Palabras del editor
La obra La belleza artística del Corán fue publicada por primera vez por la Editorial Adhunik en 1997, y su segunda edición se publicó en 2001. Hace unos tres meses, el traductor nos trajo la obra para publicar su tercera edición. Tras obtener del traductor los derechos de traducción, estamos publicando esta tercera edición.
Así como el autor será recompensado por Alá por presentar este Corán revelado mediante un estilo literario incomparable, también ha quedado inmortalizado ante la nación musulmana contemporánea. Asimismo, su traductor ha quedado ligado a una deuda de gratitud por ofrecer esta extraordinaria obra a los hablantes de bengalí.
La Editorial Khayrun ha quedado ligada a una deuda de gratitud por ofrecer esta obra.
Al publicar esta obra, la Editorial Khairun continúa cumpliendo su promesa a la nación de ofrecerle buenos libros.
El editor
Breve biografía del autor
Nombre y ascendencia: Su nombre era Sayyid. Qutb era el título de su linaje. Sus antepasados llegaron desde la península arábiga y comenzaron a residir en un lugar llamado Musa, en el norte de Egipto. Su padre se llamaba Hajj Ibrahim Qutb. Su madre se llamaba Fatima Husayn Uthman. Era una mujer sumamente piadosa y temerosa de Alá. Sayyid Qutb nació el viernes 20 de enero de 1906 en la casa paterna. Era el hijo mayor. El segundo era Muhammad Qutb. Después venían tres hermanas: Hamida Qutb, Amina Qutb; se desconoce el nombre de la tercera.
Vida académica: Conforme al deseo de su madre, memorizó el sagrado Corán (hifz) desde su infancia. Después lo matricularon en la escuela primaria de la aldea. En aquella época existía una ley según la cual, si alguien quería enviar a su hijo a estudiar en la Universidad de al-Azhar, en Egipto, primero debía hacer que memorizara el Corán. Como sus padres deseaban fervientemente que su hijo mayor, Sayyid, estudiara en al-Azhar, lo convirtieron en hafiz del Corán. Más tarde, su padre, Musa, abandonó la aldea y se estableció en un lugar llamado Helwan, en las afueras de El Cairo, y lo matriculó en la madrasa Tajhiziyat Dar al-Ulum. En esta madrasa solo se admitía a quienes querían graduarse allí y después ingresar en la Universidad de El Cairo. Se graduó brillantemente de esta madrasa en 1929 y fue admitido en Dar al-Ulum de El Cairo (actualmente denominada Universidad de El Cairo). En 1933 aprobó la licenciatura en esta universidad y obtuvo el Diploma en Educación. En aquella época, este título demostraba que el joven era sumamente talentoso.
Vida profesional: Después de obtener su título universitario, fue nombrado profesor allí mismo. Tras enseñar con éxito durante algún tiempo, fue nombrado inspector escolar dependiente del Ministerio de Educación. Este era un cargo sumamente prestigioso en Egipto. En 1949, el propio Ministerio de Educación lo envió a Estados Unidos para obtener un título superior de investigación en el campo de la educación. Después de estudiar e investigar allí durante dos años, regresó a su país en 1951. Durante su estancia en Estados Unidos observó la deplorable situación de la sociedad materialista y llegó a creer firmemente que solo el islam podía conducir literalmente a la sociedad humana por el camino del bienestar.
Después de regresar a su país, comenzó un amplio estudio e investigación sobre el islam. De esa investigación surgieron «La imagen del Día de la Resurrección dibujada en el Corán» y «La belleza artística del Corán».
Ingreso en el movimiento islámico: Al regresar de Estados Unidos, examinó los objetivos, propósitos y programa del movimiento islámico llamado «Ikhwan al-Muslimun» y, al considerarlos de su agrado, se convirtió en miembro de dicho grupo. En julio de 1952 fue elegido miembro del comité ejecutivo central de Ikhwan al-Muslimun. Desde entonces se consagró por completo al movimiento islámico. En 1954 se publicó una revista de los Hermanos bajo la dirección editorial de Sayyid Qutb. Sin embargo, apenas dos meses después, el gobierno del coronel Nasser la clausuró.
Arresto y castigo: Comenzaron los arrestos y la tortura de los líderes y miembros de los Hermanos. Sayyid Qutb se encontraba entre los arrestados. Sayyid Qutb fue recluido en diversas prisiones y sometido a torturas inhumanas. Su compañero Yusuf al-Azam escribió: «Se hizo recaer sobre él una montaña de torturas: lo quemaban con fuego, soltaban perros contra él hasta dejarlo cubierto de heridas, y a veces le vertían sobre la cabeza agua extremadamente caliente y otras veces agua extremadamente fría. También lo torturaban a patadas, puñetazos, golpes de bastón y otros medios; pero él permaneció firme e intrépido en su fe y certeza». —(El mártir Sayyid Qutb, pág. 30)
El 13 de julio de 1955 se celebró una farsa en nombre del juicio y fue condenado a quince años de trabajos forzados. Lo torturaron hasta dejarlo tan enfermo y débil que ni siquiera pudo comparecer ante el tribunal. Después de cumplir un año de trabajos forzados, el gobierno de Nasser le propuso que, si pedía perdón a través de los periódicos, sería puesto en libertad. La respuesta que este hombre creyente dio a la propuesta servirá de faro, generación tras generación, para los miembros del movimiento islámico. Dijo:
Me sorprende esta propuesta precisamente porque ¿cómo puede un opresor pedirle perdón a un oprimido? ¡Por Dios! Aunque unas pocas palabras de disculpa pudieran salvarme de la horca, no estoy dispuesto a pronunciarlas. Quiero llegar ante Dios de tal manera que Él esté complacido conmigo y yo esté complacido con Él.
Liberación de la prisión: A mediados de 1964, el presidente iraquí Abdus Salam Arif visitó Egipto y recomendó la liberación de Sayyid Qutb. Como resultado, fue liberado de la prisión, pero quedó bajo arresto domiciliario. Durante los diez largos años que estuvo encarcelado, escribió la célebre exégesis «Fi Zilal al-Qur’an».
Segunda detención y martirio:
Antes de que transcurriera un año, fue detenido nuevamente bajo la acusación de intentar tomar el poder. Junto con él fueron detenidas veinte mil personas, incluidos cuatro hermanos y hermanas suyos; entre ellas había aproximadamente setecientas mujeres.
Después, tras celebrar un juicio meramente formal, se ordenó ahorcarlo a él y a dos de sus compañeros, y la sentencia se ejecutó el lunes 29 de agosto de 1966. (En verdad, pertenecemos a Dios y a Él hemos de retornar).
Obras escritas por Sayyid Qutb
(a) Obras de investigación:
(1) Fi Zilal al-Qur’an (6 volúmenes)
(2) Al-Taswir al-Fanni fi Zilal al-Qur’an (La belleza artística del Corán)
(3) Mashaahid al-Qiyamah fi al-Qur’an (La representación de la Resurrección trazada por el Corán)
(4) Al-‘Adālatu al-Iŷtimā‘iyya fi-l-Islām (El islam y la justicia social)
(5) As-Salāmu al-‘Ālamī wa-l-Islām (La paz mundial y el islam)
(6) Dirāsāt islāmiyya (Escritos islámicos)
(7) Ma‘rifatu-l-Islām wa-r-Risāliyya (El islam y el conflicto con el capitalismo)
(8) Nahwa muŷtama‘in islāmī (El retrato de la sociedad islámica)
(9) Mu‘allim fi-t-tarīq (La trayectoria de la revolución social islámica)
(10) Hādhā ad-dīn (El islam, un sistema de vida)
(b) Poesía y poemas
1. Kafilatur Raqiq (poesía)
2. Hulmul Fajri (poesía)
3. Al-Shatiyy al-Mayhul (poesía)
(c) Novelas:
1. Ashwaq (espina)
2. Tifl min al-Qariya (el muchacho de la aldea)
3. Madinat al-Mashur (la ciudad mágica)
(d) Para niños y adolescentes:
1. Qasasud Diniyah (Historias de los profetas)
(e) Otros:
1. Muhimmat al-sha’ir fil-hayat (La verdadera tarea de la vida del poeta)
2. Al-Atiaf al-Arbaa (El pensamiento de cuatro hermanos)
3. América allati ra’aitu (La América que vi)
4. Kitab wa shakhsiyat (Libros y personalidades)
5. Al-naqd al-adabí, usuluhu wa manahijuhu (Principios y métodos de la crítica literaria)
En el nombre de Alá, el Clemente, el Misericordioso
Dedicatoria
¡Respetada madre! Dedico esta obra a usted.
¡Querida madre mía! Hay algo que aún resplandece en mi memoria: cada vez que llegaba el mes de Ramadán, el recitador venía a nuestra casa y recitaba el Corán. Y usted lo escuchaba absorta, durante horas y horas, desde detrás del velo. Cuando yo empezaba a gritar como un niño, usted me hacía señas para que guardara silencio. Entonces yo también me unía a usted para escuchar el Corán, aunque en aquel momento no era capaz de comprenderlo. Sin embargo, sus pronunciaciones literales quedaban grabadas en mi mente. Después, cuando aprendí a caminar sujetándome de su mano, usted me matriculó en la escuela primaria de la aldea. Su gran deseo era que Allah abriera mi corazón para memorizar Su Palabra. Ciertamente, Allah me concedió la bendición de una hermosa voz. Así podía sentarme ante usted y recitarlo con frecuencia. Memoricé el Corán completo. Una parte de su orgullo se vio cumplida.
¡Querida madre mía! Hoy usted está fuera de mi alcance. Pero aquella imagen suya sigue intacta en mi memoria. Aún no he podido olvidar cómo, sentada junto al aparato de radio en casa, escuchaba la recitación del recitador. La memoria del hermoso y piadoso aspecto que adquiría su rostro mientras escuchaba la recitación, y del efecto que esta producía en su mente y en su corazón, sigue viva hoy en mi corazón.
¡Oh, madre que me diste a luz! Aquel niño inocente suyo es hoy un joven adulto. Hoy dedico, en su nombre, el fruto de aquellos esfuerzos suyos. Que Allah haga descender sobre su tumba una paz semejante al rocío del alba y que también proteja a su hijo.
Su hijo
Sayyid Qutb
Palabras del traductor
¿Desea comprender el Corán? ¿Reconoce que el Corán es un milagro viviente, una fuente de poder cautivador? Usted lee el Corán, ciertamente, pero este no logra atraerlo por completo; ¿por qué? En este Corán hay relatos que hacen palidecer incluso a los cuentos de hadas, imágenes que ningún artista ha podido pintar hasta hoy, y melodías y lamentos de dolor que envuelven todo el mundo de la música. ¿Ha llegado a conocerlos? Si no, lea esta obra de Sayyid Qutb sobre el Corán. Ella le ofrecerá orientación hacia un nuevo horizonte y abrirá ante usted las puertas de todos los misterios del Corán. Se perderá en la infinitud del Corán, en sus profundidades insondables. Ninguna fuerza podrá hacerle regresar de esa profunda ciudad encantada.
Sayyid Qutb fue un investigador y pensador islámico; así es como lo conoce el mundo islámico. Pero ¿cuántos saben que fue un literato de alto nivel de la literatura árabe moderna y un inmortal creador de relatos? No solo eso: también era experto en las artes, las bellas artes, las artes decorativas y la artesanía, entre otras disciplinas. Por eso contempló el Corán desde diversos puntos de vista. Durante su vida en prisión, investigó el Corán durante horas y horas, día tras día. Por un lado, era un memorizador del Corán; por otro, el árabe era su lengua materna, y ambos aspectos le sirvieron de apoyo en su labor de investigación. Él mismo dijo:
En mi opinión, es una enorme gracia de Allah el Altísimo sobre una persona humilde: cuando comencé a reflexionar sobre el Corán, Él abrió para mí todas las puertas de la misericordia y me acercó tanto al espíritu del Corán que parece como si el propio Corán hubiera abierto ante mí todas sus verdades y misterios. —De la introducción original de Fi Zilal al-Qur’an
Esta valiosa obra está impregnada de literatura en cada una de sus páginas; es una sarta de palabras sin hilo. Su lenguaje es tan elevado y rico que anteriormente me propuse traducir esta obra tres veces, pero desistí. No tuve el valor. Sin embargo, tampoco pude contener el deseo de traducirla. Finalmente, por cuarta vez, emprendí esta gran tarea, suplicando humildemente y pidiendo gracia al Dios Altísimo. Aunque el trabajo avanzaba a paso de hormiga, llegó a completarse gracias al toque de la misericordia del Misericordioso. No pretendo haber conservado por completo aquel elevado nivel literario; pero, en cuanto a presentar fielmente ante ustedes lo que el autor quiso expresar, no he cometido deliberadamente ninguna falta. Aun así, queda algo por decir: para empezar, no soy un gran alim. Además, puede decirse que carezco casi por completo de conocimientos sobre la literatura árabe moderna; y, por si fuera poco, soy un hombre débil, cuyos compañeros cotidianos son los errores y las deficiencias. Por ello, quizá también haya cometido algún error en algún punto al realizar este trabajo, sin tener todavía conocimiento de él. Si algún siervo de Allah advierte alguna falta de este tipo, le agradeceré que me la señale; intentaré corregirla en una revisión posterior, insha Allah.
Finalmente, elevo una súplica con la cabeza inclinada ante la corte divina: que Él conceda al autor de esta obra un alto rango en el Paraíso. Que Allah perdone también a este humilde traductor, al editor y a los lectores, y les conceda el favor de reunirse con el autor en el Paraíso. Suplico además que Allah abra también para nosotros, como lo hizo para el autor, las puertas de todos los misterios de Su Corán Sapientísimo. Amín.
Humildemente
Muhammad Jalilur Rahman Mumin
Índice
Tema
Palabras del autor
¿Cómo encontré el Corán?
Primer capítulo
El poder hipnótico del Corán
La conversión al islam de Hazrat Umar (r. a.)
El incidente de Walid bin Mugira
La fuente del poder hipnótico del Corán
La principal fuerza impulsora para abrazar el islam
¿Dónde reside la fuente del poder cautivador del Corán?
Segundo capítulo
Investigación y tafsir del Corán
El tafsir en la época de los Sahaba y los Tabi‘in
Tercer capítulo
Imágenes artísticas
Expresar las ideas en un lenguaje comprensible
Imágenes psicológicas
Imágenes humanas
Imágenes de las calamidades ocurridas
Imágenes de acontecimientos metafóricos
1. La historia de los dueños del jardín
2. La historia de los dueños de dos jardines
Imágenes de acontecimientos reales
1. El profeta Ibrahim (la paz sea con él) y el profeta Ismael (la paz sea con él)
2. El diluvio del profeta Noé (la paz sea con él)
La escena del Día de la Resurrección
Escenas de paz y castigo
Cuarto capítulo
Imaginación y representación
Quinto capítulo
La composición artística del Sagrado Corán
Tipos de composición artística
Capítulo sexto
La melodía y el ritmo del Corán
Primer estado
Segundo estado
Pausas al final de las frases y rima final
Capítulo séptimo
Los elementos de la imaginería coránica
Un aspecto sutil de la composición artística
Duración de las imágenes coránicas
Imagen extensa
Octavo capítulo
Tema: propósito y objetivo de los acontecimientos narrados en el Corán
1. Reconocimiento de la revelación y la misión profética
2. Una religión única e idéntica
3. Fe en Allah
4. Todos los profetas y mensajeros transmitieron el mismo llamamiento
5. El vínculo entre las religiones de cada profeta y mensajero; 6. el éxito de los profetas y mensajeros y la destrucción de los mentirosos
7. La veracidad de las buenas nuevas y las advertencias
8. La descripción de las bendiciones concedidas a los profetas y mensajeros
9. Advertir a los hijos de Adán sobre la enemistad de Satanás
10. Algunas otras razones
Noveno capítulo
La prueba de que los relatos del Corán siguen los objetivos religiosos
La concisión y la extensión del relato
Conclusión y descripción del desenlace
La combinación religiosa y artística en la narración de las historias
La forma artística de la historia
Capítulo décimo
Las características artísticas de la historia
1. La variedad de la narración
2. La resolución repentina del misterio
3. Pausas entre los cambios de escena
4. Escenificación mediante los acontecimientos
Imágenes de las emociones y los sentimientos
La impronta de la personalidad en el relato
1. Un líder de naturaleza inquieta
2. Una personalidad de corazón tierno y tolerante
3. Hazrat Yusuf (la paz sea con él)
4. Hazrat Adán (la paz sea con él)
5. El relato de Hazrat Sulaymán (la paz sea con él)
Capítulo undécimo
La naturaleza humana
1. La naturaleza humana
2. El creyente superficial
3. La persona oportunista y astuta por naturaleza
4. El cobarde pusilánime
5. La persona que provoca risa y diversión
6. Humano solo en apariencia
7. Ávido de elogios
8. Oportunista
9. Extrañamente arrogante
10. Cobarde y descarado
11. Hipócrita débil
12. Quien presenta excusas y objeciones
13. Engañador necio
14. Causante de desastres
15. Cautivado por el encanto de la vida mundana
16. Personas obstinadas y de naturaleza estancada
17. Grupo despótico
18. Sea verdad o mentira, discutirán de todos modos
19. Avaro
20. Contradicción entre el interior y el exterior
21. El que se arrepiente cuando está agonizando
22. Persona de escasa inteligencia
23. Verdaderos creyentes
24. Pobres, pero satisfechos con poco
25. Temerosos de Allah
26. Verdaderos siervos de Allah
27. Generosos y dadivosos
28. Pacientes
29. Quienes dan prioridad a otro hermano
30. Quienes reprimen la ira y perdonan a los demás
Doce capítulos
Argumentos nacidos de la sabiduría
La expresión sencilla y clara del Corán
La cuestión del tawhid (monoteísmo)
La resurrección después de la muerte
El estilo narrativo del Corán
Conclusión
Otra característica del estilo narrativo del Corán
Apéndice 1
Apéndice 2
Orden de la revelación de las suras del Corán
Palabras del autor
¿Cómo llegué a conocer el Corán?
Antes de comenzar el libro que ahora tiene usted en sus manos, es necesario contar un hecho relacionado con él. Mientras este libro permaneció guardado en mi memoria, sin una forma ni un aspecto determinados, no había mucha necesidad de narrar aquel hecho. Cuando pasó a la mesa de la imprenta para cobrar existencia, el hecho dejó de estar limitado a mi interior. Ahora es necesario darlo a conocer.
Entonces yo era muy pequeño. Apenas había comenzado a leer el Corán, pero comprender su significado o descifrar su contenido estaba fuera de mi alcance. Además, era imposible abarcar dentro de los límites de mi conocimiento sus contenidos elevados. Aun así, sentía una intensa atracción por él. Durante la recitación, muchos acontecimientos asombrosos se asomaban al escenario de mi mente. Aquellas imágenes eran sencillas y sin color. Sin embargo, las imaginaba una y otra vez con gran interés. Ese proceso continuó durante mucho tiempo y me proporcionaba alegría.
Entre aquellas imágenes sencillas, una de las que habían quedado profundamente grabadas en mi mente aparecía ante mí en cuanto recitaba el siguiente versículo.
(Árabe**********)
Entre los seres humanos hay quienes adoran a Allah situándose en una posición marginal. Si vislumbran algún beneficio mundano, se inclinan hacia él; pero si se ven sumergidos en alguna desgracia o prueba, vuelven la espalda. En verdad, han perdido en este mundo y en el Más Allá. (Sura Al-Hajj: 11)
Si presentara esta imagen imaginaria ante alguien, no debería reírse. Cuando, al escuchar esta aleya, una imagen semejante aparecía en mi memoria, yo vivía en una aldea. Junto a la aldea, en medio de un valle, había un hombre rezando de pie sobre una colina, pero no podía mantenerse sobre la cima estrecha; esta temblaba sin cesar y podía derrumbarse en cualquier momento. Yo observaba aquella situación desde lejos y, en mi interior, me sentía asombrado y estremecido.
Una de las muchas imágenes imaginarias que vagaban por mi mente se hacía manifiesta al recitar la siguiente aleya. La aleya dice:
(Árabe**************)
Y recítales la historia de aquel a quien concedimos Nuestros signos, pero se apartó de ellos y los abandonó. Entonces Satanás lo siguió, y pasó a formar parte de los perdedores. Si hubiéramos querido, ciertamente habríamos elevado su rango, pero él se aferró a la tierra y se entregó a satisfacer los deseos de su nafs. Su ejemplo es como el del perro: si lo atacas, saca la lengua y jadea; y si lo dejas, también mantiene la lengua afuera. (Sura Al-A’raf: 175-176)
Yo no comprendía el significado ni la importancia de esta aleya. Sin embargo, apenas la recitaba, una imagen aparecía en el espejo de mi mente. Veía a un hombre acercarse a mí con la boca abierta, la lengua afuera y jadeando. Yo lo contemplaba fijamente, sin pestañear. Pero no entendía por qué hacía aquello. Aun así, no me atrevía a acercarme a él. Me gustaban muchísimo miles de imágenes de ese tipo. Por eso sentía una intensa atracción por la recitación del Corán y recorría los confines de la imaginación en busca de aquellas imágenes.
Aquel periodo transcurrió acompañado de mis dulces fantasías y de mi ingenuidad infantil. Ahora, con el paso del tiempo, me he enfrentado en cierta medida al conocimiento y a la realidad. He intentado comprender algunos libros de tafsir mediante mi propio esfuerzo y con la ayuda de mis maestros. Pero es profundamente lamentable que, durante la hermosa, dulce y majestuosa recitación del Corán, no se preste ninguna atención a lo que hacía en mi infancia. ¿Acaso el Corán de hoy es diferente de aquel Corán de mi infancia? ¿Es que no existe ninguna relación entre ambos? Probablemente aquello era la hechicería de una interpretación inventada.
Incluso después de consultar varias exégesis del Corán, sentí que quedaba alguna laguna. Entonces me dediqué a intentar comprender el Corán directamente a partir del propio Corán. Aunque parezca sorprendente, fue entonces cuando descubrí aquel Corán amado y lleno de belleza. Aquella atractiva y encantadora imagen volvió a aparecer ante mí. La única diferencia era que ya no era tan sencilla como antes, sino que había cambiado un poco gracias a la madurez de mi comprensión. Entonces entendí que no era una imagen, sino una parábola. Había sido descrita únicamente para facilitar la comprensión del Corán. En realidad, no era el reflejo de un acontecimiento real. Pero eso tampoco significa que fuera algo irreal.
¡Alabado sea Allah! Esta vez comencé a estudiar con plena atención. De repente se me ocurrió presentar al público las imágenes que estaba contemplando, para que pudieran beneficiarse de ellas. Por eso, en 1939, a través de la revista titulada «Al-Muqtataf», se publicó un artículo titulado «Algunas imágenes del Corán y un análisis de su belleza artística».
Allí demostré que las imágenes que Allah, Señor de los mundos, ha trazado en el Corán no pueden ser pintadas por ninguna cámara en color ni por el pincel de ningún artista. Son imágenes fascinantes y cautivadoras, llenas de misterio. También afirmé allí que era posible escribir una obra independiente sobre este tema.
Después transcurrieron algunos años. Mientras tanto, las imágenes coránicas comenzaron a ejercer una poderosa influencia en mi mente. En todas partes seguía descubriendo su belleza artística. Entonces pensé en desarrollar este tema de manera completa y amplia, pues hasta ese momento nadie había tomado la pluma sobre él. Con ese propósito, me concentré profundamente en el estudio del Corán e intenté reunir de él aquellas imágenes sutiles. Sin embargo, a veces, aun así, el ritmo del trabajo se volvía lento.
Finalmente, invocando el nombre de Allah, emprendí la recopilación. Mi tarea consistía en reunir las imágenes artísticas del Corán y arrojar luz sobre su estilo de composición y su belleza artística. No tenía intención alguna de realizar un análisis lingüístico del Corán ni una discusión de carácter jurídico-religioso.
A medida que avanzaba, un nuevo misterio se reveló ante mí. Observé que las imágenes trazadas en el Corán no eran algo separado de las demás exposiciones y secciones. Tampoco tenían una posición independiente. Más bien, todo el estilo expositivo del Corán constituye el fundamento artístico de las escenas y las imágenes. La única excepción son las disposiciones de la ley religiosa. Entonces, en lugar de concentrarme en reunir las imágenes, me enfoqué en descubrir su verdadero propósito y su principio fundamental; después decidí exponer ese principio y su explicación, algo que hasta hoy nadie había siquiera abordado.
Cuando terminé la recopilación, sentí que el Corán había aparecido en mi mente bajo una nueva forma. Descubrí un Corán como nunca antes lo había encontrado. Ya antes el Corán me parecía hermoso, pero su belleza se presentaba de manera fragmentaria y dispersa. Ahora toda su belleza se hacía visible como una realidad indivisible. Parecía estar asentada sobre un fundamento especial, en el que existían relaciones asombrosas y poco comunes, que nunca había podido percibir, ni siquiera había soñado, y que nadie más había imaginado jamás.
Si Allah me concede el éxito para hacer justicia, al presentar estas escenas e imágenes del Corán, a las exigencias de mis ideas, reflexiones y conciencia, ello será la medida del éxito pleno de esta obra.
Primer capítulo
El poder hipnótico del Corán
En vísperas de la revelación del Corán, el propio Corán cautivó a los árabes con su poder hipnótico. Aquellos cuyos corazones Él abrió al islam de Dios, así como aquellos sobre cuyos corazones y ojos había caído un velo, fueron influidos por el efecto hipnótico de este Corán, aunque estos últimos no pudieron beneficiarse de él. Sin embargo, hubo ciertas personalidades, como la respetable Jadiya (que Dios esté complacido con ella), esposa del Noble Profeta (que la paz y las bendiciones de Dios sean con él), y Zaid (que Dios esté complacido con él), el esclavo liberado por él, entre otros. A excepción de estas personas, quienes abrazaron el islam en la etapa inicial no lo hicieron porque el Mensajero (que Dios le bendiga y le conceda la paz) tuviera tanta fuerza y poder que ellos se hubieran dejado deslumbrar por su autoridad y fortaleza. Más bien, la base de su aceptación del islam fue la mágica atracción del Corán.
El relato de la conversión al islam de Umar (que Dios esté complacido con él) y el del influjo ejercido sobre Walid ibn al-Mugira reconocen y demuestran ambos la afirmación anterior: el poder hipnótico del Corán es sumamente intenso. Influía no solo en los creyentes, sino también en los incrédulos.
La conversión al islam de Umar (que Dios esté complacido con él)
Con respecto a la conversión al islam de Umar (que Dios esté complacido con él), Ata y Muyahid la narraron en una transmisión que Ibn Ishaq recopiló de Abdullah ibn Abi Nayih. Umar (que Dios esté complacido con él) dijo:
Aquel día todavía me encontraba muy alejado del islam y solía embriagarme bebiendo vino. Teníamos un lugar de reunión al que los qurayshíes acudían y se congregaban. Aquel día fui a buscarlos, pero no encontré allí a ninguno. Pensé en ir a casa de cierto vendedor de vino; quizá pudiera encontrarlos allí. Pero tampoco encontré a ninguno de ellos. Entonces decidí ir a la Mezquita Sagrada y realizar la circunvalación ritual. Fui allí y vi al honorable Muhammad (que la paz y las bendiciones de Dios sean con él) ocupado en la oración. Estaba orando de cara al Sham (Siria), con la Kaaba situada entre él y el Sham. Se encontraba de pie entre el Rincón Negro y el Rincón Yemení, rezando. Al verlo, pensé: «Esta noche escucharé en secreto lo que recita». Luego pensé que, si me acercaba para escuchar, me descubrirían. Así que fui por el lado del Hatim y me quedé de pie en silencio bajo la cubierta de la Kaaba. Entre él y yo no había otro ocultamiento que la cubierta de la Kaaba. Cuando escuché la recitación del Noble Profeta (que la paz y las bendiciones de Dios sean con él), algo cambió dentro de mí. Comencé a llorar y, finalmente, tuve la dicha de abrazar el islam.
En otra narración de Ibn Ishaq se cuenta que un día Umar (que Dios esté complacido con él) partió con la espada desenvainada para matar al Noble Mensajero (que la paz y las bendiciones de Dios sean con él). El Noble Profeta (que la paz y las bendiciones de Dios sean con él) vivía en una casa al pie del monte Safa junto con algunos compañeros. Allí había unos cuarenta hombres y mujeres. En el camino se encontró con Naim ibn Abdullah, quien le preguntó: «¡Umar! ¿Adónde vas?». Umar le explicó su propósito. Naim dijo: «Antes de ocuparte de la enemistad con los Banu Abd Manaf, ocúpate de tu propia hermana Fatima y de tu cuñado Saíd ibn Zaid. Se han hecho musulmanes». Entonces el honorable Umar (que Dios esté complacido con él) fue allí y encontró a Jabbab (que Dios esté complacido con él) enseñándoles a leer el Noble Corán.
Umar (que Allah esté complacido con él) entró directamente por la puerta y sujetó a su cuñado Sa‘id. Golpeó a su propia hermana Fátima en la cabeza y la dejó ensangrentada. Después de una breve discusión, quiso ver lo que estaban recitando. Entonces le recitaron algunos pasajes de la sura Ta-Ha. Cuando le recitaron algunos pasajes de la sura Ta-Ha, comentó: «¡Qué palabras tan excelentes!». Después fue ante el Noble Mensajero (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él), abrazó el islam y alcanzó la dicha. (Sira de Ibn Hisham)
El punto esencial de todos los relatos sobre este asunto es uno solo: Umar (que Allah esté complacido con él) se refugió bajo la sombra del islam después de leer o escuchar algunos pasajes del Corán. Nosotros escuchamos o relatamos este acontecimiento, pero no se llama la atención sobre el hecho de que la raíz de la transformación de Umar (que Allah esté complacido con él) fue el poder atractivo y la irresistible fuerza fascinante del Noble Corán.
El episodio de Walid ibn al-Mugira
Walid ibn al-Mugira había quedado impresionado por la influencia de algunos pasajes del Sabio Corán que había escuchado. Al ver esto, los coraichitas comenzaron a decir entre sí que se había hecho musulmán. Walid era un hombre noble y respetado entre los coraichitas. Enviaron a Abu Yahl ante él para que declarara su odio y hostilidad hacia el Corán, de modo que los coraichitas se dejaran influir por sus palabras. Walid comenzó a decir: «¿Qué puedo decir acerca del Corán? ¡Por Allah! Tengo más conocimiento que vosotros sobre la poesía y sus formas, pero lo que he escuchado de Muhammad no se parece en nada a ellas. ¡Por Allah! Lo que le ha sido revelado es sumamente extraordinario y cautivador, y ha sido revelado en un lenguaje elocuente. Destruye todo lo que se presenta ante él. Ha venido para triunfar, no para ser derrotado».
Al oír esto, Abu Yahl dijo: «Mientras no menosprecies el Corán, tu pueblo seguirá disgustado contigo». Walid dijo: «Dame un poco de tiempo para reflexionar». Luego declaró: «Esto no es sino magia manifiesta. ¿Acaso no veis que quien entra en contacto con ella queda separado de su familia y de sus amigos? (En la Sira de Ibn Hisham y en el Tafsir de Ibn Kazir se han transmitido relatos detallados sobre este asunto. —El autor.)»
A este respecto, se ha dicho en el Noble Corán:
(Árabe**************)
Reflexionó y tomó una decisión. ¡Que perezca! ¡Cómo ha tomado su decisión! Y, una vez más, ¡que perezca! ¡Cómo ha tomado su decisión! Luego observó, frunció el ceño y contrajo el rostro. Después dio la espalda y dijo con arrogancia: «Esto no es más que magia transmitida de generación en generación». (Sura al-Muddázzir: 18-24)
Esta es la declaración de quien albergaba hostilidad hacia el islam. Cuando llegaba ante Muhammad (s), su corazón y su cabeza se inclinaban sin que se diera cuenta; pero, al regresar junto a sus amigos y familiares, la rebeldía volvía a levantar la cabeza para preservar su honor y prestigio. Esto demuestra cuán intensa es la fuerza de atracción del Al-Qurán, capaz de hacer que hasta la magia se rinda.
Ahora reflexionen: el Al-Qurán influyó tanto en Umar (r) como en Walid ibn Mugira. Sin embargo, había entre sus comportamientos una diferencia como entre el cielo y la tierra. Debido al temor de Allah, Allah abrió el corazón de Umar (r) al islam. En cambio, el orgullo, la arrogancia y la fascinación por el liderazgo alejaron a Walid ibn Mugira del islam.
Las citas de las palabras de los incrédulos que se presentan en el Noble Al-Qurán constituyen también una prueba de su poder cautivador.
(Árabe***********)
No escuchéis el Corán y comenzad a hacer ruido mientras se recita; quizá así salgáis victoriosos. (Sura Ha-Mim Sayda: 26)
También aquí se percibe el poder cautivador del Al-Qurán. Temían que, si se permitía escuchar este Corán o se lo escuchaba atentamente, su influencia necesariamente afectaría al oyente y este se convertiría en su seguidor. Por eso era conveniente hacer ruido, para que nadie pudiera escuchar el Corán mañana y tarde y quedar cautivado por él. Naturalmente, el Corán también los atraía constantemente a ellos. Pero solo quienes albergaban, aunque fuera en mínima medida, temor de Allah pudieron salir de los límites de la yahiliya. Si no hubieran sido influenciados por él ni hubieran temido serlo, ¿por qué habrían desplegado tantos esfuerzos inútiles contra el Corán? Esto demuestra cuán intensa e irresistible es la atracción de este Corán.
El Al-Qurán presenta de manera hermosa las palabras de los incrédulos de Quraysh, palabras con las que daban la espalda al Corán.
(Árabe***********)
Dicen: «No son más que leyendas de los antiguos que él ha escrito. Se las dictan por la mañana y por la tarde». (Sura Al-Furqan: 5)
(Árabe************)
(Al escuchar la palabra de Allah, dicen:) «Si quisiéramos, también nosotros podríamos decir algo semejante. No es más que relatos de los tiempos antiguos».
(Árabe************)
(Este Corán) no es más que sueños confusos. Más bien, son palabras que él ha inventado; (no,) más bien es un poeta. (Sura Al-Anbiya: 5)
(Árabe*********)
Oh, Mensajero, diles: «(Si sois veraces,) traed diez suras semejantes a estas».
(Árabe***********)
(O bien) Traed una sura semejante. (Sura Al-Baqara: 23)
Pero no fueron capaces de producir ni siquiera una sura para afrontar este desafío, y mucho menos diez. A decir verdad, ni siquiera aceptaron el desafío. Sin embargo, después del fallecimiento del Noble Profeta (s), algunos individuos viles pretendieron ser profetas, pero su final no fue bueno. Nadie concedió importancia alguna a sus disparates.
En vísperas de la invitación al islam por parte del Mensajero (s), el impacto del Corán fue especialmente intenso entre aquellos seguidores de los profetas anteriores que eran verdaderamente eruditos y piadosos. Así, tuvieron la fortuna de encontrar refugio bajo la sombra del Corán. Sobre esos afortunados se declara:
(Árabe************)
Encontrarás que, entre todas las personas, los judíos y los idólatras son los más encarnizados enemigos de los musulmanes. Y encontrarás que quienes se llaman cristianos son los más cercanos a los musulmanes en amistad. Esto se debe a que entre los cristianos hay eruditos y monjes que no son arrogantes. Cuando oyen lo que ha sido revelado al Mensajero, verás que sus ojos se llenan de lágrimas, porque han reconocido la verdad. Y dicen también: «¡Oh, nuestro Señor! Hemos aceptado el islam; inscríbenos, pues, entre quienes son obedientes». (Sura Al-Ma’ida: 82-83)
La imagen de un intenso anhelo de conocer que se presenta surgió únicamente al escuchar el Corán. Incluso, al oírlo, las lágrimas brotaron de sus ojos sin que se dieran cuenta. Así pudieron encontrarse frente a la verdad. No cabe duda de que la invitación y la enseñanza de la verdad que el Corán desea transmitir no podrían producirse de ningún modo sin su propio efecto. En otra parte del Corán se dice:
(Árabe*************)
Aquellos que ya poseían conocimiento, cuando se les recita el Corán, caen postrados, con el rostro en tierra, y dicen: «¡Glorificado y exaltado sea nuestro Señor! Sin duda, la promesa de nuestro Señor se cumplirá». (Sura Al-Isra: 107-108)
La imagen del temor a Allah al escuchar el Corán también se presenta en el siguiente versículo:
(Árabe**********)
Allah ha revelado el mejor discurso (es decir, el Corán), coherente y recitado repetidamente. Hace que se ericen las pieles de quienes temen a su Señor. Luego, sus pieles y sus corazones se enternecen ante el recuerdo de Allah. (Sura az-Zumar: 23)
De los versículos mencionados se desprende claramente que el Corán contiene una influencia tal que no deja de afectar a quien lo lee o escucha. Hace estremecer el corazón y humedece los ojos con lágrimas. Quien está dispuesto a aceptar la fe inclina la cabeza en obediencia en cuanto escucha el Corán. Incluso si quien está sumido en la incredulidad y la obstinación escucha este Corán, también ejerce influencia sobre él; pero lo rechaza, considerándolo magia. Prohíbe a la gente escucharlo. Aun así, no se atreve a desafiar este Corán.
El origen del poder hipnótico del Corán
Ahora bien, la pregunta es: ¿cómo derrotó el Corán a los árabes y cómo ejerció una influencia tan intensa sobre creyentes e incrédulos?
Los eruditos que alcanzaron una especial competencia en la comprensión del Corán y escribieron sobre sus características han intentado responder a esta cuestión en la medida de sus posibilidades. Algunos sabios la han tratado de otra manera, sin hablar de la armonía y la conexión entre los temas coránicos. El Corán también anunció ciertos acontecimientos que tuvieron lugar pocos años después. Además, arrojó luz sobre el universo y la creación del ser humano, entre otras cuestiones. Ahora bien, la pregunta es: se ha hablado extensamente en el Corán de las características mencionadas, que son indicios de su grandeza y superioridad. Pero ¿qué se puede decir de esas pequeñas suras en las que no se menciona ninguna norma de la sharía? ¿O de aquellas en las que no se presenta ninguna descripción del mundo invisible ni se imparte conocimiento alguno sobre el mundo terrenal? Aunque esas pequeñas suras no trataron conjuntamente todos los temas —como se hizo en muchas suras del Corán—, embrujaron a los árabes en los primeros tiempos de la revelación del Corán. Fue por medio de esas suras que se produjo una conmoción en su mundo intelectual y una intensa atracción hacia su belleza. Hay que reconocer que el efecto mágico de estas pequeñas suras era tan intenso e irresistible que el oyente no podía evitar quedar fascinado. Gracias a sus propias características, el Corán logró atraer tanto a incrédulos como a creyentes a su esfera de influencia. El Corán fue el factor que más contribuyó a la buena fortuna de quienes aceptaron el islam. No cabe duda de que una pequeña sura del Corán, o incluso una parte de ella, cambió el rumbo de sus vidas.
Es cierto que, después de que el islam alcanzara su plenitud, además del Corán también actuaron sobre quienes lo aceptaron algunas conductas y actividades externas. Sin embargo, detrás de la fe de los creyentes afortunados de la primera época no hubo otro factor activo aparte del Corán.
La fuerza motriz fundamental para abrazar el islam
Después de que el islam se hubo desarrollado de manera completa y perfecta, la gente abrazó el islam, influida de diversas formas. Por ejemplo:
(1) Algunas personas abrazaron el islam, influidas por la práctica y el carácter del Noble Mensajero (la paz sea con él) y de sus nobles Compañeros.
(2) Quienes habían abrazado el islam anteriormente daban prioridad a la religión por encima de todo y soportaban toda clase de sufrimientos, penalidades y persecuciones únicamente por complacer a Alá; algunas personas se hicieron musulmanas, influidas por esto.
(3) Algunas personas abrazaron el islam al pensar lo siguiente: Muhammad (la paz sea con él) y sus compañeros eran pocos en número, pero ninguna superpotencia podía derrotarlos; esto no podía ser posible de ningún modo sin la ayuda y la protección de Alá.
(4) Algunas personas abrazaron el islam cuando este se hubo establecido como sistema de gobierno y la justicia y la equidad del islam se aplicaban, algo que nunca habían visto antes.
La gente abrazó el islam por muchas otras razones semejantes. Pero una de las principales fue el conmovedor atractivo y la fascinante fuerza de atracción del Noble Corán, que contribuyó por sí solo de manera decisiva en la etapa inicial del islam.
¿Dónde reside la fuente del poder cautivador del Noble Corán?
Es necesario reflexionar sobre un asunto: hasta entonces, la sharía no estaba completa, no se había revelado información sobre el mundo invisible, no se había dicho nada contundente sobre la vida y el universo, el Corán aún no había proporcionado ninguna orientación práctica y solo estaba presente una parte muy pequeña del Corán destinada a la labor de invitar al islam. Sin embargo, allí estaba contenida la fuente de un poder mágico y fascinante. Influenciados por él, se vieron obligados a decir:
Esto no es más que magia heredada de generación en generación.
El acontecimiento de que Walid ibn al-Mugira quisiera aceptar el islam, pero finalmente no lo hiciera, está narrado en la sura Al-Muddázzir. En el orden de la revelación, esta sura ocupa el tercer lugar. La sura Al-‘Alaq y la sura Al-Muzzámmil fueron reveladas antes que ella. Si observamos atentamente, veremos cómo estas suras influyeron en Walid ibn al-Mugira. ¿Qué magia había en ellas que lo dejó tan desconcertado?
Cuando estudiamos estas pequeñas suras reveladas en La Meca, no encontramos en ellas el menor indicio de ninguna ley de la sharía ni de ningún asunto mundano. Ciertamente, en la sura Al-‘Alaq se menciona brevemente el misterio de la creación humana. Allí se dice que el ser humano fue creado a partir de un coágulo de sangre. Además, se profetizaron acontecimientos de los años siguientes; por ejemplo, en la sura Ar-Rum se profetizó la conquista de Persia. Ahora bien, la pregunta es: aquello que Walid llamó magia después de reflexionar profundamente, ¿dónde se encuentra en el Corán?
La respuesta es que aquello del Corán que Walid calificó de magia era, ciertamente, algo ajeno tanto a las disposiciones de la sharía como a cualquier conocimiento mundano. Allí no había ningún tema sobre el que pudiera decir algo. Sin embargo, también es cierto que, sin esforzarse por adquirir la creencia islámica y la espiritualidad, fue capaz de comprender sus sutiles misterios.
Ahora detengámonos a reflexionar un poco sobre la primera sura revelada, Al-‘Alaq. Si observamos atentamente sus primeros quince versículos, veremos que sus palabras son semejantes a las empleadas por los poetas y literatos de la época de la ignorancia, palabras conocidas por todos los árabes; sin embargo, en sus escritos se reunían muchas palabras y frases inconexas. A menudo, en aquellas composiciones no se encontraba ni rima ni contexto. Pero ¿era así el caso de la sura Al-‘Alaq?
Por supuesto que no. Más bien, en ella hay una maravillosa combinación de armonía y significado. Cada afirmación es la encarnación de una literatura elevada. Y, sin embargo, se trata de unos versículos revelados en una etapa muy temprana. Allí se dice: «Lee». Pero debe hacerse invocando el nombre santo y honorable de Allah. La palabra «iqra», o «lee», se refiere a recitar o estudiar el Corán. Por eso es necesario mencionar el nombre de Allah: Él invita usando Su propio nombre. Uno de los nombres atributivos de Allah es «Rabb», que significa «Sustentador». Por ello ordenó leer para recibir sustento y formación. Estas son las palabras de Allah:
(Árabe***********)
Lee en el nombre de tu Señor, quien te creó.
Era el comienzo de la predicación islámica. Por eso, como explicación de Rabb, se eligió una palabra relacionada con el inicio de la vida. Es decir, Él es el Rabb que creó.
Él creó al ser humano a partir de un coágulo. En otras palabras, inició la vida humana a partir de una masa de sangre coagulada. ¡Qué pequeña y sencilla fue su condición inicial!
Pero, puesto que Allah, además de ser Rabb o Sustentador, es también el Creador y el Misericordioso de rango supremo, transforma gradualmente una diminuta masa de carne en un ser humano completo. Además, su naturaleza es tal que, si se le enseña algo, tiene capacidad para aprenderlo. Por eso se ha dicho:
(Árabe*************)
Lee el Corán; tu Señor es sumamente misericordioso. Él enseñó mediante la pluma. Enseñó al ser humano lo que no sabía. (Sura Al-Alaq: 3-5)
Observen cuán bellamente se describe en una aleya el proceso de llevar al ser humano desde su comienzo hasta la perfección. Se mencionan, una tras otra, las etapas intermedias entre el nacimiento y la muerte, como si el pensamiento y la disposición natural del ser humano respondieran a esa invitación.
La razón y la conciencia exigían reflexionar sobre este asunto: qué era y hasta dónde ha llegado ahora. Pero, lamentablemente, ni siquiera eso ocurre.
(Árabe************)
En verdad, el ser humano se rebela, porque se considera autosuficiente (es decir, ha olvidado su principio y su fin). (Al-Alaq: 6-7)
Como lo ha olvidado dominado por la soberbia y la arrogancia, se le advierte con palabras que combinan advertencia y reproche:
(Árabe***********)
No hay duda de que serán devueltos a tu Señor. (Sura Al-Alaq: 8)
Mientras se habla de la rebelión y la arrogancia del ser humano, se menciona esto para completar su descripción. No solo se rebelan ellos mismos, sino que también intentan hacer que otros se rebelen. (árabe***********)
¿Has visto a quien prohíbe a un siervo de Allah orar cuando se pone de pie para la oración? (Sura Al-Alaq: 9-10)
Impedir que alguien rece es una acción sumamente reprobable. Esta acción reprobable se agrava aún más cuando quien reza permanece firme en el camino de la guía e intenta despertar en otros el temor de Allah.
(Árabe***********)
¿Has visto si está en la guía o si ordena la piedad? (Sura Al-‘Alaq: 13)
Reflexione: el ser humano está desprevenido de todo. Ni siquiera sabe cómo nació ni dónde terminará.
(Árabe************)
¿Has visto si desmiente y se aparta? ¿Acaso no sabe que Allah ve todo? (Sura Al-‘Alaq: 13-14)
Entonces se les advirtió:
¡No! Si no desiste, ciertamente lo arrastraré por el mechón de su cabeza: un mechón mentiroso y pecador. (Al-‘Alaq: 15-16)
Aquí se han escogido las palabras de tal manera que la propia palabra expresa su dureza. Si se hubiera empleado una palabra sinónima en su lugar, no habría expresado con tanta intensidad el significado que transmite el término elegido. Esta palabra da la impresión de que una persona, de pie en un lugar elevado, sujeta con fuerza el mechón de cabello de otra, mientras esta desciende rápidamente. El significado de esta palabra es arrastrar a un rebelde o arrogante desde un lugar elevado, sujetándolo por el cabello de la frente, derribándolo y llevándolo a rastras con un tirón. Mientras lo arrastra, naturalmente, este no deja de gritar pidiendo ayuda a sus compañeros. Como Allah mismo ha dicho: por tanto, que llame a sus compañeros. Y: yo llamaré a los guardianes del Infierno.
Al escuchar esto, los oyentes imaginan que aquel día probablemente estallará un enfrentamiento entre los guardianes del Infierno y los compañeros de aquel hombre. Es una escena imaginaria que cubre por completo el mundo de la imaginación. El Mensajero permanece firme en su posición y continúa cumpliendo la responsabilidad de la risalat. No le preocupa que alguien niegue su risalat y se aparte. Se dice:
(Árabe*************)
No te dejes influir en absoluto por sus palabras; póstrate y acércate a Mí. (Sura Al-Alaq: 19)
Este fue un comienzo vigoroso de la predicación islámica. Aunque, a primera vista, las frases de esta sura puedan parecer desordenadas, están organizadas y relacionadas entre sí. Esta es la primera sura del Corán cuyo estilo de exposición hace manifiesto su aspecto de armonía interna. Consideremos ahora la segunda sura en el orden de la revelación, conocida como la Sura Al-Muzzammil. Es posible, ciertamente, que los primeros versículos de la Sura Al-Qalam hayan sido revelados antes que ella. En cualquier caso, Walid calificó el Corán de magia después de escuchar los siguientes versículos de la Sura Al-Muzzammil:
(Árabe****************)
El día en que la tierra y las montañas temblarán, y las montañas se convertirán en montones de arena movediza. Os hemos enviado un Mensajero como testigo para vosotros, del mismo modo que enviamos un Mensajero al Faraón. Pero el Faraón rechazó a aquel Mensajero, y por eso le infligí un severo castigo. ¿Cómo, pues, os protegeréis si negáis ese día, un día que hará encanecer a los niños? Ese día el cielo se hendirá. Su promesa se cumplirá ciertamente. (Sura Al-Muzzammil: 14-18)
En los versículos mencionados se presenta una imagen estremecedora del Día de la Resurrección. Es, por tanto, una escena tan aterradora que no solo abarcará a los seres humanos, sino a todo el universo creado. Entre las criaturas, la tierra y las montañas son lo más sólido y pesado. Aquel día temblarán y quedarán reducidas a pedazos, y nadie será apresado sin culpa. Solo serán apresados aquellos a quienes haya llegado un Mensajero y cuya invitación haya sido transmitida, junto con la presentación completa de todas las pruebas y evidencias.
Se ha dicho, dirigiéndose a los incrédulos de La Meca: el Mensajero que os ha sido enviado no es nuevo ni el primero en su condición de Mensajero; es como los Mensajeros que fueron enviados al Faraón y a otros semejantes a él. Y vuestro esplendor, poder y autoridad ciertamente no son mayores que los del Faraón. Incluso él recibió un severo castigo. ¿Acaso queréis también vosotros hundiros en un castigo semejante? Cuando llegue a su fin el plazo de la tierra, ¿cómo escaparéis del castigo de Allah vosotros, que estáis entregados a la incredulidad? Sin embargo, ante el horror de aquel día, hasta los niños encanecerán de angustia. El cielo se partirá, y la tierra y las montañas temblarán. Ninguna criatura quedará a salvo del horror de esta espantosa escena. Cuando esa imagen de la calamidad se refleja en la imaginación, nadie puede dejar de sentirse afectado. El corazón humano mismo da testimonio de que la promesa de Allah es una promesa destinada a cumplirse, sin lugar alguno para dudar de su ejecución. Por ello, lo sensato es acudir al camino de Allah mientras aún hay tiempo. Seguir el camino de Allah es mucho más fácil que avanzar por el camino de aquella terrible catástrofe.
El episodio de la conversión al islam de Hazrat Umar (que Dios esté complacido con él) ya ha sido relatado anteriormente. Allí vimos que se sintió inclinado hacia el islam después de leer o escuchar algunos versículos del comienzo de la sura Ta-Ha. La sura Ta-Ha ocupaba el puesto 45 en el orden de revelación. A continuación se mencionan, en orden, todas las suras reveladas antes de ella:
(1) Sura Al-‘Alaq
(2) Sura Al-Muzzammil
(3) Sura Al-Muddaththir
(4) Sura Al-Qalam
(5) Sura Al-Fatiha
(6) Sura Al-Lahab
(7) Sura At-Takwir
(8) Sura Al-A’la
(9) Sura Al-Lail
(10) Sura Al-Fajr
(11) Sura Ad-Duha
(12) Sura Al-Inshirah
(13) Sura Al-Asr
(14) Sura Al-Adiyat
(15) Sura Al-Kawthar
(16) Sura At-Takathur
(17) Sura Al-Ma’un
(18) Sura Al-Kafirun
(19) Sura Al-Fil
(20) Sura Al-Falaq
(21) Sura An-Nas
(22) Sura Al-Ikhlas
(23) Sura An-Najm
(24) Sura Abasa
(25) Sura Al-Qadr
(26) Sura Ash-Shams
(27) Sura Al-Buruj
(28) Sura At-Tin
(29) Sura Al-Quraysh
(30) Sura Al-Qariah
(31) Sura Al-Qiyamah
(32) Sura Al-Humaza
(33) Sura Al-Mursalat
(34) Sura Qaf
(35) Sura Al-Balad
(36) Sura At-Tariq
(37) Sura Al-Qamar
(39) Sura Al-A’raf
(40) Sura Al-Yinn
(41) Sura Yasin
(42) Sura Al-Furqan
(43) Sura Al-Fatir
(44) Sura Al-Mariam
(45) Sura Ta-Ha [Véase el apéndice 2 para la lista del orden cronológico de la revelación de las suras restantes. —El traductor]
Todas las suras mencionadas anteriormente fueron reveladas en La Meca. Por supuesto, algunos versículos de estas suras fueron revelados en Medina. Detengámonos ahora a echar una mirada general a las suras mencionadas; aquí no es posible examinarlas del mismo modo en que analizamos el episodio de Walid. Solo queremos hablar brevemente de la magia contenida en estas suras, por cuya influencia los pueblos anteriores abrazaron el islam. En aquel momento, la conversión de Umar (que Dios esté complacido con él) no había incrementado el poder del islam, ni este se encontraba en una posición victoriosa.
Si reflexionamos profundamente sobre estas suras, se hace evidente que en ellas están ausentes la mayoría de las características que los especialistas han mencionado para explicar la dignidad y grandeza del Corán. Aunque se suponga que en la sura Al-Fatir se describe el misterio de la creación del ser humano y que en la sura At-Tariq aparece un análisis semejante, aun así hay que admitir que allí no se tratan asuntos mundanos y que no hay allí ni el más mínimo rastro de ninguna norma de la sharía. Sin embargo, está establecido que en las demás suras, aparte de las aquí examinadas, se tratan estos asuntos de manera hermosa y atractiva, ya se trate de una sura mequí o mediní.
Queremos, aunque solo sea por un tiempo, elevarnos por encima del lugar, el tiempo y las circunstancias (en lo referente a la santidad de la religión del Noble Corán, así como al propósito y la importancia de la invitación al islam) e intentar comprender esa belleza artística y ese misterio del Noble Corán que poseen la dignidad de un principio fundamental, algo tan eterno e imperecedero como el propio Corán. Esta belleza artística hace que el Noble Corán no dependa de ninguna otra cosa. Así, la importancia y el propósito religiosos alcanzan su plenitud y avanzan hacia la meta deseada.
Veamos ahora desde qué perspectiva ha contemplado la gente hasta hoy la belleza artística del Al-Qurán.
Segundo capítulo
Investigación y exégesis del Al-Qurán
Los incrédulos y politeístas que vivían en Arabia en la época de la revelación del Al-Qurán, atraídos por su belleza artística, a veces calificaban este Corán de poesía y otras veces de magia. Sin embargo, no podemos afirmar con certeza cuál era para ellos el criterio de la belleza artística. Lo que sí sabemos muy bien es que quedaron profundamente impresionados por el Corán. No hay duda de que, en el momento de su revelación, este actuó como una magia sobre ambos grupos, el de los creyentes y el de los incrédulos. Algunos, afectados por esa magia, se hicieron musulmanes. Otros, aunque quedaron atrapados en su hechizo, lograron escapar de él. Después, ambos grupos expresaron sus reacciones. Pero nadie pudo decir claramente qué parte del Corán los había sometido a su influencia hechizadora. En una narración transmitida por Hazrat Umar (que Allah esté complacido con él) se relata: «Cuando escuché el Corán, se produjo un cambio en mi interior, por lo que comencé a llorar y acepté el islam». En otra narración de Hazrat Umar (que Allah esté complacido con él) se dice: «Dije: “¡Qué importantes son estas palabras y cuán grande es su majestuosidad!”»
Walid ibn al-Mugira negó tanto el Corán como al Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él). No solo eso, sino que también albergaba una feroz enemistad hacia el Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él). De su propia boca salieron asimismo estas palabras:
¡Por Allah! En el Corán hay dulzura. Parece un discurso eterno. Lo conquista todo. Nada de lo más elevado y honorable puede ser mejor que él.
Walid ibn al-Mugira también dijo:
En el Corán hay una influencia mágica; ¿acaso no veis cómo separa a una persona de sus familiares y compañeros?
El propio Corán da testimonio de la reacción que se produce en el interior de los creyentes después de recitar esta Palabra:
(Árabe*************)
Con ello —es decir, al recitar el Corán— se les eriza la piel a quienes temen a su Señor, y sus cuerpos y corazones se funden en el recuerdo de Allah. (Sura Az-Zumar: 23)
Respecto de quienes son de la Gente del Libro y creyentes, se ha dicho:
(Árabe**********)
Cuando se les recita el Corán a quienes recibieron conocimiento anteriormente, caen postrados, con la cabeza inclinada, y dicen: «¡Glorificado y exaltado sea nuestro Señor! La promesa de nuestro Señor se cumplirá sin duda». Caen al suelo, llorando y con el rostro inclinado, y su humildad aumenta aún más. (Sura Banu Isra’il: 107-109)
Por otro lado, los incrédulos de Quraysh, firmes en su incredulidad y obstinación, dijeron:
(Árabe**********)
Y dicen: «No son más que relatos y cuentos de tiempos antiguos que le recitan mañana y tarde». (Sura al-Furqán: 5)
En La Meca había un miserable llamado Nadr ibn al-Háriz. Cuando el Mensajero (s) recitaba el Corán a la gente en la mezquita, él comenzó a contar en árabe leyendas y cuentos persas. Su propósito era impedir que la gente escuchara el Corán. Pero su deseo no se cumplió. Aun así, los incrédulos qurayshíes no desistieron de ello; por el contrario, dijeron:
(Árabe************)
No escuchéis este Corán; cuando sea recitado, armad alboroto, para que quizá así podáis vencer.
Siempre decían y hacían cosas de este tipo con respecto al Corán. Pero aún queda una pregunta: ¿cómo se manifiesta la belleza artística del Corán? Todo lo que los incrédulos tuvieron la oportunidad de escuchar del Corán, por ser hablantes de árabe, fue suficiente para influir en sus mentes y corazones. Después, algunos aceptaron el islam diciendo «¡Labbaik!», mientras que otros le dieron la espalda y huyeron. Cabe señalar que este es precisamente el efecto natural de las obras de arte.
El tafsir en la época de los compañeros honorables y los tabi‘in
Si observamos la época posterior a la revelación del Corán, vemos que los compañeros honorables hicieron tafsir de muchos pasajes del Corán mediante diversas riwáyāt, transmitidas directamente por el Mensajero (s) en relación con el contenido y la explicación del Corán. Muchos de los compañeros explicaban algunos versículos con gran temor. Otros se abstuvieron de interpretar y analizar el Corán, pues consideraban que hacerlo era un pecado. Incluso se cuenta de Sa‘id ibn al-Musayyib (rah.) que, cuando le pedían la explicación de alguna parte del Corán, decía: «No quiero decir nada acerca de la interpretación del Corán».
Muhammad ibn Sirin (rah.) dijo: «Cuando le pregunté a Hazrat Ubayda (r.) acerca del Corán, me dijo: “Teme a Allah y sigue el camino recto; solo se salvarán quienes procuren saber con qué propósito fue revelado el Corán”».
Hisham ibn Urwa ibn Zubayr (r. a.) dijo: Nunca oí a mi padre explicar el Corán. [Fazlul Islam- Dr. Ahmad Amin.]
De la discusión anterior se desprende que la mayoría de los Compañeros no tenía ningún interés en explicar e interpretar el Corán. Por eso, en su época, la exégesis coránica no alcanzó el nivel deseado.
Cuando, después de la época de los Compañeros, llegó la época de los tabi‘in, la explicación e interpretación del Corán alcanzó una cierta amplitud en comparación con antes. Sin embargo, su método consistía en explicar un versículo mediante una frase o palabra semejante, para que se comprendiera aproximadamente su sentido. Por ejemplo: (Árabe**********)—explicaban este versículo de la siguiente manera (Árabe**********): es decir, no seas alguien que desea cometer un pecado. Asimismo, explicaron (Árabe**********) del siguiente modo: en la época de la ignorancia, cuando una persona tenía la intención de emprender un viaje, echaba suertes con dos flechas. En una de ellas estaba escrito (***)—hazlo— y en la otra (***)—no lo hagas—. Sacaban una flecha con los ojos cerrados y actuaban conforme a su indicación. En este versículo, Dios prohibió hacer esto. Algunos también narraron la causa de su revelación o su contexto. Incluso llegó a convertirse en una costumbre entre ellos relatar algunas historias judías y cristianas al hacer la exégesis.
Hacia el final del segundo siglo de la hégira, la ciencia de la exégesis se desarrolló ampliamente. Pero, en lugar de convertir la belleza artística del Corán en objeto de descripción, allí adquirieron predominio la historia, la gramática, la filosofía y la dialéctica. De este modo, dejaron escapar la oportunidad que se les presentó de identificar la belleza artística del Corán.
Entre los comentaristas posteriores, el ilustre al-Zamakhshari logró comprender en cierta medida el aspecto artístico del Corán. Por eso avanzó algo en este campo. Así, al interpretar el versículo (Árabe**********)—cuando la ira de Moisés (la paz sea con él) se calmó— escribió: «Probablemente Moisés (la paz sea con él) se había enfadado por todas aquellas cosas que ellos habían hecho durante su ausencia. Dirigiéndose a su pueblo, dijo: “¿Qué estáis haciendo?”. Dicho esto, arrojó las tablas escritas de la Torá y comenzó a tirar hacia sí de la barba de su hermano».
Aun así, puede decirse que al-Zamakhshari no logró un éxito completo en este trabajo. Pues en su descripción y exposición rara vez se percibe profundidad.
Para explicar adecuadamente este versículo hay que recurrir a la imaginación. Puede imaginarse (***) (la ira) como una persona: habla y luego guarda silencio. Inspira a Moisés (la paz sea con él), ciertamente, pero ella misma permanece entre bastidores. Parece que la verdadera belleza se limita a imaginar a ((***) (r. a.) con forma humana. Al-Zamakhshari tuvo, desde luego, esa percepción, pero no pudo expresarla. Todo lo que dijo quedó confinado a los límites de su época.
Al-Zamakhshari interpretó la sura al-Fatiha de la siguiente manera: «Cuando el siervo, al alabar a su Creador y Protector, dice (***) se comprende que toda alabanza le pertenece exclusivamente a Él. Después se vuelve hacia esa Esencia y dice (******), es decir, el Señor y Dueño de todos los mundos. Ninguna cosa queda fuera del ámbito de Su dominio y protección. Luego dice: (******), el que concede misericordia a los pequeños y a los grandes, y a todas las naciones y especies. De este modo, esa persona obtiene la inspiración para volverse hacia Dios.»
Cuando dice: «Él es, ciertamente, el Dueño del Día del Juicio». Al llegar a este punto, conmovido, se entrega por completo a ese Ser y, dependiendo únicamente de Su ayuda y apoyo, dice: «Solo a Ti adoramos y solo de Ti imploramos ayuda».
La sensación que se percibe al estudiar la sura al-Fatiha constituye un excelente intento de plasmar su disposición artística. Esta sura es una de las primeras en las que se adoptó el estilo destinado a crear continuidad en el ritmo y en la disposición temática del Sagrado Corán.
Muchos comentaristas han intentado analizar los pasajes del Noble Corán en los que se encuentran este tipo de ritmo y disposición. Sin embargo, no han alcanzado ningún éxito en este asunto. Lo único que lograron fue identificar los lugares donde se hallaban una disposición y una semejanza similares. Pero no pudieron exponer ningún principio al respecto. Incluso para lograr esto tuvieron que esforzarse hasta el agotamiento.
En cuanto a los ulemas que debatieron sobre la retórica y la inimitabilidad del Corán, se esperaba que quizá avanzaran más que los comentaristas en este campo y fueran capaces de explicar la disposición artística del Noble Corán y su belleza; pero se limitaron a ocuparse de disputas y discusiones inútiles.
Por ejemplo, debatieron si la disposición retórica se encuentra en las palabras o en el significado. Entre ellos hubo algunos eruditos que dominaban completamente los principios fundamentales de la ciencia de la retórica. Basándose en ellos, intentaron describir la belleza artística del Corán. A veces, su intensidad llegó incluso a sobrepasar los límites de la paciencia.
Ahora, presten atención a la descripción de la belleza de una pequeña parte del Noble Corán. Dice:
(Árabe*************)
¡Si vieras a los culpables de pie ante su Señor, con la cabeza inclinada! (Sura as-Sajdah: 12)
Los que niegan el islam se levantarán el Día de la Resurrección en un estado de extrema humillación y vergüenza; esta aleya es una imagen viviente de ello. En cuanto se recita esta aleya, aparece ante los ojos la imagen de un criminal que permanece de pie, con la cabeza inclinada, en una condición sumamente vil y abyecta. ¿Ante quién está de pie? Ante Allah, el Señor de los mundos. Esto no es mera imaginación, sino algo que parece real y visible. Ahora reflexionemos un poco: respecto de todas las aleyas de este tipo, la explicación de la balāgha se reduce a una sola afirmación. Es decir: en esta aleya, la expresión «verás» es una forma de vocativo. Normalmente, el vocativo se dirige a una persona determinada, pero muchas veces también se dirige a una persona indeterminada. Por ejemplo, se puede decir: «Fulano es muy malo. Si lo honras, te humillará; y si lo tratas bien, se comportará contigo de manera descortés».
No puede determinarse a ninguna persona concreta como destinataria de este tipo de conversación. La intención no es decir que, si tú haces algo así, él también hará lo mismo. Más bien, significa que, si se lo trata de esa manera, eso mismo se recibirá a cambio. La expresión se emplea en forma de vocativo precisamente porque no se refiere a una persona determinada. En el Sagrado Corán hay innumerables ejemplos de este tipo. También en esta aleya se emplea la forma de vocativo para expresar generalidad. Se entiende claramente que la condición de los criminales será sumamente lamentable. Es algo tan evidente que no deja lugar a ninguna duda. Por eso, al presentar esa aterradora situación, no se ha señalado a ninguna persona en particular; más bien, queda incluida en el vocativo toda persona que sea apta para contemplarla.
En las aleyas que siguen se presenta una imagen viviente del tema. Los grandes eruditos de la retórica —la balāgha— lo han vuelto complejo, tal como suelen explicar la aleya mencionada anteriormente. Finalmente, los especialistas en balāgha concluyen su exposición diciendo que esta aleya habla del trágico destino de los criminales, expresado con la máxima fuerza elocutiva.
También puede tenerse en cuenta su perspectiva al explicar otras aleyas del Noble Corán. Por ejemplo, puede analizarse la explicación de las aleyas que describen el Día de la Resurrección, el Paraíso y el Infierno. Dice:
(Árabe**********)
Se soplará la trompeta y todos los que estén en los cielos y en la tierra caerán inconscientes, salvo aquellos a quienes Allah quiera. Luego se soplará nuevamente la trompeta, y de inmediato se pondrán de pie y permanecerán mirando.
(Árabe***********)
El día en que pondré las montañas en movimiento, verás la tierra convertida en una llanura abierta. Luego reuniremos a todos, sin dejar atrás a ninguno, ni de los primeros ni de los últimos. (Sura Al-Kahf: 47)
(Árabe**************)
Los moradores del Infierno llamarán a los moradores del Paraíso y les dirán: «Dadnos algo de comida o bebida de aquello que Dios os ha concedido». Los moradores del Paraíso responderán:
«Dios ha prohibido ambas cosas a los incrédulos». (Sura Al-A‘raf: 5)
En las aleyas anteriores aparecen imágenes completas. Son imágenes sumamente angustiosas y conmovedoras. Los ojos las contemplan, los oídos las escuchan y dejan su huella en lo más profundo del corazón. Sin embargo, lo sorprendente es que los eruditos de la retórica solo dirán que hechos destinados a ocurrir en el futuro han sido expresados mediante palabras del pasado, como si ya hubieran sucedido.
Entre los eruditos que defendieron la retórica y la inimitabilidad del Corán hubo un predecesor de Al-Zamajsharī que demostró gran pericia y éxito en todos estos asuntos. Puede considerársele un investigador eminente en esta materia. Se trata de ‘Abd al-Qāhir al-Jurjānī. No cabe duda de que su obra Dalā’il al-I‘jāz es un libro destacado sobre este tema. Sin embargo, lo lamentable es que todo el libro está lleno de disquisiciones relacionadas con las palabras y los significados del Corán, por lo que resulta muy difícil que el público en general pueda aprender de él. Aun así, puede decirse que logró superar a todos los eruditos que escribieron sobre esta materia. Incluso en la época actual, nadie ha podido igualarlo en este campo.
