Introducción

La modestia de carácter y la ternura de corazón son dos grandes cualidades de una persona virtuosa. Solo quien posee tales cualidades es capaz de aceptar toda clase de consejos, enseñanzas morales, educación, verdad y orientación hacia el camino recto. Los pétalos de una flor se inclinan ante el movimiento silencioso de la suave brisa matutina; pero un viento huracanado no puede inclinar ni un ápice a un árbol de tronco fuerte. La mirada atraviesa un espejo; pero ni siquiera una flecha de piedra con filo agudo puede producir efecto alguno. El ser humano se encuentra exactamente en la misma situación. Quien tiene un carácter amable y un corazón tierno acepta cada llamado de la verdad; pero ni siquiera los grandes milagros producen efecto alguno en una persona de corazón endurecido y temperamento áspero. Pueden encontrarse por todas partes ejemplos dispersos de este tipo de diferencia. Sin embargo, toda la historia de la propagación del islam está llena de ejemplos semejantes.

Conocemos los nombres de muchos desdichados entre los incrédulos que, pese a miles de esfuerzos, no se postraron ante Allah, el Señor de los mundos. Pero entre los nobles Compañeros hubo miles de venerables que, en cuanto escucharon la voz del monoteísmo, entraron en el recinto del islam. Las Compañeras, es decir, las mujeres Compañeras, también comparten esta dignidad junto con los Compañeros.

No solo la comparten, sino que en algunos aspectos incluso se adelantaron a los hombres. Sin ningún tipo de persuasión, gestión ni coacción, Jadiya (r. a.) aceptó el islam y se postró ante Allah, el Señor de los mundos. El Noble Mensajero (s. a. s.) dijo:

«El lunes recibí la profecía, y Jadiya realizó la oración al final de ese día. Alí rezó al día siguiente, martes. Después, Zayd ibn Hariza y Abu Bakr se unieron a la oración».

Las palabras del Mensajero de Allah (s. a. s.) demuestran que, el primer día en que salió el sol de la misión profética, la luz que proyectó sobre el horizonte de este mundo penetró en el corazón radiante de una mujer de corazón tierno y alma pura.

En los comienzos del islam, para proclamarlo se necesitaban más valor, intrepidez y firmeza de ánimo que para aceptarlo. A pesar de los obstáculos, la oposición, la injusticia y la persecución de los incrédulos, las mujeres Compañeras, al igual que los hombres Compañeros, declararon que habían aceptado el islam con el máximo valor y determinación.

Las mujeres Compañeras no solo aceptaron el islam con gran facilidad, sino que también lo propagaron con absoluta soltura. En el capítulo sobre el tayammum de Sahih al-Bujari se relata que, durante una expedición, los nobles Compañeros capturaron a una mujer y la llevaron ante el Mensajero de Allah (s. a. s.). Ella tenía un odre lleno de agua. Los nobles Compañeros la habían capturado porque necesitaban agua. El Mensajero de Allah (s. a. s.) tomó su agua, pero pagó su precio. Conmovida por la honestidad del Mensajero de Allah (s. a. s.), la mujer creyó, y gracias a su influencia toda su tribu se hizo musulmana. Umm Shuraik (r. a.) aceptó el islam en la primera etapa en La Meca. Después de aceptar el islam, comprendió que era su deber ineludible presentar también a los demás la verdad que había encontrado. Iba a distintas casas de La Meca y transmitía la invitación al islam a las mujeres. Cuando el asunto se hizo público, los crueles miembros de Quraysh la capturaron y la entregaron a los miembros de su tribu. A manos de ellos sufrió una persecución indescriptible. Finalmente, por medio de ella, su tribu aceptó el islam.

Las compañeras del Profeta también soportaron, junto con los compañeros varones, sufrimientos y persecuciones indescriptibles. Sumayya (que Allah esté complacido con ella) abrazó el islam. Los incrédulos de La Meca la sometieron a toda clase de torturas. La vestían con una armadura de hierro y la dejaban de pie bajo el sol del mediodía, sobre la arena ardiente de La Meca. Aun así, permanecía firme en el islam. Un día, al mediodía, la vistieron con una armadura de hierro y la tendieron boca abajo sobre la arena abrasadora. En ese momento, el Mensajero (que Allah le bendiga y le conceda paz) pasaba por allí. Al dirigirse a Sumayya (que Allah esté complacido con ella), le dijo: «Ten paciencia; el Paraíso será tu morada». Los incrédulos no se dieron por satisfechos pese a todas esas torturas. Finalmente, Abu Yahl la atravesó con una lanza y la convirtió en mártir.

La hermana de ʿUmar (que Allah esté complacido con él) abrazó el islam. Cuando él se enteró, la golpeó tan despiadadamente que todo su cuerpo quedó bañado en sangre. A pesar de ello, ella no vaciló ni un instante. Le dijo claramente a ʿUmar (que Allah esté complacido con él): «Haz lo que quieras; ya he abrazado el islam». Debido a su conversión al islam, ʿUmar (que Allah esté complacido con él) solía golpear a la esclava Lubayna (que Allah esté complacido con ella) hasta cansarse y detenerse. Entonces decía: «No me he detenido por compasión ni piedad hacia ti; me he detenido porque estoy cansado». Pero Lubayna (que Allah esté complacido con ella) no era de las que se rendían. Ella decía: «Si no abrazas el islam, Allah también te castigará así». [Ansab al-Ashraf, 1/197; Ibn Hayar dice que el nombre de esta compañera era Labiba y que su sobrenombre era Umm ʿUways. (Al-Isaba, 4/399, 375)

] Del mismo modo, también sometían a una cruel tortura a Zinnira (la esclava de la esposa). A Umm Shurayk (que Allah esté complacido con ella) le daban de comer pan y miel y luego la dejaban bajo el intenso sol del mediodía, sobre la arena ardiente. Su pecho se resecaba de sed y suplicaba por una sola gota de agua, pero no le daban nada.

Cuando los compañeros varones abrazaron la fe, todos sus vínculos de parentesco con los incrédulos quedaron rotos. Sin embargo, ello no produjo la menor disminución en la fuerza de su fe. En este aspecto, la situación de las compañeras del Profeta era más delicada que la de los compañeros varones. Aunque toda persona necesita la ayuda y el apoyo de sus parientes y amigos, toda la dependencia de la vida de una mujer se construye en torno a su esposo. En ninguna circunstancia de la vida puede desenvolverse sin depender de él. Un padre puede romper sus relaciones con su hijo, y un hijo con su padre, y continuar viviendo. Pero una mujer, al separarse de su esposo, queda completamente desamparada. A pesar de ello, las compañeras del Profeta rompieron incluso una relación tan delicada y se separaron para siempre de sus esposos incrédulos. Por eso, después del Tratado de Hudaybiyya, cuando fue revelado este versículo —(árabe***********) [sura Al-Mumtahana, 10] («No mantengáis relaciones conyugales con las mujeres incrédulas»)—, las mujeres compañeras dejaron a sus esposos incrédulos, emigraron a Medina y, por ello, ʿAisha (que Allah esté complacido con ella) dijo: [Bujari: Libro de las condiciones; mención del tratado de Hudaybiyya. (siete páginas)]

«No conocemos a ninguna mujer emigrada que, después de creer, se haya apostatado». En el caso de los hombres, existen ejemplos de apostasía.

Los incrédulos imponían diversos castigos a las compañeras del Profeta. Sin embargo, de boca de ninguna de ellas salió jamás palabra alguna de politeísmo; solo pronunciaban la kalima del tawhid. Umm Shurayk (que Allah esté complacido con ella) abrazó la fe. Sus parientes la llevaron y la dejaron de pie bajo el intenso sol. Mientras ardía por el calor del sol, le daban con el pan algo caliente, semejante a la miel, para comer. No le permitían beber agua. Cuando habían transcurrido tres días en ese estado, los opresores le dijeron: «Abandona la religión que profesas». Ella había perdido tanto sus facultades que no pudo comprender el significado de sus palabras. Cuando ellos señalaron hacia el cielo con el dedo para hacerle entender que debía negar el tawhid, es decir, la unicidad de Allah, ella pronunció: «¡Juro por Allah que todavía permanezco firme en esa misma creencia!». [Tabaqat, 8/154; Nisa Hawla ar-Rasul, 0245]

En todos los países y épocas, las mujeres generalmente se aferran firmemente a las antiguas costumbres, tradiciones, creencias y supersticiones establecidas. Además, como las ideas y creencias politeístas habían estado arraigadas y establecidas durante mucho tiempo en Arabia, habían quedado profundamente grabadas en el corazón de la gente. Pero, al abrazar el islam, las compañeras del Profeta rechazaron con gran firmeza todas las creencias y supersticiones vigentes. Los árabes creían que, si alguien hablaba de los defectos de un ídolo, contraería una enfermedad grave. Por eso, cuando Zinnira (que Allah esté complacido con ella) quedó ciega después de abrazar el islam, los incrédulos comenzaron a decir que Lat y ʿUzza la habían dejado ciega. Al oírlo, ella declaró claramente: «Lat y ʿUzza no tienen poder alguno sobre sus adoradores. Todo lo que me ha sucedido proviene de Allah». [Usd al-Gaba, tomo 5 (Zinnira)]

En la época de la ignorancia, los árabes dejaban una navaja debajo de la cama de los niños. Creían que así los pequeños estarían a salvo de la influencia de los fantasmas y los demonios. Una vez, ʿAisha (que Allah esté complacido con ella) vio una navaja en la cama de un niño y pidió que se dejara de hacer aquello. Dijo que al Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) no le gustaban en absoluto ese tipo de supersticiones. [Adab al-Mufrad: capítulo sobre los augurios]

En Arabia, el principal instrumento y centro del politeísmo eran los ídolos. En cada casa, e incluso en cada habitación, había ídolos. Sin embargo, después de aceptar el islam, las mujeres Compañeras manifestaron en todo momento y en cada oportunidad su rechazo a los ídolos. Hind bint Utba (que Allah esté complacido con ella), después de abrazar la fe, destrozó el ídolo que había en su casa. Luego, dirigiéndose al ídolo, dijo: «Nos encontrábamos en un gran engaño respecto a ti». [Ṭabaqāt, vol. 8 (Hind bint Utba)]

Cuando el famoso Compañero Abū Ṭalḥa (que Allah esté complacido con él) le propuso matrimonio a Umm Sulaym (que Allah esté complacido con ella), ella dijo: «Abū Ṭalḥa, ¿sabes que aquello que adoras como dios es un ídolo hecho de madera? El árbol nació en la tierra y cierto esclavo abisinio lo cortó y fabricó con él un ídolo». Abū Ṭalḥa dijo: «Lo sé». Umm Sulaym dijo: «Entonces, ¿no te avergüenzas de adorarlo?». Umm Sulaym (que Allah esté complacido con ella) no aceptó casarse con él mientras Abū Ṭalḥa no abandonara la idolatría y pronunciara la profesión de la unicidad divina. [Ṭabaqāt, vol. 8 (Umm Sulaym)]

Estas dignas mujeres de la primera época del islam educaron a sus hijos de tal manera que la gente del mundo contempla sus obras con asombro y admiración. Difundieron el islam por todo el mundo y ofrecieron ejemplos en el establecimiento del califato, la administración del Estado, la instauración de la justicia social y la introducción de un sistema económico equilibrado; en suma, en los ámbitos individual, social y estatal, presentaron ejemplos que aún hoy dejan a la gente maravillada. Entre ellas se encuentran Asmāʾ bint Abī Bakr y su hijo ʿAbdullāh ibn az-Zubayr; Fāṭima bint Asad y su hijo ʿAlī (que Allah esté complacido con él); an-Nawwār bint Mālik y su hijo Zayd ibn Thābit; Ṣafiyya bint ʿAbd al-Muṭṭalib y su hijo Jaʿfar; Umm Ayman y su hijo Usāma (que Allah esté complacido con él), además de muchas otras.

Estas nobles mujeres también cumplieron en aquella época con la responsabilidad de ordenar el bien y prohibir el mal (al-amr bi-l-maʿrūf wa-n-nahy ʿani-l-munkar).

En materia de educación, las mujeres tampoco quedaron rezagadas respecto a los hombres. Se conocen los nombres de innumerables Compañeros varones eruditos; pero el número de mujeres tampoco es reducido. De los siete Compañeros que narraron el mayor número de hadices, la séptima era una mujer: la Madre de los Creyentes ʿĀʾisha (que Allah esté complacido con ella). En la explicación y análisis del Corán, así como en la deducción de las normas jurídicas de la sharía y en el iŷtihād, las mujeres demostraron una competencia igual a la de los hombres.

El islam ordenó tratar por igual en la sociedad a las personas de todas las clases, y no fueron únicamente los hombres quienes intentaron llevar esta enseñanza a la práctica; las mujeres también se esforzaron por aplicarla. En la batalla de Uhud, la tía paterna de Ḥamza (que Allah esté complacido con él) llevó dos piezas de tela para amortajar a su hermano. Vio que junto al cadáver de Ḥamza (que Allah esté complacido con él) yacía desnudo el cuerpo de otro hombre de los Anṣār. El valor que el islam había inculcado en Ṣafiyya no le permitió ignorar el cadáver desnudo de aquel hombre de los Anṣār. Decidió donar una de las telas para amortajarlo. Pero ¿cuál entregaría? Lo determinó mediante un sorteo. Así se convirtió en un símbolo de equidad e igualdad. [Al-Mufaṣṣal fī Aḥkām al-Marʾa wa-l-Bayt al-Muslim, 4/3358, 359; Al-Istīʿāb, 4/335]

¿Acaso fueron únicamente los hombres quienes entregaron generosamente sus riquezas al servicio del islam? No, no fue así. Conocemos las donaciones de Abū Bakr (que Allah esté complacido con él), ʿUthmān (que Allah esté complacido con él) y otros. Pero ¿cómo podríamos olvidar la inmensa riqueza que la Madre de los Creyentes Jadiya (que Allah esté complacido con ella) puso en manos del Mensajero de Allah (que Allah lo bendiga y le conceda paz)? Un día, en Medina, el Mensajero (que Allah lo bendiga y le conceda paz) habló en una reunión del ʿīd sobre la importancia de dar caridad y hacer donaciones. También había mujeres presentes. Se quitaron de las manos sus brazaletes, de sus orejas sus pendientes, de sus cuellos sus collares y de sus dedos sus anillos, y los entregaron en manos del Noble Mensajero (que Allah lo bendiga y le conceda paz). Asmāʾ tenía una sola esclava. La vendió y donó todo el dinero por la causa de Allah. La Madre de los Creyentes Zaynab bint Jaḥsh (que Allah esté complacido con ella) curtía pieles con sus propias manos y distribuía entre los pobres y necesitados el dinero obtenido de su venta.

También se observa la presencia de algunas mujeres Compañeras en el campo de batalla. Participaron en las guerras tanto de manera indirecta como directa.

Safiyya (que Allah esté complacido con ella) llegó a cortar la cabeza de un judío y arrojarla. Entre estas heroínas también brilla el nombre de Umm Sulaym (que Allah esté complacido con ella). Durante la batalla de Hunayn, Umm Sulaym (que Allah esté complacido con ella) estaba de pie con una daga en la mano. El Mensajero (que Allah le bendiga y le conceda paz) le preguntó: «¿Qué harás con esa daga?». Ella respondió: «Mataré a los enemigos».

El īthār, es decir, dar prioridad a las necesidades de los demás sobre las propias, es reconocido por las personas de todas las épocas como la virtud moral más elevada. No es fácil adquirir esta virtud. Entre los Compañeros varones observamos ampliamente su desarrollo. En el momento final de su vida, un hombre hace una señal para que den un sorbo de agua a otro hermano herido que está a su lado; este, a su vez, hace una señal para que se lo den a otro. Así, el vaso de agua pasa por las manos de tres hombres y, cuando vuelve al primero, se descubre que ya ha muerto. Del mismo modo, los otros dos mueren sucesivamente. Cada uno de los tres dio prioridad a la vida de los demás sobre la suya propia. Este es un ejemplo de la vida de los Compañeros varones.

Sin embargo, las Compañeras tampoco se quedaron atrás en este aspecto. Esta virtud también se desarrolló ampliamente entre ellas. Un día, Aisha (que Allah esté complacido con ella) estaba ayunando. En la casa solo había un trozo de pan para romper el ayuno. Antes del iftar, llegó una mujer necesitada y pidió algo de comer. Ella pidió a la esclava que le diera el trozo de pan. La esclava dijo: «¿Cómo romperá usted el ayuno?». Ella respondió: «Dale el trozo de pan; del iftar ya nos ocuparemos después».

Un día, el Mensajero (que Allah le bendiga y le conceda paz) dijo: «Allah será misericordioso con quien lleve a este hombre a su casa como huésped esta noche». Abu Talha (que Allah esté complacido con él) lo llevó consigo a casa. Ese día no había allí comida adicional aparte de la destinada a los niños pequeños. Por ello, su esposa, Umm Sulaym (que Allah esté complacido con ella), entretuvo a los niños hasta que se durmieron. Después, presentó ante el huésped la poca comida que había. Con el pretexto de hacer algo, apagaron la luz y se sentaron fingiendo comer, aunque en realidad no comían, mientras el huésped, sin darse cuenta, comió hasta saciarse.

Estas Compañeras no temían las miradas amenazantes ni las intimidaciones de nadie al decir la verdad. Cuando Muawiya (que Allah esté complacido con él), fundador del califato omeya, fue a visitar a Aisha (que Allah esté complacido con ella), ella lo reprendió por algunas de sus acciones. Cuando Hajjaj ibn Yusuf, el tiránico asesino de Abd Allah ibn al-Zubayr (que Allah esté complacido con él), fue a visitar a Asma (que Allah esté complacido con ella), ella lo censuró con palabras muy severas. Incluso lo calificó de mentiroso y de Dajjal. Una noche, el poderoso califa omeya Abd al-Malik maldijo a uno de sus sirvientes por una falta. Casualmente, esa noche la célebre Compañera Umm al-Darda (que Allah esté complacido con ella) se encontraba en el palacio del califa. Por la mañana, llamó al califa y le dijo: «Anoche maldijiste al sirviente, aunque el Mensajero (que Allah le bendiga y le conceda paz) prohibió estrictamente maldecir a nadie». El califa se avergonzó.

Si examinamos de este modo cada aspecto de sus vidas, queda claro que las Compañeras avanzaron al mismo nivel que los hombres en todos los ámbitos de la vida, compitiendo con ellos. En el sexto volumen de La vida de los Compañeros del Mensajero, hemos intentado presentar estos diversos aspectos de sus vidas.

Debemos recordar algo: la vida islámica de muchos de los nobles Compañeros, tanto hombres como mujeres, fue muy breve. La mayor parte de sus vidas transcurrió en la época de la ignorancia. Por ello, no se dispone de una historia completa de sus vidas. Ni siquiera se conoce el cuadro completo de la vida preislámica de Umar (que Allah esté complacido con él), el extraordinario héroe de la historia de la humanidad, salvo por uno o dos episodios. En ese caso, es fácil imaginar cuánto se puede saber de la vida preislámica de los demás.

En realidad, no hemos podido escribir una historia completa de la vida de las Compañeras, porque no disponemos de esa información. Lo que hemos hecho puede considerarse un retrato fragmentario de sus vidas. Sin embargo, estos retratos son como destellos de luz. Nuestro esfuerzo tiene como objetivo que, generación tras generación, las mujeres musulmanas puedan tomar la vida de las Compañeras como modelo y seguirlas. Si los lectores y las lectoras obtienen algún pequeño beneficio de este escrito, nuestro esfuerzo habrá valido la pena.

Hay otra cuestión que no puede dejar de mencionarse: el proyecto de escribir la vida de los Compañeros del Mensajero de Allah fue, en realidad, del profesor A. K. M. Nazir Ahmad, director del Centro Islámico de Bangladesh. Hace varios años, él me animó a escribir sobre este tema. Desde que comencé, ha seguido colaborando conmigo de diversas maneras en cada etapa hasta el día de hoy. Suplico a Allah Altísimo que le conceda la mejor recompensa por ello.

Finalmente, ruego humildemente a los lectores y lectoras que, si advierten algún error o defecto, se lo comuniquen al autor. ¡Que Allah Altísimo nos conceda a todos la capacidad de obrar conforme a Su voluntad! ¡Amén!

23 de diciembre de 2004

Muhammad Abdul Mabud

Profesor

Árabe, Universidad de Daca

Zaynab, hija del Mensajero de Allah ((que Allah le bendiga y le conceda paz))


La noble Zaynab (que Allah esté complacido con ella), hija de Muhammad, el Mensajero de Allah —que Allah le bendiga y le conceda paz—, fue quien alcanzó el martirio por la causa de Allah. La Madre de los Creyentes, la honorable Aisha (que Allah esté complacido con ella), narró acerca de ella las siguientes palabras del Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz): [Hayatus Sahaba, 1/372] (en árabe*******)

«Era mi mejor hija. Tuvo que sufrir precisamente por amarme.»

La honorable madre de Zaynab (que Allah esté complacido con ella) fue la Madre de los Creyentes, Jadiya al-Kubra (que Allah esté complacido con ella). Ella tuvo el honor incomparable de ser la primera en creer en la misión profética de Muhammad (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él). Su grandeza y dignidad son tan inmensas que, entre las comunidades anteriores, solo son comparables con las de María (que la paz sea con ella).

El imán al-Dhahabí dijo: Siyar A‘lam al-Nubalá, 2/246.

«Zaynab era hija del Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) y la mayor de sus nobles hermanas emigradas.»

Abu ‘Amr afirma que no hay discrepancia alguna en que Zaynab (que Allah esté complacido con ella) era la mayor de las hijas de su padre. Quienes sostienen una opinión diferente están equivocados, y no hay razón para prestar atención a su afirmación. La discrepancia existe, sin embargo, respecto a si Zaynab fue la primera hija del Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) o si lo fue Qasim. Según un grupo de genealogistas, al-Qasim fue el primero y Zaynab la segunda. Ibn al-Kalbí afirmó que Zaynab (que Allah esté complacido con ella) fue la primogénita. Según Ibn Sa‘d, Zaynab (que Allah esté complacido con ella) era la mayor de las hijas. Ibn Hisham ordenó así a los hijos del Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él): al-Sira al-Nabawiyya, 1/190.

«El hijo mayor del Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) fue al-Qasim; después, respectivamente, al-Tayyib y al-Tahir. Y su hija mayor fue Ruqayya; después, respectivamente, Zaynab, Umm Kulzum y Fátima.»

Zaynab (que Allah esté complacido con ella) nació diez años antes de que su padre, Muhammad (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él), recibiera la profecía. En aquel momento, el noble Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) tenía treinta años y su madre, Jadiya (que Allah esté complacido con ella), cuarenta y cinco. No se dispone de mucha información sobre la infancia de Zaynab (que Allah esté complacido con ella). Esa etapa de su vida ha permanecido completamente en la oscuridad. Lo poco que se conoce de su vida comienza con su matrimonio.

Entre las hijas del Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él), Zaynab (que Allah esté complacido con ella) fue la primera en casarse, a una edad temprana. En aquel entonces, su padre, Muhammad (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él), aún no era profeta. 5 El imán al-Dhahabí no pudo aceptar esta opinión. Dijo: Tabacat, 8/30-31.

‘Ibn Sa‘d menciona que Abu al-‘As se casó con Zaynab antes de la profecía. Esto es algo inverosímil.’

En cualquier caso, su esposo, Abu al-‘As ibn al-Rabi‘ ibn ‘Abd al-‘Uzza, era primo materno de Zaynab: era hijo de Hala bint Juwaylid, hermana menor de la madre, Jadiya (ra). [Siyar A‘lam al-Nubala, 2/246]

Entre todos los regalos que sus padres le dieron a su hija con motivo de su boda había también un collar de ágata yemení. Se lo había dado su madre, Jadiya (ra). [Tabaqat, 8/31]

Su padre, Muhammad (s.a.w.), recibió la revelación y se convirtió en profeta. Su hija Zaynab (ra) abrazó el islam junto con su madre. Su esposo, Abu al-‘As, aún no había aceptado el islam. El Mensajero de Allah (s.a.w.) emigró a Medina. Más tarde, Zaynab (ra) emigró a Medina, dejando a su esposo en La Meca en estado de politeísmo. [Ibíd., 8/32]

El Mensajero de Allah (s.a.w.) elogiaba con frecuencia la profunda relación y la conducta honorable entre Zaynab (ra) y Abu al-‘As. [Sunan Abi Dawud, 1/222]

Puesto que Abu al-‘As se mantenía firme en el politeísmo, de acuerdo con la ley islámica lo correcto habría sido separar a los esposos. Sin embargo, en aquel momento el Mensajero (s.a.w.) carecía de poder en La Meca. La fuerza islámica aún no era sólida. Además, la ola de opresión y persecución de los incrédulos avanzaba con gran ímpetu. Por otro lado, la difusión y expansión del islam se encontraba todavía en una etapa lenta y初ordial. Por todas estas razones, el Mensajero (s.a.w.) consideró conveniente no separar a los esposos.

Abu al-‘As amaba muchísimo a su esposa Zaynab (ra) y también la respetaba. Pero de ningún modo estuvo dispuesto a abandonar la religión de sus antepasados y aceptar la nueva fe de su amada esposa. Así continuaron las cosas. Mientras tanto, comenzó un grave conflicto y enfrentamiento entre el Mensajero de Allah (s.a.w.) y los quraysh. Los quraysh se dijeron entre sí:

‘¡Que perezcáis! Os habéis casado con las hijas de Muhammad y habéis cargado sobre vuestros hombros sus preocupaciones. Si devolvierais a esas muchachas a su padre, él os dejaría en paz y se ocuparía únicamente de ellas.’ Muchos de ellos apoyaron estas palabras y dijeron: ‘¡Este es un razonamiento excelente!’ Se dirigieron en grupo a Abu al-‘As y le dijeron: ‘Abu al-‘As, divorcia a tu esposa y envíala con su padre. A cambio, te casaremos con la mujer qurayshí que elijas.’ Abu al-‘As respondió: ‘¡Por Allah! No, eso no sucederá. No puedo abandonar a mi esposa. Aunque me entregaran a todas las demás mujeres en su lugar, no lo aceptaría.’ Por esta razón, el Mensajero (s.a.w.) valoraba mucho su vínculo familiar y lo elogiaba. [Tarikh al-Tabari, 3/136; Ibn Hisham, al-Sira, 1/652]

Hazrat Zaynab (r.a.) amaba profundamente a su esposo, Abu al-As. La intensidad de su amor y sacrificio por su esposo quedó claramente de manifiesto en el siguiente episodio:

En el decimotercer año de la Profecía, el Mensajero de Allah (s.a.w.) emigró de La Meca a Medina. Hazrat Zaynab (r.a.) permaneció en La Meca con su esposo. [Ansab al-Ashraf, 1/269] Comenzaron los enfrentamientos militares entre los musulmanes de Medina y los qurayshíes. Los qurayshíes se reunieron en Badr con el propósito de combatir contra los musulmanes. Aunque no lo deseaba en absoluto, Abu al-As marchó a Badr con los qurayshíes, pues, dada su posición entre ellos, no tenía otra opción. En Badr, los qurayshíes sufrieron una derrota desastrosa. Varios de sus líderes murieron y muchos combatientes fueron hechos prisioneros, mientras que los demás huyeron para salvar la vida. ¡Qué cruel ironía del destino! Entre aquellos prisioneros se encontraba Abu al-As, yerno del Mensajero de Allah (s.a.w.) y esposo de Hazrat Zaynab (r.a.). Ibn Ishaq dice que fue hecho prisionero por Hazrat Abd Allah ibn Zubayr ibn al-Nu’man (r.a.). Sin embargo, según al-Waqidi, fue capturado por Hazrat Khirash ibn al-Simma (r.a.). [Al-Isaba fi Tamyiz al-Sahaba, 4/122]

Se fijaron rescates de entre mil y cuatro mil dírhams, según la posición social de los prisioneros y la diferencia entre ricos y pobres. Los representantes de los prisioneros comenzaron a desplazarse entre La Meca y Medina llevando los rescates establecidos. Hazrat Zaynab (r.a.), hija del Profeta, envió a Medina a una persona con el rescate de su esposo, Abu al-As. Según al-Waqidi, quien llevó a Medina el rescate de Abu al-As fue su hermano Amr ibn al-Rabi. Hazrat Zaynab envió, en lugar de dírhams, un collar como rescate. Su madre, Hazrat Jadiya (r.a.), se lo había regalado con motivo de su boda. Al ver el collar, el Noble Mensajero de Allah (s.a.w.) se entristeció profundamente y cubrió su afligido rostro con un paño fino. La imagen de su amada esposa, habitante del Paraíso, y de su queridísima hija apareció ante sus ojos.

Al cabo de un rato, el Noble Mensajero de Allah (s.a.w.) se dirigió a los compañeros y dijo: «Zaynab ha enviado este collar como rescate por su esposo. Si queréis, podéis liberar a su prisionero y devolverle también el collar». Los compañeros aceptaron. Liberaron a Abu al-As y, al mismo tiempo, le devolvieron el collar que había enviado como rescate. Sin embargo, el Mensajero de Allah (s.a.w.) obtuvo de Abu al-As la promesa de que, al regresar a La Meca, enviaría inmediatamente a Zaynab a Medina.

El Mensajero de Allah (s.a.w.) envió con Abu al-As a Hazrat Zayd ibn Hariza (r.a.) para recoger a Zaynab (r.a.). Le indicó que esperara en un lugar llamado Batn o Yajij y que, cuando Zaynab (r.a.) llegara allí desde La Meca, la llevara consigo a Medina. Cuando Abu al-As llegó a La Meca y Zaynab (r.a.) estaba ocupada preparando el viaje, apareció Hind bint Utba. Al ver los preparativos, dijo: «Hija de Muhammad, ¿vas a ir con tu padre?». Zaynab (r.a.) respondió: «Por el momento no tengo ese propósito, pero en el futuro será lo que Allah quiera». Al comprender la situación, Hind dijo: «Hermana, no hay razón para ocultarlo. Si realmente vas a marcharte y necesitas algo para el camino, dímelo sin reservas; estoy dispuesta a servirte».

Entre las mujeres aún no se había extendido la venenosa hostilidad que se había propagado entre los hombres. Por eso, Hazrat Zaynab (r.a.) dijo: «Lo que Hind dijo lo dijo de corazón. Es decir, si yo hubiera necesitado algo, ciertamente lo habría proporcionado. Pero, considerando las circunstancias de aquel momento, me negué». [Tarij, 1/1247; Ibn Hisham, 1/653-654]

En las obras de la sira se encuentran diversos relatos sobre cómo Hazrat Zaynab (r.a.) llegó de La Meca a Medina. A continuación se mencionan algunos:

Ibn Ishaq dice que, una vez terminados los preparativos del viaje, Kinana ibn Rabi, cuñado de Zaynab (r.a.), llevó un camello y lo dejó preparado. Zaynab se sentó en el palanquín sobre el camello. Kinana se colgó el arco del hombro, tomó en la mano el carcaj de flechas y salió de La Meca a plena luz del día, arreando el camello. Se produjo una gran conmoción entre los qurayshíes. Los persiguieron y capturaron a los dos en el valle de Dhu Tuwa, cerca de La Meca. Encolerizado por la conducta de los qurayshíes, Kinana tomó el arco de su hombro, extendió delante de sí el carcaj de flechas y dijo: «Si alguno de vosotros intenta acercarse a Zaynab, su pecho se convertirá en el blanco de mis flechas». Kinana era un arquero experto. Ninguna flecha que disparaba solía desviarse de su objetivo. Al oír esta amenaza, Abu Sufyan ibn Harb se acercó un poco a él y dijo:

«Sobrino, baja un poco el arco que tienes apuntado hacia nosotros. Queremos hablar contigo». Kinana bajó el arco y dijo: «Digan lo que quieran decir». Abu Sufyan dijo:

«Lo que has hecho no está bien. Has salido abiertamente, a plena luz del día y delante de la gente, llevando a Zaynab, mientras nosotros nos quedábamos sentados mirando. Todo el mundo en Arabia sabe qué desgracia sufrimos en Badr y qué terrible daño nos causó el padre de Zaynab. Si te la llevas así públicamente, pasando por delante de nuestras narices, todos nos considerarán unos cobardes y este acto será visto como una humillación para nosotros. Hoy lleva a Zaynab de vuelta a casa. Que permanezca unos días en la casa de su esposo. Cuando la gente empiece a decir que le impedimos salir de La Meca, llévala un día en secreto junto a su padre». [Al-Bidaya, 3/330; Ibn Hisham, 1/654-655]

Kinana, atendiendo a las palabras de Abu Sufyan, regresó a La Meca con Zaynab. Cuando el suceso se hizo conocido entre la gente, una noche volvió a salir de La Meca con Zaynab y, conforme a las instrucciones de su hermano, la entregó en el lugar acordado al representante de su padre. Zaynab (ra) llegó a Medina acompañada por Zayd ibn Haritha (ra). [Al-Tabari, 1/1249; al-Zurqani: Sharh al-Mawahib, 3/223]

Al-Tabarani lo narró de ‘Urwa ibn al-Zubayr. Cuando un hombre salió de La Meca llevando consigo a Zaynab, hija del Mensajero de Allah (sa), dos hombres de Quraysh [uno de ellos era Habbar ibn al-Aswad. Era hijo del primo paterno de Jadiya (ra), por lo que era primo de Zaynab. El segundo era Nafi‘ ibn ‘Abdi Qays o Jálid ibn ‘Abdi Qays] mostraron una conducta tan injustificadamente excesiva que el Mensajero (sa) se enfadó mucho. Por ello ordenó: (Árabe========)

«Si encontráis a Habbar ibn al-Aswad y al hombre que avanzó con él hacia Zaynab, los quemaré vivos». Pero al día siguiente dijo nuevamente: (Árabe=========)

«Os había dicho que, si lograbais capturar a estos dos hombres, los quemarais vivos. Pero después reflexioné y comprendí que nadie debe ser castigado con fuego por otro que no sea Allah. Por tanto, si lográis capturarlos, matadlos». Más tarde ambos se hicieron musulmanes y el Mensajero (sa) los perdonó. (Bujari, Kitab al-Yihad: capítulo «No se castiga con el castigo de Allah»; Al-Isaba: Habbar ibn al-Aswad, tomo 3; Siyar A‘lam al-Nubala, 2/247; Ibn Hisham, 1/657)] Los persiguieron y los alcanzaron. Redujeron al animal que acompañaba a Zaynab (ra) y arrojaron a Zaynab (ra) del lomo del camello. Al caer violentamente sobre una piedra, su cuerpo

se abrió y comenzó a sangrar. En ese estado llevaron a Zaynab (ra) a La Meca, ante Abu Sufyan. Abu Sufyan la entregó a las mujeres de los Banu Hashim. Después ella emigró a Medina. Debido a la caída del lomo del camello, sufrió una herida que le dolió durante toda su vida y finalmente murió a causa de ese dolor. Por ello se la consideraba una mártir. [Hayat al-Sahaba, 1/371]

Hazrat ‘A’ima narró: Zaynab, hija del Mensajero de Allah (sa), salió de La Meca rumbo a Medina junto con Kinana. Los habitantes de La Meca los persiguieron. Habbar ibn al-Aswad fue el primero en alcanzar a Zaynab. Cuando hirió con una flecha al camello de Zaynab, ella cayó y resultó herida. Estaba embarazada y, debido a aquella herida, perdió el feto que llevaba en el vientre. Después, los Banu Hashim y los Banu Umayya comenzaron a disputar por ella. Finalmente permaneció con Hind, hija de ‘Utba. Hind le decía a menudo: «Esta desgracia que te ha sucedido es por culpa de tu padre». [Ibn Hisham, 1/654]

Un día, el Mensajero de Allah (s.a.s.) le dijo a Zayd ibn Haritha: «¿Puedes traer a Zaynab?». Zayd aceptó. El Honorable Mensajero de Allah (s.a.s.) le dio un anillo a Zayd y le dijo: «Llévate esto y haz que llegue a manos de Zaynab». Zayd se dirigió hacia La Meca con el anillo. En las afueras de La Meca vio a un pastor que apacentaba unas cabras. Le preguntó: «¿De quién eres pastor?». Él respondió: «De Abu al-‘As». Volvió a preguntarle: «¿De quién son las cabras?». Respondió: «De Zaynab, hija de Muhammad». Zayd caminó un trecho con el pastor. Luego le dijo: «Si te doy algo, ¿podrás hacérselo llegar a Zaynab?». El pastor aceptó. Zayd le entregó el anillo, y el pastor se lo hizo llegar a Zaynab.

Zaynab le preguntó al pastor: «¿Quién te dio esto?». Él respondió: «Un hombre». Volvió a preguntarle: «¿Dónde lo dejaste?». Respondió: «En tal lugar». Zaynab guardó silencio. En la oscuridad de la noche fue discretamente hasta allí. Zayd le dijo: «Sube detrás de mi camello y siéntate delante de mí». Zaynab respondió: «No, siéntese usted delante de mí». Así, Zaynab llegó a Medina sentada detrás de Zayd (r.a.). El Honorable Mensajero de Allah (s.a.s.) solía decir: «La mejor de mis hijas sufrió por mí». [Hayat al-Sahaba, 1/371-372] En las obras de la sira se encuentran relatos diferentes, transmitidos por varias fuentes, sobre la llegada de la honorable Zaynab (r.a.) de La Meca a Medina.

Como la relación entre ambos era excelente, después de que la honorable Zaynab (r.a.) se marchó a Medina, Abu al-‘As permanecía muy afligido la mayor parte del tiempo. En una ocasión, mientras viajaba a Siria, al recordar a Zaynab recitó los siguientes dos versos: [Tabaqat, 8/32; Ansab al-Ashraf, 1/398] (Árabe==========)

«Cuando atravesé el lugar llamado ‘Arim, recordé a Zaynab. Dije: “Que Allah mantenga con vida a quien reside en el Haram. Que Allah recompense con el bien a la hija de Muhammad. Y todo esposo elogia aquello que conoce mejor”».

La cualidad especial de los qurayshíes de La Meca declarada en el Corán —«Rihlat ash-shitā’i waṣ-ṣayf»: sus caravanas comerciales viajaban hacia Yemen en invierno y hacia Siria en verano— también se había desarrollado plenamente en Abu al-‘As. Su caravana comercial viajaba constantemente entre La Meca y Siria. Estaba compuesta por al menos doscientas personas y cien camellos. Debido a su perspicacia comercial, honestidad y confiabilidad, la gente le confiaba sus mercancías con plena seguridad. Ibn Ishaq dice: «En riqueza, confiabilidad y como comerciante, era uno de los pocos hombres notables de La Meca». [Al-Isaba, 4/122]

Después de separarse de su esposa Zaynab (r.a.), Abu al-‘As permaneció en La Meca. En el sexto año de la Hégira

en el mes de Yumada al-Awwal, partió hacia Siria con una caravana comercial de los qurayshíes compuesta por 170 camellos. Al terminar el comercio, cuando la caravana se encontraba cerca de Medina en el camino de regreso a La Meca, el Mensajero de Allah (s.a.s.) recibió la noticia. Envió a Zayd ibn Haritha (r.a.) con una fuerza de ciento setenta hombres para interceptar la caravana. Los dos grupos se enfrentaron en un lugar llamado ‘Is. El ejército musulmán capturó la caravana de los qurayshíes, junto con todas sus mercancías y sus hombres, y la llevó a Medina. Sin embargo, no hicieron un gran esfuerzo por capturar a Abu al-‘As. Este logró escapar. [Ansab al-Ashraf, 1/377, 399-400; Tabaqat, 8/33; Siyar A‘lam al-Nubala, 2/259]

Sin embargo, según Musa ibn ‘Uqba, Abu Basir y sus hombres atacaron la caravana de Abu al-‘As. Cabe señalar que Abu Basir y algunos otros abrazaron el islam después del tratado de Hudaybiyya. No obstante, conforme a las condiciones del tratado, los habitantes de Medina declararon que no podían darles refugio. Por ello, tras huir de La Meca, se establecieron en la región costera del mar Rojo. Organizados, comenzaron a lanzar ataques sorpresa contra las caravanas comerciales de La Meca y a saquearlas. Se convirtieron en una calamidad para los qurayshíes. Por miedo a ellos, el comercio de los qurayshíes estuvo a punto de paralizarse. Finalmente, los qurayshíes de La Meca se vieron obligados a pedirle al Mensajero de Allah (s.a.s.) que los llevara de vuelta a Medina. [Al-Isaba, 4/122]

En fin, al ver el destino de su caravana, Abu al-As, en vez de dirigirse a La Meca, entró furtivamente en Medina, aterrado, al amparo de la oscuridad de la noche, y fue directamente hasta Zaynab (que Allah esté complacido con ella) para pedirle refugio. Zaynab le garantizó seguridad. Nadie se enteró de nada.[Ansab al-Ashraf-1/377, 399]

Pasó la noche. El Honorable Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) fue a la mezquita para la oración. Se colocó de pie en el mihrab y pronunció «Allahu akbar», iniciando la oración con el takbir de consagración. Los orantes que estaban detrás también terminaron de pronunciar el takbir de consagración. En ese momento, desde la fila de las mujeres que se encontraba detrás, se oyó la voz de Zaynab: «¡Oh, gente! Soy Zaynab, hija de Muhammad (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él). He concedido protección a Abu al-As; concededle también protección vosotros.»

El Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él), después de terminar la oración, se volvió hacia la gente y preguntó: «¿Habéis oído también lo que yo he oído?»

La gente respondió: «¡Sí, oh Mensajero de Allah!». El Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: «Juro por Aquel en cuya mano está mi vida: no sabía nada de este suceso. ¡Qué cosa tan sorprendente! Incluso un miembro débil de los musulmanes concede protección a un enemigo. Él ha concedido protección en nombre de todos los musulmanes.»[Ibídem-1/399-400; Tabacat-8/33]

Después, el Mensajero (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) fue a casa y dijo a su hija: «Te ocuparás dignamente de Abu al-As. Pero debes saber que ya no eres lícita para él mientras siga siendo politeísta». Zaynab (que Allah esté complacido con ella) pidió a su padre que liberara, junto con sus bienes, a los hombres de la caravana de Abu al-As.

El Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) llamó a los hombres de la expedición que habían capturado los camellos y a los hombres de la caravana de Abu al-As. Les dijo: «Conocéis la relación que existe entre Abu al-As y yo. Habéis retenido sus mercancías comerciales. Me alegraría que, siendo bondadosos con él, le devolvierais sus bienes. Pero si no estáis de acuerdo, no tengo ninguna objeción. Podéis disfrutarlos como una gracia de Allah; vosotros tenéis más derecho a esos bienes». Ellos dijeron: «¡Oh, Mensajero de Allah! Se lo devolvemos todo».[Ibn Hisham–1/658; Tabacat-8/33]

Abu al-As partió con ellos para recuperar sus bienes. En el camino le dijeron: «Escucha, Abu al-As: eres una persona honorable entre los quraysh. Además, eres primo del Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) y esposo de su hija. Haz una cosa: acepta el islam y quédate en Medina con estos bienes de los habitantes de La Meca. Vivirás muy cómodamente». «¿Comenzaré la vida de mi nueva religión mediante el engaño?»[Ibídem]

Abu al-As llegó a La Meca después de recuperar su caravana. Tras entregar a cada uno sus bienes, dijo: «¡Oh, miembros de la tribu de Quraysh! ¿Os debo todavía algo?». Respondieron: «No. Que Allah te recompense con la mejor recompensa. Te hemos encontrado un hombre excelente en el cumplimiento de sus promesas».

Abul ‘As dijo: «He cumplido plenamente con los derechos que os correspondían. Ahora declaro: Ashhadu an la ilaha illallahu wa anna Muhammadan abduhu wa rasuluhu: doy testimonio de que no hay ninguna divinidad excepto Allah y de que Muhammad es Su siervo y Su Mensajero. Durante mi estancia en Medina podía haberlo declarado, pero no lo hice porque habríais pensado que había actuado así con la intención de apropiarme de vuestros bienes. Cuando Allah me concedió la capacidad de devolver a cada uno sus bienes y quedé liberado de mi responsabilidad, entonces declaré mi adhesión al islam».

Este fue un acontecimiento del mes de Muharram del séptimo año de la Hégira. Después, Abul ‘As (que Allah esté complacido con él) emigró desde su tierra natal, La Meca, y se presentó ante el Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) en Medina. [obra citada anteriormente]

El Honorable Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) recibió honorablemente a Abul ‘As (que Allah esté complacido con él) y, basándose en el primer contrato matrimonial de ambos, le entregó también a su esposa Zaynab (que Allah esté complacido con ella). [Siyar a‘lam an-nubala, 2/249; Al-Isaba, 4/312]

Zaynab (que Allah esté complacido con ella) había dejado en La Meca a su esposo Abul ‘As, que permanecía en estado de idolatría. Por ello, naturalmente, puede suponerse que su matrimonio había quedado disuelto. Más tarde, cuando Abul ‘As aceptó el islam y llegó a Medina, el Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) devolvió Zaynab a él. Ahora bien, la cuestión es si la devolvió basándose en el primer contrato matrimonial o si se celebró un nuevo contrato. Sobre este asunto existen dos tipos de narraciones. Ibn ‘Abbas (que Allah esté complacido con él) dijo: [Ibn Hisham, 1/658-659; Tirmidhi, 1143; Ibn Majah, 2009; Siyar a‘lam an-nubala, 2/249]

«El Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) devolvió a su hija a Abul ‘As, muchos años después, basándose en el primer matrimonio, y no estableció ninguna nueva dote».

El imán Sha‘bí dijo: [Tabaqat, 8/32]

«Zaynab aceptó el islam y también emigró. Después, Abul ‘As aceptó el islam. El Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) no los separó mediante el divorcio».

Se ha dicho como razón que hasta entonces no había sido revelado el siguiente versículo de la sura Al-Mumtahina: [sura Al-Mumtahina, 10]

También Hadrat Qatada expresó algo similar. Él dijo: (Árabe========)

«Después de este suceso fue revelada la sura Al-Bara’at. A partir de entonces, si una esposa abrazaba el islam antes que su marido, este no tenía ningún derecho sobre ella sin celebrar un nuevo contrato matrimonial.»

Pero antes de esto, las mujeres musulmanas regresaban junto a sus maridos después de que estos abrazaban el islam, sin celebrar un nuevo contrato matrimonial.

Sin embargo, en otra narración se transmite: (Árabe=====)

«El Profeta (s.a.w.) devolvió a Zaynab a Abu’l-As basándose en un nuevo matrimonio y una nueva dote nupcial.» El imam Ahmad dijo: «Este es un hadiz débil.»

Aunque, desde el punto de vista de la cadena de transmisión, la narración de Ibn Abbas (r.a.) es más digna de preferencia que la otra narración, los juristas han actuado conforme a la narración del segundo contrato matrimonial. Aunque la narración de Ibn Abbas (r.a.) es más digna de preferencia que la otra narración, los juristas han actuado conforme a la narración del segundo contrato matrimonial. Han explicado la narración de Ibn Abbas (r.a.) de la siguiente manera: como en el momento del segundo contrato matrimonial la dote nupcial y los demás aspectos permanecieron sin cambios, él lo describió como el primer contrato matrimonial. De lo contrario, en una separación de este tipo es indispensable celebrar un segundo contrato matrimonial. El imam Suhayli también expresó algo similar.

Hadrat Zaynab (r.a.) amaba profundamente tanto a su padre, el Mensajero de Allah (s.a.w.), como a su esposo, Abul ‘As (r.a.). Le gustaba vestir prendas de buena calidad y caras. En una ocasión, Hadrat Anas (r.a.) la vio llevando sobre sí un manto de seda. El borde del manto era de color amarillo.

Hadrat Zaynab (r.a.) tuvo dos hijos con Hadrat Abul ‘As (r.a.): un varón y una mujer. El hijo, ‘Ali, nació en La Meca antes de la Hégira. El Mensajero de Allah (s.a.w.) lo tomó bajo su tutela y se encargó de criarlo. El día de la conquista de La Meca, cuando el Mensajero de Allah (s.a.w.) entró en ella, ‘Ali iba montado en el camello de su abuelo materno. Murió antes de alcanzar la pubertad, mientras su padre, Abul ‘As (r.a.), aún vivía. [Al-A‘lam, 3/36]

Sin embargo, por una narración de Ibn Asakir se sabe que Ali permaneció con vida hasta la batalla de Yarmuk y alcanzó el martirio en ella. [Al-Isaba, 4/312] Su hija Umama vivió una larga vida.

Hazrat Zaynab (que Allah esté complacido con ella) no vivió mucho tiempo después de reunirse con su esposo, Abu al-As (que Allah esté complacido con él). Tras pasar un año, o algo más, junto a su esposo en Medina, falleció allí a comienzos del octavo año de la Hégira. [Tabaqat, 8/34; Al-Alam, 3/67] Ibn Abd al-Barr escribió lo siguiente sobre la causa y las circunstancias de su muerte: [Al-Istiab (anotación marginal de Al-Isaba), 4/312]

«La causa de la muerte de Hazrat Zaynab (que Allah esté complacido con ella) fue que, cuando salió de La Meca para dirigirse junto a su padre, el Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz), Habbar ibn al-Aswad y otro hombre la atacaron. Uno de ellos la arrojó sobre una piedra. Como consecuencia, sufrió un aborto y perdió sangre, y permaneció enferma durante mucho tiempo. Finalmente, falleció en el octavo año de la Hégira.

Hazrat Umm Ayman (que Allah esté complacido con ella), Hazrat Sawda (que Allah esté complacido con ella), Hazrat Umm Salama (que Allah esté complacido con ella) y Hazrat Umm Atiyya (que Allah esté complacido con ella) lavaron el cuerpo de Hazrat Zaynab (que Allah esté complacido con ella). [Ansab al-Ashraf, 1/400] El Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) dirigió la oración funeraria por ella, descendió personalmente a la tumba y con sus propias manos depositó en ella a su queridísima hija. En ese momento, el rostro noble del Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) se veía sumamente afligido y pálido. Suplicó por ella diciendo: «¡Oh Allah! Resuelve las dificultades de Zaynab (que Allah esté complacido con ella) y transforma la estrechez de su tumba en amplitud». [Usud al-Gaba, 5/468; Tabaqat, 8/34]

Hazrat Umm Atiyya (que Allah esté complacido con ella) dijo: «Participé en el lavado ritual de Zaynab, hija del Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz). El propio Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) nos indicó el procedimiento del lavado. Dijo: “Primero lavaréis cada miembro tres o cinco veces. Después aplicaréis alcanfor”». [Tabaqat, 8/34; Siyar Alam al-Nubala, 2/250] En una narración también se menciona que se la lavó siete veces. En realidad, el propósito era que, si la tahara o pureza y limpieza se alcanzaban con tres lavados, no era necesario lavar más; de lo contrario, debía lavarse cinco o incluso siete veces. Umm Atiyya añadió: [obra citada anteriormente]

Cuando estábamos lavando a Zaynab, el Mensajero (que Allah le bendiga y le conceda paz) nos dijo: «Comenzad el lavado por su lado derecho y por las partes que se lavan durante la ablución».

Hazrat el Noble Mensajero (que Allah le bendiga y le conceda paz) también dijo a Umm Atiyya (que Allah esté complacido con ella) que le informaran cuando terminaran el lavado. Así pues, cuando terminaron, se lo comunicaron. Él les entregó una de sus propias prendas inferiores (lungi) y dijo: «Colocadla como símbolo entre las telas del sudario». [Bujari: capítulo sobre el lavado del difunto; Siyar Alam al-Nubala, 2/252] El Mensajero (que Allah le bendiga y le conceda paz) ordenó que fuera enterrada junto a Uthman ibn Mazun (que Allah esté complacido con él), quien había fallecido antes que ella. [Ansab al-Ashraf, 1/212]

Pocos días después del fallecimiento de Hazrat Zaynab (que Allah esté complacido con ella), falleció también su esposo, Abu al-As (que Allah esté complacido con él). [Usud al-Gaba, 5/468] Al-Baladhuri dice que, después de aceptar el islam, no participó en ninguna batalla junto al Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) y falleció en el año 12 de la Hégira. Hazrat al-Zubayr ibn al-Awwam (que Allah esté complacido con él) era su primo materno. Antes de morir, lo nombró su albacea. [Ansab al-Ashraf, 1/400]

Ruqayya, hija del Mensajero de Allah (que Allah le conceda paz y bendiciones)


Ruqayya (que Allah esté complacido con ella) fue la segunda hija del Mensajero de Allah (que Allah le conceda paz y bendiciones) y de Jadiya (que Allah esté complacido con ella). Nació en La Meca siete años antes de que su padre, Muhammad (que Allah le conceda paz y bendiciones), recibiera la profecía. Al-Zubayr y su tío Mus‘ab, experto en astrología, sostuvieron que Ruqayya (que Allah esté complacido con ella) era la hija menor del Mensajero de Allah (que Allah le conceda paz y bendiciones). Al-Jurjani apoyó esta opinión. Sin embargo, la mayoría sostiene que Zaynab (que Allah esté complacido con ella) era la mayor y Ruqayya la segunda. Según Ibn Hisham, Ruqayya era la mayor de las hijas. [Sira de Ibn Hisham, 1/190]

Según una narración recopilada por Muhammad ibn Ishaq, Zaynab (que Allah esté complacido con ella) nació cuando el Mensajero de Allah (que Allah le conceda paz y bendiciones) tenía treinta años, y Ruqayya (que Allah esté complacido con ella) nació cuando tenía treinta y tres. [Al-Isti‘ab (anotación marginal de Al-Isaba), 4/299] En cualquier caso, los expertos en la biografía del Profeta han concluido que Ruqayya era la segunda hija del Mensajero de Allah (que Allah le conceda paz y bendiciones).

Antes de que el Mensajero de Allah (que Allah le conceda paz y bendiciones) recibiera la profecía, Ruqayya (que Allah esté complacido con ella) se casó por primera vez con ‘Utba, hijo de Abu Lahab, en La Meca. [Tabaqat de Ibn Sa‘d, 8/36] El Mensajero de Allah (que Allah le conceda paz y bendiciones) recibió la profecía. Cuando su conflicto con los qurayshíes alcanzó su punto culminante, estos recurrieron a todos los medios y métodos para perjudicar al Mensajero de Allah. Sin consideración alguna por los principios morales, decidieron presionar o seducir a los esposos de las hijas casadas de Muhammad para que cada uno divorciara a su esposa y luego la enviara de vuelta a la casa paterna. Así, al menos aumentarían el dolor y la preocupación de Muhammad, y lo mantendrían ocupado con sus propios problemas.

Tal como pensaron, así actuaron. Primero fueron ante Abul-‘As ibn Rabi‘, esposo de la hija mayor del Mensajero de Allah, y le pidieron que se divorciara de su esposa, Zaynab, hija de Muhammad, y la enviara a la casa paterna. Pero él les respondió claramente que no. Los desvergonzados dirigentes qurayshíes no se detuvieron siquiera después de oír aquella respuesta. Fueron ante ‘Utba ibn Abu Lahab, esposo de Ruqayya (que Allah esté complacido con ella), y lo presionaron para que se divorciara de su esposa. Al mismo tiempo, le ofrecieron que le darían por esposa a cualquier bella mujer de la tribu de Quraysh que él deseara. El inescrupuloso ‘Utba aceptó su propuesta. En lugar de Ruqayya, expresó su deseo de recibir a una hija de Sa‘id ibn al-‘As, [Anساب al-Ashraf, 1/401] o, según otra opinión, de Aban ibn Sa‘id ibn al-‘As. Los dirigentes qurayshíes aceptaron gustosamente su petición. No tenían motivo para rechazarla. Su objetivo principal era torturar física y psicológicamente a Muhammad (que Allah le conceda paz y bendiciones), de cualquier manera y en la medida que fuera posible. El menor sufrimiento de Muhammad (que Allah le conceda paz y bendiciones) les proporcionaba tranquilidad mental. El miserable ‘Utba se divorció de su esposa, la señora Ruqayya (que Allah esté complacido con ella). [Sira de Ibn Hisham, 1/652]

Sin embargo, existe otra narración al respecto: cuando se reveló la sura «Al-Lahab», censurando a los padres de ‘Utba, Abu Lahab y su esposa Umm Jamil —la portadora de leña—, enfurecidos, dijeron a su hijo ‘Utba: «Si no te divorcias de Ruqayya, hija de Muhammad, y la despides, ya no tendremos ninguna relación contigo». Como era un hijo obediente a sus padres, se divorció de su esposa Ruqayya para complacerlos. [Al-Fath al-Rabbani ma‘a Bulugh al-Amani, 22/99 (hadiz n.º 893)] Cabe señalar que el matrimonio de Ruqayya con ‘Utba solo había llegado a celebrarse mediante el contrato matrimonial. El divorcio tuvo lugar antes de que vivieran juntos como marido y mujer. [Tabaqat, /36]

El segundo matrimonio de Ruqayya (que Allah esté complacido con ella)

‘Uthman (que Allah esté complacido con él) relata, al referirse a su aceptación del islam y a su matrimonio: «Estaba sentado con algunos amigos en el patio de la Kaaba sagrada. En ese momento, alguien vino y me informó de que el Mensajero de Allah (que Allah le conceda paz y bendiciones) había casado a su hija Ruqayya con ‘Utba ibn Abu Lahab. Como Ruqayya destacaba por su belleza, encanto y admirables cualidades, yo sentía cierta inclinación hacia ella. Al enterarme de su matrimonio, me sentí algo turbado. Así que me levanté y me fui directamente a casa. En aquel entonces, mi tía materna Sa‘da vivía en nuestra casa. Además, era una kahina (adivina). [En la historia de la Arabia preislámica se mencionan los nombres de muchas kahinas y kahines. Por lo general, pronunciaban predicciones verdaderas y parcialmente verdaderas mediante palabras enigmáticas y llenas de acertijos.] Apenas me vio, comenzó de repente a recitar las siguientes palabras:

«¡Albricias para ti, oh ‘Uzmán! Recibes tres saludos de paz; luego otros tres; después, otros tres más; y finalmente, un saludo de paz. Así se completan diez saludos. Por voluntad de Allah, alcanzarás el bien y la prosperidad, y permaneceré alejado del mal. ¡Por Allah!, te has casado con una joven casta, virtuosa y hermosa como un capullo de flor. Tú eres virgen y has obtenido una novia virgen.»

Me quedé completamente asombrada al oír sus palabras. Le pregunté: «¡Tía! ¿Qué está diciendo usted?» Ella respondió:

«‘Uzmán, ‘Uzmán, ¡oh ‘Uzmán! Posees belleza y tienes ante ti un asunto importante. Este es un profeta, y cuenta con pruebas y evidencias. Él es un Mensajero verdadero y veraz. El Corán ha descendido sobre él. Síguelo y no te dejes engañar por los ídolos.»

Esta vez tampoco dije nada. Le pedí que me lo explicara con un poco más de detalle. Entonces ella dijo:

«Muhammad ibn ‘Abd Allah, quien es el Mensajero de Allah, ha traído el Corán. Invita hacia Allah. Su lámpara es la verdadera lámpara y su religión es el medio para alcanzar el éxito. Cuando comiencen las disputas y las luchas, se desenvainen las espadas y se lancen las lanzas, el alboroto y el tumulto no traerán ningún bien.»

Sus palabras me impresionaron profundamente. Comencé a reflexionar sobre lo que debía hacer en el futuro. Solía ir con frecuencia a sentarme junto a Abu Bakr. Cuando fui a verlo dos días después, no había nadie allí. Al verme sentado, preocupado, me preguntó: «¿Por qué pareces tan preocupado hoy?» Como era mi amigo íntimo, le conté el resumen de lo que había dicho mi tía. Después de escucharme, dijo: «‘Uzmán, eres un hombre inteligente. Si no puedes distinguir entre la verdad y la falsedad, sería algo sorprendente. Los ídolos que adora tu pueblo, ¿acaso no están hechos de piedra? ¿No son incapaces de oír o ver algo, y de causar beneficio o perjuicio?» ‘Uzmán respondió: «Todo lo que has dicho es completamente cierto.»

Abu Bakr dijo: «Lo que ha dicho tu tía es cierto. Muhammad ibn ‘Abd Allah es el Mensajero de Allah. Allah lo ha enviado para transmitir Su mensaje a la gente. Si vas a verlo y escuchas atentamente sus palabras, ¿qué perjuicio podría haber en ello?» Después de sus palabras, fui ante el Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él). Según otra narración, al enterarse de esta conversación entre ellos, el propio Mensajero fue junto a ‘Uzmán (que Allah esté complacido con él). El Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: «Escucha, ‘Uzmán: Allah te llama hacia el Paraíso; responde a Su llamada. Yo soy el Mensajero de Allah; he sido enviado a vosotros y a toda la creación.»

Solo Allah sabe qué fuerza había en aquellas palabras suyas. Perdí el control de mí mismo y, espontáneamente, pronuncié de mis labios el testimonio de fe: «Doy testimonio de que no hay divinidad excepto Allah, y doy testimonio de que Muhammad es el Mensajero de Allah». [Al-Isaba, 4/327-328]

Después de este suceso, en La Meca se celebró el contrato matrimonial de Ruqayya (que Allah esté complacido con ella) con Uthmán (que Allah esté complacido con él).

Ruqayya (que Allah esté complacido con ella) abrazó el islam junto con su madre, la Madre de los Creyentes Jadiya (que Allah esté complacido con ella), y su hermana mayor, Zaynab (que Allah esté complacido con ella).[Siyar A‘lam an-Nubala, 2/251] Cuando las demás mujeres prestaron juramento de fidelidad al Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él), ella también lo hizo.[Tabaqat, 8/36]

En el quinto año de la misión profética, emigró a Abisinia junto con su esposo, Uthmán (que Allah esté complacido con él). Asma, hija de Abu Bakr (que Allah esté complacido con ambos), narró: «El Mensajero (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) y Abu Bakr permanecían en la cueva de Hira, y yo les llevaba comida a ambos. Un día, cuando Uthmán (que Allah esté complacido con él) pidió al Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) permiso para emigrar, él le permitió ir a Abisinia. Entonces ambos, marido y mujer, abandonaron La Meca y se dirigieron a Abisinia. Después, cuando volví a llevarles comida, el Mensajero (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) preguntó: “¿Se han marchado Uthmán y Ruqayya?”. Respondí: “Sí, se han marchado”. Entonces dijo, para que mi padre Abu Bakr (que Allah esté complacido con él) lo oyera:»

«Ciertamente, ellos dos son los primeros emigrantes después de Ibrahim y Lot».[Ansab al-Ashraf, 1/199. Se ha narrado de Qatada (que Allah esté complacido con él) que el Mensajero (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: «Uthmán ibn Affán fue el primero en emigrar hacia Allah el Altísimo junto con su familia». (Hayat as-Sahaba, 1/346).]

Después de permanecer algún tiempo en Abisinia, regresaron nuevamente a La Meca. Para entonces, las hostilidades de los incrédulos de La Meca habían aumentado aún más, hasta hacerla inhabitable. Por ello, no consideraron conveniente permanecer allí y regresaron otra vez a Abisinia.

Se ha narrado de Anas (que Allah esté complacido con él) que Uthmán ibn Affán (que Allah esté complacido con él) partió hacia Abisinia llevando consigo a su esposa Ruqayya (que Allah esté complacido con ella). Las noticias sobre ellos tardaron en llegar al Mensajero de Allah. Mientras tanto, una mujer qurayshí llegó de Abisinia a La Meca. Dijo: «Oh, Muhammad, vi a tu yerno marcharse con su esposa». El Mensajero (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) le preguntó: «¿En qué estado los viste?». Ella respondió: «Vi que llevaba a su esposa montada sobre un burro débil, arreándolo mientras caminaba». Entonces el Mensajero (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) comentó:

«Que Allah los acompañe. Después de Lot, la paz sea con él, Uthmán fue la primera persona en emigrar junto con su esposa».[Al-Bidaya, 3/66; Siyar A‘lam an-Nubala, 2/251]

Después de permanecer bastante tiempo en Abisinia por segunda vez, regresaron a La Meca. Tras quedarse allí algunos días, emigraron nuevamente con sus familiares a Medina, esta vez para establecerse allí para siempre.[Tabaqat, 8/36]

Durante la segunda permanencia en Abisinia nació ʿAbdullah, hijo de Ruqayya (ra). Por el nombre de este ʿAbdullah, la kunya de ʿUthmán pasó a ser Abu ʿAbdillah. Antes de esto, durante la primera emigración a Abisinia, uno de los hijos que llevaba en su vientre murió. [Praguk, Usud al-Gaba, 5/356] Qatada dijo que Ruqayya (ra) no tuvo hijos de ʿUthmán (ra). Ibn Hayar dijo que esto no era más que una suposición de Qatada, y que nadie más había sostenido tal opinión. [Al-Istiʿab, 4/300] Sin embargo, después de ʿAbdullah, Ruqayya (ra) no tuvo ningún otro hijo. [Tabaqat, 8/36]

Cuando ʿAbdullah apenas tenía seis años, un día, de repente, un gallo le picoteó uno de los ojos; su rostro se hinchó y el veneno se extendió por todo su cuerpo. Murió a causa de este accidente en el mes de Yumada al-Awwal del cuarto año de la Hégira. [Siyar Aʿlam al-Nubala, 2/251] El Mensajero (sa) dirigió la oración funeraria por él, y ʿUthmán (ra) descendió a la tumba y completó su entierro.

Después de llegar a Medina, Ruqayya (ra) enfermó y quedó postrada en cama en el segundo año de la Hégira. Era el período de la batalla de Badr. El Honorable Mensajero de Allah (sa) estaba ocupado con los preparativos para la batalla. Dejó a ʿUthmán (ra) en Medina para que cuidara de su esposa enferma y él mismo partió hacia Badr. Ruqayya (ra) falleció en el bendito mes de Ramadán, un año y siete meses después de la Hégira. Usama ibn Zayd (ra) dijo: «Cuando terminábamos de enterrar a Ruqayya, la hija del Mensajero de Allah (sa), y de nivelar la tierra, mi padre, Zayd ibn Haritha, llegó con la buena noticia de la victoria en Badr. El Mensajero (sa) me había dejado en Medina con ʿUthmán». [Sira de Ibn Hisham, 1/642-643; Ansab al-Ashraf, 1/294, 475]

Según otra narración, mientras estaban ocupados con el entierro de Ruqayya (ra), ʿUthmán (ra) oyó el takbir procedente de lejos y preguntó a Usama (ra) qué era aquello. Al mirar, vieron a Zayd ibn Haritha (ra) montado en la camella del Mensajero de Allah (sa), anunciando la noticia de la muerte de los líderes qurayshíes de La Meca en Badr. [Al-Isaba, 4/305]

Para permanecer junto a su esposa enferma, ʿUthmán (ra) no pudo participar en una batalla tan importante como la de Badr. Sin embargo, el Mensajero (sa) lo consideró partícipe de Badr y le concedió una parte del botín. ʿUthmán (ra) preguntó qué ocurriría con la recompensa de la yihad. El Mensajero (sa) respondió: «También recibirás la recompensa». [Ansab al-Ashraf, 1/289; Sira de Ibn Hisham, 1/678]

Ibn Abbas dijo que, después de la muerte de Ruqayya (ra), el Mensajero (sa) dijo: [Al-Isaba, 4/304] (Árabe=======)

«Únete a nuestro predecesor, ʿUthmán ibn Mazʿun». [ʿUthmán ibn Mazʿun (ra) era tío materno de Hafsa (ra), Madre de los Creyentes. Emigró dos veces a Abisinia y finalmente emigró a Medina. Esta narración permite comprender que murió antes que Ruqayya (ra). Según la narración de Baladhuri, regresó a Medina en el mes de Dhul-Hiyya del segundo año de la Hégira y murió tres meses después de la emigración. (Vida de los Compañeros del Mensajero, 2/27) Todos coinciden en que Ruqayya (ra) murió durante la batalla de Badr. Por tanto, el asunto no resulta comprensible.] Las mujeres comenzaron a llorar. En ese momento llegó ʿUmar (ra), levantó el látigo que llevaba en la mano y estuvo a punto de golpearlas. El Mensajero (sa) sujetó su látigo con la mano y dijo: «Déjalas. Ellas están llorando. Lo que sale del corazón y de los ojos procede de Allah y de Su misericordia. En cambio, la acción que se manifiesta mediante las manos y la boca procede de Satanás». Fátima (ra) estaba sentada junto al Mensajero de Allah (sa), al borde de la tumba. El Mensajero (sa) le secaba las lágrimas con el borde de su vestimenta. [Siyar Aʿlam al-Nubala, 2/262; Tabaqat, 8/37.] Ibn Saʿd dijo acerca de la narración anterior que, según todos los narradores, se considera más correcto que el Mensajero (sa) se encontraba en Badr en el momento de la muerte y el entierro de Ruqayya (ra). Posiblemente este hecho ocurrió con ocasión de la muerte de otra hija del Mensajero de Allah (sa). Y si ocurrió en el momento de la muerte de Ruqayya, posiblemente el Mensajero (sa) había acudido a la tumba después de regresar de Badr, cuando las mujeres también se habían congregado. [En una narración de Musnad del imán Ahmad se afirma que el Mensajero (sa) acudió a la tumba después de regresar de Badr, cuando las mujeres también se habían congregado. [Tabaqat, 8/37] En otra narración de Musnad del imán Ahmad se afirma que, debido a la negativa del Mensajero (sa), Abu Talha (ra) descendió a la tumba en lugar de ʿUthmán (ra) y colocó allí a Ruqayya. También en este caso surge la misma pregunta: ¿cómo pudo suceder eso? El Mensajero (sa) estaba entonces en Badr. Por ello, los expertos en hadices dijeron que este hecho ocurrió durante el entierro de Umm Kulthum (ra). Además, otra narración menciona el nombre de Umm Kulthum (ra). [Al-Fath al-Rabbani maʿa Bulugh al-Amani, 22/199]

Cabe señalar que Umm Kulthum (ra) era la tercera hija del Mensajero de Allah (sa). Después de la muerte de Ruqayya (ra), ʿUthmán (ra) se casó con ella. Al cabo de algún tiempo, ella también falleció.

Hazrat Ruqayya (que Allah esté complacido con ella) era muy hermosa y agraciada. En la obra «Durr al-Manzur» se relata: «Era de una belleza extraordinaria. Durante su estancia en Abisinia, un grupo de jóvenes libertinos de allí quedó atónito al contemplar su belleza y encanto. Este grupo la molestaba enormemente. Ella suplicó contra ellos y fueron destruidos». [Durr al-Manzur, p. 207; Sahabiyyat, p. 128]

Hazrat Uthman (que Allah esté complacido con él) sufrió profundamente por la prematura muerte de su amada esposa y compañera en la dicha y la adversidad. Existía un gran afecto y armonía entre ambos. La gente solía decir, y la frase llegó a convertirse en un proverbio, que:

«Entre las parejas que la gente ha visto, la mejor era Ruqayya y su esposo Uthman». [Al-Isaba, 4/305] Según diversos relatos, Ruqayya era una esposa cariñosa y devota de su marido. Durante su breve vida conyugal, nunca estuvieron separados. Afrontaron juntos todas las dificultades y adversidades. Así como ella procuraba aliviar todos los sufrimientos de su esposo sirviéndolo, Uthman también se esforzaba siempre por hacer más fácil la vida de su esposa. Un día, el Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) fue a la casa de Uthman (que Allah esté complacido con él) y vio a Ruqayya lavándole la cabeza a su esposo. Dijo:

«¡Hija mía! Trata bien a Abu Abdillah (Uthman), pues entre mis compañeros, él es quien más se parece a mí en carácter y conducta»

Abu Huraira (que Allah esté complacido con él) dijo: Un día fui a la casa de Ruqayya, hija del Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) y esposa de Uthman, y la vi con un peine en la mano. Ella dijo: «El Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) acaba de salir de mi casa. Me vio peinando la cabeza de Uthman». [Hayat as-Sahaba, 2/542]

Ummu Kulzum hija de Mensajero de Allah ((la paz sea con él))


Hazrat Ummu Kulzum (que Allah esté complacido con ella) fue la tercera hija del Noble Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él). Sin embargo, existe cierto desacuerdo entre los especialistas en la biografía del Profeta sobre este asunto. El imán adh-Dhahabi la consideró la cuarta entre los hijos del Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él). [Siyar A’lam an-Nubala, 2/252] Zubayr ibn Bakkar afirmó que Ummu Kulzum era mayor que Ruqayya y Fátima (que Allah esté complacido con ellas). No obstante, la mayoría de los biógrafos del Profeta discrepan de esta opinión. La opinión correcta y fiable es que Hazrat Ummu Kulzum (que Allah esté complacido con ella) era menor que Hazrat Ruqayya (que Allah esté complacido con ella). [Sira de Ibn Hisham, 1/190] At-Tabari mencionó el orden de nacimiento de las hijas del Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) de la siguiente manera. [Tarij at-Tabari, edición de Leiden, 3/1128]

«Nacieron Zaynab, Ruqayya, Ummu Kulzum y Fátima».

Hazrat Ruqayya (ra) era la esposa de Hazrat Uthman (ra). Cuando ella falleció en el segundo año de la Hégira, el Mensajero (saw) casó a Umm Kulthum (ra) con Uthman (ra).[Tabaqat, 8/35] Si Umm Kulthum hubiera sido mayor que Ruqayya, se habría casado antes con Uthman (ra), y no Ruqayya. Esto se debe a que, en todas las sociedades y civilizaciones, se procura casar primero a la hija mayor. Y eso es lo que exigen la razón y la naturaleza.

En los libros de la biografía del Profeta y de historia no se encuentra ninguna mención del año del nacimiento de Hazrat Umm Kulthum (ra). Sin embargo, puede suponerse que nació seis años antes de que el Mensajero de Allah (saw) recibiera la profecía. Esto se debe a que existe un consenso casi general en que Ruqayya nació siete años antes de la profecía y Hazrat Fatima (ra), cinco años antes. También se acepta que Umm Kulthum (ra) era menor que Ruqayya y mayor que Fatima. Por lo tanto, necesariamente debe considerarse que nació en el intervalo entre ambas. Según este cálculo, nació seis años antes de la profecía.[Sahabiyyat-129]

Al igual que ocurrió con muchas otras personas, la infancia de Hazrat Umm Kulthum (ra) quedó cubierta por la oscuridad de la ignorancia. La época que se vivía entonces en Arabia era tal que no se dispone de una biografía completa de ninguna persona. Por ello, la historia de su vida se ha escrito a partir de su matrimonio.

Antes de que el Mensajero de Allah (saw) recibiera la profecía, casó a Ruqayya con Utbah, hijo de Abu Lahab, y a Umm Kulthum con Utaybah, su segundo hijo. Después de que el Mensajero de Allah (saw) recibiera la profecía, cuando fue revelada la sura Al-Lahab para condenar a Abu Lahab y a su esposa, Abu Lahab —según otra versión, la esposa de Abu Lahab— dijo a sus dos hijos: «Si no repudiáis y despedís a las hijas de Muhammad (saw), me será ilícito vivir y relacionarme con vosotros».[Tabaqat-8/37] En la biografía de Hazrat Ruqayya (ra) ya hemos mencionado que, debido a aquellas palabras de sus padres y a la presión social, Utbah repudió a su esposa Ruqayya. Del mismo modo, Utaybah repudió a su esposa Umm Kulthum para cumplir la orden de sus padres. Así pues, el momento y la causa de los dos divorcios fueron los mismos.[Usud al-Ghaba-5/12] Ambas hermanas llegaron a casarse, pero la separación tuvo lugar antes de que fueran a vivir a la casa de sus respectivos esposos.

Cuando Ruqayya (ra) falleció en el segundo año de la Hégira, Hazrat Uthman (ra) quedó profundamente triste y abatido por la muerte de su esposa. Al ver su estado, un día el Mensajero (saw) le dijo: «Uthman, ¿por qué te veo tan abatido?». Uthman (ra) respondió: «¿Cómo podría no estar abatido? Me ha sobrevenido una calamidad que probablemente nunca le haya sobrevenido a nadie. Ha fallecido la hija del Mensajero de Allah (saw). Esto me ha partido la espalda. Se ha cortado el vínculo de parentesco que tenía con el Mensajero de Allah (saw). ¿Qué puedo hacer ahora?». Antes de que terminara de hablar, el Mensajero (saw) dijo: «Yibril (as) me ha transmitido una orden de parte de Allah: debo casar también a Umm Kulthum contigo, con una dote igual a la de Ruqayya». [Pragukta-5/613] Posteriormente, en el mes de Rabi al-Awwal del tercer año de la Hégira, el Mensajero (saw) celebró el contrato matrimonial de Umm Kulthum con Hazrat Uthman (ra).[Tabaqat-8/37] Dos meses después del contrato, en el mes de Yumada al-Thani, ella se trasladó a la casa de su esposo. Hazrat Umm Kulthum no tuvo hijos.[Pragukta]

Según una narración, después del fallecimiento de Ruqayya (ra), Umar ibn al-Jattab (ra) propuso casar a su hija Hafsa (ra) con Uthman (ra). Pero él no respondió y permaneció en silencio. Cuando el Mensajero (saw) se enteró, dijo a Umar: «Buscaré para Hafsa un esposo mejor que Uthman, y para Uthman una esposa mejor que Hafsa». Después, él se casó con Hafsa y casó a Umm Kulthum con Uthman.[Pragukta-8/38]

Hazrat Umm Kulthum (ra) aceptó el islam junto con su madre, la Madre de los Creyentes, Hazrat Jadiya (ra). Posteriormente, prestó juramento de fidelidad al Mensajero de Allah (saw) junto con sus otras hermanas.[Pragukta-8/37] Después de la hégira del Mensajero de Allah (saw) a Medina, ella emigró también a Medina junto con los demás miembros de la familia. [Siyar A’lam al-Nubala-2/252, Hayat al-Sahaba-1/369]

Después del fallecimiento de Hazrat Umm Kulthum (ra), el Mensajero (saw) dijo: «Si hubiera tenido diez hijas, las habría casado a todas, una tras otra, con Uthman (ra)».[Al-Isti’ab-793] En otra narración, en lugar de diez hijas se mencionan cien. Después de pasar seis años con su esposo Uthman (ra), Hazrat Umm Kulthum (ra) falleció en el mes de Shaabán del noveno año de la Hégira.[Siyar A’lam al-Nubala-2/253] Unas mujeres de los Ansar la lavaron para el entierro. Entre ellas se encontraba también Umm Atiyya. El Mensajero (saw) dirigió la oración funeraria. Hazrat Abu Talha, Ali ibn Abi Talib, Fadl ibn Abbas y Usama ibn Zayd (ra) bajaron el cuerpo a la tumba.[Tabaqat-8/38-39]

Se narra que Anas vio a Umm Kulzum con una capa de seda bordada con rayas puesta sobre su cuerpo.[Bujari: capítulo sobre la seda para las mujeres; Abu Dawud (2058); Nasaí-8/197; Ibn Mayah (3598); Tabaqat-8/38]

El miserable Utayba, después de divorciarse de su esposa Umm Kulzum bajo la presión de su padre, Abu Lahab —cuya llama es el fuego del Infierno—, y de su madre, Umm Yamil, la portadora de leña, se presentó ante el Mensajero de Allah y se comportó de la manera más insolente. Dirigiéndose al Mensajero de Allah, dijo: «Niego tu religión; o, según otra versión, he repudiado a tu hija. Tú ya no vendrás a mí, y yo tampoco volveré a ti». Tras decir esto, se abalanzó obstinadamente sobre el Mensajero de Allah y le rasgó la túnica. Después emprendió viaje hacia Sham. Indignado por semejante comportamiento bestial, el Mensajero de Allah invocó una maldición contra él diciendo: «Le pido a Allah que haga que uno de Sus perros lo domine».

Utayba partió hacia Sham con una caravana comercial de los qurayshíes. Mientras pasaban la noche en un lugar llamado Az-Zarqa, un lobo comenzó a rondar cerca de su campamento. Al verlo, Utayba recordó la maldición del Mensajero de Allah. Temiendo por su vida, empezó a decir: «¡Que mi madre sea destruida! Según las palabras de Muhammad, este lobo terminará devorándome». De todos modos, los hombres de la caravana dispusieron que durmiera en medio de todos y se acostaron. El lobo pasó por encima de todos, sacó a Utayba del centro, lo mordió y lo arañó hasta dejarlo ensangrentado, y luego lo mató.

Fátima bint Rasulillah (que Allah esté complacido con ella)


Nacimiento y ascendencia paterna y materna

Hazrat Fátima (que Allah esté complacido con ella) nació en Umm al-Qura, es decir, la ciudad de La Meca, cinco años antes de que el Noble Mensajero de Allah recibiera la misión profética. Su padre fue Sayyid al-Kawnayn, el Mensajero del Señor de los mundos, Abu al-Qasim Muhammad ibn Abdullah ibn Abd al-Muttalib, y su madre fue la líder de todas las mujeres del mundo, la primera musulmana y Madre de los Creyentes, Jadiya bint Juwaylid (que Allah esté complacido con ella). Cuando nació Fátima, los qurayshíes de La Meca estaban realizando obras de renovación de la sagrada Kaaba; esto ocurrió cinco años antes de que el Mensajero de Allah recibiera la misión profética. Sus nobles padres se alegraron enormemente por el nacimiento de Fátima.[Siyar A’lam an-Nubala-2/119] Fátima era la hija menor. Aunque su madre, Jadiya (que Allah esté complacido con ella), había contratado nodrizas para sus otros hijos, no dejó a Fátima al cuidado de una nodriza. Ella misma amamantó a su pequeña hija, a la que quería entrañablemente. Así, Hazrat Fátima (que Allah esté complacido con ella) creció, criada bajo el cuidado de sus nobles padres en un hogar puro y sagrado, y se bañó en el manantial cristalino de la profecía.

Razones de su excelencia

Las razones de la grandeza, dignidad, nobleza y excelencia de Hazrat Fátima (que Allah esté complacido con ella) pueden resumirse de la siguiente manera:

1. Su padre es el mejor descendiente de Adán, el padre primigenio de la humanidad: Rahmatul-lil ‘Alamín, nuestro Gran Profeta Muhammad, que Allah lo bendiga y le conceda paz.

2. Su madre es la líder de las mujeres del mundo y la primera en abrazar el islam, la Madre de los Creyentes Jadiya bint Juwaylid, que Allah esté complacido con ella.

3. Su esposo es el líder de este mundo y del Más Allá, el Emir de los Creyentes, ‘Alí, que Allah esté complacido con él.

4. Sus dos hijos, al-Hasan y al-Husayn, que Allah esté complacido con ambos, son los dos grandes líderes de los jóvenes del Paraíso y las fragancias del Mensajero de Allah, que Allah lo bendiga y le conceda paz (árabe====).

5. Uno de sus abuelos es Hamza, que Allah esté complacido con él, el gran líder de los mártires.

6. Otro de sus abuelos es al-‘Abbas ibn ‘Abd al-Muttalib, que Allah esté complacido con él, protector del honor y la dignidad de los vecinos, quien gastaba sus bienes en favor de la gente durante las calamidades, vestía a los desnudos y alimentaba a los hambrientos y afligidos por el hambre.

7. Uno de sus tíos es Ja‘far ibn Abi Talib, que Allah esté complacido con él, el gran líder de los mártires y comandante militar.

¿Acaso existe entre las mujeres del mundo alguna otra que posea las glorias mencionadas?

aceptación del islam

Después de que la revelación descendiera sobre Hazrat Rasul-e-Karim (que Allah esté complacido con él), Umm al-Mu’minin Hazrat Jadiya (que Allah esté complacido con ella) fue la primera en creer en él y aceptar como verdadera su misión profética. Entre las mujeres que creyeron en el Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) en la primera etapa, sus hijas puras e inmaculadas ocupaban un lugar destacado. Ellas eran: Zaynab, Ruqayya, Umm Kulzum y Fátima (que Allah esté complacido con ellas). Creyeron en la profecía y la misión de su padre junto con su noble madre, Jadiya (que Allah esté complacido con ella).

Ibn Ishaq narró, transmitiéndolo de Hazrat Aisha (que Allah esté complacido con ella), que dijo: Cuando Allah honró a Su Profeta con la profecía, Jadiya y sus hijas aceptaron el islam. Así, las hijas del Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) entraron desde el primer momento en el ámbito del islam junto con su madre y creyeron en la misión de su padre. Incluso antes de recibir la profecía, estaban adornadas con nobles cualidades morales. Después del islam, estas se volvieron aún más hermosas y equilibradas.

El imán az-Zurqani habló así, en su obra Sharh al-Mawahib, sobre la aceptación del islam por Fátima y sus hermanas en la primera etapa: «No es necesario mencionar a sus hijas, pues no cabe duda de que, incluso antes de la profecía, siguieron firmemente la vida y la conducta de su padre y se aferraron a ellas con fuerza». En otro lugar, az-Zurqani se expresó así sobre la precedencia de las hijas del Profeta en aceptar el islam: En resumen, no hace falta ninguna prueba para demostrar que aceptaron el islam desde el principio. Al haber crecido en el regazo de la paternidad más veraz y noble, y de la maternidad más virtuosa y afectuosa, recibieron de su padre el mejor carácter moral y de su madre una inteligencia incomparable con la de cualquier mujer de épocas anteriores o posteriores. Por tanto, el islam de la familia del Profeta —es decir, de sus esposas y sus hijas— fue un islam natural y transparente, nutrido por la fe y la profecía. Crecieron sobre la grandeza, la dignidad y la elevada moralidad. [Tarajim Sayyidati Bayt an-Nubuwwa, p. 592]

El apoyo del padre durante la infancia y la adolescencia

La revelación descendió sobre Hazrat Rasul-e-Karim (la paz y las bendiciones de Allah sean con él). Conforme a la orden de Allah, Señor de los mundos, comenzó a invitar a la gente al islam y se dedicó por completo a su predicación y difusión. Por ello, soportó e ignoró todas las penas y dificultades, calamidades y aflicciones, persecuciones y torturas, rechazos, falsas acusaciones y excesos que tuvo que afrontar. Con el tiempo, los qurayshíes comenzaron a mostrar una extrema hostilidad y un comportamiento abusivo hacia el Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él). Se burlaban de él y empezaron a incitar a la gente en su contra. Hazrat Fátima (que Allah esté complacido con ella) se encontraba entonces en la primera etapa de su vida. Aunque era muy joven, la niña Fátima comprendía que su padre estaba atravesando un período difícil de su vida. A menudo iba de un lado a otro cerca de su padre. En una ocasión vio a aquel malvado, Uqba ibn Abi Mu’ayt, tratar a su padre de una manera tan ruin que nunca pudo olvidarlo. A Uqba se le atribuía pertenecer al linaje qurayshí de La Meca. En realidad, no se conocía con certeza su origen. Creció como un pecador y malhechor de la peor clase. Para ocultar la mancha de su nacimiento, siempre se adelantaba a cometer diversas fechorías, tratando de ganarse el favor de los dirigentes de Quraysh.

En una ocasión, Uqba se encontraba sentado en una reunión de los idólatras qurayshíes, pecadores y malvados, de La Meca. Algunos dirigentes qurayshíes dijeron: «Aquí está Muhammad, postrado en la oración. ¿Quién de los presentes puede llevar las entrañas podridas de este camello y arrojárselas sobre la espalda?». El miserable Uqba se ofreció con gran entusiasmo para cometer aquella vileza y dijo: «Yo voy». Entonces se dirigió rápidamente hacia las entrañas podridas, las recogió y las arrojó sobre la espalda de Muhammad (la paz y las bendiciones de Allah sean con él), que se encontraba postrado. Al ver la escena desde lejos, los dirigentes qurayshíes estallaron en carcajadas. Hazrat Rasul-e-Karim (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) no se levantó de la postración. Enseguida la noticia llegó a la casa y a oídos de Hazrat Fátima (que Allah esté complacido con ella). Ella acudió corriendo y, con gran ternura, retiró con sus propias manos la suciedad de la espalda de su padre; después trajo agua y limpió de su cuerpo la inmundicia. Luego se acercó a aquel grupo de pecadores y les dirigió palabras muy duras. [Al-Bidaya wa an-Nihaya, 3/44; Hayat as-Sahaba, 1/271]

El Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él), después de terminar la oración, levantó ambas manos y suplicó: (en árabe=======)

«¡Oh, Allah! Apresa a Shayba ibn Rabī‘a. ¡Oh, Allah! Captura a Abū Jahl ibn Hishām. ¡Oh, Allah! Encárgate de ‘Uqba ibn Abī Mu‘ayt. ¡Oh, Allah! Ocúpate de Umayya ibn Jalaf.»

Al ver al Mensajero de Allah (s.a.s.) levantar las manos y suplicar de aquella manera, la risa de los impíos se apagó. Se llenaron de temor y angustia. Allah aceptó la súplica de Su amado Profeta. Los cuatro malhechores mencionados murieron todos en Badr. [Al-Bayhaqī, Dalā’il an-Nubuwwah, 2/278, 280; Al-Bidāya wa-n-Nihāya, 3/44] Cabe señalar que ‘Uqba fue capturado por los musulmanes en Badr. El Mensajero (s.a.s.) ordenó que lo mataran. Entonces dijo: «¡Muhammad! ¿Qué será de mis hijitas?». Él respondió: «El Infierno». Luego dijo: «¿Me matarás aunque soy qurayshí?». Respondió: «Sí». Después se volvió hacia los Compañeros y dijo: «¿Sabéis cómo me trató este hombre? Un día estaba postrado en oración detrás del Maqām Ibrāhīm. En ese momento vino, puso el pie sobre mi nuca y presionó con tanta fuerza que mis dos ojos estuvieron a punto de salirse. En otra ocasión estaba postrado en oración. Entonces trajo de algún lugar excremento de cabra y me lo arrojó sobre la cabeza. Fátima corrió, lo retiró y lavó mi cabeza». Así terminó la vida de aquel impío, ‘Uqba, a manos de los musulmanes. [Al-Bidāya wa-n-Nihāya, 3/44; Hayāt as-Sahāba, 1/271; Nisā’ Mubashsharāt bil-Janna, 206]

En aquella temprana edad, Fátima fue un día a la explanada de la Kaaba llevando a su padre de la mano. Vio que, apenas su padre se acercó a la Piedra Negra, un grupo de politeístas lo rodeó al unísono y comenzó a decirle: «¿Acaso no eres tú quien dice tales y tales cosas?». Luego empezaron a enumerarlas una por una: «Insultas a nuestros antepasados, hablas mal de nuestras divinidades y consideras necios e insensatos a los hombres inteligentes y sensatos».

Él dijo: «Sí, yo soy ese hombre».

Al ver lo que sucedió después, la pequeña Fátima estuvo a punto de dejar de respirar. Quedó paralizada de miedo. Vio que uno de ellos había enrollado alrededor del cuello de su padre la capa que llevaba puesta y comenzaba a tirar de ella con fuerza. Mientras tanto, Abū Bakr (r.a.) estaba de pie frente a ellos y decía con voz sumamente exaltada: «¿Vais a matar a un hombre solamente porque dice: “Allah es mi Señor y Sustentador”?»

Aquellos hombres lo miraron con ojos llameantes. Lo agarraron de la barba y luego le rompieron la cabeza hasta hacerla sangrar. [Ibn Hishām, As-Sīra an-Nabawiyya, 1/310]

Así, Abū Bakr (r.a.) arriesgó aquel día su propia vida y liberó a Muhammad (s.a.s.) de las manos de los impíos. Una vez liberado, este emprendió el camino hacia su casa. La joven Fátima caminó detrás de su padre. En el camino, todos aquellos con quienes se encontraron, libres y esclavos, les causaron un gran sufrimiento lanzándoles toda clase de comentarios indecentes. El Mensajero (s.a.s.) fue directamente a casa y se dejó caer en la cama, completamente abatido. Todo esto sucedió ante los ojos de la pequeña Fátima. [Tarājim Sayyidāt Bayt an-Nubuwwah, 592]

Fátima en Shi‘b Abī Tālib

Los qurayshíes escogieron un nuevo método para perseguir al Mensajero de Dios (s. a. s.). Esta vez extendieron su persecución también a los Banū Hāshim y los Banū ʿAbd al-Muṭṭalib. Los politeístas de La Meca tomaron la firme decisión de boicotearlos. Hasta que el Mensajero de Dios (s. a. s.) se sometiera a ellos, cesarían todo comercio, conversación y trato con ellos. Excepto Abū Rahab, los Banū Hāshim y los Banū ʿAbd al-Muṭṭalib se refugiaron en las afueras de La Meca, en el «Shiʿb Abī Ṭālib». Allí fueron mantenidos bajo asedio. La vida bajo el asedio llegó a ser terrible. Incluso desde fuera del «Shiʿb» podían oírse entonces los lamentos y llantos de las mujeres y los niños hambrientos. Fāṭima (que Dios esté complacido con ella) se encontraba entre los sitiados. Este asedio afectó gravemente a su salud. La desnutrición que sufrió allí la acompañó durante toda su vida. El asedio duró aproximadamente tres años. [Nisāʾ Mubashsharāt bi-l-Janna, p. 206]

Para olvidar las penas y dolores de la vida bajo el asedio, se enfrentó a otra gran aflicción. Su amorosa madre, la honorable Jadīya (que Dios esté complacido con ella), que había protegido a todos ellos y que, con gran discreción, había cumplido todas las responsabilidades de la bendita casa del Profeta, falleció. Parecía haber dejado sobre su hija Fāṭima todas las responsabilidades del Mensajero de Dios (s. a. s.). Ella se puso al lado de su padre con gran confianza en sí misma y firmeza. Comenzó a recibir de él aún más cariño y afecto. Hasta la emigración a Medina, continuó contribuyendo en La Meca como colaboradora de las actividades de predicación de su padre. Por eso recibió el sobrenombre de «Umm Abīhā» («la madre de su padre»). [La obra citada anteriormente, p. 207; Usd al-Gāba, 5/250; al-Iṣāba, 4/450]

La emigración y Fāṭima

La noche en que el Mensajero (s. a. s.) emigró a Medina, Fāṭima (que Dios esté complacido con ella) presenció muy de cerca el audaz papel que desempeñó ʿAlī (que Dios esté complacido con él). Arriesgando su propia vida, ʿAlī se acostó en el lecho del Mensajero (s. a. s.) con el propósito de engañar a los impíos qurayshíes. Fāṭima también se encontraba en la casa aquella noche terrible. Rechazó con absoluta valentía todas las presiones de los qurayshíes. Después, ʿAlī permaneció tres días en La Meca y, tras devolver a sus dueños los bienes y el dinero que el Mensajero de Dios (s. a. s.) había dejado en depósito, partió hacia Medina.

