En el nombre de Allah, el Clemente, el Misericordioso

Introducción

Por la especial misericordia de Allah, se publica «La vida de los Compañeros del Mensajero, volumen 5». Nuestro principal objetivo es presentar, brevemente, a los nobles Compañeros a los lectores de habla bengalí. En los cuatro volúmenes publicados anteriormente, tratamos la vida de los Compañeros varones. En el quinto volumen se trata la vida de once «Madres de los Creyentes». Estas once mujeres fueron las «Azwaj al-Mutahharat», es decir, las purísimas esposas de Su Eminencia el Noble Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda la paz).

El islam considera por igual a hombres y mujeres. A ambos se les han declarado iguales responsabilidades e iguales derechos. Así como los hombres han realizado sacrificios, soportado penalidades y contribuido a la difusión y consolidación del islam en este mundo, también lo han hecho las mujeres. Así como los hombres fueron víctimas de la opresión y la tiranía y fueron expulsados de su patria, las mujeres también soportaron la opresión y la tiranía y fueron obligadas a emigrar. Codo con codo con los hombres, las mujeres lucharon contra las fuerzas hostiles al islam. En resumen, para hacer triunfar al islam en este mundo, las Compañeras no quedaron en ningún aspecto por detrás de los Compañeros. Más bien, en algunos casos el papel de las mujeres llegó a ser principal. La primera persona que creyó en la profecía y la misión del Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda la paz) fue una mujer, y la primera persona que realizó la oración fue una mujer. La contribución de las mujeres al islam no es inferior en ningún aspecto a la de los hombres. Por ello hemos emprendido la tarea de presentar a los lectores, junto a la vida y las obras de los Compañeros, la vida y las obras de las Compañeras.

En casi todas las obras de la disciplina de «Asma al-Rijal» (diccionario biográfico), escrita en árabe, se han tratado la identidad y la vida de las Compañeras. Ibn Mundah (f. 395 H), Abu Nu‘aym, Ibn ‘Abd al-Barr (f. 463 H) y Abu Musa al-Isfahani (f. 581 H) trataron cada uno en sus respectivas obras las biografías de las Compañeras. Ibn ‘Abd al-Barr trató en su obra «Al-Isti‘ab» las biografías de un total de 398 Compañeras. En la obra «Al-Tabaqat al-Kubra» de Muhammad ibn Sa‘d (f. 233 H) aparecen las biografías de 627 mujeres en total. Entre ellas también hay 93 mujeres que no eran Compañeras. Las biografías de las mujeres están incluidas en el octavo volumen de su obra. El erudito Ibn al-Azir compuso una obra sobre las biografías de mujeres titulada «Tarij al-Nisa». El título también aparece en diversas obras escritas posteriormente. Sin embargo, actualmente la obra es difícil de encontrar. Otra obra notable de Ibn al-Azir es «Usd al-Gaba fi Ma‘rifat al-Sahaba». En uno de sus volúmenes se recoge exclusivamente la vida de mujeres. En esta obra aparecen los nombres de un total de 1.022 Compañeras. Otro famoso autor del siglo IX de la hégira fue el erudito Ibn Hayar al-‘Asqalani (f. 852 H). Compuso dos extensas obras tituladas «Tahdib al-Tahdib» y «Al-Isaba fi Tamyiz al-Sahaba». En el duodécimo volumen de «Tahdib al-Tahdib» trató las biografías de 322 mujeres. Entre ellas también se encuentran las biografías de algunas mujeres tabi‘íes. Sin embargo, en la obra «Al-Isaba» se incluyen las biografías de 1.545 Compañeras. Es en esta obra donde se encuentran los nombres y las biografías del mayor número de Compañeras. No obstante, entre las cifras de Compañeras mencionadas en las diversas obras anteriores se repiten muchos nombres. Las dos obras del imán al-Dhahabi, «Siyar A‘lam al-Nubala» y «Tadkirat al-Huffaz», son obras de gran extensión. En ellas incluyó las biografías de muchas Compañeras. Las obras mencionadas son, fundamentalmente, las fuentes originales escritas sobre los Compañeros. Todas esas obras están a nuestra disposición.

Quienes ayudaron de manera integral al Noble Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda la paz) en su vida doméstica y transmitieron a la gente el modelo de su vida familiar fueron las «Azwaj al-Mutahharat». Allah las declaró «Ummahat al-Mu’minin» (madres de los creyentes). Ellas son el modelo y el ejemplo de las mujeres musulmanas. En el quinto volumen hemos tratado precisamente sobre ellas. Eran once en total. Cuando el Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda la paz) partió de este mundo, su número era de nueve.

En la época actual, cuando los musulmanes estamos profundamente influidos por la filosofía de vida occidental y juzgamos y analizamos la doctrina y las creencias, la cultura y las costumbres, las leyes y las normas del islam, etc., desde su perspectiva, especialmente cuando las actividades contrarias al islam, emprendidas en nombre de la libertad y el progreso de la mujer, avanzan con gran ímpetu, la cuestión de que el Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda la paz) tuviera varias esposas puede suscitar dudas incluso en la mente de un creyente. Aquí no intentaremos responder a esa cuestión. Porque no es una cuestión nueva; cristianos y judíos la plantearon hace mucho tiempo, y los sabios musulmanes les han respondido de diversas maneras a lo largo de las épocas. No queremos repetirlo. Lo que queremos recordar a nuestros lectores es que un verdadero creyente debe tener necesariamente la convicción de que toda la vida del Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda la paz) estaba controlada y dirigida por el propio Allah, el Altísimo. Él no hacía ni decía nada por voluntad propia. Por tanto, todo lo que hizo lo hizo por voluntad y mandato de Allah. En segundo lugar, ¿acaso surgió alguna vez en la mente de algún Compañero o Compañera una pregunta como la que surge hoy en nuestras mentes debido a la propaganda cristiana y judía? La historia, al menos, no lo afirma. Entonces, ¿por qué debemos confundirnos hoy? En realidad, el único dueño de todas las criaturas de este mundo es Allah. Un dueño tiene derecho a conceder sus bienes a quien quiera y en la cantidad que quiera. Del mismo modo que nadie tiene derecho a cuestionarlo en ese caso, tampoco lo tiene en este. Allah permitió a Su Profeta (que Allah le bendiga y le conceda la paz) tomar once esposas, del mismo modo que concedió a un hombre creyente la posibilidad de tomar hasta cuatro esposas bajo ciertas condiciones. Esta era la sabiduría de Allah. En esencia, todo esto es una cuestión de fe. Nuestra fe debe ser como la fe de los nobles Compañeros. Cuando se fortalece la convicción de que todas las acciones y conductas del Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda la paz) ocurrieron por voluntad y permiso de Allah, ninguna duda ni pregunta absurda puede asomar en el corazón, tal como no asomó en el corazón de los nobles Compañeros.

Desde el día en que las esposas del Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda la paz) contrajeron matrimonio con él y Allah las declaró madres de los creyentes, han ocupado un lugar de especial honor y respeto en el corazón de todos los musulmanes del mundo. Todo musulmán y musulmana las ha contemplado siempre con mayor honor y reverencia que a su propia madre. El lugar de honor que han recibido de la comunidad musulmana no tiene igual en la historia de las mujeres del mundo.

Cuando falleció una de las esposas del Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda la paz), Hazrat Abdullah ibn Abbas (que Allah esté complacido con él) cayó postrado en sayda. La gente le preguntó: «¿Por qué se postra usted en este momento?». Él respondió: «Cuando veáis alguna señal del Día del Juicio, os postráis. Entonces, ¿qué señal del Día del Juicio puede ser mayor que la muerte de una de las Azwaj al-Mutahharat?». (Abu Dawud: Kitab al-Salat, Bab al-Suyud ‘inda al-Ayat)

Hazrat Abdullah ibn Abbas (que Allah esté complacido con él) estuvo presente cuando Hazrat Maymuna (que Allah esté complacido con ella) falleció en un lugar llamado Saraf, cerca de La Meca. Cuando levantaban el cadáver sobre la parihuela, dijo a la gente: «Esta es Maymuna. Llevad su cadáver con respeto y no lo mováis demasiado». (Nasai: Kitab al-Nikah, Dhikru Amri Rasulillah —que Allah le bendiga y le conceda la paz— fi al-Nikah wa Azwajihi)

Algunos compañeros amaban tanto a las Azwaj al-Mutahharat que consagraron como waqf para ellas muchas de sus propiedades. Hazrat Abd al-Rahman ibn Awf (que Allah esté complacido con él) consagró para ellas un gran huerto, que fue vendido por cuatro mil dírhams. (Tirmidhi: Manaqib Abd al-Rahman ibn Awf)

Cada uno de los califas rectamente guiados mostraba gran estima y respeto por las Azwaj al-Mutahharat. Durante su califato, Hazrat Umar (que Allah esté complacido con él) hizo nueve cuencos, según su número. Cada vez que le llegaba alguna fruta o algún alimento, enviaba nueve porciones en cuencos, una para cada una de ellas. (Muwatta del imán Malik: Kitab al-Zakat)

Durante la Batalla del Camello, ¿se encuentra en algún lugar de la historia un ejemplo comparable al respeto que Hazrat Ali (que Allah esté complacido con él) y los demás compañeros mostraron hacia la Madre de los creyentes, Hazrat Aisha (que Allah esté complacido con ella)?

Hazrat Zayd ibn Haritha (que Allah esté complacido con él) se casó con Hazrat Zaynab bint Yash (que Allah esté complacido con ella). Vivieron juntos como marido y mujer durante aproximadamente un año. Como no se entendían, se separaron. Después de que terminó el periodo de idda, el Mensajero (que Allah le bendiga y le conceda la paz) envió precisamente a aquel Zayd a Zaynab (que Allah esté complacido con ella) para pedir su mano en matrimonio. Puesto que el Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda la paz) había enviado una propuesta de matrimonio a Zaynab (que Allah esté complacido con ella), el corazón de Zayd se llenó de tal devoción, respeto y veneración hacia Zaynab que no podía siquiera levantar los ojos para mirarla. Hablaba con ella volviendo el rostro hacia otro lado. Todo esto no son cuentos ni relatos imaginarios; todo es una verdad real.

En el año 23 de la Hégira, cuando el califa Umar (que Allah esté complacido con él) fue al Hayy como Amir al-Hayy, llevó también como acompañantes a las Azwaj al-Mutahharat, con extrema reverencia y respeto. Encomendó a Hazrat Uthman (que Allah esté complacido con él) y a Hazrat Abd al-Rahman ibn Awf (que Allah esté complacido con él) toda la responsabilidad de protegerlas y cuidar de ellas. Ambos marchaban delante y detrás de sus monturas, y no permitían que nadie se acercara a ellas. Cuando se detenían en algún lugar, tampoco permitían que nadie se aproximara a sus tiendas. (Tabaqat: biografía de Abd al-Rahman ibn Awf)

Después del fallecimiento del Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda la paz), muchas de las Madres de los creyentes vivieron durante largo tiempo. En sus biografías hemos tratado de mostrar cuánto honor y respeto les rindió la comunidad musulmana. En resumen, mostrar devoción, respeto y honor hacia ellas es una responsabilidad y un deber de fe para todo musulmán. La comunidad musulmana nunca ha olvidado esa responsabilidad y ese deber. Cuando nosotros también leamos sus biografías, mantendremos en nuestros corazones un pensamiento y un sentimiento puros hacia ellas.

La idea y el plan de presentar a los lectores bengalíes la vida de los Compañeros del Mensajero pertenecen originalmente al profesor A. K. M. Nazir Ahmad, director del Centro Islámico de Bangladesh. Su interés y estímulo me han impulsado a llevar este trabajo hasta este punto. Él continúa ayudándome y colaborando conmigo de diversas maneras. Por ello le expreso mi gratitud y ruego a Allah que le conceda una buena recompensa por ello.

También hemos recibido de los lectores muchos valiosos consejos y sugerencias respecto a la redacción de las biografías de los Compañeros. Lamentamos no haber podido aceptar muchas de esas sugerencias. Estamos procurando extraer la información de esta obra de fuentes fiables en árabe y urdu. También hemos hecho todo lo posible por emplear un lenguaje adecuado, teniendo en cuenta el altísimo honor y la dignidad de las Ummuhāt al-Mu’minīn. No obstante, si los lectores detectan alguna incoherencia en la información o en el lenguaje, les rogamos que nos la señalen. Que Allah acepte este pequeño esfuerzo nuestro por inculcar en las madres y hermanas musulmanas de Bengala la fe en las Ummuhāt al-Mu’minīn. Amén.

5 de septiembre de 1999

21 Bhādra de 1406Muhammad Abd al-Mabud

Profesor asociado

Departamento de Árabe

Universidad de Daca

Daca-1000.

Jadicha bintJuwailid (r.a.)

Jadicha (r.a.) fue la primera esposa del Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz). Sus sobrenombres eran «Umm Hind» y «Umm al-Qasim», y su título o apelativo era «at-Tahira». Su padre, Juwailid ibn Asad, pertenecía al clan Banu Asad de la tribu qurayshí de La Meca. A través de su antepasado paterno Qusay, su linaje se unía al del Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz). Es decir: Jadicha bint Juwailid ibn Asad ibn Abd al-Uzza ibn Qusay. Este Qusay era también el cuarto antepasado del Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz). La madre de Jadicha (r.a.), Fátima bint Za’id, también pertenecía a los qurayshíes. Al-Zubayr ibn Bakkar dijo: «Ya en la época de la ignorancia, el apelativo de Jadicha era “at-Tahira”». Recibió este apelativo por su carácter puro y casto después de alcanzar la madurez y la sensatez. Entre el Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) y Jadicha (r.a.) existía un parentesco lejano de tía paterna y sobrino. Por ello, después de recibir la profecía, Jadicha (r.a.) llevó al Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) ante su primo Waraqa ibn Nawfal y le dijo: «Escuche lo que dice su sobrino». Probablemente lo dijo basándose precisamente en el vínculo de parentesco.

La familia de Jadicha (r.a.) era una familia noble y acaudalada de La Meca. Nació en la ciudad de La Meca quince años antes del «Año del Elefante», es decir, en el año 68 antes de la Hégira/556 d. C. Hakim ibn Hizam dijo: «Mi tía paterna Jadicha era dos años mayor que yo. Yo nací trece años antes del Año del Elefante».

El padre de Jadicha (r.a.), Juwailid ibn Asad, era un hombre respetado de su clan. Llegó a La Meca y, como aliado o confederado de su primo Abd al-Dar ibn Qusay, estableció allí su residencia permanente. Allí se casó con Fátima bint Za’id, una mujer de La Meca. Esta Fátima era la madre de Jadicha, la Madre de los Creyentes (r.a.). Juwailid fue el comandante de su tribu en la guerra de Fijar. Fue padre de muchos hijos. El primogénito fue Hizam; el hijo de este, el célebre compañero Hakim, recibió durante la época de la ignorancia la responsabilidad de dirigir la Dar an-Nadwa de La Meca. La segunda hija fue Jadicha (r.a.). El tercer hijo fue Awwam, padre del célebre compañero Zubayr (r.a.). Safiyya bint Abd al-Muttalib, tía paterna del Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) y hermana carnal de Hamza (r.a.), fue la esposa de Awwam y, por tanto, la madre de Zubayr (r.a.); es decir, era la cuñada menor de Jadicha (r.a.). El cuarto hijo fue Hala. Ella fue la suegra de Zaynab (r.a.), hija del Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz), y la madre de Abu al-As ibn ar-Rabi. Abu al-As fue el yerno mayor del Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz). La quinta hija fue Ruqayya. Además, al-Baladhuri menciona los nombres de otras dos hijas: Jalida y Raqiqa. Jalida se casó con Ilaj ibn Abi Salama, y Raqiqa con Abd Allah ibn Bijad. Entre los hermanos de Jadicha (r.a.), solo Hala (r.a.) tuvo la dicha de abrazar el islam.

En las obras de la sira no se encuentra mucha información sobre la infancia y la adolescencia de Jadicha (r.a.). Sin embargo, se sabe de diversas maneras que creció en aquella sociedad de la ignorancia con un carácter sumamente puro y casto. Observando tales cualidades morales de su hija, su padre Juwailid escogió como pretendiente a Waraqa ibn Nawfal, uno de los más destacados expertos árabes de aquella época en la Torá y el Evangelio; pero los historiadores guardan silencio sobre por qué no se celebró ese matrimonio. Finalmente, su primer matrimonio fue con Abu Hala, Hind ibn Zurara at-Tamimi. Él murió ya durante la época de la ignorancia. Después de la muerte de Abu Hala, contrajo un segundo matrimonio con Atiq ibn Abid o, según otra opinión, con A’iz. Así lo han afirmado Ibn Abd al-Barr y la mayoría de los especialistas en sira. Sin embargo, según una transmisión de Qatada, su primer esposo fue Atiq y después Abu Hala. Yunus ibn Bukayr transmitió que Ibn Ishaq también sostenía esta opinión. Al-Baladhuri dijo que se separó de su segundo esposo, Atiq. Después se casó con el Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz).

En las obras de la sira se encuentran dos versiones sobre cuándo murió el padre de Jadicha (r.a.). Según una de ellas, seguía vivo hasta el momento de su matrimonio con el Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) y murió algún tiempo después de la boda. Algunos han dicho que murió en la guerra de Fijar. El historiador al-Waqidi transmitió que el padre de Jadicha (r.a.) murió antes de la guerra de Fijar y que fue su tío Amr ibn Asad quien la casó con el Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz). También dijo que existe consenso entre nuestros compañeros acerca de que su padre murió antes de Fijar; no hay discrepancia al respecto. El imam as-Suhayli también afirmó lo mismo.

Ya fuera por la muerte de su padre, por haberse separado de su esposo o por cualquier otra razón, Jadicha (r.a.), al igual que muchas personas de la tribu de Quraysh, era una gran comerciante. Ibn Sa’d dijo sobre sus actividades comerciales: «Jadicha era una mujer comerciante sumamente respetada y rica. Sus caravanas comerciales iban a Siria, y sus mercancías, por sí solas, equivalían a las de todos los qurayshíes». Este comentario de Ibn Sa’d permite comprender la magnitud de los negocios de Jadicha (r.a.). Compraba y vendía mercancías dentro y fuera del país, contratando a personas competentes mediante sociedades o a cambio de un salario.

Muhammad, el Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz), era entonces un joven de veinticuatro o veinticinco años. Para entonces había adquirido suficiente experiencia en el comercio tras realizar varios viajes comerciales con su tío Abu Talib o por su cuenta. La gente de La Meca hablaba constantemente de su honestidad y su confianza en los negocios. Para todos era entonces «al-Amin», el digno de confianza. Su buena reputación también llegó a oídos de Jadicha (r.a.). En particular, seguramente había escuchado muchas cosas acerca de Muhammad (que Allah le bendiga y le conceda paz), «al-Amin», de su cuñada menor Safiyya.

En ese momento, Jadiya decidió enviar mercancías a Siria y buscaba a una persona competente para ello. Finalmente, contrató a Muhammad ibn Abd Allah. A continuación presentamos varios relatos sobre cómo obtuvo este empleo.

Nafisa bint Munya, hermana de Ya‘la, relata: Cuando el Mensajero de Allah cumplió veinticinco años, Abu Talib lo llamó un día y le dijo: «¡Sobrino! Soy un hombre sin recursos, y la situación también es muy difícil para nosotros. Nos encontramos sumidos en una grave necesidad. No tenemos ningún negocio ni otros medios de subsistencia. Una caravana comercial de tu tribu se dirige a Siria. Jadiya está buscando personas que acompañen sus mercancías. Si fueras a verla, quizá te elegiría, pues conoce la pureza de tu carácter. Aunque no me agrada que vayas a Siria y temo por tu vida a causa de los judíos, no tenemos otra opción». El Mensajero de Allah respondió: «Quizá ella misma envíe a alguien». Abu Talib dijo: «Tal vez ya haya contratado a otra persona». Esta conversación entre tío y sobrino llegó a oídos de Jadiya. Entonces envió a alguien al Mensajero de Allah y le dijo: «Te pagaré el doble de lo que te pagaría cualquier otra persona».

Al-Baladhuri relató que, cuando el Mensajero de Allah tenía veinte años, Abu Talib le dijo un día: «¡Sobrino! Jadiya bint Juwaylid es una mujer rica y comerciante. Ahora necesita a un hombre honrado, digno de confianza y de buen carácter como tú. Si hablo con ella sobre ti, quizá te confíe alguno de sus negocios». El Mensajero respondió: «¡Tío! Haz lo que consideres conveniente».

Abu Talib fue a ver a Jadiya y habló con ella sobre contratar a Muhammad para alguno de sus negocios. Jadiya mostró interés al escuchar la propuesta y, tomando una decisión con gran rapidez, lo envió a Siria.

Abdullah ibn Muhammad ibn Aqil dijo: Abu Talib le dijo a Muhammad: «¡Sobrino! He oído que Jadiya ha contratado a cierta persona como trabajador a cambio de dos camellos jóvenes. No aceptaremos eso en tu caso. ¿Quieres que hable con ella?». Él respondió: «Tío, haz lo que consideres conveniente». Entonces Abu Talib fue a ver a Jadiya y le dijo: «¡Jadiya! ¿Quieres contratar a Muhammad a cambio de un salario? He oído que has contratado a cierta persona por dos camellos jóvenes. En el caso de Muhammad, no aceptaremos menos de cuatro camellos».

Estos relatos muestran que Jadiya era una gran comerciante. Para dirigir sus negocios contrataba a numerosos trabajadores y empleados. También poseía una gran perspicacia. Por ello, no se equivocó en absoluto al elegir a Muhammad en el momento oportuno y confiarle la responsabilidad de sus negocios. Abu Talib desempeñó el papel principal en la obtención de este empleo. Después de conseguirlo, Abu Talib le dijo al Mensajero de Allah: «Esto es una gracia de Allah para ti». Muhammad partió hacia Siria con las mercancías de Jadiya, acompañado por su esclavo de confianza, Maysara. Durante el viaje, sus tíos advirtieron a sus compañeros que lo vigilaran especialmente. La caravana llegó a Siria. En el camino, él estaba sentado a la sombra de un árbol junto a una iglesia. Maysara se encontraba a cierta distancia del árbol, ocupado en algún asunto. El sacerdote de la iglesia se acercó a Maysara y le preguntó: «¿Quién es el hombre que descansa bajo el árbol?»

Maysara respondió: «Un hombre de la tribu de Quraysh, de los habitantes del Haram de La Meca». El sacerdote dijo: «El que ahora descansa bajo este árbol no puede ser otro que un profeta». Luego preguntó: «¿Tiene los ojos rojizos?». Maysara respondió: «Sí. Ese tono rojizo nunca desaparece». El sacerdote dijo: «Él es. Él es el último de los profetas».

El Mensajero, acompañado por Maysara, vendió las mercancías en el mercado. En cierto momento tuvo una disputa con un hombre. Este le dijo al Mensajero: «Jura por Lat y Uzza». El Mensajero respondió: «Nunca juro por ellos; los rechazo». El hombre dijo: «Tienes razón». Luego le dijo a Maysara: «¡Por Allah! Él es un profeta».

Existe una ligera discrepancia sobre el mercado al que fue el Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) con las mercancías comerciales de Jadiya (que Allah esté complacido con ella). Según una opinión, fue al mercado de Busra, en Siria. Al·lami az-Zirikli menciona el mercado de Hawrán. At-Tabari transmitió de Ibn Shihab az-Zuhri que el Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) no fue a Siria, sino a un mercado abisinio del Yemen. Sin embargo, la narración de su viaje a Siria es la más conocida. El Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) vendió las mercancías en el mercado sirio y compró lo que debía comprar. Después emprendió el camino hacia La Meca acompañado de Maisara. Durante el trayecto, Maisara observó que el Mensajero (que Allah le bendiga y le conceda paz) avanzaba montado en su camello, mientras dos ángeles extendían una sombra sobre su cabeza bajo el intenso calor del mediodía. Al regresar así a La Meca, vendió las mercancías de Jadiya (que Allah esté complacido con ella). Esta vez la ganancia del negocio fue el doble, o casi el doble. Durante este viaje, Allah Todopoderoso hizo nacer en el corazón de Maisara un profundo respeto y un intenso amor por el Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz). Parecía haberse convertido en su siervo. Cuando llegaron a un lugar llamado Marr az-Zahran, cerca de La Meca, Maisara dijo: «Muhammad (que Allah le bendiga y le conceda paz), ve con Jadiya e infórmale del trato que Allah ha tenido contigo».

Regresaron a La Meca después del viaje comercial. El esclavo Maisara presentó a su señora Jadiya un informe detallado de todas las actividades del Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) durante el viaje, de las observaciones del monje, de la sombra proporcionada por los ángeles, de la duplicación de las ganancias y de otros asuntos, todo ello con extrema honradez y fidelidad. Maisara también dijo: «Me sentaba a comer con él. Nuestros estómagos se saciaban y, aun así, quedaba la mayor parte de la comida». Los acontecimientos de este viaje se han relatado de distintas maneras en diversas obras. Sin embargo, el contenido de todas las narraciones es esencialmente el mismo.

Jadiya (que Allah esté complacido con ella) era una mujer distinguida, prudente, inteligente y de firme carácter en la La Meca de aquella época. Personas de todos los estratos de la ciudad estaban impresionadas por su riqueza, su cortesía y sus modales. Por linaje y nobleza, ocupaba un lugar central entre los qurayshíes. Muchos jóvenes nobles de Quraysh deseaban tenerla como esposa. Muchos de ellos incluso le enviaron propuestas y gastaron grandes sumas de dinero por ello. Ella rechazó todas sus propuestas y envió personalmente una propuesta de matrimonio al Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz). ¿Por qué decidió Jadiya (que Allah esté complacido con ella) casarse con el Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz)? La explicación que suele darse en respuesta a esta pregunta es que, al escuchar de labios de su fiel esclavo Maisara las cualidades morales del Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) y los acontecimientos milagrosos, quedó impresionada y decidió casarse con él. Quizá esa fue la razón principal. Sin embargo, detrás de ello también se han relatado otros hechos. Al regresar de Siria, el Mensajero (que Allah le bendiga y le conceda paz) entró en La Meca mientras avanzaba. Era el mediodía. Jadiya (que Allah esté complacido con ella) se encontraba en la azotea de su casa. Desde allí lo vio de pie: Muhammad iba montado en un camello y dos ángeles le daban sombra. Mostró aquella escena a las demás mujeres que estaban con ella. Además, al-Mada’ini relató otro acontecimiento por medio de Ibn ‘Abbas (que Allah esté complacido con él). En la época de la ignorancia, con motivo de una festividad, las jóvenes de La Meca se reunieron en un lugar. Entonces apareció a lo lejos un desconocido. Cuando el hombre se acercó más, proclamó en voz alta: «¡Oh, mujeres de La Meca! Escuchad. Muy pronto aparecerá un profeta en esta ciudad vuestra de La Meca. Su nombre será Ahmad. Que aquella de vosotras que pueda hacerlo se convierta en su esposa». Ibn Ishaq relató: Jadiya (que Allah esté complacido con ella), tras escuchar de labios de su esclavo Maisara las observaciones del monje y que dos ángeles habían dado sombra a Muhammad (que Allah le bendiga y le conceda paz), fue a ver a Waraqa ibn Nawfal y le contó todo aquello. Al escucharla, él dijo: «¡Jadiya! Si lo que dices es verdad, entonces Muhammad será el profeta de esta comunidad. Sé que muy pronto llegará un profeta para esta comunidad. Este es su tiempo». Después de eso, Waraqa permaneció a la espera. Probablemente, todos los acontecimientos mencionados ayudaron a Jadiya (que Allah esté complacido con ella) a tomar su decisión.

Aquí es necesario ofrecer una breve presentación de Waraqa ibn Nawfal, pues, para seguir correctamente la vida de Jadiya (que Allah esté complacido con ella), lo vemos aparecer repetidamente en escena. En la historia de los primeros tiempos del islam, Waraqa ibn Nawfal ibn Asad ibn ‘Abd al-‘Uzza resplandece como el fulgor dorado del sol matutino. Su madre se llamaba Hind bint Abi Kabir. Era conocedor de los Libros celestiales y de los saberes humanos. No tuvo hijos. Fue uno de aquellos que creyeron en el Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) antes de que se manifestara como profeta y murieron antes de ello.

Existen diversas narraciones sobre cómo y de qué manera se presentó la propuesta de matrimonio. Sin embargo, casi todas las narraciones coinciden en que fue Jadiya (que Allah esté complacido con ella) quien presentó primero la propuesta al Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz).

En una narración se cuenta que Nafisa bint Munya dijo: después de que Muhammad regresó de Siria, Jadiya (que Allah esté complacido con ella) me envió para conocer su disposición. Le dije: «Muhammad, ¿por qué no te casas?». Él respondió: «No tengo dinero para casarme». Le dije: «Si te propusieran una mujer hermosa, de riqueza, posición y noble linaje, ¿aceptarías?». Preguntó: «¿Quién es?». Respondí: «Jadiya». Dijo: «¿Cómo podría ser eso posible para mí?». Contesté: «De eso me encargo yo». Él aceptó.

Ibn Ishaq relató que Jadiya era una mujer prudente e inteligente. Por medio de un mensajero, le dijo a Muhammad (que Allah le bendiga y le conceda paz): «¡Oh, hijo de mi tío! Tu fidelidad, honradez y noble moral me han impresionado». Probablemente, ese mensajero era Nafisa bint Munya.

En otra narración se cuenta que Jadiya (que Allah esté complacido con ella) habló personalmente con el Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) y le pidió que presentara la propuesta a su padre. Sin embargo, él se negó, diciendo que, debido a su pobreza, quizá el padre de Jadiya lo rechazaría. Finalmente, Jadiya planteó ella misma el asunto a su padre y obtuvo su consentimiento.

Algunos han dicho que, al principio, Jadiya envió a Nafisa para averiguar la actitud del Mensajero de Allah respecto al matrimonio. Al recibir una respuesta positiva, ella misma habló directamente con el Mensajero de Allah. Esto probablemente se debió a que, en la Arabia de aquella época, las mujeres —especialmente las pertenecientes a familias nobles— tenían derecho a debatir y decidir sobre los asuntos matrimoniales. Por ello, aunque su padre o su tío aún vivían, Jadiya recorrió por sí misma todas las etapas del matrimonio.

Al-Kalbi dijo: Jadiya envió un mensaje al Mensajero de Allah pidiéndole que presentara una propuesta formal de matrimonio a su tío, Amr ibn Asad. Amr era entonces un anciano decrépito. Por su parte, el Mensajero de Allah comunicó a sus tíos la propuesta de Jadiya. En un día señalado, fue a la casa de Jadiya acompañado por sus dos tíos, Abu Talib y Hamza. Jadiya sacrificó una cabra y preparó un banquete. También invitó a su tío Amr y a los miembros de la familia. Sirvió bebidas a su tío. Cuando terminó la comida, Jadiya dijo al Mensajero de Allah: «Pida a Abu Talib que presente a mi tío Amr la propuesta formal de matrimonio conmigo». Entonces Abu Talib recitó el sermón matrimonial y formalizó el matrimonio del Mensajero de Allah con Jadiya. Poco después de este matrimonio, murió el tío de Jadiya.

A este respecto también se encuentran varias narraciones relacionadas con el padre de Jadiya. El imán Ahmad narró en su Musnad, transmitiéndolo de Ibn Abbas, que el padre de Jadiya no estaba de acuerdo con aquel matrimonio. Un día, Jadiya invitó a su casa a su padre y a varios miembros de Quraysh para comer y beber. Cuando hubieron comido y bebido hasta saciarse y se embriagaron, Jadiya dijo a su padre: «Muhammad me ha enviado una propuesta de matrimonio. Dé su consentimiento a este matrimonio». El padre dio su consentimiento. Conforme a la costumbre, Jadiya le puso ropa nueva. Al recobrar el conocimiento, él preguntó: «¿Por qué llevo esta ropa nueva?». Jadiya respondió: «¿Te casar é con este huérfano de Abu Talib? ¡Por mi vida, eso nunca sucederá!». Jadiya dijo en tono de reproche: «¿Quieres presentarte como un necio ante los qurayshíes por este asunto mío? ¿Quieres hacerles saber que estabas ebrio?». Ante estas palabras de Jadiya, él dio su consentimiento. Al-A’mash también narró algo semejante de Jabir ibn Samura. El imán al-Zuhri mencionó asimismo una narración parecida.

Abu Mihraz narró que al padre de Jadiya le dieron vino hasta embriagarlo. Después llamaron a Muhammad y se formalizó el matrimonio por medio de él. Luego, conforme a la costumbre, vistieron al anciano con ropa nueva. Al recobrar la sobriedad, el anciano preguntó: «¿Por qué llevo esta ropa nueva?». La gente le decía: «Te la ha puesto Muhammad, el esposo de tu hija». Él montó en cólera y tomó las armas. Los Banu Hashim también se apostaron armados para ofrecer resistencia. Finalmente se alcanzó un acuerdo y una reconciliación.

En otra cadena de transmisión se narra que Jadiya hizo beber a su padre una cantidad excesiva de vino hasta dejarlo inconsciente. Sacrificó una vaca, pintó el cuerpo de su padre y le puso ropa nueva. Al recuperar el conocimiento, él preguntó: «¿Por qué se ha sacrificado esta vaca? ¿Acaso no recuerdas que me has casado con Muhammad?». Él respondió: «No, no hice tal cosa. Los mejores hijos de Quraysh te habían pedido en matrimonio y yo no les di mi aprobación. ¿Y voy a haberte casado con Muhammad?». Ya hemos mencionado que los expertos en la sira discrepan sobre si el padre de Jadiya estaba vivo cuando ella se casó con el Mensajero de Allah. Por ello, también existe discrepancia sobre quién fue su tutor matrimonial —wali— en ese matrimonio. Algunos han dicho que fue su tío Amr ibn Asad, mientras que otros han mencionado a su hermano Amr ibn Khuwailid. Hazrat Aisha la casó con el Mensajero de Allah, porque su padre había muerto antes de la batalla de Fijar. Ibn Abbas también dijo: «Amr era entonces un anciano decrépito. Aparte de él, ningún otro hijo de Asad estaba vivo en aquel momento. Y Amr tampoco tenía hijos». Muhammad ibn Umar dijo asimismo que el padre de Jadiya murió antes de Fijar. Todas las narraciones que relacionan a su padre con el matrimonio de Jadiya son falsas y carecen de fundamento. Fue su tío quien la casó con el Mensajero de Allah.

En cualquier caso, en presencia de los familiares de ambas partes, el tío del Mensajero de Allah, Abu Talib, pronunció formalmente el sermón matrimonial. Aunque breve, por su excelencia literaria el sermón es considerado un modelo de la prosa árabe de la época de la ignorancia. Los historiadores árabes y los amantes de la literatura conservaron este sermón. Para conocimiento de los lectores, lo reproducimos aquí.

Será en árabe.

«Toda alabanza pertenece a Allah, que nos ha incluido entre los descendientes de Ibrahim y la progenie de Ismail. Nos ha concedido una ciudad honorable y una Casa destinada a la gente. Nos ha dado autoridad sobre las personas. Sea cual sea el joven de Quraysh con quien se compare a Muhammad ibn Abdullah, su balanza será sin duda más pesada en bondad, nobleza y rectitud, aunque sea el más pobre en riqueza y bienes. Sin embargo, la riqueza y los bienes son como una sombra pasajera y evanescente. Él está interesado en Jadiya bint Khuwailid, y ella siente la misma inclinación hacia él. Yo asumo la responsabilidad de entregar el mahr que ustedes soliciten».

Existe cierta discrepancia acerca de cuánto se fijó como dote en el matrimonio del Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) y Jadiya (que Allah esté complacido con ella). Según una narración, por consejo de su tío Amr, se fijaron quinientas monedas de oro. Al-Kalbi dice: «La dote se fijó en doce uqiyyas de oro». Una uqiyya equivale a cuarenta dírhams. El imán Dhahabi, citando a Ibn Ishaq, dijo que el Mensajero (que Allah le bendiga y le conceda paz) entregó a Jadiya (que Allah esté complacido con ella) «bil-bakara» como dote.

La propia Jadiya (que Allah esté complacido con ella) asumió todos los gastos de ambas partes. Envió al Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) dos uqiyyas de oro y plata, y le pidió que con ello preparara la ropa de ambos y el banquete nupcial.

Así, Jadiya (que Allah esté complacido con ella) se convirtió en la «Madre de los Creyentes». Esto ocurrió quince años antes del comienzo de la misión profética del Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz). Sin embargo, los especialistas en la biografía del Profeta discrepan acerca de la edad que ambos tenían entonces.

Al-Kalbi narró, citando a Ibn Abbas (que Allah esté complacido con él), que cuando el Profeta (que Allah le bendiga y le conceda paz) se casó con Jadiya (que Allah esté complacido con ella), ella tenía veintiocho (28) años. Sin embargo, los especialistas no consideraron aceptable esta narración debido a la debilidad de su cadena de transmisión. Al-Zurqani mencionó en su obra Sharh al-Mawahib que Jadiya (que Allah esté complacido con ella) tenía cuarenta años al casarse. El imán Dhahabi dijo: «El Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) tenía entonces veinticinco años, y Jadiya (que Allah esté complacido con ella) era quince años mayor que él». Hakim ibn Hizam, sobrino de Jadiya (que Allah esté complacido con ella), también dijo algo similar. Al-Waqidi narró, citando a Nafisa bint Munya, que el Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) tenía veinticuatro años. Algunas narraciones indican que el Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) tenía veinticinco años y Jadiya (que Allah esté complacido con ella) cuarenta y seis. También se han mencionado las edades de veintitrés y veintiocho años. La opinión más correcta es que tenían veinticinco y cuarenta años, respectivamente.

Quince años después del matrimonio, el Noble Profeta (que Allah le bendiga y le conceda paz) recibió la misión profética. Desde antes, Jadiya (que Allah esté complacido con ella) había llegado a estar firmemente convencida de que su esposo, Muhammad (que Allah le bendiga y le conceda paz), sería un profeta. En un hadiz del capítulo «El comienzo de la revelación» del Sahih de Bujari se ofrece un relato detallado de este asunto. Aisha (que Allah esté complacido con ella) lo narró de manera sumamente hermosa.

«La primera revelación dirigida al Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) comenzó mediante sueños verídicos durante el sueño. Todo lo que veía en sueños se manifestaba con claridad como la luz del sol de la mañana. Después, le gustaba permanecer en retiro. Se dirigía a la cueva de Hira llevando consigo alimentos y bebida. Allí se dedicaba a la adoración durante varios días. Cuando se acababan los alimentos, regresaba junto a Jadiya (que Allah esté complacido con ella). Luego volvía a la cueva con provisiones. En esa situación, un día le llegó la Verdad. El ángel se acercó y lo estrechó con tanta fuerza que sintió dolor. Después lo soltó y le dijo de nuevo: “¡Lee!”. Él volvió a decir: “No sé leer”. El ángel lo trató del mismo modo una segunda y una tercera vez. Finalmente, dijo:

Será en árabe

«¡Lee en el nombre de tu Señor, que creó! Creó al ser humano de un coágulo. ¡Lee! Tu Señor es el Más Generoso, quien enseñó por medio de la pluma, enseñó al ser humano lo que no sabía.»

El Mensajero regresó a casa temblando de miedo y, llamando a Jadiya, le dijo: «Cúbreme con una manta, cúbreme con una manta». Ella lo cubrió. Su temor se disipó. Entonces le contó a Jadiya todo lo ocurrido y le expresó su preocupación por su vida. Jadiya dijo:

Será en árabe

«¡No, eso jamás puede ocurrir! ¡Por Allah! Él no te humillará. Tú mantienes firmes los lazos de parentesco, ayudas a los pobres y necesitados, acoges a los huéspedes y socorres a las personas en sus calamidades».

Después, Jadiya llevó al Mensajero ante su primo paterno, Waraqa ibn Nawfal. Durante aquella época de ignorancia, él había adoptado el cristianismo. Escribía el Evangelio en lengua hebrea. Por entonces era anciano y ciego. Jadiya dijo: «Escucha lo que dice tu sobrino». Él preguntó: «Sobrino, ¿qué te ha ocurrido?». El Mensajero le relató todo lo sucedido. Después de escucharle, Waraqa dijo: «¡Este es el Namus, el que Allah envió a Musa! ¡Ay de mí! Si aquel día estuviera vivo y gozara de buena salud, ese día tu pueblo te expulsaría de tu tierra». El Mensajero preguntó: «¿Acaso ellos me expulsarán de mi tierra?». Él respondió: «Sí. Cada vez que alguien ha traído algo como lo que tú has traído, todo el mundo se ha puesto en su contra. Si para entonces conservo mis fuerzas y sigo vivo, te ayudaré de todas las maneras posibles».

El imán al-Zuhri dijo: «Jadiya fue la primera en creer en Allah. Después, el Mensajero recibió la misión profética. Al regresar a casa tras recibir la misión, cada piedra y cada árbol comenzaron a saludarlo. Al llegar, le dijo a Jadiya: “Aquel ser que te decía que veía en sueños es Yibril. Se me ha aparecido abiertamente. Mi Señor lo ha enviado a mí”. Después le relató a Jadiya todos los acontecimientos relacionados con la revelación. Al escuchar sus palabras, Jadiya dijo: “¡Buenas noticias! Allah no te deparará sino el bien. Acepta lo que ha venido de Allah; ciertamente es la verdad”».

Después, Jadiya acudió apresuradamente ante ‘Addas, esclavo de ‘Utba ibn Rabi‘a. Él era cristiano y originario de Nínive. Jadiya, jurando por Allah, le preguntó a ‘Addas: «¿Sabes algo acerca de Yibril?». ‘Addas respondió: «¡Santo, santo!». Jadiya dijo: «Cuéntame algo de lo que sepas sobre él». ‘Addas respondió: «Yibril es el ser digno de confianza, el fiel depositario entre Allah y Sus profetas. Él vino ante Musa y ante Isa». Desde la casa de ‘Addas, Jadiya fue ante Waraqa. Después de escuchar a ambos, regresó junto al Mensajero.

Ibn Ishaq dijo: «El Mensajero relató: “Después de recibir la revelación, salí de la cueva. Cuando me encontraba a mitad de la montaña, escuché una voz procedente del cielo. Alguien me decía: ‘Muhammad, tú eres el Mensajero de Allah’. Al levantar la cabeza, vi a Yibril de pie, con la apariencia de un hombre resplandecientemente blanco. Sus dos pies se extendían hasta los dos horizontes del espacio. Me dijo: ‘Muhammad, tú eres el Mensajero de Allah y yo soy Yibril’. Permanecí inmóvil, contemplando aquella escena. Mirara hacia donde mirara del cielo, veía la misma escena. Me quedé observándola a la sombra. Mientras tanto, como tardaba en regresar, Jadiya envió gente a buscarme. Recorrieron minuciosamente las zonas elevadas de La Meca, pero no me encontraron en ninguna parte y regresaron junto a Jadiya. Yo, sin embargo, seguía de pie e inmóvil en el mismo lugar”».

En cierto momento, Yibril desapareció. Regresé a casa y me senté junto a Jadiya. Jadiya dijo: «¡Abul Qasim! ¿Dónde estabas? Había enviado gente a buscarte. Buscaron por las zonas elevadas de La Meca y, al no encontrarte en ninguna parte, regresaron». Entonces le conté todo lo sucedido. Al escucharme, Jadiya dijo: «Primo mío, mantente firme. ¡Por Aquel en cuya mano está la vida de Jadiya! Espero que seas el profeta de esta comunidad». Después cubrió al Mensajero con una capa y se dirigió ante Waraqa.

Se ha narrado de Ibn Abbás (que Allah esté complacido con él): Un día, el Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) se encontraba solo en la zona de Ajyad, en La Meca. Vio a un ángel sentado en el horizonte del cielo, con una pierna sobre la otra. El ángel gritaba: «¡Oh, Muhammad! Soy Gabriel». El Mensajero (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él), asustado, regresó rápidamente junto a Jadiya (que Allah esté complacido con ella) y le dijo: «Temo volverme un adivino». Jadiya (que Allah esté complacido con ella) respondió: «¡Primo mío! No digas eso. No puede ser. Mantienes intactos los lazos de parentesco, dices la verdad y devuelves los depósitos confiados. Tu carácter es verdaderamente noble».

Abu Maisara dijo: Durante el primer período de la revelación, cuando el Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) se retiraba a algún lugar solitario, escuchaba una voz que lo llamaba: «¡Oh, Muhammad!». Se asustaba. Informó de ello a Jadiya (que Allah esté complacido con ella), quien le dijo: «Allah no te causará ningún mal». Luego ella envió al Mensajero (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él), acompañado de Abu Bakr (que Allah esté complacido con él), junto a Waraqa.

Se ha narrado del imán Zuhri: Después de que el Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) recibiera la primera revelación, esta dejó de llegar durante varios días. En la terminología islámica, este período se denomina «fatrat al-wahy». El Mensajero (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) quedó profundamente preocupado. Continuó yendo a la cueva de Hira. Un día, durante ese período, vio a Gabriel en lo alto y, asustado y aterrorizado, regresó corriendo junto a Jadiya (que Allah esté complacido con ella) y le dijo: «Cúbreme con una manta». Jadiya (que Allah esté complacido con ella) lo cubrió con una manta. En ese momento fue revelada la sura Al-Muddázzir. Yabir ibn Abd Allah (que Allah esté complacido con él) narró el mismo acontecimiento, aunque dijo que fue revelada la sura Al-Muzzámmil.

Un día, Jadiya (que Allah esté complacido con ella) quiso comprobarlo. Ibn Ishaq narró que, en cierta ocasión, Jadiya (que Allah esté complacido con ella) dijo al Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él): «¡Primo mío! Cuando tu compañero —Gabriel (la paz sea con él)— venga a ti, ¿podrías avisarme?». Cuando Gabriel llegó, el Mensajero (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo a Jadiya (que Allah esté complacido con ella): «Este es Gabriel; ha llegado». Jadiya (que Allah esté complacido con ella) sentó al Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) sobre su muslo derecho y le preguntó: «¿Lo ves ahora?». Él respondió: «Sí, lo veo». Entonces Jadiya (que Allah esté complacido con ella) lo sentó sobre su muslo izquierdo y volvió a preguntarle: «¿Lo ves ahora?». Él respondió: «Sí, lo veo». Después, Jadiya (que Allah esté complacido con ella) se quitó el velo y dejó al descubierto su pecho. Luego preguntó: «¿Lo ves todavía?». Él respondió: «No, ya no lo veo». Entonces Jadiya (que Allah esté complacido con ella) dijo: «¡Albricias! Juro por Allah que ciertamente es un ángel, no un demonio, pues en esta situación un ángel seguramente sentiría vergüenza».

Un día, Jadiya (que Allah esté complacido con ella) se dirigía hacia las zonas altas de La Meca para buscar al Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él), llevando alimentos para él. En el camino, Gabriel (la paz sea con él) apareció bajo la apariencia de un desconocido y le preguntó por el Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él). Jadiya (que Allah esté complacido con ella) se asustó. Se alarmó pensando que quizá aquel hombre la secuestraría. Más tarde, cuando Jadiya (que Allah esté complacido con ella) informó de ello al Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él), él le dijo: «Aquel hombre era Gabriel (la paz sea con él). Me dijo que te transmitiera su saludo y te anunciara la buena noticia de una casa hecha de perlas en el Paraíso».

Todos los acontecimientos mencionados anteriormente pertenecen al período inmediatamente anterior al islam y a sus comienzos. Se conocen muchos otros hechos semejantes en los que se manifiestan la paciencia y la prudencia de Jadiya (que Allah esté complacido con ella), su intenso afecto y confianza hacia su esposo y su disposición a permanecer a su lado en toda circunstancia. Al analizar estos acontecimientos, también queda claro que, incluso antes de que Gabriel (la paz sea con él) acudiera al Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él), ella parecía haber llegado a la firme convicción de que su esposo sería un hombre extraordinario. Sería un profeta. Por eso, cuando el Mensajero (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) acudió a ella por primera vez y le informó de que Gabriel había venido a él y de que había recibido la revelación, no surgió en su corazón ni por un instante la menor duda o vacilación. Parecía haber estado esperando desde antes recibir una noticia semejante y estar mentalmente preparada para ella. Sus diversas acciones y conductas de aquel momento confirman y demuestran estas afirmaciones.

Después de aceptar el islam, Jadiya (que Allah esté complacido con ella) dedicó toda su riqueza, bienes y patrimonio al objetivo de propagar la religión. El Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) abandonó el comercio y se consagró a la adoración de Allah y a la difusión y expansión del islam. Todos los ingresos del hogar cesaron. Al mismo tiempo, aumentaron las preocupaciones de Jadiya (que Allah esté complacido con ella). Afrontó con paciencia y firmeza todas las circunstancias adversas. Ibn Ishaq dijo:

Será en árabe

Allah disipaba, por medio de Jadiya —que Allah esté complacido con ella—, el dolor que el Mensajero —que Allah lo bendiga y le conceda paz— sentía a causa del rechazo y la incredulidad de los politeístas. Ella lo consolaba, le brindaba apoyo y lo animaba. Creía sin la menor duda todo lo que él decía. Le refería al Mensajero de Allah —que Allah lo bendiga y le conceda paz— todas las conductas insolentes de los politeístas. Ibn Ishaq añade:

Será en árabe

«Para el Mensajero de Allah —que Allah lo bendiga y le conceda paz—, Jadiya —que Allah esté complacido con ella— fue una consejera veraz y recta en lo referente al Islam. En toda adversidad y calamidad, el Mensajero le contaba sus preocupaciones y se quejaba ante ella.» En el séptimo año de la profecía, durante el mes de Muharram, los qurayshíes boicotearon a los musulmanes. Estos buscaron refugio en el desfiladero de Abu Talib. Jadiya —que Allah esté complacido con ella— también quedó confinada allí junto al Mensajero de Allah —que Allah lo bendiga y le conceda paz—. Durante casi tres años, los Banu Hashim vivieron en una situación de extrema necesidad y hambruna. Apenas tenían otro medio para sobrevivir que comer hojas de los árboles. Jadiya —que Allah esté complacido con ella— soportó aquellas penalidades junto a su esposo con una sonrisa. En aquellos tiempos difíciles, valiéndose de su influencia, conseguía ocasionalmente alimentos por diversos medios. Sus tres sobrinos —Hakim ibn Hizam, Abu al-Bukhtari y Zum‘a ibn al-Aswad— eran figuras destacadas entre los dirigentes de Quraysh. Aunque no eran musulmanes, desempeñaron un papel importante, de diversas maneras, en el envío de cereales a los musulmanes aislados.

Un día, Hakim ibn Hizam llevaba sobre la cabeza algo de trigo que había recogido para entregárselo a su tía paterna Jadiya —que Allah esté complacido con ella—. Ella se encontraba entonces confinada junto al Mensajero de Allah —que Allah lo bendiga y le conceda paz— en el desfiladero de Abu Talib. En el camino se encontró con el miserable Abu Yahl. Este le dijo con voz airada: «¿Llevas comida a los Banu Hashim? ¡Por Allah!, no podrás entrar allí con esa comida. Si lo haces, te humillaré y deshonraré en La Meca». En ese momento llegó Abu al-Bukhtari ibn Hisham. Preguntó: «¿Por qué estáis discutiendo?». Abu Yahl respondió: «Está llevando comida a los Banu Hashim». Abu al-Bukhtari dijo: «Esa comida pertenecía a su tía y estaba con Hakim. Él va a entregarle la comida de su tía, ¿y tú se lo impides? Apártate del camino». Pero Abu Yahl no prestó atención a sus palabras. Entonces ambos se enzarzaron en una buena pelea. Así, Hakim enviaba comida con frecuencia.

Otro día, Abbas —que Allah esté complacido con él— salió del desfiladero con el propósito de conseguir algo de comida. Abu Yahl tramó una manera de maltratarlo, pero Allah lo protegió. Al enterarse de ello, Jadiya —que Allah esté complacido con ella— hizo llegar un mensaje por medio de alguien a su tío Zum‘a ibn al-Aswad: «Abu Yahl está impidiendo que se compre comida. Hazle oír unas palabras». Zum‘a actuó conforme a lo que le pidió Jadiya —que Allah esté complacido con ella—. Después de eso, Abu Yahl desistió de sus abusos.

Antes de que se estableciera la obligación de la oración, Jadiya —que Allah esté complacido con ella— rezaba en secreto junto al Mensajero de Allah —que Allah lo bendiga y le conceda paz— dentro de la casa. Ibn Ishaq dice: «Un día, cuando el Mensajero de Allah —que Allah lo bendiga y le conceda paz— se encontraba en las tierras altas de La Meca, llegó Gabriel —la paz sea con él— y, golpeando un lugar situado en un extremo del valle, hizo brotar un manantial. Primero Gabriel —la paz sea con él— realizó la ablución con aquella agua; después, el Mensajero —que Allah lo bendiga y le conceda paz— hizo la ablución del mismo modo. Gabriel —la paz sea con él— realizó la oración, y el Mensajero —que Allah lo bendiga y le conceda paz— rezó como él. Luego el Mensajero —que Allah lo bendiga y le conceda paz— regresó a casa, enseñó a Jadiya —que Allah esté complacido con ella— a hacer la ablución y rezó con ella para instruirla prácticamente».

Ibn Ishaq también menciona que un día Ali —que Allah esté complacido con él— vio a los dos, es decir, al Profeta —que Allah lo bendiga y le conceda paz— y a Jadiya —que Allah esté complacido con ella—, realizando la oración. Ali preguntó: «Muhammad, ¿qué es esto?». Entonces el Mensajero —que Allah lo bendiga y le conceda paz— le presentó la invitación a la nueva religión y le prohibió contarle aquello a nadie. Esta narración muestra que, dentro de la comunidad de Muhammad —que Allah lo bendiga y le conceda paz—, Jadiya —que Allah esté complacido con ella— fue la primera en alcanzar el honor de rezar junto al Mensajero de Allah —que Allah lo bendiga y le conceda paz—.

En aquel tiempo, un hombre llamado Afif al-Kindi llegó a La Meca para hacer unas compras. Se alojaba en la casa de Abbas —que Allah esté complacido con él—. Una mañana observó que un joven se acercó a la Kaaba y miró hacia el cielo. Después se puso de pie orientado hacia la alquibla. Un muchacho llegó y se colocó a su lado. Luego llegó una mujer y también se situó detrás de los dos. Terminaron la oración y se marcharon. Afif al-Kindi presenció la escena y le dijo a Abbas —que Allah esté complacido con él—: «¡Está a punto de suceder algo muy importante!». Abbas respondió: «El muchacho es Ali y la mujer es la esposa de Muhammad. Mi sobrino cree que su religión es la religión del Señor de los mundos y que todo lo que hace lo hace por mandato de Él. Hasta donde sé, ellos son las únicas tres personas del mundo que siguen esta nueva religión».

Existe cierta discrepancia respecto al año exacto del fallecimiento de Jadiya (que Dios esté complacido con ella). Se ha transmitido que murió en La Meca tres, cuatro o cinco años antes de la Hégira. El imán An-Nawawi afirma que la opinión correcta es la de que murió tres años antes. Falleció tres días después de la muerte de Abu Talib.

Al-Baladhuri afirma: Los Banu Hashim salieron del desfiladero de Abu Talib en el décimo año de la misión profética. Después de su salida, Abu Talib murió ese mismo año, a comienzos de Dhul-Qa‘dah o a mediados de Shawwal. Existe discrepancia sobre el intervalo entre las muertes de Abu Talib y Jadiya (que Dios esté complacido con ella): treinta y cinco, veinticinco, cinco o tres días. Jadiya murió primero. Fue enterrada en el cementerio de Hayun, en La Meca. En aquel entonces aún no se había establecido la oración fúnebre. Hakim ibn Hizam, sobrino de Jadiya (que Dios esté complacido con ella), dijo: «La sacamos de la casa y la enterramos en nuestro Hayun». El Profeta (que Dios lo bendiga y le conceda paz) descendió a su tumba. Murió en el décimo año de la misión profética, durante el mes de Ramadán, a la edad de sesenta y cinco años. Ibn al-Yawzi también sostuvo esta opinión. Se ha transmitido de Aisha (que Dios esté complacido con ella) que Jadiya (que Dios esté complacido con ella) falleció antes de que la oración se hiciera obligatoria. También se ha transmitido que murió durante el mes de Ramadán, a la edad de sesenta y cinco años, y que fue enterrada en el cementerio de Hayun, situado en la zona elevada de La Meca. Qatada y Urwa dijeron que murió tres años antes de la Hégira. Al-Waqidi afirmó: «Fueron liberados del valle de los Banu Hashim tres años antes de la Hégira. Después murió Abu Talib. Ambos fallecieron el mismo año; sin embargo, Jadiya (que Dios esté complacido con ella) murió tres días después de Abu Talib». El imán Adh-Dhahabi afirma que, cuando se casó con el Mensajero de Dios (que Dios lo bendiga y le conceda paz), Jadiya (que Dios esté complacido con ella) tenía cuarenta años y que vivió con él durante veinticuatro años. Según este cálculo, vivió sesenta y cuatro años.

Después del fallecimiento de su tío Abu Talib, profundamente respetado, y de su amada esposa Jadiya (que Dios esté complacido con ella), comenzó una nueva etapa en la vida del Mensajero de Dios (que Dios lo bendiga y le conceda paz). Y fue la etapa más difícil. El Noble Mensajero (que Dios lo bendiga y le conceda paz) llamaba al año de sus fallecimientos «Amul Huzn», el año de la tristeza y el dolor. Tras la muerte de estas dos personas tan queridas por el Mensajero de Dios (que Dios lo bendiga y le conceda paz), los impíos de Quraysh se volvieron completamente desenfrenados. Lo trataron con extrema crueldad. En ese momento, desesperanzado de los habitantes de La Meca, partió hacia Taif. Si Jadiya (que Dios esté complacido con ella) hubiera estado viva, al menos habría podido contarle sus propios pesares. Ibn Ishaq afirma: «Después del fallecimiento de Jadiya (que Dios esté complacido con ella), las desgracias continuaron llegando una tras otra al Mensajero de Dios (que Dios lo bendiga y le conceda paz), porque ya no estaban allí personas de la talla de Abu Talib y Jadiya (que Dios esté complacido con ella), capaces de hacer frente a las fuerzas paganas».

Ibn al-Azir afirma:

Será en árabe

«Existe consenso en la comunidad musulmana sobre que Jadiya (que Dios esté complacido con ella) fue la primera persona del mundo creado por Dios en abrazar el islam».

Az-Zuhri, Qatada, Musa ibn Uqba, Ibn Ishaq, Al-Waqidi y Said ibn Yahya afirmaron:

Será en árabe

«Jadiya, Abu Bakr y Alí —que Allah esté complacido con ellos— fueron los primeros en creer en Allah y en Su Mensajero —que Allah le bendiga y le conceda paz—».

Se ha transmitido de Hudhayfa —que Allah esté complacido con él— que el Mensajero de Allah —que Allah le bendiga y le conceda paz— dijo:

Será en árabe

«Jadiya —que Allah esté complacido con ella— fue la primera de todas las mujeres del mundo en creer en Allah y en Muhammad».

Saíd ibn al-Musayyib dijo:

Será en árabe

—«Jadiya —que Allah esté complacido con ella— fue la primera musulmana entre las mujeres».

El imán Nawawi dijo: «Al-Zuhri y un numeroso grupo de eruditos han mencionado que Jadiya —que Allah esté complacido con ella— fue la primera en creer en Allah y en Su Mensajero —que Allah le bendiga y le conceda paz—. El imán Za‘labi transmitió que existe consenso sobre este asunto. Cuando abrazó el islam, Jadiya —que Allah esté complacido con ella— tenía cincuenta años. Su conversión al islam también influyó en los miembros de su linaje paterno. En el momento del advenimiento del islam, quince hombres célebres del clan paterno Banu Asad ibn Abd al-Uzza aún vivían. Diez de ellos abrazaron el islam. Los otros cinco murieron como incrédulos en la batalla de Badr».

Hazrat Jadiya (ra) fue madre de muchos hijos. De su primer esposo, Abu Hala, nacieron dos hijos llamados Hala e Hind. Ambos abrazaron el islam y obtuvieron el honor de ser sahabíes del Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz). Hind participó junto al Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) en la batalla de Badr o, según otra opinión, en la de Uhud. Sin embargo, según el relato de Baladhuri, parece que del primer esposo solo tuvo un hijo, llamado Hind. Recibió su nombre por el de su padre. Era un hombre elocuente y de lenguaje expresivo. Murió como mártir apoyando a Ali (ra) en la batalla del Camello. De su segundo esposo, ‘Atiq al-Sa‘bami, nació una hija llamada Hinda. Ella también abrazó el islam y obtuvo el honor de ser sahabí. No obstante, según un relato, de su primer esposo nacieron tres hijos: dos varones, Hinda y Harith. Un incrédulo asesinó a Harith cerca del Rukn Yamani de la Kaaba. La hija era Zaynab. La hija de su segundo esposo tenía el sobrenombre de Umm Muhammad. Se casó con Sayfi ibn Umayya. Tuvo un hijo llamado Muhammad. Por eso era conocida como Umm Muhammad.

Ibn Ishaq dice que, con excepción de Ibrahim, todos los hijos del Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) nacieron de Hazrat Jadiya. Fueron: al-Qasim, at-Tayyib, Zaynab, Ruqayya, Umm Kulzum y Fátima (ra). Ibn Hisham dice que el hijo mayor del Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) fue al-Qasim. Después vinieron at-Tayyib y at-Tahir. La hija mayor fue Ruqayya, seguida de Zaynab, Umm Kulzum y Fátima (ra).

Ibn Ishaq también dice que al-Qasim, at-Tayyib y at-Tahir murieron en la época de la ignorancia preislámica. Todas las hijas, en cambio, vivieron hasta la época islámica. Abrazaron el islam y emigraron a Medina junto con el Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz).

De los relatos de Ibn Ishaq e Ibn Hisham se entiende que at-Tahir y at-Tayyib eran dos hijos distintos. Sin embargo, estos dos nombres eran dos laqab o títulos de Hazrat Abdullah, hijo del Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz). Al-Waqidi dice que Hazrat Jadiya (ra) tuvo en la casa del Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) dos hijos: al-Qasim y Abdullah. Como Abdullah nació después de que el Mensajero recibiera la profecía, se le llamaba at-Tahir. Además, nacieron cuatro hijas, por lo que ella fue madre de seis hijos en total. El primer hijo fue al-Qasim. Murió en La Meca, aún lactante, antes de que el Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) recibiera la profecía. Por su nombre, el Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) recibió la kunya o sobrenombre de Abu al-Qasim. Antes de morir, había aprendido a caminar dando pasitos. Según Baladhuri, al morir apenas tenía dos años.

El imam as-Suhayli narró que, después de la muerte de al-Qasim, el Mensajero (que Allah le bendiga y le conceda paz) fue a ver a Jadiya (ra). Ella lloró y dijo: «¡Oh, Mensajero de Allah! Ha muerto mi pequeño lactante. Si hubiera vivido hasta terminar de mamar, no habría sentido tanta tristeza». El Mensajero (que Allah le bendiga y le conceda paz) la consoló y le dijo: «Si quieres, puedo hacerte oír su voz desde el Paraíso». Jadiya (ra) dijo: «Allah y Su Mensajero son quienes mejor saben». Este relato indica que al-Qasim no murió en la época de la ignorancia preislámica, sino en la época islámica.

La segunda hija fue Hazrat Zaynab (ra), la hija mayor del Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz). Se casó con su primo materno, Abu al-As ibn ar-Rabi. La madre de Abu al-As era Hala bint Juwaylid.

El tercer hijo fue Hazrat Abdullah. Él era llamado at-Tayyib y at-Tahir. Como nació después de que el Mensajero recibiera la profecía, fue designado con estos nombres. Murió en La Meca durante su infancia. Después de su muerte, los incrédulos, especialmente As ibn Wa’il, comenzaron a burlarse del Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz), llamándolo ‘abtar’, es decir, sin descendencia. Entonces fue revelado este versículo de la sura al-Kawthar:

Será en árabe

—Quien es su enemigo es el mutilado, sin descendencia.

También se ha narrado que el primer hijo murió. La cuarta hija fue la venerable Ruqayya, que Allah esté complacido con ella. Su primer matrimonio fue con Utba ibn Abi Lahab. Debido a su intensa hostilidad hacia el islam, él se divorció de la venerable Ruqayya. Después, ella se casó con el venerable Uthmán, que Allah esté complacido con él. Murió en Medina, después de la Hégira, durante la vida del Mensajero de Allah, que Allah le bendiga y le conceda paz. La quinta hija fue la venerable Umm Kulthum, que Allah esté complacido con ella. Su primer matrimonio fue con Mu‘attab o, según otra opinión, con ‘Utayba ibn Abi Lahab. Él también se divorció de Umm Kulthum, su esposa, debido a su intensa aversión al islam. Después de la muerte de su hermana Ruqayya, ella contrajo un segundo matrimonio con el venerable Uthmán, que Allah esté complacido con él. Por ello, el venerable Uthmán recibió el título de Dhul-Nurayn, «el poseedor de las dos luces».

La sexta hija, la venerable Fátima, que Allah esté complacido con ella, fue la esposa del cuarto califa, el venerable ‘Alí, que Allah esté complacido con él, y la madre de los venerables imames Hasan y Husayn, que Allah esté complacido con ambos.

Cabe señalar que Ibrahim fue hijo de la venerable María al-Qibtiyya, que Allah esté complacido con ella, esclava del Mensajero de Allah, que Allah le bendiga y le conceda paz. El gobernante de Egipto, Muqawqis, envió a María al Mensajero de Allah como regalo. En resumen, con la única excepción de Ibrahim, la madre de todos los hijos del Mensajero de Allah, que Allah le bendiga y le conceda paz, fue la venerable Jadiya al-Kubra, que Allah esté complacido con ella.

La venerable Jadiya, que Allah esté complacido con ella, cuidaba con gran cariño y esmero a sus hijos. También gozaba de solvencia económica y contrataba nodrizas para criar y amamantar a los niños. Dejaba todo dispuesto incluso antes del nacimiento. Contrató, a cambio de un salario, a Salama, esclava de Safiyya, para que cuidara de los niños. Salama los amamantaba y les daba de comer.

Una narración deja ver en cierta medida cuánto amaba la venerable Jadiya, que Allah esté complacido con ella, a todos sus hijos y cuán ansiosa estaba por su bienestar. Un día preguntó al Mensajero de Allah, que Allah le bendiga y le conceda paz: «¡Oh, Mensajero de Allah! ¿Cuál será en la otra vida el destino de los hijos que tuve contigo y que murieron siendo niños?». Él respondió: «Estarán en el Paraíso». Ella volvió a preguntar: «¿Y adónde irán los hijos que tuve de mis esposos politeístas y que murieron?». Él respondió: «Al Infierno». Ella preguntó: «¿Sin haber realizado ninguna obra?». Él respondió: «Allah sabe qué obras habrían realizado si hubieran vivido». Esta narración pone de manifiesto su profundo anhelo por sus hijos. Es imposible concluir la descripción de las virtudes, grandeza y dignidad de la Madre de los Creyentes, la venerable Jadiya, que Allah esté complacido con ella. Observamos con asombro cómo, en aquellos días de profunda oscuridad de Arabia, una mujer creyó en la profecía del Mensajero de Allah, que Allah le bendiga y le conceda paz, con absoluta firmeza y sin la menor vacilación. En su corazón no había ni la más mínima duda o incertidumbre. El primer día en que recibió la revelación, su visita a Waraqa y su firme declaración de convicción respecto a que el Mensajero de Allah, que Allah le bendiga y le conceda paz, era un profeta: todo ello merece una profunda reflexión.

Incluso antes de que el Mensajero de Allah, que Allah le bendiga y le conceda paz, recibiera la profecía, la venerable Jadiya, que Allah esté complacido con ella, parecía estar firmemente convencida de que él se convertiría en profeta. Por eso, después de la llegada de Yibril, que la paz sea con él, ni por un instante apareció en su corazón la menor vacilación. Esto puso claramente de manifiesto su profunda perspicacia y su aguda capacidad de observación. Antes y después de recibir la profecía, siempre honró al Mensajero de Allah, que Allah le bendiga y le conceda paz, y creyó sin cuestionar cada una de sus palabras. Durante sus veinticinco años de vida matrimonial, jamás pudo arraigar en su corazón ninguna duda. Incluso en aquella época de la ignorancia, era pura y casta. Nunca adoró ídolos. Un día, el noble Profeta, que Allah le bendiga y le conceda paz, le dijo: «Nunca adoraré a Lat y a ‘Uzza». Jadiya, que Allah esté complacido con ella, respondió: «Deje de mencionar a Lat y a ‘Uzza. No hable de ellos».

Ella no solo fue la primera en creer en la profecía de Muhammad, que Allah le bendiga y le conceda paz, y la primera en realizar la oración con él. La fuerza que aportó al islam durante aquellos tiempos de extrema adversidad permanecerá imperecedera para siempre. En los albores del islam, fue verdaderamente la consejera del Mensajero de Allah, que Allah le bendiga y le conceda paz. Después de casarse con el Mensajero de Allah, entregó todos sus bienes a su esposo. Zayd ibn Haritha, que Allah esté complacido con él, era un esclavo muy querido de Jadiya, que Allah esté complacido con ella. Ella también se lo regaló a su esposo.

Ibn Hisham dice: Hakim ibn Hizam, sobrino de Jadiya (que Allah esté complacido con ella), compró varios esclavos en el mercado de Siria y los llevó consigo. Entre ellos estaba también Zayd ibn Hariza. La tía Jadiya fue a visitar a su sobrino Hakim. Él le dijo: «Tía, elige al que prefieras de entre estos esclavos». Jadiya (que Allah esté complacido con ella) escogió a Zayd y se lo llevó. El Mensajero (que Allah le bendiga y le conceda paz) vio a Zayd y le agradó. Al comprenderlo, Jadiya (que Allah esté complacido con ella) se lo regaló al Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz). El Mensajero (que Allah le bendiga y le conceda paz) lo liberó de la esclavitud y lo adoptó como hijo.

En otro relato se narra que Hakim compró a Zayd (que Allah esté complacido con él) en la feria de ʿUkaz, en Arabia, para su tía Jadiya (que Allah esté complacido con ella). También se ha narrado que, cuando el Mensajero (que Allah le bendiga y le conceda paz) viajó a Siria con Maysara llevando las mercancías de Jadiya (que Allah esté complacido con ella), compró a Zayd durante ese viaje para ella. Después del matrimonio, Jadiya (que Allah esté complacido con ella) entregó a Zayd como regalo al Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz).

Jadiya (que Allah esté complacido con ella) amaba profundamente a su esposo, el Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz). También respetaba a los amigos y familiares de su esposo, se interesaba por ellos y los apoyaba en sus dificultades y desgracias. En cierta ocasión, Halima, la nodriza del Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz), fue a visitarlo. Jadiya (que Allah esté complacido con ella) la atendió con honor y respeto, como si fuera su propia suegra. Halima le dijo al Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) que, debido a la sequía y a la falta de lluvias en su región, habían muerto los animales y las aves, y había surgido una gran necesidad. El Mensajero (que Allah le bendiga y le conceda paz) habló con Jadiya (que Allah esté complacido con ella) sobre sus problemas. Jadiya (que Allah esté complacido con ella) le regaló a Halima cuarenta cabras y camellos para que los repartiera entre los miembros de su clan.

Suwayba, esclava de Abu Lahab, era otra nodriza del Noble Mensajero (que Allah le bendiga y le conceda paz). Ella acudía de vez en cuando ante el Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz). El Mensajero (que Allah le bendiga y le conceda paz) la trataba con respeto y bondad. Jadiya (que Allah esté complacido con ella) también la honraba y la trataba con gran consideración. Con el propósito de liberarla de la esclavitud, ofreció a Abu Lahab comprarle a Suwayba, pero él no aceptó venderla.

A pesar de ser una mujer adinerada de La Meca, atendía personalmente a su esposo. Además de criar a sus hijos, asumía por sí misma todas las tareas del hogar. Ella misma se ocupaba de la comida, el descanso y demás necesidades de su esposo. En un hadiz de Abu Huraira (que Allah esté complacido con él) se narra que dijo:

Será en árabe

Un día, Gabriel (la paz sea con él) se presentó ante el Profeta (que Allah le bendiga y le conceda paz) y le dijo: «¡Mensajero de Allah! Aquí viene Jadiya trayendo para ti, en un recipiente, algo de comida, un guiso o una bebida. Salúdala de parte de su Señor y de mi parte, y anúnciale la buena noticia de una casa en el Paraíso hecha de joyas y perlas».

Este hadiz muestra que el Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) no dejaba en manos de otros las responsabilidades del hogar, sino que las cumplía personalmente.

El Profeta, que la paz y las bendiciones de Allah sean con él, amaba profundamente a Khadija, que Allah esté complacido con ella. Incluso después de la muerte de Khadija, nunca olvidó por un instante su recuerdo ni sus contribuciones durante toda su vida. Esto quedó demostrado y establecido por muchas de las acciones y palabras del Mensajero de Allah, que la paz y las bendiciones de Allah sean con él.

Hazrat Aisha, que Allah esté complacido con ella, dijo:

En árabe será:

—Nunca vi a Khadija, que Allah esté complacido con ella. A pesar de ello, sentía por ella más celos que por cualquiera de las otras esposas del Mensajero de Allah, que la paz y las bendiciones de Allah sean con él. Esto se debía a que el Mensajero, que la paz y las bendiciones de Allah sean con él, la recordaba constantemente. Cada vez que sacrificaba una oveja, cortaba una parte y la enviaba a las amigas de Khadija. Cuando yo decía que parecía que no existía en el mundo ninguna otra mujer aparte de Khadija, él respondía: «Khadija era así. Tuve hijos con ella».

Aisha, que Allah esté complacido con ella, también dijo: El Mensajero de Allah, que la paz y las bendiciones de Allah sean con él, mencionó una vez a Khadija. Yo dije con cierta mordacidad: «Era una anciana. Además, era así y así. Allah le ha concedido a usted una mujer mejor que ella». El Mensajero, que la paz y las bendiciones de Allah sean con él, dijo: «Allah no me ha concedido ninguna mujer mejor que ella. Cuando la gente se negó a creer en mí, ella creyó en mí. Cuando la gente me privó de sus bienes, ella me hizo partícipe de los suyos. Allah me concedió hijos por medio de ella y me privó de hijos de las demás». Yo dije: «Nunca volveré a reprocharle nada por causa de ella».

En otra narración se relata que Aisha, que Allah esté complacido con ella, dijo: Después de la muerte de Khadija, cada vez que se sacrificaba una oveja en la casa del Mensajero de Allah, que la paz y las bendiciones de Allah sean con él, él decía: «Enviad algo de carne a las casas de las amigas de Khadija». En una ocasión, al hablar de Khadija, dijo: «Amo a las amigas de Khadija». Aisha, que Allah esté complacido con ella, también dijo: Cada vez que se mencionaba a Khadija, el Mensajero de Allah, que la paz y las bendiciones de Allah sean con él, no dejaba de elogiarla. No salía de casa ningún día sin hablar de Khadija. Un día, después de oír al Mensajero de Allah, que la paz y las bendiciones de Allah sean con él, hablar de Khadija, Aisha, que Allah esté complacido con ella, se arrepintió y pensó para sí: «Oh Allah, si haces desaparecer la ira del Mensajero de Allah, que la paz y las bendiciones de Allah sean con él, nunca volveré a decir nada malo sobre ella». Al comprender el estado de ánimo de Aisha, que Allah esté complacido con ella, el Mensajero, que la paz y las bendiciones de Allah sean con él, dijo: «¿Cómo puedes decir algo así? Cuando la gente me rechazó, ella me dio refugio». En otra ocasión, el Mensajero, que la paz y las bendiciones de Allah sean con él, dijo a Aisha, que Allah esté complacido con ella: «Allah creó en mi corazón amor por ella».

Abu al-As ibn al-Rabi era un joven comerciante de La Meca, honrado, digno de confianza y adinerado. Era hijo de Hala bint Khuwaylid, hermana de Khadija, que Allah esté complacido con ella. Su tía Khadija lo trataba como a su propio hijo. Quiso casarlo con su hija Zaynab, que Allah esté complacido con ella. El Mensajero, que la paz y las bendiciones de Allah sean con él, no se opuso. Así se celebró el matrimonio. Entre los objetos que Hazrat Khadija, que Allah esté complacido con ella, regaló a su hija Zaynab, que Allah esté complacido con ella, con motivo de la boda, había un collar de oro.

El Mensajero de Allah, que la paz y las bendiciones de Allah sean con él, recibió la profecía. Las hijas de Khadija, que Allah esté complacido con ella, se hicieron musulmanas. Pero Abu al-As siguió siendo no musulmán. Khadija, que Allah esté complacido con ella, partió de este mundo. El Mensajero, que la paz y las bendiciones de Allah sean con él, emigró a Medina. Su hija Zaynab, que Allah esté complacido con ella, permaneció en La Meca junto a su esposo. Abu al-As fue a Badr con los qurayshíes para luchar contra los musulmanes. ¡Qué cruel ironía del destino! Tras ser capturado, llegó ante su suegro, el Mensajero de Allah, que la paz y las bendiciones de Allah sean con él, en Medina. Se decidió liberar a los prisioneros de guerra a cambio de un rescate. Los familiares de los prisioneros enviaron desde La Meca el dinero del rescate. Entre los bienes que Zaynab, que Allah esté complacido con ella, envió como rescate por su esposo había un collar de oro. En realidad, era el collar de boda que su madre, Khadija, que Allah esté complacido con ella, le había dado. Al ver el collar, el corazón del Mensajero de Allah, que la paz y las bendiciones de Allah sean con él, se llenó de dolor. El recuerdo de Khadija, que Allah esté complacido con ella, apareció ante sus ojos. Dijo a sus compañeros: «Si podéis, liberad al prisionero de Zaynab y devolved también el dinero». Los compañeros aceptaron. Liberaron a Abu al-As sin exigir ningún rescate.

Hazrat Aisha (que Allah esté complacido con ella) dijo:

Será en árabe

—La hermana de Khadija (que Allah esté complacido con ella), Hala bint Dhuwaylid, pidió un día permiso para entrevistarse con el Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él). Como las voces y la manera de pedir permiso de las dos hermanas eran iguales, el Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) se sobresaltó al recordar la forma en que Khadija (que Allah esté complacido con ella) pedía permiso. Luego, recobrado el dominio de sí mismo, exclamó: «¡Oh Allah! Esta es Hala». Aisha (que Allah esté complacido con ella) dijo: «Sentí celos por ello. Dije: “¿Por qué recuerda a una anciana de mejillas sonrosadas de las ancianas de Quraysh, que murió hace tanto tiempo? Allah le ha dado una esposa mejor que ella”».

Se ha narrado de Muhammad ibn Salama: Después del fallecimiento de Hazrat Khadija (que Allah esté complacido con ella), Hazrat el Noble Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) quedó tan afligido que su vida llegó a estar en peligro. Finalmente, se casó con Aisha (que Allah esté complacido con ella).

En los hadices y en los libros de la biografía del Profeta se encuentran numerosas palabras y comentarios del Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) acerca de las virtudes y la dignidad de Hazrat Khadija (que Allah esté complacido con ella). En nuestra exposición anterior presentamos algunos de ellos. Aquí citamos algunas palabras más.

Se ha narrado de Hazrat Anas (que Allah esté complacido con él) que el Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo:

Será en árabe

Entre las mujeres del mundo, cuatro son suficientes para vosotros.

Se ha narrado también de Anas (ra) que el Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) dijo:

Será en árabe

—Las mejores mujeres del mundo son: Maryam, Asiya, Khadija bint Khuwaylid y Fátima (ra).

‘Ali (ra) dijo: Escuché al Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) decir:

Será en árabe

—Khadija bint Khuwaylid fue la mejor mujer de su época. Maryam bint Imran fue la mejor mujer de su época.

Se ha narrado de ‘Abdullah ibn ‘Abbas (ra) que el Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) dijo:

Será en árabe

Después de Maryam, hija de Imrán, Fátima, Jadicha y Asiya, la esposa del Faraón, son las líderes de las mujeres habitantes del Paraíso.

En otro hadiz narrado por Abd Allah ibn Abbás (que Allah esté complacido con él) se dice: «Entre las mujeres destinadas al Paraíso, Jadicha, Fátima, Maryam y Asiya son las mejores». El imán an-Nasaí narró este hadiz.

La señora Aisha (que Allah esté complacido con ella) dijo: «Escuché muchas veces al Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) decir:

Será en árabe

-Jadicha (que Allah esté complacido con ella) es la mejor mujer del mundo.

Al describir la posición y el honor de la señora Jadicha (que Allah esté complacido con ella), el imán ad-Dhahabí dijo: «Sus virtudes son numerosas. Fue la líder de todas las mujeres de su época. Fue una de las mujeres que alcanzaron la perfección en virtud, inteligencia y perspicacia. Era una mujer noble, inteligente, sumamente respetada, devota y de carácter intachable. Estaba destinada al Paraíso. El Mensajero (que Allah le bendiga y le conceda paz) la elogió sobremanera, le otorgó precedencia y superioridad sobre sus demás esposas y le mostró un respeto extraordinario. No contrajo un segundo matrimonio antes de él ni durante el tiempo que vivió con él. Fue madre de varios hijos del Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz). Fue la mejor compañera de vida del Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz). Tras perderla, el Mensajero (que Allah le bendiga y le conceda paz) quedó sumido en el dolor. Gastó sus riquezas por el Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz), y el Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) administró sus negocios. Allah, por medio de Su Profeta, le anunció la buena nueva de una casa en el Paraíso construida con joyas y perlas».

Se ha narrado en numerosas fuentes que el Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) dijo: «Oh, Jadicha, Gabriel te ha saludado». En algunas de estas narraciones se dice que Gabriel expresó: «Oh, Muhammad, saluda a Jadicha de parte de tu Señor y de mi parte». Jadicha respondió:

Será en árabe

En una narración de Anas (ra), la respuesta de Jadiya (ra) aparece así:

Será en árabe

Jadiya (ra) aceptó al profeta Muhammad (que Allah le bendiga y le conceda paz) como esposo, permaneció firme a su lado y, entregándole todo cuanto poseía, contribuyó enormemente al bienestar de la humanidad. No podemos terminar de describir sus virtudes. Al igual que Allah Todopoderoso y Yibril (la paz sea con él), también nosotros concluimos nuestras palabras ofreciéndole innumerables saludos.

Sawda bint Zam‘a (ra)

Sawda (ra) fue la afortunada mujer con quien el Noble Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) se casó después del fallecimiento de Jadiya (ra), la Madre de los Creyentes. Vivió con ella como único esposa durante casi tres años, o algo más. Después llevó a la Madre de los Creyentes, ‘Aisha (ra), a su hogar.

Sawda era descendiente de los Banu ‘Amir ibn Lu’ayy, una rama de la célebre tribu Quraysh de La Meca. Su padre, Zam‘a ibn Qays, pertenecía a Quraysh, y su madre, Shamús bint Qays, pertenecía a la célebre tribu Najjar de Medina. Salma, la madre del abuelo del Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz), ‘Abd al-Muttalib, también era hija de esta familia de los Najjar. Qays ibn ‘Amr, el abuelo materno de Sawda, y Salma bint ‘Amr eran hermanos. El sobrenombre de Sawda (ra) era Umm al-Aswad.

En la época de la ignorancia, el primer matrimonio de Sawda (ra) fue con Sakran ibn ‘Amr. Sakran era primo paterno de Sawda. Los cuatro célebres Compañeros Suhayl ibn ‘Amr, Sahl ibn ‘Amr, Salit ibn ‘Amr y Hatib ibn ‘Amr eran hermanos de Sakran. En la primera etapa de la misión profética del Noble Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz), Sawda y su esposo Sakran abrazaron el islam. Ambos pertenecieron al afortunado grupo de hombres y mujeres que abrazaron el islam en sus primeros tiempos. Los dos abrazaron el islam en la misma época. Cuando el primer grupo de musulmanes desamparados de La Meca emigró a Abisinia para escapar de la persecución de los qurayshíes, esta familia musulmana permaneció aferrada al suelo de La Meca. Pero cuando su opresión comenzó a superar todos los límites, un segundo grupo de musulmanes de La Meca se preparó para emigrar a Abisinia. Sawda emigró a Abisinia con su esposo junto con este grupo. Después de permanecer allí varios años, regresaron nuevamente a La Meca. Poco antes de la emigración del Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) a Medina, Sakran murió en La Meca siendo musulmán. El Mensajero (que Allah le bendiga y le conceda paz) lo enterró en La Meca.

También se ha transmitido que ella emigró a Abisinia con su esposo junto con ambos grupos, el primero y el segundo. Un grupo de expertos en biografía profética, entre ellos Abu ‘Ubayda y Ma‘mar, afirma que Sakran regresó de Abisinia a La Meca. Después, habiéndose convertido en apóstata o habiendo abrazado el cristianismo, volvió a Abisinia y murió allí. Al-Baladhuri dice que la primera narración es la correcta.

Aproximadamente tres años antes de la emigración del Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) a Medina, tras el fallecimiento de la Madre de los Creyentes, Hazrat Jadiya (que Allah esté complacido con ella), él contrajo matrimonio con Hazrat Sauda (que Allah esté complacido con ella).

