su antiguo marido». Hasan al-Basri, Said ibn al-Musayyab, Malik ibn Anas, Layth ibn Saad, Sufyan al-Thawri e Imam Ahmad coincidieron todos en que, en este caso, la esposa no será lícita para su antiguo marido. Según el Imam al-Shafii, si el contrato matrimonial se celebra bajo la condición del tahlil, dicho matrimonio es inválido, pues es temporal como el matrimonio mut‘a, que no está reconocido por la sharía. Sin embargo, si la condición se menciona antes o después de la celebración del contrato, y no en el momento de celebrarlo, la condición será nula y el matrimonio será válido.
36. No purificarse debidamente de la orina
No purificarse correctamente de la orina es, fundamentalmente, una costumbre de los cristianos. Allah, exaltado sea, dice: «Purificad vuestras vestiduras». (Sura al-Muddazzir) Se narró del venerable Ibn Abbas que, cuando el Mensajero (s. a. s.) pasó junto a dos tumbas, dijo: «Los ocupantes de estas dos tumbas están sufriendo el castigo, porque uno de ellos difundía calumnias entre la gente y el otro no se purificaba debidamente de la orina». (Sahih al-Bujari y Sahih Muslim)
El Mensajero (s. a. s.) también dijo: «Purificaos de la orina, pues la mayor parte del castigo de la tumba se debe a esto». (al-Daraqutni)
Quien no se purifique correctamente de la orina queda impuro tanto en el cuerpo como en la ropa, y su oración no es válida. Al-Tabarani e Ibn Abi al-Dunya narran que el Mensajero (s. a. s.) dijo: «Los habitantes del Infierno ya estarán sufriendo un dolor y un tormento indescriptibles. Además, a causa de cuatro clases de personas, su sufrimiento aumentará aún más. Entonces correrán de un lado a otro entre agua hirviendo y fuego, y desearán la muerte y la destrucción para sí mismos. Después, los habitantes del Infierno se preguntarán unos a otros: “¿Quiénes son esas cuatro personas que, al entrar en el Infierno, han aumentado nuestro tormento?”. Uno responderá: “A uno de ellos lo han encerrado en una jaula de fuego”. Otro arrastra sus propias entrañas que se le han salido. De la boca de otro brotan continuamente vómitos de pus y sangre. Y otro se muerde y come la carne de su propio cuerpo”. Entonces se preguntará por el hombre encerrado en la jaula: “¿Qué le ocurre a este maldito que ha añadido tormento a nuestro tormento?”. Él responderá: “Estoy maldito porque solía apoderarme de los bienes de la gente de diversas maneras y morí cargando con todas esas responsabilidades”. Luego se hará la misma pregunta al que arrastra sus entrañas. Él responderá: “Estoy maldito porque no tenía cuidado con la orina y no la lavaba ni la limpiaba”. Después se preguntará del mismo modo al que vomita continuamente sangre y pus por la boca. Él responderá: “Estoy maldito porque disfrutaba al escuchar cualquier palabra mala y, llevando las palabras de una persona a otra, difundía calumnias y provocaba enemistad”. Luego se hará la misma pregunta al que se muerde y come la carne de su cuerpo. Él responderá: “Estoy maldito porque comía la carne de la gente, es decir, murmuraba de ella”. ¡Que Allah nos proteja a todos de estos pecados abominables!»
37. La ostentación, es decir, realizar buenas obras para que otros las vean
Allah Todopoderoso describe las características y los signos de los hipócritas y dice: «Muestran sus obras a la gente y recuerdan poco a Allah». (Sura an-Nisá)
«¡Ay de los orantes que son negligentes con sus oraciones, que rezan para ser vistos por la gente y que no ayudan a las personas con los bienes de primera necesidad!». (Sura al-Maún) «¡Oh, creyentes! No arruinéis vuestras limosnas recordando a la gente vuestra generosidad, como las arruina quien dona para ser visto». (Sura al-Báqara) «Quien espere encontrarse con Allah debe obrar rectamente y no asociar a nadie en la adoración de su Señor». (Sura al-Kahf) Es decir, no se debe adorar con la intención de agradar a otros haciéndoles ver la propia devoción.
Se narró de Abu Huraira —que Allah esté complacido con él— que el Mensajero —la paz y las bendiciones de Allah sean con él— dijo: «El Día de la Resurrección se juzgará primero a tres personas. La primera habrá caído mártir en el camino de Allah. Será llevada ante Él y se le preguntará por las bendiciones que Allah le concedió. Reconocerá todas esas bendiciones. Luego se le preguntará: “¿Qué hiciste en agradecimiento por todas esas bendiciones?”. Responderá: “Luché por Ti hasta morir como mártir”. Allah dirá: “Mientes. En realidad luchaste para que la gente te llamara héroe, y así te llamaron”. Luego se ordenará arrojarlo al Infierno. La segunda persona había recibido de Allah abundantes riquezas. Será llevada ante Él y se le recordarán las bendiciones de Allah. Reconocerá las bendiciones de Allah. Luego se le preguntará: “¿Qué buenas obras hiciste con esa gran riqueza?”. Responderá: “¡Oh, Allah! Allí donde vi que era necesario gastar dinero por Tu causa, no dudé en gastarlo”. Allah dirá: “Mientes. No diste por Mi causa, sino para que la gente te alabara llamándote generoso, y así te llamaron”. Luego también será arrojado al Infierno. La tercera persona había adquirido conocimiento del islam durante su vida mundana, lo había impartido a otros y había estudiado el Corán. Será llevada ante Él, se le recordarán las bendiciones que Allah le concedió y las reconocerá. Se le preguntará: “¿Qué hiciste con este conocimiento islámico?”. Responderá: “Adquirí conocimiento islámico, lo impartí y estudié el Noble Corán para complacerte”. Allah dirá: “Eres un mentiroso. No estudiaste para complacerme, sino para que la gente te alabara llamándote recitador del Corán, y así te llamaron”. Luego se ordenará arrojarlo también al Infierno». (Sahih Muslim)
El Mensajero —la paz y las bendiciones de Allah sean con él— también dijo: «Quien realiza una buena obra para que la gente la oiga, Allah hará que lo oigan; y quien la realiza para que la gente lo vea, Allah hará que lo vean». (Sahih al-Bujari, Sahih Muslim)
El imán al-Jattabi dijo que el sentido de este hadiz es que quien actúa no para obtener la complacencia de Allah, sino para que la gente lo oiga y lo vea, será castigado por Allah de esta manera: en el Día de la Resurrección revelará públicamente el verdadero propósito de sus actos y lo humillará ante todos. El Mensajero —la paz y las bendiciones de Allah sean con él— también dijo: «Incluso la más mínima ostentación forma parte del politeísmo». (At-Tabarani, al-Hakim)
El Mensajero —la paz y las bendiciones de Allah sean con él— también dijo: «Lo que más temo que se extienda entre vosotros es el politeísmo menor». Le preguntaron: «¡Oh, Mensajero de Allah! ¿Qué es el politeísmo menor?». Él respondió: «Realizar buenas obras para ser visto por la gente». El día en que Allah recompense a Sus siervos por sus obras, dirá: “Id junto a aquellos para quienes realizabais vuestras buenas obras para ser vistos, y ved si recibís de ellos alguna recompensa”». (Ahmad, al-Bayhaqi)
En el Noble Corán, Allah dice: «Se les hará manifiesto, procedente de Allah, algo que jamás habían imaginado». Al explicar este versículo, algunos dicen que esas personas realizaban obras que consideraban buenas en este mundo, pero que el Día de la Resurrección se les harán manifiestas como malas obras. Al leer este versículo, algunos piadosos solían decir: «¡Que perezcan quienes actúan por ostentación!». Ibn Abi ad-Dunya narró que el Día de la Resurrección se llamará al ostentoso con cuatro nombres: «¡Oh, ostentoso! ¡Oh, hipócrita! ¡Oh, pecador! ¡Oh, perdedor! Ve y recibe tu recompensa de aquel cuya complacencia buscabas. Yo no tengo nada para ti». Se ha narrado que Umar —que Allah esté complacido con él— vio a un hombre caminar con la cabeza baja. Le dijo: «Camina con la cabeza erguida. La humildad no está en bajar la cabeza; la humildad está en el corazón». Abu Umama al-Bahili —que Allah esté complacido con él— vio a un hombre suplicando a Allah en la mezquita mientras estaba postrado, llorando a voz en cuello. Abu Umama le dijo: «Habrías obrado mejor si hubieras llorado así en tu casa». El imán Muhammad ibn al-Mubarak dijo: «Manifiesta tus súplicas y ruegos durante la noche, pues levantarse durante la noche es para Allah, mientras que durante el día eso suele hacerse para la gente». Ali —que Allah esté complacido con él— dijo: «El signo del ostentoso es que, cuando está a solas, se vuelve negligente y perezoso; pero cuando está entre la gente, se muestra activo. Cuando lo elogian, realiza más buenas obras; y cuando le señalan sus errores, lo censuran o lo critican, reduce sus buenas obras». Fudayl ibn Iyad dijo: «Realizar buenas obras para agradar a la gente es politeísmo, y abandonar las buenas obras por temor a la ira de la gente es ostentación. La sinceridad consiste en liberarse de ambos estados». ¡Que Allah nos libre de la ostentación y nos conceda sinceridad! Amén.
(Cabe señalar que no es censurable realizar públicamente una buena obra si no se pretende obtener el elogio de la gente o si se pretende animarla a realizar buenas obras. Así dice Allah: «Quienes dan limosna de noche y de día, en secreto y en público, tendrán su recompensa junto a su Señor». —Nota del traductor)
38. Adquirir conocimiento o saber religioso con el único propósito de obtener beneficios mundanos, ocultarlo y no actuar conforme al conocimiento del islam
Allah, exaltado sea, dice: «De entre los siervos de Allah, solo los sabios Le temen». (Sura Fátir) Es decir, aquellos que tienen conocimiento de Allah. Ibn Abbás dice: es decir, entre las criaturas de Allah, solo quienes conocen Su poder y majestad Le temen. El imán Sha‘bí dice: quien teme a Allah es el verdadero sabio. Rabí ibn Anas dice que quien no teme a Allah no es sabio. Allah, exaltado sea, también dice: «A quienes ocultan las evidencias claras y la guía que hemos revelado, después de haberlas explicado claramente a la gente en el Libro, Allah los maldice, y también los maldicen quienes maldicen». (Sura Al-Báqara)
Este versículo fue revelado acerca de los eruditos judíos. Con «las evidencias claras» se alude a las disposiciones de la sharía sobre los castigos prescritos por el asesinato, el adulterio y otros delitos, así como a las demás leyes; con «la guía», al conjunto de normas traídas por el Mensajero (saw) y a sus elogios; con «la gente», a los hijos de Israel; con «el Libro», a la Torá; y con «quienes maldicen», a todas las criaturas excepto los genios y los seres humanos. Hazrat Ibn Masud (ra) dice que cuando dos musulmanes se maldicen mutuamente, la maldición recae sobre los judíos y los cristianos, porque ocultaron en sus libros los relatos relativos a Muhammad (saw), a pesar de que allí se encontraban.
Allah dice en otro lugar: «Allah hizo pactar con quienes recibieron el Libro que lo explicarían completamente a la gente y que no ocultarían nada de él. Pero ellos dejaron de lado este pacto y compraron a cambio un beneficio insignificante. ¡Qué pésima es la mercancía que compraron!».<br>El imán Wahidi dice que este versículo fue revelado acerca de los judíos de Medina. Allah les exigió en la Torá —es decir, les dio una orden estricta— que necesariamente divulgaran la información mencionada sobre Muhammad (saw), sus elogios y los asuntos relacionados con su profecía, y que no ocultaran nada de ello. Pero dejaron de lado aquel pacto u orden, es decir, lo desobedecieron. El Mensajero (saw) dijo que quien aprenda el conocimiento mediante el cual se obtiene la complacencia de Allah, pero lo haga únicamente con el propósito de obtener ganancias mundanas, no percibirá ni siquiera el aroma del Paraíso. (Sunan Abu Dawud, Sunan Ibn Mayah)
El Mensajero (saw) también dijo que quien adquiera conocimiento con la intención de alcanzar prestigio entre los sabios, discutir con los necios o atraer hacia sí los corazones de la gente será arrojado al Infierno. (Yami‘ at-Tirmidhi)
El Mensajero (saw) también dijo: quien conozca un asunto y, al ser consultado sobre él, oculte ese conocimiento, el Día de la Resurrección recibirá un freno de fuego alrededor del cuello. En Sahih Muslim, Yami‘ at-Tirmidhi y Sunan an-Nasa’i se narra que el Mensajero (saw) solía suplicar diciendo: «Busco refugio en Ti del conocimiento que no me beneficia (es decir, en la otra vida)». En Tirmidhi e Ibn Mayah se narra que el Mensajero (saw) dijo: «Quien adquiera conocimiento —relacionado con la religión— pero no actúe conforme a él, solo verá aumentar su arrogancia». En Abu Dawud y Tirmidhi se narra que el Mensajero (saw) dijo: el erudito que obra mal será arrojado al Infierno el Día de la Resurrección. Entonces la gente le preguntará: “¿Por qué has llegado a esta situación? Nosotros recibíamos de ti la guía”. Él responderá: “Yo mismo hacía aquello que os prohibía hacer”.
39. La traición o el incumplimiento de la confianza
Allah, exaltado sea, ha dicho: «¡Oh, creyentes! No traicionéis a Allah, a Su Mensajero ni las confianzas que os han sido confiadas, aun sabiendo la importancia de ello». (Al-Anfal)
El imán al-Wahidi (que Allah tenga misericordia de él) dice que esta aleya fue revelada acerca del compañero Abu Lubaba. Su esposa y sus hijos vivían en la aldea de la tribu de Banu Qurayza. El Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) mantenía sitiada a Banu Qurayza. En cierta ocasión, envió a Abu Lubaba a Banu Qurayza por un asunto. La gente de Banu Qurayza le preguntó: «¡Oh, Abu Lubaba! Si descendemos conforme al juicio de Sa‘d respecto a nosotros, ¿qué crees que nos sucederá?». Abu Lubaba señaló su garganta para indicarles que serían degollados. Por eso, no descendáis. Este acto suyo fue una traición a Allah y a Su Mensajero. El propio Abu Lubaba reconoció: «En cuanto hice aquello, comprendí que había cometido una traición». Después, Abu Lubaba se ató durante seis días a una columna de la Mezquita del Profeta y solo se liberó cuando llegó el anuncio de que su arrepentimiento había sido aceptado. Ibn Abbas dijo: «Todo lo que Allah ha prescrito para Sus siervos es una confianza; desobedecer una orden o una prohibición de Allah es traicionar esa confianza».
El Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: «Hay tres signos del hipócrita: cuando habla, miente; cuando promete, incumple; y cuando se le confía algo, traiciona la confianza». (Sahih al-Bujari y Sahih Muslim). En Sahih Muslim se añade: «Aunque rece, ayune y se considere musulmán».
El Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) también dijo: «Quien no es digno de confianza no tiene fe, y quien no cumple sus promesas no tiene religión». (Ahmad, al-Bazzar y al-Tabarani). La traición, es decir, la deslealtad, es mala en todos los casos; sin embargo, una puede ser peor que otra. Quien traiciona una confianza en un asunto insignificante no es igual que quien traiciona a alguien respecto a sus bienes y su familia y comete grandes injusticias. El Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: «Protege la confianza de quien confía en ti y no traiciones a quien te traiciona».
Asimismo, el Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo en un hadiz: «Aunque el creyente tenga otros defectos, no puede tener traición ni mentira». (Ahmad). El Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: «Allah ha dicho: Cuando dos personas se asocian para realizar algo, Yo soy el tercero de ellos, mientras no se traicionen mutuamente». (Es decir, mientras no haya traición, la misericordia de Allah acompaña toda actividad realizada en sociedad). (Abu Dawud).
El Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) también dijo: «La primera virtud que desaparecerá de entre la gente será la honestidad o la confiabilidad, y lo último que permanecerá será la oración; aun así, habrá muchos que recen y no obtengan ningún bien». Ibn Masud (que Allah esté complacido con él) dijo: «El que haya traicionado una confianza será llevado el Día de la Resurrección y se le dirá: “Devuelve lo que se te confió”. Dirá: “¡Señor mío! ¿Cómo puedo devolverlo? El mundo ha sido destruido”. Entonces se le mostrará, en el nivel más bajo del Infierno, aquello que se le había confiado, exactamente en la forma en que había sido depositado. Luego se le dirá: “Desciende allí y sácalo”. Descenderá y lo traerá sobre su cuello. Le parecerá más pesado que todas las montañas del mundo. Pensará que, si logra traerlo, se librará del fuego del Infierno».
Pero, apenas se acerque a la entrada del Infierno, volverá a caer en el nivel más bajo junto con aquello que se le había confiado, y permanecerá allí eternamente. Después, Ibn Masud dijo: «La oración, la ablución, el baño ritual y las balanzas utilizadas en las compraventas: todo ello es una confianza. Y los bienes depositados en custodia son la mayor de las confianzas».
40. Recordar los donativos y favores realizados, reprocharlos y divulgarlos
Allah, el Altísimo, ha dicho: «¡Oh, creyentes! No anuléis vuestras limosnas recordándolas y causando daño». (Sura al-Baqara). En un hadiz narrado en Sahih Muslim, el Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: «El Día de la Resurrección, Allah no hablará con tres personas, no las mirará, no las purificará de sus pecados y les corresponderá un castigo doloroso: quien lleva una prenda por debajo de los tobillos; quien recuerda y divulga sus donativos, limosnas y favores; y quien vende mercancías jurando falsamente». En un hadiz narrado en Sunan an-Nasa’i, el Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: «Tres personas no entrarán en el Paraíso: quien hace que sus padres se disgusten, el bebedor de alcohol y quien divulga y recuerda los favores y donativos que ha realizado». Es decir, quien da algo a alguien y después le recuerda y divulga ese donativo. El Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: «No divulguéis los donativos que habéis realizado, pues eso anula la recompensa del donativo y elimina el derecho a recibir agradecimiento». El imán Ibn Sirin oyó a un hombre decirle a otro: «Te di tal cosa y te hice tal favor». Ibn Sirin le dijo: «¡Cállate! Cuando haces un favor y luego llevas la cuenta de él, no obtienes ninguna recompensa».
41. Negar el destino
Allah Todopoderoso dice en la sura Al-Qamar: «He creado cada cosa de manera perfecta». El imán Ibn al-Yawzi dice que existen dos opiniones acerca de la razón por la que fue revelado este versículo. Según la primera, los hipócritas de La Meca acudieron al Mensajero (s.a.w.) y comenzaron a discutir con él sobre el destino. Entonces fue revelado este versículo. Según la narración de Abu Umama (r.a.), este versículo fue revelado acerca de un grupo que no creía en el destino. La segunda opinión es que un sacerdote cristiano de Nayrán acudió al Mensajero (s.a.w.) y le dijo: «¡Oh, Muhammad! ¿Crees que los actos pecaminosos ocurren conforme al destino?». «En realidad, no es así». Entonces el Mensajero (s.a.w.) dijo: «Sois rebeldes contra Dios». En ese momento fue revelado el versículo. Allah dice en la sura Al-Hadid: «Cualquier desgracia que ocurra en la tierra o en vosotros mismos está registrada en un Libro desde antes de que os creáramos. Esto es muy fácil para Allah. Por tanto, no os aflijáis por lo que perdáis ni os regocijéis con orgullo por lo que Allah os haya concedido. Allah no ama a los arrogantes ni a los jactanciosos».
Se narra de Umar ibn al-Jattab (r.a.) que el Mensajero (s.a.w.) dijo: «Cuando Allah reúna el Día de la Resurrección a los primeros y a los últimos, un ángel, por orden Suya, proclamará con una voz tan fuerte que podrán oírla los primeros y los últimos: “¿Dónde están los desobedientes de Allah?”. Entonces se levantarán los qadariyya —es decir, los que niegan el destino—. Inmediatamente serán arrojados al Infierno. La doctrina de los qadariyya sostiene que no es posible que Allah dé al siervo la capacidad de pecar y luego lo castigue por ello. Sin embargo, la realidad es que Allah pone a prueba al ser humano dándole la capacidad y la libertad para realizar todo tipo de acciones, buenas y malas. Si hace el bien, supera la prueba y recibe recompensa; y si hace el mal, fracasa en la prueba y recibe castigo. Allah Todopoderoso ha explicado precisamente esto en el siguiente versículo: “Allah os ha creado a vosotros y lo que hacéis”. Es decir, Allah ha creado todas las acciones buenas y malas del ser humano. Y ha dicho en otro versículo: “Le ha hecho conocer al ser humano el pecado y la virtud”. Es decir, le ha dado capacidad y oportunidad para ambas cosas, el pecado y la virtud. El Mensajero (s.a.w.) dijo: “Allah Todopoderoso inspira bondadosamente a una clase de personas a realizar buenas obras y las incluye en Su misericordia, mientras que somete a otra clase de personas a una prueba y, como consecuencia, las humilla. Las reprende por sus malas acciones y no les concede capacidad para realizar ninguna obra salvo aquella mediante la cual las pone a prueba. Después las castiga. A pesar de todo ello, Allah es justo”».
