Nuestras palabras

El islam es el único sistema de vida completo. No existe ningún aspecto de la vida humana respecto del cual el islam no ofrezca orientación. En todos los niveles de la vida humana existen preceptos específicos del islam. En los ámbitos personal, familiar, social, estatal, económico, cultural, moral, ético y otros, está claramente impresa la ordenada huella del ideal islámico. El islam ha proclamado la liberación de la humanidad de las deslumbrantes cadenas de la esclavitud a todo lo que no sea Allah y de las doctrinas inventadas por los seres humanos, y le ha ofrecido una estructura adecuada para todas las épocas. El aspecto práctico del conjunto de preceptos islámicos es la sharía. Los musulmanes deben desenvolverse dentro de los límites o confines establecidos por la sharía. No tienen derecho a salir de ellos. Si alguien sale de esos límites, es decir, si los transgrede, será considerado rebelde contra Allah.

El ámbito más amplio de la vida humana está comprendido dentro del círculo del ideal islámico. El sistema de administración del Estado tampoco queda fuera de él. Desde los albores de la civilización hasta hoy, todas las doctrinas surgidas en torno a la administración estatal son producto de la mente humana. El sistema islámico de gobierno es la única excepción. Su autor y controlador es el propio Allah, exaltado sea. Por eso, es indudablemente perfecto. Allí donde es grande la posibilidad de tropezar a cada paso en el arduo recorrido del camino de la vida, las doctrinas elaboradas por los seres humanos no pueden hacer una contribución adecuada, pues en ellas abundan las posibilidades de error y equivocación. Solo seguir las normas perfectas otorgadas por Allah puede llevar al ser humano a su meta deseada. Y su don más excelente es el sistema de preceptos aprobado por la sharía.

El imán Ibn Taymiyya (que Allah tenga misericordia de él) fue un alim de elevada posición —muhaddiz y faqih— y un famoso muyaddid (reformador). Dedicó toda su vida a revitalizar, mediante el principio fundamental del tawhid, a la comunidad musulmana sumida en el shirk, la bid‘a y las supersticiones, y a formarla como siervos sinceros de Allah, exaltado sea. Su pluma era sumamente afilada. Al erradicar las tendencias no islámicas del sistema de administración estatal, quiso sumergir a la sociedad musulmana en el ideal islámico genuino. Desde esta perspectiva, la obra titulada ***** (en árabe), escrita por él, es una obra incomparable. La traducción bengalí de esta obra es precisamente «El sistema estatal de la sharía». El traductor es el distinguido pensador islámico, periodista y literato Maulana Zulfikar Ahmad Kismati. El señor Kismati es un escritor consagrado, versado en cuatro o cinco idiomas, y autor, traductor y editor de numerosas obras valiosas. Su traducción es muy clara y fluida.

En la presente edición, la traducción se ha enriquecido aún más gracias a que el traductor ha vuelto a editar la obra.

No se puede negar la escasez de obras originales sobre este tema en lengua bengalí. Confiamos en que esta obra, que contiene los principios fundamentales del sistema estatal de la sharía y del código penal, contribuirá considerablemente a remediar una carencia que los musulmanes de este país han esperado durante mucho tiempo que se subsanara. Damos millones de gracias ante Allah, el Clementísimo, por haber podido poner en manos de la comunidad de lectores un libro de este tipo. Que Allah acepte nuestro pequeño esfuerzo. —Amén.

Muhammad Ghulam Kibria

El editor

Prólogo del autor

Toda alabanza pertenece a ese Ser Majestuoso que envió a Sus profetas y mensajeros a la humanidad con pruebas y evidencias claras; que envió junto con los profetas y mensajeros el Libro y la Balanza, es decir, el criterio de la justicia, para que los seres humanos siguieran el camino recto y fueran seguidores de la justicia y la equidad. (Toda alabanza le corresponde a Él.) Él es quien envió el hierro y los objetos de hierro, en los cuales, por un lado, hay una fuerza formidable y un motivo de temor y, por otro, innumerables medios para el bienestar de la humanidad.

Allah, el Altísimo, es quien mejor sabe quién debe recibir Su ayuda y a quién debe convertir en profeta. Él es el Único Todopoderoso, el Ser de poder y fuerza incomparables, quien puso fin a la cadena de la profecía por medio de Muhammad Mustafa —que Allah le bendiga y le conceda la paz— y lo hizo el último profeta.

*****(árabe)

«Allah, el Altísimo, envió al Mensajero de Allah (que la paz sea con él) con las normas y leyes que guían el camino y con el verdadero sistema de vida, para que estableciera su supremacía sobre todos los sistemas de vida y doctrinas religiosas inventados por los hombres». (Sura Al-Fath: 28)

Para ayudar al Gran Profeta, Él envió «una prueba firme y auxiliadora», así como conocimiento y sabiduría, la pluma, la guía, los argumentos y las evidencias, autoridad, fuerza y capacidad, influencia y prestigio, y también la espada (símbolo de la fuerza). Es evidente que todas estas cualidades son indispensables para alcanzar honor y dignidad y triunfar sobre la injusticia y la falsedad. Declaro con voz firme que no existe ningún otro ser digno de ser adorado aparte de Allah; Él no tiene asociado alguno. No tiene colaborador ni igual. Declaro asimismo que Muhammad, el Mensajero de Allah (que la paz sea con él), es siervo y mensajero de Allah. Que desciendan sobre él innumerables misericordias de Allah. Que la misericordia descienda sobre sus descendientes y sobre todos sus compañeros. Que sobre ellos desciendan la paz y torrentes inagotables de misericordia. Que mi declaración y testimonio alcancen tal dignidad que, por medio de ellos, quien los proclama quede para siempre bajo la protección y la tutela divinas.

La inspiración fundamental para escribir este libro

Aunque, en esencia, esta es una obra breve, en ella se exponen plenamente las normas políticas otorgadas por Allah y los asuntos relativos a la representación del Gran Profeta. Por ello, ningún gobernante ni gobernado, ningún rey ni súbdito, tiene bajo ninguna circunstancia margen para mostrar negligencia hacia sus propias responsabilidades ni para quedar exento de ellas. El objetivo fundamental de la composición de esta obra es ofrecer a todos los funcionarios ejecutivos del Estado y a los responsables y directores de la política del país consejos o directrices que Allah, el Altísimo, les ha impuesto como obligatorios a esos gobernantes y directores. Como dijo el Mensajero de Allah (que la paz sea con él):

*****(árabe)

«En tres asuntos Allah está complacido con vosotros: (1) adoraréis únicamente a Allah; (2) no asociaréis a nadie con Él; (3) todos juntos os aferraréis firmemente a la cuerda de Allah y no os dividiréis; y daréis un consejo sincero a aquellos sobre quienes Allah os ha dado autoridad».

La base fundamental del libro «As-Siyasah ash-Shar‘iyyah», o Gobierno según la sharía, son los versículos del Libro de Allah en los que se afirma que:

******(árabe)

«¡Musulmanes! Allah os ha ordenado entregar los depósitos confiados —es decir, los derechos de las personas— a sus propietarios, es decir, a quienes tienen derecho a ellos. Cuando emprendáis la resolución de las disputas entre la gente, decidid con justicia. ¡Qué excelente es el consejo que Allah os da! No cabe duda de que Allah todo lo oye y todo lo ve. ¡Musulmanes! Obedeced a Allah, obedeced a Su Mensajero y obedeced también las órdenes de vuestros dirigentes responsables del Estado. Y si surge entre vosotros cualquier discrepancia, la condición de creer en Allah y en el Último Día es remitir el asunto en disputa a Allah y a Su Mensajero. Esto es mejor para vosotros y lo mejor en cuanto a sus consecuencias». (Sura An-Nisā’: 58-59)

Los eruditos especializados en la sharía sostienen que el primer versículo mencionado, ****(árabe), fue revelado con respecto a los funcionarios encargados de formular la política estatal y a quienes están vinculados con la autoridad administrativa, para que hagan llegar los derechos de la gente hasta sus puertas y establezcan la justicia en los litigios y en las demás quejas del pueblo.

Por medio del ****(árabe) del segundo versículo se ordena a la población en general y a los miembros de las distintas fuerzas que obedezcan a sus respectivos dirigentes y funcionarios. Estos funcionarios son quienes distribuyen los bienes del Estado, emiten las órdenes relativas a la guerra y desempeñan sus funciones en los conflictos bélicos y demás asuntos. Sin embargo, cualquiera que sea el rango del dirigente, no se le debe obedecer si ordena desobedecer a Allah, y jamás se obedecerá ninguna ley u orden que contradiga las instrucciones de Allah. Al respecto, el Noble Profeta —la paz sea con él— dijo:

****(árabe)

«Si se ordena realizar un acto de desobediencia al Creador, no está permitido obedecerlo».

Por tanto, cuando surja una disputa entre vosotros sobre cualquier asunto, prestad atención a lo que dicen el Corán y la Sunna y juzgad conforme a ello. Si las partes en disputa no resuelven así su desacuerdo, entonces es obligatorio que los funcionarios del Estado actúen de acuerdo con las instrucciones del versículo mencionado anteriormente y hagan efectiva la orden de Allah. La orden de Allah es:

****(árabe)

«Ayudaos unos a otros en las obras de bien y de piedad, y no os ayudéis en el pecado y la transgresión». (Sura al-Ma’ida: 2)

Si se actúa conforme a este versículo, se obedecerá a Allah y a Su Mensajero, y sus derechos también serán cumplidos debidamente.

En el versículo mencionado se ordena cumplir los depósitos y entregar debidamente al titular de un derecho sus derechos. No hace falta decir que cumplir los depósitos, es decir, conceder a la gente sus derechos, y observar la justicia y la equidad en ello son precisamente los dos objetivos fundamentales del gobierno justo, el liderazgo recto y el Estado del bienestar. Así se cumplirán los depósitos.

Palabras del traductor

Esta obra sobre el islam y la política es la traducción al bengalí de la célebre obra «As-Siyasat ash-Shar’iyya», del mundialmente famoso político y reformador de los siglos VII y VIII de la Hégira, el Shayj al-Islam, el imán Ibn Taymiyya (que Allah tenga misericordia de él), y lleva por título «El sistema estatal conforme a la sharía». Doy infinitas gracias a Allah por haber podido presentar esta valiosa obra en lengua bengalí al servicio de sus lectores y lectoras.

El imán Ibn Taymiyya (que Allah tenga misericordia de él) escribió esta obra en una época en la que todo el mundo musulmán había perdido casi por completo su firmeza y estabilidad políticas. La existencia política de los musulmanes quedó sumida en la calamidad. Se propagaron numerosas doctrinas enfrentadas entre sí. El Estado islámico se debilitó cada vez más con el paso de los días.

En esencia, el séptimo siglo de la Hégira fue para los musulmanes una época de prueba. La principal causa de esta decadencia fue la enfermedad generalizada de apartarse del seguimiento de los principios fundamentales del Corán y la Sunna en el carácter y las obras; el desorden y la inestabilidad estatales descendieron sobre toda la nación bajo la forma del castigo de Allah.

Para el imán Ibn Taymiyya (que Allah tenga misericordia de él), esta situación era sumamente dolorosa. Finalmente tomó las armas de la pluma y de la espada para resistir a las fuerzas agresoras. Pronunció ante la nación discursos de lenguaje apasionado. Sus palabras veraces afectaron los intereses de muchos, y numerosas personas de pensamiento estrecho y superficial comenzaron a oponérsele. Sin prestar atención a ninguna oposición, continuó proclamando con valentía la palabra de la justicia y la verdad. Finalmente, comenzó a despertar entre los musulmanes un espíritu de unidad y solidaridad.

En la actualidad se observan entre la comunidad musulmana desunión, dudas, conflictos y un sentimiento de inferioridad respecto a la ideología política. Esto no es en absoluto mayor que lo que ocurría en comparación con el séptimo siglo de la Hégira. Es cierto que hoy, en casi todos los países musulmanes, los musulmanes no logran mantener el equilibrio y la estabilidad políticos en el ámbito estatal. La causa principal es su alejamiento de aquellos principios fundamentales que el islam denomina «as-siyāsa ash-sharʿiyya». El erudito Ibn Taymiyya (que Allah tenga misericordia de él) ha expuesto en esta obra el sistema político del islam íntegramente a la luz del Corán y la Sunna. En ella dejó claramente establecido que, para todos los ámbitos de la vida humana —ya sean administrativos, morales, prácticos o económicos—, el sistema que el islam ha proporcionado es eterno y definitivo. Sin seguir estos principios establecidos por el islam, no es posible mantener a la sociedad libre de la corrupción, ni lograr su desarrollo, progreso y prosperidad; del mismo modo, es imposible mantener la administración y la gestión públicas libres de vicios, fuertes y estables.

El autor de «as-Siyāsa ash-Sharʿiyya», el shayj al-Islam, imán Ibn Taymiyya (que Allah tenga misericordia de él), es una personalidad mundialmente célebre que no necesita presentación. Sobre cada tema acerca del cual tomó la pluma, ofreció un análisis definitivo. La mayor característica de todas sus obras es que sus argumentos se basan en el Corán y la Sunna. En particular, presentó numerosas pruebas tomadas de al-Bujari y Muslim. Escribió muchas obras, tanto extensas como breves.

Aunque la obra «As-Siyāsa ash-Sharʿiyya» no es muy extensa, en ella expuso claramente, mediante el Corán y la Sunna, los principios fundamentales del Estado y de la administración.

Es lamentable que, pese a que esta valiosa obra está disponible ante la comunidad musulmana actual, algunos musulmanes, por sentimiento de inferioridad e ignorancia, acudan a las puertas de otros en cuestiones de política estatal. Sin embargo, con la ayuda de los principios y disposiciones políticas fundamentales sobre los que el islam estableció la base para gobernar los países y dirigir el sistema estatal, todo el mundo musulmán puede volver a encontrar en sí mismo aquella esencia vital del islam que existía en su época dorada. La vacuidad de los sistemas políticos y administrativos creados por el ser humano en el mundo, así como su incapacidad para llevar la paz a la sociedad humana, exige reactivar nuevamente el sistema de gobierno y administración del Estado islámico sobre la base de los nobles principios de los valores islámicos.

Ante todos los gobernantes y administradores del mundo, especialmente ante los jefes de Estado del mundo musulmán y las personas vinculadas a su aparato administrativo, esta obra se presenta como una guía. Si la estudian con profunda atención, sin duda se les revelará una imagen práctica de la política islámica, con el objetivo de gobernar correctamente el Estado y ofrecer un Estado orientado al bienestar público. Al gobernar sobre esta base, podrán resolver los problemas de la población, mejorar su nivel de vida y conquistar los corazones de todos; podrán ofrecer a los habitantes del mundo, sedientos de paz, una nueva guía hacia la paz integral, el bienestar, la estabilidad y la prosperidad.

En los asuntos importantes de la obra que requieren explicación, se han utilizado, a modo de notas, las opiniones de su destacado comentarista, Abul Ala Muhammad Ismail, aumentando así aún más su importancia.

Expreso mi sincero agradecimiento y mis felicitaciones a «Ahsan Publications» por publicar la traducción al bengalí de esta valiosa y antiquísima obra del erudito Ibn Taymiyya sobre el sistema estatal del islam.

El erudito y muyahid Ibn Taymiyya (que Allah tenga misericordia de él), que dedicó su vida al islam, escribió esta obra teniendo ante sí el sublime objetivo del bienestar de la humanidad; ese mismo objetivo también impulsa su traducción al bengalí. Para liberar el carácter ciudadano de la inclinación al delito en todos los niveles de nuestra vida social y estatal, erradicar toda forma de corrupción y establecer la justicia, necesitamos una ley divina e imparcial. La ausencia de esta ley y de este sistema, libres de discriminación de clase, da origen en la sociedad a la inclinación al delito causada por la injusticia y la falta de equidad legales. Finalmente, esa inclinación al delito incita miles de tendencias delictivas más en el carácter de la sociedad. Puesto que en este sistema estatal divino, basado en la conciencia de rendir cuentas por cada acto, no hay lugar para nada de ello, bajo un liderazgo honrado este sistema puede traer paz, bienestar y prosperidad pública a la sociedad y al Estado. Que esta obra sea una ayuda «en la lucha por establecer la supremacía y la dignidad de la religión de Allah», y que su lectura ponga fin a toda confusión respecto de los principios y objetivos de la política estatal. Esta es la súplica que elevo a Allah. — Zulfiqar Ahmad Kismati

Breve biografía del imán Ibn Taymiyya (que Allah tenga misericordia de él)

La nación musulmana tuvo que avanzar atravesando tanto circunstancias favorables como desfavorables. La historia del mundo musulmán durante los siglos XIII y XIV de la era cristiana fue sumamente triste y trágica. Por todas partes se extendía una oleada de agitación, inestabilidad y desintegración. Todas sus historias de heroísmo histórico parecían haberse convertido en relatos de Las mil y una noches. La cobardía y la pasividad habían encadenado por completo a los musulmanes.

Precisamente en ese momento, es decir, a comienzos del siglo XIII, las tribus tártaras nómadas de Mongolia se abalanzaron sobre el mundo musulmán bajo el liderazgo de su jefe, Gengis Kan, imitando a los bárbaros salvajes de la época prehistórica. Primero entraron en conflicto con el sultán Muhammad, gobernante de la Bujará actualmente ocupada por Rusia. En una vasta llanura al norte del río Yihún, los cuatrocientos ocho mil soldados del sultán atacaron al ejército de Gengis Kan, y ya en el primer día de batalla murieron ciento sesenta mil soldados. Así, en las batallas posteriores, las tropas del sultán Muhammad fueron cruelmente derrotadas y aniquiladas. Después, las tropas tártaras mongolas continuaron avanzando, destruyendo uno tras otro los Estados musulmanes. Damasco, próspera en conocimiento, ciencia y otros ámbitos, y Bagdad, la capital del mundo musulmán de aquella época, también se convirtieron en escenarios de la tiranía y la devastación tártaras.

Junto con este declive político, los musulmanes llegaron también al extremo de la decadencia en su pensamiento religioso y en su carácter. En aquella época, por «personas instruidas» se entendía únicamente a los ulemas de la sociedad. Las discrepancias y desacuerdos entre los ulemas alcanzaron su punto culminante. Incluso por asuntos ordinarios, un grupo de musulmanes no dudaba en matar cruelmente a otro grupo ni en cubrirlo de insultos. A causa de la envidia, el odio y el faccionalismo mutuos entre los ulemas, la sociedad musulmana quedó dividida en cientos de grupos y debilitada. Aprovechando aquella desunión de los musulmanes, los enemigos lo destruyeron todo en esta nación.

Por otro lado, supersticiones como la bid‘a, el shirk, la veneración de los pires y la veneración de las tumbas, que consumen la esencia vital del islam, se extendieron de manera alarmante. La definición real del tawhid estaba prácticamente en vías de desaparecer. Se empezó a dar más importancia a las declaraciones de los pires y jeques innovadores que a seguir las enseñanzas del Corán y la Sunna. La concepción pura del islam y su luz inmaculada estaban casi a punto de desaparecer. Cuando la oscuridad de la ignorancia estaba apagando así casi por completo la luz de la fe de los musulmanes, justamente entonces surgió un sol resplandeciente en el cielo de Damasco. Él fue el erudito Taqi al-Din Abu al-Abbas Ahmad ibn Abd al-Halim ibn Abd al-Salam ibn Abd Allah ibn Ibn Qasim, el jeque del islam Ibn Taymiyya al-Harrani al-Dimashqi.

El erudito Ibn Taymiyya apareció en este momento crítico de la historia y alzó su voz contra las creencias y doctrinas falsas. Declaró una especie de yihad contra todo ello. Su movimiento reformista, inspirado por el espíritu de la yihad, fue multifacético. Su resistencia se manifestó por todos los medios: mediante la escritura, los discursos y la participación en la lucha armada en el campo de batalla contra las fuerzas agresoras. En medio de toda clase de oposición e ignorancia, continuó trabajando valientemente junto con sus seguidores. Al esforzarse por mantener en alto la palabra de la justicia y la verdad, tuvo que afrontar numerosos sufrimientos y penalidades. Vivió como prisionero. Soportó, gracias a la fuerza de su fe, las insoportables torturas de la vida carcelaria.

Precisamente por protestar y oponerse al papel antiislámico de los gobernantes, reyes, monarcas, emires y dignatarios, cayó bajo su ira. El ejemplo de las injusticias, persecuciones y miradas amenazantes que el imán Ibn Taymiyya (r) soportó al demostrar su honestidad, desinterés y firmeza de fe en el camino de Allah es sumamente raro. Si, tras superar la difícil prueba de fuego del sacrificio por la religión, no hubiera mostrado el camino de la lucha, inspirado por el espíritu del «Afdal al-Yihad», es decir, «decir la verdad y la justicia ante un gobernante tiránico es la mejor yihad», en épocas posteriores habría escaseado quien dijera la verdad ante los gobernantes musulmanes tiránicos y extraviados, así como ante individuos fanáticos y agresivos. Al contemplar toda la trayectoria vital del imán combatiente Ibn Taymiyya (r), no hay manera de considerar exageradas estas afirmaciones sobre él. Aunque han transcurrido casi ochocientos años, la demanda y popularidad de sus valiosas obras escritas no han disminuido. En las innumerables bibliotecas de Egipto, el Hiyaz, Irán y otros países, las obras de Ibn Taymiyya (r) continúan enriqueciendo el acervo intelectual de sus respectivas sociedades. Las eruditas obras de este pensador combativo embellecen también numerosas bibliotecas de Berlín, Londres, Francia y Roma.

Con su pluma incisiva, por un lado intentó purificar el «Sirat al-Mustaqim» del islam de toda impureza y, por otro, exhortó a todos a abandonar todos los caminos del extravío y avanzar hacia el sistema de gobierno de Allah. En su época, también empuñó la espada contra la fuerza tagutí que avanzaba bloqueando el camino de acción del islam y de los musulmanes. Como resultado, incluso el salvaje poderío de los bárbaros chengizíes tuvo que ser detenido ante ella. Es innecesario decir que, si en épocas posteriores el liderazgo islámico de cada país musulmán hubiera podido seguir correctamente el espíritu de yihad con el que el erudito Ibn Taymiyya (r) emprendió una lucha total por el restablecimiento del islam, la historia del mundo musulmán se habría construido de otra manera. Precisamente porque eso no ocurrió, los musulmanes son hoy, en todas partes, objeto de la compasión de las fuerzas tagutíes.

Nacimiento

Ibn Taymiyya (r) nació en la ciudad de Harrán, el día diez del mes de Rabí al-Awwal del año 661 de la hégira. Cuando tenía siete años, la ciudad fue atacada por los tártaros; entonces abandonó su tierra natal junto con su padre y se trasladó a Damasco. Recibió en casa la memorización del Corán y las demás enseñanzas elementales. Posteriormente completó su formación islámica con los grandes y competentes maestros de Damasco, que en aquel tiempo era el centro vital de las ciencias y el saber islámicos.