Hazrat Jadiya (que Allah esté complacido con ella) fue la primera y amada esposa del Noble Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz). En la angustia de la soledad, en los horrores de las desgracias y ante la cruel brutalidad de los opresores y perseguidores, fue la compañera inseparable de su amado esposo. En cada momento de crisis lo consolaba, expresaba su compasión y, permaneciendo a su lado, lo ayudaba a superar todos los obstáculos. Con la pérdida de una esposa y amiga tan íntima, el Mensajero (que Allah le bendiga y le conceda paz) quedó profundamente abatido y afligido. Se afligió tanto por el dolor de la separación que incluso su vida llegó a verse amenazada. Además, Jadiya era la madre de los hijos del Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) y la señora del hogar. En su ausencia, se volvió difícil criar a los hijos privados de madre y ocuparse de la casa. Por añadidura, aumentaron también el acoso y las molestias de los politeístas. Esta situación del Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) preocupó profundamente a sus compañeros.

‘Uzmán ibn Maz‘un (f. año 2 de la Hégira) fue un compañero de gran categoría. Un día, su esposa, Jawla bint Hakim, fue a ver al Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz). En el curso de la conversación, le dijo de pronto: «¡Oh, Mensajero de Allah! Cásate de nuevo». Él preguntó: «¿Quién es la candidata?». Jawla respondió: «Hay una viuda y una doncella. Se puede hablar sobre la que usted prefiera». Él volvió a preguntar: «¿Quién es la candidata?». Jawla respondió: «La viuda es Sauda bint Zam‘a, y la doncella es ‘Aisha, hija de Abu Bakr». El Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) dijo: «Para desempeñar un papel en este asunto, las mujeres son más aptas». De este modo, dio su consentimiento.

Al recibir el consentimiento del Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz), Jawla fue a la casa de Sauda. El padre de Sauda se hallaba entonces en el umbral de la vida. Se había apartado por completo de todas las actividades mundanas. Al presentarse ante él, Jawla lo saludó según la costumbre de la época de la ignorancia, diciendo: «‘An‘im sabahan» («¡Buenos días!»).

El anciano preguntó: «¿Quién eres?». Jawla respondió: «Soy Jawla bint Hakim». El anciano recibió a Jawla y la hizo sentarse cerca de él. Jawla le comunicó el mensaje de esta manera: «Muhammad ibn ‘Abdullah ibn ‘Abdul-Muttalib ha pedido casarse con Sauda». El anciano dijo: «Es un pretendiente de noble linaje. ¿Qué dice tu amiga Sauda?». Jawla respondió: «Ella está de acuerdo». El anciano pidió que llamaran a Sauda. Cuando Sauda se presentó, le dijo: «¡Hija mía! Esta mujer, Jawla, dice que Muhammad ibn ‘Abdullah la ha enviado para pedirte en matrimonio. Es un pretendiente de noble linaje. Quiero casarte con él; ¿estás de acuerdo?». Sauda respondió: «Sí, estoy de acuerdo». Entonces el anciano dijo a Jawla: «Ve y trae a Muhammad». El Mensajero (que Allah le bendiga y le conceda paz) se presentó vestido como novio, y el padre de Sauda la entregó en matrimonio a él.

Algunas narraciones permiten comprender que, antes del matrimonio, el propio Mensajero (que Allah le bendiga y le conceda paz) habló directamente con Sauda. Es posible que Jawla organizara esta conversación. El imán Ahmad recopiló una narración de ‘Abdullah ibn ‘Abbas (que Allah esté complacido con él). Él dijo: «El Mensajero (que Allah le bendiga y le conceda paz) envió una propuesta de matrimonio a una mujer de su tribu llamada Sauda. Ella era la personificación misma de la desgracia: su esposo había muerto dejando cinco o seis hijos. El Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) le dijo: “¿Qué te impide aceptar mi propuesta?”. Sauda respondió: “¡Por Allah! ¡Oh, Profeta de Allah! Entre toda la creación, usted es la persona más querida para mí. No tengo ningún impedimento para aceptar su propuesta, pero temo que estos hijos míos lo molesten constantemente, mañana y tarde, y me impidan servirle”. El Mensajero (que Allah le bendiga y le conceda paz) preguntó: “¿Hay algún otro impedimento?”. Sauda respondió: “No, no hay ningún otro impedimento”. El Mensajero (que Allah le bendiga y le conceda paz) dijo: “Que Allah tenga misericordia de ti. Las mejores mujeres son las que montan en la parte trasera de los camellos. Y las mujeres virtuosas de Quraysh son las que sienten ternura por sus hijos pequeños y cuidan de sus esposos”».

Se ha transmitido de Bukayr ibn al-Ashajj que Sakran regresó a La Meca con Sauda y falleció. Después de que ella cumplió el período de ‘idda, el Mensajero (que Allah le bendiga y le conceda paz) le pidió matrimonio. Sauda dijo: «Encarga a alguien de tu tribu que formalice el matrimonio». Entonces Sauda encargó a Hatib ibn ‘Amr al-‘Amiri. Él fue quien casó a Sauda con el Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz). Este Hatib (que Allah esté complacido con él) fue un emigrante y participó en Badr.

Existen dos opiniones sobre quién fue el wali de Sauda en su matrimonio con el Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz). 1. El propio padre de Sauda actuó como wali y la casó. 2. Fue Salit ibn ‘Amr o, según otra opinión, Hatib —es decir, Abu Hatib ibn al-‘Amir al-‘Amiri—. Algunos han dicho que el padre de Sauda probablemente se había debilitado por el peso de la vejez. Por ello nombró como wali a Hatib o a Salit. Ibn Ishaq dice: «Ni Salit ni Abu Hatib se encontraban en La Meca en el momento de este matrimonio; estaban en Abisinia. Por tanto, no se plantea que fueran sus walis». El Mensajero (que Allah le bendiga y le conceda paz) dio a Sauda una dote de cuatrocientos dirhams.

Al-Waqidi dice: el matrimonio de Sawda con el Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) tuvo lugar en el mes de Ramadán del décimo año de la misión profética. Puesto que el matrimonio de Sawda y el de Aisha (que Allah esté complacido con ella) se celebraron aproximadamente por la misma época, surgió una discrepancia entre los historiadores sobre cuál de los dos tuvo lugar primero. Al examinar las narraciones existentes al respecto, se obtienen dos versiones. La primera es que Khawla propuso al mismo tiempo el matrimonio de Aisha y el de Sawda. El Mensajero (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) aceptó ambas propuestas y autorizó a Khawla a hablar con las familias de las candidatas. Khawla habló primero con la familia de Aisha y dispuso el matrimonio. Después se concertó el matrimonio de Sawda. El imán Ahmad narró un hadiz de Aisha (que Allah esté complacido con ella). Ella dijo: «Sawda fue la primera mujer con la que el Mensajero (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) se casó después de mí». Esta es también la opinión de Abdullah ibn Muhammad ibn Aqil.

Por otra parte, según la narración de Bukayr ibn al-Ashajj, el Mensajero (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) se casó con Sawda después de la muerte de Jadiya (que Allah esté complacido con ella). Ibn Hibban también afirmó esto. Abdullah ibn Muslim dijo: «Después de la muerte de Jadiya y antes de casarse con Aisha, el Mensajero (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) se casó con Sawda en el mes de Ramadán del décimo año de la misión profética. Vivió con ella en La Meca y emigró con ella a Medina».

Abu Salama ibn Abd al-Rahman y Yahya ibn Abd al-Rahman narraron ambos que, tras obtener el permiso del Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él), Khawla llevó sucesivamente la propuesta a Sawda y a Aisha, y dispuso sus matrimonios. El Mensajero (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) estableció su hogar en La Meca con Sawda. En aquel momento, Aisha tenía apenas seis años. Después de la emigración a Medina, la llevó a vivir con él. Ibn Ishaq, Qatada, Abu Ubayda, Ibn Qutayba y muchos otros afirmaron que el Mensajero (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) se casó con Sawda después de Jadiya y antes que con Aisha.

Ibn Ishaq describió así el orden de las esposas del Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él): 1. Jadiya, 2. Sawda, 3. Aisha, 4. Hafsa, 5. Zaynab bint Juzayma, 6. Umm Habiba, 7. Umm Salama, 8. Zaynab bint Yahsh, 9. Yuwairiyya, 10. Safiyya, 11. Maymuna (que Allah esté complacido con ellas).

El hermano de Sawda, Abdullah ibn Zam’a, todavía era no musulmán en el momento de este matrimonio. No se encontraba en casa cuando se celebró la boda. Al enterarse después de que había concluido, estalló de ira y agitación. Comenzó a golpearse la cabeza de tristeza y pesar. Más tarde se convirtió en un musulmán ejemplar. Hasta el final de su vida lamentó constantemente aquella reacción suya. También existe cierta discrepancia entre los especialistas en biografía profética sobre la fecha del matrimonio de Sawda. En diversas obras, incluida al-Tabaqat, se menciona el décimo año de la misión profética. Al-Zurqani, en cambio, escribió que fue en el octavo año (3/460). En realidad, esta discrepancia se debe a las diferencias sobre la fecha de la muerte de Jadiya (que Allah esté complacido con ella).

Algunas narraciones cuentan que Sawda (que Allah esté complacido con ella) tuvo dos sueños durante la vida de su primer esposo, y que la interpretación que él les dio se hizo realidad cuando ella se los relató. Ibn Sa’d escribió, por medio de Hisham ibn Muhammad, que una vez, durante la vida de su primer esposo, Sakran, Sawda soñó que el Mensajero (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) se acercaba y colocaba un pie sobre su hombro. Cuando Sawda le contó el sueño a su esposo, él dijo: «¡Por Allah! Si has tenido este sueño, moriré y te casarás con el Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él)».

En otra ocasión soñó que estaba recostada sobre una almohada. De repente, la luna se partía desde el cielo y caía sobre ella. Al oír el sueño, su esposo dijo: «Moriré muy pronto, y después de mi muerte te casarás por segunda vez». Ese mismo día enfermó y murió al cabo de pocos días.

El profesor Ahmad Atiyya, al explicar en su obra Al-Qamus al-Islami (3/557) la razón por la que el Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) se casó con Sawda, dijo sin citar ninguna fuente: «Sawda era una viuda de edad avanzada. Era corpulenta y de movimientos pesados. El Mensajero (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) le tendió su mano para ayudarla en su vejez y aliviar parte de las dificultades que había sufrido en la vida».

El Honorable Mensajero de Dios emigró de La Meca a Medina en el decimotercer año de la Profecía. Después de llegar a Medina y establecerse un poco, envió nuevamente a Zayd ibn Hariza a La Meca para traer a Sawda y a los demás. Aisha dijo: «Cuando el Mensajero llegó a Medina, envió a Zayd ibn Hariza y a Abu Rafi a La Meca con dos camellos y quinientos dirhams. Después, todos partimos hacia Medina». Zayd y Abu Rafi regresaron a Medina llevando consigo a Fátima, Umm Kulzum, Sawda, Umm Ayman y Usama. En la Peregrinación de Despedida del décimo año de la Hégira, Sawda fue compañera de viaje del Mensajero de Dios. Él le permitió dirigirse a Mina antes de que los demás emprendieran la marcha desde Muzdalifa. Aisha dijo: «La noche en Muzdalifa, Sawda pidió al Mensajero de Dios permiso para marcharse a Mina antes de que se aglomerara la gente. Sawda era una mujer corpulenta y no podía caminar con rapidez. El Mensajero le concedió permiso».

Un día, todas las esposas del Mensajero de Dios estaban sentadas a su lado. En ese momento, una de ellas preguntó: «¡Mensajero de Dios! ¿Cuál de nosotras morirá primero?». Él respondió: «La que tenga la mano más larga». Las presentes entendieron estas palabras literalmente. Midieron sus manos y la mano de Sawda resultó ser la más larga. Pensaron que Sawda sería la primera en morir. Sin embargo, cuando Zaynab bint Juzaima murió antes que todas, comprendieron que tener la mano larga significaba ser generosa. Dar era lo que más le gustaba. Ella fue la primera de las Madres de los Creyentes en morir; Sawda aún estaba viva.

Existe una gran discrepancia entre los especialistas en biografías acerca de la fecha de la muerte de Sawda. Al-Waqidi afirma que, según nosotros, la opinión correcta es que murió en el mes de Shawwal del año 54 de la Hégira. Ibn al-Imad al-Hanbali consideró más correcta la opinión de que murió en el año 55 de la Hégira, durante el califato de Muawiya. Ibn Hayar dice que al-Bujari narró en su Historia, con una cadena auténtica, que murió hacia el final del califato de Umar. El imán al-Dhahabi afirmó enfáticamente que murió hacia el final del califato de Umar. Umar murió mártir hacia el final de Dhu al-Hiyya del año 23 de la Hégira. Por ello, la muerte de Sawda debió ocurrir antes de esa fecha. Al-Baladhuri dice que murió en el año 23 de la Hégira y que el califa Umar dirigió su oración fúnebre. Ibn Hibban afirma que murió en el año 65 de la Hégira. También se ha narrado que murió durante el califato de Uthman, cuando tenía aproximadamente ochenta años. La mayoría de los autores de obras biográficas no han tratado la cuestión de los hijos de Sawda. Sin embargo, se sabe que no tuvo hijos durante su matrimonio con el Mensajero de Dios. Tuvo un hijo de su primer esposo, Saqran; su nombre era Abd al-Rahman y murió como mártir en la batalla de Jalula, en Persia.

Entre las esposas del Mensajero de Dios, ninguna era más alta que Sawda. Aisha dijo que quien la hubiera visto una vez no podía dejar de advertir su presencia. Al-Zurqani narró que tenía una complexión alta. El sabio Shibli Numani dijo que era corpulenta, y el imán al-Dhahabi también lo afirmó. Por ello, durante la Peregrinación de Despedida obtuvo permiso del Mensajero de Dios para marcharse de Muzdalifa a Mina antes de que se aglomerara la gente.

Solo se han narrado cinco hadices de Sawda. Entre ellos, el imán al-Bujari narró únicamente uno. Entre los Compañeros, Abdullah ibn Abbas, Ibn al-Zubayr y Yahya ibn Abd Allah al-Ansari escucharon hadices de ella y los transmitieron.

Sawda llegó al hogar del Mensajero de Dios aproximadamente tres años antes de la Hégira. Desde el mes de Ramadán del décimo año de la Profecía hasta el mes de Rabi al-Awwal del decimotercer año de la Hégira, tuvo el privilegio de disfrutar durante unos trece años de la cercanía y compañía del Mensajero de Dios como esposa. Sawda y Aisha se casaron con el Mensajero de Dios con poca diferencia de tiempo. Después de su matrimonio, Aisha permaneció aproximadamente tres años en la casa de su padre. Durante ese período, Sawda fue esencialmente el ama de casa. Cumplió de manera excelente todas las responsabilidades domésticas del hogar del Mensajero de Dios. También asumió la responsabilidad de criar a sus hijas, incluida Fátima, que había perdido a su madre. Probablemente, hasta entonces también cuidó de Ali, miembro de la familia del Profeta. En suma, durante una etapa difícil y llena de crisis en la vida del Mensajero de Dios, Sawda intentó llenar el vacío dejado por Jadiya, cumpliendo como compañera de vida las pesadas responsabilidades y obligaciones que le correspondían.

Cuando Aisha llegó al hogar de su esposo, en el primer año de la Hégira, Sawda, su coesposa, ya estaba allí. En tales circunstancias, podrían haber imaginado que cada una ocuparía el lugar de la otra. Sin embargo, la realidad de estas dos mujeres era completamente opuesta a esa suposición natural. Toda su vida familiar estuvo marcada por el afecto mutuo, la armonía y la unidad. En la mayoría de los asuntos domésticos, Sawda era amiga de Aisha. Aisha dijo: «No he visto a ninguna mujer por la que hubiera deseado que mi alma estuviera en su cuerpo como lo deseé al ver a Sawda».

En cuanto a la obediencia y el seguimiento del Mensajero de Dios, ella poseía una cualidad especial por encima de todas las Madres de los Creyentes. Durante la Peregrinación de Despedida, el Mensajero dijo a las Madres de los Creyentes: «Después de mí, permaneceréis en vuestras casas». Sawda observó esta instrucción con tanta firmeza que nunca volvió a salir de su casa, ni siquiera con el propósito de realizar la peregrinación. Abu Huraira dijo: «Después del fallecimiento del Mensajero de Dios, sus demás esposas realizaban la peregrinación; pero Sawda y Zaynab bint Yahay observaban estrictamente la orden del Mensajero de Dios y no salían de sus casas». Sawda decía: «Ya he realizado tanto la peregrinación mayor como la menor. Ahora permaneceré en casa conforme a la orden de Dios».

Una faceta incomparable de la nobleza de carácter y la conducta del Honorable Mensajero de Allah —que la paz y las bendiciones de Allah sean con él— era su generosidad. Entre los Compañeros, cuanto más había tenido alguien la oportunidad de permanecer cerca de él, más profunda era la huella de esta virtud en su persona. Sus esposas fueron quienes tuvieron la mayor oportunidad de adquirirla mediante la cercanía y el trato con el Mensajero de Allah —que la paz y las bendiciones de Allah sean con él—. Por ello, aunque esta cualidad especial del Mensajero de Allah —que la paz y las bendiciones de Allah sean con él— se encontraba en todas ellas en general, después de Aisha (que Allah esté complacido con ella), era especialmente manifiesta en Sawda. Ibn Sirin narró que, en cierta ocasión, el califa Umar (que Allah esté complacido con él) envió una bolsa a Sawda (que Allah esté complacido con ella). Ella preguntó al portador qué contenía. Él respondió: «Díhams». Al enterarse de que le habían enviado díhams en una bolsa como si fueran dátiles, los repartió inmediatamente entre la gente.

Dar preferencia a los demás sobre sí misma, es decir, el altruismo, era también una faceta luminosa de su carácter. Ella y Aisha (que Allah esté complacido con ella) comenzaron su vida matrimonial con el Mensajero de Allah —que la paz y las bendiciones de Allah sean con él— con poca diferencia de tiempo. Sin embargo, Sawda era mayor que Aisha. Por ello, la vejez llegó a su vida y disminuyó su interés por los hombres. Así, con el fin de obtener la complacencia de su esposo, el Mensajero de Allah —que la paz y las bendiciones de Allah sean con él—, cedió a su coesposa Aisha (que Allah esté complacido con ella) la noche que le correspondía. En relación con esto, Aisha (que Allah esté complacido con ella) dijo una vez a Urwa: «¡Sobrino! El Mensajero —que la paz y las bendiciones de Allah sean con él— no daba preferencia a ninguna de sus esposas sobre otra respecto a las noches que pasaba con ellas. Hubo muchos días en que iba visitándonos a todas, sin tocar a ninguna de sus esposas. Finalmente, pasaba la noche con aquella a quien le correspondía. Cuando Sawda bint Zam‘a envejeció y temió que el Mensajero —que la paz y las bendiciones de Allah sean con él— pudiera separarse de ella, dijo: “¡Oh, Mensajero de Allah! Te cedo a Aisha (que Allah esté complacido con ella) la noche que me corresponde”. El Mensajero —que la paz y las bendiciones de Allah sean con él— aceptó su petición.

Aquí es necesario aclarar un asunto. El hecho de que Sawda (que Allah esté complacido con ella) cediera a Aisha (que Allah esté complacido con ella) el tiempo que le correspondía en compañía de su esposo aparece en las obras de hadiz y de biografía. Pero, paralelamente, en las obras de biografía se encuentran algunos relatos según los cuales, cuando la vejez llegó a Sawda (que Allah esté complacido con ella), el Mensajero —que la paz y las bendiciones de Allah sean con él— se divorció de ella mediante un repudio. Después, ante su humilde súplica, el Mensajero —que la paz y las bendiciones de Allah sean con él— retiró el repudio. Sin embargo, para los expertos en hadiz estos relatos carecen de importancia debido a su extrema debilidad. Lo correcto es que el Mensajero —que la paz y las bendiciones de Allah sean con él— no se divorció de ninguna de sus esposas. ¿Cómo podría pensarse que el Mensajero de Allah —que la paz y las bendiciones de Allah sean con él—, que la había tomado como esposa en una etapa especial de su vida y que había cumplido con gran eficacia las responsabilidades de Jadiya (que Allah esté complacido con ella), la apartaría al llegar a la vejez? Por eso, los expertos en hadiz no creyeron estos relatos. Tampoco aparecen en ninguna colección fiable de hadices. Pero, aunque no aparezcan allí, ¿qué importa? Muchos historiadores modernos han hecho comentarios indecorosos sobre Sawda (que Allah esté complacido con ella). Algunos han dicho que no pudo ser una esposa ideal para el Mensajero de Allah —que la paz y las bendiciones de Allah sean con él—.

Al examinar las diversas cuestiones relacionadas con este tema, el hecho que se hace evidente es que la vejez llegó a Sawda. Llegó a ser incapaz de satisfacer a su esposo. Por otra parte, el Mensajero de Allah —que la paz y las bendiciones de Allah sean con él— tenía varias esposas. Y era la personificación de la equidad y la justicia. Concedía a todas sus esposas la misma consideración. El tiempo que dedicaba a sus esposas lo distribuía por igual entre todas. De este modo, Sawda y algunas otras esposas recibían por igual su parte del tiempo en que el Mensajero de Allah —que la paz y las bendiciones de Allah sean con él— buscaba descanso y tranquilidad. Pero, en realidad, debido a su edad, ellas eran incapaces de proporcionarle tranquilidad. Al renunciar voluntariamente a su derecho en favor de su coesposa Aisha (que Allah esté complacido con ella), liberó al Mensajero —que la paz y las bendiciones de Allah sean con él— de esa responsabilidad. Una narración de Aisha (que Allah esté complacido con ella) demuestra precisamente esto. Ella dijo: «Sawda envejeció. Comprendió cuál era mi posición ante el Mensajero de Allah —que la paz y las bendiciones de Allah sean con él— y que él deseaba tenerme más cerca. Temió que el Mensajero —que la paz y las bendiciones de Allah sean con él— se separara de ella. Por eso dijo: “¡Oh, Mensajero de Allah! Te cedo a Aisha el día que me corresponde. Quedas libre de responsabilidad respecto a este asunto”. El Mensajero —que la paz y las bendiciones de Allah sean con él— aceptó su propuesta». Sawda era una mujer de carácter algo áspero. Aisha (que Allah esté complacido con ella) la tenía en una estima ilimitada. A pesar de ello, dijo que Sawda se enfadaba con mucha facilidad. Desde antes de que se estableciera la orden del velo, Umar (que Allah esté complacido con él) pedía con frecuencia al Mensajero de Allah —que la paz y las bendiciones de Allah sean con él— que diera instrucciones al respecto. Como Allah no había revelado ninguna orden sobre este asunto, él guardaba silencio. En aquella época, ninguna casa de La Meca tenía un retrete en su interior. Consideraban indecoroso disponer de uno. Por entonces, las mujeres también salían de noche fuera de la casa, a campo abierto, para hacer sus necesidades. Sawda era corpulenta y alta, y podía reconocérsela incluso entre una multitud. Una noche salió al exterior y Umar la vio en el camino. Él exclamó a voz en cuello: «¡Te he reconocido!». Sawda se sintió avergonzada por la conducta de Umar y también se enfadó. Al regresar, se quejó de Umar ante el Mensajero de Allah —que la paz y las bendiciones de Allah sean con él—. A raíz de este incidente fueron revelados los versículos del hiyab.

Existe una gran discrepancia respecto a la causa de la revelación de los versículos del hiyab. Ya se ha mencionado uno de los relatos. Según un segundo relato, Umar (que Allah esté complacido con él) dijo al Mensajero —que la paz y las bendiciones de Allah sean con él—: «Ante ti se reúnen personas de toda clase, buenas y malas. Sería mejor que les ordenaras observar el velo». Ibn Yarir lo transmitió de Muyahid en su tafsir. El Mensajero —que la paz y las bendiciones de Allah sean con él— estaba comiendo con sus Compañeros. También participaba en el banquete una de sus esposas. La mano de un hombre tocó la suya. El asunto desagradó mucho al Mensajero de Allah —que la paz y las bendiciones de Allah sean con él—. Después de este incidente fueron revelados los versículos del hiyab. Sin embargo, generalmente es conocido que la aleya del hiyab fue revelada con ocasión del banquete de bodas de Zaynab (que Allah esté complacido con ella). Ibn Hayar reconcilió estos relatos de la siguiente manera: hubo varias causas para la revelación de los versículos del hiyab; entre ellas, el incidente de Zaynab fue el último. Y ese fue el motivo específico de la revelación, pues el propio versículo alude a dicho incidente.

Aunque tenía un carácter áspero, Sawda (que Allah esté complacido con ella) también poseía una gran sencillez. Algunas de sus palabras hacían reír al Mensajero —que la paz y las bendiciones de Allah sean con él—. Un día le dijo al Mensajero —que la paz y las bendiciones de Allah sean con él—: «Anoche hice la oración junto a ti. Permaneciste tanto tiempo en inclinación que me pareció que empezaba a salir sangre de mi nariz. Por eso me mantuve apretándome la nariz durante mucho tiempo». El Mensajero —que la paz y las bendiciones de Allah sean con él— sonrió suavemente ante sus palabras.

En cierta ocasión, ella iba con ‘Aisha y Hafsa (r.a.). Ellas le dijeron en tono de broma: «¿Has oído algo?». Ella preguntó: «¿Sobre qué?». Ellas respondieron: «Ha aparecido el Dayyal». Al oír esto, se asustó muchísimo. Cerca de allí, algunas personas estaban calentándose junto al fuego dentro de una tienda. De repente, ella entró en aquella tienda. Al ver lo que había hecho, Hafsa y ‘Aisha (r.a.) llegaron riendo hasta el Mensajero de Allah (sallallahu ‘alaihi wa sallam) y le contaron su broma. El Mensajero (sallallahu ‘alaihi wa sallam) llegó, se paró en la puerta de la tienda y dijo: «El Dayyal todavía no ha aparecido». Entonces Sawda salió. Llevaba telarañas adheridas al cuerpo y, al salir, se las quitó. Para muchos, la cadena de transmisión de este relato es débil y el relato resulta dudoso.

Hay muchos otros relatos sobre la ingenuidad de Sawda (r.a.). Detrás de la decisión del Mensajero de Allah (sallallahu ‘alaihi wa sallam) de prohibirse a sí mismo beber miel hubo un episodio entrañable de su vida conyugal. Muchos consideran que Sawda también quedó involucrada ingenuamente en aquel episodio. En resumen, ocurrió así:

Al Mensajero (sallallahu ‘alaihi wa sallam) le gustaban los dulces. Cuando iba a la casa de su esposa Zaynab bint Yash, o según otra versión, a la de Hafsa, bebía un jarabe de miel. Esto provocó cierto celo en ‘Aisha. Ella quiso que el Mensajero (sallallahu ‘alaihi wa sallam) no volviera a beber miel allí. Por eso tramó un plan con Sawda. Acordaron que, cuando el Mensajero (sallallahu ‘alaihi wa sallam) fuera a verlas después de beber miel, cada una le diría: «De tu santa boca sale olor a magafir». Tal vez así el Mensajero (sallallahu ‘alaihi wa sallam) dejaría de beber miel, pues no le gustaba ningún tipo de mal olor. Cuando, después de beber miel, el Mensajero (sallallahu ‘alaihi wa sallam) fue a verlas, todas le dijeron lo mismo, conforme a lo acordado. El resultado fue inmediato: el Mensajero (sallallahu ‘alaihi wa sallam) se prohibió la miel a sí mismo. Entonces fueron revelados los versículos 1-3 de la sura at-Tahrim.

El corazón de Sawda (r.a.) era muy tierno. Al ver sufrir a sus seres queridos, se angustiaba profundamente. Su primer esposo, Sakran ibn ‘Amr, tenía un hermano llamado Suhayl ibn ‘Amr, que fue capturado en Badr y llevado a Medina. Fue liberado a cambio de cuatro mil dírhams. Ibn Ishaq dice al respecto: cuando los prisioneros de Badr fueron llevados a Medina, Sawda se encontraba en la casa de ‘Awf y Mu‘awwiz, hijos de ‘Afra’. Esto ocurrió antes de que se revelara la norma del hiyab. En ese momento se anunció la llegada de los prisioneros de Badr. Sawda regresó a casa y encontró allí al Mensajero (sallallahu ‘alaihi wa sallam). De repente vio, en un rincón de la habitación, al prisionero Abu Yazid, Suhayl ibn ‘Amr. Tenía ambas manos atadas firmemente con una cuerda alrededor del cuello. Al ver aquella escena, no pudo contenerse y exclamó: «¡Abu Yazid! ¿Os habéis dejado capturar de esta manera? ¿No pudisteis morir con honor?». Sawda dice: «Recobré la compostura al oír desde el interior de la casa la voz del Mensajero de Allah (sallallahu ‘alaihi wa sallam): “¡Sawda! ¿Lo estás incitando contra Allah y Su Mensajero?”». Sawda dice: «¡Oh, Mensajero de Allah! Al ver a Abu Yazid, Suhayl, en ese estado, no pude contenerme. ¡Oh, Mensajero de Allah! Pide a Allah que me perdone». El Mensajero (sallallahu ‘alaihi wa sallam) dijo: «Que Allah te perdone».

En el octavo año de la Hégira, Zaynab, hija del Mensajero de Allah (sallallahu ‘alaihi wa sallam), falleció en Medina. Sawda, Umm Ayman y Umm Salama la lavaron para su entierro.

El Noble Mensajero de Allah (sallallahu ‘alaihi wa sallam) dejó asegurado en Jaybar el sustento de Sawda (r.a.). ‘Abd ar-Rahman al-A‘raj solía decir en diversas reuniones de Medina: «El Mensajero (sallallahu ‘alaihi wa sallam) aseguró el sustento de Sawda proporcionándole ochenta wasaq de dátiles y veinte wasaq de trigo o cebada».

‘‘Aisha as-Siddiqa (r.a.)

La Madre de los Creyentes, ‘Aisha as-Siddiqa (r.a.), fue la esposa predilecta del Mensajero de Allah (sallallahu ‘alaihi wa sallam). Su kunya era Umm ‘Abdillah y su título, as-Siddiqa. En algunos relatos se menciona que tenía también otro título: al-Humayra. Era de tez clara y hermosa; por eso la llamaban al-Humayra.¹ ‘Urwa dice: «En cierta ocasión, antes de que se revelara la orden del hiyab, ‘Uyayna ibn Hisn vino a reunirse con el Mensajero de Allah (sallallahu ‘alaihi wa sallam). ‘Aisha estaba allí presente. ‘Uyayna señaló a ‘Aisha y dijo: “¡Oh, Mensajero de Allah! ¿Quién es esta al-Humayra (la hermosa)?”. El Mensajero de Allah (sallallahu ‘alaihi wa sallam) respondió: “Es ‘Aisha, la hija de Abu Bakr”».² Muchos consideran que este relato carece de fundamento.³

Abdullah era hijo de Asma, hermana de ‘A’isha (que Dios esté complacido con ella). En la historia es famoso como Abdullah ibn az-Zubayr. La kunya se forma con el nombre de algún hijo. ‘A’isha (que Dios esté complacido con ella) no tuvo hijos; por eso no tenía ninguna kunya. En la Arabia de aquella época, la kunya era un símbolo de honor y nobleza. No se acostumbraba llamar a las personas de la clase noble por su nombre; se las trataba por su kunya o sobrenombre. Un día, ‘A’isha (que Dios esté complacido con ella) dijo a su esposo, el Mensajero de Dios (que Dios le bendiga y le conceda la paz): «Tus otras esposas han adoptado sus kunyas con los nombres de los hijos de sus anteriores esposos; ¿con el nombre de quién adoptaré yo una kunya?». El Mensajero de Dios (que Dios le bendiga y le conceda la paz) respondió: «Con el nombre de tu sobrino Abdullah». Desde aquel día, su kunya o sobrenombre fue Umm ‘Abdillah —la madre de Abdullah—.4

También se ha transmitido que ‘A’isha (que Dios esté complacido con ella) fue madre de un hijo varón que murió durante la infancia. Le pusieron por nombre Abdullah.5 Su kunya se formó con el nombre de aquel hijo. Ibn Hayar al-‘Asqalani dijo que esta transmisión no es correcta.6 Además, en varios hadices auténticos se menciona claramente que no tuvo hijos.7

El padre de ‘A’isha (que Dios esté complacido con ella) fue el califa del Mensajero de Dios, as-Siddiq al-Akbar Abu Bakr (que Dios esté complacido con él), y su madre fue Umm Ruman, Zaynab bint ‘Amir —según otra opinión, ‘Umayr al-Kinani—. Por parte de padre, pertenecía a la rama Banu Taym de la tribu de Quraysh, y por parte de madre, descendía de Banu Kinana. Su madre era hija de Ghanam ibn Malik al-Kinani.8 Las genealogías del Mensajero de Dios (que Dios le bendiga y le conceda la paz) y de ‘A’isha (que Dios esté complacido con ella) convergen, por la línea paterna, en el séptimo u octavo antepasado, y por la línea materna, en el undécimo o duodécimo antepasado.9

El padre de ‘A’isha (que Dios esté complacido con ella), Abu Bakr (que Dios esté complacido con él), falleció en el año 13 de la Hégira. La mayoría de los historiadores escribieron que su madre, Umm Ruman, falleció en el quinto o sexto año de la Hégira. El Mensajero de Dios (que Dios le bendiga y le conceda la paz) descendió a su tumba, la enterró y realizó la oración fúnebre por ella.10 Pero esta información no es correcta, pues hadices fiables demuestran que permaneció con vida hasta el califato de ‘Uthman (que Dios esté complacido con él). En todos los hadices relativos al incidente de la ifk del sexto año de la Hégira —la acusación contra la honra de ‘A’isha (que Dios esté complacido con ella)— aparece su relato. También estaba viva durante el incidente del takhyir del noveno año de la Hégira —la posibilidad de elegir una de dos cosas—. Esto se sabe por las transmisiones de at-Tabaqat, al-Bujari, Muslim y el Musnad de Ahmad. El imán al-Bujari mencionó su nombre en su obra at-Tarij as-Saghir entre las personas que fallecieron durante el califato de Abu Bakr (que Dios esté complacido con él). Rechazó la primera transmisión. Hafiz Ibn Hayar, tras una exposición analítica en la obra at-Tahdhib, demostró que la transmisión del imán Mukhari es correcta.11

La madre de ‘A’isha (que Dios esté complacido con ella), Umm Ruman (que Dios esté complacido con ella), se casó por primera vez con Abdullah ibn al-Harith al-Azdi. Abdullah llegó a La Meca con su esposa Umm Ruman y, tras establecer un pacto de alianza con Abu Bakr, permaneció allí. Esto ocurrió antes del islam. Tuvieron un hijo llamado at-Tufayl. Abdullah murió y Abu Bakr (que Dios esté complacido con él) se casó con Umm Ruman.12 De este matrimonio nacieron dos hijos: Abdullah y ‘A’isha. En los libros de historia y de biografía profética no se encuentra mucha información sobre la fecha exacta del nacimiento de la honorable ‘A’isha (que Dios esté complacido con ella). Por ello existe una considerable divergencia respecto al año de su nacimiento. Sayyid Sulayman Nadwi dice: El historiador Ibn Sa‘d escribió, y algunos especialistas en biografía profética lo siguieron, que ‘A’isha nació al comienzo del cuarto año de la misión profética y se casó en el décimo año, a los seis años de edad. Pero esto no puede ser correcto de ningún modo, pues si hubiera nacido al comienzo del cuarto año de la misión profética, en el décimo año no tendría seis años, sino siete. En realidad, hay varios datos sobre la edad de ‘A’isha (que Dios esté complacido con ella) que están establecidos por consenso. Se casó a los seis años, tres años antes de la Hégira; se trasladó a la casa de su esposo a los nueve años, en el mes de Shawwal del primer año de la Hégira; y quedó viuda a los dieciocho años, en el mes de Rabi‘ al-Awwal del año 11 de la Hégira. Según este cálculo, la fecha exacta de su nacimiento sería hacia el final del quinto año de la misión profética; es decir, en el mes de Shawwal del noveno año anterior a la Hégira, correspondiente a julio de 614 d. C.13

Cabe señalar que, de los veintitrés años de la vida profética del Mensajero de Dios (que Dios le bendiga y le conceda la paz), aproximadamente trece transcurrieron en La Meca y diez en Medina. Según el relato del señor Nadwi, cuando nació ‘A’isha (que Dios esté complacido con ella) ya habían transcurrido cuatro años de la misión profética y estaba transcurriendo el quinto. El imán adh-Dhahabi dijo: ‘A’isha (que Dios esté complacido con ella) era ocho años menor que Fatima. ‘A’isha dijo que en La Meca se encontró con un anciano ciego que conducía un elefante.14

No se dispone de información específica sobre cuándo y cómo se hizo musulmana ‘A’isha (que Dios esté complacido con ella). Sin embargo, fue una gran fortuna para el honorable as-Siddiq al-Akbar (que Dios esté complacido con él) que la luz del islam entrara primero en su propia casa. Por ello, la honorable ‘A’isha fue una de aquellos afortunados y afortunadas recién nacidos cuyos oídos nunca escucharon, ni siquiera por un instante, el sonido de la incredulidad y la idolatría. ‘A’isha (que Dios esté complacido con ella) dijo: «Desde que tuve conciencia de mis padres, los encontré musulmanes».15 El imán adh-Dhahabi solo dijo: «‘A’isha abrazó el islam»,16 pero no explicó cuándo ni cómo. Ibn Hisham mencionó bajo un título independiente a quienes abrazaron el islam a manos de Abu Bakr (que Dios esté complacido con él). Allí también aparece el nombre de ‘A’isha (que Dios esté complacido con ella).17

La esposa de Wa’il amamantó a ‘A’isha (que Dios esté complacido con ella). El sobrenombre de Wa’il era Abu al-Fuqay‘as. Su hermano Aflah —quien era tío de leche de ‘A’isha— iba a visitar ocasionalmente a ‘A’isha (que Dios esté complacido con ella) más adelante. Con el permiso del Mensajero de Dios (que Dios le bendiga y le conceda la paz), ‘A’isha (que Dios esté complacido con ella) salía a recibirlo. Su hermano de leche también iba a visitarla de vez en cuando.18

La infancia de ‘A’isha (que Allah esté complacido con ella) transcurrió como la de los demás niños. Sin embargo, tuvo algo de particular. Ya desde niña se manifestaban su aguda inteligencia y su talento. Como los demás niños, sentía interés por los juegos. Las niñas vecinas de su misma edad acudían a visitarla, y ella pasaba la mayor parte del tiempo jugando con ellas. Pero incluso mientras jugaba a esa edad, era consciente del respeto y la dignidad debidos al Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él). A menudo ocurría que estaba jugando con muñecas junto con las demás cuando el Mensajero (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) llegaba a su casa y aparecía de repente ante ellas. ‘A’isha (que Allah esté complacido con ella) escondía rápidamente las muñecas, y sus compañeras salían corriendo en cuanto veían al Mensajero (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él). El Mensajero (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) amaba a los niños y no consideraba censurables sus juegos. Llamaba a los niños que habían huido y les decía que jugaran con ‘A’isha.¹⁹ De entre los juegos infantiles, había dos que le gustaban especialmente: jugar con muñecas y columpiarse.²⁰ Un día, ‘A’isha (que Allah esté complacido con ella) estaba jugando con sus muñecas cuando llegó el Mensajero (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él). Entre las muñecas había también un caballo con dos alas. El Mensajero (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: «Los caballos no tienen alas». ‘A’isha respondió inmediatamente: «¿Por qué? ¿Acaso no ha oído que los caballos de Sulaymán —la paz sea con él— tenían alas?». Al escuchar aquella respuesta espontánea de ‘A’isha (que Allah esté complacido con ella), el Mensajero (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) sonrió de tal manera que se le vieron los dientes.²¹

Este incidente permite apreciar la natural agudeza de ingenio de ‘A’isha (que Allah esté complacido con ella), sus conocimientos de historia y tradición, y su inteligencia penetrante.

Por lo general, los recuerdos de la infancia se borran de la memoria de las personas. Pero todos los recuerdos de la infancia de ‘A’isha (que Allah esté complacido con ella) permanecieron en su memoria. Cuando el Honorable Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) emigró de La Meca a Medina, ‘A’isha (que Allah esté complacido con ella) no tendría más de ocho o nueve años. Sin embargo, ninguno de los demás Compañeros pudo transmitir tantos relatos sobre el acontecimiento de la Hégira como ella.²²

El imán al-Bujari lo transmitió en su exégesis de la sura al-Qamar. ‘A’isha (que Allah esté complacido con ella) dijo: «Cuando fue revelado este versículo:

Será en árabe

Cuando fue revelado en La Meca, yo era una niña pequeña y estaba jugando.²³ Durante la infancia, Umm Ruman a veces hacía enfadar a la honorable ‘A’isha (que Allah esté complacido con ella). También castigaba a su hija. Esto afligía al Mensajero (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él). En una ocasión le dijo a Umm Ruman: «Por consideración hacia mí, no vuelvas a castigarla». Una vez, el Mensajero (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) llegó a la casa paterna de ‘A’isha y la vio llorando, apoyada en el umbral de la puerta. Le dijo a Umm Ruman: «No has prestado atención a mis palabras». Umm Ruman respondió: «¡Oh, Mensajero de Allah! Esta niña se queja de mí ante su padre». El Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: «Haga lo que haga, no le causes sufrimiento». El erudito Sayyid Sulaymán Nadwi relató este incidente citando al Mustadrak de al-Hakim.

La primera esposa del Honorable Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) fue la honorable Jadiya bint Juwaylid. Cuando se casó con ella, el Honorable Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) tenía veinticinco años y Jadiya (que Allah esté complacido con ella), cuarenta. Después de vivir veinticinco años con el Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él), Jadiya (que Allah esté complacido con ella) falleció en el mes de Ramadán del décimo año de la Profecía, tres años antes de la Hégira. Entonces el Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) tenía cincuenta años y Jadiya, sesenta y cinco.

En la biografía de Sawda (que Allah esté complacido con ella) mencionamos que, al ver abatido al Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) tras el fallecimiento de Jadiya (que Allah esté complacido con ella), Jawla bint Hakim, esposa de ‘Uthman ibn Maz‘un, le dijo: «¡Oh, Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él)! Vuelve a casarte». El Mensajero (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) preguntó: «¿Con quién?». Jawla dijo: «Hay candidatas de dos clases: viudas y doncellas. Podemos hablarle de aquella que prefiera». El Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) volvió a preguntar: «¿Quiénes son?». Jawla respondió: «La viuda es Sawda bint Zam‘a, y la doncella es ‘A’isha, hija de Abu Bakr». El Mensajero (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: «Bien. Habla con ella al respecto».²⁴

Tras obtener el consentimiento del Mensajero de Allah, Hazrat Khaulá fue primero a la casa de Abu Bakr y le presentó la propuesta. La costumbre de los árabes de la época de la ignorancia era que, así como no casaban a sus hijos con los hijos de sus propios hermanos, tampoco consideraban lícito casarlos con los hijos de sus medio hermanos, primos o hermanos adoptivos. Por eso, al escuchar la propuesta, Abu Bakr dijo: «¡Khaulá! Aisha es la sobrina del Mensajero de Allah. ¿Cómo podría casarse con ella el Mensajero de Allah?». Khaulá regresó y preguntó al Mensajero de Allah acerca del asunto. El Mensajero respondió: «Abu Bakr es mi hermano en la fe. Y es lícito establecer vínculos matrimoniales con los hijos de hermanos de esta clase». Abu Bakr aceptó la propuesta y pidió a Khaulá que trajera al Mensajero de Allah.25

Antes de que se presentara la propuesta de matrimonio de Aisha con el Mensajero de Allah, se había hablado de casarla con Zubayr ibn Mut’im ibn Adi. Por ello también era necesario preguntarle a él. Hazrat Abu Bakr fue a ver a Mut’im ibn Adi y le dijo: «Habías propuesto casar a Aisha con tu hijo. Dime cuál es ahora vuestra decisión». Mut’im consultó a su esposa. La familia de Mut’im aún no había aceptado el islam, por lo que su esposa no estaba de acuerdo con la propuesta. Entonces Abu Bakr se volvió hacia Mut’im y le preguntó: «¿Qué dice tu esposa?». Mut’im respondió: «Mi opinión es la misma que la de ella». Después, Abu Bakr regresó y dijo a Khaulá: «Trae al Mensajero de Allah». El Mensajero llegó y Abu Bakr celebró el matrimonio.26 Sin embargo, al-Baladhuri afirma que no es correcto decir que Aisha hubiera sido propuesta a ningún otro hombre.27

El matrimonio de Aisha y Sawda tuvo lugar al mismo tiempo. El Mensajero de Allah llevó a Sawda a su casa inmediatamente después de casarse con ella, y después de vivir solamente con ella durante tres años llevó a Aisha a su casa.28

Este matrimonio se celebró de manera muy sencilla y sin ostentación. Atiyya describió así aquel matrimonio: «Aisha estaba jugando con otras niñas. Su sirvienta vino y se la llevó, y Abu Bakr llegó y celebró el matrimonio».

La sencillez y la ausencia de ceremonia con que concluyó este matrimonio pueden deducirse de un relato de la propia Aisha. Ella dijo: «Cuando me casé, no sabía absolutamente nada. Mi matrimonio ya se había celebrado. Después, mi madre me explicó todo».29

Aisha dijo: «En el momento de mi matrimonio era una niña pequeña. Llevaba una prenda llamada “hawf”. Después de casarme, aunque seguía siendo pequeña, sentí vergüenza». Cabe señalar que el “hawfa” era una prenda de cuero, semejante a unos pantalones, que los niños llevaban desde la cintura hasta la mitad del cuerpo. Existe discrepancia acerca de cuánto entregó el Mensajero de Allah a Aisha como mahr. Según los relatos de Ibn Sa’d, el Mensajero le entregó como mahr una casa cuyo valor era de cincuenta dírhams.30 Ibn Ishaq transmitió que fueron cuatrocientos dírhams. En otro relato de Ibn Sa’d, transmitido de la propia Aisha, ella dijo: «El mahr fue de doce uqiyas y un nash, equivalentes a quinientos dírhams».31 En Sahih Muslim se transmitió de Aisha que el mahr de las esposas del Mensajero de Allah normalmente era de quinientos dírhams.32 En el Musnad de Ahmad se transmitió de Aisha que su mahr fue de quinientos.

Incluso antes de casarse con Aisha, el Noble Mensajero había recibido la buena nueva acerca de ella. Un día soñó que alguien envolvía algo en un trozo de seda y se lo mostraba, diciéndole: «Esto es tuyo». Al abrirlo, vio que dentro estaba Aisha.33

Aisha dijo que el Mensajero de Allah le había dicho: «Te vi en sueños durante tres noches. Un ángel trajo algo envuelto en un trozo de seda y dijo: “Esta es tu esposa”. Lo abrí por la parte de la cabeza y vi que eras tú. Dije: “Si esto proviene de Allah, que así sea”».34

El imán at-Tirmidhi narró que ‘Aisha dijo: Gabriel llevó al Mensajero de Allah su retrato envuelto en un trozo de seda verde y le dijo: «Ella será tu esposa en este mundo y en el Más Allá».35

Existe cierta discrepancia sobre la fecha exacta del matrimonio de ‘Aisha. El erudito Badruddin al-‘Ayni escribió en su comentario de Sahih al-Bujari: «El matrimonio de ‘Aisha tuvo lugar dos años antes de la Hégira; también se dice que tres años antes, y asimismo se ha dicho que un año y medio antes».36 Algunas narraciones indican que el Mensajero de Allah contrajo matrimonio con ‘Aisha tres años después del fallecimiento de Jadiya. Algunos especialistas en biografía profética dicen que el matrimonio de ‘Aisha tuvo lugar en el mismo año en que murió Jadiya.37

Sulayman Nadwi dice: Habría sido posible determinar la fecha exacta del matrimonio de ‘Aisha a partir de la fecha del fallecimiento de Jadiya. Sin embargo, tampoco existe consenso sobre la fecha del fallecimiento de Jadiya; también hay discrepancias al respecto. En este caso, podría haberse aceptado como válida la propia narración de ‘Aisha. Pero en al-Bujari y en el Musnad se encuentran dos narraciones diferentes transmitidas por ella. Una narración afirma que su matrimonio tuvo lugar tres años después del fallecimiento de Jadiya.38 La otra menciona que el matrimonio tuvo lugar en el año del fallecimiento de Jadiya.39

La conclusión de la mayoría de los investigadores, y lo que respalda la mayor parte de las narraciones fiables, es que Jadiya falleció en el mes de Ramadán del décimo año de la misión profética, tres años antes de la Hégira, y que un mes después, en el mes de Shawwal, el Mensajero de Allah contrajo matrimonio con ‘Aisha. ‘Aisha tenía entonces seis años. Según este cálculo, su matrimonio tuvo lugar en Shawwal, tres años antes de la Hégira, correspondiente a mayo del año 620 d. C. Ibn ‘Abd al-Barr, en su obra al-Isti‘ab, apoyó esta opinión. En realidad, el matrimonio tuvo lugar en el mismo año del fallecimiento de Jadiya, mientras que la vida conyugal comenzó tres años después, cuando él la llevó a su casa a la edad de nueve años. Esto queda claro en una narración de ‘Aisha transmitida por Ibn Sa‘d.40

Después de su matrimonio, ‘Aisha permaneció aproximadamente tres años en la casa de su padre: dos años y tres meses en La Meca, y siete u ocho meses en Medina después de la Hégira.

Cuando la opresión y la persecución de los politeístas en La Meca superaron los límites de lo soportable, el Mensajero decidió emigrar a Medina. ‘Aisha dijo que el Mensajero acudía cada mañana y cada tarde a la casa de Abu Bakr. Un día, contrariamente a su costumbre, llegó por la tarde con la cabeza y el rostro cubiertos con un manto. En aquel momento, junto a Abu Bakr estaban sentadas sus dos hijas, ‘Aisha y Asma. El Mensajero dijo: «¡Abu Bakr! Pide a quienes están sentados contigo que se aparten un poco; quiero hablar contigo». Abu Bakr respondió: «¡Oh, Mensajero de Allah! Aquí no hay nadie más; solo están los miembros de tu familia». El Mensajero entró y les comunicó su decisión de emigrar. Las dos hermanas, ‘Aisha y Asma, prepararon juntas los enseres del viaje. Después, ambas emprendieron el camino hacia Medina. Dejaron a sus familiares en La Meca, entre sus enemigos.41

Después de establecerse un poco en Medina, el Mensajero de Allah envió a Zayd ibn Haritha y a Abu Rafi‘ a La Meca para trasladar a sus familiares desde allí a Medina. Les entregó dos camellos y quinientos dirhams, que Abu Bakr había dado al Mensajero de Allah para cubrir sus necesidades. Abu Bakr también envió con ellos a ‘Abdullah y le indicó que llevara a ‘Aisha, a Asma y a su madre, Umm Ruman, a Medina.

Cuando todas estas personas partieron de La Meca, Talha ibn ‘Ubaydullah se unió a ellas para emigrar. Con Abu Rafi‘ y Zayd ibn Haritha iban Fatima, Umm Kulthum, Sawda bint Zam‘a, Umm Ayman y Usama ibn Zayd; y con ‘Abdullah ibn Abi Bakr iban Umm Ruman y las dos hermanas de ‘Abdullah, ‘Aisha y Asma.42

Cuando esta caravana partió de La Meca y llegó a al-Bayda, el lugar donde habitaba la tribu Banu Kinana del Hiyaz, el camello que transportaba a Aisha (que Allah esté complacido con ella) y a su madre, Umm Ruman (que Allah esté complacido con ella), salió disparado a gran velocidad llevándolas consigo. A cada instante temían que fueran arrojadas del palanquín. Como suele ocurrir con las mujeres, la madre no prestaba ninguna atención a su propia seguridad y, angustiada por su querida Aisha (que Allah esté complacido con ella), comenzó a llorar desconsoladamente. Después de recorrer una larga distancia, lograron alcanzar y dominar al camello. Todos estaban a salvo y llegaron sanos y salvos a Medina. En aquel momento, el Noble Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) estaba construyendo la Mezquita del Profeta y viviendas en sus alrededores. En una de esas casas se dispuso el alojamiento de Sawda (que Allah esté complacido con ella) y de las hijas del Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz).⁴³

Aisha (que Allah esté complacido con ella) se estableció con sus familiares en el barrio de los Banu Hariz ibn Jazray, en Medina, y vivió allí con su madre durante siete u ocho meses. El clima de Medina no era favorable para la mayoría de los emigrantes que habían llegado de La Meca. Muchos hombres y mujeres enfermaron. Abu Bakr (que Allah esté complacido con él) sufrió una fiebre muy intensa. La joven Aisha (que Allah esté complacido con ella) se dedicó a cuidar de su padre. Un día acudió ante el Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) y le informó del estado de su padre, por lo que él suplicó por Abu Bakr (que Allah esté complacido con él). Abu Bakr (que Allah esté complacido con él) se recuperó.

Después de que su padre se recuperara, Aisha (que Allah esté complacido con ella) cayó enferma y tuvo que guardar cama. Entonces su padre se dedicó a cuidar de su hija. Abu Bakr (que Allah esté complacido con él) se acercaba al lecho de su hija enferma y frotaba su rostro contra el de ella con gran ternura. La enfermedad fue tan grave que a Aisha (que Allah esté complacido con ella) se le cayó casi todo el cabello.⁴⁴

Una vez superada la calamidad —según otra versión, fue Umm Ruman (que Allah esté complacido con ella)—, un día Abu Bakr (que Allah esté complacido con él) le dijo al Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz): «¡Oh, Mensajero de Allah! ¿Por qué no llevas a tu esposa a tu casa?». Él respondió: «No tengo dinero en mis manos para pagar la dote». Abu Bakr (que Allah esté complacido con él) dijo: «Acepta mi dinero; te lo presto». Entonces el Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) tomó prestados de Abu Bakr (que Allah esté complacido con él) doce uqiyya y un nas —equivalentes a quinientos dírhams— y se los envió a Aisha (que Allah esté complacido con ella).

Medina era como la casa de los suegros de Aisha. Las mujeres de los Ansar acudieron a la casa de Abu Bakr (que Allah esté complacido con él) para recibir a la recién casada. Aisha (que Allah esté complacido con ella) estaba jugando con otras niñas en el patio de la casa, bajo una palmera datilera. Su madre, Umm Ruman (que Allah esté complacido con ella), la llamó. Al oír la llamada de su madre, corrió hacia ella jadeando. Después entró en la habitación donde las invitadas estaban esperándola. En cuanto la novia entró en la habitación, las mujeres exclamaron: «¡Que tu llegada sea auspiciosa y bendecida!». Engalanaron a la novia. Poco después llegó el Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz).⁴⁵

En aquel momento no se presentó ante el Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) nada más que un cuenco de leche. Asma bint Yazid era una de las compañeras de juego de Aisha (que Allah esté complacido con ella). Ella relató: «Yo era amiga de Aisha. La arreglé y la presenté ante el Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz). Había otras mujeres conmigo. En aquel momento no encontramos nada que ofrecer al Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz), salvo un cuenco de leche. El Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) tomó un poco de leche del cuenco y se lo ofreció a Aisha. Al ver que ella se avergonzaba de tomarlo, le dije: “No rechaces el regalo del Mensajero de Allah”. Entonces lo aceptó con gran timidez, bebió un poco y se dispuso a dejarlo. El Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) le dijo: “Dáselo a tus compañeras”. Nosotras dijimos: “¡Oh, Mensajero de Allah! En este momento no tenemos deseos de beber”. Él dijo: “No mintáis. Toda mentira de una persona queda registrada”. En otra narración se dice: “No juntéis el hambre con la mentira. La mentira queda registrada, incluso las mentiras pequeñas”.⁴⁶»

Según las narraciones auténticas, Aisha (que Allah esté complacido con ella) se trasladó a la casa de su esposo en el mes de Shawwal del primer año de la Hégira. El ilustre Ayni escribió que se trasladó a la casa de su esposo después de la batalla de Badr, en el segundo año de la Hégira.⁴⁷ También se ha narrado de Aisha (que Allah esté complacido con ella): «Me casó tres años antes de la Hégira y consumó el matrimonio conmigo en el mes de Shawwal, dieciocho meses después de la Hégira. En el momento de mi matrimonio tenía seis años y cuando se consumó el matrimonio era una niña de nueve años».⁴⁸ Sin embargo, esta narración no puede ser correcta, porque, según ella, Aisha (que Allah esté complacido con ella) habría tenido entonces diez años. No obstante, todos los libros de hadices e historia coinciden en que en aquel momento tenía nueve años.⁴⁹

Tanto el matrimonio de Aisha (que Allah esté complacido con ella) como su traslado a la casa de su esposo tuvieron lugar en el mes de Shawwal. Por ello, durante toda su vida le gustó celebrar este tipo de ceremonias en el mes de Shawwal. Ella decía: «Tanto mi matrimonio como mi traslado a la casa de mi esposo tuvieron lugar en Shawwal. ¿Quién fue más afortunada que yo ante su esposo por esta razón?».⁵⁰

El Noble Mensajero (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) llevó a Aisha (que Allah esté complacido con ella) a una pequeña habitación construida junto a la Mezquita del Profeta. La habitación donde hoy está enterrado el Mensajero (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) es la habitación de Aisha (que Allah esté complacido con ella). Más tarde, Aisha (que Allah esté complacido con ella) solía decir: «La habitación en la que me encuentro ahora es aquella a la que el Mensajero (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) me llevó por primera vez. Fue aquí donde falleció». El Mensajero (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) hizo que la puerta de la habitación quedara frente a una de las puertas de la mezquita.⁵¹ Todos pueden comprender, a partir de los relatos anteriores, cuán sencilla y carente de ostentación fue la boda de Aisha (que Allah esté complacido con ella), su traslado al hogar conyugal y cada una de las ceremonias. No hubo en ello ninguna exhibición exagerada ni ningún exceso.

A través del matrimonio de Aisha (que Allah esté complacido con ella) se abolieron muchas supersticiones y malas costumbres de los árabes de aquella época. No consideraban lícito casarse con ninguna clase de hermano, ni siquiera con la hija de un hermano por adopción. Por eso, al escuchar la propuesta de Khaulah (que Allah esté complacido con ella), Abu Bakr (que Allah esté complacido con él) exclamó: «¿Acaso es lícito? Aisha es sobrina del Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él)». Cuando esto llegó a oídos del Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él), dijo: «Abu Bakr es mi hermano en el Islam. Mi matrimonio con su hija es lícito».

Otra mala costumbre era que no celebraban bodas durante el mes de Shawwal. En cierta ocasión, en un mes de Shawwal del pasado, apareció una epidemia de peste en Arabia. Por ello consideraban este mes de mal augurio y no celebraban ninguna boda durante él.⁵²

Algunas personas de la Arabia de aquella época también creían que, si se llevaba a la novia a casa durante ese mes, la relación no perduraría y la pareja se separaría. El matrimonio de Aisha (que Allah esté complacido con ella) asestó un golpe decisivo a la raíz de esa creencia. La ceremonia de llevar a la novia a casa tuvo lugar durante el día. Esto también era contrario a la costumbre establecida.⁵³

Otra costumbre consistía en encender fuego delante de la novia. El primer intercambio de miradas entre los recién casados tenía lugar sobre una plataforma o en el interior de la casa. Todas estas malas costumbres fueron desarraigadas mediante este matrimonio.

Educación y formación

En la antigua Arabia, donde ni siquiera estaba extendida la lectura y la escritura entre los hombres, no cabía hablar de ello en el caso de las mujeres. Al comienzo del Islam, en todo el clan Quraysh de La Meca, solo 17 personas sabían leer y escribir. Entre ellas había una sola mujer: Shifa bint Abd Allah.⁵⁴ Debido a la especial importancia que el Islam concedió a la lectura y la escritura, estas se extendieron con gran rapidez.

Entre las esposas del Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él), Hafsa (que Allah esté complacido con ella) y Umm Salama (que Allah esté complacido con ella) poseían algunos conocimientos de lectura y escritura. Hafsa (que Allah esté complacido con ella) aprendió a leer y escribir con Shifa bint Abd Allah (que Allah esté complacido con ella), por instrucción directa del propio Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él).⁵⁵ En aquella época, algunas otras mujeres pertenecientes a los Compañeros también aprendieron a leer y escribir. La aceptación por parte del Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) de varias esposas, especialmente de Aisha (que Allah esté complacido con ella) a una edad temprana, encerraba múltiples beneficios. Aunque la bendición de la compañía del Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) llevaba a innumerables hombres hasta el límite supremo de la dicha, las mujeres comunes, por razones naturales, no podían alcanzar esa dicha. Solo a través de las esposas del Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) fue posible que los misterios de la gracia y las bendiciones de su compañía se difundieran y extendieran entre las mujeres de todo el mundo.

Excepto ‘Aisha as-Siddiqah (que Allah esté complacido con ella), todas las demás esposas puras del Profeta se unieron en matrimonio con el Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) después de haber quedado viudas o divorciadas. En este sentido, solo ‘Aisha (que Allah esté complacido con ella) fue agraciada exclusivamente con la emanación y las bendiciones de la profecía. La infancia y la adolescencia son las etapas verdaderamente apropiadas para que una persona reciba educación y formación. Afortunadamente, durante todo ese período recibió la formación de su Profeta, de modo que se convirtió en una mensajera de luz para la mitad de la humanidad del mundo.

Entre todo el clan de Quraysh, Abu Bakr (que Allah esté complacido con él) era la persona más experimentada y erudita en genealogía y poesía. ‘Aisha (que Allah esté complacido con ella) fue criada bajo el cuidado de un padre así. Por ello, heredó el amor y la destreza en estas dos disciplinas.

El honorable Abu Bakr (que Allah esté complacido con él) prestaba especial atención a la buena educación y a la formación en modales y conducta de sus hijos. En ciertos casos también era severo. Las obras de hadiz y de la sira ofrecen pruebas de ello. En una ocasión estuvo a punto de golpear a su hijo ‘Abdur-Rahman simplemente porque se había retrasado en servir la comida a los huéspedes. Incluso después de casarse, ‘Aisha (que Allah esté complacido con ella) sentía un gran temor de su padre por cualquier error o falta que cometiera.56 En muchas ocasiones, su padre la reprendía severamente. A veces tampoco dudaba en golpearla.57 En una ocasión, el Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) la salvó.58 En otra ocasión, en presencia del Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz), golpeó con fuerza las costillas de ‘Aisha (que Allah esté complacido con ella). Entonces el Mensajero (que Allah le bendiga y le conceda paz) exclamó: «¡Abu Bakr! ¡Que Allah te perdone! No queríamos que ocurriera algo así».59 La verdadera educación y formación de la honorable ‘Aisha (que Allah esté complacido con ella) comenzó después de que se trasladara al hogar de su esposo. Durante ese período aprendió a leer. Recitaba el Corán observando a otros. Según una narración, no sabía escribir.60 En los hadices se menciona que su esclavo, Zakwan, se encargaba de escribir el Corán para ella.61 Sin embargo, en algunas narraciones aparece: «Ella escribió esto en respuesta a tal carta». Probablemente los narradores sustituyeron la expresión «hizo que lo escribieran» por «escribió». Generalmente sucede así. En cualquier caso, escribir y leer son medidas externas del conocimiento humano. La medida del conocimiento verdadero se encuentra en un nivel mucho más elevado. Alcanzar la perfección y la pureza de la humanidad y la moralidad, conocer las obligaciones de la religión y los profundos misterios de la sharía, y adquirir conocimiento de la palabra de Allah y de los mandamientos proféticos: eso constituye la mejor educación. La honorable ‘Aisha (que Allah esté complacido con ella) era un tesoro de todos estos conocimientos. Además, poseía un profundo conocimiento de la historia, la literatura y la medicina. Adquirió los conocimientos de historia y literatura de su padre.62 Obtuvo sus conocimientos de medicina de las personas y delegaciones que acudían al encuentro del Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) desde distintas regiones y lugares en diferentes ocasiones. El Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) solía estar enfermo la mayor parte del tiempo durante los últimos días de su vida. ‘Aisha (que Allah esté complacido con ella) retenía en su memoria los tratamientos y medicamentos que los médicos árabes prescribían en cada lugar.

Un día, ‘Urwa le dijo a ‘Aisha (que Allah esté complacido con ella): «Me maravillo ante tus conocimientos de fiqh, poesía e historia de los antiguos árabes, pues es posible que hayas adquirido esos conocimientos. Pero no puedo dejar de asombrarme ante tus conocimientos de “tibb”, es decir, medicina. ¿Cómo y de dónde adquiriste este conocimiento?». ‘Aisha (que Allah esté complacido con ella) respondió: «¡‘Urwa! El Mensajero (que Allah le bendiga y le conceda paz) solía estar enfermo durante la última etapa de su vida. Acudían a él personas de distintas regiones de Arabia. Le administraban diversos tratamientos y medicamentos, y yo trataba las enfermedades de esa manera. De ahí adquirí este conocimiento». En otra narración se relata que ‘Urwa preguntó: «¿De dónde adquiriste este conocimiento de la medicina?». ‘Aisha (que Allah esté complacido con ella) respondió: «Lo aprendí de los medicamentos y tratamientos que se administraban cuando yo u otra persona enfermábamos. Además, recordaba las enfermedades y los medicamentos de los que unas personas hablaban a otras».63

Para adquirir conocimiento religioso no había un horario específico. El gran maestro de la sharía estaba en casa. Ella tenía la dicha de disfrutar de su compañía día y noche. Cada día se celebraba en la Mezquita del Profeta una sesión de enseñanza y exhortación del Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz). La habitación de la honorable ‘Aisha (que Allah esté complacido con ella) se encontraba pegada a la mezquita. Por ello, la enseñanza que el Mensajero (que Allah le bendiga y le conceda paz) impartía a la gente desde el exterior, ‘Aisha (que Allah esté complacido con ella) la escuchaba y compartía desde su habitación. Cuando no comprendía algo por la distancia o por alguna otra razón, se lo preguntaba al Mensajero (que Allah le bendiga y le conceda paz) cuando este regresaba a casa y así lo entendía.64 A veces se acercaba a las proximidades de la sesión.65 Además, a petición de las mujeres, el Mensajero (que Allah le bendiga y le conceda paz) reservó un día de la semana para instruirlas y educarlas.66

Día y noche llegaban a sus oídos conversaciones sobre innumerables asuntos de conocimiento y sabiduría. Ella misma tenía la costumbre de presentar cada cuestión sin reservas ante el Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz). No se quedaba tranquila hasta sentirse satisfecha. En una ocasión, el Mensajero (que Allah le bendiga y le conceda paz) dijo:

Será en árabe

A quien se le tome cuenta el Día de la Resurrección, sufrirá el castigo.

‘Aisha (que Allah esté complacido con ella) dijo: «¡Oh, Mensajero de Allah! Allah ha dicho:

Será en árabe

es decir, se le hará un juicio fácil. El Mensajero (que Allah le conceda bendiciones y paz) dijo: «Esto se refiere a la presentación de las obras. Pero aquel cuyas obras sean examinadas minuciosamente estará inevitablemente condenado».67

En una ocasión, durante una exhortación, el Mensajero (que Allah le conceda bendiciones y paz) dijo: «El Día del Juicio, todas las personas resucitarán desnudas». ‘Aisha (que Allah esté complacido con ella) se inquietó y exclamó: «¡Oh, Mensajero de Allah! ¿Hombres y mujeres resucitarán juntos? ¿Acaso no se mirarán unos a otros?». El Mensajero (que Allah le conceda bendiciones y paz) respondió: «Será un momento sumamente terrible; es decir, nadie tendrá ninguna preocupación por los demás».68

Un día, ‘Aisha (que Allah esté complacido con ella) preguntó al Mensajero de Allah (que Allah le conceda bendiciones y paz) si los incrédulos y politeístas recibirían recompensa por las buenas obras que realizan. En La Meca había un politeísta llamado ‘Abdullah ibn Jad‘an, de carácter virtuoso y corazón compasivo. En la época preislámica, reunió a los líderes de Quraysh en una asamblea con el propósito de resolver las disputas y conflictos entre ellos. El Mensajero de Allah (que Allah le conceda bendiciones y paz) se encontraba entre ellos. ‘Aisha (que Allah esté complacido con ella) preguntó: «¡Oh, Mensajero de Allah! ‘Abdullah ibn Jad‘an trataba amablemente a la gente durante la época de la ignorancia y alimentaba a los pobres y hambrientos. ¿Acaso sus obras no le beneficiarán?». Él respondió: «No, ‘Aisha. Nunca dijo: “¡Oh, Allah! Perdóname el Día del Juicio”».

El yihad es una de las obligaciones fundamentales del islam. ‘Aisha (que Allah esté complacido con ella) pensaba que, así como no hay diferencia entre hombres y mujeres respecto a las demás obligaciones, tampoco la habría en este caso. Un día se atrevió a preguntarle al Mensajero de Allah (que Allah le conceda bendiciones y paz). Recibió esta respuesta: «El hajj es el yihad de las mujeres».59

En otra ocasión preguntó: «¡Oh, Mensajero de Allah! El yihad es la mejor de las obras. ¿No debemos nosotras, las mujeres, participar en el yihad?». Él respondió: «No. Sin embargo, el mejor yihad es un hajj aceptado».70

En el matrimonio, es condición que tanto el novio como la novia den su consentimiento. En muchos casos, las jóvenes vírgenes no expresan verbalmente su consentimiento por timidez. Por ello, un día ‘Aisha (que Allah esté complacido con ella) preguntó: «¡Oh, Mensajero de Allah! Para el matrimonio se necesita el consentimiento de la joven, ¿verdad?». El Mensajero (que Allah le conceda bendiciones y paz) respondió: «Sí, es necesario». ‘Aisha (que Allah esté complacido con ella) dijo: «Las jóvenes permanecen calladas por timidez». El Mensajero (que Allah le conceda bendiciones y paz) respondió: «Su silencio es su consentimiento».71

Un día, después de realizar la oración de taháyyud, el Mensajero quiso recostarse un poco para descansar sin haber realizado la oración del vitr. ‘Aisha exclamó: «¡Oh, Mensajero de Allah! ¿Te vas a acostar sin realizar el vitr?». El Mensajero respondió: «Mis ojos duermen, pero mi corazón no duerme».⁷² A primera vista, este tipo de pregunta de ‘Aisha puede parecer una falta de respeto. Pero si ella no hubiera mostrado ese valor, la comunidad de Muhammad habría permanecido ignorante de los misterios profundos de la profecía.

En el islam se mencionan numerosos derechos del vecino, y la mayoría de las mujeres tienen la oportunidad de cumplirlos. Pero si hay varios vecinos, ¿a cuál se debe dar prioridad? Por eso, un día, ‘Aisha preguntó. El Mensajero respondió: «Se debe dar prioridad al vecino cuya puerta esté más cerca de la puerta de tu casa».⁷³ En una ocasión, el Mensajero dijo: «Quien desea encontrarse con Allah, Allah desea encontrarse con él; y quien no desea encontrarse con Allah, Allah no desea encontrarse con él». ‘Aisha dijo: «¡Oh, Mensajero de Allah! Ninguno de nosotros desea la muerte, ¿no es así?». El Mensajero respondió: «No es ese el significado de mis palabras. Significa que cuando el creyente oye hablar de la misericordia de Allah, de Su complacencia y del estado del Paraíso, su corazón anhela encontrarse con Allah, y Allah espera su llegada. Pero cuando el incrédulo oye hablar del castigo y del descontento de Allah, no desea presentarse ante Allah, y Allah tampoco desea encontrarse con él».⁷⁴

En una ocasión, cuando un hombre vino a reunirse con el Mensajero de Allah, este le dio permiso y dijo: «Déjenlo entrar. Es el peor hombre de su tribu». El hombre entró y se sentó. El Mensajero habló con él con gran paciencia, atención y cordialidad. ‘Aisha se quedó muy sorprendida. Cuando el hombre se marchó, dijo: «¡Oh, Mensajero de Allah! Tú conocías bien a ese hombre, pero cuando vino hablaste con él con tanta cordialidad y amabilidad». El Mensajero respondió: «¡‘Aisha! El peor de los hombres es aquel por cuyo temor la gente deja de relacionarse con él».

En una ocasión, un hombre vino a pedir ayuda. Por indicación de ‘Aisha, una sirvienta se dispuso a darle algunas cosas. El Mensajero dijo: «¡‘Aisha! No des contando cada cosa; de lo contrario, Allah te dará contando cada cosa».⁷⁵ Aunque solo sea un trozo, dáselo al mendigo y sálvate así del Infierno. Si una persona hambrienta lo come, le servirá de algo y le llenará el estómago. ¿Qué podría ser mejor que eso?

En otra ocasión, el Mensajero suplicó: «¡Oh, Allah! Mantenme con vida en la pobreza, hazme morir en la pobreza y resucítame el Día de la Resurrección junto con los pobres». ‘Aisha preguntó: «¿Por qué, oh, Mensajero de Allah?». El Mensajero respondió: «Los que no poseen riquezas entrarán en el Paraíso cuarenta años antes que los ricos. ¡‘Aisha! Nunca devuelvas a un mendigo sin darle algo, aunque solo sea un trozo de dátil. Ama a los pobres y hazlos sentarse a tu lado».⁷⁶

En los libros de hadices y de la sira se narran innumerables preguntas de este tipo formuladas por ‘Aisha y sus respuestas. En realidad, estas constituían sus lecciones diarias. Además de diversas enseñanzas morales, el Noble Mensajero enseñaba a ‘Aisha con gran paciencia acerca de la oración, el hach, el zakat y muchos otros asuntos de la religión y de la vida mundana. ‘Aisha aprendía con gran interés y ponía todo ello en práctica con extrema devoción.

‘Aisha sentía un intenso deseo de aprender. Incluso en los momentos en que existía la posibilidad de que el Mensajero de Allah se disgustara, ella no dejaba de preguntar. En realidad, conocía bien el carácter y la naturaleza de su esposo, el Noble Mensajero, y por eso podía mostrarse franca y atrevida en su presencia. En una ocasión, el Mensajero de Allah se enfadó con sus esposas por algún motivo y juró que no visitaría a ninguna de ellas durante un mes. Se mantuvo firme en ese juramento durante veintinueve días. Dio la casualidad de que aquel mes lunar tenía veintinueve días. El Mensajero fue a visitar a ‘Aisha el primer día del mes siguiente, es decir, el día treinta. A primera vista, ‘Aisha debería haberse alegrado, pero vemos que preguntó: «¡Oh, Mensajero de Allah! Dijiste que no vendrías a nosotras durante un mes. ¿Cómo has venido un día antes?». El Mensajero respondió: «¡‘Aisha! Un mes también puede tener veintinueve días».

Vida conyugal: La habitación a la que ‘Aisha se trasladó como esposa desde la casa de sus padres no era ningún palacio lujoso. Alrededor de la Mezquita del Profeta, en el barrio de Banu Nayyar de Medina, había varias pequeñas habitaciones de adobe, y ella se trasladó a una de ellas. La habitación estaba al este de la mezquita. Tenía una puerta orientada hacia el oeste, que daba al interior de la mezquita. Así, la mezquita se convirtió en el patio de la habitación. El Noble Mensajero entraba en la mezquita por esa puerta. Cuando hacía retiro espiritual en la mezquita, introducía la cabeza en la habitación y ‘Aisha le peinaba.⁷⁷ A veces, mientras permanecía sentado en la mezquita, extendía la mano dentro de la habitación y pedía algo a ‘Aisha.⁷⁸

La habitación tenía una anchura de más de seis codos. Las paredes eran de barro. El techo estaba hecho de hojas de palmera y ramas. Encima se colocaba una manta para protegerse de la lluvia. Era tan baja que, cuando un hombre se ponía de pie, podía alcanzar el techo con la mano. Tenía una puerta de una sola hoja, pero nunca fue necesario cerrarla.⁷⁹ Para cubrirla, se colgaba una manta en la puerta. Junto a esta habitación había otra, llamada «mashraba». En una ocasión, mientras el Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) se mantuvo apartado de sus esposas, pasó allí un mes entero.

Entre los muebles de la habitación había una cama, una estera, un lecho, una almohada, dos tinajas para guardar dátiles secos, un recipiente para el agua y una copa para beber. Nada más. En varios hadices se mencionan estos objetos en distintos lugares. Los habitantes no tenían medios para encender una lámpara por la noche. ‘Aisha (que Allah esté complacido con ella) dijo: «Pasaban casi cuarenta noches seguidas sin que se encendiera una lámpara en la casa».

En la casa no había más que dos personas: el Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) y ‘Aisha (que Allah esté complacido con ella). Después de algunos días se les unió una esclava llamada Burayra (que Allah esté complacido con ella). Mientras ‘Aisha y Sawda fueron las únicas dos esposas, el Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) pasaba una noche sí y otra no en la habitación de ‘Aisha (que Allah esté complacido con ella). Más tarde, cuando concedió a otras mujeres la dignidad de esposas y la honorable Sawda (que Allah esté complacido con ella) cedió voluntariamente a ‘Aisha (que Allah esté complacido con ella) el día que le correspondía, pasaba dos de cada nueve noches en la habitación de ‘Aisha (que Allah esté complacido con ella).⁸¹

No había especial necesidad de ordenar y arreglar la casa. Rara vez se presentaba la ocasión de preparar alimentos y cocinar. La honorable ‘Aisha (que Allah esté complacido con ella) solía decir: «Nunca transcurrieron tres días consecutivos sin que la familia del Profeta comiera hasta saciarse».⁸² También decía: «Durante meses y meses no se encendía fuego en la casa».⁸³ En ese tiempo vivían únicamente de dátiles y agua.⁸⁴ Después de la conquista de Jaybar, el honorable Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) fijó una asignación anual para cada una de sus esposas purificadas (las honorables esposas).⁸⁵ Abd al-Rahman al-A‘raj decía en su círculo de Medina: «El Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) daba a ‘Aisha (que Allah esté complacido con ella), para su sustento, ochenta wasaq de dátiles y veinte wasaq de cebada —según otra versión, de trigo— de la cosecha de Jaybar».⁸⁶ Sin embargo, debido a su generosidad, esa cantidad de alimentos nunca era suficiente para todo el año.

Los honorables Compañeros (que Allah esté complacido con ellos) enviaban constantemente regalos y presentes a la familia del Profeta. En especial, el día que el Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) se encontraba en la habitación de ‘Aisha (que Allah esté complacido con ella), la gente enviaba deliberadamente más regalos.⁸⁷

A menudo ocurría que el Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) regresaba de fuera y preguntaba: «¡‘Aisha! ¿Hay algo?». Ella respondía: «¡Oh, Mensajero de Allah! No hay nada». Entonces todos ayunaban juntos.⁸⁸ Muchas veces alguna familia de los Ansar enviaba leche. Así que se sentían satisfechos con solo beberla.⁸⁹ Umm Salama (que Allah esté complacido con ella) dijo: «En la época del Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él), la leche constituía la comida de la mayoría de nuestros días».⁹⁰

La responsabilidad de administrar la casa y los asuntos domésticos del Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) recaía en el honorable Bilal (que Allah esté complacido con él). Él distribuía las provisiones de grano para todo el año. Cuando era necesario, pedía prestado.⁹¹

Cuando el honorable Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) falleció, toda Arabia ya había entrado bajo la sombra del islam. Grandes riquezas llegaban de diversas regiones y se acumulaban en el tesoro público. A pesar de ello, el día en que el Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) falleció, en la casa de la honorable ‘Aisha (que Allah esté complacido con ella) no había comida siquiera para un día.

Incluso durante el califato de Hazrat Abu Bakr Siddiq (que Allah esté complacido con él), Hazrat Aisha (que Allah esté complacido con ella) recibía una cantidad determinada de grano procedente de las cosechas producidas en Jaibar. El califa Hazrat Umar (que Allah esté complacido con él) estableció estipendios para todos. Fijó una asignación anual de diez mil dirhams para cada una de las esposas del Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz), pero para Aisha (que Allah esté complacido con ella) fijó doce mil. Como razón, solía decir: «Aisha era la esposa predilecta del Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz)».⁹² Según un relato, durante su califato el califa Umar (que Allah esté complacido con él) le dio a elegir entre recibir una parte de las cosechas de Jaibar o recibir tierras. Hazrat Aisha (que Allah esté complacido con ella) eligió las tierras.⁹³

Todo el dinero y los bienes que llegaban a sus manos los distribuía generosamente entre los pobres y los necesitados. El sistema mencionado anteriormente se mantuvo desde el califato de Hazrat Uthman (que Allah esté complacido con él) hasta el de Amir Muawiya (que Allah esté complacido con él). Hazrat Abdullah ibn al-Zubayr (que Allah esté complacido con él) era sobrino de Hazrat Aisha (que Allah esté complacido con ella) y, después de Amir Muawiya (que Allah esté complacido con él), se convirtió en califa del Hiyaz. Él se hacía cargo de todos los gastos de su tía. Sin embargo, los días en que no llegaba la asignación del Bayt al-Mal, su casa estaba a punto de quedarse sin alimentos.⁹⁴

A pesar de su aguda inteligencia y comprensión naturales, Hazrat Aisha (que Allah esté complacido con ella), debido a su corta edad, cometía de vez en cuando algunos errores. Molía trigo en casa para convertirlo en harina y luego se quedaba dormida; una cabra venía y se lo comía.⁹⁵ Un día molió harina con sus propias manos y preparó pan. Después se quedó esperando la llegada del Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz). Era de noche. Al cabo de un rato llegó el Mensajero (que Allah le bendiga y le conceda paz) y se puso a rezar. A Hazrat Aisha (que Allah esté complacido con ella) se le cerraron los ojos por el sueño. Mientras tanto, una cabra de los vecinos entró en la casa y se comió todo. En comparación con las esposas mayores del Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz), ella no sabía preparar tan bien los alimentos.⁹⁶

Vida conyugal

Es necesario presentar ante nosotros una imagen de la vida conyugal del Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) y Aisha (que Allah esté complacido con ella), así como de la afectuosa relación que existía entre ambos. El islam no ha considerado a la mujer tan sagrada como para elevarla al rango de una diosa, ni la ha considerado simplemente un objeto para el disfrute del hombre. En esencia, así ha sido la concepción de la mujer que han tenido los pueblos del mundo antiguo y moderno. Por eso, en ninguna época ni sociedad la mujer ha recibido la dignidad que merece. Solo el islam le ha otorgado la dignidad adecuada. La mejor condición que el islam ha reconocido a la mujer es que, en este mundo lleno de conflictos y enfrentamientos, la mujer es una fuente de paz y consuelo para el hombre. El Corán declara:

Será en árabe

Y entre Sus signos está que creó para vosotros esposas de entre vosotros mismos, para que encontréis sosiego en ellas, y puso entre vosotros amor, afecto y misericordia.

(Sura Ar-Rum, 21)

Podemos ver la manifestación práctica de esta declaración de Allah el Altísimo en la vida matrimonial del Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) y Aisha (que Allah esté complacido con ella). El Mensajero (que Allah le bendiga y le conceda paz) dijo:⁹⁷

Será en árabe.

—El mejor de vosotros es quien es mejor con su esposa. Y yo soy el mejor de todos vosotros con mis esposas.

Durante sus nueve años de vida matrimonial hubo entre ellos un profundo amor, comprensión mutua, afecto ilimitado y devoción. A pesar de la extrema pobreza, el hambre y toda clase de circunstancias adversas, no se observa que su dulce relación se viera perturbada ni un solo día. No surgieron entre ellos amargura ni resentimiento de ningún tipo.

El Noble Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) amaba profundamente a Aisha (que Allah esté complacido con ella). Toda la comunidad de los Compañeros lo sabía. Por ello, los días que el Mensajero (que Allah le bendiga y le conceda paz) pasaba en la casa de Aisha (que Allah esté complacido con ella), le enviaban muchos más regalos. Esto irritaba a sus otras esposas. Querían que el Mensajero (que Allah le bendiga y le conceda paz) ordenara a la gente que enviara sus regalos al lugar donde él se encontrara cada día. Sin embargo, nadie tenía el valor de decírselo. Por eso, todas eligieron a Fátima (que Allah esté complacido con ella), la hija predilecta del Noble Mensajero, para hacer llegar sus sentimientos al Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz). Tras escuchar las palabras de Fátima (que Allah esté complacido con ella), el Mensajero (que Allah le bendiga y le conceda paz) dijo: «Hija mía, ¿acaso no quieres lo que yo quiero?». Fátima comprendió el deseo de su padre y regresó. Las esposas del Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) quisieron enviarla de nuevo; pero ella era una mujer de edad, sabia y elocuente. Con mucha habilidad, expuso al Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) lo que ellas sentían. El Mensajero (que Allah le bendiga y le conceda paz) le dijo: «¡Umm Salama! No me molestéis por causa de Aisha. Pues ninguna de mis esposas, salvo Aisha, ha recibido la revelación mientras yo estaba bajo su manta».⁹⁸ El imán al-Dhahabi dice que esta respuesta del Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) muestra que una de las razones principales por las que amaba a Aisha (que Allah esté complacido con ella) más que a las demás era la orden de Allah. Él amaba tanto a Aisha (que Allah esté complacido con ella) por mandato de Allah.⁹⁹

Un día, tras regresar de la batalla de Dhat as-Salasil, ‘Amr ibn al-‘As (que Allah esté complacido con él) preguntó al Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz): «¡Oh, Mensajero de Allah! ¿Quién es la persona más querida para usted en este mundo?». Respondió: «Aisha». Volvió a preguntar: «¡Oh, Mensajero de Allah! Me refiero a un hombre». Respondió: «El padre de Aisha».¹⁰⁰

En cierta ocasión, mientras aconsejaba a su hija, la Madre de los Creyentes Hafsa (que Allah esté complacido con ella), ‘Umar (que Allah esté complacido con él) le dijo: «No intentes competir con Aisha, pues ella es la esposa predilecta del Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz)».¹⁰¹

En cierta ocasión, durante un viaje, la camella de Aisha (que Allah esté complacido con ella) se alteró de repente y echó a correr llevándola consigo. El Noble Mensajero (que Allah le bendiga y le conceda paz) se puso tan angustiado que se le oyó exclamar: «¡Oh, novia mía!». ¡Ay, mi novia!¹⁰²

Durante su enfermedad final, el Noble Mensajero comenzó a preguntar repetidamente: «¿Qué día es hoy?». Todos comprendieron que estaba esperando el día que le correspondía pasar con Aisha. Por ello, lo llevaron a la habitación de Aisha, donde permaneció hasta su fallecimiento. Murió con la cabeza apoyada en el regazo de Aisha.¹⁰³ El Mensajero estuvo enfermo durante trece días: pasó cinco de ellos en las habitaciones de sus otras esposas y ocho en la habitación de Aisha.