El Mensajero (s.a.w.) dijo: «Sabe que, aunque toda la humanidad se uniera para beneficiarte en algo, no podría beneficiarte más de lo que Allah ha decretado para ti. Y aunque se uniera para perjudicarte, no podría perjudicarte en nada salvo en lo que Allah haya decretado. “Las plumas han sido retiradas y las páginas se han secado”». Es decir, todo lo que ha sido escrito en el destino es definitivo. No se escribirá nada nuevo ni sucederá nada nuevo.
[Cabe señalar que creer en el decreto o destino es una condición esencial de la fe, al igual que creer en la misión profética, en el Más Allá y en los Libros. Por ello, negar el destino no solo es un pecado grave, sino también incredulidad. Existen muchas confusiones y discrepancias sobre este asunto; sin embargo, dejando de lado todas esas discrepancias, puede concluirse que Allah Todopoderoso ha dado al siervo la capacidad y la libertad para tener la intención o voluntad de realizar acciones buenas y malas, y para esforzarse por ellas. Por la voluntad y el esfuerzo que ejerza haciendo uso de esa libertad, será recompensado o castigado. Pero no se le ha dado el poder de llevar a cabo el resultado final de la acción, y tampoco será responsable de ello. Por ejemplo, si una persona decide matar a alguien y lo golpea con un arma adecuada para ese fin, aunque la persona herida no muera, el agresor será culpable ante Allah del delito de homicidio y será castigado. Pues nadie puede causar la muerte de otro mientras no haya llegado al final de su vida ni el momento fijado para su muerte. Pero no podrá librarse del pecado del homicidio por su intención y su esfuerzo activo, porque hizo plenamente todo lo que estaba dentro de su capacidad. En apoyo de esta afirmación se menciona el siguiente hadiz. El Mensajero (s.a.w.) dijo: “Cuando dos personas se enfrentan con la intención de matarse mutuamente, tanto el asesino como el asesinado estarán en el Infierno”. Se preguntó: “No hay objeción a que quien mató vaya al Infierno. Pero ¿por qué irá al Infierno el asesinado?”. El Mensajero (s.a.w.) respondió: “Porque él también había querido matar a su adversario”. —El traductor]
42. Intentar descubrir los defectos ocultos de las personas
Allah Todopoderoso ha dicho: «No investiguéis las cosas ocultas». Los exegetas dicen que esto significa: no intentéis descubrir los defectos y faltas ocultos de las personas. Es decir, se ha prohibido espiar. En cierta ocasión le dijeron a Ibn Masud que de la barba de Walid ibn Uqba caían gotas de vino. Él respondió: «Se nos ha prohibido espiar. Sin embargo, si algo se hace manifiesto, lo tendremos en cuenta».
El Mensajero (s.a.w.) dijo: «A quien escuche a escondidas la conversación de alguien sin su consentimiento, el Día de la Resurrección le verterán plomo fundido en los oídos». En un hadiz también se ha prohibido estrictamente leer la carta de alguien sin su permiso.
43. La namima o el chismorreo
(La norma permanente del islam es que, si se quiere elogiar a alguien, debe hacerse en su ausencia, y si se quiere criticarlo, debe hacerse en su presencia. Cuando, infringiendo esta norma, se difunden a espaldas de alguien censuras, críticas o calumnias, esto se convierte en una acción contraria a la sharía. Este tipo de acción puede adoptar tres formas, y las tres son pecados graves. En primer lugar, si la acusación o el defecto atribuido a la persona implicada es falso o carece de las pruebas necesarias, se trata simplemente de una calumnia. En árabe se denomina buhtan o qazf. Según la sharía islámica, no solo es un pecado grave, sino también un delito penal castigable por la ley. Su castigo establecido por la sharía es de ochenta latigazos y la declaración de incapacidad para prestar testimonio durante toda la vida. Esto ya se trató detalladamente en el pecado grave n.º 22. En segundo lugar, si el defecto o la acusación atribuidos son verdaderos, pero, en lugar de explicar directamente y en privado el asunto a la persona acusada conforme a las normas del islam, dándole la oportunidad de purificarse, se revelan a una persona determinada con el propósito de crear enemistad entre ambas o destruir sus buenas relaciones, esto se denomina namima o chismorreo. En tercer lugar, si, en lugar de revelarlo a una persona determinada, se divulga ante el público con la intención de humillarla públicamente, esto se denomina ghiba. Estas tres formas de hablar mal de alguien en su ausencia son pecados graves y delitos detestables. En las tres se viola el haqq al-ibad, es decir, los derechos humanos, pues mediante ellas se destruyen injustamente el honor, la dignidad y la reputación de la persona, sin darle siquiera la oportunidad de defenderse. Por ello, Allah no perdona este delito si la persona perjudicada no lo perdona. (El traductor)
En el Sagrado Corán, Allah dice: «No sigas a quien jura a cada momento, a quien es despreciable, a quien habla mal de los demás en su ausencia y a quien lleva las palabras de uno a otro». (Sura al-Qalam)
Se narra en Sahih al-Bujari, Muslim, Abu Dawud y al-Tirmidhi que el Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo que el chismoso no entrará en el Paraíso. En otro hadiz se relata que, una vez, al pasar junto a dos tumbas, el Mensajero dijo: «Los moradores de estas dos tumbas están sufriendo un castigo. Sin embargo, no están siendo castigados por un pecado de gran magnitud. Uno de ellos no se purificaba debidamente después de orinar; el otro se dedicaba a llevar chismes. Luego tomó dos ramas cortadas de palmera, clavó una en cada tumba y dijo: “Quizá su castigo se reduzca mientras estas dos ramas no se sequen”».
El sentido de la expresión de este hadiz: «Sin embargo, no están siendo castigados por un pecado de gran magnitud» es que, según su propia idea, los pecados que habían cometido no eran tan graves. Por eso, en algunas narraciones se recoge que el Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: «Pero, ciertamente, era un pecado grave». Sahih al-Bujari,
Se narra en Muslim y en el Muwatta del imam Malik que el Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: «Encontraréis que la peor de las personas es aquella que va de unos a otros y se presenta ante cada uno de una manera diferente. Y quien se comporte con doble cara en este mundo, Allah le dará dos lenguas de fuego el Día de la Resurrección». El comportamiento con doble cara significa hablar de dos maneras distintas con dos personas.
El imam al-Ghazali (que Allah tenga misericordia de él) dijo: «Por persona de doble cara se entiende generalmente al chismoso, que va a uno y le dice: “Fulano ha dicho esto de ti”. Revelar un asunto confidencial cuya divulgación no desea ninguna de las dos partes implicadas ni una tercera persona es chismorreo, ya se haga mediante palabras, escritos, gestos, señales o cualquier otro medio, y tanto si lo divulgado son palabras, acciones o algún defecto de alguien como cualquier otra cosa. En resumen, el chismorreo consiste en revelar una información secreta cuya divulgación disgusta a alguna de las partes implicadas o a una tercera persona. Sea cual sea la situación que uno observe en una persona, si comunicarla a otra no beneficia a la sociedad ni protege a la sociedad de algún pecado, se debe abstener de hacerlo». El imam al-Ghazali también dijo: quien recibe a alguien que le lleva chismes sobre otra persona y le dice: «Fulano ha dicho esto y aquello de ti», debe hacer seis cosas. Primero: no le creerá, porque es un chismoso y un pecador; no es digno de confianza. Segundo: le pedirá que abandone esa acción, la censurará enérgicamente y le dará un buen consejo. Tercero: lo detestará de corazón, porque es detestado por Allah, y es obligatorio detestar a quien Allah detesta. Cuarto: no tendrá inmediatamente una mala opinión de la persona sobre la que el chismoso ha dado malas noticias, pues Allah ha dicho: “Absteneos de tener demasiadas conjeturas, porque algunas conjeturas son pecado”. Quinto: tampoco dará tanta importancia a la noticia que este haya relatado como para comenzar a investigar si es verdadera o falsa, pues Allah dice: «No espiéis». Sexto: no infringirá él mismo el consejo que dio al chismoso; no hablará con otros sobre lo que el chismoso le ha contado. Se narra que un hombre comunicó al califa Umar ibn Abd al-Aziz una mala noticia sobre otra persona. Él le dijo: «Si quieres, procederemos con tu noticia. Si has dicho la verdad, se te aplicará esta aleya: “Si un pecador os trae una noticia, investigadla”. Pero si eres un mentiroso, se te aplicará esta aleya: “Al que difama a espaldas y lleva las palabras de uno a otro”. Y, si quieres, te perdono». El hombre respondió: «Oh, emir de los creyentes, que Allah te perdone. No volveré a hacer esto».
Hasan al-Basri dijo: «Quien te lleva las palabras de otros, sabe que también llevará tus palabras a otros».
Un hombre acudió a un distinguido erudito y comenzó a atribuir diversas calumnias a otra persona. Entonces el erudito le dijo: «Has cometido tres faltas contra mí. Primero, has suscitado en mi corazón resentimiento y hostilidad hacia un hermano de religión mío. Segundo, por causa de él has cargado mi corazón de preocupación. Tercero, has perdido mi confianza. Algunos sabios solían decir: “Quien te transmite el insulto de alguien es como si él mismo te hubiera insultado”. Un hombre acudió ante el honorable Ali —que Allah esté complacido con él— y le dijo: “Fulano ha difundido calumnias sobre usted y lo ha insultado”. Él respondió: “Llévame ante él”. El hombre lo condujo hasta aquella persona. El hombre pensaba que el honorable Ali se vengaría de él, pero Ali se acercó y le dijo: «Oh, hermano, si lo que has dicho es verdad, entonces pido perdón a Allah; y si es mentira, entonces pido a Allah que te perdone». Algunos comentaristas del Corán, al explicar el pasaje de la sura Al-Lahab en el que la esposa de Abu Lahab es llamada “Hammālat al-hatab”, dicen que su significado literal es “la portadora de leña”. Ella era una chismosa. Se comparó el chismorreo con la leña porque, así como la leña ayuda a encender el fuego, el chismorreo ayuda a encender el fuego de la enemistad entre dos personas.
Una historia: se cuenta que una vez un hombre vio en el mercado a alguien que vendía a su esclavo. El vendedor pregonaba: «Este esclavo no tiene otro defecto aparte de cierta afición a llevar y traer chismes». El hombre no dio importancia a aquel defecto y compró al esclavo. El esclavo comenzó a vivir en su casa. Al cabo de unos días, le dijo a la esposa de su amo: “Mi amo quiere casarse de nuevo y ya no siente por usted el mismo afecto. Si quiere impedir ese matrimonio y desea que su esposo vuelva a amarla como antes, cuando él esté dormido corte con un cuchillo un pelo de la parte superior de su garganta y guárdelo consigo”. Por otro lado, le dijo al amo: “Su esposa ama en secreto a otro hombre y, conspirando con él, hoy lo degollará mientras usted duerme. Si quiere salvarse, no se duerma: acuéstese fingiendo estar dormido. Verá cómo su esposa intenta pasarle el cuchillo por la garganta”. El amo hizo exactamente eso. Por la noche, cuando su esposa se acercó con el cuchillo para cortar el pelo de su garganta, el amo se levantó de inmediato, le sujetó la mano, le arrebató el cuchillo y mató a su esposa en el acto. Después llegaron los familiares de la esposa y mataron al amo. Luego comenzó una guerra entre ambos bandos, y los dos quedaron completamente arruinados.
44. Maldecir e insultar a un musulmán sin que haya cometido ninguna falta
El Mensajero —que la paz y las bendiciones de Allah sean con él— dijo: «Insultar a un musulmán es perversidad, y combatir contra él es incredulidad». (Todas las colecciones de hadices auténticos excepto Sunan Abū Dāwūd). También dijo: «Maldecir a un creyente equivale a matarlo». (Todas las colecciones de hadices auténticos excepto Ibn Māŷa). En Sahih Muslim se transmite que el Mensajero —que la paz y las bendiciones de Allah sean con él— dijo: «Los que maldicen no intercederán por nadie ni darán testimonio por nadie el Día de la Resurrección». También se ha transmitido: «El creyente nunca es alguien que maldice, que habla con dureza, que utiliza lenguaje obsceno o que se expresa de manera indecente».
En Sunan Abū Dāwūd se ha transmitido que el Mensajero —que la paz y las bendiciones de Allah sean con él— dijo: «Cuando un siervo maldice a alguien —la súplica de mal también se aproxima a la maldición—, esta asciende al cielo. Pero las puertas del cielo se cierran y se le impide entrar. Entonces desciende a la tierra, pero también se le cierran los caminos de la tierra. Después comienza a ir de un lado a otro. Cuando no encuentra ninguna salida, si aquel sobre quien ha recaído la maldición la merece, esta se hace efectiva sobre él; de lo contrario, se hace efectiva sobre el propio que maldice». El honorable Imrán ibn Husayn narra que una vez el Mensajero emprendió un viaje. Durante el viaje, una mujer de los ansar comenzó a insultar en voz alta y a maldecir a su camello de monta. Al oírla, el Mensajero dijo: «Descargad todo lo que hay sobre el lomo de este camello y dejadlo libre, pues está maldito». Imrán dijo: «Es como si todavía viera a aquella mujer caminando impotente junto a la gente, sin que nadie se acercara a ayudarla». (Sahih Muslim)
El Mensajero —que la paz y las bendiciones de Allah sean con él— también dijo: «La peor forma de usura es que una persona emplee palabras insultantes contra otra».
Sin embargo, se puede maldecir a ciertas personas implicadas en pecados específicos. Por ejemplo, Allah, exaltado sea, ha dicho: «¡La maldición de Allah sobre los opresores!… ¡La maldición de Allah sobre los mentirosos!». El Mensajero —que la paz y las bendiciones de Allah sean con él— maldijo a diversas personas: a quienes están involucrados en la usura, en el tah’līl, en el soborno, en el alcohol y en los juegos de azar; a quienes unen el cabello con cabello mediante nudos; a quienes se depilan el vello de las cejas; a quienes, al verse afligidos por una desgracia, pierden el control, gritan y se lamentan; y a quienes se afeitan el cabello y desgarran sus ropas. Maldijo a los pintores, a los escultores y a quienes retiran o cambian los mojones para apoderarse de las tierras ajenas. Del mismo modo, maldijo a quienes invocan maldiciones sobre sus propios padres; a quienes profieren insultos; a quienes extravían a una persona ciega; a quienes mantienen relaciones sexuales ilícitas con animales; a los homosexuales; a quienes mantienen relaciones anales con sus propias esposas; a los adivinos y a quienes acuden a ellos; a las mujeres que lloran a gritos por los muertos, así como a las plañideras profesionales y a sus colaboradoras; a quienes, pese al rechazo de la gente, se apoderan por la fuerza del cargo de líder o gobernante; a la esposa que pasa la noche mientras su marido está disgustado con ella; a quien, aun habiendo oído el llamamiento a la oración, no asiste a la oración en congregación sin una excusa válida; a quien sacrifica animales invocando el nombre de alguien distinto de Allah; a los ladrones; a quienes insultan a los Compañeros; a las mujeres que adoptan la vestimenta y la apariencia de los hombres, y a los hombres que adoptan la vestimenta y la apariencia de las mujeres; a quienes defecan u orinan en los caminos por los que transita la gente; a la mujer que se abstiene de usar henna en las manos y kohl en los ojos —es decir, que no muestra interés en embellecerse para complacer a su esposo—; a quienes destruyen la relación entre marido y mujer, o entre siervo y amo; a quien mantiene relaciones sexuales con una mujer menstruante; a quien intimida a una persona mostrándole un arma; a quien se niega a pagar el zakat; a quien atribuye como padre a alguien que no es su padre y como amo a alguien que no es su amo; a quien marca un animal con una barra de hierro al rojo vivo; a quien intercede para que se exima a un delincuente de un castigo que un juez está a punto de imponerle conforme a la ley de la sharía, y a quien acepta tal intercesión; a la mujer que sale de la casa conyugal sin permiso de su esposo; a la mujer que abandona el lecho de su esposo y pasa la noche en otro lugar; a quien, pese a tener capacidad, se abstiene de ordenar el bien y prohibir el mal; y a quien bebe alcohol, lo produce, lo compra, lo vende, lo transporta, participa en cualquiera de esas actividades o coopera en ellas.
En otro hadiz se relata que el Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: «He maldecido a seis personas; Allah las ha maldecido y todos los profetas las han maldecido, y la súplica de cada profeta es ciertamente aceptada. Esas seis personas son: quien niega el destino decretado por Allah; quien añade algo al Libro de Allah; quien toma el poder por la fuerza para humillar a aquellos a quienes Allah ha honrado y honrar a aquellos a quienes Allah ha humillado; quien declara lícito lo que Allah ha prohibido y declara prohibido lo que Allah ha permitido; y quien abandona el camino que yo he mostrado». Además, el Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) maldijo a quien comete adulterio con la esposa de su vecino, a quien se masturba, a quien se casa simultáneamente con una mujer y su hija, al que recibe sobornos, al que los ofrece y al intermediario de los sobornos, a quien oculta el conocimiento, a quien acapara alimentos, a quien humilla a un musulmán, a quien, teniendo capacidad, no ayuda a un musulmán oprimido, al gobernante cruel, al hombre y a la mujer que juran no casarse, y también a quien se dirige solo, sin necesidad, a un lugar desierto.
Maldecir a un musulmán inocente está unánimemente prohibido. En cambio, maldecir a las personas inmorales sin mencionar sus nombres está unánimemente permitido.
Por ejemplo, si alguien dice: «Que la maldición caiga sobre los opresores, sobre los mentirosos o sobre los incrédulos», esto está permitido por unanimidad. En cambio, existe discrepancia sobre maldecir mencionando por su nombre a una persona involucrada en un pecado. Muchos consideran que está permitido. Sin embargo, según el imán Al-Gazali, solo está permitido maldecir a aquellos de quienes se sabe con certeza que murieron sin arrepentirse, como Abu Lahab, Abu Yahl, el Faraón, Hamán y otros semejantes. Invocar el mal contra alguien también se aproxima a la maldición. En todos los casos en que la maldición es ilícita, también es ilícita la invocación del mal. Incluso invocar el mal contra un opresor es desaconsejable; pero si fracasan todos los esfuerzos de resistencia, el oprimido puede invocar el mal contra el opresor. Aun así, en este caso también debe abstenerse de maldecir.
45. Incumplir las promesas
Allah, el Altísimo, ha dicho: «Cumplid las promesas. Ciertamente, se os preguntará por las promesas». Al-Zajjaj dice: Todo lo que Allah ha ordenado hacer y todo lo que ha prohibido hacer está incluido en las promesas, pues los musulmanes se han comprometido con Allah a cumplirlo.
Allah, el Altísimo, también ha dicho: «¡Oh, creyentes! Cumplid los pactos». Ibn Abbas dijo: El significado de los pactos abarca todo lo que el Corán ha declarado lícito e ilícito y todo lo que ha regulado y delimitado. Muqatil dijo: El pacto comprende las disposiciones de Allah, establecidas mediante el Corán para Sus siervos, acerca de lo lícito y lo ilícito, lo permitido y lo prohibido, así como todos los contratos, compromisos y promesas celebrados entre musulmanes y no musulmanes, y entre las personas en general.
El Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: «Hay cuatro defectos que, cuando se encuentran en una persona, la convierten completamente en hipócrita. Y quien tenga uno de ellos poseerá un rasgo de hipocresía hasta que lo abandone: cuando habla, miente; cuando se le confía algo, traiciona la confianza; cuando hace un compromiso o una promesa, la incumple; y cuando entra en disputa con alguien, sobrepasa los límites». (Sahih al-Bujari y Sahih Muslim)
En un hadiz qudsi, Allah dice: «El Día de la Resurrección seré el demandante contra tres personas: contra quien hace una promesa y la incumple; contra quien vende a una persona libre y consume el precio obtenido; y contra quien contrata a un trabajador, obtiene de él todo el trabajo y no le paga su salario». (Sahih al-Bujari)
El Mensajero (s.a.w.) también dijo: «Quien muera sin estar ligado a ningún juramento de fidelidad (bay‘a), morirá con una muerte propia de la época de la ignorancia». (Sahih Muslim) El Mensajero (s.a.w.) también dijo: «Quien presta juramento de obediencia a un líder debe obedecerlo en la medida de sus posibilidades». (Sahih Muslim)
46. Creer en las palabras de los adivinos y astrólogos
Allah dice: «No sigas aquello de lo que no tienes conocimiento cierto. En verdad, se os preguntará por los ojos, los oídos y el corazón». Al comentar este versículo, el imán al-Wahidi dijo: Es decir, no afirmes aquello que no sabes. Qatada dijo: Es decir, no pretendas haber visto lo que no viste, haber oído lo que no oíste ni saber lo que no sabes. En una palabra, no hables de aquello que ignoras. En su explicación de la parte final del versículo, Ibn Abbas dijo: Es decir, Allah preguntará cómo fueron utilizados los ojos, los oídos y el corazón. Con estas palabras se ha prohibido estrictamente mirar aquello cuya visión es ilícita, escuchar aquello cuya audición es ilícita y albergar deseos que está prohibido albergar. En otro lugar, Allah dice: «Allah es el único que conoce lo oculto. No concede Su conocimiento de lo oculto a nadie, salvo al Mensajero que Él ha escogido». El imán Ibn al-Yawzi dijo: Es decir, Allah posee el dominio exclusivo sobre el conocimiento de lo oculto o de lo invisible. No tiene ningún asociado en este dominio. Él no concede este conocimiento de lo oculto a nadie excepto a un Mensajero escogido. Solo concede al Mensajero cuanto conocimiento de lo oculto desea concederle, pues informar sobre estos datos ocultos o invisibles es una prueba de la profecía del profeta. De esto se comprende que quien considera a las estrellas una fuente del conocimiento de lo oculto es un incrédulo.