Hemos presentado ejemplos del grado de avance alcanzado por ‘Abd al-Qāhir al-Jurjānī en su investigación sobre la belleza artística del Corán, aunque el lector necesita mucha paciencia y perseverancia para beneficiarse de ellos. Esto se debe a que, cuando en la literatura se discutían la lógica y la ciencia del kalām, se seguía precisamente este método de explicación y exposición. ‘Abd al-Qāhir al-Jurjānī escribió:
«La descripción de la belleza o fealdad de un pasaje solo es posible cuando se posee una verdadera comprensión de la estructura y el ritmo de la frase. Sabéis que, cuando alguien recita esta aleya: “Mi cabeza se ha cubierto de canas” (sura Maryam: 4), la belleza formal de ese pasaje no depende únicamente de la recitación. No necesita ninguna otra cosa. Pero la realidad no es esa. La reacción que se produce en el interior del oyente apenas escucha esta aleya no depende únicamente de la recitación. La verdadera razón es que, si en una oración un sustantivo ocupa la función de sujeto, según la regla general debe recibir la marca correspondiente. Pero, en realidad, no es el sujeto. Si después de ese sustantivo se coloca otro sustantivo relacionado con él, este último será el verdadero sujeto del verbo. Es decir, como el verbo se atribuye al primer sustantivo debido al segundo, se produce una armonía entre ambos sustantivos. Por ejemplo:»
(Árabe*************)
Hay muchas otras frases en las que el verbo se relaciona con su causa, en lugar de relacionarse con el verdadero agente. Esto se debe a que sabemos perfectamente que el verdadero agente del verbo (****) es (****), aunque aparentemente (****) parezca ser el agente. Del mismo modo, en otro ejemplo, el verdadero agente de (****) es (***), el verdadero agente del verbo (***) es (***), y el verdadero agente de (****) es (****). En todas estas frases, el verbo se ha relacionado con un sustantivo que, en realidad, no es el agente de dicho verbo. La belleza manifestada en los ejemplos citados solo ha sido posible porque el verbo se relacionó con un sustantivo que, aparentemente, no es su agente. Si, en lugar de expresarlo así, se hubiera relacionado con el verdadero agente y se hubiera dicho: (আরবী**********), la verdadera belleza habría desaparecido. Si se pregunta cuál es la razón de la desaparición de la belleza, la respuesta es que la belleza general presente en la frase (আরবী**********) no está contenida en la frase (****). El significado de la primera frase es que toda la cabeza se ha vuelto blanca y que no queda ninguna parte sin encanecer. En cambio, de la segunda frase no se entiende este significado; de ella se comprende que solo una parte de su cabeza se ha vuelto blanca, no toda la cabeza. Del mismo modo, si se dijera: (আরবী**********), se entendería que toda la casa está ardiendo, pero no se entendería que alguna parte de la casa se ha incendiado. Esta frase tampoco expresaría que toda la casa ha quedado envuelta en llamas y completamente reducida a cenizas. Otro ejemplo del Noble Corán es esta noble aleya:
(Árabe**********)
Hicimos que la tierra se hendiera y que brotaran manantiales.
En esta aleya, (****) es, en realidad, el complemento acusativo de la palabra (***), pero aparentemente se ha convertido la palabra (***) en el complemento acusativo (***). De igual manera, en la aleya mencionada anteriormente, (***) ha sido especificado como el agente de (***). Este tipo de alteración produce generalmente un sentido de amplitud; del mismo modo, en esta frase también se ha expresado una amplitud semejante. Se entiende que toda la tierra fue hendida y que se crearon manantiales en todos sus lugares. La frase podría expresarse así: (***), o también de esta manera: (আরবী**********); sin embargo, con ello no se alcanza plenamente el propósito. El objetivo principal es transmitir que los manantiales brotan en distintos lugares de la tierra. (Dalā’il al-Iʿjāz, al-Jurjānī)
¡Que Allah Altísimo tenga misericordia de ʿAbd al-Qāhir al-Jurjānī! No cabe duda de que logró comprender el verdadero significado, pero no pudo expresarlo todo con palabras. La belleza artística contenida en las dos frases (আরবী**********) y (আরবী**********) es, desde la perspectiva de la disciplina del kalām, aquello que él escribió. Sin embargo, existe además otro aspecto de la belleza artística: conmover rápidamente el mundo del pensamiento, lo cual se expresa mediante la palabra (***). Aparentemente, las canas se han relacionado con la cabeza, y se extenderán por toda ella. Del mismo modo, en el acto de (***), es decir, hender, se percibe rapidez. Esto sacude profundamente la mente y la conciencia de las personas y termina ejerciendo una poderosa influencia sobre ellas.
Es tan claro como la luz del día que, para provocar una conmoción en el mundo del pensamiento, la frase (আরবী**********) es más significativa y contundente. Esto se debe a que las canas se han relacionado con la juventud, aunque, en realidad, la juventud no se encuentra en ella. Aquí reside la fuente principal de la belleza. Una prueba de ello es la frase (***). La belleza contenida en ella es igual a la de la aleya coránica mencionada anteriormente. En realidad, en dicha aleya se observan dos tipos de belleza.
En primer lugar, la que se obtiene al relacionar la juventud con las canas.
En segundo lugar, la que se obtiene al relacionar las canas con la cabeza.
Estos dos tipos de belleza se complementan mutuamente. Nunca podrá manifestarse plenamente la belleza de una aleya si se prescinde de uno de ellos.
Abd al-Qáhir al-Yuryani (que Dios tenga misericordia de él) se detuvo precisamente aquí. No pudo avanzar más. Aparentemente, parece que ese era el límite de su objetivo, pues en su exposición no se encuentra nada más allá de esto. Cada época posee un estilo propio en la lengua y la literatura. No podemos esperar que él trascendiera el estilo de su época.
A decir verdad, hasta ahora, todos los servicios prestados por los eruditos acerca de la exégesis y el carácter milagroso del Corán han quedado detenidos en un límite determinado. No han podido avanzar más. También había ciertos aspectos de análisis y verificación en la antigua lengua y literatura árabes; toda obra se examinaba a esa luz. No se había avanzado hasta el punto de revisar la obra en su conjunto e identificar sus características y singularidad. Lo mismo ocurría con la retórica coránica. Hoy, en lugar de convertirla en un asunto de análisis, se la convertirá en un tema de estudio integral. Por eso, lo que hicieron los eruditos de la retórica fue tomar todas las palabras del Corán, sus ritmos y sus métodos de composición como objeto de la retórica. Después se esforzaron al máximo por demostrar que todo el Corán está lleno de retórica y elocuencia.
Los honorables eruditos que se ocupaban de la retórica del Noble Corán ni siquiera pudieron aproximarse a sus características generales. Es cierto que intentaron determinar, de manera aislada, su belleza artística, pero ello no produjo ningún resultado. Como ya he explicado, los esfuerzos de aquellos eruditos partidarios de la retórica eran enteramente elementales e incompletos.
La última palabra sobre este asunto es la siguiente: resulta lamentable que los eruditos de la retórica no hayan podido alcanzar ese nivel, ni en la literatura árabe ni en el Noble Corán. Esto se debe a que la identificación y descripción de las importantes características artísticas del Noble Corán siguen estando envueltas en misterio hasta hoy. Se ha considerado indispensable adoptar un método nuevo para estudiar y analizar este Libro milagroso, y abordar su estudio sobre la base de principios generales para llamar la atención sobre su belleza artística. Asimismo, se han realizado explicaciones y análisis de los aspectos milagrosos tomados precisamente de esos aspectos particulares del Noble Corán.
Conviene recordar que la característica que posee este magno Libro no está limitada a una parte determinada; por el contrario, se extiende por igual a todo el Libro. Incluso la forma de describir todos sus objetivos y propósitos es una y la misma. Ya se trate de dar buenas nuevas, advertir del castigo de Dios, narrar un acontecimiento ocurrido en el pasado, describir algo que sucederá en el futuro, ofrecer a alguien un mensaje tranquilizador de seguridad, invitar a aceptar la fe, proporcionar orientación para la vida en este mundo, representar algo para hacerlo comprensible, describir un objeto perceptible por los sentidos, presentar un ejemplo concreto del mundo interior o describir algo perteneciente a lo invisible, no existe ninguna diferencia fundamental en la descripción ni en el modo de expresión.
En todas las descripciones del Noble Corán existe un hilo común. Precisamente para demostrarlo hemos escrito este libro. He denominado a este hilo «la imagen artística».
Tercer capítulo
Imágenes artísticas
La imagen es una característica especial del Noble Corán. Es un medio para grabar los propósitos del Corán en el corazón. Mediante la imagen, la representación imaginada de asuntos inexpresados y difíciles de comprender se refleja en el espejo de la mente. Estas imágenes, trazadas con sabiduría, influyen en la vida y en las acciones. Pues entonces el asunto imaginado se materializa en su verdadera forma y aparece ante los ojos. El ser humano muerto se transforma en uno vivo y se presenta ante nuestros ojos.
En la imagen, las descripciones, los testimonios y los acontecimientos aparecen ante los ojos en forma de escenas, y así se genera dinamismo en la vida y en las acciones. Si se le añaden diálogos y palabras, se manifiesta como un actor viviente. Todo esto se refleja en la pantalla o telón situado sobre el escenario. El oyente o el lector queda tan absorto que, aunque sea por un instante, olvida que se está recitando la palabra de Allah y que esos ejemplos se han presentado únicamente para facilitar la comprensión. Más bien, en ese momento contempla directamente todos los acontecimientos. Las escenas van cambiando una tras otra. Le parece que no son simples imágenes, sino el reflejo mismo de la vida.
Cuando se representan los secretos del cerebro, los estados psicológicos y los movimientos y rasgos de la naturaleza humana, todo se expresa únicamente mediante algunas frases sin vida. No llevan ningún adorno de color, ni sale de su boca palabra o frase alguna. Aun así, no nos resulta difícil comprender el milagro y el asombro del Noble Corán. El Corán está lleno de representaciones logradas y de analogías sobre asuntos de este tipo. Allí donde aparece alguno de los propósitos que hemos mencionado hace un momento, presenta su descripción de una manera y con un estilo coránicos: por ejemplo, asuntos antiguos, ejemplos humanos, la revisión de acontecimientos ocurridos, la representación de las escenas del Día de la Resurrección, la descripción visual de la paz del Paraíso y del castigo del Infierno, o la descripción de una discusión, entre otros. Esto no se hizo únicamente para hacer atractivo el estilo discursivo del Corán. Es un método particular y especial del Corán, que podemos denominar método de representación.
Intentaremos ofrecer una exposición amplia sobre el significado de la imagen, para que se comprenda cuáles son los límites y el alcance de la imagen artística en el Noble Corán. Una imagen puede dibujarse con pinceles y colores, pero también mediante el pensamiento y la contemplación. Asimismo, una imagen puede plasmarse plenamente por medio de las melodías de la música. A veces, las frases, las palabras, el estilo de la recitación y los elementos relacionados también se utilizan como recursos de la imagen. Cuando una imagen de este tipo se presenta ante nosotros, la disfrutamos con los ojos, los oídos, el pensamiento, la conciencia, la mente y todo lo demás conjuntamente.
Es necesario recordar algo: las imágenes coránicas no se han dibujado con bocetos y colores, sino con la vida y el mundo de los seres humanos. Son imágenes que emanan de la conciencia y de los sentimientos. Los significados se convierten en los colores de la imagen y se reflejan en la mente humana.
Ahora presentaremos algunos ejemplos de ello.
Expresar las ideas en un lenguaje comprensible
1. Se pretendía explicar que, el Día de la Resurrección, ninguna queja ni súplica de los incrédulos será aceptada ante Allah y que no podrán entrar en el Paraíso. Que sean aceptados y entren en el Paraíso no es más que una vana ilusión. ¡Qué hermosa imagen se ha trazado para explicar esto!
(Árabe**************)
A quienes consideran falsas Mis aleyas y se muestran arrogantes ante ellas no se les abrirán las puertas del cielo, ni entrarán en el Paraíso hasta que el camello pase por el ojo de una aguja. (Sura Al-A’raf: 40)
Al leer o escuchar esta aleya, dos imágenes aparecen ante el lector. Una es la imagen de las puertas del cielo abriéndose, y la otra, la de un camello corpulento esforzándose por pasar por el ojo de una aguja. Un complejo asunto incomprensible se presenta mediante una imagen conocida para hacerlo comprensible. Esto no solo suscita una idea en la mente de las personas, sino que se manifiesta como una imagen real y directa.
2. Allah, el Altísimo, quiere explicar que, el Día de la Resurrección, destruirá las buenas obras de los incrédulos de tal manera que parecerá que jamás tuvieron existencia alguna. En la frase siguiente se ha trazado una hermosa imagen de esto:
(Árabe***********)
Me ocuparé de sus obras y luego las convertiré en partículas de polvo dispersas. (Sura Al-Furqan: 23)
Al leer esta aleya, cuando el lector piensa en las partículas de polvo dispersas, la imagen de la futilidad de las obras de aquellos aparece ante los ojos de su mente.
3. En el siguiente versículo también se presenta una imagen semejante:
(Árabe**************)
El ejemplo de las obras de quienes no creen en la existencia de su Señor es como el de unas cenizas sobre las que sopla un viento impetuoso en un día de tormenta de polvo. No tendrán en sus manos parte alguna de lo que hayan adquirido. (Sura Ibrahim: 18)
Mediante el ejemplo del día de la tormenta de polvo se presenta una imagen conmovedora: cada persona puede ver con los ojos de la imaginación cómo una ráfaga violenta lo trastorna todo y se lo lleva dispersándolo, de modo que ya no es posible reunirlo, pese a todos los esfuerzos. Del mismo modo, las obras de los incrédulos serán vanas y quedarán arruinadas.
4. Allah Altísimo quiere decir que, si alguien da algo a otra persona y después se lo recuerda para intentar humillarla, su donación habrá sido en vano. En este versículo se presenta una imagen vívida de ello:
(Árabe************)
¡Oh, creyentes! No anuléis vuestras limosnas mencionando vuestra generosidad y causando daño, como quien gasta sus bienes para presumir ante la gente y no cree en Allah ni en el Último Día. Su ejemplo es como el de una piedra lisa sobre la que había algo de tierra, pero una lluvia torrencial la lavó y la dejó limpia. No obtendrán recompensa alguna por lo que hayan adquirido. (Sura Al-Baqara: 264)
En este versículo se ha trazado una imagen de dos facetas. La primera imagen es la de una piedra desnuda sobre la que apenas se había depositado una fina capa de tierra, pero una lluvia torrencial la lavó y la dejó limpia. No obtendrán recompensa alguna por lo que hayan adquirido. (Sura Al-Baqara: 264)
En esta aleya se ha trazado una imagen doble. La primera imagen es la de una roca desnuda sobre la que apenas se ha depositado una ligera capa de tierra, pero que, cuando llega la lluvia, queda lavada y limpia; así, la roca permanece mostrando únicamente su aspecto rocoso. Este es el ejemplo de quienes hacen donaciones y luego las proclaman públicamente. Después se dice que el ejemplo de quienes dan únicamente buscando la complacencia de Allah es el de un jardín, donde ninguna lluvia, sea poca o abundante, se desperdicia. Se llena de flores y frutos. Incluso si no recibe lluvia, producirá frutos.
No pretendo decir aquí hasta qué punto las dos imágenes anteriores son congruentes en cuanto al lugar y al tiempo, ni qué clase de vestidura de belleza se les ha puesto al establecer su semejanza. Tampoco es mi propósito afirmar que la ligera capa de tierra sobre la roca representa a la persona que da caridad y luego causa sufrimiento a quien la recibe; es decir, que esa caridad oculta temporalmente su feo rostro, pero poco después este queda al descubierto.
Quiero hablar de los elementos que componen la imagen. Naturalmente, en este libro se ha reservado un capítulo independiente para tratar este tema.
5. Otra imagen relacionada con este tema es:
(Árabe***********)
La semejanza de todo cuanto gastan en esta vida mundana es la de un viento tempestuoso que contiene un frío glacial y que alcanza un campo de cultivo perteneciente a quienes se han perjudicado a sí mismos, para luego destruirlo. (Sura Al Imrán: 117)
En esta aleya se representa la escena de un campo sobre el que ha soplado una tormenta de granizo, destruyendo todos sus frutos y cosechas. Todo el trabajo y esfuerzo del dueño del campo han sido en vano. A pesar de tanta fatiga, no pudo llevar la cosecha a su hogar. Exactamente así son las obras de quienes, vinculados a la incredulidad, dan en el camino de Allah esperando recibir una recompensa, pero cuya incredulidad arrasa con sus buenas obras.
En esta escena, la palabra «Sirrun» ha sido escogida con gran precisión y, mediante ella, la escena ha sido llevada al límite de la belleza. Parece que pequeñas bolas de hielo están destruyendo el campo de cultivo. La palabra ha dado vida a toda la imagen. Hemos reservado un capítulo independiente para tratar este tipo de elección de palabras.
6. Allah Altísimo quiere mostrar que, si alguien Lo invoca, Él responde a su invocación y satisface sus deseos. Pero si se invoca a alguien aparte de Él, este ni siquiera puede oír la invocación ni satisfacer deseo alguno. Porque no es el dueño de todas las cosas. Sobre este tema, en el siguiente versículo se ha trazado una imagen sumamente bella.
(Árabe**************)
La invocación de la verdad pertenece únicamente a Él; aquellos a quienes invocan aparte de Él no les sirven de nada. Su ejemplo es como el de quien extiende ambas manos hacia el agua para que esta llegue a su boca, pero el agua jamás llegará a su boca. Todas las invocaciones de los incrédulos son vanas. (Sura ar-Ra‘d: 14)
Es una imagen sumamente vívida, que atrae al ser humano hacia ella. No es posible trazar con palabras una imagen más cautivadora. Observen cuán clara es: una persona está de pie junto al agua, extendiendo ambas manos e invocándola para que entre en su boca, pero ¿acaso esa agua entrará alguna vez en su boca?
7. El propósito es mostrar que aquellos a quienes se adora aparte de Allah no pueden oír nada ni ver nada, y están privados del conocimiento, la razón y la fuerza. Por tanto, la adoración de quienes los veneran está destinada a fracasar. El recurso empleado para expresarlo es tan conmovedor que no podría representarse de ninguna otra manera.
(Árabe*************)
El ejemplo de los incrédulos es como el de quien llama a unos animales que no oyen más que gritos. Son mudos, sordos y ciegos; no entienden nada. (Sura al-Baqara: 171)
Los falsos dioses a quienes invocan los incrédulos son completamente incapaces de responder a la invocación. No pueden valorar la invocación ni comprender su propósito. Esto es una parábola. En este versículo se representa a un pueblo que ciertamente invoca a sus falsos dioses, pero los ídolos de barro no comprenden nada de su significado ni de su propósito. Son tan indiferentes que no tienen noticia alguna de si su invocación llegó al lugar debido ni de si recibió respuesta alguna.
8. Lo que se pretende explicar aquí es que aquellos a quienes se invoca y se adora aparte de Allah son extremadamente débiles. Entonces, ¿cómo pueden proteger a otros quienes son tan débiles por sí mismos? Esto se representa bellamente en esta aleya:
(Árabe*****************)
Aquellos que toman a otros como protectores aparte de Allah son como la araña: se construye una casa. Y, entre todas las casas, la casa de la araña es la más débil. (Sura Al-Ankabut: 41)
En la aleya se dice que quienes consideran a otro como señor aparte de Allah se refugian en una morada débil, semejante a la casa de la araña, que se destruye con el menor golpe. Aunque parezca sorprendente, es cierto que, incluso después de este ejemplo tan evidente, no se produce en ellos ninguna reacción; están sumidos en la ignorancia y la arrogancia.
9. Lo que se pretende explicar aquí es que los asociadores se han involucrado en algo vano, que carece de toda estabilidad. Se lo compara con un objeto flotante, aunque incluso mantenerse a flote le resulta difícil.
(Árabe************)
Quien asocia copartícipes con Allah es como quien hubiera sido arrojado desde el cielo; luego un ave lo arrebata de un picotazo, o el viento lo lleva y lo lanza a un lugar lejano. (Sura Al-Hajj: 31)
En esta aleya se presenta la imagen lastimosa de los asociadores. Sin darse cuenta, parecen precipitarse del cielo en un instante, pero, antes de tocar el suelo, un ave carnívora los arrebata con sus garras, o el viento los lleva a un lugar remoto del que ya nunca es posible regresar.
10. Antes de la aparición del islam, Allah había dado a la Gente del Libro los Libros celestiales. Ellos también habían declarado y jurado que creerían en Allah. Sin embargo, no pudieron elevarse por encima de unos intereses mundanos insignificantes. Por ello, ellos mismos quebrantaron su compromiso. Así, mediante esta noble aleya se ha presentado una imagen de cuánto sufrimiento y humillación padecerán el Día de la Resurrección.
(Árabe************)
Quienes venden por un precio insignificante el pacto y el juramento contraídos en nombre de Allah no tendrán ninguna parte en la otra vida. El Día de la Resurrección, Allah no les hablará, no los mirará ni los purificará. En verdad, tendrán un castigo doloroso. (Sura Alí Imrán: 77)
Aquí se habla de la mala fortuna de la Gente del Libro. Pero, en lugar de mencionar aquello de lo que serán privados, se mencionan ciertos indicios por los que se comprende claramente cuál es esa privación. Por ejemplo, se dice que Allah no les hablará, no los mirará ni los purificará. Con estas palabras, Allah quiso dar a entender que serán arrojados al Infierno y privados del Paraíso y de su felicidad eterna.
Retrato psicológico
1. Se presenta la siguiente aleya para explicar hasta qué punto se sumerge en la angustia la persona que elige una vida de politeísmo en lugar del monoteísmo. Esta aleya ofrece una imagen real de cómo divide su corazón entre muchos dioses, de cómo es su estado psicológico y de cómo su corazón permanece vacilante entre la guía y el extravío:
(Árabe************)
Di: «¿Acaso invocaremos, aparte de Allah, aquello que no puede beneficiarnos ni perjudicarnos en nada? ¿Acaso volveremos atrás después de la guía de Allah, como aquel a quien Satanás extravió en una tierra desierta y que anda errante, desconcertado, mientras sus compañeros lo llaman hacia el camino y le dicen: “Ven con nosotros”?». (Sura Al-An‘am: 71)
En esta aleya se retrata a la persona a la que Satanás ha desviado. Sus compañeros la llaman hacia la guía, pero, atrapada en las redes del extravío, no puede decidir a cuál de los dos lados responderá ni hacia cuál dará el primer paso: al de sus compañeros o al de Satanás.
2. Allah Ta‘ala quiere describir la situación de quienes, después de haber recibido la guía hacia el camino de Allah, se esfuerzan sin descanso por alejarse de ella lo más posible. Es como si intentaran dejarse arrastrar por la corriente de la perdición. Entretanto, las necesidades humanas y la avidez de los deseos lo han devorado. Tanto el conocimiento como la ignorancia son causa de humillación para él. No encuentra paz por causa de su ignorancia, y el conocimiento tampoco puede conducirlo hacia ningún bien. ¡Qué bellamente se representa esta imagen en las siguientes frases!
(Árabe************)
Cuéntales la historia de aquel a quien concedí Mis signos —la guía—, pero se apartó de ellos y se marchó. Satanás lo siguió, y terminó extraviándose. Si hubiera querido, habría elevado su rango mediante esos signos. Pero se hundió y quedó sometido a sus pasiones. Su ejemplo es como el del perro: si lo persigues, jadea, y si lo dejas tranquilo, también jadea. (Sura al-A‘raf: 175-176)
Esta imagen es la representación real de la humillación y la ignominia. Es una escena sumamente conmovedora, eternamente resplandeciente. Es una imagen que revela por sí misma su propósito y su objetivo. Aquí, la importancia religiosa y la importancia del contenido se han fundido por completo. Esta misma correspondencia se encuentra en todas las imágenes trazadas por el Corán.
3. Ahora Allah Ta‘ala quiere explicar el caso de una persona cuya fe es frágil y no está arraigada en lo profundo de su corazón. Carece de convicción firme. Aunque posee fe, no está dispuesta a soportar la opresión y la persecución en el camino de la fe. Quiere conservar su fe viviendo sin perturbaciones. Su creencia aún no ha adquirido la firmeza necesaria para permanecer inquebrantable ante cualquier clase de riesgo. He aquí la imagen de alguien que vacila en el vaivén de las ganancias y las pérdidas:
(Árabe************)
Entre la gente hay quienes adoran a Allah sumidos en la duda y la vacilación. Si reciben un bien, permanecen firmes en la adoración; pero si sufren una prueba, regresan a su estado anterior. Ha perdido en este mundo y en el Más Allá. ¡Qué pérdida tan evidente! (Sura al-Hajj: 11)
La sola expresión «harfín», o límite extremo, hace que la imagen aparezca ante los ojos. En ella se ve a una persona de fe débil que adora de tal manera que, mediante su propia adoración, demuestra que no es digna de adorar permaneciendo firme e inquebrantable en el camino recto. Esta imagen se refleja en la mente de las personas de una manera imposible de describir con palabras.
Cuando estudiaba en la escuela primaria, cada vez que llegaba a este pasaje mientras recitaba el Corán, aparecía en el espejo de mi mente una imagen viviente que aún hoy no he olvidado.
No hay mucha diferencia entre aquella imagen de entonces y mi percepción actual. En aquel momento la consideraba simplemente una imagen, pero hoy me parece que no es más que una parábola, no una imagen real.
Creo que el Corán ha expuesto su mensaje de una manera tan milagrosa que todo lector, instruido o no, puede comprenderlo, y ante cada lector aparece como una imagen viviente.
4. La imagen de aquellos musulmanes que, antes de aceptar el islam, se encontraban al borde del foso del Infierno se presenta así:
(Árabe**************)
Aferraos todos firmemente a la cuerda de Allah y no os separéis. Recordad también la gracia que Allah ha establecido recientemente entre vosotros. Así, por Su favor, os habéis convertido en hermanos unos de otros. Os encontrabais al borde de un foso de fuego, y Él os salvó de él. (Sura Alí Imrán: 103)
La imagen muestra que os encontrabais al borde de un foso de fuego, donde el más mínimo resbalón podía provocar una catástrofe terrible. Es decir, si no hubierais aceptado el islam, el Infierno habría sido inevitable para vosotros.
Aquí no se trata de la aceptabilidad ni de la veracidad de la comparación. Lo importante aquí es la imagen de los musulmanes que se perfila en el mundo interior: parece que antes estaban a punto de caer irremediablemente en una cueva de fuego. ¿Podría algún artista pintar, con sus colores y pinceles, una imagen mental fija tan perfecta? Sin embargo, el Corán ha trazado, con unas pocas palabras y sin colores, pinceles ni lienzo, una imagen tan hermosa y perfecta.
En esta imagen vemos un hoyo ardiente, a varias personas sentadas junto a él, y el espacio intermedio representa la vida mundana. Después de que se hicieron musulmanes, se levantó entre ellos y aquel hoyo una enorme muralla, de modo que ya no quedó ninguna posibilidad de atravesarla y caer en él.
5. Vemos otra imagen semejante: la de quien ha edificado los cimientos de todas sus obras sobre algo distinto de la taqwa:
(Árabe**********)
¿Acaso quien ha cimentado su casa sobre el temor de Allah y Su complacencia ha obrado mejor que quien ha cimentado su casa al borde de un precipicio a punto de desplomarse, que lo arrastra consigo al fuego del Infierno? (Sura At-Tawbah: 109)
En esta aleya se presenta magníficamente la escena del instante previo a caer en el Infierno. En la aleya se dice: (árabe*****); es decir, aquel edificio está cayendo con él en el Infierno. Aquí se ha considerado tan insignificante la duración de la vida mundana que ni siquiera se creyó necesario aludir a ella. En este caso, en la palabra (****) podría haberse empleado (***) en su lugar, pero no se hizo. Esto se debe a que (***) se utiliza para expresar algo cuya ocurrencia aún requiere un breve lapso, mientras que (**) indica que el edificio ya se encuentra en plena caída. En unos instantes desaparecerá en el Infierno. La distancia entre el Infierno y el edificio que cae es precisamente la vida mundana, que se aproxima cada vez más al Infierno.
La imagen humana
El Corán, además de pintar imágenes de la psicología humana, también presenta imágenes de la condición humana. Ya hemos hablado anteriormente, a propósito de (árabe*******), de quien adora a Allah mientras se encuentra atrapado en la duda y la vacilación. A continuación se ofrecen algunos ejemplos más sobre este tema:
1. En los versículos que siguen se ha trazado una vívida imagen de la inutilidad de refutar debates vanos y argumentos falaces, aun cuando se presenten pruebas correctas y contundentes.
(Árabe*************)
Si les abriera una puerta del cielo y continuaran ascendiendo por ella durante todo el día, aun así dirían: «Nuestra vista ha sido confundida, o quizá estamos hechizados».
En otro lugar se ha dicho:
(Árabe**********)
Si les hubiera hecho descender algo escrito en un papel y ellos lo hubieran tocado con sus propias manos, aun así dirían: «Esto no es más que magia manifiesta». (Sura Al-An‘am: 7)
2. Lo que se representa aquí es que el ser humano solo conoce a su Señor cuando se ve afligido por la tristeza y las dificultades. Cuando llegan los días felices, olvida a su Salvador. Estas ideas no se han expuesto de manera sencilla, sino que se han presentado mediante una vívida imagen. Durante los cambios, como en una película, aparece ante nosotros la imagen de una persona así, como la mayoría de las que se encuentran en la sociedad humana.
(Árabe************)
Él es quien os hace viajar por mar y por tierra. Cuando subís a una embarcación y esta navega con viento favorable llevando a la gente, se alegran. Pero, de repente, la embarcación queda atrapada por un viento violento y las olas empiezan a llegar desde todas partes, una tras otra. Entonces comprenden que están rodeados. En ese momento invocan a Allah, consagrándose sinceramente a Su adoración: «Si nos salvas de este peligro, seremos agradecidos». Pero cuando Allah los salva, enseguida se entregan a la corrupción en la tierra, obrando injustamente. (Sura Yunus: 22-13)
Así se presenta como una imagen viva y dinámica. La embarcación se balancea al ritmo de las olas: una vez arriba y otra abajo. Parece que se hunde bajo el agua. Sus ocupantes han llegado al umbral de la muerte, y el miedo a morir los está consumiendo. En tal situación, recuerdan a Allah con todas sus fuerzas. Al llegar al final de la aleya, la persona queda cautivada. Toda la escena cobra vida y se mueve ante sus ojos. Podemos decir que esta aleya ha logrado transmitirnos plenamente su significado de la mejor manera.
3. Se pretende describir la condición de una persona cuyo aspecto exterior es sumamente atractivo y cautivador, pero cuyo interior es extremadamente repulsivo y peligroso. Ved con qué belleza se ha trazado esta imagen.
(Árabe************)
Los creyentes dicen: «¿Por qué no se revela una sura?». Pero cuando se revela una sura inequívoca en la que se menciona el yihad, verás a quienes tienen una enfermedad en el corazón mirarte como quien se desmaya por miedo a la muerte. (Sura Muhammad: 20)
¿Es posible explicar mediante una imagen cómo se encuentra una persona en el momento de la muerte? Sin embargo, qué hermosa imagen de esta escena se ha plasmado en la aleya mencionada. Junto a ella, también aparece la conmovedora imagen de sus rostros humillados.
4. Muchas veces, este aspecto humano de las personas se presenta mediante acontecimientos comunes. Sin embargo, al trascender aquel acontecimiento específico, se manifiesta como una imagen eterna.
(Árabe***********)
Después de Moisés, ¿acaso no has visto a un grupo de los Hijos de Israel? Cuando dijeron a su profeta: «Desígnanos un rey para que podamos combatir, bajo su liderazgo, por la causa de Allah». El profeta dijo: «¿Es posible que, si se os ordena combatir, no combatáis?». Ellos respondieron: «¿Qué nos pasa para que no combatamos por la causa de Allah, cuando hemos sido expulsados de nuestras casas y separados de nuestros hijos?». Pero cuando se les ordenó combatir, todos, salvo unos pocos, se dieron la vuelta. Y Allah conoce perfectamente a los injustos. (Sura al-Baqara: 246)
Aquí se comprende claramente que, mientras los Hijos de Israel vivían en gran comodidad y bienestar, hacían alarde de un falso valor. En cuanto llegó la orden de la yihad, el globo de su valentía se desinfló y su cobardía quedó al descubierto. No se trata de un acontecimiento ocurrido una sola vez. Más allá de los límites del tiempo y del lugar, este tipo de hechos se repite una y otra vez. Personas así han existido, existen y seguirán existiendo en la sociedad humana.
Hasta ahora solo he descrito ejemplos en los que no se han presentado únicamente imágenes de estados psicológicos y humanos, sino que esas imágenes han sido mostradas como vivas y dinámicas. Ahora quiero presentar algunos ejemplos en los que el Corán ha pintado imágenes vivas y cautivadoras de acontecimientos ocurridos, proverbios y dichos, o diversos relatos e historias. Cabe señalar que no hay desconexión entre ellos; por el contrario, cada uno guarda una estrecha relación con los demás.
La imagen de una calamidad ocurrida
1. Piensa en la imagen que el Corán ha trazado de la derrota de los incrédulos en la batalla de al-Ahzab: parece que todo el campo de batalla está ante nuestros ojos. Las actividades que allí tenían lugar aparecen ante nosotros, vivas y en movimiento. La percepción y la imaginación se mezclan y se funden por completo. Al contemplar esta imagen, se tiene la impresión de que aquella batalla está librándose justo delante de nosotros y que ninguna parte de ella queda fuera de nuestra mirada. Esa imagen ha sido trazada mediante las siguientes palabras.
(Árabe************)
¡Oh, creyentes! Recordad el favor de Allah hacia vosotros. Cuando los ejércitos enemigos os rodearon, envié contra ellos un viento impetuoso y tropas que no podíais ver. Allah ve lo que hacéis. Cuando se acercaban a vosotros desde las zonas altas y bajas, vuestra mirada se extraviaba, las almas se os subían a la garganta y comenzasteis a albergar malos pensamientos acerca de Allah. En aquel momento, los creyentes fueron puestos a prueba y fueron sacudidos violentamente. Entonces los hipócritas y aquellos cuyos corazones estaban enfermos comenzaron a decir: «La promesa de Allah y del Mensajero no es más que un engaño». Un grupo dijo: «¡Oh, habitantes de Yathrib! Este no es un lugar donde se pueda permanecer; regresad». Y otro grupo pidió permiso al Profeta, diciendo: «Nuestras casas están desprotegidas». En realidad no estaban desprotegidas; su propósito era escapar. (Sura al-Ahzab: 9-13)
Piensa en la imagen tan precisa que se ha trazado del sufrimiento físico y psicológico, así como de los acontecimientos manifiestos y ocultos del campo de batalla. Esta imagen parece flotar ante nuestros ojos. Las tropas enemigas los han rodeado por todas partes, y los musulmanes, desconcertados, solo pueden mirar con los ojos desorbitados. Hasta sus pies parecen estar a punto de resbalar. Mientras tanto, los hipócritas se afanan en provocar el caos. Decían: «La promesa que el Mensajero os hizo durante todo este tiempo no es más que un globo de mentira. No podréis enfrentaros a ellos y manteneros firmes en el campo de batalla. Escapad mientras aún estáis a tiempo». Algunos comenzaron a alegar que sus casas estaban desprotegidas, buscando así una oportunidad para huir.
A decir verdad, no hay ningún aspecto del campo de batalla que no haya sido representado en esta imagen. Toda la escena del campo de batalla ha sido puesta ante nuestros ojos con absoluta claridad. Fue un hecho real que tuvo lugar. Sin embargo, aunque su representación coránica pueda variar en algunos detalles respecto de aquella escena excepcional de la derrota de los incrédulos, sigue siendo intemporal y eterna. Allí donde dos bandos entran en conflicto y uno de ellos es derrotado, esa imagen vuelve a aparecer ante nuestros ojos.
2. En el acontecimiento que se relata a continuación se ha representado otra imagen semejante a la anterior. Al igual que la precedente, es intemporal y eterna, y no permite considerarla como algo aislado. Reflexionen sobre ello.
(Árabe**********)
Y Allah cumplió aquella promesa cuando, con Su permiso, los estabais aniquilando, hasta que os desanimasteis, discutisteis sobre la orden y desobedecisteis después de que Él os había mostrado aquello que deseabais. Entre vosotros había quienes deseaban este mundo y quienes deseaban la otra vida. Luego os hizo retroceder ante ellos para poneros a prueba. Ciertamente, Allah os perdonó, pues Allah es bondadoso con los creyentes. Subíais sin volver la vista atrás hacia nadie, mientras el Mensajero os llamaba desde detrás. Entonces os sobrevino aflicción tras aflicción, para que no os entristecierais por lo que habíais perdido ni por lo que os había acontecido. Allah está bien informado de lo que hacéis. Después hizo descender sobre vosotros, tras la aflicción, una tranquilidad semejante al sueño: algunos de vosotros se quedaron adormecidos, mientras otros, preocupados por sus propias vidas, albergaban sobre Allah pensamientos propios de la ignorancia. Decían: «¿Acaso tenemos alguna autoridad en este asunto?». Di: «Todo el asunto pertenece a Allah». Ocultaban en su interior cosas que no te manifestaban y decían: «Si hubiéramos tenido alguna autoridad en este asunto, no habríamos sido muertos aquí». (Sura Alí Imrán: 152-154)
Al leer estos versículos, tengo la impresión de estar viendo con mis propios ojos a aquellas personas y aquel momento, tal como se encontraban en el campo de batalla. (Esta escena está tomada del campo de batalla de Uhud; nota del traductor).
Imágenes de acontecimientos alegóricos
1. La historia de los dueños del jardín
Ahora presentaré la imagen de los acontecimientos alegóricos que ha sido trazada en el Corán.
Ahora nos encontramos ante los propietarios de un jardín. Ese jardín no está en el Más Allá, sino que existe en este mundo. Los propietarios del jardín están reflexionando durante la noche. Los pobres y necesitados solían comer los frutos de ese jardín. Pero los propietarios quieren privarlos de ellos y beneficiarse únicamente ellos mismos. Veamos ahora cuál será el desenlace.
(Árabe**********)
Los puse a prueba, como puse a prueba a los propietarios del jardín, cuando juraron que recogerían los frutos del jardín, pero no dijeron «Insha Allah». (Sura Al-Qalam: 17-18)
Por la noche decidieron recoger los frutos muy temprano y no dejar allí ninguna parte para los pobres y necesitados. Ahora echemos un vistazo en la oscuridad de la noche para ver qué está ocurriendo allí. Solo oscuridad. El drama de la vida se ha detenido allí. De repente, en medio de la oscuridad nocturna, se percibe algún movimiento, pero sin forma ni figura: un ser incorpóreo.
(Árabe*************)
Después, una calamidad procedente de tu Señor cayó sobre el jardín mientras ellos dormían. Para la mañana, todo había quedado reducido a restos dispersos, como paja.
Todo esto ocurrió sin que ellos se dieran cuenta. Cuando amaneció, se llamaron unos a otros y dijeron: «Vamos a recoger los frutos». Sin embargo, ni siquiera llegaron a saber qué terrible devastación había arrasado su jardín durante la oscuridad de la noche.
(Árabe********)
Por la mañana se llamaron unos a otros y dijeron: «Si queréis recoger los frutos, id deprisa al jardín». Después se pusieron en camino, hablando en susurros. «Hoy no debe entrar ningún pobre en el jardín». (Sura Al-Qalam: 21-24)
Ahora los espectadores deberían guardar silencio por un momento. Que nadie diga qué ha sucedido en su jardín. Tampoco estaría bien que alguien, sintiendo tanta diversión, soltara una carcajada. Espectadores, esperad un poco y ved qué gran engaño les aguarda. Hablan en susurros, para que ningún pobre se entere al oírlos. ¡Espectadores! ¿Cuánto tiempo más van a contener la risa? Ahora ríanse. Ríanse a carcajadas. Se les está gastando una gran broma:
(Árabe***************)
Ellos avanzaban dando saltos, embargados por la alegría.
Sin duda, son capaces de privar a otros, pero no son capaces de protegerse de la privación.
De repente, al ver el estado devastado del jardín, se pusieron a gritar. Al contemplar esta escena, los espectadores pueden reírse cuanto quieran.
(Árabe**********)
Cuando vieron su jardín, comenzaron a decir: «Sin duda, hemos perdido el camino de nuestro jardín y hemos ido a parar a otro lugar».
Al ver el estado del huerto, no pudieron creerlo y dijeron:
Este no es nuestro huerto, el que estaba lleno de frutos. Sin duda, nos hemos desviado del camino y hemos llegado a otro lugar.
(Árabe***********)
O quizá nuestra suerte se ha torcido. (Sura Al-Qalam: 27)
(Árabe*********)
El mejor de ellos dijo: «¿Acaso no os dije que glorificarais a Allah?». Ellos dijeron: «Proclamamos la santidad de nuestro Señor. En verdad, fuimos injustos». (Sura Al-Qalam: 28-29)
Pero ¿de qué sirve arrepentirse después de que ha pasado el tiempo? Es una costumbre que, cuando ocurre una desgracia, las personas se enzarzan en disputas entre sí e intentan culparse unas a otras. Del mismo modo, ellos también comenzaron a hacer lo mismo.
(Árabe*********)
Entonces comenzaron a reprocharse mutuamente. (Al-Qalam: 30)
Luego llegaron a una decisión.
(Árabe***********)
Dijeron: «¡Ay de nosotros! Fuimos transgresores. Quizá nuestro Señor nos dé, en su lugar, un jardín mejor que este. En verdad, esperamos en nuestro Señor». (Sura Al-Qalam: 21-22)
2. La historia del propietario de los dos jardines
Ahora les contaré la historia de otro propietario de jardines. Sin embargo, su jardín no era uno, sino dos. Y esos jardines no eran inferiores en ningún aspecto al jardín cuya historia acaban de escuchar. En este acontecimiento también está involucrada otra persona. Pero esta no posee ningún jardín; posee un corazón resplandeciente con la luz de la fe. Ambos expresaban abiertamente lo que llevaban en el corazón. En este relato, el propietario de los dos jardines representa a la persona que, cautivada por sus riquezas y dominada por la arrogancia, ha olvidado precisamente a Aquel en cuyas manos están su vida, su muerte y todos sus bienes. Esto se debe a que actualmente posee abundante prestigio, riquezas y poder. En cambio, su compañero recuerda siempre a Allah, busca de Él ayuda y apoyo, y se mantiene alejado de la incredulidad y de la corrupción en toda circunstancia.
(Árabe**********)
Relátales la historia de dos hombres. A uno de ellos le concedimos dos jardines de vides, rodeados de palmeras, y entre ambos jardines pusimos campos de cultivo. Los dos jardines daban frutos y no carecían de nada; entre ellos hicimos correr ríos. (Sura Al-Kahf: 32-36)
De esta aleya emergen dos escenas de jardines, abundantes en agua y frutos, y exuberantes de verdor. Esta es la primera escena. La segunda es:
(Árabe**********)
Recogió sus frutos. Luego, un día, mientras conversaba, le dijo a su compañero: «No creo que este jardín llegue a perecer. Tampoco creo que llegue la Hora. Y si alguna vez soy llevado ante mi Señor, seguramente encontraré allí algo mejor que esto». (Sura Al-Kahf: 34)
De su conversación se entiende que ambos se dirigían entonces hacia aquel jardín y conversaban. Llegaron cerca del jardín, pues inmediatamente después se dice:
(Árabe***********)
Habiéndose perjudicado a sí mismo, entró en su jardín y dijo:
«No creo que este jardín llegue jamás a perecer. Tampoco creo que llegue la Hora. Y si alguna vez soy llevado ante mi Señor, seguramente encontraré allí algo aún mejor que esto». (Sura Al-Kahf: 35-36)
Vemos que aquel hombre había llegado al límite extremo de la arrogancia y la vanidad. Piense en la reacción que sus palabras provocaron en su pobre compañero. Este no tenía ningún jardín ni abundancia de riquezas. Ni siquiera tenía dos hombres que lo apoyaran. Es cierto que, aunque no poseía nada más, tenía la riqueza de la fe, por lo que no se consideraba inferior. Nunca olvidaba el honor y la grandeza de su Señor. Por eso recordó al dueño del jardín: «Piensa: ¿de qué cosa tan insignificante fuiste creado? Por tanto, no te corresponde enorgullecerte».
(Árabe***********)
Su compañero le dijo: «¿Acaso niegas a Aquel que te creó de tierra, luego de una gota de esperma y después te dio forma completa como ser humano? Pero yo digo: Allah es mi Señor y no considero a nadie asociado con Él como mi Señor. Si me consideras inferior a ti en bienes y descendencia, ¿por qué, al entrar en tu jardín, no dijiste: “Mā shā’ Allāh, lā quwwata illā billāh” (Lo que Allah quiere sucede; no hay fuerza sino por Allah)? Espero que mi Señor me conceda algo mejor que tu jardín y envíe sobre él un fuego desde el cielo, de modo que por la mañana quede convertido en un terreno desnudo. O que por la mañana su agua se haya hundido en la tierra y no puedas encontrarla». (Sura Al-Kahf: 38-41)
Aquí termina la escena de los dos compañeros. Uno de ellos se pavonea con el cuello erguido como un gallo. Orgulloso de sus jardines, parece que sus pies ya no quieren tocar el suelo. El otro, en cambio, es creyente y considera la fe su mayor riqueza. Aconsejó a su compañero sobre lo que debía hacer después de disfrutar de tantas bendiciones. Parece que su compañero no prestó ninguna atención a sus palabras. Era natural que el otro compañero se enfadara al ver su arrogancia. Finalmente, llevado por la tristeza, incluso hizo una súplica contra él, y ambos se separaron encolerizados. Ahora veremos qué ocurrió después. Se relata:
(Árabe***********)
Después, todos sus frutos fueron destruidos y por la mañana comenzó a retorcerse las manos, lamentándose por lo que había gastado en él. El jardín había quedado completamente quemado. Y decía: «¡Ay de mí! ¡Ojalá no hubiera asociado a nadie con mi Señor!». (Sura Al-Kahf: 42)
En verdad, Allah había aceptado la súplica de aquel creyente. Vimos la desgracia del compañero de ese creyente y su arrepentimiento. ¿De qué sirven el pesar o el arrepentimiento después de que el jardín ha sido destruido? Expresó su tristeza diciendo que no debería haber asociado a otro con Allah. Terminemos esta escena de dolor e istighfār. Cae el telón y concluye la escena.
Representación de hechos reales
Hasta ahora hemos presentado la representación de hechos alegóricos. Ahora trataremos algunos hechos reales.
1. El profeta Abraham (la paz sea con él) y el profeta Ismael (la paz sea con él): Ahora presentaremos la escena de la historia del profeta Abraham (la paz sea con él), cuando construía la Kaaba junto con su hijo Ismael (la paz sea con él). Parece que este acontecimiento no ocurrió hace cientos de años, sino que ahora mismo estamos presenciando la construcción de la Kaaba por padre e hijo y sus súplicas.
(Árabe***********)
Recuerda cuando Abraham e Ismael levantaban los cimientos de la Kaaba y dijeron en súplica: «¡Señor nuestro! Acepta nuestro servicio. Ciertamente, Tú eres el Oyente, el Omnisciente. ¡Señor nuestro! Haz que ambos nos sometamos a Tu voluntad y suscita de nuestra descendencia una comunidad obediente. Enséñanos los ritos de la peregrinación y perdónanos. Ciertamente, Tú eres Quien acepta el arrepentimiento, el Misericordioso. ¡Señor nuestro! Envía a ellos, de entre los suyos, un Mensajero que les recite Tus versículos, les enseñe el Libro y la sabiduría, y los purifique. Ciertamente, Tú eres el Poderoso, el Sapientísimo.»
Concluye la súplica y cae el telón de la escena.
El retorno de la narración a la súplica constituye un cambio sumamente asombroso. En realidad, este cambio es lo que ha dado vida a toda la escena y la ha presentado ante nuestros ojos. La narración dice:
(Árabe*********)
Cuando Abraham e Ismael levantaban los cimientos de la Casa de Dios.
El retorno de la narración a la súplica constituye un cambio sumamente asombroso. En realidad, este cambio es lo que ha dado vida a toda la escena y la ha presentado ante nuestros ojos. La narración dice:
(Árabe***********)
Cuando Ibrahim e Ismail elevaban los cimientos de la Casa de Allah.
Como consecuencia de este relato, se levanta el telón. El escenario, es decir, la Casa de la Kaaba, yacen ante nuestros ojos Ibrahim e Ismail (la paz sea con ellos). Padre e hijo están absortos en una larga súplica.
Aquí, el aspecto de la belleza artística y lo milagroso consiste en que, apenas comienza la narración del acontecimiento, se pasa directamente a la súplica. Aquí no hay ni una sola palabra que indique que el padre y el hijo interrumpieron por un instante la construcción para hacer esta súplica. Si se supone que el acontecimiento aún está ocurriendo, que no ha terminado, su carácter milagroso aumenta todavía más. Si se hubiera comenzado así: «Cuando Ibrahim e Ismail estaban levantando las paredes de la Kaaba, hicieron esta súplica», no habría ninguna sorpresa en una expresión semejante. Se convertiría en un acontecimiento rutinario. Pero, en el estilo en que se narra en el Al-Qurán, no se trata únicamente de un acontecimiento. Es una escena viva y en movimiento; parece que todavía hoy se representa en el escenario. El escenario no queda vacío ni por un instante. Toda la escena cobra vida y aparece ante nuestros ojos. El latido de vida creado en la imagen solo ha sido posible gracias a la omisión deliberada de una palabra: «ellos suplicaron» (***) . Esa es precisamente la particularidad del Al-Qurán.
2. El diluvio de Nuh (la paz sea con él): Ahora presentaremos la imagen del diluvio de Nuh (la paz sea con él), donde se dice:
(Árabe***********)
Y la nave avanzaba llevándolos entre oleadas semejantes a montañas. (Sura Hud: 42)
En este momento peligroso, al despertar su paternidad, Nuh (la paz sea con él) se encuentra profundamente perturbado. Porque su hijo ahora lo niega todo. Ve claramente que su hijo también hallará una tumba bajo las aguas junto con los incrédulos. Nuh (la paz sea con él) sucumbió a la debilidad humana. El hombre que llevaba dentro prevaleció sobre el profeta. Entonces llamó a su hijo con gran súplica y humildad.
(Árabe***********)
Y Noé llamó a su hijo, que se había apartado. Le dijo: «¡Hijo mío! Sube con nosotros y no permanezcas con los incrédulos». (Sura Hud: 42)
Pero el hijo insolente no prestó ninguna atención a las innumerables súplicas y ruegos de su padre. Se había envanecido por su juventud, su fuerza y su capacidad.
(Árabe***********)
Él dijo: «Pronto me refugiaré en una montaña que me protegerá del agua». (Sura Hud: 43)
El padre, con el corazón angustiado, hizo su último llamado:
(Árabe***********)
Noé dijo: «Hoy no hay protector frente al mandato de Allah, salvo aquel a quien Él tenga misericordia». (Sura Hud: 43)
Después, una ola llegó y se llevó todo consigo.
(Árabe***********)
En ese momento, una ola se interpuso entre ambos, y él se ahogó. (Sura Hud: 43)
¡Qué escena tan trágica! El miedo deja sin aliento a los oyentes. La embarcación avanza entre olas semejantes a montañas. El venerable Noé, angustiado, llama a su hijo. Pero el hijo rechaza su llamado, haciendo alarde de su fuerza y capacidad. Mientras esta conversación continúa, de repente una ola llega y lo arrasa todo. Al contemplar esta escena, se produce en el interior de las personas el mismo estado que se había producido entre padre e hijo, es decir, entre Noé y su hijo. Y no solo a los seres humanos: esta escena no deja de afectar y afligir también a los demás seres vivos.
La representación del Día de la Resurrección
Ahora describiremos primero las escenas del Día de la Resurrección y después expondremos las representaciones de la paz y el castigo que se presentan en el Noble Corán. Esto se debe a que su relación con la representación artística es sumamente profunda.
1. Al describir el Día de la Resurrección, Allah, Señor de los mundos, dice:
(Árabe***********)
El día en que el convocador convoque hacia una consecuencia desagradable. Entonces saldrán de las tumbas con la mirada abatida, como langostas dispersas. Correrán hacia el convocador. Los incrédulos dirán: «¡Este es un día difícil!». (Sura Al-Qamar: 6-8)
Esta es una de las escenas del Día de la Resurrección. Es breve, pero suficientemente poderosa como para conmover el corazón. ¡Qué admirablemente se presenta la imagen mediante la comparación con las langostas! Cuando las langostas vuelan, parecen dispersas y desordenadas. Del mismo modo, cuando las personas se levanten de las tumbas y corran hacia el convocador, correrán sin saber hacia dónde dirigirse. Parecerá que unas langostas dispersas vuelan de un lado a otro. Pero no comprenderán adónde van ni por qué van. Serán convocadas hacia algo que detestan. Tendrán la mirada abatida. Esta es la última señal, mediante la cual la imagen alcanza su plenitud.
Al ver las circunstancias que las rodean, los incrédulos dirán: «¡Qué día tan difícil!». Con frases breves, se ha presentado de manera tan bella toda la escena. En el corazón del oyente surge la imagen de una vasta llanura; parece que todos se levantan de las tumbas y corren al mismo tiempo. Todos llevan la cabeza gacha. Sus rostros están aturdidos por el miedo. Es como una imagen viva y en movimiento.
2. Esta es la segunda escena entre las escenas del Día de la Resurrección. En ella se menciona la huida de las personas y se describe también su estado de miedo y desconcierto. Sin embargo, es más penosa y aterradora que la escena anterior.
(Árabe***********)
No pienses jamás que Allah está desatento a lo que hacen los injustos. Él les concede un plazo hasta el día en que sus ojos se desorbiten de terror. (Las personas) correrán jadeantes, aterrorizadas y desconcertadas, hacia el lugar de la reunión. Sus miradas no se volverán hacia ellos y sus corazones volarán de miedo. (Sura Ibrahim: 42-43)
Aquí se describen cuatro estados, que se sucederán uno tras otro. Son cuatro escenas del mismo acontecimiento, mostradas sucesivamente. Cabezas inclinadas por el miedo, la vergüenza y la humillación. Además, la preocupación y la angustia causada por el miedo cubren por completo el corazón y el alma. Esta imagen se muestra a los vivos, y aquellos cuya imagen se muestra también son seres humanos. Entre las personas representadas en la imagen y los espectadores y oyentes existe un estrecho vínculo humano. Incluso sus sentimientos son idénticos. Parece que la ansiedad y la inquietud de un grupo se transmiten al otro y cubren su mente y su corazón. El lector siente que esta situación está sucediendo sobre él mismo.
3. A continuación se presenta otra imagen de miedo y terror. Esta imagen es aún más aterradora que la anterior. Es como si las palabras no pudieran describir por completo aquel estado espantoso. Hemos presentado esta imagen estremecedora para que ella misma pueda expresar su propia condición.
(Árabe***********)
¡Oh, gente! Temed a vuestro Señor. Ciertamente, el estremecimiento de la Hora será algo terrible. El día en que lo presenciéis, toda mujer que esté amamantando abandonará al niño que esté mamando. Por el miedo, toda mujer embarazada sufrirá un aborto espontáneo. Verás a la gente como si estuviera ebria, aunque no estará ebria. Así de terrible será el castigo de Allah. (Sura al-Hajj: 1-2)
Este horror dejará a la gente tan aturdida que la madre que esté amamantando olvidará incluso a su hijo lactante. La embarazada lo verá todo, pero no habrá nadie que se fije en ella. Correrá de un lado a otro, pero ni siquiera será consciente de que lo está haciendo. Por ello, debido al miedo y al terror, sufrirá un aborto espontáneo. La gente comenzará a correr, pero parecerá que tiene los pies pegados al suelo. Verá que todo sucede, pero ocurrirá con tanta rapidez que no podrá comprender nada. Perderá la razón y el entendimiento. Al verla, parecerá ebria. Sin embargo, no estará ebria; actuará así porque no podrá decidir qué hacer. Todo esto no es más que un efecto mínimo del castigo de Allah. Parecerá que la gente ve cómo todo sucede ante sus propios ojos. Su capacidad de pensar intentará asimilarlo, pero el horror espantoso le hará olvidarlo todo. Por eso, no podrá quedar asentado de manera permanente en su mundo interior.
4. Hasta ahora se han presentado tres escenas aterradoras de la Hora, cuyas imágenes, cobrando vida, aparecen ante los ojos. Pero hay algunas escenas que solo conmueven los sentimientos:
(Árabe***********)
Ese día, cada persona tendrá una preocupación que la mantendrá completamente absorta.
(Árabe***********)
Ese día, ni siquiera el amigo más íntimo preguntará por otro amigo.
¿Qué otra cosa podría ser una descripción tan breve y conmovedora de la preocupación y la angustia? En el corazón no hay lugar para nada salvo la preocupación y la angustia. La angustia se apodera del corazón y la mente de tal manera que la persona ni siquiera encuentra oportunidad para pensar en otra cosa.
5. Otra escena de la llegada de la Resurrección y de la reunión, tras salir de las tumbas, en el campo del Juicio. Estas escenas son algo más detalladas. Sin embargo, se percibe una breve pausa entre cada escena.
(Árabe***********)
No esperan sino un terrible grito que los golpeará mientras estén disputando. Entonces no podrán hacer testamento ni regresar junto a sus familias. (Sura Ya-Sin: 49-50)
Aquí se habla del primer toque de la trompeta. Con el primer sonido comenzará la catástrofe. Ocurrirá con tal rapidez que no tendrán tiempo siquiera de hacer testamento. Los habitantes de las tumbas se levantarán de ellas. ¿Y qué ocurrirá después? Se dice:
(Árabe***********)
Se soplará en la trompeta, y de inmediato saldrán de sus tumbas y se apresurarán hacia su Señor. Dirán: «¡Ay de nosotros! ¿Quién nos despertó de nuestro sueño? Allah, el Misericordioso, había prometido esto, y los mensajeros dijeron la verdad». (Ya-Sin: 51-52)
Aquí se habla del segundo toque. Con el primer toque todo será destruido. Después del segundo toque, todos se levantarán de sus tumbas desconcertados y angustiados. Asombrados, los creyentes se preguntarán unos a otros: «¿Quién nos despertó de un sueño tan apacible?». Luego, al observar el entorno y la situación, llegarán por sí mismos a la conclusión y dirán: «Hoy se ha cumplido la promesa que el Señor Misericordioso nos había hecho y la noticia que los profetas y mensajeros nos habían transmitido».
(Árabe***********)
Será un gran clamor. En ese mismo instante, todos ellos serán presentados ante Mí. Ese día no se cometerá ninguna injusticia contra nadie; recibiréis únicamente la recompensa de lo que hagáis. (Yasín: 53-54)
Será el último toque de la trompeta, como si la gente se pusiera de pie ante Allah. Ese día, la gente se congregará allí según sus obras. Aquí termina por ahora esta escena.
Ahora, quien recite el Corán contemplará estas escenas. Parecerá que se le está diciendo directamente: «Ese día no se cometerá ninguna injusticia contra nadie; recibiréis únicamente la recompensa de lo que hagáis».
6. El día de la Resurrección, cuando toda la gente se reúna y tenga que rendir cuentas ante Allah, veremos a un grupo de personas que en la tierra eran vecinos, pero cuya relación no era buena. Estaban llenos de orgullo y arrogancia. Él llamaba extraviado a su vecino y hacía sufrir a muchos creyentes de entre ellos. Cuando los creyentes afirmaban que entrarían en el Paraíso, comenzaban a burlarse de ellos y a ridiculizarlos. Ese día, cuando sean introducidos en el Infierno en grupos, en cuanto entre un grupo, se informará a sus miembros sobre el otro grupo.
(Árabe***********)
He aquí un grupo que entra con vosotros. (Sura Sad: 59)
Se responderá:
No hay bienvenida para ellos; entrarán en el Infierno. (Sura Sad: 59)
¿Acaso aquel a quien insultaba, al oír esto, permanecerá callado? Desde luego que no. Entonces dirá:
(Árabe***********)
Ellos dirán: «Tampoco hay bienvenida para ustedes. Ustedes mismos nos llevaron a esta desgracia. ¡Qué morada tan detestable!». (Sura Sad: 60)
Luego exclamarán al unísono:
Dirán: «¡Señor nuestro! A quien nos hizo sufrir esto, impónle un castigo doble». (Sura Sad: 61)
¿Qué ocurrirá después? Allí no verán a los creyentes de quienes se burlaban en la Tierra y sobre quienes descargaban su resentimiento. ¿Cómo es posible que hoy no estén con nosotros en el Infierno?
(Árabe***********)
Y dirán: «¿Qué nos ocurre? No vemos a aquellos a quienes considerábamos malos. ¿Acaso los tomábamos injustamente como objeto de burla, o es que nuestros ojos se equivocan al ver?». Sin duda, los habitantes del Infierno disputarán sobre este asunto. (Sura Sad: 62-64)
La disputa de los habitantes del Infierno se presenta ante nosotros de tal manera que parece que cada uno de nosotros la está presenciando. Cada persona piensa que su propio retrato ha sido presentado aquí. Por ello, intenta librarse de esa terrible situación. Y gracias a este esfuerzo, quizá sea posible escapar de ella.
Escenas de paz y castigo
En la exposición anterior contemplamos las escenas de la tumba, del Día de la Resurrección, de la resurrección y de la reunión. Ahora contemplaremos algunas escenas de la paz del Paraíso y del castigo del Infierno.
1. Se ha dicho acerca de los habitantes del Infierno:
(Árabe************)
Los incrédulos serán conducidos en grupos hacia el Infierno. Cuando lleguen allí, sus puertas se abrirán y los guardianes del Infierno les dirán: «¿Acaso no vinieron a vosotros mensajeros de entre vosotros mismos, que os recitaban las aleyas de vuestro Señor y os advertían sobre el encuentro con este día?». Ellos dirán: «Sí». Pero el castigo se ha vuelto inevitable para los incrédulos. Luego se les dirá: «Entrad por las puertas del Infierno; permaneceréis allí para siempre». ¡Qué pésima morada para los arrogantes!
Se ha dicho acerca de los habitantes del Paraíso:
(Árabe**********)
A quienes temían a su Señor se los conducirá en grupos hacia el Paraíso. Cuando entren en él por sus puertas abiertas, los guardianes del Paraíso les dirán: «La paz sea con vosotros; sed felices y entrad en este Paraíso para siempre». Ellos dirán: «Alabado sea Allah, Quien ha cumplido Su promesa con nosotros y nos ha hecho herederos de este lugar. Habitaremos en el Paraíso donde queramos». ¡Qué excelente es la recompensa de quienes se esfuerzan! (Sura az-Zumar: 73-64)
La siguiente aleya pone fin a esta escena:
(Árabe*************)
Ves a los ángeles rodeando el Trono y proclamando la santidad de su Señor. Se juzgará con justicia entre todos ellos. Y se dirá: «Alabado sea Allah, Señor de todos los mundos».
Estas imágenes son tan claras que no dejan lugar para una explicación aparte. Pero ven, sigamos de cerca a los moradores del Infierno y del Paraíso para conocer algo de su situación.
2. Sobre los moradores del Infierno se ha dicho:
(Árabe***********)
En verdad, el árbol de Zaqqum será el alimento de los pecadores. Hervirá en sus vientres como cobre fundido, tal como hierve el agua. (Se les dirá:) «Tómalo, arrástralo hasta el Infierno y vierte sobre su cabeza el tormento del agua hirviente». (También se les dirá:) «¡Prueba! Tú eras, ciertamente, el honorable, el noble. Sobre esto tenías dudas».
A continuación, se habla de los habitantes del Paraíso de la siguiente manera:
(Árabe*************)
En verdad, los piadosos estarán en un lugar seguro, entre manantiales y jardines. Vestirán prendas de seda fina y gruesa, sentados unos frente a otros. Así será. Y los uniremos en matrimonio con huríes de hermosos ojos. Allí pedirán tranquilamente toda clase de frutos. Allí no probarán la muerte, salvo la primera muerte, y serán protegidos del tormento del Infierno. (Sura ad-Duján: 51-56)
3. Terminamos las escenas de la Resurrección en un lugar donde había dos imágenes contrapuestas. Aquí también presentamos varias imágenes semejantes:
(Árabe************)
Los habitantes del Paraíso llamarán a los habitantes del Infierno: «Hemos comprobado que era verdadera la promesa que nuestro Señor nos hizo. ¿Habéis comprobado también que la promesa de vuestro Señor era verdadera?». Ellos responderán: «Sí». Entonces un pregonero se situará entre ambos y proclamará: «¡La maldición de Allah sea sobre los injustos, que impedían el camino de Allah y buscaban desviarlo! Y no creían en la otra vida».
(Árabe***********)
Habrá un muro entre ambos, y sobre los A‘raf habrá muchas personas. Reconocerán a cada uno por sus señales. Llamarán a los habitantes del Paraíso y les dirán: «La paz sea con vosotros». Aún no entrarán en el Paraíso, aunque anhelarán hacerlo. Cuando sus miradas se posen sobre los habitantes del Infierno, dirán: «¡Señor nuestro! No nos pongas entre la gente injusta». (Sura Al-A‘raf: 46-47)
(Árabe*************)
Los habitantes de los A‘raf llamarán a aquellos a quienes reconozcan por sus señales y les dirán: «Vuestra gente y vuestra arrogancia no os sirvieron de nada. ¿Acaso no son estos aquellos de quienes jurabais que Allah no les concedería Su misericordia?». (Se dirá:) «Entrad en el Paraíso; no tendréis temor ni estaréis afligidos». Los habitantes del Infierno llamarán a los habitantes del Paraíso: «Arrojadnos un poco de comida y bebida, o dadnos algo de la provisión que Allah os ha concedido». Ellos responderán: «Allah ha prohibido ambas cosas a los incrédulos».
En las citas anteriores aparecen varias escenas que se suceden ante nuestros ojos, una tras otra.
Al leer estos versículos, parece que estamos de pie frente a los habitantes del Paraíso y a los del Infierno. Los habitantes del Paraíso dirán a los habitantes del Infierno: «Hemos encontrado verdadera la promesa que nuestro Señor nos hizo. ¿Habéis encontrado también verdadera la promesa que os hizo?». Por medio de esta pregunta queda claro el escarnio dirigido a los habitantes del Infierno. Pero lo sorprendente es que no podrán negarlo; al contrario, se verán obligados a admitirlo. Entonces un pregonero se situará entre ambos grupos y proclamará: «¡La maldición de Allah sobre los injustos!»
Después, al dirigirnos hacia los habitantes de los A‘raf, los vemos situados entre el Paraíso y el Infierno: un grupo de personas reunido sobre un muro elevado desde el cual pueden contemplarse ambos. En cuanto ven a los habitantes del Paraíso, les ofrecen saludos y felicitaciones; y cuando sus miradas se posan sobre los habitantes del Infierno, de inmediato los reprenden y censuran, diciéndoles: «En la Tierra jurabais, acerca de los habitantes del Paraíso, que Allah no les concedería Su misericordia. ¿Dónde están hoy? Ved con qué gloria, honor y dignidad permanecen en el Paraíso».
Después vemos a los habitantes del Infierno suplicando comida y bebida. Allah ha puesto todas las bendiciones delante de los habitantes del Paraíso, pero estos los despiden diciéndoles: «Allah ha prohibido a los incrédulos tanto la comida como la bebida del Paraíso».
Esta es la escena del Día de la Resurrección: la escena de la paz y el castigo del Paraíso y del Infierno. Ahora surge la pregunta: cuando los lectores leen estos versículos, ¿consideran que estos acontecimientos ocurrirán en el futuro? ¿O sienten que están sucediendo en este mismo instante, ante sus propios ojos?
¡Por Allah! Cada vez que leí estos versículos, me perdí por completo. Olvidé completamente que estaba contemplando estos acontecimientos bajo la forma de un tema coránico. Más bien, sentí que estaba viendo con mis propios ojos cómo ocurrían todos los acontecimientos; la escena no era imaginaria, sino real y visible. En verdad, esto no es otra cosa que una de las maravillas del Corán y una muestra de su maestría artística.
