Prólogo

El sistema de vida islámico se fundamenta, tanto doctrinal como informativamente, en dos bases esenciales: una es el Sagrado Corán y la otra, los hadices del Mensajero. El Sagrado Corán presenta la estructura fundamental del islam, mientras que los hadices del Mensajero erigen sobre esa estructura un edificio completo. Por ello, en el sistema de vida islámico, después del Sagrado Corán se ha concedido una importancia sumamente grande a los hadices del Mensajero. En los hadices se refleja el amplio esquema del sistema de vida islámico. Por esta razón, para comprender la enseñanza y el sentido del Sagrado Corán y formar conforme a ellos al individuo, la familia y la sociedad, no puede existir sustituto alguno de los hadices.

De acuerdo con las enseñanzas del Sagrado Corán, la vida y conducta del Noble Mensajero (la paz sea con él) constituyen para los musulmanes la uswah hasanah, es decir, el modelo supremo. El alcance de este modelo se extiende a todos los ámbitos de la vida, la sociedad, el Estado y la economía de los musulmanes. La descripción correcta y precisa de este modelo se conserva en el vasto acervo de los hadices. Por tanto, para vivir como un musulmán verdadero y cumplir plenamente con las responsabilidades, es absolutamente necesario estudiar ampliamente los hadices y adquirir conocimientos suficientes sobre su autenticidad y carácter probatorio. No adquirir conocimiento de los hadices equivale, en realidad, a permanecer ignorante del islam.

Es lamentable que, desde hace mucho tiempo, se venga realizando el vano intento de crear una niebla de dudas en torno a la autenticidad y pureza de los hadices, así como a su recopilación y conservación, con el objetivo de separar la vida de los musulmanes de la vida y conducta del Noble Mensajero (la paz sea con él) y convertir el islam en una religión inerte y estancada. En realidad, este vano intento comenzó con el surgimiento de la secta mu’tazilí tras el fin de la época dorada del islam; posteriormente, un grupo de negadores de los hadices, oculto bajo la máscara de los «coranistas», llevó a cabo en distintas ocasiones este vil esfuerzo por sembrar hábilmente la confusión entre los musulmanes.

Durante las décadas de 1950 y 1960, también en este subcontinente, un grupo conspirador inició una vehemente campaña contra los hadices. Plantearon diversas preguntas absurdas sobre la recopilación, la puesta por escrito y la conservación de los hadices, con la intención de sembrar la confusión en la mente de los musulmanes acerca de su autenticidad y pureza. Es lamentable que, en el entonces Pakistán, algunos altos funcionarios responsables y administrativos también alentaran esta conspiración, amparados en el poder del Gobierno.

Precisamente con el objetivo de hacer frente a esta ruinosa conspiración, el eminente especialista en hadices de esta región, Shayj al-Islam, Hazrat Allama Muhammad Abdur Rahim, compuso a comienzos de la década de 1960 esta monumental obra titulada «Historia de la recopilación de los hadices».

Esta valiosa obra, fruto de casi media década de amplio estudio e investigación, ofrece respuestas extensas y minuciosas a todas las preguntas capciosas de los opositores a los hadices sobre la recopilación, la puesta por escrito y la conservación de los hadices, así como sobre la historia de la ciencia del hadiz; además, con gran destreza, refuta todas las objeciones y dudas relacionadas con el tema. Alabado sea Dios infinitamente: la obra ya ha alcanzado la categoría de libro de texto indispensable para el estudio de los hadices en lengua bengalí.

En los últimos 26 años se han publicado cinco ediciones de esta singular obra. Su primera edición fue publicada por la institución nacional Bangla Academy en 1970. Después del surgimiento de Bangladesh, entre 1980 y 1992, se publicaron su tercera, cuarta y quinta ediciones con la colaboración de la Fundación Islámica de Bangladesh. Esta continuidad en su publicación demuestra, sin lugar a dudas, la extraordinaria popularidad de la obra. Ahora, Khairun Prakashani, encargada de publicar las obras de Maulana Abdur Rahim, ha emprendido todas las iniciativas necesarias para la adecuada publicación y comercialización de la obra. Además, hemos hecho todo lo posible por corregir los errores tipográficos de sus ediciones anteriores. Tenemos la firme convicción de que esta edición de la obra recibirá una acogida aún mayor entre los lectores eruditos.

Esta es nuestra humilde súplica: que el Dios Altísimo conceda al autor el Jannatul Firdaus por este incomparable servicio religioso.

Muhammad Habibur Rahman

Presidente

Fundación Maulana Abdur Rahim

Daca: agosto de 1997

Introducción

La naturaleza humana contiene naturalmente dos tendencias opuestas entre sí. Una consiste en reconocer la obediencia a otro, y la segunda, en hacer que otras personas le obedezcan a uno (instintos de sumisión y sociabilidad). En otras palabras, reconocer la obediencia y ejercer el dominio son dos cualidades propias de la naturaleza humana, y ambas existen generalmente en las personas en una medida casi igual. Así como, por un lado, la naturaleza humana lo impulsa a ejercer dominio sobre otras personas, por otro, exactamente del mismo modo, lo obliga a inclinar la cabeza en obediencia ante otra fuerza. A quien ejerce dominio sobre miles de millones de personas en el mundo se lo verá, a su vez, con la cabeza inclinada ante alguna fuerza superior y más poderosa. Puesto que ambas tendencias —ejercer influencia y reconocer la obediencia— están arraigadas en la naturaleza humana, el ser humano puede vivir en sociedad y cumplir responsabilidades sociales en unión con muchas personas. Si estas tendencias no existieran, no podría formarse la sociedad ni podría erguirse sobre ella, con la cabeza en alto, el edificio de ningún Estado.

Solo mediante un estudio más profundo de la naturaleza humana y de la psicología es posible comprender el verdadero significado de esta teoría. Estas dos tendencias opuestas arraigadas en la naturaleza humana no son innecesarias, pero tampoco son censurables. Toda tendencia, inclinación y efusión emocional natural tiene un límite conforme a su naturaleza, y solo mientras permanezca dentro de ese límite determinado puede resultar beneficiosa para el ser humano.

Esta corriente de obediencia y de influencia establece, en el desarrollo progresivo basado en el tiempo, relaciones de conexión y comunicación entre lo uno y lo múltiple. Cuando el flujo de esta corriente se seca y queda inmóvil, el progreso de la civilización se ve obstaculizado y la maquinaria de la vida queda necesariamente paralizada. Por esta razón, ninguna ideología ni corriente de pensamiento del mundo puede ser completamente original y sin precedentes, por muy «intacta» y «nueva» que parezca a primera vista. Al contrario, si se la examina con una mirada penetrante, se podrán encontrar las raíces fundamentales de cada una de ellas en las profundidades del pasado. Si el talento para la investigación y la indagación es sutil y amplio, no resulta en absoluto difícil percibir el tenue curso de una fuente de vida eterna que fluye por las oscuras cavidades del pasado. No existe descubrimiento científico alguno cuya semilla no haya sido transmitida desde el campo de algún descubrimiento o invención anterior. No cabe duda de que este elevado palacio de la civilización y la cultura se erige precisamente sobre las ruinas de la antigüedad primitiva.

Por esta razón, ninguna nación civilizada del mundo puede vivir durante mucho tiempo rompiendo sus vínculos con su propio pasado. El pasado no solo proporciona a la nación una base firme, sino que también le ofrece, para su marcha hacia el futuro, un acervo de conocimientos nacido de múltiples experiencias reales. Los errores, tropiezos y golpes del pasado la vuelven más cautelosa. Sin embargo, para ello es absolutamente indispensable que en la nación existan una mentalidad imparcial y liberal, así como condiciones humanas favorables a la aceptación del consejo. La importancia del estudio de la historia debe comprenderse precisamente desde esta perspectiva. Con su ayuda, a toda nación le resulta fácil colocar el pasado junto al presente, verificarlos y compararlos mutuamente, y, a la luz del conocimiento adquirido de ese modo, iluminar el horizonte tenebroso del futuro desconocido.

Además, la historia de una nación no es valiosa únicamente para esa nación, sino que constituye un tesoro inestimable para toda la humanidad. Por esta razón, el Noble Corán, aunque sea de manera resumida, menciona la historia de muchas naciones antiguas y, a partir de los relatos conmovedores de su ascenso y caída, de su prosperidad y desgracia, elabora una concepción precisa de la historia. Por ello, el Corán es una guía hacia el camino del bienestar para las personas de todas las épocas. Sin embargo, su eficacia depende de la exactitud, veracidad y fiabilidad de los acontecimientos. Cuando estas cualidades se alcanzan correctamente, la gente de hoy puede obtener de ello una guía hacia el camino recto, del mismo modo que puede obtener un enorme impulso y motivación para avanzar por el difícil camino del futuro.

Existen diversas clases de personas que buscan el bienestar de la humanidad. Entre ellas, los mejores y más elevados son los nobles profetas enviados por Dios. Ellos son el ejemplo más luminoso para toda la humanidad. Están eternamente libres de toda mancha de pecado, error, desobediencia y transgresión. Sus pensamientos, perspectivas, palabras y acciones están todos directamente bajo el control de Dios. Por tanto, no solo son dignos de recibir veneración y respeto por parte de la gente común, sino que también son dignos de ser seguidos en la práctica, desde la doctrina y la fe hasta toda clase de actos y actividades en cada ámbito de la vida.

Todos los profetas son los precursores de una misma caravana luminosa, los iniciadores y propagadores de un sistema de vida basado en los mismos principios y el mismo ideal; son los fundadores de un mismo dīn. La naturaleza humana también es eternamente una e inmutable. Por esta razón, la guía que la humanidad necesita, así como su concepción fundamental y su ideal supremo, son igualmente comunes, eternos e inmutables. El nombre de este ideal fundamental y eterno es «dīn». Y el dīn del islam es, por esta razón, un sistema de vida integral establecido definitivamente para toda la humanidad. Todos los profetas, desde Adán hasta el último profeta, Muhammad (s), fueron portadores, propagadores y defensores del dīn del islam. En la sucesión de la llegada de los profetas, Muhammad (s) ocupa la etapa final. Así como Dios lo envió al final de todos ellos, también le concedió una plenitud total más allá de toda concepción. Tanto por sus cualidades humanas como por su aptitud para la profecía, fue una personalidad incomparable. Dios lo estableció para las generaciones posteriores como un signo más luminoso para todos los niveles, aspectos y campos. La Sharī‘a revelada para él es eterna, destinada a toda la humanidad y el único medio para alcanzar el bienestar integral en este mundo y en el Más Allá. Los límites del tiempo y del espacio, así como sus transformaciones y ciclos, son incapaces de afectarla. Por esta razón, la profecía alcanzó en él su culminación definitiva. Y por ello es el «Khatam an-Nabiyyin» y la «Rahmat lil-Alamin».

Ya he dicho que el Noble Mensajero (s) es un modelo perfecto para la humanidad. No existe ningún aspecto ni actividad de la vida humana respecto de los cuales no sea posible obtener orientación del Noble Mensajero. En su vida existe un modelo claro sobre todo lo relacionado con la vida personal, familiar y conyugal de las personas; su vida social, política y económica; las transacciones mutuas; el establecimiento de relaciones y vínculos; el parentesco y la enemistad; la educación y la formación; el gobierno y la administración del país; y las relaciones internacionales, la guerra y la paz.

El Noble Mensajero (s) mostró la culminación suprema del esfuerzo por propagar el ideal islámico y establecerlo. Para ello tuvo que llevar a cabo un esfuerzo total y una campaña implacable. No era una tarea fácil. Si esto hubiera sido posible únicamente mediante la elaboración de una sutil red de pensamientos o la creación de la magia de las palabras, entonces filósofos sentados en la serena indiferencia del trono de la reflexión y la imaginación habrían podido producir una revolución semejante en las mentes y en las vidas, y habría sido posible para ellos reconstruir naciones muertas y realizar la difícil tarea de gobernar un Estado. En realidad, esta tarea se desarrolla a través del control y la guía en la vida de un profeta. Además, la «nubuwwa» no es algo que pueda adquirirse, ni es una herencia que se obtenga por derecho hereditario. Es exclusivamente un don de Dios. Quienes consideran que puede adquirirse total o parcialmente sostienen una concepción contraria a la declaración explícita del Corán. Dios Altísimo declaró claramente:

اللَّهُ يَصْطَفِي مِنَ الْمَلَائِكَةِ رُسُلًا وَمِنَ النَّاسِDios mismo elige y designa Mensajeros de entre los seres humanos y los ángeles. (Sura al-Hajj, aleya 75)

اللَّهُ أَعْلَمُ حَيْثُ يَجْعَلُ رِسَالَتَهُ

Alá sabe mejor que todos a quién y dónde confiará Su profecía y Su misión apostólica. (Sura al-An’am, aleya 123)

Por esta razón, el Profeta —y para nosotros, el último de los profetas, el honorable Muhammad (s)— es el modelo eterno y perfecto, digno de ser seguido en todos los ámbitos de la vida. El sagrado y sublime Libro, el Noble Corán, que recibimos por medio de él, es igualmente para nosotros un modelo imperecedero; asimismo, la Sunna, formada por sus palabras, actos y aprobaciones, es una lámpara eternamente resplandeciente. Y esta es la base filosófica del hadiz. Sobre ella se erige el palacio eterno del sistema de vida islámico.

La civilización cuya base fue establecida en suelo árabe hace mil cuatrocientos años tenía como soberano absoluto a Alá Todopoderoso y, sentado en el puesto de liderazgo, al último de los profetas, el honorable Muhammad (s). Pero, puesto que esta civilización no estaba destinada únicamente a un país y una época, sino que era permanente y beneficiosa para todos los seres humanos, sin distinción de países, sociedades, pueblos ni épocas, se conservaron para la humanidad dos medios con el propósito de hacer eternas y perpetuas las dos bases fundamentales de la civilización —la soberanía de Alá y el liderazgo del Mensajero— como realidades eternas. Estos dos medios son el Noble Corán, símbolo de la soberanía de Alá, y la «Sunna», manifestación práctica del liderazgo exclusivo del Mensajero. Por medio de ambos, la ley de Alá y el modelo del Mensajero, es decir, el islam, pueden permanecer en la sociedad humana como verdad y sistema eternos; y los pueblos de todos los países y épocas pueden construir nuevas sociedades y civilizaciones sobre estos dos fundamentos permanentes. Por eso, del mismo modo que el Noble Corán ha sido conservado intacto e inalterado mediante el procedimiento especial dispuesto por Alá y permanece aún hoy, también se ha protegido de las fauces destructoras de la desaparición y la extinción el modelo del Noble Mensajero: la Sunna o el hadiz.

En realidad, durante mil quinientos años la comunidad musulmana ha aceptado el hadiz junto con el Noble Corán como fundamento del islam; y, en este asunto, lejos de haber surgido entre los musulmanes la menor discrepancia desde tiempos antiguos, ningún musulmán de ninguna época albergó jamás ni la más mínima duda. Además, si alguien se negaba a aceptar y reconocer conjuntamente estos dos fundamentos

ni un solo musulmán estaba dispuesto a concederle el menor reconocimiento en la sociedad musulmana.

Sin embargo, en la actualidad se observa aquí y allá entre los musulmanes un reducido grupo de personas que se niega a aceptar la Sunna del Mensajero, junto con el Noble Corán, como fuente del islam. También se ve que existen algunas personas que expresan dudas sobre si el hadiz fue conservado a su debido tiempo y de la manera adecuada, y que han caído bajo la influencia de la falsa propaganda de los eruditos occidentales sobre este asunto. Como resultado, no habría sido extraño que surgieran en algunas personas de la sociedad musulmana dudas acerca de la exactitud, fidelidad y eternidad del ideal islámico. Sin embargo, en esta etapa del resurgimiento y renacimiento de la sociedad musulmana, semejantes dudas o incredulidad respecto al fundamento del ideal islámico pueden resultar funestas para toda la nación.

En este contexto, era absolutamente indispensable realizar una investigación imparcial sobre la evaluación y el análisis históricos de la «Historia de la recopilación del hadiz», basándose en argumentos y pruebas autorizados en su defensa.

Puede decirse que en la literatura árabe y urdu se ha realizado una investigación considerable sobre este tema. Pero la ausencia de ella en la literatura bengalí demuestra la particular pobreza de los hablantes de bengalí en el ámbito de la cultura islámica. Con el propósito de remediar esta carencia y eliminar esta deficiencia, así como de ampliar y mejorar el patrimonio de la lengua y la literatura bengalíes y disipar todas las dudas acerca del hadiz, durante los últimos cuatro años he llevado a cabo una amplia labor docente y una profunda investigación sobre este tema. El fruto que he obtenido lo he incorporado a esta obra y lo he presentado ante los lectores eruditos. Corresponde a los lectores reflexivos juzgar si esto constituye una empresa audaz de mi parte. Al ver que, con el apoyo de la Academia Bengalí, esta gran obra se imprime y publica por primera vez, doy infinitas gracias a Allah.

Muhammad Abdur Rahim

173, Nakhálpara

Mustafa Manzil

…………..1965

نضر الله امرء سمع منا شىا

Allah bendecirá a la persona que haya escuchado algo de mí y se lo haya transmitido a otro exactamente tal como lo escuchó. Pues aquel a quien se le transmite tiene una memoria más firme que quien lo escuchó. (Tirmidhi)

قَالَ  رَسُوْلُ اللهِ صَلَّى اللهُ عليه وَسَلَّم نَضَر اللهُ عَبْدًا سَمِعَ مقَالتىْ فَحَفَظَهَا اوْوَ عَاهَا وَاَدَّها وَرَدَّهَا فَرُبَّ حَامِلِ فِقْهِ اَلَى مَنْ هُوَ اَفْقَهٌ مِنْهُ-    (ابو داؤد)

El Noble Profeta (s) dijo: «Allah iluminará el rostro y lo hará siempre verde y fresco de quien escuche mis palabras, las memorice o las conserve en la memoria y luego las transmita a otra persona. Muchos portadores de conocimiento no son verdaderamente eruditos. Sin embargo, muchos portadores de conocimiento lo transmiten a alguien más comprensivo que ellos». (Abu Dawud)

Historia de la recopilación de los hadices

بِسْمِ اللَّهِ الرَّحْمَٰنِ الرَّحِيمِ

Definición y naturaleza del hadiz

El Corán y el hadiz son los fundamentos principales del sistema de vida islámico. Allí donde el Corán presenta los principios básicos del sistema de vida, del hadiz se obtiene el análisis detallado de las disposiciones minuciosas y el método eficaz para poner en práctica los principios coránicos. El Corán es el pilar de la lámpara del Islam, y el hadiz es la inundación de su luz irradiada. Así como una lámpara sin luz es irreal, si se rechaza el hadiz, el Corán también queda igualmente sin sentido. Puede decirse que el Corán es la raíz y el tronco del gran árbol del Islam; el hadiz son sus ramas y ramificaciones. Un tronco y unas raíces sin ramas ni ramificaciones no son más que desechos inútiles. El Corán es como el plan para construir el gran palacio de la vida islámica, junto con la disposición de enviar al ingeniero (el Mensajero), disposición que entró en vigor desde el primer día en que descendió la ley de Allah. En cualquier etapa del tiempo y en cualquier fase de las circunstancias cambiantes, jamás pueden ignorarse, para construir el palacio conforme al plan original, las explicaciones y análisis del ingeniero (el Mensajero), sus instrucciones para la acción práctica, sus consejos y sus exhortaciones.

En las ciencias y conocimientos islámicos, el Corán es como el corazón, y el hadiz es la arteria conectada con ese corazón. En el vasto campo de las ciencias y conocimientos del Islam, esta arteria hace fluir continuamente una corriente de sangre fresca y caliente, manteniendo sin interrupción frescos y activos sus órganos y miembros. Por un lado, el hadiz ofrece una explicación exacta del Corán; del mismo modo, presenta la sagrada biografía, las normas de conducta y el modelo del Profeta universal, portador del Corán, así como un relato detallado de sus palabras y acciones, su guía y sus consejos. Por esta razón, después del Noble Corán y junto con el Corán, la importancia del hadiz en el sistema de vida islámico es incuestionable. Así como no es posible servir y obedecer a Allah sin obedecer al Mensajero y seguirlo en la práctica, del mismo modo es imposible actuar conforme al Corán prescindiendo del hadiz. Por tanto, el hadiz y el conocimiento del hadiz son un patrimonio inestimable e indispensable en el ámbito del sistema de vida islámico y de la investigación del conocimiento islámico. Como introducción preliminar a esta etapa, aquí presentaremos un análisis detallado de la definición, la naturaleza, las clases y el campo del hadiz.

 

Significado de la palabra hadiz

El uso de la palabra hadiz en el Corán y

La base coránica del hadiz

Al analizar la palabra «hadiz», el imán Ragib al-Isfahani escribió:

اًلحَدِيثُ: وَاَلْحدِيْثُ كَوْنُ اَلشَّئِ بَعَدَ اَنْ لَّمْ تَكُنْ عِرضَاً كَاَنَ تَوْ اَوْجَدْ هَرَّا وكٌلُّ كَلاَمٍ يَبْلُعُ الْانْسَانَ مِنْ جَهَةِ الْسَّمْعِ اَوِ الْوَحِىْ فِىْ يَقْظَتِهِ اَوْ مَنَامِهِ حَدِيْثٌ-

«Hadiz» y «huduz» significan que algo inexistente llega a existir, ya sea algo fundamental o no fundamental. Y cualquier palabra que llega al ser humano por medio del sentido del oído o a través de la revelación, durante el sueño o la vigilia, se denomina hadiz.

En otro lugar escribió:

شَىَّ ىُلْقَى فِىْ رَوْعٍ اَحَدٍ مِنْ جِهَةِ الْملأَ

Todo aquello que surge en el mundo interior de una persona desde el mundo superior es hadiz.[مفردات راغب اصفهانى صفحه]

En el Noble Corán, las conversaciones que tienen lugar durante el sueño han sido denominadas «hadiz». En el Corán se dice por boca de José:

وَعَلَّمْتَنِي مِن تَأْوِيلِ الْأَحَادِيثِ –

Me enseñaste la interpretación de los sueños. (Sura Yusuf, aleya 101)

El imán Rághib escribió a propósito del significado de esta aleya:

اَىْ مَا يحَدِّثُ بِهِ الأِنسَانَ فِىْ نَوْمِهِ-

Es decir, lo que se comunica a las personas mediante los sueños.[مفردات راغب صفع]

Allah Ta’ala ha denominado «hadiz» al Noble Corán. En el Corán se dice:

فَلَعَلَّكَ بَاخِعٌ نَّفْسَكَ عَلَىٰ آثَارِهِمْ إِن لَّمْ يُؤْمِنُوا بِهَٰذَا الْحَدِيثِ أَسَفً ا [الكهف:٦]

Si no creen en esta «palabra» (Libro), oh Profeta, quizá te angusties profundamente.

En otro lugar se dice:

فَلْيَأْتُوا بِحَدِيثٍ مِّثْلِهِ إِن كَانُوا صَادِقِينَ [الطُّور:٣٤]

(Si no aceptan el Corán como el Libro de Allah), tienen el deber de traer y presentar un libro semejante, si son veraces.

En la sura Az-Zumar se dice:

اللَّهُ نَزَّلَ أَحْسَنَ الْحَدِيثِ كِتَابًا مُّتَشَابِهًا

Allah, el Altísimo, ha revelado el discurso más excelente en forma de un Libro cuyos pasajes se asemejan entre sí.

Aquí, hadiz se ha utilizado en el sentido de libro o discurso.

La palabra «hadiz» significa palabra o declaración. En los siguientes versículos del Corán se utiliza con el sentido de palabra o declaración:

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Entonces, ¿en qué palabra creerán?

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Y cuando el Profeta confió un secreto a una de sus esposas.

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¿Os sorprende este dicho?

En estos pocos versículos, la palabra «hadiz»حديث se ha utilizado con el significado de «palabra» o «dicho». En el Noble Corán también se observa el uso de esta palabra con los significados de noticia nueva, información y palabra nueva, entre otros. Por ejemplo:

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¿Te ha llegado la noticia de los honorables huéspedes de Abraham?

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¿Has sabido de Moisés?

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¿Has sabido de aquellos soldados?

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¿Te ha llegado la noticia de la Resurrección que lo envuelve todo?

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¿Acaso ahora ignoráis este asunto?

De esta palabra «hadiz» se deriva «tahdiz»تحديث y en el Corán se emplea con el sentido de narrar, manifestar y hablar. Por ejemplo:

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Narra la gracia de Allah:

El sabio Abu al-Baqa dijo:

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El término «hadiz» significa hablar y transmitir noticias.

En resumen, desde la perspectiva del diccionario árabe y del uso coránico, la palabra «hadiz» significa palabra, discurso, noticia, información y asunto o tema. El Noble Profeta (s) hablaba con la gente con el propósito de transmitir el mensaje de Allah; mediante sus palabras explicaba diversas cuestiones, datos y verdades importantes del islam, aclaraba verdades profundas y, por medio de discursos y alocuciones, interpretaba y analizaba el Libro de Allah; por eso fue denominado «hadiz».

El Noble Profeta (s) observó personalmente todos los mandamientos y disposiciones del islam, actuó conforme a las leyes de Dios y las llevó a la práctica mediante sus propios actos. Por esta razón, las descripciones de sus diversas acciones también fueron denominadas «hadiz».

El Noble Profeta (s), con especial cuidado y esfuerzo, formó a los nobles Compañeros sobre la base de los elevados ideales del islam, y moldeó su carácter, pensamiento, fe y perspectiva conforme al alto estándar del islam. Por esta razón, también se denominaron «hadiz» las palabras y acciones de los nobles Compañeros que el Noble Profeta (s) aprobó o apoyó, o al menos contra las cuales no protestó.

En una palabra, se denomina hadiz al relato de las palabras y acciones del Mensajero, así como a sus apoyos y aprobaciones. Un hadiz demuestra que el propio Noble Profeta (s) lo denominó «hadiz». Hazrat Abu Huraira (ra) le preguntó: «¿Quién será la persona más afortunada, aquella que será honrada con la intercesión del Mensajero el Día de la Resurrección?». Entonces el Noble Profeta (s) dijo:

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Creo que nadie te había preguntado antes acerca de este hadiz. Sobre todo porque te veo sumamente esforzado y ansioso por escuchar hadices. [5****************************************************** ]

El Noble Corán es el último y completo libro de la religión del islam. Fue revelado al último Profeta. Dios Altísimo envió al Noble Mensajero como Profeta del islam, propagador y fundador del sistema de vida islámico, y guía y maestro de la humanidad. El Mensajero recitó íntegramente este gran y sagrado libro, el «Noble Corán», para que la gente lo escuchara, y numerosos Compañeros lo memorizaron de inmediato. Sobre todo, el Mensajero mostró en la práctica las enseñanzas, consejos y mandamientos y prohibiciones de las normas fundamentales del islam mediante su modo de vida, sus pensamientos y creencias, sus actos y conducta, y su seguimiento práctico; es decir, formó por completo a una nación sobre la base de este ideal. En realidad, la grandiosa vida del Noble Profeta era la forma práctica del Noble Corán, es decir, del islam; era la manifestación práctica del ideal coránico. Por tanto, en la terminología islámica, todas las palabras, acciones, aprobaciones y apoyos del Noble Mensajero relativos a la religión del islam se denominan «hadiz».

«Hadiz» no es meramente una palabra del diccionario. En esencia, es un término específico del islam. Según ello, en la terminología islámica se denomina «hadiz» todo aquello que se haya demostrado mediante fuentes fidedignas y confiables: las palabras del Noble Mensajero, el relato de sus acciones, o el apoyo y aprobación de sus palabras y acciones.

En la lengua árabe, al «hadiz» también se le llama «jabar». Sin embargo, la diferencia es que la palabra «jabar» tiene un significado más amplio que hadiz. «Jabar» comprende simultáneamente tanto el hadiz como la historia.[6****************************]

No es una invención denominar «hadiz» las palabras, los actos, las aprobaciones y los respaldos del Noble Profeta, así como la descripción de sus circunstancias. En el Sagrado Corán existe una prueba concluyente de ello. No cabe duda de que la religión otorgada por Allah es una bendición de especial importancia para toda la humanidad. En el Sagrado Corán, esta «religión» ha sido declarada una bendición de Allah, y la difusión y manifestación de la bendición se denomina «tahdiz» (describir, difundir y manifestar).

Respecto de las bendiciones de Allah, Allah, el Altísimo, ha dicho:

******************************************************

Recordad la bendición que Allah os ha concedido, y recordad también el Libro y la sabiduría que fueron revelados con el propósito de amonestaros.

También al referirse a completar y perfeccionar la religión del Islam, Allah, el Altísimo, la ha mencionado como una bendición. Ha dicho:

****************************************************** (Sura Al-Maida, 3)

Hoy he perfeccionado para vosotros vuestra religión, y he completado y consumado Mi bendición sobre vosotros.

En los dos versículos mencionados, la religión del Islam, es decir, el Sagrado Corán, ha sido declarada en términos claros como «la bendición de Allah». En el siguiente versículo del Sagrado Corán se ha ordenado describir y manifestar esta bendición:

****************************************************** (Sura Al-Fayr: 11)

Describid las bendiciones de Allah; proclamadlas y relatadlas. [El ‘Allama Baydawi escribió en la exégesis de este versículo: ******************************************************

«Aquí, por “bendición” se entiende la profecía, y hacer tahdiz significa proclamarla.

El ‘Allama al-Alusi escribió:

«Muchos han transmitido que “bendición” significa el Corán».]

Desde esta perspectiva, la descripción verbal de todas las palabras pronunciadas y de todos los actos realizados por el venerable Muhammad (la paz sea con él) en calidad de profeta y mensajero se denomina «hadiz» en la terminología islámica. Y no solo eso: si algún sahabi pronunciaba alguna palabra o realizaba algún acto en su presencia, y él lo aprobaba y consentía, o no lo desaprobaba, la descripción de ello también sería denominada «hadiz». Pues el venerable Profeta (la paz sea con él) vino al mundo con la responsabilidad de proclamar y establecer la verdad y la justicia, así como de oponerse y resistir toda injusticia y falsedad. No se puede siquiera concebir que ante él se pronunciara alguna falsedad o se realizara algún acto contrario al islam —contrario al espíritu islámico— y que él no se opusiera a ello, no impidiera que los sahabas lo hicieran, sino que permaneciera callado e inmóvil. Y, en realidad, tampoco es posible.

En segundo lugar, si al ver que se cometen injusticias y pecados permaneciera callado e inactivo, el deber fundamental del Mensajero quedaría sin cumplir. Allah, el Altísimo, ha dicho:

(Sura Al-Ma’ida: versículo 67)يَا أَيُّهَا الرَّسُولُ بَلِّغْ مَا أُنزِلَ إِلَيْكَ مِن رَّبِّكَ ۖ وَإِن لَّمْ تَفْعَلْ فَمَا بَلَّغْتَ رِسَالَتَهُ

¡Oh, Mensajero!, transmite debidamente lo que te ha sido revelado por tu Señor. Si no lo haces, no habrás cumplido la responsabilidad de transmitir el mensaje de Allah.

En este punto, Ibn Yarir al-Tabari citó una importante declaración de Ibn Zayd. Dijo:

******************************************************

Se decía que, si el Noble Profeta (s) hubiera querido ocultar algo de lo que le había sido revelado mediante la revelación, sin duda habría ocultado la sura «Abasa wa tawalla», que fue revelada a causa de su propio «error».

En verdad, la biografía protegida del Noble Profeta demuestra de manera irrefutable que, incluso en los momentos críticos de su vida, no incurrió en la menor deficiencia al cumplir la responsabilidad de la profecía ni al proclamar públicamente, de forma debida, la palabra de Allah revelada mediante la revelación. Jamás mostró negligencia ni debilidad en este asunto. Al comienzo de la predicación islámica, rechazó con rostro sereno y profundo desprecio incluso la tentación de abandonar la campaña de propagación del islam a cambio de las mujeres más hermosas, enormes riquezas y el dominio absoluto de Arabia. Por tanto, no puede existir la menor duda de que jamás dejó de predicar la religión, nunca se abstuvo de protestar contra la injusticia y, cuando veía en alguien cualquier error o defecto, no cejaba hasta corregirlo. Por esta razón, el relato de sus propias palabras y actos, así como de aquellas palabras o actos que aprobó o contra los cuales no protestó, recibió el nombre de «hadiz».

Los Compañeros estaban completamente de acuerdo en que, si un Compañero realizaba algún acto o pronunciaba alguna palabra ante el Mensajero y él no lo desaprobaba, ello era conforme a la sharía; asimismo, la aprobación y el silencio del Profeta se consideraban una de las fuentes principales para conocer las disposiciones de la sharía sobre cualquier asunto. Puede mencionarse aquí un suceso. Cuando Yabir ibn Abd Allah (ra) juró por Allah al afirmar algo, Muhammad ibn al-Munkadir objetó y dijo:

******************************************************

¿Está usted jurando por el nombre de Allah?

Él respondió:

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He oído a Hazrat Umar jurar por Allah en presencia del Noble Profeta (s), pero el Noble Profeta (s) no lo desaprobó ni lo censuró.[10********************************************]

A continuación se citan algunas declaraciones tomadas de obras autorizadas acerca de la definición del hadiz. Esto hará que el asunto resulte más claro.

El imán Sakhawi dijo:

******************************************************

En el diccionario, «hadiz» (nuevo) es lo contrario de «qadim» (antiguo). En la terminología de los muhaddizun, hadiz se refiere a las palabras, los actos, la aprobación tácita y las cualidades del Mensajero; incluso sus movimientos durante la vigilia y el sueño están incluidos.[11****************************************************** ]

En la introducción del Sahih de Bujari se afirma:

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El hadiz es el conocimiento mediante el cual se conocen las palabras, los actos y las circunstancias del Noble Profeta (s).

El erudito Badruddin Ayni y Nawab Siddiq Hasan escribieron:

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El conocimiento del hadiz es un conocimiento especial mediante el cual se pueden conocer las palabras, los actos y las circunstancias del Noble Profeta (s). Por «las palabras del Mensajero» se entienden las palabras que pronunció en árabe. Estas pueden ser de diversos tipos. Por «sus actos» se entiende:

En la introducción de la obra Mishkat al-Masabih, Shah Abdul Aziz (r) escribió:

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Los eruditos de épocas anteriores utilizaban el término «hadiz» para las narraciones de las palabras y los actos de los sahaba, los tabi‘in y los tabi‘ al-tabi‘in, así como para sus dictámenes jurídicos. Asimismo, consideraban como dos hadices una sola narración transmitida mediante dos cadenas de transmisión independientes.

Nawab Siddiq Hasan (r) también dijo esto. Al definir el hadiz, escribió:

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Del mismo modo, las palabras, los actos y las aprobaciones de los sahabíes y de los tabi‘íes también reciben el nombre de hadiz.

La diferencia, sin embargo, es que él no llamó «hadiz» a los relatos sobre las palabras y los actos de los tabi‘ al-tabi‘ín. Pero no cabe duda de que, al igual que los relatos sobre las palabras, los actos y las aprobaciones de los sahabíes y los tabi‘íes, los relatos sobre las palabras, los actos y las aprobaciones de los tabi‘ al-tabi‘ín son también especialmente importantes y necesarios para la interpretación, el análisis y la aplicación práctica del Corán y del hadiz. En los libros de hadices y de tafsir, los informes fidedignos de este tipo transmitidos por los sahabíes, los tabi‘íes y los tabi‘ al-tabi‘ín también han sido considerados conjuntamente dentro de la categoría de hadiz. Aunque sus denominaciones técnicas son diversas. El célebre especialista en hadices Hafiz Sakhawi escribió:

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«De igual manera, los antiguos eruditos denominaban “hadiz” a cada uno de los athar y dictámenes jurídicos de los sahabíes, tabi‘íes y otros (tabi‘ al-tabi‘ín).»

En otras palabras, aunque, en términos generales, las palabras, los actos y las aprobaciones del Noble Profeta (s), de los nobles sahabíes, de los tabi‘íes y de los tabi‘ al-tabi‘ín se hayan denominado “hadiz” —pues las palabras, los actos y las aprobaciones de todos ellos giraban en torno a un mismo fundamento—, no obstante, dado que entre ellos existen diferencias desde el punto de vista de su rango según la sharía, se han establecido términos técnicos independientes para cada uno. Así, las palabras, los actos y las aprobaciones del Noble Profeta se denominan “hadiz”. Las palabras, los actos y las aprobaciones de los sahabíes se denominan athar ((اثارy la descripción de las palabras, los actos y las aprobaciones de los tabi‘íes y de los tabi‘ al-tabi‘ín se denomina “fatwa”. Porque todos estos actos de ellos se realizaban basándose en el fundamento del Corán y del hadiz. [Estos tres tipos de hadiz tienen además tres nombres técnicos distintos: las palabras, los actos y las aprobaciones del Mensajero se denominan marfu‘; las palabras, los actos y las aprobaciones de los sahabíes se denominan mawquf, y las palabras, los actos y las aprobaciones de los tabi‘íes se denominan maqtu‘.

مقد مة صحيح بخارى ص-13]

 

Hadiz y Sunna

El otro nombre del hadiz es «Sunna». La palabra «Sunna» significa camino de conducta, principio y método de acción. No es la «Sunna» establecida y utilizada en la jurisprudencia islámica.

El imán Ragheb escribió:

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«Sunna del Profeta» significa el camino y el método que el Noble Profeta escogía, adoptaba y seguía. A veces se emplea como sinónimo de «hadiz». En el libro «Taj al-Masadir» está escrito:

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«Sunna» significa establecer un camino. «Mu’adh ha establecido un camino para vosotros».

En este hadiz, la palabra «Sunna» se emplea precisamente en este sentido.

En otras palabras, la Sunnah es la ley suprema (Supreme Law) difundida por el Noble Profeta (s), que prueba y manifiesta la opinión y voluntad de Allah Ta’ala. Y en el lenguaje del Corán, ****** con «gran modelo» se hace referencia precisamente a esto. El «modelo supremo» del Noble Mensajero cuya observancia Allah Ta’ala ha ordenado puede conocerse precisamente a partir de este hadiz. Por esta razón, los muhaddizun —especialmente los muhaddizun de las últimas generaciones— han utilizado «hadiz» y «Sunnah» con el mismo significado. [20*********] Se ha dicho:

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La palabra «Sunnah» se refiere a las palabras, acciones y silencios del Mensajero, así como a las palabras y acciones de los Compañeros. [21*********]

El erudito al-Yazairi escribió:

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«Sunnah» se refiere, en la mayoría de los casos, a las palabras, acciones y aprobaciones atribuidas al Mensajero. Según los especialistas, es un sinónimo de hadiz.[22***********]

El erudito Abd al-Aziz al-Hanafi escribió:

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La palabra «sunna» se refiere a las palabras y los actos del Mensajero, y también se utiliza en el sentido de la práctica efectiva seguida por el Mensajero y sus Compañeros. [23***********]

Safiuddín al-Ha’li escribió:

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«Sunna» significa todo lo que el Mensajero dijo, hizo, aprobó o autorizó, aparte del Corán. [24************]

En resumen, la palabra «sunna» no es completa y absolutamente equivalente a la palabra «hadiz». Pues la «sunna» es la práctica efectiva del Mensajero, mientras que «hadiz» comprende, además de los actos del Mensajero, sus palabras y aprobaciones. [Por esta razón, en la ciencia del hadiz también se dice: Sufyán al-Zawri es un imán del hadiz; al-Awza’i es un imán de la sunna, no un imán del hadiz; y Malik ibn Anas es un imán de ambos. *****************]

 

El contenido del hadiz

¿Cuál es el contenido del hadiz? ¿Qué tema se trata principalmente en él? Todos los eruditos expertos en la ciencia del hadiz han escrito unánimemente sobre este asunto:

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El objeto y tema de la ciencia del hadiz es la noble persona del Mensajero de Allah (s), en cuanto que él es el Mensajero de Allah, el Altísimo.[26 ********************]

Es decir, todo lo que el honorable Muhammad (s), como persona elegida y enviada por Allah, el Altísimo, dijo, hizo, permitió decir o hacer, y aprobó mientras ostentaba esta dignidad de Mensajero, así como la noble personalidad del Mensajero que se desarrolló y manifestó por medio de todo ello, constituye el objeto de la ciencia del hadiz. Todos estos asuntos han sido tratados en los hadices, y al leerlos se pueden conocer precisamente estas cosas. El único medio fiable para conocer el relato detallado y fidedigno de las palabras, acciones, aprobaciones y esfuerzos y luchas del Mensajero a lo largo de toda su vida es el hadiz.

En realidad, el hadiz no es un patrimonio estrecho, limitado, unilateral y de reducido alcance. Por el contrario, integra esencialmente una corriente de pensamiento sumamente amplia y vasta; la forma completa y detallada del gran movimiento revolucionario que surgió en las tierras árabes bajo el magnífico liderazgo del Profeta universal Muhammad (s) se manifiesta claramente precisamente a través del hadiz. En el hadiz también se incluye el relato íntegro de la vida del Mensajero, las actividades revolucionarias de él y de sus nobles compañeros, así como la descripción de sus amplias y fundamentales correcciones y reformas realizadas en las condiciones sociales, civilizatorias, internacionales, políticas y morales de aquella época.

La amplitud del hadiz es innegable, y tampoco resulta en absoluto difícil comprender su verdadera naturaleza. Los sabios de las épocas anteriores también pudieron comprender esta amplitud del hadiz. Aunque la obra de hadices recopilada por el imán Bujari es conocida con el nombre de Bujari Sharif, su nombre original y completo es:

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Una extensa recopilación, provista de cadenas de transmisión auténticas, de los relatos sobre las acciones del Mensajero y sobre todas las circunstancias y acontecimientos de su época.[27****************]

El propósito y el valor del estudio del hadiz

¿Cuál es el propósito del estudio del hadiz? ¿Con qué objetivo debe estudiarse el hadiz y cuál es, asimismo, el valor de su estudio? Esto también merece una mención especial. El sabio Allama Badruddin Ayni y otros eruditos han escrito:

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La obtención del máximo bienestar en ambos mundos constituye el fruto del estudio del hadiz.

Nawab Siddiq Hasan escribió:

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La obtención del bienestar supremo en este mundo y en el Más Allá es el objetivo del estudio del hadiz.

El ulema Kirmani escribió:

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«Después del Corán, el patrimonio más elevado, excelente y superior, rico en datos y conocimiento, entre todas las clases de saber, es la ciencia del hadiz. Esto se debe a que por medio de ella pueden conocerse el propósito y el significado de la palabra de Allah, y también pueden comprenderse a partir de ella los objetivos de todos los mandatos y preceptos de Allah. Esto es así porque la mayor parte del Corán —y, en términos generales, todo él— consiste únicamente en principios generales y máximas. Por medio de él solo pueden conocerse indicaciones generales. [30]

En suma, el hadiz es la historia de la caída de una civilización y del surgimiento, ascenso y consolidación de una nueva civilización. Desde esta perspectiva, es necesario estudiar el hadiz.

Clasificación del hadiz según su definición

De la definición del hadiz mencionada se desprenden con toda claridad sus tres categorías primarias. Estas son: las palabras pronunciadas por el Mensajero, sus propios actos y conducta, y los relatos de palabras y actos aprobados en su presencia. Todos los hadices se dividen en estas tres categorías. Sin embargo, existen diferencias entre los hadices de estas tres categorías en cuanto a su importancia real, su aplicación y su valor práctico. El primer lugar corresponde a las palabras del Mensajero: lo que él mismo dijo sobre cualquier asunto constituye la primera fuente del sistema de vida islámico. Esto se denomina «hadiz qawlī» del Mensajero, es decir, «hadiz verbal», en el que se cita alguna palabra del propio Mensajero.

La segunda categoría consiste en los relatos de los propios actos, obras y conducta del Noble Mensajero. En la práctica, él siguió al pie de la letra la religión del islam que había traído y realizó cada acto conforme a ella. Todas las normas y costumbres del islam se manifestaron claramente a través de sus actos y su carácter. Ninguno de sus actos podía contradecir la ley islámica. Por esta razón, cada uno de sus actos merece ser considerado fundamento de la ley islámica. Y el hadiz en el que se relata algún acto realizado por el Mensajero en su condición de Mensajero se denomina «hadiz fi‘lī».

La tercera categoría consiste en las palabras y actos de los compañeros aprobados y respaldados por el Noble Mensajero. Como ya se ha dicho, si en presencia del Mensajero se pronunciaba alguna palabra o se realizaba algún acto contrario a la ley islámica, él no podía dejar de protestar contra ello o prohibirlo. A partir del relato de una palabra o acto de este tipo también puede conocerse sin duda la perspectiva de la ley islámica. Por tanto, esta es asimismo una fuente de la ley islámica. El hadiz en el que se menciona un acontecimiento de este tipo se denomina «hadiz taqrīrī».

Con el propósito de hacer el asunto más claro y fácil de comprender, a continuación se citan tres hadices, uno de cada categoría:

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Se ha transmitido de Hazrat Anas (r. a.) que dijo: el Noble Mensajero de Dios (s. a. s.) dijo: «Cuando se elogia y se ensalza a una persona perversa, Allah se disgusta y se enfurece, y por ello la Tierra tiembla». (Bayhaqi)

Debido a que en ella se menciona una declaración particular del Mensajero, se la denomina «hadiz qawli».

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Se ha transmitido de Hazrat Abu Musa (r. a.) que dijo: «Vi al Noble Mensajero (s. a. s.) comer carne de gallo». (Bujari y Muslim)

En este hadiz se describe una acción del Mensajero. Por eso se lo denomina «hadiz fi’li».

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Se ha transmitido de Hazrat Ibn Abi Awfa (r. a.) que dijo: «Combatimos siete veces junto al Noble Mensajero (s. a. s.). Mientras permanecíamos con él, comíamos jarad (un ave semejante a la langosta)». (Bujari y Muslim)

Este es un «hadiz taqriri».

 

Clasificación de los hadices según su contenido

Según su contenido, los hadices son de varias clases. El imán Shafi‘i (r) dijo: «Los hadices son de tres clases». La primera clase comprende los hadices en los que el Noble Profeta (s) explicó y analizó, con sus propias palabras, aquellos asuntos mencionados explícitamente en el Sagrado Corán. En el Sagrado Corán se mencionan, de forma general y no detallada, numerosas leyes y disposiciones; el Noble Mensajero (s) presentó su forma detallada y las explicó. Expuso ante los musulmanes, con sus propias palabras, muchos asuntos resumidos y ambiguos de manera detallada y clara. Estos constituyen la segunda clase de hadices. La tercera clase está formada por aquellos hadices en los que el Noble Mensajero (s) mencionó muchos asuntos no mencionados en el Corán. Puesto que estas tres clases de hadices son fuentes del conocimiento que el Noble Mensajero recibió de Allah de manera directa o indirecta, todos ellos son tan fiables y dignos de confianza como el Corán. [Kitab al-Risala, del imán Shafi‘i (r)]

A continuación se cita un resumen de la exposición de Shah Waliullah Dehlawi:

Desde el punto de vista de la deducción de normas de la Sharía, los hadices transmitidos del Noble Profeta (s) y recopilados en los libros de hadices son de dos clases. La primera clase comprende todo cuanto el Noble Mensajero (s) dijo en cumplimiento de la responsabilidad especial de la profecía. En la aleya «Aceptad lo que el Mensajero os dé y absteneos de aquello que os prohíba» se proclama el mandato de Allah precisamente respecto de esta clase de hadices. También pertenecen a esta clase los hadices en los que el Mensajero (s) habló de los hechos y asuntos extraordinarios del Más Allá y del mundo celestial. Estos hadices se derivan del conocimiento recibido mediante la revelación. También pertenecen a esta categoría los hadices relativos a la explicación de las normas y disposiciones de la Sharía, los métodos de adoración y la administración de los asuntos sociales y de interés público, así como al estímulo para ponerlos en práctica. Sin embargo, una parte de ellos fue recibida directamente mediante la revelación y otra parte fue fruto del iytihad del propio Noble Profeta. Naturalmente, el juicio del Noble Profeta (s) nunca podía permanecer en el error. Su iytihad no podía sino basarse en el mandato de Allah. Pues a menudo ocurría que Allah Todopoderoso hacía conocer a Su Profeta los objetivos y propósitos de la Sharía; le enseñaba las normas para establecerla, facilitarla y determinar sus mandatos y prohibiciones; y el Profeta explicaba, conforme a estas leyes y normas conocidas por medio de la revelación, los objetivos obtenidos mediante la revelación. Los asuntos razonables y beneficiosos que presentó sin condiciones y para los cuales no se fijó ningún tiempo ni límite —como el buen y el mal carácter— también pertenecen al ámbito del cumplimiento de la responsabilidad profética, y la mayor parte de ellos fue tomada de la fuente de la revelación. Esto significa que Allah Todopoderoso dio a conocer al Mensajero las normas de la sociedad y del bienestar público; el Profeta extrajo de esas normas argumentos o pruebas y las presentó como principios fundamentales. Los hadices sobre los méritos de las obras, las virtudes de quienes las realizan y las alabanzas también se incluyen en esta categoría. En mi opinión, la mayor parte de ellos procede de la revelación, mientras que otra parte es fruto de su iytihad. La segunda clase de hadices no pertenece al ámbito del cumplimiento de la responsabilidad profética. El Noble Mensajero (s) dijo:

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«Yo no soy más que un ser humano. Por tanto, cuando os ordene algo relacionado con vuestra religión, aceptadlo y cumplidlo. Pero si os ordeno hacer algo basándome en mi propia opinión, recordad que no soy más que un ser humano».

Con estas palabras, el Noble Mensajero (s) se refería precisamente a la segunda clase de hadices. Al ver a los musulmanes de Medina introducir ramas de palmera datilera macho en las palmeras datileras hembra con la esperanza de obtener una cosecha muy abundante, el Noble Profeta (s) opinó que «no habría ningún perjuicio si no lo hacían», y dijo:

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Quizá habría sido mejor que no hubierais hecho esto.

Pero, debido a no haberlo hecho, al año siguiente se produjo una cosecha sumamente escasa. Entonces el Noble Profeta (s) dijo:

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«Yo tenía una opinión y eso fue lo que os dije; si la opinión era errónea, no me culpéis por ello. Pero cuando os transmito algo de parte de Allah, debéis aceptarlo sin falta, pues yo no digo ninguna falsedad acerca de Allah». [Estos hadices están mencionados en la página 264 del segundo tomo del Sahih Muslim.

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Lo que el Noble Mensajero (s) dijo acerca de la medicina, las propiedades de las sustancias y asuntos similares también pertenece a esta categoría. Él dijo:

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Debéis tener caballos de color negro intenso, con las mejillas ligeramente blancas.

Estas palabras fueron pronunciadas a la luz del conocimiento adquirido por el Mensajero mediante la experiencia práctica.

Lo que el Mensajero (s) hacía por costumbre —no como acto de adoración— o lo que hacía accidentalmente —no deliberadamente— no tiene fundamento jurídico islámico. Cuando un grupo de personas expresó ante Zayd ibn Zábit (ra) su deseo de escuchar hadices, él dijo: «Yo era vecino del Mensajero. Cuando le era revelada una revelación, él mandaba llamarme y yo acudía y la escribía. Era costumbre suya que, cuando hablábamos de asuntos mundanos, él también hablaba con nosotros de asuntos mundanos. Y cuando hablábamos de la otra vida, él también hablaba con nosotros de la otra vida. Cuando hablábamos de comida y bebida, él también hablaba con nosotros de lo mismo. ¿Acaso he de contaros ahora todos estos hadices del Mensajero?». Esta afirmación es pertinente en este contexto.

Además, durante la época del Mensajero se establecieron muchas disposiciones para beneficios parciales y temporales. No constituían normas eternas para toda la humanidad. Un ejemplo de ello es el caso de un rey que equipa un ejército y le asigna una insignia determinada. Desde esta perspectiva, Umar al-Faruq (ra) dijo:

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¿Qué necesidad tenemos de hacer ramal? Antes lo hacíamos para mostrarlo a un grupo de personas que Dios había destruido.

Pero después comprendió claramente que podía haber otra razón para hacer ramal y que este no debía abandonarse de ningún modo.

También pertenecen a esta categoría los hadices relativos a métodos específicos de guerra y a procedimientos y formas particulares de administrar justicia. [Citado de Huyyatullah al-Baligha, tomo 1, página 102.]

No existe obligación alguna de que llegue a demostrarse debidamente su veracidad. La prohibición del Mensajero respecto de la práctica habitual en los países árabes relacionada con las palmeras datileras pertenecía también a esta categoría. El imán Nawawi, al tratar este tema, escribió:

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Según los expertos, estas palabras del Profeta no constituían una noticia sobre ningún asunto; más bien, eran solamente una opinión suya, como se menciona en los hadices relacionados con este tema. También han dicho que, en los asuntos mundanos, la opinión y el parecer del Noble Profeta eran como los de cualquier otra persona. Por tanto, que ocurriera algo de esta naturaleza —y que luego se demostrara irreal— no es imposible ni constituye motivo de defecto o falta. [Nawawi, Sharh Muslim, t. 2, p. 264]

También es necesario recordar, respecto del ijtihad del Mensajero, que el Noble Mensajero (s) ejerció el ijtihad en aquellos asuntos sobre los que no había descendido ninguna revelación. Si este ijtihad era correcto, Allah permitió que se estableciera y se pusiera en práctica; y si contenía algún error humano, Allah informó de ello al Mensajero y lo puso sobre aviso. Por tanto, el ijtihad del Mensajero también se considera parte de la Sunnah. Los hadices contienen relatos de todos estos ijtihads. En consecuencia, no existe ninguna diferencia ni contradicción fundamental entre los hadices y el ijtihad del Mensajero.

Pero todo cuanto el Noble Mensajero (s) dijo acerca de la religión y la Sharía —sobre la creencia, la adoración, el carácter moral, la vida futura y los asuntos sociales y culturales— fue recibido de la fuente de la revelación, posee un valor eterno y una importancia permanente, y nunca puede ser abandonado. [Huyyatullah al-Baligha, t. 1]

 

Hadiz qudsí

Existe otro tipo de hadiz, llamado «hadiz qudsí»حديث قدسىse llama así. «Qudsí»قدسىse deriva de «Quds»قدسy su significado es الظهرpureza, grandeza. Otro de los nombres de Allah es «Quddus»قدوس: el Magnífico; el Puro. [*******]

Este tipo de hadiz se llama «hadiz qudsí» porque su contenido fundamental se recibe directamente de Allah. Allah Altísimo comunicó a Su Profeta, mediante inspiración o en sueños, ciertas cosas que el Profeta expresó con sus propias palabras. Es algo distinto del Corán, pues tanto las palabras como el lenguaje del Corán descendieron de Allah por medio de la revelación. El célebre comentarista de hadices, el erudito Mulla Ali al-Qari, al definir el «hadiz qudsí», dijo:

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Los hadices qudsíes son aquellos hadices que el sumamente confiable Hazrat Muhammad (s), radiante como la luna llena y el más eminente de los narradores, transmite de Allah: a veces los conoce por medio de Gabriel (a.s.) y otras veces los recibe directamente mediante la revelación, la inspiración o los sueños. La responsabilidad de expresarlos por medio de cualquier clase de lenguaje le ha sido encomendada al Mensajero. [38************]

El erudito Abu al-Baqa escribió en su obra «Kulliyat»:

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Las palabras, el lenguaje, el significado, el sentido y el discurso del Corán descendieron todos de Allah mediante una revelación clara; en cambio, las palabras y el lenguaje del hadiz qudsí pertenecen al Mensajero, pero su significado, sentido y discurso fueron recibidos de Allah mediante la inspiración o los sueños. [39**********]

El erudito al-Tayyibi también respaldó esta afirmación. Dijo:

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Gabriel (la paz sea con él) descendió ante el Noble Mensajero con las palabras y el lenguaje del Corán. En cambio, el contenido esencial del «hadiz qudsí» le fue comunicado por Allah mediante la inspiración o a través de un sueño. (Por eso, el hadiz qudsí es conocido como las palabras de Allah.) Pero, aparte de esto, los demás hadices no fueron difundidos como palabras de Allah ni narrados en Su nombre.[40********]

Diferencias entre el Corán y el hadiz qudsí

Las diferencias que existen entre el Corán y el hadiz qudsí son las siguientes:

a) El Noble Corán no descendió sino por medio de Gabriel; sus palabras y su lenguaje descendieron ciertamente de la «Tabla Preservada». Su transmisión es mutawátir —ininterrumpida, cierta y sin duda— en cada etapa y en cada época.

b) En la oración solo se recita el Noble Corán; la oración no es válida sin el Corán, y tampoco se cumple si se recita el hadiz qudsí en lugar del Corán.

c) Una persona impura, e incluso una mujer que se encuentre en menstruación o en el puerperio, puede tocar el «hadiz qudsí»; pero para ellas está prohibido tocar el Corán.

d) El hadiz qudsí no es un «milagro» como el Corán.

e) Quien rechaza un Hadiz Qudsi no se convierte en kafir, como ocurre cuando se rechaza el Corán.[৪১***********]

El jeque Muhammad Ali Faruqi dividió los hadices en dos categorías: primera, el Hadiz Nabawi, es decir, el hadiz del Noble Mensajero; y segunda, el Hadiz Ilahi, es decir, el hadiz de Allah. A este último se le llama «Hadiz Qudsi». Él escribió:

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«Hadiz Qudsi» es aquel que el Noble Profeta (s) narra de parte de Allah Ta‘ala; y el que no narra de ese modo es Hadiz Nabawi. [৪২************]

El «Hadiz Qudsi» no es el Corán; pero, aun así, en él se encuentra mezclada la cautivadora fragancia del mundo sagrado de Allah. También es una «luz» proveniente del mundo de lo oculto. En él se percibe igualmente la expresión imponente de Allah, poseedor de gran majestad y poder. Esto es el «Hadiz Qudsi». También se le llama «Ilahi» o «Rabbani». [৪৩************]

En las antiguas obras de hadices, el Hadiz Qudsi se narraba con estas palabras:

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El Noble Profeta (s), al narrar de parte de Allah, dijo………..

Y los muhaddices posteriores lo citaron con estas palabras:

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Allah dijo: «Lo que el Noble Profeta (s) narró de Él……..»

Es innecesario decir que el narrador original de ambos tipos de palabras es el mismo: Hadrat Muhammad (s).[৪৪***********]

El sanad y el matn

La cadena de transmisión y narración sucesiva mediante la cual las palabras fundamentales del hadiz han llegado hasta el compilador de la obra recibe, en la terminología de la ciencia del hadiz, el nombre de «sanad». En ella se disponen, uno tras otro, los nombres de los narradores del hadiz. Por eso se ha dicho:

******************************************************

La cadena sucesiva de transmisión mediante la cual llega el hadiz original es el sanad.[Muqaddama al-Hadiz al-Muhaddizun, páginas 2, 3 y 4.]

Se ha dicho:

******************************************************

La cadena de transmisión del hadiz, es decir, la sucesión de sus narradores, se denomina sanad.

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El contenido principal del hadiz y sus palabras constituyen el matn.

El shayj Abdul Haqq escribió:

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La parte que sigue al punto hasta el que llega la cadena de transmisión, el sanad, se denomina matn.

En función de las diferencias cualitativas del isnad o de los narradores, los hadices pueden dividirse en tres categorías. La primera comprende aquellos hadices transmitidos por personas que son háfices mutqin (háfices de hadices capaces de recordarlos con precisión). La segunda comprende aquellos hadices cuyos narradores son poco conocidos y poseen un nivel medio de memoria y cautela. La tercera comprende los hadices transmitidos por personas débiles, inaceptables e indignas de confianza. [46*****************]

Clasificación de los hadices según el isnad

Los hadices se han dividido en varias categorías atendiendo al nivel hasta el cual ha llegado la cadena de transmisión y a la manera en que ha llegado hasta él; además, a cada una de estas categorías se le ha dado un nombre técnico. A continuación se expone detalladamente este asunto:

1. Marfūʿ: Se denomina «hadiz marfūʿ» aquel hadiz cuya cadena de transmisión llega hasta el Mensajero (s), mediante la cual se transmite alguna palabra del propio Mensajero, el relato de alguna acción suya o su aprobación de algún asunto; cuya cadena de transmisión se ha conservado desde el Noble Mensajero (s) hasta el compilador de la obra de hadices, sin que haya quedado omitido ningún narrador intermedioحديث نرفوع y que es conocido con este nombre.

El imán al-Nawawī lo definió con las siguientes palabras:

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«Marfūʿ es el hadiz que se transmite específicamente como palabra del Mensajero —y no como palabra de ninguna otra persona—». [47********]

Ibn Ṣalāḥ escribió:

******************************************************

Lo que procede del Mensajero y de nadie más —ni siquiera de un sahabí— se conoce como «hadiz marfū‘».[48********]

Esto se entenderá claramente mediante un ejemplo. Supongamos que un sahabí dijo:

******************************************************

El Noble Mensajero (s) dijo:

******************************************************

Escuché al Noble Mensajero (s) decir lo siguiente:

Los hadices transmitidos mediante una cadena de transmisión de este tipo se conocen como «hadices marfū‘ qawlī».

O un Compañero dijo:

******************************************************

Vi al Noble Mensajero (s) hacer esto.

Esto se conoce como «hadiz marfū fi‘lī». Pues presenta, en la narración de un Compañero, la descripción de una acción del Noble Profeta.

O un Compañero dijo:

******************************************************

Realicé esta acción en presencia del Noble Mensajero (s), pero él no la desaprobó.

Esto se conoce como «hadiz marfū taqrīrī». En este hadiz se menciona que se realizó una acción delante del Noble Profeta y que él no la prohibió.

2. Los hadices cuyas cadenas de transmisión (isnad) llegan, ascendiendo, hasta un sahabí, y en cuyas cadenas se narra la palabra, el acto o la aprobación de algún sahabí, reciben el nombre de «hadiz mawquf». El imán Nawawi lo definió con estas palabras:

******************************************************

Todo aquello en lo que se narre la palabra, el acto o algo semejante de un sahabí, ya sea transmitido por narradores sucesivos y conectados, o haya una ausencia de algún narrador intermedio, es un «hadiz mawquf».

3. La cadena de transmisión en la que se narra la palabra, el acto o la aprobación de un tabi’í se conoce como «hadiz maqtu». El imán Nawawi dijo ****************: todo aquello cuya cadena llega hasta un tabi’í es un «hadiz maqtu».[49**********]

4. Los hadices cuya cadena de transmisión conserva plenamente la continuidad desde arriba hasta abajo, sin que se omita ningún narrador en nivel alguno, reciben el nombre de «hadiz muttasil» **********.

5. Los hadices cuya cadena de transmisión no conserva la continuidad, de modo que algún narrador intermedio ha sido omitido o eliminado, reciben el nombre de «hadiz munqati»حديث منقطعse llaman así. [50************]

También se establecen varias categorías de hadices atendiendo a las diferencias entre las cualidades propias de sus narradores, y cada una de ellas recibe un nombre técnico particular. Por ejemplo:

1. Se denomina técnicamente «hadiz sahih» ********* aquel hadiz cuya cadena de transmisión es continua, cuyos narradores aparecen correctamente identificados en cada nivel de la cadena, cuyos narradores son completamente dignos de confianza —siqah—, poseen una memoria muy aguda y nunca son solamente uno en ningún nivel.

El imán Nawawi escribió:

******************************************************

El hadiz cuyo isnad está completo mediante la sucesión de transmisores fiables que lo conservaron correctamente, y en el que no hay ni un solo transmisor excepcional o defectuoso, se denomina «hadiz sahih».

2. Si, pese a estar presentes todas las cualidades mencionadas, se demuestra que la memoria de los transmisores es algo débil, el nombre técnico de ese hadiz es «hadiz hasan».

Al definirlo, el imán Nawawi escribió:

******************************************************

El hadiz cuyo origen es universalmente conocido y cuyos transmisores son renombrados es el hadiz hasan.

3. Si todas las cualidades mencionadas se encuentran en los transmisores en menor grado, el hadiz transmitido por ellos se denomina «hadiz da’if».

El imán An-Nawawi dijo:

******************************************************

El hadiz que no reúne las condiciones de los hadices sahih y hasan es el «hadiz da‘if».[54*******]

Clasificación de los hadices según el número de transmisores

El número de transmisores de los hadices no fue el mismo en todos los casos. El número de transmisores varía de un hadiz a otro. Desde este punto de vista, los hadices se dividen en varias categorías, y cada categoría tiene su propia denominación técnica. A continuación se ofrece una breve descripción de estas categorías.

1. Mutawátir (*****) El hadiz cuyos transmisores son tan numerosos en todos los niveles de su cadena de transmisión que resulta naturalmente imposible que todos ellos se hayan puesto de acuerdo para inventar o declarar una mentira se denomina «hadiz mutawátir». Por ejemplo, el hadiz ********************: «El valor de todas las obras depende de las intenciones». Este hadiz ha sido transmitido a través de más de setecientas cadenas de transmisión.[ 3-شرح النخبة صLos muhaddices generalmente no denominan al hadiz «mutawátir» con este término técnico. Esto se debe a que el hecho de que un hadiz sea «mutawátir» no se considera parte del estudio de la cadena de transmisión. La razón es que, en la ciencia de las cadenas de transmisión, normalmente se examina si el hadiz es «sahih» o «da‘if», para poder actuar conforme a ello o abandonarlo. Además, no se estudia a los transmisores de los hadices mutawátir. Actuar conforme a ellos es obligatorio sin necesidad de examinarlos. علوم الحديث ومصطله وشرح النخبة ج-3 ص- 150 ]

2. Khabar al-wáhid (***********) El hadiz cuyos transmisores y cuya cadena son algo menos numerosos que los del hadiz «mutawátir» es un «khabar al-wáhid». Este tipo de hadiz se divide en tres categorías:

a. Si en cualquier nivel posterior al de los Compañeros el número de transmisores no es inferior a tres, se trata de un «hadiz mashhur» (*************).

b. Si en ningún nivel el número de narradores es inferior a dos, entonces se denomina «hadiz ʿazīz» (**********).

c. Si en algún nivel el número de narradores es de tan solo uno, ese hadiz se conoce como «hadiz gharīb» (*************).

 

Las fuentes fundamentales del conocimiento y la ciencia

El significado mismo del conocimiento y la ciencia es conocer lo desconocido. Conocer aquello que se ignora, aquello que está fuera de los límites del conocimiento humano, e informarse de todos sus aspectos: eso es lo que se llama conocimiento. El conocimiento y la ciencia de las cosas son luz. Con la manifestación de la luz llega el fin de la oscuridad. El conocimiento y la ciencia disipan la oscuridad acumulada de la ignorancia de la mente humana, iluminan el corazón interior y lo embellecen con la armonía de la grandeza del conocimiento.

Sin embargo, la mera acumulación de ciertas teorías y datos no es conocimiento. Las teorías y los datos verdaderos obtenidos de fuentes fiables e incuestionables constituyen el conocimiento genuino. Las teorías y los datos que no se basan en la verdad y que no se han obtenido de fuentes fiables no pueden despejar de nubes el mundo mental lleno de dudas; así como no pueden procurar ningún beneficio al ser humano, tampoco son en absoluto dignos de ser llamados «conocimiento». No es posible dar pasos en el camino de la vida apoyándose en un conocimiento semejante ni avanzar con el corazón tranquilo. Por eso, el ser humano necesita un conocimiento y una ciencia que sean enteramente verdaderos y fiables, obtenidos de fuentes irrefutables y seguras. Ese conocimiento hace que la mente y el cerebro humanos queden libres de dudas, firmes, seguros e iluminados. Hace visibles todos los recodos del camino de la vida, incluso cada subida y cada bajada. Sin un conocimiento así, ni nuestra vida biológica puede desenvolverse correctamente ni es posible vivir en el mundo como seres humanos.

Pero ¿dónde encontrará el ser humano un conocimiento semejante? ¿Por qué fuente le es posible obtenerlo? Esta es una pregunta difícil. Sobre este asunto tendremos que examinarlo y debatirlo con cierta profundidad, mediante la reflexión y el análisis.

Entre los medios y fuentes que se han concedido naturalmente al ser humano para adquirir un conocimiento exacto, irrefutable y fiable, la fuente externa y primaria son los cinco sentidos humanos. Pero estos cinco sentidos solo constituyen para el ser humano el límite de su alcance hasta un determinado punto. Es imposible que el ser humano reciba conocimiento alguno que quede fuera de ellos. Además, no es posible afirmar con certeza que el conocimiento obtenido mediante los cinco sentidos sea enteramente exacto y esté completamente libre de dudas. A menudo proporcionan al ser humano información completamente errónea y, en ocasiones, incluso lo engañan. Cuando una persona enferma, se altera su gusto: la boca se vuelve insípida y lo dulce se vuelve amargo. La visión del pasajero de un tren que avanza a gran velocidad se engaña; las escenas inmóviles que permanecen de pie a ambos lados parecen desplazarse a gran velocidad en dirección contraria. Un barco en movimiento parece estar quieto, inmóvil. Si una chispa de fuego se desplaza en línea recta a gran velocidad, parecerá una línea de fuego continua y ardiente; y si se mueve en círculo, parecerá un círculo de fuego. Es algo común que las grandes masas de estrellas del lejano firmamento parezcan pequeñas y débiles llamas insulares que titilan, pero ¿son realmente así?

La segunda fuente de adquisición del conocimiento humano es el juicio y la reflexión basados en la inteligencia innata, la sabiduría, el pensamiento, la investigación y la razón. En esencia, esta fuente ofrece conocimiento basándose en los datos obtenidos de la primera fuente de conocimiento. Sobre los datos recopilados construye un palacio de conocimiento sobre lo desconocido. Cuando la información dominada se ha recopilado del mundo material de los hechos, el conocimiento obtenido a partir de ella puede quedar en gran medida libre de dudas. Este es precisamente el caso fundamental de la ciencia material (Physical Science). Pero el conocimiento basado en datos que trascienden lo material no es más que una simple idea o conjetura. Todas las ideologías y filosofías creadas por el ser humano son producto de ello. No solo carece de una completa ausencia de dudas, sino que también ofrece amplio margen para la creación de divergencias de opinión. Por esta razón, las corrientes modernas del pensamiento filosófico y las ideologías se encuentran en una situación sumamente lamentable.

Después de esto se sitúa el conocimiento que no guarda relación con el mundo material. Aunque se trata de un conocimiento supramaterial, se refleja y queda impreso precisamente en el sutil espejo de la mente y el cerebro orientados hacia lo material. Así como el conocimiento del primer nivel depende directamente de la materia, el conocimiento de este segundo nivel también está relacionado con la mente y la fuerza espiritual del ser humano.

Esta última fuente de conocimiento tiene varios niveles: firāsa (observación intuitiva), ḥads (conjetura), kashf, ilhām y waḥy. Firāsa significa perspicacia y visión interior; es un talento innato. Las cosas que se dicen con su ayuda despiertan asombro en la mente de la gente común. Después viene el «ḥads». Es enteramente fruto del ejercicio mental y de la reflexión; a esto lo llamamos sabiduría. Kashf significa descubrimiento: la iluminación del conocimiento en el mundo interior acerca de un asunto desconocido es precisamente el «kashf». Su mejor ejemplo es el sueño. Sin embargo, la diferencia es que el sueño es posible durante el dormir, mientras que el «kashf» ocurre en estado de vigilia y conciencia. Ilhām significa que cierto conocimiento se infunde en la mente: que la luz del conocimiento se encienda en el ámbito mental sin ningún esfuerzo ni diligencia. El «waḥy» es la fuente suprema de conocimiento de este nivel. Otorgar a una persona, de manera invisible y fuera de la mirada de la gente, un conocimiento especial, trascendente y libre de duda: eso es el «waḥy». Es el medio espiritual supremo para obtener conocimiento y transmitir la verdad, y constituye el límite final de fiabilidad de las fuentes del conocimiento.

 

Wahy

Es necesario presentar un análisis amplio y autorizado sobre el «wahy». A continuación se ofrece una exposición detallada sobre el «wahy», tomada de obras reconocidas.

El significado lexicográfico de la palabra «wahy» es el siguiente:

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«Wahy» significa hacer una señal, enviar algo escrito, enviar a alguien con un mensaje, hablar en secreto con otra persona y comunicar algo a alguien sin que los demás lo sepan.

Abū Isḥāq al-Lughawī dice:

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En todos los diccionarios, «wahy» significa «comunicar algo en secreto».

El imán Ragib Isfahani escribió:

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«Wahy» significa una señal o indicación rápida; también puede realizarse mediante palabras y gestos. Puede expresarse asimismo con palabras que no tienen una forma precisa. También puede hacerse mediante gestos de los miembros o por medio de la escritura.

En el Noble Corán se dice:

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Entonces, Allah les indicó: «Glorificad a Allah por la mañana y por la tarde». [Sura Maryam, aleya 11]

La palabra de Allah que es infundida en la mente de los profetas también se llama «revelación».

El jeque Abdullah Sarqawi escribió:

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«Revelación» significa «hacer saber». En la terminología de la sharía, revelación es que Allah haga saber algo a Sus profetas hablándoles, enviándoles un ángel, mediante sueños o por medio de la inspiración. Esta palabra también se emplea en el sentido de «dar una orden».[৫৯**********]

En realidad, nadie salvo Allah conoce correctamente cuál es la profunda naturaleza y el verdadero misterio de la revelación. Los lexicógrafos, los expertos en ciencias religiosas y los filósofos han intentado definirla y describir su significado y naturaleza. A partir de ello surge fácilmente una idea clara y bastante aproximada sobre la «revelación». A continuación se cita, con las palabras del sabio Abu al-Baqa, lo que el jeque Bu Ali Sina dijo al respecto:

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Nosotros vemos las cosas mediante la facultad de los sentidos; el profeta las ve mediante una facultad interna e inherente. Nosotros vemos primero y después podemos conocer aquello; el profeta puede conocerlo primero y después verlo. [৬০**********]

La revelación descendía sobre el Noble Profeta de las siguientes maneras:

1. Sueños veraces: En la primera etapa de la recepción de la profecía, el Noble Profeta (s) solía tener sueños, y sus sueños eran sumamente buenos. Cada uno de ellos resultaba ser impecable, verdadero y real. Hazrat Aisha (r.a.) dijo:

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La revelación al Mensajero comenzó primero mediante buenos sueños durante el sueño. En ese tiempo, cualquier sueño que veía se hacía realidad, como la luz del alba. [৬১**********]

En la narración de Muslim Sharif, en lugar de ‘buenos sueños’, se menciona ‘sueños veraces’. [৬২***********]

2. Inspiración en el corazón: En un hadiz se cita esta declaración del Noble Profeta (s):

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El ángel Gabriel inspiró en mi corazón estas palabras: ninguna criatura puede morir antes de recibir por completo el sustento que le ha sido asignado y de cumplir el plazo de vida que le ha sido fijado. [৬৩************]

En este hadiz, la expresión ‘inspiró en mi corazón’ indica un método especial de hacer descender la revelación. Allama Ibn Kathir escribió:

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De este versículo se conoce la existencia de diversos modos de la revelación. «A veces, Allah, el Altísimo, hacía surgir en el fuero interno del Noble Profeta una idea de la que no podía albergarse ninguna duda acerca de que procedía de Allah.[৬৪*************]

3. La revelación en forma de un sonido semejante al tañido de una campana: Aisha narró, transmitiéndolo de al-Harith ibn Hisham, que este preguntó al Noble Profeta:

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¿Cómo desciende la revelación sobre usted?

En respuesta, el Noble Profeta dijo:

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A veces la revelación me llega como el sonido intenso de una campana. Esto me resulta muy difícil y penoso. Después, la intensidad y la fuerza de la revelación desaparecen. En ese momento, todo lo que se ha dicho lo retengo y lo memorizo.[৬৫*************]

De estas palabras se puede comprender claramente que, aunque toda forma de revelación era extremadamente difícil, entre ellas esta clase de revelación resultaba la más difícil para el Mensajero. Respecto a esta clase de revelación, el Noble Mensajero mismo dijo:

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Escucho un sonido como el tañido de una campana de hierro y entonces permanezco sentado en silencio. Cada vez que desciende una revelación de esta clase, siento como si me fueran a arrebatar el alma.

En tal estado, del cuerpo del Mensajero brotaba un abundante flujo de sudor. Esto no era diferente ni siquiera en los momentos de intenso frío y de un invierno riguroso. Entonces, aunque alguien estuviera montado sobre un camello fuerte, este, al sentir una presión intensa, se sentaba.

El Allamah Kirmani escribió en su explicación de este hadiz:

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De esto se supo que, cuando descendía la revelación sobre el Mensajero, él sentía un sufrimiento muy intenso y una presión extrema; y una insoportable aflicción, de manera abrumadora, lo envolvía a causa de aquello que descendía sobre él. Allah Altísimo dijo precisamente esto en las siguientes palabras: «Pronto haremos descender sobre ti una palabra pesada». [66************]

4. El ángel se presentaba ante el Mensajero con la apariencia de una persona, le transmitía el mensaje enviado por Allah o cumplía una tarea determinada, y luego se marchaba. El Noble Profeta mismo dijo:

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A veces, el ángel viene a mí adoptando la forma de una persona; habla conmigo y yo comprendo perfectamente todo lo que dice. [Sahih al-Bujari, tomo 1, página 1]

Cabe mencionar que el ángel solía venir especialmente adoptando la forma del sahabí llamado Dihya al-Kalbi. Respecto a la razón de ello, el erudito Badr al-Din al-Ayni escribió:

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La razón por la que el ángel venía adoptando específicamente la forma de Dihya al-Kalbi, en lugar de la de otros sahabíes, era que él era, entre la gente de aquella época, quien tenía el rostro más hermoso y atractivo.[68***********]

También se menciona en los hadices que el ángel venía disfrazado de una persona completamente desconocida y transmitía asuntos importantes. Al final de un largo relato narrado por Abu Hurayra, el Mensajero (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo:

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Este hombre era Gabriel; había venido con el propósito de enseñar a la gente su religión. [Sahih Muslim, tomo 1, página 29, con el capítulo incluido.]

5. También se ha mencionado que Yibril (a) se presentó ante el Noble Mensajero (s) con su propia imagen, aspecto y complexión, y le transmitió la revelación. En el hadiz sobre el descenso de la primera revelación, narrado por Aisha (ra) en el Bujari Sharif, se dice:

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Después, el ángel se presentó ante él y dijo: «Lee». [Bujari Sharif, tomo 1, página 1.]

El relato de la segunda ocasión en que vio al ángel, en las propias palabras del Noble Mensajero (s), es el siguiente:

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Iba caminando cuando, de repente, oí una voz desde arriba. Al levantar la vista hacia el cielo, vi al mismo ángel que anteriormente había venido a mí en la cueva de Hira; estaba sentado en un asiento entre el cielo y la tierra. Después, Allah Ta‘ala hizo descender la sura al-Muddaththir. [Bujari Sharif, tomo 1, página 733]

Cabe señalar que todo el Noble Corán fue revelado mediante este tipo de revelación. En el Noble Corán se dice:

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Este Corán ha sido ciertamente revelado por Allah, el Señor de los mundos; Gabriel el Fiel descendió con él, y este descendió sobre tu corazón —¡oh, Profeta!— para que fueras un amonestador de la gente. [No hay desacuerdo en que en esta aleya, «el Espíritu Fiel» se refiere a Hazrat Gabriel. **********]

El erudito Badruddin Ayni escribió a este respecto:

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Desde el Profeta Noble hasta la actualidad, una cadena fiable e ininterrumpida de transmisiones proclama a viva voz que quien venía ante nuestro Profeta Noble con el Corán era Hazrat Gabriel (la paz sea con él), quien siempre venía únicamente con el Corán; era Hazrat Gabriel (la paz sea con él). Nadie ha expresado rechazo ni protesta al respecto, ni nadie ha sostenido la más mínima discrepancia. [73***********]

En efecto, el Sagrado Corán fue revelado por medio del ángel Gabriel (la paz sea con él); esto es unánimemente aceptado y concluyente. Pero tampoco es en absoluto correcto afirmar que Gabriel (la paz sea con él) siempre venía únicamente con el Corán y que no traía ninguna otra enseñanza del islam aparte del Corán. Pues en diversas narraciones de los hadices se ve claramente que él se presentó personalmente ante el Noble Mensajero procedente de Allah; sin embargo, no vino con ninguna aleya ni sura del Corán, sino con el propósito de exponer otros asuntos relacionados con la religión del islam. Como ejemplo, se menciona aquí un hadiz.

Hazrat Umar Faruq (que Allah esté complacido con él) dice:

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Cuando el Noble Profeta se encontraba en un valle llamado «Aqīqah», lo oí decir: «La noche pasada vino a mí un visitante de parte de Allah y me dijo: Reza en este valle bendito y di que esto es la “umra” durante el “hach”.» [74*************]

En este hadiz queda claro que, al decir «el que viene», el Noble Profeta (s) se refería precisamente a Hazrat Yibril. Sin embargo, él no trajo ningún versículo del Corán ni recitó ningún versículo coránico al Noble Profeta (s). Más bien, vino para comunicarle la orden de Allah sobre la permisibilidad del hayy del tipo qirán. Pero esta cuestión no fue incorporada al Corán. En el Corán tampoco se menciona el hayy al-qirán. Por tanto, quedaría demostrado que, además de traer la revelación del Corán, Hazrat Yibril (a) también acudía al Mensajero con asuntos religiosos.

En esta etapa también resulta pertinente mencionar el siguiente hadiz, citado en los cinco principales libros de hadices auténticos. El hadiz dice:

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El Mensajero Noble (s) dijo: «Yibril vino a mí y me ordenó que mandara a mis compañeros proclamar en voz alta el takrir y el tahlil».

El imán Ahmad ibn Hanbal (que Allah esté complacido con él) mencionó este hadiz en su Musnad, diciendo:

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Yibril vino ante el Noble Profeta y dijo:

6. Que Allah Ta’ala mismo hable con el Noble Mensajero desde detrás de un velo y haga descender la revelación. En este caso no hay lugar para la intermediación de un ángel. Allah Ta’ala hace descender directamente la revelación en el mundo interior del Noble Mensajero. A este respecto, en el Noble Corán se dice:

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Allah no habla con ninguna persona, excepto que le revela una inspiración o le habla desde detrás de un velo. [Sura Ash-Shura, aleya 51.]

En el tafsir de esta aleya, el erudito Ibn Kazir escribió:

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Un ejemplo de hablar desde detrás de un velo es el caso de Musa (a), quien, después de conversar con Allah, quiso verlo. Pero Allah no se le mostró, sino que dejó caer un velo. [78*************]

Durante la noche del Mi’raj, Allah Ta’ala habló con el Mensajero Noble desde detrás de un velo de esta misma manera. Esto ocurrió mientras el Mensajero se hallaba completamente despierto y consciente. El propio Mensajero Noble (s) dijo:

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Cuando fui llevado al mundo superior durante el Mi’raj, Allah Ta’ala me acercó mucho a Él. Tanto, que al final entre Él y yo quedó únicamente la distancia que hay entre un arco y una flecha, o incluso menos. Entonces dijo: «¡Oh, Muhammad!» Yo respondí: «¡Oh, Señor mío!, me encuentro muy cerca de Usted». [79*****************]

Incluso durante el sueño tuvo lugar un acontecimiento de este tipo: el descenso de la «revelación». Esto queda demostrado por una declaración del propio Noble Profeta. Él dijo:

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Allah se me apareció en una forma excelente y extraordinaria, y dijo: «¿Sobre qué asunto está disputando el mundo superior (el conjunto de los ángeles)?» [80****************]

En resumen, la fuente mediante la cual se obtiene el conocimiento más fiable del mundo invisible es denominada «revelación» en la terminología coránica. Los profetas y mensajeros tienen una certeza absoluta respecto al conocimiento, la información y las verdades que reciben por esta vía. En sus corazones no surge ni la más mínima duda acerca de su veracidad. Esta fe y ausencia de duda son cientos y miles de veces más certeras y firmes que el conocimiento adquirido del mundo material. Sobre el conocimiento obtenido de esta fuente, el Sagrado Corán proclama con voz elevada:

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El Profeta no habla por su propia voluntad ni deseo; lo que dice no es sino revelación descendida. [Sura an-Najm, versículos 3-4.]

El Sagrado Corán es la palabra de Allah recibida mediante esta fuente de revelación. Pero el Sagrado Corán no es el único patrimonio de conocimiento obtenido por esta vía; además de él, el Profeta recibe muchos otros conocimientos e informaciones directamente o por medio de los ángeles. Por supuesto, existe una diferencia clara entre estas dos categorías de conocimiento. El Sagrado Corán es enteramente la palabra de Allah; aunque los demás conocimientos e informaciones se reciben de Allah mediante la revelación, no son la palabra de Allah. El propósito de este segundo nivel de conocimiento e información es ofrecer una explicación y un análisis exactos y correctos de la palabra del propio Allah, el Sagrado Corán. Por esta razón, todo cuanto pertenece a ambos tipos procede de Allah. Por ello, cada una de sus letras, palabras y lenguas está completamente protegida. En ella no puede haber posibilidad alguna de alteración, cambio o modificación.

En cambio, no son las palabras ni el lenguaje del hadiz lo que procede de Allah, sino únicamente su significado y contenido esencial. Por esta razón, Allah, el Altísimo, asumió personalmente la responsabilidad de preservar íntegramente el Sagrado Corán. Él dijo:

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Ciertamente, Nosotros hemos revelado el Corán y ciertamente Nosotros somos sus guardianes. [Sura Al-Hiyr, aleya 9.]

Pero, aparte del Corán, el lenguaje y las palabras de los demás conocimientos recibidos mediante la revelación no están protegidos por Allah; sus palabras y su lenguaje son propios del Mensajero, y Allah no asumió personalmente la responsabilidad de preservarlos como el Corán. Tampoco se les concedió una importancia mayor. Nunca se los llamó «la palabra de Allah».

 

El origen del hadiz

De la discusión anterior queda demostrado que la revelación que Allah Ta’ala hizo descender sobre el Profeta universal constituye la fuente principal del hadiz. La revelación enviada por Allah es principalmente de dos clases: la primera se denomina «wahy matlu», es decir, revelación que debe ser recitada; también se la llama «wahy yali». La segunda clase se conoce como «wahy ghayr matlu». Por lo general, esta no se recita. Otro de sus nombres es «wahy jafi», es decir, revelación oculta. Con ello se designan tanto el medio para obtener conocimiento a partir de ella como el conocimiento adquirido por ese medio.

Después del Corán, el hadiz ocupa el segundo lugar como fundamento principal de la sharía. Así como el Noble Corán descendió de la fuente de la guía de Allah y del conocimiento verdadero, infalible y confiable, el hadiz también emana exactamente de esa misma fuente. La veracidad de esta afirmación queda demostrada por la declaración del Noble Corán. Allah Ta’ala dijo:

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¡Oh, Profeta! Allah ha hecho descender sobre ti el Libro y la Sabiduría, y te ha enseñado lo que no sabías. [Sura An-Nisa, aleya 113.]

En el comentario de este versículo, el erudito Ibn Kazir escribió:

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El Libro mencionado en el versículo significa el Noble Corán, y la sabiduría significa la Sunna o los hadices del Mensajero (y ambas cosas fueron reveladas por Allah y proceden de Él). [Tafsir de Ibn Kazir.]

La siguiente declaración del Noble Profeta también demuestra que tanto el Corán como el hadiz proceden del mismo lugar y de la misma fuente. Él dijo:

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Me ha sido dado el Corán y, junto con él, algo semejante a este. [Kanzul Ummal, del jeque Alauddin; Abu Dawud, Kitab as-Sunna.]

La expresión «algo semejante a este» no puede significar otra cosa que el hadiz. Porque la gente del mundo recibió del Noble Mensajero precisamente estas dos cosas.

Hazrat Hassan ibn Zabit dijo:

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El ángel Gabriel (la paz sea con él) descendía ante el Profeta llevando la Sunna o los hadices, tal como descendía llevando el Corán, y también le enseñaba la Sunna, del mismo modo que le enseñaba el Corán.

Hasan ibn Atiya dijo:

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La revelación descendía sobre el Noble Mensajero (la paz y las bendiciones de Dios sean con él), y el honorable Gabriel se presentaba ante él llevando la Sunna, mediante la cual se explicaba el Corán, la primera clase de revelación.

Un hadiz de Sahih Muslim demuestra claramente que el honorable Gabriel se presentaba ante el Noble Profeta llevando únicamente hadices, sin versículos del Corán. Está mencionado en el Kitab al-Yihad:

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Después de relatar un largo episodio sobre el perdón de los pecados del muyahidín sincero y abnegado, el Noble Mensajero (la paz y las bendiciones de Dios sean con él) dijo:

El propio Gabriel (la paz sea con él) vino a decirme esto.

En esta etapa, este asunto es muy claro y concluyente.

En realidad, el Noble Profeta (la paz sea con él) solo hablaba después de haber recibido de Allah un conocimiento infalible sobre todos los asuntos relacionados con la religión. Nunca hablaba sobre ningún asunto religioso basándose en sus propias conjeturas o suposiciones. La prueba concreta de ello es que, cuando se le preguntaba sobre algún asunto relacionado con el din del islam y no tenía conocimiento previo al respecto, no respondía de inmediato. Más bien, esperaba recibir de Allah, por mediación de Gabriel, el conocimiento correcto sobre el asunto en cuestión. Solo cuando llegaba a conocerlo de ese modo respondía a la pregunta. A continuación se presentan dos ejemplos de ello:

1. Un erudito judío preguntó al Noble Profeta: «¿Cuál es el mejor lugar de la tierra?». El Profeta no conocía de inmediato la respuesta correcta a esta pregunta y, por ello, no respondió enseguida. Más tarde, cuando llegó Gabriel, le preguntó acerca de este asunto. La primera vez, Gabriel dijo: «Tanto quien pregunta sobre este asunto como aquel a quien se le ha preguntado lo ignoran. Se podrá responder después de conocer la respuesta de Allah sobre este asunto». La segunda vez que Gabriel vino, dijo: «¡Oh, Profeta! Esta vez me he acercado a Allah tanto como nunca antes. Allah, el Altísimo, ha declarado lo siguiente acerca del asunto por el que se preguntó:»

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Los lugares más detestables son los mercados, y los lugares más excelentes y benditos son las mezquitas. [89**************]

Hazrat Abu Ya’la expresó su deseo de observar directamente cómo descendía la «revelación» y cuál era el estado del Noble Mensajero cuando descendía la «revelación». Durante el viaje de la Peregrinación de Despedida se presentó una oportunidad extraordinaria para presenciarlo. En ese momento, el Noble Profeta (la paz sea con él) se encontraba en un lugar llamado Ya’rana. Entonces, un compañero preguntó al Noble Mensajero: «¿Está permitido consagrarse para realizar la umra después de haberse aplicado perfume? [El sabio Sharqawi escribió: el que preguntó fue Ata ibn Munya, hermano de Hazrat Ya’la.] El Noble Profeta (la paz sea con él) no respondió de inmediato. Permaneció en silencio durante bastante tiempo. Después, descendió la revelación sobre el Mensajero (la paz sea con él). En Sahih al-Bujari se ha dicho lo siguiente sobre este asunto:

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Entonces el Noble Profeta (s) permaneció en silencio durante un rato. Después le fue revelado lo siguiente……………..

En ese momento habían colocado una tela a modo de sombra sobre el Noble Profeta (s). Entonces Ya‘la introdujo la cabeza en ella y observó:

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Todo el rostro del Mensajero había adquirido un color rojo intenso, y respiraba emitiendo un sonido estruendoso. [Sahih al-Bujari, tomo 1, Kitab al-Manasik, pág. 208, y tomo 2 de la misma obra, Kitab Fada’il al-Corán, pág. 745.]

Según los muhaddices, en ese momento el Noble Profeta sufría una intensa dificultad respiratoria debido al insoportable peso del descenso de la revelación. El erudito Sharqawi escribió:

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El «gatit» mencionado en el hadiz es una especie de sonido estruendoso que se producía cuando, durante el descenso de la revelación, se respiraba con gran dificultad debido a su insoportable peso. [Fath al-Mubdi, tomo 2, pág. 89.]

El Mensajero Noble experimentaba este tipo de dificultad cuando descendía la revelación sobre él, y por ello sufría una intensa dificultad respiratoria. Por otra parte, al oír un sonido semejante, todos los Compañeros podían comprender que en ese momento estaba descendiendo la revelación sobre el Mensajero.

En verdad, el Noble Corán es la ley completa de la verdad recibida mediante la revelación transmitida por Gabriel. Sin embargo, no todo cuanto se obtuvo mediante esta revelación, con sus verdades y conocimientos exactos, está incluido en el Noble Corán. En la religión del islam, la importancia de este tipo de conocimiento verdadero viene inmediatamente después de la del Corán; por eso, en lugar de ser incluido en el Corán, fue preservado como «hadiz del Mensajero». En la historia de la vida del Profeta se encuentran numerosos casos de revelaciones descendidas que no aparecen en ninguna parte del Corán, compuesto de treinta partes. Pero ¿acaso quedaron sumergidas en el abismo de la destrucción y el olvido? ¿Acaso eran innecesarias? No puede ser así. En realidad, no fueron destruidas. Como eran absolutamente necesarias para la vida humana, fueron preservadas de manera independiente para siempre. Para la nación musulmana, constituyen un tesoro eterno.

Además, así como los miembros de la sociedad formada por el Noble Profeta (s) tenían fe y reverencia por la palabra de Allah, el Noble Corán, también mostraban el mismo interés y atención hacia la parte de la revelación ajena al Corán: los hadices. Más aún, después del fallecimiento del Mensajero, el Noble Corán se hallaba entre los compañeros completamente escrito y recopilado, por lo que no surgió la necesidad de emprender investigaciones para encontrarlo. Pero tal necesidad sí surgió con respecto a los hadices del Mensajero. Por ello, sus esfuerzos y sacrificios no tuvieron límite. Incluso interrogaron al respecto a las personas más cercanas al Mensajero. Como ejemplo, pueden mencionarse dos hechos:

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Aparte de la revelación compilada en el Corán, ¿se conserva junto a usted alguna otra parte de la revelación? [Sahih al-Bujari, primer tomo, Libro de la yihad, p. 428.]

En respuesta a ello, Ali presentó varios hadices. De esto se demuestra: (a) que, además del Corán, existe también conocimiento obtenido mediante la revelación; (b) que no toda revelación está compilada o incluida en el Noble Corán. Existe otra parte de la revelación que se encuentra fuera del Corán. Aunque no sea la «palabra» de Allah, es conocimiento obtenido de Allah; (c) que la revelación ajena al Corán se conoce por los dichos orales y las acciones realizadas en la práctica por el Noble Mensajero, y que también es «revelación», conocimiento adquirido mediante la revelación, sin ninguna duda. Abu Hudhayfa la incluyó igualmente entre la «revelación», pero Ali (r) no puso objeción alguna. No dijo que toda revelación —todo conocimiento recibido mediante la revelación— estuviera compilada en el Noble Corán y que fuera de él no existiera ninguna parte de la revelación.

Aunque el Corán y los hadices parecen ser dos cosas distintas, en esencia ambos emanan de la fuente de la revelación. Por esta razón, no existe diferencia alguna entre ellos en cuanto a su carácter fundamental, su racionalidad, su autenticidad y su obligatoriedad de seguirlos. Por consiguiente, ningún musulmán puede adoptar como principio ignorar de cualquier modo los hadices ni disminuir su importancia diciendo: «Es la palabra del Mensajero, no la palabra de Allah; por tanto, se puede prescindir de aceptarla».

En este punto debe recordarse especialmente algo: el Noble Profeta (s) también realizó a menudo un esfuerzo de interpretación jurídica basándose en el Corán revelado a él. A partir de sus propios pensamientos y consideraciones, dio al pueblo numerosas órdenes y consejos sobre los aspectos detallados de la religión, a la luz de los principios fundamentales y generales del Corán. Desde el punto de vista de la ley islámica, eso también se considera hadiz, es decir, parte de la sunna del Mensajero. Sobre esto, el imán al-Shafi‘i (r) dijo:******************************************************

Todo mandato que dio el Noble Mensajero (s) era aquello que había comprendido del Corán. Después, extrajo del Corán su respaldo.

Mulla Ali al-Qari escribió que el hadiz se identifica como las palabras del Noble Profeta porque él mismo lo comprendió a partir del Corán.

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Porque él lo comprendió directamente del Corán y lo extrajo del espíritu y la orientación del Corán.

 

La diferencia entre el Corán y el hadiz

Aunque tanto el Corán como el hadiz emanan de la fuente de la revelación, existen entre ambos diferencias en diversos aspectos. En la discusión anterior se hizo alusión a este asunto; pero en la presente etapa es necesario exponerlo detalladamente.

El Noble Corán es un milagro extraordinario. No es milagroso únicamente por sus palabras, su lenguaje y su literatura; también son un milagro extraordinario y supremo, verdaderamente asombroso, su contenido, la amplitud, extensión, profundidad y sutileza de los temas que trata, así como el sistema de vida completo y beneficioso para la humanidad que presenta.

La primera y más importante de las palabras, y la más excelente, es el Noble Corán; debido a sus características milagrosas, es imperecedero y está eternamente protegido de toda modificación, adición, ampliación, corrección o alteración. Es ilícito tocarlo o recitarlo sin ablución. En la oración es obligatorio recitarlo de manera prescrita.

Pero los hadices no son milagros como el Corán. Solo el contenido esencial del hadiz se reflejó, mediante la revelación, en el corazón claro y puro del Noble Profeta, quien lo presentó públicamente en su propio idioma. Por ello, su lenguaje no es de recitación revelada; no es obligatorio recitar su lenguaje y sus palabras, sino que la ley islámica ordenó seguir su contenido esencial y su espíritu. Por esta razón se lo denomina «revelación no recitada». En cambio, tanto el sentido como las palabras del Noble Corán pertenecen íntegramente a Allah y descienden de Él.

El erudito Ibn Hayar al-Asqalani escribió:

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La revelación recitada es el Noble Corán. La otra clase de revelación fue transmitida del Noble Mensajero (s.), a través de las cadenas de narradores. [96**************]

El erudito Muhammadur Rahman al-Madani escribió: La diferencia entre el Corán y el hadiz puede considerarse desde seis aspectos. Primero, el Corán es un milagro dotado de una característica sobrenatural; el hadiz no lo es. Segundo, sin recitar el Corán, la oración no es válida; el hadiz no es así. Tercero, quien niegue el Corán, o incluso una pequeña parte de él, se convierte ciertamente en un incrédulo; pero quien se niegue a aceptar un hadiz específico por una razón particular no se convierte en incrédulo. Cuarto, para la revelación del Corán es indispensable la intermediación de Gabriel entre Allah y el Mensajero; para el hadiz no es necesaria. Quinto, cada palabra y expresión del Corán pertenece a Allah, mientras que las palabras y el lenguaje del hadiz son del Mensajero. Y sexto, es obligatorio tocar el Corán estando en estado de ablución y pureza; no se puede tocar sin ablución. No existe una instrucción semejante respecto del hadiz. [97************]

En otras palabras, puede decirse que entre el Corán y el hadiz existe una diferencia semejante a la que hay entre una carta y un mensaje oral. Cuando se transmite un mensaje oral por medio de una persona, lo principal es el contenido esencial; las variaciones en el idioma o en las palabras no tienen importancia. Pero en el caso de una carta no es así. En primer lugar, se redacta conforme a la voluntad propia de quien la envía y, en segundo lugar, se emplean en ella palabras y expresiones que manifiestan plenamente sus ideas y propósitos. Sin embargo, en la transmisión de un mensaje oral no existe esa misma obligación respecto de las palabras y el idioma.

Aunque el Corán y el hadiz presentan esta diferencia en sus características propias —el Corán puede considerarse la carta escrita de Allah, mientras que el hadiz es el mensaje oral de Allah—, también es necesario recordar que el Profeta universal, Hazrat Muhammad (s.), es el portavoz de ambas: de esta «carta» y de este «mensaje oral» de Allah. Por ello, junto con recibir de él la carta escrita de Allah (el Corán), es absolutamente necesario conocer también su mensaje oral (el hadiz). Estas dos cosas enviadas por Allah están estrechamente vinculadas entre sí. Si se acepta una rechazando la otra, el propósito fundamental queda necesariamente destruido.

Hazrat Abd Allah ibn Masud (que Allah esté complacido con él) dijo:

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Cuando relato un hadiz, os informo de que cuenta con el respaldo del Corán.[৯৮***********]

Ibn Zubayr dijo:

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Todo hadiz que me ha llegado, he encontrado en el Libro de Allah su respaldo y la prueba de su autenticidad. [৯৯**********]

La opinión unánime de los imames de la Sharía fue:

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Toda la Sunna y los hadices son una explicación del Corán.

 

La importancia del hadiz en el sistema de vida islámico

El hadiz es un tesoro inestimable de la comunidad islámica y una de las fuentes indispensables de la sharía islámica. Sin él, la forma de vida islámica resulta inconcebible. Antes de determinar la importancia del hadiz, es absolutamente necesario determinar la importancia y la posición del propio Noble Mensajero (s).

Desde la perspectiva del islam, las órdenes y prohibiciones del Mensajero, todos sus actos y obras, sus palabras y, en una sola expresión, las palabras pronunciadas por su boca y toda su vida activa constituyen un modelo sublime que la comunidad islámica debe seguir estrictamente. El propósito fundamental de Dios al enviar al Mensajero era que la comunidad lo siguiera plenamente y que, además de observar por completo sus mandatos y disposiciones, siguiera también el curso de su vida práctica. El Noble Corán declaró claramente el propósito del envío del Mensajero, diciendo:

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He enviado al Mensajero únicamente con el propósito de que, con el permiso de Dios, sea seguido y se obedezca. [Sura an-Nisá, aleya 64.]

En otra aleya, Dios Altísimo ordenó claramente obedecer al Mensajero y seguirlo, diciendo:

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¡Oh, creyentes! Obedeced a Dios y a Su Mensajero; después de escuchar sus órdenes, no les desobedezcáis ni les deis la espalda. No seáis como aquellos que dicen: «Hemos escuchado», pero que, en la práctica, no escuchan. [Sura al-Anfal, aleyas 20 y 21.]

Aquí se ordena primero a los creyentes obedecer a Dios y, juntamente con ello, seguir u obedecer al Mensajero. Se ordena obedecer a Dios y al Mensajero mediante la misma ******** palabra imperativa: «obedeced». Se declara deber del musulmán obedecer tanto a Dios como al Mensajero, y no se establece ninguna diferencia entre ambos respecto de este deber. Sin embargo, externamente solo puede señalarse esta diferencia: el nombre de Dios se menciona primero; por tanto, se debe obedecerle esencial y primeramente, y después de Él se debe obedecer al Mensajero.

En segundo lugar, la obediencia a Allah se cumple acatando los mandatos y las prohibiciones del Libro de Allah, el Noble Corán. Y la obediencia al Mensajero debe cumplirse siguiendo los mandatos y las prohibiciones del Mensajero, así como las normas y prácticas que él siguió. Los mandatos y las prohibiciones de Allah se encuentran en los treinta yuz del Noble Corán; pero ¿dónde se encuentran los mandatos y las prohibiciones del Mensajero? Se encuentran, mediante el Hadiz, en ese grandioso tesoro que contiene las palabras, los actos y las aprobaciones del Mensajero.

Allah, exaltado sea, ha dicho:

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Di: «Oh, Profeta, si amáis a Allah, seguidme; entonces Allah os amará y os perdonará vuestros pecados. Ciertamente, Allah es indulgente y misericordioso». [Sura Al Imrán, aleya 31.]

Es decir, la exigencia inevitable y la condición práctica del amor a Allah consisten en seguir efectivamente al Mensajero; el único camino y medio para obtener el amor de Allah y el perdón de los pecados de Su parte es seguir al Mensajero. Si no se sigue al Mensajero, no es posible obtener el amor de Allah ni el perdón de los pecados de Su parte. Y no solo eso: si una persona no sigue al Mensajero, no puede ser creyente ni permanecer musulmana; por el contrario, se convierte en incrédula.

Allah, exaltado sea, ha dicho:

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Di: «Oh, Profeta, obedeced a Allah y al Mensajero; y si no lo hacéis, sabed que Allah no ama a los incrédulos». [Sura Al Imrán, aleya 32.]

También en esta aleya se ha otorgado al Mensajero una posición distintiva, después de Allah e inmediatamente junto a Él, en lo que respecta a la obediencia. Por tanto, no basta con obedecer únicamente a Allah; también hay que obedecer al Mensajero. Así como una persona se convierte en kafir si no obedece a Allah, del mismo modo se convierte en kafir si no obedece al Mensajero. La parte final de la aleya expresa esto con toda claridad. Asimismo, se ha dicho que Allah no ama ni aprueba en absoluto a estos kafir.

Existe una razón especial por la que se insiste de este modo en obedecer al Mensajero junto con Allah para ser musulmán. En realidad, transmitir únicamente la palabra de Allah no es la única tarea del Mensajero. Sin duda, también es tarea del Mensajero difundir ampliamente la palabra de Allah, explicársela detalladamente a la gente, formar sus mentes, corazones, carácter y vidas sobre esa base, y establecer conforme a ella una sociedad ideal.

En el Noble Corán se dice al respecto:

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Él es Quien envió a los iletrados un Mensajero de entre ellos mismos. El Mensajero les recita las aleyas de Allah, los purifica y los reforma, y les enseña el Libro y la Sabiduría, aunque antes se encontraban en un extravío manifiesto. [Sura Al-Yumu‘a, aleya 2.]

En esta aleya se declaran tres responsabilidades y deberes claros del Noble Profeta:

Primero, recitar las aleyas del Corán y, tras recitarlas, hacérselas oír a la gente. Segundo, purificar y limpiar los corazones y las mentes de la gente, y educarlos y formarlos conforme a un modelo ideal particular y definido. Purificarlos de la inmundicia del politeísmo y de la falta de carácter.

Tercero, enseñar el Libro de Allah y los conocimientos necesarios, desarrollar la inteligencia y el talento requeridos para hacer realidad el modelo de vida islámico, y enseñar la ‘Sunna’.

¿Son del mismo tipo las dos acciones cuya realización se ordena en la primera y la tercera parte del versículo en cuestión: recitar las aleyas y enseñar el Libro? Si fueran del mismo tipo, sin duda incurrirían en el defecto de la repetición. En tal caso, deberían haberse utilizado palabras del mismo tipo en ambas ocasiones. Sin embargo, en ambos casos se han empleado palabras completamente distintas. Por tanto, debido a la diferencia de significado, se presentan como dos acciones independientes. En realidad, la recitación de las aleyas y la enseñanza del Libro son dos acciones diferentes, dos responsabilidades particulares e independientes.

Por consiguiente, junto con la recitación del Corán, la explicación de sus términos técnicos difíciles y novedosos, el análisis de los asuntos que prescribe, la ampliación de los temas resumidos y su realización y establecimiento prácticos mediante sus propias palabras y actos: todo ello fue establecido como responsabilidad y deber del Noble Mensajero.

Al final del versículo se menciona la enseñanza del «Libro» y de la «sabiduría». «Al-Kitab» significa el Noble Corán, pero ¿qué significa «hikmat»?

En muchos lugares del Noble Corán se menciona la palabra «hikmat» junto con «al-Kitab», y se declara claramente que, así como a todos los Mensajeros se les concedió el Libro, también se les otorgó la sabiduría. En la sura Al-Imrán se dice:

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Recuerda cuando Allah tomó de los profetas el compromiso de que os hemos dado el Libro y la sabiduría. [Sura Al-Imrán, aleya 81.]

No cabe duda de que el «Libro» mencionado en la aleya significa el Libro celestial que contiene la palabra de Allah. Pero ¿cuál es el significado de la palabra «hikmat»? ¿Qué quiere dar a entender Allah Todopoderoso con ella? ¿Qué otra cosa, además del Libro, hizo descender Allah sobre Sus Mensajeros y denominó «sabiduría»? Es necesario realizar una investigación y un estudio detallados al respecto.

Desde el punto de vista lexicográfico, la raíz de la palabra «hikmat» es *******, cuyo significado es ****************** «prohibir algo o una acción con el propósito de corregir». Precisamente en este sentido se llama a la brida «hakamatun» ******; pues mediante ella se impide que el caballo se rebele y avance arbitrariamente. Debido a esta correspondencia de significado, «hikmat» se interpreta como- *************** colocar y mantener las cosas en el lugar que les corresponde, y poner freno a su colocación en lugares inapropiados.