Fāṭima y su hermana Umm Kulthūm permanecieron en La Meca. Cuando el Mensajero (s. a. s.) se hubo establecido un poco en Medina, envió a un compañero para traer a los miembros de su familia. Esto ocurrió en el decimotercer año de la misión profética. Fāṭima tenía entonces dieciocho años. Al llegar a Medina, vio que allí los emigrantes habían encontrado paz y seguridad. En medio de la soledad de una tierra extranjera, se habían establecido vínculos de hermandad. Él mismo había tomado a ʿAlī (que Dios esté complacido con él) como hermano en la religión. [Ibn Hishām, 2/150; al-Istīʿāb, 3/198]

El matrimonio

Fāṭima (que Dios esté complacido con ella) contrajo matrimonio con ʿAlī (que Dios esté complacido con él) después de la batalla de Badr, en el segundo año de la hégira. Entre los especialistas en biografía profética existe cierta discrepancia sobre el año y la fecha exactos del matrimonio, así como sobre las edades de Fāṭima y ʿAlī en aquel momento. Una opinión sostiene que el matrimonio tuvo lugar después de la batalla de Uḥud. También se ha narrado que el matrimonio de ʿAlī y Fāṭima tuvo lugar cuatro meses después de que el Mensajero (s. a. s.) llevara a la honorable ʿĀʾisha (que Dios esté complacido con ella) a su hogar, y que la consumación se produjo nueve meses después de la boda. En el momento del matrimonio, Fāṭima tenía quince años y cinco meses y medio, y ʿAlī tenía veintiún años y cinco meses. [Aʿlām al-Nisāʾ, 4/109] Ibn ʿAbd al-Barr menciona en su obra al-Istīʿāb, y Ibn Saʿd en su obra Ṭabaqāt, que ʿAlī (que Dios esté complacido con él) se casó con Fāṭima (que Dios esté complacido con ella) en el mes de Rajab, cinco meses después de la llegada del Mensajero de Dios (s. a. s.) a Medina, y que la consumación tuvo lugar después de su regreso de la batalla de Badr. Fāṭima tenía entonces dieciocho años. En la Historia de al-Ṭabarī se afirma que la consumación de ʿAlī y Fāṭima (que Dios esté complacido con ambos) tuvo lugar en el mes de Dhū al-Ḥijja, al cumplirse veintidós meses desde la emigración, en el segundo año de la hégira. En el momento del matrimonio, ʿAlī era cuatro años mayor que Fāṭima. [La obra citada anteriormente; Ṭabaqāt, 8/11; Nisāʾ Mubashsharāt bi-l-Janna, p. 208]

Compañeros de elevada posición, como Abū Bakr (que Dios esté complacido con él) y ʿUmar (que Dios esté complacido con él), también deseaban tomar a Fāṭima (que Dios esté complacido con ella) como esposa. Incluso le presentaron sus propuestas al Mensajero de Dios (s. a. s.). Sin embargo, él las rechazó con gran humildad y cortesía. En el Mustadrak de al-Ḥākim y en el Sunan de al-Nasāʾī se narra que Abū Bakr y ʿUmar (que Dios esté complacido con ambos) propusieron casarse con Fāṭima. El Mensajero (s. a. s.) les dijo: «Ella todavía es joven». Según una narración, Abū Bakr presentó su propuesta. El Mensajero (s. a. s.) dijo: «¡Abū Bakr! Espera la decisión de Dios respecto a ella». Abū Bakr (que Dios esté complacido con él) le comunicó esto a ʿUmar (que Dios esté complacido con él), y ʿUmar dijo: «Él ha rechazado tu propuesta». Entonces Abū Bakr le dijo a ʿUmar (que Dios esté complacido con él): «Ahora presenta tú al Mensajero de Dios (s. a. s.) una propuesta de matrimonio con Fāṭima». ʿUmar presentó su propuesta. El Mensajero (s. a. s.) le dijo exactamente lo mismo que había dicho a Abū Bakr al rechazarlo. Cuando ʿUmar (que Dios esté complacido con él) se lo comunicó a Abū Bakr, este comentó: «ʿUmar, también ha rechazado tu propuesta». Entonces ʿUmar (que Dios esté complacido con él) le dijo a ʿAlī (que Dios esté complacido con él): «Tú eres el pretendiente adecuado para Fāṭima». ʿAlī respondió: «Entre mis bienes no poseo nada excepto esta armadura». Se encuentran varias narraciones sobre cómo se celebró el matrimonio de ʿAlī y Fāṭima. Son bastante similares entre sí. Aquí se presentan algunas.

Según una narración recogida en las obras de Tabacat de Ibn Sa‘d y Usud al-Gaba, ‘Alí, siguiendo el consejo de ‘Umar, fue ante el Mensajero de Allah —que la paz y las bendiciones de Allah sean con él— para pedir la mano de Fátima. El Mensajero —que la paz y las bendiciones de Allah sean con él— tomó inmediatamente la iniciativa y propuso a Fátima en matrimonio a ‘Alí —que Allah esté complacido con él—. El Mensajero —que la paz y las bendiciones de Allah sean con él— casó inmediatamente a Fátima con ‘Alí por iniciativa propia. Cuando la noticia llegó a oídos de Fátima, comenzó a llorar. Entonces el Mensajero —que la paz y las bendiciones de Allah sean con él— fue junto a Fátima y le dijo: «¡Fátima! Te he casado con el hombre más erudito, el más sensato y el primero en aceptar el islam». Según otra narración, después de que ‘Alí presentara su propuesta, el Mensajero —que la paz y las bendiciones de Allah sean con él— dijo: «¡Fátima! ‘Alí te tiene presente». Fátima permaneció en silencio, sin responder. Entonces el Mensajero —que la paz y las bendiciones de Allah sean con él— concluyó el matrimonio.

Otra narración dice lo siguiente: algunos de los ansar de Medina le dijeron a ‘Alí: «Tú tienes a Fátima». Después de esto, ‘Alí fue ante el Mensajero de Allah —que la paz y las bendiciones de Allah sean con él—. El Mensajero —que la paz y las bendiciones de Allah sean con él— dijo: «¿Qué necesita el hijo de Abu Talib?». ‘Alí habló acerca de Fátima. El Mensajero de Allah —que la paz y las bendiciones de Allah sean con él— dijo: «Marhaban wa ahlan» («Bienvenido a la familia»). No dijo nada más. ‘Alí se levantó y fue junto al grupo de ansar que lo esperaba. Ellos le preguntaron: «¿Qué noticias traes?». ‘Alí respondió: «No lo sé. No me dijo nada aparte de “Marhaban wa ahlan”». Ellos dijeron: «¿Acaso no es suficiente que el Mensajero de Allah —que la paz y las bendiciones de Allah sean con él— te haya dicho eso? Te ha dado la bienvenida como miembro de la familia». La narración de ‘Alí —que Allah esté complacido con él— sobre cómo se celebró su matrimonio con Fátima es la siguiente: llegó ante el Mensajero de Allah —que la paz y las bendiciones de Allah sean con él— una propuesta de matrimonio para Fátima. Entonces una de mis esclavas me dijo: «¿Sabes que ha llegado ante el Mensajero de Allah —que la paz y las bendiciones de Allah sean con él— una propuesta de matrimonio para Fátima?»

Dije: «No».

Ella dijo: «Sí, ha llegado una propuesta. ¿Por qué no vas ante el Mensajero de Allah —que la paz y las bendiciones de Allah sean con él—? Si vas, el Mensajero de Allah —que la paz y las bendiciones de Allah sean con él— casará a Fátima contigo».

Dije: «¿Tengo algo con lo que pueda casarme?»

Ella dijo: «Si vas ante el Mensajero de Allah —que la paz y las bendiciones de Allah sean con él—, sin duda la casará contigo».

‘Alí —que Allah esté complacido con él— dijo: «¡Por Allah! Ella continuó dándome esperanzas y animándome de ese modo. Finalmente, un día fui ante el Mensajero de Allah —que la paz y las bendiciones de Allah sean con él—. Después de sentarme frente a él, me quedé como mudo. Debido a su grandeza y a la solemnidad y el temor que emanaban de él, no pude pronunciar palabra. Al cabo de un rato, él mismo me preguntó: “¿Por qué has venido? ¿Tienes alguna necesidad?”. ‘Alí —que Allah esté complacido con él— dijo: «Permanecí en silencio». El Mensajero —que la paz y las bendiciones de Allah sean con él— dijo: «Sin duda has venido a pedir la mano de Fátima».

Dije: «Sí». Él dijo: «¿Tienes algo con lo que puedas hacerla lícita para ti?». Dije: «¡Por Allah, oh Mensajero de Allah! No tengo nada». Él dijo: «¿Qué hiciste con la armadura que te di?»

Dije: «Lo tengo conmigo». Juro por Aquel en cuya mano está la vida de ‘Alī: se trata de una armadura «Huṭamī». Su precio ni siquiera llegaría a cuatro dírhams.

El Mensajero dijo: «Te he casado con Fāṭima a cambio de ella. Envíala a su destino y hazla lícita para ti con ella».

‘Alī dijo: «Este fue el mahr de Fāṭima, hija del Mensajero de Allah». [Dalā’il an-Nubuwwah, 3/160; Usud al-Gābah, 5/250; Al-Bidāyah wan-Nihāyah, 3/346; Ṭabaqāt, 8/12]

‘Alī regresó rápidamente a casa y trajo la armadura. El Mensajero le dijo que la vendiera para comprar los artículos necesarios para adornar a la novia. [Ṣaḥīḥ al-Bujārī, Kitāb al-Buyū‘; Sunan an-Nasā’ī, Kitāb an-Nikāḥ; Musnad Aḥmad, 1/93, 104, 108] ‘Uṯmān ibn ‘Affān compró la armadura por cuatrocientos setenta (470) dírhams. Ese dinero fue entregado al Mensajero de Allah. Él le ordenó a Bilāl que comprara con él algo de perfume y fragancias, y que entregara lo que quedara a Umm Salamah, para que pudiera comprar con ello los artículos necesarios para adornar a la novia.

Cuando todo estuvo dispuesto, el Mensajero convocó a los Compañeros. Cuando estuvieron presentes, anunció que había casado a su hija Fāṭima con ‘Alī por cuatrocientos miṯqāl de plata. Después, conforme a la costumbre árabe, el Mensajero, en representación de la novia, y el novio, ‘Alī, pronunciaron sendas breves jutbas. Luego se presentó un recipiente lleno de dátiles entre los honorables Compañeros invitados. [Tarājim Sayyidāt Bayt an-Nubuwwah, 607]

Jutba pronunciada por el Mensajero de Allah en el matrimonio de Fāṭima y ‘Alī: [Jamharaṭ Jutab al-‘Arab, 3/344]

«Todas las alabanzas pertenecen a Allah, Quien es alabado por Sus dones y Su gracia; es adorado por Su fuerza y Su poder; inspira temor por Su castigo y es objeto de esperanza por todo cuanto posee. Él ejecuta Su mandato en los cielos y en la tierra. Con Su fuerza y Su poder creó esta creación; después distinguió a sus miembros mediante los mandatos y las prohibiciones, los fortaleció mediante la religión y los honró por medio de Su profeta Muḥammad. Luego, Allah —Altísimo sea— hizo del matrimonio un medio para preservar la descendencia futura y una obligación. Por medio de él vinculó entre sí los lazos de sangre. Hizo que este sistema fuera obligatorio para la creación.»

Aquel cuyo nombre es sumamente bendito y cuyo recuerdo es sublime dijo: «Él es Quien creó al ser humano del agua y luego le estableció vínculos de linaje y de parentesco matrimonial. Tu Señor tiene poder sobre todas las cosas». Así pues, el mandato de Allah avanza hacia su desenlace final. Cada desenlace final tiene un plazo determinado, y cada plazo determinado tiene un término. «Allah borra lo que quiere y confirma lo que quiere, y junto a Él está el Libro original».

Después, mi Señor me ha ordenado que case a Fátima con ‘Alí. Y la he casado con él por cuatrocientos mizqales de plata, si ‘Alí está de acuerdo con ello.

Después de la jutba del Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él), conforme a la costumbre de los árabes de aquella época, el novio, ‘Alí (que Allah esté complacido con él), pronunció una breve jutba. Primero presentó alabanzas y elogios a Allah, y salutaciones y paz al Mensajero. Luego dijo: [obra citada-3/345] (ÁRABE============)

«Esta reunión nuestra es algo que Allah ha decretado y con lo que se ha complacido. Y el matrimonio es algo que Allah ha ordenado y respecto de lo cual ha dado permiso. Muhammad, que Allah le bendiga y le conceda paz, me ha casado con su hija Fátima a cambio de una dote matrimonial de cuatrocientos ochenta dírhams. He aceptado esto. Por tanto, preguntádselo a él; Allah basta como testigo.»

Así, de una manera sumamente sencilla y simple, se celebró la bendita boda de la hija del Profeta, Fátimat az-Zahrá, con ‘Alí. En otras palabras, se estableció la relación matrimonial más grandiosa y gloriosa de toda la larga historia del islam.

Vida conyugal

Este matrimonio se celebró en el mes de Rayab, después de su llegada a Medina. En el segundo año de la Hégira, después de la batalla de Badr, ‘Alí (que Allah esté complacido con él) logró alquilar una casa para llevarse allí a su esposa. En aquella casa no había el menor rastro de riqueza o prosperidad. Era una casa sumamente sencilla. No había allí muebles valiosos, camas, colchones, esteras ni nada semejante. ‘Alí solo tenía una piel de oveja: por la noche la extendía y dormía sobre ella, y durante el día la utilizaba como odre. No había criados ni sirvientes. [A‘lām an-Nisā’ -4/109; Ṭabaqāt-8/13; Ṣaḥābiyyāt-148] Asmā’ bint ‘Umays (que Allah esté complacido con ella), quien presenció el matrimonio de ‘Alí y Fátima (que Allah esté complacido con ambos) y la preparación de su cámara nupcial, dijo que no tenían nada aparte de una almohada y un lecho rellenos de fibras de palmera. También se dice que en aquella época no hubo ningún banquete nupcial mejor que el de ‘Alí (que Allah esté complacido con él). Podemos hacernos una idea de cómo fue aquel banquete por el siguiente relato: «‘Alí (que Allah esté complacido con él) llevó algo de cebada después de empeñar una de sus armaduras ante un judío». [Ṭabaqāt-8/23] No resulta nada difícil imaginar cómo fue la comida de su noche nupcial a partir de este relato.

Sin embargo, los Banū ‘Abd al-Muṭṭalib ofrecieron con motivo de este matrimonio un banquete tan fastuoso que, según se dice, nunca antes habían celebrado uno semejante. Según los relatos de los Ṣaḥīḥayn y de al-Iṣābah, Ḥamzah (que Allah esté complacido con él), tío tanto de Muhammad (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) como de ‘Alí, sacrificó dos camellos viejos y dio de comer a sus parientes. [Tarājimū Bayt an-Nubuwwah-607]

Una vez concluidas las formalidades del matrimonio, los familiares e invitados que habían acudido se despidieron uno tras otro, deseando felicidad y prosperidad a los recién casados. El Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) llamó a Umm Salamah (que Allah esté complacido con ella) y le pidió que acompañara a la novia a la casa de ‘Alí. También les dijo que esperaran allí su llegada.

Bilal (ra) hizo el llamado a la oración de la noche. El Mensajero (sa) dirigió la oración congregacional en la mezquita. Después fue a la casa de ‘Alí (ra). Pidió que trajeran un poco de agua. Cuando trajeron el agua, recitó algunos versículos del Corán y sopló sobre ella. Mandó que ambos, el novio y la novia, bebieran de aquella agua. Luego realizó la ablución con el agua restante en un recipiente colocado debajo. Después roció aquella agua sobre las cabezas de ambos. Entonces se levantó para marcharse, mientras suplicaba: [A‘lām an-Nisā’-4/109] (Árabe========)

«¡Oh, Allah! Bendícelos a ambos. ¡Oh, Allah! Concédeles el bien a ambos. ¡Oh, Allah! Otorga prosperidad a su descendencia».

En otra narración se relata que, al marcharse, le dijo a su hija: «¡Fátima! No he cometido ninguna falta al casarte con el mejor miembro de mi familia».[at-Tabaqāt-8/15, 28]

Fátima no pudo contener las lágrimas. Su padre permaneció un rato en silencio. Luego, para aliviar la tensión del momento, le dijo a su hija con profunda emoción: «Te dejo al cuidado del hombre que posee la fe más firme, el mayor conocimiento, la mejor moral y el espíritu más noble».[Tarājimu sayyidāti bayt an-nubuwwah-608]

Frente a la dura realidad de la pobreza

En la casa de su esposo, adonde Fátima fue desde el hogar paterno, no había ninguna abundancia. Más bien, lo que había allí bien podía describirse como la dura realidad de la pobreza. En comparación, la situación económica de los esposos de sus otras hermanas era mucho mejor. Zaynab se casó con Abu al-‘Ās (ra), quien era uno de los dos hijos de ‘Abd al-‘Uzzā ibn ‘Abd al-Muttalib, un hombre muy rico de La Meca. Después de que ambos se separaran de ellas por causa del islam, una después de la otra, las dos hermanas se casaron con ‘Uṯmān ibn ‘Affān (ra). Y ‘Uṯmān (ra) era un hombre acaudalado. En comparación con ellos, ‘Alí (ra) era un hombre sumamente pobre. No poseía ninguna riqueza obtenida por él mismo, ni había recibido nada por herencia. Su padre era el hombre más respetado de La Meca, pero no era dueño de grandes riquezas. Además, tenía muchos hijos. Por ello, para aliviar su carga, Muḥammad (sa) y su tío ‘Abbās asumieron la crianza de dos de sus hijos. Así fue como ‘Alí (ra) pasó a formar parte de la familia de Muḥammad (sa).

Aquí puede surgir una pregunta: ¿por qué un joven inteligente de noble linaje de La Meca, como ‘Alí (ra), vivió en una pobreza tan extrema? La respuesta puede encontrarse en la propia vida de ‘Alí (ra). Muḥammad (sa) se convirtió en Mensajero. Entre los jóvenes, ‘Alí (ra) fue el primero en creer en él. Según el relato de Ibn Isḥāq, entonces tenía diez años.[ibid.-612] Desde ese momento quedó ligado a la vida del Profeta Muḥammad (sa). Mientras el Profeta (sa) afrontaba las realidades más difíciles, ¿dónde tuvo ‘Alí (ra), dado el modo en que comenzó su vida, la oportunidad de dedicarse a una profesión? Pasó muchos años enfrentándose a los qurayshíes de La Meca. Llegó a Medina con las manos completamente vacías. Allí, en un lugar nuevo, se involucró nuevamente en la labor de la da‘wah. Entretanto, llegó la batalla de Badr. Fue a la guerra. Después de la batalla, el Mensajero (sa) le dio una armadura como parte del botín. Esa fue la primera vez que pasó a poseer un bien.

Fátima sabía que ‘Alí (ra) era un hombre sumamente pobre. Por eso, si el relato de Balādhurī es auténtico, cuando el Mensajero (sa) le habló a Fátima de la propuesta de ‘Alí, Fátima mencionó la pobreza de ‘Alí. En respuesta, el Mensajero (sa) dijo:

Será un líder en este mundo y, en el Más Allá, será uno de los veraces. Entre los Compañeros, será el más erudito. También será un hombre perspicaz. Además, fue el primero en abrazar el islam». [Ibíd.; Hayat as-Sahaba, 3/256]

Esta narración bien podría ser auténtica. Pues no es extraño que, en una etapa semejante del matrimonio, se tomaran en consideración la necesidad y la pobreza.

Fátima (que Allah esté complacido con ella) fue a vivir a la casa de su esposo a los dieciocho años. Todos los historiadores han afirmado que allí no había absolutamente nada de riqueza ni de opulencia. Al llegar a aquella casa, encontró una almohada de cuero rellena de fibras de palmera datilera, una cama, un par de piedras de moler, dos odres, dos recipientes para agua y perfumes. Debido a su pobreza, su esposo no pudo proporcionarle ningún sirviente o sirvienta que la ayudara en las tareas domésticas o realizara los trabajos más pesados. Fátima (que Allah esté complacido con ella) hacía sola todo tipo de labores. De tanto hacer girar la piedra de moler, se le formaron callos en las manos; de tanto transportar odres llenos de agua, se le marcaron los hombros, y de tanto barrer la casa, sus ropas terminaban sucias. [Tabaqat, 8/159; al-Isaba, 4/450] Ali (que Allah esté complacido con él) no podía soportar que ella trabajara de ese modo. Pero tampoco podía hacer nada al respecto. La ayudaba personalmente en todo lo que podía. Siempre estaba atento a la salud de Fátima, pues, a causa de la desnutrición que había sufrido durante su vida en La Meca, había quedado bastante debilitada. Trabajando así ambos, dentro y fuera de la casa, llegaron a sentirse muy cansados. Un día, Ali (que Allah esté complacido con él) le dijo a su madre, Fátima bint Asad ibn Hashin: «Ayuda a la hija del Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) a traer agua y en las demás tareas de fuera, y Fátima te ayudará a moler el trigo y hacer el pan en casa». Por entonces, el padre de Fátima, el Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz), regresó a Medina victorioso de una batalla, acompañado de abundantes botines de guerra y prisioneros. Un día, Ali (que Allah esté complacido con él) dijo: «¡Fátima! Me apena mucho verte sufrir así. Allah, el Altísimo, ha concedido varios prisioneros de guerra. ¿Por qué no vas a tu padre y le pides un esclavo prisionero de guerra que te sirva?». Fátima, exhausta, mientras apartaba la piedra de moler que tenía en las manos, respondió: «Iré, insha Allah». Después de descansar un poco en el patio de la casa, se cubrió el cuerpo y la cabeza con un manto y se dirigió lentamente a la casa de su padre. Al verla, su padre le preguntó con voz afectuosa: «Hija, ¿por qué has venido?». Fátima respondió: «He venido a saludarle». Avergonzada, no pudo decirle a su padre lo que llevaba en el corazón. Regresó a casa y le contó a su esposo lo sucedido. Entonces Ali (que Allah esté complacido con él) llevó a Fátima consigo ante el Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz). Esta vez, Fátima, con el rostro inclinado por vergüenza ante su padre, le expuso su necesidad. Su padre le dijo: «¡Por Allah! No os daré ni siquiera un esclavo. La gente de Ahl as-Suffa está sufriendo terriblemente por no tener qué comer. No puedo hacer nada por ellos. Venderé a estos y gastaré ese dinero en ellos».

Al oír esto, ambos esposos dieron las gracias a su padre y regresaron a casa. Sin embargo, el padre afectuoso no pudo permanecer completamente tranquilo después de haberlos hecho regresar con las manos vacías. Durante todo el día, el rostro de su querida hija, agotada por el trabajo, permaneció presente en su mente.

Llegó la noche. Hacía un frío intenso. Ali y Fátima intentaban dormir acostados sobre una cama dura. Pero ¿cómo podían dormir con semejante frío? En ese momento se oyó que alguien llamaba a la puerta. Al abrirla, vieron de pie a su padre, Muhammad Mustafa (que Allah le bendiga y le dé paz). Él observó que la manta con la que su hija y su yerno intentaban dormir en aquel frío intenso era tan pequeña que apenas podían permanecer acurrucados los dos. Si la estiraban hacia la cabeza, los pies quedaban al descubierto; y si la desplazaban hacia los pies, la parte de la cabeza quedaba descubierta. Se apresuraron a recibir a aquel distinguido huésped. Él les dijo que no se preocuparan y que permanecieran tal como estaban. Comprendió profundamente su situación con todo su corazón y luego les dijo con tono afectuoso: «¿Queréis que os enseñe algo mejor que lo que me pedisteis?»

Ambos exclamaron al mismo tiempo: «¡Díganoslo, oh Mensajero de Allah!»

Él dijo: «Yibril me enseñó estas palabras: después de cada oración, recitad diez veces “Subhan Allah”, diez veces “Alhamdulillah” y diez veces “Allahu akbar”. Y por la noche, cuando os acostéis en la cama, recitad “Subhan Allah” treinta y tres veces, “Alhamdulillah” treinta y tres veces y “Allahu akbar” treinta y cuatro veces». Dicho esto, se marchó rápidamente, dejando allí a su hija y a su yerno. [Este hadiz ha sido narrado en Sahih al-Bujari y Sahih Muslim. Véanse también Tabaqat, 8/25; A‘lam an-Nisa, 4/111.]

Incluso treinta y tres años después de este suceso, se oyó al imán Ali (que Allah esté complacido con él) hablar de estas palabras que le había enseñado el Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le dé paz). Él decía: «Se oyó hablar de estas palabras que había enseñado el Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le dé paz)». Él decía: «Desde que el Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le dé paz) nos enseñó estas palabras, hasta hoy no las he omitido ni un solo día». En cierta ocasión, un iraquí preguntó: «¿Ni siquiera en aquella terrible noche de la batalla de Siffín?». Él respondió con gran énfasis: «Ni siquiera en aquella noche de Siffín». [Sahih Muslim; Ad-Du‘a, tomo 4, hadiz n.º 2091; Tabaqat, 8/19]

Puede mencionarse otro acontecimiento relacionado con este asunto. En cierta ocasión, Ali (que Dios esté complacido con él) atravesó una gran necesidad y penuria. Un día le dijo a su esposa Fátima (que Dios esté complacido con ella): «Si fueras al Profeta (la paz y las bendiciones de Dios sean con él) y trajeras algo, sería bueno». Fátima fue. En ese momento, Umm Ayman (que Dios esté complacida con ella) estaba sentada junto al Profeta (la paz y las bendiciones de Dios sean con él). Fátima llamó a la puerta. El Profeta (la paz y las bendiciones de Dios sean con él) le dijo a Umm Ayman: «Sin duda, ese es el llamado de la mano de Fátima. Ha venido a nosotros en un momento en que normalmente no acostumbra a venir». Fátima (que Dios esté complacido con ella) entró en la habitación y dijo: «¡Oh, Mensajero de Dios! El alimento de los ángeles consiste en tasbih, tahlil y tahmid. Pero ¿cuál es nuestro alimento?». Él respondió: «Juro por Aquel que me envió con la verdad que durante treinta días no se ha encendido fuego en la cocina de la familia de Muhammad. Han llegado a mí algunas cabras; si quieres, puedo darte cinco de ellas. Y si prefieres, en lugar de eso puedo enseñarte cinco palabras que Gabriel me enseñó».

Fátima (que Dios esté complacido con ella) dijo: «Enséñame, más bien, esas cinco palabras que Gabriel te enseñó». El Profeta (la paz y las bendiciones de Dios sean con él) dijo: «Di (en árabe: ========)»

Después de aprender estas cinco palabras, Fátima (que Dios esté complacido con ella) regresó junto a Ali (que Dios esté complacido con él). Al verla, Ali (que Dios esté complacido con él) preguntó: «¿Qué noticias hay?». Fátima respondió: «Me fui de tu lado esperando obtener algo de este mundo, pero he regresado con algo del Más Allá». Ali (que Dios esté complacido con él) dijo: «Este día es el mejor día de tu vida». [Kanz al-Ummaal, 1/302; Hayat as-Sahaba, 1/43]

Pequeñas disputas conyugales

Desde que, durante su adolescencia, adquirió cierto entendimiento y conocimiento hasta llegar a esta etapa de su juventud, Fátima no supo qué eran la alegría y la diversión. Tanto si su padre estaba cerca como si estaba lejos, no dejaba de sentir preocupación y angustia por él. Cuando él iba a la guerra, esa preocupación aumentaba cien veces más. Además, desde pequeña, al proteger a su padre, se había desarrollado en ella un espíritu combativo. Por eso, cuando tenía la oportunidad, corría al campo de batalla. Así, en la batalla de Uhud, se la vio vendando a los guerreros heridos, aplicando medicinas a sus heridas y dando agua a los mártires moribundos. Cuando estaba en casa, deseaba recibir de su esposo un trato tierno y afectuoso. Pero, considerando la historia de la vida de Ali (que Dios esté complacido con él), ¿dónde había oportunidad para esa ternura? Toda su vida había sido una lucha ardua; por ello, no era extraño que hubiera en él cierta rudeza. Como consecuencia, su relación se volvía tensa de vez en cuando. La noticia llegaba también a oídos de su padre. Él acudía y, con paciencia, los reconciliaba a ambos.

Se ha narrado que un día, al anochecer, vieron al Mensajero (la paz y las bendiciones de Dios sean con él) dirigirse con cierta prisa hacia la casa de su hija, con preocupación y angustia reflejadas en el rostro. Poco después, cuando salió de allí, se le veía muy alegre. Los nobles Compañeros dijeron: «¡Oh, Mensajero de Dios! Te vimos entrar en un estado y ahora sales alegre y contento».

Él respondió: «¿Cómo no iba a alegrarme después de haber reconciliado a las dos personas que más amo?». [Tabaqat, 8/499; al-Isaba, 4/368; A’lam an-Nisa, 4/11]

En otra ocasión, Fátima (que Dios esté complacido con ella) se sintió herida por la rudeza de Ali (que Dios esté complacido con él). Dijo: «Iré a quejarme ante el Mensajero de Dios (la paz y las bendiciones de Dios sean con él)», y salió de la casa. Ali (que Dios esté complacido con él) la siguió. Fátima le explicó a su padre la razón por la que estaba molesta con su esposo, y el noble padre la complació hablándole con mucha dulzura. Mientras Ali (que Dios esté complacido con él) regresaba a casa con su esposa, dijo: «¡Juro por Dios! Nunca volveré a hacer nada que te disguste». [Tabaqat, 8/26; al-Isaba, 4/368]

La intención de Alí (que Allah esté complacido con él) de contraer un segundo matrimonio estando casado con Fátima

Aunque Fátima (que Allah esté complacido con ella) no lo deseaba, ocurrían ciertos acontecimientos que la alteraban profundamente. Fátima no podía aceptar en absoluto que su esposo contrajera otro matrimonio y llevara a otra esposa a su hogar. Alí (que Allah esté complacido con él) decidió casarse de nuevo. Razonó sencillamente que, según la ley de la sharía, contraer otro matrimonio era lícito. Así como es lícito que otros musulmanes tengan hasta cuatro esposas simultáneamente, tampoco habría ningún inconveniente en llevar otra esposa al hogar junto a la hija del Profeta (que Allah le conceda paz y bendiciones). Supuso que Fátima no se enfadaría demasiado con él por ello, pues había ejemplos de esto incluso en la casa de su padre: Aisha, Hafsa y Umm Salama (que Allah esté complacido con ellas) vivían juntas. Además, en cierta ocasión, cuando una mujer de los Banú Majzum robó, sus familiares solicitaron al Mensajero de Allah (que Allah le conceda paz y bendiciones), por mediación de Usama ibn Zayd, que se le perdonara el castigo. Entonces el Mensajero (que Allah le conceda paz y bendiciones) dijo: «¿Intercedes para que se deje sin efecto un castigo prescrito por Allah?». Después pronunció un sermón ante los presentes y dijo: «Muchas naciones anteriores a vosotros fueron destruidas porque, cuando robaba una persona honorable, la dejaban en libertad; pero cuando robaba una persona débil, le aplicaban el hadd, es decir, el castigo prescrito. ¡Por Allah! Si Fátima, la hija de Muhammad, robara, le cortaría la mano». [Sahih al-Bujari: al-Anbiya; Muslim: al-Hudud; Tarajimu Sayyidati Bayt an-Nubuwwah, p. 618] A partir de estas palabras, Alí llegó a la conclusión de que Fátima también era como cualquier otra mujer musulmana.

Basándose en un razonamiento tan sencillo, Alí (que Allah esté complacido con él) pensó en contraer otro matrimonio, pero ni siquiera imaginó que la reacción sería tan grave. En cuanto se supo que enviaría una propuesta de matrimonio a la hija de Amr ibn Hisham ibn al-Mugira al-Majzumi, Fátima estalló de ira y agitación. El Mensajero también se enfadó. Cuando Fátima oyó hablar de la propuesta de matrimonio de Alí con la hija de Amr ibn Hisham, es decir, Abu Yahl, corrió hacia su padre y se quejó diciendo: «Los miembros de tu comunidad creen que no te enfadas aunque se perjudiquen los intereses de tu hija. ¡Este Alí está ahora casándose con la hija de Abu Yahl!». [Nisa Mubashsharat bil Yannah, p. 215]

Al oír aquello, el Mensajero (que Allah le conceda paz y bendiciones) se enfadó profundamente. Sin embargo, el asunto era bastante complejo, porque también estaba implicada la cuestión del derecho de Alí (que Allah esté complacido con él). Alí podía contraer otros matrimonios aun manteniendo a Fátima; Allah le había concedido ese derecho. ¿Cómo podía el Mensajero (que Allah le conceda paz y bendiciones) impedirle ejercerlo? Por otro lado, también era muy doloroso que su querida hija tuviera que compartir su hogar con otra esposa. Así pues, el problema tenía otro aspecto: la mujer con quien Alí pretendía casarse era la hija de Abu Yahl, Amr ibn Hisham. ¿Podían convivir en el hogar de Alí, como sus esposas, la hija del Mensajero de Allah y la hija de un enemigo de Allah?

Este era Abu Yahl, cuya feroz enemistad hacia el islam y cuyo cruel hostigamiento y persecución del Profeta (que Allah le conceda paz y bendiciones) y de los musulmanes aún no se habían borrado de la memoria del Profeta (que Allah le conceda paz y bendiciones) ni de la de los musulmanes. Este enemigo de Allah dijo un día a los qurayshíes: «¡Oh, miembros de la tribu de Quraysh! Veis que este Muhammad no cesa de describir los defectos de nuestros ídolos, insultar a nuestros antepasados y llamar tontos e insensatos a nuestros hombres sensatos. Juro por Allah que mañana me sentaré con una gran piedra que pueda cargar. En cuanto se postre, le aplastaré la cabeza con ella. Después, entregadme a los Banú Abd Manaf o protegedme de ellos; haced lo que queráis». [Ibn Hisham, As-Sira, 1/319; Tarajimu Sayyidati Bayt an-Nubuwwah, p. 619]

En las reuniones de los qurayshíes se burlaba del Profeta Muhammad (que Allah le conceda paz y bendiciones), diciendo: «¡Oh, miembros de la tribu de Quraysh! Muhammad afirma que los soldados de Allah que os castigarán y os mantendrán prisioneros en el Infierno son solamente diecinueve. Vosotros sois mucho más numerosos que ellos. ¿Acaso no podría cada cien de vosotros hacer frente a uno de ellos?». Entonces fue revelado este versículo del Corán:

«He hecho que los ángeles sean los guardianes del Infierno y he mencionado este número únicamente como una prueba para los incrédulos». [Ibn Hisham, As-Sira, 1/333, 335]

Este era Abu Yahl, quien, cuando Ajnas ibn Murayq le preguntó acerca del Corán que había oído, le dijo: «¿Qué has oído? Nosotros y los Banú Abd Manaf competimos por el honor. Ellos alimentaban a la gente y nosotros también. Ellos asumían las responsabilidades de la gente y nosotros también. Ellos daban donaciones a la gente y nosotros también. Así continuamos hasta quedar igualados, como dos caballos en una carrera. Entonces dijeron: “Hay un profeta entre nosotros, a quien le llega la revelación desde el cielo”. ¿Cómo podremos tener ahora un profeta entre nosotros? ¡Por Allah! Jamás creeré en él ni lo consideraré digno de confianza». [Tarajimu Sayyidati Bayt an-Nubuwwah, p. 620]

Este era Abu Yahl: cuando se enteraba de que alguna persona honorable había aceptado el islam, la atemorizaba, la humillaba y la insultaba. Decía: «¿Has abandonado a tu padre, que era mejor que tú? Haremos correr la voz de que tu inteligencia es necedad, estableceremos que tus opiniones y decisiones están llenas de errores, y hundiremos por completo tu honor y tu dignidad».

Y si algún comerciante aceptaba el islam, le decía: «¡Por Allah! Arruinaremos tu negocio y dejaremos completamente devastados tus bienes y riquezas». Si quien aceptaba el islam era débil, lo sometía a castigos físicos para presionarlo a renunciar al islam.

Este era Abu Yahl, quien durante el boicot en el desfiladero de Abu Talib, en La Meca, impidió que Hakim ibn Hizam ibn Juwaylid llevara un poco de comida para su tía paterna Jadiya (que Allah esté complacido con ella). Este maldito se interpuso en su camino y le dijo: «¿Llevas comida para los Banu Hashim? ¡Por Allah! No podrás llevarte esta comida. Ven a La Meca; te humillaré». Él se negó a apartarse del camino. Ese día ambos llegaron a pelearse violentamente. En este contexto fueron reveladas las siguientes palabras: [Sura ad-Duján, 43-46; Ibn Hisham, as-Sira, 2/22, 126, 132]

«Ciertamente, el árbol de zaqq um será el alimento del pecador. Hervirá en sus vientres como cobre fundido, como agua hirviente».

Este Abu Yahl se encontró en La Meca con una delegación cristiana de Najrán. Habían llegado a La Meca, tras enterarse de que Muhammad (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) había recibido la profecía, con el propósito de obtener más información sobre él. Después de reunirse con el Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) y escuchar sus palabras, abrazaron la fe. Apenas salieron de la reunión del Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él), Abu Yahl se plantó delante de ellos y les dijo:

«¡Que Allah haga fracasar vuestra caravana! Vuestros correligionarios, a quienes dejasteis atrás, os enviaron para traer información sobre este hombre. ¿Acaso apenas os sentasteis tranquilamente con él abandonasteis vuestra religión y pasasteis a creer en él? No conozco ninguna caravana más necia que la vuestra». [Ibn Hisham, obra citada]

Este Abu Yahl había dicho a los quraysh, poco antes de la hégira del Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) a Medina, que escogieran de cada clan de Quraysh a un joven valiente, hábil e inteligente, y que cada uno tomara una espada afilada. Luego atacarían juntos a Muhammad y lo matarían de un solo golpe, como si fueran un solo hombre. Así, la responsabilidad por su sangre recaería por igual sobre todos los clanes de Quraysh. [Tabacat, 2/15, 17]

Durante la noche, el Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) emigró a Medina. A la mañana siguiente, los qurayshitas salieron en su búsqueda. Abu Yahl se encontraba entre ellos. Se detuvieron ante la puerta de la casa de Abu Bakr (que Allah esté complacido con él) y comenzaron a llamar a gritos. Salió Asma (que Allah esté complacido con ella), la hija de Abu Bakr. Le preguntaron: «¿Dónde está tu padre?». Ella respondió: «¡Por Allah! No sé dónde está mi padre». Entonces Abu Yahl, fuente de toda obscenidad y maldad, levantó la mano y le propinó una fuerte bofetada en la mejilla. El pendiente de Asma salió despedido.

Cuando en Badr ambos bandos se preparaban para entrar en combate, el ejército de Quraysh envió a un hombre para que recabara información sobre el número y la fuerza del ejército enemigo. Al regresar, advirtió contra la participación en la batalla. Hakim ibn Hizam ibn Juwaylid fue a ver a Utba ibn Rabi’a y le pidió que regresara con sus hombres. Utba manifestó su reticencia y envió a Hakim ante Abu Yahl. Pero Abu Yahl no prestó atención a las palabras de Hakim, pues estaba decidido a combatir.

Este era Abu Yahl, uno de los siete incrédulos obstinados contra quienes el Mensajero (s.a.w.) invocó una maldición el día de Badr. Murió en esta batalla como un incrédulo maldito. Cuando llevaron su cabeza cortada ante el Mensajero de Allah (s.a.w.), este alabó a Allah.[Obra citada anteriormente; Tarajimu Sayyidati Bayt an-Nubuwwah, 612] El Mensajero (s.a.w.) se quedó con el camello de Abu Yahl. Cuatro años después, cuando emprendió el viaje hacia La Meca con intención de realizar la ‘umra, llevó consigo aquel camello como animal destinado al sacrificio. En el camino, los qurayshíes le impidieron avanzar en Hudaybiyya, donde sacrificó el camello.[Tabaqat, 2/69]

¿Podía la hija de semejante enemigo del islam convertirse en la coesposa de Fátima (r.a.), la hija del Mensajero de Allah (s.a.w.)? Por eso, Allah y Su Mensajero (s.a.w.) lo rechazaron. El Mensajero (s.a.w.) salió de su casa enfadado, se dirigió a la mezquita y subió directamente al púlpito. Luego pronunció ante la gente allí reunida el siguiente discurso:

«Los Banu Hisham ibn al-Mughira me piden permiso para casar a su hija con Ali. No les daré permiso. No les daré permiso. No les daré permiso. Sin embargo, si Ali quiere, puede divorciarse de mi hija y casarse con la hija de ellos. Mi hija es como una parte de mi cuerpo: aquello que la perturba también me perturba a mí, y aquello que le causa dolor también me causa dolor. Temo que su religión pueda verse sometida a una prueba.»

Después mencionó a su yerno, Abu al-As. Elogió ampliamente el vínculo de parentesco matrimonial que tenía con él. Dijo:

«Me dio su palabra y demostró que la cumpliría. Se comprometió conmigo y cumplió su compromiso. No puedo declarar ilícito lo lícito, ni declarar lícito lo ilícito. Sin embargo, la hija del Mensajero de Allah y la hija del enemigo de Allah jamás pueden convivir como esposas.»[Este hadiz fue recopilado en casi todas las colecciones de hadices, entre ellas Sahih al-Bujari, Muslim, Sunan Abi Dawud, Sunan Ibn Mayah, Sunan at-Tirmidhi y Musnad Ahmad (6/326, 328).]

Ali (r.a.) estaba en la mezquita. Se sentó en silencio y escuchó las palabras de su suegro. Después salió de la mezquita y se dirigió a casa con paso lento. Al llegar, encontró a Fátima sentada, abrumada por la tristeza y el dolor. Ali (r.a.) se acercó lentamente y se sentó a su lado. Permaneció sentado en silencio durante mucho tiempo, como si no lograra decidir qué decir. Cuando vio que Fátima lloraba, le dijo suavemente, con actitud de quien pide perdón:

«¡Fátima! He cometido un error respecto a tu derecho. Las personas como tú saben perdonar.» Pasó bastante tiempo sin que Fátima respondiera. Finalmente, dijo: «Que Allah te perdone.» Entonces Ali (r.a.) se sintió un poco aliviado. Después le contó todo lo sucedido en la mezquita. También le dijo que el Mensajero (s.a.w.) había declarado que la hija del Mensajero de Allah y la hija del enemigo de Allah jamás podían convivir como esposas. Los ojos de Fátima se llenaron de lágrimas. Luego se puso de pie para realizar la oración.[Tarajimu Sayyidati Bayt an-Nubuwwah, 624]

¿Cuándo ocurrió este episodio relacionado con la intención de contraer un segundo matrimonio?

Aquí queda una pregunta: ¿cuándo tuvo Alí (que Allah esté complacido con él) la intención de contraer este segundo matrimonio? Aunque las obras de historia y de sira narran el importante discurso mencionado del Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él), nadie ha precisado cuándo ocurrió. Sin embargo, fue un acontecimiento sumamente importante para la vida del Profeta (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) y para su familia. Por ello, algunos especialistas, tras analizarlo y examinarlo desde distintos ángulos, llegaron a la conclusión de que ocurrió al comienzo de la vida matrimonial de Alí y Fátima (que Allah esté complacido con ambos). Más concretamente, quizá tuvo lugar en el segundo año de la Hégira, antes del nacimiento de su primer hijo, Hasan, en el tercer año. No obstante, esta opinión se basa enteramente en una conjetura; no existe ninguna prueba documental o narrativa que la respalde.[La fuente citada anteriormente]

El nacimiento de Hasan y Husayn

Las nubes que se habían cernido sobre la vida de Alí y Fátima (que Allah esté complacido con ambos) se disiparon, y superaron una dura prueba de la vida. El hogar marcado por la pobreza y las estrecheces volvió a llenarse de amor, afecto y solidaridad. Entretanto, en el tercer año de la Hégira, nació su primer hijo, Hasan. Se dio la buena noticia al padre de Fátima, el Profeta (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él). Él acudió rápidamente, tomó con ambas manos al recién nacido de su querida hija Fátima, pronunció el adhan en su oído y comenzó a observarlo atentamente, examinándolo con detenimiento. Toda Medina pareció entregarse a la alegría y la celebración. El Mensajero (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) rasuró la cabeza de su nieto Hasan y donó a los pobres y necesitados una cantidad de plata equivalente al peso de su cabello. Cuando el pequeño Hasan apenas había superado el año de edad, en el mes de Shaabán del cuarto año de la Hégira, Fátima (que Allah esté complacido con ella) dio a luz a otro hijo. Este niño fue Husayn.[Sahih al-Bujari, Kitab al-Manaqib; Muslim, al-Fada’il]

Existe discrepancia respecto al nombre de aquella hija de Abu Yahl. Según la opinión más extendida, era Yuw aybiyya. También se han mencionado al-‘Awra, al-Hanqa, Jadhdam y Yamilah. Ella abrazó el islam, prestó juramento de fidelidad ante el Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) y conservó de memoria algunos hadices del Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él).[A‘lam al-Nisa’, 4/112; nota n.º 1]

Alí (que Allah esté complacido con él) retiró su propuesta matrimonial, y ‘Uttab ibn Usayd contrajo matrimonio con la hija de Abu Yahl.

Después de este acontecimiento, Fátima (que Allah esté complacido con ella) vivió hasta el último día de su vida como la única esposa de Alí (que Allah esté complacido con él). Él no tomó una segunda esposa hasta la muerte de Fátima. Fátima fue madre de cuatro hijos: Hasan, Husayn, Umm Kulzum y Zaynab. Mientras mecía al pequeño Hasan sobre sus manos, recitaba los siguientes versos:[La fuente citada anteriormente, 4/113] (árabe=======)

«Mi hijo se parece al Profeta, no a Alí».

El afecto y la ternura del Mensajero de Allah (s.a.w.) hacia Hasan y Husayn

Estos dos nietos tan queridos del Honorable Mensajero de Allah (s.a.w.) no solo llenaban de tranquilidad su corazón, sino que también colmaban los brazos de su madre, Az-Zahra. Después del fallecimiento de Jadiya (r.a.), el Mensajero (s.a.w.) concedió a varias mujeres la dignidad de esposas, pero ninguna de ellas pudo darle hijos. La carencia de hijos varones que sentía quedó remediada al tener a estos dos nietos. Gracias a ellos, se convenció de que existía la posibilidad de que su linaje perdurara en este mundo. Por ello, también volcó sobre ellos su amor paterno. Así pues, no es de extrañar que se refiriera a ambos como sus propios hijos. Se ha narrado de Anas ibn Malik que el Mensajero (s.a.w.) le decía a Fátima (r.a.): «Llama a mis dos hijos». Cuando se acercaban, olía sus cuerpos y los abrazaba. Tarajimu Sayyidati Bayt an-Nubuwwah, p. 626. Usama ibn Zayd (r.a.) dijo: «Un día llamé a la puerta de la casa del Mensajero de Allah (s.a.w.) por algún asunto. Él salió llevando algo envuelto en su manto. No pude entender qué era lo que estaba envuelto en él. Cuando terminé mi asunto, pregunté: “¡Oh, Mensajero de Allah! ¿Qué es lo que ha cubierto con su manto?”»

Cuando retiró el manto, vi a Hasan y Husayn. Entonces dijo: «Estos dos son mi hijo y mi hija. ¡Oh, Allah! Yo los amo; ámalos Tú también, y ama asimismo a quienes los amen». Siyar A‘lam an-Nubala, 3/251.

Allah, Señor de los mundos, concedió una gran misericordia y favor a Fátima Az-Zahra. Por medio de ella preservó el linaje de Su amado Profeta, Al-Mustafa (s.a.w.). Asimismo, al concederle mediante Alí (r.a.) la descendencia del último Profeta, Allah lo honró también con un honor y una dignidad eternos. Por parentesco de sangre, Alí (r.a.) era el yerno más cercano del Mensajero de Allah (s.a.w.). Por sus venas corría la pura sangre hachemita. El linaje del Mensajero (s.a.w.) y el de Alí (r.a.) se unían en Abd al-Muttalib. Ambos eran sus nietos. Posteriormente, Muhammad (s.a.w.), criado con amor paternal por aquel primo de su padre, Alí, le entregó en matrimonio a su hija, parte de su corazón. Por consiguiente, la posición y dignidad de Alí (r.a.) ante el Mensajero de Allah (s.a.w.) eran elevadísimas. Se ha narrado de Alí (r.a.): «Un día pregunté al Mensajero de Allah (s.a.w.): “¿Quién de los dos es más querido para usted: Fátima o yo?”. Respondió: “Fátima es más querida para mí que tú, y tú eres para mí más digno de honor que ella”».

Esta respuesta dejó clara la posición y dignidad de Fátima y Alí (r.a.) ante el Mensajero de Allah (s.a.w.). Por eso, en medio de sus numerosas ocupaciones, siempre que tenía la oportunidad se apresuraba a ir a la casa de aquella pareja tan querida y tomaba en brazos a sus dos adorados nietos, prodigándoles caricias afectuosas. Un día, al llegar a su casa, vio que Alí y Fátima estaban dormidos, mientras el pequeño Hasan lloraba pidiendo alimento. No quiso perturbar el sueño de ninguno de los dos. Tomó a Hasan y se dirigió hacia una cabra atada en el patio de la casa; ordeñó él mismo la cabra, dio de beber a Hasan y lo tranquilizó.

He aquí otro acontecimiento. Un día, el Mensajero (s.a.w.) pasaba apresuradamente por algún lugar junto a la casa de Fátima y Alí (r.a.). En ese momento oyó el llanto de Husayn. Entró en la casa y dijo a su hija, en tono de reproche: «¿No sabes que su llanto me causa dolor?». Tarajimu Sayyidati Bayt an-Nubuwwah, p. 627.

El nacimiento de las hijas Zaynab y Umm Kulthum

Después, el número de hijos de esta pareja continuó aumentando. En el quinto año de la Hégira, Fátima (r.a.) se convirtió en madre de su primera hija. Su abuelo, el Mensajero (s.a.w.), le puso el nombre de «Zaynab». Cabe señalar que una hermana carnal de Fátima se llamaba «Zaynab» y falleció después de emigrar a Medina. El recuerdo de aquella Zaynab permanecía en el corazón de su padre y de su hermana. Por ello, esta hija de Fátima recibió el nombre de aquella tía. Dos años después, Fátima (r.a.) fue madre de una segunda hija. El Mensajero (s.a.w.) también le puso el nombre de su otra hija fallecida, Umm Kulthum. De este modo, la Honorable Fátima (r.a.) mantuvo viva, a través de sus hijas, la memoria de sus dos hermanas fallecidas. El Mensajero (s.a.w.) partió a la proximidad de Allah, Señor de los mundos, dejando con vida a estos cuatro hijos de Fátima (r.a.).

Todos los hijos de Fátima eran pedazos del corazón del Noble Mensajero de Dios; especialmente en Hasan y Husayn parecía encontrar a sus hijos fallecidos. Por eso sentía un amor especial por ellos. Un día llevaba a uno de ellos sobre los hombros y caminaba por el mercado de Medina. Cuando llegó la hora de la oración, entró en la mezquita, lo sentó con mucho cariño a un lado y se puso de pie como imán. Sin embargo, permaneció tanto tiempo en prosternación que los fieles que estaban detrás quedaron atónitos. Al terminar la oración, alguien preguntó: «¡Oh, Mensajero de Dios! Te has prosternado durante tanto tiempo que pensamos que había ocurrido algo o que había descendido una revelación». Él respondió: «No, no ha ocurrido nada de eso. Lo que sucedió fue que mi hijo se subió a mi espalda. Quise que cumpliera su deseo y por eso no me apresuré».

Un día, el Mensajero de Dios estaba sentado en el púlpito pronunciando un sermón. En ese momento vio que los dos hermanos, Hasan y Husayn, se acercaban caminando con dificultad, vestidos con ropas rojas. Interrumpió el sermón, bajó del púlpito, los tomó a ambos y los sentó delante de él. Después, dirigiéndose a la gente presente, dijo: «Dios ha dicho la verdad: Sura At-Tagabun, 15».

«Vuestros bienes y vuestros hijos son ciertamente una prueba».

Vi que este niño caminaba y se caía. Al no poder soportar aquella escena, interrumpí mis palabras y lo levanté.

Otro día se vio que el Mensajero de Dios tenía las manos sobre los hombros del pequeño Husayn, mientras los dos pies de este descansaban sobre los pies del Mensajero. Lo sujetaba firmemente y le decía: «Sube, sube». Husayn fue subiendo hasta que finalmente puso los pies sobre el pecho de su abuelo. Entonces le dijo: «Abre la boca». Él abrió la boca, y cuando le besó el rostro, dijo: «¡Oh, Dios! Yo lo amo y él me ama. Ama a quienes lo aman». Muslim, Al-Fadā’il.

Un día, el Mensajero de Dios iba con varios compañeros a una invitación. En el camino vio a Husayn jugando con niños de su misma edad. El Mensajero extendió ambas manos y avanzó para atraparlo. Para evitar que su abuelo lo atrapara, el niño corría unas veces hacia un lado y otras hacia el otro. El Mensajero se colocó delante de él, riendo. Finalmente lo atrapó, lo sentó sobre uno de sus brazos, puso la otra mano bajo su barbilla y lo besó. Después dijo: «Husayn es parte de mí y yo soy parte de Husayn». Tarājimu Sayyidāti Bayt an-Nubuwwah, 630.

Abu Sufyan en la puerta de la casa de Fátima

El tiempo siguió transcurriendo. La oscuridad de toda Arabia estaba a punto de disiparse bajo la luz del islam. Finalmente, el Mensajero de Dios comenzó a prepararse para la expedición a La Meca. En Medina se produjo una gran movilización. Todos, hombres y mujeres, participarían en la expedición. La noticia llegó a La Meca a tiempo. Los corazones de los politeístas coraichitas comenzaron a estremecerse. Pensaron que esta vez no habría escapatoria. Después de mucho deliberar, enviaron a Abu Sufyan ibn Harb a Medina para disuadir a los habitantes de Medina de llevar adelante su decisión. La razón era que su hija, Umm Habiba Ramla, ya había aceptado el islam y el Mensajero de Dios le había concedido la dignidad de esposa. Por tanto, consideraron que solo a través de ella sería posible lograrlo.

Alí y Fátima decidieron participar en esta expedición. Una noche, antes de partir, se estaban preparando para el viaje. Numerosos recuerdos cobraban vida en sus mentes, y de vez en cuando rememoraban el pasado. ¿Seguiría siendo igual La Meca que habían dejado atrás ocho años antes? En sus recuerdos aparecían entonces las imágenes de Jadiya (ra), su madre, y de Abu Talib, su padre. En medio de aquel estado de emoción, de repente llamaron a la puerta. Alí (ra) se dirigió hacia ella para averiguar quién era el visitante a una hora tan avanzada de la noche. Fátima también permaneció mirando en esa dirección. Al abrir la puerta, vieron de pie a Abu Sufyan ibn Harb. Era el mismo Abu Sufyan que portaba el estandarte del ejército pagano de La Meca y era el esposo de Hind, quien había abierto el pecho de Hamza (ra), el mártir de Uhud, le había arrancado el hígado y lo había mordido.

Abu Sufyan comenzó a explicar cómo había llegado a Medina y por qué había venido. Dijo que los habitantes de La Meca lo habían enviado para hacer un acuerdo con Muhammad (sa), con el fin de salvarse de su ataque. Había entrado en Medina ocultando su identidad y se había presentado directamente en la casa de su hija, la Madre de los Creyentes, Umm Habiba Ramla (ra). Allí, cuando se disponía a sentarse en el lecho del Mensajero de Allah (sa), su propia hija se lo impidió, porque era un politeísta e impuro. No era digno de sentarse en el lecho purificado del Mensajero de Allah (sa). Su hija recogió el lecho. Él intentó hablarle, pero no obtuvo ninguna respuesta de ella. Abu Bakr (ra) también lo trató de la misma manera. Después fue ante Umar (ra). Tras escuchar sus palabras, le dijo: «¿Acaso voy a interceder por ti ante el Mensajero de Allah (sa)? ¡Por Allah! Aunque no encontrara nada más que una pequeña planta que brotara de la tierra, lucharía contra vosotros con ella». [Ibn Hisham, as-Sira, 4/38]

Después de decir esto, Abu Sufyan guardó silencio por un momento; luego, tras tragar saliva, dirigiéndose a Alí (ra), dijo: «¡Oh, Alí! Tú eres el más bondadoso de mi pueblo. He venido a ti por un asunto. No quiero regresar de tu lado tan decepcionado como he regresado de los demás. Intercede un poco por mí ante el Mensajero de Allah (sa)».

Alí (ra) dijo: «¡Abu Sufyan, que te sobrevenga el mal! ¡Por Allah! El Mensajero (sa) ya ha tomado una decisión sobre este asunto. No podemos decir nada al respecto».

Entonces Abu Sufyan miró a Fátima, que permanecía de pie en silencio a un lado, y, señalando a Hasan, que acababa de despertarse en el lecho cercano y se acercaba a su madre, le dijo a Fátima: «¡Oh, hija de Muhammad! ¿Le dirás a este hijo tuyo que se ponga de pie ante la gente, anuncie la seguridad de los miembros de su clan y sea para siempre el líder de toda Arabia?»

Fátima respondió: «Este pequeño hijo mío aún no tiene edad para ponerse de pie ante la gente y anunciar que concede seguridad a alguien, y nadie puede conceder seguridad pasando por encima del Mensajero de Allah (sa)».

Abu Sufyan se levantó para marcharse, desesperado. Llegó hasta la puerta y se detuvo un momento. Luego dijo con tono sumamente suave: «¡Abul Hasan (Alí)! Parece que este asunto se ha vuelto extremadamente difícil para mí. Dame algún consejo».

Alí (ra) dijo: «No conozco ningún consejo que pueda servirte. Sin embargo, eres un líder de la tribu de Kinana (una rama de la tribu de Quraysh). Ponte tú mismo de pie ante la gente y solicita protección. Después regresa a tu tierra natal».

Abu Sufyan dijo: «¿Me servirá esto de algo?». Ali (que Dios esté complacido con él) guardó silencio durante un momento y luego dijo: «¡Por Dios! No lo creo. Pero no veo para usted otro camino aparte de este».

Abu Sufyan se marchó decidido a actuar conforme al consejo de Ali (que Dios esté complacido con él). Entonces aquel matrimonio cerró la puerta de la casa y comenzó a reflexionar sobre el poder infinito de Dios, Señor de los mundos. Pensaban en Umm al-Qura, La Meca, la Kaaba, las casas de los qurayshíes y demás. (Tarajimu Sayyidati Bayt an-Nubuwwah, 633)

Fátima (que Dios esté complacido con ella) en la expedición para la conquista de La Meca

El Mensajero (la paz y las bendiciones de Dios sean con él) partió de Medina hacia La Meca acompañado de diez mil musulmanes. Ocho años antes había emigrado de La Meca a Medina en la oscuridad de la noche, llevando consigo únicamente a Abu Bakr as-Siddiq (que Dios esté complacido con él). Fátima, junto con los demás miembros de la familia del Profeta, se unió a aquella caravana para presenciar aquella gran victoria y glorioso regreso. Ocho años antes, un día, había abandonado La Meca y se había marchado a Medina con su hermana mayor, Umm Kulthum. Sus otras dos hermanas, Ruqayya y Zaynab, también habían emigrado. Pero aquel día no estaban en la caravana victoriosa. Yacían para siempre bajo la tierra de Medina. Nunca volverían a La Meca. Mientras rememoraba los recuerdos del pasado, Fátima avanzaba con la caravana. Finalmente, la caravana llegó a Marr az-Zahran y estableció el campamento. Al terminar el día, Abu Sufyan ibn Harb, líder del ejército idólatra de La Meca, se presentó en el primer jardín de ar-Ra’. Esperó toda la noche ante la puerta del Mensajero de Dios (la paz y las bendiciones de Dios sean con él), para conocer su decisión acerca de los habitantes de La Meca. Al amanecer se presentó ante el Mensajero de Dios y anunció su conversión al islam. Luego salió de allí y tomó directamente el camino hacia La Meca. Al llegar, se puso de pie sobre una colina elevada y proclamó en voz alta: «¡Oh, gente de la tribu de Quraysh! Muhammad viene con un ejército tan enorme como nunca habéis conocido. Quien entre en la casa de Abu Sufyan estará a salvo; quien cierre la puerta de su propia casa y permanezca dentro estará a salvo; y quien entre en la mezquita estará a salvo».

Al oír la proclamación, los habitantes de La Meca entraron en sus respectivas casas y en la Mezquita Sagrada. El Mensajero (la paz y las bendiciones de Dios sean con él), montado en su cabalgadura en Dhu Tuwa, dividió el ejército en varias unidades y designó para cada una un comandante y un portaestandarte. Sa’d ibn Ubada al-Ansari (que Dios esté complacido con él) era el portaestandarte. Después le dijo a Ali (que Dios esté complacido con él): «Él había llevado el estandarte en Jaibar y en la batalla contra los Banu Qurayza como portaestandarte del Mensajero de Dios (la paz y las bendiciones de Dios sean con él), y en la batalla de Uhud como portaestandarte de los emigrantes». (At-Tabaqat, I/27, 77)

El día de la conquista de La Meca, el Mensajero (la paz y las bendiciones de Dios sean con él) entró en la ciudad por el camino de Adhajir y descendió en la parte elevada de La Meca. Le instalaron una tienda no lejos de la tumba de la venerable Jadiya, Madre de los Creyentes (que Dios esté complacido con ella). Su hija Fátima az-Zahra también estaba con él. El día en que Fátima (que Dios esté complacido con ella) partía de La Meca hacia Medina, al-Huwayrith ibn Nuqaydh la había arrojado de su montura, poniendo su vida en peligro. Aquel recuerdo ensombrecía la alegría de su regreso a la tierra natal después de tantos años. El Mensajero tampoco lo había olvidado. Dividió el ejército en varios grupos, nombró un responsable para cada uno y dijo que, aunque aquellos hombres se refugiaran bajo la cubierta de la Kaaba, debían ser matados. Entre ellos se encontraba también al-Huwayrith ibn Nuqaydh. La responsabilidad de matarlo fue encomendada a Ali (que Dios esté complacido con él), esposo de la venerable Fátima (que Dios esté complacido con ella). (Tarajimu Sayyidati Bayt an-Nubuwwah, 635)

Umm Hani bint Abi Talib, prima del Mensajero de Dios (la paz y las bendiciones de Dios sean con él) y esposa de Hubayra ibn Abi Wahab, de La Meca, relató: «Después de que el Mensajero de Dios (la paz y las bendiciones de Dios sean con él) descendiera en la parte elevada de La Meca, dos hombres de los Banu Majzum, al-Harith ibn Hisham y Zuhayr ibn Abi Umayya ibn al-Mughira, huyeron y buscaron refugio en mi casa. Mi hermano Ali ibn Abi Talib (que Dios esté complacido con él) vino a visitarme y, al verlos, se enfureció mucho. Jurando por Dios, dijo: “¡Sin duda los mataré!”. Al ver que la situación se agravaba, cerré rápidamente la puerta y corrí hacia el Mensajero de Dios (la paz y las bendiciones de Dios sean con él). Cuando llegué, lo vi bañándose con agua de un gran recipiente, mientras Fátima permanecía de pie cubriéndolo con una tela. Después de bañarse, el Mensajero rezó ocho rakas de la oración de la mañana, luego se volvió hacia mí y dijo: “Umm Hani, ¿por qué has venido?”. Le conté lo sucedido en mi casa. Él dijo: “Yo también doy refugio a quienes tú has protegido. También concedo seguridad a aquellos a quienes tú has prometido protección. Ali no los matará”. (La misma fuente; Sahih Muslim: Salat al-Musafirin)

También se sabe cómo transcurrió la primera noche de Fátima (que Dios esté complacido con ella) en La Meca. Se encontraba profundamente conmovida. Los recuerdos de su amada madre y de sus dos hermanas, Zaynab y Ruqayya, acudían a su mente. También recordaba el trato cruel que los habitantes de La Meca habían dado a su padre, así como numerosos episodios de su propia infancia y adolescencia en La Meca. No pudo cerrar los ojos en toda la noche. Al amanecer, la voz de Bilal hizo resonar el adhan del alba desde la Mezquita Sagrada. Mientras Ali (que Dios esté complacido con él) se levantaba del lecho para prepararse para la oración, le preguntó: «Madre de Hasan, ¿no has dormido?». Ella respondió con una voz cargada de profunda emoción: «Quiero permanecer completamente despierta y disfrutar de este regreso triunfal. Si me quedara dormida, quizá todo esto me parecería un sueño».

Después se puso de pie para orar. Al terminar la oración, durmió un poco. Al despertar, quiso ir a la casa donde había nacido, la casa que había sido el campo de juegos de su infancia y de la de su esposo, ‘Alí. Sin embargo, después de su emigración, aquella casa pasó a estar en posesión de ‘Aqil ibn Abi Talib. Durante la conquista de La Meca, un día Usama ibn Zayd (que Allah esté complacido con él) preguntó al Mensajero (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él): «¿En qué casa se alojarán ustedes en La Meca?». Él respondió: «¿Acaso ‘Aqil nos ha dejado alguna residencia o casa?»

En este viaje no permaneció en La Meca más de dos meses. Llegó a La Meca en el mes de Ramadán del octavo año de la Hégira y, después de realizar la ‘umra hacia el final del mes de Dhul Qa‘da de ese mismo año, regresó a Medina con su padre. Durante ese tiempo también visitó la tumba de su madre Jadiya, destinada al Paraíso (que Allah esté complacido con ella).

En el noveno año de la Hégira falleció Umm Kulzum (que Allah esté complacido con ella), tercera hija del Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) y esposa de ‘Uzman (que Allah esté complacido con él). En el décimo año de la Hégira también falleció Ibrahim (que Allah esté complacido con él), hijo del Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) y de María al-Qibtiyya. Ahora, entre los hijos del Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él), no quedaba con vida nadie salvo Fátima az-Zahra.

El padre en su lecho de muerte

Después llegó aquel momento de gran calamidad. En el mes de Safar del año undécimo de la Hégira, el venerable padre de Fátima (que Allah esté complacido con ella) enfermó. La familia del Profeta y los demás musulmanes pensaron que quizá se trataba de una enfermedad leve y que se recuperaría muy pronto. Nadie imaginó que aquella sería su enfermedad final. El padre mandó llamar a su hija. Ella respondió de inmediato a su llamada y se dirigió hacia su casa. Junto al lecho del Mensajero (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) estaban sentadas Aisha (que Allah esté complacido con ella) y las demás esposas. Al ver que su hija Fátima se acercaba con serenidad, calma y gravedad, el padre la recibió diciendo:

«¡Hija mía! ¡Bienvenida!». Luego la besó, la sentó a su lado y le dijo en secreto al oído que se acercaba el momento de su muerte. Fátima rompió a llorar. Su llanto cesó cuando su padre le dijo nuevamente en secreto al oído: Tabakat, 8/16; Bujari: capítulo «Las señales de la profecía»; Muslim: «Las virtudes de los compañeros»; Kanz al-‘Ummal, 13/675.

«Tú serás la primera de mi familia en reunirte conmigo. Fátima, ¿acaso no estás satisfecha con ser la líder de las mujeres creyentes?». O bien el Mensajero (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: «¿Acaso no estás satisfecha con ser la líder de las mujeres de esta comunidad?»

Al oír estas palabras, el rostro de Fátima se iluminó de alegría. Dejó de llorar y sonrió. Al ver aquella reacción, Aisha (que Allah esté complacido con ella), que estaba sentada allí cerca, se quedó sorprendida. Ella comentó:

«Nunca he visto una escena de alegría tan cercana al dolor como la de hoy».

Más tarde, en cierta ocasión, le preguntó a Fátima: «¿Qué te dijo tu padre al oído?». Ella respondió: «No puedo revelar el secreto del Mensajero de Allah (sa)».[Tabacat, 8/16]

Al ver el estado de la enfermedad de su padre, Fátima (ra) regresó aquel día a su casa. Mientras tanto, el Mensajero (sa), aun durante su enfermedad, continuó alojándose por turnos, según lo establecido, en las casas de las Madres de los Creyentes. El día que se encontraba en la casa de Umm al-Mu’minin Maymuna bint al-Harith al-Hilaliyya (ra), la intensidad de su enfermedad aumentó aún más. Mandó llamar a las demás esposas. Cuando llegaron, pidió permiso para permanecer, en aquel estado de enfermedad, en la casa de Aisha (ra), y obtuvo su autorización.

Fátima (ra), la hija del Profeta, permaneció continuamente al servicio de su padre enfermo, incluso velando por él durante la noche. Además de atenderlo con paciencia, suplicaba con gran humildad y sumisión ante Allah, Señor de los mundos, por la recuperación de su padre. A pesar de todo ello, cuando la enfermedad continuó agravándose y la intensidad del sufrimiento siguió aumentando, Fátima tomó agua entre sus manos y la vertió con gran ternura sobre la cabeza de su padre. Al ver el sufrimiento de su padre, estuvo a punto de ahogarse en llanto. Con voz entrecortada y en un tono bajo, exclamó: «¡Padre! No puedo soportar su sufrimiento». Su padre la miró con ternura y le respondió con gran afecto: «Después de este día, tu padre ya no sufrirá más».[Bujari: «El capítulo sobre su enfermedad y fallecimiento (sa)», Fath al-Bari, 8/105; Musnad de Ahmad, 3/141; Tabacat, 2/2]

Después de dejar a su hija sumida en un mar de tristeza, el padre partió hacia la presencia del Señor Supremo. Ese día, Fátima (ra) se convirtió verdaderamente en una huérfana afligida, privada tanto de padre como de madre. Ante aquel dolor y aquella pena, no tenía delante ningún camino para hallar consuelo.

Tras perder a su padre, Fátima (ra) quedó profundamente afligida. En esas circunstancias, en el plazo de dos días, se completó en el patio de Saqifa Banu Saida la bai‘a a Abu Bakr (ra) como califa. Fátima (ra), tras recobrar un poco la compostura en medio de su trastorno emocional, se dirigió con pasos lentos a la tumba de su padre, tomó un puñado de tierra de ella y se lo pasó por sus dos ojos bañados en lágrimas. Después, mientras aspiraba su fragancia, comenzó a recitar los siguientes dos versos.[Siyar a‘lam an-nubala’, 2/134; A‘lam an-nisa’, 4/114]

«Quien aspire la fragancia de la tierra de la tumba de Ahmad, que no aspire durante toda su vida ninguna otra fragancia. Si las desgracias que han caído sobre mí hubieran caído sobre el día, este se habría convertido en noche».

Los nobles Compañeros (ra), después de completar el lavado ritual, el amortajamiento y el entierro del Noble Mensajero de Allah (sa), acudieron junto a Fátima (ra) para consolarla. Ella le preguntó a Anas (ra): «¿Cómo pudieron sus corazones consentir que cubrieran de tierra al Mensajero de Allah (sa)?». Luego recitó los siguientes versos en recuerdo del Mensajero de Allah (sa): [Usud al-gaba, 5/532; A‘lam an-nisa’, 4/113]

El horizonte del cielo se ha cubierto de polvo, el sol del mediodía ha quedado oculto y la época se ha sumido en la oscuridad.

Después del Profeta (s.a.s.), la tierra no solo quedó afligida, sino que se desgarró por la intensidad del dolor.

Por él lloran Oriente y Occidente; las tribus enteras de Mudar y Yamán entonan lamentos.

Por él lloran las grandes montañas y cordilleras, así como los enormes edificios.

¡Oh, Jatamun Nabiyyin, que la luz de Allah descienda sobre usted! ¡Que el que hizo descender el Corán derrame Su misericordia sobre usted!

Muchos han mencionado que los versos citados arriba fueron compuestos por la honorable Fátima (r.a.), y que los versos mencionados anteriormente fueron compuestos por ‘Alí.[Sahabiyat-150]

La honorable Fátima (r.a.), de pie junto a la tumba de su padre, también recitó estos dos versos:[A‘lam an-Nisa’ -4/114] (Árabe======)

Como se pierde la tierra y los camellos, así le hemos perdido a usted; después de su desaparición, la revelación y el Libro

Has desaparecido de nosotros.

¡Ay! ¡Ojalá hubiéramos muerto antes que usted! No habríamos tenido que escuchar la noticia de su muerte, ni un montículo de tierra se habría interpuesto entre usted y nosotros. Incluso después de su matrimonio, Hazrat Fátima (r.a.) se mantenía al tanto de todos los asuntos del hogar de su padre. A menudo intervenía también en los pequeños enfados, desavenencias y resentimientos de sus madrastras. Por ejemplo, el Noble Mensajero de Allah (s.a.s.) amaba profundamente a la Madre de los Creyentes, ‘Aisha (r.a.). Esto era conocido por toda la comunidad de los Compañeros. Por ello, los días en que el Mensajero (s.a.s.) pasaba en la habitación de ‘Aisha (r.a.), ellos enviaban muchos más regalos. Esto irritaba a las demás esposas. Querían que el Mensajero (s.a.s.) ordenara a la gente que enviara los obsequios al lugar donde él se encontrara cada día. Pero nadie tenía el valor de decírselo directamente al Mensajero (s.a.s.). Por eso, todas escogieron a Fátima (r.a.), la hija predilecta del Noble Mensajero (s.a.s.), para hacerle llegar sus sentimientos al Mensajero de Allah (s.a.s.). Después de escuchar las palabras de Fátima (r.a.), el Mensajero (s.a.s.) dijo: «Hija mía, ¿acaso no deseas tú lo que yo deseo?». Fátima (r.a.) comprendió el deseo de su padre y regresó. Sus madrastras quisieron enviarla nuevamente, pero ella no aceptó. [Bujari: Fada’il ‘Aisha (r.a.); Muslim: Fada’il al-Sahaba (2441); Ashab-e Rasul-er Jibonkotha, 5/73]

En el campo de la yihad

Hazrat Fátima (r.a.) desempeñó un papel brillante en el campo de la yihad. En la batalla de Uhud, el Noble Mensajero de Allah (s.a.s.) resultó herido tras recibir golpes en el cuerpo y en el rostro. La sangre comenzó a brotar a borbotones de su cuerpo puro y a correr. Cuando no se lograba detener la hemorragia con ningún medio, Fátima (r.a.) quemó una estera de dátiles en el fuego y aplicó sus cenizas sobre la herida. [Ansab al-Ashraf, 1/324] A este respecto, el imán al-Bayhaqi dice: Las mujeres emigradas y las mujeres de los Ansar salieron de sus hogares rumbo a Uhud. Llevaron agua y alimentos sobre sus espaldas. Fátima, hija del Mensajero de Allah (s.a.s.), también salió con ellas. En cierto momento de la batalla, cuando vio a su padre cubierto de sangre, lo abrazó y comenzó a limpiarle la sangre del rostro. Mientras tanto, de la boca del Mensajero de Allah (s.a.s.) se pronunciaban estas palabras: [Al-Bayhaqi: Dala’il al-Nubuwwa, 3/283]

«La poderosa ira de Allah ha caído sobre la nación que ha ensangrentado el rostro del Mensajero de Allah (s.a.s.)».

Al describir el papel de Hazrat Fátima (r.a.) en Uhud, el gran Compañero Sahl ibn Sa‘d dijo: El Mensajero (s.a.s.) resultó herido, se le rompió un diente delantero y una espada se quebró sobre su cabeza. Fátima, hija del Mensajero de Allah (s.a.s.), comenzó a lavarle la sangre, mientras ‘Ali (r.a.) vertía agua sobre él usando su escudo. Cuando Fátima (r.a.) vio que cuanto más agua vertían, más sangre salía, tomó una estera, la quemó en el fuego hasta convertirla en cenizas y las aplicó sobre la herida. Entonces la hemorragia se detuvo. [Al-Bidaya wa al-Nihaya, 4/39; Tabaqat, 2/48; Bujari: al-Maghazi; Muslim: al-Hudud wa al-Siyar]

En la batalla de Uhud fue martirizado Hazrat Hamza (r.a.), tío del Mensajero de Allah (s.a.s.) y abuelo de Fátima (r.a.). Él mismo ofreció el banquete de bodas de Hazrat Fátima (r.a.) y alimentó a la gente. Fátima (r.a.) sentía una profunda admiración por él. Durante toda su vida visitó la tumba de Hazrat Hamza (r.a.) y, llorando, suplicó a Allah por él. [Al-Bayhaqi: Dala’il al-Nubuwwa; al-Waqidi: al-Maghazi, 2/313]

También se sabe que Hazrat Fátima (r.a.) participó en otras expediciones. Por ejemplo, participó en las campañas de la Trinchera y de Jaibar. Después de la conquista de Jaibar, el Mensajero (s.a.s.) le asignó 85 wasaq de trigo producido allí. También acompañó al Mensajero de Allah (s.a.s.) durante la conquista de La Meca. En la expedición de Mu’ta, el Mensajero (s.a.s.) envió a tres comandantes: Zayd ibn Hariza, Ja‘far ibn Abi Talib y ‘Abd Allah ibn Rawaha (r.a.). Los tres fueron martirizados uno tras otro. Cuando esta noticia llegó a Medina, Fátima (r.a.) rompió a llorar desconsoladamente por la muerte de su querido tío Ja‘far (r.a.), exclamando: «¡Ay, tío mío!». En ese momento, el Mensajero de Allah (s.a.s.) se presentó allí y comentó: «Quien quiera llorar debe llorar por un hombre como Ja‘far». [Nisa’ Mubashsharat bil Jannah, 214]

La dignidad de Hazrat Fátima (que Allah esté complacido con ella)

Su grandeza, rango y cualidades son numerosos. En la familia del Profeta hay otras personas de gran rango. Pero, entre ellos, la posición de Hazrat Fátima (que Allah esté complacido con ella) posee un honor especial. La revelación del versículo de Tathhir (el versículo de la purificación) de la sura al-Ahzab demuestra el honor y las cualidades especiales de Hazrat Fátima (que Allah esté complacido con ella). [Sura al-Ahzab, 33] (Árabe=========)

«¡Oh, familia del Profeta! Allah solo quiere apartar de vosotros la impureza y purificaros completamente.»

La Madre de los creyentes, Hazrat Aisha (que Allah esté complacido con ella), dijo: [Mukhtasar Tafsir Ibn Kathir, 3/94] (Árabe========)

«Vi al Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él): llamó a Ali, Fátima, Hasan y Husayn (que Allah esté complacido con ellos) y arrojó sobre sus cabezas una tela. Luego dijo: ¡Oh, Allah! Ellos son miembros de mi familia. Aparta de ellos la impureza y purifícalos completamente.»

Hazrat Anas ibn Malik (que Allah esté complacido con él) dijo que, durante seis meses después de la revelación de este versículo, cuando el Mensajero (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) se dirigía a la oración del alba y pasaba junto a la puerta de la casa de Fátima (que Allah esté complacido con ella), decía: Árabe===================

«¡La oración, oh familia del Profeta! ¡La oración!»

Después recitaba: [Usud al-Ghaba, biografía n.º 7175; ad-Durr al-Manzur, 6/605; Nisa’ Mubashsharat bil-Yannah, 219] Árabe=============

El imán Ahmad (que Allah esté complacido con él) narró, basándose en Abu Huraira (que Allah esté complacido con él): El Profeta (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) miró a Ali, Fátima, Hasan y Husayn (que Allah esté complacido con ellos) y luego dijo: Siyar Aʿlām al-Nubalāʾ, 2/123

«Estoy en guerra con quien luche contra vosotros, y en paz con quien establezca la paz y una tregua con vosotros.»

Sobre esta familia del Profeta, otra declaración del honorable Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dice: (mencionado anteriormente)

«A quienquiera que sea hostil a la Ahl al-Bayt, es decir, a la familia del Profeta, Allah lo hará entrar en el Infierno.»

En el noveno año de la Hégira, una delegación cristiana de Nayrán acudió ante el honorable Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) y se enfrascó en una discusión inútil acerca de Jesús (que la paz sea con él). Entonces fue revelado el versículo de la Mubāhala. Mubāhala significa que, si dos partes disputan sobre la verdad y la falsedad y no llegan a una solución mediante argumentos y debate, ambas rogarán juntas a Allah que destruya a la parte que mienta en ese asunto. A esta forma de oración se la llama Mubāhala. Quienes disputan pueden realizarla reunidos, y también pueden reunir a sus familiares para darle mayor solemnidad. El versículo de la Mubāhala es: sura Āl ʿImrān, 3:61

«A quien discuta contigo sobre este asunto después de haberte llegado el conocimiento, dile: “Venid, invoquemos a nuestros hijos y a vuestros hijos, a nuestras mujeres y a vuestras mujeres, a nosotros mismos y a vosotros mismos; luego imploremos humildemente y pidamos que la maldición de Allah recaiga sobre los mentirosos”.»

Después de que fue revelado este versículo, el honorable Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) invitó a la delegación a la Mubāhala y él mismo se presentó preparado para ella, llevando consigo a Fátima, Ali, Hasan y Husayn (que Allah esté complacido con ellos), y dijo: «¡Oh Allah! Esta es mi familia. Aparta de ellos la impureza y purifícalos por completo.» Después de pronunciar estas palabras tres veces, dijo: Sahih Muslim: Faḍāʾil al-Ṣaḥāba; Musnad, 4/107; Mukhtaṣar Tafsīr Ibn Kathīr, 1/287-289

«¡Oh Allah! Concede Tu misericordia y Tu gracia a la familia de Muhammad, tal como se las concediste a la familia de Abraham. Ciertamente, Tú eres Digno de alabanza y Glorioso.»

Un día, el Noble Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) le dijo a Fátima (que Allah esté complacido con ella): [Tahdhīb at-Tahdhīb, 12/442; al-Iṣāba, 4/366]

«Que Allah Altísimo se complazca con tu alegría y se disguste con tu descontento.»

Cuando el Mensajero (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) regresaba de una batalla o de un viaje, primero iba a la mezquita y ofrecía dos ciclos de oración. Después iba a la casa de Fátima, se reunía con ella y luego visitaba a sus esposas. [Usud al-Gāba, 5/535]

Una vez, cuando Fátima (que Allah esté complacido con ella) enfermó, el Mensajero (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) fue a visitarla. Le preguntó: «¡Hija mía! ¿Cómo estás?»

Fátima dijo: «¡Hija mía! ¿Acaso no estás satisfecha con ser la señora de todas las mujeres del mundo?»

Fátima dijo: «¡Padre! Entonces, ¿cuál es la posición de Maryam, hija de ʿImrān?»

El Mensajero (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) respondió: «Ella fue la señora de las mujeres de su época, y tú serás la señora de las mujeres de tu época.»

¡Por Allah! Te he casado con uno de los líderes de este mundo y del Más Allá.

El Noble Mensajero de Allah (s.a.w.) le dijo:

«Las líderes de las mujeres habitantes del Paraíso son, en este orden: Maryam, Fátima bint Muhammad (s.a.w.), Jadiya y Asiya, la esposa del faraón.»

En cierta ocasión, el Mensajero (s.a.w.) trazó cuatro líneas en el suelo y luego dijo: «¿Sabéis qué son estas?» Todos respondieron: «Allah y Su Mensajero (s.a.w.) saben mejor». Él dijo: «Fátima bint Muhammad, Jadiya bint Juwailid, Maryam bint Imrán y Asiya bint Muzáhim, la esposa del faraón». Ellas poseen una distinción especial sobre las mujeres del Paraíso.

La particular distinción conferida a la personalidad de Hazrat Fátima (que Allah esté complacido con ella) queda clara en este hadiz del Mensajero (s.a.w.): [Tirmidhi; Al-Manaqib]

«Entre las mujeres de la Tierra, te bastan Maryam, Jadiya, Fátima y Asiya, la esposa del faraón, para seguir su ejemplo.»

Fátima (que Allah esté complacido con ella) era la hija por la que el Noble Mensajero de Allah (s.a.w.) sentía mayor cariño y afecto. En cierta ocasión le preguntaron al Mensajero (s.a.w.): «¡Oh, Mensajero de Allah! ¿Quién es la persona que más amas?» Él respondió: «Fátima». El imán al-Dhahabi dijo:

«Entre las mujeres, la más querida para el Mensajero de Allah (s.a.w.) era Fátima (que Allah esté complacido con ella), y entre los hombres, Ali (que Allah esté complacido con él).»

En cierta ocasión, Hazrat Ali (que Allah esté complacido con él) le preguntó al Mensajero (s.a.w.): «Entre Fátima y yo, ¿a cuál de los dos amas más?» Él respondió: «Amo más a Fátima que a ti». [Nisa Mubashsharat bil Jannah, p. 216]

La amada de Allah

Que Fátima, que Allah esté complacido con ella, era también amada por Allah queda demostrado por algunos acontecimientos milagrosos. A este respecto, puede mencionarse una ocasión en la que Allah otorgó bendición y abundancia a una pequeña cantidad de comida. Según se narra en diversas fuentes, el resumen del acontecimiento es el siguiente: un día, una vecina le envió como regalo dos panes y un trozo de carne. Ella los colocó en un plato y lo cubrió. Luego envió a su hijo a llamar al Mensajero (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él). El Mensajero llegó, y Fátima, que Allah esté complacido con ella, le presentó el plato. Fátima, que Allah esté complacido con ella, narró lo que sucedió después de la siguiente manera:

Abrí la tapa del plato y vi que estaba lleno de pan y carne. ¡Al verlo, quedé completamente asombrada! Comprendí que aquella era una bendición proveniente de Allah. Alabé a Allah y envié bendiciones a Su Profeta. Después presenté el plato lleno de comida ante el Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él). Al verlo, alabó a Allah y preguntó: «¡Hija! ¿De dónde ha venido esta comida?»

Respondí: «Padre, ha venido de Allah. Allah provee sustento sin medida a quien quiere».

El Mensajero (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: «¡Mi querida hija! Alabado sea Allah, Quien te ha hecho líder de las mujeres de los Hijos de Israel. Cuando Allah le concedía algún alimento y le preguntaban al respecto, ella decía: “Esto ha venido de Allah. Ciertamente, Allah provee sustento sin medida a quien quiere”».

De aquella comida comieron el Noble Profeta (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él), Alí, Fátima, Hasan, Husayn y todas las esposas del Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él). Todos comieron hasta saciarse. A pesar de ello, la cantidad de comida del plato permaneció igual. Fátima repartió aquella comida entre los vecinos. Allah otorgó a esa comida abundantes bendiciones y bondad. [Al-Bidaya wa an-Nihaya, 6/111; Hayat as-Sahaba, 3/628; Tafsir Ibn Kazir, 3/360]

En una ocasión, el Noble Profeta (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) suplicó que Allah no dejara a Fátima con hambre. Fátima dijo: «Desde entonces, nunca más volví a sentir hambre». El acontecimiento fue así:

Un día, el Mensajero (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) fue a la casa de Fátima, que Allah esté complacido con ella. Ella estaba moliendo trigo con un molino manual. Vestía una prenda hecha de pelo de camello. Al ver el estado de su hija, el padre rompió a llorar y dijo: «¡Fátima! Soporta la amargura de este mundo por la felicidad y los placeres de la otra vida».

Fátima se levantó y se quedó de pie ante su padre. Al mirarla, su padre vio que, debido al hambre intensa, su rostro se había quedado sin sangre y pálido. Él dijo: «¡Fátima! Acércate». Fátima se acercó y se quedó de pie ante su padre. Él puso una mano sobre el hombro de su hija y pronunció esta súplica: [A’lam an-Nisa’, 4/125]

«¡Oh Allah, Alimentador de los hambrientos y Quien elimina la estrechez! Elimina la estrechez de Fátima, hija de Muhammad».

En cada aspecto de su manera de hablar, comportarse, levantarse y sentarse, Fátima (que Allah esté complacido con ella) era el reflejo del noble Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él). Aisha (que Allah esté complacido con ella) dijo:

«Fátima (que Allah esté complacido con ella) caminaba, y su manera de caminar no se desviaba en lo más mínimo de la manera de caminar del Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él)».[Siyar A’lam an-Nubala’, 2/130] No tenía igual en sinceridad y veracidad. Aisha (que Allah esté complacido con ella) decía: [obra citada, 131]

«No he visto a nadie más veraz que Fátima (que Allah esté complacido con ella). Sin embargo, por ser hija de aquel cuya hija era —el Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él)—, su caso es ciertamente excepcional».

Aisha (que Allah esté complacido con ella) también dijo: [Abu Dawud: Babu ma ya’afi al-qiyam, 5217; Tirmidhi: Manaqib Fatima, 3871]

«No he visto a nadie que se pareciera más a Fátima (que Allah esté complacido con ella) que al Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) en su manera de hablar y conversar. Cuando Fátima se acercaba al Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él), él se levantaba, la atraía hacia sí, la besaba y le daba la bienvenida. Fátima hacía lo mismo con su padre». El Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) no amaba a ningún otro hijo tanto como amaba a Fátima (que Allah esté complacido con ella).

Él dijo

«Fátima es una parte de mi cuerpo. Quien la disguste, me disgustará a mí».

El imán as-Suhaylí dijo, basándose en este hadiz, que quien insulte a Fátima —que Allah esté complacido con ella— se convertirá en incrédulo. Consideró que su disgusto y el disgusto del Mensajero de Allah —que Allah le bendiga y le conceda paz— eran una misma cosa. Y quien provoque la ira del Mensajero se convertirá en incrédulo.[A‘lām an-Nisā’ – 4/125, nota 2]

Ibn al-Yawzí dijo que Fátima —que Allah esté complacido con ella— superó en honor y dignidad a todas las demás hijas del Mensajero de Allah —que Allah le bendiga y le conceda paz—, y ‘Aisha —que Allah esté complacido con ella— superó a todas las demás esposas.[Ibíd., 4/126]

Se ha narrado de Abu Huraira —que Allah esté complacido con él— que el Mensajero —que Allah le bendiga y le conceda paz— dijo: «Allah permitió que un ángel me visitara. Este me anunció la buena nueva de que Fátima sería la líder de todas las mujeres de mi comunidad, y que Hasan y Husayn serían los líderes de los habitantes del Paraíso».[Ibíd., 4/127] En cierta ocasión, le dijo a ‘Alí —que Allah esté complacido con él—: «Fátima es una parte de mi cuerpo. Por tanto, no hagas nada que provoque su disgusto».

El amor de Fátima por su padre

Así como el Noble Mensajero de Allah —que Allah le bendiga y le conceda paz— amaba profundamente a su hija Fátima —que Allah esté complacido con ella—, Fátima también amaba intensamente a su padre. Cuando su padre regresaba de algún viaje, primero iba a la mezquita y realizaba la oración. Después iba a la casa de su hija Fátima, la visitaba y luego se dirigía a su propia casa. Esa era su costumbre. En cierta ocasión, el Mensajero —que Allah le bendiga y le conceda paz— regresó de un viaje y fue a la casa de Fátima. Fátima —que Allah esté complacido con ella— abrazó a su padre y lo besó en el rostro y en los ojos. Después, al mirar el rostro de su padre, comenzó a llorar. El Mensajero —que Allah le bendiga y le conceda paz— le preguntó: «¿Por qué lloras?». Fátima —que Allah esté complacido con ella— respondió: «¡Oh, Mensajero de Allah! Su rostro se ha vuelto pálido y su ropa está sucia y manchada. Al ver esto, me pongo a llorar». El Mensajero —que Allah le bendiga y le conceda paz— dijo: «Fátima, no llores. Allah ha enviado a tu padre con la responsabilidad de transmitir un asunto. Él lo llevará a cada casa de las ciudades y aldeas de la faz de la Tierra, ya sea con honor o con humillación».[Kanz al-‘Ummāl, 1/77; Hayāt as-Sahāba, 1/65]

La reprimenda y la advertencia del Mensajero de Allah

A pesar de que Fátima era tan querida por el Noble Mensajero de Allah —que Allah le bendiga y le conceda paz—, este no dudaba en reprenderla si mostraba siquiera un poco de interés por los placeres y lujos mundanos. El Mensajero —que Allah le bendiga y le conceda paz— desaprobaba la ostentación y el brillo de lo mundano. Lo que él mismo no aprobaba, no podía aprobarlo para nadie más. En cierta ocasión, su esposo ‘Alí —que Allah esté complacido con él— le regaló a Fátima —que Allah esté complacido con ella— un collar de oro. Ella llevaba el collar alrededor del cuello. En ese momento llegó el Mensajero de Allah —que Allah le bendiga y le conceda paz— y reparó en él. Dijo: «¡Fátima! ¿Quieres que la gente diga que la hija del Mensajero de Allah —que Allah le bendiga y le conceda paz— lleva un collar de fuego alrededor del cuello?». Al comprender el disgusto de su padre, Fátima vendió el collar y con ese dinero compró un esclavo y lo liberó. Cuando el Mensajero —que Allah le bendiga y le conceda paz— se enteró de ello, dijo: [At-Tarغīb wa at-Tarhīb, 1/557; Musnad, 5/278-279; Nisā’ Hawlādar Rasūl, 149] (Árabe*******)

«Alabado sea Allah, quien salvó a Fátima del fuego del Infierno».

Otro acontecimiento. El Mensajero (s.a.w.) regresó de una guerra. Como era su costumbre, se dirigió a la casa de Fátima (r.a.). Fátima (r.a.) colgó una cortina en la puerta de la casa para recibir a su padre y puso una pulsera de plata en cada una de las manos de sus dos hijos, Hasan y Husayn (r.a.). Pensó que así alegraría a su abuelo materno, el Mensajero (s.a.w.). Pero ocurrió lo contrario. El Mensajero (s.a.w.) no entró en la casa y se marchó. La inteligente hija, Fátima (r.a.), comprendió por qué su padre se había marchado sin entrar. Inmediatamente bajó la cortina, la rasgó y quitó las pulseras de las manos de sus dos hijos. Ellos fueron llorando junto a su abuelo materno. Entonces el Noble Mensajero de Allah (s.a.w.) dijo: «Ellos son miembros de mi familia. No quiero que se adornen con los adornos mundanos». [Sahabiyyat, p. 147]

En una ocasión, el Mensajero (s.a.w.) dijo a Fátima, ‘Alí, Hasan y Husayn (r.a.): «Con quienes combatáis, yo también combatiré; y con quienes mantengáis la paz y una tregua, yo también mantendré la paz y una tregua». Es decir, aquellos con quienes estéis disgustados también me disgustarán a mí, y aquellos con quienes estéis complacidos también me complacerán a mí.

El Mensajero (s.a.w.) siempre dejaba claro a su queridísima hija Fátima (r.a.) que no obtendría la salvación en la Otra Vida por ser hija de un profeta (s.a.w.). Allí, los únicos medios de salvación serían las buenas obras, la taqwa y el temor de Dios. En una ocasión, dijo en un sermón: [Al-Bujari, 6/16 (Tafsir de la sura ash-Shu‘ara); Nisa’ Hawla ar-Rasul, p. 149] (Árabe**********)

«¡Oh, gentes de la tribu de Quraysh! Comprad vuestra propia salvación. No puedo hacer nada por vosotros ante Allah… ¡Oh, Fátima, hija de Muhammad! Pídeme de mis bienes lo que quieras. Sin embargo, no podré hacer nada por ti ante Allah».

También dijo: (Árabe**********)

«¡Oh, Fátima, hija de Muhammad! Sálvate del fuego del Infierno. Yo no podré beneficiarte ni perjudicarte en nada ante Allah».

Cuando una mujer majzumí robó, los miembros de su tribu intentaron conseguir que se le perdonara el castigo intercediendo por medio de Usama ibn Zayd (r.a.), querido por el Mensajero (s.a.w.). Entonces el Mensajero (s.a.w.) dijo: [Al-Bujari: Al-Hudud; Muslim: Babu Qat‘ as-Sariq (1688)] (Árabe**********)

«¡Por Dios! Si Fátima, hija de Muhammad, robara, también le cortaría la mano.»