El Mensajero (s.a.w.) dijo: «Quien acuda a un astrólogo o adivino y crea en lo que este dice, niega el Libro y la revelación que fueron descendidos sobre Muhammad (s.a.w.)». (Abu Dawud, Tirmidhi e Ibn Mayah) En un hadiz qudsi, Allah dice: «Entre Mis siervos hay quienes son creyentes y quienes son incrédulos. Quien dice que la lluvia ha caído por la gracia de Allah cree en Mí y no cree en las estrellas. Y quien dice que la lluvia ha caído debido a cierto tipo de clima o a causa del viento no cree en Mí y cree en las estrellas».
Los eruditos experimentados han dicho: si un musulmán, al decir que la lluvia ha caído debido a cierto tipo de clima, cree que ese tipo de clima es el creador de la lluvia, se convierte sin duda en un incrédulo y apóstata.
Pero si alguien cree que cierto tipo de clima no es más que una señal o indicio de la lluvia, no se convierte en incrédulo. Sin embargo, según la mayoría de los ulemas, es mejor no expresarlo de esa manera.
En un hadiz transmitido por Sahih Muslim, el Mensajero (s.a.w.) dijo: «A quien crea en las palabras de un adivino no se le aceptarán las oraciones durante cuarenta días». En un hadiz de Sahih Bujari y Muslim se relata que, cuando un grupo de personas preguntó al Mensajero (s.a.w.) acerca de los adivinos y astrólogos, él respondió: «No son nada». «No son nada». Entonces algunos dijeron: «¡Oh, Mensajero! ¿Acaso tal astrólogo no ha dicho tal cosa?». El Mensajero (s.a.w.) respondió: «Los yinnes recogen algunas palabras verdaderas y luego se las susurran al oído de su amo humano. Después, este las difunde añadiéndoles cientos de mentiras». En un hadiz de Sahih Bujari, el Mensajero (s.a.w.) dijo: «Los ángeles descienden entre las nubes y conversan sobre los asuntos cuyo decreto ya ha sido establecido. Satanás escucha furtivamente estas palabras y se las comunica a los astrólogos. Después, los astrólogos les añaden cientos de mentiras».
El Mensajero (s.a.w.) también dijo: «Determinar la buena o mala fortuna mediante el vuelo de las aves y otras señales es manifiesto shirk».
47. La transgresión mutua de los derechos entre esposos
(a) La mala conducta de la esposa hacia el esposo
Allah, exaltado sea, dice: «A aquellas esposas cuya desobediencia temáis, amonestadlas, dejadlas solas en el lecho y golpeadlas. Pero si os obedecen, no busquéis ningún medio contra ellas». El imán al-Wahidi dice: aquí, la desobediencia significa desobedecer al esposo y oponerse a él. Ata dice: incluye que la esposa cambie el tipo de obediencia que hasta entonces había mostrado hacia su esposo y que le impida mantener relaciones sexuales sin una razón válida. «Amonestadlas» significa recordarles el Libro de Allah y Sus mandatos. Ibn Abbas dice: dejarla sola en el lecho significa acostarse dándole la espalda y no hablarle. Según al-Sha‘bi y Muyahid, significa separar completamente los lechos y no acostarse en el mismo lecho que la esposa. «Golpeadlas» significa golpearlas levemente, de modo que no sientan demasiado dolor. Según Ibn Abbas, no debe exceder de golpear con la mano desnuda, dar palmadas y cosas semejantes.
El Mensajero (que la paz sea con él) dijo: «Cuando un esposo llama a su esposa al lecho y ella no responde a su llamada, los ángeles continúan lanzando maldiciones sobre ella hasta el amanecer». (Sahih al-Bujari y Sahih Muslim)
En otro hadiz, el Mensajero (que la paz sea con él) dijo: «La oración y ninguna buena obra de tres personas son aceptadas: el esclavo o sirviente fugitivo, hasta que regrese; la esposa desobediente a su esposo, hasta que este esté satisfecho con ella; y la persona que se embriaga con alcohol, hasta que recupere la conciencia».
El Mensajero (que la paz sea con él) también dijo: «La primera cosa por la que se preguntará a la mujer el Día de la Resurrección será su oración y su esposo». El Mensajero (que la paz sea con él) también dijo: «No es lícito para una esposa creyente ayunar voluntariamente sin el permiso de su esposo ni permitir que otra persona entre en su casa». (Sahih al-Bujari)
El Mensajero (que la paz sea con él) también dijo: «Si hubiera ordenado a alguien postrarse ante otra persona, habría ordenado a la esposa postrarse ante su esposo». (Tirmidhi) En cierta ocasión, una mujer mencionó a su esposo ante el Mensajero (que la paz sea con él), y él le dijo: «Reflexiona sobre cuánta dignidad posees en comparación con él. Él es tu Paraíso y tu Infierno». (Nasai)
El Mensajero (que la paz sea con él) también dijo: «La esposa siempre depende de su esposo. Sin embargo, Allah no mirará a la esposa que no agradezca a su esposo». (Nasai)
El Mensajero (la paz sea con él) también dijo: «Cuando una esposa abandona su hogar sin el permiso de su esposo, los ángeles continúan maldiciéndola hasta que regresa». (Tabarani)
El Mensajero (la paz sea con él) también dijo: «La esposa que muere dejando satisfecho a su esposo entrará en el Paraíso». (Tirmidhi)
Sin embargo, no es lícito para la esposa ayudar a su esposo en ningún acto prohibido, y aunque él se disguste porque ella no lo ayuda en un acto ilícito, ella no será pecadora por ello. Es obligatorio para la esposa obedecer plenamente a su esposo dentro de los límites de lo lícito. Sin el permiso de su esposo, no le es lícito dedicarse a ninguna actividad que haga que él se vea temporalmente privado de su compañía. No le es lícito a la esposa disponer de los bienes de su esposo sin su permiso. Es indispensable que dé prioridad a los derechos de su esposo sobre sus propios derechos y a los derechos de los familiares de su esposo sobre los derechos de sus propios familiares. Debe estar siempre preparada para responder a la llamada de su esposo, manteniéndose completamente aseada. No es conveniente que se jacte ante él de su propia belleza ni que lo reprenda por cualquier defecto desagradable que tenga.
La esposa debe mostrarse siempre recatada ante su esposo, bajar la mirada delante de él, obedecer sus órdenes, escuchar atentamente sus palabras, permanecer callada mientras él habla, adelantarse hasta la puerta para recibirlo cuando llegue a casa, acompañarlo hasta la puerta cuando salga y permanecer allí de pie durante un rato, mantenerse alejada de todo aquello que a él le disgusta, estar junto a él cuando duerma, y, durante su ausencia, custodiar como un depósito confiado su hogar, sus bienes y su castidad. Debe cepillarse los dientes con regularidad, mantenerse limpia y aseada, y presentarse siempre ante él bien arreglada y perfumada; no debe hablar mal de él en su ausencia. Debe cuidar de sus familiares y considerar grandes sus pequeños favores.
El Mensajero (la paz sea con él) dijo: «Cuando una esposa realiza correctamente las cinco oraciones diarias, observa correctamente el ayuno del mes de Ramadán y obedece a su esposo, podrá entrar al Paraíso por la puerta que desee». (Ahmad, Tabarani)
El Mensajero (la paz sea con él) también dijo: «En favor de la esposa obediente a su esposo, incluso las aves, los peces, el sol, la luna y los ángeles piden a Allah que le perdone sus pecados. En contra de la esposa desobediente a su esposo recaen las maldiciones de Allah, de los ángeles y de toda la humanidad. Allah permanecerá disgustado con la esposa que mantiene el rostro adusto ante su esposo hasta que vuelva a sonreír y satisfaga a su esposo. La esposa que salga de casa sin el permiso de su esposo seguirá acumulando las maldiciones de los ángeles hasta que regrese».
El Mensajero (la paz sea con él) también dijo: «Cuatro clases de mujeres entrarán en el Paraíso y cuatro clases de mujeres entrarán en el Infierno: la mujer casta que obedece a Allah y a su esposo; la mujer capaz de tener muchos hijos, paciente y satisfecha con poco; la mujer recatada, que durante la ausencia de su esposo protege su castidad y los bienes de su esposo, y que, en su presencia, controla sus palabras con él; y la mujer que, al quedar viuda con hijos pequeños, se aferra a ellos y se dedica a criarlos, sin volver a casarse por temor a que sufran daño. Y las cuatro clases de mujeres que serán habitantes del Infierno son:»
(1) La mujer que dirige palabras duras y reproches a su esposo, no protege su castidad durante su ausencia y, cuando él está presente, lo hiere con palabras ásperas.
(2) La mujer que impone a su esposo una carga superior a sus posibilidades y lo obliga a hacer aquello que está fuera de su capacidad.
(3) La mujer que no se cubre ante los hombres ajenos (no observa las normas del recato), sale llevando adornos y exhibiendo su belleza.
(4) La mujer que no tiene interés en nada aparte de comer, beber y dormir, y no quiere obedecer en la oración a Allah, al Mensajero ni a su esposo. Cuando una mujer que posee estos defectos sale sin el permiso de su esposo, acumula maldiciones y se hace merecedora del Infierno. Solo mediante el arrepentimiento puede salvarse de este destino.
El Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: «(La noche del Viaje Nocturno y la Ascensión) visité el Infierno. Vi que la mayoría de sus habitantes eran mujeres. La razón es que obedecen poco a Allah, al Mensajero y a sus esposos, y practican el “tabarruy”. El tabarruy consiste en vestir las ropas más hermosas al salir, adornarse excesivamente y exhibir demasiado la belleza para seducir al público; en otras palabras, se llama tabarruy a salir sin observar el recato. El Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: “La mujer fue creada para permanecer cubierta. Cuando sale de su casa, Satanás la recibe con felicitaciones”.»
Se narra en un hadiz: Mientras las mujeres permanecen en sus hogares, son las más honorables ante Allah. También se narra en un hadiz que la mujer no puede alcanzar la complacencia de Allah de ninguna otra manera tanto como permaneciendo en su hogar, adorando a Allah y obedeciendo a su esposo. En una ocasión, el honorable Alí (que Allah esté complacido con él) preguntó a su esposa, la honorable Fátima (que Allah esté complacido con ella): «¿En qué consiste el bien de la mujer?» La honorable Fátima respondió: «El bien de la mujer consiste en no mirar a hombres ajenos y en no dar a los hombres ajenos la oportunidad de mirarla».»
El honorable Alí (que Allah esté complacido con él) decía: «¿No tenéis vergüenza ni sentido del honor al permitir que vuestras esposas salgan, mientras ellas miran a hombres ajenos y estos hombres también las miran?» Abu Dawud, Nasai e Ibn Mayah narran que un día la honorable Aisha (que Allah esté complacido con ella) y la honorable Hafsa (que Allah esté complacido con ella) se encontraban en presencia del Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él). En ese momento llegó el compañero ciego Ibn Umm Maktum. El Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo a sus dos esposas: «Retiraos de su presencia y cubríos». Ambas dijeron: «Pero él es ciego; no puede vernos ni reconocernos». El Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: «¿Acaso vosotras dos también sois ciegas? ¿No podéis verlo?»
De este hadiz se sabe que tanto los hombres como las mujeres deben abstenerse de mirarse mutuamente. Allah, el Altísimo, dijo en la sura An-Nur: «Di a los hombres creyentes que bajen sus miradas y protejan sus partes íntimas… Y di a las mujeres creyentes que bajen sus miradas y protejan sus partes íntimas».»
El honorable Alí (que Allah esté complacido con él) dijo: En una ocasión, Fátima y yo nos presentamos ante el Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) y lo encontramos llorando con gran aflicción. Dije: «¡Oh Mensajero de Allah, que mi padre y mi madre sean sacrificados por ti! ¿Por qué lloras?» El Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: «¡Oh Alí! La noche de la Ascensión vi a las mujeres de mi comunidad sufriendo diversos castigos. Lloro al recordar aquellos terribles castigos. Vi a una mujer suspendida sobre el fuego del Infierno por su cabello; como consecuencia, la masa de su cabeza hervía intensamente. Vi a otra mujer cuya lengua había sido estirada y por ella estaba suspendida, mientras le vertían agua hirviendo en la garganta. Vi a otra mujer suspendida con sus dos pies atados a sus dos pechos y sus dos manos atadas al cabello de su frente. Vi a otra mujer suspendida con una cuerda atada a sus pechos. Vi a otra mujer cuya cabeza era como la cabeza de un cerdo y cuyo cuerpo era como el de un asno, y que sufría miles de clases de castigo. Vi a otra mujer que había adquirido la forma de un perro; el fuego entraba por su boca y salía por su ano, mientras los ángeles golpeaban su cabeza con martillos de hierro».»
La honorable Fátima se levantó y preguntó cuál era la causa de aquellos castigos para aquellas mujeres. El Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: «¡Oh Fátima! La mujer que estaba atada y suspendida por su cabello no cubría su cabeza de las miradas de los hombres ajenos. La mujer que estaba suspendida por su lengua hacía daño a su vecina con palabras hirientes. La mujer que estaba suspendida con una cuerda atada a sus pechos no preservaba su castidad en ausencia de su esposo; es decir, era adúltera. La mujer cuyos dos pies estaban atados a sus dos pechos y cuyas dos manos estaban atadas al cabello de su frente no se purificaba de la relación sexual ni de la impureza menstrual, y se burlaba de la oración. La mujer cuya cabeza se había vuelto como la de un cerdo y cuyo cuerpo se había vuelto como el de un asno era una calumniadora y una mentirosa. Y la mujer que se había transformado en un perro era envidiosa y humillaba a los demás al hacer caridad».»
El Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: «Si una mujer causa daño a su esposo, las huríes del Paraíso maldicen a esa mujer».»
Se menciona que no hay ningún inconveniente en salir, con el permiso del esposo y observando el recato, para visitar a los padres y a los parientes cercanos, así como para otras necesidades urgentes.
(b) La violación de los derechos de la esposa por parte del marido:
Así como la esposa tiene el mandato de obedecer a su marido y mantenerlo satisfecho, el marido también tiene el mandato de tratar bien a su esposa y comportarse con humildad, mostrar paciencia y tolerancia cuando de su parte se manifieste algún mal comportamiento, y proporcionarle manutención y la oportunidad de llevar una vida digna. Allah Ta’ala dice: «Tratad bien a vuestras esposas». El Mensajero (s.a.s.) dijo: «Prestad atención al bienestar de vuestras esposas. Recordad que, así como vosotros tenéis derechos sobre vuestras esposas, ellas también tienen derechos sobre vosotros. El derecho de vuestras esposas sobre vosotros es que las tratéis bien y les proporcionéis manutención. Y el derecho que tenéis sobre vuestras esposas es que ellas protejan su castidad y decoro, y no permitan entrar en la casa a quienes vosotros no deseáis». (Ibn Mayah, Tirmidhi)
Ibn Hibban relata que el Mensajero (s.a.s.) dijo: «El mejor de vosotros es quien trata mejor a su familia». En algunas narraciones se dice: «El mejor de vosotros es quien se comporta con mayor humildad con su propia familia». El Mensajero (s.a.s.) se comportaba con extrema humildad con las mujeres. El Mensajero (s.a.s.) dijo: «Quien tenga paciencia ante el mal comportamiento de su esposa será recompensado como el profeta Ayyub (a.s.). Y la esposa que tenga paciencia ante el mal comportamiento de su marido será recompensada como Asiya bint Muzahim, la esposa del Faraón».
Se cuenta en un hadiz que un hombre acudió ante Hazrat Umar para presentar una queja por el mal comportamiento de su esposa. Se quedó de pie junto a la puerta de la casa de Hazrat Umar, esperando que saliera. En ese momento oyó que la esposa de Hazrat Umar lo reprendía con palabras severas. Sin embargo, Hazrat Umar soportaba aquello en silencio, sin responderle. Al oírlo, el hombre se dispuso a regresar. Pensó: «Si esta es la situación de un califa tan firme y poderoso, ¿quién soy yo?». Justo entonces Hazrat Umar salió y vio que el hombre se marchaba. Lo llamó y le dijo: «¿Por qué viniste y por qué te marchas sin verme?». Él respondió: «¡Amir al-Muminin! Vine ante usted para quejarme del mal comportamiento de mi esposa conmigo y de sus palabras hirientes. Pero oí que su propia esposa también se comporta así. Por eso estaba regresando. Pensaba: si esta es la situación del Amir al-Muminin, ¿quién soy yo?». Hazrat Umar dijo: «Escucha, hermano: la tolero porque tiene ciertos derechos sobre mí. Mira, ella cocina mi comida, prepara el pan, lava la ropa y amamanta a mis hijos, aunque ninguna de esas tareas le es obligatoria. Al realizar estas labores, aparta mi corazón de las ganancias ilícitas. Por eso la tolero». El hombre dijo: «¡Amir al-Muminin! Mi esposa también es así». Hazrat Umar dijo: «Entonces continúa tolerándola, hermano. La vida de este mundo es verdaderamente pasajera».
Se cuenta que, en cierta ocasión, el hermano religioso y piadoso de un hombre piadoso fue a visitarlo a su casa. Solía ir de visita una vez al año. Apenas llamó a la puerta, la esposa abrió y le preguntó al visitante: «¿Quién es usted?». El visitante respondió: «¡Soy el hermano religioso de su marido! He venido a verlo». La esposa dijo con gran rudeza: «Se ha ido al bosque a cortar leña. ¡Que Allah no lo devuelva sano y salvo! ¡Que Allah le haga esto y aquello!», y así sucesivamente. De ese modo comenzó a censurar duramente a su marido ausente. Mientras tanto, de repente llegó su marido. Regresaba de las montañas llevando una enorme carga de leña sobre el lomo de un león y montado él mismo sobre este. Saludó a su hermano religioso y le dio la bienvenida. Después entró en la casa, descargó la leña del lomo del león y le dijo: «Vete; que Allah te bendiga». Luego hizo entrar también a su hermano religioso y lo sentó. Su esposa continuaba regañándolo, mientras su marido permanecía callado. Después de comer, el invitado se despidió y se marchó. Se quedó sorprendido por el comportamiento de la esposa de lengua áspera de su amigo y por la paciencia de este.
Al año siguiente, regresó en la misma época. Cuando llamó, una voz desde dentro preguntó: «¿Quién está en la puerta?». El visitante respondió: «Soy fulano, el hermano religioso de su marido». Entonces la mujer abrió la puerta, dándole la bienvenida. Añadió: «Siéntese; mi marido regresará pronto, insha Allah. Que Allah lo haga regresar sano y salvo», y así sucesivamente. El visitante quedó sorprendido por su amabilidad y sus dulces palabras. Poco después, el dueño de la casa regresó con una carga de leña. Pero esta vez no la traía sobre el lomo de un león, sino sobre su propia espalda. Después atendieron al invitado, le dieron de comer y beber, y lo despidieron. Al despedirse, le dijo a su amigo: «El año pasado, cuando vine, escuché el comportamiento rudo y las palabras insolentes de su esposa. Ella no dejaba de censurarlo, mientras usted traía una carga de leña sobre el lomo de un león. Pero este año he visto el trato amable de su esposa, mientras usted trae la carga sobre su propia espalda. Dígame, ¿qué ha ocurrido?». Él respondió: «¡Oh, hermano! Aquella mujer de lengua áspera murió. Yo tenía paciencia con ella, y por ello Allah sometió aquel león a mi servicio. Después me casé con esta mujer bondadosa y vivo feliz con ella, pero aquel león dejó de estar bajo mi control. Por eso me he visto obligado a transportar la leña sobre mi propia espalda, para poder vivir felizmente con esta esposa obediente y de buen carácter».