En poco tiempo, su conocimiento, inteligencia y capacidad práctica se difundieron por todas partes. Su dominio de la ciencia del hadiz llegó a ser tan grande que la gente decía: «El hadiz que el imán Taymiyya no reconoce como hadiz no es realmente un hadiz». Ibn Taymiyya presentaba la solución de todos los problemas a la luz de los versículos del Corán. Si encontraba algún error en los comentaristas de épocas anteriores, lo señalaba con claridad. A la edad de apenas veinte años había adquirido este saber y esta competencia. Su voz era grave, expresiva y dulce. Según el historiador Ibn Kathir: «Al escuchar los maravillosos y eruditos sermones llenos de exhortaciones de Ibn Taymiyya (r), muchos grandes pecadores e incluso rebeldes contra Allah se arrepintieron y se convirtieron en seguidores del camino recto». El jeque Salih Taj al-Din dice: «Yo asistía regularmente a la sala donde Ibn Taymiyya (r) impartía sus clases. Se apresuraba con la fuerza de una inundación y fluía como un río caudaloso. Los oyentes permanecían sentados, inmóviles y con los ojos cerrados. Al terminar la clase, parecía más solemne y temible, aunque hablaba con los estudiantes con una sonrisa amable y buen humor. Durante la enseñanza, parecía recorrer un mundo invisible y, al instante siguiente, regresar al mundo real de este mundo. Aunque pasó la mayor parte de su vida en celdas carcelarias, durante su breve período de enseñanza el número de sus alumnos llegó a varios miles. Algunos de sus discípulos fueron, por su saber, conocimiento, talento, capacidad de trabajo y cualidades de carácter, las personalidades más sobresalientes del mundo de aquella época. Entre ellos destacan especialmente eruditos como Ibn al-Qayyim, al-Dhahabi, Hafiz Ibn Kathir, Hafiz Ibn Qudama, el cadí Sharaf al-Din y el jeque Sharaf al-Din».

La traducción de la filosofía griega al árabe comenzó en el segundo siglo de la hégira. Desde entonces, la esencia materialista de la filosofía griega ejerció influencia sobre la sociedad musulmana. Como consecuencia, la gente perdió la perspectiva de la auténtica concepción islámica de la vida y comenzó a pensar en todo desde una perspectiva materialista. Al comienzo del dominio abasí, este movimiento racionalista adoptó la forma de un fanatismo ciego. Este mu’tazilismo originó una intensa disputa semejante a la de la «creación del Corán». El mu’tazilismo derrotó a los partidarios del Corán bajo la irresistible influencia de la filosofía griega. La «ciencia del kalam» mantenía a la sociedad musulmana ocupada en sutiles discusiones lógicas y la hacía completamente negligente respecto al mundo de la acción real.

Al ver que el mundo musulmán se precipitaba por este camino indeseable y absurdo del extravío, el imán Ibn Taymiyya (r) tomó la pluma contra él. En el año 698 de la hégira escribió una obra en la que criticó severamente las creencias y concepciones de los «mutakallimun» y, demostrando su falsedad, estableció con argumentos y pruebas irrefutables el modelo puro del Corán y la Sunna. Esta obra hirió como una flecha el corazón de los seguidores de doctrinas erróneas. Con este libro provocó una nueva revolución en el mundo del pensamiento. Por ello comenzó su vida de persecución.

Cuando se presentaron diversas acusaciones ante el gobernante de Egipto, Nasir Shah, acerca de la doctrina del imán, en el año 705 de la Hégira ordenó al gobernador de Damasco convocar una asamblea de ulemas locales y examinar la doctrina del imán. En varias reuniones, la opinión del imán prevaleció.

Así como hoy una clase de personas se gana la vida haciéndose pasar por falsos pirs, faqires y derviches en nombre de los sufíes, y numerosas personas se aglomeran a su alrededor, también en aquella época la sociedad musulmana no estaba menos afligida por esta fitna. Cuando una coalición de las comunidades de faqires Ahmadía y Nisarí presentó ante el gobernador de Damasco una amarga crítica contra el imán Ibn Taymiyya (r.), este lo convocó. El imán respondió sin temor: «Hay dos clases de faqires: (1) una es digna de elogio por su piedad, santidad, moralidad y pobreza. Sin embargo, la mayoría de estos son faqires impostores. Están sumergidos en la inmundicia de las ideas de shirk, bid‘a y kufr. Han abandonado las enseñanzas fundamentales del islam, el Corán y el hadiz, y han hecho de la mentira y el engaño el sustento de su vida. Engañan a los ignorantes de este mundo y los envuelven en diversas redes de bid‘a y shirk. Para llenar sus bolsillos, siempre fingen santidad. Crean a su alrededor un ambiente tan venenoso que cualquiera que entra en contacto con ellos se convierte en su esclavo mental. Estas personas vacían sus bolsillos y depositan todos sus bienes a los pies de esos faqires de la bid‘a».

El imán es convocado a Egipto

Aunque el gobernador permaneció callado ante las palabras veraces del imán, otros tramaron secretamente una terrible conspiración contra él. Nasrullah Munyi incitó a los nobles de Egipto contra el imán. Estos escribieron al gobernador de Damasco pidiéndole que enviara al imán a Egipto. El gobernador respondió: «Me he reunido con él dos veces, pero no he encontrado ningún defecto en su doctrina». Sin embargo, posteriormente recibió la orden: «Si quieres conservar tu bienestar, no dudes en actuar conforme al decreto real». Obligado por las circunstancias, el gobernador envió al imán a Egipto.

Cuando el lunes 12 de Ramadán del año 705 de la Hégira el imán Ibn Taymiyya (r.) salió de Damasco, los habitantes de la ciudad lo siguieron durante tres millas. Quienes habían acudido a despedirlo lo contemplaban con los ojos llenos de lágrimas.

Al llegar a Egipto, un viernes, en la ciudad de El Cairo, expuso con valentía su opinión ante una asamblea del juez principal y de los dignatarios de la corte, dentro de una fortaleza. Pero aun así no fue puesto en libertad. Fue detenido por otras acusaciones falsas. Quedó libre en el año 707 de la Hégira. Después dirigió la oración del viernes en la mezquita de la Jama‘at al-Hikam y durante unas cuatro horas explicó la exégesis del versículo «Iyyaka na‘budu wa iyyaka nasta‘in» —es decir: «Solo a Ti adoramos y solo a Ti pedimos ayuda»—. Permaneció algunos días en Egipto, difundiendo su doctrina, el islam, y criticando y refutando toda clase de doctrinas erróneas. Continuó demostrando con pruebas evidentes el error de la doctrina monista de Muhyiddin Ibn Arabi. Pero esto resultaba insoportable para sus adversarios. El sufí Tajuddin incitó al pueblo mediante reuniones y asambleas, presentó varias acusaciones contra él y exigió al gobierno que lo castigara. Entonces el gobierno lo mantuvo primero bajo vigilancia y después lo confinó en prisión. Tampoco permaneció inactivo durante su vida carcelaria. Comenzó a enseñar el islam a los presos entregados a diversas diversiones ilícitas y a una concepción de la vida carente de propósito. Los convirtió en personas que rezaban y poseían buen carácter. Así, aquellos hombres extraviados de la cárcel encontraron el camino hacia la humanidad.

El imán Ibn Taymiyya en la celda

Al enterarse sus enemigos de esta labor del imán Ibn Taymiyya (r.), conspiraron para trasladarlo a la prisión de Alejandría. Durante los dieciocho meses que permaneció allí, en una fortaleza, se difundieron varias veces rumores sobre su muerte, lo que hacía que la gente del mundo musulmán se afligiera y llorara sin consuelo. En el año 709 de la Hégira, fue liberado por orden del rey y, cuando partió de Alejandría hacia El Cairo, la población local organizó una enorme procesión, lo acompañó durante un largo trecho y rogó por él. Mientras permaneció en el Mashhad de El Cairo, se dedicó a difundir el Corán, el hadiz y las ciencias y conocimientos islámicos.

En aquel momento (711 de la hégira), un grupo de opositores llegó a la mezquita principal, atacó al imán, lo encerró en una habitación apartada y lo golpeó brutalmente. Cuando la noticia se difundió por la ciudad, la gente acudió corriendo en grupos y expresó su intención de que, si Su Eminencia lo permitía, incendiarían toda la ciudad de Egipto. Pero él, sin tomar ninguna represalia, dijo: «Los he perdonado». Después permaneció muchos días más en Egipto y luego viajó a Bayt al-Muqaddas, para regresar a su patria, Damasco. El pueblo celebró su llegada con alegría, organizando una procesión para recibirlo.

Regreso a su patria, Damasco

Después de llegar a Damasco, se dedicó a difundir la enseñanza religiosa, redactar libros y realizar obras de servicio a la humanidad. Su actividad intrépida y su lenguaje franco irritaron a los supersticiosos defensores de intereses creados. Cuando volvieron a presentar una denuncia ante el Gobierno, se emitió un decreto oficial que prohibía a Ibn Taymiyya emitir más fatwas.

Pero el imán dijo: «Me es imposible ocultar la verdad». Debido a esta oposición suya al decreto oficial, en una sesión celebrada en Dar al-Sa‘adat en el año 720 de la hégira se emitió un nuevo decreto oficial para encarcelar al imán. Permaneció entonces preso en la fortaleza durante cinco meses y dieciocho días. Cuando fue liberado un año después, reanudó su antigua labor. El imán se entregó a la difusión del conocimiento. Observó que se adoraban las tumbas de muchos venerables. Miles de personas acudían en grupos a suplicar a los venerables sepultados en las tumbas para alcanzar sus objetivos. En el año 726, el imán Ibn Taymiyya emitió una fatwa en la que declaró: «No está permitido viajar a tierras lejanas con la intención de visitar tumbas». Después de emitir esta fatwa, surgió una agitación generalizada contra él. Sus adversarios celebraban grandes reuniones, pronunciaban discursos incendiarios contra él e incitaban a la gente. Algunos decían que había que cortarle la lengua; otros, que había que azotarlo. Otros opinaban que debía ser encarcelado de por vida. Un grupo exigió al rey de Egipto que fuera ejecutado. Más tarde, el Gobierno decidió encarcelarlo. Cuando la policía encargada de arrestarlo fue a buscarlo, él se dirigió sonriente con ellos a la prisión. Al llegar esta noticia a Bagdad, los más eminentes ulemas de aquella ciudad apoyaron al imán, declarando que su fatwa era compatible con el espíritu fundamental del islam. Enviaron dos cartas al rey. El resumen de esas cartas era el siguiente: el imán Ibn Taymiyya era el muŷtahid más destacado de su siglo y el líder de la comunidad islámica; ni siquiera los tesoros de las siete regiones del mundo podían igualar su valor. Es sorprendente que este guía de la nación, que debería alojarse en un palacio real, haya sido recluido en una prisión. Se le han imputado acusaciones infundadas. Debe ser liberado de inmediato.

Cuando los iraquíes se enteraron del encarcelamiento y los malos tratos sufridos por el imán, un intenso fuego de dolor interior se encendió en todo el país. En una declaración conjunta, los ulemas afirmaron que las opiniones del imán Ibn Taymiyya eran indudablemente verdaderas. Por tanto, que se libere al Shaykh al-Islam para que pueda servir a la religión. Con ello se otorgaría un gran favor al mundo musulmán. La carta de los más eminentes ulemas de Bagdad no pudo llegar a la corte del rey de Egipto; o, si llegó, fue en un momento en que el brillante sol de aquel siglo del mundo islámico ya se había puesto. El muŷahid Shaykh al-Islam, el imán Ibn Taymiyya, consagrado a la causa del islam, abandonó este mundo para siempre.

El Shaykh al-Islam, el imán Ibn Taymiyya (que Dios tenga misericordia de él), pasó los últimos días de su vida en prisión dedicado al culto, a la recitación del Corán y a su estudio. La última vez permaneció encarcelado durante más de tres años y tres meses. Incluso aquella cruel vida de confinamiento en prisión la empleó en redactar numerosas obras originales y valiosas.

Como consecuencia del alejamiento de las enseñanzas y los ideales del islam, en los siglos VII y VIII se abatieron sobre los musulmanes las invasiones de los tártaros como una manifestación de la ira de Allah. Aun entonces había innumerables ulemas y había pirs y shayjs en el mundo musulmán. Sin embargo, eran muy pocos los que podían abandonar las comodidades, enfrentarse a aquellas grandes calamidades y organizar al pueblo musulmán. El único que cumplió esa responsabilidad con su conocimiento innovador fue el imán Ibn Taymiyya (que Dios tenga misericordia de él). El islam llegó con un llamamiento a una revolución en todos los ámbitos de la vida humana, no para convivir en amistad con la falsedad. El imán Ibn Taymiyya dejó precisamente la prueba de ello mediante sufrimientos y persecuciones insoportables. Escribió y pronunció discursos contra la falsedad para establecer la religión de Allah, y, cuando fue necesario, tomó las armas. Su vida combativa, que muestra cómo superar la prueba de la fe incluso soportando sufrimientos y renuncias, es un brillante ejemplo, semejante a un libro abierto.

******(árabe)

[uno]

Responsabilidades y deberes de la autoridad del gobierno conforme a la sharía

El contenido del primer capítulo es una exposición de las responsabilidades y deberes de quienes poseen la autoridad de liderazgo, los funcionarios municipales, los administradores estatales, los jueces, los funcionarios de los distintos niveles, los funcionarios del departamento financiero, los ministros, los secretarios de los ministerios y los recaudadores de sadaqa, caridad y zakat estatal.

El asunto del cumplimiento de las responsabilidades y los deberes es de dos tipos. (1) Autoridad y liderazgo. Cuando el Noble Profeta (s.a.s.) conquistó La Meca, tomó las llaves de la Kaaba a los Banu Shayba. Abbas (r.a.), tío del Mensajero de Allah (s.a.s.), pidió aquellas llaves para poder encargarse de proporcionar agua a los peregrinos y, al mismo tiempo, obtener la custodia de la Kaaba y asumir la responsabilidad de servirla. Sin embargo, Allah no aprobó este deseo suyo. Reveló un versículo y ordenó que las funciones de la Kaaba fueran confiadas precisamente a los miembros de los Banu Shayba, sus anteriores servidores. Por tanto, esto demuestra que es obligatorio para el líder encomendar cualquier asunto de los musulmanes a las personas que sean más competentes para realizarlo. Como dijo el Noble Profeta (s.a.s.):

*******(árabe)

«Si alguien obtiene autoridad sobre un asunto de los musulmanes y luego designa como gobernante a una persona cuando en esa región hay un musulmán más competente que ella, habrá traicionado a Allah y a Su Mensajero».

********(árabe)

Quien, en el ejército, designa como líder a una persona cuando hay otra más competente que ella en el ejército nacional, ha traicionado a Allah, el Altísimo, y a Su Mensajero. Ha traicionado a los musulmanes. (Al-Hakim lo ha transmitido en su compilación de hadices auténticos.)

Algunos ulemas lo han citado como una declaración de Hazrat Umar (que Allah esté complacido con él). Han dicho que Hazrat Umar (que Allah esté complacido con él) se lo dijo a su hijo. El hijo de Umar (que Allah esté complacido con él) es quien lo transmitió. Hazrat Umar (que Allah esté complacido con él) dijo:

*********(árabe)

«Quien, habiendo recibido la responsabilidad ejecutiva de algún asunto de los musulmanes, nombra como funcionario —dejando de lado a alguien más competente— a una persona con la que tiene una relación afectiva o que es pariente suyo, ha traicionado a Allah, al Mensajero de Allah y a los musulmanes».

El primer deber de los gobernantes es reflexionar profundamente sobre este asunto. Es indispensable examinar y consultar quiénes son realmente aptos para desempeñar responsabilidades estatales y administrativas, y qué tipo de representantes o funcionarios gubernamentales conviene nombrar para la administración de las ciudades, las zonas municipales y las localidades. Pues quienes sean comandantes de unidades militares, quienes dirijan ejércitos islámicos grandes y pequeños, quienes recauden diversos impuestos y tasas de los musulmanes y quienes estén encargados de la gestión de los recursos públicos serán los responsables de controlarlos. Ellos también dirigirán las actividades administrativas del Estado. Por ello, es absolutamente indispensable para los altos funcionarios y el gobernante principal nombrar en los cargos públicos importantes a personas consideradas honradas y competentes, y beneficiosas para los musulmanes. También debe cuidarse que, mientras haya personas competentes, ninguna persona incompetente reciba un nombramiento. Este principio debe observarse necesariamente en todos los departamentos administrativos del Estado: por ejemplo, los imanes y almuédanos de las oraciones, los maestros en el ámbito educativo, los predicadores o funcionarios de la peregrinación del Hayy, los encargados del suministro de agua potable, los supervisores de ríos, canales y manantiales, los custodios del tesoro estatal, los guardias de los acuartelamientos, los fabricantes de armas de estos, los vigilantes de los arsenales, los directores de las distintas fuerzas grandes y pequeñas, los recaudadores de tasas en los mercados y los dirigentes rurales o locales. En el nombramiento de cada uno de ellos deben darse prioridad a la honestidad y la competencia.

Si alguien se convierte en dirigente de la sociedad musulmana y en autoridad gobernante, su responsabilidad es nombrar como subordinados y funcionarios a personas honestas, dignas de confianza y competentes y expertas en el trabajo correspondiente. No se debe promover en modo alguno a personas que desean por sí mismas obtener autoridad o que reclaman un cargo. Más bien, en el caso de quienes ambicionan los cargos, esa ambición de obtenerlos constituye precisamente una gran incompetencia. En Sahih al-Bujari y Sahih Muslim se narra que:

******(árabe)

Se ha transmitido del Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) que, en cierta ocasión, algunas personas se presentaron ante él y le solicitaron que les concediera autoridad gubernamental. El Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: «No concedemos ninguna autoridad a quienes la solicitan voluntariamente». (Bujari y Muslim)

Se ha transmitido de Abd al-Rahman ibn Samura que el Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo:

*******(árabe)

«¡Oh, Abdurrahmán! No solicites el liderazgo ni la autoridad. Si el liderazgo llega a tus manos sin que lo hayas pedido, recibirás ayuda de Allah para cumplir con tu responsabilidad; pero si solicitas el liderazgo, toda la responsabilidad por sus consecuencias —buenas o malas— recaerá sobre ti (y no recibirás la ayuda de Allah)».

El Noble Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo:

*****árabe

«A quien solicite el cargo de juez y pida ayuda a alguien para obtenerlo, se le encomendará a él la responsabilidad de ese asunto, con sus consecuencias buenas o malas. Pero a quien no solicite el cargo de juez ni pida ayuda a nadie para obtenerlo, Allah, exaltado sea, le enviará un ángel. Ese ángel lo guiará por el camino recto» (Ahl al-Sunnah).

Por tanto, si el gobernante principal pierde la firmeza y, dejando de lado a la persona más honesta y competente, nombra para un cargo de responsabilidad a una persona incompetente basándose en la amistad, el nepotismo, el regionalismo, el abuso del poder, el nacionalismo —como el iraní, turco o romano— o cualquier otra relación, eso será una traición a Allah y a Su Mensajero. Del mismo modo, si el nombramiento de alguien se debe a un soborno, a alguna otra ventaja o a cualquier otro interés mezquino de esa índole, o si, por hipocresía y hostilidad hacia una persona honesta y competente, se la excluye y se nombra en su lugar a una persona incompetente y deshonesta, eso no será otra cosa que una traición a Allah, a Su Mensajero y a los musulmanes en general. Allah, exaltado sea, prohibió semejante traición y dijo:

*******árabe

«¡Oh, creyentes! No traicionéis conscientemente a Allah y a Su Mensajero, ni traicionéis los depósitos que os han sido confiados mutuamente» (Sura Al-Anfal: 27).

Después, Allah dice:

******Árabe

«Sabed que vuestros bienes y vuestros hijos son una prueba. Sin duda, junto a Allah se encuentra una enorme recompensa. (Sura Al-Anfal: 28)

El significado de estas palabras del Altísimo es que, muchas veces, el ser humano, cegado por el amor a sus propios hijos y familiares, les confía alguna autoridad estatal importante. Hace que personas incompetentes ocupen posiciones de poder. Esto no es otra cosa que una traición a la encomienda de Allah. Del mismo modo, su afán por acumular abundantes riquezas y amontonar montañas de dinero no tiene fin. Este amor por las riquezas le obliga a dar preferencia a personas incompetentes y a inclinarse hacia la injusticia. Al intentar obtener riquezas por medios injustos e ilícitos, explota al pueblo. Algunos gobernantes regionales o altos funcionarios de determinadas zonas tienen tal carácter que son expertos en adular a sus superiores. Como resultado, nombran en puestos de responsabilidad a sus allegados aduladores, aunque sean incompetentes. Una persona así, sin duda, traiciona a Allah y a Su Mensajero, y traiciona la responsabilidad y la encomienda que se le han confiado.

Si un funcionario responsable teme a Allah, puede controlar su codicia y es capaz de abstenerse de abusar de su autoridad, entonces Allah le ayuda a mantenerse firme en la justicia. Lo protege de todas las adversidades.

Allah castiga al gobernante que es esclavo de sus propias pasiones. Destruye por completo el palacio de sueños de sus objetivos, esperanzas y aspiraciones. Mantiene a sus hijos y familiares en una situación deshonrosa. Pierde las riquezas que había obtenido por medios ilícitos.

Existe un famoso relato al respecto: en cierta ocasión, uno de los gobernantes abasíes convocó a los sabios y les dijo: «Registrad algunos acontecimientos que hayáis visto u oído vosotros mismos». Una vez vi a Umar ibn Abd al-Aziz (que Allah tenga misericordia de él), cuando un hombre se presentó ante él y dijo: «¡Oh, Amir al-Mu’minin! Has mantenido a tus hijos alejados de los bienes del Estado y has hecho que queden pobres e indefensos. No les estás dejando nada». Umar ibn Abd al-Aziz (que Allah tenga misericordia de él) yacía entonces en su lecho de muerte. Dijo: «Está bien, traed a mis hijos ante mí». Todos fueron llevados ante él. El número de hijos del califa era elevado. Todos eran menores de edad. Al ver a sus hijos, rompió a llorar y dijo: «¡Hijos míos! Os he entregado plenamente lo que os correspondía; no he privado a ninguno de vosotros. Aparte de eso, no puedo daros ningún bien del pueblo. La situación de cada uno de vosotros es esta: o bien seréis personas piadosas y virtuosas, y Allah es el protector y auxiliador de Sus siervos rectos, o bien seréis personas corruptas y deshonestas. No quiero dejar nada para las personas corruptas y deshonestas, porque en ese estado se entregarán a la desobediencia de Allah». ******Árabe «Id, todos podéis marcharos ahora de mi lado; estas son todas mis palabras».

Después dice: Más tarde vi a aquellos mismos hijos del magnánimo Umar ibn Abd al-Aziz; algunos de ellos poseían cientos de caballos, que donaron por la causa de Allah. Los muyahidines del islam montaban esos caballos y combatían por el establecimiento de la justicia.