Quería poner fin aquí a esta discusión. Pero lo cierto es que, entre los propósitos y objetivos con los que fue revelado el Corán, hay uno que aparentemente parece ser una excepción al principio de la representación pictórica. Se trata de que el Corán invita a la gente a la religión mediante la argumentación y el razonamiento.
Para ello puede recurrirse a medios cognitivos, dejando de lado la naturaleza del Corán y los recursos de la representación pictórica. Sin embargo, incluso para alcanzar ese objetivo, el Corán ha adoptado el método de la representación pictórica. Esto demuestra que dicho método prevalece sobre los demás métodos del Corán. En este capítulo quiero tratar precisamente este tema. Lo analizaré brevemente, con ejemplos, si Allah quiere. Encontrarán un análisis detallado al final de la obra, en otro capítulo.
4. Entre las escenas naturales, la escena estable y eterna es el cielo, siempre visible. En muchos pasajes, el Corán llama la atención de la gente hacia el cielo y dice: «Mira, esta es una poderosa prueba del poder de Allah». Se dice:
(Árabe***********)
Él es Allah, quien envía los vientos; luego estos impulsan las nubes. Después, Él las extiende por el cielo como quiere y las dispone en capas. Entonces ves caer la lluvia de ellas. Él la hace llegar a quienes quiere de entre Sus siervos, y entonces se alegran. Antes de que esta lluvia descendiera sobre ellos, habían estado desesperados. Observa, pues, los efectos de la misericordia de Allah: cómo vivifica la tierra muerta. Ciertamente, Él dará vida a los muertos y tiene pleno poder sobre todas las cosas. (Sura ar-Rum: 48-50)
Observen cómo actúa el poder de Allah: primero soplan los vientos; luego esos vientos transportan el vapor de agua; después este se transforma en nubes y, finalmente, la lluvia cae de las nubes. Y esto se convierte en motivo de alegría para la gente común. El propósito es dar vida y frescura a la tierra muerta y seca. Cuando estas escenas aparecen una tras otra en la mente, es inevitable que influyan en el subconsciente humano. Finalmente, llegan a la conclusión de que
(Árabe*********)
Ciertamente, Él da vida a los muertos y tiene poder sobre todas las cosas.
5. El alcance de la escena n.º 4 era amplio, pero la escena n.º 5 está relacionada con la tierra. Ambas escenas son completamente diferentes. Reflexionen:
(Árabe**********)
¿Acaso no ves que Allah hace descender agua del cielo y la conduce hacia los manantiales de la tierra? Luego, mediante esa agua, produce cultivos de diversos colores; después, estos se secan y los ves amarillentos. Finalmente, Allah los convierte en rastrojo. Ciertamente, en ello hay una exhortación para los dotados de entendimiento. (Az-Zumar: 21)
Esta es una imagen de la tierra. En ella se describen los diferentes estados de la tierra. Cada estado brinda al ser humano la oportunidad de observarlo con sus propios ojos y reflexionar. Vean: cae lluvia del cielo y, con ella, la tierra se llena de frutos y cultivos de diversos colores. Luego, esos cultivos maduran y adquieren un color marrón. Finalmente, se convierten en rastrojo y se mezclan con la tierra. En esta aleya, la manera y el lugar en que se emplea la palabra «thumma» ofrecen a los ojos y al corazón plena oportunidad para reflexionar, antes incluso de que el segundo estado aparezca ante los ojos. Aquí está presente la disposición y presentación necesarias para poner una escena ante los ojos de las personas. (Más adelante se tratará este tema con detalle, si Allah quiere.)
6. Algunas escenas son completamente vivas. Vean: el ave vuela por el cielo con las patas recogidas, apoyándose únicamente en sus alas. Luego, en el momento de aterrizar, se sostiene sobre sus patas. Dice:
(Árabe***********)
¿Acaso no observan las aves que vuelan sobre ellos, desplegando y replegando sus alas? Allah, el Misericordioso, es quien las mantiene suspendidas. Él observa todas las cosas. (Sura Al-Mulk: 19)
En esta aleya se presentan dos escenas. Primero, el ave vuela por el cielo con las alas extendidas y, mientras vuela, mantiene recogidas las patas. Segundo, en el momento de aterrizar, extiende de antemano las dos patas para apoyarse en ellas y mantenerse de pie. Las personas contemplan esta escena constantemente, pero nunca le prestan atención. El Corán ha mostrado a la gente, como señalando con el dedo, uno de los signos del poder de Allah.
7. En la tierra se presenta repetidamente otra escena, pero el ser humano no la observa con los ojos bien abiertos ni siente la necesidad de contemplarla. Si reflexionara sobre su misterio, se abrirían ante él nuevos horizontes de conocimiento. Se trata de la sombra de los cuerpos materiales, que a simple vista parece inmóvil, pero que en realidad se desplaza sutilmente. Se dice:
(Árabe************)
¿Acaso no has visto a tu Señor cómo extiende la sombra? Si quisiera, podría hacer que permaneciera inmóvil. Luego hice del sol su indicador. Después la retraigo gradualmente hacia Mí. (Sura Al-Furqán: 45-46)
Las dos aleyas mencionadas conmueven el mundo del pensamiento humano. Atraen el corazón y la mente. En la Tierra no faltan escenas de este tipo, que se presentan ante nuestros ojos a cada instante. Sin embargo, cuando se dirige la atención hacia su significado interno, aparecen como algo nuevo. Y esto solo es posible cuando una escena se contempla simultáneamente con los ojos, el corazón y el cerebro.
8. En el mundo hay muchas cosas que pueden considerarse instructivas. Pero lo que más conmueve los sentimientos humanos son las ruinas de un pueblo. El ojo las percibe externamente, mientras que el ojo del corazón las observa profundamente. Por eso, el Corán ha llamado su atención hacia este punto débil para influir en su pensamiento y conciencia acerca del destino de los criminales. Se dice:
(Árabe**********)
¿Acaso no viajan por la tierra y observan cuál fue el destino de quienes los precedieron? Eran más poderosos que ellos, cultivaban la tierra y producían más cosechas que ellos. Los Mensajeros acudieron a ellos con pruebas claras. Allah no fue injusto con ellos; más bien, ellos mismos fueron injustos consigo mismos. (Ar-Rum: 9)
La discusión anterior demuestra que el Corán ha adoptado la representación pictórica y la visualización como un estilo. Por ello, el método de la representación pictórica tiene una importancia fundamental. Este método está relacionado con el conjunto de los temas y objetivos. Es una característica indispensable del Corán que los especialistas encuentran en cada una de sus líneas.
Cuarto capítulo
La imaginación y la representación
Decimos que, mediante la visualización y la representación pictórica, el Corán expone su mensaje con un estilo propio, que constituye la base o el fundamento de su método expositivo. Sin embargo, esto no significa que la importancia del extenso contenido haya llegado a su fin ni que le hayamos hecho plena justicia. Al contrario, la importancia particular del contenido sigue estando plenamente vigente hasta hoy. Aun teniendo esto presente, sentimos la necesidad de dedicarle un capítulo separado.
Podría preguntarse: ¿sobre qué fundamento se construyen estas imágenes? Al comienzo del capítulo anterior dimos una indicación al respecto. Allí dijimos que, en ciertas ocasiones, se ha recurrido a este método para desviar la mirada del mundo del pensamiento hacia el mundo real; es decir, para convertir lo imaginario en algo perceptible por los sentidos. Del mismo modo, la naturaleza del ser humano y la naturaleza misma se presentan mediante imágenes comprensibles. Muchas veces, aquello que se experimenta se expresa en una imagen imaginaria. Luego, para dotar de movimiento a esa imagen, se crea en ella una actividad orgánica. Como resultado, conmueve el mundo del pensamiento. Entonces, lo que está más allá de los sentidos aparece ante los ojos como una imagen viva y dinámica, ya se trate de la imagen de un accidente o de una imagen común o relacionada con algún acontecimiento. Si, además de vida y movimiento, se le concede la facultad del habla, todos los elementos de la imaginación quedan reunidos allí y ya no queda nada por añadir. Todos los ejemplos y símiles que presenté en la discusión anterior demuestran la veracidad de esta afirmación. Aunque el propósito de tratarlos en aquel capítulo era intentar explicar cómo el Corán emplea el método de la representación pictórica al exponer su mensaje, en este capítulo no consideraremos suficiente citar únicamente los símiles anteriores. La razón es que el Corán está presente ante nosotros y está lleno de nuevos ejemplos y símiles. Seleccionaremos de él algunos símiles que indiquen plenamente un tema determinado; estarán relacionados con las reglas y principios de la representación de la imaginación y la percepción.
Takhyīl o imaginación
Son pocas las imágenes coránicas que se presentan ante nosotros en un estado silencioso y mudo. En la mayoría de las imágenes se encuentra una estimulación manifiesta o latente. Esta estimulación despierta el pulso de la vida y hace que la imagen se vuelva dinámica. Debe recordarse que el efecto de conmover el pensamiento no se limita a ciertas escenas de accidentes, del Día de la Resurrección o de la dicha y el castigo; también está presente en lugares donde no cabría esperarlo.
Queremos explicar cuál es la forma y la naturaleza de esta conmoción. Cabe señalar que es precisamente debido a este tipo de pulso vital que los objetos manifiestos parecen estar vivos. Incluso la vida invisible para el ser humano no queda fuera de esta estimulación. Llamaremos a esta estimulación «takhyīl ḥissī» o imaginación sensorial. Esta estimulación está presente en cada imagen del Corán. Este pulso de la vida está presente en cada imagen de tal manera que en ella se perciben las diversas manifestaciones y naturalezas de la vida.
Tajsīm o representación
En el Noble Corán se encuentra otro asunto relacionado con la representación, que puede considerarse la base del tajsīm. En este tema, el Corán ha avanzado muy lejos. Incluso respecto de aquellos asuntos que el islam considera necesario mantener separados de su línea fundamental, pone énfasis en hacerlos visibles y presentarlos abiertamente. Muchas veces también se les da una forma corpórea, como ocurre con el dhāt y los ṣifāt de Alá (Su esencia y Sus atributos). La conclusión irrefutable que se desprende de esto es que el Noble Corán ha dado prioridad al estilo de la representación sobre otros métodos. Sin embargo, también se ha advertido que el método de la representación puede conducir muchas veces a consecuencias peligrosas. Ahora intentaré aclarar la cuestión mediante ejemplos.
Expresión personificada: 1. Existe un tipo de imaginación que podemos llamar tashkhīṣ o expresión personificada. Tashkhīṣ significa dar vida a aquello que carece de ella. Por ejemplo, se presenta un paisaje natural u otro objeto inanimado con una forma viva y comprensible. Muchas veces esa vida se desarrolla hasta convertirlo en algo semejante al ser humano, incluyendo incluso recursos externos y sentimientos. Se dota al objeto sin vida de intereses, estímulos y vivacidad humanos. Gracias a ello, se acerca a las personas y entabla relaciones con ellas. Aparece ante ellas con diversos colores y vestimentas. Así, el ser humano se ve obligado a considerarlo vivo. Parece como si lo viera con sus propios ojos y lo percibiera con sus sentidos. Al contemplar sus sutiles sensaciones y su actividad, el ser humano llega también a quedar atemorizado y desconcertado. Por ejemplo, en una aleya se presenta la mañana como un ser vivo que respira: (árabe****): «Juro por la mañana cuando respira» (at-Takwīr: 18).
Al recitar esta aleya, surge la idea de que el momento de la mañana es un ser vivo, porque respira. Incluso parece que, al respirar, sus dientes se hacen visibles. Esta vida no parece pertenecer únicamente a la «mañana», sino a todo el universo y la naturaleza. Así, se dice que la noche corre velozmente detrás del día para alcanzarlo, pero no logra atraparlo. Se proclama:
(Árabe*********)
Él viste al día sobre la noche; entonces el día llega corriendo detrás de la noche. (Sura al-Aʿrāf: 54)
Así como no tiene fin la carrera mutua de la noche y el día, tampoco deja de correr detrás de ellos, de igual manera, la capacidad de pensamiento del ser humano. Observad también: se habla del movimiento de la noche.
(Árabe*******)
Y por la noche, cuando se marcha. (Sura al-Fayr: 4)
Nada más leer este versículo, ante los ojos del lector aparece la noche, como una entidad que no deja de recorrer los infinitos caminos de la tierra. Una imagen muy familiar. Y de nuevo, observen cómo se considera inteligentes a la tierra y al cielo, se les dirige la palabra y, al mismo tiempo, ellos responden:
(Árabe*********)
Luego dirigió su atención al cielo, que era una masa de humo; después le dijo a él y a la tierra: «Venid ambos, de grado o por fuerza». Ellos dijeron: «Venimos voluntariamente».
Lector, vea con los ojos de la imaginación cómo se llama al cielo y a la tierra. Ellos responden a esa llamada. Observe la luna, el sol, la noche y el día, avanzando cada cual por su propio camino y a su propio ritmo. Pero—
(Árabe*************)
El sol no alcanza a la luna, ni la noche se adelanta al día. (Sura Ya-Sin: 40)
Allah, el Omnipotente, ha establecido esta alternancia de la noche y el día, para que nunca haya solamente noche ni solamente día de manera continua. Mire hacia la tierra. Una tierra muerta. Allí cae el agua de la lluvia. Y, de inmediato, despierta y cobra nueva vida.
(Árabe***********)
Ves la tierra yacente y desolada; luego, cuando hago descender sobre ella la lluvia, se vuelve fresca⁸ y se hincha, y produce toda clase de hermosas plantas. (Sura al-Hajj: 5)
En otro lugar se ha dicho:
(Árabe*******)
Otro de Sus signos es que verás la tierra desolada e infértil. Cuando hago descender sobre ella la lluvia, se hincha y se engalana con flores y frutos. (Sura Ha-Mim as-Sajda: 39)
Así, la tierra muerta y desolada cobra nueva vida ante nuestros ojos.
La escena del Infierno: este es el Infierno. ¿Qué clase de Infierno? Un lugar destructivo y de inmenso tormento, del que nadie puede escapar con vida. Allí ni siquiera se podrá realizar movimiento alguno; aquellos que en la tierra eran llamados hacia la guía, pero le daban la espalda. Lo asombroso es que ahora, apenas sean llamados hacia el Infierno, acudirán y se presentarán. Este es el Infierno que, al ver a los criminales, hervirá de ira y continuará rugiendo y bramando terriblemente. Los siguientes versículos revelan parcialmente esa escena:
(Árabe***********)
Ese día preguntaré al Infierno: «¿Te has llenado?». Responderá: «¿Hay más?» (sura Qaf: 30)
(Árabe**********)
Cuando el Infierno los vea desde lejos, oirán sus rugidos y bramidos. (sura Al-Furqan: 12)
(Árabe************)
Cuando sean arrojados allí, oirán su furioso rugido. El Infierno casi estallará de ira. (sura Al-Mulk: 7-8)
(Árabe************)
¡No! Ciertamente, es un fuego llameante que abrasa la piel. Llamará a quien dio la espalda a la verdad y se apartó, y acumuló riquezas y las guardó.
La condición de la sombra bajo la cual los criminales buscarán refugio es la siguiente:
(Árabe*******)
La sombra de una columna de humo, que no es fresca ni reconfortante. (Sura al-Wáqi‘a: 43-44)
En esa sombra, los habitantes del Infierno se quedarán sin aliento y se sentirán desorientados. Esa sombra no será fresca ni reconfortante para ellos. Ni siquiera tendrá un aspecto hermoso.
Y observen el movimiento del aire cargado de agua de lluvia:
(Árabe**********)
Hago circular vientos cargados de agua y hago descender la lluvia desde el cielo. (Sura al-Hiyr: 22)
Se ha dado vida al aire al llamarlo (***) (preñado de lluvia). Parece que el aire queda preñado de agua y, al hacer descender la lluvia, queda liberado de su embarazo.
También se ha dicho:
(Árabe**********)
Cuando la ira de Moisés se calmó, recogió las tablas.
(Árabe**********)
Después, cuando el temor de Abraham se hubo disipado y recibió la buena noticia, comenzó a discutir conmigo acerca del pueblo de Lot.
Observen que en los dos versículos anteriores se habla de que (***) (la ira) adquiere intensidad y disminuye, de que (***) (el miedo) se disipa, y de que (***) (la buena noticia) va y viene. Parece que son seres vivos, en los que se percibe un hálito de vida.
2. Otra forma del takhyil o imaginación consiste en que una imagen dinámica se presenta ante nosotros. A través de ella se expresa un estado o un significado determinado. Por ejemplo, la imagen de la persona que adora a Allah manteniéndose en una posición marginal: si su situación marcha bien, se siente satisfecha, pero si se ve sumergida en una prueba, se aparta del islam. O la imagen de los musulmanes antes de aceptar el islam, que se encontraban al borde de un foso de fuego. O el ejemplo de la persona que establece los cimientos de su casa al borde de un foso que la arrojará, junto con el edificio, al fuego del Infierno. Todas estas son imágenes llenas de vitalidad y movimiento. La última imagen ha alcanzado la cumbre de la perfección, sobre la cual hablé en el capítulo «La imagen artística».
La imagen de un camello robusto intentando pasar por el ojo de una aguja es otro ejemplo del takhyil. Se menciona a propósito de los incrédulos, quienes no serán perdonados bajo ninguna circunstancia ni podrán entrar en el Paraíso. Ante un ejemplo dinámico de semejante castigo, la capacidad de pensar queda estupefacta. Pues, mientras el pensamiento permanezca sometido a él, su movimiento no puede alcanzar la plenitud, y ni siquiera puede permanecer mucho tiempo después de adquirir una forma corpórea. Se proclama:
(Árabe**********)
Di: Si el agua del mar fuera tinta para escribir las palabras de mi Señor, se agotaría antes de que se agotaran las palabras de mi Señor, aunque añadiéramos otro mar igual. (Sura Al-Kahf: 109)
La imagen siempre dinámica que, al recitar este versículo, ocupa el mundo del pensamiento es la siguiente: se escribe la alabanza de Allah con el agua del mar, pero no llega a terminarse. No se podrá terminar. Es una imagen dinámica e incesante. El agua del mar se agota, pero no se logra terminar de escribir la alabanza de Allah. Así es como esta dinámica alcanza su plenitud.
La imagen que se forma en la mente a partir de los versículos siguientes también coincide con la imagen mencionada anteriormente.
(Árabe**********)
Luego, quien sea alejado del Infierno y admitido en el Paraíso habrá triunfado. (Sura Al Imran: 185)
(Árabe**********)
Una vida tan larga no podrá protegerlos del castigo. (Sura Al-Baqarah: 96)
En este versículo, la sensación de dinamismo se percibe desde la propia palabra (***) y se manifiesta en la imaginación como una imagen en movimiento. Es un asunto importante que podremos comprender con claridad al avanzar un poco más.
De esta dinámica emerge, a los ojos de la imaginación, la imagen de alguien de pie al borde de un hoyo de fuego, cuyas llamas ardientes se alzan ante él.
3. Otro tipo de takhyīl o imaginación consiste en crear movimiento en la imaginación. Se produce en la persona mediante ciertas palabras. Por ejemplo:
(Árabe**********)
Me ocuparé de sus obras y luego las convertiré en polvo disperso. (Sura Al-Furqan: 23)
Ya hemos tratado en el capítulo «La imagen artística» que convertir las obras en partículas de polvo significa destruir sus obras. Es una imagen perceptible para los sentidos. Ahora analizaremos el significado de la palabra qaddimnā. Esta palabra indica que sus buenas obras serán presentadas ante ellos antes de ser destruidas. Si se eliminara de la frase la palabra qaddimnā, se rompería el hilo del pensamiento. Al mismo tiempo, desaparecería toda la belleza relacionada con dicha palabra, aunque el movimiento de las partículas de polvo continuara. El siguiente versículo también constituye un hermoso ejemplo.
(Árabe**********)
Di: «¿Invocaremos, aparte de Allah, aquello que no puede beneficiarnos ni perjudicarnos? ¿Acaso volveremos sobre nuestros pasos?». (Sura Al-An‘am: 71)
En este versículo, mediante esta expresión, se describe como perceptible para los sentidos la realidad abstracta de apartarse de la religión. Así se vuelve perceptible y se presenta ante nosotros. El siguiente versículo también ofrece un ejemplo de este tipo:
(Árabe**********)
Y no sigáis las huellas de Satanás; en verdad, él es vuestro enemigo manifiesto. (Sura al-Baqara: 168)
La intención era decir: «No sigáis a Satanás». Pero mediante las expresiones «no sigáis» y «huellas» se ha dibujado la imagen del desplazamiento de Satanás. Parece que Satanás marcha delante y que las personas —sus seguidores— avanzan detrás de él, siguiendo sus pisadas. Es una imagen extraordinaria. Satanás es una fuerza maligna que hizo que Adán, el padre de la humanidad (la paz sea con él), fuera expulsado del Paraíso. Aun así, las personas todavía lo siguen.
Hay otra aleya semejante:
(Árabe**********)
Cuéntales la historia de aquel a quien concedimos Nuestros signos, pero se apartó de ellos; entonces Satanás lo siguió y pasó a formar parte de los extraviados. (Sura al-Araf: 175)
Existe una ligera diferencia entre esta aleya y la anterior. En esta aleya, Satanás aparece siguiendo al extraviado. En la aleya anterior se prohíbe seguir a Satanás, mientras que aquí es el propio Satanás quien persigue.
La siguiente aleya también guarda relación con este tema:
(Árabe**********)
(Oh siervo) No sigas aquello de lo que no tienes conocimiento. (Sura al-Isra: 36)
Aquí el conocimiento se concibe como un objeto dotado de cuerpo.
4. Otro tipo de imagen consiste en que las escenas se suceden rápidamente, una tras otra, ante la vista. Ya hemos presentado ejemplos de este tipo. Es decir, la actividad de los politeístas, acerca de quienes se dice en el siguiente versículo.
(Árabe**********)
Quien asocia copartícipes a Allah es como quien se precipita desde el cielo. Luego, un ave que se alimenta de carroña lo arrebata de un picotazo, o el viento lo lleva y lo arroja a un lugar lejano. (Sura al-Hajj: 31)
En el siguiente versículo también hay una imagen semejante:
(Árabe**********)
Quien piense que Allah nunca ayudará a Su Mensajero en este mundo ni en el Más Allá, que extienda una cuerda hasta el cielo, luego la corte y vea si esta estratagema puede disipar su ira. (Sura Al-Hajj: 15)
En esta aleya se presenta una imagen extraordinaria. Quien alberga la mala sospecha de que Allah no ayudará a Su Profeta se causa innecesariamente una profunda aflicción. Quien no pueda tener paciencia en esta situación ni esté dispuesto a esperar que se cumpla la promesa de Allah, debería cambiar la situación y llevarla al resultado deseado. En realidad, del mismo modo que es imposible tender una cuerda hasta el cielo y subir por ella, también le resulta imposible cambiar la situación. Si tendiera una cuerda hasta el cielo, intentara subir por ella, fracasara, la rompiera y cayera al suelo, quizá entonces tendría la oportunidad de reflexionar un poco sobre ello.
En la aleya siguiente también se presenta una afirmación de este tipo:
(Árabe**********)
Y si su desdén te resulta penoso, busca un túnel en la tierra o coloca una escalera hacia el cielo y tráeles un signo, si puedes hacerlo. (Sura Al-An’am: 35)
El desdén que los incrédulos mostraban ante la invitación del Noble Mensajero (la paz y las bendiciones sean con él) le resultaba sumamente incómodo. Deseaba poder traerles y mostrarles algún milagro convincente; quizá así creerían y seguirían el camino recto. Esta aleya fue revelada dirigiéndose al propio Noble Profeta (la paz y las bendiciones sean con él). Por ello, teniendo en cuenta su honor y dignidad, se llama su atención con un lenguaje sumamente decoroso y refinado, acompañado de un sutil sentido del humor. Es un excelente ejemplo de imagen imaginaria, en el que la belleza artística está presente en toda su plenitud.
5. Otro estilo de la imaginación consiste en presentar los objetos inanimados como si estuvieran en movimiento. (Árabe**********)
En la vejez, la cabeza se ha vuelto blanca. (Sura Maryam: 4)
En esta aleya, las canas se comparan con un fuego ardiente. En la imaginación, las canas han sido llevadas a tal punto que parecen paja seca encendiéndose al contacto con la llama. Por eso se ha creado belleza en la aleya, como hemos explicado anteriormente.
Representación: En el capítulo anterior expusimos varios ejemplos de representación. Las expresiones comparativas se emplean para transformar su estado implícito en una forma determinada. Esto también está relacionado con el tajsim o la representación. A continuación presentamos algunos ejemplos.
(Árabe**********)
Las obras de quienes no creen en la esencia de su Señor son como cenizas sobre las que sopla un viento impetuoso en un día de tormenta de polvo. (Sura Ibrahim: 18)
(Árabe**********)
¡Oh, creyentes! No malogréis vuestras limosnas mencionando el favor y causando daño, como quien gasta sus bienes para ser visto por la gente y no cree en Allah ni en el Último Día. Su ejemplo es como el de una piedra lisa sobre la que había algo de tierra.
(Árabe**********)
El ejemplo de quienes gastan sus bienes por la causa de Allah, para obtener Su complacencia y fortalecer su propio espíritu, es como el de un jardín situado en una colina. (Sura Al-Baqara: 265)
(Árabe**********)
¿Acaso no has observado cómo Allah expone un ejemplo? La palabra pura es como un árbol: sus raíces son firmes y sus ramas se extienden por el cielo. Da frutos continuamente, con el permiso de su Señor. Allah expone ejemplos para la gente, a fin de que reflexionen; y el ejemplo de la palabra impura es el de un árbol impuro, arrancado de la superficie de la tierra, sin estabilidad alguna. (Sura Ibrahim: 24-16)
Debe tenerse presente que, según nosotros, no toda comparación con un objeto comprensible se denomina representación. Pues esto es algo demasiado general: cualquier asunto imperceptible se compara con algo perceptible. Para nosotros, la representación consiste en no hacer corpóreo y visible un asunto imperceptible únicamente mediante la comparación y el símil, sino en darle forma corporal y hacerlo visible por medio del propio acontecimiento. Por ejemplo:
(Árabe**********)
El día en que cada uno verá ante sus ojos lo que hizo de bien y también lo que hizo de mal, deseará que hubiera una gran distancia entre él y esas obras. (Sura Al Imrán: 30)
(Árabe**********)
Encontrarán sus obras realizadas presentadas ante ellos. Tu Señor no será injusto con nadie. (Sura Al Kahf: 49)
(Árabe**********)
Encontraréis junto a Alá las buenas obras que hayáis enviado por adelantado para vosotros mismos. (Sura Al-Baqara: 110)
De los ejemplos anteriores se comprende que las obras son algo invisible, sin forma ni apariencia. Sin embargo, ese día serán presentadas en una forma y apariencia comprensibles. Esto es lo que se denomina representación o tajsim. Parece que ese día las obras se presentarán ante la persona adoptando la forma de un ser humano. Asimismo, se comprende que, cuando se realizan obras en este mundo, estas quedan depositadas en poder de Alá, y que el Día de la Resurrección serán devueltas a Sus siervos después de recibir una forma.
Ese día, el pecado será transformado en una carga de enormes dimensiones. Se ha dicho:
Ese día llevarán sobre sus espaldas la carga de sus pecados. (Sura Al-An’am: 31)
Ese día nadie cargará con la carga de otro. (Sura Al-An’am: 164)
También en los siguientes versículos se expresan de forma concreta asuntos suprasensibles. Por ejemplo:
Y aprovisionaos; ciertamente, la mejor provisión es la taqwa. (Sura Al-Baqara: 197)
En este versículo, la taqwa ha sido denominada provisión.
(árabe**********) Hemos adoptado el color de Allah. ¿Quién puede tener un color mejor que el de Allah? (Al-Baqara: 138)
En esta aleya, la religión de Allah ha sido denominada «color».
(Árabe**********)
¡Oh creyentes! Entrad completamente en el islam.
En esta aleya, el islam ha sido presentado de tal forma que se puede entrar en él.
(Árabe**********)
Abandonad los pecados manifiestos y ocultos. (Al-An’am: 120)
En esta aleya, el pecado ha sido relacionado con lo manifiesto y lo oculto.
La estrechez, la aflicción y la adversidad, la preocupación, la tristeza y demás conceptos empleados en sentido metafórico son objetos abstractos e imperceptibles; sin embargo, los versículos siguientes los presentan de forma concreta:
(Árabe**********)
Y también a los otros tres que habían quedado atrás, hasta que la tierra, a pesar de su amplitud, se estrechó para ellos, su vida se volvió insoportable y comprendieron que no había refugio salvo Allah. (Sura At-Tawba: 118)
Se dice que la tierra se había estrechado para ellos. Esta estrechez se relaciona con la tierra. La estrechez y la aflicción son conceptos abstractos e imperceptibles, pero en este versículo se presentan de forma concreta. Se representa de manera tangible la situación de los compañeros que no participaron en la batalla junto al Noble Profeta (la paz sea con él). Al haberse quedado atrás, se sintieron tan avergonzados y arrepentidos, y estaban tan desolados, que no tenían ningún refugio. No sintieron alivio ni siquiera por un instante, hasta que su arrepentimiento fue aceptado ante Allah.
Otro versículo de este mismo tipo:
(Árabe**********)
Adviérteles del Día inminente, cuando las almas llegarán a las gargantas y estarán a punto de ahogarse. Los pecadores no tendrán ningún amigo ni intercesor cuya intercesión sea aceptada. (Sura Al-Mu’min: 18)
De este versículo parece desprenderse que, debido a la angustia, el alma se desplazará de su lugar original y llegará cerca de la garganta.
(Árabe**********)
Luego, cuando el alma de alguien llegue a la garganta y vosotros estéis mirando. (Sura al-Waqi‘a: 83-84)
De esta aleya se entiende que el espíritu es una entidad física que se mueve y llega hasta la garganta.
(Árabe**********)
Pero quienes se unen a un pueblo con el que tenéis un pacto, o quienes vienen a vosotros porque sus corazones se niegan a luchar contra vosotros y contra su propia gente. (Sura an-Nisa: 90)
Es decir, debido a esta angustia y a esta incertidumbre, se encuentran en una situación difícil y no pueden decidir si lucharán junto a ti contra su propia gente o si se unirán a su propia gente para luchar contra ti.
3. El Corán pretende describir los estados intelectuales y extrasensoriales de los incrédulos. Los incrédulos ciertamente escuchan el Corán, pero no pueden obtener ningún beneficio de él. Parece que ni siquiera lo hubieran escuchado. El Corán presenta ese asunto extrasensorial de tal manera que parece existir una barrera entre los incrédulos y el Corán que les impide seguir el camino del Corán. A continuación se presentan algunos ejemplos:
(Árabe**********)
Se les ha apartado de los lugares de escucha. (Sura ash-Shu‘ara: 22)
(Árabe**********)
He puesto velos sobre sus corazones para que no lo comprendan y he llenado de sordera sus oídos. (Sura al-An‘am: 25)
(Árabe**********)
¿Acaso no reflexionan sobre el Corán? ¿O es que sus corazones están cerrados con llave? (Sura Muhammad: 24)
(Árabe**********)
He colocado grilletes en sus cuellos hasta el mentón, de modo que sus cabezas han quedado erguidas. He puesto una barrera delante de ellos y otra detrás, y los he cubierto, por lo que no pueden ver. (Sura Ya-Sin: 8-9)
(Árabe**********)
Allah ha sellado sus corazones y sus oídos, y ha cubierto sus ojos con un velo. (Sura Al-Baqara: 7)
(Árabe**********)
Aquellos cuyos ojos están velados ante Mi recuerdo no son capaces de oír. (Sura Al-Kahf: 101)
La barrera suprasensible que impidió a los incrédulos acercarse al camino del Corán se ha manifestado ante nosotros. Parece ser una pared semejante. Así se ha empleado un estilo descriptivo de enorme impacto.
4. Muchas veces, la descripción de algo se realiza de manera sensible, pero el método descriptivo es tal que, desde el primer discurso, se perciben en ello las huellas de la fuerza y la plenitud. Por ejemplo: (Árabe**********)
El día en que el castigo los rodee desde encima de sus cabezas y desde debajo de sus pies. (Sura Al-Ankabut: 55)
Es decir, el castigo los rodeará por todos lados. La razón de decir «arriba y abajo» en lugar de «por los cuatro lados» es que esta expresión resulta más eficaz para causar impacto que la expresión «por los cuatro lados».
(Árabe**********)
Cuando se acercaron a vosotros desde las alturas y desde las tierras bajas. (Sura Al-Ahzab: 10)
(Árabe**********)
Si hubieran observado plenamente la Torá, el Evangelio y lo que les fue revelado por parte de su Señor, habrían podido comer de lo que estaba sobre ellos y de lo que estaba bajo sus pies. (Sura Al-Maida: 66)
(Árabe**********)
Sus rostros parecerán estar cubiertos con trozos de una noche oscura. (Sura Yunus: 27)
Parece que el color negro que adquirirán los rostros de los incrédulos no es la aplicación de ningún color, sino trozos de una noche negra con los que se han cubierto sus rostros.
5. Otro método de personificación o representación consiste en describir una realidad trascendente relacionándola con un objeto perceptible por los sentidos. Así, en este versículo el castigo se relaciona con lo fuerte, y en el versículo siguiente el día es descrito como pesado.
También detrás de ellos hay un castigo severo. (Sura Ibrahim: 17)
Ellos dejan atrás el día pesado. (Sura ad-Dahr: 27)
En el primer versículo, el castigo es calificado con un adjetivo que puede describirse como largo, ancho y grueso. En otras palabras, el término «duro» se aplica a la cosa misma.
En el segundo versículo, el día no se presenta como un período de tiempo, sino como un objeto denso, grueso y pesado.
6. Algunos ejemplos en los que lo suprasensible se describe relacionándolo con objetos perceptibles por los sentidos:
Allah no ha puesto dos corazones en el interior de ningún hombre. (Sura al-Ahzab: 4)
No seáis como aquella mujer que hila laboriosamente un hilo y luego lo desgarra en pedazos. (Sura an-Nahl: 92)
(Árabe**********)
Que nadie hable mal de otro en su ausencia. ¿Acaso alguno de vosotros querría comer la carne de su hermano muerto? (Sura al-Hujurat: 12)
En la primera aleya se explica que no es posible albergar en un mismo corazón dos cosas de naturaleza opuesta. En la segunda aleya se explica que prometer algo y luego quebrantar la promesa es una acción tan inútil como la de una anciana que hila un hilo y después lo deshace. En la tercera aleya se busca suscitar aversión hacia la murmuración. Se dice que quien murmura come, desgarrándolo poco a poco, la carne de su hermano muerto, porque se compara con un muerto a quien está ausente. Por tanto, hablar de los defectos de alguien en su ausencia no es simplemente hablar de sus defectos, sino como arrancarle la carne y comérsela a jirones.
7. El método de representación constituye un principio general. Así, se dice que en el Día del Juicio Final las obras recibirán una forma y serán pesadas. Se afirma:
Estableceré las balanzas de la justicia el Día de la Resurrección. (Sura Al-Anbiya: 47)
(Árabe**********)
Por tanto, quien tenga pesada su balanza llevará una vida feliz, y quien tenga ligera su balanza tendrá como morada Hawiya. (Sura Al-Qaria: 6-9)
(Árabe**********)
Si una obra tiene el peso de un grano de mostaza, también la presentaré, y Yo soy suficiente para llevar la cuenta. (Sura Al-Anbiya: 47)
No se les hará la menor injusticia, ni siquiera en la medida de un hilo. (Sura An-Nisa: 49)
No se les hará ninguna injusticia, ni siquiera en la medida de una mota. (Sura An-Nisá: 124)
En los versículos anteriores, las obras y la balanza han sido descritas como objetos corpóreos.
La combinación de imaginación y representación
A menudo, en un mismo versículo del Corán se produce una combinación de imaginación y representación. Entonces, el objeto suprasensible se separa de su origen. Se manifiesta como un objeto corpóreo y perceptible por los sentidos, y a ese objeto corpóreo también se le imprime un movimiento imaginario. Hay ejemplos de ello en los que ya hemos presentado. Sin embargo, queremos ofrecer algunos ejemplos nuevos de esta regla, para que tengamos ante nosotros varios ejemplos de cada regla. Se dice:
(Árabe**********)
Más bien, lanzamos la verdad contra la falsedad, y entonces destroza la cabeza de la verdad y la falsedad. (Sura Al-Anbiyá: 18)
Él infundió el miedo en sus corazones. (Sura Al-Ahzab: 26)
Infundí entre ellos enemistad hasta el Día de la Resurrección. (Sura Al-Má’ida: 64)
Después, Alá hizo descender, procedente de Él, la serenidad sobre Su Mensajero y los creyentes. (Sura At-Tawba: 26)
Inclínate ante ellos con humildad y mansedumbre. (Sura Bani Isra’il: 24)
Lean una y otra vez los versículos mencionados y reflexionen sobre ellos. En el primer versículo, parece que la verdad es una especie de bala de viento que, al caer sobre la falsedad, la hace añicos. En el segundo versículo, el temor se presenta como un objeto sólido que puede lanzarse desde lejos e introducirse en el corazón. Del tercer versículo parece desprenderse que el rencor y la enemistad son un objeto compacto que puede arrojarse entre dos grupos. Del cuarto versículo se entiende que el consuelo es una especie de objeto que pasaba sobre el Mensajero Noble —la paz sea con él— y los creyentes; y del quinto versículo parece que se han puesto brazos en lugar de la humildad y la mansedumbre, brazos que permanecen siempre inclinados ante ellos.
En todos los ejemplos anteriores se han reunido conjuntamente la imaginación y la representación. Esto se debe a que en ellos se han presentado cosas incorpóreas como si fueran corpóreas y se les ha dado un movimiento imaginario. Observen algunos ejemplos más.
(Árabe**********)
Sí, quien haya cometido un pecado y ese pecado lo haya rodeado. (Sura al-Baqara: 81)
(Árabe**********)
Sabed que ellos ya habían caído en la fitna y, sin duda, el Infierno rodea a esos incrédulos. (Sura At-Tawba: 49)
En la primera aleya, el pecado ha sido presentado como una materia sólida, y al mencionar nuevamente que está rodeado se ha indicado su dinamismo. La segunda aleya da la impresión de que la fitna es un pozo, y que los incrédulos han caído en él.
No mezcléis la verdad con la falsedad. (Sura Al-Baqara: 42)
Por tanto, proclama ante ellos la orden que has recibido de Allah. (Sura Al-Hiyr: 94)
De la primera aleya se entiende que la verdad y la falsedad son dos materias sólidas, una de las cuales cubre a la otra. El uso en la segunda aleya de la palabra «desgarrar» da la impresión de que la orden de Allah es una materia que puede ser desgarrada y mezclada con otra materia.
(Árabe**********)
Allah es el Protector de quienes han creído. Él los saca de las tinieblas hacia la luz. En cuanto a quienes incurren en la incredulidad, su protector es el Taghut: los saca de la luz y los conduce hacia las tinieblas. (Sura Al-Baqara: 257)
(Árabe**********)
Y quien rechace al Taghut y crea en Allah se habrá aferrado a un asidero que jamás se romperá. (Sura Al-Baqara: 256)
En el primer versículo, la guía se compara con la luz y el pecado con la oscuridad, y mediante la expresión «sacar» se intenta poner en movimiento el pensamiento. En el segundo versículo, la fe se compara con un objeto sólido que no teme romperse ni desgarrarse.
Puede decirse que, en los ejemplos mencionados, cuando lo suprasensible se separa de su origen y se presenta en una forma corpórea y dinámica, ese significado se hace tangible y absorbe por completo nuestro intelecto.
También en aquellos pasajes del Corán Sapientísimo donde se describen la esencia y los atributos de Allah, y donde el propósito se expresa con claridad, se dibuja una imagen corpórea siguiendo el mismo estilo. Por ejemplo:
La mano de Allah está sobre sus manos. (Sura al-Fath: 10)
Su Trono estaba entonces sobre el agua. (Sura Hud: 7)
Su escabel (poder) se extiende por los cielos y la tierra. (Sura al-Baqarah: 225)
Después se estableció sobre el Trono. (Sura al-A’raf: 54)
Luego dirigió Su atención hacia el cielo, que era una nube de humo. (Sura Fussilat: 11)
(Árabe**********)
El día de la Resurrección, toda la tierra estará en el puño de Su mano, y los cielos estarán plegados en Su mano derecha. (Sura az-Zumar: 67)
(Árabe**********)
¡Oh, Profeta! Cuando lanzabas los guijarros, no eras tú quien los lanzaba, sino que Allah los lanzaba. (Sura al-Anfal: 17)
Allah restringe y amplía. (Sura al-Baqarah: 245)
Y tu Señor y los ángeles vendrán, en filas ordenadas. (Sura al-Fayr: 22)
(Árabe**********)
Los judíos dicen: «La mano de Allah está atada». ¡Que sus propias manos queden atadas! ¡Que sean malditos por lo que dicen! Al contrario, Sus dos manos están extendidas. (Sura al-Ma’idah: 64)
(Árabe**********)
Cuando Allah dice: «¡Oh, Jesús! Completaré tu período de permanencia en este mundo y te elevaré hacia Mí». (Sura Āl ʿImrān: 55)
Eso era precisamente lo esencial, tal como hemos expuesto anteriormente. Sin embargo, discutir sobre el uso del lenguaje y de las frases, así como sobre su significado, se convirtió en una moda; por ello surgieron discrepancias incluso respecto de las palabras mencionadas. No obstante, aquí no había lugar para semejante disputa, pues en estas expresiones se ha adoptado un estilo de exposición propio del estilo general del Corán. Es decir, el significado esencial se ha presentado mediante los métodos del tajsīm y el tajyīl. Y este es un estilo en el que no hay ni torpeza ni desviación.
Capítulo quinto
La composición artística del Corán
Cuando decimos que, entre los recursos coránicos, el método de la representación ocupa el rango de principio fundamental o base, y que la imaginación y la plasmación constituyen los ejemplos más brillantes de la representación, la cuestión no termina ahí. El mero hecho de decir esto no basta para hacer justicia a la descripción de la singularidad del Corán, ni pone de manifiesto todas las características de su representación visual. En realidad, además de la representación, la imaginación y la plasmación, el Corán posee muchos otros aspectos ornamentales. Mientras no se penetre en ese bosque, puede hablarse de la composición artística del Corán, que desempeña un papel importante en la representación visual.
Tipos de composición artística
La composición artística tiene varios niveles. Hay ciertos aspectos artísticos y ornamentales de la composición que los especialistas han analizado. También hay otros aspectos en los que ni siquiera han dejado huella.
1. Un tipo de composición cuya relación está vinculada con la organización del discurso. Por ejemplo, disponer determinadas palabras apropiadas según un método específico, gracias a lo cual la frase alcanza el umbral de la perfección en expresión y refinamiento. Se ha escrito tanto sobre este tema que no es necesario añadir nada nuevo.
2. Otra relación de la composición es con la melodía y el ritmo, que se crean mediante la elección precisa de las palabras y su disposición de una manera particular. Este método se manifiesta plenamente en el Al-Qurán y está completamente integrado en sus fundamentos artísticos. Sin embargo, la mirada de los antiguos sabios no pudo avanzar más allá de la melodía y el ritmo externos. Incluso desconocían cuántos tonos, ritmos y compases existen en la música, así como de qué manera y dónde se emplean.
3. Uno de los aspectos retóricos de la composición del Al-Qurán que han llegado a conocer los expertos en retórica consiste en que el final de las aleyas o del discurso se ha formulado de acuerdo con el contenido expuesto. Por ejemplo, las aleyas en las que se describen la Esencia y los atributos de Allah Ta‘ala concluyen con una determinada expresión árabe. Asimismo, cuando se trata algún misterio oculto, el discurso concluye con otra expresión árabe. Otro método consiste en comenzar con un ism al-mawsul (pronombre relativo) y llevar la frase hacia la perfección sin mencionar después la silah (oración relativa o elemento conectivo), para luego exponer la jaza (consecuencia o retribución). Por ejemplo:
(Árabe**********)
A quienes desmintieron Nuestros signos y se apartaron de ellos con arrogancia no se les abrirán las puertas del cielo ni entrarán en el Paraíso hasta que el camello pase por el ojo de una aguja. (Sura Al-A‘raf: 40)
Del mismo modo, allí donde se trata la enseñanza y la formación se emplea la palabra «Rabb». Por ejemplo:
(Árabe**********)
Lee en el nombre de tu Rabb, Quien te creó. Creó al ser humano a partir de un coágulo. Lee; tu Rabb es el Más Generoso, Quien enseñó por medio de la pluma. Enseñó al ser humano lo que no sabía. (Sura Al-‘Alaq: 1-5)
Cuando se habla de la soberanía, el honor y la grandeza de Allah, se utiliza la palabra (**). Por ejemplo:
(Árabe**********)
Ciertamente, solo Allah posee el conocimiento de la Hora. Él hace descender la lluvia y sabe lo que hay en los vientres. (Sura Luqmán: 34)
Del mismo modo, la palabra (***) se emplea de diversas maneras según el lugar y el momento. A veces se menciona una sola vez la palabra Allah y en las aleyas siguientes se utilizan únicamente pronombres. En otros lugares aparece al principio de la frase, en otros al final, y en otros se emplean conjuntamente el nombre Allah y su pronombre. En muchos pasajes se utiliza para plantear una pregunta, y en muchos otros para una exposición afirmativa. Para numerosos eruditos de la retórica, esto se considera un ejemplo supremo de belleza retórica.
4. Existe una continuidad semántica entre los temas y los propósitos de las distintas aleyas del Corán. Asimismo, la relación que surge al pasar del propósito de una de ellas al propósito de otra constituye también un ejemplo de composición artística. Sin embargo, el Corán trasciende los principios que los especialistas en retórica formulan sobre la composición artística.
5. Probablemente, el nivel más elevado de composición artística que los especialistas en retórica han llegado a reconocer sea la composición natural del Corán, que se encuentra en la sucesión expositiva de ciertas aleyas. Por ejemplo, a propósito de la sura al-Fátiha, hemos citado en el capítulo «Investigación y exégesis del Corán» un texto escrito por el imán al-Zamakhshari. Las características que los especialistas en retórica han identificado siguen siendo proclamadas hasta hoy por los eruditos que estudian la elocuencia coránica como la mejor manifestación de la composición artística. Lo sorprendente es que tampoco alcanzaron el otro aspecto de dicha composición. Lo máximo que hicieron al avanzar fue intentar decir algo sobre la melodía y el ritmo del Corán. Quizá les pareció que el Corán ya no poseía ninguna otra característica. En realidad, esta es solo una de las numerosas características coránicas. Pero se contentaron con esto y se detuvieron ahí.
Esto se debe a que los eruditos de la elocuencia no comprendieron que la exposición presentada en el Corán mediante la representación y la plasmación de escenas constituye su esencia y fundamento. Por eso no pudieron arrojar suficiente luz sobre la cuestión de la composición artística. Este libro se ha escrito precisamente para presentar nuestras nuevas reflexiones e investigaciones al respecto. No es nuestro propósito disputar ni polemizar sobre cuestiones antiguas. Queremos intentar comprender desde una nueva perspectiva todo lo que se ha escrito sobre el aspecto retórico del Corán y continuar avanzando más allá del punto en el que se detuvieron nuestros predecesores, pues queda mucho espacio para ello. En este sentido, consideramos suficientes los ejemplos que tratamos al comienzo, en la explicación de la «sura al-‘Alaq» y en el capítulo «La fuente del poder cautivador del Corán». Estos ejemplos muestran que existe una amplia oportunidad para abordar desde una nueva perspectiva la conexión entre las ideas y el proceso de composición externa en el Corán.
Solo queremos señalar que entre los acontecimientos narrados en el Corán y los diversos lugares relacionados con ellos existe un vínculo espiritual invisible. Al mismo tiempo, el Corán presta atención a los propósitos religiosos, los temas y los aspectos artísticos de esos acontecimientos. Se presentarán ejemplos de este tipo de correspondencia bajo el título «Tema: los acontecimientos narrados en el Corán». También se encuentra una correspondencia semejante en las escenas de la Resurrección, en las escenas de la paz y del castigo, y en las escenas de los diálogos entre los habitantes del Paraíso y los habitantes del Infierno, tal como ocurre en los acontecimientos narrados en el Corán. Al exponer todos estos asuntos, se ha tenido en cuenta una continuidad o conexión. Sin embargo, no se ha abordado directamente el propósito principal por el cual se presenta cada uno de esos acontecimientos.
En esencia, el significado, el sentido, el propósito y el objetivo del Noble Corán son sumamente sutiles, profundos, significativos y elevados. Sin embargo, la belleza profunda de la descripción y explicación coránicas es mucho más amplia que su representación visual. No nos es posible abandonar el camino sencillo y llano de la exposición, avanzar y llevar de un solo golpe la marcha de la pluma hasta la cumbre más elevada de ese contenido. Por ello, avanzaremos paso a paso e intentaremos ascender hasta esa cumbre.
[5.1] En el Noble Corán hay ciertos pasajes en los que el mensaje se presenta mediante el método de la representación visual; en ellos se encuentra una completa correspondencia entre el mensaje y la situación. Así, este estilo de descripción sensible, o el significado lexicográfico, resulta útil para completar los rasgos de la imagen. Este es un punto de inflexión que establece, en la descripción, un vínculo entre la explicación y la imagen, y desde el cual se separan los caminos de la descripción ligera y de la elevada técnica compositiva. Así, en la aleya siguiente se dice:
(Árabe**********)
Sin duda, ante Allah, las peores de todas las criaturas son los sordos y mudos que no comprenden. (Sura al-Anfal: 22)
La palabra (****) se utiliza normalmente para los animales. Sin embargo, en muchas ocasiones esta palabra también se emplea para referirse a los seres humanos. Esto se debe a que la palabra (****) designa a todos los seres que se desplazan sobre la superficie terrestre; puesto que el ser humano también se desplaza sobre ella, la palabra puede aplicarse asimismo a las personas. Pero la razón no obliga a aceptar la palabra (***) en el sentido de «ser humano»; eso es contrario a lo habitual. Aquí, al utilizar la palabra (***) para los seres humanos, se indica que en su carácter y conducta se manifiesta una actitud animal, lo cual constituye un obstáculo en su camino hacia la guía. Así se completa la imagen de su negligencia y animalidad. La expresión (***) («no comprenden») lo deja aún más claro.
En otra aleya se dice:
(Árabe**********)
Y quienes son incrédulos se entregan al disfrute y comen como comen los animales cuadrúpedos; su morada será el Infierno. (Sura Muhammad: 12)
En esta aleya se traza una magnífica imagen al comparar a los infieles con los animales. Pues, durante los pocos días que pasan en este mundo, se divierten enormemente y procuran disfrutar de sus colores y entretenimientos de diversas maneras. Sin embargo, permanecen completamente despreocupados de la pena del Más Allá que les espera; una actitud que solo corresponde a los animales. Estos permanecen ocupados comiendo, bebiendo y divirtiéndose, sin pensar siquiera una vez que el cuchillo del carnicero los está esperando. Parece que su única ocupación consiste en comer, beber y divertirse.
Veamos otro ejemplo:
(Árabe**********)
Vuestras mujeres son como un campo de cultivo para vosotros. Id, pues, a vuestro campo como queráis. (Sura al-Baqara: 223)
En esta aleya se encuentran varios tipos de correspondencias, ocultas y manifiestas. Aquí se presenta la relación sensible entre el marido y la esposa de una manera sumamente sutil y atractiva. La comparación más llamativa es la de la relación entre el marido y la esposa con un agricultor y su tierra. Así como la tierra es el campo donde se producen los cultivos, la esposa es también el campo donde se engendran los hijos. Del mismo modo que el granero se llena con la cosecha de la tierra, mediante los hijos engendrados por la esposa se conduce el linaje hacia su plenitud. Con unas pocas palabras se han expresado de manera correcta y hermosa todo el propósito y el objetivo.
[5.2] Muchas veces, una sola palabra —no una oración completa— no solo lleva en sí la señal de una realización parcial de la imagen, sino que hace resplandecer la imagen completa. En el método de la representación pictórica, esta correspondencia es más intensa que la anterior. Está casi cerca de la plenitud. Su importancia se debe a que una sola palabra, sin una oración completa, es capaz de hacer aparecer una imagen. En cuanto esa palabra llega al oído, una imagen completa surge en el espejo de la mente.
(Árabe**********)
¡Oh, creyentes! ¿Qué os sucede que, cuando se os dice que salgáis por la causa de Allah, os aferráis a la tierra? (Sura at-Tawba: 38)
Al leer este versículo, cuando la palabra (***) llega al oído, aparece de inmediato en el mundo del pensamiento la imagen de un objeto pesado. Parece que una persona intenta una y otra vez levantar algún objeto pesado, pero no puede hacerlo debido a su peso. Parece que la palabra pesa varias toneladas. Si en el versículo se hubiera dicho (***) —aunque en realidad el significado de ambas palabras es el mismo—, no habría transmitido un peso tan grande como la palabra anterior. El propósito se habría frustrado. Sin embargo, la palabra utilizada ha sido aplicada con tanta precisión que, apenas la escucha, ante los ojos de la imaginación del oyente aparece la imagen de una carga pesada y difícil de soportar.
Otro versículo de este tipo es:
(Árabe**********)
Y entre vosotros hay algunos que se rezagarán deliberadamente. (Sura An-Nisa: 72)
Tan pronto como se lee este versículo, se forma una idea del retraso; especialmente al leer o escuchar la palabra (***), aparece ante los ojos una imagen. Es la de sus lenguas paralizándose al intentar pronunciar esas palabras. Con gran dificultad y después de mucho retraso, llegan finalmente al final.
En el Al-Corán, las palabras del profeta Noé (la paz sea con él) se presentan de la siguiente manera:
(Árabe**********)
(Noé dijo:) ¡Oh, pueblo mío! Mira: si me baso en una prueba clara procedente de mi Señor, y Él me ha concedido una misericordia de Su parte, pero aun así esta no resulta visible para vosotros, ¿podría imponérosla contra vuestra voluntad? (Sura Hud: 28)
En cuanto se recita en esta aleya la palabra en cuestión, en el espejo de la mente aparece una imagen de aversión y de insistencia. Toda su conciencia y su capacidad de expresión quedan tan estrechamente entrelazadas como cuando una persona que detesta algo trata con aquello que aborrece. La estrecha relación que se manifiesta en esta aleya entre la palabra y el significado constituye una de las aplicaciones más contundentes de la balāgha y la fasāha, consideradas por los exegetas antiguos y contemporáneos una de las características distintivas del Corán.
En otro lugar se ha dicho:
(Árabe**********)
Y para quienes son infieles está el fuego del Infierno. No se decretará que mueran, ni se les aliviará el castigo. Así castigamos a los desagradecidos. Allí clamarán: «¡Señor nuestro! Sácanos de aquí; obraremos rectamente y no volveremos a hacer lo que hacíamos antes». (Sura Fátir: 36-37)
Al escuchar en esta aleya la palabra en cuestión, parece que los habitantes del Infierno están lanzando gritos, cuyo sonido resuena y reverbera por todas partes. Al mismo tiempo aparece otra imagen: nadie escucha sus desgarradores gritos ni se acerca para remediar su situación, a causa de esos gritos desesperados. Esta imagen permite comprender cuán terrible es la intensidad del castigo.
Cuando una sola palabra hace aflorar todo el significado de una frase, alcanza la culminación de la elocuencia y de la composición artística. Por ejemplo:
De carácter áspero y, además, de mala reputación. (Sura al-Qalam: 13)
En esta aleya, la palabra en cuestión basta para plasmar por completo la imagen de un carácter áspero y de una crueldad despiadada.
Otro noble versículo de este tipo:
(**********) Pero una vida tan larga no podrá salvarlos del castigo. (Sura al-Baqara: 96)
En este versículo, el sujeto de (****) es (***) y ha plasmado una imagen completa y vívida. En cuanto se pronuncian esas palabras, la imagen aparece ante los ojos.
El versículo siguiente también constituye un excelente ejemplo:
(Árabe**********)
Después, ellos y los extraviados —es decir, los ídolos y los idólatras— serán arrojados boca abajo al Infierno, junto con todos los ejércitos de Iblís. (Sura ash-Shu‘ara: 94-95)
En este versículo, la palabra (****) representa el sonido de la caída en el Infierno.
Cabe señalar que, en los dos versículos, el significado literal de las dos palabras (***) y ((***)) hace que toda la imagen se manifieste ante los ojos. No se trata de que el uso particular que hace el Corán les confiera este tipo de significado. En realidad, las palabras que acabamos de mencionar aparecen en un contexto coránico específico y solo una vez. Sin duda, puede afirmarse que el lugar en el que se emplearon dichas palabras constituye una de las mejores descripciones entre las expresiones retóricas.
Entre los diversos sinónimos descriptivos del Día de la Resurrección empleados en el Noble Corán se encuentran también (****) (la ensordecedora) y (***) (la que se extiende sobre todas las cosas). En la palabra (***) se perciben tal grado de estruendo y aspereza que, al oírla, parece que sus rugidos fueran a desgarrar los oídos. Esta palabra atraviesa el aire, llega al conducto auditivo, lo golpea y ensordece. Del mismo modo, la palabra (****) parece indicar algo que se mueve a gran velocidad: cubre todo a la velocidad de una tormenta y lo devora. Hay otro versículo semejante:
(আরবী**********) Juro por la mañana, cuando respira —es decir, cuando resplandece—. (Sura At-Takwir: 18)
Me quedé asombrado al contemplar una elección de palabras tan sutil y hermosa como (***) y al pensar en sus sinónimos alternativos. También ustedes se maravillarán ante la inimitabilidad del Corán y se verán obligados a reconocer que la belleza y la inimitabilidad del Noble Corán aumentan gracias a la elección de la palabra adecuada en el lugar adecuado. En otro lugar se dice:
(Árabe**********)
Cuando Él extendió sobre vosotros, de Su parte, el manto del sueño para daros sosiego. (Sura Al-Anfal: 11)
En este versículo, el sueño se expresa mediante la palabra (****) (somnolencia), con lo que se comunica la intensidad de su efecto. Parece que el sueño es una especie de manto fino y delicado que cubre con gran comodidad y suavidad. La palabra (***) transmite la impresión de que la tranquilidad y la seguridad se extienden por todo el mundo.
También encontramos una representación mediante las palabras y la pronunciación en la última sura del Noble Corán, la sura An-Nas. Piénsenlo:
(Árabe**********)
Di: «Busco refugio en el Señor de la humanidad; en el verdadero Rey de la humanidad; en el Dios de la humanidad; contra el mal susurro de Satanás, que se retira al oír el nombre de Allah y que susurra en los corazones de la gente, ya sea de entre los hombres o de entre los yinn». (Sura An-Nas: 1-6)
Recite esta sura una y otra vez y observe cómo su voz producirá un susurro perfectamente articulado, exactamente igual al susurro descrito en la sura. Esto se percibe especialmente al recitar los siguientes versículos.
(Árabe**********)
Veamos otro ejemplo. Se dice:
(Árabe**********)
¡Qué terrible es lo que dicen sus bocas! No dicen sino una mentira. (Sura Al-Kahf: 5)
Este versículo también guarda relación con el tema tratado, aunque existe una ligera diferencia. En él se menciona la abominable afirmación de que Allah tiene un hijo. Esta mentira extrema es refutada por todos los medios posibles. Primero, mediante la expresión cuyo sujeto se mantiene oculto. Luego, al emplear el término como tamyiz y en forma indefinida, se intensifica su grado de vileza. Después, se da a entender que esas palabras salieron de la boca involuntariamente y por ignorancia. Se conserva asimismo el rechazo y la bajeza que suscita dicha expresión. Al pronunciarla, la boca se abre ligeramente, pero vuelve a cerrarse en cuanto se articula la mīm final. Sin embargo, en ese momento el aire que sale de la garganta todavía llena la boca.
Existe un tipo de palabra que representa adecuadamente su contenido, pero no haciendo penetrar en el oído su propia expresión y sonido. El alcance de su imagen se limita a esa especie de sombra que se forma en el mundo del pensamiento. Cabe señalar que las palabras y el habla poseen su propia sombra o reflejo, que se hace visible cuando la mirada humana se posa sobre ellos. El siguiente versículo ofrece un ejemplo de ello:
(Árabe**********)
Cuéntales la historia de aquel a quien concedí Mis signos, pero que se apartó de ellos y se despojó de ellos. (Sura Al-A‘raf: 175)
En esta aleya, la palabra «fan salakha» permite comprender cómo aquel hombre se despojó de los signos que le habían sido concedidos. La siguiente aleya constituye también otro excelente ejemplo:
Después, al amanecer, entró en la ciudad temeroso y preocupado. (Sura Al-Qasas: 18)
En esta aleya, la palabra hace surgir la imagen del temor y la inquietud del honorable Moisés (la paz sea con él). Al mismo tiempo, debemos tener presente que el honorable Moisés (la paz sea con él) consideró como lugar donde se manifestaba el miedo «fil madīnati», es decir, la ciudad, que normalmente es un lugar de paz y seguridad. Aunque «yattarrāqabu» se aplica a aquellos lugares donde se oculta el miedo y el temor, aquí un lugar de paz y seguridad ha sido presentado bajo una imagen aterradora.
Ya presentamos ejemplos de este tipo en el capítulo «Imaginación y representación»; también guardan plena coherencia con esto.
A veces, el sonido y el efecto se reúnen en una misma palabra. Por ejemplo:
El día en que sean empujados hacia el fuego del Infierno. (Sura At-Tur: 13)
En este versículo, la palabra crea, junto con su sonido y su efecto, una imagen de su significado. Lo que debe señalarse aquí es que dicha palabra significa empujar con fuerza. Cuando se empuja a alguien con mucha fuerza, de su boca sale involuntariamente un sonido de «¡oh!». Este sonido guarda una gran armonía con la palabra en cuestión. Observe también el siguiente versículo:
Tómalo y arrástralo hasta el centro de Ŷahannam. (Sura ad-Duján: 47)
Apenas el sonido de la palabra entra en el oído, provoca una conmoción en el mundo de las ideas y una imagen viva aparece ante los ojos.
En este capítulo podemos mencionar aquellas palabras de las que dijimos que su sonido mismo dirige la atención hacia su significado literal, como «somnolencia», «inhalar» y «Resurrección». Estas palabras producen, junto con su sonido, también una imagen. Sin embargo, es sumamente difícil determinar los límites de la sutil diferencia existente entre su sonido y la imagen que evocan. Cuando una palabra dibuja la imagen de su significado y de su sentido, su sonido y su significado se unen. Esto no se dirige únicamente hacia el significado, sino también hacia el pensamiento y la imagen. Y ese es precisamente nuestro objetivo.
[5.3] Entre los métodos de representación que el Corán emplea para exponer su mensaje se encuentra también el tāqābul o contraposición. Cuando el Corán desea dibujar una imagen sutil mediante las palabras, suele seguir el método de la contraposición. Por ejemplo:
(Árabe**********)
Y entre Sus signos está la creación de los cielos y de la tierra y de los seres vivos que ha diseminado entre ambos. Él es capaz de reunirlos cuando quiere. (Sura ash-Shura: 29)
En este versículo, las dos palabras que significan «dispersar» y «reunir» representan el tāqābul o la contraposición. Al emplear juntas en el mismo versículo estas dos palabras opuestas, se ha trazado una imagen completa que aparece sucesivamente, como una serie de imágenes, en el mundo del pensamiento. Aunque las dos palabras tienen significados opuestos, encajan armoniosamente.
En el siguiente versículo se presentan juntas dos imágenes contrapuestas: la vida y la muerte.
(Árabe**********)
¿Acaso esto no les ha abierto los ojos? Antes de ellos destruí a muchas comunidades, entre cuyas moradas ellos ahora andan. Ciertamente, en ello hay signos. ¿Es que no escuchan? ¿Acaso no observan que hago fluir el agua hacia la tierra árida y con ella hago brotar los cultivos de los que comen ellos y sus animales? ¿Por qué no prestan atención a este asunto? (Sura As-Sajdah: 26-27)
Observen cuán grande es la diferencia entre la vida y la muerte en este versículo. Primero se habla de aquellas personas que un día caminaban sobre la tierra. Hoy están muertas y han sido destruidas. Su morada ha quedado desolada. Luego, en un abrir y cerrar de ojos, aparece una imagen completamente distinta: la imagen de la tierra muerta que se vuelve verde, frondosa y hermosa. Aquí, el takābul, o contraste, no se establece principalmente entre un estado y otro, sino entre la vida y la muerte.
Este tipo de imágenes de takābul (contraste) aparece abundantemente en los pasajes que hablan de la paz y el castigo de la vida del Más Allá. A continuación presentamos algunos ejemplos de este tipo.
(Árabe**********)
¡No es así! Cuando la tierra sea pulverizada y tu Señor aparezca, los ángeles se pongan en filas y se haga comparecer al Infierno, ese día el ser humano recordará. Pero ¿de qué le servirá entonces ese recuerdo? Dirá: «¡Ay de mí! ¡Ojalá hubiera enviado algo por adelantado para esta vida!». Ese día nadie infligirá un castigo como el Suyo, ni nadie sujetará con cadenas como las Suyas. (Sura Al-Fajr: 30)
Incluso en una situación tan aterradora, al creyente se le dirigirá un llamado lleno de ternura y afecto: «¡Oh alma serena! Regresa hacia tu Señor». En este regreso se encuentra la prueba del profundo amor y la satisfacción entre ese siervo y su Señor; es decir, ambos muestran amor el uno por el otro. Los indicios de amor y afecto presentes en estas palabras hacen pensar que todo el ambiente está unido por lazos de cariño. Luego se dice: «Establece vínculos con Mis siervos escogidos y entabla amistad con ellos. Luego entra en Mi Paraíso». La descripción del Infierno había envuelto todo el ambiente en una imagen de temor y angustia. Aquí encontramos una imagen completamente opuesta, llena de amor y afecto.
El ejemplo anterior presentaba una imagen de contraste entre el incrédulo y el creyente. Ahora presento una imagen de contraste entre el castigo de los moradores del Infierno y las bendiciones de los moradores del Paraíso.
(Árabe**********)
¿Te ha llegado la noticia del Día de la Resurrección que lo envuelve todo? Muchos rostros ese día estarán humillados, afligidos y exhaustos. Caerán en un fuego ardiente. Se les dará de beber de una fuente hirviente, y no tendrán alimento sino una planta espinosa. Esta no nutrirá sus cuerpos ni saciará su hambre. Pero muchos rostros ese día estarán radiantes, satisfechos por sus obras. Estarán en un Paraíso elevado. Allí no oirán conversaciones vanas. Allí habrá una fuente fluyente, lechos elevados y suntuosos, copas dispuestas, alfombras alineadas y tapices extendidos.
Los versículos anteriores presentan una bella imagen de contraste entre el castigo y las bendiciones. En el Corán abundan ejemplos de este tipo.