En el diccionario «Tajul-Urus» se dice, al analizarlo más detalladamente:

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En el ámbito de la resolución de litigios, la equidad —insaf— y la justicia se denominan «hikmat».

«Conocer la realidad y la esencia más profunda de las cosas, y actuar conforme a este conocimiento puro y preciso. Por esta razón, la “hikmat” se divide en dos partes: una relacionada con el conocimiento y otra de carácter práctico o relacionada con las acciones. [Tajul-Urus, explicación de la palabra “hikmat”].

El imán Ragheb Isfahani escribió:

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La hikmat consiste en alcanzar la verdad mediante el conocimiento y la razón, así como en poseer la capacidad y el talento para alcanzar la verdad. Por tanto, la “hikmat” de Allah consiste en conocer y comprender bien todas las cosas, y en crear e innovar cosas nuevas basándose en el decreto definitivo. En cambio, la “hikmat” del ser humano consiste en conocer y adquirir saber sobre los asuntos del mundo material y realizar buenas obras.[107]

En la obra Lisan al-Arab se dice:

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En realidad, adquirir un conocimiento profundo y sutil de las cosas mejores y más excelentes es la hikmat.[108]

El imán Ibn Yarir al-Tabari escribió, después de mencionar las opiniones de diversas personas:

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En mi opinión, la interpretación correcta de la hikmat es que se trata del conocimiento de las órdenes y prohibiciones de Allah, que no puede obtenerse de ningún modo sin la narración del Mensajero; y adquirir un conocimiento profundo y sutil de ella también es hikmat. Asimismo, todo aquello que guarda relación con ella y mediante lo cual puede alcanzarse forma parte de ella. En mi opinión, la palabra «hikmat» deriva de «hakam». Su significado es distinguir entre la verdad y la falsedad. [109**************]

El imán al-Shafi‘i (r) escribió:

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He oído a personas eminentes y dignas de confianza, expertas en el conocimiento del Corán; dijeron: «La hikmat es la Sunna del Noble Mensajero (s)».[Kitab al-Risala; página 28.]

Después escribió:

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La sunna del Mensajero es esa sabiduría que fue inspirada por Allah en el corazón bendito del Noble Profeta. [Kitab al-Risala; página 28.]

En todos los lugares del Noble Corán donde se menciona «al-Kitab» junto con «al-Hikmat», Kitab significa la propia Palabra de Allah, que fue revelada al Mensajero y en la cual se exponen los mandatos, prohibiciones, enseñanzas y exhortaciones de Allah. «Al-Hikmat» significa el conocimiento puro y correcto de las verdades profundas de todo ello, así como la acción correcta conforme a ese conocimiento infalible. En verdad, a cada Mensajero se le concedió suficiente inteligencia para poseer este conocimiento infalible y actuar correctamente conforme a él. En el caso de los profetas y mensajeros, esta es la norma permanente e invariable de Allah.

Conforme a esta norma, al último profeta, Hazrat Muhammad (s), también se le concedió «al-Hikmat» junto con al-Kitab, el Corán. Esto se menciona explícitamente en numerosos versículos del Noble Corán. Aquí se cita uno de ellos. Allah Todopoderoso ha dicho:

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Oh Profeta, Allah ha revelado a ti «al-Kitab» y «al-Hikmat», y te ha enseñado aquello que no sabías. Y esto es un gran favor de Allah para contigo. [Sura an-Nisa, aleya 113.]

Esta «al-Hikmat» concedida por Allah junto con el Corán es, sin duda, algo distinto del Corán. Su sunna y su explicación detallada se encuentran reunidas en el patrimonio de los hadices. [Debe comprenderse el significado de llamar hikmat al hadiz. El erudito Badruddin Ayni escribió: ********************** El significado de llamar hikmat a la sunna o al hadiz es que mediante ello se ha distinguido entre la verdad y la falsedad ***************** y mediante ello se han explicado las expresiones generales del Corán.]

La aleya o la Sunna también descienden de Allah, como demuestra claramente la aleya mencionada anteriormente. En verdad, Allah Ta‘ala no consideró suficiente revelar únicamente Al-Kitab para guiar a toda la humanidad y conducirla por el camino de la hidaya; además, consideró necesario enviar al Rasul y la Sunna del Rasul de parte de Allah. De lo contrario, únicamente ‘Al-Kitab’ no habría podido procurar el verdadero bienestar de los seres humanos.

Explicar e interpretar el glorioso Corán es también una de las principales responsabilidades del Rasul. La siguiente aleya proclama la importancia de la Sunna o el Hadiz desde esta perspectiva. Allah Ta‘ala ha dicho:

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«¡Oh, Profeta! Te hemos revelado este Libro con el propósito de que expliques y expongas ante la gente este Libro que les ha sido revelado, y con el propósito de que reflexionen e investiguen sobre él». [Sura an-Nahl, aleya 44; al explicar el significado de “exponer”, el hafiz Ibn Abi al-Bar dijo: La exposición del Corán por parte del Noble Profeta fue de dos tipos: primero, explicar de manera general sus enseñanzas, como indicar las cinco oraciones y sus horarios, sus postraciones, inclinaciones y demás normas, y describir los ritos del Hayy. Cuando el Noble Profeta (s) realizó el Hayy, dijo: ************ «Tomad de mí las normas del Hayy». La razón de ello es que en el Corán solo se han establecido de manera general las órdenes relativas a la oración, el zakat y el Hayy; no se ha dado ninguna explicación de estos actos ni se les ha proporcionado una forma detallada. El Hadiz presenta su explicación e interpretación. (******************)]

La idea central de la aleya en cuestión es que el verdadero propósito de revelar el Corán al Rasul era ofrecer ante la gente una explicación e interpretación detalladas del Corán. En realidad, para explicar correctamente y de manera completa cualquier asunto, son absolutamente indispensables tres acciones:

Primero, explicarlo e interpretarlo mediante palabras, y sacar a la luz, por medio de la exposición, la forma teórica y práctica de cada asunto.

Segundo, poner de relieve su valor e importancia práctica mediante las acciones de la propia vida y el modo de vida real.

Tercero, esforzarse para que la gente lo ponga en práctica y lo lleve a la realidad; mantener una vigilancia atenta para comprobar si comprenden y siguen correctamente su significado; dedicarse a verificarlo y examinarlo; apoyarlo y aprobarlo cuando se observe que se está aplicando correctamente; y corregirlo cuando se advierta cualquier error, equivocación, defecto o desviación.

Se ha declarado que el propósito de la revelación del Corán al Noble Profeta (s) era que él lo expusiera públicamente de manera clara y luminosa desde estos tres aspectos. El Noble Mensajero (s) cumplió esta responsabilidad plena y adecuadamente durante sus veintitrés años de vida profética. El registro fiable de todo cuanto dijo o hizo al cumplir esta responsabilidad es el hadiz. Por tanto, no puede caber duda de que el hadiz cuenta con el respaldo del Corán y de que en él no se encuentra nada que no sea respaldado por el Corán. Precisamente por ello escribió el imán al-Shatibi:

******************************************************

En la Sunna o en el hadiz solo se encontrará aquello que cuenta con el pleno respaldo del Corán. No encontraréis en el hadiz nada que el Corán no respalde. [115*********]

La prueba práctica de que el Noble Mensajero (s) explicó y analizó diversos versículos importantes del Noble Corán se encuentra en los capítulos de tafsir de las obras de hadices. Cuando los Nobles Compañeros (r.a.) no pudieron comprender el significado correcto de ciertos versículos y se angustiaron por ello, el Noble Mensajero (s) explicó y analizó esos versículos, disipando la preocupación de los Compañeros. Como ejemplo, puede mencionarse el siguiente versículo del Corán. El Altísimo ha dicho:

******************************************************

Quienes han creído y no han mezclado su fe con ninguna forma de injusticia………….

Cuando fue revelado, esto causó gran preocupación entre los Compañeros. Ellos preguntaron al Mensajero, deseando conocer su significado correcto:

******************************************************

¿Quién de nosotros no ha mezclado su fe con la injusticia?

Al escuchar esta pregunta, el Noble Profeta (s) comprendió que esta aleya había resultado sumamente difícil de entender para los honorables Compañeros. Entonces, el Noble Profeta (s) dijo:

******************************************************

Vuestra interpretación no es el significado de la aleya. Aquí, «injusticia» no significa otra cosa que shirk. ¿Acaso no habéis oído que Luqmán dijo a su hijo: «¡Oh, querido hijo! No asocies nada con Allah; ciertamente, asociar copartícipes es una enorme injusticia»? No cabe duda. [Sahih al-Bujari, segundo volumen, Kitab al-Tafsir, pág. 708.]

Los honorables Compañeros obtuvieron consuelo al conocer del Mensajero la verdadera explicación de dicha aleya. Por esta razón, para conocer también la explicación doctrinal del Noble Corán, los musulmanes de todo el mundo dependen del hadiz del Mensajero. Aparte de la explicación del Mensajero, no puede existir ningún otro medio fiable para conocer el significado correcto del Corán.

En otra aleya, Allah, el Altísimo, dijo:

******************************************************

¡Oh, Profeta! Te hemos revelado este Libro con la verdad, con el propósito de que juzgues entre la gente conforme al método mostrado por Allah. [Sura an-Nisa, aleya 105.]

Allah Altísimo reveló el Libro con el propósito de que el Noble Mensajero (s) juzgara entre la gente, pero ¿de qué manera lo haría? En respuesta, se dijo: ************ «Por el método que Allah te ha mostrado». Por tanto, así como Allah reveló el Libro original, también el método y las normas para establecer el juicio y la justicia conforme a él fueron recibidos mediante la revelación. [Tafsir Ruh al-Ma‘ani, tomo 5, página 140. Tafsir al-Baydawi, tomo 1, página 205. Ambos interpretaron el tafsir de ************* como *********, diciendo: «lo que Él te ha hecho comprender y aquello sobre lo cual te ha enviado una revelación».] Además, la explicación de esto solo puede obtenerse por medio de los hadices. Allah Altísimo asumió personalmente la responsabilidad de varias tareas importantes relacionadas con el Noble Corán. Sobre esto, Allah mismo dijo:

******************************************************

Ciertamente, a Mí me corresponde su recopilación y su recitación. Por tanto, cuando Yo lo recite, sigue su recitación. Además, también me corresponde proporcionar su explicación y aclaración. [Sura Al-Qiyamah, versículos 17, 18 y 19.]

De acuerdo con este versículo, Allah mismo asumió la responsabilidad de tres tareas; estas son las tres tareas:

a) Preservación, recopilación y compilación del Noble Corán.

b) Enseñanza de la recitación del Noble Corán.

c) Explicación del significado, sentido y trascendencia del Corán.

Pero cabe examinar cómo completó Allah Altísimo estas tres tareas. Es bien sabido por todos que Allah Altísimo hizo que el Mensajero aprendiera el Noble Corán por mediación de Gabriel; le enseñó a estudiarlo ordenándole seguir su recitación al mismo tiempo que Gabriel lo recitaba, y de este modo hizo que el Corán completo quedara preservado y perfectamente ordenado en el corazón del Mensajero. De las tres tareas de Allah, las dos primeras se realizaron precisamente de esta manera. Pero ¿cómo se realizó la tercera tarea? Sin duda, Allah enseñó al Mensajero el significado, el sentido, la trascendencia del Corán y la explicación de sus partes difíciles, y esto se hizo de manera independiente del Corán. En realidad, todos los conocimientos que Allah enseñó en este sentido se encuentran preservados en los hadices.

La responsabilidad de determinar lo halal y lo haram para quienes creen en el modo de vida islámico ha sido encomendada al Mensajero. El Mensajero cumplió esta tarea como representante de Alá. En el Corán se dice claramente:

******************************************************

El Mensajero ordena hacer el bien; impide a la gente hacer el mal; declara halal para la gente las cosas buenas y excelentes, y declara haram las cosas malas y viles. [Sura al-A‘raf, 157.]

Por tanto, es deber de todo musulmán creer en todas las órdenes, prohibiciones y exhortaciones del Mensajero, así como en lo que él declaró halal y haram, y seguirlas. El registro detallado de todas estas acciones suyas se encuentra conservado en los hadices. Alá envió al Mensajero para que fuera el árbitro definitivo en las disputas y desacuerdos entre los musulmanes. Sobre esto se ha proclamado con un lenguaje sumamente contundente en la siguiente aleya del Corán:

******************************************************

¡Por tu Señor! La gente no podrá ser creyente en absoluto hasta que te acepte —¡oh, Profeta!— como juez y árbitro en todos sus asuntos mutuos, no sienta ninguna reserva en su corazón respecto a tu decisión y la acepte de todo corazón. [Sura an-Nisa, aleya 65.]

También es deber de todo musulmán obedecer al Mensajero en todos los ámbitos de la vida. Al respecto, Alá ha dicho:

******************************************************

¡Oh, creyentes! Obedeced a Allah, obedeced al Mensajero y también a quienes tienen autoridad entre vosotros,,,,,,,,,,,,,,. Si discrepáis entre vosotros sobre algún asunto, remitidlo a Allah y al Mensajero. [Sura an-Nisa, aleya 59.]

En esta aleya se ordena claramente obedecer a tres entidades distintas. Primero, obedecer a Allah; segundo, obedecer al Mensajero; y tercero, obedecer a los musulmanes responsables investidos de autoridad. Al mencionarse explícitamente dos veces ******* la palabra «obediencia» en relación con Allah y el Mensajero, ambas obediencias quedan establecidas con un rango fundamental e independiente. Conforme a esta instrucción, la obediencia a Allah puede hacerse efectiva siguiendo el Noble Corán. Pero ¿cuál es el camino para poner en práctica la orden «obedeced al Mensajero»?…………… Por ello, no puede haber otro medio que aceptar y seguir el hadiz. Por otra parte, se ordena recurrir a Allah y al Mensajero para la resolución definitiva de los asuntos en disputa. Es posible recurrir a Allah tomando como guía el Libro de Allah; pero, en ausencia del Mensajero, ¿qué medio puede haber para recurrir al Mensajero? El medio es aceptar la sunna o los hadices del Mensajero. Solo haciendo esto puede cumplirse la orden de Allah. No existe ningún otro medio. Por eso, al explicar la aleya citada, Maimun ibn Mihran dijo:

******************************************************

Referirse a Allah significa referirse al Libro de Allah, y referirse al Mensajero significa presentárselo personalmente al Noble Mensajero durante su vida. Y cuando Allah tomó su alma, el significado práctico de ello pasó a ser referirse a su sunna. [123*********]

El erudito Ibn Hajar al-Asqalani escribió, al explicar esta aleya:

******************************************************

Aunque, en realidad, el único que tiene derecho a recibir obediencia es Allah, el Altísimo, también se ha renovado la orden de obedecer al Mensajero. Sin embargo, antes del posterior «ulil amr» ******** no se volvió a mencionar la orden «obedeced». La razón es que el ser humano está obligado a seguir únicamente dos cosas: el «Corán y la sunna». Por tanto, aquí el significado es el siguiente: en aquellos asuntos sobre los que se ha dado una decisión clara en el Corán, obedeced a Allah; y en aquello que se os ha comunicado tras conocerlo por el Corán, así como en aquello que se os ha demostrado mediante las pruebas de la sunna, obedeced al Mensajero. Así, el significado total de la aleya sería el siguiente: obedeced a Allah cumpliendo la orden que se os dé a partir de la revelación que es recitada. Y obedeced al Mensajero cumpliendo la orden que se os dé a partir de la revelación que no es el Corán.[*****************************]

El erudito Tayyibi escribió al explicar esta aleya:

******************************************************

Por la repetición del mandato de obediencia en las palabras de la orden de Allah: «Obedeced al Mensajero», se comprendió que el Noble Mensajero (que la paz sea con él) tiene derecho a recibir una obediencia independiente, autónoma y completa. En el caso de los «ulū al-amr», al no repetirse esta expresión, se comprendió que un «ulū al-amr» también puede ser alguien cuya obediencia no es obligatoria. [۱۲۵**************]

¿Hasta qué punto puede ser grave el pecado de desobedecer al Noble Mensajero (que la paz sea con él)? Sobre este asunto podemos conocer muchas enseñanzas a partir del versículo que se cita a continuación. Allah, el Altísimo, ha dicho:

******************************************************

¡Oh, creyentes! Cuando os reunáis para deliberar entre vosotros, no deliberéis acerca del pecado, la transgresión ni la desobediencia al Mensajero. Deliberad, más bien, sobre las buenas obras y la piedad de Allah. Y temed a Allah, ante Quien todos seréis reunidos. [Sura al-Muyádala, aleya 9]

En este versículo se prohíbe expresamente desobedecer al Mensajero. Por un lado, se mencionan el pecado, la transgresión y la desobediencia o rebeldía contra el Mensajero; por otro, se mencionan la bondad y las obras inspiradas en el temor de Allah. Esto significa que, así como desobedecer al Mensajero y no acatarlo constituye pecado y transgresión, del mismo modo se queda privado de toda bondad, piedad y temor de Allah. Al final del versículo se menciona la otra vida y se declara que quien desobedezca al Mensajero y no lo acate sufrirá un castigo severo el Día de la Resurrección.

Obedecer y seguir al Mensajero es un deber eterno de la vida musulmana. Allah, el Altísimo, ha dicho:

******************************************************

Por tanto, creed en Allah y en Su Profeta ummí, el Profeta que cree en Allah y en Su palabra; y seguidle. [Sura Al-A‘raf, aleya 159]

En otra aleya se ha dicho:

******************************************************

Aceptad y retened plenamente todo lo que el Mensajero os dé; y absteneos de todo aquello que os prohíba. Temed a Allah en lo referente a obedecer las órdenes y prohibiciones del Mensajero; ciertamente, Allah es severo en el castigo. [Sura Al-Hashr, aleya 7]

Si se desobedecen las órdenes y prohibiciones del Mensajero o se le contradice, Allah Ta‘ala infligirá un severo castigo. Él ha dicho:

******************************************************

Quienes se oponen a la orden del Mensajero deben temer que les sobrevenga una calamidad o que sean arrojados a un castigo doloroso. [Sura An-Nur, aleya 63]

La guía y el bienestar del ser humano dependen enteramente de que reconozca la ‘ita‘at’ u obediencia al Mensajero y de que viva su vida práctica basándose en seguirle.

Allah, Exaltado sea, dijo:

******************************************************

Solo si obedecéis y seguís al Mensajero alcanzaréis la guía.[Sura an-Nur, aleya 54]

A su vez, la obediencia a Allah depende de la obediencia al Mensajero. En otras palabras, si no se obedece al Mensajero, no es posible obedecer a Allah. Esto mismo se ha expresado claramente en la siguiente aleya:

******************************************************

Quien obedezca al Mensajero habrá obedecido exactamente a Allah.[Sura an-Nisa, aleya 80]

El «ittiba» y la obediencia al Mensajero

En las aleyas mencionadas anteriormente, junto con el reconocimiento de la obediencia a Allah, se ha ordenado claramente obedecer y seguir también al Mensajero. Para comprender correctamente esta orden de Allah, es necesario explicar y analizar detalladamente las dos palabras «ittiba» e «itaat» utilizadas en el Corán. Aquí trataremos detalladamente estos dos términos.

En la lengua árabe, «ittibāʿ» significa caminar siguiendo los pasos de una persona. Ibn Manẓūr dijo en su célebre obra lexicográfica «Lisān al-ʿArab»:

******************************************************

El imán al-Farrāʾ, una autoridad en lexicografía y gramática, dijo: Ittibāʿ significa que una persona camina delante y tú caminas detrás de ella. Si dices: «Yo practico su ittibāʿ», quieres decir que caminas detrás de ella, siguiendo sus huellas.

En la obra «Tāj al-ʿUrūs» se dice:

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«Tubbu» o «tubbu», al igual que «sukkāru», significa sombra. Se la llama sombra porque sigue siempre al sol. En este sentido, también se llama «tubba» a la abeja macho más eminente y excelente entre las abejas melíferas, pues todas las abejas comunes la siguen ciegamente.

El imán Abū al-Āmidī, al explicar su significado técnico, dijo:

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«Mutābaʿat—seguimiento—» puede referirse unas veces a las palabras y otras veces a hacer o no hacer algo. En relación con las palabras, el «ittibāʿ» consiste en actuar conforme a lo que estas exigen y a su naturaleza. En relación con los actos, el «ittibāʿ» consiste en observar el acto de alguien y realizarlo exactamente como él lo realiza, y realizarlo precisamente porque él lo realiza.[***************]

A la luz de esta explicación y análisis, puede decirse que, para seguir al Mensajero mediante el «ittibāʿ», conforme a la orden de Allah el Altísimo, hay que cumplir cada una de sus palabras de la manera que corresponde al propósito y a la exigencia de sus palabras, y realizar sus actos exactamente como él los llevó a cabo. De lo contrario, no puede cumplirse la orden de Allah de seguir al Mensajero mediante el «ittibāʿ».

La palabra «itāʿat» (**********) también requiere una explicación semejante. En árabe, «itāʿat» significa inclinar la cabeza en obediencia ante alguien y cumplir debidamente sus órdenes y mandatos.

En la obra «Lisān al-ʿArab» se menciona:

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En la autorizada obra lexicográfica titulada «Tahdhīb» se afirma *************; la expresión significa inclinar la cabeza en obediencia ante alguien. Cuando alguien cumple la orden de otra persona, se dice **********: le obedeció.[*****************]

El imán Abū al-Ḥasan al-Āmadī, al explicar el significado técnico de la palabra «itāʿat», dijo:

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Si alguien actúa como otra persona con el propósito de considerarla grande o engrandecerla, se dice que le ha obedecido.

De esta exposición sobre los significados léxicos y terminológicos de las palabras «ittibā» e «itāʿat» queda demostrado sin lugar a dudas que aceptar plenamente las palabras y los actos del Mensajero y cumplirlos debidamente —en una palabra, obedecerlo y seguirlo por completo— es deber de todo musulmán. Y puesto que todos los dichos y actos del Mensajero solo pueden conocerse por medio del hadiz, la importancia del hadiz en el dīn del islam es, por ello, indiscutible.

En este contexto, parece necesario mencionar otro versículo del Noble Corán. Allah, exaltado sea, dijo:

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Después de que Allah y el Mensajero hayan emitido una decisión y una orden sobre cualquier asunto, los hombres y mujeres creyentes no pueden tener ninguna opción respecto a aceptarla o no aceptarla. Quien desobedece a Allah y a Su Mensajero se extravía y se aleja mucho del islam. (Sura al-Ahzab, aleya 36.)

De este versículo se conocen simultáneamente tres cosas. Primero, así como Allah tiene el derecho de decidir independientemente sobre cualquier asunto o emitir una orden, el Mensajero de Allah tiene exactamente el mismo derecho. Segundo, así como los hombres y mujeres creyentes están obligados a aceptar las órdenes y decisiones de Allah, también están obligados a aceptar de igual manera las decisiones y órdenes del Mensajero. Tercero, así como quien no acepta las órdenes y decisiones de Allah se convierte en extraviado e incrédulo, quien no acepta las decisiones y órdenes del Mensajero también se convierte del mismo modo en extraviado e incrédulo.

Por tanto, al igual que el Noble Corán, aceptar las órdenes y decisiones del Mensajero, conservadas en un registro fiable —el hadiz—, es absolutamente indispensable para que todo musulmán sea creyente y viva como tal.

 

La indispensabilidad del hadiz

El hadiz es el intérprete y explicador del Noble Corán. Sin recurrir al hadiz, resulta sumamente difícil explicar e interpretar correctamente el Noble Corán, así como determinar su verdadero propósito y orientación. Por esta razón, el Noble Profeta (s) pronunció una severa advertencia acerca de interpretar el Corán según la propia opinión, diciendo:

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Quien interprete el Noble Corán según su propia opinión, que busque su asiento en el Infierno. [Tirmidhi, Abwāb al-Tafsīr, narrado por Ibn Abbás.]

Se ha transmitido en un hadiz:

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Quien interprete el significado del Noble Corán según su propia opinión, se equivoca incluso si su interpretación resulta ser correcta. [Tirmidhi, Abwāb al-Tafsīr, narrado por Yundub.]

En realidad, por agudo, penetrante y de largo alcance que sea el intelecto humano, necesariamente es limitado. Al llegar a cierto límite, se ve obligado a fracasar y a manifestar y demostrar su propia incapacidad. Sin embargo, el racionalismo o culto a la razón no está dispuesto a aceptar límite alguno. Si la razón y la facultad de discernimiento no están sometidas al control de la Sunna del Mensajero, esto no es sino racionalismo y culto al discernimiento. Este racionalismo y culto al discernimiento obliga al ser humano a transgredir los límites de la obediencia a Alá. Además, por una parte, se comete una injusticia contra el Corán al someterlo a interpretaciones erróneas y contrarias, y por esta razón las personas quedan privadas de la fortuna de vivir conforme al Corán; por otra parte, se producen graves divergencias entre los creyentes en el Corán y, con el surgimiento de diversas ideologías y perspectivas conflictivas, la sociedad musulmana queda dividida en múltiples grupos. Aprovechando esta oportunidad, muchas personas comienzan también a actuar arbitrariamente con el Corán y a extraer, de cada uno de sus versículos, lecturas basadas en sus propias ideas inventadas o ajenas. El hadiz del Mensajero constituye un poderoso obstáculo en este camino. Precisamente él presenta ante la humanidad el amplio camino de la guía coránica; la protege del extravío y la confusión, y la conduce por el camino correcto, recto y sencillo.

El Noble Profeta (s) es el portador del Corán, y el Corán descendió sobre él; pero no presentó ante la humanidad únicamente el Corán, sino que, tomando el Corán como fundamento y centro, presentó un sistema completo de normas del islam. Por ello, él mismo declaró de diversas maneras la importancia de la Sunna y del hadiz junto con el Corán. Aquí consideramos necesario mencionar, en este contexto, algunos hadices importantes.

El venerable Miqdām ibn Ma‘dī Karib (que Allah esté complacido con él) dijo: El Noble Profeta (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) declaró:

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Cuidado: me ha sido dado el Corán y, junto con él, algo semejante a él. Cuidado: quizá algún hombre acomodado, reclinado en su asiento de grandeza, comience a decir: «Aceptad únicamente este Corán; considerad lícito aquello que encontréis lícito en él y considerad ilícito aquello que encontréis ilícito en él». Pero, en realidad, lo que el Mensajero ha declarado ilícito es tan vinculante como lo que Allah ha declarado ilícito.[Ibn Māŷa, página 3; Abū Dāwūd, Kitāb al-Sunna: *********************]

Este mismo hadiz ha sido citado en la obra Sunan al-Dārimī con las siguientes palabras:

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Quizá un hombre, reclinado en su asiento, mencione algo que yo haya dicho y declare: «Entre vosotros y nosotros solo está el Libro de Allah. Consideraremos lícito todo lo que encontremos lícito en él y aceptaremos como ilícito todo lo que encontremos ilícito». Entonces el Mensajero dijo: «Cuidado: lo que el Mensajero de Allah ha declarado ilícito es tan vinculante como lo que Allah ha establecido como ilícito».[Sunan al-Dārimī, página 70.]

Esta afirmación del Mensajero se manifiesta con mayor claridad en el hadiz siguiente. El venerable ‘Irbād ibn Sāriyah dice:

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El Noble Profeta (s) dijo: ¿Acaso alguno de vosotros, sentado en su asiento, cree que Allah Altísimo no ha declarado ilícito nada salvo aquello que se menciona en el Corán? ¡Atención! ¡Por Allah!, yo también he ordenado muchas cosas, he dado consejos y he prohibido muchas cuestiones; y eso es igualmente digno de ser obedecido como el Corán, o incluso algo más. [Abū Dāwūd, Kitāb al-Sunna: en su cadena de transmisión figura Ashyās ibn Shuʿba como narrador; sin embargo, se ha objetado la aceptación de los hadices narrados por él.]

Es necesario aceptar el hadiz junto con el Corán, y el siguiente hadiz demuestra que ningún hadiz auténtico puede contradecir al Corán. En cierta ocasión, Saʿīd ibn Yubayr (ra) narró un hadiz del Noble Profeta (s). Un hombre presente dijo:

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En relación con esto, en el Corán hay algo que contradice este hadiz.

Entonces Saʿīd dijo:

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Yo te estoy narrando un hadiz del Mensajero, y tú afirmas que contradice el Libro de Allah. Sin embargo, el Noble Mensajero conocía el Libro de Allah mejor que tú. [Sunan al-Dārimī, página 77.]

Seguir el camino de la guía y salvarse del extravío depende de aceptar y practicar tanto el Corán como el hadiz. En este contexto, se mencionan aquí dos hadices narrados del Noble Mensajero (s). Abū Hurayra (ra) dijo: el Noble Profeta (s) declaró:

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Dejo entre vosotros dos cosas. Mientras sigáis ambas, nunca os extraviaréis. Son el Libro de Allah y mi Sunnah (Hadiz), y estas dos cosas nunca se separarán hasta que se presenten ante el Hawd al-Kawthar el Día de la Resurrección.[Mustadrak de Hakim, tomo 1, página 13.]

En el discurso del Hayy de despedida, el Mensajero de Allah (s) dijo:

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Dos cosas que dejo entre vosotros: mientras os aferréis firmemente a estas dos cosas, nunca os extraviaréis. Son el Libro de Allah y la Sunnah del Mensajero.[Ibíd., narrado por Malik ibn Anas.]

En la narración de Ibn Ishaq, el texto de este discurso es el siguiente:

******************************************************

Dejo entre vosotros algo a lo que, si os aferráis firmemente, jamás os extraviaréis. Es el Libro de Allah y la Sunnah de Su Profeta (s).[Tafsir Ruh al-Ma’ani, tomo 5, página 198.]

En la Sira de Ibn Hisham, esta parte del sermón del Hayy de despedida se narra con las siguientes palabras:

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¡Oh, gente! Os dejo entre vosotros un tesoro; si os aferráis a él con firmeza, nunca os extraviaréis. Ese tesoro es el Libro de Allah y la Sunna de Su Profeta.

En la asamblea de Hazrat Imrán ibn Husayn (que Allah esté complacido con él), un hombre dijo:

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No nos narrará usted nada aparte del Corán.

Entonces Hazrat Imrán llamó a aquel hombre y le dijo:

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¿Has reflexionado y comprendido que, si tanto tú como tus compañeros fuerais dejados dependiendo únicamente del Corán, encontrarías acaso en el Corán la mención de cuatro raka‘at para la oración del zuhr, cuatro raka‘at para la del ‘asr y tres raka‘at para la del magrib?

Al abordar el tema del Hayy, dijo:

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¿Acaso encuentras únicamente en el Noble Corán las disposiciones relativas a circunvalar siete veces la Casa de Allah, a realizar el tawaf entre Safa y Marwa, a permanecer en la llanura de Arafat y a arrojar piedras?

También dijo: En el Corán se ha ordenado cortar la mano del ladrón, pero—

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¿Desde qué lugar debe cortarse la mano del ladrón?…………… ¿Está escrito en el Corán si debe ser desde aquí o desde aquí?

La importancia y el carácter indispensable de la Sunna y del hadiz se manifiestan claramente a partir de estos argumentos. Los sabios de las primeras generaciones reconocían plenamente su importancia. Los nobles Compañeros, los tabi‘in y los tabi‘ al-tabi‘in consideraban tanto el hadiz como el Corán asuntos de cumplimiento obligatorio. En el lugar correspondiente se presentará una exposición detallada sobre este tema. Aquí, a propósito de ello, mencionaremos algunas declaraciones de los sabios de generaciones anteriores, de las cuales se hará evidente la importancia de aceptar el hadiz y la Sunna.

En esta etapa, es necesario mencionar primero un incidente de la época de los Compañeros. Un hombre le dijo a Hazrat Imran ibn Husayn (que Allah esté complacido con él):

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Ustedes nos relatan hadices cuya base fundamental no encontramos en el Corán, por más que la busquemos.

Ante esto, Hazrat Imran se enfureció profundamente y, dirigiéndose al hombre que había formulado la pregunta, dijo:

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¿Acaso encuentran en el Noble Corán el nisab de la zakat: que debe pagarse un dírham por cada cuarenta dírhams, una cabra por cada cuarenta cabras y un camello por cada veinticinco camellos?

Es decir, la orden explícita de dar la zakat sí está citada claramente en el Noble Corán; pero ¿se encuentran en el Corán sus normas y disposiciones detalladas?

El hombre respondió: «No, eso no se encuentra en el Corán». Entonces Hazrat Imran dijo:

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Entonces, ¿de quién pudisteis conocer estas disposiciones detalladas del zakat? Todo esto lo habéis recibido de nosotros (los Compañeros), y nosotros lo obtuvimos del Mensajero de Allah (por medio de los hadices).

Sobre la base de este hadiz, los muhaddizun han demostrado unánimemente el siguiente principio y fórmula:

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La norma fundamental de todos los asuntos está mencionada en el Corán; pero todos sus pormenores, ramificaciones y reglas prácticas se conocen por las explicaciones del Mensajero.

Makhul al-Dimashqi dijo:

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El Corán necesita más de los hadices o de la Sunna; la Sunna no necesita tanto del Corán.

El imán al-Awza‘í también dijo lo siguiente:

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La Sunna es más necesaria para explicar el Libro de Allah, pero el Corán no es tan necesario para explicar la Sunna.

Yahya ibn Abi Kathir dijo:

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La Sunna o el Hadiz tiene mayor autoridad decisoria que el Corán; el Corán no puede dictar un fallo contrario a la Sunna.

El imán Ahmad ibn Hanbal, al explicar estas dos afirmaciones, dijo:

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La Sunnah o hadiz explica e interpreta el Corán, y expone su significado en un lenguaje claro.

Shah Waliullah Dehlawi proclamó la importancia y necesidad esencial del hadiz con las siguientes palabras:

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La ciencia del hadiz es superior y excelente en comparación con todas las ramas del conocimiento, y constituye la base de diversos aspectos de la religión del islam. En el hadiz se narran las palabras, los actos y las aprobaciones transmitidos del más noble de los profetas y de sus compañeros. En realidad, es un faro de luz en medio de la oscuridad; es como una luna llena que ilumina por completo en todas direcciones. Quien lo siga y lo domine alcanzará el camino recto y obtendrá abundantes beneficios. Pero quien lo rechace y se aparte de él se extraviará, seguirá sus deseos y, finalmente, sufrirá una pérdida aún mayor. Pues el Noble Profeta (que la paz y las bendiciones de Dios sean con él) prohibió muchas acciones y ordenó muchas otras. Advirtió sobre las consecuencias de los pecados y anunció las buenas nuevas de la recompensa por las obras virtuosas. Aconsejó a la gente mediante numerosos ejemplos. Por tanto, ciertamente es tan importante como el Corán, o incluso más. [Hujjat Allah al-Baligha, tomo 1, página 1.]

Shah Dehlawi también dijo:

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La Sunnah o hadiz explica el propio Corán y no se opone a él en lo más mínimo.

También se cita, en este contexto, la siguiente afirmación del imán Abu Hanifa:

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Si no existieran la sunna o los hadices, ninguno de nosotros podría comprender el Corán.

En este contexto, también merece especial mención lo siguiente:

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Se ha transmitido de Rabi’a (que Allah esté complacido con ella) que dijo: «Ciertamente, Allah, el Altísimo, te reveló el Corán, ¡oh, Profeta!, con sumo detalle; pero dejó en él un margen para los hadices y la sunna. El Noble Profeta estableció esa sunna y esos hadices, aunque también dejó en ellos la posibilidad de practicar el iŷtihad o aplicar la propia opinión. [Tafsīr Durre Manṣūr, Tārīkh al-Tafsīr, p. 4.]

El imán Ubayad escribió:

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No hay diferencia entre los mandatos de Allah y del Mensajero respecto a lo lícito y lo ilícito. El Mensajero nunca emitía un mandato cuya contradicción estuviera demostrada por el Corán. Más bien, la Sunnah (hadiz) es la explicación del Libro revelado por Allah y la interpretación de las leyes y normas coránicas y de la sharía. [Kitab al-Amwal, de Abu Ubayd, página 544.]

El que rechaza los hadices es un kafir

Los imanes del fiqh islámico declararon unánimemente que quien rechaza los hadices es un extraviado, alguien que ha abandonado el islam. Ishaq ibn Rahwayh dijo:

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Si a una persona le llega un hadiz del Noble Mensajero (s) y, aun reconociendo su autenticidad y corrección, lo rechaza sin ninguna razón, habrá que considerarla kafir.

El imán Ibn Hazm escribió en su obra «Al-Ahkam»:‌

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Si alguien dice: «Solo aceptaremos aquello que se encuentre en el Corán; no aceptaremos nada más», entonces, por consenso de toda la comunidad musulmana, es kafir.

Hazrat Umar ibn al-Jattab (ra) dijo:

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Muy pronto vendrán personas que discutirán con vosotros, poniendo en duda el Corán; refutadlas con la ayuda de la Sunna o los hadices. Pues el portador de la Sunna o experto en hadices posee mayor conocimiento del Libro de Dios Todopoderoso.*********************************

 

Los hadices y el iŷtihad del Mensajero

La humanidad recibió dos cosas del Noble Profeta (s). Una es el Noble Corán y la segunda es la Sunna. El Corán es directamente la palabra de Allah; fue revelado desde Allah mismo por medio de la revelación. Y la fuente original de la Sunna también es la revelación. Es cierto que el Noble Mensajero (s) realizó por sí mismo iŷtihad en muchos casos; pero este tampoco carece de revelación. O bien tiene una relación directa con la revelación, o bien está respaldado y autorizado por ella. Por tanto, también debe reconocerse el iŷtihad del Mensajero como una fuente del islam.

En este punto, el análisis de Shah Waliullah Dehlawi merece una mención especial. Al ofrecer una explicación clara y un análisis de este asunto, escribió:

Los hadices narrados y citados del Mensajero (s) en los libros de hadices son de dos clases. La primera clase de hadices es la que fue pronunciada con el propósito de cumplir la misión de la risala. El versículo coránico:

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«Aceptad todo lo que el Mensajero os haya dado y absteneos de todo aquello que os haya prohibido»: dentro de este amplio alcance se incluyen este tipo de hadices. Una parte de estos hadices es aquella en la que se habla de las condiciones de la Otra Vida y de los maravillosos asuntos del mundo malakutí. La base de todos estos asuntos es la revelación. Los hadices en los que se exponen las disposiciones de la sharía, se explican los pilares y las normas de la adoración, y se ofrecen explicaciones y consejos acerca de las diversas ramas y aspectos del modo de vida, constituyen la primera parte de los hadices de la primera etapa. Algunos hadices de esta primera etapa y de su segunda parte están basados en la revelación, mientras que otros se fundamentan en el iytihad propio del Noble Mensajero. Sin embargo, debe recordarse que el iytihad del Noble Mensajero también pertenece al mismo nivel que la revelación. Pues Allah Ta‘ala no le permitió realizar un iytihad erróneo. Si alguna vez su iytihad llegaba a ser incorrecto, no le permitía permanecer en ese error. Si se producía cualquier error, era indispensable que Allah corrigiera inmediatamente el asunto y lo rectificara.[****************]

Shah Waliullah escribió estas últimas palabras con las siguientes expresiones:

******************************************************

Una parte de esta clase de hadices está basada en la revelación y otra parte en el iytihad. No obstante, el iytihad del Noble Mensajero (s) también equivale a la revelación. Pues Allah Ta‘ala lo protegió de permanecer aferrado al error en su opinión.

 

El origen de los hadices

De la exposición detallada anterior ha quedado claramente demostrado el lugar que ocupa el hadiz en la vida islámica, así como su importancia y necesidad indispensable. En esta etapa trataremos cómo se obtuvieron los hadices; ese será ahora el tema principal de nuestra exposición.

Los nobles compañeros fueron los primeros oyentes de los hadices transmitidos por el Noble Profeta (s). Para adquirir un conocimiento correcto y detallado sobre la religión del islam, permanecían sentados, anhelantes, en la presencia del Mensajero. Lo rodeaban durante las veinticuatro horas. Cuando él iba a algún lugar, ellos lo seguían como una sombra.

El Noble Mensajero (s) fue, en cada momento de su vida, un intérprete de las normas islámicas. No solo mediante sus palabras, sino también mediante sus propios actos y al aprobar las palabras y acciones de sus compañeros, ofrecía una explicación práctica de estas. De este modo, los compañeros reunían y conservaban el valioso tesoro de los hadices. Siempre que surgía alguna dificultad o desconocimiento sobre los diversos aspectos de la religión del islam, o surgía alguna pregunta, acudían al Mensajero, le preguntaban sobre el asunto correspondiente y obtenían la respuesta; y los nobles compañeros (que Allah esté complacido con ellos) conservaban esta como un tesoro inapreciable.

Además de esto, en la historia del ilm al-hadiz se observan claramente otros medios de origen de los hadices. En algunas ocasiones, el honorable Yibril (a) se presentaba ante el Mensajero disfrazado y, al formularle diversas preguntas y obtener sus respuestas, instruía indirectamente a los compañeros presentes. El célebre hadiz llamado «Hadiz de Yibril», citado en los Sahih de Bujari y Muslim, constituye una prueba irrefutable de ello. En él se relata que un hombre desconocido y bien vestido se presentó ante el Mensajero y le hizo preguntas sobre asuntos fundamentales como el islam, el iman, el ihsan y la resurrección. El Noble Mensajero (s) respondió adecuadamente a cada una de las preguntas. Después, el hombre se retiró de la reunión. Entonces el Noble Mensajero (s) preguntó a Hazrat Umar Faruq (ra), que se encontraba entre los compañeros:

******************************************************

Oh Umar, ¿sabes quién era este hombre que hacía las preguntas?

Cuando Hazrat Umar (ra) manifestó su ignorancia, el Noble Mensajero (s) dijo él mismo:

******************************************************

El que hacía las preguntas era Yibril; había venido a vosotros para enseñaros vuestra religión.

A continuación mencionaremos, basándonos en libros acreditados, algunos acontecimientos que demuestran que los compañeros formulaban al Mensajero preguntas sobre diversos asuntos y obtenían sus respuestas.

En realidad, no era extraño que los compañeros formularan preguntas al Noble Profeta (s). Él mismo les hacía preguntas, les había ordenado que acudieran a él para preguntar y conocer la respuesta, y que actuaran conforme a ella; por eso, de vez en cuando también les instaba a hacerlo. Hazrat Abdullah ibn Abbas (ra) dice: Durante la época del Noble Profeta (s), un hombre resultó herido y se le ordenó realizar el baño ritual. Después murió. Cuando el Noble Profeta (s) se enteró de lo sucedido, dijo con tono airado:

******************************************************

¡Allah! ¡Que destruya a esa gente! ¿Por qué no me preguntaron a mí? ¿Acaso preguntar no es el remedio para toda ignorancia?

Hazrat Nawwas ibn Salman (ra) dijo: Permanecí en Medina durante todo un largo año para hacerle una pregunta al Mensajero.

******************************************************

Finalmente le pregunté acerca del «birr» y del «ithm». Él respondió: «El “birr” es el buen carácter, mientras que el “ithm” es aquello que te provoca inquietud y reparo, y que no deseas que la gente conozca».

No eran únicamente los habitantes de Medina quienes hacían preguntas al Mensajero; también personas recién convertidas al islam acudían a su presencia desde ciudades lejanas y regiones rurales para hacerle preguntas. Un día, el Profeta estaba sentado en la Mezquita del Profeta, rodeado por sus compañeros. En ese momento llegó un hombre montado en un camello. Pidió permiso para hacerle una pregunta al Mensajero y dijo:

******************************************************

Le haré una pregunta; seré sumamente insistente al preguntar, pero usted no debe tomarlo a mal ni albergar resentimiento contra mí.

Después, cuando el Noble Profeta (s) le concedió permiso para hacer preguntas, preguntó acerca de Allah, acerca de que el Mensajero había sido enviado como Mensajero para toda la humanidad, acerca de las cinco oraciones diarias, del ayuno de un mes y de la obligación de recaudar el zakat de los ricos y distribuirlo entre los pobres. El Noble Mensajero (s) respondió:

******************************************************

Sí, Allah Ta’ala ha hecho obligatorias todas estas cosas.

Finalmente, impulsado por la respuesta del Mensajero, aquel hombre dijo:

******************************************************

He creído en la religión que usted ha traído. Mi nombre es Dimam ibn Tha‘laba; he venido ante usted como representante de la gente de mi tribu.

Hazrat Anas relata: Un beduino vino y preguntó al Noble Mensajero (s):

******************************************************

La persona que usted envió fue a nosotros y nos informó de que usted considera que Allah lo envió como Mensajero; ¿es esto cierto?

El Noble Profeta (s) reconoció en su respuesta la veracidad de ello. Después, aquel hombre preguntó al Mensajero sobre la veracidad de lo que anteriormente había oído acerca de algunos asuntos fundamentales de la religión del Islam. Cuando el Mensajero (s) le explicó su veracidad, exclamó con voz elevada:

******************************************************

Juro por Aquel que lo envió con la verdadera ley: no añadiré ni quitaré nada de lo que usted ha expuesto.[****************]

La delegación de la tribu de Abd al-Qays se presentó ante el Noble Profeta (s) y, al describir sus dificultades, dijo: «¡Oh Mensajero! Entre nosotros y usted se encuentra una tribu de politeístas; por ello, no podemos acudir a usted en ninguna época salvo durante los cuatro meses en que está prohibido combatir». Por tanto:

******************************************************

Díganos algo sobre los asuntos fundamentales de la religión del Islam que, si lo seguimos y actuamos conforme a ello, nos permita entrar en el Paraíso, y nosotros invitaremos a quienes han quedado atrás a actuar de acuerdo con ello.[Sahih al-Bujari, tomo 2, p. 627-************]

Un grupo de personas se presentó ante el Mensajero en representación de la tribu de Banu Tamim y de los habitantes del Yemen, y respetuosamente expuso:

******************************************************

Vinimos ante usted con el propósito de adquirir un conocimiento profundo sobre el din del islam. También le preguntamos acerca de qué existía en el origen y en la primera etapa de esta creación.[Bujari Sharif, tomo 1, pág. 15.]

Algunos jóvenes y personas de la misma edad, pertenecientes a los Banú Layth ibn Bakr ibn Abd Manaf ibn Kinana de Basora, llegaron a Medina ante el Mensajero y permanecieron allí aproximadamente veinte días. Cuando comenzaron a impacientarse por regresar a su país, el Profeta Karim (s) les dijo:

******************************************************

Regresad y vivid con vuestras familias. Enseñadles las enseñanzas del din del islam. Rezad.[Bujari]

En otra narración de Muslim se relata después de esto:

******************************************************

(Tal como me habéis visto rezar.) Y cuando llegue la hora de la oración, que uno de vosotros haga el adhan para todos, y que el de mayor edad entre vosotros dirija la oración como imam.[Bujari Sharif, tomo 1, *****************]

El Noble Profeta (s) enseñó durante veinte días a aquel grupo de jóvenes muchas cuestiones de la religión del islam mediante instrucción práctica. También les enseñó todas las normas y procedimientos relativos a los mandatos de la sharía y a los actos de adoración. Como resultado, por un lado se originaron numerosos hadices y, por otro, estos hadices del Mensajero pudieron llegar y difundirse desde Medina hasta la lejana Basora por medio de compañeros fiables.

Dijo Abu Huraira (r.a.): Dijo Abu Huraira (r.a.): Estábamos sentados en presencia del Mensajero. Él estaba ocupado conversando con la gente. En ese momento llegó un beduino árabe y preguntó al Mensajero: «¿Cuándo será la Hora?». El Noble Profeta (s), después de terminar de hablar, llamó al beduino y le dijo:

******************************************************

Cuando comience a malograrse la confianza depositada, espera la Hora.

El hombre preguntó: «¿Cómo se malogrará la confianza depositada?»

El Noble Profeta (s) dijo:

******************************************************

Cuando se encomiende una responsabilidad a una persona incompetente, considera que ha llegado el momento de esperar la Hora. [Sahih al-Bujari, tomo 1, p. 14.]

Estos acontecimientos demuestran claramente que todos los Compañeros poseían un intenso deseo de conocer, por medio de Hazrat Muhammad (s), portador del Corán, los diversos asuntos fundamentales y detallados del islam, así como una disposición a esforzarse y soportar dificultades para conseguirlo. Además, todo cuanto el Noble Mensajero (s) dijo en respuesta a estas preguntas, todas las acciones que realizó y todo aquello que aprobó de palabra o de hecho constituye una explicación amplia del sistema de vida islámico, y eso es el hadiz. A este respecto, lo que escribió el sabio Badruddin Ayni se cita aquí:

******************************************************

Los nobles Compañeros solían preguntar al Mensajero acerca de la explicación y el significado de muchos asuntos importantes. El Noble Profeta (s) los reunía y les enseñaba la religión. Algunos Compañeros preguntaban al Mensajero y obtenían respuestas; otros las memorizaban, y algunos las transmitían y comunicaban a los demás. De este modo, Allah Ta’ala llevó Su religión a la perfección.[***********]

Sin duda, este es un discurso autorizado acerca del origen de la ciencia del hadiz. En este contexto, también es especialmente importante una cita del imán Ibn Qayyim. Al hablar de la llegada de una tribu llamada Banu al-Muntafiq, mencionó una pregunta que ellos formularon y después escribió:

******************************************************

******************************************************

De esto se demuestra que los Compañeros presentaban ante el Mensajero sus diversas preguntas, dudas y objeciones, y él les respondía. Como resultado, sus corazones encontraban tranquilidad. Incluso sus enemigos le hacían preguntas, del mismo modo que sus Compañeros. La diferencia era que los enemigos preguntaban con el propósito de discutir y demostrar su propia valentía, mientras que los Compañeros preguntaban para comprender la esencia de la religión, manifestarla y obtener una fe cada vez mayor. El Mensajero (s) respondía a todos ellos. Naturalmente, no respondía únicamente a aquellas cuestiones cuya respuesta no conocía, como el momento en que ocurriría la Resurrección.[****************]

El Noble Profeta (s) no se limitaba a responder las preguntas de la gente, dando así origen al hadiz. Él mismo impartía a los Compañeros una enseñanza detallada sobre la religión, según las necesidades. En los hadices se mencionan muchos acontecimientos de esta naturaleza. Aquí citaremos uno o dos relatos de este tipo.

1. Hazrat Abu Zayd al-Ansari (ra) dijo: «Un día, el Noble Profeta (s) dirigió la oración del alba con nosotros. Después subió al púlpito, se puso de pie y nos dirigió un sermón. Este sermón continuó hasta la hora de la oración del mediodía. Entonces bajó y realizó la oración del mediodía. Cuando terminó la oración, volvió a subir al púlpito, se puso de pie y continuó pronunciando el sermón. Esto prosiguió hasta la oración de la tarde. Cuando llegó la hora de la oración de la tarde, bajó y realizó dicha oración. Terminada la oración, volvió a ponerse de pie en el púlpito y comenzó a pronunciar un sermón. Este sermón continuó hasta la puesta del sol. En este largo sermón, que duró todo el día, nos habló de muchas cosas del pasado y del futuro. No solo nos las dijo, sino que también nos las hizo conocer y memorizar. [Musnad de Ahmad ibn Ha’l, tomo 1, página 153.]»

2. Hazrat Hanzala (ra) dijo: «Un día estábamos con el Mensajero (s). En ese momento nos habló detalladamente del Paraíso y del Infierno. Como resultado, estas dos cosas se hicieron claramente visibles ante nosotros, como si pudiéramos verlas directamente………………. [Musnad de Ahmad ibn Ha’l, tomo 1, página 153.]»

Aquí solo se han citado dos narraciones, aunque en los libros de hadices se mencionan muchas palabras de este tipo. Estos dos relatos demuestran claramente que, cuando era necesario, el Noble Profeta (s) hablaba por iniciativa propia y con frecuencia sobre numerosos asuntos de la religión; los compañeros recordaban todas esas palabras y las transmitían a otras personas como dichos del hadiz.

También conviene mencionar esto al tratar el origen del hadiz.

 

La preservación del hadiz

El islam es un sistema de vida eterno para toda la humanidad. Por ello, Allah Ta‘ala mismo asumió la responsabilidad de preservar su fundamento principal y primordial: el Noble Corán. Él declaró:

******************************************************

«Ciertamente, Nosotros hemos hecho descender el Corán y ciertamente Nosotros somos sus guardianes.» [Sura al-Hijr, aleya 9.]

En verdad, Allah Ta‘ala estableció, simultáneamente con la revelación del Noble Corán, un sistema integral y fiable para su completa preservación. El Corán fue revelado al Noble Mensajero por medio de Gabriel, y él lo recitó inmediatamente ante la gente. Después, con el propósito de preservarlo para siempre, se adoptaron dos medios. Por un lado, los nobles compañeros lo memorizaron en cuanto lo escucharon. Guardaron para siempre cada una de sus palabras y letras en el santuario de su memoria. [Estudio escrito por Shah Abdul Qadir en la explicación de la sura al-Ankabut, aleya 49, **************** página 124.]

Por ello, ni una sola partícula pudo desaparecer o ser alterada. También por la ventaja que ofrece este método de preservación, el Noble Corán es algo incomparable en la historia de los libros celestiales; los seguidores de ningún otro libro del mundo creen que memorizarlo y conservarlo sea una obra de enorme recompensa. Por esta razón, la práctica de memorizar el Noble Corán se ha mantenido desde tiempos inmemoriales. Incluso si el Corán escrito en forma de libro desapareciera hoy, el Noble Corán conservado en la memoria de los hafices podría ocupar su lugar. Volver a darle al Corán una forma escrita no presentaría la menor dificultad. No cabe duda de que esto es uno de los milagros del Noble Corán.

Por otro lado, desde el momento en que el Corán comenzó a ser revelado, el Noble Profeta (s) hizo que los escribas de la revelación, designados permanentemente, lo pusieran por escrito. El siguiente hadiz, narrado por Bara ibn Azib (r.a.), constituye una prueba contundente de ello:

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Cuando fue revelada la aleya: «El creyente inactivo y quien lucha por la causa de Allah jamás pueden ser iguales», el Noble Profeta (s) dijo: «Llamad a Zayd y decidle que traiga un tintero, una tablilla y demás». Cuando él (Zayd) llegó, el Noble Profeta (s) dijo: «Escribe esta aleya»……………[Bujari Sharif, tomo 2, página 746.]

De este modo, todo el Noble Corán fue escrito por escribas designados durante la vida misma del Noble Profeta (s). Aproximadamente cuarenta compañeros fueron designados para escribir el Noble Corán. [***********] De ellos, unos veintiséis compañeros eran especialmente célebres. Abu Bakr, Umar, Uzman, Ali, Zayd ibn Zabit, Abdullah ibn Sa‘d, Zubayr ibn al-Awwam, Jálid ibn Sa‘id, Amr ibn al-As, Muawiya ibn Abu Sufyan, Ubayy ibn Ka‘b (r.a.) y otros se cuentan entre los más destacados. [Tabaqat de Ibn Sa‘d, Tarij de Tabari, ***************************************]

Como resultado de la adopción de ambos medios, el Noble Corán quedó protegido para siempre de toda alteración y desaparición.

Sin embargo, a juicio de Allah, preservar únicamente el Noble Corán no bastaba para preservar y asegurar la permanencia de la religión del islam. Por ello vemos que, al mismo tiempo que estableció los medios para preservar el Corán, Allah Ta‘ala también dispuso los medios adecuados para preservar los hadices. La historia de la preservación de los hadices nos muestra claramente que, para preservar el Corán, se adoptaron principalmente dos medios externos; la sunna del Mensajero, es decir, los hadices, también fue protegida principalmente mediante esos mismos dos medios. Estos son: el sistema natural establecido por Allah Ta‘ala y el esfuerzo y la gestión humanos. En esta etapa intentaremos presentar aquí un análisis detallado, histórico y basado en datos y principios.

método natural

Al examinar y verificar el método natural de conservación de los hadices, parece que tres factores importantes hicieron eficaz este método. Primero, la agudeza y viveza de la memoria natural de los árabes de aquella época. Segundo, la extraordinaria perseverancia de los Compañeros en su sed de conocimiento, su estudio y su práctica del conocimiento; y tercero, el sentido de responsabilidad individual y colectiva respecto de la difusión de los ideales y el conocimiento islámicos. A continuación se presenta un análisis detallado de estos tres aspectos.

La memoria de la nación árabe

La memoria de la nación árabe de aquella época era verdaderamente una maravilla histórica. Contribuyó considerablemente a la conservación del Corán y los hadices. El Noble Corán la consideró un método natural. Allah, exaltado sea, dijo:

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Más bien, este Corán consta de versículos claros y está protegido en la mente de quienes han recibido conocimiento.[Sura al-Ankabut, versículo 49.]

Este versículo alude claramente a la memoria de los eruditos musulmanes de aquella época y también expresa que el Noble Corán estaba protegido en sus mentes mediante la memoria. El sabio al-Baydawi escribió en su exégesis de este versículo:

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Es decir, memorizaban el Corán y lo preservaban de tal manera que nadie podía deformarlo ni alterarlo. [Tafsīr al-Bayḍāwī, tomo 2, pág. 169.]

La historia ha demostrado que la memoria de los miembros de la sociedad árabe de aquella época era extraordinariamente aguda; para recordar algo, les bastaba con oírlo una sola vez. A este respecto, es notable el siguiente dato histórico escrito por Ibn Abd al-Barr:

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La nación árabe estaba dotada por naturaleza de una gran capacidad memorística, y esta era una de sus características y particularidades.

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Nacían naturalmente con una gran capacidad de memoria.

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Es célebre y universalmente sabido que la nación árabe se distinguía por su especial fuerza y talento para memorizar. Cada uno de sus miembros podía memorizar y retener un largo poema de cualquiera con solo escucharlo una vez.

Hazrat Ibn Abbas (que Dios esté complacido con él) memorizó por completo, tras escucharla una sola vez, una larga poesía del célebre poeta árabe Umar ibn Abi Rabia. Los compañeros del Mensajero también eran miembros de una nación puramente árabe. Al principio no sabían escribir nada ni podían leer ningún texto escrito. Por ello, todos debían depender únicamente de su memoria. En la época de la ignorancia, memorizaban detalladamente sus extensas genealogías y las extraordinarias alabanzas, virtudes y glorias de sus antepasados. Cuando competían entre sí por la gloria de su linaje, cada uno recitaba de memoria, sin interrupción, las glorias y los elogios de sus respectivos antepasados. Debido a la agudeza de su memoria, casi todos eran intérpretes o portavoces de sus propios linajes.

Allah había elegido precisamente a esta nación árabe, dotada de una memoria natural, como guardiana de la profecía de Hazrat Muhammad (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) y de sus palabras transmitidas. Había preparado plenamente estos corazones, poseedores de una memoria aguda, para memorizar las aleyas del Corán y los hadices del Mensajero.

Precisamente por esta razón vemos que, tan pronto como era revelado el Noble Corán, los compañeros podían memorizarlo después de escucharlo de labios del Noble Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él). De este modo, memorizar y conservar íntegramente el Noble Corán no les resultaba en absoluto difícil.

El célebre tabií Qatada ibn Diama afirmó:

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Allah concedió a esta nación un talento memorístico que no fue concedido a ninguna otra nación. Es una particularidad que les fue otorgada exclusivamente a ellos, y es un honor y una dignidad con los que Él los distinguió solamente a ellos. [Al-Zurqani, tomo 5, página 495.]

Es digno de mención en este contexto un episodio histórico relacionado con Hazrat Abu Huraira (que Dios esté complacido con él). Era un memorizador de una enorme cantidad de hadices. Sin embargo, el califa Marwan ibn Hakam, gobernante de la dinastía omeya, comenzó a albergar dudas al respecto. Para poner a prueba a Hazrat Abu Huraira, ideó una estrategia. Un día le pidió que le recitara algunos hadices. Abu Huraira (que Dios esté complacido con él) le recitó entonces varios hadices. Siguiendo las instrucciones de Marwan, los hadices fueron escritos por alguien sentado detrás de una cortina. Más de un año después, un día le pidieron nuevamente a Hazrat Abu Huraira que recitara exactamente esos mismos hadices. Él los recitó de memoria de tal manera que no había ninguna diferencia entre ellos y los hadices recitados anteriormente. Esto demuestra de manera irrefutable la extraordinaria agudeza de la memoria de Hazrat Abu Huraira. [Kitab al-Kuna, escrito por el imam Bujari, página 33.]

El célebre compilador de hadices, el imam Ibn Shihab al-Zuhri, también poseía una memoria extraordinaria. Él también tuvo que enfrentarse una vez a una prueba. El entonces rey Hisham le pidió que escribiera algunos hadices para enseñar a su hijo. Al-Zuhri hizo escribir de inmediato cuatrocientos hadices. Mucho tiempo después, cuando le pidieron que volviera a escribir esos hadices, los escribió nuevamente. Al comparar los hadices escritos en ambas ocasiones, el rey comprobó que:

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En la segunda ocasión, no se omitió ni una sola letra de aquellos hadices. (Tadhkirat al-Huffaz, tomo 1, p. 201.)

No cabe duda de que esto constituye una prueba práctica de la extraordinaria memoria del imán al-Zuhri.

Ibn Shihab al-Zuhri decía:

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Cada vez que pasaba cerca del mercado de Baqi, me tapaba los oídos por temor a que penetrara en ellos alguna palabra obscena. Pues, ¡por Dios!, si alguna palabra entra en mis oídos, jamás la olvido.

También decía:

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He memorizado todo lo que he escrito en mi cuaderno, ya fueran hadices o cualquier otra cosa.

El célebre tābiʿī y narrador de un gran número de hadices, el imán al-Shaʿbī, dijo al describir y dar testimonio de la agudeza de su memoria:

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Nunca escribí un hadiz de ningún cuaderno, ni sentí jamás la necesidad de escuchar un hadiz más de una vez de alguien.

El imán Wakīʿ también fue una persona dotada de una memoria excepcional. El imán Aḥmad ibn Ḥanbal dijo acerca de él:

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Nunca he visto a nadie que memorizara hadices como él. [Tārīkh al-Khaṭīb, tomo 13, pág. 474.]

Otro muhaddiz dijo acerca de él:

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La memoria de Wakīʿ era una cualidad natural. [Tarīkh al-Jatīb, tomo 13, página 474.]

La memoria del célebre tābiʿī y muḥaddiz Qatāda también era incomparable. La siguiente narración del historiador Ḥāfiẓ al-Dhahabī demuestra esta extraordinaria memoria suya. Él dijo:

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Qatāda era la persona dotada de la memoria más prodigiosa entre los habitantes de Basora. Recordaba todo lo que escuchaba. Cuando se le leyó una sola vez ante él el libro de hadices recopilado por Ḥadrat Jābir, lo memorizó. [Tadhkirat al-Ḥuffāẓ, tomo 1, página 26.]

Yaḥyā ibn Qaṭṭān dijo: «No he visto a nadie con una memoria más prodigiosa que Sufyān al-Thawrī. Tenía memorizados treinta mil hadices. Él mismo dijo:

“Nunca olvidé nada de lo que memoricé una vez”. [Tadhkirat al-Ḥuffāẓ, tomo 1, página 26.]

Sufyān ibn ʿUyayna tenía memorizados siete mil hadices y, por ello, no conservaba ningún libro.

El imán Ahmad ibn Hanbal dijo: En la capital, Bagdad, no se ha visto a nadie con una memoria más poderosa que la del muhaddiz Abu Zurʿa. Solo sobre el Corán tenía memorizados diez mil hadices. En verdad, en cuanto a memoria, era incomparable.

El cadí Abu Bakr al-Isfahani memorizó todo el Corán a la edad de apenas cinco años.

La memoria del muhaddiz Ishaq ibn Rahwayh, maestro del imán Bujari, era extraordinariamente aguda. Tenía innumerables hadices memorizados. Hizo que sus estudiantes escribieran varios miles de hadices que había memorizado, sin sentir siquiera una vez la necesidad de consultar un libro. Él mismo decía: «Setenta mil hadices flotan constantemente ante mis ojos».

El muhaddiz Abu Zurʿa decía acerca de él:

No he visto a nadie con una memoria como la suya (la de Ibn Rahwayh).[****************]

El gobernante de aquella época, el emir Abdullah, tras comprobar de manera asombrosa su memoria, dijo:

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Sé que puede memorizar muchas cosas, pero me sorprende comprobar el alcance de su memoria.[Kitab al-Kuna, escrito por el imán Bujari, p. 33]

La memoria del estudioso del hadiz de una época posterior, el imán Bujari, tampoco era en modo alguno menos notable. Nawab Siddiq Hasan narró de Abu Bakr ibn Abu Itab:

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El imán Bujari había memorizado por completo setenta mil hadices ya durante su infancia.[************]

También se ha relatado acerca de él:

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Se cuenta que bastaba con que mirara un libro una sola vez para memorizarlo por completo.[*************]

Muhammad ibn Abu Hatim dijo: Dos hombres me contaron que solíamos escuchar hadices juntos, y que el imán Bujari era entonces un muchacho entre nosotros. Nosotros escribíamos inmediatamente todo lo que escuchábamos; pero el imán Bujari no escribía nada. Un día, al preguntarle por ello, dijo: «Habéis sido muy injustos conmigo. Bueno, mostradme lo que habéis escrito». Entonces le mostramos más de quince mil hadices que habíamos escrito.

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Después, recitó de memoria todos estos hadices que conservaba en su memoria. Incluso, al escuchar su recitación de memoria, corregimos nuestros libros escritos.

Hay otro acontecimiento histórico notable relacionado con el imán al-Bujari. Cuando llegó a Bagdad, los muhaddices se presentaron ante él y le expusieron, uno por uno, un total de cien hadices, de tal manera que las cadenas de transmisión de cada uno habían sido alteradas y la cadena de uno había sido unida a la de otro. Cuando quisieron conocer la opinión del imán al-Bujari sobre estos hadices, él manifestó que desconocía por completo dichos hadices. Después, mencionó correctamente cada hadiz y mostró que el modo en que ellos los habían citado contenía errores; también dejó demostrado de manera irrefutable cuál era la cadena de transmisión correspondiente a cada hadiz y cuál no. Todos expresaron un profundo asombro al contemplar su inconmensurable memoria.

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Reconocieron esta inconmensurable memoria suya y todos creyeron en su singularidad y superioridad en este aspecto.

Estos acontecimientos demuestran que la memoria de los sabios musulmanes de aquella época era, por naturaleza, sumamente aguda y poderosa. Desde la época de los compañeros hasta la de los tabi‘in, los seguidores de los tabi‘in y los muhaddices, no se observa ninguna excepción a ello. Así como los árabes de aquella época poseían esta asombrosa memoria, también se manifestó entre los musulmanes no árabes. En realidad, esto fue para la comunidad musulmana una gracia inconmensurable y de gran valor concedida por Allah, el Altísimo. Precisamente gracias a esta gracia, el Corán y el hadiz, estos dos fundamentos del islam, pudieron conservarse y mantenerse protegidos de manera adecuada.

Esta característica de aquella época también tiene una importancia biológica. De las diversas fuerzas y capacidades que Allah, el Altísimo, ha concedido al cuerpo humano, si una de ellas no se utiliza o uno de los órganos queda inutilizado, aumenta la fuerza de los demás. Quien tiene una sola mano concentra en ella la fuerza de dos manos. En las personas ciegas y sin visión aumentan extraordinariamente las facultades de estimación, percepción y sensibilidad. No se puede negar la veracidad de esto en el caso de los musulmanes de la primera época del islam. En aquel tiempo, por lo general, la lectura y la escritura no estaban muy extendidas. Las personas utilizaban más la memoria que la escritura. Por ello, en aquella época se utilizaba más la memoria que la escritura. Como resultado, en aquella época se observó un desarrollo asombroso de la memoria. En la conservación del Corán y del hadiz, esta ocupó un lugar sumamente importante como medio inicial.

 

Las instrucciones del Mensajero para la conservación y difusión del hadiz

El sistema de vida islámico llegó a tomar forma mediante las palabras y los actos del Honorable Mensajero a lo largo de toda su vida. Por esta razón, todas sus palabras y actos eran un tesoro de gran valor para la sociedad musulmana. Los nobles compañeros escuchaban atentamente cada palabra del Honorable Mensajero y observaban cada uno de sus actos y movimientos con una mirada minuciosa y escrutadora. Así, las palabras y los actos del Mensajero se acumularon y cobraron vida espontáneamente entre los compañeros.

Pero en este asunto no se dependió por completo únicamente de la conservación espontánea y natural. El Noble Profeta (s) también tomó medidas eficaces para ello.

Así como el Noble Profeta (s) ordenó a los nobles Compañeros escuchar con atención todo lo relacionado con el islam, sus mandatos, prohibiciones y consejos, también les ordenó recordarlo y transmitirlo fielmente a los demás. Dirigiéndose a los Compañeros, dijo:

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Alá mantendrá siempre vigorosa y renovada a la persona que haya escuchado algo de mí y lo haya transmitido fielmente a otras personas. Pues a menudo aquel a quien se le transmite posteriormente es capaz de conservarlo mejor que el primer oyente.[Tirmidhi, tomo 2, página 90 (edición de Delhi de 1940), Ibn Maja, ***************** Darimi, Mustadrak, narrado por Abu al-Darda, tomo 1, página 87.]

Hazrat Abdullah ibn Masud (ra) narró este hadiz de otra manera. El texto del hadiz que él narró es el siguiente:

******************************************************

Alá iluminará a la persona que escuche mis palabras, las recuerde, las conserve plenamente y las transmita a otros. Muchas personas que portan conocimiento se lo transmiten a alguien que posee más conocimiento y sabiduría que ellas.[Shafi’i y Bayhaqi.]

También es digno de atención el texto del siguiente hadiz narrado por Hazrat Zayd ibn Thabit (ra). Él dijo: El Noble Profeta (s) dijo:

******************************************************

Allah iluminará la vida de quien escuche mis palabras, las memorice, las recuerde correctamente y las transmita a quien no las haya escuchado……………। [******************* Tirmidhi.]

Cuando una delegación de la tribu de Abd al-Qays se presentó ante el Noble Mensajero (s), él les enseñó detalladamente los principios fundamentales del islam y les dijo:

******************************************************

Recordad completamente estas palabras, conservadlas íntegramente e informad sobre este asunto a quienes vengan después de vosotros.[Bujari Sharif, tomo 1, Kitab al-Ilm, página 19.]

Acerca de las responsabilidades futuras y la posición social de los nobles Compañeros, el Mensajero Noble (s) dijo:

******************************************************

Hoy estáis escuchando (de mí las enseñanzas de la religión); también se escucharán de vosotros (las escucharán otras personas), y quienes escuchen de vosotros harán que también se escuchen de ellos (estas palabras).[Mustadrak Hakim, tomo 1, página 95, narrado por Hazrat Ibn Abbas.]

En otro hadiz, el Noble Profeta (s) dijo:

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«A quien memorice y conserve cuarenta hadices sobre la religión de la umma musulmana, Allah Ta‘ala lo convertirá en un jurista, y yo intercederé por él y seré su testigo el Día de la Resurrección. [Mishkat al-Masabih, pág. 36, narrado por Hazrat Abu al-Darda.]

Como resultado de estas instrucciones y exhortaciones del Noble Profeta (s) relativas a la conservación de los hadices, casi cien mil personas de la sociedad musulmana de aquella época conservaron, memorizaron y mantuvieron tan vivamente en su memoria las palabras del Mensajero y los relatos de sus actos que, por lo general, nunca los olvidaron. En este aspecto, su memoria natural les prestó una gran ayuda. Además, estas órdenes del Mensajero reforzaron aún más este empeño. Cada vez que el Mensajero (s) decía algo, los sahabas presentes comenzaban a memorizarlo para no olvidarlo. Hazrat Samura ibn Yundub (ra) dijo:

******************************************************

Yo era un niño en la época del Mensajero y ya entonces memorizaba las palabras del Mensajero. [Sahih Muslim, tomo 1, Introducción, pág. 10, con la edición de Nawawi.]

Hazrat Ibn Abbas (ra) dijo:

******************************************************

Memorizábamos los hadices del Mensajero; así se memorizaban los hadices del Mensajero. [Sahih Muslim, primer volumen, introducción, página 10, con la edición de al-Nawawi.]

Al final del sermón que el Noble Profeta (s) pronunció ante los muyahidines al día siguiente de la conquista de La Meca, dijo:

******************************************************

Que los presentes transmitan estas palabras a los ausentes. Al final del histórico sermón de la Peregrinación de Despedida, el Noble Mensajero (s) dijo con voz elevada:

******************************************************

Que los presentes transmitan estas palabras mías a los ausentes. Pues muchos de aquellos a quienes les serán transmitidas podrán conservar los hadices mejor que los oyentes de hoy. [Sahih al-Bujari, primer volumen, página 21.]

En Sahih al-Bujari, esta afirmación se cita con las siguientes palabras:

******************************************************

Los presentes transmiten estas palabras incluso a quienes están ausentes. Pues puede que un presente se las transmita a alguien que sea capaz de conservarlas mejor que él. [Sahih al-Bujari, tomo 1, página 16.]

La parte final del hadiz narrado por Ibn Awn es la siguiente:

******************************************************

Puede ocurrir que la persona ausente sea más capaz que la persona presente, la persona presente, de recordar mis palabras. [**************]

El Noble Profeta (s) dijo:

******************************************************

Transmitid de mi parte aunque solo sea un versículo. [Sahih al-Bujari, Mishkat, Kitab al-Ilm……]

Mazhari y Mulla Ali al-Qari explicaron su significado diciendo:

******************************************************

Transmitid mis hadices, aunque sea una cantidad muy pequeña.[***********************]

El Noble Profeta (s) dijo:

******************************************************

Después de mí, la gente querrá escuchar hadices de vosotros. Cuando acudan a vosotros con este propósito, tratadlos con benevolencia y narradles mis hadices.[Musnad de Ahmad, narrado por Malik ibn Anas. *****************]

Él dijo:

******************************************************

Aprended el conocimiento y enseñadlo a la gente. Aprended las obligaciones religiosas o la ley de herencia, y enseñadlas también a los demás. Aprended el Corán y enseñadlo a la gente. Porque algún día tendré que partir.[Sharif Darimi, página 40]

Una vez, el Noble Profeta (s) estaba suplicando:

******************************************************

¡Oh Allah, ten misericordia de mis califas!

Los Compañeros preguntaron.

******************************************************

Oh Mensajero, ¿quiénes son tus califas?

En respuesta, el Noble Profeta (s) dijo:

******************************************************

Quienes narran mis hadices y los enseñan a la gente son mis califas.[Mukaddama de Darimi, tomo 1, página 5.]

El Noble Profeta (s) también dijo:

******************************************************

Si a alguien se le pregunta acerca de algún asunto relacionado con la religión y lo oculta, sin revelarlo, el Día de la Resurrección se le pondrá un freno de fuego del Infierno.[Musnad de Ahmad, Abu Dawud, Tirmidhi, Ibn Mayah-************]

Además de estas declaraciones de carácter general, el Noble Profeta (s) exhortaba enérgicamente a los compañeros presentes a informar a las demás personas acerca de sus actos particulares.

El hadiz siguiente proporciona una prueba irrefutable de ello. Yasar dijo: Un día, el honorable Abdullah ibn Umar (ra) me vio rezando después de que hubiera despuntado el alba. Entonces Ibn Umar me dijo:

******************************************************

Un día estábamos rezando de esta manera. En ese momento, el Noble Profeta (s) vino a nosotros y dijo: Que quienes de vosotros estáis presentes aquí transmitan a los ausentes estas palabras mías: después del alba no está permitido realizar ninguna oración aparte de dos postraciones.[Musnad de Ahmad, tomo 2, página 104.]

Malik ibn al-Huwayris (que Allah esté complacido con él) dijo: Después de permanecer veinte días y noches en la presencia del Noble Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él), nosotros, un grupo de jóvenes de edad similar, decidimos regresar a nuestras casas. Entonces él dijo:

******************************************************

Regresad con vuestras familias, vivid con ellas, enseñadles la religión del islam y ordenadles que la practiquen debidamente. [En ese momento, el Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) mencionó varias cosas, que memoricé.] Y rezad exactamente como me habéis visto rezar. [Sahih al-Bujari, tomo 2, página 1076]

De este hadiz se sabe que los nuevos musulmanes venían desde lugares muy lejanos a la presencia del Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) con el propósito de adquirir un conocimiento detallado sobre el islam. El Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) les enseñaba los ideales islámicos y la sharía. Les exhortaba especialmente a recordar todo lo que oían y aprendían, y a que, al regresar, lo enseñaran y difundieran entre los habitantes de sus respectivas regiones.

Así, como resultado de las órdenes e instrucciones claras y fundamentales del Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él), los hadices del Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) llegaron con gran rapidez a los musulmanes que se encontraban en regiones lejanas, y casi todos los musulmanes de aquella época pudieron conocerlos mediante fuentes fiables. Este fue el método inicial y natural para preservar y difundir los hadices.

 

Revisión mutua de los hadices y enseñanza

Después de escuchar los hadices del Noble Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él), los honorables Compañeros se reunían en su tiempo libre, cuando tenían la oportunidad y según la necesidad, y se dedicaban a estudiarlos y debatirlos mutuamente. En algunas ocasiones, los Compañeros organizaban entre ellos reuniones especiales para debatir los hadices. Aunque por lo general estas reuniones se celebraban en la Mezquita del Profeta, a veces también se realizaban reuniones semejantes en las casas de los Compañeros. En estas reuniones se debatían abiertamente las palabras, los actos y las enseñanzas del Noble Mensajero. Los principales Compañeros participaban en estas reuniones. Si alguno desconocía previamente algún asunto, mediante las conversaciones de estas reuniones podía informarse plenamente sobre él de manera fiable y por fuentes dignas de confianza. Si alguien tenía alguna duda sobre un asunto, esta también desaparecía como resultado de tales debates. A continuación presentamos algunos relatos acreditados sobre este tipo de reuniones y sesiones de debate:

1. Hazrat Anas (que Allah esté complacido con él) dijo:

Escuchábamos los hadices del Mensajero (s). Cuando él se levantaba de la majlis y se marchaba, nosotros permanecíamos sentados, repitiendo entre nosotros los hadices que habíamos escuchado, estudiándolos y examinándolos. Cada uno de nosotros recitaba de memoria varios hadices. Cuando nos levantábamos de casi todas esas reuniones, cada uno de nosotros había memorizado todo.[**********]

2. Abdullah ibn Amr (r.a.) dijo:

Un día, el Noble Profeta (s) salió de una de sus habitaciones y vio en la mezquita dos reuniones. En una, las personas reunidas recitaban el Corán y se dedicaban a suplicar a Allah. En la otra, la gente estudiaba y enseñaba hadices. El Noble Profeta (s) dijo: «Los miembros de ambas reuniones están realizando una obra buena. Estos —un grupo— recitan el Corán e invocan a Allah: si Allah quiere, les concederá lo que piden, y si no quiere, no se lo concederá. Y los miembros del otro grupo estudian y enseñan el conocimiento y los hadices. ********************* Y yo he sido enviado como maestro». Abdullah ibn Amr dijo: «Después, él se sentó con ellos.[**********************]

No cabe duda de que las personas dedicadas al estudio del conocimiento religioso debatían sobre los hadices del Mensajero, sus acciones y diversos asuntos de la religión del Islam relacionados con ellos, y enseñaban todo eso a los presentes. Que durante la vida del Noble Profeta (s) se celebraban reuniones de este tipo, que el propio Mensajero (s) participaba en ellas y que alentaba especialmente a la gente a estudiar el conocimiento de los hadices queda demostrado de manera concluyente por el extenso relato mencionado anteriormente.

3. El siguiente episodio narrado por Hazrat Mu‘awiya ofrece una prueba adicional de lo dicho anteriormente. Él dijo6

******************************************************

Un día me encontraba con el Noble Profeta (s). Al entrar en la mezquita, vio a un grupo de personas sentadas. Les preguntó: «¿Por qué estáis sentados aquí?». Ellos respondieron: «Hemos realizado la oración obligatoria y después nos hemos sentado para conversar entre nosotros sobre el Libro de Allah y la sunna de Su Profeta».[Mustadrak de al-Hakim, tomo 1, página 94.]

Después de memorizar los hadices, los Compañeros prestaban especial atención a no olvidarlos. Por ello, muchos Compañeros se dedicaban espontáneamente al estudio y la recitación de los hadices. Esto queda demostrado por la siguiente declaración de Hazrat Abu Hurayra (r.a.). Él dijo:

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Divido la noche en tres partes. Una parte de la noche duermo, otra la paso en la adoración y, durante la tercera, recuerdo y memorizo los hadices del Mensajero. [Musnad de al-Darimi, *****************]

A este respecto, puede mencionarse a los «Ashab al-Suffa». En particular, los Ashab al-Suffa desempeñaron un papel sumamente importante en la historia del hadiz, como primer centro de origen y custodios del hadiz.

En general, todos los sahabas procuraban pasar más tiempo en compañía del Mensajero. Sin embargo, los «habitantes de la Suffa» permanecían día y noche, las veinticuatro horas, en la presencia del Mensajero. El patio situado frente a la Mezquita del Profeta era su lugar de residencia. No tenían hogar ni familia, ni tenían una necesidad particular de obtener ingresos. Por ello, no cabe duda de que podían pasar más tiempo en compañía del Mensajero que los demás sahabas.

Como resultado, la Mezquita del Profeta se había convertido, en la práctica, en una universidad residencial. El propio Noble Profeta era su director principal, y casi todos los sahabas eran allí estudiantes. Siguiendo las instrucciones del Mensajero, los sahabas más destacados también se encargaban de impartir enseñanzas sobre temas específicos.

No es posible determinar el número exacto de los sahabas que residían en la Suffa. Sin embargo, no cabe duda de que su número no era en absoluto insignificante. De una narración acerca de una tribu transmitida por Ibn Abd al-Barr puede formarse una idea de la magnitud de esta institución. Él escribió:

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La delegación de Tamim estaba compuesta por setenta u ochenta personas. Aceptaron el islam y permanecieron en Medina durante mucho tiempo. Durante ese período, estudiaban el Corán y la religión del islam. [**************]

En resumen, los compañeros de Aṣḥāb al-Suffa permanecían día y noche cerca del Mensajero. Escuchaban, observaban y comprendían con aguda atención y especial cautela sus palabras, sus actos, sus actividades, sus movimientos, sus inclinaciones y pensamientos, así como las palabras y acciones que él aprobaba. Se esforzaban al máximo para no ignorar ninguna palabra, ni siquiera el asunto más insignificante.

En realidad, para los compañeros, poder permanecer continuamente en presencia del Noble Mensajero era lo más importante. En este contexto, merece especial mención el caso de Ḥazrat Salit. El Noble Mensajero le había entregado un terreno para cultivarlo. Él salía para ocuparse de su cultivo y luego regresaba. Entonces escuchaba de otros compañeros que, durante su ausencia, se habían revelado determinadas aleyas del Corán y que el Noble Mensajero había dicho determinadas cosas. Esto le hacía sentir una profunda tristeza y el dolor de verse privado de aquellas enseñanzas. Fue ante el Noble Mensajero y le dijo: «¡Oh Mensajero de Allah! Devuélveme el terreno que me has entregado, pues por causa de él me veo privado de la gran dicha de permanecer en tu presencia. No lo deseo; no lo necesito en absoluto».

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Si algún compañero no podía presentarse en la presencia del Mensajero un día determinado por alguna razón especial, averiguaba todo lo ocurrido preguntándoselo a la persona que había estado allí aquel día. Ḥazrat Umar había acordado con su hermano y vecino ansarí, Ḥazrat Utban ibn Malik, que, si alguno de ellos no podía presentarse un día en presencia del Mensajero, el otro le informaría de todo lo sucedido ese día. Según las palabras de Ḥazrat Umar:

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Cuando yo acudía a la presencia del Mensajero, le comunicaba las noticias de la revelación y de otros asuntos de aquel día; y cuando él acudía, hacía lo mismo conmigo.

Ḥazrat Abdullah ibn Umar estaba especialmente interesado en aprender los hadices. Si algún día o en algún momento se ausentaba de la presencia del Profeta, preguntaba a los compañeros que habían estado presentes durante ese tiempo para enterarse de lo que el Noble Mensajero había dicho, de lo que había hecho y de las palabras y acciones que había aprobado. Si desconocía algún hadiz o cualquier otro asunto, le preguntaba personalmente al Noble Profeta y disipaba toda su ignorancia, duda o incertidumbre.

Una vez, un hombre de la tribu de Layth relató, citando a Ḥazrat Abū Saʿīd al-Judrī: «El Noble Profeta dijo:»

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No compréis ni vendáis oro a cambio de oro, excepto en cantidades iguales. Bujari Sharif, primer volumen, página 291.

Este dicho era desconocido para Hazrat Ibn Umar. Entonces se presentó inmediatamente ante Abu Saíd al-Judri y le preguntó:

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¿Es este el hadiz que usted transmite del Mensajero (s)?

Los nobles Compañeros también habían establecido centros de enseñanza semejantes en sus respectivas regiones para enseñar el Corán y los hadices. Durante la vida del Profeta noble (s), se construyeron nueve mezquitas en la ciudad de Medina. En ellas se realizaba la oración con la congregación en los cinco momentos del día, y en cada una también se habían dispuesto enseñanzas sobre el din del Islam. La delegación de la tribu de Abd al-Qays regresó a su tierra con este reconocimiento:

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Los ansar nos enseñaban el Libro de Allah y la Sunna del Mensajero.

Farham ibn Malik (que Dios esté complacido con él) llegó a Medina desde Yemen para aprender las enseñanzas del islam. El historiador Ibn Saad escribió sobre él:

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Llegó desde Yemen y aprendió el Corán, los preceptos obligatorios del islam y las disposiciones de la sharía.

En este contexto, también es digno de mención lo siguiente, transmitido por Abu Huraira. Él dijo:

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Los compañeros sabían muy bien que yo asistía regularmente a la presencia del Mensajero. Por eso, me preguntaban acerca de los hadices del Noble Mensajero y los aprendían de mí. Entre ellos destacaban Umar, Uzman, Ali, Talha y Zubair, entre otros.

Los centros de enseñanza religiosa establecidos por los compañeros en las distintas zonas de Medina generalmente impartían sus clases durante el día. Por esa razón, muchos trabajadores y personas dedicadas a diversas profesiones no tenían la oportunidad de asistir a ellos ni de adquirir conocimientos. Por ello, se vieron obligados a establecer centros de enseñanza semejantes a escuelas nocturnas. Sobre los estudiantes de estas escuelas, el imán Ahmad ibn Hanbal escribió:

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Cuando la oscuridad de la noche los cubría, iban a sus maestros que se encontraban en Medina. Allí permanecían ocupados estudiando hasta la mañana.

No hace falta decir que en estos centros se enseñaban tanto el Corán como los hadices. Precisamente por esta razón, muchos compañeros narraron los hadices a través de otros compañeros, en lugar de narrarlos directamente del Mensajero. Esto queda claramente demostrado por las siguientes palabras de Anas ibn Malik (que Allah esté complacido con él). Él dijo:

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No hemos escuchado directamente del Mensajero todos los hadices que os narramos. Más bien, nuestros compañeros se narraban los hadices unos a otros. Al-Mustadrak de al-Hakim, volumen 1, página 95.

Lo que Bara ibn Azib (que Allah esté complacido con él) dijo al hablar de la categoría de los hadices que narró también respalda esta afirmación. Él dijo:

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No hemos escuchado todos los hadices del Mensajero; nuestros compañeros también nos transmitían los hadices del Mensajero. Pues el cuidado de los camellos y nuestras ocupaciones nos impedían presentarnos ante el Mensajero. Tabaqat de Ibn Saad, volumen 4, página 283; Al-Mustadrak, volumen 1, página 95.

En la obra Al-Mustadrak, estas palabras aparecen redactadas así:

No escuchábamos todos los hadices directamente del Mensajero; más bien, nuestros compañeros nos narraban hadices. Y nosotros estábamos ocupados en montar camellos. Mustadrak al-Hakim, tomo 1, p. 96.

De este extenso análisis probatorio queda demostrado que los Compañeros que podían escuchar hadices del noble Profeta se los transmitían a los demás Compañeros; y aquellos que no tenían la oportunidad de escuchar hadices directamente del Mensajero los aprendían de otros Compañeros que los habían escuchado. De este modo, casi todos los hadices del noble Mensajero llegaron a la mayoría de los Compañeros durante su propia vida.

 

Aplicación práctica de los hadices

Los nobles Compañeros no se limitaban a memorizar los hadices recibidos del noble Profeta ni a transmitirlos y repasarlos oralmente en sus reuniones. Al mismo tiempo, se esforzaban al máximo por llevarlos a la práctica. Cuando el noble Profeta pronunciaba alguna declaración relativa al credo o de carácter puramente teórico, los nobles Compañeros la memorizaban, la fijaban firmemente en sus mentes y corazones, y formaban sus propios credos y convicciones conforme a ella. Y cuando pronunciaba alguna declaración que contenía una orden o una prohibición, ordenaba realizar una acción, prohibía realizarla o emitía algún decreto administrativo, los nobles Compañeros lo ponían inmediatamente en práctica. Hasta convertirlo en un hábito cotidiano, no escatimaban el menor esfuerzo en ejercitarlo y acostumbrarse a él. Hazrat Abdullah ibn Masud dijo:

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Cuando alguno de nosotros aprendía diez versículos, no avanzaba para aprender nada más hasta comprender bien su significado y actuar conforme a él.

Esto significa que todo cuanto los nobles Compañeros aprendían del noble Profeta, se esforzaban al máximo por ponerlo primero en práctica. Por ello, cada palabra, orden y decreto del Mensajero era ejecutado y llevado a la práctica inmediatamente por los nobles Compañeros.

Las numerosas órdenes del siguiente tipo pronunciadas por el noble Profeta también demuestran que él mismo prestaba especial atención a llevar las leyes fundamentales del islam a la vida práctica de los Compañeros. Vigilaba estrictamente si los musulmanes seguían sus instrucciones en su vida personal. Se concedía una importancia extraordinaria a las prácticas y la observancia del islam. Se tenía especial cuidado en convertir el credo y la ley islámicos en hábitos y rasgos de carácter de los musulmanes. Como ejemplo, aquí se mencionan dos de las innumerables palabras de orden del Mensajero. Él dijo:

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Rezad exactamente como me habéis visto rezar.[Sahih al-Bujari, tomo 2, página 1076.]

Acerca de la realización del hach, el Noble Profeta (s) declaró en el sermón del Hach de Despedida:

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Adoptad de mí las normas y los procedimientos para realizar el hach. [[(a). ******************* En Sahih Muslim, esta expresión aparece de la siguiente manera:

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Adoptad y conoced las normas para realizar vuestro hach.

Al explicar este hadiz, el imán al-Nawawi escribió:

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El sentido de las palabras del Mensajero es el siguiente: todo lo que hice y dije durante la realización de mi peregrinación, así como las cuestiones relacionadas con Allah que puse en práctica, constituye el ritual y la forma de la peregrinación. Para vosotros también están prescritas esas mismas normas y rituales. Por tanto, recibidlos de mí y aceptadlos. Conocedlos, memorizadlos y conservadlos; actuad conforme a ellos y enseñadlos también a los demás. El imán al-Nawawi dice: en lo referente a los rituales y las normas de la peregrinación, este es un fundamento y una fuente sumamente importantes. Es exactamente como la orden: «Orad tal como me habéis visto orar».

De estos dos mandatos se demuestra, en primer lugar, que aunque el Noble Corán contiene instrucciones claras sobre los actos de adoración, como la oración, el ayuno, la peregrinación y la zakat, no se mencionan en él sus normas y procedimientos detallados. Por tanto, estos deben recibirse del Profeta universal, portador del Corán.

En segundo lugar, para enseñar el procedimiento de cada acto, el Mensajero realizaba personalmente dicho acto y presentaba ante la gente un ejemplo práctico; él mismo mostraba, mediante su propia ejecución, cómo debía realizarse.

No solo eso: si observaba algún error o defecto en el acto de adoración de alguien, el Noble Mensajero (s) lo corregía de inmediato; señalaba el error y también insistía en que se corrigiera. Un día, estaba observando a un compañero realizar la oración en la Mezquita del Profeta. Vio que su oración no se estaba realizando correctamente. Cuando, después de terminar la oración, este se acercó al Mensajero, él le dijo:

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«Regresa y vuelve a realizar la oración, porque no has realizado la oración».

Es decir, no has realizado la oración; no la has hecho como debe hacerse. Por tanto, repite la oración. Aunque rezó tres o cuatro veces de esta manera, cuando su oración aún no se realizó correctamente, el Noble Profeta (s) le enseñó personalmente, de forma práctica y detallada, todas las normas y procedimientos de la oración. [Sahih al-Bujari, tomo 1, pág. 10.]

De este modo, los nobles Compañeros (que Allah esté complacido con ellos), permaneciendo ante el Mensajero y en su compañía, recibían formación y entrenamiento ideológico, ético y práctico del islam. En cuanto se revelaba un versículo del Corán, ellos eran los primeros en escucharlo de labios del Mensajero. Cuando el Mensajero (s) pronunciaba algo acerca de la explicación y la aplicación práctica de algún versículo del Corán, ellos eran los primeros en oírlo.

Por otro lado, los nobles Compañeros (que Allah esté complacido con ellos) observaban también con suma atención todos los actos y actividades del Mensajero, y trataban de comprenderlos con el corazón y la mente. Como prueba de ello pueden citarse los siguientes hadices:

(a) Algunas personas preguntaron a Jabbab ibn al-Aratt (que Allah esté complacido con él): «¿El Noble Mensajero recitaba el Corán durante la oración del mediodía?» Jabbab respondió: «Sí». Entonces le dijeron:

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¿Cómo podían saber, estando detrás de él, que el Mensajero recitaba el Corán durante la oración?

Él respondió:

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Podíamos saberlo y comprenderlo tan solo observando el movimiento de su barba.[Sahih al-Bujari, vol. 1, p. 105; Abu Dawud: Kitab al-Salat, vol. 1, Mustadrak al-Hakim, vol. 3, p. 579.]

(b) Hazrat Abu Sa’id al-Judri (que Allah esté complacido con él) dijo: Solíamos calcular cuánto tiempo permanecía de pie el Noble Profeta (la paz sea con él) durante las oraciones del zuhr y del asr. Observábamos que durante las dos primeras raka’at permanecía de pie el tiempo equivalente a recitar tres versículos del Corán, y durante las dos últimas permanecía de pie aproximadamente la mitad de ese tiempo.[Sahih Muslim: vol. 1, p. 185; Abu Dawud, Kitab al-Salat, vol. 1.]

Que los Compañeros honorables actuaban conforme a lo que observaban de la práctica del Mensajero queda demostrado por el siguiente hadiz:

Un hombre le dijo a Hazrat Umar (que Allah esté complacido con él): «En el Noble Corán solo encontramos mencionada la oración en estado de temor (********) y la oración mientras se permanece en la propia casa; pero no encontramos en el Noble Corán ninguna mención de la oración durante el viaje. ¿Cuál es la razón de ello?». Él respondió:

No sabíamos nada acerca de la religión. En tal situación, Allah envió a Hazrat Muhammad (la paz sea con él) como Mensajero; por eso, ahora cumplimos la religión exactamente de la manera en que lo vemos realizar las obras de la religión.[Musnad Ahmad: vol. 2, p. 65.]

Los tres hadices mencionados anteriormente demuestran claramente lo siguiente:

(a) En cuanto a las obras de la religión, los Compañeros honorables las realizaban exactamente del mismo modo en que las realizaba el propio Mensajero; imitaban fielmente tanto las palabras como las acciones del Mensajero y consideraban que, al hacerlo así, habían cumplido la religión.

(c) El Noble Mensajero (la paz sea con él) también exhortaba a los Compañeros a observar cómo realizaba cada obra de la religión y a seguirlo; y los Compañeros honorables cumplían con ello por su deber de practicar la religión. Esto se debía a que el único medio de adquirir un conocimiento detallado de la religión era aceptar y comprender las palabras del Mensajero, observar atentamente sus acciones y aprender de él de manera práctica.

En realidad, para conocer las normas y disposiciones detalladas de Islam, los Sahaba, la primera comunidad del Islam, realizaron esfuerzos e investigaciones inconmensurables. Así fue como se estableció el sistema detallado del Islam sobre la base de los principios coránicos.

Los Sahaba seguían al Mensajero con absoluta exactitud incluso en actos en los que, según la Sharía, no era estrictamente necesario imitarlo. En una ocasión, el Profeta Muhammad (s) rezó llevando únicamente una capa. Un día, el célebre Sahabi Hazrat Yabir hizo lo mismo. Al verlo, sus discípulos le preguntaron: «Aunque tiene una capa adicional, ¿por qué no la usó durante la oración?». Él respondió: «Lo hice así porque el Profeta Muhammad (s) concedió esta licencia, para que pudierais conocer este asunto».[Musnad del imán Ahmad, tomo 3, página 328.]

Hazrat Bara ibn Azib (ra) se esforzaba denodadamente por asemejarse al Mensajero en cada acto de la oración. Un día reunió a los miembros de su familia y les dijo: «Hoy os mostraré cómo el Profeta Muhammad (s) hacía la ablución y rezaba». Después hizo la ablución y realizó en congregación las oraciones del zuhr, asr, magrib e isha, ejecutando cada acto según la imitación del Profeta. También mostró cómo el Mensajero (s) hacía el rukū y el suyūd».[Musnad del imán Ahmad, tomo 4, páginas 288 y 303.]

Hazrat Anas (ra) sirvió ininterrumpidamente al Mensajero de Allah (s) durante diez años. Cada vez que veía al Mensajero (s) hacer algo, y del modo en que lo hacía, pasó toda su vida realizando exactamente ese acto de la misma manera. Al observar su forma y método de rezar, Hazrat Abu Huraira (ra) decía: «No he visto a nadie rezar de manera más conforme y semejante al Mensajero que Ibn Umm Salim (Anas)». En cierta ocasión, rezaba montado sobre un camello en un campo situado fuera de un lugar llamado Ainut-Tamar. El camello no estaba orientado hacia la qibla. Al verlo, sus compañeros se sorprendieron y le preguntaron el motivo. Él respondió: «Si no hubiera visto al Profeta Muhammad (s) rezar de esta manera, jamás habría rezado así». Otro día rezó llevando un extremo de una prenda puesto y envolviendo el otro alrededor del cuerpo. Cerca de él había una capa. Al terminar la oración, Ibrahim ibn Rabi’a (tabi’i) le preguntó la razón. Hazrat Anas (ra) respondió: «Vi al Profeta Muhammad (s) rezar exactamente de esta manera». No solo en los actos fard, sino también en los wajib y sunnah, imitaba y seguía exactamente al Profeta Muhammad. La vida noble y pura del Profeta Muhammad (s), cada uno de sus actos y cada uno de sus pasos, era para él y para cientos de miles de Sahaba como él el más luminoso faro de guía.

En realidad, fue mediante este tipo de seguimiento por parte de los Sahaba como cada palabra y acto del Mensajero, así como sus pormenores, quedaron protegidos para siempre; la sociedad formada por el Mensajero jamás pudo olvidarlos. Esta es una de las bases principales y más importantes de la conservación de los hadices del Mensajero.

 

Cumplimiento de la responsabilidad de propagar el Islam

Los Sahaba (ra) no limitaban ni guardaban exclusivamente para sí mismos todo lo que aprendían sobre el Islam del Mensajero, ni todo el tesoro de conocimiento del Corán y los hadices que adquirían; por el contrario, considerándolo un deber fundamental y moral, permanecían continuamente ocupados en difundirlo entre la gente y entre los musulmanes que se encontraban lejos de la presencia del Mensajero y de su compañía diaria. Este era uno de sus principales deberes religiosos. En realidad, Allah Ta’ala había formado a la Ummah musulmana mediante el Profeta Muhammad (s) precisamente para cumplir esta responsabilidad. Al describir las metas y objetivos individuales y colectivos de la nación musulmana, el Noble Corán proclamó con voz elevada:

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Así os he convertido en una comunidad que sigue el camino medio, para que seáis guías de la gente y el Mensajero sea vuestro guía. [Sura al-Baqara, aleya 143.]

De acuerdo con esta declaración del Corán, los honorables Compañeros, al tiempo que moldeaban sus vidas y su carácter como manifestación concreta de la verdad, consideraban también su responsabilidad y deber guiar a la gente hacia el camino verdadero e invitarla a la verdad. En este asunto no prestaban la menor atención a ningún obstáculo, sufrimiento o cansancio. Ningún golpe podía apartarlos de este camino. Además, consideraban un pecado gravísimo abandonar este mundo ocultando cualquier asunto de la religión que hubieran llegado a conocer, sin comunicarlo a los demás. Pues, debido a la siguiente declaración del Corán, sentían en este aspecto un profundo temor, preocupación y espanto. Allah ha dicho:

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A quienes oculten, después de que Yo haya revelado las disposiciones claras, enviado el mensaje de guía para la gente y explicado también su contenido en el Libro, Allah y todos los que maldicen los maldecirán. [Sura al-Baqara, aleya 159.]

Después de escuchar esta severa advertencia, ningún Compañero podía atreverse a ocultar siquiera un pequeño asunto relacionado con la religión. Cuando se preguntaba a un Compañero sobre cualquier cuestión del islam, consideraba su deber responder según su conocimiento. Pues recordaban las siguientes palabras del Noble Profeta:

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Si a alguien se le pregunta sobre un conocimiento y lo oculta, Allah le pondrá una brida de fuego el Día de la Resurrección. [Mustadrak al-Hakim, tomo 1, pág. 101.]

Por esa razón, puede afirmarse categóricamente que la sociedad islámica que el Noble Profeta había formado funcionaba en su conjunto como un mecanismo automático para difundir el Corán y los hadices. Así como la sangre, al brotar del corazón, circula y fluye por todo el cuerpo y por cada uno de sus órganos, grandes y pequeños, a través de arterias permanentes y automáticas, del mismo modo la riqueza de los hadices del islam, al brotar del Noble Profeta, llegó a los centros más remotos de la sociedad humana gracias al esfuerzo incansable y la actividad de cada musulmán.

Además de cumplir con esta responsabilidad personal de difundir el islam, durante la vida del Noble Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) también se difundieron hadices por medio de la administración oficial. Pues el Noble Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) enviaba personas y grupos a diversos lugares y países para difundir el islam. En esta sección mencionaremos algunos acontecimientos célebres.

Abu Imam al-Bahili (que Allah esté complacido con él) dijo:

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El Noble Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) me envió a mi propia tribu y a la gente de mi región con el propósito de invitarlos hacia Allah y exponer ante ellos las normas de la sharía islámica. [Al-Mustadrak de al-Hakim, tomo 3, página 641.]

Un grupo de ansar permanecía al servicio del Noble Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él). Durante el día transportaban agua, recogían leña y, tras venderla, compraban alimentos para los moradores de la Suffa. Por la noche estudiaban el Corán y los hadices. En cierta ocasión, varios hipócritas se reunieron y dijeron al Mensajero:

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Envíe con nosotros a algunas personas que nos enseñen el Corán y los hadices.

Con este propósito, el Noble Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) envió con ellos a setenta hombres de entre los mencionados anteriormente. Desgraciadamente, los hipócritas lanzaron un ataque repentino contra ellos en pleno camino y los martirizaron. [Sahih Muslim, tomo 2, página 139. ********************]

En vísperas de la Hégira, Hazrat Abu Dharr al-Gifari (ra) aceptó el islam en La Meca ante el Noble Profeta (s). El Noble Profeta (s) le dijo:

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Se me ha ordenado partir hacia la tierra de los dátiles. Considero que no puede ser otro país que Yathrib o Medina. Ahora, ¿podrías encargarte, de mi parte, de invitar al islam a la gente de tu propia tribu y de tu región?

Abu Dharr al-Gifari (ra) aceptó gustosamente esta responsabilidad y, al llegar a su tierra, comenzó a invitar a la gente al islam. Les expuso y comunicó a los miembros de su tribu y a la gente de su país lo que había aprendido acerca del islam del Noble Mensajero (s). Como resultado, muchas personas aceptaron el islam. Sahih Muslim, tomo 2, pág. 276.

Del mismo modo, Qays ibn Nashia al-Aslami (ra), después de aceptar el islam, regresó a su tierra. Dijo a la gente de su propia tribu y de su región:

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¡Oh, gente de Banu Sulaym! He escuchado la literatura de los pueblos romano y persa, la poesía de los poetas árabes, las historias de los adivinos y la poesía de Himyar. Pero nada de ello puede compararse con las palabras de Muhammad: es algo completamente singular en su orientación y estilo. Por tanto, seguid mi ejemplo en creer en Muhammad.

El Noble Profeta (s) envió a Hazrat Amr ibn Hazm (ra) a la tribu de Najrán con el propósito de que—

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Él les impartirá un conocimiento adecuado sobre la religión y les enseñará el Corán.

El Noble Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) envió a Hazrat Mu‘az ibn Yabal (que Allah esté complacido con él) a Yemen:

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como maestro de los habitantes de Yemen y Hadramaut.

Cuando las dos tribus llamadas Karba y Adl abrazaron el islam en el tercer año de la Hégira, el Noble Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) envió seis maestros para instruirlas:

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El Noble Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) envió seis maestros a las tribus de Adl y Karra para impartirles conocimientos básicos sobre la religión del islam y enseñarles el Corán y las normas de la sharía islámica. Ellos fueron: Marsad ibn Abi Marsad, Asim ibn Zabit, Habib ibn Adi, Jálid ibn al-Bukayr, Zayd ibn Dasna y Abdullah ibn Tariq (que Allah esté complacido con él).

Después de la conquista de La Meca, todo el mundo árabe se preparó para aceptar el islam. Entonces la gente comenzó a enviar a los jefes de sus respectivas tribus ante el Noble Profeta (s). Estos aceptaban el islam, regresaban junto a la gente de sus propias tribus y regiones, los invitaban al islam y difundían el conocimiento islámico, el Corán y los hadices.

Además, el Noble Profeta (s) envió a numerosos compañeros, individualmente o en grupos, a diversas regiones de Arabia con el propósito de predicar el islam. Por medio de ellos se difundieron ampliamente tanto el Sagrado Corán como los hadices del Mensajero, que constituían su exégesis.

Los compañeros a quienes el Noble Profeta (s) nombró gobernadores y envió a las distintas provincias del Estado islámico adoptaron, junto con el Corán, los hadices como uno de los fundamentos para ejercer el gobierno. En este contexto, es especialmente memorable la conversación que tuvo el Noble Mensajero (s) con Mu‘adh ibn Yabal —que Allah esté complacido con él— cuando lo nombró gobernador del Yemen y lo envió allí. El Noble Profeta (s) preguntó: «¿En qué basarás tu administración?». Mu‘adh respondió: «En el Corán». Preguntó: «¿Y qué harás si no encuentras en el Corán nada acerca del asunto en cuestión?». Mu‘adh respondió:

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«Actuaré basándome en la Sunna del Mensajero».

Al final de esta conversación, el Noble Mensajero (s), sumamente complacido, dio gracias a Allah y, poniendo su mano sobre el pecho de Mu‘adh, dijo:

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«Alabado sea Aquel que concedió a la persona enviada por el Mensajero de Allah la capacidad de determinar las acciones y los principios que complacen al Mensajero de Allah».

A este respecto, lo último que cabe decir es que, prácticamente en todo el Estado islámico, los hadices llegaron durante la vida del Mensajero gracias a los esfuerzos y cuidados de las personas enviadas por él. En todas partes comenzó su estudio y transmisión. Como resultado, los musulmanes que se encontraban en regiones lejanas pudieron familiarizarse plenamente con los hadices del Mensajero, junto con el Corán.

 

La transmisión y enseñanza de los hadices por los Compañeros

En el cumplimiento de la responsabilidad de propagar el islam, los Compañeros transmitieron el Corán y también los hadices en distintos países. En esta etapa, presentaremos un análisis detallado de los esfuerzos especiales de los Compañeros relacionados con la transmisión de los hadices.

Pero, antes de avanzar, es necesario presentar aquí una breve discusión fundamental sobre qué se entiende por «sahabí», quién es un sahabí y quién no lo es.

La opinión de destacados expertos en hadices, como el imán al-Bujari y Ahmad ibn Hanbal, es la siguiente:

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Sahabí es quien vio al Mensajero, poseía capacidad de discernimiento, creía en él y murió siendo musulmán. Ya hubiese sido prolongado o breve su encuentro y convivencia con el Mensajero, ya hubiese narrado hadices de él o no, ya hubiese combatido junto a él o no, sería considerado un sahabí.