Entonces aquel califa abasí dijo: «Umar ibn Abd al-Aziz (que Allah tenga misericordia de él) era el “Califa de los musulmanes”.

Al este, el país de los turcos, y al oeste, Marruecos y España, estaban bajo su dominio; su autoridad gubernamental estaba establecida en la isla de Chipre, las zonas fronterizas de Siria, Tarso y otros lugares. Su dominio se extendía hacia el sur hasta el extremo meridional del Yemen. A pesar de todo ello, sus hijos solo llegaron a poseer una parte muy pequeña de la herencia paterna. Se dice que los bienes que dejó al morir eran menos de veinte dírhams por hijo.1(Allah ayuda a Sus siervos piadosos, como ayudó a los hijos de Umar ibn Abd al-Aziz (que Allah tenga misericordia de él): por herencia no recibieron gran cosa. Sin embargo, Allah los ayudó de tal manera que cada uno llegó a ser dueño de una gran riqueza. En el Corán se dice: «Mi protector es Allah, Quien ha hecho descender el Libro, y Él protege a los justos» (7:196) —editor—.) Sin embargo, en aquella misma época también vi, entre los califas, gobernantes que habían dejado una riqueza tan enorme que, cuando después de su muerte sus hijos la repartieron entre ellos, a cada uno le correspondieron hasta seiscientos crores de ashrafíes. Aun así, algunos de aquellos hijos terminaron mendigando. Sobre esto están dispersas por doquier numerosas historias, hechos presenciados y muchos relatos transmitidos por los antiguos. En ellos hay numerosas enseñanzas para quienes poseen conocimiento.

El modelo de vida del Profeta demuestra que la autoridad política, el liderazgo y el poder de gobernar también son una amānah; proteger debidamente esta amānah es wāyib.

En diversas ocasiones se han pronunciado advertencias anticipadas sobre este asunto. El Gran Profeta le dijo a Abu Dharr al-Gifari (que Allah esté complacido con él) acerca del liderazgo:

*******Árabe

«El liderazgo es una amānah. En ciertos casos, este liderazgo se convertirá en causa de vergüenza y arrepentimiento el Día del Juicio. Sin embargo, es distinto el caso de quien poseía un liderazgo basado en la justicia y la rectitud y cumplió correctamente con su haqq». (Muslim)

En el Sahih al-Bujari, el imán Bujari (rah.) transmitió una narración de Abu Hurayra (ra.) en la que se relata que,

************Árabe

El Santo Profeta (la paz y las bendiciones sean con él) dijo: «Cuando la confianza sea traicionada, esperad la Hora del Juicio». Se le preguntó: «¡Oh, Mensajero de Allah! ¿Qué significa que la confianza sea traicionada?». Él respondió: «Cuando personas incompetentes ocupen los cargos de autoridad, liderazgo y gobierno, esperad la Hora del Juicio». (Bujari)

Precisamente en el contexto de este significado de la confianza, se ha establecido el consenso de la comunidad musulmana en el sentido de que, si el tutor o albacea de un huérfano, el administrador de una propiedad de waqf o cualquier encargado o representante designado para una responsabilidad tiene necesidad de gastar de los bienes del propietario correspondiente, deberá gastarlos de la mejor manera (es decir, no gastará más de la cantidad reconocida ni se apropiará de nada de forma indebida). Así ha dicho Allah, el Altísimo:

********Árabe

«No os acerquéis a los bienes del huérfano, salvo con buena intención, hasta que alcance la mayoría de edad».

Los gobernantes y funcionarios estatales son protectores o custodios del pueblo, como el pastor de cabras. Así, el Noble Profeta (la paz y las bendiciones sean con él) dijo:

******Árabe

«Cada uno de vosotros es custodio de los demás. A cada uno se le preguntará por las acciones de quienes están bajo su autoridad. A quien sea líder de la sociedad y del Estado se le preguntará por las acciones del pueblo bajo su autoridad. La esposa es custodio del hogar de su esposo. Deberá rendir cuentas de aquello que está bajo su autoridad en dicha casa. El hijo es custodio de los bienes de su padre; se le preguntará por ello. El esclavo sirviente es custodio de los bienes de su amo; se le preguntará por ello. ¡Cuidado! Recordad que cada uno de vosotros es custodio de los demás. A todos se les preguntará por quienes están bajo su autoridad».

El Noble Profeta (la paz y las bendiciones sean con él) dijo que,

*******আরবী

«A quien Allah haya confiado la responsabilidad y la autoridad de cuidar de otros, si muere siendo negligente en el cumplimiento de su deber, Allah le prohibirá incluso el aroma del Paraíso». (Muslim)

En cierta ocasión, Abu Muslim al-Jawlani (que Allah tenga misericordia de él) se presentó ante Hazrat Muawiya ibn Abi Sufyan (que Allah esté complacido con él) y, dirigiéndose a él, dijo:

******আরবী

“(¡Oh, jornalero! ¡La paz sea contigo!)”

Los cortesanos dijeron: «En lugar de decir “Ayyuhal Ajir”, diga la expresión árabe». Él respondió entonces en árabe; se le repitió: «Diga “Ayyuhal Amir”». Sin embargo, Abu Muslim al-Jawlani repitió tres veces la misma frase. Los presentes le recordaron una y otra vez que dijera “Ayyuhal Amir”. Finalmente, el emir Muawiya dijo: «Dejad que Abu Muslim hable. Él conoce mejor que nadie el significado de sus palabras». Entonces Abu Muslim dijo: «¡Oh, Muawiya! Tú eres un jornalero. El dueño de estas ovejas te ha contratado por un salario para cuidar este rebaño. Si cuidas las ovejas afectadas por enfermedades cutáneas, tratas a las ovejas enfermas y las proteges, el dueño de las ovejas te pagará tu salario por ello. Pero si no te ocupas de las ovejas afectadas por enfermedades cutáneas, no tratas a las ovejas enfermas y no cumples debidamente con tu responsabilidad de protegerlas, el dueño de estas ovejas te castigará».

Este acontecimiento es suficiente como consejo y enseñanza para cualquier gobernante. Porque toda la humanidad es sierva de Allah. Los funcionarios del Estado son representantes de Allah para administrar a Sus siervos. A ellos se les ha confiado la responsabilidad de proteger la vida, los bienes y el honor del pueblo, así como todo lo que le pertenece.

A pesar de que haya personas competentes y experimentadas en los asuntos comerciales y económicos del país, así como en las fuentes de producción de los cultivos agrícolas, nombrar para esos cargos a una persona inexperta e incompetente constituye, sin duda, un acto de deslealtad y traición. Si las autoridades estatales hacen tal cosa, serán traidoras. Porque una persona inexperta en la economía del país y en sus sectores vitales —la agricultura, la industria y el comercio— venderá los productos y mercancías de los negocios a precios injustos. No dar sus productos a un comprador honrado y virtuoso a un precio justo, aunque esté dispuesto a pagar un precio superior o el precio razonable, por causa de amenazas, amistad o parentesco cercano, no es sino una traición. Por ello, el propietario de los productos sentirá necesariamente aversión hacia él y lo censurará.

Por consiguiente, es deber de los altos funcionarios estatales no nombrar a ninguna persona desleal como representante o administrador del gobierno, y designar como representante gubernamental o gobernante a una persona con amplia experiencia en el comercio, la economía del país, la administración de tierras y asuntos similares.

Dos

Cualificaciones para el poder y la autoridad de gobierno

El tema del segundo capítulo es el siguiente: se debe otorgar el poder y la autoridad de gobierno a la persona más cualificada. Incluso en ausencia de la persona más cualificada, se debe otorgar el poder y la autoridad de gobierno a una persona cualificada. En cada nivel de la administración, se debe poner al frente de los distintos cargos y nombrar como representantes a las personas ideales para ellos. La fuerza y la lealtad son indispensables para ejercer la autoridad de gobierno, a fin de facilitar la aplicación de las normas de la sharía y la reivindicación de los derechos del pueblo. Las clases de jueces.

Después de la discusión anterior, ahora es necesario comprender qué es obligatorio para el líder. En resumen, debe nombrar como representantes del Estado, funcionarios o gobernantes de cualquier región del país a personas honestas y competentes. Sin embargo, en ocasiones se presenta una situación en la que no se encuentran personas con las cualificaciones deseadas para el trabajo. En ese caso, el deber del líder es nombrar para ese puesto a una persona basándose en su competencia relativa. Para cada cargo, debe colocar en él a quien sea más competente según una evaluación comparativa. Si el líder lleva a cabo esta tarea aplicando plena imparcialidad, honestidad y discernimiento, habrá cumplido con su deber y responsabilidad. Solo entonces podrá ser llamado un líder justo. Ante el Altísimo Allah, también será considerado un gobernante justo. No obstante, aun así no puede afirmarse categóricamente que, por diversas razones, no vayan a aparecer errores o deficiencias en algunos casos. A pesar de ello, ¿qué otra cosa se puede hacer? Allah Ta‘ala también ha hablado del esfuerzo posible. Así dice:

********árabe

«¡Oh musulmanes! Temed a Allah tanto como os sea posible». (Sura At-Tagabun: 16)

********árabe

«Alá no impone a nadie una carga superior a su capacidad. (Sura Al-Baqarah: 286)

Al ordenar la yihad, Alá dijo:

****Árabe

«Luchad contra los enemigos en el camino de Alá. No sois responsables de nadie excepto de vosotros mismos. Sin embargo, exhortad también a los demás musulmanes a este respecto. (Sura An-Nisa: 84)

Alá también dijo:

*******Árabe

«¡Oh, creyentes! Sed conscientes de vuestra responsabilidad. Si seguís el camino recto, los extraviados no podrán perjudicaros». (Sura Al-Ma’idah: 105)

Por tanto, cualquier gobernante o autoridad en todos los niveles administrativos que no haga todo lo posible por nombrar a personas honestas y no se esfuerce plenamente en cumplir con su deber podrá ser considerado seguidor de la guía o del camino recto.

El Mensajero de Allah (s. a. w.) dijo:

********Árabe

«Cuando os ordene hacer algo, hacedlo según vuestra capacidad». (Bujari-Muslim)

Sin embargo, si alguien incumple dicha tarea alegando una incapacidad no respaldada por la sharía, eso será una traición. Se le impondrá el castigo correspondiente a la traición causada por el abandono de ese deber. Por tanto, es su deber informarse bien de quién es más competente, capaz y beneficioso, y proponer para cada cargo los nombres de personas cualificadas y competentes. Pues la autoridad y el poder sobre cualquier asunto tienen dos pilares: uno es la fuerza y el otro es la confianza o fidelidad. Así dice el Noble Corán:

*******Árabe

El mejor para servirte será aquel que sea fuerte y digno de confianza. (Sura Al-Qasas: 26)

El soberano de Egipto le dijo al honorable José (a. s.):

*******Árabe

«Desde hoy eres una persona muy honorable y digna de confianza entre nosotros».

Alá, exaltado sea, dice al describir la dignidad y las cualidades del honorable Yibril (la paz sea con él):

******Árabe

«En verdad, el Noble Corán es la palabra transmitida por un ángel sumamente honorable, capaz de soportar el enorme peso de la revelación, que goza de una elevada posición ante el Poseedor del Trono. Allí es obedecido y digno de confianza. (Sura At-Takwir: 19-21)

La fuerza fundamental de todo poder estatal y autoridad de gobierno es la situación equilibrada del país. En el campo de batalla, la fuerza del liderazgo militar reside en la valentía y el coraje del comandante. Debe estar informado y capacitado en toda clase de tácticas de guerra. Debe mantenerse alerta ante los engaños y las estratagemas del enemigo. Porque ***Árabe «el otro nombre de la lucha es el engaño». El director de la guerra debe conocer las tácticas militares. Para actuar conforme a ellas, debe poseer plena competencia. (En aquella época,) el director de la guerra debía tener experiencia en lanzar flechas y alcanzar objetivos, para poder asestar golpes adecuados al ejército enemigo. Debe ser un jinete experto.

Como ha dicho Alá, exaltado sea:

******Árabe

«¡Musulmanes! Mediante el almacenamiento de equipamiento militar y la adquisición de un gran número de caballos de guerra, preparaos lo mejor posible para enfrentaros a los incrédulos. (Sura Al-Anfal: 60)

El Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo:

******Árabe

«Aprended a disparar con el arco y recibid entrenamiento en la equitación. Para mí, disparar con el arco es más querido que montar a caballo. Quien aprende a disparar con el arco, luego lo descuida y lo olvida, no forma parte de mi comunidad». En otra narración se dice: ******Árabe

«Disparar con el arco —es decir, adquirir capacidad militar— es una bendición. Quien la olvida, niega esta bendición». (Muslim)

A través de estas declaraciones se ha hecho hincapié en que los musulmanes deben poseer toda clase de fortaleza, incluida la capacidad militar, para eliminar los obstáculos que impiden establecer en la sociedad el conocimiento, la sabiduría, la justicia y las leyes divinas. El propio Corán y la Sunna exhortan a ello.

1. La honestidad y la fidelidad son cualidades basadas en el temor de Allah.

2. No es correcto sacrificar los derechos de Allah a cambio de una pequeña riqueza mundana.

3. Expulsará por completo del corazón el temor a las personas.

Alá ha hecho indispensables estas tres nobles cualidades para todo gobernante, líder y persona investida de autoridad.

En el Noble Corán, Alá ha declarado:

*******Árabe

«No temáis a la gente, sino temedme a Mí. No utilicéis Mis versículos para intereses mezquinos. Quienes no gobiernan a la gente conforme a la ley de Alá son incrédulos (desobedientes)1». (Sura Al-Maida: 44) (1. Antes de eso, los llamó transgresores y opresores.)

Basándose en esto, el Gran Profeta (s. a.) dividió a los gobernantes y jueces en tres categorías. Dijo que dos de ellas irían al Infierno y que solo una clase de jueces entraría en el Paraíso.

El Mensajero de Alá (s. a.) dijo:

*********Árabe

«Hay tres clases de gobernantes y jueces qadi: dos clases de jueces irán al Infierno y una clase de jueces irá al Paraíso. Por tanto, quien comprenda la verdad y juzgue con justicia entrará en el Paraíso». (Ahlus Sunnah)

A quienes resuelven las disputas entre dos partes enfrentadas se les llama cadíes o jueces. El juez dará instrucciones a ambas partes. Por tanto, ya sea que uno de ellos sea califa o rey, wali o hakim, o alguien que desempeñe las funciones de jefe de Estado, e incluso quien esté encargado de supervisar la educación de los niños, todos quedan sujetos al mismo dictamen. Los honorables compañeros del Profeta lo mencionaron precisamente de este modo. Ellos también actuaban así, y esto es lo natural.

[Tres]

Liderazgo compasivo con el pueblo, valiente y devoto

En el mundo actual son muy pocas las personas en cuyo carácter se combinan estas dos nobles cualidades: la capacidad y la fidelidad. Entre dos personas, una de las cuales es fiel y la otra poderosa, debe otorgarse la autoridad y el liderazgo a aquella cuya actuación no exponga al país y a la nación a perjuicios. Al imán Ahmad (que Dios tenga misericordia de él) le preguntaron: «Hay dos hombres; uno es valiente y experto en la guerra, pero pecador en sus actos, mientras que el otro es virtuoso y piadoso, pero cobarde y carente de valor. ¿Con cuál de ellos es preferible hacer la yihad?». Respondió que debía hacerse la yihad junto al hombre fuerte y experto en la guerra, aunque fuera un fāŷir. Pues su fuerza se empleará aquí en beneficio de los musulmanes, mientras que su pecado será para su propia vida. El caso del hombre virtuoso y piadoso es completamente opuesto.

Hoy en día son poquísimas las personas que poseen estas dos nobles cualidades: la fuerza, el valor y la fidelidad. Por eso el honorable Umar (que Dios esté complacido con él) suplicaba:

*********Árabe

«¡Oh, Dios! Ante Ti me quejo de la crueldad del pecador y de la incapacidad del cobarde. ¡Protégeme de las manos de ambos!»

Por tanto, para cualquier país o territorio debe buscarse un liderazgo honesto y competente, de acuerdo con sus circunstancias. Si el dirigente de un país desea nombrar a un gobernante o administrador, debe encomendar esta responsabilidad a la mejor persona de la región o del país correspondiente. Y si hay dos personas, una de las cuales es fiel y la otra fuerte y valiente, al decidir el nombramiento debe considerar las circunstancias y determinar cuál de ellas, mediante un ejercicio equilibrado de estas dos cualidades en la administración y el gobierno de la región o del reino, procurará el bienestar del país y de la nación y reducirá el grado de perjuicio.

Por consiguiente, para el mando militar se debe elegir a la persona o personas que posean fuerza, valor y bravura. Aunque sus prácticas religiosas sean relativamente menores, en la guerra y la defensa se debe dar preferencia a la persona valiente antes que a un comandante militar débil.

Le preguntaron al imán Ahmad ibn Hanbal (que Allah tenga misericordia de él): hay dos hombres, ambos acostumbrados a dirigir en el combate. Sin embargo, uno de ellos es «fāŷir», es decir, pecador, pero posee mayor fuerza y valor; el otro es recto y piadoso, pero de espíritu débil. En tal situación, ¿bajo el mando de cuál de los dos se debería combatir? Él respondió: la fortaleza y el poder del fāŷir benefician a los musulmanes, mientras que su «fujūr», es decir, su pecado, solo le perjudica a él. Si la persona recta y piadosa es débil, su rectitud y piedad solo le benefician a ella; pero, debido a su debilidad, esta se convertirá en una causa de debilidad para proteger los intereses de los musulmanes.

Por tanto, aunque el comandante militar poderoso sea un fāŷir, se debe hacer la yihad junto a él.

El dicho del Mensajero de Allah:

********ÁRABE

«Allah, exaltado sea, también ayuda a Su religión mediante una persona fāŷir». (En otra narración, en lugar de ****ÁRABE aparece *****ÁRABE, es decir: «También hace que Su religión sea ayudada mediante personas y comunidades que no tienen parte en las buenas obras».)

Por consiguiente, cuando no se encuentre un comandante militar intrépido ni un general apto para reemplazarlo, se deberá nombrar para ese cargo a la persona más competente y recta desde el punto de vista religioso. El Noble Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) nombró a Jálid ibn al-Walid (que Allah esté complacido con él) comandante del ejército del Islam. Él desempeñó esta responsabilidad desde que abrazó el Islam. Acerca de él, el Noble Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) decía:

******ÁRABE

«Jalid es una espada que Allah ha desenvainado para exterminar a los politeístas».

A pesar de ello, el venerable Jalid (que Allah esté complacido con él) protagonizó uno o dos incidentes que desagradaron al Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él). En cierta ocasión, el Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) levantó las manos hacia el cielo y dijo:

*******Árabe

«¡Oh Allah! Me desentiendo de cualquier exceso que Jalid haya cometido (en el campo de batalla)».

El Noble Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) pronunció esta súplica cuando Jalid ibn al-Walid (que Allah esté complacido con él), al albergar dudas sobre la fe de los miembros de la tribu de Juzayma, mató a algunos de ellos y se apoderó de sus bienes y riquezas. En realidad, desde la perspectiva del islam, esto era completamente ilícito. Los demás honorables compañeros que se encontraban con él le habían prohibido al venerable Jalid hacer aquello. El Noble Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) acudió personalmente ante los miembros de la tribu de Juzayma y les expresó su compasión y solidaridad. También prometió devolverles los bienes abandonados en el campo de batalla. Sin embargo, a pesar de tales errores, el Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) mantuvo siempre al venerable Jalid ibn al-Walid en el cargo de comandante del ejército islámico. La única razón para hacerlo era que, en estrategia y pericia militar, era más competente que los demás. Podía equivocarse en la evaluación general de los acontecimientos. Por otro lado, Abu Dharr (que Allah esté complacido con él), el soldado de la verdad, era superior en honestidad y piedad. Aun así, el Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) le dijo:

*******Árabe

«¡Oh Abu Dharr! Te considero débil. Respecto a ti, deseo lo mismo que deseo para mí. No aceptes jamás el liderazgo ni siquiera de dos personas. No asumas la responsabilidad de administrar los bienes de un huérfano». (Muslim)

El Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) prohibió al venerable Abu Dharr asumir el liderazgo y la administración. Sin embargo, al elogiar ampliamente su honestidad y su sublime carácter, el Noble Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo:

******Árabe

«Abu Dharr estaba situado en la cumbre más elevada de la veracidad. [Aquí no aparecen los proverbios comparativos ni los epítetos «Jazra» y «Gabra».]

El Mensajero (saw) envió a Hazrat Amr ibn al-As (ra) a la batalla de «Dhat al-Salasil» porque allí vivían sus parientes cercanos. El Mensajero (saw) quiso mostrarle una consideración especial. Aunque había personas mejores que él, lo envió precisamente a él y no a ninguna otra persona.

En una ocasión, el Mensajero de Allah (saw) nombró a Usama ibn Zayd comandante del ejército.

En resumen, atendiendo a intereses nacionales específicos, se nombraba gobernadores, administradores o comandantes militares a determinadas personas por sus cualidades particulares. Sin embargo, quizá existieran personas más cualificadas que ellas en cuanto a religiosidad, conocimiento, sabiduría y fe.

Del mismo modo, durante el gobierno del primer califa, Hazrat Abu Bakr Siddiq (ra), cuando la sedición de los «murtadd» comenzó a cobrar fuerza, envió a Khalid ibn al-Walid (ra) al frente del ejército para sofocarla. También lo envió como comandante militar en las campañas de Irak y Siria. Sin embargo, Hazrat Khalid (ra) cometía a menudo actos indeseables. Se dice que en sus actos intervenían muchas veces sus inclinaciones y tendencias personales. A pesar de ello, no se lo destituía de su cargo de comandante militar; más bien, los altos funcionarios lo reprendían ligeramente y lo dejaban marchar, y se daba prioridad a sus aspectos beneficiosos sobre sus aspectos perjudiciales.1 (1. Todos los Compañeros eran ***Árabe justos. Puede que a veces se equivocaran en sus decisiones, pero en ellas no había rastro de interés personal. Hazrat Umar destituyó a Khalid, pero aun así Khalid dejó un ejemplo islámico supremo de obediencia al participar en la yihad como soldado raso. Eran personas de carácter ejemplar. —Editor.) No se consideraba la posibilidad de nombrar a otra persona en su lugar.