La reclamación de la herencia del padre

El Honorable Mensajero de Dios falleció. Surgió la cuestión de su herencia. Fátima fue directamente ante el califa Abu Bakr —que Dios esté complacido con él— y le solicitó que distribuyera la herencia de su padre. Abu Bakr —que Dios esté complacido con él— le transmitió este hadiz del Mensajero de Dios: (árabe*********)

«Todo lo que dejamos se convierte en sadaqa; no se hereda.» Luego dijo: «Entonces, ¿cómo podría distribuirlo?». Ante esta respuesta, Fátima —que Dios esté complacido con ella— se disgustó un poco. [Muslim: Fi-l-yihad wa-s-sayr (1759); Bujari: 6/139, 141; 7/259, Fi-l-maghazi: capítulo: El hadiz de Banu an-Nadir; Tabacat, 8/18; Siyar a‘lam an-nubala, 2/120] Fátima —que Dios esté complacido con ella— regresó a su casa y enfermó. También se ha narrado que Fátima —que Dios esté complacido con ella— se entristeció por esta respuesta de Abu Bakr —que Dios esté complacido con él— y se disgustó tanto con él que no volvió a hablarle hasta su muerte. Sin embargo, en una narración del imán ash-Sha‘bi se informa que, cuando Fátima enfermó, Abu Bakr fue a su casa y pidió permiso para verla. ‘Ali fue ante Fátima y le dijo: «Abu Bakr desea verte». Fátima preguntó a ‘Ali: «¿Estás de acuerdo con que le permita verme?». ‘Ali respondió: «Sí». Fátima le dio permiso. Abu Bakr entró en la casa y, después de intercambiar saludos, dijo: «¡Por Dios! Puedo renunciar a toda mi riqueza, mi familia y mi tribu a cambio de la complacencia de Dios, del Mensajero de Dios y de ustedes, los miembros de la ahl al-bayt, es decir, la familia del Profeta». Al oír estas palabras de Abu Bakr —que Dios esté complacido con él—, desapareció todo el pesar del corazón de Fátima —que Dios esté complacido con ella— y se alegró. [Tabacat, 8/27] Después de mencionar este dato, el imán adh-Dhahabi comentó: «Fátima —que Dios esté complacido con ella— conocía la sunna según la cual, para recibir a otro hombre en el hogar del esposo, es necesario contar con el permiso de este. Este hecho lo demuestra». [Siyar a‘lam an-nubala, 2/121] Esta narración indica que, aunque anteriormente hubiera cierto descontento en el corazón de Fátima —que Dios esté complacido con ella—, después desapareció. Además, en otra narración se informa que, antes de morir, Fátima —que Dios esté complacido con ella— encomendó a la esposa de Abu Bakr que la lavara después de su muerte. [Nisa’ mubashsharat bi-l-yanna, 224; nota n.º 1]

La muerte

Al igual que las otras tres hermanas de Fátima —que Dios esté complacido con ella— fallecieron en su juventud, ella también abandonó este mundo ocho meses —según otra opinión, setenta días— después del fallecimiento del Honorable Mensajero de Dios. Algunos también han dicho que murió dos, cuatro u ocho meses después del fallecimiento del Mensajero de Dios. Sin embargo, lo correcto es que la Honorable Mensajera de Dios falleció. La profecía del Mensajero de Dios —«Tú serás la primera de mi familia en reunirte conmigo»— se cumplió. Si se considera que Fátima —que Dios esté complacido con ella— nació cinco años antes de que el Profeta recibiera la misión profética, entonces tenía veintinueve años al morir. Otros han dicho que Fátima —que Dios esté complacido con ella— nació un año después del inicio de la misión profética; según este cálculo, no tendría veintinueve años. Puesto que la mayoría de los especialistas en biografía profética consideran que Fátima —que Dios esté complacido con ella— tenía veintinueve años al morir, su nacimiento habría tenido lugar cinco años antes del inicio de la misión profética. [Siyar a‘lam an-nubala, 2/127]

Al-Waqidi dijo que Fátima —que Dios esté complacido con ella— falleció el 3 de Ramadán del año 11 de la Hégira. El Honorable ‘Abbas —que Dios esté complacido con él— dirigió la oración fúnebre. ‘Ali, Fadl y ‘Abbas —que Dios esté complacido con ellos— descendieron a la tumba y completaron el entierro. Conforme a su testamento, fue enterrada durante la noche. También se ha narrado que ‘Ali o, según otra opinión, Abu Bakr —que Dios esté complacido con él— dirigió la oración fúnebre. Su esposo, ‘Ali —que Dios esté complacido con él—, y Asma bint ‘Umais —que Dios esté complacido con ella— la lavaron. [Al-Isti‘ab, 4/367-368; Ansab al-ashraf, 1/402, 405]

No se dispone de mucha información sobre la enfermedad terminal de Fátima —que Dios esté complacido con ella—. No se encuentra ninguna narración que indique que hubiera estado postrada durante algún tiempo a causa de una enfermedad grave. Umm Salama —que Dios esté complacido con ella— dijo: «Cuando Fátima —que Dios esté complacido con ella— falleció, ‘Ali —que Dios esté complacido con él— no estaba a su lado. Ella mandó llamarme y me dijo: “Prepara agua para mi baño ritual. Saca ropa nueva y limpia; me la pondré”. Preparé el agua y saqué ropa nueva. Ella se bañó perfectamente y se puso la ropa nueva. Luego dijo: “Prepárame la cama; descansaré”. Le preparé la cama. Se acostó de cara a la qibla. Después me dijo: “Mi partida está muy cerca. Ya me he bañado; no es necesario volver a bañarme. Tampoco es necesario quitarme la ropa que llevo puesta”. Después de esto, se entregó a los brazos de la muerte.»

Cuando ‘Alí (ra) llegó a casa, le conté todo lo sucedido. Él consideró suficiente aquel baño ritual de Fátima (ra) y la enterró en ese estado. [A‘lām an-Nisā’ – 4/131] También se encuentra un relato semejante transmitido por Umm Rāfi‘. Según algunos relatos, fue ‘Alí (ra) o, según otra opinión, Abū Bakr (ra), quien le dio el baño ritual. [Ṭabaqāt – 8/17, 18; Siyar a‘lām an-nubalā’ – 2/129]

Muy pocas personas tuvieron la oportunidad de participar en la oración fúnebre. La razón fue que ella falleció de noche y el honorable ‘Alí (ra), conforme al testamento de Fátima, la enterró esa misma noche. En diversos pasajes de las Ṭabaqāt se encuentra un relato semejante. ‘Ā’isha (ra) dijo que Fátima (ra) vivió seis meses después del Profeta (sa) y que fue enterrada durante la noche. [Siyar a‘lām an-nubalā’ – 2/129]

La modestia y el pudor eran algunas de las principales características de la naturaleza de Fátima (ra). Cuando se acercó el momento de su muerte, le dijo a Asmā’ bint ‘Umays (ra): «No me gusta que los cadáveres de las mujeres sean llevados al cementerio descubiertos. Eso supone una falta de pudor. No se hace ninguna diferencia entre los cadáveres de hombres y mujeres. Que los hombres transporten descubiertos los cadáveres de las mujeres es una conducta reprobable». Asmā’ bint ‘Umays (ra) dijo: «¡Hija del Mensajero de Allah! Vi un método excelente en Abisinia. Si me das permiso, puedo mostrártelo». Entonces trajo unas ramas de palmera y tendió sobre ellas una tela, formando algo semejante a una cortina. Este método agradó mucho a Fátima (ra), que se puso muy contenta.

El cadáver de Fátima (ra) fue llevado hasta la tumba cubierto por una tela. En el islam, el suyo fue el primer cadáver que se transportó de esta manera. Después de ella, el cadáver de la Madre de los Creyentes, Zaynab bint Jahsh, también fue llevado hasta la tumba de esta forma.

Cuando el honorable ‘Alí (ra) regresó a casa después de completar el entierro y el amortajamiento de su esposa Fátima (ra), se le veía muy abatido y afligido. En medio de su dolor repetía una y otra vez los siguientes versos: [A‘lām an-Nisā’ – 4/131] (árabe*****)

«Veo que las enfermedades del mundo se han instalado en gran medida dentro de mí. Y todo habitante de este mundo permanece enfermo hasta la muerte.

Después de cada encuentro entre personas que se aman hay una separación. Sin la separación, el tiempo del encuentro sería muy breve.

La separación de Fátima (ra) de Aḥmad (sa) demuestra precisamente que ningún vínculo dura para siempre».

Hazrat ‘Alí (que Allah esté complacido con él) iba cada día a la tumba de Fátima (que Allah esté complacido con ella), lloraba recordando los momentos compartidos y recitaba los dos versos siguientes: (árabe*********)

«¿Qué me ha sucedido, que vengo a saludar sobre la tumba, pero la tumba de mi amada no responde a ninguna de mis preguntas?

¡Oh, tumba! ¿Qué te ha ocurrido, que no respondes a la llamada de quien te invoca?

¿Acaso te has cansado del amor de tu ser querido?

Lugar del entierro

Al-Waqidi dice: Le pregunté a ‘Abdur-Rahmán ibn Abi al-Mawla: «La mayoría de la gente dice que la tumba de Hazrat Fátima (que Allah esté complacido con ella) está en el cementerio de Baqi‘. ¿Qué opina usted?». Él respondió: «No fue enterrada en Baqi‘. Fue enterrada en una esquina de la casa de ‘Aqil. Entre su tumba y el camino había una distancia de aproximadamente siete codos».[Sahabiyyat, p. 153]

Narración de hadices

Hazrat Fátima (que Allah esté complacido con ella) narró dieciocho hadices del Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz). Uno de ellos es un hadiz muttafaq ‘alayhi, es decir, fue recopilado por Bujari y Muslim con la cadena de transmisión de Hazrat ‘Aisha (que Allah esté complacido con ella). El imán Abu Dawud, Ibn Mayah y Tirmidhi recopilaron en sus respectivas compilaciones los hadices narrados por Fátima (que Allah esté complacido con ella). Quienes narraron hadices de Fátima (que Allah esté complacido con ella) fueron: sus dos hijos, pedazos de su corazón, Hasan y Husayn; su esposo, ‘Ali ibn Abi Talib; la Madre de los Creyentes, ‘Aisha; Salma, Umm Rafi‘; Anas ibn Malik; Umm Salama; Fátima bint al-Husayn (que Allah esté complacido con todos ellos), y muchos otros. Ibn al-Yawzi dice: «No sabemos que ninguna otra hija del Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz), aparte de Fátima (que Allah esté complacido con ella), haya narrado algún hadiz del Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz)».[Siyar A‘lam an-Nubala, 2/119; A‘lam an-Nisa, p. 128, nota n.º 1]

Umm al-Fadl bint al-Harith (que Allah esté complacido con ella)


Umm al-Fadl Lubaba al-Kubra, conocida únicamente por el nombre de Umm al-Fadl. Según la costumbre árabe, adoptó el sobrenombre de su hijo mayor, al-Fadl ibn Abbas. Su padre fue al-Harith ibn Huzn al-Hilali y su madre, Hind bint Awf al-Kinaniyya. Esta Hind también era conocida como Jawla. [Tabaqat, 8/277; al-Isi‘ab, 4/398] El honorable tío paterno del Mensajero de Allah (s.a.s.), Abu al-Abbas ibn Abd al-Muttalib (que Allah esté complacido con él), se casó con ella. Por tanto, Umm al-Fadl era la orgullosa tía paterna del Mensajero de Allah (s.a.s.). Los hijos de al-Abbas fueron: al-Fadl, Abd Allah, Ubayd Allah, Ma‘bad, Qutham y Abd al-Rahman; además, ella fue la madre de Umm Habib. El imán al-Dhahabi dijo: «Fue la madre de seis hijos ilustres de al-Abbas (que Allah esté complacido con él)». [Siyar a‘lam al-nubala, 2/314; Ansab al-ashraf, 1/447] El poeta árabe Abd Allah ibn Yazid al-Hilali dijo: «Ninguna mujer noble de Arabia ha dado a luz hijos como los seis hijos que nacieron del vientre de Umm al-Fadl». [Tabaqat, 8/277; al-Isti‘ab, anotación marginal de al-Isaba, 4/399]

Tenía muchos hermanos y hermanas de padre y madre, de padre y de madre distinta, muchos de los cuales alcanzaron renombre histórico por diversos motivos. Por ejemplo, Maymuna bint al-Harith —conocida como Lubaba al-Sughra— fue la orgullosa madre del célebre compañero y comandante militar Jalid ibn al-Walid (que Allah esté complacido con él). ‘Azza bint al-Harith y Huzayla bint al-Harith eran sus hermanastras. Mahmiya ibn Yazaa al-Zubaydi, Sulma, Asma y Salma eran sus hermanos y hermanas por parte de madre. [Usd al-ghaba, 5/539] Así pues, se ve que era hermana carnal de la Madre de los Creyentes, Maymuna, y tía materna del comandante Jalid ibn al-Walid. Su hermana Salma fue esposa de Hamza (que Allah esté complacido con él), mientras que Asma fue esposa del célebre comandante y compañero mártir Ja‘far ibn Abi Talib (que Allah esté complacido con él), hermano de Ali (que Allah esté complacido con él). Después del martirio de Ja‘far, el primer califa, Abu Bakr al-Siddiq (que Allah esté complacido con él), se convirtió en su segundo esposo. Tras el fallecimiento de Abu Bakr (que Allah esté complacido con él), Ali (que Allah esté complacido con él) se convirtió en su tercer esposo. La madre de Umm al-Fadl fue afortunada en este sentido, pues obtuvo como esposos de sus hijas a los mejores hijos de las familias más nobles de la Arabia de aquel tiempo. En esta dicha, ninguna otra mujer fue su igual. [Tabaqat, 8/278; al-Isi‘ab, 4/399]

Se hizo musulmana en la primera etapa de la predicación islámica en La Meca. Se ha transmitido que fue la primera mujer de La Meca que abrazó el islam después de Jadiya (que Allah esté complacido con ella). [Tabaqat, 8/277] Sin embargo, en la obra al-Isaba también se afirma que se hizo musulmana antes de la Hégira. [Siyar a‘lam al-nubala, 2/315] No obstante, los expertos en hadices consideraron débil esta transmisión y correcta la primera. [Sahabiyyat, p. 174] El imán al-Dhahabi la incluyó entre los musulmanes de la primera época. [Siyar a‘lam al-nubala, 2/315]

Abu Rafi‘, sirviente del Mensajero de Allah (s.a.s.), dijo: «Yo era esclavo de Abbas. El islam entró en nuestra familia. Abbas y Umm al-Fadl abrazaron el islam». [Hayat al-sahaba, 3/530; Tabaqat, 8/278] Lo correcto es que Abbas abrazó el islam desde los primeros tiempos y lo mantuvo en secreto.

Aunque era musulmana desde los primeros tiempos en La Meca, permaneció aferrada al suelo de La Meca hasta que su esposo, Abbas (que Allah esté complacido con él), emigró a Medina, soportando numerosas adversidades. Abbas (que Allah esté complacido con él) anunció su islam mucho más tarde y emigró a Medina prácticamente al final. Fue entonces cuando Umm al-Fadl (que Allah esté complacido con ella) emigró a Medina junto con sus hijos. Por ello, posteriormente su hijo Abd Allah ibn Abbas (que Allah esté complacido con él) recitaba la aleya 75 de la sura al-Nisa y decía: «Mi madre y yo somos la mujer y el niño por cuya causa esta aleya ordena combatir». [Sahih al-Bujari, Libro de la Exégesis, sura al-Nisa] El sentido de la aleya es: «¿Y qué os pasa que no combatís por la causa de Allah y por los hombres, mujeres y niños débiles que dicen: “¡Señor nuestro! Sácanos de esta ciudad cuyos habitantes son opresores!”?». El hadiz permite entender que ellos abrazaron el islam antes que Abbas (que Allah esté complacido con él), pero eran incapaces de emigrar. Esto lo afirmó el imán al-Dhahabi. [Siyar a‘lam al-nubala, 2/315]

El Mensajero de Allah (s.a.s.) declaró creyentes a Umm al-Fadl y a sus otras hermanas. En cierta ocasión, ante el Mensajero de Allah (s.a.s.), se mencionaron los nombres de Maymuna, Umm al-Fadl, Lubaba al-Sughra, Huzayla, ‘Azza, Asma y Salma. El Mensajero (s.a.s.) dijo: «Todas estas hermanas son creyentes». [Tabaqat, 8/278; al-Isti‘ab, 4/401] Algunos acontecimientos de la vida del Mensajero de Allah (s.a.s.) muestran que, del mismo modo que amaba a su tía Umm al-Fadl, también le concedía gran importancia. Su tía, por su parte, la trataba con mucho cariño. El Mensajero (s.a.s.) visitaba con frecuencia la casa de su tía y descansaba allí un rato al mediodía. [Tabaqat, 8/277; Usd al-ghaba, 5/539]

Al-Ajlah lo transmitió por medio de Zayd ibn Ali ibn al-Husayn. Después de recibir la misión profética, el Mensajero de Allah (s.a.s.) no apoyó la cabeza en el regazo de ninguna mujer excepto Umm al-Fadl, y tampoco le estaba permitido hacerlo. Umm al-Fadl colocaba la cabeza del Mensajero de Allah (s.a.s.) sobre su regazo, se la limpiaba y le aplicaba surma en los ojos. Un día, mientras le aplicaba el surma, de repente una lágrima cayó de sus ojos sobre la mejilla del Mensajero de Allah (s.a.s.). Él levantó la cabeza y preguntó: «¿Qué ha sucedido?». Umm al-Fadl respondió: «Allah te hará morir. Si el liderazgo y el poder permanecen entre nosotros o pasan a manos de otros, si nos dijeras quién de nosotros te sucederá…». El Mensajero (s.a.s.) dijo: «Después de mí quedaréis sin poder y debilitados». [Tabaqat, 8/278] Según una transmisión del imán Ahmad, este hecho ocurrió durante la enfermedad final del Mensajero de Allah (s.a.s.). [Hayat al-sahaba, 2/337]

Umm al-Fadl también realizó el Hayy junto al Mensajero de Allah —que Allah le bendiga y le conceda paz— durante el Hayy de la Despedida. El día de la permanencia en Arafat, los Compañeros tenían dudas sobre si el Mensajero de Allah —que Allah le bendiga y le conceda paz— estaba ayunando. En cierto momento, le manifestaron sus dudas a Umm al-Fadl. Para cerciorarse del asunto, Umm al-Fadl presentó una copa de leche ante el Mensajero de Allah —que Allah le bendiga y le conceda paz—, y él la bebió. Así desaparecieron todas sus dudas e incertidumbres. [Tabaqat, 8/279]

Un día, Umm al-Fadl —que Allah esté complacido con ella— le dijo al Mensajero de Allah —que Allah le bendiga y le conceda paz—: «He visto en sueños que una parte de su cuerpo estaba en mi casa». El Mensajero de Allah —que Allah le bendiga y le conceda paz— dijo: «La interpretación del sueño será buena, si Allah quiere. Fátima tendrá un hijo y usted lo amamantará. Así se convertirá en su tutora». Conforme a la profecía, Fátima dio a luz a Husayn —que Allah esté complacido con él—, y Umm al-Fadl también lo amamantó. Un día, lo llevó en brazos ante el Mensajero de Allah —que Allah le bendiga y le conceda paz—. El pequeño Husayn orinó en el regazo de su abuelo. Umm al-Fadl lo reprendió, diciéndole: «¿Has orinado en el regazo del Mensajero de Allah —que Allah le bendiga y le conceda paz—?». El Mensajero —que Allah le bendiga y le conceda paz— dijo: «Al reprender al niño, me estás causando dolor». Después, la orina fue lavada con agua. [Ibídem]

Umm al-Fadl —que Allah esté complacido con ella— narró treinta hadices del Mensajero de Allah —que Allah le bendiga y le conceda paz—. El imán al-Dhahabi lo menciona citando la cadena de transmisión de Musnad Baqi ibn Majlad. De ellos, uno solo es muttafaq ‘alayh; el imán al-Bujari narró uno y el imán Muslim narró tres de manera exclusiva. [Siyar A‘lam al-Nubala, 2/315; véase Bujari, 2/204, 4/206; Muslim, hadices núm. 462, 1123 y 1451]

Entre quienes narraron hadices de Umm al-Fadl, los más destacados son: ‘Abdullah, Tammam, Anas ibn Malik, ‘Abdullah ibn Hariz, ‘Umayr, Kuraib y Fabus. [Usd al-Gaba, 5/540]

Umm al-Fadl —que Allah esté complacido con ella— era una mujer de elevada devoción (‘abida) y desapegada de los asuntos mundanos. Acostumbraba ayunar todos los lunes y miércoles. Así lo relató su virtuoso hijo, el gran Compañero ‘Abdullah ibn ‘Abbas —que Allah esté complacido con él—. [Tabaqat, 8/278; Siyar al-Sahabiyyat, 117] Falleció durante el califato del tercer califa, ‘Uzman —que Allah esté complacido con él—. Su esposo, ‘Abbas —que Allah esté complacido con él—, aún vivía. ‘Uzman —que Allah esté complacido con él— dirigió la oración fúnebre. [Siyar A‘lam al-Nubala, 2/315; Siyar al-Sahabiyyat, 117]

Safiyya —que Allah esté complacido con ella—, hija de ‘Abd al-Muttalib


Safiyya —que Allah esté complacido con ella— y el Noble Mensajero —que Allah le bendiga y le conceda paz— compartían el mismo linaje y ascendencia. Safiyya —que Allah esté complacido con ella— era hija de ‘Abd al-Muttalib y tía paterna del Mensajero de Allah —que Allah le bendiga y le conceda paz—. Por otra parte, Hala bint Wahab, hermanastra de la madre del Mensajero de Allah —que Allah le bendiga y le conceda paz—, era la madre de Safiyya. Por tanto, en este sentido, la madre de Safiyya era la tía materna del Mensajero de Allah —que Allah le bendiga y le conceda paz—. [Usd al-Gaba, 5/892; al-Isaba, 4/348] Hamza —que Allah esté complacido con él—, el mártir de Uhud y Sayyid al-Shuhada, era su hermano. Ambos eran hijos de la misma madre. [Tahdhib al-Asma wa al-Lugat, 1/349]

Durante la época de la ignorancia, se casó con Hariz ibn Harb, hermano de Abu Sufyan ibn Harb. De él tuvo un hijo. Después de la muerte de Hariz, contrajo un segundo matrimonio con ‘Awwam ibn Juwaylid, con quien tuvo tres hijos: Zubayr, Sa’ib y ‘Abd al-Ka‘ba. [Tabaqat, 8/42] Cabe señalar que este ‘Awwam era hermano de Jadiya al-Kubra —que Allah esté complacido con ella—, Madre de los Creyentes. Por tanto, se ve que ella fue la orgullosa madre de Zubayr ibn al-‘Awwam —que Allah esté complacido con él—, uno de los miembros de los Diez a quienes se anunció el Paraíso, y la abuela de ‘Abdullah ibn al-Zubayr, el célebre Compañero que alzó su voz contra la opresión y la tiranía y alcanzó el martirio a manos de las tropas del tiránico Yazid.

Hazrat Safiyya (ra) abrazó el islam. Existe discrepancia entre los especialistas en biografía sobre cuáles de las tías paternas del Mensajero de Allah (sa) abrazaron el islam. En cuanto a su aceptación del islam, no existe desacuerdo entre los especialistas. Ibn Sa’d mencionó que Arwa, Atika y otras tías paternas abrazaron el islam. Sin embargo, la verdad es que, aparte de Safiyya, ninguna de ellas abrazó el islam. Esto es lo que afirmó Ibn al-Azir.[Usud al-Gaba, 5/492; Tahdib al-Asma wa al-Lugat, 1/349] Sobre su emigración, solo se sabe que emigró a Medina junto con su esposo, al-Zubayr. Ibn Sa’d solo dijo lo siguiente: [Tabaqat, 8] (árabe*****) «Ella emigró a Medina».

Hazrat Aisha (ra) dijo: «Cuando esta aleya (árabe*******) [Sura ash-Shu‘ara, 214] descendió en La Meca ante el Mensajero de Allah (sa), él se puso de pie y se dirigió así a ellos: [Siyar A‘lam an-Nubala, 2/271]»

«¡Oh, Fatima bint Muhammad, oh, Safiyya bint Abd al-Muttalib, oh, descendientes de Abd al-Muttalib! No puedo hacer nada por vosotros ante Allah. Podéis pedirme de mis bienes lo que queráis.»

Participó en varias expediciones militares. Durante la batalla de Uhud, las mujeres fueron dejadas, para su seguridad, en la fortaleza de Fari‘, perteneciente al poeta Hassan ibn Thabit (ra). Esta fortaleza de Fari‘ también era llamada fortaleza de Utum. Hassan también se encontraba con ellas. Entre aquellas mujeres estaba Hazrat Safiyya. Un día vio a un judío rondando alrededor de la fortaleza. Se alarmó, pues si él llegaba a conocer la posición de las mujeres, podría sobrevenir un grave peligro. En aquel momento, el Mensajero (sa) se encontraba en el campo de batalla con su ejército. Al comprender la gravedad del peligro, Hazrat Safiyya dijo a Hassan: «Mata a este judío; de lo contrario, informará a los demás judíos de nuestra posición». Hassan (ra) respondió: «Usted sabe que no puedo hacer nada al respecto. Si tuviera ese valor, estaría junto al Mensajero de Allah (sa)». Entonces Safiyya tomó un poste de la tienda, se abalanzó sobre el judío y lo mató. Después dijo a Hassan (ra): «Ve y trae ahora sus pertenencias. Como yo soy mujer y él era hombre, no puedo hacerlo. Tienes que hacerlo tú». Hassan respondió: «No hacen falta esas pertenencias».[Tabaqat, 8/41; Kanz al-Ummal, 7/99; Sirat Ibn Hisham, 2/228; al-Agani, 4/164; al-Bidaya, 4/108]

En otra narración se relata que, después de matar al hombre, Safiyya (ra) le cortó la cabeza y dijo a Hassan: «Toma esto y arrójalo entre los judíos que están al pie de la fortaleza». Él respondió: «Eso no me corresponde». Entonces Safiyya arrojó ella misma la cabeza entre los judíos, y estos se dispersaron atemorizados. Más tarde, Safiyya (ra) solía decir: (árabe*********)

«Soy la primera mujer que ha matado a un hombre». Esto fue narrado por Urwa.[La batalla de Uhud tuvo lugar antes de la batalla del Foso. Hazrat Safiyya también participó en esta batalla de Uhud y dio un brillante ejemplo de valentía. En cierto momento de la batalla, los musulmanes se dispersaron y comenzaron a huir ante el ataque del ejército de Quraysh. En realidad, se había producido una especie de derrota. Entonces Hazrat Safiyya (ra), con una lanza en la mano, golpeaba a cualquier soldado que encontraba huyendo del campo de batalla y decía con voz enérgica: «¿Huis dejando atrás al Mensajero de Allah (sa)?». Esta situación llegó a conocimiento del Mensajero de Allah (sa). El Mensajero (sa) dijo a al-Zubayr que no dejara que ella viera el cadáver de Hamza, porque los qurayshíes trataban los cadáveres de forma inhumana: los mutilaban cortándolos y despedazándolos. El Mensajero (sa) le dio esta orden a al-Zubayr pensando que, al ver el estado atroz del cadáver de su hermano, ella podría perder el control. Conforme a la orden del Mensajero de Allah (sa), al-Zubayr (ra) se acercó a su madre y le dijo: «Madre, el Mensajero (sa) le pide que regrese». Ella respondió: «Sé que el cadáver de mi hermano ha sido mutilado. Allah sabe que no apruebo en absoluto que hayan tratado así el cadáver de mi hermano; aun así, tendré paciencia. Si Allah quiere, me mantendré bajo control». Al-Zubayr (ra) informó al Mensajero (sa) de estas palabras de su madre. Entonces él permitió que Safiyya (ra) se acercara al cadáver de su hermano. Hazrat Safiyya se acercó al cadáver de su hermano y vio los fragmentos de su cuerpo. Mantuvo un completo dominio de sí misma. Solo pronunciaba «Inna lillahi wa inna ilayhi raji‘un» y continuaba haciendo súplicas por su perdón. Después de que ella se marchó, el Mensajero (sa) ordenó que se enterrara el cadáver de Hazrat Hamza (ra).[Tabaqat, 8/42; Usud al-Gaba, 5/492]

Aquel día, el Mensajero (sa) dijo: «Si no fuera por el dolor que esto causaría a Safiyya y por el temor de que, después de mí, se convirtiera en una costumbre, dejaría el cadáver de Hamza expuesto de esta manera en el campo. Los animales y las aves lo devorarían».[Sirat Ibn Hisham, 2/95]

Para el sustento de Hazrat Safiyya (ra), después de la conquista de Jaibar, el Mensajero (sa) le asignó anualmente cuarenta wasaq de grano de las cosechas producidas allí.[Tabaqat, 8/41]

Durante el califato de Hazrat Umar (ra), falleció en Medina en el año 20 de la Hégira, a la edad de 73 años. Fue enterrada en el cementerio de Baqi, en el patio de Mugira ibn Shu‘ba, junto al lugar de las abluciones. Algunos han afirmado que de ella se transmitieron numerosas narraciones del Mensajero de Allah (saw).[Pragukta-8/42; Tahdhib al-Asma’ wa al-Lughat-1/349; Al-Isti‘ab (nota marginal de Al-Isaba-4/345)] Esto no es correcto.

Talento poético

Hazrat Safiyya (ra) fue una poetisa de la rama hachemita de la tribu de Quraysh y una mujer de expresión elocuente. También alcanzó fama por su participación en la yihad y por otras obras virtuosas. Dominaba muy bien la lengua árabe. De sus labios brotaban libremente versos poéticos. Aquellos versos se distinguían por sus excelentes ideas, su claridad y fluidez; estaban llenos de sentimientos delicados, verdaderos y precisos, así como de magníficas muestras de valentía y coraje. Se ha narrado que, cuando mecía en sus brazos a su pequeño hijo az-Zubayr, de sus labios brotaban espontáneamente versos que expresaban valentía.[Siyar A‘lam an-Nubala-1/45]

En las obras de historia y de sira (biografías), entre los poemas conservados de Hazrat Safiyya (ra), no cabe duda de que fue una de las grandes poetisas árabes. Su éxito en la composición de elegías resulta especialmente notable. Por ello, muchos la llamaron «la Jansa de Quraysh».[Nisa’ min ‘Asr an-Nubuwwah-419]

El erudito as-Suyuti dijo en su obra Ad-Durr al-Manzur:[Ad-Durar al-Manzur-261]

«Era una poetisa de lenguaje puro y elocuente. Por sus palabras, sus obras, su honor y dignidad, y la nobleza de su linaje, gozaba de una distinción especial ante todos los árabes».

Después de la muerte de Abdul Muttalib, Safiyya (ra) reunió a sus hermanas y a las hijas de Banu Hashim y organizó algo semejante a una ceremonia de duelo. En aquella ceremonia, muchas mujeres recitaron elegías compuestas por ellas mismas. Esa elegía ha sido recopilada en diversas obras.[Véase: Sira de Ibn Hisham-1/169-174]

A continuación se presentan dos de sus versos:

Por un hombre de las tierras altas, durante la noche

me despierto al oír la voz de una plañidera

y entonces las lágrimas se deslizaron por mis dos mejillas

de tal manera como rueda una perla por una pendiente.

Después del fallecimiento del Mensajero de Dios (s. a. s.), compuso una elegía. Algunos fragmentos de ella se encuentran en diversas obras. Aquí se presentan algunos de sus versos: [Siyar A‘lam an-Nubala, 2/271; véase: Hayat as-Sahaba, 3/347-348]

‘¡Oh, mis ojos! Mostrad generosidad derramando lágrimas y velando durante la noche

en ello. Lamentad a uno de los mejores muertos,

a la persona perdida.

Con intenso dolor y pesar, por Muhammad al-Mustafa

llora en su memoria. El dolor y la aflicción que se mezclan en el corazón

y se funden en uno solo lo han obligado a sentarse apoyado,

como una persona enferma.

Mi vida llegó a estar en peligro

cuando le llegó la muerte que le había sido decretada,

que está consignada en un Libro sumamente honorable.

Era amable con la gente,

el Compasivo y el mejor de los guías.

Que Allah sea bondadoso con él en toda circunstancia, en la vida y en la muerte.

y en aquel día eterno, que Allah le conceda el Paraíso.’

A continuación, algunos versos de otra elegía compuesta en memoria del honorable Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él): [Sha’irāt al-‘Arab, 202-205] (árabe**********)

‘¡Oh Mensajero de Allah! Eras nuestra esperanza y nuestro apoyo. Eras amable con nosotros y no eras severo.

Eras misericordioso, guía del camino y maestro. ¡Que, por ti hoy, sean ofrecidos mi madre, mi tía materna, mi tío paterno, mi tío materno, mi vida y todos mis bienes ante cualquier plañidera.

Si el Sustentador de la humanidad hubiera mantenido vivo a nuestro Profeta para siempre, habríamos sido afortunados. Pero Su decreto ya estaba establecido.

¡Que sobre usted descienda, de parte de Allah, el saludo en honor suyo! Y entre, con el corazón complacido, en el Paraíso eterno.’

Ya hemos mencionado anteriormente el valor que demostró la honorable Safiyya cuando, durante la batalla de Uhud, los soldados musulmanes, en estado de desbandada, quedaron dispersos y alejados del Mensajero (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él). En aquella ocasión compuso también un poema en memoria de Hamza (que Allah esté complacido con él). En él presentó una imagen, cuyo verso dice así: [Al-Isaba, 4/349] (Árabe*******)

«Y te ha sobrevenido un día cuyo sol se ha oscurecido, aunque era luminoso».

Umm Ayman Baraka (que Allah esté complacido con ella)


Umm Ayman era la esclava liberada del Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él). Su nombre verdadero era Baraka. Era hija de Habasha. Su padre se llamaba Za‘laba ibn ‘Amr. Era esclava del honorable padre del Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él), ‘Abdullah, o, según otra opinión, de su madre, Aminah. [Ansab al-Ashraf, 1/96] Por derecho de herencia, el Mensajero (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) la liberó de la esclavitud. [Siyar A‘lam al-Nubala, 2/223] Ella fue la nodriza del Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él). Fue una de las personas que lo criaron llevándolo en brazos y en el regazo. [Ansab al-Ashraf, 1/96, 476] El Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) tenía siete cabras, y Umm Ayman las pastoreaba. [Ibíd., 1/513]

Cuando el Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) tenía seis años, su madre Aminah fue con él a Medina para visitar la tumba de su esposo. En este viaje también estuvieron presentes ‘Abd al-Muttalib y Umm Ayman. [Ibíd., 1/94]

‘Ubayd ibn ‘Amr al-Jazrayí llegó desde Yathrib y se estableció en La Meca. Allí se incorporó a la familia de Umm Ayman. Al-Baladhuri dice que el matrimonio de ‘Ubayd con Umm Ayman tuvo lugar en la época de la ignorancia. Ella pasó muchos años de su vida viuda en el hogar del Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él). Entonces, un día, el Mensajero (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo a sus compañeros en La Meca: «Si alguno de vosotros desea casarse con una mujer que será de las habitantes del Paraíso, que se case con Umm Ayman». Cuando Zayd ibn Hariza, hijo adoptivo del Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) y muy querido por él, manifestó su deseo de casarse con ella, el Mensajero (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) tomó la iniciativa y lo casó con Ayman. En la casa de Zayd nació Usama, quien más tarde se convertiría en un famoso comandante militar. Según la costumbre árabe, adoptó el sobrenombre Umm Ayman por el nombre de Ayman, hijo de su primer esposo, y alcanzó fama histórica con este nombre. Su nombre verdadero era Barakat. Este Ayman se hizo musulmán y alcanzó el martirio en la batalla de Hunayn. [Ibíd., 1/472-473; Tabaqat, 8/224; Siyar A‘lam al-Nubala, 2/224]

Umm Ayman (que Allah esté complacido con ella) se hizo musulmana en los primeros tiempos del islam. Fue una de las personas que tuvieron el honor de emigrar tanto a Abisinia como a Medina. Primero emigró a Abisinia. Después regresó a La Meca y volvió a emigrar a Medina junto con su esposo, Zayd ibn Hariza. [Siyar al-Sahabiyyat, 111; Ansab al-Ashraf, 1/320] Participó en las batallas de Uhud y de Jaibar. En Uhud se encargó de dar agua a los soldados y atender a los heridos.

Al-Baladhuri dice: la nodriza del Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él), Umm Ayman (que Allah esté complacido con ella), estaba dando agua a los muyahidines musulmanes junto con las mujeres de los ansar durante la batalla de Uhud. Hibbán ibn ‘Araqa lanzó una flecha contra ella. La flecha alcanzó el borde de su velo y dejó al descubierto una parte de su cuerpo. Al ver aquello, el arquero estalló en una estruendosa carcajada. Entonces el Mensajero (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) puso la flecha en manos de Sa‘d ibn Abi Waqqas y le dijo: «Dispara esta». Sa‘d lanzó la flecha, que alcanzó a Hibbán. Este cayó inmediatamente al suelo y murió. Al verlo, el Mensajero (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) rio de tal manera que se le vieron los dientes. [Ibíd., 1/320]

Al-Harith ibn Hatib, Tha‘laba ibn Hatib, Sawad ibn Ghaziyya, Sa‘d ibn ‘Uthman y algunas otras personas huyeron del campo de batalla de Uhud. Umm Ayman los reprendió severamente. Comenzó a arrojarles polvo al rostro y a decirles: «¡Id, ahí tenéis una rueca; hilad!».[Pragukt-1/326]

Umm Ayman (que Dios esté complacido con ella) permaneció vinculada durante toda su vida a la familia del Mensajero de Dios (que Dios le bendiga y le conceda paz). Emigró a Medina junto con los miembros de la familia del Mensajero de Dios (que Dios le bendiga y le conceda paz).[Al-Isaba-4/450; Al-Isti‘ab-4/450; Hayatus Sahaba-1/369] También la vemos en primera fila durante el matrimonio de ‘Ali y Fátima. El Mensajero (que Dios le bendiga y le conceda paz) envió a su amada hija Fátima al hogar de su esposo y, a la mañana siguiente, se apresuró a ir a casa de su yerno para ver a la pareja. Llamó a la puerta. Había muchas mujeres en la casa donde se celebraba la boda. Al percatarse de la presencia del Mensajero de Dios (que Dios le bendiga y le conceda paz), todas se pusieron muy atentas. Cuando Umm Ayman abrió la puerta, el Mensajero (que Dios le bendiga y le conceda paz) le dijo: «Llama a mi hermano». Cabe mencionar que ‘Ali (que Dios esté complacido con él), el yerno, era primo paterno del Mensajero de Dios (que Dios le bendiga y le conceda paz). Umm Ayman (que Dios esté complacido con ella) había pasado la noche en casa de ‘Ali. Le dijo al Mensajero de Dios (que Dios le bendiga y le conceda paz): «¡Oh, Mensajero de Dios! ¿Por qué llamas hermano a ‘Ali? ¿Acaso no es el esposo de tu hija?».[Hayatus Sahaba-2/668]

Cuando Zaynab, hija del Mensajero de Dios (que Dios le bendiga y le conceda paz), falleció en el octavo año de la Hégira, Umm Ayman participó en su lavado funerario junto con las demás mujeres. Antes de eso, cuando Ruqayya, hija del Mensajero de Dios (que Dios le bendiga y le conceda paz), falleció durante la batalla de Badr, también fue Umm Ayman quien la lavó. Al-Kalbi dijo: «Cuando falleció Jadiya, Madre de los Creyentes (que Dios esté complacido con ella), Umm Ayman y Umm al-Fadl la lavaron».[Ansab al-Ashraf-1/400, 401, 406]

El Noble Mensajero de Dios (que Dios le bendiga y le conceda paz) trataba a Ayman con gran consideración y respeto. A veces incluso se dirigía a ella llamándola «madre». También decía: «La persona que queda de esta familia».[Tabaqat-8/223; Al-Hakim-4/63] Umm Ayman (que Dios esté complacido con ella) era una persona de entendimiento sencillo. El Mensajero (que Dios le bendiga y le conceda paz) bromeaba ocasionalmente con ella. Un día, Umm Ayman (que Dios esté complacido con ella) fue ante el Mensajero de Dios (que Dios le bendiga y le conceda paz) y le dijo: «¡Oh, Mensajero de Dios! Dispón que pueda montar algún medio de transporte». El Mensajero (que Dios le bendiga y le conceda paz) respondió: «Te haré montar sobre la cría de una camella». Umm Ayman dijo: «La cría no podrá soportar mi peso». El Mensajero (que Dios le bendiga y le conceda paz) dijo: «Te haré montar precisamente sobre la cría». En realidad, el Mensajero (que Dios le bendiga y le conceda paz) estaba bromeando un poco con ella. Se ha transmitido que el Mensajero (que Dios le bendiga y le conceda paz) no bromeaba sin motivo; incluso en sus bromas había verdad. Este caso no es diferente, pues todos los camellos —sean pequeños o grandes— son crías de alguna camella.[Al-Bidaya-6/46; Al-Adab al-Mufrad de al-Bujari-41; Siyar A‘lam al-Nubala-2/225]

Umm Ayman (que Dios esté complacido con ella) no podía pronunciar todos los sonidos de las letras árabes.[Tabaqat-8/225] Abu Ya‘far al-Baqir relató que un día Umm Ayman (que Dios esté complacido con ella) acudió ante el Mensajero de Dios (que Dios le bendiga y le conceda paz) y, al saludarlo, pronunció las palabras de esta manera: (salamu la ‘alaykum). Desde aquel día, el Mensajero (que Dios le bendiga y le conceda paz) solo le permitió decir «as-salamu».[Pragukt; Siyar A‘lam al-Nubala-2/225]

Cuando falleció el Mensajero de Dios (que Dios le bendiga y le conceda paz), Umm Ayman se entristeció profundamente y comenzó a llorar. La gente le preguntó: «¿Estás llorando?». Ella respondió: «Por Dios, yo sabía que él moriría. Pero lloro porque, desde hoy, ha cesado de venirnos la revelación desde el cielo». También se ha transmitido de Anas (que Dios esté complacido con él): «Así como el Mensajero de Dios (que Dios le bendiga y le conceda paz) solía visitar ocasionalmente a Umm Ayman, vayamos nosotros también a visitarla». Cuando ambos llegaron ante Umm Ayman, ella comenzó a llorar. Le dijeron: «¿Por qué lloras? Lo que hay junto a Dios es mejor para Su Mensajero (que Dios le bendiga y le conceda paz)». Umm Ayman respondió: «No lloro porque ignore eso. Lloro porque ha cesado de venir la revelación desde el cielo». Al oír estas palabras, Abu Bakr y ‘Umar (que Dios esté complacido con ambos) comenzaron a llorar.[Sahih Muslim; Fada’il al-Sahaba (2454); Ibn Maya: Al-Yana’iz (1635); Kanz al-‘Ummal-4/48; Al-Bidaya-5/274] Del mismo modo, cuando el segundo califa, ‘Umar, sufrió el martirio, ella continuó diciendo entre lágrimas: «Hoy el islam se ha debilitado».[Siyar A‘lam al-Nubala-2/227]

Después de que el Mensajero de Dios (que Dios le bendiga y le conceda paz) emigrara a Medina, los ansar entregaron espontáneamente muchos de sus palmerales al Mensajero de Dios (que Dios le bendiga y le conceda paz). Más tarde, cuando las tribus judías de Medina, Banu Qurayza y Banu Nadir, fueron expulsadas de Medina y todas sus posesiones pasaron a manos de los musulmanes, él comenzó a devolver aquellos huertos y jardines a los ansar. Entre ellos había algunos pertenecientes a Anas (que Dios esté complacido con él). El Mensajero (que Dios le bendiga y le conceda paz) había entregado aquel jardín a Umm Ayman. Cuando Anas (que Dios esté complacido con él) acudió ante Umm Ayman para recuperar el jardín, ella se negó a devolverlo. Posteriormente, en lugar de aquel jardín, el Mensajero (que Dios le bendiga y le conceda paz) le concedió diez veces más.[Sahih al-Bujari; Al-Maghazi-7/316; Muslim; Al-Yihad wa al-Siyar-2/341]

Un día, el Mensajero de Dios (que Dios le bendiga y le conceda paz) fue a la casa de Umm Ayman. Umm Ayman le ofreció una bebida para que la tomara. El Mensajero (que Dios le bendiga y le conceda paz) estaba ayunando. Por ello dudó en beberla. Ante esto, Umm Ayman manifestó un gran disgusto.[Muslim-2/341] Probablemente ella no sabía que el Mensajero de Dios (que Dios le bendiga y le conceda paz) estaba ayunando. Y el Mensajero de Dios (que Dios le bendiga y le conceda paz) tampoco consideró necesario explicárselo.

Hazrat Ummu Ayman (que Allah esté complacido con ella) también transmitió hadices del Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz). Se han conservado cinco hadices transmitidos por su autoridad. [Siyar a‘lam an-nubala, 2/227.] Entre quienes transmitieron hadices por su autoridad destacan especialmente Anas ibn Malik, Hansh ibn ‘Abdullah as-San‘ani y Abu Yazid. [Sahabiyyat, 200]

Ya se ha mencionado que tuvo dos hijos: Ayman, del primer esposo, y Usama, del segundo. Ambos fueron Compañeros. Usama fue un Compañero de gran rango y muy querido por el Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz). Ayman tuvo un hijo llamado Hajjaj ibn Ayman. Un día, este entró en la mezquita, realizó apresuradamente la inclinación y la postración, y terminó la oración muy rápido. A su lado estaba sentado Hazrat ‘Abdullah ibn ‘Umar (que Allah esté complacido con él). Llamó a Ibn Ayman (que Allah esté complacido con él) y le preguntó: «¿Crees que tu oración ha sido válida? Tu oración no ha sido válida. Ve y repítela». Después de que Ibn Ayman se marchara, Ibn ‘Umar (que Allah esté complacido con él) preguntó a la gente: «¿Quién es este hombre?». Le respondieron: «Hajjaj ibn Ayman, nieto de Ummu Ayman». Entonces Ibn ‘Umar (que Allah esté complacido con él) comentó: «Cuando el Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) lo veía, lo trataba con afecto». [Tabaqat, 8/225; Siyar a‘lam an-nubala, 2/226.]

Hazrat Ummu Ayman (que Allah esté complacido con ella) falleció durante el califato de Hazrat ‘Uzman (que Allah esté complacido con él). Lo que dijo Ibn al-Azir —que falleció cinco o seis meses después del fallecimiento del Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz)— no es correcto. [Tabaqat, 8/227; Sahabiyyat, 200]

En diversos libros de sira se ha narrado un hecho milagroso relacionado con Ummu Ayman (que Allah esté complacido con ella). Cuando estaba emigrando, anocheció en cierto lugar del camino y la sed la dejó exhausta. No había agua cerca. Entonces apareció ante ella, descendiendo del cielo suspendido de una cuerda blanca, un cubo de agua. Bebió de él hasta saciarse. Como resultado, nunca más en su vida volvió a padecer sed. Ella solía decir: «Aunque esté ayunando al mediodía de un día de intenso calor, no siento sed». [Tabaqat, 8/224; Hayat as-sahaba, 3/618]

At-Tabarani narró lo siguiente: Un día, un grupo de personas de la tribu de Gifar llegó a Medina ante el Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) con la intención de abrazar el islam. Entre ellos se encontraba también Jahjah al-Gifari. Rezaron en la mezquita junto al Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz). Después de pronunciar el saludo final de la oración, el Mensajero (que Allah le bendiga y le conceda paz) anunció: «Cada orante llevará consigo al huésped que esté a su lado». Jahjah al-Gifari dijo: «Todos se marcharon. En la mezquita solo quedamos el Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) y yo». Yo era un hombre corpulento y de gran estatura. El Mensajero (que Allah le bendiga y le conceda paz) me llevó consigo a su casa; después ordeñó una cabra y trajo su leche para mí. Me la bebí de un solo trago. Luego trajo comida cocinada en una olla, y también me la acabé. Al ver esto, Ummu Ayman (que Allah esté complacido con ella) comentó: «Que Allah deje hambriento esta noche a quien dejó hambriento al Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz)». El Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) dijo: «Ummu Ayman, cállate. Él ha comido su provisión, y nuestra provisión está a cargo de Allah».

Amaneció. Al día siguiente, todos los miembros del grupo se reunieron y cada uno comenzó a hablar de su comida. Jahjah también relató su experiencia. Pasó el día. Rezaron la oración del magrib junto al Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz). Como el día anterior, el Mensajero (que Allah le bendiga y le conceda paz) hizo el mismo anuncio. Todos se marcharon llevando consigo a sus respectivos huéspedes. Jahjah dijo: «También hoy nos quedamos el Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) y yo. En realidad, al ver mi enorme corpulencia, nadie mostraba interés en llevarme consigo». El Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) me llevó a su casa. Después ordeñó una cabra y trajo su leche. Bebí y quedé satisfecho con ella. Al ver mi estado de aquel día, Ummu Ayman (que Allah esté complacido con ella) exclamó sorprendida: «¡Oh, Mensajero de Allah! ¿Acaso no es este nuestro mismo huésped?». Él respondió: «Sí, es el mismo huésped. Sin embargo, esta noche ha comido como come un creyente: de una sola vez». [Kanz al-‘ummal, 1/93; Al-Isaba, 1/253; Hayat as-sahaba, 2/197-198]

Hazrat Ummu Ayman (que Allah esté complacido con ella) preparaba comida para el Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz). Un día tamizó harina y con aquella harina tamizada preparó pan para el Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz). Al ver el pan, el Mensajero (que Allah le bendiga y le conceda paz) preguntó: «¿Qué es esto?». Ummu Ayman respondió: «En nuestro país preparamos este tipo de pan. Por eso quise darte a comer un pan así». Cabe mencionar que la tierra natal de Ummu Ayman (que Allah esté complacido con ella) era Abisinia. El Mensajero (que Allah le bendiga y le conceda paz) dijo: «Mezcla estos panes con el salvado que ha quedado al tamizar. Después amásalos y vuelve a formar una masa». [At-Targhib wat-Tarhib, 5/154; Hayat as-sahaba, 2/273]

Ummu Hani bint Abi Talib (que Allah esté complacido con ella)


En la historia, es conocida por el sobrenombre de Umm Hani. Su nombre verdadero era Fakhta, aunque según otra opinión era Hind. Era hija del respetable tío paterno del Noble Mensajero de Allah, Abu Talib, y de su respetable tía paterna, Fatima bint Asad. Era hermana de sangre de Aqil, Yafar, Talib y Ali (que Allah esté complacido con ellos).[Sira de Ibn Hisham, 2/420; A‘lam an-Nisa, 4/14; Al-Isi‘ab, 2/772.] No se conoce gran cosa de su infancia y juventud. Sin embargo, se encuentran uno o dos relatos acerca de su matrimonio. Por ejemplo, antes de que el Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) recibiera la profecía, envió a su tío Abu Talib una propuesta de matrimonio para Umm Hani. Al mismo tiempo, Hubayra ibn ‘Amr ibn ‘A’idh al-Majzumi también envió una propuesta. Su tío aceptó la propuesta de Hubayra y casó a Umm Hani con él. El Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: «¡Sobrino! Nosotros hemos establecido con ella un vínculo matrimonial. Los honorables son iguales entre sí».[A‘lam an-Nisa, 4/14.] Esto es todo lo que se relata. No se encuentra nada más en ningún relato. Sin embargo, se sabe por diversas fuentes que estuvo casada con Hubayra ibn ‘Amr.[Usud al-Gaba, 5/624.]

Existe cierta divergencia entre los distintos relatos acerca de cuándo Umm Hani abrazó el islam. El imán ad-Dhahabi dice:[Siyar a‘lam an-nubala, 2/312.] (Árabe*******)

«Abrazó el islam tardíamente. Aceptó el islam el día de la conquista de La Meca».

Sin embargo, entre los relatos relacionados con el Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él), se encuentra también un relato de Umm Hani (que Allah esté complacido con ella) en diversas obras. De él se entiende que el Mi‘ray del Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) tuvo lugar desde la casa de Umm Hani y que ella era musulmana en aquel momento. Este acontecimiento tuvo lugar antes de la Hégira. Ella dijo: «El Isra del Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) —el viaje nocturno de La Meca a Bayt al-Maqdis— tuvo lugar desde mi casa. Esa noche realizó la oración de la ‘Isha y durmió en mi casa. Nosotros también nos quedamos dormidos. Poco antes del amanecer, nos despertó. Después dijo: “¡Umm Hani! Tú viste que anoche realicé la oración de la ‘Isha en este valle. Luego fui a Bayt al-Maqdis y allí realicé la oración. Y ahora realicé con vosotros la oración del Fajr, como pudisteis ver”. Después se levantó para salir. Yo tiré de una esquina de su manto, haciendo que quedara al descubierto parte de su vientre. Entonces parecía una tela de lino copta egipcia doblada. Dije: “¡Oh, Profeta de Allah! No cuentes esto a nadie más. No creerán algo así y te harán daño”. Él dijo: “¡Por Allah! Se lo contaré”».

Dije a mi esclava abisinia: «Sigue al Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él), escucha qué dice a la gente y qué le dice la gente a él». El Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) salió y habló a la gente de su viaje. Al oírlo, la gente quedó completamente estupefacta. Dijeron: «¡Muhammad! ¿Cuál es la prueba de esta afirmación tuya? Nunca hemos oído algo semejante». Él dijo: «Pasé junto a una caravana de cierta tribu, en cierto valle. Se les había perdido un camello y les indiqué dónde encontrarlo. En aquel momento me dirigía hacia Siria. Después encontré en Dajnan la caravana de cierta tribu. Cuando pasé junto a ellos, estaban dormidos. Su recipiente de agua estaba cubierto con algo. Bebí agua del recipiente y volví a cubrirlo con su tapa. La prueba de mi afirmación es que ahora esa caravana se encuentra en el camino de Bayda hacia el recodo de Tan‘im, y al frente de ella va un camello de color gris». La gente corrió inmediatamente hacia Tan‘im y los encontró. Les hablaron del recipiente cubierto, y ellos confirmaron que era cierto. Cuando la caravana cuyo camello se había perdido regresó a La Meca, también les preguntaron y confirmaron que aquello era verdad.[Sira de Ibn Hisham, 1/402-403; Ibn Kazir, as-Sira an-nabawiyya, 1/295]

El día de la conquista de La Meca, Umm Hani aparece en el escenario de la historia. En las obras de biografía y de historia se relatan varios acontecimientos relacionados con ella. Por ejemplo, ese día abrazó el islam y su esposo huyó de La Meca hacia Nayrán.[Ansab al-ashraf, 1/362.] Al enterarse de que su esposa Umm Hani había abrazado el islam, compuso un poema para reprenderla. Algunas partes del poema aparecen en diversas obras de biografía.[Sira de Ibn Hisham, 2/420; Usud al-Gaba, 5/628; Ibn Durayd, Al-Iqtiqaq, 152.] En los versos siguientes explicó a su esposa la razón por la que había huido de La Meca.[A‘lam an-Nisa, 4/14.] (Árabe********)

«¡Por tu vida! No volví la espalda ni huí de Muhammad y sus compañeros por cobardía o por miedo a ser asesinado. Sin embargo, reflexioné profundamente sobre mi situación y comprendí que mis flechas y mi espada no bastaban en esta guerra. Me mantuve firme en mi decisión. Pero cuando temí que mi situación se volviera insostenible, regresé como el león regresa junto a su cachorro».

Muchos han dicho que su regreso significó volver al islam, pero eso no es correcto. Pues murió aferrado a la incredulidad.

Ese día de la conquista de La Meca, ella fue al lugar donde se alojaba el Mensajero de Allah y lo vio realizar la ablución y ofrecer ocho rak‘at de la oración de duha. Ese día acogió en su casa a dos familiares y, cuando informó de ello al Mensajero de Allah, él también les concedió protección. A continuación se presentan esos relatos.

El día de la conquista de La Meca, al-Harith ibn Hisham buscó refugio en la casa de Umm Hani. En ese momento llegó allí su hermano ‘Ali. Ella le informó a ‘Ali del asunto de al-Harith. Inmediatamente, ‘Ali tomó la espada con intención de matarlo. Umm Hani le dijo: «¡Hermano! Yo le he concedido protección». Pero ‘Ali no prestó atención a sus palabras. Entonces Umm Hani se abalanzó sobre él, le sujetó firmemente ambas manos y dijo: «¡Por Allah! No puedes matarlo. Yo le he dado refugio». ‘Ali no pudo avanzar ni un solo paso. Intentó liberarse de las manos de ella, pero no pudo.

En ese momento llegó el Profeta. Umm Hani dijo: «¡Oh, Mensajero de Allah! Yo he dado refugio a fulano, pero ‘Ali quiere matarlo». El Mensajero dijo: «A quien tú has dado refugio, nosotros también le hemos dado refugio. No te enojes con ‘Ali, pues cuando ‘Ali se enoja, Allah se enoja. Déjalo». Umm Hani soltó a ‘Ali. El Mensajero dijo: «Una mujer te ha vencido». ‘Ali respondió: «¡Por Allah, oh Mensajero de Allah! No pude levantar los pies del suelo». El Mensajero se echó a reír.[Ibíd., 4/15; Musnad Ahmad, 5/242]

Ibn Hisham relató el acontecimiento en su Sira de la siguiente manera: Umm Hani dijo: «Cuando el Mensajero de Allah descendió en la zona alta de La Meca, dos hombres de la tribu de mi suegro, Banu Majzum —al-Harith ibn Hisham y ‘Abdullah ibn Abi Rabi‘a— huyeron y buscaron refugio en mi casa. Entonces llegó mi hermano ‘Ali y se dispuso a matarlos. Cerré la puerta y corrí hacia el Mensajero de Allah, que se encontraba en la zona alta de La Meca. Él me recibió y dijo: “¡Umm Hani! ¿Con qué propósito has venido?”. Entonces le informé sobre aquellos dos hombres y sobre ‘Ali. Él dijo: “A aquellos a quienes tú has concedido protección, nosotros también les hemos concedido protección. Por tanto, él no los matará”.[Sira de Ibn Hisham, 2/411; Hayat as-Sahaba, 1/182; 3/145-146]»

Umm Hani dijo: «El día de la conquista de La Meca fui al Mensajero de Allah. Lo vi bañándose, mientras Fátima lo cubría con una tela. Lo saludé y él preguntó: “¿Quién eres?”. Respondí: “Soy Umm Hani, la hija de Abu Talib”. Dijo: “¡Umm Hani! ¡Bienvenida!”. Después de bañarse, se puso de pie para orar. Ofreció ocho rak‘at con una sola prenda, que llevaba puesta y enrollada alrededor del cuerpo. Entonces dije: “¡Oh, Mensajero de Allah! Mi hermano ‘Ali se dispone a matar a un hombre al que yo he dado refugio”. Él dijo: “¡Umm Hani! A quien tú has dado refugio, nosotros también le hemos dado refugio”. Esa era la oración de duha.[Sahih al-Bujari, 3/43; Bab Salat al-Fajr fi as-Safar, 6/195-196; Kitab al-Magazi; Bab Manzil an-Nabiyy Yawm al-Fath; Sahih Muslim (336), Bab Salat al-Musafirin wa Qasriha; Bab Istihbab Salat ad-Duha; al-Muwatta, 1/152; Bab Salat ad-Duha]»

Umm Hani sentía un profundo respeto y veneración por el Noble Mensajero de Allah. Durante el período de la conquista de La Meca, un día el Mensajero fue a su casa. Cuando Umm Hani le ofreció una bebida, él bebió un poco y se la tendió. Umm Hani estaba observando aquel día un ayuno voluntario. Rompió el ayuno y bebió la bebida que había sobrado después de que el Mensajero de Allah hubiera bebido de ella. Cuando el Mensajero le preguntó por qué había roto el ayuno de ese modo, respondió: «No puedo renunciar a la oportunidad de beber de la bebida que ha tocado sus labios». El Mensajero amaba mucho a Umm Hani. En una ocasión le dijo: «Umm Hani, acepta una cabra. Es algo sumamente bendito».[Musnad Ahmad, 6/343]

El esposo de Umm Hani, Hubayra, permaneció firme en la incredulidad y murió en ese estado. Después de que Umm Hani aceptara el islam, se produjo la separación entre los esposos por causa del islam. Posteriormente, el Mensajero le propuso matrimonio. Umm Hani respondió: «¡Por Allah! Ya te amaba en la época de la ignorancia, y ahora, en la época del islam, ese amor se ha vuelto aún más profundo. Sin embargo, ahora soy una mujer afligida. Tengo varios hijos pequeños y temo que ellos te causen molestias». El Mensajero dijo: «Las mujeres de Quraysh son las mejores de entre las que montan a lomos de una cabalgadura. Son las más compasivas con sus hijos y las que más cuidan los derechos de sus esposos».[Sira de Ibn Hisham, 2/420; Ansab al-Ashraf, 1/459]

En otro relato también se transmite que ella dijo: «¡Oh, Mensajero de Allah! Eres más querido para mí que mis oídos y mis ojos. El derecho del esposo es algo muy importante. Si me concentro en mi esposo, tendré que renunciar a muchas cosas de mí misma y de mis hijos; y si me concentro en mis hijos, descuidaré los derechos de mi esposo». Al oírla, el Mensajero dijo: «Entre las mujeres que montan a lomos de camellos, las mujeres de Quraysh son las mejores. Son tan compasivas con sus hijos pequeños como cuidadosas de los derechos de sus esposos». Después de eso, el Mensajero no volvió a insistir en el asunto.[Al-‘Iqd al-Farid, 6/89; Siyar A‘lam an-Nubala, 2/314; Ansab, 1/459; A‘lam an-Nisa, 4/16]

En una ocasión, Umm Hani narró: «Ammar ibn Yasir, su padre Yasir y su hermano Abdullah». [Musnad Ahmad, 6/343]

Umm Hani narró que Ammar ibn Yasir, su padre Yasir, su hermano Abdullah ibn Yasir y su madre Sumayya eran castigados por permanecer en el camino de Allah. Un día, cuando el Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) pasaba junto a ellos, dijo: «¡Oh, familia de Yasir! Tened paciencia. Vuestra morada será el Paraíso». Después, Yasir murió a causa de las torturas. Sumayya insultó duramente a Abu Yahl. Cuando Abu Yahl le clavó una lanza en los genitales, ella también murió. Y cuando lanzaron una flecha contra Abdullah, él también cayó en brazos de la muerte. [Ansab al-Ashraf, 1/160]

Asimismo, Umm Hani (que Allah esté complacido con ella) ofreció una breve descripción de cómo había visto al Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz). Dijo: «Nunca he visto los dientes de nadie más hermosos que los del Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz). Al ver el abdomen del Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz), me recordaba a un papel doblado. El día de la conquista de La Meca, vi que el cabello del Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) estaba dividido en cuatro mechones». [Ibíd., 1/393] Umm Hani (que Allah esté complacido con ella) también narró el asunto de la reclamación de la herencia paterna de la hija del Profeta, Fátima (que Allah esté complacido con ella), ante el primer califa, Abu Bakr (que Allah esté complacido con él), después del fallecimiento del Noble Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz). [Ibíd., 1/393]

Umm Hani (que Allah esté complacido con ella) narró 46 hadices del Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz), recopilados en diversas colecciones de hadices. [Bujari, 6/195-196: Kitab al-Iman an-Nisa wa Zawajihinna; Muslim, 336: capítulo sobre la recomendación de la oración de la mañana] Entre los narradores que transmitieron hadices a través de ella se encuentran, en particular: Jada, Yahya, Harur, Abu Murra, Abu Salih, Abdullah ibn Ayyash, Abdullah ibn al-Harith ibn Nawfal, Abd ar-Rahman ibn Abi Layla, Sha’bi, Ata, Kuraib, Muyahid, Urwa ibn az-Zubayr, Muhammad ibn Uqba y otros. [Siyar A’lam an-Nubala, 2/312; A’lam an-Nisa, 4/16]

No se conoce con exactitud el año de la muerte de Umm Hani (que Allah esté complacido con ella). Sin embargo, según el relato de la obra «Al-Isaba fi Tamyiz as-Sahaba», ella aún vivía después de la muerte de Ali (que Allah esté complacido con él). [Siyar A’lam an-Nubala, 2/313] Algunos de los nombres de sus hijos son: Amr, Hani, Yusuf y Jada. Todos ellos eran sobrinos maternos de Ali (que Allah esté complacido con él). Ali (que Allah esté complacido con él) nombró a Jada gobernador de Jorasán. [Ibíd., 2/312-313; Sahabiyat, 229]

Una de las distinciones especiales de Umm Hani (que Allah esté complacido con ella) es que el Noble Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) le pidió comida, comió de ella y la elogió. Un día, el Mensajero (que Allah le bendiga y le conceda paz) le dijo a Umm Hani: «¿Tienes algo de comida?»

Umm Hani: «No tengo más que algunos trozos de pan seco. Me da vergüenza ofrecérselos delante de usted».

El Mensajero (que Allah le bendiga y le conceda paz) dijo: «Tráelos».

Ummu Hani lo presentó. El Mensajero (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) lo cortó en trozos pequeños y añadió agua con sal. Luego preguntó: «¿Hay algún condimento?». Ummu Hani respondió: «¡Oh, Mensajero de Allah! No tengo nada excepto un poco de vinagre». El Mensajero (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) pidió que trajeran el vinagre. Mezcló el vinagre con los trozos de pan y comió. Después alabó a Allah y dijo: «¡Qué excelente condimento es el vinagre! ¡Ummu Hani! La casa en la que hay vinagre no padece pobreza».[As-Sirat al-Halabiyya, 3/42; Nisa’ min ‘Asr an-Nubuwwah, p. 398]

Halima as-Sa‘diyya (que Allah esté complacido con ella)


En la época de la ignorancia preislámica, entre los árabes nobles existía la costumbre de entregar a sus hijos recién nacidos a una nodriza de otra tribu. Creían que así el niño adquiriría nobleza y pureza de lenguaje. Los nobles de La Meca enviaban a sus hijos pequeños junto a los beduinos del desierto. Allí pasaban el período de lactancia con nodrizas beduinas. Para sus hijos elegían nodrizas naturalmente inteligentes y de buen gusto. Al hacer esta elección, daban prioridad a la elevada moralidad de las nodrizas, su constitución física robusta, su lenguaje puro y elocuente, así como a su honor y posición social. La nodriza que reunía estas cualidades tenía éxito en su profesión.

Las madres lactantes acudían desde el desierto a distintas ciudades y localidades en busca de niños a los que amamantar. Allí recogían a los niños a cambio de una remuneración acordada y regresaban con ellos al desierto. Además de amamantarlos, enseñaban a los niños los juegos de los beduinos, las técnicas para montar tiendas, los buenos modales y una lengua pura y elocuente. El Profeta solía mencionar que había nacido en la tribu de Quraysh y que había sido amamantado y criado entre los Banu Sa‘d.[Sira de Ibn Hisham, 1/167] Les decía a los compañeros: «Soy el más puro y elocuente de habla entre vosotros, pues soy hijo de la tribu de Quraysh y fui amamantado y criado entre los Banu Sa‘d». Una vez, Abu Bakr as-Siddiq (que Allah esté complacido con él) dijo: «¡Oh, Mensajero de Allah! No he visto a nadie más puro y elocuente de habla que usted». Él respondió: «¿Qué me habría impedido ser así? Soy hijo de la tribu de Quraysh y fui amamantado entre los Banu Sa‘d».[Ibn Kathir, As-Sira an-Nabawiyya, 1/115; As-Sira al-Halabiyya, 1/146]

La Halima as-Sa‘diyya (que Allah esté complacido con ella) de la que hablamos fue la afortunada nodriza, es decir, la madre de leche del Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él), perteneciente a la tribu de Banu Sa‘d. Al presentarla, el poeta, jeque Yusuf an-Nabahani (que Allah tenga misericordia de él), dijo:[Citado en la obra «Mujeres de la época de la profecía», basándose en el libro de an-Nabahani «La prueba de Allah contra los mundos», p. 11] (árabe********)

«Lo amamantó Halima, la mujer de plena dicha, perteneciente a una tribu de noble linaje, distinguida entre las tribus por sus ilustres atributos.

Su alimento era insuficiente. Después, se convirtió en la persona más acomodada entre los habitantes de la ciudad.

Ella era una mujer afortunada; por obra de su buena fortuna, se convirtió en una mujer afortunada».[Sira de Ibn Hisham, 1/160]

Esta mujer afortunada era Halima bint ‘Abdillah ibn al-Harith as-Sa‘diyya (que Allah esté complacido con ella), la madre de leche del Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él). El nombre de su esposo era al-Harith ibn ‘Abd al-‘Uzza ibn Rifa‘a as-Sa‘di. Sus hijos eran: ‘Abdullah, Unaysa y Khuzayma; según otra opinión, Hudhafa. Este último también era conocido como ash-Shayma. Todos ellos eran hijos de al-Harith y hermanos y hermanas de leche del Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él). El Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) y ‘Abdullah mamaron juntos. Cabe señalar que el sobrenombre de este al-Harith era Zuwayb y Abu Kabsha. [Ibíd.; Ansab al-Ashraf, 1/90-91]

Halima fue la nodriza y madre de leche de Abu Sufyan ibn al-Harith ibn ‘Abd al-Muttalib, primo del Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él). Una mujer de la tribu de Banu Sa‘d fue la nodriza y madre de leche de Hamza ibn ‘Abd al-Muttalib, tío del Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él). Cuando el Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) estaba con Halima, un día la madre de leche de Hamza le dio de mamar de su propio pecho. Por otra parte, antes de ir con Halima, el Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) había mamado durante algunos días de Thuwayba, la esclava de Abu Lahab. Thuwayba también amamantó a Hamza durante algún tiempo. Por ello, Hamza era hermano de leche del Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) por ambas vías: por Banu Sa‘d y por Thuwayba. [Riyad al-Mubashshirun bil-Jannah, 1/7, 2/189; Nisa’ min ‘Asr an-Nubuwwah, p. 11; Sirat Ibn Hisham, 1/161; nota n.º 6]

Halima amamantó al Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él). Por ello alcanzó en Arabia la mayor fama como nodriza. Ella relató cómo recibió al Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) como lactante. Dijo: Era un año de sequía y hambruna. Salí en busca de un bebé lactante junto con otras diez mujeres de Banu Sa‘d, montada en una débil burra de color blanco. También llevábamos una vieja camella. ¡Por Allah! De sus ubres no salía ni una gota de leche. Debido al hambre y al llanto de nuestros hijos, no podíamos dormir en absoluto por las noches. La leche de mis pechos y la de nuestra camella no bastaban para saciar a mi hijo ‘Abdullah. Sin embargo, esperábamos lluvias y prosperidad. Finalmente llegamos a La Meca. A cada una de nosotras le presentaron al niño, el Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él). Cuando oímos que era huérfano, ninguna quiso llevárselo, pues esperábamos obtener algún beneficio de los padres del niño. Decíamos: «El niño es huérfano. ¿Qué podrían dar su madre y su abuelo?». Por eso lo rechazamos. Mientras tanto, todas las demás mujeres del grupo, excepto yo, habían encontrado un bebé lactante. Cuando decidimos regresar a nuestra tribu, le dije a mi esposo: «¡Por Allah! Las demás volverán con un bebé lactante y yo regresaré con las manos vacías; eso no me agrada en absoluto. Iré a buscar a este niño huérfano hachemí y regresaré con él». Él dijo: «Sí, hazlo. Quizá Allah haya puesto en él bendición y prosperidad para nosotros». Entonces fui a su casa y me lo llevé. [Ansab al-Ashraf, 1/93-94]

En otro relato se cuenta que Halima dijo: Cuando me presenté, ‘Abd al-Muttalib me dio la bienvenida y preguntó: «¿Quién eres?». Respondí: «Una mujer de Banu Sa‘d». Preguntó: «¿Cuál es tu nombre?». Respondí: «Halima».

‘Abd al-Muttalib sonrió ligeramente y dijo: «¡Bien! ¡Bien! Fortuna e inteligencia». Con estas palabras aludió a ‘Abd al-Muttalib (sa‘d) y Halima (hilm), dos cualidades en las que se reúnen el bien de todas las épocas y el honor eterno. Luego llevó a Halima a la casa de Aminah, la madre del Profeta (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él). De ella recibió Halima al niño Muhammad. [Ibíd.; Ibn Kathir, As-Sirah, 1/112-113; adh-Dhahabi, Tarikh al-Islam, 1/45-46] Halima comprendió desde el principio, de diversas maneras, que su fortuna era propicia. Por ejemplo, algunos relatos cuentan que cuando Halima llegó con ‘Abd al-Muttalib ante el Profeta (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él), ‘Abd al-Muttalib oyó la recitación de los siguientes versos por una voz invisible: [Nisa’ min ‘Asr an-Nubuwwah, p. 12] (árabe*******************)

«Ciertamente, Muhammad, hijo de Aminah, es sumamente digno de confianza, el mejor de toda la creación y el más excelente de ellos.

Nadie excepto Halima lo amamantará. ¡Cuán digno de confianza es para los virtuosos!

Está libre de defectos y faltas obscenas, y limpio de todo pecado e impureza.

No se lo entregarás a nadie salvo a ella. Esta orden y decisión provienen del Omnipotente.”

En cuanto Halima aceptó al Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él), la bendición y la prosperidad descendieron sobre ella y su esposo. Tan pronto como Halima tomó al pequeño Muhammad (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) en brazos y lo estrechó contra su pecho, sus secos senos se llenaron de leche. Él mamó hasta saciarse. Luego Halima ofreció el pecho a su propio hijo, Abdullah, y él también mamó hasta saciarse. Después, ambos niños se quedaron dormidos.

Halima y su esposo estaban ambos agotados por el hambre y la sed, pues su camella tenía las ubres secas. ¿Dónde encontrarían comida o leche? Pero, de repente, su situación cambió. La propia Halima relató al respecto: «Mi esposo fue hasta nuestra camella y descubrió que sus ubres estaban llenas de leche. La ordeñó y ambos bebimos hasta saciarnos; pasamos aquella noche con gran felicidad. Por la mañana, mi esposo me dijo: “¡Por Allah, Halima! Debes saber que has aceptado a un niño bendito.”

Respondí: «¡Por Allah, eso espero!». Luego partimos para regresar a nuestro poblado. Monté en mi burra llevando conmigo al pequeño Muhammad (la paz y las bendiciones de Allah sean con él). ¡Qué maravilla! Comenzó a avanzar con tanta rapidez que ningún otro asno de nuestra caravana podía alcanzarla. En cierto momento, las mujeres que me acompañaban me dijeron: «¡Hija de Dhuwayb! Dinos, ¿es esta la misma burra en la que saliste montada?». Respondí: «Sí, ciertamente es la misma». Ellas dijeron: «¡Por Allah! Entonces debe haber algún otro motivo».[Sira de Ibn Hisham, 1/164; Usd al-Gaba, 5/427; Al-Bidaya wa al-Nihaya, 3/255]

La caravana llegó al poblado de Banu Sa’d. Aquel año, la escasez y la pobreza se habían extendido por todas partes. Halima comenzó a presenciar las bendiciones y los beneficios que acompañaban a aquel niño huérfano. Todo empezó a llenarse de bendición y prosperidad. Sus cabras y ovejas salían a pastar en los pastizales secos junto con las cabras y ovejas de los demás. Cuando regresaban, sus ubres estaban llenas de leche, mientras que las de los demás volvían tal como habían salido. Por eso, los miembros de su tribu decían a sus respectivos pastores: «¿Qué os pasa? ¿No podéis llevar a pastar vuestros rebaños al mismo lugar donde el pastor de la hija de Abu Dhuwayb lleva los suyos?». Sin embargo, aunque lo hicieron, comprobaron que no les servía de nada.

Así transcurrieron dos años para Halima. Cada día veía bendiciones y prosperidad procedentes de Allah. Durante ese período se completó el tiempo establecido para la lactancia del Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él).

El Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) creció de una manera que normalmente no se observa en otros niños. Halima pensó que ya debía llevarlo a La Meca, junto a su madre. Al haber presenciado durante aquellos dos años tanta bondad y bendición en el niño, naturalmente deseaba conservarlo consigo algunos días más. A pesar de ello, lo llevó a La Meca.

La madre, Aminah, se alegró enormemente al recuperar a su amado hijo, especialmente cuando vio que había crecido como un niño de cuatro años, aunque todavía no había cumplido los dos. Halima suplicó a la madre Aminah que le permitiera conservar al niño unos días más en el poblado. La madre accedió. Halima regresó al poblado con el niño llena de alegría. El pequeño también se alegró mucho de volver al entorno rural. Así, el Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) regresó por segunda vez a Banu Sa’d. Fue allí donde ocurrió el asombroso acontecimiento de la apertura de su pecho, cuando tenía cuatro o cinco años.

El imán Muslim narró, con su propia cadena de transmisión, de Anas ibn Malik —que Allah esté complacido con él—: Un día, mientras el Mensajero de Allah —la paz y las bendiciones de Allah sean con él— jugaba con otros niños, Yibril —la paz sea con él— se acercó a él. Luego lo tomó, lo tendió de espaldas sobre el suelo y le abrió el pecho. Después extrajo su corazón (qalb), separó de él un coágulo de sangre y dijo: «Esta es la parte de Satanás que hay en ti». Luego lo lavó con agua de Zamzam en un recipiente de oro y lo colocó de nuevo en su sitio. Al ver aquello, sus compañeros de juego corrieron junto a su nodriza, Halima, y le dijeron: «¡Han matado a Muhammad!». Todos acudieron apresuradamente y lo encontraron pálido.[Sahih Muslim-1/101; Ibn Kazir, As-Sira-1/13; As-Sira al-Hasabiyya-1/150; Al-Bayhaqi, Dala’il an-Nubuwwa-1/135]

Después de este suceso, Halima quedó muy preocupada. Devolvió al Profeta —la paz y las bendiciones de Allah sean con él— a su madre.

Ibn Ishaq dice: Algunos eruditos me dijeron que la razón por la que devolvió al pequeño Muhammad a su madre fue la siguiente: cuando Halima —que Allah esté complacido con ella— llevó a Muhammad por segunda vez, después de que hubiera alcanzado la edad del destete, unos cristianos de Abisinia lo vieron, preguntaron por su identidad y lo examinaron detenidamente. Después quisieron llevarlo a su país, ante su rey. Dijeron: «Este niño hará algo importante en el futuro. Vemos en él las señales de ello». Halima temió que quizá lo robasen y se lo llevasen, por lo que lo devolvió a su madre.[Sira de Ibn Hisham-1/167] Él fue criado bajo el cariño de su madre hasta los seis años de edad. Después, su madre falleció.

Se ha transmitido que, cuando Halima llevaba al pequeño Muhammad —la paz y las bendiciones de Allah sean con él— a su madre por última vez, lo perdió al llegar a las tierras altas de La Meca. Más tarde, lo encontraron Waraqa ibn Nawfal y otro hombre de la tribu de Quraysh. Ambos lo llevaron ante Abd al-Muttalib y dijeron: «Este es tu hijo. Lo vimos vagando de un lado a otro por las tierras altas de La Meca. Cuando le preguntamos quién era, respondió: “Soy Muhammad ibn Abd Allah ibn Abd al-Muttalib”. Por eso lo hemos traído ante ti».[Ibn Kazir, As-Sira-1/15] Después, Abd al-Muttalib lo cargó sobre sus hombros y circunvaló la Kaaba recitando un poema. Uno de sus versos decía lo siguiente:[Sira de Ibn Hisham-1/167]

«Pido para él la protección de Allah, Creador de los seres humanos, contra todo aquel que se desplaza sobre las tibias y las plantas de los pies».

Después de devolver al Profeta —la paz y las bendiciones de Allah sean con él— a su madre, Halima regresó a su pueblo. Pasaron muchos años. Mientras tanto, el Profeta se hizo adulto y se casó. Sin embargo, nunca olvidó a su madre Halima. A menudo hablaba con su esposa Jadiya —que Allah esté complacido con ella— del cariño y el afecto que ella le había mostrado, así como de la crianza que le había dado. También Jadiya —que Allah esté complacido con ella— sentía deseos de conocer a Halima. En una ocasión, durante un año de escasez, Halima fue a visitarlo. El Mensajero —la paz y las bendiciones de Allah sean con él— la alojó en su casa con todos los honores y la trató generosamente. Halima habló de la falta de lluvias, de la muerte de los animales y describió la extrema pobreza. El Mensajero habló con Jadiya —que Allah esté complacido con ella— sobre cómo ayudarla. Jadiya le entregó, con sumo respeto, cuarenta cabras y un camello para transportar agua y desplazarse de un lugar a otro. En aquella ocasión, Halima llevó muchos regalos para su familia.[Ansab al-Ashraf-1/95; Nisa Mubashsharat bil-Yanna-1/32]

Cuando Allah Altísimo eligió a Muhammad —la paz y las bendiciones de Allah sean con él— como Profeta y Mensajero para la humanidad y le ordenó invitar a la gente hacia Allah, Halima aceptó el islam.[As-Sira al-Halabiyya-1/32] También lo aceptaron su esposo y sus hijos —Abdullah, Ash-Shayma y Unaysa—. El autor de «As-Sira al-Halabiyya» dice: La mayoría de los eruditos no alberga dudas sobre su conversión al islam. Ibn Hibban narró un hadiz auténtico que demuestra que aceptó el islam. Hafiz Muglatay escribió una obra sobre la conversión de Halima al islam, cuyo título es «At-Tuhfat al-Yasima fi Islami Halima».[Nisa min Asr an-Nubuwwa, p. 15]

El Profeta —la paz y las bendiciones de Allah sean con él— era un hombre bondadoso y de corazón tierno. No solo amaba a quienes lo rodeaban, sino a todos, cercanos y lejanos, y les enviaba regalos. Su madre de leche, Halima, no podía quedar excluida de ello. Durante toda su vida, el Profeta recordó el cariño y el afecto de Halima. La madre Halima ocupaba un lugar profundo en su corazón. Por eso, incluso cuando tenía más de cuarenta años, se le oía llamarla «madre, madre»; se lo veía quitarse su manto, extenderlo y prepararle un lugar donde sentarse. No solo eso: también se lo veía escuchar con gran atención sus preocupaciones, sus asuntos buenos y malos, y sus necesidades y quejas. Asimismo, se lo veía hablar con ella alegremente y con una sonrisa, como un hijo completamente obediente a su madre.[Al-Isaba-4/274]

El cadí ‘Iyad, al explicar en su obra «Ash-Shifa» la posición de Halima y sus familiares ante el Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él), cita a Abu Tufayl diciendo: «Durante mi adolescencia vi un día al Profeta (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) repartiendo carne en un lugar llamado Ji‘rana[“Ji‘rana” se encuentra en el camino entre Taif y La Meca, aunque no en el lugar más cercano a La Meca. (Tahdhīb al-Asmā’ wa-l-Lughāt, 3/59)]. En ese momento llegó una mujer beduina y se acercó mucho al Profeta (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él). El Profeta (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) extendió su manto y le permitió sentarse. La mujer se sentó. Pregunté a la gente: “¿Quién es esta mujer?”. Me respondieron: “Es la madre del Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él), la mujer que lo amamantó”».[‘Alam an-Nisā’, 1/290]

‘Umar ibn as-Sa’ib narró: «Un día, el Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) estaba sentado. En ese momento llegó su padre de leche. Él extendió una parte de su propia tela y el hombre se sentó sobre ella. Poco después llegó ‘Abdullah ibn al-Harith, hermano de leche del Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él). El Mensajero se levantó y lo hizo sentarse delante de él».[At-Tabaqat, 1/114; al-Isi‘ab, 4/262; Ash-Shifa, 1/260; Usud al-Gaba, 5/428]

Al-Baladhuri narró: «Ash-Shayma‘, hermana de leche del Mensajero (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él), solía tomarlo en brazos junto con su madre, Halima, y jugar con él. Esta Ash-Shayma‘ fue capturada por el ejército musulmán durante la batalla de Hunayn. La trataron con dureza, por lo que dijo: “¡Oh, gente! Sabed que soy la hermana de vuestro Profeta”. Cuando fue llevada ante el Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él), dijo: “Soy tu hermana. Yo te tomaba en brazos junto con mi madre y tú me mordías”. El Mensajero (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) la reconoció, extendió su manto y le permitió sentarse. La liberó después de obsequiarla generosamente con muchos regalos, entre ellos un esclavo y una esclava».[Ansab al-Ashraf, 1/93]

Respecto a la muerte de la honorable Halima (que Allah esté complacido con ella), el jeque Ahmad Zayni Dahlan dijo que abrazó el Islam, emigró, murió en Medina y fue enterrada en el cementerio de Baqi‘. Su tumba es conocida allí.[Nisā’ min ‘Asr an-Nubuwwa, p. 17] Sin embargo, un relato de al-Baladhuri da a entender que no emigró a Medina y que murió antes de la conquista de La Meca. El relato dice así: «El día de la conquista de La Meca, mientras el Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) se encontraba en el valle de Abtah, llegó ante él la hermana de Halima acompañada por la hermana de su esposo. Le ofreció al Mensajero (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) un recipiente de queso y otro de mantequilla clarificada. El Mensajero (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) le preguntó por el estado de Halima. Ella le informó de su muerte. Entonces los ojos del Mensajero (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) se llenaron de lágrimas. Después, el Mensajero (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) preguntó por su situación. Ellas le hablaron de su necesidad y pobreza. El Mensajero (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) ordenó que le entregaran ropa, un animal de carga y doscientos dirhams. Al marcharse, ella le dijo al Profeta (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él): “Usted es un excelente responsable tanto en la infancia como en la adultez”».[Ansab al-Ashraf, p. 91; Dala’il an-Nubuwwa, 1/133] Ella narró hadices del Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él), y ‘Abdullah ibn Ja‘far (que Allah esté complacido con él) narró de ella.[Al-Isi‘ab, 4/262]

Ash-Shayma‘, hija de al-Harith as-Sa‘diyya (que Allah esté complacido con ella)


El nombre original de Ash-Shayma‘ era Hudhafa; según otra opinión, Yadhyama. Sus sobrenombres eran Ash-Shayma‘ y Ash-Shamma‘. Era una mujer beduina de los Banu Sa‘d. En su tribu era conocida únicamente por su sobrenombre.[Al-Bayhaqi, Dala’il an-Nubuwwa, 1/132] Probablemente recibió este nombre debido a que tenía muchos lunares en el cuerpo.[Nisā’ min ‘Asr an-Nubuwwa, p. 337, nota 2; al-Isaba, 4/335] Cabe señalar que entre las mujeres compañeras no hubo ninguna otra llamada Ash-Shayma‘. Su padre era al-Harith ibn ‘Abd al-‘Uzza ibn Rifa‘a as-Sa‘diyya, y su madre era la honorable Halima as-Sa‘diyya (que Allah esté complacido con ella), madre de leche del Noble Profeta (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él). La principal característica de Ash-Shayma‘ era que era hermana de leche del Noble Profeta (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él). Cabe mencionar que ‘Abdullah, Unaysa y Ash-Shayma‘, hijos de la honorable Halima (que Allah esté complacido con ella), eran los tres hermanos de leche del Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él). Ash-Shayma‘ ayudó mucho a su madre Halima en la crianza del pequeño Muhammad (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él).

Después de amamantar y criar durante dos años al pequeño Muhammad (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él), la honorable Halima (que Allah esté complacido con ella) regresó de nuevo con su hijo de leche Muhammad (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) a su tribu, con el consentimiento de su madre en La Meca. Para entonces él ya había aprendido a caminar y a jugar con sus hermanos de leche. Como los demás niños y niñas beduinos, los hijos de Halima también llevaban a pastar cabras y ovejas a los pastizales cercanos a su poblado; a veces llevaban consigo al pequeño Muhammad (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él), su hermano de leche. En aquella época, Ash-Shayma‘ cuidaba de él. Cuando el camino era largo o el calor del sol era intenso, lo tomaba en brazos. De vez en cuando lo dejaba caminar. Otras veces se sentaba con él a la sombra y, mientras lo levantaba y mecía con ambas manos, cantaba con melodía los dos versos siguientes:[obra citada, 4/336; Ahmad Zayni Dahlan, As-Sira an-Nabawiyya, 4/366] (árabe****)

«¡Oh, nuestro Sustentador! Conserva para nosotros a Muhammad

Manténlo con vida, para que podamos verlo convertido en un joven.

Después podremos verlo como un líder honorable ante quien inclinará la cabeza el enemigo que le guarda rencor.

«¡Oh, Dios! Concédele honor y dignidad eternos.»

En algunas narraciones, el primer verso aparece así: Nisā’ min ‘Aṣr an-Nubuwwa-338 (árabe********)

«¡Oh, nuestro Señor! Mantén con vida a mi hermano Muhammad.»

¡Qué magníficas eran aquellas súplicas, cada una de cuyas palabras fue aceptada ante Dios Altísimo!

Todos los miembros de la familia de ash-Shayma, tanto pequeños como mayores, eran testigos de la bondad y las bendiciones presentes en el pequeño Muhammad (la paz sea con él). Por eso, todos desarrollaron hacia él un profundo afecto y amor. Cuando la madre Halima quería llevarlo de un lado a otro, su madre le advertía una y otra vez que no permitiera que Muhammad (la paz sea con él) se alejara de su vista. Aun así, no se quedaba tranquila. Entre sus tareas, corría de vez en cuando para comprobar dónde estaba Muhammad (la paz sea con él) y qué estaba haciendo.

Un día, al mediodía, la madre Halima descansaba, agotada por el intenso calor. Poco después se dio cuenta de que ni ash-Shayma ni Muhammad estaban cerca. ¿Adónde habían ido bajo aquel sol abrasador? Se llenó de preocupación y salió a buscarlos. Vio que, no lejos de la casa, ash-Shayma tenía a Muhammad en brazos y lo mecía mientras cantaba esta canción: (árabe*****)

«Este es mi hermano; mi madre no lo dio a luz. Tampoco pertenece al linaje de mi padre ni de mi tío paterno. ¡Oh, Dios! Concédele prosperidad».

La madre Halima dijo con tono de reproche: «¡ash-Shayma’, estás jugando con él bajo este sol!». Ash-Shayma’ respondió: «Madre, el sol no toca el cuerpo de mi hermano. Veo que una nube le da sombra sobre la cabeza. Cuando él se detiene, la nube se detiene; cuando camina, la nube también camina. Así hemos llegado hasta aquí». Miró el rostro del niño con asombro y le preguntó:

«¿Es cierto eso?». Ash-Shayma’ respondió: «¡Por Dios, es verdad! ¡Por Dios, es verdad! [As-Sira al-Halabiyya, 1/167-168]»

El noble Mensajero de Dios (la paz y las bendiciones sean con él) permaneció con la madre Halima, en la aldea de Banu Sa’d, hasta los cinco años de edad. Al crecer en el desierto, en medio de su aire puro y su luz diáfana, también dominó su árabe puro y genuino, así como su elocuencia. Más adelante, en su vida, reconocía esto abiertamente. Decía: árabe********)

«Soy el más puro y elocuente de todos vosotros al hablar, porque soy descendiente de Quraysh y crecí mamando leche en Banu Sa’d». Nunca olvidó, durante toda su vida, el recuerdo de aquellos cinco años de su primera infancia. Conservó durante toda su vida el recuerdo de los cuidados, el afecto y el amor de la madre Halima, de su hermana ash-Shayma’ y de los demás miembros de aquella familia.

Pasó el tiempo y aquel pequeño niño de entonces, Muhammad, creció. Con el tiempo recibió la profecía. Emigró a Medina. Se vio envuelto en guerras, conflictos y enfrentamientos con sus adversarios. Cuando el ejército musulmán obtuvo la victoria en la batalla de Hawazin, ash-Shayma’ fue capturada por las fuerzas musulmanas junto con muchos otros hombres y mujeres de Banu Sa’d. Al ser capturada, dijo a los muyahidines musulmanes: «¡Por Dios! Sabréis que soy la hermana de leche de vuestro jefe». Pero ellos no creyeron sus palabras y la llevaron ante el Mensajero de Dios (la paz y las bendiciones sean con él). Ash-Shayma’ dijo: «¡Oh, Mensajero de Dios! Soy vuestra hermana de leche». El Mensajero (la paz y las bendiciones sean con él) preguntó: «¿Puedes presentar alguna prueba o señal que respalde tu afirmación?». Ella respondió: «Un día os llevé sobre mi espalda. Me mordisteis; esta es la marca». [Ibn Hazm, Yamhara ansab al-‘arab, 1/265] El Mensajero (la paz y las bendiciones sean con él) reconoció la marca. Extendió una capa, la sentó sobre ella y preguntó por su estado. Después le dijo: «Si quieres, puedes quedarte conmigo, donde recibirás afecto, cuidados y honor; y, si quieres, puedes regresar a tu tribu». Ash-Shayma’ respondió: «Quiero regresar a mi tribu». Entonces aceptó el islam y declaró su fe en el mensaje del Mensajero de Dios (la paz y las bendiciones sean con él). El Mensajero (la paz y las bendiciones sean con él) la envió a su tribu junto con un esclavo llamado Makhul [su linaje aún existe. (Al-Bidaya wa-n-Nihaya, 4/363; Al-Isaba, 3/435; Ansab al-Ashraf, 1/93)], una esclava, numerosas cabras, ovejas y camellos como obsequio. [Usud al-Gaba, 5/489; Al-Bidaya wa-n-Nihaya, 3/363; Tarij at-Tabari, 2/171; Ansab al-Ashraf, 1/93; A’lam an-Nisa, 2/317; Al-A’lam, 3/184]. Ibn al-Kalbi dice que ash-Shayma’ acudió ante el Mensajero de Dios (la paz y las bendiciones sean con él) con una delegación y, como prueba de su identidad, le mostró en su cuerpo las marcas de los dientes que el Mensajero de Dios (la paz y las bendiciones sean con él) le había dejado durante su infancia. [Ansab al-Ashraf, 1/93]

El gran Profeta de la humanidad no mostró generosidad únicamente hacia su hermana de leche, ash-Shayma’; su perdón y generosidad abarcaron a todo Banu Sa’d. Cabe señalar que Banu Sa’d era una subtribu de la gran tribu de Hawazin. En el octavo año de la Hégira, cuando la tribu de Hawazin fue derrotada en la batalla de Hunayn, sus bienes pasaron a manos de los musulmanes como botín de guerra, y sus mujeres y niños fueron hechos prisioneros. Entonces una delegación de la tribu de Hawazin acudió ante el Mensajero de Dios (la paz y las bendiciones sean con él) y declaró su lealtad y su aceptación del islam. En aquella delegación también se encontraba un tío de leche del Mensajero de Dios (la paz y las bendiciones sean con él). Pidieron perdón, solicitaron la liberación de los prisioneros y reclamaron la devolución de sus bienes incautados. El portavoz de la delegación, Zuhayr ibn Surad, se levantó y pronunció un discurso. Estas son algunas de sus palabras: (árabe****)

«¡Oh, Mensajero de Dios! Entre estos prisioneros también se encuentran vuestras tías paternas y maternas que os criaron, así como quienes os llevaron y cuidaron en sus brazos y sobre sus espaldas. Os criamos en nuestros brazos y os alimentamos con la leche de nuestros pechos. … Os vi cuando erais un niño de pecho. Nunca vi un niño de pecho mejor que vos. Os vi cuando dejasteis de mamar. Nunca vi a nadie mejor que vos después de dejar de mamar. Después os vi como joven. Nunca vi un joven mejor que vos. En vos alcanzaron su plenitud las cualidades de bondad y благословения. A pesar de todo, nosotros somos vuestro origen, vuestra raíz y vuestra tribu. Por tanto, mostradnos misericordia y favor; Dios os mostrará misericordia». Después recitó los siguientes versos: (árabe*********)

«¡Oh Mensajero de Dios! Tenga misericordia y muéstrenos benevolencia. Usted es una persona de quien esperamos y cuya gracia aguardamos.