48. Dibujar, imprimir, grabar, colgar y conservar retratos o imágenes de seres vivos
Allah Ta’ala dice: «A quienes ofenden a Allah y a Su Mensajero, Allah los maldecirá en este mundo y en la Otra Vida, y ha preparado para ellos un castigo humillante». Al explicar este versículo, Ikrima dijo: «Son quienes fabrican imágenes los que ofenden a Allah y al Mensajero». El Mensajero (s.a.s.) dijo: «A quienes fabrican imágenes se les castigará el Día de la Resurrección y se les dirá: “Dad vida a lo que fabricasteis”». (Sahih al-Bujari y Sahih Muslim)
Hazrat Aisha (r.a.) relató que, en cierta ocasión, el Mensajero (s.a.s.) regresó a casa de un viaje. Yo había cubierto la hornacina de la pared de mi habitación con una cortina en la que había varias imágenes. En cuanto vio la cortina, el rostro del Mensajero (s.a.s.) cambió de color. Dijo: «¡Oh, Aisha! Quienes hagan que su creación se asemeje a la creación de Allah serán quienes sufran el castigo más severo el Día de la Resurrección». Hazrat Aisha dijo: «Después corté aquella cortina en dos y con ella hice dos almohadas». (Bujari y Muslim) El Mensajero (s.a.s.) dijo: «Todo pintor será habitante del Infierno. Por cada imagen que haya hecho se le dará un alma, y cada alma sufrirá tormento en el fuego del Infierno». (Bujari y Muslim) El Mensajero (s.a.s.) dijo: «A quien haya creado en este mundo la imagen o representación de un ser vivo se le ordenará, el Día de la Resurrección, insuflar vida en esa representación o imagen. Pero nunca podrá hacerlo». (Bujari)
El Mensajero (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) también dijo: «Allah, el Altísimo, dice: ¿Quién es más injusto que aquel que se atreve a crear algo semejante a Mi creación? ¡Que cree aunque sea un grano! ¡Que cree un grano de trigo o un grano de legumbre, a ver si puede hacerlo!». (Al-Bujari y Muslim)
Se ha transmitido en At-Tirmidhi que el Mensajero (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: «El Día de la Resurrección, una cabeza emergerá del Infierno y dirá: “Me han entregado a tres personas para que sean castigadas”. Estos tres serán: quien atribuye asociados a Allah, el gobernante tirano y el pintor». En otro hadiz transmitido por Al-Bujari y Muslim, el Mensajero (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: «Los ángeles no entran en una casa donde hay un perro o imágenes de seres vivos». El imán Al-Jattabi dijo que con ello se hace referencia a los ángeles de la misericordia y las bendiciones. Los ángeles encargados de la custodia entran en todas las casas. En cuanto al perro, se refiere al perro criado simplemente por afición. Si se necesita un perro para cazar, vigilar u otras tareas semejantes, no hay impedimento en ello. Por “imagen” se entiende la imagen o representación de cualquier ser vivo, sin importar sobre qué objeto ni de qué manera esté conservada. Se ha ordenado eliminar o destruir, en la medida de lo posible, todas esas imágenes y representaciones. Se ha transmitido en Sahih Muslim que el emir de los creyentes, Ali (que Allah esté complacido con él), ordenó destruir todas las imágenes o representaciones y nivelar todas las tumbas elevadas.
49. Lamentarse a gritos en las desgracias, calamidades o acontecimientos dolorosos; golpearse el pecho y la frente; rasgarse la ropa; afeitarse la cabeza; arrancarse el cabello; desear la propia muerte y destrucción, y otras prácticas semejantes
Se ha transmitido en Sahih Al-Bujari que el Mensajero (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: «Quien se golpea el rostro y la frente —en señal de duelo—, se rasga la ropa y suplica conforme a las costumbres de la época de la ignorancia, no pertenece a mi comunidad». Ya hemos mencionado anteriormente el hadiz transmitido por Al-Bujari y Muslim en el que el Mensajero (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) maldijo a la mujer que expresa su duelo con lamentos a gritos, afeitándose el cabello, arrancándoselo y rasgando sus vestiduras. Todas estas prácticas son ilícitas por consenso. Del mismo modo, también es ilícito golpearse el rostro y la frente, arañarse la cara y suplicar pidiendo la muerte y la destrucción. Umm Atiya (que Allah esté complacido con ella) narró que el Mensajero (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) nos hizo prometer que nunca expresaríamos el duelo con lamentos a gritos. (Al-Bujari)
El Mensajero (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) también dijo: «Dos prácticas pertenecen a la incredulidad: burlarse del linaje de alguien y lamentarse a gritos por un muerto». (Muslim)
Se ha transmitido en Abu Dawud que el Mensajero (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) maldijo a la mujer que se lamenta a gritos y a quienes escuchan sus lamentos. Se ha transmitido en Al-Bujari, Ibn Mayah y An-Nasa’i que, cuando Abu Musa al-Ashari (que Allah esté complacido con él) cayó inconsciente debido a un intenso dolor, una de sus parientes comenzó a gritar y llorar. Al recuperar el conocimiento, dijo: «A quien el Mensajero (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) consideró indeseable, yo también lo considero indeseable». El Mensajero (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) consideró indeseable expresar el duelo mediante lamentos a gritos, arrancándose el cabello, rasgando la ropa y prácticas semejantes.
Se ha transmitido en Sahih Al-Bujari y Sahih Muslim que el Mensajero (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: «A causa de los lamentos a gritos, el muerto sufre tormento en la tumba». El Mensajero (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: «Se me ha ordenado abstenerme de dos sonidos propios de la necedad y pecaminosos: uno es el sonido de la música y los instrumentos; el otro es el sonido de golpearse el rostro en tiempos de calamidad y gritar como Satanás». Se ha transmitido que Umar (que Allah esté complacido con él) golpeó con su propia mano a una plañidera profesional y dijo: «Golpeo a esta plañidera porque no está prohibido golpearla. No llora compartiendo vuestro dolor, sino para obtener dinero de vosotros. Ella causa sufrimiento a vuestros muertos en sus tumbas y aumenta la aflicción de los vivos. Pues les prohíbe tener paciencia, aunque Allah lo ha ordenado, y los incita a llorar desesperadamente, aunque Allah lo ha prohibido».
Los eruditos han dicho que, aparte de los lamentos de las plañideras profesionales contratadas y de los lamentos a gritos y descontrolados, no es ilícito llorar suavemente y con sinceridad, vencido por la aflicción. Se ha transmitido en Sahih Al-Bujari y Sahih Muslim que el Mensajero (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) fue a visitar al enfermo Sad ibn Ubada y rompió a llorar. Al ver su llanto, los compañeros reunidos también lloraron.
Después, el Mensajero (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: «Sabed que Allah no castiga por derramar lágrimas ni por expresar la emoción del corazón; solo castiga o concede misericordia por aquello» —y señaló su lengua al decirlo—. En otra transmisión se relata que, cuando el Mensajero (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) lloró, Sad preguntó: «¡Mensajero de Allah! ¿Qué es esto?». Él respondió: «Es la misericordia y la compasión que Allah ha creado en los corazones de Sus siervos. Allah solo concede Su misericordia a los siervos misericordiosos y compasivos».
También se narra en Sahih al-Bujari que, cuando el Mensajero (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) fue junto a su hijo Ibrahim, que se encontraba agonizando, las lágrimas comenzaron a brotar de sus ojos. Al verlo, Abd al-Rahman ibn Awf dijo: «¡Oh, Mensajero! ¿También lloras?». El Mensajero respondió: «Esto no es más que una expresión de afecto y ternura». Luego dijo: «Los ojos derraman lágrimas y el corazón se aflige, pero no pronunciamos con nuestra boca sino aquello con lo que Allah está complacido. ¡Oh, Ibrahim, ciertamente estamos afligidos por tu separación!»
Cabe señalar que la razón por la que se desaconseja el llanto excesivo ante las calamidades y la separación de los seres queridos es que Allah y Su Mensajero (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) han ordenado la paciencia y el autocontrol, y han prohibido mostrar desesperación e impaciencia. Allah, el Altísimo, ha dicho: «¡Oh, creyentes! Buscad ayuda mediante la paciencia y la oración. Ciertamente, Allah está con los pacientes… Y ciertamente os pondremos a prueba con algo de temor, hambre, pérdida de bienes, vidas y frutos. Dad la buena nueva a los pacientes, aquellos que, cuando les aflige una desgracia, dicen: “Ciertamente, pertenecemos a Allah y a Él hemos de regresar”.» (Sura al-Báqara)
Ibn Abbas (que Allah esté complacido con él) dijo: El significado de «Allah está con los pacientes» es que Él los ayuda y no los humilla. Y el sentido de «aquellos que, cuando les aflige una desgracia, dicen: “Ciertamente, pertenecemos a Allah”» es: «Somos siervos de Allah; por tanto, Él puede hacer con nosotros lo que quiera».
El Mensajero (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: «Cualquier calamidad que aflige al siervo creyente, incluso si una espina le pincha el pie, hace que Allah borre por medio de ella sus pecados». (Sahih Muslim). Se narra en al-Tirmidhi que el Mensajero dijo: «Cuando muere el hijo de un siervo, Allah pregunta a los ángeles: “¿Qué dijo cuando quitasteis la vida al hijo de Mi siervo?”. Ellos responden: “Te alabó y recordó que regresaría a Ti”. Entonces Allah dice: “Construid para Mi siervo una casa en el Paraíso y llamadla Bait al-Hamd (la Casa de la Alabanza)”». En un hadiz qudsi se narra que Allah dice: «Cuando muere un ser querido de Mi siervo y este tiene paciencia y autocontrol ante ello, no tengo otra recompensa para él que el Paraíso». (Sahih al-Bujari)
El Mensajero (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: «Para el hijo de Adán es afortunado aceptar de buen grado el decreto de Allah, y es desafortunado irritarse y mostrarse descontento con él». En un hadiz narrado por Umar (que Allah esté complacido con él) se dice que, cuando el ángel de la muerte se marcha después de quitarle la vida a un creyente y sus familiares comienzan a golpearse el pecho, a soltarse el cabello y a desear su propia muerte y destrucción como expresión de duelo, se detiene por un momento en la puerta de la casa y dice: «¿Por qué tantos lamentos y llantos? ¡Por Allah! No he reducido la vida de ninguno de vosotros, no he arrebatado el sustento de nadie ni he oprimido a nadie. Si vuestras quejas y vuestro descontento son contra mí, ¡por Allah!, yo obedezco la orden de Allah. Pero si vuestro resentimiento es contra el muerto, os habéis convertido en incrédulos. Todavía tendré que venir muchas veces, y llegará un momento en que no quedará ninguno de vosotros». El Mensajero dijo: «¡Por Allah! Si la gente oyera este discurso y lo viera, olvidaría a sus muertos y lloraría desconsoladamente por sí misma». Expresar duelo o compasión al enterarse de la desgracia de alguien es una obra meritoria. En Tirmidhi se narra que el Mensajero dijo: «Quien ofrece sus condolencias a una persona afligida recibirá una recompensa semejante a la que obtiene esa persona si tiene paciencia». El Mensajero también dijo: «Si se ofrecen condolencias y consuelo a una madre que ha perdido a su hijo, Allah la vestirá con una valiosa prenda del Paraíso». (Tirmidhi)
Cabe señalar que expresar duelo y condolencias tiene como finalidad consolar a la persona afectada, aconsejarle que tenga paciencia y aliviar la sensación de tristeza, duelo y aflicción que experimenta; por ello es recomendable. Esto forma parte de ordenar el bien, prohibir el mal y colaborar en la rectitud y el temor de Allah. La mejor forma de expresar condolencias y consuelo se conoce por el siguiente hadiz del Mensajero (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él). Se narra en Sahih al-Bujari y Sahih Muslim que una hija del Mensajero le envió un mensaje informándole de que uno de sus hijos se encontraba al borde de la muerte. El Mensajero dijo al enviado: «Ve y dile que lo que Allah toma le pertenece a Él, y que lo que da también le pertenece a Él. Todo tiene, ante Él, un plazo determinado. Dile que tenga paciencia y autocontrol».
Al notar la ausencia de un compañero en su reunión, el Mensajero (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) preguntó por él. Un hombre respondió: «¡Oh, Mensajero! Su hijo ha muerto». El Mensajero fue a visitarlo y le ofreció sus condolencias. Luego dijo: «Escucha: ¿qué preferirías: que tu hijo permaneciera contigo toda la vida, o que se adelantara a ti, se quedara de pie ante la puerta del Paraíso y, cuando murieras, te abriera la puerta?». El compañero respondió: «Prefiero que se adelante a mí al Paraíso y me abra la puerta». El Mensajero dijo: «Entonces eso es lo que te ha sido destinado». El compañero preguntó: «¿Es esto solamente para mí?». El Mensajero respondió: «No, es para todos los musulmanes». (Ahmad, al-Nasa’i)
Abu Musa (que Allah esté complacido con él) narró que un día el Mensajero (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) fue a Jannat al-Baqi y vio a una mujer tendida boca abajo sobre una tumba, llorando. El Mensajero le dijo: «¡Oh, sierva de Allah! Teme a Allah y ten paciencia». La mujer respondió: «¡Oh, siervo de Allah! Soy una madre que ha perdido a su hijo; por tanto, lo que estoy haciendo no es reprochable en mi caso». El Mensajero volvió a decirle: «Ten paciencia». La mujer respondió: «¡Ya basta! He escuchado tus palabras. Ahora vete». El Mensajero se alejó de ella. Al ver a la mujer, un compañero le dijo: «¿Qué te dijo ese hombre?». La mujer le contó todo. El compañero preguntó: «¿Sabes quién era?». Ella respondió: «No». El compañero dijo: «¡Qué desgracia! ¡Era el Mensajero de Allah!». Al oír esto, la mujer corrió a encontrarse con el Mensajero y le dijo: «¡Oh, Mensajero! Tendré paciencia». El Mensajero dijo: «La paciencia debe tenerse en el momento del primer golpe». Es decir, es mejor ser paciente cuando sobreviene una calamidad repentina; de lo contrario, con el paso del tiempo el corazón se tranquiliza de forma natural.
Se relata en Sahih Muslim que murió el hijo de un compañero llamado Abu Talha. En aquel momento, él se encontraba en el extranjero y no sabía en absoluto que su hijo había muerto. Cuando regresó a casa, su esposa les dijo de antemano a todos los miembros de la familia: «Que ninguno de ustedes le revele la muerte de su hijo. Yo le diré todo lo que haya que decirle». Después, preparó la comida de Abu Talha. Por la noche, después de acostarse, le dijo: «Oh, Abu Talha, si alguien presta algo a otra persona y luego se lo reclama, ¿debería esta negarse a devolverlo?». Abu Talha respondió: «No». Entonces su esposa le contó todo lo sucedido y dijo: «Así pues, ten paciencia por la muerte de tu hijo». Al oír esto, Abu Talha se enfadó y dijo: «¿Por qué me lo has comunicado tan tarde?». Después fue ante el Mensajero de Allah —que la paz y las bendiciones de Allah sean con él— y le relató todo lo ocurrido. Al escucharlo, el Mensajero de Allah dijo: «Allah ha bendecido vuestra conducta de anoche». También se menciona en el hadiz: «A nadie se le ha concedido nada mejor ni más amplio que la paciencia».
Se relata que cuando los asesinos hirieron a Uzmán —que Allah esté complacido con él—, mientras la sangre le corría por la barba, dijo: «La ilaha illa anta, subhanaka, inni kuntu minaz-zalimin. Oh, Allah, te pido ayuda contra ellos y te pido ayuda en todos los asuntos; y te pido paciencia ante la prueba en la que me has sumido».
Se relata en Yami at-Tirmidhi que el Mensajero de Allah —que la paz y las bendiciones de Allah sean con él— dijo: «Quien pierda a dos hijos que aún no hayan alcanzado la madurez entrará en el Paraíso». En un hadiz narrado en Sahih Muslim, el Mensajero de Allah dijo: «Los niños fallecidos antes de alcanzar la madurez vagarán libremente por todo el Paraíso. En el Día de la Resurrección encontrarán a sus padres, se aferrarán a ellos y no los soltarán hasta hacerlos entrar en el Paraíso».
El venerable Malik ibn Dinar —que Allah tenga misericordia de él— dijo: «Durante mi juventud era adicto al alcohol. En aquella época murió una hija mía de dos años. La amaba muchísimo. Por eso, quedé tan afligido por su muerte que reduje considerablemente mi consumo de alcohol. Un día, mientras dormía, soñé que había comenzado la Resurrección y que me había levantado de mi tumba. De repente, vi que una enorme serpiente pitón me perseguía. Huí corriendo por miedo a ella, pero la serpiente continuó abalanzándose sobre mí. En el camino vi a un anciano vestido de blanco y le dije: “Por favor, dame refugio. Una serpiente me persigue”. Él respondió: “Soy débil, y esta serpiente es más fuerte que yo. Sigue huyendo; quizá Allah te proteja”. Seguí corriendo hasta llegar a la cima de una montaña. Allí vi a varios niños pequeños jugando. El rostro de cada uno de ellos resplandecía como la luna. Vi que mi hija también estaba entre ellos. Al verme, bajó y arrojó una lámpara contra la serpiente, por lo que esta huyó. Después, mi hija vino a mis brazos y recitó este versículo del Corán: “¿Acaso no ha llegado aún el momento de que los corazones de los creyentes se sometan al recuerdo de Allah y a la verdad que Él ha revelado?”. Le dije: “¡Hijita! ¿Es que también conoces el Corán?”. Ella respondió: “¡Papá! Nosotros sabemos más que ustedes”. Le pregunté: “¿Quiénes son tus compañeros y qué hacen aquí?”. Respondió: “Aquí somos todos los niños fallecidos de padres musulmanes. Permaneceremos aquí hasta el Día de la Resurrección, esperando la llegada de nuestros padres”. Le pregunté: “¡Hijita! ¿Sabes por qué esta serpiente me perseguía?”. Respondió: “Papá, esa serpiente representa tus malas obras. Tú mismo la has hecho fuerte”. Le pregunté: “¿Quién era aquel anciano?”. Respondió: “Era tu buena obra, que se debilitó por tu negligencia. Arrepiéntete y alcanzarás la salvación”. Entonces desperté y me arrepentí inmediatamente».
El Mensajero de Allah —que la paz y las bendiciones de Allah sean con él— dijo: «Cuando una calamidad aflige a un siervo, llega ya sea para purificarlo de un pecado que Allah ha decretado no perdonarle de ninguna otra manera, salvo mediante esa calamidad; o bien para elevarlo a un rango tan elevado que Allah no ha establecido otro medio para que lo alcance».
La Madre de los Creyentes, Umm Salama —que Allah esté complacido con ella—, narró que el Mensajero de Allah —que la paz y las bendiciones de Allah sean con él— dijo: «Quien, al sufrir una calamidad, diga: “Inna lillahi wa inna ilayhi raji’un” y ruegue: “¡Oh, Allah! Protégeme en esta calamidad y concédeme algo mejor a cambio de ella”, recibirá de Allah una recompensa apropiada y una alternativa mejor». Umm Salama —que Allah esté complacido con ella— dijo: «Después, cuando murió mi esposo Abu Salama, hice esa misma súplica. Como resultado, Allah me concedió como esposo a alguien mejor que el Mensajero de Allah». (Sahih Muslim)
El juez Shurayh —que Allah tenga misericordia de él— solía decir: «Cuando me sobreviene una calamidad, alabo a Allah cuatro veces. La primera, porque la calamidad podría haber sido más grave, pero no lo fue. La segunda, porque Allah me concede la capacidad de soportarla. La tercera, porque me permite recitar “Inna lillahi…”. Y la cuarta, cuando veo que la calamidad no ha tomado la forma de hacerme apartar del islam».
Por el contrario, si alguien se muestra desesperado ante las calamidades, desea su propia muerte y destrucción, se rasga el cabello y la ropa, se golpea y araña el rostro y el pecho, y llora gritando con todas sus fuerzas o paga a otros para que lloren por él, Allah ciertamente se enojará con él, lo maldecirá y, según algunas narraciones, anulará sus buenas obras. Esto se debe a que tales actos equivalen a negar el destino, es decir, la decisión de Allah. En particular, desear la propia muerte y destrucción constituye, en cierto modo, un intento de suicidio.