El imán al-Bujari escribió en su Sahih:

Todo musulmán que haya tenido contacto con el Mensajero o que lo haya visto es un compañero del Mensajero.

Abul Muzaffar as-Sam‘ani dijo:

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Los eruditos del hadiz llaman sahaba a todas aquellas personas que narraron del Mensajero aunque fuera un solo hadiz o una sola palabra.

Allah mismo ha elogiado y presentado a los sahaba en diversos lugares del Corán. En un lugar se ha dicho con un lenguaje relativamente detallado y sumamente enfático:

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Muhammad es el Mensajero de Allah, y quienes están con él (los sahaba) son sumamente severos con los infieles y misericordiosos entre sí. Los verás siempre inclinándose y postrándose, humildes y sumisos ante Allah. Siempre desean obtener el favor y la complacencia de Allah. En sus frentes están marcadas las huellas de la postración. (Sura al-Fath, aleya 29.)

En otro lugar se ha dicho:

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Allah quedó muy complacido con estos creyentes (los Compañeros) cuando, sentados bajo el árbol, te juraban fidelidad (¡oh, Profeta!). Entonces Allah Todopoderoso conoció lo que había en sus corazones.[Ibíd., aleya 18.]

En los hadices auténticos también se han transmitido muchas palabras importantes del Mensajero acerca de las virtudes de los Compañeros.

En un hadiz, el Mensajero (s) dijo:

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No insultéis a mis Compañeros. Pues, por Aquel en cuya mano está mi alma, aunque alguno de vosotros diese en caridad oro equivalente al monte Uhud, no podría alcanzar ni siquiera la dignidad de uno de los Compañeros, ni la mitad de ella.[Muslim, tomo 2, página 310; Bujari, tomo 1, página 518.]

En verdad, gracias a los esfuerzos y sacrificios de estos Compañeros, realizados con toda su alma, y a su ilimitada e incomparable abnegación, por un lado se propagó el islam y, por otro, la sociedad y el Estado islámicos establecidos por el Mensajero de Allah (s) quedaron igualmente protegidos por completo. Los Compañeros recibieron del Mensajero el conocimiento del Corán y los hadices y, al mismo tiempo, hicieron posible que sus corrientes vivificadoras fluyeran por todos los rincones del mundo, haciendo eternamente afortunada a la humanidad.

Por tanto, no cabe la menor duda de que los Compañeros permanecerán eternamente memorables en la historia del mundo musulmán por haber sido los primeros receptores, transmisores y propagadores de los hadices.

En efecto, al recibir las instrucciones del Noble Mensajero (s.) sobre el aprendizaje, la conservación y la memorización de los hadices, así como sobre su difusión y enseñanza, los Compañeros no pudieron permanecer inactivos. Por el contrario, no solo concedieron a los hadices la importancia debida, sino que también los estudiaron y memorizaron personalmente y se esforzaron al máximo por transmitirlos incluso a quienes no los conocían, instruyéndolos plenamente en su aprendizaje. Tanto durante la vida del Noble Profeta (s.) como después de su fallecimiento, no mostraron la menor negligencia en la difusión y enseñanza de los hadices junto con el Noble Corán. Después del fallecimiento del Profeta, se dispersaron por todas las regiones del Estado islámico y por muchos países no musulmanes lejanos, y cada uno se dedicó, en su propio lugar y entorno, a difundir los hadices y el conocimiento islámico. A continuación presentamos relatos históricos y documentados sobre la difusión y enseñanza de los hadices por parte de varios Compañeros eminentes:

1. Hazrat Abū Idrīs al-Jawlānī (r.a.) dijo: «Asistí a una reunión celebrada en la mezquita de Hims. Había presentes treinta y dos Compañeros. Allí se estudiaban y enseñaban los hadices colectivamente. Cuando un Compañero terminaba de narrar un hadiz, otro comenzaba a narrar después de él».[Musnad de Ahmad, tomo 5, pág. 328.]

2. Nasr ibn ʿĀsim al-Laythī dijo: «Vi una gran reunión en la mezquita principal de Kufa. Todas las personas, silenciosas e inmóviles, miraban fijamente a un hombre con profunda atención, intensa expectación y la mirada absorta. Al preguntar, descubrí que era el famoso Compañero Hazrat Hudhayfa ibn al-Yamān (r.a.), quien estaba enseñando hadices».[Musnad de Ahmad, tomo 5, pág. 386.]

3. La Madre de los Creyentes, Hazrat ʿĀʾisha (r.a.), se dedicaba en Medina a la enseñanza de los hadices. Más de doscientas personas estudiaban simultáneamente con ella, de las cuales treinta y ocho eran mujeres. Compañeros respetados como Hazrat Abū Mūsā al-Ashʿarī, ʿAbdullāh ibn ʿAbbās y ʿAmr ibn al-ʿĀs asistían regularmente a sus reuniones de enseñanza de hadices.[Tadhkirat al-Huffāẓ de al-Dhahabī, sección sobre Hazrat Abū al-Dardā.]

4. En la ciudad de Kufa, Hazrat ʿAbdullāh ibn Masʿūd (r.a.) impartía regularmente lecciones de hadices. En sus lecciones se reunían no menos de cuatro mil estudiantes y oyentes.[Véase la obra Asrār al-Anwār.]

5. Hazrat Abū al-Dardā (r.a.) [el nombre de este Compañero era ʿUwaymir ibn Zayd, pág. 32] vivía en Damasco. Cuando acudía a la mezquita para impartir una lección de hadices, se congregaba ante él una multitud tan enorme de oyentes que, entre ellos, parecía estar sentado como un emperador.[Tadhkirat al-Huffāẓ, sección sobre Abū al-Dardā.]

En el libro Tadhkirat al-Huffāẓ se menciona que al menos mil seiscientos estudiantes asistían regularmente a las reuniones de enseñanza de Hazrat Abū al-Dardā.»

6. Hazrat ʿAbdullāh ibn ʿUmar (r.a.) había adquirido un océano de conocimiento de los hadices; pero no lo mantuvo limitado a sí mismo, sino que con él saciaba la sed de conocimiento de cientos de miles de musulmanes. Así, por medio de él se logró una amplia difusión de los hadices. Vivió más de sesenta años después del fallecimiento del Noble Profeta (s.) (f. 74 H.). Durante esa larga vida, su principal ocupación fue enseñar y difundir los hadices. [*****************] Por esta razón, ni siquiera aceptó un empleo, pues ello habría interrumpido y obstaculizado esta noble labor.

Él celebraba permanentemente reuniones de estudio de hadices en Medina. Especialmente durante el Hayy, cuando un gran número de musulmanes se congregaba en Medina, les presentaba hadices. Como resultado, los hadices del Mensajero llegaban con suma facilidad hasta los lugares más remotos del mundo musulmán. [Usd al-Gabah, tomo 3, página 228.] Además, difundía los hadices visitando también las casas de la gente. Durante el gobierno de Yazid ibn Muawiya, se presentó en la casa de Abd Allah ibn Mutí. Cuando le dijeron que prepararan para él una alfombra y un lecho, el venerable Abd Allah ibn Umar (que Allah esté complacido con él) dijo:

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No he venido a sentarme en tu casa; he venido únicamente con el propósito de transmitirte un hadiz. Yo había escuchado este hadiz del noble Profeta (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él).

Después dijo: «Escuché al noble Profeta (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) decir:

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Quien se abstenga de obedecer al emir, es decir, al gobernante del Estado islámico, comparecerá el Día de la Resurrección ante Allah sin tener ninguna justificación que ofrecer. Y quien muera sin haber prestado juramento de fidelidad al emir, morirá con la muerte de la yahiliya. [Sahih Muslim, tomo 2, pág. 128; Musnad Ahmad, tomo 2, pág. 154.]

7. El venerable Abd Allah ibn Umar (que Allah esté complacido con él) difundía hadices en toda ocasión y enseñaba hadices a la gente. Alí ibn Abd al-Rahman dijo: Abd Allah ibn Umar (que Allah esté complacido con él) me vio jugar con piedrecillas durante la oración. Cuando terminé la oración, me prohibió hacerlo y dijo:

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Reza del mismo modo en que rezaba el Mensajero (s), con la misma excelencia.

Cuando le preguntaron cómo rezaba el Mensajero (s), respondió:

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Cuando el Mensajero (s) se sentaba durante la oración, colocaba la mano derecha sobre el muslo derecho, cerraba todos los dedos y hacía una señal con el dedo contiguo al pulgar. Asimismo, colocaba la mano izquierda sobre el muslo izquierdo. Muwatta del Imam Muhammad, p. 53 (con traducción).

Cuando los Compañeros pasaban muchos días sin narrar un hadiz en particular, temían que, si no lo narraban y lo mantenían oculto, cometerían un pecado. Por ello, ya no podían mantenerlo oculto y entonces lo narraban a la gente. El siguiente relato acerca de Uthman (ra) ofrece un ejemplo elocuente de ello:

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Cuando Uthman (ra) realizó la ablución, dijo: «Ciertamente os narraré un hadiz. Sin embargo, si no hubiera un versículo, jamás os lo habría contado. Escuché decir al Noble Profeta (s): “Si una persona realiza la ablución, la completa perfectamente y ofrece la oración, todos los pecados que haya entre él y la oración le serán perdonados, mientras continúe completando la oración”. El narrador del hadiz responde: “El versículo es este: ‘Ciertamente, quienes ocultan lo que Yo he revelado…’”. Sahih al-Bujari, vol. 1, p. 28.

El hecho de que Uthman (ra) presentara el versículo citado como prueba de que ocultar un hadiz constituye un pecado demuestra que consideraba esos hadices palabras reveladas por Allah. De otro modo, no tendría ningún sentido presentar este versículo como argumento, narrar el hadiz que no había narrado durante muchos días por temor al pecado y al castigo mencionados en el versículo, y decir: «Si no hubiera este versículo, jamás habría narrado este hadiz».

Incluso mientras yacían en su lecho de muerte, los nobles Compañeros (ra) narraban, cuando era necesario, los hadices del Mensajero (s). Hasan Basri dijo: Hazrat Mambkal yacía en su lecho de muerte cuando Ubaydullah ibn Ziyad se presentó allí. En ese momento, Hazrat Mambkal dijo:

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Te narraré un hadiz que escuché del Mensajero (s). Él dijo: «A quien Allah confíe la responsabilidad de gobernar a la gente, si no la protege aconsejándola sinceramente y procurando su bienestar, no percibirá ni siquiera el aroma del Paraíso». [Sahih al-Bujari, tomo 2, pág. 1058.]

Hazrat Abu Ayyub Ansari (ra), mientras yacía en su lecho de muerte, temblaba por el sentido de responsabilidad de transmitir los hadices. Poco antes de morir, narró dos hadices que nunca antes había narrado. Después de su fallecimiento, ambos hadices fueron transmitidos a la población musulmana mediante un anuncio público. [Musnad Ahmad, tomo 5, pág. 414.]

Ibn Abi Shaybah también citó un incidente de este tipo relacionado con Hazrat Abu Huraira (ra). Se hallaba postrado por una enfermedad; entonces dijo a los presentes:

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Ayudadme a levantarme y sentarme, pues conservo junto a mí un depósito confiado por el Noble Mensajero (s), y quiero transmitíroslo.

Después de ayudarle a sentarse, narró:

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Ninguno de vosotros debe mirar de un lado a otro durante su oración. Si alguien lo hace, que sea en una oración distinta de la obligatoria.[Tafsir Ruh al-Maʻani, tomo 18, página 3.]

Abu al-Aliya, el tabi‘í, dijo:

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En la ciudad de Basora escuchábamos de la gente los hadices narrados por los compañeros del Mensajero (s), pero no podíamos sentirnos satisfechos ni plenamente conformes con ello hasta que viajábamos a Medina y los escuchábamos directamente de sus propias bocas.[Musnad de Darimi, página 74.]

En efecto, innumerables musulmanes acudían desde los distintos centros del mundo islámico a los nobles compañeros para aprender las ciencias islámicas, los hadices y el Corán. Ellos los recibían con honor y entusiasmo y les enseñaban hadices. En particular, está demostrado por fuentes fiables que en las reuniones de Abu Huraira (ra) y Abu Sa‘id al-Judri (ra) se congregaban multitudes de estudiantes de hadiz. Cuando se les formulaba alguna pregunta, se tardaba bastante en obtener su respuesta.[Musnad del imán Ahmad, tomo 3, página 92; Tirmidhi, capítulo sobre el conocimiento.]

Hazrat Ibn Abbas (ra) envió a su hijo Ali y a su esclavo Ikrima a escuchar hadices de Hazrat Abu Sa‘id al-Judri. Cuando llegaron, él se encontraba en el jardín. Al verlos, se acercó a ellos, se sentó y les narró hadices.[La misma fuente.]

8. Hazrat Anas ibn Malik (ra) se consagró a la difusión de la ciencia del hadiz. Pasó toda su vida dedicado a la enseñanza de los hadices. Mientras los demás compañeros del Noble Mensajero (s) se encontraban ocupados en diversas guerras, él estaba profundamente dedicado a difundir y enseñar los hadices del Mensajero (s) en la mezquita congregacional de Basora. A sus reuniones de narración de hadices acudían grandes cantidades de personas procedentes de La Meca, Medina, Basora, Kufa y Siria. Fue uno de los compañeros que narraron un gran número de hadices. Ochenta de los hadices narrados por él aparecen en el Sahih de Bujari, setenta en el Sahih de Muslim y ciento veintiocho en ambas obras, la de Bujari y la de Muslim.

9. Hazrat Ubayy ibn Ka’b (r.a.) poseía un conocimiento especializado de los hadices. Al-Dhahabí escribió:

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Hazrat Ubayy era uno de aquellos que habían escuchado numerosos hadices del Noble Profeta (s.a.s.). Muchos de los Compañeros que transmitieron hadices fueron primero discípulos suyos.[Tadhkirat al-Huffaz, sección sobre Ubayy.]

10. Cuando Amr ibn Sa’id, gobernador de Medina, estaba enviando tropas a La Meca contra Hazrat Abd Allah ibn al-Zubayr, Hazrat Abu Shurayh (r.a.) le dijo:

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«¡Oh, emir! Permíteme que te relate un hadiz del Mensajero (s.a.s.), que él pronunció de pie al día siguiente de la conquista de La Meca: mis dos oídos lo escucharon, mi corazón lo conservó y lo memorizó, y mis dos ojos lo veían mientras hablaba. Después le relató un hadiz que incluía lo referente a que La Meca es un santuario y otros asuntos.[Bujari Sharif, tomo 1, pág. 21.]»

De las palabras de Hazrat Abu Shurayh se sabe, en primer lugar, que había memorizado y conservado plenamente el hadiz; y, en segundo lugar, que siempre estaba preparado para cumplir con la responsabilidad de transmitirlo.

Hazrat Jabir ibn Abd Allah (r.a.) también impartía regularmente lecciones de hadiz sentado en la Mezquita del Profeta. El erudito al-Suyuti dijo:

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En la propia Mezquita del Profeta, el honorable Yabir ibn Abd Allah tenía un centro de enseñanza. Allí la gente se reunía y aprendía hadices de él.

Los honorables Compañeros (que Allah esté complacido con ellos) no se limitaban a enseñar oralmente los hadices a la gente; por el contrario, se esforzaban sinceramente y prestaban especial atención para que la gente memorizara los hadices y pudiera imprimirlos y conservarlos para siempre en su memoria. Ya se ha mencionado anteriormente el esfuerzo personal de los Compañeros por memorizar los hadices. Aquí intentaremos mostrar que los Compañeros se esforzaban especialmente en hacer memorizar los hadices a quienes acudían a ellos para aprenderlos.

En esta primera época del islam, así como los musulmanes enviaban a sus hijos pequeños a instituciones educativas especiales para que memorizaran el Corán, también enviaban a sus descendientes a los centros de enseñanza de hadices. Además, exhortaban encarecidamente a la gente a memorizar los hadices y, con ese fin, le daban consejos de diversas maneras.

El tabií llamado Abu Nadra le dijo al honorable Abu Saíd al-Judrí (que Allah esté complacido con él):

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¿No deberíamos escribir lo que escuchamos de usted?

Él respondió:

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Vuestro noble Profeta (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) nos narraba hadices; nosotros los memorizábamos y los conservábamos en la memoria. Por tanto, memorizad también vosotros los hadices como nosotros.

Los Compañeros no escatimaban el menor esfuerzo en practicar constantemente los hadices y en animar a ello. Al relatar cómo Hazrat Ibn Abbas (que Allah esté complacido con él), maestro de hadiz de Ikrimah y una autoridad en la ciencia del hadiz durante la época de los tabi‘in, le enseñó hadices, él dijo:

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Ibn Abbas me ponía grilletes en los pies para enseñarme el Corán y los hadices.

Hazrat Ali (que Allah esté complacido con él) dijo:

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Practicad mucho los hadices; de lo contrario, este conocimiento vuestro —el conocimiento de los hadices— desaparecerá.

El compañero Abd Allah ibn Mas‘ud (que Allah esté complacido con él) decía: «Repasad y estudiad mutuamente los hadices, pues solo mediante el estudio y la revisión es posible conservarlos.»

El compañero Abu Sa‘id al-Judri (que Allah esté complacido con él) decía:

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Estudiad y recordad constantemente los hadices.

El tabi‘í Abd al-Rahman ibn Abi Layla también solía decirles a menudo a sus alumnos de hadiz:

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El conocimiento de los hadices adquirido solo puede mantenerse vivo y conservarse mediante su estudio, recuerdo y recitación repetidos. Por tanto, continuad todos estudiando, recordando y recitando los hadices.

En otra narración, estas palabras se expresan de la siguiente manera:

Repasad y practicad mutuamente los hadices, pues solo mediante tal repaso y práctica los hadices permanecerán vivos. [Sunan al-Darimi, página 78.]

A este respecto, las siguientes palabras de Hazrat Ibn Abbas (ra) son aún más esclarecedoras. Dirigiéndose a sus discípulos, decía:

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Reuníos y estudiad mutuamente estos hadices. Así no desaparecerán de vosotros. Pues estos hadices no están tan organizados, recopilados y preservados como el Sagrado Corán. Por ello, si no los estudiáis ampliamente, desaparecerán de vosotros. [Sunan al-Darimi, página 77.]

También son dignas de mención en este contexto las siguientes palabras de Hazrat Ibn Abbas. Decía:

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Cuando escuchéis un hadiz de nosotros, estudiadlo mutuamente. [Sunan al-Darimi, página 78.]

Hazrat Ibn Umar (ra) exhortaba a sus discípulos diciéndoles:

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Cuando alguno de vosotros tenga la intención de narrar un hadiz a otra persona, debe recitarlo tres veces. [Sunan al-Darimi, pág. 78.]

De la exposición detallada anterior se demuestra que, así como los nobles Compañeros (que Dios esté complacido con ellos) se esforzaban por memorizar los hadices y difundirlos ampliamente, del mismo modo exhortaban encarecidamente a quienes, en la época de los tabi‘in, aprendían hadices de ellos, a memorizarlos, estudiarlos y enseñarlos a las generaciones posteriores.

 

Precaución al narrar hadices

El Noble Profeta (s.) dio instrucciones claras para difundir sus hadices y narrarlos a otras personas. Sin embargo, no hizo que esta difusión y narración fueran irrestrictas, independientes e incondicionales. Por el contrario, insistió con palabras sumamente severas en que se observara una especial cautela al narrar y difundir hadices, y prohibió enérgicamente narrar y difundir en su nombre cualquier palabra falsa, inventada o incompleta. A continuación se mencionan algunas palabras del Noble Mensajero (s.) sobre este asunto.

Hazrat Anas ibn Malik (que Dios esté complacido con él) dijo:

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El Noble Profeta (s.) dijo:

Quien diga deliberadamente una mentira acerca de mí, que busque su morada en el Infierno.

Abū Huraira (ra) dice:

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Quien diga deliberadamente una mentira acerca de mí, que haga del Infierno su morada.

Al-Mughīra ibn Shuʿba dice:

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Oí decir al Mensajero (s): «Decir cualquier mentira acerca de mí no es igual que decir una mentira acerca de cualquier otra persona. Por tanto, quien diga deliberadamente una mentira acerca de mí, que busque su morada en el Infierno».[Todos estos hadices fueron tomados de Sahih Muslim **************************** tomo 1, página 7.]

Aunque presentan ligeras diferencias de expresión y fueron narrados por distintos compañeros, el tema fundamental de estos tres hadices es el mismo: decir cualquier mentira acerca del Mensajero (s) o atribuirle algo, o presentar como palabras del Mensajero algo inventado por uno mismo, es un pecado gravísimo. El Noble Profeta (s) pronunció una severa prohibición contra semejante acto. Del hadiz narrado por al-Mughīra (ra) se sabe que mentir acerca del Mensajero (s) no equivale a mentir acerca de cualquier otra persona. Esto se debe a que el Mensajero y sus palabras son, inmediatamente después de Allah y de la palabra de Allah, la autoridad y la fuente del conocimiento de la ley islámica. Por consiguiente, si aquí se infiltra cualquier mentira, los fundamentos de toda la ley islámica se debilitan y se vuelven poco fiables. Y si los fundamentos de la ley islámica se debilitan, ya no queda abierto ningún camino para la salvación de la humanidad. En la obra Irshād al-Sārī, comentario de Sahih al-Bujari, se dice lo siguiente acerca de este hadiz:

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Este hadiz es definitivo e innegable en cuanto a su autenticidad y a la indiscutible solidez de su cadena de transmisión. Una gran asamblea de muhaddizun ha denominado este hadiz «mutawatir».[*****************]

El padre del Imán de los Dos Santuarios, el shayj Abu Muhammad al-Yuwayni, dijo:

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Quien mienta deliberadamente acerca del Noble Profeta se convertirá en un incrédulo.[Ibíd.]

En efecto, debido a estas severas advertencias del Noble Mensajero acerca de la narración de hadices, los nobles compañeros temían enormemente decir cualquier cosa acerca del Mensajero; cuando lo hacían, adoptaban una extrema cautela y precaución, y cada uno volvía a escuchar de otro compañero lo que sabía y había oído muchas veces, para verificar su veracidad y exactitud. Si había algún error, no dejaban de corregirlo inmediatamente, sin la menor negligencia. Precisamente por temor a que se llegara a decir alguna falsedad acerca del Mensajero, muchos compañeros no se atrevían a narrar hadices. Y cuando los narraban, temblaban de miedo. Pronunciaban cada hadiz y cada palabra de los hadices con un profundo sentido de responsabilidad y conciencia.

Por esta razón, los nobles compañeros y los tabi‘un nunca aceptaban un hadiz si no estaba respaldado por pruebas fiables e irrefutables y si la continuidad de la cadena de transmisión no se mantenía intacta e ininterrumpida. Entre los recopiladores de hadices de épocas posteriores, el siguiente principio llegó a ser aceptado por todos:

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Si se demuestra que alguien ha mentido deliberadamente aunque sea una sola vez acerca del Mensajero, será declarado fasق; todos los hadices transmitidos por él serán rechazados y ninguno de ellos podrá aceptarse como prueba de la sharía.

Después de esta exposición normativa sobre la cautela al transmitir hadices, es necesario arrojar luz sobre este tema mencionando algunos acontecimientos reales de la vida de los nobles compañeros. Aquí mencionaremos algunos acontecimientos relacionados con varios compañeros.

1. Hazrat Zubair (ra) no transmitía hadices en absoluto. Un día, Hazrat Abdullah (ra) le preguntó: «¿Por qué no transmites hadices como los demás compañeros?». Él respondió: «Aunque tenía una relación especial con el Mensajero, escuché de él que dijo: “Quien mienta acerca de mí, que se prepare un lugar en el Infierno”. Por este temor no transmito hadices».

2. Muchos compañeros no pronunciaban durante muchos años seguidos la frase «El Mensajero (s) dijo». El imam Sha‘bi dijo: «Permanecí un año junto a Hazrat Abdullah ibn Umar, pero durante ese tiempo no transmitió ningún hadiz». Hazrat Sa’ir ibn Yazid (ra) dijo: «Permanecí durante mucho tiempo en compañía de Hazrat Talha ibn Abdullah, Hazrat Sa‘d, Hazrat Miqdad y Abd al-Rahman ibn Awf (ra), pero no vi a ninguno de ellos transmitir un solo hadiz. Sin embargo, Hazrat Talha transmitía hadices únicamente sobre el día de la batalla de Uhud».

3. Hazrat Sa’ir ibn Yazid (ra) dijo: «Viajé junto con Hazrat Sa‘d ibn Malik (ra) desde Medina hasta La Meca, pero durante todo ese largo trayecto no escuché un solo hadiz de sus labios».

4. Muchas personas deseaban escuchar hadices de los nobles compañeros, pero a menudo estos se negaban a transmitirlos. En cierta ocasión, algunas personas dijeron a Hazrat Zayd ibn Arqam (ra): «Transmítenos hadices; transmítenoslos para que podamos escucharlos». Él respondió: «Nos hemos hecho viejos y hemos olvidado; transmitir hadices es una tarea sumamente difícil».

5. En cierta ocasión pidieron a Hazrat Anas ibn Malik (ra) que transmitiera un hadiz, pero él se limitó a responder: «Insha Allah».

Es decir, quería eludir la responsabilidad de transmitir hadices. (Esta era también la costumbre de muchos compañeros.) Él mismo dijo:

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El dicho del Mensajero: «Quien pretenda mentir acerca de mí, que se prepare un lugar en el Infierno» me impide narraros muchos hadices. [Bujari Sharif, tomo 1, página 21.]

Esto no significa que nunca narrara hadices. Sí los narraba, pero en este asunto actuaba con la máxima cautela. [****************] Se ha dicho acerca de él:

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Cuando Hazrat Anas (r.a.) exponía un hadiz, se sentía sumamente temeroso y angustiado; su corazón temblaba. Por ello, después de narrar un hadiz, decía: «El Noble Mensajero (s.a.w.) dijo esto, o exactamente como él lo dijo». [Musnad del imán Ahmad, tomo 5, página 140.]

Hazrat Anas (r.a.) no narraba en absoluto aquellos hadices cuya interpretación pudiera dar lugar a un error. Además, hacía distinciones incluso entre los hadices que había escuchado directamente del Mensajero. [Musnad del imán Ahmad, tomo 5, página 140.]

6. Hazrat Ubay ibn Ka’b (r.a.) narraba hadices, pero en esta tarea actuaba con una cautela ilimitada. Aunque era muy querido por el Mensajero y pasó la mayor parte de su vida en compañía de este, aun así no narró muchos hadices del Mensajero. El número de hadices que narró fue solamente de 64. [****************]

7. A pesar de que Hazrat Abdullah ibn Umar (r.a.) poseía una gran competencia en la ciencia del hadiz, se ha transmitido de él: En la comunidad de los Compañeros, nadie era más cauteloso que Hazrat Ibn Umar (r.a.) al narrar hadices. Temía incluso narrarlos añadiendo o quitando algo. [Tadhkirat al-Huffaz, tomo 1, página 34.]

Abu Ya‘far, el tabi‘í, también hizo eco de estas palabras.[Mustadrak al-Hakim, tomo 3, pág. 561.]

Sa‘id dijo, citando las palabras de su padre: «No he visto a nadie más cauteloso que Ibn Umar en lo relativo a narrar hadices».[*********************]

En realidad, precisamente por adoptar esta cautela, generalmente no estaba dispuesto a narrar hadices.[***************]

8. Hazrat Abdullah ibn al-Zubayr (ra) también narraba muy pocos hadices y rara vez lo hacía. Había adoptado esta norma teniendo presente el hadiz relativo a mentir acerca del Mensajero (s). En cierta ocasión, algunas personas le dijeron: «Vemos que narras muy pocos hadices, mientras que tal y tal compañero y Hazrat Ibn Mas‘ud (ra) narran un número considerable de hadices. En otras palabras, pese a tu distinguida posición por haber estado cerca del Mensajero, ¿por qué estás tan rezagado en la narración de hadices?». En respuesta, dijo:

******************************************************

«Escucha: después de aceptar el islam, nunca permanecí apartado del Mensajero (s). Pero le oí decir: “Quien diga una mentira acerca de mí, que haga del Infierno su morada”.[Musnad del imam Abu Hanifa (traducción al urdu), pág. 73; Sahih al-Bujari, tomo 1, pág. 21. En la narración de Bujari no se menciona el nombre de Abdullah ibn Mas‘ud; sin embargo, sí aparece en la narración de Ibn Majah.(****************) Y en la narración de Isma‘ili se menciona la frase ********** “desde que acepté el islam”, que no aparece en Bujari.]»

En realidad, este temor era la única razón por la que narraba un número reducido de hadices.

 

La escritura de hadices

La exposición detallada del método natural de conservación de los hadices ya presentada anteriormente no fue el único medio fundamental para preservarlos. Más bien, los hadices fueron conservados mediante un método aún más firme y fiable. Este método de conservación de los hadices es su transcripción por escrito.

En la mente de muchas personas se encuentra arraigada una idea equivocada muy extendida acerca de los hadices. Los enemigos de los hadices suelen presentar esta idea como argumento para demostrar su falta de autenticidad y de fundamento original. Dicen que los hadices no fueron escritos durante la vida del Profeta, sino un siglo después de su fallecimiento. Por tanto, según ellos, los hadices no son dignos de confianza.

Sin embargo, al examinar con atención la historia de la conservación de los hadices, queda demostrado sin lugar a dudas que esta idea no es en absoluto cierta; no es más que propaganda maliciosa y una falsedad difundida por sus enemigos. La historia protesta enérgicamente contra ella. En realidad, un asunto tan importante como la conservación de los hadices no pudo quedar tan carente de fundamento y sin pruebas. En su debido momento se adoptaron todas las medidas posibles necesarias para preservarlos. Así como fueron memorizados y recordados, también fueron estudiados de diversas maneras; del mismo modo, en el momento oportuno y en medida suficiente, se empleó y aplicó la escritura para su conservación. Y, sobre todo, no se dependió exclusivamente de ninguno de estos métodos ni, por confiar en uno de ellos, se mostró la menor negligencia hacia los demás. Por el contrario, todos estos métodos fueron aplicados simultáneamente, o casi al mismo tiempo, conforme a una secuencia ordenada. Esto se hará evidente a los lectores a partir de la exposición que ahora presentamos sobre la escritura de los hadices.

Como ya he mencionado, en los primeros tiempos de la profecía, cuando estaba siendo revelado el Noble Corán, el Mensajero de Allah ya había designado a numerosos «escribas de la revelación» para que lo registraran y conservaran debidamente. [************ Según un relato, el número de escribas de la revelación era de al menos cuarenta. **********] Cada vez que le era revelada una aleya o una sura al Honorable Profeta, por un lado la recitaba de memoria ante la comunidad musulmana reunida, como si pronunciara un discurso; y, por otro, hacía que los mencionados escribas de la revelación la escribieran correctamente. Este era el sistema «oficial» establecido por iniciativa del Mensajero de Allah. Gracias a él, hasta el final de la vida del Mensajero, el Noble Corán pudo alcanzar una forma completamente escrita y preservada.

Pero en aquel tiempo no eran únicamente aquellos escribas de la revelación, cuyo número estaba determinado, quienes escribían la revelación o el Corán, ni los demás compañeros dejaban de escribirlo. Al contrario, además de los escribas designados por el Mensajero de Allah, muchos otros compañeros, estando presentes en su presencia, escribían por iniciativa propia las aleyas del Corán y las conservaban.

Lo mismo observamos en relación con la escritura de los hadices del Mensajero de Allah. Algunos compañeros comenzaron a escribirlos con el permiso del Mensajero, y muchas otras personas comenzaron a registrarlos por iniciativa propia. Sin embargo, en la primera etapa surgió una dificultad. Muchos compañeros empezaron a escribir juntos y en un mismo lugar todo cuanto oían del Mensajero, ya fueran las palabras de Allah o las palabras propias del Mensajero. Como consecuencia, surgió el grave temor de que el Corán y los hadices se mezclaran y de que resultara difícil distinguirlos entre sí. Es fácil comprender cuán terribles habrían sido sus consecuencias. El Noble Profeta no podía aprobarlo de ningún modo. Al ver lo que habían escrito tales escribas, manifestó una intensa desaprobación. A este respecto, en un hadiz narrado por el Honorable Abu Sa‘id (que Allah esté complacido con él) se dice: un día, algunos compañeros estaban sentados escribiendo. Ellos dijeron: *********** «Estamos escribiendo todo lo que oímos de usted». Entonces él dijo: *********** «¿Se está escribiendo otro libro junto con el Libro de Allah?»

Esto significa que registrar juntos y mezclados el Corán y los hadices, sin establecer ningún medio para distinguirlos, es tan perjudicial para la permanencia y la integridad del Corán como lo es para la firmeza y la fiabilidad de los fundamentos de la religión del islam. Por esta razón, el Mensajero de Allah les ordenó:

******************************************************

Abandonad esta práctica de escribir de ese modo. Escribid exclusivamente el Libro de Allah, de manera pura. No mezcléis nada más con él.

Por consiguiente, todo cuanto había sido escrito por estos Compañeros mezclando el Corán y los hadices fue destruido; después, el Corán comenzó a ser escrito de manera completamente independiente.[Musnad del imán Ahmad, tomo 1, página 171; Majma‘ al-Zawa’id, tomo 1, página 152.]

Basta reflexionar un poco sobre la razón de ser de esta acción y de estas palabras del Noble Mensajero para comprenderla. Si siquiera uno de los Compañeros hubiera escrito el Corán junto con los hadices, ello se habría convertido posteriormente en un desafío a la autenticidad del Noble Corán. La gente del mundo no habría podido recibir el Noble Corán, tal como existe hoy, como un gran Libro puro, inalterado, autosuficiente y completamente independiente; tampoco habría podido conocer y distinguir por separado la palabra de Allah y la descripción de las palabras y actos del Mensajero. Por esta razón, en la etapa inicial, el Noble Profeta (s) prohibió a los Compañeros, con palabras claras y enérgicas, escribir cualquier cosa aparte del Corán; pero el Noble Mensajero no les prohibió en absoluto transmitirlo y narrarlo oralmente. Las palabras del Noble Profeta (s) son las siguientes:

******************************************************

No escribáis ninguna de mis palabras. Si alguien ha escrito de mí algo aparte del Corán, que lo borre. Sin embargo, no hay inconveniente en que narréis oralmente mis palabras o aquello que se diga acerca de mí. Pero incluso en la transmisión oral no debe darse cabida a ninguna clase de mentira. En verdad, quien diga acerca de mí una mentira, que tome su morada en el Infierno.[Sahih Muslim, tomo 2, página 414, narrado por Abu Sa‘id al-Judri: *****************************]

A continuación se presenta otro hadiz narrado por Abu Sa‘id:

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Habíamos solicitado al Mensajero (s) permiso para escribir y conservar por escrito aquello que no fuera el Corán —otras palabras y hadices—; pero él no nos dio permiso.[*****************]

También se ha narrado un hadiz con este mismo significado de Zayd ibn Zabit (ra). Es el siguiente:

******************************************************

El Noble Mensajero (s) nos ordenó no escribir nada (excepto el Corán).[Ibíd.]

La prohibición de escribir cualquier cosa aparte del Corán y la negativa a permitir la escritura de ese «algo más» tienen una profunda significación. Es necesario prestar atención a cuál fue la razón fundamental por la que el Noble Mensajero (s) actuó de ese modo.

La primera razón era el temor de que surgiera una situación terrible al mezclar y escribir otras cosas junto con el Corán. Hasta entonces, los musulmanes en general aún no habían llegado a conocer plenamente el lenguaje particular del Corán, sus conceptos y enseñanzas, ni la solemnidad de su estilo. Tampoco había despertado todavía en ellos la aguda percepción ni el discernimiento necesarios para distinguir entre lo coránico y lo no coránico. La segunda razón era que la prohibición del Noble Mensajero (s) estaba dirigida a aquellos compañeros cuya memoria era extraordinariamente poderosa, que podían imprimir fácilmente en ella lo que oían y no olvidaban absolutamente nada. Pues si incluso estos compañeros comenzaban a acostumbrarse a depender de la escritura, existía un peligro cierto de que disminuyera la agudeza de su memoria. Y de ningún modo podía ser correcto mostrar desprecio de esta gran bendición de Allah.[***********************]

El imán Nawawi escribió acerca de ello:

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******************************************************

Al principio se prohibió escribir los hadices. Antes de que el Corán se hiciera conocido, esta prohibición se aplicaba a todos. En aquel entonces se prohibía escribir cualquier cosa aparte del Corán, por temor a que se mezclara con él y, como consecuencia, surgieran dudas y confusión. Más tarde, cuando el Corán se hizo ampliamente conocido y desapareció la causa de ese temor, se permitió escribirlo.

En segundo lugar, se prohibió escribir a quienes tenían una memoria fiable, por temor a que pudieran depender exclusivamente de la escritura. Sin embargo, esa prohibición no significaba que escribir fuera esencialmente ilícito. A quienes no tenían una memoria fiable se les permitió escribir y registrar los hadices.

El imán Jattabí escribió al respecto:

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Parece que la prohibición de escribir los hadices correspondía a la primera época. Posteriormente, se autorizó. La prohibición consistía en escribir los hadices mezclándolos con el Corán en la misma hoja. Pues, como consecuencia, el Corán y los hadices se habrían mezclado, lo que habría constituido una gran fuente de confusión para los lectores.

Del análisis del imán Nawawí y del imán Jattabí se demuestra que, aunque en la primera etapa se prohibió a todos escribir cualquier cosa aparte del Corán, había excepciones. El Noble Profeta (s) quería que los compañeros emplearan plenamente su memoria en las tareas necesarias. Por esta razón, prohibió a las personas dotadas de una memoria extraordinaria que, abandonando la memorización de los hadices, dependieran únicamente de la escritura. Pero no prohibió escribir los hadices a quienes querían utilizar tanto la memoria como la escritura. Al contrario, se lo permitió. El siguiente hadiz también demuestra claramente esta cuestión:

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Se ha transmitido de Abd Allah ibn Amr (r.a.) que acudió ante el Mensajero y dijo: «¡Oh, Mensajero! Quiero narrar hadices. Por ello, deseo recurrir a la escritura además de utilizar la memoria, si ello es de tu agrado». Entonces el Noble Profeta (s) dijo: «Si quieres escribir mis hadices, puedes hacerlo, además de memorizarlos».

No solo eso, sino que también es un hecho histórico que en la presencia del Noble Profeta (P.B.) siempre había numerosos escribas, y que anotaban todo cuanto oían de boca del Mensajero. Esto queda demostrado por las siguientes palabras de ʿAbdullah ibn ʿAmr:

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Varios de nosotros estábamos ocupados escribiendo en el recinto del Mensajero. En ese momento le preguntaron al Noble Mensajero (P.B.): «¿Qué ciudad será conquistada primero: Constantinopla o Roma?». Él respondió: «No, Constantinopla, la ciudad de Heraclio, será conquistada primero». [Sunan al-Darimi, p. 68.]

La primera frase de esta narración merece especial atención. De ella se demuestra que, cada vez que el Noble Mensajero (P.B.) se sentaba en su presencia pública, los escribas también se sentaban a su alrededor. Todas estas pruebas dejan claro que, en la primera etapa, principalmente solo se ponía por escrito el Noble Corán. No se adoptó ninguna medida oficial para escribir los hadices. En aquel tiempo, los hadices se preservaban generalmente mediante la memorización, la práctica oral, la transmisión y el estudio. Después de transcurrido algún tiempo de esta manera, se concedió a los Compañeros autorización general para escribir los hadices. Entonces, para preservar los hadices, junto con la memoria de los Compañeros, su práctica mutua y su transmisión, comenzó a utilizarse plenamente también la escritura, tal como se hacía con el Corán.

Ibn Qutayba escribió:

Al principio prohibió escribir los hadices, pero después comprendió la necesidad de preservarlos por escrito.

El ilustre Ibn al-Yawzi escribió:

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Al principio prohibió escribir. Después permitió escribir.

En esta etapa, dirigiéndose a los compañeros, dijo claramente:

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Dejad escrita la ciencia del hadiz.

Es necesario presentar una breve exposición sobre la cuestión fundamental de escribir la ciencia del hadiz. También existe discrepancia sobre si estaba permitido escribir los hadices. Según nosotros, escribir los hadices no solo estaba permitido, sino que era una labor sumamente necesaria de la religión. El Noble Corán mismo ordenó claramente utilizar la escritura en todo asunto necesario e importante. Allah, exaltado sea, dijo:

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Ya se trate de una transacción pequeña o grande, no dejéis de escribirla, aunque sea por un solo instante, fijando un plazo determinado. Escribirla es lo más justo ante Allah, el procedimiento más adecuado para conservar la prueba y la mejor manera de evitar toda duda. Sura al-Baqara, aleya 282. Es necesario recordar que esta sura fue revelada en la primera etapa de la vida medinense, después de la hégira, y que precisamente en ese período, al insistirse en poner todo por escrito, los compañeros debieron escribir también los hadices. Por ello, el Mensajero de Allah (s) ciertamente no lo prohibió.

El imán Abu Hanifa (r), basándose en esta aleya, argumentó y dijo:

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Cuando Allah Altísimo ordenó poner por escrito incluso los asuntos de las transacciones ordinarias, por temor a que surgieran dudas, y cuando conservar de memoria el conocimiento —el conocimiento del hadiz— es mucho más difícil que recordar las transacciones, entonces, por temor a que surgieran tales dudas y sospechas, era aún más necesario y apropiado que fuese lícito ponerlo por escrito.[*********************]

El erudito Abu Mulaíh dijo, basándose en otra aleya:

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La gente reprocha a los muhaddices que pongan por escrito los hadices. Sin embargo, Allah Altísimo mismo ha dicho: «La situación de las naciones anteriores está conservada por escrito ante Allah».[***************]

Sin embargo, Allah Altísimo ni olvida ni se equivoca. En estas circunstancias, siendo el ser humano la personificación del error y la equivocación, ¿cómo podría prescindir de la necesidad de escribir?

Por tanto, poner por escrito los hadices nunca fue completamente ilícito. Al principio se suspendió de manera general, aunque durante ese período también se permitió a ciertas personas hacerlo.

Por consiguiente, la discrepancia mencionada en este punto carece de especial importancia. Salvo en el período más temprano, poner por escrito los hadices siempre fue completamente lícito.

Ibn al-Salah escribió:

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Después, esta divergencia desapareció y todos los musulmanes coincidieron en que era lícito poner por escrito los hadices. Pues, si entonces no se hubieran escrito, al final se habrían perdido por completo.

 

Documentos escritos por el Profeta (s)

En la primera etapa del movimiento islámico —la etapa mequí—, el Noble Profeta (s) no permitió que se pusiera por escrito nada aparte del Noble Corán. Por ello, no se encuentra ninguna prueba de que se hubiera escrito algún hadiz durante la vida mequí, antes de la hégira. Sin embargo, después de la hégira, al comenzar la vida medinense, empezó a registrarse, además del Corán, un vasto acervo de hadices. Basándose en las pruebas que se presentan a continuación, puede afirmarse categóricamente que, en la etapa medinense —en los años decimotercero y decimocuarto de la profecía—, después de que se hizo clara la distinción entre el Corán y los hadices, por una parte se concedió permiso general para poner por escrito los hadices y, por otra, se acumuló en manos de los musulmanes un gran número de documentos que el propio Noble Profeta (s) hizo registrar. Cabe mencionar que, después de que en Medina se estableciera la enseñanza de la lectura y la escritura a los niños musulmanes como compensación por la liberación de los prisioneros de guerra de Badr, la escritura de los hadices se volvió más fácil y alcanzó una difusión mucho mayor. Hazrat Abdullah ibn Sa‘id ibn al-‘As había abierto una escuela formal para enseñar escritura en la Mezquita del Profeta de Medina. Además, se había dispuesto la enseñanza de la lectura y la escritura a los niños en nueve mezquitas de Medina. Por consiguiente, en épocas posteriores no faltaron personas que supieran leer y escribir o que fueran capaces de hacerlo.

Por ello, para realizar las tareas urgentes de escritura, el Noble Profeta (s) había designado a muchas personas a su servicio, y numerosos escribas —personas capaces de escribir— permanecían constantemente presentes en la corte del Mensajero para llevar a cabo labores de redacción sobre diversos asuntos. En términos modernos, puede decirse que entonces se había establecido y funcionaba en Medina una secretaría completa. Se habían designado personas específicas para realizar tareas específicas de escritura. Entre ellos, los compañeros Hazrat Ali (ra), Hazrat Uzman (ra), Hazrat Zayd ibn Zabit (ra) y Hazrat Ubayy ibn Ka‘b (ra), entre otros, eran responsables de registrar el Noble Corán. Hazrat Zubayr ibn al-Awwam (ra) y Jahm ibn al-Salt (ra) eran los encargados de llevar las cuentas de los bienes de zakat y sadaqa. Hazrat Abdullah ibn al-Arqam (ra) y al-‘Ala ibn ‘Uqba escribían los documentos relativos a las transacciones mutuas, los contratos y las promesas de la gente. Hazrat Hudhayfa ibn al-Yamán (ra) registraba, tras estimarla, la cantidad de la cosecha de dátiles y la cantidad de zakat impuesta sobre ella. Mu‘ayqib ibn Abi Fatima al-Dusi (ra) registraba los bienes recibidos por el Noble Mensajero. También se había dispuesto registrar los nombres, datos y demás información de los compañeros que participaban en la yihad durante la época del Noble Mensajero (s). El escriba Hanzala reemplazaba en la corte a cada escriba ausente. Él mismo custodiaba y utilizaba el sello del Noble Mensajero (s).

Para escribir cartas en las lenguas de los pueblos que hablaban distintos idiomas, muchos compañeros, siguiendo las instrucciones del Noble Mensajero (s), aprendieron las lenguas que se utilizaban entonces en el mundo civilizado. Hazrat Zayd ibn Zabit (ra), por orden recibida, aprendió la lengua siriaca. Cuando llegaba al Mensajero una carta escrita en esa lengua, la leía y le informaba del contenido escrito al Noble Mensajero (s). También se han escrito numerosas obras sobre los escribas designados en la corte del Mensajero.

1. Después de que el Noble Profeta (s) emigró a Medina y comenzó a establecerse allí, una de las primeras tareas importantes que realizó fue redactar un largo tratado que incluía la no agresión mutua y otras condiciones entre los judíos de Medina y los cristianos de sus alrededores, por una parte, y los musulmanes ansar y muháyirun de Medina, por otra. Su texto era el siguiente:

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Este es el pacto escrito entre los musulmanes creyentes de la tribu de Quraysh y los habitantes de Medina que se unirán a ellos y combatirán juntos bajo la autoridad de Muhammad (la paz y las bendiciones de Allah sean con él), profeta y mensajero de Allah. La decisión es que constituirán una comunidad, es decir, una nación independiente y distinta de los demás pueblos.

Este pacto es un tesoro histórico inestimable en la historia del islam. Contiene un total de 52 cláusulas. En él, Medina la Noble fue declarada haram para los musulmanes. (Kitab al-Amwal, Abu Dawud, p. 311.) La siguiente cita demuestra que el pacto fue debidamente escrito y que fue el primer documento escrito del islam:

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Se ha transmitido de Rafi ibn Khadija (que Allah esté complacido con él) que dijo: «Medina es un santuario. El Mensajero Noble (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) la declaró santuario. Este pacto se encuentra escrito en cuero jawlani en nuestro poder.»

Este pacto escrito permaneció conservado en poder de Ali (que Allah esté complacido con él) hasta épocas posteriores. Él dijo:

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No poseo ningún documento escrito aparte del Libro de Allah y esta sahifa recibida del Noble Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él). En la sahifa está escrito: «Medina es un santuario. Sus límites se extienden desde el monte Ayir hasta aquel lugar. Quienquiera que innove o introduzca una innovación en este santuario, o dé refugio a un innovador, atraerá sobre sí la maldición de los ángeles de Allah y de toda la humanidad. No se aceptará de él ningún pago ni compensación. La protección concedida por un musulmán tiene en todos los aspectos igual validez. Si alguien viola la promesa otorgada por un musulmán, sobre él recaerá también la maldición de Allah, de los ángeles y de toda la humanidad. No se aceptará de él ningún pago ni compensación.»

En efecto, en la historia de la civilización, este pacto merece ser considerado la primera constitución escrita y constituye un documento de extraordinaria importancia.

1. Después de establecer el Estado islámico en Medina, el Noble Mensajero realizó un censo de los ciudadanos musulmanes. Con este propósito, promulgó un decreto en los siguientes términos:

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«Escribid para mí los nombres, datos y señas de todas las personas que hayan declarado aceptar el islam».

El Compañero Ḥudhayfa, narrador de hadices, dijo:

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Después, escribimos para el Mensajero los nombres, datos e identidades de mil quinientas personas.

Este también fue un documento escrito de la época de vida del Noble Mensajero.

3. En el mes de Safar del tercer año de la Hégira, el Noble Profeta (s) firmó un tratado de paz con la tribu de Banu Damra. Este tratado también se ha conservado por escrito.

Sin embargo, los dos relatos siguientes indican que, incluso poco antes de la Hégira, el Noble Profeta (s) había emitido decretos escritos en al menos dos ocasiones:

a) El Noble Profeta (s) envió a Tamim al-Dari un salvoconducto escrito.

b) Durante su viaje a Medina después de emigrar, el Noble Profeta (s) escribió un salvoconducto para Suraqa ibn Malik al-Mudlaji.

El erudito Ibn Kazir ha mencionado:

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Suraqa dijo: «Escribidme un documento que sirva como prueba de esta decisión de liberación entre el Mensajero y yo». Entonces el Noble Profeta (s) hizo que escribieran para mí un documento sobre un hueso, una hoja o un trozo de tela desgarrada.

4. Se ha transmitido de Abu Huraira (r. a.) que, en el año de la conquista de La Meca (el octavo año de la Hégira), la gente de la tribu de Juzāʿa mató a un hombre de la tribu de Laith. Cuando esta noticia llegó al Noble Mensajero, mientras se encontraba montado sobre su animal de transporte, pronunció un importante sermón. En él explicó detalladamente todas las normas relativas a la dignidad, superioridad y grandeza del Haram Sagrado, así como al castigo por homicidio y a la diya. Al concluir el sermón, un compañero llamado Abu Shah le dijo al Noble Mensajero (s): «¡Oh Mensajero! Haced que me escriban el sermón». La prueba de que Abu Shah pidió que le escribieran precisamente el sermón pronunciado por el Mensajero es que el transmisor de este hadiz, Ali ibn Muslim, preguntó al imán Awzai: «¿Fue a Rasulullah a quien Abu Shah pidió que le escribieran esto, diciendo: “¡Oh Mensajero! Haced que me escriban esto”?». El imán Awzai respondió: «Era el sermón pronunciado por el Mensajero que él había escuchado». Entonces el Noble Profeta (s), aceptando su petición, dijo a uno de sus compañeros: «Escribe este sermón para Abu Shah».

5. El historiador Hafiz Ibn Abd al-Barr escribió:

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El Noble Profeta (s) hizo redactar un documento para Amr ibn Hazm y otros sobre la sadaqa, la diya, las obligaciones religiosas y la sunna.

El erudito al-Shawkani mencionó este mismo documento en diversos lugares. El imán Malik (ra) narró, mencionando este documento:

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Se ha transmitido de Abd Allah ibn Abi Bakr ibn Hazm que en el documento que el Noble Profeta (s) hizo redactar para Amr ibn Hazm estaba escrito: «Solo una persona pura tocará el Noble Corán.»

El imán al-Bayhaqi mencionó la siguiente narración sobre este documento en su obra ***************:

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Se ha transmitido de Abū Bakr ibn Muḥammad ibn Ḥazm. Él dijo: Este es el documento escrito por el Noble Profeta (s), que él hizo redactar cuando envió a ʿAmr ibn Ḥazm al Yemen. Lo envió con el propósito de impartir a sus habitantes un conocimiento profundo de la religión del islam y enseñarles la Sunna, así como de recaudar de ellos el zakat. En él también estaban escritos su carta de nombramiento, la promesa hecha a él y las disposiciones relativas al cumplimiento de sus responsabilidades entre la gente de aquella región.[******************]

En el décimo año de la Hégira, el Noble Profeta (s) nombró a ʿAmr ibn Ḥazm (ra) gobernador de los habitantes de Najrán. Cuando se disponía a partir hacia la región de Najrán, le fue entregado dicho documento para que lo utilizara como ley y reglamento administrativo.[***************]

El imán Abū Dāwūd mencionó:

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El Noble Profeta (s) firmó un tratado de paz con los habitantes de Najrán e hizo redactar para ellos un documento.[**************]

6. Además, el Noble Profeta (s) hizo redactar y envió otro documento para los habitantes del Yemen. Se llamaba «Kitab al-Jirah» (********). Al comienzo estaba escrito:

******************************************************

Este es el decreto otorgado por Allah, el Altísimo, y Su Mensajero: ¡Oh, creyentes! Cumplid vuestros pactos y promesas.[*****************]

Esta declaración estaba escrita sobre piel de camello. El hafiz Ibn Kathir escribió:

Esta obra ha sido respetada por todas las figuras destacadas del islam, tanto de los primeros tiempos como de épocas posteriores; ha sido leída regularmente y considerada una fuente de conocimiento sobre todos los asuntos importantes. Incluso—

******************************************************

Los compañeros del Mensajero siempre consultaban este documento y abandonaban sus propias opiniones cuando estas entraban en conflicto con él.[************]

7. También redactó un tratado de paz para Banu Saqif. Al comienzo estaba escrito:

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Este es el tratado de paz escrito por el Mensajero de Allah para la tribu de Saqif.[********************]

8. El Noble Profeta (s) hizo redactar un documento completo acerca de la sadaqa y el zakat. Su propósito era enviarlo a los funcionarios gubernamentales responsables de las diversas regiones del Estado islámico. Pero falleció antes de enviarlo. Más tarde, fue utilizado como guía completa para la administración del califato rashidún.[**************]

El erudito al-Shawkani citó la siguiente descripción acerca de este documento:

******************************************************

El Noble Profeta (s. a. s.) hizo redactar un libro sobre la sadaqa. Sin embargo, falleció antes de enviarlo a sus funcionarios. Después de él, Hazrat Abu Bakr lo sacó y actuó conforme a él. Tras su fallecimiento, Hazrat Umar lo sacó y obró conforme a él. Después de la muerte de Hazrat Umar, fue encontrado registrado junto con uno de sus testamentos. [******************]

El imam Zuhri vio este documento y dijo que era el libro escrito sobre la sadaqa del Noble Profeta. Zuhri recibió su lectura de Salem ibn Abd Allah, y lo aprendió de memoria. Más tarde, cuando Umar ibn Abd al-Aziz asumió la responsabilidad del califato, lo obtuvo de los descendientes de Hazrat Abd Allah ibn Umar e hizo preparar una copia de él. [Ibíd., p. 190; Musnad del imam Ahmad, vol. 2, p. 14.]

9. También hizo redactar un documento sobre la sadaqa para Hazrat Mu’adh ibn Jabal (r. a.). Musa ibn Talha dijo:

******************************************************

Tenemos un libro de Mu’adh ibn Jabal recibido del Noble Profeta (s. a. s.). [Mishkat, p. 159.]

Además de estos, se han encontrado muchos otros tratados de paz y documentos escritos por el Noble Profeta (s. a. s.). Desde el punto de vista de la ciencia del hadiz, su valor es inconmensurable. Si se contabilizaran los documentos de este tipo, superarían los trescientos. En la obra «Miftahul Aqba» se menciona la copia de 36 cartas enviadas por el Noble Profeta (s. a. s.). El entonces ministro del Interior del Estado de Tonk, Sahibzada Abd al-Rahim Khan, mencionó 250 documentos escritos. [**********]

1. El tratado de Hudaybiyya.[Kitab al-Amwal: Abu Ubayd, pp. 157-158; al-Bidaya wa al-Nihaya, Ibn Kathir, t. 4, p. 168; Sahih al-Bujari, t. 1, p. 371; t. 2, p. 610.]

2. Edictos escritos, emitidos en diferentes momentos, dirigidos a diversas tribus y clanes.[Tabaqat de Ibn Saad; Kitab al-Amwal: Abu Ubayd, p. 21.]

3. Cartas escritas de invitación al islam dirigidas a los reyes y gobernantes de diversos países.[Bujari Sharif, t. 2, p. 631; Kitab al-Amwal: Abu Ubayd, t. 1, pp. 20-23.]

4. La carta enviada por el Mensajero a Abd Allah ibn Hakim, compañero del Profeta. En esta carta estaban escritas las normas relativas a los animales muertos y otros asuntos.[Mu’jam al-Saghir, al-Tabarani.]

5. El Noble Profeta (s) hizo escribir para el compañero Wa’il ibn Huyr las disposiciones relativas a la oración, el consumo de bebidas alcohólicas, la usura y otros asuntos.[Ibíd.]

6. El compañero Dahhak ibn Sufyan conservaba una carta de orientación escrita y enviada por el Noble Mensajero (s), en la que estaba consignada la disposición sobre el pago de la compensación por derramamiento de sangre (*********) por parte de la esposa en nombre del esposo.[Abu Dawud.]

7. Un documento escrito y enviado por el Noble Profeta (s) a los habitantes del Yemen sobre el zakat de las diversas cosechas.[********************]

8. Otra carta escrita por el Noble Mensajero (s) a los habitantes del Yemen, en la que estaba escrito:

******************************************************

Quienes, entre los judíos y los cristianos, acepten el islam serán contados entre los creyentes; sus derechos y deberes serán iguales a los de los creyentes. Y a quienes permanezcan judíos o cristianos no se les impedirá practicar su religión, pero estarán obligados a pagar la yizia. [Kitab al-Amwal, Abu Ubaid, tomo 1, página 21.]

9. Se hizo redactar un decreto para Hudhayfa ibn al-Yamán (r.a.), en el que se detallaban las obligaciones de la zakat. [Tabaqat de Ibn Sa’d.]

10. El Mensajero Noble (s.) hizo escribir para al-Ibn al-Hayari las disposiciones relativas a la zakat.

11. En el noveno año de la Hégira, nombró a Abu Bakr Siddiq (r.a.) emir de la peregrinación y lo envió; el Profeta Noble (s.) le hizo escribir las normas y procedimientos del hach. [Tafsir Ruh al-Ma’ani, tomo 10, página 44 ******************** Sirat Ibn Hisham, página 556.]

12. Después de la revelación de la sura At-Tawba, en el noveno año de la Hégira, envió desde Medina a Alí (r.a.) con un mensaje especial para La Meca. Le hizo escribir el siguiente anuncio para que lo comunicara a la gente durante el hach:

******************************************************

Después de este año, ningún politeísta podrá acercarse a la Kaaba; nadie podrá circunvalarla desnudo; nadie, salvo un creyente, podrá entrar en el Paraíso, y todos estarán obligados a cumplir sus promesas. [Tafsir de Abu as-Suud, tomo 2, página 252; Sirat Ibn Hisham (en urdu), página 553.]

13. Se envió un decreto escrito a Umar ibn Aqsa al-Sulami, en el que estaban escritas las leyes relativas a la sadaqa y al zakat del ganado.

14. Se envió un decreto a Galib ibn Abd Allah, en el que estaban detalladamente escritos los dictámenes relativos a los bienes del botín.

15. El Noble Mensajero (s) hizo escribir para la delegación de Sumama las obligaciones religiosas y los dictámenes relativos a la sadaqa.

16. Hizo escribir para Abu Rashid al-Azdi las normas y leyes relativas a la oración.

17. Se envió un decreto escrito del Noble Mensajero (s) a un sacerdote de los habitantes de Nayrán. En él estaban escritos el islam, la invitación al islam y las disposiciones relativas a la yizia.

18. Se envió al gobernador de Hadramaut una descripción de la oración, el zakat y los bienes del botín.

19. Se enviaron a los habitantes de Dumat al-Yandal las disposiciones relativas a la yizia y al zakat. [Kitab al-Amwal, Abu Ubayd, página 195.]

20. Se enviaron a los habitantes de Dumat al-Yandal y Qatan los dictámenes relativos al ushr.

21. Se enviaron por escrito las disposiciones de la yizia a las tribus de Harra y Azrah.

22. Se enviaron instrucciones a la tribu de Banu Nahad acerca de los animales destinados al zakat.

23. Se enviaron por escrito a la tribu de Banu Hanifa las normas relativas a la yizia.

24. Se envió un decreto a los habitantes de Hajar. En él se les ordenaba mantenerse firmes en el islam y obedecer al gobernador. [Ibíd., p. 200.]

25. Se entregó a los habitantes de Ayla y Yuḥana un documento de salvaguardia. Ibn Kazir escribió:

******************************************************

El Mensajero les escribió un documento. Este permaneció en su poder. Al comienzo de este estaba escrito:

******************************************************

En el nombre de Allah, el Misericordioso, el Compasivo: Este es un amán otorgado por parte de Allah y de Su profeta Muhammad a los habitantes de Yuhana y Aylah.[Kitab al-Amwal, pág. 200; Nurul Yaqin, pág. 248.]

26. Se escribió para la tribu de Tamim Dari la normativa islámica sobre aceptar obsequios y utilizar objetos fabricados de oro.

28. Se enviaron a los gobernantes de Ammán, Ja’far y Abd, instrucciones sobre la invitación al islam y las disposiciones relativas al ushr, el zakat, etc.

29. Se escribieron a Khalid ibn Jamad los pilares del islam.

30. Se escribieron a Jurwa ibn Sayf las disposiciones relativas a la jizya y al zakat.[Kitab al-Amwal, pág. 201, ********]

31. Se escribieron a Rabi’a ibn Dhi-Marhab al-Hayri las disposiciones relativas a los impuestos, etc.

32. Se escribieron a Sharhabil, al-Harith, Nu’aym y a los Banu Abdu-Qalan las disposiciones relativas al botín, el ushr y el zakat.

33. En un decreto dirigido a la población musulmana, el Noble Profeta (la paz y las bendiciones sean con él) había escrito las disposiciones islámicas relativas a la venta de los frutos antes de que maduraran, al pago de un quinto al Bayt al-Mal, a tomar su parte del botín, etc.

34. Se hizo redactar para Adā ibn Jālid una declaración sobre la necesidad de revelar los defectos de las mercancías antes de venderlas.

35. Se escribieron para ʿUmar las normas relativas a la sadaqa.

36. Escribió para Abū Bakr todas las disposiciones relativas al zakat.

37. Cuando Tamīm al-Dārī aceptó el islam, se le otorgó por escrito una parcela de tierra de su aldea. Después de que ʿUmar fuera nombrado califa, se le presentó aquel documento escrito, y él asignó dicha parcela de tierra al propio Tamīm. [Kitāb al-Amwāl, Abū ʿUbayd, p. 274]

38. Se otorgó una parcela de tierra a Mazzāya al-Yamanī y se redactó un documento para ello. También se otorgó una parcela de tierra a Abū Thaʿlaba al-Jushanī, junto con un documento similar.

39. Escribió para Muṭarrif ibn Kāhin al-Bāhilī las normas y cuestiones relativas al zakat.

40. Se hicieron redactar para Mundhir ibn Sābī las normas relativas a la yizya. También se hizo redactar una declaración sobre la postura del islam respecto de los adoradores del fuego. [Ibíd., pp. 280 y 281 ***************]

41. Se hizo redactar un decreto para los miembros del linaje de ʿAqīdar. Como hasta entonces aún no se había confeccionado el sello oficial de la profecía del Mensajero, se puso en él la impresión de su pulgar. [Al-Iṣāba, tomo 1, p. 131.]

42. El Noble Mensajero (s) hizo redactar y envió un decreto dirigido a Musailamat al-Kadhdhab (la fotografía de este decreto fue publicada en 1896 en la revista londinense Picture Mahazine).

43. En la zona de los judíos de Jaibar, el honorable Abdullah ibn Sahl (ra) fue encontrado muerto. Entonces el Noble Profeta (s) envió a los judíos una carta acerca del pago de la diya por ello. [Sirat Ibn Hisham (urdu), página 473.]

44. Se envió a los habitantes del Yemen un escrito en el que se indicaba que también era obligatorio pagar el azaque de la miel.

Bayhaqi ha mencionado:

******************************************************

El Noble Profeta (s) escribió a los habitantes del Yemen que se recaudaría el azaque de los apicultores.[***********]

45. El Noble Profeta (s) envió al honorable Mu‘adh ibn Jabal (ra) una disposición sobre el azaque del dinero en efectivo y del oro:

******************************************************

El Noble Profeta (s) escribió y envió a Mu‘adh ibn Yabal (r.a.) que debía cobrar como zakat cinco dirhams por cada doscientos dirhams y medio miskal de oro por cada veinte miskales. Primer tomo, Kitab al-Zakat, p. 175, Dar al-Qutni.

Respecto a otro edicto enviado a los habitantes de Yemen, el imán Darimi escribió:

******************************************************

El Noble Profeta (s) escribió y envió a los habitantes de Yemen que solo una persona ritualmente pura debía tocar el Noble Corán; el divorcio no podía producirse antes de adquirir la titularidad o la condición de esposo en el matrimonio, y un esclavo no podía ser liberado antes de comprarlo. Sunan al-Darimi, p. 293.

47. En cierta ocasión, el Noble Profeta (s) hizo escribir y envió a todas las tribus árabes las disposiciones relativas al diya. Bujari, Nasa’i, Dar al-Qutni, Nayl al-Awtar, tomo 7, p. 242.

48. Se redactó un acuerdo para distribuir entre los judíos las tierras conquistadas de Jaybar. Futuh al-Buldan, pp. 36–42.

49. El Noble Profeta (s) envió una carta a la tribu de Hamadán por medio de Ali (r.a.). Cuando les fue leída, todos aceptaron el islam. El erudito Ibn Kazir escribió:

******************************************************

Hazrat Ali les leyó en voz alta la carta del Noble Mensajero (s). Cuando terminaron de escucharla, todos los miembros de la tribu de Hamdan aceptaron el islam conjuntamente.[****************]

50. El Noble Mensajero (s) también redactó un salvoconducto para los habitantes de Jurba y Adhra.

El erudito Ibn Kazir escribió:

******************************************************

El Noble Mensajero (s) redactó un salvoconducto para los habitantes de Jurba y Adhra. Después de escribir Bismillah al comienzo, se escribió: «Este es el documento redactado por parte del Mensajero de Allah, Muhammad, para los habitantes de Jurba y Adhra; permanecerán bajo la protección y la plena seguridad otorgadas por Allah y Muhammad».[************** 5.º volumen, páginas 16-17.]

51. La carta escrita por el Mensajero a los reyes de Himyar.

El erudito Ibn Kazir escribió:

******************************************************

El Noble Mensajero (s) les escribió una carta.[***************]

52. El Noble Profeta (s) envió una carta al obispo sacerdote de Najrán. En ella estaba escrito:

******************************************************

De parte del Mensajero y Profeta de Dios, Muhammad, al obispo de Najrán: acepta el islam. Alabo ante ti al Dios de Abraham, Isaac y Jacob. Después, os invito a liberaros de la servidumbre a los siervos y aceptar la servidumbre a Dios, y a abandonar la amistad y protección de los hombres para refugiaros en la amistad y protección de Dios. Si no aceptáis esto, estaréis obligados a pagar la yizia. Y si también rechazáis eso, declararé la decisión de combatir contra vosotros.[****************]

 

El patrimonio de hadices escritos de los Compañeros

Entre los Compañeros, algunas personas ya sabían leer y escribir en la época de la ignorancia, y, como ya hemos dicho, muchos jóvenes Compañeros habían recibido enseñanza de los mequíes alfabetizados capturados en la batalla de Badr. Por ello, muchos de ellos pudieron escribir personalmente los hadices que habían escuchado del Noble Profeta (s) y conservarlos. Aunque al principio el Noble Profeta (s) prohibió en general a todos escribir hadices, posteriormente les concedió permiso general para hacerlo. Incluso, si surgía alguna dificultad u obstáculo en el camino de escribir hadices, él lo eliminaba.

A este respecto, merece mencionarse especialmente un suceso. Hadrat Abdullah ibn Amr ibn al-As (ra) dice:

Yo escribía, con el propósito de conservarlas, todas y cada una de las palabras que escuchaba del Noble Profeta (s). Al ver esto, los Compañeros pertenecientes a la tribu de Quraysh me prohibieron hacerlo. Me dijeron:

******************************************************

¿Escribes todo lo que oyes de boca del Mensajero? Sin embargo, el Mensajero (s) es un ser humano; habla unas veces estando satisfecho y otras estando encolerizado?

Abdullah dice: Entonces dejé de escribir los hadices y un día mencioné el asunto ante el Mensajero y le dije:

******************************************************

¡Oh, Mensajero de Dios! Los qurayshíes dicen: ¿Estás escribiendo todas las palabras del Mensajero? Sin embargo, él es un ser humano. Al igual que la gente común, a veces se encoleriza.

Al oír mis palabras, el Noble Mensajero (s) señaló inmediatamente sus dos labios y exclamó:

******************************************************

Sigue escribiendo. Por Aquel en cuya mano está mi alma, de esta (boca) no sale nada excepto la verdad auténtica.[Sunan al-Darimi, página 67. Abu Dawud; en la narración de Musnad Ahmad y Mustadrak al-Hakim se menciona después de estas palabras. El Mensajero dijo:—************ «Por tanto, escribe; tomo 1, página 104; en la cita del imán Ahmad se dice: ************************** Escribe; por Aquel en cuya mano está mi alma, de mí no se manifiesta nada excepto la verdad. *****************************]

Después de oír esta orden, Hazrat Abdullah preguntó al Mensajero (s):

******************************************************

¡Oh, Mensajero! ¿Debo escribir todo cuanto oiga de ti?

El Mensajero dijo: ****** Sí; Abdullah volvió a preguntar:

**************************- ¿Debo escribir todo lo que se diga tanto en estado de ira como de satisfacción?

Entonces el Mensajero (s) dijo definitivamente:

******************************************************

Sí, en todos esos estados no digo nada excepto la verdad absoluta.[******************************************************]

De este relato se conocen claramente, a la vez, dos cosas. La primera es que de la boca del Profeta nunca salió ni fue pronunciada palabra alguna contraria a la verdad. Incluso si alguna vez hubiera llegado a decir algo semejante o se hubiera dispuesto a decirlo, el Profeta fue protegido de ese error mediante la protección integral de Allah. La cita anterior demuestra la firmeza inquebrantable y la fortaleza mental del Profeta al decir la verdad.

En segundo lugar, no solo era legítimo escribir los hadices, ni el Mensajero se limitó a dar permiso para ello, sino que también ordenó de manera clara e irrestricta que se escribieran. Esta orden del Mensajero no estaba limitada a un momento o situación determinados. Con voz firme, autorizó escribir todo cuanto decía en cualquier momento y circunstancia.

Esto se debe a que el Noble Mensajero era digno de ser seguido por todos los musulmanes en todo momento y circunstancia. Cada uno de sus estados, todas sus palabras de cada momento y toda clase de sus actos son considerados una de las fuentes fundamentales de la sharía islámica.

La colección de hadices que Hazrat Abdullah ibn Amr preparó registrando todas las palabras del Mensajero fue llamada por el propio Noble Profeta «Sahifa-e Sadiqa» (*************). Era un libro sumamente querido por Hazrat Abdullah ibn Amr ibn al-As. Él mismo dijo:

******************************************************

En la vida solo dos cosas me han atraído; una de ellas es «Sadiqa» y la segunda es mi mandíbula inferior. Ahora bien, «Sadiqa» es un libro que escribí tras escucharlo del Noble Profeta. [Sunan al-Darimi; página 67. – ************* Yami Bayan al-Ilm, de Ibn Abd al-Barr ************] En él se habían recopilado mil hadices. [*********************]

Después del fallecimiento de Hazrat Abdullah, este libro, «Sadiqa», pasó a manos de su nieto Shuayb ibn Muhammad. Su hijo Amr narró a la gente los hadices de Sadiqa que recibió de él.

******************************************************

En los libros de hadices, todos los hadices narrados por Amr ibn Shuayb, de su padre………….. de su abuelo, fueron tomados y transmitidos de esta «Sahifa Sadiqa».[Tirmidhi Sharif, *********************—Kitab al-Ilm, Darimi.]

Esta sahifa fue incluida íntegramente en el libro Musnad de Ahmad ibn Hanbal. Los cuatro imames del fiqh solían presentar como prueba los hadices de esta obra.[Zad al-Ma’ad—Ibn al-Qayyim, 3.ª página, 458.]

Hazrat Abu Huraira (r.a.) dijo: Un compañero ansarí se sentaba al servicio del Noble Mensajero (s) y escuchaba sus palabras; estas le agradaban mucho. Pero no podía recordar bien ninguna de ellas. En cuanto a recordar todas las palabras, era algo excepcional. Por ello, un día, cuando expresó al Mensajero su dificultad, el Noble Mensajero (s) dijo: ******************** «Ayúdate de tu mano derecha». Con estas palabras, indicó que debía escribir con la mano.[**************]

El Noble Profeta (s) ordenó hacer imperecedero y eterno todo tipo de conocimiento —especialmente el conocimiento de los hadices— mediante su escritura.

Él dijo:—******************* «Pon por escrito el conocimiento y consérvalo». En otra narración se menciona que Hazrat Abdullah ibn Amr (r.a.) dijo: El Noble Profeta (s) dijo:

******************************************************

¿Registrar y conservar el conocimiento de los hadices?

Preguntamos:

******************************************************

¿Cómo podré retenerlo?

El Mensajero dijo:

******************************************************

Escríbelo. [Al-Mustadrak, tomo 1, pág. 106.]

Abu Tufail Amer ibn Wasil dijo: Un día me encontraba en presencia de Hazrat Ali. Entonces, un hombre le preguntó a Hazrat Ali (que Dios esté complacido con él):

******************************************************

¿Acaso el Mensajero le concedió algo de manera especial?

En respuesta, Hazrat Ali (que Allah esté complacido con él) dijo:

******************************************************

El Mensajero no me dejó nada en particular que no hubiera dado también generalmente a todos los demás. Sin embargo, me dejó especialmente aquello que está escrito dentro de la vaina de esta espada. [Jami Bayan al-Ilm, tomo 1, pág. 72; Mustadrak al-Hakim, Sahih Muslim, tomo 2, pág. 161.]

En otra narración, estas palabras se expresan de la siguiente manera. A Hazrat Ali (que Allah esté complacido con él) se le preguntó:

******************************************************

¿Le dijo el Mensajero algo en secreto?

En respuesta, Hazrat Ali (que Allah esté complacido con él) dijo:

******************************************************

El Mensajero no me dejó en secreto nada oculto a los demás, salvo una cosa. Esa cosa fue que me dijo cuatro palabras. [Yami‘ Bayan al-‘Ilm, tomo 1, pág. 72; Mustadrak al-Hakim, Muslim Sharif, tomo 2, pág. 161.]

También se ha narrado un acontecimiento similar de Abu Hudhayfa (que Allah esté complacido con él). Él dijo que un día preguntó a Ali (que Allah esté complacido con él):

******************************************************

¿Tiene usted algún escrito? Él respondió:

******************************************************

No. No tengo nada aparte del Libro de Allah, la capacidad de comprensión concedida al musulmán y lo escrito en esta sahifa.

Hudhayfa (que Allah esté complacido con él) preguntó:

******************************************************

¿Qué está escrito en esta sahifa?

Hazrat Alí (que Allah esté complacido con él) dijo:

******************************************************

En ella están escritos estos asuntos: la compensación por el derramamiento de sangre, la liberación de cautivos y que ningún musulmán será ejecutado como castigo por haber matado a un infiel. [Sahih al-Bujari, Kitab al-Ilm, tomo 1, página 21.]

En la parte final del hadiz narrado por Abu Tufail se dice que, después, Hazrat Alí (que Allah esté complacido con él) sacó una sahifa de la vaina de su espada. En ella estaban escritas las siguientes palabras:

******************************************************

La maldición de Allah recae sobre quien sacrifique un animal para alguien distinto de Allah; la maldición de Allah recae sobre quien robe los mojones que delimitan las distintas partes de una tierra o, según otra narración, los cambie; y la maldición de Allah recae sobre quien dé refugio a alguien que corrompa el islam o sea un innovador. [Sahih Muslim, tomo 2, pág. 162.]

También es digno de mención aquí un hadiz narrado en el Sahih al-Bujari sobre este asunto. Yazid ibn Sharif dice:

******************************************************

Un día, Hazrat Alí (que Allah esté complacido con él) estaba de pie sobre el púlpito, pronunciando un sermón ante nosotros, en un lugar llamado «Azur». De su hombro colgaba una espada, y junto a ella también colgaba una «sahifa». Dijo: «Juro por Allah que no tengo ningún libro que pueda leerse, aparte del Libro de Allah y de lo escrito en esta sahifa». Al decir esto, abrió la sahifa y la mostró. En ella vi conservada la dentadura de un camello, y también vi escrito: «Medina es un haram desde el lugar llamado “Ayr hasta tal montaña. Si alguien comete en este lugar una innovación o realiza un acto ajeno al islam, sobre él caerá la maldición de Allah, de los ángeles y de toda la humanidad. Allah no aceptará de él ningún gasto ni compensación». También estaba escrito: «La protección de todos los musulmanes es una sola, y todos ellos se esforzarán por garantizarla. Y quien rompa un pacto celebrado con un musulmán, sobre él caerá la maldición de Allah, de los ángeles y de toda la humanidad. Allah no aceptará de él ningún gasto ni compensación».

En ella también estaba escrito: «Quien establezca una relación de filiación con alguien distinto de su propio padre, sobre él caerá la maldición de Allah, de los ángeles y de toda la humanidad. No se aceptará de él ningún gasto ni compensación». [Sahih al-Bujari, segundo tomo, pág. 1084.]

Otro hadiz narrado por Hazrat Hudhayfa (que Allah esté complacido con él) también es digno de mención en este contexto. Él dijo:

******************************************************

Pregunté a Hazrat Alí (que Allah esté complacido con él): «¿Posee usted, aparte de la revelación escrita del Libro de Allah, alguna otra cosa de la revelación?»

Hazrat Alí respondió:

******************************************************

No; por Aquel que hiende la semilla y crea al ser humano, juro que no conozco nada de la revelación aparte del Corán. Sin embargo, conozco dos cosas: una es la comprensión que Allah, exaltado sea, concede a una persona por medio de este Corán; y la segunda es lo que está escrito en esta sahifa.

Hazrat Hudhayfa (que Allah esté complacido con él) preguntó: «¿Qué hay en esta sahifa?». Entonces Hazrat Ali (que Allah esté complacido con él) dijo: «En ella están escritos la diyat, las normas para liberar cautivos y que ningún musulmán será matado en lugar de un incrédulo». [Sahih al-Bujari, tomo 1, Kitab al-Yihad, pág. 428. De este hadiz se sabe que en la sahifa había escritos varios hadices, y que estos también formaban parte de la revelación. En segundo lugar, no solo el Corán procede de la revelación; también los hadices proceden de la revelación.]

También se encuentra otra narración relacionada con este discurso de Hazrat Ali (que Allah esté complacido con él). Él dijo:

******************************************************

No escribimos nada de lo recibido del Noble Profeta (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él), excepto el Glorioso Corán y los hadices registrados en esta sahifa. [Sahih al-Bujari, tomo 1, pág. 451.]

El resumen de todas las narraciones y discusiones mencionadas anteriormente es que Hazrat Ali (que Allah esté complacido con él) había escrito y conservado el Glorioso Corán y los hadices recibidos del Noble Profeta (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él). Además, había preparado una recopilación de hadices. El tipo de hadices que estaba escrito en ella se conoce por las diversas narraciones citadas anteriormente. Pero en ninguna parte se menciona cuál era su número.

Hazrat Abu Huraira (que Allah esté complacido con él) dijo:

******************************************************

Entre los compañeros del Mensajero (s), nadie narró más hadices del Mensajero que yo. Sin embargo, Abdullah ibn Amr ibn al-As narró más. La razón es que él escribía los hadices, mientras que yo no lo hacía. [Sahih al-Bujari, tomo 1, p. 22; Sunan al-Darimi, p. 67.]

Ya se ha demostrado anteriormente que Abdullah ibn Amr ibn al-As (r.a.) escribía los hadices del Mensajero. Sin embargo, la declaración del propio Abu Huraira sobre este asunto se aplica a la primera etapa de su vida, no a la última. Pues al principio no escribía los hadices del Mensajero y entonces no consideraba necesario ponerlos por escrito. Consideraba suficiente memorizar lo que escuchaba. Además, poseía una memoria más poderosa que la de los demás. En un hadiz se dice lo siguiente acerca de su capacidad:

******************************************************

Podía recordar aquello que los demás no podían recordar. [Sahih al-Bujari, tomo 1, p. 22.]

En palabras del propio Abu Huraira se ha relatado un acontecimiento acerca de su extraordinaria memoria. En Sahih Muslim se narra que un día el Noble Profeta (s) se dirigió a los presentes en la reunión y dijo:

******************************************************

Quien de entre vosotros extienda su ropa, escuche este hadiz mío y después la acerque a su pecho, no olvidará jamás ninguna de las palabras que haya escuchado.

Abu Huraira (r.a.) dijo:

******************************************************

Al oír esto, extendí la tela que llevaba sobre el hombro. Cuando el Mensajero terminó de hablar, acerqué la tela a mi pecho. Después de eso, no olvidé ningún hadiz que hubiera oído del Mensajero.[Sahih Muslim, tomo 2, página 302,*************]

A pesar de esta extraordinaria memoria, finalmente comenzó a escribir los hadices y registró una gran cantidad de ellos. El número de hadices que escribió superaba los cinco mil.[Mustadrak al-Hakim, tomo 3, página 511, Fath al-Bari- ************* Jami Bayan al-Ilm – Ibn Abd al-Barr, tomo 1, página 84.]

Hasan ibn Amr ibn Umayya al-Damri, quien había aprendido hadices de Hazrat Abu Huraira, un día le recitó de memoria un hadiz y dijo: «Lo he oído de usted». Entonces Abu Huraira (r.a.) dijo: «Si lo has oído de mí, sin duda está escrito conmigo». Después tomó a Hasan de la mano, lo llevó a su casa y le mostró una enorme pila de hadices escritos, diciéndole: «El hadiz que has narrado está escrito aquí».

Hasan dice:

******************************************************

Él (Abu Huraira) me mostró una gran cantidad de libros en los que estaban escritos los hadices del Mensajero.[En el tomo 1, página 184, de la obra Fath al-Bari está escrito: Los hadices recopilados por Hazrat Abu Huraira se extendían por numerosas páginas; Ibn Wahb los había visto.]

Cerca de ochocientos o más compañeros y tabiíes narraron hadices de Hazrat Abu Huraira (r.a.). [****************] La obra titulada «Musnad de Abu Huraira» fue recopilada ya en la época de los compañeros.[*********************]

Hazrat Anas (ra) también escribía hadices. Cuando apenas tenía diez años, ya podía leer y escribir. Su padre lo presentó al servicio del Mensajero y le dijo:

******************************************************

¡Oh Mensajero! Este es mi hijo, un muchacho que sabe escribir.

Pasó diez años seguidos al servicio del Mensajero. ¿Qué tiene de extraño que pusiera por escrito todo cuanto oyera del Mensajero? Saíd ibn Hilal dice:

******************************************************

Cuando insistíamos a Anas ibn Malik (ra) para que narrara hadices, sacaba un rollo y decía: «Estos son los hadices que escuché del Noble Profeta (s) y que, después de escribirlos, le leí a él mismo». Mustadrak al-Hakim, tomo 3, página 573.

De esto se sabe que Hazrat Anas (ra) escribía hadices de manera sistemática. No se limitaba a escribirlos por su cuenta y amontonarlos, sino que se los leía al Mensajero y corregía los errores y las faltas.

También ordenaba a sus hijos que escribieran los hadices. Decía:

******************************************************

¡Oh, hijos! Conservad por escrito este conocimiento de los hadices.[Sunan al-Darimi, página 68.]

Cuando fue nombrado gobernador de Baréin y se dirigió allí, Hazrat Abu Bakr Siddiq (que Allah esté complacido con él) le envió una recopilación de hadices. Al comienzo estaba escrito:

******************************************************

Bismillahir Rahmanir Rahim: Estas son las disposiciones sobre la sadaqa que el Mensajero (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) estableció para los musulmanes, y Allah ordenó a Su Mensajero que las aplicara.[Bujari Sharif, tomo 1, página 195. Abu Dawud, hadiz n.º 1567.]

No cabe duda de que entre los hadices narrados por Hazrat Anas hay también muchos hadices de esta recopilación.

Hazrat Jabir (que Allah esté complacido con él) también había recopilado una colección de hadices.[*************]

Los muhaddices de la generación de los tabi‘in, como Hasan al-Basri y Qatada, tomaban y narraban hadices de esta recopilación. Además, otros tabi‘in, como Sulayman ibn Qays, Abu al-Zubayr, Abu Sufyan y Sha‘bi, también transmitían hadices a partir de esta recopilación de Hazrat Jabir. Todos los hadices que Abu Sufyan narró de Hazrat Jabir fueron tomados de esta sahifa.[**************]

Casi todos los muhaddizun han mencionado esta recopilación de hadices de Hazrat Yabir. Hafiz al-Dhahabi narró, citando al imán Ahmad, acerca de Qatadah ibn Du’amat:

******************************************************

Qatadah era la persona con la memoria más prodigiosa entre los habitantes de Basora. Memorizaba todo cuanto escuchaba. En cierta ocasión, le leyeron la recopilación de hadices de Hazrat Yabir y la memorizó íntegramente en el acto.[**************]

El propio Qatadah decía:

******************************************************

Había memorizado la sahifa de Yabir más que la sura al-Baqara.[***************]

Esto demuestra que Hazrat Yabir (que Allah esté complacido con él) había preparado una recopilación de hadices, que hasta épocas posteriores a él era estudiada regularmente por los estudiantes de hadices, y de la cual se transmitían los hadices.

Hazrat Abdullah ibn Mas’ud (que Allah esté complacido con él) también solía poner por escrito los hadices. Por ello, pudo preparar una recopilación de un gran número de hadices. Tras su fallecimiento, esta recopilación permaneció conservada por sus hijos. Su hijo Abdurrahman, mostrando una recopilación manuscrita de hadices, decía: «¡Por Allah!, esta es la recopilación de hadices escrita de puño y letra por mi padre».[*************]

Hazrat Samura ibn Jundub (que Allah esté complacido con él) también había puesto por escrito hadices. Después de su fallecimiento, su hijo Salman ibn Samura recibió esta recopilación de hadices por vía hereditaria. El historiador Ibn Sirin dijo: «En el libro de hadices compilado por Samura se encuentra un conocimiento de gran valor.[****************]

Hazrat Abdullah ibn Abbas (que Allah esté complacido con él) había recopilado en forma de libro todos los hadices que había escuchado. Algunas personas de Taif escucharon estos hadices de él y copiaron el libro completo.[****************] También difundía los hadices escribiendo cartas.[Abu Dawud, Kitab al-Aqdiya] Después de su fallecimiento, su hijo Ali ibn Abdullah heredó numerosas recopilaciones de hadices.[***************] Se ha transmitido:

******************************************************

Hazrat Ibn Abbas (que Allah esté complacido con él) dejó libros de hadices equivalentes a la carga de un camello.[*************]

Es notable el siguiente relato sobre la escritura de hadices por parte de Hazrat Ibn Abbas. Al-Katani citó, por medio de Tabaqat Ibn Sa’d, las siguientes palabras de Salma, esposa de Abu Rafi:

******************************************************

Vi a Ibn Abbas con unas tablillas para escribir, escribiendo en ellas, a partir de Abu Rafi, algo acerca de las acciones del Mensajero.[*********************]

Al-Katani también escribió:

******************************************************

Ibn Abbas solía acudir ante Abu Rafi. Le preguntaba: «¿Qué hizo el Noble Mensajero de Dios (s) tal día?». … Ibn Abbas llevaba consigo a un hombre, quien anotaba todo lo que decía Abu Rafi.

La magnitud de la colección escrita de hadices de Ibn Abbas puede estimarse a partir de la siguiente cita. El imán Musa ibn Uqba dijo:

******************************************************

Kuraib, el esclavo de Abd Allah ibn Abbas, presentó ante nosotros una carga de camello de sus libros escritos de hadices.

Mughira ibn Shu’ba escribió numerosos hadices para Muawiya, a petición de este. El imán Bujari mencionó el siguiente relato al respecto:

******************************************************

Arrad, el escriba de Mughira ibn Shu’ba, dijo: «Mughira ibn Shu’ba me hizo escribir muchos hadices en un libro (una carta) dirigido a Muawiya».

Hazrat Abdullah ibn Amr ibn al-As (que Allah esté complacido con él) compiló otra colección de hadices después del fallecimiento del Noble Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él). Según una narración de los historiadores, fue el propio Noble Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) quien le ordenó hacerlo. Su nombre era «Sahifa de Yarmuk».

Hazrat Sa’d ibn Ubadah al-Ansari también compiló una sahifa de hadices. Su hijo narraba los hadices basándose precisamente en esta «sahifa». El imán al-Bujari dijo:

******************************************************

Esta sahifa era una parte de la sahifa de Abdullah ibn Abi Awfa. Él escribía los hadices con su propia mano.

En resumen, gracias a la aprobación, el permiso y el estímulo del Noble Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él), los compañeros se esforzaron plenamente por preservar, escribir y compilar este valiosísimo patrimonio del islam: el conocimiento de los hadices. En aquella sociedad, el estudio del conocimiento de los hadices no se realizaba únicamente como medio para obtener la recompensa del Más Allá; también se consideraba entonces un asunto de suma importancia para alcanzar prestigio social, cultivar el conocimiento y la ciencia, y desarrollar los talentos innatos. Por esta razón, las innumerables e inconmensurables palabras del Noble Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) quedaron preservadas para siempre por medio de los compañeros que él había formado: los más fieles, dignos de confianza, veraces y temerosos de Allah.

Hazrat Abdullah ibn Amr ibn al-As dijo: «Cuando era joven, pregunté a los compañeros:

******************************************************

¿Cómo narran ustedes los hadices del Mensajero? Ustedes escucharon lo que él dijo. ¿Acaso no estaban ustedes completamente inmersos en los hadices del Mensajero?»

Al oír esto, se echaron a reír. Dijeron: «Oh, hijo de nuestro hermano, todo cuanto oíamos de él está escrito en un libro que tenemos. Tibraní, al-Kabir y…

Este hecho demuestra que, cuando Abd Allah ibn Amr aún era joven, los compañeros también escribían hadices. Esto ocurrió en la primera época de la Medina islámica.

Hazrat Anas ibn Malik (que Allah esté complacido con él) escuchó de Mahmud ibn al-Rabí un largo hadiz narrado por Hazrat Utban ibn Malik. Luego dijo:

******************************************************

El hadiz me agradó muchísimo.

Entonces dijo a su hijo: «Escríbelo». Y fue escrito.

 

Clasificación de los compañeros que narraron hadices

Según el número

No es en absoluto reducido el número de quienes escucharon directamente hadices del Noble Profeta y narraron algunos hadices de su parte. A este respecto, el muhaddiz y erudito de las biografías de los narradores de hadices, el imán Alí ibn Abu Zur’a, respondió así a una pregunta:

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El número de quienes vieron al Noble Profeta con sus propios ojos y escucharon sus palabras con sus propios oídos antes de su fallecimiento superaba el centenar de miles, entre hombres y mujeres. Todos ellos narraron hadices, ya fuera escuchándolos directamente del Noble Profeta o recibiendo la narración de otra persona.

El profesor de la Universidad de Al-Azhar, en Egipto, Muhammad Abu Zahw, uno de los más grandes especialistas en la ciencia del hadiz de la época contemporánea, escribió:

******************************************************

El Noble Profeta abandonó este mundo dejando aproximadamente ciento catorce mil compañeros. Ellos escucharon hadices del Noble Profeta y los narraron. Se pregunta: ¿dónde vivían y cómo y dónde pudieron escuchar los hadices? La respuesta es que eran habitantes de La Meca y Medina, personas de las regiones situadas entre ambas ciudades, árabes comunes y aquellos que estuvieron presentes con él en la Peregrinación de Despedida. Todos ellos vieron al Noble Mensajero con sus propios ojos y escucharon hadices de él durante su vida.

Según un relato proporcionado por el muhaddiz Abu Zur’a, aunque el número de los compañeros (y de las personas que habían narrado algo del Noble Profeta) superaba el centenar de miles, según el erudito al-Dhahabí el número de compañeros que narraron regularmente una cantidad considerable y computable de hadices era de tan solo ciento cinco. Por supuesto, mediante una investigación podrían encontrarse más. El Musnad de Abu Dawud al-Tayalisi es una obra de hadices compilada hacia finales del segundo siglo de la Hégira; en ella se narran hadices de aproximadamente doscientos cincuenta compañeros. En la obra Usud al-Gabah se menciona que el número de compañeros narradores de hadices era de 7554. En dicha obra se afirma que todos ellos narraron hadices directamente del Mensajero. Sin embargo, el erudito Ibn Hayar objetó esta afirmación. Dijo que entre ellos se habían contado también personas que no eran compañeros.

Según el erudito al-Dhahabí, de estos ciento cinco compañeros se narró una gran cantidad de hadices de veintiocho. Según la mayoría de los muhaddices, estos veintiocho compañeros son precisamente quienes narraron el mayor número de hadices. En realidad, aproximadamente la mitad del vasto patrimonio de hadices fue narrada por estos veintiocho compañeros. La conclusión de los muhaddices es que quienes narraron menos de cuarenta hadices son considerados «narradores de pocos hadices». Sobre esta base, los compañeros pueden dividirse en cuatro grupos, según narraran un número elevado o reducido de hadices:

a) Compañeros de la primera categoría: quienes narraron mil hadices o más.

b) Compañeros de la segunda categoría: aquellos de quienes se narraron quinientos hadices o más.

c) Compañeros de la tercera categoría: aquellos cuyos hadices fueron cuarenta o más.

d) Compañeros de la cuarta categoría: aquellos cuyos hadices narrados fueron menos de cuarenta.

Sin embargo, es muy elevado el número de Compañeros que narraron entre más de quinientos y menos de cuarenta hadices. Por ello, podemos dividirlos nuevamente en dos niveles: al primer nivel pertenecen quienes narraron entre cien y quinientos hadices, y al segundo, quienes narraron entre cuarenta y cien hadices.

Según esta clasificación, todos los Compañeros que narraron hadices pueden dividirse en cinco categorías:

1. Aquellos cuyos hadices narrados fueron mil o más.

2. Aquellos cuyos hadices narrados fueron quinientos o más, pero menos de mil.

3. Aquellos cuyos hadices narrados son cien o más, pero menos de quinientos.

4. Aquellos cuyo número de hadices narrados es de cuarenta, o de cuarenta, o superior a cuarenta, pero inferior a cien.

5. Aquellos cuyo número de hadices narrados es de cuarenta o inferior a cuarenta.

Primera categoría

Según los especialistas en hadices de mayor autoridad, en la primera categoría solo pueden incluirse seis compañeros. Estos son: (1) Hazrat Abu Huraira (que Dios esté complacido con él), (2) Hazrat Aisha (que Dios esté complacido con ella), (3) Hazrat Abd Allah ibn Abbas (que Dios esté complacido con él), (4) Hazrat Abd Allah ibn Umar (que Dios esté complacido con él), (5) Hazrat Jabir ibn Abd Allah (que Dios esté complacido con él) y (6) Hazrat Anas ibn Malik (que Dios esté complacido con él). El número de hadices narrados por ellos supera el millar. Sin embargo, Shah Waliullah Dehlavi (que Dios tenga misericordia de él) incluyó en esta categoría a un total de ocho compañeros. Añadió a los mencionados a Hazrat Abd Allah ibn Amr ibn al-As (que Dios esté complacido con él) y a Hazrat Abu Said al-Judri (que Dios esté complacido con él).

En realidad, la opinión de Shah Dehlavi es contraria a la de los eruditos de la primera categoría de la ciencia de los hadices. El imán Ahmad ibn Hanbal (que Dios esté complacido con él) también señaló únicamente a los seis compañeros mencionados anteriormente como los narradores del mayor número de hadices.

De hecho, los expertos en hadices generalmente no incluyeron a Hazrat Abu Said al-Judri (que Dios esté complacido con él) en esta categoría, aunque el número de hadices narrados por él supera el millar.

El erudito Badr al-Din al-Ayni escribió acerca de él:

******************************************************

Narró mil ciento setenta hadices. De ellos, cuarenta y seis aparecen en ambos libros, Bujari y Muslim; además, dieciséis figuran exclusivamente en Sahih al-Bujari y otros cincuenta y dos en Muslim.

No se comprende por qué Shah Waliullah (que Allah tenga misericordia de él) quiso incluir a Hazrat Abdullah ibn Amr ibn al-As (que Allah esté complacido con él) en esta categoría. Pues, según cálculos fiables, el número de hadices que narró es de apenas setecientos. En este contexto, puede decirse que los compañeros que narraron mil hadices o más fueron solamente siete, y que el total de hadices narrados por ellos fue de catorce mil ochocientos setenta.

Parece necesario presentar aquí una exposición algo detallada sobre estos seis compañeros, pues tal exposición es indispensable para formar una convicción firme y una comprensión clara acerca de los hadices.

Hazrat Abu Huraira (que Allah esté complacido con él)

Hazrat Abu Huraira (que Allah esté complacido con él) aceptó el islam durante la batalla de Jaybar, en el mes de Muharram del séptimo año de la Hégira, y se unió allí al Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él). Desde entonces hasta el fallecimiento del Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él), nunca abandonó su presencia ni su compañía. Su objetivo fundamental era adquirir un conocimiento correcto y detallado del islam.

Ibn Abd al-Barr escribió:

******************************************************

Abū Huraira aceptó el islam en el año de la batalla de Jaybar. Participó en esta batalla junto al Noble Mensajero (s). Después, se consagró a acompañar al Mensajero y permanecía siempre con él. Su propósito era adquirir conocimiento, y con ello se sentía satisfecho y saciaba su hambre. Mantenía su mano asida a la mano del Mensajero. Adondequiera que este iba, Abū Huraira (ra) también iba.

Escuchaba atentamente y memorizaba todo lo que el Noble Mensajero (s) solía decir, todo lo que respondía a las preguntas de otras personas, todo lo que enseñaba sobre diversos asuntos del islam y del Corán, las explicaciones y análisis de los versículos coránicos, y los sermones y discursos que pronunciaba sobre distintos temas, pues permanecía constantemente presente en la asamblea del Mensajero. Asimismo, él mismo lo conservaba. Muchos de los demás Compañeros estaban ocupados con diversos asuntos familiares, sociales y económicos, como el comercio y la agricultura, por lo que no podían pasar mucho tiempo en la asamblea del Mensajero. Pero el honorable Abū Huraira no tenía ninguna ocupación de ese tipo. Por ello tuvo más oportunidades que los demás de escuchar hadices. No resulta extraño, por tanto, que pudiera narrar un gran número de hadices. En tales circunstancias, el propio honorable Abū Huraira (ra) dijo:

******************************************************

La mayoría de mis hermanos muhāŷirūn estaban ocupados con sus negocios en el mercado, mientras que yo permanecía unido al Mensajero. No tenía ninguna ocupación fuera de allí. Así, cuando ellos estaban ausentes de la asamblea del Mensajero, yo me encontraba allí presente. Cuando ellos olvidaban algo, yo lo recordaba.

Por otra parte, mis hermanos ansār estaban ocupados administrando sus bienes y propiedades. Pero yo era un hombre pobre y necesitado de la Ṣuffa. Por eso, aunque ellos olvidaran algún asunto, yo lo conservaba en la memoria.

El número total de hadices narrados por el honorable Abū Huraira (ra) es de 5347. De ellos, 325 hadices aparecen en ambas obras, Bujārī y Muslim; además, 79 hadices se citan exclusivamente en Ṣaḥīḥ al-Bujārī y 93 exclusivamente en Ṣaḥīḥ Muslim.

El imán Bujārī y Badruddīn al-ʿAynī escribieron:

******************************************************

Más de ochocientos compañeros y tabi‘un narraron hadices de él.

La explicación de cómo Hazrat Abu Huraira (ra) pudo narrar tantos más hadices que los demás compañeros puede conocerse detalladamente a partir del análisis que él mismo hizo anteriormente. Además, de la siguiente declaración suya también se obtiene una idea clara al respecto. Él mismo dijo:

******************************************************

Si Allah, Exaltado sea, no hubiera revelado estos dos versículos en Su Libro, jamás habría narrado ningún hadiz. En ellos Allah dijo: «A aquellos que ocultan las evidencias claras y la guía que Yo he revelado, Allah los maldice, y también los maldicen quienes maldicen».[Muslim Sharif, tomo 2, pág. 302; Bujari Sharif, tomo 1, pág. 22.]

Hazrat Abu Huraira (ra) permaneció junto al Mensajero continuamente durante aproximadamente tres años, escuchando hadices y conservándolos en su memoria. Gracias a ello pudo narrar un número de hadices muy superior al de los demás compañeros. Allah, Exaltado sea, le había concedido especialmente una memoria tan aguda que jamás olvidaba nada de lo que escuchaba. Aunque esta incomparable memoria la obtuvo precisamente como resultado de la súplica del Noble Mensajero y de una medida especial. Su extraordinaria adquisición de hadices y su incomparable memoria eran hechos universalmente conocidos y reconocidos en la sociedad de aquella época. Las declaraciones citadas a continuación lo demuestran sin lugar a dudas.

Hazrat Ubayy ibn Ka‘b (ra) dijo:

******************************************************

Abu Huraira era muy valiente a la hora de hacer preguntas y consultas al Mensajero. Le preguntaba acerca de asuntos sobre los que ningún otro compañero le preguntaba.

Abu Amir dice: Yo me encontraba en presencia de Hazrat Talha. Un hombre llegó y le dijo: «¡Oh, Abu Muhammad! Hasta hoy no hemos podido comprender si Abu Huraira es un mayor memorizador de los hadices del Mensajero o lo sois vosotros». Entonces Hazrat Talha (ra) dijo: «Él [Abu Huraira (ra)] conoce muchas cosas que están fuera de nuestro conocimiento. La razón es que nosotros éramos personas adineradas; teníamos casas, esposas y familias, y pasábamos la mayor parte del tiempo ocupados en ello. Solo acudíamos al servicio del Mensajero (s) por la mañana y por la tarde, y luego nos marchábamos a atender nuestros propios asuntos. En cambio, Abu Huraira (ra) era pobre; no tenía tierras ni familia. Por eso permanecía unido al Mensajero, siguiéndolo constantemente y tomándolo de la mano. Todos creemos que él pudo escuchar más hadices que cualquiera de nosotros. Ninguno de nosotros lo ha acusado de narrar un hadiz sin haberlo escuchado del Mensajero».

En cierta ocasión, Hazrat Aisha (ra) lo llamó y le preguntó: «¿Qué clase de hadices estás narrando, si tú también escuchaste las mismas palabras y viste las mismas acciones del Mensajero (s) que yo?». En respuesta, Hazrat Abu Huraira (ra) dijo: «¡Madre! Usted estaba ocupada arreglándose y adornándose para el Mensajero; y, por Dios, nada procedente del Mensajero podía apartar mi mirada hacia otra cosa».

En cierta ocasión, al no poder soportar un asunto relacionado con Marwán, el gobernante omeya, Hazrat Abu Huraira (ra) se enfadó y dijo: «La gente dice que Abu Huraira (ra) narra muchos hadices, aunque llegó a Medina apenas unos días antes del fallecimiento del Noble Profeta (s).

En respuesta, Hazrat Abu Huraira (ra) dijo: «Cuando llegué a Medina, tenía algo más de treinta años. Desde entonces permanecí junto al Mensajero (s) hasta su fallecimiento. Iba con él incluso hasta los aposentos de sus esposas, lo atendía, participaba con él en las batallas y en la yihad, y realizaba el hach con él. Por eso pude conocer más hadices que los demás. Por Dios, las personas que habían estado en compañía del Mensajero (s) antes que yo también reconocían que yo estaba siempre presente en la corte del Mensajero, y me preguntaban acerca de los hadices. Entre ellos destacaban especialmente Hazrat Umar (ra), Hazrat Uzmán (ra), Hazrat Talha (ra) y Hazrat Zubair (ra). Talha ibn Ubaydullah dijo:

******************************************************

No cabe duda de que Abu Huraira escuchó del Mensajero (s) muchos hadices que nosotros no pudimos escuchar.

Cierto día, Hazrat Ibn Umar (ra) le dijo a Hazrat Abu Huraira (ra):

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Tú permanecías en compañía del Mensajero (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) más que nosotros y, por ello, conocías y memorizabas sus hadices mejor que nosotros.

El imán al-Dhahabí escribió que un día Umar al-Faruq (que Allah esté complacido con él) le dijo precisamente esto a Abu Huraira (que Allah esté complacido con él).

Numerosos eruditos de los tabi‘in dieron testimonio de la aguda memoria de Abu Huraira (que Allah esté complacido con él). A continuación se citan las palabras de algunos de ellos:

Abu Salih dijo:

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Entre los compañeros del Noble Profeta (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él), Abu Huraira (que Allah esté complacido con él) tenía la memoria más prodigiosa y era un gran memorizador de hadices.

Sa‘id ibn Abi al-Hasan dijo:

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Entre los compañeros, no hubo nadie que narrara más hadices que Hazrat Abū Huraira (r.a.).

El imán Bujari (r.a.) escribió acerca de Hazrat Abū Huraira (r.a.):

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Cerca de ochocientos eruditos narraron hadices transmitidos por él. Entre los narradores de hadices de su época, él era el mayor háfiz de hadices.

Badruddīn ʿAynī escribió:

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Todos los especialistas en hadices coinciden en que Hazrat Abū Huraira (r.a.) fue quien más hadices narró entre los compañeros.

El imán Shāfiʿī (r.) dijo:

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Abu Huraira (que Allah esté complacido con él) era el de mayor memoria y un gran hafiz de hadices entre todos los narradores de hadices de su época.

El muhaddiz al-Hakim dijo:

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Hazrat Abu Huraira (que Allah esté complacido con él) era el de mayor memoria y un gran hafiz de hadices entre los compañeros del Mensajero (que Allah le bendiga y le conceda paz). Permaneció con el Mensajero (que Allah le bendiga y le conceda paz) mucho más tiempo que los demás. Esto se debió a que, en lo referente a sus necesidades, estaba satisfecho. Su mano permanecía en la mano del Mensajero (que Allah le bendiga y le conceda paz); adondequiera que este iba, él también iba. Esta situación se mantuvo hasta el fallecimiento del Mensajero. Y por esta razón, el número de hadices narrados por Hazrat Abu Huraira (que Allah esté complacido con él) fue mucho mayor que el de los demás.

El imán al-Hafiz Baqi ibn Majlad al-Andalusi escribió en su obra Musnad:

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Hay cinco mil trescientos setenta y cuatro hadices narrados por Abu Huraira. Ningún otro compañero narró una cantidad igual ni siquiera cercana a esta.

En suma, hubo cuatro razones principales por las que fue elevado el número de hadices que transmitió. Estas cuatro razones son:

1. Permanecer constantemente en compañía del Mensajero (s) después de aceptar el islam.

2. Su intenso deseo de aprender los hadices y memorizarlos, sin olvidar ninguna de las palabras que escuchaba.

3. La compañía de los grandes Compañeros y la oportunidad de aprender hadices de ellos. Gracias a ello, su conocimiento de los hadices alcanzó la plenitud y pudo recopilar hadices de todas las épocas, tanto anteriores como posteriores.

4. Vivir durante mucho tiempo después del fallecimiento del Noble Profeta (s), tener la oportunidad de transmitir hadices durante aproximadamente 74 años y no aceptar la ocupación de ningún cargo estatal importante.

Por todas estas razones, Abu Huraira (ra) fue un gran hafiz de hadices, el más conocedor de hadices entre los Compañeros y quien más hadices transmitió. Los hadices que los Compañeros transmitían por separado podían encontrarse reunidos ante Abu Huraira (ra). Por eso, todos le consultaban y dependían de él. Abdullah ibn Umar dijo:

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Abu Huraira (ra) conservaba de memoria los hadices del Mensajero (s) para los musulmanes.