Muéstrese benevolente con aquellas mujeres que lo amamantaron, hasta que su boca se llenó con su leche pura y clara.

Perdone a aquellas madres que lo amamantaron. Ciertamente, la cualidad del perdón adorna a toda la creación.»

Después de escuchar esta cautivadora descripción y este dulce poema suyo, el Noble Mensajero de Dios dijo: «Todo lo que yo y los Banū ʿAbd al-Muṭṭalib poseemos está a vuestra disposición.»

Los qurayshíes exclamaron: «Todo lo que poseemos es para Dios y Su Mensajero.»

Ibn Kathīr dice que, después de esto, el Mensajero liberó honorablemente a todos los miembros de la tribu de su padre de leche.[Al-Bidāya wa-n-Nihāya, 4/363-364; Tārīkh at-Ṭabarī, 2/173; ʿUyūn al-Aṯar, 2/223; As-Sīra al-Ḥalabiyya, 1/170]

No se conoce ninguna otra información sobre la vida de la noble Ash-Shaymāʾ (que Dios esté complacido con ella). También ha quedado completamente desconocido cuándo y dónde murió. Az-Ziriklī afirma que murió después del año 8 de la Hégira/630 d. C.[Al-Aʿlām, 3/184]

Asmāʾ bint Abī Bakr (que Dios esté complacido con ella)


El íntimo amigo del noble Mensajero de Dios durante su vida y su primer califa después de su fallecimiento, Abu Bakr as-Siddiq (ra), era el padre de Asma (ra). Su madre era Qutayla bint Abd al-Uzza. Este Abd al-Uzza era un célebre y respetado dirigente de la tribu de Quraysh. El honorable padre de Abu Bakr (ra), Abu Quhafa o Abu Atik, era su abuelo paterno. Abdullah ibn Abi Bakr era su hermano carnal, y la Madre de los Creyentes, Aisha (ra), era su hermanastra. Su esposo fue az-Zubayr ibn al-Awwam (ra), el discípulo especial y gran ayudante del Mensajero de Dios (sa), y su hijo fue Abdullah ibn az-Zubayr (ra), martirizado en el camino de la verdad y la justicia. Nació en La Meca veintisiete años antes de la Hégira. En aquel momento, su padre, Abu Bakr as-Siddiq (ra), tenía algo más de veinte años. [Tabaqat de Ibn Sa’d, 8/449; Usud al-Gaba, 5/372; Siyar A’lam an-Nubala, 2/297]. Esta es una breve presentación de Asma bint Abi Bakr. Hay además otros aspectos de su linaje. Su esposo, az-Zubayr ibn al-Awwam (ra), fue uno de los diez a quienes se anunció en vida la buena nueva del Paraíso, y su suegra era la tía paterna consanguínea del Mensajero de Dios (sa), Safiyya bint Abd al-Muttalib (ra). Cabe señalar que ella era la hija mayor de Abu Bakr as-Siddiq (ra) y que era algo más de diez años mayor que Aisha (ra). [Siyar A’lam an-Nubala, 2/288]. Esta mujer Compañera gozaba de gran honor y elevada posición tanto por su linaje como por su Islam. Por linaje, pertenecía a la rama Taym de la tribu qurayshí de La Meca. Además, su padre, su abuelo, su hermana, su suegra y su hijo fueron todos distinguidos Compañeros del Mensajero de Dios. ¿Qué mayor honor, dignidad y gloria puede haber para un musulmán que esto?

Después de que el noble Mensajero de Dios (sa) comenzara en La Meca su labor de invitación y propagación del Islam, sus adversarios politeístas de allí empezaron a someterlo a abusos y persecuciones. Su intensidad aumentaba día tras día. Finalmente, decidieron asesinar al Mensajero (sa). Entonces él decidió abandonar La Meca. Hasta ese momento, Abu Bakr (ra) era uno de los que habían aceptado el Islam en La Meca. Era uno de los allegados más fieles y cercanos del Mensajero de Dios (sa). Una noche, en secreto y sin que nadie lo supiera, el Mensajero (sa) salió de La Meca acompañado de Abu Bakr (ra) y se refugió en una cueva del monte Zawr, en las afueras de La Meca. Por ello, Abu Bakr (ra) recibió el título de «Rafiq al-Gar», es decir, el compañero de la cueva. Los politeístas de La Meca llegaron, buscando su rastro, hasta la entrada de aquella cueva en la montaña, pero Dios protegió de manera especial a Su amado Profeta (sa). Entre quienes mantenían en secreto el contacto con ellos y les prestaban ayuda en aquel momento se encontraba Asma (ra). Cada noche, en la oscuridad, iba sola desde su casa a la cueva llevando comida, les daba de comer y luego regresaba.

El hermano de Asma (ra), Abdullah (ra), que todavía no había aceptado el Islam, pasaba todo el día recorriendo distintos lugares de La Meca para informarse de los planes y objetivos de los politeístas, y por la noche acudía a comunicar esa información al Mensajero de Dios (sa). El nombre del pastor de confianza de Abu Bakr as-Siddiq (ra) era Amir. Apacentaba cabras en los alrededores del monte Zawr, llevaba el rebaño hasta la entrada de la cueva, ordeñaba las cabras y les llevaba la leche. Al llevarse el rebaño de cabras, se borraban las huellas de las idas y venidas de Asma (ra) y Abdullah (ra). Por eso, los politeístas no pudieron encontrarlos de ninguna manera.

Cuando los politeístas de La Meca, pese a sus intensos esfuerzos, no lograron encontrarlos, anunciaron que se entregarían cien camellos como recompensa a quien pudiera localizarlos. En esas circunstancias, la tercera noche, cuando Asma fue a llevarles comida, el Mensajero (sa) le dijo: «Regresa y dile a Ali (ra) que venga a esta cueva mañana por la noche con tres camellos y un guía». Conforme a la instrucción, Ali (ra) llegó con tres camellos y un guía. Asma (ra) también llegó con provisiones para dos o tres días. El Mensajero (sa) ordenó prepararse para partir de inmediato. Surgió la necesidad de atar el bulto de provisiones y la boca del odre de agua. En medio de la prisa no se encontró ninguna cuerda a mano. Entonces Asma (ra) se quitó el nitāq, es decir, su cinturón, y lo partió en dos. Con una parte ató las provisiones y con la otra cerró la boca del odre. Al verlo, el Mensajero pronunció: (árabe**********)

«Que Dios te conceda en el Paraíso dos nitāq a cambio de este único nitāq».

Así recibió el título de «Dhat an-Nitaqayn» —la poseedora de dos cinturones—. [Tabaqat, 8/450; Al-Isti’ab, 4/229; Usud al-Gaba, 5/372 (6698); Al-Bayhaqi, Dala’il an-Nubuwwa, 2/472; Tahdhib al-Asma wa al-Lugat, 2/597]. Dios aceptó este título, pronunciado por los puros labios del Mensajero de Dios (sa). Por ello, incluso hoy, casi mil quinientos años después, sigue siendo conocida por este título entre los habitantes del mundo.

Existen además varias opiniones sobre la razón por la que Asma recibió el título de «Dhat an-Nitaqayn». Algunos han dicho que llevaba un cinturón atado sobre otro cinturón, y que por eso recibió este título. Otros han dicho que tenía dos nitāq, o cinturones: se ataba uno a la cintura y con el otro ataba las provisiones necesarias del Mensajero de Dios (sa) y las llevaba a la cueva. Por eso recibió este título. Cabe señalar que llevar cinturón es una práctica habitual entre las mujeres árabes. [Nisa min Asr an-Nubuwwa, p. 238, nota 1].

Ibn Hayar (ra) dice que ella rasgó su nitāq en dos partes. Con una ató las provisiones del Mensajero de Dios (sa) y de Abu Bakr (ra), y con la otra hizo las veces de su propio cinturón. Desde entonces comenzó a ser llamada «Dhat an-Nitaq» o «Dhat an-Nitaqayn», es decir, la poseedora de un cinturón o de dos cinturones. [Banat as-Sahaba, p. 50].

Existen discrepancias en las narraciones sobre si este incidente del «nitaq» ocurrió en la cueva del monte Zawr o en la casa de Abu Bakr (que Allah esté complacido con él), cuando el Mensajero (que Allah le bendiga y le conceda paz) y Abu Bakr (que Allah esté complacido con él) salieron de La Meca. Según una narración de Sahih al-Bujari y otra de la Sira de Ibn Ishaq, parece que ocurrió al salir de noche de la casa de Abu Bakr (que Allah esté complacido con él), en La Meca.

Se ha narrado, por ejemplo, que cuando Allah permitió a los musulmanes de La Meca emigrar de La Meca a Medina, los musulmanes perseguidos y torturados de La Meca comenzaron a marcharse hacia Medina en grupos. Cuando los politeístas empezaron a impedirlo, los musulmanes continuaron abandonando La Meca en secreto, solos o en pequeños grupos. Todos comprendían la enorme virtud de la hégira y, para alcanzar esa dicha, parecían competir entre sí. Un día, Abu Bakr (que Allah esté complacido con él) acudió al amado Profeta (que Allah le bendiga y le conceda paz) y le pidió permiso para emigrar. El Profeta (que Allah le bendiga y le conceda paz) dijo: (árabe*****) «No se apresure tanto; Allah le dará un compañero». Abu Bakr (que Allah esté complacido con él) comprendió que el compañero de su viaje sería el propio Profeta (que Allah le bendiga y le conceda paz). El corazón y el espíritu de Abu Bakr (que Allah esté complacido con él) se llenaron de alegría. Él sería el compañero de viaje del Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) en su viaje a Medina, la morada de la emigración; ¿qué alegría podía ser mayor que esa?

Después de escuchar estas palabras alusivas del Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz), Abu Bakr (que Allah esté complacido con él) se lo comunicó a sus dos hijas, Asma y Aisha (que Allah esté complacido con ambas). Ellas también se llenaron de alegría al saber que su padre sería el compañero de viaje del Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) en la hégira. Desde entonces, pasaron los días esperando aquel momento auspicioso.

Un día, Allah concedió a Su Profeta permiso para emigrar a Medina. Alrededor del mediodía, el Profeta (que Allah le bendiga y le conceda paz) se dirigió a la casa de Abu Bakr (que Allah esté complacido con él), esquivando las miradas de todos los guardias de los politeístas de Quraysh. Asma (que Allah esté complacido con ella) fue la primera en verlo desde el interior de la casa y corrió hacia su padre para decirle: «¡Padre! El Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) viene hacia nuestra casa con la cabeza y el rostro cubiertos. Él nunca viene a esta hora». Abu Bakr (que Allah esté complacido con él) dijo: «¡Que mi padre y mi madre sean sacrificados por él! ¡Por Allah! No ha venido a esta hora sino por un asunto de especial importancia».

Abu Bakr (que Allah esté complacido con él) se apresuró a recibir al Profeta (que Allah le bendiga y le conceda paz). Este pidió permiso para entrar en la casa. Cuando Abu Bakr (que Allah esté complacido con él) le dio permiso, entró. Le dijo a Abu Bakr (que Allah esté complacido con él): «Haz salir un momento a quienes están a tu alrededor». Allí estaban Asma y Aisha. Abu Bakr (que Allah esté complacido con él) dijo: «¡Oh, Mensajero de Allah! Son mis dos hijas».

El Profeta (que Allah le bendiga y le conceda paz) dijo: «Se me ha dado permiso para partir (emigrar)». Abu Bakr (que Allah esté complacido con él) rompió a llorar de alegría. Dijo: «¡Oh, Mensajero de Allah! ¿Tendré el honor de ser tu compañero?». Él respondió: «Sí». Aisha (que Allah esté complacido con ella) dijo: «¡Por Allah! Antes de aquel día, nunca había imaginado que alguien pudiera llorar de tanta alegría. Aquel día vi llorar a Abu Bakr». [Musnad Ahmad, 6/348; Sahih al-Bujari, hadiz n.º 3905; al-Tabaqat, 8/25]

Aisha (que Allah esté complacido con ella) también relató sobre el incidente del «Dhat al-Nitaq»: «Mi hermana y yo preparábamos las provisiones necesarias para ellos. Pusimos sus pertenencias en una bolsa de cuero. Entonces Asma cortó su nitaq y ató con él la boca de la bolsa. Por ello recibió el título de Dhat al-Nitaq» [Sahih al-Bujari, hadiz n.º 3905].

De esta narración se entiende que el incidente en el que Asma (que Allah esté complacido con ella) rasgó su nitaq en dos y recibió el título de Dhat al-Nitaqayn ocurrió en la casa de Abu Bakr (que Allah esté complacido con él), cuando el Mensajero (que Allah le bendiga y le conceda paz) y Abu Bakr (que Allah esté complacido con él) partieron hacia el monte Zawr.

El hijo de Asma, ‘Abdullah ibn az-Zubayr (que Allah esté complacido con él), posteriormente se enfrentó a los califas omeyas y participó en guerras. Entonces, los habitantes de Siria se burlaban de él llamándolo hijo de «la de los dos nitaq». Cuando Asma se enteró, le preguntó a su hijo: «¿Se burlan de ti?». Él respondió: «Sí». Asma (que Allah esté complacido con ella) dijo: «¡Por Allah! Lo que dicen es verdad». Después, cuando Hajjaj ibn Yusuf fue a visitar a Asma, ella le dijo: «¿Cómo intentáis insultar a ‘Abdullah llamándolo “el hijo de la de los dos nitaq”? Sí, yo solo tenía un nitaq, y las mujeres necesariamente deben tener uno. Y con el otro nitaq até los alimentos del Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz)». [A‘lam an-Nisa’, 1/47]

Matrimonio y aceptación del islam

La honorable Asma (que Allah esté complacido con ella) fue la hija mayor de Abu Bakr (que Allah esté complacido con él). En los comienzos de la predicación islámica en La Meca, Abu Bakr (que Allah esté complacido con él) fue el primer hombre en aceptar el islam. Es natural que presentara la invitación al islam a los miembros de su familia, y que ellos también la aceptaran. Por tanto, puede suponerse que Asma (que Allah esté complacido con ella) fue la primera de entre los hijos de los compañeros en aceptar el islam. Puesto que nació veintisiete años antes de la Hégira, por aquel entonces se encontraría a mediados de su segunda década de vida. Era apenas una adolescente. El imán an-Nawawi (que Allah esté complacido con él) dijo: [Tahdhib al-Asma’ wa al-Lughat, 2/597; Banat as-Sahaba, 40] (árabe*******)

«Asma (que Allah esté complacido con ella) aceptó el islam después de diecisiete personas, mucho tiempo atrás». Ibn ‘Abd al-Barr (que Allah esté complacido con él) dijo: [Al-Isti‘ab, 12/196]

«(árabe*****)—Su aceptación del islam tuvo lugar mucho tiempo atrás, en La Meca». Ibn ‘Asakir mencionó que Asma (que Allah esté complacido con ella) era diez años mayor que ‘Aisha (que Allah esté complacido con ella). Luego, al hablar sobre la aceptación del islam por parte de los emigrantes, dijo: [Tarij Madinat Dimashq, (biografías de mujeres), 10]

(Árabe********)

«Después, algunas personas de las tribus árabes aceptaron el islam. Entre ellas se encontraba Asma, hija de Abu Bakr (que Allah esté complacido con ella). Por entonces era joven. Sin embargo, el orden de las primeras mujeres que aceptaron el islam fue el siguiente: Jadiya, Umm Ayman al-Habashiyya, Umm al-Fadl, esposa del honorable ‘Abbas, y Fatima bint Jattab, hermana del honorable ‘Umar (que Allah esté complacido con él)». [Banat as-Sahaba, 41]

Cuando la invitación al islam se extendía rápidamente en La Meca, mientras aumentaba también la intensidad de la opresión y la persecución de los quraysh paganos, y los musulmanes perseguidos emigraban uno tras otro de La Meca por orden del Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz), en ese mismo período az-Zubayr ibn al-‘Awwam (que Allah esté complacido con él), primo paterno del honorable Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz), envió una propuesta de matrimonio a Asma (que Allah esté complacido con ella).

Zubayr fue uno de los jóvenes que, en los primeros tiempos del islam, respondieron a la invitación de Abu Bakr y abrazaron el islam. Después de abrazarlo, se consagró al servicio del islam, como los demás musulmanes de la primera época, y soportó con una sonrisa las diversas persecuciones y torturas de los politeístas adversarios. Por ello alcanzó fama como compañero íntimo y jinete del Mensajero de Allah.

Zubayr era un joven valiente. Dio prioridad a la religión sobre la vida mundana y prefirió la vida del Más Allá a la vida terrenal. Sin embargo, cuando envió una propuesta para establecer un vínculo matrimonial con una familia noble y adinerada como la de Abu Bakr, no poseía más bienes que un solo caballo. La familia de Abu Bakr aceptó la propuesta y se celebró el matrimonio de Asma y Zubayr.

La astucia y el ingenio de Asma

Cuando Abu Bakr Siddiq abrazó el islam, tenía en La Meca casi cien mil dírhams. Después de abrazar el islam, puso toda su riqueza en manos del Mensajero de Allah para difundir y fortalecer el islam y ayudar y apoyar a los nuevos musulmanes. Por ello, al emigrar, partió llevándose todo el dinero que tenía —mil quinientos, o según otra versión, cinco o seis mil— y dejó a sus hijos y a toda su familia bajo la protección de Allah. Después de despedir al Mensajero y a Abu Bakr en el monte Zawr, Asma regresó a casa. Abu Quhafa, el padre de Abu Bakr y abuelo de Asma —quien todavía no había abrazado el islam—, se había debilitado mucho por la edad y había perdido la vista. Al enterarse aquella mañana por boca de la gente de que su hijo había desaparecido, fue a la casa de su hijo y comenzó a decir con gran tristeza: «¡Ay! Abu Bakr también se ha marchado y se ha llevado consigo toda la riqueza, dejando a sus hijos en dificultades». Asma exclamó de inmediato: «No, abuelo; nos ha dejado mucho dinero».

Diciendo esto, Asma, para consolar al anciano, llenó de piedras una bolsa, la ató y la colocó donde Abu Bakr guardaba sus ahorros. Luego la cubrió con un trozo de tela. Después tomó al abuelo de la mano, lo llevó junto a aquel depósito de dinero y, sosteniéndole una mano, la hizo pasar sobre la bolsa llena de piedras. El anciano quedó tranquilizado, creyendo que había suficiente dinero guardado allí. Asma dijo: «Lo hice únicamente para consolarlo. ¡Por Allah! Él no nos había dejado nada». [Al-Fath al-Rabbani (Sharh al-Musnad), 20/282; Sira de Ibn Hisham, 1/448; Nihayat al-Abir, 16/332]

La bofetada de Abu Yahl, el Faraón de esta comunidad

Por la mañana, cuando se difundió por las callejuelas de La Meca la noticia de que Muhammad y Abu Bakr habían abandonado La Meca en la oscuridad de la noche, los politeístas parecieron perder la razón. Abu Yahl, semejante al Faraón de esta comunidad, y los demás líderes politeístas de La Meca comenzaron a registrar minuciosamente las casas de Banu Hashim y de sus clanes aliados, situadas en las zonas altas y bajas de La Meca. Un grupo de qurayshíes, dirigido por el maldito criminal Abu Yahl, rodeó la casa de Abu Bakr. Abu Yahl, jefe del grupo, se adelantó y llamó a la puerta. En la casa no había entonces nadie excepto Asma, su hermana Aisha y la madre de Aisha, Umm Ruman. Asma dijo: «Abrí la puerta y salí ante ellos. Dijeron: “Hija de Abu Bakr, ¿dónde está tu padre?”»

Respondí: «¡Por Allah! No sé dónde está mi padre». Inmediatamente, Abu Yahl levantó una mano. Era un hombre vil y malvado. Me dio una fuerte bofetada en la mejilla, y el golpe hizo que se desprendiera mi pendiente. [Tarij Madinat Dimashq (biografías de las mujeres), p. 3]

Este incidente permite hacerse una idea, aunque sea parcial, de cuán vil y pecador era Abu Yahl. En la casa donde ocurrió el incidente no había ningún hombre en aquel momento. Asma (que Allah esté complacido con ella) estaba embarazada, y su noble esposo, az-Zubayr ibn al-Awwam (que Allah esté complacido con él), se encontraba ausente. Él había emigrado a Medina antes de este incidente.[Banat as-Sahaba, p. 53] Este az-Zubayr (que Allah esté complacido con él) era uno de los más grandes valientes guerreros a caballo de Arabia en aquella época. En su presencia, ningún desalmado de La Meca se habría atrevido a levantar la mirada hacia su esposa, y mucho menos a levantarle la mano.

La emigración y el primer hijo de los emigrantes

Después de que el Noble Profeta (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) y Abu Bakr as-Siddiq (que Allah esté complacido con él) llegaron a Medina y, tras superar las dificultades iniciales del nuevo lugar, lograron establecerse un poco, decidieron que había que organizar el traslado de las mujeres desde La Meca. Cabe señalar que az-Zubayr (que Allah esté complacido con él), esposo de la honorable Asma, había llegado a Medina antes que el Profeta (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él). El Profeta (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) envió a Zayd ibn Hariza (que Allah esté complacido con él) y a su esclavo Rafi a La Meca. Por su parte, Abu Bakr (que Allah esté complacido con él) envió a un hombre.

Abdullah, hijo de Abu Bakr (que Allah esté complacido con él), emprendió el camino hacia Medina junto con su madre, sus dos hermanas, Asma y Aisha, y varias mujeres de la familia. Asma (que Allah esté complacido con ella) estaba entonces a punto de dar a luz. Al llegar a Quba, en las afueras de Medina, nació el niño que llevaba en su vientre, Abdullah.[at-Tabakat, 8/123; Usud al-Gaba, 5/392]

El relato de Asma (que Allah esté complacido con ella) sobre este asunto es el siguiente:

«Ya estaba en el último período de mi embarazo. En ese estado llegué a Medina y me instalé en Quba. Después di a luz a Abdullah. Lo llevé y lo puse en el regazo del Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él). Él hizo traer un dátil, lo masticó y puso su saliva en la boca del niño. Así, después de su nacimiento, lo primero que llegó a su estómago fue la saliva del Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él).

El Mensajero (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) también hizo una súplica por su bienestar y prosperidad.[Sahih al-Bujari, 1/555] Fue el primer niño nacido en los hogares de los emigrantes de Medina. Como ningún matrimonio emigrante de Medina había tenido hijos, la gente decía que los judíos les habían hecho magia y que, por ello, nunca tendrían descendencia. Cuando Abdullah nació, dejando a los enemigos sumidos en la frustración, una oleada de alegría recorrió a los emigrantes. Proclamaron el takbir para refutar las calumnias de los judíos.[Sahih al-Bujari, hadices n.º 3909 y 5467; at-Tabari, Tarij al-Umam wal-Muluk, 2.10; más tarde, cuando el honorable Abdullah (que Allah esté complacido con él) murió como mártir a manos del ejército de Hayyay, los habitantes de Siria proclamaron el takbir con alegría al enterarse de la noticia. Al oír esas proclamaciones, el célebre compañero Abdullah ibn Umar (que Allah esté complacido con él) preguntó: «¿Por qué se proclama este takbir?». Le respondieron: «Los habitantes de Siria están proclamando el takbir con alegría al enterarse de la muerte de Abdullah (que Allah esté complacido con él)». Él dijo: «Quienes proclamaron el takbir al enterarse de su nacimiento fueron mejores que estos, que hoy proclaman el takbir al enterarse de su muerte». (Al-Iqd al-Farid, 4/419; Wafayat al-Ayan, 3/73, 75)] El Mensajero (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) ordenó al abuelo materno del niño, Abu Bakr (que Allah esté complacido con él), que pronunciara el adhan en ambos oídos. Él lo hizo. El Mensajero (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) llamó al niño Abdullah y le dio como kunya, o apelativo, el del abuelo materno: Abu Bakr. Más tarde, el honorable Abdullah ibn az-Zubayr (que Allah esté complacido con él) decía con cierto orgullo: «Emigré cuando aún estaba en el vientre de mi madre». También decía: «Mi madre emigró llevándome en su vientre. Todo el cansancio y el hambre que ella soportó, también los soporté yo».[Al-Isaba, 5/229; Nasab Quraysh, 237]

La honorable Asma (que Allah esté complacido con ella) crió a su hijo Abdullah con un amor y una ternura desbordantes, para que con el tiempo pudiera convertirse en uno de los mejores hijos del islam. El sueño de Asma (que Allah esté complacido con ella) se hizo realidad. Su hijo logró inscribir su nombre en la lista de aquellos que entregaron sus vidas para establecer la verdad y la belleza en este mundo. Ella mecía al niño en sus manos y recitaba versos comparándolo con una espada blanca y resplandeciente. Algunos versos de aquel poema son los siguientes: [Anba’ Nuyaba al-Abna, 85; A‘lam an-Nisa, 1/49; Banat as-Sahaba, 55]

(Árabe*******)

«Entre su padre, el Mensajero de Allah (s.a.s.), y su abuelo materno, Abu Bakr as-Siddiq, será blanca y resplandeciente como una espada afilada y brillante.»

Esta es mi opinión acerca de él. Y muchas opiniones llegan a hacerse realidad. Allah es dueño de la dignidad y del poder de conceder.

Él lo hará diestro en la oratoria y el discurso, de modo que dejará impotentes incluso a los grandes oradores y apartará las desgracias de los débiles e indefensos. Cuando crezcan cejas junto a las pupilas de los ojos y los caballos corran separados y en grupos.»

De Zubayr ibn al-Awwam (r.a.) y del vientre de Asma nacieron: los hijos Abdallah, al-Mundhir, Urwah, Asim y al-Muhayir; y las hijas Jadiya al-Kubra, Umm al-Hasan y Aisha. (Hilyat al-Awliya, 2/255).

Fe firme

Después de adoptar la vida islámica, su fe arraigó tan firmemente en su corazón que no hizo la menor concesión al politeísmo ni a la incredulidad. Incluso, por considerar que ello podría provocar el desagrado de Allah y de Su Mensajero (s.a.s.), rompió sus relaciones con sus parientes no musulmanes más cercanos. Cuando el padre de Asma (r.a.) se divorció de su madre, sus relaciones quedaron rotas ya en aquella época de la ignorancia. Toda la familia de Asma se convirtió en una familia islámica. Un día, cuando la madre de Asma (r.a.) fue a visitar a su hija, ella preguntó al Mensajero de Allah (s.a.s.) si debía mantener buenas relaciones con aquella madre suya politeísta. Entonces fue revelado este versículo: (Sura al-Mumtahana, 8).

Entonces el Mensajero (s.a.s.) le ordenó tratar bien a su madre politeísta y le dijo: «Sí, mantén buenas relaciones con tu madre». (Tafsir al-Qurtubi, 10/239; Musnad Ahmad, 6/344, 347, 355). Amir ibn Abdillah narró, transmitiendo de su padre, Abdallah ibn al-Zubayr (r.a.): Una vez, Qutayla bint Abd al-Uzza llegó a la casa de su hija Asma llevando como regalo unas pasas, ghee, queso y otras cosas. Asma (r.a.) se negó a aceptar aquello. Incluso no le permitió entrar en la casa. Aisha (r.a.) informó al Mensajero (s.a.s.) de lo sucedido y le pidió su opinión. Entonces fue revelado el versículo mencionado de la sura al-Mumtahana. En ese momento, Asma (r.a.) recibió cordialmente a su madre, la hizo entrar y sentarse en la casa, y aceptó sus regalos. (Musnad Ahmad, 6/344; ad-Durr al-Manzur, 8/131).

Hazrat Asma (que Dios esté complacido con ella) era una persona sumamente humilde y carente de arrogancia. No sentía vergüenza de realizar con sus propias manos todas las tareas del hogar. La propia Hazrat Asma (que Dios esté complacido con ella) nos relató así la difícil situación económica y la pobreza del hogar de su esposo, Hazrat az-Zubair (que Dios esté complacido con él), así como la historia de cómo cumplía personalmente todas las responsabilidades y obligaciones de aquella casa:

Cuando me casé con az-Zubair ibn al-Awwam, él no poseía absolutamente nada en cuanto a bienes y riquezas. Tampoco tenía ningún esclavo que realizara el trabajo físico. Era un hombre sumamente pobre y necesitado. Lo único que tenía era un caballo y un camello. Yo misma me ocupaba de pastorearlos. Hazrat Rasulul Karim (que Dios le bendiga y le conceda paz) había regalado a az-Zubair un palmeral situado a tres farsaj del centro de Medina. Yo recogía de allí los huesos de los dátiles, los llenaba en un saco y los llevaba a casa sobre mi cabeza. Después los molía con mis propias manos y alimentaba con ellos al camello y al caballo. Sacaba agua del pozo llenando un cubo, la vertía en un odre y la llevaba a casa. Además, realizaba con mis propias manos todas las tareas del hogar. Como no sabía hacer bien el pan, aplastaba la masa, formaba bolas y las dejaba preparadas. Junto a nuestra casa vivían las esposas de los ansar. Eran personas muy sencillas y de carácter afable. Nos querían muchísimo. Se alegraban mucho cuando podían ayudar en el trabajo de otra persona. Ellas preparaban y horneaban mi pan. Todos los días tenía que enfrentarme a estas realidades.

Un día, como de costumbre, regresaba del palmeral a casa llevando sobre la cabeza una carga de huesos de dátiles, cuando me encontré en el camino con el Mensajero de Dios (que Dios le bendiga y le conceda paz). En ese momento lo acompañaban varios otros compañeros. El Mensajero (que Dios le bendiga y le conceda paz) hizo que su camello se sentara y me llamó para que montara detrás de él. Me avergoncé al pensar en el honor y la dignidad de mi esposo az-Zubair. Al comprender mi vergüenza, él se marchó. Al regresar a casa se lo conté a az-Zubair. Él comentó: «Dios sabe que para mí es más doloroso verte traer una carga sobre la cabeza de esta manera que verte sentada detrás del Mensajero sobre su montura». Varios días después de este suceso, mi padre, Abu Bakr (que Dios esté complacido con él), me envió un esclavo. Este me liberó de la tarea de pastorear el caballo y me permitió librarme, al menos en parte, de todas aquellas dificultades.[Tabakat-8/250; Siyar A‘lam an-Nubala-2/290; Musnad Ahmad-6/352]

Debido a la pobreza y a las dificultades económicas, era muy meticulosa al administrar los gastos del hogar. Gastaba cada cosa midiendo cuidadosamente la cantidad necesaria. Cuando el Mensajero (que Dios le bendiga y le conceda paz) se enteró de ello, le prohibió gastar de esa manera tan medida. Le dijo: «No gastes midiendo de ese modo; de lo contrario, Dios te dará únicamente en esa misma medida». Después abandonó ese hábito.

En una etapa de su vida, Hazrat Asma (que Dios esté complacido con ella) llegó a poseer abundantes riquezas. Sin embargo, esta prosperidad no produjo ningún efecto en su vida sencilla y sin ostentación. Hasta el final de su vida vistió ropa áspera, se alimentó de pan seco y vivió completamente apartada de los placeres. Después de la conquista de Irak, cuando su hijo Mundhir regresó a casa, trajo consigo algunas prendas femeninas finas, suaves, de gran calidad y decoradas, y se las entregó a su madre. Debido a su edad, Hazrat Asma (que Dios esté complacido con ella) ya había perdido la vista. Por eso intentó conocer la calidad de las telas pasando las manos sobre ellas. Cuando comprendió que eran de una calidad excepcional, se negó a aceptarlas. Cuando Mundhir trajo ropa áspera, ella la aceptó y se alegró. Luego dijo: «¡Hijo mío! Haz que vista ropa áspera».[Tabakat-8/250]

Generosidad

Una de las características más destacadas del carácter de Hazrat Asma (que Dios esté complacido con ella) era la generosidad. Adquirió esta cualidad gracias a su firme fe en Dios y a la tradición familiar. Las tres hijas de Abu Bakr (que Dios esté complacido con él)—Asma, Aisha y Umm Kulthum (que Dios esté complacido con ellas)—adoptaron plenamente la cualidad de la generosidad de su padre. Esta virtud se desarrolló por completo en ellas. Incluso, en su época, se convirtieron en ejemplos de generosidad. Hazrat Abdullah ibn az-Zubair (que Dios esté complacido con él) habló así de la generosidad de su madre y de su tía:[Historia del islam y Tabakat al-Mashahir wal-A‘lam-3/135; Siyar A‘lam an-Nubala-2/292]

«No he visto a ninguna mujer más generosa que mi madre Asma y mi tía Aisha (que Dios esté complacido con ellas). Sin embargo, había cierta diferencia entre la forma de dar de ambas. Mi tía Aisha tenía por costumbre reunir primero diversas cosas. Cuando veía que se había acumulado una cantidad suficiente, un día las distribuía todas de repente. Pero mi madre Asma (que Dios esté complacido con ella) tenía una naturaleza diferente: no guardaba consigo ninguna cosa hasta el día siguiente».

Probablemente, en lo que respecta a esta generosidad, Asma (que Allah esté complacido con ella) seguía el consejo que le había dado el Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz). Él le prohibió a Asma guardar cualquier cosa y gastar contando cada cosa, y le dijo: «Si haces eso, Allah hará contigo lo mismo. Se cerrarán las fuentes de tu sustento». El Mensajero (que Allah le bendiga y le conceda paz) dijo: [Sahih al-Bujari, Fi-l-hiba (2590, 2591), Fi-z-zakat (1433, 1434)] (árabe*******)

«¡Oh, Asma! No lleves cuentas; de lo contrario, Allah también llevará cuentas contigo respecto a tus donaciones».

Asma (que Allah esté complacido con ella) dijo: «Después de este consejo del Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz), dejé de llevar la cuenta de lo que gastaba y de lo que recibía. Todo cuanto gasté, Allah me lo compensó».[Tarij Madinat Dimashq (Tarajim an-Nisa)-19; Nisa min Asr an-Nubuwwah-357]

Ella aconsejaba a sus hijos e hijas diciéndoles: «La riqueza se entrega para ayudar y beneficiar a los demás, no para acumularla. Si no gastáis vuestros bienes en los siervos de Allah y sois avaros, Allah también os privará de Su favor. Todo lo que deis o gastéis será, en realidad, vuestro ahorro; ese ahorro nunca disminuirá ni se perderá».[Tarij Madinat Dimashq-16; Tabaqat-8/357]

Cuando Asma (que Allah esté complacido con ella) enfermaba, liberaba a todos los esclavos que poseía.[Tabaqat-8/283] La Madre de los Creyentes, Aisha (que Allah esté complacido con ella), dejó al morir un terreno que Asma (que Allah esté complacido con ella) recibió como herencia. Ella vendió aquel terreno por cien mil dírhams y distribuyó todo el dinero entre sus parientes y familiares.[Sahih al-Bujari, Babu hibat al-wahid lil-yama‘ah]

El esposo de Asma (que Allah esté complacido con ella), Zubayr (que Allah esté complacido con él), era un hombre de carácter bastante áspero. Por eso, en cierta ocasión Asma (que Allah esté complacido con ella) le preguntó al Mensajero (que Allah le bendiga y le conceda paz): «¿Puedo dar algo de los bienes de mi esposo a los pobres y necesitados sin su permiso?». Él respondió: «Sí, puedes hacerlo».[Musnad-6/353]

En cierta ocasión, la madre de Asma (que Allah esté complacido con ella) fue a verla a Medina y le pidió ayuda económica. Como era su costumbre, ella corrió hacia el Mensajero (que Allah le bendiga y le conceda paz) y le preguntó: «Mi madre es una mushrიკა (politeísta) y me pide ayuda económica; ¿puedo ayudarla?». El Mensajero (que Allah le bendiga y le conceda paz) respondió: «Ella es tu madre».[Sahabiyyat-160] Es decir, puedes ayudarla. Muhammad ibn al-Munkadir (f. 130 H.), quien fue un destacado tabi‘í, dijo: «Asma era una mujer de naturaleza generosa y caritativa».[Tabaqat-8/353]

Malentendidos con la suegra

La suegra de Asma (que Allah esté complacido con ella) era Safiyya bint ‘Abd al-Muttalib (que Allah esté complacido con ella), tía paterna del Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él). Fue una de las más grandes poetisas y también alcanzó fama por su valentía y coraje en la vida islámica. Sin embargo, tenía un carácter algo áspero. Cuando se enojaba, llegaba a excederse bastante. Por estas razones, a menudo surgían malentendidos entre ella y su nuera Asma (que Allah esté complacido con ella). Y por ello también aparecían desavenencias entre madre e hijo. Ibn ‘Asakir narró un suceso de este tipo a través de ‘Urwa ibn az-Zubayr. En cierta ocasión, Safiyya y su hijo az-Zubayr tuvieron una acalorada discusión por un asunto relacionado con Asma. La pequeña hija de Asma y az-Zubayr, Jadiya, permanecía siempre con su abuela. Escuchó la conversación entre su padre y su abuela, y fue junto a su madre y le dijo: «Madre, ¿por qué reprendiste a la abuela? Ella se ha quejado de ti ante mi padre». El asunto llegó a saberse. Safiyya se disgustó mucho con su hijo, pensando que él había contado a su nuera lo que ella había dicho. Por ello reprendió a su hijo. Az-Zubayr (que Allah esté complacido con él) le dijo: «Madre, yo no se lo dije». Entonces ella se enojó aún más. Pensó que su hijo le estaba ocultando la verdad. En realidad, el propio az-Zubayr tampoco sabía de quién había sabido Asma lo sucedido. Dominada por la ira, Safiyya (que Allah esté complacido con ella) recitó entonces varios versos de reproche dirigidos a su hijo. Finalmente, el asunto quedó aclarado. Az-Zubayr (que Allah esté complacido con él) dijo: «Madre, fue Jadiya quien se lo contó a Asma». Safiyya dijo: «¡Ah, sí! Que no vuelva a entrar nunca más en mi casa». [Tarij Madinat Dimashq (Biografías de mujeres), pp. 17-18]. Cabe señalar que Safiyya (que Allah esté complacido con ella) quería mucho a los hijos de Asma y az-Zubayr (que Allah esté complacido con él). Incluso tomaba en brazos a ‘Abdullah ibn az-Zubayr, lo mecía y recitaba versos de poesía con melodiosa entonación. [Banat as-Sahaba, p. 62, nota 1]

Temor de Allah y conocimiento

Así como entregarlo todo por la causa de Allah, la generosidad y la nobleza moral embellecían su carácter, el conocimiento, el temor de Allah, la inteligencia y su dominio de la jurisprudencia islámica elevaban aún más su condición. Se observa que participaba al mismo nivel que los demás en la transmisión de los hadices del Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él), en la lucha por la causa de Allah y en otras actividades semejantes. Se dedicaba a la adoración con humildad y sumisión, y recitaba el Corán con profunda concentración. Al recitar algún versículo en particular, lo repetía una y otra vez con el corazón enternecido. Su esposo relató: «Un día entré en la habitación de Asma (que Allah esté complacido con ella) y la vi de pie, rezando y recitando este versículo [sura at-Tur, 27] (árabe*****)

«Después Allah nos favoreció y nos protegió del castigo del Fuego».

Lo recitó. Luego pronunció: «Busco refugio en Allah». Me quedé de pie, mientras ella lloraba y pronunciaba: «Busco refugio en Allah». Después de permanecer allí de pie durante mucho tiempo, fui al mercado. Cuando terminé mis asuntos y regresé, vi que ella aún lloraba y pronunciaba: «Busco refugio en Allah». [Hilyat al-Awliya, 2/55; ad-Durr al-Manzur, 7/635]

Ibn al-Yawzi mencionó que en aquella época apareció un grupo de recitadores y oyentes del Corán que realizaban conductas insólitas al recitarlo o escucharlo, como desmayarse, rasgarse la ropa que llevaban puesta, golpearse la cabeza y el rostro con bofetadas, etc. Creían que mediante ello buscaban la protección y el refugio de Allah. También pensaban que los Compañeros del Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él), cuyos corazones eran los más puros y cuyas obras eran las más rectas, actuaban así, y que ellos simplemente los imitaban. [Al-Qussam wa al-Mudhakkirin, p. 40]. El célebre hafiz de Kufa, Husayn ibn ‘Abd ar-Rahman as-Sulami (f. 136 H), dijo: «En cierta ocasión pregunté a Asma bint Abi Bakr (que Allah esté complacido con ella): “¿Qué hacían los Compañeros del Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) durante la recitación del Corán?”. Ella respondió: “Tal como Allah los describió: sus ojos se llenaban de lágrimas y su piel se estremecía”. Le dije: “Aquí hay personas que se desmayan cuando se recita el Corán en su presencia”. Hadhrat Asma (que Allah esté complacido con ella) dijo: (árabe******)

«Busco refugio en Allah del Satanás maldito». [Al-Bahr al-Muhit, 9/196; Tarij Madinat Dimashq (Biografías de mujeres), 20]

En realidad, Hadhrat Asma (que Allah esté complacido con ella) aludió a dos versículos del Corán en los que se describe el estado de los nobles Compañeros durante la recitación coránica. Esos dos versículos son: [sura al-Ma’ida, 83] (árabe******)

«Cuando oyen lo que ha sido revelado al Mensajero, verás que sus ojos se desbordan de lágrimas por la verdad que reconocen.»

(Árabe*****************)

«Alá ha revelado el mejor de los relatos: un Libro coherente, cuyas partes se repiten. Al escucharlo, la piel de quienes temen a su Señor se estremece; luego sus cuerpos y sus corazones se ablandan y se inclinan hacia el recuerdo de Alá.» [Sura az-Zumar, 23]

Los Compañeros honorables (que Alá esté complacido con ellos) fueron las personas más temerosas de Alá y más piadosas de esta umma. Recibieron directamente del Noble Mensajero de Alá (que la paz y las bendiciones de Alá sean con él) el conocimiento correcto del islam. Por ello, no es en absoluto correcto realizar, en nombre de la adoración, algo que ellos no hicieron. Esto es lo que Hazrat Asma (que Alá esté complacido con ella) quiso expresar al recitar «A‘udhu billah». También quiso dejar claro que lo que hacen esas personas es, en realidad, obra de Satanás. La honestidad y la sinceridad eran innatas en Hazrat Asma (que Alá esté complacido con ella). Sentía compasión por toda la humanidad. En cierta ocasión, el Noble Mensajero de Alá (que la paz y las bendiciones de Alá sean con él) estaba realizando la oración del eclipse solar. La oración era muy larga. Asma (que Alá esté complacido con ella) se asustó y, cansada, comenzó a mirar a su alrededor. De pronto, vio a dos mujeres que estaban de pie no muy lejos de ella. Una de ellas era algo corpulenta y la otra, delgada y débil. Al ver que permanecían de pie en la oración, recuperó el valor y las fuerzas. Cambió de idea y decidió no retirarse; se dijo interiormente: «Debo permanecer de pie más tiempo que ellas». [Musnad de Ahmad, 3/349] Y cumplió lo que se había propuesto. Permaneció de pie sin moverse hasta que terminó la oración. La oración duró varias horas. Se mantuvo firmemente de pie, pero al final ya no pudo sostenerse. Estuvo a punto de perder el conocimiento y fue necesario rociarle agua sobre la cabeza. [Sahih al-Bujari, 1/144]

En aquella época, Hazrat Asma (que Alá esté complacido con ella) era una fuente de múltiples conocimientos. También era una experta intérprete de sueños. Al-Waqidi dijo: [Tahdib al-Asma’ wa-l-Lughat, 2/598]

(Árabe***************)

«Sa‘id ibn al-Musayyib (que Alá tenga misericordia de él) fue uno de los más destacados intérpretes de sueños. Adquirió este conocimiento de Asma bint Abi Bakr, y Asma lo adquirió de su padre, Abu Bakr (que Alá esté complacido con él).»

Hazrat Asma (que Alá esté complacido con ella) tenía muchos devotos y seguidores. Acudían a visitarla con devoción y respeto. Su pureza y santidad eran ampliamente conocidas. La gente acudía a ella para pedirle súplicas. Especialmente en momentos de calamidad y dificultad, acudían para que suplicara por ellos. Cuando alguna mujer con fiebre iba a verla, Hazrat Asma le rociaba agua sobre el pecho y decía: «El Mensajero de Alá (que la paz y las bendiciones de Alá sean con él) dijo: “La fiebre es del fuego del Infierno; por tanto, enfriadla con agua.”» [Sahih Muslim, Kitab as-Salam, 2211; al-Bujari, Kitab at-Tibb, 5724]

Cuando la Umm al-Mu’minin Hazrat Aisha (ra) falleció, entregó a Hazrat Asma (ra) una túnica del Honorable Mensajero de Allah (sa). Cuando alguien de la casa de Asma (ra) enfermaba, ella le daba a beber el agua en la que había lavado aquella túnica. [Muslim, Fil-Libani wa-z-Zinati (2069); Tabaqat, 1/454; Musnad, 6/348]

Hazrat Asma (ra) realizó el hach varias veces. La primera vez lo hizo junto al Honorable Mensajero de Allah (sa).

Memorización y transmisión de hadices

Hazrat Asma (ra) superó a muchas de las hijas de los nobles Compañeros (ra) en la memorización y transmisión de los hadices del Honorable Mensajero (sa). Sin embargo, ocupó el segundo lugar entre las mujeres de la familia de Abu Bakr (ra). En este aspecto, Hazrat Aisha (ra) la superó. A los hombres o mujeres Compañeros de quienes se han narrado menos de cien hadices se les denomina «Ashabul Ashara».

Entre las mujeres Compañeras consideradas parte de los «Ashabul Ashara» se encuentran:

1. Asma bint Yazid (ra). Número de hadices narrados: 81

2. Maymuna bint al-Harith, Umm al-Mu’minin (ra). Número de hadices narrados: 76

3. Umm Habiba, Umm al-Mu’minin (ra). Número de hadices narrados: 60

4. Asma bint Umays (que Allah esté complacido con ella). Número de hadices narrados: 65

5. Asma bint Abi Bakr (que Allah esté complacido con ella). Número de hadices narrados: 58

6. Umm Hani bint Abi Talib (que Allah esté complacido con ella). Número de hadices narrados: 46

7. Fatima bint Qays (que Allah esté complacido con ella). Número de hadices narrados: 34

8. Umm al-Fadl bint al-Harith (que Allah esté complacido con ella). Número de hadices narrados: 30

9. Umm Qays bint Mihsan (que Allah esté complacido con ella). Número de hadices narrados: 24

10. al-Rubayyi bint Mu’awwidh (que Allah esté complacido con ella). Número de hadices narrados: 21

(Banat as-Sahaba-¿?, 65; nota 1]

Su esposo Zubayr (que Dios esté complacido con él) también pertenecía a esta categoría de narradores. Sin embargo, ella narró veinte hadices más que su esposo. Ella narró 58, aunque según otra opinión fueron 56, mientras que el número de hadices narrados por su esposo fue de 38.

Los hadices narrados por Asma (que Dios esté complacido con ella) fueron recopilados en diversas obras de los Sunan y los Musnad, incluidos los Sahihayn. Catorce hadices fueron recopilados en el Sahih de al-Bujari y el Sahih de Muslim. Además, al-Bujari recopiló cuatro exclusivamente, y Muslim otros cuatro exclusivamente. [A‘lam al-Nisa, 1/49; al-Isaba, 4/230; Banat as-Sahaba, 65-66]

Entre las personas más destacadas que narraron hadices de Asma (que Dios esté complacido con ella) se encuentran sus dos hijos, Abdullah y Urwa; su nieto Abdullah ibn Urwa; su esclavo liberado Abdullah ibn Qaysan; Ibn Abbas; Muhammad ibn al-Munkadir; Wahab ibn Qaysan y muchos otros. Entre las mujeres: Fátima bint Shayba, Umm Kulzum, la liberta de al-Hayaba, y muchas otras. [Siyar A‘lam an-Nubala, 2/292; Tahdhib al-Asma wa al-Lugat, 2/597; Tahdhib at-Tahdhib, 10/451]

Asma (que Dios esté complacido con ella) también poseía talento poético. Además, era una mujer elocuente. En diversas obras se encuentran las elegías que compuso después del martirio de su esposo, Zubayr (que Dios esté complacido con él), y de su hijo, Abdullah (que Dios esté complacido con él). [A‘lam an-Nisa, 1/49]

Divorcio

En diversas obras de la sira se menciona brevemente que Zubayr (que Dios esté complacido con él) se divorció de Asma (que Dios esté complacido con ella). Sin embargo, ninguna obra menciona la razón. Ibn al-Azir señaló dos posibles causas. Una de ellas es que Asma (que Dios esté complacido con ella) había llegado a la vejez y, debido a su edad, estaba perdiendo la vista. [Usd al-Gaba, 5/393] Por ello, Zubayr (que Dios esté complacido con él) habría querido apartarla. La segunda es que, por cualquier motivo, surgió resentimiento entre ambos y la situación llegó al punto del divorcio, es decir, de la ruptura de la relación. La primera causa no resulta razonable en absoluto. Dado el rango de Zubayr (que Dios esté complacido con él), ¿puede imaginarse que abandonara por causa de la vejez a su esposa, madre de muchos hijos? ¿Y además cuando ella se había quedado ciega? La segunda causa mencionada sí es razonable. Por esa razón pudo producirse el divorcio. Zubayr (que Dios esté complacido con él) tenía un carácter algo áspero y severo. Como consecuencia, la relación entre ambos se deterioró hasta desembocar en la separación. Otra narración de Ibn al-Azir respalda esto. En cierta ocasión, Zubayr (que Dios esté complacido con él) se enfureció muchísimo con su esposa Asma (que Dios esté complacido con ella) por algo que ella había dicho. Incluso llegaron a las manos. Asma (que Dios esté complacido con ella) llamó a su hijo Abdullah (que Dios esté complacido con él) para que la ayudara. Al verlo acercarse, Zubayr (que Dios esté complacido con él) le dijo: «Si vienes aquí, divorciaré a tu madre». Abdullah (que Dios esté complacido con él) respondió: «¿Ha convertido usted a mi madre en objeto de su juramento?». Entonces, con fuerza, liberó a su madre de las manos de su padre. Después de ello, Asma se separó. [Siyar A‘lam an-Nubala, 2/292; Tarij al-Islam wa Tabaqat al-Mashahir wa al-A‘lam, 3/134] «Lleva contigo a Hisham ibn Urwa». [Tabaqat, 8/253; Usd al-Gaba, 5/393] En cualquier caso, después del divorcio, Asma (que Dios esté complacido con ella) se trasladó junto a su hijo Abdullah (que Dios esté complacido con él) y permaneció allí. Abdullah (que Dios esté complacido con él), como hijo obediente y devoto, sirvió a su madre durante toda su vida. La satisfacción de su madre era el único objetivo de su vida.

Otras narraciones también indican que Zubayr (que Dios esté complacido con él) trataba con dureza a Asma (que Dios esté complacido con ella). Por ejemplo, un día Asma (que Dios esté complacido con ella) acudió ante su padre, Abu Bakr (que Dios esté complacido con él), y se quejó del trato severo que Zubayr (que Dios esté complacido con él) le dispensaba. Después de escucharla, Abu Bakr (que Dios esté complacido con él) comenzó elogiando a Zubayr (que Dios esté complacido con él) y dando testimonio de su capacidad en diversos asuntos. Luego le aconsejó: «¡Hija mía! Ten paciencia. Si una mujer tiene un esposo virtuoso, este muere antes que ella y ella no vuelve a casarse, ambos se reunirán nuevamente en el Paraíso». [A‘lam an-Nisa, 2/48; Banat as-Sahaba, 59]

Valentía y coraje, paciencia y firmeza

Desde tiempos antiguos, la valentía y el coraje han sido rasgos y cualidades particulares de los árabes. Por esta razón, así como Hazrat Asma’ (que Allah esté complacido con ella) alcanzó fama por su generosidad, también se hizo célebre como una mujer valiente y heroica. Durante la época de Sa‘id ibn al-As (que Allah esté complacido con él), cuando el orden y la seguridad de Medina se deterioraron y la anarquía se extendió ampliamente por la ciudad, Hazrat Asma’ (que Allah esté complacido con ella) dormía colocando una daga afilada debajo de su almohada. Cuando la gente le preguntaba la razón, respondía: «Si algún ladrón, bandido o malhechor entra en la casa y me ataca, le abriré el vientre». [Nisa’ Hawlā ar-Rasul, p. 184] Estuvo junto a Zubayr (que Allah esté complacido con él) y presenció la célebre batalla de Yarmuk. [Banat as-Sahaba, p. 69.]

Cuando ‘Abdullah (que Allah esté complacido con él), hijo de Hazrat Asma (que Allah esté complacido con ella), alcanzó la plena madurez, la mayoría de los habitantes de Siria, incluidos el Hiyaz, Egipto, Irak y Jorasán, se rebelaron contra los califas omeyas, lo reconocieron como califa y le prestaron bay‘a (juramento de lealtad). Antes de morir, Hazrat Mu‘awiya (que Allah esté complacido con él), fundador del califato omeya, designó a su hijo Yazid como heredero del califato y estableció así la primera monarquía de la historia islámica. Sin embargo, el pueblo de las distintas regiones del califato islámico no pudo aceptar que Yazid tomara el poder de esa manera monárquica ni su estilo de vida contrario al islam. Hazrat ‘Abdullah (que Allah esté complacido con él) también se negó a prestar bay‘a a Yazid. Proclamó a La Meca capital del califato islámico y permaneció allí. Personas de todas partes acudían en grupos para prestarle bay‘a. Él continuó administrando los asuntos de gobierno en las regiones bajo su control. Cuando ‘Abd al-Malik ibn Marwan asumió la responsabilidad del califato, su visir, Hajjaj ibn Yusuf, decidió enfrentarse a Hazrat ‘Abdullah (que Allah esté complacido con él). Con una enorme fuerza militar, sitió La Meca el primero de Dhul-Hiyyah del año 72 de la Hégira. La ciudad quedó completamente aislada de toda comunicación exterior. La guerra entre ambos bandos continuó durante seis meses seguidos. Como consecuencia del largo asedio, las condiciones de vida de los habitantes de La Meca se volvieron muy difíciles. El número de partidarios de Hazrat ‘Abdullah (que Allah esté complacido con él) disminuía día tras día. Al no ver ninguna posibilidad de victoria, comenzaron a dispersarse. Él se refugió en el Haram de la Kaaba con unos pocos seguidores que le quedaban. Poco antes del enfrentamiento final con el ejército omeya, fue a visitar por última vez a su madre, Asma (que Allah esté complacido con ella). Hazrat Asma (que Allah esté complacido con ella) estaba entonces debilitada por el peso de la vejez y ciega. La historia no ha podido conservar muchos detalles de la azarosa vida de Hazrat Asma (que Allah esté complacido con ella). Sin embargo, la aguda inteligencia, la firmeza de carácter, la solidez de su fe, el extremo sacrificio personal, la confianza en Allah y la devoción a la verdad que manifestó durante aquel último encuentro entre madre e hijo permanecerán para siempre imborrables en la historia. El diálogo entre madre e hijo fue el siguiente:

‘Abdullah: Madre, que la paz, la misericordia y las bendiciones de Allah sean contigo.

Asma: ¡‘Abdullah! Y contigo sea la paz. En este momento tan crítico, cuando el ejército de Hajjaj está lanzando piedras con catapultas contra tus tropas, apostadas en el Haram, y hace temblar las casas de La Meca, ¿con qué propósito has venido?

‘Abdullah: He venido a consultarte.

Asma: ¿A consultarme? ¿Sobre qué?

‘Abdullah: Mis compañeros me han abandonado en el peligro y se han marchado, ya sea por miedo a Hajjaj o seducidos por sus promesas. Incluso mis hijos y los miembros de mi familia me han abandonado. Ahora solo tengo conmigo a unos pocos hombres. Por grande que sea su paciencia y su valor, de ningún modo podrán resistir más de una o dos horas. Por otra parte, los omeyas han enviado una propuesta: si reconozco a Malik ibn Marwan como califa, depongo las armas y le presto bay‘a, me darán todo lo que pida en cuanto a comodidades y riquezas mundanas. En estas circunstancias, ¿qué me aconsejas?

Asma (que Allah esté complacido con ella) dijo en voz un poco más alta: El asunto te corresponde enteramente a ti, y tú te conoces mejor que nadie. Si tienes la firme convicción de estar en la verdad y de llamar a la gente hacia la verdad, entonces mantente firme como aquellos que permanecieron firmes bajo tu estandarte y alcanzaron el martirio. Pero si deseas las comodidades y riquezas de este mundo, eres la persona más miserable. Estás destruyéndote a ti mismo y a tus hombres. Lucha como un hombre y no soportes ninguna humillación por miedo a la muerte. ¡Es mucho mejor morir con honor, herido por la espada, que vivir en la humillación! Me alegraré si mueres como mártir. Pero si deseas este mundo pasajero, ¿quién podría ser más miserable que tú? Si piensas que te has quedado solo y que no tienes otra opción aparte de rendirte, ese no es el proceder de una persona honorable. ¿Cuánto tiempo vas a vivir? Muere dejando una buena reputación y un nombre honorable. Entonces encontraré consuelo.

Abdullah: Entonces hoy moriré con toda seguridad.

Asma: Es mejor morir luchando que entregarte voluntariamente a Hajjaj y que los jóvenes de Banu Umayya jueguen con tu cabeza.

Abdullah: Madre, no temo morir. Temo que me torturen de diversas maneras. Que me corten las manos y los pies, me separen las extremidades y me desfiguren.

Asma: ¡Hijo mío! Después de morir, no hay nada que temer. Cuando se despelleja a una cabra sacrificada, esta no siente dolor.

Al oír las palabras de su madre, el rostro de Abdullah adquirió un resplandor aún mayor. Dijo: Madre mía, llena de bendiciones, que tu sublime dignidad sea aún más bendecida. En este momento de crisis, vine a presentarme ante ti únicamente para escuchar estas palabras de tus labios. Allah sabe que no tuve miedo ni me debilité. Él es testigo de que no lucho por codicia ni amor por los placeres, las riquezas, el prestigio o los honores mundanos. Más bien, esta lucha se debe a mi intenso odio y aversión a que se declare lícito lo que es ilícito. Ahora voy a hacer aquello que tú has aprobado. Si muero como mártir, no te aflijas por mí y encomienda todo lo tuyo a Allah.

Asma: Si mueres por la falsedad y la injusticia, me afligiré.

Abdullah: ¡Madre! Ten la certeza de que este hijo tuyo nunca ha cometido injusticia, obscenidad ni indecencia; no ha violado la ley de Allah, no ha traicionado la confianza de nadie, no ha oprimido a ningún musulmán ni a ningún dhimmí, y no hay nada en este mundo que considere mejor que la complacencia de Allah. No pretendo declarar con estas palabras que soy puro e inocente, pues Allah conoce mejor que nadie mi condición. Luego levantó el rostro hacia el cielo y dijo con suma humildad: Dios mío, Tú sabes perfectamente que todo lo que le he dicho a mi madre ha sido únicamente para consolarla, para que no sufra al verme en este estado.

Asma dijo: —(Árabe****************)

«Toda alabanza pertenece a Allah, quien te ha mantenido firme en aquello que Él y yo consideramos preferible». ¡Hijo mío! Espero que mi paciencia respecto a ti sea una paciencia incomparable. Si mueres ante mis ojos, ello será para mí una ocasión de obtener recompensa. Si vences, será motivo de alegría para mí. Ahora, avanza invocando el nombre de Allah. ¡Hijo mío! Acércate un poco a mí; déjame aspirar por última vez el olor de tu cuerpo y tocarte un poco. Porque este es el último encuentro entre tú y yo en esta vida mundana.

‘Abdullah (que Allah esté complacido con él), inclinándose, comenzó a cubrir de besos las manos y los pies de su madre, mientras ella acercaba su nariz y sus labios a la cabeza, el rostro y los hombros de su hijo, aspiraba su aroma y lo besaba; luego pasó con ternura sus dos manos por su cuerpo. Al despedirse, cuando intentó estrechar a su hijo contra el pecho, lo apartó de nuevo mientras decía: «¡‘Abdullah! ¿Qué es eso que llevas puesto?»

—Madre, esta es mi armadura.

—Hijo mío, esa no es la vestimenta de quienes anhelan el martirio.

—Madre, me he puesto esta vestimenta para complacerte y llevar tranquilidad a tu corazón. [La vida de los Compañeros del Mensajero, 1/211-212]

—Quítatela. Para tu porte, tu valor y tus ataques, lo apropiado es precisamente esto. Además, te facilitará la actividad, la rapidez y los movimientos. En su lugar, ponte unos pantalones largos. Así, aunque te derriben al suelo, tu ‘awrah permanecerá cubierta.

Siguiendo las palabras de su madre, ‘Abdullah se quitó la armadura, se puso los pantalones y se dirigió hacia la Mezquita Sagrada para unirse al combate, diciendo: «Madre, no olvides hacer súplicas por mí, tanto antes como después de que sea asesinado».

—Nunca olvidaré hacer súplicas ante Allah. Algunos combaten por la falsedad, pero tú combates por la verdad. Luego levantó ambas manos hacia el cielo y suplicó: «¡Oh Allah! Ten misericordia de él por sus largas noches de adoración y su llanto en voz alta mientras permanece despierto durante la noche, cuando la gente está inconsciente en un sueño profundo. ¡Oh Allah! Ten piedad de él por el hambre y la sed del mediodía que soporta mientras ayuna en La Meca y Medina. ¡Oh Allah! Derrama Tu misericordia sobre él por su buen trato hacia sus padres. ¡Oh Allah! Te lo encomiendo únicamente a Ti. Estoy satisfecha con cualquier decisión que tomes respecto a él. A cambio de ello, concédeme la recompensa de los pacientes.»

Las palabras de la madre, la venerable Asma (que Allah esté complacido con ella), llevaron tranquilidad al corazón del venerable ‘Abdullah (que Allah esté complacido con él). Él partió y cayó mártir combatiendo con extrema paciencia. Antes de morir, de sus labios se recitaban los siguientes dos versos: [Hayatus-Sahaba-1/574; Banat as-Sahaba-70] (Árabe***************)

«¡Madre mía, Asma! No llores por mí si muero asesinado. No me queda nada salvo mi nobleza y mi religiosidad. También me queda una espada afilada, con la que, de tanto golpear, mi mano derecha se ha debilitado».

Antes de que se pusiera el sol aquel día, el venerable ‘Abdullah (que Allah esté complacido con él) se reunió con su Señor. Después de matarlo, Hajjaj hizo colgar su cadáver. La madre Asma (que Allah esté complacido con ella) llegó acompañada de una sirvienta para ver el cadáver de su hijo. Vio que estaba colgado con el rostro hacia abajo. De pie junto al cadáver, dijo con gran serenidad y firmeza: «¿Acaso aún no ha llegado el momento de que este jinete del islam desmonte de su caballo?». Con el propósito de dispersar a la multitud, Hajjaj envió hombres para que la apartaran. Ella se negó a marcharse. Entonces volvió a enviarle un mensaje por medio de sus hombres: si no se iba, sería arrastrada por un mechón de cabello. La venerable Asma (que Allah esté complacido con ella) no se atemorizó ante Hajjaj ni prestó la menor atención a sus amenazas.

Pronunciar la verdad era el rasgo más brillante del carácter de la venerable Asma (que Allah esté complacido con ella). Pronunció la verdad con voz firme ante un tirano asesino y opresor como Hajjaj. Le dio en su propia cara una respuesta contundente y quebró su arrogancia. Después del martirio del venerable ‘Abdullah (que Allah esté complacido con él), Hajjaj fue ante la venerable Asma (que Allah esté complacido con ella) y dijo: «Tu hijo cometió actos contrarios a la religión en la Casa de Allah y difundió el ateísmo. Por eso Allah le hizo probar un severo castigo».

Asma (que Allah esté complacido con ella) respondió con voz firme: «Eres un mentiroso. Mi hijo no era ateo. Ayunaba y era un hijo obediente y sumiso a sus padres. Sin embargo, escuché de labios del Noble Profeta (que Allah esté complacido con él) que en la tribu de Taqif surgirían un mentiroso impostor y un opresor. Al mentiroso —al-Mujtar ath-Thaqafi— ya lo he visto. Y el opresor eres tú, a quien estoy viendo ahora». Al oír esto, Hajjaj se puso sumamente agitado y se levantó de donde estaba sentado. Pero, habiendo perdido el valor para decir algo, permaneció de pie en silencio.[Sahih Muslim, Fada’il as-Sahaba, hadiz n.º 2545; Tabaqat-8/254; Musnad Ahmad-6/351; Siyar A‘lam an-Nubala-2/296]

En otra narración se relata que Hajjaj le dijo a Asma (que Allah esté complacido con ella): «Dime, ¿cómo traté al enemigo de Allah, ‘Abdullah?». Asma respondió: «Tú arruinaste su vida mundanal, y él arruinó tu vida futura. He oído que te burlabas de él llamándolo hijo de Dhat an-Nitaqayn. ¡Por Allah!, yo soy Dhat an-Nitaqayn. Con una de mis fajas até la comida del Mensajero de Allah (que Allah esté complacido con él) y de Abu Bakr (que Allah esté complacido con él), y la otra faja todavía está en mi cintura».[Tabaqat-8/254; Tarikh al-Islam wa Tabaqat al-Mashahir wal-A‘lam-3/136] También se narra que Hajjaj fue ante Asma (que Allah esté complacido con ella) y le dijo: «Madre, el Emir de los Creyentes me ha ordenado que pregunte por usted. ¿Necesita algo?». Asma (que Allah esté complacido con ella) respondió con extrema dureza: «No soy tu madre. Soy la madre del hombre que está colgado en una cruz al borde del camino. No necesito nada».[Siyar A‘lam an-Nubala-2/294]

Un día, después del martirio del venerable ‘Abdullah (que Allah esté complacido con él), le dijeron al venerable ‘Abdullah ibn ‘Umar (que Allah esté complacido con él): «Asma (que Allah esté complacido con ella) está sentada en un rincón de la mezquita». Él se inclinó un poco hacia ella y le dijo: «Este cuerpo sin vida no es nada; el espíritu ya ha llegado ante Allah. Teme a Allah y ten paciencia». Asma respondió: «¿Qué me ha impedido hacerlo? La cabeza del profeta Yahya ibn Zakariyya (que Allah esté complacido con él) también fue regalada a una prostituta de los Hijos de Israel».[Pragukta-2/295; Tahdib al-Asma’ wal-Lughat-2/330]

Cabe señalar que, cuando Herodiano, gobernante de Palestina, quiso casarse con su tía Herodías, Yahya se opuso, porque en su religión no estaba permitido el matrimonio entre una tía paterna y su sobrino. Sin embargo, la hija de Herodías y su madre estaban de acuerdo. Le pusieron a Herodiano la condición de que, si cortaba la cabeza de Yahya y la llevaba ante ellas en un plato, se celebraría el matrimonio. Así lo hizo. La venerable Asma (que Allah esté complacido con ella) aludió a este suceso.[Siyar A‘lam an-Nubala’-2/295; nota 1; Qasas al-Anbiya-369]

Mientras el cadáver de Hazrat Abdullah permaneció colgado durante varios días, Hazrat Asma (que Allah esté complacido con ella) suplicaba a Allah diciendo: «¡Oh Allah! No permitas que muera antes de haber dispuesto el baño ritual, la mortaja y el entierro de Abdullah». Después de que bajaron el cadáver, Asma (que Allah esté complacido con ella) lo reclamó y, con gran dificultad, lo lavó con agua de Zamzam. [Zad al-Ma‘ad, 1/140; Tarij al-Islam wa Tabaqat al-Mashahir wal-A‘lam, 1/503; al-Fakihi dice: «Por bendición, los habitantes de La Meca lavaban a sus muertos con agua de Zamzam». (Nisa’ Mubashsharat fil-Yannah, 266)] La carne se había podrido y descompuesto. Aunque Asma (que Allah esté complacido con ella) vio el estado en que se encontraba su propio hijo, no se derrumbó en absoluto. Tuvo paciencia y dio gracias a Allah.

Ibn Mulayka dijo: «Yo también me encontraba entre quienes habían sido encargados de lavarlo. Tomábamos una parte del cuerpo, y esta se desprendía en nuestras manos. La lavábamos, la colocábamos sobre la mortaja y tomábamos otra parte. Así completamos su baño ritual. Luego su madre, Asma, se puso de pie y realizó la oración funeraria por él. Lo enterraron en el cementerio de al-Mu‘alla, en La Meca». [A‘lam an-Nisa’, 1/52; Banat as-Sahaba, 71]

Hazrat Abdullah ibn az-Zubayr (que Allah esté complacido con él) alcanzó el martirio el martes 17 de Yumada al-Awwal del año 73 de la Hégira. Unos días después, también falleció en La Meca Hazrat Asma (que Allah esté complacido con ella), en el año 73 de la Hégira. Tenía entonces cien años. Fue la última en morir entre los Compañeros y las Compañeras emigrantes. [Siyar A‘lam an-Nubala’, 2/296; A‘lam an-Nisa’, 1/52-53] Durante aquella larga vida no perdió ni un solo diente ni mostró el menor signo de deterioro mental. Fue enterrada en La Meca junto a su hijo Abdullah (que Allah esté complacido con él). [Banat as-Sahaba, 72]

Antes de morir, dejó dicho: «Calentaréis mis prendas sobre madera perfumada y luego perfumaréis mi cuerpo. No pondréis ningún perfume en la tela de mi mortaja, no seguiréis el cadáver llevando fuego y no me enterraréis de noche». [Tahdhib al-Asma’ wal-Lughat, 2/598]

Ummu Sulaym, hija deMilhan (que Allah esté complacido con ella)


Su kunya era Ummu Sulaym. Existe una gran discrepancia respecto a su nombre verdadero; se mencionan, entre otros, Sahla, Rumayla, Mulaika, al-Gumaysa’ y ar-Rumaysa’. Fue una célebre Compañera ansarí de Banu Nayyar y la orgullosa madre del célebre Compañero Anas, el querido servidor del Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz). Su padre se llamaba Milhan ibn Jálid y su madre, Mulaika bint Malik ibn ‘Adi ibn Zayd ibn Manat. En otra narración se la llama ‘Unayka. [Al-Isaba, 4/461-462; Tabaqat, 3/504] Hazrat Haram ibn Milhan, uno de los Compañeros martirizados en el histórico incidente de Bi’r Ma‘una, era su hermano. [Hayat as-Sahaba (árabe), 1/528] En la historia es conocida como Ummu Sulaym.

En los primeros tiempos de la época de la ignorancia, se casó con Malik ibn Nadr. Diez años antes de la emigración del Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) a Medina, tuvo con él a su hijo Anas. Fue una de las primeras mujeres entre los ansar en aceptar el islam. Debido a que ella aceptó el islam, su esposo Malik rompió la relación con ella, la abandonó junto con su hijo y se marchó del país. [Al-Isaba, 4/461] Anas narró lo siguiente al respecto: Un día Ummu Sulaym se acercó a su esposo Malik y le dijo: «Hoy traigo una noticia que no te gustará». Malik respondió: «Siempre me traes noticias desagradables de ese beduino». Refutando las palabras de su esposo, ella dijo: «Sí, es un beduino, pero Allah lo eligió y lo hizo Profeta». Malik preguntó: «Entonces, ¿qué noticia has traído hoy? Dímela». Ella respondió: «Se ha declarado ilícito el vino». Malik dijo: «A partir de ahora, nuestra relación ha terminado». Entonces abandonó su hogar, su esposa y su hijo, y se marchó a Siria, donde murió siendo politeísta. [Hayat as-Sahaba, 2/590; Al-Isaba, 4/461; Tarij Ibn ‘Asakir, 6/5]

De la narración anterior se entiende que su separación de Malik tuvo lugar mucho después de la llegada del Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) a Medina, cuando se prohibió el vino. Sin embargo, las diversas narraciones sobre su segundo matrimonio con Hazrat Abu Talha (que Allah esté complacido con él) indican que se separaron antes de la llegada del Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) a Medina. Algunas narraciones indican que ella tomó a Abu Talha como segundo esposo antes de la llegada del Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) a Medina. También se encuentra una narración según la cual Abu Talha aceptó el islam en Medina directamente de manos del propio Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz), y Ummu Sulaym se casó con él después de eso. Existen muchas narraciones de este tipo. No obstante, está reconocido que Ummu Sulaym aceptó el islam antes de la llegada del Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) a Medina. A continuación presento una o dos narraciones sobre su segundo matrimonio con Abu Talha. Se ha transmitido de Anas: Antes de aceptar el islam, Abu Talha propuso matrimonio a Ummu Sulaym. Ella respondió: «Abu Talha, ¿acaso no sabes que el dios al que adoras está hecho de tierra?». Él respondió: «Es cierto». Ummu Sulaym volvió a decir: «¿No te avergüenza adorar un árbol? Si aceptas el islam, no tendré objeción en casarme contigo. Y en ese caso no exigiré como dote nada aparte de tu islam». Abu Talha se marchó diciendo: «Lo pensaré». Al cabo de un rato regresó y recitó: «Doy testimonio de que no hay divinidad sino Allah y de que Muhammad es el Mensajero de Allah».

Después, Umm Sulaym llamó a su hijo Anas y le dijo: «¡Anas! Encárgate de los preparativos para el matrimonio de Abu Talha». Anas casó a su madre con Abu Talha. Este acontecimiento ha sido narrado en diversas obras con distintas cadenas de transmisión.[Hayatus-Sahaba-1/196; Al-Isaba-4/461; Tabaqat-3/504; Tarij de Ibn Asakir-6/5]

En otra narración se cuenta que Anas dijo: cuando Abu Talha le propuso matrimonio, Umm Sulaym le dijo: «He creído en este hombre y he declarado que es el Mensajero de Allah. Si usted se convierte en su seguidor, puedo casarme con usted». Abu Talha dijo: «Está bien, yo también acepto tu religión». Entonces Umm Sulaym se casó con él. La aceptación del islam por parte de Abu Talha fue la dote de Umm Sulaym. En esta cadena también se narra que, cuando Abu Talha le propuso matrimonio, Umm Sulaym dijo: «No me casaré por segunda vez hasta que Anas alcance la madurez y sea capaz de sentarse en diversas reuniones». Anas dijo: «Que Allah recompense a mi madre en mi nombre. Ella me crió de la mejor manera». Al oír las palabras de Umm Sulaym, Abu Talha dijo: «Anas ya se ha sentado en reuniones y también ha hablado». Entonces Anas casó a su madre con él.

En otra narración se cuenta que, cuando Umm Sulaym rechazó la propuesta de matrimonio, Abu Talha le dijo: «Por Allah, quizá esto no sea realmente lo que piensas». Ella le preguntó a su vez: «¿Deseas obtener oro y plata?». Umm Sulaym dijo entonces: «Tomándolos a usted y al Profeta de Allah como testigos, declaro que, si usted acepta el islam, aceptaré casarme con usted a cambio de su aceptación del islam». Al oír esto, Abu Talha dijo: «¿Quién puede ayudarme en este asunto?». Umm Sulaym dijo a su hijo Anas: «Anas, ve con tu tío». Él se levantó. Anas dijo: «Abu Talha puso su mano sobre mi hombro y nos marchamos así. Cuando nos acercamos al Mensajero de Allah —que Allah le bendiga y le conceda la paz—, él oyó lo que decíamos y exclamó: “¡Aquí está Abu Talha! Entre sus dos ojos resplandecen el honor y la gloria del islam”». Abu Talha saludó al Profeta —que Allah le bendiga y le conceda la paz— y dijo: «Doy testimonio de que no hay divinidad excepto Allah y de que Muhammad es Su siervo y Su Mensajero». Entonces el Mensajero —que Allah le bendiga y le conceda la paz— lo casó con Umm Sulaym a cambio de su aceptación del islam.

Umm Sulaym tuvo a Anas con su primer esposo, y con su segundo esposo, Abu Talha, tuvo dos hijos: (1) Abu Umayr y (2) Abdullah. Abu Umayr murió durante la infancia. A través de los otros dos se perpetuó el linaje.

La paciencia que Umm Sulaym mostró ante la muerte de Abu Umayr es una lección para toda la humanidad. Cuando Abu Umayr murió, apenas había aprendido a caminar. Cuando daba sus primeros pasitos, sus padres lo contemplaban sin apartar la mirada. En ese momento, Allah Todopoderoso se lo llevó de este mundo. El niño era muy querido por Abu Talha.

Abu Talha salió por un asunto, dejando en casa a su hijo enfermo. Mientras estaba fuera, el niño murió. Umm Sulaym pidió a los demás miembros de la casa que no se lo comunicaran. Cuando Abu Talha regresó, preguntó por el estado de su hijo enfermo. Umm Sulaym dijo: «Está en mejor estado que antes». Por las palabras de su esposa, Abu Talha creyó que el niño estaba bien. Comió y bebió como de costumbre y se acostó. Umm Sulaym también terminó sus tareas, se arregló, se perfumó y se dirigió a la cama. El esposo y la esposa tuvieron una relación íntima. Después, Umm Sulaym comunicó así a su esposo la muerte de su hijo: «Abu Talha, si alguien te confiara algo y luego viniera a reclamarlo, ¿te negarías a devolvérselo?». Abu Talha respondió: «Jamás». Umm Sulaym dijo: «Entonces te digo que debes tener paciencia respecto a tu hijo. Ha partido de este mundo». Abu Talha preguntó: «¿Dónde está ahora?». Ella respondió: «Ahí, en la habitación privada». Abu Talha entró, levantó la tela que cubría el rostro del niño y pronunció: «Ciertamente, pertenecemos a Allah». Según otra narración, Umm Sulaym enterró al niño fallecido antes de que Abu Talha regresara.

Después, Abu Talha se presentó ante el Mensajero de Allah —que Allah le bendiga y le conceda la paz— y le habló de la muerte de su hijo y del comportamiento de Umm Sulaym. Tras escuchar todo, el Mensajero comentó: «Allah, Altísimo, ha bendecido esta noche para vosotros. ¡Juro por Aquel que me envió con la verdad! Allah ha depositado un varón en su vientre. Por eso pudo mostrar una paciencia tan firme ante la muerte de su hijo».[Hayatus-Sahaba-2/590; Muslim-2/342; Al-Isaba-4/461] De su unión esa noche nació un hijo varón. Era Abdullah ibn Talha. Allah le concedió muchos hijos y descendientes.[Al-Isaba-4/461; véase: Asahabe Rasul-er Jibonkotha (vol. 3), p. 115] En otra narración se cuenta que aquel día el Mensajero —que Allah le bendiga y le conceda la paz— suplicó por esta pareja: «¡Oh Allah, concede bendición y bien a esta noche de ambos!»

Después, Umm Sulaym dio a luz. Al enterarse, el Mensajero —que Allah le bendiga y le conceda la paz— dijo a Anas: «Ve junto a tu madre y dile que, después de cortar el cordón umbilical del niño, no le dé nada en la boca y que me lo envíe». Anas dijo: «Mi madre me entregó al niño y yo lo llevé ante el Mensajero de Allah —que Allah le bendiga y le conceda la paz—». Entonces el Mensajero pidió a Anas que trajera tres dátiles de Ajwa. Cuando Anas los llevó, él retiró sus huesos, se los puso en la boca y los masticó bien. Luego abrió la boca del recién nacido y puso en ella parte de los dátiles. El niño comenzó a mover la boca y a succionar. Al verlo, el Mensajero comentó: «A mis ansaríes les gustan los dátiles». Después puso al niño en manos de Anas y le dijo: «Llévalo junto a tu madre». El Mensajero dio al niño el nombre de Abdullah y también suplicó por él: «Que Allah lo haga piadoso y temeroso de Él». Un hombre de los ansaríes dijo: «Vi a nueve hijos de este Abdullah, y todos eran grandes recitadores del Corán».[Hayatus-Sahaba-2/590-591; Tarij de Ibn Asakir-6/6]

Poco después de que el Mensajero de Allah (s. a. s.) llegara a Medina, Umm Sulaym tomó de la mano al pequeño Anas, lo llevó ante el Mensajero de Allah (s. a. s.) y dijo: «¡Oh, Mensajero de Allah! Aquí tienes a Anas. Él te servirá». Anas apenas tenía diez años. Desde entonces hasta el fallecimiento del Mensajero de Allah (s. a. s.), Anas estuvo a su servicio. Por ello alcanzó la fama de «Jadim al-Nabí (s. a. s.)». [Al-Isaba, 4/462] En otra narración se cuenta que ella también le suplicó: «¡Oh, Mensajero de Allah! ¿No podrías hacer una súplica por él?». El Mensajero (s. a. s.) también suplicó por él. [Muslim, 2/944; Bujari, 2/302] Según una narración, la reunión en la que el Noble Mensajero de Allah (s. a. s.) estableció el vínculo de hermandad entre los emigrados y los auxiliares en Medina tuvo lugar en la casa de Umm Sulaym. Umm Sulaym acompañaba con gran entusiasmo al Mensajero (s. a. s.) a las grandes batallas, junto con algunas otras mujeres de los auxiliares. Ellas daban agua a los soldados y atendían a los heridos. [Muslim, 2/103; Hayatus Sahaba, 1/592-593] Al-Tirmidhi también transmitió este hadiz. Incluso cuando el ejército musulmán sufrió un revés en la batalla de Uhud, ella cumplió con gran valentía su deber. Anas (r. a.) dijo: «Vi a Aisha y a Umm Sulaym llevando odres llenos de agua y dándosela a los heridos. Cuando los odres se vaciaban, volvían a llenarlos y les daban de beber». [Bujari, Kitab al-Maghazi, 2/581]

En el séptimo año de la Hégira también participó en la batalla de Jaybar. En Jaybar o durante el regreso de Jaybar se celebraron el bendito matrimonio y la consumación del matrimonio del Noble Mensajero de Allah (s. a. s.) con Safiyya (r. a.). Fue ella quien peinó y arregló a Safiyya y la presentó ante el Mensajero de Allah (s. a. s.). [Sahih Muslim, 1/546; Sira de Ibn Hisham, 2/340; Al-Isaba, 4/462]

Transmitido por Abdullah ibn Abi Bakr (r. a.). En la batalla de Hunayn, Umm Sulaym se puso de pie con una daga en la mano. En cierto momento, durante la batalla, llamó la atención del Mensajero de Allah (s. a. s.). Se encontraba de pie junto a su esposo, Abu Talha, con un manto enrollado alrededor de la cintura. Abdullah ibn Abi Talha estaba entonces en su vientre. Llevaban consigo el camello de Abu Talha y mantenían las manos entre el pelo de la cabeza y las riendas para dominarlo. El Mensajero (s. a. s.) llamó: «¿Umm Sulaym?». Ella respondió: «¡Sí, oh, Mensajero de Allah! ¡Que mis padres sean sacrificados por ti! Del mismo modo que tú matas a quienes luchan contra ti, yo mataré a quienes te abandonen y huyan del campo de batalla, pues merecen ser matados». Al oírla, el Mensajero (s. a. s.) dijo: «¡Umm Sulaym! ¿Acaso Allah no es suficiente en este asunto?». Umm Sulaym tenía entonces una daga en la mano. Señalándola, Abu Talha preguntó: «Umm Sulaym, ¿para qué tienes esa daga en la mano?». Ella respondió: «Si algún politeísta llega a estar a mi alcance, le abriré el vientre con esta daga». Al oír esto, Abu Talha dijo: «¡Oh, Mensajero de Allah! ¿Has oído lo que dice Umm Sulaym al-Rumaysa?». El Mensajero (s. a. s.) sonrió suavemente. [Muslim, 2/]

En el quinto año de la Hégira, el Mensajero de Allah (s. a. s.) contrajo matrimonio con Zaynab, la Madre de los Creyentes (r. a.). Con motivo de ello, Umm Sulaym confeccionó con sus propias manos una hermosa prenda de lana bordada y se la envió con su hijo Anas. También encargó a Anas que dijera al Mensajero (s. a. s.) que aceptara aquel pequeño regalo suyo.

Umm Sulaym preparaba y enviaba de vez en cuando comida para el Mensajero de Allah (s. a. s.). Cuando preparaba algo bueno en su propia casa, también enviaba una parte al Mensajero de Allah (s. a. s.). Abu Hatim transmitió que, con motivo de la consumación del matrimonio del Mensajero de Allah (s. a. s.) con una de sus esposas, Umm Sulaym preparó hais, una especie de alimento hecho con dátiles, aqit y grasa, y lo puso en un recipiente de bronce o de madera. Después llamó a su hijo Anas y le dijo: «Llévaselo al Mensajero de Allah (s. a. s.) y dile que es un pequeño regalo de nuestra parte». Anas dijo: «En aquel tiempo la gente sufría una gran escasez de alimentos. Llevé el recipiente y dije: “¡Oh, Mensajero de Allah! Umm Sulaym te lo ha enviado. También te presenta sus saludos y dice que esto es un pequeño regalo de nuestra parte”». El Mensajero (s. a. s.) miró el recipiente y dijo: «Déjalo en un rincón de la casa y llama a fulano, a mengano y a los demás». Mencionó los nombres de muchas personas. Además, dijo: «Trae contigo a cualquier musulmán que encuentres por el camino». Anas dijo: «Invité a aquellos cuyos nombres había mencionado y también invité a todos los musulmanes que encontré por el camino. Cuando regresé, vi que toda la casa del Mensajero de Allah (s. a. s.), la Suffa y las habitaciones, estaba abarrotada de gente».

El narrador le preguntó a Anas: «¿Cuántas personas serían?». Él respondió: «Unas trescientas». Anas dijo: «El Mensajero (s. a. s.) me pidió que trajera el recipiente de comida. Lo acerqué. Puso la mano sobre él y suplicó. Luego dijo: “Sentaos de diez en diez, decid ‘bismillah’ y que cada uno coma de la parte que tiene delante”». Todos comieron hasta saciarse, conforme a las instrucciones del Mensajero de Allah (s. a. s.). Después me dijo: «Retira el recipiente». Anas dijo: «Me acerqué y levanté el recipiente. Miré dentro, pero no puedo decir si había más comida cuando lo dejé que cuando lo levanté». [Hayatus Sahaba, 2/660-661]

Anas relató de su madre otro acontecimiento. Su madre tenía una cabra. Preparaba mantequilla clarificada con su leche y la guardaba en un recipiente de cuero. Un día puso el recipiente en manos de Rabi’a y le dijo: «Llévaselo al Mensajero de Allah (s. a. s.); lo comerá como condimento». Rabi’a lo tomó y fue ante el Mensajero de Allah (s. a. s.), y dijo: «¡Oh, Mensajero de Allah! Umm Sulaym ha enviado una uqiyya, es decir, un recipiente, de mantequilla clarificada». El Mensajero (s. a. s.) dijo a la gente: «Verted la mantequilla y devolvedle el recipiente». Le devolvieron el recipiente vacío. Ella lo colgó de un poste. Cuando Umm Sulaym volvió a casa, vio que la mantequilla rebosaba del recipiente. Dijo: «Yo solo he cumplido tu orden. Si no me crees, ven conmigo y pregúntale al Mensajero de Allah». Umm Sulaym llevó a Rabi’a consigo ante el Mensajero de Allah (s. a. s.) y dijo: «¡Oh, Mensajero de Allah! Yo le envié por medio de ella un recipiente de mantequilla clarificada». El Mensajero (s. a. s.) respondió: «Sí, ella me la entregó». Entonces Umm Sulaym dijo: «Juro por Aquel que te envió con la verdad y con la verdadera religión: el recipiente sigue lleno de mantequilla y esta rebosa de él». Al oír esto, el Mensajero (s. a. s.) dijo: «¡Umm Sulaym!»

«Que Allah te alimente del mismo modo que tú has alimentado a Su Profeta. ¿Te sorprende tanto esto? Come tú misma y da de comer a los demás». Umm Sulaym dijo: «Volví a casa, lo repartí en varios vasos y comimos de ello durante uno o dos meses». [Al-Bidaya, 6/102; Hayatus Sahaba, 2/635]

El imán Muslim narró otro acontecimiento. Anas cuenta: Un día, Abu Talha le dijo a mi madre, Umm Sulaym: «Hoy me pareció oír algo débil la voz del Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él). Me parece que tiene hambre. ¿Tienes algo de comida?». Mi madre respondió: «Sí». Envolvió varios trozos de pan en mi ropa y me envió ante el Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él). Al verme, el Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) preguntó: «¿Te envió Abu Talha?». Respondí: «Sí». Preguntó: «¿Comida?». Respondí: «Sí». El Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) les dijo a sus acompañantes: «Levántense». Ellos se levantaron y yo caminé delante de ellos. Al verlos a todos, Abu Talha llamó a su esposa y le dijo: «Umm Sulaym, mira: el Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) ha venido con gente. No tenemos suficiente comida para dar de comer a todos». Umm Sulaym respondió: «Allah y Su Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) saben mejor». Abu Talha hizo sentar a los invitados. El Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) entró en la casa y dijo: «Trae lo que haya». Había muy poca comida, pero la llevaron. Él dijo: «Haz que entren primero diez personas». Diez entraron, comieron hasta saciarse y salieron. Después entraron otros diez. Así, en total, setenta u ochenta personas comieron hasta saciarse de aquella comida.[Bujari-2/342; Muslim-2/178; Al-Bidaya-9/105; Hayatus Sahaba-2/193-194]

Él amaba ilimitadamente al Noble Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él). El Noble Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) también visitaba con frecuencia la casa de Umm Sulaym y allí descansaba al mediodía. En esas ocasiones, Umm Sulaym recogía el sudor del Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) y los pelos que se desprendían de su cuerpo.[Bujari-2/929]

Anas (que Allah esté complacido con él) cuenta: Un día, al mediodía, el Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) vino a nuestra casa, descansó y comenzó a sudar. Mi madre trajo una botella y empezó a recoger aquel sudor. El Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) se despertó y preguntó: «Umm Sulaym, ¿qué estás haciendo?». Mi madre respondió: «Este sudor suyo es un perfume para nosotros». Anas solía decir: «En toda mi vida no he olido almizcle ni ámbar más perfumado que la fragancia del sudor del Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él)».[Tarij de Ibn Asakir-3/144, 145] Anas también cuenta: Mi madre, Umm Sulaym, tenía un hijo pequeño llamado Abu Umayr, hijo de Abu Talha. Cuando el Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) venía a nuestra casa, bromeaba un poco con él. Un día vio que Abu Umayr estaba sentado, abatido. El Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) le dijo: «Abu Umayr, ¿por qué estás sentado tan malhumorado?». Mi madre respondió: «Su pequeño pájaro de compañía, Nugayr, ha muerto». Desde entonces, cuando el Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) lo veía, le recitaba versificando:

«Ya Aba Umayr, ¿qué hizo Nugayr?» —Oh Abu Umayr, ¿qué hizo tu pequeño Nugayr? Cabe señalar que el nugayr es una especie de pajarito semejante a un gorrión, de pico rojo.[La misma obra, 3/139; Hayatus Sahaba-2/570, 571; Tabaqat-3/506]

Anas (que Allah esté complacido con él) dijo: El Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) no iba a ninguna casa, aparte de las de sus esposas, como iba a la casa de Umm Sulaym. En cierta ocasión, cuando le preguntaron al Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) la razón de ello, respondió: «Siento compasión por ella. Su padre y su hermano fueron martirizados mientras estaban conmigo». [Muslim, 2/341; Al-Isaba, 4/461] Ibn Hayar dijo: La explicación de que el Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) entrara en la casa de Umm Haram y de su hermana Umm Sulaym es que ambas vivían en la misma casa, y Umm Sulaym iba con el Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) a las expediciones militares. [Al-Isaba, 4/461]

Umm Sulaym era tía materna del Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él). El linaje de Salma bint Amr, madre de Abdul Muttalib, abuelo del Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él), se une al linaje de la madre de Anas en Amir ibn Ganam. [Usud al-Gaba, 1/127; Asahhus Siyar, 606] Ella amaba al Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) de todo corazón y le profesaba devoción y respeto. Y el Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) tampoco la olvidó jamás. A esta honorable mujer, el Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) también le anunció la buena nueva del Paraíso. [Daira-i Maarif-i Islamiyya (urdu), 3/402]

La honorable Umm Sulaym gozaba de gran respeto y prestigio. El Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: «Al entrar en el Paraíso, oí la voz de una mujer. Pregunté: “¿Quién es esta mujer?”. Se me informó: “Es Gumaysa bint Milhan, la madre de Anas”». [Muslim, 2/342]

La honorable Umm Sulaym narró muchos hadices del Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él). Anas ibn Malik, Ibn Abbas, Zayd ibn Zabit, Abu Salama ibn Abd al-Rahman y muchos otros compañeros narraron hadices de ella. La gente le consultaba sobre las cuestiones religiosas importantes que necesitaba resolver. En cierta ocasión, cuando surgió una disputa entre Abd Allah ibn Abbas y Zayd ibn Zabit, ambos la aceptaron como jueza. [Musnad, 6/431; Al-Isaba, 4/362]

No le daba vergüenza preguntarle al Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) acerca de cualquier asunto religioso. Aisha (que Allah esté complacida con ella) dijo: «¡Qué excelentes son las mujeres de los ansar! La vergüenza no les impide preguntar sobre asuntos religiosos ni aprender la religión». El imán Ahmad narró de Umm Sulaym. Ella dijo: «Me encontraba junto a Umm Salama, esposa del Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz). Pregunté: “¡Oh, Mensajero de Allah! Si una mujer sueña que mantiene relaciones sexuales con su esposo, ¿debe realizar el baño ritual?”. Al oír la pregunta, Umm Salama exclamó: “¡Umm Sulaym, que tus manos se cubran de polvo! Has avergonzado a todas las mujeres ante el Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz)”. Umm Sulaym respondió: “Allah no se avergüenza de manifestar la verdad. Es mejor preguntar al Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) que permanecer en la oscuridad respecto de un asunto”. El Mensajero (que Allah le bendiga y le conceda paz) respondió: “¡Umm Sulaym, que tus manos se cubran de polvo! Deberá realizar el baño ritual si, al despertar, encuentra humedad”. Umm Sulaym volvió a preguntar: “¡Oh, Mensajero de Allah! ¿También las mujeres tienen agua?”. El Profeta (que Allah le bendiga y le conceda paz) respondió: “Si no la tuvieran, ¿cómo se parecería el hijo a ella? Ellas son como los hombres”». (Hayatus Sahaba, 3/221-222)

Se ha narrado de Anas (que Allah esté complacido con él) que dijo: «En cierta ocasión, mi madre me llevó ante el Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) y dijo: “¡Oh, Mensajero de Allah! Haz una súplica por este pequeño servidor suyo”. El Mensajero (que Allah le bendiga y le conceda paz) suplicó: “¡Oh, Allah! Concédele abundancia en sus bienes y en sus hijos, alarga su vida y perdona sus pecados”». Al final de su vida, Anas decía: «He enterrado a noventa y ocho —según otra versión, ciento dos— de mis hijos y descendientes. Mis jardines dan fruto dos veces al año. He vivido tanto que he llegado a sentir aversión por la vida. Y espero la cuarta bendición: el perdón de mis pecados». (Ibíd., 3/347, 633)

El venerable Anas servía diariamente al Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) y regresaba a casa al mediodía. Un día, mientras se dirigía a su casa al mediodía, vio por el camino a unos muchachos de su misma edad jugando. El juego le agradó y se quedó observándolo. Al cabo de un rato, vio que el Mensajero (que Allah le bendiga y le conceda paz) se acercaba a ellos. Se aproximó, tomó a Anas de la mano y lo envió a realizar un encargo. Cuando Anas regresó, el Mensajero (que Allah le bendiga y le conceda paz) se dirigió hacia su casa. Como Anas tardó en regresar, su madre, Umm Sulaym, le preguntó: “¿Por qué has tardado tanto?”. Él respondió: “Fui a realizar un encargo secreto del Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz); por eso tardé en volver”. Su madre pensó que quizá el muchacho ocultaba la verdad y quiso saber: “¿Qué encargo?”. Anas respondió: “Es un secreto; no se lo puedo contar a nadie”. Su madre dijo: “Entonces guárdalo en secreto y no se lo reveles a nadie”. (Al-Fath ar-Rabbani, 22/204; Hayatus Sahaba, 1/343; 2/503) El venerable Anas guardó este secreto durante toda su vida.