Los ejemplos anteriores eran dos imágenes de contraste. Pero ahora presentaremos algunos ejemplos que también son contrastantes, aunque uno pertenece al pasado y el otro al presente. Se ha trazado una imagen de contraste entre dos estados, trayendo imaginariamente el pasado al presente. Por ejemplo:
(Árabe**********)
Él creó al ser humano a partir de una gota de esperma; sin embargo, este es un disputador declarado. (Sura an-Nahl: 4)
El estado que actualmente tenemos ante nosotros es el de una persona abiertamente pendenciera, pero en el pasado no era más que una insignificante gota de esperma. Aquí se pretende mostrar la enorme distancia entre estos dos estados. Por ello se ha omitido el estado intermedio entre ambos. Así, puede expresarse de este modo: si este fue el comienzo del ser humano, no le corresponde disputar. Otro ejemplo similar:
(Árabe**********)
Deja en Mis manos a los desmentidores poseedores de riquezas y concédeles un breve plazo. Ciertamente, tengo cadenas, un fuego abrasador, un alimento que se atasca en la garganta y un castigo doloroso. (Sura Al-Muzzammil: 11-13)
También aquí se observa un contraste entre dos estados. Uno de ellos está presente actualmente: la arrogancia por la riqueza y la opulencia. El otro está ausente en el presente y limitado únicamente al reino de la imaginación; en la realidad no tiene existencia. Este ejemplo revela una importancia tanto artística como religiosa. Consideren los siguientes versículos:
(Árabe**********)
¡Ay de todo difamador y calumniador, que acumula riquezas y las cuenta una y otra vez! Piensa que sus riquezas permanecerán con él para siempre. ¡No! Ciertamente será arrojado al Hutamah. ¿Y qué te hará saber qué es el Hutamah? Es el fuego encendido de Allah, que llegará hasta los corazones. Serán atados a él mediante largas columnas. (Sura Al-Humazah: 1-9)
En esta sura se describen dos estados opuestos: uno es el estado en este mundo y el otro, el del Más Allá. Hay personas arrogantes y altivas que, embriagadas por la riqueza mundana, han olvidado el Más Allá y se entregan a las diversiones y los placeres de este mundo. Pero en el otro extremo del camino que recorren les espera el Infierno: un Infierno que aplasta todo y cuyo fuego llega hasta los corazones, esos corazones que hoy están enloquecidos de orgullo y arrogancia. Allí serán atados estrechamente de tal manera que no podrán salir por voluntad propia, ni nadie más será capaz de liberarlos.
En el siguiente versículo se dice:
(Árabe*********)
Los compañeros de la izquierda —¡ay de los compañeros de la izquierda!—. ¿En qué tormento estarán los compañeros de la izquierda? Estarán entre un vapor ardiente y agua hirviente, a la sombra de una humareda que no será fresca ni agradable. Antes vivían en el lujo. (Sura Al-Waqi‘a: 41-45)
Aquí se presentan frente a frente dos estados. Uno es el estado actual de los habitantes del Infierno: vapor caliente, agua caliente y la sombra del humo, que no es más que una sombra de nombre. Este estado penoso se presenta frente a su estado anterior, es decir, el bienestar y el confort.
Hay una sutil reflexión entre el estado descrito anteriormente y los demás estados relacionados con él. Las personas mencionadas en esta aleya están plenamente vivas y recorren el mundo. Todos los placeres y comodidades mundanos están bajo su dominio; este estado existe en el presente. En cuanto al sufrimiento que les espera en la Otra Vida, eso pertenece al futuro. Sin embargo, el Corán ha situado ese estado futuro ante ellos como si fuera presente. El lector imagina que, después de haber concluido sus asuntos mundanos, ya han entrado en el estado que se les ha preparado. Todo el placer y disfrute que dejaron atrás ha terminado. Se encuentran frente a un tormento intenso. En esa situación se les recuerda su pasado, aquel tiempo de felicidad.
Podría parecer una manera de pensar extraña. Pero ¿y qué? El Corán presenta su discurso de este modo en muchos lugares. Esta descripción coránica posee un atractivo tanto artístico como religioso. El investigador del arte considera que no se trata simplemente de proyectar una comparación, sino de un acontecimiento que ha trascendido los límites de la percepción y la comprensión y que sucede ante los ojos, mientras está ocurriendo.
La percepción de los investigadores religiosos es que se debe tener una convicción tan firme (yaqīn) en los acontecimientos que ocurrirán en el Infierno, como si estuvieran sucediendo ahora mismo. Esto está relacionado con la percepción. Y esta convicción firme prepara a la persona para aceptar la invitación a la fe.
La siguiente aleya también está relacionada con el ejemplo anterior.
(Árabe*********)
¡Agárrenlo y arrástrenlo hasta el Infierno! Luego viertan sobre su cabeza el tormento del agua hirviente. ¡Ahora prueba! Tú eres, ciertamente, el honorable y distinguido. (Sura Ad-Duján: 47-49)
El siguiente versículo también presenta una imagen de carácter opuesto:
(Árabe*********)
¡No! Cuando el alma llegue a la garganta y se diga: «¿Quién practicará la ruqyah?». Y él piense que ha llegado el momento de la partida, y una pierna se entrelace con la otra. Ese día todo será llevado ante tu Señor. No creyó ni rezó; por el contrario, lo consideró una mentira y volvió la espalda. Luego regresó a su familia con arrogancia. (Sura Al-Qiyamah: 26-33)
En estos versículos se mencionan imágenes contrastantes de dos estados. Primero, lo que quedó atrás en el pasado. Parece como si todo el universo, con toda su belleza, se hubiera marchitado y perdido su esplendor. Hubo un tiempo en que el difunto no rezaba ni aceptaba la verdad del Corán. Un estado —es decir, el momento de la muerte— se presenta ante sus ojos, mientras él permanece indiferente. Ha llegado el momento de la muerte, y está tan aturdido por el miedo que sus dos piernas tiemblan violentamente. El alma le ha llegado hasta la garganta, y alguien pregunta: «¿No hay ningún practicante de la ruqyah que pueda salvarlo de esta calamidad?», como se recurre a la ruqyah para liberarse de la posesión de genios y espíritus.
El moribundo piensa: «Hoy es el día en que seré separado de mi familia». Los recuerdos de los días pasados flotan ante los ojos de su corazón. Se le presentan las dos escenas: haber vuelto con arrogancia la espalda a la invitación del Noble Profeta (la paz sea con él) y haber regresado junto a los suyos, considerando falsa su invitación. Ambas imágenes aparecen ante sus ojos, pero de ello no obtendrá ningún beneficio. Pues sus piernas ya están entrelazadas. Ya no queda tiempo. Ahora comienza el viaje de regreso hacia el Señor.
Capítulo sexto
La melodía y el ritmo en el Corán
Quiero echar una breve mirada a lo que otros autores han tratado sobre la rima y la semejanza entre las palabras del Corán, y luego abordar ese aspecto de la disposición artística del Corán que aún no ha sido tratado en detalle y que también está relacionado con el tema de este libro, especialmente la semejanza de su pronunciación.
Ya he insinuado anteriormente que el Noble Corán posee melodía y ritmo (semejanza en la pronunciación de las palabras), y que estos tienen diversas clases y formas que contribuyen a la exposición de su mensaje. Puesto que todo el Corán está compuesto rítmicamente, la melodía y el compás están presentes en todas partes. Se observa que las distintas letras de una misma palabra, así como cada aleya y su palabra final, siguen las reglas de la métrica, ya sea que la aleya sea corta o larga. Quiero analizar aquellas frases en las que se produce esa correspondencia entre las palabras finales. En el Noble Corán se dice:
(Árabe*********)
No le enseñamos poesía al Mensajero, ni le corresponde. Esto no es sino un recordatorio que ha sido revelado como un Corán claro. (Sura Ya-Sin: 69)
Estas palabras son la respuesta a la acusación de los incrédulos mencionada en la sura Al-Anbiya:
(Árabe*********) (Ellos decían:) «Lo ha inventado; no, más bien es un poeta». (Sura Al-Anbiya: 5)
El Corán ha afirmado correctamente que no es poesía. Pero la pregunta es: ¿acaso los árabes que lo llamaban poema eran locos o ignoraban la poesía y los poemas? Ciertamente no. Puesto que lo llamaron poesía, necesariamente debía poseer rasgos de la poesía y del poema, bajo cuyo influjo mágico ellos mismos quedaron fascinados. Tenían conocimiento de la semejanza en la pronunciación del Corán y de su belleza, por lo que pudieron comprender que era una obra poética. Incluso si lo observamos únicamente desde la perspectiva de la métrica y la rima, se comprende que allí están presentes las características fundamentales de la poesía y del poema.
Además, el Corán ha asimilado bellamente tanto la prosa como la poesía. El Noble Corán es independiente de la métrica (****) y de la rima (****), y no está sujeto a ninguna obligación de que necesariamente deba rimar. Sin embargo, la melodía y el ritmo están presentes en él. El requisito de la rima consonante al final de las aleyas tampoco ha sido dejado de lado por el Corán. Al mismo tiempo, contiene las características de la poesía que hemos analizado anteriormente. Desde esta perspectiva, puede decirse que en el Corán están presentes las características tanto de la prosa como de la poesía. [El Dr. Taha Hussein escribió: El Corán no es poesía ni prosa; el Corán es simplemente el Corán. Es cierto que parece contener métrica y rima, pero esto se limita únicamente a su aspecto exterior visible. Desde el punto de vista de la literatura árabe, no cabe duda de que el Corán es una prosa excelente y de elevado nivel. En segundo lugar, la forma prosística del Corán es completamente singular y diferente, y no es posible ofrecer ninguna comparación o ejemplo equivalente. —El autor.]
A decir verdad, cuando las personas recitan el Corán, perciben en su pronunciación externa la métrica y la rima; esto se hace especialmente evidente en las suras compuestas de aleyas cortas, o en aquellos pasajes donde se presenta una escena o un acontecimiento. También está presente en las suras con aleyas largas, aunque allí resulta mucho menos evidente. Obsérvese el siguiente ejemplo, en el que se refleja plenamente la melodía, el ritmo y la métrica.
(Árabe*********)
¡Por la estrella cuando se pone! Vuestro compañero no se ha extraviado ni se ha desviado, ni habla por impulso de su deseo. No es sino una revelación que le es revelada. Se la enseña un ángel poderoso, dotado de fuerza innata, que se manifestó en su verdadera forma en el horizonte superior. (Sura An-Najm: 108)
(Árabe*********)
Luego se acercó y quedó suspendido, y la distancia entre ambos fue de dos arcos o menos. Entonces reveló a Su siervo lo que había de revelar. El corazón del Mensajero no desmintió lo que había visto. ¿Acaso vais a discutir con él sobre lo que vio? (Sura An-Najm: 9-12)
(Árabe*********)
Ciertamente, lo vio otra vez, junto al Sidrat al-Muntaha, cerca del cual se encuentra el Jardín de la Morada, cuando el árbol estaba cubierto por aquello que lo cubría. Su mirada no se desvió ni transgredió. Ciertamente, contempló algunos de los más grandes signos de su Señor. (Sura An-Najm: 13-18)
¿Habéis considerado a Lat y a Uzza, y a la tercera, Manat? (Sura An-Najm: 19-20)
¿Acaso para vosotros los hijos varones y para Allah las hijas? (Sura An-Najm: 21)
Tal distribución es verdaderamente una distribución muy incongruente. (Sura An-Naym: 22)
En las terminaciones de los versículos mencionados hay una semejanza aproximada en la métrica. Sin embargo, difiere un poco de la métrica de la poesía árabe. Todos los versículos terminan con un mismo tipo de rima. Gracias a la métrica y a la rima, se produce una correspondencia entre cada versículo y el siguiente. De ahí se desprende una maravillosa resonancia melódica. Esta semejanza y armonía tienen otra causa, aunque no es tan evidente como la métrica y la rima. Se origina en las palabras individuales, en la disposición de las letras y en la disposición de las palabras dentro de la oración. Su grado de percepción y comprensión depende de la conciencia religiosa y del disfrute de la melodía y la música. Por eso es posible distinguir entre un sonido melodioso y uno discordante; no basta con que haya rima al final de las frases para llamarlo melodía o ritmo.
Como los versículos mencionados son breves, la duración de las ondas sonoras que producen tampoco es muy larga. Sin embargo, el ritmo y la métrica de todos los versículos son iguales, por lo que hay rima en todos ellos. No existe ninguna obligación de que la última letra de estos versículos sea siempre la misma.
Por ejemplo, en la literatura moderna, al escribir un cuento o una novela no se presta atención a esto; en cambio, en la melodía y el ritmo coránicos se ha tenido en cuenta cada uno de estos aspectos. En muchos versículos se entiende claramente que esto se hizo de manera totalmente intencional y planificada para lograr la rima al final de las frases. Obsérvese, por ejemplo, el siguiente versículo.
Si no se hubiera expresado de esta manera, sino como se muestra a continuación:
Entonces se habría producido una diferencia en la rima final y se habría quebrado el ritmo. Del mismo modo, el siguiente versículo:
Si no se hubiera mencionado de esta manera, sino de la siguiente forma:
Entonces no habría correspondencia rítmica. La palabra «izan» se ha utilizado para completar esa correspondencia.
Sin embargo, no se puede afirmar que las dos palabras «Al-ukhra» (***) e «izan» (***) hayan sido empleadas únicamente para lograr la rima y que, por tanto, sean palabras superfluas. En realidad, no son palabras superfluas, sino que se han utilizado debido a una sutil necesidad esencial de la estructura poética. Esta es otra de las características artísticas del Corán. En el Corán se han elegido palabras de este tipo con un significado particular y, al mismo tiempo, esa palabra desempeña un papel importante para mantener también la métrica de la melodía y el ritmo.
Como hemos explicado, al recitar una aleya del Corán junto con otra se observa cierta correspondencia rítmica, y al final se hace perceptible la rima. Asimismo, en muchos lugares las palabras se han elegido de tal manera que, si se adelantara o retrasara una sola palabra, se perdería la belleza.
Primer caso: el primer caso es un ejemplo de modificación de la forma natural de una palabra. Estas son las palabras de Abraham (la paz sea con él), que el Corán ha reproducido literalmente:
(Árabe*********)
(Abraham (la paz sea con él) dijo:) «¿Habéis reflexionado sobre aquellos a quienes habéis estado adorando, vosotros y vuestros antepasados? Todos ellos son mis enemigos, excepto el Señor de los mundos, quien me creó y me guió. Él me alimenta y me da de beber. Y cuando enfermo, Él es quien me cura. Espero que Él sea quien me perdone mis faltas el Día del Juicio». (Sura ash-Shu‘ara: 75-82)
En las aleyas mencionadas, se ha eliminado la «ya» de primera persona del final de las palabras «yahdini», «yaskini» (***), «yashfini» (***) y «yuhyini» (***) para conservar la rima en «nun» (***), como en las dos palabras «ta‘buduna» (***) y «al-aqdamuna» (***).
Del mismo modo, en las siguientes aleyas también se ha eliminado la «ya»:
(Árabe*********)
Juro por el alba, por las diez noches, por lo par y lo impar, y por la noche cuando transcurre. En ello hay un juramento para quien posee entendimiento. (Sura Al-Fajr: 1-5)
En el versículo citado, se eliminó la «ya» de la palabra «Yasrī» para que rimara con «al-fajrī», «ʿashrīn», «wal-witrī», etcétera.
También pueden citarse como ejemplo los siguientes versículos.
(Árabe*********)
Apártate, pues, de ellos. El día en que el convocador convoque hacia un desenlace desagradable, saldrán de las tumbas con la mirada abatida, como langostas dispersas. Correrán hacia el convocador. Los incrédulos dirán: «Este es un día difícil».
En este versículo, si no se hubiera eliminado la «ya» del final de la palabra «ad-dāʿī», habría parecido que se había producido una ruptura del ritmo en este verso. Y este defecto no habría escapado a la atención de nadie. Del mismo modo, observe el siguiente versículo:
(Árabe*********)
(Moisés dijo:) «Esto es precisamente lo que buscábamos». Entonces regresaron siguiendo sus propias huellas. (Sura Al-Kahf: 64)
Si en esta aleya la palabra (***) se hubiera escrito de esta manera (***), se habría quebrado la continuidad de la rima.
Asimismo, si en las aleyas siguientes se eliminara la «yā» original y la «yā» del pronombre de primera persona (***) al final de la «hā» indicadora de pausa (**), sin duda se perdería el ritmo.
(Árabe*********)
Y aquel cuyas balanzas sean ligeras tendrá como morada Hawiya. ¿Y qué te hará saber qué es? Es un fuego ardiente. (Sura al-Qāriʿa: 8-11)
Observe también la aleya siguiente:
(Árabe*********)
Entonces, aquel a quien se entregue su registro en la mano derecha dirá: «¡Tomad, leed mi registro! Yo sabía que tendría que enfrentarme al ajuste de cuentas». Entonces vivirá una vida de dicha y bienestar. (Sura al-Hāqqa: 19-21)
Segundo caso: aunque no se ha cambiado de ningún modo la forma habitual de las palabras, mediante una disposición artística se han vuelto rítmicas. Si se hiciera la más mínima alteración en esa disposición, ya no quedaría rima alguna. Se perdería la sonoridad melodiosa.
(Árabe*********)
Esta es la descripción de la misericordia de tu Señor hacia Su siervo Zacarías, cuando este invocó en secreto a su Señor y dijo: «¡Oh, mi Señor! Mis huesos se han debilitado por la edad y mi cabeza se ha vuelto completamente blanca a causa de la vejez, pero nunca he dejado de invocarte». (Sura Maryam: 2-4)
Si en el versículo anterior se cambiara únicamente la palabra minnī y se la colocara antes de la palabra al-ʿaẓm, de modo que se dijera, se comprendería claramente que ya no quedaría ritmo alguno en dicha frase. La palabra minnī fue colocada en su lugar únicamente para mantener la rima y la métrica. Ahora observen cuán hermosa es la rima. Al principio de la frase se dijo: y justo después se dijo:
Debe recordarse a este respecto que la melodía y el ritmo dentro de los versículos son tan sutiles que solo pueden percibirse, pero no expresarse. Ya hemos hablado algo sobre este asunto. Para percibir que este tipo de melodía y ritmo no se limita a una combinación de palabras aisladas ni a la estructura de una misma frase, solo es posible hacerlo mediante el conocimiento y la sabiduría otorgados por Allah; no de ninguna otra manera.
La discusión anterior indica precisamente que en el estilo expositivo del Corán existe una base de melodía y ritmo. Sin embargo, esta debe medirse con extrema precisión. Es tan sensible que basta una desviación de la disposición verbal habitual para que se pierda el ritmo. Aun así, no es poesía ni composición poética. Ni siquiera está obligada a seguir las reglas y normas de la poesía. Pero la gente la encuentra dispuesta y estructurada de tal manera que no sabe cómo llamarla si no la llama poesía.
La pausa al final de la frase y la rima final
Al igual que la melodía y el ritmo, existen varias clases de pausas al final de la frase y de rimas finales. Ahora surge la pregunta: ¿tienen algún conjunto de reglas y normas esas clases de pausas al final de la frase y de rimas finales? ¿Y giran en torno a algún objetivo específico?
La respuesta es la siguiente: puesto que se ha demostrado que en el Corán existen melodía y ritmo, intentaremos responder a esta pregunta de acuerdo con las reglas de la melodía y el ritmo. La forma de las pausas al final de la frase y de las rimas finales varía de una sura a otra. A menudo se observa la aplicación de más de una regla en una misma sura. Las diferencias entre las pausas al final de las frases que se encuentran en las distintas suras dependen de que las frases sean cortas, largas o medianas. Su forma es semejante a la de la poesía, donde en una misma estrofa una línea puede ser corta y otra, en cambio, larga. Lo último que puede decirse al respecto es que, en las suras cortas, la pausa al final de los versículos también es breve. En los versículos de extensión media, la pausa es mediana, y en los versículos largos, la pausa es, aproximadamente, prolongada. Si observamos la rima final, vemos que en las suras cortas los ejemplos están bastante próximos al ritmo, mientras que en las suras largas su proximidad es menor. Entre las rimas finales que se encuentran en las suras del Corán y cuyo uso es muy frecuente están nūn, mīm y, antes de ellas, wāw o yāʾ. El objetivo es crear también aquí variedad, como en la melodía y el ritmo.
Ahora queda por considerar otra cuestión: ¿por qué se ha establecido una diferencia entre las pausas al final de las frases y la rima final cuando se trata de una misma situación? La respuesta es que el fenómeno cuyos ejemplos encontramos en la mayoría de los lugares del Corán no tiene únicamente el propósito de crear variedad; también responde a ciertos objetivos y necesidades. En muchos lugares podemos comprender la razón de esta variedad, pero en otros no logramos percibirla. Allí donde fracasamos, intentamos en vano, siguiendo las convenciones habituales, demostrar que este método no es más que otro procedimiento, como la representación, la imaginación y la configuración.
La sura Maryam es uno de los lugares en los que podemos comprender el misterio de las pausas al final de las frases y de la rima final. Piensen que esta sura comienza con el relato de Hazrat Zakariya (la paz sea con él) y Hazrat Yahya (la paz sea con él). Luego se vincula con él el relato de Hazrat Maryam y de Isa (la paz sea con él). En esta sura, las pausas al final de las frases y la rima final aparecen de la siguiente manera. Lo que se narra al comienzo de la sura es:
(Árabe********)
Este es el relato de la misericordia de tu Señor con Su siervo Zakariya, cuando invocó a su Señor en secreto. Dijo: «¡Señor mío! Mis huesos se han debilitado con la edad y mi cabeza se ha encanecido por la vejez, ¡oh, Señor mío! Al invocarte, nunca he quedado decepcionado». (Sura Maryam: 2-3)
Después, el relato de Maryam (la paz sea con ella) comienza así:
(Árabe********)
Y narra el relato de Maryam, cuando se apartó de su familia y se retiró a un lugar situado hacia el oriente. Luego se ocultó de ellos tras un velo. Maryam dijo: «Me refugio en el Misericordioso frente a ti, si eres temeroso de Dios». (Sura Maryam: 16-18)
Los relatos de Hazrat Zakariya (la paz sea con él) y de Hazrat Maryam (la paz sea con ella) terminan con la misma letra final, la letra anterior o el harf-e-rā’ī (****). En cambio, allí donde termina el relato de Hazrat Isa (la paz sea con él), se observa una ligera variación de este método.
(Árabe********)
(El hijo dijo:) En verdad, soy siervo de Allah. Él me ha dado el Libro y me ha hecho profeta. Me ha bendecido dondequiera que me encuentre. Me ha ordenado, mientras viva, observar la oración, pagar el zakat y ser obediente con mi madre. No me ha hecho arrogante ni desdichado. La paz sea conmigo el día en que nací, el día en que muera y el día en que sea resucitado y levantado. (Sura Maryam: 30-33)
(Árabe********)
Este es Jesús, hijo de Maryam. Es la verdad acerca de la cual la gente duda. No corresponde a Allah adoptar un hijo. ¡Glorificado y exaltado sea! Cuando decide un asunto, solo dice: «Sé», y es. Además, dijo: «En verdad, Allah es mi Señor y vuestro Señor. Adoradlo, pues; este es el camino recto». Después, los grupos de entre ellos tomaron caminos distintos. ¡Ay, pues, de los incrédulos cuando llegue el Día Grandioso! (Sura Maryam: 34-37)
Examine las aleyas anteriores y observe que se ha producido un cambio en las pausas al final de las aleyas, y que estas se han prolongado. Del mismo modo, también es evidente el cambio en el sistema de las rimas finales. En las letras finales se han empleado la «nun» o la «mim», y antes de ellas se han empleado la «waw» o la «ya». Parece que poco antes se había narrado un acontecimiento y que ahora se está describiendo su conclusión, tomada de la propia historia.
Presentamos más pruebas para demostrar la veracidad de esto: allí donde concluye ese acontecimiento, las pausas al final de las aleyas y las rimas finales vuelven al primer estilo. Esto se debe a que nuevamente se abra el horizonte de nuevos acontecimientos. Se dice:
(Árabe********)
Después, los grupos de entre ellos tomaron caminos distintos. ¡Ay, pues, de los incrédulos cuando llegue el Día Grandioso! ¡Qué bien oirán y verán el día en que vengan ante Mí! Pero hoy los injustos se encuentran en un extravío manifiesto. Adviérteles sobre el Día de la Aflicción, cuando se haya decidido todo. Ahora están en la negligencia y no pueden creer. (Sura Maryam: 37-39)
(Árabe********)
Yo seré el poseedor de la soberanía definitiva sobre la tierra y todo lo que hay en ella, y todos serán devueltos a Mí. Relátales en este Libro la historia de Abraham. Ciertamente, él era un profeta veraz. Cuando le dijo a su padre: «¡Oh, padre mío! ¿Por qué adoras aquello que no oye, ni ve, ni puede beneficiarte en nada? ¡Oh, padre mío! He recibido un conocimiento que tú no has recibido; sígueme, pues, y te guiaré por un camino recto. ¡Oh, padre mío! Temo que te alcance un castigo del Misericordioso y que te conviertas en compañero de Satanás».
La sura An-Naba comienza utilizando la rima final de las letras «nun» (**) y «mim» (**). Por ejemplo:
(Árabe********)
¿Sobre qué se preguntan unos a otros? Sobre la gran noticia acerca de la cual discrepan. ¡No! Pronto sabrán. Luego, ¡no! Pronto sabrán. (Sura An-Naba: 1-5)
Cuando concluye esta descripción y comienza, en su lugar, una exposición en estilo de debate, el patrón cambia repentinamente. Por ejemplo:
(Árabe********)
¿Acaso no hice de la tierra un lecho y de las montañas estacas? Os creé en parejas. Hice de vuestro sueño un medio para aliviar el cansancio, de la noche una cobertura y del día un tiempo para procurar el sustento.
En toda la sura Al ‘Imrán está presente la rima final de la «nun» y la «mim», lo cual constituye un recurso habitual del Corán. Cuando la sura se acercó a su conclusión y se abordó la súplica de un grupo de creyentes, también cambió el estilo de la rima final. Por ejemplo:
(Árabe********)
(Los creyentes dicen:) ¡Oh, nuestro Señor! No has creado todo esto en vano. ¡Gloria a Ti! Sálvanos del castigo del Infierno. ¡Oh, nuestro Señor! Ciertamente, a quien arrojes al Infierno lo habrás humillado. Y los injustos no tendrán ningún auxiliador. (Sura Al ‘Imrán: 191-192)
Esta pauta de variar las pausas al final de las frases y la rima final se observa en muchos lugares del Corán. Sin embargo, no podemos explicar en todos los casos el secreto y el propósito de dicha variación. He señalado algunas de las pautas de cambio que conocía. En mi opinión, lo que se ha expuesto sobre este tema es suficiente.
Queda por señalar que las normas de la melodía y el ritmo del Corán cambian junto con los cambios del tema tratado y del lugar (***). Aun así, podemos afirmar enfáticamente que la melodía y el ritmo del Corán están sujetos a una regla específica. Siempre corresponden a la frase y a su extensión. Es un principio que no admite ninguna excepción ni desviación. Para clasificar y analizar los tipos de melodía y ritmo, es indispensable conocer sus reglas y su terminología específicas. De lo contrario, no es posible estudiarlos. Pero, lamentablemente, así como los lectores carecen de conocimientos terminológicos sobre este tema, yo también carezco de ellos. Sin embargo, considero que, si ofrecemos una explicación básica sobre las formas de la melodía y el ritmo, con eso se cumplirá nuestro propósito.
En la sura An-Nazi‘at se encuentran dos principios de la melodía y el ritmo. El primero de ellos aparece en los versículos siguientes. Esta parte de la sura es un conjunto de frases muy breves. En estas frases se describe el proceso de la muerte y de la Resurrección, en el que se percibe una actividad rápida y vigorosa.
Se dice:
(Árabe********)
¡Por los ángeles que arrancan las almas sumergiéndose, por aquellos que desatan suavemente los lazos de las almas, por aquellos que nadan con rapidez, por aquellos que avanzan velozmente y por aquellos que ejecutan todos los asuntos! La Resurrección ciertamente tendrá lugar. El día en que el estremecedor haga temblar, y después le siga el que viene detrás, ese día muchos corazones estarán atemorizados y perturbados. (Sura An-Nazi‘at: 1-8)
(Árabe********)
Sus miradas estarán abatidas. Dirán: «¿Acaso seremos devueltos a nuestro estado anterior, incluso después de habernos convertido en huesos descompuestos? Entonces, ciertamente, ese retorno será una pérdida desastrosa». (Sura An-Nazi‘at: 9-11)
(Árabe********) Así pues, será un solo grito estremecedor, y entonces estarán presentes en el campo. (Sura An-Nazi‘at: 13-14)
El segundo tipo de melodía y ritmo se encuentra en los siguientes versículos. Estos versículos son pausados, de ritmo lento y de extensión moderada. En cuanto a su estilo, se asemejan a aquellos versículos en los que se narra un acontecimiento. Estos versículos forman parte de las exposiciones relativas a Moisés. Dice así:
(Árabe********)
¿Te ha llegado el relato de Moisés? Cuando su Señor lo llamó en el valle de Tur y le dijo: «Ve al Faraón; ciertamente, se ha excedido en los límites». Luego dile: «¿Tienes el deseo de purificarte? Yo te guiaré hacia tu Señor, para que le temas». (Sura An-Nazi‘at: 15-19)
He expuesto anteriormente dos tipos de melodía y ritmo. Me parece que no es necesario analizar detalladamente las diferencias y las reglas de estos dos tipos. La diferencia entre ambos es evidente. Además, el ámbito en que se tratan ambos es uno y el mismo. En ambos ámbitos, la melodía y el ritmo resplandecen por su singularidad.
Hablemos ahora un poco sobre el tercer tipo de melodía y ritmo. Este tipo de melodía y ritmo se encuentra especialmente en las expresiones de las súplicas, donde los sentimientos del corazón se expresan con una melodía suave. Naturalmente, este tipo de versículos es algo extenso. Por ejemplo:
(Árabe********)
(Dicen:) «¡Oh, nuestro Señor! No has creado todo esto en vano. ¡Gloria a Ti! Sálvanos del castigo del Infierno. ¡Oh, nuestro Señor! Ciertamente, a quien arrojes al Infierno lo habrás humillado, y los injustos no tendrán ningún auxiliador. ¡Oh, nuestro Señor! Hemos escuchado con certeza a un pregonero que invitaba a la fe (diciendo): “Creed en vuestro Señor”, y hemos creído. ¡Oh, Señor nuestro! Perdona, pues, todos nuestros pecados, borra nuestras faltas y haznos morir junto con los justos. ¡Oh, nuestro Señor! Concédenos lo que nos has prometido por medio de Tus mensajeros y no nos humilles el Día de la Resurrección. Ciertamente, Tú no faltas a Tu promesa.»
En otra súplica se dice:
(Árabe********)
«¡Oh, nuestro Señor! Tú sabes lo que hacemos en secreto y lo que hacemos públicamente. Nada se oculta a Allah, ni en la tierra ni en el cielo. Todas las alabanzas pertenecen a Allah, Quien me concedió a Ismael e Isaac a pesar de mi vejez. Ciertamente, mi Señor escucha las súplicas. ¡Oh, mi Señor! Hazme constante en la oración, y también a algunos de mis descendientes. ¡Oh, nuestro Señor! Perdóname a mí, a mis padres y a todos los creyentes el día en que se establezca la cuenta.» (Sura Ibrahim: 38-40)
El tipo actual constituye una excepción a los dos tipos anteriores de melodía y ritmo. Para demostrarlo, no es necesario dominar las reglas de la melodía y el ritmo ni sus términos técnicos. Es una resonancia emanada del corazón que, a través de ondas melódicas ascendentes y descendentes, ha tomado la forma de una súplica.
Me atreveré a hablar de otro tipo de melodía y ritmo. Las ondas ondulantes de esta melodía y ritmo, así como sus oleadas sonoras, son muy prolongadas. Su naturaleza es completamente distinta de la naturaleza descrita anteriormente. Puedo decir con plena confianza que la diferencia entre este tipo y la melodía y el ritmo tratados anteriormente es tan clara como la luz del día.
La naturaleza del ritmo y la melodía de la que quiero hablar también posee profundidad y amplitud, junto con sus oleadas. Además, están presentes el temor y el terror, pues este ritmo y esta melodía son los de la tormenta y la inundación. Reflexionen:
(Árabe*********)
Y el arca avanzaba llevándolos entre olas semejantes a montañas. Y Noé llamó a su hijo, que se había apartado, y le dijo: «¡Hijo mío! Sube con nosotros y no permanezcas con los incrédulos». Él respondió: «Pronto me refugiaré en una montaña que me protegerá del agua». Noé dijo: «Hoy no hay quien proteja del mandato de Alá, salvo aquel a quien Él tenga misericordia». Entonces una ola se interpuso entre ambos, y él quedó sumergido. (Sura Hud: 42-43)
Para crear una profunda semejanza con la terrible situación provocada por la tormenta y la inundación, en esta aleya se presenta una melodía ondulante, larga como las olas y siempre vacilante, a veces elevada y a veces baja. La disposición de las palabras que se encuentra en esta aleya constituye una imagen plenamente acorde con la escena aterradora rodeada por la tormenta y la inundación.
Nos atreveremos un poco más a hablar de otra forma rítmica de las ondas melódicas. Sin embargo, no podrá atraer tanta atención ni captar tanto la mirada como el ejemplo anterior. Se dice:
(Árabe*********)
¡Oh alma sosegada! Regresa hacia tu Señor, satisfecha y complacida. Después, incorpórate entre Mis siervos y entra en Mi Paraíso. (Sura Al-Fayr: 27-30)
Cuando el recitador recita esta aleya en voz alta, se percibe su suave onda melódica. La onda melódica que se encuentra en esta aleya es como una ola que aumenta gradualmente hasta alcanzar su punto culminante. La onda melódica de esta aleya, tanto en su estado suave como intenso, está plenamente en armonía con la paz y la seguridad. Cuando el sonido del primer alif de «yā» alcanza un tono elevado y «ayyū» se recita con un tono relativamente más bajo, se percibe allí una especie de onda melódica; pero la belleza de esa onda melódica no se hará visible únicamente por esto. Pues allí solo se establece una armonía en la medida (***), no entre los tonos. Por ello, la melodía musical resulta necesariamente influida. Sin embargo, no produce ningún efecto sobre el espíritu que entra; la relación del espíritu que entra queda, en realidad, limitada al tono y al sonido de las palabras conforme a esa característica. Solo puede descubrirla quien recita el Corán con los ojos y los oídos abiertos, ayudándose de los cinco sentidos.
Aquí cerramos este tema, para no tener que seguir forcejeando en el insondable mar de las ondas melódicas.
Séptimo capítulo
Elementos de la imaginería coránica
Ahora trataremos otro aspecto de la composición artística que se observa en el método de representación del Corán. No cabe duda de que el Corán describe diversos acontecimientos de forma escénica y visual. Por eso queremos decir que, cuando los siguientes elementos se reúnen en esas imágenes, su composición artística adquiere belleza.
1. Que la imagen tenga un tema.
2. Que el lugar, el tiempo y los personajes sean acordes con la imagen.
3. Que todas las partes de la imagen sean mutuamente armoniosas.
4. Que cada parte del papel o del trozo de tela en el que se dibujará la imagen se divida proporcionalmente a las partes de esta.
En el capítulo «La imagen artística» hicimos algunas alusiones a este tema. Allí presentamos la imagen de gastar riquezas para obtener fama y reconocimiento, junto con la imagen de aquella piedra cubierta por una fina capa de tierra. Además de representar a esas personas, intentamos dibujar también la imagen de quienes donan sus bienes únicamente para obtener la complacencia de Allah. Asimismo, mostramos la imagen de aquel jardín situado sobre una colina. Allí dijimos hasta qué punto existe equilibrio entre las partes de todas esas imágenes y sus elementos complementarios.
Ahora queremos abordar el aspecto de la composición artística del Corán que se refiere a sus medios y recursos compositivos. En otras palabras, será como la llave de aquella cerradura.
A nuestro parecer, la composición del Corán es la siguiente:
Uno: el punto de suma importancia en este asunto es la «unidad de la composición» (unidad de la imagen). Incluso una persona con conocimientos básicos sobre las obras pictóricas puede comprender qué es la «unidad de la composición». Solo queremos concluir diciendo que esta es una de las reglas fundamentales y básicas de la pintura: que una parte no entre en conflicto con otra.
Dos: el segundo punto necesario consiste en dividir, conforme a las necesidades de la imagen, sus partes sobre el papel o el trozo de tela en el que se la pinta, para que no surja ninguna dificultad en su ejecución.
Tres: el tercer elemento es el color mediante el cual se da forma a la imagen, gracias al cual la belleza se manifiesta plenamente y se produce la unión entre la idea y el contenido.
La armonía o adecuación entre las imágenes que cobran forma mediante los colores es sumamente necesaria, tal como ocurre en las exhibiciones cinematográficas y teatrales. La base de las imágenes coránicas también se asienta en lo mismo. Aunque estas se dibujan únicamente mediante conjuntos de palabras o letras, sin ningún otro elemento pictórico, el esplendor y el carácter milagroso de las imágenes coránicas se elevan por encima de aquellas que se pintan sobre un lienzo con colores y pinceles.
1. Hablemos de la sura Al-Falaq, una de las suras breves del Corán, que algunas personas consideran relacionada con los encantamientos de los hechiceros. Puede plantearse la pregunta: ¿cuándo se recita esta sura? Naturalmente, se observa que se recita en el momento de buscar refugio. En ese momento surgen el miedo, la censura de los detractores o una inquietud desconocida. Escuchen y reflexionen:
(Árabe**********)
Busco refugio en el Señor del alba, contra el mal de lo que Él ha creado; contra el mal de la noche oscura cuando cae; contra el mal de las hechiceras que soplan sobre los nudos, y contra el mal del envidioso cuando envidia. (Sura Al-Falaq: 1-5)
Pensemos un poco: ¿qué es «Falaq» (***)? ¿Por qué se vuelve necesario buscar refugio en su Señor? Entre sus muchos significados, hemos elegido el de «alba», pues únicamente el alba rasga la oscuridad. Por eso, aquí es apropiado adoptar el significado de alba. La razón es que aquí encontramos una descripción particular, cuya pertinencia comprenderemos a medida que avancemos.
En esta sura se busca refugio, frente a toda la creación, en el Señor del alba. En la expresión «ma khalaqa» (****), la partícula «ma» (**) tiene el sentido de un pronombre relativo, es decir, abarca toda la creación. Parece que toda la creación está sumergida en las profundidades de la oscuridad. (***)—«Cuando la oscuridad de la noche lo cubre todo, se hace visible una situación repulsiva.»
(Árabe*******)—El hecho de que las hechiceras soplen sobre los nudos vuelve aún más aterradora toda la atmósfera, porque la magia mediante soplidos se practica la mayoría de las veces en la oscuridad de la noche. (Árabe*******) El hasad, o la envidia, es una acción secreta que se oculta en las cámaras oscuras del corazón humano. En este sentido, la envidia también es una acción dañina y aterradora. Aquí todo está colmado de oscuridad, miedo y terror. Quien busca refugio desea acogerse a la protección de Allah frente a todas esas oscuridades.
Ahora surge la pregunta: si Allah es el Señor de todas las cosas, ¿qué sentido tiene decir específicamente «Rabb al-Falaq», es decir, el Señor del alba? La respuesta es que se ha hecho así para crear belleza y armonía con el lugar y el tiempo. Según el sentido común, habría que buscar refugio frente a la oscuridad en «Rabb an-Nur», el Señor de la luz. Pero esta idea no es correcta, porque aquí se contempla algo delicado y misterioso, una imagen que se disipa al contacto con la luz. La luz hace que todo sea claro. Si, en oposición a la oscuridad, se hubiera utilizado la palabra «luz» o «nur» (***) , no habría armonizado con las expresiones «soplar sobre los nudos» y «envidia». Por eso se intentó crear armonía utilizando en su lugar la palabra «Falaq», que, en última instancia, también alude a la luz. El momento del «Falaq» precede al resplandor del alba, cuando reina una mezcla de luz y oscuridad. Es un momento impreciso y también fascinante.
Podría preguntarse: ¿con qué elementos se ha compuesto aquí la imagen?
La respuesta es que, si observamos las dos palabras «Falaq» (***) y «Al-Gasiq» (***), veremos que se trata de dos imágenes naturales; y si (***)
Si se reflexiona sobre (****) y (****), se verá que estos dos grupos son seres humanos creados por Allah.
Y si se consideran por separado las palabras «Falaq» y «Gasiqín», se harán patentes dos imágenes. En cuanto al tiempo, una es opuesta a la otra. Es decir, «Falaq» significa amanecer y «Gasiqín», noche. Del mismo modo, las palabras «An-Naffazat» (***) y «Al-Hasid» (***) también designan dos grupos de sexos opuestos entre los seres humanos. Se observa que todos los elementos de la imagen han sido dispuestos sucesivamente sobre el lienzo. En el cuadro o lienzo, unos se encuentran frente a otros. Hasta los colores y el estilo de todas las partes son uno y el mismo. En todas las partes, el miedo y el temor constituyen el tema principal. La oscuridad lo ha engullido todo. El tema central de la imagen concentra en un mismo centro todas sus partes y colores.
En este análisis no se ha recurrido a ninguna norma convencional, y la incomparable belleza que se encuentra en esta imagen no parece destinada a desvanecerse con el paso del tiempo. Porque aquí no se trata simplemente de la oposición entre unas palabras y unas ideas. El lienzo de la imagen, la extensión y el alcance del espacio, su armonía y continuidad, y el tema de la imagen son aspectos de gran importancia para pintar un cuadro. Cuando solo las palabras y la descripción cumplen todos esos propósitos, adquieren la forma de una imagen milagrosa.
2. El Noble Corán ha llamado a la tierra yerma y seca, en un lugar, «Hamidatun» (***) (muerta y caída), y en otro, «Jashiatán» (***) (inclinada). Muchos creen que se emplearon dos palabras distintas para hacer más melodioso el lenguaje. Veamos ahora en qué contexto se utilizaron estas dos palabras.
La palabra «Hamidatan» (***) aparece en la siguiente aleya:
(Árabe*******)
(¡Oh, gente! Si dudáis de la resurrección, entonces reflexionad: os hemos creado de tierra; luego, de una gota de esperma; después, de un coágulo; y luego, de un trozo de carne formado o informe, para hacéroslo claro. Y dejamos en las matrices lo que queremos por un plazo determinado; luego os sacamos de ellas como niños. Después alcanzáis la madurez. Algunos de vosotros mueren, y a otros les hacemos llegar a una edad decrépita, hasta el punto de que, aun después de haber sabido, ya no saben nada. Ves la tierra muerta; pero cuando hacemos descender sobre ella el agua, se estremece, se hincha y produce toda clase de plantas hermosas. (Sura Al-Hajj: 5)
La palabra «Jashiatán» (***) se ha utilizado en la siguiente aleya:
(Árabe*******)
Entre Sus signos están la noche y el día, el sol y la luna. No os postréis ante el sol ni ante la luna; postraos ante Allah, Quien los creó, si es a Él a quien adoráis con sinceridad. Pero si se ensoberbecen, quienes están junto a tu Señor glorifican Su pureza noche y día, sin cansarse jamás. Y entre Sus signos está que ves la tierra abatida (estéril). Luego, cuando hago descender sobre ella la lluvia, cobra vida y se hincha. (Sura Ha-Mim as-Saydah: 37-39)
En los dos versículos mencionados se hace claramente evidente la diferencia entre las palabras «hamidatan» (***) y «jashiatán» (***). En el primer versículo se habla de la vida, de la transformación de la vida y de la resurrección. Por ello, en consonancia con esos temas, la tierra es descrita allí como «hamidatan», es decir, muerta. Del mismo modo que Él resucitará a los seres humanos, también vivifica la tierra, y esta se cubre de flores y frutos.
En cambio, en el segundo versículo se habla de la adoración, de la obediencia humilde y de la postración; por eso allí la tierra es descrita como «jashiatán», es decir, con la cabeza inclinada humildemente. En otras palabras, la tierra, necesitada de agua, permanece inclinada, esperando el agua de Allah; cuando la recibe, se hincha y se eleva. Después de decir esto, no se menciona la producción de frutos y cultivos como en el versículo anterior, porque relacionar la producción de frutos y cultivos con la adoración y la postración sería poco bello e incongruente. Por eso, en este versículo, las dos palabras (*****) (fresca e hinchada) no se emplean en el mismo sentido en que fueron empleadas en el versículo anterior. Aquí se utilizan únicamente para demostrar el movimiento de la tierra, pues antes esta yacía postrada. En este caso se imprime movimiento a aquel estado. La razón es que, en esta escena, todos cambian de estado mediante el movimiento para adorar; por tanto, no era posible que la tierra permaneciera inmóvil. Así, en esta escena dinámica también se ha dado movimiento a la tierra junto con los adoradores. Pues si en la imagen todo está en movimiento, ¿por qué habría de permanecer inmóvil la tierra? Aquí se manifiesta una belleza sumamente sutil, capaz incluso de envolver los pensamientos y la conciencia del espectador.
Las palabras «humudun» (***) y «jushu‘un» (***) son idénticas en cuanto a su significado. En el significado de ambas palabras hay una alusión a recuperar la vida. No era necesario emplear estas dos palabras únicamente para aportar novedad a la descripción. Sin embargo, puesto que el Corán, junto con su discurso, desea dejar una imagen no solo en el mundo del pensamiento, sino también en el espejo del corazón, se ha seguido este método, de modo que se encuentre un vínculo entre todo el discurso y que, mediante la combinación de todos sus elementos, la imagen alcance su plenitud.
La diversidad de las palabras en los versículos mencionados constituye una prueba irrefutable de la unidad: el método de representación del Noble Corán es uno de los fundamentos esenciales del análisis descriptivo. Además, el Corán no se contenta con comunicar únicamente un significado comprensible, sino que, junto con el significado, presenta también una imagen viva. Por eso se perciben sutiles diferencias en la elección de sus palabras según el lugar, el tiempo y la situación.
Ahora veamos qué tipo de singularidad existe entre esas dos imágenes y sus elementos. La diferencia de la primera imagen consiste en que en ella se describen ciertas cosas que no existían, a las que se da vida dotándolas de forma y configuración. Es decir, se despierta en ellas el latido de la vida y se las hace visibles. Uno de sus elementos es el semen, que atraviesa distintas etapas hasta alcanzar una determinada fase. Otro es la tierra muerta, que cobra vida al entrar en contacto con la lluvia. Poco a poco se llena de frutos y cultivos. En realidad, el estado y el entorno creados por el conjunto de todos estos elementos son los de la vida.
En la segunda imagen se describen algunos elementos naturales. También puede decirse que se presentan varias imágenes de la naturaleza. Los elementos de esta imagen son la noche, el día, la luna, el sol y la tierra, todos inclinando ante Allah la cabeza en obediencia. Sobre la tierra se encuentran dos grupos vivientes cuya naturaleza es diferente, aunque exteriormente son iguales. Uno de ellos es la sociedad humana, que permanece indiferente a la adoración de Allah. El otro son los ángeles, ocupados día y noche, sin interrupción, en la adoración de Allah. El cuadro que se contempla al reunir todos estos elementos es el de la adoración. En el vasto lienzo de esta imagen, cada una de sus partes ha sido integrada adecuadamente.
3. En diversos lugares del Corán se han descrito de distintas maneras las bendiciones que se han concedido a los seres humanos. Sin embargo, en cada exposición se ofrece una descripción general de las bendiciones, en la que se observa una particularidad. Mencionaremos dos lugares a modo de ejemplo. Por ejemplo:
(3.a)
(Árabe*******)
Allah ha hecho de vuestras casas lugares de residencia y, con las pieles de los animales cuadrúpedos, os ha proporcionado tiendas. Podéis utilizarlas durante vuestros viajes y cuando os establecéis en casa. De la lana de las ovejas, del pelo de los camellos y del pelo de las cabras ha creado numerosos enseres y objetos de uso para vosotros durante un tiempo determinado. Allah os ha proporcionado sombra mediante aquello que ha creado para vosotros, y en las montañas os ha preparado lugares donde refugiaros, y os ha proporcionado vestimentas que os protegen del calor y de los peligros. Así completa Su gracia para con vosotros, para que os sometáis a Él. (Sura an-Nahl: 80-81)
(Árabe*******)
En los animales cuadrúpedos hay materia para vuestra reflexión. Os damos de beber la leche que procede de entre los excrementos y la sangre contenidos en sus vientres, agradable para quienes la beben; y de los frutos de las palmeras y de las uvas preparáis un buen sustento. En ello hay, ciertamente, un signo para la gente dotada de entendimiento. Tu Señor inspiró a las abejas: «Construid vuestras moradas en las montañas, en los árboles y en las estructuras elevadas. Luego comed de todos los frutos y recorred los caminos abiertos de vuestro Señor». De sus vientres sale una bebida de diversos colores, en la que hay curación para las personas. En ello hay un signo para quienes reflexionan. (Sura an-Nahl: 66-69)
Arriba hemos citado dos tipos de versículos, en «a» y «b». En ambos tipos de versículos se han recordado las bendiciones que Allah ha concedido a Sus siervos. Ahora veremos si existe alguna diferencia entre ambos tipos de versículos y, si la hay, de qué clase es.
En los primeros versículos (3.a) se describen objetos que sirven al ser humano como refugio, o cuya sombra aprovecha, o que se pone para cubrir su desnudez. Por ejemplo, las casas, la sombra, las prendas de vestir y otros objetos semejantes. Ese es, por tanto, el tema principal de los versículos citados. En esta imagen, la descripción de los animales cuadrúpedos también presenta una característica especial. Por ejemplo, con sus pieles las personas fabrican tiendas que pueden transportarse fácilmente. Con su lana se confeccionan mantas y otras prendas. En realidad, en esta imagen se describen lugares, mantas y sombra.
En los dos versículos siguientes (3.b) se describe la producción de bebidas: las bebidas embriagantes (elaboradas a partir de frutos), la leche, la miel (producida por las abejas) y los animales de los que el ser humano obtiene bebidas.
En realidad, arriba se ha presentado una imagen de gran sutileza. No es una imagen ordinaria, sino extraordinaria. Observad: la bebida embriagante se elabora a partir de frutos, pero su forma y naturaleza son completamente distintas de las de esos frutos. Asimismo, la miel se recoge de las flores, pero no guarda con ellas ninguna semejanza. La leche se origina entre el estiércol y la sangre, pero su naturaleza y sus propiedades no tienen la menor relación con el estiércol ni con la sangre. Todas estas bebidas se crean a partir de otras sustancias. Si se reflexiona sobre ello, se percibe el pulso de la vida en toda la escena.
En cada parte de la sutil imagen de singularidad que aparece en los versículos mencionados están presentes la semejanza y la correspondencia entre unas cosas y otras. Por un lado, en ella florece la belleza; por otro, también resulta asombrosa. En el Corán no son escasos los ejemplos de este tipo. Presentamos a continuación otro ejemplo que representa plenamente este asunto.
(Árabe**********)
Quienes te juran fidelidad, en realidad juran fidelidad a Alá; quienes te juran fidelidad, en realidad juran fidelidad a Alá. La mano de Alá está sobre sus manos. Así pues, quien rompe el juramento solo se perjudica a sí mismo; y a quien cumple el pacto que hizo con Alá, Él le concederá pronto una magnífica recompensa. (Sura Al-Fath: 10)
La imagen trazada en este versículo es la de prestar juramento estrechando las manos. A este respecto se dice: «La mano de Alá está sobre sus manos». Aquí se está comprobando y poniendo a prueba algo en un momento particular. Sin embargo, se ha empleado el recurso expresivo de decir «yadul-lah» (la mano de Alá). El propósito es establecer la pertinencia y la armonía de la frase. Para los eruditos de la retórica, su nombre técnico es «murāʿāt al-naẓīr», o una semejanza que atrae la atención. Pero los eruditos de la retórica solo fijan su atención en la situación externa. Por eso, la imagen queda fuera de su campo de visión; nosotros, en cambio, además de su terminología, percibimos en la representación visual la plena combinación del ritmo, la disposición y el tema. Esta combinación se ha creado para que las partes de la imagen encajen con toda la escena.
Pero hay que recordar que, en estas representaciones visuales, el Corán no solo se ha servido de relaciones sutiles entre elementos cercanos, sino que muchas veces también ha aproximado mediante la imaginación relaciones distantes. Estamos hablando, esencialmente, en el lenguaje de la representación y la visualización. Porque antes de exponer nuestro argumento nos encontramos ante una imagen —la presentada en el versículo anterior—. A pesar de la distancia, muchas veces se presentan juntos el cielo y la tierra. En muchos lugares se reúnen en un mismo espacio escenas naturales y seres vivos. Y esto ocurre precisamente allí donde el cuadro ofrece amplitud y espacio para la expansión. Dice:
(Árabe**********)
¿Acaso no observan los camellos, cómo fueron creados? ¿Y las montañas, cómo fueron erigidas? ¿Y la tierra, cómo fue extendida y allanada? (Al-Ghashiyah: 17-20)
Observen cómo el pincel del artista ha dispuesto tan bellamente, dentro de una misma imagen, la tierra, el cielo, el camello y las montañas. Es una imagen de horizonte extendido en un pequeño marco. El objeto cuya descripción se pretende aquí es vasto y completamente imponente; basta contemplar esas cosas enormes y aterradoras para que su imagen surja espontáneamente en la mente. La escena presentada aquí se extiende desde el cielo hasta la tierra. Por otro lado, las enormes montañas que se elevan hasta el cielo y los camellos de altas jorobas han sido dispuestos perfectamente en un pequeño lienzo. Esto no podría hacerlo nadie salvo un artista de gran talla. Solo un gran artista puede crear semejante belleza y precisión.
En segundo lugar, lo que solo el ojo del artista puede percibir es lo siguiente: en un lado de todo el lienzo está el cielo y, en el otro, la tierra; en medio, montañas de inmensa magnitud, y entre ellas, un ser vivo: el camello, que recorre un desierto de horizonte infinito. Las montañas lo rodean por todos lados.
4. Salvo por una ligera diferencia, los siguientes versículos también guardan relación con el tema anterior.
(Árabe**********)
Ciertamente, he creado en el cielo grandes fortalezas y las he embellecido para quienes las contemplan. He protegido el cielo de todo Satanás expulsado. Pero quien escucha furtivamente y huye es perseguido por un meteoro luminoso. He extendido la superficie de la tierra, he colocado sobre ella montañas y he producido en ella cada cosa de manera cuidadosamente planificada. He creado allí medios de sustento para ustedes y también para aquellos cuyo sustento no les corresponde proporcionar.
En este versículo se dice que en el cielo hay grandes fortalezas y meteoros, y que estos son lanzados contra el Satanás rebelde. Sobre la tierra extendida se han colocado montañas firmes, y sobre ella también se han producido diversas plantas, de manera sumamente planificada y precisa. Por eso se ha utilizado la palabra «Mawzun» (***). No se han utilizado las palabras «Bahiy» (****) ni «Latif» (***). Las creaciones necesarias para la subsistencia se han expresado mediante «Ma‘ayish», un sustantivo plural que indica abundancia. También se dice que en la tierra hay criaturas que los seres humanos no mantienen. Sin embargo, esto se ha dejado implícito.
Al observar atentamente, se comprende que las escenas y las imágenes presentadas en estos versículos son de una magnitud inmensa y de gran peso. Todo ha sido ensamblado de tal manera que resulte perceptible para los sentidos y lleno de significado, como cuando, en un libro de gran extensión, todas las formas se cosen y unen sobre una sola cinta.
5. Muchas veces, para crear amplitud y extensión en la imagen, se coloca el lado del ancho del lienzo en sentido vertical. Aun así, resulta difícil incluir en él todos los elementos de la imagen. Por eso, se utiliza toda la tela del lienzo para pintar. Un ejemplo de este tipo de imagen es el siguiente versículo:
(Árabe**********)
Ciertamente, solo Allah posee el conocimiento de la Hora. Él hace descender la lluvia y sabe lo que hay en los úteros. Nadie sabe qué obtendrá mañana ni nadie sabe en qué lugar morirá. Allah es Omnisciente y está bien informado de todas las cosas. (Sura Luqman: 34)
Observad que en este versículo el lienzo o cuadro tiene una extensión inconmensurable. En él se incluyen el espacio y el tiempo, el presente y el futuro, las noticias del mundo invisible, la Resurrección, la lluvia, el feto oculto en el útero y otras cosas. Asimismo, se menciona el sustento que se obtendrá en el futuro. El momento de obtenerlo no está muy lejos: está ante los ojos. La escena de cuándo llegará la muerte y dónde tendrá lugar el entierro y el amortajamiento lo abarca todo.
Esta imagen es sumamente extensa tanto en el tiempo como en el espacio. Sus límites y todo su entorno se han perdido detrás de lo invisible. Todo esto parece estar frente a un pequeño estante cuya puerta está cerrada. Si allí se hiciera visible una abertura tan fina como el ojo de una aguja, se vería que lo que está muy lejos se encuentra extremadamente cerca, mientras que cualquier objeto cercano está de pie justo detrás, sin espacio alguno entre ambos. Es decir, estos objetos se encuentran ciertamente en los límites extremos de la distancia, pero lo invisible se ilumina en cierto momento ante los ojos. Entonces parece que todo está presente conjuntamente en una misma plataforma.
Un aspecto sutil de la composición artística
Ahora analizaremos otro aspecto de la armonía y la composición artística que se encuentra entre las escenas coránicas. Hasta ahora, el análisis de la composición artística y su armonía se había centrado en imágenes y escenas visibles; además, se trataba de una composición artística completa que podía encontrarse en una parte de la imagen o en la imagen entera. Sin embargo, el milagro y la grandeza del Corán no pueden detenerse aquí. A veces se manifiestan como una imagen enmarcada o como una escena en movimiento. Otras veces, todo se mezcla y se funde para crear la magia de una sola melodía que envuelve cuanto la rodea. El resultado que de ello surge se hace evidente en el siguiente ejemplo. Por ejemplo:
(Árabe**********)
Juro por la mañana y por la noche cuando se vuelve profunda. Tu Señor no te ha abandonado ni está disgustado contigo. Lo que viene será mejor que lo anterior. Tu Señor te dará pronto lo que te complacerá. ¿Acaso no te encontró huérfano y te dio refugio? Te encontró extraviado y te guio. Te encontró necesitado y te enriqueció. Por tanto, no oprimas al huérfano, no reprendas al mendigo y proclama la gracia de tu Señor. (Sura Ad-Duha: 1-11)
En los versículos mencionados se manifiesta una atmósfera conjunta de gracia y compasión, preocupación e impotencia. Por ejemplo: Hasta ese versículo, la melodía de misericordia y generosidad, así como de tristeza y desesperanza, parece el estruendo devastador de las delicadas cuerdas del arpa del corazón. En la exposición del mensaje se han reunido tonos suaves y lastimeros, mientras la triste melodía de la preocupación continúa sonando sin cesar. Esa melodía ha quedado rodeada por el mediodía y por la noche que extiende su cortina negra. El mediodía es el momento más excelente entre la noche y el día. La noche, en cambio, ha sido escogida como símbolo del dolor y la tristeza. Así como la noche cubre todo con un tenue velo de oscuridad, del mismo modo un delicado manto de tristeza, llamado orfandad y pobreza, cubrió al Noble Mensajero (la paz y las bendiciones sean con él). Luego, poco a poco, ese manto se va retirando, y el amanecer de la felicidad, cada vez más luminoso, llega hasta el mediodía.
(Árabe**********)
Tu Señor no te ha abandonado ni está disgustado contigo. Lo que viene será mejor que lo anterior. Pronto tu Señor te dará aquello con lo que quedarás satisfecho.
Se está anunciando esta buena noticia. Así, la imagen alcanza su plenitud en todos sus aspectos: el ambiente, la situación, el color, el estilo y las comparaciones e imágenes evocadas.
b. Escuchen ahora otra clase de melodía. Tanto su contexto como su imagen son de una naturaleza diferente.
(Árabe**********)
Juro por los corceles que corren jadeantes. Luego, por los que hacen saltar chispas con sus cascos. Luego, por los que atacan al amanecer y levantan nubes de polvo, y penetran en medio de las filas enemigas. En verdad, el ser humano es ingrato con su Señor, y él mismo es testigo de ello. Ciertamente, está intensamente apegado a los bienes materiales. ¿Acaso no sabe que, cuando se haga salir lo que está en las tumbas y se revele lo que hay en los corazones, ese día su Señor estará perfectamente informado de lo que les acontecerá? (Sura Al-Adiyat: 1-11)
El tono y el ritmo de esta sura son semejantes a los de la sura an-Nazi‘at. Sin embargo, aquí hay mucha más dureza y agudeza que en an-Nazi‘at. Además, se perciben aspereza, temor, ira y estruendo. Esta sura guarda plena armonía con el lugar, el tiempo y los personajes. Cuando el muerto se levante de la tumba, se producirá un estruendo y todos los secretos de su corazón serán sacados a la luz y hechos manifiestos. Aquí se ha creado una especie de dureza que armoniza plenamente con un ambiente de ingratitud, arrogancia y estrechez. Cuando se percibe la necesidad de un marco acorde con toda esta belleza, se adopta precisamente un ambiente tumultuoso, cuyo trasfondo está formado por el polvo levantado y los relinchos de caballos veloces. Estos se lanzan al amanecer contra el enemigo. La imagen y el marco, y el marco y la imagen, se funden maravillosamente hasta hacerse uno. Así, toda la escena se embellece con cada una de sus partes.
c. Ya hemos examinado dos marcos de la imagen. Ambos son independientes y de naturaleza diferente. Sin embargo, el color y el estilo de estas dos imágenes guardan semejanza entre sí. El marco no está siempre limitado a un mismo color y estilo; más bien, puede adoptar formas y colores diversos, y la imagen que contiene también se adapta a ellos. Por ejemplo:
(Árabe**********)
Por la noche cuando cubre, por el día cuando resplandece y por Aquel que creó al varón y a la mujer. Ciertamente, vuestros esfuerzos son diversos. Así pues, a quien da, es consciente de Dios y tiene por verdadera la mejor recompensa, le facilitaremos el camino hacia la felicidad. Y a quien es avaro, se siente autosuficiente y considera falsa la mejor recompensa, le facilitaremos el camino hacia la dificultad. Cuando caiga en la perdición, sus riquezas no le servirán de nada. A Nosotros corresponde guiar; a Nosotros pertenecen este mundo y el Más Allá. Por eso os he advertido acerca de un fuego abrasador. Nadie entrará en él salvo el más desdichado: aquel que desmiente y se aparta. Pero será apartado de él el piadoso, que entrega sus bienes para purificarse y no busca con ello ninguna recompensa por un favor recibido de nadie, sino únicamente la complacencia de su Señor, el Altísimo. Y pronto quedará satisfecho. (Sura al-Layl, 1-21)
La imagen trazada en esta sura contiene tanto el blanco como el negro —es decir, el pecado y la virtud—. Por un lado, se dice: «quien da y es consciente de Dios»; y, junto a ello, también se dice: «quien es avaro y se siente autosuficiente». Del mismo modo, se afirma: «le facilitaremos el camino hacia la felicidad». Y, de manera correspondiente, junto a «el desdichado que desmiente y se aparta», se menciona: «el piadoso que entrega sus bienes para purificarse». De este modo, todo el marco de la imagen se ha configurado en blanco y negro.
Así, por un lado, se dice: «Por la noche cuando cubre». Y, del mismo modo, se dice: «Por el día cuando resplandece». Aquí se ha elegido la palabra «yagshā» junto con «al-Layl», mientras que en la sura ad-Duha se empleó la palabra «sajā». Probablemente se hizo así para hacer más clara la oposición entre la noche y el día. Asimismo, en «el varón y la mujer», ambos pertenecen a una misma especie, pero son opuestos entre sí. Por eso puede decirse que este marco favorece plenamente a la imagen.
El tono y el ritmo presentes en la sura al-Layl son muy superiores a los de la sura ad-Duha. Sin embargo, su resonancia no contiene crueldad ni un dolor profundo del corazón, porque eso es precisamente lo que exigen la descripción y el marco. Esta unidad y armonía son, sin duda, sumamente admirables.
La duración de la imagen coránica
Ahora trataremos otro aspecto de la armonía artística que se encuentra en el Corán.
No basta con decir, respecto de las escenas y las imágenes del Corán, que, al armonizar las distintas partes y colores de una imagen o escena y crear una cadencia de sonidos y ritmos acorde con el contexto o el tema principal, se ha logrado todo. Más bien, es necesario avanzar un poco más, teniendo presente el empeño por conferir a la escena una perfección artística atractiva y crear su singularidad. Esto se debe a que fijar el tiempo resulta indispensable para establecer esa escena en el mundo de la imaginación. Lo sorprendente es que el Noble Corán también ha satisfecho esta necesidad de manera sumamente bella y exacta.
Algunas escenas presentadas por el Corán desaparecen en un abrir y cerrar de ojos, sin dejar siquiera oportunidad para reflexionar sobre ellas. Algunas imágenes son tan duraderas que el lector siente que esa escena nunca desaparecerá de su vista. Hay imágenes dinámicas y otras estáticas. Se encuentran en el interior de la escena. Además, el propósito general del Corán también se refleja allí de igual manera. La extensión o brevedad de cada escena se configura de un modo particular. Todos los medios y recursos que contiene contribuyen a completar el propósito y el objetivo de la escena.
Ahora que hemos entrado en este nuevo campo, expondremos sus ejemplos de manera gradual:
1. El Corán quiere presentar ante las personas la escena de cuán breve es el período de esta vida terrenal, que hace que se despreocupen de la vida del Más Allá. El Corán ha presentado esta escena así:
(Árabe**********)
Preséntales la parábola de la vida terrenal: es como el agua que hacemos descender del cielo. Luego, gracias a su mezcla, brotan de la tierra los tallos, las hierbas y las hojas. Después se seca y vuela por el aire como paja. Alá tiene poder sobre todas las cosas. (Sura al-Kahf: 45)
Aquí se mencionan tres cosas: 1. El agua que desciende del cielo. 2. El desarrollo de la fertilidad mediante la mezcla del agua y la tierra. Y 3. Luego, su secamiento y su dispersión por el aire como paja.
En estas tres breves frases se ha dicho precisamente que la vida terrenal ha llegado a su fin en las tres escenas. ¡Ah, qué breve es la vida!
Se ha descrito brevemente toda la evolución de las plantas. No se ha omitido ningún aspecto. Sin embargo, no se ha mencionado la segunda etapa. Primero se habla del agua, que hace posible la producción de los cultivos. Luego, en cierto momento, el cultivo madura, se seca y la paja se dispersa llevada por el viento. Ahora cabe preguntarse: aparte de la segunda etapa de las plantas, ¿qué más se ha omitido?
En el versículo mencionado se han reunido todos los elementos de una descripción clara, una contemplación prolongada y una armoniosa belleza. El método descriptivo es tan claro y contundente que no queda nada de lo que se pretendía comunicar que pudiera contribuir aún más al cumplimiento del propósito religioso. La contemplación ha llevado esta imagen a la perfección; trasciende los límites de la armonía estética y agudiza la capacidad de reflexión.
Para describir esta escena de forma concisa se han empleado tanto la disposición de las palabras como los recursos artísticos. Por ejemplo, la «fa» consecutiva de la palabra «fajtalata», que se utiliza para expresar la sucesión de los acontecimientos. Esta letra presenta toda la escena con plenitud y rapidez. Precisamente esta «fa» deja claro que el agua caída no se mezcla en realidad con la tierra, sino con las enredaderas y las plantas que brotan de ella. La escena se presenta de tal manera que establece la rapidez buscada.
2. El siguiente versículo constituye otro ejemplo parecido. El significado, el propósito y la forma y el método de captar la atención son los mismos, pero se presentan con un estilo algo diferente.
(Árabe**********)
Sabed que la vida terrenal no es más que juego, diversión, adornos, jactancia mutua y abundancia de bienes y descendencia. Es como la lluvia: su vegetación verde alegra a los agricultores; después se seca, y la ves amarillenta; luego se convierte en paja.
La imagen de este mundo perecedero trazada en este versículo guarda semejanza con la del versículo anterior. Algunos podrían pensar que no hay ninguna diferencia entre ambas imágenes. En realidad, existe una sutil diferencia entre estos dos versículos. Los incrédulos dan prioridad a este mundo porque en él encuentran un ambiente semejante al del juego y la diversión, con todos los medios para el placer y el entretenimiento al alcance de la mano, que pueden obtenerse con un poco de esfuerzo. Pueden competir entre sí en riqueza y en número de seguidores. Allah dice: aquello en lo que están absortos los incrédulos y que consideran una vida larga y placentera es, en realidad, sumamente breve y perecedero. Así como la lluvia fertiliza la tierra y produce diversos frutos, alegrando a los agricultores, luego las plantas se secan después de cierto tiempo y vuelan con el viento como paja. Así es exactamente la condición de este mundo.
Entre las aleyas del Corán que parecen ser iguales existen diferencias sutiles como la diferencia analizada anteriormente. Se perciben diferencias entre dos aleyas de apariencia similar. Naturalmente, esta diferencia puede ser común o también importante. A través de esas aleyas se realiza la labor de invitación religiosa, pero asimismo son portadoras de belleza y elegancia artística. Además, gracias a esa diferencia sutil, surge en ellas novedad y también se las considera una modalidad.