La extensa exposición anterior demuestra de manera irrefutable que, puesto que el venerable Abu Huraira (r.a.) era un gran erudito del hadiz, era natural que el número de hadices narrados por él fuese mayor que el de los demás, y que sus narraciones fueran enteramente dignas de confianza y fiables. A pesar de ello, hay que asombrarse ante la insolencia de quienes han lanzado insinuaciones contra la abundancia de las narraciones de hadices del venerable Abu Huraira.

La venerable Aisha (r.a.)

La Madre de los Creyentes, la venerable Aisha (r.a.), pasó nueve largos años consecutivos como esposa del Profeta universal. Estos años de la vida del Mensajero fueron precisamente el período de mayor actividad y de plena consolidación del sistema de vida islámico. El Profeta noble (s.a.w.) falleció cuando la venerable Aisha tenía dieciocho años. Después de ello, ella vivió aproximadamente treinta y nueve años. Por esta razón, por un lado pudo recopilar del Profeta noble (s.a.w.) un gran número de hadices y, por otro, pudo asimismo transmitirlos de manera adecuada. Numerosos Compañeros del Profeta noble (s.a.w.) y numerosos tabi‘un de la época posterior pudieron escuchar hadices de ella y narrarlos a través de su cadena de transmisión.

El erudito Badruddin Ayni escribió:

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La venerable Aisha (r.a.) fue una gran jurista entre los Compañeros y una de los seis Compañeros que narraron del Mensajero (s.a.w.) el mayor número de hadices. A través de su cadena se han narrado dos mil doscientos diez hadices. De ellos, ciento setenta y cuatro aparecen conjuntamente en las dos obras, Bujari y Muslim. Además, cincuenta y cuatro hadices figuran por separado en Sahih al-Bujari y otros cincuenta y ocho en Sahih Muslim.

El venerable Anas (r.a.)

Ya se ha dicho anteriormente que el venerable Anas (r.a.) estuvo dedicado durante diez largos años al servicio del Profeta noble (s.a.w.). Mientras permaneció en compañía del Mensajero noble (s.a.w.), tuvo la oportunidad de escuchar muchas de sus palabras y observar atentamente muchos de sus actos. Fue uno de los pocos Compañeros que adoptaron un método especial en la narración de hadices. Prestó un servicio excepcional al conocimiento del hadiz. Puede decirse que consagró toda su vida a la transmisión de hadices. Incluso después del fallecimiento del Mensajero (s.a.w.), cuando los demás Compañeros estaban inmersos en guerras y conflictos, él continuó incansablemente ocupado en transmitir hadices. Al final de su vida, la mezquita congregacional de Basora era el centro desde el cual transmitía sus hadices.

A sus sesiones de transmisión de hadices acudían con gran entusiasmo estudiantes deseosos de aprender hadices procedentes de La Meca, Medina, Basora, Kufa y Siria.

El número de hadices que narró asciende a varios miles. En palabras del erudito Badruddin Ayni:

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Narró del Noble Profeta (s.a.s.) dos mil doscientos ochenta y seis hadices.

De ellos, 83 hadices se mencionan en el Sahih de Bujari y otros 91 en el Sahih de Muslim. Además, 168 hadices fueron citados tanto en la obra de Bujari como en la de Muslim. Fue el último de los compañeros que fallecieron en la ciudad de Basora. Vivió casi un siglo.

Hazrat Abdullah ibn Umar (r.a.)

Hazrat Abdullah ibn Umar (r.a.) fue compañero del Mensajero (s.a.s.) desde muy joven. Debido a su corta edad, se le privó de la oportunidad de participar en la batalla de Badr. Sin embargo, participó directamente en todos los acontecimientos posteriores. Por ello, entre los compañeros que permanecieron junto al Noble Profeta (s.a.s.) y narraron sus hadices, ocupó una posición especialmente importante. El número total de hadices que narró es de 1630. De ellos, 173 fueron citados tanto en las obras de Bujari como en las de Muslim. Además, 81 hadices se mencionan en el Sahih de Bujari y 31 en el Sahih de Muslim. El erudito Badruddin Ayni escribió:

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Después de Abu Huraira, él fue quien más hadices narró entre los sahaba.

El venerable Abdullah ibn Abbas (que Allah esté complacido con él)

La tía materna de Abdullah ibn Abbas era la venerable Maymuna, Madre de los creyentes (que Allah esté complacido con ella). Abdullah solía permanecer en la casa de su tía materna. Lo hacía porque estaba especialmente interesado en observar con sus propios ojos la adoración y las devociones nocturnas del Noble Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él). El Noble Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) suplicó por él diciendo:

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«¡Oh, Allah!, haz que Ibn Abbas sea especialmente versado en la religión del islam y dale a conocer sus profundos secretos.»

Como consecuencia de ello, ¿qué tiene de extraño que lograra recopilar una enorme cantidad de hadices? El erudito Badruddin Ayni escribió:

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Ibn Abbas (que Allah esté complacido con él) narró del Noble Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) mil seiscientos sesenta hadices. De ellos, 95 aparecen en ambas obras, Bujari y Muslim. Además, 120 hadices se encuentran únicamente en Bujari y 49 únicamente en Muslim. Entre los sahaba y los tabi’in, un gran número de personas narraron hadices de él. Todos lo consideraban especialmente versado en hadices.

Hadrat Yabir ibn Abdulá (ra)

Hadrat Yabir ibn Abdulá poseía una especial competencia en la ciencia del hadiz. Dedicó toda su vida al estudio del hadiz. El aprendizaje, la práctica y la difusión del hadiz eran el objetivo de su vida. Con este propósito, viajó durante muchos años por las rutas más remotas y difíciles de regiones muy lejanas. El compilador de Mishkat dijo acerca de él:

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Fue uno de los Compañeros más ilustres. Fue uno de los Compañeros que narraron un gran número de hadices.

Narró hadices directamente del Noble Profeta (s), así como a través de otros Compañeros. Cuando Hadrat Abdulá fue martirizado en la batalla de Uhud, Hadrat Yabir se dedicó a acompañar permanentemente al Mensajero (s). Vivió durante muchos años. Al viajar por las principales ciudades del mundo musulmán, tuvo la oportunidad de encontrarse con numerosos Compañeros narradores de hadices. En la Mezquita del Profeta estableció durante muchos años una «halqa» (círculo) para enseñar hadices. Vivió 64 años después del Mensajero (s). Dedicó toda esa larga vida a la difusión del hadiz. El número total de hadices narrados por él fue de 1540. De ellos, Bujari y Muslim mencionaron conjuntamente sesenta hadices. Bujari mencionó por separado 26 y Muslim mencionó independientemente otros 26 hadices.

Segunda parte

En la segunda parte pueden mencionarse únicamente cuatro Compañeros como narradores de quinientos o más de quinientos hadices. A continuación se ofrecen sus nombres y una breve presentación.

1. Hadrat Abdulá ibn Masud (ra):Aceptó el islam en La Meca desde los primeros tiempos de la prédica islámica y participó junto al Mensajero (s) en casi todas las batallas. Era el encargado de cuidar las sandalias del Mensajero (s). Él le ponía las vestiduras al Mensajero (s).

El erudito Badruddin al-Ayni escribió sobre él:

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Narró 848 hadices del Mensajero (que la paz y las bendiciones de Dios sean con él). De ellos, 64 aparecen en ambos libros, el Sahih de Bujari y el Sahih de Muslim. Además, otros 21 se mencionan en el Sahih de Bujari y otros 35 en el Sahih de Muslim.

2. Hazrat Abdullah ibn Amr ibn al-As (que Dios esté complacido con él):El erudito Badruddin al-Ayni escribió sobre él:

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Era un gran erudito y se esforzaba enormemente en los actos de adoración. Poseía más hadices que Hazrat Abu Huraira (que Dios esté complacido con él), porque él los escribía, mientras que Hazrat Abu Huraira (que Dios esté complacido con él) al principio no los escribía. A pesar de ello, el número de hadices narrados con su cadena de transmisión era mucho menor que el de los narrados con la cadena de transmisión de Hazrat Abu Huraira.

Él escribía y conservaba los hadices. Mujahid dice: Al ver junto a Abdullah una recopilación de hadices, le pregunté: «¿Qué es esto?». Él respondió:

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Su nombre es Sadiqa. En ella están escritos los hadices que escuché del Mensajero (s.a.s.). Al escuchar estos hadices, no hubo ninguna otra persona entre el Mensajero (s.a.s.) y yo.[***************]

3. Hazrat Ali (r.a.):El cuarto califa de los Califas Rashidun. Fue el primero de los hombres en aceptar el islam y permaneció como compañero del Mensajero en aquella época. Era primo paterno y yerno del Noble Mensajero (s.a.s.). También fue el primer califa del linaje de Banu Hashim.[*****************]

El erudito Badruddin Ayni escribió sobre él:

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A través de su cadena de transmisión, se narraron en total 586 hadices del Mensajero (s.a.s.). De ellos, Bujari y Muslim mencionaron veinte hadices cada uno en sus respectivos libros. Además, Bujari mencionó nueve y Muslim otros quince hadices.[************]

4. Hazrat Umar ibn al-Jattab (r.a.):  El segundo califa de los Califas Rashidun. Aceptó el islam en el sexto año de la profecía. Como resultado de su conversión al islam, este adquirió una gran fuerza en La Meca. Consagró toda su vida al islam.[*************] Según un cálculo, el número total de hadices narrados por él asciende a 539.[************]

Tercera sección

En la tercera categoría se cuentan un total de 26 Compañeros. A continuación se presentan sus nombres y una breve descripción:

1. Umm al-Mu’’minin, Hazrat Umm Salama (que Allah esté complacido con ella):El número de hadices narrados por ella es de 157. De ellos, dos aparecen tanto en Bujari como en Muslim. El autor de Mishkat escribió acerca de ella:

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De ella narraron hadices Hazrat Ibn Abbas (que Allah esté complacido con él), Aisha (que Allah esté complacido con ella), su propia hija Zaynab, su hijo Umar e Ibn al-Musayyib.

Además, numerosos Compañeros y tabi‘un narraron hadices de ella.

2. Hazrat Abu Musa al-Ash’‘arí (que Allah esté complacido con él): El erudito Badr al-Din al-‘Ayni escribió acerca de él:

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Los hadices narrados por él son 360. De ellos, cincuenta aparecen tanto en Bujari como en Muslim. Además, cuatro hadices se mencionan exclusivamente en Bujari y otros quince exclusivamente en Muslim. Anas ibn Malik (que Allah esté complacido con él), Tariq ibn Shihab y muchos otros tabi‘un narraron hadices de él. Era considerado un experto destacado entre los Compañeros.

3. Hazrat Bara’’ ibn ‘Azib (que Allah esté complacido con él): Badr al-Din al-‘Ayni escribió:

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A través de su cadena de transmisión, se narraron del Mensajero trescientos cinco hadices. De ellos, veintidós hadices fueron citados tanto en Bujari como en Muslim; quince únicamente en Sahih al-Bujari y seis únicamente en Sahih Muslim.[*****************]

4. Hazrat Abu Dharr al-Gifari (RA):Él mismo dijo:

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Soy el cuarto de los primeros cuatro que aceptaron el islam.[Ídem]

Al-lama Badr al-Din al-Ayni mencionó:

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A través de su cadena de transmisión, se narraron del Mensajero 281 hadices. De ellos, doce hadices aparecen tanto en Sahih al-Bujari como en Sahih Muslim; además, dos fueron citados exclusivamente en Sahih al-Bujari y diecisiete exclusivamente en Sahih Muslim. Numerosos compañeros también narraron hadices de él.[***********] Los tabi‘in también narraron hadices de él.[**********]

Hazrat Sa’d ibn Abi Waqqas (ra):Fue uno de los diez compañeros a quienes se les anunció en este mundo la entrada al Paraíso. Aceptó el islam a los 14 o 17 años. Fue el primero en lanzar flechas en la lucha por la religión de Allah. Sobre él, el erudito Badr al-Din al-‘Ayni escribió:

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El total de hadices que narró del Mensajero fue de doscientos setenta. De ellos, tanto Bujari como Muslim mencionaron quince hadices. Además, Bujari mencionó por separado cinco hadices y Muslim dieciocho.

6. Hazrat Sahl ibn Sa’d al-Ansari (ra): El Mensajero de Allah falleció cuando él tenía quince años, y fue el último de los compañeros en morir en Medina. Después de la muerte de todos los compañeros, como él era el único que seguía vivo, todos acudían a él para el conocimiento de los hadices. El total de hadices que narró fue de 188. De ellos, 28 hadices aparecen en ambas obras, Bujari y Muslim.

7. Hazrat ‘Ubada ibn al-Samit (ra):Fue uno de aquellos habitantes de Medina a cuyos oídos llegó desde La Meca el llamado del islam y que participaron en el juramento de ‘Aqaba celebrado durante el peregrinaje en tres ocasiones consecutivas.

El erudito Badr al-Din al-‘Ayni escribió:

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El número de hadices que narró del Mensajero es de 181. De ellos, seis hadices fueron mencionados en ambas obras, Bujari y Muslim. Además, Bujari mencionó otros dos hadices y Muslim otros dos.

8. Hazrat Abu Dardá (que Allah esté complacido con él):Fue un Compañero muy honorable. Su conocimiento, inteligencia, sabiduría y pleno dominio de la ciencia del hadiz son ampliamente reconocidos. Un día, Hazrat Abu Dharr al-Gifari (que Allah esté complacido con él) se dirigió a él y le dijo:

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«Oh, Abu Dardá, ahora no hay sobre la tierra ni bajo el cielo ningún erudito mayor que tú.»

9. Hazrat Abu Qatada al-Ansari (que Allah esté complacido con él):Observaba una extrema cautela al narrar hadices. Comenzó a adoptar este principio inmediatamente después de escuchar las severas palabras relativas a atribuir falsedades al Mensajero. (La misma obra, tomo 8, página 92.) A pesar de ello, el número de hadices que narró es de 100.

10. Hazrat Ubay ibn Ka’b (que Allah esté complacido con él):Cada momento de su vida transcurrió al servicio de la ciencia del hadiz. Al-Jatib al-Umari escribió:

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Fue escriba de la revelación para el Noble Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él). Fue uno de aquellos que memorizaron completamente el Noble Corán durante la época del Mensajero. Muchas personas narraron hadices a través de su autoridad.

11. Hazrat Mu’adh ibn Yabal (que Allah esté complacido con él):Fue uno de los siete presentes en el segundo pacto de al-Aqaba. Participó en Badr y en todas las demás batallas. El Noble Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) lo envió a la provincia del Yemen como juez y maestro del islam.

Hazrat Ibn Masud dijo:

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Muadh era el maestro de toda bondad y obedecía a Allah y a Su Mensajero.

El propio Profeta Noble (s) dijo acerca de él:

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Muadh es quien más sabe de todos acerca de lo lícito y lo ilícito.

También dijo:

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El Día del Juicio, Muadh se presentará como el imán de la comunidad de los eruditos.

Entre los sahaba que narraron hadices de él se encontraban Hazrat Abdullah ibn Amr, Ibn Abbas, Ibn Abu Awfa, Anas ibn Malik, Abu Imamata, Abu Qatadah, Abu Salabata, Abdurrahman ibn Samura y Jabir ibn Samura, entre otros.

12. Hazrat Nu’man ibn Bashir (que Allah esté complacido con él): Fue el primer hijo de los ansar nacido después de la Hégira. El erudito Badruddin Ayni escribió:

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Se narraron ciento catorce hadices con su cadena de transmisión.

13. Hazrat Abu Bakrata (que Allah esté complacido con él):Llegó y se unió al Mensajero después de la conquista de Taif. Sobre él, Badruddin Ayni escribió:

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Entre los sahaba, era uno de los más versados en conocimiento religioso. Era también uno de los hombres más piadosos. Siempre se esforzaba con toda su alma en las obras de adoración.

Al-Ayni también escribió lo siguiente:

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A través de su cadena de transmisión, se narraron en total 133 hadices del Noble Profeta (s). De ellos, 8 hadices aparecen tanto en Bujari como en Muslim; otros cinco aparecen en Sahih al-Bujari y otro en Sahih Muslim.

14. Hazrat Jarir ibn Abdullah (ra):Aceptó el islam precisamente el año del fallecimiento del Noble Mensajero (s). Él mismo dijo:

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Acepté el islam cuarenta días antes del fallecimiento del Mensajero.

El erudito Badr al-Din al-Ayni escribió:

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Los hadices que narró son cien. De ellos, tanto Bujari como Muslim mencionaron ocho hadices, y Bujari y Muslim mencionaron seis hadices distintos. En el libro Sharh al-Nawawi de Muslim Sharif se ha mencionado que los hadices que narró son doscientos. De ellos, Bujari mencionó por sí solo apenas uno. Algunos han dicho que fueron seis.

15. Hazrat Abu Ayyub Ansari (r.a.):Fue un compañero sumamente honorable. Participó en el segundo juramento de al-Aqaba y en la batalla de Badr. Cuando el Mensajero de Allah llegó a Medina, se alojó primero en su casa. El erudito Badruddin Ayni escribió:

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El número de hadices que narró es de ciento cincuenta. De ellos, siete hadices aparecen mencionados tanto en Bujari como en Muslim. Además de estos, hay otro hadiz en Bujari.

16. Hazrat Uthman ibn Affan (r.a.):Fue el tercer califa de los Califas Rectamente Guiados, el Amir al-Mu’minin. Se casó sucesivamente con las dos hijas del Mensajero. Badruddin Ayni escribió sobre él:

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Narró 146 hadices del Mensajero. Bujari incluyó once de ellos en su propio libro.

17. Hazrat Mugira ibn Shu’ba (r.a.):Ocupaba una posición destacada entre los compañeros por su conocimiento. En los libros de hadices se mencionan 133 hadices narrados por él. Además de estos, otro hadiz aparece en Bujari Sharif y otros dos en Muslim Sharif.

18. Hazrat Imrán ibn Husayn (r.a.):Jatib al-Umari escribió:

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Fue uno de los hombres eminentes y de los juristas más destacados entre los compañeros.

19. Hazrat Usama ibn Zayd (r.a.):Fue el hijo adoptivo del Noble Profeta (s.a.s.). Ocupaba una posición eminente por sus conocimientos islámicos. Cuando falleció el Mensajero, apenas tenía dieciocho o veinte años. A pesar de ello, su memoria conservaba numerosas palabras del Noble Mensajero (s.a.s.). Sus actos y su carácter eran también un modelo digno de seguir para todos.

A través de él fueron narrados y transmitidos numerosos hadices. El número total de hadices narrados por él es de 128. De ellos, 15 fueron citados tanto en Sahih al-Bujari como en Sahih Muslim. Además, otros dos hadices fueron consignados exclusivamente en Sahih al-Bujari y otros dos en Sahih Muslim.

20. Hazrat Zawban (r.a.):Fue esclavo del Noble Mensajero (s.a.s.) y pertenecía a su familia. Permanecía siempre junto al Noble Mensajero (s.a.s.). Por un lado, memorizaba y conservaba los hadices; por otro, cumplía plenamente con la responsabilidad de transmitirlos.

21. Hazrat Burayda ibn Hasib (r.a.):Gozaba de una posición particularmente honorable entre los compañeros. Había memorizado numerosos hadices del Mensajero. El número total de hadices narrados por él es de 164. De ellos, solo uno aparece en ambas obras, Sahih al-Bujari y Sahih Muslim. Además, otros 2 fueron citados únicamente en Sahih al-Bujari y 11 únicamente en Sahih Muslim. Todos los hadices narrados por él los escuchó directamente del Mensajero.

22. Hazrat Abu Masud Aqaba ibn Umar (r.a.):Aceptó el islam durante el segundo juramento de fidelidad de Aqaba. Fue un entusiasta propagador de la religión islámica. Participó en todas las batallas. También prestó gran atención a la transmisión de los hadices. En los libros de hadices se encuentran mencionados 102 hadices narrados por él.

23. Hazrat Jarir ibn Abd Allah (r. a.):Abrazó el islam aproximadamente cuarenta días antes del fallecimiento del Mensajero. El número de hadices narrados por él es de cien. De ellos, ocho aparecen en ambas obras, Bujari y Muslim. Además, un hadiz aparece de forma independiente en Sahih al-Bujari, mientras que seis hadices aparecen en Sahih Muslim. Sin embargo, en la obra Sharh Muslim de al-Nawawi se afirma que se narraron doscientos hadices de Hazrat Jarir. De ellos, uno aparece en Sahih al-Bujari y nueve en Sahih Muslim.

24. Hazrat Samura ibn Yundub al-Farazi (r. a.):El compilador de Mishkat dijo acerca de él:

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Era un hafiz de hadices y uno de los que narraron un gran número de hadices del Mensajero. Muchas personas también narraron hadices de él.

El erudito Badr al-Din al-Ayni escribió:

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En total, se narraron de él ciento veintitrés hadices. De ellos, solo cuatro fueron citados en Sahih al-Bujari.

25. Hazrat Yabir ibn Samura (r. a.):Era sobrino materno de Hazrat Saad ibn Abi Waqqas. Residía en la ciudad de Kufa y allí falleció en el año 74 de la hégira. Muchas personas también narraron hadices de él.

26. Hazrat Abu Bakr Siddiq (que Allah esté complacido con él):Fue el primer califa de los Califas Bien Guiados. Fue amigo y compañero del Noble Profeta (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) durante toda su vida. Desde la época de la ignorancia hasta el establecimiento de la sociedad islámica, nunca se separó del Noble Mensajero (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él), en ninguna circunstancia, durante mucho tiempo. Acerca de él, el compilador de Mishkat escribió:

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Numerosos compañeros y tabi‘in transmitieron hadices de él. Sin embargo, debido a que vivió poco tiempo después del fallecimiento del Mensajero, se transmitieron muy pocos hadices de él.

Para una exposición detallada sobre las transmisiones de hadices de Hazrat Abu Bakr, véase en esta obra el capítulo «Los Califas Bien Guiados y la compilación de los libros de hadices».

Cada uno de los compañeros mencionados anteriormente transmitió cien hadices o más, y el total de hadices transmitidos por todos ellos asciende a 4556.

Cuarta parte

Los compañeros transmisores de hadices de la cuarta categoría son 33. De cada uno de ellos se transmitieron entre cuarenta y cien hadices. A continuación se presenta la lista completa de sus nombres:

(1) Hazrat Abdullah ibn Abi Awfa (2) Hazrat Zayd ibn Zabit (3) Hazrat Zayd ibn Arqam (4) Hazrat Ka‘ab ibn Aslami (5) Hazrat Zayd ibn Jalid al-Yuhani (6) Hazrat Hazrat Abu Talha Zayd ibn Sahl (7) Hazrat Hazrat Rafi‘ ibn Jadiy (8) Hazrat Salama ibn Akwa‘ (9) Hazrat Abu Rafi‘ el copto (10) Hazrat Awf ibn Malik al-Ashya‘i (11) Hazrat Adi ibn Hatim (12) Hazrat Abd al-Rahman ibn Awf (13) la Madre de los Creyentes, Hazrat Umm Habiba (14) Hazrat Ammar ibn Yasir (15) Hazrat Salman el Persa (16) la Madre de los Creyentes, Hazrat Hafsa (17) Hazrat Hazrat Burayra ibn Mutrim al-Qubshi (18) Hazrat Asma, hija de Abu Bakr (19) Hazrat Wasila ibn al-Asqa‘ al-Kinani (20) Hazrat Uqba ibn Amir al-Yuhani (21) Hazrat Fudala ibn Ubayda al-Ansari (22) Hazrat Umar ibn Utba (23) Hazrat Ka‘ab ibn Amr al-Ansari (24) Hazrat Fudala ibn Ubayd al-Aslami (25) la Madre de los Creyentes, Hazrat Maymuna (26) Hazrat Umm Hani (27) Hazrat Abu Hudhayfa ibn Mugaffal (28) Hazrat Bilal ibn Riyah al-Tamimi (29) Hazrat Abdullah ibn Mugaffal (30) Hazrat Miqdam ibn Asad al-Kufi (31) Hazrat Umm Atiyya al-Ansariyya (32) Hazrat Hakim ibn Hajar al-Asadi y (33) Hazrat Salma ibn Hanif al-Ansari (que Allah esté complacido con él).

Quinta parte

El número de Compañeros de la quinta categoría es de cincuenta y cinco. De cada uno de ellos se han transmitido cuarenta hadices o menos de cuarenta. Aquí se mencionan los nombres de los cuarenta narradores de hadices relativamente más numerosos de esta categoría. Son los siguientes:

(1) Hazrat Zubair ibn Awam (2) Hazrat Fátima bint Qays (3) Hazrat Jabbab ibn al-Ibt (4) Hazrat Iyad ibn Hammad Tamimi (5) Hazrat Malik ibn Rabi’a Sayd (6) Hazrat Abdullah ibn Salam (7) Hazrat Umm Qays bint Mahz (8) Hazrat Fadl ibn Abbas (9) Hazrat Amir ibn Rabi’a (10) Hazrat Rabi bint Mu’awwidh (11) Hazrat Usaid ibn Hudair Ashhali (12) Hazrat Jálid ibn Walid (13) Hazrat Umar ibn Hariz (14) Hazrat Jaula bint Hakim (15) Hazrat Zabit ibn Dahhak (16) Hazrat Urwa ibn Abi Zaid al-Asadi (17) Hazrat Muawiya ibn Hakim Salami (18) Hazrat Yamra bint Safwan (19) Hazrat Urwa ibn Majras (20) Hazrat Majma ibn Yazid (21) Hazrat Salim ibn Qays (22) Hazrat Qatada ibn Luqman (23) Hazrat Qubaisa ibn Mujarriq Amiri (24) Hazrat Asim ibn Adi (25) Hazrat Salma ibn Nuaim Ashyai (26) Hazrat Malik ibn Sa’sa’a (27) Hazrat Mahyan ibn Adra (28) Hazrat Saib ibn Faláh (29) Hazrat Jafaf Gifari (30) Hazrat Zu’far Habashi (31) Hazrat Malik ibn Hubaira (32) Hazrat Zayd ibn Hariza (33) Hazrat Zabit ibn Adiya (34) Hazrat Kaab ibn Iyad Ashari (35) Hazrat Kulzum ibn Husain Gifari (36) Hazrat Dahya Kalbi (37) Hazrat Judana bint Wahab (38) Hazrat Malik ibn Yasir (39) Hazrat Abdullah ibn Yamra y (40) Hazrat Kulzum ibn Alqama (que Allah esté complacido con él).

Los 15 restantes eran Compañeros jóvenes. El número de hadices narrados por ellos es muy reducido e insignificante.

El número total de los Compañeros cuyos nombres se han mencionado anteriormente en las distintas categorías es de ciento cinco. No cabe duda de que el grandioso e imperecedero tesoro de hadices que posee la comunidad musulmana, cual columna de luz inextinguible, es fruto de las narraciones de ellos y de su inmensa devoción, esfuerzo y práctica ininterrumpidos, su trabajo incansable, su firme fe en Allah y su eterno deseo de procurar el bienestar de la humanidad.

 

Causas de la diferencia en el número de hadices narrados

En la discusión anterior vimos que existe una enorme diferencia numérica entre los Compañeros en cuanto a la narración de hadices. Aunque todos eran Compañeros del mismo Profeta, algunos narraron un gran número de hadices, mientras que otros narraron muy pocos. Es especialmente necesario que conozcamos la causa de esta enorme diferencia en la narración de hadices.

Mientras el Noble Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) estuvo vivo entre los Compañeros, se dedicó generalmente a enseñarles a todos la religión del islam, el Libro de Allah y la sabiduría. En aquel tiempo no había posibilidad de difundir ninguna falsedad en nombre del Mensajero, ni existía la menor oportunidad de rechazar o descartar alguna de sus palabras diciendo: «No son palabras del Mensajero». Los hipócritas tampoco tenían muchas oportunidades de interpretar erróneamente alguna palabra del Mensajero y crear confusión acerca del islam. Pues, si ocurría algo semejante, los nobles Compañeros podían preguntarle al Mensajero y esclarecer por completo todos los asuntos. En la historia, y especialmente en los hadices nobles, existen innumerables ejemplos de ello. En una ocasión, Hazrat Umar Faruq (que Allah esté complacido con él) vio a Hazrat Hisham ibn Hakim recitar la sura Al-Furqan de una manera nueva, se sorprendió enormemente, lo detuvo y lo llevó ante el Mensajero. Entonces el Noble Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él), tras escuchar la recitación de Hazrat Hisham, dijo que también era lícito recitarla de ese modo. Así se disipó la duda que albergaba Hazrat Umar. Por esta razón puede decirse que, durante su vida, el Noble Mensajero era quien resolvía todas las diferencias de opinión entre los nobles Compañeros. Cada vez que surgía la menor duda o confusión sobre algún asunto, esta era eliminada directamente por medio del Mensajero.

Pero, tras el fallecimiento del Noble Profeta (la paz y las bendiciones sean con él), esta situación experimentó un cambio enorme. Por una parte, se interrumpió la vía de acceso al conocimiento de la Revelación y, por otra, innumerables neomusulmanes apostataron y se dispusieron a abandonar el islam. En tales circunstancias, algunos hipócritas también levantaron la cabeza con el propósito de sacar provecho de las aguas turbias. Por tanto, si intentaron difundir alguna falsedad en nombre del Mensajero, no hay en ello nada extraño ni sorprendente.

Pero el primer califa, Abu Bakr (que Dios esté complacido con él), organizó una enérgica resistencia contra ello. Por un lado, empleando toda su fuerza, aplastó a los apóstatas y a quienes negaban el azaque; por otro, levantó igualmente una muralla inexpugnable frente a la difusión de las falsedades de los mentirosos. Después de él, Umar al-Faruq (que Dios esté complacido con él) también tomó las medidas adecuadas al respecto. Adoptó una actitud sumamente estricta en lo referente a la transmisión de hadices. Un gran número de compañeros, llevando en sus corazones un inmenso tesoro de hadices, permanecían vigilantes como guardianes incansables. Temiendo que, al transmitir un hadiz, este pudiera convertirse en un juguete en manos de los hipócritas y adquirir una forma distorsionada, en general casi dejaron de transmitir hadices. En algunos, este temor llegó a ser tan intenso que pensaban que podían equivocarse al transmitir demasiados hadices, o que, si los musulmanes comunes se ocupaban por completo del estudio de los hadices, podían descuidar la palabra propia de Allah: el Noble Corán. También por estas razones, los nobles compañeros suspendieron temporalmente, en general, casi toda difusión y transmisión de hadices. Solo cuando resultaba indispensable recurrir a los hadices para resolver cuestiones de la sharía, gobernar el Estado, administrar justicia y atender otros asuntos cotidianos, se transmitían hadices entre ellos.

En esta etapa podemos mencionar especialmente a algunos compañeros y, a partir de ello, comprender también la razón por la que, pese a conocer un gran número de hadices, transmitieron relativamente pocos.

Abu Bakr al-Siddiq (que Dios esté complacido con él), compañero de toda la vida del Noble Profeta (la paz y las bendiciones sean con él), así como Abu Ubayda, Abbas ibn Abd al-Muttalib, Imran ibn Husayn y otros compañeros sumamente venerables, conocían un gran número de hadices, pero de ellos solo se transmitió una cantidad muy reducida. Said ibn Zayd era uno de los diez compañeros a quienes se había anunciado la buena nueva de que entrarían en el Paraíso; sin embargo, solo transmitió dos o tres hadices. Ubayy ibn Umarata transmitió únicamente un hadiz.

Algunos compañeros se mantuvieron tan ocupados cumpliendo la responsabilidad del califato después del fallecimiento del Mensajero que no tuvieron la oportunidad ni el tiempo necesarios para transmitir hadices. Los cuatro honorables compañeros de los Califas Rectamente Guiados, así como Talha y Zubayr (que Dios esté complacido con ellos), son ejemplos concretos de esta causa.

La situación de numerosos compañeros era exactamente la opuesta. Disponían de mucho tiempo libre. No tenían ninguna ocupación que pudiera impedirles transmitir hadices. Por ello pudieron transmitir un gran número de hadices, como Abu Huraira (que Dios esté complacido con él), Aisha (que Dios esté complacido con ella) y Abd Allah ibn Umar (que Dios esté complacido con él).

Algunos compañeros tuvieron muchas más oportunidades de estar en contacto y compañía del Noble Profeta (la paz y las bendiciones sean con él). Al permanecer con él en todas partes —en el país y en el extranjero, en casa y durante los viajes—, por un lado les resultó fácil recopilar un mayor número de hadices y, por otro, después de su fallecimiento tuvieron ocasión de transmitirlos ampliamente a los demás. Entre los compañeros dignos de mención en este contexto están Abd Allah ibn Masud (que Dios esté complacido con él), Abu Huraira (que Dios esté complacido con él), Yabir ibn Abd Allah (que Dios esté complacido con él), Anas ibn Malik (que Dios esté complacido con él) y Abd Allah ibn Umar (que Dios esté complacido con él). Algunos compañeros fallecieron durante la vida del Noble Mensajero o inmediatamente después de su fallecimiento, por lo que no tuvieron ninguna oportunidad en su vida de transmitir hadices a otros. De aquellos que no tuvieron muchas ocasiones de encontrarse con el Mensajero o de permanecer junto a él, también se transmitió un número muy reducido de hadices.

Tras la desaparición del Noble Mensajero (la paz y las bendiciones sean con él), surgían continuamente nuevas situaciones en la sociedad islámica. Entonces se volvió necesario para la población musulmana conocer las palabras del Mensajero sobre los asuntos correspondientes. Por ello, en aquel período, los compañeros que seguían vivos se vieron obligados a transmitir un mayor número de hadices. Más tarde nació entre los musulmanes un intenso interés por adquirir el conocimiento de los hadices. Presentaban a los compañeros, de diversas maneras, peticiones para escuchar los hadices del Mensajero. Por esta razón, los compañeros también estuvieron dispuestos a revelarles el conocimiento de los hadices que custodiaban y a enseñárselo. Esta fue asimismo una de las razones por las que se transmitió un gran número de hadices de muchos compañeros.

En la última etapa del Califato rectamente guiado surgieron diversas fitnas en la sociedad musulmana. La Shia y los Jariyíes se alzaron de manera permanente como dos sectas desviadas. En esa época, también intentaron hacer pasar ciertas afirmaciones como hadices del Mensajero. Por esta razón, algunos Compañeros del Mensajero se vieron obligados a ser aún más rigurosos en la transmisión de hadices, aunque transmitieran menos hadices auténticos. Precisamente por ello, del cuarto califa, el venerable Alí (que Allah esté complacido con él), solo pudieron transmitirse muy pocos hadices.

Las diferencias en la memoria, así como escribir o no escribir los hadices, fueron también algunas de las principales causas de las diferencias en su número de transmisiones. Quienes pudieron memorizar más hadices o dejarlos por escrito —como el venerable Abū Hurayra (que Allah esté complacido con él) y el venerable Abd Allah ibn Amr (que Allah esté complacido con él)— pudieron transmitir más hadices que los demás Compañeros. En la raíz de las diferencias en el número de hadices transmitidos por los numerosos Compañeros del mismo Mensajero se encuentran estas diversas causas. Por tanto, puede afirmarse sin duda que, por sorprendente que parezca el asunto, no hay en ello nada anormal. Véanse las páginas 66, 67, 147 y 148 de la obra escrita por Muhammad Abū Zuhū.

 

La dedicación de los tābiʿūn al estudio de los hadices

Después del fallecimiento del Noble Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) comenzó la época de los Compañeros. Así como los nobles Compañeros adquirieron una especial competencia al aprender del Noble Profeta el Corán, los hadices y, en general, las ciencias y conocimientos islámicos, ellos mismos enseñaron del mismo modo el Corán, los hadices y el conocimiento islámico a los tābiʿūn, pertenecientes a la generación siguiente. Durante la vida del Noble Profeta, él mismo ocupaba una posición eminente en materia de conocimiento islámico; tras su partida, los nobles Compañeros (que Allah esté complacido con ellos) fueron investidos con una posición de responsabilidad semejante. También se consagraron, mediante esfuerzos individuales y colectivos, a hacer que los musulmanes de la época de los tābiʿūn alcanzaran una mayor competencia en el conocimiento del Corán y los hadices, para nutrirlos con la corriente del conocimiento islámico. Así como el Noble Profeta había establecido en Medina, en la primera etapa, un gran centro de conocimiento, posteriormente la mayoría de los Compañeros creó, en el ámbito personal y en su propio entorno, un círculo de conocimiento; de ellos, los musulmanes de la época de los tābiʿūn adquirieron el conocimiento del Corán y los hadices. Pero ¿quién es un tābiʿī? Aquí es necesario presentar una discusión fundamental al respecto. El historiador al-Jatīb al-Bagdādī escribió sobre este tema:

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Un tābiʿī es quien ha permanecido en compañía de un Compañero.

Según esta definición, un simple encuentro con un Compañero no basta para ser considerado tābiʿī; más bien, también es necesario haber pasado algún tiempo junto a él. Sin embargo, la opinión de la mayoría de los muhaddices es diferente. Según ellos:

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Un tābi‘í es quien se ha encontrado con algún sahabí, aunque no haya permanecido en su compañía.

Ibn Hibbán estableció, a este respecto, como condición que, al encontrarse con un sahabí, el tābi‘í hubiera alcanzado la madurez intelectual y la capacidad de distinguir el bien del mal. Él dijo:

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Si en el momento del encuentro todavía era de corta edad y no tenía capacidad para conservar y preservar plenamente todo cuanto había oído, entonces su mero encuentro con el sahabí carece de valor.

La elevada dignidad de los tābi‘ūn después de los sahaba también ha sido mencionada especialmente en el Noble Corán. Se ha dicho:

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Y los primeros entre los muhāŷirūn y los ansar en aceptar el islam, así como quienes los siguieron con sincera entrega y satisfacción, Allah está complacido con ellos y ellos están complacidos con Allah. Y Él les ha preparado jardines bajo los cuales fluyen ríos. [Sura At-Tawba, rukū‘ 2, aleya 100.]

En esta aleya coránica, inmediatamente después de los sahaba muhāŷirūn y ansar se menciona a los tābi‘ūn. En materia de fe y obras, estos están subordinados a los nobles sahaba; del mismo modo, en el orden temporal, son sus sucesores. Por esta razón, en la terminología habitual se les llama «tābi‘ūn» (los posteriores o los seguidores).

En los hadices también se ha hablado de los tābi‘íes con especial honor. El Noble Mensajero (s) dijo:

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Las personas de mi época (los sahaba) son las mejores de mi comunidad. Después de ellos vienen quienes estuvieron presentes cuando se reunieron con ellos (los tābi‘ūn), y después de estos vienen las personas de la época en que se reunieron con ellos (los tābi‘ al-tābi‘īn).[Sahih Muslim, Kitab al-Fada’il, página 309.]

En realidad, la comunidad musulmana de la época posterior a los sahaba —los tābi‘ūn— fue, en términos generales, un reflejo de los propios sahaba. Por un lado, adquirieron de los compañeros del Mensajero todo el conocimiento relacionado con el Corán y la Sunna; por otro, difundieron ampliamente ese conocimiento por todos los lugares, rincones y regiones de la extensa sociedad musulmana de entonces. Fueron, en la práctica, el medio para recibir el conocimiento islámico de los sahaba y transmitirlo a los musulmanes de las generaciones posteriores. [Tābi‘ūn, escrito por Shah Mu‘inuddin, introducción, páginas 2-3.]

Estos tābi‘íes eran numerosos; ni siquiera es posible determinar con exactitud su número. Pues, después del fallecimiento del Noble Profeta (s), los honorables sahaba se dispersaron por distintas partes del mundo y—

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quienquiera que se haya encontrado siquiera con uno de los sahaba es un tābi‘í.[****************]

Por esta razón, es realmente imposible determinar cuántos tābi‘íes hubo, especialmente en todo el mundo musulmán y, en general, en todo el mundo. Sin embargo, en la historia de la recopilación de los hadices solo son dignos de mención aquellos tābi‘íes que, en la época posterior al Noble Profeta (s), estuvieron vinculados de una u otra manera con el aprendizaje, la memorización y la escritura de los hadices. En la etapa de la dedicación de los tābi‘íes a los hadices, solo hablaremos de los tābi‘íes célebres pertenecientes a esta categoría.

El método gradual de aprendizaje del hadiz en la época de los tabi‘íes queda demostrado por la siguiente afirmación:

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El método de aprendizaje de la ciencia del hadiz era el siguiente: primero se escuchaba; después se prestaba atención; luego se memorizaba; a continuación se comenzaba a actuar conforme a ello y, posteriormente, se emprendían acciones prácticas para difundirlo.

En efecto, los nobles compañeros seguían exactamente este método y este orden al enseñar el hadiz a sus discípulos, y después del fallecimiento del Noble Profeta establecieron faros de difusión del conocimiento en los centros de la sociedad islámica. Como resultado, en aquella época un gran número de personas tuvo la oportunidad de aprender hadices y formar su vida conforme a ellos. Se dedicaron con plena iniciativa y entusiasmo a todas estas tareas: memorizar hadices, ponerlos por escrito y compilarlos en libros. Asimismo, alcanzaron en todos estos ámbitos una amplia pericia, mérito, renombre y fama.

Aquí se examinan por separado los diversos aspectos del estudio del hadiz en la época de los tabi‘íes.

La memorización de los hadices

Al igual que los nobles compañeros, los tabi‘íes también demostraron plena energía, entusiasmo, interés ilimitado y dedicación en el aprendizaje y la memorización de los hadices. Para ellos, inmediatamente después del Noble Corán, estos hadices constituían la segunda fuente de conocimiento. Mientras que en el Corán aprendían los principios fundamentales y las normas del islam, mediante los hadices obtenían conocimientos e información detallados sobre el islam.

En la primera etapa de la época de los tabi‘íes, los musulmanes concedieron la máxima importancia a la memorización de los hadices. Memorizaban cualquier hadiz que llegaban a escuchar. Hasta ese momento se dependía plenamente de la memoria natural del pueblo árabe; para dominar cualquier cosa, su costumbre permanente era memorizarla primero. En particular, hasta entonces el arte de la escritura no había alcanzado entre ellos un desarrollo, una difusión ni una popularidad generalizada.

Pero, aun así, tampoco es cierto que el hadiz no se escribiera en absoluto y que todos dependieran únicamente de la memorización. Más bien, la situación real era que la mayoría de la gente de entonces estaba acostumbrada a memorizar. Incluso cuando alguien escribía algo, lo hacía con el propósito de memorizarlo; puede decirse que allí no existía la práctica de limitarse a escribirlo y conservarlo sin memorizarlo. La verdadera situación de esta práctica se conoce por la siguiente declaración del imán Malik. Él dijo:

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La gente de entonces, por lo general, no estaba acostumbrada a escribir; normalmente estaba acostumbrada a memorizar. Si alguno de ellos escribía algo, lo hacía únicamente con el propósito de memorizarlo, y, una vez que lo había memorizado, lo borraba.

Se ha dicho acerca del tabi‘í Muhammad ibn Sirin que su método para aprender los hadices consistía primero en escribirlos y memorizarlos, y después de memorizarlos, destruir lo que había sido escrito.

El historiador Ibn Asakir, citando una declaración del muhadiz Ismail ibn Ubayda, dejó claramente manifiesta la importancia que tenía memorizar los hadices en esa época. El muhadiz Ismail decía:

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Es nuestro deber memorizar los hadices exactamente del mismo modo en que memorizamos el Corán.

El historiador al-Dhahabi escribió acerca del célebre hafiz de hadices Ibn Khuzayma:

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Ibn Juzayma memorizaba los hadices relacionados con el fiqh exactamente del mismo modo en que un recitador del Corán memoriza las suras del Corán.

El tābiʿí Jálid al-Hadhdhāʾ dijo: «Al principio escribía los hadices extensos y, cuando los había memorizado, los borraba.»

Al referirse a la biografía del tābiʿí Ismāʿīl ibn Yūnus, el historiador al-Dhahabī escribió que él decía:

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Memorizaba los hadices transmitidos por Abū Isḥāq exactamente del mismo modo en que memorizaba las suras del Corán.

Al tratar la biografía del tābiʿí Shahr ibn Hawshab, se ha escrito que Aḥmad ibn ʿAbd al-Ḥamīd ibn ʿAbd al-Raḥmān tenía recopilados todos los hadices transmitidos por él (Shahr), y

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Memorizaba los hadices de tal manera que parecía estar recitando una sura del Corán.

El célebre muhaddiz Abu Dawud al-Tayalisi, compilador de una conocida obra de musnad, afirmaba:

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Puedo recitar de memoria, de corrido, treinta mil hadices; desde luego, no digo esto por orgullo.

El célebre tabi’i Qatada recitó de memoria al muhaddiz Sa’id ibn Ararah la sura al-Baqarah desde el principio hasta el final, sin cometer un solo error. Después dijo:

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He memorizado la colección de hadices compilada por Hazrat Jabir en mayor medida que la sura al-Baqarah.

La siguiente explicación permite comprender cómo se llevaba a cabo la enseñanza de los hadices en aquella época.

Urwa ibn al-Zubayr era sobrino y discípulo de Aisha (que Allah esté complacido con ella). Su hijo Hisham ibn Urwa dice que mi padre enseñaba el hadiz a mis otros hermanos y a mí. Además, quería que se lo recitáramos y decía:

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Recitadme repetidamente lo que habéis estudiado.

Después de esto, dice:

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Mi padre se quedaba sumamente sorprendido y complacido al comprobar mi capacidad para memorizar.

Ibrahim al-Najai, un tabií, aconsejaba a sus discípulos de hadiz:

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Cuando escuches un hadiz, transmítelo a otra persona.

Se ha narrado que el célebre recopilador de hadices de la época de los tabi‘íes, el imán Ibn Shihab al-Zuhri, después de realizar la ablución tras la oración de la noche, se sentaba a memorizar hadices y a estudiarlos, y permanecía en la misma reunión hasta la oración del alba, dedicándose al estudio de los hadices. (Sunan al-Darimi, pág. 79.)

Este imán al-Zuhri dijo:

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Cuando le preguntaba a Ubaydullah ibn Abdullah acerca de algún hadiz, comenzaba a narrarlo de tal manera que parecía que un mar entero brotaba ante mí. (Sunan al-Darimi, pág. 80.)

En realidad, hasta casi el final del primer siglo de la hégira, los eruditos musulmanes del mundo árabe generalmente no prestaban atención a poner nada por escrito; para ellos, memorizarlo era más fácil que escribirlo.

En semejante ambiente, no puede suponerse que todos los eruditos de hadices tabi‘íes de aquella época escribieran hadices de manera extensa. Por esta razón, durante el primer siglo de la hégira, el número de quienes memorizaban hadices era mucho mayor que el de sus compiladores. En las obras biográficas se mencionan los nombres de innumerables sabios de aquella época que habían memorizado por completo un gran número de hadices —enormes compilaciones de hadices— y podían recitarlos de memoria de tal manera que no se advertía ni un solo error.

La escritura de los hadices

Los honorables Compañeros no se limitaron a memorizar los hadices para preservarlos; muchos Compañeros también comprendieron la necesidad de ponerlos por escrito. Del mismo modo, los tabiíes tampoco consideraron suficiente limitarse a memorizar los hadices para cumplir con la responsabilidad de preservarlos; entre ellos hubo también personas que comprendieron plenamente la importancia de registrarlos por escrito. En una palabra, puede decirse que, si durante ambas épocas —la de los Compañeros y la de los tabiíes— se hubiera considerado suficiente memorizar los hadices y nadie hubiera prestado atención a ponerlos por escrito, habría existido el riesgo de que una gran parte de los hadices del Mensajero desapareciera. Por ello, que personas destacadas de ambas épocas dirigieran su atención, junto con la memorización, a escribir y registrar los hadices debe considerarse una gracia inconmensurable de Al-lah hacia la nación musulmana.

En efecto, muchas personas de entre los tabiíes, tras escuchar y aprender los hadices de los Compañeros, los registraron y recopilaron con la debida cautela, atención y concentración. La siguiente narración ofrece una prueba práctica de ello.

1. Bashir ibn Nuhaik era discípulo de hadices de Abu Huraira, un tabií. Él dice: «Todos los hadices que escuchaba de Abu Huraira los ponía por escrito. Finalmente, cuando llegó el momento de despedirme de él, me presenté ante él, le entregué la colección de hadices que había escrito y se la leí completa, de principio a fin. Le dije:— ********************* “Esta es la colección de todos los hadices que he escuchado de usted”. Abu Huraira (que Al-lah esté complacido con él) respondió: “Sí, está bien”». [Sunan al-Darimi, página 68.]

2. Otro discípulo de Abu Huraira fue Hammam ibn Munabbih al-Yamani. Él también organizó por escrito los hadices que había escuchado. Esta recopilación es conocida como «Sahifa de Hammam ibn Munabbih». Contiene aproximadamente ciento cuarenta hadices. El manuscrito de esta obra aún se conserva en las bibliotecas de Damasco y Berlín. El célebre investigador y especialista en indagaciones del subcontinente, el doctor Hamidullah, lo descubrió por primera vez en 1933. Exactamente veinte años después, en 1953, lo publicó en cuatro entregas en la revista de Damasco ****************. Por una declaración del doctor Hamidullah también se sabe que en la biblioteca de la Universidad de Ankara, en Turquía, se conserva asimismo el manuscrito de otra obra de hadices compilada por Ma’mar ibn Rashid, discípulo de Hammam ibn Munabbih.

También se ha encontrado una obra de hadices compilada por Abd al-Razzaq ibn Hammam al-San’ani al-Yamani (125-211 H.), discípulo de Ma’mar ibn Rashid y maestro del imán Ahmad ibn Hanbal. Es conocida como «Musannaf de Abd al-Razzaq».

Estas recopilaciones de hadices son, por un lado, testimonios vivos de que los hadices fueron recopilados durante la vida del Noble Profeta (que la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él) y durante la época del Califato Rectamente Guiado, y constituyen la fuente original de las obras más antiguas. [Todos estos datos han sido tomados de la introducción de la «Sahifa de Hammam ibn Munabbih», editada por el Dr. Hamidullah.]

3. El tabií Sa’id ibn Yubayr dice:

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Escuchaba hadices de Ibn Umar e Ibn Abbas durante la noche y los escribía sentado sobre mi montura. [Sunan de al-Darimi, p. 68.]

Por otra de sus declaraciones se sabe que, una noche, viajaba con el venerable Ibn Abbas por el camino de La Meca. En ese momento, Ibn Abbas (que Dios esté complacido con él) narraba hadices y él los iba escribiendo. Continuaron así hasta la mañana. [La misma fuente]

4. Mubarak ibn Sa’id dijo acerca del tabi‘í Sufyan ibn Uyaynah:

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Sufyan ibn Uyaynah escuchaba hadices durante la noche y los escribía en la pared; por la mañana hacía una copia de ellos y luego los borraba. [Sunan de al-Darimi.]

5. Un día se presentó ante Hujr ibn Adi una pregunta acerca de realizar el istinyá con agua. Él dijo: «Traed mi colección de escritos».

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Cuando la trajeron, comenzó a leer diciendo «En el nombre de Dios» y dijo: «Esto lo escuché del venerable Ali ibn Abu Talib; él decía: “La purificación es la mitad de la fe”». [Tabaqat de Ibn Sa’d, tomo sexto, p. 454.]

Esto demuestra que Hujr ibn Adi tenía consigo una recopilación escrita de los hadices recibidos de Hazrat Ali y que, cada vez que se le hacía una pregunta sobre algún asunto, la abría, leía los hadices y daba la respuesta basándose en ellos.

6. También se conservaba una recopilación escrita de hadices אצל Abd al-Ala ibn Amr. Sobre él se ha dicho:

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Todos los hadices que Abd al-Ala narró de Ibn al-Hanafiyya eran, en realidad, una colección que se encontraba en forma de libro escrito. Él la había recibido de este último, pero no había escuchado los hadices de su propia boca. [Tabaqat de Ibn Saad, tomo VI, pág. 94.]

7. También el imán Baqir poseía una recopilación escrita de hadices. Hazrat Yafar Sadiq dijo: «Todos los hadices que narro en nombre de mi padre: ************** los encuentro registrados en su libro recopilado y los tomo de allí mismo». [Tahdhib al-Tahdhib, tomo II, pág. 104.]

8. Durante el gobierno de Hazrat Muawiya se prepararon varias recopilaciones de los hadices narrados por Hazrat Ibn Abbas (que Allah esté complacido con él). Marwan ibn al-Hakam recopiló los hadices narrados por Hazrat Zayd ibn Thabit. [Sunan al-Darimi.]

En realidad, los tabi‘un recopilaban los hadices de los compañeros de diversas maneras. También mantenían correspondencia con algún compañero que se encontraba lejos, con el propósito de conocer los hadices; mediante esas cartas, obtenían conocimiento de los hadices del Mensajero. El siguiente hadiz narrado por Hazrat Saad ibn Abi Waqqas (que Allah esté complacido con él) constituye una prueba clara de ello. Amer Zuhri al-Qurashi (fallecido en 104 H) dijo:

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Había enviado una carta a Hazrat Yabir (que Dios esté complacido con él) por medio de mi esclavo Nafi‘. En ella le había escrito: «Envíame por escrito algo que hayas oído del Mensajero». En respuesta, él (Yabir) me escribió: «La tarde del viernes en que fue lapidado al-Aslami, oí decir al Noble Mensajero: “La religión del islam permanecerá establecida hasta el Día de la Resurrección”; o dijo: “La religión del islam permanecerá establecida hasta que sean designados sobre vosotros doce califas de la tribu de Quraysh”».[Sahih Muslim, volumen 2, Kitab al-Imara, página 119.]

10. Rayá ibn Hayat dice que el califa Hisham ibn Abd al-Malik le preguntó por un hadiz y ordenó a uno de sus funcionarios que me lo escribiera y se lo enviara. Pero—

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Si dicho hadiz no hubiera estado escrito conmigo, lo habría olvidado.[Sunan al-Darimi, página 69.]

11. Los eruditos haditistas de la generación de los tabi‘in se informaban mutuamente de los hadices mediante correspondencia. Yazid ibn Abi Habib dice:

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El tabi‘í Ata me escribió que había oído decir a Hazrat Yabir ibn Abd Allah (que Dios esté complacido con él) que había oído al Noble Mensajero (la paz y las bendiciones de Dios sean con él) decir, el día de la conquista de La Meca (estando en La Meca): «Ciertamente, Dios y Su Mensajero han declarado ilícita la compraventa del vino, los animales muertos, los cerdos y los ídolos».[*******************]

Los tabi‘in también observaban la debida cautela al escribir hadices; tampoco escribían hadices de cualquiera. Yahya ibn Ma‘in, un tabi‘í, dice:

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El célebre muhaddiz ʿAbd al-Razzāq me dijo: «Escribe de mí al menos un hadiz, aunque no sea de ningún libro».

Ciertamente, era un gran hafiz de hadices. Pero para entonces, al final de su vida, se había quedado ciego. Por eso no quise escribir ningún hadiz de él, pues existía el temor de que hubiera olvidado sus hadices y también el riesgo de que dijera algo distinto de lo que pretendía decir. Por eso le dije claramente: *************** «No, no escucharé ni escribiré de usted ni siquiera una letra».[Musnad del imán Ahmad, tomo I, pág. 174.]

La recopilación de hadices de Ahl al-Bayt

El imán Zayd, nieto del imán Husayn y hijo de ʿAlī ibn al-Husayn, nació en algún momento del año 80 de la Hégira, en Medina al-Tayyiba. Recopiló todo el conocimiento de la Sunna y de los hadices de la gente de Ahl al-Bayt. El nombre de la obra de hadices que recopiló era **************; en ella se habían recopilado numerosos hadices. La mayoría de estos hadices fueron transmitidos del Profeta, el Noble, a través de ʿAlī. Las cadenas de transmisión de algunos hadices, al llegar hasta ʿAlī, se habían ***********. Además del imán Husayn y de ʿAlī, numerosos hadices fueron transmitidos de él a través de muchas otras cadenas. Su padre, ʿAlī ibn al-Husayn, transmitió hadices de numerosos tabi‘íes. El imán Zayd recibió esas narraciones de su hermano mayor, el imán Muhammad al-Baqir. Esto se debe a que su padre, ʿAlī ibn al-Husayn, falleció en el año 94; entonces él apenas era un muchacho de catorce años. El imán Abū Hanifa y otros imanes del fiqh recibieron y transmitieron hadices de él.[**********************]

 

Algunos célebres muhaddices de los tabi‘íes

Después de la exposición general anterior, trataremos aquí de manera especial y breve sobre algunos destacados expertos en hadices de la época de los tabi‘íes. Mediante esta exposición se podrá comprender con mayor claridad cuán grandiosa y noble fue la dedicación a los hadices en la época de los tabi‘íes y qué clase de personas dotadas de capacidad y talento produjo.

Desde el siglo I de la Hégira hasta la primera mitad del siglo II de la Hégira, diversas personas alcanzaron gran renombre en distintas ciudades y regiones del mundo musulmán. A continuación se mencionan sus nombres, junto con sus lugares y años de fallecimiento:

Medina: (1) Sa‘id ibn al-Musayyib — falleció en 93 H. (2) ‘Urwa ibn al-Zubayr — falleció en 94 H. (3) Abu Bakr ibn ‘Abd al-Rahman ibn al-Harith — falleció en 94 H. (4) ‘Ubayd Allah ibn ‘Utba — falleció en 99 H. (5) Salim ibn ‘Abd Allah ibn ‘Umar — falleció en 106 H. (6) Sulayman ibn Yasar — falleció en 93 H. (7) al-Qasim ibn Muhammad ibn Abi Bakr — falleció en 112 H. (8) Nafi‘, mawla de Ibn ‘Umar — falleció en 117 H. (9) Ibn Shihab al-Zuhri — falleció en 124 H. (10) Abu al-Zinad — falleció en 130 H.

La Meca: (1) ‘Ikrima, mawla de Ibn ‘Abbas — falleció en 105 H. (2) ‘Ata ibn Abi Rabah — falleció en 115 H. (3) Abu al-Zubayr Muhammad ibn Muslim — falleció en 128 H.

Kufa: (1) al-Sha‘bi ‘Amir ibn Sharhabil — falleció en 104 H. (2) Ibrahim al-Naj‘i — falleció en 96 H. (3) ‘Alqama ibn Qays ibn Abu al-Hasan al-Basri — falleció en 110 H.

Basora: (1) al-Hasan ibn Abu al-Hasan al-Basri — falleció en 110 H. (2) Muhammad ibn Sirin — falleció en 110 H. (3) Qatada ibn Di‘ama al-Dawsi — falleció en 117 H.

Siria: (1) ‘Umar ibn ‘Abd al-‘Aziz — falleció en 101 H. (2) Makhul — falleció en 118 H. (3) Qubay‘a ibn Dhu’ayb — falleció en 86 H. (4) Ka‘b al-Ahbar — falleció en 32 H.

Egipto: (1) Abu al-Jayr Marsad ibn ‘Abd Allah al-Yazani — falleció en 90 H., y (2) Yazid ibn Abi Habib — falleció en 128 H.

Yemen: (1) Tawus ibn Kaysan al-Yamani al-Himyari — falleció en 106 H. (2) Wahb ibn Munabbih — falleció en 110 H. [Esta lista completa de los tabi‘un fue tomada de la página 173 de la obra compuesta por el profesor de al-Azhar, Muhammad Abu Zahw.]

En las obras relacionadas con «Asmā’ al-Rijāl» se encuentra un análisis detallado de estas personas. Aquí se ofrece un análisis algo más detallado acerca de solo algunas de ellas.

Ibn Shihab Zuhri

(cuyo nombre verdadero era Muhammad ibn Muslim)

El imán Zuhri fue un célebre muhaddiz de la ciencia del hadiz. Narró hadices de los honorables compañeros Anas ibn Malik, Sahl ibn Sa‘d, Sa’ib ibn Yazid, Shu‘ayb Abu Yumayla, Abd al-Rahman ibn Sa‘d, Rabi‘a ibn ‘Atad, Mahmud ibn Rabi‘ y Abu al-Tufayl, entre otros. Por otra parte, un gran número de tabi‘in narró hadices de él.

En la ciencia del hadiz, fue un imán reconocido por consenso general. Los hadices que narró constituían una prueba tangible de su extraordinaria memoria.

‘Amr ibn Dinar dijo acerca de él:

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No he visto a nadie que fuera una prueba más fidedigna e incontrovertible del hadiz que el imán Zuhri.

En verdad, Allah le había concedido una memoria ilimitada. Según la narración del imán Bujari:

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Memorizó completamente el Noble Corán en tan solo ochenta noches.

Él mismo, dando testimonio de su memoria, dijo:

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Después de memorizar algo, jamás lo he olvidado.[*******************]

Por orden de Umar ibn Abd al-Aziz, él fue el primero en recopilar y poner por escrito los hadices del Mensajero (que la paz y las bendiciones de Dios sean con él). Al observar la magnitud de su labor de recopilación de hadices, el imán al-Shafi’i dijo:

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De no haber sido por el imán Zuhri, los hadices de Medina sin duda habrían desaparecido.[*******************]

Murió en el año 124 de la Hégira en una aldea de Siria llamada Shagbad, y allí mismo fue enterrado. Recopiló la Sunna del Mensajero (los hadices) disponible en toda la región del Hiyaz.

Ikrimah, liberto de Ibn Abbás

Era un esclavo liberado de Hazrat Ibn Abbás (que Dios esté complacido con él). El propio Hazrat Ibn Abbás le enseñó el Corán y los hadices. Ikrimah mismo dijo:

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Ibn Abbás le ponía grilletes en los pies y lo mantenía recluido mientras le enseñaba el Corán y los hadices.

Además de Hazrat Ibn Abbás, Ikrimah también transmitió hadices de Hasan ibn Alí, Abu Qatadah, Ibn Umar, Abu Huraira, Abu Saíd al-Judri, Muawiya, Ibn Amr ibn al-As y otros Compañeros. Asimismo, un gran número de tabi‘íes transmitió de él. Al tabi‘í Saíd ibn al-Musayyib le preguntaron: «¿Hay alguien más erudito que usted en materia de hadices?». Él respondió: «Sí, lo hay, y es Ikrimah.»

Saíd ibn al-Musayyib

Nació en el segundo o cuarto año del califato de Hazrat Umar al-Faruq. Para entonces, la época dorada del Noble Mensajero ya había pasado; sin embargo, la primavera del islam seguía reinando por todas partes. Casi todos los principales Compañeros, salvo dos o cuatro, aún vivían. Y ellos eran los verdaderos herederos del conocimiento de la Profecía. Ibn al-Musayyib poseía una sed insaciable de conocimiento. Absorbió de los Compañeros el néctar del conocimiento del Corán y de los hadices. Hazrat Abu Huraira (que Dios esté complacido con él) era su suegro. Debido a esta relación, le resultó fácil adquirir en gran medida el conocimiento de los hadices de Hazrat Abu Huraira. Por esta razón, la mayoría de los hadices que transmitió procedían en realidad de Hazrat Abu Huraira. Por otra parte, su memoria natural era tan aguda y poderosa que todo cuanto escuchaba una vez quedaba impreso y conservado para siempre en su memoria. Por todas estas razones, su conocimiento de los hadices llegó a ser sumamente profundo y amplio.

Ubaydullah ibn Abdillah

Era nieto de Utba, hermano del famoso compañero ʿAbdullah ibn Masʿud. Su casa y su familia eran un centro del saber islámico. Criado en este ambiente, llegó a poseer un conocimiento inconmensurable. Ibn Saʿd escribió acerca de él:

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Fue un narrador de numerosos hadices y un narrador digno de confianza.[*********************]

El imán al-Zuhri dijo: «He adquirido casi todo el conocimiento de casi todos los eruditos del hadiz de mi época. Pero el conocimiento de Ubaydullah era un océano infinito e insondable; cada vez que acudía a él, tenía la oportunidad de adquirir un conocimiento completamente nuevo».[*******************] De esto se demuestra claramente la profundidad, amplitud y extensión de su conocimiento.

Urwa ibn al-Zubayr

Urwa alcanzó una profunda erudición y competencia tanto en el conocimiento del hadiz como en el fiqh. El sabio Ibn Saʿd escribió:

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Fue un prolífico narrador de hadices, especialmente versado en la ciencia del fiqh y de elevada dignidad. Se mantuvo protegido de todas las tribulaciones, y era sumamente firme y digno de confianza.

Su padre, su hermano, su madre, su tía materna y todos sus parientes cercanos poseían una profunda especialización en el conocimiento del hadiz. Urwa aprendió hadices de todos ellos. Sin embargo, logró recopilar casi por completo los hadices narrados por Hazrat Aisha (RA). La visitaba repetidamente, y Aisha (RA) era la mayor erudita del hadiz entre todos ellos. El propio Urwa dijo: «Poco antes del fallecimiento de Hazrat Aisha, logré aprender todo su conocimiento del hadiz y conservarlo íntegramente». Además de Hazrat Aisha (RA), Urwa recopiló una gran cantidad de hadices de otros destacados compañeros.

Salim ibn Abd Allah

Salim fue uno de los principales tabi‘in de Medina. En él se unían tanto el conocimiento como la práctica. Aprendió la mayoría de sus hadices directamente de Hazrat Abd Allah ibn Umar. Asimismo, adquirió conocimientos del hadiz de Hazrat Abu Huraira, Abu Ayyub al-Ansari y Hazrat Aisha al-Siddiqa (RA). El erudito Ibn Sa‘d lo describió como «un prolífico narrador de hadices y una persona de elevada dignidad».

Sulayman ibn Yasar

Fue esclavo de Hazrat Maymuna, la Madre de los Creyentes. Por ello, tuvo una gran oportunidad de visitar a Hazrat Aisha (RA) y a otros compañeros, y de adquirir conocimientos del hadiz. Como resultado, llegó a ser considerado uno de los principales eruditos de Medina. El imán al-Nawawi escribió que su dignidad y su preeminencia en el conocimiento gozaban del reconocimiento unánime.

Ata ibn Abi Rabah

Era un esclavo abisinio. Sin embargo, por su conocimiento y práctica, su temor de Allah y su piedad, era considerado entre los tabi‘in de linaje sayyid. Había alcanzado una especial pericia en los conocimientos religiosos esenciales, como el Corán, el hadiz y el fiqh. En palabras de Ibn Sa‘d:

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Poseía amplios conocimientos de fiqh y narraba numerosos hadices. Enseñaba el Corán a la gente.

Era un famoso hafiz de hadices. El historiador al-Dhahabi lo incluyó entre los hafices de hadices de primer rango. Recopiló un gran número de hadices de destacados compañeros, entre ellos Hazrat Abdullah ibn Abbas, Abdullah ibn Umar, Abdullah ibn Amr, Ibn al-Zubayr, Muawiya, Usama ibn Zayd, Yabir ibn Abdullah, Zayd ibn Arqam, Abdullah ibn Saib, Rafi ibn Jádich, Abu Darda, Abu Said al-Judri, Abu Huraira y Hazrat Aisha (que Allah esté complacido con ella).

Mostraba un respeto y una veneración inconmensurables por los hadices. No le agradaba ni toleraba en absoluto que se hablara de cualquier otro asunto durante la narración de un hadiz.

El imán Baqir (que Allah esté complacido con él) animaba a la gente diciendo: «Tomad de Ata tantos hadices como podáis».

Ibrahim al-Najai

Fue uno de los más destacados tabiíes de la ciudad de Kufa. Se crio en un ambiente virtuoso de conocimiento y práctica religiosa. Su tío paterno, Alqama, y su tío materno, Aswad, eran ambos famosos muhaddices de Kufa. Aprovechando esta oportunidad, también visitaba a Hazrat Aisha (que Allah esté complacido con ella) para servirla y asistía a sus reuniones.

Por esta razón, Ibrahim logró adquirir una extraordinaria competencia en el conocimiento de los hadices. Según el imán al-Nawawi, en cuanto a su autenticidad, rango y conocimiento del fiqh

Todos están de acuerdo. Él era un hafiz de hadices. El historiador al-Dhahabi lo incluyó entre los hafices de hadices de segundo nivel.

Hasan al-Basri

Cuando Hasan al-Basri nació, un gran número de Compañeros aún vivían sobre la faz de la tierra. En aquel entorno, todos los lugares resonaban con la voz del conocimiento de la misión profética.

Ibn Sa’d escribió sobre él:

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Hasan al-Basri poseía numerosas virtudes y cualificaciones. Era un erudito eminente, de alta dignidad, jurista, protegido de las sediciones, un gran devoto y asceta piadoso, hombre de conocimiento, elocuente, de palabras dulces, apuesto y afable. Tenía una profunda pericia, especialmente en el conocimiento de los hadices.

En palabras del hafiz al-Dhahabi, era un gran erudito, un océano de conocimiento. Narró hadices de grandes Compañeros, entre ellos Uthman, Ali, Abu Musa al-Ash’ari, Abd Allah ibn Umar, Abd Allah ibn Abbas y Anas ibn Malik.

Yahya ibn Sa’id

Fue uno de los más destacados de los tabi‘in. El hafiz al-Dhahabi se refirió a él como imán y «Shayj al-Islam», entre otros títulos.

Aunque perteneció a la etapa casi final de la época de los compañeros, obtuvo plenamente el conocimiento de todos los compañeros que aún vivían en aquellos días; escuchó hadices de compañeros y destacados tabi‘in como Anas ibn Malik, Qasim ibn Muhammad, ‘Amr ibn Salama ibn ‘Abd al-Rahma, ‘Urwa ibn al-Zubayr y Sulayman ibn Yasar.

Como resultado, se convirtió en un gran hafiz de hadices. El ‘allama Ibn Sa‘d escribió sobre él:

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Era sumamente fiable y digno de confianza, narrador de un gran número de hadices, autoridad incontrovertible y hombre de reconocido prestigio.

Ibn al-Mubarak lo consideró uno de los más destacados hafices de hadices. Abu Hatim lo tenía por un experto en hadices del mismo rango que el imán al-Zuhri. En realidad, aparte del imán al-Zuhri, quien recopiló y preservó con incansable esfuerzo los hadices dispersos de Medina fue este Yahya ibn Sa‘id. Yazid ibn Harun dice que Yahya ibn Sa‘id memorizó tres mil hadices narrados por él.

 

Fomento de la escritura de hadices

Los expertos en hadices de los tabi‘in recomendaban encarecidamente a los estudiantes que aprendían hadices de ellos que los pusieran por escrito. Cuando ‘Abd al-Rahman ibn Harmalata, alumno de Sa‘id ibn al-Musayyib, se quejó ante él de la debilidad de su memoria, este le aconsejó que escribiera todos los hadices. Al-Sha‘bi, por su parte, recitaba repetidamente ante sus alumnos el hadiz pronunciado por el Noble Mensajero y transmitido muchas veces por los compañeros y los tabi‘in. Ese hadiz era:

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La función de la escritura es preservar el conocimiento de los hadices.

Él explicaba y analizaba especialmente los beneficios de escribir los hadices y los hacía comprender. Decía:

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Escribid inmediatamente los hadices que escuchéis de mí; no dejéis de hacerlo aunque tengáis que escribirlos en una pared.

Se sabe que él mismo también escribía ciertos hadices y los conservaba por escrito. Por esa razón, después de su fallecimiento se encontró una obra recopilatoria de hadices relacionados con las leyes de la herencia y otros asuntos.

Mujáhid ibn Jubayr (f. 103 H.) entraba en su habitación acompañado de otras personas y les presentaba sus recopilaciones de hadices. Ellos copiaban los hadices de ellas. (Sunán al-Dárimi, pág. 128.)

Atá ibn Abí Rabá (f. 114 H.) también escribía y conservaba los hadices, y aconsejaba a los demás que hicieran lo mismo.

Qatada ibn Di’ama decía, con franqueza y enérgico tono, a cualquiera que le preguntara sobre la escritura de los hadices:

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¿Quién te prohíbe escribirlo? Dios Altísimo mismo ha declarado que todo debe ponerse por escrito, diciendo: «El conocimiento relativo a la Resurrección está escrito junto a mi Señor; y Él no se extravía ni olvida». Esta aleya es la número 52 de la sura Ta-Ha.

Umar ibn Abd al-Aziz

(nacimiento: 61 H.; fallecimiento: 101 H.)

Umar ibn Abd al-Aziz, uno de los tābiʿūn, era especialmente competente en la ciencia de los hadices. En primer lugar, en Medina aprovechó plenamente la oportunidad de establecer una relación de aprendizaje, práctica mutua y discusión sobre los hadices y el conocimiento religioso con el muháddiz Salih ibn Kaysan, y adquirió un conocimiento excepcional y una profunda comprensión de los hadices. Él mismo dijo: «Cuando partí de Medina, no había nadie más erudito que yo en materia de hadices.

El hafiz al-Dhahabi escribió sobre él:

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Umar ibn Abd al-Aziz fue un imán, jurista, mujtahid, especialmente versado en la Sunna y el hadiz, de gran dignidad, reconocido experto en hadices, transmisor de hadices aceptado y digno de confianza, hafiz de hadices, obediente a los mandatos de Dios, humilde y devoto.

Umar ibn Abd al-Aziz transmitió un gran número de hadices. Aprendió y transmitió hadices de los siguientes muhaddices, compañeros y tabi‘íes:

(1) Uqba ibn Amir; (2) Yusuf ibn Abd Allah; (3) Tamim al-Dari (que Dios esté complacido con él); (4) Anas ibn Malik (que Dios esté complacido con él); (5) Salim ibn Abd Allah ibn Umar; (6) Muawiya ibn Abu Sufyan (que Dios esté complacido con él); (7) Aisha (que Dios esté complacido con ella); (8) Asma bint Umayya; (9) Jawla; (10) Sa‘id ibn al-Musayyib; (11) Abd Allah ibn Qaruz; (12) Aban ibn Uthman; (13) Abu Bakr ibn Abd al-Rahman ibn al-Harith ibn Hisham; (14) Urwa ibn al-Zubayr; (15) Muhammad ibn Abd Allah ibn Raufal; (16) Abu Burda; (17) Abu Salama; (18) Sa‘id ibn Jalid; (19) Amir ibn Saad; (20) Yahya ibn al-Qasim; (21) Qays ibn Harith; (22) Abd al-Aziz (padre de Umar); (23) Abd Allah ibn Muwahhab; (24) Ubada ibn Abd Allah; (25) Ibn Shihab al-Zuhri; (26) Rabi ibn Sabura; (27) Muhammad ibn Thabit ibn Shurahbil, y muchos otros muhaddices. [Introducción de la edición de A. H. Hale de Musnad de Umar ibn Abd al-Aziz.]

Ningún otro tabi‘í había memorizado tantos hadices marfu‘ como él. Ayyub al-Sajtiyani decía:

«De todas las personas con las que me he encontrado, no he visto a nadie que transmitiera más hadices del Noble Mensajero que Umar ibn Abd al-Aziz.

El imán Majul

El imán Majul comenzó su vida como esclavo. Incluso en esas circunstancias, se dedicó a adquirir conocimiento. Inmediatamente después de obtener su libertad, emprendió un viaje por todo el mundo musulmán. Visitó todos los centros del Estado islámico y adquirió de ellos todo el conocimiento posible sobre los hadices. Primero obtuvo el acervo de conocimientos de Egipto. Y no salió de Egipto antes de haberlo dominado por completo.

Después viajó a Medina y de allí se dirigió a Irak. Tras reunir todo el acervo de hadices de ambos lugares, partió hacia Siria. Aprendió hadices de todos los estudiosos de hadices que vivían entonces en Siria. En suma, recorrió todos los centros del mundo musulmán, calle por calle, con el propósito de aprender y recopilar hadices. Él mismo dijo: «Recorrí el mundo entero en busca del conocimiento de los hadices.

Aprendió hadices de varios compañeros del Profeta. Ellos fueron: (1) el venerable Anas (que Dios esté complacido con él), (2) el venerable Abu Hinddarí (que Dios esté complacido con él), (3) el venerable Wasila ibn Asqa (que Dios esté complacido con él), (4) el venerable Abu Imama (que Dios esté complacido con él), (5) el venerable Abdurrahmán ibn Ganam (que Dios esté complacido con él) y (6) el venerable Abu Yandal ibn Suhail (que Dios esté complacido con él).

Además, también aprendió hadices de destacados tabi’un, como Sa’id ibn al-Musayyib, Masruq, Zubair ibn Nufair, Qarib Abu Muslim, Urwa ibn Zubair y Magira ibn Kazir.

Según el relato del historiador Ibn Sa’d, murió en los años 112, 113 o 118 de la hégira. Se desconoce por completo la fecha de su nacimiento. Redactó dos libros sobre hadiz y fiqh. Sin embargo, hasta ese momento ni siquiera se había iniciado la labor de composición de libros.

El imán Sha’bí

El imán Sha’bí fue el más destacado experto en hadiz entre los tabi’un de su época. Cuando alcanzó la madurez, numerosos compañeros del Profeta aún vivían y se encontraban en la ciudad de Kufa. Él los visitaba regularmente. A lo largo de su vida tuvo la dicha de entrevistarse con cerca de quinientos compañeros. De ellos, aprendió hadices formalmente de cuarenta y ocho. Permaneció al servicio del venerable Abdullah ibn Umar durante diez meses consecutivos y adquirió de él un conocimiento profundo y amplio del hadiz.

Para aprender y recopilar estos hadices tuvo que soportar esfuerzos y sufrimientos extremos. Cuando le preguntaron cómo había logrado dominar ese océano de conocimiento del hadiz, respondió: «Abandonando toda preocupación, viajando por diversos países, empleando mis fuerzas como un asno y soportando despertarme al amanecer como un cuervo». La amplitud y profundidad de su conocimiento del hadiz quedan demostradas por una de sus propias afirmaciones. Dijo:

Durante veinte años no escuché de nadie un hadiz sobre el cual no estuviera más informado que el propio narrador de ese hadiz.

No solo fue maestro del imán Abu Hanifa; según el hafiz al-Dhahabí, fue el principal maestro de Abu Hanifa.

 

La campaña de recopilación de hadices

Para aprender hadices y recopilarlos y compilarlos, muchos sabios musulmanes consideraban un sagrado deber renunciar a toda preocupación por sus hogares y por el progreso y bienestar de sus familias, y atravesar, tanto dentro como fuera del país, caminos remotos, difíciles y montañosos. El Corán y los hadices han exhortado especialmente a realizar esta labor. También se ha proclamado claramente la inconmensurable recompensa espiritual de esta obra. Viajar al extranjero para adquirir conocimiento relacionado con la religión, regresar de allí a la propia tierra tras obtener ese tesoro de conocimiento e invitar a los habitantes del propio país a adoptar el ideal de vida islámico constituye, en verdad, una gran y sagrada responsabilidad de la nación musulmana. Al leer las asombrosas historias de la incansable dedicación de los Compañeros del Profeta, los tabi‘in y los buscadores de conocimiento de las épocas posteriores, parece que se lanzaron a esta tarea considerándola un sagrado deber indispensable y una responsabilidad. Por un lado, el Sagrado Corán ha relatado el viaje del profeta Moisés hasta «Majma‘ al-Bahrayn» (la confluencia de los dos mares) con el propósito de adquirir conocimiento; por otro, ha presentado la siguiente exhortación a viajar al extranjero con el fin de obtener conocimiento y comprensión de la religión:

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No es necesario que todos los creyentes salgan juntos de sus hogares; pero, aun así, ¿por qué no habría de salir un grupo de cada comunidad y sociedad para adquirir un conocimiento correcto y una comprensión profunda de la religión, con el propósito de regresar a su pueblo y advertirle que tema a Alá? Solo entonces cabe esperar que sean precavidos y comiencen a conducirse con temor reverente. [Sura At-Tawba, rukū‘ 15, aleya 122.]

Se encuentran numerosos hadices que respaldan esta clara instrucción del Corán. En este contexto, merece mencionarse en primer lugar el siguiente hadiz narrado por Abu Huraira (ra).

El Noble Mensajero (s) dijo:

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A quien recorra aunque sea un trecho con el propósito de buscar conocimiento, Alá le facilitará, a cambio de ello, el camino hacia el Paraíso. [Bujari, tomo 1, página 16.]

Se ha transmitido de Anas (que Allah esté complacido con él) que el Noble Profeta (la paz sea con él) dijo:

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Quien salga de su casa con el propósito de adquirir conocimiento, su viaje será un viaje por la causa de Allah hasta que regrese a su casa. [Tirmidhi, ******************** Sunan de al-Darimi.]

No hace falta decir que, en todos los hadices de esta sección, el conocimiento islámico cuyo aprendizaje motiva a emprender el viaje es el conocimiento relacionado con el Corán y los hadices. También puede tratarse específicamente del conocimiento de los hadices.

(a)

La época de los Compañeros

Ya durante la vida del Noble Profeta (la paz sea con él), las distintas tribus de Arabia acudían y se congregaban ante él desde lugares muy lejanos, recopilaban los conocimientos y datos necesarios y regresaban a sus respectivas tierras. Lo mismo ocurrió, individualmente, con los Compañeros que vivían cerca y lejos.

Hadrat Aqaba ibn al-Harith (que Allah esté complacido con él) llegó a Medina desde un lugar lejano con el propósito de conocer el veredicto sobre un asunto relacionado con su matrimonio. Tras conocer del Honorable Profeta el dictamen de la Sharía, regresó a su hogar y, conforme a dicho dictamen, abandonó a su nodriza de leche, a quien había tomado por esposa. [Bujari Sharif, tomo 1, página 19.] En la historia de los primeros tiempos del islam no existe límite para el número de acontecimientos de este tipo. Esto se debe a que, en aquel entonces, los musulmanes que vivían lejos no tenían ningún otro medio para conocer el islam.

Por supuesto, los moradores de la Suffa permanecían permanentemente cerca del Mensajero durante casi veinticuatro horas al día y siempre se esforzaban y anhelaban aprender de él. Después del fallecimiento del Noble Profeta (s), muchos de sus Compañeros se dispersaron y se repartieron por diversos centros del mundo musulmán. Por esta razón surgió la necesidad de viajar al extranjero y recorrer minuciosamente países y regiones para reunir el patrimonio de los hadices. Desde la época de los Compañeros, los musulmanes de generaciones posteriores tuvieron que soportar enormes dificultades y realizar viajes al extranjero por cada hadiz. Este lugar se convirtió en el centro vital de la enseñanza del hadiz.

En el Sahih de Bujari se menciona que Yabir ibn Abd Allah (ra) recorrió una distancia de un mes de viaje con el propósito de escuchar un hadiz de Abd Allah ibn Unays. Había recibido la noticia de que Abd Allah ibn Unays (ra), que se encontraba en la remota Siria, conocía un hadiz del Noble Mensajero que no estaba conservado por ninguna otra persona. En cuanto recibió la noticia, compró un camello y partió hacia Siria. Tras recorrer durante un mes el camino, llegó a un lugar determinado de la región rural de Siria y se entrevistó con Abd Allah ibn Unays. Dirigiéndose a él, dijo:

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Me ha llegado de tu parte un hadiz que escuchaste del Mensajero. Temí que quizá muriera antes de escucharlo con mis propios oídos directamente de ti; por ese temor he venido inmediatamente a tu presencia.

Entonces Abd Allah ibn Unays (ra) recitó de memoria y transmitió el hadiz solicitado. El hadiz es el siguiente:

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Escuché al Noble Mensajero (s) decir que Allah reunirá a los siervos en el campo de la Resurrección y les hablará con una voz que oirán por igual quienes estén cerca y quienes estén lejos. Allah proclamará: «Yo soy el Dueño, yo soy el Rey, yo soy el Misericordioso». [Sahih de Bujari, tomo 2, página 1114. En la obra Tadhkirat al-Huffaz se menciona en este punto un hadiz relacionado con las represalias; tomo 1, página 43.]

Cuando Hazrat Muslimah ibn Makhla d (ra) se encontraba en Egipto, Yabir ibn Abd Allah (ra) acudió a él soportando grandes dificultades para conocer un hadiz relacionado con las «represalias» y dijo: «He venido a ti con un deseo ferviente de aprender este único hadiz, y quiero conocerlo antes de que uno de nosotros muera.

Un compañero se presentó ante Hazrat Fudala ibn Ubayd en Egipto, tras haber venido desde un lugar lejano. Fudala lo recibió cordialmente. Él dijo: «No he venido ante usted únicamente con el propósito de visitarlo; he venido con un objetivo concreto. Usted y yo escuchamos juntos un hadiz del Mensajero de Dios; probablemente lo recuerde muy bien. He venido aquí precisamente para escucharlo nuevamente de usted».

Entonces Fudala le transmitió el hadiz que había solicitado, y, tras aprenderlo, aquel compañero regresó a su propio país. [Darimi, Abu Dawud, Musnad Ahmad, tomo 6, página 22.]

Durante el gobierno de Hazrat Muawiya, Hazrat Abu Ayyub al-Ansari —que Dios esté complacido con él— se presentó ante Hazrat Aqaba ibn Amir al-Yuhani —que Dios esté complacido con él—, quien residía en una aldea apartada de Egipto, con el único propósito de escuchar un hadiz. Al enterarse, Aqaba salió y abrazó a Hazrat Ayyub —que Dios esté complacido con él—. Le preguntó:

«¡Abu Ayyub! ¿Por qué has venido desde tan lejos hasta aquí, hasta mí?». Entonces Hazrat Abu Ayyub —que Dios esté complacido con él— dijo:

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«Había escuchado del Mensajero un hadiz acerca del “satr” de la persona creyente (mantener ocultos ciertos asuntos), pero ahora, aparte de tú y yo, no queda en el mundo nadie más que lo haya escuchado. (Por eso he venido desde tan lejos, deseando escucharlo nuevamente de ti).»

Entonces Hazrat Aqaba recitó el siguiente hadiz con estas palabras:

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A quien oculte en este mundo cualquier acto vergonzoso o humillante de un creyente, Allah le ocultará —es decir, le perdonará— sus pecados el Día de la Resurrección.

Después de escuchar el hadiz solicitado, Hazrat Abu Ayyub dijo: «Tú has dicho exactamente la verdad, has dicho la verdad». Luego montó en un camello y partió hacia Medina con tal rapidez que Muslim ibn Majlad, el entonces gobernador de Egipto, aunque había dispuesto ofrecerle numerosos regalos, no pudo entregárselos; pues Abu Ayyub no estuvo dispuesto a retrasarse ni siquiera un instante. [Bayhaqi, Ibn Majah, Jami Bayan al-Ilm, Musnad Ahmad, tomo 4, página …, Al-Hadiz al-Muhaddizun, página 110.]

En cierta ocasión, el Noble Profeta (la paz y las bendiciones sean con él) narró un hadiz. Hazrat Saib ibn Khallad y Hazrat Aqaba ibn Amir, que se encontraban presentes en la asamblea, también lo escucharon. Más tarde, Saib olvidó parcialmente el hadiz y comenzó a albergar cierta duda acerca de su formulación. Sin embargo, considerando que de ningún modo era correcto conservar en el corazón la más mínima duda sobre un hadiz, se dirigió junto a Hazrat Aqaba, que se encontraba en Egipto, para escuchar nuevamente el hadiz y disipar su propio error y sus dudas. Primero se presentó ante Muslim ibn Majlad, el gobernador de Egipto. Ibn Majlad, complacido por recibirlo como huésped, le dio una acogida especialmente cordial. Pero Hazrat Saib dijo: «No estoy dispuesto a retrasarme en ningún lugar; es necesario que me encuentre inmediatamente con Aqaba». Después se presentó ante Aqaba y comparó el hadiz con el que este había conservado. Así obtuvo tranquilidad, convencido de su exactitud y autenticidad.

Cuando surgían diferencias entre los Compañeros acerca de la explicación y el significado de algún versículo del Noble Corán, también viajaban a países lejanos con el propósito de obtener una resolución de un experto. Hazrat Sa’id ibn Jubayr (que Allah esté complacido con él) dijo:

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Los habitantes de Kufa discrepaban acerca del versículo coránico: «Quien mate intencionadamente a un creyente, tendrá el Infierno como destino». Por ello fui junto a Ibn Abbas y le pregunté al respecto. Él respondió: «Este fue el último versículo revelado. Nada pudo abrogarlo ni invalidarlo».

Hazrat Abu al-Darda (que Allah esté complacido con él) dijo:

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Si algún versículo del Corán me resultaba incomprensible, aunque para obtener su explicación tuviera que ir hasta una persona que se encontrara a cinco noches de viaje desde La Meca, aun así iba allí.[********************]

Uno de los Compañeros intentó conocer y recopilar los hadices del Mensajero incluso mediante correspondencia con otro Compañero que se encontraba en un lugar lejano.

El venerable Muawiya envió desde Damasco una carta al venerable Mugira, en la ciudad de Kufa. En ella escribió:

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Escriba y envíeme todo cuanto haya oído del Mensajero.

Entonces el venerable Mugira le escribió: El Noble Profeta (s) recitaba la siguiente súplica después de cada oración:

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No hay nadie digno de adoración excepto Allah; Él es Uno y Único. La soberanía y el reino le pertenecen exclusivamente a Él; a Él pertenece toda alabanza, y Él tiene poder sobre todas las cosas. ¡Oh Allah! Nadie puede dar lo que Tú das. No es posible, mediante el mero esfuerzo, hacer nada que se oponga a ello. Junto con esto, también escribió:

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El Noble Profeta (s) prohibía entablar disputas innecesarias y sin sentido, hacer preguntas repetidas y excesivas, y desperdiciar los bienes y la riqueza. También prohibió romper los lazos con la madre o tratarla mal, así como matar en secreto a las hijas. [Todos estos detalles se mencionan en Sahih al-Bujari, tomo 2, p. 1083, y tomo 7, p. 958.]

Durante sus respectivos califatos, los califas rectamente guiados escribían y enviaban los hadices necesarios a los responsables de las distintas regiones, como parte del cumplimiento de sus deberes califales.

Abu Uzmán dice:

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Estábamos acampados con el comandante Utba ibn Farqad en Azerbaiyán. Entonces nos llegó una carta de Umar al-Faruq, dirigida a Utba. En ella estaba escrito: El Noble Profeta (s) dijo que solo puede vestir ropas de seda aquel hombre que no tendrá ninguna parte en la vida futura. [Sahih al-Bujari, tomo 2, p. 867. ********************]

Cuando era necesario, los Compañeros ilustres se escribían unos a otros y les enviaban por iniciativa propia los hadices del Mensajero (s). Cuando Umar ibn Ubaydullah se dirigió a Haruriyya, Abd Allah ibn Abi Awfa (ra) le escribió:

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El Noble Mensajero (s) se encontraba un día de su vida ansioso, esperando enfrentarse al bando enemigo. Finalmente, cuando el sol comenzó a declinar, se puso de pie ante sus compañeros y dijo: «¡Oh, gente! No deseéis enfrentaros ni encontraros con el enemigo; más bien, suplicad a Allah por la paz y la seguridad. Pero si aun así os encontráis con el enemigo, continuad luchando con infinita paciencia. Sabed que el Paraíso se encuentra bajo la sombra de las espadas». Entonces, el Noble Profeta (s) se puso de pie y pronunció la siguiente súplica:

«¡Oh, Allah, Revelador del Libro, Controlador de las nubes, Vencedor de los ejércitos enemigos! Derrótalos y humíllalos, y concédenos la victoria sobre ellos».[Muslim Sharif, tomo 2, ******************** página 84.]

Los nobles Compañeros (que Allah esté complacido con ellos) se preguntaban unos a otros sobre los hadices y verificaban su autenticidad. En cierta ocasión, el honorable Abdullah ibn Amr (que Allah esté complacido con él) llegó a La Meca con motivo del Hayy. Entonces, de él llegó hasta Aisha (que Allah esté complacido con ella) [un hadiz]. La vez siguiente, cuando el honorable Abdullah volvió para realizar el Hayy, la honorable Aisha (que Allah esté complacido con ella) dijo a su sobrino Urwa:

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«¡Oh, sobrino! Ve a ver a Abdullah y verifica para mí la autenticidad de la narración que me transmitiste de él».

Urwa dijo: «Me presenté ante el honorable Abdullah y expresé mi deseo de volver a escuchar aquel hadiz. Él lo narró esta vez exactamente de la misma manera en que lo había narrado el año anterior. Cuando regresé ante la honorable Aisha y se lo comuniqué, ella se quedó muy sorprendida y dijo:

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«¡Por Allah! Abdullah ibn Amr lo ha recordado correctamente».[Bujari Sharif, tomo 2, página 1086.]

Que los nobles Compañeros viajaban a tierras lejanas en busca de hadices y soportaban grandes dificultades y penalidades para aprenderlos se sabe claramente también por la siguiente declaración de Ibn Abbás. Él dijo:

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Cuando nos llegaba un hadiz narrado por otra persona, si hubiéramos querido enviar a alguien para que lo llamara y le pidiera que viniera a narrarme el hadiz, habría podido hacerlo fácilmente. Sin embargo, en vez de eso, yo mismo iba a su casa y me tendía delante de ella. Cuando él salía de la casa, me narraba dicho hadiz.

De esto se sabe que los nobles Compañeros no se contentaban con oír de boca de otros un hadiz narrado por otro Compañero, ni lo aceptaban inmediatamente como indudablemente auténtico. Por el contrario, procuraban escucharlo directamente del narrador original del hadiz. Por ello se presentaban ante la casa del narrador. Sin embargo, no les agradaba llamarlo para que saliera de la casa; esperaban, más bien, hasta que él saliera por sí mismo. Puede estimarse cuán larga era esta espera por el hecho de que quienes aguardaban, tras permanecer esperando durante mucho tiempo, se cansaban y acababan tendidos, exhaustos, delante de la casa. Esta perseverancia de los nobles Compañeros con el propósito de obtener correctamente los hadices es verdaderamente asombrosa.

(b)

La época de los tabi‘un

Arriba se ha presentado una breve descripción de la campaña de recopilación de hadices durante la época de los Compañeros. A partir de la breve exposición anterior puede obtenerse con gran facilidad una idea general de todos los trabajos realizados en esta etapa de la recopilación de hadices. En pocas palabras, puede decirse que durante la época de los Compañeros la campaña de recopilación de hadices apenas había comenzado, mientras que en la época de los tabi‘un esta labor se llevó a cabo de manera mucho más desarrollada y sobre una base más amplia. En particular, los narradores de hadices de la época de los tabi‘un no se limitaban a escuchar hadices de una sola persona ni únicamente de los Compañeros que residían en su propia ciudad. Por ello se vieron obligados a viajar por numerosas ciudades, pueblos y regiones, cercanos y lejanos. De este modo tuvieron la oportunidad de escuchar el mismo hadiz de un gran número de narradores originales, así como de oír y recopilar una gran cantidad de hadices de numerosos narradores. Como resultado, adquirieron una firme convicción respecto a los hadices.

La descripción que se ofrece a continuación puede dar una indicación clara de la labor realizada durante esta época.

Saíd ibn al-Musayyib dijo:

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Con el único propósito de obtener un hadiz, viajaba durante varios días y noches consecutivos.[********************]

En cierta ocasión, el tabi‘í al-Sha‘bi, que residía en la ciudad de Kufa, narró un largo hadiz sobre la recompensa de enseñar el conocimiento religioso a los hijos y a los esclavos y siervas, y convertirlos en personas de buen carácter. Al terminar de narrarlo, se dirigió a sus discípulos y les dijo:

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Recibid bien este hadiz; no tendréis que dar nada a cambio de él (no habéis tenido que soportar ninguna dificultad). Aunque hubo un tiempo en que cada persona tenía que viajar hasta Medina (desde Fa) por unas palabras aún más breves que estas.[******************** El hadiz original ha sido citado en el Kitab al-‘Ilm del primer volumen de al-Bujari.]

Busr ibn ‘Abdullah al-Hadrami dijo:

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Aunque fuera necesario recorrer diversas ciudades por un solo hadiz, eso era precisamente lo que hacíamos.

A continuación se presenta un relato detallado de los esfuerzos de varios tabi‘íes célebres por recopilar hadices:

El célebre tabi‘í Ubaydullah ibn Adi se enteró de que el venerable Ali (que Allah esté complacido con él) poseía un hadiz que él mismo, pese a haberlo buscado hasta entonces, no había podido conocer de nadie en ninguna parte. Entonces pensó que, si no lo averiguaba de inmediato y no lo difundía entre la gente, existía el riesgo de que toda la comunidad quedara privada de él. Por eso partió rápidamente hacia Irak con el propósito de entrevistarse con el venerable Ali (que Allah esté complacido con él).

El tabi‘í Kazir ibn Qays dice: Estábamos sentados con el venerable Abu al-Darda (que Allah esté complacido con él) en la mezquita aljama de Damasco. En ese momento se presentó ante él un hombre y dijo: «¡Oh, Abu al-Darda! He oído que usted narra, transmitido del Mensajero, un hadiz especial. He viajado desde Medina únicamente para escuchar ese hadiz». El venerable Abu al-Darda (que Allah esté complacido con él) le preguntó: «¿No ha venido usted aquí con algún otro propósito, como realizar alguna actividad comercial?». El forastero respondió: «No, no he venido con ningún otro propósito». Entonces el venerable Abu al-Darda (que Allah esté complacido con él) le narró el siguiente hadiz:

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He oído decir al Noble Mensajero (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él): «A quien recorra un camino en busca del conocimiento, Allah le facilitará y allanará uno de los innumerables caminos del Paraíso. En verdad, los ángeles extienden sus alas para mostrar su satisfacción con quien busca el conocimiento, y todo cuanto hay en los cielos y en la tierra —incluso los peces bajo el agua— pide a Allah que perdone los pecados de quien busca el conocimiento. Además, la superioridad del sabio sobre el devoto es como la superioridad de la luna sobre todas las estrellas. Los sabios son los herederos de los profetas. Los profetas no dejan dinero ni bienes hereditarios; solo dejan conocimiento e ilm. Por tanto, quien lo recibe obtiene su parte; o, según otra formulación, recibe una porción completa y abundante». Este hadiz aparece en obras auténticas como el Musnad de Ahmad, Abu Dawud, al-Tirmidhi e Ibn Mayah, entre otras, aunque existen diferencias entre sus palabras y formulaciones. Aquí se cita la versión transmitida por el Sunan de al-Darimi.

Es digna de mención aquí una declaración de Basr ibn Ubaydullah. Dice: «He recorrido y buscado en innumerables ciudades y pueblos únicamente por un solo hadiz». (Al-Darimi, página 74.)

El tabi‘í Abu al-Aliya dice:

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Nosotros, aunque permanecíamos en Basora, escuchábamos los hadices narrados por los compañeros residentes en Medina a través de otras personas; pero no quedábamos satisfechos de ninguna manera hasta escucharlos directamente de labios del compañero narrador del hadiz que residía en Medina, y tampoco los transmitíamos a otros antes de ello. [Dārimī, página 74.]

Abū Qilāba (Abdullah ibn Zayd al-Jurāmī al-Basrī) dice:

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Permanecí tres —días, meses o años— en Medina, esperando únicamente que llegara un hombre que poseía un hadiz, para escucharlo de él.

El muhaddiz de la generación de los tābi‘ūn, Makhūl (Abū Abdullah ibn Abū Muslim), viajó en busca de un hadiz desde Egipto al Hiyaz, del Hiyaz a Irak y de Irak a Siria; allí escuchó finalmente el hadiz que buscaba.

En resumen, gracias a la devoción de los buscadores de hadices de la época de los tābi‘ūn, a sus encuentros mutuos y a sus incesantes viajes por distintos países para recopilar hadices, fue posible difundir y extender un gran número de ellos. Los compañeros se habían dispersado por las distintas ciudades y lugares del mundo musulmán, y cada uno, permaneciendo en su respectivo lugar, difundía y enseñaba los hadices. Sus discípulos, los tābi‘ūn, viajaban de una ciudad a otra y de un país a otro con el propósito de recopilar hadices; aprendían y recopilaban diferentes hadices de distintos compañeros, o escuchaban el mismo hadiz de varios compañeros. Como resultado, el patrimonio de los hadices adquirió en conjunto una dimensión enorme y vasta.

A modo de ejemplo, puede decirse que el venerable Amr ibn al-Ās —que Allah esté complacido con él— residía en Egipto y allí mismo exponía a sus habitantes las palabras, los actos y las aprobaciones del Mensajero. También narraba las decisiones judiciales de los tribunales durante la época del Noble Mensajero y de los Califas Rectamente Guiados. Por ello, solo los habitantes locales podían acceder a todos estos inestimables tesoros del conocimiento islámico. Sin embargo, en la época de los tābi‘ūn, cuando estos habitantes de Egipto comenzaron a llegar a Damasco, Kufa, Basora, Medina y a otros centros de hadices y lugares de residencia de los compañeros para recopilar hadices, su conocimiento de los hadices se volvió sumamente amplio y extenso. Los tābi‘ūn que antes transmitían un hadiz únicamente a través de un mismo compañero pudieron entonces transmitirlo mediante diversas cadenas de transmisión. Si se examinan, desde la perspectiva de la ciencia del hadiz, los viajes de los tābi‘ūn por distintos países y regiones, su importancia se comprende fácilmente. En realidad, no cabe duda de que, si durante la época de los tābi‘ūn no se hubiera llevado a cabo esta campaña de recopilación de hadices, muchos de ellos se habrían extinguido en las profundidades insondables del olvido y habrían quedado fuera del alcance del conocimiento general.

Cabe mencionar, a este respecto, que la campaña de recopilación de hadices emprendida por los tabi‘un tuvo una influencia especial en la compilación de las obras de hadices posteriores. Pues las compilaciones de aquellos recopiladores de hadices que reunieron únicamente los hadices difundidos en sus propias ciudades y que no viajaron a otros centros de hadices ni recorrieron tierras lejanas para recopilarlos no fueron reconocidas por la sociedad como poseedoras de valor alguno. Además, se les dijo:

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Está desviado del camino de la verdadera guía y es incapaz de demostrar la validez racional del camino de la guía y de la verdad.[********************]

El célebre tabi‘í Yahya ibn Mu‘in dijo:

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No se puede esperar la verdadera guía de cuatro tipos de personas. Son: el guardián de una destreza artística sutil, el pregonero del juez, el hijo de un innovador y quien no viaja al extranjero en busca de hadices, sino que recopila únicamente los hadices encontrados en su propia ciudad.[********************]

Sin embargo, los medios de transporte y las rutas de viaje de aquella época eran extremadamente difíciles, inaccesibles y peligrosos. Montados a lomos de caballos o camellos, tenían que atravesar desiertos que se extendían hasta el horizonte, montañas y bosques remotos e inaccesibles; y sus viajes continuaban noche tras noche, mes tras mes y año tras año. Es fácil imaginar cuán arduo era aquel esfuerzo. Pero aquellas dificultades y sufrimientos eran para ellos absolutamente insignificantes. Después de soportar penalidades tan inhumanas, la riqueza de hadices que obtenían inundaba sus corazones de una alegría pura, y en ello encontraban plenitud y éxito en sus vidas. En realidad, aquello fue una contribución extraordinariamente benéfica que hicieron a todos los musulmanes del mundo. Los musulmanes del mundo jamás podrán olvidar esta contribución suya.

(c)

La época de los Tābiʿ al-Tābiʿīn

La campaña de recopilación de hadices que comenzó en la época de los Tābiʿūn continuó ininterrumpidamente durante los dos o tres siglos siguientes. En la época de los Tābiʿ al-Tābiʿīn, su necesidad no disminuyó en lo más mínimo, ni esta campaña se debilitó o interrumpió en grado alguno. Al contrario, vemos que, durante la etapa de los Tābiʿ al-Tābiʿīn, esta campaña adquirió una dimensión aún más amplia que antes. Después de los Tābiʿūn, la comunidad de los Tābiʿ al-Tābiʿīn, educada y formada por ellos mismos, asumió plenamente sobre sus hombros esta noble empresa y, teniendo en cuenta las circunstancias y necesidades de su tiempo, se dedicó a cumplir esta difícil responsabilidad. Al igual que sus predecesores, también tuvieron que soportar incontables sufrimientos y dificultades en este camino.

Al igual que resulta difícil determinar la época de los Tābiʿūn, también es difícil establecer, desde el punto de vista de los años y las fechas, la época de los Tābiʿ al-Tābiʿīn. En realidad, no es posible decir con claridad exactamente cuándo y en qué año comenzó su época, ni cuándo terminó. A la luz de ciertos acontecimientos y señales, puede afirmarse que la época de los Tābiʿūn comenzó durante la época del Noble Profeta (s.). Pues en esta época se encuentran algunos hombres ilustres que, aunque no pudieron contemplar con sus propios ojos el rostro bendito del Noble Mensajero, aceptaron con sincera devoción la invitación al islam tan pronto como llegó a sus oídos. En este contexto pueden mencionarse los nombres de Uways al-Qaranī y del rey de Abisinia, Aṣḥama. Por consiguiente, puede decirse que, durante casi un siglo, las épocas de los Compañeros y de los Tābiʿūn transcurrieron simultáneamente y una junto a otra. Sin embargo, al finalizar el primer siglo de la hégira, también llegó a su fin esta época. Fue entonces cuando comenzó la época de los Tābiʿ al-Tābiʿīn, es decir, la de quienes habían sido educados, instruidos y formados por los Tābiʿūn. Pero la época de los Tābiʿūn aún no había terminado. Al contrario, continuó simultáneamente con la época de los Tābiʿ al-Tābiʿīn y ambas transcurrieron juntas durante aproximadamente tres cuartos de siglo.

De manera semejante, es difícil determinar, sobre la base de los años y las fechas, exactamente cuándo comenzó y cuándo terminó la época de los Tābiʿ al-Tābiʿīn. Sin embargo, basándose en las fechas de nacimiento de algunos Tābiʿ al-Tābiʿīn y en los años de fallecimiento de algunos Tābiʿūn, puede decirse que esta época comenzó hacia el final del primer siglo de la hégira. Como ejemplo, puede señalarse que el imán Shuʿba nació en el año 80 de la hégira, y que el imán Abū Ḥanīfa también nació en ese mismo año. No obstante, todos los biógrafos incluyen al imán Shuʿba entre los Tābiʿ al-Tābiʿīn y al imán Abū Ḥanīfa entre los Tābiʿūn. A pesar de ello, la realidad es que la verdadera época de los Tābiʿ al-Tābiʿīn comenzó en el primer cuarto del segundo siglo de la hégira y terminó en el primer cuarto del tercero. Esto se debe a que muchos Tābiʿūn fallecieron entre los años 164 y 174 de la hégira. Dicho de otro modo, la época de los Tābiʿ al-Tābiʿīn se extendió desde el período del segundo califa omeya, al-Walīd, hasta el período de al-Mutawakkil, décimo califa de la dinastía abasí.

Como ya he dicho, durante esta época el estudio, la difusión y la recopilación de hadices se desarrollaron de manera aún más amplia y profunda que antes. Entre quienes alcanzaron en esta época el mayor dominio y reconocimiento en el conocimiento de los hadices, destacan especialmente las siguientes personas:

(1) el imán Abū Ḥanīfa; (2) el imán Mālik; (3) el imán Abū Yūsuf; (4) el imán Muḥammad al-Shaybānī; (5) el imán al-Awzāʿī; (6) el imán Ibn Jurayj; (7) el imán Isḥāq ibn Rāhwayh; (8) el imán Sufyān ibn ʿUyayna; (9) ʿAbd Allāh ibn al-Mubārak; (10) el imán Shuʿba; (11) Musayr ibn Qudām; (12) ʿAbd Allāh ibn Wahb; (13) Yaḥyā ibn Maʿīn; (14) ʿAlī ibn al-Madīnī; (15) el imán al-Layth ibn Saʿd; (16) Ḥaḍrat Fuḍayl ibn ʿIyāḍ; y (17) Yaḥyā ibn Ādam (r.).

Aquí expondremos brevemente la dedicación al estudio de los hadices y la campaña de recopilación de algunos de los principales entre ellos.

El imán Abū Ḥanīfa (r.)