Más tarde, Aisha solía decir: «El Mensajero falleció en mi habitación, el día que me correspondía, y sobre mi pecho». En el último momento de su vida, Abd al-Rahman ibn Abi Bakr vino a visitar al Mensajero llevando en la mano un miswak fresco. El Mensajero comenzó a mirar repetidamente aquel miswak. Comprendí que lo quería. Lo tomé, lo lavé, lo mastiqué yo misma para ablandarlo y se lo entregué al Mensajero. Él se limpió los dientes cuidadosamente con él. Luego extendió la mano para devolvérmelo, pero esta cayó. Entonces exhaló su último aliento. Alabado sea Allah, el Magnífico, quien hizo que mi saliva y la de Su Mensajero se unieran en el último instante de su vida terrenal.¹⁰⁴

Muchos creen que la razón de la intensa emoción y admiración del Mensajero por Aisha era su belleza y su atractivo. Pero esta idea es completamente errónea. Entre las esposas del Noble Mensajero, Juwayriya, Zaynab y Safiyya eran las más hermosas. Sus bellezas se mencionan en las obras de hadices, biografías y de historia. Sin embargo, salvo en uno o dos lugares, apenas se menciona la belleza de Aisha. Por ejemplo, una vez, mientras Umar aconsejaba a Hafsa, hizo un comentario sobre ella. Al oírlo, el Mensajero sonrió ligeramente.¹⁰⁵ En realidad, el comentario de Umar solo demuestra que Aisha merecía tener precedencia sobre Hafsa.

La verdad es que el Mensajero dijo precisamente lo siguiente: «La elección de una novia para el matrimonio puede basarse en cuatro cualidades: 1. riqueza, 2. belleza, 3. nobleza de linaje y 4. religiosidad. Buscad a la que sea religiosa».¹⁰⁶ Por eso, entre sus esposas, aquella por medio de quien era posible prestar un mayor servicio a la religión era la más amada por el Mensajero. La comprensión, la reflexión, el discernimiento y la capacidad de Aisha para memorizar las normas y disposiciones religiosas eran muy superiores a las de las demás esposas. Fueron precisamente estas cualidades las que la convirtieron en la esposa predilecta de su marido. El sabio Ibn Hazm lo demostró tras tratar ampliamente el tema en su obra «Al-Milal wa al-Nihal». Este hadiz del Mensajero ha sido transmitido en diversas colecciones de hadices.¹⁰⁷

Será en árabe

Muchos hombres alcanzaron la perfección, pero entre las mujeres nadie la alcanzó, salvo Maryam, hija de Imran, y Asiya, la esposa del Faraón. Sin embargo, la posición de Aisha entre todas las mujeres es como la posición del tharid sobre todos los alimentos.

Este hadiz permite comprender el significado del inmenso amor del Mensajero por Aisha. Su admiración no se debía a la juventud, la belleza ni el atractivo de Aisha, sino a sus cualidades interiores y a su perfección. En cuanto a esas cualidades interiores, después de Aisha ocupaba el siguiente lugar Umm Salama. Por eso, a pesar de ser mayor, también era objeto del profundo amor del Mensajero. La señora Jadiya falleció a los sesenta y cinco años; sin embargo, su amor estaba tan profundamente arraigado en el corazón del Mensajero que incluso Aisha sentía celos de él.¹⁰⁸

Aisha sentía por su esposo, el Mensajero, un amor puro y rebosante. Cuando alguien pretendía compartir ese amor, ella sufría. A veces, si se despertaba durante la noche y no encontraba a su esposo a su lado, se inquietaba. Una noche se despertó profundamente entrada la noche. No encontró a su esposo a su lado. En la habitación no había ninguna lámpara encendida. Comenzó a tantear de un lado a otro en la oscuridad. Finalmente, encontró en un lugar los pies benditos de su esposo. Él estaba postrado en oración.¹⁰⁹

Una vez más se presentó la misma situación. ‘Aisha (را) pensó que quizá él había ido a la habitación de otra esposa. Comenzó a mirar a un lado y a otro. Vio que su esposo estaba absorto, en silencio, recitando tasbih en un rincón. ‘Aisha (را) se avergonzó de su suposición infundada. Se dijo en su interior: «¡Que mis padres sean sacrificados por él! Yo estoy sumida en una suposición, mientras que él se encuentra en semejante estado».

Este es el relato de otra noche. ‘Aisha (را) se despertó a medianoche. Al no encontrar a su esposo a su lado, lo buscó aquí y allá hasta que llegó al cementerio, donde lo encontró ocupado en hacer du‘a e istighfar. Luego regresó silenciosamente. Por la mañana le contó lo sucedido a su esposo, y él dijo: «Sí, durante la noche me pareció que algo pasaba delante de mí. Entonces debías de ser tú».

En una ocasión, durante un viaje, ‘Aisha (را) y Hafsa (را) acompañaban al Mensajero de Allah (صلى الله عليه وسلم). Mientras avanzaban de noche, el Mensajero (صلى الله عليه وسلم) iba sentado sobre la montura de ‘Aisha (را), conversando con ella mientras proseguían el camino.

Un día, ‘Aisha y Hafsa (را) se pusieron de acuerdo e intercambiaron sus camellos. Por la noche, el Mensajero (صلى الله عليه وسلم), como de costumbre, subió a la montura de ‘Aisha (را) y continuó el camino conversando con Hafsa (را). Mientras tanto, ‘Aisha (را), privada de la compañía de su esposo, se afligió profundamente. Cuando la caravana se detuvo en la siguiente parada, bajó de la montura, hundió ambos pies en la hierba y comenzó a decirse: «¡Oh Allah! Ya no puedo decirle nada. Envía una escorpión o una serpiente para que me pique».

Entre las esposas del Mensajero de Allah (صلى الله عليه وسلم) había mujeres de distintos orígenes. Algunas eran hijas de las familias más nobles de Arabia. Les resultaba muy difícil vivir con el Mensajero de Allah (صلى الله عليه وسلم) en unas condiciones tan austeras. Por ello, todas juntas comenzaron a pedirle que mejorara su nivel de vida. En ese contexto fueron revelados unos versículos del Noble Corán, en los que se les comunicó claramente que quienes lo desearan podían romper voluntariamente la relación y marcharse, o aceptar aquellas condiciones austeras y continuar viviendo con el Mensajero de Allah (صلى الله عليه وسلم). Puesto que ‘Aisha (را) era joven, el Mensajero (صلى الله عليه وسلم) le comunicó el asunto para que lo consultara con sus padres. Ella dijo: «Yo elijo al Mensajero de Allah». Fue la primera en tomar esta decisión y le pidió al Mensajero de Allah (صلى الله عليه وسلم): «¡Oh Mensajero de Allah! No se lo digas a nadie más por causa de mi decisión».

El Noble Mensajero (صلى الله عليه وسلم) solía acostarse muchas veces con la cabeza apoyada sobre el muslo de ‘Aisha (را). Un día, mientras el Mensajero (صلى الله عليه وسلم) descansaba en esa posición, Abu Bakr (را), irritado con su hija por algún motivo, entró en su habitación y la golpeó en el costado. Sin embargo, ‘Aisha (را) no se movió en absoluto, pues no quería interrumpir el descanso del Mensajero de Allah (صلى الله عليه وسلم).

‘Aisha (را) conservaba con sumo cuidado las prendas con las que falleció el Noble Mensajero (صلى الله عليه وسلم). En una ocasión, mostrando a un sahabí una capa y una manta del Mensajero de Allah (صلى الله عليه وسلم), dijo: «Él falleció llevando estas prendas».

Toda la vida del Noble Mensajero es un modelo para la humanidad. Por eso, también podemos ver en la vida de ‘Aisha (را) y del Mensajero de Allah (صلى الله عليه وسلم) cómo debe comportarse un esposo para hacer feliz a su esposa. A veces vemos al Mensajero de Allah (صلى الله عليه وسلم) sumamente afectuoso y espontáneo con ‘Aisha (را). Incluso al ver alguna broma o juego insignificante de ‘Aisha (را), expresaba su agrado. El Noble Mensajero (صلى الله عليه وسلم) estaba criando a una niña ansarí. Al llegar a una casa muy sencilla, dijo: «¡‘Aisha! ¿No hay canto ni música?»

Una vez, el día del Eid, unos abisinios mostraban ejercicios de lucha balanceando sus lanzas. Aisha (que Allah esté complacido con ella) le pidió a su esposo que le permitiera ver aquel espectáculo. El Mensajero (que Allah le bendiga y le conceda paz) se colocó de pie detrás de ella para ocultarla, mientras Aisha disfrutaba del espectáculo. Permaneció allí inmóvil hasta que Aisha, cansada, se retiró por sí misma.116

Una vez, Aisha (que Allah esté complacido con ella) hablaba con el Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) en un tono algo elevado. En ese momento llegó su padre, Abu Bakr (que Allah esté complacido con él). Al ver aquella falta de respeto de su hija, se enfadó y levantó la mano para golpearla. El Mensajero (que Allah le bendiga y le conceda paz) se interpuso rápidamente y protegió a Aisha. Cuando Abu Bakr se marchó, el Mensajero (que Allah le bendiga y le conceda paz) le dijo a Aisha: «¿Lo ves? ¿Cómo te salvé?».117

Una vez, el Mensajero (que Allah le bendiga y le conceda paz) fue a visitar a Aisha (que Allah esté complacido con ella) acompañado de una muchacha y le dijo: «¿Conoces a esta muchacha?». Aisha respondió: «No». El Mensajero dijo: «Es la esclava de fulano. ¿Quieres escucharla cantar?». Aisha mostró interés en escucharla. La esclava cantó durante largo rato. En cierto momento, el Mensajero (que Allah le bendiga y le conceda paz) comentó sobre ella: «Satanás toca música en sus orificios nasales». Es decir, al Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) no le gustaban ese tipo de canciones. Para entretener a Aisha (que Allah esté complacido con ella), el Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) a veces también le contaba historias.118 En otras ocasiones escuchaba pacientemente las historias de Aisha (que Allah esté complacido con ella). Sin embargo, incluso en momentos tan íntimos y alegres, si llegaba a sus oídos la llamada a la oración, salía inmediatamente y en línea recta, como si no conociera a nadie.119

En cierta ocasión, durante un viaje, Aisha (que Allah esté complacido con ella) acompañaba al Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz). En un momento del camino, el Mensajero (que Allah le bendiga y le conceda paz) ordenó a todos sus compañeros que se adelantaran. Después le dijo a Aisha: «Ven, corramos y veamos quién llega primero». Aisha era delgada y ligera, por lo que llegó antes que él. Algún tiempo después se presentó otra oportunidad para una carrera semejante. Aisha dijo: «Para entonces había engordado, así que el Mensajero (que Allah le bendiga y le conceda paz) llegó antes que yo». Entonces dijo: «Esta es la revancha por aquel día».120

Cuando el Noble Mensajero (que Allah le bendiga y le conceda paz) tenía ocasión de comer y beber con Aisha (que Allah esté complacido con ella), ambos comían del mismo plato, sobre el mismo mantel. Una vez, antes de que se estableciera la orden del velo, estaban comiendo juntos cuando llegó Umar (que Allah esté complacido con él). El Mensajero (que Allah le bendiga y le conceda paz) lo invitó a comer, y los tres comieron juntos.121 Su afecto durante las comidas era tal que, cuando Aisha (que Allah esté complacido con ella) bebía de un lugar del recipiente, el Mensajero (que Allah le bendiga y le conceda paz) bebía exactamente del mismo sitio.122 Como por la noche no encendían lámparas en la casa, a veces, mientras comían en la oscuridad, las manos de ambos llegaban al mismo trozo de comida.123

En las obras de biografía y hadices se observa una escena maravillosa del afecto, el amor, el disgusto y el agravio entre el Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) y Aisha (que Allah esté complacido con ella). En su conducta se encuentra la prueba de que el islam no negó los sentimientos puros y naturales del ser humano. A veces se les ve emocionarse como personas comunes. No debemos olvidar que Aisha (que Allah esté complacido con ella), además de ser la esposa de un profeta, era también una mujer. Del mismo modo, el Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz), además de ser profeta y mensajero, era también un esposo. Por ello, en diversas obras se han narrado numerosos comportamientos, palabras y episodios relacionados con ellos como marido y mujer, así como con sus sentimientos de disgusto y agravio, que resultan muy sorprendentes e instructivos.

El Noble Mensajero (que Allah le bendiga y le conceda paz) recordaba con frecuencia a su primera esposa, Jadiya, ya fallecida (que Allah esté complacido con ella). Una vez, mientras hablaba de Jadiya (que Allah esté complacido con ella), Aisha (que Allah esté complacido con ella) exclamó: «¡Oh, Mensajero de Allah! ¿Por qué recuerda tanto a esa anciana? Allah le ha dado una esposa mejor que ella». El Mensajero (que Allah le bendiga y le conceda paz) respondió: «Allah me concedió hijos a través de ella».124

En otro relato se cuenta que un día el Mensajero (que Allah le bendiga y le conceda paz) comenzó a elogiar a Jadiya (que Allah esté complacido con ella) y continuó haciéndolo durante largo rato. Aisha (que Allah esté complacido con ella) dijo: «Sentí un fuego interior por los celos y le dije: “¡Oh, Mensajero de Allah! Está elogiando durante tanto tiempo a una anciana de Quraysh, cuyos labios eran rojos y cuya muerte ocurrió hace ya mucho tiempo. Allah le ha dado esposas mejores que ella”». Al oír esto, el rostro del Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) cambió de color. Dijo: «Jadiya fue una esposa excepcional para mí: cuando la gente se negaba a reconocerme como profeta, ella creyó en mí; cuando la gente no quería ayudarme, ella se puso a mi lado con sus bienes y riquezas. Allah me concedió hijos a través de ella, mientras que las demás esposas me privaron de hijos».125

Una vez, ‘Aisha (que Allah esté complacido con ella) sintió dolor de cabeza. En ese momento, la enfermedad final del Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) estaba a punto de comenzar. Él le dijo a ‘Aisha (que Allah esté complacido con ella): «Si murieras antes que yo, te lavaría con mis propias manos, te amortajaría y suplicaría por ti». ‘Aisha (que Allah esté complacido con ella) respondió: «¡Oh, Mensajero de Allah! Usted está deseando mi muerte. Si eso ocurriera, usted traería a otra esposa y la instalaría en esta habitación». Al oír esto, el Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) sonrió.¹²⁶

Después del incidente de la ‘Ifk, es decir, la acusación contra su honor, cuando la pureza de ‘Aisha (que Allah esté complacido con ella) fue declarada mediante la revelación, su madre le dijo: «Ve y expresa tu gratitud a tu esposo». ‘Aisha (que Allah esté complacido con ella) respondió de inmediato, con tono dolido: «No estoy agradecida con nadie excepto con Allah, quien declaró mi pureza».

Una vez, el Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: «¡‘Aisha! Puedo comprender cuándo estás complacida conmigo y cuándo estás disgustada conmigo». ‘Aisha (que Allah esté complacido con ella) preguntó: «¿Cómo?». Él respondió: «Cuando estás disgustada, juras diciendo: “¡Por el Señor de Ibrahim!”; y cuando estás complacida, dices: “¡Por el Señor de Muhammad!”».¹²⁷

El servicio a su esposo

En diversos libros de hadices se encuentran numerosos relatos sobre el servicio de ‘Aisha (que Allah esté complacido con ella) a su esposo. Aunque había sirvientes en la casa, ella realizaba todas las tareas con sus propias manos. Molía la harina, preparaba la comida, tendía la cama, traía y dejaba preparada el agua para la ablución, trenzaba la cuerda alrededor del cuello de los animales destinados al sacrificio, peinaba la cabeza de su esposo, le aplicaba perfume en el cuerpo, lavaba la ropa, y por la noche, al acostarse, colocaba el miswak y el agua junto a su cabeza; también lavaba y limpiaba el miswak.

Un día, el Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) fue a la mezquita envuelto en una manta. Uno de los compañeros dijo: «¡Oh, Mensajero de Allah! Se ve una mancha de suciedad en la manta». Inmediatamente, él se quitó la manta y la envió con un sirviente a ‘Aisha (que Allah esté complacido con ella). ‘Aisha (que Allah esté complacido con ella) hizo traer agua, lavó la manta con sus propias manos, la secó y luego se la envió de nuevo al Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él).¹²⁸

Qays al-Gifarí (que Allah esté complacido con él) era uno de los miembros de los Ahl al-Suffa. Él narró: Un día, el Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: «Id todos hoy a la casa de ‘Aisha». Él nos llevó consigo a la casa y dijo: «¡‘Aisha! Da de comer a todos nosotros». ‘Aisha (que Allah esté complacido con ella) nos dio a todos comida cocinada, y nos ofreció leche y agua para beber.¹²⁹ Probablemente, este acontecimiento tuvo lugar antes de que se revelara la orden del hiyab.

Aunque ‘Aisha (que Allah esté complacido con ella) era la esposa más querida de su esposo, le servía con gran entusiasmo, en mayor medida que las demás. Siempre estaba atenta a la comodidad y el bienestar de su esposo, así como a sus deseos y aversiones. Era necesario lavar repetidamente el miswak de su esposo. ‘Aisha (que Allah esté complacido con ella) era la única que tenía la oportunidad de realizar esta tarea.¹³⁰

La obediencia y el seguimiento del esposo:

Una de las virtudes de la esposa en el islam es obedecer y seguir a su esposo. Durante los largos nueve años de convivencia con su esposo, ‘Aisha (রা) no solo nunca se opuso ni siquiera mínimamente a ninguna de sus órdenes, sino que, si él daba a entender mediante alguna señal o insinuación que algo le desagradaba, ‘Aisha (রা) lo abandonaba de inmediato. En cierta ocasión, ella colocó con mucho cuidado en la puerta una cortina con imágenes. Cuando el Mensajero (সাল্ল-াল্ল¬াহু ‘আলাইহি ওয়া সাল্লাম) estaba a punto de entrar en la habitación, su mirada cayó sobre la cortina. Al instante, su noble rostro perdió el color. Al ver aquello, ‘Aisha (রা) lo comprendió todo. Dijo: «¡Perdóneme! ¿Podría decirme cuál fue mi falta?». El Mensajero (সাল্লাল্লাহু ‘আলাইহি ওয়া সাল্লাম) dijo: «Los ángeles no entran en una casa donde hay imágenes». Al oír esto, ‘Aisha (রা) rasgó la cortina.¹³¹

Durante la vida del esposo, muchas esposas le obedecen y siguen plenamente. Pero es difícil encontrar un ejemplo comparable a la medida en que ‘Aisha (রা), después de la muerte de su esposo, obedeció sus órdenes y cumplió sus mandatos. Permaneció viva durante muchos años después del fallecimiento del Mensajero de Allah (সাল্লাল্লাহু ‘আলাইহি ওয়া সাল্লাম). Durante todo ese largo período, cumplió y llevó a cabo cada orden y deseo de su esposo del mismo modo que lo hacía mientras él vivía.

El Noble Mensajero (সাল্লাল্লাহু ‘আলাইহি ওয়া সাল্লাম) enseñó a ‘Aisha (রা) la generosidad. Ella conservó esta virtud con gran devoción durante toda su vida. En cierta ocasión, pidió al Mensajero de Allah (সাল্লাল্লাহু ‘আলাইহি ওয়া সাল্লাম) permiso para participar en el yihad. El Mensajero (সাল্লাল্লাহু ‘আলাইহি ওয়া সাল্লাম) dijo: «El yihad de las mujeres es el hach». Desde que escuchó estas palabras, practicó esto con tal rigor que fueron muy pocos los años de su vida que transcurrieron sin realizar el hach.¹³²

En cierta ocasión, un hombre envió a ‘Aisha (রা) algunas prendas y una pequeña cantidad de dinero. Al principio, ella se negó a aceptarlos y los devolvió. Después volvió a llamar al hombre, los aceptó y dijo: «Se me ha ocurrido algo».¹³³

En cierta ocasión, ‘Aisha (রা) ayunó el día de ‘Arafat. Debido al intenso calor, se echaba agua sobre la cabeza. Alguien le aconsejó que rompiera el ayuno. Ella dijo: «Cuando he oído del Mensajero de Allah (সাল্লাল্লাহু ‘আলাইহি ওয়া সাল্লাম) que ayunar el día de ‘Arafat expía los pecados de todo un año, ¿cómo podría romperlo?».¹³⁴

Después de ver al Mensajero de Allah (সাল্লাল্লাহু ‘আলাইহি ওয়া সাল্লাম) realizar la oración de Duha, ella la realizó durante toda su vida. Decía: «Aunque mi padre saliera de la tumba y me prohibiera realizar esta oración, no obedecería sus palabras».¹³⁵ En cierta ocasión, una mujer preguntó a ‘Aisha (রা): «¿Qué opina de aplicarse henna?». Ella respondió: «A mi amado le gustaba mucho el color de la henna, pero no le agradaba su olor. No es haram. Si quieres, puedes aplicártela».

La vida religiosa del esposo y la esposa dentro del hogar

La casa de Aisha —que Allah esté complacido con ella— era la morada de un profeta. Allí no había el menor rastro de riqueza ni opulencia. No prestaban ninguna atención a los lujos mundanos. Aisha —que Allah esté complacido con ella— dice que, cuando el Mensajero de Allah —que Allah le bendiga y le conceda paz— entraba en casa, acostumbraba repetir en voz un poco elevada las siguientes palabras.136

Será en árabe

Si los hijos de Adán poseyeran dos valles llenos de riquezas, ambicionarían un tercero. Solo la tierra puede llenar la boca de su avidez. Allah dice: «He creado la riqueza únicamente para que se establezca la oración y se entregue el zakat. Quien se vuelve hacia Allah, Allah también se vuelve hacia él».

Su objetivo principal era recordar que la avidez del ser humano no tiene fin y cuál es el propósito fundamental de otorgar las riquezas.

El Noble Mensajero —que Allah le bendiga y le conceda paz— regresaba a casa después de realizar la oración de la noche (‘Isha). Se limpiaba los dientes con el miswak y se acostaba de inmediato. Se despertaba a medianoche y realizaba la oración de taháyyud. Por último, durante la noche despertaba a Aisha —que Allah esté complacido con ella—. Ella se levantaba y participaba en la oración junto a su esposo. Finalmente, realizaba la oración del witr. Después del alba verdadera, el Puro Mensajero —que Allah le bendiga y le conceda paz—, tras realizar la sunna del fayr, se recostaba un rato de lado y conversaba un poco con Aisha —que Allah esté complacido con ella—.137 Luego salía de casa para realizar la oración obligatoria del fayr. A veces, el Mensajero de Allah —que Allah le bendiga y le conceda paz— y Aisha —que Allah esté complacido con ella— pasaban toda la noche adorando y sirviendo a Allah. El Mensajero era el imam y Aisha era la ma’muma. Cuando el Mensajero —que Allah le bendiga y le conceda paz— se ponía de pie para la oración durante un eclipse solar o lunar (kusuf y jusuf), ella también se ponía de pie. El Mensajero —que Allah le bendiga y le conceda paz— dirigía la oración comunitaria en la mezquita, mientras ella lo seguía en la oración desde casa.138

Además de las cinco oraciones diarias y del taháyyud, al observar al Mensajero de Allah —que Allah le bendiga y le conceda paz— ella también realizaba regularmente la oración de duha. Ayunaba con frecuencia. A veces, ambos esposos ayunaban juntos. Durante los últimos diez días de Ramadán, el Mensajero —que Allah le bendiga y le conceda paz— hacía retiro espiritual (i‘tikaf) en la mezquita. Aisha —que Allah esté complacido con ella— también participaba. Levantaba una tienda en el patio de la mezquita y se recluía en ella. Después de la oración del fayr, el Mensajero —que Allah le bendiga y le conceda paz— acudía allí durante algún tiempo.139

En el año 11 de la Hégira, acompañó al Mensajero de Allah —que Allah le bendiga y le conceda paz— en su viaje para la Peregrinación de despedida. Se dispuso a realizar el hach y la ‘umra. Sin embargo, debido a su ciclo menstrual natural, no pudo realizar el tawaf a su debido tiempo. Se afligió profundamente y comenzó a llorar. Al regresar de fuera, el Mensajero —que Allah le bendiga y le conceda paz— la vio llorando y también comenzó a llorar. Le preguntó la razón y le explicó lo que debía hacer. Acompañada de su hermano ‘Abd al-Rahman ibn Abi Bakr —que Allah esté complacido con él—, completó los ritos obligatorios que habían quedado pendientes.140

A personas comunes como nosotros podría surgirnos la pregunta de si el Noble Mensajero —que Allah le bendiga y le conceda paz— mostraba alguna relajación (¡Allah nos libre!) en el cumplimiento de su misión profética durante los momentos de descanso y reposo en el interior de su hogar. Tal ধারণación es completamente infundada. Ya hemos mencionado anteriormente el comentario de Aisha: «El Mensajero —que Allah le bendiga y le conceda paz— conversaba con nosotros. En cuanto el sonido de la llamada a la oración llegaba a sus oídos, se levantaba. Entonces parecía que ni siquiera nos conocía». Aisha —que Allah esté complacido con ella— colocó con gran esmero una cortina con imágenes para complacer al Mensajero de Allah —que Allah le bendiga y le conceda paz—. Pero el Mensajero de Allah —que Allah le bendiga y le conceda paz—, en lugar de mostrar satisfacción, expresó su disgusto.

En una ocasión, Aisha (que Allah esté complacido con ella) respondió con dureza a un judío que la había maldecido deseándole la muerte. El Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) le dijo inmediatamente: «¡Aisha! Allah es Misericordioso. Él ama la misericordia y la gentileza». En otra ocasión, Aisha (que Allah esté complacido con ella) molió harina con sus propias manos, hizo pan y se quedó dormida. Aprovechando la ocasión, una cabra del vecino entró en la casa y se comió todo. Aisha (que Allah esté complacido con ella) corrió, atrapó la cabra y quiso darle varios golpes. El Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) se lo impidió y dijo: «¡Aisha! No hagas daño al vecino».

Relación con las coesposas y sus hijos:

Por lo que sabemos, en este mundo la existencia de una coesposa es una de las cosas más insoportables para una mujer. Aisha (que Allah esté complacido con ella) tuvo simultáneamente desde una hasta ocho coesposas. Gracias a la grandiosa compañía del Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz), toda impureza desapareció de sus corazones y estos se convirtieron en espejos transparentes. La forma en que Aisha (que Allah esté complacido con ella) convivió con sus coesposas y con los hijos de estas constituye un modelo incomparable para las mujeres de todo el mundo.

Aunque Jadiya (que Allah esté complacido con ella) ya no vivía durante la época de Aisha (que Allah esté complacido con ella), permanecía siempre viva en el corazón del Noble Mensajero (que Allah le bendiga y le conceda paz). Él recordaba constantemente a Jadiya (que Allah esté complacido con ella) ante Aisha (que Allah esté complacido con ella). Por eso, Aisha (que Allah esté complacido con ella) dijo: «No sentía celos de ninguna mujer como los sentía de Jadiya. Esto se debía a que el Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) la recordaba muchísimo; nadie más podía hacerlo. El hecho de que el Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) ofreciera sacrificios en nombre de Jadiya (que Allah esté complacido con ella), enviara regalos a sus amigas y recordara todas sus contribuciones durante los primeros tiempos del islam —como consolar a su esposo, aconsejarle que tuviera paciencia y apoyarlo con todos los medios a su alcance— fue transmitido a esta comunidad precisamente por Aisha (que Allah esté complacido con ella). También fue ella quien informó que Allah, Exaltado sea, había dado a Jadiya (que Allah esté complacido con ella) la buena nueva del Paraíso. Con esto puede apreciarse la pureza y amplitud de su corazón.»

Al elogiar a Sawda (que Allah esté complacido con ella), Aisha (que Allah esté complacido con ella) dijo: «Al ver a cualquier otra mujer, aparte de Sawda, nunca sentí tal deseo de ser ella, como si quisiera que mi alma estuviera en su cuerpo». Después de la muerte de Maymuna (que Allah esté complacido con ella), dijo de ella: «Era la más piadosa de todas nosotras». Safiyya (que Allah esté complacido con ella) sabía preparar platos excelentes. Ella misma reconocía esta habilidad diciendo: «Nunca he visto a nadie que prepare comida mejor que ella». En los libros de hadices y de la biografía del Profeta se encuentran numerosos relatos sobre su trato y convivencia con sus coesposas, en los que se manifiestan su generosidad, magnanimidad y elevada moral. La amabilidad y el buen trato de Aisha (que Allah esté complacido con ella) alegraban a todos. Por eso, durante el incidente de la calumnia —cuando ella se encontraba desconcertada—, al preguntar el Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) a una de sus coesposas, Zaynab (que Allah esté complacido con ella), acerca de su carácter, ella respondió: «No conozco de ella sino el bien».

Aisha (que Allah esté complacido con ella) no tuvo hijos. Sin embargo, varias de las otras esposas del Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) sí tuvieron hijos. La relación de Aisha (que Allah esté complacido con ella) con ellos era ejemplar. Zaynab, Ruqayya, Umm Kulzum y Fatima eran las cuatro hijas de Jadiya (que Allah esté complacido con ella). Antes de que Aisha (que Allah esté complacido con ella) llegara a la casa del Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz), todas ellas, excepto Fatima (que Allah esté complacido con ella), se habían casado y se habían marchado a los hogares de sus respectivos esposos. Ruqayya falleció en el sexto año de la Hégira, y Zaynab y Umm Kulzum fallecieron respectivamente en los años octavo y noveno. En los libros de hadices y de biografía del Profeta no se encuentra ni un solo relato de una relación amarga entre ellas y Aisha (que Allah esté complacido con ella). Por el contrario, los comentarios y actos de Aisha (que Allah esté complacido con ella) que se han transmitido acerca de estas hijas muestran la profunda amistad que las unía. Aisha (que Allah esté complacido con ella) transmitió estas palabras del Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) acerca de Zaynab, quien alcanzó el martirio por la causa de Allah: «Era una hija excelente para mí; se le hizo sufrir por causa de su amor hacia mí». Aisha (que Allah esté complacido con ella) también narró cuánto cariño y afecto profesaba el Mensajero (que Allah le bendiga y le conceda paz) a Umama, la hija de esta Zaynab.

Cuando Aisha (que Allah esté complacido con ella) llegó al hogar conyugal, Fatima (que Allah esté complacido con ella), todavía soltera, se encontraba en la casa de su padre. Sin embargo, era cinco o seis años mayor que Aisha. Madre e hija pasaron juntas un año, o algo menos. Durante el segundo año de la Hégira, esta joven se casó con Ali (que Allah esté complacido con él). Aisha (que Allah esté complacido con ella) participó junto con las demás madres en los preparativos de la boda. Más aún, por orden del Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz), le prestó una atención especial: encaló la casa, preparó la cama, hizo con sus propias manos una almohada rellenándola con fibras de palmera datilera, ofreció dátiles y pasas a los invitados, y fabricó una especie de perchero de madera para colgar el odre de agua y la ropa. Aisha (que Allah esté complacido con ella) narró: «Nunca vi una boda tan hermosa como la de Fatima».

Al elogiar a Fatima (que Allah esté complacido con ella), Aisha (que Allah esté complacido con ella) dijo: «Nunca he visto a nadie mejor que Fatima, excepto su padre». En una ocasión, un tabi‘í le preguntó a Aisha (que Allah esté complacido con ella): «¿Quién era la persona más querida para el Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz)?». Ella respondió: «Fatima». Aisha (que Allah esté complacido con ella) dijo: «No vi a nadie, excepto Fatima, cuya forma de andar, sentarse y levantarse se pareciera tanto a la del Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz)». Cuando Fatima iba a visitar a su padre, él se ponía de pie, besaba la frente de su hija y la sentaba en su propio lugar. Y cuando el padre iba a su casa, ella se levantaba, lo besaba y lo llevaba a sentarse en su lugar.»

En su hogar conyugal, Fátima (que Allah esté complacido con ella) se había fatigado un poco por realizar con sus propias manos todas las tareas. Un día acudió ante su padre para solicitar que le concediera una sirvienta. Por casualidad, no pudo verlo. Cuando encargó a su madre que hablara con Aisha sobre el asunto, regresó.146

Aisha (que Allah esté complacido con ella) relató: «Un día, todas las esposas estábamos sentadas junto al Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él). En ese momento, Fátima llegó desde el frente. Su manera de caminar era exactamente como la del Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él); no había ninguna diferencia. El Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) la llamó con gran emoción y la sentó a su lado. Luego le susurró algo al oído. Fátima comenzó a llorar. Al verla tan perturbada, el Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) volvió a susurrarle algo al oído. Esta vez, Fátima comenzó a reír. Aisha (que Allah esté complacido con ella) dijo: “Le pregunté: ‘¡Fátima! El Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) te confía un secreto a ti, excluyendo a sus esposas, ¿y tú lloras?’. Cuando el Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) se levantó, quise preguntarle a Fátima de qué se trataba. Ella respondió: ‘No revelaré el secreto de mi padre’.”

Después del fallecimiento del Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él), Aisha (que Allah esté complacido con ella) volvió a preguntarle un día sobre el asunto. Fátima dijo: «La razón de mi llanto fue que él me había informado de su muerte. Y la razón de mi risa fue que me dijo: “¡Fátima! ¿Acaso no te agradaría ser la líder de las mujeres de todo el mundo?”».147

Estos acontecimientos mencionados anteriormente permiten comprender la afectuosa relación que Aisha (que Allah esté complacido con ella) mantenía con las hijas de sus coesposas. Existen muchos otros acontecimientos de este tipo en las obras de hadices y de biografía profética.

Guerras y batallas

El imán al-Bujari lo relató. Al referirse a la batalla de Uhud, Anas (que Allah esté complacido con él) dijo: «Vi a Aisha y a Umm Sulaym (que Allah esté complacido con ellas) llevando odres llenos de agua sobre sus hombros y vertiéndola en las bocas de los heridos. Cuando se les terminaba el agua, volvían a llenarlos y la vertían de nuevo».148 Durante la batalla de Uhud, ella no tendría más de diez u once años. Participó en esta batalla y atendió a los heridos.

El imán al-Bujari dice que la batalla de Banu Mustaliq fue la batalla de al-Muraysi‘. Existe, no obstante, cierta discrepancia entre los especialistas en biografía profética sobre el año en que tuvo lugar. Muhammad ibn Ishaq dice que ocurrió en el sexto año de la Hégira; Musa ibn Uqba, en el cuarto año; y Urwa, en Sha‘ban del quinto año de la Hégira.149 Al-Muraysi‘ era un manantial perteneciente a la tribu de Banu Mustaliq. Su líder era al-Harith ibn Abi Dirar. Este organizó a los miembros de su propia tribu y de otras tribus vecinas para combatir contra el Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él). Al enterarse de ello, el Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) partió de Medina con un ejército para someterlos. En este ejército participaron numerosos hipócritas —musulmanes hipócritas—, más que en cualquier otra batalla.150 Finalmente, los dos ejércitos se enfrentaron junto a al-Muraysi‘. Durante esta expedición, los hipócritas urdieron una infame conspiración contra Aisha (que Allah esté complacido con ella). Expondré el acontecimiento con algo más de detalle.

En Sha‘ban del quinto o sexto año de la Hégira, el Noble Profeta (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) supo que los habitantes de los alrededores de al-Muraysi‘ se estaban preparando para combatir contra los musulmanes. En cuanto se enteró, el Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) marchó hacia ellos al frente de un ejército. El líder de los hipócritas, Abdullah ibn Ubay, se unió a esta expedición junto al Noble Profeta (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él), acompañado por un gran número de hipócritas. Ibn Sa‘d dice que nunca antes se había unido tal cantidad de hipócritas a una batalla. Al finalizar la expedición, aquellos hipócritas intentaron de diversas maneras sembrar la discordia entre los musulmanes. Gracias a la misericordia de Allah y a la previsión y competente liderazgo del Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él), todas las conspiraciones de Abdullah ibn Ubay fracasaron.

En este mismo viaje urdieron una conspiración en torno a la Madre de los Creyentes, ‘Aisha (que Allah esté complacido con ella). Lanzaron una acusación falsa y sumamente difamatoria contra la castidad de ‘Aisha (que Allah esté complacido con ella). La historia principal ha sido narrada, con las palabras de ‘Aisha, en diversas colecciones de hadices y obras de biografía profética, entre ellas Sahih al-Bujari. Ella dijo:

Cuando el Noble Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) emprendía un viaje lejano, echaba suertes para decidir cuál de sus esposas lo acompañaría. Durante la expedición contra los Banu al-Mustaliq, mi nombre salió en el sorteo. Así, lo acompañé en el viaje. Cuando regresábamos y nos acercábamos a Medina, el Mensajero (que Allah le bendiga y le conceda paz) acampó durante la noche en un lugar. Al final de la noche comenzaron los preparativos para reanudar el viaje. Me desperté y salí para hacer mis necesidades. Al regresar, cuando me aproximé al lugar donde habíamos acampado, me pareció que mi collar se había caído en algún sitio. Volví a buscarlo. Mientras tanto, la caravana había partido. La costumbre era que, al emprender la marcha, yo me sentaba en mi howdah (la litera colocada sobre el lomo del camello), y luego cuatro hombres la levantaban y la sujetaban sobre el camello. En aquella época, debido a la escasez y la pobreza, nosotras las mujeres éramos muy delgadas y ligeras. Al levantar mi howdah, los hombres ni siquiera se dieron cuenta de que yo no estaba dentro. Sin saberlo, colocaron el howdah sobre el camello y partieron.

Entretanto, encontré el collar y, al regresar, no vi a nadie allí. Entonces me cubrí todo el cuerpo con mi manto y me quedé tendida en el mismo lugar. Pensé que, cuando avanzaran y no me encontraran, volverían a buscarme. En esa situación me quedé dormida. Por la mañana, Safwan ibn al-Mu‘attal al-Sulami llegó al lugar donde yo estaba dormida. En cuanto me vio, me reconoció, pues me había visto varias veces antes de que fuera revelada la orden del hiyab. Al verme, detuvo su camello y, sorprendido, exclamó: «¡En verdad, pertenecemos a Allah y a Él regresaremos! ¡La esposa del Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) se ha quedado aquí!»

Al oír su voz, me desperté. Me levanté rápidamente y me cubrí el rostro con el manto. Él no me dirigió palabra alguna. Hizo que su camello se sentara delante de mí y se apartó. Subí al lomo del camello, mientras él caminaba sujetando las riendas. Casi al mediodía alcanzamos a la caravana, que acababa de detenerse en un lugar. Ninguno de ellos se había dado cuenta de que yo me había quedado atrás. Sobre este incidente se fabricó una montaña de falsas acusaciones. Entre quienes tomaron la iniciativa, ‘Abdullah ibn Ubay fue el más destacado. Pero yo no sabía absolutamente nada de lo que se decía contra mí.»

En otra narración se cuenta que, cuando la honorable ‘Aisha (que Allah esté complacido con ella) llegó montada en el camello de Safwan al campamento de los soldados, y se supo que se había quedado atrás, ‘Abdullah ibn Ubay gritó: «¡Por Allah! Esta mujer no ha podido salvarse por sí misma. ¡Mirad, mirad! La esposa de vuestro Profeta ha pasado la noche con otro hombre, y ahora lo trae consigo abiertamente.»

‘Aisha (que Allah esté complacido con ella) dijo: «Después de regresar a Medina, enfermé. Permanecí en cama durante casi un mes. Por toda la ciudad comenzaron a difundirse rumores sobre aquella falsa acusación. Estos tardaron poco en llegar a oídos del Noble Profeta (que Allah le bendiga y le conceda paz), pero yo no supe nada. Sin embargo, algo me inquietaba: cuando estaba enferma, el Noble Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) solía mostrarme una atención distinta, pero esta vez no lo hacía. Cuando entraba en la casa, solo preguntaba a los miembros de la familia: “¿Cómo está ella?”. No me hablaba. Esto despertó en mí la sospecha de que quizá había ocurrido algo. Finalmente, le pedí permiso y fui a casa de mi madre, para que ella pudiera cuidarme mejor.

Una noche salí de la casa para hacer mis necesidades. Hasta entonces no se habían construido letrinas en todas nuestras casas. Para hacer nuestras necesidades solíamos ir a los descampados y bosques. Me acompañaba la madre de Mistah ibn Uthatha, que era prima hermana de mi padre. Al avanzar por el camino, tropezó y, de repente, exclamó: «¡Que perezca Mistah!». Le dije: «¡Qué clase de madre eres! ¿Deseas la muerte de tu propio hijo? Además, él participó en la batalla de Badr». Ella respondió: «¡Hija mía! ¿Acaso no sabes nada?». Entonces me contó toda la historia y me relató todo lo que quienes difundían la calumnia decían sobre mí.»

Cabe señalar que, además de los hipócritas, un pequeño grupo de musulmanes terminó participando en aquella campaña de mentiras. Entre ellos destacaban Mistah ibn Uthatha, el célebre poeta del islam Hassan ibn Thabit y Hamna bint Jahsh, hermana de la honorable Zaynab (que Allah esté complacido con ella). ‘Aisha (que Allah esté complacido con ella) dijo: «Al escuchar aquella historia, sentí como si mi sangre se hubiera convertido en agua. Incluso olvidé el motivo por el que había salido. Regresé directamente a casa y pasé toda la noche llorando.»

Mientras yo estaba ausente, el Mensajero de Allah, que Allah le bendiga y le conceda paz, llamó también a ‘Alí y a Usama ibn Zayd —que Allah esté complacido con ellos— y les pidió consejo al respecto. Usama —que Allah esté complacido con él— habló bien en mi favor. Dijo: «¡Oh, Mensajero de Allah! Nunca he visto en ninguna de tus esposas nada salvo el bien. Todo lo que se está diciendo no es más que mentira y acusaciones inventadas». Y ‘Alí dijo: «¡Oh, Mensajero de Allah! En nuestra sociedad no faltan mujeres. Puedes tomar otra esposa en su lugar. Y si quieres conocer el asunto real, puedes llamar a la esclava y preguntarle cómo son las cosas».

Llamaron a la esclava y la interrogaron. Ella dijo: «Juro por Allah, que te envió con la verdadera religión, que nunca he visto en ella nada malo por lo que se le pueda reprochar. Lo único que he observado es que yo dejaba preparada la masa y le decía: “Vigílala un poco”. Pero ella se quedaba dormida, y la cabra venía y se comía la masa preparada».

Ese día, el Noble Profeta dijo en uno de sus discursos: «¡Oh, musulmanes! ¿Quién de vosotros puede protegerme del ataque de aquel que me ha causado dolor al lanzar una acusación falsa contra mi esposa? Juro por Allah que no he visto ninguna falta en mi esposa, ni tampoco en el hombre sobre quien se ha formulado esta acusación. Durante mi ausencia, él nunca entró en mi casa». Al oír estas palabras, se levantó Usayd ibn Hudayr —según algunas narraciones, Sa‘d ibn Mu‘adh— y dijo: «¡Oh, Mensajero de Allah! Si el acusador pertenece a nuestra tribu, lo mataremos; y si pertenece a la tribu de nuestros hermanos, los Jazray, haremos lo que tú ordenes». Al oír esto, se levantó Sa‘d ibn ‘Ubada, jefe de la tribu de los Jazray, y dijo: «Mientes; no podrás matarlo de ningún modo. Solo dices que lo matarás porque pertenece a los Jazray. Si fuera uno de los tuyos, nunca dirías que hay que matarlo». En respuesta, le dijeron: «Eres un hipócrita; por eso apoyas a los hipócritas».

A causa de esta disputa se produjo un alboroto en la Mezquita del Profeta. Los miembros de las tribus Aws y Jazray estuvieron a punto de enfrentarse allí mismo, en la mezquita. Pero el Noble Profeta los calmó y después bajó del púlpito.

Durante al menos un mes, aquellas palabras inventadas de esta falsa acusación siguieron circulando por la sociedad. El Noble Profeta continuó sufriendo una intensa angustia mental. Yo no dejaba de llorar. Mis padres pasaban los días sumidos en una preocupación y una ansiedad inmensas. Finalmente, un día vino el Noble Profeta y se sentó a mi lado. Durante todo ese largo período, no se había sentado conmigo ni una sola vez. Abu Bakr y Umm Ruman —los padres de ‘A’isha— pensaron que quizá aquel día se pronunciarían palabras decisivas. Por ello, también se acercaron y se sentaron. El Noble Profeta, que Allah le bendiga y le conceda paz, dijo: «‘A’isha, han llegado a mis oídos todas estas cosas sobre ti. Si eres inocente, espero que Allah manifieste y demuestre tu inocencia. Pero si realmente has cometido algún pecado, arrepiéntete ante Allah y pídele perdón. Cuando un siervo reconoce su pecado y se arrepiente, Allah lo perdona».

Al oír estas palabras, se me secaron las lágrimas. Le dije a mi padre: «Responde a las palabras del Mensajero de Allah, que Allah le bendiga y le conceda paz». Él respondió: «¡Hija! No sé qué decir». Le dije a mi madre: «Diga usted algo». Ella respondió: «No sé qué decir». Entonces dije: «Han oído algo y eso se ha instalado en sus corazones. Ahora, si digo que soy inocente —Allah es testigo de que soy completamente inocente—, no me creerán. Y si reconozco algo que en realidad no he hecho, Allah sabe que no lo hice… En ese momento intenté recordar el nombre del Profeta Jacob —que la paz sea con él—, pero no pude recordarlo. Finalmente dije: “En una situación como esta, no veo otra alternativa que decir lo que dijo el padre de Yusuf —que la paz sea con él—:

Será en árabe

Después de decir esto, me volví hacia el otro lado y me acosté. Pensé para mis adentros: «Allah conoce plenamente mi inocencia. Sin duda, hará que la verdadera situación quede manifiesta ante la gente». Sin embargo, jamás imaginé que se revelaría una revelación en mi defensa y que sería recitada hasta el Día de la Resurrección. Pensaba que el Mensajero, que Allah le bendiga y le conceda paz, tendría algún sueño en el que Allah manifestaría mi inocencia. Mientras tanto, el Noble Profeta, que Allah le bendiga y le conceda paz, entró en el estado en que recibía la revelación. Incluso en medio del intenso frío, las gotas de sudor comenzaron a caer de su noble rostro. Al ver aquello, todos guardamos silencio. En mi interior me sentía completamente tranquila. Pero el estado de mis padres era sumamente penoso. Estaban inquietos y angustiados, pensando en qué gran verdad revelaría Allah. Cuando terminó el estado de la revelación, el Mensajero de Allah, que Allah le bendiga y le conceda paz, parecía muy feliz. Sonriendo, lo primero que dijo fue: «‘A’isha, alégrate. Allah ha revelado una revelación declarando tu inocencia». Después recitó para nosotros los versículos 11 al 21 de la sura An-Nur. Entonces mi madre me dijo: «Levántate y da las gracias al Mensajero de Allah, que Allah le bendiga y le conceda paz». Yo dije: «No le daré las gracias a él ni a vosotros dos. Doy gracias a Allah, que ha revelado versículos del Corán sobre mi inocencia. Vosotros ni siquiera declarasteis que esta falsa acusación era falsa».¹⁵¹

La acusación que se formuló contra Aisha (que Allah esté complacido con ella) se denomina al-ifk en el lenguaje del Corán. Con esta palabra, Allah Todopoderoso refutó por completo dicha acusación. El término ifk significa invertir el sentido original y decir cualquier cosa contraria a la verdad. En este sentido, se emplea para referirse a una mentira absoluta y a palabras inventadas. Cuando se utiliza respecto de una acusación, significa una acusación manifiestamente falsa, una calumnia falsa.152

Después de que descendieran los versículos del Corán que declaraban la inocencia de Aisha (que Allah esté complacido con ella), se aplicó el hadd (castigo prescrito) a dos hombres y una mujer por haber formulado una calumnia manifiestamente falsa. Ellos fueron: Mistah ibn Uthatha, el poeta Hassan ibn Thabit y Hamna bint Jahsh (que Allah esté complacido con ellos).153

El relato del descenso del versículo sobre el tayammum:

Allah Todopoderoso mostró a la humanidad, por medio de Aisha (que Allah esté complacido con ella), numerosos caminos hacia el bien. A raíz del ifk, estableció muchas normas, prohibiciones y disposiciones penales para preservar a la sociedad humana de la inmoralidad sexual y la obscenidad. Del mismo modo, por medio de este acontecimiento, concedió la posibilidad del tayammum como alternativa al agua para alcanzar la pureza. Considero que no sería inoportuno tratar aquí brevemente este asunto.

En otra ocasión, Aisha (que Allah esté complacido con ella) acompañaba al Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) en un viaje. Según Ibn Sa’d, también se trataba del viaje de la expedición de al-Muraysi.154 Ella llevaba al cuello el mismo collar. Cuando la caravana llegó a un lugar llamado Dhat al-Jaysh o al-Bayda, el collar volvió a romperse, cayó de su cuello y desapareció.155 La experiencia del incidente anterior le había servido de lección. Por eso, esta vez informó inmediatamente del asunto al Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él). Era casi el amanecer. El Mensajero (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) ordenó detener la marcha allí donde los soldados habían levantado sus tiendas, pero no había allí ni una gota de agua. Entretanto, llegó la hora de la oración del fayr. La gente, atemorizada y alarmada, corrió ante Abu Bakr (que Allah esté complacido con él) y le dijo: «¡Aisha (que Allah esté complacido con ella) ha puesto al ejército en una situación muy difícil!». Abu Bakr (que Allah esté complacido con él) corrió directamente hacia Aisha (que Allah esté complacido con ella). Vio que el Mensajero (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) descansaba un poco con la cabeza apoyada sobre la rodilla de Aisha (que Allah esté complacido con ella). Abu Bakr (que Allah esté complacido con él), con voz alterada, le dijo a su hija: «Siempre traes nuevas dificultades a la gente». Al decir esto, le dio varios pequeños golpes en las costillas, presa de la ira y la indignación. Pero Aisha (que Allah esté complacido con ella) no se movió en absoluto, pues temía perturbar el descanso del Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él).

Mientras tanto, amaneció. El Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) se despertó y quedó enterado de todo. Una característica de las normas islámicas es que siempre fueron reveladas en el momento adecuado. Hasta entonces, en el islam, la ablución era obligatoria para la oración. Pero, con ocasión de este incidente, descendió el siguiente versículo, que indicó qué debía hacerse cuando no se encontrara agua:

Será en árabe

«Y si estáis enfermos o de viaje, o si alguno de vosotros viene de hacer sus necesidades o ha tenido relaciones con mujeres y no encuentra agua, recurrid entonces a tierra pura y realizad el tayammum. Frotad con ella vuestros rostros y vuestras manos. Ciertamente, Allah es indulgente». (An-Nisa: 43)

En realidad, la disposición sobre el tayammum es un don especial, una característica exclusiva de esta comunidad. ¡Qué inmenso favor de Allah, que Él haya establecido como sustituto del agua, para la purificación mediante la ablución, el baño ritual y otras prácticas semejantes, algo cuya obtención es más fácil que la del agua! Esta facilidad no fue concedida a ninguna comunidad anterior; fue concedida únicamente a la comunidad de Muhammad.

En fin, aquel grupo de muyahidines musulmanes, rebosante de emoción y entusiasmo —que, al no encontrar agua, se consideraba en una situación de peligro— se llenó de enorme alegría al recibir esta misericordia de Allah. Usayd ibn Hudayr, que era un compañero de gran categoría, exclamó con emoción: «¡Oh, familia de Abu Bakr al-Siddiq! Esta no es la primera bendición que recibís gracias al islam».156

En otra narración se relata que Usayd ibn Hudayr, dirigiéndose a Aisha (que Allah esté complacido con ella), dijo: «¡Que Allah te recompense con el bien! Cada vez que te ha sobrevenido alguna desgracia que no te agradaba, Allah ha concedido por medio de ella algún beneficio tanto para ti como para los musulmanes».157

Abu Bakr al-Siddiq (que Allah esté complacido con él), quien poco antes se había mostrado ansioso por reprender a su querida hija, ahora le dijo con orgullo: «¡Pedazo de mi corazón! No sabía que fueras tan portadora de bendiciones. Por tu medio, Allah ha concedido tanta bendición y facilidad a la comunidad musulmana».158

Cabe señalar que Aisha (que Allah esté complacido con ella) había tomado prestado este collar de su hermana Asma para llevarlo.159 Después, cuando se levantó el camello de Aisha (que Allah esté complacido con ella) para que la caravana partiera, el collar fue encontrado debajo del camello.160

El episodio del ila o tajyir:

Hay muchos acontecimientos destacados en la vida matrimonial de Aisha junto al Noble Mensajero (que Allah le bendiga y le conceda paz). Los dos más importantes son: el episodio del tahrim y el episodio del ila o tajyir. El tahrim es el episodio relacionado con la miel, mencionado en la biografía de Hafsa (que Allah esté complacido con ella). Aunque el otro episodio fue señalado anteriormente en algunos lugares, no se había tratado en detalle; por eso se relata aquí.

Este acontecimiento tuvo lugar en el noveno año de la hégira —según otra opinión, en la misma época que las campañas de Ahzab y Banu Qurayza—.161 Para entonces, el mensaje del islam se había difundido por los lugares más remotos de Arabia. Las riquezas se acumulaban continuamente en el tesoro público del islam. A pesar de ello, ya se han dado algunos indicios de las privaciones y la austeridad en las que vivían los miembros de la familia del Noble Mensajero (que Allah le bendiga y le conceda paz). Tras la conquista de Jaibar, la cantidad de grano y dátiles secos asignada a las esposas purificadas del Mensajero para todo el año era muy insuficiente. Además, cada una de ellas tenía la costumbre de recibir huéspedes y una mano generosa para las limosnas y las buenas obras. Por ello, su nivel de vida era sumamente bajo. Pasaban cada día entre el hambre y el hambre parcial. Antes de casarse con el Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz), habían llevado una vida muy lujosa en la casa de sus padres o en la de sus anteriores esposos. Por esta razón, al ver la abundancia de bienes y riquezas en manos del Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz), todas juntas solicitaron que se aumentara la asignación que se les había fijado.

Cuando estas palabras llegaron a oídos de ‘Umar (que Allah esté complacido con él), primero aconsejó a su hija Hafsa (que Allah esté complacido con ella), diciéndole: «Estás pidiendo un aumento en tus medios de subsistencia. Puedes pedirme a mí todo lo que necesites». Después, ‘Umar (que Allah esté complacido con él) fue una por una a las puertas de cada una de las Madres de los Creyentes y las aconsejó. Umm Salama dijo: «¡‘Umar! Siempre te entrometes en todos los asuntos; ahora también has empezado a entrometerte en el asunto de las esposas del Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él)!». Al oír esto, ‘Umar (que Allah esté complacido con él) se sintió humillado y guardó silencio.

Un día, Abu Bakr y ‘Umar (que Allah esté complacido con ambos) se presentaron ante el Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) y vieron que sus esposas estaban sentadas a su alrededor, presionándolo para que aumentara sus medios de subsistencia. Ambos se dispusieron a golpear a sus respectivas hijas, ‘Aisha y Hafsa. Entonces ellas se libraron de las manos de sus padres prometiendo que, en adelante, ya no afligirían al Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) reclamando un aumento de sus medios de subsistencia.

Las demás esposas permanecieron firmes en sus demandas. En ese momento, el Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) cayó del lomo de un caballo y resultó herido al golpearse las costillas contra una raíz de árbol.¹⁶²

Junto a la habitación de ‘Aisha (que Allah esté complacido con ella) había otra estancia llamada al-Mashraba. El Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) se retiró allí. Juró que durante un mes no visitaría a ninguna de sus esposas. Los hipócritas difundieron entonces el rumor de que el Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) se había divorciado de todas sus esposas. Al enterarse, los nobles Compañeros se reunieron en la mezquita. En todas las casas reinaba una atmósfera de agitación. Las esposas del Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) comenzaron a llorar. Ninguno de los Compañeros se atrevió a verificar directamente con el Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) la veracidad de lo sucedido.

Al enterarse de la noticia, ‘Umar (que Allah esté complacido con él) acudió a la Mezquita del Profeta y encontró a los nobles Compañeros sentados en silencio y abatidos. Pidió permiso para visitar al Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él), pero no recibió respuesta en dos ocasiones. Al obtener permiso a la tercera, entró y vio al Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) tendido sobre una estera; las marcas de una manta áspera habían quedado impresas en su cuerpo bendito. ‘Umar (que Allah esté complacido con él) miró alrededor de la habitación y vio que allí no había más que algunos recipientes de barro y un odre seco. Al contemplar aquel estado, los ojos de ‘Umar (que Allah esté complacido con él) se llenaron de lágrimas. Dijo: «¡Oh, Mensajero de Allah! ¿Te has divorciado de tus esposas?». Él respondió: «No». ‘Umar dijo: «¿Puedo anunciar esta buena noticia entre los musulmanes?». Tras recibir el permiso del Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él), ‘Umar (que Allah esté complacido con él) lanzó a voz en cuello la exclamación «¡Allahu akbar!».

Aquel mes tenía veintinueve días. ‘Aisha (que Allah esté complacido con ella) dijo: «Yo contaba los días uno por uno. Cuando se cumplieron veintinueve días, él salió de la habitación». El Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) fue primero a la habitación de ‘Aisha (que Allah esté complacido con ella). Ella le preguntó: «¡Oh, Mensajero de Allah! Habías jurado permanecer un mes; hoy solo han transcurrido veintinueve días». Él respondió: «Algunos meses tienen también veintinueve días».¹⁶³

Puesto que las Madres de los Creyentes reclamaban un aumento en su nivel de vida, mientras que el Noble Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) no podía mancillarse con los placeres mundanos para satisfacer a sus esposas, Allah Altísimo hizo descender por esta razón los versículos del takhyir. Takhyir significa otorgar elección y libertad. Es decir, cada una de las esposas podía decidir permanecer junto al Mensajero de Allah aceptando la pobreza y las dificultades, o, si lo deseaba, podía separarse de él. El versículo se cita a continuación:

Será en árabe.

«¡Oh, Profeta! Diles a tus esposas: “Si deseáis la vida mundana y sus adornos, venid, os proporcionaré algo y os dejaré marchar dignamente. Pero si deseáis a Allah, a Su Mensajero y una morada en el Más Allá, sabed que Allah ha preparado una gran recompensa para las virtuosas entre vosotras”». (Al-Ahzab: 29)

En el hadiz mencionado en Sahih Muslim, Yabir ibn Abdullah (que Allah esté complacido con él) relató lo ocurrido en aquella época. Dijo que un día Abu Bakr y Umar (que Allah esté complacido con ambos) se presentaron ante el Noble Profeta (que Allah le bendiga y le conceda paz) y vieron que sus esposas estaban sentadas a su alrededor, mientras el Mensajero (que Allah le bendiga y le conceda paz) permanecía sentado en silencio. Dirigiéndose a Umar (que Allah esté complacido con él), dijo: “Veis que están sentadas a mi alrededor; en realidad, me están pidiendo dinero para sus gastos”. Al oír esto, ambos Compañeros reprendieron severamente a sus respectivas hijas y les dijeron: “Estáis haciendo sufrir al Noble Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) y le estáis pidiendo algo que no posee”. Según otra narración, se dispusieron a golpearlas, pero el Mensajero (que Allah le bendiga y le conceda paz) los detuvo.164 En efecto, este acontecimiento deja claramente patente la extrema penuria económica en la que se encontraba entonces el Noble Profeta (que Allah le bendiga y le conceda paz).

Cuando fue revelado este versículo, el Noble Profeta (que Allah le bendiga y le conceda paz) habló primero con Aisha (que Allah esté complacido con ella): “Quiero decirte algo; no respondas demasiado deprisa. Consulta la opinión de tus padres”. Luego le recitó el versículo mencionado y le dijo que esta era una orden procedente de Allah. Aisha (que Allah esté complacido con ella) respondió de inmediato: “¿Qué tendría que consultar sobre esto con mis padres? Yo solo deseo a Allah, a Su Mensajero y el éxito en el Más Allá”. El Noble Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) se alegró enormemente con la respuesta de Aisha (que Allah esté complacido con ella). Dijo: “Del mismo modo que te lo he expuesto a ti, se lo expondré también a tus otras coesposas”. Aisha (que Allah esté complacido con ella) dijo: “Por favor, no comuniquéis a nadie mi decisión”. Sin embargo, el Mensajero (que Allah le bendiga y le conceda paz) no accedió a su petición. Tal como se lo había dicho a Aisha (que Allah esté complacido con ella), se lo dijo también a sus demás esposas. Al mismo tiempo, les informó de que Aisha (que Allah esté complacido con ella) había elegido a Allah, al Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) y el Más Allá.165 Todas ellas dieron la misma respuesta que Aisha (que Allah esté complacido con ella). En los libros de sira, este acontecimiento recibe el nombre de «tajyir». «Tajyir» significa otorgar la posibilidad de elegir: confiar a la esposa la elección entre permanecer con su esposo o separarse de él.

Sayyid Abul Ala Maududi (que Allah tenga misericordia de él), citando el Ahkam al-Qur’an de Ibn al-Arabi, afirmó: “Cuando fue revelado el versículo del ‘tajyir’, el Noble Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) tenía cuatro esposas. Eran Sawda, Aisha, Hafsa y Umm Salama (que Allah esté complacido con todas ellas)”.166 Sin embargo, el sabio Ibn Kathir, citando a Ikrima (que Allah esté complacido con él), menciona que en aquel momento el Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) tenía nueve esposas en total. Cinco pertenecían al clan de Quraysh: Aisha, Hafsa, Umm Habiba, Sawda y Umm Salama (que Allah esté complacido con todas ellas); las demás eran Safiyya, Maymuna, Yuwairiya y Zaynab bint Yash al-Asadiyya (que Allah esté complacido con todas ellas).167 Esta diferencia se debe a la discrepancia sobre la fecha del acontecimiento.

Fallecimiento del esposo

Cuando Aisha (que Allah esté complacido con ella) tenía dieciocho años, falleció su esposo, el Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz). Un día, antes del mes de Safar del año 11 de la Hégira, el Mensajero (que Allah le bendiga y le conceda paz) entró en la habitación de Aisha (que Allah esté complacido con ella) y la encontró quejándose de un fuerte dolor de cabeza. Al verla en ese estado, el Mensajero (que Allah le bendiga y le conceda paz) dijo: “Si murieras antes que yo, te lavaría, amortajaría y enterraría con mis propias manos”. Aisha (que Allah esté complacido con ella) reaccionó inmediatamente diciendo: “¡Oh, Mensajero de Allah! Dices eso para poder traer a otra esposa y hacerla vivir en esta habitación”. Al oír esto, el Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) se llevó la mano a la cabeza y exclamó: “¡Ay, mi cabeza!”. Se ha relatado que fue precisamente a partir de entonces cuando comenzó el dolor de cabeza del Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz).168 Después fue a la habitación de Maymuna (que Allah esté complacido con ella) y quedó postrado en cama. Incluso en ese estado, pasaba la noche en la habitación de la esposa que correspondía según el día establecido. Sin embargo, cada día preguntaba: “¿Dónde estaré mañana?”. Sus esposas comprendieron que deseaba permanecer junto a Aisha (que Allah esté complacido con ella), por lo que todas le dieron permiso. Desde aquel día hasta el último momento de su vida terrenal, permaneció en la habitación de Aisha (que Allah esté complacido con ella).169

Ahora alguien podría preguntarse: ¿por qué estaba tan ansioso el Noble Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) por ir junto a Aisha (que Allah esté complacido con ella)? ¿Se debía a que la amaba en exceso?

Los expertos dicen que no. En realidad, Allah había concedido a Aisha (que Allah esté complacido con ella) tal grado de inteligencia, talento, memoria, perfección natural y capacidad de reflexión que ninguna de sus esposas poseía algo semejante. Por ello, no es infundado pensar que el propósito del Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) era que todas sus palabras, acciones y conducta durante los últimos días de su vida quedaran conservadas íntegramente. Y así ocurrió. La mayoría de las narraciones auténticas relacionadas con el fallecimiento del Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) llegaron a la humanidad por medio de Aisha (que Allah esté complacido con ella).

La gravedad de la enfermedad del Mensajero de Allah aumentaba cada día. Llegó un momento en que ya no podía ir a la mezquita para dirigir la oración. Sus esposas se dedicaban a atenderlo. Recitaban algunas súplicas que habían aprendido del Mensajero de Allah y soplaban sobre él. Aisha también recitó algunas súplicas y sopló sobre él.170

Los fieles congregados para la oración del alba estaban sentados esperando al Mensajero de Allah. Cada vez que intentaba levantarse, perdía el conocimiento. Finalmente, ordenó a Abu Bakr que dirigiera la oración. Aisha dijo: «Pensé que, quienquiera que ocupara el lugar del Mensajero de Allah, la gente lo consideraría indigno y de mal agüero. Por eso dije: “¡Oh, Mensajero de Allah! Abu Bakr es un hombre de corazón tierno. No podrá realizar esta tarea; se echará a llorar. Ordena a otra persona”». Pero él repitió la misma orden por segunda vez. Entonces Aisha pidió a Hafsa que volviera a decirle aquello al Mensajero de Allah. El Mensajero de Allah comentó: «Todas vosotras sois como las mujeres que acompañaban a José. Decid que Abu Bakr dirigirá la oración».171

Antes de enfermar, el Mensajero de Allah había dejado algo de dinero en efectivo con Aisha y había olvidado gastarlo. Ahora, en medio de aquella grave enfermedad, lo recordó. Le dijo a Aisha: «¿Dónde están esos dirhams? Gástalos en el camino de Allah. ¿Acaso Muhammad se encontrará con Allah albergando una mala opinión?». Inmediatamente, aquel dinero fue distribuido entre los pobres.172

Ahora había llegado el momento final del Mensajero de Allah. Aisha estaba sentada junto a su cabeza, y él permanecía apoyado contra el pecho de Aisha. Aisha continuaba suplicando por la salud del Mensajero de Allah. La mano del Mensajero de Allah estaba entre las suyas. De repente, retiró la mano con un fuerte tirón y exclamó:

En árabe: (Allahumma war-rafiqil a‘la)

Es decir: «¡Oh, Allah! Estoy eligiendo al Compañero Supremo».173

Aisha dijo: «Cuando estaba sano, solía decir que, al morir, a cada profeta se le daba la opción de elegir entre la vida de este mundo y la vida del Más Allá. Después de que el Mensajero de Allah pronunciara estas palabras, comprendí que había aceptado alejarse de nosotros.174 Ella exclamó: “¡Oh, Mensajero de Allah! ¡Está sufriendo mucho!”. Él respondió: “La recompensa es proporcional al sufrimiento”».

Aisha sostenía sentado al Noble Mensajero de Allah. De repente, sintió el peso de su cuerpo. Al mirar sus ojos, comprendió que ya no estaba allí. Depositó suavemente su noble cabeza sobre la almohada y rompió a llorar.175

El mayor honor y mérito de Hazrat ‘Aisha (que Allah esté complacido con ella) es que, dentro de su propia habitación, fue enterrado, en un rincón, el cuerpo sagrado del Noble Mensajero (que Allah le bendiga y le conceda paz).176

Una vez, Hazrat ‘Aisha (que Allah esté complacido con ella) soñó que tres lunas caían en su habitación, una tras otra. Le contó este sueño a su padre, Abu Bakr as-Siddiq (que Allah esté complacido con él). Cuando el Noble Mensajero (que Allah le bendiga y le conceda paz) fue enterrado en su habitación, Abu Bakr (que Allah esté complacido con él) le dijo a su hija: «Una de esas tres lunas es esta, y es la mejor de ellas».177 Los acontecimientos posteriores demostraron que la segunda y la tercera luna de su sueño eran Abu Bakr (que Allah esté complacido con él) y ‘Umar (que Allah esté complacido con él).

Hazrat ‘Aisha (que Allah esté complacido con ella) quedó viuda a los dieciocho años y vivió otros cuarenta y ocho años en ese estado. Mientras estuvo viva, permaneció junto a la tumba bendita. Al principio dormía junto a la tumba del Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz). Después de ver un día al Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) en sueños, dejó de dormir allí. Hasta que ‘Umar (que Allah esté complacido con él) fue enterrado en la habitación de ‘Aisha (que Allah esté complacido con ella), ella entraba y salía sin hiyab, porque de los dos que yacían allí, uno era su esposo y el otro su padre. Después de que ‘Umar (que Allah esté complacido con él) fue enterrado junto a ellos, decía: «Ahora, cuando voy allí, necesito llevar el hiyab».

Allah, exaltado sea, prohibió que las Azwaj Mutahharat (las puras esposas) contrajeran un segundo matrimonio. Se ha narrado de Ibn ‘Abbas (que Allah esté complacido con él) que dijo: «Un hombre quiso casarse con una de las esposas del Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) después de su fallecimiento». Un hombre preguntó a Sufyan, uno de los narradores de la cadena de transmisión de este hadiz: «¿Se refería a ‘Aisha (que Allah esté complacido con ella)?». Sufyan respondió: «Así lo han mencionado los narradores». As-Suddí dijo: «El hombre que tuvo tal intención fue Talha ibn ‘Ubaydillah». En relación con esto fue revelada la siguiente aleya:178

Será en árabe

«No os es lícito causar daño al Mensajero de Allah ni casaros con sus esposas después de su fallecimiento. Esto es un grave pecado ante Allah».179

En otra aleya, Allah, exaltado sea, declaró que las Azwaj Mutahharat eran las madres de los musulmanes.180

Será en árabe

«El Profeta está más cerca de los creyentes que ellos mismos, y sus esposas son sus madres».

En resumen, las Azwaj al-Mutahharat —quienes durante una parte de sus vidas fueron las compañeras del Gran Profeta— dedicarían el resto de sus vidas a practicar las enseñanzas y las obras de su esposo y a difundirlas. Ellas son las madres de los musulmanes. Su responsabilidad sería educar y formar a sus hijos. Allah mismo explicó así sus responsabilidades y deberes:¹⁸¹

«¡Oh, esposas del Profeta! No sois como las demás mujeres. Si teméis a Allah, no habléis con los hombres ajenos con voz suave y seductora, para que no sienta deseo quien tenga una enfermedad en el corazón. Hablad de manera apropiada. Permaneced en vuestras casas y no os exhibáis como en la primera época de la ignorancia. Estableced la oración, dad el zakat y obedeced a Allah y a Su Mensajero. ¡Oh, miembros de la familia del Profeta! Allah solo quiere alejar de vosotros la impureza y purificaros completamente. Recordad los signos de Allah y las palabras llenas de sabiduría que se recitan en vuestras casas. Ciertamente, Allah es sutil y está bien informado de todo».

El resto de la vida de Hazrat Aisha fue una explicación práctica de las palabras de Allah citadas anteriormente. Después del fallecimiento del Noble Mensajero de Allah, el respetado padre de la Madre de los Creyentes, Hazrat Abu Bakr al-Siddiq, fue elegido califa. Unos días después de que quedaron atrás las dificultades del amortajamiento y entierro del Mensajero de Allah y de la elección del califa, las esposas del Mensajero de Allah quisieron enviar a Hazrat Uthman, en representación de ellas, ante el califa para resolver definitivamente la cuestión de la herencia. Entonces Aisha les recordó que el Noble Mensajero había dicho en vida: «No dejaré heredero alguno. Todo lo que deje será considerado caridad».¹⁸² Al oír esto, todas guardaron silencio.

En realidad, ¿qué bienes y propiedades había dejado el Noble Mensajero de Allah que pudieran repartirse entre sus herederos? En un hadiz se relata que no dejó como herencia ni dirhams ni dinares, ni animales cuadrúpedos, ni esclavos o esclavas.¹⁸³

Sin embargo, como máxima autoridad responsable del Estado, había mantenido bajo su administración algunos huertos y jardines. Los ingresos de estos se destinaban, durante la vida del Mensajero de Allah, a diversos fines, y el Califato Rectamente Guiado mantuvo la misma disposición. El Mensajero sufragaba con esos ingresos los gastos de sus esposas, y Abu Bakr también mantuvo esta disposición.¹⁸⁴

El fallecimiento del padre

Hazrat Abu Bakr tuvo la oportunidad de ejercer el califato durante apenas dos años. Falleció en el año trece de la Hégira. Cuando se encontraba en sus últimos momentos, su hija Aisha estaba sentada junto a su cabecera. Anteriormente, cuando gozaba de buena salud, había entregado a su hija algunos bienes para que los poseyera y disfrutara de ellos. Ahora, al recordar que los demás hijos también necesitaban bienes, le dijo: «¡Hija mía, pedazo de mi corazón! ¿Darás esos bienes a tus otros hermanos?». Ella respondió: «Por supuesto». Después le preguntó: «¿Cuántas telas componían en total el sudario del Mensajero de Allah?». Ella respondió: «Tres telas blancas». Volvió a preguntarle: «¿Qué día falleció?». Ella respondió: «El lunes». Luego le preguntó: «¿Qué día es hoy?». Ella respondió: «Lunes». Él dijo: «Entonces esta noche también me iré». Después miró su propio manto. Tenía una mancha de azafrán. Dijo: «Lavad esta tela y amortajadme con ella y otras dos telas». Su hija dijo: «Pero esta tela es vieja». Él respondió: «Los vivos necesitan más la ropa nueva que los muertos».¹⁸⁵ Murió aquella misma noche. Fue enterrado en la habitación de Hazrat Aisha, junto al Mensajero de Allah, un poco más hacia sus pies. Él fue la segunda luna que cayó en la habitación de Hazrat Aisha. Cuando aún era muy joven, apenas dos años después de perder a su esposo, perdió también a su padre.

El califato de al-Faruq:

El periodo del califato de Faruq al-Azam fue excelente en todos los aspectos. Estableció una asignación fija en efectivo para cada musulmán. Según una narración, concedía anualmente doce mil a cada una de las esposas puras del Profeta.¹⁸⁶ En otra narración se menciona que daba diez mil a cada una de las demás esposas puras y doce mil a Aisha. El propio Umar explicó la razón de esta preferencia: «Le doy dos mil más porque era la esposa más amada del Mensajero de Allah —que Allah le bendiga y le conceda paz—».

De acuerdo con el número de esposas puras del Profeta, el califa Umar mandó hacer nueve cuencos. Cuando llegaba algo a sus manos, enviaba nueve porciones distintas a cada una de ellas. Al distribuir regalos y presentes, era tan cuidadoso que, cuando se sacrificaba un animal, les enviaba todo, desde la cabeza hasta las patas.

Durante la conquista de Irak, llegó a manos de los musulmanes una caja llena de perlas preciosas. Fue enviada a la corte del califa junto con el resto del botín. La distribución de aquellas perlas resultó difícil para todos. El califa Umar dijo: «Si todos ustedes me dan permiso, puedo enviar estas perlas a la Madre de los Creyentes, Aisha, porque era la esposa más amada del Mensajero de Allah —que Allah le bendiga y le conceda paz—». La caja fue enviada a Aisha. Al abrirla y verla, dijo: «Después del Mensajero de Allah —que Allah le bendiga y le conceda paz—, Ibn Jattab me ha mostrado grandes favores. ¡Oh Allah!, no me mantengas con vida para recibir en el futuro favores semejantes de su parte».

El califa Umar deseaba ser enterrado en la habitación de Aisha, junto a los pies del Mensajero de Allah —que Allah le bendiga y le conceda paz—, pero no podía decírselo. La razón era que, aunque después de pasar bajo tierra ya no es obligatorio, según la ley islámica, que los hombres observen el recato ante las mujeres, por respeto y cortesía él seguía considerándose no mahram de Aisha incluso después de su entierro. En sus últimos momentos estaba muy angustiado por estos pensamientos. Finalmente, envió a su hijo con este mensaje: «Presenta mis saludos a la Madre de los Creyentes y dile que Umar desea ser enterrado junto a sus dos compañeros». Aisha dijo: «Aunque había reservado ese lugar para mí, se lo concedo a él de buen grado».

A pesar de haber recibido este permiso de la Madre de los Creyentes, Aisha, antes de exhalar su último aliento, Umar dejó como instrucción: «Lleven mi féretro hasta su puerta y vuelvan a pedir permiso. Si ella lo concede, entiérrenme dentro; de lo contrario, entiérrenme en el cementerio común de los musulmanes». Tras la muerte del califa, se siguieron sus instrucciones. Aisha concedió el permiso por segunda vez, y el cuerpo fue llevado dentro y enterrado.¹⁸⁷

Y así se convirtió él en la tercera luna del sueño de Aisha, por medio de la cual su sueño se hizo realidad.

El martirio del califa Uthman a manos de los rebeldes es uno de los acontecimientos más trágicos de la historia del islam. En ese contexto, la Madre de los Creyentes, Aisha, se vio directamente envuelta en la política de su tiempo. Como consecuencia, ocurrió otro acontecimiento desgarrador: la Batalla del Camello. No emitiremos ningún juicio sobre hasta qué punto fue correcto o incorrecto que se involucrara de ese modo en los acontecimientos posteriores al martirio de Uthman. Solo creeremos que todas sus acciones y esfuerzos estaban dirigidos al bienestar de la religión y de la comunidad musulmana. Para comprender estos acontecimientos históricos, es necesario ofrecer una explicación algo detallada.

El período del califato de Hazrat ‘Uzmán (que Allah esté complacido con él) duró aproximadamente doce años. Durante la primera mitad de este período reinó un ambiente pacífico, libre de toda clase de disturbios y tumultos. Después, poco a poco comenzaron a surgir diversas quejas por parte del pueblo. Hazrat ‘Aisha (que Allah esté complacido con ella) narró que el Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) aconsejó a ‘Uzmán (que Allah esté complacido con él) que, si alguna vez Allah Altísimo le hacía vestir la túnica del califato, no se la quitara voluntariamente.188

Hazrat ‘Aisha (que Allah esté complacido con ella) gozaba de una gran aceptación entre el pueblo musulmán. Según la declaración de Allah Altísimo, ella era la madre de los musulmanes. En Hiyaz, Irak, Egipto y todas las regiones del califato, la gente la consideraba como a una madre. Las personas acudían a ella para contarle sus diversas quejas y dificultades, y ella les ofrecía consejo y consuelo.

Hasta la primera etapa del califato de Hazrat ‘Uzmán (que Allah esté complacido con él), los Compañeros sabios y eminentes aún estaban vivos. Se solicitaba su consejo en los asuntos de importancia nacional. Se los nombraba, conforme a sus capacidades, para los cargos importantes del califato. Durante los períodos de los dos califas anteriores, nadie tenía queja alguna. En aquel tiempo, los jóvenes ambiciosos —como ‘Abd Allah ibn al-Zubayr, Muhammad ibn Abi Bakr, Marwán ibn al-Hakam, Muhammad ibn Abi Hudhaifa y Sa‘id ibn al-‘As, entre otros— ayudaban a los mayores. Para ellos, ocupar un alto cargo en el califato o en el gobierno no era más que una esperanza remota.

‘Abd Allah ibn al-Zubayr (que Allah esté complacido con él) era nieto de Hazrat as-Siddiq al-Akbar, primo materno del Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) e hijo de al-Hawari az-Zubayr (que Allah esté complacido con él). Se consideraba con derecho al califato.

Muhammad ibn Abi Bakr era el hijo menor del primer califa, Hazrat Abu Bakr (que Allah esté complacido con él), y hermanastro materno de la Madre de los Creyentes, ‘Aisha (que Allah esté complacido con ella). Tras la muerte de Abu Bakr, ‘Ali (que Allah esté complacido con él) se casó con la madre de Muhammad. Por esta razón, Muhammad fue criado bajo el cuidado de ‘Ali.189 Y ‘Ali (que Allah esté complacido con él) lo trataba como a un hijo.

Muhammad ibn Abi Hudhaifa creció bajo la tutela de Hazrat ‘Uzmán (que Allah esté complacido con él). Al alcanzar la edad adulta, esperaba que el califa ‘Uzmán (que Allah esté complacido con él) le concediera algún cargo importante. Como el califa no lo consideró apto, se disgustó, abandonó Medina y se marchó a Egipto.

Marwán y Sa‘id ibn ‘As eran dos jóvenes recién llegados de la familia omeya. Tras la muerte de los emigrantes de elevada posición, también sus hijos se presentaron con la esperanza de recibir muchos favores del califato. Hazrat ‘Uzmán (que Allah esté complacido con él) pertenecía a la familia omeya. Por ello, cada vez que concedía altos cargos a personas como Marwán y Sa‘id ibn ‘As, surgía una fuerte reacción entre los demás jóvenes ambiciosos de la familia qurayshí. Por esta razón, Muhammad ibn Abi Bakr y Muhammad ibn Abi Hudhaifa participaron más que nadie en las protestas contra ‘Uzmán (que Allah esté complacido con él). Además, estos jóvenes no poseían la igualdad, la justicia, la honestidad, la confianza y la piedad —el temor de Allah— que caracterizaban a los Compañeros de alto rango. Por esta razón, los miembros del pueblo y los soldados que habían conocido a los Compañeros de la primera generación se enfurecieron ante el liderazgo y el gobierno de aquellos hombres.

Lo más importante es que los árabes eran un pueblo eternamente libre. Crecían en el entorno libre de la vida del desierto. Cada uno era leal a su propia tribu y consideraba a su tribu superior a las demás. El ideal islámico de igualdad les hizo olvidar toda su nobleza y los situó a todos en el mismo nivel. Aunque los Compañeros de la primera generación (que Allah esté complacido con ellos) mantuvieron en alto la enseñanza islámica de la igualdad, los funcionarios y gobernantes de la nueva generación que vino después no solo la olvidaron, sino que también hicieron que otros la olvidaran. Comenzaron a manifestar públicamente su arbitrariedad y su orgullo tribal en sus propias reuniones y cortes. Las demás tribus árabes no aceptaron bien esa actitud. Reclamaban igualdad de derechos. Por otro lado, los grupos no árabes recién convertidos al islam ya no podían soportar el gobierno de los qurayshíes, de los Banu Umayya ni de ninguna otra tribu árabe. Por eso participaban con gran entusiasmo en cualquier tipo de disturbio dentro del califato.

Kufa era una de las ciudades identificadas como puntos de encuentro entre árabes y no árabes. El inicio de la fitna del califato islámico tuvo lugar precisamente en esta ciudad. Era la mayor base de las tribus árabes. Sa‘id ibn al-‘As era el gobernador de Kufa. Por la noche, en su corte se reunían los jefes de todas las tribus. Por lo general, se debatía sobre las guerras de los árabes y las diferencias de rango entre sus tribus. La cuestión era que ninguna tribu se consideraba inferior en dignidad a otra. A menudo, las discusiones se convertían en debates, riñas y peleas. En este contexto, que Sa‘id ibn al-‘As se jactara públicamente de pertenecer a la tribu de Quraysh servía para echar leña al fuego. Su proceder provocó el descontento de los jefes tribales. En realidad, aquello tomó la forma de una fitna.

Justo en ese momento, un judío llamado Ibn Saba se hizo musulmán. La costumbre de los judíos es que, si no pueden perjudicar a su enemigo como enemigos, cambian de apariencia y se convierten en amigos. Después, poco a poco, mediante conspiraciones secretas, llevan a su enemigo a la ruina total. En el pasado habían actuado del mismo modo con el cristianismo.

Este hijo de judío, Ibn Saba, comenzó a difundir entre la gente que Hazrat ‘Ali (que Alá esté complacido con él) era en realidad el legítimo merecedor del califato. El Mensajero de Alá (que la paz y las bendiciones de Alá sean con él) había dejado un testamento sobre que él fuera su califa. Con todas sus fuerzas, difundió esta creencia errónea. Tomando como pretexto los diversos pequeños disturbios políticos del califato, extendió por todas partes la red de su conspiración. Recorrió todo el califato. En Kufa, Basora, Egipto y todos los lugares donde había grandes acantonamientos militares, creó algunos partidarios de la revolución. Hizo de Egipto el centro de esos revolucionarios y unió a las personas dispersas en distintos lugares. La historia ha denominado este movimiento «sabaí».