Además, si el principal funcionario del Estado, es decir, el califa, es poco estricto, es necesario, sin duda, que su sustituto sea estricto. Del mismo modo, si el principal funcionario del Estado tiene un carácter muy estricto, es indispensable que su representante subordinado tenga un carácter flexible. Antes de convertirse en califa, Hazrat Umar (ra) era partidario de destituir de su cargo al comandante Khalid ibn al-Walid (ra). Quería nombrar comandante a Abu Ubayda ibn al-Yarrah (ra), porque el carácter de Hazrat Khalid también era severo. Por otra parte, el carácter de Hazrat Umar ibn al-Jattab (ra) ya era severo. Abu Ubayda era un hombre de temperamento afable. Hazrat Abu Bakr Siddiq (ra) era un vivo símbolo de la indulgencia. Lo que Abu Bakr hizo en aquel momento era lo correcto. Hazrat Khalid ibn al-Walid fue el comandante principal del ejército islámico durante la época de Hazrat Abu Bakr. Durante el gobierno de Hazrat Umar ibn al-Jattab, la responsabilidad del mando del ejército islámico estuvo en manos de Abu Ubayda ibn al-Yarrah. Así se mantiene el equilibrio en el ámbito administrativo. El Noble Profeta (saw) dijo lo siguiente acerca de su propia persona:

********Árabe

«Soy el Profeta de la misericordia y el Profeta de la guerra». Es decir, cuando es necesario, emplear la fuerza en defensa propia también forma parte de mi misión. El Gran Profeta (s.a.w.) dijo:

*******Árabe

«En el establecimiento de la justicia y la verdad, combato con una sonrisa en el rostro, y mi comunidad es moderada». Sobre los honorables Compañeros, Allah, el Altísimo, dijo:

**********Árabe

«Son muy firmes frente a los incrédulos, pero compasivos entre sí. Los verás inclinándose unas veces y postrándose otras, entregados a buscar el favor y la complacencia de Allah». (Sura al-Fath: 28)

********Árabe

«Amables con los musulmanes y severos con los incrédulos, es decir, con quienes desobedecen a Allah». (Sura al-Ma’idah: 54)

Por esta razón, la autoridad y el liderazgo de Abu Bakr as-Siddiq (r.a.) y Umar al-Faruq (r.a.) eran completos. Su autoridad se ejercía de manera adecuada y estaba equilibrada. En la época del Gran Profeta (s.a.w.), estas dos grandes personalidades eran consideradas los dos brazos del Profeta. Uno era tierno de corazón y de carácter afable, mientras que el otro era duro de corazón y de carácter severo. El propio Profeta (s.a.w.) dijo acerca de estos dos:

********Árabe

«Después de mí, obedeced a Abu Bakr y a Umar».

Por ello, vemos que, después del Mensajero de Allah, Abu Bakr Siddiq —que Allah esté complacido con él— mostró tal valentía y arrojo al combatir contra los «apóstatas» que incluso Umar —que Allah esté complacido con él— quedó sorprendido. Nunca había esperado de Abu Bakr —que Allah esté complacido con él— una actitud tan valerosa. Todos los demás Compañeros también desconocían este asunto. Decían: «¿Cómo puedes combatir contra ellos únicamente por haber negado el zakat?»

Por tanto, si la situación exige, además de cualidades como la honestidad, la rectitud y la confiabilidad, firmeza y fortaleza, se dará prioridad a un liderazgo firme. Por ejemplo, para la protección de los bienes y recursos se necesita una persona de carácter severo. Esto se debe a que, para recaudar y salvaguardar los bienes y recursos, se requieren tanto fuerza como confiabilidad. Por ello, el administrador y los funcionarios locales deben ser firmes y fuertes, de modo que su severidad no permita negligencias en la recaudación de los fondos. El secretario, el escribiente y el tesorero deben ser competentes y dignos de confianza. Solo mediante su competencia y confiabilidad será posible proteger debidamente los bienes y recursos. Lo mismo se aplica al mando y la autoridad en el campo de batalla, y rige la misma norma. Se nombrará al responsable de dirigir la guerra basándose en el consejo de personas sabias y piadosas. De ese modo se tendrán en cuenta ambos tipos de competencia y cualidades. En realidad, en todas las autoridades administrativas y en toda clase de liderazgo debe seguirse el mismo criterio y la misma norma.

Si una sola persona no puede cumplir plenamente el objetivo esencial y el beneficio del ejercicio de la autoridad y el liderazgo, podrán encargarse de la misma tarea dos, tres o incluso más personas. Sin embargo, se dará prioridad a la persona más competente. Si el trabajo no puede realizarse con una sola persona, se nombrarán, cuando sea necesario, varios gobernadores y funcionarios, y en toda circunstancia se dará preferencia a la persona más competente.

En materia de autoridad judicial, se confiará esta a la persona más instruida, experta, temerosa de Allah y competente. Si una persona posee más conocimiento y otra es más piadosa y temerosa de Allah, habrá que observar si, en caso de duda y conflicto, el conocimiento y la sabiduría de la primera, o los deseos y aspiraciones de la segunda, podrían obstaculizar la aplicación de la norma correspondiente.

Pues se ha narrado en un hadiz honorable que:

*********Árabe

«Allah ama a quien, en los momentos de duda y vacilación al tomar una decisión, actúa con previsión y examina cuidadosamente las cosas; y ama la inteligencia capaz de mantener el equilibrio cuando se intensifican el interés y el deseo por algo».

Es conveniente, aunque no indispensable, que el cadí (juez) cuente con el apoyo del principal funcionario de asuntos militares, del comandante del ejército o del jefe de la administración general. Al nombrar a un juez, deben priorizarse la formación y los conocimientos especializados, así como la cualidad de la piedad religiosa; pero si, frente al conocimiento y la piedad, se considera más necesaria la fuerza y la capacidad, se dará prioridad a una persona austera y autosuficiente.

A algunos ulemas, es decir, especialistas en conocimiento islámico, se les preguntó: «Para resolver un juicio no se encuentra una persona cualificada; y, si se encuentra alguna, es un ulema pecador o una persona piadosa pero ignorante. ¿A cuál de los dos debe darse prioridad?». Respondieron que, puesto que cuando en una persona predomina la inclinación a apartarse del camino de la verdad y del bien es natural que se produzcan deficiencias en los asuntos de la religión, debe darse prioridad a la persona piadosa. Si, debido a la negligencia de los gobernantes, comienzan a producirse deficiencias en los asuntos religiosos, entonces se dará prioridad al ulema. La mayoría de los ulemas se pronunciaron en este caso a favor de dar prioridad a la persona piadosa. La razón es que todos los imanes muytahid están de acuerdo en que un funcionario o emir debe ser una persona justa y apta para prestar testimonio.

Existe desacuerdo respecto a la condición del conocimiento religioso: ¿qué tipo de ulema debe ser nombrado funcionario para cada asunto? ¿Debe ser ese ulema un muytahid, un muqallid, o debe nombrarse a cualquiera que esté disponible? Este tema se ha tratado detalladamente en otro lugar. En este caso, el margen de elección es muy reducido. No obstante, en resumen, es lícito, considerando las circunstancias, convertir en gobernante o funcionario a la persona relativamente competente que sea necesaria. Esto se debe a que también es un deber prestar especial atención a las circunstancias y al entorno, a fin de eliminar el mal en la medida de lo posible. Una persona puede ser más competente en cuanto a conocimiento y sabiduría, pero quizá sea débil para mantener la ley y el orden en una determinada región. En tal caso se necesita una persona fuerte, aunque sea menos sabia.

La autoridad y el liderazgo en los distintos niveles de la sociedad existen para atender las necesidades de la población. Hay que examinar cómo se satisfarán esas necesidades. Por ejemplo, los ciudadanos insolventes tienen el deber de devolver el dinero de los préstamos que han contraído; pero, en las circunstancias actuales, solo debe exigírseles la cantidad que sean capaces de pagar. Del mismo modo, existe la orden de acumular fuerzas para prepararse para la yihad y de disponer de más caballos para ello —es decir, reunir equipo militar—. Sin embargo, en tiempos de incapacidad e impotencia, esta obligación deja de aplicarse a algunos ciudadanos. Entonces, se convierte en obligación para ellos únicamente aquello que esté dentro de sus posibilidades. En ese momento, su deber consiste en cumplir la obligación religiosa. Naturalmente, el hajj y los demás actos de adoración son diferentes. Esta consideración no se aplica a ellos; por el contrario, realizar el hajj y actos similares sigue siendo obligatorio para la persona.

*******Árabe

«Quien tiene capacidad y medios para realizar el hajj». (Sura Al Imrán: 97)

No es obligatorio que se dedique específicamente a crear la capacidad y los medios necesarios. Esto se debe a que el hajj solo se vuelve obligatorio cuando dispone de los medios y la capacidad por vías normales; por ello, no es obligatorio crear esa capacidad mediante procedimientos especiales.

Cuatro

El objetivo del liderazgo y la autoridad estatal en el islam:

La enseñanza del Corán y la Sunna, y la aplicación de las leyes y normas

La identificación de la persona más competente, el propósito y el objetivo de la autoridad gubernamental, conocidos mediante la realización de dicho propósito; el objetivo de la autoridad es el objetivo de la religión: el establecimiento de la religión y las reformas necesarias, el correcto establecimiento de la oración del viernes y de la oración en congregación, y la reforma religiosa del pueblo: estos son los temas tratados en este capítulo.

Hazrat Umar ibn al-Jattab (que Alá esté complacido con él) decía: «Por esta razón os envío gobernantes y funcionarios administrativos: para que os enseñen el Libro de Alá, el Altísimo, y el ejemplo del Profeta, y para que mantengan activa y permanente la religión, es decir, el sistema de vida islámico».

La identificación de la persona más competente se conocerá cuando se conozcan el propósito y el objetivo de la autoridad gubernamental, así como el método para alcanzarlos. Cuando el objetivo esté claro para ti y conozcas el método para alcanzarlo, considera que has comprendido plenamente aquello que debes hacer.

Cuando los intereses materiales predominan entre los reyes, monarcas y demás gobernantes, y estos abandonan la religión, la educación religiosa y los valores, las autoridades gobernantes ascienden en la maquinaria administrativa precisamente a aquellas personas mediante las cuales pueden alcanzar en mayor medida sus objetivos personales. El gobernante que aspira al poder estatal por su propio interés dará, al realizar nombramientos y destituciones, preferencia a quien le ayude a conservar su Estado y su cargo de autoridad. En el modelo político del Gran Profeta (que la paz y las bendiciones de Alá sean con él) vemos que los funcionarios y comandantes encargados del poder gubernamental y de la conducción de la guerra —representantes del jefe de Estado y comandantes militares— dirigían la oración del viernes y las oraciones congregacionales de los musulmanes. Pronunciaban valiosos discursos ante el pueblo. Por eso, poco antes de su fallecimiento, el Mensajero de Alá (que la paz y las bendiciones de Alá sean con él) ascendió a Hazrat Abu Bakr al-Siddiq (que Alá esté complacido con él) al cargo de dirigir la oración. También lo mantenía a la cabeza en responsabilidades tan importantes como el liderazgo militar de la comunidad musulmana.

Cuando el Gran Profeta (que la paz y las bendiciones de Alá sean con él) nombraba a alguien comandante y lo enviaba al campo de batalla, en la orden oficial que le entregaba le ordenaba, ante todo, establecer la oración. Del mismo modo, cuando enviaba a alguien como gobernador de una ciudad o localidad, primero le ordenaba realizar la oración en congregación. Así, el Mensajero de Alá (que la paz y las bendiciones de Alá sean con él) envió a Attab ibn Asid (que Alá esté complacido con él) como gobernador de La Meca. Asimismo, envió a Uthman ibn Abi al-As (que Alá esté complacido con él) como gobernador de Taif. Hazrat Ali (que Alá esté complacido con él) envió a Hazrat Muadh (que Alá esté complacido con él) y a Hazrat Abu Musa (que Alá esté complacido con él) como gobernadores del Yemen. Envió a Amr ibn Hazm (que Alá esté complacido con él) como gobernador de Nayrán. Ellos dirigían la oración congregacional como lugartenientes o representantes del Mensajero de Alá y establecían el gobierno conforme a la sharía, incluidos los hudud y demás disposiciones. El comandante militar hacía exactamente lo mismo. Después del fallecimiento del Mensajero de Alá (que la paz y las bendiciones de Alá sean con él), los califas que lo sucedieron en el Estado islámico también desempeñaron estas responsabilidades estatales y religiosas de la misma manera. Los reyes omeyas y, salvo una o dos excepciones, los gobernantes abasíes hicieron lo mismo. Esto se hacía porque, entre los asuntos más importantes de la religión del islam, están la oración y la yihad.

Por eso, en numerosos hadices se mencionan conjuntamente la oración y la yihad.

Cuando visitaba a algún enfermo para atenderlo, decía:

********Árabe

«¡Oh, Allah! Concede la curación a este siervo tuyo, para que pueda asistir a la oración y enfrentarse a tus enemigos».

*******Árabe

«¡Oh, Muaz! Lo más importante para mí es la oración».

Las instrucciones de Hazrat Umar a los gobernantes y funcionarios regionales:

Los decretos oficiales que Hazrat Umar ibn al-Jattab (que Allah esté complacido con él) escribía y enviaba a los funcionarios y gobernadores destinados en las distintas regiones del Estado islámico. En ellos estaba escrito:

*******Árabe

«Lo importante para mí en relación con vosotros es la oración. Quien protege la oración, protege la religión. Quien descuida la oración, descuidará aún más las demás obras».

El significado de estas palabras de Hazrat Umar es que el Mensajero de Allah dijo:

****Árabe

“La oración es el pilar de la religión”. Cuando los funcionarios administrativos protejan este pilar, la oración lo protegerá de la obscenidad, de todos los actos reprobables y de la corrupción, y lo ayudará en las demás obras de adoración. (“Porque ********Árabe la oración aparta de los actos reprobables e indeseables”).

Allah, el Altísimo, ha dicho:

******Árabe

“Mantente firme (en la religión) y busca la ayuda (de Allah) mediante la oración, y recuerda que la oración es algo muy pesado. Sin embargo, no es pesado para quienes temen a Allah”. (Sura Al-Baqarah: 45)

********Árabe

“Oh musulmanes, (manteniéndoos firmes en la religión en todo momento), buscad la ayuda de Allah mediante la paciencia y la oración. Ciertamente, Allah está con los pacientes”. (Sura Al-Baqara: 153)

Allah Ta‘ala dijo, dirigiéndose al Mensajero (s.a.s.):

*******Árabe

“(¡Oh, Profeta!) Exhorta a los miembros de tu familia a realizar la oración. Tú también persevera en la oración con constancia. No os pido sustento por ello; más bien, Yo mismo os proporciono el sustento. El buen desenlace se encuentra en adoptar la taqwa, es decir, una vida prudente llena del temor de Allah”. (Sura Ta-Ha: 132)

*******Árabe

“He creado a los genios y a los seres humanos únicamente para que Me adoren, es decir, para que Me obedezcan y se sometan a Mí sin reservas. No espero de ellos ningún sustento, ni les pido que Me alimenten. Allah es, ciertamente, el más abundante de los proveedores, el Todopoderoso, el Omnipotente”. (Sura Adh-Dhariyat: 56-58)

Por tanto, queda claro que el objetivo principal de la autoridad y el liderazgo es servir a las personas y reformarlas. Si las personas abandonan la religión, se enfrentarán a una grave calamidad, y las bendiciones mundanas, las comodidades y los bienes placenteros que les han sido concedidos nunca les serán beneficiosos. No se alcanzará el beneficio religioso que habrían obtenido mediante esas actividades mundanas.

Las cosas materiales mediante las cuales las personas pueden obtener bienestar religioso son de dos tipos. Primero, entregar los bienes a quienes tienen derecho a ellos. Segundo, castigar a quien se apodera de los bienes mediante el abuso y la injusticia. Por tanto, debes saber que quien no transgrede los límites ni comete abusos se ha dedicado a los asuntos de su religión. Por ello, el segundo califa, Hazrat Umar (que Allah esté complacido con él), decía:

*****Árabe

«Oh, pueblo, os envío a mis funcionarios y gobernadores para que os enseñen el Libro de vuestro Señor y la tradición del Profeta, y establezcan la religión entre vosotros».

Puesto que actualmente se ha producido una corrupción tanto entre los gobernantes como entre los gobernados, a consecuencia de la cual se ha manifestado la corrupción en las actividades de todos los ámbitos, la reforma se ha convertido, ciertamente, en una tarea difícil. Por ello, quienes trabajen por el bienestar tanto religioso como mundano del pueblo por todos los medios posibles serán considerados los mejores de su época y los mejores muyahidines. Así, el Mensajero de Allah (s. a. s.) dijo:

******Árabe

«Un día de un imán o líder justo es mejor que sesenta años de adoración».

En la obra Musnad del imán Ahmad se encuentra un hadiz transmitido del Mensajero de Allah (s. a. s.), en el que dijo:

******Árabe

“La persona más amada por Allah entre la gente es el líder justo. Y la persona que más incurre en la ira de Allah es el líder injusto”.

En Sahih al-Bujari y Sahih Muslim se narra, por autoridad de Abu Huraira (que Allah esté complacido con él), que el Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) dijo:

***********Árabe

“El día en que no habrá ninguna sombra excepto la sombra de Allah, Allah dará refugio bajo la sombra de Su misericordia a siete clases de personas: (1) el líder justo; (2) el joven dedicado a la adoración; (3) la persona cuyo corazón permanece absorto pensando cuándo volverá a la mezquita, incluso después de haber salido de ella tras la oración; (4) las dos personas cuya amistad es únicamente por Allah: se reúnen por esa amistad y, cuando se separan, lo hacen por la misma razón; (5) la persona que recuerda a Allah en privado, lejos de la vista de la gente, y derrama lágrimas; (6) la persona a quien una mujer noble y hermosa invita a cometer una inmoralidad sexual, pero que responde: ‘Temo a Allah, el Señor de todos los mundos’; (7) la persona que da caridad tan secretamente que, si gasta con su mano derecha, su mano izquierda no se entera”. (Sahih al-Bujari y Sahih Muslim)

En Sahih Muslim se narra, por autoridad de Hayyad ibn Hammad (que Allah tenga misericordia de él), que el Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) dijo:

*********Árabe

“Hay tres clases de personas que estarán en el Paraíso: (1) el gobernante justo, jefe del Estado y del gobierno; (2) la persona compasiva, cuyo corazón se enternece por sus parientes cercanos y por la solidaridad hacia los musulmanes; (3) la persona rica que es de buen carácter y generosa”.

En las Sunan del Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) se menciona un hadiz que dice:

********árabe

«La persona que se esfuerza con sinceridad en obras de caridad es como un muyahid en el camino de Alá. Sin embargo, la caridad no debe darse para presumir».

Alá, el Altísimo, ordenó hacer yihad contra las fuerzas terroristas y agresoras, abanderadas de la opresión y la injusticia, y dijo: ********árabe

«Seguid combatiendo (unidos y por todos los medios posibles contra esas fuerzas hostiles a la humanidad) hasta que cesen la fitna y los disturbios (contra las personas pacíficas de la sociedad), y hasta que en la sociedad se establezca el predominio exclusivo de la religión de Alá». (Sura Al-Baqara: 193)

Una vez se le preguntó al Mensajero de Alá (s.a.s.): «¡Oh, Mensajero de Alá! A veces las personas combaten para demostrar su propia valentía; en ocasiones, el impulso de establecer su honor personal inspira su lucha; y otras veces también está presente en la lucha el deseo de presumir. ¿Cuál de estas situaciones puede llamarse “yihad en el camino de Alá”?». El Noble Mensajero (s.a.s.) respondió:

********árabe

Quien combata para mantener en alto la palabra de Alá, ese será el «yihad fi sabilil-lah o yihad en el camino de Alá». (Este hadiz fue transmitido por Bujari y Muslim.)

Por tanto, se entiende que el objetivo fundamental de la yihad es establecer en todas partes el predominio de la norma justa de Alá, libre de discriminación de clases, es decir, el predominio de Su din, y mantener en alto Su palabra. *****árabe, es decir, la expresión «palabra de Alá» tiene un significado amplio. Con ella también se entiende el libro de las disposiciones de Alá, el Kalamullah.

Así ha dicho Allah:

********আরবী

«He enviado a Mis Mensajeros con pruebas claras. Por medio de ellos he enviado el Libro y la Balanza (la balanza de la justicia), para que establezcan la justicia equitativa (del islam)». (Sura Al-Hadid: 25)

El propósito de enviar a diversos profetas y Libros es que las personas establezcan los derechos de Allah y los derechos de Sus siervos con equidad y justicia.

Después, Allah ha dicho:

********আরবী

«Hemos creado el hierro. En él hay un elemento de enorme poder intimidatorio. Y en él también hay beneficios para la humanidad. Y otro propósito que se encuentra en él es que Allah quiere saber directamente quiénes se adelantan a ayudarle a Él y a Sus Mensajeros mediante él». (Sura Al-Hadid: 25)

Por tanto, respecto de quien abandona las disposiciones del Libro de Allah y sus principios y valores para seguir una ideología y unos principios diferentes, la intención de Allah es que, cuando avance en su oposición, se le haga volver del camino injusto, aunque sea mediante un arma fabricada con hierro. Porque el establecimiento, la firmeza y la permanencia de la religión dependen, en determinadas circunstancias, tanto del Libro de Allah como de la espada (símbolo de la fuerza). Se ha transmitido de Ŷabir ibn Abd Allah (que Allah esté complacido con él) que el Noble Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) nos ordenó ******আরবী, es decir: «Debemos golpear con la espada, o con un arma apropiada, a quien se adelanta y viene para apartarse del Corán y exterminar a sus seguidores».

Por consiguiente, puesto que este es el objetivo, conviene alcanzarlo siguiendo el método de «akrab fal akrab» (el más cercano y, después, el cercano). En lo relativo a la autoridad y el liderazgo, se escogerá a dos personas de ese modo y se observará cuál de las dos está más cerca del objetivo. Se nombrará funcionario o gobernante a quien, entre ambas, sea superior en cuanto a la capacidad para alcanzar el objetivo.

¿A quién conviene dar prioridad en materia de liderazgo? A este respecto, resulta especialmente digno de atención lo que dijo el Mensajero de Alá (s. a. s.). El Mensajero de Alá (s. a. s.) declaró: *******Árabe

«En el Estado y la sociedad islámicos, ejercerá el imamato o liderazgo de la nación la persona que haya leído más y comprendido mejor el significado del Libro de la ley de Alá. Si varias personas resultan tener aptitudes equivalentes, se dará prioridad a quien conozca especialmente bien la Sunna, las normas y el modelo del Profeta. Si también en esto todos están al mismo nivel, tendrá prioridad para el liderazgo quien haya sido el primero en emigrar. Si igualmente todos poseen la misma aptitud para la emigración, se designará como líder a quien sea relativamente mayor en edad. Nadie más ejercerá el liderazgo dentro de su esfera de influencia ni se sentará en el lugar de honor que le corresponde sin permiso». (Muslim)

Si varias personas tienen la misma aptitud y no se sabe cuál de ellas es más apta, se elegirá al líder mediante «kora» o sorteo. Así lo hizo Sa‘d ibn Abi Waqqas (r. a.) en la batalla de Qadisiyya. En el ejército comenzó una gran disputa sobre quién daría el adhan. Incluso llegó a parecer inminente un enfrentamiento entre ellos. Todos decían: «Yo daré el adhan». Muchos exponían las razones que justificaban su prioridad. Entonces se siguió la siguiente instrucción del Mensajero de Alá (s. a. s.).