Ha surgido un considerable desacuerdo sobre si el imán Abū Ḥanīfa (r) fue un tābiʿī o un tābiʿ-tābiʿī. Puesto que el imán Abū Ḥanīfa no narró ningún hadiz de los compañeros —y, dado que los hadices cuya narración se le atribuye en ciertos círculos carecen de pruebas y no superan la prueba de autenticidad de la ciencia del hadiz—, algunos historiadores se han negado incluso a reconocerlo como tābiʿī. Sin embargo, basándose en pruebas históricas irrefutables, puede afirmarse enfáticamente que el imán Abū Ḥanīfa (r) llegó a ver a los compañeros. En efecto, el imán Abū Ḥanīfa nació en la ciudad de Kufa en el año 80 de la hégira. En ese tiempo, el compañero del Mensajero, Ḥaḍrat ʿAbdullāh ibn Abū Awfā (ra), aún vivía allí. Falleció en el año 81 de la hégira o después; según la narración de Ibn ʿAbd al-Barr, falleció en el año 87 de la hégira. El historiador Ibn Saʿd escribió que el imán Abū Ḥanīfa (r) vio a Ḥaḍrat Anas ibn Mālik (ra), pues este falleció en la ciudad de Basora en el año 91 de la hégira, y según Ibn ʿAbd al-Barr, en el año 99 de la hégira.

Además, Ḥaḍrat Sahl ibn Saʿd al-Sāʿidī vivía en Medina, y Ḥaḍrat Abū al-Ṭufayl ʿĀmir ibn Wāthila vivía en La Meca. Por lo tanto, no puede considerarse imposible que el imán Abū Ḥanīfa llegara a encontrarse con algún compañero.

El erudito ʿAllāma Ibn Ḥajar al-Makkī, autor del comentario de Mishkāt Sharīf, escribió basándose en la fatua emitida por el hafiz Ibn Ḥajar al-ʿAsqalānī:

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El imán Abū Ḥanīfa (r) llegó a ver a un grupo de compañeros que residían en la ciudad de Kufa cuando él nació allí, en el año 80 de la hégira. Sin embargo, sus contemporáneos, como al-Awzāʿī de Siria; Ḥammād ibn Salama y Ḥammād ibn Zayd de Basora; Sufyān al-Thawrī de Kufa; Mālik de Medina; y al-Layth ibn Saʿd de Egipto, no alcanzaron esta distinción. (Ninguno de ellos fue tābiʿī).

Ibn Ḥajar al-Makkī escribió en su comentario de Mishkāt:

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El gran imán Abū Ḥanīfa llegó a encontrarse con ocho compañeros. Entre ellos destacan especialmente Ḥaḍrat Anas ibn Mālik, ʿAbdullāh ibn Abū Awfā, Sahl ibn Saʿd y Abū al-Ṭufayl (ra).

El al-lama Alā al-Dīn escribió en la introducción de la obra «Durar al-Mujtār»:

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Por su edad, llegó a conocer aproximadamente a veinte Compañeros.

Citando la obra «Muniyat al-Muftī», escribió además:

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Está probado que el imán Abū Hanīfa escuchó hadices de siete Compañeros.

Sobre la base de todas estas citas, puede decirse que el imán Abū Hanīfa (r) fue un tābi‘í.

El al-lama Ibn ʿĀbidīn escribió:

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Desde todos los puntos de vista, el imán Abū Ḥanīfa fue un tābiʿī. El muhaddiz al-Dhahabī y el muhaddiz al-ʿAsqalānī lo declararon con firmeza.

Sin embargo, el célebre muhaddiz contemporáneo, el erudito Shāh Anwār Kāshmīrī (que Dios tenga misericordia de él), sostenía una opinión diferente. Él dijo:

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Fue un tābiʿī en cuanto al encuentro, y un tābiʿ al-tābiʿīn en cuanto a la transmisión de hadices.

Cuando el imán Abū Ḥanīfa se dedicó al estudio de los hadices, todo el mundo musulmán estaba lleno de actividad en su estudio. En cada ciudad y localidad se habían establecido grandes círculos para la transmisión de hadices. Cerca de diez mil compañeros se habían dispersado por todas partes, y el número de estudiantes de hadices que acudían a ellos llegó a varios cientos de miles. Las ciudades en las que residía algún compañero o tābiʿī eran denominadas Dār al-ʿUlūm (escuela).

En esa época, el imán Abū Ḥanīfa (que Dios tenga misericordia de él) estudió primero hadices en la ciudad de Kufa con grandes eruditos tābiʿīes especializados en hadices. El imán al-Shāfiʿī escribió: «El imán Abū Ḥanīfa aprendió hadices de 93 muhaddices de la ciudad de Kufa. Asimismo, según la narración del imán al-Zuhrī, en la ciudad de Kufa los maestros de hadices del imán Abū Ḥanīfa fueron 29. La mayoría de ellos eran grandes tābiʿíes. Entre ellos destacan especialmente los grandes muhaddices al-imán al-Shaʿbī, Salama ibn Kuhayl, Muḥārib ibn Dithār, Abū Isḥāq al-Sabīʿī, ʿAwn ibn ʿAbd Allāh, Sammāk ibn Ḥarb, ʿAmr ibn Murbā, Manṣūr ibn Muʿtamir, al-Aʿmash, Ibrāhīm ibn Muḥammad y ʿAdī ibn Marthad, entre otros. De ellos, el imán Abū Ḥanīfa (que Dios tenga misericordia de él) aprendió y recopiló un gran número de hadices.»

Después se dirigió a Basora con el propósito de estudiar y recopilar más hadices. En aquel tiempo, la ciudad de Basora estaba colmada del conocimiento de los hadices difundidos por grandes muhaddices tābiʿíes como el imán al-Ḥasan al-Baṣrī, Shuʿba y Qatāda.

Después de esto, viajó a La Meca y Medina. En aquel entonces, la enseñanza del hadiz se impartía ampliamente allí. Varios grandes tabi’un, criados y educados bajo la compañía, el cuidado y la guía de los compañeros, habían establecido de manera independiente numerosos centros de enseñanza del hadiz. Ata ibn Abi Rabah, Ikrima y otros fueron eruditos destacados entre ellos. En esta etapa, el muhaddiz al-Dhahabi escribió:

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El imán Abu Hanifa escuchó y estudió hadices en La Meca con Ata ibn Abi Rabah.

En Medina residía entonces el imán Baqir. El imán Abu Hanifa también acudió a su asamblea únicamente con el propósito de estudiar hadices.

En resumen, Abu Hafs al-Kabir afirmó que el imán Abu Hanifa había estudiado hadices con un total aproximado de cuatro mil muhaddices pertenecientes a los centros de hadiz situados en diversos países del vasto mundo musulmán de aquella época. Aunque esta afirmación no supere la prueba de fuego de la ciencia del hadiz ni pueda demostrarse como absolutamente exacta, puede afirmarse con seguridad que el número de sus maestros de hadiz era enorme. Después de mencionar los nombres de los maestros del imán Abu Hanifa, el imán al-Dhahabi escribió en su obra Tadhkirat al-Huffaz:

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Además, fue discípulo de muchos otros muhaddices.

El hafiz Muhammad ibn Yusuf al-Salihi al-Shafi‘i dice:

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El imán Abū Ḥanīfa era considerado uno de los grandes memorizadores y maestros del hadiz. Si no hubiera prestado mucha atención al hadiz ni hubiera poseído una comprensión profunda, jamás le habría sido posible deducir las cuestiones y normas de la jurisprudencia islámica.

El Shayj al-Islam Yazīd ibn Hārūn dice:

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El imán Abū Ḥanīfa era sumamente piadoso, un asceta de carácter puro e intachable, un erudito, veraz y el mayor memorizador del hadiz entre todos sus contemporáneos. El manuscrito de esta obra se conserva en la biblioteca Majlis-e ʿIlmī de Karachi.

Yaḥyā ibn Saʿīd al-Qaṭṭān dijo:

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¡Por Dios! Entre la comunidad musulmana actual, Abū Ḥanīfa es quien posee mayor conocimiento y comprensión del Libro de Dios, de los hadices del Mensajero y de la Sunna.

Cuando se preguntaba al muhaddiz Yahya ibn Mu’in acerca del imán Abu Hanifa, él siempre decía:

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Era sumamente digno de confianza, fiable y libre de errores. Nunca he oído que nadie lo haya declarado «débil» o inaceptable en materia de hadices.

También decía:

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Abu Hanifa era un muhaddiz piadoso, fiable, veraz y digno de confianza. Nadie lo acusó de haber narrado falsedades. Se mantuvo firme en la religión de Allah y era plenamente veraz al narrar hadices.

El imán Ibn Ayyub de Balj dijo con toda verdad:

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El verdadero conocimiento llegó de Allah a Muhammad (la paz sea con él). Después de él, lo recibieron sus compañeros. De los compañeros lo recibieron los tabi‘un. Y de los tabi‘un se concentró y alcanzó su madurez en el Imam Abu Hanifa.

El hafiz Abu Nu‘aym al-Isfahani lo relató transmitiéndolo de Yahya ibn Nasr ibn Hajib:

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Entré en una habitación de Abu Hanifa que estaba llena de libros. Pregunté: «¿De qué son estos libros?». Respondió: «Todos estos son libros de hadices. Solo he narrado una pequeña parte de ellos, de la cual la gente está obteniendo un gran beneficio».

También es digna de mención otra declaración de Yahya ibn Ma‘in. Dijo:

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Abu Hanifa era un muhaddiz sumamente digno de confianza. Solo narraba los hadices que había memorizado y conservado cuidadosamente. Nunca narraba aquello que no tenía memorizado.

Segundo: después de albergar en su memoria una inmensa cantidad de hadices, narraba poco su formulación literal; tampoco solía organizar reuniones específicamente para enseñar hadices. Más bien, se dedicó por completo a esclarecer sus significados profundos y a extraer de ellos las cuestiones jurídicas necesarias para la vida práctica de los musulmanes.

Pero eso no significa que hubiera dejado de buscar y recopilar hadices. Más bien, siempre se esforzaba y era diligente para enriquecerse cada vez más al encontrar nuevos hadices. El imán Nadr ibn Muhammad al-Marwazi era un distinguido y célebre discípulo del imán Abu Hanifa. Él dijo:

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No he visto a nadie más entusiasmado y atento que el imán Abu Hanifa en la búsqueda de hadices. En cierta ocasión llegaron Yahya ibn Sa’id al-Ansari, Hisham ibn Urwa y Sa’id ibn Abi Aruba. Entonces el imán Abu Hanifa nos dijo: «Id y ved si estos hombres tienen algún tesoro de hadices que pueda escuchar y recibir de ellos.»

Otro discípulo del Imán Supremo era el muhaddiz Abdul Aziz ibn Abi Rajama. Él también narró algo muy parecido. Dijo:

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Cuando un muhaddiz llegó a Kufa, el imán Abu Hanifa dijo a sus discípulos y compañeros: «Id a verlo y averiguad si tiene algún hadiz que nosotros no tengamos.»

Abdul Aziz dijo: «En otra ocasión, cuando llegó un muhaddiz, el imán Abu Hanifa envió a sus discípulos diciéndoles lo mismo.»

Estas dos narraciones anteriores demuestran claramente el interés del imán Abu Hanifa por buscar hadices. Por eso, solo una persona inexperta podría afirmar que era negligente en lo referente a los hadices.

Es completamente falsa la acusación de que él abandonaba los hadices y emitía dictámenes sobre cuestiones jurídicas basándose únicamente en el qiyás y en el uso de la razón. Cuál era su método al emitir dictámenes sobre cuestiones jurídicas queda demostrado de forma clara y concluyente por la siguiente declaración suya. Él mismo dijo acerca de sí mismo:

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En primer lugar, tomo como base el Libro de Allah; cuando encuentro en él una decisión sobre el asunto en cuestión, emito mi dictamen conforme a ella. Si no la encuentro allí, entonces acepto la Sunna del Mensajero y sus narraciones auténticas, transmitidas por personas dignas de confianza. Pero si tampoco encuentro el asunto en el Libro de Allah ni en la Sunna del Mensajero, entonces abandono la opinión de cualquier otra persona.

La prueba de que aceptaba los hadices y actuaba conforme a los hadices auténticos aun cuando contradijeran el qiyás y la razón común es que consideraba lícito determinar los deberes mediante el sorteo, aunque, aparentemente, esto fuera equivalente al juego de azar.

Él dijo:

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Según el qiyás, el sorteo no debería ser lícito; sin embargo, respecto a su licitud se han establecido un hadiz y una Sunna, y yo, abandonando el qiyás, acepto precisamente eso.

Las estrictas condiciones y restricciones que impuso para aceptar los hadices eran, en realidad, indispensables en lo relativo a la religión de Allah. Pues en la época del imán Abu Hanifa se habían difundido ampliamente diversas creencias erróneas y hadices falsos inventados por cierta clase de personas. Si en aquel tiempo no hubiera adoptado una cautela especial y hubiera aceptado indiscriminadamente todo lo que se decía en nombre de los hadices, sin distinguir lo verdadero de lo falso, la religión de Allah no habría podido preservarse de manera íntegra. En realidad, esto fue fruto de su incomparable taqwa y de su sincera y profunda fe y amor por la religión; no puede haber ninguna duda al respecto.

Las condiciones del imán Abū Ḥanīfa para aceptar los hadices

La mayoría de las condiciones que el imán Abū Ḥanīfa (que Allah tenga misericordia de él) estableció para aceptar los hadices son las mismas que establecieron los muhaddices en general. Sin embargo, él añadió personalmente algunas condiciones especiales por razones particulares. A continuación se mencionan algunas de ellas:

1. Si, después de transmitir un hadiz, el narrador lo olvidaba, aunque los muhaddices en general lo considerasen aceptable, el imán Abū Ḥanīfa y sus discípulos no estaban dispuestos a aceptarlo.[********************]

2. Solo es aceptable el hadiz que el narrador transmita conforme a su propia memoria y capacidad de recordar.[ঐ]

3. En las reuniones de ciertos muhaddices célebres, debido a la gran cantidad de oyentes reunidos, se contrataba a personas para alzar la voz; el imán Abū Ḥanīfa no consideraba aceptable el hadiz que estas personas escuchaban y que luego se transmitía como si se hubiera escuchado directamente del muhaddiz original. Los célebres muhaddices Ḥāfiẓ Abū Nuʿaym, Faḍl ibn ʿUqayn e Ibn Qudāma, entre otros, también sostenían esta opinión. Según el Ḥāfiẓ Ibn Ḥajar al-Makkī, aunque esta es una postura razonable, la opinión de los muhaddices en general resulta más fácil de aplicar.[********************]

4. El imán Abū Ḥanīfa no aprobaba el hadiz transmitido por un narrador que lo encontrara escrito en su propio cuaderno, pero no recordara haberlo escuchado de alguno de sus maestros muhaddices. Según los demás muhaddices, no había ningún inconveniente en ello.[********************]

Los muhaddices de Kūfa consideraban lícito transmitir el contenido esencial de los hadices en sus propias palabras (********************). Esta era, además, la práctica generalmente extendida en aquella época. No eran muchos los narradores que transmitían la formulación exacta de los hadices. Por ello, existía plenamente el riesgo de que surgieran diferencias y alteraciones en la transmisión de los hadices. Como consecuencia, el imán Abū Ḥanīfa se vio obligado a adoptar una política sumamente estricta respecto a la aceptación de los hadices. Se ha demostrado de manera concluyente que, después de todas estas precauciones, él compiló una obra de hadices. Muḥammad ibn Maḥmūd al-Khwārizmī reunió quince musnads del imán Abū Ḥanīfa (compilaciones de hadices).[********************]

El imán Mālik ibn Anas (que Allah tenga misericordia de él)

El imán Malik fue el mayor muhaddiz de Medina, la ciudad del Mensajero. Nació en Medina en el año 93 de la Hégira. Sin embargo, el historiador Yafi‘i afirma en su obra Tabaqat al-Fuqaha que nació en el año 94 de la Hégira. En aquella época, toda la ciudad de Medina resonaba con la dulce voz del estudio y la enseñanza del hadiz. Aunque, después del fallecimiento del Noble Profeta (s), los compañeros se dispersaron por lugares muy distantes, una mina de oro sigue siendo una mina de oro incluso después de extraer su oro, y la cantidad que permanece en ella no puede ser insignificante en modo alguno. Todos los grandes compañeros residían precisamente en esta ciudad. Durante la vida del Noble Profeta y durante 24 o 25 años después de su fallecimiento, esta ciudad fue el centro del gobierno islámico. Allí se estudiaban, difundían y aplicaban todas las leyes del islam, y desde allí se propagaban luego a los demás centros del mundo musulmán. En esta ciudad se establecieron los centros de enseñanza del hadiz de grandes compañeros como Abu Bakr al-Siddiq, Umar al-Faruq, Aisha, Abd Allah ibn Umar, Ibn Abbas, Abu Huraira y Zayd ibn Zabit. Como consecuencia, cientos de miles de habitantes de esta ciudad llegaron a adquirir una especial maestría en el conocimiento de la Revelación y la Sunna, y posteriormente ellos mismos se convirtieron en sus verdaderos herederos.

Cuando el imán Malik se dedicó al estudio del hadiz, los grandes «reyes» del conocimiento del hadiz residían en Medina. Los grandes discípulos de Aisha —su sobrino paterno Qasim ibn Muhammad ibn Abi Bakr, su sobrino materno Urwa ibn al-Zubayr, Nafi y Abd Allah ibn Dinar, discípulos de Abd Allah ibn Umar, así como sus dos esclavos y Salim ibn Abd Allah— y otros tabi‘un todavía se encontraban allí. Aunque Zayd ibn Zabit se había marchado de Medina, su hijo Jarija ibn Zayd había heredado su conocimiento del hadiz y residía en Medina. El vasto océano del conocimiento del hadiz de Abu Huraira había sido bebido hasta saciarse por su yerno, Sa‘id ibn al-Musayyib. Él también vivía en esta Medina. Aunque Abd Allah ibn Abbas había difundido principalmente su conocimiento del hadiz fuera de Medina, en La Meca, Kufa y Basora, el tabi‘i Sa‘id ibn al-Musayyib, que residía en Medina, había aprendido de él un gran número de hadices.

Además, en aquella época residían en Medina varios tabi‘un más de notable importancia. Eran Hisham ibn Urwa, Muhammad ibn al-Munkadir, Ubayd Allah ibn Utba ibn Mas‘ud, Muhammad ibn Shihab al-Zuhri, Amir ibn Abd Allah, Ya‘far al-Sadiq, Rabi‘a al-Ra’i, Abu Suhayl y Sulayman ibn Yasar. Eran tabi‘un en cuyo regazo se había criado, desarrollado y expandido gradualmente el conocimiento del hadiz y de la exégesis coránica.

El abuelo, los tíos y el padre del imán Malik fueron todos grandes muhaddices. Por ello puede decirse que, en su propia casa y familia, todo el ambiente estaba impregnado del murmullo del conocimiento del hadiz. Por esta razón comenzó a estudiar hadiz desde su infancia. Probablemente comenzó sus estudios de hadiz primero con su tío Abu Suhayl. Después acudió a Nafi para estudiar hadiz. Mientras Nafi estuvo vivo, el imán Malik acudía siempre a él para estudiar hadiz. Posteriormente estudió hadiz con casi todos los tabi‘un expertos en hadiz mencionados anteriormente, residentes en Medina. Según Shah Wali Allah al-Dihlawi, el número total de sus maestros era de 75. En otra narración se menciona la cifra de 94.

Sin embargo, el erudito Jalal al-Din al-Suyuti escribió:

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El imán Malik recibió hadices de novecientos muhaddices. De ellos, trescientos eran tabi‘un y seiscientos eran tabi‘ al-tabi‘un.

Encontró a todos estos maestros en Medina. Por esta razón, no consideró necesario salir de Medina con el propósito de estudiar hadiz.

El imán Malik no aceptaba hadices de cualquier tipo de narrador. Reflexionaba profundamente y con gran discernimiento antes de seleccionar a quién aceptaría como maestro de hadices. En respuesta a una pregunta de su querido discípulo Habib sobre este asunto, él mismo dijo:

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¡Oh, Habib! En esta misma mezquita —la Mezquita del Profeta— encontré a setenta muhaddices que habían tenido el privilegio de encontrarse y convivir con los compañeros del Noble Mensajero (s), y que también narraban hadices de los tabi‘in. (De ellos aprendí y recibí los hadices.) Y acepté los hadices únicamente de personas aptas para transmitirlos; jamás los acepté de personas no aptas.

La siguiente narración permite comprender claramente qué clase de personas eran sus maestros y de quiénes no aceptaba hadices. Se ha dicho:

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El imán Malik había seleccionado cuidadosamente a todos sus maestros de hadices; los había escogido por su piedad, comprensión y conocimiento del fiqh, así como por cumplir debidamente los derechos y requisitos de la transmisión de hadices. En su corazón albergaba una confianza sincera y una plena tranquilidad respecto de ellos. Sin embargo, no aceptó hadices de muchas personas piadosas y virtuosas, porque no conocían correctamente las normas apropiadas para la transmisión de hadices.

La magnitud del imán Malik como muhaddiz puede comprenderse claramente a partir de las siguientes declaraciones de otros grandes expertos en hadices acerca de él.

El imán Shafi‘í (r) dijo acerca de él:

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El imán Malik fue una prueba concluyente de Allah para las generaciones posteriores a los tabi‘in.

El muháddiz al-Nasa’i dijo:

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A mi juicio, en las generaciones posteriores a los tabi‘in no hubo nadie más erudito que Malik.

El imán Abu Yusuf (que Allah tenga misericordia de él)

Aunque el imán Abu Yusuf (que Allah tenga misericordia de él) es célebre principalmente como un reconocido especialista e imán en el conocimiento del fiqh, en materia de conocimiento del hadiz tampoco era en absoluto inferior a nadie. Allah le había concedido una memoria extraordinaria. Cada vez que escuchaba un hadiz de un maestro de hadices, lo memorizaba de inmediato. Incluso podía escuchar en una misma sesión cincuenta o sesenta hadices con sus cadenas completas de transmisión y recitarlos de memoria después de oírlos una sola vez. El imán al-Dhahabi lo incluyó entre los grandes memorizadores de hadices. El hafiz Ibn Hayar al-‘Asqalani mencionó que una vez cayó enfermo. En aquella ocasión, el gran hafiz de hadices Sufyan ibn ‘Uyayna le recitó cuarenta hadices. Los memorizó inmediatamente y, después de que Sufyan se marchara, recitó de memoria todos aquellos hadices a las demás personas que estaban presentes con él. Todos los presentes quedaron atónitos y asombrados.

Con el propósito de estudiar hadices, después de completar sus estudios con los muháddices de su ciudad natal, Kufa, viajó a Medina, donde escuchó de principio a fin la obra al-Muwatta, compilada por el imán Malik, de Asad ibn al-Furat al-Saqalibi, discípulo del imán Malik.

El imán Abū Yūsuf nunca ponía por escrito los hadices que escuchaba de sus maestros para estudiarlos; más bien, los memorizaba por completo inmediatamente después de escucharlos una sola vez. En cambio, sus compañeros de estudio escribían repetidamente los hadices que habían escuchado. Y no solo eso: muchas veces tenían que escuchar de boca del imán Abū Yūsuf los hadices escritos para corregirlos y rectificarlos.

Era un imán en el conocimiento del hadiz y de otras ciencias relacionadas con él.

Su interés, entusiasmo y empeño por aprender hadices eran tan intensos que, por un lado, permanecía en la presencia del imán Abū Hanīfa para adquirir conocimientos de fiqh; y, apenas se levantaba de allí, se dirigía a un muhaddiz con el propósito de estudiar hadices. Solo después de una dedicación ilimitada y un esfuerzo incansable llegó a ser un gran experto en la ciencia del hadiz. Esta exposición fue tomada de una obra escrita por el maulana Mujībulāh Nadwī.

El imán Muhammad al-Shaybānī (que Dios tenga misericordia de él)

El imán Muhammad al-Shaybānī fue el segundo discípulo principal del imán Abū Hanīfa. Al entrar en contacto con el imán Abū Hanīfa y el imán Abū Yūsuf, nació en él el interés por aprender hadices. Con este propósito, viajó desde Wāsiṭ, en Irak —su lugar de nacimiento—, hasta Medina, situada a varios cientos de millas de distancia, y se presentó ante el imán Mālik, el más destacado especialista en hadices de aquella época. Permaneció consecutivamente tres años en Medina y asistía regularmente a las sesiones en las que el imán Mālik impartía enseñanza de hadices. En aquellas sesiones escuchó al menos setecientos hadices. Él mismo dijo:

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Permanecí en la presencia del imán Mālik durante tres años o más, y aprendí de él setecientos hadices.

Después de estudiar hadices con especialistas de fama mundial y eminentes como los imanes Abū Hanīfa, Abū Yūsuf y Mālik, no habría habido necesidad de aprender hadices de ningún otro especialista. Sin embargo, la sed ardiente de aprender hadices que había despertado en el corazón del imán Muhammad no le permitió en absoluto descansar ni tranquilizarse: tuvo que asistir a las sesiones de los demás grandes especialistas en hadices de su época y aprender hadices de ellos.

El erudito Zahidul Kawthari ha mencionado que los maestros de hadices del imán Muhammad eran setenta. Estos maestros estaban dispersos por ciudades y regiones como Kufa, Medina, La Meca, Basora, Wasit, Siria, Jorasán y Yamama.

Su memoria era tan aguda que, por orden del imán Abu Hanifa, comenzó a memorizar el Noble Corán y logró memorizarlo por completo en apenas una semana. (Ídem) De ello puede deducirse fácilmente qué gran erudito de la ciencia del hadiz era. Pues es natural que, cuando una persona dotada de una memoria tan aguda se dedica a aprender hadices, cualquier hadiz que escuche de su maestro quede grabado para siempre en su mente.

El imán Awza‘i (que Dios tenga misericordia de él)

El imán Awza‘i fue uno de los grandes muhaddices de la época de los tabi‘ al-tabi‘in. Primero estudió hadices con el muhaddiz Yahya ibn Kathir, que residía en Yamama. Después viajó hasta la lejana ciudad de Basora con el propósito de estudiar hadices con los célebres muhaddices Muhammad ibn Sirin y Hasan al-Basri. Sin embargo, cuando llegó a Basora tras recorrer aquel largo y difícil camino, se enteró de que el imán Hasan al-Basri había fallecido y de que el imán Ibn Sirin yacía en su lecho de muerte. Es fácil imaginar el golpe de frustración que esto supuso para él.

El imán Awza‘i escuchó hadices de un gran número de tabi‘in.

El historiador Hafiz Ibn Kathir escribió:

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Se había encontrado y convivido personalmente con un gran número de tabi‘in.

Los biógrafos han mencionado que el imán al-Awza‘i aprendió hadices de los siguientes tābi‘íes y discípulos de los tābi‘íes:

(1) ‘Ata ibn Abi Rabah, (2) Qatada, (3) Nafi‘, liberto de Ibn Umar, (4) el imán al-Zuhri, (5) Muhammad ibn Ibrahim, (6) Shaddad ibn Abi ‘Umara, (7) Qasim ibn Mujaymira y (8) Rabi‘a ibn Yazid, entre otros.

El propio al-Awza‘i dijo: Después de completar la audición de hadices de ambos, el imán al-Zuhri y Yahya ibn Kazir, ellos me entregaron sus propias compilaciones de hadices y dijeron:

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Narra estos hadices de mi parte y, a través de mi cadena de transmisión, a otras personas.

El imán Ibn Jurayj (R)

Cuando nació Ibn Jurayj (80 de la Hégira), aún vivían numerosos compañeros del Profeta. Si hubiera entrado en contacto con ellos desde el principio, habría sido considerado uno de los tābi‘íes. Sin embargo, no pudo adquirir el conocimiento de ellos. Por esta razón, se le cuenta entre los tābi‘ al-tābi‘íes.

En aquella época, en la ciudad de La Meca, ‘Ata ibn Abi Rabah, destacado discípulo de Hazrat ‘Abdullah ibn ‘Abbas (RA), se dedicaba a enseñar hadices. Después de adquirir la educación básica necesaria, permaneció continuamente en su compañía durante diecisiete años y aprendió hadices.

Después, estudió hadiz con casi todos los célebres imanes del hadiz del mundo musulmán. Al igual que con Ata ibn Abi Rabah, permaneció durante mucho tiempo al servicio de Amr ibn Dinar, estudiando y recopilando hadices. Por todas estas razones, el imán Ibn Yuraŷ alcanzó una posición especial en el conocimiento del hadiz. Los hadices que transmitió fueron aceptados por los grandes eruditos del hadiz. La colección de hadices que había reunido se encontraba en su poder en forma escrita.

Sufyan ibn Uyayna (r)

Sufyan fue uno de los más grandes eruditos de la ciencia del hadiz de su época. Desde su infancia, su aguda memoria se manifestó espontáneamente. Él mismo dijo:

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Nunca escribí nada, pero cada vez que anotaba algo, lo memorizaba.

Estudió y recopiló hadices de muchos cientos de tabi‘in y de los seguidores de los tabi‘in. Más de ochenta de sus maestros de hadiz eran tabi‘in. Entre ellos destacaban eruditos como el imán Zuhri, el imán Shu‘ba, Musayib ibn Qudam, Amr ibn Dinar, Abu Ishaq al-Sabi‘i, Muhammad ibn Uqaba, Humayd, Ziyad ibn Alaqa y Salih ibn Kaisan. Para estudiar hadiz, viajó a Kufa, La Meca, Medina y otros centros del saber.

El célebre experto en hadiz Ali ibn al-Madini dijo acerca de él:

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Entre los discípulos del imán al-Zuhri no había nadie más digno de confianza que Ibn Uyayna.

Al-Aʿmash, al-Thawri, Ibn Jurayj, Shuʿba, ʿAqi, Ibn al-Mubarak, Saʿid al-Qattan, al-Shafiʿi y Ahmad ibn Hanbal, entre otros destacados muhaddices, aprendieron y recibieron hadices de él. Nació en el año 107 de la hégira y falleció en el año 198.

Abdullah ibn al-Mubarak (r.)

Después de recibir su educación básica, Ibn al-Mubarak emprendió viajes al extranjero para estudiar hadices. Con este propósito recorrió diversas ciudades y localidades de Siria, el Hiyaz, Yemen, Egipto, Kufa y Basora; dondequiera que encontraba la oportunidad de estudiar hadices y con quienquiera que pudiera hacerlo, allí estudiaba hadices y los aprendía de esa persona. Todos reconocen que fue un gran viajero en busca de hadices. Según el imán Ahmad ibn Hanbal, en aquella época no había nadie más que viajara a lugares tan lejanos por los hadices.

Abu Usama dijo:

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Nunca he visto a nadie que buscara hadices por tantos países y regiones como Ibn al-Mubarak.

Es necesario recordar que, en aquella época, viajar al extranjero no era en absoluto tan fácil como en la actualidad. Había que caminar durante meses, o avanzar montado en un camello o un asno, para llegar de un lugar a otro. Ahora resulta imposible siquiera imaginar cuán penoso era viajar en aquellos tiempos.

Puede comprenderse cuántos maestros tuvo Ibn Mubarak para aprender hadices de ellos a partir de la siguiente declaración suya. Él mismo dijo:

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Aprendí y recopilé hadices de cuatro mil maestros, y de ellos transmití a otros los hadices narrados por mil maestros.[********************]

Él mismo enseñó a un gran número de personas el enorme acervo de hadices que había adquirido mediante arduos esfuerzos. El imán al-Dhahabi escribió:

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Fueron tantos los habitantes del mundo islámico que aprendieron hadices de él que resulta completamente imposible determinar su número.[********************]

En el conocimiento de los hadices, ocupaba la posición de un gran imán. El estudio de los hadices era su ocupación durante las veinticuatro horas del día. Según él, cuando se estudian los hadices, es como si se entrara en contacto y se gozara de la compañía del Noble Mensajero (s). Grandes eruditos, como Yahya ibn Mu’in, dijeron: el número de hadices narrados por Ibn Mubarak debe de ser de entre veinte y veintiún mil.[********************]

El imán Shu’ba (r)

El imán Shu’ba llegó a conocer a los dos Compañeros, Hazrat Anas ibn Malik (que Dios esté complacido con él) y Hazrat Amr ibn Muslim (que Dios esté complacido con él). Por esta razón, aunque pertenecía a la generación de los tabi’un, los biógrafos lo incluyeron entre los tabi’ al-tabi’in. Nació en una ciudad llamada Wasit, situada entre Kufa y Basora. Apenas terminó su educación elemental, se dedicó al aprendizaje de la ciencia del hadiz. Más adelante alcanzó en ella un grado extraordinario de dominio. Escuchó y recopiló hadices de casi todos los grandes expertos en hadices de su época. Los biógrafos generales han escrito que entre sus maestros de hadiz había aproximadamente cuatrocientos tabi’un. Hafiz Ibn Hayar al-Asqalani escribió que escuchó y transmitió hadices de trescientos expertos en hadices de la ciudad de Kufa.

Estos maestros no residían únicamente en una o dos ciudades; por el contrario, estaban dispersos por una región del mundo musulmán que se extendía a lo largo de millones de millas cuadradas. Además, en aquella época los caminos eran escabrosos y difíciles de atravesar. Muchas veces había que recorrer a pie mil millas, o hacerlo montado en un camello o un caballo, solo para obtener un hadiz. También merece destacarse su extraordinaria agudeza de memoria. Al escuchar un hadiz, por lo general no lo ponía por escrito; más bien memorizaba inmediatamente los hadices extensos. Por ello, en muy poco tiempo pudo imprimir y conservar en su memoria un gran número de hadices.

Los grandes expertos en hadices de su época y de las generaciones posteriores reconocieron sin reservas su extraordinario conocimiento de la ciencia del hadiz.

El imán Layth ibn Sa’d (que Dios tenga misericordia de él) (nacido en 94 de la Hégira, fallecido en 165 de la Hégira)********************]

El imán Layth pertenecía a la generación de los tabi’ al-tabi’in. Apenas completó su educación elemental, se dedicó al estudio del hadiz. Se presentó para estudiar hadices ante Nafi, el célebre tabi’i que había sido especialmente formado y educado por Hazrat Abdullah ibn Umar. Registró en una recopilación todos los hadices que escuchó y recopiló de él. Además, escuchó y recopiló hadices de tabi’un como el imán Zuhri, Sa’id al-Muqburi, Abdullah ibn Abi Mulayka, Yahya al-Ansari y Abu al-Zubayr. Después de mencionar los nombres de varios maestros distinguidos del imán Layth, el imán Nawawi escribió:

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Además de ellos, estudió y escuchó hadices de un número tan grande de imanes del hadiz que no es posible determinar su cantidad exacta.

El imán Sufyan al-Thawri (que Dios tenga misericordia de él) (nacido en 97 de la Hégira, fallecido en 161 de la Hégira)********************]

Sufian al-Zawri fue uno de los más eminentes eruditos del conocimiento del hadiz en la época de los tabi‘ al-tabi‘in. Recibió su educación inicial de su padre. Después, escuchó hadices de todos los muhaddices de la ciudad de Kufa. En aquella época, muhaddices como al-A‘mash y Abu Ishaq habían establecido en Kufa una institución dedicada a impartir regularmente lecciones de hadiz.

Yahya ibn Ma‘in dijo:

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Sufian conoce los hadices transmitidos por al-A‘mash mejor que cualquier otra persona.[********************]

Puesto que en aquella época los hadices aún no habían sido recopilados en libros para el público, una gran parte de ellos estaba grabada en la memoria de los muhaddices y se conservaba mediante sus propios métodos. Por ello, los estudiantes debían viajar a tierras lejanas para estudiar hadiz. Sufian también tuvo que recorrer tierras lejanas para estudiar hadiz y, por ello, tuvo que atravesar cientos y miles de millas.[********************]

Tras completar sus estudios de hadiz con los maestros de Kufa, viajó a Basora y al Hiyaz. En estas dos ciudades escuchó y recopiló hadices de un gran número de muhaddices. Después de mencionar los nombres de sus célebres maestros de Kufa, Basora y el Hiyaz, el hafiz Ibn Hayar escribió:

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Estudió hadiz con numerosos maestros de Kufa. Del mismo modo, escuchó hadices de muchos maestros de Basora y obtuvo un gran provecho de las diversas reuniones de estudio del hadiz que se celebraban en el Hiyaz.[********************]

Abd al-Rahman ibn Mahdi era una gran autoridad en materia de hadices. Él dijo:

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Nunca vi a nadie que memorizara más hadices que Sufyan al-Thawri.

Cuando, en el segundo siglo de la Hégira, la dispersa riqueza de los hadices fue organizada y compilada en libros, resultaba muy fácil memorizarla junto con cientos de miles de cadenas de transmisión; pero antes, cuando se hallaba dispersa, era sumamente difícil albergar en la memoria dos o cuatro mil hadices y conservarlos protegidos. Por eso, no se encuentra en ninguna parte el ejemplo de un imam de los hadices de la época de los tabi‘ al-tabi‘in que hubiera memorizado más de diez mil hadices. También desde este punto de vista, la excelencia y singularidad de Sufyan al-Thawri son dignas de mención. El número de hadices que había narrado y conservaba en su memoria ascendía a treinta mil. Abu Asim dijo:

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El imam al-Thawri fue el más grande líder en la ciencia de los hadices.

En suma, en aquella época la ciencia de los hadices no estaba organizada. Por el contrario, se había dispersado por casi todo el mundo musulmán. La razón, como se ha dicho anteriormente, era que los honorables compañeros del Profeta eran los primeros depositarios y transmisores de los hadices. No pasaron la vida recluidos en algún rincón apartado de una mezquita o de una jánaqah. Más bien, vivieron como auténticos muyahidines. Para hacer la yihad, difundir el llamamiento islámico y cumplir otras obligaciones religiosas, se habían dispersado por casi todos los países y regiones del mundo habitados por musulmanes. Adondequiera que llegaban, sus habitantes aprendían de ellos el conocimiento islámico, es decir, la ciencia de los hadices. Recopilaban información sobre las palabras, los actos y el carácter del Noble Profeta (s) y la conservaban protegida en su memoria. En aquel entonces, para quienes tenían como objetivo simplemente llevar una vida islámica, bastaba con adquirir un conocimiento general del islam y seguir la vida práctica de algún compañero. Pero después de los compañeros, aquellos grandes hombres que asumieron la difícil tarea de reunir y compilar las dispersas gemas del conocimiento del Mensajero, y que aceptaron la responsabilidad de proteger de la destrucción este valiosísimo patrimonio del saber islámico, no tenían otra opción que atravesar países enteros, vastos subcontinentes, extensos mares, ilimitadas y ardientes regiones desérticas, densos bosques inaccesibles y caminos cubiertos de montañas. Además, para los devotos recopiladores de hadices de aquella época, esta era una labor sumamente querida.

Un hombre preguntó al célebre muhaddiz de la ciudad de Balkh, Khalaf ibn Ayyub, acerca de un asunto urgente. Él respondió: «Lo ignoro, pero se puede obtener la respuesta correcta de Hasan ibn Ziyad, habitante de la ciudad de Kufa». Al oír el nombre de la ciudad de Kufa, el interrogador dijo: «¡Kufa! ¡Está muy lejos!». Al escuchar esto, Khalaf ibn Ayyub dijo:

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A quien se ha apoderado la preocupación por la religión, incluso una ciudad tan lejana como Kufa le parecerá muy cercana.

Por esta razón, si en aquella época alguien alegaba ser incapaz de emprender el largo viaje necesario para adquirir conocimientos, se veía obligado a afrontar una profunda humillación y censura en la sociedad. El imán Yahya ibn Mu’in, experto en hadices y célebre crítico de la ciencia del hadiz, dijo:

No podéis esperar ningún beneficio de un muhaddiz que aprenda y recopile hadices sentado únicamente en su propia ciudad y que no esté dispuesto a soportar las dificultades de viajar al extranjero.

El beneficio inherente a viajar al extranjero con el propósito de aprender y recopilar hadices tiene un valor material que no puede ignorarse. La importancia de ello puede comprenderse a partir de la siguiente declaración de Ibrahim ibn Adham. Él dijo:

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Gracias a los viajes nacionales y al extranjero emprendidos con este propósito por los estudiantes y recopiladores de hadices, Allah protegió a esta comunidad de muchas calamidades y desgracias.

En efecto, la amplitud y la intensidad de las campañas de recopilación de hadices que observamos desde la época de los Compañeros hasta la época de los tabi‘ al-tabi‘in y de los muhaddices posteriores hacen patente la importancia de estos viajes al extranjero, y sentimos una reverencia y gratitud inconmensurables hacia aquellos grandes hombres que llevaron a cabo esta labor en la práctica. Si ellos no se hubieran lanzado al campo con una determinación tan abnegada para obtener la complacencia de Allah y preservar el hadiz, uno de los fundamentos más excelsos de la religión, no cabe duda de que hoy la comunidad musulmana habría quedado privada para siempre de una gran parte de la sunnah del Noble Mensajero (s).

 

Compilación de los libros de hadices

De la discusión anterior se ha demostrado que, en la primera etapa, los hadices del Noble Mensajero (s) no pudieron compilarse en forma de libro. El erudito Ibn Hayar al-Asqalani escribió:

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Los hadices del Noble Profeta (s) no estaban compilados ni organizados en forma de libro durante la época de sus compañeros y de los más eminentes tabi‘in.

Hay varias razones lógicas por las que los libros de hadices no fueron compilados en la primera etapa del islam. En primer lugar, como se ha explicado detalladamente antes, los nobles compañeros poseían una memoria extraordinaria: todo lo que escuchaban del Mensajero quedaba memorizado, por lo que, en general y naturalmente, no consideraban necesario ponerlo por escrito.

En segundo lugar, muchos de ellos no tenían la capacidad de escribir. En aquel tiempo, la escritura tampoco estaba tan extendida como en épocas posteriores, ni había alcanzado entonces una popularidad general.

En tercer lugar, como el propio Noble Profeta (s) había prohibido escribir los hadices en la primera etapa, no todos los compañeros pudieron prestar atención a la compilación de los libros de hadices.

Lo que el erudito Anwar Shah Kashmiri escribió al respecto merece ser considerado aquí:

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Aunque, a primera vista, habría sido mejor recopilar y compilar los hadices durante la vida del Noble Profeta (s), parece que no era voluntad de Alá que los hadices fueran compilados como el Corán ni conservados exactamente como el Corán.[Fayz al-Bari, comentario de Sahih al-Bujari, tomo 1, página 208.]

Todo esto se refiere a la adopción de medidas y cuidados especiales con el propósito de compilar los libros de hadices. De otro modo, en lo que respecta a preservar los hadices y protegerlos de desaparecer, desde la época del Noble Profeta hasta la época de los sahaba y los tabi’in, nunca se les concedió la menor importancia adicional.

Por esa razón vemos que, tan pronto como desapareció el temor de que los hadices se mezclaran con el Corán, los nobles sahaba se preocuparon por ponerlos por escrito; del mismo modo, desde la época de los sahaba, el trabajo de recopilar los hadices y ordenarlos sistemáticamente en forma de libros también se llevó a cabo plenamente.

Sin embargo, en la época de los sahaba no se sentía, en general, la necesidad práctica de recopilar los hadices en forma de libros. Esto se debía a que, en aquel entonces, los propios sahaba eran los depositarios de los hadices del Mensajero. Cuando surgía alguna necesidad, la gente acudía a los sahaba, obtenía información sobre el asunto pertinente y resolvía todos los casos; asimismo, podía conocer con certeza por medio de los sahaba cuál era la orden del Noble Mensajero respecto a ese asunto. Pero, cuando los sahaba comenzaron a abandonar este mundo uno tras otro, tanto los musulmanes en general como los sahaba que aún conservaban los hadices empezaron a sentir intensamente la necesidad de compilarlos y dejarlos protegidos para siempre.

La importancia de la presencia de los sahaba en la época de los tabi’in puede comprenderse claramente por la siguiente declaración de un tabi’i llamado Mureq, pronunciada después del fallecimiento de Anas (ra). Dijo:

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Hoy la mitad del conocimiento —los hadices— se ha marchado de este mundo.

Cuando le preguntaron el significado de estas palabras, dijo:

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En la época de los Compañeros, cuando alguna persona malintencionada nos contradecía o discrepaba con nosotros acerca de un hadiz, decíamos: «Vayamos ante quien escuchó este hadiz directamente del Mensajero y comprobemos su autenticidad».

Por esta razón, incluso antes de que comenzara la desaparición definitiva de la caravana de los Compañeros, empezó a sentirse de manera general e intensa la necesidad de recopilar los hadices, ponerlos por escrito y establecer medidas para preservarlos para siempre. Esta etapa de la era posterior a la profecía debe exponerse en conjunto. Aquí se presentará primero una breve exposición del período de los Califas Rectamente Guiados. Después se consignará la historia detallada de los períodos posteriores.

 

Los Califas Rectamente Guiados y la recopilación de los libros de hadices

Después del fallecimiento del Noble Profeta (s), los Califas Rectamente Guiados asumieron la responsabilidad de dirigir y patrocinar el sistema de vida islámico y el Estado islámico, así como todas las actividades religiosas. Durante este período, no hubo ninguna deficiencia en sus esfuerzos y cuidados respecto al conocimiento de los hadices, el segundo pilar indispensable del islam. A continuación se presenta por separado la contribución de cada califa relacionada con los hadices.

Su Eminencia Abu Bakr al-Siddiq (r)

El primer califa, Su Eminencia Abu Bakr al-Siddiq (r), preparó personalmente una recopilación de quinientos hadices. Sin embargo, hacia el final de su vida él mismo la destruyó. Los tradicionistas y los historiadores han señalado como razón que, después de recopilar los hadices, no pudo sentirse en absoluto tranquilo. En su corazón surgieron varios temores. Le preocupaba especialmente que, si entre los hadices que había recopilado hubiera una sola afirmación, incluso una sola palabra, que contradijera aunque fuera mínimamente el mensaje original del Noble Mensajero, entonces, conforme a la severa advertencia del Mensajero, tendría que convertirse en combustible del Infierno.

En segundo lugar, también surgió en su mente el temor de que, si los musulmanes concedían a su libro de hadices compilado una consideración equivalente a la del Corán, o comenzaban a otorgarle una consideración superior a la de los hadices narrados y compilados por los demás Compañeros, ello sería igualmente causa de un grave perjuicio para los musulmanes. Como consecuencia, podrían verse obstaculizados el amplio trabajo y el progreso en el ámbito de la compilación de hadices. Fue debido a todos estos pensamientos que lo destruyó. Sin embargo, el erudito al-Dhahabi no aceptó como auténtico el relato de que Abu Bakr destruyera su propio libro de hadices compilado.

Por más profunda y minuciosamente que examinemos el asunto, no puede considerarse sino el resultado de un estado psicológico y mental particular.

Pero, a pesar de ello, Abu Bakr (que Dios esté complacido con él) no prohibió la compilación de hadices. Más bien, él mismo narró cierto número de hadices. Según el imán al-Suyuti, los hadices narrados por él fueron 142. También mencionó en qué libros de hadices aparecen estos hadices. La razón de que narrara un número tan reducido de hadices era considerable. El imán al-Suyuti escribió sobre este asunto:

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La razón de que narrara un número reducido de hadices fue que falleció antes de que comenzaran la difusión de los hadices y la labor de que los tabi‘un los escucharan, aprendieran y preservaran.

Al analizar la razón por la que se narró un número reducido de hadices de Abu Bakr (que Dios esté complacido con él), el imán al-Suyuti escribió en otra parte de la obra mencionada:

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Se narraron muy pocos hadices con una cadena de transmisión completa de Abu Bakr (que Dios esté complacido con él). Esto se debió a que, después de su fallecimiento, su vida restante fue muy corta y su muerte ocurrió muy pronto. De lo contrario, si hubiera vivido durante mucho tiempo, se habrían narrado de él numerosos hadices. Mientras vivió, ninguno de los Compañeros consideró necesario narrar hadices de él, pues todos habían participado por igual en todos los asuntos. Solo narraban de él aquello que desconocían.

Shah Waliullah Dehlawi también escribió lo siguiente:

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Los compañeros no necesitaban narrar muchos hadices a través de Abu Bakr, pues ellos mismos habían escuchado de boca del Mensajero un gran número de hadices.[********************]

Además, Hadrat Abu Bakr (que Dios esté complacido con él) solo vivió dos años y medio después del fallecimiento del Profeta. Esos dos años y medio transcurrieron mientras cumplía la difícil responsabilidad del califato y afrontaba tormentas y adversidades sumamente desfavorables. Por ello, durante ese período tampoco dispuso del tiempo libre ininterrumpido ni del entorno propicio para narrar hadices que tuvieron otros Compañeros de larga vida.

Además, su principal tarea durante ese período consistía en cumplir todas sus responsabilidades consultando a los musulmanes. Puesto que el califato islámico era verdaderamente democrático y se basaba en la consulta, en cada asunto social, estatal y general se actuaba consultando a los Compañeros destacados y tomando decisiones o resolviendo los asuntos pertinentes sobre la base del Corán y los hadices.

Hadrat Abu Bakr as-Siddiq (que Dios esté complacido con él) concedía importancia a los hadices inmediatamente después del Noble Corán en la gestión de todos los asuntos del califato. En el discurso que pronunció justo después de ser elegido califa, declaró precisamente la importancia de los hadices después del Corán. Dijo:

******************************************************

¡Oh, gente! Se me ha confiado la responsabilidad de gobernar vuestro Estado, aunque no soy el mejor de entre vosotros. Sin embargo, el Corán ha sido revelado y el Noble Profeta (que la paz y las bendiciones de Dios sean con él) estableció su Sunna y su modelo de conducta. Él nos enseñó ambas cosas, y nosotros las aprendimos.[********************]

También en los asuntos del califato, en la práctica, obtenía instrucciones y disposiciones de la fuente de los hadices, inmediatamente después del Corán. En las obras autorizadas se menciona claramente este principio suyo. Se dice:

******************************************************

Cuando se presentaba ante Hazrat Abu Bakr algún asunto que requería una decisión, primero consultaba el Libro de Allah. Si encontraba en él la base para emitir un veredicto, juzgaba entre la gente basándose en ella. Y si no encontraba nada en el Corán, si conocía alguna Sunna del Mensajero relacionada con el asunto, decidía basándose en ella. (Sunán de Dárimi, p. 23)

Después del fallecimiento del Honorable, en casi todos los asuntos generales en los que surgieron discrepancias, Hazrat Abu Bakr (r.a.) las resolvió presentando un hadiz del Noble Mensajero, y el hadiz que presentó puso fin a todas las discrepancias relacionadas con el asunto. Después del fallecimiento del Honorable, la primera cuestión compleja que surgió entre los compañeros en la Saqifa de Banu Sa’ida fue: ¿quién sería el califa? La situación había llegado a tal punto que entonces resultaba imposible alcanzar una solución sobre este asunto. Entonces Hazrat Abu Bakr (r.a.) se levantó, presentó un hadiz del Noble Mensajero (s.a.w.) y dijo:

******************************************************

El imán y el califa serán de entre los qurayshíes.

Asimismo, la sucesión del Mensajero quedará limitada a esta tribu de Quraysh.

En cuanto escucharon este hadiz, todos los compañeros presentes reconocieron su veracidad. Después, la elección del califa se llevó a cabo sin oposición.

Cuando surgió una discrepancia sobre dónde debía ser enterrado el Noble Profeta (s), Hazrat Abu Bakr (r), as-Siddiq (r), presentó un hadiz:

******************************************************

Había oído del Mensajero una declaración que no había olvidado. Él había dicho: Dios toma el alma de Su profeta en el lugar donde corresponde enterrarlo.

Después dijo:******************************************************

Por tanto, enterrad también al Noble Mensajero (s) en el mismo lugar donde reposaba durante su enfermedad final.[Shamā’il de Tirmidhi, página 30 ******************** Muwatta de Malik, página 80.]

Hazrat Aisha (r) reclamó ante el primer califa, Hazrat Abu Bakr (r), su parte de los bienes del Noble Profeta. Entonces Hazrat Abu Bakr (r) narró el siguiente hadiz. Dijo:

******************************************************

Oí decir al Noble Mensajero (s): «No hacemos heredero a nadie de nuestros bienes. Todo lo que dejamos es una donación en el camino de Dios. Por tanto, los descendientes de Muhammad recibirán su sustento del Baitulmal.»

Entonces Hazrat Abu Bakr (r. a.) dijo:

******************************************************

Juro por Allah que pondré en práctica todo cuanto vi hacer al Mensajero; no dejaré de hacer ni una sola cosa.

El resultado inmediato de la transmisión de este hadiz se hizo evidente con tanta rapidez que el narrador del hadiz dice al final:

******************************************************

Entonces Hazrat Fátima renunció a reclamar la herencia y no volvió a decir nada sobre este asunto hasta su muerte. [Sahih al-Bujari, segundo volumen, págs. 995-996.]

Por el contrario, cuando supo, basándose en un hadiz del Mensajero, que la abuela tenía derecho a herencia, no tardó lo más mínimo en resolver su herencia conforme al hadiz. Cuando la abuela reclamó por primera vez la herencia, él dijo:

******************************************************

No se ha establecido para ti ninguna porción de la herencia en el Libro de Allah. Tampoco sé que se haya establecido para ti ninguna porción en la tradición del Mensajero (hadiz). Por tanto, vete. Preguntaré a la gente al respecto y luego te informaré.

Después, un día preguntó a los sahaba sobre este asunto. Entonces Hazrat Mughira ibn Shu‘ba se levantó y dijo:

******************************************************

Yo estaba presente ante el Mensajero y él asignó a la abuela una sexta parte. Lo vi con mis propios ojos.

Para cerciorarse de este hadiz transmitido acerca de la actuación de Hazrat Abu Bakr (ra) y fortalecer su autenticidad, preguntó:

******************************************************

¿Hay alguien más que pueda atestiguar contigo esta afirmación?

Entonces Hazrat Muhammad ibn Muslim (ra) se levantó, prestó testimonio y confirmó las palabras de Hazrat Mughira. Después, Hazrat Abu Bakr (ra) no dudó en aceptarlo.

Sin embargo, es cierto que Hazrat Abu Bakr (r.a.) era especialmente estricto en lo referente a la transmisión de hadices. Cuando un hadiz del Mensajero quedaba demostrado de manera particular y mediante pruebas irrefutables, inclinaba la cabeza ante él. Esto queda claramente demostrado por el caso antes mencionado relativo a la herencia de la abuela. Además, mientras no estuviera completamente convencido y seguro de la autenticidad de un hadiz, no estaba dispuesto a aceptarlo.

El hafiz Zahabi escribió:

******************************************************

Hazrat Abu Bakr fue el primero en adoptar una especial cautela al aceptar hadices.

Cuando Hazrat Abu Bakr Siddiq (r.a.) nombró a Hazrat Anas (r.a.) gobernador de Baréin y lo envió allí, le entregó un documento detallado sobre las disposiciones y normas relativas al zakat. Al comienzo de este extenso documento estaba escrito:

******************************************************

En el nombre de Allah, el Misericordioso, el Compasivo. Este es el documento relativo a la obligación del zakat. El Noble Mensajero (s.a.s.) lo hizo obligatorio para los musulmanes, y Allah ordenó a Su Mensajero que lo hiciera.

Hazrat Umar Faruq (r.a.)

El segundo califa, Hazrat Umar Faruq (ra), también narró hadices personalmente. A sus ojos, después del Sagrado Corán, la Sunna o los hadices ocupaban el segundo lugar como fundamento de la religión islámica. Recopiló y registró un gran número de hadices, los envió a los gobernantes de alto y bajo rango de las distintas provincias del Estado islámico y ordenó que se difundieran ampliamente entre el público en general.

Con el fin de ampliar la enseñanza del conocimiento de los hadices, estableció numerosas madrasas en distintas regiones. Envió a destacados compañeros a diversas regiones para enseñar hadices. En esta etapa, envió a Hazrat Abdullah ibn Mugaffal, Hazrat Imran ibn Husayn (ra) y Hazrat Ma’qal ibn Yasar (ra) a la provincia de Basra, y a Hazrat Ubada ibn Samit y Hazrat Abu Darda (ra) a Siria. También envió a Arjan ibn Abu Halaqa a Egipto con este mismo propósito.

Hazrat Abu Musa al-Ashari (ra), tras ser nombrado gobernador de Kufa, se dirigió allí y dijo, dirigiéndose a los musulmanes del lugar:

******************************************************

Hazrat Umar (ra) me ha enviado a vosotros con el propósito de enseñaros el Libro de Allah y la Sunna-hadiz de vuestro Profeta.

También envió a Hazrat Abdullah ibn Masud (ra) a Kufa como maestro de hadices y del Corán, y ordenó a los habitantes de Kufa que aprendieran hadices de él.

El erudito Khazri escribió:

******************************************************

Hazrat Abdullah ibn Masud permaneció en Kufa. La gente de allí aprendía de él los hadices del Mensajero (la paz sea con él). Era su maestro y juez.

Hazrat Umar (que Allah esté complacido con él) adoptaba, respecto a la aceptación de los hadices, una política muy rigurosa, como el primer califa. Para demostrar la autenticidad de un hadiz narrado por Hazrat Abu Musa al-Ashari (que Allah esté complacido con él), le ordenó a este último con palabras severas. Le dijo:

******************************************************

Presenta una prueba; de lo contrario, te impondré un severo castigo.

Después, cuando se presentó a otro compañero como testigo en apoyo de sus palabras, quedó tranquilizado.

Allama al-Dhahabi escribió acerca de él:

******************************************************

En lo referente a la narración de hadices, estableció para los muhadizun la norma de adoptar un método firme y sólido.

Hazrat Abu Musa presentó a otro Compañero como testigo en apoyo del hadiz que había narrado. Inmediatamente después, Hazrat Umar (ra) lo aceptó. De aquí se demuestra que:

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Cuando un hadiz es narrado por al menos dos narradores dignos de confianza, adquiere mayor autenticidad y fuerza que el narrado por una sola persona, y merece prioridad. Esto también resulta suficientemente alentador para obtener un gran número de cadenas de transmisión de ese hadiz. Como resultado, el hadiz puede elevarse del nivel de la «opinión general» al nivel del conocimiento cierto (conocimiento preciso y fiable).

Cuando Hazrat Ubay ibn Ka’b narró un hadiz, Hazrat Umar (ra) dijo:

******************************************************

Debes presentar pruebas sobre la autenticidad del hadiz que has narrado.

Cuando Hazrat Ubay presentó como testigos a varios Compañeros de entre los ansar, el califa dijo:

******************************************************

No albergaba ninguna duda respecto de usted; le pedí pruebas únicamente con el propósito de establecer firmemente el hadiz sobre la base de una evidencia irrefutable.

Fue durante la época de Hazrat Umar al-Faruq cuando, a nivel oficial, se recopilaron y pusieron por escrito los hadices dispersos, y se planteó por primera vez la cuestión de organizarlos sistemáticamente. El propio Hazrat Umar (que Allah esté complacido con él) expresó su deseo de llevar a cabo esta enorme tarea y consultó al respecto con los demás compañeros. Los musulmanes le aconsejaron favorablemente. Sin embargo, después surgieron en su propio ánimo dudas y vacilaciones sobre si sería apropiado hacerlo. Durante aproximadamente un mes siguió reflexionando profundamente y realizando istijara. Pero finalmente, un día, él mismo dijo:

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Sabéis que os había hablado de poner por escrito y recopilar los hadices. Pero después pensé que la Gente del Libro de las generaciones anteriores a vosotros también había recopilado de ese modo las palabras de su profeta; entonces se aferraron a ellas y abandonaron el Libro de Allah. ¡Juro por Allah que no mezclaré nada con el Libro de Allah! Después de eso, abandonó su propósito de recopilar los hadices.

En realidad, Hazrat Umar al-Faruq (que Allah esté complacido con él) no puso por escrito ni recopiló personalmente los hadices únicamente por temor a que, al disponer de un libro de hadices ordenado y recopilado, la gente se concentrara tanto en él que llegara a olvidar incluso el Noble Corán, que su importancia disminuyera a sus ojos y quisiera vivir basándose exclusivamente en los hadices. De no ser así, ciertamente no habría considerado ilícita esta actividad. Solo al juzgar cuán razonable era su temor a la luz de las circunstancias posteriores puede comprenderse. Como resultado de esta clase de precaución, la comunidad musulmana ha aprendido hoy a conceder al Noble Corán la primera importancia y a los hadices la segunda, inmediatamente después. Si no se hubiera adoptado tal precaución, para los musulmanes la posición del Noble Corán no habría permanecido como primera y principal, sino que se habría vuelto secundaria, tal como ha ocurrido con los libros sagrados de los seguidores de otras religiones.

Hazrat Uzman (que Allah esté complacido con él)

Hazrat Uzman (que Allah esté complacido con él) narró personalmente hadices; sin embargo, de él se transmitió un número muy reducido de hadices. Respecto a la razón de ello, él mismo dijo:

******************************************************

El hecho de que yo no fuera quien más hadices del Mensajero hubiera conservado entre los compañeros del Mensajero no me impidió narrar los hadices del Mensajero. Más bien, la razón por la que me abstuve de narrar hadices fue que yo mismo testifiqué haber oído al Noble Mensajero (s) decir: «Si alguien atribuye al Mensajero algo que él no dijo, que busque su morada en el Infierno».

Hazrat Alí (ra)

Hazrat Alí (ra) fue uno de los pocos compañeros que escribieron con sus propias manos los hadices que habían escuchado del Mensajero. Escuchó del Mensajero y escribió varios hadices sobre la explicación e interpretación del Corán. Dio a esta colección de hadices el nombre de «Sahifa». La dobló y la guardó cuidadosamente dentro de la vaina de su espada. En ella estaban escritos varios hadices sobre normas y disposiciones prácticas y relacionadas con los asuntos cotidianos. [Sahih Bujari Sharif, Kitab al-Ilm y Kitab al-I’tisam, Musnad de Ahmad, tomo 1, página 709.]

Más tarde, le envió esta Sahifa a Hazrat Uzmán como un documento escrito de hadices. Su hijo, Muhammad ibn al-Hanafiyya, dijo:

******************************************************

Mi padre me envió diciéndome: «Lleva este libro al califa Uzmán (ra). En él están escritos los mandatos del Noble Mensajero sobre la sadaqa y el zakat».

De la discusión anterior se demuestra que, durante la época de los Califas Rectamente Guiados, los hadices fueron difundidos, la enseñanza de los mismos se llevó a cabo plenamente y alcanzaron la posición de ser uno de los fundamentos de la ley en la administración del Estado y en la impartición de justicia. También fueron escritos y recopilados parcialmente por diversas personas. Sin embargo, los hadices no fueron compilados debidamente en forma de obra. Hasta entonces, muchos tabi‘in los habían aprendido y recopilado de ellos y los habían difundido ampliamente entre numerosas personas. Pero en esta etapa no hay ningún ejemplo registrado por la historia de que alguien hubiera realizado la compilación de los hadices como una obra sistemática. Así transcurrió aproximadamente un siglo de la historia islámica. A finales del primer siglo de la Hégira ocurrió una excepción a esto y se adoptó una medida revolucionaria respecto a la compilación de los hadices.

Hazrat Umar ibn Abd al-Aziz (r) y la compilación de los hadices

Hazrat Umar ibn Abd al-Aziz (que Dios se apiade de él) fue elegido califa en el año 99 de la Hégira. Apenas asumió la responsabilidad del califato, sintió intensamente la necesidad de recopilar el vasto y disperso patrimonio de hadices. Comprendió claramente que el hadiz era un patrimonio indispensable para vivir conforme al islam y administrar el califato. Si no se emprendía de inmediato su recopilación y se establecía un sistema eficaz para conservarlo íntegramente, existía el riesgo de que toda la umma quedara privada de este patrimonio. Casi todos los honorables Compañeros del Profeta habían partido de este mundo. La mayoría de los tabi‘ún que habían aprendido de ellos también se habían convertido en sus seguidores. No había ninguna certeza de que quienes aún estaban vivos pudieran vivir muchos años más. Por tanto, era absolutamente necesario reunir y recopilar sin demora este gran patrimonio y organizarlo de manera sistemática.

Después, envió al centro del Estado islámico un decreto redactado en los siguientes términos:

******************************************************

Prestad atención sin demora a los hadices del Noble Mensajero y comenzad a recopilarlos y compilarlos.

También envió un decreto al gobernador y juez de Medina, Abu Bakr ibn Muhammad ibn Hazm, con el siguiente contenido:

******************************************************

Prestad atención a los hadices del Mensajero, a su sunna, a las palabras de Hazrat Umar y a todo lo semejante que se encuentre, y escribidlo para mí. Pues temo que desaparezcan los portadores del conocimiento de los hadices y que se pierda el patrimonio de los hadices.

******************************************************

Y que no se acepte nada excepto los hadices del Mensajero. Que la gente difunda ampliamente este conocimiento del hadiz. Que se celebren reuniones para enseñar hadices, a fin de que quienes no saben puedan aprender. Pues cuando el conocimiento se oculta, acaba pereciendo.[******************** Sahih al-Bujari, tomo 1, página 20.]

El imán al-Darimi citó estas palabras, transmitidas por Abdullah ibn Dinar, de la siguiente manera:

******************************************************

Escríbeme y envíame los hadices del Mensajero que estén demostrados y establecidos para ti, así como los hadices de Umar. Pues temo que el conocimiento del hadiz se pierda y que los eruditos del hadiz desaparezcan.[********************]

El historiador Ibn Sa’d también menciona otra parte del decreto de Umar ibn Abd al-Aziz. El pasaje que cita dice así:

******************************************************

Umar ibn Abd al-Aziz envió a Abu Bakr ibn Hazm la orden de escribir también los hadices transmitidos por Umra y enviárselos.[********************]

Del relato de Ibn Sa’d también se sabe que Umar ibn Abd al-Aziz ordenó escribir y enviarle los hadices transmitidos por Aisha (que Dios esté complacido con ella). Por esta razón insistió en recopilar, poner por escrito y enviar los hadices transmitidos por Umra bint Abd al-Rahman: porque los mandamientos y disposiciones necesarios para las creencias y la vida práctica de los musulmanes se mencionan especialmente en los hadices transmitidos por Aisha (que Dios esté complacido con ella).[********************] Esta Umra había sido criada en el regazo de Aisha (que Dios esté complacido con ella) y había recibido de ella una completa formación en hadiz. El propio Umar ibn Abd al-Aziz dijo sobre ella:

******************************************************

No queda nadie más erudito que ‘Umra en lo referente a los hadices narrados por Aisha.

El imán al-Zuhri también dijo acerca de ella:

******************************************************

La encontré como un mar inagotable de conocimiento del hadiz.

El imán Malik dijo que Umar ibn Abd al-Aziz ordenó a Abu Bakr ibn Hazm que escribiera y enviara también los hadices narrados por Qasim ibn Muhammad, junto con los de ‘Umra bint Abd al-Rahman.

¿Quién era este Qasim? El imán Bujari escribió acerca de él:

******************************************************

Cuando su padre fue asesinado, fue criado en el regazo de su tía paterna, la honorable Aisha, y adquirió de ella un profundo conocimiento de la religión.

Ibn Hibban escribió sobre este Qasim:

******************************************************

Qasim era un tabi‘í y, entre la gente de su época, la persona más eminente y preeminente en conocimiento del hadiz y de la religión.

Ya se ha mencionado anteriormente que Abu Bakr ibn Hazm era el gobernador de Medina. Al mismo tiempo, también debía desempeñar el cargo de juez. Era uno de los principales alfaquíes de Medina en aquella época. Poseía una competencia incomparable en la ley islámica. Ya había puesto por escrito y conservado consigo todos los hadices narrados por la honorable Aisha que había recibido de la mencionada Umra bint Abd al-Rahman. Umra era su tía materna.

El cadí Abu Bakr, siguiendo las órdenes del califa Umar ibn Abd al-Aziz, recopiló una gran cantidad de hadices y compiló varios volúmenes de obras de hadices. Sin embargo, no fue posible hacerlos llegar a la Dar al-Jilafa antes del fallecimiento del califa. Al-lama Suyuti lo mencionó citando la obra «At-Tamhid», escrita por Ibn Abd al-Barr:

******************************************************

Ibn Hazm compiló varios volúmenes de hadices, pero falleció antes de poder enviarlos al califa Umar ibn Abd al-Aziz.

Pero ¿cuál fue después el destino de estas compilaciones de hadices? Al respecto, el imán Mālik dijo: «Cuando pregunté a ʿAbdullāh, hijo del cadí Abū Bakr, acerca de estos libros de hadices, me respondió: ******************** Todos ellos fueron destruidos».[********************] Sin embargo, esto no es digno de crédito. Pues no es posible que, por el simple hecho de que el califa hubiera fallecido, las compilaciones de hadices elaboradas bajo la administración oficial fueran destruidas y no se tomara ninguna medida para conservarlas. Ciertamente, se conservaron entre la gente y, posteriormente, basándose en ellas, los hadices fueron difundidos entre el pueblo.

De algunas narraciones se sabe que el califa ʿUmar ibn ʿAbd al-ʿAzīz ordenó que, además de Abū Bakr ibn Ḥazm, también Sālim ibn ʿAbdullāh recopilara los hadices en Medina y se los enviara. El erudito al-Suyūṭī escribió, citando al imán al-Zuhrī:

******************************************************

ʿUmar ibn ʿAbd al-ʿAzīz ordenó a Sālim ibn ʿAbdullāh que escribiera y le enviara las normas relativas al azaque y a la caridad de ʿUmar.[********************]

A continuación, el imán al-Suyūṭī escribió acerca de Sālim:

******************************************************

Sālim escribió y envió íntegramente aquello que se le había ordenado. Junto con ello, también le escribió que, si ʿUmar —que Dios esté complacido con él— hubiera realizado durante su mandato una labor semejante entre la gente de su tiempo, usted sería considerado y reconocido ante Dios como una persona mejor incluso que ʿUmar al-Fārūq.[********************]

A este respecto, Muḥammad ibn ʿAbd al-Raḥmān al-Anṣārī dijo:

******************************************************

Cuando Umar ibn Abd al-Aziz fue elegido califa, envió una orden a Medina para que se recopilaran los documentos escritos del Mensajero de Dios y de Umar relativos al zakat y otros asuntos. Más tarde, entre los descendientes de Amr ibn Hazm se encontraron los documentos escritos del Mensajero de Dios, y entre los descendientes de Umar se encontraron documentos escritos semejantes del Mensajero de Dios.

Umar ibn Abd al-Aziz encargó especialmente al imán Zuhri la tarea de recopilar los hadices.

El propio Umar ibn Abd al-Aziz dijo acerca del imán Zuhri:

******************************************************

Entre los sabios de las generaciones anteriores, no queda ninguno más erudito que Zuhri en lo referente a la sunna y los hadices.

A este respecto, el propio imán Ibn Shihab Zuhri dijo:

******************************************************

Umar ibn Abd al-Aziz nos ordenó recopilar y compilar los hadices. Al recibir esta orden, redactamos una extensa obra de hadices y se la enviamos. Después, él mismo envió un ejemplar a cada provincia de su reino.

De esto se demuestra sin lugar a dudas que la recopilación de hadices no se perdió en lo más mínimo.

El imán Malik (que Dios esté complacido con él) dijo:

******************************************************

El primero que compiló los hadices fue Ibn Shihab al-Zuhri.

Otro erudito, el imán Abd al-Aziz al-Darawardi, también sostuvo esta misma opinión. Dijo:

******************************************************

El primero que realizó la compilación de los hadices y su puesta por escrito fue Ibn Shihab al-Zuhri.

El imán al-Zuhri reclamó personalmente este honor diciendo:

******************************************************

Antes de mí, nadie había recopilado el conocimiento del hadiz.[********************]

Umar ibn Abd al-Aziz no solo ordenó recopilar y registrar los hadices, sino que también envió decretos explícitos para organizar su enseñanza generalizada en todas partes.

Se envió a otro gobernador un decreto redactado en los siguientes términos:

******************************************************

Ordene a los especialistas en hadices y a los eruditos que enseñen los hadices y los difundan ampliamente en todas las mezquitas. Pues el conocimiento del hadiz está a punto de desaparecer casi por completo.[********************]

A la luz de las citas anteriores y de las pruebas y evidencias históricas, no queda ninguna duda de que el decreto de Umar ibn Abd al-Aziz relativo a la recopilación de los hadices no fue enviado a un solo lugar en particular, sino que se envió por todo el Estado islámico; como resultado, en todas partes comenzó adecuadamente la campaña de recopilación y compilación de los hadices. Como consecuencia inevitable de esta campaña, los hadices fueron compilados en todas partes. Casi todos los especialistas en hadices que vivían en aquella época se dedicaron a la noble tarea de compilarlos, y la enorme y vastísima riqueza que reunieron ha sido considerada y conservada para siempre por la sociedad musulmana como un tesoro de valor incalculable.

Se encuentra mencionado que Umar ibn Abd al-Aziz (r) no se limitó a ordenar a otras personas que lo hicieran, sino que él mismo comenzó a escribir los hadices.

El famoso tabi‘í Abu Qilaba, narrador de hadices de Anas, dijo:

******************************************************

Un día, cuando Umar ibn Abd al-Aziz llegó a la mezquita para la oración del zuhr, vimos que llevaba unos papeles en la mano. Más tarde, cuando salió para la oración del asr, vimos que todavía llevaba consigo aquellos mismos papeles. Le pregunté: «¡Oh, Emir de los creyentes! ¿Qué es este escrito?». Él respondió: «Awn ibn Abd Allah me narró unos hadices; me gustaron mucho y los puse por escrito. Entre ellos también se encuentra este hadiz.»

Entre los eruditos que, después del Imam al-Zuhri, trabajaron en la recopilación de hadices y en la redacción de libros en diversos centros del Estado islámico, destacan los siguientes:

En La Meca: Ibn Jurayj (150 H.); en Medina: Ibn Ishaq (151 H.) y el Imam Malik (179 H.); en Basora: Rabi ibn Subayh (160 H.), Sa‘id ibn Abi Arubah (156 H.) y Hammad ibn Salamah (176 H.); en Kufa: Sufyan al-Thawri (161 H.); en Siria: el Imam al-Awza‘i (156 H.); en Wasit: Hushaym (188 H.); en Yemen: Ma‘mar (153 H.); y en Jorasán: Jarir ibn Abd al-Hamid (188 H.) y Abdullah ibn al-Mubarak (r) (181 H.).

Por las fechas de la Hégira mencionadas junto a cada nombre arriba, se puede comprender claramente que todos ellos fueron contemporáneos y vivieron aproximadamente en la misma época; permaneciendo en distintos lugares durante el mismo período, recopilaron el legado de hadices del Mensajero noble (s) y compilaron libros de hadices. Por ello, no es posible afirmar con certeza quién de ellos realizó primero este trabajo. Sin embargo, el erudito Ibn Hajar al-Asqalani estableció entre ellos un orden de precedencia. Dijo:

******************************************************

Los primeros en recopilar y compilar hadices fueron Rubai ibn Subaih y Sa‘d ibn Abi Aruba, además de algunos otros. Ellos reunían cada capítulo de hadices por separado en forma de libro.

En esta etapa también merece mencionarse el nombre del imán Makhul, pues compuso una obra de hadices titulada «Kitab al-Sunan» antes de que comenzara ampliamente la labor de redactar libros.

En la ciudad de Kufa, el imán Sha‘bi fue el primero en emprender la tarea de reunir en un mismo lugar los hadices relacionados con un mismo tema. Al principio no era partidario de escribir hadices ni de componer libros de hadices; sin embargo, únicamente después de recibir la orden del califa de los musulmanes, Umar ibn Abd al-Aziz, comenzó a redactar un libro de hadices. Esto se debió a que era el juez designado por Umar ibn Abd al-Aziz en la provincia de Kufa.

El sabio al-Suyuti lo citó de Ibn Hajar al-Asqalani:

******************************************************

El primero en compilar juntos los hadices relacionados con un mismo tema fue el imán Sha‘bi. Se ha transmitido acerca de él que dijo: «Este es un extenso capítulo sobre el divorcio», y escribió en él numerosos hadices juntos.

El imán Sha‘bi nació en el año 22 de la Hégira, durante el califato de Umar ibn al-Jattab, y falleció en el año 104 de la Hégira. El imán Makhul falleció en el año 134. Por su parte, el imán Zuhri falleció en el año 123, 124 o 125 de la Hégira. Sobre la base de estos datos, puede afirmarse que el imán Makhul fue el primero en componer un libro de hadices.

Sin embargo, al examinar la cuestión detenidamente, hay que aceptar la conclusión de que los primeros en recopilar y compilar hadices fueron los eruditos del hadiz de Medina —Abu Bakr ibn Hazm, Salim y el imán Zuhri, entre otros—. En cambio, la composición de libros de hadices organizados por capítulos fue obra de los muhaddices de Kufa —el imán Sha‘bi y otros—.

El califa omeya de los rectamente guiados, Umar ibn Abd al-Aziz, no vivió muchos días después de emitir el decreto para la recopilación y compilación de los hadices. Sin embargo, como consecuencia de este decreto, el impulso que se había generado para recopilar y compilar los hadices continuó durante varios siglos. Los eruditos y especialistas en hadices posteriores al imán al-Zuhri se dedicaron plenamente a la tarea de recopilar y compilar los hadices. Después, esta labor continuó con todo vigor.

 

La compilación de hadices en el segundo siglo de la Hégira

Umar ibn Abd al-Aziz falleció el 25 de Rayab del año 101 de la Hégira. Su califato duró dos años y cinco meses. Las compilaciones de hadices realizadas por el imán al-Shabi, el imán al-Zuhri, el imán Makhul al-Dimashqi y el cadí Abu Bakr ibn Hazm fueron contribuciones imperecederas de su califato. La labor de compilación de estas obras ya había quedado concluida durante el primer siglo de la Hégira.

Aunque la labor realizada hasta entonces, durante esta etapa del primer siglo de la Hégira, no era muy grande en cantidad ni en extensión, es innegable que abrió el camino a la compilación de libros de hadices. Por ello, desde el comienzo del segundo siglo de la Hégira, esta labor comenzó a llevarse a cabo con la debida importancia. En esta etapa, las compilaciones de hadices de esa época no solo tuvieron la oportunidad de incluir los hadices relativos a las palabras y actos del Mensajero, sino también las palabras y fatwas de los nobles Compañeros, las diversas fatwas de los tabi‘in basadas en el Corán y los hadices, e incluso sus conversaciones y palabras de consejo sobre asuntos importantes de la religión.

Kitab al-Athar

Las compilaciones de hadices realizadas por los especialistas en hadices de la época de los tabi‘in no llegaron a los estudiosos de los hadices de épocas posteriores conservando su existencia independiente. Desde este punto de vista, solo puede mencionarse una obra que se encuentre actualmente entre nosotros, y esa es el Kitab al-Athar. Tras ser nombrado principal maestro del célebre centro de enseñanza de la mezquita mayor de Kufa, establecida en tiempos de Abd Allah ibn Masud, el imán Abu Hanifa, por un lado, sentó las bases de la ciencia del fiqh y, por otro, compuso una recopilación de los hadices relativos a las órdenes y prohibiciones del Mensajero, combinándolos con hadices compilados mediante cadenas de transmisión fiables. El nombre de esta obra es Kitab al-Athar. Probablemente no exista ante la nación musulmana del mundo ningún otro libro de hadices más antiguo que este. O puede decirse que, entre las compilaciones de hadices existentes para la comunidad musulmana, esta es la más antigua. Antes del imán Abu Hanifa, los recopiladores de hadices se habían limitado a reunir y compilar los hadices de cualquier manera. No se había redactado ninguna obra de hadices siguiendo propiamente el método de composición de libros. Es cierto que el imán al-Shabi había reunido en un solo lugar los hadices sobre un mismo tema y les había dado la forma de un libro; pero este se limitaba a unos pocos capítulos, y no le fue posible hacer más. Después, esta labor tampoco pudo avanzar. Por ello, hasta entonces había quedado inconclusa la tarea de organizar sistemáticamente los hadices en secciones (kitab) y capítulos (bab), conforme al método y procedimiento de composición de libros. El imán Abu Hanifa cumplió esta responsabilidad con especial competencia y conocimiento al redactar el Kitab al-Athar. Hafiz al-Suyuti escribió acerca del imán Abu Hanifa:

******************************************************

Una hazaña particular del imán Abu Hanifa, en la que no tuvo igual, es que fue el primero en sistematizar el conocimiento de la sharía y compilarlo en forma de capítulos. El imán Malik lo siguió al componer la Mu’atta. Sin embargo, en lo que respecta a la composición de una obra de este tipo, nadie pudo superar al imán Abu Hanifa en cuanto a precedencia temporal.

El hafiz Ibn Hajar al-Asqalani escribió acerca del «Kitab al-Azar», compilado por el imán Abu Hanifa (r):

******************************************************

Existe una obra independiente de hadices transmitida por el imán Abu Hanifa (r), a saber, el «Kitab al-Azar»; Muhammad ibn Hasan la narró de ellos.[********************]

El imán Alauddin Kashani mencionó esta obra ******************** como el «Kitab al-Azar» compilado por el imán Abu Hanifa (r).[********************]

Para elaborar la obra de hadices titulada «Kitab al-Azar», el imán Abu Hanifa (r) recopiló y examinó minuciosamente una gran cantidad de hadices. Sadr al-A’imma Muwaffiq ibn Ahmad al-Makki escribió en su obra:

******************************************************

El imán Abu Hanifa (r) elaboró esta obra, el «Kitab al-Azar», tras seleccionar y depurar entre cuarenta mil hadices.[******************** El número de hadices mencionado aquí no se refiere a hadices distintos, sino a las cadenas de transmisión de los hadices; y un solo hadiz puede tener numerosas cadenas de transmisión.]

Todos los expertos en hadices han reconocido su extraordinaria cautela al seleccionar y aceptar hadices. El imán Waki (r) dijo:

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Nadie observó tanta cautela como el imán Abu Hanifa (r) al aceptar hadices. [Cabe señalar aquí que el imán del hadiz, Yahya ibn Sa’id al-Qattan, era experto en la disciplina de verificar, examinar, seleccionar y depurar hadices. Él dijo:

****************************************************** ¡Juro por el nombre de Allah que, ante la comunidad o nación musulmana, él era reconocido como el más grande erudito en todo el conocimiento recibido de Allah y del Mensajero.]

Precisamente por esta razón, parece que los muhaddices, al criticar al imán Abu Hanifa (r), lo calificaron de ******************** «un hombre extremadamente estricto y severo en la narración de hadices», y por ello el número de hadices que narró no pudo ser muy elevado. El historiador, el eminente erudito Ibn Jaldun, escribió al explicar la razón de ello:

******************************************************

La razón por la que el número de hadices narrados por el imán Abu Hanifa (r) fue relativamente reducido es que imponía estrictas condiciones morales para aceptar y narrar hadices.[********************]

Aquí es pertinente mencionar una declaración del propio imán Abu Hanifa (r) acerca de la abundancia de hadices que había recopilado y de la pequeña cantidad que narró. Él dijo:

******************************************************

Poseo varios cofres llenos de material escrito de hadices. Sin embargo, solo he divulgado y transmitido de ellos un número muy reducido, que será beneficioso para la vida práctica de la gente.

Al igual que otras obras de hadices, existen copias del «Kitab al-Athar», llamadas «nuskha» (copias). Por esta razón, la obra llegó a ser conocida con el nombre de cada uno de sus estudiantes. De otro modo, la obra original es una sola recopilación de hadices compilada por el imán Abu Hanifa. Entre quienes difundieron estas «nuskha» son dignos de mención los siguientes:

1. El imán Zufar ibn al-Hudhayl: En las obras autorizadas se cita lo siguiente acerca de este asunto:

******************************************************

Ahmad ibn Bakr transmitió el «Kitab al-Athar» compilado por Abu Hanifa a partir de Abu Wahab, estudiante de Zufar ibn al-Hudhayl.

2. El imán Abu Yusuf ibn Abu Yusuf: Se cita lo siguiente acerca de él:

******************************************************

Transmitió del imán Abu Hanifa (r) el «Kitab al-Athar» compilado por él, a través de su padre. Es una obra de gran extensión. [El cadí Athar Mubarakpuri (editor de la revista «Al-Balagh», publicada por Bo’i) escribió: Los estudiantes del imán Abu Hanifa transmitieron su «Kitab al-Athar» a otras personas, y al transmitirlo ellos mismos le añadieron muchos hadices. Por esta razón, la obra original llegó a ser conocida entre la gente con los nombres de diversos estudiantes. De otro modo, la obra original es una recopilación de hadices compilada por el imán Abu Hanifa (r).]

3. Imam Muhammad ibn Hasan al-Shaybani: La recopilación que él preparó es la célebre, y actualmente se la conoce erróneamente como la recopilación del Imam Muhammad, con el nombre de «Kitab al-Azar».

4. Imam Hasan ibn Ziyad al-Lu’lu’i: Ibn Hayar al-Asqalani (r), al tratar sobre Muhammad ibn Ibrahim, escribió acerca de ella:

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Muhammad ibn Ibrahim transmitió el «Kitab al-Azar» del Imam Abu Hanifa (r) a través de Muhammad ibn Shuja, por medio de su maestro Hasan ibn Ziyad.

El Muwatta del Imam Malik

Inmediatamente después del «Kitab al-Azar» recopilado por el Imam Abu Hanifa (r), encontramos como obra de hadices recopilada el «Muwatta» del Imam Malik (r).

Una diferencia principal entre el «Kitab al-Azar» y el «Muwatta del Imam Malik (r)» es que en la primera obra se han incluido los hadices narrados por los transmisores de hadices del Hiyaz, Irak, Siria y otras regiones del mundo musulmán; en cambio, el «Muwatta del Imam Malik» contiene únicamente los hadices narrados por los muhadices residentes en Medina. Pues, como hemos visto en la exposición anterior sobre el Imam Malik (r), nunca viajó fuera de Medina para recopilar hadices.

La estructura del «Muwatta» está dispuesta de tal manera que primero se mencionan las palabras o los actos del Mensajero Noble (s) recogidos en los hadices. Después se incluyen las palabras de los nobles compañeros y las fetuas de los tabi‘in basadas en el Corán y los hadices.

El imán Malik (que Allah tenga misericordia de él) compiló esta obra de hadices por orden del califa abasí al-Mansur. Un autor egipcio de esta época llamado Muhammad Abu Zahwu escribió:

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El califa abasí Abu Ya‘far al-Mansur convocó al imán Malik (que Allah tenga misericordia de él) y le ordenó recopilar los hadices que él consideraba probados y auténticos, compilándolos en forma de libro, y destinarlo para que la gente lo aplicara en su vida práctica. Entonces redactó esta obra y le dio el nombre de «Al-Muwatta».

El imán Malik (que Allah tenga misericordia de él) dedicó un esfuerzo inmenso, una paciencia inquebrantable y una perseverancia constante a la redacción de esta obra. El imán Suyuti lo menciona citando a Ibn al-Hubab:

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El imán Malik (que Allah tenga misericordia de él) narró inicialmente cien mil relatos. De ellos compiló la obra «Al-Muwatta», que reunía diez mil hadices. Después continuó verificándola a la luz del Corán y la Sunna. También la examinó basándose en los athar de los compañeros y en otros informes. Finalmente, solo incluyó en ella quinientos hadices.

El imán Suyuti también citó la siguiente narración, transmitida por Atik ibn Yaqub:

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El imán Malik compuso el «Muwatta» con cerca de diez mil hadices. Después, cada año continuó revisándolo y verificándolo, y retirando hadices de él. Finalmente, alcanzó su forma completa y definitiva.

El imán Malik necesitó cuarenta años completos para concluir definitivamente la composición de este libro. A este respecto, se ha dicho:

******************************************************

Los muhaddices han dicho que el imán Malik dedicó cuarenta años completos a la composición de este libro. Durante todo ese largo período lo verificó y depuró, y se ocupó de organizarlo de manera sistemática, hacerlo exacto y darle un orden coherente.

Sobre el nombre de este libro, el propio imán Malik dijo:

******************************************************

Presenté este libro mío ante setenta juristas residentes en Medina. Cada uno de ellos me aconsejó respecto de él. Por esta razón lo llamé «Muwatta».

De la cita del imán Suyuti mencionada anteriormente por transmisión de Ibn al-Hubab se sabe que el imán Malik seleccionó y depuró diez mil hadices, y conservó solamente quinientos en su libro. Sin embargo, por esta cita no se sabe cuántos hadices fueron finalmente incluidos en el «Muwatta». Sobre este asunto se ha citado lo siguiente del imán Suyuti; de esta cita se conoce el número exacto. Él lo transmitió por autoridad de Abu Bakr al-Abarahi:

******************************************************

El número total de hadices transmitidos del Mensajero de Allah, de los nobles Compañeros y de los tabi‘in en el Muwatta es de mil setecientos veinte.

Entre ellos, solo trescientos hadices poseen una cadena de transmisión auténtica; hay 222 hadices mursal, 616 mawquf y 285 dichos de los tabi‘in. El imán Ibn Hazm dijo:

******************************************************

Conté los hadices del Muwatta. Encontré en él algo más de quinientos hadices musnad y aproximadamente trescientos hadices mursal. Además, contiene cerca de setenta hadices cuya aplicación el imán Malik había evitado.

Existen innumerables copias del Muwatta. Entre ellas, trescientas copias son sumamente célebres. Hay una diferencia considerable en el número de hadices incluidos en estas copias: algunas contienen relativamente más hadices y otras menos. El imán al-Suyuti mencionó especialmente tres de sus copias. Estas tres copias son:

1. La copia de Yahya ibn Yahya al-Laythi, de al-Ándalus: escuchó directamente del imán Malik el Muwatta completo, salvo los tres últimos capítulos.

2. La copia de Abu Mus‘ab Ahmad ibn Abi Bakr al-Qasim: fue juez de Medina, y la copia que preparó fue la última que se leyó ante el imán Malik. Contiene aproximadamente cien hadices más que las demás copias.

3. Compuesto por el imán Muhammad ibn al-Hasan al-Shaybani: así como estudió la ciencia del fiqh con el imán Abu Hanifa (r), del mismo modo estudió y recibió hadices del imán Malik (r). Cerca de mil personas escucharon la obra al-Muwatta del imán Malik (r) y la transmitieron. Esto demuestra que, en la sociedad islámica de aquella época, la obra al-Muwatta había alcanzado el debido prestigio. El pueblo la había acogido con agrado, y gentes de todo el mundo musulmán se congregaban ante el imán Malik (r), residente en Medina, con el propósito de escucharla directamente de principio a fin. Por esta razón, numerosos muhaddices consideran que la siguiente profecía del Noble Profeta (s), citada en el Sahih de Tirmidhi, se cumplió precisamente en relación con el imán Malik (r). El hadiz dice así: el Noble Profeta (s) dijo:

******************************************************

No está lejano el tiempo en que la gente viajará a países muy distantes, montada sobre camellos, con el propósito de adquirir conocimiento; pero en ningún lugar encontrará a alguien más sabio que el erudito residente en Medina.

Los célebres muhaddices Ibn Uyayna, Abd al-Razzaq y otros afirmaron unánimemente que el «erudito» mencionado en este hadiz era el imán Malik (r). [Transmitido por Tirmidhi, según Abu Huraira.]

El imán Shafi‘i (r) tenía una opinión sumamente elevada de al-Muwatta del imán Malik (r) y lo consideraba una obra verdaderamente excepcional. Es ampliamente conocida la siguiente declaración suya al respecto. Dijo:

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Después del Libro de Allah, no existe sobre la faz de la tierra obra más auténtica que el libro de hadices compilado por el imán Malik (r).

Su declaración también ha sido transmitida con las siguientes palabras:

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No se ha escrito sobre la faz de la tierra ningún libro más cercano al Corán que el libro del imán Malik.

El célebre muhaddiz de épocas posteriores, Abu Zur’a, dijo acerca de la Muwatta del imán Malik:

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Ningún otro libro ha recibido tanta confianza y fiabilidad.

Este libro de hadices compilado por el imán Malik alcanzó tal popularidad que, cuando el califa abasí Al-Mansur fue a Medina con motivo del Hayy, le dijo al imán Malik:

******************************************************

He decidido hacer preparar innumerables copias del libro de hadices que usted ha compilado, enviar una a cada ciudad y localidad musulmana, y ordenar a todos que actúen conforme a él. También les diré que no presten atención a ningún otro libro y que lo abandonen.

Después de escuchar estas palabras, era natural que una ola de alegría y regocijo inundara el corazón del imán Malik (que Dios se complazca de él). Pero el imán Malik no pudo aprobarlo ni aceptarlo en absoluto. Dijo claramente:

******************************************************

Usted no hará tal cosa. Pues muchas enseñanzas de la sharía ya han llegado a la gente. Han escuchado numerosos hadices y también han transmitido muchos de ellos; y han aceptado lo primero que recibieron y comenzado a obrar conforme a ello. Por tanto, permita que la gente de cada ciudad y región obre conforme a aquello que haya adoptado para sí.

Posteriormente, el califa Harún al-Rashid también quiso tomar una medida especial respecto de la Muwaṭṭaʾ de Malik (que Dios se complazca de él). Tenía la intención de colgarla junto a la Kaaba y ordenar a la gente que obrara conforme a ella. Pero cuando expresó este deseo al imán Malik, este dijo:

******************************************************

No, usted no hará tal cosa. Pues entre los compañeros del Mensajero existen diferencias de opinión en cuestiones secundarias, y ellos se han dispersado por diversas ciudades y regiones. Sin embargo, todos ellos fueron guiados por el camino correcto.

Es completamente natural que existan diferencias de opinión en los detalles del vasto y amplio sistema de vida del islam. No puede ser correcto, de ningún modo, cerrar el camino a ello, intentar obligar a todas las personas a seguir una opinión particular y determinada, y utilizar para ese fin el poder del Estado. Por el contrario, el principio del islam consiste en reconocer como verdaderas y correctas todas las opiniones basadas en las normas islámicas —por muy contradictorias que puedan parecer exteriormente entre sí— en estas cuestiones secundarias. Esto también queda demostrado por las palabras antes citadas del imán Malik (que Dios se complazca de él). No cabe duda de que este principio del imán Malik era sumamente razonable y justo. El imán Ibn Abd al-Barr (que Dios se complazca de él), refiriéndose a este principio, dijo:

******************************************************

Sin duda, es un principio sumamente justo para las personas sensatas.

En la postura anterior del imán Malik (r) se encuentra una lección especial para quienes, ocupándose de los detalles minuciosos del fiqh, se han entregado a un fanatismo extremista y, respecto de cuestiones secundarias, se muestran inflexibles al imponer por la fuerza su propia opinión particular sobre los demás.

El Jami‘ de Sufyan al-Thawri (r)

Fue precisamente en ese momento cuando el imán Sufyan al-Thawri (r) compuso su recopilación de hadices, titulada «Al-Jami‘». Sufyan al-Thawri (r) asistía regularmente a las reuniones de las lecciones impartidas por el imán Abu Hanifa (r) y transmitía hadices a través de él. Sin embargo, aprendió el fiqh de Ali ibn Mishar, destacado discípulo del imán Abu Hanifa. Ali ibn Mishar era un erudito eminente y muy competente tanto en fiqh como en hadices. Los expertos escribieron sobre él:

******************************************************

Era un experto tanto en hadices como en fiqh.

El imán al-Thawri compuso su libro Al-Jami‘ con la ayuda y colaboración de aquel mismo hombre. El imán Yazid ibn Harun dijo:

******************************************************

Sufyan al-Zawri aprendió el fiqh del imán Abu Hanifa (que Dios tenga misericordia de él) de Ali ibn Mashar, y con su ayuda y tras conversar con él compuso su libro de hadices titulado «Al-Yami».

En cierta época, este «Al-Yami» de Sufyan al-Zawri alcanzó gran estima entre los especialistas del hadiz y se convirtió en un libro muy leído. Este «Al-Yami» fue uno de los primeros libros de hadices que estudió el imán Bujari (que Dios tenga misericordia de él).

Le preguntaron al imán Ishaq ibn Rahwayh (que Dios tenga misericordia de él):

******************************************************

¿Cuál de los dos libros es superior: el «Muwatta» del imán Malik o el «Al-Yami» de Sufyan al-Zawri?

Él respondió, ciertamente, que el «Muwatta del imán Malik» era el mejor libro. Sin embargo, el imán Abu Dawud al-Sijistani (autor del Sunan) sostenía una opinión diferente. Él dijo:

******************************************************

De todos los libros que la gente ha compuesto hasta entonces, el «Al-Yami» de Sufyan al-Zawri es el mejor.

Hasta ahora se ha presentado una breve descripción únicamente de algunos de los libros de hadices más importantes compilados durante este período; sin embargo, la historia detallada de este siglo demuestra que en aquella época no se compilaron solamente esos pocos libros. Por el contrario, además de ellos se compilaron varias otras obras de hadices. No se hace una mención detallada de esas obras porque fueron compiladas tomando directamente una ayuda especial de los libros mencionados anteriormente.

En esta época aparecieron dos muhaddices de profunda erudición. Es significativo que ambos se llamaran Abu Hafs y que fueran padre e hijo. Debido a que padre e hijo tenían el mismo nombre, para distinguirlos se llamaba al padre Abu Hafs al-Kabir (el mayor) y al hijo Abu Hafs al-Saghir (el menor). La contribución de estos dos hombres a la difusión y expansión del conocimiento del hadiz en aquella época es inolvidable. Se cuentan entre los principales muhaddices de Bujará, y gracias precisamente a sus esfuerzos el conocimiento del hadiz se difundió ampliamente por toda la región de Bujará; su estudio, enseñanza y discusión comenzaron en todos los hogares. El hafiz al-Sam’ani escribió sobre Abu Hafs al-Kabir:

******************************************************

Tantas personas narraron hadices de él que es imposible determinar su número.

En realidad, sus discípulos se habían extendido por todas las aldeas de Bujará. Incluso en la aldea llamada Jaizajiz, innumerables discípulos suyos se dedicaban al estudio del conocimiento del hadiz.

El imán Abu Hafs estudió el conocimiento del hadiz y el fiqh con el imán Abu Yusuf y el imán Muhammad. El hafiz al-Dhahabi escribió:

******************************************************

El imán Abu Hafs al-Kabir era considerado uno de los principales discípulos del imán Muhammad, y fue el último pilar del liderazgo de los eruditos hanafíes de Bujará.

En la historia del islam, esta fue una etapa en la que se llevó a cabo una intensa labor de composición de obras sobre diversas ramas importantes del saber islámico, como el tafsir, el hadiz, el fiqh y la historia. El historiador Suyuti escribió: «En esta época, numerosas personas instruidas y formadas por el imán Abu Hanifa y el imán Malik, llevando en su corazón un vasto tesoro de conocimientos islámicos, establecieron centros en distintas partes del mundo musulmán y se dedicaron a su amplia enseñanza y difusión». El siguiente relato de Hafiz Abd al-Qadir al-Qurashi permite formarse una idea clara de cuál era el número real de discípulos del imán Abu Hanifa. Él escribió:

******************************************************

Cerca de cuatro mil personas transmitieron y difundieron, bajo la autoridad del imán Abu Hanifa (r), sus opiniones relativas al hadiz y al fiqh.[********************]

El imán Hajjuddin Ibn al-Bazzaz al-Kurdari presentó una extensa lista de los numerosos discípulos del imán Abu Hanifa, dispersos por todo el mundo musulmán. Como encabezamiento escribió lo siguiente:

******************************************************

Las personas dispersas, ciudad por ciudad, por las regiones orientales y occidentales, que transmitieron el hadiz y el fiqh bajo la autoridad del imán Abu Hanifa.

A continuación, escribió los nombres de casi todas las provincias, ciudades, poblaciones y aldeas importantes del mundo musulmán de aquella época, y presentó un relato detallado de qué discípulos del imán Abu Hanifa estaban dedicados allí a la difusión del hadiz y el fiqh.[********************]

Sobre los eruditos que, después de recibir del imán Abu Hanifa instrucción en hadiz y fiqh, compusieron obras de manera independiente y original, el imán Tahawi escribió:

******************************************************

Los estudiantes del imán Abū Ḥanīfa que se dedicaron a redactar obras fueron cuarenta. Entre los diez de la primera generación destacaron: el imán Abū Yūsuf, Zufar, el imán Dāwūd al-Ṭāʾī, el imán Asad ibn ʿAmr, el imán Yūsuf ibn Khālid al-Simtī y el imán Yaḥyā ibn Zakariyyā ibn Abī Zāʾida. Este último trabajó durante treinta años como escriba de los primeros mencionados.[********************]

Todos ellos fueron célebres muḥaddices. El imán Ḥasan ibn Ziyād fue también uno de los grandes expertos en hadices de aquella generación. Recopiló hadices de Ibn Jurayj. Él mismo dijo:

******************************************************

Escribí doce mil hadices de Ibn Jurayj. Estos hadices son sumamente necesarios para los juristas.[********************]

En suma, inmediatamente después del imán al-Zuhrī comenzó a fluir una inundación que desbordó ambas riberas de recopilación de hadices y redacción de obras de hadices. Esta labor comenzó en casi todas las ciudades del mundo musulmán. Los demás autores de obras de aquella época fueron:

En La Meca, Ibn Jurayj (150 h.) e Ibn Isḥāq (152 h.); en Medina, Saʿīd ibn Abī ʿArūba (156 h.), Rabīʿ ibn Dubay (160 h.) y Mālik ibn Anas (179 h.); en Basora, Ḥammād ibn Salama (176 h.) e Ibn ʿArūba; en Kufa, Sufyān al-Thawrī (161 h.); en Siria, Abū ʿAmr al-Awzāʿī (156 h.); en Wasit, Hushaym (188 h.) y al-Layth e Ibn Lahīʿa; en Jorasán, ʿAbd Allāh ibn al-Mubārak (181 h.); en Yemen, Maʿmar (153 h.); y en Rayy, Jarīr ibn ʿAbd al-Ḥamīd (188 h.). Todos ellos se dedicaron, cada uno en su respectivo lugar, a recopilar y compilar hadices.[********************]

Todos ellos pertenecieron aproximadamente a la misma época y fueron contemporáneos; fueron los más destacados expertos en hadices del segundo siglo de la hégira.[********************] Y fue precisamente gracias a su incansable esfuerzo, a su sincera y profunda devoción, y a sus investigaciones, verificaciones y comprobaciones, que se erigió, desde la perspectiva del madhhab hanafí, el grandioso edificio del conocimiento del fiqh.

De manera similar, los discípulos del imán Mālik (que Dios tenga misericordia de él) también se dispersaron por Oriente y Occidente del mundo musulmán. ¿Cuál fue el número de quienes aprendieron hadices de él y se dedicaron a su difusión y enseñanza? Al-Jatib al-Bagdadí mencionó que el número de narradores era de 93; pero el hafiz Qadi Iyad escribió: más de mil trescientos.

Entre los discípulos del imán Mālik (que Dios tenga misericordia de él), Abd Allah ibn Wahb (f. 195 H.), Abd al-Rahmán ibn al-Qasim (f. 191 H.) y Ashhab (f. 204 H.) fueron autores de obras muy competentes y de gran calidad. El hafiz al-Dhahabí dijo que Ibn Wahb narraba de memoria cien mil hadices. En las obras que compiló se citan ciento veinte mil hadices. Ibn al-Qasim también era un hafiz de hadices y se le consideraba la figura principal entre quienes transmitieron y difundieron el fiqh del imán Mālik (que Dios tenga misericordia de él).

De la extensa exposición anterior se demuestra claramente que, antes de concluir el segundo siglo de la Hégira, innumerables compilaciones de hadices ya habían sido preparadas y difundidas por todas partes. Asimismo, los discípulos del imán Abū Hanifa (que Dios tenga misericordia de él) y del imán Mālik (que Dios tenga misericordia de él), llevando en su interior un vasto caudal de conocimientos sobre los hadices, se habían dispersado por los distintos centros de todo el mundo musulmán. Se habían consagrado a su difusión y enseñanza.

 

El estudio de los hadices en el tercer siglo de la Hégira

En el tercer siglo de la Hégira, la ciencia de los hadices alcanzó un desarrollo, progreso, expansión y amplitud mayores que antes. Esta disciplina quedó establecida con la categoría de una ciencia completa. Cada una de sus ramas se constituyó de manera completa e independiente.

Los muhaddices y narradores de hadices de este siglo viajaron por tierra y por mar en busca de hadices; recorrieron minuciosamente cada centro del mundo musulmán. Llegaron a cada ciudad y hasta a cada aldea, y reunieron los hadices dispersos. Ordenaron y organizaron por separado los hadices que contaban con una cadena completa de transmisión. Concedieron la máxima importancia a la continuidad de la cadena de transmisión y de la cadena de narración, así como a su autenticidad. Para este propósito, se compiló y redactó como una rama independiente del conocimiento la disciplina de Asmā al-Rijāl. La teoría sutil de la verificación de los hadices, su selección y depuración, y la determinación de lo verdadero y lo falso se desarrolló como una ciencia independiente. También en este siglo fueron compiladas las célebres Sihāh Sitta (las seis colecciones de hadices auténticos).

En este siglo, por un lado, se produjo un desarrollo extraordinario en la recopilación de hadices, la elaboración de compilaciones, la redacción de obras y la innovación de conocimientos esenciales relacionados con los hadices; por otro, también se observó entre la población musulmana un entusiasmo incontenible y un enorme interés por aprender y estudiar los hadices. Ante cada maestro de hadices se reunían y tomaban asiento decenas de miles de estudiantes con el propósito de aprenderlos. Después de mencionar los nombres de ciento treinta muhaddices del octavo nivel, el hafiz al-Dhahabí escribió:

******************************************************

No he mencionado a otra gran congregación de memorizadores del hadiz de igual categoría que ellos. En aquella época, en cada sesión de enseñanza del hadiz se reunían diez mil tinteros o más. La gente ponía por escrito los hadices del Mensajero Noble (s) y les prestaba toda su atención, con semejante reverencia. Entre ellos había doscientos imanes del hadiz. Eran tan competentes para emitir fetuas basadas en el hadiz como para comenzar a emitirlas públicamente.

La cifra de diez mil estudiantes mencionada en la cita anterior puede corresponder únicamente a un centro de enseñanza del hadiz muy común y de nivel elemental. Pues se encuentran referencias a que en las sesiones de enseñanza de los grandes y destacados imanes y memorizadores del hadiz se congregaban muchos más estudiantes, hasta cien mil. En la sesión de enseñanza del hadiz del imán y memorizador Abul Hasan Ali ibn Asim al-Wasiti, discípulo del imán Abu Hanifa (r), se reunían más de treinta mil estudiantes.

Se relata un episodio relacionado con el aprendizaje del hadiz de Hasan ibn Asim. Su padre le entregó cien mil monedas y le dijo:

******************************************************

Viaja al extranjero con el propósito de estudiar hadiz; no quiero volver a ver tu rostro hasta que hayas aprendido al menos cien mil hadices.

Después viajó al extranjero y alcanzó tal dominio en el aprendizaje del hadiz que finalmente regresó junto a su padre tras recibir, como reconocimiento de su pericia en el hadiz, títulos como «Musnad de Irak» y «el gran imán memorizador». También estudió hadiz con el imán Abu Hanifa (r).

Su hijo, el imán Abu Husayn Asim ibn Ali al-Wasiti (f. 212 H), fue maestro del imán Bujari. En el Sahih de Bujari se citan hadices transmitidos por él. Sobre él, el memorizador al-Dhahabi escribió:

Llegó a Bagdad y comenzó a dictar hadices por escrito. Como resultado, una enorme multitud de estudiantes se congregó a su alrededor.

Abū al-Husayn ibn al-Mubārak (que Allah tenga misericordia de él) dijo: En su sesión de enseñanza se congregaban más de cien mil personas. Un hombre llamado Hārūn subía a la copa de una palmera y se encargaba de hacer llegar su voz a lugares muy distantes. Al calcular aproximadamente el número de asistentes a aquella sesión, se comprendió que no eran menos de ciento veinte mil.

Yazīd ibn Hārūn fue otro de los discípulos del gran imán Abū Hanīfa. Era un especialista en hadices y un hafiz de un gran número de hadices. Impartía clases de hadices en Bagdad. Setenta mil estudiantes se congregaban en su sesión de enseñanza.

El célebre hafiz de hadices de Bagdad, Sulaymān ibn Harb (fallecido en 224 H.). En su sesión de enseñanza asistían cuarenta mil estudiantes. Se construyó un alto minbar cerca del palacio del califa al-Ma’mūn. Sulaymān se sentaba en él e impartía clases de hadices. Además del califa y los dignatarios, una multitud considerable asistía a la sesión.

Cuando el hafiz Abū Muslim al-Qāḍī (fallecido en 292 H.), autor de Sunan, organizaba en la plaza Gāmān de Bagdad una sesión para dictar hadices, se congregaba una multitud tan numerosa que era necesario designar a siete personas para transmitir, ayudándose mutuamente, las palabras pronunciadas por Abū Muslim a quienes se encontraban muy lejos. Una vez concluida la sesión, en una ocasión se contó únicamente a los asistentes que habían acudido con tinteros y plumas para escribir lo que se dictaba, y se comprobó que eran al menos cuarenta mil. En cuanto a quienes habían asistido solo para escuchar, su número era incalculable.