Durante la época del califa ‘Uthman (que Alá esté complacido con él), la mayor parte de las guerras y combates se desarrollaba precisamente en África. Por eso, allí permanecía la mayor parte del ejército. Con el pretexto de participar en la guerra, Muhammad ibn Abi Bakr y Muhammad ibn Abi Hudhayfa tenían la oportunidad de relacionarse libremente con los soldados y sembraban entre ellos las semillas del descontento. Como resultado, en poco tiempo Egipto se convirtió en el centro de la rebelión contra ‘Uthman (que Alá esté complacido con él). En aquel momento, ‘Abdullah ibn Abi Sarh era el gobernador de Egipto. Muhammad ibn Abi Bakr, Muhammad ibn Abi Hudhayfa y otros iniciaron abiertamente un movimiento contra ‘Abdullah ibn Abi Sarh y contra el califa ‘Uthman (que Alá esté complacido con él). De este modo, se convirtieron en los dirigentes de un nuevo partido político en Egipto.

Llegó la temporada del hach. De acuerdo con la comunicación y la decisión mutuas, un grupo de mil personas procedente de Kufa, Basora y Egipto partió hacia el Hiyaz con el pretexto de realizar el hach y estableció un campamento cerca de Medina. Hazrat ‘Ali (que Alá esté complacido con él) y otros grandes compañeros los convencieron para que regresaran. Después de avanzar cierta distancia, volvieron y mostraron una carta dirigida al gobernador de Egipto. En ella figuraba una orden del califa al gobernador de Egipto de matar o encarcelar a los dirigentes de los rebeldes egipcios inmediatamente después de su regreso a Egipto. Según la opinión de los rebeldes, aquella carta estaba escrita de puño y letra de Marwan, el secretario del califa. Por eso rodearon colectivamente la casa del califa ‘Uthman (que Alá esté complacido con él) y le presentaron dos propuestas: o entregaba a Marwan en manos de los rebeldes, o él mismo renunciaba. Hazrat ‘Uthman rechazó ambas propuestas.

Hazrat ‘Aisha (que Alá esté complacido con ella) se encontraba entonces en Medina. Llamó a su medio hermano Muhammad ibn Abi Bakr, lo amonestó y le pidió que se abstuviera de adoptar una decisión tan extrema contra el califa. Pero él no hizo caso de las palabras de su hermana.

Cuando una situación tan caótica reinaba en Medina, Hazrat ‘Aisha (que Alá esté complacido con ella) partió hacia La Meca para realizar el hach, como todos los años. Por supuesto, también quiso llevar consigo a Muhammad ibn Abi Bakr, pero no logró convencerlo. Después, Hazrat ‘Uthman (que Alá esté complacido con él) permaneció sitiado en su propia casa durante algunos días y finalmente alcanzó el martirio a manos de los rebeldes.

Hazrat ‘Uthman (que Alá esté complacido con él) alcanzó el martirio a manos de los rebeldes. Ahora llegó el momento de elegir un nuevo califa. Naturalmente, la atención de todos debía dirigirse a los cuatro distinguidos compañeros que aún vivían y que habían formado parte del consejo de seis miembros designado por el califa Hazrat ‘Umar (que Alá esté complacido con él). Eran Talha, Zubayr, Sa‘d ibn Abi Waqqas y ‘Ali (que Alá esté complacido con ellos). En ese momento, Sa‘d (que Alá esté complacido con él) se apartó por completo y se retiró de la vista de la gente. Los habitantes de Basora apoyaban a Talha (que Alá esté complacido con él). Una parte de los egipcios estaba a favor de Zubayr (que Alá esté complacido con él), pero la otra parte y la mayoría de los revolucionarios estaban a favor de ‘Ali (que Alá esté complacido con él). Entre los partidarios de ‘Ali (que Alá esté complacido con él), Ashтар al-Nakha‘i, ‘Ammar ibn Yasir y Muhammad ibn Abi Bakr (que Alá esté complacido con ellos) desempeñaban un papel destacado. De este modo, cada grupo o facción comenzó a proponer el nombre de su candidato preferido. También fueron propuestos los nombres de ‘Abdullah ibn ‘Umar, hijo del segundo califa, Hazrat ‘Umar (que Alá esté complacido con él); Aban, hijo del tercer califa, Hazrat ‘Uthman (que Alá esté complacido con él); y ‘Abd al-Rahman, hijo del primer califa, Hazrat Abu Bakr (que Alá esté complacido con él). Después de largas discusiones, deliberaciones y debates, bajo la presión de los rebeldes y por voluntad de los habitantes de Medina, Hazrat ‘Ali (que Alá esté complacido con él) fue elegido califa.190

Mientras todos estos acontecimientos tenían lugar en Medina, en Siria el honorable emir Muawiya (que Allah esté complacido con él) soñaba con la independencia, y Muhammad ibn Abi Hudhayfa permanecía en Egipto enarbolando la bandera de la independencia. El brutal asesinato del califa del Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) y del imán del mundo musulmán, en la tierra sagrada de Medina y durante el mes sagrado, dejó una profunda huella en el corazón de personas de todas las clases sociales. Incluso quienes anteriormente habían criticado la conducta del honorable Uthmán (que Allah esté complacido con él) estallaron en protestas contra aquel acto abominable. La honorable Aisha (que Allah esté complacido con ella) también se contaba entre esas personas. Nadie había deseado semejante exceso. Antes de este suceso, un día Ashtar al-Najai preguntó a Aisha (que Allah esté complacido con ella): «¡Que Allah me proteja! ¿Acaso puedo hablar de matar al imán de los imanes?». Entonces los agitadores difundieron el rumor de que Aisha (que Allah esté complacido con ella) también había apoyado el asesinato de Uthmán (que Allah esté complacido con él). Además, había otra razón para que la gente tuviera tal impresión: su hermanastro menor, Muhammad ibn Abi Bakr (que Allah esté complacido con él), era uno de los principales dirigentes de los rebeldes.

Ya hemos mencionado que la honorable Aisha (que Allah esté complacido con ella) intentó por todos los medios impedir que su hermano participara en las acciones temerarias contra Uthmán (que Allah esté complacido con él), pero fracasó. En una ocasión posterior, al hablar del honorable Uthmán (que Allah esté complacido con él), la honorable Aisha dijo: «¡Por Allah! Nunca quise que Uthmán (que Allah esté complacido con él) sufriera ningún tipo de deshonra. Si lo hubiera querido, que me suceda a mí un destino como el suyo. ¡Oh, Ubaydullah ibn Adi! (Adi estaba del lado de Ali, que Allah esté complacido con él), después de saber esto, que nadie pueda engañarte. Nadie pudo desacreditar las acciones de los compañeros del Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) mientras no surgió la discordia entre ellos. Quien criticó a Uthmán pronunció palabras que no debían pronunciarse. Hemos examinado detenidamente sus acciones y comprendimos que ni siquiera se aproximaban a las acciones de los compañeros». En los libros de historia y de biografías proféticas se encuentran muchas declaraciones semejantes de la honorable Aisha (que Allah esté complacido con ella), por las que se comprende que no tuvo participación alguna en el asesinato de Uthmán (que Allah esté complacido con él). Las acusaciones dirigidas contra ella no fueron más que una propaganda de los rebeldes.

A raíz de aquel desgarrador acontecimiento de Medina, toda la comunidad musulmana de aquel tiempo quedó sumida en el duelo. Un pequeño grupo de nobles compañeros, que veía cómo era devastado el jardín cultivado con la sangre de sus propios cuerpos, no pudo permanecer inactivo. Se apresuraron a buscar una solución. Este grupo estaba dirigido por tres grandes compañeros: la Madre de los Creyentes, la honorable Aisha; el honorable Zubayr; y el honorable Talha (que Allah esté complacido con ellos). El honorable Talha (que Allah esté complacido con él) era miembro de la tribu de Quraysh y esposo de la hija del primer califa, el honorable Abu Bakr (que Allah esté complacido con él); era uno de los primeros musulmanes y un muyahid que participó en todas las guerras libradas durante la época del Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz). Zubayr era un valiente soldado del islam, primo paterno del Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) y esposo de la honorable Asma (que Allah esté complacido con ella), hija del primer califa. Ambos fueron miembros del consejo de candidatos al califato designado por el segundo califa, el honorable Umar (que Allah esté complacido con él).

Ya se ha mencionado que, cuando el califa Uthmán (que Allah esté complacido con él) estaba sitiado en Medina por rebeldes forasteros, la honorable Aisha (que Allah esté complacido con ella) se dirigió a La Meca para realizar el hach, como acostumbraba cada año. Cuando regresaba a Medina después de concluir el hach, recibió la noticia del martirio del califa Uthmán (que Allah esté complacido con él). Apenas había avanzado un poco cuando se encontró con los honorables Talha y Zubayr (que Allah esté complacido con ambos). Habían salido de Medina hacia La Meca con el permiso del califa, el honorable Ali (que Allah esté complacido con él). La descripción del estado de la ley y el orden en Medina que entonces presentaron a la honorable Aisha (que Allah esté complacido con ella) ha sido narrada en diversas obras antiguas de historia, incluida la de al-Tabari. A continuación se reproduce una parte:¹⁹¹

«Hemos escapado de Medina, de algún modo, de manos de los beduinos y de la gente común. Dejamos al pueblo en tal estado que está completamente desconcertado. No puede reconocer la verdad ni es capaz de rechazar la falsedad. Tampoco puede protegerse a sí mismo».

La honorable Aisha (que Allah esté complacido con ella) dijo: «Ahora deberíamos deliberar sobre lo que debemos hacer». En ese momento recitó el siguiente verso:

Será en árabe

—Si los dirigentes de mi pueblo me obedecieran, sin duda podría salvarlos de esta calamidad.

Regresó nuevamente a La Meca. Cuando la noticia del martirio del califa se difundió por La Meca, la gente comenzó a acudir desde todas partes. Se ha narrado de ʿUmra bint ʿAbd al-Raḥmān que, en aquel momento, la Madre de los Creyentes dijo: 129 No existe ninguna comunidad como aquella que rechaza el mandato del siguiente versículo: 193

Será en árabe

—Si dos grupos de creyentes entran en guerra, reconciliadlos. Pero si uno de ellos agrede al otro, combatid contra el grupo agresor hasta que vuelva a la orden de Allah. Si vuelve, reconciliadlos con justicia y obrad equitativamente.

Era la temporada del Hayy. Tras el anuncio, varios cientos de personas del Santuario Sagrado respondieron al llamado. ʿAbdullah ibn ʿAmir llegó desde Basora con una gran cantidad de dinero en efectivo y se unió a ʿAisha (que Allah esté complacido con ella). Yaʿla ibn Munayya llevó desde Yemen setecientos camellos y seiscientos mil dírhams y se los entregó a ʿAisha (que Allah esté complacido con ella). 194 En la residencia de ʿAisha (que Allah esté complacido con ella) se celebró una reunión consultiva para decidir hacia dónde marcharía este ejército. ʿAisha (que Allah esté complacido con ella) opinaba que debían marchar hacia Medina, porque allí se encontraban los sabaios y los rebeldes. Si aquel día se hubiera aplicado su decisión, quizá la historia de la comunidad islámica habría sido diferente. Sin embargo, decidieron obtener ayuda militar de Basora y Kufa —donde Talha y Zubayr (que Allah esté complacido con ambos) contaban con numerosos partidarios— para vengar la sangre de ʿUthman (que Allah esté complacido con él). Después, esta caravana partió de La Meca rumbo a Basora.

En aquel momento, ʿAbdullah ibn ʿUmar (que Allah esté complacido con él) se encontraba en La Meca. También se le pidió que se dirigiera a Basora. Él se negó a marchar con esta caravana hacia Basora, diciendo: «Soy un hombre de Medina; haré lo que hagan los habitantes de Medina». Las demás Madres de los Creyentes, que se habían preparado para regresar a Medina con ʿAisha (que Allah esté complacido con ella), tampoco fueron a Basora con la caravana. Solo Ḥafṣa (que Allah esté complacido con ella) quiso ir, pero su hermano ʿAbdullah ibn ʿUmar (que Allah esté complacido con él) se lo impidió, y ella tampoco fue. No obstante, las demás Madres de los Creyentes y la gente común de La Meca acompañaron a la caravana que se dirigía a Basora hasta Dhāt al-ʿIrāq. Aquel día, al contemplar la difícil situación del islam, lloraron y se lamentaron de una manera que nunca se había visto antes ni se volvería a ver. Por ello, la historia llama a ese día Yawm al-Nahīb, «el Día del Llanto». 195 La Madre de los Creyentes, ʿAisha (que Allah esté complacido con ella), montó en un camello y partió con la caravana hacia Basora. Considero pertinente ofrecer aquí una breve descripción de este camello, testigo de una de las mayores tragedias de la historia. Se mencionan dos nombres respecto a quién se lo entregó a la Madre de los Creyentes. Yaʿla ibn Munayya lo compró por ochenta dinares y se lo dio. El camello se llamaba al-ʿAskar. Según otra versión, pertenecía a un hombre de la tribu de ʿUrayna. Aquel hombre de la tribu de ʿUrayna relató: 196 «Iba montado en un camello cuando un jinete se acercó y me dijo: “¿Venderías este camello tuyo?”. Respondí: “Sí, podría venderlo”. Me preguntó: “¿Por cuánto?”. Dije: “Por mil dírhams”. Él exclamó: “¿Estás loco?”. Respondí: “¿Por qué? ¡Por Allah!, cada vez que he querido alcanzar a alguien montado en él, lo he logrado; y mientras he estado sobre su lomo, nadie ha podido alcanzarme”. Me dijo: “Si supieras para quién quiero comprar el camello… Quiero comprarlo para la Madre de los Creyentes, ʿAisha (que Allah esté complacido con ella)”. Respondí: “Entonces te lo doy gratis”. Él dijo: “Eso no puede ser. Ven conmigo hasta la caravana; te daremos una camella y muchos dírhams”. Fui con él hasta la caravana, y a cambio me dieron una camella y cuatro —según otra versión, seiscientos— dírhams». Aquel hombre de ʿUrayna fue incorporado a la caravana como guía.

Cuando, durante el trayecto de la caravana, la gente se enteró de que la Madre de los Creyentes encabezaba aquel ejército, muchos se unieron con gran emoción y entusiasmo. Así, apenas habían recorrido una etapa del camino, se formó un ejército de tres mil hombres. ¿Qué mejor oportunidad podían tener los jóvenes de los Banū Umayya, la tribu de ʿUthman (que Allah esté complacido con él), para crear discordia y desorden? En aquel momento, las circunstancias les eran tan desfavorables que, perseguidos desde todas partes, habían huido a La Meca y se habían refugiado allí. El llamamiento de ʿAisha (que Allah esté complacido con ella) representaba para ellos una gran oportunidad. Todos se incorporaron a su ejército.

Ibn al-ʿĀṣ, de los Banū Umayya, y Marwān ibn al-Ḥakam también partieron con la caravana. Al llegar a Marj al-Ẓahrān —según otra versión, a Dhāt al-ʿIrāq—, Saʿīd ibn al-ʿĀṣ dijo a los miembros de su grupo: «Si queréis vengar el asesinato de ʿUthman (que Allah esté complacido con él), matad primero a estos hombres». Se refería a Talha, Zubayr y otras personalidades destacadas. Entre los Banū Umayya estaba generalmente extendida la idea de que los asesinos de ʿUthman (que Allah esté complacido con él) no eran únicamente quienes lo habían matado o quienes habían venido de fuera para manifestarse contra él, sino también todas aquellas personas consideradas entre sus verdaderos opositores: quienes en distintas ocasiones habían criticado su administración, así como quienes se encontraban en Medina durante el tumulto pero no habían luchado para protegerlo. Marwān dijo: «Los enfrentaremos entre sí: a uno contra el otro —a Talha, Zubayr y ʿAli (que Allah esté complacido con ellos)—. El que sea derrotado quedará acabado por sí mismo; y el vencedor quedará tan debilitado que podremos someterlo con facilidad». 197

En realidad, el objetivo principal de los Banū Umayya era hacer fracasar el llamamiento de ʿAisha (que Allah esté complacido con ella) a la reconciliación y sus sinceros esfuerzos por lograrla. Además, al ver que bajo el liderazgo de ʿAisha surgía una tercera fuerza, muchos de ellos intentaron crear divisiones de diversas maneras dentro de aquel ejército. Plantearon la pregunta de quién sería el califa entre Talha y Zubayr después de derrotar a ʿAli (que Allah esté complacido con él). Cuando ʿAisha (que Allah esté complacido con ella) se enteró, puso fin a aquella propaganda. Entonces plantearon otra pregunta: «La decisión sobre el califato puede tomarse después, pero ¿quién dirigirá la oración en este momento?». ʿAisha (que Allah esté complacido con ella) también puso fin a esta discordia designando, por turnos de un día, a los hijos de Talha y Zubayr (que Allah esté complacido con ambos) para dirigir la oración.

Al llegar, en el camino hacia Charar, cerca de un estanque llamado Haw’ab’198, los perros del lugar comenzaron a ladrar al ver aquella enorme caravana. ‘Aisha (que Allah esté complacido con ella) preguntó cómo se llamaba el lugar. Le respondieron: «Haw’ab». Entonces recordó unas palabras del Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él). En una ocasión, él había dicho a sus esposas: «Allah sabe cuál de vosotras será aquella al ver a quien los perros de Haw’ab’ ladrarán». Al recordar esta profecía, Hazrat Aisha (que Allah esté complacido con ella) decidió regresar. Al recordar esta profecía, Aisha (que Allah esté complacido con ella) decidió regresar. La caravana permaneció allí un día y una noche.199 Finalmente, cincuenta personas de los habitantes del lugar testificaron que aquello no era Haw’ab. Entonces se tranquilizó. Además, Hazrat Zubayr le dijo: «Usted regresará, pero es posible que Allah Altísimo resuelva este conflicto por medio de usted».200 En algunas narraciones, el relato aparece de la siguiente manera: algunos de los compañeros de Aisha (que Allah esté complacido con ella) le dijeron: «Avance hacia delante sin regresar. Cuando la gente la vea, Allah hará que se reconcilien». Mientras ella dudaba sobre si continuar avanzando, le dijeron: «Apresúrese, pues el ejército de Ali (que Allah esté complacido con él) viene detrás». Todas estas narraciones muestran que el propósito de Hazrat Aisha (que Allah esté complacido con ella) al dirigirse hacia Basora era únicamente la reforma y la reconciliación.

Kufa:

Después de La Meca al-Mu’azzama, Medina al-Munawwara y Basora, Kufa era la ciudad más grande e importante de Arabia. Hazrat Abu Musa al-Ash’ari (que Allah esté complacido con él) era su gobernador. Los representantes de ambas partes exponían ante él la legitimidad de sus propias demandas y buscaban su apoyo. El gran Compañero Hazrat Abu Musa (que Allah esté complacido con él), comprendiendo la gravedad de este conflicto, exhortó al pueblo, mediante su influencia y sus sermones, a mantenerse alejado de él. Hazrat Aisha (que Allah esté complacido con ella) envió cartas por separado a los dirigentes de Kufa. Entretanto, por parte de Hazrat Ali (que Allah esté complacido con él), Hazrat Ammar ibn Yasir e Imam al-Hasan (que Allah esté complacido con él) llegaron a Kufa. Hazrat Ammar expuso claramente los acontecimientos de la época en un discurso pronunciado en la mezquita congregacional de Kufa. Después de describir en aquel discurso el honor y la dignidad de Hazrat Aisha (que Allah esté complacido con ella), dijo: «Todo esto es correcto. Pero Allah la está poniendo a prueba en este asunto». El discurso de Ammar (que Allah esté complacido con él) produjo un gran efecto en los habitantes de Kufa. Varios miles de musulmanes respondieron a su llamamiento. A pesar de ello, en el corazón de los habitantes de Kufa continuaban la duda y la reserva: por un lado estaba la esposa del Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él), la Madre de los Creyentes; y por otro, el esposo de la hija del Mensajero de Allah y su primo paterno. ¿Con cuál de estos dos debían ir?

Mientras tanto, cuando Hazrat Aisha (que Allah esté complacido con ella) llegó cerca de Basora, envió cartas por medio de mensajeros a cada uno de los dirigentes árabes de la ciudad. Después de llegar a Basora, también visitó las casas de algunos dirigentes. Uno de los líderes de la ciudad no respondía a su llamamiento. Ella misma fue a su casa e intentó convencerlo. Él dijo: «Me avergüenza no poder obedecer a mi madre».201

En aquel entonces, ‘Uthman ibn Hunayf era el gobernador de Basora por parte de Hazrat Ali (la). Para conocer la verdadera situación, envió a Imran ibn Husayn y a Abul Aswad. Ellos se presentaron ante Hazrat Aisha (ra) y le preguntaron, en nombre del gobernador, el propósito de su llegada. Aisha (ra) les dijo: «¡Por Allah! Personas como yo no pueden salir de sus casas ocultando nada. Y ninguna madre puede ocultar a sus hijos lo que realmente ha sucedido». Después les expuso la situación real de Medina y manifestó su determinación de castigar a los asesinos de Uthman (ra) y de poner fin al conflicto y la discordia surgidos entre la comunidad. Finalmente, dijo:²⁰² «Es mi deber ordenarles hacer el bien y prohibirles hacer el mal». Luego recitó:²⁰³

Será en árabe.

—La mayoría de sus conversaciones secretas no encierra ningún bien; pero es diferente aquella conversación secreta que tiene como propósito dar caridad, hacer el bien o reconciliar a las personas.

Estos dos hombres se levantaron de donde estaba Hazrat Aisha (ra) y fueron junto a Hazrat Talha y Zubayr (ra). Tras despedirse de ellos, regresaron nuevamente ante Hazrat Aisha (ra). Entonces ella dijo: «Abul Aswad, que tus pasiones no te conduzcan al infierno». Después les recitó esta aleya:²⁰⁴

Será en árabe.

«Manteneos firmes en dar un testimonio justo por Allah.

El efecto del discurso de Aisha (que Allah esté complacido con ella) fue que Imrán, uno de los miembros de la delegación, se apartó de esta disputa y aconsejó al gobernador de Basora que hiciera lo mismo. Pero este no se abstuvo; al contrario, continuó tratando de crear opinión pública en Basora a favor de Ali (que Allah esté complacido con él). Mientras tanto, Talha, Zubair y Aisha (que Allah esté complacido con ellos) continuaron exhortando mediante discursos a los habitantes de Basora a acudir en su ayuda. Un día, después de que Talha y Zubair (que Allah esté complacido con ellos) pronunciaran discursos en una reunión, Aisha (que Allah esté complacido con ella), al percibir dudas y vacilación entre los oyentes, recitó la alabanza y el panegírico al Profeta con voz muy serena y solemne, y después pronunció el siguiente discurso:205

«La gente protestaba contra las acciones de Uzmán (que Allah esté complacido con él) y difundía las faltas y defectos de sus funcionarios y empleados. Las personas venían a Medina a pedirnos consejo y orientación. Aceptaban el consejo de paz y reconciliación que les dábamos. Examinamos detenidamente todas las acusaciones contra Uzmán (que Allah esté complacido con él) y lo encontramos inocente, piadoso y veraz. En cuanto a los alborotadores, veíamos que eran pecadores y embusteros. En sus corazones había una cosa, y en sus bocas otra. Cuando aumentó su número, entraron en la casa de Uzmán (que Allah esté complacido con él) sin causa ni culpa alguna. Después derramaron sangre cuyo derramamiento no era lícito, saquearon bienes cuya expoliación no era legítima y profanaron y deshonraron la tierra sagrada cuya dignidad tenían la obligación de proteger. ¡Prestad atención! Ahora hay que hacer algo a lo que nadie debe oponerse: arrestar a los asesinos de Uzmán (que Allah esté complacido con él) y hacer cumplir firmemente la orden y la ley de Allah. Allah ha dicho:206

Será en árabe.

¿Acaso no has visto a quienes recibieron una parte del Libro? Se les invitó al Libro de Allah para que este juzgara entre ellos; luego, un grupo de ellos lo rechazó y se apartó.

Ibn Abd Rabbihi al-Andalusí recopiló en su obra un discurso de Aisha (que Allah esté complacido con ella) de aquella época, que es extraordinario por su lenguaje y estilo. Aquí se ofrece su traducción:207

«¡Oh, gente! ¡Silencio! ¡Silencio! Tengo sobre vosotros el derecho de una madre. También tengo derecho a aconsejaros. Nadie puede reprocharme nada, salvo un rebelde contra Dios. El Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) partió de este mundo con la cabeza apoyada sobre mi pecho. Soy una de sus esposas más queridas. Allah me ha protegido especialmente de los demás. Por medio de mi persona se distinguió al creyente del hipócrita, y por mi causa Allah os concedió la norma del tayammum.

Mi padre fue el tercer musulmán de este mundo y la segunda de las dos personas en la cueva del monte Zawr. Fue la primera persona en recibir el título de «Siddiq». El Mensajero de Allah —que Allah le bendiga y le conceda paz— falleció estando complacido con él y habiéndole colocado al cuello el collar del califato. Después del fallecimiento del Mensajero de Allah —que Allah le bendiga y le conceda paz—, cuando la cuerda del islam comenzó a tambalearse, mi padre fue quien la sujetó firmemente con sus propias manos. Él fue quien tomó las riendas de la hipocresía, hizo desaparecer la fuente de la apostasía y apagó el fuego que los judíos alimentaban soplando sobre él. En aquel tiempo esperábamos, con los ojos cerrados, el engaño, la deslealtad y la sedición y el desorden. …Sí, ahora me he convertido en el blanco de las preguntas de la gente, porque he salido con un ejército. Mi propósito al salir no es buscar el pecado ni la sedición, sino aniquilarlos; todo cuanto digo, lo digo con verdad y justicia. Hablo para exponer mi justificación y mis objeciones, y para informaros. Que Allah Altísimo envíe bendiciones y paz sobre el profeta Muhammad —que Allah le bendiga y le conceda paz—.»

La gente escuchaba su discurso en silencio y con atención. Cada palabra que pronunciaba se clavaba en el corazón de los partidarios del bando contrario como la punta de una flecha. Muchos de ellos abandonaron su propio bando y se unieron al campamento de Aisha —que Allah esté complacido con ella—.

Al llegar a Basora, Aisha —que Allah esté complacido con ella— escribió cartas al gobernador de Kufa y a los personajes notables de los alrededores de Kufa y Basora, explicándoles el propósito de su llegada y los deberes que debían cumplir. Cabe señalar que, antes del enfrentamiento final entre Ali —que Allah esté complacido con él— y Aisha —que Allah esté complacido con ella—, conocido como la Batalla del Camello, hubo numerosos choques menores entre los partidarios de ambos bandos, en los que muchas personas murieron o resultaron heridas. Finalmente, la autoridad de Aisha quedó establecida en Basora.

Por su parte, Ali —que Allah esté complacido con él— se preparaba para partir de Medina hacia Siria con el fin de controlar a Muawiya —que Allah esté complacido con él—. Al enterarse entonces de la reunión de Basora, se vio obligado a cambiar de decisión para resolver aquel asunto. Sin embargo, numerosos Compañeros y sus seguidores, que consideraban aquella guerra civil entre musulmanes una sedición o una prueba, no estuvieron dispuestos a acompañar a Ali —que Allah esté complacido con él— en esta expedición. En el mes de Rabi al-Thani del año 36 de la Hégira, Ali —que Allah esté complacido con él— partió de Medina hacia Basora. El resultado de que aquel día muchos Compañeros no desempeñaran un papel activo en favor de Ali —que Allah esté complacido con él— fue que los asesinos de Uthman —que él esperaba poder apartar en una oportunidad favorable— se infiltraron en su pequeño ejército. Esto, por una parte, se convirtió en causa de su mala reputación y, por otra, le ocasionó numerosos problemas. El día en que, cerca de la ciudad de Basora, los dos ejércitos de la Madre de los Creyentes Aisha —que Allah esté complacido con ella— y del Comandante de los Creyentes Ali —que Allah esté complacido con él— se enfrentaron, un gran grupo de personas compasivas con la comunidad musulmana se esforzó sinceramente por impedir que aquellos dos grupos de creyentes entrasen en conflicto. Gracias a sus esfuerzos, las conversaciones para alcanzar una reconciliación habían quedado prácticamente concluidas. Pero, por un lado, en el ejército de Ali —que Allah esté complacido con él— estaban presentes los asesinos de Uthman —que Allah esté complacido con él—, quienes comprendían que, si se alcanzaba una reconciliación, no tendrían escapatoria; y, por otro, en el ejército de la Madre de los Creyentes se encontraban personas que querían hacer luchar a ambos grupos para debilitarlos a los dos. Por ello, aunque los hombres rectos se habían esforzado al máximo por impedir la guerra, las fuerzas malvadas que permanecían ocultas entre ambos bandos finalmente la desencadenaron mediante una conspiración, y tuvo lugar la Batalla del Camello.

La Batalla del Camello

Ali —que Allah esté complacido con él— partió de Medina acompañado únicamente por setecientos hombres. Otros siete mil se unieron a él desde Kufa. Llegó a Basora con un pequeño ejército. Ambos ejércitos se encontraron frente a frente en el campo de batalla. Ese día, los miembros de cada tribu árabe quedaron divididos en dos bandos. Una parte de la tribu de Mudar se situó frente a la otra. Del mismo modo, una parte de Azd y de todas las demás tribus se colocó frente a la otra. Verdaderamente, era una escena desgarradora. Aquel día, salvo algunas excepciones, cada miembro de ambos bandos era un soldado de la verdad. Todos estaban firmemente convencidos de hallarse en la verdad. Nadie estaba dispuesto a apartarse ni un ápice de su posición. Algunos jefes tribales de Kufa acudieron a las tiendas de sus compatriotas de Basora y les pidieron que se mantuvieran al margen de aquella disputa. Pero ellos respondieron: «¿Acaso vamos a dejar sola a la Madre de los Creyentes?»

A pesar de ello, la gente de ambos bandos estaba firmemente convencida de que el asunto no llegaría a la guerra y que finalmente se alcanzaría una solución. Un jefe tribal acudió ante Ali —que Allah esté complacido con él— y le insistió en que llegara a una reconciliación. Él ya estaba dispuesto desde el principio. Entonces el jefe tribal preguntó a Ali —que Allah esté complacido con él—: «Talha, Zubair y Madre de los Creyentes, ¿cuál es vuestro objetivo y propósito con esta acción?». Respondieron: «Castigar a los asesinos de Uthman —que Allah esté complacido con él— y convocar a la reconciliación». El jefe tribal dijo: «¡Madre de los Creyentes! Piénselo un momento: por castigar a quinientas personas habéis derramado la sangre de cinco mil, y por cinco mil tendréis que derramar la sangre de miles y miles de personas. ¿Qué clase de reforma y rectificación es esta?». El argumento de aquel hombre fue tan claro y contundente que la Madre de los Creyentes quedó sin respuesta. Aceptó reconciliarse y todos llegaron a un acuerdo.

Ahora ambos bandos estaban tranquilos. La idea de la guerra y el combate había desaparecido de sus corazones. Nadie dudaba de que todo se resolvería adecuadamente. Pero los malhechores presentes en ambos bandos comprendieron que, si se alcanzaba una reconciliación, sus problemas serían interminables. Además, sus planes y esfuerzos de muchos años fracasarían. Entonces se activaron. Un gran número de miembros del grupo sabaí estaba del lado de Ali —que Allah esté complacido con él—. Después de las conversaciones, cuando los hombres de ambos bandos dormían durante las últimas horas de la noche, aquellos sabaíes lanzaron un ataque. Aquellos pocos pecadores encendieron de repente fuegos por todas partes. Al despertarse sobresaltados, todos tomaron sus armas. Los jefes de cada grupo y bando creyeron que el adversario había aprovechado su sueño para romper el acuerdo y atacarlos. Ali —que Allah esté complacido con él— intentó con todas sus fuerzas detener a la gente, pero fracasó.

El alboroto continuó hasta la mañana. Al oír el clamor, la honorable Aisha (que Allah esté complacido con ella) preguntó: «¿Qué ha sucedido?». Le informaron que la gente había comenzado a combatir. Ka‘b ibn Suwar, el cadí de Basora, se acercó a la honorable Aisha (que Allah esté complacido con ella) y le dijo: «Monte en el camello. Quizá la gente logre reconciliarse por medio de usted».²¹² Ella hizo atar una howdah de hierro al lomo del camello, se sentó dentro de ella y avanzó por el centro del ejército. Mientras tanto, la honorable Alí (que Allah esté complacido con él) convocó a sus adversarios, la honorable Talha y la honorable Zubayr. Estos tres grandes compañeros permanecieron durante un rato en un mismo lugar, montados a caballo. ¡Qué situación tan dolorosa para los tres compañeros de Badr y Uhud! Alí les recordó a ambos una profecía del Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz). Ellos también la recordaron. Inmediatamente, Zubayr apartó de su corazón la intención de combatir. Su hijo, ‘Abdullah, estaba cerca. Lo reprendió, llamándolo cobarde y pusilánime. Zubayr respondió: «La gente sabe que no soy cobarde. Pero Alí me recordó algo que oí decir al Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz). Juro por Allah que no volveré a luchar contra él».²¹³

Tiró de las riendas de su caballo, volvió la dirección y salió del campo de batalla rumbo a Medina. Un sabaita llamado Ibn Jurmuz lo siguió y, en el camino, mientras él se encontraba postrado en la oración, le separó la cabeza del cuerpo de un solo golpe de espada.

La honorable Talha (que Allah esté complacido con él) también había decidido retirarse del campo de batalla. Cayó bajo la mirada de Marwán, de la tribu de los omeyas. Este comprendió que, si Talha regresaba con vida, sería difícil consolidar el poder de la familia omeya. Apuntó hacia él y lanzó una flecha envenenada. La flecha le atravesó el pie. De ningún modo se pudo detener la hemorragia. A causa de esta herida, alcanzó el martirio. Mientras tanto, la Madre de los Creyentes, la honorable Aisha (que Allah esté complacido con ella), llamó a Ka‘b ibn Suwar y, poniéndole en la mano su propio ejemplar del Corán, le dijo: «Ve, muéstralo e invita a la gente a la reconciliación y al acuerdo». Él abrió el Corán y se colocó entre ambos grupos. Los malhechores le dispararon flechas desde lejos. Como consecuencia, también alcanzó el martirio.

Llegó el mediodía. El ataque fue repentino. Finalmente, los comandantes del ejército de la honorable Aisha (que Allah esté complacido con ella) se retiraron de esta sedición. Por ello, su ejército se debilitó. La característica especial de esta batalla era que la mayoría de ambos bandos creía que el adversario era nuestro hermano musulmán. Por esa razón, cada uno trataba de golpear las manos, los pies u otras partes del cuerpo de su oponente. Todos procuraban no golpear la cabeza ni el pecho. El objetivo era que, aunque le cortaran las manos o los pies, pudiera seguir con vida. Sinceramente deseaban que la batalla terminara amistosamente. En distintos lugares del campo de batalla se habían formado montones de manos y pies amputados de los cuerpos de los combatientes.

El deseo de los sabaitas era que, si lograban capturar a Aisha (que Allah esté complacido con ella), la humillarían de la forma más extrema. Por eso, después del martirio de Talha y Zubayr (que Allah esté complacido con ambos), los habitantes de Kufa avanzaron con la intención de atacarla.²¹⁴ Los hombres del ejército de la honorable Aisha (que Allah esté complacido con ella) también se retiraron de todas partes. El camello de la Madre de los Creyentes permanecía en el mismo lugar. Las flechas y lanzas arrojadas desde todas direcciones golpeaban la howdah cubierta con su armadura. Sus hijos repelían los ataques desde la derecha, la izquierda, el frente y la retaguardia. Entonces, muchos de ellos recitaban estos dos versos.²¹⁵

Será en árabe

—¡Oh, nuestra madre, oh, nuestra madre, a quien consideramos la mejor de todas! ¿No ves cuántos hijos valientes están siendo heridos y cuántas de sus manos y cabezas están siendo cortadas?

Entonces comenzó a oírse por todas partes que esta batalla sangrienta no terminaría mientras no lograran herir y hacer que se sentara el camello de la Madre de los Creyentes. Los Banu Dabba habían formado un cerco alrededor del camello. Cada vez que alguien intentaba acercarse a él, no lo dejaban con vida. En ese momento entonaban un canto lleno de emoción y entusiasmo. Sus tres estrofas eran las siguientes:²¹⁶

Será en árabe

—Somos hijos de Dabba, los guardianes de este camello. La muerte es para nosotros más dulce que la miel.

—Somos hijos de la muerte; cuando la muerte llega, anunciamos la muerte de Uzman, hijo de Affán, con la punta de la lanza.

—Devolvednos a nuestro líder y no tendremos ningún conflicto con vosotros.»

La emoción y la exaltación eran tan intensas que los miembros de Banu Dabba avanzaban uno tras otro para agarrar las riendas del camello. Cuando el golpe del adversario le cortaba la mano a uno de ellos, otro corría enseguida y sujetaba las riendas con el puño. De este modo, mientras sostenían las riendas del camello en el mismo lugar, les fueron cortadas las manos a 70 (setenta) personas.²¹⁷ Asimismo, aquel día, cualquier mano de los adversarios de la Madre de los Creyentes que se tendía hacia las riendas del camello ya no podía retirarse intacta. Hazrat Abd Allah ibn al-Zubayr estaba de pie muy cerca. Él dijo: «Parecía que las manos cortadas volaban por el aire». Al ver aquella escena, Hazrat Ali avanzó hacia delante abriéndose paso entre la multitud. Al-Ashtar al-Nakha’i llegó hasta Abd Allah ibn al-Zubayr. Ambos eran valientes guerreros. Entre los dos comenzó un combate con espadas. Ambos resultaron heridos. En ese estado, se abrazaron el uno al otro. Ibn al-Zubayr gritó:²¹⁸

Será en árabe

Es decir: «Mátame a mí y a Malik. Mata también a Malik junto conmigo.»

Más tarde, al-Ashtar al-Nakha’i solía decir: «La gente no me conocía por el nombre de Malik, por eso aquel día me salvé. De lo contrario, me habrían hecho pedazos.»

Algunas personas de los Banu Dabba estaban también del lado de Alí (que Allah esté complacido con él). Al ver que, si no retiraban el camello de su vista, su tribu sería exterminada por la cantidad de personas que estaban muriendo, un hombre de la tribu de Dabba llamado Bujayr ibn Dalja se acercó por detrás y asestó al camello un golpe tan fuerte con la espada en una de sus patas que este cayó de bruces y se sentó. Inmediatamente, quienes luchaban del lado de Aisha (que Allah esté complacido con ella), alrededor del camello, se retiraron. Al ver la mano y comprobar si Alí (que Allah esté complacido con él) había sufrido alguna herida, Aisha exclamó: «¿De qué maldito es esta mano?». Aisha dijo: «No, tú no eres Muhammad (el alabado); eres Muzammam (el censurado)». Según otra versión, Aisha preguntó: «¿Quién es?». Muhammad respondió: «Su hermano obediente». Aisha (que Allah esté complacido con ella) dijo: «No eres obediente, sino desobediente». Muhammad preguntó: «¡Hermana! ¿Ha sufrido alguna herida?». Aisha (que Allah esté complacido con ella) respondió: «¿Y qué te importa?»

Mientras tanto, Hazrat Alí (que Allah esté complacido con él) llegó junto al camello. Preguntó: «Madre, ¿cómo se encuentra?». Aisha (que Allah esté complacido con ella) respondió: «Estoy bien». Alí (que Allah esté complacido con él) dijo: «Que Allah la perdone». Aisha dijo: «Que Allah también te perdone». 219

Hazrat Ammar ibn Yasir (que Allah esté complacido con él) se encontraba cerca. Dijo: «Madre, ¿cómo vio la lucha entre sus hijos?». Aisha (que Allah esté complacido con ella) respondió: «No soy tu madre». Ammar (que Allah esté complacido con él) dijo: «Aunque no sea de su agrado, usted es mi madre». Aisha (que Allah esté complacido con ella) dijo: «Te enorgulleces de haber vencido. Has traído contigo la venganza que tomaste. Debes saber que quienes actúan así nunca pueden ser vencedores».

Hazrat Aisha (que Allah esté complacido con ella) se trasladó de Basora directamente a La Meca Mukarrama. Permaneció allí hasta el siguiente Hayy. Después regresó a Medina y vivió allí el resto de su vida. Durante toda su vida lamentó el método de purificación que había adoptado. 225 Ibn Sa’d narró que Hazrat Aisha (que Allah esté complacido con ella) decía: «¡Ay, si fuera un árbol! ¡Ay, si fuera una piedra! ¡Ay, si no fuera nada!». 226 Con estas palabras se puede estimar la magnitud de su arrepentimiento.

En cierta ocasión, un habitante de Basora fue a visitar a Aisha (que Allah esté complacido con ella). Aisha (que Allah esté complacido con ella) le preguntó: «¿Participaste en nuestra batalla?». El hombre respondió: «Sí». Aisha (que Allah esté complacido con ella) preguntó: «¿Conoces al hombre que aquel día recitó este verso?»:

Será en árabe

El hombre dijo: «Es mi hermano». El narrador relató que entonces Hazrat Aisha (que Allah esté complacido con ella) lloró tanto que me pareció que aquel llanto no terminaría jamás. El imán Bujari narró que, al morir, dejó instrucciones de que no la enterraran junto a la tumba del Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz), sino en el cementerio de Baquí, junto con las demás esposas del Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz). 227 Ibn Sa’d narró que, al morir, Aisha (que Allah esté complacido con ella) dijo: «Después del Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz), he realizado un acto nuevo. Por tanto, enterradme junto con las esposas del Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz)». 228 También se ha narrado que, cuando recitaba el versículo 229

Será en árabe

Cuando recitaba «Permaneceréis en vuestras casas», lloraba tanto que el borde de su velo se empapaba con sus lágrimas.²³⁰ Después de que terminó la Batalla del Camello, Aisha —que Allah esté complacido con ella— le dijo a al-Qa‘qa ibn ‘Amr: «¡Por Allah! ¡Qué bueno habría sido que hubiera muerto veinte años antes de este día!». Alí —que Allah esté complacido con él— hizo exactamente el mismo comentario al oírla.²³¹

Un hombre llamado ‘Ayn ibn Durayya al-Majashi se acercó y comenzó a golpear el howdah. ‘Aisha —que Allah esté complacido con ella— le dijo: «¡Aléjate! ¡Que la maldición de Allah caiga sobre ti!». El hombre respondió: «Solo quiero echar un vistazo a Humayra». Entonces Aisha —que Allah esté complacido con ella— lo maldijo diciendo: «¡Que Allah descubra tu honor y tu dignidad, te corte las manos y deje al descubierto tus partes íntimas!». Más tarde, el hombre murió en Basora. Todos sus bienes fueron saqueados. Su cadáver fue encontrado mutilado de manos y pies y desnudo, en un terreno desolado de la tribu de Azd.²²⁰

Alí —que Allah esté complacido con él— dispuso que la Madre de los Creyentes fuera trasladada del campo de batalla, bajo la dirección de Muhammad ibn Abi Bakr, a la casa de un dirigente de Basora que la apoyaba: ‘Abdullah ibn Jalaf al-Juza‘i. Los soldados heridos del ejército de Aisha —que Allah esté complacido con ella— se habían refugiado en todas las habitaciones de aquella casa y en cada lugar de su exterior. Después, Alí —que Allah esté complacido con él—, Ibn ‘Abbas —que Allah esté complacido con él— y muchos otros personajes destacados acudieron allí para visitar a la Madre de los Creyentes. Alí la saludó y permaneció un rato a su lado. Alí sabía que en aquella casa se habían refugiado soldados heridos del bando contrario, pero no pronunció palabra alguna al respecto.²²¹

La Madre de los Creyentes permaneció varios días en Basora. Después, Alí —que Allah esté complacido con él— organizó su viaje al Hiyaz con el debido honor y respeto, bajo la supervisión de Muhammad ibn Abi Bakr —que Allah esté complacido con él—, acompañada por cuarenta damas nobles de Basora. También le entregó doce mil dírhams.²²² Numerosos musulmanes comunes, junto con Alí —que Allah esté complacido con él—, las acompañaron durante un largo trecho. El imán Hasan recorrió muchas millas con la caravana. La Madre de los Creyentes partió de Basora el sábado primero de Rayab del año 36 de la Hégira.²²³ Durante el viaje dijo al pueblo: «¡Por Allah! Entre él —Alí— y yo no hubo anteriormente ninguna relación de enemistad, sino la relación que una mujer tiene con sus yernos. Hasta donde sé, él es uno de los hombres justos». En respuesta, Alí —que Allah esté complacido con él— dijo: «¡Oh, gente! Ella ha dicho la verdad. No existe rivalidad entre ella y yo. Ella es la esposa de vuestro Profeta, en este mundo y en el Más Allá».²²⁴

La Batalla del Camello tuvo lugar desde el amanecer hasta la oración de la tarde del jueves 10 de Yumada al-Thani del año 36 de la Hégira.²³² El número de heridos en esta batalla fue incontable. Los especialistas en biografías discrepan sobre el número de muertos. Ibn al-Imam al-Hanbali menciona en su obra «Shadharat al-Dhahab» treinta y tres mil, mientras que otra opinión menciona diecisiete mil. Sin embargo, la mayoría de los historiadores, incluido Ibn al-Athir, señalan diez mil. La mitad pertenecía al bando de Alí —que Allah esté complacido con él— y la otra mitad al de Aisha —que Allah esté complacido con ella—. Ibn al-Athir también menciona que solo de los Banu Dabba murieron mil hombres, y que junto al camello se encontraron los cadáveres de setenta (70) miembros de los Banu ‘Adi.²³³ En esta batalla sufrieron el martirio muchos héroes del islam, hombres que el Mensajero de Allah —que Allah le bendiga y le conceda paz— había formado personalmente y que eran hijos profundamente probados del islam. Talha —que Allah esté complacido con él—, Zubayr —que Allah esté complacido con él— y otros se encontraban entre ellos. Su muerte causó a la comunidad musulmana una pérdida irreparable.

Después de que el camello de Aisha —que Allah esté complacido con ella— cayó en el campo de batalla, Alí —que Allah esté complacido con él— ordenó a un pregonero que anunciara: «Que nadie persiga a ningún fugitivo, que nadie saquee las pertenencias de un soldado herido y que ningún soldado entre en una casa. En particular, con respecto a las mujeres, ordenó lo siguiente:²³⁴»

Se escribirá en árabe

«No expondréis bajo ninguna circunstancia el honor ni la dignidad de nadie, no entraréis en ninguna casa ni atacaréis a ninguna mujer, aunque se burle e insulte vuestro honor y dignidad, a vuestros dirigentes y a los hombres justos. Se nos prohibía levantar la mano contra las mujeres —en la época del Mensajero de Allah, que Allah le bendiga y le conceda paz— incluso cuando aquellas mujeres eran politeístas. Entonces, ¿cómo podría estar permitido ahora levantar la mano contra estas mujeres musulmanas?»

Tras la batalla, ʿAlī (que Allah esté complacido con él) recorría el campo entre los cadáveres y, al detenerse junto a los cuerpos que conocía, expresaba su pesar, tanto si eran de su bando como del bando de ʿĀʾisha (que Allah esté complacido con ella). Después ordenó que se reunieran en un solo lugar los cadáveres de ambos bandos. Actuó como imán y dirigió la oración funeraria por todos; luego ordenó cavar grandes fosas para enterrar juntos a muchos de ellos. Se detuvo junto al cadáver de Ṭalḥa ibn ʿUbaydullāh (que Allah esté complacido con él) y exclamó:

Se escribirá en árabe

Después dijo: «¡Por Allah! No me habría gustado ver a ningún qurayshí tendido de esta manera». Luego ordenó recoger los bienes abandonados por los soldados y depositarlos en la mezquita de Basora, y anunció: «Todos, excepto las armas, pueden llevarse de allí sus propios bienes. Las armas serán depositadas en el tesoro».²³⁵

Después de la batalla, ʿĀʾisha (que Allah esté complacido con ella) preguntaba quiénes habían muerto de ambos bandos. Cuando le decían que fulano había muerto, decía: «Que Allah tenga misericordia de él». Acerca de los muertos de esta batalla, ʿAlī (que Allah esté complacido con él) decía:²³⁶

Debe escribirse en árabe

—«Espero ciertamente que todos aquellos de estas personas cuyo corazón era sincero con Allah entren en el Paraíso».

Aquí es necesario aclarar un asunto: algunas personas de mente perversa creen que la causa principal de la Batalla del Camello fue un antiguo resentimiento y enemistad de ʿAlī (que Allah esté complacido con él). En el incidente de la Calumnia, ʿAlī (que Allah esté complacido con él) le dijo al Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz): «Si lo desea, puede abandonarla». En realidad, desde entonces ʿĀʾisha (que Allah esté complacido con ella) estaba molesta con ʿAlī (que Allah esté complacido con él). Y aquel derramamiento de sangre fue la consecuencia de ello. Sin embargo, los datos de hadices e historia que tenemos ante nosotros no dejan lugar para sostener semejante opinión. Es una idea completamente infundada. En la historia existen muchos datos que muestran precisamente lo contrario. No los hemos mencionado aquí porque ello alargaría demasiado el texto. Al revisar todos los datos históricos, se ve que, salvo los conspiradores, todos los miembros de ambos bandos eran completamente inocentes. No provocaron el conflicto ni el enfrentamiento. En este caso, la conspiración de los conspiradores tuvo un éxito pleno.

El período del califato de ʿAlī (que Allah esté complacido con él) fue de apenas cuatro años. Después, el emir Muʿāwiya (que Allah esté complacido con él) asumió la responsabilidad del califato y, durante los veinte años siguientes

Gobernó como soberano único de todo el mundo islámico. Aisha (que Allah esté complacido con ella) falleció dos años antes de que terminara su califato. Durante el gobierno de Muawiya (que Allah esté complacido con él), pasó dieciocho años de su vida. Salvo por uno o dos incidentes aislados, pasó un largo período en completo silencio.

En cierta ocasión, Muawiya (que Allah esté complacido con él) fue a Medina y acudió a visitar a Aisha (que Allah esté complacido con ella). Aisha (que Allah esté complacido con ella) le dijo: «¿Cómo pudiste entrar solo y con tanta confianza en mi habitación? También era posible que hubiera apostado allí a un asesino y que, apenas entraras, te cortara la cabeza». El emir Muawiya (que Allah esté complacido con él) respondió: «Esta es la Casa de la Seguridad; aquí usted no podría hacer algo así. El Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda la paz) dijo: “La fe es una protección contra el asesinato inesperado”». Entonces Muawiya (que Allah esté complacido con él) preguntó: «¿Cómo está siendo mi trato con usted?». Ella respondió: «Bueno». Entonces Muawiya (que Allah esté complacido con él) dijo: «En ese caso, deje el asunto entre los Banu Hashim y yo; el ajuste de cuentas tendrá lugar ante Allah».237

Huyr ibn Adi (que Allah esté complacido con él) era un Compañero de alto rango y uno de los principales líderes de los partidarios de Ali (que Allah esté complacido con él) en Kufa. Basándose en el testimonio de algunas personas, el gobernador de Kufa lo arrestó junto con otros y lo envió a Damasco. Huyr pertenecía a la tribu de Kinda. En aquel tiempo, Kufa era el centro de las grandes tribus árabes, y allí también vivían miembros de la tribu de Kinda. Sin embargo, nadie se adelantó para proteger a Huyr. Y eso a pesar de que, entre los nobles Compañeros, Huyr (que Allah esté complacido con él) gozaba entonces de considerable influencia y prestigio. No obstante, la noticia de su arresto afligió e indignó a todos los habitantes de cada región del califato. Numerosos jefes de distintas tribus árabes intercedieron para obtener su liberación, pero todas sus peticiones fueron rechazadas. Cuando esta noticia llegó a Medina y Aisha (que Allah esté complacido con ella) se enteró, envió un emisario para interceder. Desgraciadamente, la pena de muerte de Huyr (que Allah esté complacido con él) fue ejecutada antes de que llegara el emisario.238

Más tarde, cuando Muawiya (que Allah esté complacido con él) llegó a Medina y visitó a Aisha (que Allah esté complacido con ella), ella sacó primero el tema de Huyr (que Allah esté complacido con él). Le dijo: «¡Muawiya! ¿Dónde quedaron tu paciencia y tu prudencia con respecto a Huyr? ¿No temiste a Allah al hacerlo matar?». Muawiya respondió: «No tengo ninguna culpa en su asunto; la culpa es de quienes testificaron contra él». Según otra narración, Muawiya (que Allah esté complacido con él) dijo: «¡Madre de los creyentes! No tenía conmigo a nadie que pudiera tomar la decisión correcta».239 El célebre tabií Masruq (que Allah tenga misericordia de él) narró que Aisha (que Allah esté complacido con ella) decía: «¡Por Allah! Si Muawiya hubiera comprendido que en Kufa aún quedaban valor y sentido del honor, nunca habría capturado a Huyr delante de aquellas personas y lo habría hecho matar de ese modo. Pero este hijo de Hind, la devoradora de hígados,240 comprendió perfectamente que entonces aquellas personas ya se habían marchado. ¡Por Allah! Kufa era el hogar de los líderes árabes valerosos y orgullosos de su honor. Labid (que Allah esté complacido con él) dijo con toda razón:241»

Se escribirá en árabe

«Se han marchado aquellas personas bajo cuya sombra era posible vivir. Ahora nos encontramos bajo el amparo de unos herederos cuya piel es como la piel de un camello afectado por la sarna».

«No benefician a nadie ni se puede esperar de ellos nada bueno. A quienes hablan con ellos solo se les buscan defectos.

Algunas personas de Irak y Egipto hablaban mal de Uzmán (que Allah esté complacido con él); del mismo modo, los habitantes de Siria decían cosas impropias sobre Ali (que Allah esté complacido con él). Los jariyíes, por su parte, consideraban malos a ambos. Al enterarse Aisha (que Allah esté complacido con ella) de la situación de todos esos grupos y subgrupos, dijo: «En el Corán, Allah ordenó suplicar misericordia y perdón para los Compañeros del Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda la paz), mientras que estas personas los insultan».242

Los jariyíes se separaron del grupo de Hazrat Alí (que Allah esté complacido con él) y se congregaron por primera vez en un lugar llamado Harur. Por eso fueron llamados «haruríes». En cierta ocasión, una mujer acudió a Hazrat Aisha (que Allah esté complacido con ella) y le preguntó: «Bien, ¿por qué no hay que recuperar las oraciones de ciertos días especiales de las mujeres, como sí se recuperan los ayunos?». Aisha (que Allah esté complacido con ella) respondió con extrema indignación: «¿Acaso eres harurí?». Con estas palabras manifestó su aversión hacia los haruríes.

En cierta ocasión, Hazrat Muawiya (que Allah esté complacido con él) escribió una carta a Hazrat Aisha (que Allah esté complacido con ella), solicitándole que le diera algún consejo. Hazrat Aisha (que Allah esté complacido con ella) le respondió: «La paz sea contigo. Después de esto, escuché al Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) decir: “Quien busque la complacencia de Allah sin preocuparse por la aprobación de la gente, Allah lo protegerá de las consecuencias del descontento de la gente. Y quien busque la aprobación de la gente provocando el descontento de Allah, Allah lo dejará en manos de la gente”. Y la paz sea contigo».

Al final de su vida, Hazrat Muawiya (que Allah esté complacido con él) quiso dejar a su hijo Yazid como su sucesor. Marwan era entonces el gobernador de Medina en su nombre. En una asamblea pública en la mezquita, mencionó el nombre de Yazid. El hermano de Hazrat Aisha (que Allah esté complacido con ella), Abdurrahman ibn Abi Bakr (que Allah esté complacido con él), se levantó y protestó. Inmediatamente, Marwan quiso arrestarlo. Abdurrahman corrió y entró en la casa de su hermana Aisha (que Allah esté complacido con ella). Marwan no se atrevió a entrar. Con voz airada, dijo: «Este es el hombre acerca de quien fue revelado el siguiente versículo del Corán:»

Será en árabe

—Y quien dice a sus padres: “¡Uf de vosotros!”—

Desde detrás del velo, Hazrat Aisha (que Allah esté complacido con ella) exclamó: «Aparte del versículo que declaró mi inocencia, Allah no reveló ningún otro versículo sobre nosotros». Esta protesta permite comprender que los dos hermanos no aceptaron de buen grado la designación de Yazid. En el año 49 de la Hégira, en la cámara de Hazrat Amir Muawiya (que Allah esté complacido con él), ya habían sido enterrados el Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él), Abu Bakr (que Allah esté complacido con él) y Umar al-Faruq (que Allah esté complacido con él). En un rincón quedaba un espacio suficiente para una tumba. Antes de morir, Hazrat Hasan (que Allah esté complacido con él) legó a su hermano menor, Hazrat Imam Husain (que Allah esté complacido con él), que lo enterrara en aquel espacio vacío. Si alguien se lo impedía, no debía entablar conflicto ni enfrentamiento, sino enterrarlo en el cementerio de los musulmanes comunes. Cuando Hazrat Imam Husain quiso cumplir el deseo de su hermano mayor, Hazrat Aisha (que Allah esté complacido con ella) le dio gustosamente permiso. Sa’id ibn al-Así era entonces gobernador de Medina por parte de Hazrat Muawiya (que Allah esté complacido con él), y tampoco puso ningún impedimento. Sin embargo, Marwan ibn al-Hakam se opuso firmemente junto con algunos de sus partidarios. Su argumento era que, puesto que los rebeldes no habían permitido que Hazrat Uzmán (que Allah esté complacido con él) fuera enterrado allí, nadie más podía obtener permiso. Los miembros de Banu Hashim, en apoyo de Hazrat Imam Husain (que Allah esté complacido con él), y los de Banu Umayya, en apoyo de Marwan, salieron de sus casas con las armas en la mano. Estuvo a punto de producirse otro enfrentamiento sangriento. Hazrat Abu Huraira (que Allah esté complacido con él) se alarmó.

Intentó lograr una reconciliación. Le dijo a Marwan: «Si el nieto desea ser enterrado junto a su abuelo, ¿por qué te entrometes?». Por otro lado, le dijo al Imam Husain (que Allah esté complacido con él) que también era voluntad del difunto Imam que, si surgía algún impedimento, no se entablara conflicto ni enfrentamiento. En cualquier caso, Hazrat Imam Husain (que Allah esté complacido con él) tuvo paciencia y enterró el cuerpo de su hermano en Jannatul Baqi, junto a la tumba de su madre, Hazrat Fatima az-Zahra (que Allah esté complacido con ella). En relación con este asunto, aquí se presenta una narración con las mismas palabras que aparece en la obra Al-Isti’ab de Ibn Abd al-Barr, en Usud al-Gaba de Ibn al-Azir y en Tarij al-Julafa del erudito suyutí:

—El Imam Hasan (que Allah esté complacido con él) dijo: «Le había pedido a Aisha (que Allah esté complacido con ella) que me permitiera ser enterrado en su habitación junto al Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él). Ella me dio permiso, pero no sé si lo hizo por timidez. Después de mi muerte, pídele permiso nuevamente. Si te lo concede de buen grado, entiérrame allí. Creo que la gente os lo impedirá. Si realmente lo hacen, no entabléis conflicto ni enfrentamiento con ellos por este asunto. Enterradme en el cementerio de Baqi». Después del fallecimiento de Hazrat Hasan (que Allah esté complacido con él), Hazrat Husain (que Allah esté complacido con él) pidió permiso a Hazrat Aisha (que Allah esté complacido con ella). Ella dijo: «Sí, te doy permiso de buen grado». Cuando el asunto llegó a oídos de Marwan, dijo: «Husain y Aisha están mintiendo los dos. Hasan jamás puede ser enterrado allí. Ellos no permitieron que Uzmán fuera enterrado siquiera en el cementerio, y ahora quieren enterrar a Hasan en la habitación de Aisha».

Fallecimiento

Hazrat Aisha (ra) falleció en Medina, a los sesenta y seis años, el 17 de Ramadán del año 58 de la Hégira, correspondiente al 13 de junio de 678 d. C. Era la etapa final del califato de Hazrat Amir Muawiya (ra). Antes de su muerte permaneció postrada durante algún tiempo debido a una enfermedad. Innumerables personas se agolpaban ante su puerta con el propósito de visitarla. Cuando alguien le preguntaba por su estado, respondía: «Estoy bien».248 Un día, en esa época, Hazrat Abd Allah ibn Abbas (ra) pidió permiso para visitarla. Hazrat Aisha (ra), pensando que quizá acudiría solo para comenzar a elogiarla, dudaba en concederle la visita. Sin embargo, los hijos de sus hermanas le explicaron: «Usted es la Madre de los Creyentes y él es Ibn Abbas. Ha venido a saludarla y a despedirse de usted». Entonces dijo: «Si queréis, hacedlo entrar». Llamaron a Hazrat Ibn Abbas (ra). La suposición de la Madre de los Creyentes resultó ser cierta. En cuanto Ibn Abbas (ra) se sentó, comenzó a decir: «Desde tiempos remotos usted ha sido la Madre de los Creyentes. Es la esposa más querida del Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz). Solo está esperando el momento en que su alma salga de su cuerpo para reunirse con el Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz). La noche en que se perdió su collar, el Mensajero (que Allah le bendiga y le conceda paz) buscó agua y la gente no la encontró; entonces, por causa de usted, Allah el Altísimo reveló el versículo del tayammum. Yibril Amin (a. s.) trajo del cielo los versículos sobre su inocencia y su exoneración. Estos versículos se recitarán en todas las mezquitas hasta el Día de la Resurrección». Después de escuchar esto, ella dijo: «Ibn Abbas, perdóname por estos elogios. Yo habría preferido no haber existido».249

Antes de morir, dejó instrucciones de que la enterraran en el cementerio de Jannat al-Baqi, junto con las demás esposas del Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz). Si moría durante la noche, debían enterrarla esa misma noche. Falleció después de la oración del witr, durante la noche. Por ello, fue enterrada inmediatamente en Jannat al-Baqi conforme a sus instrucciones. Cuando se difundió la noticia de su fallecimiento, un lamento general se apoderó de Medina. Los ansar salieron de sus casas. Se congregó tanta gente para la oración fúnebre que, según relataron, nunca antes se había visto una multitud semejante durante la noche. Algunas narraciones dicen que, al ver la multitud de mujeres, parecía el día del Eid. Al oír los lamentos, Hazrat Umm Salama (ra) dijo: «El Paraíso es ciertamente obligatorio para Aisha (ra). Ella era la esposa más querida del Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz)».

En aquel momento, Hazrat Abu Huraira (ra) era el gobernador de Medina. Él dirigió la oración fúnebre. Qasim ibn Muhammad ibn Abi Bakr (ra), Abd Allah ibn Abd al-Rahman ibn Abi Bakr, Abd Allah ibn Atiq, Urwa ibn al-Zubayr (ra) y Abd Allah ibn al-Zubayr (ra), estos sobrinos por parte de hermano y de hermana, la bajaron a la tumba. De acuerdo con sus últimas instrucciones, fue enterrada en el cementerio de Jannat al-Baqi.250

Todos los musulmanes quedaron profundamente afligidos por el fallecimiento de la Madre de los Creyentes. El célebre tabií Hazrat Masruq (rah.) dijo: «Si no recordara una determinada declaración, habría organizado una reunión de lamentación por la Madre de los Creyentes». Ubayd ibn Umayr preguntó a un hombre: «¿Te entristece la muerte de Hazrat Aisha (ra)?». El hombre respondió: «Todos aquellos de quienes ella fue madre están afligidos». Ibn Sa’d narró todas estas declaraciones.

Ya se ha mencionado que Hazrat Aisha (ra) no tuvo hijos. Crío como a su propio hijo a Abd Allah ibn al-Zubayr (ra), hijo de su hermana Hazrat Asma (ra). Abd Allah también amaba a su tía materna como a una madre. Después de la Hégira, él fue el primer niño nacido en Medina en el hogar de los emigrantes. Los incrédulos e hipócritas de Medina decían que, al llegar a Medina, las mujeres musulmanas se habían vuelto estériles. Cuando él nació en aquel momento, una oleada de alegría recorrió a los musulmanes. El Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) masticó un dátil y, con su propia mano, se lo puso en la mejilla, realizando el tahnik. Hazrat Aisha (ra) crió a este Abd Allah como a un hijo. Se menciona en un hadiz que crió a una muchacha ansarí y la casó.251 Además, bajo su cuidado fueron criados Masruq ibn al-Ajda, Umra bint Aisha bint Talha, Umra bint Abd al-Rahman al-Ansariyya, Asma bint Abd al-Rahman ibn Abi Bakr, Urwa ibn al-Zubayr, Qasim ibn Muhammad y su hermano, Abd Allah ibn Yazid, y muchos otros niños y niñas. Ella misma crió y casó a las hijas de Muhammad ibn Abi Bakr (ra).252

Características físicas y vestimenta

Hazrat Aisha (ra) fue una de las muchachas que crecieron muy rápidamente. A los nueve o diez años ya se había desarrollado bastante.253 Durante su infancia era extremadamente delgada y menuda. Al alcanzar cierta edad, su cuerpo se volvió algo más robusto.254 Su tez era una mezcla de blanco y rojizo. Poseía un rostro resplandeciente y una gran belleza. Por esta razón la llamaban al-Humayra.255

Debido a su austeridad y a su conformidad con poco, solo tenía un par de prendas de vestir. Por eso, lavaba una mientras usaba la otra.²⁵⁶ Tenía una túnica cuyo precio sería de unos cinco dírhams. Sin embargo, en aquella época era tan valiosa que se pedía prestada para vestir a la novia en las celebraciones nupciales.²⁵⁷ A veces usaba prendas teñidas con azafrán y, de vez en cuando, también llevaba adornos. Llevaba al cuello un collar de un tipo especial de perlas blancas y negras fabricadas en Yemen. Usaba un anillo de oro en el dedo.²⁵⁸ Qasim ibn Muhammad narra: «Vi a Aisha (que Allah esté complacido con ella) usando un anillo de oro y una vestimenta amarilla mientras se encontraba en estado de ihram». A veces también usaba un chal de seda. Más tarde, se lo regaló a Abdullah ibn al-Zubayr.²⁵⁹

Era sumamente escrupulosa respecto a las normas de la sharía sobre la vestimenta. En cierta ocasión, su sobrina Hafsa bint Abd al-Rahman fue a verla con un velo fino sobre la cabeza. Ella lo tomó, lo rasgó y dijo: «¿No sabes qué ha dicho Allah, el Altísimo, en la sura An-Nur?». Luego hizo traerle un velo grueso y se lo entregó.²⁶⁰ En cierta ocasión se hospedó como invitada en una casa. El anfitrión tenía dos hijas ya mayores. Vio que rezaban sin cubrirse con un chal. Les advirtió con insistencia y dijo que, en el futuro, ninguna joven debía rezar sin un chal.²⁶¹

Hábitos y cualidades de carácter

La infancia y la juventud de la Madre de los Creyentes, Aisha (que Allah esté complacido con ella), transcurrieron en compañía de una personalidad santa cuya llegada a este mundo había tenido como propósito perfeccionar las más excelsas cualidades morales. Esta compañía la elevó a un nivel moral ideal que se considera la cumbre del desarrollo espiritual. Por ello, su nivel moral era sumamente elevado. Su corazón era muy amplio. Además, era generosa, austera, devota y misericordiosa.

La condición de mujer y la austeridad parecen ser dos cualidades contradictorias. En un hadiz se narra que el Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: «He visto que la mayoría de los habitantes del Infierno eran mujeres». Le preguntaron la razón. Respondió: «La razón es que no expresan gratitud a sus esposos». Sin embargo, estas dos cualidades se reunían en la persona de Aisha (que Allah esté complacido con ella). Vivió su vida matrimonial en medio de una extrema necesidad y pobreza, pero nunca dejó escapar de sus labios ni una sola palabra de queja. En la casa de su esposo no encontró hermosas vestimentas, valiosas joyas, magníficas mansiones ni alimentos exquisitos. No obstante, observaba que las riquezas y los bienes obtenidos como botín llegaban por un lado como una inundación y salían por el otro. A pesar de ello, jamás sintió el menor deseo ni ambición de obtener algo de ellos. Después del fallecimiento del Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él), en cierta ocasión pidió que trajeran comida. Luego dijo: «Nunca he comido hasta saciarme, para que no me sobrevenga el llanto». Uno de sus discípulos le preguntó: «¿Por qué?». Respondió: «Recuerdo la situación en la que el Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) partió de este mundo. ¡Juro por Allah! Nunca comió hasta saciarse de pan y carne dos veces en un mismo día!»

Allah, el Altísimo, la había privado de tener hijos. Sin embargo, acogía y criaba a los hijos de musulmanes comunes, especialmente a los huérfanos. Les enseñaba y se encargaba de casarlos.

Obedecer plenamente a su esposo, el Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él), y esforzarse por obtener su complacencia eran la preocupación y la labor de Aisha (que Allah esté complacido con ella) a cada momento. Si veía que su rostro mostraba la menor palidez o tristeza, se inquietaba profundamente. Se preocupaba tanto por los parientes del Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) que no desatendía ninguna de sus peticiones. En cierta ocasión, su sobrino Abdullah ibn al-Zubayr se alarmó al ver la generosidad ilimitada de su tía y dijo que ya era necesario detener su mano. Estas palabras enfurecieron tanto a Aisha (que Allah esté complacido con ella) que juró no volver a hablar con Abdullah. Pero cuando los miembros del clan materno del Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) intercedieron, ya no pudo rechazar su petición.²⁶² También trataba con gran estima y respeto a los amigos del Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él), y no desatendía ninguna de sus palabras. En la medida de lo posible, no rechazaba ningún regalo que alguien le ofreciera.

Muhammad ibn Ash‘ath (que Allah esté complacido con él) era un compañero. En cierta ocasión manifestó su deseo de regalar a Aisha (que Allah esté complacido con ella) un postín —una prenda confeccionada con piel— y le dijo: «Es abrigado; lo usarás». Aisha (que Allah esté complacido con ella) aceptó recibirlo y solía ponérselo con frecuencia.²⁶³

Desde que fue revelado el versículo del hiyab, observaba estrictamente el pudor y el recato. Había un tabí ciego llamado Ishaq. Una vez vino a visitarla. Hazrat Aisha (que Allah esté complacido con ella) se cubrió. Ishaq dijo: «¿Te estás cubriendo de mí? Yo no puedo verte». Ella respondió: «¿Y qué importa que tú no puedas verme? Yo sí puedo verme».264 En una ocasión, durante el Hayy, las otras mujeres dijeron: «¡Madre de los creyentes, ven! Besarás la Piedra Negra». Ella respondió: «Podéis ir vosotras; yo no puedo entrar entre la multitud de hombres».265 Cuando alguna vez necesitaba hacer la circunvalación durante el día, en ciertas ocasiones se hacía retirar a los hombres del patio.266 La sharía no establece la obligación de cubrirse ante los muertos. Sin embargo, ella era sumamente cuidadosa también en este asunto. Después de que Umar (que Allah esté complacido con él) fue enterrado junto al Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él), nunca entraba allí sin cubrirse.

Hazrat Aisha (que Allah esté complacido con ella) nunca murmuraba de nadie ni hacía comentarios indecorosos sobre persona alguna. Muchas de sus palabras han sido transmitidas en las colecciones de hadices. Sin embargo, en ninguna de ellas se encuentra una mala palabra contra alguien ni una expresión que menoscabe el honor de persona alguna. Criticar y censurar a las coesposas es una costumbre de muchas mujeres. Pero ya hemos mencionado antes con qué amplitud de corazón elogiaba ella a sus coesposas. El poeta Hazrat Hassán (que Allah esté complacido con él), quien, al verse involucrado en el incidente de la calumnia, había multiplicado por cien el sufrimiento de Hazrat Aisha (que Allah esté complacido con ella), también acudía a las reuniones de Hazrat Aisha, y ella le permitía sentarse allí con gran benevolencia. Un día, Hazrat Hassán (que Allah esté complacido con él) llegó y comenzó a recitar una casida compuesta en su honor. El significado de uno de sus versos era el siguiente:

Al escuchar el verso, Hazrat Aisha (que Allah esté complacido con ella) recordó el antiguo incidente de la calumnia. Después se limitó a comentar: «Pero usted no es así».267 A muchos de los seres queridos de Hazrat Aisha (que Allah esté complacido con ella) les resultaba difícil aceptar que Hassán (que Allah esté complacido con él) acudiera de ese modo a su presencia. A menudo querían dirigirle palabras duras a Hassán (que Allah esté complacido con él), pero Hazrat Aisha (que Allah esté complacido con ella) se lo prohibía con firmeza. Hazrat Masruq (que Allah tenga misericordia de él) dijo: «Una vez le pregunté a la Madre de los creyentes: “¿Por qué le permites venir a ti de esta manera?”. Ella respondió: “Ahora se ha quedado ciego. ¿Qué castigo puede ser mayor que la ceguera? Además, él respondía, en nombre del Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él), a las burlas y sátiras de los poetas politeístas de La Meca”».268

En una ocasión se estaba hablando de un hombre. En el curso de la conversación, Hazrat Aisha (que Allah esté complacido con ella) no expresó una buena opinión sobre él. La gente dijo: «¡Madre de los creyentes! Ese hombre ha muerto». En cuanto lo oyó, comenzó a suplicar a Allah por su perdón. Entonces le dijeron: «Hace un momento no hablaste bien de él y ahora suplicas por su perdón». Ella respondió: «El Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: “Solo hablaréis bien de los muertos”».269

No había en ella ni el menor rastro de arrogancia. Se consideraba una persona muy sencilla e insignificante. No le agradaba en absoluto que alguien la elogiara en su presencia. Ya hemos mencionado a este respecto cómo se comportó con Hazrat Abdullah ibn Abbas (que Allah esté complacido con él) en su lecho de muerte. A pesar de su extrema humildad, poseía un sentido pleno de la dignidad personal. Por eso, algunas de sus actitudes hacia su esposo, el Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él), adoptaban la forma de los dignos reproches de una esposa enamorada. Por ejemplo, durante el incidente de la calumnia, cuando el Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) le recitó los versículos sobre su inocencia y su madre le dijo: «Hija, muestra gratitud a tu esposo», la respuesta que dio expresó, por un lado, un intenso sentido de dignidad personal y, por otro, mostró una escena conmovedora de reproche hacia su amado. Ella dijo: «Solo daré gracias a mi Señor, y no a nadie más, pues Él me ha honrado declarando mi inocencia y mi pureza».270 Además, como ya hemos mencionado, cuando se enfadaba con su esposo dejaba de jurar mencionando su nombre. Todo ello constituía una incomparable expresión de los dignos reproches de una esposa enamorada.

En otro episodio podemos observar la manifestación extrema de su sentido de la dignidad personal. Ella había criado con afecto maternal a Abdullah ibn al-Zubayr (que Allah esté complacido con él), y él también honraba y servía a su tía Aisha (que Allah esté complacido con ella) como a una madre. Al ver que su tía daba con tanta prodigalidad, una vez comentó: «Habría que atarle las manos». Este comentario hirió el sentido del honor de Hazrat Aisha (que Allah esté complacido con ella). Ella juró que no volvería a tocar ninguna pertenencia de su sobrino. Abdullah (que Allah esté complacido con él) se encontró entonces en una situación muy difícil. Finalmente, gracias a la intercesión y mediación de personas ilustres, ella se apiadó de él.271

Además de un intenso sentido de la dignidad personal y una fuerte personalidad, Hazrat Aisha (que Allah esté complacido con ella) poseía un agudo sentido de la justicia. En una ocasión, un hombre de Egipto fue a visitarla. Ella le preguntó cómo trataban los gobernantes de entonces a la población local en el campo de batalla. El hombre respondió que no había visto de su parte ninguna conducta que pudiera ser objeto de reproche. Si a alguien se le moría el camello, le daban otro; si alguien no tenía sirviente, le proporcionaban uno; y si alguien necesitaba dinero para sus gastos, satisfacían esa necesidad. Al escuchar su respuesta, Hazrat Aisha (que Allah esté complacido con ella) dijo: «Por muy mal que los egipcios hayan tratado a mi hermano Muhammad ibn Abi Bakr, ese mal trato no puede impedirme deciros esta verdad: el Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) suplicó aquí mismo, dentro de mi casa: “¡Oh Allah! Sé severo con quien trate con severidad a mi comunidad, y sé bondadoso con quien sea bondadoso con ella”».272

Hazrat Aisha (que Allah esté complacido con ella) era sumamente generosa al dar caridad. Su corazón también era muy generoso y amplio. Su hermana Hazrat Asma (que Allah esté complacido con ella) era igualmente muy caritativa. La generosidad era una de las principales características del carácter de ambas hermanas. Abdullah ibn al-Zubayr (que Allah esté complacido con él) dijo: «No he visto a nadie más generoso que ellas dos». Sin embargo, había una diferencia entre ambas: Hazrat Aisha (que Allah esté complacido con ella) reunía poco a poco lo que tenía y, cuando había acumulado algo, lo repartía todo de una vez. En cambio, Hazrat Asma (que Allah esté complacido con ella) no guardaba nada de lo que llegaba a sus manos, sino que lo entregaba inmediatamente.273 La mayor parte del tiempo contraía deudas. Pedía préstamos a distintas personas. Cuando la gente le decía: «¿Qué necesidad tienes de endeudarte tanto?», respondía: «Allah ayuda a quien tiene la intención de pagar sus deudas. Yo busco esta ayuda de Allah».274 No se preocupaba por si la caridad era mucha o poca. Daba cuanto tenía en sus manos. Una vez, una mujer llegó con dos niños pequeños en brazos y pidió ayuda. Por casualidad, en ese momento no había nada en la casa que pudiera darles. Después de buscar, encontró un solo dátil. Lo partió en dos y entregó una mitad a cada niño. Cuando el Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) llegó a casa, le contó lo sucedido.275 En otra ocasión, llegó un mendigo y pidió ayuda. Frente a Hazrat Aisha (que Allah esté complacido con ella) había unos granos de uva. Ella tomó uno y se lo puso en la mano al mendigo. El mendigo se quedó mirando el grano de tal manera que parecía preguntarse: «¿Acaso alguien entrega un solo grano a otra persona?». Entonces ella le dijo: «Mira cuántas partículas hay dentro de este único grano».276 En realidad, aludía al siguiente versículo de la sura Al-Zalzala:

Será en árabe

Es decir, quien haga una buena obra del peso de un átomo, la verá.

Hazrat ‘Urwa (que Allah esté complacido con él) relata que, en cierta ocasión, Hazrat ‘Aisha (que Allah esté complacido con ella) entregó de una sola vez, por la causa de Allah, setenta mil dírhams en su presencia y sacudió el borde de su manto.277 En cierta ocasión, Hazrat Amir Mu‘awiya (que Allah esté complacido con él) envió cien mil dírhams a Hazrat ‘Aisha (que Allah esté complacido con ella). Al anochecer no le quedaba ni un solo centavo. Lo había repartido todo entre los pobres y necesitados. Por casualidad, ese día estaba ayunando. La esclava dijo: «Debería haber dejado algo para comprar comida para romper el ayuno». Ella respondió: «Si tan solo me lo hubieras recordado antes». Hay más relatos de este tipo. En cierta ocasión, Hazrat ‘Abdullah ibn al-Zubayr (que Allah esté complacido con él) envió cien mil dírhams en dos grandes bolsas. Ella los vertió todos en una bandeja y comenzó a repartirlos. También estaba ayunando ese día. Al atardecer, pidió a la esclava que trajera la comida para romper el ayuno. La esclava dijo: «¡Madre de los creyentes! ¿No podrías haber comprado algo de carne para romper el ayuno con este dinero?». Ella respondió: «Ahora no reprendas a nadie. ¿Por qué no me lo recordaste entonces?».278 Un día estaba ayunando y no había en la casa más que un pan. En ese momento llegó una mujer mendiga y pidió algo de comer. Ella le dijo a la esclava que le diera el pan. La esclava preguntó: «Si le das el pan, ¿con qué romperás el ayuno al anochecer?». Ella respondió: «Dáselo ahora; luego veremos». Al anochecer, alguien envió carne de cabra. Ella dijo a la esclava: «Mira, Allah ha enviado algo mejor que tu pan».279 Vendió su vivienda a Amir Mu‘awiya (que Allah esté complacido con él) y repartió por la causa de Allah todo el dinero que recibió por ella.280

Por naturaleza, Hazrat ‘Aisha (que Allah esté complacido con ella) era intrépida y valiente. Muchos acontecimientos de su vida dan testimonio de esta valentía. Se levantaba sobresaltada por la noche y se dirigía sola al cementerio.281 Se presentaba en el campo de batalla. Durante la batalla de Uhud, cuando reinaba la confusión en el ejército musulmán, llevaba a la espalda un odre lleno de agua y daba de beber a los soldados heridos.282 Durante la batalla del Foso, cuando el ejército pagano había rodeado Medina por todos lados y existía el temor de un ataque de los judíos desde el interior de la ciudad, ella también salía sin temor de la fortaleza y observaba las estrategias de combate de los muyahidines musulmanes.283 En cierta ocasión, incluso pidió al Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) permiso para marchar al yihad, pero no se le concedió.284 La habilidad con la que dirigió a los soldados en la batalla del Camello constituye una prueba extraordinaria de su valentía innata.

En el corazón de Hazrat ‘Aisha (que Allah esté complacido con ella) había un intenso temor de Allah. Su corazón era también muy tierno. Comenzaba a llorar con gran facilidad. Durante la Peregrinación de Despedida, cuando no pudo realizar algunos ritos del hach debido a la menstruación, comenzó a llorar desconsoladamente al pensar en su desgracia. Más tarde se calmó con el consuelo del Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él).285 En cierta ocasión, comenzó a llorar, profundamente angustiada por miedo al Dayyal.286 En su vida posterior, cada vez que recordaba la batalla del Camello, lloraba desconsoladamente.

En cierta ocasión, hizo un juramento sobre un asunto. Más tarde, debido a la insistencia de la gente, se vio obligada a romperlo y, como expiación, liberó a cuarenta esclavos. Pero aquello dejó una huella tan profunda en su corazón que, cada vez que lo recordaba, mientras se secaba las lágrimas, se le empapaba el borde del pañuelo.287 Ya hemos mencionado que, al enterarse de las acusaciones de los hipócritas en el incidente de la Calumnia, se echó a llorar desconsoladamente. A pesar del consuelo de sus padres, no podía dejar de llorar.

En cierta ocasión, una mujer pobre acudió a Hazrat ‘Aisha (que Allah esté complacido con ella) con sus dos hijos pequeños, esperando recibir alguna ayuda. En la casa no había casi nada. Ella le dio a la mujer tres dátiles. La mujer puso un dátil en la mano de cada uno de sus dos hijos y se llevó el tercero a la boca. Los dos niños se comieron sus dátiles y comenzaron a mirar a su madre. Entonces la mujer sacó el dátil de su propia boca, lo partió en dos y puso una mitad en la boca de cada hijo. Ella no comió nada. Al contemplar aquella conmovedora escena de amor maternal y la situación de desamparo de la mujer, Hazrat ‘Aisha se emocionó profundamente. Las lágrimas comenzaron a correr por sus ojos.288

Pasaba la mayor parte del día y de la noche dedicada a la adoración. Rezaba regularmente la oración de Duha. Decía: «Aunque mi padre se levantara de la tumba y me prohibiera realizar esta oración, no la abandonaría».289 Por la noche se despertaba y rezaba la oración de taháyud con el Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él). Incluso después del fallecimiento del Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él), observó esta oración con tanta constancia que se levantaba temprano y la realizaba antes de la oración del alba. Un día estaba realizando esta oración cuando llegó su sobrino Qasim. Él preguntó: «Tía, ¿qué oración estás realizando?». Ella respondió: «Anoche no pude hacerla, pero ahora no puedo dejarla».290

Ayunaba la mayor parte del año. Según algunas narraciones, ayunaba continuamente.²⁹¹ En cierta ocasión ayunó el día de Arafat, durante el verano. El calor y la intensidad del sol eran tan fuertes que le rociaban agua sobre la cabeza. Al ver esto, su hermano Abdur Rahmán (que Allah esté complacido con él) le dijo: «¿Qué necesidad hay de ayunar con este calor tan intenso? Rompe el ayuno». Ella respondió: «He oído de labios del Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) que quien ayuna el día de Arafat recibe el perdón de los pecados de todo un año. ¿Aun así voy a romper el ayuno?».²⁹²

Era sumamente estricta en la observancia del Hayy. Raramente transcurría un año sin que realizara el Hayy. Durante la última etapa de su vida, el califa Umar (que Allah esté complacido con él) envió a Uzmán y a Abdur Rahmán ibn Auf (que Allah esté complacido con ellos) a acompañar a las esposas del Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) en el Hayy.²⁹³ Durante el Hayy tenían lugares determinados para alojarse. Al principio se establecían en el extremo de Wadi Namir. Cuando allí comenzaba a aglomerarse la gente, levantaban sus tiendas a cierta distancia, en un lugar llamado Araf. En algunas ocasiones se alojaban al pie de Yabal Sabir. Ayunaba el día de Arafat. Cuando la gente comenzaba a abandonar Arafat, rompía el ayuno.²⁹⁴

Era muy bondadosa con los esclavos y las esclavas. Siempre que tenía oportunidad, liberaba esclavos con diversos pretextos. En una ocasión liberó nada menos que a cuarenta esclavos como expiación por un solo juramento. El número total de esclavos y esclavas que liberó fue de 67 (sesenta y siete).²⁹⁵ Tenía una esclava de la tribu de Tamim. Ella oyó de labios del Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) que esa tribu descendía de Ismael (la paz sea con él). Por indicación del Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz), liberó a la esclava. En Medina había una esclava llamada Burayra. Había llegado a un acuerdo con su amo para obtener la libertad a cambio de una suma determinada de dinero. Después comenzó a pedir ayuda a la gente. Cuando Aisha (que Allah esté complacido con ella) se enteró, pagó por sí sola toda la suma y la liberó. En cierta ocasión enfermó. La gente comenzó a decir que quizá alguien le había hecho brujería. Llamó a una esclava y le preguntó: «¿Has hecho tú la brujería?». Ella lo reconoció. Volvió a preguntarle: «¿Por qué?». La esclava respondió: «Para que murieras pronto y yo quedara libre». Aisha (que Allah esté complacido con ella) ordenó: «Vendedla a una persona malvada y, con ese dinero, comprad un esclavo y liberadlo». Su orden fue cumplida.²⁹⁶ En el capítulo de At-Tibb de Al-Mustadrak de Al-Hakim se relata que le impuso este castigo a la esclava por su acto contrario a la Sharía.