Así, numerosos episodios de la vida de Umm Sulaym se encuentran dispersos en diversas obras, y son sumamente instructivos. No se dispone de información fiable sobre el año de su muerte.

Umm Haram bint Milhan ((que Allah esté complacida con ella))


No se conoce el nombre verdadero de Umm Haram (que Allah esté complacida con ella). Este era su sobrenombre y con él se hizo famosa en la historia. Era hija de la célebre tribu Jazray de Medina, de la rama de Nayyar. Su padre era Milhan ibn Jalid. Por parte de madre, era hermana de Umm Sulaym (que Allah esté complacida con ella) y tía materna del célebre compañero Anas ibn Malik, servidor del Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz). Asimismo, por lactancia era tía materna del venerable Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz). (As-Sira al-Halabiyya, 3/73)

La familia de Milhan, perteneciente al clan de Nayyar de Medina, era una familia sumamente afortunada. En los primeros tiempos de la predicación islámica en Medina, sus miembros buscaron refugio bajo la protección del islam. El profundo amor por Allah y Su Mensajero (que Allah le bendiga y le conceda paz) arraigó en lo más íntimo de sus corazones. Tanto sus hombres como sus mujeres realizaron importantes aportes en obras benéficas, como el yihad, la búsqueda del conocimiento, el sacrificio de la vida al servicio del islam y la generosidad. Los dos hijos de Milhan, Haram y Sulaym (que Allah esté complacido con ambos), combatieron en Badr y Uhud. Ambos fueron miembros destacados de Bir Mauna y allí alcanzaron el martirio. Uno de los mayores méritos de Haram ibn Milhan (que Allah esté complacido con él) fue que logró convertir al islam a su asesino, Jabbár ibn Sulami. El relato, resumido, es el siguiente: cuando Jabbár ibn Sulami lanzó una flecha contra Haram, esta le atravesó el pecho y él exclamó en voz alta

y cayó al suelo, pronunciando una frase cuyo significado era: «¡Por el Señor de la Kaaba, he triunfado!», es decir, he triunfado al alcanzar el martirio. Cuando el asesino Jabbár conoció el significado de aquellas palabras, se produjo un cambio en su interior. Se arrepintió y entró en el islam. Las últimas palabras pronunciadas por Haram ibn Milhan (que Allah esté complacido con él) se convirtieron en la causa de que Jabbár ibn Sulami (que Allah esté complacido con él) aceptara el islam. (Bujari: capítulo de ar-Rayi; Nisam min Asr an-Nubuwwa, 42)

Entre las ilustres mujeres de Medina que, en compañía del Honorable Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz), embellecieron aún más su carácter, se encontraban Umm Sulaym y Umm Haram, las dos hijas de Milhan. Únicamente el autor de «At-Tahdib» menciona que el primer esposo de Umm Haram (que Allah esté complacido con ella) fue Amr ibn Qays al-Ansari. [At-Tahdib, 12/46]. Sin embargo, en la mayoría de las obras se menciona como su esposo al célebre compañero Ubada ibn as-Samit. Según Ibn Sa‘d, Ubada ibn as-Samit fue su primer esposo y su segundo esposo fue Amr ibn Qays. [At-Tabaqat, 8/268]. No obstante, por medio de las obras fiables de sira se sabe que Ubada ibn as-Samit (que Allah esté complacido con él) fue su último esposo. [Sahabiyyat, 210]. Este Ubada (que Allah esté complacido con él) fue un gran compañero ansari de la primera época, miembro de Al-Aqaba, naqib, valiente muyahid en Badr, Uhud y Al-Jandaq, y participante en todos los acontecimientos importantes, incluida la Bay‘at ar-Ridwan. Falleció en el año 34 de la hégira, en Ramla, Palestina. [Tahdib al-Asma’ wa al-Lughat, 1/256-257; Al-A‘lam, 3/258].

La mezquita que el Honorable Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) construyó a dos millas del centro de Medina (Mu‘yam al-Buldan, 4/302), sobre la base de la piedad y el temor de Allah, es la mezquita de Quba. Sobre esta mezquita fue revelado el siguiente versículo: [Sura At-Tawba, 108; As-Sira al-Halabiyya, 3/73] (árabe***********) «La mezquita cuyos cimientos fueron establecidos desde el primer día sobre la piedad es más digna de que ores en ella».

La importancia de esta mezquita en la historia del islam es inmensa. El honorable Ibn Umar (que Allah esté complacido con él) dijo: «El Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) acudía a esta mezquita montado o caminando, y allí ofrecía dos rak‘at de oración». [Sahih Muslim, 4/127]. Junto a esta sagrada mezquita de Quba se encontraba la vivienda de la familia de Umm Haram. El Mensajero (que Allah le bendiga y le conceda paz) concedía gran honor e importancia a Haram. A veces iba a su casa y descansaba allí al mediodía. [Usd al-Ghaba, 5/574; Al-Isti‘ab, 4/424; Adh-Dhahabi: Tarij, 3/317; Al-Isaba, 4/441]. En ocasiones también realizaba allí la oración. El honorable Anas (que Allah esté complacido con él) dijo: «Un día el Profeta (que Allah le bendiga y le conceda paz) vino a nosotros. En la casa solo estábamos yo, mi madre Umm Sulaym y mi tía materna Umm Haram. Nos dijo: “Venid, dirigiré la oración para vosotros”. No era entonces la hora de ninguna oración. Dirigió la oración para nosotros y suplicó por todos los miembros de nuestra familia, pidiendo todo bien para ellos en este mundo y en el Más Allá». (Sahih Muslim, 2/128). En cierta ocasión, cuando el Mensajero (que Allah le bendiga y le conceda paz) llegó a la casa de Umm Haram (que Allah esté complacido con ella), ella preparó comida y se la ofreció. Después de comer, él se recostó para descansar un poco, mientras Umm Haram (que Allah esté complacido con ella) comenzó a revisar su cabello, buscando piojos. En ese estado, al Mensajero (que Allah le bendiga y le conceda paz) le sobrevino un ligero sueño. Poco después despertó y, sonriendo suavemente, dio a Umm Haram (que Allah esté complacido con ella) la buena noticia de que alcanzaría el martirio. Desde ese día comenzó a ser llamada «ash-Shahida» (la mujer mártir). La otra mujer a quien el Mensajero (que Allah le bendiga y le conceda paz) anunció la buena noticia del martirio fue Umm Waraqa al-Ansariyya (que Allah esté complacido con ella). Cabe señalar que la madre del abuelo del Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz), Abd al-Muttalib, era hija de Banu Nayyar. Por ello, debido a que Umm Haram (que Allah esté complacido con ella) era pariente suya por vía materna, era mahram; por eso pudo tocar la cabeza del Mensajero (que Allah le bendiga y le conceda paz) y retirarle los piojos. [Nisa min Asr an-Nubuwwa, 44].

El imán At-Tirmidhi recopiló la narración de Anas ibn Malik (que Allah esté complacido con él). Este dijo: «El Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) acudía a la casa de Umm Haram, y ella le ofrecía comida. Umm Haram era la esposa de Ubada ibn as-Samit. Un día llegó el Mensajero (que Allah le bendiga y le conceda paz). Ella le ofreció comida y después comenzó a revisar su cabello, buscando piojos. El Mensajero (que Allah le bendiga y le conceda paz) se quedó dormido. Poco después despertó y sonrió suavemente. Umm Haram preguntó: “¡Oh, Mensajero de Allah! ¿Por qué has sonreído?”. Él respondió: “Mientras dormía, se me mostró que algunos miembros de mi comunidad habían embarcado en naves para atravesar el mar con el propósito de combatir por la causa de Allah”. Umm Haram suplicó: “¡Oh, Mensajero de Allah! Ruega a Allah que también me incluya entre ellos”».

Después, el Mensajero (que Allah le bendiga y le conceda paz) apoyó la cabeza y volvió a dormirse. Al cabo de un rato despertó sonriendo suavemente. Umm Haram volvió a preguntar: «¡Oh, Mensajero de Allah! ¿Por qué sonríes?». El Mensajero (que Allah le bendiga y le conceda paz) respondió repitiendo lo que había dicho antes. Umm Haram volvió a suplicarle como anteriormente. Entonces el Mensajero (que Allah le bendiga y le conceda paz) dijo: (árabe***********) «Tú estarás entre el primer grupo».

El tiempo siguió transcurriendo. El Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) falleció. Los dos primeros califas, Abu Bakr y Umar (que Allah esté complacido con ambos), abandonaron sucesivamente este mundo. Las fronteras del califato islámico se expandieron enormemente. El tercer califa, el honorable Uthman (que Allah esté complacido con él), ocupaba el trono del califato. El emir de Siria, el honorable Mu‘awiya ibn Abi Sufyan (que Allah esté complacido con él), pidió al califa permiso para emprender una expedición contra la isla marítima de Qubrus (Chipre). Cabe señalar que en aquel tiempo Qubrus era una isla gobernada por los romanos bizantinos. Hasta entonces, los musulmanes no habían tenido una armada ni experiencia alguna en expediciones por vía marítima. Por ello, atendiendo a la solicitud del emir Mu‘awiya (que Allah esté complacido con él), el honorable Uthman (que Allah esté complacido con él) convocó una reunión del consejo de la shura. Tras prolongadas deliberaciones y evaluaciones, se decidió formar una armada y emprender una expedición marítima contra Qubrus. Esta fue la primera expedición marítima de los musulmanes. Por eso se adoptaron grandes precauciones.

De acuerdo con la decisión del consejo de la shura, el honorable Uthman (que Allah esté complacido con él) ordenó, en el año 27 de la hégira, emprender una expedición contra Qubrus atravesando el mar. El honorable Mu‘awiya (que Allah esté complacido con él) formó una armada. Incluyó en ella a numerosos compañeros de alto rango, como el honorable Abu Dharr al-Gifari (que Allah esté complacido con él), Abu ad-Darda (que Allah esté complacido con él) y Ubada ibn as-Samit (que Allah esté complacido con él).

Fue el día en que el Mensajero (que Allah le bendiga y le conceda paz) predijo que Umm Haram participaría en una batalla naval, y el día en que ella escuchó de boca del Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) estas palabras: (árabe***********) «El primer grupo de mi comunidad combatirá por vía marítima; se hará merecedor del Paraíso. Umm Haram, tú también estarás entre ellos». [Bujari: Al-Yihad; Hilyat al-Awliya wa Tabaqat al-Mashahir wa al-A‘lam, 2/61; Tarij Dimashq, 486 [Tarayim an-Nisa].

Desde aquel día, Hazrat Umm Haram (r.a.) aguardó una expedición naval como aquella. Después de mucho tiempo, se presentó la oportunidad. Salió a combatir por la causa de Dios junto con su esposo, Ubada ibn al-Samit (r.a.). Tras atravesar un mar agitado por las olas, el ejército musulmán desembarcó en Chipre, expulsó al ejército romano y allí izó la bandera del islam. En realidad, Chipre fue conquistada únicamente mediante un tratado de paz, sin combate.

Después de la conquista de Chipre, cuando el ejército se preparaba para regresar al continente, un día Umm Haram (r.a.) cayó mientras intentaba montar un animal de transporte. Sufrió heridas muy graves y falleció allí a causa de ellas. Fue enterrada en la tierra de la isla marítima de Chipre. [Sunan al-Tirmidhi, hadiz n.º 1645; Dala’il al-Nubuwwa, 2/712; Nasab Quraysh, 124-125]

Hisham ibn al-Ghaz dijo: «La tumba de Umm Haram bint Milhan está en Chipre». La población local suele decir: «Esta es la tumba de una mujer virtuosa». [Tarij Dimashq, 496 (Biografías de mujeres)] También dijo: «En el año 91 de la hégira vi su tumba en la costa del mar de Baqaquis y me detuve junto a ella». Aún hoy, allí se congregan multitudes de personas procedentes de numerosos continentes. [Nisa min asr an-Nubuwwa, 47]

Hazrat Umm Haram (r.a.) fue la primera mujer guerrera naval de la historia del islam. Fue la primera mujer de los Compañeros que, como miembro de la armada, atravesó el Mar Blanco con el propósito de combatir.

Transmisión de hadices

Hazrat Umm Haram (r.a.) transmitió hadices del Mensajero de Dios (s.a.w.). Se han transmitido de ella un total de cinco hadices. Muchos Compañeros y tabi‘in de alto rango transmitieron esos hadices. Entre ellos se encuentran Anas ibn Malik (r.a.), Amr ibn Aswad (r.a.), Ubada ibn al-Samit (r.a.), Ata ibn Yasar, Ya‘la ibn Shaddad ibn Aws (r.a.) y otras personalidades.

Dejó tres hijos: Qays, Abd Allah y Muhammad. Los dos primeros eran hijos de su primer esposo, y el último, de Ubada ibn al-Samit (r.a.). [Tabaqat, 8/318; al-Isaba, 4/442]

Fátima bint Qays al–Fihríyya ((r.a.))


El padre de Hazrat Fatima (que Allah esté complacido con ella) era Qays ibn Jálid y su madre, Umayma bint Rabi‘a. Su hermano era Dahhak ibn Qays. Fatima era diez años mayor que Dahhak. La madre de Fatima, Umayma, era hija de los Banu Kinana. Su primer matrimonio fue con Abu ‘Amr Hafs ibn Mughira. [Al-Isti‘ab-4/383 (nota marginal de Al-Isaba): Tabaqat-8/273] Abrazó el islam durante la primera etapa de la predicación islámica en La Meca y, cuando las mujeres comenzaron a emigrar de La Meca, ella también emigró. [Usd al-Gaba-5/526]

En el año 10 de la hégira, se envió hacia Yemen una expedición bajo el mando de Hazrat ‘Ali (que Allah esté complacido con él). El esposo de Fatima, Abu ‘Amr, también era miembro de esta expedición. ‘Amr ya había repudiado a Fatima dos veces; ahora, al partir de Medina, le comunicó el tercer repudio por medio de ‘Ayyash ibn Rabi‘a (que Allah esté complacido con él), el representante matrimonial de ambos. Junto con ello, también le envió cinco sa‘ de cebada y cinco sa‘ de dátiles como sustento. Cuando Fatima reclamó ante ‘Ayyash manutención y una vivienda donde residir, él dijo: «Tu esposo solo ha enviado estos dátiles y esta cebada. Fuera de eso, no tenemos nada más. Y lo que se te ha entregado es únicamente como gesto de benevolencia y solidaridad. De lo contrario, no tienes derecho a nada más de nosotros».

Fatima no pudo aceptar aquellas palabras de ‘Ayyash. Ató sus ropas y se presentó directamente ante el Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él). Jálid ibn al-Walid y algunas otras personas también estaban presentes. Fatima relató todo lo ocurrido. El Mensajero (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) preguntó: «¿Cuántas veces te ha repudiado Abu ‘Amr?». Ella respondió: «Tres veces». El Mensajero (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: «Entonces Abu ‘Amr ya no tiene la responsabilidad de proporcionarte comida y alojamiento. Ahora permanece con Shurayk y completa allí tu periodo de ‘idda». Pero en la casa de Umm Shurayk había familiares y allegados, por lo que volvió a decir: «Ibn Maktum es un hombre ciego y es tu primo paterno. Por eso, es mejor que completes tu ‘idda en su casa».

Hazrat Fatima comenzó a vivir en la casa de Ibn Maktum conforme a las instrucciones del Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él). Después de completar su periodo de ‘idda, comenzaron a llegarle propuestas de matrimonio de todas partes. Entre ellas estaban las propuestas de Mu‘awiya ibn Abi Sufyan, Abu Jahm y Usama ibn Zayd. Fatima (que Allah esté complacido con ella) consultó al Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) sobre estas propuestas. El Mensajero (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: «Mu‘awiya es un hombre sin recursos; no posee gran cosa, y Abu Jahm es una persona pendenciera y de carácter áspero. Usama ibn Zayd es mejor que ambos. Cásate con él». Fatima pensaba que el propio Mensajero (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) le concedería el honor de ser su esposa. Por ello, siguió dudando sobre casarse con Usama. Al ver su situación, el Mensajero (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) le dijo: «¿Qué objeción tienes a casarte con él? Obedece a Allah y a Su Mensajero (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él). En ello hay un bien para ti». Ante estas palabras del Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él), Fatima (que Allah esté complacido con ella) se casó con Usama ibn Zayd. Más tarde, Fatima (que Allah esté complacido con ella) solía decir: «Después de este matrimonio, me convertí en objeto de la envidia de la gente». [Sahih Muslim-1/483; Musnad-6/411-414; Tabaqat-8/274-275]

Después del fallecimiento del califa Hazrat ‘Umar (que Allah esté complacido con él), en el año 23 de la hégira, las sesiones del consejo de la shura se celebraban en la casa de Fatima (que Allah esté complacido con ella). [Al-Isti‘ab-4/383; Usd al-Gaba-5/527] En el año 54 de la hégira falleció su esposo, Usama (que Allah esté complacido con él). Quedó profundamente afligida por la separación de su esposo. Como viuda, pasó el resto de su vida en el hogar de su hermano Dahhak. Más tarde, cuando Yazid ibn Mu‘awiya (que Allah esté complacido con él), durante su califato, nombró a Dahhak ibn Qays gobernador de Irak, Fatima se trasladó a Kufa y siguió viviendo allí. [Usd al-Gaba-5/526] No se conoce con exactitud el año de su fallecimiento. Sin embargo, permaneció viva hasta el califato de ‘Abdullah ibn al-Zubayr (que Allah esté complacido con él). [Sahih Muslim-1/485]

Era una mujer hermosa. [Al-Isaba-4/384] Además, era una mujer íntegra, dotada de una inteligencia aguda, perspicacia, refinado gusto cultural y opiniones y pensamientos acertados. [Usd al-Gaba-5/526]

La hija de Hazrat Sa‘id ibn Zayd era la esposa de ‘Abdullah ibn ‘Amr ibn ‘Uthman. Fatima (que Allah esté complacido con ella) era la tía materna de la joven. ‘Abdullah repudió a su esposa tres veces. Fatima le pidió a la joven que fuera a vivir con ella. Cuando Marwan se enteró, envió a Qubaysa ante ella. Qubaysa se presentó ante Fatima y dijo: «¿Cómo puede usted sacar a una mujer de su casa antes de que complete su periodo de ‘idda?». Ella respondió: «Lo hago porque el Mensajero (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) me ordenó precisamente eso». Luego relató el episodio de su propia vida y, como respaldo, recitó el siguiente versículo del Corán. (Árabe**********) [Sura At-Talaq, versículos 1-2] Después de recitar hasta esa parte, dijo: «Hasta aquí se trata de la situación del talaq raj‘i, es decir, el repudio revocable. Inmediatamente después dice: (Árabe*********) “Cuando queráis repudiar a las mujeres, repudiadlas respetando su periodo de ‘idda y calculad la ‘idda. Temed a Allah, vuestro Señor. No las expulséis de sus casas, a menos que cometan una indecencia manifiesta. Y cuando estén próximas a concluir su periodo de ‘idda, retenedlas de manera apropiada o separaos de ellas de manera apropiada”».

Basándose en este último versículo, después de un triple repudio ya no queda ninguna posibilidad. Luego dijo: «Puesto que, según nosotros, en esta situación no corresponde proporcionar manutención a la esposa si no está embarazada, no tiene sentido seguir reteniéndola». [Sahih Bujari-9/421-422; Sahih Muslim, capítulo del talaq, hadiz n.º 1480; Abu Dawud, hadiz sobre el talaq n.º 2284; Tirmidhi, Nikah, hadiz n.º 1135; Muwatta del imam Malik-1/98; Musnad-6/415-416]

Fátima bint Qays (que Allah esté complacido con ella) narró varios hadices del Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz). Entre las personalidades más destacadas que escucharon estos hadices de ella y los transmitieron se encuentran: Qasim ibn Muhammad, Abu Bakr ibn Abu Jahm, Abu Salama, Sa‘id ibn al-Musayyib, Urwa, Abdullah ibn Abdullah, Aswad, Sulayman ibn Yasar, Abdullah al-Bahi, Muhammad ibn Abd al-Rahman ibn Zawban, Sha‘bi, Abd al-Rahman ibn Asim y Tamim. [Siyar A‘lam al-Nubala, 2/319; al-Isti‘ab, 4/383; Sahabiyyat, 180]

Fátima (que Allah esté complacido con ella) era una mujer sumamente refinada, distinguida y de modales afables. El célebre imam tabi‘í Sha‘bi fue discípulo suyo. En cierta ocasión, él fue a visitarla. Fátima (que Allah esté complacido con ella) le ofreció dátiles y le preparó una bebida de harina tostada disuelta en agua. [Sahih Muslim, 1/484]

Fátima bint Jattab ((que Allah esté complacido con ella))


El padre de Fátima (que Allah esté complacido con ella) fue al-Jattab ibn Nufayl, descendiente de la rama al-Adawi de la tribu qurayshita de La Meca. Su madre fue Hantama bint Hashim ibn al-Mughira, hija de la rama al-Majzumi de la tribu de Quraysh. [Ibn Sa‘d, Tabaqat, 8/267; al-Isaba, 4/370] La principal identidad de Fátima (que Allah esté complacido con ella) es que era hermana carnal de Umar ibn al-Jattab (que Allah esté complacido con él) y esposa de Sa‘id ibn Zayd (que Allah esté complacido con él). Su kunya era Umm Jamil. [Usd al-Gaba, 5/519; al-Isti‘ab, 4/370] Durante aquella primera etapa del islam en La Meca, antes de que el Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) se instalara en la casa de al-Arqam ibn Abi al-Arqam (que Allah esté complacido con él), Fátima (que Allah esté complacido con ella) y su esposo estuvieron entre los pocos hombres y mujeres que abrazaron el islam. [Tabaqat, 8/267; Nisa min Asr al-Nubuwwa, 462]

Fátima era una mujer sumamente inteligente y perspicaz, de carácter diáfano y corazón puro. Su fe era tan firme que no había en ella el menor espacio para la duda o la incertidumbre. Se ha narrado que, después de la señora Jadiya —que Allah esté complacido con ella—, las primeras mujeres en abrazar el islam fueron, respectivamente, Umm al-Fadl, esposa de Abbas ibn Abd al-Muttalib —que Allah esté complacido con él—; Asma, hija de Abu Bakr —que Allah esté complacido con él—; y Fátima, hija de Jattab —que Allah esté complacido con ella—. [As-Sirat al-Halabiyya, 1/445] Después de mencionar los nombres de ocho de los primeros conversos al islam en La Meca, Ibn Hisham habla de otros diez hombres y mujeres que abrazaron el islam, entre los cuales también figuran Sa‘id ibn Zayd y su esposa Fátima —que Allah esté complacido con ambos—. [Sira de Ibn Hisham, 1/252-254]

Los politeístas de Quraysh, en La Meca, sometían a los musulmanes a diversas formas de persecución. Umar ibn al-Jattab —que Allah esté complacido con él— también persiguió a su hermana Fátima —que Allah esté complacido con ella— por haber abrazado el islam. Asimismo, perseguía a los demás musulmanes. Sin embargo, su hermana Fátima despertó en él el arrepentimiento y lo condujo hacia el islam.

Fátima —que Allah esté complacido con ella— contrajo matrimonio, antes del surgimiento del islam, con Sa‘id ibn Zayd ibn Amr ibn Nufayl, de la tribu de Quraysh de La Meca. Sa‘id emigró a Medina y participó junto al Mensajero de Allah —que Allah le bendiga y le conceda paz— en todas las expediciones, incluida la de Badr. Fue uno de los diez afortunados a quienes el Mensajero de Allah —que Allah le bendiga y le conceda paz— anunció la buena nueva del Paraíso. Falleció en Medina en el año 51 de la Hégira. [Al-A‘lam, 3/146; Siyar a‘lam an-nubala, 1/124] Se ha narrado que ambos cónyuges abrazaron juntos el islam. También se ha narrado que Fátima se hizo musulmana antes que su esposo. [Al-Isti‘ab, nota marginal de Al-Isaba, 4/383]

La conversión de Fátima y Umar —que Allah esté complacido con ambos—

En fuentes antiguas fiables se han transmitido, a través de diversos relatos, detalles sobre la conversión de Umar (que Dios esté complacido con él) al islam. Aquí se presenta una síntesis de esos relatos.

Umar era famoso por su carácter áspero, su temperamento severo y su actitud de extrema hostilidad hacia el Mensajero de Dios (que Dios le bendiga y le conceda paz). Un día salió de su casa con una espada al hombro, decidido a matar al Mensajero de Dios (que Dios le bendiga y le conceda paz).

En el camino se encontró con Nu‘aym ibn ‘Abdullah an-Nahham. Este le preguntó: «¡Umar! ¿Adónde vas?». Umar respondió: «Voy a matar a Muhammad». Nu‘aym dijo: «Si matas a Muhammad, ¿acaso los Banu Hashim y los Banu Zuhra te dejarán en paz?». Umar respondió: «Parece que tú también has abandonado la religión de tus antepasados y te has convertido en un infiel». Nu‘aym dijo: «¡Umar! ¿Quieres que te diga algo sorprendente? Tu hermana y el esposo de tu hermana se han convertido al islam y han abandonado la religión que tú profesas». Al oír esto, Umar (que Dios esté complacido con él), enfurecido y agitado, se dirigió a la casa de su hermana y su cuñado. En ese momento, allí se encontraba Jabbab ibn al-Aratt (que Dios esté complacido con él), quien tenía consigo un escrito que contenía la sura Ta-Ha. Les estaba enseñando esta sura a ambos. Cuando percibieron la llegada de Umar (que Dios esté complacido con él), Jabbab (que Dios esté complacido con él) se escondió en un rincón de la casa y Fátima ocultó el escrito. Umar (que Dios esté complacido con él) había oído, al acercarse a la casa, que Jabbab les estaba enseñando el Corán. Por eso, apenas entró, preguntó: «¿Qué es ese murmullo que he oído aquí?». Ellos respondieron: «Estábamos conversando entre nosotros». Umar dijo: «Probablemente os habéis convertido en apóstatas. Me he enterado de que habéis seguido la religión de Muhammad». Su cuñado Sa‘id (que Dios esté complacido con él) dijo: «¡Umar! Si la verdad se encuentra fuera de tu propia religión, ¿qué harás?». Entonces Umar (que Dios esté complacido con él) no pudo contenerse. Se abalanzó sobre Sa‘id, lo golpeó con puñetazos hasta derribarlo al suelo y comenzó a pisotearlo con ambos pies. Fátima apartó a Umar, que estaba encima de su esposo. Pero Umar (que Dios esté complacido con él) golpeó a Fátima (que Dios esté complacido con ella) en el rostro con tal fuerza que se le cubrió de sangre. En ese estado, Fátima dijo: «¡Umar! La verdad se encuentra fuera de tu religión. Doy testimonio de que no hay más divinidad que Dios, y también doy testimonio de que Muhammad (que Dios le bendiga y le conceda paz) es el Mensajero de Dios. Ya he abrazado el islam, y ahora, por miedo a ti, no hay posibilidad de que lo abandone».

Al ver el rostro ensangrentado de su hermana, Umar (que Dios esté complacido con él) se quedó consternado. Se avergonzó y se arrepintió. Dijo: «Está bien, dadme un momento el escrito que estabais leyendo; quiero leerlo». Umar sabía leer y escribir. Su hermana deseaba profundamente que su hermano abrazara el islam. Ella le dijo: «Tú eres un hombre impuro, y nadie salvo los puros puede tocarlo. Levántate, báñate y vuelve». Umar se levantó como un muchacho obediente, se bañó y regresó. Luego tomó el escrito y leyó: «En el nombre de Dios, el Clemente, el Misericordioso». Después de leer esto, comentó: «¡Qué hermosos y puros son estos nombres!». Luego recitó desde el comienzo de la sura hasta este versículo: [Sura Ta-Ha, 20:14] «Yo soy Dios; no hay más divinidad que Yo. Adórame, pues, y establece la oración para recordarme».

Después exclamó lleno de alegría: «¡Estas son palabras sumamente extraordinarias y majestuosas! ¿Dónde está Muhammad? Llevadme ante él».

Al oír el llamado de Umar (que Dios esté complacido con él), Jabbab ibn al-Aratt (que Dios esté complacido con él) acudió corriendo. Le dijo a Umar: «¡Umar! ¡Buenas noticias para ti! Espero que la súplica que el Mensajero de Dios (que Dios le bendiga y le conceda paz) hizo el jueves pasado haya sido aceptada respecto a ti. La súplica fue: “¡Oh Dios! Fortalece el islam por medio de Umar ibn al-Jattab o de Abu Yahl ibn Hisham”». Jabbab (que Dios esté complacido con él) también le informó de que el Mensajero de Dios (que Dios le bendiga y le conceda paz) se encontraba entonces en la casa de al-Arqam, al pie del monte Safa.

A continuación, Umar (que Dios esté complacido con él) llegó a la casa de al-Arqam (que Dios esté complacido con él), cerca del monte Safa, y declaró su conversión al islam ante el Mensajero de Dios (que Dios le bendiga y le conceda paz). [Para conocer el relato detalladamente, véase: Sira de Ibn Hisham, 1/343-345; at-Tabaqat, 3/267-268; Usud al-Gaba, 4/52-53; Sifat as-Safwa, 1/269-271; A‘lam an-Nisa, 4/50; adh-Dhahabi, Tarij, 1/174-175]

Fátima (que Dios esté complacido con ella), aunque había sido golpeada por su propio hermano, se alegró enormemente de haber logrado llevarlo al islam. Cuando se ordenó emigrar de La Meca a Medina, Fátima y su esposo Sa‘id ibn Zayd (que Dios esté complacido con él) emigraron a Medina junto con los primeros emigrantes. [Al-Isti‘ab, 2/553] Allí participó, en la medida de sus posibilidades, junto con las demás mujeres musulmanas, en la construcción de la sociedad islámica.

Ibn al-Yawzi (que Allah tenga misericordia de él) dijo: Fátima (que Allah esté complacido con ella) narró hadices del Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él). Sin embargo, no se puede determinar cuántos fueron. No se encuentra ningún hadiz narrado por ella en las colecciones auténticas de hadices. [Nisa min Asr an-Nubuwwah-468] Ibn Hayar (que Allah tenga misericordia de él) narró este hadiz suyo. (Árabe****************)[Al-Isaba-4/381]

«Escuché al Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) decir: Mientras el amor por este mundo no se manifieste entre mi comunidad por medio de eruditos impíos, ignorantes y gobernantes tiránicos, permanecerán en el bien y la prosperidad. Pero cuando el amor por este mundo se manifieste entre ellos, temo que Allah haga extensivo sobre ellos el castigo.»

En la obra «Ad-Durr al-Manzur» se habla de su grandeza y dignidad de la siguiente manera: (Árabe*******) [Ad-Durr al-Manzur-364]

«Era una mujer elocuente, erudita e inteligente. Al morir, dejó cuatro hijos varones. Amaba el bien y la prosperidad, odiaba el mal y la desgracia, ordenaba hacer el bien y prohibía hacer el mal.»

Murió durante el califato de Umar (que Allah esté complacido con él). Al morir, dejó cuatro hijos varones. Ellos fueron: Abd Allah, Abd ar-Rahman, Azyad y Aswad. [Ibíd.]

Fátima bint al–Asad (que Allah esté complacido con ella)


Fue una noble sahabiyya que protegió y cuidó al Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) del mismo modo que el pecho de una persona protege su corazón y los párpados protegen sus ojos. Amaba al Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) como una madre afectuosa ama a su único hijo. Su nombre figura entre los de aquellas nobles mujeres cuyas contribuciones a la historia del período inicial del islam han quedado inscritas con letras de oro. Poseía gran grandeza y dignidad. Tras la muerte de Abd al-Muttalib, el abuelo de nuestro amado Profeta Muhammad (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él), tuvo el honor de criarlo. Fue la orgullosa madre de Ali ibn Abi Talib (que Allah esté complacido con él), el cuarto califa del islam y uno de los más destacados y valientes sahabas, célebre jinete y guerrero del Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él). Fue la abuela de Hasan y Husayn (que Allah esté complacido con ambos), los dos líderes de los jóvenes del Paraíso. Fue la madre de Yafar at-Tayyar (que Allah esté complacido con él), uno de los tres mártires de la gran batalla de Mu’tah. Sobre todo, fue la suegra de Fátima az-Zahra (que Allah esté complacido con ella), la amada hija del Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) y madre de Hasan y Husayn (que Allah esté complacido con ambos). El imán Shams ad-Din adh-Dhahabi (que Allah tenga misericordia de él) la describió así: (Árabe*************) [Siyar A’lam an-Nubala-2/118]

El nombre del padre de Fátima era Asad. Su abuelo era Hashim y su bisabuelo Abd Manaf ibn Qusayy. Era una mujer de la rama hachemí de la tribu de Quraysh y la madre de Ali ibn Abi Talib. Su linaje se unía al del Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) a través de su abuelo Hashim. Abd al-Muttalib, el abuelo del Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él), era para ella, por un lado, su suegro y, por otro, su tío. Fue una de las mujeres que emigraron de La Meca a Medina durante el período inicial.

Cuando ʿAbd al-Muttalib, el abuelo del Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él), comprendió que el ocaso de su vida se acercaba, llamó a su hijo Abu Talib y le encomendó la crianza de su sobrino huérfano, Muhammad ibn ʿAbdullah. Deseaba que su nieto huérfano creciera bajo la supervisión directa de Abu Talib y de su esposa, Fatima bint Asad. Les instó a cuidar especialmente de Muhammad. Desde entonces, el joven Muhammad pasó a formar parte del hogar de sus tíos, Abu Talib y Fatima (que Allah esté complacido con ella). Fatima se dedicó, junto con su esposo, a cuidar y criar a Muhammad. Después de que el joven Muhammad se integrara en su familia, ella observó que, cuando sus hijos comían con Muhammad, había una gran bendición en sus alimentos. Abu Talib tenía muchos hijos y era un hombre muy pobre. La comida que se preparaba para su familia en cada comida no bastaba para llenar el estómago de todos, ya fuera que comieran juntos o por separado. Pero cuando Muhammad comía con ellos, todos quedaban satisfechos. Por eso, cuando sus hijos se sentaban a comer, Abu Talib decía: «Esperad un poco, que venga mi hijo Muhammad». Él venía, comía con ellos y la comida sobraba. Si él bebía primero de una copa de leche, todos quedaban satisfechos, aunque cualquiera de ellos pudiera haber terminado por sí solo la copa llena. Por eso Abu Talib le decía: «Eres un muchacho de gran bendición».

Por lo general, los niños y adolescentes están despeinados y cubiertos de polvo, pero Muhammad (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) siempre se mantenía aseado, arreglado y perfumado con aceite y kohl. [Sira de Ibn Hisham, 1/120] Fatima bint Asad observaba todo esto, y su cariño y afecto por Muhammad (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) aumentaban aún más. Se preocupaba todavía más por él. Así lo crió desde la infancia hasta la juventud, es decir, hasta antes de su matrimonio con Jadiya (que Allah esté complacido con ella), prodigándole más cariño y afecto que a sus propios hijos. Lo protegía como si lo ocultara bajo el borde de su manto frente a todo mal y desgracia. Por eso, durante toda su vida, el Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) vio en su tía Fatima bint Asad el reflejo de su propia madre, Amina bint Wahb. La consideraba su segunda madre después de su madre biológica.

La honorable Fatima bint Asad (que Allah esté complacido con ella) escuchaba atentamente todo lo que la gente decía sobre Muhammad (la paz y las bendiciones de Allah sean con él), especialmente lo que su esposo Abu Talib solía decir: [La Sira al-Halabiyya, 1/189; Mujeres anunciadas con el Paraíso, 41] «Mi sobrino llegará a ser un hombre de gran honor». También oyó de labios de su esposo el relato de los acontecimientos extraordinarios que habían ocurrido en torno al joven Muhammad (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) durante su viaje a Siria. Asimismo, escuchó el relato de Maisara, el esclavo de Jadiya, sobre lo que había presenciado durante su viaje a Siria con el joven Muhammad (la paz y las bendiciones de Allah sean con él). Todo cuanto ella misma había observado en Muhammad (la paz y las bendiciones de Allah sean con él), y todo lo que había oído de otros acerca de él, la impresionó y fascinó tanto que no dudó ni por un instante en poner bajo su cuidado a Ali, la niña de sus ojos.

Ella había visto muy de cerca en Muhammad (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) la imagen de un padre afectuoso. Había observado el extraordinario interés y entusiasmo de Muhammad por Ali desde el nacimiento de este. Se ha transmitido que ella decía: «Después del nacimiento de Ali, Muhammad tomó un poco de saliva de su propia boca y se la puso en la boca. Luego se quedó dormido mientras lamía su lengua. A la mañana siguiente, enviamos a buscar una nodriza para Ali, pero no aceptó el pecho de ninguna mujer. Llamé a Muhammad, y él le puso un poco de leche en la lengua. Ali se quedó dormido mientras la lamía. Así continuó durante el tiempo que Allah quiso. [La Sira al-Halabiyya, 1/432; obra citada anteriormente] Al ver y escuchar todo esto, el cariño, el afecto, la veneración y el respeto de Fatima bint Asad por Muhammad aumentaban día tras día. Instó a su hijo Ali a convertirse en compañero constante de Muhammad (la paz y las bendiciones de Allah sean con él).

Al principio, cuando el Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) rezaba en el recinto de la Kaaba, los qurayshíes no le daban mucha importancia. Más tarde, cuando comenzó a hacerlo regularmente, Ali y Zayd lo vigilaban. Después llegó el momento en que ambos permanecían continuamente con el Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) cada vez que salía de casa. Un día, Ali (que Allah esté complacido con él) salió de casa con el Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él), y Abu Talib no lo encontró cuando lo llamó. Fatima, la madre de Ali, dijo: «Lo vi irse con Muhammad». Abu Talib los buscó hasta encontrarlos en el desfiladero de Abu Talib. Muhammad (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) estaba de pie en oración, mientras Ali (que Allah esté complacido con él) lo vigilaba. [Ansab al-Ashraf, 1/111]

Muhammad (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) recibió la profecía y la orden de invitar al islam a su propia tribu, así como a sus parientes y amigos. Allah reveló: [Sura ash-Shuʿara, 214] «Advierte a tus parientes más cercanos».

El Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) cumplió la orden de su Señor. Invitó a sus parientes cercanos al bien de este mundo y del Más Allá. Los exhortó a creer en Allah y en Su Mensajero. Entre las pocas mujeres que creyeron en Allah y en Su Mensajero y se hicieron musulmanas en aquella primera etapa del islam, Fatima bint Asad fue una de las primeras. Aquel día, aunque su esposo Abu Talib no pudo responder a la invitación de su sobrino Muhammad (la paz y las bendiciones de Allah sean con él), su hijo adolescente Ali (que Allah esté complacido con él) creyó en Allah y en Su Mensajero.

A partir de aquí comenzó la segunda etapa de la vida de esta noble compañera, Fatima bint Asad (que Allah esté complacido con ella). Los qurayshíes se lanzaron con todas sus fuerzas contra Muhammad y su religión, el islam. Entraron en conflicto con los Banu Hashim. Cuando vieron que Abu Talib y su esposa apoyaban y protegían a Muhammad (la paz y las bendiciones de Allah sean con él), exigieron que se lo entregaran. Pero el tío y la tía permanecieron firmes al lado de su sobrino Muhammad (la paz y las bendiciones de Allah sean con él). No se doblegaron ante ninguna presión. Rechazaron firmemente la demanda de entregarles a Muhammad (la paz y las bendiciones de Allah sean con él). Por ello, se volvieron vengativos contra quienes habían creído y se habían convertido en seguidores de Muhammad (la paz y las bendiciones de Allah sean con él).

Cuando el Profeta (saw) vio que los qurayshíes estaban excediéndose en la persecución y opresión de sus seguidores, les permitió emigrar a Abisinia. Entre el grupo de musulmanes que emigró primero a Abisinia para escapar de la persecución de los qurayshíes se encontraban Ya‘far ibn Abi Talib (ra), el querido hijo de Fátima bint Asad, y su esposa Asma bint Umais (ra). Al emprender el viaje, este hijo de Fátima (ra) se parecía al Noble Profeta (saw) en su apariencia, modales y carácter. Las cinco personas de Quraysh a quienes la gente consideraba semejantes al Mensajero de Allah (saw) eran: Ya‘far ibn Abi Talib, Qutham ibn al-Abbas, as-Sa’ib ibn Ubayd ibn Abd Yazid ibn Hashim ibn Abd al-Muttalib, Abu Sufyan ibn al-Harith ibn Abd al-Muttalib y al-Hasan ibn Ali ibn Abi Talib (ra). [Nisa’un Mubashsharat bil-Yannah, p. 42]

Cuando los qurayshíes vieron que el asunto se les escapaba poco a poco de las manos, decidieron mantener confinados en el valle de Shi‘ab Abi Talib a todos los hombres, mujeres, niños, jóvenes y ancianos de Banu Hashim y Banu Abd al-Muttalib. Fátima bint Asad (ra) aceptó este bloqueo junto con las demás mujeres, buscando la complacencia de Allah. Durante aquellos tres años de vida confinada, también afrontó, junto con los demás, un hambre y una inanición extremas, y apenas logró sobrevivir comiendo hojas de los árboles. Finalmente, después de tres años, en el décimo año de la profecía, levantaron el bloqueo. Fátima (ra) regresó a la libertad junto con los demás musulmanes. Durante aquellos tres años, las mujeres demostraron una paciencia y una resistencia extraordinarias.

Tras quedar libres de Shi‘ab Abi Talib, en el décimo año de la profecía fallecieron, con apenas unos días de diferencia, dos personas muy queridas por el Mensajero de Allah (saw). Primero partió de este mundo su amada esposa, la Madre de los Creyentes Jadiya bint Juwaylid (ra), y después su tío Abu Talib. Hasta entonces, ambos habían sido como un escudo en la vida del Mensajero de Allah (saw). Ahora, en ausencia de los dos, los opresores qurayshíes comenzaron a intensificar aún más la persecución y el maltrato contra el Profeta (saw) y sus seguidores. Finalmente, Allah Altísimo permitió al Noble Profeta (saw) y a los musulmanes emigrar a Medina.

El Mensajero (saw) y sus compañeros emigraron a Medina. Fátima bint Asad (ra) también abandonó La Meca junto con los demás y se dirigió a Medina. Az-Zubayr ibn Bakkar dijo lo siguiente acerca de su islam y su emigración: (árabe*****************) [Al-Isti‘ab, 4/370] «Aceptó el islam y emigró hacia Allah y Su Mensajero».

Su posición y mérito

El destacado imam de los tabi‘íes, ash-Sha‘bi (rah), dijo lo siguiente acerca de su islam y su emigración: (árabe*****************) [Usd al-Gabah, n.º 7168; Al-Isabah, 4/380] «Fátima bint Asad ibn Hashim, madre de Ali ibn Abi Talib (ra), aceptó el islam y emigró a Medina».

Acerca de la posición y la importancia de Fátima bint Asad (ra) ante el Mensajero de Allah (saw), Ibn Sa‘d dijo: (árabe***********) [At-Tabaqat, 8/222; Sifat as-Safwah, 2/54; Al-Isabah, 4/380] «Fátima bint Asad aceptó el islam. Era una mujer virtuosa. El Mensajero de Allah (saw) iba a visitarla y descansaba al mediodía en su casa».

Debido a su sinceridad y piedad, el Mensajero (saw) sentía por ella una veneración y un respeto extraordinarios. En reciprocidad por haberlo criado, enseñarle modales y conducta, y tratarlo bondadosamente, el Mensajero (saw) siempre la trataba también con bondad. La hija del Mensajero de Allah, Fátima (ra), se casó con su hijo Ali (ra). Entonces ella demostró ser una madre afectuosa y una suegra ejemplar. Su vida no era una vida de riqueza y opulencia; tenían que realizar por sí mismos todas las tareas. Después de que Ali (ra) llevó a casa a Fátima (ra), hija del Profeta, le dijo a su madre: «Yo ayudaré a Fátima bint Rasulullah a traer agua y a desplazarse cuando sea necesario, y usted la ayudará con las tareas domésticas, a moler el trigo y a amasar la harina». [Sifat as-Safwah, 2/54; Adh-Dhahabi, Tarikh al-Islam, 3/621; Usd al-Gabah, 5/517]

Debido al extraordinario afecto y respeto que el Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) sentía por Fátima bint Asad, de vez en cuando le enviaba diversos regalos y obsequios. Ya‘da ibn Hubayra narró de Ali. Dijo: «En una ocasión, el Mensajero (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) nos envió dos piezas de tela nueva de excelente calidad. También envió el siguiente mensaje: “Convertid estas dos piezas en telas para niqab y repartidlas entre las Fátimas”. Corté la tela en cuatro partes. Entregué una pieza a Fátima bint Rasulullah, otra a Fátima bint Asad y otra a Fátima bint Hamza (que Allah esté complacido con ellos). Sin embargo, no dijo a quién entregó la cuarta pieza». Ibn Hayar (que Allah tenga misericordia de él) dijo que probablemente la cuarta pieza se la entregó a Fátima bint Shayba, esposa de Aqil ibn Abi Talib. (Usd al-Gaba, 5/517; Al-Isaba, 4/380). Cabe señalar que hubo veinticuatro mujeres de los Compañeros llamadas Fátima. (Nisa’un min Asr an-Nubuwwa, p. 22; Nisa’un Mubashsharat bil-Yanna, p. 44)

Ibn al-Azir dijo que Fátima bint Asad fue la primera mujer hachemí que dio a luz a un descendiente de linaje hachemí. (Al-Istiab, 2/774; Siyar A‘lam an-Nubala, 2/118). Fue la primera hachemí de cuyo vientre nació un califa. Después, del vientre de Fátima, hija del Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él), nació al-Hasan ibn Ali (que Allah esté complacido con él). Más tarde, del vientre de Zubayda, esposa del califa Harun ar-Rashid, nació el califa al-Amin. (Nisa’un Mubashsharat bil-Yanna, p. 45)

Fátima bint Asad (que Allah esté complacido con ella) también ocupaba un lugar honorable en el corazón de los nobles Compañeros, especialmente entre los poetas de los Compañeros. Después de que Ya‘far ibn Abi Talib (que Allah esté complacido con él) muriera como mártir en Mu’ta, el poeta Hassan ibn Zabit (que Allah esté complacido con él) compuso un poema en su memoria, en el que también elogió grandemente a su madre Fátima. (Sira de Ibn Hisham, 2/151)

Del mismo modo, el poeta al-Hayyay ibn Ilat as-Sulami también elogió a su madre al ensalzar la valentía y el heroísmo de Ali (que Allah esté complacido con él) en la batalla de Uhud. (Al-Bidaya wa an-Nihaya, 7/336; Nisa’un Mubashsharat bil-Yanna, p. 45)

Muchos creen que ella murió antes de la Hégira. Sin embargo, eso no es correcto. El imán as-Samhudi (que Allah tenga misericordia de él) mencionó en su obra Al-Wafa bi Ajbar Dar al-Mustafa que ella murió en Medina y fue enterrada en el cementerio de ar-Rawha. (Al-Isaba, 4/380)

Fátima bint Asad (que Allah esté complacido con ella) ocupaba un lugar especialmente honorable en el corazón del Noble Profeta (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él). Por eso, incluso después de su muerte, el Mensajero (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) no olvidó mostrarle respeto. La amortajó con su propia túnica, descendió a su tumba, se acostó a su lado y la elogió mencionando sus buenas obras. (Usd al-Gaba, 5/517). As-Samhudi mencionó que el Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) no descendió a ninguna tumba salvo a cinco. De esas cinco, tres pertenecían a mujeres y dos a hombres; una estaba en La Meca y cuatro en Medina. Las de Medina eran: 1. La tumba del hijo de Jadiya (que Allah esté complacido con ella), quien había estado en la casa y bajo el cuidado del Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él). 2. La tumba de Abdullah al-Muzani (que Allah esté complacido con él), conocido como «Dhu al-Biyadayn» (el poseedor de dos mantos). 3. La tumba de Umm Ruman (que Allah esté complacido con ella), madre de Aisha (que Allah esté complacido con ella), Madre de los Creyentes. 4. La tumba de Fátima bint Asad (que Allah esté complacido con ella). (Wafa al-Wafa, 3/897; Nisa’un min Asr an-Nubuwwa, p. 23)

La muerte de Fátima bint Asad (que Allah esté complacido con ella) dejó una profunda huella de dolor en el Mensajero (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) y en los Compañeros. El Mensajero (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) suplicó por ella, la elogió y la amortajó con su propia túnica. Yabir ibn Abdullah (que Allah esté complacido con él) dijo: «Estábamos sentados con el Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) cuando llegó alguien y dijo: “¡Oh, Mensajero de Allah! La madre de Ali, Ya‘far y Aqil ha muerto”. El Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: “Id todos con mi madre”. Nos levantamos y caminamos en tal silencio que parecía que cada uno llevaba un pájaro posado sobre la cabeza. Cuando llegamos a la puerta de la casa, el Mensajero (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) se quitó la túnica que llevaba puesta, se la entregó a los familiares y dijo: “Cuando terminéis de lavarla, colocad esta túnica debajo de su mortaja”».

Cuando la gente sacó el cuerpo para enterrarlo, el Mensajero (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) cargó el féretro sobre su hombro durante un momento, luego caminó delante de él y después detrás, hasta llegar a la tumba. Entonces descendió a la tumba, se revolcó en ella y volvió a salir. Después dijo: «En el nombre de Allah y sobre el nombre de Allah, depositadla en la tumba». Una vez concluido el entierro, se puso de pie y dijo: «¡Mi madre y mi cuidadora! ¡Que Allah le dé una buena recompensa! Fue una madre extraordinaria para mí y una cuidadora extraordinaria». Yabir dijo: «Le dijimos: “¡Oh, Mensajero de Allah! Aquí has hecho dos cosas que nunca te habíamos visto hacer”. Él preguntó: “¿Cuáles son esas dos cosas?”. Dijimos: “Quitarte la túnica y revolcarte en la tumba”. Dijo: “En cuanto a la túnica, quise que el fuego del Infierno nunca la tocara, si Allah quiere. Y en cuanto a que me revolqué en la tumba, quise que Allah ensanchara su tumba”. (Kanz al-Ummal, 13/636; Siyar A‘lam an-Nubala, 2/118)

En otra narración se relata que el Profeta (s. a. s.) se tendió boca arriba en la tumba de Fátima bint Asad. Luego recitó esta súplica: (en árabe****************) «Oh Allah, Tú que das la vida y la muerte; Tú eres el Viviente que nunca muere. Perdona a mi madre, Fátima bint Asad, y enséñale sus argumentos. Haz amplia su tumba basándote en Tu Profeta y en las súplicas de los profetas que me precedieron. Tú eres el más misericordioso de los misericordiosos».

Luego pronunció cuatro takbires. El Mensajero (s. a. s.), al-‘Abbás y Abū Bakr as-Siddīq (que Allah esté complacido con él) bajaron el cadáver a la tumba. [Nisā’ Mubashsharāt bil-Yannah, p. 47]

El venerable ‘Abdullah ibn ‘Abbās (que Allah esté complacido con él) dijo: «Cuando falleció Fátima, la madre de ‘Alī (que Allah esté complacido con él), el Profeta (s. a. s.) la vistió con una de sus propias camisas y se tendió junto a ella. La gente dijo: “¡Oh Mensajero de Allah (s. a. s.)! Nunca antes te habíamos visto hacer algo así”. Él respondió: “Después de Abū Tālib, nadie me trató con mayor bondad que ella. Le puse mi camisa para que fuera vestida con una vestidura del Paraíso, y me tendí junto a ella para que se le facilitara [el asunto]». [A‘lām an-Nisā’, 4/33; Siyar A‘lām an-Nubalā’, 2/118]

De esta narración se entiende que Fátima bint Asad (que Allah esté complacido con ella) ciertamente entrará en el Paraíso. El imán al-Qurtubī dijo que Allah, el Altísimo, concedió a Su Profeta Muhammad (s. a. s.) la particularidad de que no sufriría la presión de la tumba. Puesto que él se tendió en la tumba de Fátima bint Asad, gracias a su bendición Fátima (que Allah esté complacido con ella) quedó protegida de la presión de la tumba. [As-Sīrat al-Ḥalabiyya, 2/673]

Anas ibn Mālik (que Allah esté complacido con él) dijo: «Cuando falleció Fátima bint Asad (que Allah esté complacido con ella), la madre de ‘Alī (que Allah esté complacido con él), el Mensajero (s. a. s.) fue a su casa y, de pie junto a su cabeza, comenzó a decir: “¡Oh, madre mía! Que Allah tenga misericordia de ti. Después de mi madre, tú saciabas mi hambre mientras tú misma pasabas hambre; me vestías sin tener ropa para ti y me dabas de comer cosas buenas sin comerlas tú misma. Con ello esperabas obtener la complacencia de Allah y la recompensa de la Otra Vida”». [Majma‘ az-Zawā’id, 9/256; Nisā’ Mubashsharāt bil-Yannah, p. 48]

El noble Mensajero de Allah (s. a. s.) era una persona tan magnánima que jamás olvidaba que alguien le mostrara siquiera una pequeña bondad o favor. Siempre expresaba su gratitud hacia esa persona con palabras y obras. Entonces, ¿cómo habría de olvidar a Fátima bint Asad (que Allah esté complacido con ella), quien desempeñó el papel de madre en la vida del Profeta (s. a. s.), emigró por Allah y Su Mensajero y pasó toda su vida preocupándose por el bienestar del Mensajero? Él la trató como era debido.

Se han transmitido cuarenta y seis (46) hadices de Fátima bint Asad (que Allah esté complacido con ella), procedentes del Mensajero de Allah (s. a. s.). Uno de ellos es muttafaq ‘alayh (transmitido con la misma cadena en al-Bujārī y Muslim). [A‘lām an-Nisā’, 4/33]

Sus hijos varones fueron: Tālib, ‘Aqīl, Ja‘far y ‘Alī (que Allah esté complacido con ellos); y sus hijas fueron: Hammād y Rīṭa. [aṭ-Ṭabaqāt, 8/161]

Sumayya bint Khubbat (que Allah esté complacido con ella)


La venerable Sumayya, la primera mártir del islam, fue una mujer sahabiyya. No se conoce mucho acerca de su linaje. Ibn Sa‘d dijo que el nombre de su padre era «Khubbat» [Tabaqat, 8/267], pero al-Baladhuri dijo «Hayyat». [Ansab al-Ashraf, 1/157] Era la madre del célebre sahabí mártir ‘Ammar ibn Yasir, y esclava de Abu Hudhayfa ibn al-Mughira al-Makhzumi, de La Meca. [Tabaqat, 8/268]

Al-Waqidi y un grupo de genealogistas dijeron que Yasir, el padre del venerable ‘Ammar, era descendiente de la rama ‘Ansi de la tribu de Madhhaj, en Yemen. Sin embargo, su hijo ‘Ammar era un esclavo liberado de los Banu Makhzum de La Meca. Yasir llegó a La Meca acompañado de sus dos hermanos, al-Harith y Malik, en busca de su cuarto hermano, que había desaparecido. Al-Harith y Malik regresaron a su patria, Yemen, pero Yasir permaneció en La Meca. Conforme a la costumbre de La Meca, se estableció allí bajo un pacto de alianza con Abu Hudhayfa ibn al-Mughira al-Makhzumi. Abu Hudhayfa casó a su esclava Sumayya con Yasir, y de ellos nació ‘Ammar. Abu Hudhayfa liberó a ‘Ammar de la esclavitud y lo mantuvo consigo. Mientras Abu Hudhayfa vivió, ‘Ammar permaneció con él. [Sira de Ibn Hisham, 1/261; nota 4; Ansab al-Ashraf, 1/157] Cabe señalar que este Abu Hudhayfa era tío del infame Abu Yahl. [Al-A‘lam, 3/140] Cuando la venerable Sumayya ya se había debilitado por la vejez, comenzó la predicación islámica en La Meca. Ella aceptó el islam en secreto desde los primeros tiempos, junto con su esposo Yasir y su hijo ‘Ammar. Al cabo de unos días lo proclamaron públicamente. En La Meca no tenían familiares ni amigos que pudieran protegerlos de la crueldad de los qurayshíes. Por eso, estos no escatimaron esfuerzos para someterlos a una persecución desmedida.

El imán Ahmad e Ibn Maya narraron que ‘Abdullah ibn Mas‘ud dijo: «Los primeros que proclamaron el islam fueron siete: el Mensajero de Allah, Abu Bakr, ‘Ammar, la madre de ‘Ammar, Sumayya, Suhayb, Bilal y al-Miqdad, que Allah esté complacido con ellos. Allah protegió al Mensajero de Allah por medio de su tío, y a Abu Bakr por medio de su clan. En cuanto a los demás, los politeístas los hacían permanecer de pie bajo el intenso sol, vestidos con armaduras de hierro». [Al-Bidaya, 3/28; Kanz al-‘Ummal, 7/14; Al-Isaba, 4/335; Hayat al-Sahaba, 1/288]

Yabir dijo: «Un día, mientras los politeístas torturaban a ‘Ammar y a su familia, el Mensajero de Allah pasaba por aquel camino. Al ver su situación, dijo: “¡Oh, familia de Yasir! ¡Recibid la buena nueva! Tenéis prometido el Paraíso”». [Hayat al-Sahaba, 1/291]

‘Abdullah ibn Ya‘far dijo: «Al verlos en aquella situación de desamparo, el Mensajero dijo: “¡Oh, familia de Yasir! Tened paciencia. El Paraíso os está destinado”». [Sira de Ibn Hisham, 1/320; Ansab al-Ashraf, 1/160; Hayat al-Sahaba, 1/291] En la narración de Ibn ‘Abbas también se menciona que Abu Yahl mató a Sumayya atravesándola con una lanza. Yasir murió a causa de las torturas y los tormentos, y ‘Abdullah ibn Yasir fue alcanzado por una flecha y murió a consecuencia de ello.

‘Uthman dijo: «Un día caminaba con el Mensajero de Allah por el valle de al-Batha‘. Entonces vi que el padre de ‘Ammar, al ver al Mensajero, exclamó: “¡Oh, Mensajero de Allah! ¿Es así el curso del tiempo?”. El Mensajero dijo: “¡Oh, familia de Yasir! Tened paciencia. ¡Oh Allah! Perdona a la familia de Yasir”». [Tabaqat, 3/177; Kanz al-‘Ummal, 7/72]

Después de sufrir el castigo durante todo el día, quedaban libres al anochecer. Tras padecer el castigo, un día la venerable Sumayya regresó a casa al atardecer, como de costumbre. El despiadado Abu Yahl comenzó a insultarla con lenguaje obsceno. En cierto momento, su bestialidad traspasó todos los límites. Arrojó una lanza contra Sumayya, que se clavó en sus genitales, y a causa de ello murió como mártir. [Tabaqat, 8/265; Al-Bidaya, 3/59; Sifat al-Safwa, 2/32] Innā lillāhi wa innā ilayhi rāji‘ūn.

El dolor de ‘Ammar no tuvo fin ante la muerte tan impotente de su madre. Fue ante el Mensajero de Allah (sa) y dijo: «¡Oh, Mensajero de Allah! Ahora la opresión y la tiranía han llegado a límites insoportables». El Mensajero (sa) le aconsejó tener paciencia. Luego dijo: «¡Oh, Allah! No castigues con el fuego del Infierno a ninguno de los miembros de la familia de Yasir». [Sira de Ibn Hisham-1/319; nota-5]

El martirio de Sumayya (ra) tuvo lugar antes de la hégira. Por ello, ella fue la primera mártir del islam. El honorable Muyahid (rah) dijo: «La primera mártir del islam fue Sumayya, la madre de ‘Ammar». [Tabaqat-8/265; Al-Bidaya-3/59; Sifat as-Safwa-2/32]

Cuando el miserable Abu Yahl murió en la batalla de Badr, el Mensajero (sa) le dijo a ‘Ammar: «Allah ha matado al asesino de tu madre». [Al-Isaba-4/335] El martirio de Sumayya (ra) tuvo lugar en el año 615 d. C. [Al-A‘lam-3/140]

Ummu Umar ((ra))


Fue una mujer ansarí de Medina. Es conocida en la historia por el sobrenombre de Ummu Umar. Su nombre era Nusayba. Su padre se llamaba Ka‘ab ibn ‘Amr. Era hija de la rama Nayyar de la famosa tribu medinense de los Jazray. [Siyar A‘lam an-Nubala-2/278] Nació en Medina aproximadamente cuarenta años antes de la hégira del Mensajero de Allah (sa) a Medina. [Sahabiyyat-204] Era hermana del célebre compañero de Badr, ‘Abdullah ibn Ka‘ab al-Mazini. [Siyar A‘lam an-Nubala-2/278]

El primer matrimonio de Ummu Umara fue con Zayd ibn ‘Asim ibn ‘Amr. Este Zayd era su primo paterno. Después de su muerte, contrajo un segundo matrimonio con Gaziyya ibn ‘Amr. Tuvo en total cuatro hijos: ‘Abdullah y Habib de su primer matrimonio, y Tamim y Jawla del segundo. [Tabaqat-8/412; Al-Isaba-4/479]

En los primeros tiempos del islam, el Noble Mensajero de Allah (sa) continuaba invitando al islam en La Meca y sus alrededores, y cada día se enfrentaba a una resistencia más severa. Aunque a veces sentía desesperanza y angustia en su corazón, proseguía su labor de predicación con plena confianza en la misericordia, la ayuda y el apoyo de Allah. En ese contexto de la vida mequí del Mensajero de Allah (sa), seis hombres de Yathrib llegaron a La Meca, se encontraron con el Mensajero de Allah (sa), escucharon sus palabras, aceptaron el islam y regresaron a Yathrib. Al año siguiente, durante la temporada del hajj, viajaron a La Meca acompañados por otros seis hombres, se reunieron secretamente con el Mensajero de Allah (sa) y le prestaron juramento de fidelidad. Esto se conoce como el Primer Juramento de ‘Aqaba. Con el objetivo de propagar y extender el islam en Yathrib, es decir, Medina, y a petición de ellos, el Mensajero (sa) envió con ellos a Medina, como predicador, a Mus‘ab ibn ‘Umayr (ra). Durante el año siguiente, este pequeño grupo se dedicó ampliamente a predicar el islam en Medina. Trabajaron con tanta sinceridad que, en apenas un año, la invitación al islam llegó a todos los hogares de Medina. Durante ese período, muchos grandes líderes de Medina y hombres y mujeres de familias nobles aceptaron la invitación al islam. Como resultado, en la siguiente temporada del hajj, Mus‘ab viajó a La Meca con un gran grupo de setenta y tres personas —según otra narración, setenta y cinco— y se reunió secretamente con el Mensajero de Allah (sa) en ‘Aqaba. Allí tuvo lugar el Segundo Juramento de ‘Aqaba. Entre los hombres y mujeres de Medina que aceptaron el islam gracias a la predicación de nuestro señor Mus‘ab antes de la hégira del Mensajero de Allah (sa) a Medina se encontraba Ummu Umara (ra). No solo ella, sino todo su clan aceptó el islam durante ese período. Así, fue una de las primeras mujeres musulmanas ansaríes. [Sahabiyyat-204]

Uno de los acontecimientos más importantes de la vida de Ummu Umara fue su participación en el Juramento de ‘Aqaba. Setenta y cinco musulmanes participaron en el Segundo Juramento de ‘Aqaba. Entre ellos había dos mujeres. Una de ellas era Ummu Umara (ra); la otra era Ummu Mani (ra). [Sira de Ibn Hisham-1/441] Al finalizar el juramento de los hombres, el esposo de Ummu Umara, el honorable Gaziyya ibn ‘Amr, llamó a las dos mujeres, las presentó ante el Mensajero de Allah (sa) y dijo: «¡Oh, Mensajero de Allah! Estas dos mujeres también han venido con nosotros para prestar el juramento». Él respondió: «Acepto su juramento sobre el mismo compromiso por el cual acepté vuestro juramento. No es necesario estrechar la mano. Yo no estrecho la mano de las mujeres». [Ansab al-Ashraf-1/250; Al-Isaba-4/479; Sira de Ibn Hisham-1/466]

La batalla de Uhud tuvo lugar en el segundo año de la Hégira. Ummu Umara (que Allah esté complacido con ella) participó en ella. En esta batalla fueron martirizados numerosos musulmanes, entre ellos el honorable tío paterno del Mensajero de Allah, Hamza (que Allah esté complacido con él). Al-Waqidi dijo: [Siyar A‘lam an-Nubala, 2/278] Ummu Umara participó en Uhud junto con su esposo, Ghaziyya ibn Amr, y sus dos hijos de su primer matrimonio, Abd Allah y Habib [en algunas narraciones, en lugar de Habib aparece «Jubayb»]. En realidad, había ido con un odre viejo con la intención de dar agua a los combatientes. Sin embargo, en cierto momento se vio envuelta directamente en el combate. Demostró una extraordinaria estrategia de guerra. Su cuerpo quedó cubierto de heridas por doce golpes del enemigo, o, según otra versión, por trece. [Tabaqat, 8/412; Siyar A‘lam an-Nubala, 2/279] En algunas narraciones se menciona que en esta batalla hirió con flechas y lanzas a doce soldados politeístas. [Ansab al-Ashraf, 1/325]

En cierto momento de la batalla de Uhud, el contraataque del ejército enemigo quebró la moral del ejército musulmán. Salvo unos pocos muyahidines intrépidos, todos abandonaron al Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) y se dispersaron por el campo de batalla. Entre los pocos muyahidines que, arriesgando sus vidas, protegieron al Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz), estaban Ummu Umara, su esposo Ghaziyya y sus dos hijos, Abd Allah y Habib.

Antes de que se produjera aquella situación crítica en el campo de batalla, cuando el ejército musulmán todavía combatía firmemente contra el enemigo y estaba a punto de alcanzar la victoria, Ummu Umara (que Allah esté complacido con ella) tampoco permanecía sentada sin hacer nada. Llenaba de agua el odre y se la daba a los muyahidines. En ese momento vio que todos huían del campo de batalla. Junto al Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) solo quedaban unos pocos muyahidines. Ella también avanzó y se mantuvo firme a su lado, arriesgando la vida. Su esposo y sus dos hijos se colocaron junto a ella. Por un lado, rechazaba los ataques de los incrédulos contra el Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz); por otro, lanzaba violentos ataques contra ellos y regresaba tras haber derribado a muchos.

Ummu Umara describió así aquella etapa terrible de la batalla de Uhud: «Vi que la gente huía y abandonaba al Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz). Solo unos pocos, cuyo número no llegaba ni a diez, permanecíamos junto al Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz). Mis dos hijos, mi esposo y yo nos mantuvimos junto a él y lo protegimos. Mientras tanto, los demás muyahidines, derrotados, pasaban junto al Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz). El Mensajero (que Allah le bendiga y le conceda paz) vio que yo no tenía escudo. Vio a un hombre que huía llevando un escudo y le dijo: “¡Eh, lanza tu escudo hacia alguien que esté combatiendo!”. El hombre arrojó el escudo y yo lo recogí. Con ese mismo escudo continué protegiendo al Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz). Aquel día los jinetes nos causaron muchos problemas. Si hubieran sido soldados de infantería como nosotros, habríamos podido infligirles graves daños.»

También dijo: «Un jinete se acercaba a nosotros y me golpeaba con la espada, pero yo rechazaba sus golpes con el escudo. No pudo hacerme nada. Después, cuando se disponía a darse la vuelta y marcharse, yo golpeaba con la espada las patas traseras de su caballo. El caballo caía al suelo junto con su jinete. Entonces el Mensajero (que Allah le bendiga y le conceda paz) llamaba a mi hijo y le decía: “¡Oh, hijo de Ummu Umara! Ayuda a tu madre”. Él acudía corriendo y me ayudaba. Así lo enviaba yo al lugar de la muerte». [Tabaqat, 8/413; Siyar A‘lam an-Nubala, 2/279]

El hijo de Ummu Umara narró. Dijo: «Participé en la batalla de Uhud. Cuando los muyahidines musulmanes se separaron del Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz), mi madre y yo acudimos junto a él y comenzamos a protegerlo de los ataques de los incrédulos. En ese momento el Mensajero (que Allah le bendiga y le conceda paz) me dijo: “¿Eres el hijo de Ummu Umara?”. Respondí: “Sí”. Dijo: “Lanza algo contra los enemigos”. Arrojé una piedra contra un hombre que estaba delante de mí. El hombre iba a caballo. La piedra alcanzó uno de los ojos del caballo. El caballo, agitándose violentamente, cayó al suelo junto con su jinete. Entonces continué lanzando piedras contra el hombre. Al ver lo que hacía, el Mensajero (que Allah le bendiga y le conceda paz) siguió sonriendo suavemente». [Siyar A‘lam an-Nubala, 2/280]

El día de Uhud, Ummu Umara (que Allah esté complacido con ella) adoptó un aspecto aterrador. El abuelo de Damra ibn Sa‘id, que fue uno de los combatientes de Uhud, dijo que aquel día Ummu Umara se ciñó una tela alrededor de la cintura y lanzó violentos ataques contra los enemigos. En esta batalla sufrió graves heridas en trece partes de su cuerpo. [Tabaqat, 8/413]

En ese momento, uno de los golpes lanzados por un incrédulo rompió un diente del noble Mensajero de Allah. El brutal Ibn Qami’a dirigió un tajo de espada contra el Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz), pero el golpe falló. Al instante, Umara (que Allah esté complacido con ella) se volvió y se puso de pie. Se abalanzó sobre la bestia humana de Ibn Qami’a. Sin embargo, como todo su cuerpo estaba cubierto de una armadura, su ataque no resultó especialmente eficaz. Entonces él dirigió otro golpe contra Ummu Umara, y este alcanzó su hombro. Ella quedó gravemente herida. [Ibíd., 8/424; Ibn Hisham, 2/81-82]

Ibn Qami’a logró huir salvando la vida. Pero la herida de Ummu Umara era sumamente grave. Todo su cuerpo quedó empapado de sangre. Su hijo Abdullah relató: «Aquel día mi madre resultó gravemente herida. La sangre no dejaba de brotar». El Mensajero (s.a.w.) le dijo: «Venda tu herida». Según otra narración, cuando el Mensajero la vio herida, llamó a su hijo Abdullah y le dijo: «Mira a tu madre, mira a tu madre. Venda su herida. ¡Oh Allah, haz que todos ellos sean mis compañeros en el Paraíso!» [Siyar A‘lam an-Nubala, 2/281]. Ummu Umara dijo: «No me importa ninguna de las dificultades y desgracias que me han acontecido en este mundo». [Tabaqat, 8/414-415]. Aquel día, el propio Mensajero permaneció de pie mientras le vendaban la herida. En ese momento mencionó los nombres de varios valientes compañeros y dijo: «Lo que Ummu Umara ha hecho hoy es mucho más importante que lo que ellos hicieron». Después, sus heridas fueron tratadas durante casi un año. [Ibíd., 8/412; Siyar A‘lam an-Nubala, 2/279]

En aquel feroz ataque de Uhud, Abdullah, hijo de Ummu Umara, también resultó gravemente herido. Abdullah relató: «Aquel día fui gravemente herido. La sangre no dejaba de brotar». Al verlo, el Mensajero (s.a.w.) dijo: «Venda tu herida». Poco después, mi madre corrió hacia mí con varios vendajes en las manos y me vendó la herida. El Mensajero estaba de pie junto a nosotros. Cuando terminó de vendarme, mi madre me dijo: «Hijo, levántate. Golpea los cuellos de los soldados enemigos». Entonces el Mensajero dijo: «¡Oh Ummu Umara! ¿Dónde hay alguien que posea tanta fuerza y capacidad como tú?»

Abdullah relató además: «En ese momento vimos no muy lejos al soldado enemigo que me había herido. El Mensajero (s.a.w.) dijo a mi madre: “Ese es el hombre que hirió a tu hijo”. Mi madre dijo: “Me enfrentaré a él y le romperé la tibia”. Dicho esto, lo golpeó y lo derribó. Al verlo, el Mensajero soltó una carcajada, y pude ver sus dientes frontales. Después dijo: “Ummu Umara, has tomado venganza”. Luego, entre los dos, le asestamos golpe tras golpe y lo enviamos a su morada en el Infierno. Entonces el Mensajero dijo: “Ummu Umara, todas las alabanzas pertenecen a Allah, que te ha protegido”». [Ibíd.]

La batalla de Uhud terminó. Los muyahidines comenzaron a regresar a sus hogares. El Mensajero (s.a.w.) no volvió a casa sin enviar a Abdullah ibn Ka‘b al-Mazini para informarse del estado de Ummu Umara.

Pocos días después de terminar la batalla de Uhud, el Mensajero de Allah (s.a.w.) anunció a los muyahidines de Medina que salieran hacia Hamra al-Asad [un lugar situado a ocho millas a la izquierda del camino hacia Dul Hulayfa desde Medina]. Ummu Umara se preparó para ir allí, ciñéndose una tela. Pero no pudo hacerlo debido a la hemorragia de sus heridas. [Tabaqat, 8/413]

Además de Uhud, participó en muchas otras batallas. Según el relato de Ibn Sa‘d, participó en Uhud, Hudaybiyya, Jaybar, la realización de la ‘umra de compensación, Hunayn y las batallas y expediciones de Yamama. Según al-Hakim e Ibn al-Mundhir, también participó en Badr. Sin embargo, el imam adh-Dhahabi afirma que la participación de Ummu Umara en Badr no es correcta. [Siyar A‘lam an-Nubala, 2/278-282]. No obstante, aparte de la batalla de Yamama, no se dispone de información detallada sobre su participación en ninguna otra batalla o expedición. La hermana de Ummu Umara también participó con ella en la batalla. [Ibn Hisham, 1/466]

Después del fallecimiento del Mensajero de Allah (s.a.w.), Musaylama al-Kadhdhab, habitante y jefe de Yamama, apostató. Era un hombre tiránico y de naturaleza cruel. En su tribu había unos cuarenta mil hombres aptos para combatir, y todos lo apoyaban. Engreído por su poder, se proclamó profeta y comenzó a exigir por la fuerza el reconocimiento de todos sus seguidores. Asimismo, sometía a diversas torturas a quienes se negaban a aceptar su falsa pretensión de profecía. Habib ibn Zayd, hijo de Ummu Umara, fue capturado por Musaylama cuando viajaba desde Omán hacia Medina. Musaylama le dijo: “Tú das testimonio de que Muhammad es el Mensajero de Allah”. Habib respondió: “Sí, doy ese testimonio”. Entonces Musaylama dijo: “No; debes decir que Musaylama es el Mensajero de Allah”. Habib rechazó firmemente su pretensión. Musaylama, el falso pretendiente de la profecía, le cortó una mano. Después volvió a exigirle el mismo reconocimiento. Él se negó como antes. El cruel Musaylama le cortó la segunda mano. En resumen, el infame Musaylama permaneció firme en su pretensión, y Habib permaneció firme en su sólida fe. El malvado Musaylama fue cortando uno a uno los miembros del cuerpo de Habib. Este siervo de Allah consideró fácil entregar la vida, pero no estuvo dispuesto a desviarse ni un ápice de su fe. Cuando Ummu Umara se enteró de lo sucedido, se armó de valor y decidió en su corazón que, si alguna vez el ejército musulmán emprendía una expedición contra aquel falso profeta, ella también participaría y, si Allah quería, enviaría con sus propias manos a aquel opresor a su morada en el Infierno. [Ibíd.; Sahabiyyat, 207; Siyar A‘lam an-Nubala, 2/281]

El califa Abu Bakr (r.a.) se enteró de la insolencia y los excesos de Musaylama. Con el objetivo de arrancar de raíz aquella apostasía, envió a Khalid ibn al-Walid (r.a.) con cuatro mil soldados. Ummu Umara consideró aquello una oportunidad de oro para llevar a cabo su decisión. Pidió al califa permiso para participar en aquella expedición, y el califa se lo concedió. Ummu Umara marchó a Yamama con el ejército de Khalid ibn al-Walid (r.a.). Se libró una batalla encarnizada. Mil doscientos muyahidines fueron martirizados. Por otra parte, según los relatos de los historiadores, murieron entre ocho y nueve mil soldados de Musaylama. Finalmente, el ejército musulmán obtuvo la victoria mediante la muerte de Musaylama.

La batalla encarnizada continúa. Ummu Umara (que Dios esté complacido con ella) espera una oportunidad. Su único objetivo es el despiadado Musaylama al-Kadhdhab, el asesino de su hijo. En cierto momento, mientras manejaba una lanza con una mano y una espada con la otra, atraviesa las filas del ejército enemigo y llega hasta Musaylama. Para llegar hasta allí, había sufrido heridas en once partes de su cuerpo por golpes de lanzas y espadas. No solo eso, sino que uno de sus brazos había sido cercenado. Aun así, su determinación no vaciló en absoluto, ni perdió la paciencia. Avanzó un paso más. Justo cuando iba a descargar un golpe de espada contra Musaylama, de repente dos espadas lo golpearon simultáneamente. Musaylama quedó herido y cayó de la espalda de su caballo. Ella miró con asombro y vio a su hijo Abdallah de pie a su lado. Le preguntó: «¿Fuiste tú quien lo mató?». Abdallah respondió: «Un golpe fue mío y el otro, de Wahshi. No puedo saber cuál de los dos golpes lo mató». Ummu Umara (que Dios esté complacido con ella) se llenó de alegría y realizó inmediatamente la postración de agradecimiento. [Ibn Hisham, 1/466; Sahabiyyat, 208]

Las heridas de Ummu Umara (que Dios esté complacido con ella) eran muy graves. Además, había perdido una mano. Por ello, había quedado sumamente debilitada. El comandante del ejército, el honorable Khalid ibn al-Walid, admiraba profundamente su valentía y coraje. También la trataba con gran respeto. Bajo su propia supervisión, dispuso su atención y tratamiento médico. Vigilaba constantemente para asegurarse de que no hubiera ninguna deficiencia en su tratamiento. Por eso, una vez recuperada, expresó durante toda su vida su gratitud hacia Khalid. Al elogiarlo, decía: «Era un líder compasivo, noble y humilde. Me atendió y me trató con gran sinceridad». Después de regresar a Medina, el califa Abu Bakr (que Dios esté complacido con él) iba a visitarla con frecuencia. [Tabakat, 8/416]

La honorable Ummu Umara (que Dios esté complacido con ella) era una guerrera valerosa. Hemos presenciado la asombrosa realidad de su valor y coraje en diversos campos de batalla. La imagen de combate que mostró en las batallas de Uhud y Yamama rara vez tiene parangón en la historia del mundo. El honorable Mensajero de Dios (la paz y las bendiciones de Dios sean con él) era la persona más querida para ella. Demostró su amor por él en el campo de Uhud. El Mensajero (la paz y las bendiciones de Dios sean con él) visitaba ocasionalmente su casa. Un día llegó y ella le ofreció comida. El Mensajero (la paz y las bendiciones de Dios sean con él) también le pidió que comiera con él. Ummu Umara dijo: «Estoy ayunando». El Mensajero (la paz y las bendiciones de Dios sean con él) dijo: «Cuando se come en presencia de una persona que ayuna, los ángeles suplican por ella». [La misma fuente; Musnad Ahmad, 6/439; Tirmidhi, 785; Ibn Mayah, 1748]

El califa Umar (que Dios esté complacido con él) también velaba cuidadosamente por el honor y la dignidad de Ummu Umara (que Dios esté complacido con ella). Durante su califato, llegaron en una ocasión algunas capas como parte del botín. Una de ellas era muy hermosa y costosa. Algunos dijeron que debía entregarse a la esposa de Abdallah (que Dios esté complacido con él), hijo del califa. Otros propusieron dársela a Kulsum bint Ali (que Dios esté complacido con ella), esposa del califa. El califa no prestó atención a ninguna de esas opiniones. Dijo: «Considero que Ummu Umara es la persona que más derecho tiene a esta capa. Se la daré a ella, porque el día de Uhud escuché al Mensajero de Dios (la paz y las bendiciones de Dios sean con él) decir sobre ella: “Hacia dondequiera que miraba, solo veía a Ummu Umara combatiendo”». Después, le envió la capa. [Tabakat, 8/415; Siyar A’lam an-Nubala, 2/281; Ansab al-Ashraf, 1/326]

Por mediación de ella se narraron varios hadices del Mensajero de Dios (la paz y las bendiciones de Dios sean con él). Estos hadices fueron transmitidos de ella por Ubbad ibn Tamim ibn Zayd, Harith ibn Abdallah ibn Kaab, Ikrima y Layla. [Al-Isaba, 4/480]

No se conoce con exactitud el año de la muerte de la honorable Ummu Umara (que Dios esté complacido con ella). Es seguro que seguía viva hasta la batalla contra Musaylama. Sin embargo, nadie ha podido determinar con certeza cuánto tiempo vivió después de ella.

La honorable Ummu Umara (que Dios esté complacido con ella) asistía siempre a las reuniones del Mensajero (la paz y las bendiciones de Dios sean con él) y escuchaba atentamente sus palabras. De este modo, su fe se fortalecía cada día y su conocimiento aumentaba. Un día le dijo al Mensajero de Dios: «Veo que todo se menciona para los hombres, pero no se menciona nada para las mujeres». Es decir, su petición era que, así como el Corán hablaba de los hombres, también hablara de las mujeres. Como respuesta a esa petición, fue revelada la aleya 35 de la sura Al-Ahzab. [Tirmidhi, 4/116; la misma fuente, 4/479]

Ummu Waraq ibn Nawfal ((que Dios esté complacido con ella))


En este mundo hay muchas mujeres a quienes el curso del tiempo ha ocultado y sobre quienes la historia también ha guardado silencio. A pesar de ello, Allah Todopoderoso hizo surgir en sus vidas ciertos acontecimientos que sacaron a la luz sus biografías. Y cuando se limpiaron el polvo y los escombros acumulados sobre su recuerdo y memoria, sus retratos se volvieron luminosos y radiantes. Una de ellas fue Umm Waraqa al-Ansariyya (que Allah esté complacido con ella). Umm Waraqa es el nombre por el que se hizo famosa en la historia. En ninguno de los diccionarios biográficos de los Compañeros se menciona su verdadero nombre. El Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) le otorgó el título de «ash-Shahida» (la mujer mártir). [Al-Isaba, 4/481] Su linaje era el siguiente: Umm Waraqa, hija de Abd Allah ibn al-Harith ibn Uwaymir ibn Nawfal. Sin embargo, en la obra Usud al-Gaba aparece Umayr en lugar de Uwaymir. Como descendiente de uno de sus antepasados, Nawfal, pasó a ser conocida como Umm Waraqa bint Nawfal. [Usud al-Gaba, 5/626; Tahdhib at-Tahdhib, 12/482] No se conocen con precisión los años de su nacimiento y muerte. No obstante, existe un consenso general en que murió durante el califato de Umar ibn al-Jattab (que Allah esté complacido con él). De ello se deduce que vivió durante la época del Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él), todo el califato de Abu Bakr (que Allah esté complacido con él) y parte del califato de Umar (que Allah esté complacido con él). Probablemente alcanzó el martirio en el año veintidós de la hégira. [Tabaqat, 9/165; Nisa’ Ra’idat, p. 108]

Umm Waraqa era una mujer ansarí. Fue una de las mujeres que, poco después de la emigración del Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) a Medina, creyeron en su misión y le prestaron juramento de fidelidad. [A‘la an-Nisa’, 5/284; Tabaqat, 8/457] Abrazó el islam de una manera excelente y adquirió un profundo conocimiento de la religión de Allah. Estudió el Corán y memorizó la mayor parte de él. Según una narración, recopiló todo el Corán. [Al-Isaba, 4/505] Se ha narrado que, cuando Abu Bakr (que Allah esté complacido con él) recopiló y compiló el Corán, también se sirvió de la recopilación de Umm Waraqa. Ella conservaba algunas hojas —cuadernillos— en las que estaban escritas ciertas suras del Corán. [Nisa’ Ra’idat, 108] Aunque no poseía todo el Corán, conservaba por escrito la mayor parte de él. Era una mujer creyente, dotada de una memoria aguda y experta en las normas de la religión. El Mensajero (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) visitaba ocasionalmente su casa. Era una de las pocas mujeres a cuyas casas acudía el Mensajero (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) para visitarlas. No la valoraba de ese modo por sus riquezas ni por su elevada posición social; iba a visitarla por su fe en Allah, su firme credo, su dominio de las normas religiosas y su devoción y adoración. En el segundo año de la hégira, el Mensajero (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) decidió combatir contra los idólatras de La Meca en Badr. La noticia llegó a Umm Waraqa. Ella insistió en participar en la batalla. Las diversas responsabilidades domésticas y las obligaciones de criar a los hijos no pudieron apartarla de su deber de «yihad por la causa de Allah». Corrió hacia el Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) y le pidió permiso para participar en la batalla. Explicó su propósito diciendo que vendaría a los heridos, atendería a los enfermos, les garantizaría comida y bebida y respondería a las necesidades de los combatientes durante la batalla. Allí desempeñaría funciones cuya importancia no sería en absoluto menor que la de las funciones de los combatientes. Quizá Allah Todopoderoso le concediera también el martirio al salir con ellos. En el relato de Al-Isaba, sus palabras aparecen así: [Al-Isaba, 4/505]

«¡Oh, Mensajero de Allah! Si me das permiso, iré a la batalla con vosotros. Atenderé a vuestros enfermos y administraré medicinas a los heridos. Quizá Allah Todopoderoso me conceda también el martirio por ello». El Mensajero (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) respondió: «¡Oh, Umm Waraqa! Quédate en casa. Ciertamente, Allah dispondrá tu martirio en tu propia casa». En otra narración aparecen las palabras: «Allah te concederá el martirio». [Tabaqat, 8/457; Al-Isti‘ab, 4/481; Sunan Abi Dawud, 1/97; as-Sira al-Halabiyya, 2/357] En realidad, desde ese día el Mensajero (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) la llamó mártir. A veces llevaba consigo a algunos Compañeros a su casa para visitarla. Decía: (árabe**********) [Abu Nu‘aym, Hilyat al-Awliya, 2/63; Usud al-Gaba, 5/626 (7718)]

«Venid conmigo; vamos a visitar un momento a esta mujer mártir». Con estas palabras, el Mensajero (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) aludía a que aquella mujer alcanzaría el martirio.

Se conocen varios aspectos en los que Umm Waraqa fue pionera en la historia del islam. Por ejemplo:

1. Fue la primera mujer en cuya casa se estableció la práctica de hacer el llamado a la oración.

2. Fue la primera en establecer en Medina una congregación de mujeres para la oración y en dirigirla como imama.

3. Fue la primera mujer en la historia del islam a quien el Mensajero (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) otorgó el título de «ash-Shahida».

4. En la historia del islam, ella fue la primera mujer por cuyo asesinato un esclavo y una esclava fueron empalados hasta morir. [Nisā’ Rā’idāt-110]

Umm Waraqa pidió al Mensajero de Allah (que Allah esté complacido con él) permiso para establecer una sala de oración en su propia casa y designar a un almuédano que llamara a la oración en cada momento establecido. El Mensajero (que Allah esté complacido con él) designó a un almuédano para llamar a la oración en su casa. Él hacía el llamado a la oración en cada horario de oración. Este sistema se mantuvo hasta la muerte de Umm Waraqa. [Abū Dāwūd-1/97; Nisā’ min Āthār an-Nubuwwah-297] Ella fue la primera mujer que obtuvo este honor y esta distinción. Un testigo narró: «Vi al almuédano de Umm Waraqa. Era un hombre muy anciano. Se llamaba ʿAbd al-Raḥmān». [Nisā’ Mubashsharāt bi-l-Jinnah-293]

El Mensajero (que Allah esté complacido con él) conocía su aguda inteligencia, su extraordinaria memoria y su profundo conocimiento de las normas y preceptos de la religión. Por ello, después de que el almuédano hiciera el llamado a la oración, le dio permiso a Umm Waraqa para establecer la oración en congregación en su propia casa, junto con las mujeres vecinas, y dirigirla como imán. Este sistema continuó durante el califato de ʿUmar ibn al-Khaṭṭāb (que Allah esté complacido con él), es decir, hasta el día de la muerte de Umm Waraqa. En la historia del islam, ella fue la primera mujer en cuya casa se estableció una mezquita para las mujeres. [Obra citada; Ṣaḥābiyyāt-216]

Umm Waraqa (que Allah esté complacido con ella) envejeció. Sus hijos e hijas crecieron. Sus hijas se casaron y, una tras otra, se marcharon a las casas de sus esposos. Sus hijos también se vieron obligados a alejarse de su madre debido a sus propias responsabilidades. La casa de Umm Waraqa estaba ahora casi completamente vacía.

Para atenderla y ocuparse de la casa, mantuvo a un esclavo y a una esclava. Los trataba muy bien. Les prometió que, después de su muerte, quedarían libres de manera automática; es decir, serían liberados de la esclavitud. Como aquellos dos esclavos no vieron pronto ninguna señal de la muerte de Umm Waraqa, ya no pudieron esperar más. En ausencia de los familiares de ella, conspiraron para asesinarla en la casa vacía. Una noche, cuando se presentó la oportunidad, la estrangularon enrollándole una tela alrededor del cuello y huyeron, creyéndose libres de la esclavitud.

ʿUmar ibn al-Khaṭṭāb (que Allah esté complacido con él) oía cada día el llamado a la oración y el bullicio de la congregación de mujeres en la casa de Umm Waraqa (que Allah esté complacido con ella). Un día dijo: «Desde ayer no oigo la recitación del Corán de la tía Umm Waraqa. ¿Qué le habrá ocurrido?». Envió a alguien para averiguar noticias de ella. El hombre regresó y dijo que la casa estaba cerrada con llave desde fuera y que, aunque había golpeado la puerta, no había recibido respuesta desde el interior. ʿUmar (que Allah esté complacido con él) sospechó que algo ocurría. Esta vez fue él mismo. Al no ver a nadie en la casa, entró. Nada más entrar, vio su cadáver tendido en el suelo, envuelto en una sábana. Gritó en voz alta: «¡Allahu akbar!». Luego comentó: «Cuando el Mensajero (que Allah esté complacido con él) le otorgó el título de “ash-Shahīda”, dijo la verdad». [Al-Iṣāba-4/505]

Después, ʿUmar (que Allah esté complacido con él) subió al púlpito de la mezquita y anunció que Umm Waraqa había muerto como mártir. Sus dos esclavos la habían estrangulado y habían huido. Ordenó que los buscaran, los encontraran y los llevaran ante él. En un instante, la gente se dispersó por todas partes en su búsqueda. Fueron capturados mientras huían y llevados a Medina ante el califa ʿUmar (que Allah esté complacido con él). Fueron interrogados. Aunque al principio intentaron negar su participación en el asesinato, después confesaron que los dos la habían matado conjuntamente. Entonces ʿUmar (que Allah esté complacido con él), repitiendo sus palabras anteriores, dijo: «El Mensajero de Allah (que Allah esté complacido con él) dijo la verdad cuando decía: “Venid conmigo a visitar a esta mártir”». Así, Umm Waraqa (que Allah esté complacido con ella) se convirtió en la primera mujer del islam en recibir el título de «ash-Shahīda».

El castigo de los dos esclavos era inevitable. ʿUmar ibn al-Khaṭṭāb (que Allah esté complacido con él) ordenó que fueran empalados hasta morir. Fueron empalados hasta morir. Estos dos esclavos fueron las primeras dos personas de Medina en ser empaladas, y Umm Waraqa fue la primera mujer del islam por cuyo asesinato un esclavo y una esclava fueron ejecutados mediante empalamiento. [Abū Dāwūd-1/97; Ṭabaqāt-8/457; Al-Istīʿāb-4/482]

Por comprender profundamente el significado de la religión y asumir sobre sus propios hombros la responsabilidad de enseñar a las mujeres de su vecindario y a las que acudían a ella, Ummu Waraqa (ra) se convirtió en una de las líderes de las mujeres musulmanas. El deseo de unirse a la yihad, que expresó ante el Mensajero de Allah (sa) con la esperanza de alcanzar el martirio, aumentó cien veces su grandeza y dignidad.

La muerte de Ummu Waraqa (ra) contiene una lección para toda persona que depende por completo de esclavos, esclavas y sirvientes, especialmente si estos son no musulmanes. En el mundo se conocen muchos casos de esclavos, esclavas y sirvientes que han traído numerosas desgracias a la vida de sus amos. Entre casi todos los pueblos y comunidades del mundo se oye este dicho: «Guárdate del daño de aquel a quien has hecho un bien». Ummu Waraqa trató bien a sus esclavos y esclavas y les prometió la libertad, pero, como consecuencia de ello, acabó perdiendo la vida a manos de ellos mismos. Este acontecimiento contiene una gran lección y advertencia para las mujeres musulmanas de la era moderna.

Ummu Waraqa (ra) narró hadices del Mensajero de Allah (sa). Y sus nietos narraron de ella.[Nisa‘ Rayidat-113]

Ummu Hakim bint al–Harith ((ra))


Después de recibir la profecía, el venerable Mensajero de Allah (sa) dedicó más de veinte años, primero en La Meca y después en Medina, a invitar a los árabes, especialmente a los habitantes de La Meca, al islam. Los exhortó hacia la verdad, la belleza y el bien, pero los habitantes de La Meca se comportaron como ciegos y sordos. Su actitud era la siguiente: (árabe***********) [sura Ha-Mim as-Sajda, 5]

«Dicen: “Nuestros corazones están cubiertos por velos respecto de aquello a lo que nos invitas, en nuestros oídos hay sordera y entre tú y nosotros existe una barrera. Así pues, actúa tú según tu proceder y nosotros actuaremos según el nuestro”».

Devolvieron el amor y el afecto con hostilidad, y el bien y el beneficio con maldad y perjuicio. Su actitud era la siguiente: (árabe ***************) [sura Al-Qamar, 3]

«Rechazan la verdad y siguen sus propios deseos, y todo asunto llegará a su objetivo».

Rompieron todos sus vínculos con el Noble Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) y lo expulsaron de La Meca. Ni siquiera con eso quedaron satisfechos. Se enfrentaron a él repetidamente en combate y se lanzaron contra él. Aprovecharon toda oportunidad para apagar la luz del islam.

Después, Allah, Señor de los mundos, les concedió la victoria. La conquista de La Meca tuvo lugar. Cuando aquel vasto mundo se volvió estrecho para ellos y comenzaron a ver oscuridad por todas partes, el Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) les mostró una gran benevolencia. Perdonó toda su conducta pasada. Los habitantes de La Meca aceptaron voluntariamente el islam en grupos sucesivos. Ummu Hakim, su padre, su madre y su esposo aceptaron todos el islam el día de la conquista de La Meca. Cabe señalar que los cuatro habían sido acérrimos enemigos del islam y del Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él). Desde el comienzo del islam hasta el momento anterior a abrazar la fe, su hostilidad había sido desmedida durante veinte años.