En la sesión de enseñanza de hadices que el hafiz Ja’far al-Fāryābī (fallecido en 301 H.) celebró en la avenida Manār de Bagdad estuvieron presentes al menos treinta mil personas.

Cuando el imán Muhammad al-Shaybānī impartía clases de hadices en la ciudad de Kūfa, las vías principales de la ciudad quedaban cerradas por la multitud.

El hafiz Abū Bakr ibn Abī Shayba, maestro del imán Ibn Mājah, y su hermano Uthmān ibn Abī Shayba eran ambos destacados muhaddices. A sus sesiones de enseñanza de hadices también se congregaban al menos treinta mil personas.

En verdad, los acontecimientos históricos mencionados anteriormente permiten comprender claramente el entusiasmo extraordinario y la intensa sed de conocimiento que existían entre los musulmanes del siglo III de la Hégira por aprender hadices. Además, es imposible determinar con exactitud cuántas personas expertas en hadices, dedicadas a su difusión y enseñanza, había en el mundo musulmán durante aquella época. El imán Abū Dāwūd al-Sijistānī escribió: «El hafiz Ibn Ibrāhīm al-Farāhīdī (fallecido en 222 H.), uno de los más destacados muhaddices del siglo III, escuchó y registró hadices de aproximadamente mil muhaddices; sin embargo, para ello no tuvo necesidad de viajar al extranjero fuera de su propia ciudad.

Por esta razón, el número de maestros de los muhaddithes de esta época era realmente enorme y excesivo. Cada muhaddith tenía más de mil maestros. Algunos incluso tuvieron la oportunidad de aprender y recibir hadices de cuatro mil maestros. El imán Abdullah ibn Mubarak dijo personalmente: «He aprendido hadices de cuatro mil muhaddithes. Sin embargo, solo transmití hadices con la cadena de transmisión de mil de ellos.

Después de tratar en su obra Tadhkirat al-Huffaz sobre ciento seis memorizadores de hadices del noveno nivel, el hafiz Shamsuddin al-Dhahabi escribió:

******************************************************

En esta época y en tiempos cercanos a ella vivieron numerosos imanes expertos en los hadices del Noble Mensajero (s). Aquí no he podido mencionar ni siquiera una décima parte de ellos. La mayoría de ellos ha sido mencionada en mi obra histórica escrita.

El imán al-Bujari también fue uno de los más eminentes muhaddithes de este tercer siglo. Él escribió:

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Escuché y escribí hadices de mil ochenta maestros. Cada uno de ellos era un gran muhaddith.

 

Ciudades ricas en hadices del tercer siglo

En el tercer siglo de la Hégira se produjo un extraordinario florecimiento de la ciencia del hadiz. En casi todas las grandes ciudades del mundo musulmán —e incluso en las aldeas más alejadas de las ciudades— se difundían ampliamente los hadices y se impartía su enseñanza. Algunas de ellas eran los mayores centros del hadiz. Allí, además de que numerosos muhaddices locales difundían los hadices, los muhaddices que los buscaban y recopilaban acudían a esas ciudades para escucharlos y ponerlos por escrito. En aquella época, el número de ciudades y lugares que los muhaddices recorrieron con el propósito de recopilar hadices no sería inferior a cincuenta. El hafiz al-Dhahabí compuso una obra independiente en la que mencionó los nombres y las descripciones de esas ciudades y lugares. Su título es:

********************- Ciudades ricas en hadices.

Entre estos centros del hadiz, algunas ciudades eran aún más importantes. El imán Ibn Taymiyya escribió, mencionando sus nombres y características:

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Entre estos centros del hadiz, algunas ciudades eran aún más importantes. El imán Ibn Taymiyya escribió, mencionando sus nombres y características:

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La Meca-Medina, Kufa-Basora y Siria: estas cinco ciudades fueron la cuna de las ciencias islámicas; de estas ciudades brotaron las corrientes de conocimiento transmitido por el Profeta, relacionadas con la fe, el Corán y la ciencia de la sharía.********************

Aquí deseamos presentar una descripción de estas cinco ciudades.

Medina

Medina, centro de la última etapa de la vida del Profeta universal y Dar al-Hijra; el honor de ser la fuente y el origen del conocimiento profético estaba reservado exclusivamente a esta ciudad. Por ello, otro de sus nombres era Dar al-Sunna, y no cabe duda de que es un nombre sumamente apropiado.******************** Desde la época del Noble Profeta (s) hasta el califato de Hazrat Alí (r.a.), esta fue el centro del conocimiento y de la práctica de todo el mundo musulmán. Posteriormente, conservó esta dignidad hasta la época del imán Malik (r). Entre sus habitantes de la época posterior se encontraban Nafi, Ibrahim ibn Sa’d, Sulayman ibn Bilal e Isma’il ibn Ja’far. ******************** Después de ellos vivieron también el hafiz Abu Mus’ab al-Zuhri, el hafiz Ibrahim ibn al-Mundhir y el hafiz Ishaq ibn Musa al-Ansari.

El hafiz al-Dhahabi escribió sobre el hafiz Abu Mus’ab al-Zuhri:

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Era un transmisor de hadices digno de confianza y fiable, maestro de hadices para los habitantes de Medina, juez y muhaddiz.********************

Nació en el año 150 de la Hégira y falleció en el año 242 de la Hégira. Fue maestro de los otros cinco autores de las Sihah al-Sitta, con excepción del imán al-Nasa’i.

Al-Dhahabi escribió sobre el hafiz Ibrahim:

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Imán del hadiz, gran muhaddiz y narrador de hadices confiable.

Fue maestro del imán Bujari y del imán Nasai. Falleció en Medina en el año 236 de la Hégira. Sobre el hafiz Ishaq, Zahabi dijo:

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Jurista, hafiz del hadiz y narrador de hadices confiable.

Fue maestro de hadiz del imán Muslim, Tirmizi, Nasai e Ibn Maya. Falleció en el año 244.

Los tres fueron grandes hafices y maestros del hadiz. Además de ellos, Bakr ibn Abd al-Wahhab al-Madani (f. 250 H.), Hasan ibn Dawud (f. 247 H.) y Muhammad ibn Ubayd al-Madani fueron muhaddices destacados.

La Meca

Fue en esta ciudad donde comenzó a descender la revelación sobre el Noble Mensajero (s). Aquí fue designado como profeta y mensajero. Después, el Noble Profeta (s) pasó en esta misma ciudad trece largos años, en medio de una lucha y un conflicto agotadores. Durante la época de los compañeros, el estudio del hadiz tuvo aquí una difusión relativamente limitada. En la última época de los compañeros y durante la época de los tabi‘in y de los seguidores de los tabi‘in, esta ciudad fue un centro de residencia de destacados muhaddices. Muyahid, Ata, Said ibn Yubair e Ibn Abi Mulayka vivieron aquí y se dedicaron a enseñar hadices. En épocas posteriores residieron aquí destacados muhaddices como Abd Allah ibn Abi Nayah, Ibn Qasim, Hanzala ibn Uyayna, Abu Sufyan, Ibn Yuraich y Muslim Zanji, Fudayl ibn Uyayna, Abu Abd al-Rahman Muqri, Azraqi, Humaydi y Said ibn Mansur.

Aunque en el siglo III de la Hégira el estudio de la ciencia del hadiz en la ciudad de La Meca no era tan extenso como en Medina, no cabe duda de que la lámpara del hadiz aún ardía allí. En ese siglo vivían allí varios muhaddices que se dedicaban a enseñar y difundir los hadices. Estos eran:

1. El hafiz Halwani, el imán Abu Muhammad Hasan ibn Ali ibn Muhammad al-Jallal. Pasó la última etapa de su vida en La Meca. Se hizo famoso con el nombre de «el muhaddiz de La Meca». El hafiz al-Dhahabi escribió sobre él:

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Compiló una obra de hadices y, para ello, soportó muchas dificultades y realizó grandes esfuerzos.

Ibn Adi mencionó que compiló una obra de hadices titulada «Kitab al-Sunan». Falleció en el año 242 de la Hégira.

2. El hafiz Zubayr ibn Bakkar, Abu Abd Allah ibn Abu Bakr al-Qurashi. El hafiz al-Dhahabi inició su comentario sobre él diciendo:

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Un imán del hadiz, hafiz, experto en genealogía y juez de La Meca.

Fue maestro del imán Ibn Māŷah. Murió en La Meca en el año 256 de la Hégira.[********************]

3. El háfiz Salām ibn Shubayb — Abū ʿAbd al-Raḥmān al-Ḥuŷūrī al-Masmaʿī. En realidad, era oriundo de Nishapur. Más tarde, comenzó a residir permanentemente en La Meca. Abū Nuʿaym al-Iṣfahānī dijo acerca de él:

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Era uno de los narradores de hadices más dignos de confianza; numerosos imanes y personas de las primeras generaciones narraron hadices de él.

Al-Ḥākim escribió:

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Era el muḥaddiz de los habitantes de La Meca, y todos coincidían en su honestidad y en la profundidad de sus conocimientos.

Murió en el año 246 de la Hégira.[********************]

4. Al-Hafiz Ya‘qub ibn Humayd: inicialmente era habitante de Medina, pero después pasó a residir en La Meca. Al-Hafiz al-Dhahabi escribió acerca de él:

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Imam del hadiz, distinguido muhaddiz, erudito de Medina y residente en La Meca.

El imam al-Bujari fue su discípulo. Falleció en el año 241 de la Hégira.

Estos cuatro eran hafices del hadiz. Además de ellos, hubo muchos otros maestros y shayjs del hadiz.

Kufa

El historiador Ibn Sa‘d escribió, al referirse a las características de Kufa en materia de conocimiento del hadiz:

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En esta ciudad de Kufa residían trescientos Compañeros que habían jurado lealtad para morir bajo el árbol, y setenta Compañeros de entre los participantes en la batalla de Badr.

Sin embargo, el hafiz Abu Bashr al-Dulabi lo transmitió con una cadena fiable, citando a Qatada:

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A la ciudad de Kufa llegaron mil cincuenta Compañeros del Noble Profeta (s.). Además, también llegaron veinticuatro Compañeros de entre los participantes en la batalla de Badr.

En esta ciudad se impartía una enseñanza amplia del hadiz y se fomentaba su estudio. El tabi‘í Ibn Sirin dijo:

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Cuando llegué a Kufa, allí había cuatro mil estudiantes de hadiz dedicados a su estudio.

La compilación del hadiz por capítulos comenzó por primera vez precisamente en esta ciudad. La primera colección de hadices auténticos fue compilada aquí. Puesto que el imán Abu Hanifa era habitante de esta ciudad, el fiqh basado en el hadiz nació y alcanzó su desarrollo en el entorno de esta ciudad. En esta ciudad residía el hafiz de hadices Abu Bakr ibn Abi Shayba. El hafiz al-Dhahabi escribió acerca de él:

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Abu Bakr era un memorizador de hadices, incomparable, sin igual, un narrador de hadices fiable y una persona dotada de una competencia excepcional.

El imán Bujari, el imán Muslim, el imán Abu Dawud e Ibn Mayah fueron sus distinguidos discípulos y alumnos. En sus obras de hadices se encuentran incorporados numerosos hadices transmitidos por él. El imán Abu Zur’a dijo acerca de él:

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No he visto a nadie que memorizara los hadices mejor que Ibn Abi Shayba.

Murió en el año 235 de la Hégira. Dejó como recuerdo varias obras que había compilado.

El shayj al-islam al-Ashajj Abu Saad Abdulah también vivía en esta ciudad. Abu Bakr ibn Abu Dawud escribió treinta mil hadices en un solo mes, tomándolos de él. El imán Ibn Mayah también citó en su obra numerosos hadices recibidos de él. El erudito al-Dhahabi escribió acerca de él:

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Imán de los hadices, líder de los musulmanes, hafiz de los hadices, el más eminente de los muhaddices de Kufa y autor de un tafsir del Corán y de otras obras.

Todos los autores de las seis colecciones canónicas de hadices fueron sus discípulos en materia de hadices. Falleció en el año 247 de la Hégira, a una edad superior a los noventa años.[********************]

El hafiz de los hadices, Uthmán ibn Abú Shayba, también era oriundo de esta misma ciudad. Era el hermano mayor del mencionado anteriormente Abú Bakr ibn Abú Shayba. El hafiz al-Dhahabí escribió sobre él:

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Era, al igual que su hermano Abú Bakr, uno de los más eminentes expertos en hadices y un imán de los hadices.[********************]

El hafiz Muhammad ibn Abdalah ibn Numayr, «Durrat al-Iraq» (la joya de Iraq), también era oriundo de Kufa. Alí ibn al-Husayn ibn al-Yunáid dijo:

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‘Era la personificación del conocimiento, la inteligencia, la sunna y la piedad; no he visto a nadie comparable a él en la ciudad de Kufa.[********************]

El imán Bujari, el imán Muslim, el imán Abu Dawud, Ibn Mayah y otros compiladores de las obras sahih fueron sus discípulos. En el Sahih de Muslim se citaron 536 hadices a través de su cadena de transmisión. También en la obra de Ibn Mayah se aceptaron y citaron numerosos hadices transmitidos por él.

Abu Kurayb, el famoso hafiz de hadices de Kufa, fue un destacado muhaddiz de la ciudad. Todos los muhaddices que compilaron las seis obras sahih fueron sus discípulos. Ibn Uqdah era un experto en la ciencia del hadiz. Dijo: «En la ciudad de Kufa se han transmitido trescientos mil hadices a partir de Abu Kurayb. Solo Musra ibn Ishaq recibió de él cien mil hadices». En el Sahih de Bujari se aceptaron 75 hadices a través de su cadena de transmisión, y en el Sahih de Muslim, 500. Falleció en el año 243 de la Hégira, a la edad aproximada de 87 años.

Hannad, el jeque de Kufa, fue también uno de los grandes muhaddices de Kufa. El hafiz al-Dhahabi lo elogió grandemente y reconoció su excelencia en el conocimiento del hadiz y la piedad. Todos los compiladores de las seis obras sahih estudiaron hadices con él. Falleció en el año 243, a la edad de 91 años.

El hafiz Walid ibn Shuja fue un famoso muhaddiz de Kufa. El imán Muslim, Abu Dawud, Tirmidhi e Ibn Mayah fueron sus discípulos. Yahya ibn Mu’ayn dijo: «Tenía recopilados cien mil hadices transmitidos mediante cadenas de narradores fiables». El hafiz al-Dhahabi lo describió como «un gran hafiz de hadices y un muhaddiz amante de la verdad». Falleció en el año 243 de la Hégira.

El hafiz Harun ibn Ishaq al-Hamdani fue uno de los muhaddices de Kufa. Fue maestro del imán Bujari, Tirmidhi, Nasa’i, Ibn Mayah y otros autores de obras. Falleció en el año 258.

Además de estos pocos muhaddices eminentes y famosos, durante el siglo III numerosos eruditos, maestros y transmisores de hadices residían en la ciudad de Kufa. En algunas obras de las seis compilaciones sahih, especialmente en el Sahih de Ibn Mayah, se aceptaron numerosos hadices transmitidos por ellos.

Basora

Hasta el siglo III de la Hégira, esta ciudad fue considerada un centro del conocimiento y las ciencias islámicas. Al principio, Hazrat Abu Musa al-Ash’ari, Hazrat Imran ibn Husayn, Hazrat Ibn Abbas y muchos otros compañeros del Profeta residieron en esta ciudad. Finalmente, Hazrat Anas (que Dios esté complacido con él) también llegó aquí y comenzó a residir allí. Entre los tabi’un, Hasan al-Basri, Ibn Sirin y Abu al-Aliya; después de ellos, Qatada, Ayyub, Sabit al-Bunani, Yunus e Ibn Awn; y después de ellos, Hammad ibn Salama, Hammad ibn Zayd y los muhaddices discípulos de estos últimos pasaron sus vidas en esta ciudad.

En la ciudad de Basora se había congregado tal cantidad de estudiosos del hadiz que el hafiz Muslim ibn Ibrahim al-Basri dijo:

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Escribí hadices de ochocientos maestros del hadiz, y para ello no tuve que cruzar ni siquiera un puente.

Hasta el tercer siglo, entre los hafices y maestros del hadiz que vivieron en Basora, aquí se mencionan los nombres y una breve semblanza de algunos de los principales:

1. El hafiz Tahan: Hasan ibn Mudrak ibn Bashir as-Sadusi. Fue maestro del imán al-Bujari, an-Nasaí e Ibn Maya. Ibn Adi dijo sobre él:

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Fue uno de los más destacados hafices del hadiz de la ciudad de Basora.

2. El hafiz Zayd ibn Ajzam, Abu Talib at-Taí al-Basri. Fue maestro de todos los demás compiladores de las Seis Colecciones Canónicas, excepto el imán Muslim. El hafiz adh-Dhahabi lo describió como «un hafiz e imán del hadiz».

3. Hafiz Abbas Anrabi. El erudito al-Dhahabi lo menciona como un reconocido hafiz e imán de hadices. Los compiladores de las Sihah al-Sitta recibieron hadices de él y los citaron en sus respectivas obras.

4. Hafiz Abbas al-Buhrani ibn Yazid ibn Abu Habib al-Basri. El hafiz al-Dhahabi lo menciona como ******************** y afirma que poseía la cadena de transmisión más elevada de los hadices y una profunda sabiduría acerca de ellos. Famosos muhaddices, como Aqih ibn al-Yarrah, Ibn Yahya ibn Sa’id al-Qattan, Sufyan ibn Uyayna y Abd al-Razzaq, escucharon hadices de él. Cuando llegó de Buhran a Hamadán, narró hadices de sus propias numerosas recopilaciones de hadices. Enseñaba hadices en lugares como Hamadán, Bagdad e Isfahán. Falleció en el año 258 de la hégira.

5. Hafiz Bidya Abd Allah ibn Ishaq Abu Muhammad al-Yawhari. Fue un célebre discípulo del imán Abu Hanifa. Los imanes Abu Dawud, al-Tirmidhi, al-Nasa’i e Ibn Maya aprendieron hadices de él. Fue un famoso hafiz de hadices. Falleció en el año 258 de la hégira.

6. Hafiz Aqaba ibn Mukarram ibn Aflah fue un famoso hafiz de hadices. El imán Muslim, Abu Dawud, al-Tirmidhi e Ibn Maya fueron sus célebres discípulos en materia de hadices. Falleció en el año 243.

7. Hafiz Umar ibn Shibah ibn Ubayda al-Basri. Según las palabras del hafiz al-Dhahabi, era ******************** un gran hafiz de hadices, un erudito de gran conocimiento y un narrador de hadices digno de confianza y fiable. Ibn Maya fue su destacado discípulo en materia de hadices. Falleció en el año 262, a los 89 años de edad.

8. Hafiz Ammar ibn Ali al-Fallas. El hafiz al-Dhahabi escribió sobre él: ******************** un gran hafiz de hadices y un narrador fiable. Todos los muhaddices compiladores de las Sihah al-Sitta fueron sus discípulos. Falleció en el año 249.

9. El imán Abu Bakr Muhammad ibn Bashshar ibn Uthman al-Basri. Todos los muhaddices compiladores de las Sihah al-Sitta fueron sus discípulos. Falleció en el año 252. En el Sahih al-Bujari se recogieron 205 hadices transmitidos por él, y en el Sahih Muslim, 406.

10. Hafiz Muhammad ibn al-Muthanna. Fue un gran hafiz de hadices. El hafiz al-Dhahabi lo menciona como ******************** un hafiz de hadices, de autoridad indiscutible y reconocido prestigio, y un muhaddiz de Basora. Fue maestro de todos los muhaddices de las obras de las Sihah al-Sitta. En el Sahih al-Bujari se citaron 103 hadices narrados por él, y en el Sahih Muslim, 700. En la obra de Ibn Maya se recibieron muchos hadices de él.

11. El hafiz Muhammad Bujrani, Abu Abd Allah ibn Ma’mar al-Basri. Fue un célebre hafiz de hadices y un narrador digno de confianza. Todos los recopiladores de las seis colecciones canónicas de hadices recibieron hadices de él.

12. El hafiz Nasr ibn al-Abu Amr al-Azdi al-Basri. Fue maestro de todos los autores de las seis colecciones canónicas de hadices. Cuando el califa al-Musta’in Billah quiso nombrarlo juez, suplicó fervientemente a Allah:

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«¡Oh Allah! Si hay algún bien para mí junto a Ti, llévame hacia Ti.»

Allah aceptó su súplica. Después de suplicar, se durmió y no volvió a despertarse. Este acontecimiento tuvo lugar en el mes de Rabi al-Awwal del año 250 de la Hégira.

13. El hafiz Yahya ibn Hakim Abu Sa’id al-Basri. En el Sahih de Ibn Majah se han citado numerosos hadices narrados por él. Abu Dawud, al-Nasa’i e Ibn Majah fueron sus tres discípulos. Se le describió como un hafiz de hadices digno de confianza y meticuloso.

Además de ellos, en este siglo hubo muchos otros célebres expertos en hadices en la ciudad de Basora.

Bagdad

Durante el gobierno de los reyes abasíes, la ciudad de Bagdad era el principal centro de la civilización, la cultura y las ciencias de los musulmanes. El hafiz Nishapurí escribió acerca de esta ciudad:

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Esta ciudad era un centro del hadiz y de las ciencias; en ella residían numerosos muhaddizun y eruditos virtuosos.[********************]

No se sabe de ningún sahabí que haya fallecido en Bagdad. Sin embargo, una gran comunidad de tabiíes y seguidores de los tabiíes residió allí, y fue en esta ciudad donde exhalaron su último aliento. [********************] En esta ciudad residían varios grandes expertos en hadiz; el imán Abu Yusuf (r) era uno de ellos. El imán Ahmad ibn Hanbal (r) comenzó a estudiar hadiz con él.[********************]

El imán Asad ibn Amr también era un gran experto en hadiz y residía en esta ciudad. Sobre él se dijo:******************************************************

«Entre los habitantes de la ciudad de Rayy, después del imán Abu Hanifa (r), nadie poseía más hadices que el imán Asad.[********************]

En Bagdad se enseñaba y estudiaba ampliamente el hadiz. Miles y miles de estudiantes se congregaban ante cada muhaddiz con el propósito de aprender hadiz.

El imán Ahmad ibn Hanbal (r) era oriundo de esta misma ciudad.[********************] El imán Abu Sawr (f. 240 H.), el imán Dawud al-Zahiri (f. 270 H.) y el imán Muhammad ibn Jarir al-Tabari (f. 310 H.) también eran oriundos de Bagdad. El célebre tafsir del imán al-Tabari fue escrito en esta misma ciudad.[********************]

Damasco

Damasco era la capital de los califas omeyas y una ciudad civilizada de Siria. En cierta época, diez mil compañeros del Profeta residían en Siria. El historiador Ibn Asakir escribió:

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En Siria hubo diez mil personas cuyos ojos habían sido bendecidos con la dicha de contemplar al Noble Mensajero (s).

Ya se ha mencionado anteriormente que, durante su califato, el honorable Umar al-Faruq (r.a.) envió a Siria al honorable Muadh ibn Yabal, a Ubada ibn al-Samit y a varios otros compañeros ilustres, con el propósito de difundir y enseñar ampliamente el Corán y el hadiz. Al principio, el pueblo de Siria aprendió el Corán y el hadiz directamente de ellos, y—

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a través de ellos y por medio de sus fuentes, el conocimiento del Corán y del hadiz llegó a todos los musulmanes.

Durante el gobierno del califa omeya Abd al-Malik, en Damasco se cultivaban ampliamente las ciencias islámicas. También en la época de los tabi’un y de los tabi’ al-tabi’in había allí numerosos muhaddices y juristas. Después de mencionar esto, el hafiz al-Dhahabi escribió:

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Damasco era un centro del Corán, el hadiz y el fiqh. Sin embargo, durante los siglos cuarto y quinto de la Hégira, el estudio del hadiz disminuyó considerablemente allí.[********************]

El célebre muhaddiz y jurista, el imán al-Awza‘i, era habitante de esta misma ciudad. Allí vivían dos célebres muhaddices llamados Hisham y Dahim, quienes impartían ampliamente lecciones de hadiz. El imán Ibn Majah (que Allah tenga misericordia de él) asistió a estas lecciones y recopiló de allí numerosos hadices. El imán al-Bujari, Abu Dawud y al-Nasa’i también fueron alumnos suyos. El hafiz Dahim falleció en el año 245 de la Hégira, y Hisham falleció en Damasco.

El estudio del hadiz en África

Egipto

En esta época, Egipto ocupaba un lugar especialmente importante en lo que respecta al estudio del hadiz y a la difusión de su enseñanza. Allí llegaron no menos de trescientos Compañeros. El hafiz al-Dhahabi escribió:

Una gran congregación de los nobles Compañeros llegó allí y comenzó a establecerse ampliamente. Durante la época de los tabi‘in se estudió allí el hadiz. Más tarde, en la época de Amr ibn al-Harith, Yahya ibn Ayyub, Hayat ibn Shurayh, al-Layth ibn Sa‘d e Ibn Lahi‘a, el estudio del hadiz adquirió una extensión aún mayor que antes. Este estudio continuó hasta la época de Ibn Wahb, el imán al-Shafi‘i, Ibn al-Qasim y sus discípulos.[********************]

Cuando Hazrat Umar ibn Abd al-Aziz fue elegido califa, nombró a Yazid ibn Abi Habib para emitir fatwas en Egipto basadas en el hadiz. Él familiarizó a la gente de allí con el hadiz y el fiqh, y los educó en su enseñanza. El hafiz Jalaluddin al-Suyuti escribió acerca de Yazid ibn Abi Habib:

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Él fue el primero en Egipto en difundir y propagar los hadices, y en enseñar las cuestiones jurídicas de lo halal y lo haram. Antes de él, la gente de aquella región solo narraba y comentaba hadices relacionados con exhortaciones sobre la otra vida, las guerras y las fitnas.

En esta época había en Egipto varios muhaddices eminentes. A continuación se mencionan los nombres y una breve reseña de algunos de ellos:

1. Harmala (nació en 162 H.; murió en 243 H.). El hafiz Zahabí escribió que transmitió cerca de cien mil hadices de Abd Allah ibn Wahb. El imán Muslim e Ibn Majah fueron sus discípulos. El erudito Tajuddin Subki escribió:

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Fue un destacado especialista en hadices y un imán de altísimo rango.

2. Rabi al-Muradi. Fue uno de los grandes muhaddices de Egipto (nació en 174 H.; murió en 270 H.). El hafiz Zahabí escribió sobre él:

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Era un hafiz de hadices, un imán y el muhaddiz más destacado de la región de Egipto.

El imán Abu Dawud, al-Nasa’i e Ibn Majah fueron sus discípulos. Al-Jalili escribió acerca de él:

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Era un narrador fiable de hadices y un muhaddiz reconocido por consenso.

3. Hafiz Muhammad ibn Rimah ibn Muhajir. Era un gran hafiz de hadices. El imán Muslim e Ibn Majah fueron sus discípulos en la ciencia del hadiz. Ibn Yunus dijo acerca de él:

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Un narrador fiable de hadices y un muhaddiz de reconocido prestigio.

El imán al-Bujari recibió hadices de él. En Sahih Muslim se incluyeron 161 hadices narrados por él. En el libro Sunan Ibn Majah también se citaron muchos hadices suyos.

4. El hafiz Yahya ibn Sarh al-Qurashi. Fue un gran hafiz de hadices.

Además, en Egipto y en otras regiones de África también se desarrolló ampliamente la enseñanza y el aprendizaje de los hadices. En casi todos los lugares, destacados y competentes muhaddices se consagraron a esta noble labor.

 

Algunos destacados muhaddices del tercer siglo de la Hégira

En el tercer siglo surgieron varios muhaddices de vastísima erudición y de renombre extraordinario en todo el mundo musulmán. Después de haber tratado las regiones y ciudades ricas en hadices, es absolutamente necesario examinar por separado a estos eminentes especialistas en hadices. De lo contrario, no sería posible formarse una idea clara y completa de la amplia difusión de los hadices y del excepcional desarrollo que alcanzaron en este siglo. En esta etapa, los muhaddices cuyos nombres merecen especial mención son: (1) Ali ibn al-Madini, (2) Yahya ibn Mu’in, (3) Abu Zur’a al-Razi, (4) Abu Hatim al-Razi, (5) Muhammad ibn Yarir al-Tabari, (6) Ibn Juzayma, (7) Muhammad ibn Sa’d, (8) Ishaq ibn Rahwayh y (9) el imán Ahmad ibn Hanbal (que Dios tenga misericordia de él).

Ali ibn al-Madini (que Dios tenga misericordia de él)

Ali ibn al-Madini fue un gran muhaddiz. La lista de sus maestros en el estudio de los hadices es extensa. Al examinarla, se comprende fácilmente que recorrió numerosos países, impulsado por un entusiasmo incansable por el aprendizaje de los hadices. Visitó los centros de hadices y las ciudades ricas en hadices, como La Meca, Medina, Bagdad y Kufa, donde escuchó y recopiló los hadices del Mensajero de Dios (la paz y las bendiciones de Dios sean con él). Permaneció tres años consecutivos en la ciudad de Yemen precisamente con este propósito. Sin embargo, durante su estancia en Yemen no era un estudiante principiante de hadices; antes de ello ya había albergado en su pecho un inmenso tesoro de hadices. Recibió hadices de grandes muhaddices como Abd Allah ibn Ya’far, Hammad ibn Zayd, Abu Dawud al-Tayalisi y Sa’id ibn Amir.

Era extremadamente cuidadoso al aceptar hadices. Había recopilado treinta mil hadices a través de un narrador llamado Ubbad ibn Suhayb; pero más tarde, al surgir dudas sobre su veracidad y confiabilidad, rechazó y desestimó todos ellos.

Fue un autor competente y redactó numerosas obras sobre diversos aspectos de la ciencia relacionada con los hadices. Antes de él, ningún otro muhaddiz había escrito una obra sobre estos temas.

Nació en Basora en el año 161 de la Hégira y falleció en el año 234 de la Hégira.

Yahya ibn Mu’in (r)

Yahya ibn Mu’in fue una figura extraordinaria en la ciencia del hadiz. Inmediatamente después de recibir su educación inicial, se dedicó al estudio del hadiz y, para ello, consagró generosamente toda su vida y sus bienes. Gastó en el estudio del hadiz cien mil monedas que había recibido de su padre. Finalmente llegó a ser tan pobre y desamparado que ni siquiera podía conseguir un par de zapatos. Estudió hadices con los siguientes eminentes muhaddices: (a) Abd al-Salam ibn Harb, (b) Abd Allah ibn al-Mubarak, (c) Yahya ibn Sa’id al-Qattan, (d) Waki’ ibn al-Yarrah, (e) Abd al-Rahman ibn Mahdi, (f) Sufyan ibn Uyayna, (g) Hisham ibn Yusuf, y muchos otros.

Yahya ibn Mu’in no se limitaba a escuchar los hadices, sino que los escribía inmediatamente. Ali ibn al-Madini dijo: «Nadie escribió tantos hadices como Ibn Mu’in». El propio Ibn Mu’in dijo:

«He escuchado y registrado con mi propia mano cientos de miles de hadices». No se limitaba a escribirlos; después de registrar cada hadiz, reflexionaba profundamente sobre él, lo estudiaba y verificaba y examinaba su autenticidad.

El imán Ahmad ibn Hanbal (r) dijo:

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Lo que Yahya ibn Mu’in no consideraba un hadiz, en realidad no era un hadiz.

Falleció en Medina en el año 233 de la Hégira.[********************] Más adelante se tratará su extraordinaria contribución a la ciencia de la crítica de los hadices.

Abu Zur’a al-Razi (r)

Abu Zur’a fue un célebre hafiz de los hadices. Los otros cinco muhaddices de los Sihah al-Sitta, aparte del imán Abu Dawud, fueron sus discípulos. Hafiz al-Dhahabi escribió sobre él:

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Abu Zur’a era incomparable en cuanto a memoria, talento y capacidad intelectual, conocimiento islámico, observancia de la religión y práctica correcta.[********************]

Abu Zur’a recorrió La Meca, Medina, Irak, Siria, Yazeera, Jorasán y Egipto para adquirir conocimientos de hadices. Escribió hadices con cien mil cadenas de transmisión. Este es el testimonio de los muhaddices y los historiadores sobre él:

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Memorizaba setecientos mil hadices.[********************]

Abu Zur’a nació en el año 200 de la Hégira y falleció en el año 264 de la Hégira.[********************]

Abu Hatim al-Razi (r)

El imam Abu Hatim al-Razi era un hombre especialmente versado en el hadiz. Era un muhaddiz del mismo nivel que el imam Bujari. Nació en el año 195 de la Hégira y, ya en el año 209, emprendió viajes al extranjero con el propósito de aprender y recopilar hadices. Permaneció mucho tiempo en este viaje. Viajó desde Baréin a Egipto, de Egipto a Ramla, de Ramla a Damasco y, desde allí, caminó hasta Tarsum. Después regresó a Hims y llegó a La Meca. Desde allí partió y llegó a Irak. Cuando concluyó este largo viaje, apenas tenía veinte años. En cierta ocasión dijo a su hijo Abd al-Rahman:

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¡Hijo querido! En busca del hadiz, recorrí a pie más de mil furlongs.[********************]

Al llegar a Irak, permaneció ocho meses en la ciudad de Basora. Allí, debido a una extrema falta de recursos económicos, se vio obligado incluso a vender la ropa que utilizaba. Finalmente, se vio obligado a ayunar. Sin embargo, pese a verse afligido por esta difícil pobreza y extrema indigencia, continuó sin interrupción su labor de aprendizaje del hadiz. En realidad, fue soportando semejantes penalidades como aprendió la ciencia del hadiz y, finalmente, logró alcanzar la dignidad de ser un célebre hafiz del hadiz y un imam de extraordinaria erudición.[********************]

Muhammad ibn Yarir al-Tabari (r)

Ibn Yarir fue un célebre especialista en hadices y autor de un tafsir del Noble Corán. Nació en el año 224 de la Hégira. Se le considera un muhaddiz de la categoría de los imames Tirmizi y Nasai. Recibió y recopiló un gran número de hadices de los maestros del imam Bujari y del imam Muslim. A su vez, grandes muhaddices aprendieron y recibieron hadices de él. Entre ellos destacan los muhaddices Ahmad ibn Kamil, Muhammad ibn Abd Allah al-Shafi’i y Majlad ibn Yafar. Ibn Yarir compuso numerosas obras valiosas y extensas sobre el tafsir, el hadiz y diversos temas del islam. Ibn Kazir menciona que también compiló una obra de hadices. Falleció en el año 310 de la Hégira.[********************]

Ibn Juzayma (r)

Su nombre completo era Muhammad ibn Abu Bakr ibn Juzayma al-Nishapuri. Fue uno de los grandes imanes del hadiz. Con el propósito de estudiar hadices, viajó a Rayy, Bagdad, Basora, Kufa, Siria, Yazira, Egipto, Wasit y otros lugares, y escuchó hadices de numerosos eruditos famosos del hadiz. Entre sus maestros destacan Ishaq ibn Rahwayh y Muhammad ibn Humayd al-Razi.

Tenía un entusiasmo y una determinación extraordinarios para estudiar hadices. El imán al-Daraqutni dijo acerca de él:

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Ibn Juzayma era un imán del hadiz de renombre y un narrador de hadices digno de confianza. No tenía parangón.

Escribió numerosas obras sobre hadices y cuestiones religiosas. Falleció en el año 311 de la Hégira.

Muhammad ibn Saad (r)

Aunque Ibn Saad era famoso como un gran historiador y biógrafo, también fue uno de los grandes muhaddices del siglo III de la Hégira. Nació en la ciudad de Basora en el año 168 de la Hégira. Escuchó hadices de los grandes muhaddices de Basora. Después viajó a Kufa, Wasit, Bagdad, La Meca y Medina, Siria, Yemen, Egipto y otras grandes ciudades del mundo musulmán, donde recopiló y estudió un gran número de hadices. Muchos muhaddices famosos también estudiaron y narraron hadices ante él. Se dijo acerca de él:

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Poseía un vasto conocimiento. Fue autor de numerosas obras. Sus obras trataban sobre hadiz, fiqh y otros temas.

Ibn Sayad era un muhaddiz muy querido por los narradores de hadices. No se involucró en ninguna de las sediciones de la sociedad de su época. Por ello, pudo contribuir a la difusión y expansión del conocimiento, así como preservar el conocimiento anterior para la humanidad de las generaciones posteriores.

Ishaq ibn Rahwayh (r)

Ishaq fue uno de los más destacados muhaddices de la época de los tabi‘ al-tabi‘in. Primero se presentó ante Abdullah ibn Mubarak con el propósito de estudiar hadices. Sin embargo, su corta edad se convirtió en un obstáculo para ello. Después, partió en busca de otros centros de enseñanza de hadices. Estos centros se encontraban a cientos y miles de millas unos de otros. Ibn Rahwayh emprendió viajes por estas distancias difíciles de atravesar y estudió y recopiló hadices junto a los grandes eruditos del hadiz. Entre las provincias del mundo musulmán donde se encontraban estos centros de hadices destacaban Irak, Hiyaz, Yemen, La Meca y Siria. En cada una de estas ciudades había cientos de centros de enseñanza de hadices. El imán Ishaq estuvo presente en casi todos ellos y estudió y recopiló sus tesoros de hadices.

Su extraordinaria y aguda memoria hizo que este esfuerzo y dedicación fueran el doble de eficaces y beneficiosos. Había memorizado innumerables hadices. Recitaba de memoria varios miles de hadices a sus alumnos y se los hacía escribir. Por ello, nunca necesitaba consultar un libro. Él mismo dijo:

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Todo lo que escucho lo memorizo de inmediato, y lo que memorizo nunca lo olvido.

Nació en el año 161 de la Hégira y falleció en Nishapur en el año 238 H., a los 77 años.

Imam Ahmad ibn Hanbal (que Allah tenga misericordia de él)

Imam Ahmad ibn Hanbal (que Allah tenga misericordia de él) fue un muhaddiz excepcionalmente erudito y sumamente competente en la ciencia del hadiz. Nació en Bagdad en el año 164 de la Hégira. Al principio comenzó a asistir a las reuniones del Imam Abu Yusuf. Más tarde, en el año 187 H., se dedicó profundamente al estudio del hadiz. Con el propósito de estudiarlo, viajó por todas las ciudades y regiones del mundo musulmán.

Al principio comenzó a estudiar hadices con los muhaddices de Bagdad. Durante esta etapa, su maestro de hadiz fue Hushaym ibn Bashir ibn Abu Hazim (fallecido en 183 H.). Permaneció al servicio de este durante cuatro años consecutivos: desde los 16 hasta los 20 años de edad (179-183 H.). Durante ese período escuchó una considerable cantidad de hadices de otro muhaddiz de Bagdad, Umayr ibn Abd Allah ibn Khalid. Se ha mencionado que también estudió hadices con otros dos muhaddices, llamados Abdur Rahman ibn Mahdi y Abu Bakr ibn Ayyash.

En el año 186 H. comenzó a viajar al extranjero con el propósito de estudiar hadices. Primero fue a Basora y después llegó al Hiyaz. Con este mismo propósito también viajó a Yemen y a la ciudad de Kufa. Visitó Basora cinco veces consecutivas. En algunas de esas ocasiones permaneció allí durante tres meses seguidos. Viajó cinco veces al Hiyaz. El único objetivo de todos esos viajes al extranjero era estudiar y recopilar hadices. En realidad, estudió y recopiló hadices precisamente de los más destacados muhaddices de aquella época.

Desde el comienzo de su labor de estudio y recopilación de hadices, el Imam Ahmad observó un principio: escribir el hadiz inmediatamente después de escucharlo. No dependía exclusivamente de su extraordinaria memoria. Por el contrario, su norma constante era poner por escrito todo cuanto escuchaba.

Recordaba perfectamente de memoria los hadices que había escuchado; sin embargo, jamás narraba un hadiz sin consultar su propio manuscrito. Cuando alguien le preguntaba acerca de un hadiz, aunque lo recordara y lo supiera de memoria, abría su libro, lo buscaba y luego lo leía en voz alta ante la persona. Cuando hacía que alguien escribiera un hadiz, después de que este lo hubiera escrito, le decía: «Lee en voz alta lo que has escrito». Su objetivo era evitar cualquier diferencia en el lenguaje y las palabras del hadiz.

Los grandes muhaddices de aquella época recibieron hadices de él. Entre ellos destacan especialmente el Imam Bujari, el Imam Muslim, el Imam Shafi‘i, Abdur Razzaq Oki y otros. El Imam Shafi‘i dependía plenamente del Imam Ahmad para determinar la autenticidad de los hadices. Siempre le decía:

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¡Oh, Abu Abdallah! Cada vez que llegue a su conocimiento un hadiz sahih, infórmeme necesariamente de él. Basándome en él, estableceré mi madhhab de fiqh.[********************]

El imán Ahmad falleció en la ciudad de Bagdad, en el año 231 de la Hégira.[********************]

 

Compilación de los Musnad

Ya en la primera mitad del siglo III de la Hégira comenzó la compilación de libros de hadices denominados Musnad. ¿A qué tipo de libro se denomina «Musnad»?

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El muhaddiz menciona conjuntamente, por separado para cada sahabí, todos los hadices, sin distinguir si son sahih o no; además, los temas de los hadices son completamente diversos. A este tipo de libro se le denomina Musnad.[********************]

A modo de ejemplo, puede decirse que el muhaddiz menciona el nombre de Abu Bakr (r.a.). Después, todos los hadices narrados por él sobre diversos asuntos y que han llegado hasta este muhaddiz a través de distintas cadenas de transmisión se registran en un solo lugar. A continuación aparece el nombre de Umar (r.a.), y todos los hadices narrados por él se consignan en un lugar aparte y de forma independiente. De este modo, después del nombre de cada sahabí, todos los hadices narrados por él y recibidos en forma de libro a través de diversas cadenas de transmisión se recopilan en un solo lugar.[********************] Al comienzo del siglo III se observa la tendencia a compilar este tipo de libros de hadices. En esta etapa se mencionan los siguientes libros Musnad: (1) Musnad de Ubaydullah ibn Musa (f. 213 H.), (2) Musnad de al-Humaydi (f. 219 H.), (3) Musnad de Musaddad ibn Musarhad (f. 228 H.), (4) Musnad de Ishaq ibn Rahwayh (f. 238 H.), (5) Musnad de Uzman ibn Abu Shayba (f. 239 H.), (6) Musnad del imán Ahmad ibn Hanbal (f. 231 H.), (7) Musnad de Ibn Humayd (f. 249 H.), (8) al-Musnad al-Kabir, de Yaqub ibn Shayba (f. 262 H.), (9) Musnad de Muhammad ibn Mahdi (f. 276 H.), (10) al-Musnad al-Kabir, de Baqi ibn Majlad al-Qurtubi (f. 272 H.), (11) Musnad de Abu Dawud al-Tayalisi (f. 204 H.).

Sin embargo, este método de compilación de los libros de hadices no está exento de defectos. Por medio de él resulta difícil formarse una idea clara de la autenticidad del hadiz, de la fiabilidad de su cadena de transmisión y de su categoría. A pesar de ello, no se puede negar que la compilación de hadices de esta manera encierra, sin duda, ciertos beneficios. En primer lugar, permite estudiar por separado los hadices del Noble Mensajero (s) de las demás narraciones. En segundo lugar, permite saber claramente cuántas personas narraron hadices de un determinado sahabí. También puede ocurrir que una cadena específica de transmisión de un hadiz sea débil, mientras que otra cadena de la misma narración sea íntegra y aceptable. En consecuencia, el hadiz transmitido por la cadena débil puede ser considerado auténtico y aceptable gracias al respaldo de una cadena fiable.

Sin embargo, tampoco se puede pensar que los muhaddices compiladores de musnads añadieran al nombre de un sahabí todo cuanto encontraban bajo el nombre de hadiz, como ciegos o como quien recoge leña en la oscuridad. En realidad, tal concepción carece de fundamento y es impropia. Ellos verificaron y examinaron con el máximo empeño la autenticidad de cada hadiz. Para ello realizaron investigaciones y observaciones profundas. Con este propósito viajaron de un país a otro, y consagraron toda su vida a la difícil y extremadamente ardua tarea de recopilar, verificar, examinar, depurar y seleccionar los hadices. Hubo muchos compiladores de musnads que no aceptaron ni un solo hadiz sin verificar debidamente el hadiz original y su cadena de transmisión. En muchos musnads, además, los hadices de cada sahabí fueron reunidos de acuerdo con el método de compilación del fiqh. En este contexto cabe mencionar Al-Musnad al-Kabir, compuesto por Baqi ibn Majlad. Otros organizaron cada hadiz indicando sus distintas cadenas de transmisión y sus diferentes narradores.

En este contexto, el erudito Ibn Hayar al-Asqalani escribió lo siguiente acerca de la composición de diversas obras:

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Finalmente, algunos imanes del hadiz desearon compilar por separado únicamente los hadices relacionados con el Noble Profeta (s). En esa época, Ubaydullah ibn Musa al-Absi al-Kufi, Musaddad ibn Musarhad al-Basri, Asad ibn Musa al-Umawi y Nuaym ibn Hammad al-Juzaí, residente en Egipto, compilaron cada uno un musnad. Los imanes del hadiz de las generaciones posteriores siguieron sus pasos. No se encontrará ningún imán de los memorizadores del hadiz que no haya compilado sus hadices reunidos según el método de composición de un musnad. El imán Ahmad ibn Hanbal, Ishaq ibn Rahwayh, Uthman ibn Abi Shaybah y otros grandes muhaddices semejantes también adoptaron este método. Algunos compiladores de hadices compusieron sus obras siguiendo tanto la clasificación por capítulos como el método del musnad, como Abu Bakr ibn Abi Shaybah.

Como se ha dicho anteriormente, existe cierta diferencia entre la compilación de una obra por capítulos y la compilación de un libro de hadices según el método del musnad. La compilación por capítulos consiste en ordenar los hadices según sus temas, colocando los hadices de cada asunto en un capítulo separado. Por ejemplo, los hadices relativos a la oración se reúnen en un capítulo; los relativos al ayuno, en el capítulo del ayuno; y los hadices sobre el temor reverencial de Dios y la piedad, en otro capítulo independiente. En cambio, el método del musnad consiste en reunir todos los hadices narrados por cada sahabí, sin importar su tema: ya traten de la oración, del ayuno o del temor reverencial de Dios y la piedad. Por ejemplo, todos los hadices narrados por el venerable Abu Bakr al-Siddiq (ra), cualquiera que sea su tema, se reúnen y registran bajo el título «Musnad de Abu Bakr al-Siddiq»; ese es el método de compilación de un musnad. Si se examina la diferencia entre ambos métodos desde el punto de vista de la fiabilidad y la autoridad, también se observará una diferencia clara entre ellos. Al principio de los libros de hadices compilados por capítulos aparecen las narraciones importantes desde el punto de vista de la doctrina y de las obras. Por ello, los compiladores reúnen en el capítulo correspondiente los hadices dignos de ser citados como pruebas y evidencias generales, sin importar qué sahabí los haya narrado. En cambio, la única tarea de los compiladores de musnads consiste en recopilar, insertar y reunir toda clase de hadices. Por esta razón, reúnen los hadices sin juzgar si el hadiz original es auténtico o inauténtico.

Con el propósito de mostrar la diferencia entre los métodos por capítulos y del musnad, el célebre muhaddiz al-Hakim al-Nishapuri explicó la manera de incorporar hadices y establecer sus títulos según ambos métodos. Escribió: Si los hadices se recopilan según el método del «musnad», el título sería el siguiente:

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Mención o relato de todos los hadices narrados por Hazrat Abu Bakr Siddiq del Profeta (s).

Y bajo este encabezamiento se citarían todos los hadices narrados por Abu Bakr.

Después de este, el segundo encabezamiento sería:

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Mención de los hadices que Qays ibn Abi Hazim narró de Hazrat Abu Bakr (ra).

Aquí el autor debe mencionar todos los hadices narrados de Hazrat Abu Bakr (ra) a través de Qays. No es necesario juzgar si son sahih o débiles.

Pero cuando una colección de hadices se compila por capítulos, el encabezamiento de cada capítulo se determina según su contenido. Por ejemplo, el encabezamiento sería:

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La mención de lo que ha sido demostrado y transmitido auténticamente del Noble Mensajero (s) acerca de la tahara, la oración o cualquier otro asunto de adoración.

Al explicar esta diferencia, Ibn Hayar al-Asqalani escribió en otra parte:

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En cuanto a la organización por capítulos, el método de compilar un libro de hadices consiste en mencionar únicamente aquellas narraciones que son aptas para servir como prueba o argumento. En cambio, quienes compilan un musnad siguen un método diferente, pues su objetivo principal es simplemente reunir las narraciones de los hadices.

Los libros de musnad son, en esencia, un enorme cúmulo de hadices transmitidos a través de diversas cadenas. A partir de ellos resulta muy fácil formarse una idea de la autenticidad o la falsedad de los hadices. El propósito de compilar libros de este tipo es reunir todos los hadices transmitidos por cada cadena, para que ninguna narración transmitida quede sin recopilar. Cuando todos los hadices transmitidos, tanto auténticos como no auténticos, se encuentran reunidos y compilados en un solo lugar, los críticos expertos en la ciencia del hadiz y dotados de un juicio minucioso pueden verificar y examinar cada narración en la piedra de toque de la crítica, y determinar qué hadiz es auténtico y cuál no, qué cadena está libre de defectos y cuál no. Incluso es posible y fácil determinar, basándose en estos libros de musnad, cuántas veces se ha transmitido cada hadiz, a través de qué cadenas, con qué palabras se ha transmitido por cada una de ellas y cuál es la condición de cada cadena.

El muhaddiz al-Hakim al-Nishapuri escribió:

En el islam, en estos libros de musnad se compilaron únicamente los hadices transmitidos por los Compañeros. Sus cadenas de transmisión son fiables y están libres de defectos. Entre ellos se encuentran el Musnad de Ubaydullah ibn Musa y el Musnad de Abu Dawud Sulayman ibn Dawud al-Tayalisi. En realidad, estos dos muhaddices fueron los primeros en el islam en comenzar a compilar musnads basados en los narradores. Según algunos, el primer musnad fue compuesto por Dawud al-Tayalisi. Después de estos dos, Ahmad ibn Hanbal, Ishaq ibn Ibrahim al-Hanzali, Abu Jayzama, Zuhayr ibn Harb y Ubaydullah ibn Umar al-Qawariri compilaron sus libros de musnad. Posteriormente se realizaron muchas compilaciones de musnads basadas en las personas. De este modo, al incorporar los hadices, no se hizo distinción entre las cadenas defectuosas y las libres de defectos.

Al-Hakim empleó un lenguaje sumamente severo al hablar de las obras Musnad. Expresó esta opinión acerca de todas las obras Musnad. Sin duda, la mayoría de estas obras son de ese nivel; sin embargo, no todas las obras Musnad son culpables de este defecto. No se puede negar en absoluto que algunos autores de obras Musnad observaron gran cautela al seleccionar los hadices y los incluyeron en sus propias obras. Así, el ilustre al-Suyuti escribió acerca de Ishaq ibn Rahwayh:

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Como señaló Abu Zur’a al-Razi, Ishaq solo atribuyó a cada Compañero aquellos hadices narrados por él que eran buenos y aceptables.

Musannaf de Abu Bakr ibn Shayba

En este contexto, las obras de hadices del imán Abu Bakr ibn Shayba merecen una mención especial. Su Musnad y su Musannaf son célebres obras de hadices del tercer siglo de la Hégira. Los especialistas en hadices han declarado unánimemente que el Musannaf es una obra incomparable. A sus ojos, también constituye un motivo de orgullo. El hafiz Ibn Kathir llegó a decir:

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El Musannaf es una obra tal que nadie ha compilado jamás otra semejante, ni antes ni después de ella.

El hafiz Ibn Hazm al-Andalusi declaró que era una obra más importante y de mayor rango que el Muwatta del imán Malik. En realidad, en estas tres célebres obras de las seis obras canónicas —Sahih Muslim, Sunan Abi Dawud y Sunan Ibn Majah— se han tomado del Musannaf de Abu Bakr ibn Shayba más hadices que del Muwatta.

En esta obra solo se han incluido hadices relativos a los «ahkam», de los cuales se deduce alguna cuestión de fiqh. Sin embargo, no se ha dado prioridad a ninguna escuela de fiqh en particular, ni se ha concedido mayor importancia a ninguna de ellas. Por el contrario, todos los hadices que se encontraron entre los transmisores de las regiones del Hiyaz y de Irak fueron incorporados a esta obra conforme a un principio de absoluta imparcialidad. Por ello, cada jurista puede adoptar su propia opinión de manera imparcial e independiente y reunir en esta obra los fundamentos o pruebas de los hadices que la respalden.

Otra característica de esta obra es que, junto con cada «hadiz nabawí», también se han citado las palabras y las fatwas de los sahaba y los tabi‘in. Así, es posible conocer fácilmente cuál era la opinión de los sahaba y los tabi‘in acerca de cada hadiz. El autor de «Kashf al-Zunun» escribió lo siguiente sobre esta obra:

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Es una obra monumental. En ella se han incluido, con sus cadenas de transmisión y conforme al método de los muhaddizun, las fatwas de los tabi‘in, las palabras de los sahaba y los hadices del Mensajero (s); además, sus capítulos y secciones se han organizado de acuerdo con el método de compilación de los libros de fiqh.

Cuando Baqi ibn Makhlad, destacado discípulo de Ibn Abi Shayba y shayj al-Islam, llevó esta obra a al-Ándalus, aunque algunos círculos se opusieron a ella, el gobernante de la región, Muhammad ibn Abd al-Rahman, la escuchó de principio a fin y ordenó al encargado de la biblioteca real lo siguiente:

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Esta es una obra tan importante que resulta especialmente necesaria en nuestra biblioteca. Por tanto, dispón lo necesario para hacer una copia de ella.

Musnad del imán Ahmad

La compilación de hadices realizada por el imán Ahmad ibn Hanbal (r), el Musnad de Ahmad, es una obra grandiosa, extraordinaria e incomparable de este siglo. No sería exagerado llamarla la enciclopedia de la ciencia del hadiz. Los muhaddices de todas las épocas, tanto anteriores como posteriores, han reconocido en voz alta su extraordinario valor e importancia. Dijeron:

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El Musnad de Ahmad es, después de los de Bujari y Muslim, la obra de hadices más completa y auténtica. En esta grandiosa obra se han compilado y registrado todos los hadices necesarios para la vida práctica del musulmán, tanto en lo religioso como en lo mundano.[********************]

El imán Ahmad (r) logró preparar esta obra gracias a muchos años de esfuerzo incansable, inmenso empeño y profunda dedicación. Desde que comenzó a estudiar los hadices, empezó a escribirlos mientras los memorizaba. Según su edad, inició esta labor cuando apenas tenía dieciséis años.[********************] Después, dedicó toda su vida exclusivamente a esta tarea. El objetivo de su vida era hacer de esta colección de hadices una obra completamente amplia y un compendio de todos los hadices necesarios. Escribía los hadices en páginas separadas. Finalmente, estas se convirtieron en el manuscrito de una obra monumental.

Pero la vida del imán Ahmad terminó antes de que pudiera cumplirse su máximo anhelo y culminar su esfuerzo. Al escuchar los pasos de la muerte, lo primero que hizo fue reunir a sus hijos y a los miembros de su familia, leerles de principio a fin esta grandiosa recopilación de hadices y hacer que fuera escrita de manera independiente y limpia. Sin embargo, el imán Ahmad (r) no pudo depurar los hadices recopilados como fruto del esfuerzo de toda su vida, ordenarlos en forma de libro y estructurarlos de manera sistemática.[********************]

Shah Abdul Aziz Muhaddith Dehlawi escribió:

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Aunque el Musnad de Ahmad es la recopilación de hadices del grandioso y honorable imán, posteriormente dos personas añadieron muchos más hadices a esta obra. Una fue su hijo Abdullah y la otra, Abu Bakr al-Qati‘i, transmisor de esta obra a través de Abdullah.[********************]

Los historiadores expertos en hadices han escrito lo siguiente acerca de cuántos hadices se incluyeron en total en esta obra:

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En la obra «Musnad Ahmad» se incluyeron originalmente treinta mil hadices. Como resultado de las adiciones de su hijo, el número llegó finalmente a cuarenta mil hadices.

Algunos han dicho que el número total de hadices de esta obra es de cuarenta mil, pero, si se excluyen las repeticiones, la cifra se reduce a treinta mil.

El imán Ahmad compiló esta obra exactamente según el método del musnad. Mencionó el nombre de cada Compañero por separado. Después, fue mencionando sucesivamente todos los hadices del Noble Profeta transmitidos por ese Compañero. Una vez terminada la exposición de esos hadices, citó a otro Compañero y los hadices transmitidos por él. No ordenó la obra por temas. Por ello, junto a un hadiz citado sobre los hudud, se encontrará inmediatamente un hadiz relacionado con la adoración y el temor al Más Allá.

En esta obra solo se mencionan dieciocho musnads. Primero se menciona el musnad de los diez Compañeros a quienes se anunció la buena nueva del Paraíso. En segundo lugar, el musnad de Ahl al-Bayt; en tercer lugar, el de Abd Allah ibn Masud; en cuarto lugar, el de Abd Allah ibn Umar; en quinto lugar, el de Abd Allah ibn Amr y Abu Marmasa; en sexto lugar, el de Abbas; en séptimo lugar, el de Abu Huraira; en octavo lugar, el de Anas ibn Malik; en noveno lugar, el de Abu Said al-Judri; en décimo lugar, el de Yabir ibn Abd Allah; en undécimo lugar, el de los Compañeros de La Meca; en duodécimo lugar, el de los Compañeros de Medina; en decimotercer lugar, el de los Compañeros moradores de Suffa; en decimocuarto lugar, el de los Compañeros moradores de Basora; en decimoquinto lugar, el de los Compañeros moradores de Siria; en decimosexto lugar, el de los Ansar; y en decimoséptimo lugar, el de Aisha. En términos generales, la obra del musnad está dividida en ciento setenta y dos partes.

El imán Ahmad deseaba organizar esta obra como una fuente incomparable de hadices auténticos. Su ferviente deseo era que, si surgía una discrepancia entre los estudiosos de los hadices acerca de algún hadiz, esta obra pudiera servir como árbitro final, y que pudiera constituir un documento fiable sobre las cadenas de transmisión de los hadices.

Abd Allah, el hijo del imán Ahmad, le preguntó:

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¿Por qué desaprueba usted la redacción de libros, cuando usted mismo hizo compilar un Musnad?

El imán Ahmad respondió:

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He compilado este libro como un «imán». Cuando la gente discrepe acerca de alguna sunnah o hadiz del Noble Mensajero de Allah —que la paz y las bendiciones de Allah sean con él—, podrán acudir a él para obtener una resolución definitiva.

El sobrino del imán Ahmad, Hanbal ibn Ishaq, dijo:

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Mi honorable tío, el imán Ahmad —que Allah tenga misericordia de él—, nos reunió a mí y a sus dos hijos, Salih y Abdullah, y nos recitó de principio a fin este libro Musnad. Nadie aparte de nosotros pudo escuchar de sus propios labios la totalidad del libro. Nos dijo: «He compilado y redactado este libro tras seleccionar y depurar los relatos de más de setecientos cincuenta mil hadices. Cuando los musulmanes discrepen acerca de un hadiz del Noble Mensajero de Allah —que la paz y las bendiciones de Allah sean con él—, acudid a este libro para encontrarlo; es decir, buscad y examinad en él ese hadiz. Si se encuentra allí, tanto mejor; pero si no se encuentra, no podrá considerarse un hadiz auténtico ni establecido.»

El último fragmento de la extensa cita anterior requiere analizar la declaración del imán Ahmad ibn Hanbal. El imán al-Dhahabi dijo al explicarla:

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Las palabras del imán Ahmad deben entenderse en el contexto de la situación general. De lo contrario, en las obras de Muslim, al-Bujari, los Sunan y otras obras parciales encontramos hadices sahih que no figuran en el Musnad.[********************]

El hafiz Shams al-Din al-Jazari escribió:

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Con estas palabras, el imán Ahmad (que Dios tenga misericordia de él) quiso señalar precisamente las fuentes originales de los hadices. Y esto es cierto, pues probablemente no exista ningún hadiz cuyo «origen» no esté mencionado en este Musnad.[********************]

La colección de hadices compilada por el imán Ahmad podría haber alcanzado precisamente este elevado rango; pero, como él no pudo completar plenamente su labor de compilación, muchos hadices sahih y las narraciones de numerosos compañeros no pudieron incluirse en ella. El hafiz Ibn Kathir escribió al abordar este asunto:

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Aunque esta obra de al-Musnad, compilada por el imán Ahmad, es incomparable e insuperable tanto por la abundancia de sus cadenas de transmisión como por su estilo de composición, de ella quedó completamente excluido un gran número de hadices. Incluso se dice que no se citó en ella ningún hadiz transmitido por cerca de doscientos compañeros, aunque sí se citan sus narraciones en las obras de Bujari y Muslim.

Pero, a pesar de todo ello, la singularidad del Musnad de Ahmad no puede negarse de ningún modo. Es un hecho unánimemente reconocido que en él no hay ni un solo hadiz inventado, compuesto por iniciativa propia o carente de fundamento. El imán Ibn Taymiyya escribió que en el Musnad no hay ni un solo hadiz de esa clase. Además, no existe otra recopilación tan grande de hadices auténticos. El hafiz Nur al-Din al-Haythami escribió:

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En cuanto a los hadices auténticos, el Musnad de Ahmad es más auténtico que las demás obras de hadices.

El imán Ahmad compiló los hadices sopesándolos según su propio criterio. Los muhaddices dijeron:

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El imán Ahmad había decidido que en su obra no aceptaría nada que no fueran hadices especialmente auténticos, conforme a sus propias condiciones.

Como ya he dicho, el imán Ahmad no pudo completar plenamente esta obra durante su vida. Por ello, en ella se encuentran numerosos hadices añadidos por Abdullah, hijo del imán, y por el hafiz Abu Bakr al-Qat‘i.

El erudito Ahmadul Banna realizó la edición completa de esta vasta obra y la reorganizó según sus capítulos y contenidos. Recientemente, sus 21 enormes volúmenes fueron publicados en Egipto con el título «Fathul Rabbani», e incluían su extenso «sharh», titulado «Bulughul Amani». En nuestra opinión, actualmente constituye un tesoro de hadices enorme e incomparable.

Ahmadul Banna escribió lo siguiente acerca de los hadices del Musnad:

Tras verificar y examinar los hadices de la obra «Musnad», comprobé que contiene en total seis clases de hadices. La primera son los hadices narrados por Abu Abd al-Rahman Abdullah, hijo del imán Ahmad, que él oyó directamente del imán. En realidad, estos constituyen el Musnad de Ahmad y representan tres cuartas partes de la presente obra.

La segunda son los hadices que Abdullah oyó del imán Ahmad y de otros muhaddices. Su número es muy reducido.

La tercera son los hadices que Abdullah oyó de otros muhaddices distintos de su padre; se los conoce con el nombre de «Zawa’id de Abdullah» o «adiciones de Abdullah». El número de estos hadices es enorme.

La cuarta son los hadices que Abdullah recitó personalmente ante su padre y le hizo escuchar, pero que no oyó de su padre; su número también es reducido.

La quinta son los hadices que Abdullah no recitó ante su padre ni oyó de él, sino que encontró en el libro de su padre, escritos de puño y letra por este; su número también es reducido.

La sexta son los hadices que el célebre y universalmente reconocido muhaddiz, el hafiz Abu Bakr al-Qati’i, narró de otros muhaddices distintos de Abdullah y de su padre, el imán Ahmad; su número es el más reducido de todos.

 

La etapa final de la compilación de los hadices

De la exposición anterior ha quedado claro para los lectores que, en el tercer siglo de la Hégira, el estudio, la difusión, la compilación de los hadices y la redacción de libros alcanzaron un desarrollo, una expansión y una excelencia mucho mayores. Cada una de sus ramas se estableció con una dignidad independiente y autónoma. Durante este siglo, los muhaddices y los transmisores de hadices se dedicaron a la enseñanza y al estudio de los hadices sobre una base mucho más amplia que antes. Los recopiladores de hadices viajaron a todos los centros del mundo musulmán en busca de hadices; se presentaron en cada lugar y recopilaron y compilaron los hadices dispersos. Reunieron los hadices recopilados y redactaron numerosos libros valiosos y voluminosos.

En este periodo surgió en la sociedad musulmana una situación que hizo sumamente necesaria la creación de una rama independiente del conocimiento llamada ciencia del hadiz. En la terminología de la ciencia del hadiz, esta recibe el nombre de ******************** «ciencia de la revisión y la crítica de los hadices». Para formarse una idea clara de la rama de la revisión y la crítica de los hadices, es necesario exponer detalladamente la situación mencionada.

La sociedad musulmana del tercer siglo

En una palabra, hay que describir a la sociedad musulmana del tercer siglo como afligida por múltiples corrientes contrarias al islam y por la fitna y la discordia. Desde los primeros tiempos de los Califas Bien Guiados, los violentos golpes que se sucedieron contra el islam pueden denominarse, en términos militares, «agresiones externas». En particular, pueden incluirse en esta categoría los golpes sufridos durante los periodos de Uzmán (que Dios esté complacido con él) y Alí (que Dios esté complacido con él). Sin embargo, el islam repelió todas esas agresiones externas mediante su fuerza y firmeza inherentes. Más tarde se intentó destruir el califato islámico y borrar por completo hasta el último rastro del islam en la inundación arrolladora de la jahiliyya. Pero, gracias a los incansables esfuerzos, dedicación y concentración de los tabi‘in sinceros en el periodo posterior a los sahaba, el islam logró mantener firmes e inquebrantables sus fundamentos ideológicos. Al fracasar los enemigos del islam en acabar con él mediante los golpes de las agresiones externas, emplearon todas sus fuerzas para provocar una catástrofe extrema por medio de conspiraciones secretas desde su interior. En esta etapa, los enemigos del islam comenzaron a difundir libremente entre la generalidad de los musulmanes, en nombre del islam, toda clase de pensamientos, opiniones, creencias y doctrinas, con el resultado de que el islam estuvo a punto de extinguirse por completo desde su interior, como una lámpara sin aceite.

Entre los pensamientos y doctrinas falsas que surgieron en la sociedad musulmana durante esta etapa, lo primero fue la intensa tendencia hacia un racionalismo y un logicismo desenfrenados. Incluso las creencias fundamentales del islam comenzaron a ser pesadas y examinadas en la balanza de la razón. Todo aquello que no superaba la balanza de la razón y la conciencia humanas, estrechas y limitadas, era rechazado. Como consecuencia, varias creencias fundamentales del islam, sobre las cuales se asienta su fundamento, comenzaron a ser explícitamente rechazadas y abandonadas.

Después de esto, se desencadenó en la sociedad musulmana, durante esta etapa, una tremenda agitación de discusiones y debates sobre si el Corán era «majluq» (creado) o «gair majluq» (no creado, eterno). Como consecuencia, desapareció la inclinación a cumplir con devoción las instrucciones claras del Corán, y la gente comenzó a caer en la confusión y el extravío al verse envuelta en esta discusión completamente innecesaria y absurda.

Hacia la última parte de la época abasí, el ateísmo comenzó a extenderse en la sociedad musulmana como una doctrina y una creencia. Aunque los ateos de ese tiempo afirmaban públicamente ser musulmanes, en su interior rechazaban por completo toda la religión. Durante esta época, las obras griegas de filosofía y ciencia fueron traducidas al árabe, y comenzaron a ser ampliamente leídas y estudiadas en la sociedad musulmana. Como resultado, las ideas del ateísmo y de la irreligiosidad empezaron a ser aceptadas por la gente como una doctrina científica.

En aquella época, también comenzaron a difundirse ampliamente entre el pueblo musulmán antiguas historias y relatos infundados. Se hacía todo lo posible por adornar las historias inventadas y hacerlas más atractivas para la gente. Tampoco se dudaba en darles la forma y el estilo de narración de los hadices y hacerlas pasar por palabras del Mensajero. Como resultado, la atención de los musulmanes comunes se apartó del Corán y de los hadices del Mensajero y quedó completamente orientada en la dirección opuesta. En realidad, todo esto constituía una fitna mortal para el islam, y la tendencia generalizada a inventar hadices fue la manifestación concreta de dicha fitna.

En cada una de las etapas de las fitnas mencionadas resulta sumamente sorprendente que se hicieran enormes esfuerzos por obtener apoyo de los hadices del Mensajero. Pero cuando no encontraron ni el menor respaldo para ninguna de ellas en los hadices auténticos del Mensajero, todos ellos —prácticamente todos los promotores de estas fitnas— inventaron palabras por su cuenta, les añadieron una cadena de transmisión de hadices (isnad) en nombre del Mensajero y comenzaron a presentarlas de tal manera que todos las aceptaran como palabras pronunciadas por boca del Mensajero; al menos, no quedaba ninguna razón manifiesta para sospechar de ellas en ese aspecto. Precisamente en esta situación surgió la necesidad indispensable de sopesar y verificar cada hadiz en la piedra de toque de la crítica de hadices, y se aplicó plenamente la ciencia de la crítica de hadices como método eficaz y fiable para examinar cada palabra transmitida bajo el nombre de hadiz y determinar cuál era realmente una palabra del Mensajero y cuál no. Basándose en el análisis de las páginas 361 a 342 de la obra, este ataque interno dirigido a acabar con el islam terminó también en un fracaso absoluto. Es fácil comprender que, si en aquella época no se hubiera prestado semejante atención a la verificación y el examen de los hadices, el cúmulo de hadices falsos habría cubierto por completo la mente musulmana y la habría extraviado totalmente; no cabe la menor duda al respecto. Cada vez que, durante alguna de las fitnas mencionadas, la atención de los musulmanes comenzaba a apartarse del Corán y de los hadices, se veía surgir en la sociedad a grandes hombres que, con enorme fuerza, emprendían la protección de los hadices, arrojaban lejos la basura acumulada, establecían públicamente los verdaderos hadices del Mensajero e iluminaban el mundo interior de los musulmanes con la luz imperecedera de los verdaderos hadices del Mensajero. El amplio esfuerzo desplegado en este ámbito, tanto a nivel oficial como privado, permanecerá eternamente resplandeciente en la historia del saber, la ciencia y la cultura.

Ya se ha expuesto anteriormente en detalle la amplia organización que, después del Califato Rashidun, estableció a nivel oficial Umar ibn Abd al-Aziz, de la dinastía omeya, tras ser elegido califa, para recopilar y compilar los hadices. En esta etapa puede declararse nuevamente que, si no se hubiera adoptado esta medida para recopilar y preservar los hadices, un gran número de hadices del Noble Mensajero habría desaparecido de la faz de la tierra.

Incluso durante el periodo de los abasíes, cuando se cernían graves peligros sobre los hadices, un califa —en realidad, un rey— tomó la iniciativa de preservar los hadices y difundirlos correctamente. Se trataba de al-Mutawakkil ala Allah (232 H.). Por naturaleza, sentía inclinación hacia la Sunna del Mensajero. Apenas asumió la responsabilidad de gobernar, envió órdenes para establecer en todo el mundo musulmán medidas destinadas a preservar los hadices y proporcionar una amplia enseñanza de estos. El más destacado experto en hadices de aquella época, Abu Bakr ibn Shayba, comenzó a enseñar hadices en la mezquita de al-Rusafa. Como resultado, cerca de treinta mil personas se congregaron desde distintas regiones del mundo musulmán para estudiar hadices con él. Por otro lado, su propio hermano, Uthman ibn Abu Bakr, comenzó a enseñar hadices en la mezquita de al-Mansur. Ante él se presentó igualmente un número semejante de estudiantes de hadices.

Al ver el sincero esfuerzo de al-Mutawakkil por enseñar y preservar los hadices, el corazón de todo el pueblo musulmán se llenó de fervor para suplicar a Allah por él; sus lenguas se colmaron de alabanzas hacia él y todos comenzaron a mostrarle profundo respeto y honor. Incluso en aquella época, la siguiente frase del pueblo se convirtió en un dicho común:

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Solo hubo tres califas: Abu Bakr, por combatir y matar a los apóstatas; Umar ibn Abd al-Aziz, por poner fin a la opresión y la tiranía; y al-Mutawakkil, por revivir los hadices y la Sunna, y combatir y destruir a los partidarios de las doctrinas falsas.

Por otra parte, después de recopilar, compilar, seleccionar y depurar los hadices, también se completó en este siglo, con una importancia, una dignidad, una amplitud y una profundidad extraordinarias, la elaboración de obras de alto nivel que reunían hadices completamente auténticos. Por la gracia de Allah, surgieron varias personas dotadas del talento y la capacidad indispensables para esta enorme y difícil tarea. Eran los seis autores de las seis recopilaciones de hadices más auténticas: seis de los más grandes expertos en hadices:

1. Imam Bujari, 2. Imam Muslim, 3. Imam Nasai, 4. Imam Tirmidhi, 5. Imam Abu Dawud y 6. Imam Ibn Majah. Los libros de hadices compilados por cada uno de ellos son, en la historia del conocimiento y la cultura, verdaderas maravillas.

Aquí trataremos primero brevemente la biografía de cada uno de los eruditos del hadiz y posteriormente presentaremos por separado una descripción detallada de los libros de hadices que compilaron. De este estudio será posible obtener una idea clara del máximo grado de excelencia alcanzado por el hadiz en este siglo.

 

Las seis figuras más eminentes de la ciencia del hadiz

Imam Bujari (que Allah tenga misericordia de él)

El nombre completo del Imam Bujari (que Allah tenga misericordia de él) era Abu Abd Allah Muhammad ibn Ismail ibn Ibrahim. Nació en la ciudad de Bujará, centro floreciente de la cultura y la civilización islámicas, habitada por musulmanes, el viernes 13 de Shawwal del año 194 de la hégira. Su padre falleció cuando él aún era un niño. Creció y fue criado en el regazo afectuoso de su madre. Cuando estudiaba la educación primaria en la escuela, surgió en su corazón un intenso deseo de aprender hadices. Acerca de esto, el propio Imam Bujari (que Allah tenga misericordia de él) dijo:

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Mientras estaba ocupado con los estudios elementales en la escuela, recibí la inspiración de la necesidad de memorizar los hadices.[********************]

Al preguntarle qué edad tenía entonces, respondió: «Diez años o menos.[********************]

A los once años de edad, el extraordinario talento del imán Bujari para la transmisión de hadices se manifestó espontáneamente. Es digno de mención un suceso de aquella época. En ese tiempo, se difundía públicamente un hadiz con la siguiente cadena de transmisión: Sufyan lo transmitió de Abu al-Zubair, y Abu al-Zubair de Ibrahim. En cuanto oyó esta cadena de labios del muhaddiz Dajeli de aquel tiempo, exclamó:

«Esta cadena no es correcta, porque Abu al-Zubair jamás transmitió ningún hadiz de Ibrahim.»

El muhaddiz Dajeli quedó estupefacto ante la osadía de aquel niño de once años. Lo reprendió. Entonces el imán Bujari (r.) dijo:

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«Si tiene el libro original, ábralo y compruébelo una vez (y verifique la veracidad de mis palabras).
Bujara está situada en la República de Uzbekistán. Actualmente, esta ciudad forma parte del Imperio ruso de Asia Central. Se considera una ciudad principal de la región de Ma wara al-Nahr, a orillas del río Yihún. Está a 300 kilómetros de Samarcanda, en Irán.»

El imán Bujari dijo: «Aquí se ha mencionado erróneamente “Abu al-Zubair” en esta cadena; en realidad, la cadena de transmisión debe ser: “Zubair ibn Adi, de Ibrahim”, así es.»

Entonces el muhaddiz Dajeli abrió el libro original y comprobó que las palabras del niño Abu Abd Allah eran ciertas: en el libro original estaba escrito exactamente así.

Cuando el imán Bujari había cumplido dieciséis años, memorizó por completo las colecciones de hadices compiladas por Abd Allah ibn al-Mubarak y el imán Wakīʿ.

Después de esto, el imán Bujari emprendió el peregrinaje acompañado de su madre y su hermano. Antes de ello, había terminado de escuchar hadices de todos los muhaddices que residían en Bujará. Este viaje tuvo lugar en el año 210 de la Hégira.[********************] Tras llegar para el peregrinaje, permaneció ininterrumpidamente durante seis años en el Hiyaz. Durante ese tiempo, por un lado, se dedicó intensamente al estudio de los hadices y, del mismo modo, se entregó plenamente a la escritura. El imán Bujari dijo acerca de su labor de escritura y composición de obras durante ese período:

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Cuando había superado los dieciocho años, compuse una obra sobre los juicios y decisiones de los compañeros y los tabi‘in. Después, sentado cerca de la tumba del Noble Mensajero de Medina (la paz y las bendiciones sean con él), escribí la obra «Al-Ta’rikh al-Kabir». Y realizaba este trabajo de escritura durante las noches iluminadas por la luna.[********************]

Con el propósito de estudiar y recopilar hadices, el imán Bujari recorrió numerosos países y ciudades. Al llegar a cada ciudad, dominaba todos los hadices que podía encontrar. Después partía hacia otra ciudad. De este modo, no había ninguna ciudad importante del vasto reino islámico en la que no hubiera estado para recopilar hadices. El sabio Dhahabi, al tratar este tema, mencionó ciudades como Bagdad, La Meca, Basora, Kufa, Ascalón, Hims y Damasco, y también registró los nombres de los muhaddices de cada ciudad de quienes el imán Bujari estudió y recopiló hadices.[********************]

Sin embargo, parece que esta lista no es completa. El sabio al-Jatib al-Baghdadi dijo en pocas palabras acerca de estos viajes del imán Bujari:

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En busca del conocimiento de los hadices, visitó a todos los muhaddices de todas las ciudades.[********************]

Con el propósito de ofrecer una idea amplia de sus viajes, él mismo dijo:

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He visitado Siria, Egipto y al-Yazira dos veces cada uno. Fui a Basora cuatro veces. Permanecí continuamente seis años en el Hiyaz. En cuanto a cuántas veces fui a Kufa y Bagdad y asistí a las sesiones de los muhaddices, no podría contarlo.

En cierta ocasión, el imán al-Bujari (r) llegó a Samarcanda. Entonces, unos cuatrocientos muhaddices se reunieron ante él. Ya habían oído hablar de la fama del imán al-Bujari por su profundo y amplio conocimiento del hadiz. Por ello, quisieron ponerlo a prueba. Con ese propósito, separaron los textos principales de algunos hadices de sus respectivas cadenas de transmisión y los unieron a las cadenas de transmisión de otros hadices; además, intercambiaron y alteraron las cadenas. Después, le recitaron todo aquello al imán al-Bujari (r) y le pidieron que verificara su autenticidad y exactitud. Todos aquellos hadices eran para el imán al-Bujari (r) claros como un espejo. Por consiguiente, no tuvo la menor dificultad ni necesitó el menor tiempo para comprender dónde se habían alterado el texto principal y su cadena de transmisión. Comenzó a leer cada hadiz y a señalar sus defectos y errores, y finalmente presentó cada hadiz ante los muhaddices reunidos en su forma original, acompañado de su propia cadena de transmisión. Los muhaddices no pudieron sino aceptar como absolutamente verdadera la respuesta del imán al-Bujari (r). Los historiadores han escrito que en Bagdad también se le planteó al imán al-Bujari una pregunta semejante y que, finalmente, tras escuchar la respuesta, los muhaddices se vieron obligados a reconocer la superioridad del imán al-Bujari (r).

Al mencionar la aguda memoria del imán al-Bujari, se ha dicho:

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Leía un libro una sola vez y, con solo verlo una vez, lo memorizaba por completo.

La magnitud, amplitud y profundidad de su conocimiento del hadiz quedan claramente demostradas por el sincero reconocimiento de los muhaddices del mundo. Aquí se citan las palabras de algunos de ellos:

Ibn Juzaima (r) dijo:

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Bajo el cielo no he visto a nadie superior a Muhammad ibn Ismaíl al-Bujari como gran erudito de los hadices del Mensajero y gran hafiz de estos.

Un día, el imán Muslim se presentó ante el imán al-Bujari y le besó la mejilla. Dijo:

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Permítame besar sus pies, oh maestro de todos los maestros, el más eminente de los expertos en hadices y «médico de las enfermedades de los hadices».

El imán al-Bujari era un hombre sumamente cortés, valiente y de carácter puro. Estaba muy atento y era extremadamente consciente de su dignidad. No tenía trato alguno con las cortes de reyes y soberanos; más bien se esforzaba con todas sus fuerzas por mantenerse a cientos de leguas de ellas.

En aquel tiempo, el gobernador de Bujará era Jálid ibn Ahmad az-Zuhali. Envió un mensaje al imán al-Bujari por medio de un emisario:

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Venga a mí con sus compilaciones de hadices y de historia; deseo escucharlas de usted.

El imán al-Bujari (que Allah tenga misericordia de él) rechazó explícitamente obedecer esta orden y envió a decir al mensajero:

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Haz saber al rey lo siguiente: no puedo deshonrar los hadices ni llevarlos a las cortes de los reyes y gobernantes. Si necesita esto, que venga a verme a la mezquita o a mi casa. Y si no le agrada mi propuesta, ¿qué se puede hacer? Él es el rey……….

Ibn Hajar al-Asqalani dijo:

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Esto fue lo que provocó el distanciamiento y el resentimiento entre el imán al-Bujari y el rey.

Sin embargo, el imán al-Hakim mencionó otra causa de este resentimiento. Dijo:

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La razón por la que Abu Abdallah abandonó la ciudad de Bujará fue que el rey Jalid ibn Ahmad le había ordenado presentarse en el palacio real para enseñar a sus hijos los libros de historia y de hadices. Sin embargo, el imán al-Bujari se negó a cumplir esta orden y mandó decirle: «No puede ser aceptable de ningún modo que yo haga escuchar este libro específicamente a algunas personas y no se lo haga escuchar a otras».

Después, el imán al-Bujari (que Allah tenga misericordia de él) se dirigió a la ciudad de Jartank, situada cerca de Samarcanda, y suplicó fervientemente a Allah que lo protegiera de esta grave calamidad que había afligido a la religión del islam. Durante ese período, en la súplica que hacía por la noche, después de la oración, decía:

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«¡Oh Allah! La vasta Tierra se ha vuelto estrecha para mí; por tanto, llévame ahora junto a Ti.»

El imán al-Bujari falleció en esta ciudad de Jartank, el 30 de Rayab del año 256 de la hégira, a la edad de 62 años.

El imán al-Bujari (que Allah tenga misericordia de él) abandonó este mundo; pero dejó para los musulmanes de todo el mundo varias obras inestimables y monumentales, como fuentes fundamentales del conocimiento islámico. Entre sus valiosísimas obras, dos son las más famosas y excelentes: una es «Sahih al-Bujari», una recopilación de hadices, y la otra es «Tarij al-Kabir».

El imán Muslim (que Allah tenga misericordia de él)

El nombre completo del imán Muslim (r) era Abū al-Ḥusayn Muslim ibn al-Ḥajjāj al-Qushayrī al-Nīsābūrī. Nació en Nishapur, en Jorasán, en el año 204 de la Hégira. Desde su infancia se dedicó al estudio de los hadices. Con el propósito de estudiar los hadices, visitó todos los centros del mundo musulmán. Visitó ciudades como Irak, el Hiyaz, Siria y Egipto, y estudió y recopiló hadices de los grandes maestros y muhaddices que residían allí.

Cuando el imán Bujari (r) llegó a Nishapur, el imán Muslim (r) se unió a él. También participó ampliamente de su vasto conocimiento de los hadices. Cuando en aquella ciudad comenzó una intensa campaña contra el imán Bujari (r), el imán Muslim intentó resistirla. Un día ocurrió un incidente. Se encontraba, junto con otros estudiantes, en la sesión de su maestro de hadices, Muhammad ibn Yahya al-Azli. De repente, el muhaddiz Zuhli anunció:

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Que quien sostenga la opinión del imán Bujari y acepte su parecer sobre una determinada cuestión se levante de mi sesión.

En cuanto oyó esto, el imán Muslim se levantó y, al regresar a su casa, le devolvió a aquel maestro los escritos de los hadices que había escuchado y recibido de él. Después abandonó por completo la transmisión de hadices por medio de Zuhli.[********************]

El imán Muslim poseía un conocimiento vasto y extraordinario de los hadices. Que era un imán de los hadices es algo sobre lo que los expertos en hadices están completamente de acuerdo.[********************] Los grandes muhaddices de aquella época estudiaron y recibieron hadices de él. Entre ellos cabe mencionar especialmente a Abū Ḥātim al-Rāzī, Mūsā ibn Hārūn, Aḥmad ibn Salama, Yaḥyā ibn Saʿīd, Muḥammad ibn Makhlad y el imán Tirmidhi, entre otros. Todos ellos coincidían en la grandeza y excelencia del imán Muslim. Todos reconocieron su elevadísima dignidad y posición en el campo de los hadices. Además, las valiosas obras del imán Muslim (r) y su profunda erudición lo demuestran de manera concluyente. Entre ellas destacan especialmente su Ṣaḥīḥ Muslim, al-Musnad al-Kabīr y al-Jāmiʿ al-Kabīr. El imán Muslim falleció en Nishapur en el año 261 de la Hégira, a la edad de 57 años.[********************]

El imán Nasāʾī (r)

El nombre completo del imán Nasāʾī (r) era ʿAbd al-Raḥmān Aḥmad ibn Shuʿayb ibn ʿAlī ibn Baḥr ibn Mannān ibn Dīnār al-Nasāʾī. Nació en el año 215 de la Hégira en la ciudad de Nasā, situada en Jorasán.[********************]

El imán al-Nasa’i (que Dios tenga misericordia de él) era un gran memorizador de hadices. Con el propósito de estudiar y recopilar hadices, emprendió viajes al extranjero a los quince años. Primero se presentó ante Qutayba ibn Sa‘id al-Balji, y permaneció allí durante un año y dos meses, estudiando y recopilando hadices de él. Después marchó a Egipto. Permaneció allí durante mucho tiempo. En ese período terminó de redactar varias obras. Estas obras alcanzaron gran fama entre la gente, que comenzó entonces a escuchar hadices de él.

Después de salir de Egipto, llegó a Damasco en el año 302 de la Hégira. Allí terminó de redactar una obra laudatoria sobre el venerable Ali y la familia del Mensajero. Había observado que, debido al gobierno de la dinastía omeya, la gente había comenzado a albergar una mala opinión del venerable Ali (que Dios esté complacido con él) y de la familia del Mensajero (que Dios le bendiga y le conceda paz). Con el propósito de eliminar esta tendencia o reducir su intensidad, comenzó a leerla en la mezquita principal de Damasco. Entonces un hombre se levantó y preguntó: «¿Has escrito algo en elogio de Muawiya?». El imán al-Nasa’i respondió: «Para Muawiya, ya es suficiente haber salido indemne. ¿Qué hay que elogiar de él?»

Tan pronto como pronunció estas palabras, se alzaron voces por todas partes: «¡Este hombre es chií, este hombre es chií!». Y diciendo esto, comenzaron a golpearlo brutalmente. Como consecuencia, el imán al-Nasa’i quedó gravemente herido y agonizante. Dijo: «Llevadme a La Meca, para que pueda exhalar allí mi último aliento». Cuando lo llevaron a La Meca, falleció allí en el año 303 de la Hégira, a la edad de 89 años, y fue enterrado en el lugar situado entre Safa y Marwa.

El imán al-Nasa’i redactó numerosas obras valiosas sobre los hadices y las ciencias del hadiz. Entre sus obras más famosas se encuentran Sunan al-Kubra y Sunan al-Sughra —también llamada al-Mujtaba—, entre otras.

El imán Abu Dawud (que Dios tenga misericordia de él)

El nombre completo del imán Abu Dawud era Sulayman ibn al-Ash‘ath ibn Ishaq al-Asadi al-Sijistani. Nació en el año 202 de la Hégira (819 d. C.) en un lugar llamado Sijistán, cerca de Kandahar y Chisht.

Con el propósito de estudiar hadices, recorrió los célebres centros del hadiz, como Egipto, Siria, el Hiyaz, Irak y Jorasán, y escuchó y recopiló hadices de los famosos tradicionistas de su época. El imán Ahmad ibn Hanbal, Uthman ibn Abu Shayba, Qutayba ibn Sa‘id y otros grandes tradicionistas de su tiempo fueron sus maestros en las ciencias del hadiz.

Todos los sabios de aquella época proclamaron en voz alta su extraordinario conocimiento y profunda maestría en los hadices, y elogiaron su aguda memoria. Asimismo, todos reconocieron su profunda piedad y su escrupulosa observancia religiosa.

El imán al-Hakim dijo:

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El imán Abu Dawud fue el más eminente muháddiz entre los eruditos del hadiz de su época. Su eminencia era absoluta e insuperable. Escuchó hadices en Egipto, el Hiyaz, Kufa, Basora y Jorasán.

El imán Tirmidhi y el imán Nasai fueron discípulos suyos en materia de hadiz. Lo sorprendente es que el imán Ahmad ibn Hanbal fue, por un lado, maestro del imán Abu Dawud, mientras que, por otro, algunos maestros del imán Ahmad ibn Hanbal narraron hadices transmitidos por Abu Dawud. El propio imán Ahmad también recibió y narró algunos hadices de Abu Dawud.

Murió en la ciudad de Basora el día 16 de Shawwal del año 275 de la hégira.

El imán Tirmidhi (que Dios se complazca con él)

El nombre completo del imán Tirmidhi era al-Imam al-Hafiz Abu Isa Muhammad ibn Isa ibn Sawrata ibn Musa ibn Jahkus al-Sulami al-Tirmidhi. Nació en el año 209 de la hégira, en la antigua ciudad de Tirmidhi, situada a orillas del río Yihún. Poseía un conocimiento inmenso del hadiz. Los hadices que narró son considerados completamente fiables, dignos de confianza y pruebas irrefutables. Escuchó y recibió hadices de los grandes eruditos del hadiz de su época. Qutayba ibn Sa’id, Ishaq ibn Musa, Mahmud ibn Ghaylan, Sa’id ibn Abd al-Rahman, Muhammad ibn Bashshar, Ali ibn Hajar, Ahmad ibn Mani, Muhammad ibn al-Muthanna, Sufyan ibn Uyayna y Muhammad ibn Isma’il al-Bujari, entre otros muháddices, fueron maestros del imán Tirmidhi.

El imán Bujari pronunció muchas palabras elogiosas sobre él. Los muháddices lo llamaron sucesor del imán Bujari. El propio imán Bujari también recibió y narró hadices transmitidos por él.

El imán Tirmidhi viajó por los célebres centros de hadices del mundo musulmán, donde escuchó y recopiló hadices. Durante años recorrió Kufa, Basora, Rai, Jorasán, Irak y Hiyaz para recopilar hadices.

El imán Tirmidhi poseía una memoria extraordinaria. Le bastaba escuchar algo una sola vez para poder memorizar gran cantidad de hadices. Había escuchado algunos fragmentos de hadices transmitidos por cierto muhadiz; pero nunca se había encontrado con aquel muhadiz, ni le había sido posible escucharlos de su propia boca. Por ello, ardía en deseos de encontrarlo. Un día se encontró con él en el camino y expresó su deseo de escuchar de él el hadiz completo. A petición suya, el muhadiz recitó de memoria todo el hadiz mientras permanecía de pie en medio del camino. Al escucharlo, el imán Tirmidhi advirtió que nunca antes había oído aquellos hadices. No obstante, tras escucharlos una sola vez, los memorizó por completo y, después de recitarlos una vez en ese mismo momento, se los hizo escuchar al maestro que estaba de pie frente a él. No se equivocó en una sola palabra.[********************]

El imán Tirmidhi compuso numerosas obras valiosas. Al-Yami‘ at-Tirmidhi, Kitab al-Asami, Al-Kuna, Shama’il at-Tirmidhi, Tawarij y Kitab az-Zuhd figuran entre sus obras trascendentales.[********************]

Al final de su vida, el imán Tirmidhi perdió la vista. Murió en la ciudad de Tirmidhi, en el año 279 de la Hégira, a la edad de setenta años.[********************]

El imán Ibn Mayah (r)

El nombre completo del imán Ibn Mayah era Abu Abd Allah Muhammad ibn Yazid ibn Abd Allah ibn Mayah al-Qazwini. Era un gran erudito en hadices, tafsir e historia.

Nació en el año 209 de la Hégira (828 d. C.), en un lugar llamado Qazvín.[********************] Desde que esta ciudad fue conquistada durante la época del tercer califa, Uzman (r), fue considerada un centro del saber y la ciencia islámicos. Desde comienzos del siglo III de la Hégira alcanzó una especial excelencia en el estudio de la ciencia del hadiz; por ello, Ibn Mayah tuvo desde su infancia una excepcional oportunidad de aprender hadices. En aquella época, varios grandes muhadices impartían clases de hadices en la ciudad de Qazvín. Entre ellos, aprendió y recibió hadices de grandes muhadices como Ali ibn Muhammad Abu al-Hasan at-Tanafisi (f. 233 H.), Amr ibn Rafi Abu Hayar al-Bizli (f. 238 H.), Ismail ibn Tawba Abu Sahl al-Qazwini (f. 247 H.), Harun ibn Musa ibn Hayyan at-Tamimi (f. 288 H.) y Muhammad ibn Abu Jalid Abu Bakr al-Qazwini.

Después viajó a Medina, La Meca, Kufa, Basora, Bagdad, Wasit, Damasco, Hims, Egipto, Tinís, Isfahán, Nishapur y otros centros del hadiz, donde estudió y recopiló hadices. Sus maestros de hadices fueron innumerables. Asimismo, un gran número de estudiantes de hadices recibió hadices de él.

Compuso numerosas obras. También escribió una extensa obra de tafsir del Noble Corán basada en los hadices. «Tarij Malih» es otra de sus obras notables. En ella se expone detalladamente la historia desde la época de los compañeros hasta el tiempo del autor. Su obra de hadices «As-Sunan» es muy célebre y constituye una extensa recopilación perteneciente a las Sihah Sitta. Falleció el lunes del año 273 de la Hégira (886 d. C.), a la edad de 64 años.

 

Seis prestigiosas recopilaciones de hadices

Cuando, durante la primera mitad del siglo III de la Hégira, los hadices dispersos por todo el mundo musulmán y conservados en diversos lugares fueron recopilados y reunidos en forma de «musnad», los muhaddices de generaciones posteriores emprendieron la tarea de verificar y seleccionar los hadices, y de compilar, en forma abreviada, obras que contuvieran únicamente hadices auténticos. Como resultado de esta iniciativa, a mediados y durante la segunda mitad de ese siglo se presentaron al público seis célebres recopilaciones auténticas de hadices. Aquí deseamos tratar la historia de la compilación de estas seis recopilaciones de hadices, así como la descripción y las características de cada una de ellas.

Sahih al-Bujari

Entre estas seis recopilaciones de hadices, consideradas las más auténticas, la primera en importancia, la más célebre y la que contiene el mayor número de hadices auténticos es el «Sahih al-Bujari», compilado por el imán Bujari. El imán Bujari recibió la inspiración para componer esta obra en la sesión de su distinguido maestro, Ishaq ibn Rahwayh. Él mismo dijo:

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Yo me encontraba en presencia de Ishaq ibn Rahwayh. Alguien de los asistentes a su sesión dijo: «Sería muy bueno que alguien compilara una obra que reuniera los hadices auténticos y las sunnas transmitidos del Mensajero (la paz y las bendiciones de Dios sean con él), que fuera concisa y alcanzara el grado máximo de autenticidad; así también sería más fácil para quienes practican observar la sharía. De ese modo no tendrían que depender de los mujtahid.

Al escuchar estas palabras, nació en el corazón del imán Bujari (que Dios tenga misericordia de él) el deseo de compilar una obra de hadices de esta naturaleza. Aunque las palabras citadas eran de carácter general y estaban dirigidas indistintamente a todos los presentes en la sesión, el deseo de llevarlas a la práctica surgió en el corazón de la persona a cuyo destino Dios Altísimo había escrito el honor de compilar una incomparable obra de hadices como el Bujari Sharif.

El imán Bujari (r) dice:

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Estas palabras quedaron grabadas en mi corazón y, sin demora, comencé a redactar este libro.

También se ha mencionado otra razón por la que el imán Bujari emprendió la redacción de su obra. Él dijo:

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Vi en sueños al Noble Mensajero. Vi que estaba de pie frente a él y que tenía en la mano un abanico con el que lo abanicaba y repelía el ataque de las moscas. Después quise conocer la interpretación de este sueño de alguien que interpretara sueños. El intérprete dijo: «Repelerás todas las mentiras atribuidas al Mensajero». En realidad, este sueño y su interpretación fueron los que me impulsaron a redactar esta gran obra, que contiene hadices auténticos. Quise conocer la interpretación de este sueño de alguien que interpretara sueños. El intérprete dijo: «Repelerás todas las mentiras atribuidas al Mensajero». En realidad, este sueño y su interpretación fueron los que me impulsaron a redactar esta gran obra, que contiene hadices auténticos.

Aunque en dos relatos diferentes se mencionan de dos maneras distintas las razones que estuvieron en el origen del impulso para redactar la obra, no existe ninguna contradicción fundamental entre ambas. Es muy posible que, después de regresar de la reunión de Ishaq ibn Rahwayh con la inspiración y el deseo de redactar un libro de hadices, el imán Bujari tuviera también este buen sueño, conforme a ello y como confirmación de ello. Este sueño le indicó asimismo que la intención que había formado de redactar un libro que reuniera hadices auténticos había recibido aprobación en la corte del Mensajero, y que su labor sería, en realidad, una defensa del Noble Mensajero contra sus intensos ataques.

El imán Bujari aprovechó ampliamente las grandes obras de hadices que habían sido redactadas anteriormente en diversos capítulos y etapas para elaborar esta obra innovadora; después, sopesando los hadices que él mismo había recopilado según el estricto criterio que había establecido, redactó una gran e invaluable obra de hadices.

En las obras de hadices anteriores se habían incluido hadices de diversas categorías, como sahih, hasan y da‘if. Para un lector común era sumamente difícil seleccionar de ellas únicamente los hadices sahih; esto solo era posible para personas expertas y versadas en la ciencia del hadiz. Del mismo modo, era muy difícil reunir todos los hadices relacionados con las disposiciones específicas de la sharía sobre un asunto determinado. Esto se debía a que el propósito de las obras anteriores era únicamente recopilar los hadices del Noble Mensajero y protegerlos de las garras de la destrucción. Por ello, en ellas no se había prestado mucha atención a ordenar en un mismo lugar los hadices relativos a un mismo tema. En consecuencia, no había manera de conocer, mediante su lectura, las explicaciones detalladas del Mensajero sobre la sharía. Todas estas razones, reunidas, impulsaron al imán Bujari a elaborar una nueva recopilación de hadices ante las nuevas necesidades.

El imán Bujari comenzó la elaboración de esta obra de hadices sentado en el interior del Bait al-Haram, la Casa de Allah. Más tarde completó la incorporación de sus diversos capítulos y de la «Tarjuma al-Bab» sentado en el interior de la Mezquita del Profeta, en Medina, en el lugar situado entre el púlpito y la Rawda Mubarak del Mensajero.

Al escribir los hadices, el imán Bujari adoptó un método extraordinario y asombroso. Él mismo dijo:

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Antes de escribir cada hadiz en esta obra sahih, realizaba la ablución mayor y rezaba dos rak‘at de oración nafl; aparte de esto, no escribí ni un solo hadiz.

Mantuvo tanto en La Meca como en Medina la práctica de realizar la ablución mayor y rezar dos rak‘at de oración nafl antes de escribir cada hadiz. Antes de escribir cada hadiz, observaba al respecto toda clase de precauciones. Sin estar firmemente seguro de que el hadiz fuera realmente del Mensajero, no citó en esta obra ni un solo hadiz. Él mismo dijo sobre esto:

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No añadí en ella ni un solo hadiz sin haberlo conocido mediante la istijara ante Allah, sin haber rezado la oración nafl y sin estar firme e inequívocamente convencido de su autenticidad.

En efecto, por lo expuesto anteriormente se hace claramente evidente cuán difícil y exigente fue el proceso de compilación de esta obra de hadices del imán al-Bujari. Basta con reflexionar un poco para comprender la gran verdad que encierra. Un esfuerzo tan extraordinario y una dedicación tan incansable continuaron ininterrumpidamente durante dieciséis largos años. Al respecto, el propio imán al-Bujari declaró:

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Completé la compilación de esta obra en exactamente dieciséis años.

El imán al-Bujari (que Allah tenga misericordia de él) comenzó la compilación de Sahih al-Bujari teniendo ante sí un total de seiscientos mil hadices. Dijo:

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Completé la compilación de esta obra de Bujari a partir de aproximadamente seiscientos mil hadices.

De esos seiscientos mil hadices, el imán al-Bujari había memorizado completamente cien mil hadices auténticos. El imán al-Bujari (que Allah tenga misericordia de él) declaró:

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Podía recitar de memoria cien mil hadices.

No hace falta decir que esta no es la cantidad total de todos los hadices sahih, y que el imán al-Bujari no tenía memorizados únicamente estos cien mil hadices, sino muchos más. Sin embargo, entre los hadices que tenía memorizados, la cantidad de hadices sahih era precisamente de cien mil. También tenía memorizados cerca de doscientos mil hadices no sahih.

De las siguientes palabras del imán al-Bujari puede comprenderse claramente que, en el momento de compilar esta obra de hadices, tenía recopilados ciertos hadices, y si había incluido o no todos los hadices sahih en su obra de Bujari. Él dijo:

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En esta obra de hadices solo he incluido hadices sahih y auténticos. Además, dejé fuera muchos otros hadices sahih. No los incluí en esta obra por temor a que adquiriera una extensión y un volumen excesivos.

A este respecto, merece mencionarse otra declaración del imán al-Bujari. Él dijo:

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En esta obra solo he incluido hadices sahih. Y la cantidad de los que dejé fuera es mucho mayor que la de los hadices incluidos. Lo hice únicamente por temor a que la obra adquiriera un volumen excesivo.

Así pues, el libro que el imán Bujari compiló sistemáticamente y presentó ante el mundo recibió el siguiente nombre:

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Una compilación concisa y completa de hadices con cadenas de transmisión fidedignas acerca de todos los asuntos y actos, la sunna y las circunstancias contemporáneas del Noble Mensajero (s).

El imán dijo: «He establecido este libro como una prueba irrefutable entre Allah y yo».

Cualquiera que haya leído el Sahih Bujari puede comprender cuán veraz es esta afirmación del imán Bujari (r) y que este libro de hadices es un pilar imperecedero de la religión del islam.

El total de hadices citados varias veces en el Sahih Bujari asciende a nueve mil ochenta y dos (9082). Si se excluyen sus mu‘allaqat y mutaba‘at, el número de hadices queda en siete mil trescientos noventa y siete (7397). Si se hace el recuento excluyendo los hadices mencionados más de una vez, el total es de dos mil seiscientos dos (2602). Según otro cálculo, en esta categoría el número de hadices es de dos mil setecientos sesenta y uno (2761). [********************]

Sin embargo, el al-‘Allama Badr al-Din al-‘Ayni (r) escribió lo siguiente acerca del número de hadices del Sahih Bujari:

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El número total de hadices con isnad incluidos en el Sahih al-Bujari es de siete mil doscientos setenta y cinco (7275). Esta cifra incluye los hadices repetidos. Si se excluyen estos, el cálculo da aproximadamente cuatro mil hadices.

La principal razón de esta diferencia en el recuento es la siguiente: aunque la composición de esta valiosísima obra del imán al-Bujari se completó en un período de dieciséis años, los cambios, ampliaciones, adiciones y supresiones continuaron durante mucho tiempo después. Por esta razón, puesto que distintos discípulos la escucharon del imán al-Bujari en diferentes momentos, surgieron diferencias en el número de hadices conservados en las copias que ellos poseían. En la primera etapa, los discípulos solo tenían escritos los hadices que hasta entonces se habían añadido a la obra. Más tarde se introdujeron cambios: el autor eliminó algunos hadices de la recopilación inicial y añadió muchos hadices nuevos. Por consiguiente, quienes la escucharon en esta etapa recibieron un número mayor que antes, incluidos los hadices recién incorporados.

Este asunto se hará aún más claro en la exposición que sigue. Cientos de miles de personas escucharon esta recopilación de hadices del imán al-Bujari. Sin embargo, los discípulos del imán al-Bujari por cuya transmisión ha continuado la línea principal de transmisión de esta obra son principalmente cuatro.

1. Ibrahim ibn Ma’qal ibn al-Hajjaj al-Nasafi (fallecido en 294 H.)

2. Hammad ibn Shakir al-Nasafi (fallecido en 311 H.)

3. Muhammad ibn Yusuf al-Farabri (fallecido en 320 H.)

4. Abu Talha Mansur ibn Muhammad ibn Ali ibn Karima al-Bajduvi (fallecido en 329 H.)

Al-Farabri escuchó el Sahih al-Bujari del imán al-Bujari en dos ocasiones. Una vez, en el año 248 de la Hégira, en un lugar llamado Farab, cuando el imán al-Bujari había llegado allí. Y la segunda vez, en el año 252 de la Hégira, cuando él mismo se presentó en Bujará.

La versión de Sahih al-Bujari transmitida por Hammad ibn Shakir contiene doscientos hadices más que la versión transmitida por al-Firabri. Y contiene trescientos hadices más que la versión transmitida por Ibrahim ibn Ma‘qal. Esto demuestra claramente que el imán al-Bujari fue aumentando gradualmente el número de hadices de su obra, y que las versiones transmitidas por los discípulos de la primera etapa contenían menos hadices que las transmitidas por los discípulos posteriores.

Después de terminar la composición de su obra, el imán al-Bujari la presentó ante los demás grandes especialistas en hadices de su época. Entre ellos destacaban Ali ibn al-Madini, Ahmad ibn Hanbal y Yahya ibn Ma‘in (r). Después de examinar la obra,

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la apreciaron mucho, declararon que era una obra excelente y testimoniaron explícitamente que se trataba de una obra auténtica.

Los eruditos y especialistas en hadices de cada época han pronunciado numerosas declaraciones sobre la excelencia y las características distintivas de Sahih al-Bujari. Maulana Ahmad Ali cita:

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Todos los eruditos del hadiz están completamente de acuerdo en que, entre los libros de hadices compilados, las obras más auténticas son las de al-Bujari y Muslim. Y, según la mayoría, de estas dos, Sahih al-Bujari es la más auténtica y la que mayor beneficio proporciona a la gente.

En este punto, también es muy conocida y repetida por todos la siguiente declaración:

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Después del Libro de Allah, el libro más auténtico bajo el cielo es Sahih al-Bujari.

El imán al-Nasaí dijo:

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Entre todos estos libros de hadices, no existe ninguno mejor que el de al-Bujari.

La comunidad musulmana ha concedido a esta obra una importancia extraordinaria e inigualable. Los sabios musulmanes han compuesto innumerables y extensos comentarios sobre ella. El autor de Kashf al-Zunun afirmó que el número de sus comentarios asciende a ochenta y dos. Entre ellos, los mejores son Fath al-Bari, el de Qastallani y Umdat al-Qari.

Sahih Muslim

La colección de hadices auténticos del imán Muslim es Sahih Muslim. El imán Muslim compiló esta obra tras depurar, examinar y seleccionar entre trescientos mil hadices que había escuchado directamente de sus maestros.

Después de completar la redacción del libro de hadices, lo presentó ante el célebre hafiz de hadices de aquella época, el imán Abu Zur’a. El propio imán Muslim dijo:

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Presenté este libro al imán Abu Zur’a al-Razi. Abandoné todos los hadices cuyos isnads él señaló como defectuosos —es decir, los excluí del libro—, y solo incluí en esta obra aquellos hadices sobre los que opinó que eran auténticos y no contenían ningún defecto.