A los pobres y necesitados se les debe ayudar de acuerdo con su dignidad. Aisha (que Allah esté complacido con ella) siempre prestaba atención a esto. En cierta ocasión se presentó ante ella un mendigo común. Le dio un trozo de pan y lo despidió. Después llegó un mendigo mejor vestido; por su apariencia parecía una persona honorable. Ella hizo que se sentara, le ofreció comida y lo despidió. Los presentes quisieron saber la razón de que hubiera tratado de manera diferente a los dos mendigos. Ella respondió: «El Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) dijo que se debe tratar a las personas de acuerdo con su dignidad».²⁹⁷

Daba una importancia extraordinaria incluso a las órdenes y prohibiciones más sencillas de la Sharía. Evitaba hasta las pequeñas acciones prohibidas. Si mientras caminaba oía el sonido de campanas, se detenía de inmediato para escucharlo.²⁹⁸ En una de sus casas tenía un inquilino que jugaba al ajedrez. Le advirtió: «Si no abandonas esta actividad, te echaré de la casa».²⁹⁹

Aisha bint Talha relata: «Un yinn entraba repetidamente en la casa de Aisha (que Allah esté complacido con ella). Ella continuó prohibiéndole entrar de esa manera e incluso lo amenazó con matarlo. Aun así, seguía viniendo. Un día lo golpeó con una barra de hierro y lo mató. Después soñó que alguien le decía: “Has matado a fulano, pero él había participado en la batalla de Badr. Solo entraba en tu casa cuando estabas detrás del velo; venía a escuchar de ti los hadices del Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz)”». Aisha (que Allah esté complacido con ella) contó este sueño a su padre, y él le indicó que diera en caridad doce mil dírhams como diya (indemnización por sangre). El imán Dhahabi narró este suceso en su obra Siyar A‘lam an-Nubala. El imán Ahmad, al mencionar este suceso en su Musnad, dijo que el yinn solía venir bajo la forma de una serpiente y que Aisha (que Allah esté complacido con ella) liberó a un esclavo como diya.

La posición y el rango de Aisha (que Allah esté complacido con ella)

Se relata en el capítulo Al-Fada’il de Sahih Muslim que el Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) dijo: «Os dejo entre vosotros dos cosas de enorme importancia: el Libro de Allah y la Ahl al-Bayt (o la familia)». Los expertos han dicho que el significado de estas palabras del Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) es que, aunque el Libro de Allah es fácilmente comprensible y aplicable debido a su lenguaje sencillo y claro, siempre habrá en el mundo necesidad de personas capaces de desvelar sus secretos y ofrecer explicaciones eruditas y prácticas sobre él. Después del Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz), a tales personas se las debe buscar entre la Ahl al-Bayt.

Todos los comentarios y palabras que el Noble Mensajero de Allah dejó acerca de Aisha, y la manera en que Aisha se hizo digna de ellos mediante la compañía y la enseñanza del Mensajero de Allah, así como la forma en que, sobre todo, se perfeccionó gracias a su agudo intelecto y a sus capacidades innatas, dejan fuera de toda duda que ocupaba una posición especialmente honorable entre la Gente de la Casa. Sobre esta base puede afirmarse: ¿quién habría podido explicar e interpretar mejor el Libro de Allah y la Sunna del Mensajero, o enseñar las normas y disposiciones islámicas? La gente solo veía al Profeta en el exterior, mientras que el Profeta en la intimidad quedaba oculto a sus miradas. Aisha, en cambio, tuvo la fortuna de ver al Profeta en todas sus circunstancias, tanto fuera como dentro del hogar. Por eso el Profeta de Allah dijo:300

Será en árabe

—La superioridad de Aisha sobre las mujeres es como la superioridad del tharid sobre todos los alimentos. El Mensajero de Allah recibió, mediante un sueño verídico, la buena noticia de que se casaría con Aisha. El Mensajero no recibió revelación en el lecho de ninguna de sus esposas salvo en el de ella. El gran ángel Gabriel le transmitió sus saludos. Ella tuvo la fortuna de ver a Gabriel dos veces. Allah, Señor de los mundos, reveló versículos declarando su inocencia. Asimismo, el Mensajero informó que ella sería su esposa también en la vida del Más Allá. Todas estas afirmaciones aparecen en el capítulo de Sahih al-Bujari dedicado al honor y la virtud de Aisha.

Aisha decía: «No lo digo por orgullo, sino que estoy exponiendo la realidad. Allah me concedió ciertas cualidades que no concedió a ninguna otra persona: (1) un ángel mostró al Mensajero de Allah mi imagen en sueños; (2) el Mensajero se casó conmigo cuando tenía siete años; (3) fui a vivir con mi esposo a los nueve años; (4) fui la única esposa virgen del Mensajero de Allah; (5) la revelación descendía sobre él incluso cuando estaba en mi lecho; (6) fui la esposa más amada por el Mensajero de Allah; (7) se revelaron versículos del Corán declarando mi inocencia; (8) vi a Gabriel con mis propios ojos; (9) el Mensajero exhaló su último aliento con la cabeza apoyada en mi regazo; (10) soy la esposa de su califa y la hija de su veraz; (11) fui creada pura; (12) se me prometieron el perdón y una provisión excelente en el Paraíso; (13) en el último momento de la vida terrenal del Mensajero de Allah, mi saliva se mezcló con la suya; (14) fue sepultado en mi habitación». Aisha misma mencionó muchas otras distinciones y honores semejantes, y muchos otros Compañeros también los transmitieron. Todo ello está difundido en las obras de hadiz y de la biografía profética.301

Algunos eruditos, al considerar todos estos honores y virtudes de Aisha, pensaron que ella poseía una posición superior incluso a la de su padre, Abu Bakr. El imam al-Dhahabi dijo que esta opinión no es aceptable. Explicó que Allah concedió a cada cosa sus virtudes particulares. Nosotros damos testimonio, más bien, de que ella fue la esposa del Mensajero de Allah en este mundo y en el Más Allá. ¿Podría haber para ella un motivo de orgullo mayor que este? Aun así, Jadiya poseía virtudes que nadie más alcanzó. Sí, creo que, por muchas razones, la posición de Jadiya era muy superior a la de ella».302

Cuando dirigimos una mirada analítica y comparativa a la vida bendita de Aisha la Veraz, encontramos en ella, no solo en comparación con todas las mujeres Compañeras, sino también con muchos grandes Compañeros varones, una cualidad plenamente desarrollada: por naturaleza y nacimiento, poseía una mente y un intelecto inclinados al pensamiento y la reflexión. Su posición era extraordinariamente elevada en el conocimiento profundo del significado de la religión, la capacidad y la fuerza para el ijtihad, los métodos de crítica y revisión, la correcta comprensión de los acontecimientos, la profunda perspicacia y la expresión de conclusiones y opiniones puras y correctas.

Todo lo que decía y todas las explicaciones e interpretaciones que ofrecía estaban completamente de acuerdo con la sabiduría y la razón. Sería difícil encontrar una narración suya que requiriera diversas interpretaciones o explicaciones para que la razón y la sabiduría humanas pudieran aceptarla. Es cierto, naturalmente, que por ser una persona muy cercana al Mensajero de Allah tuvo una excelente oportunidad de estudiar todas sus palabras y acciones. Pero cuando observamos que, aparte de ella, hubo muchas otras personas cuya cercanía a él no era en absoluto menor, la superioridad del intelecto y la mente de Aisha se hace evidente ante nosotros. Al final, volvemos siempre al mismo punto: muchos otros, además de Aisha, escuchaban las palabras pronunciadas por el Mensajero de Allah, pero no podían alcanzar las conclusiones a las que ella llegaba ni captar, con su intelecto y su mente, la verdadera esencia y el espíritu de aquello tanto como ella era capaz de hacerlo.

Aisha, la Madre de los Creyentes, fue una de las alumnas más brillantes y destacadas de la escuela del Mensajero de Allah. La amplitud y profundidad de su conocimiento eran incomparables. Su superioridad en materia de conocimiento no se limitaba a las mujeres de aquella época, ni a todas las Madres de los Creyentes —las esposas del Mensajero de Allah, madres de todos los creyentes del mundo—, ni a una parte de los Compañeros; se extendía a todos los Compañeros, salvo a unos pocos de los más eminentes. Abu Musa al-Ashari dijo:303 «Nosotros, los Compañeros de Muhammad, jamás nos enfrentamos a un asunto difícil sobre el que consultáramos a Aisha sin encontrar en ella conocimiento acerca de él».

Hazrat Abu Musa al-Ash’ari (que Allah esté complacido con él) era un Compañero de elevadísimo rango. El comentario citado anteriormente permite hacerse una idea del alcance y la amplitud del conocimiento de Hazrat Aisha (que Allah esté complacido con ella). El célebre tabi’í Hazrat Ata ibn Abi Rabah, quien tuvo la fortuna de ser discípulo de numerosos Compañeros, dijo:304

Hazrat Aisha (que Allah esté complacido con ella) era la mayor faqīha entre la gente, la persona más conocedora y la poseedora de la opinión más acertada entre el pueblo en general.

El célebre Hazrat Imam al-Zuhri, conocido como el imam de los tabi’íes y formado bajo la tutela de varios Compañeros de elevadísimo rango, dijo:305

Hazrat Aisha (que Allah esté complacido con ella) era la persona más erudita de entre la gente. Muchos de los grandes Compañeros del Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) acudían a ella para consultar sus dudas.

Abu Salama, digno hijo del célebre Compañero Hazrat Abd al-Rahman ibn Awf (que Allah esté complacido con él), quien era un tabi’í de muy elevado nivel, dijo:306

No he visto a nadie más versado que Aisha (que Allah esté complacido con ella), ni con una opinión más firme y certera, en el conocimiento de la Sunna del Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz), en emitir dictámenes sobre asuntos cuando era necesario, en las circunstancias de la revelación de los versículos y en las cuestiones de las obligaciones religiosas.

Un día, Hazrat Amir Muawiya (que Allah esté complacido con él) preguntó a un hombre de su corte: «Dígame, ¿quién es actualmente el mayor erudito?». El hombre respondió: «¡Oh, Amir al-Mu’minin! Usted». Hazrat Amir Muawiya (que Allah esté complacido con él) dijo: «No. Le conjuro por Allah: diga la verdad». Entonces el hombre respondió: «Si es así, entonces Aisha (que Allah esté complacido con ella)».

Hazrat Urwa ibn al-Zubayr (que Allah esté complacido con él) dijo:

Será en árabe

—No he visto a nadie más versado que la Madre de los Creyentes, ‘Aisha (que Allah esté complacido con ella), en lo lícito y lo ilícito, el conocimiento, la poesía y la medicina.

En otra narración, las palabras de ‘Urwa aparecen de la siguiente manera:

Será en árabe

—Juro que no he visto a ningún sabio superior a ‘Aisha (que Allah esté complacido con ella) en el Corán, las leyes de la herencia, lo lícito y lo ilícito, el fiqh, la poesía, la medicina, la historia de los árabes y la genealogía.

En cierta ocasión preguntaron al célebre tabi‘í Masruq (que Allah esté complacido con él), quien se había formado bajo la tutela de ‘Aisha (que Allah esté complacido con ella): «¿Conocía la Madre de los Creyentes, ‘Aisha (que Allah esté complacido con ella), la ciencia de las leyes de la herencia?». Él respondió:

Será en árabe

—Juro por Aquel en cuya mano está mi vida que vi a los grandes compañeros del Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) consultarla acerca de las leyes de la herencia. Las demás esposas del Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) también cumplieron con la responsabilidad y el deber de preservar, transmitir y difundir sus hadices y su sunna. Sin embargo, ninguna de ellas pudo alcanzar el nivel de ‘Aisha (que Allah esté complacido con ella). A este respecto, Mahmud ibn Labid comentó:

Será en árabe

—Las esposas del Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) conservaron de memoria numerosos hadices. Sin embargo, nadie pudo igualar a Aisha (que Allah esté complacido con ella) ni a Umm Salama (que Allah esté complacido con ella).

El imán al-Zuhri (que Allah esté complacido con él) da testimonio de ello:

Será en árabe

—Si se reuniera el conocimiento de todas las personas y de las esposas del Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz), el conocimiento de Aisha (que Allah esté complacido con ella) sería el más amplio y extenso entre todos ellos.

Según otra narración, el imán al-Zuhri dijo: «Si se reuniera el conocimiento de todas las mujeres con el conocimiento de Aisha (que Allah esté complacido con ella), el conocimiento de Aisha (que Allah esté complacido con ella) sería superior».

A la luz de las narraciones anteriores, el ‘Allamah al-Dhahabi dijo: «Era un vasto depósito de conocimiento». También dijo: «En la comunidad de Muhammad, y entre las mujeres en general, no hay nadie más erudita que ella».

Algunos muhaddices, al mencionar las virtudes de Aisha (que Allah esté complacido con ella), narran un hadiz del Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz):

Será en árabe

—Tomad una parte de vuestra religión de Humayra. En cuanto al conocimiento y al iytihad, es decir, en el saber y la investigación, la honorable ‘A’isha (que Allah esté complacido con ella) logró ocupar una posición destacada no solo entre las mujeres, sino también entre los hombres. Su rango y dignidad en el conocimiento del Corán, la sunna, el fiqh y las disposiciones jurídicas eran tan elevados que su nombre puede mencionarse sin vacilación junto a los de ‘Umar (que Allah esté complacido con él), ‘Ali (que Allah esté complacido con él), ‘Abdullah ibn Mas‘ud (que Allah esté complacido con él), ‘Abdullah ibn ‘Abbas (que Allah esté complacido con él) y otros. Aquí presentamos brevemente una exposición sobre la amplitud y profundidad de sus conocimientos en diversas disciplinas.

El Noble Corán

Sabemos que el Sagrado Corán fue revelado a lo largo de veintitrés años. La honorable ‘A’isha (que Allah esté complacido con ella) entró en el hogar del Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda la paz) cuando habían transcurrido catorce años desde el inicio de la revelación del Corán, y permaneció allí apenas nueve años. El período que convivió con el Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda la paz) no superó los diez años. La mayor parte del período de la revelación del Corán transcurrió antes de que aumentaran sus conocimientos y alcanzara la madurez. Sin embargo, una persona dotada de una inteligencia y una capacidad de reflexión tan extraordinarias no permitió que ni siquiera su infancia transcurriera en vano. En La Meca, el Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda la paz) acudía en diversas ocasiones a la casa de la honorable Siddiqah Akbar (que Allah esté complacido con él). Siddiqah Akbar (que Allah esté complacido con él) había construido también una mezquita en su propia casa. Allí, sentado, recitaba el Sagrado Corán con extrema humildad y un corazón lleno de reverencia y temor.

Dada la extraordinaria memoria de la honorable ‘A’isha (que Allah esté complacido con ella), era imposible que no se beneficiara de todos aquellos entornos y circunstancias. Por ello, la oímos recitar el tercer versículo de la sura al-Qamar—

Será en árabe

la oímos decir acerca de ello:

Será en árabe

Este versículo fue revelado en La Meca a Muhammad (que Allah le bendiga y le conceda paz). Yo era entonces una niña pequeña y jugaba.

Cuando ocurrió el incidente de la ifk (la acusación inventada), la venerable Aisha (que Allah esté complacido con ella) tendría trece o catorce años. Hasta entonces no había memorizado gran parte del Corán. Ella misma dijo:

Será en árabe

—En aquel tiempo yo era una muchacha de corta edad y no había leído mucho del Corán. A pesar de ello, ya entonces solía citar el Corán.

La venerable Aisha (que Allah esté complacido con ella) tenía un esclavo llamado Abu Yunus. Él sabía leer y escribir. Ella hizo que Abu Yunus escribiera el Corán para ella.

Debido al contacto con los no árabes, las mayores variaciones en la recitación del Corán se manifestaron en Irak.

En cierta ocasión, un hombre de Irak fue a visitar a la venerable Aisha (que Allah esté complacido con ella). Le dijo: «¡Madre de los creyentes! Muéstreme un poco su ejemplar del Corán». Cuando la venerable Aisha (que Allah esté complacido con ella) le preguntó el motivo, él respondió: «En nuestra región la gente todavía no sigue ningún orden al recitar el Corán. Quiero ordenar mi ejemplar conforme al suyo». Ella dijo: «No hay perjuicio en que el orden de las suras esté adelantado o retrasado». Luego sacó su propio ejemplar del Corán y le hizo escribirlo, recitándole los versículos de cada sura.

Durante su vida matrimonial con el Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz), la venerable Aisha (que Allah esté complacido con ella) tenía por costumbre que, si no comprendía el significado de algún versículo, preguntaba a su esposo, el Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz), y lo averiguaba. En los hadices auténticos se han relatado muchas preguntas que ella le hizo al Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) acerca de numerosos versículos. Además, por parte de Allah se dio a las esposas del Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz), las madres de los creyentes, la siguiente instrucción:

Será en árabe

—¡Oh, miembros de la familia del Profeta! Recordad los versículos de Allah y las palabras llenas de sabiduría que se recitan en vuestros hogares.

Ellas actuaban conforme a esta instrucción, cada una según su capacidad y posibilidades. El Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda la paz) recitaba largas suras del Corán durante la oración del taháyyud, con gran concentración, humildad y sumisión. En aquellas oraciones, Aisha (que Allah esté complacido con ella) también rezaba detrás del Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda la paz). Ninguna otra esposa, aparte de Aisha (que Allah esté complacido con ella), recibió la revelación del Corán mientras se encontraba en su lecho. Por ello, el primer sonido de los versículos revelados llegaba directamente a sus oídos. Ella decía: «Cuando fueron reveladas las suras Al-Baqara y An-Nisá, yo me encontraba junto al Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda la paz).

En resumen, debido a todas estas circunstancias y condiciones, Aisha (que Allah esté complacido con ella) adquirió plena competencia respecto al modo de recitación de cada versículo del Corán, su peso y significado, y los métodos para deducir sus mandatos y disposiciones. Por esta razón, cuando le preguntaban acerca de algún asunto, lo primero que hacía era consultar el Noble Corán. Además de las creencias, la jurisprudencia y las disposiciones legales, intentaba comprender a través del Noble Corán todo lo relacionado con la biografía y el carácter del Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda la paz), así como con la historia fundamental. En cierta ocasión, algunas personas fueron a visitarla. Le dijeron: «¡Madre de los creyentes! Descríbenos algunos aspectos del carácter del Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda la paz)». Ella respondió: «¿Acaso no leéis el Corán? Su carácter era el Corán». Volvieron a preguntarle: «¿Cómo era el método de adoración nocturna del Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda la paz)?». Ella respondió: «¿Acaso no habéis leído la sura Al-Muzzámmil?»

Con cadenas de transmisión auténticas, se han transmitido muy pocas explicaciones del Noble Corán procedentes de los Compañeros. Entre las que sí se han transmitido, las narraciones exegéticas de Aisha (que Allah esté complacido con ella) no son escasas. Aquí se presentan brevemente algunas de ellas:

Recorrer el trayecto entre los montes de Safa y Marwa es uno de los principales ritos del hach. Sobre este asunto, en el Noble Corán aparece el siguiente versículo:

Será en árabe

—Sin duda, Safa y Marwa se encuentran entre los símbolos de Allah, el Altísimo. Por tanto, quienes realizan el hach o la umra en la Casa de la Kaaba no incurren en falta por recorrer el trayecto entre ambos.

Un día, ‘Urwa dijo: «¡Tía! El significado de esta aleya es precisamente que no hay falta alguna si alguien no realiza el tawaf entre Safa y Marwa». ‘Aisha (ra) dijo: «¡Sobrino! No has entendido bien. Si el significado de la aleya fuera el que tú has entendido, entonces Allah habría dicho así:

Será en árabe

—es decir, no hay falta alguna por no realizar su tawaf—. En realidad, esta aleya fue revelada acerca de los ansar. Antes del islam, los miembros de las tribus Aws y Jazray de Medina adoraban a la diosa Manat. El ídolo de Manat se encontraba en el monte Mushallal, cerca de Qudayd. Por eso consideraban reprobable realizar el tawaf entre Safa y Marwa. Después de aceptar el islam, preguntaron al Mensajero de Allah (sallallahu ‘alayhi wa sallam): «Antes del islam hacíamos esto; ¿cuál es ahora su disposición?». En este contexto, Allah dijo: «Realizad el tawaf entre Safa y Marwa; no hay falta alguna en ello». Después, ella dijo: «El Mensajero de Allah (sallallahu ‘alayhi wa sallam) realizó el tawaf entre Safa y Marwa. Por tanto, nadie tiene derecho a abandonarlo ahora».

El principio que se desprende de esta exégesis de ‘Aisha (ra) es que, para comprender el Corán, hay que entenderlo conforme a la gramática árabe y al uso de las palabras entre los árabes.

En la aleya 110 de la sura Yusuf, Allah, el Altísimo, dice:

Será en árabe

—Finalmente, cuando los mensajeros perdieron toda esperanza y la gente pensó que a los mensajeros se les había hecho una promesa falsa, llegó a ellos Mi ayuda.

Hazrat ‘Urwa preguntó a Hazrat ‘Aisha (ra): Será en árabe

(es decir, a los Mensajeros se les había hecho una falsa promesa) será, no, será en árabe.

(es decir, se les había tratado de mentirosos), ¿será? Aisha (que Dios esté complacido con ella) dijo: será en árabe.

(se les había tratado de mentirosos). Urwa dijo: Los Mensajeros tenían, en efecto, la firme convicción de que se les había tratado de mentirosos y que sus propios pueblos habían desmentido su pretensión de profecía. Entonces, ¿qué significado tiene la expresión «pensaron o supusieron»? Por eso, lo correcto sería: (se les había hecho una falsa promesa). Aisha (que Dios esté complacido con ella) dijo: «¡Dios nos libre! ¿Podrían los profetas y Mensajeros de Dios albergar respecto de Dios la idea de que se les había hecho una falsa promesa de ayuda?». Urwa quiso saber entonces: «¿Cuál será, pues, el significado del versículo?». Ella respondió: «La expresión se refiere a los seguidores de los Mensajeros. Cuando creyeron y reconocieron como verdadera la profecía de estos, sus propios pueblos comenzaron a someterlos a abusos y persecuciones. En aquel momento, pensaron que la ayuda de Dios se estaba demorando. Incluso los Mensajeros llegaron a desesperar de que los incrédulos de sus pueblos creyeran. Temieron que, debido a aquella demora de la ayuda de Dios, los creyentes terminaran acusándolos de mentirosos. Entonces, de repente, llegó la ayuda de Dios.»

Si una esposa tiene una queja contra su marido, la directriz del Corán al respecto es:

será en árabe

—Si una mujer teme de su marido malos tratos o indiferencia, no hay pecado en que ambos lleguen a un acuerdo; y llegar a un acuerdo es mejor.

Llegar a un acuerdo para eliminar el descontento es algo normal. ¿Era necesario que Dios Todopoderoso revelara una orden especial para ello? Aisha (que Dios esté complacido con ella) dijo que este versículo fue revelado acerca de la esposa cuyo marido no se acerca mucho a ella. O fue revelado acerca de la esposa que, debido a su avanzada edad, no es capaz de satisfacer a su marido. En una situación tan especial, si la esposa no quiere divorciarse y, permaneciendo como esposa, renuncia a los derechos que le corresponden frente a su marido, tal acuerdo no es malo. Por el contrario, es mejor que separarse.

Dios Todopoderoso ha dicho en la aleya 238 de la sura Al-Baqara:

Será en árabe.

-Sed constantes en todas las oraciones, especialmente en la oración intermedia. Existe discrepancia entre los Compañeros acerca de qué se quiso decir con «la oración intermedia». Según Zayd ibn Zábit y Usama, la oración intermedia es la oración del mediodía. Según algunos Compañeros, es la oración del alba. Aisha dijo que con «la oración intermedia» se alude a la oración de la tarde. Estaba tan firmemente convencida de esta interpretación que hizo escribir la expresión en árabe en el margen de su ejemplar del Corán. Abu Yunus, el esclavo de Aisha, dijo: ella me ordenó escribir un ejemplar del Corán y me indicó que le avisara cuando llegara a este versículo. Cuando llegué a él, hizo que escribiera la expresión en árabe.

Luego dijo: «Así lo escuché del Mensajero de Dios, que Dios le bendiga y le conceda paz».

En realidad, la frase árabe no es un versículo del Corán, sino que la otra frase árabe es su interpretación. En el versículo 284 de la sura al-Baqara, Dios Altísimo dice:

Será en árabe.

-Manifestéis u ocultéis lo que hay en vuestro interior, Dios os pedirá cuentas por ello. Después, perdonará a quien quiera y castigará a quien quiera.

Este versículo parece indicar que Dios pedirá cuentas por todos los pensamientos e imaginaciones que surjan, aunque sea por un instante, en el corazón de una persona. Sin embargo, si Dios castigara también por las sugestiones y pensamientos involuntarios que surgen, sería imposible que el ser humano se salvara. Ali e Ibn Abbás dijeron que el mandato de este versículo fue abrogado por el versículo 286 de la misma sura. El significado de este versículo es el siguiente:

«Dios no impone a nadie una carga superior a sus capacidades; recibirá el bien que haya adquirido y sufrirá el mal que haya cometido».

Hazrat ‘Abdullah ibn ‘Umar (que Allah esté complacido con él) también sostenía la opinión mencionada. Cierta persona preguntó a Hazrat ‘A’isha (que Allah esté complacido con ella) sobre el significado de la aleya citada y, al mismo tiempo, presentó la aleya 123 de la sura an-Nisa. El significado de la aleya es: «Quien haga el mal recibirá su castigo». El interrogador dijo: «Si esta es la situación, ¿cómo podrán los siervos obtener el perdón y la misericordia de Allah, y cómo podrán esperar alcanzar la salvación?». Hazrat ‘A’isha (que Allah esté complacido con ella) respondió: «Después de que pregunté al Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) sobre la exégesis de esta aleya, tú eres el primero que me hace esta pregunta. La palabra de Allah es verdadera. Sin embargo, Allah, exaltado sea, perdona los pequeños errores y faltas de Sus siervos mediante diversas calamidades y aflicciones. Cuando un creyente enferma o le sobreviene alguna desgracia, o deja algo en algún lugar y lo olvida, y se angustia buscándolo, todo ello se convierte en un medio y una ocasión para que obtenga el perdón y la misericordia de Allah. Finalmente, la situación llega a tal punto que, así como el oro se purifica al arder en el fuego, el creyente también abandona este mundo purificado y libre de impurezas.»

En la aleya sexta de la sura an-Nisa se habla de los bienes del huérfano:

Será en árabe

—Quienes sean ricos deberán abstenerse por completo de gastar los bienes del huérfano. Pero quien sea pobre podrá comer de ellos en una medida razonable.

La instrucción de esta aleya se refiere a los tutores de los huérfanos. Hazrat Ibn ‘Abbas (que Allah esté complacido con él) narró que la disposición de la aleya mencionada fue abrogada por la siguiente aleya, la número 10 de la sura an-Nisa:

Será en árabe

—Quienes consumen injustamente los bienes de los huérfanos solo llenan de fuego sus vientres.

Pero en la aleya siguiente se menciona el castigo para quienes consumen injustamente los bienes de los huérfanos. Por ello, Hazrat ‘A’isha (que Allah esté complacido con ella) dijo que la aleya que permite comer de esos bienes se refiere a quienes administran los bienes, las propiedades y los negocios de los huérfanos. Si tal tutor es rico, no debe aceptar ninguna remuneración. Pero si es pobre, puede tomar algo conforme a su situación. En realidad, basándose en esta exégesis de Hazrat ‘A’isha (que Allah esté complacido con ella), no existe contradicción entre los significados de las dos aleyas. En las colecciones de hadices y de exégesis se han transmitido de Hazrat ‘A’isha (que Allah esté complacido con ella) muchas otras explicaciones de aleyas, semejantes a las citadas anteriormente.

El hadiz:

La persona misma del Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) constituye, en esencia, el objeto de estudio de la ciencia del hadiz. Por ello, quien tuvo la mayor oportunidad de alcanzar la cercanía del Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) fue quien gozó de esa oportunidad. Aisha (que Allah esté complacido con ella) contrajo matrimonio tres años antes de la Hégira; sin embargo, después de la Hégira permaneció privada de la compañía de su esposo durante seis meses. Poco después de llegar a Medina se trasladó a la casa de su esposo y, desde entonces, nunca volvió a separarse de él. La primera etapa del islam transcurrió durante su infancia. Pero su talento natural y su memoria compensaron esa desventaja. Entre las esposas del Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz), solamente Sawda (que Allah esté complacido con ella) era mayor que Aisha (que Allah esté complacido con ella) en cuanto a la convivencia con el Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz). Sus fuerzas físicas y mentales comenzaban a declinar. Varios años antes del fallecimiento del Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz), ya no podía atender a su esposo. Aisha (que Allah esté complacido con ella), en cambio, era una mujer joven. A esa edad, su inteligencia y sabiduría aumentaban día tras día. Tuvo la oportunidad de servir al Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) hasta los últimos momentos de su vida terrenal. Por ello, era quien mejor conocía su estado general y todas las normas de la sharía.

Excepto Sawda (que Allah esté complacido con ella), las demás esposas contrajeron matrimonio con el Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) después de Aisha (que Allah esté complacido con ella). Como Sawda (que Allah esté complacido con ella), debido a su avanzada edad, cedió a Aisha (que Allah esté complacido con ella) el día que le correspondía, mientras las demás tenían la oportunidad de disfrutar de la compañía exclusiva del Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) un día cada ocho, Aisha (que Allah esté complacido con ella) la disfrutaba durante dos días. Además, la casa de Aisha (que Allah esté complacido con ella) estaba, por fortuna, junto a la mezquita que era el centro de enseñanza pública del Mensajero de Allah. Por todas estas razones, ninguna de las esposas pudo igualar a Aisha (que Allah esté complacido con ella) en conocimiento de los hadices y de la vida del Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz).

El número de hadices narrados por Aisha (que Allah esté complacido con ella) es tan elevado que, entre las esposas del Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz), todas las mujeres compañeras y, aparte de cuatro o cinco compañeros varones contados, nadie puede pretender igualarla. Grandes compañeros como Abu Bakr al-Siddiq (que Allah esté complacido con él), Umar (que Allah esté complacido con él), Uzman (que Allah esté complacido con él) y Ali (que Allah esté complacido con él) la superaban ampliamente en rango debido a su larga compañía, su aguda comprensión y su capacidad intelectual, entre otras cualidades. Sin embargo, lo que una esposa puede conocer naturalmente de su esposo en un mes, los parientes y amigos no pueden conocerlo ni siquiera en muchos años. Por otra parte, los destacados compañeros mencionados se ocuparon intensamente de las responsabilidades del califato inmediatamente después del fallecimiento del Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz). Por ello, tuvieron muy poco tiempo y oportunidad para narrar sus hadices. Aun así, los hadices que narraron y que se conservaron tratan de juicios y normas jurídicas. Estos constituyen la base de nuestra ciencia del fiqh. En realidad, la responsabilidad principal de narrar los hadices recayó en quienes estaban libres de la responsabilidad de dirigir el califato.

Además, existe otra razón por la que fue tan reducido el número de hadices narrados por aquellos compañeros de elevada posición. Su época era plenamente la época de los compañeros. En aquel tiempo, rara vez era necesario que uno preguntara a otro acerca de las palabras o los actos del Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz). Por ello, también eran muy escasas las oportunidades de narrar hadices. La generación posterior, cuyos miembros no vieron al Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) ni vivieron en su época, fue la de los tabi‘ín. Su época comenzó, en esencia, entre veinte y veinticinco años después del fallecimiento del Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz). Ellos eran quienes deseaban conocer minuciosamente la vida del Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz). Pero para entonces aquellos compañeros de elevado rango ya habían abandonado este mundo. Por otro lado, los compañeros más jóvenes habían llegado a la etapa intermedia o final de sus vidas. Fueron ellos quienes saciaron la sed de conocimiento de los tabi‘ín acerca de la vida y los actos del Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz). Por esta razón, los compañeros cuyos nombres aparecen en las obras de hadices como narradores de un gran número de hadices eran casi todos compañeros jóvenes en el momento del fallecimiento del Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz).

Los compañeros que narraron más de mil hadices fueron solamente siete. A continuación se mencionan sus nombres y el número de hadices que narraron:

1. Abu Huraira (que Allah esté complacido con él) — 5364

2. ‘Abdullah ibn ‘Abbas (que Allah esté complacido con él) — 2660

3. Hazrat ‘Abdullah ibn ‘Umar (ra) 2630

4. Hazrat Jabir ibn ‘Abdullah (ra) 2540

5. Hazrat Anas ibn Malik (ra) 2686

6. Hazrat Abu Sa‘id al-Judri (ra) 2270

7. Hazrat ‘Aisha Siddiqah (ra) 2210

Según las cifras que aparecen junto a los nombres mencionados arriba, Hazrat ‘Aisha (ra) ocupa el séptimo lugar entre los transmisores de hadices. Sin embargo, esta lista no es aceptada por todos. Según muchos, aparte de Hazrat Abu Huraira (ra) y Hazrat ‘Abdullah ibn ‘Abbas (ra), nadie transmitió más hadices que Hazrat ‘Aisha (ra). Según ellos, Hazrat ‘Aisha (ra) ocupa el tercer lugar entre quienes transmitieron un mayor número de hadices.

La mayoría de aquellos cuyos nombres se han mencionado aquí como grandes transmisores de hadices siguieron con vida incluso después del fallecimiento de la Madre de los creyentes, ‘Aisha (ra). Por ello, la continuidad de sus transmisiones se prolongó durante algún tiempo más. Hazrat ‘Aisha (ra) tenía algunas obligaciones adicionales en comparación con los hombres. Por ejemplo, era una mujer que observaba el purdah. No podía estar presente en todas las reuniones como los transmisores hombres, y los estudiantes tampoco podían acudir a ella cuando quisieran. A diferencia de otros, no tuvo la oportunidad de visitar las grandes ciudades del califato islámico de aquel tiempo. Si hubiera podido disfrutar de todas las oportunidades y facilidades de las que gozaban los transmisores hombres, habría ocupado el primer lugar de todos.

De la exposición anterior se sabe que el número total de hadices transmitidos por Hazrat ‘Aisha (ra) es de dos mil doscientos diez (2210). De ellos, 286 hadices fueron recopilados en los Sahihain —Bujari y Muslim—. De estos, 174 son muttafaq ‘alayh, 53 fueron transmitidos únicamente en Bujari y 69 exclusivamente en Muslim. Según este cálculo, en Bujari aparecen en total 228 hadices y en Muslim, 243. Además, los demás hadices de Hazrat ‘Aisha (ra) fueron recopilados con sus cadenas de transmisión en diversas obras. Todos los hadices transmitidos por Hazrat ‘Aisha (ra) fueron recopilados en el sexto volumen del Musnad del imán Ahmad (ra) (Egipto). La elevada posición y el gran honor que Hazrat ‘Aisha (ra) tiene ante la comunidad musulmana no se deben a que transmitiera un gran número de hadices; la razón principal es su profunda y sutil comprensión del significado de los hadices y de su sentido fundamental. Entre los compañeros hay muchos cuyas transmisiones de hadices son muy escasas. Sin embargo, pertenecen al grupo de los compañeros juristas de alto nivel. Quienes, sin comprender el significado esencial de las palabras del Mensajero de Allah (sallallahu ‘alayhi wa sallam), se limitaron a transmitir todo lo que habían oído, tienen un gran número de transmisiones. Observamos que, entre todos los compañeros famosos por transmitir muchos hadices, solo Hazrat ‘Abdullah ibn ‘Abbas (ra) y Hazrat ‘Aisha (ra) fueron reconocidos como juristas y mujtahids. Se dice que una cuarta parte de todas las disposiciones de la sharía fueron transmitidas por ella. Por eso, el erudito al-Dhahabi dijo:

Será en árabe

—Los compañeros juristas del Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) lo sabían por él. Un grupo de personas adquirió de él mismo un profundo conocimiento de la religión.

Además de la abundancia de sus narraciones, Hazrat Aisha (que Allah esté complacido con ella) poseía una profunda comprensión del significado de la religión y una gran capacidad para deducir las normas y disposiciones jurídicas. Una característica especial de sus narraciones es que, al transmitir las disposiciones y los acontecimientos, en la mayoría de los casos también explicó sus causas. Para destacar claramente esta característica de sus narraciones, presentamos aquí una breve comparación con las narraciones de otros narradores.

En Sahih al-Bujari se han transmitido narraciones de Hazrat Abdullah ibn Umar (que Allah esté complacido con él), Hazrat Abu Sa‘id al-Judri (que Allah esté complacido con él) y Hazrat Aisha (que Allah esté complacido con ella) acerca de bañarse el viernes. Aquí se ofrecen ejemplos de las narraciones de los tres. Hazrat Abdullah ibn Umar dijo:

Será en árabe

—Escuché al Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) decir: «Quien de vosotros acuda a la oración del viernes, que se bañe antes de acudir».

Hazrat Abu Sa‘id al-Judri (que Allah esté complacido con él) dijo:

Será en árabe

—El Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: Es obligatorio que toda persona adulta se bañe el día del viernes.

La narración de Aisha (que Allah esté complacido con ella) sobre el mismo asunto es la siguiente:

Será en árabe

—La gente venía de sus casas y de los asentamientos situados fuera de Medina. Llegaban atravesando el polvo y la arena, de modo que quedaban empapados de sudor y cubiertos de polvo. En cierta ocasión, mientras el Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) se encontraba conmigo, uno de ellos se presentó ante él. Entonces el Profeta (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: «Sería mejor que os bañarais en este día».

Otra narración de Aisha (que Allah esté complacido con ella) dice lo siguiente:

Será en árabe

—La gente trabajaba con sus propias manos. Cuando acudían a la oración del viernes, iban en ese estado. Entonces se les dijo: «Sería mejor que os bañarais».

Hemos examinado las tres narraciones anteriores sobre el mismo asunto. Aisha (que Allah esté complacido con ella) explicó claramente por qué el Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) ordenó bañarse el viernes, algo que no aparece en las otras dos narraciones.

En cierta ocasión, el Mensajero de Dios, que Dios lo bendiga y le conceda paz, ordenó que la carne del sacrificio debía consumirse en un plazo de tres días. No se podía conservar durante más de tres días. Muchos Compañeros, entre ellos ‘Abdullah ibn ‘Umar y Abu Sa‘id al-Judri, que Dios esté complacido con ellos, consideraban esta orden permanente. Muchos de ellos transmitían a la gente precisamente estas palabras. Sin embargo, ‘Aisha, que Dios esté complacido con ella, no consideraba que fuera una orden permanente o definitiva. Creía que se trataba de una orden temporal.

Ella relató el asunto de la siguiente manera:

Será en árabe

—Solíamos conservar la carne del sacrificio con sal. En Medina presentábamos esa carne ante el Mensajero de Dios, que Dios lo bendiga y le conceda paz, para que la comiera. Él dijo: «No comáis esta carne durante más de tres días». Esto no constituía una prohibición definitiva. Más bien, quería que la gente diera parte de esa carne a otros para que también comieran de ella.

En otro hadiz de ‘Aisha, que Dios esté complacido con ella, narrado por el imam al-Tirmidhi, ella explicó la verdadera razón de esta prohibición. Un hombre preguntó: «¡Madre de los creyentes! ¿Está prohibido comer la carne del sacrificio después de tres días?». Ella respondió:

Será en árabe

—No. Sin embargo, en aquel momento había pocas personas que ofrecieran sacrificios. Por eso, él quiso que también dieran de esa carne a quienes no habían podido ofrecer un sacrificio.

El imam Ahmad narró este hadiz de la siguiente manera:

Será en árabe

—No es correcto decir que la carne del sacrificio no puede comerse después de tres días. Más bien, en aquella época muy pocas personas podían ofrecer sacrificios. Por eso dio la instrucción de que quienes ofrecieran sacrificios dieran de comer de su carne a quienes no hubieran podido ofrecerlos.

El imán Muslim narró este hadiz a modo de informe. En cierta ocasión surgió escasez en los alrededores de Medina y en las zonas rurales. Fue entonces cuando dio esta orden. Al año siguiente, cuando ya no había escasez, derogó aquella orden. También existe una narración semejante de Salama ibn al-Akwa.

Junto a una de las paredes de la Kaaba se dejó un espacio, que se llama Hatim. Durante el tawaf hay que realizarlo incluyendo el Hatim dentro del recinto. Podría surgir en el corazón de alguien la pregunta de por qué hay que circunvalar también aquello que no forma parte de la Kaaba. Quizá muchos compañeros hubieran acudido al Mensajero de Allah —que Allah le bendiga y le conceda paz— para pedirle la respuesta a esta pregunta. Sin embargo, en los libros de hadices no se encuentra de ellos ninguna narración clara al respecto. Encontramos la respuesta en la narración de Aisha. Ella dijo: «Pregunté: “¡Oh, Mensajero de Allah! ¿Está también esta pared dentro de la Kaaba?”. Él respondió: “¡Sí!”. Pregunté: “Entonces, ¿por qué la gente no la incluyó en el interior al construirla?”. Respondió: “Tu pueblo no disponía de fondos suficientes; por eso dejó fuera esta parte”. Volví a preguntar: “¿Y por qué la puerta de la Kaaba está tan alta?”. Respondió: “Para que permita entrar a quien quiera y se lo impida a quien quiera”.

Umar dijo: «Si la narración de Aisha es correcta, se entiende que el Mensajero —que Allah le bendiga y le conceda paz— no besó las dos columnas de aquel lado por esa razón. Pero la cuestión es que, cuando el Mensajero —que Allah le bendiga y le conceda paz— sabía que la Kaaba no estaba completamente asentada sobre sus cimientos originales, no cabe duda de que, como sucesor del profeta Muhammad, el Mensajero de Allah —que Allah le bendiga y le conceda paz—, restaurador de la ley revelada por Ibrahim, lo sabía. Por eso, en respuesta a la pregunta de Aisha, dijo: “¡Aisha! Si tu pueblo no estuviera tan cercano a la época de su incredulidad, demolería la Kaaba y la reconstruiría sobre los cimientos originales de Ibrahim”. Puesto que los árabes en general acababan de abrazar el islam, existía el temor de que se rebelaran si se reconstruía la Kaaba de nuevo, y por ese temor no se hizo. Este hadiz demuestra que, si la realización de algún acto de la ley revelada se retrasa en beneficio de un bien mayor, ello no será censurable. La condición es que la ley revelada no exija su realización inmediata».

Basándose en esta narración de Aisha, su sobrino Abd Allah ibn al-Zubayr, durante su califato, amplió la Kaaba y la estableció sobre los cimientos originales de Ibrahim. Después del martirio de Ibn al-Zubayr, cuando el califa Abd al-Malik volvió a establecer su dominio sobre La Meca, la demolió basándose en la idea de que Abd Allah había hecho aquello por su propio criterio jurídico, y la reconstruyó como antes. Pero cuando supo que Abd Allah no lo había hecho por su propio criterio jurídico, sino basándose en esta narración de la Madre de los Creyentes, sintió una enorme vergüenza y se arrepintió profundamente de lo que había hecho.

Después del fallecimiento del Honorable Mensajero de Allah —que Allah le bendiga y le conceda paz— surgió una diferencia de opinión entre los compañeros destacados acerca de dónde debía ser enterrado. Según una narración, Abu Bakr dijo entonces: «Los profetas son enterrados en el lugar donde exhalan su último aliento». Por ello, el Honorable Mensajero de Allah —que Allah le bendiga y le conceda paz— fue enterrado en la habitación de Aisha, donde falleció. Sin embargo, la verdadera razón se encuentra en la narración de Aisha. Ella dijo:

Será en árabe

—El Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo durante su enfermedad final: «¡Que Allah maldiga a los judíos y a los cristianos! Ellos han convertido las tumbas de sus profetas en lugares de culto». ‘Aisha (que Allah esté complacido con ella) dijo: «Si no hubiera existido ese temor, la tumba del Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) habría estado en campo abierto. Pero él temía que la tumba fuera convertida en una mezquita».

Fue precisamente por haber expresado este temor que el Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) fue enterrado en el mismo lugar donde exhaló su último aliento.

Del mismo modo, una explicación clara de la hégira se encuentra en un hadiz de ‘Aisha (que Allah esté complacido con ella) transmitido por al-Bujari. En general, la gente entendía por hégira abandonar el lugar de nacimiento y establecerse en Medina. Pero ella dijo: «Ya no hay hégira. La hégira existía cuando las personas acudían junto a Allah y Su Mensajero, temiendo por sus vidas, para salvar su religión. Ahora esa situación ya no existe. Por tanto, tampoco habrá una hégira en el sentido genuino». Por eso Ibn ‘Umar (que Allah esté complacido con él) decía: «Después de la conquista de La Meca ya no hay hégira».

Según los muhaddizun y los especialistas en la ciencia de al-yarh wa at-ta‘dil (la crítica y la evaluación), los errores en los hadices transmitidos por Aisha (que Allah esté complacido con ella) son comparativamente muy pocos. Hay una razón especial para ello. Los compañeros comunes quizá escuchaban una vez alguna palabra del Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él), o lo veían realizar alguna acción, y luego transmitían a otros exactamente aquella palabra o acción. En cambio, la práctica de Aisha (que Allah esté complacido con ella) consistía en no transmitir una palabra o un acontecimiento hasta haberlo comprendido bien. Cuando no comprendía alguna palabra o conducta del Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él), hacía preguntas repetidamente hasta entenderla. En los libros de hadices se han transmitido muchas de sus preguntas de este tipo. Los demás, en cambio, rara vez tenían esa oportunidad.

Respecto de los hadices que no había escuchado directamente, sino a través de otras personas, observaba una extraordinaria cautela al transmitirlos. Solo los transmitía después de verificarlos y examinarlos minuciosamente, investigarlos y cerciorarse plenamente de su autenticidad. En cierta ocasión, el célebre compañero ‘Abdullah ibn ‘Amr ibn al-‘As (que Allah esté complacido con él) le transmitió un hadiz. Cuando regresó un año después, Aisha (que Allah esté complacido con ella) envió a un hombre para que volviera a escuchar aquel hadiz de él. ‘Abdullah (que Allah esté complacido con él) lo relató palabra por palabra como antes, sin añadir ni quitar nada. El hombre regresó y se lo transmitió a Aisha (que Allah esté complacido con ella). Entonces ella comentó: «¡Por Allah! Recuerdo las palabras de Ibn ‘Amr».

Basándose en este principio, si recibía una transmisión de alguien y otra persona acudía a ella con la intención de escucharla, la enviaba al narrador original. El objetivo era reducir tanto como fuera posible los intermediarios de la cadena de transmisión del hadiz y convertirla en una cadena más elevada. Por ejemplo, el Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) realizaba la oración voluntaria después de regresar a casa, tras haber rezado la oración de la tarde en la mezquita. Sin embargo, la instrucción definitiva era que no se rezara ninguna oración después de la oración de la tarde. Algunas personas enviaron a un hombre a Aisha (que Allah esté complacido con ella) para averiguar hasta qué punto era auténtico el hadiz que se transmitía a través de ella. Ella dijo: «Id a Umm Salama y preguntadle. Ella es la narradora original de este hadiz». En otra ocasión, cuando un hombre le preguntó acerca de pasar las manos húmedas sobre los calcetines de cuero, ella le dijo: «Ve a ver a ‘Ali (que Allah esté complacido con él). Él acompañaba al Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) durante sus viajes».

Así como Aisha (que Allah esté complacido con ella) mantuvo sus propias transmisiones libres de cualquier tipo de error, también corrigió en numerosos casos las transmisiones de otros. Señalaba con gran rigor incluso los errores y omisiones más insignificantes en las transmisiones de sus contemporáneos y los corregía. En la terminología de los muhaddizun, esto se conoce como idrak.

Aisha (que Allah esté complacido con ella) creía que una transmisión que contradijera la palabra de Allah no podía ser correcta. Posteriormente, los expertos en la ciencia del hadiz adoptaron este principio como uno de los criterios fundamentales para verificar y evaluar los hadices. Basándose en este principio, Aisha (que Allah esté complacido con ella) se negó a aceptar como correctas muchas transmisiones de otros. Y, conforme a su conocimiento, explicó el verdadero significado y sentido de aquellas transmisiones. Por ejemplo, el venerable ‘Abdullah ibn ‘Abbas (que Allah esté complacido con él), el venerable ‘Abdullah ibn ‘Umar (que Allah esté complacido con él) y algunos otros compañeros transmitieron:

Se incluirá el árabe.

Es decir, el difunto es castigado por el llanto de los familiares.

Cuando le comunicaron esta narración a Aisha (que Allah esté complacido con ella), ella no la aceptó. Dijo: «El Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) jamás dijo algo semejante. Lo sucedido fue que, un día, el Mensajero (que Allah le bendiga y le conceda paz) pasaba junto al cadáver de un judío y vio que sus familiares habían comenzado a gritar y a hacer duelo. Entonces dijo: “Ellos están llorando y él está siendo castigado”. El sentido de las palabras de Aisha (que Allah esté complacido con ella) es que la causa del castigo no era el llanto. Es decir, ellos estaban haciendo duelo, mientras que el difunto estaba siendo castigado por sus actos anteriores. El llanto era, en realidad, una acción ajena. ¿Por qué habría de sufrir el difunto las consecuencias de los actos de otra persona? Por eso dijo: “El Corán es suficiente para vosotros”. Allah ha dicho:

Se incluirá el árabe.

Nadie cargará con la carga de otro.

El narrador Ibn Abi Mulayka relata que, cuando Ibn Umar (que Allah esté complacido con él) oyó que Aisha (que Allah esté complacido con ella) había transmitido esta narración y adoptado tal conclusión, no pudo dar ninguna respuesta.

El imán Bujari (que Allah tenga misericordia de él) intentó conciliar las dos narraciones de Aisha (que Allah esté complacido con ella) y de Ibn Umar (que Allah esté complacido con él) en un párrafo independiente del capítulo «Al-Yana’iz» de su obra Sahih. Dijo que, si el llanto y el duelo eran costumbres del difunto durante su vida, y este no había prohibido a sus familiares realizar tales actos mientras vivía, entonces recibirá el castigo por el duelo de ellos. Esto se debe a que durante su vida no cumplió con la responsabilidad de educarlos y formarlos. Allah dice:

Se incluirá el árabe.

-¡Oh, creyentes! Protegeos a vosotros mismos y a vuestras familias del fuego del Infierno.

Y si, a pesar de haber impartido durante su vida la debida enseñanza a sus familiares, estos siguen lamentándose por el difunto, entonces la opinión de Aisha (que Allah esté complacido con ella) es correcta. Pues Allah ha dicho: «Nadie cargará con la carga de otro». También ha dicho:

Será en árabe.

-Si alguien que lleva una carga llama a otro para que la lleve, nadie cargará con ella, aunque sea un pariente cercano.

El célebre imán y erudito del hadiz, el venerable Abd Allah ibn Mubarak, también sostuvo la opinión del imán Bujari. Sin embargo, algunos cuestionaron el intento del imán Bujari de conciliar ambas posturas de la siguiente manera: si alguien no cumple durante su vida con la responsabilidad de proporcionar a su familia la debida educación y formación, después de su muerte sufrirá el castigo por no haber cumplido con esa responsabilidad. ¿Por qué habría de sufrir el castigo por los pecados de los vivos? Entre los mujtahidíes, los imanes Shafií, Muhammad y Abu Hanifa (que Allah esté complacido con ellos) siguen en este asunto la opinión de Aisha (que Allah esté complacido con ella).

Se ha transmitido de Ibn Abbas (que Allah esté complacido con él) que el Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) vio dos veces a Allah, el Señor de los mundos. Masruq preguntó a Aisha (que Allah esté complacido con ella): «¡Madre! ¿Acaso Muhammad (que Allah le bendiga y le conceda paz) vio a Allah?». Aisha (que Allah esté complacido con ella) respondió: «Has dicho algo que hace que se me ericen todos los pelos del cuerpo. Quien te diga que Muhammad (que Allah le bendiga y le conceda paz) vio a Allah, miente». Entonces recitó esta aleya:

Será en árabe

-Las miradas no pueden abarcarlo, pero Él abarca todas las miradas. Él es sutil y está bien informado.

Después recitó este versículo:

Se dirá en árabe.

No es propio de ningún ser humano que Allah le hable, salvo por medio de la revelación, desde detrás de un velo o enviándole un mensajero.

También se encuentran en algunos hadices otros respaldos a la opinión de ‘Aisha (que Allah esté complacido con ella). En un hadiz recopilado en Sahih Muslim se narra que el Mensajero (que Allah le bendiga y le conceda paz) dijo: «Él es luz o resplandor. ¿Cómo podría verlo?»

El matrimonio mut‘a, que estuvo vigente durante un período determinado desde la época de la ignorancia preislámica y los comienzos del islam hasta el séptimo año de la Hégira. Este tipo de matrimonio fue declarado ilícito durante la conquista de Jaibar. Después de ello, algunas personas, entre ellas Ibn ‘Abbas (que Allah esté complacido con él), consideraban que este matrimonio era lícito. Sin embargo, la mayoría de los Compañeros creía que era ilícito. Un día, un discípulo de ‘Aisha (que Allah esté complacido con ella) le preguntó acerca de la licitud de este matrimonio mut‘a. ‘Aisha (que Allah esté complacido con ella) no le respondió mediante un hadiz. Dijo: «Entre vosotros y yo está el Libro de Allah». Después recitó este versículo:

Se dirá en árabe

y quienes guardan sus partes íntimas, salvo con sus esposas o con las esclavas que poseen legítimamente; en ese caso no serán censurados.

Por esta razón, no es lícito ningún otro procedimiento aparte de estos dos. Cabe señalar que la mujer casada mediante mut‘a no es ni esposa ni esclava.

Hazrat Abu Huraira (que Allah esté complacido con él) narró: «El hijo ilegítimo es el peor de los tres (los padres y el hijo)».

Cuando esto llegó a oídos de Hazrat Aisha (que Allah esté complacido con ella), dijo: «Esto no es correcto. Lo que ocurrió fue que un hipócrita insultaba al Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz). Un día, la gente dijo: “¡Oh, Mensajero de Allah! Ese hombre también es hijo ilegítimo”. Entonces el Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) comentó: “Él es el peor de los tres”. Es decir, sus padres solo cometieron una mala acción, pero no insultaron al Mensajero de Allah. En cambio, este hijo, fruto de aquella mala acción, insulta al Mensajero de Allah. Por tanto, es peor que ellos”. Aisha (que Allah esté complacido con ella) dijo: «Este comentario del Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) se refería a un caso particular, no a todos. Pues Allah ha dicho: “Nadie cargará con la carga de otro”. Es decir, el delito es de los padres. ¿Por qué habría de ser responsable el hijo?»

Todos los incrédulos que murieron en la batalla de Badr fueron enterrados juntos allí mismo, en Badr. El Mensajero (que Allah le bendiga y le conceda paz) se puso de pie allí y se dirigió a los sepultados:

Será en árabe

«¿Habéis encontrado verdadero el pacto de vuestro Señor?». Los Compañeros preguntaron: «¡Oh, Mensajero de Allah! ¿Está usted dirigiéndose a los muertos?». Ibn Umar, transmitiendo de su padre Umar, y Anas ibn Malik, transmitiendo de Abu Talha, narraron que el Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) respondió:

Será en árabe

«No oís más que ellos. Sin embargo, ellos no pueden responder».

Cuando se mencionó esta narración a Hazrat Aisha (que Allah esté complacido con ella), dijo: «El Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) no dijo eso, sino que dijo lo siguiente:

Será en árabe

—Ahora han sabido con certeza que todo cuanto les decía era verdad.

Después, Hazrat Aisha (que Allah esté complacido con ella) recitó estos dos versículos del Corán:

Será en árabe

—«No puedes hacer que los muertos oigan la llamada»

«No puedes hacer que quienes yacen en las tumbas oigan».

Más tarde, los muhaddices, aceptando los argumentos y las pruebas de Hazrat Aisha (que Allah esté complacido con ella), intentaron conciliar estas dos narraciones. El célebre tabi‘í Hazrat Qatada (que Allah esté complacido con él) dijo: «Allah devolvió la vida por un tiempo a los muertos de Badr. Como uno de los milagros del Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz), también les fue devuelta la capacidad de oír durante ese tiempo.»

Las diferencias en las narraciones que se observan entre los honorables Compañeros sobre ciertos asuntos se deben en gran medida a sus diferencias de comprensión.

Allah le había concedido a Hazrat ‘Aisha (que Allah esté complacido con ella) una comprensión y una inteligencia mayores que las de muchos otros. Ella empleó esta incomparable capacidad de comprensión y discernimiento en la transmisión y explicación de los hadices. Aquí mencionamos algunos episodios en los que se manifiestan su agudo entendimiento y su inteligencia.

Cuando se aproximó el final de la vida de Hazrat Abu Sa‘id al-Judri (que Allah esté complacido con él), pidió ropa nueva y se la puso. Al explicar la razón, dijo: «Un musulmán resucitará con la misma vestimenta con la que muere». Al enterarse de esto, Hazrat ‘Aisha (que Allah esté complacido con ella) dijo: «Que Allah tenga misericordia de Abu Sa‘id. Con “vestimenta”, el Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) quiso decir las obras o acciones de la persona. De lo contrario, el Mensajero (que Allah le bendiga y le conceda paz) dijo claramente que, el Día de la Resurrección, las personas resucitarán desnudas de cuerpo, descalzas y con la cabeza descubierta».

La norma del islam es que la mujer divorciada observe el período de ‘iddah en la casa de su esposo. Una Compañera llamada Fátima solía relatar un episodio de su propia vida que contradecía esta norma. Decía que el Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) le había permitido trasladarse a otro lugar desde la casa de su esposo mientras observaba la ‘iddah. En diversas ocasiones presentó este episodio como prueba ante muchos Compañeros. Algunos aceptaron su relato, pero la mayoría de los Compañeros se negaron a admitirlo. Posteriormente, cuando Marwán era gobernador de Medina, se presentó un caso de esta naturaleza. Una de las partes presentó el relato de Fátima como prueba. Al enterarse de ello, Hazrat ‘Aisha (que Allah esté complacido con ella) reprendió severamente a Fátima. Dijo que no había ningún beneficio en la narración de este episodio por parte de Fátima. El Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) ciertamente le había permitido trasladarse a otro lugar desde la casa de su esposo durante el período de ‘iddah, pero lo había hecho porque la casa de su esposo se encontraba en un lugar inseguro y aterrador.

Varios hadices auténticos indican que al Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) le gustaba especialmente la carne de la paletilla de cabra. Hazrat Ibn Mas‘ud (que Allah esté complacido con él) dice que la carne de la paletilla era la que más le gustaba al Profeta (que Allah le bendiga y le conceda paz). Fue precisamente en la carne de la paletilla donde le administraron el veneno.

Abu ‘Ubaid también dice: «Al Profeta (que Allah le bendiga y le conceda paz) le gustaba especialmente la carne de la paletilla». Sin embargo, respecto a este asunto, Hazrat ‘Aisha (que Allah esté complacido con ella) dijo:

Será árabe.

No es que la carne de la paletilla fuera especialmente apreciada por el Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz); la realidad es que solo tenía ocasión de comer carne después de muchos días. Por eso se le servía carne de la paletilla, pues esta se cuece y se ablanda rápidamente. Por mucho que un amigo íntimo y cercano de larga data conozca a una persona, una esposa la conoce mucho mejor que él. Todo el cuerpo del Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz), desde los cabellos de su cabeza hasta las uñas de sus pies, constituía en cada momento un ejemplo y un modelo. Por esta razón, cada acto de cada instante de su vida adquirió la categoría de ley y norma. Por tanto, puede decirse que las esposas del Mensajero tuvieron oportunidades de conocer personalmente aspectos de él que eran imposibles para los demás. Hay ciertos asuntos jurídicos en los que se observa que otros nobles Compañeros tomaron decisiones basándose en su propio ijtihad o en algún relato, pero Hazrat ‘Aisha (que Allah esté complacido con ella) los rechazó basándose en su experiencia personal directa. Hasta hoy, su opinión ha seguido siendo aceptada como prueba en esos asuntos. Para conocimiento de los lectores, aquí se mencionan algunos de ellos.

Hazrat ‘Abdullah ibn ‘Umar (que Allah esté complacido con él) emitía la fatwa de que, al bañarse, las mujeres debían deshacer sus trenzas y mojarse el cabello. Al oír esto, Hazrat ‘Aisha (que Allah esté complacido con ella) dijo: «¿Por qué no les dice también a las mujeres que se corten las trenzas? Yo me bañaba delante del Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) y no me deshacía el cabello».

Hazrat Ibn ‘Umar (ra) decía que si un hombre besaba a su esposa mientras se encontraba en estado de ablución, su ablución quedaba invalidada. Cuando ‘Aisha (ra) oyó esto, dijo: «El Mensajero de Allah (sallallahu ‘alaihi wa sallam) no realizaba la ablución después de besar». Tras decir esto, sonrió levemente.

Hazrat Abu Huraira (ra) relataba que si una mujer, un asno o un perro pasaba delante de un hombre que estaba realizando la oración, la oración de este quedaba invalidada. Cuando Hazrat ‘Aisha (ra) oyó esto, se enfadó y dijo: «¿Nos habéis equiparado a las mujeres con los asnos y los perros? Yo solía estar acostada delante del Mensajero de Allah (sallallahu ‘alaihi wa sallam) con las piernas extendidas, mientras él permanecía de pie en oración. Cuando iba a postrarse, me tocaba con la mano y yo recogía las piernas. Cuando se ponía de pie, volvía a extenderlas. Y, cuando lo necesitaba, me recogía y pasaba por delante de él».

Un día, mientras pronunciaba un sermón, Hazrat Abu Huraira (ra) relató que si alguien necesitaba bañarse por la mañana durante un día de ayuno, no debía ayunar ese día. La gente acudió a Hazrat ‘Aisha (ra) y a Hazrat Umm Salama (ra) para preguntarles si esto era cierto. ‘Aisha (ra) dijo: «La práctica del Mensajero de Allah (sallallahu ‘alaihi wa sallam) era contraria a eso». Entonces la gente volvió junto a Abu Huraira (ra) y le advirtió. Finalmente, él retiró su fatwa anterior.

Hazrat ‘Abdullah ibn ‘Abbas (ra) emitía la fatwa de que si alguien no realizaba el Hayy y enviaba únicamente el animal del sacrificio al recinto sagrado de La Meca, quedaba sujeto a todas las restricciones aplicables a quien realiza el Hayy hasta que el animal fuera sacrificado allí. Al oír esto, Hazrat ‘Aisha (ra) dijo: «Yo misma trencé con mis manos las cuerdas de los animales del sacrificio del Mensajero de Allah (sallallahu ‘alaihi wa sallam), y él mismo les colocó esas cuerdas alrededor del cuello. Después, mi padre los llevó a La Meca. A pesar de ello, todo seguía siendo lícito. Ninguna cosa lícita se volvió ilícita hasta el sacrificio».

Ya hemos mencionado anteriormente que Hazrat ‘Aisha (ra) poseía una inteligencia y una memoria extraordinarias. En realidad, la memoria es una gracia de Allah; y ella fue colmada de esta gracia. Desde niña, conservó durante toda su vida en la memoria los versículos del Corán que había escuchado mientras jugaba. La fiabilidad de la ciencia del hadiz depende precisamente de esta memoria y capacidad de memorizar. Recordar los acontecimientos cotidianos de la época de la Profecía, relatarlos constantemente con exactitud y transmitir a otros las palabras del Mensajero de Allah (sallallahu ‘alaihi wa sallam) tal como las había oído de sus labios constituían la mayor responsabilidad y deber de un muhaddiz exitoso. Las faltas que Hazrat ‘Aisha (ra) señaló en sus contemporáneos y las críticas que les hizo se debieron especialmente a las diferencias y variaciones existentes entre ellos en cuanto a su capacidad de memorizar. A continuación se mencionan algunos episodios que demostrarán la agudeza de su memoria.

Hazrat Sa‘d ibn Abi Waqqas (ra) falleció. Hazrat ‘Aisha (ra) quiso que llevaran el cuerpo a la mezquita, para poder participar también en la oración fúnebre. La gente protestó. Hazrat ‘Aisha (ra) dijo: «¡Qué rápido olvida la gente! El Mensajero de Allah (sallallahu ‘alaihi wa sallam) realizó en la misma mezquita la oración fúnebre por Suhail ibn Bayda (ra)».

La gente preguntó a Hazrat ‘Abdullah ibn ‘Umar (ra): «¿Cuántas veces realizó el Mensajero de Allah (sallallahu ‘alaihi wa sallam) la ‘umra?». Él respondió: «Cuatro veces. Una de ellas fue en el mes de Rayab». ‘Urwa (ra) exclamó: «¡Tía! ¿No estáis oyendo lo que dice?». Ella preguntó: «¿Qué dice?». ‘Urwa respondió: «Dice que el Mensajero (sallallahu ‘alaihi wa sallam) realizó cuatro ‘umras, una de ellas en el mes de Rayab». Entonces ella dijo: «Que Allah tenga misericordia de Abu ‘Abdir-Rahman (el sobrenombre de Ibn ‘Umar). El Mensajero (sallallahu ‘alaihi wa sallam) no realizó ninguna ‘umra sin que yo estuviera presente con él. Nunca realizó una ‘umra en Rayab».

Los honorables muhaddizín han dividido a los Compañeros en cinco categorías según el número de hadices que transmitieron, y en casi cada categoría hay tanto Compañeros como Compañeras. Primera categoría: aquellos Compañeros cuyo número de hadices transmitidos es de mil o más. Hazrat ‘Aisha (ra) pertenece a esta categoría. Segunda categoría: aquellos cuyas transmisiones son de quinientas o más, pero menos de mil. En esta categoría no hay ninguna Compañera. Tercera categoría: aquellos cuyas transmisiones son de cien o más, pero menos de quinientas. Hazrat Umm Salama (ra) pertenece a esta categoría. Cuarta categoría: aquellos cuyas transmisiones oscilan entre cuarenta y cien. En esta categoría se encuentra la mayoría de las Compañeras, como la Madre de los Creyentes Hazrat Umm Habiba (ra), Umm ‘Atiyya (ra), la Madre de los Creyentes Hazrat Hafsa (ra), Asma bint Abi Bakr (ra), Umm Hani (ra), entre otras. Quinta categoría: aquellos cuyas transmisiones son de cuarenta o menos. La mayoría de los miembros de esta categoría son mujeres, como Hazrat Umm Qays (ra), Hazrat Fatima bint Qays (ra), Hazrat Rabi‘ bint Ma‘us (ra), Hazrat Subra bint Safwan (ra), Hazrat Kulsum bint Husain al-Gifari (ra), Hazrat Ja‘da bint Wahab (ra), entre otras.

A través de la exposición anterior de estos niveles, quedó claro para nosotros cuál era la posición y el rango de Aisha —que Allah esté complacido con ella— en la ciencia del hadiz. Vimos que ocupaba el nivel más elevado.

La Madre de los Creyentes, Aisha —que Allah esté complacido con ella—, narró hadices directamente del Mensajero de Allah —que Allah le bendiga y le conceda paz—. También narró hadices a través de su padre, Abu Bakr —que Allah esté complacido con él—, así como de Umar, Fátima y Sa‘d —que Allah esté complacido con ellos—. Por otro lado, fueron muchos quienes escucharon hadices de Aisha —que Allah esté complacido con ella— y los narraron. Entre ellos había personas de las dos categorías: los Compañeros y los tabi‘in. El erudito al-Dhahabi, después de mencionar los nombres de casi doscientas personas, dijo: «Además de muchos otros».

La transmisión de los relatos de los Compañeros, así como la escritura y compilación de los hadices, comenzó a mediados del primer siglo de la Hégira. Al final de ese siglo, el califa omeya Umar ibn Abd al-Aziz —que Allah tenga misericordia de él— ocupó el trono del califato. Durante su época, el cadí de Medina era el personaje célebre Abu Bakr ibn Amr ibn Hazm al-Ansari. Poseía una inmensa erudición en el Corán y el hadiz. Detrás de esta erudición, la contribución de su tía materna, Umra, fue la más importante. Esta Umra había sido alumna de Aisha —que Allah esté complacido con ella— y se había criado bajo su supervisión. El califa Umar ibn Abd al-Aziz ordenó a Abu Bakr que escribiera las narraciones de Umra y se las enviara.

La ciencia del fiqh y el razonamiento analógico

El Corán y el hadiz, o la Sunna, son las pruebas y evidencias, mientras que el fiqh es su conclusión y resultado. Toda conclusión alcanzada sobre la base del Corán y el hadiz constituye el fiqh y el razonamiento analógico. La gran competencia de Aisha —que Allah esté complacido con ella— en esta ciencia del fiqh y el razonamiento analógico ya se ha hecho parcialmente evidente en la exposición anterior de su dominio del Corán y el hadiz. Aquí se presenta una breve explicación de cuáles eran sus principios y normas en materia de fiqh y razonamiento analógico.

Durante la vida del Mensajero de Allah —que Allah le bendiga y le conceda paz—, él mismo era el centro de todas las fatwas y decisiones. Cuando surgía algún problema, él mismo proporcionaba su solución. Después del fallecimiento del Mensajero de Allah —que Allah le bendiga y le conceda paz—, los Compañeros de alto rango, expertos en el profundo significado de la sharía y de las normas islámicas, ocuparon su lugar. Cuando surgía un nuevo problema ante Abu Bakr —que Allah esté complacido con él— y Umar —que Allah esté complacido con él—, reunían a los Compañeros eruditos y les pedían una decisión. Si alguno de ellos conocía un hadiz específico sobre el asunto, lo narraba. De lo contrario, emitían una decisión basándose en el razonamiento analógico o la deducción a partir de alguna otra norma del Corán y del hadiz. Hasta el tercer califa del Califato Rectamente Guiado, esta academia de fiqh tuvo su centro en Medina. Durante el califato de Uthman —que Allah esté complacido con él—, la anarquía y la agitación comenzaron a extenderse, y muchas personas abandonaron Medina para establecerse en La Meca, Taif, Damasco, Basora y otros lugares. Después, Ali —que Allah esté complacido con él— se convirtió en califa. Hizo de Kufa la Dar al-Jilafa, la sede del califato. Por estas razones, muchos de los alumnos brillantes de la escuela del Mensajero de Allah —que Allah le bendiga y le conceda paz— abandonaron Medina y se trasladaron a otras ciudades. Sin embargo, como resultado de ello, el ámbito y la extensión de la búsqueda del conocimiento se ampliaron aún más. Pero se perdió su carácter unificado y distintivo. Todo lo que quedaba se encontraba únicamente en Medina.

Después de los Compañeros de alto rango, cuatro personas se ocuparon la mayor parte del tiempo de las cuestiones de fiqh y de las fatwas en Medina: Abdullah ibn Umar, Abdullah ibn Abbas, Abu Huraira y Aisha —que Allah esté complacido con ellos—. Allí donde no había una norma explícita del Corán y la Sunna, el método de estos cuatro también era diferente. El método de Abdullah ibn Umar y Abu Huraira —que Allah esté complacido con ellos— consistía en que, respecto al asunto planteado, si existía alguna norma del Corán y la Sunna o alguna práctica de los califas anteriores, la comunicaban. Si no existía, guardaban silencio. En cambio, Abdullah ibn Abbas —que Allah esté complacido con él— emitía una decisión conforme a su comprensión y criterio, aplicando el razonamiento analógico a los asuntos resueltos en el Corán, la Sunna y durante la época de los califas anteriores. En este aspecto, el principio de Aisha —que Allah esté complacido con ella— era buscar primero la solución del problema en el Corán. Si no la encontraba allí, se remitía a la Sunna. Si tampoco la encontraba allí, aplicaba el razonamiento analógico según su propio criterio. Ya hemos tratado anteriormente algunos aspectos del método de iytihad e istinbat de Aisha —que Allah esté complacido con ella—, es decir, de su investigación y extracción de conclusiones. Aquí presentamos algunos ejemplos más.

En el Corán se dice:

Será en árabe.

«La mujer divorciada deberá esperar durante tres qurūʾ». Es decir, el período de su ʿidda es de tres qurūʾ. Existe discrepancia sobre el significado de «qurūʾ». El esposo de una sobrina de ʿĀʾisha —que Allah esté complacido con ella— se divorció de ella. Cuando comenzó un nuevo mes, después de que hubieron transcurrido tres ṭuhūr, es decir, tres períodos de pureza, ella le dijo que abandonara la casa de su esposo. Algunas personas protestaron contra esta acción suya y dijeron que era contraria al mandato coránico. Para respaldar su opinión, presentaron como prueba el versículo del Corán mencionado anteriormente. La Madre de los Creyentes respondió: «Lo de los tres qurūʾ es correcto. Pero ¿sabéis qué significa “qurūʾ”? “Qurūʾ” significa “ṭuhūr” (pureza)». Todos los juristas de Medina siguieron a ʿĀʾisha —que Allah esté complacido con ella— en esta cuestión. Sin embargo, los iraquíes entendieron «qurūʾ» como ḥayḍ (los días específicos de la menstruación).

Zayd ibn Arqam —que Allah esté complacido con él— compró a una mujer una esclava por ochocientos dírhams a crédito, estipulando que pagaría el precio cuando recibiera su asignación. Antes de pagar el precio, volvió a venderle aquella esclava a la misma mujer por seiscientos dírhams al contado. La mujer informó a ʿĀʾisha —que Allah esté complacido con ella— sobre esta transacción. ʿĀʾisha le dijo: «Tú has obrado mal, y Zayd ibn Arqam también. Dile que la recompensa que obtuvo al combatir junto al Mensajero de Allah —que la paz y las bendiciones de Allah sean con él— ha quedado anulada, salvo que se arrepienta».

En esta situación particular, ʿĀʾisha —que Allah esté complacido con ella— dictaminó que los doscientos dírhams adicionales constituían usura. En diversas recopilaciones de hadices se ha narrado que ʿĀʾisha —que Allah esté complacido con ella— emitió este dictamen basándose en el versículo 275 de la sura al-Baqara.

Si el esposo delega en su esposa la facultad de divorciarse y la esposa devuelve esa facultad al esposo y vuelve a aceptarlo como marido, ¿se produce algún divorcio respecto de ella? Sobre esta cuestión, ʿAlī —que Allah esté complacido con él— y Zayd —que Allah esté complacido con él— opinaban que se produciría un divorcio. Pero ʿĀʾisha —que Allah esté complacido con ella— decía que no se produciría ni siquiera un divorcio. Como fundamento de su opinión, mencionaba el episodio del takhyīr del Mensajero de Allah —que la paz y las bendiciones de Allah sean con él—. Decía que el Mensajero —que la paz y las bendiciones de Allah sean con él— había dado a sus esposas la opción o libertad de abandonarlo y disfrutar de los placeres y las riquezas mundanas, o de permanecer con él y soportar la pobreza y el hambre. Todas eligieron la segunda opción. ¿Acaso por ello se produjo un divorcio respecto de ellas?

Cuando alguien libera a un esclavo, entre el antiguo amo y el esclavo liberado se establece, conforme a la ley islámica, una relación denominada en la terminología islámica al-walāʾ (patronazgo). Como consecuencia, el amo que lo liberó puede heredar los bienes del esclavo liberado, y este es reconocido legalmente como miembro del linaje de su antiguo amo. Por ello, la importancia de esta relación de al-walāʾ es enorme. En cierta ocasión, un esclavo liberado acudió a ʿĀʾisha —que Allah esté complacido con ella— y le dijo: «Yo era esclavo de ʿUtba ibn Abī Lahab. Él y su esposa me vendieron con la condición de que, cuando yo quedara libre, él tendría derecho a mi al-walāʾ. Ahora soy libre. ¿Con quién quedará vinculada esta relación de al-walāʾ mía: con ʿUtba ibn Abī Lahab o con quien me liberó?». ʿĀʾisha —que Allah esté complacido con ella— dijo: «La situación de una esclava llamada Barīra era igual. El Mensajero de Allah —que la paz y las bendiciones de Allah sean con él— me dijo: “Compra a Barīra y libérala. Tú tendrás derecho a su al-walāʾ, sin importar las condiciones contrarias a la orden de Allah que imponga el vendedor”».

Barīra —que Allah esté complacido con ella— era una esclava. Su amo quería venderla con la condición de que, cuando quedara libre, él tendría derecho a su al-walāʾ. Barīra —que Allah esté complacido con ella— acudió a ʿĀʾisha —que Allah esté complacido con ella— y le contó su situación. ʿĀʾisha expresó su deseo de comprarla, pero no aceptó la condición de su amo respecto al al-walāʾ. Cuando el Mensajero de Allah —que la paz y las bendiciones de Allah sean con él— llegó a casa, ella le informó del asunto. El Mensajero —que la paz y las bendiciones de Allah sean con él— dijo a ʿĀʾisha —que Allah esté complacido con ella—: «Puedes comprarla y liberarla sin ninguna duda. Toda condición contraria al Libro de Allah quedará anulada por sí misma». Barīra —que Allah esté complacido con ella— obtuvo la libertad. Al quedar libre, no aceptó como esposo al hombre con quien se había casado cuando era esclava. La gente le daba limosnas, y ella tomaba de esas limosnas algunos alimentos y se los ofrecía al Mensajero de Allah —que la paz y las bendiciones de Allah sean con él—, quien los aceptaba.

A partir del caso de Barīra —que Allah esté complacido con ella—, ʿĀʾisha —que Allah esté complacido con ella— dedujo varias disposiciones de la sharīʿa. Decía: «A través de Barīra se conocen tres disposiciones del islam, a saber:»

  1. La persona que lo emancipe será quien tenga derecho al al-walā’.
  2. Si un esclavo y una esclava se casan mientras están en esclavitud, y después la esposa obtiene la libertad mientras el esposo continúa sometido a la esclavitud, la esposa adquiere la opción de conservar o no a su esposo esclavo.
  3. Si una persona que reúne las condiciones para recibir donaciones caritativas recibe algo como limosna y entrega parte de ello como regalo a alguien que no reúne las condiciones para recibir caridad, a esa persona le será lícito aceptarlo.

En la Peregrinación de Despedida participaron aproximadamente cien mil musulmanes, más o menos. Todos los Compañeros de alto rango acompañaron al Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) en este viaje. Es de esperar que todos conocieran los acontecimientos de este viaje. Aisha (que Allah esté complacido con ella) también conservó en su memoria sus propias experiencias, que además fueron narradas literalmente en diversos hadices. Sin embargo, las narraciones de Aisha (que Allah esté complacido con ella) se convirtieron en principios fundamentales para los juristas y los muytahid. Mientras realizaba los ritos de la peregrinación, Aisha (que Allah esté complacido con ella) se vio impedida de realizar algunos de ellos debido a que presentó una condición fisiológica propia de las mujeres. Esto le causó una gran aflicción. El Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) la consoló y, siguiendo sus instrucciones, renovó su ihram en Tan‘im y realizó el tawaf de la Kaaba. Después de citar esta narración de Aisha (que Allah esté complacido con ella), el hafiz Ibn al-Qayyim dijo:

Será en árabe

De este hadiz de Aisha (que Allah esté complacido con ella) se han deducido algunos principios muy importantes de la peregrinación, como los siguientes:

  1. Para quien formule la intención de realizar la ‘umra junto con la peregrinación, es decir, la intención de la peregrinación qirán, bastará con realizar un solo tawaf y un solo sa‘i.
  2. En el caso de las mujeres, debido a su condición física especial, quedará dispensado el tawaf al-qudum.
  3. Cuando se presenta el estado especial de las mujeres, es lícito formular la intención de realizar la ‘umra después del hajj.
  4. Durante su estado especial, las mujeres pueden realizar todos los ritos del hajj, excepto el tawaf de la Kaaba.

5. Tan‘im no forma parte del Haram; está fuera del Haram.

6. La ‘umra puede realizarse dos veces en un año, e incluso dos veces en un mes.

  1. El caso de la honorable ‘Aisha (que Allah esté complacido con ella) demuestra únicamente que quienes vienen de fuera de La Meca pueden realizar la ‘umra poniéndose el ihram desde La Meca, en Tan‘im.

Aquí es necesario explicar brevemente el qiyas ‘aqli, es decir, la deducción basada en la sabiduría y el intelecto. Qiyas ‘aqli no significa que cualquiera pueda emitir, basándose en su propia inteligencia y sabiduría, una decisión sobre alguna norma de la Sharia. Más bien, significa que los sabios que conocen profundamente los secretos de la Sharia y las ciencias religiosas adquieren, gracias al estudio y la investigación del Libro y la Sunna, así como a su aplicación en sus propias vidas, una capacidad tal que, cuando se les presenta una nueva cuestión, pueden comprender mediante esa capacidad cuál sería la respuesta si el shari‘ (A), es decir, el Mensajero (que Allah le bendiga y le conceda paz), estuviera vivo. Puede explicarse mediante el siguiente ejemplo: un abogado experimentado ha visto las sentencias de numerosos casos de un tribunal determinado. Luego, basándose en su experiencia, si al analizar un caso de la misma naturaleza a la luz de esas sentencias afirma que, si el caso se presentara ante ese tribunal, la sentencia sería de tal manera, esto se denominaría qiyas ‘aqli. En nuestras explicaciones anteriores ha quedado suficientemente claro cuán familiarizada estaba la honorable ‘Aisha (que Allah esté complacido con ella) con los precedentes y veredictos —es decir, los ejemplos y las decisiones— de la Sharia islámica. Por ello, es natural que la posibilidad de error en su qiyas fuera muy reducida. Aquí mencionamos un ejemplo del qiyas ‘aqli de la honorable ‘Aisha (que Allah esté complacido con ella).

Durante la vida del Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz), las mujeres acudían generalmente a la mezquita y participaban en la oración en congregación. Los niños y adolescentes se alineaban detrás de los hombres, y las mujeres detrás de ellos. El Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) prohibió impedir que las mujeres acudieran a la mezquita.

Ella dijo:

Será en árabe

Después del fallecimiento del Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz), debido a la convivencia de los árabes con personas de diversas naciones y grupos, al intercambio cultural y a la prosperidad económica, se produjeron cambios en la conducta, los adornos y la vestimenta de las mujeres. Al observar esta situación, Hazrat Aisha (RA) dijo: «Si el Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) estuviera vivo hoy, les prohibiría a las mujeres acudir a la mezquita». Su declaración es la siguiente:

Será en árabe

Transmitido por Amara. Hazrat Aisha (RA) dijo: «Si el Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) estuviera vivo en esta época, impediría que las mujeres acudieran a la mezquita, tal como se impidió que acudieran las mujeres judías, debido a las nuevas cosas y acciones que las mujeres están introduciendo hoy en día».

Aunque esta decisión de Hazrat Aisha (RA) no se llevó a la práctica en aquella época, se basaba en aquel razonamiento analógico racional. Por medio de la experiencia de su vida, comprendió cuál podría haber sido la disposición de la sharía en este caso.

Hazrat Abu Huraira (RA) emitía la fatua de que quien lavara a un difunto también debía realizar el ghusl. Y si alguien transportaba el féretro de un difunto, debía renovar su ablución. Cuando esto llegó a oídos de Hazrat Aisha (RA), dijo:

Será en árabe

«¿Acaso un musulmán muerto se vuelve impuro? Y si alguien transporta madera, ¿qué le sucede por ello?»

Surgió una discrepancia entre los Compañeros acerca de si era necesario que se produjera una emisión para que el baño ritual fuera obligatorio. Yabir —que Allah esté complacido con él— decía: «El agua es por el agua». Es decir, solo es necesario usar agua cuando se produce la emisión; de lo contrario, no. ‘Aisha —que Allah esté complacido con ella— narró un hadiz contrario a esta opinión y dijo: «Si alguien comete adulterio y lo apedreáis aunque no haya expulsado agua, ¿por qué no habría de ser obligatorio el baño ritual?»