50. Rebelión, insolencia y arrogancia
Allah, el Altísimo, ha dicho: «Solo se puede actuar contra quienes oprimen a la gente y se rebelan injustamente y se comportan con insolencia en la tierra. Para ellos está reservado un castigo doloroso». (Sura Ash-Shura)
El Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: «Allah, el Altísimo, me ha revelado que seáis humildes, para que ninguno agreda a otro ni se comporte con arrogancia». (Sahih Muslim, Sunan Abi Dawud y Sunan Ibn Mayah)
El Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) también dijo: «No hay pecado como la rebelión y la insolencia que haga inevitable el castigo tanto en este mundo como en el Más Allá». (Yami‘ at-Tirmidhi y Sunan Ibn Mayah)
Coré recibió el castigo más ejemplar por este pecado. Era primo hermano del profeta Moisés (la paz sea con él) y uno de los principales consejeros del Faraón. Como castigo por su rebelión y arrogancia, Allah lo enterró vivo bajo tierra junto con todas sus riquezas y bienes. El relato de este acontecimiento aparece así en la Sura Al-Qasas:
«Ciertamente, Coré pertenecía al pueblo de Moisés, pero se rebeló contra ellos y actuó con insolencia. Le habíamos concedido tesoros cuyas llaves habrían resultado pesadas incluso para un grupo de hombres fuertes. Recuerda cuando su pueblo le dijo: “No te regocijes con arrogancia; Allah no ama a los arrogantes. Busca, con lo que Allah te ha concedido, la morada del Más Allá, pero no olvides tu parte legítima de este mundo. Haz el bien a los demás como Allah te ha hecho el bien a ti y no siembres la corrupción en la tierra. Allah no ama a los corruptores”. Él respondió: “Todo esto se me ha concedido por el conocimiento que poseo”. ¿Acaso no sabía que Allah había destruido antes de él a numerosas generaciones que eran más poderosas y más ricas que él? A los pecadores no se les preguntará por sus pecados, pues todo estará registrado en sus libros de obras. Coré salió ante su pueblo con todo su esplendor. Entonces quienes anhelaban la vida mundanal dijeron: “¡Ojalá tuviéramos algo semejante a lo que se le ha concedido a Coré! En verdad, tiene una gran fortuna”. Pero aquellos a quienes se había concedido conocimiento dijeron: “¡Ay de vosotros! La recompensa de Allah es mejor para quienes creen y obran rectamente, pero solo la obtendrán los pacientes”. Luego hicimos que Coré y su palacio se hundieran bajo tierra. No tuvo ningún grupo que pudiera protegerlo del castigo de Allah, ni pudo defenderse a sí mismo. Al día siguiente, quienes habían deseado ocupar el lugar de Coré dijeron: “En verdad, Allah aumenta el sustento a quien quiere y lo restringe a quien quiere. Si Allah no hubiera sido bondadoso con nosotros, también nos habría hecho hundirnos bajo tierra. En verdad, los incrédulos no prosperan”».
El imán Ibn al-Yawzi dice: Existen varias opiniones acerca de cómo Coré manifestó su arrogancia y su rebelión. Según Ibn Abbas, mediante un engaño incitó a una mujer de mala reputación a difundir contra el profeta Moisés (la paz sea con él) la acusación de que él había cometido adulterio con ella. Cuando el profeta Moisés (la paz sea con él) la obligó a decir la verdad bajo juramento, ella confesó que tenía una relación con Coré y que él la había incitado a difundir aquella calumnia. Según Ad-Dahhak y Qatada, Coré negó a un profeta de Allah y cayó en la incredulidad. Según Al-Mawardi, trabajaba en la corte del Faraón y, amparándose en esa posición, oprimía a su propio pueblo, los Hijos de Israel.
Se narra que Ibn Abbas dijo que, cuando el profeta Moisés (la paz sea con él) se enfureció por la calumnia difundida contra él y suplicó contra Coré, Allah le dijo: «¡Oh, Moisés! He ordenado a la tierra que obedezca tus órdenes. Ordénale lo que quieras». Moisés (la paz sea con él) ordenó: «¡Oh, tierra, traga a Coré!». Inmediatamente, la cama de Coré desapareció bajo tierra. Al ver esto, Coré imploró la misericordia de Moisés (la paz sea con él). Pero Moisés volvió a ordenar a la tierra: «¡Trágatelo!». Entonces sus pies se hundieron bajo tierra. Así, mientras Moisés repetía sus órdenes, Coré desapareció por completo bajo tierra.
Los aspectos de la rebelión y la arrogancia de Coré que se ponen de manifiesto en el acontecimiento mencionado, relatado en el Sagrado Corán, son los siguientes:
(1) Perjudicar los intereses de los musulmanes y del propio pueblo mediante la conspiración con los enemigos del islam y de los musulmanes.
(2) En lugar de considerar las riquezas adquiridas como un don de la gracia de Allah, presumir de ellas creyendo que son fruto de su propio conocimiento.
(3) No reconocer el derecho que tienen los pobres de la sociedad sobre sus riquezas y negarse a darles lo que les corresponde; además, exhibir continuamente ante la gente el esplendor de su riqueza, aumentando así el sufrimiento psicológico de los desfavorecidos y haciendo más intenso su sentimiento de privación.
(d) La avaricia, el capitalismo desenfrenado y una mentalidad ostentosa y consumista de carácter monopólico.—-Traductor)
51. Tratar cruelmente a las clases vulnerables, a los esclavos y esclavas, a los sirvientes y sirvientas, y a los animales
Allah ha dicho: «Adorad a Allah y no asociéis a nadie con Él; tratad bien a vuestros padres y también a los parientes, a los huérfanos, a los pobres, a los vecinos parientes, a los vecinos no parientes, al compañero de viaje, al viajero y a los esclavos y esclavas. Allah no ama al arrogante ni al jactancioso». (Sura An-Nisá)
El Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) insistió incluso en los momentos previos a su fallecimiento: «Temed a Allah con respecto a la oración y a quienes están bajo vuestra autoridad». (Abu Dawud, Ibn Mayah)
El Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) también dijo: «Tratar bien a quienes están bajo vuestra autoridad es una fuente de felicidad, y tratarlos mal es una fuente de desgracia». (Musnad Ahmad, Sunan de Abu Dawud)
Hazrat Abu Mas’ud (que Allah esté complacido con él) dijo: Estaba golpeando con un bastón a un sirviente. En ese momento escuché una voz detrás de mí: «Sabe, oh Abu Mas’ud, que Allah te ha concedido autoridad sobre este sirviente». Dije: «¡Oh Mensajero de Allah! Nunca volveré a golpear a esclavos, esclavas, sirvientes ni sirvientas. Lo libero». El Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: «Si no hubieras hecho esto, el fuego te habría consumido el Día de la Resurrección». (Sahih Muslim)
El Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: «A quienes atormentan a la gente en este mundo, Allah les infligirá un castigo severo». En Yami’ at-Tirmidhi y Sunan de Abu Dawud se narra que le preguntaron al Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él): «¿Cuántas veces debemos perdonar a quienes están bajo nuestra autoridad?». El Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) respondió: «Setenta veces al día».
Se narra en el Musnad de Ahmad que el Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) llamó a uno de sus sirvientes. Este llegó con mucho retraso. Entonces el Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él), mostrando el siwak que tenía en la mano, dijo: «Si no temiera tener que rendir cuentas por ello el Día de la Resurrección, te golpearía con este siwak».
Se narra en un hadiz que una mujer se acercó al Mensajero de Allah (s. a. s.) y le dijo: «¡Oh, Mensajero! Insulté a mi esclava llamándola “adúltera”». El Mensajero de Allah (s. a. s.) dijo: «¿Acaso viste en ella algún indicio de adulterio?». La mujer respondió: «No». El Mensajero de Allah (s. a. s.) dijo: «¡Cuidado! Esta muchacha tomará represalias contra ti el Día de la Resurrección». Inmediatamente, la mujer fue junto a su esclava y le dijo, dándole un bastón: «Golpéame». La esclava no aceptó. Entonces, aquella mujer la liberó. Después acudió al Mensajero de Allah (s. a. s.) y le informó de que había liberado a la esclava. El Mensajero de Allah (s. a. s.) dijo: «Cabe esperar que tus pecados sean perdonados».
En los hadices de Sahih al-Bujari y Sahih Muslim se narra que el Mensajero de Allah (s. a. s.) dijo: quien acuse falsamente de algo a su subordinado sufrirá el Día de la Resurrección el castigo de los azotes establecido para la calumnia. El Mensajero de Allah (s. a. s.) dijo: «Hay que proporcionar a los sirvientes, criadas, esclavos y esclavas el alimento y la vestimenta necesarios, y no se les debe imponer una responsabilidad superior a sus capacidades. Si es absolutamente necesario imponérsela, entonces se debe trabajar con ellos. No causéis sufrimiento a las criaturas de Allah. Él os ha hecho sus amos; si hubiera querido, podría haberlos hecho vuestros amos». (Sahih Muslim, Tabarani)
Hacer sufrir de hambre a las personas o animales bajo la propia autoridad, y separar a los hijos de sus padres, son formas sumamente abominables de cometer pecados graves. El Mensajero de Allah (s. a. s.) dijo: quien separe a una madre de su hijo, Allah lo separará de sus seres queridos el Día de la Resurrección. (Yami at-Tirmidhi)
El Mensajero de Allah (s. a. s.) también dijo: «No puede haber pecado mayor que hacer sufrir de hambre a una persona o animal que esté bajo la propia autoridad». (Sahih Muslim)
Del mismo modo, no está permitido golpear con fuerza a los animales domésticos, mantenerlos encerrados constantemente en jaulas, no darles alimento a su debido tiempo ni obligarlos a realizar trabajos superiores a sus capacidades. El Mensajero de Allah (s. a. s.) dijo: «Una mujer sufrirá el castigo por haber atado a una gata y haberla dejado morir de hambre». Es evidente que esto se aplica a todos los animales. En los hadices de Sahih al-Bujari y Sahih Muslim se narra que el Mensajero de Allah (s. a. s.) prohibió utilizar a un animal para algo distinto de su actividad natural y hacerlo trabajar más allá de sus capacidades. Ordenó que, al sacrificar un animal, se utilizara un instrumento afilado, y que al animal que debiera ser matado se le diera muerte en la primera oportunidad, sin mantenerlo cautivo. Se prohibió estrictamente quemar hasta matar a animales dañinos como serpientes, escorpiones, ratas y perros rabiosos. El Mensajero de Allah (s. a. s.) prohibió matar animales por mero entretenimiento o diversión, sin ningún beneficio. Liberar a esclavos y esclavas es una obra de gran recompensa. El Mensajero de Allah (s. a. s.) dijo: quien libere a sus esclavos y esclavas, Allah lo liberará del castigo del Infierno.
52. Causar sufrimiento al vecino
Se narra en Sahih al-Bujari y Sahih Muslim que, en cierta ocasión, el Mensajero de Allah (s. a. s.) dijo: «No es creyente. No es creyente». Todos preguntaron: «¡Oh, Mensajero! ¿Quién?». El Mensajero de Allah (s. a. s.) respondió: «Aquel cuyo vecino no está a salvo de sus actos perjudiciales». Hay tres clases de vecinos. Primero: el vecino musulmán que además es pariente. Este vecino tiene tres derechos: uno como pariente, uno como musulmán y uno como vecino. Segundo: el vecino musulmán que no es pariente. Este vecino tiene dos derechos: uno como vecino y otro como musulmán. Tercero: el vecino no musulmán. Este vecino solo tiene el derecho derivado de la vecindad.
El Mensajero de Allah (s. a. s.) dijo: quien come hasta saciarse mientras su vecino permanece hambriento no es musulmán. El Mensajero de Allah (s. a. s.) también dijo: «Yibril me recomendó tanto cuidar de los vecinos que a veces pienso que quizá se ordenará que el vecino sea mi heredero». (Sunan Abu Dawud, Sunan Ibn Mayah)
El Mensajero de Allah (s. a. s.) también dijo: el vecino pobre se aferrará al vecino rico el Día de la Resurrección y dirá: “¡Oh, Señor! Tú hiciste próspero a este hermano mío, y él vivía muy cerca de mí, pero yo pasaba hambre mientras él comía hasta saciarse. Pregúntale por qué mantenía cerrada la puerta ante mí y me privaba”. El Mensajero de Allah (s. a. s.) dijo: «Tres pecados son los más terribles: asociar copartícipes a Allah, matar a los hijos por temor a la pobreza y violar la castidad de la esposa del vecino». (Sahih al-Bujari, Sahih Muslim, Sunan an-Nasa’i, Yami at-Tirmidhi)
El honorable Ibn Umar tenía un vecino judío. Cada vez que sacrificaban una cabra en su casa, decía: «Llevad algo de carne a nuestro vecino judío». (Sunan Abu Dawud, Yami‘ at-Tirmidhi)
El vecino debe soportar, en la medida de lo posible, el comportamiento molesto de otro vecino, incluso si este es no musulmán, pues eso también forma parte del beneficio y la bondad que se le muestran. En cierta ocasión, un hombre acudió al Mensajero (s. a. s.) y le dijo: «¡Oh, Mensajero! Indícame una acción mediante la cual pueda entrar en el Paraíso». El Mensajero (s. a. s.) dijo: «Sé benévolo». Él preguntó: «¿Cómo sabré si soy benévolo?». El Mensajero (s. a. s.) dijo: «Pregúntale a tu vecino. Si dice que eres benévolo, entonces lo eres; y si dice que eres perjudicial para los demás, entonces lo eres». (Al-Bayhaqi)
En otro hadiz, el Mensajero (s. a. s.) dijo: «Los derechos del vecino consisten en que, cuando pida ayuda, se le ayude; cuando pida un préstamo, se le conceda; cuando necesite algo, se le dé; cuando enferme, se le visite; cuando obtenga un bien, se le felicite; cuando sufra una calamidad, se le dé el pésame; y cuando muera, se acuda a su tumba para realizar la oración fúnebre por él y enterrarlo. No se debe construir una casa alta sin su permiso, privándolo del aire. Si percibe el olor de la comida que se prepara en la olla, hay que darle algo de ella. Si se compran frutas, hay que enviarle un regalo; y, de no hacerlo, no se deben arrojar las cáscaras afuera de modo que pueda verlas».
El Mensajero (s. a. s.) dijo que atentar contra la castidad de una mujer vecina equivale a atentar contra la castidad de otras diez mujeres. Del mismo modo, robar en la casa de un vecino equivale a robar en las casas de otras diez personas.
Dar muestras de paciencia hacia el vecino es una acción muy noble, aunque sea hostil. Se cuenta que el honorable Sahl ibn Abd Allah at-Tustari (que Allah tenga misericordia de él) tenía un vecino adorador del fuego. Cada día, desde la casa del vecino, caía inadvertidamente una gran cantidad de basura en la casa del honorable Sahl. Sin embargo, nunca se quejaba ante él. Durante el día reunía la basura y la cubría, y por la noche la arrojaba afuera. Un día llegó el momento de la muerte de Sahl. Llamó a su vecino, le mostró el montón de basura y le dijo: «Si mi muerte no estuviera cerca, no te mostraría esto. Temo que, después de mi muerte, nadie de mi familia pueda mostrar la misma paciencia que yo. Por eso te lo he mostrado. Haz lo que consideres conveniente». El asombro del vecino adorador del fuego no tuvo límites. Dijo: «Has soportado durante tanto tiempo este asunto tan molesto sin pronunciar siquiera una palabra, mientras que yo todavía persisto en mi incredulidad». Dicho esto, tomó la mano de Sahl y aceptó el islam. Sahl falleció inmediatamente después.
53. Molestar e insultar a los musulmanes, y sembrar discordia, división y enemistad entre ellos.
Allah Altísimo dijo: «¡Oh, creyentes! Que un grupo no se burle de otro, pues aquellos de quienes se burlan pueden ser mejores que quienes se burlan. Que un grupo de mujeres no se burle de otro grupo de mujeres, pues aquellas de quienes se burlan pueden ser mejores que quienes se burlan. No os difaméis ni os injuriéis mutuamente, ni os llaméis unos a otros con malos nombres. ¡Qué abominable es llamar a alguien por un mal nombre después de la fe! Quienes no se aparten de ello son los injustos». Sura Al-Huyurat
Allah también dijo: «No os dediquéis a buscar los defectos de los demás ni os censuréis en su ausencia». En Sahih al-Bujari y Sahih Muslim se narra que el Mensajero (s. a. s.) dijo: «El más aborrecido ante Allah el Día de la Resurrección será aquel de cuya compañía la gente se aleje por temor a escuchar sus palabras obscenas y repugnantes».
El Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones sean con él) también dijo: «¡Siervos de Allah! Allah ha eliminado de vosotros la estrechez. Sin embargo, quien juega con el honor y la dignidad de su hermano musulmán es una excepción: sufrirá esa estrechez.
En Sahih Muslim y Sunan at-Tirmidhi se relata que el Mensajero (la paz y las bendiciones sean con él) dijo: “Para todo musulmán es ilícito perjudicar la vida, los bienes o el honor de otro musulmán”.
También se relata en Sahih Muslim que el Mensajero (la paz y las bendiciones sean con él) dijo: “El musulmán es hermano del musulmán. Ninguno de ellos oprime al otro, ni lo humilla ni lo odia”. No puede haber peor acción para un musulmán que odiar o despreciar a su hermano musulmán. En Sahih al-Bujari y Sahih Muslim se relata que el Mensajero (la paz y las bendiciones sean con él) dijo: “Insultar a un musulmán es perversidad, y combatir contra él es incredulidad”.»
Al-Hakim ibn Hibban, Ahmad y al-Bazzar narran que una vez se le dijo al Mensajero (la paz y las bendiciones sean con él): «Cierta mujer pasa la noche rezando y ayuna día tras día, pero causa daño a sus vecinos con sus palabras hirientes». El Mensajero dijo: «No hay ningún bien en ella. Irá al Infierno». También se relata en un hadiz: «Mencionad únicamente las virtudes de vuestros difuntos y absteneos de mencionar sus defectos, pues ya han llegado al lugar donde recibirán la recompensa de sus obras» (al-Hakim). El Mensajero (la paz y las bendiciones sean con él) dijo: «Si alguien llama “incrédulo” o “enemigo de Allah” a una persona que en realidad no lo es, esa acusación volverá contra quien la pronunció». Es decir, él mismo se convertirá en incrédulo y enemigo de Allah (Sahih al-Bujari y Sahih Muslim).
En Sunan Abi Dawud se relata que el Mensajero (la paz y las bendiciones sean con él) dijo: «La noche de la Ascensión vi a un grupo de personas que tenían garras de cobre en las manos y se arañaban el rostro con ellas. Pregunté: “¡Oh, Gabriel!, ¿quiénes son?”. Él respondió: “Son quienes difamaban y calumniaban a la gente y jugaban con su honor y dignidad”».
En verdad, crear división, discordia y conflictos entre los musulmanes, y provocar enfrentamientos entre los animales, es un terrible pecado mayor. El Mensajero (la paz y las bendiciones sean con él) dijo: «Satanás ya no espera que los musulmanes de la península arábiga lo adoren; sin embargo, todavía espera crear división, discordia y disputas entre ellos».
Este hadiz demuestra que quien provoca alboroto y conflictos entre dos personas o dos grupos, y hace que intercambien palabras hirientes e incendiarias, pertenece al grupo de Satanás: es un calumniador y una de las peores personas. Del mismo modo, quien destruye la relación entre marido y mujer, entre sirviente y amo, o entre trabajador y patrón, pertenece al grupo de Satanás y es un calumniador, aunque lo haga bajo la apariencia de una buena acción. El Mensajero (la paz y las bendiciones sean con él) dijo: «Maldito es quien provoca división y discordia entre marido y mujer, o entre sirviente y amo» (Sunan Abi Dawud).
Del mismo modo, el Mensajero (la paz y las bendiciones sean con él) prohibió terminantemente organizar peleas de gallos, peleas de perros, peleas de toros y otras semejantes como entretenimiento. (Por la misma razón, deberían prohibirse el boxeo y todos los juegos y competiciones que impliquen riesgo de daño físico y desperdicio económico. —El traductor)
Por el contrario, reconciliar a las dos partes en disputa y restablecer sus relaciones es una obra sumamente noble. No hay perjuicio en mantener consultas secretas con ese noble propósito. De otro modo, las consultas secretas pueden generar sospecha, duda y división. En una aleya de la sura an-Nisa, Allah dice: «No hay ningún bien en muchas de sus conversaciones secretas, salvo en las de quien ordena dar caridad, hacer el bien o reconciliar a la gente. A quien haga esto buscando la complacencia de Allah le concederé una enorme recompensa». El Mensajero (la paz y las bendiciones sean con él) alentó especialmente la reconciliación entre las personas, la eliminación de los conflictos, el fortalecimiento de la unidad y el acercamiento de las relaciones. Le dijo a Abu Ayyub al-Ansari: «¿Quieres que te indique una caridad mejor que una manada de camellos rojos?». Él respondió: «Sí, ¡oh, Mensajero!». El Mensajero dijo: «Cuando las relaciones entre las personas se deterioren, arréglalas; y cuando se alejen unas de otras, acércalas».
Restablecer las buenas relaciones es una obra tan noble que el Mensajero (la paz y las bendiciones sean con él) permitió, cuando fuera necesario, decir algo que no fuera verdad para lograrlo.
En Sahih al-Bujari se relata que el Mensajero (la paz y las bendiciones sean con él) dijo: «No es mentiroso quien intenta reconciliar a las personas y, como resultado, aquello que dice produce un buen efecto». En un hadiz narrado en Sahih Muslim, Umm Kulthum dijo: «El Mensajero (la paz y las bendiciones sean con él) solo permitió mentir en tres casos: durante la guerra, para reconciliar a las personas y cuando el marido dice algo a su esposa o la esposa dice algo a su marido».
En Sahih al-Bujari se relata que, al enterarse de que estaba a punto de estallar una guerra entre los Banu Amr, el Mensajero (la paz y las bendiciones sean con él) acudió allí con un grupo de compañeros y calmó la tensión. El Mensajero dijo: «Quien resuelve la disputa entre dos personas, Allah purificará todas sus obras, le concederá la recompensa de liberar a un esclavo por cada palabra suya y le perdonará todos sus pecados anteriores».