Ummu Hakim era descendiente de la rama al-Majzumí de la tribu qurayshí de La Meca. Ummu Hakim era su sobrenombre; detrás de él, su nombre verdadero cayó en el olvido y ya no se conoce. La familia de Ummu Hakim era uno de los principales centros de honor, prestigio y liderazgo entre los qurayshíes. Su padre, al-Harith ibn Hisham ibn al-Mughira al-Majzumí, era hermano del infame Abu Yahl. Aceptó el islam el día de la conquista de La Meca. Era un hombre educado y prominente. Con el propósito de afirmarlo en el islam, el Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) le entregó cien camellos del botín de la batalla de Hunayn. Se convirtió en un buen musulmán. Más tarde marchó a Siria como muyahid y murió allí tras contraer la enfermedad de «Aun.[Adh-Dhahabí, Tarij al-Islam, 2/183-184]

Su madre, Fátima bint al-Walid ibn al-Mughira al-Majzumiyya, era hermana del célebre comandante militar Jalid ibn al-Walid (que Allah esté complacido con él). Aceptó el islam el día de la conquista de La Meca. Narró un hadiz del Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él). También acompañó a su esposo al-Harith en su expedición a Siria. Con al-Harith tuvo un hijo, Abd ar-Rahman, y una hija, Ummu Hakim.[Tarij Dimashq, Tarajim an-Nisa, 305-307]

El esposo de Ummu Hakim, Ikrima ibn Abu Yahl al-Majzumí, era uno de los más grandes líderes de La Meca durante la época de la ignorancia. Después de la conquista de La Meca, acudió ante el Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él), declaró su adhesión al islam y posteriormente se convirtió en un musulmán ejemplar. Partió en una expedición a Siria y fue martirizado en el año 13 de la Hégira, en la batalla de Ajnadayn o, según otra opinión, en la de Yarmuk. El tío materno de Ummu Hakim era la Espada de Allah, Jalid ibn al-Walid (que Allah esté complacido con él).

En una familia y un ambiente así creció Ummu Hakim. Se casó con su primo paterno, Ikrima. El Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) se presentó como Mensajero en La Meca. Desde el día en que invitó a los habitantes de La Meca al islam, esta familia se erigió como una poderosa adversaria del Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) y del islam. Hasta la conquista de La Meca, las personas mencionadas desempeñaron un papel destacado en todas las conspiraciones tramadas para contener el islam y en todas las guerras libradas para erradicarlo por completo. En la batalla de Uhud, al-Harith, su esposa Fátima, Ikrima, su esposa Ummu Hakim y Jalid ibn al-Walid participaron junto al ejército qurayshí.

No dejaron escapar ninguna oportunidad de oponerse al islam y perjudicar a los musulmanes. Incluso el esposo de Ummu Hakim, Ikrima, era uno de aquellos a quienes el Noble Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) declaró grandes criminales y ordenó matar aunque fueran encontrados bajo la cubierta de la Kaaba.

La postura que adoptó el Noble Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) después de la conquista de La Meca ha quedado señalada como un modelo único en la historia de la humanidad. Aquel día, su misericordia y compasión abarcaron a enemigos y aliados, creyentes e incrédulos por igual. Aquellos que durante mucho tiempo habían albergado contra él un odio ciego y hostilidad, aquel día encontraron una profunda paz en su amplio perdón y misericordia, que ablandaron sus corazones de piedra. De repente, sus corazones despertaron, rompieron las cadenas del extravío y, como polillas, se entregaron a la luz. Ummu Hakim misma aprovechó esta oportunidad de perdón para su esposo. Acudió ante el Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) junto con otras mujeres de la tribu qurayshí, como Fátima bint al-Walid, Hind bint Utba y Fajta bint al-Walid, declaró su adhesión al islam y le prestó juramento de fidelidad. Desde que aceptó el islam, el Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) la trató con gran respeto. Por ello, alcanzó una posición de especial honor entre las mujeres.

El esposo de Umm Hakim, Ikrima, era un enemigo acérrimo del islam y, a los ojos del Gran Profeta, un gran criminal. Por ello, el Mensajero (saw) ordenó su ejecución. Tras la conquista de La Meca, huyó al Yemen por temor a perder la vida. Gracias a los esfuerzos de su esposa Umm Hakim, regresó a La Meca y abrazó el islam. Después de aceptar el islam, Umm Hakim (ra) se puso de pie y dijo: «¡Oh, Mensajero de Allah! Ikrima ha huido hacia el Yemen por temor a que usted pudiera matarlo. Concédale seguridad; Allah le concederá seguridad a usted». El Mensajero (saw) dijo: «Está a salvo».

En ese momento, Umm Hakim salió en busca de su esposo Ikrima. La acompañaba un esclavo romano suyo. Los dos emprendieron el camino. Durante el trayecto, el esclavo concibió un deseo ilícito hacia su ama. Quería poseerla, pero ella fue dando largas de diversas maneras para ganar tiempo. Así llegaron a una tribu árabe. Umm Hakim les pidió ayuda y ellos se la prometieron. Dejó al esclavo bajo su custodia y partió sola. Finalmente, encontró a Ikrima a orillas del mar, en la región de Tihama. Él estaba hablando allí con un barquero para que lo transportara, y el barquero le decía:

—Sé sincero.

Ikrima dijo: «¿Cómo puedo ser sincero?»

El barquero dijo: «Di: (árabe ************)»

«Doy testimonio de que no hay ninguna divinidad ni objeto de adoración excepto Allah, y de que Muhammad es el Mensajero de Allah».

Ikrima dijo: «Precisamente por eso he huido».

En medio de aquella conversación entre ambos, llegó Umm Hakim. Dirigiéndose a su esposo, le dijo: «¡Oh, hijo de mi tío! Vengo de estar con la mejor, más eminente y más pura de las personas. Le pedí que le concediera aman (seguridad), y él le concedió su aman. Así que no se destruya usted mismo después de esto».

Ikrima quiso saber: «¿Tú mismo hablaste con él?». Ella respondió: «Sí, yo misma hablé con él y él te ha concedido protección». Una y otra vez, ella siguió asegurándole que gozaba de protección. Finalmente, tranquilizado, regresó con su esposa. [A‘lām an-Nisā’ 1/281]

Mientras avanzaban, Umm Hakim le contó a su esposo las malas intenciones de su esclavo. Durante el regreso, Ikrima mató al esclavo antes de aceptar el islam. En el camino pasaron la noche en una casa. Ikrima quiso estar a solas con su esposa. Ella se negó rotundamente y dijo: «Soy una mujer musulmana y tú todavía eres un politeísta». Al oírla, Ikrima quedó asombrado y dijo: «El asunto que se interpone entre nuestra unión es ciertamente muy importante».

Cuando Ikrima se acercó a La Meca, el Mensajero de Allah (s. a. s.) dijo a sus compañeros: «Muy pronto Ikrima abandonará la incredulidad y vendrá a vosotros como creyente. No insultéis a su padre. Insultar a un muerto causa dolor en el corazón de los vivos y no le llega al muerto».

Poco después, Ikrima se presentó ante el Mensajero de Allah (s. a. s.) junto con su esposa, Umm Hakim. Al verlo, el Mensajero se levantó alegremente y se dirigió hacia él sin siquiera envolverse en su manto. Luego se sentó. Ikrima permaneció de pie ante él y dijo:

«¡Oh, Muhammad! Umm Hakim me ha dicho que me has concedido protección». El Profeta respondió: «Ha dicho la verdad. Estás a salvo». Ikrima dijo: «Muhammad, ¿a qué invitas?»

El Mensajero (s. a. s.) dijo: «Te invito a que des testimonio de que no hay ninguna divinidad excepto Allah y de que yo, Muhammad, soy el siervo y el Mensajero de Allah. Después, establecerás la oración y entregarás el zakat». De este modo, le explicó todos los pilares del islam.

Ikrima dijo: «¡Por Allah! Solo invitas a la verdad y hablas del bien». Luego comenzó a decir:

«Incluso antes de esta invitación, eras el más veraz y virtuoso de entre nosotros». Luego, mientras decía: «Ashhadu an lā ilāha illallāhu wa ashhadu annaka ‘abduhu wa rasūluhu», extendió la mano hacia el Mensajero de Allah (s. a. s.).

El Mensajero (s.a.s.) dijo: Di: «Pongo a Allah por testigo y pongo por testigos a todos los presentes de que soy musulmán, muyahid y muháyir» —soy musulmán, muyahid y muháyir, poniendo a Allah y a todos los presentes por testigos.

Ikrima pronunció esas palabras. Entonces el Mensajero (s.a.s.) le dijo: Si hoy me pides algo que yo esté dando a otra persona, te lo daré.

Ikrima dijo: Quiero que pidas a Allah que me perdone por toda la hostilidad que he mostrado hacia ti, por todas las batallas en las que me enfrenté a ti y por todas las cosas que he dicho contra ti, tanto en tu presencia como a tus espaldas.

El Mensajero (s.a.s.) hizo una súplica por él: ¡Oh Allah! Perdónale toda la hostilidad que mostró contra mí y todos los caminos que recorrió para presentarse en el campo de batalla con el propósito de apagar Tu luz. Perdónale también todas las palabras difamatorias que pronunció contra mí, en mi presencia o a mis espaldas.

El rostro de Ikrima se iluminó de alegría y dijo: ¡Oh Mensajero de Allah! ¡Por Allah! Gastaré en el camino de Allah el doble de lo que gasté para obstaculizar el camino de Allah, y combatiré en el camino de Allah el doble de lo que combatí para obstaculizar el camino de Allah. [At-Tabari, Tarij, 2/160; Al-Bidaya wan-Nihaya, 4/297; Al-A‘lam, 2/269; Usud al-Gaba, 5/577; Ashab-e Rasul-er Jibonkotha, 1/205-208]

Desde ese día se incorporó a la caravana de luchadores por el establecimiento de la religión de Allah en la tierra de Allah, y al alcanzar el martirio en la batalla de Yarmuk cumplió al pie de la letra el compromiso que había contraído con el Mensajero de Allah (s.a.s.).

Ummu Hakim (r.a.) fue a Siria con su esposo Ikrima (r.a.) para luchar contra los romanos. En el campo de batalla de Yarmuk, los ejércitos romano y musulmán se enfrentaron y se libró una batalla encarnizada. En esta batalla, las mujeres de Quraysh superaron incluso a los guerreros varones en el manejo de la espada. Ummu Hakim era una de ellas. En esta batalla de Yarmuk, Ummu Hakim (r.a.) perdió a su esposo. Ikrima (r.a.) alcanzó el martirio en ella. [Siyar A‘lam an-Nubala, 1/324; Al-Isaba, 4/426] Después de cumplir la ‘idda de cuatro meses y diez días, muchos hombres le propusieron matrimonio. Yazid ibn Abi Sufyan (r.a.) fue uno de ellos. Rechazando a todos los demás, aceptó la propuesta de Khalid ibn Sa‘id ibn al-As (r.a.). El matrimonio se celebró con una dote de cuatrocientos dinares. Aunque se había celebrado el ‘aqd, antes de la noche nupcial comenzaron los preparativos para la batalla de Marj as-Saffar, librada al sur de Damasco. Los soldados musulmanes partieron hacia allí. Hazrat Khalid (r.a.) quiso consumar el matrimonio con su esposa antes de marchar a la batalla. Su esposa Ummu Hakim dijo: Debemos esperar hasta que sea derrotada esta concentración de las fuerzas enemigas.

Khalid (r.a.) dijo: Mi corazón me dice que alcanzaré el martirio en esta batalla. Ummu Hakim (r.a.) ya no puso objeciones. En Marj as-Saffar prepararon su lecho nupcial dentro de una tienda, junto a un puente, y pasaron allí la noche.

Posteriormente, este puente pasó a llamarse «Qantarat Umm Hakim», el puente de Umm Hakim. Por la mañana también se celebró el banquete de bodas. Apenas terminó el banquete, comenzó la batalla contra los romanos. Jálid (r.a.) se lanzó contra las fuerzas enemigas y, tras combatir heroicamente, alcanzó el martirio. Umm Hakim (r.a.) aún vestía su atuendo nupcial. Tenía las manos teñidas de henna y el cuerpo perfumado. Arrancó uno de los postes de la tienda en la que había pasado su noche de bodas y lo tomó en sus manos. Junto a aquella tienda se enfrentó a los soldados romanos y, golpeándolos con el poste, mató aquel día a siete soldados romanos.[Al-Isti‘ab, 4/425; Tarij Dimashq, 506; Usud al-Gaba, 5/577; A‘lam an-Nisa, 1/281; Al-Isaba, 4/426]

Umm Hakim volvió a Medina, nuevamente viuda. El califa Umar (r.a.) se casó con ella, y allí nació de ella una hija llamada Fátima bint Umar. Esta Fátima se casó con el hijo de Zayd ibn al-Jattab, tío paterno de Fátima.[At-Tabari, Tarij, 2/564; Adh-Dhahabi, Tarij, 3/274; Nasab Quraysh, 303]

A la luz de diversos acontecimientos, se comprende que Umm Hakim falleció durante la vida de su esposo Umar (r.a.), mientras él ejercía el califato. El sabio az-Zirikli señaló específicamente que fue en el año 14 de la Hégira.[Nisa min Athar an-Nubuwwah, 489]

Umama bint Abil As ((r.a.))


La principal identidad de Umama (r.a.) es que era la nieta del Noble Mensajero de Allah (s.a.w.). Su padre fue Abul As ibn Rabi (r.a.) y su madre fue Zaynab (r.a.), hija del Mensajero de Allah (s.a.w.). Umama nació en La Meca durante la vida de su abuelo materno. Mucho antes de su nacimiento había fallecido su abuela materna, la Madre de los Creyentes Jadiya al-Kubra (r.a.). La abuela paterna de Umama era Hala bint Juwaylid, hermana menor de Jadiya (r.a.). En el octavo año de la Hégira falleció la madre de Umama, y en el duodécimo falleció su padre.[Tarajim Sayyidat Bayt an-Nubuwwah, 536-537]

Su abuelo, el Noble Mensajero de Allah (s.a.w.), sentía un gran cariño por la pequeña Umama. Siempre la mantenía consigo. Incluso durante la oración la tenía cerca. A veces ocurría que el Mensajero (s.a.w.) la sentaba sobre sus hombros y se ponía de pie para orar. Al disponerse a hacer la inclinación, la bajaba de sus hombros. Luego, al postrarse, la sentaba sobre su cabeza y, al levantarse de la postración, la volvía a colocar sobre sus hombros. Así terminaba su oración. Este comportamiento permite apreciar, en cierta medida, la intensidad de su afecto por Umama.

El compañero del Mensajero de Allah, Abu Qatada (r.a.), relató: Un día, después de que Bilal pronunciara la llamada a la oración, estábamos esperando para realizar la oración del mediodía —según otra versión, la de la tarde— cuando el Mensajero (s.a.w.) se presentó entre nosotros llevando sobre sus hombros a Umama bint Abil As. El Mensajero (s.a.w.) se puso de pie para la oración, y nosotros también nos colocamos detrás de él para orar. Umama seguía sentada de la misma manera sobre los hombros de su abuelo.

Cuando el Mensajero (s.a.w.) se disponía a hacer la inclinación, la bajaba de sus hombros y la dejaba en el suelo. Después de completar la inclinación y la postración, al levantarse nuevamente, la tomaba y la subía otra vez a sus hombros. Hacía esto en cada ciclo de la oración y así terminó su oración.[Sunan an-Nasa’i, 2/45, 3/10; Tabaqat, 8/232; Al-Isaba, 4/236; Hayat as-Sahaba, 2/482]

La Madre de los Creyentes, la honorable Aisha (que Allah esté complacido con ella), narró: El emperador de Abisinia, Nayashi, envió al Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) algunos adornos de oro como regalo, entre ellos un anillo de oro. El Mensajero (que Allah le bendiga y le conceda paz) se lo entregó a Umama.[Nisa min Asr an-Nubuwwah-289]

La intensidad del afecto del Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) por Umama también puede deducirse de otro suceso. En cierta ocasión, llegó al Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) un collar de oro engastado de perlas. Entró en la casa con el collar en la mano, se lo mostró a sus esposas y dijo: «Decidme, ¿qué os parece?». Todas respondieron: «¡Es magnífico! Nunca antes habíamos visto un collar más hermoso que este». El Mensajero (que Allah le bendiga y le conceda paz) dijo: «Se lo pondré en el cuello de la persona más querida de mi familia». Aisha (que Allah esté complacido con ella) pensó para sí: «Quién sabe si, en vez de dármelo a mí, se lo pondrá a otra de sus esposas». Las demás esposas también supusieron que quizá le tocaría a Aisha (que Allah esté complacido con ella). Mientras tanto, la niña Umama jugaba en el suelo no lejos de su abuelo y sus abuelas. El Mensajero (que Allah le bendiga y le conceda paz) se acercó y le puso el collar alrededor del cuello.[Al-Isti‘ab-4/238; Usud al-Gaba-5/400; As-Sirah al-Halabiyyah-2/452; Durar as-Sahaba fi Manaqib al-Qaraba wa as-Sahaba-535; A‘lam an-Nisa-1/77]

El padre de la honorable Umama (que Allah esté complacido con ella), Abul As ibn Rabi (que Allah esté complacido con él), falleció en el año 12 de la Hégira. Antes de morir, expresó su deseo de casar a Umama con su primo materno, Zubair ibn al-Awwam. Entretanto, también falleció la tía materna de Umama, la honorable Fátima (que Allah esté complacido con ella). Antes de morir, le pidió a su esposo Ali que, después de ella, se casara con Umama. Con el tiempo, Umama alcanzó la edad para contraer matrimonio. Zubair ibn al-Awwam (que Allah esté complacido con él) se dispuso a cumplir el último deseo de la honorable Fátima (que Allah esté complacido con ella). Gracias a su mediación, se celebró el matrimonio de Umama (que Allah esté complacido con ella) con Ali (que Allah esté complacido con él). Era la época del califato del Emir de los Creyentes, Umar (que Allah esté complacido con él).

Vivió conyugalmente con Ali (que Allah esté complacido con él) hasta el año 40 de la Hégira. Durante ese tiempo, la vida de Ali (que Allah esté complacido con él) atravesó toda clase de tormentas y tribulaciones. Finalmente, en el año 40 de la Hégira, fue gravemente herido por un asesino. A causa de esas heridas, exhaló su último aliento. Antes de morir, le dijo a su esposa Umama: «Si después de mí sientes necesidad de otro hombre, puedes casarte con al-Mughira ibn Nawfal». También le dijo a al-Mughira que, después de su muerte, se casara con Umama. Temía que, tras su muerte, Muawiya (que Allah esté complacido con él) le enviara a Umama una propuesta de matrimonio. Este temor se hizo realidad. Murió, y Umama cumplió el periodo de espera prescrito, es decir, el plazo establecido de espera. El honorable Muawiya (que Allah esté complacido con él) no tardó en absoluto. Escribió a Marwan: «Envía de mi parte una propuesta de matrimonio a Umama y gasta mil dinares con este propósito». La noticia llegó a oídos de Umama (que Allah esté complacido con ella). Inmediatamente hizo decir a al-Mughira por medio de un mensajero: «Si me deseas, ven rápidamente». Él se presentó, y el matrimonio se celebró con la mediación del honorable Hasan ibn Ali (que Allah esté complacido con él).[Al-Isaba-4/237] Ella falleció durante el califato de Muawiya (que Allah esté complacido con él), cuando aún era esposa de al-Mughira. Umama (que Allah esté complacido con ella) no tuvo hijos en la casa de Ali (que Allah esté complacido con él). Sin embargo, en la casa de al-Mughira dio a luz a un hijo y le puso por nombre Yahya. Por ello, al-Mughira recibió el sobrenombre de Abu Yahya.[La misma fuente; Usud al-Gaba-5/400; A‘lam an-Nisa-1/77] No obstante, muchos han afirmado que tampoco tuvo hijos en la casa de al-Mughira. Dicen que, entre las hijas del Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz), ninguna tuvo descendencia que continuara, excepto Fátima (que Allah esté complacido con ella). Es posible que diera a luz de al-Mughira a un hijo llamado Yahya, pero que este muriera durante la infancia. Con la muerte de Umama se extinguió la descendencia de Zaynab (que Allah esté complacido con ella), hija del Profeta, pues su hijo Ali ya había fallecido antes que ella.[Tarajim Sayyidati Batin an-Nubuwwah-538; Nisa min Asr an-Nubuwwah-280]

Khawla bint Hakim ((que Allah esté complacido con ella))


La honorable Khawla (que Allah esté complacido con ella) era hija de Hakim ibn Umayya, de la tribu Banu Sulaym de La Meca. Su kunya era Umm Surayk.[Tabaqat-8/158; Al-Isti‘ab-4/281; Usud al-Gaba-5/444; Tahdhib at-Tahdhib-12/415] Su principal rasgo distintivo fue ser la esposa del célebre compañero del Profeta, el honorable Uthman ibn Mazun (que Allah esté complacido con él). Este Uthman (que Allah esté complacido con él) fue uno de los principales líderes de los emigrantes que realizaron la Hégira a Medina. Falleció en Medina después de la batalla de Badr. El Mensajero (que Allah le bendiga y le conceda paz) dirigió su oración funeraria y lo sepultó en el cementerio de Al-Baqi de Medina. Fue el primer compañero sepultado en el cementerio de Al-Baqi. Khawla (que Allah esté complacido con ella) era pariente por vía materna del honorable Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz).[Musnad Ahmad-6/409]

Fue una de las pocas mujeres y hombres que abrazaron el islam en los primeros tiempos de la predicación islámica en La Meca. Se casó con Uzman ibn Maz‘un (que Allah esté complacido con él) antes de abrazar el islam. Probablemente ambos esposos aceptaron el islam al mismo tiempo. Después de abrazar el islam, experimentó plenamente la dulce esencia de la fe, y la luz de la verdad desgarró todos los velos que cubrían sus ojos. Se dedicó a la compañía y cercanía del Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) y consagró su vida a servirlo. El hecho de ser pariente del Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) facilitó aún más esta labor. En La Meca, cada día se informaba de todos los asuntos de la casa del Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz), así como de sus dificultades y comodidades. Incluso después de trasladarse a Medina continuó realizando esta tarea hasta el final de su vida. Su relación con varios acontecimientos importantes de la vida del Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) le otorgó una posición especial. Ibn Abd al-Barr, al presentarla, dijo: «Era una mujer virtuosa y de mérito». El califa Umar ibn Abd al-Aziz (que Allah tenga misericordia de él) también la describió como una mujer virtuosa. Al relatar un asunto, se refirió a ella de este modo: [Al-Isaba, 4/293].

«La virtuosa mujer, Jaula bint Hakim, esposa de Uzman ibn Maz‘un, consideró…»

De este modo, muchos especialistas en la sira también la describieron como una mujer virtuosa.

Jadiya (que Allah esté complacido con ella) fue la primera y más querida esposa del Noble Mensajero (que Allah le bendiga y le conceda paz). Durante todas las dificultades de la vida del Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) en La Meca, ella fue su compañera inseparable. En cada momento de crisis consolaba a su esposo, expresaba su solidaridad y, permaneciendo a su lado, lo ayudaba a superar todos los obstáculos. Ante la pérdida de una esposa y amiga tan íntima, el Mensajero (que Allah le bendiga y le conceda paz) quedó profundamente abatido y afligido. Además, Jadiya era la madre de los hijos del Mensajero de Allah y quien se ocupaba del hogar. En su ausencia, resultaba difícil criar a los hijos que habían quedado sin madre y atender la casa. Por otra parte, aumentaron también las provocaciones y hostigamientos de los idólatras. El estado del Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) preocupó profundamente a sus Compañeros.

En un momento tan difícil de la vida del Noble Mensajero (que Allah le bendiga y le conceda paz), Jaula acudió un día a él y, al verlo abatido, le dijo espontáneamente: «¡Oh, Mensajero de Allah! Me parece que, tras la muerte de Jadiya, se ha quedado afligido y siente su ausencia». El Mensajero (que Allah le bendiga y le conceda paz) respondió: «Sí, es cierto. Ella era la madre de mis hijos y la señora de la casa». En el curso de la conversación, Jaula se atrevió a decirle con gran respeto: «¡Oh, Mensajero de Allah! Cásate de nuevo». Él preguntó: «¿Quién es la candidata?». Jaula respondió: «Hay candidatas de ambos tipos: viudas y vírgenes. Podemos hablar sobre aquella que prefieras». Él volvió a preguntar: «¿Quién es la candidata?». Jaula dijo: «La viuda es Sawda bint Zam‘a, y la virgen es Aisha, hija de Abu Bakr». El Mensajero (que Allah le bendiga y le conceda paz) dijo: «Sí; para encargarse de este asunto, las mujeres son más aptas». [Tabacat, 8/57; Sira de Aisha, 24]. «Ve y presenta mi propuesta a ambas».

Existe cierta discrepancia acerca de si Jaula, tras obtener el consentimiento del Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz), acudió primero a la casa de Aisha o a la de Sawda. En cualquier caso, fue a la casa de Sawda y, apenas la vio, exclamó: «¿Qué bien y prosperidad ha concedido Allah en ti?». Sawda preguntó: «¿Por qué dices eso?». Ella respondió: «El Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) me ha enviado para proponerte matrimonio». Sawda dijo: «Quiero que hables con mi padre».

El padre de Sawda (que Allah esté complacido con ella) se encontraba entonces en el último tramo de su vida. Se había apartado por completo de todas las actividades mundanas. Jaula se presentó ante él y lo saludó según la costumbre de la época de la ignorancia, diciendo: «An‘im sabahan» («Buenos días»).

El anciano preguntó: «¿Quién eres?». Jaula respondió: «Soy Jaula bint Hakim». El anciano le dio la bienvenida y la invitó a sentarse cerca de él. Jaula presentó la propuesta matrimonial de esta manera: «Muhammad ibn Abd Allah ibn Abd al-Muttalib ha pedido casarse con Sawda». El anciano dijo: «Es un pretendiente de noble linaje. ¿Qué dice tu amiga Sawda?». Jaula respondió: «Ella está de acuerdo». El anciano pidió que llamaran a Sawda. Cuando Sawda se presentó, le dijo: «Hija mía, esta mujer (Jaula) dice que Muhammad ibn Abd Allah la ha enviado para pedirte en matrimonio. Es un pretendiente noble. Quiero casarte con él; ¿estás de acuerdo?». Sawda respondió: «Sí, estoy de acuerdo». Entonces el anciano le dijo a Jaula: «Ve y trae a Muhammad». El Mensajero (que Allah le bendiga y le conceda paz) se presentó vestido como un novio, y el padre de Sawda la entregó en matrimonio a él. [Tabari, Tarij, 2/211; Al-Bidaya wa al-Nihaya, 2/130; al-Dhahabi, Tarij, 1/166; Ansab al-Ashraf, 1/408; Musnad Ahmad, 6/210; Tabacat, 8/53].

Jawla, tras obtener el consentimiento del Noble Mensajero de Allah (s.a.s.), fue a la casa de Abu Bakr, se reunió con Umm Ruman, la madre de Aisha (r.a.), y le dijo: «¡Umm Ruman! ¿Qué bendición y prosperidad ha concedido Allah a vuestra casa?». Ella respondió: «¿Por qué dices eso?». Jawla dijo: «El Mensajero de Allah (s.a.s.) me ha enviado para proponerle matrimonio a Aisha». Umm Ruman dijo: «Espera un poco; Abu Bakr llegará enseguida». Abu Bakr regresó a casa y Jawla le presentó la propuesta. Cabe señalar que, según la costumbre de los árabes de la época de la ignorancia, no consideraban lícito casarse con las hijas de sus hermanos carnales, y tampoco consideraban apropiado casarse con las hijas de sus hermanastros, primos paternos o hermanos adoptivos. Por ello, al oír la propuesta, Abu Bakr dijo: «¡Jawla! Aisha es sobrina del Mensajero de Allah (s.a.s.). Entonces, ¿cómo podría celebrarse este matrimonio?». Jawla regresó y consultó al Mensajero de Allah (s.a.s.) sobre el asunto. El Mensajero (s.a.s.) dijo: «Abu Bakr es mi hermano en la fe. Y es lícito establecer vínculos matrimoniales con las hijas de hermanos de esta clase». Abu Bakr (r.a.) aceptó la propuesta y pidió a Jawla que trajera al Mensajero de Allah (s.a.s.). Entonces Jawla llevó al Mensajero de Allah (s.a.s.) y se celebró el matrimonio. [Sahih al-Bujari, Babu Tazwiych as-Sigar minal Kibar; Ibn Kazir, As-Sira an-Nabawiyya-1/316; La vida de los compañeros del Mensajero-5/56]

El esposo de Jadiya (r.a.), Uzman ibn Maz‘un (r.a.), fue uno de los primeros musulmanes de La Meca. Sufrió diversas formas de persecución a manos de los politeístas. También emigró a Abisinia y, algún tiempo después, regresó de nuevo a La Meca. No se encuentra información sobre una emigración de Jadiya a Abisinia. Si el matrimonio de Jawla con Uzman ibn Maz‘un (r.a.) tuvo lugar en los primeros tiempos del islam, entonces ella también debió de haber sufrido, como miembro de la familia de Uzman, bajo el peso de las persecuciones y opresiones de los coraichitas. Sin embargo, no se han encontrado tales datos. Sí se sabe que emigró con su esposo a Medina.

Uzman ibn Maz‘un (r.a.) sentía por naturaleza una profunda inclinación hacia el ascetismo y la vida monástica. La adoración y la vigilia nocturna eran sus actividades predilectas. Rezaba durante toda la noche y ayunaba la mayoría de los días del año. Había reservado una habitación de su casa para la adoración. Allí permanecía en retiro espiritual día y noche. Con el tiempo, llegó a desatender por completo a su esposa y a sus hijos. Jawla (r.a.) tenía la costumbre de visitar la casa del Profeta y preguntar por las esposas del Mensajero de Allah. Un día fue a la casa del Profeta. Las esposas del Profeta (s.a.s.), al ver su ropa descuidada, le preguntaron: «¿Por qué estás así? Tu esposo es uno de los hombres adinerados de los coraichitas». Ella respondió: «¿Qué relación tengo yo con él? Ayuna durante el día y reza por la noche». Las esposas informaron de ello al Mensajero de Allah (s.a.s.). Él se dirigió inmediatamente a la casa de Uzman ibn Maz‘un y, llamándolo, le dijo: «¡Uzman! ¿Acaso mi vida no es un modelo para ti?». Uzman respondió: «¡Que mis padres sean sacrificados por ti! ¿Por qué dices eso?». El Mensajero (s.a.s.) dijo: «Ayunas durante el día y pasas toda la noche de pie en oración». Él respondió: «Sí, así lo hago». Entonces le dijo: «No vuelvas a hacerlo de esa manera. Tus ojos, tu cuerpo y tu familia tienen derechos sobre ti. Reza, descansa, ayuna y rompe el ayuno». Después de esta orientación, su esposa Jawla volvió un día a la casa del Profeta. Aquel día estaba ataviada como una recién casada y de su cuerpo se difundía un agradable perfume. [Siyar A‘lam an-Nubala-1/157-158; Nisa min Asr an-Nubuwwa-16]

Jadiya (r.a.) era una mujer de palabra elocuente. Hablaba con un lenguaje puro y claro. Poseía sentimientos y emociones delicados. También se sabe que cultivaba la poesía. Tras el fallecimiento de su esposo Uzman (r.a.), compuso una elegía, de la cual presentamos a continuación algunos versos: (árabe *****************) [Nisa min Asr an-Nubuwwa-169; La vida de los compañeros-2/611]

«¡Oh, mis ojos! Derramad lágrimas sin cesar

por la gran desgracia de Uzman ibn Maz‘un.

Por aquel que pasaba las noches buscando la complacencia de su Creador,

buenas nuevas para aquel difunto enterrado».

Para él, al-Baqi‘ se convirtió en morada y los árboles le dieron sombra,

su tierra se iluminó después de haber permanecido como un terreno pedregoso,

y llenó de dolor el corazón, un dolor cuyo fin no llega hasta la muerte.

Las venas de mi torrente de lágrimas quedarán incapacitadas para derramar lágrimas por él.”

En el segundo año de la Hégira, después de enviudar, Khawla no volvió a casarse. Permaneció siempre afligida. Según los relatos de las colecciones de hadices y de la sira, varias mujeres se ofrecieron espontáneamente al Profeta (s.a.s.) para casarse con él. Aisha (r.a.) dijo que Khawla era una de ellas. Urwa ibn az-Zubayr (r.a.) dijo: «Solíamos decir que Khawla se había ofrecido personalmente al Mensajero de Allah (s.a.s.)». Era una mujer virtuosa. Ibn Abbas (r.a.) dijo que él no aceptó a ninguna de las mujeres que se ofrecieron al Mensajero de Allah (s.a.s.), aunque Allah, el Altísimo, había concedido al Profeta (s.a.s.) la opción de aceptar a una mujer así. Esta opción le había sido concedida exclusivamente a él. Allah dice: (árabe *****************) [sura al-Ahzab, 50].

«Y si una mujer creyente se ofrece al Profeta y el Profeta desea casarse con ella, también le es lícito». [Tafsir al-Qurtubi y Tafsir Ibn Kazir —sura al-Ahzab, versículos 50-51—; Al-Bidaya wan-Nihaya, 5/259; Tabaqat, 8/158; al-Bayhaqi, Dala’il an-Nubuwwa, 7/287]

En el versículo mencionado, Allah, el Señor de los mundos, calificó a este tipo de mujeres como mujeres creyentes. Esto constituye para ellas un gran motivo de orgullo, honor y éxito. También la honorable Khawla posee este orgullo y este honor.

También obtuvo el honor de participar junto al Mensajero de Allah (s.a.s.) en el yihad. Participó en la expedición de Taif. En aquella ocasión pidió al Mensajero de Allah (s.a.s.): «¡Oh, Mensajero de Allah! Si conquistamos Taif, concédeme las joyas de Badiya bint Ghaylan o de Fari‘a bint Aqil». Cabe señalar que las joyas de estas dos mujeres eran las más bellas y valiosas entre las mujeres de la tribu de Taqif. El Mensajero (s.a.s.) le dijo: «Todavía no he recibido permiso respecto de ellas y no creo que las conquistemos ahora mismo». Khawla (r.a.) salió de donde estaba el Mensajero de Allah (s.a.s.) y le contó esto a Umar ibn al-Jattab (r.a.). Umar (r.a.) fue ante el Mensajero de Allah (s.a.s.) y le dijo: «¡Oh, Mensajero de Allah! ¿Qué significa que Khawla haya dicho algo y crea que usted lo dijo?». El Mensajero (s.a.s.) respondió: «Eso es lo que dije». Umar (r.a.) preguntó: «¿Debo anunciar la partida?». El Mensajero (s.a.s.) respondió: «Sí, hazlo». Umar (r.a.) anunció la partida. [Ibn Hisham, As-Sira, 2/484; Usud al-Gaba, 5/444; Al-Isaba, 4/291; As-Sira al-Halabiyya, 3/81-82]

Hazrat Khawla, que Allah esté complacido con ella, también conservó algunos hadices de Hazrat el Noble Mensajero, que la paz y las bendiciones de Allah sean con él. A través de su cadena se han transmitido un total de quince (15) hadices. El imán Muslim, al-Tirmidhi, al-Nasa’i e Ibn Majah los incluyeron en sus recopilaciones. De ella transmitieron hadices Hazrat Sa’d ibn Abi Waqqas, que Allah esté complacido con él, Sa’id ibn al-Musayyib, Bishr ibn Sa’id, Urwa, que Allah tenga misericordia de él, y muchos otros. (Nisa min Athar al-Nubuwwah, p. 170; Sahabiyyat, p. 251)

Khawla bint Tha‘laba ((que Allah esté complacido con ella))


El nombre del padre de Hazrat Khawla, que Allah esté complacido con ella, era Tha’laba ibn Asram. Ibn Hayar dijo que el nombre de su padre era Malik y el de su abuelo, Tha’laba. (Al-Isaba, 4/289) Era descendiente de Banu Awf, de la tribu medinense de Jazray. Algunos han dicho que su nombre era Juwayla, en lugar de Khawla. (Tabaqat, 8/387; Tahdhib al-Tahdhib, 12/414; Usd al-Ghaba, 5/442) Se convirtió al islam en la primera etapa de la difusión del islam en Medina. Después de que el Mensajero de Allah, que la paz y las bendiciones de Allah sean con él, llegó a Medina, ella le prestó bay’a, el juramento de obediencia. Su familia era una familia islámica. Sus tres hermanos, Bahhas, Abd Allah y Yazid, que Allah esté complacido con ellos, eran todos famosos compañeros ansaríes. Se habían convertido al islam en la primera etapa de la difusión del islam en Medina. Su esposo era Aws ibn al-Samit, que Allah esté complacido con él, hermano de Ubada ibn al-Samit, que Allah esté complacido con él, jefe de la tribu medinense de Jazray. Este Aws, que Allah esté complacido con él, participó junto al Mensajero de Allah, que la paz y las bendiciones de Allah sean con él, en todas las batallas, incluidas Badr, Uhud y Jandaq. Era poeta. Falleció en Ramala, Palestina, en el año 32 de la Hégira, a los 72 años de edad. (Tabaqat, 3/547; Tahdhib al-Asma wa al-Lughat, 1/129)

Abd Allah ibn Abbas, que Allah esté complacido con él, dijo que, en la era islámica, el primer caso relacionado con el ẓihār fue cometido por Aws ibn al-Samit. (Ibn Qutayba, al-Ma’arif, p. 255) Y su esposa era Khawla bint Tha’laba, que Allah esté complacido con ella.

En la Arabia de la época de la ignorancia ocurría con frecuencia que, cuando surgía algún desacuerdo o disputa entre marido y mujer, el esposo, enfurecido, decía: «Eres para mí como la espalda de mi madre». El significado literal de esta frase es: «Eres para mí como la espalda de mi madre». El sentido evidente de tales palabras era que ya no consideraba a su esposa como esposa, sino que la incluía entre las mujeres que le estaban prohibidas. En la terminología jurídica islámica, pronunciar este tipo de palabras se denomina ẓihār. En árabe, la palabra ẓihār deriva de ẓahr. Su significado habitual es una montura, aquello sobre lo que se puede cabalgar. En árabe, al animal de montar se le llama ẓahr, porque se monta sobre su espalda. Los árabes de la época de la ignorancia, con la intención de declarar ilícita a su esposa para sí mismos, decían: «Hacer de ti una montura me está prohibido, del mismo modo que me está prohibido hacer de mi madre una montura». Por eso, pronunciar en voz alta este tipo de frase o declaración se denominaba ẓihār en su terminología. En la Arabia de la época de la ignorancia, se consideraba que pronunciar tales palabras equivalía a anunciar la ruptura de la relación con mayor firmeza que mediante el divorcio. Para ellos, significaba que el esposo no solo rompía el vínculo matrimonial con su esposa, sino que además la declaraba ilícita para sí, como a su propia madre. Por ello, en la sociedad árabe existía una forma de volver a aceptar a la esposa incluso después del divorcio, pero después de hacer ẓihār ya no quedaba ningún camino abierto. (Tafhim al-Qur’an, Tafsir, sura al-Muyadila, 16/183)

Los expertos en hadices han transmitido, a través de diversos narradores, relatos detallados sobre el caso de ẓihār de Hazrat Aws. El resumen y punto central de esos relatos es que, al llegar a la vejez, Aws, que Allah esté complacido con él, se había vuelto algo irritable. Algunos relatos dicen que en él se manifestaba un estado de locura. Los narradores de hadices emplearon una expresión para explicar esto. En árabe, esta palabra no significa exactamente locura, sino que describe un estado semejante al que queremos expresar cuando decimos: «Tal persona se ha vuelto loca de ira». Debido a este estado de ánimo y temperamento, anteriormente había hecho ẓihār varias veces a su esposa. Sin embargo, después de aceptar el islam, volvió a cometerlo al tener una disputa con ella.

Después, su esposa, Khawla, que Allah esté complacido con ella, se presentó ante el Noble Mensajero, que la paz y las bendiciones de Allah sean con él, y, tras explicarle todo lo sucedido, le suplicó: «¡Oh, Mensajero de Allah! En estas circunstancias, ¿hay alguna manera de proteger mi vida y la de mis hijos de una terrible calamidad?»

Diversos narradores transmitieron con distintas palabras lo que respondió el Noble Profeta, que la paz y las bendiciones de Allah sean con él. Según algunos relatos, respondió: «Hasta ahora no he recibido ninguna orden sobre este asunto». Otro relato recoge estas palabras: «Creo que te has vuelto ilícita para tu esposo». Y en otro dijo: «Te has vuelto ilícita para él». Al oír semejante respuesta, Hazrat Khawla comenzó a llorar desconsoladamente, a lamentarse y a suplicar.

Siguió diciéndole repetidamente al Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él): «Él no pronunció la palabra “talāq”. Indíqueme alguna solución mediante la cual puedan salvarse mis hijos y la vida de mi anciano esposo de una grave calamidad». Pero en cada ocasión el Noble Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) continuaba dándole la misma respuesta y en los mismos términos. Finalmente, Khawla (que Allah esté complacido con ella) levantó las manos y comenzó a suplicar: «¡Oh Allah! Te expongo mi enorme aflicción y el intenso dolor de mi separación de mi esposo. ¡Oh Allah! Haz que de labios de Tu Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) se pronuncie algo que sea beneficioso para nosotros». Aisha (que Allah esté complacido con ella) dijo: «Entonces se produjo una escena tal que todos los presentes y yo rompimos a llorar ante las conmovedoras súplicas y lamentos de Khawla».

En ese momento se manifestó en el Noble Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) el estado de la revelación. Aisha (que Allah esté complacido con ella) le dijo alegremente a Khawla (que Allah esté complacido con ella): «Khawla, muy pronto Allah emitirá un dictamen sobre tu asunto». Aquel fue un momento muy difícil para ella. Se hallaba sumamente inquieta, oscilando entre la esperanza y la desesperación. Llegó a temer que se ordenara la separación y que muriera de dolor por ello. Pero, al mirar al Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) y ver su rostro sonriente, recuperó la esperanza. Se puso de pie de tanta alegría. Entonces el Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: «¡Khuwayla! Allah ha revelado algo acerca de ti y de tu esposo». Luego recitó: (árabe ********************) [Sura Al-Muyadila, 1-4].

«Allah ha escuchado las palabras de la mujer que discutía contigo acerca de su esposo y presentaba su queja ante Allah. Allah escucha vuestro diálogo. En verdad, Allah todo lo oye y todo lo ve. Quienes de vosotros declaran que sus esposas son para ellos como sus madres, sepan que ellas no son sus madres. Sus madres son únicamente aquellas que les dieron a luz. Ciertamente, dicen palabras reprobables y falsas. En verdad, Allah es indulgente y perdonador. Quienes declaran que sus esposas son para ellos como sus madres y luego se retractan de lo que dijeron, deberán liberar a un esclavo antes de tocarse mutuamente. Esto es una exhortación para vosotros. Allah está bien informado de lo que hacéis. Quien no tenga esa posibilidad deberá ayunar consecutivamente durante dos meses antes de tocarse mutuamente. Y quien no pueda hacerlo deberá alimentar a sesenta indigentes. Esto es para que creáis en Allah y en Su Mensajero. Estos son los límites establecidos por Allah. Y para los incrédulos hay un castigo doloroso».

Después de que fueron revelados los versículos mencionados, el Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) le dijo a Khawla: «Dile a tu esposo que libere a un esclavo». Khawla respondió: «¡Oh Mensajero de Allah! Él no tiene medios para liberar a un esclavo». El Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: «Entonces deberá ayunar consecutivamente durante dos meses». Khawla respondió: «Pero él es anciano; ¿cómo va a tener fuerzas para ayunar? Si no come ni bebe dos o tres veces durante el día, su vista comienza a debilitarse». El Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: «Entonces deberá alimentar a sesenta indigentes».

Khawla respondió: «No tiene los medios económicos necesarios para ello. Sin embargo, podría hacerlo si usted le ayuda». Entonces el Noble Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) entregó alimentos en cantidad suficiente para alimentar durante dos comidas a sesenta indigentes. Según algunas narraciones, Khawla (que Allah esté complacido con ella) entregó a su esposo, de sus propios bienes, una cantidad exactamente igual a la que le había dado el Noble Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él), para que él cumpliera con su kaffara. [Al-Isaba, 4/290]

La esposa, Khawla, había ido ante el Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) para conocer el dictamen sobre el zihar. Mientras tanto, su esposo Aws (que Allah esté complacido con él) permanecía inquieto junto a la puerta de la casa, esperando su regreso. Su corazón palpitaba de ansiedad y duda, sin saber qué dictamen traería ella. En cierto momento, al ver a Khawla a lo lejos, le preguntó a gritos, presa de la inquietud: «¡Khawla! ¿Qué ha sucedido?»

Khawla respondió: «Bien. Eres afortunado». Luego le informó de la decisión del Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) y él cumplió con la kaffara. [At-Tabaqat, 8/379-380; Siyar A‘lam an-Nubala, 1/138-139; Ansab al-Ashraf, 1/251; Tafhim al-Qur’an, 16/185-186]

Allah, exaltando el honor de Khawla (que Allah esté complacido con ella), reveló en respuesta a su súplica los versículos mencionados de la Sura Al-Muyadila. En ellos no solo explicó la norma relativa al zihar y estableció una solución para aliviar su aflicción y sufrimiento, sino que, para consolarla, declaró desde el principio: «He escuchado las palabras de la mujer que discutía contigo acerca de su esposo». Aisha as-Siddiqah (que Allah esté complacido con ella) dijo: «Santo es Aquel que escucha todas las voces y las súplicas de cada persona. Cuando Khawla bint Tha‘laba se quejaba ante el Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) acerca de su esposo, yo estaba allí. Sin embargo, a pesar de estar tan cerca, no pude oír algunas de sus palabras. Y Allah las escuchó todas». [Tafsir de Al-Qurtubi y Tafsir de Ibn Kazir, comentario de la Sura Al-Muyadila, versículos 1-4]. Después de la revelación de estos versículos, el nombre de Khawla (que Allah esté complacido con ella) pasó a ser «Al-Muyadila» (la que discute).

Khawla era una de las mujeres más elocuentes entre los ansar. Dominaba el arte de expresar ideas decisivas con un lenguaje ornamentado y una forma admirable. Como ejemplo de ello, pueden presentarse aquí algunas muestras del lenguaje y la manera en que expuso ante el Mensajero de Allah (s. a. s.) su queja contra su esposo. Ella dijo: (Árabe*************************) [Nisāʾ min Athar an-Nubuwwah, 405; Ḥayāt as-Saḥābah, 3/31]

«¡Oh, Mensajero de Allah! Él ha disfrutado de mis bienes y ha consumido mi juventud aprovechándose de ella. He extendido mi vientre para él. Y ahora, cuando he envejecido y he dejado de tener hijos, ha pronunciado el ẓihār contra mí.»

Es una narración breve, pero posee una forma artística y capacidad para captar la atención. El hecho de que su súplica fuera escuchada y aceptada por Allah, y que poco después se emitiera desde Allah un decreto favorable, hizo que se le reconocieran un honor y una posición especiales en la sociedad de los compañeros. En un hadiz narrado por Ibn Abī Ḥātim y al-Bayhaqī se cuenta que, cierta vez, ʿUmar (r. a.) iba de camino con varios compañeros. En el trayecto, una mujer le cerró el paso y se plantó delante de él. ʿUmar permaneció de pie, inclinó la cabeza y escuchó su discurso durante mucho tiempo. Siguió de pie hasta que ella terminó de hablar. Uno de sus compañeros exclamó: «¿Ha hecho usted que los dirigentes de Quraysh permanezcan aquí de pie por causa de esta anciana?». ʿUmar (r. a.) respondió: «¿Sabéis quién es esta mujer? Es Khawla bint Thaʿlaba. Es una mujer cuya queja fue escuchada por encima del séptimo cielo. ¡Por Allah! Si me hubiera hecho permanecer de pie hasta la noche, habría seguido de pie. Solo le habría pedido permiso para ausentarme durante el tiempo de la oración». [Tafhīm al-Qurʾān, 16/182]

Ibn ʿAbd al-Barr cita en su obra Al-Istīʿāb una narración de Qatādah (que Allah tenga misericordia de él). Cuando esta mujer, Khawla, se encontró con ʿUmar (r. a.) en el camino, lo saludó. Después de que ella respondiera a su saludo, comenzó a decir: «¡Vaya, ʿUmar! Hubo un tiempo en que te vi en el mercado de ʿUkāẓ. Entonces todos te llamaban ʿUmayr y pastoreabas cabras con un bastón en la mano. Poco después, la gente comenzó a llamarte ʿUmar. Y al cabo de un tiempo empezaron a llamarte “Amīr al-Muʾminīn”. Te digo que temas un poco a Allah respecto de la gente que está bajo tu autoridad. Recuerda que, para quien teme la maldición de Allah, incluso una persona lejana se vuelve como un pariente cercano. Y respecto de quien teme la muerte, existe el temor de que termine perdiendo precisamente aquello que desea proteger.»

Al oír esto, Jarūd al-ʿAbdī, compañero de ʿUmar (r. a.), dijo: «¡Mujer! Estás hablando con gran insolencia al Amīr al-Muʾminīn.»

ʿUmar (r. a.) dijo: «Déjala hablar. ¿Sabes quién es? Sus palabras fueron escuchadas incluso por encima del séptimo cielo; por tanto, ʿUmar (r. a.) debe escucharlas sin duda». [Izālat al-Khafā, 1/51; Al-Istīʿāb, 4/283; Al-Iṣābah, 4/283; Kanz al-ʿUmmāl, 1/385; Ḥayāt as-Saḥābah, 2/436]

Esta es Khawla bint Thaʿlaba (r. a.), una mujer ansar creyente sobre quien fueron revelados versículos del Corán. Por medio de ella se estableció una importante norma de la Sharīʿah islámica y se elevaron el honor y la dignidad de las mujeres musulmanas.

No se conoce con exactitud el año ni la fecha de su muerte. Sin embargo, diversos acontecimientos indican que vivió durante la mayor parte del califato de los rāshidūn y falleció durante ese mismo período.

Hawwa bint Yazid ((que Allah esté complacido con ella))


El padre de Hawwa se llamaba Yazid ibn Sinan. Era una mujer de la tribu de Abd al-Ashhal, en Medina. Fue esposa de Qays ibn Jutaym, de Medina. Sa‘d ibn Mu‘adh, el gran compañero ansarí de Medina, era hermano carnal de Aqrab bint Mu‘adh, la madre de Hawwa. Por tanto, el famoso compañero Sa‘d era el tío materno de Hawwa. El gran compañero de Badr, Rafi‘ ibn Yazid, era hermano de sangre de Hawwa. Hawwa abrazó el islam en Medina, antes de la hégira del Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) a Medina, durante la primera etapa de la predicación del islam allí. Era una de las mujeres a quienes el Mensajero (que Allah le bendiga y le conceda paz) miraba con respeto y consideración. Probablemente Hawwa abrazó el islam en el período comprendido entre la primera y la segunda promesa de Al-‘Aqaba. [Al-Isaba, 4/277; Nisa min Asr an-Nubuwwah, 91]

Hawwa fue una de las primeras mujeres de Medina que se presentaron ante el Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) y le prestaron la bay‘a. Umm ‘Amir, una mujer de la tribu de Abd al-Ashhal, relató: «Un día, entre la oración del magrib y la de la ‘isha, Laila bint al-Jutaym, Hawwa bint Yazid y yo nos presentamos ante el Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz), cubriendo todo nuestro cuerpo con nuestros mantos. Lo saludamos con el salam. Él nos preguntó quiénes éramos. Nos identificamos. Después de darnos la bienvenida, nos preguntó: “¿Por qué habéis venido?”»

Dijimos: «¡Oh, Mensajero de Allah! Hemos venido ante ti para prestarte la bay‘a del islam (el compromiso de obediencia). Hemos creído en ti y damos testimonio de que es verdad aquello que has traído».

El Mensajero (que Allah le bendiga y le conceda paz) dijo: «Todas las alabanzas pertenecen a Allah, que os ha guiado al islam. Acepto vuestra bay‘a». Umm ‘Amir dijo: «Entonces me acerqué un poco al Mensajero de Allah. Él dijo: “No estrecho la mano de las mujeres. Lo que digo a mil mujeres es lo mismo que digo a una sola mujer”».

Umm ‘Amir dijo: «Fuimos las primeras en prestarle la bay‘a al Mensajero de Allah». [Tabaqat, 8/12; Al-Isaba, 4/276]

Hawwa fue una de las personas que sufrieron opresión y persecución por causa del islam. Su esposo, Qays ibn Jutaym, era un poeta célebre de la tribu de Aws, en Medina. Aunque él permanecía firme en el paganismo, su esposa abrazó el islam sin que él lo supiera. Al enterarse, comenzó a maltratarla para impedirle seguir el islam. Se burlaba de ella y, cuando se postraba durante la oración, la arrojaba al suelo. [Al-Isaba, 4/276] Hawwa soportaba en silencio todos los abusos. En aquel entonces, el Mensajero (que Allah le bendiga y le conceda paz) se encontraba en La Meca. Se informaba de la situación de Medina por boca de los musulmanes que viajaban desde Medina a La Meca. Fue por ellos que tuvo conocimiento de la persecución sufrida por Hawwa. Poco antes de morir, Qays acudió una vez a la feria de Dhu al-Majaz, en La Meca. Al enterarse, el Mensajero (que Allah le bendiga y le conceda paz) fue hasta el lugar donde se encontraba. Al verlo, Qays manifestó su alegría y lo trató con gran respeto y honor. El Mensajero (que Allah le bendiga y le conceda paz) lo invitó a abrazar el islam. Qays pidió tiempo, diciendo que regresaría a Medina y reflexionaría un poco más. El Mensajero aceptó. Luego cambió de tema y dijo: “Tu esposa, Hawwa bint Yazid, ha abrazado el islam. Tú la has maltratado de diversas maneras. Quiero que no vuelvas a hacerle ningún daño. Teme a Allah y recuerda mis palabras respecto a ella”. [Tabaqat, 3/324; 8/23; A‘lam an-Nisa, 1/304]

Qays dijo: «¡Abu al-Qasim! Por respeto a ti, no volveré a hacerle ningún daño». Tras dar su palabra al Mensajero (que Allah le bendiga y le conceda paz), regresó a Medina. Le dijo a su esposa: «Ese amigo tuyo se ha reunido conmigo y me ha pedido que no te cause ningún daño. Por tanto, desde ahora no volveré a decirte nada. Puedes practicar tu religión libremente». [Ibn Sallam, Tabaqat ash-Shu‘ara, 192-193]

En otra narración se cuenta que le dijo a su esposa: «Practica tu religión como quieras; ya no te lo impediré de ninguna manera. ¡Por Dios! Nunca he visto a nadie de rostro y figura más hermosos que él». [Al-Bayhaqi, Dalā’il an-Nubuwwah, 2/456; A‘lām an-Nisā’, 1/304]

Después, Hawá (que Dios esté complacido con ella) le reveló a su esposo todo lo que había mantenido oculto acerca del islam y comenzó a practicarlo públicamente. Qays ya no se lo impidió en absoluto. Cuando sus vecinos y amigos le decían: «Tú sigues aferrado a la religión pagana, pero tu esposa se ha convertido en seguidora de Muhammad (que Dios le bendiga y le conceda paz)», él respondía: «Le prometí a Muhammad que no volvería a hacerle daño, y cumpliré la promesa que le hice». Cuando llegaron al Mensajero de Dios (que Dios le bendiga y le conceda paz) noticias del cumplimiento de esta promesa de Qays y de que no maltrataba a su esposa, comentó: «El hombre de las cejas, una canosa y otra negra, cumplió su palabra». [Usd al-Gābah, 5/431; Nisā’ min ‘Asr an-Nubuwwah, 94]

Así, Hawá pudo llevar una vida islámica sin obstáculos. Entretanto, el Mensajero (que Dios le bendiga y le conceda paz) emigró a Medina. En los primeros tiempos, Hawá se presentó ante el Mensajero de Dios (que Dios le bendiga y le conceda paz) junto con otras mujeres ansaríes y le prestó juramento de fidelidad.

Qays no aceptó el islam. Sin embargo, sus dos hijos, Yazid y Thabit, nacidos de Hawá (que Dios esté complacido con ella), aceptaron ambos el islam y obtuvieron el honor de ser compañeros del Mensajero de Dios (que Dios le bendiga y le conceda paz). Yazid participó junto al Mensajero de Dios (que Dios le bendiga y le conceda paz) en la batalla de Uhud y recibió heridas en doce partes del cuerpo. Ese día combatió encarnizadamente ante el Mensajero de Dios, espada en mano. Entonces el Mensajero (que Dios le bendiga y le conceda paz) se dirigía a él llamándolo «Jasir» y le daba órdenes como estas: «¡Oh, Jasir, avanza! ¡Jasir, retrocede!»

Este Yazid murió como mártir en la batalla de Jasr, dirigida por Abu Ubayda (que Dios esté complacido con él). [Obra citada] En cuanto a Thabit, Ibn Abd al-Barr dice en su obra Al-Istī‘āb que fue mencionado entre los Compañeros. Murió durante el califato de Mu‘awiya (que Dios esté complacido con él). [Nisā’ min ‘Asr an-Nubuwwah, 92]

Cabe señalar que las dos hermanas de Qays ibn Khutaym, Layla y Lubna, aceptaron el islam y prestaron juramento de fidelidad ante el Mensajero de Dios (que Dios le bendiga y le conceda paz). No se dispone de información sobre la última etapa de la vida de Hawá. La historia guarda silencio acerca de cuándo, dónde y cómo murió. Sin embargo, todas las fuentes históricas atestiguan que llegó a ser una buena musulmana. [Al-Isābah, 4/276]

Shifa bint Abdillah ((que Dios esté complacido con ella))


Shifa (que Dios esté complacido con ella) era hija de la rama de Adi del clan qurayshí de La Meca. Su kunya era Umm Sulayman. Su padre era Abdillah ibn Abd Shams y su madre, Fatima bint Abi Wahab, descendía de la rama de Amr ibn Makhzum del mismo clan. [Usd al-Gābah, 5/486; Al-Isābah fī Tamyīz as-Sahābah, 4/333] Shifa se casó con Abu Huthma ibn Hudhayfa al-Adawi. [At-Tabaqāt, 8/268; Al-Istī‘āb, 4/332] Muchos han dicho que su nombre original era Layla y que posteriormente se hizo conocida por el sobrenombre que se le atribuyó: ash-Shifa. [Nisā’ min ‘Asr an-Nubuwwah, nota n.º 1, p. 159]

Abrazó el islam en La Meca antes de la Hégira y fue también una de las mujeres que emigraron de La Meca a Medina en la primera etapa. [Al-Isaba, 4/333] Fue una de las mujeres compañeras que prestaron juramento de fidelidad al Mensajero de Allah. [Nisa min Asr an-Nubuwah, p. 159] Sentía una profunda devoción y amor por el Noble Mensajero de Allah. El Mensajero concedía una importancia extraordinaria a esa devoción y amor que ella le profesaba. De vez en cuando iba a la casa de Shifa y allí descansaba. Shifa reservó especialmente en su casa una cama y un conjunto de ropa para el Mensajero de Allah, quien los utilizaba. Después del fallecimiento de Shifa, sus hijos conservaron aquellos objetos con sumo cuidado. Sin embargo, el califa omeya Marwan ibn al-Hakam (f. 65 H.) se los arrebató. Así, la familia de Shifa quedó despojada de ellos. [Tahdhib al-Asma wa al-Lughat, 2/87; Al-Istiab, 4/358]

Umar la tenía en muy alta estima. Concedía gran importancia a sus opiniones y le profesaba un respeto especial. Le confió algunas responsabilidades de supervisión y administración del mercado. [Jamharat al-Ansab al-Arab, 1/150; Al-Isaba, 4/333]

El Noble Mensajero de Allah le regaló una casa. Allí vivía con su hijo Sulayman. [Nisa min Asr an-Nubuwah, p. 161]

En cierta ocasión, el califa Umar la hizo llamar y le regaló un manto. Justo entonces, también regaló un manto algo mejor a Atika bint Usayd, que se encontraba allí. En tono de reproche, Shifa dijo al califa: «¡Que tus manos se cubran de polvo! Le has dado un manto mejor que el mío, aunque yo abracé el islam antes que ella y soy tu prima. Además, yo vine porque tú me mandaste llamar, mientras que ella vino por iniciativa propia». Umar respondió: «Te habría dado el manto mejor, pero como ella llegó, tuve que darle preferencia, pues por linaje es más cercana al Mensajero de Allah». [Al-Istiab, 4/358; Usd al-Gabah, 5/497; Sahabiyat, p. 240]

Shifa también sentía una profunda admiración por Umar. Siempre que tenía ocasión, presentaba ante la gente el ejemplo de Umar. Por ejemplo, un día vio a varios jóvenes pasar delante de él caminando muy despacio y hablando en voz baja, y preguntó: «¿Por qué se encuentran en ese estado?». La gente respondió: «Son devotos, personas ocupadas en la adoración de Allah». Shifa dijo en un tono algo irritado: [Historia de at-Tabari, 2/571; Tabaqat, 3/290]

«¡Por Allah! Cuando Umar hablaba, lo hacía en voz alta; cuando caminaba, lo hacía rápidamente; y cuando golpeaba a alguien, le causaba un gran dolor. ¡Por Allah! Él era un verdadero devoto».

Umar visitaba de vez en cuando la casa de Shifa para verla y preguntar por su estado. Preguntaba también por el bienestar de su esposo y sus hijos, y les ofrecía consejo y orientación sobre diversos asuntos. Shifa dijo: «Un día, Umar vino a mi casa y vio a dos hombres durmiendo. Cabe señalar que aquellos dos hombres eran su esposo y su hijo Sulayman. Umar preguntó: “¿Qué les ocurre? ¿Acaso no rezaron por la mañana la oración en congregación con nosotros?”. Respondí: “¡Oh, Emir de los creyentes! Rezaron en congregación. Pasaron la noche rezando y luego durmieron después de realizar en congregación la oración del alba”. Era el mes de Ramadán. Umar dijo: “Para mí es más querido realizar la oración del alba en congregación que pasar toda la noche rezando y dejar de asistir a la oración del alba en congregación”». [Kanz al-Ummal, 4/243; Hayat as-Sahaba, 3/123]

Sabía realizar algunos ensalmos y también sabía escribir. En la época de la ignorancia, ambas cosas se consideraban muy honorables. En cierta ocasión, acudió ante el Mensajero de Allah y dijo humildemente: «Durante la época de la ignorancia sabía realizar algunos ensalmos. Si me das permiso, puedo recitártelos». El Mensajero le dio permiso y escuchó el ensalmo. Luego dijo: «Puedes seguir realizando curaciones con este ensalmo. Enséñaselo también a Hafsa, la Madre de los creyentes».

En otra narración se relata que el Mensajero (que Allah le bendiga y le conceda paz) le dijo: (árabe**************)

«Enséñale a Hafsa el conjuro para la namla, tal como le enseñaste a escribir». De esta narración se sabe que ella enseñó a la venerable Hafsa (que Allah esté complacido con ella) a escribir. [Al-Isaba, 4/333] Cabe señalar que, según los médicos modernos, la «namla» es una enfermedad cutánea semejante al eccema. [A‘lam an-Nisa, 2/201] Con el permiso del Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz), ella enseñaba aquel conjuro a las mujeres. [Nisa min Asr an-Nubuwwah, p. 160]

La venerable Shifa (que Allah esté complacido con ella) narró varios hadices directamente del Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) y de Umar (que Allah esté complacido con él). Entre quienes narraron de ella destacan su hijo Sulayman; sus nietos Abu Salama, Abu Bakr y Uthman; Abu Ishaq; y la Madre de los Creyentes, la venerable Hafsa (que Allah esté complacido con ella). [Tahdhib at-Tahdhib, 12/428; Al-Isti‘ab, 4/333] El número de hadices que narró es de doce. [Al-Isaba, 4/333]

Se conocen dos hijos suyos: un hijo, Sulayman, y una hija, que fue esposa de Shurahbil ibn Hasana (que Allah esté complacido con él). Sulayman era un hombre sabio, piadoso y virtuoso. Ocupaba una posición especialmente distinguida entre los eruditos musulmanes. [Tabaqat, 8/268]

No se conoce el año de la muerte de la venerable Shifa (que Allah esté complacido con ella). Sin embargo, muchos han señalado que ocurrió aproximadamente en el año 20 de la Hégira, durante el califato de Umar (que Allah esté complacido con él). [A‘lam an-Nisa, 2/163]

Uno de los hadices destacados narrados por la venerable Shifa es el siguiente: (árabe************) [Usd al-Ghaba, 5/487; Al-Isaba, 4/333]

«Se preguntó al Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) acerca de la mejor de las obras. Él respondió: creer en Allah, luchar por la causa de Allah y realizar un hach aceptado por Allah, es decir, un hach mabrur».

At-Tabarani y al-Bayhaqi han narrado un hadiz sorprendente de la venerable Shifa (que Allah esté complacido con ella). Shifa (que Allah esté complacido con ella) dijo: Un día fui ante el Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) y le pedí alguna limosna. Él continuó manifestando su incapacidad, mientras yo seguía insistiendo. Entretanto, llegó la hora de la oración. Salí y fui a la habitación de mi hija. El esposo de mi hija era Shurahbil ibn Hasana. Al ver entonces a Shurahbil en casa, le dije: «La oración está a punto de comenzar, ¿y tú estás ahora en casa?». Comencé a reprenderlo. Él dijo: «¡Tía! No me reprendas. Solo tengo una prenda, y el Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) la ha tomado prestada». Dije: «Aquel a quien estoy reprendiendo se encuentra en esta situación, y yo no sabía nada de ello». Shurahbil dijo: «Solo tengo una prenda remendada». [Kanz al-Ummal, 4/41; Hayat as-Sahaba, 1/326]

Hamna bint Yahsh (ra)


Hazrat Hamna (ra) era pariente cercana del noble Mensajero de Dios (s.a.w.). Era hija de su honorable tía paterna Umaima bint Abd al-Muttalib. Por un lado, era prima paterna del Mensajero de Dios (s.a.w.) y, por otro, también era su cuñada. Era hermana carnal de la Madre de los Creyentes, Hazrat Zaynab bint Yahsh. [Ansab al-Ashraf, 1/231; Nisa’un Mubashsharat bil-Yannah, 1/243] Su primer esposo fue el célebre compañero Mus’ab ibn Umair (ra), el primer enviado y da’i (predicador del islam) que el Mensajero de Dios (s.a.w.) envió a Medina. [Yamharat al-Ansab al-Arab, 1/191; Tabaqat, 8/241; al-Isti’ab, 4/262]

El esposo de Hazrat Hamna (ra), Mus’ab ibn Umair (ra), era un joven apuesto de una familia adinerada de La Meca. Su madre, Khunas bint Malik, poseía una gran riqueza. Desde su infancia creció en la abundancia. Su madre siempre lo vestía con ropas muy costosas. En La Meca nadie usaba perfumes más caros que los suyos. Calzaba zapatos de Hadramaut. Más tarde, al recordar a Mus’ab, el Mensajero (s.a.w.) decía: (árabe*************)

«En La Meca no vi a nadie con una cabellera más hermosa que la de Mus’ab, con una capa más suave ni más entregado al lujo que él.»

Cuando este joven oyó que el Mensajero (s.a.w.) residía en la casa de al-Arqam ibn Abi al-Arqam e invitaba secretamente a la gente al islam, un día se presentó allí y abrazó el islam. Desde entonces se convirtió en alumno de la Madrasa Profética. Recibió educación y formación bajo la supervisión directa del Profeta (s.a.w.). En muy poco tiempo ganó tal confianza de su maestro que este lo envió a Medina como enviado y da’i. Así se convirtió en el primer enviado y da’i de la historia del islam. [Nisa’ min Asr an-Nubuwwah, p. 50]

Hamna fue una de las mujeres que abrazaron el islam en los primeros tiempos del islam en La Meca y tuvieron el honor de gozar de la compañía y el trato cercano del Mensajero de Dios (s.a.w.). Toda la familia de Hamna era musulmana. Cuando la persecución de los qurayshíes contra ellos en La Meca alcanzó proporciones desmesuradas, todos ellos, hombres y mujeres, emigraron a Medina. Los hombres emigrantes fueron: Abdullah ibn Yahsh, su hermano Abu Ahmad, Ukasha ibn Mihsan, Shuja’, Uqba, los dos hijos de Wahab y Arbad; y las mujeres fueron: Zaynab bint Yahsh, Umm Habiba bint Yahsh, Juzama bint Jandal, Umm Qays bint Mihsan, Umm Habib bint Thumama, Umayya bint Ruqays, Sakhbar bint Tamim y Hamna bint Yahsh (ra). [Sira de Ibn Hisham, 1/472; Durr as-Sahaba, 556]

Después de llegar a Medina, Hazrat Hamna (ra), junto con las demás mujeres creyentes, se dedicó a obtener la complacencia de Dios y de Su Mensajero (s.a.w.). Se instruyó aún más adquiriendo conocimientos islámicos del Profeta (s.a.w.) y de su esposo. También elevó más su nivel moral. Como resultado, ellas alcanzaron una posición honorable y respetada en la sociedad de Medina. Allí nació su hija, Zaynab bint Mus’ab. [Tabaqat, 3/116; Ansab al-Ashraf, 1/437]

Cuando, durante la vida medinense del noble Mensajero (s.a.w.), comenzaron las guerras, hostilidades y conflictos con los adversarios, el papel de Hamna (ra) fue sumamente encomiable y ejemplar. En la batalla de Uhud, Hamna (ra) se unió a los muyahidines junto con otras mujeres musulmanas. Aquel día desempeñaron una función importante. Hazrat Ka’b ibn Malik (ra), uno de los soldados y testigo presencial de aquella batalla, dijo: «El día de la batalla de Uhud vi a Umm Sulaym bint Milhan y a la Madre de los Creyentes, Aisha (ra), llevando cada una un odre de agua colgado a la espalda. Vi a Hamna bint Yahsh dando agua a los sedientos y atendiendo a los heridos. Y vi a Umm Ayman dando agua a los heridos.» [Al-Waqidi, al-Maghazi, 1/249-250; Durr as-Sahaba, 556]

En la batalla de Uhud, setenta muyahidines musulmanes, entre ellos Mus‘ab ibn ‘Umayr (que Allah esté complacido con él), fueron martirizados. Al finalizar la batalla, Hamna (que Allah esté complacido con ella) acudió ante el Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz). El Mensajero (que Allah le bendiga y le conceda paz) le dijo: «¡Hamna, cuenta!». Hamna: «¿A quién?». El Mensajero (que Allah le bendiga y le conceda paz): «A tu tío materno, Hamza». Hamza: (árabe**********) ¡Que Allah lo perdone, derrame sobre él Su misericordia y benevolencia, y le conceda el Paraíso!

El Profeta (que Allah le bendiga y le conceda paz) volvió a decir: «Cuenta a otra persona».

Hamna: «¿A quién?»

El Profeta (que Allah le bendiga y le conceda paz): «A tu esposo, Mus‘ab ibn ‘Umayr».

Hamna lanzó un fuerte grito y exclamó: «¡Ay, qué desgracia la mía!»

Al ver su estado, el Mensajero (que Allah le bendiga y le conceda paz) comentó: «En el corazón de una mujer, el esposo ocupa un lugar que nadie más ocupa». Hizo este comentario cuando vio que Hamna se había mantenido firme ante la muerte de su tío materno y de su hermano, pero se derrumbó al enterarse de la muerte de su esposo.

El Mensajero (que Allah le bendiga y le conceda paz) preguntó a Hamna: «¿Por qué reaccionaste así al enterarte de la muerte de tu esposo?». Hamna respondió: «Pensé en que sus hijos quedarían huérfanos y, presa del temor, perdí el control». [Sira de Ibn Hisham-2/98; Ansab al-Ashraf-1/438]

El Mensajero (que Allah le bendiga y le conceda paz) hizo una súplica por Hamna, pidiendo a Allah que les concediera a sus hijos alguien mejor que Mus‘ab. Después, Hamna (que Allah esté complacido con ella) se casó con el célebre compañero Talha ibn ‘Ubayd Allah (que Allah esté complacido con él). Cabe señalar que Talha era uno de los diez a quienes se anunció el Paraíso durante su vida. Con Talha, Hamna tuvo un hijo llamado Muhammad ibn Talha. Él fue sumamente afectuoso con los hijos de Hamna (que Allah esté complacido con ella). [Al-Isaba-2/221; Ansab al-Ashraf-1/88; Sunan Abi Dawud, hadiz n.º 1590]

Hamna (r.a.) continuó participando en las expediciones posteriores a Uhud. También acompañó al Mensajero de Allah (s.a.w.) a Jaybar y, después de la victoria, el Mensajero (s.a.w.) le asignó treinta wasaq de las cosechas producidas allí. [Tabaqat-8/241; Sira de Ibn Hisham-2/352]

Después del nacimiento de su hijo Muhammad ibn Talha, Hamna (r.a.) lo llevó en brazos ante el Mensajero de Allah (s.a.w.) y le pidió: «¡Oh, Mensajero de Allah! Ponle un nombre». El Mensajero (s.a.w.) le pasó la mano por la cabeza, le puso el nombre de Muhammad y le dio el kunyah de Abu al-Qasim. Rashid ibn Hafs al-Zuhri dice: «Solo conocí a cuatro hijos de los Compañeros cuyos nombres eran Muhammad y cuyos kunyah eran Abu al-Qasim. Ellos son: 1. Muhammad ibn Abi Bakr (r.a.); 2. Muhammad ibn Ali ibn Abi Talib (r.a.); 3. Muhammad ibn Sa‘d ibn Abi Waqqas (r.a.); 4. Muhammad ibn Talha (r.a.)». [Al-Isaba-3/357]

Este hijo de Hamna (r.a.), Muhammad ibn Talha, se convirtió con el tiempo en un devoto sincero y desapegado de este mundo. Debido a sus frecuentes prosternaciones, recibió el sobrenombre de «Sajjad». En el mes de Yumada al-Awwal del año 36 de la Hégira, fue martirizado junto con su padre Talha en la Batalla del Camello. Hamna (r.a.) tuvo otro hijo de Talha (r.a.), llamado Imran ibn Talha (r.a.). [Tabaqat-5/166; Yamhara Ansab al-Arab-1/138; Ansab al-Ashraf-1/437]

La grandeza y la dignidad de Hamna (r.a.) eran enormes. Narró hadices del Noble Profeta (s.a.w.), y su hijo Imran ibn Talha narró de ella. Era hermana de Zaynab, la Madre de los Creyentes. Se ha transmitido que, cuando se acercaba el final de la vida de Zaynab (r.a.), esta le dijo a su hermana Hamna (r.a.): «He preparado mi mortaja. Después de mi muerte, el califa Umar (r.a.) podría enviar una mortaja para mí. Si la envía, da en caridad cualquiera de las dos». Zaynab (r.a.) murió y Umar (r.a.) envió cinco piezas de tela. Fue amortajada con esas telas, mientras que Hamna entregó en caridad las telas que Zaynab (r.a.) había preparado. [Ansab al-Ashraf-1/435; Al-Isaba-4/308] Este hecho indica que Hamna (r.a.) seguía viva después del año 20 de la Hégira, pues la Madre de los Creyentes Zaynab (r.a.) falleció en el año veinte de la Hégira. [Nisa min Asr an-Nubuwwah-54] Tras llevar una vida digna mediante la adoración y la devoción, obedeciendo a Allah y a Su Mensajero (s.a.w.), partió hacia la otra vida.

Los que estuvieron implicados de diversas maneras en el incidente de la acusación contra el carácter casto y puro de Aisha, la Madre de los Creyentes (r.a.), fueron Abd Allah ibn Ubayy, Zayd ibn Rifa‘a, Mistah ibn Uthatha, Hassan ibn Thabit y Hamna bint Jahsh. Los dos primeros eran hipócritas y los otros tres, creyentes. Estos tres creyentes se vieron envueltos en esta calumnia debido a ciertas debilidades humanas y a su equivocación. [Tafhim al-Qur’an, tomo 3, sura an-Nur, p. 138; Hayat as-Sahaba-1/588]

Después de que fueran revelados los versículos del Corán que declaraban la inocencia de Aisha (r.a.), el Mensajero (s.a.w.) impuso a todos ellos el castigo establecido por la falsa acusación. [Al-Bidaya wa an-Nihaya-4/160; Ansab al-Ashraf-1/343; Hayat as-Sahaba-1/590] Respecto a la razón por la que Hamna (r.a.) se involucró en tal acto, Aisha (r.a.) dijo: «Entre mis coesposas, aparte de su hermana Zaynab, ninguna podía pretender ser mi igual. Por ello, buscando el bien de su hermana, ella asumió el papel de mi oponente y se involucró en la calumnia». [Sira de Ibn Hisham-2/300]

Khansa bint Amr ibn ash–Sharid ((r.a.))


El nombre verdadero de la venerable al-Jansāʾ era Tumāḍir. Debido a su carácter vivaz, ingenioso y enérgico, y a su rostro encantador, la llamaban al-Jansāʾ. Al-Jansāʾ significa «vaca salvaje» y «cierva». Finalmente, su nombre verdadero se perdió en el abismo del olvido, y alcanzó renombre en la historia con el nombre de al-Jansāʾ. [Sahabiyat, p. 181] Su padre se llamaba ʿAmr ibn Sharīd. Pertenecía al clan Sulaym de la tribu de Qays. [Usud al-Gābah, 5/441; al-Isābah, 4/287] Los Banū Sulaym vivían al norte del Hiyaz y del Nayd. [Dr. ʿUmar Farrūj: Tārīkh al-Ādāb, 1/317]

Duraid ibn al-Simmah fue un famoso líder de la antigua Arabia. Cuando al-Jansāʾ alcanzó la edad para casarse, un día Duraid la vio aplicando con sumo cuidado un medicamento sobre el cuerpo de uno de sus camellos y luego aseándose ella misma. Duraid quedó impresionado y le envió una propuesta de matrimonio. Al-Jansāʾ rechazó su propuesta diciendo: [Ibn Qutaybah: al-Shiʿr wa al-Shuʿarāʾ, p. 160] (árabe* *****)

«¿Quieres que abandone a mis primos de tal manera que queden como la parte superior de una flecha y como el anciano abandonado de los Banū Jusham?»

Tras ser rechazado, Duraid recitó un poema, del cual se han recopilado fragmentos en diversas obras. A continuación figuran dos de sus versos: [al-Isābah, 4/287] (árabe*******************)

«¡Oh, compañeros y amigos míos! Dad la bienvenida a Tumāḍir y esperadme, pues vuestra presencia es mi sustento. ¿Acaso la cierva ha vuelto locos de amor vuestros corazones y habéis enfermado por su amor?»

Después de rechazar la propuesta de Duraid, al-Jansāʾ se casó con un joven de su propia tribu, Rawāhah ibn ʿAbd al-ʿUzzā. De él nació su hijo Shājara ʿAbd Allāh. Al cabo de algún tiempo, Rawāhah murió y ella se casó con Mirdās ibn Abī ʿAmr. De este segundo esposo nacieron dos hijos —Yazīd y Muʿāwiyah— y una hija, ʿUmrah. [al-Suyūṭī: al-Durr al-Manthūr, p. 110; al-Shiʿr wa al-Shuʿarāʾ, p. 160]

Cuando en La Meca salió el sol de la misión profética y su resplandor iluminó el mundo entero, los ojos de al-Jansāʾ (r.a.) brillaron con el fulgor de la fe. Se dirigió apresuradamente a Medina, junto con algunos miembros de su tribu, para presentarse ante el Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz), y proclamó el islam. En aquel encuentro recitó ante el Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) un poema compuesto por ella misma. El Mensajero escuchó pacientemente su recitación durante largo tiempo y, maravillado por la pureza y la belleza artística de su lenguaje, manifestó su deseo de escuchar más. [Usud al-Gābah, 5/441; al-Isābah, 4/550]

Al-Jansāʾ (r.a.) era poeta. Sin embargo, durante la primera etapa de su vida poética componía ocasionalmente dos o cuatro bayt (versos). En la guerra que su tribu libró contra la famosa tribu árabe de Asad, murió su hermano de padre y madre, Muʿāwiyah, y su medio hermano Sakhr resultó gravemente herido por la lanza arrojada por un hombre del bando contrario llamado Abū Thawr al-Asadī. Durante casi un año intentó curar a su hermano, soportando incontables sufrimientos y penalidades. Pero todos sus esfuerzos fueron inútiles. La herida era demasiado grave. Un día, después de sumir a su querida hermana en un mar de tristeza, abandonó este mundo. [al-Istīʿāb (anotación marginal de al-Isābah), 4/296]

Jansa (ra) amaba profundamente a sus dos hermanos fallecidos. En especial, Sajr ocupaba un lugar muy profundo en el corazón de Jansa (ra) por su conocimiento, inteligencia, paciencia, valentía, generosidad, hermoso aspecto y otras cualidades. Por ello, su muerte le causó un dolor inconmensurable. Desde aquel día, comenzó a componer, en memoria de Sajr, numerosas e incomparables marsiyas (elegías fúnebres). [Usud al-Gaba, 5/441] Ibn Qutayba dice: [ash-Shi‘r wa-sh-Shu‘ara, p. 161] (árabe********)

«Se quedó ciega de tanto llorar por Sajr.»

Había una razón por la que amaba a Sajr tan profundamente. Jansa (ra) se había casado con un joven amable y derrochador. Él gastó toda su riqueza en cosas inútiles y quedó en la miseria. Jansa acudió a su hermano Sajr para quejarse de su esposo. Pero Sajr entregó a su hermana la mitad de sus bienes. Ella regresó con ellos a la casa de su esposo. En poco tiempo, el marido derrochador también gastó todo aquello y volvió a quedar arruinado. Jansa (ra) acudió nuevamente a Sajr. Esta vez también Sajr dividió sus bienes en dos partes iguales y entregó a su hermana la mejor parte. [Dr. Umar Farruj, 1/317] De este modo, Sajr se ganó un lugar permanente y profundo en el corazón de su hermanastra. En las marsiyas compuestas en memoria de Sajr, Jansa (ra) expresó su intenso dolor y sufrimiento mediante palabras tan conmovedoras que nadie puede escucharlas o leerlas sin sentirse profundamente turbado. Las lágrimas brotan de los ojos de cualquiera. Acerca de las emociones expresadas en ellas, el profesor R. A. Nicholson dijo:

«Es imposible traducir la emoción conmovedora y vívida, la fuerza de la pasión y la noble sencillez de estilo que distinguen la poesía de Jansa.» [A Literary History of the Arabs, p. 126]

A continuación se citan algunos versos de una de sus marsiyas, para que puedan apreciarse directamente su forma artística, sus recursos retóricos y su estilo.

(Árabe**********)

«Oh, mis dos ojos, sed generosos y no escatiméis. ¿Acaso no lloraréis por el generoso Sajr? ¿Acaso no lloraréis por un hombre valiente y apuesto como él? ¿Acaso no lloraréis por un joven líder como él?

La empuñadura de su espada era muy larga [«que la empuñadura de la espada fuera larga» significa que era de gran estatura]. El montón de cenizas era enorme [era muy hospitalario; por eso, en su casa se había acumulado un enorme montón de cenizas]. Asumió el liderazgo de su tribu cuando aún era joven.

Cuando su tribu tendía la mano hacia cualquier acción honorable y gloriosa, él se lanzaba rápidamente. Por eso partió llevando consigo honor y buena fortuna.

Verás que el honor y la dignidad señalan el camino hacia su casa. Incluso la más excelsa dignidad considera que debe elogiarlo.

Si se habla de honor y nobleza, lo verás envuelto en el manto de la dignidad.»

De acuerdo con las costumbres y tradiciones de las mujeres de la antigua Arabia, Jansa (ra) iba a sentarse junto a la tumba de su hermano por la mañana y por la tarde, lo lloraba recordándolo y recitaba las elegías fúnebres que ella misma había compuesto. A continuación presentamos algunos fragmentos de esas elegías: [Sahabiyat, p. 184]

(Árabe*******************************)

«Cada amanecer me recuerda a Sakhr, y lo recuerdo al anochecer. Si no hubiera a mi alrededor tantos dolientes que lloran a sus propios muertos, me habría suicidado.» [Ibídem]

(Árabe******************)

«Oh Sakhr, si has hecho llorar a mis dos ojos, ¿qué importa? Tú me hiciste reír durante mucho tiempo.

He llorado por ti entre un grupo de plañideros de voz elevada. Sin embargo, soy más digna que quienes lloran a voz en cuello.

Durante tu vida, gracias a ti, aparté muchas calamidades. Ahora, ¿quién apartará esta gran calamidad?

Cuando lamentarse por un muerto es una mala acción, considero que llorar por ti es una acción sumamente buena.”

Al describir la grandeza y la dignidad de Sakhr, dijo: [Ash-Shi‘ru wash-Shu‘ara-162]

(Árabe**************)

“Los grandes hombres prominentes siguen a Sakhr. Sakhr es como una montaña en cuya cima arde un fuego.”

Es decir, así como los árabes encuentran el camino a la luz del fuego encendido en la cima de una montaña, del mismo modo encuentran el camino siguiendo a Sakhr. En memoria de Sakhr, también compuso la siguiente elegía: [Al-Iqd al-Farid-3/268]

Árabe*****************)

¡Oh, qué le ha pasado a mi ojo, oh, qué le ha pasado! Ha empapado su túnica con lágrimas. ¿Acaso la tierra se ha librado de su carga tras la muerte de Sakhr, descendiente de al-Sharid? (Los árabes dicen que un jinete audaz es una carga muy pesada para la tierra; con su muerte o asesinato, la tierra se libera de esa carga.) Después, he jurado expresar mis condolencias por un hombre destruido. Y, mientras lloro, pregunto: ¿qué le ha pasado?

Él mismo ha decidido soportar todos los dolores y sufrimientos. Por tanto, los dolores más nobles son más apropiados para mí.

Seguiré un camino y un método; quizá sea en su contra o a su favor.

Una vez le dijeron a al-Jansāʾ: «Háblanos de algunas cualidades de tus dos hermanos». Ella respondió: (en árabe ***************)

«¡Por Dios!, Sakhr era un escudo de tiempos remotos y la punta roja y venenosa de una lanza de cinco codos. ¡Por Dios!, Muʿāwiya era tan elocuente como hábil.»

Volvieron a preguntarle: «¿Cuál de los dos poseía mayor dignidad y gloria?». Ella respondió: (en árabe **********)

«Sakhr es el calor del invierno, mientras que Muʿāwiya es la frescura del viento». Volvieron a preguntarle: «¿De quién es el dolor más intenso?». Ella respondió: (en árabe ***************)

«Sakhr es el estremecimiento del corazón, mientras que Muʿāwiya es la fiebre del cuerpo». Luego recitó los dos versos siguientes: (en árabe **********************)

«Ellos dos son leones intrépidos, de garras ensangrentadas; dos mares en medio del áspero y furioso ciclo del tiempo; dos lunas en las reuniones y asambleas; elevados en honor y dignidad, líderes semejantes a montañas y hombres libres». [Ibíd., 3/267]

Gracias a composiciones elegíacas y comentarios tan conmovedores como el aquí citado, la honorable Jansa (que Allah esté complacido con ella) llegó a ser famosa en toda la Arabia preislámica como una autora de elegías sin rival.

Después del fallecimiento del Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él), la honorable Jansa (que Allah esté complacido con ella) visitaba de vez en cuando a la Madre de los Creyentes, la honorable Aisha (que Allah esté complacido con ella). Conforme a la costumbre árabe de aquel tiempo, llevaba atada a la cabeza una tela negra como símbolo de duelo. En cierta ocasión, la honorable Aisha (que Allah esté complacido con ella) le dijo que en el islam estaba prohibido llevar de ese modo un símbolo de duelo. Después del fallecimiento del Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él), yo tampoco he llevado ningún símbolo semejante de duelo. Jansa (que Allah esté complacido con ella) respondió: «No sabía que estuviera prohibido. Sin embargo, tengo una razón especial para llevar este símbolo». Aisha (que Allah esté complacido con ella) quiso conocer la razón.

Jansa (que Allah esté complacido con ella) dijo: «El hombre con quien mi padre me casó era uno de los jefes de su tribu, pero era extremadamente derrochador. Se gastó jugando a los dados todos sus bienes y los míos. Cuando quedamos completamente desamparados, mi hermano Sajr dividió por igual todos sus bienes y me dio la mejor parte. Mi esposo también la dilapidó en poco tiempo. Al ver mi situación, Sajr se entristeció y volvió a dividir en dos partes iguales todos sus bienes, diciéndome que escogiera la mejor. Entonces su esposa exclamó: “Ya le diste una vez a Jansa la mitad de tus bienes —y además la mejor parte—, y ahora vuelves a pedirle que escoja la mejor. ¿Cuánto tiempo seguirá esto así? La situación de su marido sigue siendo la misma de antes: lo acabará todo jugando a los dados y volverá”. Entonces Sajr recitó a su esposa los dos versos siguientes: [Ibíd.; al-Isaba, 4/296]»

(Árabe**********************)

«¡Por Allah!, no le daré la peor parte de mis bienes. Ella es una mujer casta y virtuosa; la humillación y la deshonra ya son suficientes para mí. Cuando muera, rasgará su manto en señal de duelo por mí y hará con sus cabellos una cinta de luto». «Madre de los Creyentes, por eso llevo este símbolo de duelo en su memoria». [ash-Shi‘r wa ash-Shu‘ara, 161]

En cierta ocasión, durante el califato del segundo califa, la honorable Umar, Jansa (que Allah esté complacido con ella) acudió a la corte del califa. Tenía entonces cincuenta años y aún continuaba de duelo por su hermano fallecido. Las lágrimas que brotaban de sus dos ojos habían dejado marcas en sus mejillas. El califa preguntó: «Jansa, ¿qué son esas marcas en tu rostro?». Ella respondió: «Son las marcas de haber llorado durante mucho tiempo por mis dos hermanos». El califa dijo: «¿Por qué guardas tanto duelo por ellos, si han ido al Infierno?». Jansa (que Allah esté complacido con ella) respondió: [árabe] [Dr. Umar Farrukh, 1/317]

«Esta es la mayor razón por la que guardo duelo por ellos. Antes lloraba para vengar su sangre, pero ahora lloro por el fuego del Infierno que los espera».

Según la narración de Ibn Qutayba, Jansa (que Allah esté complacido con ella): árabe*****************)[Ash-Shi‘r wa ash-Shu‘ara, 161; Al-‘Iqd al-Farid, 3/266]

«Antes lloraba por la muerte de Sakhr. Ahora lloro al pensar en el castigo que sufrirá en el Infierno.»

Después de pasar de la vida de la época de la ignorancia a la vida islámica, Jansa (que Allah esté complacido con ella) se convirtió, en sus costumbres y conducta, así como en sus pensamientos y creencias, en una musulmana íntegra. Comprendió que el yihad permanente es el sagrado deber y responsabilidad de un musulmán verdadero. Por ello, no dudó en sacrificar aquello que más amaba.

La histórica batalla de Qadisiyya tuvo lugar en el año dieciséis de la Hégira, durante el califato del califa Umar (que Allah esté complacido con él). En esta batalla, el enorme ejército persa se enfrentó al ejército musulmán con gran valor y destreza. Numerosos soldados de ambos bandos murieron o resultaron heridos. Jansa (que Allah esté complacido con ella) participó en esta batalla llevando consigo a sus cuatro hijos. La arenga de aliento y entusiasmo que les dirigió a los cuatro, reunidos ante ella, la noche anterior a la batalla decisiva, ha quedado registrada en la historia. Presentamos a los lectores una parte de ella: [Jazānat al-Adab, 1/395; Jamharat Jutab al-‘Arab, 1/231; Al-Isaba, 4/288]

(Árabe*********************************************)

«¡Mis queridos hijos! Habéis aceptado el Islam obedientemente y habéis emigrado voluntariamente. Juro por el nombre de Allah, aparte de quien no existe ninguna otra divinidad, que ciertamente sois hijos de un mismo hombre, del mismo modo que sois hijos de una misma mujer. No he traicionado a vuestro padre, no he avergonzado a vuestros parientes maternos ni he manchado de modo alguno vuestro linaje, honor y dignidad. Sabed cuánto gran recompensa ha establecido Allah para los musulmanes que combaten en el yihad contra los incrédulos. Sabed muy bien que la vida eterna del Más Allá es mejor que la vida mundana, que es pasajera. Allah, el Altísimo, Señor de los mundos, dice: “¡Oh, creyentes! Sed pacientes, manteneos firmes en el enfrentamiento y temed a Allah, para que podáis alcanzar vuestro objetivo.” (Al Imran, 200). Mañana, al amanecer, os lanzaréis contra el enemigo con prudencia y determinación para exterminarlo. Pediréis Su ayuda en la lucha contra los enemigos de Allah.»

Los hijos obedientes escucharon atentamente las palabras de su madre. La noche pasó. Al amanecer, avanzaron juntos hacia el campo de batalla, recitando algunos versos de poesía árabe. [Al-Qurtubi e Ibn Hayar recopilaron muchos de esos versos en sus obras. (Al-Isti‘ab, 4/296; Al-Isaba, 4/288)] En cierto momento, todos ellos combatieron con un valor y una bravura extraordinarios y alcanzaron el martirio. Vale la pena observar las palabras que pronunció la madre, Jansa (que Allah esté complacido con ella), al recibir la noticia de su martirio. Dijo: (árabe***********************)[Usd al-Gaba, 5/442; Jamharat Jutab al-‘Arab, 1/231]

«Toda alabanza pertenece a Allah, quien me ha honrado concediéndoles el martirio. Espero de mi Señor que, en el Más Allá, me reúna con ellos bajo la sombra de Su misericordia eterna.»

La mujer que en la época de la ignorancia preislámica alcanzó fama en toda Arabia por escribir elegías fúnebres y expresar su dolor durante toda la vida por la muerte de un hermano querido, fue precisamente quien, al enterarse así de una vez del martirio de sus cuatro hijos, expresó su gratitud a Allah. No se sabe que hubiera organizado lamentos por ellos, compuesto elegías fúnebres ni adoptado ninguna manifestación de duelo. ¿Cuán firme debe ser la fe para alcanzar algo así?

El califa, Hazrat Umar (que Allah esté complacido con él), concedía a cada uno de sus hijos una asignación de cien dírhams mientras vivían. Incluso después de su martirio, mantuvo esas asignaciones a nombre de Hazrat Khansa (que Allah esté complacido con ella). Ella las recibió hasta el final de su vida. (Al-Isaba, 4/288; Khazanat al-Adab, 1/395; Dr. Umar Farrukh, 1/318)

Poeta como Hazrat Khansa ((que Allah esté complacido con ella)) posición


Khansa (que Allah esté complacido con ella) incursionó en casi todos los ámbitos de la poesía árabe. Sin embargo, en la composición de elegías fúnebres no tuvo rival. El ilustre Ibn al-Athir escribió: (Usud al-Gaba, 5/441)

«Los eruditos de la poética árabe han coincidido en que, ni antes ni después de Khansa, nació una poetisa superior a ella.»

Jarir, uno de los más grandes poetas árabes de la época omeya (fallecido en el año 110 de la Hégira), fue preguntado cierta vez: ¿Quién es el mayor poeta de los árabes? Él respondió: (Durr al-Manzur, 110)

«Si Khansa hubiera estado presente, habría sido yo.»