Entre los Compañeros, Ibn ‘Umar —que Allah esté complacido con él— consideraba todas las acciones del Mensajero de Allah —que Allah le bendiga y le conceda paz— como sunna y actuaba conforme a ellas. No hacía la distinción entre sunna devocional y sunna habitual que los juristas establecieron. Creía que cualquier acción que el Mensajero de Allah —que Allah le bendiga y le conceda paz— realizara, cualquiera que fuese su motivo, era sunna y que era necesario seguirla. Por ello, seguía al Mensajero de Allah —que Allah le bendiga y le conceda paz— en lo referente a los lugares de parada durante los viajes. Es decir, allá donde el Mensajero —que Allah le bendiga y le conceda paz— se hubiera detenido durante un viaje, Ibn ‘Umar —que Allah esté complacido con él— se detenía posteriormente exactamente en el mismo lugar. Si el Mensajero —que Allah le bendiga y le conceda paz— se hubiera purificado casualmente en algún lugar de parada, él también se purificaba allí sin necesidad alguna. Sin embargo, ‘Aisha —que Allah esté complacido con ella— e Ibn ‘Abbas —que Allah esté complacido con él— sostenían la opinión contraria acerca de la sunna del Mensajero de Allah —que Allah le bendiga y le conceda paz— mencionada anteriormente. No apoyaban la opinión de Ibn ‘Umar —que Allah esté complacido con él—. Durante el Hayy, el Mensajero —que Allah le bendiga y le conceda paz— acampó en el valle de al-Abtah, pero ‘Aisha —que Allah esté complacido con ella— no lo consideraba una sunna. Se narra en Sahih Muslim y en el Musnad de Ahmad:

Será en árabe

«Detenerse en el valle de al-Abtah no es una sunna. El Mensajero de Allah —que Allah le bendiga y le conceda paz— se detuvo allí porque le resultaba más fácil salir desde ese lugar».

‘Aisha —que Allah esté complacido con ella— discrepó de sus contemporáneos en numerosas cuestiones de jurisprudencia islámica. Posteriormente, los juristas del Hiyaz siguieron en la mayoría de los casos su opinión. El imán Malik —que Allah esté complacido con él— recopiló una gran parte de estas opiniones y prácticas de ‘Aisha —que Allah esté complacido con ella— en su obra al-Muwatta.

La enseñanza y la emisión de dictámenes jurídicos (la enseñanza y el cumplimiento de la responsabilidad de emitir fetuas)

El islam considera transmitir el conocimiento a los demás uno de los servicios más importantes que se pueden prestar al conocimiento. El Mensajero de Allah —que Allah le bendiga y le conceda paz— ordenó:

Será en árabe

«El presente debe transmitirlo necesariamente al ausente». Ya ha quedado claro, por nuestras conversaciones anteriores, hasta qué punto Hazrat Aisha (que Allah esté complacido con ella) cumplió con esta responsabilidad. Aquí queremos tratar el tema con algo más de detalle.

Después del fallecimiento del Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él), los nobles Compañeros (que Allah esté complacido con ellos) se dispersaron por las distintas ciudades y regiones del califato islámico con el propósito de propagar y difundir la invitación islámica y el conocimiento. En las grandes ciudades y urbes como La Meca Venerable, Taif, Bahréin, Yemen, Damasco, Egipto, Kufa y Basora, se establecieron pequeños grupos de estos grandes maestros. Veintisiete años después, el centro del califato y del gobierno pasó de Medina primero a Kufa. Veintisiete años después, el centro del califato y del gobierno fue trasladado de Medina primero a Kufa y posteriormente a Damasco. A pesar de ello, la superioridad espiritual e intelectual de Medina no disminuyó en lo más mínimo. En aquella época todavía funcionaban en Medina las distintas escuelas de Hazrat Ibn Umar (que Allah esté complacido con él), Hazrat Abu Huraira (que Allah esté complacido con él), Hazrat Ibn Abbas (que Allah esté complacido con él) y Hazrat Zayd ibn Thabit (que Allah esté complacido con él), entre otros. Sin embargo, la escuela más grande era aquel lugar especial de la Mezquita del Profeta, centrado en la habitación de Hazrat Aisha (que Allah esté complacido con ella).

Medina era el corazón del califato islámico. La gente acudía allí desde todas partes con el propósito de visitar y obtener bendiciones. Quienes llegaban se presentaban necesariamente, al menos una vez, ante la puerta de la habitación de la Madre de los Creyentes. Le presentaban sus saludos. Ella mostraba a los visitantes el respeto debido. Las conversaciones, los saludos, las preguntas sobre cuestiones jurídicas y las respuestas se realizaban siempre desde detrás del velo. Hombres y mujeres de Irak, Egipto, Siria y otras regiones acudían a su servicio y le pedían opiniones y dictámenes jurídicos sobre diversos asuntos. Estos visitantes también procuraban satisfacer a los estudiantes que permanecían constantemente al servicio de la Madre de los Creyentes. Una estudiante de este tipo, Aisha bint Talha, narró:

Será en árabe

«La gente venía ante Hazrat Aisha (que Allah esté complacido con ella) desde todas las ciudades. Debido a mi relación con ella, los ancianos venían a visitarme. Los jóvenes entablaban conmigo una relación fraternal. La gente me enviaba regalos y escribía cartas desde distintas ciudades. Yo se los presentaba a Hazrat Aisha (que Allah esté complacido con ella) y le decía: “¡Tía querida! Esta es la carta y el regalo de fulano”. Ella decía: “¡Hija mía! Respóndele y envíale tú también algo a cambio”».

Naturalmente, la afluencia de mujeres era mayor que la de hombres. Al resolver las cuestiones jurídicas relacionadas con las mujeres, les decía de inmediato: «Informad también a los hombres». Una vez llegaron unas mujeres de Basora. Ella les dio algunos consejos y les dijo: «Informaréis a los hombres». Me da vergüenza hablarles de muchas cosas; decidles que se purifiquen con agua.

Las mujeres, los niños menores y los hombres ante quienes Hazrat Aisha (que Allah esté complacido con ella) no tenía que observar el velo se sentaban todos en la mezquita situada dentro de la habitación, mientras que los demás se sentaban fuera de la habitación, en la Mezquita del Profeta. Se tendía un velo en la puerta. Ella se sentaba detrás del velo. La gente hacía preguntas y ella respondía. En algunas cuestiones jurídicas se producían debates entre la maestra y los estudiantes. A veces ella misma explicaba detalladamente alguna cuestión, y la gente escuchaba atentamente en silencio. También vigilaba cuidadosamente el lenguaje, la forma de expresión y la correcta pronunciación de sus estudiantes. Una vez llegaron dos sobrinos suyos. Eran hijos de dos madres diferentes. El lenguaje de uno de ellos no era muy correcto; cometía bastantes errores al hablar. Hazrat Aisha (que Allah esté complacido con ella), señalando sus errores, le dijo: «¿Por qué no hablas con un lenguaje como el que emplea este sobrino nuestro? Sí, ya lo entiendo: a él le enseñó su madre y a ti te enseñó la tuya». Cabe señalar que la madre de aquel cuyo lenguaje no era correcto era una esclava.

Además de los estudiantes ocasionales mencionados anteriormente, ella criaba y educaba bajo su propia supervisión a niños y niñas pequeños de diversas familias, así como a niños huérfanos. En ocasiones permitía entrar en su casa, no a niños, sino a jóvenes ya adultos, debido a que eran hermanos de leche o nietos de leche suyos. En cambio, los hombres no-mahram a quienes no se permitía entrar en la casa lamentaban verse privados de una buena oportunidad para adquirir conocimiento. Qubaysa decía: «La razón por la que Urwa me superó en conocimiento es que podía entrar en el interior de la casa de Aisha (que Allah esté complacido con ella)». El célebre imán iraquí Najai tuvo en su infancia la oportunidad de estar en compañía de Hazrat Aisha (que Allah esté complacido con ella). Por ello, sus contemporáneos lo envidiaban.

La honorable ‘Aisha (que Allah esté complacido con ella) acudía al hajj cada año. Su tienda se instalaba en el lugar situado entre los montes Hira y Sabir. Los sedientos de conocimiento procedentes de lugares lejanos se agolpaban junto a aquella tienda. A veces se sentaba en el recinto de la Kaaba, bajo el techo de Zamzam, y los sedientos de conocimiento se reunían a su alrededor. Cuando caminaba, las mujeres la rodeaban por todos lados. Caminaba delante, como un imán, y las demás la seguían. La gente le pedía soluciones para diversos asuntos jurídicos y quería disipar sus dudas; ella les daba las respuestas y eliminaba sus incertidumbres. Animaba a la gente a formularle cualquier tipo de pregunta. Decía: «Podéis preguntarme lo mismo que podéis preguntar a vuestra madre». En una ocasión habló de esa misma manera al honorable Abu Musa al-Ash‘ari (que Allah esté complacido con él). Decía: «Yo soy vuestra madre». En verdad, educaba a sus alumnos como una madre. Educó con afecto maternal a ‘Urwa, Qasim, Abu Salama, Masruq y Safiyya. Acogía a los niños y niñas como si fueran sus propios hijos y asumía personalmente todos sus gastos. Con algunos alumnos se comportaba de manera tan maternal que incluso sus familiares sentían celos al verlo. El honorable ‘Abdullah ibn al-Zubayr (que Allah esté complacido con él) era un sobrino muy querido de la honorable ‘Aisha (que Allah esté complacido con ella). En cierta ocasión le dijo a Aswad, uno de los discípulos de su tía: «Dime también algunos de los secretos que la Madre de los Creyentes te confiaba».

Los discípulos de la honorable ‘Aisha (que Allah esté complacido con ella) la respetaban profundamente. La honorable ‘Amara era hija de los ansaríes. Llamaba tía materna a la honorable ‘Aisha (que Allah esté complacido con ella). El imán al-Sha‘bi dijo: «‘Aisha (que Allah esté complacido con ella) tomó a Masruq ibn al-Ajda‘ como hijo». Innumerables personas recibieron conocimiento del tesoro de saber de la honorable ‘Aisha (que Allah esté complacido con ella). Sin embargo, a continuación se ofrece una breve semblanza de algunos de aquellos que crecieron bajo su supervisión directa desde la infancia y que más tarde fueron reconocidos por los muhaddizun como verdaderos transmisores del conocimiento de ‘Aisha (que Allah esté complacido con ella):

1. ‘Urwa: Su padre era al-Zubayr (que Allah esté complacido con él) y su madre, Asma bint Abi Bakr (que Allah esté complacido con ella). Su abuelo materno era el honorable Abu Bakr (que Allah esté complacido con él), y su tía materna, la honorable ‘Aisha (que Allah esté complacido con ella). Su tía lo crió con gran cariño. Fue uno de los máximos eruditos y hombres eminentes de Medina. El imán al-Zuhri y muchos otros fueron sus alumnos. Se le considera un imán en la sira y en la ciencia de las campañas militares. El imán al-Zuhri dijo: «Lo vi como un océano inagotable». En el conocimiento de las narraciones de la honorable ‘Aisha (que Allah esté complacido con ella), del fiqh y de las fatwas, no había en aquella época nadie más erudito que él. Falleció en el año 94 de la hégira.

  1. Qasim ibn Muhammad: Su abuelo era el honorable Abu Bakr al-Siddiq (que Allah esté complacido con él), y su tía paterna, la honorable ‘Aisha (que Allah esté complacido con ella). Creció desde pequeño bajo el afecto de su tía y recibió educación de ella. Al llegar a la madurez, se convirtió en uno de los imanes del fiqh de Medina. Fue uno de los miembros del consejo de los siete juristas que existía en Medina. Abu al-Ziyad dijo: «No he visto a ningún jurista más grande que Qasim, ni he conocido a nadie más sabio que él en el conocimiento de la Sunna». Ibn ‘Uyayna dijo: «Qasim era el mayor erudito de su tiempo». Falleció en el año 106 de la hégira, según otra opinión, en el 107.
  2. Abu Salama: Era hijo del célebre compañero del Profeta ‘Abd al-Rahman ibn ‘Awf (que Allah esté complacido con él). Tras la muerte de su padre, cuando aún era pequeño, creció bajo el afecto de la honorable ‘Aisha (que Allah esté complacido con ella). Fue uno de los más grandes eruditos de Medina de su tiempo. El imán Zuhri dijo: «Encontré a cuatro hombres semejantes a mares: ‘Urwa ibn al-Zubayr, Ibn al-Musayyab, Abu Salama y ‘Ubaydullah ibn ‘Abdullah». Falleció en el año 94 de la hégira, según otra opinión, en el 104.
  3. Masruq ibn al-Ajda‘: Su padre era un célebre jinete del Yemen. El famoso héroe árabe ‘Amr ibn Ma‘dikarib era su tío materno. El imán al-Dhahabi narró, por medio de al-Sha‘bi, que la honorable ‘Aisha (que Allah esté complacido con ella) tomó a Masruq como hijo. Ibn Sa‘d narró que, en cierta ocasión, cuando fue a visitar a la Madre de los Creyentes, ‘Aisha (que Allah esté complacido con ella), ella ordenó preparar una bebida para Masruq. Dijo: «Preparad una bebida para mi hijo». La mayoría de los hadices que narró de ‘Aisha (que Allah esté complacido con ella) fueron registrados por el imán Ahmad en su Musnad y por el imán al-Bujari en su obra al-Yami‘. No conozco a nadie más ávido de conocimiento que él. Era un muftí más eminente incluso que el juez Shurayh. El juez Shurayh consultaba con él; Masruq, en cambio, no tenía necesidad de consultar al juez Shurayh. Desempeñó el cargo de juez de Kufa, pero no aceptaba remuneración alguna. Era un devoto de elevado rango. Abu Ishaq dijo: «En cierta ocasión partió para realizar el hajj. Desde que salió de su casa hasta que regresó, no durmió salvo mientras estaba postrado en sujud». Su esposa dijo: «Sus pies se hinchaban de permanecer de pie durante la oración». Falleció en el año 63 de la hégira.

5. ‘Amara bint ‘Abd al-Rahman: Era nieta del célebre compañero ansarí As‘ad ibn Zurara (que Allah esté complacido con él). Entre las mujeres, fue el mejor ejemplo de la educación y formación impartidas por la honorable ‘Aisha (que Allah esté complacido con ella). Los muhaddizun pronuncian su nombre con gran devoción y respeto. Ibn Hibban dijo: «Era la mujer que poseía mayor conocimiento de los hadices de ‘Aisha (que Allah esté complacido con ella)». Sufyan al-Thawri dijo: «Los hadices de ‘Amara, Qasim y ‘Urwa son los hadices más sólidos y acreditados de ‘Aisha (que Allah esté complacido con ella)». La respetaba y la honraba. Según la narración del imán al-Bujari, era la secretaria de la Madre de los Creyentes. La gente le enviaba a la honorable ‘Aisha (que Allah esté complacido con ella) regalos, presentes y cartas por medio de ella.

  1. Safiyya bint Shayba: Safiyya era hija de Shayba, el guardián de la Kaaba. Sus narraciones están recopiladas en casi todos los libros de hadices. En las cadenas de transmisión se la identifica como «Safiyya, hija de Shayba, discípula especial de ‘Aisha (que Allah esté complacido con ella)» o como «la que acompañó a ‘Aisha (que Allah esté complacido con ella)». La gente acudía a ella para preguntarle sobre diversos asuntos jurídicos y sobre los hadices de la honorable ‘Aisha (que Allah esté complacido con ella). Abu Dawud dijo:

Será en árabe

—Salí con ‘Adī ibn ‘Adī al-Kindī con el propósito de realizar el hayy. Después de llegar a La Meca, él me envió con Safiyya bint Shayba. Ella había escuchado hadices de Hazrat ‘A’isha (que Allah esté complacido con ella) y los había memorizado.

7. ‘A’isha bint Talha (que Allah esté complacido con ella): era hija del célebre compañero Talha. Hazrat Abū Bakr as-Siddīq (que Allah esté complacido con él) era su abuelo materno y Hazrat ‘A’isha (que Allah esté complacido con ella), su tía materna. Se crio bajo la tutela de su tía. Abū Zur‘a ad-Dimashqī dice que la gente narró hadices transmitidos por ella al observar su honor, dignidad y buenos modales.

  1. Mu‘ādhā bint ‘Abdillāh al-‘Adawiyya: era una mujer de Basora. Tuvo el honor de ser discípula de Hazrat ‘A’isha (que Allah esté complacido con ella). Narró muchos hadices con las mismas palabras de Hazrat ‘A’isha (que Allah esté complacido con ella). Era una devota de elevado rango. Después de la muerte de su esposo, nunca volvió a dormir en una cama. Aquí solo se han mencionado los nombres y breves biografías de unas pocas personas. Además, hubo muchas otras.

Aunque ya se ha hablado anteriormente, en cierta medida, del interés y la competencia de Hazrat ‘A’isha (que Allah esté complacido con ella) en medicina, historia, literatura, poesía y oratoria, considero necesario tratar algunos aspectos más por separado. Los discípulos y alumnos de Hazrat ‘A’isha (que Allah esté complacido con ella) narraron que dominaba bastante bien la historia, la oratoria, la literatura y la poesía. En cuanto a la medicina, poseía conocimientos moderados. Relato de Hishām ibn ‘Urwa:

Será en árabe

«No he visto a nadie más versado que ‘A’isha (que Allah esté complacido con ella) en el Corán, las leyes de la herencia, lo lícito y lo ilícito (fiqh), la poesía, la historia de los árabes y la genealogía (nasab)».

‘Urwa también dice: «No he encontrado a nadie más experimentado que ‘A’isha (que Allah esté complacido con ella) en medicina». En la Arabia de aquella época no se practicaba ni se difundía adecuadamente la medicina. El médico más importante de los árabes de entonces era al-Hārith ibn Kalada. Además, había muchos otros médicos de menor rango por toda Arabia. Esto es lo que se entendía por medicina en la sociedad árabe de aquella época: el grado de práctica médica que suele existir en una sociedad iletrada; conocer algunas propiedades de las plantas y ciertos remedios probados para los enfermos, y cosas semejantes. Una persona preguntó a Hazrat ‘A’isha (que Allah esté complacido con ella): «Acepto que recites poesía; como eres hija de Abū Bakr (que Allah esté complacido con él), puedes hacerlo. Pero ¿cómo adquiriste estos conocimientos de medicina?». Ella respondió: «En la última etapa de su vida, el Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) solía enfermar. Venían médicos árabes y yo memorizaba los medicamentos que mencionaban». Podemos comprender que la medicina de ellos se encontraba en ese nivel. Además, ella había memorizado las prescripciones de algunos otros pacientes. En aquella época, las mujeres musulmanas acompañaban al Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) en las batallas; vendaban y atendían a los soldados heridos. La propia ‘A’isha (que Allah esté complacido con ella) atendió a los soldados heridos en la batalla de Uhud. Esto permite comprender que las mujeres musulmanas de aquella época poseían conocimientos de esta disciplina suficientes para atender las necesidades básicas.

Su Excelencia Abu Bakr era un gran conocedor de la historia de la antigua Arabia, de las costumbres y tradiciones de la época de la ignorancia y de la genealogía de las diversas tribus y clanes árabes. Su Excelencia Aisha era su hija. Puede decirse que heredó de su padre sus conocimientos. Por eso oímos decir a Su Excelencia Urwa: «No he visto a nadie más versado que Aisha en la historia de los árabes y la genealogía». Ella transmitió muchos datos importantes sobre las costumbres, tradiciones y condiciones sociales de la Arabia preislámica, que fueron recopilados en los libros de hadices. Por ejemplo, cuántos tipos de matrimonio existían en Arabia, cómo eran los procedimientos de divorcio, qué se cantaba durante las bodas, qué días ayunaban, dónde se instalaban los coraixíes durante el Hayy, qué palabras pronunciaban al contemplar el rostro del difunto, etcétera. Sus narraciones sobre estos temas se encuentran en obras como Sahih al-Bujari, Tirmidhi y el Musnad de Ahmad.

Aisha también relató la sangrienta batalla de Bu‘az entre los ansar de Medina, en la época anterior al islamismo⁴⁰¹, y habló de las creencias religiosas de los politeístas y de sus divinidades. Por ejemplo, adoraban el ídolo del monte Mushallal⁴⁰². También ofreció una descripción detallada de algunos acontecimientos sumamente importantes del islam: el comienzo de la revelación, cómo se producía esta, cuál era el estado del Mensajero de Allah durante la revelación, diversos acontecimientos de los primeros tiempos de la profecía, la Hégira y el incidente de la calumnia que afectó a su propia vida, entre otros⁴⁰³. Lo interesante es que, mientras las personas adultas que estuvieron involucradas en esos acontecimientos o los presenciaron los describieron en unas pocas frases breves, el relato de Aisha ocupa varias páginas en los libros de hadices. Y eso que, cuando ocurrieron muchos de aquellos hechos, ella era una niña o, a lo sumo, apenas una adolescente. Ella describió cómo y en qué orden fue revelado el Corán, así como el modo de realizar la oración⁴⁰⁴. Además, fue a través de ella como los habitantes del mundo conocieron en detalle el estado del Mensajero de Allah durante sus últimos momentos, los preparativos de su amortajamiento y entierro, el número y las medidas de las telas del sudario, y otros asuntos⁴⁰⁵. No solo eso: también nos transmitió lo que ocurría en los campos de batalla. Escuchamos de sus propios labios el relato de la batalla de Badr⁴⁰⁶, la situación en Uhud, algunos acontecimientos de la batalla del Foso y de Banu Qurayza⁴⁰⁷, la forma de la oración del temor durante la batalla de Dhat al-Riqa‘, la promesa de fidelidad de las mujeres con ocasión de la conquista de La Meca, una parte de los acontecimientos del Hayy de la Despedida, y otros hechos. Ella nos transmitió las oraciones nocturnas del Mensajero de Allah, su vida doméstica, sus modales y su carácter, así como su conducta y comportamiento. Incluso nos contó cuál fue el día más difícil de la vida del Mensajero de Allah⁴⁰⁸. En suma, presentó ante nosotros una imagen clara y exacta de la vida del Profeta. También relató el califato de Abu Bakr, las reclamaciones de Fátima y de las demás esposas del Mensajero de Allah, la promesa de fidelidad y otros asuntos⁴⁰⁹.

Es cierto que sus conocimientos sobre la historia del islam se basaban en su experiencia personal. Muchas cosas habían ocurrido ante sus propios ojos. Pero ¿de quién conoció la situación de la Arabia preislámica? Sin duda, la escuchó de labios de su padre, Abu Bakr.

Literatura

Numerosas narraciones muestran que Aisha era una mujer de elocuencia excepcional. Su habla era sumamente clara, pura y fluida. Musa ibn Talha fue uno de sus discípulos. El imán Tirmidhi, en el capítulo «Humanidad», registra este comentario suyo:

Será en árabe

Relató lo siguiente. Su significado es: «No he visto a nadie más elocuente y puro en su lenguaje que Aisha». En el Mustadrak de al-Hakim se recoge una observación de Ahnaf ibn Qays. Dijo: «Nunca he oído palabras mejores que la maravillosa expresión y el poderoso discurso de Aisha. Entre los cientos de hadices transmitidos de Aisha también se han conservado muchas narraciones expresadas con sus propias palabras. Al leerlas se percibe en ellas una forma artística admirable. En ellas se observa un uso acertado de las metáforas, las comparaciones y las imágenes figuradas. Por ejemplo, al describir el descenso de la revelación sobre el Mensajero de Allah, dijo:⁴¹⁰»

Será en árabe

Es decir: «Al principio, el Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) recibía la revelación mediante sueños verídicos mientras dormía. Cualquier sueño que veía resplandecía como la luz del amanecer». Hazrat ‘Aisha (que Allah esté complacido con ella) comparó los sueños verídicos del Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) con la luz y el resplandor del amanecer. Cuando recibía la revelación, el rostro bendito del Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) se cubría de sudor. Ella comparó las gotas de ese sudor con brillantes perlas. Cuando los hipócritas difundieron calumnias contra él y mancharon su honor, en su relato encontramos una hermosa descripción de lo insoportables que se volvieron aquellos días. Al describir cómo transcurrió una noche de su vida en aquella época, dijo:⁴¹¹

Será en árabe

Es decir: «Lloré toda la noche. Mis lágrimas no se secaron hasta la mañana, y no me apliqué en los ojos el kohl del sueño». Pasó aquella noche sin dormir y derramando lágrimas, pero en vez de decirlo directamente, lo expresó mediante una hermosa imagen. Comparó la llegada del sueño a los ojos con la aplicación de kohl. Solo quien posee un dominio extraordinario del lenguaje puede expresarse así. En cierta ocasión preguntó al Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz): «¡Oh, Mensajero de Allah! Si hubiera dos pastizales, uno de los cuales ya hubiera sido pastado por los animales y el otro permaneciera completamente protegido, ¿cuál de los dos preferirías?». En realidad, quería saber cuál prefería: a una mujer que hubiera tenido relaciones conyugales o a una que no las hubiera tenido. Quería conocer el deseo del Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) con respecto a ella misma, pero, en lugar de expresarlo directamente, lo explicó de manera admirable mediante una parábola. Cabe señalar que, entre las esposas del Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz), ‘Aisha (que Allah esté complacido con ella) fue la única virgen. Todas las demás eran viudas o mujeres divorciadas.

Hazrat ‘Aisha (que Allah esté complacido con ella) conocía muchas historias populares de la antigua Arabia y sabía relatarlas bellamente. En algunos libros de hadices se han narrado un par de historias que ella contó. Un día relató a su esposo, el Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz), una larga historia sobre once hermanas árabes. El Mensajero (que Allah le bendiga y le conceda paz) escuchó su historia con gran paciencia.⁴¹² En este relato se aprecia su admirable manera de expresarse y su capacidad artística. Abundan los juegos de palabras y los adornos retóricos.

La oratoria y el discurso:

Solo las personas elocuentes y diestras en el uso de las palabras pueden pronunciar discursos y alocuciones. Es una cualidad concedida por Dios. Es un arte extraordinario para persuadir a la gente y hacer que adopte una opinión. Desde los tiempos más remotos hasta la actualidad, este arte se ha practicado entre todos los pueblos y grupos del mundo. Entre los antiguos árabes se practicaba ampliamente. La historia recoge a los grandes oradores de la Arabia preislámica y sus sermones o discursos. Por diversas razones y necesidades, durante la época islámica esta disciplina de la predicación experimentó un amplio desarrollo y florecimiento. Se extendió también entre las mujeres, superando los límites del ámbito masculino. Hazrat ‘Aisha (que Allah esté complacido con ella) fue una de las grandes oradoras entre las mujeres. En las antiguas fuentes de la literatura árabe se han recopilado numerosos sermones y discursos de Hazrat ‘Aisha (que Allah esté complacido con ella). Los discursos que pronunció durante el tumulto de la Batalla del Camello fueron recopilados en la Historia de Tabari. Ibn ‘Abd Rabbih al-Ándalusí citó algunos de ellos en su célebre obra Al-‘Iqdu l-Farid.⁴¹³

Así como la elocuencia y la pureza del lenguaje son cualidades esenciales de un buen orador, también es necesario que posea una pronunciación clara, una voz potente y gravedad en la expresión. La voz de Hazrat ‘Aisha (que Allah esté complacido con ella) era precisamente así. Tabari relató:⁴¹⁴

Será en árabe

«Hazrat Aisha (r.a.) pronunció un discurso. Tenía una voz potente. El tono de su voz impresionaba a la mayoría de la gente, como la voz de una mujer noble.»

Ahnaf ibn Qays fue un famoso tabi‘í. Probablemente tuvo la oportunidad de escuchar uno de los discursos de Hazrat Aisha (r.a.) en Basora. Comentó: «He escuchado los discursos de Hazrat Abu Bakr (r.a.), Hazrat Umar (r.a.), Hazrat Uthman (r.a.), Hazrat Ali (r.a.) y de todos los califas hasta ese momento; pero la belleza adornada y la fuerza que tenían las palabras salidas de la boca de Aisha (r.a.) no se encontraban en las palabras de nadie más». Allama Sayyid Sulayman Nadwi, citando el comentario de Ahnaf ibn Qays, dice: «En mi opinión, estas palabras de Ahnaf ibn Qays no están exentas de exageración; sin embargo, no hay duda de que Aisha (r.a.) era una oradora fluida y elocuente».⁴¹⁵

Hazrat Amir Muawiya (r.a.) y Musa ibn Talha hicieron exactamente el mismo comentario que Ahnaf. La fuerza emotiva y el fervor presentes en los numerosos discursos que pronunció durante la Batalla del Camello son prácticamente incomparables. Ya hemos presentado anteriormente la traducción de uno de sus discursos al tratar la Batalla del Camello. Aquí concluiremos esta exposición citando brevemente otro de sus discursos de aquella época.

Cuando Hazrat Aisha (r.a.) llegó a Basora acompañada por Hazrat Talha y Zubayr (r.a.), los habitantes de Basora se reunieron en Al-Mirbad. Al dirigirse a la multitud reunida, primero pronunció un discurso Talha (r.a.) y después Zubayr. Finalmente, habló Hazrat Aisha (r.a.). Primero alabó a Allah y ofreció bendiciones y saludos al Mensajero (que Allah le bendiga y le conceda paz). Luego dijo:⁴¹⁶

Será en árabe

«La gente hablaba de los delitos de Uthman (r.a.) y culpaba a sus empleados y funcionarios. Venían a Medina, nos informaban de todo tipo de cosas sobre ellos y nos pedían consejo. Examinábamos los asuntos. Veíamos a Uthman (r.a.) como un hombre puro, temeroso de Allah y cumplidor de sus compromisos. En cambio, los acusadores nos parecían pecadores, embusteros y mentirosos. Intentaban hacer lo contrario de lo que decían con sus bocas. Cuando adquirieron fuerza suficiente para enfrentarse a él, se alzaron unidos contra él. Lo atacaron en su propia casa. Hicieron lícito derramar la sangre que era inviolable, y declararon lícito, sin vacilación ni motivo alguno, saquear los bienes y profanar la ciudad, cosas que eran ilícitas. ¡Escuchad! Lo que ahora debe hacerse, y lo único que debéis hacer, es capturar a los asesinos de Uthman (r.a.) y aplicarles el mandato del Libro de Allah». Después recitó el versículo 23 de la sura Al Imran:

«¿No has visto a quienes recibieron una parte del Libro? Se les invitó al Libro de Allah para que este juzgara entre ellos, pero un grupo de ellos volvió la espalda y se apartó.»

En Basora pronunció otro discurso ardiente. Anteriormente ya se ha presentado la traducción de una parte de él. Cada palabra y cada frase de aquel largo discurso parecía infundir una intensa emoción y entusiasmo, cautivando a los oyentes. Aquí se presentan unas cuantas líneas en sus propias palabras.⁴¹⁷

Será en árabe

«¡Oh, gente, callad, callad! Ciertamente, tenéis conmigo una deuda de madre y yo tengo derecho a aconsejaros. Nadie puede acusarme de deshonra, excepto quien desobedece a su Señor. El Mensajero de Allah —que Allah le bendiga y le conceda paz— falleció con la cabeza apoyada en mi pecho. En el Paraíso seré una de sus esposas. Mi Señor me reservó para él y me mantuvo pura, apartada de los demás. Por medio de mí, Allah distinguió a vuestros hipócritas de vuestros creyentes. Por medio de mí, Allah os concedió la facilidad del tayammum en la tierra de Abwa. Después, mi padre fue el segundo de dos en la cueva del monte Zawr, mientras Allah era el tercero. Él fue el primero en recibir el título de Siddiq. El Mensajero de Allah —que Allah le bendiga y le conceda paz— abandonó este mundo estando complacido con él… Sí, ahora me he convertido en el centro de las preguntas de la gente: ¿cómo salí con un ejército? Con ello no pretendía buscar ningún pecado ni promover la fitna y la corrupción…»

Cartas

En las fiables compilaciones antiguas de la literatura árabe se encuentran numerosas cartas importantes de Aisha —que Allah esté complacido con ella—. Ella escribió esas cartas, en diferentes ocasiones, a diversas personalidades importantes. Ahora bien, la cuestión es si escribió estas cartas de su propia mano; no existe ninguna prueba de que sus ideas y su lenguaje no fueran los de Aisha —que Allah esté complacido con ella—. Por ello, los eruditos de la antigüedad de la literatura árabe, considerando el valor literario de estas cartas de Aisha —que Allah esté complacido con ella—, las incluyeron en sus propias obras. En el cuarto volumen de la famosa compilación de Ibn Abd Rabbih al-Andalusí, Al-Iqd al-Farid, se recopilaron muchas de sus cartas. Por ejemplo, al llegar a Basora, escribió al líder de aquel lugar, Zayd ibn Suhan:⁴¹⁸

Será en árabe

«De Umm al-Mu’minin Aisha —que Allah esté complacido con ella— a su leal hijo Zayd ibn Suhan. La paz sea contigo. Después: tu padre fue un jefe en la época de la ignorancia y también en la época islámica. Tú, por tu parte, te encuentras en la posición de un orante masbuq, que puede decirse que ha alcanzado casi o ciertamente al resto de la oración. Tú, por tu parte, te encuentras en la posición de un orante masbuq, que puede decirse que ha alcanzado casi o ciertamente al resto de la oración. Sabes qué calamidad ha surgido en el islam a causa del asesinato de Uzmán ibn Affán. Cuando recibas esta carta mía, impedirás que la gente apoye a Alí ibn Abi Talib. Permanece en tu casa hasta que mi orden llegue a ti. Y la paz sea contigo.»

Merece la pena examinar un poco la respuesta que Zayd ibn Suhan dio a la carta anterior de Aisha, la Madre de los Creyentes —que Allah esté complacido con ella—. Presentamos aquella carta y concluimos con este asunto. Zayd ibn Suhan escribe:⁴¹⁹

Será en árabe

«De parte de Zayd ibn Suhan para la Madre de los Creyentes, Aisha. La paz sea contigo. Después de esto, a ti se te ha ordenado hacer ciertas cosas, mientras que a nosotros se nos ha ordenado hacer otras. A ti se te ha ordenado permanecer en casa, y a nosotros se nos ha ordenado combatir contra la gente hasta que desaparezca la fitna. Tú has abandonado aquello que se te ordenó hacer y nos has escrito para que nos abstengamos de aquello que se nos ordenó hacer. Y la paz sea contigo.»

El amor de la honorable Aisha por la poesía

Los árabes de la época preislámica eran un pueblo amante de la poesía. La influencia de los poetas y de la poesía en su vida individual y social era inmensa. Para ellos, el poeta ocupaba el lugar más elevado de todos. Consideraban que el poeta y el profeta pertenecían a la misma categoría de personas. Por eso también calificaron de poeta al Mensajero de Allah. Ibn Rashiq al-Qayrawani, al describir el lugar y la dignidad del poeta en la Arabia de la Yahiliyya, dijo:⁴²⁰

Será en árabe

«Cuando un poeta alcanzaba renombre en una tribu árabe, los miembros de las demás tribus acudían a felicitar a esa tribu. Se preparaban diversos tipos de alimentos. Las mujeres se reunían y tocaban instrumentos, como en las celebraciones nupciales. Los hombres y los niños y jóvenes acudían para manifestar su alegría. Esto se debía a que el poeta era el protector de su honor y dignidad, el defensor de su linaje y el divulgador de su nombre y fama.»

Al estudiar la historia de la literatura árabe antigua, se observa que en la Arabia de la Yahiliyya parecía fluir una inundación de actividad poética. Se encuentran los nombres de innumerables poetas, tantos que no podrían contarse. Ibn Qutayba dijo:⁴²¹

Será en árabe

«Los poetas —aquellos que alcanzaron fama por su poesía en sus sociedades y tribus, tanto durante la Yahiliyya como durante la época islámica— son tan numerosos que nadie podría contarlos.»

También dijo:⁴²²

Será en árabe

«Son muy pocos los que no compusieron poesía; si quisiéramos mencionar sus nombres, podríamos mencionar los nombres de la mayoría de la gente».

El célebre compañero Anas ibn Malik (que Dios esté complacido con él), servidor del Mensajero de Dios (que Dios le bendiga y le conceda paz), dijo:⁴²³

Será en árabe

Es decir: «Cuando el Mensajero de Dios (que Dios le bendiga y le conceda paz) llegó a nuestro territorio, se recitaba poesía en cada hogar de los ansar».

En suma, un poeta árabe podía, mediante su poesía, encender un fuego en un lugar y, del mismo modo, hacer llover el agua de la vida en otro. Esta cualidad no estaba vinculada únicamente a los hombres; también las mujeres estaban dotadas de ella. Antes del islam y durante cien años después del islam, esta cualidad característica de los árabes estuvo plenamente presente entre los musulmanes. Se conocen innumerables mujeres de aquella época que demostraron tal maestría en la composición de poesía y música que sus obras se convirtieron en otras tantas bellezas del mundo de la poesía árabe.

La Madre de los Creyentes, Aisha (que Dios esté complacido con ella), nació en una época de la historia cultural de Arabia como esta. En su propia familia también se cultivaba la poesía. Su padre, Abu Bakr (que Dios esté complacido con él), era poeta.⁴²⁴ El célebre tabi‘í Sa‘id ibn al-Musayyib dijo:⁴²⁵

En árabe será:

«Abu Bakr (RA) era poeta. ‘Umar (RA) era poeta. Y ‘Ali (RA) era el mejor poeta de los tres.»

Por lo tanto, puede decirse que adquirió el conocimiento de la poesía de su padre. Sus comentarios y opiniones sobre la forma, el contenido, las imágenes poéticas y otros aspectos de la poesía demuestran la profundidad de su conocimiento de esta disciplina. Uno de sus discípulos, admirador suyo, al-Miqdad ibn al-Aswad, dijo:

En árabe será:

«Entre los compañeros del Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él), no conozco a nadie que tuviera más conocimiento que ‘A’ishah (RA) de la poesía y de la ciencia de las leyes sucesorias.»

Hazrat ‘Urwah ibn al-Zubayr dijo exactamente lo mismo.⁴²⁷ Otro de sus discípulos dijo: «No me sorprende el conocimiento de la poesía de ‘A’ishah (RA), porque es hija de Abu Bakr (RA).»

Hazrat ‘A’ishah (RA) también era poeta. Tras la muerte de su padre, compuso una elegía, algunos fragmentos de la cual fueron recopilados por el erudito al-Alusi en el segundo volumen de su obra Bulugh al-Arib.

El imán al-Bujari transcribió una narración de Hazrat ‘Urwah en su obra Al-Adab al-Mufrad. Dijo que Hazrat ‘A’ishah (RA) había memorizado una qasida completa de Hazrat Ka‘b ibn Malik (RA). Una qasida tenía aproximadamente cuarenta versos.⁴²⁸ Hazrat ‘A’ishah (RA) decía:⁴²⁹

Será en árabe

«Enseñad poesía a vuestros hijos. Así su lenguaje será más dulce.»

Aisha (que Allah esté complacido con ella) sabía de memoria muchos poemas de los poetas de la época de la ignorancia y de la época islámica. Presentaba esos poemas, o partes de ellos, en forma de citas cuando se le brindaba la ocasión. Muchos de los poemas o versos que ella transmitió fueron registrados en diversas colecciones de hadices. Un hombre preguntó a Aisha (que Allah esté complacido con ella): «¿Recitó alguna vez poesía el Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda la paz)?». Ella respondió: «Sí, recitaba algunos versos de Abdullah ibn Rawaha. Por ejemplo:»⁴³⁰

Será en árabe

«Aquel a quien envías sin provisiones regresará a ti con muchas noticias.»

Un día, el Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda la paz) oyó a Aisha (que Allah esté complacido con ella) recitar los siguientes dos versos del poeta Zuhayr ibn Janab:»⁴³¹

Será en árabe

«Levanta a tu débil, cuya debilidad jamás luchará contra ti. Después, recibirá el fruto de lo que haya adquirido.

Él te recompensará o te elogiará. Quien elogia tus obras es como quien te ha recompensado.»

Al escuchar estos dos versos, el Mensajero de Allah —que Allah le bendiga y le conceda paz— dijo: «¡Aisha! Ha dicho la verdad. Quien no agradece a las personas tampoco agradece a Allah.

Abu Kabir al-Hudhali era un poeta de la época de la ignorancia. Compuso un poema en elogio de su hijastro, el poeta Ta’abbata Sharran. Sus dos versos son los siguientes:432

Será en árabe

«Está libre de toda impureza del vientre de su madre y de todas las enfermedades de la nodriza. Cuando observes las fuertes venas y vasos sanguíneos de su rostro, los verás resplandecer como el relámpago que brilla durante una lluvia torrencial.»

Un día, Aisha —que Allah esté complacido con ella— recitó estos dos versos al Mensajero de Allah —que Allah le bendiga y le conceda paz— y dijo: «¡Oh, Mensajero de Allah! Usted es quien más merece estos dos versos». El Mensajero de Allah —que Allah le bendiga y le conceda paz— se alegró con sus palabras.

«Aisha —que Allah esté complacido con ella— solía citar como ejemplo los dos versos siguientes:433

Será en árabe

«Cuando el ciclo del tiempo, con sus calamidades y desgracias, pasa sobre una comunidad, se detiene al llegar al último de los nuestros. A quienes se alegran de nuestra desgracia, decidles: “¡Tened cuidado! Muy pronto vosotros también os enfrentaréis a ella, tal como nosotros lo hemos hecho”».

El hermano de Aisha, Abdurrahman ibn Abi Bakr, falleció en las proximidades de La Meca y fue enterrado en La Meca. Más tarde, cuando Aisha fue a La Meca, se puso junto a la tumba de su hermano y recitó los dos versos siguientes: 434

Será en árabe

«Nosotros dos permanecimos juntos durante mucho tiempo, como los dos compañeros del rey Jadhima. Tanto, que la gente solía decir de nosotros que jamás volveríamos a separarnos.

Pero cuando nos separamos, yo y Malik parecíamos no haber pasado juntos ni una sola noche, a pesar de haber convivido durante tanto tiempo».

Al principio, el clima de Medina no se adaptaba al organismo de los emigrantes de La Meca. Abu Bakr, Amir ibn Fuhayra, Bilal y muchos otros, incluso la propia Aisha, sufrieron fuertes fiebres después de llegar a Medina. En medio de la fiebre, de los labios de muchos de ellos brotaban versos de poesía. Aisha recordaba algunos de esos versos y los relató. Por ejemplo, cuando Abu Bakr sufría un acceso de fiebre, recitaba el siguiente verso: 435

Será en árabe

«Toda persona comienza el día entre su familia y sus allegados, aunque la muerte está más cerca de ella que los cordones de sus zapatos».

El honorable Bilal (que Allah esté complacido con él) recitaba en voz alta los dos versos siguientes, presa de la fiebre:

Será en árabe

«¡Ay! Si tan solo supiera que alguna noche pasaría en los valles de La Meca, con las hierbas de Hajzir y Jalil a mi alrededor! O que algún día deambularía por el estanque de Majanna, o que alguna vez contemplaría las dos montañas de Shama y Tufayl.»

Cuando preguntaban al honorable Amir ibn Fuhayra (que Allah esté complacido con él) acerca de su estado, recitaba este verso:⁴³⁶

Será en árabe

«He encontrado la muerte antes de probar el deleite. La muerte del cobarde pusilánime le llega desde arriba.»

En la batalla de Badr murieron muchos de los grandes líderes de los quraysh, y fueron arrojados al pozo de Badr. Los poetas de Quraysh compusieron numerosos cantos fúnebres llenos de emoción en su memoria. Muchos versos de aquellos poemas permanecían en la memoria de la honorable Aisha (que Allah esté complacido con ella), y ella también los transmitió. Ella transmitió asimismo los dos versos siguientes.⁴³⁷

Será en árabe

«¿Cuál es la situación de las numerosas bailarinas y de los nobles bebedores de vino que yacen en el pozo de Badr? Umm Bakr desea para ellos paz y seguridad. ¿Puede llegarme algún consuelo después de la muerte de los miembros de mi tribu?»

El honorable Sa‘d ibn Mu‘adh (que Allah esté complacido con él) solía recitar, durante la batalla de la Trinchera, un verso de una canción en el metro árabe rajaz, que la honorable ‘A’isha (que Allah esté complacido con ella) también había memorizado. Ella lo relató de la siguiente manera:

Será en árabe

«¡Ay! ¡Ojalá el camello alcanzara la batalla en poco tiempo! Cuando se aproxima la hora de la muerte, ¡qué hermosa es esa muerte!»

También podemos saber, por medio de la honorable ‘A’isha (que Allah esté complacido con ella), cómo respondían los poetas musulmanes de Medina cuando los poetas qurayshíes de La Meca componían poemas para vilipendiar al Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él). Ella relató que el Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: «Componed poemas para censurar a los qurayshíes. Estos poemas serán más eficaces contra ellos que los golpes de espada». El honorable ‘Abdullah ibn Rawaha (que Allah esté complacido con él) era poeta. Compuso un poema, pero no fue del agrado del Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él). Entonces ordenó al poeta Ka‘b ibn Malik (que Allah esté complacido con él) que escribiera un poema en respuesta a los qurayshíes. Finalmente llegó el turno del honorable Hassan ibn Thabit. Se presentó y dijo: «¡Oh, Mensajero de Allah! Juro por Aquel que te envió como profeta verdadero: los dejaré completamente deshechos, como la gente desgarra la piel». El Mensajero (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: «No hay necesidad de apresurarse. Abu Bakr es, entre todo el clan de Quraysh, el más conocedor de la genealogía de los qurayshíes. Yo también lo creo». Entonces fue a ver a Abu Bakr (que Allah esté complacido con él), se informó sobre los diversos pormenores y complejidades de los linajes, y regresó junto al Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) y dijo: «¡Oh, Mensajero de Allah! Los dejaré completamente humillados, como la gente arranca los cabellos de una masa de harina». Después, Hassan (que Allah esté complacido con él) recitó una qasida, uno de cuyos versos decía:

Será en árabe

«El nieto de Majzum es la cumbre del honor y la nobleza de la familia de Hashim; pero tu padre era un esclavo».

La honorable ‘A’isha (que Allah esté complacido con ella) dijo: «Oí decir al Mensajero de Allah: “¡Hassan! Mientras sigas defendiendo a Allah y a Su Mensajero, recibirás la ayuda del Espíritu Santo”». También relató: «Oí decir al Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él): “Hassan lo liberó de la tristeza y la preocupación al responderles”». Después de relatar todo esto, la Madre de los Creyentes también nos recitó esta qasida de Hassan: 438

Será en árabe

Tú has censurado a Muhammad, y yo he respondido a tu censura. Mi recompensa por ello está junto a Allah.

Tú censuras a Muhammad, quien es virtuoso, piadoso y Mensajero de Allah, y cuya naturaleza se caracteriza por cumplir las promesas y los compromisos.

Mis antepasados y mi honor son todos como un escudo para proteger el honor y la dignidad de Muhammad de vuestros ataques.

Ya sea que alguno de vosotros censure, elogie o ayude al Mensajero de Allah —que Allah lo bendiga y le conceda paz—, todo ello es igual para él.

Yibril está entre nosotros: él es el mensajero de Allah y el Espíritu Puro, nadie tiene igual a él.»

Cuando se enteró del estado de caos de Medina tras el martirio de Uthmán —que Allah esté complacido con él—, de sus labios se pronunció el siguiente verso:439

Será en árabe

«Si los líderes de mi pueblo hubieran seguido mi consejo, habría podido salvarlos de esta trampa y de la destrucción».

Después de llegar a Basora, se le oían recitar los siguientes dos versos:

Será en árabe

«Abandona la morada de los opresores, aunque allí el agua sea pura, y marcha como lo hacen los atemorizados.

Escoge un pastizal; después, pasta bajo el sol en el verde valle de Damad».

Como hemos mencionado anteriormente, los dos versos en metro rajaz que recitaron algunos valientes soldados en la batalla del Camello permanecieron en la memoria de Aisha (que Allah esté complacido con ella). En cierta ocasión, los recitó y lloró amargamente. Estos son los dos versos:

Será en árabe

«¡Oh, nuestra madre!, a quien conocemos como la mejor de las madres, ¿acaso no ves cuántos valientes han sido heridos y cuántas cabezas y manos han sido cortadas como hierba?»

Hisham ibn Urwa narró de su padre, Urwa. Aisha (que Allah esté complacido con ella) dijo: «Que Allah tenga misericordia y sea bondadoso con el poeta Labid».

Él solía decir: 440

Será en árabe

«Todos aquellos junto a quienes se podía vivir se han ido. Ahora sigo vivo entre sus descendientes, como un camello afectado por la lepra».

Después, Aisha (que Allah esté complacido con ella) dijo:

«¡Si él hubiera visto la situación de nuestra época, qué habría dicho! Puedo recitar mil versos de este tipo del poeta Labid. Sin embargo, eso es insignificante en comparación con la cantidad de versos que puedo recitar de otros poetas».

A partir de este comentario de Aisha (que Allah esté complacido con ella), podemos hacernos una idea de cuánto apreciaba la poesía, de cuánto dominaba esta disciplina y de cuántos cientos de versos árabes sabía de memoria. Al hablar de su contribución a la ciencia del hadiz, hemos visto la extraordinaria muestra de talento que dejó allí. En el caso de la poesía árabe se observa la misma excelencia.

Al ver el gusto poético y la capacidad de Aisha (que Allah esté complacido con ella) para apreciar la belleza artística, muchos poetas le recitaban sus poemas. Hasan ibn Zabit (que Allah esté complacido con él) era reconocido como el maestro de la poesía entre los ansar. Era natural que Aisha (que Allah esté complacido con ella) estuviera disgustada con él por su implicación en el incidente de la Ifk. A pesar de ello, se presentaba ante Aisha (que Allah esté complacido con ella) y le recitaba sus poemas.441 Aisha (que Allah esté complacido con ella) lo elogiaba y describía sus diversas virtudes. Además, en ese contexto, también mencionaba los nombres de los otros dos grandes poetas de las reuniones del Profeta (que Allah le bendiga y le conceda la paz): Kab ibn Malik (que Allah esté complacido con él) y Abdullah ibn Rawaha (que Allah esté complacido con él).442

En esencia, practicar la poesía no es ni bueno ni malo. La poesía también es una forma de discurso. Lo bueno o malo del discurso no depende del ritmo del poema, sino de su contenido. Si el contenido no es malo, no hay defecto alguno en ese poema. Lo mismo sucede con la prosa: lo bueno o malo depende de su contenido.

Hazrat ‘Aisha (que Allah esté complacido con ella) dijo exactamente algo semejante acerca de lo bueno y lo malo de la poesía:⁴⁴³

Será en árabe

«Algunos poemas son buenos y otros son malos. Acepta los buenos y abandona los malos».

Ella narró del Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él): «El mayor pecador es el poeta que difama a toda una tribu». Es decir, difamar a toda una tribu por las malas acciones de una o dos personas es simplemente una degradación de la moral y un mal uso del talento poético.

Finalmente, queremos decir que Hazrat ‘Aisha (que Allah esté complacido con ella) fue un talento tan extraordinario que resulta imposible describirlo y valorarlo en un espacio breve. Para exponer su vida y sus múltiples facetas se necesitaría una obra de gran extensión. En nuestro análisis hemos intentado presentar a los lectores algunos aspectos de su personalidad.

Hafsa bint ‘Umar ibn al-Jattab (que Allah esté complacido con ella)

Hafsa, Madre de los Creyentes (que Allah esté complacido con ella), era hija del segundo califa, ‘Umar ibn al-Jattab (que Allah esté complacido con él). Su madre, Zaynab bint Maz‘un, pertenecía a la tribu de Juza‘a y era hermana de sangre del célebre Compañero ‘Uthman ibn Maz‘un. Ella misma también era una Compañera. ‘Abdullah ibn ‘Umar y Hafsa (que Allah esté complacido con ambos) eran hermanos de padre y madre.¹ Hafsa era seis años mayor que ‘Abdullah.² Nació en La Meca cinco años antes de que el Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) recibiera la profecía. ‘Umar (que Allah esté complacido con él) dijo: «En aquel entonces, los qurayshíes de La Meca estaban ocupados reconstruyendo la Kaaba».³

Al llegar a la edad de casarse, su padre, ʿUmar ibn al-Jattab (que Allah esté complacido con él), la casó por primera vez con Junays ibn Hudhafa, miembro de la tribu de Banu Sahm. Junays fue uno de los primeros conversos al islam en La Meca. Emigró a Abisinia con el segundo grupo de emigrantes.⁴ Sin embargo, Musa ibn Uqba y Abu Maʿshar no mencionan su emigración a Abisinia.⁵ Desde allí regresó a La Meca y luego emigró nuevamente a Medina. Al llegar a Medina, se alojó en la casa de Rifaʿa ibn ʿAbd al-Mundhir, de la tribu de Banu ʿAmr ibn ʿAwf, en Quba.⁶

No se conoce con claridad cuándo aceptó Hafsa (que Allah esté complacido con ella) el islam. Sin embargo, se sabe con certeza que, inmediatamente después de que ʿUmar aceptara el islam, los miembros de su tribu y de su clan también lo aceptaron. Probablemente Hafsa aceptó el islam junto con los miembros de su familia en ese mismo momento.⁷

Emigró a Medina junto con su esposo. Poco después de llegar a Medina quedó viuda. En aquel momento aún no había cumplido veinte años.⁸ Existe cierta discrepancia sobre el momento de la muerte de Junays. Según la mayoría de los especialistas en la sira, participó en las batallas de Badr y Uhud. En Uhud sufrió heridas en varias partes del cuerpo y murió a causa de ellas después de regresar a Medina.⁹ Según otra opinión, estuvo con el Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) en Badr. Allí enfermó o fue herido, y murió en el segundo año de la Hégira, después de que el Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) regresara de Badr a Medina.¹⁰

Después de que su hija enviudara, su padre, ʿUmar (que Allah esté complacido con él), comenzó a pensar en casarla por segunda vez. Casualmente, por aquel entonces falleció Ruqayya (que Allah esté complacido con ella), hija del Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) y esposa de ʿUthman (que Allah esté complacido con él). ʿUmar (que Allah esté complacido con él) fue primero a ver a ʿUthman y le expresó su deseo de casarlo con Hafsa. ʿUthman pidió tiempo para pensarlo. Unos días después respondió: «En este momento no deseo casarme». Entonces ʿUmar (que Allah esté complacido con él) fue a ver a Abu Bakr (que Allah esté complacido con él) y le dijo: «Deseo casar a Hafsa contigo». Abu Bakr (que Allah esté complacido con él) guardó silencio y no respondió. ʿUmar (que Allah esté complacido con él) se sintió más herido por la actitud de Abu Bakr (que Allah esté complacido con él) que por la respuesta de ʿUthman (que Allah esté complacido con él). ʿUmar (que Allah esté complacido con él) se presentó ante el Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) y le expresó su pesar.¹¹ Ibn al-Athir dice que ʿUmar (que Allah esté complacido con él) primero se lo propuso a Abu Bakr (que Allah esté complacido con él), pero, al no recibir respuesta, se lo propuso a ʿUthman (que Allah esté complacido con él).¹²

Mediante el matrimonio con ʿAisha (que Allah esté complacido con ella), se creó un estrecho vínculo de parentesco entre Abu Bakr (que Allah esté complacido con él) y el Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz). Pero no existía ningún vínculo de parentesco con ʿUmar (que Allah esté complacido con él). Allah quiso que se estableciera tal vínculo mediante el matrimonio con Hafsa (que Allah esté complacido con ella). Al escuchar el pesar de ʿUmar (que Allah esté complacido con él), el Mensajero (que Allah le bendiga y le conceda paz) dijo: «Hafsa se casará con un hombre mejor que ʿUthman, y ʿUthman se casará con una mujer mejor que Hafsa».¹³ En otra narración se dice que el Mensajero (que Allah le bendiga y le conceda paz) dijo: «¿Acaso no quieres que te indique un yerno mejor que ʿUthman y a ʿUthman un suegro mejor que tú?». ʿUmar respondió: «¡Oh, Mensajero de Allah! Claro que sí». Entonces el Mensajero (que Allah le bendiga y le conceda paz) dijo: «Casa a tu hija Hafsa conmigo y yo casaré a mi hija Umm Kulthum con ʿUthman».¹⁴ Así quedó concertado el matrimonio. El padre de Hafsa, ʿUmar, actuó personalmente como su tutor matrimonial y celebró el matrimonio. El Mensajero (que Allah le bendiga y le conceda paz) entregó a Hafsa una dote de cuatrocientos dirhams.¹⁵

La razón por la que ʿUthman y Abu Bakr (que Allah esté complacido con ambos) no respondieron a la propuesta de ʿUmar (que Allah esté complacido con él) fue que habían oído al Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) hablar de Hafsa. Habían comprendido que él estaba interesado en casarse con Hafsa para honrar a ʿUmar (que Allah esté complacido con él). Sin embargo, no se atrevieron a comunicarle esto a ʿUmar por temor a que su interpretación pudiera ser equivocada.¹⁶ Por ello, después de que se celebrara el matrimonio de Hafsa con el Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz), Abu Bakr (que Allah esté complacido con él) se encontró un día con ʿUmar (que Allah esté complacido con él) y le dijo: «El Mensajero (que Allah le bendiga y le conceda paz) había mencionado un día a Hafsa, y no quise revelar su secreto. Aparte de eso, no había ninguna otra razón para no responder a tu propuesta».¹⁷

Existe cierta discrepancia entre los especialistas en la sira sobre cuándo tuvo lugar el matrimonio de Hafsa con el Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz). Esta diferencia se debe principalmente a la discrepancia sobre el momento de la muerte de su esposo. Ibn al-Athir dice que, según la mayoría de los eruditos, el matrimonio tuvo lugar en el tercer año de la Hégira.¹⁸ Según Abu ʿUbayda, tuvo lugar en el segundo año de la Hégira, y esa es también la opinión de Ibn ʿAbd al-Barr. Ibn Hayar menciona en su obra al-Isaba que la opinión del tercer año es la más aceptable, porque su primer esposo murió como mártir en Uhud. Algunos dicen que el matrimonio tuvo lugar veinticinco, o según otra opinión treinta, meses después de la Hégira. En algunas narraciones también se menciona que ocurrió después de veinte meses. Sin embargo, la batalla de Uhud tuvo lugar más de treinta meses después de la Hégira. Ibn Saʿd afirma enfáticamente que su primer esposo murió después de regresar de Badr. Ibn Sayyid al-Nas dice que el matrimonio tuvo lugar al cumplirse treinta meses de la Hégira, en el mes de Shaʿban.²⁰

Existe cierta discrepancia entre los especialistas en la sira sobre el año de la muerte de Hafsa (que Allah esté complacido con ella). Según la opinión más conocida, falleció en Medina en el mes de Shaʿban del año 45 de la Hégira. Era la época del califato del emir Muʿawiya (que Allah esté complacido con él), y Marwan era entonces el gobernador de Medina. Él dirigió la oración fúnebre, acompañó el féretro hasta el cementerio de Baqiʿ y permaneció sentado hasta que terminó el entierro. Llevó el féretro sobre sus hombros desde la casa de la familia de Al Hazm hasta la casa de al-Mughira; allí Abu Hurayra (que Allah esté complacido con él) ocupó su lugar y lo llevó sobre sus hombros hasta la tumba. El hermano de Hafsa (que Allah esté complacido con ella), ʿAbdullah ibn ʿUmar (que Allah esté complacido con él), y sus hijos —ʿAsim, Salim, ʿAbdullah y Hamza— bajaron el cuerpo a la tumba. Así fue enterrada en el cementerio de Baqiʿ. Esta opinión fue transmitida por al-Waqidi a través de Maʿmar, al-Zuhri y Salim.²¹ Sin embargo, Ibn al-Athir se inclina por la opinión de que Hafsa falleció en la época en que Hasan ibn ʿAli (que Allah esté complacido con ambos) prestó juramento de fidelidad a Muʿawiya (que Allah esté complacido con él). Eso ocurrió en el mes de Yumada al-Awwal del año 41 de la Hégira. Este año recibe el nombre de ʿAm al-Yamaʿa.

Según otra narración, murió en el año 27 de la Hégira, durante el califato de Uthmán (que Allah esté complacido con él). La base de esta opinión es que Wahab ibn Malik dijo que murió el año en que se conquistó África. Y África fue conquistada en el año 27 de la Hégira. Sin embargo, esto constituye un grave error, pues África fue conquistada dos veces. La primera conquista tuvo lugar en el año 27 de la Hégira, y la segunda durante el califato de Muawiya (que Allah esté complacido con él). El mérito de esta conquista correspondió a Muawiya ibn Hudayj (que Allah esté complacido con él).²² Al morir, Hafsa (que Allah esté complacido con ella) tenía 63 o 59 años.

Antes de morir, dio a su hermano Abdullah ibn Umar (que Allah esté complacido con él) el mismo consejo que su padre, Umar (que Allah esté complacido con él), le había dado en el momento de su muerte. La propiedad que su padre le había dejado en Gaba la convirtió en un waqf por la causa de Allah.²³ Hafsa (que Allah esté complacido con ella) no dejó hijos.²⁴

Aunque Hafsa (que Allah esté complacido con ella) no tuvo hijos, dejó muchos hombres y mujeres que gozaban de su afecto, habían escuchado hadices de ella y también los transmitieron. Entre los más destacados se mencionan: Abdullah ibn Umar, Hamza ibn Abdullah, Safiyya bint Abi Ubayda (esposa de Abdullah), al-Muttalib ibn Abi Wada‘a, Umm Mubashshir al-Ansariyya, Abd al-Rahman ibn al-Harith ibn Hisham, Abdullah ibn Safwan ibn Umayya, Shutayr ibn Shakal, Sawwa al-Juza‘i, al-Musayyib ibn Rafi‘, al-Majlaz y muchos otros.²⁵

Se han transmitido en total 60 hadices de Hafsa (que Allah esté complacido con ella). Ella los había escuchado directamente del Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) y de su padre, Umar (que Allah esté complacido con él).²⁶ Cuatro de los hadices que transmitió son muttafaq ‘alayhi, y seis fueron narrados exclusivamente por Bujari.²⁷

Hafsa (que Allah esté complacido con ella), al igual que todos los hombres y mujeres de la Arabia de aquella época, no había recibido una educación formal. Sin embargo, ¿quién podría haber sido un maestro mejor que su padre, Umar (que Allah esté complacido con él), y su esposo, el Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz)? Bajo su cuidado y tutela, nació en ella un intenso interés por adquirir conocimiento y comprender la religión. Su profundo conocimiento de los asuntos religiosos se hace evidente en diversos acontecimientos. En cierta ocasión, el Mensajero (que Allah le bendiga y le conceda paz) dijo: «Espero que quienes participaron en Badr y Hudaybiyya no entren en el Infierno». Hafsa (que Allah esté complacido con ella) exclamó: «Allah ha dicho:»

En árabe dice:

«No hay ninguno de vosotros que no llegue allí (al Infierno).»

El Mensajero (que Allah le bendiga y le conceda paz) dijo: «Sí, eso es correcto; pero Allah también ha dicho:»

Será en árabe

«Después salvaremos a los temerosos de Dios y dejaremos allí a los injustos, arrodillados». (Sura Maryam, 19:71-72)28

Al observar el intenso interés de Hafsa (que Allah esté complacido con ella) por aprender y adquirir conocimientos, el Noble Mensajero (que Allah le bendiga y le conceda paz) siempre pensaba en enseñarle diversas cosas. Shifā bint ʿAbd Allah era una mujer de los Compañeros. Sabía escribir y leer. Hafsa aprendió a escribir con ella. Esta mujer practicaba una ruqya para curar una especie de herida llamada namla.29 Un día acudió ante el Noble Mensajero (que Allah le bendiga y le conceda paz) y le dijo: «Durante la época de la ignorancia practicaba conjuros. Si me das permiso, te recitaré uno». Al escucharla, el Mensajero (que Allah le bendiga y le conceda paz) le dijo: «Enséñale también este conjuro a Hafsa». En otra narración se relata que el Mensajero (que Allah le bendiga y le conceda paz) dijo a Shifā: «¿No le enseñarás a Hafsa la súplica de la namla, del mismo modo que le enseñaste a escribir?».30 Durante la vida del Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) y después de su fallecimiento, Hafsa (que Allah esté complacido con ella) se entregaba abundantemente a la adoración y al culto. Ayunaba constantemente y pasaba gran parte de la noche rezando. Yibrīl (la paz sea con él) dijo al Mensajero (que Allah le bendiga y le conceda paz) acerca de ella: «Es una mujer que ayuna mucho y adora abundantemente durante la noche».31 En otra narración se relata que Yibrīl (la paz sea con él) dijo: «Es una mujer virtuosa».32 Se ha narrado acerca de ella que murió mientras estaba ayunando.33

Detestaba toda clase de discrepancias. Después de la batalla de Siffín, cuando surgió la cuestión del arbitraje en Dūmat al-Yandal, su hermano ʿAbd Allah ibn ʿUmar (que Allah esté complacido con él) no quiso salir de su casa, pues lo consideraba una sedición y un desorden. Pero Hafsa le dijo: «Tu participación en esto no te reportará ningún beneficio; sin embargo, debes participar, porque la gente estará esperando tu opinión. Incluso es posible que tu ausencia provoque desacuerdos entre ellos».34 En otra narración se relata que dijo: «No es apropiado mantenerse alejado de un asunto mediante el cual pueda alcanzarse una reconciliación entre la comunidad de Muhammad. Tú eres el cuñado del Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) y el hijo de ʿUmar ibn al-Jattab».35

Después del fallecimiento del Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz), Hafsa (que Allah esté complacido con ella) hablaba con los califas en nombre del pueblo sobre diversas demandas, especialmente con su padre, el segundo califa, ʿUmar (que Allah esté complacido con él). Muchas veces, el califa también aceptaba el consejo de su hija. En los libros de biografía se encuentran algunos episodios de este tipo.

Incluso después de convertirse en califa, ʿUmar (que Allah esté complacido con él) mantenía a su familia con el estipendio que había sido fijado para él durante la época del primer califa, Abū Bakr (que Allah esté complacido con él). Al ver que con ello su hogar no se sostenía adecuadamente, varios Compañeros destacados, entre ellos ʿUthmān, ʿAlī, Talha y al-Zubayr (que Allah esté complacido con ellos), se reunieron y deliberaron sobre el asunto. Decidieron hablar con el califa ʿUmar (que Allah esté complacido con él). Pero, como dice el refrán, ¿quién le pondría el cascabel al gato? Ninguno se atrevió a hablar con el califa sobre el asunto. Finalmente acudieron a Hafsa y le pidieron que hablara con el califa. Hafsa (que Allah esté complacido con ella) habló, pero el califa le recordó la sencillez y la austeridad de la vida del Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) y la despidió.36

En otra ocasión, ella pidió a su padre, el califa ʿUmar (que Allah esté complacido con él), que mejorara la calidad de su ropa y de sus alimentos, y le dijo: «Ahora Allah, exaltado sea, ha concedido a los musulmanes una mayor holgura en sus medios de subsistencia que antes». ʿUmar (que Allah esté complacido con él) recordó a su hija las difíciles condiciones de la vida del Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) y lloró desconsoladamente.37

En cierta ocasión llegó al califa ʿUmar (que Allah esté complacido con él) una cantidad de dinero y bienes. Hafsa acudió y dijo: «¡Oh, comandante de los creyentes! Allah, exaltado sea, ha establecido disposiciones acerca de los parientes cercanos. Tus parientes cercanos tienen derecho a una parte de estos bienes». Al escuchar las palabras de su hija, el califa respondió: «Mis parientes cercanos tienen derecho a mis bienes; pero estos bienes pertenecen a los musulmanes. Hija mía, estás engañando a tu padre. Levántate y vete de aquí». Entonces Hafsa salió rápidamente del lugar, intentando tirar del borde de su manto.38 Se ha narrado de Ibn Yuraŷ que una noche el califa ʿUmar (que Allah esté complacido con él), mientras circunvalaba la Kaaba, oyó a una esclava cantar con tono lastimero una canción de separación. Sus dos versos eran los siguientes:

Será en árabe

—Esta noche se ha vuelto larga y extensa, y todo alrededor está cubierto por una densa oscuridad. Estoy despierta a solas; no hay ningún ser querido a mi lado con quien pueda conversar amorosamente.

—¡Allah, el Inigualable! Si no fuera por el temor de Él, los alrededores de este lecho seguramente temblarían.

El califa Umar (que Allah esté complacido con él) se acercó a la mujer y le preguntó: «¿Qué te sucede?». La mujer respondió: «Desde hace varios meses mi esposo está lejos de mí. Mi deseo de tenerlo cerca se ha vuelto intenso». Después, Umar (que Allah esté complacido con él) fue junto a su hija Hafsa y le dijo: «Quiero preguntarte algo importante; ayúdame. Cuando las mujeres están lejos de sus esposos, ¿después de cuánto tiempo se vuelve intenso su deseo de tenerlos cerca?». Hafsa bajó la cabeza, avergonzada. Umar dijo: «Allah no se avergüenza de manifestar la verdad». Entonces Hafsa indicó con la mano tres o cuatro meses. Por ello, Umar (que Allah esté complacido con él) ordenó que ningún soldado permaneciera retenido más de cuatro meses.39

Al-Bayhaqi (9/29) narró de Ibn Umar (que Allah esté complacido con él): «Una noche, mientras recorría la ciudad, escuché a una mujer recitar los dos versos mencionados anteriormente. Luego le pregunté a Hafsa: “¿Cuál es el período máximo que las mujeres pueden permanecer sin sus esposos?”. Hafsa respondió: “Seis o cuatro meses”. Umar (que Allah esté complacido con él) dijo: “No mantendré retenido a ningún soldado durante más tiempo que eso”».40

Hafsa (que Allah esté complacido con ella) era hija de Umar (que Allah esté complacido con él). Al igual que su padre, tenía un carácter algo vehemente. A veces respondía a las palabras del Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él). Esto podía provocar desavenencias en la vida conyugal. Sobre este asunto se ha narrado un episodio en al-Bujari y otras obras. En cierta ocasión, Umar (que Allah esté complacido con él) le dijo a Ibn Abbas (que Allah esté complacido con él): «En la época de la ignorancia, las mujeres de Quraysh eran obedientes y sumisas a los hombres. Nosotros no les concedíamos la menor importancia. El islam les otorgó dignidad. Después de que fueran revelados numerosos versículos sobre ellas, comprendimos su posición y su dignidad. Cuando llegamos a Medina, vimos que allí las mujeres habían hecho que los hombres les obedecieran y se sometieran. Poco a poco, nuestras mujeres comenzaron a aprender de ellas. Mi casa estaba en el barrio de los Banu Umayya ibn Zayd, en al-Awali. Un día me enfadé muchísimo con mi esposa. Ella tampoco se quedó callada y me respondió palabra por palabra. No me gustó en absoluto aquella respuesta. Entonces dijo: “No le agrada que le responda así, pero las esposas del Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) también le responden. Algunas de ellas se mantienen apartadas de él hasta la tarde”. En otra narración se menciona que dijo: “Su hija Hafsa lanza respuestas al rostro del Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él), hasta el punto de que él permanece afligido todo el día”.

Umar (que Allah esté complacido con él) dijo: «Al oír esto, corrí junto a Hafsa y le pregunté: “¿Vosotras respondéis a las palabras del Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él)?”. Hafsa respondió: “Sí, lo hacemos”. Pregunté: “¿Alguna de vosotras se mantiene apartada de él hasta la noche?”. Hafsa respondió: “Sí”. Dije: “La que haga eso entre vosotras no triunfará; sufrirá una pérdida. ¿Acaso alguna de vosotras se considera a salvo de la ira de Allah después de provocar la ira del Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él)? Que aquella que sea más bella que tú y más querida por el Mensajero de Allah no te engañe”».42

En otra narración se cuenta que Umar (que Allah esté complacido con él) le dijo a Hafsa: «¡Cuidado! No hagas eso. Te advierto respecto a la paz de Allah. No caigas en la trampa de la vanidad de aquella cuya belleza ha cautivado al Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él)». (Es decir, Aisha, que Allah esté complacido con ella).43 En otra narración se cuenta que le dijo a Hafsa (que Allah esté complacido con ella): «No respondas a las palabras del Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él). No posees ni la belleza de Zaynab ni la buena fortuna de Aisha».44 Al-Tirmidhi narró lo siguiente: Un día, la Madre de los Creyentes, Safiyya, estaba sentada llorando. El Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) entró en la habitación y, al verla llorar, quiso saber la causa de su llanto. Safiyya dijo: «Hafsa me ha llamado “hija de un judío”». El Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) se dirigió a Hafsa y le dijo: «Teme a Allah». Luego le dijo a Safiyya: «Tú eres hija de un profeta, tu tío también es un profeta y, además, eres esposa de un profeta. ¿En qué aspecto puede Hafsa jactarse de ti?».45 En otra ocasión, Hafsa y Aisha (que Allah esté complacido con ellas) le dijeron a Safiyya: «Ante el Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él), nosotras dos tenemos más dignidad que tú. Somos sus esposas y, además, sus primas». Estas palabras hirieron profundamente a Safiyya. Ella les dijo: «¿Por qué no les dijiste que no pueden tener más dignidad que yo? Mi esposo es Muhammad, mi padre es Aarón y mi tío es Moisés».46

Aunque Aisha y Hafsa (que Allah esté complacido con ambas) eran coesposas, su relación era como la de dos hermanas. En la mayoría de los asuntos se ayudaban mutuamente. Aisha (que Allah esté complacido con ella) dijo acerca de Hafsa: «Hafsa es hija de su padre. Así como su padre era firme y decidido en cada palabra y acción, Hafsa también lo era».⁴⁷ Entre las esposas del Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él), Hafsa era la única que podía considerarse mi igual.⁴⁸ Nosotras dos éramos como una sola mano.⁴⁹

El Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) se encontraba en su lecho de muerte, en el límite de su vida. Llegó la hora de la oración. Él dijo: «Dile a Abu Bakr que dirija la oración de la gente». Aisha dijo: «Abu Bakr es un hombre de corazón sensible. Si se coloca en el lugar del Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) y recita el Corán, el llanto le impedirá hablar y la gente no podrá oír nada». Le dijo estas palabras a Hafsa y le pidió que rogara al Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) que ordenara que fuera yo quien dirigiera la oración en su lugar. Cuando Hafsa (que Allah esté complacido con ella) se lo dijo al Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él), él comentó: «Todas vosotras sois como las compañeras de Yusuf».⁵⁰

A pesar de la extraordinaria afinidad entre Aisha y Hafsa y del gran afecto que se tenían, en ocasiones afloraban entre ellas las inclinaciones naturales de las mujeres. Sentían celos en cuanto a la compañía y el cariño de su esposo. En cierta ocasión, ambas acompañaron al Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) en un viaje. Por la noche, el Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) montaba el camello de Aisha y avanzaba conversando con ella. Un día, Hafsa le dijo a Aisha: «Esta noche, si tú montas mi camello y yo monto el tuyo, veremos algo diferente». Aisha (que Allah esté complacido con ella) aceptó. El Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) avanzó con Hafsa montado en su camello. Cuando llegaron al lugar de descanso, Aisha no encontró allí al Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él). Entonces comenzó a hurgar con los pies entre la hierba idhkir y dijo enfadada: «¡Oh Allah! ¡Ojalá me mordiera una serpiente o un escorpión!».⁵¹

Aisha y Hafsa eran, respectivamente, hijas de Abu Bakr (que Allah esté complacido con él) y de Umar (que Allah esté complacido con él). Estas dos grandes personalidades eran personas muy cercanas al Noble Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él). Por esta razón, en la vida familiar del Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él), Aisha y Hafsa formaban un frente unido frente a las demás Madres de los Creyentes. Esta alianza influyó en muchos acontecimientos de la vida familiar del Santo Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él).

Debemos recordar algo: ninguno de los acontecimientos, grandes o pequeños, de la vida del Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) fue un hecho meramente ordinario, como los de la vida de la gente común. Cada acontecimiento contiene una enseñanza para la humanidad. Allah, exaltado sea, quiso enseñar a la humanidad, mediante estos acontecimientos, normas diversas y una conducta práctica. De no ser así, podría no haber hecho que tales acontecimientos ocurrieran en la vida de Su Profeta. Así debemos contemplar cada acontecimiento de la vida de nuestro amado Profeta.

La sura At-Tahrim fue revelada en el noveno año de la Hégira. Detrás de esta revelación hubo un acontecimiento de la vida familiar del Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él). Los dulces y la miel eran alimentos muy apreciados por el Noble Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él). Por lo general, después de la oración de Asr, visitaba las habitaciones de todas sus esposas. Un día se demoró un poco más de lo habitual en casa de Zaynab (que Allah esté complacido con ella). Esto disgustó a Aisha. Se enteró de que una mujer había enviado a Zaynab un poco de miel como regalo. El Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) había bebido de aquella miel en casa de Zaynab, y por eso había prolongado su estancia allí. Aisha y Hafsa se aliaron. Aisha le dijo a Hafsa: «Cuando el Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) venga a mi habitación o a la tuya, le diremos: “De tu boca sale olor a maghafir”». (Maghafir es el plural de maghfur, una especie de flor de cuya planta las abejas extraen miel). Aisha enseñó las mismas palabras también a Safiyya. Cuando el Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) entró en sus habitaciones, ambas le dijeron lo mismo, tal como habían acordado. Al Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) le desagradaban mucho los malos olores. Después, cuando volvió a casa de Zaynab, ella le dijo que no era necesario. Entonces él decidió prohibirse a sí mismo beber miel. Al enterarse Aisha de esta decisión del Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él), dijo a Hafsa con pesar: «Hemos cometido algo terrible. Hemos privado al Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) de una de sus cosas favoritas». Fue en este contexto cuando se reveló la siguiente aleya de la sura At-Tahrim:⁵²

—¡Oh, Profeta! ¿Por qué declaras ilícito para ti lo que Allah te ha permitido, buscando complacer a tus esposas? (At-Tahrim, 1)

En las distintas narraciones aparecen nombres diferentes como la mujer que ofreció miel al Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él). Algunas mencionan a Hafsa. Según esas narraciones, Aisha se alió con Sawda y Safiyya. Esto también se desprende de una narración de Ibn Sa’d.⁵³ En otras narraciones aparece asimismo el nombre de Umm Salama.⁵⁴

El Noble Mensajero decidió no beber miel para complacer a sus esposas y pidió que se mantuviera en secreto el motivo relacionado con ello, para que la mujer que le había ofrecido la miel no se sintiera herida. Según la mayoría de las narraciones, el Mensajero le confió este secreto a Hafsa. Pero Hafsa no pudo guardarlo y se lo reveló a Aisha. Allah se refirió a este hecho en la tercera aleya de la sura at-Tahrim, diciendo: «Cuando el Profeta confió un asunto en secreto a una de sus esposas, pero ella lo divulgó y Allah se lo hizo saber al Profeta, este le informó de una parte y pasó por alto otra. Cuando se lo comunicó, ella preguntó: “¿Quién te informó de esto?”. Él respondió: “Me informó Aquel que todo lo sabe y está perfectamente informado”.

Al-Waqidi y muchos otros especialistas en biografías proféticas han transmitido otro relato sobre la causa de la revelación de la sura at-Tahrim. Un día, Hafsa no se encontraba en casa. En ese momento, el Mensajero entró en su habitación y estuvo en compañía de la esclava María la Copta. Mientras tanto, Hafsa regresó y, disgustada, se prohibió a sí misma la compañía de dicha esclava. Luego le pidió al Mensajero que mantuviera esto en secreto. Pero él no pudo guardarlo y se lo reveló a Aisha. Entonces fue revelada la sura at-Tahrim. Nafi‘ dijo: «¿Acaso no es cierto que el Mensajero se prohibió a sí mismo a su esclava y luego Allah le ordenó expiar la ruptura de su juramento?»⁵⁵

Fue acerca de las dos mujeres que provocaron estos acontecimientos y pusieron al Mensajero en una situación difícil que Allah reveló la cuarta aleya de at-Tahrim: «Si ambas os arrepentís ante Allah, será mejor para vosotras, pues vuestros corazones se han inclinado hacia el mal. Pero si os apoyáis mutuamente contra el Profeta, sabed que Allah, Gabriel y los creyentes virtuosos son sus aliados».⁵⁶ Estas dos mujeres eran Aisha y Hafsa. En relación con la identidad de ambas, existe un largo relato de Ibn Abbas en Sahih al-Bujari. Él dijo: «Durante mucho tiempo deseé preguntarle a Umar acerca de las dos mujeres a las que se refiere el Corán con las palabras: “Si ambas os arrepentís”. Finalmente, cuando Umar partió para realizar la peregrinación, aproveché la ocasión y viajé con él. Un día, durante el camino, mientras él hacía la ablución y yo vertía el agua, le pregunté: “¿Quiénes son las dos mujeres a las que se refiere el Corán con las palabras: ‘Si ambas os arrepentís’?”. Umar respondió: “¡Qué extraño que no lo sepas! Son Hafsa y Aisha”».⁵⁷

Esta pequeña disputa en el seno de la familia del Profeta no era un asunto insignificante. Los hipócritas siempre buscaban provocar cualquier división entre la propia familia del Profeta y sus parientes y amigos cercanos. Al enterarse de esta disputa menor entre las Madres de los Creyentes, quizá quisieron avivarla un poco más. Pensaron que esta vez podrían enfrentar a Abu Bakr y Umar, los padres de Aisha y Hafsa, contra el Mensajero. Pero no sabían que, por el Mensajero, ellos estaban dispuestos a sacrificar no solo a sus hijas, sino también sus propias vidas. Por eso, cuando Umar no obtuvo permiso para ver a Hafsa, exclamó: «¡Si me dieran permiso, volvería con la cabeza de Hafsa cortada!»⁵⁸ La cuarta aleya de la sura at-Tahrim alude precisamente a esto: es decir, aunque Aisha y Hafsa conspiraran y los hipócritas se aprovecharan de ello, Allah ayudaría a Su Profeta. Y junto a Allah están Gabriel, los ángeles y todos los creyentes, hombres y mujeres, del mundo.⁵⁹

Se ha transmitido que, después de estos acontecimientos, el Noble Mensajero se divorció de Hafsa y luego la volvió a tomar como esposa. Así lo relató Asim ibn Umar.⁶⁰ Después del divorcio, Gabriel acudió al Mensajero y le dijo: «Hafsa ayuna mucho y reza abundantemente durante la noche. En el Paraíso será tu esposa». A raíz de estas palabras de Gabriel, el Mensajero volvió a tomarla como esposa.⁶¹

Ibn Sa‘d transmitió un relato de Qays ibn Yazid e Ibn Sirin. El Profeta se divorció de Hafsa mediante un solo divorcio. Después, los dos tíos maternos de Hafsa, Qudama y Uthman ibn Maz‘un, fueron a verla. Hafsa les dijo entre lágrimas: «¡Juro por Allah que no se divorció de mí por haber cometido ninguna mala acción!». En ese momento llegó el Profeta y dijo: «Gabriel me ha dicho que vuelva a tomar a Hafsa como esposa, porque ayuna mucho y reza abundantemente. En el Paraíso será mi esposa»».⁶²

Umar ibn al-Jattab dijo: «En cierta ocasión, el Mensajero se mantuvo alejado de sus esposas. Se difundió entre la gente el rumor de que se había divorciado de todas ellas. Esto ocurrió antes de que se estableciera la orden del hiyab. Fui a ver a Aisha y le dije: “¡Hija de Abu Bakr! ¿Has oído que la gente dice que estás causando molestias al Mensajero?”. Aisha respondió: “¡Oh, hijo de al-Jattab! ¿Qué relación tienes tú conmigo? Puedes marcharte a otro lugar”.

Después fui a ver a Hafsa y le dije: «¡Juro por Allah que sé que él no te ama! Si yo no estuviera aquí, seguramente se divorciaría de ti». Al oír esto, Hafsa lloró mucho. Le pregunté: «¿Dónde está el Mensajero?». Ella respondió: «Está en una habitación cercana». Allí vi al Mensajero sentado. Una cortina cubría la puerta. Por medio de ella solicité reunirme con el Mensajero. Después de un largo tiempo, recibí permiso. Le dije: «Si me dieras permiso, le cortaría la cabeza a Hafsa». El Mensajero me hizo señas con la mano para que me calmara. Entonces, tranquilizándome, pregunté: «¡Oh, Mensajero de Allah! ¿Te has divorciado de tus esposas?». Él respondió: «No». Entonces me puse de pie en la puerta de la mezquita y proclamé en voz alta: «El Mensajero de Allah no se ha divorciado de sus esposas». En ese momento fue revelada la aleya 83 de la sura al-Isra.⁶³ El acontecimiento ha sido relatado de distintas maneras en diversas fuentes.

A través de los relatos sobre los desacuerdos y el divorcio en la familia del Profeta, se me han hecho evidentes muchas características y virtudes de Hafsa (que Allah esté complacido con ella), así como algunas disposiciones de la sharía. Por ejemplo:

  1. El divorcio es una acción lícita. Si se produce por alguna necesidad o en busca de un beneficio, no es contrario a la perfección.⁶⁴
  2. Allah mismo elogió a Hafsa, dando testimonio de que ayunaba mucho y rezaba abundantemente.
  3. También en el Paraíso tendrá la dicha de ser la esposa del Profeta (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él).
  4. Para hacerla feliz, el Profeta (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) declaró ilícitas para sí mismo dos cosas lícitas.
  5. Por las palabras de Aisha (que Allah esté complacido con ella) se sabe que ella era como su padre.’

6. Los pequeños desacuerdos en la vida conyugal son algo normal. En este caso, el ejemplo del Profeta (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) es el que debemos seguir.

Hafsa (que Allah esté complacido con ella) sentía un intenso temor del Dayyal. En Medina había un hombre llamado Ibn Sayyad. Muchas de las señales o características del Dayyal que había descrito el Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) se encontraban en aquel hombre. Incluso el propio Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) tenía dudas acerca de él. Un día, Hafsa y Abdullah ibn Umar (que Allah esté complacido con ambos) se encontraron por el camino con aquel hombre. Cuando Ibn Umar le dijo algo, este se enfureció tanto que se hinchó de ira y bloqueó el camino. Ibn Umar se dispuso a golpearlo. Hafsa se asustó y le dijo a Ibn Umar: «¿Qué relación tienes con él? ¿Acaso no sabes que el Mensajero (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: “La ira del Dayyal será la causa de su aparición”?⁶⁵»

No es posible describir y concluir en un breve ensayo el honor y la dignidad de la Madre de los Creyentes, Hafsa (que Allah esté complacido con ella). Allah ha informado que, así como en este mundo ella llegó a estar completamente unida a la vida del Mensajero (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él), permanecerá igualmente unida a él en la vida del Más Allá.