3. En los dos ejemplos anteriores vimos que se resumió la exposición suprimiendo la segunda etapa. Ahora presentaré un ejemplo en el que, al igual que en el ejemplo anterior, se muestra de forma resumida el tiempo de la vida mundana. Sin embargo, aquí el resumen es aún mayor que en el ejemplo anterior. En este caso, las dos etapas de la vida mundana —el comienzo y el final— se han reunido en un solo instante. Al mismo tiempo, se muestra cuán largo es el período que transcurre desde el comienzo hasta el final de la vida mundana. Se dice:
(Árabe**********)
La rivalidad por conseguir más os distrae, hasta que visitáis las tumbas. (Sura at-Takázur: 1-2)
La imagen presentada en esta aleya es una imagen de los límites de la vida: comienza con la búsqueda de riquezas y abundancia y termina en la tumba. ¿Cómo podría trazarse, mediante la descripción o el pensamiento, una imagen más breve y limitada de la etapa final de la vida? Otro aspecto de esta imagen es que el tiempo transcurrido desde el comienzo hasta el final de la vida también termina mientras la persona está entregada a los juegos y diversiones de la vida mundana. Mediante el uso de la palabra «hatta» (***), se indica dónde termina el límite de su duración. Incluso en un período tan breve, el ser humano se entrega a actividades innecesarias, aunque sabe que su vida es extremadamente corta. En dos aleyas breves se ha expresado de manera bella y eficaz todo el propósito.
4. La aleya siguiente también trata un tema de este tipo, pero su propósito es diferente.
(Árabe**********)
¿Cómo podéis negar a Allah? Estabais muertos y Él os dio la vida. Después os hará morir, luego os devolverá a la vida y, finalmente, seréis devueltos a Él. (Sura al-Bácara: 28)
En las cuatro partes de la misma aleya se describen cuatro estados de la creación. El primero es el estado anterior a la creación; el segundo se refiere a la vida y la existencia en este mundo después de la creación; el tercero es que, un día, necesariamente habrá que partir de esta tierra; y el cuarto es que, después de la vida mundana, existe otra vida, en la que todos deberán comparecer.
El estado anterior a la vida mundana se denomina azal. El estado y la condición posteriores a la adquisición de la existencia fueron determinados, y se llaman hayat o vida. Después viene la muerte, y tras la muerte comenzará la vida del Más Allá. Para expresar brevemente los cuatro estados, se los ha mencionado con apenas cuatro palabras. Sin embargo, la capacidad de pensamiento considera que este periodo es muy largo, mientras que para el Poderío Supremo ese largo periodo no es más que un parpadeo. El Poder Omnipotente solo dice a una cosa: «Sé», y al instante llega a ser. Así presenta de manera aún más luminosa esa rapidez, especialmente cuando introduce ese largo periodo en un lapso equivalente a un parpadeo. Entonces, ¿cómo se puede negar a Allah? ¿Y cómo se puede desobedecerle? Él es precisamente la Esencia que, desde el principio, es dueña de todo cuanto os pertenece. Y hasta el final seguirá siendo la Dueña. Y a Él regresaréis.
En la aleya siguiente, la concisión se lleva a su forma plena:
(Árabe**********)
Él es Quien creó para vosotros todo cuanto hay en la tierra; luego se dirigió al cielo y creó el cielo en siete niveles. (Sura al-Baqara: 29)
De este modo, creó en un instante todo cuanto hay en la tierra. Luego se dirigió hacia los cielos y, en un instante, los creó dispuestos en siete niveles. En las aleyas del Corán donde se trata este tema se ofrece una descripción detallada de la creación de los cielos y de la tierra.
5. Hasta ahora se había recurrido a la concisión en las escenas. En algunas de ellas se resumía omitiendo los estados intermedios, mientras que en otras se resumía haciendo que un estado penetrara en otro. Ahora presentaremos un ejemplo de concisión en el que el Artista de la naturaleza ha mostrado una hermosa técnica mediante su hábil obra, ejecutada con un pincel sumamente poderoso. Allí, con los toques dispersos del pincel, ha cobrado vida una imagen inolvidable, cuya contemplación hace pensar que aquí no había nada. Cuando la imaginación dirige su mirada hacia ese lienzo, entonces parece que allí no había nada.
(Árabe**********)
Quien asocia a otro con Allah es como quien cae precipitadamente del cielo; luego, un ave carroñera lo arrebata de un picotazo, o el viento lo arrastra y lo arroja en un lugar lejano. (Al-Hajj: 31)
¡Qué rápidamente ocurre todo esto! Caer precipitadamente desde la tierra, ser arrebatado de inmediato por un ave carnívora, o ser arrastrado por el viento y arrojado a lugares remotos. Ante los ojos queda ahora una imagen tal que parece que aquí nunca hubiera habido nada.
Piensen un poco: ¿qué misterio se oculta en la rapidez con que alguien es arrebatado de un picotazo? El misterio es que nadie piense que los idólatras tienen algún refugio o permanencia. Aun así, se les ha concedido un lugar en la Tierra por un breve tiempo. De nada importan el linaje de los idólatras, la grandeza y el esplendor que posean, las ramas y ramificaciones de sus tribus o la cantidad de sus seguidores: vienen de un lugar desconocido y, en un abrir y cerrar de ojos, se marchan hacia otro lugar desconocido. No está destinado a ellos establecerse firmemente en la vida mundana.
Ahora presentaremos algunas imágenes extensas.
Imágenes extensas
1. Hemos hablado de la aleya en la que se dice que el agua de lluvia desciende del cielo. Luego brotan de la tierra diversos tipos de plantas. En cierto momento maduran, se secan y se convierten en paja, y el viento se las lleva. Toda la escena ha sido presentada en un abrir y cerrar de ojos. Ahora veremos cómo escenas de este tipo han sido descritas con mucha más calma y detalle en numerosos lugares. Se dice:
(a)
(Árabe************)
Él es Allah, Quien envía los vientos y estos desplazan las nubes. Luego, Él las extiende por el cielo como quiere y las coloca unas sobre otras. Después, ves que la lluvia sale de entre ellas. Él la hace llegar a los siervos que quiere, y entonces estos se alegran. (Sura Ar-Rum: 48)
Este versículo pertenece a la primera etapa, en la que se menciona que el agua de lluvia llega hasta la tierra. Así, las nubes de lluvia flotan en el cielo, impulsadas por el viento. Cuando Allah quiere, las hace más pesadas y descienden a la tierra en forma de lluvia. Aunque al principio la gente se desespera, después se alegra al ver la lluvia. Veamos ahora qué sucede después de que llueve.
(b)
(Árabe************)
¿Acaso no has visto que Allah hace descender agua del cielo y, mediante ella, produce cultivos de diversos colores? Luego estos se secan y los ves amarillos. Después, Allah los convierte en paja. Ciertamente, en ello hay una exhortación para los dotados de entendimiento. (Sura Az-Zumar: 21)
Observen que aquí todo se desarrolla de manera gradual y pausada. El agua desciende del cielo, pero la tierra no germina inmediatamente. Más bien, esa agua fluye formando ríos o manantiales. (árabe*(*******)—«Luego, de ella se producen los cultivos»,) que cambian de diversos colores. El cambio de color requiere tiempo. Luego comienzan a agitarse, hasta que en cierto momento maduran y adquieren un color amarillo. Es evidente que este estado se alcanza después de que ha transcurrido cierto tiempo; eso es lo que indica la palabra «zumma» (***). La expresión «Luego se lo convierte en fragmentos» (***) muestra que el proceso de desmenuzarlo también se realiza durante cierto tiempo. Aquí se ha empleado la palabra (***) en tiempo presente/futuro. En otro lugar se dice (***)—«se ha hecho añicos»— y (***)—«se hace añicos»—, lo cual significa que se desintegra por sí solo, sin intervención de nadie. Aquí se dice que se lo desmenuza y que permanece en ese estado. Pero en otro lugar se dice: (****)—«el viento se lo lleva». Después, no queda ningún vestigio suyo.
El secreto de esta calma y duración es que en este versículo se habla de las bendiciones concedidas por Allah. Por eso, al describir la bendición, se procede gradualmente, para que los espectadores puedan contemplar la escena pausadamente y beneficiarse de ella, sin que quede ningún deseo insatisfecho. Solo por esta razón se prolonga la escena.
2. Vean otra escena, en la que el Noble Profeta —que Allah le bendiga y le conceda paz— y sus compañeros son comparados con un campo y sus cultivos:
(Árabe************)
En la Torá se describe su estado de esta manera, y en el Evangelio se dice que su estado es como el de una planta que hace brotar un retoño; luego este se fortalece y se robustece, y se mantiene erguido firmemente sobre su tallo, llenando de alegría al sembrador, para que Allah haga enfurecer por medio de ellos a los incrédulos. (Sura Al-Fath: 29)
El cultivo mencionado en esta aleya no se seca, se desintegra y se dispersa llevado por el viento. Por el contrario, permanece firme e inmóvil. Esta imagen es perdurable; nunca desaparece de la mente ni del pensamiento. Es una imagen que deja una profunda huella duradera en el mundo de la mente y del pensamiento.
Aquí es necesario reflexionar sobre algo: ciertamente, la imagen es extensa, pero sus partes iniciales se desarrollan rápidamente. Así, apenas se siembra una semilla en un campo, germina y muy pronto se convierte en un árbol enorme. No tarda mucho en hacerlo. Luego, llegado cierto momento, se mantiene firme sobre su propio tallo. Este era el estado inicial de los musulmanes. En primer lugar, no tardaron en aceptar el Islam. En segundo lugar, permanecieron firmes en ese estado. Después de que su estado alcanzó la plenitud, no se produjo allí ningún cambio.
3. Antes mencionamos una escena en la que se presentaba la vida entera del ser humano —es decir, desde el principio hasta el final— en una imagen que concluía en un abrir y cerrar de ojos. Ahora veremos otra escena, no de toda la vida, sino de una parte específica de ella, aunque mucho más extensa en duración. Se dice:
(Árabe************)
Creé al ser humano a partir de la esencia de la tierra. Luego lo coloqué, como una gota de esperma, en un lugar protegido y oscuro. Después transformé la gota de esperma en un coágulo de sangre. Luego convertí el coágulo de sangre en una masa de carne; después, de esa masa de carne creé los huesos; posteriormente, cubrí los huesos con carne y, finalmente, le di una nueva forma. ¡Bendito sea Allah, el mejor de los creadores!
Observen cuán extensa es la exposición de un solo capítulo de la vida humana. Aquí se arroja luz sobre el período comprendido desde la concepción hasta antes del parto. La enseñanza y la exhortación que se transmiten mediante ella son suficientes para influir en la conciencia de cada persona. Por eso puede decirse que, en este caso, tal extensión no es censurable.
4. Entre las escenas representadas de manera prolongada se encuentran, especialmente, las del Día de la Resurrección y del castigo del Infierno. Cuando el asunto queda determinado y surge la necesidad de presentar su imagen, se lo representa mediante una imagen prolongada, para que esta pueda influir en el pensamiento y la conciencia de cada persona, y para que la huella de su terrible desenlace pueda repercutir en la conciencia.
Se han utilizado diversos medios y recursos para prolongar algunas escenas. A continuación presento algunos ejemplos. Si no temiera que aumentara la extensión del libro, añadiría un capítulo independiente sobre este tema.
[4.1] Muchas veces, para presentar una escena de manera prolongada, se la expone con palabras y en un estilo que producen una sensación de repetición, como en el siguiente ejemplo:
(Árabe************)
A quienes nieguen Mis aleyas, pronto los quemaré en el fuego. Cuando el fuego les queme la piel, les daremos a cambio nuevas pieles, para que puedan sentir plenamente el castigo. (Sura an-Nisā’: 56)
En esta aleya se presenta una escena aterradora. Los ojos de la imaginación contemplan una y otra vez esta escena y quedan sobrecogidos por el miedo y el temor. Cuando aumentan la angustia y la preocupación, la escena vuelve a repetirse una y otra vez. Porque, cuando el nafs intenta transgredir los límites, esta imagen aterradora se lo impide y lo anima a obedecer a Allah.
[4.2] Muchas veces, la prolongación se logra mediante la disposición y el orden de las palabras. Por ejemplo, se relata un acontecimiento y luego se ofrece una descripción detallada de una de sus partes. Se ha dicho:
(Árabe************)
Y anuncia a quienes acumulan oro y plata y no los gastan por la causa de Alá un castigo doloroso. El día en que sean calentados en el fuego del Infierno y con ellos se les quemen la frente, los costados y la espalda, se les dirá: «Esto es lo que acumulasteis; gustad, pues, hoy, el resultado de vuestra acumulación». (At-Tawba: 34-35)
Al principio, (******), «anúnciales un castigo doloroso», se hace una exposición general sobre el castigo. Durante un breve momento se interrumpe la continuidad de la descripción, para que el oyente pueda prepararse mentalmente para escuchar la descripción detallada del castigo. Después se describe detalladamente su clase y naturaleza. Para llamar la atención sobre la abundancia del oro y la plata, se emplea el plural en lugar del dual. Así se indica su abundancia. Del mismo modo, se dice (****) en vez de (***). Obsérvese que, después de calentar el oro y la plata en el fuego, no se funden; con ellos comienza un castigo doloroso. Primero se les quema la frente con ellos. Ha terminado la acción de quemar la frente. Ahora se acercan los dos brazos y también termina la acción de quemarlos. Se piensa que el castigo ha terminado aquí. Esperad. La escena no ha terminado. Entonces, en el mundo de la imaginación, aparece cómo varios grupos son sometidos sucesivamente al castigo y este se repite una y otra vez. Y se dice:
(আরবী************) Esto es lo que acumulasteis. Gustad, pues, hoy, el resultado de vuestra acumulación. (Sura At-Tawba: 25)
[4.3] A menudo, una escena se prolonga debido a la descripción detallada de la sucesión de los hechos y de su cantidad. Asimismo, entre las palabras empleadas en ella surge una idea de repetición. Como en esta noble aleya:
(Árabe************)
Estos dos grupos litigantes disputan acerca de su Señor. A quienes son incrédulos se les han preparado ropas de fuego. Se verterá sobre sus cabezas agua hirviendo, que hará que se derrita todo lo que hay en sus vientres y también su piel. Además, tendrán martillos de hierro. Cada vez que, atormentados, quieran salir del Infierno, serán devueltos a él. Se les dirá: «¡Gustad el tormento de la quemadura!». (Sura Al-Hajj: 19-22)
Esta es una escena aterradora, descrita en esta aleya, llena de estrépito y repetición. Por un lado, ropas de fuego; por otro, agua hirviendo que borbotea y será vertida sobre sus cabezas. A causa de ello, todo lo que hay dentro de sus vientres y su piel se derretirá y caerá. Si alguien, desesperado, intenta escapar, será golpeado de inmediato con martillos de hierro, devuelto a su lugar anterior, y se le dirá: «¡Gusta el tormento de la quemadura!». Esta imagen se refleja una y otra vez en el espejo de la imaginación. En particular, los incrédulos intentan salir y son golpeados y obligados a entrar de nuevo. Parece que esta escena ocurre ante los ojos de los oyentes y los lectores.
[4.4] A menudo, para prolongar una escena, se detiene toda la actividad que contiene. Imaginemos, por ejemplo, a un opresor de pie en el campo de la Resurrección, completamente solo, expresando una y otra vez vergüenza y pesar. Al verlo, parece que uno le diría: «¡Hermano, basta ya! ¿De qué sirve seguir expresando vergüenza y pesar?». El tiempo en que ocurre la escena es muy breve, pero a uno le parece muy largo. Como, por ejemplo:
(Árabe************)
El malvado se morderá las manos aquel día y dirá: «¡Ay de mí! ¡Ojalá hubiera seguido el camino junto al Mensajero! ¡Ah, si tan solo no hubiera tomado a fulano como amigo! Después de que me llegó la exhortación, él me desvió de ella; Satanás engaña al ser humano en el momento preciso». (Sura Al-Furqán: 27-29)
En la aleya mencionada se describe el arrepentimiento de un incrédulo por sus actos pasados. Al mismo tiempo resuena una melodía tan lastimera de dolor que, por sí sola, hace surgir la extensión de la escena. Sus palabras son pocas, no muchas. Sin embargo, cuando cesan, generan una prolongada atmósfera de repugnancia, indignación y tristeza, de modo que nadie puede permanecer fuera de su esfera de influencia. En realidad, ese era su propósito y objetivo. Cabe recordar que el lugar y el momento de la confesión del delito por parte del culpable se han fundido por completo con el dolor y la vergüenza. Imaginen que se preguntará a un grupo de culpables:
¿Por qué caísteis en el Infierno? (Sura Al-Muddázzir: 42)
Ellos responderán a su vez:
Dirán: «No rezábamos, no alimentábamos al necesitado, discutíamos junto con los que discutían y negábamos el Día de la Retribución, hasta que se consolidó nuestra convicción sobre este asunto —es decir, hasta antes de la muerte—». (Sura Al-Muddázzir: 43-47)
Los culpables podrían haberse limitado a decir: «No creíamos y lo considerábamos mentira». Pero también se ha creado una especie de belleza al prolongar así el tiempo de la confesión del delito.
[4.5] A menudo también se observa que, para prolongar una escena, se utilizan todos los recursos mencionados anteriormente: por ejemplo, la ayuda de la disposición y la rima de las palabras, o una descripción detallada del acontecimiento, o, en ocasiones, la fijación de la escena. Observen los siguientes ejemplos:
(Árabe************)
Cuando se toque la trompeta con un solo toque, la tierra y las montañas serán levantadas y reducidas a polvo. Ese día tendrá lugar la Resurrección. Ese día el cielo se rasgará y se dispersará; los ángeles estarán en sus confines, y ocho ángeles llevarán por encima de ellos el Trono de tu Señor. Ese día seréis presentados, y nada de vosotros quedará oculto. (Sura Al-Haqqah: 13-18)
(Árabe************)
Después, aquel cuyo registro de obras le sea entregado en la mano derecha dirá: «Tomad, leed mi registro de obras. Yo sabía que tendría que rendir cuentas». Entonces vivirá una vida dichosa en un Jardín elevado, cuyos frutos estarán al alcance. «Comed y bebed con satisfacción, en recompensa por lo que enviasteis por delante en los días pasados».
(Árabe************)
A aquel cuyo registro de obras le sea entregado en la mano izquierda dirá: «¡Ay de mí! ¡Ojalá no me hubieran entregado mi registro! ¡Ojalá no hubiera conocido mi cuenta! ¡Ay! ¡Ojalá mi muerte hubiera sido definitiva! Mis riquezas no me sirvieron de nada. Mi autoridad también se perdió». Se dirá a los ángeles: «¡Tomadlo y ponedle un grillete al cuello! Luego arrojadlo al Infierno. Después, encadenadlo con una cadena de setenta gaz». Ciertamente, no creía en Allah, el Altísimo, ni alentaba a alimentar al pobre. Por tanto, hoy no tendrá aquí ningún amigo íntimo ni alimento alguno, salvo pus procedente de las heridas. Nadie lo comerá excepto los pecadores. (Sura Al-Haqqah: 25-27)
Aquí se han empleado varios métodos para presentar la escena mencionada: la descripción y la explicación se han prolongado, y también es bastante prolongado el eco de la melodía. Algunas partes de la escena han quedado inmóviles, sin dinamismo. Asimismo, se observa armonía entre los colores de toda la escena. La descripción de la cadena de setenta gaz amplía la imaginación. En realidad, todo ello exige extensión.
5. Cuando se trata de asuntos opuestos, como la comparación entre la vida terrenal y la vida del Más Allá, esas escenas se presentan de manera extensa. Los siguientes versículos son algunos ejemplos:
(Árabe************)
En verdad, el registro de las obras de los justos está en Illiyyun. ¿Y qué te hará saber qué es Illiyyun? Es un libro registrado. Los ángeles cercanos a Allah dan testimonio de él. En verdad, los justos estarán en dicha suprema, sentados en tronos y contemplando. Verás en sus rostros señales de bienestar. Se les dará de beber una bebida pura y sellada, cuyo sello será de almizcle. ¡En esto deberían competir los que compiten! Su mezcla será agua de Tasnim, una fuente de la que beberán los cercanos a Allah. (Sura Al-Mutaffifin: 18-28)
(Árabe************)
Los criminales se burlaban de los creyentes y, cuando pasaban junto a ellos, se guiñaban unos a otros. Cuando regresaban con sus familias, volvían riéndose. Y cuando veían a los creyentes, decían: «En verdad, estos están extraviados». Sin embargo, no fueron enviados para ser guardianes de los creyentes. Hoy, los creyentes se ríen de los infieles.
En los versículos mencionados se presentan dos escenas extensas. En una de ellas, las personas cercanas a Allah aparecen entregadas al disfrute de diversas bendiciones; en la segunda se muestra cómo los infieles trataban a los creyentes en este mundo y cómo burlarse de ellos se había convertido en una obsesión. Ambas escenas son extensas, especialmente la segunda. Su parte final es sumamente conmovedora. Y hacer comprender precisamente esto es el propósito principal aquí.
6. En el Noble Corán, la escena en la que se representan los creyentes y sus buenas obras es muy extensa. Esa extensión influye profundamente en la conciencia. En estos versículos se invita a quienes los contemplan a participar, junto con los creyentes, en la adoración que se muestra en la escena. Hay muchos ejemplos semejantes en el Noble Corán. Aquí hemos presentado solamente uno.
(Árabe**********)
En verdad, en la creación de los cielos y de la tierra, y en la sucesión de la noche y el día, hay signos para los dotados de entendimiento: aquellos que recuerdan a Allah de pie, sentados y recostados, y reflexionan sobre la creación de los cielos y de la tierra. (Dicen:) «¡Señor nuestro! No has creado todo esto en vano. ¡Gloria a Ti! Sálvanos del fuego del Infierno. ¡Señor nuestro! A quien arrojes al Infierno, lo habrás cubierto de deshonra, y los injustos no tendrán ningún auxiliador. ¡Señor nuestro! Hemos oído ciertamente a un pregonero que llamaba a la fe, diciendo: “Creed en vuestro Señor”, y hemos creído. ¡Señor nuestro! Perdona, pues, todos nuestros pecados, borra nuestras faltas y haznos morir junto con los justos. ¡Señor nuestro! Concédenos lo que nos has prometido por medio de Tus mensajeros y no nos cubras de deshonra el Día de la Resurrección. En verdad, Tú no quebrantas la promesa». (Alí Imrán: 190-195)
(Árabe**********)
Entonces su Señor aceptó su súplica, diciendo: «No dejaré que se pierda ninguna de vuestras obras, ya sea de un hombre o de una mujer. Sois unos de otros. Así pues, a quienes emigraron, fueron expulsados de sus hogares, fueron perseguidos por Mi causa, combatieron y murieron, ciertamente les borraré sus faltas y los haré entrar en jardines por cuyo suelo corren ríos. Esta es la recompensa de parte de Allah; y junto a Allah está la mejor recompensa». (Sura Al Imrán: 195)
¿Qué persona, al contemplar esta escena, llena de recogimiento y sumamente conmovedora, no sentirá derretirse su corazón y, uniéndose a aquellos sabios, no levantará sus manos ante el Señor, el Altísimo, como ellos, para elevarse a la cima de la humildad y la mansedumbre? Especialmente cuando se describe detalladamente el sacrificio de los creyentes y se menciona que esperan las bendiciones de la otra vida. El Misericordioso Allah no puede sino aceptar la súplica de esa persona. Sin duda, le concederá aquello que prometió dar a los creyentes.
Cada vez que se estudia el Corán con plena atención e interés, pueden observarse innumerables escenas vivas de este tipo. Cuando un lector del Corán lo estudia con un análisis minucioso, ante él se abren nuevas puertas del conocimiento y del misterio: la armonía entre las palabras y los significados; la belleza del ritmo y de la composición; la descripción encantadora y su efecto cautivador; la conexión y la integración de los temas; la sutileza y el estilo de la exposición; la representación artística de los acontecimientos; la melodía fascinante; y las nuevas formas y métodos de presentar la relación entre una parte y otra. La combinación de todo ello ha llevado a la perfección la naturaleza milagrosa y misteriosa del Corán.
Capítulo octavo
Tema: Los acontecimientos narrados en el Corán
Debe recordarse que narrar historias y relatos no es el objetivo principal del Corán. Aunque en él se emplean los contenidos y el estilo que son indispensables para escribir cuentos y novelas, es necesario seguir ese aspecto artístico propio de la escritura de cuentos y novelas. Sin embargo, aquí el asunto es algo diferente. Los acontecimientos son uno de los recursos complementarios que el Corán ha adoptado para alcanzar objetivos religiosos. El objetivo principal del Corán es la invitación a la religión, mientras que la representación de historias es solamente un medio para transmitir esa invitación a las personas con un lenguaje que llegue al corazón. Con el mismo propósito con el que el Corán presenta una imagen de la Resurrección y de la recompensa en la otra vida, expone la realidad de la resurrección después de la muerte y ofrece ejemplos y parábolas para explicar e interpretar la ley islámica, también presenta representaciones de historias. El propósito es transmitir la invitación religiosa a las personas de una manera que llegue a sus corazones.
A decir verdad, los acontecimientos narrados en el Corán y sus contenidos han llevado, con un estilo propio y de manera perfecta, el propósito religioso hasta el umbral de su culminación. (Más adelante describiremos sus tipos y ejemplos). Sin embargo, que estén subordinados al propósito religioso no significa que, al presentar los acontecimientos, no se preste ninguna atención al aspecto artístico. Por el contrario, al mismo tiempo que cumplen el propósito religioso, los acontecimientos también poseen características artísticas. En realidad, la representación es uno de los recursos más importantes de la narración y un rasgo esencial de su descripción.
Ya hemos dicho anteriormente que cada norma del Corán sirve a propósitos y objetivos tanto religiosos como artísticos. Cada imagen y escena presentada en el Corán posee ambas cualidades. También dijimos que la belleza artística del Corán se emplea para influir en el mundo interior del ser humano, pues ese sentimiento religioso del mundo interior se expresa mediante el lenguaje de la belleza artística. Conviene señalar que la religión y el arte se complementan mutuamente y que su morada se encuentra en lo más profundo del corazón humano. Por eso, la conciencia humana solo los acepta cuando la belleza artística alcanza su cumbre y, al mismo tiempo, el intelecto y el espíritu están preparados para responder al llamamiento de esa armonía y belleza.
En el capítulo «La imagen artística» presentamos dos ejemplos de representaciones narrativas. Allí, la naturaleza había pintado con su pincel imágenes sumamente conmovedoras, que no pueden dejar de afectar al ser humano. En aquel momento prometimos tratarlas en detalle. Ahora intentaremos cumplir esa promesa, si Dios quiere.
Propósitos y objetivos de los acontecimientos narrados en el Corán
Ya hemos dicho que los diversos acontecimientos se narran en el Corán con el único objetivo de llevar el propósito religioso a su culminación. Los acontecimientos se narran precisamente para cumplir ese propósito religioso. Para llevar a su objetivo, entre otros, el reconocimiento de la revelación y la misión profética, el tawhid, la unidad de la religión de los distintos profetas, la unidad e identidad del modo de tratar con todos los profetas, la manifestación del poder divino, las consecuencias del bien y del mal, la paciencia y la perseverancia, el shirk y el kufr, y muchos otros propósitos, el Corán recurre a la representación narrativa.
1. El reconocimiento de la revelación y la misión profética: Analizaremos los propósitos y objetivos de los acontecimientos narrados en el Corán, no para abarcar toda su extensión y amplitud. Uno de los principales objetivos de narrar acontecimientos en el Corán es reconocer la revelación y la misión profética, así como presentar argumentos sobre su necesidad e importancia.
Cabe señalar que el noble Profeta (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) no sabía leer ni escribir en el sentido habitual. Ni siquiera tenía relación alguna con un erudito judío o cristiano que pudiera permitirle narrar por medio del Corán acontecimientos de esta naturaleza. Algunos acontecimientos los narró con todo detalle y otros solo parcialmente, como los de Abraham (la paz sea con él), José (la paz sea con él) y Moisés (la paz sea con él). La exposición de estos acontecimientos en el Corán demuestra que le fueron dados a conocer mediante la revelación. El Corán lo declara claramente al respecto. Así se afirma al comienzo de la sura de José.
Hemos hecho descender este Corán en árabe para que podáis comprenderlo. (Sura de José: 2)
(Árabe**********)
Te hemos relatado la mejor de las historias, al revelarte este Corán. Ciertamente, antes de ello estabas entre los que no tenían conocimiento. (Sura Yusuf: 3)
Antes de relatar la historia del profeta Moisés (a.s.) en la sura Al-Qasas, se dice:
Te relatamos con toda verdad las historias de Moisés y del Faraón para beneficio de la gente creyente. (Sura Al-Qasas: 3)
Al concluir esta historia, se dice:
(Árabe**********)
No estabas en la ladera occidental cuando decretamos el mandato para Moisés, ni fuiste testigo de ello. Sin embargo, creamos muchas generaciones y les transcurrieron largos periodos. Tampoco estabas entre los habitantes de Madián cuando les recitábamos Nuestros versículos. Pero Nosotros enviamos mensajeros. Y no estabas junto al monte Tūr cuando llamamos a Moisés. No obstante, esto fue por misericordia de tu Señor, para que advirtieras a un pueblo al que no había llegado ningún amonestador antes de ti, a fin de que reflexionaran. (Sura Al-Qasas: 44-46)
Al relatar la historia de María (a.s.), en la sura Al Imrán se dice:
(Árabe**********)
Esto es una noticia de lo oculto que te revelamos. Tú no estabas presente cuando ellos disputaban quién asumiría la tutela de María. Tampoco estabas presente cuando discutían. (Sura Al Imrán: 44)
Antes de relatar la historia del profeta Adán (la paz sea con él), en la Sura Sad se dice:
Di: «Esto es una gran noticia, de la que os habéis apartado. Yo no tenía conocimiento del mundo superior cuando los ángeles conversaban. No se me revela sino que soy un amonestador manifiesto». (Sura Sad: 67-71)
Después de relatar en la Sura Hud la historia del profeta Noé (la paz sea con él), se dice:
(Árabe**********)
Esta es una noticia de lo oculto que te revelamos mediante la revelación. Antes de esto, ni tú ni tu pueblo la conocíais. (Sura Hud: 49)
2. Una religión única e idéntica: En el Corán se afirma claramente que todas las religiones proceden de Allah. Los creyentes son una sola comunidad o grupo, y Allah es el Señor de todos. En muchos lugares del Corán se relatan las historias de diversos profetas. Afirmar que la religión de todos los profetas es una y la misma es también uno de los objetivos de la predicación del islam. Por ello, las historias de los profetas se narran en distintos lugares del Corán con pequeñas variaciones. Así, la gente puede comprender que todos los profetas y mensajeros fueron enviados con la misma responsabilidad. A continuación ofrecemos algunos ejemplos. Se dice:
(Árabe**********)
Y dimos a Moisés y a Aarón el Criterio, luz y amonestación para los temerosos de Dios: aquellos que temen a su Señor sin haberlo visto y sienten temor ante la Hora. (Sura de Los Profetas: 48-49)
(Árabe**********)
Esta es una exhortación bendita que hemos revelado. ¿Acaso la vais a negar? Y anteriormente habíamos concedido a Abraham su rectitud y lo conocíamos bien. Cuando preguntó a su padre y a su pueblo: «¿Qué son estas estatuas a las que rendís culto?». (Sura de Los Profetas: 51-52)
(Árabe**********)
Y salvamos a Abraham y a Lot y los llevamos a la tierra en la que hemos puesto bendición para todos los mundos. Le concedimos a Isaac y, como don adicional, a Jacob, e hicimos virtuosos a todos ellos. Los hicimos dirigentes; guiaban conforme a Nuestro mandato. Les inspiramos hacer el bien, establecer la oración y dar el azaque, y se dedicaban a adorarnos. (Sura de Los Profetas: 71-73)
(Árabe**********)
Y concedimos a Lot sabiduría y conocimiento, y lo salvamos de la ciudad cuyos habitantes se entregaban a actos abominables. Eran un pueblo malvado y desobediente. Lo incluimos en Nuestra misericordia; ciertamente, era uno de los virtuosos.
(Árabe**********)
Y recuerda a Noé, cuando anteriormente invocó, y respondí a su invocación. Luego lo salvé, junto con su familia, de la gran calamidad. Lo ayudé contra aquel pueblo que rechazaba Mis signos. Ciertamente, era un pueblo malvado; por eso los ahogué a todos. (Sura Al-Anbiyā’: 76-77)
(Árabe**********)
Y recuerda a David y a Salomón, cuando juzgaban acerca de un campo de cultivo en el que, durante la noche, habían entrado las ovejas de cierta gente, y Yo fui testigo de su juicio. Entonces hice que Salomón comprendiera la decisión, y concedí a ambos sabiduría y conocimiento. Hice que las montañas y las aves se sometieran a David; todas glorificaban Mi santidad y Mi grandeza. Todo esto lo hice Yo. Y le enseñé a fabricar armaduras para vosotros, para que os protegieran en la guerra. ¿Acaso seréis agradecidos? (Sura Al-Anbiyā’: 78-80)
(Árabe**********)
Y sometí a Salomón el viento impetuoso, que soplaba, por orden suya, hacia la tierra a la que había concedido bendiciones. Y tengo pleno conocimiento de todas las cosas. También sometí a algunos demonios, que buceaban para él y realizaban otras tareas aparte de esa. Yo los mantenía bajo control. (Sura Al-Anbiyā’: 81-82)
(Árabe**********)
Y recuerda a Job, cuando invocó a su Señor diciendo: «Me ha afligido la desgracia, y Tú eres el más misericordioso de los misericordiosos». Entonces respondí a su invocación, aparté su aflicción y le devolví a su familia, y les concedí además otro tanto, como una misericordia de Nuestra parte. Ciertamente, esto es un recordatorio para los adoradores. (Sura Al-Anbiyā’: 83-84)
(Árabe**********)
Y recuerda a Ismael, Idris y Dhul-Kifl; todos ellos fueron perseverantes. Los incluimos entre aquellos que recibieron Nuestra misericordia. Todos fueron justos. (Sura Al-Anbiya: 85-86)
(Árabe**********)
Y recuerda al hombre del pez: se marchó encolerizado y pensó que no podríamos apoderarnos de él. Entonces invocó en las tinieblas: «No hay más divinidad que Tú; Tú eres inocente y yo soy pecador». Luego respondimos a su invocación y lo libramos de la aflicción. Así es como salvamos a los creyentes. (Sura Al-Anbiya: 870-88)
(Árabe**********)
Y recuerda a Zacarías, cuando invocó a su Señor: «¡Señor mío! No me dejes solo, pues Tú eres el mejor de los herederos». Entonces respondimos a su súplica, le concedimos a Juan y capacitamos a su esposa para concebir. Ellos se apresuraban a hacer el bien, Nos invocaban con esperanza y temor, y eran humildes ante Nosotros.
(Árabe**********)
Y recuerda a aquella mujer —es decir, María— que mantuvo su castidad. Entonces insuflamos en ella Nuestro espíritu y la convertimos, junto con su hijo, en un signo para los creyentes. (Sura Al-Anbiya: 91)
Todos ellos creen en vuestra religión, en una misma religión, y Yo soy vuestro Señor; adoradme, pues.
Este es el verdadero propósito de narrar las historias del Corán. Cualquier otro propósito es secundario, no principal.
3. La fe en Allah: El propósito de narrar historias en el Corán no es únicamente demostrar que todas las religiones proceden de un solo Allah, sin asociados, sino también demostrar que los fundamentos de todas esas religiones son los mismos. Al reunir las historias de todos los profetas, se comprende que su primera invitación fue la fe en Allah. Por ejemplo, se dice en la sura Al-A‘raf:
(Árabe**********)
Ciertamente, enviamos a Noé a su pueblo. Él dijo: «¡Oh, pueblo mío! Adorad a Allah; no tenéis otra divinidad aparte de Él. Temo para vosotros el castigo de un día terrible». (Sura Al-A‘raf: 59)
(Árabe********)
Enviamos a Hud al pueblo de ‘Ad, su hermano. Él dijo: «¡Oh, pueblo mío! Adorad a Allah; no tenéis otra divinidad aparte de Él. ¿Acaso no temeréis?»
(Árabe**********)
Enviamos a Salih al pueblo de Zamud, su hermano. Él dijo: «¡Oh, pueblo mío! Adorad a Allah; no tenéis otra divinidad aparte de Él. Os ha llegado una prueba clara procedente de vuestro Señor».
(Árabe***********)
Envié a su hermano Shu‘ayb a los habitantes de Madián. Él dijo: «¡Oh, pueblo mío! Adorad a Allah; no tenéis otra divinidad aparte de Él». (Sura Al-A‘raf: 85)
No cabe duda de que el tawhid es el fundamento o la base de las creencias islámicas. Todos los nobles profetas fueron predicadores del tawhid. Puesto que todos tenían el mismo propósito, también se observa coherencia entre sus relatos.
4. Todos los profetas y mensajeros transmitieron el mensaje siguiendo el mismo método: de la discusión anterior también se comprende que el método de predicación de cada profeta era uno y el mismo. Asimismo, el trato que cada pueblo dio a su profeta fue prácticamente idéntico. Esto se debe a que la religión de todos los profetas descendió de Allah, y la base de todas las religiones es también una sola. Por eso, los relatos de los profetas aparecen juntos en muchos lugares y se presentan repetidamente descripciones de sus actividades semejantes. Por ejemplo, se dice en la sura Hud:
(Árabe**********)
Ciertamente, envié a Noé a su pueblo. Él les dijo: «En verdad, soy para vosotros un amonestador manifiesto. No adoraréis a nadie aparte de Allah, pues temo para vosotros el castigo de un día doloroso». Entonces, los jefes incrédulos de su pueblo y los líderes de la sociedad dijeron: «No vemos en ti más que a un ser humano como nosotros, y no vemos que te sigan sino los más humildes e insensatos de entre nosotros. Tampoco tienes ninguna superioridad sobre nosotros; más bien, te consideramos un mentiroso».
Noé (la paz sea con él) dijo: (Árabe***********)
¡Oh, pueblo mío! No os pido riquezas. Mi recompensa solo la espero de Allah. (Sura Hud: 29)
El pueblo de Noé (la paz sea con él) dijo:
(Árabe***********)
¡Oh, Noé! Has discutido con nosotros y has prolongado mucho la disputa. Tráenos ahora ese castigo con el que nos amenazas, si eres veraz. (Sura Hud: 32)
(Árabe***********)
Y enviamos a su hermano Hud al pueblo de ‘Ad. Él dijo: «¡Oh, pueblo mío! Adorad a Allah; no tenéis otra divinidad aparte de Él. Todos vosotros no hacéis más que inventar mentiras. ¡Oh, pueblo mío! No os pido ninguna recompensa; mi recompensa solo incumbe a Aquel que me creó. ¿Es que no comprendéis? ¡Oh, pueblo mío! Pedid perdón a vuestro Señor y volveos hacia Él. Él enviará sobre vosotros lluvia abundante desde el cielo y aumentará vuestra fuerza cada vez más. No seáis como los pecadores». Ellos dijeron: «¡Oh, Hud! No nos has traído ninguna prueba; por eso no abandonaremos a nuestros dioses por tus palabras, ni te creeremos. Más bien, creemos que uno de nuestros dioses te ha afligido con algún mal». Hud dijo: «Pongo a Allah por testigo, y vosotros también sed testigos, de que no tengo ninguna relación con aquellos que asociáis con Él. Aparte de Él. Actuad todos juntos contra mí y no me deis ningún respiro». (Hud: 50-55)
(Árabe***********)
Y enviamos a su hermano Ṣalih al pueblo de Zamud. Él dijo: «¡Oh, pueblo mío! Adorad a Allah; no tenéis otra divinidad aparte de Él. Él os creó de la tierra y os estableció en ella. Pedidle, pues, perdón y volveos hacia Él. Mi Señor está cerca y, sin duda, responde». Ellos dijeron: «¡Oh, Ṣalih! Antes de esto teníamos grandes esperanzas puestas en ti. ¿Acaso nos prohíbes adorar aquello que adoraban nuestros antepasados? Sin embargo, tenemos tal duda acerca de aquello a lo que nos invitas que nuestro corazón no se inclina en absoluto hacia ello». (Sura Hud: 61-62)
5. El vínculo entre la religión de todos los profetas y mensajeros: Otro propósito de narrar historias en el Corán es demostrar que la religión del Noble Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) y la religión de todos los profetas anteriores, incluido el profeta Abraham (la paz sea con él), están unidas por el mismo vínculo. En particular, demostrar que el vínculo religioso entre los Hijos de Israel y la comunidad de Muhammad es más fuerte que el vínculo con la religión de los demás profetas. Por ello, allí donde el Corán relata las historias del profeta Abraham (la paz sea con él) y del profeta Jesús (la paz sea con él), se hace alusión a este aspecto. Por ejemplo:
Está escrito en las Escrituras anteriores, especialmente en la Escritura de Abraham y Moisés. (Sura Al-A‘la: 18-19)
(Árabe***********)
¿Acaso no se le ha informado de lo que está en la Escritura de Moisés y en la Escritura de Abraham, quien cumplió con su responsabilidad? Está escrito en ellas que ninguna persona cargará con el pecado de otra. (An-Nachm: 36-38)
(Árabe***********)
Los más cercanos a Abraham entre la gente son quienes lo siguieron, este Profeta y quienes creyeron en este Profeta. Y Allah es el protector de los creyentes. (Sura Al Imrán: 68)
Vuestro padre Abraham. Él os dio el nombre de musulmanes. (Sura Al-Hayy: 78)
(Árabe***********)
Después de ellos envié a Jesús, hijo de María. Él confirmaba la Torá anterior. Le concedí el Evangelio, en el cual hay guía y luz. Este confirma la Torá, la Escritura anterior; guía y es una exhortación para los temerosos de Allah. Los seguidores del Evangelio deben juzgar conforme a lo que Allah reveló en él. Quienes no juzgan conforme a lo que Allah ha revelado, son pecadores. Y te he revelado el Libro verdadero, que confirma las Escrituras reveladas anteriormente y es guardián de su contenido. (Sura Al-Ma’ida: 46-48)
6. El éxito de los profetas y mensajeros y la destrucción de los mentirosos: Otro propósito de narrar historias en el Noble Corán es destacar el éxito de los honorables profetas y mensajeros y la destrucción de los mentirosos, para que ello sea un consuelo para el Noble Profeta (s), así como consuelo y ejemplo para quienes invitan a la gente al camino de la fe. Se dice:
(Árabe***********)
Te hemos contado todos los relatos de los profetas y mensajeros, con los cuales hemos fortalecido tu corazón. Y de este modo te ha llegado la verdad suprema, así como una exhortación y un recordatorio para los creyentes. (Sura Hud: 120)
Dondequiera que en el Noble Corán se mencionan los profetas y su éxito, inmediatamente después también se menciona el destino de aquellos incrédulos y politeístas que desmentían a los profetas. Por ejemplo:
(Árabe***********)
Enviamos a Noé a su pueblo, y permaneció con ellos novecientos cincuenta años. Luego el Diluvio los destruyó, porque eran pecadores. Después salvamos a Noé y a los ocupantes del arca, y dejamos el arca como una señal para los mundos.
(Árabe***********)
Recuerda a Abraham. Cuando dijo a su pueblo: «Adorad a Allah y temedle. Eso es mejor para vosotros, si comprendéis». (Sura al-Ankabut: 16)
(Árabe***********)
Envié a Lot. Cuando dijo a su pueblo: «¿Cometéis una obscenidad que nadie en la Tierra ha cometido antes que vosotros? ¿Os entregáis a la homosexualidad, asaltáis a los viajeros y cometéis actos reprobables en vuestras reuniones?». Su pueblo no respondió más que: «¡Haz que el castigo de Allah caiga sobre nosotros, si dices la verdad!». … Cuando los ángeles enviados llegaron junto a Lot, él se afligió por causa de ellos y se angustió. Ellos dijeron: «No temáis ni os entristezcáis; ciertamente, os salvaremos a vosotros y a vuestra familia, excepto a vuestra esposa, que estará entre los que perezcan. Haremos descender del cielo un castigo sobre los habitantes de esta ciudad a causa de sus pecados. Y hemos dejado en ella una señal clara para la gente sensata».
(Árabe***********)
Envié a su hermano Shuayb a los habitantes de Madián. Él dijo: «¡Oh, pueblo mío! Adorad a Allah, esperad el Último Día y no sembréis la corrupción en la Tierra». Pero ellos lo desmintieron. Entonces fueron azotados por un terremoto y amanecieron postrados boca abajo en sus casas. (Al-Ankabut: 36-37)
(Árabe***********)
He destruido a los pueblos de ʿAd y Zamud. Al ver sus casas, habéis conocido ya su situación. Satanás les hizo atractivas sus obras y les apartó de seguir el camino recto, aunque eran perspicaces. También destruí a Qarún, al Faraón y a Hamán. Moisés se presentó ante ellos con pruebas claras, pero se entregaron a la arrogancia y al orgullo; sin embargo, no prevalecieron. A cada uno lo hice rendir cuentas por su pecado: a unos les envié un viento tempestuoso cargado de piedras; a otros los alcanzó el estruendo; a unos los hice desaparecer bajo tierra y a otros los hice perecer ahogados. Allah no fue injusto con ellos, sino que ellos mismos fueron injustos consigo mismos. (Sura Al-Ankabut: 38-40)
7. La veracidad de las buenas nuevas y la advertencia: otra razón por la que el Corán relata acontecimientos es anunciar a los creyentes las buenas nuevas del Paraíso y sus bendiciones, y demostrar la veracidad de estas; así como advertir a los incrédulos sobre el Infierno y sus sufrimientos, y demostrar la veracidad de esta advertencia. Como se ha dicho:
Se ha dicho:
(¡Oh, Profeta!) Informa a Mis siervos de que Yo soy sumamente indulgente y misericordioso, y de que Mi castigo es sumamente doloroso. (Sura al-Hiyr: 49-50)
Inmediatamente después de esta aleya, se relata un acontecimiento relacionado con la realidad del perdón y del castigo:
(Árabe***********)
Preséntales el relato de los huéspedes de Abraham. Cuando llegaron a su casa y dijeron: «La paz sea contigo», él respondió: «Nosotros sentimos temor por vosotros». Ellos dijeron: «No temáis. Os anunciamos la buena nueva de un hijo dotado de conocimiento». (Al-Hiyr: 51-53)
Justo después, comienza a manifestarse el torrente de la misericordia de Allah:
(Árabe***********)
Cuando los enviados llegaron a la casa de Lot, él dijo: «Sois unos desconocidos». Ellos respondieron: «No; más bien, hemos venido a ti con aquello sobre lo que ellos disputaban. Te hemos traído la verdad y, ciertamente, somos veraces. Así pues, partirás con toda tu familia al final de la noche y tú irás detrás de ellos. Que ninguno de vosotros mire hacia atrás. Id adonde se os ha ordenado ir». Y le informé a Lot de que, al amanecer, serían exterminados por completo. (Sura al-Hiyr: 61-66)
En la aleya mencionada se habla de la misericordia concedida al profeta Lot (la paz sea con él) y de la destrucción de su pueblo. Avanzando un poco más en esta misma sura, se dice:
(Árabe***********)
Ciertamente, los habitantes de Al-Hiyr desmintieron a los profetas. Les mostramos Nuestros signos, pero se apartaron de ellos. Tallaban casas en las montañas, sintiéndose seguros. Sin embargo, una mañana un estruendo los golpeó, y de nada les sirvió lo que habían adquirido. (Sura Al-Hiyr: 80-84)
En estas aleyas se expone el doloroso castigo impuesto a los mentirosos. También se demuestra que la promesa de Allah es verdadera y efectiva. Además, estos acontecimientos se presentan tal como ocurrieron.
8. Descripción de las gracias concedidas a los profetas y mensajeros: El Noble Corán también relata historias para describir las mercedes y bendiciones concedidas a los profetas y mensajeros. Entre ellas están las historias del profeta David (la paz sea con él), del profeta Salomón (la paz sea con él), del profeta Job (la paz sea con él), del profeta Abraham (la paz sea con él), de María y del profeta Jesús (la paz sea con él). Todas estas historias se han tratado en distintos lugares del Noble Corán y en esta sura. El objetivo principal es describir las bendiciones y mercedes; junto con ello, también se mencionan, de manera pertinente, algunas de sus obras.
9. Advertir a los hijos de Adán sobre la enemistad de Satanás: Otro objetivo de las historias relatadas en el Noble Corán es hacer comprender que Satanás es enemigo de todas las personas que han venido y vendrán al mundo, desde Adán (la paz sea con él) hasta el Día del Juicio. En todo momento y a cada paso, Satanás se esfuerza por desviar al ser humano. Jamás desea el bien de la humanidad. Como prueba manifiesta de ello, al relatar la historia de Adán (la paz sea con él), se menciona en diversos lugares la actividad perniciosa de Satanás.
10. Otros motivos: Además de los motivos mencionados, el Noble Corán relata diversos acontecimientos e historias por las siguientes razones:
[10.1] Manifestar el poder de Allah: por ejemplo, el relato del nacimiento de Adán y Jesús (la paz sea con él), la historia del profeta Abraham (la paz sea con él) y los pájaros, y la historia de aquel hombre [el profeta Uzair (la paz sea con él)] que volvió a la vida cien años después de haber muerto. Y otros acontecimientos semejantes.
[10.2] Describir las consecuencias de las obras buenas y beneficiosas, así como de las obras malas y perjudiciales; por ejemplo, la historia de los dos hijos de Adán (la paz sea con él), la historia de los dos propietarios de jardines, la historia de los Hijos de Israel, la historia de los habitantes de la fosa y otras.
[01.3] La naturaleza humana tiende a apresurarse y a esforzarse por obtener las cosas rápidamente. Por eso se esfuerza por aquello que puede recibir de inmediato o cuya realidad es tangible. Sin embargo, Allah ha enseñado a las personas la importancia de esperar y tener paciencia para alcanzar el verdadero bien. Por ello, el Corán también relata diversas historias sobre las consecuencias de la prisa humana y de la calma y serenidad de Allah. Por ejemplo, la historia del profeta Moisés (la paz sea con él) y de uno de los siervos de Allah, Khwaja Khidr, sobre la cual hablaremos más adelante. El Sagrado Corán ha relatado muchas historias sobre temas de este tipo, llevándolos a la plena realización de su propósito.
Capítulo noveno
Prueba de que los relatos del Sagrado Corán están subordinados a los propósitos religiosos
1. Ya hemos dicho que todos los relatos narrados en el Sagrado Corán complementan sus propósitos y objetivos religiosos. La prueba de que estos relatos están subordinados a la religión también está presente en las propias historias. A continuación, deseo tratar algunas de las pruebas más destacadas. La primera prueba de que esos relatos complementan los propósitos religiosos es la repetición de un mismo acontecimiento en varios lugares, ya sea de forma detallada o resumida.
Sin embargo, lo que debe considerarse es que allí no se narra el acontecimiento completo, sino partes específicas de él; en particular, se narran aquellas partes en las que están presentes la exhortación y la enseñanza. Rara vez se ha narrado el acontecimiento completo de una sola vez cuando contenía exhortación y enseñanza; cuando ocurrió, se hizo teniendo en cuenta razones especiales, la continuidad y la utilidad. Por supuesto, durante la narración de los acontecimientos ya he dado indicios al respecto.
Cuando el lector lee las partes repetidas del relato y presta atención a lo que precede y sigue, encuentra que todo el acontecimiento es coherente. El lector considera apropiado tanto el fragmento que se ha tomado en cada lugar como la manera en que se ha narrado. No olvida que el Sagrado Corán es, en esencia, un Libro de invitación religiosa. Por eso, la parte del acontecimiento narrada en cada lugar se ha presentado en completa armonía con el tema de la invitación religiosa. La coherencia del relato es también uno de los objetivos principales del Sagrado Corán. Así sucede siempre. Sin embargo, no se observa que la perspectiva artística del relato se vea afectada por ello.
También existe un principio organizador para presentar repetidamente las distintas partes de un mismo acontecimiento. Esto se hace evidente cuando se leen conjuntamente las suras y las partes de los relatos siguiendo el orden en que las suras del Sagrado Corán fueron reveladas. La mayoría de los relatos comienzan con una breve alusión. Después, gradualmente, se los conduce hacia su culminación. Cuando el lector llega al punto en que termina la narración, la imagen completa aparece ante sus ojos.
Como ejemplo, podemos mencionar la historia del profeta Moisés (la paz sea con él). Entre todos los acontecimientos repetidos en el Sagrado Corán, este es el que se ha narrado con mayor frecuencia. Su número será aproximadamente de treinta veces. De ellas, trataremos algunos lugares destacados y también identificaremos aquellos pasajes donde solo se alude a la historia de Moisés (la paz sea con él), sin ofrecer una narración detallada. La trataremos siguiendo el orden de revelación de las suras.
[1.1] La sura Al-A‘la ocupa el octavo lugar en el orden de la revelación. En ella se hace una breve alusión al relato de Moisés (la paz sea con él). Se dice: (ÁRABE***********)]
Esto está escrito en los libros anteriores, en los libros de Abraham y de Moisés.
También se hace una alusión conjunta de este tipo en la sura An-Naym, que ocupa el vigésimo tercer lugar en el orden de la revelación.
[1.2] La sura Al-Fayr ocupa el décimo lugar en el orden de la revelación. En ella se menciona al Faraón, pero no a Moisés (la paz sea con él). También se mencionan ciertamente los pueblos de ‘Ad y Zamud. Se dice:
(Árabe***********)
y con el Faraón, señor de numerosas estacas. Ellos se rebelaron en la tierra y propagaron en ella una gran corrupción. Entonces tu Señor descargó sobre ellos el azote del castigo.
También en la sura Al-Buruy se presenta una narración alusiva de este tipo, cuyo orden de revelación es el vigésimo séptimo.
[1.3] La sura Al-A‘raf ocupa el trigésimo noveno lugar en el orden de la revelación. En esta sura se habla de varios profetas y mensajeros; entre ellos, el relato de Moisés (la paz sea con él) también se presenta con bastante detalle. Se narran las historias de aquellos profetas que encontraron obstáculos al transmitir la invitación al islam a sus pueblos; todos ellos tacharon de mentirosos a sus propios profetas y, finalmente, fueron destruidos por el castigo de Allah.
En la sura Al-A‘raf, el relato comienza con el envío del profeta Moisés y Aarón (la paz sea con ellos) ante el Faraón como profetas. Luego se mencionan los milagros de la vara y de la mano resplandeciente. Después se narra la reunión de los magos y la exhibición de su magia contra Moisés (la paz sea con él). Se relata la victoria de Moisés (la paz sea con él) sobre ellos, la aceptación de la fe por parte de los magos y, posteriormente, la persecución de los Hijos de Israel por el Faraón. Luego se dice con qué calamidades fueron probados el Faraón y su pueblo. Entre ellas estuvieron las langostas, los piojos, las ranas y la sangre. Cada vez se libraban después de pedir al profeta Moisés (la paz sea con él) que suplicara. Después se reanudó la persecución de los Hijos de Israel y, bajo el liderazgo de Moisés (la paz sea con él), los Hijos de Israel abandonaron Egipto. Luego dijeron a Moisés (la paz sea con él): «Así como los egipcios tienen muchos dioses, nosotros también deberíamos tenerlos». Después, Moisés (la paz sea con él) se dirigió al monte Tur; tras treinta noches, recibió el encuentro con Allah, quien amplió el plazo a cuarenta noches. Transcurrieron las cuarenta noches, y Moisés (la paz sea con él) pidió contemplar a Allah. La montaña quedó reducida a pedazos, Moisés (la paz sea con él) cayó desmayado y luego recuperó el conocimiento. Al regresar junto a su pueblo, encontró que habían fabricado un becerro y lo adoraban, y reprendió a su hermano. Posteriormente, setenta hombres fueron puestos a prueba nuevamente por el deseo de contemplar a Allah. Cuando insistieron en encontrarse con Allah en la región del monte Tur, este fue elevado sobre ellos. Luego fueron honrados con la misericordia de Allah y se les dijo que solo recibirían la misericordia de Allah quienes obedecieran al Profeta.
[1.4] Después, en orden cronológico de revelación, en la sura número 42, la sura Al-Furqan, y en la sura número 44, la sura Maryam, se narran algunos acontecimientos comunes. En esos acontecimientos se habla de la misión de los profetas y del destino de quienes los desmintieron.
[1.5] En la secuencia cronológica de la revelación, la sura número 45, la sura Ta-Ha, también ofrece un relato bastante detallado. En la sura Al-A‘raf, la historia del profeta Moisés (la paz sea con él) comenzaba con la profecía y la misión profética. Es decir, allí se narraban acontecimientos posteriores a su profecía, mientras que en la sura Ta-Ha se comienza con acontecimientos anteriores a ella: la aparición de una luz desde la ladera del monte Tur. Se dice:
(Árabe***********)
¿Te ha llegado el relato de Moisés? Cuando vio un fuego, dijo a su familia: «Quedaos aquí; he visto un fuego y quizá pueda traeros de él una brasa, o encuentre allí una guía». Cuando llegó junto al fuego, se oyó una voz: «¡Oh, Moisés! En verdad, Yo soy tu Señor. Quítate las sandalias, pues estás en el valle sagrado de Tuwa. Yo te he elegido; escucha, pues, lo que te es revelado». (Sura Ta-Ha: 9-13)
Cuando el profeta Moisés (la paz sea con él) recibió la orden de invitar al Faraón, suplicó a Allah: «Haz que mi hermano Aarón sea mi ayudante, para que sea para mí una fuente de valor y fuerza». Allah le recuerda al profeta Moisés (la paz sea con él) las bendiciones que le concedió y la misericordia que tuvo con él: el acontecimiento de su infancia y cómo hizo que su madre le fuera devuelta. Los acontecimientos posteriores se narran de manera semejante a la sura Al-A‘raf. Sin embargo, se omiten los castigos de las langostas, los piojos, las ranas y la sangre. Del mismo modo, no se relata la promesa que el Faraón hizo a los Hijos de Israel ni su incumplimiento. Pero en la sura Ta-Ha se introduce otro acontecimiento: se ofrece un relato detallado del becerro que un hombre llamado Samirí había fabricado.
[1.6] La sura Ash-Shu‘ara es la número 46 según el orden de revelación. En esta sura también se narra la misión profética de Moisés (la paz sea con él). Luego se relata la salida de los Hijos de Israel de Egipto. Sin embargo, en esta sura se presentan dos elementos nuevos.
Uno: Moisés (la paz sea con él) mató a un copto. Después abandonó Egipto por temor a ser apresado. Cuando fue enviado nuevamente ante el Faraón, este le recordó que lo había criado durante su infancia y que había matado al copto.
Dos: se expone cómo el mar se dividió en dos y se convirtió en un camino por el fondo, así como los temas del debate entre Moisés (la paz sea con él) y el Faraón. También se presenta de una nueva manera la descripción de los atributos de Dios por parte de Moisés (la paz sea con él) y la conversación que tuvo con los magos.
[1.7] La sura An-Naml, la cuadragésima octava en el orden de la revelación. En esta sura se narran algunos acontecimientos sobre cómo se calificó de mentirosos a los profetas y mensajeros, y sobre el destino de quienes los desmintieron.
[1.8] La sura Al-Qasas, la cuadragésima novena en el orden de la revelación. Aquí se comienza con el relato del nacimiento de Moisés (la paz sea con él): su nacimiento durante el apogeo del poder del Faraón, el hecho de poner al recién nacido en un arca y dejarlo a la deriva en el río, el rescate del arca por uno de los allegados del Faraón, la búsqueda de información por parte de la hermana de Moisés (la paz sea con él) y, finalmente, la indicación a Faraón de una nodriza, gracias a lo cual Moisés (la paz sea con él) tuvo la oportunidad de ser criado por su madre.
Cuando Moisés (la paz sea con él) llegó a la juventud, un día mató a un egipcio. Al intentar matar a otro, este lo amenazó recordándole el homicidio anterior. Entonces un hombre llegó corriendo para informarle de que el rumor de su crimen se estaba extendiendo por la ciudad. Partió de Egipto hacia Madián. Allí conoció a la hija de Shuayb (la paz sea con él) y dio de beber a su cabra; ellas regresaron a casa y contaron lo sucedido a su padre. Moisés (la paz sea con él) trabajó para Shuayb (la paz sea con él) durante el plazo acordado. Conforme a lo estipulado, se casó con su hija y regresó a su país con su familia. En el camino, mientras buscaba fuego —como se relata en la sura Ta-Ha—, recibió la profecía.
Sin embargo, en la sura Al-Qasas se menciona un aspecto nuevo: la reacción burlona del Faraón después de que se le invitara a la fe:
(Árabe***********)
El Faraón dijo: «¡Oh, Hamán! Cuece ladrillos y luego construye para mí un palacio, para que pueda asomarme y ver al dios de Moisés». (Sura Al-Qasas: 38)
[1.9] La sura Al-Isra (Los Hijos de Israel), la quincuagésima en el orden de la revelación. Aquí se hace una breve alusión al ahogamiento del Faraón y al cruce del mar por los Hijos de Israel.
[1.10] Sura Yunus, quincuagésima primera en el orden de revelación. Aquí se ha expuesto el destino de los profetas y mensajeros después de que fueran desmentidos. Entre estos relatos también se narra brevemente el episodio de Moisés (a.s.). Allí se ofrece una breve descripción de los magos, del cruce del mar por los Hijos de Israel y del ahogamiento del faraón. Después se añade el siguiente enunciado, que no se menciona en ningún otro lugar.
(Árabe***********)
Cuando comenzaron a ahogarse, dijo: «Ahora creo que no hay ninguna divinidad salvo Aquel en quien han creído los Hijos de Israel; y yo también estoy entre quienes se someten a Él». ¿Ahora dices esto, cuando antes habías desobedecido y eras de los extraviados? Hoy conservaremos tu cuerpo para que seas una señal para quienes vengan después de ti. (Sura Yunus: 90-92)
[1.11] Sura Hud, quincuagésima segunda en el orden de revelación. Al narrar en esta sura la destrucción de los mentirosos, en cierto momento también se relata el episodio de Moisés (a.s.).
[1.12] Sura Al-Mu’min, sexagésima en el orden de revelación. En esta sura también se menciona el diálogo entre Moisés (a.s.) y el faraón. Sin embargo, se añade el siguiente enunciado, que no se menciona en ningún otro lugar.
(Árabe***********)
(En cierto momento del debate) el faraón dijo: «Dejadme; mataré a Moisés, y que invoque a su Señor». (Sura Al-Mu’min: 26)
Después se habla de uno de los cortesanos del faraón que había creído, aunque ocultaba su fe. Dijo a la gente: «No matéis a Moisés (a.s.); quizá su camino sea el correcto». Esto también se ha narrado únicamente en esta sura.
[1.13] En la sura Fussilat (sura Ha-Mim as-Sayda), la número sesenta y una en el orden de revelación, se hace una breve alusión al relato de Moisés (la paz sea con él). Del mismo modo, en la sura Az-Zujruf (la número sesenta y tres en el orden de revelación) se presenta un breve relato de este acontecimiento. Sin embargo, allí se mencionan adicionalmente las siguientes palabras, que no aparecen en ningún otro lugar, excepto en la sura Az-Zujruf. El Faraón dijo:
(Árabe*********)
«¿Acaso no soy el soberano de Egipto? ¿No veis que estos ríos fluyen por debajo de mí? ¿Acaso no soy mejor que este que es insignificante y apenas puede expresarse con claridad?» (Sura Az-Zujruf: 51-52)
[1.14] En la sura Adh-Dhariyat (la número sesenta y siete en el orden de revelación) se presenta un breve relato del envío de Moisés (la paz sea con él) como mensajero ante el Faraón, de cómo el Faraón lo desmintió y de la destrucción del Faraón.
[1.15] En la sura Al-Kahf (la número sesenta y nueve en el orden de revelación) se narra que Moisés (la paz sea con él) conoció y acompañó a un hombre a quien Allah había concedido un conocimiento especial. Moisés (la paz sea con él) le pidió que le permitiera permanecer en su compañía para beneficiarse un poco de ella. Él respondió que usted no sería capaz de mostrar paciencia. Moisés (la paz sea con él) le prometió paciencia y perseverancia, y se unió a él, pero no pudo permanecer mucho tiempo a su lado con paciencia. Esto se debió a que presenció ciertos acontecimientos cuyo verdadero significado no pudo comprender. Por ello, la separación entre ambos se volvió inevitable. En el Al-Qurán, este acontecimiento se narra únicamente en un lugar.
[1.16] En las dos suras llamadas Ibrahim (la número setenta y dos en el orden de revelación) y Al-Anbiya (la número setenta y tres en el orden de revelación), se hace alusión a este acontecimiento en dos lugares. La parte importante de la alusión en la segunda sura es que allí la Torá es llamada «Furqan» (lo que distingue entre la verdad y la falsedad).
[1.17] En la sura Al-Baqara (la número ochenta y siete en el orden de revelación) se presenta un análisis sobre las bendiciones de Allah concedidas a los Hijos de Israel y sobre su actitud de desprecio hacia Él. Allí se ofrece una descripción bastante detallada. En esta sura, el relato de Moisés (la paz sea con él) se menciona varias veces. En cierto momento, también se habla del maná y las codornices que les fueron concedidos, y de cómo los Hijos de Israel pidieron otros alimentos a cambio. En otro lugar se narra el acontecimiento del sacrificio de la vaca. La orden era simplemente sacrificar una vaca, pero ellos lo complicaron mediante diversas preguntas. A este respecto se dice:
Después la sacrificaron, aunque parecía que no iban a hacerlo. (Sura Al-Baqara: 71)
El relato del sacrificio de la vaca es completamente nuevo en esta sura; no había sido narrado anteriormente en ninguna otra sura.
[1.18] En la sura An-Nisá (número noventa y dos en el orden de revelación) se dice que los Hijos de Israel insistieron en ver a Allah directamente, sin ningún velo.
[1.19] En la sura Al-Máida (número cien en el orden de revelación), al narrar el relato de los Hijos de Israel, se dice:
(Árabe**********)
Dijeron: «¡Oh, Moisés! Allí hay un pueblo de gran poder. Jamás entraremos allí hasta que ellos salgan de allí. Y si salen de allí, entonces ciertamente entraremos». (Sura Al-Máida: 22)
Más adelante se dice:
(Árabe**********)
Dijeron: «¡Oh, Moisés! Jamás entraremos allí mientras ellos permanezcan allí. Ve, pues, tú y tu Señor, y combatid; nosotros nos quedaremos aquí sentados». Moisés dijo: «¡Señor mío! Solo tengo autoridad sobre mí mismo y sobre mi hermano». Entonces Allah dijo: «Esta tierra les estará vedada durante cuarenta años. Errarán por la tierra como vagabundos. No te aflijas, pues, por el pueblo desobediente».
Después fueron abandonados en una región desértica, y allí establecieron su morada. Después de eso, no se volvió a decir nada más acerca de Moisés (la paz sea con él) ni de los Hijos de Israel. Sin embargo, se mencionó que los Hijos de Israel albergaban hostilidad hacia Jesús (la paz sea con él).
La historia del profeta Moisés (la paz sea con él) es la que más se ha narrado en el Corán. A partir de la explicación anterior, hemos comprendido cómo se presenta la repetición. Salvo en seis lugares, el relato se expone en todos los demás de manera muy breve o simplemente alusiva. Sin embargo, allí donde se repite el mismo acontecimiento, necesariamente se presenta alguna afirmación nueva. Ahora bien, si un lector no descubre la novedad del relato al leer el Corán, ¿qué culpa tiene el Corán por ello?