Bashshar ibn Burd fue uno de los más grandes poetas árabes de la época abasí. Dijo: «Cuando examino detenidamente la poesía de las poetisas, percibo en los poemas de cada una algún defecto o debilidad. La gente preguntó: “¿Ocurre lo mismo con la poesía de Khansa?”. Respondió: “Ella está incluso por encima de los poetas varones”.» (Tabaqat al-Shuara, 271)

Todos los poetas árabes consideraban a Layla al-Ujailiyya, de la época omeya, la corona de las poetisas árabes, con la única excepción de al-Jansāʾ (que Dios esté complacido con ella). El erudito egipcio de la época moderna, el Dr. Umar Farruj, valoró así el talento poético de la venerable al-Jansāʾ y su poesía: [Tarij al-Adab al-Arabí, 1/318]

(Árabe ******************)

«En términos generales, al-Jansāʾ es la mejor poeta árabe. Todos sus poemas son piezas breves: extremadamente puros, claros, sutiles, de sólida estructura y con magníficas introducciones. En su poesía, la poesía laudatoria ocupa un lugar muy reducido. Por lo que hemos visto, especialmente debido al doloroso sufrimiento que experimentó por la muerte de sus dos hermanos, la elegía fúnebre ocupa un lugar mucho mayor. El significado de sus elegías es claro, sutil y tierno, y constituye una expresión fiel de sus emociones y sentimientos. Aunque contienen un dolor y un pesar excesivos, así como exageraciones en la alabanza de sus dos hermanos, siguen el método y el estilo beduinos.»

En la época de la ignorancia era costumbre celebrar ferias, exposiciones y reuniones en diversos lugares de toda Arabia. Su propósito era intercambiar opiniones y organizar exposiciones y concursos de arte, literatura y cultura. En ellas participaban personas de todos los estratos sociales, sin distinción entre hombres y mujeres. Los árabes acudían a estas ferias desde lugares muy lejanos. Comenzaban en el mes de Rabí al-Awwal. El primer día de ese mes se celebraba en Dumat al-Yandal la primera feria del año. Después de concluir esta feria, se dirigían al mercado de Hiyr. Luego iban a Omán y, desde allí, a Hadramaut. Después permanecían diez días en unos lugares y veinte en otros, en los alrededores de Saná, en Yemen. Tras recorrer así toda Arabia, cerca de la época del hayy, en el mes de Dhu al-Qaʿda, se celebraba en el mercado de Ukaz, situado a unas pocas millas de La Meca, la última feria del año [Ukaz: estaba situado entre Najla y Taif. Allí se celebraba normalmente un mercado de comercio. Este mercado fue fundado en el año 540 d. C. y continuó funcionando hasta que fue saqueado por los jariyíes en el año 129 de la hégira. (Dr. Abd al-Munʿim Jafayi y Dr. Salahuddin Abd al-Tawwab: Al-Hayat al-Adabiyya fi Asray al-Yahiliyya wa Sadr al-Islam, p. 28.) Después, por temor a los jariyíes, la feria de Ukaz quedó cerrada y no volvió a funcionar hasta hoy. Después de Ukaz, antiguos mercados árabes como Majanna y Dhulmayaz fueron cerrando gradualmente. El último mercado de este tipo en La Meca fue destruido en el año 197 de la hégira. (Al-Azraqi: Ajbar Makkah, 121-122)]. Esta feria era la más grande e importante de Arabia. Todos los miembros de las tribus árabes, especialmente sus jefes, asistían obligatoriamente a ella. Si algún jefe tribal no podía participar por alguna razón, enviaba un representante. En el recinto de esta feria, los árabes tomaban decisiones definitivas sobre asuntos como la elección de sus jefes tribales, la resolución de conflictos intertribales y el fin de los asesinatos y enfrentamientos mutuos. En esta feria, la tribu quraysh de La Meca gozaba del mayor honor y prestigio. Una vez resueltos todos los asuntos, los poetas de cada tribu recitaban sus propias composiciones. Los temas de aquellos poemas eran la valentía, el coraje, la generosidad, la hospitalidad, el valor y la bravura de los antepasados, la gloria, la caza, las celebraciones y diversiones, los derramamientos de sangre, las guerras y batallas, la paz y las treguas, el amor y la separación, el duelo y otros asuntos semejantes. Allí se determinaban la posición y el prestigio de los poetas árabes.

La poeta al-Jansāʾ también participaba en todas estas ferias y reuniones, y en Ukaz sus elegías fueron reconocidas como insuperables. Cuando llegaba montada en un camello, los demás poetas se congregaban a su alrededor. Todos esperaban ansiosamente escuchar su poesía. Finalmente, complacía a todos recitándoles sus elegías.

En todas estas asambleas, como símbolo del especial rango y honor de al-Jansāʾ, se izaba una bandera en la puerta de su tienda, en la que estaba escrita la expresión (Árabe *****). Su significado era: «la mejor autora de elegías de Arabia». Ibn Qutayba dice: (Árabe *******) [Ash-Shiʿr wa ash-Shuʿaraʾ, 161; Sifat Jazirat al-Arab, 263]

Ella permanecía en estas ferias estacionales. Su howdah era señalada de manera especial. Los árabes consideraban una gran calamidad la muerte de su padre, Amr, y de sus dos hermanos, Sajr y Muawiya. Ella recitaba poesía y la gente lloraba.» En la Arabia de la ignorancia nacieron muchos grandes poetas. Al-Nabiga al-Dhubyani (fallecido en 604 d. C.) fue uno de ellos. Su fama poética continúa siendo mundialmente reconocida. Su verdadero nombre era Ziyad ibn Muawiya y su kunyah, Abu Umama. Abu Ubayda escribió sobre él: (Árabe ***************) [Sahabiyat, 186]

«Era uno de los poetas de primera categoría que se encontraban a la vanguardia de todos los poetas.» Debido a que compuso abundante poesía de gran calidad, fue llamado al-Nabiga. En la feria de Ukaz se construía exclusivamente para él una tienda roja. Era un símbolo de honor y prestigio excepcional, que se consideraba digno de ser recibido únicamente por él. No se permitía construir una tienda roja semejante para ninguna otra persona. La razón era que solo se consideraba digna de este honor la persona reconocida por todos como autoridad en el ámbito de la poesía. Ibn Qutayba dice: (Árabe *****) [Ash-Shiʿr wa ash-Shuʿaraʾ, 160]

“En Ukaz se instalaba para An-Nābiga una tienda de cuero rojo. Los poetas acudían a esa tienda y le recitaban sus poemas.”

Con motivo de la feria de Ukaz se celebraba una asamblea de poetas presidida por An-Nābiga. Los grandes poetas de Arabia asistían a ella y obtenían reconocimiento recitando sus propios poemas. En cierta ocasión participaron en una de esas asambleas los tres poetas más destacados de Arabia de aquel tiempo: Al-A‘shā Abū Basīr, Hassān ibn Thābit y Khansā. Primero recitó Al-A‘shā y después Hassān. Finalmente recitó Khansā. Cuando terminó su recitación, el presidente, An-Nābiga, se dirigió a ella y dijo: (en árabe ***********)

“¡Por Dios! Si Abū Basīr no me hubiera recitado su poema hace un momento, habría dicho que tú eres el mejor poeta entre los genios y los seres humanos.”

Al oír este comentario de An-Nābiga, el poeta Hassān se enfureció enormemente. Reaccionó diciendo: “¡Por Dios! Soy mejor poeta que usted, que su padre y que su abuelo”. An-Nābiga le apretó la mano y dijo: “Sobrino, ¿puedes decir algún verso mejor que este mío?” (en árabe***********)

Ciertamente, eres como la noche que me envuelve, aunque he supuesto que la distancia que me separa de ti es muy grande”. Es decir, me rodeas como la noche, sin importar cuán lejos me encuentre. Luego le dijo a Khansā: “Recítale algo”. Khansā recitó algunos versos más. Entonces An-Nābiga comentó: (en árabe ****)

“¡Por Dios! No he visto a nadie con dos pechos que sea mejor poeta que tú; es decir, no he visto a ninguna poeta que sea mejor que tú”. Inmediatamente, Khansā corrigió las palabras de An-Nābiga de la siguiente manera: (en árabe************)

“No, ¡por Dios!, tampoco entre los que tienen dos testículos”. Es decir, no solo entre las mujeres, sino tampoco entre los hombres ha visto usted a un poeta mejor que yo. [Abū al-Faraj al-Isfahānī: Kitāb al-Aghānī, 11/6; Ash-Shi‘r wa ash-Shu‘arā’, 160]

En algunas narraciones se dice que, en respuesta a la pregunta de An-Nābiga, Hassān le recitó los siguientes versos: (en árabe ********)

«Tenemos grandes recipientes transparentes y relucientes, que brillan al mediodía. Y nuestras espadas son tales que de sus empuñaduras gotea sangre». El poeta Hassán quiso expresar en sus versos su hospitalidad con los huéspedes, así como su valentía y coraje. Sin embargo, el poeta An-Nábiga o, según otra opinión, Jansa, criticó duramente los versos de Hassán, señaló sus defectos y rechazó su pretensión. [Qudama ibn Ya‘far: Naqd ash-Shi‘r, p. 62; Al-Aghani, 9/340]

En suma, por su fuerza poética y su talento, Jansa (que Dios esté complacido con ella) ocupaba una posición muy elevada entre los poetas árabes de segundo rango de aquella época. Un diván de sus poemas fue publicado por primera vez en forma impresa en 1888 por una editorial de Beirut. En 1889, el diván fue traducido al francés. [Sahabiyyat, p. 188]

Existe discrepancia sobre el año de la muerte de Jansa (que Dios esté complacido con ella). Según una opinión, murió al comienzo del califato de Uzman (que Dios esté complacido con él), en el año 24 de la hégira/644-645 d. C. Según otra opinión, se menciona el año 42 de la hégira/663 d. C. [Dr. Umar Farruj, 1/318]

Asma’ bint Yazid al-Ansariyya (que Dios esté complacido con ella)


Asma (que Dios esté complacido con ella) era una mujer de los Compañeros ansaríes. Su padre era Yazid ibn as-Sakan y su madre, Ummu Sa‘d ibn Zays ibn Mas‘ud. Su esposo era Sa‘id ibn ‘Amara, conocido como Abu Sa‘id al-Ansari. [Siyar A‘lam an-Nubala, 2/296; Al-Isaba, 4/89] El sobrenombre de Asma era Ummu Salama o, según otra opinión, Ummu ‘Amir. Pertenecía a la rama Banu ‘Abd al-Ashhal de la célebre tribu Aws de Medina. Era prima paterna del ilustre Compañero Mu‘az ibn Yabal (que Dios esté complacido con él). [Nisa’ min ‘Asr an-Nubuwwa, p. 78] Ibn Hayar la llamó prima de Mu‘az ibn Yabal. [Al-Isaba, 4/225]

No se dispone de mucha información sobre el nacimiento y la infancia de Asma (que Dios esté complacido con ella). Sobre su conversión al islam, solo se sabe que se hizo musulmana después de la emigración del Mensajero de Dios (la paz y las bendiciones de Dios sean con él) a Medina. Poseía numerosas cualidades. Era una mujer de lenguaje puro y extraordinariamente elocuente. También era conocida por su inteligencia, su temor reverente de Dios, su adoración y devoción, y la transmisión de hadices, entre otras virtudes. Otra de sus grandes cualidades era ser una guerrera valiente. Se la consideraba la portavoz de las mujeres ante el Mensajero de Dios (la paz y las bendiciones de Dios sean con él). Según una narración, participó en el último juramento de al-‘Aqaba. [Hayat as-Sahaba, 1/597; nota 4]

El Noble Mensajero de Dios (la paz y las bendiciones de Dios sean con él) había llegado a Medina. Un día estaba sentado, rodeado por los nobles Compañeros. En ese momento llegó Asma y, dirigiéndose al Mensajero de Dios (la paz y las bendiciones de Dios sean con él), pronunció este breve discurso:

«¡Oh, Mensajero de Dios! He venido en representación de un grupo de mujeres musulmanas para transmitirte algunas de sus palabras. Dios Altísimo te ha enviado como guía para las naciones de hombres y mujeres. Nosotras, las mujeres, hemos creído en ti y te hemos seguido. Sin embargo, observamos una gran diferencia entre las mujeres y los hombres. Estamos confinadas dentro de los límites del hogar. Satisfacemos las necesidades sexuales de los hombres y llevamos a sus hijos. Mientras tanto, vosotros, los hombres, podéis participar en la oración del viernes, en las oraciones congregacionales y en los funerales. Vais a realizar el hach. Y lo más importante es que partís a combatir en el camino de Dios. Nosotras, entonces, criamos a vuestros hijos y cuidamos de vuestra riqueza y bienes. Hilamos en la rueca el hilo para fabricar ropa. Nuestra pregunta es: ¿no compartiremos también vuestra recompensa? Las mujeres que he dejado atrás comparten mi misma opinión y sostienen el mismo planteamiento».>

Después de escuchar las palabras de Asma, el Mensajero se volvió hacia los Compañeros y dijo: «¿Habéis oído hablar de alguna mujer que desee conocer una religión más hermosa que esta?» Ellos respondieron: «No imaginábamos que una mujer pudiera formular una pregunta semejante». Luego, dirigiéndose a Asma, el Mensajero dijo: «Si una mujer trata bien a su marido, procura complacerlo, le obedece en lo que él desea y en lo que no desea, y cumple las responsabilidades y los derechos de la vida conyugal, recibirá una recompensa igual a la del hombre. Ve y comunica esto a las demás mujeres que has dejado atrás».

Al escuchar esta buena noticia de boca del Mensajero de Allah, Asma regresó alegre, recitando «La ilaha illallah» y «Allahu akbar».[Al-Isti‘ab, 4/233; Usud al-Gabah, 5/398; as-Sirah al-Halabiyyah, 1/149. At-Tusi atribuyó este relato a Asma bint ‘Ubayd al-Ansariyyah. Ibn Mundah y Abu Nu‘aym consideraron que Asma bint Yazid ibn as-Sakan y la otra mujer eran dos mujeres distintas. Ibn ‘Abd al-Barr dijo que las dos mencionadas eran la misma mujer y, según él, fue esta mujer quien habló con el Mensajero de Allah. El imam Ahmad también sostuvo una opinión semejante. (A‘lam an-Nisa, 1/67; nota 1)]

En el grupo de mujeres que representaba Hazrat Asma también se encontraba su tía materna. Llevaba brazaletes y anillos de oro. El Mensajero preguntó: «¿Se paga el zakat de estas joyas?» Ella respondió: «No». El Mensajero dijo: «¿Te gustaría que Allah te pusiera brazaletes y anillos de fuego?» Entonces Asma dijo a su tía: «Tía, quítatelos». Ella se quitó inmediatamente todas las joyas y las arrojó. Luego Asma dijo: «¡Oh, Mensajero de Allah! Si no llevamos joyas, perderemos importancia ante nuestros esposos». Él respondió: «Haz joyas de plata y aplícales color de azafrán; así no se verá el brillo del oro». En ese momento llegó la hora de la bai‘ah. El Mensajero les hizo repetir varias fórmulas de compromiso. Entonces Asma dijo: «¡Oh, Mensajero de Allah! Extiende una de tus manos para que la toquemos y completemos nuestra bai‘ah». El Mensajero respondió: «No estrecho la mano de las mujeres».[Musnad Ahmad, 6/453, 454, 458, 460, 461] En algunas fuentes, el relato del incidente de las joyas se atribuye posteriormente a Asma.[Sahabiyyat, 302]

Hazrat Asma siempre permanecía cerca del Noble Mensajero de Allah. Un día, el Mensajero habló delante de ella acerca del Dayyal. Ella comenzó a llorar. El Mensajero se levantó y se marchó en ese estado. Cuando regresó, vio que Asma seguía llorando de la misma manera. Le preguntó: «¿Por qué lloras?» Asma respondió: «Nuestra situación es tal que la esclava se sienta a amasar la harina y, mientras tanto, nos entra hambre. Antes de que termine de preparar la comida, nos impacientamos por comer. Cuando aparezca la hambruna durante la época del Dayyal, ¿cómo tendremos paciencia?» El Mensajero dijo: «Ese día, el tasbih y el takbir os protegerán del hambre. No hay necesidad de llorar y lamentarse tanto. Si entonces estoy vivo, seré un escudo para vosotros. De lo contrario, después de mí Allah protegerá a cada musulmán».[Musnad Ahmad, 6/453]

Pocos días después de emigrar de La Meca a Medina con los demás miembros de su familia, Hazrat ‘Aishah pasó formalmente de la casa de sus padres a la casa de su esposo. Hazrat Asma también estuvo presente en aquella ceremonia. Asma fue una de las mujeres que vistieron a ‘Aishah como una novia. Cuando terminaron de arreglarla, sentaron a ‘Aishah en un asiento y enviaron un mensaje al Mensajero, su esposo. Él llegó y se sentó junto a ‘Aishah. Una de las mujeres entregó una copa de leche al Mensajero de Allah. Él bebió un poco y se la ofreció a ‘Aishah. Ella mantuvo la cabeza inclinada por vergüenza. Entonces Asma le dijo en tono de reprimenda: «Acepta lo que te está dando el Mensajero de Allah». Hazrat ‘Aishah tomó la copa de leche de manos del Mensajero de Allah, bebió un poco y se la devolvió. Él entregó la copa a Asma. Asma comenzó a girarla para beber justo del lugar donde el Mensajero había apoyado los labios. El Mensajero dijo: «Dásela también a las otras mujeres». Pero las demás mujeres presentes dijeron: «Ahora no tenemos ganas de beber». El Mensajero respondió: «¿Mentira además del hambre?», es decir: «¿Estáis uniendo la mentira al hambre?»[Ibíd., 6/458, 461]

Entre los nombres de las heroicas muyahidas que aparecen en la historia del islam, el de Hazrat Asma brilla en la primera fila. Y así debía ser, porque era hija de una familia cuyos miembros habían sacrificado sus vidas por la seguridad del Mensajero de Allah. En cada momento crítico de la vida medinense del Mensajero de Allah, incluida la batalla de Uhud, los miembros de esta familia garantizaron su seguridad al precio de sus propias vidas.

Se ha transmitido de Anas ibn Malik que, el día de la batalla de Uhud, el Mensajero se separó del ejército principal junto con siete ansaríes y dos qurayshíes, nueve muyahidin en total. En cierto momento, el Mensajero resultó herido por los ataques del enemigo. Entonces dijo a aquellos pocos muyahidin que estaban con él: «Quien logre alejar a estos de nosotros tendrá el Paraíso». O dijo: «Será mi compañero en el Paraíso».

Un hombre de los ansaríes avanzó, combatió y cayó mártir. El Mensajero volvió a decir lo mismo que antes. Esta vez también avanzó un ansarí y cayó mártir después de combatir. Así, uno tras otro, los siete ansaríes cayeron mártires.[Sahih Muslim: capítulo sobre las expediciones militares de Uhud.] El séptimo era el hermano de Asma, ‘Ammarah ibn Yazid ibn as-Sakan. Cuando cayó gravemente herido por los golpes del enemigo, llegó un grupo de muyahidin. Expulsaron al ejército politeísta y rescataron a ‘Ammar de sus manos. El Mensajero les gritó: «Traédmelo». Luego colocó su cabeza sobre sus propios pies y lo tendió allí. Cuando murió en ese estado, se vio que su rostro descansaba sobre los pies del Mensajero de Allah. En esta batalla de Uhud murieron como mártires el padre de Asma, Yazid; su otro hermano, ‘Amir; y su tío, Ziyad ibn as-Sakan (que Allah esté complacido con él).[Nisa min ‘Asr an-Nubuwwah, 80]

El martirio de los miembros de su familia de esta manera despertó en Asma el interés por el yihad. Entre las experiencias que contribuyeron a ello se cuentan el Juramento de Ridwán, la conquista de La Meca y la expedición de Jaibar. Los narradores coinciden en que Asma (ra) participó en la batalla de Yarmuk, librada en el año 15 de la Hégira, y que, golpeándolos con el poste de una tienda, mató ella sola a nueve soldados romanos.[Siyar A‘lam an-Nubala’ -2/297; al-Isaba-4/229; A‘lam an-Nisa; Mayma‘ az-Zawa’id-9/260; Hayatus-Sahaba-1/597]

Hazrat Asma (ra) pasó mucho tiempo en compañía y en la proximidad del Mensajero de Allah (s.a.s.), desde que aceptó el islam hasta el fallecimiento del Mensajero de Allah (s.a.s.). Permanecía siempre cerca de él. No dejaba pasar ninguna pequeña oportunidad de servir al Mensajero de Allah (s.a.s.). Escuchaba atentamente todas sus palabras y las memorizaba. En cualquier momento, oportuno o inoportuno, le preguntaba al Mensajero de Allah (s.a.s.) sobre diversos asuntos y obtenía información. Por ello alcanzó entre las mujeres ansaríes el honor de ser la mayor narradora de hadices. Narró 81 (ochenta y un) hadices del Mensajero de Allah (s.a.s.).[A‘lam an-Nisa’-1/67; Nisa’ min ‘Asr an-Nubuwwah-80]

Quienes narraron hadices de Hazrat Asma (ra) fueron: Mahmud ibn ‘Amr al-Ansarí (su sobrino), Abu Sufyan, mawla de Ibn Ahmad, ‘Abd ar-Rahman ibn Zabit as-Samit al-Ansarí, Muyahid ibn Yubair, Muhayir ibn Abi Muslim y Shah r ibn Hawshab.

Sus hadices fueron recopilados en obras como las de Abu Dawud, at-Tirmidhi, an-Nasa’i e Ibn Mayah.[A‘lam an-Nisa’-1/67; Siyar as-Sahabiyyat-166] El imam al-Bujari también los recopiló en su obra «Al-Adab al-Mufrad».[Nisa’ min ‘Asr an-Nubuwwah-81]

A través de los hadices narrados por Hazrat Asma (ra) se pueden conocer, en términos generales, las circunstancias y ocasiones de la revelación de diversos versículos del Corán, distintas disposiciones de la sharía, las cualidades del Mensajero de Allah (s.a.s.), las guerras y batallas, aspectos de su vida, etc. Por ejemplo, acerca de la revelación de la sura al-Ma’ida, ella dijo: «Yo sostenía las riendas de la camella de monta del Mensajero de Allah (s.a.s.), al-‘Adba’. El Mensajero (s.a.s.) estaba sentado sobre su lomo. En esas circunstancias, parecía que las patas de la camella iban a romperse y hacerse añicos».[Tafsir Ibn Kazir-2.2; Al-Bidaya wa an-Nihaya-3/22]

La camisa era la prenda más querida del Mensajero (s.a.s.). Asma (ra) describió así aquella camisa: «Las mangas de la camisa del Mensajero de Allah (s.a.s.) llegaban hasta las muñecas».[Hayatus-Sahaba-2/705]

También se narró de Asma (ra) este hadiz: el Mensajero de Allah (s.a.s.) falleció mientras su armadura estaba empeñada a un judío a cambio de algunos alimentos. Hazrat Abu Dharr al-Gifarí (ra) narró un hadiz sobre el hecho de que, después del fallecimiento del Noble Mensajero de Allah (s.a.s.), criticaría duramente a los gobernantes y, por ello, sería llevado de un lugar a otro.[Ibn Mayah (2838); at-Tirmidhi (1765); Hayatus-Sahaba-2/67]

En los libros de hadices, de sirah y de historia se han narrado numerosos relatos sobre la compasión, generosidad y preferencia por los demás de los ansar de Medina; asimismo, se menciona que muchas de las mu‘jizat del Mensajero de Allah (s.a.s.) se manifestaron por medio de sus manos. Ibn ‘Asakir narró en su Tarij, de boca de Asma, un milagro del Mensajero de Allah (s.a.s.) relacionado con ella. Asma dijo: «Un día vi al Mensajero de Allah (s.a.s.) realizando la oración del magrib en nuestra mezquita. Fui a casa, traje algo de carne con huesos y pan, lo coloqué delante de él y dije: “¡Que mis padres sean sacrificados por ti! Come esto como cena”. Él llamó a sus compañeros y les dijo: “Comenzad a comer diciendo bismillah”. El Mensajero de Allah (s.a.s.) comió de aquella pequeña cantidad de comida, sus compañeros comieron y también comieron todos los que estaban presentes. ¡Juro por Aquel en cuya mano está mi vida! Incluso después de que comieran en total cuarenta personas, vi que quedaba la mayor parte de la carne y del pan. Después, el Mensajero (s.a.s.) bebió agua directamente de un odre y se marchó. Nosotros conservamos aquel odre. Cuando alguien enfermaba, se le daba a beber agua de él, y de vez en cuando también se bebía de él con la intención de obtener bendiciones».[Nisa’ min ‘Asr an-Nubuwwah-82]

Era sumamente hospitalaria. En cierta ocasión, Shah r ibn Hawshab fue a su casa. Le sirvieron comida, pero él manifestó que no deseaba comer. Entonces Asma’ (ra) le narró un episodio del Mensajero de Allah (s.a.w.) y le dijo: «Ahora seguramente ya no te negarás a comer». Shah r respondió: «¡Madre! No volveré a cometer semejante error».[Al-Istī‘āb, 3/726; Musnad de Ahmad, 6/458]

La noble Asma’ (ra) abandonó Medina y se dirigió a Sham después del fallecimiento del Mensajero de Allah (s.a.w.). En esa época participó en la batalla de Yarmuk. Después se estableció en Damasco y allí comenzó a narrar hadices. Esto fue transmitido por Ibn ‘Asakir, a través de Abu Zur‘a.

No se conoce el año exacto del fallecimiento de la noble Asma’ (ra). El ‘allama al-Dhahabi (rah.) dijo que permaneció con vida hasta el reinado de Yazid ibn Mu‘awiya (ra).[Nisa’ min ‘Asr an-Nubuwwah, 83]

Cabe señalar que Yazid falleció el 14 de Rabi‘ al-Awwal del año 64 de la Hégira. Al-Dhahabi también dijo que Asma’ (ra) vivió en Damasco y que su tumba se encuentra en Bab al-Saghir, Damasco.[Siyar A‘lam an-Nubala’, 2/220, 296] El comentario de Ibn Kathir confirma lo mismo: fue enterrada en Bab al-Saghir, Damasco, entre quienes fallecieron en el año 69 de la Hégira. Según su afirmación, la noble Asma’ falleció durante el califato de ‘Abd al-Malik ibn Marwan.[Nisa’ min ‘Asr an-Nubuwwah, 83] No se dispone de información sobre sus hijos.

Ummu Ruman bint‘Amir (ra)


La identificación de la noble Ummu Ruman (ra) es la siguiente: Ummu Ruman bint ‘Amir ibn ‘Uwaymir ibn ‘Abdu Shams ibn ‘Ittab ibn Uzayna al-Kinaniyya.[Usd al-Gaba, 5/583; Ansab al-Ashraf, 1/409; Siyar A‘lam an-Nubala’, 2/135] En la historia se encuentran dos pronunciaciones de su nombre: Ummu Ruman y Ummu Rawman. Ibn Ishaq dijo que su nombre verdadero era «Zaynab», mientras que otros dijeron «Da‘ad».[Al-Isaba, 4/433; al-Rawd al-Anf, 4/12] Se hizo famosa en la historia por el sobrenombre de Ummu Ruman.

Ummu Ruman nació y creció en la región de «as-Sarat» (árabe****) de la península arábiga.[Mu‘yam al-Buldan, 3/204-205;] Cuando alcanzó la edad de casarse, tuvo un hijo llamado ‘Abdullah. Era la época preislámica de al-ayyam al-yahiliyya. En toda Arabia reinaban entonces la corrupción y la agitación. Puede decirse que la paz y la seguridad existentes en la península arábiga se encontraban únicamente en la ciudad de La Meca, Umm al-Qura.[Sura Ibrahim, 35] (árabe*********)

«Cuando Ibrahim dijo: “¡Señor mío! Haz de esta ciudad una ciudad de paz y seguridad…”». En el centro mismo de esta honorable y gloriosa ciudad se encontraba la Casa de Allah, el Kaaba, Señor de los mundos. Generación tras generación, la gente deseaba venir a esta ciudad de paz y seguridad para establecerse junto al Kaaba. ‘Abdullah ibn al-Harith, esposo de Ummu Ruman, también soñaba con vivir como vecino de este sagrado Kaaba. Con el propósito de hacer realidad ese sueño, un día partió desde su tierra natal, as-Sarat, hacia La Meca, llevando consigo a su esposa Ummu Ruman y a su hijo at-Tufayl. Al llegar a La Meca, conforme a la costumbre de los árabes de aquella época, estableció un pacto con Abu Bakr, uno de sus habitantes. De este modo comenzó a vivir en La Meca con su familia bajo la protección de Abu Bakr. Murió al cabo de pocos días. La viuda Ummu Ruman quedó, junto con su hijo, en una situación sumamente desamparada en tierra extranjera.

En medio de esta calamidad, Umm Ruman vislumbró un rayo de esperanza. Su protector, Abu Bakr, era un hombre de carácter firme, dotado de generosidad y espíritu caritativo. Estaba en su naturaleza apoyar a las personas en sus dificultades. Después de abrazar el islam, cuando las fuerzas paganas de La Meca comenzaron a hostigar excesivamente a Abu Bakr (r.a.), este decidió abandonar el país. Entonces, en las varias frases con las que Ibn al-Diganna reprendió a los qurayshíes, quedaron descritas de manera extraordinaria las virtudes de Abu Bakr (r.a.). Dijo: [Nisā’ min ‘asr an-nubuwwah, 269-270] (árabe*********)

«¿Estáis expulsando del país a un hombre que ayuda a los pobres y necesitados, mantiene los lazos de parentesco, carga con las cargas de otros, alimenta a los huéspedes y ayuda a la gente en las desgracias?». ¿Cómo podría un hombre así rechazar a una viuda desamparada y a su hijo, que estaban bajo su protección? Extendió una mano de ayuda hacia Umm Ruman. Se casó con ella y la incorporó, junto con su hijo, a su propia familia. De este modo, Umm Ruman (r.a.) obtuvo un hogar y una familia maravillosos. Durante su vida matrimonial con Abu Bakr (r.a.), le dio un hijo y una hija: Abd al-Rahman y Aisha (r.a.). [Ibíd.; Nisā’ Hawladar ar-Rasul, 264] Esta Aisha (r.a.) alcanzaría posteriormente el honor de convertirse en Umm al-Mu’minin.

No será improcedente mencionar aquí que, en la época de la ignorancia, Abu Bakr (r.a.) se casó con Qutayla bint Abd al-Uzza al-Amiriyya. De ella nacieron su hijo Abd Allah y su hija Asma (r.a.). Como Qutayla no aceptó el islam, Abu Bakr (r.a.) se separó de ella. Ya en la vida islámica, Abu Bakr se casó con Asma bint Umays (r.a.). De ella nació su hijo Muhammad ibn Abu Bakr (r.a.). También se casó con Habiba bint Khadija, y falleció cuando su hija Umm Kulthum aún estaba en el vientre de su madre. [Nisā’ mubashsharāt bil-yannah, 84]

Adopción del islam

Todas las narraciones fiables respaldan que Abu Bakr as-Siddiq (r.a.) fue el primero de los hombres libres en abrazar el islam. Quien lo sacrificó todo por la propagación y difusión del islam, naturalmente, debió presentar inmediatamente después de su conversión la invitación al islam a sus seres más cercanos. Se sabe que llevó a su madre, Umm al-Jayr Salma bint Sakhr (r.a.), de la mano y la presentó ante el Mensajero de Dios (s.a.w.). El Mensajero (s.a.w.) la inició en el islam. También invitó al islam a su esposa Umm Ruman, quien tuvo el singular honor de formar parte del grupo de los primeros en abrazar el islam. Aisha (r.a.) dijo: [Tahdhib al-asma’ wa-l-lughat, 2/183]

(Árabe**********)

«Desde que tuve conciencia de mi padre, vi que ambos habían abrazado esta religión».

Ibn Sa‘d dice: (árabe*********)

«Umm Ruman abrazó el islam y prestó juramento de fidelidad en La Meca mucho tiempo antes, y también emigró». (Tabaqat, 8/276)

Después de abrazar el islam, se esforzó cuanto pudo por formarse a sí misma y a su familia, en cuerpo y alma, conforme a las enseñanzas del islam. Contempló la grandeza del islam y su representación práctica en la persona del Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él). El Mensajero (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) acudía, en ocasiones oportunas e inoportunas, a la casa de Abu Bakr (que Allah esté complacido con él) para atender las necesidades de la predicación islámica. Toda la familia se alegraba enormemente con esas visitas del Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él). Umm Ruman atendía cuanto podía a aquel honorable huésped. Umm Ruman (que Allah esté complacido con ella) tenía un espíritu transparente y un corazón lleno de ternura, colmado de una fe firme. También poseía una paciencia ilimitada ante las dificultades. Sufría profundamente al ver la cruel persecución de los politeístas contra los musulmanes débiles de La Meca. Veía al Mensajero (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) enseñar paciencia a sus compañeros. Se alegraba al ver a su esposo, Abu Bakr (que Allah esté complacido con él), apoyar a los musulmanes de condición débil y comprar esclavos con su propio dinero para liberarlos. Lo alentaba en sus nobles obras.

Además de ocuparse de las tareas domésticas, cuidaba con esmero extraordinario de su hijo Abd al-Rahman y de su hija Aisha (que Allah esté complacido con ella). Se esforzaba por criar a sus hijos en el temor de Allah y en el amor a Allah y a Su Mensajero. Desde el principio, su corazón puro le decía que su hija Aisha desempeñaría en el futuro un papel especial por el islam. El Mensajero (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) iba y venía de la casa a cualquier hora, por la mañana, al mediodía o al atardecer. A veces también orientaba a Umm Ruman sobre las tareas domésticas y la crianza de los hijos.

Cuando era pequeña, Aisha (que Allah esté complacido con ella) a veces hacía enfadar a su madre. La madre también castigaba a su hija. Al Mensajero (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) le dolía esto. Una vez le dijo a Umm Ruman: (la obra citada) (árabe*****)

«¡Umm Ruman! Trate bien a Aisha y recuerde mis palabras con respecto a ella».

Un día, el Mensajero (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) llegó a la casa de Abu Bakr (que Allah esté complacido con él) y vio a Aisha (que Allah esté complacido con ella) llorando, apoyada en el umbral de la puerta. Le dijo a Umm Ruman: «Usted no ha prestado atención a mis palabras». Umm Ruman respondió: «¡Oh, Mensajero de Allah! Esta muchacha se queja de mí ante su padre». El Mensajero (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: «Haga lo que haga, no le cause sufrimiento». Asḥāb al-Rasul, 5/57

El cariño y la ternura hacia sus hijos, el profundo amor y la obediencia hacia su esposo y, sobre todo, su aguda inteligencia convirtieron a Umm Ruman y a su familia en un modelo ejemplar. No tomaba ninguna decisión importante sin consultar a su esposo. El papel de Umm Ruman en la propuesta de matrimonio de su hija Aisha (que Allah esté complacido con ella) con el Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) constituye un excelente ejemplo de ello.

Tres años antes de la emigración falleció la Madre de los Creyentes, Jadiya (que Allah esté complacido con ella). El Mensajero (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) quedó abatido por el dolor. Un día, al verlo triste, Jawla bint Hakim (que Allah esté complacido con ella), esposa de Uthman ibn Maz’un, le dijo: «¡Oh, Mensajero de Allah! Vuelva a casarse». El Mensajero (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) preguntó: «¿Con quién?». Jawla respondió: «Hay dos tipos de candidatas: una viuda y una doncella. Podemos hablarle de aquella que usted prefiera». El Mensajero (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) volvió a preguntar: «¿Quiénes son?». Jawla respondió: «La viuda es Sawda bint Zam’a y la doncella es Aisha, hija de Abu Bakr». El Mensajero (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: «Bien. Habla con ella al respecto».

Hadrat Khawla (ra), tras recibir el consentimiento del Mensajero de Allah (s.a.w.), fue a la casa de Abu Bakr y le dijo a Umm Ruman (ra), con gran emoción: «¡Umm Ruman! ¿Por qué Allah Ta‘ala ha concedido tanta bondad y bendición (bienestar y prosperidad) a su casa?». Umm Ruman respondió: «¿Por qué? ¿Qué ha sucedido, Khawla?»

Khawla (ra), con el rostro resplandeciente de alegría, dijo: «El Mensajero de Allah (s.a.w.) ha hablado de ‘Aisha (ha enviado una propuesta de matrimonio)».

Umm Ruman (ra) reflexionó durante un instante sobre algo. Poco a poco, su rostro comenzó a iluminarse. Dijo: «¡Khawla! Siéntese un momento; Abu Bakr llegará enseguida».

Abu Bakr (ra) llegó. Cuando Umm Ruman (ra) le informó del asunto, él dijo: «Mut‘im ibn ‘Adi había propuesto casar a ‘Aisha con su hijo Jubayr, y yo le había dado mi palabra. No puedo romper mi compromiso». Abu Bakr (ra) fue a ver a Mut‘im ibn ‘Adi y le dijo: «Habías propuesto casar a ‘Aisha con tu hijo. Ahora dime cuál es vuestra decisión». Mut‘im consultó a su esposa. La familia de Mut‘im aún no había aceptado el Islam. Por ello, su esposa dijo: «Si esta muchacha entra en nuestra casa, el muchacho apostatará. No estoy de acuerdo con esta propuesta». Abu Bakr (ra) se volvió hacia Mut‘im y le preguntó: «¿Cuál es tu opinión?». Mut‘im respondió: «Mi opinión es la misma que la de ella». Abu Bakr (ra) regresó a casa y le dijo a Khawla: «Traiga al Mensajero de Allah (s.a.w.)». El Mensajero (s.a.w.) llegó y se celebró el matrimonio.[Musnad Ahmad, 6/210-211; Tabaqat, 8/58; adh-Dhahabi: Tarikh, 1/280-281; Siyar A‘lam an-Nubala’, 2/149] ‘Atiyya (ra) relató este matrimonio de la siguiente manera: «‘Aisha (ra) estaba jugando con otras niñas. Su sirvienta llegó, se la llevó, y Abu Bakr (ra) celebró el matrimonio. Puede apreciarse lo sencillo que fue este matrimonio por un relato de ‘Aisha (ra). Ella dijo: “Cuando me casé, no entendía nada. Me casaron. Cuando mi madre comenzó a prohibirme salir, comprendí que me había casado. Entonces mi madre me explicó todo”».[Tabaqat, 8/59-60] En resumen, Umm Ruman (ra) educó a su hija ‘Aisha (ra) para que fuera la futura Umm al-Mu’minin, la señora de la casa del Profeta y una mujer digna de que la revelación descendiera en su hogar.

La Hégira

El Mensajero de Allah (s.a.w.) salió con Abu Bakr (ra) en la oscuridad de la noche rumbo a Medina. Permanecieron ocultos durante tres días en la cueva del monte Zawr. La preocupación y la angustia le arrebataron el sueño a Umm Ruman. Por un lado, le preocupaba que Abu Bakr (ra) no hubiera dejado dinero en casa para sus hijos; por otro, temía por la seguridad del amado Profeta (s.a.w.) y de su esposo. Sin embargo, permaneció sumamente firme e inquebrantable, apartó de su mente todas las preocupaciones y continuó suplicando a Allah que el Mensajero de Allah (s.a.w.) llegara sano y salvo a Medina.

Después de establecerse un poco en Medina, el Mensajero de Allah (s.a.w.) envió a Zayd ibn Haritha (ra) y a Rafi‘ (ra) a La Meca para traer a Medina a sus familiares. Abu Bakr (ra) también envió con ellos a ‘Abdullah, indicándole que llevara consigo a Asma’, ‘Aisha y a su madre, Umm Ruman, y se trasladara a Medina. Cuando todas estas personas partieron de La Meca, Talha ibn ‘Abdullah (ra) se unió a ellos como compañero de viaje con el propósito de realizar la Hégira. Con Abu Rafi‘ y Zayd ibn Haritha (ra) estaban Umm Kulthum, Fatima, la Madre de los Creyentes Sawda bint Zam‘a, Umm Ayman y Usama ibn Zayd (ra); y con ‘Abdullah ibn Abu Bakr (ra) estaban Umm Ruman, Asma’ y ‘Aisha (la).[Ansab al-Ashraf, 1/269-270]

Cuando esta caravana partió de La Meca y llegó a al-Bayda’, el lugar de residencia de los Banu Kinana en el Hiyaz, el camello sobre el que viajaban ‘Aisha (ra) y su madre, Umm Ruman (ra), se encabritó y comenzó a correr a gran velocidad. A cada instante temían salir despedidas junto con el howdah. Como es propio de las mujeres, la madre no prestaba ninguna atención a su propia vida; angustiada por su hija querida, ‘Aisha (ra), comenzó a llorar desconsoladamente. Gritaba: (árabe******)

«¡Salven a la nueva nuera, salven a mi hija!»

La honorable ‘Aisha (que Allah esté complacido con ella) dijo: En ese momento oí que alguien decía: (árabe****)

«Afloja las riendas del camello». Aflojé las riendas. Por voluntad de Allah, el camello se calmó y se quedó de pie. [Al-Bidaya wa an-Nihaya, 3/211; Al-Isti‘ab, 4/4343]

Se encontraban a salvo y llegaron sanos y salvos a Medina.

La honorable Umm Ruman (que Allah esté complacido con ella) se trasladó con sus hijos e hijas al barrio de los Banu al-Harith ibn al-Jazray, en Medina, y vivió allí durante siete u ocho meses. Cabe señalar que ‘Aisha (que Allah esté complacido con ella) permaneció con su madre. El clima de Medina no era favorable para la mayoría de los emigrantes que habían llegado de La Meca. Muchos hombres y mujeres enfermaron. Abu Bakr (que Allah esté complacido con él) enfermó. Abu Bakr (que Allah esté complacido con él) enfermó. Gracias a los incansables cuidados de madre e hija, se recuperó. Después de que su esposo se recuperara, su hija ‘Aisha (que Allah esté complacido con ella) cayó enferma y quedó postrada en cama. Su enfermedad fue tan grave que casi se le desprendieron todos los cabellos. [Sahih al-Bujari: capítulo de la Hégira; Tabaqat, 8/63] Se recuperó gracias a los cuidados de su madre. Después de verse liberada de todas estas desgracias y dificultades, la madre Umm Ruman (que Allah esté complacido con ella) le dijo un día al Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él): «¡Oh, Mensajero de Allah! ¿Por qué no llevas a tu esposa a tu casa? Ahora no tengo dinero para pagar la dote». Abu Bakr (que Allah esté complacido con él) dijo: «Acepte mi dinero. Se lo presto». Entonces el Mensajero (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) pidió prestada a Abu Bakr (que Allah esté complacido con él) una cantidad equivalente a la dote y se la envió a ‘Aisha (que Allah esté complacido con ella).

En el sexto año de la Hégira, durante el regreso de la expedición de Muraysi‘, los hipócritas tramaron una terrible conspiración contra la familia del Profeta. En ese viaje, la honorable ‘Aisha (que Allah esté complacido con ella) acompañaba al Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él). Durante el regreso, aprovechando un incidente, un grupo malintencionado difundió rumores con la intención de manchar el honor de la honorable ‘Aisha (que Allah esté complacido con ella). Durante casi un mes, estas falsas acusaciones circularon por la sociedad de Medina. El propio Profeta (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) y la familia de Abu Bakr (que Allah esté complacido con él) quedaron en una situación sumamente embarazosa. Cuando la acusación contra su hija llegó a oídos de Umm Ruman (que Allah esté complacido con ella), perdió el conocimiento y cayó al suelo. [A‘lam an-Nisa’, 1/472] Sin embargo, recobró la conciencia poco después, se armó de valor y dejó todo en manos de Allah y de Su Mensajero. Al principio se mantuvo oculta a ‘Aisha (que Allah esté complacido con ella) la conversación de la gente. Más tarde, cuando se enteró, reprendió severamente a su madre por haberlo ocultado. [Nisa Hawla ar-Rasul, 267] ‘Aisha (que Allah esté complacido con ella) regresó a Medina del viaje y cayó ligeramente enferma, por lo que se trasladó a casa de su madre. Luego permaneció con ella durante todo aquel mes de grave crisis. En ese tiempo, Umm Ruman (que Allah esté complacido con ella) estuvo junto a su hija como una madre ejemplar. Siempre le aconsejaba tener paciencia y confiar en Allah, el Señor de los mundos. Un día, durante ese período, el Mensajero (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) acudió a la casa paterna de ‘Aisha (que Allah esté complacido con ella). Abu Bakr y Umm Ruman (que Allah esté complacido con ambos) pensaron que quizá ese día se tomaría una decisión importante. Por ello, ambos se acercaron y se sentaron. El Mensajero (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) le dijo a ‘Aisha (que Allah esté complacido con ella): «‘Aisha, me han llegado estos comentarios sobre ti. Si eres inocente, espero que Allah lo manifieste y lo demuestre. Pero si realmente has cometido algún pecado, arrepiéntete ante Allah y pídele perdón. Cuando un siervo reconoce su pecado y se arrepiente, Allah lo perdona».

‘Aisha (que Allah esté complacido con ella) dijo: «Al oír las palabras del Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él), se me secaron las lágrimas. Le dije a mi padre: “Responda a las palabras del noble Mensajero (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él)”. Él respondió: “¡Hija mía! No sé qué decirle al Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él)”. Le dije a mi madre: “Responda al Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él)”. Ella respondió: “No sé qué decirle al Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él)”». [Tafsir de Ibn Kazir; Tafsir de al-Qurtubi: sura an-Nur, aleyas 11-21; Bujari, 6/127; Tafsir de la sura an-Nur]

Mientras tanto, el Mensajero (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) entró en el estado que se producía durante el descenso de la revelación. Incluso en medio del intenso frío, las gotas de sudor comenzaron a caer de su noble rostro. Al ver aquello, todos guardamos silencio. Yo estaba completamente tranquila. Pero el estado de mi padre Abu Bakr y de mi madre Umm Ruman (que Allah esté complacido con ambos) era sumamente penoso. Estaban inquietos y preocupados, pensando en qué gran verdad revelaría Allah. Cuando terminó el estado de la revelación, el noble Mensajero (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) se mostró sumamente alegre. Lo primero que dijo con una sonrisa fue: «‘Aisha, buenas noticias para ti. Allah ha revelado una revelación que declara tu inocencia». Después recitó las aleyas 11 y 12 de la sura an-Nur. Mi madre me dijo: «Levántate y da gracias al Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él)».

La angustia y la intranquilidad que se apoderaron de la familia de Umm Ruman (que Allah esté complacido con ella) a raíz de la calumnia lanzada contra su querida hija Aisha (que Allah esté complacido con ella) desaparecieron después de la revelación de la Revelación. La estima y la importancia que esta familia ya tenía entre la gente aumentaron cien veces más. Como madre, la alegría de Umm Ruman (que Allah esté complacido con ella) no conocía límites.

El incidente de Aisha, la Madre de los Creyentes, afectó enormemente el cuerpo y el espíritu de su madre, Umm Ruman (que Allah esté complacido con ella). Después de sobrellevarlo, ella misma enfermó y quedó postrada en cama. Su hija Aisha (que Allah esté complacido con ella) hizo todo lo posible para restablecer su salud. Todos los esfuerzos fueron en vano. Falleció en Medina, en el mes de Dhul Hiyyah del sexto año de la Hégira. [A‘lam an-Nisa’-1/472]

Umm Ruman era una mujer piadosa. Lo único que deseaba era la complacencia de Allah y de Su Mensajero (que Allah le bendiga y le conceda paz). Asumía sobre sus hombros todas las responsabilidades del hogar de su esposo, dándole así la oportunidad de dedicar más tiempo al servicio del islam. Un día, su esposo Abu Bakr (que Allah esté complacido con él) llegó a casa con varios invitados del Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz). Había que ofrecerles la cena. Sin embargo, llegó un llamado urgente de la presencia del Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz). Él le dijo a Umm Ruman (que Allah esté complacido con ella) que tardaría en regresar y que ellos debían dar de comer a los invitados. Conforme a lo acordado, Umm Ruman (que Allah esté complacido con ella), por medio de su hijo Abdur Rahman, presentó la comida a los invitados a la hora indicada; pero ellos se negaron a comer en ausencia del anfitrión. Cuando Abu Bakr (que Allah esté complacido con él) regresó muy entrada la noche y supo que los invitados seguían sin comer, se enfureció muchísimo con Umm Ruman y su hijo Abdur Rahman. Incluso se dispuso a golpear a su hijo. Finalmente, se calmó gracias a la mediación de los invitados. Se sirvió la comida ante ellos. Después de que todos hubieron comido hasta saciarse, Umm Ruman dijo que aún quedaba comida equivalente a tres veces la cantidad que se había preparado. Abu Bakr (que Allah esté complacido con él) envió esa comida a la casa del Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz). (Bujari 1/84, 85)

Era una mujer devota (‘abida). Su esposo le enseñaba las normas y los métodos de la adoración. Un día, mientras estaba de pie en la oración, movía la mirada de un lado a otro. Al advertirlo, Abu Bakr (que Allah esté complacido con él) la reprendió tan severamente que estuvo a punto de abandonar la oración. Luego dijo: «Escuché al Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) decir: [Hayat as-Sahaba-3/137] (árabe*********)»

«Cuando alguno de vosotros se ponga de pie para la oración, mantendrá fija la mirada. No la desviará de un lado a otro como los judíos. Mantener fija la mirada es parte de la perfección de la oración.»

El Noble Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) sentía un gran respeto por Umm Ruman (que Allah esté complacido con ella), tanto por ser su suegra como por su contribución al servicio del islam. Por eso, cuando su hija y su yerno conversaban en su presencia, ella los escuchaba en silencio. A veces también mediaba en sus dulces y afectuosas discusiones. El Noble Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) hablaba a menudo de su primera esposa, la Madre de los Creyentes Jadiya al-Kubra (que Allah esté complacido con ella), y mencionaba sus numerosas virtudes. Esto provocaba los celos propios de la naturaleza femenina de Aisha (que Allah esté complacido con ella). Un día, ella llegó a decir: «Parece que no existe ninguna otra mujer en el mundo aparte de Jadiya (que Allah esté complacido con ella)». El Mensajero (que Allah le bendiga y le conceda paz) se sintió muy disgustado por semejante reacción de Aisha (que Allah esté complacido con ella). Entonces Umm Ruman, como madre, intervino. Dirigiéndose a su yerno, dijo: «¿Qué os ha ocurrido a Aisha y a usted? Ella es joven; una persona como usted puede perdonarla». [As-Sira al-Halabiyya-3/401]

La familia de Umm Ruman (que Allah esté complacido con ella) pedía siempre al Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) que hiciera súplicas. Un día, Abu Bakr (que Allah esté complacido con él) y Umm Ruman (que Allah esté complacido con ella) fueron ante el Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz). Él preguntó: «¿Por qué habéis venido?». Ellos respondieron: «¡Oh, Mensajero de Allah! Haz ante nosotros una súplica pidiendo el perdón de Aisha». El Mensajero (que Allah le bendiga y le conceda paz) dijo: «(árabe****)»

«¡Oh, Allah! Perdona todos los pecados manifiestos y ocultos de Aisha, hija de Abu Bakr, para que no le quede ningún pecado.»

Después de esta súplica, al ver muy alegres a sus suegros, el Mensajero (s.a.s.) dijo: «Desde el día en que Allah me envió como profeta hasta hoy, esta súplica es para todos los musulmanes de mi comunidad». [Tuhfat as-Siddiq fi Fada’il Abi Bakr as-Siddiq, 97; Siyar a’lam an-Nubala, 2/158]

Con la muerte de Hazrat Umm Ruman (r.a.), su hija ‘Aisha (r.a.) y los demás miembros de la familia quedaron sumidos en el dolor; asimismo, su yerno, el Noble Mensajero (s.a.s.), se entristeció. Así como durante su vida el Mensajero (s.a.s.) le profesó un profundo respeto, después de su muerte también mostró el mismo respeto por sus restos mortales.

Se ha transmitido que el Mensajero (s.a.s.) solo descendió a la tumba de cinco personas y las depositó personalmente. Entre ellas había tres mujeres y dos hombres. En La Meca descendió a la tumba de la Madre de los Creyentes, Jadiya. Y en Medina, Umm Ruman (r.a.) fue una de las otras cuatro. En el cementerio de Baqi’, el Noble Mensajero (s.a.s.) depositó el cuerpo de Umm Ruman (r.a.) en la tumba y suplicó: [Al-Isti’ab, 4/431; Al-Isaba, 4/433; Wafa al-Wafa, 3/897]

«¡Oh Allah! No se te oculta nada de lo que Umm Ruman soportó por el camino de Tu complacencia y la de Tu Mensajero».

También dijo, dirigiéndose a los presentes: [Tabaqat, 8/277; Kanz al-Ummal, 12/146; Ansab al-Ashraf, 1/420; Ar-Rawd al-Anf, 4/21]

«Si alguno de vosotros desea alegrarse al ver a una hurí de grandes ojos del Paraíso, puede mirar a Umm Ruman».

Puesto que será en el Paraíso, estas palabras del Mensajero de Allah (s.a.s.) indican que Umm Ruman (r.a.) será sin duda una de las habitantes del Paraíso. En estas palabras se le anuncia precisamente esa buena nueva.

Se ha narrado un hadiz del Mensajero de Allah (s.a.s.) a través de Umm Ruman (r.a.). El imán Bujari (r.a.) recopiló este hadiz.

Ummu ‘Atiyya bint al-Harith (que Allah esté complacido con ella)


Ummu ‘Atiyya (que Allah esté complacido con ella) era una mujer de los Ansar. Su padre se llamaba al-Harith. [Tahdhib al-Asma’ wa al-Lughat, 2/364; Tahdhib at-Tahdhib, 12/455; Usud al-Ghaba, 5/603] Era una eminente mujer Compañera. Ummu ‘Atiyya era su kunya, y con este nombre se hizo famosa en la historia. Su nombre verdadero era Nusayba bint al-Harith. [Al-Qamus al-Muhit, entrada «nasab»] Cabe señalar que no se conoce a ninguna otra mujer Compañera que tuviera simultáneamente el nombre Nusayba y la kunya Ummu ‘Atiyya.

Es probable que abrazara el islam antes de la emigración del Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) a Medina. Por ello, después de que el Mensajero (que Allah le bendiga y le conceda paz) llegó a Medina, tomó el juramento de fidelidad tanto a los hombres como a las mujeres. Ummu ‘Atiyya describió así aquel juramento:

Cuando el Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) llegó a Medina, reunió a un grupo de mujeres de los Ansar en una casa. Luego envió allí a ‘Umar ibn al-Jattab (que Allah esté complacido con él). Él se situó al otro lado de la puerta y saludó; las mujeres respondieron al saludo. Entonces dijo: «He venido a ustedes como representante del Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz)». Respondimos: «Sean bienvenidos el Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) y su representante». Él dijo: «Presten juramento de fidelidad comprometiéndose a no asociar nada con Allah, no robar, no cometer adulterio, no matar a sus hijos, no lanzar acusaciones falsas contra nadie y no desobedecer en ningún asunto bueno».

Dijimos: «Sí, lo aceptamos». Entonces ‘Umar (que Allah esté complacido con él) extendió su mano desde fuera de la puerta, y las mujeres dentro de la casa extendieron cada una su propia mano. (En realidad, extender las manos era un símbolo del juramento de fidelidad; ninguna mujer tocó la mano de ‘Umar [que Allah esté complacido con él].) Entonces ‘Umar (que Allah esté complacido con él) dijo: «¡Oh Allah, sé testigo!». Ummu ‘Atiyya (que Allah esté complacido con ella) añadió: «Se nos ordenaba que nuestras mujeres menstruantes y nuestras jóvenes acudieran al lugar de oración durante las dos festividades del ‘Id; se nos prohibía seguir los cortejos fúnebres y se nos eximía de la oración del viernes». Ese día, Ummu ‘Atiyya preguntó por la explicación de las dos expresiones: “lanzar acusaciones” y “desobedecer en un asunto bueno”. [Hayat as-Sahaba, 1/251-252]

El Noble Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) había permitido que las mujeres participaran en el yihad. En realidad, muchas mujeres de los emigrantes y de los Ansar, e incluso algunas de las esposas del Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz), participaron en el yihad. Por ejemplo, la Madre de los Creyentes ‘Aisha (que Allah esté complacido con ella) participó en las batallas de Uhud y de Banu al-Mustaliq, mientras que la Madre de los Creyentes Umm Salama (que Allah esté complacido con ella) participó en la expedición de Jaybar y en la conquista de La Meca.

En el campo de batalla, las mujeres generalmente se ocupaban de tareas de servicio, como atender a los heridos, administrarles medicamentos, preparar alimentos, dar agua y otras labores semejantes. Ummu ‘Atiyya también fue a la guerra junto al Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz). Ella misma dijo: [At-Taj al-Yami‘ li-l-Usul, 4/344; Tabaqat, 8/455; Al-Isaba, 4/455; Al-Isaba, 4/455; Al-Maghazi, 2/685; Sira de Ibn Hisham, 2/342]

«Participé en siete expediciones junto al Profeta (que Allah le bendiga y le conceda paz). Permanecía en las tiendas detrás de ellos, preparaba comida para ellos, administraba medicamentos a los heridos y atendía a los enfermos». Durante la batalla de Jaybar, Ummu ‘Atiyya (que Allah esté complacido con ella) salió de su casa junto con un grupo de veinte mujeres, con el propósito de obtener la recompensa del yihad.

Ummu ‘Atiyya (que Allah esté complacido con ella) tenía una relación profunda con la familia del Profeta. Su relación con la Madre de los Creyentes, ‘A’isha (que Allah esté complacido con ella), era especialmente cordial. De vez en cuando le obsequiaba regalos. Un día, el Mensajero (que Allah le bendiga y le conceda paz) entró en la casa de ‘A’isha (que Allah esté complacido con ella) y le preguntó: «¿Tienes algo que podamos comer?». ‘A’isha respondió: «No. Sin embargo, habían enviado a Ummu ‘Atiyya Nusayba un poco de carne de una cabra dada en caridad, y ella nos ha enviado otra parte». El Mensajero (que Allah le bendiga y le conceda paz) dijo: «Ha llegado a su destinatario». [Al-Isaba, 4/455]

Ummu ‘Atiyya (que Allah esté complacido con ella) también tenía relación con las hijas del Noble Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz). La prueba de ello es que, cuando Zaynab (que Allah esté complacido con ella) falleció a comienzos del octavo año de la Hégira, Ummu ‘Atiyya (que Allah esté complacido con ella) la lavó. Ella narró el hecho de la siguiente manera: [Al-Muwatta del imam Malik: Al-Yana’iz; At-Tabaqat, 8/34-35; Usud al-Gaba, 5/603; Adh-Dhahabi: Tarij, 2/520] (árabe********)

«Cuando falleció Zaynab, la hija del Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz), el Mensajero (que Allah le bendiga y le conceda paz) dijo: “Lávenla tres o cinco veces, un número impar de veces. En el último lavado pongan alcanfor o algo semejante al alcanfor. Cuando terminéis de lavarla, informadme”. Cuando terminamos de lavarla, el Mensajero (que Allah le bendiga y le conceda paz) nos entregó una de sus prendas inferiores y dijo: “Envolvedla con ella”».mer

Cuando falleció otra hija del Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz), Ummu Kulzum (que Allah esté complacido con ella), Ummu ‘Atiyya (que Allah esté complacido con ella) también la lavó. [At-Tabari: Tarij, 2/192; Ibn Maya, hadiz n.º 1458; At-Tabaqat, 8/38; Al-Isaba, 4/466] Así, durante la época del Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz), se limitó a cumplir sus responsabilidades.

Durante el califato de los Califas Rectamente Guiados, un hijo de Ummu ‘Atiyya (que Allah esté complacido con ella) partió a una guerra y fue llevado a Basora gravemente enfermo. Al enterarse, su madre, Ummu ‘Atiyya (que Allah esté complacido con ella), se apresuró a ir allí. Sin embargo, su hijo falleció un día antes de que ella llegara. Se alojó en el palacio de los Banu Jalaf, en Basora, y no volvió a salir de allí. Al tercer día de la muerte de su hijo, hizo traer perfume, se lo aplicó en el cuerpo y dijo:

(árabe*******) [Sahihán: At-Talaq; Tafsir al-Jazin, 1/239]

«Una mujer no debe guardar luto por ningún fallecido, salvo por su esposo, durante más de tres días. Por su esposo guardará luto durante cuatro meses y diez días».

Ella procuraba cumplir debidamente las órdenes y prohibiciones del Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz). Cuando se prohibió en general lamentarse por los muertos, dijo: «La gente de cierta familia vino a mí y lloró; por ello, yo también debería ir a llorar por uno de sus muertos, en reciprocidad». Debido a estas palabras, el Mensajero (que Allah le bendiga y le conceda paz) declaró a esa familia exceptuada del alcance de la prohibición. [Sahih Muslim, 1/401; Musnad, /407]

Ummu ‘Atiyya (que Allah esté complacido con ella) fue una de las mujeres ansaríes dotadas de una memoria excepcional. Memorizó y transmitió varios hadices del Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz). El imán an-Nawawi (que Allah tenga misericordia de él) mencionó que cuarenta hadices del Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) fueron transmitidos por medio de Ummu ‘Atiyya (que Allah esté complacido con ella). De ellos, seis fueron narrados conjuntamente por al-Bujari y Muslim. Además, cada uno de ellos narró por separado un hadiz en su propia recopilación. [Tahdib al-Asma’ wa al-Lugat, 2/364] Sus hadices también fueron recopilados en las Sunan al-Arba‘a.

Entre los compañeros, muchos destacados tabi‘íes, entre ellos Anas ibn Malik (que Allah esté complacido con él), escucharon de ella esos hadices y los transmitieron. Entre ellos se encontraban: Hafsa bint Sirin (fallecida en 101 de la Hégira), su hermano Muhammad ibn Sirin, ‘Abd al-Malik ibn ‘Umayr, ‘Ali ibn al-Aqmar, Umm Shurayh (que Allah tenga misericordia de ella) y otros. [Siyar A‘lam an-Nubala’, 2/318; Tahdib at-Tahdib, 12/455]

El imán adh-Dhahabi mencionó a Ummu ‘Atiyya (que Allah esté complacido con ella) entre las compañeras especialistas en jurisprudencia. La veracidad de esto queda demostrada al considerar la siguiente narración suya. Dijo:

«Se nos prohibió seguir los cortejos fúnebres, pero no de manera estricta». Quiso decir que se prohibió a las mujeres caminar detrás del féretro. Sin embargo, esta prohibición no es tan severa como otras prohibiciones. Por tanto, no alcanza el grado de haram, sino el de makruh. [Nisa’ min ‘Asr an-Nubuwwa, 121, nota 1]

Ibn ‘Abd al-Barr consideró a Ummu ‘Atiyya (que Allah esté complacido con ella) residente de Basora. La célebre tabi‘í Hafsa bint Sirin (que Allah tenga misericordia de ella) también afirmó lo mismo. [Ibídem] Diversos datos históricos indican que, después de abandonar Medina, no regresó allí. Permaneció en Basora hasta el final de su vida. Obtuvo el profundo respeto y el afecto de los compañeros, los tabi‘íes y la gente común de Basora. Su buena relación con la Gente de la Casa, es decir, la familia del Profeta, se mantuvo durante toda su vida. ‘Ali (que Allah esté complacido con él) comía y descansaba en su casa. [Tabaqat, 8/456; al-Isaba, 4/455]

En Basora alcanzó renombre como una compañera experta en jurisprudencia. Cuando se conocieron su comprensión de los hadices, su profundo conocimiento de las normas de la sharía y su cercanía al Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz), se convirtió en una persona respetada por gente de todas las clases. Puesto que había lavado los cuerpos de las dos hijas del Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) y transmitía ese relato, los compañeros residentes en Basora y tabi‘íes juristas de alto rango, como Muhammad ibn Sirin (que Allah tenga misericordia de él), acudían a ella para aprender las normas y procedimientos del lavado ritual de los difuntos y otros asuntos. [al-Isti‘ab, 4/452; al-Isaba, 4/455]

Se cree que falleció en Basora hacia el final del año 70 de la Hégira. [Siyar A‘lam an-Nubala’, 2/318]

Zaynab bintAbu Mu‘awiya (que Allah esté complacido con ella)


En aquella época, el nombre Zaynab era bastante común en Arabia. En los libros de la Sira se encuentran muchas mujeres con este nombre. Nuestra Zaynab fue una de aquellas que, por su fe y sus buenas obras, ocuparon un lugar en las páginas de la historia. Era hija de la célebre tribu de Thaqif. Su padre era ‘Abdullah Abu Mu‘awiya ibn ‘Uttab. Su esposo era el ilustre compañero del Profeta, ‘Abdullah ibn Mas‘ud (que Allah esté complacido con él).[Ṭabaqāt, 8/290; Al-Istī‘āb, 4/310; Usud al-Gāba, 5/470; Tahdhīb al-Tahdhīb, 12/422]

Era artesana. Vendía los artículos que elaboraba con sus propias manos y gastaba las ganancias en sus hijos y en su familia. Abrazó el islam junto con otras personas y, junto con otras mujeres, prestó juramento de fidelidad al Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él). Participó en la expedición de Jaybar.[Majma‘ al-Zawā’id, 6/10]

Zaynab (que Allah esté complacido con ella) fue una de las mujeres compañeras que memorizaron y transmitieron los hadices del Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él). Se han transmitido ocho hadices de ella. Narró hadices directamente del Mensajero (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él), así como a través de su esposo, ‘Abdullah ibn Mas‘ud, y de ‘Umar ibn al-Jattab (que Allah esté complacido con ambos).[Nisā’ min ‘Asr al-Nubūwa, 72] Y los siguientes narraron hadices a través de ella:

Abu ‘Ubayda, ‘Umar ibn al-Harith, Bisr ibn Sa‘id, ‘Ubayd ibn Sabbak, un sobrino suyo cuyo nombre se desconoce y otros.[Al-Isāba, 4/313]

Zaynab (que Allah esté complacido con ella) narró que el Noble Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) prohibió a las mujeres utilizar cualquier tipo de perfume al salir de sus casas. Un día, el Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) le dijo: «Cuando salgas de tu casa para la oración de la noche, no te pongas perfume».[Ṭabaqāt, 8/290; Al-Istī‘āb, 4/310; Al-Isāba, 4/313]

El esposo de Zaynab (que Allah esté complacido con ella), ‘Abdullah ibn Mas‘ud (que Allah esté complacido con él), era un compañero de muy alto rango. Seguía al pie de la letra las palabras y los actos del Noble Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él). No podía imaginar que se introdujera en ellos la más mínima alteración. También se esforzaba cuanto podía por educar de la misma manera a los miembros de su familia. Como esposa, Zaynab (que Allah esté complacido con ella) aprendió de él muchas normas islámicas y numerosos aspectos del modo de vida.

El imán Ahmad recopiló una narración de Zaynab (que Allah esté complacido con ella). Ella dijo: «Cuando ‘Abdullah (mi esposo) regresaba a casa después de terminar su trabajo fuera, se detenía ante la puerta, carraspeaba y tosía, para no encontrarnos en una situación que no le agradara. Un día regresó y carraspeó. En ese momento, una anciana estaba sentada conmigo y me practicaba una ruqya para curarme de la enfermedad de la ḥumra. Rápidamente la hice esconderse debajo de la cama. Cuando él entró en la habitación y se sentó a mi lado, vio que de mi cuello colgaba un hilo. Preguntó: “¿Qué es esto?”

Le respondí: “Me han recitado un conjuro y han soplado sobre él para mí”. Él lo tomó, lo rompió y lo hizo pedazos. Luego dijo: “‘La familia de ‘Abdullah no necesita del politeísmo. Escuché al Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) decir: “Los conjuros, los amuletos y la brujería son politeísmo”».

Le dije: «¿Por qué dice usted algo así? Hubo un tiempo en que me salía suciedad de los ojos y acudía a cierto judío. Cuando recitaba un ensalmo sobre mis ojos y soplaba, me curaba».

Él dijo: «Eso es obra de Satanás. Él te pinchaba los ojos con la mano. Cuando el judío recitaba el ensalmo y soplaba, Satanás dejaba de pincharte. Para ti es suficiente lo que dijo el Profeta (s. a. s.): (árabe****************)».

«¡Oh, Señor de los seres humanos! ¡Aparta esta aflicción! Tú eres el Sanador; cúrame. No hay curación excepto Tu curación. Concédeme una curación que no deje ninguna enfermedad.[Bujari; At-Tibb, capítulo sobre la ruqyah del Profeta; Muslim: capítulo sobre la ruqyah del enfermo; Abu Dawud (3883); Ibn Mayah (3530); Tafsir de Ibn Kazir, 4/494]»

Los juristas islámicos dicen: si la esposa está obligada a pagar el zakat, debe entregárselo a su esposo. Esto se debe a que la responsabilidad de mantener a la familia no recae sobre la esposa, sino sobre el esposo. Por tanto, si le entrega el dinero del zakat a su esposo en vez de dárselo a otra persona, la esposa tendrá derecho a una recompensa mayor.

Algo semejante ocurrió también en el caso de Zaynab (que Dios esté complacido con ella). Un día oyó al Mensajero (que Dios le bendiga y le conceda paz) pronunciar un sermón exhortando a las mujeres a dar sadaqa y a buscar la cercanía de Dios. Al regresar a casa, reunió todas sus joyas con la intención de donarlas. Su esposo, Abd Allah ibn Masud (que Dios esté complacido con él), le preguntó: «¿Adónde vas con esas joyas?»

Ella respondió: «Con ellas quiero obtener la complacencia y la cercanía de Dios y de Su Mensajero (que Dios le bendiga y le conceda paz)».

Él dijo: «Dámelas; dámelas a mí y a mis hijos. Yo soy quien tiene más derecho a recibirlas».[Hilyat al-Awliya wa Tabaqat al-Asfiya, 2/69]

El imán Bujari narró el episodio que ocurrió después, transmitiéndolo de Abu Said al-Judri (que Dios esté complacido con él), de la siguiente manera:

Zaynab, la esposa de Ibn Mas‘ud, dijo: «¡Oh, Profeta de Allah! Hoy has ordenado dar sadaqa. Tengo algunas joyas y quiero entregarlas como sadaqa. Pero Ibn Mas‘ud, mi esposo, considera que él y su hijo tienen más derecho que los demás a recibirla». El Profeta dijo: «Ibn Mas‘ud tiene razón. Tu esposo y tu hijo tienen más derecho que los demás a recibir tu sadaqa».

Este suceso fue narrado de la siguiente manera por ‘Amr ibn al-Harith:

Zaynab, la esposa de ‘Abdullah ibn Mas‘ud (que Allah esté complacido con él), dijo: El Mensajero de Allah dijo:

«¡Oh, mujeres! Dad sadaqa, aunque sean vuestras joyas».

Zaynab dijo: Al oír esto, regresé junto a ‘Abdullah y le dije: «Eres un hombre de recursos limitados. El Mensajero de Allah nos ha ordenado dar sadaqa. Ve a preguntarle si está permitido dártela a ti. Si no está permitido, se la daré a otros».

Fui allí y vi a otra mujer ansarí de pie ante la puerta del Mensajero de Allah. Cabe señalar que esta mujer también se llamaba Zaynab y era la esposa de Abu Mas‘ud al-Ansari. Su propósito y el mío eran el mismo. Bilal (que Allah esté complacido con él) salió de dentro. Le dijimos: «Ve un momento junto al Mensajero de Allah y dile que dos mujeres que están de pie ante la puerta quieren saber si está permitido dar sadaqa al esposo y a los hijos pequeños. No le digas quiénes somos».

Bilal (que Allah esté complacido con él) fue junto al Mensajero de Allah y le preguntó sobre el asunto. Pero el Mensajero de Allah preguntó: «¿Quiénes son?». Bilal respondió: «Una mujer ansarí y Zaynab».

El Mensajero volvió a preguntar: «¿Qué Zaynab?». Bilal respondió: «La esposa de ‘Abdullah ibn Mas‘ud». El Mensajero de Allah dijo: «Recibirán dos recompensas: la de mantener los lazos de parentesco y la de dar sadaqa». [Bujari: az-Zakat, capítulo sobre dar zakat a los parientes; Muslim: az-Zakat, capítulo sobre la virtud de gastar en los parientes, la esposa y los hijos; Usud al-Gaba, 5/470-471; al-Isaba, 4/313]

El esposo de la venerable Zaynab (que Dios esté complacido con ella), el venerable ‘Abdullah ibn Mas‘ud (que Dios esté complacido con él), falleció en el año 32 de la hégira. Durante su agonía, dejó un testamento a favor de az-Zubayr ibn al-‘Awwam y ‘Abdullah ibn az-Zubayr (que Dios esté complacido con él), otorgándoles cierta autoridad para tomar decisiones relativas al cuidado de su esposa y sus hijas, así como a sus matrimonios. [At-Tabaqat, 3/159] No se dispone de información precisa sobre cuándo y dónde falleció la venerable Zaynab (que Dios esté complacido con ella). Sin embargo, se considera que vivió bastante tiempo después de la muerte de su esposo y falleció hacia el final del califato rectamente guiado. [Nisa’ min ‘asr an-nubuwwah, 76]

Ar-Rubayyi‘u bint Mu‘awwiz (que Dios esté complacido con ella)


Ar-Rubayyi‘u era una hija de la familia ‘Adi ibn an-Najjar de Medina. Su familia pertenecía a aquellas familias de los ansar que desempeñaron un papel extraordinario al servicio del islam. En los primeros tiempos, esta familia realizó una contribución gloriosa al servicio del Mensajero de Dios (que la paz y las bendiciones de Dios sean con él), del islam y de los musulmanes que habían llegado de La Meca. Sus ilustres miembros fueron Mu‘awwiz, Iyas, ‘Aqil, Khalid y ‘Amir. Su madre fue ‘Afra’ bint ‘Ubayd al-Ansariyya an-Najjariyya (que Dios esté complacido con ella). El padre de sus tres primeros hijos fue al-Harith ibn Rifa‘a an-Najjari. Sin embargo, eran más conocidos por el nombre de su madre, ‘Afra’ (que Dios esté complacido con ella), que por el de su padre. En la historia se hicieron famosos como los hijos de ‘Afra’. El padre de los otros cuatro fue al-Bukayr ibn ‘Abd Yalil al-Laythi. Los siete hijos de ‘Afra’ (que Dios esté complacido con ella) participaron junto al Noble Mensajero (que la paz y las bendiciones de Dios sean con él) en Badr, la primera batalla del islam. El tío de Ar-Rubayyi‘u, ‘Awf, fue uno de los seis hombres de Medina que viajaron a La Meca, se reunieron en secreto por primera vez con el Mensajero de Dios (que la paz y las bendiciones de Dios sean con él) y aceptaron el islam. También fue uno de los ‘aqabíes, es decir, uno de los participantes en los dos pactos de ‘Aqaba. Su padre, Mu‘awwiz, y su otro tío, Mu‘adh (que Dios esté complacido con ellos), participaron en el primer pacto de ‘Aqaba.

Su abuela, ‘Afra’ bint ‘Ubayd, aceptó el islam en los primeros tiempos de la llegada del mensaje islámico a Medina. Después de la llegada del Mensajero de Dios (que la paz y las bendiciones de Dios sean con él) a Medina, ella también prestó juramento de fidelidad junto con las demás mujeres de los ansar. Sus siete hijos participaron en la batalla de Badr bajo el estandarte del Mensajero de Dios (que la paz y las bendiciones de Dios sean con él), y dos de ellos alcanzaron el martirio. ¿Acaso hubo entre las mujeres musulmanas alguna otra tan afortunada como ella? La madre de Ar-Rubayyi‘u, Ummu Yāzid bint Qays, también era hija de la tribu ‘Adi ibn an-Najjar de Medina.

Abu Yahl, quien había recibido el sobrenombre de Faraón de esta comunidad, fue asesinado en Badr por los dos hijos de ‘Afra’, y el Mensajero de Dios (que la paz y las bendiciones de Dios sean con él) suplicó por ellos. [Ansab al-Ashraf, 1/299; Ahmad Zayni Dahlán, as-Sira an-Nabawiyya, 1/389]

«Que Dios derrame Su misericordia y compasión sobre los dos hijos de ‘Afra’ que participaron en el asesinato de Abu Yahl, el Faraón de esta comunidad.»

La madre de Ar-Rubayyi‘u, Ummu Yāzid bint Qays, era hija de la tribu an-Najjar de Medina. Su hermana era Fura‘i‘a bint Mu‘awwiz. Ella también fue una sahabiyya de elevada categoría. Debido a que sus súplicas eran respondidas en gran medida ante Dios, era llamada Mujābāt ad-du‘ā, «aquella cuyas súplicas son respondidas». [Al-Isti‘ab, 4/375]

Como ya se ha mencionado, el padre y los tíos de Ar-Rubayyi‘u fueron heroicos combatientes en la batalla de Badr. Aquel día dieron sus vidas y así iniciaron la cadena de victorias del islam en épocas posteriores. Ese día, el bravo guerrero del bando de los quraysh, Abu al-Walid ‘Utba ibn Rabi‘a, salió de las filas del ejército politeísta acompañado por su hermano Shayba y su hijo al-Walid ibn ‘Utba, avanzó hacia el ejército musulmán y los desafió a un combate singular. Inmediatamente, los tres hijos de ‘Afra’, Mu‘awwiz, Mu‘adh y ‘Awf, avanzaron armados hacia ellos. Les preguntaron: «¿Quiénes sois?». Ellos respondieron: «Somos de los ansar». Ellos dijeron: «No queremos luchar contra vosotros». El Mensajero (que la paz y las bendiciones de Dios sean con él) les ordenó regresar y mandó avanzar a sus propios parientes Hamza, ‘Ali y ‘Ubayda (que Dios esté complacido con ellos). Estos avanzaron y, atacando al unísono, decapitaron a aquellos demonios.

La familia de ar-Rubayyi‘ comprendía que Abu Yahl, el Faraón de esta comunidad, era el principal obstáculo para la difusión y consolidación del islam. Era de una naturaleza tan vil que hacía sufrir al Mensajero de Allah, lo insultaba, perseguía a los musulmanes débiles y los asesinaba. Por ello, el padre de ar-Rubayyi‘, Mu‘awwidh, y su tío Mu‘adh —que Allah esté complacido con ambos— decidieron matarlo si se les presentaba la oportunidad. Se comprometieron a matarlo o a morir como mártires. La oportunidad que tanto anhelaban llegó. Los siete hermanos acudieron a la batalla de Badr. El célebre Compañero emigrado ‘Abd ar-Rahman ibn ‘Awf —que Allah esté complacido con él— narró el suceso posterior de una manera excelente. Dijo: 3[Sahih al-Bujari: Fi Fard al-Jumus (3141), Fi al-Magazi (3964, 3988); Muslim: Fi al-Yihad (1752); Siyar A‘lam an-Nubala-1/250; Banat as-Sahaba-66]

«El día de Badr estaba de pie en la fila y, al mirar a derecha e izquierda, vi a dos jóvenes de corta edad a ambos lados de mí. No me sentí del todo seguro al tenerlos junto a mí. En ese momento, uno de ellos me dijo en voz baja, de modo que su otro compañero no pudiera oírlo: “¡Tío! Señálame a Abu Yahl”. Le pregunté: “¡Sobrino! ¿Qué vas a hacer con él?”. Respondió: “He hecho un pacto con Allah: si lo encuentro, lo mataré o moriré yo”. El otro me dijo lo mismo, de la misma manera.»

‘Abd ar-Rahman ibn ‘Awf dijo: «¡Qué feliz me sentí entonces al encontrarme entre aquellos dos! Con la mano les señalé dónde estaba Abu Yahl. Enseguida se abalanzaron sobre Abu Yahl como dos halcones y lo mataron. Eran los dos hijos de ‘Afra».»

Después de matar a Abu Yahl, se lanzaron valerosamente contra el enemigo. En esa misma batalla de Badr, el noble padre de ar-Rubayyi‘, Mu‘awwidh —que Allah esté complacido con él—, alcanzó el martirio. [Al-Istibsar-66] Al Mensajero se le preguntó quién más había participado con aquellos dos en la muerte de Abu Yahl. Respondió: «Los ángeles, y ‘Abdullah ibn Mas‘ud le asestó el golpe final». Después de la muerte de Abu Yahl, el Mensajero dijo: «¿Puede alguien ir a ver cuál es el estado de Abu Yahl?». Ibn Mas‘ud —que Allah esté complacido con él— dijo: «¡Oh, Mensajero de Allah! Yo iré». Fue y vio que los dos hijos de ‘Afra lo habían golpeado de tal manera que ya estaba completamente inmóvil. [‘Uyun al-Azar-1/315; as-Sirah al-Halabiyyah-2/433]

Ar-Rubayyi‘ —que Allah esté complacido con ella— aceptó el islam antes de la emigración del noble Mensajero de Allah —que Allah le bendiga y le conceda paz— a Medina. En aquel entonces era una adolescente. El Mensajero llegó desde La Meca a Quba y se alojó allí. Después de permanecer tres días, se dirigió hacia el centro de Medina y se alojó en la casa del noble Abu Ayyub al-Ansari —que Allah esté complacido con él—, junto a la Mezquita del Profeta. Toda Medina recibió con alegría su bendita llegada, poniéndose a bailar y cantar. Uno de los versos de su canción de bienvenida decía así:

(Árabe*****)

«Somos los muchachos y muchachas de Banu an-Nayyar. ¡Qué alegría! Muhammad es nuestro vecino».

El Mensajero les dijo: «¿Me amáis?». Respondieron: «Sí». Él dijo: «Allah sabe que mi corazón os ama». Muchos han afirmado que ar-Rubayyi‘ también se encontraba entre aquellos muchachos y muchachas. [Nisa’ min ‘Asr an-Nubuwwah-150,151] A medida que crecía, se involucró de diversas maneras en la lucha junto al noble Mensajero de Allah —que Allah le bendiga y le conceda paz— por la difusión y consolidación del islam. Se la ve presente en distintas escenas. Debido a los incomparables sacrificios de esta familia al servicio del islam, el Mensajero —que Allah le bendiga y le conceda paz— consideraba a sus miembros con especial estima. Siempre se ocupaban de conocer los deseos y las aversiones, así como el bienestar y las necesidades, del noble Mensajero de Allah —que Allah le bendiga y le conceda paz—. Al Mensajero le gustaba comer pepinos tiernos junto con dátiles frescos. Ar-Rubayyi‘ relató: «Mi padre, Mu‘awwidh ibn ‘Afra —que Allah esté complacido con él—, me envió al Mensajero de Allah con un recipiente que contenía un sa‘ de dátiles frescos y algunos pepinos tiernos encima. A él le gustaban los pepinos. En aquel entonces habían llegado al Mensajero —que Allah le bendiga y le conceda paz— algunas joyas procedentes de Baréin. Tomó un puñado de ellas y me lo entregó. En otra narración se menciona oro. Luego dijo: “Adórnate con esto”, o dijo: “Hazte una joya con ello y póntela”. [Al-Bujari, Fi al-At‘imah-9/495; Muslim, Fi al-Ashriba (2043); at-Tirmidhi (1845) e Ibn Mayah (3325), Fi al-At‘imah; Mayma‘ az-Zawa’id li-l-Hayzami-9/13]

Al alcanzar la edad para casarse, contrajo matrimonio con el célebre compañero emigrado Ibn al-Bukayr al-Laythí, y de él nació su hijo Muhammad ibn Iyas. La especial grandeza y dignidad de este matrimonio radica en que, la mañana de la boda, el Mensajero (saw) acudió a su casa y se sentó en su lecho. En su vida posterior, al-Rubayyi‘ (ra) lo relató con gran orgullo de la siguiente manera: [Bujari, Fi al-Nikah (5147); Fi al-Maghazi (4001); Tirmidhi (1090); Tabaqat, 8/328; Tahdhib al-Asma’ wa-l-Lughat, 2/609] (Árabe******)

«La mañana de mi boda, el Mensajero de Allah (saw) vino a nuestra casa, entró en mi habitación y se sentó en el lecho. Nuestras niñas pequeñas tocaban el daf y cantaban canciones laudatorias sobre mis padres y tíos asesinados en la batalla de Badr. Una de ellas cantó: “Entre nosotros hay un Profeta que conoce lo que sucederá en el futuro”. Entonces el Mensajero (saw) le dijo: “Deja eso. Di lo que estabas diciendo antes”. En otra narración se relata:

«No digas eso. Di, más bien, lo que estabas diciendo antes». En realidad, lo dijo para impedir que se le atribuyera conocimiento de lo oculto.

El imán al-Dhahabí relató este acontecimiento de la siguiente manera: [Siyar A‘lam al-Nubala’, 3/198] (Árabe******)

«La mañana de su boda, el Profeta (saw) fue a visitarla, en virtud del vínculo de parentesco que los unía».

La presencia del Mensajero de Allah (saw) en la boda de al-Rubayyi‘ probablemente tuvo como finalidad honrarla a ella y a su familia. Pues el Mensajero (saw) no podía ignorar los sacrificios y esfuerzos que esta familia había realizado por el islam. Por el islam, habían gastado sus bienes, combatido contra el enemigo y entregado también sus vidas. Por tanto, ¿cómo podía el Mensajero (saw) mantenerse alejado en el día de alegría de esta huérfana cuyo padre había matado a Abu Yahl y había alcanzado el martirio en Badr?

En el campo de batalla, el padre de al-Rubayyi‘ inició la yihad al participar en la batalla de Badr, y ella, como su hija, continuó esa tradición. La sangre de su padre corría por sus venas. Por eso albergaba un deseo irresistible de marchar a la yihad. Comprendió plenamente la inmensa importancia de la yihad. Así pues, para alcanzar la complacencia de Allah, participó en varias expediciones de yihad junto al Mensajero de Allah (saw). Ibn Kathir (rah) dijo: «Iba a la yihad junto al Mensajero de Allah (saw). Administraba medicinas a los heridos y daba agua a los heridos». Ella misma dijo: [Sifat al-Safwa, 2/71; al-Taj al-Yami‘ li-l-Usul, 4/344] (Árabe******)

«Íbamos a la yihad junto al Mensajero de Allah (saw). Dábamos agua a los muyahidines, los atendíamos y enviábamos a Medina a los heridos y a los fallecidos».

En el mes de Dhul Qadah del sexto año de la Hégira, ella fue una de los mil cuatrocientos muyahidines que estuvieron presentes en Hudaybiyyah, donde se firmó el tratado de paz entre el Mensajero de Allah (s. a. s.) y los politeístas de La Meca. Allí también prestó el juramento de arriesgar la vida en combate contra los politeístas, realizado ante el Mensajero de Allah (s. a. s.). Este juramento se denomina Bay’at ar-Ridwan y Bay’at ash-Shajara. En la historia del islam, la importancia de este juramento es inmensa. El Corán y las palabras del hadiz dejan claro que Allah, Señor de los mundos, y Su Mensajero (s. a. s.) apreciaron mucho este juramento. Por ejemplo, Allah dice: [Sura al-Fath, 10]

«Quienes te prestan juramento, en realidad se lo prestan a Allah. La mano de Allah está sobre sus manos. Así pues, quien lo rompe, solo se perjudica a sí mismo por haberlo roto; y quien cumple el pacto contraído con Allah, Él le concederá una recompensa grandiosa».

En esta aleya, prestar juramento estrechando la mano del Mensajero de Allah (s. a. s.) se denomina prestar juramento estrechando la mano de Allah. Esto demuestra la enorme importancia de este juramento.

El Noble Mensajero de Allah (s. a. s.) dijo acerca de la importancia de este juramento: [Muslim (2496); Tabaqat, 2/100, 101]

«Ninguno de los que prestaron juramento bajo el árbol entrará en el Infierno».

Ese día, el Mensajero (s. a. s.) dijo a quienes habían prestado el juramento: [Bujari: capítulo sobre la expedición de la Conquista]

«Hoy sois las mejores personas entre los habitantes de la Tierra».

La de habla franca

Ar-Rubayyi‘ (que Allah esté complacido con ella), la hija del asesino de Abu Yahl, no tenía límites en el orgullo que sentía por su ilustre padre. Esto queda demostrado por un episodio que tuvo con Asma’ bint Majrama, la madre de Abu Yahl. Ar-Rubayyi‘ cuenta:

Durante el califato de ‘Umar ibn al-Jattab (que Allah esté complacido con él), un día fui con varias mujeres ansaríes a visitar a Asma’ bint Majrama, la madre de Abu Yahl. ‘Abdullah ibn Abi Rabi‘a, hermano uterino de Abu Yahl, era otro de sus hijos. Él enviaba perfume desde Yemen a su madre Asma’ en Medina, y ella lo vendía. Nosotras también le comprábamos perfume. Aquel día llenó de perfume mi frasco y lo pesó, tal como había pesado el perfume de mis compañeras. Luego dijo: «Anoten cuánto debe cada una de ustedes». Yo dije: «Anote lo que debe Ar-Rubayyi‘ bint Mu‘awwidh».

Al oír mi nombre, Asma’ exclamó: «¡Halqa!». Era una expresión maldiciente; es decir: «¡Que mueras con dolor de garganta!». Luego dijo: «¿Eres la hija del asesino del líder de Quraysh?»

Respondí: «No del líder, sino del asesino de su esclavo».

Ella dijo: «¡Por Allah! No te venderé nada».

Yo también dije: «¡Por Allah! Tampoco volveré a comprarle nada a usted. Este perfume suyo no tiene ninguna fragancia». Según otra versión, también dijo: «Aparte de su perfume, nunca he percibido un olor fétido en el perfume de nadie». Después de decir estas cosas, me levanté y me fui. En realidad, dije aquello bajo los efectos de la agitación. La verdad es que nunca había olido un perfume más fragante que el suyo. [Al-Maghazi de al-Waqidi, 1/89; At-Tabaqat, 8/300-301; Ansab al-Ashraf, 1/298; Siyar a‘lam an-nubala’, 3/199]

Narración de hadices

No solo sentía un intenso interés por participar en la yihad; también mostraba el mismo interés por conocer diversos asuntos de la sharía, escuchar las palabras del Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) y observar su conducta. Con este propósito, visitaba con frecuencia a la Madre de los Creyentes, ‘A’isha (que Allah esté complacido con ella). Por ello, transmitió de ella varias cualidades y características del Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él). El imán adh-Dhahabi dijo: «Al igual que gozó de la compañía del Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él), también narró sus hadices». Se han narrado de ella 21 (veintiún) hadices del Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él). Estos hadices fueron recopilados en las obras de Sahih y Sunan. Uno de ellos es muttafaq ‘alayh. [Jawami‘ as-sirah an-nabawiyya, 282; Banat as-sahaba, 167-168]

Muchos eminentes sabios tabi‘íes escucharon hadices de ella y también narraron por su autoridad. Algunos de esos famosos tabi‘íes fueron:

Sulaymán ibn Yasár y Abú Salama ibn ‘Abd al-Rahmán. Estos dos pertenecían a los siete principales sabios tabi‘íes de la primera generación. Además, Abú ‘Ubayda Muhammad ibn ‘Ammár ibn Yasir; Náfi‘, el esclavo liberado de Ibn ‘Umar (que Dios esté complacido con él); ‘Ubada ibn al-Walid ibn ‘Ubada ibn al-Sámit (que Dios esté complacido con él); Jálid ibn Dhakwan; ‘Abdullah ibn Muhammad ibn ‘Aqil; ‘Aisha bint Anas ibn Malik, entre otros. [Al-Istí‘ab, 4/302; Tahdhíb al-Tahdhíb, 12/418; Siyar A‘lam al-Nubala, 3/198]

Los nobles compañeros describieron de manera extraordinaria el resplandor y la belleza del rostro del Mensajero de Dios (que Dios le bendiga y le conceda paz). Algunas frases de las descripciones de ciertos compañeros poseen una belleza artística incomparable que cautiva profundamente a lectores y oyentes. Como, por ejemplo, una frase de Abú Hurayra (que Dios esté complacido con él): [Musnad de Ahmad, 2/350, 380; Bint al-Sahaba, 166;]

«Nunca vi nada más hermoso que al Mensajero de Dios (que Dios le bendiga y le conceda paz). Era como si el sol se desplazara». Para describir la belleza del rostro del Mensajero de Dios (que Dios le bendiga y le conceda paz), dijo: [Dala’il al-Nubuwwa de al-Bayhaqi, 1/200; Usd al-Ghaba, 5/455;]

«Hijo mío, si lo hubieras visto, habrías dicho que estaba saliendo el sol». Verdaderamente, es una descripción extraordinaria.

En una ocasión, el Mensajero de Dios (que Dios le bendiga y le conceda paz) realizó la ablución en casa de al-Rubayyi‘. Al-Rubayyi‘ (que Dios esté complacido con ella) observó cómo realizó la ablución. Más tarde, solía narrarlo. Muchas personas acudían a ella para escuchar esa narración. En cierta ocasión, ‘Abdullah ibn ‘Abbas (que Dios esté complacido con él) fue a verla y le pidió que describiera cómo el Mensajero de Dios (que Dios le bendiga y le conceda paz) había realizado la ablución. [Tafsir al-Qurtubi, 6/89] Esta narración suya fue recopilada en diversas obras de hadices. [Abú Dawud: Fi al-Tahara, capítulo sobre la descripción de la ablución del Profeta (que Dios le bendiga y le conceda paz); al-Tirmidhi: al-Tahara (33); Ibn Maya (418)]

Así como es natural que una pareja de hombre y mujer lleve una vida conyugal en este mundo, también son naturales en esa vida los desacuerdos, las disputas y la separación. Algo semejante ocurrió en la vida de al-Rubayyi‘ (que Dios esté complacido con ella). Después de vivir durante mucho tiempo con su esposo, Yas ibn al-Bukayr, surgió entre ambos tal desavenencia que les resultó imposible seguir juntos. Ella relató el asunto de la siguiente manera: «Un día discutimos mi primo —es decir, mi esposo— y yo. Le dije: “Sepárate de mí llevándote todo lo que tengo”. Él respondió: “De acuerdo, eso haré”. Al-Rubayyi‘ (que Dios esté complacido con ella) dijo: “¡Por Dios! Se llevó todo lo que yo tenía, incluso la cama. Fui ante ‘Uthmán (que Dios esté complacido con él) y le expuse todo lo ocurrido. En aquel momento se encontraba sitiado. Dijo: ‘Se debe cumplir la condición’. Y dirigiéndose a Yas, dijo: ‘Podías tomar todo lo que ella poseía, incluso la cinta de su cabello’». [Al-Isaba, 4/294; Siyar A‘lam al-Nubala, 3/300] Esta separación tuvo lugar en el año 35 de la Hégira.

Se sabe que Rubayyi‘ (que Dios esté complacido con ella) vivió una larga vida. Sin embargo, no se conoce con precisión el año de su fallecimiento. El imán al-Dhahabi (que Dios tenga misericordia de él) afirmó que murió después del año 70 de la Hégira, durante el califato de ‘Abd al-Malik ibn Marwan. [Siyar A‘lam al-Nubala, 3/300] No obstante, una fuente menciona que murió en el año 45 de la Hégira. El erudito al-Zirikli afirmó que permaneció viva hasta el califato de Mu‘awiya (que Dios esté complacido con él). [Al-A‘lam, 3/39]

Hind bint Utba


Hind era hija de Utba ibn Rabia ibn Abd Manaf ibn Abd Shams. Su madre era Safiyya bint Umayya ibn Haritha al-Sulamiyya. Pertenecía a una distinguida familia de los qurayshíes de La Meca. [Tabacat, 8/235; Tahdib al-Asma wa al-Lugat, 2/35; al-Isaba fi Tamyiz as-Sahaba, 4/409] Fue una de las mujeres célebres de Arabia, tanto antes como después del islam. Su principal distinción fue ser la noble madre de Muawiya ibn Abi Sufyan, fundador del califato omeya.