Zaynab bint Khuzayma (que Allah esté complacido con ella)

Zaynab bint Khuzayma ibn al-Harith al-Hilaliyya era hija de los Banu Bakr ibn Hawazin. Su título o sobrenombre era Umm al-Masakin. Cuando su esposo alcanzó el martirio en la batalla de Uhud, el Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) se casó con ella ese mismo año, y ella obtuvo la incomparable dignidad de Madre de los Creyentes.

Existe discrepancia acerca de con quién tuvo su primer matrimonio Zaynab bint Khuzayma (que Allah esté complacido con ella). Según Baladhuri, Ibn al-Kalbi y el genealogista Abu al-Hasan Ali al-Jurjani, antes de casarse con el Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él), su primer esposo fue Tufayl ibn al-Hasi. Tufayl ibn al-Harith. Cuando Tufayl se divorció de ella, su hermano Ubayda ibn al-Harith se casó con ella. En Badr, él resultó herido y murió en as-Safra. En aquel momento, Ubayda tenía sesenta y cuatro años. Después, el Mensajero (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) se casó con ella en el mes de Ramadan del tercer año de la Hégira. Así lo han referido Baladhuri e Ibn Sa’d.¹

Yunus ibn Muhammad, basándose en la autoridad de Ibn Ishaq, dijo que anteriormente había sido esposa de al-Husayn ibn al-Harith ibn Abd al-Muttalib, o de su hermano at-Tufayl ibn al-Harith.² Ibn Hisham dice que, antes de casarse con el Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él), ella había sido esposa de Ubayda ibn al-Harith. Antes de Ubayda, había sido esposa de Jahm ibn Amr ibn al-Harith. Este Jahm era su primo paterno.³

Sin embargo, según Ibn Abd al-Barr e Ibn al-Athir, inmediatamente antes de casarse con el Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él), ella era esposa de Abd Allah ibn Jahsh.⁴ En el tercer año de la Hégira, este Abd Allah alcanzó el martirio en la batalla de Uhud. Los incrédulos cortaron y separaron las partes de su cuerpo, mutilando así su cadáver. Era hijo de Umayma bint Abd al-Muttalib, tía paterna del Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él). Zaynab (que Allah esté complacido con ella) sufrió un profundo dolor por una muerte tan trágica de su esposo. El imán Zuhri también transmitió esto.⁵

A comienzos del mes de Ramadan del tercer año de la Hégira, el Mensajero (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) se casó con ella y le entregó doce uqiyya de oro como dote. Ibn Hisham dice que el Mensajero (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) se casó con ella a cambio de una dote de cuatrocientos dírhams.⁶ Qubaysa ibn Amr al-Hilali (que Allah esté complacido con él) actuó como mediador en este matrimonio.⁷ Según algunas narraciones, ella vivió dos o tres meses después de casarse con el Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él).⁸ Baladhuri dice que murió hacia el final del día ocho de Rabi al-Thani.⁹ Esta opinión parece ser la correcta. Al morir, tenía treinta años.¹⁰ Entre las esposas del Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él), fue la primera, después de Jadiya, en convertirse en habitante del Paraíso durante su vida. El Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dirigió la oración fúnebre por ella y la enterró en el cementerio de Baqi, en Medina.¹¹

Ibn Hayar (que Allah esté complacido con él) dice que, después de Hafsa (que Allah esté complacido con ella), el Mensajero (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) llevó a Zaynab bint Khuzayma (que Allah esté complacido con ella) a su hogar. En una narración de Umm Salama (que Allah esté complacido con ella) se relata que, después de la muerte de Zaynab bint Khuzayma, el Mensajero (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) se casó con ella y la llevó a vivir a su propio hogar.¹²

Algunos han dicho que el Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) se refería en esta declaración

Será en árabe

(Aquella de vosotras cuya mano sea más larga será quien se reúna conmigo más rápidamente después de mi muerte) a Zaynab bint Khuzayma. La expresión «mano larga» se emplea aquí en sentido figurado, con el significado de generosidad. Puesto que Zaynab daba muchas limosnas y caridad, se aludió a ella diciendo «mano larga».

Pero esta opinión de ellos es completamente errónea. En realidad, este hadiz se refiere a Zaynab bint Jahsh (que Allah esté complacido con ella). Ella murió después del fallecimiento del Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz), siendo la primera de las Madres de los Creyentes en morir. Los expertos en hadices coinciden en que Zaynab bint Khuzayma (que Allah esté complacido con ella) falleció durante la vida del Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz).13

Ibn Hisham dice:14

Será en árabe

—Debido a su compasión, afecto y solidaridad con los pobres y necesitados, se la llamaba «Umm al-Masakin», es decir, «la madre de los necesitados».

El hafiz Ibn Hajar (que Allah esté complacido con él) dice:15

sería en árabe

Alimentaba a los pobres y necesitados y les daba caridad; por eso era llamada Umm al-Masakin.

Ibn Abd al-Barr y al-Baladhuri dicen que ya se la llamaba con este nombre en la época de la ignorancia preislámica.16

Umm Salama bintAbi Umayya (que Allah esté complacido con ella)

El nombre verdadero de la Madre de los Creyentes, Umm Salama (que Allah esté complacido con ella), era Hind. Umm Salama era su sobrenombre y con este nombre se hizo famosa.1 Algunos dijeron que su nombre era Ramla, pero los muhaddizun lo consideraron infundado.2 En realidad, Ramla era el nombre de la Madre de los Creyentes, Umm Habiba (que Allah esté complacido con ella). El padre de Umm Salama (que Allah esté complacido con ella) era Abu Umayya ibn al-Mughira ibn Abd Allah ibn Amr ibn al-Majzum. El nombre verdadero de Abu Umayya era Hudhayfa, aunque era conocido por el nombre de Abu Umayya.3 Su título era Zad al-Rakb. Zad al-Rakb significa «provisión de la caravana». Ocupaba un lugar especial entre los generosos y hospitalarios de La Meca. Cuando salía a algún lugar con una caravana, asumía sobre sus propios hombros todas las responsabilidades de la caravana, incluida la alimentación y la hospitalidad. Los árabes de aquella época, complacidos por su generosidad y magnanimidad, le otorgaron este título.4 Cabe señalar que, en aquella época, entre los quraysh había solamente tres personas que ostentaban el título de Zad al-Rakb: Abu Umayya ibn al-Mughira, al-Aswad ibn Abd al-Muttalib y Musafir ibn Abi Amr.5

Hisham, padre de Abu Yahl de La Meca; Hashim, abuelo materno de Umar ibn al-Jattab (que Allah esté complacido con él); al-Walid ibn al-Mughira, padre de Jalid ibn al-Walid (que Allah esté complacido con él); Abu Hudhayfa al-Majzumi; Abu Rabi’a, padre de Ayyash ibn Rabi’a; Fakiha; Hafs, primer esposo de Hind bint Utba; y Abd Shams eran todos hijos de al-Mughira al-Majzumi, hermanos de Abu Umayya y tíos paternos de Umm Salama (que Allah esté complacido con ella). Por otra parte, Umm Harmala bint Hisham, madre de Amr ibn al-As (que Allah esté complacido con él), y Jantama bint Hashim, madre de Umar ibn al-Jattab (que Allah esté complacido con él), eran ambas primas paternas de Umm Salama (que Allah esté complacido con ella). Jalid ibn al-Walid, al-Walid ibn al-Walid, Ayyash ibn Abi Rabi’a, Salama ibn Hisham, Abu Yahl ibn Hisham, Jalid ibn Hisham y al-Harith ibn Hisham eran todos sus primos paternos.6

La madre de Umm Salama (que Allah esté complacido con ella) se llamaba Atika bint Amir ibn Rabi’a ibn Malik al-Kinaniyya.7 Algunos autores consideraron que la madre de Umm Salama (que Allah esté complacido con ella), Atika, era hija de Abd al-Muttalib. Por tanto, Umm Salama (que Allah esté complacido con ella) sería prima paterna del Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz).8 En realidad, esta Atika se casó con el padre de Umm Salama y de ella nacieron tres hijos: Abd Allah, Umm Zuhayr y Qariba. Pero esta Atika no era la madre de Umm Salama (que Allah esté complacido con ella). Su madre era Atika, hija de Amir ibn Rabi’a.9

Primer matrimonio

El primer matrimonio de la honorable Umm Salama (que Allah esté complacido con ella) fue con ‘Abdullah ibn ‘Abd al-Asad al-Majzumí, cuyo kunya era Abu Salama y por la cual era conocido. Hilal, abuelo paterno de Abu Salama, y Mugira, abuelo paterno de Umm Salama, eran hermanos. ‘Abdullah, padre de Abu Salama, era tío paterno del Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz). Él se casó con Barra, tía paterna del Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz). Salama (que Allah esté complacido con él) era hijo de ambos. Abu Talib, Hazma (que Allah esté complacido con él) y ‘Abbas (que Allah esté complacido con él) eran los honorables tíos maternos de Abu Salama.10 Por otra parte, Abu Salama era hermano de leche del Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz).11

Ambos esposos pertenecían a aquellos a quienes se llama qadim al-Islam, es decir, los que abrazaron el islam en su primera época. Cuando, en los comienzos del islam, la gente se debatía en la incertidumbre sobre si abrazarlo o no, y tomar la decisión correcta era una tarea sumamente difícil, esta pareja tuvo la dicha de abrazar el islam.12 Ibn al-Azír escribió que Abu Salama ibn ‘Abd al-Asad, Abu ‘Ubayda ibn al-Hariz, al-Arqam ibn Abi al-Arqam y ‘Uzman ibn Maz‘un abrazaron juntos el islam. Después de ellos se hicieron musulmanes ‘Abdullah ibn Mas‘ud, Sa‘id ibn Zayd y otros.13

Después de abrazar el islam, los Banu Majzum comenzaron a perseguir y torturar cruelmente a Abu Salama (que Allah esté complacido con él). Finalmente, este huyó y buscó refugio junto a Abu Talib. La gente de los Banu Majzum dijo: «¡Abu Talib! Hasta ahora has ayudado y apoyado a tu sobrino; ¿por qué no nos entregas también al hijo de nuestro hermano que está bajo tu protección?». Abu Talib respondió: «Estoy protegiendo del mismo peligro al hijo de mi hermana del que protejo al hijo de mi hermano». Cuando llegó la orden de emigrar, emigró a Abisinia. Ibn Ishaq dice que él fue el primero en emigrar allí junto con su esposa.14

Hégira

Así como ambos tomaron juntos la decisión de abrazar el islam, también estuvieron de acuerdo y actuaron juntos respecto a la hégira. Emigraron dos veces consecutivas a Abisinia.15 Después de permanecer allí algunos días, regresaron a La Meca. Luego emprendieron nuevamente el viaje hacia Medina. Ibn al-Azír relató en su obra, con las propias palabras de la honorable Umm Salama (que Allah esté complacido con ella), el desgarrador suceso al que se enfrentó durante la hégira a Medina. Ella dijo:

«Cuando Abu Salama decidió marcharse a Medina, solo tenía un camello. Me hizo subir a mí y a su hijo Salama sobre él, y comenzó a caminar sujetando las riendas. Los hombres de mi familia paterna, los Banu Mugira, impidieron que Abu Salama continuara y dijeron: “No permitiremos que nuestra hija se marche en una situación tan penosa”. Le arrebataron las riendas de las manos a Abu Salama y se marcharon llevándome consigo. Entretanto, llegaron los miembros de la familia de mi esposo, los Banu Abu ‘Abd al-Asad, y tomaron bajo su custodia a mi hijo Salama. Dijeron a los Banu Mugira: “Si no permitís que vuestra hija se marche con su esposo, tampoco dejaremos que nuestro hijo permanezca con vuestra hija”. Así, mi esposo, mi hijo y yo quedamos separados, cada uno en una dirección. El dolor de la separación de mi esposo y de mi hijo me dejó completamente abatida. Como había llegado la orden de emigrar, Abu Salama llegó a Medina. Mientras tanto, yo me encontraba sola en La Meca. Cada mañana salía de casa y me sentaba en una colina del valle de Abtah, donde lloraba hasta la tarde. Así transcurrieron aproximadamente siete u ocho días.

Un día, uno de los hombres de los Banu Mugira que simpatizaban con nosotros se afligió profundamente al ver mi penosa situación. Reunió a los miembros de los Banu Mugira y les reprendió diciendo: “¿Por qué no liberáis a esta pobre muchacha? ¿Por qué la mantenéis separada de su esposo y de su hijo? Dejadla libre y permitidle reunirse con su esposo y su hijo”. Expresó estas palabras con tanta emoción que los corazones de los miembros de mi tribu paterna se llenaron de compasión y misericordia. Me permitieron ir junto a mi esposo. Al enterarse de la noticia, los Banu ‘Abd al-Asad también enviaron a mi hijo junto a mí. Entonces me senté en el howdah del camello y partí montada con Salama en mi regazo. Salí sola de La Meca y llegué a Tan‘im. Allí me encontré con ‘Uzman ibn Talha ibn Abi Talha, el custodio de las llaves de la Kaaba. Al conocer mi intención, me preguntó si había alguien más conmigo. Respondí: “No, nadie más; solo yo y este hijo mío”. Al oírlo, sujetó firmemente las riendas de mi camello y comenzó a caminar delante de él, tirando de ellas.

Allah sabe que nunca encontré en Arabia a nadie mejor ni más cortés que Talha. Cuando llegábamos a algún lugar de descanso y necesitábamos reposar, hacía sentar al camello y se alejaba para ocultarse detrás de algún árbol. Cuando llegaba el momento de reanudar el viaje, preparaba el camello, se acercaba a mí y decía: “Sube al camello”. Después de que me sentaba cómodamente sobre el camello, tomaba las riendas y caminaba delante. Todo el viaje se desarrolló de este modo. Cuando llegamos a Quba, en el poblado de los Banu ‘Amr ibn ‘Awf, ‘Uzman ibn Talha me dijo: “Tu esposo está en este poblado”. Abu Salama se encontraba allí. Confiando en Allah, entré en el poblado y encontré a Abu Salama. De este modo, ‘Uzman ibn Talha me indicó dónde encontrar a Abu Salama y luego emprendió el viaje de regreso a La Meca.16

La señora Umm Salama (que Allah esté complacido con ella) conservó durante toda su vida el recuerdo de la consideración y la compasión de Uthmán ibn Talha. A menudo decía:

Será en árabe

—«Nunca he visto un compañero más cortés que Uthmán ibn Talha».

Durante este período de prueba, los musulmanes sufrían persecución y opresión por todas partes, y sus preocupaciones y angustias no tenían fin. Lo que Umm Salama tuvo que soportar durante la hégira fue solo una parte de ello. Ella misma era consciente de esto. Por eso, cuando posteriormente se mencionaba la hégira, decía con cierto orgullo: «No sé si alguna otra familia de la Gente de la Casa soportó por el islam sufrimientos semejantes a los que tuvo que soportar la familia de Abu Salama».17

Así como la señora Umm Salama (que Allah esté complacido con ella) se distinguía por otras virtudes sobre las demás esposas del Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él), también poseía la singularidad de ser la primera mujer cubierta por el velo que emigró de La Meca a Medina.18

La señora Umm Salama (que Allah esté complacido con ella) era una mujer de un fuerte sentido de la dignidad. Su padre, Abu Umayya, era una persona ilustre y respetada de los coraichitas. Cuando Umm Salama llegó a Quba, la gente quería saber quién era. Cuando mencionaba el nombre de su padre, nadie quería creerla, pues incluso en aquella época una mujer noble como ella no solía viajar sola de esa manera. Umm Salama sentía un intenso amor por el islam y creía firmemente que era indispensable obedecer las órdenes de Allah. Por ello no reaccionaba ante las palabras de nadie, sino que soportaba todo en silencio. Llegó la temporada del hach. Cuando algunas personas partieron de Quba hacia La Meca para realizar el hach, ella les dio la dirección de su padre en La Meca. Entonces todos creyeron en su nobleza y en la distinción de su linaje. Se ganó un lugar de gran honor y respeto en el corazón de todos.19

Los recuerdos dolorosos de las penurias y humillaciones de la hégira aún no se habían borrado de sus corazones, y apenas habían tenido la oportunidad de vivir juntos como marido, esposa e hijos durante mucho tiempo cuando llegó el llamamiento a la batalla de Uhud. El señor Abu Salama (que Allah esté complacido con él) respondió a ese llamamiento y se unió a la batalla. Durante el combate, su brazo fue herido por una flecha disparada por otro hombre del bando enemigo, Abu Salama al-Hashimi, que tenía el mismo nombre que él; después de un mes de tratamiento se recuperó.20 Poco después, el Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) lo envió a la expedición de Qatan, donde permaneció 29 días. Regresó a Medina el ocho o el nueve de Safar del cuarto año de la hégira. Entonces su antigua herida volvió a abrirse y su vida corrió peligro. Murió el nueve de Yumada al-Thani de ese año.21 La señora Umm Salama (que Allah esté complacido con ella) acudió a informar al Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) de la muerte de su esposo. El Mensajero (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) fue a la casa de Umm Salama. Ella estaba entonces abrumada por el dolor y repetía: «¡Ay! ¡Qué muerte tuvo en tierra extranjera y lejos de su patria!». El Mensajero (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) le aconsejó tener paciencia y le dijo: «Pedid a Allah que lo perdone y decid:

Será en árabe

«¡Oh, Allah!, concédeme una alternativa mejor que él».

Después, el Mensajero (sallallahu ‘alaihi wa sallam) se acercó al cadáver de Abu Salama y realizó con gran solemnidad la oración funeraria por él. En esa oración pronunció nueve takbires. La gente pensó que quizá se había equivocado. Entonces dijeron: «¡Oh, Mensajero de Allah! ¿No se ha equivocado usted?». Él respondió: «Este hombre merecía recibir nueve takbires». En el momento de su muerte, los dos ojos de Abu Salama estaban abiertos. El Mensajero de Allah (sallallahu ‘alaihi wa sallam) cerró sus ojos con sus propias manos benditas y suplicó por su perdón.22

Segundo matrimonio:

Cuando Hazrat Abu Salama (ra) falleció, Hazrat Umm Salama estaba embarazada. Después de dar a luz, Hazrat Abu Bakr Siddiq (ra), pensando en su soledad y en su dolor, le propuso matrimonio. Hazrat Umm Salama (ra) rechazó la propuesta.23

En una narración también se menciona que Hazrat ‘Umar (ra) le propuso matrimonio. Sin embargo, el autor de la obra «Al-Isaba» considera que Hazrat Rasul-e-Karim (sallallahu ‘alaihi wa sallam) envió la propuesta matrimonial por medio de ‘Umar (ra). El sacrificio de Hazrat Abu Salama y la situación de desamparo y soledad de Hazrat Umm Salama (ra) debieron conmover profundamente los sentimientos de Hazrat Rasul-e-Karim (sallallahu ‘alaihi wa sallam). Por ello, después de que ella rechazara la propuesta de Hazrat Abu Bakr (ra), el Mensajero (sallallahu ‘alaihi wa sallam), por mandato de Allah Todopoderoso, envió la propuesta por medio de Hazrat ‘Umar (ra). Hazrat Umm Salama (ra) expresó su incapacidad para aceptar la propuesta del Mensajero de Allah (sallallahu ‘alaihi wa sallam), alegando varias razones. Pero el Mensajero de Allah (sallallahu ‘alaihi wa sallam) aceptó todas las condiciones de Umm Salama (ra). Entonces Umm Salama (ra) aceptó. Las razones que Umm Salama expuso para no poder aceptar la propuesta del Mensajero de Allah (sallallahu ‘alaihi wa sallam) fueron las siguientes: (a) soy una mujer extremadamente celosa de mi dignidad; (b) tengo varios hijos; (c) soy una mujer mayor; (d) no tengo ningún wali. En respuesta, el Mensajero (sallallahu ‘alaihi wa sallam) dijo: «La responsabilidad de tus hijos recae sobre Allah y Su Mensajero. Allah eliminará tu intensa preocupación por tu dignidad. En cuanto al wali, no hay entre ellos nadie que no esté dispuesto a aceptar; y respecto a que eres mayor, yo tengo más edad que tú».

Después, ella le dijo a su hijo ‘Umar: «Ve y organiza mi matrimonio con el Mensajero de Allah (sallallahu ‘alaihi wa sallam)».24

El matrimonio con Hazrat Rasul-e-Karim (sallallahu ‘alaihi wa sallam) se celebró hacia finales del mes de Shawwal del cuarto año de la Hégira. Así se disiparon el dolor y la tristeza que había sufrido por la muerte de su esposo, Abu Salama (ra), y obtuvo una alternativa mejor que él. Allah Ta‘ala transformó su tristeza en alegría para toda la eternidad.

Ahmad ibn Ishaq Hadrami lo narró de Ziyad ibn Mar’yarem. En cierta ocasión, Abu Salama, el esposo de Umm Salama, le dijo: «He sabido que, si el esposo de una mujer entra en el Paraíso después de morir y su esposa no vuelve a casarse, Allah también hará que esa esposa entre en el Paraíso junto con su esposo. Si esto también se aplica al hombre, hagamos un pacto: tú no te casarás después de mí y yo tampoco me casaré después de ti». Abu Salama preguntó: «¿Aceptarás lo que te diga?». Umm Salama respondió: «¿Dónde encontraría mayor felicidad que obedeciéndote?». Abu Salama dijo: «Si muero antes que tú, volverás a casarte». Luego Abu Salama suplicó: «¡Oh, Allah!, concede a Umm Salama, después de mí, un esposo mejor que yo». Hazrat Umm Salama (ra) dijo: «Cuando Abu Salama murió, me decía interiormente: “¿Quién podría ser mejor que Abu Salama?”. Poco después me casé con el Mensajero de Allah (ra)».25

El relato mencionado permite conocer, por un lado, la relación afectuosa que existía entre estos esposos y, por otro, la profundidad de la influencia de la enseñanza correcta y pura del islam. Gracias a ella, un esposo pudo dominar todas sus emociones y aconsejar a su amada esposa que, en su ausencia, contrajera un segundo matrimonio.

El Honorable Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dio a Umm Salama (que Allah esté complacido con ella) un par de piedras de molino, dos odres, una almohada con funda de cuero rellena de cáscaras de dátil. Había dado esos mismos objetos también a sus otras esposas.26

Cuando Aisha (que Allah esté complacido con ella) oyó hablar de la belleza y el atractivo de Umm Salama después de que el Honorable Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) se casara con ella, sintió un poco de celos. Fue a ver a Umm Salama (que Allah esté complacido con ella). Después de observarla detenidamente, comprendió que Umm Salama (que Allah esté complacido con ella) era aún más hermosa de lo que se decía. Le habló de su belleza a Hafsa (que Allah esté complacido con ella). Hafsa (que Allah esté complacido con ella) le explicó a Aisha (que Allah esté complacido con ella) que la gente exageraba un poco. Después, Hafsa (que Allah esté complacido con ella) la vio y dijo lo mismo. Aisha (que Allah esté complacido con ella) volvió a observar atentamente a Umm Salama (que Allah esté complacido con ella) y creyó que Hafsa (que Allah esté complacido con ella) tenía razón.27 En cualquier caso, este relato y muchos otros semejantes demuestran el hermoso aspecto de Umm Salama (que Allah esté complacido con ella).

Umm Salama (que Allah esté complacido con ella) era una mujer recatada y dotada de un agudo sentido del honor propio. Al principio, después de su matrimonio con el Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él), ocurría que, cada vez que él se acercaba, ella comenzaba a amamantar a su hija lactante, Zaynab. Al ver esto, el Mensajero (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) se marchaba. Ammar ibn Yasir (que Allah esté complacido con él) era su hermano de leche. Al enterarse de aquello, se enfadó y se llevó a la niña consigo. Después, el Mensajero (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) entró en la habitación de Umm Salama y comenzó a mirar a su alrededor. Al no ver a la niña, preguntó: «¿Dónde está Zaynab? ¿Qué le has hecho?». Ella respondió: «Ammar vino y se la llevó». Desde ese día, el Mensajero (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) comenzó a quedarse allí.28

Poco a poco, esta situación desapareció y ella se acostumbró a vivir como las demás esposas. Más tarde, su relación con el Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) llegó a ser tan profunda que se le asignó una posición inmediatamente posterior a la de Aisha (que Allah esté complacido con ella).

Entre los acontecimientos relacionados con el matrimonio del Honorable Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) y Umm Salama (que Allah esté complacido con ella), destaca especialmente el hecho de que el día en que ella llegó a la casa del Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él), preparó la comida con sus propias manos. Zaynab bint Juzayma (que Allah esté complacido con ella) había fallecido poco tiempo antes. Llevaron a Umm Salama a vivir a su misma habitación. Los utensilios domésticos ya estaban preparados. Umm Salama (que Allah esté complacido con ella) sacó un poco de cebada de un recipiente y algo de grasa de otro, y lo puso todo en una olla sobre el fuego. Después molió la cebada en el molino, la mezcló con la grasa y preparó una especie de comida. Esa fue la comida de la noche de bodas del Honorable Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) y su esposa.29

Las esposas del Honorable Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) estaban divididas en dos grupos. En uno estaban Aisha (que Allah esté complacido con ella), Hafsa (que Allah esté complacido con ella), Safiyya (que Allah esté complacido con ella) y Sawda (que Allah esté complacido con ella). En el otro estaban Umm Salama (que Allah esté complacido con ella) y las demás. Aisha (que Allah esté complacido con ella) era la esposa más querida del Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él). La gente lo sabía. Por eso, el día que el Mensajero (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) se quedaba en la habitación de Aisha (que Allah esté complacido con ella), le enviaban regalos. Las esposas del grupo de Umm Salama (que Allah esté complacido con ella) dijeron: «Nosotras también queremos recibir regalos como Aisha». Por tanto, el Mensajero (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) se quedara donde se quedara, la gente debería enviar allí todo lo que quisiera enviar. Eligieron a Umm Salama como portavoz para comunicar su petición al Mensajero de Allah.

Umm Salama (que Allah esté complacido con ella) le expuso el asunto al Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dos veces seguidas. Él no le prestó atención. La tercera vez, levantó la cabeza y dijo: «No me causéis dolor por causa de Aisha, pues entre vosotras no hay ninguna otra bajo cuya manta haya recibido revelación».

Entonces Umm Salama dijo:

Será en árabe

—¡Oh, Mensajero de Allah!, pido perdón a Allah por haberte causado dolor.

El Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda la paz) vivió con ella satisfecho, aceptando las carencias y la pobreza de la vida. En cierta ocasión, Hadrat al-Irbad, Ju’al ibn Suraqa y Abdullah ibn Mugaffal (que Allah esté complacido con ellos) regresaron de un viaje y se presentaron ante el Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda la paz). Estaban hambrientos. El Mensajero (que Allah le bendiga y le conceda la paz) fue donde Umm Salama (que Allah esté complacido con ella) y le pidió algo de comida, pues quería darles de comer. Sin embargo, no encontró en su casa nada que pudiera servir como alimento.³⁰

Al-Muttalib ibn Abdillah dijo: La viuda de Arabia, Umm Salama, llegó como esposa a la casa del Señor de los musulmanes al comienzo de la noche y, al final de ella, se puso a moler cebada.³¹

En el quinto año de la Hégira, durante el asedio de la tribu judía de Medina, Banu Qurayza, el Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda la paz) envió a Abu Lubaba (que Allah esté complacido con él) para negociar con ellos. En el curso de las conversaciones, les indicó con un gesto de la mano que serían ejecutados. Sin embargo, al considerar que con ello había revelado un secreto del Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda la paz), se arrepintió profundamente. Después se ató a uno de los pilares de la mezquita. Permaneció así durante muchos días, hasta que su arrepentimiento fue aceptado. Ese día, el Mensajero (que Allah le bendiga y le conceda la paz) se encontraba en la casa de Umm Salama (que Allah esté complacido con ella).

Por la mañana, el Mensajero (que Allah le bendiga y le conceda la paz) se despertó en la casa de Umm Salama (que Allah esté complacido con ella) y comenzó a sonreír suavemente. Al verlo, Umm Salama (que Allah esté complacido con ella) dijo: «Que Allah le mantenga siempre sonriente. ¿Cuál es la razón de su sonrisa en este momento?». Él respondió: «El arrepentimiento de Abu Lubaba ha sido aceptado». Umm Salama le pidió permiso para comunicarle aquella buena noticia. El Mensajero (que Allah le bendiga y le conceda la paz) dijo: «Sí, puedes hacerlo si quieres». La casa de Umm Salama estaba tan cerca de la Mezquita del Profeta que, si alguien alzaba la voz desde ella, podía ser oído en la mezquita. Tras obtener permiso, se quedó de pie ante la puerta de la estancia y gritó: «¡Abu Lubaba! ¡Enhorabuena! Tu arrepentimiento ha sido aceptado». Apenas aquella voz llegó a los oídos de la gente, toda Medina pareció estallar de alegría y emoción.³²

Este hecho ocurrió antes de que se revelara el mandato del hiyab.

Ese año fue revelado el versículo del hiyab (velo). Hasta la revelación de este versículo, las esposas del Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) se presentaban ante algunos parientes algo lejanos. A partir de entonces se ordenó que observaran el velo ante todos, excepto ciertos parientes y allegados. El honorable Ibn Umm Maktum era un compañero ciego de gran dignidad, perteneciente a la tribu de Quraysh. También era el almuédano del Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz). Como era ciego, solía entrar incluso en los aposentos privados del Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz). Un día, después de la revelación del versículo del hiyab, entró allí como de costumbre. El Mensajero (que Allah le bendiga y le conceda paz) dijo a la honorable Umm Salama (que Allah esté complacido con ella) y a la honorable Maymuna (que Allah esté complacido con ella): «Cubríos ante él». Ellas dijeron: «Pero él es ciego». El Mensajero (que Allah le bendiga y le conceda paz) dijo: «Vosotras no sois ciegas; vosotras sí lo veis».³³

No participó en la batalla de la Trinchera. Sin embargo, estaba tan cerca del Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) que podía oír claramente cada una de sus palabras. Decía: «Recuerdo muy bien aquel momento en que el polvo cubría el noble pecho del Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz). Él colocaba ladrillos sobre las cabezas de la gente mientras recitaba poesía. De repente, al fijarse en Ammar ibn Yasir, dijo: “¡Oh, Ibn Sumayya! Un grupo rebelde te dará muerte”».³⁴

Durante el tratado de Hudaybiyya, la honorable Umm Salama (que Allah esté complacido con ella) dio al Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) un consejo acertado. En Sahih al-Bujari se relata que, después de concluir el tratado, el Mensajero (que Allah le bendiga y le conceda paz) ordenó que la gente sacrificara sus animales en Hudaybiyya. Como las condiciones del tratado parecían contrarias a los intereses de los musulmanes, estos se encontraban generalmente afligidos y abatidos. Aunque el Mensajero (que Allah le bendiga y le conceda paz) dio la orden tres veces, nadie mostró intención de apresurarse a cumplirla. El Mensajero (que Allah le bendiga y le conceda paz) regresó a la tienda y contó lo sucedido a Umm Salama (que Allah esté complacido con ella). Entonces Umm Salama dijo: «No diga nada a nadie. Salga y ofrezca usted mismo su sacrificio; después, para salir del ihram, córtese el cabello». El Mensajero (que Allah le bendiga y le conceda paz) siguió su consejo. Cuando la gente vio que el Mensajero (que Allah le bendiga y le conceda paz) estaba actuando personalmente conforme a su orden, todos ofrecieron sus sacrificios y salieron del ihram. Entonces comenzó una verdadera competencia por ofrecer el sacrificio y salir del ihram.³⁵

El consejo de la honorable Umm Salama (que Allah esté complacido con ella) fue sumamente oportuno y práctico. Resol​​vió en un instante un problema difícil.

Durante el incidente del ila y el takhyir, en el noveno año de la hégira, el honorable Abu Bakr (que Allah esté complacido con él) y el honorable Umar (que Allah esté complacido con él) aconsejaron cada uno a su hija. El honorable Umar acudió a Umm Salama y habló con ella. La honorable Umm Salama le dijo con un tono algo áspero:

En árabe:

—¡Ibn Jattab! Es sorprendente que se entrometa usted en todos los asuntos. Incluso ha comenzado a entrometerse en los asuntos estrictamente personales del Mensajero (que Allah le bendiga y le conceda paz) y de sus esposas.³⁶

En «La vida de la honorable Aisha (que Allah esté complacido con ella)» hemos tratado este asunto detalladamente. La respuesta de la honorable Umm Salama (que Allah esté complacido con ella) fue muy contundente. Por ello, el honorable Umar (que Allah esté complacido con él) se levantó en silencio y se marchó. Mientras tanto, durante la noche se difundió el rumor de que el honorable Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) había divorciado a sus esposas. Por la mañana, el honorable Umar (que Allah esté complacido con él) se presentó ante el Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) y le contó todo lo sucedido. Al escuchar la contundente respuesta de Umm Salama (que Allah esté complacido con ella), él sonrió levemente.³⁷

Durante la conquista de La Meca, Umm Salama era la esposa que acompañaba al Mensajero de Allah en su viaje. Cuando la caravana llegó a Marraz Zahran —o, según otra opinión, a Naq al-‘Uqab—, un lugar cercano a La Meca, Abu Sufyan ibn al-Harith ibn Abd al-Muttalib y Abdullah ibn Abi Umayya ibn al-Mughira se presentaron de noche en el campamento musulmán y quisieron entrevistarse con el Mensajero de Allah. En ese momento, Umm Salama le dio al Mensajero de Allah el siguiente consejo:

Será en árabe

—¡Oh, Mensajero de Allah! Uno es el hijo de tu tío paterno y el otro es el hijo de tu tía paterna y tu cuñado. Cabe señalar que Abu Sufyan era hijo de al-Harith, el tío paterno mayor del Mensajero de Allah, mientras que Abdullah era hijo de Atika, la tía paterna del Mensajero de Allah, y hermano de Umm Salama.³⁸

Umm Salama acompañó al Mensajero de Allah durante la expedición a Taif.³⁹ En el décimo año de la Hégira, durante la Peregrinación de Despedida, Umm Salama estaba enferma. Sin embargo, no le agradaba mostrar ninguna negligencia en el cumplimiento de una obligación religiosa; por ello, a pesar de tener una excusa o razón válida, acompañó al Mensajero de Allah en su viaje. Respecto al tawaf, el Mensajero le dijo: «¡Umm Salama! Cuando se acerque la hora de la oración del alba, monta en el camello y realiza el tawaf». Así lo hizo.⁴⁰ En el undécimo año de la Hégira, durante los últimos días de la vida del Noble Mensajero, cuando enfermó y permanecía en la habitación de Aisha, Umm Salama solía visitarlo con frecuencia. Un día, el estado de salud del Mensajero de Allah era muy grave. Ella no pudo contenerse y de repente lanzó un grito. El Mensajero la reprendió diciendo: «Eso no es propio de los musulmanes».

En una ocasión, durante ese período, la enfermedad del Mensajero de Allah empeoró. Sus esposas quisieron darle leche para beber, pero él se negó porque no tenía deseos de beberla. Sin embargo, cuando quedó un poco inconsciente, Umm Salama y Umm Habiba le abrieron la boca por la fuerza y le hicieron beber un poco.

En otra ocasión, Umm Salama y Umm Habiba hablaron ante el Mensajero de Allah sobre las imágenes de personas que los cristianos de Abisinia colocaban en sus lugares de culto. El Mensajero dijo: «Cuando muere entre ellos una persona piadosa, convierten su tumba en un lugar de culto, fabrican imágenes suyas y las colocan allí. En el Día de la Resurrección, esas personas serán las criaturas más despreciables ante Allah».

El Mensajero de Allah había predicho ante Umm Salama el martirio de Husayn. Precisamente cuando Husayn combatía con valentía y coraje contra el ejército de Yazid, Umm Salama soñó que el Mensajero de Allah había llegado. Estaba sumamente perturbado; su cabeza y su venerable barba estaban cubiertas de polvo. Umm Salama le preguntó: «¡Oh, Mensajero de Allah! ¿Por qué te encuentras en este estado?». Él respondió: «Regreso del lugar del martirio de Husayn». Ella se despertó y las lágrimas comenzaron a brotar de sus ojos. En ese estado pronunció estas palabras: «Los iraquíes han martirizado a Husayn. ¡Que Allah los destruya! Lo han humillado; ¡que la maldición de Allah caiga sobre ellos!».⁴¹

Hijos

Todos los hijos e hijas de Hazrat Umm Salama (que Allah esté complacido con ella) fueron de su primer esposo. No tuvo hijos en el hogar del Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él). En Al-Isaba, Usud al-Ghaba y Tabaqat se mencionan dos hijos varones, Salama y Umar, y una hija llamada Zaynab. En Sahih al-Bujari se menciona a una hija llamada Durra. Según esto, Hazrat Umm Salama (que Allah esté complacido con ella) tuvo cuatro hijos. A continuación se ofrece brevemente información sobre ellos:

Salama: nació en Abisinia.⁴² Durante la emigración de Umm Salama a Medina, él estaba en sus brazos. El Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) casó a Umama, hija de Hazrat Hamza (que Allah esté complacido con él), con este Salama.⁴³

Umar: tenía nueve años cuando falleció el Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él). Su kunya era Abu Hafs. Narró algunos hadices del Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él). Murió en Medina durante el gobierno de Abd al-Malik ibn Marwan. Bajo la tutela de este Umar se concertó el matrimonio de su madre, Umm Salama, con el Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él). Durante el califato de Hazrat Ali (que Allah esté complacido con él), fue nombrado gobernador de Fars y Baréin. Su madre lo envió junto con Ali (que Allah esté complacido con él) en la batalla del Camello. Le dijo a Ali (que Allah esté complacido con él): «Te envío a mi hijo, más querido para mí que mi propia vida. Permanecerá contigo; después ocurrirá lo que Allah quiera. Si no fuera contrario a la orden del Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él), yo también saldría contigo, tal como salieron Aisha (que Allah esté complacido con ella), Talha y Zubayr».⁴⁴

Durra: se la menciona en Sahih al-Bujari. Un día, Hazrat Umm Habiba (que Allah esté complacido con ella) le dijo al Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él): «He oído que quieres casarte con Durra». El Mensajero (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) respondió: «¿Cómo podría ser eso? Aunque yo no la hubiera criado, de ningún modo habría sido lícita para mí, porque es hija de mi hermano de leche».⁴⁵

Zaynab: su primer nombre fue Barra, pero el Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) le puso el nombre de Zaynab. Todos estos hijos suyos abrazaron el islam y alcanzaron la dignidad de compañeros y compañeras del Profeta.⁴⁶

Carácter

Toda la vida de Hazrat Umm Salama (que Allah esté complacido con ella) fue un ejemplo práctico de zuhd y taqwa. Prestaba muy poca atención a los placeres y lujos mundanos y a su brillo. En cierta ocasión se puso un collar al cuello. El collar contenía una pequeña cantidad de oro. Al expresar el Mensajero (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) su desagrado, se lo quitó.⁴⁷

Ayunaba tres días al mes: los lunes, jueves y viernes.⁴⁸ Los hijos de su primer esposo estaban con ella. Los criaba con sumo cuidado. En cierta ocasión preguntó al Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él): «¿Recibiré alguna recompensa por esto?». Él respondió: «Sí, la recibirás».⁴⁹ Era extremadamente cuidadosa con las órdenes y prohibiciones de la sharía. En cierta ocasión, algunas personas dejaron pasar el horario mustahabb de la oración. Umm Salama les advirtió y dijo: «El Mensajero (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) realizaba pronto la oración del mediodía, ¿y vosotros soléis realizar pronto la oración de la tarde?».⁵⁰

Una sobrina de Umm Salama (que Allah esté complacido con ella) estaba rezando un día dos rak‘at delante de ella. Como había polvo y tierra en el lugar de la postración, levantó la cabeza de la postración y se sacudió la tierra de la frente. Umm Salama se lo prohibió y dijo que eso contradecía la práctica del Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él). En cierta ocasión, un esclavo del Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) hizo lo mismo. Él le dijo:

En árabe:

¡Que tu rostro se cubra de polvo por Allah!

Ella no solo era generosa, sino que también animaba a los demás a serlo. En cierta ocasión, varias personas necesitadas acudieron a su casa para pedir ayuda. Umm al-Husayn estaba sentada junto a ella y reprendió a aquellas personas. Pero Umm Salama la detuvo y dijo: «No se nos ha ordenado actuar así». Luego ordenó a la esclava: «Dales algo y despídelos. Si no hay nada, dales un dátil para que lo tengan en sus manos».

En cierta ocasión, ‘Abd al-Rahman ibn ‘Awf (que Allah esté complacido con él) le dijo: «¡Madre! He acumulado tanta riqueza que temo mi perdición». Ella respondió: «¡Hijo! Gástala». El Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: «Hay muchos Compañeros que, después de mi muerte, nunca volverán a verme».51

Era muy cuidadosa con el bienestar de los demás. En la medida de sus posibilidades, nunca escatimaba en las buenas obras. Como recuerdo de su amor por el Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él), conservaba consigo un cabello de su cuerpo. En Sahih al-Bujari se relata que tenía un recipiente de plata en el que conservaba el cabello bendito. Cuando alguno de los Compañeros sufría alguna pena o aflicción, traían un cuenco de agua y lo colocaban delante de ella; entonces sumergía en el agua aquel cabello bendito. Por la bendición de esa agua, todas sus penas y dificultades desaparecían. ‘Abdullah ibn Mawhab dijo: «Soy siervo de Umm Salama (que Allah esté complacido con ella). Ella sacó un cabello del Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) que estaba conservado en alheña y katam».52

Los días en que el Noble Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) pasaba la noche en casa de Umm Salama (que Allah esté complacido con ella), ella extendía un lecho delante de la estera de oración. El Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) rezaba, mientras ella permanecía acostada en aquel lecho.53

Era tan cuidadosa con el bienestar del Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) que liberó a su esclavo Safina con la condición de que, mientras el Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) viviera, tendría que servirlo.54

Una vez, la venerable Umm Salama (que Allah esté complacido con ella) dijo: «¡Oh, Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz)! ¿Por qué no se menciona a nosotras, las mujeres, en el Corán?». Después de esta pregunta, el Mensajero (que Allah le bendiga y le conceda paz) subió al púlpito de la mezquita, se puso de pie y recitó la aleya 35 de la sura Al-Ahzab:

Será en árabe

«Ciertamente, los musulmanes y las musulmanas, los creyentes y las creyentes, los obedientes y las obedientes, los veraces y las veraces, los pacientes y las pacientes, los humildes y las humildes, los caritativos y las caritativas, los que ayunan y las que ayunan, los que protegen sus partes íntimas y las que las protegen, y los hombres y las mujeres que recuerdan mucho a Allah: para todos ellos Allah ha preparado perdón y una gran recompensa». La venerable Umm Salama (que Allah esté complacido con ella) se atrevió a formular tal pregunta debido a su profunda relación y amor por el venerable Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz).

La grandeza y el rango de la venerable Umm Salama (que Allah esté complacido con ella).

Entre las esposas del Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz), la venerable Umm Salama (que Allah esté complacido con ella) ocupaba, en grandeza y rango, el lugar inmediatamente posterior al de la venerable Aisha (que Allah esté complacido con ella). Ibn Hayar dice:

Será en árabe

«Umm Salama estaba dotada de una belleza incomparable, una sabiduría completa y la virtud de tomar decisiones acertadas.»

Narró hadices de Abu Salama, Fátima az-Zahra y el Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz). Entre quienes narraron hadices por medio de Umm Salama se cuentan, entre los más destacados: Umar, Zaynab (su hijo y su hija), su hermano Amir, el hijo de su hermano Musab ibn Abdullah, Abdullah ibn Rafi, Nafi ibn Safin, Abu Kazir, Jazra, Safiyya bint Shayba, Hind bint al-Musayyib, Humayd, Urwa, Abu Bakr ibn Abd ar-Rahman, Sulayman ibn Yasar, y otros compañeros y tabi‘in.⁵⁵ En las obras de hadices se encuentran 378 hadices suyos. De ellos, trece son aceptados por unanimidad. El imam Bujari narró tres exclusivamente, y el imam Muslim, trece exclusivamente. Por ello, pertenece al tercer nivel de los compañeros expertos en hadices. Entre las mujeres narradoras de hadices, después de la venerable Aisha (que Allah esté complacido con ella), no hay ninguna superior a ella.⁵⁶

Hazrat Umm Salama (que Allah esté complacido con ella) tenía un intenso deseo de escuchar hadices. Un día se estaba trenzando el cabello. En ese momento, el Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) subió al minbar de la mezquita para pronunciar el sermón. Apenas dijo: «¡Oh, gente!», Umm Salama dijo de inmediato a la mujer que le estaba arreglando el cabello: «Átamelo». Ella respondió: «¿Por qué tanta prisa? Apenas ha dicho: “¡Oh, gente!”». Umm Salama dijo: «¡Qué bien! ¿Acaso no formamos parte de la gente?». Luego se ató el cabello rápidamente, subió y, permaneciendo de pie, escuchó completo el sermón del Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz).57

Este acontecimiento demuestra su intenso anhelo por adquirir conocimiento.

Los hadices de Hazrat Umm Salama (que Allah esté complacido con ella) están recopilados en el Musnad del imán Ahmad, volumen 6, páginas 289 a 324. Acerca de la posición y el mérito de Hazrat Umm Salama, Mahmud ibn Labid dijo:

En árabe:

—Las esposas del Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) habían memorizado muchos hadices. Sin embargo, Hazrat Aisha y Hazrat Umm Salama (que Allah esté complacido con ella) no tenían rival.58

El sabio Ibn al-Qayyim dijo: «Si se recopilaran sus fatwas, podrían formar un pequeño tratado».59

El Imán de las Dos Sagradas Mezquitas dijo: «No conozco a ninguna mujer más capacitada para emitir decisiones correctas que Hazrat Umm Salama (que Allah esté complacido con ella).

Marwán ibn al-Hakam consultaba a Hazrat Umm Salama (que Allah esté complacido con ella) acerca de cuestiones jurídicas y decía públicamente:60

Será en árabe:

—Teniendo entre nosotros a las esposas del Mensajero de Allah —que Allah le bendiga y le conceda paz—, ¿cómo podemos preguntar a otros?

Incluso Hazrat Abu Huraira y Hazrat Ibn Abbas —a quienes se llamaba las ciudades del conocimiento— acudían repetidamente a la puerta de Hazrat Umm Salama para aprender. Un numeroso grupo de tabi‘in adquirió conocimiento de ella.⁶¹

Hazrat Umm Salama podía recitar el Corán de una manera muy hermosa. Lo recitaba conforme al método y la forma del Mensajero de Allah —que Allah le bendiga y le conceda paz—. En cierta ocasión, alguien le preguntó cómo recitaba el Mensajero la lectura coránica. Ella respondió: «Recitaba cada versículo por separado». Luego ella misma recitó algunos versículos para que los escucharan.⁶²

Poseía una extraordinaria perspicacia. Antes del fallecimiento del Noble Mensajero de Allah —que Allah le bendiga y le conceda paz—, él le confió en secreto algo a su hija Fátima. Incluso una esposa dotada de todas las virtudes, como Hazrat ‘Aisha, quiso preguntarle de inmediato a Fátima para saberlo. Pero Fátima se negó a revelarlo, y ‘Aisha se sintió avergonzada. Umm Salama, sin embargo, no se apresuró a conocer aquel secreto. Esperó pacientemente y preguntó después del fallecimiento del Mensajero de Allah —que Allah le bendiga y le conceda paz—.

El versículo 33 de la sura Al-Ahzab, conocido como el versículo de la Purificación, descendió en la casa de Hazrat Umm Salama. El Mensajero se encontraba en su habitación. El versículo dice:

Será en árabe:

—¡Oh, miembros de la familia del Profeta! Allah solo desea apartar de vosotros toda impureza y purificaros por completo.

Después de la revelación de este versículo, el Mensajero (que Allah le bendiga y le conceda paz) llamó a Fátima, a Ali, a Hasan y a Husayn (que Allah esté complacido con ellos) y dijo: «Ellos son mi Ahl al-Bayt, es decir, los miembros de mi familia». Umm Salama (que Allah esté complacido con ella) preguntó: «¡Oh, Mensajero de Allah! ¿Estoy incluida entre la Ahl al-Bayt?». Él respondió: «Sí, in sha Allah».⁶³ En el Jami‘ at-Tirmidhi también se narra que el Mensajero (que Allah le bendiga y le conceda paz) llamó a las personas mencionadas, las cubrió por encima de sus cabezas con una manta y dijo: «¡Oh, Allah! Estos son mi Ahl al-Bayt. Purifícalos». Al escuchar esta súplica, Umm Salama dijo: «¡Oh, Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz)! ¿Estoy yo también incluida entre ellos?». Él respondió: «Tú estás en tu posición y estás bien».⁶⁴

Un día, Umm Salama (que Allah esté complacido con ella) estaba sentada junto al Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz). En ese momento llegó Yibril (la paz sea con él) y comenzó a hablar. Después de que se marchó, el Mensajero (que Allah le bendiga y le conceda paz) preguntó: «¿Lo conoces?». Umm Salama respondió: «Dihya al-Kalbi». Sin embargo, cuando Umm Salama (que Allah esté complacido con ella) relató el suceso a otras personas, se enteró de que aquel hombre no era Dihya, sino Yibril (la paz sea con él). Los muhaddizun consideran que este suceso tuvo lugar antes de la revelación de la orden del hiyab.⁶⁵

Cuán experta era ella en la comprensión profunda de la sharía islámica se hizo evidente por numerosos sucesos de su vida y por sus palabras. Aquí se mencionan algunos de ellos: Abu Huraira (que Allah esté complacido con él) solía decir que, si alguien quedaba en estado de impureza durante el mes de Ramadán, debía apresurarse a realizar el baño ritual antes del alba verdadera; de lo contrario, su ayuno se invalidaría.

Un hombre quiso comprobar ante Aisha y Umm Salama (que Allah esté complacido con ambas) la veracidad de lo que había dicho Abu Huraira. Ambas refutaron sus palabras y dijeron que habían visto al propio Mensajero (que Allah le bendiga y le conceda paz) ayunando mientras se encontraba en estado de impureza. Cuando Abu Huraira se enteró de esto, se arrepintió profundamente. Dijo: «¿Qué puedo hacer? Fadl ibn Abbas me lo había dicho así». Pero era evidente que Umm Salama y Aisha (que Allah esté complacido con ambas) tenían mayor conocimiento sobre este asunto.⁶⁶

En cierta ocasión, algunos Compañeros pidieron a Umm Salama (que Allah esté complacido con ella): «Háblanos de la vida privada del Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz)». Su vida pública y privada eran iguales. Después de decir esto, Umm Salama (que Allah esté complacido con ella) sintió que quizá había revelado algún secreto del Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz), y se arrepintió. Cuando el Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) regresó a casa, le contó todo. El Mensajero (que Allah le bendiga y le conceda paz) le dijo: «Has hecho muy bien».⁶⁷

Abdullah ibn al-Zubayr (que Allah esté complacido con él) solía realizar dos rak‘as de oración después de la oración de la tarde.

Un día, Marwán le preguntó: «¿Por qué realizas esta oración?». Él respondió: «El Mensajero (que Allah le bendiga y le conceda paz) la realizaba». Puesto que Abdullah ibn al-Zubayr (que Allah esté complacido con él) había conocido este hadiz a través de Aisha (que Allah esté complacida con ella), Marwán envió a alguien a Aisha para verificar su autenticidad. El hombre fue ante Aisha y le comunicó lo que Abdullah había dicho. Ella respondió: «¡Que Allah perdone a Aisha! Él entendió mal mis palabras. ¿Acaso no le dije que el Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) había prohibido realizar esa oración?⁶⁸»

En cierta ocasión, ella le dio a un hombre la solución de una cuestión jurídica. El hombre no quedó satisfecho con ello. Se levantó y fue ante las demás esposas. Todas le dieron la misma respuesta. El hombre regresó y le comunicó esto a Umm Salama (que Allah esté complacido con ella). Ella le dijo: «Sí, espera. Quiero dejarte satisfecho. He escuchado un hadiz sobre este asunto del Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz)».⁶⁹

Que Umm Salama (que Allah esté complacido con ella) era una mujer sumamente pudorosa queda demostrado por numerosos relatos transmitidos en los hadices. En cierta ocasión, Umm Sulaym (que Allah esté complacido con ella) preguntó al Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz): «Si una mujer sueña que su esposo mantiene relaciones sexuales con ella, ¿debe realizar el baño ritual?». Umm Salama (que Allah esté complacido con ella) estaba sentada allí cerca. Exclamó: «¡Umm Sulaym! ¡Que tus manos se cubran de polvo! Has hecho que toda la comunidad femenina sienta vergüenza ante el Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz)». El Mensajero de Allah respondió: «Deberá realizar el baño ritual si ve agua». Entonces Umm Salama (que Allah esté complacido con ella) preguntó: «¡Mensajero de Allah! ¿Acaso hay agua?»70

Después del Califato Ortodoxo, los gobernantes de la dinastía omeya y sus partidarios extremistas solían hacer toda clase de comentarios indecentes contra la familia del Profeta, especialmente sobre Ali (que Allah esté complacido con él). Muchos lo insultaban. La Madre de los Creyentes, Umm Salama (que Allah esté complacido con ella), aún vivía en aquella época. Los odiaba y a menudo protestaba contra ellos. Abu Abdillah al-Yadali (que Allah esté complacido con él) relata: «Un día fui a visitar a Umm Salama. Ella me preguntó: “¿Se insulta al Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) entre vosotros?”. Respondí: “¡Que Allah nos proteja!”. Entonces dijo: “Escuché al Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) decir: ‘Quien insulta a Ali es como si me hubiera insultado a mí’”».

En otro relato se transmite que Umm Salama (que Allah esté complacido con ella) dijo: «¿Acaso no se insulta a Ali y a quienes lo aman, pese a que el Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) lo amaba?»

Este relato permite conocer cuán profundo era su amor y afecto por los miembros de la familia del Profeta.71

Umm Salama (que Allah esté complacido con ella) transmitió muchas de las súplicas y letanías diurnas y nocturnas del Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz). Por ejemplo, relató que el Mensajero (que Allah le bendiga y le conceda paz) hacía la siguiente súplica después de la oración del alba:72

Será en árabe

—¡Oh Allah! Te pido sustento puro, conocimiento beneficioso y obras aceptadas.

También relató que, cuando el Mensajero (que Allah le bendiga y le conceda paz) salía de casa, decía:73

Será en árabe

—En el nombre de Allah, en Allah confío. ¡Oh Allah! Buscamos refugio en Ti de tropezar, extraviarnos, cometer injusticia, ser víctimas de injusticia, excedernos contra alguien o que se excedan contra nosotros.

También dijo que el Mensajero (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) solía decir: 74

Será en árabe

—¡Oh, Tú que cambias los corazones! Afirma mi corazón firmemente en Tu religión.

También se narró de ella que el Mensajero (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) decía: 75

Será en árabe

—¡Oh, Señor! Perdóname, ten misericordia de mí y guíame por el camino recto.

La muerte

Existe discrepancia sobre el año de su muerte. Según Al-Waqidi, falleció en el mes de Shawwal del año 59 de la Hégira, y Hazrat Abu Huraira (ra) dirigió su oración fúnebre. Ibn Hibban afirma que falleció hacia el final del año 61 de la Hégira, después del martirio de Husayn ibn Ali (ra). Según Abu Jaisama, murió hacia el final del año 60 de la Hégira, durante el califato de Yazid ibn Muawiya. Sin embargo, la opinión más aceptada es la del año 63 de la Hégira. Fue entonces cuando tuvo lugar el incidente de Harra; es decir, el ejército de Yazid sitió en La Meca a las fuerzas de Hazrat Abdullah ibn Zubair (ra) y lanzó un ataque contra la ciudad.76

Al momento de su muerte, Hazrat Umm Salama (ra) tenía 84 años. Hazrat Abu Huraira (ra) dirigió su oración fúnebre.77 Según la costumbre, en aquella época el gobernador de Medina dirigía las oraciones fúnebres. El gobernador de Medina era entonces Walid ibn Utba. Este Walid era nieto de Abu Sufyan (ra). Antes de morir, Hazrat Umm Salama (ra) dejó dispuesto que Walid se marchara fuera de Medina, hacia el bosque, y enviara a Hazrat Abu Huraira (ra) para dirigir la oración fúnebre. Sin embargo, el imán Adh-Dhahabi citó un relato según el cual no está demostrado que Abu Huraira (ra) dirigiera dicha oración, pues murió antes que Umm Salama (ra). Hazrat Umm Salama (ra) fue enterrada en el cementerio de Al-Baqi, en Medina.78

Zaynab bint Jahsh (ra)

El sobrenombre de la Madre de los Creyentes, Hazrat Zaynab, era Umm Hakam. Su padre era Jahsh ibn Rabab al-Asadi, de la tribu de Banu Asad ibn Juzayma, y su madre era Umayma bint Abd al-Muttalib, tía paterna del Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz). Por tanto, era prima hermana del Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz). Dos hermanos de Hazrat Zaynab (ra), Ubaydullah ibn Jahsh y Abu Ahmad ibn Jahsh, se casaron respectivamente con Umm Habiba y Faria, las dos hijas de Hazrat Abu Sufyan (ra). Otro de sus hermanos, Abdullah ibn Jahsh (ra), alcanzó el martirio en la batalla de Uhud. Los incrédulos le abrieron el abdomen y mutilaron su cadáver. Fue enterrado junto con su tío materno, Hazrat Hamza (ra), en la misma tumba, en el campo de Uhud. Hamna bint Jahsh y Umm Habiba bint Jahsh eran dos hermanas de Hazrat Zaynab. Ambas padecían metrorragia. A menudo preguntaban al Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) sobre diversas cuestiones relacionadas con ello. Por esta razón se las menciona en los hadices.

Hazrat Abdullah ibn Jahsh y todos sus demás hermanos y hermanas abrazaron el islam en la primera época. Se hicieron musulmanes antes de que el Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) acudiera a la casa de Al-Arqam. Después, todos emigraron a Abisinia. Allí, su cuñado Ubaydullah se hizo cristiano, mientras que su esposa, Hazrat Umm Habiba (ra), permaneció firme en el islam. Más tarde, el Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) se casó con ella por mediación del Negus. Después, todos regresaron a La Meca. Al cabo de algún tiempo, Abdullah ibn Jahsh y Abu Ahmad ibn Jahsh emigraron a Medina junto con sus familias y sus hermanas.

Hazrat Zaynab (ra) abrazó el islam en los primeros tiempos. Ibn al-Athir dice:

Será en árabe

Fue uno de los primeros musulmanes.

Matrimonio

El Honorable Mensajero de Allah —que Allah le bendiga y le conceda paz— la casó con Zayd ibn Hariza, su esclavo liberado y su hijo adoptivo. En la historia existen innumerables ejemplos de cómo el islam hizo realidad las enseñanzas de la igualdad y la equidad, y de cómo situó en una misma fila a personas de todos los estratos sociales. Sin embargo, el matrimonio de la Honorable Zaynab —que Allah esté complacido con ella— fue la base de la enseñanza práctica de la igualdad y la equidad. Por ello, adquirió precedencia e importancia sobre todos los demás ejemplos de esta naturaleza.

En toda Arabia, la posición elevada y honorable que ostentaban los Quraysh, especialmente los Banū Hāshim, como custodios de la Sagrada Kaaba, era tal que ningún rey del Yemen de aquella época se habría atrevido a reclamar igualdad con ellos.

Pero el islam declaró que el criterio del honor y la dignidad es la taqwa y el temor de Allah, y proclamó que toda forma de orgullo, aristocracia y nobleza de linaje es un símbolo de la ignorancia preislámica. Sobre esta base, aunque el Honorable Zayd era aparentemente un esclavo, puesto que el islam adquirió por medio de él una fuerza ilimitada, se le consideraba superior incluso a miles de personas libres. Además de impartir la enseñanza práctica de la igualdad islámica, este matrimonio tenía otro propósito. Ibn al-Athir lo narró de la siguiente manera:

será

El Mensajero de Allah —que Allah le bendiga y le conceda paz— la casó con Zayd para que Zayd le impartiera la enseñanza y la formación en el Libro de Allah y en la Sunna del Mensajero de Allah —que Allah le bendiga y le conceda paz—.

Los Quraysh se jactaban de su linaje. Su orgullo por la ascendencia no tenía límites. Sin embargo, el Mensajero —que Allah le bendiga y le conceda paz— casó a Zaynab bint Yahsh con Zayd ibn Hariza. Zayd era una persona muy querida por el Mensajero de Allah —que Allah le bendiga y le conceda paz—. Zayd abrazó el islam en la misma época en que lo hicieron la Honorable Jadiya —que Allah esté complacido con ella— y el Honorable Abu Bakr —que Allah esté complacido con él—.

En la mayoría de las expediciones, el Mensajero (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) lo nombraba comandante sobre los líderes de Quraysh. Zayd llegó a ser tan cercano al Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) que se hizo conocido como Zayd ibn Muhammad. El Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) le mostraba un favor especial. A pesar de todas estas cualidades y virtudes, era un esclavo, mientras que Zaynab gozaba de noble linaje. Desde el principio, Zaynab no estaba de acuerdo con este matrimonio. Se lo dijo directamente al Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él):

Será en árabe

No lo considero adecuado para mí. Sin embargo, finalmente aceptó por orden del Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él), porque entonces fue revelado este versículo de la sura Al-Ahzab:

Será en árabe

Es decir, cuando Allah y Su Mensajero toman una decisión sobre un asunto, ningún hombre ni ninguna mujer creyente tiene opción alguna.

Después del matrimonio, vivieron juntos durante un año, pero no llegó a surgir entre ellos una relación de amor y afecto. Día tras día, la relación se volvió cada vez más amarga. Zayd (que Allah esté complacido con él) acudió al Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él), se quejó y expresó su deseo de divorciarse.

Será en árabe

—Zayd acudió al Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) y dijo: «¡Oh, Mensajero de Allah! Zaynab me hiere con sus duras palabras. Quiero divorciarme de ella».

El Mensajero de Allah intentó impedir que Zayd se divorciara. En el Noble Corán, ese intento se relata de la siguiente manera.

Será en árabe

—cuando le decías a aquel a quien Allah y tú habíais favorecido: «Conserva a tu esposa y teme a Allah».

A pesar de todos los esfuerzos del Mensajero de Allah, el matrimonio de Zaynab y Zayd no perduró. Zayd terminó divorciándose de ella.

Como ya he mencionado, el matrimonio de Zayd con Zaynab se celebró por voluntad del Mensajero de Allah. Zaynab no estaba en absoluto de acuerdo con ese matrimonio. Zaynab era hermana del Mensajero de Allah. Él la crió hasta que alcanzó la madurez y la capacidad de discernimiento. Por eso, cuando se separaron, el Mensajero comenzó a desear casarse con ella personalmente para hacerla feliz. Sin embargo, como todavía quedaban en la mente de los musulmanes algunos vestigios de las costumbres y tradiciones de la época de la ignorancia, reprimió ese deseo. La razón era que Zayd era su hijo adoptivo. La sociedad de la época de la ignorancia no hacía ninguna diferencia entre un hijo biológico y un hijo adoptivo. Zaynab era la esposa divorciada de Zayd, el hijo adoptivo del Mensajero de Allah. El Mensajero temía que los hipócritas y los incrédulos provocaran un gran alboroto si se casaba con ella. Pero, puesto que la costumbre de no casarse con la esposa divorciada de un hijo adoptivo no era más que una práctica pagana de la época de la ignorancia, y Allah y Su Mensajero querían erradicarla por completo, Allah el Altísimo reveló de esta manera el deseo que el Mensajero de Allah albergaba en aquel momento:

Será en árabe

—«Estás ocultando en tu corazón algo que Allah va a manifestar. Temes a la gente, cuando es más apropiado que temas a Allah».

El imán at-Tirmidhi dice: «Si el Mensajero de Allah hubiera ocultado algo de la revelación, habría sido precisamente esta aleya, pues Allah ha revelado en ella un deseo secreto del Mensajero de Allah».

En Sahih Muslim se ha narrado de Anas (que Allah esté complacido con él): cuando terminó el período de ‘iddah de Zaynab (que Allah esté complacido con ella), el Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) envió precisamente a Zayd a ella, diciéndole: «Ve y llévale mi propuesta de matrimonio». Zayd (que Allah esté complacido con él) fue y vio que Zaynab (que Allah esté complacido con ella) estaba amasando harina. Zayd dice: «Cuando la vi, mi corazón se llenó de una profunda reverencia hacia ella. Perdí el valor para levantar los ojos y mirarla, porque el Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) le había enviado una propuesta de matrimonio. Me aparté un poco». En otra narración se relata que Zayd (que Allah esté complacido con él) se puso de espaldas frente a la puerta de la casa de Zaynab (que Allah esté complacido con ella) y dijo: «¡Zaynab! He venido con la propuesta del Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz)». Zaynab respondió: «Ahora estoy ocupada. No puedo decir nada antes de pedir orientación a Allah mediante la istijara». Después de decir esto, comenzó a dirigirse hacia la mezquita. Mientras tanto, Allah, el Altísimo, hizo descender ante el Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) el siguiente versículo:

El texto árabe es:

—«Luego, cuando Zayd hubo satisfecho su necesidad respecto de ella, Nosotros te la dimos en matrimonio, para que los creyentes no tuvieran dificultad alguna respecto de las esposas de sus hijos adoptivos cuando estos hubieran satisfecho su necesidad respecto de ellas. El mandato de Allah debe cumplirse». Mediante este versículo, Allah, el Altísimo, hizo saber claramente a Su Profeta que Él mismo había dispuesto el matrimonio de Zaynab. Por ello, Zaynab se convirtió en la esposa del Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz). En este asunto no era necesario tener en cuenta el consentimiento o la negativa de Zaynab. Ibn Ishaq ha dicho que quien llevó a cabo el matrimonio de Zaynab (que Allah esté complacido con ella) con el Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) fue Abu Ahmad ibn Jahsh (que Allah esté complacido con él). Es posible que después se celebrara una boda públicamente y que esa ceremonia la realizara Abu Ahmad ibn Jahsh. Sin embargo, en Sahih Muslim se afirma claramente que, después de la revelación del versículo mencionado, el Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) se presentó ante Zaynab (que Allah esté complacido con ella) sin ninguna autorización previa. En una narración de al-Bujari y Muslim se relata que Zaynab (que Allah esté complacido con ella) se jactaba ante sus coesposas diciendo: «A ustedes las casaron sus tutores, mientras que a mí me casó el propio Allah, el Altísimo». El matrimonio del Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) se consumó en el mes de Dhu al-Qi‘dah del quinto año de la Hégira.

En el versículo 37 de la sura al-Ahzab, Allah dice: «Nosotros te la dimos en matrimonio». Estas palabras y los términos empleados dejan claro que el Noble Profeta (que Allah le bendiga y le conceda paz) no contrajo este matrimonio basándose en su propia voluntad o deseo, sino únicamente por mandato del propio Allah, el Altísimo.

De este versículo se entiende claramente que Allah, el Altísimo, hizo que Su Profeta realizara este acto con el propósito de satisfacer una necesidad especial y procurar un beneficio que no podía alcanzarse por ningún otro medio. En Arabia se había extendido una costumbre sumamente perniciosa respecto de los hijos adoptivos, y durante generaciones había continuado imponiéndose con todo su poder. Solo había un medio que pudiera resultar eficaz y exitoso para erradicarla: que el Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) avanzara personalmente y la arrancara de raíz. Por tanto, queda claro que Allah, el Altísimo, no hizo que el Profeta Noble (que Allah le bendiga y le conceda paz) contrajera este matrimonio con el propósito de aumentar el número de sus esposas. Lo hizo con el objetivo de cumplir una tarea sumamente grande y de extrema importancia.

El matrimonio del Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) con Zaynab (que Allah esté complacido con ella) ya se había celebrado. Pero los enemigos del islam armaron un gran alboroto y levantaron una enorme controversia, diciendo: «Muhammad (que Allah le bendiga y le conceda paz) se ha casado con la esposa de su hijo, aunque incluso en la ley religiosa que él mismo presentó se ha declarado ilícito para un padre casarse con la esposa de su hijo». En respuesta a ello, Allah, el Altísimo, reveló el versículo 40 de la sura al-Ahzab:

El texto árabe es:

—«¡Oh, gente! Muhammad no es el padre de ninguno de vuestros hombres, sino el Mensajero de Allah y el último de los profetas. Y Allah conoce todas las cosas.»

«Muhammad no es el padre de ninguno de vuestros hombres». Es decir, el hombre cuya esposa repudiada contrajo matrimonio con Muhammad —que Dios le bendiga y le conceda la paz— ni siquiera era hijo del Mensajero —que Dios le bendiga y le conceda la paz—. Por tanto, nunca estuvo prohibido que el Mensajero —que Dios le bendiga y le conceda la paz— se casara con su esposa repudiada. Vosotros mismos sabéis que el Noble Profeta —que Dios le bendiga y le conceda la paz— no tiene ningún hijo varón vivo.

La segunda pregunta de los opositores era la siguiente: aunque el hijo adoptivo no fuera un hijo biológico, casarse con su esposa repudiada podía ser, a lo sumo, lícito. Pero no había ninguna necesidad de que él tuviera que casarse con ella. Como respuesta se dijo: «Además, él es el Mensajero de Dios». Es decir, puesto que es el Mensajero, corresponde a Muhammad —que Dios le bendiga y le conceda la paz— erradicar todos los errores y malentendidos relacionados con aquellos actos lícitos y permitidos que, debido a vuestras costumbres erróneas, han sido considerados ilícitamente prohibidos sin motivo. Además, él es el último Profeta. Después de él no vendrá ningún Mensajero; ni siquiera vendrá otro profeta. Por ello, si durante su vida alguna ley o reforma social quedara sin efecto o sin aplicarse, no se plantearía siquiera la posibilidad de que fuera completada por un profeta posterior. Así pues, abolir esta mala costumbre de la época de la ignorancia se convirtió en un deber ineludible para él mismo. Luego, para subrayar aún más la importancia del asunto tratado, se dijo: «Dios es conocedor de todas las cosas». Es decir, Dios sabe perfectamente que es absolutamente necesario que esta mala costumbre sea abolida ahora por medio del último Profeta. De lo contrario, después de él no quedaría en el mundo ninguna persona capaz de eliminar una costumbre tan arraigada.

La celebración del walima

Después de llevar a Zaynab —que Dios esté complacido con ella— a su casa como esposa, el Mensajero de Dios —que Dios le bendiga y le conceda la paz— organizó un walima. Esto no significa que preparara un banquete real. Sin embargo, el walima de Zaynab —que Dios esté complacido con ella— fue relativamente algo más espléndido. La celebración tuvo lugar al mediodía, según una opinión, o por la noche, según otra. Anas —que Dios esté complacido con él— dijo: «El Mensajero —que Dios le bendiga y le conceda la paz— nos dio a todos pan y carne». Para nuestro Noble Mensajero —que Dios le bendiga y le conceda la paz—, esto era ciertamente una celebración real. Pues, para las familias cuyos miembros tenían que pasar días enteros alimentándose únicamente de leche, preparar carne y pan para trescientas personas podía considerarse algo espléndido. Por eso, más tarde, Zaynab —que Dios esté complacido con ella— solía decir con orgullo ante sus coesposas: «Solo en mi boda el Noble Mensajero de Dios —que Dios le bendiga y le conceda la paz— ofreció un walima con carne y pan». Ibn Sa’d describió así las características de este walima:

Será en árabe

«El Mensajero de Dios —que Dios le bendiga y le conceda la paz— no celebró el walima de ninguna de sus otras esposas de la manera en que celebró el de Zaynab —que Dios esté complacido con ella—. Preparó el walima de Zaynab —que Dios esté complacido con ella— con carne de cabra». Anas —que Dios esté complacido con él— dijo que nunca había preparado una comida tan buena y abundante para el walima de ninguna de sus otras esposas.

La honorable madre de Anas —que Dios esté complacido con él—, Umm Sulaym —que Dios esté complacido con ella—, que era tía materna del Mensajero de Dios —que Dios le bendiga y le conceda la paz—, envió algo de comida a la casa del Profeta para el walima de Zaynab —que Dios esté complacido con ella—. Cuando la comida estuvo preparada, el Noble Mensajero de Dios —que Dios le bendiga y le conceda la paz— envió a su sirviente Anas —que Dios esté complacido con él— a llamar a la gente. Se reunieron trescientos invitados. El Mensajero —que Dios le bendiga y le conceda la paz— dispuso la comida en grupos de diez. La gente llegaba en grupos, comía y se marchaba. Los invitados comieron hasta saciarse.

Transmitido por Abu Hatim: con motivo de la primera noche tras casarse con una de sus esposas, Umm Sulaym preparó un tipo de comida llamado hais —elaborado con dátiles, aqit y grasa— y lo puso en un recipiente de latón o de madera. Luego llamó a su hijo Anas y le dijo: «Llévaselo al Mensajero de Dios —que Dios le bendiga y le conceda la paz— y dile que es un pequeño regalo de nuestra parte». Anas dijo: «En aquel tiempo la gente sufría una gran escasez de alimentos. Llevé el recipiente y dije: “¡Oh, Mensajero de Dios! Umm Sulaym te lo ha enviado. También te transmite su saludo y dice que es un pequeño regalo de nuestra parte”». El Mensajero —que Dios le bendiga y le conceda la paz— miró el recipiente y dijo: «Déjalo en un rincón de la casa y llama a fulano, a mengano y a otros». Mencionó los nombres de muchas personas. También dijo: «Y trae contigo a cualquier musulmán que encuentres por el camino». Anas dijo: «Invité a aquellos cuyos nombres había mencionado. Al regresar, vi que toda la casa del Mensajero de Dios —que Dios le bendiga y le conceda la paz—, la Suffa y las habitaciones estaban abarrotadas de gente». El narrador le preguntó a Anas: «¿Cuántas personas serían?». Respondió: «Unas trescientas». Anas dijo: «El Mensajero —que Dios le bendiga y le conceda la paz— me pidió que trajera el recipiente de comida. Lo acerqué y él puso su mano sobre él e hizo una súplica. Luego dijo: “Sentaos en grupos de diez, decid bismillah y que cada uno coma de lo que tenga delante”». Todos comieron hasta saciarse, siguiendo las instrucciones del Mensajero de Dios —que Dios le bendiga y le conceda la paz—. Después me dijo: «Retira el recipiente». Anas dijo: «Me acerqué y lo levanté. Miré dentro, pero no puedo decir si había más comida cuando lo dejé que cuando lo levanté». Este fue el acontecimiento ocurrido durante el walima de Zaynab —que Dios esté complacido con ella—.

Allah desea convertir a los musulmanes en una nación refinada y civilizada. Por ello, con el propósito de abolir algunas de las costumbres bárbaras e incivilizadas que prevalecían entre la gente de la época de la ignorancia, se reveló el siguiente versículo del Sagrado Corán con motivo de un episodio relacionado con la walima de la honorable Zaynab (que Allah esté complacido con ella).

Será en árabe

—¡Oh, creyentes! No entréis en las casas del Profeta sin permiso, ni os quedéis esperando a que se prepare la comida. Sin embargo, si se os invita a comer, entonces acudid. Pero, una vez terminada la comida, retiraos inmediatamente. No os quedéis entretenidos conversando. Vuestro comportamiento de ese modo causa molestias al Profeta, pero él se avergüenza de decíroslo. Allah, en cambio, no se avergüenza de decir la verdad.

En el versículo citado se censuran varias malas costumbres de los árabes.

1. En tiempos antiguos, los árabes entraban sin reparo en las casas unos de otros. Cuando necesitaban visitar a alguien, nadie estaba obligado a anunciarse desde la puerta de su casa ni a entrar después de pedir permiso. Más bien, entraban directamente y preguntaban a las mujeres y a los niños si el dueño de la casa se encontraba allí. Esta costumbre de la época de la ignorancia daba lugar a numerosos defectos y faltas. Muchas veces ocasionaba el inicio de diversos hechos indeseables que provocaban una degeneración moral. Por esta razón, se estableció primero que ningún amigo cercano ni pariente lejano podía entrar sin permiso en la casa del Noble Profeta (que Allah le bendiga y le conceda la paz). Posteriormente, mediante la sura An-Nur, esta norma se hizo extensiva a los hogares de todos los musulmanes.

2. Entre los árabes también estaba extendida otra mala costumbre y práctica reprochable. Acudían a la casa de un amigo o de alguien a quien visitaban precisamente a la hora de comer, o llegaban a su casa y permanecían allí hasta la hora de la comida. Naturalmente, en tales circunstancias el dueño de la casa se encontraba en una situación sumamente incómoda. Por ello, Allah, Exaltado sea, ordenó en este versículo abandonar esa mala costumbre. Ordenó que solo se acudiera a la casa de alguien con el propósito de comer cuando el dueño de la casa hubiera invitado a comer. Esta orden no se refería únicamente a la casa del Noble Profeta (que Allah le bendiga y le conceda la paz), sino que esta norma debía convertirse en una práctica general para los hogares de todos los musulmanes. Con este propósito, se mencionó únicamente como ejemplo la casa del Mensajero (que Allah le bendiga y le conceda la paz).

3. En este versículo también se censura otra mala costumbre. En la sociedad hay personas que acuden a una casa invitadas a comer y, aun después de terminar la comida, permanecen allí innecesariamente, imponiéndose a los demás. Además, comienzan una conversación tan prolongada que parece no querer terminar nunca. No se detienen en absoluto a pensar en las molestias que causan al dueño de la casa y a sus habitantes. Algunos incluso causaban molestias al Noble Mensajero (que Allah le bendiga y le conceda la paz). Debido a su ilimitada cortesía y a su carácter humilde, él soportaba en silencio esas molestias. Finalmente, el día de la walima de la honorable Zaynab (que Allah esté complacido con ella), ocurrió un episodio de esa naturaleza que llevó al Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda la paz) al límite de su sufrimiento. En realidad, ese episodio fue la causa de la revelación del versículo.

El honorable Anas (que Allah esté complacido con él), asistente personal del Noble Mensajero (que Allah le bendiga y le conceda la paz), relata que la invitación a aquella walima tuvo lugar por la noche. La gente común comió y se marchó. Sin embargo, dos o tres hombres permanecieron sentados allí, absortos en diversas conversaciones.

El Noble Mensajero (que Allah le bendiga y le conceda paz), agobiado, se levantó en cierto momento y recorrió una vez las habitaciones interiores de sus esposas. Al regresar, vio que aquellas personas continuaban sentadas firmemente en su lugar. Entró nuevamente y se sentó en la habitación de Aisha (que Allah esté complacido con ella). Cuando, después de transcurrida gran parte de la noche, supo que aquellas personas se habían marchado, fue a la habitación de Zaynab (que Allah esté complacido con ella). Después de este acontecimiento, se hizo necesario que el propio Allah Altísimo advirtiera a la gente sobre este mal hábito. Según la narración de Anas (que Allah esté complacido con él), el versículo en cuestión fue revelado precisamente con relación a este acontecimiento.

Después del acontecimiento mencionado anteriormente, el Noble Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) colocó una cortina en la puerta de la casa y prohibió a la gente entrar en su interior. Esto ocurrió en el mes de Dhul-Qa’dah del quinto año de la Hégira.

El matrimonio de Zaynab (que Allah esté complacido con ella) tuvo varias características que no se encuentran en ningún otro matrimonio. En resumen, fueron las siguientes:

  1. Se eliminó la creencia errónea de que al hijo adoptivo y considerado hijo legal se le debía tratar como a un hijo biológico.
  2. Este matrimonio eliminó la enorme diferencia de estatus que existía entre el esclavo y la persona libre, y estableció un ejemplo práctico de la igualdad islámica. Zayd, que era esclavo, fue elevado a una posición de igual dignidad que Banu Hashim, el linaje más noble y distinguido de Arabia.
  3. La disposición sobre el hiyab fue revelada con motivo de este matrimonio; o, mejor dicho, este matrimonio constituyó el contexto para la revelación de la disposición sobre el hiyab.
  4. La revelación fue enviada con motivo de este matrimonio.
  5. El walima de este matrimonio se celebró con gran esplendor.

Por todas estas razones, Hazrat Zaynab (r.a.) se enorgullecía ante sus otras coesposas. Un día incluso le dijo al Mensajero de Allah (sallallahu alayhi wa sallam): «¡Oh, Mensajero de Allah (sallallahu alayhi wa sallam)! Yo no soy como ninguna de tus otras esposas. Entre ellas no hay ninguna cuyo matrimonio no haya sido concertado por su padre, su hermano o algún tutor de su familia. Solo yo: mi matrimonio contigo lo concertó Allah Ta‘ala desde el cielo. Tu abuelo y el mío son la misma persona, y sobre mi matrimonio Yibril (a.s.) fue el mensajero.»

El imán al-Dhahabi dijo: «Será en árabe».

«Allah casó a Zaynab con Su Profeta (sallallahu alayhi wa sallam) sin ningún tutor ni testigo.»

Entre las esposas del Mensajero de Allah (sallallahu alayhi wa sallam), una de las que podían reclamar igualdad con Hazrat Aisha (r.a.) era Hazrat Zaynab (r.a.). Sobre este asunto, la propia Aisha (r.a.) comentó lo siguiente:

Será en árabe

«Entre las esposas del Mensajero de Allah (sallallahu alayhi wa sallam), solo ella podía reclamar igualdad conmigo.»

La reivindicación de Hazrat Zaynab (r.a.) también tenía fundamento. Pues era prima paterna del Mensajero de Allah (sallallahu alayhi wa sallam) y poseía belleza y hermosura. El Mensajero de Allah (sallallahu alayhi wa sallam) también deseaba mantenerla siempre contenta. El carácter de Hazrat Zaynab (r.a.) poseía ciertas cualidades que se encontraban en muy pocas mujeres. En cuanto a obtener la cercanía del Mensajero de Allah (sallallahu alayhi wa sallam), entre Hazrat Aisha (r.a.) y ella existía interiormente un espíritu de competencia. De acuerdo con la naturaleza femenina, este adquiría la forma de una especie de celos virtuosos, llamados «gibta» en la terminología de la sharía. He utilizado la expresión «celos virtuosos» porque, en las obras de hadiz y de la sira, las ideas, opiniones y comentarios que se han transmitido sobre cada una de ellas acerca de la otra no dejan traslucir en modo alguno celos impuros. Esto se debe a que los celos verdaderos ciegan a la persona. Quien los siente no puede ver ni soportar nada bueno en su rival. Pero ninguna de ellas era así. Gracias a la bendita compañía del Noble Mensajero (sallallahu alayhi wa sallam), se habían vuelto tan generosas y magnánimas que reconocían abiertamente las buenas cualidades de la otra. Durante toda su vida las dieron a conocer a la gente. Solo las personas de gran categoría pueden hacer algo así. Como ejemplo de esto puede mencionarse el incidente de la calumnia (ifk). También quedó involucrada Hazrat Hamna bint Yahsh, hermana de Hazrat Aisha (r.a.). Ella pensó que, si aprovechaba aquella oportunidad para someter a Aisha (r.a.), la coesposa y rival de su hermana Zaynab (r.a.), su hermana Zaynab quedaría sin rival. Con la intención de favorecer a su hermana, se involucró en aquella sucia conspiración.

Lo que debemos observar es cuál fue el papel de Hazrat Zaynab (r.a.) en aquel momento. Era una magnífica oportunidad para abatir a la coesposa rival y eliminar el obstáculo del camino. No se sabe que ninguna coesposa en el mundo haya dejado escapar una oportunidad tan decisiva. Pero, considerando el nivel de moralidad y espiritualidad al que había ascendido Hazrat Zaynab (r.a.), ¿cómo podría imaginarse que alguien como ella aprovechara una oportunidad para participar en una conspiración tan sucia? Así pues, durante aquellos días de calamidad para Hazrat Aisha (r.a.), un día el Mensajero de Allah (sallallahu alayhi wa sallam) quiso conocer la opinión de Hazrat Zaynab (r.a.) acerca de Aisha (r.a.). Hazrat Zaynab (r.a.) respondió con absoluta claridad:

Será en árabe

«No conozco en ella nada salvo el bien». Después descendieron diez versículos del Corán declarando la inocencia de la honorable Aisha (r.a.). Con ello quedaron demostradas y establecidas también la veracidad y la elevada moral de la honorable Zaynab (r.a.). La honorable Aisha (r.a.) recordó durante toda su vida esta deuda con la honorable Zaynab (r.a.). A lo largo de su vida habló de ello a la gente. Expresó con franqueza a las personas todas las virtudes que había observado en Zaynab (r.a.). Ibn Hayar al-Asqalani (r.h.) escribió:

Será en árabe

—La honorable Aisha (r.a.) elogió grandemente a la honorable Zaynab (r.a.) al relatar el incidente de la Ifk.