Esto demuestra que el imán Muslim no incluyó ningún hadiz en esta obra considerándolo auténtico basándose únicamente en su propio conocimiento y criterio; más bien, consultó también a otros muhaddices contemporáneos acerca de la autenticidad de cada hadiz, y registró en esta valiosa obra únicamente aquellos cuya autenticidad había sido aceptada unánimemente por los muhaddices contemporáneos. La propia declaración del imán Muslim al respecto será aún más concluyente. Él dijo:

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No incluí en el libro únicamente los hadices que consideré auténticos. Más bien, en este libro solo incluí aquellos hadices sobre cuya autenticidad los muhaddices están de acuerdo.

De este modo, después de quince largos años de esfuerzo incansable, investigación y examen minucioso, se preparó una recopilación sistemática de hadices auténticos.

En esta obra se han incluido en total doce mil hadices. También se incluyen los hadices citados más de una vez. Si se excluyen estos últimos, el número total de hadices es de aproximadamente cuatro mil.

Acerca de la autenticidad de los hadices incluidos en esta recopilación, el propio Imán Muslim (que Dios tenga misericordia de él) afirmó:

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Aunque los especialistas en hadiz siguieran escribiendo hadices durante doscientos años, tendrían necesariamente que basarse en esta recopilación auténtica provista de esta cadena de transmisión.[********************]

La afirmación del Imán Muslim no es falsa; para los especialistas en hadiz de épocas posteriores llegó a manifestarse como una verdad real. Han transcurrido ya más de mil cien años aproximadamente, pero no ha sido posible elaborar ninguna obra de un nivel equivalente al de Sahih Muslim ni de una categoría superior. Aún hoy, su belleza y autenticidad permanecen intactas y continúan iluminando a toda la humanidad con la luz de un conocimiento puro y depurado. El hafiz Muslim ibn al-Qurtubí escribió acerca de Sahih Muslim Sharif:

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Nadie ha podido elaborar en el islam otra obra semejante.[********************]

Además, según algunos de los más destacados especialistas en hadiz de épocas posteriores, Muslim Sharif es más auténtico y superior que Bujari Sharif.

El cadí Iyad era un gran especialista en hadiz. Dijo que algunos de sus maestros de hadiz —uno de los cuales era un especialista en hadiz de gran renombre— daban preferencia a Muslim Sharif sobre Bujari.[********************]

El hafiz Ibn Mandah dijo:

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Escuché decir a Abu Ali al-Nishapuri —no he visto a ningún otro hafiz de hadices tan grande como él—: «Bajo el cielo no he visto un solo libro más auténtico que el libro de hadices del imán Muslim».

De esta cita también se demuestra que esta era la opinión del hafiz Ibn Mandah. Y por la descripción que proporcionó al-Hakim al-Nishapuri, autor de al-Mustadrak, se obtiene una idea clara de qué clase de muhaddiz era Abu Ali. Al presentarlo, dijo:

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En la memorización de los libros de hadices, la vigilancia experta sobre su contenido, el examen de los hadices y la composición de libros de hadices, fue único e indiscutible en su época.

Muchos estudiantes escucharon de él este libro de hadices recopilado por el imán Muslim y también lo transmitieron a través de su autoridad. Sin embargo, aquel por cuya autoridad la cadena de transmisión de este libro se ha mantenido en todas partes —especialmente para este propósito, hasta tiempos recientes— es el célebre muhaddiz, el shayj Abu Ishaq Ibrahim ibn Muhammad ibn Sufyan al-Nishapuri. Falleció en el año 308 de la hégira.

A este respecto, el imán al-Nawawi escribió:

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En la actualidad, la transmisión de esta obra desde el imán Muslim mediante una cadena ininterrumpida de isnad depende exclusivamente de la narración de Abu Ishaq Ibrahim ibn Muhammad ibn Sufyan. Entre este Ibrahim ibn Muhammad ibn Sufyan y el imán Muslim se estableció una relación especial. Permanecía siempre en compañía del imán Muslim y estudiaba hadices con él.

Otro discípulo del imán Muslim fue Abu Muhammad Ahmad ibn Ali al-Qalansi. Sahih Muslim también fue transmitido por su cadena; sin embargo, la cadena de transmisión por esta vía no era completa y tampoco pudo perdurar durante mucho tiempo.

Sunan al-Nasa’i

El imán al-Nasa’i compiló primero una obra de hadices titulada «Sunan al-Kubra». En ella se incluyeron hadices tanto auténticos como libres de defectos. Después preparó una versión abreviada de la misma. La llamó «al-Sunan al-Sughra». También recibe el nombre de «al-Mujtaba», es decir, «la selección».

En esta última selección, el imán al-Nasa’i siguió el método de compilación de las obras de los imanes al-Bujari y Muslim. En la obra del imán al-Nasa’i se han combinado los métodos introducidos por ambos. El hafiz Abu Abd Allah Ibn Rushayd (fallecido en 721 H) dijo:

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De todas las obras de hadices compiladas dentro del género de los Sunan, esta obra fue compuesta de una manera sumamente original. También es una excelente obra por su organización y presentación. En ella se han combinado los métodos de composición de al-Bujari y Muslim. En ella también se ha incluido, en una sección especial, una exposición de las «ilal» de los hadices.

Acerca de la autenticidad de esta obra, el imán Nasai dijo personalmente:

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«Todos los hadices citados en la obra titulada Mujtaba, la “recopilación de hadices”, son auténticos. Sin embargo, el hafiz al-Dhahabi sostenía una opinión diferente al respecto. Dijo: “Este Al-Mujtaba no fue escrito por el imán Nasai, sino por su discípulo Ibn Samali”.

En realidad, la opinión de casi todos los principales expertos en hadices acerca de los hadices transmitidos por el imán Nasai es que, en cuanto a su autenticidad, son más fiables que los transmitidos por otros.

El hafiz, el imán Abu al-Hasan Muzafiri (f. 403 d. H.), dijo:

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Siempre que examines los hadices transmitidos por los expertos en hadices, comprenderás que los transmitidos por el imán Nasai estarán más próximos a la autenticidad que los transmitidos por otros.

Aunque muchos discípulos escucharon esta obra del imán Nasai, diez grandes expertos en hadices transmitieron su cadena de transmisión continua.

Aunque muchos estudiantes escucharon esta obra del imán al-Nasāʾī, diez grandes muḥaddices transmitieron su cadena de narración.

Escribieron comentarios sobre esta obra del imán al-Nasāʾī Jalāl al-Dīn al-Suyūṭī (f. 911 H.) y Muḥammad ibn ʿAbd al-Hādī al-Samadī (f. 1138 H.). El título del comentario escrito por al-Suyūṭī es:

Sunan de Abū Dāwūd

El imán Abū Dāwūd compiló esta obra después de examinar, seleccionar y escoger entre quinientos mil hadices. En ella se incluyeron un total de cuatro mil ochocientos hadices. Todos estos hadices están relacionados con los aḥkām, y la mayoría pertenece a la categoría de hadices mashhūr. Al respecto, sus propias palabras son las siguientes:

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Había puesto por escrito quinientos mil hadices del Mensajero Noble (s.). De entre ellos, seleccioné los hadices escogidos tras examinarlos y depurarlos, y los incluí en esta obra.

Es necesario recordar que el imán Abū Dāwūd seleccionó los hadices desde una perspectiva jurídica. Después del imán Bujārī, poseía una visión más amplia y penetrante de la jurisprudencia que los demás autores de los Ṣiḥāḥ al-Sitta. Por esta razón, aunque esta obra suya es esencialmente una recopilación de hadices, en la práctica está organizada conforme al método de la jurisprudencia; en ella se tratan todos los temas jurídicos, y todos los juristas de su época y de épocas posteriores han obtenido argumentos y pruebas de los hadices que recopiló. Por esta razón, los juristas consideran que:

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Para un muytahid, a fin de deducir las cuestiones de fiqh, después del Libro de Allah, el Noble Corán, basta esta obra, el Sunan de Abū Dāwūd.

Él determinó sus capítulos desde la perspectiva del fiqh y mencionó en ellos asuntos que quedan demostrados por los hadices citados a continuación, y algún faqīh u otro adoptó de esos hadices una opinión semejante. Por ello, esta obra logró una enorme popularidad y fama entre los juristas.

Precisamente teniendo en cuenta esta característica, el imām y ḥāfiẓ Abū Jaʿfar ibn al-Zubayr al-Gharnāṭī (f. 708 H.), al hablar de las seis colecciones canónicas, dijo acerca del Sunan de Abū Dāwūd:

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Debido a que los hadices relacionados con el fiqh fueron recopilados en su conjunto y de manera irrestricta, ninguna otra obra de las seis colecciones canónicas posee la particularidad del Sunan de Abū Dāwūd.

Sobre la importancia práctica y el valor del Sunan de Abū Dāwūd, el imām al-Ghazālī también afirmó claramente: «Entre los libros de hadices, esta única obra es suficiente para el muytahid».

El muḥaddiz Zakariyyā al-Sājī dijo:

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El fundamento del islam es el Libro de Allah, y el código del islam es el Sunan de Abū Dāwūd.

El imán Abū Dāwūd había concluido la labor de compilación de esta obra durante su juventud. La extraordinaria competencia que había adquirido en el conocimiento del hadiz en aquella época puede comprenderse claramente a partir de la siguiente declaración de Ibrāhīm al-Ḥarbī. Él dijo:

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Cuando el imán Abū Dāwūd compiló esta obra, el hadiz le fue facilitado y hecho accesible, tal como el hierro fue ablandado y hecho accesible para el profeta Dāwūd.

Después de concluir la compilación de la obra, la presentó ante su maestro de hadiz, el imán Aḥmad ibn Ḥanbal. El imán Aḥmad la apreció mucho y la elogió como una excelente obra de hadiz.

Después, fue presentada al público en general. Allah, exaltado sea, le concedió una popularidad tan grande y tanta estima entre la gente que ninguna otra obra de las Ṣiḥāḥ Sitta pudo alcanzar. Aludiendo a esto, el discípulo del imán Abū Dāwūd, el ḥāfiẓ Muḥammad ibn Makhlās al-Du’ārī (fallecido en 331 H.), dijo:

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Cuando el imán Abū Dāwūd terminó de redactar el Sunan y lo leyó ante la gente, de inmediato se convirtió, para los muḥaddizūn, en un libro sagrado digno de ser seguido, al igual que el Noble Corán.

Acerca de los hadices incluidos en este libro, el propio Imam Abu Dawud afirmó:

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No he citado en él ningún hadiz que la gente haya rechazado unánimemente.

Este libro fue transmitido del Imam Abu Dawud por unos nueve o diez grandes expertos en hadices, mediante una cadena continua de transmisión.

En el año 275 de la hégira, el Imam Abu Dawud hizo que sus alumnos escribieran este libro por última vez, y ese mismo año, el viernes 16 de Shawwal, partió hacia la morada eterna.

Yami Tirmidhi

La colección de hadices del Imam Tirmidhi es conocida con el nombre de «Yami Tirmidhi». También se la denomina «Sunan

»; sin embargo, la mayoría de los expertos en hadices han adoptado el primer nombre.

El imán al-Tirmidhi preparó su obra conforme al método de composición seguido por el imán Abu Dawud y el imán al-Bujari. En primer lugar, se estructuraron en ella capítulos semejantes a los de la jurisprudencia islámica. En ellos incluyó hadices relacionados con las necesidades prácticas. Sin embargo, no llenó toda la obra únicamente con hadices relativos a las necesidades prácticas, sino que añadió también hadices de otros capítulos, como en Sahih al-Bujari. Así, la obra se convirtió en una extraordinaria síntesis y en una obra integral. Por ello, el nombre «Yami al-Tirmidhi» quedó plenamente justificado. En ella se dispusieron de manera excelente los hadices necesarios sobre diversos temas. Por esta razón, el hafiz Abu Yafar ibn Zubay (f. 708 H.), al tratar de las seis colecciones canónicas, dijo:

******************************************************

El imán al-Tirmidhi es indiscutible por la característica que alcanzó al compilar en esta obra hadices sobre diversos temas.

Una vez concluida la composición de esta obra, el imán al-Tirmidhi la presentó a los expertos en hadices del mundo musulmán de su época para que la verificaran. A este respecto, él mismo dijo:

******************************************************

Después de completar la composición de esta obra de hadices con sus cadenas de transmisión, la presenté a los expertos en hadices del Hiyaz. Al examinarla, les agradó mucho y expresaron su satisfacción. Después la presenté a los expertos en hadices de Jorasán. A ellos también les agradó enormemente y expresaron su satisfacción.

El imán al-Tirmidhi hizo personalmente una afirmación muy importante acerca de esta obra suya. Dijo:

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Se podrá considerar que quien tenga este libro en su casa tiene al propio Noble Profeta (s) residiendo allí y hablando personalmente.[********************]

En realidad, esta es la verdadera categoría de los libros de hadices, especialmente de los libros de hadices sahih, y esto no solo es cierto respecto de Tirmidhi Sharif, sino que se aplica igualmente y constituye una verdad irrefutable respecto de todos los libros de hadices sahih.

Tirmidhi Sharif es un libro de hadices ameno y fácil de comprender para los lectores en general. El Shayj al-Islam, al-Hafiz, el imán Abu Ismail Abdullah Ansari (f. 481 H.) dijo en el curso de una disertación sobre Tirmidhi Sharif:

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A mi juicio, Tirmidhi Sharif es más útil en la práctica que las obras de Bujari y Muslim. Esto se debe a que Bujari y Muslim son libros de hadices de los que nadie, salvo un erudito especialmente versado, puede obtener provecho. En cambio, cualquiera puede beneficiarse del libro del imán Abu Isa Tirmidhi.[********************]

Aunque numerosas personas escucharon este libro del imán Tirmidhi, su cadena de transmisión se mantuvo ininterrumpida y continua a través de un total de seis grandes muhaddices.[********************]

Más arriba se ha presentado un análisis detallado de los cinco principales libros de hadices en total. Los grandes eruditos expertos en hadices de todo el mundo proclamaron abierta y solemnemente la superioridad y distinción de estos cinco libros de hadices, y en este punto no surgió ninguna discrepancia. El hafiz Abu Tahir Salafi (f. 576 H.) dijo:

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Todos los eruditos expertos en hadices de Oriente y Occidente están completamente de acuerdo sobre la autenticidad de estos cinco libros.

¿Cuál es el sexto libro?

Sin embargo, entre los muhaddices surgió una discrepancia acerca de cuál debía ocupar el sexto lugar después de estos cinco libros. Los muhaddices de las primeras generaciones y muchos expertos en hadices de las generaciones posteriores consideraron estos cinco libros mencionados como las principales obras de hadices. Pero algunos muhaddices de las generaciones posteriores (muta’ajjirūn) expresaron una opinión contraria. También existe una considerable discrepancia respecto a cuál debe ser el sexto libro entre estas seis obras. Según algunos, el sexto libro de las Sihah al-Sitta es el Sahih de Ibn Mājah, mientras que, según otros, es el Muwatta del imán Mālik. Sin embargo, a juicio de los expertos en hadices de esta corriente, Ibn Mājah es muy superior al Muwatta y más apropiado para el uso del público en general. Por ello, este es el sexto libro de las Sihah al-Sitta. El háfiz Abū al-Fadl ibn Tāhir al-Maqdisī (f. 507 H.) fue el primero en declarar el nombre de Ibn Mājah como el sexto libro de las Sihah al-Sitta. Posteriormente, el háfiz Abd al-Ghanī al-Maqdisī aceptó también esta opinión. El muhaddiz Abū al-Hasan al-Sindī escribió:

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La opinión de la mayoría de los muhaddices de las generaciones posteriores es que el Sahih de Ibn Mājah es el sexto libro de las Sihah al-Sitta.

Algunos muhaddices consideran que el Sunan de al-Dārimī es una obra de hadices superior y más libre de defectos que el Sunan de Ibn Mājah. Ellos han propuesto su nombre como el sexto libro de las Sihah al-Sitta. Sin embargo, ninguna de estas opiniones es aceptable. El Sunan de Ibn Mājah es superior al Muwatta y al Sunan de al-Dārimī en todos los aspectos. Por tanto, el Sunan de Ibn Mājah es el que debe mencionarse como el sexto libro. El historiador Ibn Jallikān (f. 681 H.), al tratar sobre Ibn Mājah, escribió:

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Su obra de hadices es una de las Sihah al-Sitta.

Sunan de Ibn Mayah

Sunan de Ibn Mayah es una obra de excepcional valor sobre los hadices. Cuando el imán Ibn Mayah terminó de compilarla y se la presentó a su maestro, el imán Abu Zur’a, este, al verla, dijo:

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Creo que, si este libro llega a manos de la gente, todos o la mayoría de los libros de hadices compilados hasta el día de hoy se volverán innecesarios.

En efecto, esta predicción del imán Abu Zur’a resultó acertada y verdadera. Esta obra ocupa una posición destacada entre todas las obras de los seis libros auténticos por dos razones. La primera es su composición, organización, disposición y elegancia. En ella, los hadices están ordenados según un método especial de organización y por capítulos, sin que haya repeticiones. En ningún otro libro puede encontrarse una belleza semejante. Esto hizo que casi todas las obras de hadices anteriores palidecieran en cuanto a popularidad. El muhaddiz Shah Abd al-Aziz Dehlavi (r) elogió grandemente la obra Ibn Mayah. Dijo:

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En verdad, las cualidades que se encuentran en este libro —la belleza de su disposición, la ausencia de repeticiones, la mención de los hadices uno tras otro y, además, la concisión, entre otras— son difíciles de encontrar en cualquier otro libro.

El hafiz Ibn Kazir (r) escribió lo siguiente acerca de la obra compilada por Ibn Mayah:

******************************************************

Es una obra sumamente beneficiosa; sus capítulos están organizados de manera muy bella y sólida desde el punto de vista del fiqh.

El hafiz Ibn Hayar al-Asqalani dijo:

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La Sunan del imán Ibn Mayah contiene una colección muy amplia y excelente de hadices.

La segunda característica de esta obra es que en ella se mencionan hadices que no aparecen en ninguna otra de las obras de las Sihah Sittah. Por esta razón, su valor práctico es mucho mayor que el de las demás obras. El erudito Abu al-Hasan as-Sindi dijo:

******************************************************

El autor de esta obra siguió en ella el método de Muadh ibn Yabal. En numerosos capítulos citó hadices que no se encuentran en las otras cinco célebres obras auténticas.

«Seguir el método de Hazrat Mu‘adh» significa que Hazrat Mu‘adh (que Dios esté complacido con él) solía narrar a menudo hadices que no habían llegado al conocimiento de los demás Compañeros. En su obra, el imán Ibn Mayah narró individualmente muchos hadices de este tipo, en comparación con otras obras. El erudito Abu al-Hasan al-Sindi dijo: — ******************** «Hazrat Mu‘adh hacía esto con el propósito de beneficiar más a la gente». [********************]

La declaración del imán y muhaddiz Abu Zur‘a sobre el Sunan de Ibn Mayah ya fue citada al comienzo de esta discusión. No cabe duda de que Abu Zur‘a apreciaba mucho esta obra; sin embargo, también mencionó claramente los defectos que, a su juicio, había encontrado en ella. A este respecto, se citó la declaración de Abu Zur‘a de la siguiente manera:

******************************************************

El imán Abu Zur‘a dijo: «He estudiado la obra de hadices de Abu ‘Abdullah Ibn Mayah. Sin embargo, encontré en ella muy pocos hadices que tuvieran algún defecto. Fuera de eso, no encontré ninguna otra deficiencia». A continuación, mencionó aproximadamente diez hadices en este contexto. [********************]

(Aunque los especialistas en la ciencia del hadiz han objetado la cadena de transmisión de esta declaración.)

Sea como fuere, el imán Ibn Mayah terminó de compilar esta obra después de realizar un esfuerzo inmenso y llevar a cabo una cuidadosa verificación y selección. Seleccionó cuatro mil hadices de entre cientos de miles de hadices y los organizó en diversos capítulos. Sin embargo, debido a que contiene un mayor número de hadices débiles en comparación con las otras cinco obras de las Sihah Sitta, ocupa el último lugar entre las seis colecciones de hadices. El muhaddiz al-Sindi dijo:

******************************************************

Sea como fuere, en cuanto a rango y honor, la obra de Ibn Mayah se encuentra incluso por debajo de las otras cinco obras. [********************]

Incluso se considera posterior a Abu Dawud y al-Sunan de an-Nasa’i. El erudito Muhammad ibn Ibrahim dijo:

******************************************************

El Sunan de Ibn Majah se considerará posterior a Abu Dawud y al-Sunan de an-Nasa’i.

Pero esto no significa que cada hadiz citado en las otras cinco recopilaciones de hadices sea, individualmente, superior y más auténtico que cada uno de los hadices narrados por Ibn Majah. Pues en la obra de Ibn Majah también se han citado hadices que son más auténticos que los hadices de Sahih al-Bujari.

El Sunan de Ibn Majah contiene en total 32 secciones, 1.500 capítulos y 4.000 hadices citados.

En la obra de Ibn Majah, principalmente cuatro grandes eruditos del hadiz transmitieron los hadices mediante una cadena continua de transmisión. Son los siguientes:

1. Abu al-Hasan ibn Qattan

2. Sulayman ibn Yazid

3. Abu Yafar Muhammad ibn Isa

4. Abu Bakr Hamid al-Azhari.

 

La ciencia del hadiz en el siglo IV de la Hégira

En el siglo IV de la Hégira, la ciencia del hadiz alcanzó su plena madurez. El estudio y desarrollo de la ciencia del hadiz realizados en el siglo III superaron todos los trabajos anteriores. Fue precisamente en este siglo cuando aparecieron numerosos grandes muhaddices, hafices del hadiz e imames de la ciencia del hadiz. También fue en este siglo cuando se compilaron los seis célebres libros de hadices sahih, y casi todos los hadices sahih quedaron incluidos en estas obras. Durante este siglo se redactaron numerosos libros que contenían discusiones detalladas y minuciosas sobre el isnad de cada hadiz, así como sobre la biografía y el carácter de cada narrador mencionado en él. Como resultado, la ciencia del hadiz llegó a constituirse plenamente como una ciencia autónoma y completa.

En el siglo IV continuó la labor iniciada en el siglo anterior. Sin embargo, no es cierto que en este siglo no se realizara ninguna obra independiente en la compilación de libros de hadices. Casi todo lo que se hizo en esta etapa consistió simplemente en compilar nuevos libros de hadices basados en los hadices recibidos y conservados por los hadizólogos anteriores. Además, se llevó a cabo con especial cuidado la tarea de distinguir entre los hadices sahih y los hadices da’if.

Muchos muhaddices de este siglo recopilaron los hadices que se encontraban conservados de forma aislada y dispersa en las obras de sus predecesores. En ellos se abreviaron las largas cadenas del isnad. Las labores de ordenación y compilación se realizaron con plena competencia. El trabajo de casi todos ellos se basó en la labor de los muhaddices que los precedieron.

Aun así, en este siglo aparecieron varios grandes muhaddices que, de manera independiente, compilaron libros de hadices propios conforme al método de sus predecesores. Poseían un profundo conocimiento de la transmisión de hadices y de la búsqueda de las cadenas del isnad. Aquí se presenta una breve exposición sobre ellos:

El muhaddiz Hakem Nishapurí (r)

El muhaddiz al-Hakim al-Nishapuri fue uno de los más destacados expertos en hadices del siglo IV de la Hégira. Recopiló principalmente los hadices auténticos restantes después de la composición de las obras del imán Bujari y del imán Muslim, y basándose en ellos compuso una obra independiente. Su nombre es «Al-Mustadrak».

Es de todos sabido que las dos colecciones de hadices compuestas por el imán Bujari y el imán Muslim son las más auténticas en el ámbito de la ciencia del hadiz. Sin embargo, esto no significa que todos los hadices auténticos hayan sido incluidos en esas dos obras ni que no haya quedado ningún hadiz auténtico fuera de ellas. En realidad, los hadices mencionados en dichas obras son auténticos, pero fuera de ellas quedaron muchos otros hadices cuyo grado de autenticidad es igual al de los incluidos en ambas colecciones. Muchos otros hadices que cumplían las condiciones impuestas por los dos imanes para aceptar un hadiz como auténtico y los criterios que establecieron para seleccionar los hadices auténticos quedaron fuera, pues no fueron incluidos únicamente por temor a que el tamaño de ambas obras se volviera desmesuradamente grande. El imán al-Hakim investigó este tipo de hadices, los sopesó en la balanza de la crítica y, reuniéndolos, compuso la obra aquí tratada, titulada «Al-Mustadrak».

Además de esto, el imán al-Hakim compuso varias obras valiosas sobre los hadices. El total de volúmenes de sus obras asciende a mil quinientos. Viajó dos veces a Irak y al Hiyaz en busca de hadices. Durante estos viajes conversó y debatió sobre numerosos hadices. Falleció en el año 405 de la Hégira.

El imán ad-Daraqutni (que Dios tenga misericordia de él)

El nombre completo de ad-Daraqutni era Ali ibn Umar ibn Ahmad. Fue uno de los más destacados hafices e imanes de su época en materia de hadices. Escuchó y recopiló un gran número de hadices de numerosos maestros, y basándose en ellos compuso muchas obras de gran calidad. Poseía una capacidad extraordinaria, especialmente para verificar y examinar los hadices. Su obra «Al-Ilzamat» es una excepcional colección de hadices, semejante a Al-Mustadrak. Otra de sus obras se titula «Kitab as-Sunan».

Nació en el año 306 de la Hégira, en el célebre barrio de Dar al-Qutn, en Bagdad. Con el propósito de estudiar los hadices, acudió a todos los grandes muhaddices de Bagdad y posteriormente, con el mismo propósito, recorrió Kufa, Basora, Siria, Wasit, Egipto y otros centros de estudio del hadiz. Desde su infancia alcanzó especial fama por su extraordinaria memoria y capacidad de comprensión. Falleció en Bagdad en el año 385 de la Hégira.

Ibn Hibban (que Dios tenga misericordia de él)

Su nombre completo era Muhammad ibn Hibban Ahmad ibn Hibban Abu Hatim al-Busti. Fue un gran hafiz de hadices. Recorrió los principales centros de estudio del hadiz de su época y escuchó hadices de numerosos muhaddices. El historiador Ibn Samayani dijo:

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Abū Ḥātim Ibn Ḥibbān era el más destacado de su época en el conocimiento del hadiz. Viajó por una larga ruta desde Shāsh hasta Alejandría con el propósito de escuchar y recopilar hadices.[********************]

Al-Jatib al-Bagdadí escribió sobre él:

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Era un transmisor de hadices sumamente confiable y fidedigno. También dejó numerosas obras sobre hadices.[]

Él mismo relató lo siguiente acerca de su campaña de recopilación de hadices:

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Recorrí la larga distancia desde Shāsh hasta Alejandría y probablemente escuché y recopilé hadices de unos mil maestros.[********************]

La opinión de casi todos los muhaddices de este siglo es que, entre quienes, después de al-Bujari y Muslim, compilaron obras reuniendo hadices auténticos, si primero hay que mencionar el nombre de Ibn Juzayma, inmediatamente después hay que mencionar a Ibn Hibban.[ a. ********************]

Ibn Hibban falleció en el año 354 de la Hégira.[********************]

El imán al-Tabarani (r)

El nombre completo del imán al-Tabarani es Abul-Qasim Sulayman ibn Ahmad al-Tabarani. Compiló una colección de hadices titulada «al-Mu’yam», dividida en tres partes. Los nombres de cada parte son, respectivamente:

1. ********************

2. ********************

3. ********************

En la primera parte incluyó los hadices recibidos mediante las cadenas de transmisión de todos los demás compañeros, excepto Abu Hurayra. Reunió los musnads de Abu Hurayra en un volumen independiente. En este volumen de al-Mu’yam reunió aproximadamente veinte mil quinientos hadices (musnads). En él siguió un orden alfabético según los nombres de los compañeros.

En el libro de la tercera parte, reunió los hadices que había recibido de cerca de dos mil maestros, agrupándolos según cadenas de transmisión que llevaban el nombre de cada maestro. Se dice que contiene hadices transmitidos mediante unas treinta mil cadenas de transmisión y que está dividido en seis volúmenes independientes.

El libro de la segunda parte está completo en un solo volumen. En él se han reunido unos mil quinientos hadices recibidos de mil maestros.

El imán al-Tahawi (r)

El nombre completo del imán al-Tahawi era Abu Ya‘far Ahmad ibn Muhammad al-Tahawi. Fue uno de los muhaddices más destacados de este siglo. Nació en el año 228 de la Hégira, en una aldea de Egipto llamada «Taha». En aquella época, algunas personas apartadas de la religión comenzaron a expresar dudas acerca de los mandatos y las normas del islam. Afirmaban que las órdenes y prohibiciones del islam eran contradictorias entre sí. Por ello, los amigos del imán al-Tahawi le pidieron que compusiera un libro de hadices del cual pudieran demostrarse de manera concluyente todos los mandatos, prohibiciones y normas prácticas del islam. Después, el imán al-Tahawi compuso una obra de hadices extraordinaria y sin parangón.

Falleció en el año 321 de la Hégira, a la edad de más de ochenta años.

Otros muhaddices de este siglo

Además de ellos, en este siglo nacieron algunos otros grandes muhaddices. Entre ellos destacan especialmente Qasim ibn Asbag (fallecido en 340 H.) e Ibn al-Sakan (fallecido en 353 H.). Ambos compusieron dos libros de hadices titulados «Sahih al-Muntaqa».

 

La compilación de libros de hadices después del siglo cuarto

Ya se ha presentado anteriormente una breve exposición sobre los muhaddices y los autores de obras de hadices del siglo IV. Casi todos ellos fueron verdaderos «muhaddices» en el sentido estricto del término. Redactaban obras de hadices reuniendo los hadices que habían escuchado de los célebres maestros de quienes los habían recopilado. En la elaboración de sus obras siguieron plenamente los métodos y procedimientos adoptados por los autores de obras de hadices del siglo III. Así transcurrieron los días dorados del siglo IV.

Sin embargo, los muhaddices que alcanzaron una importancia y una dignidad notables en la historia durante el siglo siguiente no poseían un talento del mismo nivel que los muhaddices anteriores. En particular, nadie pudo componer una obra original semejante a las obras de hadices elaboradas por sus predecesores. No obstante, su competencia en materia de hadices, la amplitud y profundidad de sus conocimientos, así como la sutileza y el alcance de su visión, no eran en absoluto insignificantes. Aunque los muhaddices de este siglo no pudieron componer originalmente una obra de hadices, sí lograron introducir nuevos métodos para su elaboración, tomando como base las obras originales de sus predecesores. Reunieron los hadices de diversas obras, los organizaron sistemáticamente y pudieron presentar ante la sociedad un gran número de obras innovadoras. Aquí ofrecemos una breve exposición sobre algunas célebres recopilaciones de hadices de este período.

Recopilación de los hadices de Bujari y Muslim

Numerosos muhaddices seleccionaron hadices de Sahih al-Bujari y Sahih Muslim, los reunieron en una sola obra y compusieron obras independientes. Un muhaddiz llamado Ismail ibn Ahmad, conocido como Ibn al-Furat (f. 414 h.), compuso una obra de este tipo. Muhammad ibn Nasr al-Humaydi al-Andalusí (f. 488 h.) escribió otra obra de hadices. Asimismo, los muhaddices Husayn ibn Masud al-Bagawi (f. 516 h.), Muhammad ibn Abd al-Haqq al-Ashbili (f. 582 h.) y Ahmad ibn Muhammad al-Qurtubi (f. 642 h.), entre otros, recopilaron una obra de hadices de este tipo.

Recopilación de los hadices de las Sihah Sitta

Durante este período también se llevó a cabo ampliamente la labor de recopilar hadices únicamente de las obras de las Sihah Sitta y componer obras independientes. Estas obras son generalmente conocidas como versiones abreviadas de «Tajrid al-Sihah al-Sitta». A continuación mencionamos los nombres de algunos autores de este tipo de obras:

1. Ahmad ibn Ruzayn ibn Murabiyyat al-Abdari al-Sarqusti (f. 535 h.). El nombre de la obra de hadices que recopiló es Tajrid al-Sihah. Su obra no estaba ordenada ni estructurada de manera adecuada. Muchos hadices de las Sihah Sitta habían quedado excluidos de ella. Más tarde, Mubarak ibn Muhammad, conocido como Ibn al-Athir al-Jazari (f. 606 h.), se encargó de editar y organizar esta obra. La dispuso cuidadosamente en capítulos y secciones, e incorporó los hadices de las Sihah Sitta que no se habían incluido originalmente. También explicó sus palabras difíciles y desconocidas, y le dio un nuevo título. Como resultado, se convirtió en una valiosa obra de fácil comprensión. Esta obra fue impresa y publicada en Egipto. Está dividida en diez volúmenes. El célebre muhaddiz del Jami al-Azhar, el jeque Abd Rabbihi ibn Sulayman, escribió un comentario sobre ella. Lo tituló:

2. Abd al-Rahman ibn Abd, conocido como Ibn Jarat al-Ashbili (f. 582 h.), compuso también otra obra mediante la recopilación de las Sihah Sitta.

Recopilación y compilación de hadices a partir de diversas obras

Durante este período también se llevó a cabo ampliamente la tarea de recopilar hadices de diversas obras de hadices y elaborar obras independientes de hadices. Se mencionarán los nombres y las características de algunas de ellas.

1. Masabih al-Sunnah: fue compilada por el imán Husayn ibn Mas‘ud al-Baghawi (f. 526 H.). En ella se incluyeron inicialmente hadices sahih, hasan y de otras categorías. Los eruditos de épocas posteriores manifestaron especial interés y concedieron gran importancia a esta compilación de hadices. Muhammad ibn Abdullah al-Jatib la organizó de manera sistemática. También se mencionan el nombre del sahabí narrador original del hadiz y la obra de la que este fue recopilado. Al principio, en cada capítulo solo se incluían dos categorías (********************); pero posteriormente se añadieron hadices de una tercera categoría (********************). Esto ocurrió en el año 737 de la Hégira. Finalmente, recibió el nombre de Mishkat al-Masabih (********************). Muchos muhaddices elaboraron extensas obras explicativas de esta.

2. Jami‘ al-Masanid wa al-Alqab: esta obra de hadices fue compilada por Abu al-Faraj Abd al ibn Ali al-Yawzi (f. 597 H.). En ella se recopilaron hadices de Sahih al-Bujari, Sahih Muslim, el Musnad de Ahmad y Tirmidhi Sharif.

3. Bahr al-Asanid: fue compilada por el imán hafiz al-Hasan ibn Ahmad al-Samarqandi (f. 491 H.). Contiene cien mil hadices. Sobre esta obra se dice:

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En el islam no tiene semejante.

Compilación de hadices sobre normas y exhortaciones

En esta etapa también se compusieron diversas obras de hadices mediante la recopilación de hadices sobre normas jurídicas y exhortación y admonición a partir de distintos libros de hadices. Entre ellas son dignas de mención las siguientes obras:

1. Muntaqā al-Akhbār fī al-Aḥkām—recopilado por el háfiz Majd al-Dīn Abū al-Barakāt ʿAbd al-Salām ibn ʿAbd Allāh ibn Abū al-Qāsim al-Ḥarrānī. Es conocido como Ibn Taymiyya. Es importante recordar que no se trata del célebre reformador Ibn Taymiyya, sino de su abuelo paterno. El autor de esta obra, Ibn Taymiyya, también fue un gran mujtahid. Nació en el año 590 de la Hégira y falleció en el año 652 de la Hégira.

En esta obra se recopilaron y añadieron hadices procedentes de reconocidas y auténticas obras, como las de al-Bujari, Muslim, Abū Dāwūd, al-Nasāʾī, al-Tirmidhī, Ibn Mājah y Sunan Aḥmad. El muhaddiz yemení Muḥammad ibn ʿAlī al-Shawkānī (fallecido en 1250 H.) escribió un comentario suyo en nueve volúmenes, titulado Nayl al-Awṭār.

2. Al-Sunan al-Kubrā, recopilado por el imán Aḥmad ibn Ḥusayn al-Bayhaqī(fallecido en 458 H.). Según Ibn Ṣalāḥ, ninguna otra obra contiene las pruebas textuales de los hadices con una amplitud y exhaustividad comparables a las de esta obra. En ella no se omitió ningún hadiz necesario. El imán al-Bayhaqī también compiló otra colección de hadices, cuyo nombre es . Se dice:

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No se compuso en el islam ninguna otra obra semejante.

3. Al-Aḥkām al-Ṣughrā—recopilado por el háfiz Abū Muḥammad ʿAbd al-Ḥaqq al-Ishbīlī(conocido como Ibn Jarrāt). Falleció en el año 582 de la Hégira. En ella se incluyeron, por una parte, hadices relativos a la vida práctica del musulmán y a las normas de lo permitido y lo prohibido; asimismo, se añadieron hadices de exhortación y admonición, así como hadices de advertencia sobre la otra vida.

4. ʿUmdat al-Aḥkām—recopilado por el imán y háfiz ʿAbd al-Ghanī ibn ʿAbd al-Wāḥid al-Maqdisī al-Dimashqī(fallecido en 600 H.). En ella se recopilaron todos los hadices relativos a las normas jurídicas que fueron citados tanto en la obra de al-Bujari como en la de Muslim.

5. At-Targhib wa at-Tarhib, recopilado por el hafiz Abd al-Aziz ibn Abd al-Qawi ibn Abd Allah al-Mundhiri(f. 656 H.). Desde el punto de vista de la recopilación de hadices y de la determinación de su grado de autenticidad, esta obra es excelente.

 

El estudio del hadiz en los siglos séptimo y octavo

La exposición anterior se extiende aproximadamente hasta seiscientos cincuenta años. En la segunda mitad del siglo séptimo de la Hégira, una violenta tormenta de destrucción y calamidad se abatió sobre el mundo musulmán. En el año 658 H., los tártaros llevaron a cabo una devastación total en una vasta región de Asia Central habitada por musulmanes. En esa época destruyeron Alepo y avanzaron hacia Damasco. En Egipto gobernaba entonces la dinastía ayubí, pero también ella se había vuelto casi tan apagada como una lámpara sin aceite. La autoridad de los mamelucos pasó a ser predominante y poderosa en todas partes. La supremacía turca comenzó a establecerse sobre el mundo musulmán del siglo séptimo. Por otro lado, en toda la región del Magreb (el noroeste de África) se estableció el gobierno de los pueblos bereberes magrebíes.

En una palabra, en aquella época todo el mundo musulmán se hallaba en la etapa crepuscular de la civilización. Los musulmanes se debilitaron en todos los aspectos: carácter, fe, valor y bravura. Su intensa hostilidad mutua, sus discrepancias y su abatimiento los habían dejado completamente inertes y al borde de la muerte. En ninguna parte se observaba entre los musulmanes tendencia alguna a viajar de un país a otro ni a vincularse mediante una profunda unidad con las vastas comunidades musulmanas. Incluso en ese siglo se había roto por completo el vínculo intelectual entre los centros del saber y los eruditos y muhaddices que vivían dispersos a grandes distancias, aunque viajar por los países en busca de hadices había sido una característica especial y un motivo de orgullo para los musulmanes.

En este contexto, naturalmente, el pensamiento y la erudición de los musulmanes comenzaron a embotarse; entre los buscadores del conocimiento no había ninguna actividad destinada a adquirir saber mediante viajes a lugares lejanos. Como resultado, el camino de la continuidad en la recopilación y transmisión de los hadices comenzó a cerrarse. A partir de entonces, la actividad del estudio del hadiz quedó limitada a obtener del maestro permiso para transmitir hadices y a escribir algunos de ellos bajo su dictado. La cadena de transmisión del hadiz se convirtió en aquella época únicamente en un medio para obtener una «baraka».

Pero esta no es, ni mucho menos, la única conclusión. Aun en aquella época se encuentran algunos eruditos vigorosos que reavivaron la actividad antigua y tradicional de buscar y recopilar hadices. Viajaban a centros lejanos y se sentaban ante los muhaddices con el propósito de escribir los hadices que recibían de ellos. En la terminología de la ciencia del hadiz, este método de enseñanza se denomina «imlā». El muhaddiz se sentaba en un lado de la mezquita, un día determinado de la semana, y los estudiantes de hadiz se sentaban alrededor de él. El muhaddiz recitaba los hadices en voz alta y los estudiantes los escribían en sus propios papeles. Entre los muhaddices de esta etapa destaca el nombre de al-Hafiz Abu al-Fadl Zayn al-Din Abd al-Rahim ibn al-Husayn al-Iraqi. Fue tanto el imán de su época en el hadiz como autor de numerosas obras valiosas. Celebró más de cuatrocientas sesiones para hacer escribir hadices. Su discípulo Ibn Hajar dijo:

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Comenzó a hacer escribir hadices en el año 796 H. Así, después de que se interrumpiera el estudio de los hadices del Mensajero, él lo reavivó. Con este propósito celebró más de cuatrocientas sesiones y, en la mayoría de ellas, hizo escribir hadices bien organizados, preservados y beneficiosos, sirviéndose únicamente de su memoria.

Falleció en el año 806 de la Hégira.

En esta etapa, el segundo erudito notable fue Shihab al-Din Abu al-Fadl Ahmad ibn Ali ibn Muhammad ibn Hajar al-Asqalani. No solo era un hafiz del hadiz, sino que fue el más destacado entre los hafices del hadiz de este siglo. En este siglo no hubo ningún otro muhaddiz comparable a él. Falleció en el año 852 de la Hégira. Los muhaddices dijeron acerca de él:

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Con él llegó a su fin, en términos generales, la práctica de viajar por los países para recopilar hadices y la preeminencia del estudio del hadiz en el mundo. En su época, ningún otro, aparte de él, llegó a ser hafiz del hadiz. Escribió un gran número de obras y celebró más de mil sesiones en las que dictó hadices.[********************]

La obra más célebre de Hafiz Ibn Hajar al-Asqalani es el comentario del Sahih al-Bujari, «Fath al-Bari». Está dividida en diez enormes volúmenes. Su introducción fue publicada como una obra independiente, cuyo nombre es: ********************.[********************]

También existe una recopilación de hadices propia de él. Se trata de ********************. Es una recopilación especial de hadices relacionados con los ahkam.

Esta obra también gozó de una estima especial entre los ulemas.[********************]

El imam al-Sajawi, discípulo de Ibn Hajar, fue también un talento notable de esta etapa. En su célebre obra «Fath al-Mughith» escribió:******************************************************

He escrito hadices en la Noble Meca. También hice este trabajo en diversos y numerosos lugares de El Cairo, y hasta ahora el número de sesiones de hadices en las que he hecho escribir hadices será aproximadamente de seiscientas. …………. Y la base de todas las obras es la intención.[********************]

Sin embargo, este método de dictar hadices tampoco pudo seguir siendo eficaz durante mucho tiempo. En épocas posteriores, los estudiosos del hadiz se dedicaron principalmente a las recopilaciones de hadices elaboradas por sus predecesores. Se concentraron en extraer hadices de ellas, redactar versiones resumidas, escribir comentarios de las obras de hadices y otras tareas semejantes. Además, esto quedó limitado a unas pocas ciudades del mundo musulmán, y solo un número muy reducido de personas se dedicó a esta labor.

 

El estudio del hadiz en distintos países

Durante los siglos séptimo, octavo y los posteriores, se practicaron, enseñaron y difundieron los hadices en diversas regiones del mundo musulmán. En aquel período, su difusión fue mayor en los países del Magreb (el noroeste de África). Después, sin embargo, se observó una amplia actividad de estudio del hadiz en dos grandes países musulmanes: uno era Egipto y el otro, Indostán (el subcontinente indio). La caída del califato abasí como consecuencia de la invasión tártara de Bagdad fue un acontecimiento trágico desde el punto de vista del pensamiento musulmán y de las ciencias y conocimientos islámicos. Los tártaros se apoderaron de millones de libros de las bibliotecas islámicas de Bagdad, los arrojaron al río Tigris y construyeron sobre ellos un puente con aquella pila de libros, para que sus ejércitos pudieran cruzar fácilmente el río. Después de esto, el centro de las ciencias y los conocimientos se trasladó de Bagdad a otros lugares. En primer lugar, Egipto tuvo la fortuna de enriquecerse y florecer en las ciencias y los conocimientos islámicos, especialmente en el saber del hadiz. La práctica y difusión del hadiz que tuvo lugar en Egipto durante este período puede compararse fácilmente con la actividad dedicada al hadiz en el siglo tercero de la hégira. Sin embargo, después, también allí este brillante sol del estudio del hadiz comenzó a declinar. A partir de entonces, el estudio del hadiz se dirigió hacia otros países. Se observa que el sol del conocimiento del hadiz se puso en Egipto y apareció naciente y resplandeciente en el cielo de la India. Fue entonces cuando comenzó realmente la edad de oro del estudio del hadiz en la India. (Para un análisis detallado, véase el capítulo de esta obra titulado «El saber del hadiz en Pakistán y la India».)

No puede decirse que durante esta época de decadencia de Egipto el estudio del hadiz desapareciera por completo. Al contrario, la historia nos presenta ejemplos de grandes e inolvidables servicios al saber del hadiz realizados también en este período. En Egipto gobernaban entonces los mamelucos. Entre estos soberanos mamelucos, muchos han permanecido memorables en las páginas de la historia por su afán de conocimiento. Numerosos soberanos se sentaron como estudiantes ante los muhaddices de su época. Consagraron las riquezas del tesoro real, agotándolo, con el propósito de fundar grandes instituciones para la enseñanza del hadiz.

También en aquella época había en Egipto varios imanes del hadiz. Habían memorizado los hadices junto con sus cadenas de transmisión completas y auténticas. Los sedientos de conocimiento aprendían hadices de ellos, y la gente se agolpaba ante ellos con el propósito de escuchar los hadices.

Entre ellos, destacaron los siguientes estudiosos del hadiz:

1. Zahir Barquq 2. el imán Akmaluddin al-Babarti 3. Ibn Abi al-Majd 4. al-Mu’ayyad 5. Shamsuddin al-Dayari al-Muhaddiz.[********************]

 

Apéndice 1

En las páginas anteriores se ha examinado detalladamente el número de hadices y la larga historia de su recopilación. Se ha presentado a los lectores una exposición de la grandiosa y sublime labor de conservación de los hadices, su recopilación y la redacción de obras de hadices en las distintas etapas de la historia. En la discusión anterior también conocimos la redacción de obras de hadices de diversos tipos en las distintas etapas. Aquí se ofrece un estudio independiente sobre la redacción de obras de hadices según sus diferentes métodos y clases.

Existen diversos tipos y métodos (técnicas) para redactar obras de hadices. Los nombres de las obras redactadas según estos distintos tipos también son diferentes. A saber:

1. ‘Al-Yami’– Las obras de hadices en las que se reúnen, en distintos capítulos, hadices de toda clase relativos a las creencias, las disposiciones jurídicas —los mandatos y prohibiciones, y las normas prácticas de la sharía—, la compasión y la benevolencia, las normas de comer y beber, los viajes al extranjero y la permanencia en un lugar, la exégesis del Corán, la historia, la guerra y la paz, el envío de tropas para enfrentarse a los enemigos, las sediciones y calamidades, las alabanzas y las virtudes, entre otros temas, reciben el nombre de Al-Yami. Entre las seis colecciones auténticas, las dos obras siguientes pertenecen a esta categoría:

(a) Al-Yami al-Sahih de al-Bujari y (b) Al-Yami al-Tirmidhi. Sahih Muslim no se incluye en esta categoría, porque no contiene hadices relativos a los detalles y a la recitación. 2

2. ‘Al-Musnad’ (********************)- Las obras en las que los hadices transmitidos por los compañeros se recopilan sucesivamente según el orden alfabético de sus nombres, pero no se organizan conforme al método de clasificación de la jurisprudencia, se conocen como Al-Musnad o Al-Masanid. Por ejemplo, se registran juntos todos los hadices transmitidos por Hazrat Abu Bakr al-Siddiq, sin importar su contenido, y después se reúnen en un solo lugar los hadices transmitidos por otro compañero.

Su recopilación puede realizarse de dos maneras: según el orden alfabético, por ejemplo, primero los hadices transmitidos por Hazrat Abu Bakr y después los transmitidos por Hazrat Usama ibn Zayd.

O bien los hadices pueden organizarse según la categoría o el linaje del compañero transmisor. Por ejemplo, primero se mencionan sucesivamente los hadices transmitidos por los califas bien guiados y, después de ellos, los hadices de los demás compañeros.

La colección de hadices compilada por el imán Ahmad ibn Hanbal está organizada precisamente según este método; por ello se la denomina «Al-Musnad».

3. As-Sunan-Las colecciones de hadices en las que se reúnen únicamente los hadices relativos a las disposiciones y normas de la sharía, así como las reglas, órdenes y prohibiciones necesarias para la vida práctica, y que están organizadas en diversos capítulos y secciones, como los libros de fiqh, son conocidas como «Sunan». Por ejemplo, Sunan Abū Dāwūd, Sunan an-Nasā’ī y Sunan Ibn Mājah. El Tirmidhī Sharīf también pertenece, en cierto sentido, a la categoría de las «Sunan».

4. ‘Al-Mu’ʿjam’ (********************)-Las colecciones de hadices en las que, siguiendo el método del musnad, se ordenan sucesivamente los hadices recibidos de cada uno de los maestros de hadices se denominan obras de Al-Muʿjam. Por ejemplo, las tres obras compiladas por at-Tabarānī.

5. ‘Al-Juz’’ (********************)-Las colecciones de hadices en las que se reúnen los hadices narrados por un solo narrador, ya sea dicho individuo un compañero o un maestro posterior a él. Por ejemplo:.

Sin embargo, según algunos otros eruditos de la ciencia del hadiz, no se denomina así, sino «Al-Mufrad». Según ellos, se llama así a todas aquellas obras en las que se reúnen los hadices relativos a un mismo tema. Por ejemplo: las obras compiladas por el imán al-Bujari y .

6. ‘Al-Garība’ (********************)-Si un maestro de hadices hace que solo uno de sus numerosos alumnos escriba ciertos hadices especiales y no se los transmite a ningún otro, la compilación de esos hadices se denomina «Al-Garība».

7. Al-Mustakhrajāt- El libro en el que se compilan los hadices mencionados —o una parte de ellos— y en el que se consignan su matn, el hadiz original y su propia cadena de transmisión, se denomina Al-Mustakhraj. Se han escrito muchas obras de este tipo. Muchas personas han compilado los hadices de Sahih al-Bujari de esta manera y conforme a este método, en obras separadas. Entre ellas destacan Ismāʿīlī, Barqānī, Ibn Ahmad al-Gatrīfī, Abū ʿAbd Allāh ibn Abī Sahl y Abū Bakr ibn Mardawayh. De manera semejante, también se han compilado los hadices de Sahih Muslim. Entre los eruditos del hadiz que lo hicieron destacan al-háfiz Yaʿqūb ibn Isḥāq al-Isfarāyinī, Abū Jaʿfar ibn Ḥamdān, Abū Bakr Muḥammad ibn Rāja an-Nīsābūrī, Abū Bakr al-Jawqī, Abū Ḥāmid ash-Shāyikī y Abū al-Walīd Ḥasan ibn Muḥammad al-Qurashī.

Además, los muhaddices Abu Nu‘aym al-Isfahani, Abu ‘Abdullah Ibn al-Ahyam, Abu Dharr al-Harawi, Abu Muhammad al-Jallal y otros recopilaron conjuntamente los hadices de las obras de Bujari y Muslim.

Sin embargo, la obra «Al-Mustajray» del hafiz Ya‘qub, mencionada anteriormente, es tan completa como auténtica y digna de confianza. Hasta hace poco todavía se conservaba en una biblioteca de Alemania.[********************]

8. ‘Al-Mustadrak’ (********************)।Los hadices que no fueron incluidos en una determinada obra de hadices, pero que cumplen plenamente las condiciones adoptadas por el autor de dicha obra, se reúnen en una obra que recibe el nombre de «Al-Mustadrak». Por ejemplo, «Al-Mustadrak», recopilada por el imán hafiz.[********************]

El imán al-Hakim recopiló un gran número de hadices y compuso una obra independiente en dos volúmenes. Su creencia o parecer era que todos estos hadices cumplían plenamente las condiciones del imán Bujari para aceptar hadices y eran auténticos, pero no habían sido incluidos en el Sahih de Bujari. Aunque, según los especialistas en la ciencia del hadiz, en ella también hay muchos hadices débiles y falsificados (********************).[********************]

Además, el hafiz Abu Zayd ‘Abd ibn Humayd ibn Muhammad ibn ‘Abdullah al-Ansari (f. 433 de la Hégira) compuso otra obra recopilando hadices conforme a las condiciones de los autores de Bujari y Muslim.[********************]

9. ‘Kitab al-‘Ilal’ (********************)।Cuando los hadices exentos de defectos se recopilan en una obra y, junto con ellos, se describen también los defectos o fallas de los hadices, esta recibe el nombre de «Kitab al-‘Ilal». El imán Muslim y el imán hafiz Abu Yahya compusieron obras de este tipo. El imán al-Dhahabi mencionó que el muhaddiz al-Shadhi también escribió una obra importante dentro de esta categoría.[********************]

10. ‘Kitab al-Atraf’ (********************)-Mencionar una parte de los hadices a partir de la cual pueda entenderse también el resto. Una obra de este tipo recibe el nombre de «Kitab al-Atraf». En ella se menciona íntegramente la cadena de transmisión del hadiz. También en esta categoría se compusieron numerosas obras. Entre ellas, son dignas de mención las dos obras citadas en la página siguiente:

1. «Al-Ashraf ‘ala Tuhfat al-Atraf».

2. Tuhfat al-Ashraf bi-Maʿrifat al-Aṭrāf.[********************]

Clasificación por categorías de las obras de hadices

El único medio para conocer detalladamente las normas y disposiciones de la sharía islámica, así como los mandatos y las prohibiciones del islam, son los hadices del Mensajero. Y el único medio para conocer los hadices del Mensajero consiste también en examinar y verificar las narraciones que se remontan al Mensajero, ya se inicien en el propio Mensajero, en algún compañero o en algún tābiʿī. Sin embargo, es imprescindible prestar plena atención a la autenticidad, exactitud y carácter concluyente de la cadena de transmisión. No puede existir otro medio que investigar las cadenas de transmisión de los hadices del Mensajero, verificar y examinar dichas cadenas, y estudiar las obras de hadices compiladas en la época actual. Pues, en la época actual, encontrar un hadiz del Mensajero y obtener su isnād de manera segura y fiable, cuando anteriormente no haya sido compilado en ninguna obra de hadices, es absolutamente imposible.[********************]

Por consiguiente, para obtener toda clase de hadices y sus isnāds, todas las personas de nuestra época deberán recurrir únicamente a las obras de hadices compiladas y preservadas, y depender exclusivamente de ellas. Por ello debemos adquirir un conocimiento detallado y completo de las obras de hadices. Debemos conocer sus categorías, posición y rango.

Las obras de hadices se clasifican en cuatro categorías según su notoriedad y autenticidad. Esto se debe a que los propios hadices presentan distintos niveles. El nivel más elevado corresponde a aquellos hadices transmitidos con plena continuidad en la cadena de transmisión (********************) y respecto de cuya aceptación y práctica conforme a ellos toda la comunidad musulmana está completamente de acuerdo.

Después vienen aquellos hadices que han sido transmitidos y recibidos por diversas vías, sin que los haya rozado la menor duda o incertidumbre, y sobre cuya base han actuado todos los juristas. Al menos, los expertos en hadices de La Meca y Medina no expresaron ninguna discrepancia respecto de ellos. Esto se debe a que estas dos ciudades fueron los centros de vida y actividad de los Califas Rectamente Guiados, y constituyeron el punto de encuentro de los eruditos del hadiz de todas las regiones. Ellos viajaron allí continuamente, y en estos dos centros hubo un flujo ininterrumpido de muḥaddices, generación tras generación. Por esta razón, no se puede suponer en absoluto que esos hadices contengan algún defecto externo o error. Además, esos hadices siempre fueron célebres y seguidos en el vasto mundo musulmán, y fueron transmitidos por un gran número de personas de las generaciones de los compañeros y los tābiʿūn.

Después de estos vienen aquellos hadices cuya autenticidad ha sido demostrada y cuyo isnād es excelente e intachable; los expertos en hadices han dado precisamente este testimonio sobre ellos. Tampoco fueron abandonados. Por el contrario, se practicaron constantemente, tanto antes como después de ser compilados en una obra. Los imanes del hadiz comenzaron a transmitirlos desde tiempos tempranos. Los juristas elaboraron la jurisprudencia basándose en ellos y depositaron en ellos plena fe y confianza.

Obras de la primera categoría

Los libros de hadices que posean estas dos clases de cualidades pertenecen a la primera categoría. De este modo se determinará sucesivamente el rango de los libros de hadices.

Al examinar y verificar los libros de hadices desde esta perspectiva, queda claramente demostrado que, entre todos ellos, solo tres libros pueden considerarse pertenecientes a esta categoría. Son, respectivamente: (a) al-Muwatta del imán Malik, (b) Sahih al-Bujari y (c) Sahih Muslim.

En los hadices citados en estos tres libros, aproximadamente dos tercios de los narradores pertenecen a la primera y segunda categorías. Estos hadices están relacionados con asuntos jurídicos y prácticos. Un tercio de los hadices fue narrado por narradores de la tercera categoría. Ningún hadiz narrado por un narrador de la cuarta categoría fue incluido en estos tres libros. En ellos se recopilaron los hadices provistos de las cadenas de transmisión más auténticas, continuas e ininterrumpidas. Los eruditos del mundo musulmán sienten por estos tres libros más interés, respeto y veneración que por cualquier otro libro.

Libros de la segunda categoría

A esta categoría pertenecen aquellos libros que, por las cualidades y características antes mencionadas, no son iguales en rango a al-Muwatta ni a Bujari y Muslim. Sin duda, sin embargo, se aproximan a ellos. Los autores de estos libros alcanzaron especial renombre por su fiabilidad, integridad, memoria, precisión en la narración de los hadices y dominio pleno de todos los detalles de la ciencia del hadiz. En sus libros no toleraron ni la más mínima negligencia o descuido. Aceptaron y recopilaron cada hadiz después de sopesarlo repetidamente en la precisa balanza de las condiciones que ellos mismos habían establecido para aceptar los hadices. Posteriormente, los muhaddices y juristas de cada época reconocieron debidamente su importancia, y estos libros alcanzaron una amplia difusión entre los musulmanes. Los eruditos redactaron obras en las que los explicaron.

A esta categoría pertenecen estas tres obras: Sunan Abu Dawud, Jami al-Tirmidhi y Sunan al-Nasa’i. El imán Ruzayn recopiló estos hadices en su obra Tajrid al-Sihah, y el imán Ibn al-Amir los recopiló en su obra Jami al-Usul.

Los muhaddices también han señalado que el Musnad compilado por el imán Ahmad ibn Hanbal pertenece a esta categoría.

En los tres primeros libros mencionados, los hadices narrados por narradores de la tercera categoría constituyen aproximadamente la mitad. De la mitad restante, dos tercios son hadices narrados por personas de la primera y segunda categorías, y un tercio son hadices narrados por narradores de la cuarta categoría. En los demás libros, los hadices narrados por narradores de la tercera categoría constituyen más de la mitad.

Obras del tercer nivel

Se consideran obras de hadices del tercer nivel aquellas que fueron compiladas antes, durante y después de la recopilación de Bujari y Muslim. En ellas se incluyeron todo tipo de hadices: sahih, hasan, da‘if y otros. Aunque estos hadices no permanecieron completamente desconocidos, tampoco alcanzaron gran fama ni popularidad entre los sabios. Los autores de obras de fiqh no les prestaron mucha atención. Los muhaddizun tampoco consideraron particularmente necesario discutir sus defectos y deficiencias. Entre las obras de este nivel hay algunas cuya lengua difícil o cuyos términos oscuros no fueron objeto de ningún esfuerzo especial para aclararlos. Ningún jurista consideró necesario cotejar los hadices recopilados en ellas con las opiniones de los imanes anteriores. Ningún especialista en la ciencia del hadiz intentó describir ni poner de manifiesto sus contradicciones. Ningún historiador arrojó luz sobre la vida de los transmisores de estos hadices. Aquí, por supuesto, no se habla de los historiadores de épocas posteriores, sino de los historiadores de los primeros tiempos. Por ello, este tipo de obras permaneció inédito y desconocido para el público.

Las siguientes obras de hadices se consideran pertenecientes a este nivel:

1) Musnad de Abu Ali; 2) Musannaf de Abd al-Razzaq; 3) Musannaf de Bakr ibn Shayba; 4) Musnad de Abd ibn Humayd; 5) Musnad de al-Tayalisi; 6) las obras del imán al-Bayhaqi; 7) las obras del imán al-Tahawi; 8) las obras del imán al-Tabarani.

El único objetivo fundamental de estos autores al redactar sus obras era recopilar los hadices que habían recibido. No se proponían organizarlos sistemáticamente, disponerlos de manera ordenada ni hacerlos aptos para su utilización.

Más de un tercio de los transmisores de los hadices citados en estas obras pertenecen al tercer nivel, y un tercio de los transmisores, al cuarto nivel. Entre estas obras, los muhaddizun reconocen que algunos libros tienen una base relativamente más firme y sólida que los demás.

Obras del cuarto nivel

Se consideran obras de hadices de este nivel aquellas cuyos autores, mucho tiempo después, recopilaron hadices que no habían sido incluidos en las obras del primer y segundo niveles. Más bien, habían sido citados en obras poco conocidas y anónimas. En épocas posteriores, los autores de este nivel reconocieron el valor de estos hadices. Se habían transmitido oralmente entre personas de quienes los muhaddizun y los compiladores de hadices de épocas anteriores no estuvieron dispuestos a recibirlos ni a incluirlos en sus propias obras. O bien habían sido transmitidos por narradores indisciplinados o débiles; o eran palabras de compañeros o de tabi‘un; o eran relatos de los Hijos de Israel, palabras de filósofos o de predicadores que los narradores posteriores, por error, habían mezclado con los hadices del Mensajero.

El Kitab al-Du‘afa, compuesto por Ibn Hibban y Kamil ibn Adi, así como las obras redactadas por Jatib Abu Nu‘aym, Ibn Asakir, Ibn Nayyar y Daylami, se consideran pertenecientes a esta etapa. También parece que el Musnad de Juarizmi pertenece a esta etapa.

Las obras de la quinta etapa

Estas obras también cuentan con una quinta etapa. Se consideran pertenecientes a ella aquellos hadices que circularon oralmente entre juristas, sufíes, historiadores y otros. No guardan ninguna correspondencia con los hadices de las cuatro etapas mencionadas anteriormente.

También se consideran pertenecientes a esta etapa los hadices inventados por personas irreligiosas y elocuentes. Añadieron a esos hadices cadenas de transmisión o relatos de transmisión de tal manera que no pudiera plantearse objeción alguna. Además, dispusieron y presentaron las palabras con tanta belleza que, a primera vista, resulta difícil afirmar categóricamente que el Noble Mensajero (s) no las pronunció.

En realidad, fueron estas mismas personas quienes crearon un grave peligro para el islam. Sin embargo, pese a ello, la densidad de este peligro no pudo mantener oscurecido durante mucho tiempo el cielo cultural del islam. Los especialistas en hadices verificaron y examinaron estos hadices en la piedra de toque de la crítica, los compararon con hadices de contenido semejante al del Mensajero y descubrieron de manera irrefutable el secreto de que eran «inventados». Por consiguiente, ningún hadiz inventado logró tener la oportunidad de ser considerado un hadiz.

En la exposición anterior no se indicó ni determinó ninguna etapa para dos célebres compilaciones de hadices. Son: (a) Ibn Maya; (b) Sunan al-Darimi. La etapa a la que pertenecen estas dos obras es una cuestión que requiere análisis.

El especialista en hadices Abu Hasan Sindi escribió:

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En suma, Ibn Māŷa ocupa, por su rango, una posición inferior después de las cinco obras principales.

El sabio Muhammad ibn Ibrāhīm al-Yamānī escribió:

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El Sunan de Ibn Māŷa es una obra de una etapa posterior a las de Abū Dāwūd y al-Nasāʾī. Es necesario revisar y examinar sus hadices, pues contiene un hadiz fabricado en el capítulo relativo a las virtudes.

Estas citas demuestran que Ibn Māŷa es una recopilación de hadices de la tercera etapa.

Los especialistas en hadices también han expresado esta misma opinión acerca del Sunan de al-Dārimī. Shāh ʿAbd al-ʿAzīz al-Muhaddiz al-Dihlawī lo incluyó entre las obras de esta tercera etapa. Shāh Walī Allāh al-Dihlawī sostuvo igualmente esta opinión.

La proximidad al Mensajero en la transmisión de hadices

Los autores de recopilaciones de hadices generalmente buscaron cadenas de transmisión mediante las cuales fuera posible establecer una relación más cercana con el Mensajero. Es decir, los muhaddices que compilaban recopilaciones de hadices se esforzaban especialmente por obtenerlos del Mensajero a través del menor número posible de transmisores. Por consiguiente, cuanto menor era el número de transmisores por medio de los cuales un hadiz llegaba hasta el autor de la recopilación, mayor era su importancia y rango a los ojos de los muhaddices, y más digno de confianza se consideraba. Pues cuanto menor es el número de intermediarios en la cadena de transmisión de un hadiz, mayor es la proximidad al Noble Mensajero que puede alcanzar el compilador de una recopilación de hadices.

En segundo lugar, cuanto más breve sea la cadena de transmisión de hadices (********************) y menor sea el número de transmisores que la integran, más fácil será verificar, examinar y analizar su situación. También será menor la posibilidad de errores en la transmisión de los hadices. Desde este punto de vista, entre todos los autores de compilaciones de hadices, el imán Abū Ḥanīfa (que Allah tenga misericordia de él) ocupa el rango más elevado. Esto se debe a que tuvo la fortuna de reunirse directamente con al menos cuatro Compañeros.

En relación con la longitud y brevedad de las cadenas de transmisión de hadices, han surgido varios términos técnicos. A continuación se ofrece una breve explicación de estos términos:

1. Los hadices que han llegado desde el Noble Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) hasta el compilador mediante un solo transmisor se denominan «waḥdāniyāt» (********************), es decir, «hadices transmitidos por un solo transmisor».

En la compilación de hadices realizada por el imán Abū Ḥanīfa se citan varios hadices de este tipo. Como ejemplo, se presenta aquí un hadiz:

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Abū Ḥanīfa dijo: Escuché a ʿĀʾisha bint Aŷrad decir: El Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: «Los soldados de Allah cuyo número es mayor son las langostas. Yo no las como, pero tampoco las declaro haram». [Este hadiz ha sido citado en la obra Musnad de Abū Ḥanīfa ********************. Además, también aparece citado en la obra Historia de Yaḥyā ibn Maʿīn. *******************

El hadiz citado llegó desde el Mensajero hasta Abū Ḥanīfa a través de un solo transmisor. Este era una mujer Compañera llamada ʿĀʾisha bint Aŷrad. Por ello, este hadiz pertenece a la categoría de las «waḥdāniyāt», es decir, los hadices transmitidos mediante la intermediación de una sola persona.

Existen numerosos hadices que llegaron hasta Abū Ḥanīfa (que Allah tenga misericordia de él) mediante solamente dos niveles de transmisores. Él mismo escuchó hadices de otros Tābiʿūn, y esos Tābiʿūn los escucharon de los Compañeros. Desde el Mensajero hasta el compilador de la obra de hadices, este hadiz pasó únicamente por dos niveles de transmisores. Por eso, en la terminología, estos hadices se denominan «sunāʾiyyāt» (********************), es decir, «hadices transmitidos por dos niveles de transmisores». En la obra «Kitāb al-Āthār», compilada por el imán Abū Ḥanīfa, se citan muchos hadices de este tipo. Aquí solo se han mencionado las cadenas de transmisión de dos hadices.

(1)

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Abū Ḥanīfa dijo: «Abū al-Zubayr me narró; él, de Jābir ibn ʿAbd Allāh, y este, del Noble Mensajero (s), narró el hadiz»………….

En el hadiz transmitido mediante esta cadena de transmisión, entre el imán Abū Ḥanīfa y el Noble Mensajero hubo dos intermediarios: Abū al-Zubayr, un tābiʿī, y Jābir ibn ʿAbd Allāh, un compañero.

(2)

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Abū Ḥanīfa dijo: «Nāfiʿ nos narró, de Ibn ʿUmar, que el Noble Mensajero (s) lo prohibió»………..

En esta cadena de transmisión, el hadiz del Mensajero llegó hasta el imán Abū Ḥanīfa únicamente a través de dos niveles de transmisores: el tābiʿī Nāfiʿ y el compañero Ibn ʿUmar.

Puesto que el imán Mālik no era un tābi‘í, pertenecía a la generación posterior a los tābi‘íes —la de los tābi‘ al-tābi‘íes—; por ello, la mayoría de los hadices que recopiló pertenecen a la categoría de los sunā’iyyāt. El imán al-Shāfi‘ī y el imán Ibn Hanbal no llegaron a conocer personalmente a ningún tābi‘í. Por esta razón, los hadices recopilados por ellos pertenecen generalmente a la categoría de los sulāsiyyāt, es decir, hadices con tres niveles de narradores. En la obra Sunan al-Dārimī hay quince hadices que él oyó, después del Mensajero, por medio de tres niveles de narradores.

Entre los autores de las seis colecciones canónicas, los imanes al-Bujārī, Ibn Mājah, Abū Dāwūd y al-Tirmidhī también llegaron a conocer personalmente a algunos tābi‘íes, y aprendieron, recopilaron y transmitieron hadices de ellos. Por ello, en cuanto a la altura de la cadena de transmisión, también se encuentran en el mismo nivel que el imán Aḥmad ibn Hanbal. Aunque en el momento del fallecimiento del imán al-Shāfi‘ī (m. 204 H.) el imán al-Bujārī tenía apenas diez años, Abū Dāwūd tenía solo dos años e Ibn Mājah aún no había nacido. En sus obras, el número de cadenas de transmisión de los hadices con los tres niveles de narradores mencionados arriba es el siguiente:

1) Ṣaḥīḥ al-Bujārī: 22; 2) Sunan Ibn Mājah: 5; 3) Sunan Abū Dāwūd: 1; 4) Jāmi‘ al-Tirmidhī: 1.

Los imanes Muslim y al-Nasā’ī no transmitieron ningún hadiz directamente de un tābi‘í. Por ello, todos los hadices transmitidos por ellos contienen cuatro niveles de narradores.

La fabricación de hadices y sus causas

La larga historia de la recopilación de los hadices que ya se ha presentado a los lectores demuestra de manera concluyente que, desde la época de su origen hasta su recopilación por escrito, en cada etapa se adoptaron todo tipo de medidas fiables para preservarlos. Para que los hadices del Mensajero quedaran preservados de la mejor manera, no se mezclara con ellos nada extraño y no desaparecieran, en ninguna etapa se permitió ni siquiera el menor descuido, negligencia o desatención al adoptar medidas eficaces. Sin embargo, no puede negarse que, a lo largo de esta extensa continuidad de los hadices, surgieron de vez en cuando situaciones en las que personas malintencionadas, movidas por intereses personales o por malos propósitos, intentaron hacer pasar sus propias «palabras» por hadices del Mensajero, y algunas de esas «palabras» tuvieron la oportunidad de mezclarse con el vasto océano de los hadices del Mensajero.

Cómo pudo ocurrir semejante accidente en esta continuidad pura e ininterrumpida de la preservación de los hadices del Mensajero es tan sorprendente como digno de un análisis desde la perspectiva histórica.

Aquí analizaremos de manera breve y amplia la historia de la fabricación de hadices.

Al examinar minuciosamente la continuidad de la historia, se observa que los famosos «jariyíes» fueron los primeros en iniciar la falsificación de hadices. Durante la batalla de Siffín (36 H.), surgió una grave discrepancia entre los partidarios de Hazrat Alí (que Dios esté complacido con él) con respecto al acuerdo de paz, y no estuvieron dispuestos en absoluto a aceptarlo. Después adoptaron la forma de un grupo religioso independiente.

Los jariyíes eran completamente ignorantes en materia de hadices. No estaban en absoluto dispuestos a aceptar como verdad ninguna palabra procedente de otras personas. Consideraban incrédulo al mentiroso. A pesar de ello, comenzaron a falsificar hadices y a difundir mentiras en nombre del Mensajero. El único propósito que subyacía a esto era respaldar sus propias opiniones particulares.

El erudito Allama Ibn al-Yawzí menciona en su obra titulada «Kitab al-Mawdu‘at» la siguiente declaración de Ibn Lahí‘a:

******************************************************

Este hadiz es uno de los fundamentos de la religión del islam. Por tanto, prestad especial atención a la persona de quien recibís este fundamento de la religión. Pues nosotros solíamos presentar como hadiz cualquier cosa que quisiéramos, cuando quisiéramos.

Es decir, esta persona había pertenecido anteriormente al grupo de los jariyíes y, en aquel entonces, presentaba como hadiz del Mensajero cualquier cosa que se le ocurría. Este es el origen de la falsificación de hadices por parte de los jariyíes.

Después de esto, también vemos a la comunidad chií involucrada en la falsificación de hadices. En realidad, eran acérrimos enemigos del islam. Con la maliciosa intención de obtener una oportunidad ilimitada para atacar los fundamentos mismos del islam, recurrieron a la extrema desviación de la doctrina chií. Primero intentaron introducir una grave distorsión y significados perversos en diversos versículos del Sagrado Corán. Pero, al considerar que no podrían lograr ningún éxito con ello, dirigieron su atención a los hadices del Mensajero e intentaron hacer pasar innumerables mentiras en nombre de los hadices del Mensajero. Falsificaron un gran número de hadices con el propósito de ensalzar sobremanera a Hazrat Alí y menoscabar la dignidad de Hazrat Mu‘awiya. Hicieron circular muchos hadices en favor de Hazrat Alí, algunos de los cuales demuestran la profecía de Hazrat Alí y otros, el derecho de Hazrat Alí al califato después del Mensajero.

El principal «fabricante de hadices» entre la comunidad chií era Mujtar ibn Abú Ubayd. Al principio pertenecía al grupo de los jariyíes. Más tarde se unió a los partidarios de Hazrat Abdulá ibn al-Zubayr. Finalmente, adoptó por completo la doctrina chií y pasó a formar parte de la comunidad chií. Falsificaba hadices abiertamente. Cuando se encontró con Abdulá ibn al-Zubayr en Kufa, dijo a cierto muhaddiz:

******************************************************

Compón para mí algunos hadices en nombre del Mensajero, de los cuales quede demostrado que él (Mujtar) será califa inmediatamente después de él.

Incluso aquellos musulmanes de fe débil comenzaron a inventar muchos hadices en nombre del Mensajero. También compusieron numerosos hadices para menoscabar el honor de Hazrat Alí y demostrar la superioridad de Hazrat Abu Bakr y Hazrat Umar.

En el segundo siglo de la Hégira surgió una nueva fitna de falsificación de hadices. La gente comenzó a difundir relatos, mentiras y leyendas infundadas como si fueran hadices, con sus respectivas cadenas de transmisión. Entre los autores de hadices de aquella época destacaron principalmente los interesados en fines políticos, los narradores de cuentos y relatos, y quienes secretamente actuaban contra la religión. Fuente de esta extensa discusión: ********************

De la continuidad histórica expuesta anteriormente se desprende que, en términos generales, la fitna de la falsificación de hadices en el islam surgió por tres razones:

a) La falsificación de hadices con el propósito de establecer y hacer prevalecer las propias opiniones en el ámbito político, demostrar la validez de la ideología política que se practicaba y hacerla aceptable para el pueblo.

b) La falsificación de hadices con el propósito de difundir el islam entre la gente, hacerla más religiosa mediante exhortaciones y consejos, volverla más entusiasta en la adoración y la devoción, y hacerla sentir un temor mayor por la vida futura.

c) Presentar palabras inventadas como «hadices» con el propósito de hacer fácil e incuestionable la obtención de beneficios personales.

Por motivos políticos específicos, los hadices fueron fabricados inicialmente en torno a Hazrat Alí (ra). El propósito de fabricar tales hadices era demostrar que, después del Noble Profeta, solo él —y nadie más— tenía derecho a convertirse en califa. A continuación se presentan tres ejemplos de hadices fabricados de este tipo:

Se difundió que, en el sermón que el Noble Profeta (s) pronunció en un lugar llamado «Gadir Jum» al regresar de la Peregrinación de Despedida, también dijo lo siguiente, señalando a Hazrat Alí:

(a) ******************************************************

Este hombre es mi sucesor, mi hermano y, después de mí, este será el califa; por tanto, escuchad todos sus palabras y seguidlo.

(b)- ******************************************************

Amar a Alí es una virtud tal que, mientras se posea, ningún pecado podrá perjudicar a quien la posee. Por el contrario, albergar odio y enemistad hacia Alí es un pecado tal que ninguna buena obra podrá beneficiarlo.

******************************************************

Quien muera albergando odio hacia Hazrat Alí morirá siendo judío o cristiano.

Se puede comprender a primera vista que estas tres frases difundidas como hadices no pueden ser en modo alguno hadices del Mensajero; más bien, fueron inventadas por completo para satisfacer intereses meramente políticos y partidistas.

No hay límite para la cantidad de hadices que los chiíes inventaron y difundieron con el propósito de demostrar que Hazrat Ali era el sucesor del Noble Profeta. Sin embargo, que cada una de sus afirmaciones es una mentira manifiesta queda demostrado incluso por los hadices auténticos narrados por Hazrat Ali, y se considera algo inconcebible para el sentido común y la razón.

Por otro lado, tampoco se tarda lo más mínimo en considerar sumamente exagerados los hadices inventados y difundidos en alabanza excesiva de Hazrat Abu Bakr y Umar.

A modo de ejemplo, se citan dos hadices de esta etapa:

******************************************************

Cuando fui llevado hacia los cielos durante el Miʿray, dije: «¡Oh, Allah! Haz califa a Ali ibn Abu Talib después de mí». Entonces el mundo celestial comenzó a temblar, y los ángeles hicieron oír voces invisibles desde todas direcciones: «¡Oh, Muhammad! Recita este versículo de Allah, cuyo significado es: No podréis querer nada; sucederá únicamente lo que Allah quiera. Y Allah ha querido que, después de ti, Abu Bakr Siddiq sea el califa».

******************************************************

En cada hoja de cada árbol del Paraíso está escrito: La ilaha illallah, Muhammadur Rasulullah, Abu Bakr, Umar Faruq y Uthman Dhu al-Nurayn.

También se fabricó un hadiz en alabanza de Muawiya. Por ejemplo:

******************************************************

Cuando veáis a Muawiya de pie en mi púlpito pronunciando el sermón, aceptadlo, pues es sumamente digno de confianza, honesto y protegido.

De este modo, muchas palabras infundadas y completamente absurdas fueron difundidas entre la gente con el nombre de hadices del Mensajero. Aquí se mencionan otras tres afirmaciones de este tipo:

(a)****************************************************** – El amor a la patria es parte de la fe.

(b)******************************************************- ¡Oh, Muhammad! Si no hubiera sido necesario crearte, no habría creado los cielos ni el mundo’.

(c)******************************************************- El sol poniente fue hecho resurgir por Ali ibn Abu Talib.[Ahmad ibn Hanbal dijo: ******************** Este hadiz no tiene fundamento alguno. Ibn al-Yawzi afirmó: ******************** «Esto no es un hadiz, sino una afirmación inventada». Sin embargo, el imán al-Suyuti y al-Tahawi afirmaron que era auténtico. ********************]

Estas tres afirmaciones fueron difundidas en la sociedad como hadices y alcanzaron una amplia difusión de boca en boca entre los predicadores. Pero, en realidad, las tres afirmaciones son completamente falsas y fabricadas.

Medidas para prevenir la fabricación de hadices

Aunque los jariyíes comenzaron inicialmente a fabricar hadices por interés propio, esto no pudo prolongarse mucho. Las propias creencias doctrinales de los jariyíes no les permitieron avanzar demasiado por este camino.

1. La doctrina de los jariyíes era: «Quien miente es un kafir». Por consiguiente, la tendencia a decir mentiras y a fabricar hadices desapareció por sí sola entre ellos.

2. Los jariyíes eran beduinos, de naturaleza severa y áspera. No estaban dispuestos a aceptar ninguna afirmación de otras naciones o tribus. Por esta razón, ninguna afirmación de los persas y los judíos —quienes principalmente habían adoptado la doctrina chií y habían elaborado hadices falsificados— pudo adquirir para ellos la menor importancia.

3. En la lucha contra sus adversarios, los jariyíes dependían principalmente de su propio valor, fuerza, capacidad y armamento. Por eso nunca estuvieron dispuestos a recurrir a mentiras ********************. Además, como consideraban kafir a sus adversarios, no sentían ninguna necesidad de recurrir a la mentira. Pues ni siquiera concebían que, para someter a los kafir, pudiera emplearse otra arma aparte de la espada.

Por estas tres razones, los jariyíes fabricaron un número muy reducido de hadices en comparación con las demás sectas sediciosas y subversivas. Y los dos o cuatro hadices que falsificaron pudieron ser reconocidos y rechazados fácilmente por la sociedad musulmana rica en conocimiento islámico. Por tanto, en esta etapa, la fabricación de hadices, en la medida en que se produjo, no llegó a constituir un peligro significativo.

Sin embargo, posteriormente, los hadices elaborados por la comunidad chií provocaron una situación grave en la sociedad musulmana. No obstante, la inmensa gracia de Alá dispuso en esta etapa los medios adecuados para proteger la fe y la religión de los musulmanes. Por un lado estaban los jariyíes, los chiíes y otros grupos y subgrupos de naturaleza desviada y perversa, empeñados en desarraigar el islam; pero, frente a ellos, se alzaba como una fortaleza inexpugnable la sociedad musulmana organizada y la comunidad islámica. Las doctrinas erróneas y la propaganda infundada de los jariyíes y los chiíes no pudieron influir en ellos en lo más mínimo. Por el contrario, se aferraron con extrema firmeza al Corán y a los hadices sahih. Al mismo tiempo, se dedicaron a impartir y difundir ampliamente los hadices auténticos y sahih. Hasta ese momento había sobrevivido un gran número de sahabas, y junto a ellos había una enorme comunidad de tabi‘ines instruidos en el conocimiento islámico, que ellos mismos habían formado con el máximo esmero. Todos ellos, unidos, hicieron fracasar todos los intentos de fabricar hadices; desgarraron por completo todas las redes de conspiración destinadas a crear confusión en la clara ley del islam, y expusieron públicamente, una por una, las mentiras de los mentirosos.

En ese momento, la sociedad musulmana se volvió sumamente alerta y consciente respecto a aceptar cualquier afirmación bajo el nombre de «hadiz». No estaba en absoluto dispuesta a aceptar una afirmación como hadiz por el mero hecho de que hubiera sido transmitida mediante una cadena de transmisión. Por el contrario, comenzó a verificar su cadena de isnad y a investigar minuciosamente el carácter, el temor de Dios, el conocimiento, la memoria y el encuentro mutuo de cada una de las personas mencionadas en ella como transmisores.

El imán Muslim citó esta declaración del tabi‘í Ibn Sirin en la introducción de Sahih Muslim (página 11):

******************************************************

Antes, los musulmanes no preguntaban por la cadena de transmisión de los hadices; pero después, cuando aparecieron la fitna y la discordia, comenzaron a decir: «Decid los nombres de los narradores. De entre ellos, se aceptarán los hadices recibidos de quienes sean de Ahl al-Sunna; y se rechazarán los hadices narrados por quienes sigan innovaciones religiosas».

De este modo, los muhaddices tabi‘íes preguntaban a los Compañeros acerca de los narradores de hadices. El objetivo fundamental de estas preguntas era distinguir esencialmente entre lo bueno y lo malo y no aceptar ciegamente todo cuanto se dijera.

En aquella época, toda la sociedad musulmana se volvió extremadamente estricta e inflexible en lo referente a los hadices. Cuando una persona que difundía falsedades acudía a la mezquita y se sentaba junto a los Compañeros con el propósito de escuchar hadices, estos la reprendían severamente y la expulsaban de la mezquita. Muchas veces también se recurría a la ayuda de la policía para expulsar a personas de esa clase.

Una vez, un narrador de cuentos acudió y se sentó ante el venerable Abdullah ibn Umar (que Dios esté complacido con él). Entonces este le dijo que se levantara y se marchara de allí. Pero él se negó a hacerlo. Entonces Ibn Umar (que Dios esté complacido con él) mandó llamar a la policía y, con su ayuda, lo expulsó.

En los libros de hadices se mencionan muchos acontecimientos de este tipo. Esto demuestra que, en la época de los Compañeros y los tabi‘íes, los falsificadores de hadices eran conocidos y estaban identificados públicamente. Ellos detectaban sus actividades satánicas; por ello, el pueblo nunca llegaba a quedar atrapado en sus redes de engaño.

Los eruditos del hadiz de aquella época no se limitaron a desbaratar las redes de conspiración de los mentirosos y falsificadores de hadices; por el contrario, como demuestra el análisis anterior de este libro, al mismo tiempo se dedicaron plenamente a recopilar y compilar los hadices auténticos a partir de fuentes fiables.

No sólo eso, durante este período también se establecieron criterios permanentes para aceptar cada hadiz después de someterlo a crítica, verificación y examen. Como resultado de ello surgió la ciencia de la crítica de los hadices.

El surgimiento de la ciencia de la crítica de los hadices

Con el propósito de combatir precisamente la falsificación de hadices examinada anteriormente, se elaboró una ciencia independiente de los hadices. A esta (******************************************************

) se la denomina «la adquisición de conocimiento relacionado con la falsificación de hadices». Al definir este conocimiento, Nawab Siddiq Hasan escribió:

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La ciencia relacionada con la falsificación de hadices es una disciplina mediante la cual se puede saber y reconocer qué hadiz es falso y cuál está probado y establecido; asimismo, permite conocer la condición del falsificador: si lo afirmó como verdadero o como falso. El propósito de este conocimiento especial es adquirir la capacidad y aptitud para comprender la diferencia entre los hadices verdaderos y falsos, y entre los narradores veraces y los mentirosos. Su objetivo y beneficio consisten en que, con su ayuda, es posible protegerse de este tipo de hadices falsos y fabricados. También es posible declarar, al narrar un hadiz, que es falso. Este conocimiento es sumamente necesario e indispensable en lo referente a los hadices. Pues el Noble Profeta (s) dijo: «Quien atribuya a mi persona alguna mentira, que se prepare su morada en el Infierno».********************

Como consecuencia del surgimiento de este conocimiento, fue posible proteger a la comunidad musulmana de toda clase de hadices falsos. En esta etapa, los eruditos versados en el conocimiento de los hadices demostraron un talento sin precedentes, sumamente necesario y asombroso. Los eruditos formularon numerosos principios y reglas teóricos (theoritical), mediante los cuales se puede reconocer con gran facilidad un hadiz mawdu o falso. Por ello, establecieron ciertos indicios y señales. Respecto de todo hadiz en el que se observen esas señales, no quedará lugar a ninguna duda de que es falso.

La segunda vía es práctica y real: en esta etapa presentaron públicamente información detallada sobre las personas acostumbradas a falsificar hadices. Se las dio a conocer minuciosamente al pueblo, y también se expusieron ante todos los «hadices» que habían inventado por su propia cuenta y difundido falsamente.

En esta etapa, los sabios compusieron numerosas obras valiosas. Estas obras son conocidas precisamente con el nombre de «Kitab al-Mawdu‘at». Por una parte, los hadices auténticos del noble Mensajero de Dios (s) fueron reunidos y compilados sistemáticamente en obras de hadices de diversos tipos, como los Sahih, los Yami‘, los Sunan y los Musnad; por otra, los hadices falsos y fabricados quedaron claramente identificados para los eruditos especialistas en hadices. En consecuencia, se volvió muy fácil conocer los hadices auténticos y su grado, y distinguir si eran sahih, hasan, da‘if o mawdu‘. Esta contribución de los especialistas en la ciencia del hadiz permanecerá eternamente resplandeciente en la historia del saber islámico.

Algunos indicios de los hadices falsificados

Ya he dicho que, para reconocer los hadices falsificados, los sabios establecieron reglas que son verdaderamente infalibles y totalmente fiables. Esto se debe a que poseían en grado sumo un conocimiento sólido y agudo, así como una gran capacidad, para criticar los hadices y verificar y examinar su autenticidad. Aquí mencionaremos algunas de esas reglas:

1. En el narrador de un hadiz falsificado se observan ciertos indicios por los cuales puede comprenderse fácilmente que el narrador inventó una afirmación completamente falsa y la hizo pasar por un hadiz del Mensajero.

Aquí se intenta aclarar el asunto mediante la mención de dos ejemplos de hadices falsificados:

(a) Zayn ibn Umar al-Tamimi dice: Me encontraba en presencia de Sa‘ad ibn Zarif. En ese momento llegó su hijo, llorando y llevando un libro en la mano. Le preguntó: «¿Qué te ha pasado?». El hijo respondió: «El maestro me ha golpeado». Entonces dijo: «Hoy ciertamente lo avergonzaré». ‘Ikrima narró de Ibn ‘Abbas estas palabras del Mensajero:

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Los maestros de vuestros hijos son los más malvados de entre vosotros; tienen muy poca compasión hacia los niños huérfanos y son extremadamente duros con los necesitados.

(b) Alguien le dijo a Ma’mun ibn Ahmad al-Harawi: «¿Qué opinas de al-Shafi’i y sus seguidores jurasaníes? Se ha transmitido del Noble Profeta (s):

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«Entre mi comunidad habrá un hombre cuyo nombre será Muhammad ibn Idris. Él será más perjudicial para mi comunidad que Iblís. Y entre mi comunidad habrá otro hombre cuyo nombre será Abu Hanifa; él será una lámpara para mi comunidad.»

No resulta difícil comprender que el narrador de estos dos hadices, movido por el interés y la envidia, hizo pasar como hadiz una mentira atribuida al Mensajero.

2. En el hadiz transmitido pueden encontrarse indicios que demuestran de manera concluyente que es apócrifo. Por ejemplo, que en el texto principal del hadiz aparezca alguna palabra cuyo significado sea extremadamente ridículo, o que tanto las palabras como el significado sean pura palabrería. No puede afirmarse en general que el hadiz sea apócrifo simplemente porque una palabra resulte ridícula. Pues quizá el hadiz sea auténtico en cuanto a su significado original, pero alguno de sus narradores posteriores haya introducido una pequeña modificación en la expresión y haya sustituido una palabra por otra según su propio criterio. En realidad, el hadiz habría sido transmitido originalmente por el Noble Mensajero (s). Sin embargo, si el narrador sostiene que el lenguaje y todas las palabras del hadiz fueron transmitidos por el Noble Mensajero (s), no queda más remedio que llamarlo mentiroso. Esto se debe a que el Profeta (s) era, entre los árabes, sumamente elocuente y de habla dulce. En tal caso, si siquiera una palabra del hadiz es ridícula o frívola, necesariamente será apócrifa y falsa.[********************]

Un hadiz apócrifo de significado ridículo es el siguiente:

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«No insultéis a los gallos, pues son mis amigos.»[Aunque todo este hadiz es apócrifo, su primera parte sí es una declaración del Mensajero. Abu Dawud la citó con una excelente cadena de transmisión, con las siguientes palabras: ******************** «No insultéis al gallo, pues despierta para la oración.» ********************]

¿Quién podría no comprender que esto no puede ser una palabra del Noble Profeta (s)?

3. Una de las señales de que un hadiz es inventado es que contradiga la razón y el sentido común. Si un hadiz contradice la razón y el sentido común, y no es posible darle un significado aceptable, o si contradice las percepciones y observaciones generales, también quedará demostrado que es inventado. Por ejemplo, informar que se han unido dos cosas opuestas, o afirmar algo que niegue al Creador. Pues ninguna norma de la sharía puede contradecir la razón natural y el sano entendimiento.

Un hadiz inventado dice lo siguiente:

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Alá creó un caballo. Lo hizo correr, y este sudó abundantemente. Después, Él se creó a Sí mismo a partir de él.

¿Acaso una persona de sano juicio podría decir algo tan absurdo?

El segundo es el siguiente:

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«La berenjena es un remedio para toda clase de enfermedades».

Esto es completamente falso y carece de fundamento. Pues la observación ha demostrado que la berenjena aumenta la gravedad de las enfermedades y las hace más difíciles. Al escuchar este hadiz (?), el sentido común dice de inmediato que es falso.

4. Si un hadiz contradice una disposición clara del Corán, un hadiz mutawátir o un consenso concluyente, debe considerarse falso o mawdu.

Desde esta perspectiva, se han declarado falsos aquellos hadices que fijan en siete mil años la vida restante del mundo. Pues contradicen el siguiente versículo del Corán. Allah, el Altísimo, dijo:

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¡Oh, Profeta! La gente te pregunta cuándo se establecerá la Hora. Di: «El conocimiento de esto pertenece únicamente a Allah, mi Dios; Él lo revelará en el momento exacto».

El especialista en hadices ha declarado falso y mawdu el hadiz que se cita a continuación.

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El hijo ilegítimo no podrá entrar en el Paraíso.

Porque esto contradice la siguiente declaración explícita del Corán. Allah dijo:

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Nadie que lleve una carga llevará la carga (del pecado) de otro. [********************]

De igual modo, los «hadices» que expresan el significado de que quien se llame Ahmad o Muhammad nunca entrará en el Infierno. Pues es de todos sabido que únicamente un nombre, un sobrenombre o un título jamás puede satisfacer la obligación de practicar la religión. Por tanto, nadie puede librarse del Infierno simplemente gracias a su nombre, sobrenombre o título. El único medio de salvarse de él son las «amalus salih»: las buenas obras.

5. No cabe duda de que son falsos los hadices que mencionan un acontecimiento celebrado en presencia de un gran número de Compañeros, pero que ni alcanzaron una amplia difusión en la época de los Compañeros ni fueron narrados por nadie salvo por un reducido número de personas. La siguiente afirmación de una corriente de los chiíes también es un hadiz falso de esta categoría:

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Al regresar de la Peregrinación de Despedida, el Noble Profeta (s), en presencia de más de cien mil Compañeros en Ghadir Khumm, otorgó el califato a Hazrat Ali (ra).

Se ha afirmado que el Profeta (s) otorgó el califato a Hazrat Alí (r) en presencia de un número enorme de compañeros —más de cien mil—; pero, en general, los compañeros no dieron ninguna importancia a ello, y cuando, después del fallecimiento del Profeta, llegó el momento de designar al califa, ningún compañero recordó este asunto. Esto es algo imposible. Por tanto, es enteramente una invención.

6. Si en algún hadiz se menciona algo contrario a la razón común y al sano juicio, debe considerarse apócrifo. Por ejemplo, en una frase conocida como hadiz se cita lo siguiente:

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Ni la opresión de los turcos es buena ni la justicia de los árabes.

Pues la opresión es reprobable en general, del mismo modo que la justicia es digna de elogio en toda circunstancia.

7. Si el narrador de un hadiz es partidario de la doctrina rafidí y en el hadiz se mencionan las virtudes de los miembros de la familia del Mensajero, debe entenderse que es apócrifo. Pues los seguidores de la doctrina rafidí suelen atribuir al Mensajero este tipo de afirmaciones, basadas en elogios infundados de los miembros de su familia, y están acostumbrados a insultar y difamar a los compañeros. En particular, albergan una gran hostilidad hacia los dos primeros califas y consideran que usurparon el derecho de Hazrat Alí al califato.

8. Si el acontecimiento mencionado en un hadiz contradice la historia auténtica, fiable y documentada, debe entenderse que sin duda es apócrifo. Por ejemplo, en un hadiz se afirma que se retiró la yizia a los habitantes de Jaybar a causa del martirio de Hazrat Saad ibn Muaz. Esto contradice la historia real. Pues Hazrat Saad había sido martirizado en la batalla del Foso, acontecimiento que tuvo lugar antes de la batalla de Jaybar. En segundo lugar, la yizia ni siquiera había sido instituida durante la batalla de Jaybar; más bien, antes de la batalla de Tabuk era completamente desconocida para los compañeros. En tercer lugar, allí se afirma que lo escribió Muawiya ibn Abu Sufyan. Sin embargo, Muawiya había aceptado el islam en el momento de la conquista de La Meca. Durante la batalla de Jaybar aún no era musulmán.

9. Si alguien afirma haber vivido más allá de la esperanza de vida ordinaria establecida por Dios y proclama haber encontrado a una persona que vivió en una época muy anterior, debe entenderse que esto es completamente falso. Por ejemplo, Ratan Hindis afirmó haber conocido al Profeta (s). Sin embargo, esta persona estaba viva en el año seiscientos de la hégira. La creencia de los ignorantes es que se había reunido con el Profeta, había escuchado hadices de él y que el Mensajero había orado para que tuviera una larga vida. En realidad, tal afirmación carece por completo de fundamento, pues la mayoría de los compañeros que habían conocido al Profeta desaparecieron antes del año cincuenta y nueve de la hégira. En aquel entonces, solamente Hazrat Abu Tufayl seguía vivo. Y cuando falleció, la gente lloró diciendo:

******************************************************

Este es el último de los que se reunieron con el Noble Profeta.

10. También es completamente falsa e infundada la afirmación de que los sufíes recibieron hadices del Mensajero mediante el kashf o los sueños, sin ninguna cadena continua de transmisión. Todos los sabios de la religión islámica están totalmente de acuerdo en que ningún hecho verdadero de la sharía puede demostrarse por medio de los sueños o del kashf. Esto se debe a que tal medio no es en absoluto fiable. Más bien, no es sino una exageración infundada respecto de las normas fundamentales de la sharía. Fuera del Corán y de los hadices transmitidos mediante cadenas continuas y auténticas de transmisión, no existe una tercera base de la sharía; aunque alguien crea que sí existe, tal creencia es falsa y debe ser rechazada.[Esta extensa discusión hasta aquí ha sido tomada de las páginas 479-485 de la obra ******************** y se ha recibido ayuda de ********************.]

El método de la crítica de los hadices

Al tratar sobre el origen de la ciencia de la crítica de los hadices, hemos mencionado diversos métodos para reconocer los hadices falsificados. En estas circunstancias de falsificación de hadices, surgió una urgente necesidad de verificar y examinar los hadices basándose en criterios sutiles e irrefutables, para determinar claramente cuál era falso y cuál auténtico. Por ello, se inició ampliamente la tarea de investigar minuciosamente la cadena de transmisión de cada hadiz, a cada persona relacionada con ella, sus encuentros mutuos, las circunstancias en que escucharon y recibieron el hadiz, la fuente original del hadiz y todo lo demás. En aquel tiempo, los expertos de la sociedad musulmana decidieron por consenso que solo se aceptarían hadices auténticos e impecables, y que no se aceptaría ningún otro «hadiz». Pues aceptar un hadiz y actuar conforme a él solo es posible cuando se demuestra que realmente es una palabra del Mensajero y que no existe ninguna duda respecto de que sea un hadiz. Esta prueba del hadiz depende de la autenticidad de su cadena de transmisión, de la credibilidad de cada transmisor mencionado en ella y de que ninguno de ellos haya quedado «herido» por los golpes de la crítica. Una vez que la cadena de transmisión del hadiz supera todas estas pruebas, en la segunda etapa deben examinarse y verificarse las cualidades propias del texto original del hadiz: la exactitud y credibilidad de su contenido. En la terminología de la ciencia del hadiz, el primer método se denomina verificar la «riwaya». El segundo se denomina diraya: verificar el contenido esencial en la piedra de toque de la razón y del sano juicio.

La labor de examinar la cadena de transmisión

Verificar la autenticidad o falsedad de un hadiz desde el punto de vista de su cadena de transmisión es una ciencia especial. Los expertos la han definido con estas palabras:

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Esta ciencia depende enteramente del examen y la evaluación sumamente minuciosos de la cadena de transmisión de las palabras, acciones, aprobaciones o cualidades que se atribuyan al Noble Mensajero, a los Compañeros y a los tabi‘in.[********************]

Para determinar si un hadiz es aceptable, primero debe verificarse su cadena de transmisión. En esta etapa es indispensable examinar desde diversos ángulos a cada uno de los transmisores del hadiz. ¿Qué clase de persona es el transmisor y cuál es su carácter? ¿Cuánto domina el conocimiento y la erudición islámicos? ¿Qué tan aguda y desarrollada es su capacidad de comprensión? ¿Cómo son su talento y su memoria? ¿Son correctos su ‘aqida, sus creencias, pensamientos y doctrinas? ¿Se ajustan al islam o sigue acaso una innovación? ¿Posee un juicio y una capacidad de pensamiento sanos? ¿Padece alguna enfermedad mental? ¿Está acostumbrado a transmitir la verdad con exactitud, o en ocasiones también dice falsedades? ¿Es virtuoso y de buen carácter, o carece de moral y se inclina hacia las malas acciones? En la ciencia de la crítica de los transmisores de hadices, este tipo de preguntas es fundamental respecto de cada transmisor. Además, es necesario saber dónde y de quién escuchó y aprendió el hadiz. También deben examinarse minuciosamente estas cuestiones: si realmente se encontró con aquel de quien transmite el hadiz; y, de ser así, dónde y cuándo tuvo lugar el encuentro, y qué edad tenía entonces.

En realidad, esta es una ciencia especial, llamada: ********************. Al definirla, se ha dicho:

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Es una ciencia en la que los transmisores de hadices son sometidos a crítica mediante términos específicos y se establece una conciliación entre sus valoraciones.

Por ello, es indispensable adquirir un conocimiento profundo y minucioso de las biografías detalladas de cada transmisor de hadices. Este conocimiento se denomina:

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La ciencia y el conocimiento relativos a los nombres e identidades de las personas.

Se ha explicado de la siguiente manera:

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Es decir, el conocimiento sobre los Compañeros, los Seguidores y todos los narradores mencionados en la cadena de transmisión del hadiz. Pues este conocimiento constituye la mitad del conocimiento del hadiz.

Acerca de la importancia de este conocimiento, Sufyan al-Zawri dijo:

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La cadena de transmisión y el conocimiento relacionado con ella son el arma especial de los creyentes; y si alguien no posee un arma, ¿con qué luchará —es decir, con qué se enfrentará al enemigo—?

El imán al-Shafi‘i —que Dios tenga misericordia de él— dijo:

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Quien busca y acepta hadices sin conocer la cadena de transmisión ni los conocimientos relacionados con ella es como quien recoge leña en la oscuridad de la noche. Lleva una carga de leña, pero entre ella hay serpientes venenosas. Una de ellas lo muerde, pero él ni siquiera se da cuenta.

Criticar, examinar y verificar a los narradores de hadices de todos los niveles y categorías, y otorgar a los dignos de confianza el honor que les corresponde, es una actividad sumamente necesaria en el islam. Al-lah, exaltado sea, ordenó claramente:

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¡Oh, creyentes! Si una persona perversa os trae una noticia, verificad su veracidad. De lo contrario, podríais causar un perjuicio a un pueblo por ignorancia y luego arrepentiros.

Precisamente por esta clara instrucción, los nobles Compañeros adoptaron una especial severidad y cautela al aceptar cada palabra o hadiz. No estaban dispuestos a aceptar las palabras o hadices de cualquiera sin argumentos irrefutables, pruebas y testimonios. Posteriormente, esto sentó las bases para el surgimiento de la «ciencia de la crítica de los hadices» en el ámbito de la ciencia del hadiz. Por esta razón se compuso el «Ilm al-asmāʾ wa al-rijāl». Esta ciencia es absolutamente indispensable para decidir qué hadiz es aceptable. A este respecto se ha dicho:

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Está demostrado que el Mensajero de Al-lah, un gran número de Compañeros y los Tābiʿūn hablaron sobre la crítica y la concesión del honor debido a cada narrador de hadices. Esta labor continuó también después de ellos. Todos consideraron lícita esta práctica con el propósito de proteger la sharía del islam de las garras de la falsedad y la falsificación, y no con el propósito de causar daño a la gente o demostrar simplemente su culpabilidad.

Muhammad ibn Sirin, un Tābiʿī, dijo:

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Sabed ciertamente que este conocimiento es un asunto fundamental de la religión del islam; por tanto, examinad con sumo cuidado de quién recibís la religión.

Al referirse a la historia del surgimiento de la ciencia de la crítica de los hadices, añadió:

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Antes, la gente no preguntaba por la cadena de transmisión de los hadices ni por la identidad de los transmisores. Pero cuando comenzaron las discordias, empezaron a decir: «Decidnos los nombres y la identidad de vuestros transmisores». Si eran personas que se atenían verdaderamente a los hadices, se aceptarían los hadices que transmitieran; pero si seguían innovaciones, no se aceptarían los hadices que transmitieran.

Respecto a este conocimiento indispensable para verificar los hadices —el «ilm al-asmāʾ wa-l-riŷāl»—, el célebre orientalista Dr. Springer dijo:

Nunca ha existido en el mundo otra nación que haya creado una ciencia biográfica tan vasta y amplia como la ciencia musulmana de los nombres de los transmisores, ni existe actualmente en el mundo ninguna otra nación semejante. Gracias a esta ciencia, hoy pueden conocerse de manera ordenada y fiable las biografías detalladas de quinientos mil transmisores de hadices. Introducción a la traducción inglesa de la obra, impresa en Calcuta en 1853.

En materia de crítica de los hadices, los especialistas en hadices adoptaron una precaución extraordinaria. Si una persona dotada de buena memoria perdía la memoria a los sesenta años y contraía una enfermedad de olvido, en su biografía se dejaba constancia necesariamente de lo siguiente: «Esta persona tuvo buena memoria durante la primera etapa de su vida, pero a los sesenta años perdió la memoria. Por consiguiente, solo podrán aceptarse los hadices que transmitió mientras conservaba su memoria; ningún hadiz transmitido después de este accidente podrá aceptarse de él». Al redactar esta ciencia biográfica, sus autores no incurrieron en graves defectos tales como parcialidad, hostilidad, rencor, inclinación injustificada hacia alguien o elogios excesivos hacia alguna persona. Basándose en la verdad completa sobre cada individuo, analizaron los hechos reales. Su mirada se apoyaba enteramente en la verdad y en el análisis de los hechos reales. Su perspectiva era completamente imparcial y libre de impurezas. A cada persona le concedieron exactamente la dignidad y el posición que le correspondían; no mostraron mezquindad ni estrechez de miras al hacerlo.

Con el propósito de formar aquí una idea clara sobre el método de crítica de los hadices, se mencionan a modo de ejemplo algunos casos. (Naturalmente, la discusión de los principios ya se ha presentado anteriormente.)

El muhaddiz Shaykh Abd Allah ibn Mubarak, al hablar sobre Shaykh Ubad ibn Kathir, elogió ampliamente su taqwa y su piedad, pero afirmó que, por razones morales, no podían aceptarse los hadices que él había transmitido.

Un hombre le recitó un hadiz al imán Abd Allah ibn Hakim. El imán le preguntó: «¿De quién y cuándo escuchaste este hadiz?». Él respondió: «Escuché este hadiz de Abd ibn Humayd en tal año».

Entonces el imán Abd Allah se dirigió a los estudiantes reunidos ante él y dijo: «Miren: según este hombre, Abd ibn Humayd transmitió este hadiz a esta persona siete años después de su muerte».

Pues Abd ibn Humayd había fallecido siete años antes del año que aquel hombre había mencionado como la fecha en que escuchó el hadiz de él. Es decir, su afirmación de haber escuchado de él ese hadiz es completamente falsa y el hadiz es inaceptable.

Los judíos presentaron ante el califa musulmán un documento redactado por el Mensajero y afirmaron que debía retirarse la yizya impuesta sobre ellos. En el documento estaba escrito que se había eximido de la yizya a los judíos habitantes de Jaibar. Para el califa y los administradores del Estado no parecía haber otra opción que aceptarlo con la cabeza inclinada y retirar la yizya a los judíos. Sin embargo, cuando los especialistas en hadices examinaron el documento, observaron que en él se citaba como testigo a Saad ibn Muadh. Pero él había fallecido antes de la batalla de Jaibar.

En segundo lugar, en este documento aparece escrito el nombre de Muawiya ibn Abi Sufyan como su redactor, aunque es de conocimiento general que Muawiya no aceptó el islam hasta después de la batalla de Jaibar.

En tercer lugar, hasta el momento mencionado en dicho documento aún no había sido revelado el mandato de Allah relativo a la yizya; fue revelado mucho después. Y, en cuarto lugar, de este documento solo se demuestra la exención de la yizya para aquellos judíos que abandonaran su hostilidad hacia el islam y mostraran sumisión al islam. Pero respecto de quienes estuvieran consumidos por la hostilidad hacia el islam, no podía plantearse en absoluto la exención de la yizya.