El primer matrimonio de Hind fue con el joven qurayshí al-Fakih ibn al-Mughira al-Majzumi, pero aquel matrimonio no duró. Se separaron. Detrás de esta separación hay una historia sorprendente, relatada en las antiguas fuentes de la literatura árabe. El suceso fue el siguiente:

Hind se casó con al-Fakih ibn al-Mughira, un joven de la rama majzumi de la tribu qurayshí de La Meca. Era muy hospitalario y tenía una casa de huéspedes para alojar a los visitantes. Los forasteros entraban y salían continuamente de allí sin permiso. Un día, al-Fakih estaba descansando allí al mediodía con su esposa Hind. En cierto momento salió de la habitación, dejando a Hind dormida. Entonces llegó un visitante y, al ver a una mujer durmiendo, se dio la vuelta desde la puerta. De camino se cruzó con al-Fakih, quien empezó a sospechar. Este entró en la habitación y preguntó a Hind: «¿Quién era el hombre que acaba de salir de tu lado?». Hind respondió: «No sé nada. No vi a nadie». Al-Fakih no le creyó. Le dijo a Hind que regresara a la casa de su padre. El asunto se hizo público. El padre de Hind, Utba, le dijo: «Cuéntame toda la verdad sobre lo ocurrido. Si lo que dice al-Fakih es cierto, lo mataré mediante un asesino oculto. Así tu deshonra desaparecerá para siempre. Pero si él es un mentiroso, llevaré el caso ante un famoso kahin —adivino— del Yemen». Hind respondió: «Padre, él es un mentiroso».

Utba fue hasta al-Fakih y le dijo: «Has lanzado una grave calumnia contra mi hija. O revelarás la verdad, o tendrás que comparecer ante el kahin del Yemen para que juzgue el caso». Él respondió: «De acuerdo, que así sea». Al-Fakih partió de La Meca hacia el Yemen acompañado por un grupo de hombres y mujeres de los Banu Majzum; del mismo modo, Utba salió acompañado por un grupo de hombres y mujeres de los Banu Abd Manaf.

Cuando se acercaron a la casa del kahin, el rostro de Hind cambió y ella se puso abatida. Al ver su estado, su padre le dijo: «Cuando salimos de La Meca, tu rostro no estaba así». Ella respondió: «Padre, mi rostro no ha cambiado por haber hecho algo malo; más bien estoy preocupada porque aquel ante quien vais a comparecer no es más que un ser humano. Puede acertar o equivocarse. Tal vez me acuse injustamente, y eso podría divulgarse para siempre de boca en boca entre los árabes». Su padre dijo: «Tienes razón».

Finalmente llegaron ante el kahin. Las mujeres se colocaron en fila. El kahin se acercaba a cada una, le ponía la mano sobre la cabeza y le decía: «Vete, ocúpate de tus asuntos». Cuando llegó ante Hind, le puso la mano sobre la cabeza y dijo:

«Vete; no has cometido ninguna obscenidad ni eres una adúltera. En el futuro darás a luz a un rey cuyo nombre será Muawiya».

Cuando Hind salió de junto al kahin, Al-Fakih le tomó la mano; pero Hind la retiró con fuerza y le dijo a Al-Fakih: «¡Por Allah! Quiero que ese hijo nazca de mi vientre, engendrado por otro hombre». Después, Abu Sufyan se casó con ella y se convirtió en el padre de Muawiya.

Se ha narrado que, después de separarse de Al-Fakih, Hind le dijo a su padre: «¡Padre! Me casaste con este hombre sin pedir mi opinión. Y ocurrió lo que tenía que ocurrir. De ahora en adelante, no me casarás con nadie sin describirme detalladamente el carácter y las cualidades de esa persona». Entonces, Suhayl ibn Amr y Abu Sufyan ibn Harb presentaron así su propuesta matrimonial: (Árabe*****)

«¡Oh Hind, la más destacada de las mujeres! Suhayl y Abu Sufyan, hijo de Harb, han venido a pedirte en matrimonio. Ambos sienten interés y aprecio por ti.

Se puede vivir gracias a su favor y benevolencia. Ambos pueden causar daño y otorgar beneficio.

Ambos son magnánimos y generosos. Ambos son valientes héroes de rostro resplandeciente.

Te los he presentado. Elige tú, pues eres una mujer inteligente y previsora. No recurras al engaño ni a la falsedad, porque quien engaña termina siendo engañado».

Hind dijo: «¡Padre! No quiero escuchar nada de eso. Explícame un poco el carácter y las cualidades de cada uno de ellos. Así podré decidir quién es más adecuado para mí». Entonces Utba comenzó a describir a Suhayl: «Uno de ellos es de elevada posición dentro de la tribu y es rico. Si le obedeces, él te obedecerá. Si te muestras hostil con él, se someterá ante ti. Así tendrás autoridad sobre él en lo referente a la familia y los bienes. El otro es conocido por su noble linaje y su buen juicio. Es el honor y la dignidad de su tribu. Posee un intenso sentido del honor, es sumamente precavido, no duerme descuidadamente mientras vigila sus bienes y nunca baja su bastón de encima de su familia». Hind dijo: «¡Padre! El primer hombre arruinará a una mujer libre. Si ella se rebela, ya no se someterá. Bajo la sombra de su marido hará esencialmente todo cuanto quiera. Si el marido le obedece, seguirá las indicaciones de su esposa. Los miembros de la familia vivirán atemorizados por él. Entonces su situación empeorará mucho. Si en esas circunstancias tiene un hijo, este será un necio. No me hables de este hombre ni pronuncies siquiera su nombre ante mí. En cambio, el otro es digno de ser el marido de una mujer pura, libre y virgen. Estoy segura de que su tribu no podrá hacerle cambiar de decisión y que ningún temor será capaz de perjudicarlo. Un hombre con tales cualidades es digno de ser mi esposo. Cásame con él». Utba casó a Hind con Abu Sufyan. De él, Hind tuvo un hijo llamado Muawiya. Suhayl ibn Amr quedó profundamente herido al no obtener a Hind y expresó su dolor en un poema. También intentó menospreciar un poco a Abu Sufyan. Abu Sufyan le respondió en otro poema.

Lo que ocurrió después fue lo siguiente: Suhayl se casó con otra mujer, y de ella nació un hijo suyo. Cuando el muchacho creció, un día Suhayl salió a pasear con él. En el camino, vio a un hombre montado en una camella y pastoreando cabras. El muchacho le dijo a su padre: «¡Padre! ¿Son estas pequeñas las crías de la grande?». Al oír su pregunta, de los labios de Suhayl salió, como un soliloquio: «¡Que Allah tenga misericordia y compasión de Hind!». Con este comentario, recordó la previsión de Hind.[Historia de Damasco: Biografías de mujeres, 440-441; Al-‘Iqd al-Farid, 6/89; As-Sirah al-Halabiyyah, 6/86-78; Majma‘ az-Zawa’id, 9/267-268]

Ibn Sa‘d, sin embargo, ha dicho que el primer esposo de Hind fue Hafs ibn al-Mughira ibn ‘Abdullah, y que de él nació Aban, el hijo de Hind.[Ṭabaqāt-8/235]

Hind amaba a Musafir ibn Abi ‘Amr. Musafir también la amaba profundamente. Este Musafir era el más destacado de los jóvenes de Quraysh por su belleza, talento poético y generosidad. Un día, Hind le dijo: «Puesto que eres pobre, mi familia no aceptará casarme contigo. Ve a algún rey vecino, consigue allí cierta riqueza, regresa y cásate conmigo». Musafir fue ante el rey de Hira, al-Nu‘man ibn al-Mundhir, con la esperanza de obtener el dinero del mahr de Hind. Después de algún tiempo, Abu Sufyan ibn Harb —según otra versión, cierto hombre— viajó de La Meca a Hira. Musafir le preguntó por la situación de La Meca y quiso saber si había alguna noticia nueva allí. Abu Sufyan respondió: «No hay ninguna noticia particularmente nueva. Sin embargo, me he casado con Hind bint ‘Utba». Musafir comenzó a recitar los siguientes dos versos:[A‘lām al-Nisā’-5/242]

«¡Oh! Hind se ha vuelto ilícita para ti y se ha convertido en la más vil de las cosas ilícitas. Se ha vuelto como un hombre ruin que desenvaina su arma y examina su arco y sus flechas con ambas manos».

En cierta ocasión, el islam surgió en La Meca.

Durante los veinte años siguientes, Hind no prestó atención al llamamiento del islam. Por el contrario, ese largo período transcurrió en una oposición desmedida y una hostilidad extrema contra el Mensajero de Allah, el islam y los musulmanes. Durante ese tiempo, no dejó escapar ninguna oportunidad de manifestar su enemistad. El apego de las mujeres al oro y las joyas es natural. En ninguna circunstancia quieren desprenderse de esas dos cosas. Sin embargo, Hind no escatimó esfuerzos, ni siquiera a cambio de ambas, para impedir la difusión y expansión del islam. El día de la conquista de La Meca, el Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) declaró segura la casa de Abu Sufyan. Dijo: «Quien se refugie en la casa de Abu Sufyan estará a salvo». Después de esta proclamación, cuando Abu Sufyan quiso entrar en su casa, Hind lo reprendió diciendo: «¡Que Allah te haga daño! Eres un intruso despreciable».[Al-Dhahabi, Tārīkh al-Islām wa-Ṭabaqāt al-Mashāhīr wa-l-A‘lām-3/298] Debido a su hostilidad tan extrema, el Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) anunció que debía ser ejecutada. Esta enemiga acérrima del islam declaró su adhesión al islam durante la conquista de La Meca.

Hind era una de las mujeres más bellas e inteligentes de Quraysh.[Ibíd.] También poseía un extraordinario talento poético. Compuso numerosas elegías en memoria de los muertos de Badr, especialmente de su padre, ‘Utba, de su hermano al-Walid ibn ‘Utba y de su tío Shayba ibn Rabi‘a, entre otros.

‘Umar Rida Kahhala describió a Hind de la siguiente manera:[A‘lām al-Nisā’-5/242]

Hind bint ‘Utba poseía belleza, hermosura, criterio, capacidad de decisión, inteligencia y sabiduría, pureza y elocuencia lingüísticas, dominio de la retórica, literatura, poesía, valor, bravura y sentido del honor.

Se ha narrado que, cuando el Mensajero (s. a. s.) recibió la orden de predicar el islam, reunió a los miembros de la tribu de Quraysh y les presentó la invitación al islam, Abu Lahab se opuso, salió de allí y se negó a aceptarla. Después fue junto a Hind, hija de Utba, y le dijo: «¡Hija de Utba! Me he separado de Muhammad y me he negado a aceptar aquello que afirma haber traído. He apoyado a Lat y a Uzza, y estoy enfurecido con Muhammad porque rechazó a ambos». Hind comentó: «¡Padre de Utba! Que Allah te recompense con el bien». [Sira de Ibn Hisham, 1/654]

Hind sentía un intenso odio y hostilidad hacia el islam. A pesar de ello, poseía muchas virtudes. La historia ha transmitido un episodio que pone claramente de manifiesto su agudo sentido del honor y su profunda compasión y solidaridad hacia las mujeres. Abu al-As ibn al-Rabi (r. a.), esposo de Zaynab (r. a.), hija del Mensajero de Allah (s. a. s.), marchó a Badr con el ejército de Quraysh para combatir contra los musulmanes. Por desgracia, fue capturado por el ejército musulmán. Durante su estancia en La Meca, gracias a los esfuerzos de su esposa Zaynab (r. a.) y a la generosidad de los musulmanes, fue liberado y regresó a La Meca. Sin embargo, al salir de Medina había prometido al Mensajero de Allah (s. a. s.) que, al llegar a La Meca, llevaría a Zaynab a Medina con todos los honores. Al regresar a La Meca, pidió a su esposa Zaynab (r. a.) que se preparara para el viaje. Zaynab comenzó a prepararse en secreto. La noticia llegó a oídos de Hind. Esta fue a ver a Zaynab en secreto, al amparo de la noche, y le dijo: «¡Oh, hija de Muhammad! He oído que piensas ir junto a tu padre». Zaynab (r. a.) respondió: «Todavía no lo he decidido». Hind creyó que quizá Zaynab le ocultaba el asunto, por lo que dijo: «¡Prima mía! No me lo ocultes. Si necesitas algo que pueda serte útil durante el viaje, o si te encuentras en dificultades económicas, dímelo y te ayudaré. No te avergüences delante de mí. Las disputas y discordias entre los hombres no afectan en modo alguno a las mujeres». Más tarde, Zaynab (r. a.) dijo: «Yo estaba segura de que ella haría lo que decía. Aun así, le tenía miedo. Por eso negué que tuviera intención de marcharme». [Ibídem]

Un día, Zaynab (r. a.) salió de La Meca en dirección a Medina. Los qurayshíes le impidieron continuar y la devolvieron a La Meca. Al enterarse de ello, Hind salió de su casa transformada en una figura terrible, se presentó ante aquellos malvados y censuró duramente su perverso acto. También recitó ante ellos los siguientes versos: [Ibídem, 1/656; Mujeres de la época profética, 472] (árabe*****)

«En tiempos de tregua y paz puedes comportarte como un asno duro y obstinado, pero en el campo de batalla adopta la apariencia de una mujer menstruante».

Los brutales qurayshíes llevaron a Zaynab (r. a.) ante Abu Sufyan, en La Meca. Cabe señalar que Zaynab (r. a.) estaba embarazada. Como aquellos malvados la arrojaron del lomo del camello, sufrió heridas considerables. Las mujeres de los Banu Hashim y los Banu Umayya comenzaron a disputar entre sí para atenderla y prodigarle cuidados. Finalmente, Hind la acogió en su casa, la cuidó y la ayudó a recuperarse. Durante ese tiempo, Hind solía decirle: «Esta desgracia que te ha ocurrido es por culpa de tu padre».

En el segundo año de la Hégira, salió un enorme ejército de los politeístas de La Meca con el propósito de garantizar el paso seguro de una caravana comercial de Abu Sufyan que se dirigía de Siria a La Meca y de exterminar para siempre a los musulmanes. A la vanguardia de este ejército se encontraban los hombres más selectos y los dirigentes de Quraysh. Decidieron que, al llegar a Badr, sacrificarían camellos, celebrarían un gran banquete, beberían vino y se divertirían. Después eliminarían a los musulmanes de raíz, para que nadie más en Arabia se atreviera jamás a levantar la cabeza contra ellos.

En este ejército politeísta de La Meca se encontraban el padre, el hermano, el tío y el esposo de Hind. Entre ellos estaban, de manera significativa, Abu Hudhayfa ibn Utba (r. a.) y su esclavo liberado Salim (r. a.). En la batalla de Badr, este Abu Hudhayfa ibn Utba (r. a.) y su esclavo liberado Salim (r. a.) desempeñaron un papel. Abu Hudhayfa (r. a.) tuvo un papel glorioso en la batalla de Badr.

En esta batalla desafió a su padre, Utba, a un combate singular. Al censurar la conducta de su hermano, Hind pronunció los siguientes dos versos: [Siyar a’lam al-nubala, 1/166; Mujeres de la época profética, 472] (árabe******)

«Abū Hudhayfa, de ojos bizcos, dientes torcidos y destino desgraciado, era el peor de los hombres en materia de religión.

¿No mostrarás gratitud a tu padre, quien te crió desde pequeño y gracias a quien llegaste a la madurez sin ninguna deformidad?»

Al comienzo de la batalla murieron el padre, el hermano y el tío de Hind. Además, murieron setenta soldados escogidos del ejército politeísta. Dejando sus cadáveres en Badr, los demás huyeron por el camino de La Meca. A la cabeza de los fugitivos iba Abū Sufyān, el esposo de Hind. Así como los musulmanes se llenaron de alegría por esta victoria, cuando la noticia del ejército de Quraysh llegó a La Meca, todos sus habitantes, hombres y mujeres por igual, quedaron atónitos. Al principio, muchos no pudieron creer la noticia. Cuando los derrotados comenzaron a regresar a La Meca, ya no quedó ninguna duda sobre su veracidad. Ante la gravedad de lo ocurrido, los habitantes de La Meca sintieron como si el cielo se les hubiera desplomado sobre la cabeza. Abū Lahab se tendió en cama, abrumado por el dolor, y siete días después partió hacia el Infierno en ese estado. Así llegó el fin de su vida. Las mujeres qurayshíes guardaron luto durante un mes por sus muertos. Se golpeaban el pecho, se arrancaban el cabello y se entregaban a los lamentos. Se reunían junto a la montura o el caballo de algún soldado muerto y lloraban desconsoladamente. Ninguna mujer de La Meca se abstuvo de expresar su duelo y lamentarse, excepto Hind. Sí, Hind no manifestó ningún tipo de dolor. Un día, varias mujeres de Quraysh fueron a verla y le preguntaron: «¿No has llorado un poco por tu padre, tu hermano, tu tío y los demás miembros de tu familia?». Ella respondió: «Si lloro por ellos, la noticia llegará a Muhammad».

Ellos y las mujeres de la tribu de Jazray se alegrarán. ¡Por Dios! Hasta que no tome venganza de Muhammad y sus compañeros, el aceite y el perfume estarán prohibidos para mí. Si supiera que llorar y lamentarme aliviarían mi dolor, lloraría. Pero sé que el dolor de mi corazón no desaparecerá hasta que vengue a mis seres queridos.

Hind no se acercó siquiera al aceite ni al perfume, y también se mantuvo alejada del lecho de Abū Sufyān. Continuó incitando a los habitantes de La Meca contra los musulmanes hasta la siguiente batalla de Uhud. Asimismo, compuso numerosas elegías en memoria de los muertos de Badr. Algunos versos de aquellas elegías son los siguientes: [Las poetisas árabes, 468; Aʿlām an-Nisāʾ, 5/243] (árabe*******)

«Lloro la muerte del líder de los dos valles de al-Abtah y de quien lo protegía de las malas intenciones de todo rebelde.

¡Que perezcas! Debes saber que lloro por el virtuoso ʿUtba, por Shayba y por el hijo de quien garantizaba la seguridad de la tribu. Todos ellos gozaban de una elevada posición entre los descendientes de Ghalib. Su honor y su dignidad eran grandes.»

En la batalla de Badr murieron el padre de Hind, ʿUtba, su tío Shayba y su hermano. Hind comenzó a recitar elegías en su memoria. Al-Jansāʾ era por entonces una de las más grandes poetisas de Arabia. En una batalla de la época de la ignorancia, murieron sus dos hermanos, Sakhr y Muʿāwiya. Al-Jansāʾ lloró y se lamentó por ellos durante toda su vida, y compuso tantas elegías conmovedoras que hizo partícipes de su propio dolor a todos los árabes. Por eso, en la feria de ʿUkāẓ se la distinguía especialmente izando una bandera delante de su howdah y de su tienda. Ella decía: «Soy la persona más afligida de Arabia». Al enterarse de esto, Hind decía: «Estoy más afligida que al-Jansāʾ». Luego también ordenó que su howdah fuera distinguido de manera especial y acudió a ʿUkāẓ. Dijo: «Acerca mi camello al camello de al-Jansāʾ». Así se hizo. Cuando se acercó al de al-Jansāʾ, esta preguntó: «¡Hermana! ¿Quién eres?». Ella respondió: «Soy Hind bint ʿUtba, la persona más afligida de Arabia. Me he enterado de que te has presentado ante los árabes como la persona más afligida. ¿Cuál es tu desgracia?». Respondió: «La muerte de mi padre, ʿAmr, y de mis hermanos Sakhr y Muʿāwiya».

Él le preguntó a Hind a su vez: «Entonces, ¿cuál es su desgracia?». Ella respondió: «La muerte de mi padre, Utba, y de mi hermano, al-Walid». Al-Jansā’ preguntó: «¿Hay alguien más?». Después recitó una elegía en memoria de Abu Amr, Muawiya y Sakhr. [A‘lām an-Nisā’, 5/234]

Preparativos para Uhud

Desde la batalla de Badr, los corazones de los qurayshíes no han conocido la paz. Sus mujeres continúan lamentando a sus hijos, padres, esposos o seres queridos muertos. Sienten un gran dolor. Entonces los idólatras de La Meca decidieron vengarse adecuadamente de Badr. Esta vez, las mujeres también insistieron en ir a la guerra con los hombres. Sin embargo, Safwān ibn Umayya y algunos otros jinetes y soldados de infantería no estaban dispuestos a llevarlas consigo. Hind salió de su casa, se plantó ante ellos y le dijo a Safwān ibn Umayya: «Tú regresaste sano y salvo junto a tu esposa después de escapar con vida de Badr. Sí, esta vez iremos y participaremos en la guerra. Cuando marchabais hacia Badr, hicisteis regresar a las mujeres desde al-Juhfa; esta vez nadie podrá hacerlas volver. En aquella ocasión perdieron a sus seres queridos».

El ejército de Quraysh salió de La Meca y se dirigió hacia Medina. Quince mujeres lo acompañaron, bajo el liderazgo de Hind. [Ansāb al-Ashrāf, 1/312-313; entre las demás mujeres que fueron a Uhud desde La Meca estaban Barzāz, hija de Umayr al-Thaqafī, esposa de Safwān ibn Umayya; Salama, hija de Sa‘d, esposa de Talha ibn Abī Talha; Fātima, hija de al-Walīd ibn al-Mughīra, esposa de al-Hārith ibn Hishām; y Hind, hija de Munabbih, esposa de Amr ibn al-Ās. (Al-Wāqidī, al-Maghāzī, 1/202-203)] El fuego de la venganza ardía intensamente en sus corazones. En Badr, Hamza ibn Abd al-Muttalib, tío de Muhammad, había matado al ser más querido por Hind. Por ello, Hind animó y estimuló al esclavo abisinio Wahshī mediante diversas promesas. Si lograba matar a Hamza, ella le daría abundante oro, joyas y dinero. Cabe señalar que Wahshī era esclavo de Jubayr ibn Mut‘im.

Cuando los dos ejércitos se enfrentaron en el campo de Uhud, ambos bandos se dispusieron para la batalla. Los qurayshíes recordaban Badr y a los que habían muerto allí. Las mujeres de Quraysh, bajo el liderazgo de Hind, comenzaron a dar vueltas delante de sus soldados alineados, tocando panderos y tambores y cantando la siguiente canción. [A‘lām an-Nisā’, 5/244; en las distintas narraciones se observan algunas diferencias en la canción] (en árabe)

«Somos hijas de las estrellas, de andar delicado. Si avanzáis, os estrecharemos contra nuestro pecho; pero si retrocedéis, nos separaremos de vosotros para siempre». Por otro lado, los musulmanes recordaban a Allah, el Señor de los mundos, y Su ayuda. El Noble Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) colocó a algunos arqueros expertos en un lugar determinado de la montaña y organizó todo el ejército de tal manera que, si nadie cometía un error, la victoria estaría asegurada, con la voluntad de Allah.

Comenzó la batalla. Al principio, la derrota del ejército idólatra parecía inevitable. El ejército musulmán llegó al umbral de la victoria. El ejército de Quraysh quedó disperso. Las mujeres de Quraysh estaban a punto de convertirse en prisioneras de guerra, humilladas y deshonradas. En cierto momento de la batalla, algunos soldados musulmanes se concentraron en recoger los bienes abandonados por el enemigo, mientras que algunos miembros del contingente de arqueros apostado en la montaña abandonaron su posición, olvidando la orden del Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él). En un instante, el curso de la batalla cambió. El ejército idólatra en fuga aprovechó aquella debilidad de los musulmanes. Se detuvieron, se volvieron y lanzaron un contraataque. El ejército musulmán quedó aturdido. La batalla comenzó de nuevo. Tras numerosas bajas, la batalla terminó con el martirio de setenta (70) soldados musulmanes. Hamza fue martirizado a manos de Wahshī.

Los qurayshíes estallaron de alegría y júbilo. Se sintieron satisfechos consigo mismos, creyendo haber podido vengarse duramente de Badr. La más feliz de todos fue Hind. No se dio por satisfecha con la muerte de Hamza. Acompañada por las mujeres de Quraysh, se abalanzó sobre los soldados musulmanes muertos y mutiló horriblemente sus cuerpos, cortándoles la nariz, las orejas, las manos, los pies y otros miembros.

Al-Baladhuri, al describir la crueldad de Hind, dijo: «Wahshi mató al venerable Hamza, le abrió el pecho, le extrajo el hígado y se lo llevó a Hind. Hind masticó aquel hígado con los dientes y luego lo escupió. Después fue personalmente, mutiló y desfiguró el cuerpo de Hamza (que Allah esté complacido con él). Hind le cortó y separó del cuerpo las muñecas de ambas manos, el estómago y ambos pies. Luego regresó, se quitó de su propio cuerpo las joyas de oro con incrustaciones de piedras preciosas —como los brazaletes de los pies, el collar y los pendientes— y se las entregó a Wahshi. También se quitó los anillos de oro que llevaba en los dedos de los pies y se los dio. Esto se debía a que Hamza había matado a su padre, Utba, en la batalla de Badr. [Ansab al-Ashraf, 1/322]

Al oír que el venerable Hamza (que Allah esté complacido con él) había masticado su hígado, el venerable Mensajero de Allah dijo: «Si Hind hubiera masticado y tragado el hígado de Hamza, el fuego del Infierno no la habría tocado. Allah, Señor de los mundos, ha prohibido que el fuego del Infierno toque la carne de Hamza». [Alusi, An-Nisa, 5/245]

Fue un acto tan cruel e inhumano que incluso el jefe qurayshí, Abu Sufyan, se negó a asumir la responsabilidad por él. Dirigiéndose a un musulmán, dijo: «¡Por Allah! No me alegra ni me entristece la mutilación que se os ha infligido. No se lo prohibí a nadie, pero tampoco les ordené hacerlo». Después de terminarlo todo, Hind se puso de pie sobre una roca elevada y gritó los siguientes versos: [Adh-Dhahabi, Tarij, 2/205] (árabe**********)

«Os hemos dado la retribución por Badr. Una batalla después de otra, ¡oh portadores del fuego! Me había consumido de dolor por mi padre, Utba, por mi hermano, por mi tío y por mi clan. He sanado mi corazón y he cumplido mi promesa. ¡Oh, Wahshi! Has curado mi corazón de su enfermedad».

Habiendo compensado en buena medida las pérdidas, la humillación y la vergüenza de Badr, los qurayshíes emprendieron el regreso con el corazón lleno de alegría. Entonces Hind comenzó a cantar: [Sira de Ibn Hisham, 2/168] (árabe**********)

«Regreso, aunque en mi corazón permanecen muchos dolores acumulados. He fracasado en alcanzar parte de aquello que me proponía. Sin embargo, he conseguido algo. Las cosas no resultaron como esperaba en cuanto a mi objetivo y al camino que recorrí».

Varios años transcurrieron para los qurayshíes en medio de conflictos y enfrentamientos con los habitantes de Medina.

La batalla del Foso, el tratado de Hudaybiyyah y, finalmente, la conquista de La Meca. Sin encontrar otra alternativa, el día anterior a la entrada del Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) en La Meca, Abu Sufyan, esposo de Hind y dirigente de Quraysh, acudió ante el Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) para hablar sobre la seguridad de los habitantes de La Meca. Allí aceptó el islam, regresó a La Meca y proclamó: «¡Oh, comunidad de Quraysh! Escuchad: he aceptado el islam. Aceptadlo también vosotros, pues Muhammad ha venido a vosotros con una fuerza y un poder que ni siquiera podéis imaginar». Inmediatamente, Hind le agarró la cabeza y se la apretó con fuerza, diciendo: «Eres uno de los dirigentes más miserables de la comunidad». Después, Hind exhortó a los habitantes de La Meca a ofrecer una firme resistencia y a matar a Muhammad (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él). [A’lam an-Nisa, 5/245]

Aceptación del islam y juramento de fidelidad

Todas las narraciones coinciden en que Hind abrazó el islam después de que su esposo, Abu Sufyan, lo hiciera el día de la conquista de La Meca. Se convirtió en una musulmana muy devota. Si reunimos la información sobre su conversión al islam transmitida por diversas fuentes, obtenemos lo siguiente:

Hind le dijo a Abu Sufyan: He decidido seguir a Muhammad.

Abu Sufyan: Ayer mismo vi que aborrecías enormemente hacer esto.

Hind: ¡Juro por Allah! Me pareció que, antes de anoche, nunca se había adorado verdaderamente a Allah en esta mezquita. Ellos habían acudido allí con el propósito de realizar la oración mediante la posición erguida, la inclinación y la prosternación.

Abu Sufyan: Ya has hecho lo que tenías que hacer. Cuando vayas a verlo, lleva contigo a alguien de tu tribu. El día de la conquista de La Meca, el Mensajero (que Allah le bendiga y le conceda paz) excluyó del perdón a seis hombres y cuatro mujeres, y ordenó matarlos en cuanto fueran encontrados. Los hombres eran: Ikrima ibn Abi Yahl, Habbab ibn al-Aswad, Abdullah ibn Sa‘d ibn Abi Sarh, Muqays ibn Subaba y al-Huwayrith ibn Nuqaydh. Las mujeres eran: Hind bint ‘Utba; Saba, la esclava de ‘Amr ibn Hashim ibn ‘Abd al-Muttalib; y las dos cantantes de Hilal ibn ‘Abdullah, Fartana y Arna. Estas dos cantantes solían entonar canciones difamatorias contra el Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz). Anساب al-Ashraf, 1/257; Nisa’ min ‘Asr an-Nubuwwa, 486. Ibn Hayar mencionó además los nombres de otros hombres y mujeres. Fath al-Bari, 8/11-12.

Después de estas palabras, Hind fue junto a ‘Uthman o, según otra versión, junto a ‘Umar. En ese momento, la acompañaban algunas mujeres que ya habían abrazado el islam. ‘Uthman fue a solicitar permiso para que se entrevistara con el Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz). Hind temía que el Mensajero (que Allah le bendiga y le conceda paz) la castigara por el trato que había dado a Hamza (que Allah esté complacido con él); por eso entró a verlo con la cabeza y el rostro cubiertos, disfrazada para que no la reconocieran.

Fueron con ella muchas otras mujeres. Su propósito era prestar juramento de fidelidad al Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz). Cuando llegaron ante el Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz), estaban sentadas junto a él sus dos esposas, su hija Fátima y muchas otras mujeres de los Banu ‘Abd al-Muttalib. Con la cabeza y el rostro cubiertos, Hind dijo: «Con el Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz). Como en la batalla de Uhud mordí el hígado de Hamza (que Allah esté complacido con él), hoy siento una gran vergüenza y arrepentimiento». Con la cabeza y el rostro cubiertos, dijo:

«¡Oh, Mensajero de Allah! Alabado sea Allah, Quien ha hecho triunfar la religión que Él ha elegido. Debido al vínculo de parentesco que existe entre usted y yo, espero recibir de usted un buen trato. Ahora soy una mujer creyente y de fe»; al decir esto, se quitó el velo y se dio a conocer: «¡Oh, Mensajero de Allah! Soy Hind bint ‘Utbah». El Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: «¡Bienvenida!». Hind dijo: «¡Por Allah! Antes no había en la faz de la tierra una casa que me fuera más querida que la suya para despreciarla y humillarla. Ahora no hay para mí una casa más honrada que la suya». [La vida de los Compañeros del Mensajero-1/205]

El Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: «Mucho más». Luego les recitó el Corán y tomó de ellas el juramento de fidelidad. El Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: «Comprometeos a no asociar nada con Allah».

Hind dijo: «Usted nos está exigiendo un compromiso que no exige a los hombres. A pesar de ello, le damos esta promesa».

El Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: «No robaréis».

Hind dijo: «¡Por Allah! A veces tomo algo de los bienes de Abu Sufyan. No sé si eso es lícito o ilícito para mí».

Abu Sufyan, que estaba sentado cerca, exclamó: «En cuanto a todo lo que tomaste en el pasado, tienes derecho a ello». El Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: «Tú eres Hind bint ‘Utbah».

Hind dijo: «Sí, soy Hind bint ‘Utbah. Perdone mi conducta pasada. Que Allah le perdone».

El Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: «No cometeréis adulterio».

Hind: ¡Oh, Mensajero de Allah! ¿Acaso alguna mujer libre e independiente comete adulterio?

El Mensajero (s.a.): No mataréis a vuestros hijos.

Hind dijo: Nosotros los criamos cuando eran niños. Tú mataste a sus hombres adultos en Badr. Por tanto, tú y ellos sabéis mejor este asunto.

Al oír sus palabras, ‘Umar (r.a.) se echó a reír.

El Mensajero (s.a.): No acusaréis falsamente a nadie.

Hind: Acusar a alguien es una acción sumamente mala.

El Mensajero (s.a.): No me desobedeceréis en ninguna buena obra.

Hind: Incluso después de habernos sentado en esta asamblea, ¿desobedeceríamos vuestra orden en alguna buena obra?

El Mensajero (que Allah le bendiga y le conceda paz) dijo a ‘Umar: «Recibe la bay‘a de estas mujeres y suplica a Allah que las perdone».

‘Umar (que Allah esté complacido con él) recibió su bay‘a. El Mensajero (que Allah le bendiga y le conceda paz) no estrechaba la mano de las mujeres. No tocaba a ninguna mujer, salvo a aquella que le era lícita o que era su mahram. Asimismo, no les daba la oportunidad de tocarlo. Por eso, cuando Hind dijo: «¡Oh, Mensajero de Allah! Queremos tocarte», él respondió: «No estrecho la mano de las mujeres. Lo que digo a una mujer es lo mismo que diría a cien mujeres».

Después, el Mensajero (que Allah le bendiga y le conceda paz) confirmó el matrimonio anterior de Abu Sufyan y Hind. [Ṭabaqāt, 8/236-237; al-Ṭabarī, Tārīkh, 2/161-162; al-Istī‘āb, 4/411; Usd al-Gābah, 4/4/409; al-Sīrah al-Ḥalabiyyah, 3/46-47; además, el episodio ha sido relatado, con algunas variaciones, en diversas obras, entre ellas las de Bujari, Muslim, Abu Dawud y Nasa’i.]

Entre las mujeres, la personalidad de Hind llevaba la impronta de una característica muy especial. Cuando el islam penetró en su ser, eliminó toda la impureza de su corazón, y ella se manifestó en la sociedad de las sahabiyas como una mujer única. Allah, el Altísimo, eliminó el velo de su ignorancia y todas las falsedades y vanidades que cubrían su conciencia y su entendimiento, dejándolos puros y limpios. Después de aceptar el islam, nunca volvió a inclinarse ante ninguna creencia errónea. Ella llevó la creencia islámica a la práctica. Antes del islam, tenía en su casa un valioso ídolo. Al regresar tras aceptar el islam, lo hizo pedazos con un hacha mientras decía: «Estábamos engañados respecto a ti». [Tahdhīb al-Asmā’ wa al-Lughāt, 2/357; Ṭabaqāt, 8/237; Ansāb al-Ashrāf, 1/360]

Se hace evidente que Hind estaba dotada de cortesía y buenos modales. Después de aceptar el islam y reconocer como verdadera la misión del Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz), le envió un regalo. El Mensajero (que Allah le bendiga y le conceda paz) suplicó por ella. A este respecto, Ibn ‘Asakir dice: después de aceptar el islam, Hind envió al Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz), por medio de su sirvienta, dos cabritos asados y un odre de agua. En aquel momento, el Mensajero (que Allah le bendiga y le conceda paz) se encontraba en el valle de al-Abṭaḥ. Con él estaban Umm Salama, Maymuna y otras mujeres de los Banū ‘Abd al-Muṭṭalib. Tras presentar la comida ante el Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz), la sirvienta dijo: «Mi señora te ha enviado este pequeño regalo y también se disculpa humildemente por su incapacidad, diciendo: “En estos tiempos, nuestras cabras paren muy poco”». El Mensajero (que Allah le bendiga y le conceda paz) dijo: «Que Allah bendiga vuestras cabras y aumente su número».

Cuando la sirvienta regresó e informó a Hind de la súplica del Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz), ella se alegró enormemente. Más tarde, la sirvienta decía: «Vimos que el número de nuestras cabras y de sus crías aumentó tanto como nunca antes había ocurrido». Hind decía: «Esto ocurrió gracias a la súplica y la bendición del Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz). Toda alabanza pertenece a Allah, quien nos guio al islam». Luego relataba este sueño: «Había visto en sueños que permanecía de pie bajo el sol durante toda la eternidad. La sombra estaba cerca de mí, pero no podía llegar hasta ella. Cuando el Mensajero (que Allah le bendiga y le conceda paz) vino hacia nosotros, vi que era como si hubiera entrado en la sombra». [Tārīkh Dimashq, Tarājim al-Nisā’, 456-457]

Las palabras llenas de sabiduría de Hind

Muchas de las palabras llenas de sabiduría pronunciadas por Hind se han convertido casi en proverbios y dichos. Sus palabras eran tan mágicas y sus ideas tan elevadas que demostraban su aguda inteligencia, así como su extraordinaria capacidad de reflexión y contemplación. También ponían de manifiesto su amplia experiencia en el escenario de la vida, su firmeza al tomar decisiones, su previsión y su capacidad para aceptar la verdad, entre otras cualidades. Por esta razón, Ibn al-Athir la presentó de la siguiente manera: [Usd al-Gābah, 5/563] (Árabe********)

«Era una mujer dotada de vitalidad, con sentido del honor, capaz de tomar decisiones de manera independiente y poseedora de inteligencia y sabiduría».

Como dijo: «La mujer es una cadena. Necesita inevitablemente un cuello. Antes de ponértela al cuello, observa bien a quién estás tomando». También dijo: «Las mujeres son cadenas. Todo hombre debe llevar una cadena en su mano».[Al-Bayān wa at-Tabyīn, 3/267; Al-A‘lām, 8/98]

Un acontecimiento posterior. Durante el califato de ‘Umar, el agua corría frente a la puerta de la casa de Abū Sufyān (que Alá esté complacido con él), en La Meca. Cuando pasaban los peregrinos, sus pies resbalaban. ‘Umar (que Alá esté complacido con él) le pidió que impidiera que el agua corriera de ese modo. Abū Sufyān (que Alá esté complacido con él) no dio importancia a las palabras de ‘Umar (que Alá esté complacido con él). Después, un día, ‘Umar (que Alá esté complacido con él) pasaba por aquel camino. Justo en el lugar mojado frente a aquella puerta, su pie resbaló. Levantó el látigo que llevaba en la mano sobre la cabeza de Abū Sufyān (que Alá esté complacido con él) y dijo: «¿Acaso no te dije que impidieras que corriera esta agua?». Abū Sufyān se cubrió inmediatamente el rostro con su dedo índice. Entonces ‘Umar (que Alá esté complacido con él) dijo: «Alabado sea Alá, que me permitió ver incluso esto: que golpeo a Abū Sufyān en el valle de Batḥā, en La Meca, mientras él no tiene ayudante, y que le ordeno algo y él lo cumple». Al oír este comentario de ‘Umar, Hind exclamó: «¡Oh, ‘Umar! Alábalo. Si lo alabas, recibirás algo muy grande».

Cuando el honorable ‘Umar ibn al-Jattab (que Alá esté complacido con él) nombró a Yazīd ibn Abī Sufyān (que Alá esté complacido con él) gobernador de Siria, Mu‘āwiya (que Alá esté complacido con él) fue a Siria con Yazīd. En ese momento, un día, Abū Sufyān (que Alá esté complacido con él) dijo a Hind (que Alá esté complacido con ella): «¿Qué te parece que ahora tu hijo Mu‘āwiya esté bajo la autoridad de mi hijo Yazīd?». Hind respondió: «Si surge inestabilidad en la unidad de los árabes, entonces verás cuál será la posición de mi hijo y la de tu hijo». Cabe señalar que Yazīd (que Alá esté complacido con él) era hijo de otra esposa de Abū Sufyān (que Alá esté complacido con él). Poco después, Yazīd (que Alá esté complacido con él) murió en Siria. ‘Umar (que Alá esté complacido con él) nombró a Mu‘āwiya (que Alá esté complacido con él) en su lugar. Después de obtener este nombramiento, Hind dijo a Mu‘āwiya (que Alá esté complacido con él): «¡Hijo mío! ¡Por Alá!, pocas mujeres libres de los árabes han dado a luz un hijo como tú. Este hombre te ha elevado. Por tanto, te guste o no, actuarás conforme a su voluntad». De estos comentarios y conductas de la honorable Hind en distintas ocasiones se comprende que sentía un profundo respeto por el honorable ‘Umar (que Alá esté complacido con él). Siempre lo consideraba con respeto y honor.

En una ocasión, Hind acudió al califa ‘Umar (que Alá esté complacido con él) y solicitó un préstamo de cuatro mil dírhams del tesoro público, diciendo: «Con esto comerciaré y lo devolveré poco a poco». El califa le concedió el préstamo. Ella tomó el dinero, se dirigió a la región de la tribu Kalb y comenzó a comprar y vender allí. Mientras tanto, recibió la noticia de que Abū Sufyān y su hijo ‘Amr ibn Abī Sufyān habían llegado junto a Mu‘āwiya (que Alá esté complacido con él). Inmediatamente se dirigió junto a Mu‘āwiya (que Alá esté complacido con él).

Cabe señalar que ya se había producido un distanciamiento entre ella y Abū Sufyān (que Alá esté complacido con él).

Mu‘āwiya (que Alá esté complacido con él) quiso saber por qué ella había venido de ese modo. Hind respondió: «He venido para vigilarte. ‘Umar actúa únicamente por Alá. Por otra parte, tu padre ha venido a verte. Temo que le entregues todo lo que tienes. La gente no podrá saber de dónde le das esas cosas. Después, ‘Umar te apresará». Mu‘āwiya (que Alá esté complacido con él) dio a su padre y a su hermano cien dinares, además de ropa y monturas. Su hermano ‘Amr consideró suficiente aquel regalo.

Abū Sufyān dijo: «No consideres esto un gran regalo. No se ha dado sin que Hind lo supiera. Y estas hermosas ropas las ha traído Hind». Después, todos regresaron a Medina. En cierta ocasión, Abū Sufyān preguntó a Hind: «¿Has obtenido ganancias en el comercio?». Hind respondió: «Alá lo sabe mejor. Tengo algunos negocios en Medina». Al llegar a Medina, Hind vendió sus mercancías y acudió a ‘Umar (que Alá esté complacido con él) para informarle de sus pérdidas en el comercio. ‘Umar dijo: «Si el dinero que te entregué hubiera sido mío, te lo habría perdonado. Pero este dinero pertenece a los musulmanes. Además, las hermosas ropas que diste a Abū Sufyān todavía están con él». Entonces ‘Umar (que Alá esté complacido con él) envió a alguien para arrestar a Abū Sufyān. Tras cobrarle lo que debía a Hind, lo dejó en libertad. ‘Umar (que Alá esté complacido con él) preguntó a Abū Sufyān (que Alá esté complacido con él): «¿Cuánto dinero en efectivo te dio Mu‘āwiya?». Abū Sufyān respondió: «Cien dinares».[A‘lām an-Nisā’, 5/249]

Se narra en la obra «Al-‘Iqd al-Farid». Abu Sufyan llegó a Medina desde Muawiya, se presentó ante ‘Umar (ra) y le dijo: «Dadme algo». ‘Umar (ra) respondió: «No tengo conmigo nada digno de dároslo». Entonces ‘Umar (ra) entregó su sello a un hombre y lo envió junto a Hind. Le indicó: «Dile que Abu Sufyan ha pedido que le envíe los dos recipientes que trajiste». Poco después, llevaron los dos recipientes ante ‘Umar (ra). Contenían diez mil dírhams. ‘Umar (ra) envió los recipientes y los dírhams a la tesorería pública. Después de ‘Umar (ra), ‘Uthman (ra) se convirtió en califa. Quiso devolver aquel dinero a Abu Sufyan (ra), pero Abu Sufyan se negó a aceptarlo, diciendo: «No aceptaré de ningún modo el dinero por el que ‘Umar me reprendió».[Ibid.; Al-‘Iqd al-Farid, 1/49]

Hind y Muawiya

Mientras amamantaba a su hijo Muawiya (ra), Hind procuró criarlo como una persona dotada de dignidad, generosa, cortés y poseedora de muchas otras virtudes. Cuando él era aún un niño, lo tomaba en brazos y lo mecía mientras recitaba con melodía los siguientes versos. [Nisa’ min ‘Asr an-Nubuwwah, 480]

(Árabe***********)

«Mi hijo es de noble linaje y familia. Es muy querido y perspicaz entre los suyos. No es un hombre que cometa actos indecentes ni de naturaleza vil. No es cobarde ni pusilánime, ni tampoco símbolo de maldad y desgracia. Es el león de Banu Fihr, su líder. No permite que las expectativas y conjeturas de la gente resulten falsas, ni huye por miedo».

Cuando Muawiya (ra) aún era un niño pequeño, un día un hombre lo vio y comentó: «Creo que este muchacho llegará a dirigir a su pueblo».[Al-‘Iqd al-Farid, 2/287; ‘Uyun al-Akhbar, 1/224]

Después de la muerte de Yazid ibn Abi Sufyan, muchos comenzaron a decir: «Esperamos que Muawiya sea el digno sucesor de Yazid». Al oírlo, Hind comentó: «Un hombre como Muawiya no es sucesor de nadie. ¡Por Dios! Si toda la tierra árabe se reuniera y él fuera arrojado en medio de ella, podría salir por el lado que quisiera».[Al-‘Iqd al-Farid, 3/14] En cierta ocasión le dijeron: «Si Muawiya vive, gobernará a su pueblo». Hind respondió: «¡Que perezca, si no gobierna a otros además de a su pueblo!». Una vez, ella iba a Taif llevando consigo al pequeño Muawiya. Muawiya estaba sentado en la parte delantera del howdah, sobre el camello. Al verlo, un beduino árabe le dijo a Hind: «Sujeta bien al niño con ambas manos y críalo con cuidado, pues en el futuro será un gran líder y mantendrá los lazos de parentesco». Hind contradijo sus palabras y dijo: «No; más bien será un rey de elevada dignidad y un hombre generoso».[A‘lam an-Nisa’, 5/250]

Al describir el linaje materno de Muawiya (ra), él dijo: «Durante la época de la ignorancia, Hind fue una mujer de gran importancia entre los coraichitas, y en la época islámica, una mujer honorable y experimentada. Muawiya (ra) fue uno de los hombres más perspicaces, inteligentes, brillantes y hábiles de Arabia. Adquirió la mayor parte de sus virtudes de su madre, más que de su padre. En su vida posterior, siempre que se mencionaban abiertamente sus cualidades y características, las atribuía a su madre. En respuesta a las críticas de sus adversarios, solía decir con orgullo: “Soy hijo de Hind”».[Al-Bayan wa at-Tabyin, 2/92

La venerable Hind (que Allah esté complacido con ella) permaneció fiel hasta el final de su vida al compromiso asumido con el Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él), y lo cumplió al pie de la letra. Participó en la batalla de Yarmuk y, en el campo de batalla, animó a los soldados a combatir contra los romanos. Durante el califato de ‘Umar (que Allah esté complacido con él), fue junto a su hijo Mu‘awiya (que Allah esté complacido con él).[Tarij Dimashq, Tarajim an-Nisa’-437; Al-A‘lam-8/98]

La venerable Hind (que Allah esté complacido con ella) narró varios hadices del Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él). Mu‘awiya y la Madre de los Creyentes, ‘A’isha (que Allah esté complacido con ella), narraron a través de ella. Uno de los hadices narrados por ella es el siguiente:[Relatado en cinco de las otras seis colecciones canónicas, excepto por Tirmidhi. Musnad de Ahmad-6/39; Tabaqat-8/237;] (árabe*********)

«Le dije al Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él): “Abu Sufyan es un hombre avaro. No me da nada ni a mí ni a mi hijo, salvo lo que tomo de sus bienes sin que él lo sepa. ¿Cometo algún pecado por ello?”. Él dijo: “Toma razonablemente de ellos cuanto sea necesario para cubrir tus necesidades y las de tu hijo”».

Sin embargo, Ibn al-Yawzi dijo en la obra «Al-Muytana» que no sabemos que Hind haya narrado directamente nada del Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él).[A‘lam an-Nisa-5/250]

Según diversos relatos, se sabe que Hind (que Allah esté complacido con ella) falleció durante el califato del califa ‘Umar (que Allah esté complacido con él), en el año 14 de la Hégira, correspondiente al año 635 d. C. El mismo día en que ella falleció, también falleció Abu Quhafa (que Allah esté complacido con él), padre de Abu Bakr as-Siddiq (que Allah esté complacido con él).[Usd al-Gaba-563; Tahdib al-Asma’ wa al-Lugat-2/357] También se ha narrado que, después de que Abu Sufyan (que Allah esté complacido con él) falleciera durante el califato de ‘Uthman (que Allah esté complacido con él), cierto hombre envió a Mu‘awiya (que Allah esté complacido con él) una propuesta de matrimonio para Hind. Él la rechazó cortésmente diciendo que ella ya había quedado estéril y que ya no necesitaba casarse.[Al-Isaba-4/426; Sahabiyyat-271]

Durra, hija de Abu Lahab (que Allah esté complacido con ella)


Después de recibir la misión profética, el venerable Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) continuó difundiendo secretamente el mensaje del islam en La Meca durante tres años. Muchos respondieron a su llamamiento y creyeron en Allah y en Su Mensajero. Aunque se hizo público que muchos habían abrazado la fe, la mayoría ocultó su fe por temor a la persecución de los coraichitas. Al principio, los coraichitas no dieron demasiada importancia a la predicación del Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él). Tres años después, el venerable Yibril (la paz sea con él) vino y ordenó al Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) que invitara públicamente al islam, y también le informó de que era un amonestador manifiesto. Ibn ‘Abbas (que Allah esté complacido con él) dijo: «Cuando fue revelada esta aleya: (árabe*********)

«Advierte a tus parientes más cercanos»[Sura ash-Shu‘ara-214], el Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) subió a la cima del monte Safa y comenzó a llamar en voz alta: «¡Oh, gentes de la tribu de Fihr! ¡Oh, gentes de la tribu de ‘Adi!»

Al oír esta voz, se reunieron todos los dirigentes de los quraysh. Quien no pudo acudir envió a un representante para averiguar de qué se trataba. Cuando llegaron los quraysh, Abu Lahab también estaba con ellos. Entonces él dijo: «Decidme: si yo os dijera que en la llanura al otro lado de la montaña se ha ocultado un grupo de jinetes que quiere atacaros, ¿me creeríais?». Todos respondieron: «Sí, te creeríamos, porque nunca te hemos oído mentir». El Profeta (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: «Entonces escuchad: he sido enviado para advertiros de un castigo terrible». Abu Lahab dijo: «¡Que perezcas! ¿Nos has convocado aquí solo para decirnos esto?»

Después de que Abu Lahab pronunciara estas palabras, Allah, exaltado sea, reveló la sura Al-Lahab. En ella se dice:

«¡Que perezcan las dos manos de Abu Lahab, y que él mismo perezca!» [Sahih Muslim, 1/114; Sahih al-Bujari, 2/706; Tafsir al-Jazin, 7/311; Tafsir de Ibn Kazir: sura Al-Masad]

Durra (que Allah esté complacido con ella) era hija de este Abu Lahab, y Abdulmuttalib era su abuelo. Pertenecía a la rama hachemí del clan quraysh de La Meca y era prima del Noble Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él). [Usud al-Gaba, 5/449; Al-Istiab, 4/290; Siyar alam an-nubala, 2/275] Antes de hablar de la vida de Durra (que Allah esté complacido con ella), no será inapropiado presentar brevemente a sus padres.

Abu Lahab era uno de los tíos del Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él). Su verdadero nombre era Abd al-Uzza ibn Abd al-Muttalib ibn Hashim. Sentía un odio y una hostilidad intensos hacia su sobrino Muhammad (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él). No escatimaba pensamientos ni esfuerzos para hacerle daño y denigrar su religión y su persona. Debido a su belleza física y al resplandor de su rostro, lo llamaban «Abu Lahab» (la llama de fuego). Sin embargo, para quien posee un rostro resplandeciente habría sido apropiado llamarse Abu’n-Nur o Abu’d-Diya; pero, como en el futuro su morada sería el Infierno, Allah hizo que la gente lo llamara Abu Lahab desde el principio. [Tafsir de Ibn Kazir; sura Al-Lahab]

A pesar de que Abu Lahab era tío del Noble Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él), no sentía la menor compasión ni afecto por su sobrino. Desde que este afirmó haber recibido la profecía y comenzó públicamente sus actividades de invitación al islam, su relación se deterioró gravemente. Abu Lahab se dedicó a perseguirlo para humillarlo y deshonrarlo. No dejaba pasar ninguna oportunidad de causarle daño. Lo seguía en los mercados y en diversas reuniones públicas para hacerlo pasar por mentiroso. El imán Ahmad (que Allah tenga misericordia de él) narró a través de Abu az-Zinad. Abu az-Zinad dijo: «Me contó un hombre llamado Rabi ibn Abbad, quien posteriormente abrazó el islam: “Una vez vi al Profeta (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) en el mercado de Dhu al-Majaz, dirigiéndose a la gente y diciendo:”»

«¡Oh, gente! Decid: “No hay divinidad excepto Allah”, y prosperaréis». La gente se congregaba a su alrededor. Y un hombre de rostro resplandeciente lo seguía, diciendo a la gente: «Este es un apóstata mentiroso». Cuando pregunté a la gente quién era aquel hombre, respondieron: «Es su tío, Abu Lahab». [La misma fuente; Nisa min azar an-nubuwwa, 191]

Según el relato de Tariq ibn Abdillah al-Muharibi, Abu Lahab no se limitaba a empeñarse en desmentir las palabras del Profeta (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él), sino que también le arrojaba piedras. Como consecuencia, los talones del Profeta (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) quedaban ensangrentados. [Tafhim al-Qur’an, 6/522; Fi zilal al-Qur’an, 3/282]

¿Acaso solo eso? Él creía que sus riquezas lo protegerían de toda humillación, deshonra y castigo en este mundo y en el Más Allá. Se ha narrado que, cuando el Mensajero (s.a.w.) invitó a su pueblo a creer en Allah, Abu Lahab dijo: «Si lo que dice mi sobrino es verdad, el Día de la Resurrección podré salvarme a cambio de mis riquezas y de mis hijos». Él ignoraba esta declaración de Allah, el Altísimo: [Sura ash-Shu‘ara, 88-89] (árabe*******)

«El día en que ni las riquezas ni los hijos servirán de nada. Ese día solo se beneficiará quien se presente ante Allah con un corazón puro.»

Antes de que el Mensajero de Allah (s.a.w.) recibiera la profecía, Abu Lahab había casado a sus dos hijos, ‘Utba y ‘Utayba, con las dos hijas del Mensajero (s.a.w.), Ruqayya y Umm Kulthum. Sin embargo, después de que el Mensajero (s.a.w.) recibiera la profecía y comenzara a difundir la invitación al din, Abu Lahab obligó a sus dos hijos a divorciarse de las dos hijas del Profeta. [Tafhim al-Qur’an, 6/522; Fi Zilal al-Qur’an, 3/282]

Después del fallecimiento del segundo hijo del Noble Mensajero de Allah (s.a.w.), ‘Abdullah, Abu Lahab se alegró tanto que corrió hacia sus amigos y les dijo con voz jubilosa: «Muhammad se ha quedado sin hijos varones». [Tafhim al-Qur’an, 6/490]

La esposa de Abu Lahab, madre de Durra (r.a.), se llamaba realmente Arwa. Era hija de Harb ibn Umayya y hermana de Abu Sufyan (r.a.). En su hostilidad hacia el Noble Mensajero de Allah (s.a.w.), no era en absoluto inferior a su esposo. Esparcía espinas en el camino por el que transitaba el Mensajero (s.a.w.) y ante su puerta. Era extremadamente obscena y muy pendenciera. Insultar al Profeta (s.a.w.), practicar la calumnia, provocar disputas con diversos pretextos y crear situaciones de discordia, corrupción y conflicto eran sus ocupaciones. En una palabra, era una mujer de carácter vil. Por ello, Allah, el Altísimo, la censuró en el Corán diciendo:

(árabe*******) —y su esposa también, la portadora de leña. [Sira de Ibn Hisham, 1/355]

Cuando Umm Yamil se enteró de que se habían revelado versículos condenándola a ella y a su esposo, llegó junto a la Kaaba buscando al Mensajero de Allah (s.a.w.), que se encontraba allí. El honorable Abu Bakr as-Siddiq también estaba con él. La esposa de Abu Lahab llevaba en la mano un puñado de piedras. Cuando se acercó al Mensajero (s.a.w.), Allah le privó de la vista, por lo que no pudo verlo, aunque sí veía a Abu Bakr (r.a.). Se acercó a Abu Bakr (r.a.) y le preguntó: «¿Dónde está tu compañero? He oído que me ha censurado. ¡Por Allah! Si lo encuentro, le arrojaré estas piedras al rostro. Mira, ¡por Allah!, yo también soy poeta». Después recitó los dos versos siguientes: (árabe****)

«He desobedecido a Muzammam, he rechazado sus enseñanzas y he repudiado su din con odio y desprecio.»

Cabe señalar que los politeístas de La Meca de aquella época no llamaban al Noble Profeta (s. a. w.) Muhammad, sino «Muzammam». Muhammad significa «alabado», mientras que Muzammam significa «censurado». Después, Ummu Jamil se marchó. Abu Bakr as-Siddiq (r. a.) le dijo al Profeta (s. a. w.): «¡Oh, Mensajero de Allah! ¿Acaso ella no podía verte?». Él respondió: «No, no podía verme. Allah, el Altísimo, había privado su mirada de poder verme». [Ibíd., 1/356]

Ibn Ishaq dice que quienes causaban daño al Mensajero (s. a. w.) dentro de su propia casa eran Abu Lahab, al-Hakam ibn Abi al-As ibn Umayya, Uqba ibn Abi Muayt, Adi ibn Hamra, Zaqafi ibn al-Asdaq y otros. Todos ellos eran vecinos del Mensajero (s. a. w.). [Ar-Rahiq al-Majtum, p. 103]

Conviene saber cuál fue el destino de este acérrimo enemigo del Noble Mensajero (s. a. w.). Se encontraba en La Meca durante la batalla de Badr. Al enterarse de la victoria de los musulmanes en la batalla, murió tras contraer una enfermedad mortal parecida a la peste, llamada al-Adasa. Su cadáver permaneció tres días dentro de la casa. Por temor al contagio, nadie se acercó. Cuando comenzó a descomponerse y el olor empezó a propagarse, uno de sus hijos le arrojó agua desde lejos y lavó el cadáver. Ningún miembro de la tribu de Quraysh se acercó al cuerpo. Luego lo envolvieron en una tela, lo llevaron a una zona elevada de La Meca y lo apoyaron contra una pared, cubriéndolo después con piedras. Tal fue el vil destino terrenal de este acérrimo enemigo de Allah y de Su Mensajero (s. a. w.). [Nisa min Asr an-Nubuwwa, p. 192]

En una familia tan sucia y terrible nació y creció Durra bint Abi Lahab. Desde su más tierna infancia veía las acciones tan sucias y vulgares de sus padres, pero no podía aceptar sus actos ni su conducta. En su fuero interno rechazaba aquellas abominables acciones de sus padres.

Poco a poco comprendió el mensaje del islam. El islam se asentó en su corazón. Un día se sacudió la oscuridad del politeísmo y quedó iluminada por la luz de la fe. «Él saca al vivo del muerto». Así como Allah, el Señor de los mundos, extrae al vivo del muerto, puede decirse que lo mismo ocurrió con Durra al aceptar el islam.

La honorable Durra (r. a.) aceptó el islam en La Meca. [Az-Zirikli, Al-Alam, 2/338] Sin embargo, no se sabe exactamente cuándo. Emigró a Medina. [Siyar Alam an-Nubala, 2/275] Su primer esposo fue al-Harith ibn Nawfal ibn al-Harith ibn Abd al-Muttalib. Murió como politeísta tras acudir a la batalla de Badr del lado de Quraysh. Durra (r. a.) tuvo con él tres hijos: Uqba, al-Walid y Abu Muslim. Después de llegar a Medina, contrajo un segundo matrimonio con el célebre compañero del Profeta, Dihya al-Kalbi (r. a.). [At-Tabaqat de Ibn Sad, 8/50; Nisa min Asr an-Nubuwwa, p. 193] Este Dihya al-Kalbi (r. a.) fue un gran compañero que abrazó el islam en sus primeros tiempos. Participó junto al Mensajero de Allah (s. a. w.) en todas las batallas posteriores a Badr. Llevó una carta del Mensajero de Allah (s. a. w.) a la corte del emperador romano Heraclio. Era sumamente apuesto. Yibril (a. s.) adoptaba su apariencia y acudía ocasionalmente ante el Mensajero de Allah (s. a. w.). Vivió hasta el califato de Muawiya (r. a.). [Tahdib al-Asma wa al-Lugat, 1/185]

Aunque la honorable Durra (r. a.) recibió gran acogida, respeto y estima después de emigrar a Medina, algunas mujeres musulmanas no pudieron aceptarla fácilmente. Recordando la actitud de sus padres hacia el Mensajero de Allah (s. a. w.), comenzaron a mirarla con desprecio. Durra (r. a.) se encontró en una situación muy embarazosa. El Mensajero (s. a. w.) la liberó de aquella situación. Al reunir lo que se ha transmitido sobre este asunto en diversas fuentes, el relato queda así: «Durra bint Abi Lahab emigró a Medina y se alojó en la casa de Rafi ibn al-Mualla az-Zurqi (r. a.). Las mujeres de la tribu de Banu Zurayq acudieron a visitarla y le dijeron: “Tú eres la hija de aquel Abu Lahab sobre quien fue revelado:”

Entonces, ¿dónde está el beneficio de tu emigración?

Con el corazón profundamente apenado, Durra (que Allah esté complacido con ella) se presentó ante el Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) y le informó de los comentarios de las mujeres de la tribu de Zuraiq. El Mensajero (que Allah le bendiga y le conceda paz) la tranquilizó y le dijo: «Siéntate». Después de realizar la oración del mediodía, se sentó en el púlpito y permaneció en silencio durante un rato. Luego dijo: (árabe*******)

«¡Oh gente! ¿Por qué se me causa sufrimiento con respecto a mi familia? ¡Por Allah! Mis parientes cercanos obtendrán mi intercesión el Día de la Resurrección. Incluso las tribus de Sudá, Hakam y Sahlaab —de Yemen— la obtendrán sin duda».[Alam an-Nisā, 1/409; Usud al-Gābah, 5/450; Al-Isābah, 4/490; Hayāt as-Sahābah, 1/372]

En otra narración se cuenta que el Mensajero (que Allah le bendiga y le conceda paz), aludiendo a la dignidad de Durra (que Allah esté complacido con ella), dijo: (árabe********)

«Quien te enfade, enfada a Allah».[Ash-Shawkani, Durūs as-Sahābah, 542]

La relación de la honorable Durra (que Allah esté complacido con ella) con la familia del Profeta no era distante. Por ello, solía visitar a la Madre de los Creyentes, Aisha (que Allah esté complacido con ella), y adquiría de ella conocimientos sobre diversos asuntos del islam. En muchas ocasiones ocurrió que ambas competían por servir al Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz). Ella narró así un episodio ocurrido cierto día: «Estaba sentada junto a Aisha (que Allah esté complacido con ella) cuando el Mensajero (que Allah le bendiga y le conceda paz) entró en la casa y dijo: “Dadme agua para la ablución”. Aisha y yo corrimos hacia el recipiente de agua. Yo lo tomé antes que Aisha; después de que el Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) realizara la ablución con aquella agua, levantó la mirada hacia mí y dijo:

(árabe*****) Tú eres de mi familia y yo soy de la tuya».[El imán Ash-Shawkani dijo que el imán Ahmad narró este hadiz. Todos los narradores de su cadena, procedente de Durra, son thiqah, es decir, dignos de confianza. (Durūs as-Sahābah, 543)]

La honorable Durra (que Allah esté complacido con ella) fue una de las destacadas poetisas de Quraysh. También narró hadices. Narró en total tres hadices directamente del Profeta (que Allah le bendiga y le conceda paz) y a través de Aisha (que Allah esté complacido con ella). A continuación se cita uno de los hadices que narró: (árabe******)

«Durra (que Allah esté complacido con ella) dijo: El Mensajero (que Allah le bendiga y le conceda paz) estaba en el púlpito cuando un hombre se levantó y preguntó: “¡Oh Mensajero de Allah! ¿Qué persona es la mejor?”. El Mensajero (que Allah le bendiga y le conceda paz) respondió: “La persona que recita más el Corán, observa más taqwa y piedad, ordena más veces hacer el bien, prohíbe más veces hacer el mal y mantiene más firmemente los lazos de parentesco; esa persona es la mejor”».

El segundo hadiz narrado por ella es: (árabe********)

«No se debe causar dolor a una persona viva por causa de una persona muerta.»[Al-Istī‘āb-4/291; Al-Isāba-4/291; Al-A‘lām-2/338]

Poseía un gran talento poético y cultivó la poesía. En diversas obras aparecen, atribuidos a ella, algunos poemas de gran riqueza de ideas. A continuación se presentan algunos versos de uno de sus poemas sobre la batalla de Fiyār: [A‘lām an-Nisā-1/409; Shā‘irāt al-‘Arab-120; Nisā min ‘Asr an-Nubuwwah-196] (árabe*********)

«Al amanecer del día del miedo y el terror, se encuentran con un ejército firme como una montaña, entre cuyos integrantes hay jefes vestidos con la armadura de guerra de los Banū Fihr.

Cuando aparece el enorme ejército, excitado como un loco y silencioso, te parece una ola embravecida del mar.

La caballería se abalanza, como halcones cazadores, con las espadas desenvainadas, y desciende ante el ejército de color gris.

El veneno mortal de esas espadas, semejante a la muerte, excita incluso al más frío de ellos y hace brotar al más ardiente.

Son un pueblo tal que, si una piedra se interpone ante ellos como obstáculo, ellos mismos se endurecen y ablandan incluso la piedra más dura.»

Hadrat Durra conservó durante toda su vida el honor y la dignidad que había recibido del Mensajero de Allah. El Mensajero partió de este mundo estando complacido con ella. Durra falleció en el año 20 de la Hégira, durante el califato de Hadrat ‘Umar, que Allah esté complacido con él.[Nisa’ min ‘Asr an-Nubuwwah-196]

Cabe señalar que en la historia se conocen tres mujeres Compañeras llamadas Durra: Durra bint Abi Sufyan, Durra bint Abi Salama y Durra bint Abi Lahab, que Allah esté complacido con todas ellas.

 Umm Kulthum (que Allah esté complacido con ella), hija de ‘Uqba


Umm Kulthum era hija de una familia qurayshí de La Meca. Este era su sobrenombre; se desconoce su nombre verdadero. Su padre era ‘Uqba ibn Abi Mu‘ayt al-Umawi y su madre, Arwa bint Qurayz.[Usud al-Gaba-5/614; Tahdib al-Asma’ wa al-Lugat-2/365; Siyar A‘lam an-Nubala’-2/276] Cabe señalar que se conocen en total siete mujeres Compañeras llamadas Umm Kulthum.[Véase Usud al-Gaba-5/612-615] Era hermana materna de Hadrat ‘Uzman ibn ‘Affan, uno de los miembros de los Diez a quienes se anunció el Paraíso y el tercer califa del islam, que Allah esté complacido con él, pues Arwa bint Qurayz era también la madre de Hadrat ‘Uzman. Sus dos hermanos carnales, al-Walid y ‘Umara, abrazaron el islam en la época de la conquista de La Meca.[Nisa’ min ‘Asr an-Nubuwwah-383]

El padre de Hadrat Umm Kulthum era un enemigo acérrimo del Noble Profeta durante su vida en La Meca. Se hizo famoso en la historia por la brutal persecución que infligió en La Meca al Profeta y a los musulmanes débiles. Fue capturado por el ejército musulmán en la batalla de Badr y, por orden del Mensajero de Allah, fue ejecutado. En aquel momento Umm Kulthum se encontraba en La Meca. Los historiadores mencionan que, al enterarse de la ejecución de su padre malvado, ni siquiera derramó una lágrima.

Umm Kulthum abrazó el islam siendo aún joven, mientras vivía en la casa de su padre en La Meca, y allí mismo prestó juramento de fidelidad al Mensajero de Allah antes de su emigración. Fue una de las personas que rezaron orientándose hacia las dos qiblas.[obra citada anteriormente]

Fue la primera mujer emigrante que huyó y emprendió sola el camino hacia Medina.

Nació en una familia de La Meca extremadamente hostil al islam. Cuando se hizo público que había abrazado el islam, se enfrentó a circunstancias sumamente adversas. Fue sometida a injusticias y persecuciones. La mantuvieron confinada en casa para impedirle emigrar con los emigrantes que se dirigían a Medina. Tuvo que permanecer durante mucho tiempo en esta situación.

Ibn ‘Abd al-Barr (f. 463 H.) afirma que Umm Kulzum (ra) no pudo emigrar hasta el séptimo año de la Hégira. Inmediatamente después del tratado de Hudaybiyya se le presentó la oportunidad de emigrar a Medina y huyó de La Meca para llegar allí. Una de las condiciones del tratado de Hudaybiyya estipulaba que, si alguien de La Meca aceptaba el islam y se dirigía a Medina, debía ser devuelto. Dos días después de que Umm Kulzum (ra) llegara a Medina, sus dos hermanos, al-Walid y ‘Umara ibn ‘Uqba, llegaron ante el Mensajero de Allah (s. a. s.) en Medina para exigir que se la devolviera. Entonces fue revelado el versículo 10 de la sura al-Mumtahana, en el que se prohibía devolver a las mujeres emigrantes que llegaban de La Meca. Después de la revelación de este versículo, el Mensajero (s. a. s.) se negó a entregar a Umm Kulzum (ra) a su hermano. [Al-Bayhaqi, Dala’il an-Nubuwwa, 4/171; al-Isti‘ab, 4/465; Nasab Quraysh, 145] Les dijo:

«La condición se refería a los hombres, no a las mujeres». [Tafhim al-Qur’an, tomo 17, pág. 72; el hadiz citado en Tafhim al-Qur’an se menciona basándose en el Tafsir al-Kabir del imán ar-Razi y en Ahkam al-Qur’an de Ibn al-‘Arabi.]

El relato de la emigración de Umm Kulzum (ra) a Medina es bastante extraordinario y asombroso. Según diversas fuentes históricas, salió sola de La Meca y, durante el trayecto, tomó como acompañante a un hombre de la tribu de Juza‘a. Llegó a Medina a pie o, según otra versión, montada en un camello. Ibn Sa‘d (f. 230 H.) dice: «No conocemos a ninguna otra mujer qurayshí que, aparte de Umm Kulzum (ra), haya emigrado sola, abrazando el islam, hacia Allah y Su Mensajero». [At-Tabaqat, 8/230]

Escuchemos de sus propios labios el relato de la emigración de Umm Kulzum (ra) de La Meca a Medina y la estrategia que empleó:

Una parte de mi familia vivía en una aldea (un oasis). Yo iba allí sola, permanecía tres o cuatro días y luego regresaba a La Meca. Nadie me impedía hacer esos viajes. Finalmente, decidí marcharme a Medina. Un día salí de La Meca con destino a la aldea. Quienes habían venido a despedirme me acompañaron durante un trecho y luego regresaron. Mientras continuaba sola, me encontré con un hombre de la tribu de Juza‘a. Me preguntó: «¿Adónde vas?»

Quise saber: «¿Por qué me hace esta pregunta y quién es usted?»

Respondió: «Soy un hombre de la tribu de Juza‘a».

Al decirme que era de la tribu de Juza‘a, me tranquilicé, porque esa tribu había establecido un tratado y un pacto de paz con el Mensajero de Allah (s. a. s.). Le di a conocer mi identidad y dije:

Soy una mujer de la tribu de Quraysh y quiero ir junto al Mensajero de Allah (ﷺ), pero no conozco el camino.

Dijo: «Te llevaré hasta Medina».

Después trajo un camello y me lo acercó. Me monté en él.

Finalmente llegamos a Medina. Él fue un excelente compañero; que Allah le dé una buena recompensa. Fui junto a la Madre de los Creyentes, Umm Salama (que Allah esté complacido con ella), y me presenté. Ella me abrazó y dijo: «¿Has emigrado hacia Allah, el Señor de los mundos, y Su Mensajero (ﷺ)?»

Respondí: «Sí. Sin embargo, temo que me devuelvan».

Poco después, el Mensajero (ﷺ) llegó junto a Umm Salama (que Allah esté complacido con ella). Cuando Umm Salama (que Allah esté complacido con ella) le informó de mi situación, él me dio la bienvenida diciendo: «Marhaban wa ahlan».

Dije: «He huido hacia usted por mi religión. Concédame protección y no me devuelva. Si me devuelve, me infligirán un castigo que no podré soportar».

El Mensajero (ﷺ) dijo: «Allah, el Altísimo, ha declarado inválido el tratado de paz en lo referente a las mujeres. Como se mencionó anteriormente, la cláusula del tratado de Hudaybiyya que estipulaba devolver a los habitantes de La Meca solo mencionaba a los hombres; no decía nada acerca de las mujeres». Después, el Mensajero (ﷺ) recitó los dos versículos siguientes: [Sura al-Mumtahana, 10-11] (Árabe**********)

«¡Oh, creyentes! Cuando las mujeres creyentes emigren hacia vosotros, ponedlas a prueba; Allah conoce perfectamente su fe. Si comprobáis que son creyentes, no las devolváis a los incrédulos. Las mujeres creyentes no son lícitas para los incrédulos, ni los incrédulos son lícitos para las mujeres creyentes. Devolved a los incrédulos lo que hayan gastado. No incurriréis en falta si os casáis con ellas, siempre que les entreguéis su mahr. No mantengáis los vínculos matrimoniales con las mujeres incrédulas. Reclamaréis la devolución de lo que hayáis gastado, y los incrédulos reclamarán la devolución de lo que hayan gastado. Ésta es la disposición de Allah; Él juzga entre vosotros. Allah es Omnisciente, Sabio. Si alguna de vuestras esposas se os escapa y se une a los incrédulos, y luego obtenéis un botín, entregad a aquellos cuyas esposas se hayan marchado una cantidad equivalente a lo que gastaron. Temed a Allah, en quien creéis.»

Después, el Mensajero de Allah (s.a.s.) puso a prueba, a la luz de esta aleya, a Umm Kulthum (r.a.) y a todas las mujeres que llegaron a Medina después de ella. Le preguntaron a Ibn Abbas: «¿Cuál era el método del Mensajero de Allah (s.a.s.) para poner a prueba a las mujeres?». Respondió: Hacía que las mujeres que llegaban a Medina juraran de la siguiente manera: «¡Por Allah! No salí de mi casa por odio o enemistad hacia mi esposo. ¡Por Allah! No salí por sentir inclinación hacia una tierra en vez de otra. ¡Por Allah! No abandoné mi casa por ningún deseo o anhelo mundano. ¡Por Allah! Abandoné mi casa únicamente por amor a Allah y a Su Mensajero (s.a.s.)». [Mukhtasar Tafsir Ibn Kathir, 3/485; Tafsir al-Jazin ma’a Hamish al-Baghawi, 7/78; Sira de Ibn Hisham, 2/325; Siyar A’lam an-Nubala, 2/276; adh-Dhahabi: Tarikh, 2/400; Zad al-Ma’ad, 3/300]

Este acontecimiento demuestra la aguda inteligencia y la firme fe de Umm Kulthum (r.a.). Allah, el Señor de los mundos, estableció por medio de ella numerosas disposiciones especiales de la ley islámica. Esto constituye un honor particular para ella.

Durante su vida en Medina, Umm Kulthum (r.a.) ocupó una posición de especial honor entre las mujeres compañeras. El Noble Mensajero de Allah (s.a.s.) la miraba con respeto y valoraba mucho la sinceridad de su fe. La llevó consigo en algunas expediciones y le confió el cuidado de los heridos. También le concedió una parte del botín de guerra. [Nisa min Asr an-Nubuwwah, 386]

Matrimonio

Umm Kulthum (r.a.) no se casó hasta antes de la Hégira. Después de llegar a Medina, cuatro compañeros destacados le enviaron propuestas de matrimonio. Eran az-Zubayr ibn al-Awwam, Zayd ibn Harithah, Abd ar-Rahman ibn Awf y Amr ibn al-As (r.a.). Ella consultó con su hermano uterino, Uthman ibn Affan (r.a.). Uthman (r.a.) le dijo que consultara con el Mensajero de Allah (s.a.s.). Ella acudió al Mensajero de Allah (s.a.s.) y le pidió consejo para tomar una decisión. El Mensajero (s.a.s.) le dijo: «Cásate con Zayd ibn Harithah. Será mejor para ti». Ella se casó con Zayd.

Hazrat Zayd (r.a.) fue martirizado en la batalla de Mu’tah. Después, Hazrat az-Zubayr ibn al-Awwam (r.a.) se casó con ella. Hazrat az-Zubayr (r.a.) tenía un carácter algo áspero. Trataba con bastante severidad a sus esposas.

Por esta razón, Hazrat Umm Kulthum (r.a.) solicitó el divorcio y él se lo concedió. Después de que se separaran, Hazrat Abd ar-Rahman ibn Awf (r.a.) se casó con ella. Abd ar-Rahman falleció tras enfermar. Entonces Amr se casó con ella. Abd ar-Rahman falleció tras enfermar. En aquel momento, Amr ibn al-As (r.a.) era el gobernador de Egipto. Se casó con Umm Kulthum (r.a.), y ella falleció en su casa. [Tahdhib al-Asma wa al-Lughat, 2/365; Tahdhib at-Tahdhib, 12/477; Ansab al-Ashraf, 1/471; Siyar A’lam an-Nubala, 2/277] En aquel momento era el período del califato del cuarto califa, Hazrat Ali (r.a.).

Hijos

En la casa de Hazrat Zubayr ibn al-‘Awwam (r.a.) nació Zaynab; y en la casa de ‘Abdur-Rahman ibn ‘Awf (r.a.) nacieron Ibrahim, Muhammad e Isma‘il. En la casa de Hazrat Zayd y ‘Amr ibn al-‘As (r.a.) nació un hijo. En la casa de Hazrat Zayd y ‘Amr ibn al-‘As (r.a.) no nació ningún hijo. Humayd, uno de sus descendientes, se convirtió en un tabi‘í y en un gran faqih y erudito. Transmitió numerosos hadices. Escuchó hadices en su infancia de su tío materno, Hazrat ‘Uzman (r.a.). Ibn al-‘Imad al-Hanbali dijo: «Era un erudito célebre y de gran prestigio». Murió en el año 95 de la hégira. [Shadharat adh-Dhahab, 1/386-387]

En aquella época, cuando la lectura y la escritura prácticamente no estaban extendidas, Umm Kulzum (r.a.) era una de las pocas mujeres de Quraysh que sabían leer y escribir. Narró diez hadices del Mensajero de Allah (s.a.s.). Entre quienes narraron hadices de ella estuvieron sus dos hijos, Humayd ibn Nafi‘, y otros que los transmitieron a través de él. [Al-Isti‘ab, 2/794] Sus hadices fueron recopilados en los Sahihayn (Bujari y Muslim). Uno de ellos es muttafaq ‘alayh. Sus hadices también fueron recopilados en las demás obras de los Sihah Sitta, excepto en Ibn Mayah. [Sahabiyyat, 243; Nisa’ min ‘Asr an-Nubuwwah, 388]

 Asma’ bint ‘Umais (r.a.)


Asma’ era hija de la tribu árabe de Jath‘am. Su padre era ‘Umais ibn Ma‘ad y su madre, Kawla bint ‘Awf. Su madre, Kawla —conocida también como Hindah—, era hija de la tribu de Kinanah. El kunyah de Asma’ era Umm ‘Abdillah. [Siyar A‘lam an-Nubala, 2/282] Era hermanastra de la Madre de los Creyentes, Hazrat Maymunah (r.a.). [Sirat Ibn Hisham, 1/257; nota 7; Siyar Sahabiyyat, 141] Se casó con Ja‘far ibn Abi Talib (r.a.), hermano mayor de Hazrat ‘Ali ibn Abi Talib. [Tabaqat Ibn Sa‘d, 8/280; Ibn Qutaybah; Al-Ma‘arif, 171, 173] Era hermana carnal o hermanastra de un grupo de famosas mujeres sahabiyyat. Eran nueve o diez. [Al-Isabah, 4/231]

Se convirtió al islam antes de que el Mensajero de Allah (s.a.s.) se estableciera en la Casa de al-Arqam, en La Meca. [Tabaqat, 8/280]

Por esa misma época, su esposo, Hazrat Ja‘far (r.a.), también aceptó el islam. [Sirat Ibn Hisham, 1/136] Después de aceptar el islam, emigró con su esposo a Abisinia. Allí nacieron sus tres hijos: ‘Abdullah, Muhammad y ‘Awn. [Ibíd., 1/323, 2/359; Ansab al-Ashraf, 1/198; Siyar A‘lam an-Nubala, 2/283; Jamharat Ansab al-‘Arab, 390]

Después de permanecer varios años en Abisinia, llegó directamente desde allí a Medina en el séptimo año de la hégira, durante la conquista de Jaibar. [Ansab al-Ashraf, 1/198; Sirat Ibn Hisham, 2/359, 269] Al llegar a Medina, fue a la casa de la Madre de los Creyentes, Hazrat Hafsah (r.a.). En ese momento llegó allí Hazrat ‘Umar (r.a.). Preguntó quién era aquella mujer. Le respondieron: «Asma’ bint ‘Umais». ‘Umar (r.a.) dijo: «¡Sí, la mujer abisinia, la mujer del mar!». Asma’ respondió: «Sí, esa soy». ‘Umar (r.a.) dijo: «Mediante la emigración, os hemos superado en rango». Asma’ respondió: «Sí, eso es correcto. Vosotros estabais con el Mensajero de Allah (s.a.s.). Él alimentaba a vuestros hambrientos y enseñaba a vuestros ignorantes. En cambio, nosotros permanecíamos lejos de nuestra tierra, desamparados, por la complacencia de Allah y Su Mensajero. Con paciencia y firmeza afrontábamos calamidades y aflicciones cada vez más graves. Esperemos a que regrese el Mensajero (s.a.s.); le informaremos del asunto». Asma’ pronunció estas palabras con bastante indignación. Mientras tanto, llegó el Mensajero (s.a.s.). Asma’ (r.a.) le contó todo con detalle. El Mensajero (s.a.s.) dijo: «Ellos hicieron una sola emigración, mientras que vosotros hicisteis dos emigraciones. En este aspecto, vuestro rango es superior». [Fath al-Bari, 7/317; Al-Maghazi, capítulo sobre la expedición de Jaibar; Muslim, hadiz n.º 2503; Fi Fada’il as-Sahabah; Kanz al-‘Ummal, 8/333]

Se ha narrado de ‘Amir. Asma se quejó diciendo: «¡Oh, Mensajero de Dios! Estas personas creen que no somos emigrantes». El Mensajero (que la paz y las bendiciones de Dios sean con él) respondió: «Quienes dicen eso mienten. Vuestra emigración ocurrió dos veces: una vez emigrasteis al Negus y otra vez hacia mí». [Tabacat, 8/281; Al-Isaba, 4/231]

Cuando esta buena noticia, salida de los labios del Mensajero de Dios (que la paz y las bendiciones de Dios sean con él), se difundió entre la gente, los emigrantes que se encontraban en Abisinia se llenaron de alegría. Acudían a Asma para verificar la autenticidad de esta buena noticia. [Bujari, 2/607-608; Tabacat, 8/281]

La histórica batalla de Mu’ta tuvo lugar en el octavo año de la Hégira. El esposo de Asma, Ja‘far (que Dios esté complacido con él), era uno de los comandantes de aquel ejército. Murió como mártir en la batalla. Cuando la noticia llegó al Mensajero de Dios (que la paz y las bendiciones de Dios sean con él), se apresuró a ir a la casa de Asma (que Dios esté complacido con ella) y dijo: «Traed ante mí a los hijos de Ja‘far». Asma bañó a los niños, los aseó y los presentó ante el Mensajero de Dios (que la paz y las bendiciones de Dios sean con él). Los ojos del Mensajero de Dios se llenaron de lágrimas. Abrazó y besó a los niños. Asma preguntó: «¿Habéis recibido alguna noticia de Ja‘far?». El Mensajero (que la paz y las bendiciones de Dios sean con él) respondió: «Sí, ha muerto como mártir». Al oír esto, Asma gritó y la casa se convirtió en un lugar de lamentos. Las mujeres vecinas se reunieron a su alrededor y le dijeron que el Mensajero (que la paz y las bendiciones de Dios sean con él) prohibía golpearse el pecho. Entonces el Mensajero regresó a su casa y dijo: «Preparad comida para los hijos de Ja‘far, pues su madre Asma ha quedado abrumada por el dolor y la aflicción». [Musnad, 6/370; Ansab al-Ashraf, 1/380]

Después, el Mensajero (que la paz y las bendiciones de Dios sean con él) se dirigió a la mezquita con el corazón apenado y el rostro afligido, y anunció la noticia del martirio de Ja‘far (que Dios esté complacido con él). Justo entonces, un hombre acudió al Mensajero de Dios y le dijo que la esposa de Ja‘far había comenzado a lamentarse y llorar. Él le dijo: «Ve y prohíbeles que hagan eso». Al cabo de un rato, el hombre regresó y dijo: «¡Oh, Mensajero de Dios! No dejan de hacerlo». Él volvió a enviarlo con la misma orden, pero tampoco sirvió de nada. Entonces el Mensajero (que la paz y las bendiciones de Dios sean con él) dijo: «Llénale la boca de tierra». También se relata en Sahih Bujari que Aisha (que Dios esté complacido con ella) dijo a aquel hombre: «¡Por Dios! Si no hacéis esto —llenarle la boca de tierra—, el Mensajero (que la paz y las bendiciones de Dios sean con él) no se librará de su aflicción». Al tercer día, el Mensajero fue a la casa de Asma y le prohibió continuar con el lamento. [Musnad, 6/369]

Segundo matrimonio

Seis meses después del martirio de su esposo Ja‘far (que Dios esté complacido con él), en el mes de Shawwal del octavo año de la Hégira, durante el período de la batalla de Hunayn, Asma contrajo matrimonio por segunda vez con Abu Bakr (que Dios esté complacido con él). El Mensajero de Dios (que la paz y las bendiciones de Dios sean con él) ofició personalmente el matrimonio. [Al-Isaba, 4/231] Dos años después de este matrimonio, en el mes de Dhul-Qa‘dah del décimo año de la Hégira, nació Muhammad ibn Abi Bakr, hijo de Abu Bakr (que Dios esté complacido con él) y Asma. En aquel momento, Asma se encontraba camino de La Meca, formando parte de la caravana del Mensajero de Dios (que la paz y las bendiciones de Dios sean con él) para la peregrinación de despedida. Tras llegar a Dhu’l-Hulayfa, Muhammad nació. Entonces ella quedó indecisa respecto a realizar la peregrinación. Su esposo Abu Bakr (que Dios esté complacido con él) también quiso enviarla de regreso a Medina. Finalmente, se consultó la opinión del Mensajero de Dios (que la paz y las bendiciones de Dios sean con él). Él dijo: «Dile que se bañe y entre en estado de ihram para la peregrinación». [Tabacat, 8/282; Musnad, 6/369; Muslim, 3/185-186]

En el octavo año de la Hégira, Asma (que Dios esté complacido con ella) sufrió profundamente por la muerte de su primer esposo, Ja‘far. Sin embargo, con la esperanza de obtener la complacencia de Dios y de Su Mensajero, transformó aquel duelo y dolor en paciencia y gratitud. Pero en el año 13 de la Hégira, la muerte de su segundo esposo, Abu Bakr (que Dios esté complacido con él), volvió a sumirla en el duelo. Mediante la paciencia y la perseverancia, también superó aquella aflicción. Antes de morir, Abu Bakr (que Dios esté complacido con él) dejó dispuesto que su esposa Asma realizara su baño funerario. Asma lo bañó. [Muwatta, 1/223; Tabacat, 8/283] Cuando terminó el baño, dijo a los emigrantes presentes: «Estoy ayunando y el día es muy frío. ¿También debo bañarme yo?». Ellos respondieron: «No». [Muwatta, 1/222-223; Siyar A‘lam al-Nubala, 2/286]

Cuando Abu Bakr (que Dios esté complacido con él) murió, Muhammad, el hijo nacido de Asma, tenía aproximadamente tres años. [Tabacat, 8/284] Más tarde, este Muhammad se convirtió en uno de los principales testigos o protagonistas de la grave tragedia del asesinato del tercer califa, Uthman (que Dios esté complacido con él).

Después de la muerte de su segundo esposo, Abu Bakr (que Dios esté complacido con él), Hazrat Asma aceptó a Hazrat Alí (que Dios esté complacido con él) como su tercer esposo. El niño Muhammad ibn Abi Bakr se trasladó con su madre al hogar de su padrastro, Alí (que Dios esté complacido con él), y creció bajo su afecto y tutela. Cabe señalar que, posteriormente, la conducta de este hijastro, Muhammad, fue la causa principal por la que muchas personas intentaron atribuir a Hazrat Alí (que Dios esté complacido con él) la responsabilidad del asesinato de Hazrat Uzmán (que Dios esté complacido con él).

Los lectores habrán observado que los dos hijos de Hazrat Asma se llamaban Muhammad: Muhammad ibn Yá‘far y Muhammad ibn Abi Bakr. Un día, ambos muchachos empezaron a jactarse de su nobleza y superioridad, diciendo: «Yo soy más honorable que tú. Mi padre es más respetable que el tuyo». Su discusión continuó durante bastante tiempo. Hazrat Alí (que Dios esté complacido con él) dijo a su madre, Asma: «Sé tú quien resuelva esta disputa entre ellos». Asma dijo: «Entre los jóvenes árabes no he encontrado a nadie mejor que Yá‘far, y entre los ancianos no he visto a nadie mejor que Abu Bakr». Alí (que Dios esté complacido con él) dijo: «No me has dejado nada que decir. Si hubieras dicho algo distinto de lo que has dicho, me habría disgustado». Entonces Asma añadió: «Y, en cuanto a los hombres buenos, usted es el tercero de los tres». [Ibíd., 8/285; Siyar a‘lam an-nubala, 2/287]

Hazrat Asma dio a luz a un hijo, Yahya, de Hazrat Alí (que Dios esté complacido con él). Sin embargo, Ibn Sa‘d, en su Tabaqat, transmitió por medio de Muhammad ibn ‘Umar que Asma tuvo de Alí (que Dios esté complacido con él) dos hijos: Yahya y Awn. La primera versión parece ser la correcta, pues la mayoría de los especialistas en biografías proféticas han aceptado precisamente esa opinión. El erudito Ibn al-Azir declaró errónea la última opinión. Escribió que se trataba de una invención de Ibn al-Kalbi, quien era un famoso mentiroso. [Usud al-gaba, 5/395; Siyar as-sahabiyyat, 144; Al-Isti‘ab, 2/745] Por tanto, Hazrat Asma tuvo en total cinco hijos de sus tres esposos. De Hazrat Yá‘far tuvo a Muhammad, ‘Abdullah y Awn; de Abu Bakr (que Dios esté complacido con él), a Muhammad; y de Alí, a Yahya. [Ansab al-ashraf, 1/447] Los cinco fueron varones.

Ya se ha indicado anteriormente que Muhammad ibn Abi Bakr se vio involucrado en la rebelión y el caos durante el califato del califa Uzmán. En ese contexto, fue asesinado en Egipto en el año 38 de la Hégira. Su cadáver fue introducido en una piel de asno y quemado, tomándose una venganza sumamente cruel. Naturalmente, la madre, Asma, quedó profundamente afligida por el trágico destino de su hijo. Sin embargo, no se quebró y tuvo paciencia. Al enterarse de esta noticia desgarradora, extendió la alfombra de oración y se puso a rezar. [Al-Isaba, 4/231; Sahabiyyat, 173]

Durante su estancia en Abisinia, Hazrat Asma (que Dios esté complacido con ella) aprendió algunos remedios caseros sencillos propios de aquella región. Cuando el Mensajero de Dios (que la paz y las bendiciones de Dios sean con él) se encontraba en su lecho de muerte, en el límite de su vida terrenal, Umm Salama y Asma (que Dios esté complacido con ambas) diagnosticaron conjuntamente su enfermedad como dhat al-yanb y se dispusieron a administrarle un medicamento. El Mensajero (que la paz y las bendiciones de Dios sean con él) se negó a tomar cualquier clase de medicina. Justo entonces quedó ligeramente inconsciente. Las dos consideraron aquello una oportunidad. Le entreabrieron la boca al Mensajero de Dios (que la paz y las bendiciones de Dios sean con él) y le vertieron el medicamento. Al desaparecer su estado de inconsciencia poco después, sintió cierto alivio y dijo: «Probablemente Asma preparó este remedio». [Bujari, 2/851; Ansab al-ashraf, 1/545]

Se han transmitido sesenta hadices de Hazrat Asma (que Dios esté complacido con ella). Entre quienes escucharon hadices de ella y los transmitieron, los más destacados fueron: ‘Abdullah ibn Yá‘far, Ibn ‘Abbas, Qasim ibn Muhammad, ‘Abdullah ibn Shaddad ibn al-Had, ‘Urwa, Sa‘id ibn al-Musayyib, Umm Awn bint Muhammad ibn Yá‘far, Fatima bint Alí y Abu Yazid al-Madani. [Ad-Durr al-manzur, 35; Siyar a‘lam an-nubala, 2/278] Ella adquiría directamente del Mensajero de Dios (que la paz y las bendiciones de Dios sean con él) conocimientos sobre diversos asuntos. El Mensajero (que la paz y las bendiciones de Dios sean con él) le enseñó una súplica para recitar en momentos de aflicción y calamidad. Asma solía recitarla. [Musnad, 6/369; Kanz al-ummal, 1/299]

Conocía muy bien la interpretación de los sueños. Por eso, Umar (que Dios esté complacido con él) solía pedirle a ella la interpretación de sus sueños. [Kanz al-ummal, 3/153; Al-Isaba, 4/231; Hayat as-sahaba, 3/450]

El tercer esposo de Hazrat Asma (que Dios esté complacido con ella), Alí (que Dios esté complacido con él), murió como mártir en el año 40 de la Hégira. Hazrat Asma también falleció unos días después. [Tahdib at-tahdib, 12/399; Shajarat adh-dhahab, 1/15, 48]

Un día, al ver a los tres hijos de Ya‘far, el primer esposo de Asma, muy delgados y débiles, el Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) preguntó: «¿Por qué están así?». Asma respondió: «Sufren mucho del mal de ojo». El Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: «Entonces, ¿por qué no les haces una ruqya?». Hazrat Asma conocía una fórmula de protección. Se la recitó al Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él), quien, tras escucharla, dijo: «Sí, es correcta».[Muslim-2/223]

Hazrat Asma (que Allah esté complacido con ella) estuvo profundamente vinculada a la familia del Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) durante su vida. Algunas narraciones muestran que desempeñó un papel muy activo en el matrimonio de Hazrat Fátima (que Allah esté complacido con ella). Como representante de la familia de la novia, fue a la casa de ‘Ali (que Allah esté complacido con él), el novio.[Hayatus Sahaba-2/667-668]

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