2. Otra prueba de que los relatos del Corán siguen objetivos religiosos es que, allí donde se narra un acontecimiento en la medida necesaria —sin repetirlo—, esa medida basta exactamente para cumplir el objetivo. Solo se relata la parte que guarda relación con el tema. Por ejemplo, a veces se trata la primera parte del acontecimiento, en otros lugares la parte final, y en ocasiones solo se aborda aquello que está relacionado con la enseñanza y la exhortación. Esto se debe a que el propósito del Corán no es narrar la historia, sino impartir enseñanzas a la luz de la historia. Se mencionan algunos ejemplos:
[2.1] Muchas veces, al narrar un acontecimiento, se observa que se relata el nacimiento del protagonista. Esto se debe a que en ese relato del nacimiento hay muchos hechos de los que se pueden extraer enseñanzas. Por ejemplo, el relato del nacimiento de Adán (la paz sea con él). En el acontecimiento del nacimiento de Adán (la paz sea con él) se manifiestan plenamente el poder, la misericordia y la gracia de Allah. Asimismo, el relato de Iblís que se menciona también encierra un propósito religioso.
Del mismo modo, puede mencionarse el relato del nacimiento de Jesús (la paz sea con él). Este acontecimiento se narra detalladamente en el Corán, porque el nacimiento de Jesús (la paz sea con él) fue un acontecimiento excepcional, un gran milagro. Su nacimiento ocurrió de una manera contraria a toda lógica y argumentación. Se han expuesto todos los detalles relacionados con Jesús (la paz sea con él), tanto antes como después de la aparición del islam. También es digno de mención el relato de María (la paz sea con ella). Ella había sido consagrada en nombre de Allah. María (la paz sea con ella) crecía bajo el cuidado de Zacarías (la paz sea con él), y desde su infancia recibía de Allah un sustento excelente. En cierta ocasión, él vio que María (la paz sea con ella) tenía abundantes frutas. Se declara:
(Árabe**********)
Cada vez que Zacarías entraba en el mihrab, encontraba allí provisiones. Un día preguntó: «¡Oh, María! ¿De dónde has obtenido esto?». Ella respondió: «Esto lo ha concedido Allah». (Sura Al Imrán: 37)
Se ha expuesto todo este acontecimiento. Incluso se ha relatado el nacimiento de Jesús (la paz sea con él). Aquí se ha descrito una parte importante de la vida de Jesús (la paz sea con él). Del mismo modo, el nacimiento de Moisés (la paz sea con él) también se ha narrado en el Corán. Esto tiene varios aspectos y razones:
a. El nacimiento de Hazrat Musa (la paz sea con él) tuvo lugar en una época en la que el Faraón estaba aplicando una política de extrema opresión contra los Banu Israel.
b. El Faraón no dejaba con vida a ningún hijo varón de los Banu Israel.
c. Allah el Altísimo salvó milagrosamente a Musa (la paz sea con él) y dispuso que fuera criado en la casa del Faraón.
A partir de los datos mencionados, se comprende que el relato del nacimiento de Musa (la paz sea con él) reviste una gran importancia. Allah mostró que aquel a quien había creado para la profecía fue conducido hasta ese objetivo, y nadie pudo causarle daño alguno. Además del relato de su nacimiento, también se mencionan otros acontecimientos importantes de su vida. Asimismo, el Corán relata los nacimientos de Hazrat Ismael (la paz sea con él) y Hazrat Isaac (la paz sea con él), porque sus nacimientos también están vinculados con consejos y enseñanzas. El nacimiento de Hazrat Ismael (la paz sea con él) tuvo lugar cuando Hazrat Ibrahim (la paz sea con él) ya había envejecido, y él construyó la Kaaba con su ayuda. Cuando la vejez se manifestó plenamente, nació Hazrat Isaac (la paz sea con él). Del mismo modo, Hazrat Yahya (la paz sea con él) nació cuando Hazrat Zacarías (la paz sea con él) se encontraba en una edad avanzada. Para entonces, sus cabellos se habían vuelto blancos.
[2.2] En el Corán también encontramos algunos relatos en los que se describe la situación posterior al nacimiento; no se narra el nacimiento mismo. Tal es el caso del relato de Hazrat Yusuf (la paz sea con él), que comienza con un episodio de su infancia. Durante su niñez tuvo un sueño que era un reflejo del resto de su vida. Vio en sueños once estrellas, la luna y el sol. Su sabio padre comprendió el significado de aquel sueño y comenzó a cuidarlo con mayor atención que antes. Sus hermanos empezaron a consumirse en el fuego de la envidia. Después, el relato siguió su curso natural.
El relato de Hazrat Ibrahim (la paz sea con él) también comienza en su infancia.
Un día, durante su infancia, miró al cielo y, al ver una estrella, pensó que quizá ella fuera su Señor. Cuando se ocultó, dijo: «No amo lo que se oculta». Luego salió la luna y pensó que, por ser mucho más grande, ella debía ser su Señor. Al terminar la noche, cuando la luna se puso y el sol salió iluminando toda la tierra, dijo: «Este es el más grande y luminoso; por tanto, debe ser la deidad». Pero cuando al final del día el sol se puso, regresó hacia el verdadero Allah, a Quien no se puede ver, sino únicamente sentir. Después invitó a su pueblo y a su padre hacia esa Deidad, pero ellos rechazaron su invitación.
Un día, aprovechando que estaban distraídos, Hazrat Ibrahim (la paz sea con él) rompió los ídolos que adoraban. La gente dijo: «Nadie ha hecho esto excepto un joven llamado Ibrahim». Entonces decidieron quemarlo en el fuego. Pero Allah lo salvó. Se ha dicho:
(Árabe**********)
Dije: «¡Oh fuego, enfríate de modo que tu frialdad sea apropiada para Abraham!» (Sura Al-Anbiyá: 69)
La historia del profeta David (la paz sea con él) también comienza con su infancia. Se hizo famoso al matar a un rey tirano llamado Goliat, lo cual fue enteramente obra del poder de Dios. ¡Eso es todo! Así comienza la historia del profeta David (la paz sea con él). La historia del profeta Salomón (la paz sea con él) comienza en su juventud, cuando emitió un nuevo veredicto en contraposición al veredicto de su padre David (la paz sea con él). Se dice:
(Árabe**********)
Cuando algunas nubes habían penetrado en ella, su juicio estaba ante Mí. (Sura Al-Anbiyá: 78)
[2.3] En el Noble Corán se narran algunas historias de las que solo se relata el episodio final. Entre ellas están las de los profetas nobles Noé, Hud, Salih, Lot, Shuayb y otros. No se ofrece ninguna explicación adicional sobre ellos más allá de la parte mencionada, porque esa parte de sus historias es la única importante y contiene enseñanzas y exhortaciones.
Brevedad y extensión de las historias
Hasta ahora, nuestra discusión se ha limitado a determinar desde dónde comienzan esas historias. Ahora analizaremos que muchas historias del Noble Corán son largas y detalladas, mientras que otras son breves, pero veremos hasta qué punto se extiende su aspecto aleccionador. A continuación, presentamos algunos ejemplos.
1. El relato de Hazrat Musa (la paz sea con él) era muy importante. Por eso, el Corán lo ha narrado de principio a fin. La historia comienza con el relato del nacimiento de Musa (la paz sea con él) y termina con el establecimiento permanente cerca de la Tierra Santa. Allí, su pueblo recibió la orden de permanecer durante cuarenta años. Esto fue la consecuencia de las transgresiones de los Hijos de Israel. Este relato se ha expuesto detalladamente porque en cada una de sus partes se manifiestan enseñanzas y exhortaciones religiosas. Además, armoniza plenamente con la predicación coránica y con sus objetivos y propósitos.
El relato de Hazrat Isa (la paz sea con él) también es detallado, aunque algunas partes intermedias se han resumido. Se narran detalladamente su nacimiento y sus milagros, la ayuda que recibió de los discípulos, el intento de los judíos de crucificarlo tras acusarlo de mentiroso y, posteriormente, su elevación al cielo por orden de Allah. El Corán también ha narrado las disputas y divisiones de los Hijos de Israel después de su elevación. Asimismo, se dice en el Corán que, el Día del Juicio, se preguntará a Isa (la paz sea con él) por qué él y Maryam fueron convertidos en iguales a Allah. Hazrat Isa (la paz sea con él) responderá:
Yo solo los invité al tawhid puro. Luego encomendará a toda la nación a Allah y dirá: «Si quieres, perdónalos; y si quieres, castígalos».
El relato de Hazrat Yusuf (la paz sea con él) se ha narrado de manera continua. La conspiración de sus hermanos, su venta como esclavo en Egipto, su llegada a manos de Aziz, el gobernador de Egipto, el intento de seducción por parte de la esposa de este, el insoportable sufrimiento de la prisión, la interpretación de los sueños de dos prisioneros, la interpretación del sueño del rey y su liberación de la prisión, el desempeño de la responsabilidad del ministerio de alimentación de Egipto, la llegada de sus hermanos a Egipto, el encuentro de Hazrat Yusuf (la paz sea con él) con Binyamin, la detención de Binyamin, la llegada de sus padres a Egipto y, finalmente, la decisión de establecerse allí con toda la familia ponen fin al relato. Hay dos propósitos detrás de la narración de este acontecimiento: primero, el reconocimiento de la revelación y la misión profética; segundo, importantes enseñanzas religiosas.
El relato de Hazrat Ibrahim (la paz sea con él) comienza con su aceptación de la fe durante la infancia. Después vienen su debate con su padre y su pueblo, la destrucción de los ídolos, la emigración, el nacimiento de Ismail e Ishaq, la orden recibida en sueños de sacrificar a su hijo, la construcción de la Kaaba y el anuncio de la celebración del Hayy, su petición a Allah de presenciar cómo da vida a los muertos para tranquilizar su corazón, y el hecho de que, por orden de Allah, sacrificó cuatro aves, mezcló sus carnes y luego estas aves volvieron a la vida.
El relato de Hazrat Sulayman (la paz sea con él) también se ha narrado detalladamente en el Corán. Se exponen el juicio relacionado con un campo, la administración del reino, la prueba mediante excelentes caballos, el sometimiento de los genios y del viento a su servicio, los acontecimientos relacionados con la abubilla, las hormigas y la reina Bilqis, y, finalmente, el hecho de que permaneciera apoyado en su bastón después de su muerte, mientras los genios ignoraban este hecho; así concluye el relato. Toda la historia está llena de importantes enseñanzas y exhortaciones.
2. Algunos relatos del Corán están relacionados con las actividades de una parte de la vida. Por ejemplo, el relato de Hazrat Nuh (la paz sea con él) se limita a la exposición de su profecía y misión profética: la invitación de su pueblo a la religión, el rechazo por parte de este, la construcción del arca, el diluvio y el ahogamiento del hijo de Nuh (la paz sea con él) —ni siquiera el hijo de un profeta se salvó del castigo de Allah sin obras piadosas—. Del mismo modo, se narran la creación de Hazrat Adam (la paz sea con él), su traslado del Paraíso a la tierra, la aceptación de su arrepentimiento y otros acontecimientos. También se relata el nacimiento de Maryam (la paz sea con ella) y de Isa (la paz sea con él). Sin embargo, estos relatos no son tan detallados como los mencionados anteriormente. Aun así, pueden considerarse relatos detallados. El relato de Hazrat Dawud (la paz sea con él) también es bastante significativo. No obstante, no es tan detallado como el de Hazrat Sulayman (la paz sea con él). Aun así, el relato de Hazrat Dawud (la paz sea con él) se ha narrado en varias partes.
3. Algunos relatos del Corán se han narrado brevemente, como los de los profetas Hazrat Hud (la paz sea con él), Hazrat Salih (la paz sea con él), Hazrat Lut (la paz sea con él), Hazrat Shuayb (la paz sea con él) y otros. Solo se han expuesto brevemente los acontecimientos relacionados con la misión profética y la profecía. El nacimiento de Hazrat Ismail (la paz sea con él), su sacrificio y la construcción de la Kaaba por parte del padre y el hijo se mencionan de forma resumida. Algunos acontecimientos de Hazrat Yaqub (la paz sea con él) aparecen en el relato de Hazrat Yusuf (la paz sea con él). Además, en otro lugar se narra el testamento de Yaqub (la paz sea con él) en sus últimos momentos. Esta parte es importante porque en ella se expone el tawhid, que él dejó como testamento en el momento de su muerte.
4. Algunos relatos se han expuesto de manera muy resumida. Por ejemplo, la historia de Hazrat Zacarías (la paz sea con él) se limita al nacimiento de Yahya (la paz sea con él) y al episodio de la tutela de Maryam (la paz sea con ella). El relato de Hazrat Ayub (la paz sea con él) se limita a la parte relativa a su enfermedad, su súplica ante Allah y su liberación. La historia de Hazrat Yunus (la paz sea con él) se limita a la parte que abarca su intento de emigrar después de que su pueblo rechazara su invitación, el hecho de ser tragado por el pez, su liberación del vientre del pez en una tierra desolada y la aceptación del islam por parte de su pueblo.
5. En algunos casos se consideró suficiente hacer únicamente una alusión, sin relatar los acontecimientos detalladamente. Por ejemplo, Hazrat Idris (la paz sea con él), Hazrat al-Yasa‘, Zul-Kifl y otros. Solo se ha indicado que ellos se encontraban entre los profetas. Nada más.
6. Se han relatado algunas historias que están relacionadas con otros acontecimientos independientes. Por ejemplo, los Compañeros de la Fosa, los Compañeros de la Caverna, la historia de los dos hijos de Adán (la paz sea con él), la historia de los dos propietarios de jardines, la historia de los propietarios del jardín y otras. Algunas de ellas ya se han tratado anteriormente y otras se tratarán más adelante. Ahora queremos concluir aquí este tema. Nuestro propósito era simplemente señalar que el Corán solo ha tratado, de cada acontecimiento, la parte relacionada con el objetivo religioso. Ese propósito nuestro ya se ha cumplido.
Descripción de las conclusiones y consecuencias
Otra prueba de que los relatos narrados por el Corán siguen un propósito religioso es que, junto con la narración de los acontecimientos, también se han expuesto ciertas enseñanzas religiosas y las consecuencias de esas historias. Esto se ha presentado a veces al comienzo de la historia, a veces al final y, en ocasiones, junto con la historia principal.
Primero se relató un acontecimiento aleccionador y después se inició la historia. Anteriormente hemos tratado dos ejemplos de este tipo. Naturalmente, esto tiene dos aspectos:
1. Presentar, al narrar el acontecimiento, pruebas de la revelación y de la misión profética. Es decir, se ha dejado claro que este relato se recibió mediante la revelación. Por ejemplo, los relatos de Hazrat José (la paz sea con él) y Hazrat Adán (la paz sea con él). Allí donde se narran, primero se afirma que proceden de la revelación.
2. Primero se alude al acontecimiento y después, al relatarlo, se demuestra su veracidad. Por ejemplo:
(Árabe**********)
Anuncia a Mis siervos que Yo soy sumamente Perdonador y Misericordioso, pero que Mi castigo es sumamente doloroso. (Sura Al-Hiyr: 49-50)
En esta aleya se mencionan la misericordia y el castigo, y luego se narra toda la historia como prueba de ambos.
También hemos mencionado dos historias en las que, después de narrar los acontecimientos, se expone su propósito. Esto tiene dos razones:
1. Demostrar que todos los acontecimientos fueron comunicados mediante la revelación, y que fueron presentados de tal manera que el propio acontecimiento constituye la prueba de ello. Por ejemplo, en la sura Al-Qasas, después de narrar la historia de Moisés (a.s.), se expone el mensaje principal. Del mismo modo, en la sura Hud, después de narrar la historia del profeta Noé (a.s.), se presenta el mensaje esencial.
2. Demostrar que Dios —¡Dios nos libre!— no es injusto y que no castigó a ninguna comunidad sin haberle enviado profetas y mensajeros. Por ejemplo, después de narrar las historias de los profetas y mensajeros en la sura Al-Ankabut, se dice:
(Árabe**********)
A cada uno lo castigamos por su pecado. A algunos les enviamos un viento violento cargado de piedras; a otros los alcanzó el estruendo; a otros los hicimos desaparecer bajo tierra, y a otros los hicimos ahogarse. Dios no fue injusto con ellos, sino que ellos mismos fueron injustos consigo mismos. (Sura Al-Ankabut: 40)
A decir verdad, quien reflexione sobre estas historias del Corán podrá comprender sus misterios y entenderá que el Corán ha mencionado, junto con cada acontecimiento, su desenlace y su enseñanza.
Ahora analizaremos algunos ejemplos o acontecimientos en los que, al narrar lo sucedido, también se dirige la atención hacia sus aspectos aleccionadores.
1. En el Corán se dice:
(Árabe**********)
(¿Acaso no has visto) a aquel que pasó junto a una ciudad cuyas casas habían quedado derruidas hasta sus cimientos? Dijo: «¿Cómo hará Allah para devolverle la vida después de su muerte?». Entonces Allah lo hizo morir durante cien años y después lo resucitó. Le preguntó: «¿Cuánto tiempo permaneciste así?». Respondió: «Un día o parte de un día». Allah dijo: «No; permaneciste muerto durante cien años. Mira tu comida y tu bebida: no se han deteriorado. Y mira tu asno. Queremos convertirte en un ejemplo para la gente. Observa cómo unimos sus huesos y luego los cubrimos de carne». Cuando esto quedó demostrado, dijo: «Ahora sé, sin duda, que Allah tiene poder sobre todas las cosas». (Sura Al-Baqara: 259)
Obsérvese cómo Allah, dentro del propio relato, expresó su propósito mediante el versículo «Queremos convertirte en un ejemplo para la gente», y al final del acontecimiento presentó la verdadera enseñanza con las palabras: «Ahora sé, sin duda, que Allah tiene poder sobre todas las cosas».
2. En el relato del profeta Sulaymán (la paz sea con él) y la reina Bilqis, la abubilla dijo:
(Árabe**********)
He visto a una mujer gobernando al pueblo de Saba. Se le ha concedido todo y posee un trono magnífico. La vi, junto con su pueblo, postrándose ante el sol en vez de ante Allah. Satanás les ha hecho atractivas sus obras y los ha apartado del camino recto; por eso no siguen el camino recto. ¿Por qué no se postran ante Allah, Quien conoce lo oculto de los cielos y de la tierra y sabe lo que manifestáis y lo que ocultáis? Allah, no hay otra divinidad sino Él; es el Señor del Trono majestuoso. (Sura an-Naml: 23-26)
Al narrar el acontecimiento, todas estas palabras fueron puestas en boca de la abubilla. El propósito es que la gente se sienta influida al escuchar sus palabras.
3. En el relato del profeta Yusuf (la paz sea con él), cuando el profeta Yusuf (la paz sea con él) interpretó los sueños de los dos compañeros del rey, dijo:
(Árabe**********)
Este conocimiento me lo ha enseñado mi Señor. He abandonado la religión de quienes no creen en Allah ni tienen fe alguna en la otra vida. (Sura Yusuf: 37)
(Árabe**********)
Sigo la religión de mis antepasados Ibrahim, Ishaq y Yaqub. No nos corresponde asociar nada con Allah. Esto es una gracia de Allah para nosotros y para todas las demás personas, pero la mayoría de la gente no reconoce esa gracia. (Sura Yusuf: 38)
El propósito principal es presentar, junto con la narración de los acontecimientos, consejos didácticos desde diversos puntos de vista. Sin embargo, estos se han integrado en el relato de tal manera que parece que también forman parte de la historia principal. Los lectores del relato encuentran continuamente este tipo de exposición en el desarrollo de los acontecimientos.
En segundo lugar, no importa que su estilo sea así o que difiera un poco; pero puede afirmarse con firmeza que este aspecto constituye el propósito y objetivo principal de la narración. A decir verdad, en el Corán no cabe en absoluto la narración de historias sin un objetivo o propósito religioso.
La combinación de lo religioso y lo artístico en la narración de historias
Ya hemos explicado anteriormente que el hecho de que la narración siga un propósito religioso no significa que sea un obstáculo para sus características artísticas. Ahora queremos decir que, precisamente por seguir un propósito religioso, esa característica se considera, en el ámbito artístico, el fundamento principal de la historia. También encontramos apoyo para esta afirmación en lo que dijimos al comienzo de este capítulo. Es lo siguiente:
El Corán ha utilizado la belleza artística como medio para influir en la conciencia. Es decir, ha empleado los recursos de la belleza artística para influir en la conciencia religiosa. A continuación analizaremos las particularidades artísticas de los acontecimientos bajo el título «La forma artística de la narración».
La forma artística de la narración
1. Uno de los objetivos de narrar los diversos acontecimientos del Corán Sabio es arrojar luz sobre la religión, los profetas y mensajeros, su unidad y los aspectos comunes entre ellos, así como sobre la conducta idéntica de los infieles y politeístas hacia cada uno de los profetas y mensajeros. Naturalmente, este tema también se ha tratado en el capítulo anterior.
Lo que queda claro en los acontecimientos narrados por el Corán es que la religión de cada profeta y mensajero era una sola, y que todos ellos invitaron a la misma religión. Asimismo, los pueblos de cada profeta que rechazaron como falsa la única religión parecen estar unidos por el mismo hilo. Cada vez que llegaba un profeta, tenía que enfrentarse a aquel grupo. Estos acontecimientos se repiten en distintos lugares del Corán. Sin embargo, incluso dentro de esa repetición se crea una especie de belleza artística. Al observarlos atentamente, parece que no se trata de profetas diferentes, sino de un solo profeta, ni de pueblos diferentes, sino de un mismo pueblo. Del mismo modo, aunque transcurran largos períodos y cambien las circunstancias, quienes los rechazaban como falsos parecen poseer todos la misma mentalidad. Cada profeta llegó, transmitió la invitación al Kalima y se marchó de este mundo. Y los extraviados siempre los llamaron mentirosos y se burlaron de ellos. Observemos los versículos siguientes:
(Árabe**********)
Enviamos a Noé a su pueblo. Él dijo: «¡Oh, gente de mi pueblo! Adorad a Allah; no hay otra divinidad aparte de Él. Temo para vosotros el castigo de un día terrible». Los jefes de su pueblo dijeron: «En verdad, te vemos en un extravío manifiesto». Él dijo: «¡Oh, pueblo mío! No estoy extraviado en absoluto; más bien, os transmito el buen consejo del Señor de los mundos. Sé por parte de Allah cosas que vosotros no sabéis. ¿Os sorprende que os haya llegado una exhortación de vuestro Señor por medio de un hombre de entre vosotros, para advertiros, a fin de que seáis piadosos y recibáis misericordia?». Entonces lo desmintieron. Así, lo salvamos a él y a quienes estaban con él en el arca, y ahogamos a quienes lo desmentían. Ciertamente, eran ciegos. (Sura Al-A‘raf: 59-64)
(Árabe**********)
Enviamos a Hud, su hermano, al pueblo de ‘Ad. Él dijo: «¡Oh, pueblo mío! Adorad a Allah; no tenéis otra divinidad aparte de Él». Los dirigentes de su pueblo dijeron: «Vemos que eres un necio y te consideramos un mentiroso». Él dijo: «¡Oh, pueblo mío! No soy necio en absoluto; más bien, soy un mensajero del Señor de los mundos. Os transmito el mensaje de vuestro Señor y soy para vosotros un consejero sincero y digno de confianza. ¿Os sorprende que os haya llegado una exhortación de vuestro Señor por medio de un hombre de entre vosotros, para advertiros? Recordad cuando Él os hizo sucesores después del pueblo de Noé y aumentó vuestra estatura. Recordad las gracias de Allah, para que prosperéis».
Dijeron: «¿Has venido a nosotros para que adoremos únicamente a Allah y abandonemos aquello que adoraban nuestros antepasados? Tráenos, pues, aquello con lo que nos amenazas, si eres veraz». Él dijo: «Ya se ha decretado sobre vosotros el castigo y la ira de vuestro Señor. ¿Discutís conmigo acerca de unos nombres que vosotros y vuestros antepasados habéis inventado? Allah no ha hecho descender ninguna autoridad para ellos. Esperad, pues; yo también esperaré con vosotros». Entonces lo salvamos a él y a sus compañeros mediante Nuestra misericordia, y exterminamos a quienes desmentían Nuestros signos, porque no eran creyentes. (Sura Al-A‘raf: 65-72)
(Árabe**********)
Enviamos a Salih, su hermano, al pueblo de Zamud. Él dijo: «¡Oh, pueblo mío! Adorad a Allah; no tenéis otra divinidad aparte de Él. Os ha llegado una prueba clara de vuestro Señor. Esta es la camella de Allah; dejadla pastar en la tierra de Allah y no la toquéis con malas intenciones, pues de lo contrario os alcanzará un castigo doloroso. Recordad cuando Él os hizo sucesores después del pueblo de ‘Ad y os estableció en la tierra. Construís palacios en sus llanuras y excaváis habitaciones en las montañas. Recordad, pues, las gracias de Allah y no sembréis la corrupción en la tierra». Los dirigentes soberbios de su pueblo preguntaron a los creyentes pobres: «¿Creéis que Salih ha sido enviado por su Señor?». Ellos dijeron: «Creemos en aquello que él ha traído». Los arrogantes dijeron: «Nosotros no creemos en aquello en lo que vosotros creéis». Luego degollaron a la camella y desobedecieron la orden de su Señor. También dijeron: «¡Oh, Salih! Tráenos el castigo con el que nos amenazas, si eres uno de los mensajeros». Entonces los sacudió el terremoto, y amanecieron postrados, boca abajo, en sus propias casas. (Sura Al-A‘raf: 73-78)
Dondequiera que en el Corán se repite una escena de este tipo, esta coincide con la de todos los profetas y mensajeros. Esta situación se repitió en la época de cada profeta y, continuando así, finalmente llegó hasta Muhammad (s). Ante nuestros ojos se presenta, como en una visión imaginaria, aquella escena: él expone a los incrédulos la invitación a la Kalima exactamente del mismo modo en que la expusieron los profetas y mensajeros anteriores. Mientras tanto, los incrédulos lo tratan exactamente como se había tratado anteriormente a los profetas y mensajeros. Al reflexionar profundamente sobre la continuidad de todos estos relatos de los profetas y mensajeros, se perciben en ellos una belleza y una armonía ilimitadas.
2. Otra consecuencia de que el relato siguiera el propósito religioso era que solo se presentara de los hechos aquello que fuera acorde con dicho propósito. A este respecto, el Corán adoptó un método particular que puede considerarse una regla específica. Así, después de narrar los acontecimientos según el orden de revelación de las suras, en la sura donde se narró el último episodio también alcanzó su plenitud el aspecto artístico, junto con el propósito religioso. Asimismo, a veces se observa que el relato concluye desde una perspectiva artística, pero sin que allí se exponga el propósito religioso.
Hemos visto esto en el relato de Moisés, cuya última parte se narra en la sura Al-Ma’idah. Allí se mencionan las diversas mercedes que Allah les había concedido a los Hijos de Israel en distintas ocasiones. Sin embargo, aun después de haber recibido tantas mercedes, no tenían ni el más mínimo sentimiento de gratitud. Aunque Allah les había ordenado entrar en la Tierra Sagrada, no estuvieron dispuestos a hacerlo. Por ello, fueron desterrados al desierto de At-Tih y sometidos a un castigo del que la única forma de librarse era la muerte.
Aquí había un propósito religioso. Al hacer caer el telón de la historia con la escena del desierto de At-Tih, se alcanzó un desarrollo superior de la belleza artística. Si esta historia hubiera terminado en cualquier otro lugar que no fuera la escena del desierto de At-Tih, no habría resultado tan impactante.
Así pues, busquemos el principio mencionado anteriormente en algunos otros relatos.
2.1. Los relatos de Ibrahim (la paz sea con él) se narran en cerca de veinte lugares del Corán. La última parte se expone en la sura Al-Hajj. El relato concluye de la siguiente manera:
(Árabe**********)
Y cuando establecí para Ibrahim el lugar de la Casa, le dije: «No Me asocies nada y purifica Mi Casa para quienes la circunvalan, quienes permanecen de pie en la oración y quienes se inclinan y se prosternan. Y proclama entre la gente la peregrinación: vendrán a ti a pie y sobre camellos agotados, procedentes de todos los caminos remotos». (Sura Al-Hajj: 26-27)
Desde la perspectiva religiosa, se observa que, en la religión de Ibrahim (la paz sea con él), los ritos del Hayy —sus condiciones— eran los mismos que fueron establecidos como obligatorios en la ley del Noble Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él). El propósito aquí es hacer mención de ello. Asimismo, hacia el final de la sura Al-Hajj (orden de revelación: ciento tres), se dice acerca de Ibrahim (la paz sea con él):
(Árabe**********)
Manteneos firmes en la religión de vuestro padre Ibrahim. Él os dio el nombre de musulmanes anteriormente (y también en este Corán). (Sura Al-Hajj: 78)
Si se contempla desde una perspectiva puramente artística, se verá que no había ninguna escena mejor que el lugar y la manera en que se concluyó el relato de Ibrahim (la paz sea con él). No había ninguna escena mejor que el lugar donde se concluyó este relato. No había ninguna escena mejor que el lugar donde se concluyó este relato. Allí podía concluirse el relato y el propósito religioso habría alcanzado su plena realización. Naturalmente, también podía haberse concluido allí donde, después de construir la Kaaba, se convocaba a la gente al Hayy, o donde, antes de construirla, se dejaba al amado niño Ismael (la paz sea con él) en un valle desierto. Pero de ese modo el propósito religioso no habría alcanzado su plena realización.
Ved el relato de Isa (la paz sea con él), que se narra en ocho lugares del Corán. La última parte se narra en la Sura Al-Maida (orden de revelación: 112). Allí se dice:
(Árabe**********)
Cuando Allah diga: «¡Oh, Isa, hijo de Maryam! ¿Acaso dijiste a la gente: “Tomadme a mí y a mi madre como divinidades en lugar de Allah”?». Isa dirá: «¡Gloria a Ti! No me corresponde decir aquello a lo que no tengo derecho. Si lo hubiera dicho, Tú ciertamente lo sabrías. Tú sabes lo que hay en mi interior, pero yo no sé lo que hay en Tu interior. Ciertamente, Tú eres el Conocedor de lo oculto. No les dije sino aquello que me ordenaste decir: “Adorad a Allah, mi Señor y vuestro Señor”. Fui testigo de ellos mientras permanecí entre ellos; pero cuando me llevaste de este mundo, Tú fuiste quien los vigiló, y Tú eres testigo de todas las cosas. Si los castigas, son Tus siervos; y si los perdonas, ciertamente Tú eres el Poderoso, el Sapientísimo». (Sura Al-Maida: 116-118)
Ved que la conclusión del relato de Isa (la paz sea con él) también ha sido trazada mediante la combinación de lo religioso y lo artístico.
Por un lado, el propósito religioso se ha cumplido y, por otro, la belleza artística también ha alcanzado su plenitud. El nacimiento de Isa (la paz sea con él) fue precisamente lo excepcional, lo milagroso. En el momento final de esa complejidad, él se presentó ante el Creador, reconoció su propia servidumbre, dio testimonio de lo que se había dicho a la nación y, finalmente, encomendó este asunto a Allah, el Todopoderoso, el Sapientísimo.
Desde el punto de vista artístico, donde se ha concluido este relato, este debía terminar precisamente allí. No había ningún lugar mejor que aquel para concluir este relato.
[2.3] El relato del profeta Adán (la paz sea con él) concluye en todos los pasajes del Corán con la descripción de su descenso a la Tierra. Solo se añade que pidió perdón por su pecado y que Dios lo perdonó. Después, el Corán guarda silencio —aunque en la Torá aparece otra descripción detallada—, porque el profeta Adán (la paz sea con él) fue enviado a la Tierra como consecuencia de haber seguido el consejo de su antiguo enemigo, Satanás, y desobedecido la orden de Dios. Con esto se cumple plenamente el propósito religioso.
Desde una perspectiva artística, se observa que en cada punto final está presente aquello que el artista busca. Para un artista basta con saber que el profeta Adán (la paz sea con él) fue expulsado del Paraíso a causa de su pecado. Después, la imaginación humana queda completamente libre al respecto. Puede preguntarse: ¿por dónde vagaron Adán y Eva de manera inexperta? ¿Cómo era su modo de vida y cómo realizaban sus transacciones económicas? Estas y muchas otras preguntas imaginarias. Si estos asuntos se hubieran tratado junto con el relato, la belleza artística habría disminuido. Por eso, allí donde el relato concluye, la belleza artística no sufre ninguna merma.
[2.4] El relato del profeta Salomón (la paz sea con él) aparece en el Corán en un total de tres pasajes. La última sura en la que se narra este relato es la sura Al-Anbiya (orden de revelación: setenta y tres). En esta sura, el último episodio del relato se narra así:
(Árabe**********)
Y recuerda a David y a Salomón, cuando juzgaban acerca de un campo de cultivo en el que habían entrado algunas ovejas durante la noche. Nosotros fuimos testigos de su juicio. Entonces hicimos que Salomón comprendiera la decisión correcta, y a ambos les concedimos conocimiento y sabiduría. Sometimos las montañas y las aves a David, para que glorificaran Nuestra santidad y magnificencia. Nosotros fuimos quienes hicimos esto. Le enseñamos a fabricar corazas para vosotros, a fin de que os protegieran en la guerra. ¿Seréis, pues, agradecidos? Y sometimos el viento a Salomón: soplaba, por orden suya, hacia la tierra en la que habíamos puesto bendición. Tenemos pleno conocimiento de todas las cosas. Y sometimos a su servicio a algunos demonios, que buceaban para él y realizaban además otras tareas. Nosotros los manteníamos bajo control. (Sura Al-Anbiya: 78-82)
En el relato del profeta Salomón (la paz sea con él) se encuentran numerosos contenidos y propósitos. En él también están presentes la sabiduría y la profunda comprensión religiosas. Sin embargo, a primera vista parece que, en la conclusión del relato, no hay correspondencia entre el propósito religioso y el aspecto artístico. La exigencia artística habría sido concluir el relato del profeta Salomón (la paz sea con él) en la escena en la que se describe su muerte: incluso después de morir, permanecía de pie apoyado en su bastón.
Sin duda, esta escena era adecuada para poner fin al relato. Desde una perspectiva artística, tanto la administración como la sabiduría alcanzaron su plenitud en la vida del profeta Salomón (la paz sea con él). El profeta Salomón (la paz sea con él) era juez y, al mismo tiempo, un hombre sabio. En los ejemplos narrados en el Corán se manifiestan la sabiduría y la visión de futuro que Dios le concedió. Por otro lado, también aparece el aspecto de la administración de un vasto imperio. En realidad, el relato concluye mediante una conclusión en la que se ofrece un resumen de toda su vida. El versículo en cuestión describe las actividades de la infancia, la adolescencia y la juventud, y el relato llega a su fin reuniéndolo todo en un único punto central.
[2.5] En muchos pasajes del Corán se narran brevemente los relatos de diversos profetas y mensajeros; sus conclusiones también se ajustan a las exigencias artísticas, y en ellas se manifiesta igualmente el propósito religioso. Se dice:
(Árabe**********)
Si te desmienten, que sepan que antes de ellos también desmintieron a Noé, a los pueblos de ‘Ad, Zamud, Abraham y Lot, a los habitantes de Madián y al pueblo de Moisés. Aun así, concedí un plazo a los incrédulos; después los aprehendí. ¡Mira cuál fue el terrible desenlace de negarMe! (Sura al-Hajj: 42-43)
Sin duda, en este desenlace se han desarrollado plenamente el propósito religioso y la belleza artística, y la narración ha concluido en el lugar adecuado.
[2.6] La historia de José, la paz sea con él, constituye una secuencia independiente desde el principio hasta el final. Comienza con el sueño de José y termina con la realización de ese sueño. La historia concluye con la llegada de los hermanos de José, cabizbajos y avergonzados, y con el regreso y el reencuentro de sus padres. Esta historia no se repite, porque, al haberse cumplido el propósito religioso de narrarla, no volvió a relatarse en otro lugar.
3. Entre los propósitos religiosos de narrar las historias había también la exigencia de que fueran acordes con el lugar, el tiempo y los personajes, allí dondequiera que se narrasen. En este sentido, representan plenamente ese mismo color y arte que tratamos anteriormente en otro capítulo. En dicho capítulo describimos detalladamente los diversos colores y estados de las imágenes coránicas.
Hemos tratado, bajo el título «La demostración de que las historias coránicas siguen los propósitos religiosos», el grado de concordancia y armonía que puede encontrarse entre los asuntos narrados en las historias, y allí ofrecimos también como ejemplo la siguiente aleya:
(Árabe************)
Anuncia a Mis siervos que Yo soy el Indulgente, el Misericordioso, y que Mi castigo es un castigo doloroso. (Sura al-Hiyr: 49-50)
Después se narró un episodio en el que se demuestra la veracidad de la afirmación anterior. Ahora describiremos algunos ejemplos más en los que el propósito religioso y la composición artística se complementan mutuamente.
[3.1] El episodio del profeta Adán (la paz sea con él) se narra en la sura Al-A‘raf de la siguiente manera:
(Árabe************)
Os creamos y luego os dimos forma. Después dijimos a los ángeles: «Postraos ante Adán». Todos se postraron, excepto Iblís, que no estuvo entre quienes se postraron. Dios dijo: «¿Qué te impidió postrarte cuando te lo ordené?». Respondió: «Yo soy mejor que él. Me creaste de fuego y a él lo creaste de arcilla». Dios dijo: «Sal de aquí. No tienes derecho a mostrar arrogancia aquí. Sal, pues eres de los despreciables y humillados». Dijo: «Concédeme un plazo hasta el Día de la Resurrección». Dios dijo: «Se te concede un plazo». Dijo: «Puesto que me has descarriado, me sentaré al acecho de ellos en Tu camino recto. Luego iré hacia ellos por delante, por detrás, por la derecha y por la izquierda, y no encontrarás agradecidos a la mayoría de ellos». Dios dijo: «Sal de aquí, despreciado y humillado. A quienquiera de ellos que te siga, llenaré ciertamente el Infierno con todos vosotros». «¡Oh, Adán! Habita tú y tu esposa en el Paraíso y comed de él cuanto queráis, pero no os acerquéis a ese árbol, pues seríais de los injustos». Entonces Satanás les susurró para hacerles ver sus partes íntimas, que permanecían ocultas. Les dijo: «Vuestro Señor no os ha prohibido este árbol sino para impedir que os convirtáis en ángeles o en seres que vivan eternamente». Y les juró: «Soy, en verdad, vuestro sincero consejero». Así logró engañarlos. Cuando probaron del árbol, sus partes íntimas quedaron al descubierto y comenzaron a cubrirse con hojas del Paraíso. Su Señor les llamó: «¿No os prohibí ese árbol y no os dije que Satanás era vuestro enemigo declarado?». Ambos dijeron: «¡Señor nuestro! Hemos sido injustos con nosotros mismos. Si no nos perdonas y no tienes misericordia de nosotros, seremos ciertamente de los perdedores». Dios dijo: «Descended; seréis enemigos unos de otros. Tendréis en la tierra una morada y un disfrute por un tiempo determinado». También dijo: «En ella viviréis, en ella moriréis y de ella seréis resucitados». (Sura Al-A‘raf: 11-25)
Después, el tema continúa de manera sucesiva. Se aconseja a los hijos de Adán que se protejan del engaño de Satanás: «¡Oh, hijos de Adán! No os dejéis engañar por Satanás, como hizo caer a vuestros padres —Adán y Eva—, haciendo que fueran expulsados del Paraíso».
Se ha dicho a la humanidad que sea cautelosa incluso con las cosas permitidas y que no declare ilícito aquello que Dios ha hecho lícito. Debéis obedecer a los profetas y mensajeros que fueron enviados por Dios. A este respecto se dice: «Hemos convertido a Satanás en aliado de quienes no creen». Después se presenta la escena del Día de la Resurrección. Quienes siguieron la guía enviada por Dios comparecen ante Él. Del mismo modo, quienes siguieron a Satanás permanecen de pie ante Dios para rendir cuentas. Todo termina así: un grupo entra en el Paraíso y otro grupo en el Infierno. Más adelante se dice que los moradores de Al-A‘raf llamarán a los demás: «Entrad directamente en el Paraíso, sin temor ni aflicción». Desde el otro lado, los ángeles llamarán: «Este es el Paraíso que se os ha concedido como recompensa por vuestras buenas obras». Sobre esto hemos tratado en el capítulo «La imagen artística».
La verdad es que fue expulsado del Paraíso precisamente por seguir a Satanás, y será admitido en el Paraíso precisamente por no seguirlo. Su regreso se parece al regreso de quien abandonó su casa y, después de algún tiempo, volvió a ella. Aquí reside la belleza artística en «salir y entrar». El lugar central de la discusión sobre este asunto es aquel en el que tratamos la «composición artística».
Concluimos aquí esta exposición, con la esperanza de que los lectores puedan examinar otros episodios a la luz de lo expuesto.
Capítulo décimo
Características artísticas de los relatos
Ahora quiero describir ciertas características artísticas generales cuya presencia permite que el propósito religioso de un acontecimiento se complete siguiendo el camino de la belleza y la armonía artísticas, y que dicha belleza y armonía hagan que el relato ejerza una mayor influencia sobre la mente, el intelecto y la conciencia. Como resultado, el corazón humano se prepara muy fácilmente para aceptarlo. Para este tipo de exposición se han adoptado cuatro principios artísticos, a saber:
1. Variedad en la narración: el primer tipo de particularidad artística consiste en la diferencia metodológica en la manera de narrar los relatos. Al estudiar los acontecimientos narrados en el Corán, advertimos que presentan cuatro formas. A continuación se examinan sucesivamente.
[1.1] Por ejemplo, el relato de los Compañeros de la Cueva comienza así en el Noble Corán:
(Árabe************)
¿Acaso crees que los compañeros de la cueva y sus moradores fueron algo asombroso entre Mis signos? Cuando los jóvenes se refugiaron en la cueva de la montaña y suplicaron: «¡Señor nuestro! Concédenos misericordia de Tu parte y facilítanos nuestro asunto». Entonces hice caer sobre sus oídos un velo durante varios años en la cueva. Luego los desperté para saber cuál de los dos grupos podía calcular mejor el tiempo que habían permanecido allí. (Sura al-Kahf: 9-12)
Este es el resumen del acontecimiento. Después comienza la narración detallada: las consultas mutuas antes de entrar en la cueva, las circunstancias de su entrada, su sueño y despertar, el envío de uno de ellos a comprar alimentos, las conversaciones y los susurros sobre él en la ciudad, su regreso, la muerte de los Compañeros de la Cueva, la construcción de un monumento sobre sus tumbas, las discrepancias de la gente al respecto y otros detalles. El acontecimiento se resume de este modo al comienzo, de manera que, apenas lo lee, el lector se siente impaciente por conocer lo que sucede después.
[1.2] A veces se menciona primero la conclusión o el desenlace de un acontecimiento y después se relata detalladamente toda la historia. Un ejemplo de ello es la historia del profeta Moisés (la paz sea con él), narrada en la sura Al-Qasas. Comienza así:
(Árabe************)
Te relatamos con la verdad la historia de Moisés y del Faraón para la gente creyente. El Faraón se ensoberbeció en la tierra y dividió a sus habitantes en grupos; debilitó a uno de ellos: mataba a sus hijos varones y dejaba con vida a sus mujeres. Ciertamente, era uno de los corruptores. Y quisimos favorecer a aquellos que habían sido debilitados en la tierra, hacerlos líderes, convertirlos en herederos y establecerlos en el poder de la tierra, y mostrarle al Faraón, a Hamán y a sus ejércitos aquello que temían de ese grupo debilitado. (Sura Al-Qasas: 2-6)
Después se relata detalladamente la historia del profeta Moisés (la paz sea con él): su nacimiento, su crianza, la lactancia, su llegada a la juventud, su exilio tras matar a un copto y otros acontecimientos. Luego comienzan los sucesos posteriores, que ya habían sido mencionados al principio. La historia se inicia de tal manera que aumenta la ansiedad del lector. Por la intensidad de su interés, surge en su mente la pregunta: ¿Qué hizo entonces Moisés (la paz sea con él)?
La historia del profeta José (la paz sea con él) es también similar. Comienza con un sueño. Después de verlo, se lo cuenta a su padre. El padre comprende que ese sueño anuncia su futura posición y fama en la tierra. La historia comienza así:
(Árabe************)
Cuando José dijo a su padre: «¡Padre mío! He visto en sueños once estrellas, el sol y la luna postrándose ante mí». Él respondió: «¡Hijo mío! No cuentes este sueño a tus hermanos, pues conspirarán contra ti. En verdad, Satanás es un enemigo declarado del ser humano. Así, tu Señor te elegirá, te enseñará la interpretación profunda de Sus palabras y completará Su gracia sobre ti y sobre la familia de Jacob, como anteriormente la completó sobre tus antepasados Abraham e Isaac. Ciertamente, tu Señor es Omnisciente y Sabio». (Sura José: 4-6)
Entonces comienza la historia propiamente dicha. No es sino la realización de su sueño, cuya naturaleza el padre, Jacob (la paz sea con él), ya había comprendido. La historia concluye con el cumplimiento pleno del sueño. Después de este hermoso desenlace, el Corán guarda silencio. No se menciona nada sobre aquellos relatos que aparecen en la Torá.
[1.3] Muchas veces los acontecimientos comienzan directamente, sin introducción ni resumen. Y de repente también se les pone fin. Por ejemplo, al narrar el nacimiento del profeta Jesús (la paz sea con él), se relata la historia de María (la paz sea con ella) sin introducción. Del mismo modo, en la historia del profeta Salomón (la paz sea con él) y la reina Bilqis, de repente aparece el relato de la abubilla y la hormiga.
[1.4] También se observa que se añade un matiz imaginativo a la narración de los acontecimientos. La historia comienza y, mientras se desarrolla, se hace que el protagonista pronuncie algunas súplicas. Por ejemplo, en el capítulo «La imagen artística» hemos presentado escenas de la historia de los profetas Abraham e Ismael (la paz sea con ambos). Allí se dice:
(Árabe************)
Recuerda cuando Abraham e Ismael levantaban los cimientos de la Kaaba y dijeron: «¡Señor nuestro! Acéptalo de nosotros. Ciertamente, Tú eres el Oyente, el Omnisciente». (Sura Al-Baqara: 127)
Esta es una escena muy grandiosa. En los relatos narrados en el Noble Corán se encuentran muchos ejemplos y comparaciones de este tipo.
2. Desvelar repentinamente el enigma: El segundo tipo consiste en que, de repente, se desvela el enigma de algún acontecimiento.
[2.1] Muchas veces el misterio del acontecimiento permanece desconocido tanto para el lector como para el protagonista. Pero, al llegar a cierto punto del acontecimiento, de repente se hace evidente ante el lector. Un ejemplo de ello es la historia del profeta Moisés (la paz sea con él), cuando acudió ante un hombre piadoso y sabio. Esta historia está narrada en la sura Al-Kahf:
(Árabe************)
Cuando Moisés dijo a su joven compañero: «No cesaré hasta llegar a la confluencia de los dos mares, aunque tenga que seguir avanzando durante mucho tiempo». Cuando llegaron a la confluencia de ambos, olvidaron su pez. El pez se abrió camino en el mar por un túnel y se sumergió. Después de atravesar aquel lugar, Moisés dijo a su compañero: «Tráenos nuestro desayuno; ciertamente, hemos sufrido cansancio en este viaje». Él respondió: «¿Has reparado en que, cuando descansábamos junto a la roca, olvidé el pez? Solo Satanás me hizo olvidar recordarlo. El pez se abrió de manera extraordinaria su propio camino en el mar». Moisés dijo: «Ese es precisamente el lugar que buscábamos». Entonces regresaron siguiendo sus huellas. Después encontraron a uno de Nuestros siervos, a quien habíamos concedido misericordia de Nuestra parte y habíamos impartido un conocimiento especial procedente de Nosotros. Moisés le dijo: «¿Puedo seguirte con la condición de que me enseñes algo del conocimiento de la guía recta que te ha sido enseñado?». Él respondió: «No podrás tener paciencia conmigo en absoluto. ¿Y cómo podrías tener paciencia ante aquello cuyo significado no comprendes?». Moisés dijo: «Si Allah quiere, me encontrarás paciente y no desobedeceré ninguna orden tuya». Él dijo: «Si me sigues, no me preguntes por nada hasta que yo mismo te hable de ello». Así pues, continuaron su camino. Finalmente, cuando subieron a una embarcación, él le hizo un agujero. Moisés dijo: «¿Le hiciste un agujero para ahogar a sus ocupantes? Ciertamente, has cometido algo grave». Él respondió: «¿No te dije que no podrías tener paciencia conmigo?». Moisés dijo: «No me culpes por mi olvido». Luego continuaron nuevamente su camino. Finalmente encontraron a un muchacho, y él lo mató. Moisés dijo: «¿Has acabado con una vida inocente sin que mediara otra vida? Ciertamente, has cometido una gran injusticia». Él respondió: «¿No te dije que no podrías tener paciencia conmigo?». Moisés dijo: «Si después de esto te pregunto algo, no me mantengas contigo; ya estás libre de toda acusación por mi parte». Luego continuaron su camino. Finalmente, cuando llegaron a los habitantes de una ciudad y les pidieron comida, ellos se negaron a ofrecerles hospitalidad. Después les pidieron comida allí, pero ellos se negaron a ofrecerles hospitalidad. Entonces encontraron allí un muro que estaba a punto de derrumbarse, y él lo enderezó y lo puso en pie. Moisés dijo: «Si hubieras querido, podrías haber cobrado una remuneración por ello». Él dijo: «Aquí termina la separación entre tú y yo. Ahora te explicaré el significado de aquello ante lo cual no pudiste tener paciencia». (Sura de La Caverna: 60-78)
No alcanzamos a comprender plenamente los elementos contenidos en los versículos mencionados, que han creado para nosotros este misterio. Ante ese misterio quedamos tan desconcertados como el protagonista del relato, Moisés (la paz sea con él). Tampoco sabemos quién fue aquel que realizó esos hechos extraordinarios. De hecho, el Corán ni siquiera consideró necesario revelar su nombre. ¿Qué necesidad había de darlo a conocer? Ese hombre realizó todas sus obras por el poder de Allah y siguiendo Su mandato. Y Allah no hará que el desenlace de ese asunto sea como lo que ocurrió ante nosotros y vimos, pues Su mirada está dirigida hacia objetivos de largo alcance, allí donde nuestra mirada no llega. Del mismo modo, el hecho de que no se mencione su nombre concuerda plenamente con el carácter misterioso del relato.
No cabe duda de que, desde el comienzo mismo del relato, había un velo invisible de lo desconocido. El anhelo de Moisés (la paz sea con él) por encontrarse con el siervo virtuoso, su marcha en busca de él, el olvido de su joven compañero acerca de que el pez se había marchado junto a la roca, el regreso a la roca para reparar aquel olvido y el encuentro con el hombre virtuoso. Si no hubiera regresado, jamás habría vuelto a encontrarse con él. El acontecimiento que tuvo lugar también estaba envuelto en misterio. Ni siquiera llegó a conocerse el nombre de quien lo llevó a cabo.
Apenas comienza a desentrañarse el misterio. Ahora Moisés (la paz sea con él) sabrá por qué fueron presentados estos acontecimientos. Al mismo tiempo, también se nos aclarará a nosotros. Se proclama:
(Árabe**********)
En cuanto a la embarcación, pertenecía a unos pobres que trabajaban en el mar para ganarse el sustento. Quise dañarla porque, al otro lado, había un rey que se apoderaba por la fuerza de todas las embarcaciones. En cuanto al muchacho, sus padres eran creyentes. Temí que los oprimiera con su rebeldía y su incredulidad. Y quise que su Señor les concediera, a cambio de él, un hijo mejor que él, más puro y más cercano en afecto. En cuanto al muro, pertenecía a dos muchachos huérfanos de la ciudad. Debajo de él había un tesoro que les pertenecía, y su padre era un hombre virtuoso. Así, tu Señor quiso, por misericordia, que alcanzaran la madurez y recuperaran su tesoro. No hice todo esto por iniciativa propia. Esta es la explicación de aquello ante lo cual no pudiste tener paciencia. (Sura de La Caverna: 79-82)
Después de que se desvela el misterio del descubrimiento y de los prodigios del hombre virtuoso en el acontecimiento mencionado, el lector recupera parcialmente la compostura. Se pregunta: «¿Quién es él?». No obtiene respuesta. El misterio sigue siendo misterio. Al principio estaba envuelto en misterio, y así continúa ahora. En este acontecimiento se manifestó una sabiduría sumamente poderosa. Apenas vislumbramos un débil destello de ella, y luego desapareció para siempre de nuestra vista.
[2.2] A veces también sucede que el misterio de un acontecimiento está claro para los espectadores, pero sigue siendo desconocido para el protagonista. Aun así, este continúa realizando su tarea. Los espectadores, por supuesto, saben cómo ocurrió y por qué está ocurriendo. Este tipo de acontecimiento se da con mayor frecuencia cuando se le dice algo a alguien en tono de burla o de broma. Desde el principio, los espectadores observan sus acciones y también se ríen de ellas. Ya hemos relatado anteriormente el episodio de los dueños del jardín. Ese episodio constituye un excelente ejemplo de ello. Se proclama:
(Árabe**********)
Cuando juraron que recogerían los frutos del jardín por la mañana, no dijeron: «Insha Allah». Entonces, mientras dormían, una calamidad procedente de tu Señor cayó sobre el jardín, y para la mañana este había quedado como hierba cortada y dispersa.
Nosotros ya conocemos el acontecimiento, pero los dueños del jardín todavía no se habían enterado. Se dice:
(Árabe**********)
Por la mañana se llamaron unos a otros: «Si queréis recoger los frutos, id temprano al campo». Luego partieron susurrando entre sí: «Hoy no permitáis que ningún pobre entre en el jardín». Salieron temprano, avanzando con energía y rapidez. (Sura Al-Qalam: 21-25)
Nosotros, los espectadores, sonreímos al verlos dirigirse al jardín mientras susurraban entre sí. Mientras tanto, el jardín había sido devastado. Cuando nos revolcamos de risa, solo entonces el misterio comienza a desvelarse para ellos.
(Árabe**********)
Cuando vieron el jardín, dijeron: «Nos hemos equivocado de camino; más bien, hemos sido privados de él». (Sura Al-Qalam: 26-17)
Ciertamente, para quienes quieren privar a los necesitados, esto es un castigo apropiado.
[2.3] A veces se informa a los espectadores solo parcialmente sobre el suceso, mientras que su verdadera naturaleza permanece todavía oculta, y hay un aspecto del acontecimiento del que ni los espectadores ni el protagonista tienen conocimiento. Un ejemplo de ello es el trono de la reina Bilqis, que fue llevado en un abrir y cerrar de ojos. También sabemos que esto ocurrió ante el profeta Salomón (la paz sea con él). Sin embargo, la reina Bilqis no sabía absolutamente nada de ello. Cuando le preguntaron: «¿Es este tu trono?», respondió: «Parece ser el mismo». Este es un misterio del que nosotros estamos informados desde el principio. Pero, al igual que Bilqis, también permanecíamos a oscuras respecto al palacio de cristal. Comprendimos el asunto al mismo tiempo que Bilqis, precisamente cuando ella se levantó el vestido hasta las pantorrillas para atravesar el estanque de agua. Al ver esto, el profeta Salomón (la paz sea con él) dijo: «Esto no es un estanque de agua; es un palacio cuyo suelo ha sido construido con cristal». [Más adelante lo explicaremos detalladamente.]
[2.4] A menudo sucede que un acontecimiento sencillo, y no misterioso, no se presenta claramente al principio, pero de repente se vuelve más luminoso, dejando atónitos tanto al lector como al protagonista. Tal es el caso del profeta María (la paz sea con ella). María (la paz sea con ella) se alejaba de su familia y marchaba sola. En ese momento, Gabriel (la paz sea con él) apareció con forma humana. María (la paz sea con ella) dijo: «Si eres un hombre honrado, busco refugio en Dios frente a ti». Al oír el relato, comprendemos que se trata de Gabriel (la paz sea con él). Pero poco después, al identificarse, dijo: «Soy un mensajero enviado por tu Señor para anunciarte un hijo virtuoso». Entonces, de pronto, el acontecimiento se presenta ante nosotros: vencida por los dolores del parto, María (la paz sea con ella) se refugia bajo una palmera y dice: «¡Ojalá hubiera muerto antes de esto y hubiera sido completamente olvidada!». Entonces el ángel le gritó desde abajo: «No te aflijas. Tu Señor ha hecho brotar a tus pies un manantial». Hasta el final de la aleya.
3. Pausa entre escenas: La tercera característica artística de la narración consiste en las pausas sutiles que aparecen de vez en cuando entre los acontecimientos narrados. Del mismo modo que hoy se baja el telón durante el intermedio en el teatro y el cine para marcar la diferencia entre una escena y otra, en todos los relatos narrados en el Corán existe una pausa de este tipo. Puede observarse fácilmente en los relatos que hemos mencionado anteriormente. Ahora hablaremos, a modo de ejemplo, del relato del profeta José (la paz sea con él). Este relato se desarrolla en un total de 28 escenas. Sin embargo, en lugar de analizar todas las escenas, examinaremos algunas de ellas.
Los hermanos del profeta José (la paz sea con él) acudieron a él durante la hambruna para obtener raciones. En aquel momento, él desempeñaba el cargo de ministro de Alimentación. Les ordenó que, cuando regresaran, llevaran consigo a su hermano carnal. A pesar de que el profeta Jacob (la paz sea con él) no les había dado su consentimiento, fueron a Egipto con Benjamín para obtener raciones. Mientras medía el grano, el profeta José (la paz sea con él) escondió una copa en el equipaje de su hermano. Después lo acusó de ladrón y, mediante una estratagema, lo retuvo consigo. Entonces los hermanos deliberaron y solicitaron que se retuviera a otra persona en su lugar, pero él rechazó firmemente la petición. Se declara:
(Árabe**********)
Después, cuando perdieron toda esperanza de obtenerlo de él, se sentaron aparte para deliberar. Su hermano mayor dijo: «¿Acaso no sabéis que vuestro padre os hizo jurar por Dios respecto a él y que anteriormente fuisteis injustos con José? Por tanto, no abandonaré este país de ningún modo hasta que mi padre me lo permita o Dios disponga algo a mi favor. Él es el mejor de los que disponen los asuntos. Regresad a vuestro padre y decidle: “Padre nuestro, tu hijo ha robado”. Nosotros solo declaramos lo que sabemos y no teníamos conocimiento de lo oculto. Pregunta a los habitantes de la ciudad en la que estuvimos y a la caravana con la que vinimos. Ciertamente, decimos la verdad». (Sura de José: 80-82)
Cayó el telón. Ahora nos encontraremos con los hermanos del profeta José (la paz sea con él) en otra escena. Pero no será en ninguna ciudad de Egipto. Nos encontraremos con ellos cuando estén ante su padre, ocupados en dar explicaciones. Se levantó el telón. Allí vemos a su padre, el profeta Jacob (la paz sea con él), haciendo el comentario siguiente.
(Árabe**********)
Jacob dijo: «Esto no es más que una invención. Solo habéis traído una historia inventada. Ahora, lo mejor es tener paciencia. Quizá Allah me los reúna a todos. Él es Omnisapiente y Sapientísimo». (Sura Yusuf: 83)
Cayó el telón. Ahora veremos al profeta Yusuf (la paz sea con él) y a sus hijos en otra escena. Allí veremos a Jacob (la paz sea con él) profundamente sumido en sus pensamientos. Los hijos están preocupados al ver el estado de su padre. Se alzó el telón.
Se apartó de ellos y dijo: «¡Qué tristeza siento por Yusuf!». Sus ojos se volvieron turbios de dolor y quedó abatido por una angustia insoportable. Ellos dijeron: «¡Por Allah! No dejarás de recordar a Yusuf hasta que estés al borde de la muerte o mueras». Él respondió: «Solo expongo ante Allah mi dolor y mi aflicción, y sé de Allah lo que vosotros no sabéis. ¡Hijos míos! Id y buscad a Yusuf y a su hermano, y no desesperéis de la misericordia de Allah. Solo los incrédulos desesperan de la misericordia de Allah». (Sura Yusuf: 84-87)
Ahora el telón volverá a caer. Los hermanos de Yusuf (la paz sea con él) partieron, y después de eso no sabemos nada más. Cuando el telón se alzó de nuevo, los vimos llegar ante el profeta Yusuf (la paz sea con él), en Egipto, y los oímos decir:
(Árabe**********)
Cuando llegaron ante Yusuf, dijeron: «¡Oh, emir! Nosotros y nuestras familias hemos sufrido grandes dificultades y hemos venido con un capital insuficiente. Así pues, concédenos la medida completa y sé generoso con nosotros. Allah recompensa a quienes dan». (Sura Yusuf: 88)
La historia de los Compañeros de la Caverna, la del profeta María (la paz sea con ella) y las historias del profeta Salomón (la paz sea con él) también están narradas con el mismo estilo. Más adelante trataremos este tema con mayor detalle, si Allah quiere.
4. Representación de escenas mediante los acontecimientos: anteriormente hemos analizado tres características artísticas de la narración. Ahora analizaremos cómo se representan las escenas mediante los acontecimientos. Este tipo está relacionado con el capítulo «La imagen artística» de la presente obra. Allí dijimos que, aunque todos los acontecimientos narrados en el Corán pertenecen al pasado, cuando los lectores los leen o los oyentes los escuchan, toda la escena se presenta ante ellos como algo vivo y presente. Parece que el acontecimiento está ocurriendo en ese mismo momento ante sus ojos.
Lo que queremos decir ahora es que las escenas o imágenes trazadas mediante los acontecimientos pueden adoptar diversos estilos. Por ejemplo, una imagen puede cobrar vida y hacerse visible mediante el acontecimiento; o pueden manifestarse en ella las emociones y los sentimientos; o pueden percibirse las huellas de una personalidad. A veces, aunque un acontecimiento o relato reúna dos características, una de ellas se vuelve más sobresaliente que la otra. Por ello, el acontecimiento recibe ese nombre. Estas bellezas artísticas se manifiestan en las escenas de todos los relatos. No queremos analizarlas únicamente con palabras, sino explicarlas mediante ejemplos.
Anteriormente relatamos la historia de los dueños de los jardines. Incluso vimos la representación de aquel acontecimiento. Vimos al profeta Abraham (la paz sea con él) y al profeta Ismael (la paz sea con él) de pie frente a la Kaaba. Vimos al profeta Noé (la paz sea con él) y a su hijo en el momento de la inundación. Estas imágenes están siempre vivas y son eternas. El lector o el oyente de estos acontecimientos siente que el hecho está ocurriendo ante sus propios ojos. Ahora presentamos algunos ejemplos más.
Cuando los moradores de la caverna salieron del grupo de los politeístas y siguieron el camino de la unicidad divina, deliberaron entre sí. El Corán nos ha presentado esa deliberación. Cada vez que la leemos o la escuchamos, parece que están deliberando ante nuestros propios ojos y que incluso oímos sus conversaciones.
(Árabe**********)
Te relatamos su historia con toda verdad. Eran unos jóvenes. Les acrecentamos la guía y fortalecimos sus corazones cuando se levantaron. Dijeron: «Nuestro Señor es el Señor de los cielos y de la tierra. Nunca invocaremos, en lugar de Él, a ninguna otra divinidad. Si lo hiciéramos, estaríamos diciendo algo sumamente abominable. Este pueblo nuestro ha tomado otras divinidades en lugar de Él. ¿Por qué no presentan una prueba clara sobre ellas? ¿Y quién es más injusto que quien inventa mentiras acerca de Allah? Cuando os hayáis apartado de ellos y de aquello que adoran en lugar de Allah, refugiaos en la caverna. Vuestro Señor os cubrirá con Su misericordia y dispondrá para vosotros un resultado provechoso en vuestros asuntos». (Sura al-Kahf: 13-16)
Aquí termina esta escena y cae el telón. Al igual que en el cine y el teatro del siglo XX, aquí hay una pausa entre una escena y otra. Cuando se retire el telón, veremos que, después de deliberar, han entrado juntos en la caverna. Los vemos entrar en ella con nuestros propios ojos. No cabe ninguna duda. Se genera una convicción tan firme. Esa es también la exigencia de la narración y la explicación del Corán.
(Árabe**********)
Verás el sol: cuando sale, pasa de largo por la derecha de su caverna, y cuando se pone, pasa de largo por la izquierda, mientras ellos se encuentran en el amplio espacio de la caverna.
Esto es lo que significa presentar algo ante los ojos. Así como actualmente en el teatro se hace visible una escena mediante la proyección de luces, aquí también se logra mediante la luz del sol. El movimiento del sol da vida a esta escena. Sin embargo, ni cuando sale ni cuando se pone entra su luz en la caverna. Durante todo el día allí se desarrolla un juego de luces y sombras. Eso es lo que expresa la palabra «tazáwaru». ¡Qué sencillamente se ha presentado la imagen! ¡Cuánto esfuerzo habría sido necesario para mostrar esta escena en la pantalla de un cine!
Vengan, contemplemos a los compañeros de la caverna. Se ha dicho: «Se encuentran en el amplio espacio de la caverna». Esta frase constituye un complemento incomparable, que no es inferior a un milagro en ningún aspecto. Estas pocas palabras han hecho que toda la escena cobre vida y movimiento ante nosotros. Parece que se mueven delante de nuestros ojos.
(Árabe**********)
Creerías que están despiertos, aunque están dormidos. Los hacemos cambiar de lado, hacia la derecha y hacia la izquierda. Su perro tenía extendidas las patas delanteras en la entrada de la caverna. Si te hubieras asomado para verlos, habrías dado media vuelta y huido, lleno de terror ante ellos. (Sura al-Kahf: 18)
La imagen trazada mediante estas pocas palabras es completamente viva y dinámica.
De repente, la vida comenzó a palpitar entre los compañeros de la caverna. Veamos ahora qué sucede:
(Árabe**********)
Así los desperté para que se preguntaran unos a otros. Uno de ellos dijo: «¿Cuánto tiempo habéis permanecido?». Algunos respondieron: «Un día o parte de un día». Otros dijeron: «Vuestro Señor sabe mejor cuánto tiempo habéis permanecido. Ahora enviad a uno de vosotros a la ciudad con esta moneda, para que vea qué alimento es lícito y traiga para vosotros algo de él. Que vaya con discreción y que no informe a nadie de vuestra situación. Si llegan a saber de vosotros, os lapidarán o os obligarán a regresar a su religión; entonces jamás alcanzaréis el éxito». (Sura al-Kahf: 19-20)
Esta es la tercera escena, o el final de la segunda. Ahora todos están despiertos. Lo primero que se preguntan es cuánto tiempo habían dormido. Se respondió: un día o menos. Sin embargo, sabemos que permanecieron mucho tiempo en la cueva, como hemos sabido por el resumen del acontecimiento. Tenían hambre, por eso no se preocuparon demasiado por el asunto. Entonces, aquel creyente que había dicho: «Vuestro Señor sabe cuánto tiempo habéis dormido», advirtió sobre varios asuntos y ordenó a uno de ellos comprar alimentos. Le recomendó que fuera a la ciudad con suma discreción, que no revelara a nadie la existencia de aquel lugar y que comprara alimentos buenos y lícitos. Si alguien descubría su situación, quizá los mataría o los obligaría a regresar a la religión de sus antepasados. Estas palabras las pronunciaron los moradores de la cueva (los Asḥāb al-Kahf). Sabemos que habían transcurrido varios siglos. Ya no quedaba nadie que pudiera condenarlos a muerte lapidándolos ni obligarlos a volver a la religión ancestral, porque todos se habían convertido al islam. Veamos en la escena siguiente las acciones de su representante.
¿Dónde está la escena siguiente? Aquí es necesario reflexionar. Sabemos que la gente había descubierto su existencia. Pero aquellos incrédulos a quienes ellos temían ya no eran, en realidad, incrédulos ni asociadores. En aquel tiempo, todos se habían convertido en creyentes.
(Árabe**********)
Así dimos a conocer su historia, para que supieran que la promesa de Allah es verdadera y que no hay duda alguna acerca de la llegada de la Hora. (Sura al-Kahf: 21)
Al llegar a este punto, el propósito religioso del relato ha quedado manifiesto. Al mismo tiempo, su dimensión artística también ha alcanzado su plenitud. Ahora, la pregunta que da vueltas en nuestra mente es: ¿qué ocurrió con aquel que fue enviado a la ciudad? Y cuando la gente descubrió su secreto, ¿qué hizo él?
Aquí también hay una pausa sutil. Luego se comprende que la muerte se apoderó de ellos. Entonces la gente se quedó de pie fuera de la cueva y comenzó a debatir por qué ellos habían permanecido firmes en la religión.