Los muhaddices declararon, basándose en estas pruebas irrefutables, que este documento era completamente falso. Por tanto, debía ser retirado.

Estos son solamente algunos ejemplos de la aplicación práctica de la ciencia de la crítica de los hadices. Los científicos del hadiz sometieron cada hadiz a crítica, verificación y examen en la piedra de toque de este tipo de crítica y comprobación. Y la realización de esta grandiosa y noble tarea solo fue posible con la ayuda de la ciencia de Asmāʾ al-Rijāl. Su fundamento se estableció sobre la aleya antes mencionada del Noble Corán. Los sahaba siguieron plenamente esta práctica. Posteriormente, los muhaddices distinguieron mediante este criterio entre los hadices verdaderos y los falsos.

A continuación se mencionan, en orden cronológico, los nombres de quienes realizaron algún trabajo en el campo de la crítica de los hadices:

En la generación de los sahaba: 1. Hazrat Abdullah ibn Abbas (f. 68 H.), 2. Ubada ibn Samit (f. 34 H.), 3. Anas ibn Malik (f. 93 H.).

En la generación de los tabiún: Amir al-Shaʿbi (f. 104 H.), Ibn Sirin (f. 160 H.), Saʿid ibn al-Musayyab (f. 93 H.).

Entre las personalidades destacadas del segundo siglo se encuentran el imán Shuʿba (f. 160 H.), Anas ibn Malik (f. 179 H.), Maʿmar (f. 153 H.), Hisham al-Dastawaʾi (f. 154 H.), el imán al-Awzaʿi (f. 156 H.), Sufyan al-Thawri (f. 161 H.), Ibn al-Majishun (f. 163 H.), Hammad ibn Salama (f. 167 H.) y Layth ibn Saʿd (f. 175 H.).

Entre las personalidades destacadas de la etapa siguiente se encuentran Abdullah ibn al-Mubarak (f. 181 H.), Hushaym ibn Bashir (f. 188 H.), Abu Ishaq al-Fazari (f. 185 H.), al-Muʿafi ibn Imran al-Mawsili (f. 185 H.), Bishr ibn al-Mufaddal (f. 196 H.) e Ibn ʿUyayna (f. 197 H.). Entre las personalidades destacadas de su generación se encuentran Ibn ʿAliyya (f. 193 H.), Ibn Wahb (f. 197 H.) y ʿUqayt ibn al-Jarrah (f. 197 H.).

En esta época aparecieron dos personas de talento extraordinario. Fueron Yahya ibn Saʿid al-Qattan (f. 189 H.) y Abd al-Rahman ibn Mahdi (f. 198 H.).

Las personas destacadas que vienen después de ellos son: Yazid ibn Harun (fallecido en 206 H), Abu Dawud al-Tayalisi (fallecido en 204 H), Abd al-Razzaq ibn Hammam (fallecido en 211 H) y Asim Nabil ibn Majlad (fallecido en 212 H).

Después de ellos vienen los autores de obras sobre la ciencia de la crítica. En esta etapa, las principales personas destacadas son: Yahya ibn Ma’in (fallecido en 233 H), Ahmad ibn Hanbal (fallecido en 241 H), Muhammad ibn Sa’d (fallecido en 230 H), Abu Khaythama Zubayr ibn Harb (fallecido en 234 H), Abu Ja’far Abd Allah ibn Muhammad Nabil, Ali ibn al-Madini (fallecido en 234 H), Muhammad ibn Abd Allah Numayr (fallecido en 234 H), Abu Bakr ibn Abi Shayba (fallecido en 235 H), Abd Allah ibn Amr al-Qawariri (fallecido en 235 H), Ishaq ibn Rahwayh, el imán de Jorasán (fallecido en 237 H), Abu Ja’far Muhammad ibn Abd Allah Ammar al-Mawsili (fallecido en 242 H), Ahmad ibn Salih, el حافظ de Egipto (fallecido en 248 H), y Harun ibn Abd Allah al-Hammal (fallecido en 243 H).

Después de ellos vienen Ishaq al-Kawsaj (fallecido en 251 H), el imán al-Darimi (fallecido en 255 H), el imán al-Bujari (fallecido en 256 H), Hafiz al-Ijli, el imán Abu Zur’a (fallecido en 264 H), Abu Hatim (fallecido en 277 H), el imán Muslim (fallecido en 261 H), Abu Dawud al-Sijistani (fallecido en 275 H), Baqi ibn Majlad (fallecido en 276 H) y Abu Zur’a al-Dimashqi (fallecido en 281 H).

Después de ellos destaca Abd al-Rahman Yusuf al-Baghdadi. También compuso una obra sobre la crítica de hadices. Ibrahim ibn Ishaq al-Harbi (fallecido en 285 H), Muhammad ibn Ajja (fallecido en 289 H), Hafiz Qurtuba Abu Bakr ibn Abi Asim (fallecido en 287 H), Abd Allah ibn Ahmad (fallecido en 290 H), Salih Jazara (fallecido en 293 H), Abu Bakr al-Bazzar (fallecido en 292 H) y Muhammad ibn Nasr al-Marwazi (fallecido en 294 H) fueron asimismo personas destacadas en esta etapa.

Así, en cada época surgieron personas dotadas de especial competencia, que examinaron los hadices y verificaron su autenticidad. Como resultado, en ningún momento un hadiz absolutamente apócrifo y falso pudo ser conocido y difundido con el nombre de «hadiz» ni permanecer como tal. Esta situación se mantuvo desde la época de los Compañeros hasta el siglo VIII de la Hégira.

Entre las obras compuestas durante esta etapa, se ofrece aquí una breve descripción de algunas obras destacadas:

1. Tabaqat Ibn Sa’d. Es una obra voluminosa, dividida y completada en quince volúmenes.

2. El imán al-Suyuti compuso un resumen de dicha obra. Su título es—

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3. El Tarij al-Kabir, el Tarij al-Sagir y el Tarij al-Awsat, escritos por el imán al-Bujari.

4. La historia escrita por Ibn al-Madini, completada en diez volúmenes.

5. La obra ********************, escrita por Ibn Hibban, completada en diez volúmenes.

6. Kitab al-Takmil, escrita por el imán Ibn Qasil. Título completo:

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Dos métodos para transmitir los hadices

Existen dos métodos para transmitir los hadices del Noble Profeta (la paz sea con él). Muchos hadices han sido transmitidos reproduciendo exactamente las palabras que salieron de los labios del Noble Profeta: tal como las dijo y con las mismas palabras que empleó. El transmisor no modificó en modo alguno su lenguaje ni sus palabras. Esta forma de transmisión se denomina riwayat bil-lafz —transmisión literal—, es decir, transmitir con las palabras y el lenguaje empleados por el Mensajero.

Cuando el mensaje fundamental del Mensajero se expresa y narra en palabras propias, este método se denomina riwāyat bil-maʿnā: narración del sentido, o expresar la idea principal con palabras propias. Sin embargo, una condición indispensable es que las palabras y el lenguaje empleados en lugar de los utilizados por el Mensajero sean necesariamente portadores y transmisores del sentido y significado originales. Es decir, lo que el Mensajero quiso decir debe expresarse en palabras propias de tal manera que el mensaje fundamental quede expuesto correctamente y despierte en la mente del oyente exactamente el mismo sentido y significado que despertó en la mente de quienes lo escucharon por primera vez del Mensajero. Si se produce cualquier diferencia o si el contenido original aumenta o disminuye, la responsabilidad de la narración no puede cumplirse correctamente.

También es plenamente conforme a la ley narrar los hadices del Mensajero mediante este último método. Según la mayoría de los muhaddizun, la mayor parte de los hadices existentes se ha transmitido de esta manera. Es decir, las palabras del Mensajero se han narrado con palabras propias.

Un sahabi presentó esta petición ante el Noble Profeta (s): «Escuchamos sus hadices, pero no tenemos capacidad para narrarlos literalmente. (¿Qué debemos hacer ahora?)». El Noble Profeta (s) dijo: «Cuando no convertís lo lícito en ilícito ni lo ilícito en lícito, sino que transmitís la idea fundamental con vuestras propias palabras, no hay ningún inconveniente en ello.»

Clasificación de los narradores de hadices

(cualitativa)

Los narradores de hadices se dividen, desde el punto de vista cualitativo, en cuatro categorías. Precisamente atendiendo a esta diferencia de categorías se determinan el nivel y la importancia de los hadices narrados por ellos.

Pertenecen a la primera categoría de narradores de hadices aquellos que son sumamente muttaqíes, observantes de la sharía, dotados de una memoria aguda, expertos en las diversas ciencias y ramas del conocimiento del islam, perspicaces, sensatos, custodios completos de los hadices memorizados y opositores de la bid‘a.

Los narradores de la segunda categoría son aquellos cuyas cualidades son iguales en todos los aspectos a las de los narradores de la primera categoría. Sin embargo, únicamente en lo que respecta a la memoria son inferiores a la primera categoría. En este nivel se encuentran dos tipos de personas. Un tipo está compuesto por quienes escribían los hadices y no dependían exclusivamente de la memoria. El segundo tipo está compuesto por quienes no escribían los hadices. Por ello, al olvidar algunas palabras del hadiz original, utilizaban en su lugar, al narrarlo, palabras de significado equivalente.

Los narradores de la tercera categoría eran aquellos que seguían la sharía y eran piadosos; sin embargo, no igualaban a los narradores de la segunda categoría en conocimiento, inteligencia, comprensión y perspicacia. Solo consideraban como capital aquello que conservaban en la memoria; no prestaban ninguna atención a lo que habían olvidado. Completaba las partes olvidadas con ayuda de la imaginación.

Los narradores de la cuarta categoría seguían la religión del islam y observaban la sharía; pero eran limitados en inteligencia, juicio y visión de futuro. Consideraban permisible inventar hadices para aconsejar a la gente, prometerles la paz en el Más Allá y atemorizarla con el castigo. Estas personas se dividían, a su vez, en cuatro grupos. El primero estaba formado por quienes no dudaban en alterar los hadices o inventar otros nuevos con el propósito de obtener prestigio y honor mundanos. El segundo, por quienes, para apoyar sus opiniones sobre cuestiones jurídicas particulares, incorporaban a los hadices las palabras que sus maestros habían empleado de manera personal. El tercero, por quienes, debido a su escasa capacidad de discernimiento, consideraban que las palabras explicativas pronunciadas por sus maestros formaban parte del hadiz original. El cuarto estaba constituido por los enemigos del islam que, con el mal propósito de crear y avivar las disputas, divisiones, separaciones y conflictos entre la comunidad musulmana, no temían en absoluto inventar y difundir hadices.

Condiciones para aceptar los hadices

Los imanes de la ciencia del hadiz han establecido diversas condiciones para determinar qué clase de hadices deben aceptarse y cuáles no, y para tomar una decisión al respecto. Como ya se ha dicho, todos los imanes del hadiz están completamente de acuerdo y firmemente decididos a que no se acepte nada excepto los hadices auténticos. Sin embargo, cada imán del hadiz llevó a cabo sus propias reflexiones e investigaciones acerca de las cualidades que permiten denominar «auténtico» a un hadiz. Puesto que estas investigaciones y estudios, así como el desarrollo de la ciencia del hadiz, no se realizaron al mismo tiempo ni con la presencia conjunta de todos los muhaddices, sino en distintas épocas y durante las diferentes etapas de su evolución, se produjeron ampliaciones sucesivas. Por ello, a primera vista parecen existir algunas diferencias de opinión. Aquí mencionamos las condiciones establecidas por los distintos imanes.

El imán supremo

Las condiciones que el imán supremo, Abū Hanifa (que Dios tenga misericordia de él), estableció para considerar auténtico un hadiz parecen ser mucho más estrictas que las establecidas por los demás muhaddices. En realidad, era una persona sumamente rigurosa en este aspecto. El jeque Ukay, maestro del imán Bujari, dijo: Si se impusieran generalmente condiciones tan estrictas como las del imán supremo, existiría el riesgo de que disminuyera el número de hadices auténticos.

Las condiciones del imán Abū Hanifa son las siguientes:

1. El narrador del hadiz debe pertenecer necesariamente a la primera categoría de narradores.

2. La transmisión del hadiz debe ser verbal, con la mención exacta de las palabras empleadas por el Mensajero (*********************). Si se transmite únicamente el significado del hadiz original o se lo relata con palabras propias (*********************), no será aceptado.

3. Si estos oyentes han escuchado el hadiz de boca del recitador en voz alta encargado de la sesión de enseñanza del hadiz (*********************), no podrán transmitirlo a los posteriores diciendo ********************* («fulano me narró un hadiz»). Si lo hacen, ese hadiz no será aceptado.

4. En el caso de los muhaddices que conservan por escrito su patrimonio de hadices, si recuerdan cada palabra del hadiz, su transmisión oral podrá ser aceptada. De lo contrario, deberán transmitir el hadiz teniendo delante el texto escrito. (Si no lo hacen de este modo, ese hadiz no podrá ser considerado aceptable.)

5. En cuanto a los hadices cuyo significado y sentido se hayan transmitido hasta este momento (*********************), pero no sus palabras exactas, podrán aceptarse como «hadices sahih» si sus narradores son expertos en fiqh o, al menos, dignos de confianza, fiables, veraces y juiciosos, y si, desde el punto de vista de la «diraya», lo que han transmitido es correcto.

6. Si se transmite un «jabar al-wahid» acerca de las actividades cotidianas, las transacciones y los actos de adoración, deberá presentarse otra cadena de transmisión o sanad como testimonio que lo respalde y corrobore. Si no se encuentra un «testimonio» aceptable, el hadiz original deberá ser necesariamente auténtico y sahih, al menos según el criterio de la diraya.

Condiciones de los compiladores de las Seis Colecciones Canónicas

Los compiladores de las obras de las «Seis Colecciones Canónicas» también impusieron por iniciativa propia numerosas condiciones importantes para aceptar los hadices. Aquí se mencionan por separado las condiciones impuestas por cada uno de ellos.

Imam al-Bujari (r)

1. La cadena de transmisión del hadiz (*********************) deberá ser sucesiva, conectada e ininterrumpida (*********************). El imán al-Hakim Abu Abd Allah al-Nishapuri (r) escribió:

******************************************************

El hadiz sahih de primer grado es aquel que un Compañero ilustre narra del Mensajero honorable, y que cuenta además con al menos otros dos narradores fiables. Después, un tabi‘í lo narrará de ese Compañero; dicho tabi‘í será generalmente conocido por narrar hadices directamente de los Compañeros, y en este nivel también habrá dos narradores fiables que lo transmitan. Después, lo narrarán tabi‘ al-tabi‘in que sean memorizadores del hadiz y sumamente cuidadosos. En una etapa, se contará entre los narradores. Después de él vendrá el maestro del imán Bujari, un memorizador del hadiz célebre por su fidelidad en la transmisión de hadices.[*********************]

2. El narrador del hadiz deberá haber permanecido durante mucho tiempo en compañía de sus maestros.

3. El narrador deberá estar considerado entre los narradores de primer grado, y ser célebre y fiable.

4. Deberá estar demostrada la reunión efectiva entre aquellos de quienes uno narra el hadiz y sus respectivos transmisores.

El imán Muslim (r)

El jeque Abu Amr Ibn al-Salah escribió:

******************************************************

El imán Muslim estableció como condición para aceptar hadices en su obra Sahih que la cadena de transmisión del hadiz fuera necesariamente «muttasil», conectada y continua; que una persona «ziqa» narrara de otra persona «ziqa»; que esta condición se mantuviera desde el principio hasta el final, y que estuviera libre de «shaz» (*********************) e «illat» (*********************).

2. Tanto quien narra un hadiz como aquel de quien lo narra deben haber vivido en la misma época y en el mismo período.

3. Ninguno de los narradores del hadiz debe ser «mayhul» (*********************), es decir, de identidad desconocida. Todos ellos deben ser ampliamente conocidos.

4. El hadiz original no debe contener ningún defecto.

Existen diferencias entre los imanes Bujari y Muslim respecto a las condiciones para aceptar hadices. Por esta razón, muchos hadices son considerados sahih por el imán Bujari, pero no por el imán Muslim, y también ocurre lo contrario. Por ello, son 625 los maestros o profesores de hadiz de quienes el imán Bujari aceptó hadices, pero el imán Muslim no, y aquellos de quienes el imán Muslim aceptó hadices, pero el imán Bujari no.[]

El imán Nasai y el imán Abu Dawud (r)

1. Todos los hadices incluidos, con sus cadenas de transmisión, en las dos principales obras de hadices sahih, Bujari y Muslim Sharif, son necesariamente aceptables para estos dos imanes.

2. Todos los hadices que cumplen las condiciones observadas para aceptar hadices en las dos principales obras de hadices son aceptables.

3. Deben aceptarse todos los hadices que no hayan sido rechazados por consenso general ni por el consenso de los muhaddizun, y cuya cadena de transmisión sea «muttasil», es decir, continua, sin que falte ningún transmisor en la sucesión de narradores. Si el hadiz original es sahih y no es «mursal» ni «munqati», también es aceptable.

4. También es aceptable un hadiz transmitido por el mejor de los narradores entre los narradores de la cuarta categoría.

5. Cuando cuenta con el respaldo de un hadiz auténticamente sahih, el imán Abu Dawud también acepta un hadiz cuyo transmisor es débil, de poca fiabilidad o desconocido.

Todas estas condiciones son aceptadas por igual por el imán al-Nasa’i y el imán Abu Dawud. Sin embargo, en algunos aspectos, las condiciones establecidas por el imán al-Nasa’i son más rigurosas y superiores a las del imán Abu Dawud. En lo relativo a la aceptación de hadices, el imán al-Nasa’i observó una mayor cautela respecto de los transmisores. Consideró necesario investigar más a fondo su situación. Por esta razón, el imán al-Nasa’i no aceptó los hadices transmitidos por muchos narradores de quienes el imán Abu Dawud y el imán al-Tirmidhi sí habían aceptado hadices. El hafiz Ibn Hayar al-Asqalani (r) dijo al respecto que los hadices transmitidos por ellos también son aceptables.

******************************************************

Hay muchos transmisores cuyos hadices fueron aceptados por el imán Abu Dawud y al-Tirmidhi, pero el imán al-Nasa’i se abstuvo de aceptar los hadices transmitidos por ellos. Es más, el imán al-Nasa’i tampoco estuvo dispuesto a aceptar los hadices de un gran número de transmisores cuyos hadices habían sido aceptados por al-Bujari y Muslim en sus Sahih.

El imán al-Tirmidhi (r)

1. Todos los hadices citados en los dos primeros libros auténticos, Bujari y Muslim, son aceptables.

2. También son aceptables todos los demás hadices que superen las condiciones establecidas principalmente por los imanes expertos en hadices Bujari y Muslim y cuya autenticidad quede demostrada.

3. También son aceptables los hadices que el imán Abu Dawud y el imán Nasai aceptaron y cuyos defectos eliminaron.

4. También son aceptables los hadices conforme a los cuales actuaron los juristas.

5. También son aceptables los hadices cuyo tema central sea una disposición que haya estado vigente en todo momento.

6. También son aceptables los hadices de los narradores fidedignos que hayan sido objeto de crítica y respecto de los cuales todo se haya expuesto claramente.

7. También son aceptables los hadices narrados por aquellos narradores cuyos hadices hayan sido objeto de crítica, pero cuya fiabilidad haya quedado demostrada.

El imán Ibn Majah (que Dios tenga misericordia de él)

1. También son aceptables para él los hadices aceptados por los cinco muhaddices mencionados anteriormente.

2. También son aceptables los demás hadices que puedan superar las condiciones establecidas por los cinco mencionados anteriormente.

3. También son aceptables aquellos hadices conforme a los cuales actúan los eruditos dignos de confianza y fiables.

4. También son aceptables los hadices narrados por narradores excelentes de cuarta categoría, siempre que, tras ser examinados y verificados, hayan sido demostrados como auténticos.

En efecto, incluso los enemigos del islam se ven obligados a reconocer la importancia y la exactitud de las condiciones establecidas por los imames de la ciencia del hadiz y del método de crítica de los hadices.[*********************]

La diraya o método para verificar el texto original del hadiz

En las páginas anteriores se ha expuesto el método de verificar, sopesar y examinar los hadices únicamente desde el punto de vista del isnad. Su segundo método eficaz y fiable consiste en verificar la autenticidad del texto original del hadiz (*********************). En la terminología de la ciencia del hadiz, esto se denomina «diraya». Este procedimiento tiene diversos aspectos. Sin embargo, su esencia es que, sin criticar ni verificar a los narradores del hadiz, se sopesa el texto original del hadiz en la piedra de toque de la razón. El proceso de verificar la «riwaya», o el isnad, se limita únicamente a las cualidades personales, el carácter y las relaciones mutuas de los narradores del hadiz. Pero si en el contenido del hadiz hay algún error, falsedad o irrealidad, o algo contrario al Corán y a los hadices auténticos, ello no puede ser detectado mediante la verificación y el examen de este método. Por tanto, no puede aceptarse un hadiz simplemente porque, tras ser verificado únicamente mediante este método, haya resultado aprobado. Por esta razón se aplica el proceso de la «diraya» para verificar el contenido del hadiz original (*********************) —es decir, el mensaje esencial del hadiz— según el criterio de un intelecto agudo y del discernimiento. En la verificación y el examen de los hadices, la aplicación del principio de la «diraya» cuenta con el respaldo del Corán y del hadiz, al igual que el principio de la «riwaya». El propio Allah, exaltado sea, ha prohibido decidir aceptar o rechazar cualquier «dicho» basándose únicamente en la «riwaya».

Cuando los hipócritas de Medina difundieron calumnias sobre Aisha (que Allah esté complacido con ella), algunos musulmanes también se vieron influenciados por ello. Entonces Allah, exaltado sea, se dirigió a ellos diciendo:

******************************************************

Cuando escuchasteis aquello, ¿por qué no dijisteis de inmediato: «De ninguna manera nos corresponde decir algo así»? Debíais haber dicho entonces: «¡Glorificado y exaltado sea Alá! Esto no es más que una mentira manifiesta y una enorme calumnia». (De ningún modo puede ser verdad). [*********************]

Es decir, en cuanto se oyó la noticia original, debió considerarse que era completamente falsa. Por tanto, era deber detener de inmediato su difusión y propagación. Esta exhortación divina a rechazar como falsa la «calumnia» en cuanto se la escucha constituye precisamente una instrucción para aplicar el método de dirāya.

En realidad, en la verificación de los hadices, el método de dirāya es una herramienta sumamente elevada, aguda y rigurosa. En esta etapa se prestan atención a los siguientes aspectos:

1. Si un acontecimiento tuvo lugar ante cientos o miles de personas —un acontecimiento que, por su propia naturaleza, necesariamente debió ser conocido por un gran número de personas en el momento en que ocurrió— o si algo semejante solo ha sido transmitido por un único narrador, naturalmente surgirá una duda sobre su autenticidad. Si tal acontecimiento no ha sido transmitido por numerosos compañeros, de ningún modo puede considerarse el relato de esta persona un «hadiz sahih» ni aceptarse sin reservas.

2. Si un acontecimiento ha sido transmitido por personas que no tenían ninguna razón para haber presenciado el acontecimiento original o haber estado relacionadas con el lugar donde ocurrió, o para quienes ello era imposible, y el relato no recibe apoyo de las transmisiones de personas estrechamente relacionadas con el acontecimiento original y con el lugar de los hechos, o si estas transmiten lo contrario, el hadiz transmitido por los primeros narradores no puede aceptarse como «hadiz sahih». En su lugar, puede aceptarse el hadiz transmitido por personas más estrechamente relacionadas con el acontecimiento original. Por ejemplo, si un hadiz sobre la vida conyugal y familiar del Noble Profeta (s) es transmitido inicialmente por alguien que no tenía experiencia alguna, desde ningún punto de vista, de la vida familiar de Su Eminencia, ni lo había escuchado de una persona experta, su hadiz no puede aceptarse. Pero si tal hadiz es transmitido por alguien relacionado de algún modo con este aspecto de la vida del Mensajero —por ejemplo, una de sus esposas o un pariente cercano—, o si se transmite tras haberlo escuchado de una persona de esa índole, entonces ciertamente puede aceptarse.

3. El hadiz transmitido por un narrador familiarizado con el valor práctico de los hadices es más aceptable que el transmitido por un narrador que no conoce el valor práctico de otros tipos de hadices. Incluso, según algunos, si un tābiʿī faqīh transmite directamente un hadiz del Mensajero sin mencionar el nombre de un compañero, también será aceptable conforme al principio expuesto anteriormente. En la época de los compañeros no se redactaron detalladamente las normas y reglas del método de dirāya para verificar los hadices. Sin embargo, de aquella época se presentan algunos ejemplos de verificación de hadices desde la perspectiva de este método:

1. Hadiz transmitido por Abu Huraira (que Alá esté complacido con él):

******************************************************

He oído decir al Mensajero (s): «Después de consumir algo calentado por el fuego, realiza la ablución (para rezar).»

Al oír este hadiz, Hadrat Abdullah ibn Abbas (ra) exclamó: «Entonces, incluso si se utiliza agua caliente estando en estado de ablución, ¿habría que realizar nuevamente la ablución? [Tirmidhi—Kitab at-Taharah] En otras palabras, mediante el proceso de la ‘dirayat’, este hadiz no queda establecido como sahih.

2. En otro hadiz se ha mencionado:

******************************************************

El viernes hay un momento en el que, si un musulmán pide a Allah algún bien mientras está rezando, Allah se lo concede de manera especial.

Los Sahabah sentían un interés especial por saber con certeza cuándo ocurría exactamente ese momento especial. Hadrat Abdullah ibn Salam (ra) llegó a saber que ese momento se encontraba precisamente en el último instante del viernes. Pero Hadrat Abu Hurayra (ra), al oír esto, dijo: «¿Cómo puede ser eso? El Mensajero dijo: “Si alguien suplica a Allah mientras está de pie en la oración, Él se la concederá”. Sin embargo, en el último momento del día no está permitido realizar ninguna oración. Por tanto, no es razonable determinar un momento así basándose en este hadiz. [Abu Dawud—Kitab as-Salat]

En el primer hadiz se verificó, basándose en la ‘dirayat’, la exactitud de su afirmación principal, mientras que en el segundo hadiz se verificó la interpretación específica del hadiz.

La honorable Aisha poseía una especial competencia y talento para verificar los hadices basándose en la «dirāya». Sobre esta base, objetó algunos hadices, y a partir de sus objeciones fue posible establecer varios principios fundamentales de la dirāya. Por ejemplo:

1. Cuando en su presencia se citó la siguiente afirmación atribuyéndola al Mensajero:

******************************************************

El difunto será castigado por el llanto de sus familiares.

Entonces dijo: «No se puede aceptar esto como verdadero, pues el Noble Corán declara claramente:

******************************************************

Nadie cargará con el pecado de otro.

De esto se estableció, desde la perspectiva de la dirāya, el siguiente principio para verificar los hadices: no puede aceptarse ningún hadiz que contradiga una declaración clara del Corán.

2. Durante la época de los Compañeros, se difundió entre la gente este hadiz: que, en la noche del Mi‘ray, el Profeta (s) había contemplado directamente a Allah. Al oírlo, Aisha (ra) dijo: «El narrador de este hadiz es un mentiroso manifiesto. Pues el Noble Corán ha declarado claramente:

******************************************************

Ninguna criatura puede abarcar a Allah; Él abarca a toda la creación.

A continuación se enuncian conjuntamente los principios fundamentales del proceso de dirayat que se desprenden de la detallada exposición anterior:

1. El hadiz no será contrario a una prueba clara del Corán.

2. El hadiz no será contrario a la Sunnah establecida mediante una cadena mutawatir.

3. El hadiz no será contrario al ijma claro e incontrovertible de los nobles Compañeros.

4. El hadiz no será contrario a la razón y al sentido común evidentes.

5. Un hadiz no será contrario a los principios de la sharía, respaldados desde siempre y aceptados por todos.

6. Un hadiz no será contrario a los hadices aceptados como auténticos y fidedignos.

7. El lenguaje del hadiz no será contrario a las reglas de la lengua árabe. En efecto, el Profeta noble (s) nunca pronunció palabra alguna en un lenguaje contrario a las reglas del árabe.

8. Un hadiz no expresará un significado extremadamente ridículo que menoscabe la dignidad del Profeta.

En las obras de usul al-hadiz se han mencionado, en este punto, muchos otros principios fundamentales.

Existe discrepancia entre los estudiosos de la ciencia del hadiz acerca de la aplicación de los dos métodos mencionados anteriormente —la riwaya y la diraya— para verificar los hadices y distinguir los auténticos de los no auténticos. Un grupo se limita a conceder importancia al procedimiento de la riwaya, es decir, a la verificación del isnad. Según su perspectiva, basta con que el isnad sea correcto y que su continuidad, integridad y autenticidad se hayan preservado debidamente para que el hadiz pueda ser aceptado sin duda alguna. Otros, en cambio, consideran más importante que, en comparación con la corrección del isnad, el contenido fundamental del hadiz sea razonable y supere la prueba del procedimiento de la diraya. Desde este punto de vista, si un hadiz no supera correctamente esta prueba, no puede ser aceptable. Incluso si el isnad es correcto y se demuestra aceptable conforme al examen del isnad, no puede ser aceptado.

Sin embargo, desde la perspectiva del verdadero alim muhaqqiq, ambos métodos, considerados aisladamente, están desequilibrados. El primero depende exclusivamente del isnad; fuera del isnad, allí no se examina nada más. Si el isnad es correcto y fiable, ese hadiz debe aceptarse absolutamente. El segundo se basa de manera absoluta en la razón. Si el contenido fundamental del hadiz resulta aceptable a la luz del sentido común y de la razón, no se considera necesario examinar su isnad. Pero, en realidad, el isnad por sí solo no puede bastar para demostrar que algo es verdadero y correcto, del mismo modo que tampoco bastan por sí solos el intelecto y el análisis racional. Por ello, es indispensable establecer una completa armonía y mantener el equilibrio entre estos dos procedimientos.

Principios equilibrados de la crítica de los hadices

Cuál puede ser el método coherente para verificar los hadices es, en realidad, una cuestión que requiere investigación. La opinión bien meditada al respecto es que primero debe verificarse la cadena de transmisión y examinarse la parte ********************* del texto principal de su hadiz. Si la cadena de transmisión es correcta y el texto principal del hadiz también supera el criterio de la dirāya, entonces dicho hadiz es plenamente aceptable.

Sin embargo, existen muchos hadices cuya cadena de transmisión es impecable, mientras que el contenido del hadiz resulta inaccesible al entendimiento común. En este caso, lo único que debe examinarse y considerarse es si contradice el Corán; es decir, si el hadiz no declara ilícito aquello que el Corán ha declarado lícito ni demuestra algo contrario a ello. Pues todos saben que los hadices relativos al Mi‘raj fueron transmitidos por veinticinco compañeros y trescientos tābi‘ūn, aunque este asunto está fuera del alcance del entendimiento común. A pesar de ello, debe aceptarse necesariamente como un hadiz verdadero y auténtico. Esto se debe a que, además de no tratarse de algo imposible, es plenamente compatible con el Corán. Es una explicación de asuntos que el Corán menciona de forma ambigua o resumida.

Del mismo modo, examinando las palabras y el lenguaje de los hadices puede determinarse con certeza si realmente se trata de palabras del Noble Mensajero. Si en un hadiz aparece algún término que no se utilizaba en la época del Mensajero, no puede ser un hadiz suyo. Por ejemplo:

a) Se encuentra una cita en los libros de hadices:

******************************************************

Los qadaries son los adoradores del fuego de esta comunidad, y los rafidíes son los judíos de esta comunidad.

Su lenguaje y sus palabras demuestran claramente que de ningún modo puede tratarse de palabras del Mensajero. En segundo lugar, términos como «al-Qadarí» y «rafidí» corresponden a terminologías específicas. Puesto que este lenguaje no estaba en absoluto extendido en la época del Noble Mensajero, no puede plantearse siquiera que él lo hubiera empleado.

b) También se cita la siguiente afirmación con el nombre de «hadiz»:

******************************************************

Quien considere que el Corán es «makhlūq» es un incrédulo.

Durante la época abasí surgió una intensa disputa entre los eruditos de aquel tiempo acerca de si el Corán era «makhlūq» o no. En la época del Noble Mensajero ni siquiera se podía concebir una afirmación de ese tipo. Por consiguiente, no se puede creer que semejante afirmación haya salido jamás de los labios del Mensajero.

A continuación se cita la norma y el método que el erudito y muhaddiz Ibn al-Yawzi mencionó acerca de la aplicación del método de «dirāya» en la etapa de verificación de los hadices:

******************************************************

Considerarás que son hadices mawḍūʿ o inventados aquellos que encuentres contrarios al sentido común o que veas opuestos a los principios generales. Después de eso, no será necesario verificar y examinar a sus transmisores. Del mismo modo, son mawḍūʿ aquellos hadices que han quedado demostrados como falsos desde el punto de vista de la percepción y la observación comunes. También es mawḍūʿ todo aquello que contradiga el Corán, un hadiz mutawātir o un consenso unánime e incontrovertible, y cuya interpretación resulte imposible; asimismo, son mawḍūʿ aquellos hadices en los que se amenaza con un castigo severo por asuntos comunes e insignificantes, o en los que se promete una enorme recompensa por una acción pequeña. Por lo general, este tipo de hadices se encuentra en las cadenas de transmisión de predicadores y sufíes.

Además, es necesario verificar los hadices también mediante la balanza psicológica. En el mundo interior de quien estudie y practique los hadices del Mensajero de manera amplia e ininterrumpida, y los investigue con una mirada profunda y sutil, surgirá una intensa y clara luz resplandeciente. Podrá comprender fácilmente cuál es realmente un hadiz del Mensajero y cuál no; qué tipo de palabras podía pronunciar el Mensajero y qué tipo de actos podía realizar; qué clase de palabras o actos podían contar con su aprobación y cuáles no. ……………… No le resultará en absoluto difícil percibirlo.

En esta etapa, la opinión final es que la decisión definitiva sobre si un hadiz es aceptable o no debe basarse necesariamente en una verificación adecuada y extremadamente minuciosa tanto de su isnād como del hadiz mismo (matn).

 

Apéndice-2

La ciencia del hadiz en el subcontinente

La llegada de los Compañeros al subcontinente

Las relaciones comerciales entre este subcontinente y los países árabes son muy antiguas. Por ello, era sumamente natural que las primeras ondas de la revolución que se produjo en el siglo VI de la era cristiana en la costa occidental del mar Arábigo —en los países árabes— llegaran a alcanzar este subcontinente, situado en la costa oriental. La historia fiable demuestra que, durante los primeros años de la revolución islámica —aunque no en la época de la Profecía ni del primer califa—, algunos Compañeros del Profeta del universo llegaron a este subcontinente durante el califato del segundo califa, Hazrat Umar Faruq (que Dios esté complacido con él). Los Compañeros cuya llegada a la India durante este período ha podido documentarse son: (1) Hazrat Abdullah ibn Abdullah ibn Utban, (2) Hazrat Asim ibn Amr al-Tamimi, (3) Hazrat Suhayr ibn al-Abdi, (4) Hazrat Suhayb ibn Adi y (5) Hazrat al-Hakam ibn Abil As al-Saqafi (que Dios esté complacido con él). [Véase Siyarus Sahaba, tomo VI.]

Después, durante los gobiernos de Hazrat Uthman, Hazrat Ali y Amir Muawiya, continuó la llegada de los Compañeros a la India. Sin embargo, de esta época solo se ha podido identificar a tres Compañeros que llegaron a la India. Los dos Compañeros que llegaron a la India durante el califato de Hazrat Uthman fueron: (1) Hazrat Ubaydullah ibn Mamr al-Tamimi y (2) Hazrat Abd al-Rahman ibn Samura ibn Habir ibn Abd Shams. Durante la época de Hazrat Amir Muawiya llegó Hazrat Sinan ibn Salama ibn al-Muhabbiq al-Hudhali. Ziyad, el entonces gobernador de Irak, lo envió para que asumiera el cargo de gobernador de la frontera india.

La llegada de los tabi’un al subcontinente

La historia demuestra que, después de los Compañeros, numerosos tabi’un llegaron a la India. El primer tabi’i que llegó a la India durante la época de Amir Muawiya fue Mulahhab ibn Abi Sufra. En el año 44 de la Hégira llegó aquí junto con el Compañero Hazrat Abd al-Rahman ibn Samura, como comandante militar. Atravesó las fronteras de Sijistán y Kabul y llegó a Lahore.

La difusión del hadiz en el subcontinente

Los Sahaba fueron los primeros transmisores de la difusión de la ciencia del hadiz. Fueron ejemplos vivientes y pioneros en la propagación de la religión del islam. Adondequiera que fueron, se dedicaron a difundir el islam, así como el Corán y los hadices. Por consiguiente, no puede haber duda de que también en este país se dedicaron a difundir los hadices junto con el Corán. Por esta razón, puede creerse que durante la primera mitad del primer siglo de la Hégira los rayos de la ciencia del hadiz se difundieron en esta región, aunque no existe ningún medio para conocer su historia detallada.

La ciencia del hadiz en Sind

Durante varios años consecutivos se llevaron a cabo incursiones musulmanas en las zonas fronterizas de este subcontinente. Sinan ibn Salama conquistó Kusdar. Después, Huri ibn Huri al-Bahili, mediante una amplia campaña, hizo ondear la bandera del islam sobre la mayor parte de las regiones de Sind. [Véase Baladhuri, páginas 439 y 440.]

En el año 93 de la Hégira, Muhammad ibn al-Qasim completó la conquista de Sind y lo convirtió en una provincia incorporada al Estado islámico. Estableció colonias árabes en lugares como Multán, Mansura, Alor, Debal, Sindán, Kusdar y Kandabil. Cincuenta mil soldados de caballería permanecieron permanentemente con Muhammad ibn al-Qasim. En aquella época, numerosos árabes llegaron a este país con fines comerciales y para establecerse permanentemente. Como resultado, se establecieron centros de enseñanza islámica —de enseñanza del Corán y los hadices— en todos los lugares mencionados. Entre estos árabes había también muchos memorizadores del Corán y de los hadices. Gracias a sus esfuerzos y cuidados, la enseñanza del Corán y los hadices se difundió ampliamente en esta región. Aquí se mencionan los nombres y datos biográficos de algunos de ellos que se dedicaron especialmente a la difusión de los hadices:

1. Musa ibn Yaqub al-Saqafi. Fue nombrado juez (qadi) en Sind. Poseía una especial pericia en la ciencia del hadiz.

2. Yazid ibn Abi Kabsha al-Dimashqi (f. 97 H.). Era un tabií. Aprendió un gran número de hadices de los compañeros del Profeta, entre ellos Hazrat Darda, Sharhabil ibn Awj y Marwan ibn Hakam. También era reconocido como un transmisor fiable de hadices.

3. Mufaddal ibn Muhallab ibn Abi Safra (f. 102 H.), un tabií. Desempeñó un papel notable en la transmisión de hadices. Transmitió hadices del compañero Hazrat Nu’man ibn Bashir, y transmitieron hadices de él su hijo Hayib, Sabit al-Banani y Yarir ibn Hazim.

4. Abu Musa Israil ibn Musa al-Basri (f. 155 H.), Siddhi. Llegó a la India desde Basora por motivos comerciales. Era un transmisor fiable de hadices. Entre sus discípulos se encontraban célebres expertos en hadices como Sufyan al-Thawri (f. 161 H.), Sufyan ibn Uyayna (f. 198 H.) y Yahya ibn Sa’d al-Qattan (f. 198 H.). La elevada posición de Abu Musa en la ciencia del hadiz queda demostrada claramente por este relato. El imán Bujari transmitió numerosos hadices por mediación de Abu Musa en su colección de hadices.

5. Amr ibn Muslim al-Bahili llegó a Sind como gobernador provincial bajo el califa Umar ibn Abd al-Aziz. Narró hadices de Yala ibn Ubayd.

6. Rabi ibn Sabiḥ al-Saidi al-Basri (f. 170 H). Narró numerosos hadices y también compiló una obra de hadices. Llegó a la India en el año 160 de la Hégira.

La difusión de los hadices en las colonias árabes

Debal

En la ciudad de Debal (provincia de Sind), bajo el dominio árabe, se cultivaron y difundieron especialmente los hadices. Como resultado, surgieron allí varios célebres transmisores de hadices. A continuación se mencionan los nombres y datos biográficos de algunos de ellos:

1. Abu Yafar al-Debali (f. 322 H). Narró hadices de Musa ibn Harun al-Bazzaz (f. 294 H) y de Muhammad ibn Ali al-Sayf (f. 291 H).

3. Ahmad ibn Abdullah al-Dabli (f. 346 H). Fue discípulo del muhaddiz Abu Yafar. Fue conocido por transmitir un gran número de hadices en el siglo IV.

4. Muhammad ibn Muhammad ibn Abdullah al-Debali (f. 346 H). Estudió hadices con el califa Abu al-Qadi (f. 305). El célebre erudito Hakim al-Nishapuri fue discípulo suyo.

5. Al-Hasan ibn Muhammad ibn Asad Debuli (fallecido en 350 H.). En el año 340 H., narró hadices en Damasco. Su cadena de transmisión de hadices comenzaba con el compañero Jabir ibn Abdullah (que Allah esté complacido con él).

6. Khalaf ibn Muhammad Debuli (fallecido en 360 H.). Primero estudió hadices en Debal con Ali ibn Musa Debuli. Más tarde viajó a Bagdad y comenzó allí a impartir lecciones de hadices.

7. Ahmad ibn Muhammad ibn Harun Debuli (fallecido en 370 H.). Estudió hadices en Bagdad con Ja’far ibn Muhammad al-Faryabi. También estudió hadices en la ciudad de Kufa con Ahmad ibn Sharif.

8. Hasan ibn Hamid Debuli (fallecido en 407 H.). Era un gran comerciante y, junto con sus actividades comerciales, se dedicó al estudio de los hadices, alcanzando en ello una considerable erudición. Ali ibn Muhammad ibn Sa’id Muchali (fallecido en 359 H.), Dalaj (fallecido en 351 H.), Muhammad Naqqash (fallecido en 351 H.) y Abu Ali Tumari (fallecido en 360 H.) fueron sus maestros. Cuando narraba hadices, su corazón se conmovía y se llenaba de emoción hasta tal punto que rompía a llorar.

9. Abu’l-Qasim Shu’ayb ibn Muhammad Debuli (fallecido en 400 H.). Era conocido como Abu Qatan. Viajó a Egipto y allí formó un círculo, en el que continuó enseñando hadices.

Al-Mansura

Al-Mansura estaba situada a 47 millas al noreste de la actual Hyderabad, en Sind. Desde la época de la primera conquista musulmana, esta ciudad estaba impregnada del espíritu islámico. La mayoría de sus habitantes seguía los hadices. Por ello, puede suponerse que en esta ciudad el estudio de los hadices alcanzó un desarrollo extraordinario. En diversas mezquitas se impartían clases de hadices. Los especialistas se dedicaban a redactar obras de hadices. Entre ellos, el cadí Abu’l-Abbas al-Mansuri alcanzó especial renombre como maestro de hadices y compilador de obras.

A continuación se mencionan los nombres y datos biográficos de los demás eruditos del hadiz que había en esta ciudad:

1. Ahmad Abul Abbas al-Mansuri. Estudió hadiz en Fars con Abul Abbas ibn Asram (m. 336 H.) y en Basora con Ahmad Hiyyani (conocido como Abu Rawaq, m. 332 H.).

2. Ahmad ibn Muhammad al-Mansuri (m. 380 H.). Estudió hadiz tanto en Fars como en Basora. En el siglo IV alcanzó renombre como muhaddiz.

3. Abu Abdallah ibn Yafar Murra al-Mansuri (m. 390 H.). Fue discípulo de Hasan ibn al-Mukarram. Alcanzó renombre como maestro de al-Hakim al-Nishapuri.

Kasdar

El lugar llamado Khoshdar, en el actual estado de Kalat, era conocido en aquella época como Kasdar. Allí se encuentra la tumba de Hazrat Sinan ibn Salama al-Hudhali. Durante el período del dominio árabe, fue la capital del Imperio de Turán. Adquirió gran importancia como centro comercial. Esta ciudad ocupa un lugar destacado en el estudio del hadiz. A continuación se mencionan los nombres de algunos de sus eruditos del hadiz:

1. Yafar ibn Jattab al-Kasdari (m. 450 H.). Era conocido como Abu Muhammad. Más tarde se estableció en la ciudad de Balj. Fue reconocido como un narrador de hadices fiable (ziqa). Abul Futuh Abd al-Gafur al-Kashgari (m. 474 H.), un hafiz del hadiz, narraba hadices transmitidos por él. En el siglo V alcanzó renombre como muhaddiz.

2. Sibawayh ibn Ismail al-Kasdari (m. 463 H.). Abu al-Qasim Ali ibn Muhammad al-Husayni, Yahya ibn Ibrahim y Raja ibn Abd al-Wahid fueron sus maestros de hadiz. Viajó a La Meca y allí comenzó a impartir lecciones de hadiz. Abu al-Futayyan Amr ibn Hasan al-Rawasi (m. 503 H.) narró hadices transmitidos por él.

El estudio del hadiz en el norte de la India

Hasta mediados del segundo siglo de la Hégira, Sindh estuvo bajo la autoridad del gobierno árabe central. Después, surgieron rebeliones, desórdenes y trastornos políticos en la región. En aquella época, toda la provincia quedó dividida en varios pequeños reinos independientes locales. En el siglo III, esos reinos también fueron destruidos. Posteriormente, la influencia de la secta batiní se extendió por esta región. Como consecuencia, durante algún tiempo se rompió la relación de esta zona con el gobernante musulmán central.

En el año 413 de la Hégira, el sultán Mahmud de Gazni invadió el Punyab a través del paso de Khyber y conquistó Lahore. Como resultado, se restablecieron las relaciones entre los musulmanes y el subcontinente indo-paquistaní. Después, hasta el siglo VII de la Hégira, la dominación musulmana se extendió y consolidó por todo el subcontinente. Delhi fue designada capital de los musulmanes. A partir de entonces, los musulmanes de regiones como el Turquestán asiático, Jorasán y Afganistán comenzaron a llegar a la India en grandes grupos desde el paso de Khyber. Los dos primeros países —el Turquestán asiático y Jorasán— se habían convertido en el siglo III de la Hégira en cuna de la ciencia del hadiz. Los autores de las obras de las Sihah Sitta eran originarios de esas regiones. Debido a la llegada de un gran número de personas procedentes de esas tierras, comenzó en la India una amplia difusión de la educación islámica y de la ciencia del hadiz. En particular, Lahore se convirtió entonces en un centro de enseñanza del hadiz.

La ciencia del hadiz en Lahore

Al hablar de la difusión de la ciencia del hadiz en Lahore, ante todo debe mencionarse el nombre del jeque Muhammad Ismail Lahori (f. 448 H.). Llegó a la India desde Bujara en el año 395 de la Hégira y comenzó a residir en Lahore. Allí, al promover los ideales islámicos, concedió especial importancia a la ciencia del hadiz y adoptó métodos eficaces para su amplia difusión. Como resultado, durante los cien años siguientes surgieron en Lahore innumerables expertos en hadiz.

A continuación se mencionan los nombres y datos de algunos expertos en hadiz que residían en Lahore durante este período:

1. Sayyid Murtada (f. 589 H.). Era experto en la ciencia del hadiz y se incorporó al ejército del sultán Shihabuddin Ghori.

2. Abul Hasan al ibn Umar Lahori (f. 529 H.). Era un destacado experto en hadiz y estudió esta disciplina con el hafiz del hadiz Abul Muzaffar Sa‘idi.

3. Abul Futuh Abdus Samad ibn Abdur Rahman Lahori (f. 550 H.). Impartía lecciones de hadiz en Samarcanda.

4. Abu al-Qasim Muhammad ibn Khalaf al-Lahori (f. 540 H.). Más tarde se trasladó a «Isfrain». Era un erudito especialista en hadices de alto nivel.

Los muhaddices del subcontinente en el siglo VII

En el séptimo siglo de la hégira vivieron muhaddices en diversos lugares del subcontinente; aquí se mencionan los nombres y algunos datos biográficos de varios de ellos:

1. El jeque Bahauddin Zakariya Multani (f. 666 H.). Era descendiente del Compañero Habbán ibn Aswad. Estudió los hadices en La Meca y Medina y alcanzó una especial maestría en ellos.

2. El cadí Mihaj al-Siraj al-Juzjani (f. 668 H.). Llegó a Lakhnavati, en Bengala.

3. Burhanuddin Mahmud ibn Abi al-Jayr Asad al-Balkhi (f. 687 H.). Fue discípulo del muhaddiz Saghani y recibió de él la licencia para transmitir la obra de hadices «Mashayikh al-Anwar».

4. Kamaluddin Zahid (f. 684 H.). Su nombre verdadero era Muhammad ibn Ahmad ibn Muhammad. Alcanzó renombre como maestro de hadices del jeque Nizamuddin Auliya.

5. Raziuddin Badauni (f. 700 H.). Fue un muhaddiz sumamente célebre entre sus contemporáneos.

6. Sharafuddin Abu Tawama al-Bujari al-Hanbalí (m. 700 h.). Llegó a Delhi desde Bujará a comienzos del siglo VII. Se trasladó a Sonargaon, en Bengala (distrito de Daca), y comenzó a residir allí permanentemente. Estudió el ilm al-hadiz con especial atención. Gracias a sus esfuerzos, Sonargaon se convirtió en poco tiempo en un centro de enseñanza del hadiz. Lamentablemente, los detalles de la práctica del ilm al-hadiz en Sonargaon todavía permanecen sumidos en la oscuridad de la confusión.

La práctica del hadiz en el subcontinente durante el siglo VIII

En el siglo VIII de la hégira se inició una nueva etapa en el desarrollo progresivo del ilm al-hadiz en Pakistán y la India. El rey bahmaní del Decán, Mahmud Bahmaní (780-799 h.), prestó especial atención a la difusión del ilm al-hadiz. Estableció becas para los estudiantes de hadiz. [El historiador Firishta] Aunque en aquella época se observaba en casi toda la India la influencia de la práctica del fiqh, la filosofía y el tasawwuf, la enseñanza del hadiz no se vio gravemente obstaculizada en ninguna parte. Por el contrario, destacados sufíes se dedicaron a la difusión del ilm al-hadiz. Sobre todo, bajo el liderazgo de cuatro célebres sufíes surgieron los cuatro centros de enseñanza del hadiz siguientes.

1. Bajo el liderazgo de Nizamuddin Auliya, comenzó en Delhi una amplia enseñanza del hadiz.

2. Bajo el liderazgo y gracias a la enseñanza de Sharafuddin al-Munirí, se inició la enseñanza del hadiz en la región de Bihar.

3. Bajo el liderazgo de al-Hamdaní, se inició la enseñanza del hadiz en Cachemira.

4. Bajo el liderazgo de Zakariya Multaní, se difundió el ilm al-hadiz en Multán.

De los centros mencionados surgieron numerosos muhaddices. A continuación se mencionan los nombres de algunos muhaddices de cada centro:

El centro de Nizamuddin Auliya

1) Shamsuddin Muhammad ibn Yahya Udhí (f. 747 H.)

2) Fakhruddin Jarubadí (f. 748 H.)

3) Ziauddin ibn Muayyid al-Mulk Baraní

4) Mohiuddin ibn Jalaluddin bin Qutbuddin Kashaní (f. 719 H.)

5) Nizamuddin Allaní Jafarabadí (f. 735 H.)

6) Shaykh Nasiruddin Chiragh-i Dihli (f. 757 H.)

7) Sayyid Muhammad Gisudaraz (f. 825 H.)

8) Shaykh Wajihuddin

9) Qadi Shihabuddin Daulatabadi (fallecido en 849 H.)

10) Maulana Khajegi Qurabi (fallecido en 878 H.)

Centro de Sharafuddin al-Maniri

1) Shaykh Muzaffar Balkhi (fallecido en 786 H.)

2) Husayn ibn Mu’izz Bihari (fallecido en 845 H.)

3) Ahmad Longare Darya ibn Hasan ibn Muzaffar Bihari (fallecido en 891 H.)

Centro de Ali Hamadani

Ali Hamadani fue el primero en llevar el conocimiento del hadiz a Cachemira. Llegó allí en el año 774 de la Hégira. Él y sus discípulos fueron los primeros en predicar el islam en esta región. También compuso dos obras sobre el hadiz. Los nombres de las dos obras son:

a) As-Sab‘in fi Faza’il-e Amir al-Mu’minin

b) Arba‘in-e Amiriyya

El centro de Shayj Zakariyya en Multán

El jeque Bahauddin Zakariyya fue el pionero de la difusión de la enseñanza del hadiz en Multán. De este centro surgieron como especialistas en hadiz Jamaluddin Uluchi y Majdum-e Yahanía, Sayyid Jalaluddin Bujari.

La época del renacimiento del conocimiento del hadiz en el subcontinente

En el siglo IX comenzó en el subcontinente la época del renacimiento del conocimiento del hadiz. Ahmad Shah, soberano de Guyarat, abrió de nuevo las rutas del comercio marítimo entre Arabia y la India. Como consecuencia, numerosos eruditos del hadiz llegaron desde Arabia a la India. En aquella época, el gobierno del vecino Irán adoptó la doctrina religiosa chií. Por esta razón, una gran comunidad experta en la ciencia del hadiz se vio obligada a emigrar desde allí a la India. Llevaron consigo una enorme cantidad de material sobre el hadiz. Por otra parte, en Egipto también se produjo en ese tiempo una gran expansión del conocimiento del hadiz, y desde allí llegaron a la India grandes especialistas en hadiz. Entre los especialistas en hadiz que llegaron a la India en esta época, los nombres de los dos siguientes son los primeros que cabe mencionar:

1. Badruddin Muhammad ibn Abi Bakr Damayni (f. 827 de la Hégira). Era profesor de hadiz en la mezquita aljama de Zabid, en Yemen. Allí compuso un comentario de Sahih al-Bujari. Se titulaba «Masabihul Yami» (*********************). Llegó a Guyarat, en la India, en el mes de Sha‘ban del año 820. Allí compuso las siguientes tres obras: a) Ta‘liqul Fara’id (*********************); b) «Tuhfatul Garib, Sharh al-Mugni al-Labib»; y c) «Ainul Hayat fi Julasat Hayatul Hayawan».

2. Abul Futuh Nuruddin Ahmad ibn Abdullah Shirazi Tayusi (fallecido en 850 H.).

Probablemente llegó a Gujarat entre los años 814 y 844. Fue discípulo de Majduddin Firuzabadi, Shamsuddin Yazari, Sayyid Sharif Jurjani y Baba Yusuf Harawi.

Entre quienes llegaron a la India desde el centro de enseñanza del hadiz fundado en Egipto por Ibn Hajar al-Asqalani, destacan los dos siguientes muhaddices:

1. Yahya ibn Abd al-Rahman ibn Abu al-Jayr Hashimi (fallecido en 843 H.)

2. Desde el centro del hadiz fundado por Khwaja Imad Sakhāvi llegaron a la India los siguientes muhaddices:

1) Abul Fatah al-Razi al-Makki (fallecido en 886 H.)

2) Ahmad ibn Salih Malvi

3) Umar ibn Muhammad Damasqui (fallecido en 900 H.)

4) Abd al-Aziz ibn Mahmud Tusi (m. 910 H.)

5) Wajih al-Din Muhammad Malaki (m. 919 H.)

6) Husayn ibn Abdallah ibn Awliya Kirmani (m. 930 H.)

7) Jamal al-Din Muhammad ibn Umar Hajirani (m. 930 H.)

8) Rafi al-Din Saqavi (m. 954 H.)

Nombres de los muhaddices procedentes del centro fundado por Zakariya al-Ansari:

1) Abd al-Muti Hajirani (m. 989 H.)

2) Shihab al-Din Abbasi (932 H.)

Nombres de los muhaddices procedentes del centro fundado por Ibn Hayar al-Haytami:

1) El jeque Ibn Abdallah Aydarusi (f. 991 H.)

2) Abu Saadat Muhammad al-Faqihi (f. 992 H.)

3) Mir Murtaza Sharif Shirazi (f. 974 H.)

4) Mir Qala, el muhaddiz de Akbarabad (f. 983 H.)

Mulla Ali Qari, autor del célebre comentario «Mirqat» de Mishkat Sharif, fue discípulo de este Qala.

Posteriormente, surgieron centros de enseñanza del hadiz en los siguientes lugares del Indostán:

1) El Decán: aquí llegaron numerosos muhaddices. (2) Guyarat. (3) Malwa. (4) Khandesh. (5) Sind: después de quinientos años, en el siglo X de la Hégira, se reanudaron aquí la enseñanza y la difusión del conocimiento del hadiz. (6) Lahore: bajo el liderazgo de Mawlana Muhammad (f. 1000 H.), esta ciudad se convirtió en un centro de enseñanza del hadiz. (7) Jhansi y Kalpi: en el siglo X de la Hégira llegó aquí un muhaddiz bagdadí llamado Sayyid Muhammad Ibrahim y comenzó a enseñar el hadiz. (8) Agra: aquí se establecieron simultáneamente tres centros de hadiz: a) la madraza de Rafiuddin Safavi; b) la madraza de Hachí Ibrahim, el muhaddiz de Akbarabad (f. 1010 H.); y c) la madraza de Sayyid Shahmir (f. 1000 H.). (9) Lucknow: en la segunda mitad del siglo X, esta ciudad se convirtió en un centro de estudio de la ciencia del hadiz, cuando el jeque Ziauddin, muhaddiz procedente de Medina, llegó aquí, se estableció y comenzó a enseñar el hadiz. (10) Jaunpur: probablemente, el hadiz se difundió aquí por medio de Muhadhdhab Jaunpuri, discípulo del imán Sakhawi. (11) Bihar: en el siglo VIII, el conocimiento del hadiz llegó a Phulwari Sharif, en Bihar, por medio de Sayyid Minhajuddin Rasti, discípulo de Sharafuddin Muniri. En el siglo X alcanzó desarrollo y progreso.

Viajes de los habitantes del subcontinente al extranjero con el propósito de estudiar el hadiz

Entre los años 820 y 992 de la Hégira (1417-1584 d. C.), la llegada de muhaddices extranjeros al subcontinente dio inicio a una nueva oleada en el ámbito de la enseñanza del hadiz, y desde entonces los habitantes de este país, ávidos de conocimiento y amantes de la erudición, comenzaron a emprender viajes al extranjero con el noble propósito de estudiar el hadiz. Sus viajes al extranjero no se limitaron únicamente a la India: viajaron hasta la lejana Meca y Medina con el propósito de obtener una educación superior en la ciencia del hadiz. Incluso en esta época no dudaron ni temieron lo más mínimo asumir los riesgos de atravesar mares agitados y ruidosos por sus olas. Desde el muhaddiz de esta época, Abd al-Awwal al-Husayni (f. 986 H.), hasta Shah Wali Allah al-Dihlawi (f. 1172 H.), casi todos los eruditos del hadiz realizaron viajes de este tipo con el propósito de estudiar el hadiz.

Hasta ese momento, el primero en emprender este arduo viaje fue Jamalullah Gulbagi. Estudió el hadiz en La Meca. Después, muchas otras personas viajaron a La Meca y Medina con el propósito de estudiar el hadiz, y estos viajes continuaron sin interrupción hasta la época en que se fundaron los primeros centros de enseñanza del hadiz de la India, las madrasas de Deoband y Saharanpur.

Durante este período, las siguientes personas alcanzaron una especial competencia en la ciencia del hadiz:

1. Abu Bakr ibn Muhammad al-Bahruzi (f. 915 H.). Tradujo al persa y comentó la obra «Hisn-i Hasin», compilada por al-Yazari. También tradujo al persa la obra de Qadi Iyad titulada «Ayn al-Wafa fi Tarjamat al-Shifa».

2. Mir Sayyid Abd al-Awwal al-Husayni al-Gujarati al-Jawnpuri (f. 986 H.). Fue contemporáneo del muhaddiz Abu al-Fath. Estudió el hadiz en La Meca y Medina. Aceptó grandes dificultades y esfuerzos para obtener una educación superior en el hadiz, y redactó dos obras tituladas «Fayd al-Bari fi Sharh al-Bujari» y «Muntakhab-i Kitab-i Safar al-Sa‘adat». Al comienzo del reinado de Akbar, el Khan-i Khanan lo invitó desde Gujarat a Delhi.

3. Khwaja Mubarak ibn Majdum al-Rajani al-Banarasi (f. 981 H.). Compiló una obra de hadices titulada «Madarij al-Ajbar».

4. Shaykh Vikari Kakuri (890-981 H.). Su nombre verdadero era Nizam al-Din ibn Aram Sayf al-Din. Fue un célebre muhaddiz. Escuchó y estudió hadices con Hafiz al-Sajawi. Dedicó su vida al servicio del hadiz. Había memorizado por completo el Sahih al-Bujari.

6. Yamaluddin Muhammad ibn Tahir ibn Ali Fattani (fallecido en 914 d. H.). Fue conocido con el nombre de «Malikul Muhaddisin» (el rey de los muhaddices). En el año 944 d. H. se matriculó en el centro de enseñanza del hadiz de Ali Muttaqi, en la Noble Meca, y allí estudió hadiz durante seis largos años. Será recordado para siempre por las siguientes obras suyas.

a) Majmaul Biharul Anwar (********************)

b) Tazkiratul Mawduat

c) Qanunul Mawduat az-Zua fa

d) Asmaur-Riyal

e) Al-Mughini fi Dabtir Riyal

7. El shayj Tayyib Sindhi (fallecido en 999 d. H.). Escribió una obra titulada Ta’liqat Mishkatul Masabih.

8. El shayj Abdullah Ansari Sultanpuri (fallecido en 990 d. H.). Durante el reinado del emperador Akbar, él fue el más destacado erudito del hadiz de la India. Estas son las dos obras suyas más importantes:

9) Sharh de Shama’il al-Nabí, Gangohí (f. 990 H.). Recibió instrucción en hadices de Ibn Hayar al-Haytamí. Durante el reinado de Akbar desempeñó un papel revolucionario en favor del islam.

Entre sus siguientes obras sobre hadices cabe destacar:

a) Sunan al-Hudá fī Mutābaʿat al-Mustafá

b) Azā’if al-Yawm al-Layl

10. Shayj Wajihuddín Alawí Gujarati (f. 990 H.). Escribió no menos de 23 obras. Entre sus famosas obras se encuentran Sharh de Yami, Tafsir al-Baydawí y Nuzhat al-Nazar fī Sharh Nujbat al-Fikar, entre otras.

11. Shayj Tahir ibn Yusuf Sindí Burhanpurí (f. 1004 H.). El número de obras que escribió es de cuatro:

a) Taljīs Sharh Asmā’ al-Riyāl, de al-Bujarí al-Kirmānī

b) Mulqāt Yāmiʿ al-Yawāmiʿ

g) Sharh al-Bujari

d) Riad al-Salikin

12. El jeque Ibn Hasan Sayfi Kashmiri (f. 1003 h.). Fue maestro del jeque Ahmad Sirhindi, el Mujaddid Alf-e Sani. Los nombres de sus obras son:

a) Sharh Sahih al-Bujari

b) Tafsir al-Corán

c) Risala-ye Adhkar

d) Maghazi al-Nubuwwat.

13. Hayyi Muhammad Kashmiri (f. 1006 h.). Entre sus siguientes obras sobre hadiz destacan:

a) Sharh-e Shama’il al-Nabí

b) Sharh-e Mashariq al-Anwar

c) Kitab Khulasat al-Yami fi Jami al-Hadiz

d) Sharh-e Hisn-e Hasin

15. El jeque Munawwar ibn Abd al-Mayid ibn Abd al-Shakur Lahorí (fallecido en 1010 H.). Durante el reinado de Akbar, asumió el papel de un alim revolucionario. Por ello, también se vio obligado a sufrir encarcelamiento y, mientras permanecía en prisión, terminó su obra «Dur al-Nazm fi Tartib al-Awa’il al-Suwar al-Karim» y memorizó el tafsir titulado «Al-Bahr al-Mawaj» de Qadi Shihabuddin. También escribió una explicación del «Mashariq al-Anwar» de Sagani y del «Hisn-e Hasin» de Yazari.

16. Muhy al-Din Abd al-Qadir ibn Shaykh ibn Abd Allah (fallecido en 1037 H.). Compuso numerosas obras. De sus obras sobre hadiz, son dignas de mención cinco:

a) Al-Minh al-Bari bi-Jatm Sahih al-Bujari

b) Iqd al-Layl fi Fada’il al-Layal

g) Risala fi manaqib al-Bujari

d) Al-Qawl al-yami fi bayan ilm al-nafi

e) Kitab al-Anfus al-Latif fi ahli Badr al-Sharif.

17. Abdunnabi Shattari (f. 1039 H.). Las siguientes cinco obras suyas sobre el hadiz son destacables:

a) Jahriyat al-Nayat fi Sharh al-Mishkat (comentario de Mishkat Sharif)

b) Sharh Nukhbat al-Fikr

c) Sharh del hadiz ********************

d) Sharh del hadiz ********************

e) Lawami‘ al-Anwar fi Manaqib al-Sa‘adat al-Athar.

La era del Mujaddid Alf-e-Sani

El nombre del Mujaddid Alf-e-Sani era el jeque Ahmad ibn Abd al-Ahad al-Faruqi al-Sirhindi (f. 1034 H.). Estudió hadiz con el jeque Yaqub Saifi y recibió autorización para enseñar el Sahih al-Bujari, el Mishkat de Tabrizi y el Jami‘ al-Saghir de al-Suyuti. Recibió del cadí Bahlul Badakhshani autorización para transmitir las Sihah Sittah. No dejó ninguna otra obra sobre el hadiz aparte de la obra Hadiz-e-Arbain. Dirigió un gran movimiento de reforma y rectificación de la sociedad musulmana basado en el Corán y el hadiz. En su obra Maktubat concedió especial importancia al estudio del Corán y el hadiz. Como consecuencia, muchas personas fueron alentadas y motivadas a estudiar el conocimiento del hadiz y a alcanzar competencia en él. A continuación se mencionan los nombres de algunos muhaddices de aquella época:

1. Jeque Sa‘id ibn Ahmad al-Sirhindi (f. 1070 H.)

2. Farukh Shah, hijo del jeque Sa‘id (f. 1112 H.)

3. Siraj Ahmad Mujaddidi (f. 1230 H.). Son destacables sus tres obras:

a) Traducción al persa del Sahih Muslim

b) Traducción al persa del Jami‘ al-Tirmidhi

c) Compendio de los hadices relacionados con los alimentos y las bebidas.

4. Shaykh Ma‘sūm ibn Ahmad Sirhindī (m. 1080 H.)

5. Khwaja A‘zam ibn Sayf al-Dīn Sirhindī (m. 1114 H.).

Fue un célebre muhaddiz durante el reinado del emperador Alamgir. Escribió una obra de comentario sobre el Sahih al-Bujari titulada «Fayz al-Bari Sharh Sahih al-Bujari».

6. Shah Abu Sa‘īd ibn Safī al-Qadr Mujaddidī (m. 1250)

7. Shah Abd al-Ganī ibn Sa‘īd Mujaddidī (m. 1296 H.)

Escribió la obra de hadices Ibn Majah, titulada «Injah al-Haja Sharh Ibn Majah».

La época de Shaykh Abd al-Haqq Muhaddiz Dehlawi

El shaykh Abd al-Haqq estudió hadiz en La Meca con el shaykh Abd al-Wahhab Muttaqi (f. 1010 H.) y recibió de él una «autorización» respecto de los Sahih Sitta. Sus siguientes obras sobre el hadiz constituyen contribuciones perdurables y de gran valor:

a) «Al-Tarīq al-Qawīm fī Sharh Sīrat al-Mustaqīm». Explicación persa de la obra «Safar al-Sa‘ādat».

b) Ashrāt al-Luma‘āt fī al-Mishkāt (explicación persa de Mishkāt Sharīf).

c) «Lama‘āt al-Tanqīh fī Sharh Mishkāt al-Masābīh».

d) Al-Ikmāl fī Asmā’ al-Rijāl

e) Jāmi‘ al-Barakāt, selección del comentario de Mishkāt

f) «Mā Thabata bi-l-Sunnah fī Ayyām al-Sanah

g) «Al-Hadīth al-Arba‘īn»

ج) «Tarjumat al-Ahadiz al-Arba’in»

ঝ) «Dastur-e Fayzun Nur»

১০. «Zikr al-Iyazat al-Hadiz fi al-Qadim al-Hadiz»

Gracias a su inmensa dedicación al hadiz y a su inolvidable contribución al mundo de las obras escritas, el estudio del hadiz en este país entró en una nueva era.

El autor de la obra «Tarij-e Ulema-e Hind» escribió sobre él:

******************************************************

Él fue el primero en sembrar en la India la semilla del conocimiento del hadiz.

Se dedicó de manera permanente a impartir lecciones de hadiz. Muchos de sus descendientes tuvieron el honor de alcanzar la dignidad de grandes muhaddices. Aquí se mencionan los nombres de algunos de ellos:

1. El jeque Nurul Haq (f. 1073 H.). Estudió la ciencia del hadiz con su padre. Escribió dos obras relacionadas con el hadiz:

a) Taysir al-Qari fi Sharh Sahih al-Bujari

b) Sharh Shama’il al-Nabi

2. El hafiz Abdus Samad Fajruddin ibn Muhibbullah (f. 1160 H.). Sus obras son las siguientes:

a) Mana’ul Ilm fi Sharh Sahih Muslim. En realidad, esta obra fue escrita por su padre; él solamente la editó.

b) Sharh Aynul Ilm

c) Sharh Hisn al-Hasin

3. El jeque del islam ibn Hafiz Fajruddin (f. 1180 H.). Sus obras sobre el hadiz son tres:

a) Sharh de Sahih al-Bujari

b) Risala Kashful Ghita amma Lazima lil-Mauta wal-Ahya (una explicación de la obra al-Muwatta).

Risala Tardul Auham an Asril Imamul Humam.

4. Salamullah ibn Shaij al-Islam Muhaddiz (f. 1229). Es conocido como el «Muhaddiz de Rampur». Entre sus obras sobre el hadiz destacan las siguientes:

1) Al-Muhalla bi Asrar al-Muwatta.

2) Traducción persa de Sahih al-Bujari

3) Traducción persa de Shama’il al-Nabi

4) Risala fi Usul al-Hadiz

5. El jeque Saifullah ibn Nurullah ibn Nur al-Haqq. Durante el reinado del emperador Alamgir, escribió una obra titulada «Ashraful-Asa’il fi Sharh ash-Shama’il».

Los discípulos del jeque Abd al-Haqq

1) Khwaja Kharend Muinuddin (f. 1085 H.), 2) Khwaja Haidar Patlu (f. 1057 H.), 3) Baba Daud al-Mushtaqi Kashmiri, 4) el jeque Inayatullah, muhaddiz de Cachemira (f. 1195 H.); impartió clases de hadiz durante 36 años. 5) Mir Sayyid Mubarak Bilgirami (f. 1115 H.); escribió una explicación en persa de Shama’il an-Nabi y de Hisn al-Hasin. 6) Mir Abd al-Jalil Bilgirami (f. 1138 H.); fue un muhaddiz experto en la ciencia de Asma’ ar-Rijal. 7) Mir Azad Bilgirami (f. 1200 H.); los títulos de sus obras relacionadas con el hadiz son:

a) «Aj Juyuddarari», comentario de Sahih al-Bujari

b) «Shamamat al-Anbar fi ma urida fil-Hind min Sayyid al-Bashar»

c) «Subhat al-Muryan fi athar-i Hindustan».

d) «Majdum Sayad fi husn jatimat as-siyada».

Los siguientes muhaddices alcanzaron fama desde mediados del siglo XI hasta mediados del siglo XII de la Hégira:

1) Muhammad Siddiq ibn Sharif (f. 1040 H.), 2) Shaykh Husayn al-Husayni (f. 1043 H.), 3) Sayyid Ja‘far Badre Alam (f. 1085 H.): escribió dos obras tituladas «Al-Fayḍ al-Tari fi Sharh Sahih al-Bujari» y «Rawḍat al-Shah»; 4) Abu al-Majd Mahbub Alam (f. 1111 H.): escribió una obra titulada «Zinat al-Nukat fi Sharh al-Mishkat»; 5) Shaykh Ya‘qub Banani Lahori (f. 1098 H.): escribió las siguientes tres obras:

a) Al-Jayr al-Yari fi Sharh Sahih al-Bujari

b) Al-Mu‘allim fi Sharh Sahih Muslim

c) Kitab al-Musaffa fi Sharh al-Muwaṭṭa

6) Mawlana Na‘im Siddiqi (f. 1120 H.): escribió una obra de comentario sobre Mishkat al-Masabih; 7) Shaykh Muhammad Akram ibn ‘Abd al-Rahman (f. 1130 H.); 8) Shaykh Yahya ibn ‘Amir al-‘Abbasi (f. 1114 H.): escribió, entre otras obras, (a) «I‘anat al-Qari, comentario de Mulasiat Bujari», (b) «Arba‘in» y (c) «Tadhkirat al-Ashab»; 9) Shaykh Muhammad Fakhr Ilahabadi (f. 1164 H.): escribió las siguientes cuatro obras sobre hadiz: a) «Qurrat al-‘Ayn fi Ithbat Raf‘ al-Yadayn», b) «Risalah-yi Najatiyyah dar ‘Aqa’id-i Hadithiyyah», c) «Nazm-i ‘Ibarat-i Safar al-Sa‘ad» y d) «Mathnawi dar Ta‘rif-i Hadith»; 10) Mawlana Amin al-Din Muhammad ‘Umari (f. 1145 H.); 11) Mawlana Nur al-Din ibn Salih Ahmadabadi (f. 1155 H.): escribió un comentario de Sahih al-Bujari titulado «Nur al-Qari, comentario de Sahih al-Bujari»; 12) Mirza Muhammad ibn Rustam Badakhshi (f. 1195 H.). Entre sus obras de hadiz destacan las siguientes:

a) Miftah al-Naja fi Manaqib al-Aba

b) Tarajim al-Huffaz

c) Nuzul al-Abrar bima Sahha min Manaqib Ahl al-Bayt al-Aṭhar

d) Tuhfatul Muhibbín fī manāqib-e Julafā-e Rashidín.

(13) Mirza Jan Yalandhari Biraki (fallecido en 1100 H.). Escribió una obra titulada «Nazmud Durar al Marjan».

(14) Muhammad Siddiq Lahori (fallecido en 1193 H.). Escribió una obra titulada «Izalatul Fasadat fī sharhe Manaqibis Sayadat».

(15) Shaykh Hashim ibn Abdul Gafur Sindhi. Reorganizó y ordenó nuevamente el Sahih Bujari Sharif conforme a la sucesión cronológica de los Compañeros.

La época de Shah Waliullah Dehlavi

Durante la época de Shah Waliullah Dehlavi comenzó en el subcontinente la etapa del máximo desarrollo de la ciencia del hadiz. Fue precisamente en ese período cuando esta alcanzó el rango de una ciencia avanzada. La contribución del imán de la época, Shah Waliullah, fue inmensa e incomparable. Nació el 14 de Shawwal del año 1114 de la Hégira. Falleció en 1176 de la Hégira. Viajó a La Meca y Medina para recibir una educación superior en hadiz. Las siguientes obras suyas sobre el hadiz son dignas de mención:

a) Hujjatullahil Baliga

b) Arba’ín

c) Asīqat al-Akhyār

d) Ad-Durr as-Samīn fī Mubashshirāt an-Nabiyy al-Amīn

e) Al-Faḍl al-Mubīn fī al-Musalsal min Ḥadīth an-Nabiyy al-Amīn

f) Al-Irshād ilā Muhimmāt al-Isnād

g) Tarājim al-Bukhārī

h) Sharḥ Tarājim Abwāb al-Bukhārī

i) Muṣaffā, Sharḥ al-Muwaṭṭaʾ

j) Musawwā, Sharḥ al-Muwaṭṭaʾ

ṭ) Āthār al-muḥaddizīn.

A continuación se ofrecen los nombres de los muḥaddices que aparecieron bajo la influencia de Shāh Walīullāh:

1) Qāḍī Thanāullāh Pānīpatī (fallecido en 1225 h.). Compuso una obra de hadices titulada «Al-Lubāb».

2) Shāh ʿAbd al-ʿAzīz ibn Walīullāh Dihlawī (fallecido en 1236 h.). Durante casi sesenta años se dedicó a la enseñanza de los hadices. Por ello, innumerables alumnos suyos se dedicaron a enseñar y difundir los hadices en distintas partes de la India. A continuación se mencionan algunos de sus nombres:

1) Shāh Rafīʿ al-Dīn Dihlawī (fallecido en 1249 h.) (2), Shāh Muḥammad Ismāʿīl Shahīd (martirizado en 1246 h.) (3), Shāh Muḥammad Maqṣūdullāh (fallecido en 1273 h.) (4), Munshī Ṣadr al-Dīn Dihlawī (fallecido en 1258 h.) (5), Ḥasan ʿAlī Muḥaddiz Lakhnawī, (6) Ḥusayn Aḥmad (fallecido en 1275 h.) (7), Shāh Rauf Aḥmad Mujaddidī (fallecido en 1249 h.) (8), Shāh Faḍl al-Raḥmān Gang-Murādābādī (fallecido en 1315 h.), (9) Khurram ʿAlī Balhārī (fallecido en 1271 h.). Tradujo al urdu «Mushāriq al-Anwār» de al-Saghīnī y «Arbaʿīn» de Shāh Walīullāh. (10) Shāh Abū Saʿīd (fallecido en 1250 h.) (11), Muḥammad Shakūr (fallecido en 1300 h.) (12), Shāh Ẓuhūr al-Ḥaqq Phulwārī, (13) Aulād Ḥusayn, (14) Karamullāh Muḥaddiz Dihlawī (fallecido en 1258 h.) (15), ʿAlāmatullāh Badāyunī.

Las obras de Shāh ʿAbd al-ʿAzīz relacionadas con los hadices son solamente dos. Son las siguientes:

a) Bustān al-Muḥaddizīn (en persa), b) Ījālah-yi Nāfiʿah.

3) Shāh Isḥāq ibn Afḍal Fārūqī Dihlawī (fallecido en 1262). Se dedicó durante veinte años a la enseñanza de los hadices. Sus alumnos se dispersaron por toda la India. (4) Madhhab Nānūtawī (fallecido en 1320). (5) Aḥmad ʿAlī Sahāranpūrī (fallecido en 1297). Recibió una educación superior en La Meca y Medina. Escribió, entre otras obras, Taʿlīqāt de Bujārī, Muqaddimah de Bujārī y una hāshiyah (notas marginales) sobre el Sharīf de Tirmidhī. (6) Mawlānā Qāsim Nānūtawī (fallecido en 1297) (7) Mīyā Ṣāḥib Sayyid Naẓīr Ḥusayn (fallecido en 1320). (8) Mawlawī Nawwāb Muḥammad Quṭb al-Dīn Muḥaddiz-i Dihlawī. Estudió la ciencia de los hadices con Shāh Isḥāq Dihlawī. Después viajó a La Meca y Medina, donde obtuvo una cadena de transmisión superior de los hadices. Las siguientes dos obras suyas sobre los hadices son dignas de mención:

a) Mazahir-e Haq: traducción y comentario en urdu de Mishkat Sharif; b) Traducción de Hisn-e Hasin.

Después de Shah Ishaq Sahib surgieron diversos centros de enseñanza del hadiz. Los discípulos de los sabios mencionados comenzaron por iniciativa propia la enseñanza y difusión de la ciencia del hadiz en distintos lugares del subcontinente indio. Muchas personas aprendieron el hadiz de Shah Abdul Gani, sucesor de Shah Abu Sa‘id Mujaddidi. Posteriormente, las siguientes personas alcanzaron fama como sabios expertos en la ciencia del hadiz.

1) Maulana Abdul Hai Lakhnavi (f. 1304), Maulana Rashid Ahmad Gangohi, Maulana Qasim, Maulana Yaqub, Maulana Abdul Haq Allahabadi, Shaykh Habibur Rahman Rudawlavi, Maulana Muhammad Husain Allahabadi, Shaykh Muhammad Masum Mujaddidi, Maulana Jafari, Maulana Alimuddin Balkhi y Shaykh Manzur Ahmad Hindi.

El difunto Maulana Abdul Hai estableció un centro de enseñanza del hadiz en Firangi Mahal. Quienes estudiaron con él adquirieron una considerable competencia en la ciencia del hadiz. A continuación se mencionan los nombres de algunos de los muhaddices de esta época:

(1) Maulana Zahir Ahmad «Shawq». Compuso una obra de hadiz titulada Asaris-Sunan (********************). (2) Maulana Abdul Hadi Azimabadi; (3) Maulana Muhammad Husain Allahabadi; (4) el hafiz del hadiz Maulana Idris Sasrami; (5) Maulana Abdul Gafur Ramzanpuri; (6) Maulana Abdul Karim Punjabi; (7) Shah Sulayman Phulwari: en cierta época fue el director de estudios de la Madrasa Aliya de Calcuta; (8) Maulana Abdul Hai; (9) Maulana Abdul Wahab Bihari; (10) Maulana Abdul Bari: escribió una explicación de la obra Asaris-Sunan.

A través de Maulana Sayyid Nazir Husain Dehlavi (f. 1320 h.), la ciencia del hadiz alcanzó una amplia difusión en este subcontinente. Fue el líder de la comunidad Ahl al-Hadiz. Cientos de miles de estudiantes aprendieron de él la ciencia del hadiz y se dispersaron por las distintas regiones del subcontinente. De entre los muhaddices de esta época, se mencionan aquí algunos nombres:

(1) Maulana Shamsul Haq Dehanwi. Escribió una obra titulada Ghayat al-Maqsud. (2) Maulana Ashraf Ali. Escribió una obra titulada Awn al-Ma‘bud. (3) Maulana Abdur Rahman Mubarakpuri: escribió una extensa obra de comentario del Tirmidhi Sharif titulada Tuhfat al-Ahwazi. (4) Maulana Sayadat Husain: fue profesor de ciencia del hadiz en la Madrasa Aliya de Calcuta. (5) Maulana Amir Ali Malihabadi: escribió una glosa de la Hidaya, una obra de fiqh. (6) Maulana Jamil Ansari: impartía lecciones de hadiz en la Madrasa Aliya de Calcuta. (7) Maulana Ahmadullah (f. 1362): fue el shaykh al-hadiz de la Madrasa Rahmaniya de Delhi. (8) Maulana Alam Ali Naginawi. En Rampur surgieron grandes muhaddices dedicados a la enseñanza del hadiz, entre ellos Sayyid Abu Muhammad Barkat Ali Shah, Maulana Hasan Shah, Maulana Munawwar Ali y su discípulo Maulana Vilayat Husain.

Los discípulos de Maulana Shah Abdul Gani, Maulana Muhammad Qasim y Maulana Rashid Ahmad, fundaron la Madrasa deobandi. Durante los últimos siglos, varios miles de muhaddices se han extendido desde esta institución por las distintas regiones del subcontinente indio. Maulana Jalil Ahmad Sahib fue un gran muhaddiz de esta época. Compuso una explicación erudita y de gran calidad de Abu Dawud Sharif, titulada Bazl al-Majhud.

Maulana Mahmudul Hasan (Shaykh al-Hind) fue durante mucho tiempo uno de los principales muhaddices de la madrasa de Deoband, y cientos de personas estudiaron con él el hadiz. Maulana Anwar Shah Kashmiri fue uno de los más grandes muhaddices de su época. Los discursos que pronunció al enseñar el Sahih al-Bujari y el Sahih al-Tirmidhi fueron consignados por sus alumnos y publicados, respectivamente, con los títulos «Fayzul Bari», comentario del Bujari, y «Al-Arfush-Shazi», comentario del Tirmidhi.

Después de estudiar hadiz con Maulana Ahmad Ali Saharanpuri, muchas personas se dedicaron a impartir clases de hadiz en Bengala y Assam. Entre sus alumnos, el muftí Abdullah Tungui y Maulana Nazir Hasan Deobandi alcanzaron la mayor fama. En las regiones de Bengala Oriental y Assam adquirieron especial renombre sus alumnos, así como los maestros particulares del autor de esta obra, Maulana Muhammad Husain Silheti y Maulana Mumtazuddin. [No se encuentra un estudio sistemático de esta etapa en un gran número de obras. Todas las obras utilizadas para este estudio fueron tomadas de los siguientes libros: (1) la obra de investigación del señor doctor Ishaq, Indian’s Contribution to the Study of Hadith Literature; (2) ********************, escrita por Maulana Muftí Amimul Ihsan; (3)********************; (4)********************; la introducción, etc., de ********************, recopilada por Maulana Abdul Gaffar Hasan. El famoso estudioso del hadiz de Maner, Shaykh Majdum al-Mulk, estudió con él durante veintidós años, de manera ininterrumpida, el conocimiento del hadiz y otras ciencias. (Manaqib al-Asfiya) (Islamic Culture, vol-xxvll- No-1]

La ciencia del hadiz en Bengala

Gaur y Pandua

Alauddin Husain Shah ibn Sayyid Ashraf Makki gobernó Bengala desde el año 900 hasta el 924 de la hégira. Fue el primero en promover el desarrollo de la lengua y la literatura bengalíes. Además, su contribución a la difusión generalizada de la enseñanza del Corán y del hadiz en los territorios bajo su gobierno es inolvidable. Invitó a personas versadas en las ciencias y conocimientos islámicos, procedentes de zonas lejanas y cercanas, a acudir a su reino y establecerse allí. En el año 907 de la hégira (1502 d. C.), fundó una madrasa avanzada en un lugar llamado Gurba-e Shahid, en Gaur (actualmente perteneciente al distrito de Maldah). También estableció un colegio en Pandua. En estas instituciones educativas se impartía enseñanza de la ciencia del hadiz. En el año 911 de la hégira (1503 d. C.), Muhammad ibn Yazdan Bakhsh, conocido como Khwajagir Shirwani, copió el Sahih al-Bujari en tres volúmenes. Este se conserva en la Biblioteca Oriental de Baqipur.

Sonargaon

Ya se ha mencionado que el muhaddiz Sharafuddin Abu Tawama Bujari Hanbali (f. 700 h.) llegó en el siglo VII a Sonargaon, en el distrito de Daca, y organizó allí ampliamente la enseñanza del hadiz. Como resultado, se convirtió en un centro de la ciencia del hadiz. Esta situación continuó durante algún tiempo incluso después de su fallecimiento. En aquella época gobernaba Sayadat (900-945 h.) en esta región. Como capital de Bengala Oriental, numerosos expertos en hadiz se congregaron en Sonargaon, y muchas personas también adquirieron allí competencia tras estudiar la ciencia del hadiz. En aquella época, la práctica del hadiz estaba tan extendida en esta región que se destinaron numerosas mezquitas y khanqahs a este propósito. Gracias a los esfuerzos del célebre especialista en hadiz Taqiuddin Ainuddin (929 h.), se fundó allí una mezquita. En aquel entonces reinaba Nusrat ibn Husain Shah. Por tanto, puede afirmarse categóricamente que fue durante el gobierno de Sayadat cuando Sonargaon se convirtió en un centro de enseñanza del hadiz. Probablemente conservó su gloria y su integridad hasta la última etapa del gobierno musulmán en Bengala Oriental. Sin embargo, durante el posterior dominio británico, los rayos dorados de Sonargaon se extinguieron por completo.

Desde la fundación de Pakistán, en varias grandes madrasas de la entonces llamada Pakistán Oriental (actual Bangladesh) se inició la impartición de enseñanza superior de la ciencia del hadiz. Como resultado, cada año un número considerable de personas estudiaba hadiz y llegaba a conocer uno de los fundamentos más importantes de la religión islámica. Sin embargo, debido a las deficiencias del sistema educativo, no pudieron beneficiarse ni alcanzar una competencia semejante a la de los estudiantes de hadiz de épocas anteriores.

Compilación de libros de hadices en el subcontinente

Parece que, en la era posterior a la independencia del subcontinente, los eruditos han prestado especial atención a la difusión amplia del estudio del conocimiento de los hadices. En particular, también se han iniciado algunos esfuerzos con el propósito de familiarizar al pueblo con las fuentes y bases fundamentales del islam. Asimismo, han comenzado nuevamente los trabajos de compilación de libros de hadices y de traducción y explicación de los hadices en urdu y bengalí. Cabe esperar que esto adquiera una forma amplia en un futuro próximo. [Escrito basándose en Indian’s Contribution to the Study of Hadith Literatur, obra escrita por el Dr. Ishaq, y recopilado de ella.]

El conocimiento de los hadices y los eruditos no musulmanes

El hadiz es un tesoro inestimable para los musulmanes. Desde el primer capítulo de la historia del islam se le ha concedido una importancia extraordinaria, y desde el principio se han mantenido las medidas adecuadas para su preservación, difusión y enseñanza. Los musulmanes jamás han podido olvidar la dignidad del hadiz, inmediatamente después del Corán. Sin embargo, en la mente de los eruditos no musulmanes se han producido reacciones diversas respecto al hadiz. Algunos eruditos lo han contemplado con una visión abierta y no han vacilado lo más mínimo en comprender su importancia en el ámbito del conocimiento y la ciencia ni en reconocerlo sinceramente.

Pero algunos pensadores europeos no han podido reconocer la importancia del hadiz. Incluso hay muchas personas que, precisamente porque no era posible negar su importancia, se han esforzado denodadamente por descubrir en él diversos tipos de defectos y deficiencias.

En el presente artículo queremos exponer algunas declaraciones de personas pertenecientes a ambas categorías. Junto con la respuesta a sus palabras, presentaremos también nuestra opinión sobre quienes, desde uno u otro punto de vista, han formulado críticas contra el conocimiento de los hadices, su recopilación y los métodos de los muhadices para verificar y examinar los hadices.

Eruditos europeos en apoyo del hadiz

1. El célebre historiador europeo Edward Gibbon escribió: «La biografía del fundador de cada nación perfecciona el patrimonio de conocimiento escrito por él. Los hadices de Hazrat Muhammad son una enseñanza completa de palabras verdaderas y un símbolo tangible de sus actos, su sinceridad y sus buenas obras».(********************)

2. En el periódico «Watan» de Egipto, un erudito cristiano escribió: «Si los musulmanes investigan el Corán y los hadices, podrán encontrar en ellos una adecuada solución a sus necesidades religiosas y mundanas.»

3. El célebre filósofo ruso Tolstói publicó en su propia lengua una compilación de hadices para la reforma moral de su país y de su pueblo.

(******************************************************)

4. Hightinger publicó una extensa lista de las normas morales que prevalecen entre los musulmanes basadas en los hadices. A su juicio, no puede haber ningún método mejor que este para atraer efectivamente a las personas hacia las buenas obras y mantenerlas apartadas del pecado.(********************)

5. Sir William Muir escribió:

«En los primeros tiempos, ¿qué otro tema podía ser más apasionante para los musulmanes que las palabras y los actos de la persona más eminente? …………. Esta persona eminente fue la única causa de la existencia y del ascenso de esta nación conquistadora del mundo. Él entregó a los musulmanes la llave tanto de este mundo como del Más Allá. Por esta razón, la mayor parte de las conversaciones entre los seguidores de Muhammad giraban en torno a él. Gracias a todos estos factores, la ciencia del hadiz alcanzó un considerable desarrollo. (Life of Muhammad)

Se llama hadiz a las palabras pronunciadas por la voz del Noble Mensajero, el relato de sus actos y cualquier palabra, obra o conducta aprobada por él. La fiabilidad y el carácter concluyente de estos hadices dependen naturalmente de que hayan sido recopilados en el momento adecuado y mediante un método impecable. Y, con la ayuda de argumentos y pruebas irrefutables, ha quedado claro e innegable que, en realidad, los hadices comenzaron a ponerse por escrito durante la vida del Mensajero, conforme a su guía. Ninguna persona versada en la historia del conocimiento del hadiz puede negarlo. Sin embargo, la actitud de algunos eruditos occidentales a este respecto es desalentadora. Al no estar debidamente familiarizados con la verdadera historia de los hadices, han formulado afirmaciones que pueden causar una extrema confusión en la mente de los lectores inexpertos acerca de que los hadices fueron registrados y preservados en el momento adecuado y mediante un método fiable.

Las dudas de Alfred

En este contexto, queremos citar una afirmación de la obra Alfred Guillame-Fr Islam. En la página 89 de dicha obra, escribió:

No sabemos exactamente cuándo se pusieron por escrito por primera vez los registros de los actos y palabras del Profeta; de hecho, la tradición temprana se contradice a sí misma precisamente en este punto. Algunos dicen que el Profeta autorizó que se escribieran sus palabras; otros afirman que lo prohibió.

No sabemos exactamente cuándo se pusieron por escrito por primera vez los relatos de las palabras y los actos del Profeta. En realidad, los hadices de la primera época se contradicen entre sí respecto de este asunto. Algunos dicen que el Mensajero permitió que se registraran sus palabras. Otros, en cambio, sostienen que lo prohibió.

En la afirmación citada se han insinuado simultáneamente varias cuestiones objetables. Al decir: «No sabemos exactamente cuándo se puso por escrito el hadiz», se ha intentado suscitar en la gente dudas acerca de la autenticidad del hadiz. En segundo lugar, al no establecer una armonía real entre la «prohibición» y el «permiso» del Mensajero, se ha provocado una extrema vacilación y duda. Sin embargo, el análisis de este voluminoso libro sobre el tema demuestra que la prohibición de escribir hadices en la etapa más temprana de la da‘wah islámica se impuso únicamente para evitar que, al mezclarse el hadiz con el Corán, surgiera una situación grave. Pero poco después dicha prohibición se transformó en una orden, y los compañeros comenzaron a escribir y conservar hadices sin vacilación ni reparo. También debe recordarse que, aunque en la primera época se detuvo la consignación escrita de los hadices como consecuencia de la prohibición de escribirlos al mismo tiempo que el Corán, su transmisión oral, así como su práctica y discusión mutuas, no se interrumpieron en lo más mínimo. Pues solo se había prohibido escribirlos. No se había prohibido transmitirlos oralmente unos a otros.

Además, dos célebres orientalistas llamados Goldziher y Sprenger también intentaron en esta etapa sembrar dudas en la mente de la gente. En el segundo volumen de su obra titulada Muhammadanische Studim, en las páginas 241-250, Goldziher intentó demostrar, mediante numerosas pruebas, que los hadices fueron recopilados a comienzos del segundo siglo de la Hégira. Aunque en la primera parte de esa misma obra, en las páginas 10-12, también escribió algunas cosas que sugieren que ya en la época del Mensajero se habían compilado ciertas colecciones de hadices en forma de sahifas. Pero poco después desarrolló muchas teorías destinadas a suscitar dudas y desconfianza respecto de la autenticidad de esas sahifas.

Detrás de esta clase de presentación suya se esconden dos objetivos. El primero era debilitar la autoridad probatoria del hadiz y la sunnah afirmando que solo se habían memorizado, y sumir a la gente en una grave confusión sosteniendo que los hadices fueron puestos por escrito en el segundo siglo de la Hégira. El segundo era demostrar que todo el hadiz y la sunnah eran inútiles e incapaces de servir como prueba, alegando que los recopiladores de hadices los habían inventado para apoyar sus propias ideas y opiniones y con el propósito de satisfacer sus «malas intenciones». Este orientalista no llevó a cabo sus reflexiones e investigaciones con el propósito de soportar las dificultades necesarias para reunir las pruebas requeridas a fin de exponer la historia de la recopilación de los hadices. En realidad, semejante labor solo puede ser realizada por personas enteramente egoístas y movidas por un propósito determinado.

Sprenger intentó demostrar, en su obra titulada Dao Traditious wesen dei den Arabern 1856, 1-17 Dans, que era falso que los hadices hubieran llegado de manera fiable desde el Mensajero. En relación con la recopilación de los hadices, intentó demostrar que estos no pertenecían a la época de vida del Mensajero, sino que fueron compilados en el segundo siglo de la Hégira. En esencia, tampoco las intenciones de este orientalista eran buenas.

Es cierto que Dozy reconoció que se habían memorizado numerosos hadices del Mensajero y que a partir de ellos se habían realizado compilaciones en forma de libros. Sin embargo, también se incluyeron en ellas muchos hadices inventados y falsos. Esta afirmación de Dozy puede suscitar en muchas personas dudas acerca de la autenticidad de los hadices. No obstante, detrás de sus palabras no se ocultaba ninguna buena intención. Al contrario, su propósito era crear dudas sobre el hadiz y la sunnah en la mente de la gente, especialmente de quienes no conocen la historia fiable de la recopilación de los hadices.

En esta etapa, nuestra posición es que no estamos dispuestos en absoluto a prestar atención a las afirmaciones incoherentes y las palabras infundadas de los llamados orientalistas para demostrar la veracidad o falsedad de nuestro pasado y de la historia temprana de la cultura musulmana. Reconozcan o no los eruditos occidentales que durante la vida del Mensajero se escribieron y recopilaron hadices, eso no afecta en nada a los musulmanes. Pues «la gente de la casa es la que mejor conoce el estado de la casa»: que durante la vida del Noble Profeta se escribieron hadices y se recopiló una vasta riqueza de ellos —en forma de sahifas y de cuadernos de notas personales— ha quedado demostrado irrefutablemente en obras fiables y basadas en pruebas concluyentes. No hay duda de que toda la riqueza de hadices recopilada en aquella época fue posteriormente reunida y añadida en forma de libros. Como ejemplo, puede mencionarse que en el Musnad del imán Ahmad ibn Hanbal se incluyó íntegramente la vasta sahifa de hadices recopilada por Abd Allah ibn Amr ibn al-As y la de Abu Hurayra.

Los orientalistas sostienen que todas las palabras y declaraciones citadas acerca de la escritura y recopilación de hadices, o acerca de la prohibición de hacerlo, fueron compuestas como resultado de una determinada postura adoptada por los muhaddizun y los juristas. Según ellos, estos habrían inventado hadices con el propósito de vencer a sus adversarios en sus disputas mutuas, en apoyo de sus propias opiniones y criterios.

Pero esta afirmación es absolutamente falsa y engañosa. El principal instigador de esta confusión fue Goldziher. Pues el orientalista Sprenger, su predecesor, descubrió en 1855 la obra escrita por al-Jatib al-Bagdadí, cuyo título se ha omitido aquí, y redactó un artículo titulado «El origen y el progreso de la escritura» (Asiatic Society of Bengal XXV, 303-329). En ese artículo, basándose en la difusión de la escritura en la sociedad árabe y en las pruebas relacionadas con ella, llegó a la conclusión de que durante la época del Mensajero se habían escrito y recopilado numerosos hadices. Goldziher, sin embargo, rechazó todos estos datos por considerarlos falsos y difundió la idea de que esas afirmaciones habían sido inventadas posteriormente por personas enfrentadas entre sí.

En realidad, esta propaganda falsa se llevó a cabo por pura mala intención y por hostilidad hacia el desarrollo de la cultura islámica. De lo contrario, al juzgarla desde una perspectiva realista, no podría haber ninguna razón para semejante afirmación. Es una verdad incuestionable que numerosos compañeros se dedicaron, con especial interés, a escribir y recopilar hadices durante la vida del Noble Profeta. Sobra decir que no existe motivo alguno para albergar ninguna duda al respecto. Sin embargo, es cierto que el número de sahifas escritas y recopiladas en aquella época no era muy grande ni muy elevado. Pero no hay ninguna razón para dudar de que los hadices fueron escritos y recopilados.

La afirmación del señor Muir

Sir William Muir hizo en su obra Life of Muhammad una afirmación infundada acerca del método empleado por los muhaddizun para verificar los hadices. Dijo:

Está claro qué tipo de crítica y verificación de los hadices practicaban los muhaddizun. Era tan rigurosa que, en promedio, consideraban inaceptables el noventa y nueve por ciento de los hadices.

En realidad, las palabras del señor Muir tampoco tienen fundamento alguno. Si hubiera estado correctamente informado sobre el método de verificación de hadices de los muhaddizun, jamás habría hecho semejante afirmación. El imán Bujari compiló su Sahih al-Bujari con al menos nueve mil hadices de los seiscientos mil hadices que había recopilado; precisamente de ahí surgió la idea anteriormente mencionada del señor Muir. Pero, después de terminar su obra, el imán Bujari afirmó que muchos miles de hadices sahih no habían podido incluirse en ella. Esto significa claramente que los hadices que no incluyó en su obra no eran incorrectos ni inaceptables, y que, además de los hadices incluidos en su obra, existían muchos miles más de hadices sahih. El señor Muir dedujo de esto que el imán Bujari consideraba «incorrectos» e «inaceptables» todos los hadices que no habían sido incluidos en el Sahih de Bujari. Si todos los hadices que el imán Bujari no aceptó hubieran sido realmente inaceptables, jamás habría dicho que entre ellos quedaban «hadices sahih». En realidad, todo autor recopila una gran cantidad de información útil para su obra, pero el hecho de que finalmente no incluya todo ese material en el libro no significa de ningún modo que todo él se vuelva «incorrecto». Al parecer, el señor Muir desconocía esta verdad. Probablemente tampoco sabía por qué razones un muhaddiz declara inaceptable un hadiz. Cada hadiz llega al autor de una obra a través de numerosas cadenas de transmisión; este examina y verifica minuciosamente cada una de ellas según sus propios criterios. Acepta el hadiz a través de las cadenas que considera fiables, y descarta aquellas en las que no puede confiar o que resultan innecesarias. Pero, por ello, el hadiz original transmitido por distintas cadenas nunca se vuelve inaceptable. En realidad, los hadices no se cuentan atendiendo a su matn, sino según las cadenas de transmisión. Por esta razón, no puede afirmarse con certeza cuántos hadices originales había reunido el imán Bujari ni a través de cuántas cadenas de transmisión habían llegado hasta él.

Crítica del Dr. Sprenger

El Dr. Sprenger criticó duramente, en particular, el método del Imam al-Bujari para verificar los hadices. Escribió en su obra Life of Muhammad:

«Los principios y métodos que él (el Imam al-Bujari) siguió no pueden denominarse “crítica de los hadices”. Se limitaba a comprobar si la continuidad de la cadena de transmisión de los narradores estaba asegurada y si no se había interrumpido en algún punto. Además, examinaba la conducta y, es decir, el carácter de los narradores de hadices. Su principio era que rechazaba cualquier hadiz que no fuera compatible con su opinión dominada por la animadversión. Por ello, el hecho de que rechazara un hadiz no puede significar de ningún modo que ese hadiz fuera realmente inaceptable. Sin embargo, su obra “Jami” se diferenciaba de las demás obras de tipo “Musnad” en que no seguía ninguna escuela jurídica particular, sino que dependía de la integridad de los narradores».

Al examinar estas palabras del Dr. Sprenger, resulta claramente evidente que, así como no estaba familiarizado con la terminología de los hadices, tampoco tenía experiencia respecto de los métodos y las circunstancias de trabajo de los muhaddices. Además, no poseía una idea clara de las diversas condiciones de la ciencia del hadiz.

Los muhaddices verificaban primero los hadices según el criterio del principio de la diraya. Este principio fue adoptado precisamente del método que se seguía en el Corán, los hadices y la práctica de los nobles Compañeros. Su observancia es obligatoria para todos. Puesto que se trata especialmente de un principio general y reconocido, no era necesario que los muhaddices lo expusieran. Todos saben que los muhaddices verificaban y examinaban necesariamente los hadices conforme a estos principios. Si alguien cometía algún error en esta verificación y examen, ese era un asunto completamente independiente. Cada muhaddiz realizaba los máximos esfuerzos de investigación para mantener correcta y libre de defectos la cadena de transmisión de los hadices que había recopilado. Sin esto, no podía estar dispuesto en absoluto a aceptar ningún hadiz. Por esta razón, cada muhaddiz verificaba, examinaba y escrutaba a los narradores de hadices, establecía su propia cadena de transmisión y aceptaba sin reservas los hadices obtenidos a través de ella.

Parece que el Dr. Sprenger ni siquiera sabe con exactitud qué tipo de obra es Sahih al-Bujari: si es un “Jami” o un “Musnad”. Pues consideró Sahih al-Bujari una obra del tipo “Musnad”.

El Dr. Sprenger acusó al Imam al-Bujari de animadversión y prejuicio. Esto carece por completo de fundamento. No hay razón para pensar que el Imam al-Bujari estuviera dominado por la animadversión y el prejuicio. En realidad, estaba completamente limpio y libre de ello. Por eso vemos que, aunque no era seguidor de la doctrina chií, aceptó e incluyó en su incomparable obra de hadices hadices narrados por narradores chiíes. Además, era seguidor de la escuela shafií, pero no vaciló en aceptar en su obra recopilada muchos hadices contrarios a la doctrina shafií. Parece que el Dr. Sprenger desconocía por completo todo esto.

Otras afirmaciones del Sr. Muir

En este contexto, son dignas de mención algunas otras declaraciones del señor Muir. En un pasaje de su obra Life of Muhammad, hizo una observación sarcástica sobre el método de verificación de los hadices y dijo:

Para que un hadiz fuera aceptable para los muhaddizun, no se consideraba necesario mencionar el contenido esencial de dicho hadiz ********************. Bastaba con mencionar los nombres de los transmisores de los hadices.

Esta afirmación del señor Muir demuestra también que no está suficientemente familiarizado con la terminología del ilm al-hadiz ni con los métodos de verificación de los hadices. Pues, para verificar los hadices, en el ámbito del hadiz se han establecido y son universalmente conocidos estos dos métodos: el riwayat y el dirayat. No puede haber métodos de verificación de los hadices mejores que estos. Mediante el método del riwayat se verifica la cadena de transmisión del hadiz, y en ese caso no es necesario mencionar el texto original del hadiz. En cambio, mediante el método del dirayat se verifica únicamente la exactitud del contenido original del hadiz ********************, y en ese caso verificar la condición de los transmisores resulta irrelevante.

El señor Muir ha hecho otra afirmación gravemente errónea. Ha dicho que entre los muhaddizun no existían confianza ni espíritu de tolerancia mutuos respecto a los principios y métodos de búsqueda, verificación y examen de los hadices. Por ello, cada muhaddiz aceptaba o rechazaba los hadices conforme a su propio método. Esta afirmación sobre los muhaddizun carece de fundamento. Solo puede hablar así quien no tiene la menor comprensión ni respeto por las ciencias y conocimientos islámicos, o quien está firmemente decidido a enemistarse con el islam. El señor Muir también pretende calificar las diferencias de opinión relacionadas con los principios del ijtihad como desconfianza y falta de respeto mutuas. Pero, en realidad, no se trata de ninguna desconfianza. Se trata únicamente de diferencias entre los principios de ijtihad y las opiniones o dictámenes de cada uno. Por eso vemos que el imán Muslim criticó algunas opiniones o métodos del imán Bujari; sin embargo, no sentía la menor reserva en reconocerlo y mostrarle respeto como «Sayyid al-Muhaddizin, el mejor de los muhaddizun». En realidad, es precisamente a causa de las diferencias de opinión que surge la necesidad de verificar las cadenas o isnads de los hadices.

Como ejemplo de las diferencias de opinión entre los muhaddizun, puede mencionarse que el imán Bujari concede una importancia excesiva a la necesidad de que «la persona de quien alguien ha transmitido un hadiz» ******************** se haya encontrado directamente con él y haya permanecido junto a él durante mucho tiempo. Pero el imán Muslim considera suficiente que ambos hayan sido contemporáneos y pertenezcan a la misma época. El imán Bujari se inclina por aceptar únicamente los hadices de aquellos transmisores cuya condición de «ziqa», «fiel» y «digno de confianza» sea aceptada unánimemente por todos. En cambio, el imán Nasaí también aceptaba los hadices transmitidos por personas cuya condición de «ziqa» no era aceptada unánimemente. En realidad, tal situación no surgió a causa de la desconfianza mutua ni de la envidia o la hostilidad; fue simplemente una diferencia de opinión o de dictamen, y no era nada más que eso. Más tarde, si los muhaddizun encontraban una nueva cadena fiable de transmisión de un hadiz, aceptaban el hadiz conforme al principio básico establecido por cualquiera de los «seis imanes del hadiz». Esto demuestra amplitud de criterio.

— Fin —