*******Árabe

«Si, al comprender la importancia de la recompensa del adhan y de la primera fila de la oración, surge la necesidad de hacer un sorteo, entonces se hará».

[Cinco]

Bienes, préstamos, sistema asociativo, mudaraba

La resolución de los litigios, etc., conforme al método indicado por Allah

Otro tipo de bienes confiados al Estado comprende los bienes y recursos, los préstamos específicos y generales, la custodia, los acuerdos de asociación, el tawakkul, la mudaraba, los bienes de los huérfanos, el waqf, etc. La entrega de donaciones y caridad a los pobres, indigentes y desposeídos, los recaudadores, los empleados, los mu’allafat al-qulūb, la liberación de esclavos, la ayuda económica a los endeudados y las donaciones y limosnas en el camino de Allah, entre otros, son los temas tratados en este capítulo.

El segundo tipo de fideicomiso está relacionado con los bienes y recursos. Respecto a los préstamos o deudas, Allah ha dicho:

******Árabe

«Si uno de vosotros confía algo a otro, quien recibió el depósito debe devolvérselo a su dueño y temer a Allah, su Señor». (Sura Al-Báqara: 283)

Entre los asuntos comprendidos en este tipo de fideicomiso se encuentran el capital, los préstamos específicos y generales, como los bienes depositados; los socios de una asociación, el muwakkil, el mudarib y los bienes de los huérfanos; los bienes del waqf; el pago del precio de los bienes adquiridos; las deudas; las dotes de las mujeres; la remuneración de las participaciones en los beneficios, etc.

A este respecto, Allah, exaltado sea, ha dicho:

********Árabe

«Por naturaleza, el ser humano es impaciente. Cuando lo alcanza la desgracia, se angustia, y cuando lo alcanza la prosperidad, se vuelve avaro. Excepto quienes oran, quienes son constantes en sus oraciones, aquellos en cuyos bienes está establecido el derecho tanto del mendigo como del privado de recursos…… y quienes cumplen los depósitos confiados y sus compromisos y promesas». (Al-Ma‘ārij: 19-32)

También dijo:

*********Árabe

«¡Oh, Profeta! Te hemos revelado el Libro con la verdad. Juzgarás entre las personas en sus disputas y litigios exactamente como Allah te ha mostrado. No defiendas a los traidores embaucadores». (Sura An-Nisā’: 105)

El Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones sean con él) dijo:

*******Árabe

«Devuelve íntegramente a quien te confió un depósito aquello que te confió. Si alguien te traiciona o te engaña, no lo engañes tú a él».

El Noble Profeta (la paz y las bendiciones sean con él) dijo:

********ÁRABE

«Aquel a quien los musulmanes consideran digno de confianza respecto a la seguridad de la vida y los bienes es un “creyente”. Y es un musulmán genuino aquel de cuya mano y lengua los demás musulmanes están a salvo. El verdadero muháyir es quien se mantiene alejado de las acciones prohibidas por Allah. Asimismo, el verdadero muyahid es quien lucha contra sí mismo por Allah».

Este es un hadiz sahih. Una parte de él aparece mencionada en Bujari y Muslim. Algunas partes también aparecen en Tirmidhi Sharif.

El Mensajero de Allah (s.a.s.) también dijo:

********ÁRABE

«A quien toma los bienes de alguien con la intención de devolverlos, Allah le facilita su restitución. Y si alguien toma dinero o bienes de otra persona con la intención de apropiárselos por completo, Allah los destruye». (Bujari)

Allah ha hecho obligatorio devolver todos los depósitos en custodia. Se ha advertido que, ya se trate de una traición a la confianza, saqueo, atraco, robo o fraude, debe restituirse. Asimismo, es obligatorio devolver el dinero, los bienes y los objetos recibidos como préstamo o deuda.

El Mensajero de Allah (s.a.s.) dijo al respecto en el sermón de la Peregrinación de Despedida:

*********Árabe

«Lo recibido en préstamo debe ser devuelto; la cría de camello que haya sido asignada a alguien debe entregársele a esa misma persona. La deuda debe saldarse. El dirigente debe cumplir el deber que se le haya impuesto. Ciertamente, Alá ha concedido a cada titular de un derecho su derecho. Por tanto, no hay legado para el heredero».

El gobernante supremo del país, los gobernantes regionales, los funcionarios administrativos y todo el pueblo están incluidos en esta categoría. Es obligatorio, es decir, un deber, tanto para los gobernantes como para los gobernados, cumplir debidamente las responsabilidades que pesan sobre unos y otros. No se puede descuidar la concesión de los derechos legítimos al jefe de Estado, a su sucesor o a la persona designada por él, ni al pueblo. Al titular de un derecho se le debe entregar su derecho. Se les ha impuesto como obligación conceder íntegramente sus derechos legítimos, no solo una parte de ellos. Del mismo modo, es obligatorio cumplir los derechos del pueblo y del Estado que les han sido confiados. Tampoco es lícito exigir al Estado algo sin derecho o injustamente. Si alguien, planteando una exigencia injusta, pone en peligro la paz, el orden y la seguridad del Estado, se le aplicará el sentido del siguiente versículo. Por ejemplo:

***********Árabe

«¡Oh, Profeta! Entre ellos hay también quienes hablan de ti en tono acusador a propósito de las limosnas. Cuando se les da una parte de ellas, se alegran; pero, si no se les da, de inmediato se disgustan. Si hubieran aceptado con alegría lo que Alá y Su Mensajero les habían concedido y hubieran dicho: “Alá nos basta; si ahora no nos ha dado, ¿qué importa? En el futuro, Alá y Su Mensajero nos concederán de Su favor; nosotros estamos vinculados a Alá”, esa habría sido la expresión apropiada para ellos. Las limosnas son únicamente para los pobres y los necesitados, para quienes trabajan en su recaudación como funcionarios, para aquellos cuyos corazones se desea reconciliar con la religión; se gastarán también en la liberación de esclavos, en aliviar la deuda de los endeudados, en el camino de Alá y como provisión para el viajero indigente y extranjero. Estos son los destinos establecidos por Alá para la distribución de las limosnas. Alá lo sabe todo y es sumamente sabio». (Sura At-Tawba: 58-60)

El pueblo no tiene derecho a abstenerse de conceder al Estado los derechos que este posee sobre él. Incluso si el gobernante es tiránico, deben entregarse los asuntos que se les exigen en interés del Estado. El Profeta —la paz y las bendiciones de Alá sean con él— pronunció exactamente las siguientes palabras en este sentido, cuando se presentaron acusaciones de opresión y persecución contra los diversos gobernantes regionales del Estado. A saber:

********Árabe

«Cumplid los derechos que ellos tienen sobre vosotros, porque Alá les preguntará acerca de los derechos del pueblo».

Se narra un hadiz del Santo Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él), transmitido por Hazrat Abu Huraira (que Allah esté complacido con él), que dice:

*********Árabe

“Los profetas gobernaban a los Hijos de Israel. Cuando moría uno de sus profetas, nombraban a otro profeta como su califa, es decir, como su sucesor. Pero después de mí no habrá ni vendrá ningún otro profeta ni mensajero de esta manera. Sin embargo, habrá muchos califas. Los Compañeros preguntaron: «¡Oh, Mensajero de Allah! ¿Qué instrucción nos da respecto a nuestro deber en ese momento?». El Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) respondió: «Seguiréis obedeciéndolos con plena lealtad. Cumpliréis debidamente vuestro deber y obligación de obedecer a quien sea elegido primero. Después, a quien sea para con él. Luego entregaréis aquello que se os haya hecho obligatorio entre los derechos que debéis cumplir. Allah pedirá cuentas a los gobernantes por los derechos que tiene el pueblo». (Sahih al-Bujari y Sahih Muslim)

En otro hadiz narrado por Hazrat Ibn Masud (que Allah esté complacido con él) en Sahih al-Bujari y Sahih Muslim, el Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo:

*********árabe

«Después de mí veréis mucha riqueza y prosperidad, y también veréis cosas y escucharéis palabras que no os agradarán. Los honorables Compañeros preguntaron: “Oh, Mensajero de Allah, infórmanos sobre lo que debemos hacer en un momento así”. El Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo:

**********árabe

«Pagaréis los derechos o deudas de aquellos que tengan derechos sobre vosotros (ya sean públicos o privados), y pediréis a Allah que os conceda vuestros propios derechos».

Quienes estén encargados del tesoro público no tienen derecho a actuar arbitrariamente en la distribución de los fondos (abusando del poder). No considerarán los recursos financieros del Estado como bienes personales. No gastarán los fondos públicos como les plazca. Pues quien esté encargado del tesoro público no es su propietario, sino únicamente su depositario; (no podrá disponer de ellos arbitrariamente abusando del poder). El Noble Profeta (s.a.w.) dijo:

********Árabe

«Juro por Al-lah que no doy a nadie (injustamente bienes del Estado), ni tomo o retengo (injustamente) los bienes de nadie. Distribuyo los bienes entre la gente exactamente como se me ha ordenado». (Bujari)

Debe observarse que el Noble Profeta (s.a.w.) era el Mensajero de Rabb al-ʿAlamín, el Señor de los mundos. Él dijo que, en cuanto a la cuestión de dar o no dar a alguien, ni siquiera su propia voluntad tenía valor alguno. No tenía autoridad para gastar los bienes y recursos públicos según su propia voluntad, como si fuera su propietario, en su distribución. Los gobernantes mundanos y los altos funcionarios practican el nepotismo de manera totalmente injusta y gastan entre sus allegados los recursos del Estado. Incluso privan a muchas personas con derecho únicamente porque estas no figuran en la lista de sus seres queridos. El Mensajero de Al-lah (s.a.w.) era el siervo amado de Al-lah. Gastaba los bienes precisamente allí donde Al-lah había ordenado gastarlos.

Hazrat Umar ibn al-Jattab (r.a.) también siguió este mismo principio respecto a los bienes del Estado. Cierta vez, varias personas acudieron a él y le dijeron: «Usted necesita una mayor holgura económica. Sería mejor que tomara algo más de dinero del Bait al-Mal». Hazrat Umar (r.a.) respondió: «¿No conocéis la relación que existe entre el pueblo y yo? Es como el caso de unas personas que están viajando. Todos depositan sus bienes, equipaje y riquezas en manos de uno de ellos y le dicen: “Gaste este dinero y estos bienes nuestros cuando los necesitemos”. En tal situación, ¿estaría permitido que el depositario gastara parte de esos bienes y los utilizara como le apeteciera?»

En cierta ocasión llegaron a Hazrat Umar (r.a.) muchos bienes correspondientes al «jumus» (la quinta parte del botín). Al verlos, dijo: «El pueblo ha hecho muy bien al entregar sus depósitos». Dos o tres de los presentes dijeron: «Usted gasta debidamente los bienes depositados, conforme al mandato de Al-lah. Por eso el pueblo también trae regularmente sus depósitos (el zakat, el ushr, los impuestos y demás obligaciones públicas) y los entrega en sus manos. Si usted los hubiese malversado, ellos también lo habrían hecho».

El pueblo debe saber qué significa «ulil amr», es decir, el líder. También es necesario que conozca cuáles son sus derechos y su dignidad. El líder se parece en gran medida a un mercado: en el mercado recibís la cantidad de mercancía correspondiente al valor que pagáis. Por eso Hazrat Umar ibn Abd al-Aziz (r.h.) decía: «Si eres veraz, justo y demuestras fidelidad, recibirás a cambio la misma recompensa. En cambio, si muestras mentira, injusticia, opresión y traición, recibirás como respuesta el mismo trato».

Por tanto, es obligatorio para el gobernante supremo del país y para los demás funcionarios subordinados a él recaudar los fondos destinados a la administración del Estado mediante la justicia y gastarlos de ese modo allí donde sea apropiado hacerlo. No privar de sus derechos a quienes tienen derecho a ellos.

Una vez llegó ante Hazrat Alí (que Allah esté complacido con él) una queja de que algunos de sus «naib» (representantes) oprimían al pueblo. Entonces pidió perdón a Allah y exclamó:

********Árabe

«¡Oh Allah! Yo no les ordené que cometieran injusticias y abusos ni que renunciaran a Tu derecho».

[Seis]

Los bienes del Estado son de tres tipos

Los temas de este capítulo son: (1) el botín de guerra (es decir, los bienes abandonados por el enemigo en el campo de batalla), (2) la sadaqa y la caridad, (3) el mal-e-fay. Al Noble Profeta (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) se le concedieron cinco cosas adicionales en comparación con todos los demás profetas.

Es gracias a los débiles trabajadores que vosotros, los fuertes, obtenéis alimento y recibís otras ayudas. El botín de guerra se distribuirá únicamente entre los «ganim» (quienes obtienen botín). Los omeyas y los abasíes hicieron lo mismo.

Los bienes del Estado mencionados en el Corán y el Hadiz son de tres tipos: (1) el botín de guerra, (2) la sadaqa y el zakat, (3) el mal-e-fay. Los bienes obtenidos después de combatir contra los incrédulos se denominan botín de guerra. Allah el Altísimo mencionó el botín de guerra en la sura Al-Anfal del Sagrado Corán. Esta sura fue revelada durante la batalla de Badr. La palabra «anfal» es el plural de «nafal». Nafal significa adicional; la razón por la que la sura recibió el nombre de «Al-Anfal» era que los bienes de los musulmanes estaban aumentando. Así ha dicho Allah:

*********árabe

«¡Oh, Profeta! Los soldados musulmanes te preguntan acerca de las normas para distribuir el botín. Diles que el botín pertenece a Allah y a Su Mensajero. (Sura Al-Anfal: 1)

********árabe

Y sabed que de cualquier botín que obtengáis, una quinta parte pertenece a Allah y a Su Mensajero, a los parientes cercanos del Mensajero, a los huérfanos, a los mendigos necesitados y a los viajeros indigentes». (Sura Al-Anfal: 41)

También dijo:

*******árabe

«Comed lícitamente y con pureza de los bienes del botín que habéis obtenido, y temed a Allah. Allah es Indulgente y Misericordioso. (Sura Al-Anfal: 69)

En Sahih Bujari y Sahih Muslim se narra, según Yabir ibn Abdallah (ra), que el Noble Profeta (sa) dijo:

******Árabe

«Se me han concedido cinco cosas que no se habían concedido anteriormente a ningún otro profeta: (1) Se me ha concedido la victoria mediante infundir temor de mi persona en el corazón del enemigo situado a una distancia de un mes de viaje. (2) Toda la superficie de la tierra ha sido convertida para mí en mezquita, y su suelo, en medio de purificación. Por tanto, cualquier persona de mi comunidad cuya vida alcance el momento de la oración debe realizarla. (3) Se me ha hecho lícito el botín, es decir, los bienes abandonados en el campo de batalla. Antes de mí, no había sido lícito para nadie. (4) Se me ha concedido el derecho de intercesión. (5) Antes de mí, los profetas y mensajeros eran enviados a sus respectivos pueblos, mientras que yo he sido enviado para toda la humanidad».

El Noble Profeta (s. a. w.) también declaró que,

**********Árabe

«He sido enviado con la espada ante la inminencia del Día del Juicio, para que la gente adore a un solo Alá, que no tiene asociados. Mi sustento ha sido puesto bajo la sombra de mi lanza. Para quien se oponga a mí habrá humillación y deshonra. Quien adopte la semejanza religiosa de otra nación será considerado parte de ella». (Musnad de Ahmad)

Por tanto, en lo que respecta al botín de guerra, una quinta parte es obligatoria. Separarás esta parte del botín y la gastarás conforme a la orden de Alá. Distribuirás el resto del botín entre quienes lo hayan obtenido. La declaración de Hazrat Umar Faruq (que Alá esté complacido con él) es: «Los titulares del derecho al botín son quienes participan en la yihad, hayan combatido o no. Al distribuir el botín, no tendrás en cuenta el rango, la autoridad ni el liderazgo de nadie. Tampoco mostrarás cobardía ante la nobleza de linaje o de posición. Distribuirás este botín con plena justicia y equidad. ¿Qué hacían el Noble Profeta (que la paz y las bendiciones de Alá sean con él) y sus califas? En el Sahih Bujari se relata que Hazrat Sa‘d ibn Abi Waqqas (que Alá esté complacido con él) se consideraba superior a los demás. Así, el Mensajero de Alá (que la paz y las bendiciones de Alá sean con él) dijo:

************Árabe

«Vuestra victoria y vuestro sustento os son concedidos por medio de vuestros débiles».

Transmitido por Sa‘d ibn Abi Waqqas (que Dios esté complacido con él) en el compendio de hadices Musnad de Ahmad. Él dijo: «Le expuse al Mensajero de Dios lo siguiente: “¡Oh, Mensajero de Dios! Hay un hombre que lucha por preservar el honor y el liderazgo de su pueblo. ¿Debe su parte ser igual a la de los demás?”. El Profeta (que Dios le bendiga y le conceda paz) respondió:

*********Árabe

«¡Oh, Ibn Umm Sa‘d! Es mejor que mueras. ¿Acaso no recibís sustento y victoria por medio de vuestros débiles?»

Durante los gobiernos de los omeyas y los abasíes, el botín de guerra se distribuía entre quienes lo habían obtenido. En aquel tiempo, los musulmanes estaban ocupados en la yihad contra los romanos, los turcos y los bereberes. Si durante la yihad alguien realizaba una hazaña audaz, emprendía una expedición importante —como conquistar una fortaleza, abriendo así el camino hacia la victoria, o atacar al líder del ejército enemigo y derrotarlo—, o llevaba a cabo cualquier acción semejante, se le podía conceder un «nafal» o recompensa adicional. Pues el propio Mensajero de Dios (que Dios le bendiga y le conceda paz) y sus califas concedían nafal. Por ejemplo, en la batalla de Bedaia, además del «jums» (una quinta parte), el Mensajero de Dios (que Dios le bendiga y le conceda paz) concedió también una cuarta parte. Del mismo modo, en la expedición de Rajfa concedió, además del jums, una tercera parte. Los eruditos difieren sobre este asunto: según algunos, el nafal y la donación adicional deben otorgarse del fondo del jums. Según otros, deben otorgarse de una quinta parte del jums, para que no se manifieste la preferencia de unos participantes en la guerra sobre otros.

La opinión correcta es que el nafal y el botín adicional se concedan de una cuarta parte del jums; con ello puede establecerse la preferencia de unos sobre otros. Sin embargo, la concesión de este nafal debe responder a un interés religioso; los caprichos o el egoísmo personal no tienen cabida en ello. El Noble Profeta (que Dios le bendiga y le conceda paz) concedió nafal varias veces con ese mismo objetivo. Esta es también la opinión de los juristas sirios, del imán Abū Hanīfa, del imán Ahmad y de otros. Sobre la base de esta opinión se ha dicho que la cuarta parte y la tercera parte se concederán sin condiciones. Si se desea conceder una cantidad superior, deberán imponerse condiciones. Por ejemplo, el líder o comandante del ejército dirá: «Esto se dará a quien destruya tal fortaleza» o «a quien mate a tal miembro del grupo enemigo». Algunos sostienen que no debe concederse un nafal superior a una tercera parte. Sin embargo, sí puede concederse imponiendo condiciones. Estas dos opiniones son las del imán Ahmad y otros.

Según la narración correcta, es lícito que el líder diga: «Lo que cada persona haya tomado le pertenece». El Noble Profeta (que Dios le bendiga y le conceda paz) lo dijo así en la batalla de Badr. Sin embargo, esto solo puede decirse cuando el beneficio sea mayor y el descontento menor.

El imán o líder no tiene derecho a cometer ninguna injusticia, engaño o exceso, ni a perjudicar los bienes. Si alguien actúa así, el Día del Juicio tendrá que rendir cuentas de ello ante Dios. Pues tal acto también constituye una traición. Tampoco está permitido saquear el botín de guerra. El Mensajero de Dios (que Dios le bendiga y le conceda paz) prohibió a los musulmanes saquear y llevarse el botín según el capricho de cada cual.

Si, antes de distribuir el botín, el líder concede el permiso general de que «lo que cada uno haya tomado le pertenece», esto solo será lícito y permitido si ocurre después de entregar el jums. No existe una palabra o frase específica para conceder el permiso. Sea cual sea la forma, bastará con que el líder o imán lo autorice. Pero cuando no se haya concedido un permiso general, si alguien toma algo, deberá actuar con tal sentido de la justicia que solo podrá quedarse con la cantidad de bienes que le habría correspondido si hubiera recibido permiso.

Si el imán deja de reunir los bienes del botín y la situación llega a ser tal que él decide lo que desea, cuando surjan dos opiniones contradictorias, descartará ambas y adoptará una posición intermedia. Porque el camino de la religión de Allah es la moderación. En la distribución de los bienes, la norma de justicia es que una parte corresponda al «peyada», es decir, al soldado de infantería, y tres partes a la caballería que posee caballos árabes. Una parte corresponde al jinete y dos al caballo. Así procedió el Noble Profeta (saw) en la batalla de Jaybar.

Según algunos alfaquíes, el jinete recibirá dos partes: una para él y otra para su caballo. Sin embargo, la primera opinión es la correcta. El hadiz auténtico también la respalda, porque el caballo va acompañado de su cuidador y otros elementos. Por ello, el caballo necesita mayor apoyo. En comparación con el «peyada», el cuidador o jinete produce un beneficio mayor.

Según la opinión de algunos alfaquíes, al caballo árabe y al caballo «hajin» se les debe asignar partes iguales. Otros opinan que al caballo árabe se le asignen dos partes y al caballo hajin una. Así se ha transmitido del Mensajero de Allah (saw) y de los nobles compañeros: se llama «hajin» al caballo cuya madre es «nabatia» (1); también se le denomina «birzawn» y «bastari». Tanto el caballo castrado como el no castrado tienen la misma norma. En épocas pasadas, la gente concedía relativamente mayor importancia al caballo macho que no había sido utilizado para la reproducción con una yegua, porque un caballo así suele ser más fuerte y veloz.

Si entre los bienes del botín se encuentra un bien perteneciente a un musulmán —ya sea tierra o propiedad mueble— que otras personas conocían antes de su distribución, se lo devolverá a su propietario. Esta es la decisión unánime de la comunidad musulmana.

Existen muchas normas relativas a los bienes del botín y a su distribución. Sobre este asunto hay numerosas declaraciones y ejemplos de los predecesores. Aquí no hay suficiente espacio para examinar cuáles cuestiones son objeto de consenso y cuáles son motivo de discrepancia. Por ello, aquí solo se han presentado, en términos generales, algunos puntos fundamentales.

[Siete]

Las categorías destinatarias del zakat

El zakat se distribuirá entre ocho categorías de personas

La sadaqa y el zakat son para aquellas personas que Allah Ta‘ala mencionó en la sura at-Tawba, aleya 60, del Noble Corán. Cuando un hombre acudió al Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) para pedir zakat, él dijo:

*******Árabe

«Allah Ta‘ala ha distribuido la sadaqa y el zakat entre ocho categorías de personas, sin dejarlo a la voluntad de ningún profeta ni de ninguna otra persona. Si perteneces a una de esas ocho categorías, también te lo daré».