Cuando una mujer tan perspicaz, erudita y eminente como la honorable Aisha (r.a.) colma de elogios a la honorable Zaynab (r.a.), no parece necesaria ninguna otra explicación para comprender cuál era su rango y posición. Pues la honorable Aisha (r.a.) había observado y estudiado profundamente a la honorable Zaynab (r.a.), desde muy cerca, con su aguda inteligencia otorgada por Allah. La verdadera dignidad de la honorable Zaynab (r.a.) se manifiesta en las numerosas declaraciones de la honorable Aisha (r.a.) que se han difundido en las recopilaciones de hadices. La honorable Aisha (r.a.) dijo:

Será en árabe

—«Nunca he visto a una mujer más devota, más piadosa, más veraz, más generosa, más dadivosa, más virtuosa y más diligente en procurar la complacencia de Allah que Zaynab (r.a.). Solo tenía cierta aspereza en su temperamento. Sin embargo, se arrepentía de ello muy rápidamente».

El erudito Ibn Abd al-Barr narró el siguiente comentario de la honorable Aisha (r.a.) acerca de la honorable Zaynab (r.a.):

Será en árabe

—En cuanto a la religión, jamás he visto a ninguna mujer mejor que Zaynab (que Allah esté complacido con ella).

Ibn Sa‘d recopiló el siguiente comentario de ‘Aisha (que Allah esté complacido con ella):

Será en árabe

—¡Que Allah sea misericordioso con Zaynab bint Yahsh! Verdaderamente, alcanzó en este mundo un honor y una dignidad incomparables. Allah mismo la casó con Su Profeta, y con motivo de ella fueron revelados varios versículos del Corán.

‘Aisha (que Allah esté complacido con ella) también dijo: «El Mensajero (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) le anunció la buena nueva de que sería la primera en reunirse con él en la Otra Vida y de ser su esposa en el Paraíso».

Umm Salama (que Allah esté complacido con ella) dijo acerca de ella:

Será en árabe

Es decir, era mucho más virtuosa, observaba más ayunos y ofrecía muchas más oraciones.

Diversos acontecimientos demuestran que Zaynab (que Allah esté complacido con ella) gozaba de una distinción especial ante el Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz). En cierta ocasión, las «esposas purificadas» (las santas esposas) enviaron a Fátima (que Allah esté complacido con ella) como emisaria ante el Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz), para persuadirlo sobre un asunto. Sin embargo, regresó tras fracasar en su misión. Entonces todas acordaron elegir a Zaynab (que Allah esté complacido con ella) para esta misión, pues, a juicio de todas, ella era la más indicada para llevarla a cabo. Cumplió su cometido con enorme valor. Se presentó ante el Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) y trató con gran vehemencia de demostrar que Aisha (que Allah esté complacido con ella) no era digna de aquella distinción. Aisha (que Allah esté complacido con ella) estaba sentada a su lado, escuchaba en silencio sus palabras y observaba de reojo el noble rostro del Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz). Cuando Zaynab (que Allah esté complacido con ella) terminó de hablar, Aisha (que Allah esté complacido con ella) se levantó con el permiso del Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) y pronunció un discurso tan contundente que Zaynab (que Allah esté complacido con ella) quedó sin respuesta. Entonces el Mensajero (que Allah le bendiga y le conceda paz) dijo: «¿Cómo no iba a ser así? ¡Es la hija de Abu Bakr!»

Zaynab (que Allah esté complacido con ella) era una mujer sumamente generosa, dadivosa, que confiaba en Allah y se contentaba con poco. Se la consideraba un refugio de esperanza y apoyo para los huérfanos, los desamparados y los necesitados. Su compasión y misericordia hacia los pobres y afligidos no tenían límites. Ibn Sa‘d narró:

Será en árabe

—Zaynab bint Yash no dejó ni un dirham ni un dinar. Todo lo que llegaba a sus manos lo daba en caridad. Era un refugio para los pobres y los necesitados.

Zaynab (que Allah esté complacido con ella) era artesana. Curtía y trataba las pieles con sus propias manos y mediante su propio procedimiento, y donaba íntegramente a los necesitados todo lo que obtenía de ello.

En otra narración transmitida por Aisha (que Allah esté complacido con ella), se relata que Zaynab (que Allah esté complacido con ella) hilaba hilo con sus propias manos y se lo entregaba a los prisioneros de guerra del Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz). Ellos tejían telas, que el Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) utilizaba para las necesidades de la guerra. Su mano era tan generosa que el califa Umar (que Allah esté complacido con él) le fijó una asignación anual de doce mil dirhams; pero ella nunca la aceptó. En cierta ocasión, Umar (que Allah esté complacido con él) le envió la asignación de un año. Zaynab cubrió los dirhams con una tela. Luego ordenó a Bazrah ibn Rafi‘ que los distribuyera entre sus parientes y los pobres necesitados. Bazrah preguntó: «¿Tenemos nosotros también algún derecho sobre esto?». Ella respondió: «Lo que está debajo de la tela es tuyo». Al recogerlo, se encontraron cincuenta dirhams, según otra versión, ochenta y cinco. Después de distribuir todos los dirhams, suplicó diciendo:

Será en árabe

«¡Oh, Allah! Que en adelante este dinero no vuelva a llegarme, pues es una prueba.»

Esta noticia llegó a oídos del califa Umar (que Allah esté complacido con él), quien comentó:

Será en árabe

«Es una mujer de quien solo cabe esperar el bien». Luego, Umar (que Allah esté complacido con él) permaneció un rato de pie ante su puerta y le hizo llegar su saludo. Le dijo a Zaynab (que Allah esté complacido con ella): «Me he enterado de todo lo que has hecho». Al regresar, envió otros mil dirhams para sus gastos. Ella también gastó estos del mismo modo que los anteriores. Los historiadores dicen que la súplica mencionada de Zaynab (que Allah esté complacido con ella) fue aceptada y que falleció ese mismo año.

El propio Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) dio testimonio de que Zaynab era una mujer sumamente temerosa de Allah, humilde y devota. En una ocasión, el Mensajero (que Allah le bendiga y le conceda paz) estaba repartiendo el botín entre los emigrados. En medio de ello, Zaynab le dijo algo. Inmediatamente, Umar (que Allah esté complacido con él) la reprendió. El Mensajero (que Allah le bendiga y le conceda paz) le dijo a Umar (que Allah esté complacido con él): «No le digas nada; es una gran devota y asceta.»

Fallecimiento:

Zaynab (que Allah esté complacido con ella) falleció en el año 20 de la Hégira, durante el califato de Umar (que Allah esté complacido con él). Ese mismo año Egipto fue conquistado. Según el hafiz Ibn Hayar, vivió cincuenta y tres años. Esta es la opinión de la mayoría de los historiadores. Sin embargo, según el historiador al-Waqidi, la vida total de Zaynab (que Allah esté complacido con ella) fue de cincuenta años, lo cual contradice la opinión mayoritaria. Al-Waqidi también afirmó que tenía treinta y cinco años cuando se casó con el Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz), mientras que, según otros, tenía treinta y ocho.

Hasta los últimos momentos de su vida conservó su hábito de dar caridad. Ella misma dejó preparado su sudario. Sin embargo, les dijo a sus familiares: «Después de mi muerte, Umar (que Allah esté complacido con él) podría enviar un sudario; si lo hace, entregad uno de los dos sudarios a los pobres y necesitados». Umar (que Allah esté complacido con él) envió cinco piezas de tela, y fue amortajada con ellas. La tela que Zaynab (que Allah esté complacido con ella) había dejado fue donada por su hermana Hafsa. También dejó dispuesto que la llevaran hasta la tumba en la misma camilla en la que habían llevado al Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) hasta su sepultura. Fue la primera mujer, después de Abu Bakr (que Allah esté complacido con él), que fue colocada en esa camilla. Se cumplieron sus dos últimas voluntades. Las demás esposas del Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) la lavaron.

El califa, Hazrat ‘Umar (que Allah esté complacido con él), dirigió la oración funeraria por ella, y fue enterrada en el cementerio de Al-Baqi‘.

Rabi‘a ibn ‘Abdullah dijo: «Vi a ‘Umar (que Allah esté complacido con él) con su látigo colgado de un hombro. Se adelantó en esas condiciones y dirigió la oración funeraria por Zaynab (que Allah esté complacido con ella) pronunciando cuatro takbires. Permaneció junto a la tumba hasta que rociaron agua sobre ella.»

Hazrat ‘Abdullah ibn Abi Sulayt (que Allah esté complacido con él) dijo: «Vi a Abu Ahmad ibn Jahsh [el hermano de Zaynab (que Allah esté complacido con ella)] llevando entre lágrimas el féretro de Zaynab (que Allah esté complacido con ella). Era ciego. Oí que ‘Umar (que Allah esté complacido con él) le decía: “Abu Ahmad, apártate del féretro para que no sufras por la presión de la gente”. Abu Ahmad respondió: “¡‘Umar! Gracias a ella hemos obtenido todo bien. Este llanto mío está aliviando el intenso ardor que llevo dentro”. ‘Umar dijo: “Está bien, déjalo, déjalo”.»

Justo cuando estaban enterrando a Hazrat Zaynab (que Allah esté complacido con ella), llegó un joven de Quraysh vestido con dos telas egipcias de colores y con el cabello peinado. ‘Umar (que Allah esté complacido con él) levantó su bastón sobre su cabeza y dijo: «Por la manera en que has venido, parece que estamos jugando. Aquí los ancianos están enterrando a su madre». Era un día de calor abrasador. Hazrat ‘Umar (que Allah esté complacido con él) hizo levantar una tienda en el lugar donde se estaba cavando la tumba. Se dice que esta fue la primera tienda levantada sobre una tumba de Al-Baqi‘. Cuando estaban bajando el cadáver a la tumba, Hazrat ‘Umar (que Allah esté complacido con él) preguntó a las demás esposas del Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) quiénes entrarían en su tumba. Ellas respondieron que entrarían quienes, durante su vida, solían visitarla. Entonces, por orden de Hazrat ‘Umar (que Allah esté complacido con él), Muhammad ibn ‘Abdullah ibn Jahsh, Usama ibn Zayd, ‘Abdullah ibn Abi Ahmad ibn Jahsh y Muhammad ibn Talha (que Allah esté complacido con ellos) descendieron a la tumba. Todos eran parientes de Hazrat Zaynab (que Allah esté complacido con ella).

Hazrat ‘Aisha (que Allah esté complacido con ella) quedó profundamente afligida por la muerte de Hazrat Zaynab (que Allah esté complacido con ella). Expresó así lo que sentía en aquel momento:

Será en árabe

«Se marchó en un estado digno de alabanza e incomparable, dejando desconsolados a los huérfanos y a las viudas». El día en que Hazrat Zaynab (que Allah esté complacido con ella) murió, los pobres, los necesitados y los menesterosos de Medina comenzaron a lamentarse afligidos.

El Noble Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) había asignado a Hazrat Zaynab (que Allah esté complacido con ella) cien wasaq de grano de las cosechas producidas en Jaybar.

La honorable Zaynab (r.a.) dejó como herencia únicamente una casa. Durante el califato del califa omeya al-Walid ibn Abd al-Malik, este compró la casa a sus parientes por cincuenta mil dírhams y la incorporó a la mezquita del Profeta.

La honorable Zaynab (r.a.) narraba muy pocos hadices. En las recopilaciones de hadices se han compilado apenas once hadices narrados por ella; dos de ellos son muttafaq ‘alayh. Entre quienes narraron hadices de ella destacan la honorable Umm Habiba (r.a.), Zaynab bint Abi Salama, Muhammad ibn Abd Allah ibn Jahsh, Kulsum bint Talaq y el esclavo Mazkur.

En una ocasión, antes de su fallecimiento, el honorable Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo a sus esposas:

Se dirá en árabe

—«La que se reúna conmigo más rápidamente de entre vosotras será la que tenga la mano más larga». Con «mano larga» se refería metafóricamente a la generosidad. Sin embargo, las honorables esposas entendieron el sentido literal de las palabras. Por ello, se reunían y se medían mutuamente las manos para ver quién tenía la mano más larga. Zaynab (r.a.) era de baja estatura. Continuaron haciendo esto hasta el fallecimiento de Zaynab bint Jahsh (r.a.). Pero cuando ella murió antes que todas las demás, reflexionaron profundamente y comprendieron el significado de las palabras del Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él). Por eso, la honorable Aisha (r.a.) dijo al explicar este hadiz:

Se dirá en árabe

—Zaynab era la que tenía la mano más larga de entre nosotras, porque trabajaba con sus propias manos, ganaba dinero y lo daba en caridad.

Muchos han considerado que con este comentario el Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) se refería a la honorable Zaynab bint Juzayma (r.a.). Pero esta idea no es correcta, porque la honorable Zaynab bint Juzayma (r.a.) falleció antes que el Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él).

Los relatos registrados en las obras de hadices y de la Sira permiten comprender que la honorable Zaynab (que Allah esté complacido con ella) era una mujer de gran belleza. En cierta ocasión, cuando la honorable Umar (que Allah esté complacido con él) aconsejaba a su hija, la honorable Hafsa (que Allah esté complacido con ella), le dijo:

Será en árabe

—No respondas a las palabras del Mensajero de Allah (que Allah le conceda paz y bendiciones), pues no posees ni la belleza de Zaynab ni el cariño conyugal que Aisha recibía de su esposo.

Después del fallecimiento del Mensajero de Allah (que Allah le conceda paz y bendiciones), aunque las demás esposas realizaron el Hayy, la honorable Sawda (que Allah esté complacido con ella) y la honorable Zaynab (que Allah esté complacido con ella) ya no realizaron el Hayy. Tampoco volvieron a salir de sus casas. Ambas entendieron así la orden de Allah y de Su Mensajero (que Allah le conceda paz y bendiciones).

La honorable Juwayriya bint Harith (que Allah esté complacido con ella)

La Madre de los Creyentes, la honorable Juwayriya (que Allah esté complacido con ella), era hija de la célebre tribu árabe de Khuza’a, de la rama de Banu Mustaliq. Su padre, Harith ibn Dirar, era el jefe de Banu Mustaliq.¹

El primer matrimonio de la honorable Juwayriya (que Allah esté complacido con ella) fue con un hombre de su propia tribu llamado Musafi ibn Safwan (Dhi ash-Shufar). Era primo paterno de la honorable Juwayriya (que Allah esté complacido con ella) y era conocido como «Dhi ash-Shufar».² Tanto su padre, Harith, como su esposo, Musafi, eran acérrimos enemigos del islam. Más tarde, su padre se presentó ante el Mensajero de Allah (que Allah le conceda paz y bendiciones) y abrazó el islam.³

La batalla de Banu Mustaliq:

«Mustaliq» era el sobrenombre de un hombre llamado Juzayma ibn Sa‘d, de la tribu de Banu Juza‘a. «Al-Muraysi» era el nombre de un pozo de agua perteneciente a la tribu de Banu Juza‘a. Durante la expedición contra Banu Mustaliq, el Noble Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) acampó con su ejército junto a ese pozo; por eso, en la historia, esta expedición es conocida como la expedición de «Banu Mustaliq» o la batalla de «Al-Muraysi». La expedición tuvo lugar en el mes de Sha‘ban del quinto año de la Hégira. Sin embargo, algunos han mencionado que ocurrió en el sexto año.⁴ Pero esto no parece correcto.

En el quinto año de la Hégira, el Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) recibió la noticia de que Hariz ibn Dirar, líder de Banu al-Mustaliq, había comenzado a prepararse para atacar Medina con un ejército compuesto por sus propios hombres y miembros de otras tribus árabes, instigado por los qurayshíes de La Meca. El Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) envió a Buraida ibn al-Husáib al-Aslamí (que Allah esté complacido con él) para verificar la veracidad de la noticia. Al llegar allí, habló directamente con Hariz y comprendió que el hecho era cierto. Regresó inmediatamente e informó al Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) de la situación real. Sin demora, el Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) ordenó a los compañeros que se prepararan para la expedición.

El ejército quedó preparado. El Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dejó en Medina como su sustituto a Zayd ibn Hariza (que Allah esté complacido con él) —según otra opinión, a Abu Dharr al-Gifarí— y partió personalmente al frente del ejército. En algunas narraciones se menciona que dejó en Medina como gobernador a Numayla ibn ‘Abdullah al-Layzí. En cualquier caso, salió de Medina el día 2 del mes de Sha‘ban del quinto año de la Hégira y, tras recorrer nueve etapas desde Medina, llegó a Muraysi‘, donde hizo un alto.

Toda la información llegó al ejército combinado de los incrédulos, dirigido por Hariz. Cundió el miedo entre ellos. Las demás tribus árabes, al perder el valor para resistir, se dispersaron por su lado. Solo permanecieron con Hariz los miembros de su propia tribu. Se formaron en filas y durante mucho tiempo mantuvieron a raya al ejército musulmán lanzando flechas y lanzas. Finalmente, el ejército musulmán lanzó un ataque repentino y conjunto, y derrotó al ejército enemigo. El líder, al-Hariz, huyó.

Murieron once soldados incrédulos y todos los demás fueron capturados. Ningún soldado del ejército musulmán alcanzó el martirio. Sin embargo, por error, un hombre llamado Hisham ibn Sababa fue muerto por uno de los hombres de ‘Ubada ibn Samit (que Allah esté complacido con él). Entre hombres, mujeres y niños del bando enemigo, fueron capturadas aproximadamente seiscientas personas; además, el ejército musulmán obtuvo como botín dos mil camellos y cinco mil cabras y ovejas.⁵

Entre estos prisioneros de guerra se encontraba Yuwayriya (que Allah esté complacido con ella). Ibn Ishaq lo narró, y su relato también ha sido incluido en algunas colecciones de hadices. Todos los prisioneros de guerra fueron declarados esclavos y esclavas y distribuidos entre los soldados que habían participado en la batalla. Yuwayriya (que Allah esté complacido con ella) correspondió en el reparto a Zabit ibn Qays (que Allah esté complacido con él) o, según otra opinión, a un primo suyo. Era hija del jefe de su tribu. Además, poseía un fuerte sentido del honor, un carácter dulce, belleza y hermosura. No pudo aceptar la vida de una esclava. Solicitó a Zabit ibn Qays (que Allah esté complacido con él) un mukataba. Zabit (que Allah esté complacido con él) acordó liberarla de la esclavitud mediante un mukataba, es decir, un contrato, a cambio de nueve uqiyyas de oro. Pero ¿de dónde obtendría Yuwayriya (que Allah esté complacido con ella) semejante cantidad? Decidió pedir ayuda a la gente y reunir el dinero necesario.

Después de que el Noble Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) terminara de distribuir el botín, Yuwayriya (que Allah esté complacido con ella) se presentó ante él y dijo: «¡Oh, Mensajero de Allah! He venido después de aceptar el islam. Doy testimonio de que no hay divinidad excepto Allah y doy testimonio de que tú eres Su Mensajero. Soy hija de Hariz ibn Dirar, el jefe de mi tribu. Fui capturada por el ejército musulmán y me correspondió en el reparto a Zabit ibn Qays. Zabit ha celebrado conmigo un mukataba, pero no puedo pagar el dinero. He venido ante usted con la esperanza de que me ayude a pagar la cantidad estipulada en mi contrato». El Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: «¿No esperas algo mejor que eso?». Ella preguntó: «¿Qué cosa?». El Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: «Yo pagaré toda la cantidad estipulada en tu contrato y me casaré contigo». Yuwayriya (que Allah esté complacido con ella) se alegró enormemente ante aquella propuesta inesperada y dio su consentimiento. Entonces, el Noble Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) mandó llamar a Zabit, le entregó la cantidad estipulada y liberó a Yuwayriya (que Allah esté complacido con ella) de la esclavitud. Después se casó con ella y le concedió la dignidad de esposa libre. Ibn Ishaq narró el suceso de esta manera.⁶

En otra narración se cuenta que el padre de Yuwayriya (que Allah esté complacido con ella), Hariz, era uno de los dirigentes más importantes de Arabia. Cuando su hija fue capturada por el ejército musulmán, acudió ante el Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) y dijo: «Mi hija no puede convertirse en esclava. Mi posición está muy por encima de la esclavitud. Libérala». El Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: «¿No sería mejor dejar el asunto a la voluntad de Yuwayriya?». Hariz fue junto a su hija Yuwayriya y le dijo: «Muhammad te ha dejado decidir según tu voluntad. Mira que no me avergüences». Yuwayriya dijo a su padre: «Prefiero quedarme junto al Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él)». Después, el Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) se casó con ella.⁷

Ibn Sa‘d también menciona en su Tabaqat que fue su padre quien pagó su rescate. Cuando quedó completamente libre, el Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) se casó con ella con su consentimiento.

Cuando la noticia del matrimonio se difundió entre los muyahidines musulmanes, dijeron: «Banu al-Mustaliq es ahora la honorable familia política del Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz). Los miembros de una familia con la que el Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) se ha casado jamás pueden ser esclavos ni esclavas». Después deliberaron y, unánimemente, liberaron juntos a todos los cautivos.8

Ibn al-Azīr escribió que, con este motivo, fueron liberados todos los cautivos de cien hogares de Banu al-Mustaliq. El imán Abu Dawud y el imán Ahmad transmitieron, bajo la autoridad de Hazrat ‘A’isha (que Allah esté complacido con ella), que ella dijo:9

Será en árabe

«No he visto a ninguna mujer más beneficiosa para su pueblo que Yuwayriya.

Ibn Ishaq dijo que cien hogares no significa cien personas, pues su número superaba las setecientas. Cien hogares significa las personas de cien casas.10

Ibn al-Azīr y otros han narrado el suceso de otra manera: Hazrat Yuwayriya (que Allah esté complacido con ella) ya había comenzado a vivir como esposa del Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz). Su padre, Harith, no lo sabía. Cargó el dinero y los bienes del rescate sobre numerosos camellos y partió hacia Medina para liberarla. Al llegar al valle de ‘Aqīq, soltó las riendas de los camellos para que pastaran. Entre aquellos camellos había dos que le eran especialmente queridos. Por eso los escondió en un lugar secreto. Después llegó a Medina, se presentó ante el Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) y le suplicó:

«Usted ha tomado cautiva a mi hija. Aquí tiene su rescate; permítale marcharse conmigo».

Después, comenzó a presentar, uno por uno, todos los bienes, camellos y demás cosas que había traído. Entonces el Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) le preguntó: «¿Dónde están aquellos dos camellos que dejaste atados en el valle de Aqiq?»

Al enterarse de esto por el Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él), Harith quedó sumamente asombrado. Inmediatamente recitó la profesión de fe y se hizo musulmán. Después supo que aquella a cuya liberación había acudido se había convertido entretanto en un ornamento de la casa del Profeta. Se llenó de gran alegría por la buena fortuna de su hija y la visitó con enorme felicidad. Luego, contento, emprendió con ella el viaje hacia las tierras donde residía su tribu.¹¹

Al-Waqidi lo narró transmitiéndolo de Urwa. Juwayriya (que Allah esté complacido con ella) dijo: «Tres días antes de la llegada del Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él), soñé que la luna venía precipitadamente desde la dirección de Yasrib y caía en mi regazo. No consideré conveniente contarle esto a nadie. Después llegó el Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él). Cuando fui hecha prisionera, esperé que mi sueño se hiciera realidad. Entonces el Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) me liberó y se casó conmigo. No conté este sueño a nadie de mi tribu. No supe nada de la llegada del Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) hasta que una prima mía me lo comunicó. Entonces alabé a Allah, el Altísimo».¹² El imán Muslim recopiló una narración de Ibn Abbas (que Allah esté complacido con él). Él dijo:¹³

En árabe:

—El primer nombre de Juwayriya (que Allah esté complacido con ella) era Barra. Después de casarse, el Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) se lo cambió por Juwayriya. Como el primer nombre contenía cierto matiz de autocomplacencia, el Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) percibió en él un indicio de mal agüero y desgracia. Por ello no le gustó. En una narración de Ibn Abbas (que Allah esté complacido con él) se dice:¹⁴

En árabe:

—No le gustaba que la llamaran «Barra». Por eso salió de su presencia.»

Allah, el Altísimo, ha dicho en el Sagrado Corán:

En árabe será

—«No os consideréis puros a vosotros mismos». Fue precisamente teniendo presente este versículo que el Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) cambió su nombre.

Ibn Sa‘d dijo lo siguiente acerca de la dote matrimonial de Juwayriya (que Allah esté complacido con ella):15

En árabe será

—La liberación de cada cautivo de los Banū al-Muṣṭaliq fue fijada como su dote matrimonial.

Cuando Juwayriya (que Allah esté complacido con ella) se casó con el Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él), apenas tenía veinte años. Desde el primer momento, ‘A’isha (que Allah esté complacido con ella) la consideró sumamente hermosa y juzgó que sus modales eran muy dulces y agradables. Al describir su belleza, ‘A’isha (que Allah esté complacido con ella) dijo:16

En árabe será

—Juwayriya poseía tanto dulzura como encanto y coquetería. Cualquiera que la viera se ganaba un lugar en su corazón.

El imán al-Dhahabí dijo:17

Será en árabe

«Era una de las mujeres más hermosas».

Era una mujer de gran personalidad. Poseía un sentido ilimitado del honor propio. Prueba de ello eran su inquietud y sus esfuerzos por liberarse de la esclavitud. No sentía apego por los placeres y lujos mundanos y estaba completamente consagrada a la adoración de Allah. Varias narraciones de hadices señalan que el Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) acudió a verla y la encontró ocupada en el tasbih y el tahlil.

Cuando el califa Umar (que Allah esté complacido con él) estableció las asignaciones, fijó doce mil para cada una de las esposas del Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz), excepto Safiyya (que Allah esté complacido con ella) y Juwayriya (que Allah esté complacido con ella). Para estas dos fijó seis mil para cada una. Lo hizo porque en algún momento de sus vidas ambas habían estado esclavizadas. Sin embargo, ellas reaccionaron con indignación ante la actitud de Umar (que Allah esté complacido con él) y se negaron a aceptar la asignación. Exigieron igualdad. Umar (que Allah esté complacido con él) se vio obligado a aceptar su demanda. En otra narración también se menciona a Maymunah (que Allah esté complacido con ella), y en lugar de doce mil aparecen diez mil.18

Una mañana, el Noble Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) vio a Juwayriya (que Allah esté complacido con ella) sentada en la mezquita haciendo du‘a. Él se marchó. Al regresar al mediodía, la encontró en la misma posición y le dijo: «¿Permaneces siempre en este estado?». Ella respondió afirmativamente. Entonces el Mensajero (que Allah le bendiga y le conceda paz) dijo: «¿Quieres que te enseñe unas palabras mejores y más importantes que esta adoración voluntaria tuya?». Luego le enseñó esta du‘a:19

Será en árabe

Por supuesto, también existen algunas diferencias entre las distintas narraciones.

En una narración de Ibn Sa’d se relata que, un viernes, el Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) fue a visitar a Yuwayriya (que Allah esté complacido con ella). Ese día Yuwayriya estaba ayunando. Como él no aprobaba ayunar un solo día, le preguntó: «¿Ayunaste ayer?». Ella respondió: «No». Volvió a preguntarle: «¿Tienes intención de ayunar mañana?». Ella respondió: «No». Entonces el Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) dijo: «En ese caso, rompe el ayuno y come».20

El noble Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) la amaba profundamente. Siempre iba y venía de su casa. En cierta ocasión fue a su casa y preguntó: «¿Hay algo para comer?». Ella respondió: «Mi esclava había recibido un poco de carne de limosna; eso es todo lo que hay. Aparte de eso, no hay nada más». El Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) dijo: «Tráela. La limosna ya ha llegado a quien estaba destinada».21

Yuwayriya (que Allah esté complacido con ella) narró siete hadices del Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz). De ellos, el imán Bujari narró uno y Muslim narró dos.22 Entre quienes escucharon hadices de ella, los más destacados fueron: Ibn Abbas, Yabir, Ibn Umar, Ubayd ibn as-Sabbaq, Tufayl, Abu Ayyub al-Muragui, Muyahid, Kurayb, Kulzum ibn al-Mustaliq, Abdullah ibn Shaddad ibn al-Had y otros.23

Cuando se casó con el Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz), en el quinto año de la Hégira, Yuwayriya (que Allah esté complacido con ella) tenía veinte años. Según la opinión correcta, falleció en Medina en el mes de Rabi al-Awwal del año 50 de la Hégira. Tenía entonces 65 años. Marwan, gobernador de Medina en aquella época, dirigió la oración fúnebre. Su tumba se encuentra en el cementerio de al-Baqi, en Medina. Según la narración de Muhammad ibn Umar, falleció en el año 56 de la Hégira.24

El Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) asignó para el sustento de Yuwayriya (que Allah esté complacido con ella) ochenta wasaq de dátiles y veinte wasaq de cebada —según otra versión, de trigo— procedentes de las cosechas producidas en Jaibar.25

Yabir (que Allah esté complacido con él) narró: En cierta ocasión, Yuwayriya (que Allah esté complacido con ella) le dijo al Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz): «Quiero liberar a este esclavo». Él dijo: «Entrégaselo a tu tío materno, que vive en la aldea. Él se ocupará de él. Así obtendrás una recompensa mayor».26

Después del fallecimiento del Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz), Yuwayriya (que Allah esté complacido con ella) vivió durante muchos años. Sin embargo, no se conoce con detalle nada sobre sus actividades durante ese período.

Umm Habiba (que Allah esté complacido con ella)

La Madre de los Creyentes, Umm Habiba (r.a.), era hija del líder qurayshí Abu Sufyan (r.a.). Antes del islam, tres hombres de Quraysh en La Meca —Utba, Abu Yahl y Abu Sufyan— eran líderes muy poderosos. El estandarte militar de Quraysh, llamado «Iqāb», estaba en manos de Abu Sufyan. Era un gran comerciante. Enviaba caravanas comerciales a Sham, Roma y Aŷam. A veces también viajaba con las caravanas. El nombre original de este Abu Sufyan era Sakhr ibn Harb.¹

Una de las hijas de Abu Sufyan era Zaynab. Se casó con Dawud ibn Urwa ibn Masud al-Zaqafí, de Taif.² Sus otras dos hijas se casaron con dos hermanos de la Madre de los Creyentes, Zaynab bint Yahsh (r.a.). Fari‘a se casó con Abu Ahmad ibn Yahsh, y Umm Habiba con Ubaydullah ibn Yahsh. Uno de los hijos de Abu Sufyan fue Muawiya (r.a.), quien se enfrentó y combatió contra el Emir de los Creyentes, Ali (r.a.). Yazid, hijo de este Muawiya (r.a.), martirizó en Karbala al nieto del Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz), el imán Husayn (r.a.). Muawiya (r.a.) estableció el califato omeya.

Hinda bint Utba, esposa de Abu Sufyan, mordió el hígado de Hamza (r.a.), tío del Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz), en el campo de Uhud. Hinda era la madre de Muawiya (r.a.). Safiyya bint Abi al-As, otra esposa de Abu Sufyan, era la madre de la Madre de los Creyentes, Umm Habiba (r.a.). Muawiya (r.a.) era hermanastro de Umm Habiba (r.a.). Safiyya, la madre de Umm Habiba (r.a.), era tía paterna del tercer califa, Uzman ibn Affan (r.a.). Umm Habiba (r.a.) nació en La Meca diecisiete años antes de que el Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) recibiera la profecía.³

Abu Sufyan, su esposa Hinda y la mayoría de los miembros de su clan se hicieron musulmanes durante la conquista de La Meca. Sin embargo, Abu Sufyan todavía no se había convertido en un musulmán sincero. En aquel momento pertenecía a los mu’allafat al-qulub. Algunos expertos han escrito que más tarde se convirtió en un buen musulmán.⁴

Aunque la familia paterna de Umm Habiba y Fari‘a permaneció hostil al islam hasta la conquista de La Meca, las familias de sus esposos se hicieron musulmanas ya en los primeros tiempos del islam. Ellas también aceptaron el islam junto con sus esposos.

Umm Habiba (r.a.) emigró a Abisinia junto con su esposo, Ubaydullah ibn Yahsh, para escapar de la persecución de los incrédulos de La Meca. En suelo abisinio nació Habiba, hija de Ubaydullah. Sin embargo, Ibn Sa‘d, citando a al-Waqidi, menciona que «Habiba» nació en La Meca antes de la emigración a Abisinia.⁵ Por el nombre de esta hija recibió el sobrenombre de Umm Habiba. Su nombre real, «Ramla», cayó en el olvido y se hizo famosa por este sobrenombre.⁶

Pocos días después de llegar a Abisinia, su esposo, Ubaydullah, abandonó el islam y adoptó el cristianismo. Antes de que apostatara, Umm Habiba (r.a.) vio una vez en sueños a su esposo con un aspecto espantoso. Asustada y angustiada, pensó para sí que seguramente le esperaba un mal desenlace. Por la mañana, Ubaydullah le dijo: «¡Umm Habiba! He reflexionado profundamente sobre la religión y no me ha parecido que ninguna religión sea mejor que el cristianismo. Aunque me hice musulmán, ahora me estoy convirtiendo en cristiano». Umm Habiba (r.a.) lo reprendió severamente por haberse desviado de ese modo y también le contó su sueño. Pero nada sirvió. Él siguió siendo cristiano. Así se separaron. Ubaydullah comenzó a llevar una vida desenfrenada. Un día murió al caer mientras se encontraba completamente ebrio. Según otra versión, murió ahogado en el mar en estado de embriaguez.⁷ Umm Habiba (r.a.) también dijo: «Vi que alguien me llamaba: “¡Oh, Madre de los Creyentes!”. Me asusté. Interpreté que el Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) se casaría conmigo».⁸

Después de la separación, Umm Habiba (r.a.) siguió viviendo en Abisinia con su hija Habiba. Esta noticia llegó a oídos del Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) en Medina. Cuando terminó el periodo de espera de Umm Habiba (r.a.), el Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) envió desde Medina a Amr ibn Umayya al-Damri (r.a.) ante el emperador de Abisinia, el Negus, con una carta y cuatrocientos dinares como dote matrimonial. En la carta le escribió al Negus: «Concluye en mi nombre el matrimonio con Umm Habiba». En cuanto recibió la carta, el Negus envió a su esclava Abraha ante Umm Habiba para transmitirle la propuesta matrimonial. También le informó: «El Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) me ha escrito para que organice tu matrimonio. Ahora, para celebrar este acto, designa a un representante de tu parte». Umm Habiba (r.a.), como regalo por darle esta buena noticia, entregó a Abraha dos brazaletes de plata, unos pendientes y un anillo grabado. Luego nombró representante a su primo Khalid ibn Sa‘id ibn Abi al-As y lo envió ante el Negus.⁹

Al anochecer, el Negus convocó a la corte a Hazrat Ya‘far ibn Abi Talib —que Allah esté complacido con él— y a los demás nobles Compañeros —que Allah esté complacido con ellos— residentes en Abisinia, y celebró el matrimonio en presencia de todos ellos.10 El propio Negus pronunció el sermón matrimonial y entregó a Jálid ibn Sa‘id, en nombre del Mensajero de Allah —que Allah le bendiga y le conceda paz—, el mahr de cuatrocientos dinares. Cuando, terminado el acto, todos se disponían a levantarse, Jálid ibn Sa‘id los detuvo y dijo: «La sunna o costumbre de los profetas —que Allah esté complacido con ellos— es ofrecer una comida después del matrimonio». Luego ofreció comida a todos y los despidió.11 Existen diversos relatos acerca de la cantidad del mahr de este matrimonio. En un relato de al-Mustadrak se mencionan cuatro mil dinares. En el relato de Abu Dawud se mencionan cuatro mil dirhams. Ibn Abi Jayzama transmitió de al-Imam al-Zuhri que fueron cuarenta uqiyyas. Sin embargo, el erudito al-Zurqani consideró más fiable el relato de los cuatrocientos dinares.12

Cuando el dinero del mahr llegó a Hazrat Umm Habiba —que Allah esté complacido con ella—, quiso darle cincuenta dinares a la esclava Abraha. Pero Abraha se negó a aceptarlos y dijo: «El Negus me ha prohibido aceptarlos». También devolvió todo lo que Umm Habiba —que Allah esté complacido con ella— le había dado anteriormente. Después del matrimonio, el Negus envió a Umm Habiba —que Allah esté complacido con ella— como regalos mucho almizcle, ámbar, perfumes y otras cosas. La propia Umm Habiba —que Allah esté complacido con ella— relató estos hechos. También narró que, en aquel momento, Abraha le informó de que había aceptado el islam y le pidió que comunicara al Mensajero de Allah —que Allah le bendiga y le conceda paz— que se había hecho musulmana y que le transmitiera sus saludos. Umm Habiba —que Allah esté complacido con ella— dijo: «Al llegar a Medina, informé al Mensajero de Allah —que Allah le bendiga y le conceda paz— de todos los detalles del matrimonio, le conté todo lo que Abraha había hecho y le transmití sus saludos». Él sonrió levemente y dijo:

Será Abraha.13

Este matrimonio de Umm Habiba —que Allah esté complacido con ella— con el Mensajero de Allah —que Allah le bendiga y le conceda paz— se celebró en el sexto año de la Hégira, o, según otra opinión, en el séptimo. En aquel momento, la Madre de los Creyentes Umm Habiba tendría treinta y seis o treinta y siete años. Después del matrimonio, el Negus envió a Umm Habiba —que Allah esté complacido con ella— por barco a Medina, junto con un grupo de emigrantes bajo el mando de Shurahbil ibn Hasana —que Allah esté complacido con él—, o, según otra opinión, de Ya‘far ibn Abi Talib —que Allah esté complacido con él—.14 Cuando esta caravana llegó a Medina, el Mensajero de Allah —que Allah le bendiga y le conceda paz— se encontraba en Jaibar.15

Ibn Hazm afirmó que existía consenso respecto a que el ‘aqd de Umm Habiba —que Allah esté complacido con ella— se celebró en Abisinia. Los expertos en biografía profética coinciden en este asunto. Sin embargo, en un relato de Hazrat Qatada —que Allah esté complacido con él— y del Imam al-Zuhri se dice que el ‘aqd de Umm Habiba —que Allah esté complacido con ella— se celebró en Medina, bajo la organización de ‘Uzman ibn ‘Affan —que Allah esté complacido con él—.16

En este matrimonio se ofreció una walima, en la que se sirvió carne a los invitados. Algunos expertos en biografía profética han dicho que quizá, después de su llegada a Medina, se celebraron nuevamente un ‘aqd y una walima.

En un relato de Sahih Muslim se dice que, después de la conquista de La Meca, la gente no veía con buenos ojos a Abu Sufyan, quien había aceptado el islam, ni apreciaba su compañía. Por ello, solicitó al Mensajero de Allah —que Allah le bendiga y le conceda paz— tres cosas. El Mensajero —que Allah le bendiga y le conceda paz— aceptó su petición. Una de esas tres cosas fue la siguiente: Abu Sufyan dijo: «Para mí, la muchacha más hermosa de Arabia es Umm Habiba; cásate con ella». El Mensajero de Allah —que Allah le bendiga y le conceda paz— aceptó.17

Este relato da a entender que, hasta el momento en que Abu Sufyan —que Allah esté complacido con él— aceptó el islam, todavía no se había casado con Umm Habiba —que Allah esté complacido con ella—. Los expertos en biografía profética consideran que esto no es más que una suposición del narrador. Por ello, los tradicionistas Ibn Sa‘d, Ibn Hazm, Ibn al-Yawzi, Ibn al-Azir, al-Bayhaqi, ‘Abd al-‘Azim al-Mundhiri y otros rechazaron el relato citado de Muslim. Muchos han explicado este relato diciendo que, en realidad, Abu Sufyan se refería a celebrar formalmente el matrimonio por segunda vez.18

Ya hemos mencionado anteriormente el consenso de los expertos en biografía profética respecto a que el matrimonio de Umm Habiba (que Allah esté complacido con ella) se celebró en Abisinia. Además, en las obras de biografía profética se ha recopilado otro acontecimiento que lo corrobora. Según una de las cláusulas del tratado de Hudaybiyya, la tribu de Juza‘a, vecina de La Meca, se declaró aliada de los musulmanes de Medina. Entonces los qurayshíes rompieron este pacto y comenzaron a oprimirlos. La tribu de Juza‘a pidió ayuda al Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz). Esto llenó de preocupación a los qurayshíes de La Meca. Para mantener vigente el tratado de paz, enviaron a Abu Sufyan a Medina en representación de los suyos. Al llegar a Medina, Abu Sufyan se dirigió primero a su hija, la Madre de los Creyentes Umm Habiba (que Allah esté complacido con ella). Al ver a su padre, ella retiró el lecho del Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) para que él se sentara. Abu Sufyan le preguntó: «¡Hija mía! ¿Has retirado el lecho porque no me consideras digno de sentarme en él, o porque no lo consideras apropiado para mí?» Ella respondió: «Este es el lecho del Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz), y usted es un politeísta e impuro. Por eso no quise que se sentara en el lecho del Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz)». Al oír estas palabras de su hija, Abu Sufyan se levantó de allí, fue junto al Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz), se sentó y le dijo a su hija:

Será en árabe

Después de dejarme, muchas cosas malas han entrado en ti.»19

De este acontecimiento se entiende que Umm Habiba (que Allah esté complacido con ella) alcanzó la dignidad de ser esposa del Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) mucho antes de que Abu Sufyan abrazara el islam. Además, en una narración de Ibn Sa‘d se relata que la noticia del matrimonio de Umm Habiba (que Allah esté complacido con ella) llegó a Abu Sufyan en La Meca. En aquel momento, él era adversario y enemigo del Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz). Sin embargo, no desaprobó este matrimonio. Comentó:

Será en árabe

Es una pareja de noble linaje, cuya equivalencia no puede rechazarse.»20

Umm Habiba (que Allah esté complacido con ella) falleció en Medina durante el califato de su hermano, el emir Mu‘awiya (que Allah esté complacido con él), en el año 44 de la hégira, o, según otra opinión, en el año 42. Fue enterrada en Medina. Tenía 73 años al morir. Marwan dirigió la oración funeraria. Por ello, los hijos de sus hermanos y hermanas descendieron a la tumba y la sepultaron.21 Sobre su tumba solo se sabe que estaba en la casa de ‘Ali (que Allah esté complacido con él). Se ha narrado de Zayn al-‘Abidin (que Allah tenga misericordia de él) que dijo: «Una vez cavé en una esquina de la casa de ‘Amr. Allí encontré una inscripción en piedra. En ella estaba escrito:

Será en árabe

«Esta es la tumba de Ramla bint Sakhr». Entonces la vuelvo a colocar allí. Esta narración permite entender que su tumba se encontraba en la casa de Ali (que Allah esté complacido con él).22 Ella viajó a Damasco para visitar a su hermano, el venerable Mu‘awiya (que Allah esté complacido con él). Se dice que murió allí y que allí mismo fue enterrada. El imán al-Dhahabi afirma que esto carece de fundamento y que su tumba está en Medina.23

Antes de morir, mandó llamar a Aisha (que Allah esté complacido con ella) y a Umm Salama (que Allah esté complacido con ella). Les dijo: «Entre ustedes y yo existía una relación como la que existe entre coesposas. Puesto que ustedes lo deseaban así, yo también lo preferí así. Rueguen a Allah por mi perdón». Cuando Aisha (que Allah esté complacido con ella) suplicó por su perdón, ella se alegró y dijo:

Será en árabe

—Me has alegrado; que Allah te alegre a ti también.24

De su primer esposo nacieron dos hijos: ‘Abdullah y Habiba. Habiba creció en la casa del Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él), bajo su cuidado. Se casó con uno de los grandes líderes de la tribu de Thaqif.

Umm Habiba (que Allah esté complacido con ella) era muy hermosa. En Sahih Muslim se recoge de este modo la narración de su padre, Abu Sufyan:

Será en árabe

—Para mí, Umm Habiba es la hija más hermosa y bella de Arabia.

En diversas colecciones de hadices se han recopilado sesenta y cinco (65) hadices de Umm Habiba (que Allah esté complacido con ella). De ellos, dos son aceptados por ambos recopiladores y dos fueron narrados exclusivamente por el imán Muslim.25 El número de narradores que transmitieron hadices por su autoridad tampoco es reducido. Entre ellos, los más destacados son: Habiba (su hija), Mu‘awiya, ‘Utba (los dos hijos de Abu Sufyan), ‘Abdullah ibn ‘Utba, Abu Sufyan ibn Sa‘id al-Thaqafi, Salim ibn Sawwar, Abu al-Jarrah, Safiyya bint Shayba, Zaynab bint Umm Salama, ‘Urwa ibn al-Zubayr, Abu Salih al-Samman, Shahr ibn Hawshab, ‘Anbasa, Shutayr ibn Shakal, Abu al-Malih ‘Amir al-Hudhali, entre otros.26

La Madre de los Creyentes, Umm Habiba (que Allah esté complacido con ella), era una mujer de fe sumamente firme. Al considerar la paciencia, la fortaleza y la prudencia que mostró en proporción a la época en que vivió, no se puede dejar de sentir asombro. Desde los primeros tiempos del surgimiento del islam, reconoció la verdad mediante su inteligencia y su discernimiento, y se aferró a ella. Pudo realizar fácilmente aquello que muchos hombres muy inteligentes de aquella época no pudieron hacer, o para lo cual necesitaron mucho tiempo. Por la verdad, abandonó su patria y dejó atrás a sus padres, hermanos y a todos sus familiares y amigos. El esposo por cuyo apoyo lo había abandonado todo la dejó sola en tierra extranjera. Sin embargo, no se desvió de la verdad ni siquiera un ápice. Permaneció tan firme en su fe como una montaña. ¿Qué grado de fuerza en la fe hace falta para poder hacer todo esto? Probablemente fue precisamente por esta fe tan sólida que Allah, como recompensa, le concedió en este mundo el sublime rango de Madre de los Creyentes.

Junto con su fe sólida, albergaba también en su corazón un amor ilimitado por el Mensajero de Allah. La magnitud y pureza con que consideraba al Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) se evidencia en el hecho de que no permitió que su padre, que era idólatra, se sentara en el lecho del Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él). Le dijo directamente a su padre: «Eres un idólatra e impuro. No quiero que te sientes en el lecho del Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) y lo contamines». Esto es la fe; esto es el amor por Allah y por Su Mensajero.

Así como ella observaba estrictamente los hadices del Noble Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él), también exhortaba a los demás a practicarlos. En una ocasión, su sobrino Abu Sufyan ibn Sa‘id ibn al-Mughira fue a visitarla. Él comió sattu y solo se enjuagó la boca. La Madre de los Creyentes le dijo: «Deberías realizar la ablución, pues el Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo que hay que realizar la ablución después de comer cualquier cosa cocinada al fuego».27

Tres días después del fallecimiento de su padre, Abu Sufyan (que Allah esté complacido con él), pidió perfume, se lo aplicó en la frente y dijo:

Será en árabe

—Escuché al Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) decir: «No está permitido que una mujer que cree en Allah y en el Último Día guarde luto por un difunto durante más de tres días, salvo por su único esposo. Por su esposo guardará luto durante cuatro meses y diez días».28

En una ocasión escuchó de labios del Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él): «A quien rece cada día doce rak‘at de oración voluntaria se le construirá una casa en el Paraíso». Umm Habiba dijo: «Desde entonces siempre las he realizado». Como resultado, su alumno y hermano ‘Utba, el alumno de ‘Utba, ‘Amir ibn Uways, y el alumno de ‘Amir, al-Nu‘man ibn Salim, solían realizar siempre esta oración durante sus respectivas épocas.

Por naturaleza, era veraz. En cierta ocasión le dijo al Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz): «Cásate con mi hermana». El Mensajero (que Allah le bendiga y le conceda paz) le preguntó: «¿De verdad lo deseas?». Ella respondió: «¿Por qué no habría de desearlo? ¿Qué daño hay en ello? No debería haber ningún impedimento para que yo y cualquiera de mis hermanas nos encontremos en una buena situación».

Al-Dhahabí, al describir su dignidad, dice que ninguna de las esposas del Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) tenía un parentesco más cercano a él que ella. Ninguna de las esposas del Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) recibió una dote mayor que la de ella. Asimismo, el Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) no se casó con ninguna esposa que estuviera más lejos de él que ella.29

El honorable Ibn Abbás (que Allah esté complacido con él) dijo que cuando el Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) se casó con la honorable Umm Habiba (que Allah esté complacido con ella), fue revelada la siguiente aleya:30

Será en árabe

«Puede que Allah establezca afecto entre vosotros y aquellos que son vuestros enemigos». (Sura al-Mumtahana, 7).

Maymuna bint al-Harith (que Allah esté complacido con ella)

Después de la honorable Hafsa, esposa del Profeta (que Allah esté complacido con ella), el Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) se casó con la honorable Maymuna bint al-Harith al-Hilaliyya (que Allah esté complacido con ella). Ella fue la última mujer con la que se casó el Mensajero (que Allah le bendiga y le conceda paz); así lo ha transmitido Ibn Sa‘d. Su padre era al-Harith ibn Hayn y su madre, Hind bint ‘Awf.1

La honorable Maymuna (que Allah esté complacido con ella) era de la tribu de Quraysh. Tenía vínculos de parentesco con muchas familias y linajes ilustres y prestigiosos de Arabia. Su hermana Umm al-Fadl, Lubaba al-Kubra, era la esposa del honorable ‘Abbas (que Allah esté complacido con él). Sus seis hijos —al-Fadl, ‘Abdullah, ‘Ubaydullah, Ma‘bad, Qutham y ‘Abd al-Rahman— fueron hijos ilustres del islam. Su segunda hermana, Lubaba al-Sughra, era la madre del honorable Khalid ibn al-Walid (que Allah esté complacido con él). Su tercera hermana, Bayda, era la madre de Yazid ibn al-Asam. El nombre de la cuarta hermana, Umm Hafid, era Khuzayla. El imam Malik (que Allah tenga misericordia de él) lo narró detalladamente en al-Muwatta’, mientras que al-Bujari y Muslim lo narraron de forma algo resumida: en cierta ocasión, el Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) fue a la casa de la honorable Maymuna (que Allah esté complacido con ella). Allí estaban presentes el honorable ‘Abdullah ibn ‘Abbas (que Allah esté complacido con él) y el honorable Khalid ibn al-Walid. Les ofrecieron carne de lagarto del desierto. Maymuna (que Allah esté complacido con ella) dijo: «Esta carne la ha enviado mi hermana Khuzayla bint al-Harith». El Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) no comió la carne de lagarto del desierto, pero los demás comieron con su permiso. Según una narración recopilada por el imam al-Tahawi, como el Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) no comió, la honorable Maymuna (que Allah esté complacido con ella) tampoco comió.

Todas las hermanas mencionadas anteriormente eran hermanastras paternas. En la obra «Al-Mawahib al-Ladunniyya» se relata que Asma bint Umais (ra), esposa de Yafar ibn Abi Talib (ra), era su hermanastra materna. Yafar (ra) tuvo con ella tres hijos llamados Abd Allah, Muhammad y Awn. Después de que Yafar (ra) alcanzara el martirio en la batalla de Muta, Abu Bakr as-Siddiq (ra) se casó con ella, y de esta unión nació Muhammad ibn Abi Bakr. Tras el fallecimiento de Abu Bakr (ra), Ali (ra) se casó con Asma (ra). De esta unión nacieron dos hijos, llamados Yahya y Awn. Otra hermanastra materna de Maymuna (ra), Salma bint Umais (ra), era la esposa de Hamza (ra). Otra de sus hermanastras maternas era Salama bint Umais. Ella permaneció no musulmana.²

Matrimonio

El primer matrimonio de Maymuna (ra) fue con Masud ibn Amr ibn Umayr as-Saqafi. Esta información aparece en Tabaqat, de Zurqani, y en otras obras. Sin embargo, Ibn Hayar, autor de Al-Isaba, no trató la cuestión de quién fue su primer esposo. Solo mencionó que, antes de casarse con el Mensajero de Allah (sallallahu alayhi wa sallam), ella había sido esposa de Abu Ruhm ibn Abdil-Uzza. En cualquier caso, diversos relatos indican que, después de separarse de Masud ibn Amr, se casó con Abu Ruhm. Cuando Abu Ruhm murió, en el séptimo año de la Hégira, obtuvo el honor de convertirse en esposa del Mensajero de Allah (sallallahu alayhi wa sallam). Fue la última esposa del Mensajero de Allah (sallallahu alayhi wa sallam). Después de ella, el Mensajero de Allah (sallallahu alayhi wa sallam) no otorgó a ninguna otra mujer el honor de ser su esposa.³

El matrimonio de Maymuna (ra) con el Mensajero de Allah (sallallahu alayhi wa sallam) se celebró bajo la tutela de Abbas ibn Abd al-Muttalib (ra). Cuando el Mensajero de Allah (sallallahu alayhi wa sallam) partió hacia La Meca, en el séptimo año de la Hégira, con el propósito de realizar la Umrat al-Qada, envió a Yafar ibn Abi Talib (ra) a Maymuna (ra), que se encontraba en La Meca, con una propuesta de matrimonio. Ella nombró como representante legal a su cuñado, Abbas ibn Abd al-Muttalib (ra). Muchos opinan que fue el propio Abbas quien animó al Mensajero de Allah (sallallahu alayhi wa sallam) a contraer este matrimonio.⁴

Según el relato de Ibn Hisham, Maymuna (ra) dejó el asunto del matrimonio en manos de su hermana Umm al-Fadl. Y ella, a su vez, delegó esa responsabilidad en su esposo, Abbas (ra).⁵

En cualquier caso, durante el ihram de esta Umra, en el mes de Dhu al-Qada del séptimo año de la Hégira, el Noble Mensajero de Allah (sallallahu alayhi wa sallam) se casó con Maymuna (ra) a cambio de una dote de quinientos —según otra versión, cuatrocientos— dirhams.⁶ ⁷ Después de realizar la Umra, de regreso a Medina, hizo una parada en un lugar llamado Saraf, situado a entre seis y doce millas de La Meca. Mientras tanto, el Mensajero de Allah (sallallahu alayhi wa sallam) envió allí a su sirviente Abu Rafi, llevando consigo a Maymuna (ra). En Saraf, Maymuna (ra) se reunió con el Mensajero de Allah (sallallahu alayhi wa sallam) en la tienda que había sido preparada para él.⁸

Según un relato de Ibn Abbas (ra), el matrimonio de Maymuna (ra) con el Mensajero de Allah (sallallahu alayhi wa sallam) tuvo lugar en La Meca, mientras realizaba la Umra. Con motivo de la Umra, tenía previsto permanecer allí tres días. El tercer día, Huwaytib ibn Abd al-Uzza, acompañado de varios hombres de Quraysh, se presentó ante el Mensajero de Allah (sallallahu alayhi wa sallam) y le dijo: «Hoy termina, conforme al tratado de Hudaybiyya, el plazo de su permanencia. Váyase de La Meca». El Mensajero de Allah (sallallahu alayhi wa sallam) respondió: «¿Qué perjuicio os causaría concederme un poco más de tiempo? Me reuniría con Maymuna entre vosotros y prepararía para vosotros comida de walima». Ellos dijeron: «No necesitamos su comida. Váyase de La Meca».⁹ Por esta razón, el Mensajero de Allah (sallallahu alayhi wa sallam) salió apresuradamente de La Meca, llegó a Saraf y permaneció allí; allí consumó su matrimonio con Maymuna (ra).

El Noble Mensajero de Allah (sallallahu alayhi wa sallam) se casó con Maymuna (ra) durante la Umrat al-Qada. Todos los especialistas en la sira están de acuerdo en este punto. Sin embargo, existe una gran discrepancia entre los juristas acerca de si, en el momento del matrimonio, el Mensajero de Allah (sallallahu alayhi wa sallam) se encontraba en estado de ihram o ya había salido de él.¹⁰

Ibn Hayar (que Allah tenga misericordia de él), al tratar de conciliar esta discrepancia, dijo que el matrimonio se celebró durante el estado de ihram, mientras que la consumación tuvo lugar después de realizar la ‘umra, una vez concluido dicho estado.11

Al describir las características personales de Maymuna (que Allah esté complacido con ella), Aisha (que Allah esté complacido con ella) comentó:

Será en árabe.

—Entre nosotras, Maymuna era la que más temía a Allah y la que más mantenía los lazos de parentesco.12

Era una mujer de fe muy pura y de pensamientos rectos. Diversos acontecimientos pusieron claramente de manifiesto la claridad de su pensamiento y de su fe. En cierta ocasión, una mujer, mientras estaba enferma, hizo el voto de que, si Allah la curaba, iría a Bayt al-Maqdis y realizaría allí la oración. Por voluntad de Allah, se recuperó. Entonces quiso ir a Bayt al-Maqdis para cumplir su voto. Con ese propósito, fue a despedirse de Maymuna (que Allah esté complacido con ella). Maymuna (que Allah esté complacido con ella) le explicó que la recompensa por rezar en la Mezquita del Profeta es mil veces mayor que en cualquier otra mezquita. Por tanto, le dijo: «No vayas allí; quédate aquí».13

De vez en cuando pedía dinero prestado. En cierta ocasión contrajo una deuda algo mayor de lo habitual. Entonces alguien le preguntó: «¿Cómo vas a pagar una deuda tan grande?». Ella respondió: «El Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: “A quien tiene la intención de pagar su deuda, Allah mismo le facilita su pago”».14 Maymuna (que Allah esté complacido con ella) sentía un intenso deseo de liberar esclavos. En cierta ocasión liberó a una esclava, y el Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) le dijo: «Con ello has obtenido una gran recompensa».15

Era extremadamente estricta en lo referente a las órdenes y prohibiciones de la Sharía. No mostraba ninguna indulgencia en este asunto. En cierta ocasión, uno de sus parientes cercanos fue a visitarla. En ese momento le olía la boca a alcohol. Ella lo reprendió severamente y le ordenó con firmeza que no volviera a presentarse ante ella.16

En cierta ocasión, una esclava de Maymuna (que Allah esté complacido con ella) fue a la casa de Ibn Abbas (que Allah esté complacido con él) y vio que las camas de los esposos estaban bastante separadas. La esclava pensó que quizá había surgido cierta amargura entre el marido y la mujer. Sin embargo, al preguntar, descubrió que no era así; Ibn Abbas (que Allah esté complacido con él) se trasladaba a otra cama durante la menstruación de su esposa. La esclava regresó y contó todo a Maymuna (que Allah esté complacido con ella), la Madre de los Creyentes. Ella le dijo: «Ve y pregúntale: ¿por qué muestras tanta indiferencia hacia la práctica del Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él)? Él siempre descansaba en nuestras camas».17

En cierta ocasión, Ibn Abbas (que Allah esté complacido con él) fue a visitar a su tía Maymuna (que Allah esté complacido con ella). Al ver que tenía el cabello y la barba desarreglados, su tía le preguntó: «Hijo mío, ¿por qué estás así?». Ibn Abbas respondió: «Ummu Ammar está menstruando. Ella es quien suele arreglarme el cabello». Maymuna (que Allah esté complacido con ella) dijo: «¡Vaya, muy bien! El Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) se recostaba con la cabeza en nuestro regazo y recitaba el Corán cuando nos encontrábamos en ese estado especial. En ese estado, levantábamos la estera y la dejábamos en la mezquita. Hijo mío, ¿tienes algo en la mano?».18

Se han transmitido 46 hadices de Maymuna (que Allah esté complacido con ella); según otra opinión, 76. De ellos, siete son muttafaqun alayh. Uno fue transmitido exclusivamente por Bujari y cinco exclusivamente por Muslim. Los demás fueron recopilados en diversas colecciones de hadices. Algunos hadices transmitidos por ella demuestran su profundo conocimiento de los aspectos sutiles de la sharía.

Entre quienes escucharon y transmitieron hadices de Maymuna (que Allah esté complacido con ella), los más destacados son los siguientes:

Ibn Abbas (que Allah esté complacido con él), Abdullah ibn Shaddad ibn al-Had, Abd al-Rahman ibn al-Saib, Yazid ibn Asam (todos ellos eran hijos de su hermana), Ubaydullah al-Jawlani, Nadba (una esclava), Ata ibn Yasar, Maysara ibn Yasar, Ibrahim ibn Abdullah ibn Ma’bad ibn Abbas, Kuraib, Ubayda ibn Sibaq, Ubaydullah ibn Abdullah ibn Utba, Aliya bint Subay y otros.19

Existe una considerable discrepancia respecto al año de la muerte de Maymuna (que Allah esté complacido con ella). En diversas narraciones se mencionan los años 51, 61, 63 y 66 de la Hégira. Sin embargo, la mayoría de los expertos en biografías, incluido Ibn Hayar, consideraron correcta la opinión del año 51 de la Hégira.20 Otro acontecimiento notable de su vida es que, aproximadamente 44 años después de haberse unido por primera vez al Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) en el lugar llamado Sarif, tras adquirir allí la dignidad de esposa del Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él), falleció precisamente en ese mismo lugar. Fue enterrada exactamente donde había pasado la noche nupcial con el Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él).21

También se ha transmitido que fue a La Meca para realizar el hach. Después de completarlo, falleció allí mismo. Por orden de Ibn Abbas (que Allah esté complacido con él), sus restos fueron llevados a Sarif sobre los hombros y allí fueron enterrados.22

Ibn Abbas (que Allah esté complacido con él) dirigió la oración fúnebre. Ibn Abbas (que Allah esté complacido con él), Abd al-Rahman ibn Jalid ibn al-Walid, Abdullah ibn Shaddad ibn al-Had, Abdullah ibn al-Jawlani y Yazid ibn al-Asamm descendieron el cadáver a la tumba. Cuando el féretro fue levantado, Ibn Abbas (que Allah esté complacido con él) dijo: «¡Atención! Es la esposa del Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él). No la sacudáis demasiado. Llevadla con respeto, porque ella es vuestra madre».23

Safiyya bintHuayy ibn Akhtab (que Allah esté complacido con ella)

La Madre de los Creyentes, Safiyya (que Allah esté complacido con ella), hija de Huyayy ibn Ajtab, era descendiente de Leví ibn Jacob y, por tanto, descendía de Aarón ibn Imrán (la paz sea con él). Por esta razón se la llamaba Safiyya bint Huyayy al-Isra’iliyya. Su padre, Huyayy ibn Ajtab, pertenecía a la célebre tribu judía de Medina, Banu Nadir, mientras que su madre, Barra bint Samawwal, era hija de la tribu judía Banu Qurayza.¹

En realidad, el nombre original de Safiyya (que Allah esté complacido con ella) era Zaynab. Como pasó a estar bajo la autoridad de los musulmanes en calidad de botín de guerra tras la batalla de Jaybar y, al realizarse la distribución, correspondió al Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz), y como en la Arabia de aquella época se llamaba safiyya a la parte del botín que correspondía al líder o al rey, Zaynab llegó a ser conocida desde entonces como Safiyya, hasta que su nombre original cayó en el olvido. El autor de Siyar al-Sahabiyyat lo transmitió citando a al-Zurqani.²

Tanto el padre como el abuelo materno de Safiyya (que Allah esté complacido con ella) eran líderes sumamente respetados de sus respectivos clanes. Desde tiempos muy antiguos, entre las comunidades judías que habitaban el norte de Arabia, sus dos clanes —Banu Qurayza y Banu Nadir— eran considerados más honorables y prestigiosos que los demás clanes judíos árabes. Cada miembro de la familia de Ibn Ajtab era contemplado con un respeto y una estima ilimitados. Los miembros árabes de la tribu obedecían sus órdenes y aceptaban su liderazgo sin cuestionarlos. Su abuelo materno, Samawwal, era famoso en toda la península arábiga por su valor y su valentía. En resumen, Safiyya (que Allah esté complacido con ella) poseía un linaje sumamente noble tanto por parte de padre como por parte de madre.³

Matrimonios:

Salam ibn Mishkam, de Banu Qurayza, era un famoso poeta y líder. Safiyya (que Allah esté complacido con ella) contrajo su primer matrimonio con él. Este matrimonio no duró. Después de su separación, contrajo un segundo matrimonio con Kinana ibn Abi al-Huqayq, sobrino de Abu Rafi’, el célebre comerciante del Hiyaz y uno de los líderes de Jaybar. En cuanto a honor e influencia, Kinana no era inferior a Salam en ningún aspecto. Era el dirigente de la célebre fortaleza de Jaybar llamada al-Qamus y también un gran poeta.⁴ Vivía en esa fortaleza junto con su familia. Cuando Jaybar cayó en manos de los musulmanes tras una encarnizada batalla y la fortaleza de al-Qamus fue conquistada, el esposo de Safiyya (que Allah esté complacido con ella), Kinana, murió dentro de la fortaleza, y Safiyya, junto con los demás miembros de su familia, fue hecha prisionera por los musulmanes. Entre ellos se encontraban también dos primas paternas de Safiyya (que Allah esté complacido con ella). Ibn Ishaq dijo que Safiyya (que Allah esté complacido con ella) era la joven esposa de Kinana. Se habían casado apenas unos días antes.⁵

Esta guerra fue tan desastrosa para los judíos de Jaybar que todas sus esperanzas y apoyos se disiparon como alcanfor, y perdieron toda capacidad de volver a levantarse en el futuro. En esta batalla murieron todos sus líderes famosos e ilustres. Entre los muertos se encontraban el padre y el hermano de Safiyya (que Allah esté complacido con ella). Por esta razón, ella era la más merecedora de compasión y benevolencia entre todos los prisioneros de guerra.

Cuando, conforme a la norma, comenzó la preparación para distribuir entre los muyahidines los bienes del botín (los bienes obtenidos en la guerra, incluidos esclavos y esclavas), y se reunió para este fin a todos los prisioneros, Dihya al-Kalbi informó al Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) de que necesitaba una esclava. El Mensajero (que Allah le bendiga y le conceda paz) le permitió escoger entre las mujeres cautivas. Dihya (que Allah esté complacido con él) escogió a Safiyya (que Allah esté complacido con ella). Como Safiyya (que Allah esté complacido con ella) ocupaba un rango mucho más elevado que Dihya (que Allah esté complacido con él) en honor y dignidad, algunos Compañeros dijeron: «¡Oh, Mensajero de Allah! Safiyya (que Allah esté complacido con ella) es la dirigente de Banu Nadir y Banu Qurayza. Ella es digna de ti». El Mensajero (que Allah le bendiga y le conceda paz) aceptó este consejo y mandó llamar a Dihya al-Kalbi junto con Safiyya. Le pidió a Dihya que escogiera otra esclava y conservó a Safiyya (que Allah esté complacido con ella) para sí. Después la liberó de la esclavitud y se casó con ella.⁶ En Sahih al-Bujari se menciona que su liberación de la esclavitud fue fijada como su mahr.

Será en árabe.

El imán al-Shafi‘i narró en su obra Kitab al-Umm, citando a al-Waqidi, que el Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) entregó a Dihya al-Kalbi, en lugar de Safiyya (que Allah esté complacido con ella), a la hermana de su esposo, Kinana. Ibn Ishaq narró que el Mensajero (que Allah le bendiga y le conceda paz) le entregó a su prima. En Sahih Muslim se menciona que el Mensajero (que Allah le bendiga y le conceda paz) obtuvo a Safiyya (que Allah esté complacido con ella) de Dihya a cambio de siete prisioneros.⁸ El sabio al-Zurqani dice que la expresión «obtuvo» no debe entenderse en su sentido literal.⁹

Este acontecimiento tuvo lugar en el séptimo año de la Hégira. En una narración de al-Bujari se menciona que, tras concluir la campaña de Jaibar, el Mensajero (que Allah le bendiga y le conceda paz) hizo una parada en un lugar llamado Sahba, mientras regresaba a Medina. Allí, Umm Sulaym (que Allah esté complacido con ella), la madre de Anas (que Allah esté complacido con él), peinó a Safiyya (que Allah esté complacido con ella), le cambió la ropa y perfumó su cuerpo. Después la envió ante el Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz). Allí se consumó el matrimonio y también se celebró el banquete nupcial. Unos llevaron dátiles, otros grasa y otros hays, es decir, cada cual llevó lo que tenía para comer. Cuando todo estuvo reunido, todos se sentaron juntos a comer. En realidad, este fue el banquete nupcial. Este banquete ha sido narrado por Anas (que Allah esté complacido con él) en los dos Sahih.¹⁰ En Sahba, el Mensajero (que Allah le bendiga y le conceda paz) permaneció tres días con Safiyya (que Allah esté complacido con ella). La primera noche de la consumación, Abu Ayyub al-Ansari (que Allah esté complacido con él), sin que el Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) lo supiera, permaneció toda la noche vigilando con la espada desenvainada ante la puerta de su tienda. Por la mañana, cuando el Mensajero (que Allah le bendiga y le conceda paz) le preguntó el motivo, respondió: «El padre, el esposo, el hermano y todos los parientes cercanos de esta mujer han sido asesinados. Temía que pudiera hacer algo malo». Al oírlo, el Mensajero (que Allah le bendiga y le conceda paz) sonrió ligeramente e hizo una súplica por él.¹¹

Cuando partió de Sahba llevando a Safiyya (que Allah esté complacido con ella) sobre su propio camello, la gente no sabía si el Mensajero (que Allah le bendiga y le conceda paz) le había concedido la dignidad de esposa o si la había tomado bajo su propiedad como esclava. Al comprender esta impresión de la gente, el Mensajero (que Allah le bendiga y le conceda paz) colocó una cortina y ocultó a Safiyya (que Allah esté complacido con ella) de las miradas. Con esta cortina indicó, en realidad, que Safiyya (que Allah esté complacido con ella) no era una esclava, sino que había obtenido la dignidad de una esposa honorable.¹² En algunas narraciones se menciona que el Mensajero (que Allah le bendiga y le conceda paz) la cubrió con su propia aba. Mientras viajaban desde Sahba, el camello que transportaba al Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) y a Safiyya (que Allah esté complacido con ella) tropezó. Los dos jinetes cayeron de la montura. Allah, el Altísimo, los mantuvo ilesos. En cuanto cayeron, Abu Talha (que Allah esté complacido con él) saltó de su montura, corrió hacia el Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) y dijo: «¡Oh, Profeta de Allah! ¿Ha sufrido algún daño?». Él respondió: «No. Atiende a la mujer». De inmediato, Abu Talha se cubrió el rostro con un paño, se acercó a Safiyya (que Allah esté complacido con ella) y arrojó sobre ella una tela. Safiyya (que Allah esté complacido con ella) se levantó. Abu Talha preparó su propio camello y el Mensajero (que Allah le bendiga y le conceda paz) montó en él llevando consigo a Safiyya (que Allah esté complacido con ella).¹³

Al partir de Saba, la honorable Safiyya (que Allah esté complacido con ella) montó en el camello apoyando el pie sobre la rodilla del Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz).¹⁴

Yabir (que Allah esté complacido con él) dijo: «Cuando Safiyya (que Allah esté complacido con ella) fue introducida en la tienda del Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz), nosotros estuvimos presentes allí. El Mensajero (que Allah le bendiga y le conceda paz) dijo: “Levantaos de junto a vuestra madre”. Por la tarde volvimos. El Mensajero (que Allah le bendiga y le conceda paz) vino hacia nosotros. Llevaba en su manto aproximadamente dos mudd de dátiles ‘ajwa. Nos dijo: “Comed del banquete nupcial de vuestra madre”».¹⁵ Al llegar a Medina, el Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) alojó a la honorable Safiyya en la casa del célebre compañero Harith ibn Nu‘man (que Allah esté complacido con él). Harith (que Allah esté complacido con él) era un compañero del Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) dispuesto a sacrificarlo todo por él. Allah también le había concedido abundantes riquezas. Siempre tenía presentes las necesidades del Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) y acudía rápidamente cuando surgía alguna necesidad. Cedió gustosamente su casa para que también Safiyya pudiera alojarse allí. Según el relato de Umm Sinan al-Salamiyya, al oír hablar de la belleza y el atractivo de Safiyya (que Allah esté complacido con ella), Zaynab bint Yahsh, Hafsa y Yasar narraron que, junto con las mujeres de los ansar, Aisha (que Allah esté complacido con ella) también acudió a verla con el rostro cubierto por el niqab. Al regresar, el Mensajero (que Allah le bendiga y le conceda paz) caminó detrás de ella y le preguntó:

—¡Aisha! ¿Qué te pareció ella?

—Aisha (que Allah esté complacido con ella) respondió: «La vi; no es más que una mujer judía». El Mensajero (que Allah le bendiga y le conceda paz) dijo: «No digas eso. Ella ha aceptado el islam y se ha convertido en una buena musulmana».¹⁶

La honorable Safiyya, Madre de los Creyentes (que Allah esté complacido con ella), era una mujer de gran fortaleza de espíritu. No se sabe que en toda su vida hubiera mostrado impaciencia. Cuando cayó la fortaleza de al-Qamus y el estandarte del islam ondeó por todo Jaibar, Bilal (que Allah esté complacido con él) llevó a Safiyya (que Allah esté complacido con ella) y a sus primas ante el Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz). Pasaban junto a los cadáveres de los judíos. Por lo general, una situación así resulta profundamente conmovedora. Incluso el corazón de una persona de extraordinaria fortaleza se estremece. Por ello, las mujeres que la acompañaban también gritaron al contemplar aquella escena espantosa. Se arrancaban el cabello y se lamentaban. Pero observad el estado de Safiyya (que Allah esté complacido con ella): avanzaba cautiva junto al cadáver de su amado esposo, sin mostrar la menor perturbación. No había en ella ninguna alteración. Caminaba con paso firme. Más tarde, el Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) reprendió a Bilal (que Allah esté complacido con él) por haberlas hecho pasar junto a los cadáveres de sus padres y hermanos de aquella manera.¹⁷

Hazrat Safiyya sentía un amor infinito por el Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz). Cuando el Mensajero (que Allah le bendiga y le conceda paz) se encontraba en su lecho de muerte, en la casa de Hazrat Aisha (que Allah esté complacido con ella), un día sus esposas, incluida Safiyya (que Allah esté complacido con ella), se reunieron para visitarlo y atenderlo. En cierto momento, Hazrat Safiyya, con el corazón profundamente afligido, dijo: «¡Oh, Profeta de Allah! Me alegraría si pudiera sufrir yo todos estos dolores que usted está padeciendo». Al oír sus palabras, las demás esposas comenzaron a mirarse unas a otras de tal manera que parecía que desconfiaban de lo que había dicho. Entonces el Mensajero (que Allah le bendiga y le conceda paz) dijo: «¡Por Allah! Ella ha dicho la verdad».18

El amor del Noble Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) por Hazrat Safiyya (que Allah esté complacido con ella) era precisamente así. Le gustaba su compañía y siempre procuraba hacerla feliz. El Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) emprendió un viaje de peregrinación llevando consigo a Safiyya y a algunas de sus otras esposas. En el camino, el camello que montaba Safiyya (que Allah esté complacido con ella) enfermó y se arrodilló. Safiyya se asustó y comenzó a llorar. Al enterarse, el Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) acudió y secó con sus propias manos puras las lágrimas de sus ojos. Pero, aun así, su llanto no cesó, sino que aumentó. Al no encontrar otra solución, el Mensajero (que Allah le bendiga y le conceda paz) hizo que todos se detuvieran allí. Al atardecer, el Mensajero (que Allah le bendiga y le conceda paz) dijo a su esposa, Hazrat Zaynab bint Jahsh (que Allah esté complacido con ella): «Zaynab, dale un camello a Safiyya». Hazrat Zaynab (que Allah esté complacido con ella) respondió: «¿Voy a darle un camello a esta mujer judía suya?». Ante semejante respuesta, el Mensajero (que Allah le bendiga y le conceda paz) se disgustó profundamente y durante dos o tres meses se abstuvo de hablar con Hazrat Zaynab (que Allah esté complacido con ella) y de acercarse a ella. Finalmente, gracias a la mediación de Hazrat Aisha (que Allah esté complacido con ella), logró, con gran dificultad, que el Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) dejara de estar disgustado con ella.19

En otra ocasión, cuando Hazrat Aisha (que Allah esté complacido con ella) hizo un comentario sobre la constitución física de Hazrat Safiyya (que Allah esté complacido con ella), el Mensajero (que Allah le bendiga y le conceda paz) le dijo: «Has pronunciado una palabra que, si se arrojara al mar, se mezclaría con él»; es decir, incluso enturbiaría el agua del mar.20

Después de aceptar el islam y purificarse, sufría mucho si alguien la insultaba llamándola judía. Un día, el Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) entró en su habitación y la encontró llorando. Cuando le preguntó la razón de su llanto, ella respondió: «Aisha (que Allah esté complacido con ella) y Zaynab (que Allah esté complacido con ella) afirman que son mejores que las demás esposas, porque, además de ser sus esposas, son sus primas paternas».

Para consolarla, el Mensajero (que Allah le bendiga y le conceda paz) le dijo: «¿Por qué no les dijiste: “Mi padre es Aarón, mi tío es Moisés y mi esposo es Muhammad (que Allah le bendiga y le conceda paz)? ¿Cómo pueden ser ustedes mejores que yo por ese motivo?”».21

Hazrat Safiyya (que Allah esté complacido con ella) era por naturaleza sumamente generosa y caritativa. Ibn Sa‘d escribió que, en vida, donó la casa en la que residía. Según el relato de Allama al-Zurqani, después de llegar a Medina como Madre de los Creyentes, repartió sus dos pendientes de oro entre Hazrat Fatima (que Allah esté complacido con ella) y las demás esposas puras del Mensajero.22

En el año 35 de la Hégira, los rebeldes sitiaron en Medina al tercer califa, Hazrat Uthman (que Allah esté complacido con él), en su propia casa. En aquella ocasión, Hazrat Safiyya (que Allah esté complacido con ella) extendió una mano de ayuda al califa. Cuando los rebeldes interrumpieron todo suministro y comunicación con la casa del califa y apostaron guardias alrededor de ella, un día Hazrat Safiyya (que Allah esté complacido con ella) se dirigió hacia allí montada en una mula, acompañada por un esclavo. Ashter al-Nakha‘i la vio. Para impedirle el paso, Ashter comenzó a golpear la mula. Hazrat Safiyya dijo: «No necesito ser humillada. Me vuelvo; suelta las riendas de mi mula». Al regresar a su casa, Hazrat Safiyya (que Allah esté complacido con ella) encargó a Hazrat Hasan (que Allah esté complacido con él) mantener la comunicación con la casa del califa. Él llevaba alimentos y agua desde la casa de la Madre de los Creyentes Safiyya (que Allah esté complacido con ella) hasta la residencia del califa.23

Cuando el califa Umar (que Allah esté complacido con él) estableció las asignaciones, fijó doce mil para cada una de las demás esposas del Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz), pero seis mil para Hazrat Juwayriya y Hazrat Safiyya (que Allah esté complacido con ambas). Cuando ella protestó, se fijaron doce mil para ellas.24

Todos los especialistas en biografías proféticas elogiaron sin reservas las cualidades morales de Safiyya (que Allah esté complacido con ella). El erudito Ibn ʿAbd al-Barr escribió:

Será en árabe

—«Safiyya (que Allah esté complacido con ella) era una mujer paciente, inteligente y culta».25

Ibn al-Athir dijo:

Será en árabe

—«Era una de las mujeres más inteligentes».26

El erudito al-Dhahabi dijo:

Será en árabe

—«Hazrat Safiyya (ra) era una mujer educada, inteligente, de noble linaje, hermosa y piadosa».27

Al igual que las demás esposas del Mensajero de Allah (sallallahu alayhi wa sallam), Hazrat Safiyya (ra) también era un centro de conocimiento y ma‘rifa. La gente solía preguntarle con frecuencia sobre diversos asuntos y quedaba satisfecha con sus respuestas. Una mujer llamada Suhayra bint Haykar llegó una vez a Medina, después de realizar el hajj, para visitar a Hazrat Safiyya (ra). Cuando fue a casa de Hazrat Safiyya (ra), vio que allí estaban sentadas muchas mujeres de Kufa, haciéndole diversas preguntas, y que ella les respondía con gran claridad.

Suhayra también había venido con el mismo propósito. Por medio de las mujeres de Kufa, quiso conocer la norma relativa al nabidh. Al escuchar la pregunta, Hazrat Safiyya (ra) dijo: «Los iraquíes suelen preguntar con frecuencia sobre este asunto».28

Se han transmitido diez hadices de Hazrat Safiyya (ra). Los transmitieron, entre otros, el imán Zayn al-‘Abidin, Ishaq ibn ‘Abdullah ibn Harith, Muslim ibn Safwan, Kinana y Ayazid ibn Mu‘attab. Uno de esos diez hadices es muttafaq ‘alayh.29

Hazrat Safiyya (ra) falleció en Medina, a los sesenta años, durante el mes de Ramadán del año 50 de la Hégira. Hazrat Sa‘id ibn al-‘As (ra) dirigió la oración funeraria por ella. Según otra opinión, la dirigió Hazrat Mu‘awiya (ra), quien se encontraba entonces en Medina después de haber realizado el hajj.30 Fue enterrada en el cementerio de al-Baqi‘.31 Antes de morir, dejó escrito en su testamento que un tercio de sus bienes restantes correspondiera a su sobrino.32

Ibn Sa‘d escribió, citando a al-Waqidi, que dejó cien mil dírhams. Ibn Hisham mencionó treinta mil. El sobrino de Hazrat Safiyya (ra) era judío. Por ello, la gente comenzó a vacilar y a mostrarse reticente respecto al cumplimiento de su testamento. Pero cuando Hazrat Aisha (ra) se enteró, hizo llegar este mensaje por medio de alguien: «¡Gente! Temed a Allah. Cumplid el testamento de Safiyya (ra)». Finalmente, el testamento fue ejecutado.33

Ibn Sa‘d narró, citando a al-Waqidi, que Hazrat Safiyya dijo: «Cuando llegué ante el Mensajero de Allah (sallallahu alayhi wa sallam), aún no había cumplido diecisiete años».34 Al-Waqidi también dijo que ella falleció en el año 52 de la Hégira. En otra de sus narraciones se menciona el año 50. Ibn Hajar consideró más correcta la narración del año 50. Ibn Mundah e Ibn Hibban afirmaron que murió en el año 36 de la Hégira. Sin embargo, Ibn Hajar dijo que esto era completamente erróneo, porque en el año 36 de la Hégira ‘Ali ibn Husayn (ra) ni siquiera había nacido. No obstante, en Sahih al-Bujari y Sahih Muslim se ha recopilado un hadiz narrado por él de Hazrat Safiyya (ra).35 Hazrat Safiyya (ra) sabía preparar comidas muy sabrosas. Incluso cuando el Mensajero de Allah (sallallahu alayhi wa sallam) se encontraba en las habitaciones de sus otras esposas, a veces preparaba comida y se la enviaba. En una ocasión, mientras el Mensajero de Allah (sallallahu alayhi wa sallam) se encontraba en la habitación de Hazrat Aisha (ra), ella le envió comida. Este relato aparece en diversas obras, entre ellas Sahih al-Bujari y al-Nasa’i.

En una ocasión, Hazrat Safiyya (ra) dijo: «¡Oh, Mensajero de Allah! Todas sus demás esposas tienen familiares, excepto yo. Si le ocurriera algo, ¿dónde encontraría refugio?». El Mensajero (sallallahu alayhi wa sallam) respondió: «Con ‘Ali (ra)».36 La Madre de los Creyentes, Hazrat Safiyya (ra), narró: «Una vez, el Mensajero de Allah (sallallahu alayhi wa sallam) se encontraba en la mezquita haciendo i‘tikaf durante los últimos diez días de Ramadán. Un día, fui a la mezquita para visitarlo. Después de conversar un rato con el Mensajero de Allah (sallallahu alayhi wa sallam), me levanté para regresar a casa. El Mensajero (sallallahu alayhi wa sallam) me acompañó hasta la puerta de la mezquita, cerca de la puerta de la habitación de Umm Salama. En ese momento, dos hombres de los ansar pasaban por allí. Saludaron al Mensajero de Allah (sallallahu alayhi wa sallam). El Mensajero (sallallahu alayhi wa sallam) les dijo a ambos: “Esperad un momento; ella es Safiyya bint Huyayy”. Al oír esto, ellos pronunciaron “Subhanallah” y exclamaron el takbir. Entonces el Profeta (sallallahu alayhi wa sallam) dijo: “Satanás puede penetrar en cada vena y arteria por la que circula la sangre del hijo de Adán. Temí que introdujera algo malo en el corazón de ustedes dos”».37

Una esclava de Hazrat Safiyya (que Allah esté complacido con ella) se quejó una vez ante el califa Hazrat Umar (que Allah esté complacido con él), afirmando que todavía conservaba sentimientos judíos. Pues aún observaba el sábado y mantenía relaciones con los judíos. Para verificar la veracidad de las palabras de la esclava, Hazrat Umar (que Allah esté complacido con él) preguntó a Hazrat Safiyya (que Allah esté complacido con ella), por medio de un emisario, acerca de la acusación. Ella respondió: «Desde que Allah me concedió el viernes en lugar del sábado, ya no hay ninguna necesidad de observar el sábado. En cuanto a mantener mis relaciones con los judíos, mi explicación es que allí tengo parientes. Debo procurar mantener con ellos los lazos de parentesco». Luego llamó a la esclava y le preguntó: «¿Quién te incitó a formular esta acusación?». La esclava respondió: «Satanás». Hazrat Safiyya (que Allah esté complacido con ella) guardó silencio y liberó a la esclava de la esclavitud.38

Antes de casarse con el Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz), Hazrat Safiyya vio una noche en sueños que la luna del cielo se desprendía y caía en su regazo. Cuando contó el sueño a su madre —según otra versión, a su esposo—, esta le dio una bofetada en la mejilla y le dijo: «Estás alargando el cuello hacia Muhammad, el rey de los árabes». La marca de aquella bofetada permaneció en su mejilla hasta el momento en que acudió ante el Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz). Cuando el Mensajero preguntó de qué era la marca, ella le relató todo el suceso.39