(Árabe**********)
Cuando discutían entre sí sobre lo que debían hacer, dijeron: «Construid un monumento sobre ellos. Su Señor conoce mejor su situación». Aquellos cuya opinión prevaleció sobre lo que debían hacer dijeron: «Sin duda, construiremos una mezquita en su lugar». (Sura al-Kahf: 21)
Otra pausa. Ahora, si alguien quiere, puede imaginar la construcción de una mezquita sobre su mausoleo. Mientras tanto, la gente comenzó a discutir sobre diversos asuntos: algunos discutían cuántos eran, y otros, cuánto tiempo habían dormido.
(Árabe**********)
Ahora dirán, basándose en conjeturas sobre lo desconocido: «Eran tres, y el cuarto era su perro». Otros dirán: «Eran cinco, y su perro era el sexto». Y otros dirán: «Eran siete, y el octavo era su perro». (Sura al-Kahf: 22)
Cuando, después de devolver la vida a los Compañeros de la Caverna, se cumplió el propósito religioso, se los volvió a dejar envueltos en el misterio:
(Árabe**********)
Di: «Mi Señor conoce mejor su número; solo unos pocos conocen su historia. No disputes sobre ellos, salvo de manera superficial, ni preguntes a nadie acerca de su situación».
Una vez completado el relato, el Corán expone su propósito religioso. Aludiendo a la manifestación del poder de Allah que tuvo lugar al devolver la vida a los Compañeros de la Caverna, se dirige la atención de la gente diciendo:
(Árabe**********)
No digas de ningún asunto: «Lo haré mañana», sin añadir: «Insha Allah (si Dios quiere)». Y cuando lo olvides, recuerda a tu Señor y di: «Espero que mi Señor me guíe hacia algo más cercano a la rectitud». (Sura Al-Kahf: 23-24)
Aquí se dirige una palabra especial al Noble Mensajero, que Allah lo bendiga y le conceda la paz. No necesitamos entrar en esa discusión. Basta con comprender que, así como el Corán aclara el propósito religioso al mismo tiempo que narra el acontecimiento, aquí también lo hace. ¿Qué mejor oportunidad podía haber para impartir una enseñanza instructiva?
Finalmente, se proporciona el dato exacto del tiempo que permanecieron en la cueva, que también es nuestra postura respecto a este acontecimiento. Solo queda su número. Hasta hoy sigue siendo un misterio, al igual que los propios Compañeros de la Cueva.
Permanecieron en la cueva trescientos años, y añadieron nueve años más. (Sura Al-Kahf: 25)
La enseñanza religiosa implícita en este acontecimiento se expresa en las siguientes palabras:
(Árabe**********)
Di: «Allah sabe mejor cuánto tiempo permanecieron. A Él pertenece el conocimiento de lo oculto de los cielos y de la tierra. ¡Qué excelente es como ve y como oye! Fuera de Él, no tienen ningún protector. Él no asocia a nadie en Su autoridad. Recita lo que te ha sido revelado del Libro por tu Señor. Nadie puede cambiar Sus palabras y, fuera de Él, no encontrarás refugio. (Sura Al-Kahf: 26-27)
He intentado investigar todas las características de la narración y luego las he presentado ante ustedes. No cabe la menor duda de que, en el Sagrado Corán, los acontecimientos se presentan de tal manera que, apenas se leen, todo aparece ante los ojos del lector como una imagen. Esta es su característica más importante. Y ejerce influencia sobre las demás características.
La representación de las emociones y los sentimientos
Ahora dirigiremos nuestra atención a otro aspecto de la representación de las narraciones: la manifestación de las emociones y de las inclinaciones y tendencias de la mente.
Anteriormente hemos relatado la conversación entre los dos propietarios de los jardines y su compañero. Asimismo, hemos relatado el episodio del profeta Moisés (la paz sea con él) y un hombre virtuoso. En ambos episodios no solo están representados los sentimientos y las emociones, sino también la personalidad; así, aquellas escenas cobran vida y se presentan ante los ojos. Ahora les presento otro episodio semejante: el acontecimiento que tuvo lugar cuando Hazrat Maryam (la paz sea con ella) dio a luz a Hazrat Isa (la paz sea con él). Se dice:
(Árabe**********)
Y menciona en este Libro la historia de Maryam, cuando se apartó de su familia y se retiró a un lugar situado al este. Entonces se ocultó de ellos tras un velo. (Sura Maryam: 16-17)
Hazrat Maryam se sentía satisfecha viviendo sola y en retiro. Un día, mientras se dirigía absorta hacia el lugar de baño, vio allí a un joven. La repentina aparición del acontecimiento la dejó desconcertada; en un instante, su mundo interior cambió.
(Árabe**********)
Después envié a ella a Mi Espíritu, y este se le apareció con la forma perfecta de un ser humano. Maryam dijo: «Busco refugio en el Misericordioso frente a ti, si eres temeroso de Allah». (Sura Maryam: 17-18)
Estas palabras son semejantes a lo que ocurriría si una virgen estuviera sentada sola en un lugar apartado y, de repente, un hombre apareciera allí y la intimidara; entonces, al no encontrar otra salida, intentaría despertar en él el temor de Allah.
Aunque nosotros comprendemos que el visitante no era un joven, sino el propio ángel Gabriel Amín, Maryam (la paz sea con ella) pensó que era un joven desconocido. Reflexionen: ¿por qué habría de acercarse un joven desconocido a una joven virgen tan pura, perteneciente a una familia de tan alta posición, cuya conducta estaba enteramente circunscrita a los límites de la religión y cuyo tutor era nada menos que el venerable Zakariya (la paz sea con él)? Su madre la había consagrado a la religión. Esta es la primera parte.
(Árabe**********)
Él dijo: «Soy el mensajero de tu Señor. He venido a concederte un hijo puro». (Sura Maryam: 19)
Cualquiera puede imaginar fácilmente, usando su capacidad de razonamiento, cuál sería el estado mental y los sentimientos de una virgen recatada si alguien se presentara y la sobresaltara aprovechándose de su soledad. Aunque él afirmara ser un mensajero de Allah —es decir, un ángel—, ella no pudo creerlo por completo. Una sola idea seguía dando vueltas una y otra vez en su mente: quizá quería aprovecharse de su ingenuidad para arrebatarle la virginidad. De lo contrario, no le anunciaría que tendría un hijo de una manera para la cual hasta entonces no existía precedente alguno. Esta es la segunda parte.
Ahora Maryam (la paz sea con ella) asumió el papel de una joven valiente que, sin dejarse intimidar por el peligro, lo enfrenta con valor.
(Árabe**********)
Ella exclamó: «¿Cómo voy a tener un hijo, si ningún hombre me ha tocado? ¡Y nunca he sido una adúltera!» (Sura Maryam: 20)
Maryam (la paz sea con ella) pronunció estas palabras con el corazón abrumado por un intenso dolor. Maryam (la paz sea con ella) y el joven mencionado aún permanecían solos, de pie. Sin embargo, entretanto, Maryam (la paz sea con ella) ya había logrado comprender el propósito de la llegada del desconocido. Pero no podía entender de ningún modo cómo podía ser posible aquello. Solo encontraba consuelo en una cosa: las palabras del caballero: «Soy el mensajero de tu Señor». Aun así, pensaba que también podía tratarse del engaño de un impostor, como el asunto del que hablamos al principio. No era una cuestión de vergüenza o pudor; era necesario que la explicación fuese más clara. Por eso Gabriel (la paz sea con él) dijo:
(Árabe**********)
Él dijo: «Así será. Tu Señor ha dicho: “Esto es muy fácil para Mí, y queremos hacer de él un signo para la gente y una misericordia de Nuestra parte”. Es un asunto ya decretado». (Sura Maryam: 21)
¿Qué le sucedió? Aquí tiene lugar una larga pausa artística. Pero, durante ese momento de pausa, una pregunta resuena una y otra vez en el mundo de los pensamientos de los lectores: ¿qué le sucedió a Maryam (la paz sea con ella)? De nuevo cambia el escenario de la historia. Esta vez también vemos a Maryam (la paz sea con ella) angustiada por otro asunto, aún más que antes.
(Árabe**********)
Después quedó embarazada. Luego se retiró a un lugar apartado. Los dolores del parto la obligaron a refugiarse al pie de una palmera. Dijo: «¡Ojalá hubiera muerto antes de esto y hubiera sido completamente olvidada por la gente!» (Sura Maryam: 23)
Esta es la tercera parte.
Al principio, ante la honorable Maryam (la paz sea con ella) solo estaba su propio ser. Había sido criada en un ambiente puro y casto. Pero finalmente se encontró frente a una situación completamente nueva. Su situación actual también era muy distinta. Ahora era objeto de humillación y desprecio por parte de su pueblo; no solo sufría mentalmente, sino también físicamente. Pues, debido a los dolores del parto, se había visto obligada a refugiarse bajo una palmera datilera. Allí estaba sola. No había nadie más junto a ella. Además, experimentaba todas las dificultades propias de una mujer embarazada de su primer hijo, y ni siquiera tenía idea de qué debía hacer en semejante situación. No había una sola persona que pudiera prestarle siquiera un poco de ayuda. Por eso, lamentándose, dijo: «¡Ay de mí! ¡Ojalá hubiera muerto antes de esto y hubiera quedado completamente olvidada!» De estas palabras podemos conocer su sufrimiento físico y mental, así como su dolor y aflicción. Podemos ver en qué terrible calamidad estaba sumida. Se ha dicho:
(Árabe**********) Entonces el ángel la llamó desde abajo: «No te aflijas. Tu Señor ha hecho correr un arroyo a tus pies. Sacude hacia ti el tronco de la palmera datilera y caerán sobre ti dátiles maduros. Come de ellos, bebe y alegra tus ojos. Y si ves a alguien entre la gente, dile: “He hecho un voto de ayunar por Allah; por tanto, hoy no hablaré con nadie”». (Sura de Maryam: 24-26)
Esta es la cuarta parte.
Este acontecimiento es tan sorprendente y desconcertante que, ante lo repentino de lo sucedido, nosotros —no Maryam (la paz sea con ella)— estaríamos dispuestos a salir corriendo. El nacimiento repentino del niño, la voz del ángel desde abajo y un niño que constituía para Maryam (la paz sea con ella) una fuente de sufrimiento y reproches; y, de inmediato, la provisión abundante de alimentos y bebidas: sin duda, es un acontecimiento extraordinario.
Creemos que la honorable Maryam (la paz sea con ella) también quedó profundamente asombrada. Con su cuerpo debilitado, sacudir la rama de la palmera datilera, recoger de ella dátiles frescos y maduros y comerlos. Después, tras recuperar un poco de fuerzas, emprendió el camino hacia su casa. Pero aún quedaba por atravesar otro puente en sus pensamientos.
(Árabe**********) Después, regresó con su hijo junto a su pueblo. (Sura de Maryam: 27)
Ahora que Maryam (la paz sea con ella) había alcanzado tranquilidad interior, debía transferir a los demás sus preocupaciones y penas.
(Árabe**********)
Dijeron: «¡Oh, María! Has cometido algo inaudito. ¡Oh, hermana de Aarón! Tu padre no era un hombre inmoral, ni tu madre era una adúltera». (Sura María: 27-28)
Los miembros de la tribu comenzaron a reprenderla. La interpelaban sarcásticamente como «hermana de Aarón» y le decían: «Eres hija de una familia tan noble que jamás había ocurrido algo semejante en ella. Además, tus padres tampoco eran así. ¿Cómo has podido manchar el honor de tu linaje?»
María, con el corazón afligido, permaneció en silencio y señaló al niño, diciendo: «No me preguntéis a mí; preguntadle a él y recibiréis respuesta». Al parecer, María creía que su hijo realizaría un milagro. Por eso lo señaló. Al oírla, la gente quedó asombrada y comenzó a censurarla aún más. La gente estaba estupefacta: una joven virgen había concebido un hijo y se mostraba feliz con él. Después, el hecho de que, con profunda confianza, les mostrara al niño de manera desdeñosa llevó a la gente al colmo del asombro.
Dijeron: «¿Cómo vamos a hablar con un niño que aún está en la cuna?»
Entonces, milagrosamente, el noble Jesús comenzó a hablar:
(Árabe**********)
El niño dijo: «Soy siervo de Allah. Él me ha dado el Libro y me ha hecho profeta. Me ha bendecido dondequiera que esté. Me ha ordenado realizar la oración y pagar el zakat mientras viva, y obedecer a mi madre. No me ha hecho insolente ni desdichado. La paz sea conmigo el día en que nací, el día en que muera y el día en que sea resucitado». (Sura María: 30-33)
Si no hubiéramos escuchado este relato hace un momento, al oírlo nos habríamos asustado y huido. No habríamos podido dormir por la noche debido a la preocupación, y la angustia habría quedado marcada en nuestros rostros. Pero hemos llegado a conocer el relato. Por eso, mientras las lágrimas caen gota a gota de nuestros ojos bajo el peso de la tristeza, también sentimos deseos de aplaudir desbordados de alegría. En ese momento cayó el telón. La situación llegó a ser tal que, por lo conmovedor del relato, las lágrimas caían gota a gota de los ojos, mientras se aplaudía de alegría. Entonces se oyó una voz que estremeció nuestros corazones absortos. El anunciador proclamaba:
(Árabe**********)
¡Este es Jesús, hijo de María! La palabra verdadera acerca de la cual la gente disputa. Allah no es tal que tome un hijo. ¡Glorificado y majestuoso es Él! Cuando decide un asunto, solo le dice: «¡Sé!», y este es. (El niño añadió:) Ciertamente, Allah es mi Señor y vuestro Señor. Adoradlo, pues; este es el camino recto. (Sura de María: 34-36)
Al llegar a este punto, tanto el propósito y el objetivo de la religión como la escena y la imagen del acontecimiento han alcanzado su plenitud; y, sin duda, puede decirse que se trata de la mejor representación de las emociones y los sentimientos. Este matiz impregna todo el acontecimiento, haciendo que las demás características palidezcan.
La huella de la personalidad en el relato
Ahora hablaremos del tercer tipo de representación en el Corán. Es uno de los diversos tipos de representación, pero intentaremos distinguirlo y describirlo por separado. Está relacionado con la personalidad.
La huella de la personalidad también se percibe plenamente en los dos relatos mencionados anteriormente: el de los dos propietarios de los jardines y su compañero, y el del profeta Moisés y un hombre justo. El acontecimiento está vinculado con la personalidad. Por eso, expresar la personalidad en la narración de un acontecimiento es un arte de altísimo nivel. El propósito y el objetivo de todo el relato están relacionados con la personalidad, tanto si el acontecimiento está relacionado con el Corán como con el arte.
Aunque en el Corán los diversos acontecimientos y relatos se narran únicamente para llamar a la religión, el objetivo principal de cualquier acontecimiento o relato es, por tanto, la llamada a la religión. Sin embargo, la representación de la personalidad no puede separarse de ello. Esta característica está presente en todos los relatos coránicos. La persona se presenta como un paradigma humano. En el Corán se habla de ciertas personas y personalidades que han trascendido los límites de la individualidad y se han manifestado como «seres paradigmáticos». A continuación examinaremos algunos acontecimientos a este respecto.
1. Un líder de naturaleza impulsiva
A modo de ejemplo, podemos hablar de Moisés (la paz sea con él). Era un líder de naturaleza impulsiva.
Moisés (la paz sea con él) fue criado en el palacio del Faraón y llegó a la juventud. Poseía un cuerpo bien formado y robusto.
(Árabe**********)
Un día entró en la ciudad, mientras sus habitantes estaban desprevenidos. Allí vio a dos hombres peleando. Uno de ellos pertenecía a su propio grupo y el otro al grupo enemigo. Entonces el que pertenecía a su grupo le pidió ayuda contra el hombre del grupo enemigo. Moisés le dio un puñetazo, y este murió. (Sura al-Qasas: 15)
En este suceso quedaron claras dos cosas. Primera: el espíritu de solidaridad de Moisés (la paz sea con él) hacia su pueblo. Segunda: su naturaleza impulsiva. Pues un hombre de su pueblo le pidió ayuda y, de inmediato, él tomó partido por él, le dio un puñetazo y acabó con su vida. Luego, avergonzado, dijo:
(Árabe**********)
Moisés dijo: «Esto es obra de Satanás. En verdad, él es un enemigo declarado que extravía». También dijo: «¡Señor mío! Ciertamente he sido injusto conmigo mismo. Así pues, perdóname». Y Allah lo perdonó. En verdad, Él es el Indulgente, el Misericordioso. Dijo: «¡Señor mío! Por el favor que me has concedido, nunca más ayudaré a los delincuentes». (Sura al-Qasas: 15-18)
Luego se dice:
Después, amaneció en la ciudad, atemorizado y vigilante. (Sura Al-Qasas: 18)
En esta aleya se presenta una escena muy conocida. Cuando una persona se alarma, mira a su alrededor y se pone en marcha, porque ya no desea volver a enfrentarse a esa situación. Así es el estado de las personas de naturaleza inquieta.
El honorable Moisés (la paz sea con él) había prometido que no volvería a ayudar a nadie en peligro. Veamos hasta qué punto se mantuvo firme en su decisión. De repente, vio:
(Árabe**********)
De repente, vio que el hombre que el día anterior le había pedido ayuda gritaba y volvía a pedirle auxilio. Moisés le dijo: «Eres claramente un hombre extraviado». (Sura Al-Qasas: 18)
Pero olvidó su promesa. Se acercó a él y quiso repetir lo ocurrido anteriormente, porque era una persona de naturaleza inquieta. Por eso olvidó que, avergonzado por aquel acto, había pedido perdón ante la presencia divina. Cuando le recordaron su delito pasado, se atemorizó.
(Árabe**********)
Entonces, cuando Moisés quiso castigar al enemigo de ambos, este dijo: «¿Acaso quieres matarme como ayer mataste a un hombre? No quieres sino convertirte en un tirano en la tierra; no quieres ser de los que reforman». (Sura Al-Qasas: 19)
En ese momento, un hombre se presentó y le aconsejó que huyera de la ciudad. Sabemos que, siguiendo este consejo, emigró. Dejémoslo por ahora. Reunámonos con él después de que hayan transcurrido diez años. Durante ese largo período, ¿había adquirido cierta estabilidad su carácter? ¿Había logrado convertirse en una persona tranquila y serena?
Ciertamente, no. No se produjo ningún cambio fundamental en su carácter y naturaleza. Cuando llegó la voz desde el lado derecho del monte Tur: «Arroja tu bastón», él lo arrojó; pero cuando el bastón se transformó en una serpiente que se movía, al verla huyó corriendo a toda prisa. Ni siquiera volvió la mirada. Incluso en la madurez no pudo abandonar su antiguo hábito. Por supuesto, en aquella situación cualquiera habría echado a correr, pero él corrió delante de todos. No se detuvo ni por un instante para intentar ver qué estaba ocurriendo allí.
Venció a los magos, salvó a los Hijos de Israel de la persecución del faraón y los hizo cruzar el mar. Después llegó, en el momento señalado, al monte Tur para recibir la bendición de la profecía. Pero aun así, al llegar al monte Tur, le hizo a Allah una petición muy peculiar:
(Árabe**********)
Moisés dijo: «¡Señor mío! Muéstrate ante mí; yo te veré». Allah dijo: «Jamás podrás verme. Mira hacia la montaña: si permanece firme en su lugar, entonces también podrás verme». (Sura Al-A‘raf: 143)
Lo que ocurrió después no fue capaz de comprenderlo ningún ser humano de la Tierra, ni siquiera Moisés.
(Árabe**********)
Luego, cuando su Señor hizo resplandecer Su luz sobre la montaña, esta quedó destruida al instante, y Moisés cayó inconsciente. Cuando recobró el conocimiento, dijo: «¡Oh, Señor! Tu esencia es santa. Me arrepiento ante Ti y soy el primero de los creyentes». (Sura Al-A‘raf: 143)
Moisés (la paz sea con él) hizo lo que suele hacer una persona de naturaleza inquieta.
Pero esto no fue todo. Cuando regresó de allí y vio que su pueblo adoraba un becerro, llevaba en las manos las tablas de la Torá que el Señor le había dado; sin pensarlo, las arrojó violentamente al suelo y comenzó a tirar y arrastrar a su hermano por la barba. Ni siquiera quiso escuchar sus palabras. Por eso comenzó a decir:
(Árabe**********)
¡Oh, hijo de mi madre! No me tires de la barba ni del cabello de la cabeza. Temí que dijeras: “Has creado división entre los hijos de Israel y no has respetado mi palabra”. (Sura Ta-Ha: 94)
Cuando supo que un hombre llamado Samirí había organizado la adoración del becerro, toda su ira recayó sobre él. Se dirigió al Samirí y proclamó con voz atronadora:
(Árabe**********)
Moisés dijo: “¡Aléjate! Durante toda tu vida sufrirás este castigo: dirás ‘No me toquen’. Tienes una cita determinada que no dejará de cumplirse. Mira a tu dios, al que permaneciste aferrado. Lo quemaremos y luego esparciremos sus cenizas en el mar”. (Sura Ta-Ha: 97)
El honorable Moisés (la paz sea con él) hizo todo esto dominado por la ira. Démonos unos cuantos años más para observarlo.
El pueblo de Moisés (la paz sea con él) se encontraba en el desierto de Tih. Creemos que, cuando se separó de su pueblo, ya había entrado en la madurez. Se encontró con un hombre justo y expresó su deseo de beneficiarse de su compañía. Sabemos que tampoco allí pudo conservar la paciencia. Finalmente, el hombre justo le explicó la razón de sus actos y se separó de él.
Tal era la personalidad del venerable Moisés (la paz sea con él), presentada a lo largo de la historia como una figura ejemplar.
2. Un corazón compasivo: una personalidad tolerante
El carácter del venerable Ibrahim (la paz sea con él) era completamente opuesto al de Moisés (la paz sea con él). Ibrahim (la paz sea con él) fue un ejemplo luminoso de una personalidad compasiva y equilibrada. Se afirma:
(Árabe**********) Sin duda, Ibrahim era un hombre sumamente compasivo y tolerante. (Sura At-Tawba: 114)
Desde su infancia, mientras se esforzaba por encontrar a Allah, reflexionó profundamente de la siguiente manera. Se afirma:
(Árabe**********)
Cuando la oscuridad de la noche lo cubrió, vio una estrella y dijo: «Este es mi Señor». Pero cuando se ocultó, dijo: «No amo a los que desaparecen». Luego, al ver la luna resplandeciente, dijo: «Este es mi Señor». Pero cuando también desapareció, dijo: «Si mi Señor no me guía, seré ciertamente uno de los extraviados». Después, al ver el sol aún más brillante, dijo: «Este es mi Señor; este es el más grande». Pero cuando también se ocultó, dijo: «¡Oh, pueblo mío! Soy inocente de aquello que asociáis. He vuelto mi rostro, como un hanif, hacia Aquel que creó los cielos y la tierra, y no soy de los politeístas». Su pueblo discutió con él. Él dijo: «¿Discutís conmigo acerca de Allah, cuando Él me ha guiado? No temo a aquellos que asociáis, salvo que mi Señor quiera causarme algún daño. Mi Señor abarca todas las cosas con Su conocimiento. ¿Es que no reflexionáis?». (Sura Al-An’am: 76-81)
Cuando el honorable Abraham creyó en la unicidad de Allah, invitó primero a su padre al tawhid, con un tono sumamente suave y afectuoso:
(Árabe**********)
Cuando le dijo a su padre: «¡Padre mío! ¿Por qué adoras a quien no oye, no ve y no puede beneficiarte en nada? ¡Padre mío! Me ha llegado un conocimiento que no te ha llegado a ti. Sígueme, pues, y te mostraré el camino recto. ¡Padre mío! No sigas a Satanás; ciertamente, Satanás desobedece al Misericordioso. ¡Padre mío! Te alcanzará un castigo del Misericordioso, y entonces te convertirás en compañero de Satanás». (Sura de Maryam: 42-35)
Pero el padre de Abraham rechazó su invitación y respondió en tono amenazante:
(Árabe**********)
Dijo: «¡Oh, Abraham! ¿Te apartas de mis divinidades? Si no desistieras, ciertamente te mataría a pedradas. Aléjate de mí para siempre».
Sin embargo, ni siquiera ante la dureza de su padre se le vio apartarse de los límites de la paciencia y la tolerancia, ni mostrarse insolente. Por el contrario, respondió con cortesía y amabilidad:
(Árabe**********)
Ibrahim dijo: «Que la paz sea contigo. Pediré perdón por ti a mi Señor. Ciertamente, Él es misericordioso conmigo. Me alejo de vosotros y de aquellos a quienes adoráis aparte de Allah; yo adoraré a mi Señor. Espero no ser privado de la recompensa por adorar a mi Señor». (Sura Maryam: 47-48)
Después, el profeta Ibrahim (la paz sea con él) destruyó los ídolos. Probablemente, esta fue la única acción que realizó con dureza. Gracias al inmenso poder de Allah, pudo destruir los ídolos. Había pensado que, cuando su pueblo viera los ídolos destrozados y esparcidos, se vería obligado a reconocer que los ídolos nunca podían siquiera moverse por causa de sus propios sufrimientos; por tanto, alguien debía haberlos destruido. Pensó que así su pueblo creería. Sin duda, dijeron en su interior:
(Árabe**********) Entonces reflexionaron y dijeron: «¡Oh, gente! Vosotros sois los injustos». (Sura Al-Anbiya: 64)
Cuando su pueblo decidió quemarlo vivo en el fuego, Allah dijo:
(Árabe**********) Dije: «¡Oh, fuego! ¡Sé frío y seguro para Ibrahim!». (Sura Al-Anbiya: 69)
Después, el profeta Ibrahim (la paz sea con él) emigró acompañado de los creyentes. Entre ellos se encontraba también su sobrino, el profeta Lot (la paz sea con él). Más tarde, en su vejez, Allah le concedió un hijo llamado Ismail. Pero los acontecimientos tomaron otro rumbo y se vio obligado a dejar a su esposa y a su hijo en otro lugar. El Corán guarda silencio sobre la razón. Confiando únicamente en Allah, los dejó en una tierra desolada. Entonces imploró ante Allah con extrema humildad, súplica y una voz llena de angustia.
(Árabe**********)
«¡Señor mío! He establecido a uno de mis descendientes en un valle sin cultivos, cerca de Tu Sagrada Casa. ¡Señor nuestro! Para que establezcan la oración. Haz que algunos corazones se inclinen hacia ellos y provéeles de frutos como sustento. Quizá sean agradecidos». (Sura Ibrahim: 37)
El profeta Ismael (la paz sea con él) aún no había llegado a la juventud; apenas era un adolescente. En esas circunstancias, el profeta Abraham (la paz sea con él) soñó que sacrificaba a Ismael (la paz sea con él). Al despertar, se preparó para afrontar la prueba de la fe. Entonces, por misericordia hacia él, Allah le proporcionó el «Gran Sacrificio» en lugar de Ismael (la paz sea con él).
En efecto, todos los acontecimientos y relatos que se conocen acerca del profeta Abraham (la paz sea con él) dejan claro una sola cosa: era un hombre de carácter sumamente afable y de naturaleza paciente. El propio Corán da testimonio de ello:
Sin duda, Abraham era muy paciente, tierno de corazón y devoto de Allah (sura Hud: 75).
3. El profeta José (la paz sea con él)
El profeta José (la paz sea con él) encarnaba a una personalidad instruida y sabia.
Observen: la esposa del gobernador lo seducía para que cometiera una conducta inmoral y también lo amenazaba por no escucharla. Pero él la rechazó con firmeza. Como vivía en la casa del gobernador, trataba a todos con respeto y reverencia. Por eso siempre procuraba que no ocurriera nada que pudiera arruinar su honor y dignidad.
Se afirma:
(Árabe**********)
Ciertamente, la mujer lo deseó, y él la habría deseado de no haber visto una señal de su Señor. Así apartamos de él la maldad y la indecencia. En verdad, él era uno de Nuestros siervos elegidos. (Sura Yusuf: 24)
Veamos un poco más adelante el verdadero rostro de la mujer:
(Árabe**********)
Ambos corrieron hacia la puerta, y la mujer rasgó por detrás la camisa de Yusuf. (Sura Yusuf: 25)
De repente oyó aquella voz, la voz que atemorizaba a la esposa.
Y ambos encontraron al esposo de la mujer junto a la puerta.
Aquí la mujer se revela tal como es. Acusó falsamente a Yusuf:
La mujer dijo: «Aquel que pretende cometer una indecencia con tu familia».
Como la mujer estaba locamente enamorada del profeta José (la paz sea con él), no quería que recibiera un castigo severo. Por eso, insinuando ella misma un castigo algo más leve, dijo:
(Árabe**********) Envíenlo a prisión o sométanlo a un castigo doloroso (¿qué otro castigo se le puede dar?). (Sura de José: 25)
Dijo la verdad con cortesía.
(Árabe**********) Ella dijo: Fue él quien intentó seducirme para que no me contuviera. (Sura de José: 26)
Lo demostró. Lo sorprendente fue que un hombre cercano a la propia mujer se presentó como testigo.
(Árabe**********)
Un pariente de la mujer testificó: Si su camisa está rasgada por delante, la mujer dice la verdad y él miente. Y si la camisa está rasgada por detrás, la mujer miente y él dice la verdad. (Sura de José: 26-27)
Así quedó demostrada la veracidad del profeta José (la paz sea con él).
Este suceso se difundió entre todas las mujeres de la ciudad. La esposa de Aziz comenzó a sentirse profundamente avergonzada. Un día invitó a todas las mujeres de la ciudad. Cuando ellas tomaron los cuchillos para comer —cabe señalar que en aquella época en Egipto era costumbre que los invitados cortaran la comida con cuchillos—, hicieron comparecer a José ante ellas. Las mujeres se quedaron absortas contemplándolo. Incluso, al cortar la comida con los cuchillos mientras lo miraban, cada una se hirió la mano.
(Árabe**********)
Cuando lo vieron, quedaron estupefactas y se cortaron las manos. Dijeron: «¡Esto no puede ser un ser humano! ¡Es un ángel noble!». (Sura de José: 31)
Todas ellas eran mujeres, y entre ellas se encontraba también la esposa de Aziz. Ella sabía muy bien hasta qué punto las mujeres habían quedado cautivadas.
Después de ver estas señales, consideraron conveniente encarcelarlo durante algún tiempo. (Sura de José: 35)
Después vemos que el profeta José (la paz sea con él), mientras estaba en prisión, explicó los sueños de dos sirvientes del rey. Respecto a uno de ellos, consideró que sería liberado y volvería a trabajar al servicio del rey, así que le dijo: «Cuando llegues ante el rey, háblale de mí». Pero, al salir, aquel hombre lo olvidó. Como consecuencia, el profeta José (la paz sea con él) tuvo que soportar varios años más de sufrimiento en la cárcel. Cuando el rey tuvo un sueño y se angustió porque quería conocer su interpretación, nadie pudo ofrecerle una interpretación correcta. Entonces aquel hombre recordó al profeta José (la paz sea con él) y le contó al rey todo lo sucedido. Después, el rey mandó llamar a José desde la prisión para que le explicara el sueño.
Aquí se manifiesta la inteligencia del profeta José (la paz sea con él). Había tenido que soportar el tormento de la prisión sin haber cometido ninguna falta. Aunque ahora escuchaba el llamado a la libertad, temía que, si volvían a sospechar de él, lo enviaran nuevamente a la cárcel. Por eso estaba buscando la oportunidad de hacer que se aclarara el asunto. Así que le pidió al mensajero que transmitiera sus palabras.
(Árabe**********)
Dijo: «Regresa ante tu señor y pregúntale cuál es la situación de aquellas mujeres que se cortaron las manos. Mi Señor conoce perfectamente sus engaños». (Sura Yusuf: 50)
El rey preguntó a todas aquellas mujeres acerca de todo lo ocurrido. Ellas lo contaron todo. La propia esposa de Aziz reconoció la castidad de Yusuf. Naturalmente, se entiende que para entonces aquella mujer ya había envejecido. Creemos que, cuando ocurrió este hecho, ella tenía cuarenta años o algo más. Ya había entrado en la vejez, por lo que entonces ya no era posible que se involucrara en ninguna otra conducta indebida. Por eso confesó sin reservas:
(Árabe**********)
La esposa de Aziz dijo: «Ahora la verdad ha salido a la luz. Yo fui quien intentó seducirlo, y él es veraz». (Sura Yusuf: 51)
De la discusión anterior se desprende claramente que el venerable Yusuf (la paz sea con él) era sumamente sabio y razonable. Dar cada paso con cautela era una de sus principales características de carácter. Por eso se dijo:
(Árabe**********)
Esto es para que Aziz sepa que no lo traicioné a escondidas. Además, Allah no permite que prospere el engaño de los traidores. No declaro inocente a mi propia alma. Ciertamente, el alma humana se inclina intensamente hacia las malas acciones. (Sura Yusuf: 52-53)
Cuando el venerable Yusuf (la paz sea con él) vio que el rey había sido influido por sus palabras y se había alegrado al conocer la interpretación del sueño, incluso llegó a decir:
Sin duda, desde hoy has alcanzado ante mí una posición de confianza. (Sura Yusuf: 54)
Aprovechando esta oportunidad, le dijo al rey:
(Árabe**********)
Ponme al frente de los tesoros del país. Soy un custodio fiel y experimentado. (Sura Yusuf: 55)
Así aprovechó debidamente la oportunidad. Demostró su capacidad administrando eficazmente tanto en tiempos de prosperidad como de hambruna. Desempeñó esta responsabilidad durante catorce años. Durante ese tiempo, no solo fue el ministro de Alimentación de Egipto, sino que también se consideró responsable de los Estados y regiones vecinos, pues ellos también habían caído bajo las garras de la hambruna. Por ello, se vieron obligados a abastecerse de alimentos en Egipto durante siete años.
Cuando sus hermanos llegaron a Egipto para recibir las raciones, él los reconoció, pero ellos no pudieron reconocerlo. Les impuso la condición de que, si la próxima vez no traían a su hermano, no recibirían las raciones. En la siguiente ocasión, cuando trajeron a su hermano Benjamín, introdujo una copa real entre sus pertenencias para separarlo de ellos y anunció que una copa había sido robada del palacio real. «¡Oh, gente de la caravana! ¡Habéis robado!». Ellos negaron haber cometido el robo y desafiaron a que se registraran sus pertenencias. También dijeron: «A quien se le encuentre la copa perdida, retenedlo bajo arresto». Aquí se manifiesta la perspicacia de Yusuf (la paz sea con él).
(Árabe**********)
Después, Yusuf comenzó a registrar los sacos de ellos, en lugar del saco de su propio hermano. Finalmente, extrajo aquella copa del saco de su propio hermano. (Sura Yusuf: 76)
Los hermanos de Yusuf (la paz sea con él) se marcharon al país dejando a Binyamin, y cuando regresaron, Hazrat Yusuf (la paz sea con él) les reveló su identidad. Antes de hacerlo, los dejó desconcertados y les dio una pequeña lección.
Aquí se presenta la personalidad de Hazrat Yusuf (la paz sea con él) de una manera sumamente brillante. El conocimiento y la sabiduría, la reflexión serena y la racionalidad, entre otras cualidades, constituían los rasgos de su personalidad.
4. Hazrat Adán (la paz sea con él)
Queríamos analizar detalladamente las personalidades de Hazrat Adán e Iblís. Sin embargo, en lugar de hacerlo, las describiremos brevemente en conjunto, porque espero relatar este acontecimiento con detalle en otro lugar.
A decir verdad, en el Corán Hazrat Adán (la paz sea con él) es presentado como el ejemplo de un ser humano en quien están presentes todas las cualidades y características humanas. Entre las características humanas, en la primera etapa de la vida de Hazrat Adán (la paz sea con él) encontramos una que todavía se encuentra en los seres humanos. Esta consiste en que Iblís se aprovechó de la debilidad humana. Por eso, Adán y Hawá creyeron ambos en las palabras de Iblís.
(Árabe**********)
Iblís dijo: «¡Oh, Adán! ¿Quieres que te indique el árbol de la vida eterna y un reino imperecedero?» (Sura Ta-Ha: 120)
Por eso, el ser humano siempre anhela una vida que no tenga fin. Cuando intenta alcanzarla siguiendo el consejo de Satanás, la cuestión de lo lícito y lo ilícito pasa a ser secundaria para él. A veces quiere permanecer vivo en la Tierra por medio de sus descendientes, y otras veces quiere vivir entre ellos creando hijos ideales de sus propias creencias, convicciones y pensamientos. Pero el islam ha mostrado el verdadero camino para alcanzar la permanencia. Por eso se ha pedido al ser humano que crea en otra vida después de la muerte. Desde esta perspectiva, el islam es garante de una vida eterna. En cuanto a la personalidad de Iblís, es la personalidad de Satanás. ¡Eso basta para describir a Iblís!
5. El profeta Salomón (la paz sea con él)
Ahora hablaré de un acontecimiento en el que la personalidad se desarrolla plenamente. Ese desarrollo supera incluso nuestra imaginación. Al mismo tiempo, en él están presentes en toda su plenitud la belleza artística y el propósito religioso. Se trata del relato del profeta Salomón (la paz sea con él) y Bilqis.
En este relato, la personalidad de ambos resplandece. Vemos la personalidad de un hombre y, paralelamente, la de una mujer; asimismo, vemos la personalidad de un rey y la de una reina. Veamos ahora cómo se presenta la personalidad de cada uno.
(Árabe***********)
Salomón pasó revista a las aves y luego dijo: «¿Qué ocurre? No veo a la abubilla. ¿O acaso está ausente? Sin duda le infligiré un severo castigo o la condenaré a muerte, a menos que presente una justificación válida». (Sura an-Naml: 20-21)
Esta es la primera escena. Aquí se manifiesta un gobernante sabio, además de profeta, y también una personalidad prudente. El rey se interesa por sus súbditos y se enfada al ver que uno de ellos está ausente sin permiso. Sin embargo, no es un rey tiránico. A veces existe una razón justificable para una ausencia; si se trata de una razón válida, no hay nada que objetar. De lo contrario, es una falta. Por eso lo castigaré o lo condenaré a muerte.
(Árabe***********)
Al cabo de un rato, la abubilla llegó y dijo: «He averiguado algo que usted desconoce. Le traigo noticias ciertas de Saba. He visto a una mujer gobernando al pueblo de Saba. Se le ha concedido todo y posee un trono majestuoso. La vi, junto con su pueblo, postrándose ante el sol en lugar de Allah. Satanás les ha hecho atractiva esta acción y los ha apartado del camino recto; por eso no encuentran la guía. ¿Por qué no se postran ante Allah, quien manifiesta lo oculto en el cielo y en la tierra y conoce lo que ocultáis y lo que manifestáis? No hay otra divinidad aparte de Allah; Él es el Señor del Trono grandioso». (An-Naml: 22-26)
Hudhud había estado ausente; ahora, con su llegada, se presentó la segunda escena. Sabía que el rey era sumamente poderoso y que su castigo era muy severo. Por eso comenzó su discurso de tal manera que creía que así atraería la atención del rey y no tendría que afrontar el castigo por su ausencia. Comenzó su discurso diciendo:
(Árabe************)
He traído una noticia de la que usted no tiene conocimiento. Se trata de una información cierta sobre Saba.
Si un súbdito cualquiera le dijera al rey: «Conozco una noticia que usted ignora», ¿habría algún rey que pudiera evitar escucharle? Hudhud vio que el rey escuchaba atentamente sus palabras, así que comenzó a relatar el suceso en detalle. Luego, maravillado por la conducta del pueblo de Bilqis, dijo:
(Árabe***********)
(No comprendo) ¿por qué no se postran ante Allah, que conoce todos los secretos de los cielos y de la tierra? (Sura An-Naml: 25)
Aquí Hudhud es el culpable. El rey aún no había tomado ninguna decisión con respecto a él. Por eso Hudhud atrajo hábilmente la atención del rey hacia el hecho de que el único dueño del Trono Majestuoso es Allah. Sulaimán (A) dijo:
(Árabe************)
Ahora veré si dices la verdad o mientes. Lleva esta carta mía y lánzasela a ellos; luego apártate y observa qué respuesta dan. (Sura an-Naml: 27-28)
Este es el episodio final de la segunda escena. En él aparece un rey sabio y justo, que no perdonó el delito de haberse ausentado del ejército, aun después de haberle comunicado una noticia tan importante. Por eso intentó verificar la veracidad del acontecimiento. Un profeta y un rey justo han tomado la decisión apropiada. Nosotros no somos más que simples espectadores de esta escena. Todavía no sabemos qué escribió en la carta. No tenemos manera de saberlo hasta que la carta llegue a manos de la reina. Cuando la reina recibe la carta, ella misma lo revela. Así comienza la tercera escena.
(Árabe***********)
La reina dijo: «¡Oh, dignatarios! Me ha sido entregada una carta honorable. Procede de Salomón y dice así: “En el nombre de Alá, el Infinitamente Generoso, el Misericordiosísimo. No os mostréis arrogantes ante mí y venid a mí sometiéndoos”». (Sura an-Naml: 29-31)
La reina llamó la atención de los dignatarios para consultarles sobre la carta y dijo:
(Árabe************)
La reina dijo: «¡Oh, dignatarios! Aconsejadme en este asunto. Yo nunca tomo una decisión sobre ningún asunto sin que estéis presentes». (Sura an-Naml: 32)
Siempre y en todas partes, una costumbre de los hombres del ejército es exhibir constantemente su valentía y su bravura. Pues, aparte de demostrar su valor, no tienen otro medio de ganarse el sustento. Al mismo tiempo, dicen que toda la autoridad y el poder pertenecen al rey: estamos dispuestos a obedecer cualquier orden. Conforme a su costumbre habitual, exclamaron:
(Árabe***********)
Dijeron: «Somos fuertes y valerosos guerreros. Ahora, la facultad de decidir le corresponde a usted. Considere qué nos ordenará hacer». (Sura an-Naml: 33)
Aquí se manifestó la feminidad de Bilqis. Por lo general, las mujeres desean evitar y no gustan del alboroto, los disturbios y la discordia. La naturaleza de las mujeres consiste en intentar lograr sus objetivos mediante la astucia, sin recurrir a la fuerza. Asimismo, es propio de ellas considerar al hombre un adversario incluso sin que haya disputas ni conflictos.
(Árabe**********)
Ella dijo: «Cuando los reyes entran en una ciudad, la devastan y humillan a sus nobles. Eso es lo que harán. Voy a enviarle algunos regalos. Veremos qué respuesta traen los enviados». (Sura an-Naml: 34-35)
Aquí cae el telón de la escena. Después de que el emisario entró ante Sulayman, el telón volvió a levantarse.
(Árabe**********)
Cuando llegó ante Sulayman, este dijo: «¿Acaso pretenden ayudarme con riquezas? Lo que Allah me ha concedido es mejor que lo que ustedes me han ofrecido. Más bien, alégrense ustedes con sus regalos. Regresen a ellos; ciertamente, iremos ahora contra ellos con un ejército que no podrán enfrentar. Sin duda, los expulsaremos de allí humillados, y quedarán abatidos». (Sura an-Naml: 36-37)
Lo hizo regresar junto con los regalos que el mensajero había llevado ante él. Dejemos que regrese.
Sulaimán (la paz sea con él) no era solamente un profeta o un rey, sino también un hombre valiente. Gracias a su experiencia como rey, comprendió que la devolución de los regalos de la reina con tal firmeza conduciría a un enfrentamiento definitivo con ella.
El envío de los regalos de la reina muestra que ella se esforzaba por evitar la hostilidad. Por eso había enviado los regalos, para que pudiera alcanzarse la paz. Por su parte, el rey Sulaimán creía que ella aceptaría la invitación. En ese momento despertó en el profeta Sulaimán (la paz sea con él) esa virilidad que desea imponerse sobre la mujer mediante su propia fuerza y estrategia.
El profeta Sulaimán (la paz sea con él) quería traer el trono de la reina antes de su llegada y quiso construir un palacio de cristal para ella, pero el acontecimiento no fue narrado con claridad. Para espectadores como nosotros, siguió siendo un misterio. Cuando la reina llegó ante el profeta Sulaimán (la paz sea con él), nos enteramos de la segunda escena del palacio:
(Árabe**********)
Sulaimán dijo: «¡Oh, dignatarios! ¿Quién me traerá su trono antes de que lleguen ante mí sometidos?». Un yinn gigantesco dijo: «Yo te lo traeré antes de que te levantes de tu lugar, y tengo capacidad para ello y soy digno de confianza». (Sura an-Naml: 38-39)
Pero el propósito religioso no se corresponde con las capacidades de los yinn. Al ver que Sulaimán (la paz sea con él) guardaba silencio, un creyente que tenía conocimiento del Libro de Allah dijo: «Estoy a su servicio». Sin duda, su capacidad era superior a la de aquel yinn.
(Árabe*********)
Quien tenía conocimiento del Libro dijo: «Te lo traeré y te lo entregaré antes de que parpadees». (Sura An-Naml: 40)
Aquí hay una breve pausa. Solo lo suficiente para cerrar y volver a abrir los ojos una vez. Luego comienza de nuevo la escena.
(Árabe*********)
Cuando Sulaimán lo vio colocado frente a él, dijo: «Esto es parte del favor de mi Señor, para ponerme a prueba y ver si soy agradecido o ingrato. Quien es agradecido lo es en beneficio propio, y quien es ingrato, que sepa que mi Señor no necesita de nadie y es generoso». (An-Naml: 40)
Ahora, por la misericordia de Allah, despertó el profeta que había en el interior de Sulaimán. Esta misericordia se manifestó por medio de uno de Sus siervos, quien hizo aparecer el trono de la reina en un solo instante. Por eso, Sulaimán, con el corazón sereno, agradece una y otra vez a Allah, para que su propósito religioso llegue a cumplirse.
Poco después, volvió a despertar la virilidad de Sulaimán.
(Árabe*********)
Dijo: «Cambien la forma de su trono. Veremos si lo reconoce o si pertenece a aquellos que carecen de entendimiento». (Sura An-Naml: 41)
Ahora, la escena de la recepción de la emperatriz. Los espectadores esperan, conteniendo el aliento, la llegada de la emperatriz.
(Árabe*********)
Cuando llegó la emperatriz, le preguntaron: «¿Es así tu trono?». Ella respondió: «Parece que es el mismo».
¿Qué ocurrió después? Parece que la emperatriz aún no había abrazado el islam.
(Árabe*********)
Aquel a quien ella adoraba en lugar de Allah [Salomón (la paz sea con él)] le dijo que se abstuviera de adorarlo. Ciertamente, ella pertenecía al pueblo incrédulo. (Sura an-Naml: 43)
Aquí termina la segunda escena para la emperatriz y los espectadores, entre los cuales también me encuentro yo.
(Árabe*********)
Se le dijo: «Entre en este palacio». Cuando miró hacia allí, creyó que era un estanque de agua transparente. Se levantó la vestidura que cubría sus pies. Sulaymán dijo: «Este no es sino un palacio construido de cristal transparente». Bilqis dijo: «¡Señor mío! En verdad, he sido injusta conmigo misma. Me someto, junto con Sulaymán, a Allah, Señor de los mundos». (Sura an-Naml: 44)
A la luz de este acontecimiento, se hace evidente que Bilqis representa una mujer plena. Puesto que era una mujer, intentó resolver el problema de manera pacífica, evitando los disturbios y la corrupción. También merece reflexión el hecho de que no se sintió atraída de inmediato, sino que observó. Sin embargo, siguió siendo quien era. En la segunda escena, reflexionó sobre la situación creada para ella y sobre aquello que debía considerar: él [el honorable Sulaymán (la paz sea con él)] le estaba mostrando respeto y le había ofrecido una cálida recepción en su honor. Por ello, se entregó a él y reconoció su sumisión ante su grandeza, esplendor y valor. Aunque sabía que todo el despliegue se había dispuesto para ella, adoptó, no obstante, una cautela femenina, semejante a la conducta femenina que le fue otorgada a Eva (la paz sea con ella). El telón está cayendo.
Estos acontecimientos no carecen de ningún aspecto religioso ni artístico. No hay ningún aspecto que necesite ser añadido. Tampoco se trata simplemente de un cuento o una novela sin relación alguna con la perspectiva artística. Se basa en una historia asentada sobre un fundamento religioso.
En ella, las discusiones relativas a las emociones y los sentimientos humanos, así como a sus efectos, presentadas bajo el título «La naturaleza humana», están dispuestas en un estilo hermoso, sumamente agradable.
Aquí concluyo la discusión que he presentado sobre los relatos coránicos. Si después alguien desea avanzar más, esta discusión le servirá de guía.
Capítulo once
La naturaleza humana
Junto con la exposición de diversos asuntos religiosos, el Corán también presenta una imagen concisa de los distintos temperamentos y características de los seres humanos. Lo sorprendente es que, mediante una o dos frases, se revela la naturaleza humana de tal manera que parece cobrar vida y movimiento, y presentarse ante nosotros.
Quizá esta sea la representación de la verdadera naturaleza de todos los seres humanos. Se ha presentado a las personas con ciertos rasgos y características que se observan con mayor frecuencia en el mundo. Estas características humanas son permanentes. Ninguna nación ni tribu está exenta de ellas; necesariamente, cada persona posee alguno de estos rasgos.
Estos versículos fueron revelados originalmente en el contexto de una situación particular, pero mediante ellos se han trazado ciertas imágenes vivas y reales del ser humano que, por su contenido, son extraordinarias y eternas. Esto se debe a que tales imágenes se repiten cíclicamente a través de los siglos, en el transcurso del tiempo y en distintos lugares, y siempre permanecen vivas, animadas y presentes.
Ahora presentamos brevemente algunos ejemplos, tal como aparecen en el Corán. Por supuesto, anteriormente presentamos algunos ejemplos de este tipo bajo el título «La imagen artística». Su lugar apropiado era precisamente aquel capítulo. Sin embargo, puesto que guardan relación con los acontecimientos o relatos, deseamos analizarlos en el presente capítulo.
1. La naturaleza humana
En el siguiente versículo se ha trazado una imagen con la que está relacionado todo ser humano. Dice:
Cuando al ser humano le sobreviene una desgracia, Nos invoca estando de pie, sentado o acostado, en cualquier situación. Pero cuando apartamos de él su desgracia, se comporta como si nunca Nos hubiera invocado al verse afligido. (Sura Yunus: 12)
En el breve ejemplo mencionado se reúnen todos los elementos de la verdad, la belleza y la hermosura artística. En realidad, así son la naturaleza y la condición humanas. La fitrah del ser humano es la siguiente: cuando se ve afligido y llega al umbral entre la vida y la muerte, recuerda el nombre de Allah, el Omnipotente y Todopoderoso, de tal manera que parece que no hay nadie, aparte de Él, que pueda remediar su situación. Pero en cuanto desaparece la desgracia, se aparta del camino de la verdad y la belleza y continúa como antes. Cree que nunca le ha sobrevenido calamidad alguna. Ni siquiera dispone de un momento para volver la mirada atrás. Su estado de aflicción ha sido representado con maestría artística de la siguiente manera:
(Árabe*********)
Entonces me invocan acostados, sentados o de pie (angustiados). (Sura Yunus: 12)
Luego, cuando la calamidad desaparece, se presenta así una imagen artística de ese momento.
(Árabe*********) (Cuando) la calamidad desaparece, actúan como si nunca me hubieran invocado. (Sura Yunus: 12)
Estas dos imágenes muestran que, cuando el ser humano cae en una calamidad, el curso de su vida se detiene. A veces, este obstáculo se prolonga. Pero cuando la calamidad desaparece, la barca de la vida vuelve a avanzar, como si nunca hubiera encontrado ningún obstáculo.
En el Corán, este tipo de escenas se presenta de manera muy atractiva. Aunque sus formas no son iguales, todas tienen el mismo carácter fundamental. Todas convergen en un mismo centro. Por ejemplo: (Árabe*********)
Cuando concedo una bendición al ser humano, se aparta y se aleja con arrogancia; cuando lo toca algún mal, cae en completa desesperación. (Sura al-Isra: 83)
(Árabe*********)
Y si dejo que el ser humano pruebe Mi misericordia y luego se la arrebato, se desespera y se vuelve ingrato. Pero si, después de que le sobreviene una desgracia, le permito disfrutar del bienestar, dice: «Mi mal se ha alejado». Entonces se entrega por completo a la alegría y se vuelve arrogante y altivo. (Sura Hud: 9-10)
(Árabe*********)
El ser humano fue creado impaciente. Cuando lo toca la desgracia, se lamenta; y cuando recibe el bien, se vuelve avaro. (Sura Al-Ma‘arij: 19-21)
En el Corán hay muchos versículos de este tipo. Su propósito es presentar al ser humano sus rasgos permanentes desde diversas perspectivas. Pero estas actividades de la vida humana terminan convergiendo en un único rasgo: la tendencia a perseverar en el esfuerzo por alcanzar la superioridad mediante el poder y la ostentación. Cuando se involucra por completo en esta situación, dedica a ello su valiosa vida. Y si alguna desgracia o calamidad se interpone en su camino, no duda en retroceder.
2. El creyente de fe frágil
Entre las personas hay un tipo cuya fe es muy frágil. No puede mantenerse firme en su fe. Permanece en el camino de la fe mientras pueda beneficiarse de ella con seguridad y sin dificultades. Pero si se le impone cualquier prueba o dificultad, no duda en abandonar la fe de inmediato.
(Árabe*********)
Entre las personas hay quienes adoran a Allah envueltos en dudas y vacilaciones. Si reciben el bien, permanecen firmes en la adoración; pero si afrontan alguna prueba, regresan a su estado anterior. Han sufrido una pérdida en este mundo y en el Más Allá. En verdad, esto es una pérdida evidente. (Sura Al-Hajj: 11)
(Árabe*********)
Algunas personas dicen: «Creemos en Alá», pero cuando son perseguidas por causa de Alá, consideran la persecución de la gente como el castigo de Alá. Cuando llega una ayuda de vuestro Señor, dicen: «Estábamos con vosotros». ¿Acaso Alá no sabe lo que hay en el corazón de los creyentes? (Sura Al-Ankabut: 10)
3. Personas oportunistas y de naturaleza astuta
Hay personas de naturaleza oportunista y astuta. Realizan por sí mismas cualquier obra basada en la verdad y se benefician de ella, pero cuando otra persona realiza esa obra, se apresuran a negarla.
(Árabe*********)
Cuando les llegó de parte de Alá un Libro que confirmaba lo que ya tenían, y antes siempre habían pedido la victoria sobre los incrédulos, cuando les llegó aquello que reconocían, lo negaron deliberadamente. Por eso, la maldición de Alá sobre los incrédulos. (Sura Al-Baqara: 89)
Cuando se les convoca ante Alá y el Mensajero para que juzguen, un grupo de ellos se aparta. Pero si la verdad está de su parte, acuden presurosos y humildes ante el Mensajero. (Sura An-Nur: 48-49)
4. Personas cobardes
También hay personas que miran la verdad con odio y desprecio y no desean conocerla. Así, por un lado, su obstinación y terquedad las mantienen alejadas de la verdad y, por otro, la cobardía se apodera de ellas. Por eso, nunca llegan siquiera a atreverse a enfrentarse a la verdad.
(Árabe*********)
Seguían discutiendo contigo incluso después de que la verdad y la justicia se hubieran manifestado, como si fueran conducidos hacia la muerte mientras la veían. (Sura Al-Anfal: 6)
5. Personas que provocan risa y diversión
Hay personas de naturaleza extraña. Intentan huir de la verdad sin pensar en las consecuencias.
(Árabe*********)
¿Qué les pasa, que se apartan del consejo? Como asnos aterrorizados y dispersos, que huyen a causa del alboroto. (Al-Muddaththir: 49-51)
6. Humanos solo en apariencia
Es como una materia inanimada que se mueve, cuya visión hace reír a la gente.
(Árabe*********)
Cuando los ves, su apariencia te resulta sumamente atractiva. Y si hablan, escuchas sus palabras. Pero son como maderos apoyados contra una pared. (Sura de los Hipócritas: 4)
Esta es una imagen sumamente atractiva de los hipócritas, una mezcla de humor y dolor.
7. Los que buscan elogios
No hacen nada por sí mismos, pero desean que la gente los elogie por cosas que no han hecho.
Y desean que la gente los elogie por cosas que no han hecho. (Sura de La Familia de Imrán: 188)
En todas las épocas y en todos los lugares se encuentran personas de este tipo.
8. Los oportunistas
Hay personas que, al ver una ventaja, se unen a un grupo y, cuando allí surge alguna dificultad, se pasan a otro grupo.
(Árabe*********)
Son personas que siempre acechan, esperando que os sobrevenga el bien o el mal. Si, por voluntad de Allah, resultáis victoriosos, dicen: «¿Acaso no estábamos con vosotros?». En cambio, si los incrédulos obtienen una victoria parcial, les dicen: «¿Acaso no os rodeamos y os protegimos de los musulmanes?».
9. El arrogante peculiar
En los dos versículos siguientes se representa a un arrogante de naturaleza peculiar. Estos dos versículos también se mencionan bajo el título «La imagen artística».
(Árabe*********)
Aunque les abriera una puerta del cielo y ascendieran por ella durante todo el día, seguirían diciendo: «Nuestra vista ha sido trastornada, o quizá estamos hechizados». (Sura Al-Hiyr, 14-15)
(Árabe*********)
Si les hubiera revelado algo escrito en un papel, y luego lo hubieran tocado con sus manos, aun así los incrédulos dirían: «Esto no es más que magia manifiesta». (Sura Al-An‘am: 7)
10. El cobarde desvergonzado
El ejemplo de la persona que es cobarde, pero además desvergonzada o impúdica, se presenta de la siguiente manera:
(Árabe*********)
Y si pudieras ver cuando sean puestos de pie sobre el Infierno, dirían: «¡Ojalá fuéramos devueltos a la Tierra! Entonces no consideraríamos falsos los signos de nuestro Señor y seríamos creyentes». Se les ha hecho manifiesto aquello que ocultaban anteriormente. Y aunque fueran devueltos, harían aquello que se les había prohibido hacer. En verdad, son mentirosos. (Sura Al-An‘am: 27-28)
11. El hipócrita débil
Aquí se presenta el ejemplo de un hipócrita débil. Así como él mismo no puede tomar ninguna decisión, tampoco puede aceptar la verdad. En todo momento permanece vacilando entre la duda y la contradicción.
(Árabe*********)
Y cada vez que se revela una sura, se miran unos a otros y se preguntan: «¿Os ha visto algún musulmán?». Luego se escabullen. Allah ha apartado sus corazones de la verdad. Ciertamente, forman parte de un pueblo ignorante. (Sura at-Tawba: 127)
Cuando gente así se escabulle furtivamente, es ciertamente un espectáculo digno de contemplar.
12. El que presenta excusas
Aquí se presenta el ejemplo de algunas personas cobardes, que rompen sus promesas y presentan falsas excusas.
(Árabe*********)
Si hubiera una ganancia inmediata y el trayecto fuera corto, ciertamente te seguirían. Pero cuando el trayecto les parece demasiado largo, juran diciendo: «Si hubiéramos podido, habríamos salido con vosotros». En verdad, se precipitan a su propia perdición. Allah sabe que son mentirosos. (Sura at-Tawba: 42)
13. Hay personas que se entregan al engaño y la hipocresía. Aunque se consideran inteligentes, no tienen en la cabeza más que paja. Intentan engañar a la gente, pero, por desgracia, solo se engañan a sí mismas.
(Árabe*********)
Entre la gente hay quienes dicen: «Creemos en Alá y en el Último Día», pero no son creyentes. Pretenden engañar a Alá y a los creyentes, pero no hacen sino engañarse a sí mismos, aunque no se dan cuenta de ello.
14. Los que provocan la corrupción
Hay un tipo de personas que se dedica a causar corrupción sin saber ni comprender; pero, cuando se les dice que se abstengan, se enfurecen como fuego en aceite.
(Árabe*********)
Y cuando se les dice: «No sembréis la discordia y la corrupción en la tierra», responden: «Nosotros solo trabajamos por la reforma». Sabed que, en realidad, ellos son los que causan la corrupción, pero no se dan cuenta de ello.
15. Obsesionados con el atractivo de la vida mundana
Hay algunas personas que conceden más importancia a la vida mundana. Dondequiera que se encuentren, sus necesidades biológicas son lo más importante para ellas. Les conceden tanta importancia que, si es necesario, están dispuestas a llevar una vida de humillación (pero no a arriesgar la vida protestando contra ello), algo imposible para cualquier persona amante de la libertad. Se dice:
Los verás más ávidos de vida que a cualquier otra gente.
16. Personas obstinadas y de naturaleza inerte
También hay personas cuyos pies parecen estar hechos de piedra. No hacen ningún esfuerzo por liberarse de esa situación.
(Árabe*********)
Y cuando se les dice: «Seguid lo que Allah ha revelado», responden: «¡Jamás! Nosotros seguimos aquello en lo que encontramos a nuestros antepasados». Aunque sus antepasados no sabían nada ni conocían el camino recto. (Sura Al-Baqarah: 170)
17. Grupo arbitrario
Hay personas que no siguen ningún camino definido ni pertenecen a ningún grupo o yama‘at. Sobre ellos se dice:
(Árabe*********)
¡Qué extraño! Cuando contraen un compromiso, un grupo de ellos lo arroja por la borda. Más bien, la mayoría no son creyentes. (Sura Al-Baqarah: 100)
18. Discutirán, sea verdad o mentira
Hay personas que, sea verdad o mentira, lo sepan o no, necesariamente discutirán o provocarán disputas. Allí donde uno ve a personas así, no puede evitar sentirse afligido.
(Árabe*********)
¡Escuchad! Antes discutíais sobre aquello de lo que sabíais algo. Ahora, ¿por qué discutís sobre aquello de lo que no sabéis nada? Allah sabe muy bien lo que vosotros no sabéis. (Sura Al-Imrán: 66)
(Árabe*********)
Hay personas que comienzan a discutir sobre Allah sin conocimiento, pruebas ni un Libro esclarecedor. Vuelve la cabeza de un lado a otro mientras discute, con el fin de extraviar a otros del camino de Allah. (Sura Al-Hayy: 8-9)
Aquí se presenta un retrato perfecto de la persona discutidora y arrogante. Dominado por la arrogancia, continúa discutiendo mientras vuelve el cuello de un lado a otro.
19. El avaro
Quienes no gastan en el momento de la necesidad son avaros. Si alguien sufre una pérdida después de gastar, dice con una sonrisa triunfal: «Menos mal que no gasté; hice bien. Mi dinero se ha quedado conmigo». Pero si obtiene algún beneficio en la yihad, se lamenta y dice: «¡Ay! Habría sido mejor si también hubiera gastado».
(Árabe*********)
Entre vosotros hay algunos que se quedarán atrás y, cuando os sobrevenga una desgracia, dirán: «¡Menos mal que no fui con ellos! Allah me salvó». Pero si Allah os concede una gracia, comenzarán a decir como si nunca hubiera existido entre ellos y vosotros ninguna amistad: «¡Ay! Si hubiera estado con ellos, también habría alcanzado el éxito». (Sura Al-Baqarah: 204-205)
20. Contradicción entre lo interior y lo exterior
Hay personas cuyo exterior no coincide en absoluto con su interior. Parecen completamente opuestas: no parece ser una sola persona, sino dos.
(Árabe*********)
Hay personas cuyo discurso sobre la vida mundana te maravilla. Además, ponen a Allah como testigo de lo que hay en sus corazones. En realidad, son personas pendencieras. Cuando se marchan, siembran la corrupción, destruyen los cultivos e intentan acabar con vidas. Ciertamente, a Allah no le gustan la corrupción ni los disturbios. (Sura Al-Baqarah: 204-205)
21. El arrepentido en estado agonizante
Algunas personas viven toda su vida a su antojo y se arrepienten justo antes de morir. Pero ese arrepentimiento no es aceptable.
(Árabe*********)
No hay perdón para quienes persisten en las malas obras y, cuando la sentencia de muerte pende sobre sus cabezas, dicen: «Ahora me arrepiento». Y no hay arrepentimiento para quienes mueren en estado de incredulidad. (Sura An-Nisa: 18)
22. Las personas de poca inteligencia
Hay personas de tan poca inteligencia que son completamente indiferentes a lo que se les dice o no se les dice.
(Árabe*********)
Entre ellos hay quienes escuchan atentamente sus palabras, pero, apenas salen, les dicen a los instruidos: «¿Qué acaba de decir?». (Sura Muhammad: 16)
23. Los verdaderos creyentes
Se ha dicho acerca de personas de esta índole:
(Árabe*********)
A aquellos a quienes se les dice: «La gente se ha reunido en gran número para enfrentarse a vosotros y ha reunido muchos recursos y pertrechos; temedles». Entonces su fe se fortalece aún más y responden: «Allah nos basta, y qué excelente Protector es Él». (Sura Al-Baqara: 273)
24. Pobres, pero satisfechos con poco
El mandato de Allah, Señor de los mundos, acerca de ciertas personas:
(Árabe*********)
Las limosnas son para los pobres que se han dedicado por completo al camino de Allah y no pueden desplazarse por otras tierras en busca de sustento. El ignorante los considera ricos porque no piden. Los reconoceréis por sus señales. No mendigan a la gente con insistencia. (Sura Al-Baqara: 273)
25. Quienes temen a Allah
La declaración de Alá acerca de todas estas personas es:
(Árabe*********)
Los creyentes son aquellos cuyos corazones se estremecen cuando se menciona ante ellos el nombre de Alá; y cuando se recita ante ellos la palabra de Alá, aumenta su fe. Depositan su confianza en su Señor. (Sura Al-Anfal: 2)
26. Los verdaderos siervos de Alá
(Árabe*********)
Los verdaderos siervos del Misericordioso son aquellos que caminan humildemente por la tierra y, cuando los ignorantes se dirigen a ellos, se apartan diciendo: «Paz». (Sura Al-Furqan: 63)
27. Generosos y dadivosos
El Altísimo Alá declara acerca de las personas generosas:
(Árabe*********)
Alimentan a los necesitados, a los huérfanos y a los cautivos por amor a Allah, y dicen: «Solo os damos de comer por la complacencia de Allah. No esperamos de vosotros recompensa ni gratitud».
28. Los pacientes
Declaración sobre los pacientes:
(Árabe*********)
Cuando les sobreviene una calamidad, dicen: «Ciertamente, debemos regresar a Allah». (Sura Al-Baqara: 156)
29. Quien da preferencia a su hermano
(Árabe*********)
Aman a los emigrados, no sienten en su interior envidia por lo que se les ha concedido y les dan prioridad, aun cuando ellos mismos estén necesitados. (Sura Al-Hashr: 9)
30. Quienes contienen la ira y perdonan a los demás
Acerca de quienes contienen la ira y perdonan, Allah declara:
Contienen su ira y perdonan a la gente. (Sura Alí Imrán: 134)
Las características mencionadas anteriormente se encuentran en personas de todas las épocas y de todos los pueblos. El Corán las ha presentado de tal manera que, incluso después de cientos de años, parece que todas están presentes ante nosotros.
Capítulo duodécimo
Argumentación basada en la sabiduría
Así como otras invitaciones fueron rechazadas de diversas maneras, también fue rechazada la invitación islámica. A quienes plantearon argumentos y debates para demostrar la falsedad de la invitación del islam, el islam también los desafió mediante argumentos y pruebas. Puesto que el Corán está esencialmente relacionado con la invitación islámica, en él también se encuentran argumentos y pruebas. Ahora bien, ¿cuál es la naturaleza de la argumentación coránica? ¿Qué método se adoptó para esos argumentos y debates, y qué pruebas y evidencias se presentaron para ello?
Antes de responder a esta pregunta, debemos ver por qué ha venido el Corán y cuál es el propósito de su revelación.
No cabe duda de que el Corán vino para revivir y restablecer la creencia más importante: la creencia del tawhid. El propósito era revivir esta creencia entre un pueblo que consideraba que otros eran asociados de Dios. Por eso, para ellos no había nada más sorprendente que alguien dijera: «Dios es Uno».