(1-2) *****Árabe: Faqir y miskin: les daremos según sus necesidades. No está permitido dar sadaqa ni zakat al rico adinerado. Tampoco está permitido dar sadaqa ni zakat a la persona sana y fuerte que puede trabajar para ganarse el sustento. (Esta es la opinión personal del imán Ibn Taymiyya.)

(3) ******Árabe: Los recaudadores de la sadaqa y el zakat: se incluyen en esta categoría todos los que los recaudan y custodian, así como los escribas y demás personas relacionadas con estos asuntos.

(4) ********Árabe: Para aquellos cuyos corazones necesitan ser atraídos en beneficio de la religión. Ya lo mencioné al hablar de los bienes obtenidos como fay’.

(5) ****Árabe: Liberar esclavos y gastar los fondos de la sadaqa y el zakat en la liberación de cautivos. Esta es la opinión más sólida.

(6) ******Árabe: A las personas endeudadas se las llama «garimín»; son quienes contrajeron una deuda y quedaron incapaces de pagarla a tiempo. Se les dará una cantidad suficiente para que puedan saldarla. Si una persona se endeuda por desobedecer a Allah, no se le dará de los bienes del botín hasta que se arrepienta y abandone esa conducta.

(7) *****Árabe: Persona dedicada a la causa de Allah. Incluye a aquellos combatientes que no han recibido de los bienes de Allah una cantidad suficiente para sus necesidades. A quienes sean capaces de ir a la guerra se les dará una cantidad que les permita participar en ella, o gastarla íntegramente en equipo bélico y pagar los salarios. El hach también está incluido en fi sabilillah. Las palabras del Mensajero (s.a.s.) también respaldan esta interpretación.

(8) *****Árabe: Ibn al-Sabil. El viajero necesitado que se encuentra de viaje.

[Ocho]

Discusión sobre los bienes del botín y

el asunto de las comisiones ilícitas de los funcionarios

¿Qué se entiende por «mal al-fay»? ¿Cuáles son sus categorías de gasto? En la época del Gran Profeta no existía una oficina financiera formal ni un departamento de finanzas. Tampoco existía en la época de Abu Bakr al-Siddiq (r.a.). Durante la época de Umar, cuando se conquistaron diversos países y comenzaron a llegar innumerables riquezas en concepto de botín de guerra, ordenó abrir para ello un diván (oficina). El soborno y la coima son completamente ilícitos. Lo que se entregue bajo el nombre de regalo con la intención de lograr que los funcionarios resuelvan un asunto también se incluye entre los sobornos y las coimas.

Los siguientes versículos de la sura Al-Hashr constituyen la base en lo referente al «fay». Estos versículos fueron revelados durante la batalla de Banu Nadir, que tuvo lugar después de la batalla de Badr. Allah, el Altísimo, dijo:

*****************Árabe

“No habéis combatido montados a caballo ni en camellos por aquello que Allah concedió a Su Mensajero de ellos sin combate; pero Allah concede a Su Mensajero autoridad sobre quien quiere. Allah tiene poder absoluto sobre todas las cosas. Los bienes que Allah entregó a Su Mensajero procedentes de los habitantes de aquellas localidades pertenecen a Allah, al Mensajero, a los parientes cercanos del Mensajero, a los huérfanos, a los necesitados y a los viajeros indigentes sin recursos. [Esta disposición fue establecida] para que la riqueza no quede restringida y circule únicamente entre los ricos de entre vosotros. (¡Oh, creyentes!) Tomad lo que el Mensajero os conceda y absteneos de aquello que os prohíba aceptar. Temed a Allah, pues Allah es severo en el castigo. [Entre los bienes obtenidos sin combate] también corresponde una parte a los emigrantes necesitados, quienes, por causa de la opresión y persecución de los incrédulos, emigraron y fueron expulsados de sus hogares y de sus bienes, esperando obtener la gracia y la complacencia de Allah; ahora permanecen firmemente establecidos con la ayuda de Allah y de Su Mensajero. Estos son los verdaderos musulmanes. Asimismo, tienen derecho a los bienes obtenidos sin combate quienes ya residían en Medina y habían abrazado el islam. Aman a quienes emigraron hacia ellos y no sienten en sus corazones deseo alguno por lo que se concede a los emigrantes de los bienes del botín. Aunque ellos mismos se encuentren en necesidad, los prefieren a sí mismos al proporcionarles oportunidades y beneficios. Quienes protegen su propia naturaleza de la avaricia, esos son los triunfadores. También tienen derecho a ello quienes emigraron después de los primeros emigrantes y suplican a Allah diciendo:

“¡Oh, Señor! Perdónanos a nosotros y a nuestros hermanos que creyeron antes que nosotros. Concédenos la gracia de no albergar en nuestros corazones rencor ni enemistad hacia quienes creyeron antes que nosotros. ¡Oh, Señor nuestro! Ciertamente, Tú eres Compasivo y Misericordioso”. (Sura de Al-Hashr: 6-10)

Allah también menciona en estos versículos a los emigrantes, a los Ansar y a quienes posteriormente poseerán estas cualidades y características. Por tanto, toda persona que posea tales características pertenece a la tercera categoría, y esta disposición permanecerá vigente hasta el Día del Juicio.

*********Árabe

“Y quienes después creyeron, emigraron y participaron en el yihad junto con vosotros, esos pertenecen a los vuestros”. (Sura de Al-Anfal: 75)

También se hace referencia a ellos en estas palabras de Allah:

********Árabe

“Y quienes los siguen con sinceridad”. (Sura de At-Tawba: 100)

También en esta aleya se hace referencia a ellos de manera semejante:

***********árabe

«Y también a aquellos que todavía no se han unido a ellos, pero que finalmente se reunirán con ellos. Allah es Todopoderoso, Sabio». (Sura Al-Yumu‘a: 3)

******árabe significa que no os apresurasteis ni realizasteis ninguna actividad llevando camellos para el yihad; no tuvisteis que conducirlos con el propósito de combatir. Basándose en este significado, los juristas islámicos han dicho: «La riqueza que se obtiene sin combatir contra los incrédulos se denomina “māl al-fay’”. La palabra ****árabe se forma a partir de ****árabe. “Iyāf” significa combate y enfrentamiento. *****árabe significa caballos y camellos; es decir, no tuvisteis que montarlos para entrar en combate.

A este tipo de bienes se le llama “fay’” porque Allah ha hecho llegar estos bienes a los musulmanes desde los incrédulos sin combate.

En realidad, Allah ha concedido las riquezas para que sirvan de ayuda a las personas en los actos de adoración. Es evidente que el objetivo fundamental de la creación humana es adorar a Allah, es decir, someterse y obedecerle plenamente. Por ello, puesto que los incrédulos no adoran a Allah ni gastan sus riquezas en Su adoración, estos bienes —los de quienes obstaculizan el camino de la verdad— fueron declarados lícitos y permitidos para los musulmanes, a fin de que obtengan fuerza mediante ellos y puedan adorar. Pues los musulmanes adoran únicamente a Allah.

Por tanto, el “māl al-fay’” fue entregado a quienes tenían derecho a él. Es como cuando se devuelve a alguien su derecho si le han arrebatado su herencia, siempre que anteriormente estuviera en poder de otra persona. O es como el tributo de capitación que se cobra a los judíos y cristianos; o como los bienes mediante los cuales se concierta una paz con el enemigo; o como los bienes que el jefe de Estado recibe como obsequio de parte de los no musulmanes. También puede compararse con los bienes que se gastan en transporte y de otras maneras al pasar por una población cristiana o por cualquier otra población. En suma, el “māl al-fay’” fue declarado lícito y permitido para los musulmanes, a fin de que puedan adquirir fuerza mediante estos bienes y sean capaces de adorar a Allah.

Lo que se toma de los comerciantes y mercaderes del bando enemigo equivale a una décima parte de sus bienes totales, es decir, al ‘ushr. Si estos comerciantes y mercaderes son dhimmíes y salen de su propio territorio para comerciar en otro territorio, se les cobrará la mitad del ‘ushr, es decir, una vigésima parte. El segundo califa, Umar ibn al-Jattab —que Allah esté complacido con él—, así lo hacía.

También se incluye el dinero recibido como pena de los violadores de tratados. También se incluirán los bienes del jaray, que había sido impuesto a los no musulmanes, aunque una parte de este se imponga también a algún musulmán. 1 (1. Su modalidad es, por ejemplo, la siguiente: originalmente, una tierra estaba en manos de un no musulmán, pero ahora ha pasado a manos de los musulmanes. Puesto que su naturaleza es la de una tierra sujeta al jaray, al musulmán se le aplicará el mismo jaray que se había establecido sobre la tierra originalmente.)

Después, toda clase de bienes se depositará junto con el mal al-fay. Todos los bienes públicos que existan se depositarán en el bayt al-mal de los musulmanes, como los bienes sin heredero. Puede tratarse de los bienes de un musulmán fallecido que no dejó ningún heredero, o de bienes robados, perdidos o confiados en depósito cuyos propietarios están desaparecidos. Estos bienes pueden consistir en tierras o en alguna propiedad inmueble. Todos ellos, junto con los demás bienes de esta clase, pertenecen a los musulmanes y se depositarán precisamente en el bayt al-mal, el tesoro público del Estado.

En el Noble Corán solo se menciona el mal al-fay; no se mencionan otros bienes. Esto se debe a que, en la época del Noble Profeta (la paz y las bendiciones de Dios sean con él), las personas que morían tenían herederos. Asimismo, se conocía la genealogía de los honorables Compañeros.1 (1.Además, la esfera de influencia del islam estaba limitada únicamente a Arabia, y la genealogía de los árabes era conocida por todos. Por ello, solo se menciona una clase de bienes. En el Noble Corán solo se habla del fay.) En cierta ocasión, cuando murió un miembro de una tribu, el Noble Profeta (la paz y las bendiciones de Dios sean con él) entregó sus bienes abandonados al jefe de la tribu correspondiente. Aquel jefe era, por línea genealógica, un pariente cercano de su abuelo. Esta es la opinión de una parte de los honorables ulemas, entre ellos el imán Ahmad. El imán Ahmad (que Dios tenga misericordia de él) lo explicó de esta manera: si una persona muere sin dejar herederos, su herencia se entregará a su esclavo emancipado. Una gran congregación de discípulos del imán Ahmad sigue precisamente esta opinión.

Si una persona muere sin dejar herederos, sus bienes abandonados se distribuirán entre los habitantes de la región correspondiente. La práctica seguida por el Noble Profeta (la paz y las bendiciones de Dios sean con él) y por los califas rectamente guiados era que bastaba la prueba del más mínimo vínculo de parentesco entre el fallecido y quienes reclamaban la herencia.

El bien que se recaudaba regularmente de los musulmanes era el zakat. Aparte del zakat, no se les cobraba nada más. El Mensajero de Dios (la paz y las bendiciones de Dios sean con él) decía que el musulmán debía participar con su vida y sus bienes en el yihad por la causa de Dios y obedecer el mandato de Dios.

En la época del Noble Profeta (la paz y las bendiciones de Dios sean con él) y de Abu Bakr (que Dios esté complacido con él), no existía un diwan o registro completo para distribuir los bienes conquistados. Más bien, estos se distribuían entre los musulmanes de manera justa. Durante la época de Umar ibn al-Jattab (que Dios esté complacido con él), se ampliaron tanto los bienes como el ámbito del gobierno. Entonces se abrieron diwans y registros para los guerreros, los muyahidines y quienes recibían estipendios. El propio Umar (que Dios esté complacido con él) creó estos diwans y registros. En ellos se escribían los nombres y las direcciones de los muyahidines y del ejército permanente. Estos diwans y registros eran un asunto sumamente importante y honorable para los musulmanes. Había registros separados para el jaray y el fay que se obtenían de las distintas ciudades y localidades.

Durante la época de Faruq y anteriormente, los bienes que llegaban a la administración pública se dividían en tres categorías. El imán y el emir tenían derechos sobre una clase de bienes; se les consideraba sus titulares. Esto se fundamenta en el Libro de Dios, la Sunna y el consenso de la comunidad musulmana. Existe otra clase de bienes cuya aceptación es ilícita para el imán y el emir. Por ejemplo, si alguien es ejecutado por estar implicado en un delito, sus bienes deberán recaudarse para el bayt al-mal en otra localidad, tanto si deja herederos como si ha sido objeto de un hadd o de una pena conforme a la sharía.

Existe otra clase de bienes respecto de la cual hay margen para el iytihad (es decir, para el razonamiento aplicado). Los honorables ulemas discrepan sobre este asunto. Por ejemplo, una persona muere dejando bienes y tiene parientes cercanos, pero no tiene ningún heredero entre los dhawu al-furud, los asaba o quienes ocupen una posición equivalente. Los honorables ulemas difieren en sus opiniones y métodos acerca de qué procedimiento debe seguirse en tal caso.

La mayoría de la población queda afligida por la opresión y la tiranía. Los gobernantes y los altos funcionarios del Estado no se preocupan por lo lícito y lo ilícito. Recaudan impuestos del pueblo. A veces, el propio pueblo también se abstiene de cumplir con sus obligaciones y obstruye el ingreso de recursos en el Bayt al-Mal. Como consecuencia, se oprime a los soldados —es decir, al sector militar— y a quienes se dedican a la agricultura. O el pueblo abandona la obligación del yihad. Por otro lado, los dirigentes del Estado depositan dinero en el Bayt al-Mal, pero tampoco tienen en absoluto consideración por lo lícito y lo ilícito. Castigan al pueblo por no entregar los recursos públicos. Abandonan las acciones permitidas y obligatorias, y se ocupan de asuntos que de ningún modo son lícitos ni permisibles para quienes administran el Estado. En resumen, si alguien posee bienes cuya entrega al tesoro estatal es obligatoria para él, pero, a pesar de tener capacidad para hacerlo, no los entrega, debe ser castigado. Entre esos bienes se encuentran, por ejemplo, los bienes confiados en depósito; los bienes de una mudaraba, es decir, de un negocio o actividad agrícola basada en la participación equitativa; los bienes de los huérfanos; los bienes entregados en waqf; y los recursos del Bayt al-Mal. Si un deudor, a pesar de tener capacidad, no paga su deuda, se le deben confiscar sus bienes mediante un castigo. O bien deberá indicar dónde se encuentran sus bienes. Cuando se confirme sin lugar a dudas que posee bienes, será arrestado. Se le mantendrá detenido hasta que indique dónde están. Naturalmente, no es necesario golpearlo. Pero se le golpeará para que indique dónde están los bienes o pague la deuda, de modo que restituya el derecho de quien lo posee o sea posible hacerlo efectivo. La misma norma se aplica a la nafaqa obligatoria, es decir, la manutención que debe pagarse, si el demandado, aun teniendo capacidad para pagarla, no lo hace. Urwa ibn Shurayd narró de su padre que el Mensajero de Dios (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) me dijo:

*******árabe

«Es lícito confiscar los bienes y castigar a quien, a pesar de tener capacidad, no paga lo que debe».

En Sahih al-Bujari y Sahih Muslim se encuentra: ******árabe

«El rico que no paga lo que debe es un opresor».

Retrasarse en restituir el derecho de quien tiene derecho equivale a no entregar el derecho y constituye una injusticia. Y el injusto es, sin duda, un delincuente merecedor de castigo. Es una verdad universalmente aceptada que quien se entrega a lo ilícito y abandona una obligación merece castigo. Por tanto, si la sharía no ha establecido un castigo para él, el ulul amr, es decir, el dirigente, recurrirá al iytihad en este asunto. Castigará al rico que no paga lo que debe. A quien persista obstinadamente en no pagar se le impondrá un castigo corporal, para obligarlo a efectuar el pago. Los juristas tienen opiniones explícitas al respecto. Los discípulos del imán Malik, así como el imán al-Shafi‘i y el imán Ahmad, han establecido plenamente esta normativa. Nadie discrepa sobre ello. Es un asunto reconocido por todos.

El imán al-Bujari menciona en Sahih al-Bujari una narración de Ibn Umar. En ella, Ibn Umar (que Allah esté complacido con él) dice que, cuando el Mensajero de Dios (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) pactó con los judíos de Jaybar a cambio de su oro, plata y armas, algunos judíos preguntaron al Mensajero de Dios (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) por el tesoro de Huyayy ibn Ajtab. Entonces el Profeta (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: **********árabe

«Todos esos bienes se han gastado y la guerra se los ha llevado».

El líder judío Saíd (tío de Huyayy ibn Ajtab) le dijo al Mensajero: «Acabamos de celebrar un pacto con usted, y conforme al pacto, la cantidad de estos bienes es mucho mayor». El Mensajero de Allah (s.a.s.) envió a Saíd ante Hazrat al-Zubayr. Este castigó a Saíd. El narrador dijo: «Vi a Huyayy ibn Ajtab vagando por una tierra desolada». Entonces la gente fue allí y examinó todo minuciosamente. Sacaron muchos odres de aquella tierra desolada. Cabe señalar que aquel hombre era un dimmí, y no se puede castigar a un dimmí sin haber cometido un delito. Esta disposición sobre el castigo se aplica a quienes son culpables de ocultar bienes de primera necesidad. Por lo tanto, es merecedor de castigo por haber dejado de cumplir una obligación.

Es obligatorio para el liderazgo justo confiscar los bienes que los funcionarios del departamento financiero recaudan injustamente de la población musulmana. Bajo el nombre de regalos, obsequios, dádivas y presentes, esos funcionarios habían usurpado los bienes de la población abusando de su autoridad durante sus respectivos gobiernos. Hazrat Abu Saíd al-Judri (r.a.) dijo:

En este caso, los regalos y presentes son bienes públicos recaudados injusta y coercitivamente por cierta clase de funcionarios gubernamentales.

Ibrahim al-Harabi (r.h.) transmite de Ibn Abbás (r.a.) en su obra «Kitab al-Hidaya»:

********Árabe

«El Mensajero de Allah (s.a.s.) declaró que los regalos y presentes ofrecidos a los gobernantes constituyen una traición a la confianza y equivalen a apropiarse por la fuerza de los bienes públicos».

En Sahih al-Bujari y Sahih Muslim se narra, por autoridad de Abu Humaid al-Saidi (r.h.), que el Mensajero de Allah (s.a.s.) nombró recaudador del azaque a un hombre llamado Ibn al-Lutbiyya, de la tribu de Azd. Este llegó, depositó ante el Profeta los bienes del azaque y dijo: «Estos bienes son suyos, mientras que aquellos son míos, pues la gente me los ha dado como regalos». El Mensajero de Allah (s.a.s.) dijo:

**********Árabe

«¡Qué clase de persona es esta! Le hemos encomendado una responsabilidad, una responsabilidad que Allah nos ha confiado. Ahora dice: “Esto es suyo y aquello me fue entregado como regalo”. Que vaya a sentarse en la casa de sus padres y vea si allí le llegan regalos y obsequios. Juro por Aquel en cuya mano omnipotente está mi vida que cualquier cosa que esa persona acepte la llevará sobre su cuello el Día de la Resurrección. Si es un camello, seguirá bramando y le saldrá espuma por la boca; si es una vaca, mugirá; y si es una cabra, balará: “¡be, be!”. Luego, el Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones sean con él) levantó tanto sus dos brazos que pudimos ver sus axilas. Dijo tres veces: “¡Oh Allah! ¿He transmitido el mensaje? ¡Lo he transmitido!”» (Al-Bujari y Muslim)

El significado de este hadiz también se aplica a aquellos “ulul-amr” (gobernantes y funcionarios administrativos regionales) de los diversos niveles de la sociedad que ayudan a alguien en sus asuntos a cambio de sobornos, regalos y obsequios. Por ejemplo, se aplica igualmente cuando se obtiene un beneficio de este tipo de gestiones en la oficina, en diversos ámbitos del comercio y los negocios, en cuestiones de empleo y salarios, en la mudaraba, la musaqat, la muzara‘a y asuntos semejantes. Por esta razón, Umar ibn al-Jattab (que Allah esté complacido con él) redujo a la mitad el salario de algunos funcionarios. Aunque poseían bienes, también estaban endeudados. Tampoco habían sido acusados de malversación. La razón por la que Umar trató así a sus funcionarios fue que, abusando de su poder como autoridades, habían aceptado regalos y obsequios. Umar (que Allah esté complacido con él) los había nombrado gobernadores y funcionarios. Por ello, como líder y gobernante justo, adoptó esta medida para garantizar la distribución correcta de la riqueza (con el fin de establecer la transparencia administrativa y mantener el equilibrio socioeconómico).

Cuando surge corrupción entre los gobernantes y el pueblo, es deber de todo musulmán esforzarse por cumplir debidamente sus respectivas obligaciones: evitar lo haram y no considerar haram aquello que Allah ha permitido hacer.

Cuando no entregan obsequios a los funcionarios del Estado, a menudo los ciudadanos deben afrontar duras pruebas y peligros. Si no entregan obsequios, no logran librarse de la opresión y la persecución de esos funcionarios. Aun así, estos cumplen sus responsabilidades continuando con la opresión y el maltrato de la gente. Les exigen por la fuerza una cantidad excesiva de bienes del azaque. Por intereses mundanales, arruinan su vida futura. Quien actúa así para proporcionar a otro paz y bienestar mundanales arruina su propia vida futura. Su deber era resistir la opresión en la medida de lo posible, atender a las necesidades y facilidades del pueblo, resolver las quejas y carencias de la gente, informar al jefe de Estado sobre la situación del pueblo y proteger a la sociedad si algún sector de la población intentaba provocar disturbios.

El Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones sean con él) dijo:

************Árabe

«Me informaréis de las necesidades y quejas de quienes no pueden hacerme llegar sus propias necesidades y quejas. Pues Allah Altísimo afirmará los pies sobre el Sirat de quienes llamen la atención de las autoridades gobernantes sobre las necesidades y quejas del pueblo; ese día, incluso los pies de los grandes hombres temblarán (ante la gravedad de la situación)».

Se ha narrado de Abu Umama al-Bahili, en el Musnad de Ahmad y en el Sunan de Abu Dawud, que el Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones sean con él) dijo:

**********árabe

«Si alguien intercede por otro hermano y este le envía un obsequio a cambio, y la persona lo acepta, entonces ha llegado al umbral de la usura».

Ibrahim al-Harbi (que Dios tenga misericordia de él) narra de Abu Abd Allah ibn Mas‘ud (que Dios esté complacido con él) que un hombre pidió a otro que atendiera su necesidad. Cuando este hubo satisfecho su necesidad, el otro le envió un regalo y él lo aceptó. Entonces esto fue ilícito.

Se relata de Masruq que habló con Ibn Ziyad acerca de una injusticia. Después, Ibn Ziyad puso fin a dicha injusticia. Masruq, complacido por ello, le envió un esclavo como regalo. Pero él lo rechazó y dijo: «Oí decir a Abd Allah ibn Mas‘ud (que Dios esté complacido con él) que, si se elimina de un musulmán alguna injusticia o abuso, y este entrega a cambio cualquier cosa, poco o mucho, al funcionario correspondiente, eso será ilícito». Ibn Ziyad dijo: «Le dije: “¡Oh, Abderrahmán! Ahora ya no entendemos nada que no sea suht (transacción ilícita)”». Él respondió: «El soborno o रिशwah es incredulidad».