54. Causar daño a los siervos piadosos y temerosos de Allah
Allah, exaltado sea, dice: «Quienes causan daño a los hombres y mujeres creyentes difundiendo sobre ellos aquello que no han hecho, cargan con una calumnia y un pecado manifiesto» (sura al-Ahzab). «Prestad atención a los creyentes obedientes» (sura al-Hijr).
Se relata de Abu Huraira que el Mensajero (la paz y las bendiciones sean con él) dijo: «Allah, exaltado sea, ha dicho: “A quien cause daño a uno de Mis amigos le declaro la guerra”». En un hadiz mencionado anteriormente se relata que, en cierta ocasión, los tres compañeros Salman al-Farisi, Suhayb y Bilal (que Allah esté complacido con ellos) estaban sentados juntos. En ese momento llegó Abu Sufyan. Al verlo, dijeron: «Las espadas de Allah no han tomado una justa represalia contra el enemigo de Allah». Abu Bakr, que estaba presente, al oír esto dijo: «¿Habláis así del anciano dirigente de la tribu de Quraysh?». Después acudió al Mensajero y le informó de todo el asunto. El Mensajero (la paz y las bendiciones sean con él) dijo: «¡Oh, Abu Bakr! Probablemente has provocado resentimiento en el corazón de esos tres compañeros y has enojado también a Allah» (es decir, no has obrado bien). Abu Bakr fue inmediatamente junto a los tres compañeros y dijo: «Hermanos, ¿os habéis enojado por mis palabras?». Ellos respondieron: «No, hermano. Que Allah te perdone».
Cabe señalar que los primeros que creyeron en los profetas pertenecían a las clases pobres. No solo en el caso de aquel profeta, sino en el de todos los profetas, los pobres fueron los primeros en creer. El Mensajero (la paz y las bendiciones sean con él) solía sentarse frecuentemente con compañeros pobres como Suhayb, Salman y Bilal, entre otros. Los politeístas averiguaron por medio de un sabio judío que una señal de los profetas y mensajeros es que sus primeros seguidores suelen proceder de entre los pobres. Por ello idearon una estrategia para apartar a los pobres de él. Algunos dirigentes de los politeístas acudieron al Mensajero y dijeron: «¡Muhammad!, aparta a los pobres de tu alrededor, pues nos repugna sentarnos con ellos. Si los apartas, las personas más distinguidas e influyentes de la sociedad creerán en ti». En respuesta, Allah reveló: «No apartes a quienes invocan a su Señor mañana y tarde buscando Su complacencia» (al-An’am).
Después de que fracasara esta conspiración de los idólatras, dijeron: «Oh, Muhammad, si no quieres expulsarlos, establece un día para nosotros y otro para ellos». En respuesta, Allah reveló: «Permanece junto a quienes invocan a su Señor mañana y tarde, buscando Su complacencia; no apartes de ellos tu mirada por el deseo de los adornos de la vida mundana». (Sura al-Kahf)
Después, el Mensajero (la paz sea con él) mostró aún mayor cuidado por los Compañeros pobres y les concedió mayor importancia y honor. Desde entonces, se estableció como principio permanente del islam que la medida del honor y del respeto sean la fe, las buenas obras, el temor de Allah y la piedad, no el esplendor mundano, la pompa, la riqueza ni la influencia. Quienes aventajan a otros en piedad, temor de Allah y nobleza de carácter no deben ser despreciados, desatendidos ni ignorados por ser pobres, y de ninguna manera se les debe causar daño.
55. Vestir prendas que lleguen por debajo de los tobillos para mostrar arrogancia y nobleza
En Sahih al-Bujari se narra que el Mensajero (la paz sea con él) dijo: «Quien vista una prenda que llegue por debajo de los tobillos irá al Infierno». En el Muwatta del imán Malik, Sahih al-Bujari, Sahih Muslim, Yami at-Tirmidhi y Sunan Ibn Mayah se narra que el Mensajero (la paz sea con él) dijo: «Allah no mirará a quien deje arrastrar su vestimenta por debajo de los tobillos por arrogancia». En Sunan Abu Dawud se narra que un hombre estaba rezando con una prenda que le arrastraba por debajo de los tobillos. Entonces el Mensajero (la paz sea con él) le dijo: «Ve y haz la ablución». Cuando regresó tras hacer la ablución, volvió a decirle: «Ve y haz la ablución». Un hombre preguntó: «¡Oh, Mensajero! ¿Por qué le ordenaste hacer la ablución?». El Mensajero (la paz sea con él) permaneció callado. Después de un rato dijo: «Estaba rezando con una prenda que le arrastraba por debajo de los tobillos. Allah no acepta una oración de esta clase». En Sahih al-Bujari, Sahih Muslim, Sunan Abu Dawud y Sunan Ibn Mayah se narra que, cuando el Mensajero (la paz sea con él) dijo: «Allah no mirará en el Día de la Resurrección a quien deje arrastrar su vestimenta por debajo de los tobillos por arrogancia», Abu Bakr (que Allah esté complacido con él) dijo: «¡Oh, Mensajero! Si no ato bien mis pantalones, se aflojan y se arrastran». El Mensajero (la paz sea con él) dijo: «Tú no estás entre quienes lo hacen por arrogancia». Cabe señalar que en muchos hadices relacionados con este asunto no aparecen las palabras «para mostrar arrogancia y nobleza». (Nota del traductor)
56. El uso de oro y seda por parte de los hombres
En Sahih al-Bujari y Sahih Muslim se narra que el Mensajero (la paz sea con él) dijo: «Quien use seda en este mundo no podrá usar seda en la otra vida». En Sunan Abu Dawud y Sunan an-Nasa’i se narra que el uso del oro y la seda ha sido prohibido para los hombres de mi comunidad». Esto se aplica tanto a los militares como a los civiles. En Sahih al-Bujari también se narra que el Mensajero (la paz sea con él) prohibió comer y beber en recipientes de oro y plata, vestir prendas de seda y sentarse sobre lechos de seda. Quien considere lícito que los hombres usen seda, o considere lícito cualquier otra cosa prohibida, es un incrédulo. Solamente una persona enferma puede usarla si, según el médico, resulta indispensable. Asimismo, los soldados pueden usarla cuando sea necesario en el campo de batalla. El uso de seda y oro por parte de los hombres por simple gusto y adorno está unánimemente prohibido. Del mismo modo, está prohibido que los hombres usen prendas cuyos hilos sean mayoritariamente de seda. En Sahih Muslim se narra que el Mensajero (la paz sea con él), al ver un anillo de oro en la mano de un hombre, se lo quitó y dijo: «Este hombre ha deseado ponerse con su propia mano el fuego del Infierno». Asimismo, los diseños y bordados de oro y seda están prohibidos para los hombres. Sin embargo, existe desacuerdo respecto a permitir el uso de oro y seda a los niños. Según el imán Ahmad ibn Hanbal y la mayoría de los imanes, también está prohibido para los niños varones.
57. Desobedecer a la autoridad legítima y romper unilateralmente el vínculo de obediencia legítima
En la sharía islámica son legítimos tres tipos de autoridad y liderazgo, y quien esté sometido a cualquiera de ellos tiene prohibido abandonar unilateralmente la obediencia a dicha autoridad y romper la relación. Primero: cuando, debido a las costumbres establecidas y a las relaciones internacionales, una persona se convierte en esclava o sirviente de otra, si el amo no maltrata ni oprime a su esclavo o sirviente, es ilícito abandonarlo unilateralmente y huir. Sin embargo, huir de un amo opresor es lícito y se considera hégira. Segundo: la autoridad del esposo sobre la esposa. Mientras el esposo mantenga a su esposa y le conceda todos los derechos conyugales reconocidos por la ley, es ilícito para la esposa abandonar la obediencia al esposo, romper la relación y desobedecerlo. (Véase el pecado grave número 47). Tercero: la obediencia a un líder o grupo que imparta órdenes de una manera conforme a la sharía. Abandonar la obediencia a un líder o grupo de este tipo y romper la relación constituye algo prohibido y un pecado grave. A continuación se exponen algunos hadices sobre la obediencia a estos tres tipos de autoridad.
El Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: «Cuando un esclavo o sirviente huye, sus oraciones y cualquier otra buena obra no son aceptadas hasta que regrese; cuando una esposa desobedece a su marido, no son aceptadas hasta que le obedezca; y cuando una persona se emborracha bebiendo alcohol, no son aceptadas hasta que recupere la sobriedad». (Sahih Muslim, at-Tabarani, Sahih Ibn Juzayma). El Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) también dijo: «Nadie es responsable por el destino de tres personas —es decir, ellas mismas son responsables—: quien rompe su relación con su comunidad u organización y desobedece a su líder; el sirviente que abandona a su amo, huye y muere en estado de desobediencia; y la esposa que, pese a que su marido satisface todas sus necesidades, se mueve sin cubrirse debidamente en ausencia de él y exhibe su belleza de manera contraria al islam». (Sahih Ibn Hibban, at-Tabarani y al-Hakim).
58. Sacrificar un animal en nombre de alguien distinto de Allah
Allah dice en la sura Al-An’am: «No comáis de aquello sobre lo que no se ha mencionado el nombre de Allah al sacrificarlo; eso es un pecado grave…». El imán Ibn Abbas, al-Kalbi, Ata y otros imanes dijeron, al explicar este versículo, que se refiere a los animales sacrificados por los incrédulos y politeístas en nombre de alguien distinto de Allah. De lo contrario, los animales sacrificados por los musulmanes son lícitos por consenso, se haya mencionado o no sobre ellos el nombre de Allah. At-Tabarani relata que un hombre preguntó: «¡Oh, Mensajero! Si alguno de nosotros olvida mencionar el nombre de Allah al sacrificar, ¿qué ocurrirá?». El Mensajero (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) respondió: «El nombre de Allah está en la boca de todo musulmán». En el Muwatta del imán Malik y en Sahih al-Bujari se relata que algunos musulmanes dijeron: «¡Oh, Mensajero! La gente viene a ofrecernos carne, pero no sabemos si esos animales fueron sacrificados mencionando el nombre de Allah». El Mensajero respondió: «Mencionad el nombre de Allah y comed».
59. Afirmar deliberadamente ser hijo de alguien distinto del propio padre
Se ha narrado en Sahih al-Bujari que el Mensajero (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: «A quien se presenta como hijo de alguien distinto de su propio
padre, le será prohibido el Paraíso. En otro hadiz de Sahih al-Bujari, a una persona así se la ha llamado incrédula y se han pronunciado contra ella maldiciones y condenas. En Sahih Muslim se relata que el Mensajero (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: «Quien se presenta como hijo de alguien distinto de su propio padre, sabiendo que no es su padre, no pertenece a mi comunidad; por el contrario, es un incrédulo. Quien reivindica ser lo que no es, no pertenece a mi comunidad; debe tomar su morada en el Infierno. Y quien llama incrédulo o enemigo de Allah a alguien que en realidad no lo es, verá que sus palabras se aplican a él mismo; es decir, él mismo se convertirá en incrédulo y enemigo de Allah. Sātkaranī es uno de los suyos».
60. Discutir, disputar y polemizar deliberadamente en defensa de la injusticia
Allah, exaltado sea, dice: «Entre la gente hay quien te maravilla por lo que dice acerca de la vida mundana y pone a Allah como testigo de lo que hay en su corazón, pero es un enemigo encarnizado». El imán al-Gazali (que Allah tenga misericordia de él) dijo: En la ley islámica hay tres tipos de discusión, y los tres son censurables. Uno es el «mira». Significa objetar a las palabras de alguien buscando únicamente un defecto lingüístico. Su propósito no es otro que humillar al orador y demostrar que uno mismo es superior a él. El segundo es el «yidal». Significa manifestar una diferencia de opinión y tratar de establecer que la propia opinión es preferible. El tercero es la «jusuma». Su propósito es obtener dinero u otro tipo de beneficio. A veces se inicia deliberadamente; otras veces se plantea tomando como punto de partida las palabras de otra persona. El primero, es decir, el «mira», nunca se inicia deliberadamente desde el principio, sino que se sirve de alguna otra afirmación como pretexto. Los otros dos pueden iniciarse tanto al principio como después. Sin embargo, el propósito de los tres es deshonesto e injusto.
El imán an-Nawawi dijo: La discusión solo puede ser de dos clases: en defensa de la injusticia o en defensa de la justicia. Allah dijo: «No discutáis con la Gente del Libro sino de la mejor manera». «Nadie discute sobre los signos de Allah salvo los incrédulos». Si el propósito de la discusión es conocer y establecer la verdad, entonces es elogiable; pero discutir para rechazar la verdad y discutir sobre asuntos desconocidos es censurable. A la luz de esta explicación deben entenderse las declaraciones relativas a las discusiones mencionadas en el Corán y los hadices. Incluso si se discute en defensa de una reivindicación justa, si la discusión se transforma en mentiras, palabras hirientes o expresiones indecentes, también es censurable y debe abandonarse.
El Mensajero (s.a.w.) dijo: Persistir continuamente en las disputas es suficiente para caer en el pecado. (Tirmidhi) El Mensajero (s.a.w.) también dijo: «Aquel que discute sobre un asunto que desconoce seguirá incurriendo en el desagrado de Allah hasta que abandone esa disputa». (Tirmidhi) El Mensajero (s.a.w.) también dijo: Cuando una persona se extravía, se vuelve pendenciera. (Tirmidhi) El Mensajero (s.a.w.) también dijo: «Temo por vosotros, sobre todo, tres cosas: el desliz de quienes poseen suficiente conocimiento del Corán y del Hadiz; que un hipócrita que lleva el nombre de musulmán se involucre en disputas sobre el Corán; y la codicia por este mundo, que os incitará a mataros unos a otros». (Tabarani) El Mensajero (s.a.w.) dijo: «Discutir sobre el Corán es kufr». (Abu Dawud) El Mensajero (s.a.w.) dijo: «Quien se abstenga de discutir aun estando seguro de la verdad de su propia opinión tendrá su morada en el lugar más elevado del Paraíso. Y quien evite discutir sin estar seguro de la verdad de su propia opinión tendrá su morada en un lugar común del Paraíso.»
61. No dar a otros el agua sobrante
Allah Todopoderoso dice: «¿Habéis considerado que, si vuestra agua se hundiera en la tierra, quién os proporcionaría agua corriente?» (Sura Al-Mulk)
En Sahih Bujari y Sahih Muslim se narra que el Mensajero (s.a.w.) dijo: «No os abstengáis de dar el agua sobrante, para que Allah no se abstenga de concederos cosechas». En el Musnad se narra que el Mensajero (s.a.w.) dijo que Allah negará Su favor el Día del Juicio a quien se niegue a dar su agua sobrante y su pasto sobrante.
En Sahih Muslim y Sahih al-Bujari se narra que el Mensajero (s.a.w.) dijo: «Allah no hablará el Día del Juicio con tres personas, no las mirará, no las purificará y tendrán reservado un castigo doloroso: quien posea agua sobrante pero no se la dé al viajero; quien jure lealtad a un líder únicamente por intereses mundanos, mantenga su juramento si el líder le concede lo que le interesa y lo rompa en caso contrario; y quien, para vender algo a un precio elevado, jure diciendo: “Lo compré por tanto”, aunque en realidad no lo haya comprado a ese precio, y el comprador le crea». Sahih al-Bujari describió al primero de la siguiente manera: «A quien no dé a otra persona su agua sobrante, Allah le dirá el Día del Juicio: “Así como no diste a nadie el sobrante de algo que no creaste con tus propias manos, tampoco te concederé hoy Mi favor”.»
62. Dar menos en la medida y en el peso
Allah dice: «¡Ay de quienes merman la medida y el peso! Quienes, cuando reciben de la gente algo medido, lo reciben completo, pero cuando ellos miden para otros, dan menos». El imán Suddi dice: Cuando el Mensajero (s.a.w.) emigró, había allí un comerciante llamado Abu Yuhaína. Tenía dos balanzas: con una medía sus propios productos y con la otra medía los productos de los demás. Respecto a él fue revelado este versículo.
El Mensajero (s.a.w.) dijo: «Cinco cosas hacen inevitables otras cinco: si un pueblo rompe sus promesas, Allah hará que sus enemigos lo dominen; si un pueblo gobierna el país mediante leyes inventadas, en lugar de las leyes de Allah, la pobreza se extenderá entre ellos; si en un pueblo aumentan ampliamente la obscenidad y el adulterio, aumentará el número de sus muertes; si merman la medida y el peso, disminuirán las cosechas y habrá hambruna; y si dejan de dar el zakat, dejará de llover».
Cabe señalar que quien da menos en la medida, en realidad roba poco a poco y de manera inadvertida, y obtiene ganancias ilícitas.
63. Sentirse seguro frente al castigo y la ira de Allah
Allah Todopoderoso dice: «Cuando olvidaron aquello que se les había recordado, les abrimos las puertas de todas las cosas —es decir, les abrimos las puertas de la abundancia y la prosperidad—. Luego, cuando se regocijaron desmesuradamente por los bienes que se les habían concedido, los sorprendimos de repente y los apresamos. Entonces quedaron sumidos en la más profunda desesperación. Después, los injustos fueron exterminados». Aquí, apresarlos de repente significa capturarlos de una manera que no percibieran. El imán Hasan al-Basri dijo: «Si Allah concede a alguien abundantes riquezas y este piensa que no será puesto a prueba, eso no demuestra inteligencia. Del mismo modo, si alguien es arrojado a una extrema pobreza y piensa que ha sido abandonado y que nadie se ocupa de él, también está incurriendo en una falsa concepción».
El Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: «Cuando veas que Allah concede a un siervo aquello que le gusta, mientras este persiste en desobedecer a Allah, debes saber que se le está dando un plazo y que solo es cuestión de tiempo que el castigo descienda sobre él». Luego recitó este versículo.
Se narra que, cuando Iblis, a pesar de pertenecer al grupo de los ángeles, fue alcanzado por la ira ardiente de Allah, Jibril y Mikail comenzaron a llorar. Allah preguntó: «¿Qué les ocurre para que lloren?». Ellos respondieron: «Señor nuestro, tememos ser puestos a prueba por Ti». Allah dijo: «Permanezcan así; no se sientan seguros frente a Mi prueba». En Yami‘ at-Tirmidhi se relata que el Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) recitaba muy frecuentemente esta súplica: «¡Oh, Tú que cambias los corazones! Mantén nuestros corazones firmes en Tu religión». Le preguntaron: «Oh, Mensajero de Allah, ¿teme usted por nuestra fe?». El Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) respondió: «Los corazones están entre los dos dedos de Allah; Él los hace girar como quiere y cuando quiere».
En Sahih al-Bujari se relata que el Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: «Una persona obra como la gente del Paraíso hasta que llega a un punto en el que solo queda un codo entre ella y el Paraíso. En ese preciso momento se cumple sobre ella lo que estaba escrito en su destino, obra como la gente del Infierno y entra en él. Del mismo modo, obra como la gente del Infierno hasta acercarse a él. Entonces se cumple sobre ella lo que estaba escrito en su destino, realiza las obras de la gente del Paraíso y se convierte en una de sus habitantes». El destino de una persona queda determinado por sus últimas obras.
Allah Todopoderoso ha narrado en el Sagrado Corán el caso de Bal’am Ba’ura. A pesar de haber adquirido un conocimiento completo de Allah y de la sharía, su fe se corrompió. Del mismo modo, un asceta llamado Barsisa murió como incrédulo. Por ello, cada persona debe estar atenta respecto de su propia fe y recitar abundantemente esta súplica: «Rabbana la tuzig qulubana ba‘da idh hadaytana wa hab lana min ladunka rahmatan innaka antal-Wahhab». «¡Señor nuestro! Después de habernos guiado, no desvíes nuestros corazones y concédenos misericordia de Tu parte. Ciertamente, Tú eres el Gran Dador». Aisha (que Allah esté complacido con ella) narró que el Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) solía recitar con frecuencia esta súplica: «¡Oh, Tú que cambias los corazones! Mantén mi corazón firme en la obediencia». Pregunté: «¡Oh, Mensajero de Allah! Usted recita esta súplica con mucha frecuencia. ¿Acaso tiene miedo?». Él respondió: «Oh, Aisha, los corazones de los siervos están entre los dos dedos de Allah, y Él los hace girar como quiere. ¿Cómo podría estar tranquilo?». Por tanto, la guía proviene únicamente de Allah; cuando la firmeza en el camino recto depende de Su voluntad, el desenlace de la persona es desconocido y la firmeza de su intención es incierta, no es apropiado enorgullecerse de la propia fe, las buenas obras, la oración y el ayuno. Hay que recordar que, aunque la fe y muchas buenas obras son adquisiciones del siervo, Allah es quien le concede la capacidad, la motivación y la oportunidad para realizarlas.
En este contexto, siempre debemos recordar lo siguiente:
(1) Así como una persona puede volverse arrogante por enriquecerse con algún bien mundano y despreciar y considerar insignificantes a quienes son inferiores y están privados de él —por lo cual Allah puede arrebatarle dicho bien, como se lo arrebató a Qarun y a otros—, del mismo modo puede volverse arrogante por sus bienes de la fe, las buenas obras y el Más Allá, y odiar, despreciar, humillar y envidiar a quienes ocupan un nivel inferior. Por ello, esas buenas obras pueden quedar anuladas y la fe también puede serle arrebatada, como les ocurrió a Iblis, Barsisa y Bal’am Ba’ura. Por tanto, es obligatorio agradecer a Allah a cada instante por la propia fe, rectitud y sinceridad, y suplicar por su permanencia.