(Árabe*********)
«¿Acaso ha convertido a muchos dioses en un solo Dios? Ciertamente, esto es algo asombroso». Algunos de sus notables se marcharon diciendo: «Id y perseverad en la adoración de vuestros dioses. Esto es, sin duda, algo premeditado. Nunca habíamos oído algo semejante. Esto no es más que una invención». (Sura Sad: 5-7)
Hoy, cuando observamos las palabras y los pensamientos de los politeístas, nos reímos. Nos parece que lo que decían era una enorme estupidez. Pero debemos ver cuál era, en aquella época, la concepción general del tawhid.
Sin duda, en aquella época la creencia del tawhid era considerada algo sumamente extraño.
Es necesario comprender otra cosa: no todos aquellos habitantes de Arabia a quienes se dirigía el discurso del Corán eran politeístas. Allí también había gente de las Gentes del Libro (seguidores de las Escrituras anteriores). Pero no querían que otra religión llegara para borrar su religión, ni que un Libro celestial fuera revelado a una persona que no perteneciera a su comunidad, por mucha afinidad que los principios y las relaciones de esa nueva religión tuvieran con su propia religión.
(Árabe*********)
Y solían pedir la victoria sobre los primeros incrédulos. Cuando aquel a quien conocían perfectamente llegó a ellos, lo rechazaron. (Sura al-Baqara: 89)
Es digno de reflexión que el islam, en cuanto a sus fundamentos y principios religiosos, era compatible con la Gente del Libro. (Pues, antes de la distorsión, también era islam.) Sin embargo, el estado al que habían llegado entonces las creencias de los judíos y los cristianos era algo que el islam no estaba dispuesto a tolerar en absoluto. Los judíos habían convertido a Uzair en hijo de Dios, y los cristianos habían hecho lo mismo con Jesús. Por ello, la afirmación de judíos y cristianos era: «Somos hijos de Dios y somos Sus más cercanos y queridos. Si hemos de entrar en el Infierno, será solo por unos pocos días». Esto mismo es lo que el propio Corán ha declarado en diversos lugares.
A la luz de lo anterior, puede decirse que el llamamiento del islam a revivir la creencia monoteísta era algo inaudito para judíos y cristianos. Además, la primera exigencia del Corán fue presentar de una nueva manera la gran creencia —es decir, la creencia monoteísta— y devolverle la vida.
Hemos llamado a la creencia monoteísta la más grande de las creencias (aunque hoy no nos resulte en absoluto sorprendente; es algo evidente por sí mismo), porque para cualquier persona no era nada fácil abandonar directamente las creencias heredadas de sus antepasados. La creencia se integra y se funde con la naturaleza humana desde la infancia, y no era fácil que una persona, después de que miles de acontecimientos manifiestos y ocultos de su vida hubieran borrado su pensamiento y su conciencia, se lanzara hacia un solo Dios —que domina todas sus fuerzas físicas y mentales—.
A decir verdad, el islam no es la primera religión que llama al monoteísmo. Otras religiones también lo han predicado, y por causa de esa predicación del monoteísmo también tuvieron que afrontar peligros, calamidades, penas y sufrimientos; el islam igualmente ha atravesado ese tipo de sufrimientos. Sin embargo, la diferencia es que el monoteísmo al que llama el islam está completamente libre de asociación de copartícipes con Dios. Está limpio y libre incluso de cualquier sospecha de politeísmo. Es un monoteísmo puro. El islam se opone por completo hasta al germen más diminuto de imagen o forma que pueda encontrarse en el ser humano.
A la luz de lo expuesto, se comprende que la primera responsabilidad del Corán es hacer resplandecer la creencia monoteísta pura y sagrada. Cabe señalar que el centro permanente de la creencia o de la conciencia son la mente y la conciencia del ser humano. No solo la creencia religiosa, sino el lugar esencial de toda creencia es la mente humana. El camino más cercano a la mente es la espontaneidad (es decir, la mente acepta aquello que se presenta de forma evidente y sencilla), y el camino más fácil para llegar a la conciencia es la comprensión o la sensibilidad (es decir, la conciencia se ve influida por medio de los sentimientos). En este asunto, la razón no ocupa más que el lugar de un canal de conexión. La razón es un túnel, pero existen muchos otros túneles además de este. La razón no es el más amplio de todos los túneles, ni tampoco el más fiable. Asimismo, la razón no es un túnel más cercano que los demás. En realidad, la razón no posee ninguna particularidad que pueda separar la mente de la conciencia.
Hoy en día, algunas personas, al ver el progreso de la ciencia y la tecnología, conceden una importancia excesiva a la inteligencia y las capacidades humanas. Incluso algunos creyentes de entendimiento limitado han caído en esta tentación e intentan someter la perspectiva, el pensamiento y la conciencia religiosos a la comprobación de los razonamientos producidos por el cerebro y a la piedra de toque de la ciencia. Estas personas están cometiendo un grave error.
Estas personas están dando al conocimiento y al intelecto humanos una importancia que en absoluto merecen. Debe concedérseles únicamente el grado de consideración que les corresponde. Esto no significa que el islam menosprecie el conocimiento y la razón humanos. El alcance del conocimiento humano es muy amplio; sin embargo, el ser humano no puede abarcar por completo todo el ámbito del conocimiento y de lo cognoscible, ya sea en el plano intelectual o en el sensitivo. Además, la inteligencia y la razón humanas no son más que uno de los innumerables túneles que existen. Una persona solo puede cerrarse para sí misma ese túnel cuando su alma sucumbe a la debilidad y sus fuerzas se agotan. Por ello, queda privada de la capacidad de tomar decisiones en esta gran tarea.
Es cierto que la inteligencia dirige las tareas y necesidades de la vida cotidiana. Además, se adentra en aquellos problemas que están relacionados, de un modo u otro, con la vida humana. Pero cuando se trata de cuestiones relativas a la fe y las creencias, su rango es mucho más elevado. El pensamiento humano no puede alcanzar su límite último. A la cima de las creencias solo llega quien se encuentra en el camino de la guía y posee la percepción interior que Dios le ha concedido. En realidad, solo una persona de esta naturaleza puede iluminar su corazón y sus sentimientos con la luz de la guía.
En todas las religiones, siempre han podido creer únicamente quienes transitan por el camino de la guía y la percepción interior. Los racionalistas llevan siglos enfrascados en debates intelectuales sobre la doctrina del tawhid, pero no han obtenido nada a cambio. Lo que el Noble Corán mostró en apenas unos años, los expertos en lógica no pudieron realizar ni en una milésima parte. Veamos qué método sencillo y comprensible para todos adoptó el Noble Corán para alcanzar ese objetivo.
La exposición sencilla y clara del Noble Corán
Para agudizar la percepción interior del ser humano, el Noble Corán procura constantemente despertar su conciencia y sus sentimientos. Y, avanzando un paso más, pretende influir en su conciencia moral. Con este fin, aquello que el Corán busca hacer está relacionado con la comprensión de lo visible y con lo que puede contemplarse. En otras palabras, también podría llamarse una obra artística convertida en argumento. El Noble Corán trabaja asimismo por medio de esas realidades evidentes que son eternas y permanentes. Son realidades tales que abren las puertas luminosas de la percepción interior, y el ser humano las comprende por medio de su disposición innata.
Por ello, el método adoptado por el Noble Corán es un método sencillo: presentar algo de forma gráfica mediante la imaginación y la representación, tal como explicamos en el capítulo anterior. Aquí hemos utilizado la palabra «tajsīm» (representación) en un sentido expresivo artístico, no en un sentido religioso. Pues el islam es una religión pura, libre de concepciones materialistas, y no necesita ser representado.
Al método mediante el cual el Noble Corán presentó las pruebas y argumentos de sus adversarios y los derrotó lo llamamos argumento basado en la sabiduría. Este argumento se expuso unas veces mediante palabras, otras mediante diversos relatos e historias, y otras mediante imágenes. Gracias a la combinación de todos estos elementos, el Corán alcanzó su objetivo. Ya hemos tratado anteriormente este tema.
Además, las escenas de la Resurrección que se han mostrado y las imágenes de la dicha y el castigo que se han trazado también forman parte del argumento basado en la sabiduría. Estas imágenes golpean las puertas de la mente inconsciente humana. Agudizan el pensamiento y amplían la percepción interior. Despiertan al ser humano de los sueños ociosos y lo conducen al mundo real. Así, el corazón humano queda preparado para aceptar la verdad y mantenerse firme en ella.
Además de las imágenes humanas y psicológicas, los relatos, las escenas de la Resurrección y las representaciones del castigo y la dicha, el Noble Corán adoptó otro método para hacer aceptable la llamada: presentar mediante imágenes el argumento basado en la sabiduría. Por ello, decidí incluirlo y tratarlo en un capítulo independiente.
Sin embargo, el tema de discusión de este capítulo no son los razonamientos y las disputas. Solo queremos analizar cuál es la forma o naturaleza de esos razonamientos y pruebas, porque nuestro tema principal es la naturaleza y el tipo de imagen sobre los que se basa el desarrollo continuo del Corán. Pues el contenido de esta obra se limita únicamente al aspecto artístico del Corán. Nada más. El análisis de los demás temas coránicos no es nuestro propósito.
El problema del Tawhid (monoteísmo)
Ya hemos dicho que la primera invitación y exigencia del islam es el Tawhid. Aquellos a quienes el Corán se dirigía eran acérrimos adversarios del Tawhid. Lo consideraban algo extraño. Lo que cabe observar es cómo presentó el Corán sus argumentos y razonamientos a quienes negaban el Tawhid.
No cabe duda de que el Corán intentó conmover la conciencia humana al presentar la invitación al Tawhid en un lenguaje sumamente sencillo y conmovedor. El discurso del Corán es tan evidente y claro que no contiene ninguna complejidad ni deja lugar a argumentos contrarios. Dice:
(Árabe***********)
¿Acaso han tomado ídolos de barro como dioses para que estos les den vida? Si hubiera en el cielo y en la tierra otros dioses aparte de Allah, ambos se habrían destruido. Por eso, glorificado sea Allah, Señor del Trono, por encima de lo que dicen. Él no será interrogado por lo que hace, pero ellos sí serán interrogados. ¿Acaso han tomado otros dioses aparte de Allah? Di: «Presentad vuestra prueba; este es el mensaje de quienes están conmigo y el mensaje de quienes me precedieron». Pero la mayoría de ellos no conoce la verdad y, por eso, se aparta. (Sura Al-Anbiya: 21-24)
(Árabe***********)
Allah no ha adoptado ningún hijo ni hay otro dios junto a Él. Si lo hubiera, cada dios se habría llevado consigo lo que hubiera creado y unos se habrían impuesto sobre otros. Por tanto, glorificado sea Allah por encima de lo que dicen. (Sura Al-Mu’minun: 91)
Hay muchas otras pruebas evidentes y autoevidentes en favor del tawhid. El significado de estos versículos es que no vemos ningún tipo de desorden ni catástrofe en la tierra y los cielos. Todo funciona armoniosamente. Esto demuestra que la administración de este vasto imperio está en manos de uno solo. Y Él es Allah, el Omnisapiente y Sapientísimo, el Señor de los mundos.
Al mismo tiempo, el Corán también ha declarado que, si hubiera varias divinidades en los cielos y en la tierra, cada una se apartaría con su propia creación. ¡Qué idea tan ridícula! Cada creación buscaría refugio junto a su divinidad. Luego, cada divinidad seguiría su propio camino con su creación. Pero no se sabe dónde terminaría ese camino. Tampoco tenemos respuesta para ello. Por eso nos causa risa siquiera pensar en varias divinidades; si hubiera varias, se produciría un caos absoluto en los cielos y en la tierra.
También podría plantearse otra pregunta: si realmente existiera otra divinidad, ¿qué habría hecho? Los cielos y la tierra ya han sido creados y están ante nosotros. ¿Qué ha creado de nuevo?
(Árabe***********)
Di: «¿Habéis reflexionado sobre aquellos a quienes adoráis aparte de Allah? Mostradme qué han creado en la tierra. ¿O acaso tienen alguna participación en la creación de los cielos? Presentadme un libro anterior a este o algún conocimiento transmitido, si sois veraces». (Sura Al-Ahqaf: 4)
Miren nuevamente: la creación de Allah está presente en diversos lugares. El toque del poder de Allah se manifiesta en cada lugar y en cada cosa. Nuestros sentidos lo perciben, la conciencia lo reconoce y la intuición interior lo siente. En el Corán se dice:
(Árabe***********)
Di: «Toda alabanza pertenece a Allah, y la paz sea con Sus siervos escogidos. ¿Quién es mejor: Allah o aquellos a quienes asocian con Él? Dime: ¿Quién creó los cielos y la tierra? ¿Quién hizo descender para vosotros agua del cielo?» (Por supuesto, Yo la hago descender.) «Luego, con esa agua, hice crecer jardines encantadores. Vosotros no podríais hacer crecer sus árboles. ¿Acaso existe otra divinidad creadora junto con Allah? En verdad, son un pueblo desviado. Dime: ¿Quién hizo habitable la tierra y puso ríos que la atraviesan? ¿Quién colocó montañas para estabilizarla y puso una barrera entre los mares? Dime, pues: ¿Existe alguna divinidad junto a Él? Sin embargo, la mayoría de ellos no sabe. Dime: ¿Quién responde a la súplica del necesitado cuando lo invoca, elimina la aflicción y os establece como sucesores en la tierra? ¿Acaso existe alguna divinidad junto con Allah? Qué poco reflexionáis. Dime: ¿Quién os guía por tierra y por mar y en medio de las tinieblas? ¿Y quién envía los vientos como anunciadores de Su misericordia? ¿Acaso existe otra divinidad junto con Allah? Allah está muy por encima de aquello que Le asocian. Dime: ¿Quién origina la creación y luego la reproduce, y quién os provee del sustento del cielo y de la tierra? Dilo nuevamente: ¿Existe alguna divinidad junto con Allah? Di: “Presentad vuestra prueba, si sois veraces”». (Sura An-Naml: 59-64)
Los diversos temas de los versículos mencionados son partes integrantes y complementarias entre sí para fortalecer y consolidar la conciencia del tawhid en el ser humano. Por ejemplo, las escenas de los cielos y la tierra, los diversos acontecimientos y accidentes que ocurren en la vida cotidiana y las experiencias naturales que obligan al ser humano, debido a las dificultades para ganarse el sustento, a volverse hacia Allah. Todo ello influye en el pensamiento, los sentimientos, la conciencia y la percepción interior, impulsando al ser humano hacia la conciencia del tawhid. En el Corán hay innumerables versículos de este tipo. Del mismo modo, tampoco son escasas en el Corán las escenas de la resurrección, el Paraíso y el Infierno. Asimismo, no faltan versículos destinados a arraigar en la mente y el corazón de las personas la creencia —o conciencia— del tawhid. Todo esto está relacionado esencialmente con los argumentos basados en la sabiduría y forma parte de este capítulo.
La resurrección después de la muerte
La afirmación que más difícil le resulta al islam explicar es la de la resurrección después de la muerte, la resurrección final, el Hasr y cuestiones similares. El islam se dirigió a aquellos árabes que decían:
(Árabe***********)
Nuestra vida terrenal es la única vida. Morimos o vivimos, todo ocurre aquí, y nunca seremos resucitados. (Sura al-Mu’minun: 37)
Entre los árabes, la cuestión de la resurrección era aún más sorprendente que la invitación al tawhid. Llamaban locos a quienes aceptaban la resurrección. Creían que ninguna persona en su sano juicio podía aceptar aquello.
Los incrédulos decían: «¿Queréis que os indiquemos a un hombre que os anuncia que, aunque quedéis completamente desintegrados, seréis recreados? ¿Miente acerca de Allah o está loco?». (Sura Saba: 7-8)
Consideraban el Hasr y el Nashr desde una perspectiva tan sorprendente. Veamos ahora qué clase de argumentos y pruebas presentó el Corán ante ellos en una situación tan extraordinaria.
El Corán les presentó una concepción de los estados manifiestos y ocultos de la creación. En particular, al hacer surgir la vida en la tierra, llamó la atención sobre el hecho de que al ser humano se le ha concedido una vida especial. El propósito del Corán aquí era mostrar que, así como Allah puede iniciar la creación, también puede repetirla, y que tiene poder para ello.
¿Acaso nos hemos fatigado con la primera creación? Más bien, están en duda respecto a una nueva creación. (Sura Qaf: 15)
Mediante el método de representación del Corán, que constituye una forma particular de expresión coránica, se expresó de esa manera especial la semejanza de la vida que se encuentra entre la tierra y el ser humano.
(Árabe***********)
¡Que perezca el ser humano! ¡Qué ingrato es! ¿De qué lo creó Él? Lo creó de una gota de semen y luego lo proporcionó armoniosamente. Después le facilitó el camino; luego le dio la muerte y lo sepultó. Después, cuando quiera, lo resucitará. Sin embargo, nunca ha sido agradecido: no ha cumplido lo que Él le ordenó. Que observe el ser humano su alimento. Derramamos agua sobre él abundantemente; luego hendimos la tierra y allí hicimos crecer cereales, uvas, hortalizas, olivos, palmeras, jardines frondosos, frutos y pastos, para beneficio vuestro y de vuestros animales cuadrúpedos. (Sura Abasa: 17-32)
En otro lugar se dice:
(Árabe***********)
Él extrae lo vivo de lo muerto y lo muerto de lo vivo, y revive la tierra muerta. Así seréis resucitados. Entre Sus signos está que os creó de polvo y, luego, he aquí que sois seres humanos dispersos por la tierra. Otro de Sus signos es que creó para vosotros, de entre vosotros mismos, esposas para que encontréis tranquilidad en ellas, y estableció entre vosotros afecto y misericordia. En ello hay signos para quienes reflexionan. Otro de Sus signos es la creación de los cielos y de la tierra, y la diversidad de vuestras lenguas y colores. En ello hay signos para quienes poseen conocimiento. Otro de Sus signos es vuestro sueño durante la noche y el día, y vuestra búsqueda de Su favor. En ello hay signos para quienes prestan atención. Y otro de Sus signos es que hace descender agua del cielo y con ella revive la tierra muerta. En ello hay signos para quienes razonan. (Sura Ar-Rum: 19-24)
El Corán les presentó imágenes comprensibles para ellos y de las que tenían pleno conocimiento. Sus sentidos contemplaban constantemente esas imágenes. Estas imágenes atraían continuamente su intelecto y su entendimiento hacia su enseñanza.
Estas escenas guardaban una profunda relación con la vida y los medios de subsistencia de los árabes, así como con su conciencia y sus sentimientos. Esas escenas se habían fundido con su propio ser. El Corán llamó su atención hacia ellas de tal manera que parecían escenas nuevas. Sin embargo, quien contempla esas escenas naturales con los ojos y los oídos abiertos seguramente encuentra en ellas algo novedoso, siempre que no se aferre obstinadamente a su propia terquedad. Los razonamientos producidos por la mente no tienen estabilidad; a lo sumo, pueden ser una prueba de ingenio.
Tanto el intelecto como los sentidos humanos desean llegar hasta lo más profundo de la aqida (conciencia). El ser humano siente curiosidad por lo desconocido. Cuanto más oculta y distante de la conciencia y los sentimientos se encuentra una aqida, mayor es el deseo de alcanzarla. Por eso, el Corán adoptó también, al tratar la aqida, un método descriptivo basado en imágenes e imaginación.
(Árabe***********)
¿Acaso no ves que todo lo que hay en los cielos y en la tierra, y las aves que extienden sus alas, proclaman la pureza y la magnificencia de Alá? Cada uno conoce la forma de adoración, glorificación y exaltación que le corresponde. (Sura An-Nur: 41)
Los siete cielos, la tierra y todo cuanto hay entre ellos proclaman Su pureza y Su magnificencia. No existe nada que no proclame Su magnificencia y Su pureza, pero vosotros no podéis comprender su glorificación y su proclamación de pureza. (Sura Bani Israil: 44)
(Árabe***********)
Quienes llevan el Trono y quienes lo rodean proclaman la pureza de su Señor con alabanzas, creen en Él y piden perdón por los creyentes, diciendo: «¡Señor nuestro! Tu misericordia y Tu conocimiento lo abarcan todo. Perdona, pues, a quienes se arrepienten y siguen Tu camino, y protégelos del castigo del Infierno. ¡Señor nuestro! Hazlos entrar en los Jardines eternos que les has prometido, junto con sus antepasados, sus esposas y sus descendientes que hayan obrado rectamente. Ciertamente, Tú eres el Poderoso, el Sabio. Y protégelos de las malas acciones; aquel a quien protejas ese día de las malas acciones recibirá Tu misericordia. Ese será el gran éxito». (Sura Al-Mu’min: 7-9)
Las imágenes trazadas en estas aleyas suscitan en la naturaleza humana un temor semejante al que experimenta al contemplar la imagen de algo desconocido, quedando atemorizada y desconcertada. Asimismo, despiertan en ella curiosidad por un mundo desconocido e inexplorado: un mundo en el que los ángeles llevan el Trono y, al mismo tiempo, glorifican a Allah. Del mismo modo, no existe en la tierra cosa alguna que no glorifique y alabe a Allah.
A menudo, lo invisible se encuentra muy cerca, pero las limitaciones del entendimiento humano impiden comprenderlo. Aun así, envuelve los pensamientos y la conciencia de la persona, y a través de ello se manifiesta el poder de Allah. Bajo su influencia, el corazón humano resplandece con la luz del iman.
(Árabe***********)
Nada de cuanto hay en los cielos y en la tierra está oculto para Allah. Él es quien os ha dado la forma y la apariencia que quiso en los vientres maternos. (Sura Al Imran: 5-6)
En esta aleya se demuestra que Allah conoce todo lo que ocurre en el mundo de lo oculto. Es, en esencia, una prueba relacionada con la conciencia, no un objeto de investigación intelectual. En la aleya siguiente se pinta una imagen aún más amplia y llamativa.
(Árabe***********)
Suyas son las llaves del mundo de lo oculto; nadie las conoce excepto Él. Él conoce todo cuanto hay en el mar y en la tierra. No cae una sola hoja sin que Él lo sepa, ni cae un solo grano en las tinieblas de la tierra sin que Él lo sepa, ni hay nada húmedo o seco que caiga sin que esté registrado en un Libro claro. (Sura Al-An‘am: 59)
En la aleya en cuestión, el poder de Allah se describe de manera sumamente sutil, pero poderosa. Se muestra cuán vasto es el alcance del conocimiento de Allah. Para expresar este propósito se han escogido las mejores palabras, y con ellas se ha pintado una imagen magnífica. Las palabras de esta aleya expresan la amplitud del conocimiento de Allah. No solo eso, sino que con estas palabras también se ha pintado una sorprendente imagen imaginaria. Así se ha dicho: «No cae ninguna hoja sin que Él lo sepa. Y no hay un solo grano, en ningún rincón oscuro de la tierra, del que Él no tenga conocimiento. Además, está bien informado de todo, tanto de lo húmedo como de lo seco». Parece que esto no es una descripción, sino una imagen exacta.
Al recitar esta aleya, el ser humano desea recorrer toda la tierra con los ojos de la imaginación para descubrir dónde está aquella hoja caída. También busca aquel grano oculto en la tierra oscura. Pero nadie, salvo Allah, puede conocer estas cosas. Mientras reflexiona, cuando el ser humano vuelve la mirada hacia sí mismo, el temor y la majestad de Allah lo envuelven. En ese momento, dirige su atención hacia la presencia del Creador, Exaltado sea, y continúa reconociendo Su conocimiento con profunda concentración.
Este es el argumento probatorio del Corán, que también podría denominarse una representación argumentativa. ¿Qué relación puede tener con los razonamientos elaborados por la mente que nuestros racionalistas han ofrecido durante siglos?
En muchos pasajes, el Corán evita los argumentos y las disputas elaborados por la mente. Presentamos un ejemplo de ello. Se declara:
(Árabe***********)
Vosotros y aquellos a quienes adoráis en lugar de Allah seréis el combustible del Infierno, y todos entraréis en él. (Sura Al-Anbiya: 98)
Al escuchar esta aleya, los politeístas árabes pensaron que entre los cristianos había personas que consideraban a Isa (la paz sea con él) una divinidad. Entonces, ¿acaso Isa (la paz sea con él) también entraría en el Infierno? Su propósito era deteriorar las relaciones entre musulmanes y cristianos. Para ello, presentaron un argumento elaborado por la mente.
La siguiente aleya ofrece una hermosa respuesta a este respecto.
(Árabe***********) Solo presentan ante ti ese ejemplo para polemizar. En verdad, son un pueblo dado a la disputa. (Sura Az-Zujruf: 58)
En esta frase, expresada de manera muy sencilla, no se ha recurrido aquí a la lógica ni a ninguna ayuda de la ciencia de la lógica.
Si el Corán hablara al estilo de los razonamientos y las discusiones intelectuales, no serviría de nada. Porque así no se alcanzaría el objetivo fundamental del Corán. Pues ninguna creencia puede establecerse mediante la disputa o el debate. El ámbito de la fe está por encima del debate.
No cabe duda de que el Al-Corán ha intentado conmover la conciencia del ser humano. Por ello, adoptó el método de narrar historias. Del mismo modo, al presentar su mensaje fundamental en un estilo alegórico, alcanzó su objetivo. Puesto que el Al-Corán es depositario tanto de lo religioso como de lo artístico, el estilo que adoptó para presentar su mensaje se encuentra en la cumbre de la belleza y la armonía.
El estilo narrativo del Al-Corán
La idea fundamental de toda la discusión anterior es que el Al-Corán intenta alcanzar el objetivo propuesto presentando su mensaje con un estilo único y excepcional. Incluso al presentar pruebas y argumentos, adoptó el mismo método. Además, mediante la imaginación y la representación, presentó cada acontecimiento como si fuera una imagen. Es decir, el Corán presentó los significados incorpóreos de forma corpórea y perceptible para los sentidos.
Queremos ver hasta qué punto este método artístico de narración es exitoso y eficaz. Este es el tema de nuestro libro. Los asuntos tratados por el Al-Corán no son nuestro objeto de estudio. En las discusiones que hemos presentado anteriormente han aparecido algunas consideraciones sobre estos asuntos, únicamente para llamar la atención sobre cómo ha presentado el Corán ese asunto y cuál es su forma y método; en las discusiones que hemos presentado anteriormente han aparecido algunas consideraciones sobre estos asuntos, únicamente para llamar la atención sobre cómo ha presentado el Corán ese asunto y cuál es su forma y método.
Cuando muchos contemplan profundamente el contenido del Al-Corán y reflexionan sobre su amplitud, universalidad y grandeza, exclaman: «¡Este contenido es precisamente su rasgo distintivo!». Y eso es suficiente. La narración del Al-Corán, su estilo de abordar los temas y su análisis minucioso son cuestiones secundarias. Desde su perspectiva, todo el carácter milagroso del Al-Corán reside en su contenido. Otros, en cambio, estudian las palabras y las frases, y dicen que el carácter milagroso del Al-Corán está relacionado por separado con ambas.
A este respecto, nuestra opinión es que el contenido que se pretende expresar nace del estilo de narración que el Al-Corán ha adoptado. Por ello, la importancia de ambos es igual. No queremos involucrarnos en una disputa inútil sobre las palabras y los significados, aunque célebres literatos y filólogos se hayan enfrascado en controversias sobre esas palabras y significados.
Literatos y especialistas en lingüística como Ibn Qutayba, Qudama y Abu Hilal al-Askari han escrito sobre este tema. Sin embargo, consideramos que lo dicho por Abd al-Qahir al-Jurjani en su obra titulada «Dala’il al-I’jaz» destaca por su profunda erudición y su equilibrio. Él dijo: «Una persona sabia ni siquiera puede imaginar que haya una disputa sobre las palabras simplemente por ser palabras. Naturalmente, se puede discutir en qué sentido debe emplearse una palabra. Pero tampoco puede haber disputa acerca de un significado que resulte convincente. Sí puede discutirse, en relación con el significado, a qué palabra está vinculado el significado comprensible. La palabra representa precisamente ese significado. Además, ese significado solo puede manifestarse cuando logra componerse en un ritmo y una métrica determinados; de lo contrario, no. No es posible que la disposición de las palabras y el ritmo sean distintos y, aun así, el significado coincida.»
Si Abd al-Qahir al-Jurjani hubiera escrito algo brevemente con este propósito, lo habríamos reproducido literalmente. Pero, por desgracia, llenó todo el libro con esta discusión. Por eso no podemos presentar íntegramente su pensamiento. Ni siquiera podemos citar una parte de él. Hemos comprobado que su exposición es sumamente compleja.
No obstante, lo que puede afirmarse con certeza es que tenía la capacidad de resolver estas cuestiones. Si hubiera avanzado un poco más en el análisis del tema, habría podido tocar la cumbre del arte.
Queremos exponer la perspectiva de Abd al-Qahir: la composición y el ritmo de su obra constituyen una gran demostración de cómo se representa el significado. Cuando se emplean dos métodos para explicar un significado implícito, en la mente y en el ánimo aparecen dos significados diferentes. Parece que existe tal relación entre el significado y la forma de describirlo que, una vez aceptada, ya no queda posibilidad alguna de considerarlos por separado, como si las palabras y el significado fueran independientes. Un significado se expresa de determinada manera cuando la composición y la concordancia son de un modo concreto. En la medida en que se perciba un cambio en el estado de las palabras, se produce un cambio correspondiente en el significado. Muchas veces el aspecto intelectual no se ve afectado, pero sí cambia el estado anímico y psicológico. Es evidente que el estilo mediante el cual se presenta el discurso en el arte tiene como único objetivo influir en el mundo interior. Por eso, cuando se inicia un cambio por efecto de la frase, también se produce un cambio en el significado.
La discusión anterior indica precisamente que el método de representación adoptado en el Corán es sumamente importante. Se trata de un método descriptivo en el que los significados, los objetivos y los temas coránicos reciben la forma misma en que podemos contemplarlos. Y esta condición es la que determina su valor y su categoría. Si en lugar de ello hubiera existido otra condición, no habría sido tan importante como lo es ahora.
Queremos aclarar aún más el asunto mediante ejemplos. Aunque en diversos lugares de este libro hay ejemplos de este tipo y hemos ofrecido explicaciones detalladas al respecto, gracias a las cuales ha quedado clara la forma de expresión del Corán, como este es el último capítulo del libro, presentamos algunos ejemplos más de la exposición, a modo de adorno sobre lo ya comprendido. Después de todo, no nos faltan ejemplos.
La primera característica del estilo descriptivo del Corán consiste en representar lo que está más allá de los sentidos y presentarlo de forma comprensible. Mediante el mismo método, el Corán ha presentado las imágenes de la naturaleza, la historia del pasado, los acontecimientos y los ejemplos, las escenas del Día de la Resurrección, las escenas del castigo y de la paz, así como la naturaleza humana, de tal manera que parece que todos ellos están presentes ante nuestros ojos. De este modo, el Corán ha llevado las cuestiones intelectuales al ámbito de la percepción sensorial. Además, mediante la facultad de pensar, les ha infundido movimiento, de modo que ante los ojos de la imaginación parecen estar siempre en movimiento.
Ahora surge la pregunta: ¿por qué el método de representación adoptado por el Corán es más importante que otros métodos, en los que el significado y el estado de las cosas se describen tal como son? Del mismo modo, ¿por qué se describen los acontecimientos o las historias en su estado real? Si el objetivo es describir una escena y, aun así, se la expresa únicamente con unas pocas palabras sencillas, sin pintar su imagen imaginaria…
Basta con decir esto acerca del valor de la forma y el método adoptados por el Corán: primero los contemplamos en su forma original, desprovistos de todo velo o cobertura. Luego los presentamos ante nosotros en la imaginación, como una escena visual. De este modo, ambos estados se vuelven claramente manifiestos entre sí.
En el primer estado, el significado se dirige a la inteligencia y a los sentimientos, y llega a ellos separado de la imagen que lo transporta. En cambio, mediante el método de la representación, el significado se dirige a los sentidos y al entendimiento, y llega a la persona por una vía diferente. Así, el entendimiento queda influido. Esta influencia llega a la persona por una vía excepcional. Entre esas vías también está la inteligencia. No puede decirse que la inteligencia sea la única vía, ni que fuera de esta vía y este método no exista ninguna otra.
No cabe duda de que el estilo que el Corán ha adoptado para representar visualmente es sumamente sorprendente.
Este método es equilibrado para transmitir todas las doctrinas, pero nosotros solo queremos examinar su dimensión de belleza artística. Sin duda, este modo de descripción es sumamente necesario desde el punto de vista artístico. Por ello, la primera exigencia artística consiste en influir en el entendimiento y crear en él una atracción artística; aprovechar esa influencia para iluminar el interior de la vida y proporcionar alimento a la capacidad de reflexión mediante la escena. Así, la frase pretendida se vuelve ilustrada y tangible. Reproducimos nuevamente uno de los ejemplos que hemos ofrecido anteriormente.
1. La expresión del intenso odio hacia la fe: el Corán podría haberse limitado a decirles directamente a quienes se apartan del camino de la fe: «Tal o cual persona odia la fe». Tan pronto como se oyera esta frase, la idea del odio habría quedado arraigada en la mente de la gente, y podrían haber comprendido esta palabra con plena certeza y tranquilidad. Sin embargo, la imagen que manifiesta este odio se ha presentado mediante la siguiente frase, de este modo:
(Árabe***********)
¿Qué les pasa, que se apartan de la amonestación, como asnos dispersos que huyen a causa del alboroto? (Sura Al-Muddázzir: 49-51)
Con este método descriptivo participan, junto con la inteligencia, tanto la facultad visual como la capacidad de reflexión. Al mismo tiempo, se presenta una hermosa caricatura de quienes odian la fe. Así como los asnos salvajes, al oír un alboroto, se apresuran a huir corriendo de un lado para otro, del mismo modo los incrédulos y los idólatras intentan huir al escuchar la palabra de Dios. La belleza artística de esta imagen surge cuando, en la imaginación, aparecen ante los ojos la huida a la carrera de la manada de asnos a causa del alboroto, sus movimientos y la escena del tigre que los persigue.
2. Bastaba con expresar sencillamente la debilidad e impotencia de las falsas divinidades que los árabes adoraban: «Aquellos a quienes invocáis aparte de Allah son más débiles que la más insignificante de las criaturas de Allah». Así, la afirmación habría llegado directamente a la mente de las personas, sin combinarse con ninguna otra cosa.
Pero no se dijo así, sino que se representó en forma de imagen. De este modo:
(Árabe***********)
Aquellos a quienes adoráis en lugar de Allah jamás podrán crear ni una mosca, aunque se reunieran todos para ello. Y si la mosca les arrebatara algo, tampoco podrían recuperarlo de ella. ¡Qué débiles son tanto el suplicante como aquel a quien se suplica! (Sura Al-Hajj: 73)
Toda la imagen aparece ante nuestros ojos de forma concreta y dinámica, y se manifiesta en tres niveles.
(1) Sus falsas divinidades no son capaces de crear ni una mosca.
(2) Ni siquiera si todas se unieran para intentarlo.
(3) Lejos de poder crearla, si la mosca les arrebatara algo, serían completamente incapaces de recuperar ese objeto de ella.
Esta es la imagen de la debilidad e incapacidad de esos falsos dioses. En esta imagen, el asunto se ha presentado de tal manera que en la mente de las personas surjan desprecio y aversión hacia los falsos dioses.
Ahora surge la pregunta: ¿se ha producido aquí una hipérbole de la mezcla? ¿Y se ha confundido la balagha (ornamentación del lenguaje) con la hipérbole de la mezcla? Ciertamente no. Aquí no hay ningún elemento de exageración. Lo fundamental es que, aunque todos los falsos dioses intentaran crear una mosca, no serían capaces de hacerlo. Sin duda, la mosca es un ser extremadamente pequeño e insignificante. Pero detrás de su creación hay un milagro. Este «milagro» está relacionado con la creación de la vida, ya se trate de la creación de un animal grande o de uno pequeño. El milagro no reside únicamente en crear animales grandes; también existe un prodigio en crear una criatura sumamente insignificante y despreciable.
La belleza artística presente en esta imagen consiste en que, puesto que esos falsos dioses ni siquiera tienen capacidad para crear una pequeña mosca, ¿qué más podrían crear? De ello se manifiesta por sí sola su debilidad. Luego se dice que, lejos de poder crearla, si esa pequeña mosca les arrebatara algo, tampoco serían capaces de recuperarlo. Todo esto constituye un elemento de la belleza artística.
3. Al describir los horrores del Día de la Resurrección, habría bastado con decir de manera general: «Ese día, el amigo olvidará al amigo, y aquellos a quienes se seguía rechazarán a sus seguidores». No es correcto decir que, expresado así, el relato carecería por completo de calidad. Sin embargo, esto no guarda ninguna relación con la manera en que el Corán ha trazado esta imagen; por el contrario, está llena de vida y movimiento.
(Árabe***********)
(Ese día, los seguidores dirán a sus líderes:) Nosotros os seguíamos; ¿acaso nos libraréis del castigo de Allah? Ellos dirán: Si Allah nos hubiera guiado por el camino recto, nosotros también os habríamos guiado por el camino recto. Ahora, tanto si perdemos la paciencia como si tenemos paciencia, todo es igual; no tenemos escapatoria. Cuando se haya decidido todo, Satanás dirá: Ciertamente, Allah os hizo una promesa verdadera, y yo también os hice una promesa, pero hoy la rompo. No tenía ningún poder sobre vosotros, salvo que os invité y vosotros respondisteis a mi invitación. Así pues, no me reprochéis, sino reprochaos a vosotros mismos. Yo no puedo ayudaros en nada, y vosotros tampoco podéis ayudarme en nada. Antes me habíais asociado con Allah, pero yo reniego de ello. En verdad, los injustos tendrán un castigo doloroso. (Sura Ibrahim: 21-22)
En la aleya mencionada anteriormente se han trazado las imágenes de tres grupos, que cobran forma y se presentan ante nosotros en una escena imaginada.
a. La gente débil
Eran mendigos de la misericordia de los grandes. Debido a su propia debilidad, necedad y dependencia, siempre anhelaban refugiarse bajo las mangas de los dirigentes. El Día del Juicio, primero suplicarán a sus dirigentes que los liberen de esta situación. Después los culparán de haberlos desviado.
b. Los arrogantes
Este grupo, compuesto por dirigentes y personas del rango de emires y gobernantes, se verá entonces atormentado por la humillación y la deshonra. Verán su destino. Al ver a sus seguidores, se enfurecerán enormemente. En cuanto a los seguidores, aun viendo el estado humillado y deshonrado de sus dirigentes, no dejarán de pedirles que los liberen. Sin embargo, ellos mismos dependerán entonces de otros para ser liberados. Pero nadie dará un paso al frente en su favor. Entonces los seguidores continuarán diciendo: «Estos dirigentes nos desviaron». Naturalmente, esto no les reportará ningún beneficio aquel día. Y los dirigentes se limitarán a decir y guardar silencio: «Si Allah nos hubiera mostrado el camino de la guía, también nosotros habríamos podido guiaros por el camino correcto».
c. Satanás
Iblís es el instigador de todas las malas acciones, incluidos el engaño, el fraude y las artimañas satánicas. Aquel día se dirigirá a sus seguidores y dirá: «Allah os había hecho una promesa verdadera, pero la promesa que yo os había hecho era mentira y engaño». Luego lo declarará claramente: «No os hice extraviar por la fuerza. Yo solo os invité, y vosotros acudisteis corriendo. Por tanto, hoy no me reprochéis a mí; reprochaos a vosotros mismos».
Después pronunciará sus últimas palabras: «Me declaro libre de toda responsabilidad por las acciones en las que me considerasteis asociado».
La escena presentada en la imagen anterior posee un carácter singular y único. En ella vemos que los dirigentes y sus seguidores no se reconocen entre sí. Todos confiesan sus propios crímenes. Sin embargo, esa confesión no les aporta ningún beneficio. Además, al contemplar esta espantosa escena, uno exclama involuntariamente: «Si no iba a decir algo así, ¿por qué se le llamaría Satanás?». Esta imagen se apodera de toda la mente del ser humano. Si las palabras se hubieran expresado de manera directa, no habría florecido la belleza artística que se manifiesta en esta imagen.
4. En términos generales, habría bastado con decir que no son aceptables las obras realizadas por los infieles y politeístas. Por tanto, los infieles que dan prioridad a estas obras inaceptables viven, sin duda, en el paraíso de los necios. Son víctimas de una desviación permanente, y no hay nadie que pueda hacerlos volver de ella ni guiarlos por el camino correcto. Sus mentes han aceptado esta idea. Pero cuando estas palabras se expresan de la manera en que se han expresado en la aleya siguiente, cobran en ellas el pulso y el movimiento de la vida. Sacuden el mundo de los deseos y los sentimientos.
(Árabe*************)
Las obras de quienes son incrédulos son como un espejismo del desierto, que el sediento toma por agua. Pero cuando llega allí, no encuentra nada; encuentra a Allah. Entonces Allah le ajusta cuentas. Allah es rápido en ajustar cuentas. O bien, sus obras son como profundas tinieblas en el seno de un mar agitado, cubierto por olas que se suceden unas a otras y por nubes densamente negras: tinieblas sobre tinieblas. Cuando extiende su mano, apenas puede verla. En verdad, aquel a quien Allah priva de luz no encontrará ninguna luz. (Sura An-Nur: 39-40)
En la aleya mencionada se ha pintado una imagen artística que cautiva por completo al ser humano. Es como un cuento de hadas. Aquí la capacidad de pensar ha manifestado todo su poder, pero todavía se necesitarían un pincel excepcional y una cámara excelente para representar los elementos de la imagen en colores y hacerla dinámica.
La pregunta es: ¿de dónde se obtendrán un pincel y una cámara capaces de hacer resplandecer y representar vívidamente las tinieblas descritas en esta aleya? Luego, la imagen del sediento que corre tras el espejismo: cuando llegue a él, no verá nada. Sí, de repente encontrará allí algo que ni siquiera había imaginado en sueños; es decir, la esencia del Altísimo Allah. Entonces Allah ajustará sus cuentas en un abrir y cerrar de ojos.
En esta aleya vemos el propósito religioso por el cual se ha presentado esta escena. Al mismo tiempo, descubrimos una técnica artística sumamente moderna, presente en esta imagen siempre viva.
5. En estas aleyas se presenta una bella imagen de quienes, después de haber recibido la guía, se extravían. Guarda semejanza con el ejemplo anterior. También aquí aparecen, uno tras otro, varios cuadros llenos de vida. Se declara:
(Árabe*************)
Son aquellos que compraron el extravío a cambio de la guía. En realidad, no obtuvieron beneficio alguno con este negocio, ni recibieron la guía. Su estado es como el de quien encendió un fuego en algún lugar; cuando este iluminó todo a su alrededor, Allah les arrebató su luz y los dejó en tinieblas. Por eso no pueden ver nada. Son sordos, mudos y ciegos; por tanto, no regresarán. Y su ejemplo es como el de quienes avanzan durante una noche tormentosa, entre tinieblas, truenos y relámpagos; cuando el relámpago los ilumina un poco, avanzan cierta distancia, pero cuando vuelve la oscuridad, se quedan inmóviles. Allah tiene pleno poder sobre todas las cosas. (Sura Al-Baqara: 16-20)
En los versículos mencionados se ha dibujado sucesivamente una imagen cautivadora. Algunas personas encendieron un fuego en la oscuridad de la noche; sus alrededores se iluminaron, pero de repente, al desaparecer esa luz, se sumieron en una oscuridad ilimitada y comenzaron a caminar en medio de ella. Al mismo tiempo comenzaron la tormenta y la lluvia.
Por un lado, una oscuridad impenetrable, tormenta, lluvia y rayos; por otro, el estruendo profundo y amenazador de las nubes, acompañado por los destellos de los relámpagos. Están desorientados por el miedo. Al ver el más leve destello, se tapan los oídos con los dedos por temor al trueno. Luego, el resplandor del relámpago ilumina durante un brevísimo instante; avanzan unos pasos a su luz y vuelven a detenerse, paralizados. No pueden decidir qué hacer.
Para captar una imagen tan viva y dinámica haría falta una cámara sumamente valiosa y automática. Sin embargo, aquí la imagen viva y dinámica no se presenta mediante una cámara, sino por medio de unas pocas palabras. ¿Hay aquí algo que haga vivaz y dinámica la imagen, algo que una cámara puede lograr, pero las palabras no? Más bien, el ser humano disfruta más al contemplar una imagen verbal, porque junto con ella también trabaja su capacidad de pensar. Dibuja la imagen, luego la borra y también la pone en movimiento. En ese momento, oleadas de emoción recorren el ser humano. La conciencia se ve afectada. El corazón comienza a latir más deprisa. ¿Saben por qué ocurre esto? Únicamente por el efecto de unas pocas palabras.
Conclusión
Como conclusión del método de representación adoptado en el Noble Corán, queremos hablar de esa fuerza vital que se crea dentro de las escenas y cuyos ejemplos se han mencionado en diversos lugares de este libro. Dotar de pulsaciones de vida a ciertas escenas y ponerlas en movimiento es una característica particular de este método.
Las imágenes presentadas en el Noble Corán no consisten únicamente en transformar su significado real en una imagen; más bien, en ellas se crea el latido de la vida. Y también pueden compararse con objetos vivos y examinarse y analizarse a la luz de esa comparación.
Como ejemplo puede mencionarse la aterradora escena del Día de la Resurrección. Allí se muestra a una madre lactante corriendo y olvidando a su hijo. La mujer embarazada sufrirá un aborto espontáneo. Las personas correrán desorientadas, tambaleándose como borrachos, aunque en realidad no estarán ebrias. Este estado no es provocado por las palabras, sino por el miedo que afecta a las personas. No surge de las palabras, sino de esa espantosa situación que se abatirá sobre los seres humanos.
En otro lugar, esa escena de terror se representa así: aquel día, las personas huirán de sus padres, sus madres, sus hermanos y sus amigos.
(Árabe*************) Ese día, cada persona tendrá una preocupación que la mantendrá completamente perturbada. (Sura Abasa: 37)
La espantosa escena del Día de la Resurrección ha sido presentada de tal manera que, al contemplarla, la gente queda angustiada. No hace falta nada para verificar o analizar el acontecimiento. En esa escena aterradora y espeluznante, incluso los objetos inmóviles e inanimados han cobrado vida, como si también se unieran a ellos. Se dice:
(Árabe*************)
Ese día, la tierra y las montañas temblarán, y las montañas, al desmenuzarse, se convertirán en montículos de arena. (Sura Al-Muzzammil: 24)
Parece que la tierra es un ser viviente que temblará de miedo.
(Árabe*************)
¿Cómo, pues, os protegeréis si negáis el día que hará encanecer a los niños, el día en que el cielo se hendirá? (Sura Al-Muzzammil: 17-18)
En esta aleya se menciona primero que los niños serán convertidos en ancianos y después que el cielo se hendirá.
En el relato del profeta Noé (la paz sea con él), la espantosa escena del diluvio se presenta, por un lado, mediante imágenes de la naturaleza y, por otro, se traza una escena conmovedora a través de un padre y su hijo. El padre se embarca y se salva de la inundación, pero está angustiado por su hijo, parte de su corazón. La inundación está devorando al hijo. (El padre grita:) «Hoy solo se salvará aquel a quien Allah conceda misericordia». Al describir la espantosa escena de la tormenta, el diluvio y la inundación, se dice: una embarcación comenzó a avanzar entre olas tan grandes como montañas imponentes. Mediante la separación del padre y el hijo, esta escena se lleva a un estado aún más conmovedor. Es una situación tan dolorosa que ni siquiera el horror de la tormenta y el diluvio pudo cubrirla.
El sufrimiento de los condenados del Infierno se manifestará mediante gritos, cuya imagen ha sido trazada en las siguientes palabras:
(Árabe*************)
Gritarán: «¡Oh, Malik! Dile a tu Señor que nos haga morir». Él dirá: «Permaneceréis así». (Sura Az-Zujruf: 77)
Y continuarán gritando allí.
No solo se describe con unas pocas palabras el estado al que llegará un condenado del Infierno, humillado y deshonrado, el Día del Juicio, sino que es como si se le hiciera hablar por boca de una persona viva:
(Árabe*************)
Y si vieras cuando sean puestos de pie ante su Señor. Él dirá: «¿Acaso no es esto la verdad?» Ellos responderán: «Sí, por nuestro Señor». Entonces Él dirá: «¡Saboread hoy el castigo por vuestra incredulidad!» (Sura Al-An‘am: 30)
Los moradores del Infierno expresarán públicamente su pesar y arrepentimiento el Día de la Resurrección, tal como una persona se lamenta por haber perdido una oportunidad.
(Árabe*************)
Ese día, los injustos se morderán los dedos y dirán: «¡Ay de mí! Si tan solo hubiera seguido el camino del Mensajero. ¡Ay de mi desgracia! Si tan solo no hubiera tomado a fulano como amigo». (Al-Furqán: 27-28)
Se ha exhortado a la lucha mostrando así la situación del creyente y del incrédulo:
(Árabe*************)
No desfallezcáis en la persecución de ellos. Si habéis sufrido heridas, ellos también han sufrido heridas como vosotros. Pero vosotros esperáis de Allah lo que ellos no esperan. (Sura An-Nisá: 104)
Mediante unas pocas palabras se ha trazado una imagen que muestra la diferencia entre los creyentes y los incrédulos. Esta diferencia gira en torno a la posición de ambos grupos y a su desenlace.
No deseo repetir la descripción de las escenas que hemos presentado en los distintos capítulos. Considero que esta breve exposición sobre los tipos de escenas coránicas y su vitalidad será suficiente. Del mismo modo que el latido de una vida se transmite a otra vida, y que una influencia pasa de un cuerpo vivo y real a otro cuerpo vivo, también la influencia de las imágenes y las descripciones alcanza el corazón de las personas, y ellas se funden con ella.
Otra característica del estilo narrativo del Corán
El toque extraordinario e incomparable del Dios Todopoderoso ha creado el pulso de la vida en los objetos inanimados que ha tocado. Todo objeto antiguo que ha tocado ha aparecido bajo una forma nueva. Esto no es sino un milagro de Allah, el Señor de los mundos, dueño del poder y la autoridad absolutos. Esta creación no es en modo alguno inferior a los demás milagros o manifestaciones del poder divino.
La escena de la mañana se contempla cada día; esta mañana vuelve una y otra vez en la vida. Pero, en la descripción especial del Corán, ha cobrado una forma viva, aunque ningún ojo humano la ve.
Juro por la mañana, cuando respira (se ilumina). (Sura At-Takwir: 18)
La noche es el nombre de una parte determinada del tiempo, pero en la descripción coránica parece viva y renovada:
Y juro por la noche, cuando se retira. (Sura Al-Fayr: 4)
Según el Corán, el día persigue velozmente a la noche, para alcanzarla:
Él cubre la noche con el día. En tal situación, el día corre rápidamente detrás de la noche. (Sura Al-A’raf: 54)
(Árabe*************) Y esa sombra será de humo, que no será ni fresca ni reconfortante. (Sura Al-Waqi‘a: 43-44)
El muro es una materia inerte, como la piedra, pero el Corán lo ha presentado como un ser vivo dotado de conciencia y sensibilidad:
(Árabe*************)
Después encontraron allí un muro que estaba inclinado y a punto de derrumbarse, y él lo enderezó. (Sura Al-Kahf: 77)
(Árabe*************)
¿Acaso no observan las aves que vuelan sobre sus cabezas, extendiendo y replegando sus alas? Allah es quien las mantiene firmes. (Sura Al-Mulk: 19)
Entre las cosas que el Corán ha representado se encuentran el cielo, la tierra, la luna, el sol, las montañas, los bosques, las zonas habitadas, las tierras incultas, la vegetación y otras. Se ha atraído la atención de las personas mediante imágenes vivas de estas cosas. Nadie podría calificar esas imágenes de muertas: son completamente vivas y dinámicas.
Este es el método de descripción y presentación del Corán, que ha llevado los objetivos y propósitos del Corán hasta el umbral de la perfección.
Apéndice 1
Este libro se publicó por primera vez hace siete años. ¡Alhamdulillah! Ha sido igualmente bien recibido por los lingüistas, los literatos y los círculos religiosos. Esto demuestra claramente que la religión no constituye un obstáculo para el estudio de la ciencia y las artes cuando estas, liberadas de toda limitación y condición, abordan sus objetivos y contenidos. Además, de ello se comprende que, si la intención es sincera y no están presentes el egocentrismo ni el deseo de ostentación, el estudio del arte y la ciencia no es en modo alguno incompatible con la conciencia religiosa. Sin embargo, la libertad de pensamiento y de perspectiva no significa en absoluto que haya que romper completamente con la religión. Esa es la idea de cierto grupo de los llamados intelectuales. Esto se debe a que contemplan este asunto desde la perspectiva de una nación y una historia determinadas. Así como en Occidente se ha creado una situación de oposición y conflicto entre la religión, la ciencia y las artes, ellos también desean crear una situación semejante en el mundo islámico. Sin embargo, ni por un solo instante ha existido en el islam un conflicto entre la religión, la ciencia y las artes. La historia es testigo de ello.
Hay otra cuestión que es sumamente necesario plantear en este momento: ¿ocupa el método de representación el rango de método principal y fundamental del Corán?
Respondí a esta pregunta del siguiente modo en la introducción de mi obra titulada «Las escenas de la Resurrección en el Corán»:
Para analizar esta cuestión es necesario investigar y examinar profundamente los versículos del Corán. No cabe duda de que, si junto con los relatos coránicos, las escenas de la Resurrección, la presentación de analogías humanas y los argumentos basados en la sabiduría se incluyen también los estados psicológicos, el pensamiento y la reflexión, la imaginación y la representación, así como ejemplos de algunos acontecimientos de la profecía, se verá que su proporción es aproximadamente de 4:3. Todos los temas mencionados han sido expuestos mediante el método de representación. Solo se han dejado fuera aquellos lugares y métodos en los que se enuncia una disposición legal de la sharía o en los que se adopta el método de la demostración y la argumentación, mientras que alguna cuestión se expone de manera sencilla y directa. Esta clase de exposición sencilla, al margen del método de representación, constituye aproximadamente una cuarta parte del Corán. Por eso, mi afirmación no es una exageración: «En el método expositivo del Corán, se ha dado mayor preferencia a la representación y la visualización que a los demás métodos».
Si Allah concede Su ayuda y llegamos a exponer los siguientes temas del Corán, las personas adquirirán tanta certeza como la que hay en mi corazón. Estos son:
1. Los relatos de la Torá y del Corán.
2. La naturaleza del ser humano en el Corán.
3. Las pruebas y los argumentos en el Corán.
4. Los recursos artísticos en el Corán.
Me alegra enormemente haber podido, mediante este libro, intentar atraer aunque sea un poco la atención hacia el método de representación del Corán. Es un resultado de este libro que la mayoría de los lectores del Corán y los maestros de las madrasas encuentran belleza artística incluso en pasajes cuya descripción no aparece en mi libro. Cuando observan la belleza artística en algún pasaje, quedan embelesados de alegría. Del mismo modo, se dedican a buscar belleza artística también en diversas obras poéticas y en prosa, además del Corán.
Para un escritor no es algo insignificante que otros escritores acepten favorablemente el descubrimiento de la belleza artística que él ha realizado. Esta fortuna me ha colmado de alegría. Por ello, doy incontables gracias a Allah, glorificado y exaltado sea.
El uso incorrecto del término «arte»
Aquí no puedo dejar de mencionar otra cuestión. En la actualidad, el término «arte» se está utilizando indebidamente, o bien no se comprenden correctamente su significado y su importancia. En la exégesis del Noble Corán, este término también es interpretado de manera incorrecta.
Reconozco que, cuando hace siete años puse a este libro el título «At-Taswīr al-Fannī fī al-Qurʾān» (La belleza artística en el Corán), solo tenía en mente tratar la belleza de la descripción y la explicación, así como su forma y naturaleza. Jamás se me ocurrió que, al relacionar el arte con el Corán, este se convertiría en algo inventado, basado en la fantasía. La razón es que el extenso estudio que he realizado del Corán no permite aceptar una interpretación de ese tipo.
Quiero decirlo claramente y también lo reconozco: no he aceptado como credo religioso ninguna idea producida por la mente. Sin embargo, la he aceptado porque no había otra alternativa. Comprendo, desde luego, que, aunque respete la conciencia y la razón humanas, mi propia conciencia me ha obligado a no transgredir sus límites: aceptar únicamente sobre la base del conocimiento una afirmación detrás de la cual no hay ninguna prueba ni evidencia.
Me sorprende que el término «arte» se utilice con un significado tan arbitrario y novedoso, sin ninguna prueba válida que lo respalde. Entonces, ¿por qué se hace esto? ¿Acaso no es posible describir hechos reales con los métodos de la ciencia y del arte, de modo que conserven su veracidad y su carácter narrativo?
¿Acaso Homero fundamentó la Ilíada en relatos imaginarios inventados?
¿Acaso las obras de los cuentistas, novelistas y dramaturgos occidentales no contienen ni el menor rastro de verdad?
Por supuesto, incluso un relato falso puede guardar relación con el arte. Pero el arte no se limita a eso. Sin duda, la verdad y el significado poseen la capacidad de ser presentados de manera plenamente artística. No hace falta esforzarse demasiado para comprenderlo. Solo hay que librarse de la servidumbre mental hacia Occidente y prestar profunda atención al aspecto práctico del uso del lenguaje.
La libertad de pensamiento y de visión no significa que el ser humano pueda decir lo que quiera y hacer cuanto le plazca. Queremos examinar el Corán desde una perspectiva histórica, teniendo en cuenta la sacralidad de la religión. Así se hará evidente ante nosotros que, en todo el universo creado, no existe ningún libro que contenga tantos testimonios históricos de la historia humana y tantos elementos para el análisis científico como los que contiene la parte histórica del Corán.
La veracidad de las afirmaciones del Corán
Solo disponemos de dos medios para verificar la exactitud de los acontecimientos relatados en el Corán. Ninguno de ellos es irrefutable. Además, carecen de la fuerza probatoria que se encuentra en el Corán.
Uno de los dos medios mencionados son las pruebas y los datos históricos. Si el Corán se evalúa únicamente como un libro histórico, sin considerarlo desde la perspectiva de su sacralidad religiosa, se verá que, desde el punto de vista científico, su rango es superior al de todos los libros de historia del mundo. El relator de este libro es Muhammad ibn Abdullah —que Allah lo bendiga y le conceda la paz—. Incluso sus enemigos antiguos y modernos se han visto obligados a reconocer, al hablar de su personalidad, que era un hombre sumamente veraz.
Solo puede discrepar de esto quien persiste en calumniar a los demás. La recopilación y disposición del Noble Corán se realizaron con tal sabiduría que no dejan lugar para encontrar defectos ni señalar con el dedo. Todos se han visto obligados a reconocerlo.
El análisis científico que aparece en el Corán no se encuentra fácilmente en ningún otro libro, ya sea un libro sagrado o cualquiera de los demás Libros celestiales de la historia, que con el paso del tiempo han sufrido cambios y ampliaciones. Ningún otro libro nos ha llegado en un estado protegido como el Corán, que llegó hasta nosotros gradualmente. En cuanto a los libros de historia, siempre queda lugar para la duda y la sospecha. Entre todos los libros de historia existentes en la sociedad humana, no hay uno solo cuyos datos y fuentes puedan considerarse completamente seguros.
Por esta razón, tampoco resulta aceptable para la razón y la lógica valorar la parte histórica del Corán según el criterio de una historia ordinaria, especialmente comparándola con una historia que no es auténtica.
El segundo medio es el conocimiento y la razón. Quiero afirmar clara y categóricamente que el conocimiento y la razón humanos son dignos de confianza y aceptables hasta cierto límite. No lo digo basándome en la religión, sino en el pensamiento y la investigación. Cuando la razón y la conciencia humanas pretenden haberlo comprendido todo y que nada queda fuera de su conocimiento, ellas mismas destruyen su honor y dignidad. La razón ni siquiera sabe qué es ella misma. Entonces, ¿cómo podrá comprender las cuestiones abstractas de las concepciones mentales? Esto no significa que niegue la importancia de la razón, la conciencia y la libertad humanas. Solo quiero decir que a la razón y al pensamiento humanos se les debe conceder el grado de respeto que les corresponde.
Aunque los grupos religiosos de Europa vivían en un mundo materialista, no gustaban de expresar opiniones independientes en los debates intelectuales. La consecuencia fue que surgió una hostilidad entre los intelectuales y los grupos religiosos. Por eso no queremos limitar esta cuestión únicamente al islam primitivo. Pues la expresión de semejante pensamiento y perspectiva independientes acabará ejerciendo influencia sobre otros sin ninguna prueba, algo que podemos llamar el taklid censurable o la imitación ciega. De ello se entiende que la libertad de pensamiento es una vía de amistad. Gracias a esa amistad, seguimos imitando a los demás como monos.
No hay duda de que quienes reflexionaban e investigaban sobre «los acontecimientos del Corán y la imagen del Día del Juicio trazada en el Corán» se encontraron tan obstaculizados como yo. Me preguntaba: ¿las escenas representadas en el Corán ocurrieron realmente de esa manera? ¿O fueron descritas en forma de parábola?
Durante mucho tiempo reflexioné sobre ello, pero no encontré ningún acontecimiento histórico en el que pudiera depositar una fe inquebrantable y compararlo con el Corán; tampoco podía imaginar que un acontecimiento pudiera compararse con el Corán basándose únicamente en conjeturas. En aquel entonces tampoco había ningún creyente que me prohibiera hablar abiertamente con él sobre asuntos religiosos. Por otra parte, podía comprender al menos esto: que nadie pudiera descartar mis palabras alegando que se basaban en una mentira.
Si alguien encuentra una verdad que pueda compararse con el Corán, estoy dispuesto a reflexionar sobre sus palabras con serenidad. Pero si, antes de buscar semejante verdad, se declara falsa mi obra debido a una perspectiva sin fundamento, eso será una muestra de poca inteligencia, cualquiera que sea el valor de mi obra desde el punto de vista religioso.
A la luz de la terminología coránica, se denomina «arte» la singularidad de la expresión, la belleza de la explicación y el análisis, y la fuerza de la descripción. Ninguna de estas cosas pretende que sus fundamentos sean únicamente pensamientos e imaginaciones ilusorios ni que puedan establecerse sobre esa base. Sin embargo, la condición es que la persona posea firmeza, comprensión y percepción adecuadas.
Apéndice-2
Orden de revelación de las suras del Corán
| Nombre de la sura | Orden de revelación | Orden de recopilación |
| Sura Al-‘Alaq / Sura Iqra bi-ismi | 01 | 96 |
| Sura Al-Muzzammil | 02 | 73 |
| Sura Al-Muddassir | 03 | 74 |
| Sura Al-Qalam | 04 | 68 |
| Sura Al-Fatiha/As-Sab’ul Mathani | 05 | 01 |
| Sura Lahab/ Sura Masa | 06 | 111 |
| Sura At-Takwir | 07 | 81 |
| Sura Al-A‘la | 08 | 87 |
| Sura Al-Layl | 09 | 92 |
| Sura Al-Fajr | 10 | 89 |
| Sura Ad-Duha | 11 | 93 |
| Sura Inshirah / Sura Alam Nashrah / Sura Ash-Sharh | 12 | 94 |
| Sura al-Ra | 13 | 103 |
| Sura al-Adiyat | 14 | 100 |
| Sura Al-Kawzar | 15 | 108 |
| Sura At-Takazur | 16 | 102 |
| Sura Al-Maún | 17 | 107 |
| Sura Al-Kafirun | 18 | 109 |
| Sura Al-Fil | 19 | 105 |
| Sura Al-Falaq | 20 | 113 |
| Sura An-Nas | 21 | 114 |
| Sura Al-Ikhlas | 22 | 112 |
| Sura Abasa | 24 | 80 |
| Sura al-Qadr | 25 | ঙ97 |
| Sura ash-Shass | 27 | 85 |
| Sura At-Tin | 28 | 95 |
| Sura Quraysh | 29 | 106 |
| Sura Al-Qaria | 30 | 101 |
| Sura Al-Qiyamah | 31 | 75 |
| Sura Al-Humaza | 32 | 104 |
| Sura Al-Mursalat | 33 | 77 |
| Sura Qaf | 34 | 50 |
| Sura Al-Balad | 35 | 90 |
| Sura At-Táriq | 36 | 86 |
| Sura Al-Qamar | 37 | 54 |
| Sura Sad | 38 | 38 |
| Sura Al-A’raf | 39 | 07 |
| Sura Al-Yinn | 40 | 72 |
| Sura Ya Sin | 41 | 36 |
| Sura Al-Furqan | 42 | 25 |
| Sura Fátir | 43 | 35 |
| Sura Maryam | 44 | 19 |
| Sura Ta-Ha | 45 | 20 |
| Sura Al-Waqi’a | 46 | 56 |
| Sura Ash-Shu’ara | 47 | 26 |
| Sura An-Naml | 48 | 27 |
| Sura al-Qasas | 49 | 28 |
| Sura Bani Israil/Sura Isra | 50 | 17 |
| Sura Yunus | 51 | 10 |
| Sura Hud | 52 | 11 |
| Sura Yusuf | 53 | 12 |
| Sura Al-Hiyr | 54 | 15 |
| Sura Al-An’am | 55 | 05 |
| Sura As-Saffat | 56 | 37 |
| Sura Luqmán | 57 | 31 |
| Sura as-Saba | 58 | 34 |
| Sura az-Zumar | 59 | 39 |
| Sura Al-Mumin/Sura Gafir | 60 | 40 |
| Sura Ha-Mim as-Sajda/Sura Fussilat | 61 | 41 |
| Sura ash-Shura | 62 | 42 |
| Sura Az-Zujruf | 63 | 43 |
| Sura Ad-Duján | 64 | 44 |
| Sura Al-Yathiya | 65 | 45 |
| Sura Al-Ahqaf | 66 | 46 |
| Sura Adh-Dhariyat | 67 | 51 |
| Sura Al-Ghashiyah | 68 | 88 |
| Sura Al-Kahf | 69 | 18 |
| Sura An-Nahl | 70 | 14 |
| Sura Nuh | 71 | 71 |
| Sura Ibrahim | 72 | 14 |
| Sura Al-Anbiya | 73 | 21 |
| Sura Al-Mu’minun | 74 | 23 |
| Sura As-Sajdah | 75 | 32 |
| Sura At-Tur | 76 | 52 |
| Sura Al-Mulk | 77 | 67 |
| Sura Al-Haqqah | 78 | 69 |
| Sura Al-Ma’arij | 79 | 70 |
| Sura An-Naba | 80 | 78 |
| Sura An-Nazi’at | 81 | 79 |
| Sura Al-Infitar | 82 | 82 |
| Sura Al-Inshiqaq | 83 | 84 |
| Sura Ar-Rum | 84 | 30 |
| Sura Al-Ankabut | 85 | 29 |
| Sura Al-Mutaffifin | 86 | 83 |
| Sura Al-Báqara | 87 | 02 |
| Sura Al-Anfal | 88 | 08 |
| Sura Al Imran | 89 | 03 |
| Sura Al-Ahzab | 90 | 33 |
| Sura Al-Mumtahina | 91 | 60 |
| Sura An-Nisa | 92 | 04 |
| Sura Az-Zalzalah | 93 | 99 |
| Sura Al-Hadid | 94 | 57 |
| Sura Muhammad / Sura Qital | 95 | 47 |
| Sura ar-Ra‘d | 96 | 13 |
| Sura Ar-Rahman | 97 | 55 |
| Sura Ad-Dahr/Sura Al-Insan | 98 | 76 |
| Sura At-Talaq | 99 | 65 |
| Sura Al-Báyyina | 100 | 98 |
| Sura Al-Hashr | 101 | 59 |
| Sura An-Nur | 102 | 34 |
| Sura Al-Hajj | 103 | 22 |
| Sura Al-Munafiqun | 104 | 63 |
| Sura al-Muyádala | 105 | 58 |
| Sura al-Huyurat | 106 | 49 |
| Sura at-Tahrim | 107 | 66 |
| Sura At-Tagabun | 108 | 64 |
| Sura As-Saff | 109 | 61 |
| Sura Al-Yumu’a | 110 | 62 |
| Sura Al-Fath | 111 | 48 |
| Sura Al-Maida | 112 | 05 |
| Sura At-Tawba / Sura Bara’at | 113 | 09 |
| Sura An-Nasr | 114 | 110 |