Por tanto, si un gobernante o alto funcionario recibe para sí de sus empleados algo que estaba destinado a esa persona y a su familia, en tal caso no se debe ayudar a ninguno de los dos: ni al que da ni al que recibe. Ambos son injustos. Esto es semejante a que un ladrón robe los bienes de otro ladrón, o a dos grupos que luchan por el orgullo de su linaje y por el liderazgo y el poder. En semejante situación, de ningún modo está permitido ayudar a la injusticia. Pues la ayuda es de dos tipos:

1. Ayudar en las obras de rectitud y piedad, como luchar por la causa de Dios, establecer en la sociedad las penas prescritas por la sharía, establecer los derechos de las personas y organizar la restitución de los derechos a quienes tienen derecho a ellos, entre otras cosas. Dios Altísimo ordenó en el Corán prestar este tipo de ayuda. Dios y Su Mensajero (la paz y las bendiciones de Dios sean con él) la hicieron obligatoria. Si alguien abandona las buenas y virtuosas obras por cualquier temor o intimidación y se siente aterrado ante el injusto, y los demás musulmanes no acuden en ayuda del oprimido, cometerán el pecado de abandonar una obligación individual y una obligación colectiva. Si alguien, llevado por su propio capricho, considera que posee piedad y escrupulosidad religiosa y que por ello debe mantenerse al margen de los problemas, pero en tal situación no ayuda al oprimido, será considerado culpable de haber abandonado una obligación. A menudo se confunden la cobardía y la piedad escrupulosa. Así como alguien se abstiene de ayudar a otro por cobardía —por ejemplo, en una situación peligrosa—, también se considera piedad escrupulosa adoptar una actitud indiferente.

2. La ayuda de esta clase consiste en pecado y desobediencia a Dios. Por ejemplo, matar a una persona inocente e irreprochable, saquear o arrebatar sus bienes, o golpear a alguien que no ha cometido el delito por el que se le golpea. Dios y Su Mensajero han declarado ilícita la ayuda y colaboración en este tipo de actos delictivos.

Sin embargo, si se confiscan o arrebatan injustamente bienes públicos y, posteriormente, por diversos motivos resulta imposible devolverlos a su propietario, gastar esos bienes en beneficio público también se considera piedad y una obra virtuosa. Tales bienes estatales deben gastarse en beneficio de los musulmanes. Por ejemplo, destinarlos a la lucha por la causa de Dios, a la preparación de diversos frentes para dicha lucha o a los muyahidines, es decir, al sector de la defensa militar, forma parte de la piedad y las obras virtuosas. El gasto realizado en este ámbito también constituye una forma de ayudar en las obras de piedad. Puesto que, en ausencia de aquellos cuyos bienes el gobernante confiscó injustamente, o de alguno de sus herederos, es obligatorio para el gobernante gastar ahora esos bienes en obras de beneficio público. Al mismo tiempo, el gobernante debe arrepentirse ante Dios, lamentar lo sucedido y hacer tawba. Esta es la opinión de la mayoría de los juristas islámicos. El imán Malik, el imán Abu Hanifa, el imán Ahmad y otros sostuvieron la misma opinión. También se ha transmitido de muchos de los nobles Compañeros. Las pruebas y evidencias de la sharía respaldan asimismo esta opinión.

Si otra persona se apodera de una riqueza recaudada ilegalmente, es obligación del gobernante recuperarla y devolverla a su propietario o a sus herederos, o gastarla en beneficio de ellos. Si están ausentes, deberá emplearla en alguna obra de beneficio para los musulmanes. Gastarla en beneficio de los musulmanes es mucho mejor que destruirla. Pues la sharía se fundamenta en las palabras de Allah:

*********Árabe

«Temed a Allah cuanto podáis». (At-Tagabun: 16)

*******Árabe

«¡Oh, creyentes! Sed cautos respecto de Allah como es debido».

Su explicación se basa en el siguiente hadiz del Noble Profeta —la paz y las bendiciones de Allah sean con él—:

*******Árabe

«Cuando os ordene algo, esforzaos al máximo por cumplirlo».

Alcanzar los objetivos de los esfuerzos por el bienestar social y eliminar por completo la perturbación de la sociedad, o reducirla, depende de la aplicación de las exigencias del versículo y del hadiz mencionados anteriormente, respectivamente.

Cuando en la sociedad surge un conflicto entre el bien y el mal, entre dos opciones beneficiosas se elegirá la que sea relativamente más beneficiosa. Y, entre los daños, se evitará el que sea más perjudicial.

Quien ayuda al opresor es cómplice del pecado y de la desobediencia a Alá. En cambio, quien ayuda al oprimido, contribuye a reducir cualquier forma de opresión y persecución, o se esfuerza por obtener reparación por la opresión y la tiranía, actúa como abogado y representante del oprimido, no del opresor ni del tirano. Su caso es semejante al de quien ha concedido un préstamo o se ha convertido en representante de los bienes de alguien para protegerlos de la opresión de un tirano, como los bienes de un huérfano o los bienes de una propiedad waqf. Es posible que algún opresor pretenda apoderarse injustamente de una parte de esos bienes. En tal situación, su mutawallí no puede evitar entregar algo debido a su incapacidad, pero procura entregar lo menos posible. Si, haciendo todo lo posible, el mutawallí logra reducir aunque sea un poco lo que debe entregar, habrá realizado una obra meritoria. (Sin embargo, es obligatorio que la administración pública adopte medidas legales y que el pueblo oponga resistencia contra ese tirano terrorista.)

Esta disposición también incluye al abogado o representante que presta testimonio sobre la recaudación de los bienes y participa en su registro. La misma norma se aplica a quien participa en la confiscación de los bienes y en su entrega.

Si en alguna localidad, aldea, camino, mercado o ciudad se comete alguna injusticia u opresión, y una persona benevolente toma la iniciativa de mediar para impedirla y hace todo lo posible, intenta, sin aceptar soborno alguno, entregar a cada titular su derecho con justicia y equidad, y realiza esta labor valerosamente, sin prestar atención a las censuras de quienes censuran, entonces también será una persona benevolente y virtuosa.

Pero hoy en día, quienquiera que intervenga injustamente en una obra noble de este tipo, ayuda como representante del propio opresor. Teme al opresor, acepta sobornos de quienes buscan justicia y hasta se enorgullece de ello; recibe dinero de cualquiera de quien pueda obtenerlo. Estos son opresores. ¿Dónde podría estar su lugar, si no es en el Infierno? Sus colaboradores también estarán en el Infierno. Sin duda serán arrojados al Infierno.

[9]

Fuentes de ingresos del Estado

La distribución gradual de los fondos debe hacerse según el grado de importancia. Quienes participan en la yihad y quienes ayudan a los muyahidines tienen más derecho que todos los demás a los fondos estatales (mal al-fay’). Respecto al mal al-fay’, existe una اختلاف entre los ulemas mujtahidines: ¿debe gastarse íntegramente en el bienestar público de los musulmanes o debe limitarse su distribución exclusivamente a los muyahidines? El Noble Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) también entregaba del mal al-fay’ a los mu’allafat al-qulub.

*******Árabe

«Entregad los depósitos (los derechos) a quienes legítimamente tienen derecho a ellos». Esto significa que—

El gasto y la distribución de los bienes deben destinarse al bienestar de los musulmanes. En este asunto es obligatorio observar el principio de la prioridad gradual según la importancia. Por ejemplo, proporcionar el bienestar general a los musulmanes en general. Entre ellos también se encuentran quienes combaten en la yihad y quienes ayudan en ella. Entre todos, los muyahidines del islam son quienes tienen más derecho al mal al-fay’. Esto se debe a que no es posible obtener el mal al-fay’ sin los muyahidines. Estos fondos se obtienen gracias a ellos; por eso los faqihes, es decir, los especialistas en derecho islámico, han expresado opiniones divergentes sobre si el mal al-fay’ debe gastarse únicamente entre los muyahidines o en todo tipo de obras de beneficio público. Cualquier cantidad de dinero que no proceda del mal al-fay’ incluye a todos los musulmanes y su bienestar. Todos los imanes están de acuerdo en que se han establecido las categorías destinadas a la sadaqa, el zakat y el botín de guerra. Tienen derecho a ello las siguientes clases de personas: empleados, quienes poseen la autoridad principal y otras personas semejantes; funcionarios administrativos, jueces, ulemas y quienes tienen la responsabilidad de recaudar esos fondos y en cuyas manos se ha confiado su custodia. Incluso los imanes de la oración, los almuédanos de las mezquitas y personas semejantes están incluidos entre ellos. Asimismo, se incluye el salario correspondiente a todo trabajo cuyo beneficio llega al pueblo, como construir puestos en las fronteras, gastar en armamento, construir viviendas indispensables, construir caminos y carreteras para comodidad de la población y nivelar terrenos elevados y bajos. Construir, cuando sea necesario, obras grandes y pequeñas; mantener limpios los sistemas de drenaje; excavar canales y reparar los antiguos: cada una de estas cosas constituye una categoría de gasto. También se incluyen las personas necesitadas.

Entre los juristas del fiqh existe una اختلاف respecto a si, aparte del zakat, debe darse prioridad a las personas necesitadas en el mal al-fay’ y otros fondos semejantes. En la escuela jurídica del imán Ahmad y de otros existen dos opiniones. Algunos les dieron prioridad, mientras que otros dijeron que en este caso deben tener prioridad las obras religiosas directas. Consideran que todos los integrantes de esta categoría son copartícipes iguales y tienen el mismo grado de derecho, como los herederos son copartícipes iguales en una herencia abandonada. Sin embargo, la opinión correcta es que se debe dar prioridad a los necesitados, porque el Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) daba prioridad a los necesitados. Así, el honorable Umar ibn al-Jattab (que Allah esté complacido con él) dijo:

***********Árabe

«Todos tienen una parte en estos bienes. Recibirá estos bienes quien haya participado primero en la yihad. También los recibirá quien haya soportado dificultades en esta tarea. Tiene derecho a ellos quien se haya enfrentado a la prueba de duras adversidades. Y los necesitados también tienen derecho a ellos».

El honorable Umar (que Allah esté complacido con él) distribuía los bienes estatales entre cuatro categorías de personas:

1. Aquellos por cuya expedición militar se obtuvo el botín.

2. Aquellos que soportan sufrimientos y realizan esfuerzos especiales por los intereses de los musulmanes. Por ejemplo, los gobernantes y aquellos eruditos versados en religión que muestran a la gente el camino divino para alcanzar el bienestar en la religión y en este mundo, y que soportan peligros, adversidades y sufrimientos indeseados para prevenir el daño y el mal de la sociedad. Como los muyahidines del camino de Allah que sirven como ejército islámico.

3. Aquellas personas especiales que son expertas en la guerra y aconsejan a los soldados, y que se dedican a mantener inclinada al bien a la sociedad mediante sermones y exhortaciones para difundir la educación, la cultura y los ideales islámicos.

4. Aquellos que se encuentran necesitados.

Cuando se haya confirmado que estas cuatro categorías de personas están cubiertas, se deberá considerar que Allah Ta‘ala ha hecho próspero al pueblo mediante estos bienes. Después, se les dará según la necesidad o conforme al trabajo realizado.

De esto se entiende que los bienes estatales deben entregarse para el bienestar de los ciudadanos y de acuerdo con sus necesidades, y que dichos bienes deben destinarse al bienestar de los musulmanes. En el caso del zakat ocurre lo mismo. Si de este surge un excedente de bienes, también en ese excedente habrá el mismo derecho que corresponde a los titulares legítimos de bienes de esta clase. Por ejemplo, los bienes del botín y los bienes de la herencia. Los titulares legítimos o beneficiarios de estos también están determinados.

Cuando al dirigente estatal de los musulmanes no le es lícito dar nada a nadie por interés personal, parcialidad o favoritismo hacia los parientes, en tal caso ni siquiera cabe plantear la autorización de gastar los fondos estatales en actos haram. Por ejemplo, dar dinero a travestis, bailarines afeminados, cantantes, prostitutas, comediantes, actrices (contrarias a los valores islámicos), adivinos, astrólogos y otros semejantes. Sin embargo, cuando sea necesario conquistar el corazón de alguien por el interés del islam, entonces es obligatorio darle dinero.

En el Noble Corán se ha declarado mubah la entrega de zakat a los mu’allafat al-qulub. El Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) entregaba personalmente fondos del fay’ bajo la categoría de los mu’allafat al-qulub, y también daba de ellos a aquellas personas que eran líderes destacados de sus tribus. Por ejemplo, Aqra ibn Habis, jefe de los Banu Tamim; Uyayna ibn Hisn, jefe de los Banu Fazara; Zayd al-Jayr al-Ta’i, jefe de los Banu Nabhan; y Alqama ibn Allama, jefe de los Banu Kilab. Asimismo, entregó bienes de dicho fondo a los líderes de Quraysh y a otras personas destacadas. Entre ellos estaban Safwan ibn Umayya, Ikrima ibn Abu Yahl, Abu Sufyan ibn Harb, Muhayil ibn Amr, Harith ibn Hisham y otros. En un hadiz transmitido en al-Bujari y Sahih Muslim por Abu Sa‘id al-Judri (que Allah esté complacido con él), se menciona que una vez Ali (que Allah esté complacido con él) envió desde Yemen al Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) un collar de oro. El Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) distribuyó aquel collar de oro entre cuatro personas. Estas fueron: Aqra ibn Habis al-Hanzali, Uyayna ibn Hisn al-Fazari, Alqama ibn Alamita al-Amiri y Zayd al-Jayr al-Ta’i de los Banu Kilab. Él era el jefe de los Banu Nabhan.

Abu Saíd al-Judri (que Dios esté complacido con él) relata que, con ocasión de este reparto, surgió un intenso descontento entre los qurayshíes y los ansar. Comenzaron a decir que Muhammad (la paz y las bendiciones de Dios sean con él) había distribuido riquezas entre los líderes de Nayad y nos había dejado de lado. Cuando esto llegó a oídos del Noble Profeta (la paz y las bendiciones de Dios sean con él), los llamó y les dijo: «Lo hice con el propósito de crear en sus corazones una profunda inclinación hacia el islam, es decir, para la “ta’līf al-qulūb”». Justo en ese momento llegó allí un forastero de barba muy espesa. Tenía los pómulos prominentes, los ojos muy brillantes, la frente ancha y la cabeza afeitada. Dijo:

**********Árabe

«¡Teme a Dios, oh Muhammad!». El Profeta dijo: «Si yo desobedeciera a Dios, ¿quién le obedecería? Si todos los habitantes de la tierra me consideran digno de confianza, ¿acaso ustedes no me considerarán digno de confianza?»

El narrador del hadiz dijo que aquel hombre se marchaba después de decir esto. Entonces uno de los presentes se levantó y dijo: «Mátenlo». Los compañeros honorables dijeron que el hombre que se había levantado y pronunciado esas palabras era Jalís ibn Walid (que Dios esté complacido con él). Se había levantado por honor islámico y por amor al Noble Profeta (la paz y las bendiciones de Dios sean con él). El hazrat Jálid pidió al Noble Profeta (la paz y las bendiciones de Dios sean con él) permiso para matar a aquel hombre. El Mensajero de Dios (la paz y las bendiciones de Dios sean con él) dijo:

**********Árabe

«De entre sus descendientes habrá un grupo que recitará el Corán, pero cuyas dagas no descenderán. Lucharán contra los musulmanes e invitarán a los politeístas. Saldrán del islam del mismo modo que una flecha sale velozmente de un arco. Si los encuentro durante mi vida, los mataré tal como fue exterminado el pueblo de Ad».

Rafi ibn Jadich (que Dios esté complacido con él) relata que el Mensajero de Dios (la paz y las bendiciones de Dios sean con él) entregó cientos de camellos a Abu Sufyan ibn Harb (que Dios esté complacido con él), Safwan ibn Umayya, Uyayna ibn Hisn y Aqra ibn Habis. A Abbas ibn Mirdas le dio algo menos. Entonces Abbas ibn Mirdas recitó el siguiente poema.

********Árabe

«¿Está dando a Uyayna y Aqra los bienes reunidos por mí y por mi caballo Ubayd?»

**********Árabe

«Hasan y Habis no pueden superar a Mirdas en las asambleas y reuniones».

*********Árabe

«¿Acaso soy inferior en algún aspecto a estos dos? ¿Inclinó hacia él la balanza que no podía levantarse, es decir, la que era pesada?»

Al oír esto, el Mensajero de Allah también le dio cien camellos. Esta narración se encuentra en Sahih Muslim, y Ubayd era el nombre del caballo de Mirdas.

«Los mu’allafat al-qulub son de dos clases: incrédulos y musulmanes. Ganarse los corazones de los incrédulos consiste en esperar algún beneficio de ellos: quizá acepten el islam o disminuya el daño que estaban causando al islam. Y ese daño no puede eliminarse sin darles algo.

«Los musulmanes mu’allafat al-qulub son aquellos nuevos musulmanes cuyo beneficio para el islam reside en brindarles ayuda económica. Por ejemplo, si se les proporcionan bienes y recursos, al quedar libres de las dificultades económicas su fe se fortalecerá y se convertirán en musulmanes sinceros. O bien, si este tipo de musulmanes permanece firme sobre una base sólida en el islam, ello será ventajoso para enfrentarse a las fuerzas contrarias al islam. Podrán mantener aterrorizados a los enemigos. Asimismo, su amistad puede ayudar a desempeñar un papel favorable en la protección de los musulmanes. No hace falta decir que, para lograr esto mediante musulmanes de fe débil, es necesario gastar dinero.»

Los bienes de esta clase generalmente se entregaban únicamente a los dirigentes y a los ricos, y casi nunca se daba de ellos a los débiles e incapacitados, tal como suelen hacer los reyes y monarcas. Sin embargo, la diferencia en la intención es enorme. El resultado de las obras depende de la intención. Si al otorgar bienes se tiene como propósito el bien religioso y el servicio a los musulmanes, entonces esta donación será aceptada por Dios, al igual que las donaciones del Noble Profeta (la paz y las bendiciones de Dios sean con él) y de sus nobles Compañeros. (Él no hizo nada para sí mismo.) Pero si al donar bienes existe la mala intención de mostrar arrogancia y provocar discordia, entonces se convierte en algo semejante a las donaciones que Faraón hacía entre sus aduladores.

Quienes desean provocar corrupción y discordia dentro de la religión, y están siempre impulsados por malas intenciones contra el islam, consideran negativamente este tipo de donación. Así era Zuljuwaisira: veía con malos ojos las donaciones del Mensajero de Dios (la paz y las bendiciones de Dios sean con él). El Mensajero dijo acerca de él todo lo que debía decir. Sobre él cayó la flecha de su descontento.

Los jariyíes, la tribu de Zuljuwaisira, se rebelaron contra el Emir de los Creyentes, el honorable Alí (que Dios esté complacido con él). Después de la reunión de arbitraje celebrada para resolver la disputa con el emir Muawiya (que Dios esté complacido con él), el honorable Alí había seguido una política de conciliación, pero los jariyíes se opusieron a ella. Los jariyíes tomaron cautivas a las mujeres y a los niños musulmanes. Ellos fueron aquellos contra quienes el Mensajero de Dios (la paz y las bendiciones de Dios sean con él) ordenó combatir. Pues eran seguidores de doctrinas y prácticas falsas y causantes de discordia, por lo que no tenían en orden ni este mundo ni el Más Allá.

A menudo surge confusión, debido a la semejanza entre ellas, entre la piedad desviada, la timidez, la cobardía y la avaricia. Esto se debe a que en ambas se observa el defecto de abandonar las obras. Puede confundirse evitar la discordia por temor de Dios con no gastar en la yihad ordenada por causa de la timidez y la avaricia. Así lo dijo el Mensajero de Dios (la paz y las bendiciones de Dios sean con él):

******árabe

“Lo peor entre las personas es la avaricia, la codicia”. ******árabe, y la timidez y la cobardía. (El imán Tirmidhi ha declarado auténtico este hadiz.)

De este modo, la gente abandona las buenas obras y alberga en su interior, e incluso manifiesta abiertamente, la idea de que esto es precisamente la piedad y la abstinencia del pecado. Pero, en realidad, esto no es sino orgullo y otra forma de considerarse superior. A este respecto, el Noble Profeta (la paz sea con él) pronunció una frase de significado completo y amplio, que puede considerarse un criterio importante para determinar si las obras producen fruto o resultan infructuosas. Así dijo el Noble Profeta: ********árabe

«Los resultados de las obras se determinan según la intención».

Así como el alma es indispensable para el cuerpo, la intención es igualmente esencial para las obras. De lo contrario, ¿dónde estaría la diferencia entre que una persona se postre ante Allah y que otra incline la cabeza ante el sol? Ambas golpean la frente contra el suelo. La actitud de adoración de ambas es la misma. La apariencia y la naturaleza de las dos son idénticas. Quien inclina la cabeza ante Allah es un siervo amado por Allah y cercano a Él; en cambio, el adorador de la luna y del sol es un criminal humillado, separado de Allah y arrojado lejos de Él. Esta diferencia y distinción se debe únicamente a la intención. Sobre quienes han alcanzado la cercanía del Creador, el Altísimo ha dicho:

***********Árabe

«Se exhortan mutuamente a mantenerse firmes en la religión y a mostrarse compasión unos a otros». (Sura Al-Balad: 17)

*********Árabe

Se ha narrado en un hadiz: «La generosidad y la tolerancia son la guía de la mejor fe».