(2) La fe y las buenas obras quedan anuladas a causa de la envidia, el rencor, la ostentación y la confusión de la intención. El Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: «La envidia devora las buenas obras del mismo modo que el fuego devora la leña seca». Por tanto, hay que vigilar siempre el corazón y buscar refugio en Allah, para que todas estas cosas no destruyan la valiosa riqueza de la fe y las obras, adquirida con tanto esfuerzo.
64. Desesperar de la misericordia de Allah
Allah, el Altísimo, dijo: «Di: “¡Oh, Mis siervos que habéis cometido excesos contra vosotros mismos! No desesperéis de la misericordia de Allah. Ciertamente, Allah perdona todos los pecados. Él es el Perdonador, el Misericordioso”». (Sura Az-Zumar)
«Nadie desespera de la misericordia de Allah, salvo los incrédulos». (Sura Yusuf)
Se relata en un hadiz que, el Día de la Resurrección, un pregonero llamará en voz alta desde la dirección del Trono: «¿Dónde está fulano? ¿Dónde está fulano?». Quien escuche esta llamada comenzará a temblar de miedo. Allah le dirá: «A ti se te ha llamado. Ven y preséntate ante el Creador de los cielos y de la Tierra». En ese momento, todos los siervos de Allah mirarán hacia el Trono con los ojos desorbitados por el temor. La persona cuyo nombre haya sido llamado se presentará ante Allah. Entonces Allah lo ocultará de la vista de todos los demás mediante Su luz. Después le dirá: «¡Oh, Mi siervo! ¿Acaso no sabías que Yo observaba en la Tierra todas tus acciones?». Él responderá: «Sí, mi Señor, lo sabía». Allah dirá: «¡Oh, Mi siervo! ¿Acaso no habías oído que castigo severamente a Mi siervo desobediente?». Él responderá: «Sí, lo había oído». Allah dirá: «¡Oh, Mi siervo! ¿Me has desobedecido?». Él responderá: «Sí, lo hice algunas veces». Allah dirá: «¿Qué pensabas hoy de Mí?». Él responderá: «¡Oh, mi Señor! Pensaba que me perdonarías». Allah dirá: «¡Oh, Mi siervo! ¿Estabas seguro de que te perdonaría?». Él responderá: «Sí, porque me viste cometer pecados, pero los ocultaste». Allah dirá: «Te he perdonado y he demostrado que tu esperanza era verdadera. Toma aquí el registro de tus obras con tu mano derecha. He aceptado las buenas obras que contiene y he perdonado todas las malas. Yo soy Magnánimo y Misericordioso».
Se relata en Sahih al-Bujari y Sahih Muslim que, en cierta ocasión, llevaron ante el Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) a varios prisioneros. Vio que, entre ellos, una mujer, al ver a su pequeño hijo, lo tomó en brazos y comenzó a amamantarlo. El Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo a sus compañeros: «¿Creéis que esta mujer podría arrojar a su hijo al fuego?». Ellos respondieron: «No». Entonces el Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: «Esta mujer es más compasiva con su hijo que Allah con Sus siervos».
En este hadiz qudsí, transmitido por Sahih al-Bujari y Sahih Muslim, Allah dice: «Soy tal como Mi siervo piensa de Mí. Estoy con él dondequiera que Me recuerda. Allah se alegra más por el arrepentimiento de Su siervo pecador que aquel hombre cuyo camello se perdió en el desierto y, cuando estaba desesperado y al borde de la muerte, lo encontró. Quien se acerca a Mí un palmo, Yo me acerco a él un codo; y cuando él viene hacia Mí caminando, Yo voy hacia él corriendo».
Se relata en Sahih Muslim que el Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: «Si el creyente supiera qué castigo por los pecados ha decretado Allah, nadie esperaría alcanzar Su Paraíso. Y si supiera cuánta misericordia y compasión hay junto a Allah, nadie desesperaría de Su Paraíso».
No se debe desesperar únicamente respecto a la salvación en la Otra Vida, sino tampoco respecto a la felicidad y la tranquilidad en este mundo. Allah ha prohibido toda forma de desesperación, porque la desesperación empuja al ser humano hacia la destrucción, incita al pecador a pecar aún más y lleva a la persona afligida por las calamidades, las desgracias y la pobreza a cometer actos pecaminosos como el suicidio, desear la muerte y ganar dinero por medios ilícitos. Por muy penosa que sea la situación en la que caiga una persona, debe afrontar pacientemente toda circunstancia por medios lícitos, confiando en la esperanza de la misericordia de Allah.
(El pecado grave número 64 estaba incompleto en la obra original. Allí no había nada aparte de su primer hadiz; ni siquiera había un título. A la luz del contenido de ese primer hadiz, el traductor completó el pecado grave número 64 añadiendo su título y los versículos y hadices restantes.)
65. Abandonar la oración en congregación sin excusa y rezar a solas
Se narra en Sahih Muslim y Sunan Ibn Mayah que el Mensajero (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él), refiriéndose a un grupo de personas acostumbradas a abandonar la oración en congregación, dijo: «Deseo ordenar a otra persona que dirija la oración y luego ir a quemar las casas de quienes abandonan la congregación». En otro hadiz de Sahih Muslim, el Mensajero (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: «Quienes están acostumbrados a abandonar la oración en congregación deben abandonar esa costumbre; de lo contrario, Allah sellará sus corazones y ciertamente se volverán negligentes».
Se narra en Sunan Abu Dawud y Sunan Ibn Mayah que el Mensajero (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: «A quien abandone tres oraciones del viernes por desprecio, Allah le sellará el corazón». El Mensajero también dijo: «A quien abandone la oración del viernes sin excusa y sin temor de sufrir daño alguno, se le inscribirá como hipócrita en un registro del que no se ha borrado ni modificado nada».
Se narra en Sunan an-Nasa’i que el Mensajero (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: «Es obligatorio para todo varón adulto realizar la oración del viernes».
Se narra en Sunan Abu Dawud que el Mensajero (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: «A quien escuche la llamada a la oración y, sin excusa alguna, se abstenga de acudir a la congregación, no se le aceptará la oración que realice en su casa».
66. Perjudicar a un heredero mediante un testamento
Se narra en Yami at-Tirmidhi, Sunan Abu Dawud y Sunan Ibn Mayah que el Mensajero (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: «Un hombre o una mujer puede obedecer plenamente a Allah durante sesenta años y luego, al enfrentarse a la muerte, perjudicar a otra persona mediante un testamento. Por ello, el Infierno se vuelve inevitable para él o ella».
Se narra en Sunan Ibn Mayah que el Mensajero (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: «A quien usurpe la herencia de alguien, Allah le usurpará la herencia del Paraíso». En Yami at-Tirmidhi se relata que el Mensajero (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: «Allah ha garantizado a cada persona su derecho legítimo. Por tanto, no se permite hacer un testamento en favor de un heredero».
67. Engaño, artimañas y conspiración
Allah Todopoderoso dice: «La mala conspiración rodea por todos lados únicamente a quienes la urden». El Mensajero (s. a. s.) dijo: «El lugar del conspirador y del engañador es el Infierno». El Mensajero (s. a. s.) dijo: «Ningún engañador, avaro ni calumniador entrará en el Paraíso». En el Sagrado Corán, Allah Todopoderoso ha descrito el engaño como una característica de los hipócritas: «Ellos (los hipócritas) engañan a Allah y a los creyentes». En un hadiz de Sahih Muslim, el Mensajero (s. a. s.) dijo: «Quien engañe a alguien respecto a sus bienes y a su familia estará entre los moradores del Infierno». (También se incluyen entre el fraude y la falsificación la fabricación de productos falsificados o adulterados, monedas, certificados, pasaportes y otros documentos falsos, así como intentar alcanzar fines ilícitos disfrazándose con la ropa de personas de otra profesión; nota del traductor.)
68. Avaricia, derroche y gasto excesivo; es decir, gastos ilícitos y desordenados
Allah Todopoderoso dice: «No mantengas tu mano atada a tu hombro ni la extiendas por completo». Es decir, no seas avaro ni derrochador. Allah también dice: «No derrochéis. En verdad, los derrochadores son hermanos de Satanás». (Sura Bani Israil)
El Mensajero (s. a. s.) dijo: «El avaro nunca entrará en el Paraíso». Allah dice: «Que quienes son avaros con los bienes que Allah les ha concedido no piensen que eso es bueno para ellos. Al contrario, es malo para ellos. Aquello con lo que son avaros les será colgado del cuello el Día de la Resurrección». Allah también dice: «¡La ruina sea para quienes no prestan las cosas de uso indispensable!». (Sura Al-Maún)
En resumen, así como se deben respetar las disposiciones de la sharía al adquirir bienes, también se deben seguir sus disposiciones al gastarlos. No gastar, o gastar menos, en lo necesario y en aquello que prescribe la sharía es avaricia; gastar más de lo necesario es derroche, y desperdiciar el dinero también es derroche. Todo esto está comprendido en los gastos ilícitos y desordenados, y constituye un pecado grave. El lujo excesivo también es una forma de derroche.
69. Revelar al enemigo los asuntos confidenciales de los musulmanes
El ilustre compañero Hatib ibn Abi Balta’a, uno de los combatientes de Badr, estuvo a punto de revelar el plan del Mensajero (s. a. s.) para conquistar La Meca, por el deseo de proteger a su familia que se encontraba allí. Al enterarse de este asunto a tiempo mediante la revelación, el Mensajero (s. a. s.) tomó medidas inmediatas y su carta no pudo llegar a La Meca. Hadrat Umar pidió permiso para matar a dicho compañero, protagonista de este incidente, calificándolo de hipócrita. Pero el Mensajero (s. a. s.) no le dio permiso. Aceptó la excusa y la explicación de Hatib y lo perdonó. Sin embargo, no hay duda de que ese acto fue injusto. Se le consideró digno de perdón únicamente por haber sido uno de los combatientes de Badr. Un acto semejante no será digno de perdón en el caso de ninguna otra persona.
70. Insultar a cualquier compañero del Profeta
Este hadiz, narrado en Sahih al-Bujari y Sahih Muslim, ya se ha mencionado anteriormente: «Allah dice (en un hadiz qudsí): “A quien trate con enemistad a uno de Mis allegados, le he declarado la guerra”. El Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: “No insultéis a mis compañeros. Juro por Aquel en cuya mano está mi alma que, aunque uno de vosotros gastara en el camino de Allah oro equivalente al monte Uhud, no alcanzaría ni siquiera la mitad del mérito de ninguno de mis compañeros”.» (Sahih al-Bujari y Sahih Muslim)
El Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) también dijo: «Temed a Allah respecto a mis compañeros. No los convirtáis en objetivo de insultos después de mi fallecimiento. Quien los ame, los amará movido por su amor hacia mí; y quien les guarde rencor, les guardará rencor por su odio hacia mí. Quien les cause daño, me causará daño; y quien me cause daño, causará daño a Allah. Y a quien cause daño a Allah, Él lo apresará pronto». (Yami‘ at-Tirmidhi)
La razón fundamental de la importancia y el elevado rango de los nobles compañeros es que creyeron directamente en el Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él), recibieron instrucción de él y, junto a él, lucharon por la causa de Allah y trabajaron para propagar y establecer la religión. Ellos fueron la mejor y primera generación de esta comunidad. Si ellos no hubieran existido, no habríamos recibido nada del Noble Corán, del Hadiz ni de la sharía. Por tanto, insultarlos y albergar odio hacia ellos equivale a albergar odio hacia Allah, Su Mensajero y la religión, y a quedar fuera del islam.
Entre todos los compañeros, diez son los mejores. Son los Ashara Mubashshara, es decir, aquellos a quienes se anunció el Paraíso mientras aún estaban vivos. Entre ellos, los cuatro califas son los más excelentes. Sobre ellos, el Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: «Aferráos a mi sunna y, después de mí, seguid la sunna de los califas rectamente guiados. Seguidlos firmemente y rechazad las prácticas innovadas ajenas a la sharía».
Es cierto que las discrepancias surgidas entre los nobles compañeros sobre diversos asuntos pueden plantearnos algunas dificultades. Sin embargo, en este caso lo más seguro es guardar silencio. Si fuese absolutamente necesario expresar una opinión, se debe apoyar la opinión de la mayoría de los compañeros y la política de los califas rectamente guiados, y otorgar la máxima autoridad a la opinión del Noble Corán y de la Sunna. No obstante, nunca será lícito hacer comentarios desfavorables sobre los compañeros que sostuvieron una opinión diferente. No se debe albergar ninguna duda sobre su sinceridad, devoción, honestidad y veracidad. En conjunto, debemos mantener respecto a ellos la misma creencia proclamada en el Noble Corán: «Allah está complacido con ellos y ellos están complacidos con Allah». Por tanto, están por encima de todas las discrepancias de la comunidad. A pesar de algunas diferencias entre ellos, e incluso aunque entre ellos tuvieron lugar las batallas del Camello y de Siffín, todos están indudablemente destinados al Paraíso. En lugar de preocuparnos por sus actos, debemos preocuparnos por nuestro propio destino.
Conclusión
(Añadido del traductor)
Doy miles de gracias a Allah, el Altísimo, porque me ha concedido, a este humilde servidor, la capacidad de traducir una obra tan necesaria y beneficiosa como el mundialmente famoso libro del imán adh-Dhahabí, «Kitab al-Kaba’ir». Es muy probable que casi todos los «pecados mayores» que recopiló en esta obra sean considerados unánimemente pecados mayores por todos los grupos y escuelas de Ahl as-Sunna wa-l-Yama‘a. Probablemente, al elaborar una lista de pecados mayores tan fundamentales y reconocidos por consenso, se vio obligado a limitarla a setenta. De lo contrario, esta lista podría haber sido aún más extensa.
Puesto que, a mi parecer, algunos otros pecados mayores, además de los setenta mencionados, son sumamente graves, los presento en esta conclusión junto con breves pruebas del Corán y de los hadices. Espero que lectores de todas las clases se beneficien de ello.
Otros 35 pecados mayores graves
1. El extremismo en asuntos del islam, es decir, guluw fi’d-din e ikrah fi’d-din
El extremismo en asuntos religiosos o la coerción injustificada se denomina, en la terminología islámica, «guluw fi’d-din» o «ikrah fi’d-din». Esto es unánimemente considerado haram y un pecado mayor. Puede llamarse extremismo conceder a algo una importancia mayor que la que le conceden el Corán original y los hadices. Por ejemplo, considerar obligatorio un acto nafl o mustahabb, como si fuera fard u wajib, y obligar a otros a realizarlo, coaccionarlos, castigarlos o reprenderlos por no hacerlo constituye extremismo. Del mismo modo, considerar makruh algo haram y obligar a otros a abstenerse de ello también entra en la categoría del extremismo.
También constituye extremismo impedir que quienes profesan otras religiones celebren sus propios actos religiosos, privarlos de sus derechos religiosos, sociales y civiles, insultar a sus divinidades o convertirlos por la fuerza al islam. Allah, el Altísimo, dijo: «¡Oh, gente del Libro! No se excedan en su religión». (Sura al-Ma’ida)
También dijo: «No hay coacción en la religión». (Sura al-Baqara) En otro lugar dijo: «¡Oh, creyentes! No declaren haram las cosas buenas que Allah les ha hecho halal ni transgredan los límites. Allah no ama a quienes transgreden los límites». (Sura al-Ma’ida) En otro lugar, Allah dijo: «No insulten a aquellos a quienes invocan en lugar de Allah, pues ellos, por ignorancia, insultarían a Allah». (Sura al-An‘am) El Mensajero (la paz y las bendiciones sean con él) dijo: «A quien cause daño a un ciudadano no musulmán amante de la paz, yo mismo presentaré una denuncia contra él el Día de la Resurrección».
Cabe señalar que no es censurable realizar más actos de adoración nafl después de cumplir todos los deberes obligatorios, con el propósito de acercarse a Allah, ni aconsejar a otros y animarlos a hacer lo mismo. Del mismo modo, predicar el islam a los no musulmanes no constituye una injerencia en su libertad religiosa. Tampoco es extremismo obligar a los musulmanes que abandonan los actos fard y wajib y están habituados a realizar actos haram a cumplir los actos fard y wajib y abandonar los actos haram. Sin embargo, nadie, salvo una persona o autoridad investida de poderes legales y conformes con la sharía, tiene derecho a ejercer tal coacción. En realidad, la coerción y el extremismo no producen ningún beneficio, excepto alejar el corazón de las personas del islam.
2. La negligencia y la flexibilidad excesiva en asuntos del islam
Esto es exactamente lo contrario del extremismo mencionado anteriormente. En la terminología islámica se denomina «mudahanat fi’d-din». Debido a la esclavitud mental ante las fuerzas que desafían a Dios, victoriosas y establecidas, cierto grupo de musulmanes débiles padece esta enfermedad. Esta enfermedad tiene tres señales o síntomas:
(1) Considerar los actos fard, wajib y sunna mu’akkada como opcionales, al igual que los actos nafl o mustahabb, demorarlos o actuar con negligencia al realizarlos; considerar los actos haram como si fueran makruh o mubah y mostrar laxitud al abstenerse de ellos.
(2) Tratarse y colaborar sinceramente con personas entregadas abiertamente al pecado y a los pecados mayores, así como con los hipócritas.
(3) Mantener relaciones de afecto sincero y amistad con los no musulmanes.
Allah, el Altísimo, dijo: «Nunca verás que quienes creen en Allah y en el Último Día mantengan relaciones de afecto y amor con quienes desobedecen a Allah y al Mensajero, aunque esos desobedientes sean sus padres, sus hijos o sus parientes». (Sura al-Muyádala)
El Mensajero (la paz y las bendiciones sean con él) dijo: «Ninguno de ustedes será creyente hasta que yo sea para él más amado que su padre, sus hijos y todas las personas». Allah dice: «Anuncia a los hipócritas que tendrán un castigo doloroso: aquellos que toman como amigos a los incrédulos en lugar de a los creyentes». (Sura an-Nisa)
Allah también ha dicho: «¡Oh, creyentes! No toméis a los judíos y a los cristianos como amigos o protectores. Quien de vosotros los tome como tales será uno de ellos». Debido a que está prohibido entablar amistad con los no musulmanes, también es haram imitarles y seguir sus costumbres, modales, tradiciones y leyes. (En circunstancias adversas, no hay nada censurable en aparentar amistad.)
3. Incurrir en la bid‘a
Considerar parte del islam, seguir, establecer o considerar meritorias cualesquiera creencias, ideas, costumbres, leyes y demás cuestiones ajenas al islam es bid‘a. El Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: «Quien introduzca algo nuevo en el islam será rechazado».
Allah dice: «Quien no juzgue conforme a lo que Allah ha revelado, ese es incrédulo, ese es injusto… ese es desobediente». (Sura al-Ma’ida)
El Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: «El arrepentimiento y la súplica de quien practica la bid‘a no serán aceptados hasta que abandone la bid‘a».
Cabe señalar que adoptar nuevos métodos y procedimientos adecuados a la época para el beneficio del islam y de los musulmanes no es bid‘a; por ejemplo, fundar instituciones educativas islámicas, luchar contra los enemigos del islam empleando armas y estrategias modernas, librar una lucha electoral y política sin armas, etc. Sin embargo, en tales casos es necesario seguir los principios fundamentales de la sharía.
4. La ghibah
La ghibah es un gravísimo pecado mayor. En el Sagrado Corán se dice: «No habléis mal unos de otros a espaldas. ¿Acaso le gustaría a alguno de vosotros comer la carne de su hermano muerto? Ciertamente, eso os repugnaría». (Sura al-Huyurat)
En un hadiz se relata que el Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: «¿Sabéis qué es la ghibah?». Los Compañeros respondieron: «Allah y Su Mensajero saben mejor». El Mensajero dijo: «Hablar de vuestro hermano musulmán, en su ausencia, de una manera que le desagrada». Los Compañeros dijeron: «¡Oh, Mensajero de Allah!, ¿incluso si lo que digo está realmente presente en ese hermano?». El Mensajero dijo: «Sí; si dices algo que está en él, has cometido ghibah. Y si dices algo que no está en él, le has calumniado (lo cual es un pecado aún mayor)».
En otro hadiz se relata: Cuando Aisha (que Allah esté complacido con ella) hizo alusión a la estatura relativamente baja de Safiyya, el Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) le dijo: «Si lo que dijiste se mezclara con el mar, incluso sus abundantes aguas se contaminarían».
Sin embargo, la murmuración es lícita en seis casos:
(1) que la persona oprimida presente ante la autoridad competente una denuncia contra el opresor;
(2) crear opinión pública y un ambiente de resistencia para impedir que una persona continuamente sumida en grandes pecados arrastre a toda la sociedad a las malas acciones;
(3) mencionar la falta de alguien al dar detalles del caso cuando se solicita una fetua a un muftí;
(4) proteger a los musulmanes comunes de personas dañinas disfrazadas, como un falso pir, un erudito o imán incompetente y pecador, un falso testigo o un narrador de hadices inventados; aconsejar a alguien que se proteja de una persona dañina en asuntos de matrimonio, negocios en sociedad u otros; y publicar la lista de las malas acciones de una persona deshonesta y ávida de poder para impedir que sea elegida mediante votos;
(5) formar opinión pública para derrocar a un gobernante tiránico en el poder;
(6) cuando una deficiencia involuntaria de alguien se convierte en parte de su identificación, como ciego, cojo, sordo, etc.
Hablar de las faltas y defectos de una persona sin mencionar su nombre no constituye murmuración.
5. Apoderarse por la fuerza del poder y gobernar sin recabar la opinión y el consejo de los musulmanes; hacerse con el poder mediante fraude y engaño; presentarse como candidato a un cargo y nombrar a un candidato.
El Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: «He maldecido a seis personas; Allah las ha maldecido y todos los profetas las han maldecido».
(1) Quien introduce algo nuevo en el Libro de Allah;
(2) quien niega el destino;
(3) quien se impone por la fuerza sobre mi comunidad, humilla a quienes Allah ha honrado y honra a quienes Allah ha humillado;
(4) quien considera lícito aquello que Allah ha declarado prohibido;
(5) quien humilla a un descendiente mío; y
(6) quien abandona mi sunna. (Tabarani)
El Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) también dijo: «Quien aspira a ocupar un cargo no es apto para ese cargo».
Allah, el Altísimo, dijo: «Consulta con los musulmanes en los asuntos de gobierno». (Sura Al Imran)
6. No ordenar el bien ni prohibir o impedir el mal a pesar de tener autoridad; no ayudar en las buenas acciones o impedirlas; ayudar en las malas acciones o apoyar al opresor.
En la sura Al Maida, Allah dice: «Los hijos de Israel que incurrieron en la incredulidad fueron maldecidos por boca de David y de Jesús, hijo de María. Esto se debió a que desobedecían, transgredían los límites y no prohibían las malas acciones».
En otro versículo de la sura Al Maida, Allah dice: «Ayudaos mutuamente en las buenas obras y en la piedad, y no os ayudéis en el pecado y la transgresión».
El Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: «Juro por Aquel en cuya mano está mi alma: ciertamente, debéis ordenar el bien y prohibir el mal; de lo contrario, Allah hará descender pronto sobre todos vosotros un castigo generalizado. Entonces, aunque suplicaseis, vuestra súplica no sería aceptada». (Tirmidhi)
El Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) también dijo: «Cuando la gente ve a un opresor cometer injusticias y no se lo impide, Allah hace descender sobre ellos un castigo generalizado». (Abu Dawud, Tirmidhi, Nasai)
El Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) también dijo: «Quienquiera de vosotros que vea una mala acción debe impedirla con su fuerza; si no puede, debe prohibirla con sus palabras; y si tampoco puede, debe pensar en impedirla en su corazón o detestarla. Este último método es el nivel más débil de la fe».
7. Pasar por delante de alguien que está rezando
El Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: «Si quien pasa por delante de alguien que está rezando supiera cuál es la consecuencia de ello, consideraría preferible permanecer de pie durante cuarenta días antes que pasar por delante de él».
8. Ensuciar y contaminar el medio ambiente
Yabir (que Allah esté complacido con él) relató que «el Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) prohibió orinar en aguas estancadas». (Sahih Muslim) El Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) también dijo: «Tened cuidado con quien orina o defeca en los caminos por donde transita la gente y bajo la sombra de los árboles, especialmente bajo los árboles frutales».
9. Obstaculizar, mediante artimañas, intercesiones u otro medio, la aplicación de los hudud islámicos o de las penas prescritas, y discriminar en la aplicación de dichas penas
Se ha relatado de Aisha (que Allah esté complacido con ella) que una mujer llamada Fátima, de la tribu de Banu Majzum, fue sorprendida robando, y los qurayshíes se preocuparon enormemente por el asunto de cortarle la mano. Comenzaron a preguntarse entre ellos: «¿A quién podemos enviar para que interceda ante el Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) en este asunto?». Todos dijeron: «Nadie podrá lograrlo excepto Usama ibn Zayd, la persona más querida por el Mensajero». Así pues, Usama fue a interceder. El Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: «¿Vienes a interceder respecto a un castigo establecido por Allah?». Luego se puso de pie y comenzó a pronunciar un discurso. Dijo: «Lo que destruyó a quienes os precedieron fue que, cuando una persona de la nobleza cometía un delito, la dejaban libre; pero cuando lo cometía una persona débil, la castigaban. ¡Por Allah! Si mi propia hija Fátima robara, también le cortaría la mano». Después, le cortaron la mano a aquella mujer. (Sahih al-Bujari, Sahih Muslim)
10. Dejar de hablar con un musulmán o romper las relaciones con él durante más de tres días
Abu Ayyub Ansari dijo que el Mensajero (la paz sea con él) dijo: «Es ilícito romper las relaciones con un hermano musulmán durante más de tres días. Sin embargo, de las dos personas, la que primero dé el saludo y restablezca la relación será la mejor». (Sahih al-Bujari, Sahih Muslim)
11. No obedecer al emir, es decir, al líder de los seguidores del islam, y morir sin pertenecer a ninguna organización islámica
Allah dice: «¡Oh, creyentes! Obedeced a Allah, obedeced al Mensajero y a los líderes de entre vosotros». (Sura An-Nisa)
El Mensajero (la paz sea con él) dijo: «Todo musulmán debe obedecer las órdenes del líder, le gusten o no, mientras no se le ordene cometer un pecado. Si se le ordena cometer un pecado, no debe obedecer». (Sahih al-Bujari, Sahih Muslim)
El Mensajero (la paz sea con él) también dijo: «Quien muera sin pertenecer a ninguna organización islámica morirá con la muerte de la ignorancia». Cabe señalar que, durante la vida del Mensajero (la paz sea con él), solo existía una organización islámica, cuyo líder era el propio Mensajero (la paz sea con él). Posteriormente, cualquier organización que posea las cuatro características siguientes será considerada una organización islámica:
(1) Todas las decisiones del grupo se tomarán conforme al Corán y la Sunna.
(2) Cuando no haya una orientación clara en el Corán y la Sunna, se actuará sobre la base de la consulta.
(3) El objetivo del grupo será establecer plenamente el islam en el país.
(4) En el grupo existirá un sistema de crítica mutua entre los líderes y los miembros.
Cabe señalar que tampoco está permitido desobedecer las órdenes y leyes del Gobierno que no contradigan la sharía.
12. El canto, la música y la danza
Tocar y escuchar cualquier instrumento de melodías suaves y tristes es haram y un pecado grave. Si una canción contiene palabras que incitan a actos prohibidos, es cantada por una mujer o se canta con instrumentos prohibidos, entonces es haram y un pecado grave. En relación con el «lahw al-hadith», cuya censura aparece en la sura Luqman del Sagrado Corán, el honorable Ibn Masud afirmó enfáticamente que significa canto. El Mensajero (la paz sea con él) dijo que el dinero ganado por cantantes, hombres o mujeres, no es halal. (Tirmidhi) Por la misma razón, es decir, porque incita a actos prohibidos, concretamente a la fornicación, la danza también es haram. Ver, escuchar y organizar tales actos es un pecado grave.
Del mismo modo, también son haram las conversaciones, obras teatrales, novelas, juegos y demás actividades que inciten a la obscenidad y a actos prohibidos. El Mensajero (la paz sea con él) dijo: «He venido al mundo para destruir los instrumentos musicales».
Cabe señalar que no se incurre en pecado si una canción que no contiene temas obscenos se canta con voz masculina y sin instrumentos musicales.
13. Violar las normas del hiyab, promover la obscenidad y descubrir el awrah, es decir, las partes del cuerpo que deben estar cubiertas, sin una excusa válida según la sharía
En el islam se establecieron las normas del hiyab para eliminar de la sociedad la posibilidad de la fornicación, y se prohibió promover la desvergüenza y la obscenidad. Violar estas normas es un pecado grave. Allah, el Altísimo, dice: «Di a los hombres creyentes que bajen la mirada y protejan sus partes íntimas… Y di a las mujeres creyentes que bajen la mirada, protejan sus partes íntimas y no muestren su belleza ante hombres que no sean de su familia».
El Mensajero (la paz sea con él) dijo: «A quien mire con lascivia a una mujer que no le es lícita, el Día de la Resurrección se le verterá plomo fundido en los ojos».
El Mensajero (la paz sea con él) también dijo: «Cuando un hombre y una mujer que no son mahram se encuentran a solas, Satanás es el tercero que los acompaña».
Allah dice: «Quienes desean que la desvergüenza y la obscenidad se propaguen entre los creyentes tendrán un castigo doloroso en este mundo y en la Otra Vida».
Por lo tanto, toda acción, palabra, escrito, imagen, obra teatral, novela o película que incite a violar las normas del hiyab o contribuya a propagar la obscenidad es ilícita y constituye un pecado grave.
14. Acaparar alimentos durante más de cuarenta días y alegrarse por el aumento de los precios de los alimentos
El Mensajero (la paz sea con él) dijo: «A quien almacene cualquier alimento durante más de cuarenta días no se le perdonará el pecado de haberlo acaparado, aunque dé ese alimento como limosna».
Sin embargo, está permitido que el Gobierno almacene alimentos por encima de las necesidades mediante una iniciativa oficial para hacer frente a una posible hambruna.
15. Retrasar el pago de una deuda pese a tener capacidad para pagarla, acosar al acreedor o no pagar el salario
El Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: «Demorar el pago de una deuda por parte de una persona rica es una injusticia». (Sahih al-Bujari y Sahih Muslim)
El Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) también dijo: «Pagad al trabajador su salario antes de que se seque su sudor».
16. Sentir envidia y desear el mal de las personas
Desear la destrucción o el perjuicio de cualquier tipo de bien mundano o del Más Allá, material o moral, de alguien, y sentir pesar por su progreso, felicidad y prosperidad: eso es la envidia.
El Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: «Apartaos de la envidia, pues, así como el fuego consume la leña seca, la envidia destruye las buenas obras realizadas».
17. Crear división, discriminación y desunión entre los musulmanes basándose en la lengua, el color, el linaje, el regionalismo, etc.; despreciarse, burlarse y reprocharse unos a otros
Allah, exaltado sea, dice: «¡Oh, creyentes! No debe un grupo de vosotros burlarse de otro grupo; puede que estos sean mejores que ellos… No os reprochéis unos a otros ni os llaméis con apodos ofensivos. ¡Qué terrible pecado es insultar después de haber creído!»
Allah también dice: «Aferraos todos juntos a la cuerda de Allah y no os dividáis». (Al Imrán)
El Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: «Un hombre dijo: “¡Por Allah! Allah nunca perdonará a fulano”. Entonces Allah dijo: “¿Quién eres tú para decir que no perdonaré? Lo he perdonado y he invalidado tus buenas obras”». (Sahih Muslim)
18. Alegrarse por la desgracia de un musulmán
El Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: «No te alegres por la desgracia de tu hermano musulmán. De lo contrario, Allah lo librará de la desgracia y te afligirá a ti con una desgracia». (Tirmidhi)
19. Ser cruel con los niños y faltar al respeto a los mayores
El Mensajero (s. a.) dijo: «Quien no muestra afecto por los pequeños ni respeta a los mayores no forma parte de mi comunidad».
Sin embargo, es obligatorio disciplinar a los pequeños para enseñarles la oración y las buenas costumbres.
20. Mendigar sin necesidad, pedir a otros que le sirvan y ayuden, depender de otros y endeudarse
Hakim ibn Hizam (que Allah esté complacido con él) dijo: Le pedí ayuda al Mensajero (s. a.) tres veces. Cada vez me ayudó y dijo: «¡Oh, Hakim, escucha! Todos estos bienes son muy atractivos y agradables. No son beneficiosos para quien los acepta por voluntad propia. Recuerda que la mano que da es mejor que la mano que recibe». Dije: «¡Oh, Mensajero de Allah! Después de usted no pediré nada a nadie». Posteriormente, aunque Abu Bakr y Umar quisieron ayudarlo, Hakim no aceptó su ayuda». (Sahih al-Bujari, Sahih Muslim)
El Mensajero (s. a.) dijo: Quien mendigue no tendrá oro en la boca el Día de la Resurrección.
El Mensajero (s. a.) también dijo: A quien Allah quiera arrojar al castigo en este mundo, lo hará endeudarse.
El Mensajero (s. a.) también dijo: «Quien garantice que no pedirá nada a ninguna persona, yo le garantizaré el Paraíso». (Abu Dawud)
21. Humillar a alguien revelando públicamente sus pecados pasados y revelar la privacidad de alguien sin su permiso
El Mensajero (s. a.) dijo: «Quien humille a su hermano musulmán revelando un pecado suyo que este ha abandonado y del que se ha arrepentido, no morirá sin caer él mismo en ese pecado».
22. Albergar malas sospechas sobre un musulmán sin pruebas
Allah dice: «¡Oh, creyentes! Absteneos de tener demasiadas sospechas, pues algunas sospechas son pecado». (Sura Al-Huyurat)
El Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: «Absteneos de las sospechas, pues tener sospechas es la mayor de las mentiras». (Sahih al-Bujari, Sahih Muslim)
El Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: «Tened buenas sospechas de los creyentes».
Cabe señalar que lo ilícito es albergar malas sospechas imaginarias e infundadas. Si una mala sospecha surge espontáneamente por una razón válida, no hay pecado en ello. Sin embargo, no está permitido tomar ninguna medida basándose en ella sin pruebas.
23. Profanar la mezquita
Convertir la mezquita en un edificio común, escupir en ella y ensuciarla, realizar compraventas y anunciar objetos perdidos, hablar en voz alta y discutir, impedir las actividades islámicas en la mezquita, intentar destruirla y nombrar como encargados de la mezquita a incrédulos o pecadores. Allah dice: «¿Y quién es más injusto que aquel que impide que se mencione el nombre de Allah en Sus mezquitas y se esfuerza por destruirlas?». (Sura Al-Baqara)
Amr ibn Shuayb relata que el Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) prohibió realizar compraventas y anunciar objetos perdidos en la mezquita.
El Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: «Quien coma cebolla o ajo (crudos), que no se acerque siquiera a la mezquita».
El Mensajero (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) también dijo: Escupir en la mezquita es un pecado y su expiación consiste en retirarlo.
Sin embargo, enseñar en la mezquita, celebrar juicios, consultar y conversar no son censurables. Está prohibido que una mujer menstruante y un hombre impuro que deba realizar el baño ritual obligatorio o necesario entren en la mezquita.
24. Hablar sobre asuntos desconocidos, difundir rumores, creer en rumores sin investigarlos y ocultar aquello que se conoce
Allah dice: «No sigas aquello de lo que no tienes conocimiento». (Sura Bani Isra’il) El Mensajero (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: «Para que una persona sea considerada mentirosa, basta con que divulgue todo lo que oye». (Sahih Muslim)
El Mensajero (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) también dijo: «A quien posea un conocimiento necesario para la gente y lo oculte, el Día de la Resurrección se le pondrá una brida de fuego.
25. No tratar a la familia conforme a la sharía, no actuar con justicia y desobedecer las disposiciones de la sharía relativas al matrimonio y al divorcio
No tratar por igual a cada una cuando se tienen varias esposas; casarse varias veces sin estar seguro de poder actuar con justicia hacia todas; divorciar a la esposa pronunciando tres divorcios a la vez; divorciarla durante la menstruación; expulsarla de la casa durante el período de idda. Dejar a la esposa en una situación suspendida, es decir, no divorciarla ni mantener con ella una relación normal; privar a alguno de los hijos de su herencia o darles cantidades desiguales; discriminar entre los hijos en las transacciones durante la vida, especialmente contra las hijas; presionar a la esposa para que traiga una dote; no dar a la esposa su mahr; no casar a los hijos e hijas adultos sin una excusa válida; permanecer soltero de por vida sin una excusa válida. El Mensajero (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: «El matrimonio es mi sunna. Quien desprecie mi sunna no pertenece a mi comunidad». El Mensajero (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) también dijo: «Quien es bueno con su esposa también es bueno ante Allah».
26. Vivir deliberadamente en compañía de una persona pecadora y contraria al islam, votarla, elogiarla y obedecerla, y aceptar algo distinto de la honestidad como criterio para el liderazgo
Allah dice: «No obedezcas a aquel a quien hice negligente respecto de Mi recuerdo y que sigue sus propios deseos». (Sura Al-Kahf) El Mensajero (s. a. s.) dijo: «Cuando se elogia a un fasiq, Allah se enfurece y el Trono tiembla». Allah dice: «El más honrado de vosotros ante Allah es el más temeroso de Él».
27. No adquirir los conocimientos indispensables y mínimos del islam, es decir, del Corán y del hadiz
El Mensajero (s. a. s.) dijo: «Adquirir conocimientos sobre el islam es obligatorio para todo musulmán y toda musulmana».
28. Practicar actos de adoración en tiempos y condiciones prohibidos
Ayunar durante los dos Eid y los días de tashriq (los días 11, 12 y 13 de Dhu al-Hiyyah); rezar intencionadamente en estado de impureza; rezar durante la salida y la puesta del sol; recitar el Corán, hacer súplicas o practicar el dhikr mientras se está en el retrete o urinario, o mientras se defeca u orina, y otras cosas semejantes. Numerosos hadices han prohibido estrictamente estas acciones. 29. Controlar la natalidad mediante el feticidio, el aborto, la esterilización y otros medios, únicamente por temor a la pobreza, salvo por razones de salud o por un grave peligro para la vida
Allah dice: «No matéis a vuestros hijos por temor a la pobreza». (Bani Israil)
30. No realizar la oración del viernes sin una excusa válida y quebrantar las normas de la oración del viernes
Hablar mientras el imán pronuncia el sermón, rezar o recitar súplicas; llegar tarde a la mezquita e intentar avanzar pasando por delante de quienes llegaron antes. Allah dice: «¡Oh, creyentes! Cuando se convoque a la oración el viernes, acudid rápidamente al recuerdo de Allah y dejad los negocios». (Sura Al-Yumu‘ah) El Mensajero (s. a. s.) dijo: «Después de que el imán suba al minbar, no recéis ni habléis».
31. Insultar, despreciar y descuidar el Corán y los hadices; interpretarlos erróneamente por ignorancia; tocar el Corán en estado de impureza; no escuchar durante la recitación del Corán o impedir que se escuche; ocultar el conocimiento del Corán y los hadices, es decir, abstenerse de difundirlo sin excusa válida o impedir su difusión; negar y desobedecer los hadices auténticos; comenzar actos contrarios al islam con Bismillah o con la recitación del Corán, etc.
Allah dice: «Cuando se recite el Corán, escuchadlo y guardad silencio; quizá se os conceda misericordia». (Al-A’raf)
«Cuando se recitan Mis aleyas, verás en los rostros de los incrédulos señales de rechazo». (Sura Al-Hajj)
32. Difundir la fitna, es decir, el extravío, en la sociedad; crear situaciones en las que la gente se desanime de las buenas obras o se vea impedida de realizarlas, y sea incitada u obligada a cometer malas acciones.
Allah dice: «La maldición de Allah recae sobre los injustos que apartan a la gente del camino de Allah». (Sura Al-A’raf)
33. No entregar el sadaqat al-fitr ni realizar el sacrificio sin una excusa válida.
El Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: «Quien no realice el sacrificio sin una excusa válida, que no se acerque a nuestro lugar de oración del Eid».
34. No responder al saludo de paz sin una excusa válida y saludar primero a un incrédulo.
Allah dice: «Cuando se os dirija un saludo, responded con uno mejor o, al menos, responded de la misma manera». (Sura An-Nisa) El saludo de paz también es una súplica. Por eso, responderlo es obligatorio.
35. En presencia de hombres aptos, encomendar a una mujer la dirección y administración de los hombres, o de mujeres y hombres conjuntamente
El Mensajero (s. a. s.) dijo: «Cuando se confíe la autoridad a una mujer, para vosotros será mejor el subsuelo que la superficie terrestre».
Allah, exaltado sea, dice: «Los hombres tienen autoridad sobre las mujeres» (sura An-Nisá).
La manera de librarse de los pecados graves
Allah ha dicho: «¡Oh, Mis siervos, que habéis obrado injustamente contra vosotros mismos! No desesperéis de la misericordia de Allah. Ciertamente, Allah perdona todos los pecados. Él es Perdonador y Misericordioso».
En verdad, mediante un arrepentimiento sincero se puede obtener la liberación de todos los pecados.
Sin embargo, para ello existen cuatro condiciones:
(1) Arrepentirse y sentir vergüenza sinceramente;
(2) prometer no volver a cometer ese pecado en el futuro;
(3) abandonar por completo e inmediatamente dicho pecado;
(4) si el pecado está relacionado con los derechos de otra persona y esta sigue viva, pedirle perdón y, si es necesario, darle a ella o a sus herederos una compensación satisfactoria.
Allah ha prometido perdonar a quien le pida perdón después de cumplir estas cuatro condiciones.