En realidad, garantizar la paz y la seguridad del pueblo, cuidar de él y gobernarlo no es posible de ninguna manera sin generosidad económica hacia sus miembros, una actitud compasiva y valentía al mismo tiempo. Más bien, hay que decir que esas dos cualidades son indispensables para reformar y promover el bienestar de la religión y del mundo. Por lo tanto, es necesario arrebatar el poder de gobierno a quien no posea dichas cualidades y confiarlo a quien posea cualidades semejantes. Así se declara en el Noble Corán:

**********Árabe

«¡Oh, creyentes! ¿Qué os pasa? Cuando se os convoca a salir de expedición por la causa de Allah, os aferráis a la tierra. ¿Acaso preferís la vida mundana en lugar de la otra vida? Si es así, recordad que el disfrute de la vida mundana es muy poco en comparación con la otra vida. Si, después de haberos convocado, no partís por la causa de Allah, Él os infligirá un castigo sumamente doloroso. Y pondrá a otro pueblo en vuestro lugar para que asuma esta tarea, y vosotros no podréis perjudicarlo en lo más mínimo. Porque Allah tiene poder sobre todas las cosas. (Sura At-Tawba: 38-39)»

El Altísimo también dice:

********Árabe

«Observad: se os exhorta a gastar vuestra riqueza en el camino de Allah, pero algunos de vosotros escatimáis en ello. En realidad, escatimáis contra vosotros mismos. Allah es autosuficiente y no necesita de nadie; vosotros, en cambio, necesitáis de Él. Si os apartáis, Él os reemplazará por otro pueblo, y ellos ciertamente no serán como vosotros». (Sura Muhammad: 38)

En otro lugar se dice con el mismo sentido:

***********Árabe

«Quienes de entre vosotros gastaron sus bienes en el camino de Allah y combatieron antes de la victoria no pueden ser iguales, en rango elevado, a los demás. Ellos ocupan un rango superior al de quienes gastaron sus bienes y combatieron después de la victoria, aunque Allah ha prometido un buen trato a ambos».1(Sura al-Hadid: 10)

(1. La razón por la que la recompensa y el mérito de gastar bienes en el camino de Allah y combatir antes de la conquista de La Meca fueron mayores que los de las generaciones posteriores es que, en aquel entonces, el islam estaba limitado únicamente a Medina, y Medina estaba llena de hipócritas y enemigos del islam. Nadie ignora la hostilidad y las conspiraciones de los incrédulos de La Meca contra el Santo Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) antes de la Hégira. Obligado por las circunstancias, partió hacia Taif con la esperanza de alcanzar el éxito. Sin embargo, debido al maltrato que recibió allí, tuvo que regresar decepcionado. Además, el Noble Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él), junto con sus Compañeros, tuvo que permanecer durante tres largos años consecutivos en un estado de boicot social en el desfiladero de Abu Talib. Ante la necesidad, se permitió a algunos Compañeros emigrar a Abisinia. Pero incluso allí los incrédulos enviaron una delegación contra los musulmanes. En el salón de asambleas de la «Dar al-Nadwa» de La Meca se celebró una reunión de los dirigentes incrédulos de Quraysh. Tras largas deliberaciones, finalmente tomaron por unanimidad la decisión de asesinar al Santo Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él). Entonces se vio obligado a emigrar. Sin embargo, se anunció una enorme recompensa por capturarlo. Por otra parte, dadas las circunstancias de aquel tiempo, el Santo Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) ni siquiera podía realizar abiertamente el culto junto con sus Compañeros. Incluso cuando salía con el propósito de predicar el islam, tampoco estaba a salvo; los incrédulos enviaban gente detrás de él para difamarlo. Finalmente, cuando emigró a Medina, los judíos, cristianos e hipócritas locales se pusieron empeñadamente a oponérsele. Día y noche conspiraban contra los musulmanes y mantenían un intercambio constante de información y noticias secretas con los incrédulos de La Meca. En cierto momento, los incrédulos se reunieron en la Dar al-Nadwa de La Meca y adoptaron diversos planes conspirativos. Como resultado, tuvieron lugar las sangrientas batallas de Badr y Uhud.)

En resumen, el islam estaba confinado a un lugar determinado, mientras que los musulmanes se encontraban entonces indefensos y sin recursos por todos lados. Su situación económica era tal que les resultaba sumamente difícil conseguir dos comidas al día. En cambio, los incrédulos eran acomodados y ricos en todos los aspectos económicos y sociales. En toda la península arábiga, ellos ejercían entonces una supremacía absoluta, con toda la influencia y el poder. Por tanto, ¿quién podía impedirles exterminar a aquellos musulmanes indefensos? Creían que, si lograban acabar con unos pocos musulmanes, eliminarían el problema llamado islam, pues este todavía no se había extendido fuera de aquella región determinada. Si expulsaban a los musulmanes de allí, estos no aparecerían como una amenaza para ellos en otro lugar. Hoy, cuando se expulsa a los musulmanes de un país no musulmán, cientos de miles de ellos se trasladan y se establecen en varios países musulmanes vecinos; pero la situación no era así en aquella época, es decir, antes de la victoria. Por ello, ¿acaso era difícil acabar con unos pocos musulmanes y erradicar el islam? Impulsados por esta idea, los incrédulos se entregaron a conspiraciones contra la existencia misma de los musulmanes. Pero Allah era el apoyo de los musulmanes. Depositando plena confianza en la promesa de Allah, el Santo Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) se esforzó con toda su alma por hacer triunfar y establecer el islam. Por mucho que los incrédulos consideraran fácil borrar la identidad del pueblo musulmán, era imposible exterminar a aquellos detrás de quienes estaba la ayuda del Todopoderoso Allah. Pues Allah ha declarado:

*******Árabe

«Él es quien ha enviado a Su Mensajero con una ley que guía y un verdadero sistema de vida, para hacerlo prevalecer sobre todos los demás sistemas (creados por el ser humano y falsos), aunque los politeístas incrédulos se sientan incómodos por ello». (Sura At-Tawba: 33)

Por lo tanto, en semejante situación, es fácil comprender cuán difícil es luchar para establecer un liderazgo recto y derrocar el liderazgo corrupto, gastar bienes y riquezas en el camino de la religión, y arriesgar la vida y las posesiones. Por eso, quienes gastaron sus vidas y bienes antes de la conquista de La Meca son los merecedores del grado más elevado. Su contribución hacia nosotros es inmensa e incomparable. Pues fue mediante su gran sacrificio que el islam llegó a nosotros y continuará vigente hasta el Día del Juicio. Que Allah Todopoderoso nos conceda la capacidad de seguir su magnífico ejemplo. ¡Amén!»

En diversos pasajes del Corán se ha mencionado anteriormente la lucha por arrebatar el poder de las manos de un liderazgo corrupto, incompetente y explotador, y entregarlo a un liderazgo recto (para que las personas explotadas, privadas de sus derechos y oprimidas reciban los beneficios de la justicia). Acerca de quienes gastaron generosamente sus vidas y bienes por esta causa, se dice: *******Árabe

«Ellos —es decir, los creyentes que luchan por establecer un liderazgo recto— combaten con sus vidas y sus bienes». (Sura At-Tawba: 20)

Por otra parte, en el Corán, al calificar la avaricia y la cobardía como grandes pecados, se dice:

*******Árabe

«Quienes son avaros a pesar de haber recibido la riqueza de Allah no deben considerar que esto es bueno para ellos; por el contrario, su avaricia tendrá consecuencias sumamente malas para ellos. Pues la riqueza acumulada mediante la avaricia se convertirá, el Día del Juicio, en una cadena alrededor de sus cuellos». (Sura Al Imrán: 180)

En otro lugar se dice:

*********Árabe

«Anuncia a quienes acumulan oro y plata y no los gastan en el camino de Allah que les espera un castigo doloroso». (Sura At-Tawba: 34)

Asimismo, acerca de quienes, para establecer el liderazgo recto en la sociedad y establecer la ley de Allah, muestran cobardía y pusilanimidad ante las fuerzas de la falsedad, el Corán dice en tono de censura:

**********árabe

«Quienes dan la espalda al verse rodeados por una situación crítica y conflictiva frente a las fuerzas de la falsedad deben comprender que han caído en la ira de Allah. Su morada es el Infierno, y este es el peor de los destinos. Sin embargo, si alguien actúa así por razones estratégicas de guerra o con el propósito de unirse a su propio grupo, eso es un asunto distinto». (Sura Al-Anfal: 16)

************árabe

Es decir: «Y juran que también pertenecen a vosotros, aunque en realidad no forman parte de vosotros. Por el contrario, esas personas son cobardes y pusilánimes, separados de vosotros». (Sura At-Tawba: 56)

En el Corán y los hadices hay innumerables declaraciones al respecto; es más, todas las personas del mundo están de acuerdo en ello. Incluso existe un proverbio sobre este asunto que dice:

«No saben manejar la lanza y tampoco son compasivos». También se dice:

Árabe

«Así como no son diestros montando a caballo, tampoco son personas nobles de Arabia».

Tres categorías de personas en la política y la autoridad gubernamental

En lo que respecta a la política y la autoridad gubernamental, se observa la existencia de tres categorías de personas:

(1) Aquellos cuyas ideas están dominadas por el apego a lo mundano. Establecer su supremacía sobre la tierra, mostrar arrogancia y sembrar el desorden son los únicos objetivos de las personas de esta categoría. Son completamente indiferentes a la rendición de cuentas en el Más Allá. Creen que la administración del gobierno no puede funcionar sin conceder recompensas y gastar dinero (no se puede conservar el poder sin ello). Y como para eso se necesita una enorme cantidad de dinero, que ellos no poseen, recurren a medios ilícitos para obtenerlo. Como resultado, se convierten en saqueadores y bandidos bajo la apariencia de gobernantes. Dicen que solo pueden ejercer la autoridad gubernamental quienes pueden comer y también alimentar a otros. Esta no es tarea para personas honestas. Merecen verse privados del poder estatal. Debido a esta visión de una clase de gobernantes, incluso los funcionarios y dignatarios íntegros del Estado llegan a sentirse descontentos y desempeñan un papel destacado en la destitución de semejante jefe de Estado. Los gobernantes de esta categoría evalúan todo únicamente a la luz de las ganancias y pérdidas mundanas. Olvidan por completo la felicidad y la paz de la vida del Más Allá. Si no tienen la fortuna de arrepentirse y apartarse de esta visión, sufrirán una pérdida extrema tanto en este mundo como en el Más Allá. Por tanto, serán: *******Árabe «de entre las personas que causan la ruina de este mundo y del Más Allá».

(2) La segunda categoría: aquellos que, en efecto, temen a Alá y consideran ilícito oprimir y maltratar al pueblo; incluso creen que es indispensable abstenerse de obtener ingresos ilícitos. A pesar de ello, debido a su debilidad en la fe, creen que no es posible dirigir la política y la administración del gobierno sin recaudar dinero mediante medios injustos e ilícitos. Por eso eligen el camino de saquear dinero abusando del poder por medios ilegales y se vuelven indiferentes al bienestar del pueblo en sus actividades políticas. Como víctimas de la debilidad moral y la cobardía, llegan a considerar molestas las actividades de servicio público. Elaboran interpretaciones inventadas de la religión que no les impiden abandonar incluso lo obligatorio, lo cual es más perjudicial que algunos actos prohibidos. Sin embargo, abandonar lo obligatorio y abstenerse de la yihad equivale en la práctica a abandonar la yihad. Bajo el amparo de interpretaciones inventadas, siguen desentendiéndose de las obligaciones religiosas. Algunos creen también que es obligatorio rechazar las actividades mencionadas y que no es posible cumplir con esta obligación sin combatir. Por ello llegan a luchar incluso contra los musulmanes, como hicieron los miembros de la secta jariyí. Por medio de ellos no se logra ni el bien mundano ni el del Más Allá. No obstante, en ciertos momentos, a través de sus actividades se alcanzan también algunos beneficios aislados para la religión y el mundo. Sus faltas derivadas del ijtihad son consideradas perdonables y tomadas en cuenta. A veces, sin embargo, también sufren pérdidas mayores. Pero, en una valoración general, sus esfuerzos están ciertamente llenos de errores. Aun así, creen que están ocupados en buenas obras. Las personas que creen en este principio no pueden obtener ningún beneficio ni para sí mismas ni ofrecerlo a los demás. Solo complacen a las personas deshonestas. Y creen que gastar algo para atraer a la gente hacia la religión, es decir, para la «Mu’allafat al-qulūb», es injusto e ilícito.

(3) La tercera categoría está constituida por las personas moderadas de la umma. Esta categoría sigue el din de Muhammad y a los Califas Bien Guiados. Hasta el Día de la Resurrección, este es el camino correcto para todas las personas moderadas, tanto distinguidas como comunes, de la umma musulmana. Su perspectiva consiste en gastar dinero en obras de beneficio público y satisfacer las necesidades de la población, ya sean ricos o pobres. Es necesario gastar dinero en satisfacer la dignidad, el honor y el respeto de la gente, sus necesidades mundanas, la labor de establecer el din y la reforma de la sociedad. No es apropiado recaudar un impuesto de desarrollo de nadie excepto de las personas capaces. En todos los ámbitos deben tener prioridad el temor de Dios y la consideración del bienestar. Pues el sistema de gobierno basado en la sharía no puede alcanzar su plenitud sin una rendición de cuentas inspirada en el temor de Dios y sin dar prioridad al bienestar público. Dios dice:

*******árabe

«El Dios Altísimo está con los temerosos de Dios, los piadosos y los virtuosos». (Sura An-Nahl: 128)

Por encima de todo, lo fundamental es proporcionar a la población alimento y vestimenta, garantizar la satisfacción de sus necesidades básicas y alimentarse uno mismo de lo halal. Hay que esforzarse por obtener ingresos por medios lícitos. Además, es indispensable que las personas acomodadas y ricas sean frugales. Esto se debe a que los necesitados esperan precisamente de los acomodados recibir algo y satisfacer sus necesidades, una esperanza que por lo general no depositan en las personas piadosas de recursos modestos.1 (1. Por ejemplo, los reyes, los ministros, los gobernadores, los actuales jefes de Estado democráticos, los funcionarios gubernamentales de alto rango y los dirigentes —es decir, la clase gobernante de todo el país—, así como los notables de la sociedad, ejercen influencia. Si son justos y de buen carácter, naturalmente la población, y por tanto toda la nación, adquiere un buen carácter. Por el contrario, si su carácter está corrompido y es defectuoso, es inevitable que su influencia se refleje en el carácter nacional. En realidad, la exigencia del servicio público es dar prioridad al interés general en todos los ámbitos. Por ello, sobre este asunto, el jeque Saadi dice:

********árabe

Es decir: «Vigilar no es tarea de la oveja; más bien, el vigilante está encargado de servirla». Si las personas de alto rango extienden sus manos hacia el dinero negro por medios ilícitos, es inútil esperar buen carácter y ausencia de codicia de sus subordinados. El jeque Saadi dice:

********árabe

(Es decir: «Si el rey acepta injustamente cinco huevos, sus soldados ensartarán mil gallos por medios ilícitos».)

Dar prioridad al interés público es la esencia del servicio público. Por eso, el jeque Sa‘dí dice:

*******árabe

Es decir: «Ten compasión de los débiles y no caerás bajo el dominio de un poderoso enemigo».

La verdad absoluta es que este mundo es un reino sometido exclusivamente a la soberanía de Alá. Por tanto, aquí debe aplicarse únicamente Su ley, y solo mediante ella pueden alcanzarse el bienestar terrenal y el del Más Allá. En este sentido, sobre los ulemas y los gobernantes, es decir, sobre ambas comunidades, recae la responsabilidad del bienestar o el perjuicio de toda la nación. Si ellos son buenos, todo estará en orden; de lo contrario, todo quedará arruinado. Por eso se ha dicho:

********árabe

Es decir: «Solo los círculos gobernantes y los líderes religiosos corruptos han causado el deterioro de la religión».)

Por lo general, la gente espera de los virtuosos, más que de nadie, la rectificación del carácter. No espera lo mismo de los ricos. Rectificar el carácter conforme a la propia capacidad y por los medios posibles es la verdadera dignidad de la taqwa y de la religión. Según la narración de Abu Sufyan ibn Harb, se menciona en Sahih al-Bujari y Muslim que el emperador Heraclio preguntó a Abu Sufyan: «¿Qué os enseña ese profeta?». Abu Sufyan respondió: «Nos ordena establecer la oración, adoptar la honestidad, rectificar el carácter y mantener intactos los lazos de parentesco». En otro hadiz se relata que Alá, exaltado sea, reveló a Ibrahim: «Oh, Ibrahim, ¿sabes por qué te convertí en Mi jalil (amigo)? Porque te gusta más dar que recibir. Por esta cualidad de tu carácter eres Mi jalil».

Ya se ha mencionado anteriormente la generosidad: en toda circunstancia, esta generosidad debe ejercerse teniendo en cuenta el interés nacional y público. Por otra parte, en lo que respecta a la ira y la paciencia, el verdadero valor consiste en evitar el grado de perjuicio; siempre hay que mantener una mirada atenta sobre este aspecto. En cuanto a la ira, se manifiestan tres estados en las personas: (1) enojarse por Alá y por el interés personal; (2) no enojarse ni por Alá ni por ninguno de los dos intereses; (3) aquellos llamados la umma wasat, es decir, los moderados, solo se enojan por Alá. Por tanto, no conocen en absoluto la ira contaminada por el interés personal. Sobre esto se ha narrado en Bujari y Muslim una declaración de Aisha. Ella dice:

********Árabe

«El Noble Profeta (que Allah le bendiga y le conceda paz) jamás golpeó ni hirió con su propia mano a ningún sirviente, mujer, animal ni a ninguna otra persona. Naturalmente, el caso del campo de batalla es distinto. Y nunca se le vio tomar represalias por algo que le concerniera personalmente. Sin embargo, cuando veía que se cometía algo prohibido por Allah o que se transgredían Sus límites, entonces su ira era incontenible».

El gobernante que, inflamado de ira no por Allah sino por sí mismo, cobra únicamente lo que considera suyo por interés personal y no concede a los demás sus derechos, es la criatura más despreciable de la creación de Allah. Por medio de semejante persona no es posible alcanzar el bien ni en este mundo ni en el Más Allá.

La política y el gobierno de los justos y virtuosos eran perfectos en todos sus aspectos. Su principio era cumplir debidamente las responsabilidades estatales indispensables. Se mantenían, con extrema cautela, alejados de todo lo que Allah había prohibido. Poseían un carácter tan puro que sus donaciones producían un beneficio inconmensurable para la religión. Del tesoro público solo tomaban la cantidad que les era lícita. Su ira o descontento estaban dirigidos enteramente por Allah, y solo se manifestaban cuando se cometía alguna acción prohibida por Allah. En cuanto a lo que se les debía personalmente, casi siempre lo perdonaban.

Esta era una característica del carácter profético. En materia de ingresos y gastos, él era cabal y perfecto. Por tanto, en cuanto al carácter, quienes más se acercan a ellos son los mejores y más honorables. Así pues, el primer deber obligatorio de los musulmanes es esforzarse al máximo por acercarse a la conducta, el carácter y el modelo del Profeta, y, después de esforzarse en la medida de sus posibilidades, pedir perdón a Allah por sus propios errores y faltas. Además, deben afianzar la creencia de que Allah, Exaltado sea, envió al Profeta (que Allah le bendiga y le conceda paz) como el mejor modelo de la verdad y de la vida en su totalidad. Sobre este asunto, el Corán dice:

**********Árabe

«Allah os ordena devolver los depósitos a sus legítimos destinatarios».1 (1. Este es el núcleo esencial del gobierno islámico o divino. Por ello se ha difundido en este sentido el proverbio ******Árabe, es decir: «En nuestra religión, el servicio, o sea, el servicio al pueblo, es la filosofía fundamental del liderazgo». En el mundo actual se observan grandes potencias y grandes Estados. Pero, si se busca, ¿puede encontrarse en algún lugar algún vestigio de ******Árabe? Incluso al observar los países musulmanes actuales, resulta difícil encontrar un Estado que encarne el significado de *******Árabe (es decir, «no para uno mismo, sino únicamente para Allah»). Hoy se observa en todo el mundo un mismo color y un carácter uniforme, como el panorama que se manifestaba en los imperios romano y persa antes del islam. )

El Imán de la India, Su Eminencia Shah Waliullah Muhaddith Dehlawi (que Allah tenga misericordia de él), describió bellamente la situación de los romanos y de los no árabes en el capítulo «Irtifaqat wa Islah al-Rusum» de su mundialmente famosa obra «Huyyatullah al-Baligha». Reflexionando sobre ello, y teniendo presente el sentido de ******Árabe, debemos considerar qué quiere Allah de nosotros, hacia dónde nos dirigimos y qué clase de revolución y cambio desea el mundo. A continuación se presenta un resumen de ello. El señor Shah escribe: «Como los romanos y los no árabes habían ejercido durante mucho tiempo el poder estatal, se entregaron a los placeres y lujos mundanos. Satanás había ejercido tal influencia sobre ellos que reunir grandes cantidades de artículos de consumo y bienes lujosos, y exhibirlos competitivamente, se convirtió en el propósito y objetivo de sus vidas. Dedicaban su intelecto y discernimiento exclusivamente a obtener bienes de lujo cada vez más refinados. Después, con ellos inventaban formas extraordinarias de diversión y entretenimiento. La cantidad de dinero que sus gobernantes gastaban en exhibir el esplendor y la magnificencia del poder queda demostrada por el hecho de que, para sus jefes, caudillos tribales adinerados y miembros de la clase gobernante, llevar una corona cuyo valor fuera inferior a doscientas mil monedas era motivo de vergüenza. Para ellos era indispensable disponer de enormes palacios reales con canales por los que fluyeran corrientes de agua y hermosos jardines. También era absolutamente necesario contar con filas de esclavos y esclavas para el servicio, así como con manadas de caballos en los establos. Consideraban un símbolo de nobleza tener una mesa profusamente servida y alimentos costosos preparados constantemente en las cocinas. »

En resumen, el nivel de vida se determinaba mediante la balanza de estos medios de subsistencia. El sentimiento de aristocracia se consideraba parte de su fe y, como una enfermedad crónica, recorría las venas y arterias de su cultura y civilización. Incluso campesinos y trabajadores estaban afectados por ella. Para obtener los medios de su lujo y disfrute, les parecía algo normal devastar países, naciones y numerosos grupos humanos. Sin embargo, como no era posible conseguirlos sin gastar enormes cantidades de dinero, se imponía una pesada carga tributaria sobre campesinos, comerciantes, trabajadores y jornaleros. Cuando se mostraban incapaces de recaudar aquellos impuestos injustos y excesivos, hacían que las fuerzas militares asalariadas desataran una tormenta de opresión y persecución contra los pobres. A quienes se rendían ante la ostentación del poder de la clase gobernante se les hacía trabajar como a bueyes y burros. Por ello, no tenían ni el más mínimo margen para atender a su propia comodidad y bienestar. La situación llegó a tal punto que, en las ideas y concepciones de cientos de millones de hijos de Adán, desapareció la importancia de adquirir la religión y las virtudes morales. En la práctica, se paralizó por completo todo plan benéfico y orientado al desarrollo, así como toda gran obra de la que dependiera el futuro de la nación. No es que no se hiciera nada en el ámbito industrial; pero aquello no era más que un medio de entretenimiento para los señores o un instrumento auxiliar de su disfrute. Fuera de eso, el señor no tenía ninguna consideración por el trabajador ni por el artesano. La comodidad era el único medio de satisfacer al amo. Por otro lado, surgió un grupo de poetas y literatos ávidos de dinero, imitadores, cantantes, aduladores, lisonjeros y pretendientes, conocidos como cortesanos o vinculados a la corte. Junto a ellos participaba también el llamado grupo de los hipócritas supuestamente piadosos, que en realidad no eran piadosos; su principal objetivo era satisfacer sus intereses y hacer negocio con la religión bajo el disfraz religioso. Como resultado, desde la cumbre hasta la base de la sociedad, en todos sus niveles, el interés personal y la política oportunista se extendieron como una enfermedad contagiosa. Todo el cuerpo social se hundió en la inmoralidad. De este modo, gracias (!) a la llamada clase de notables de la sociedad, se impidió y destruyó la germinación de las semillas del temor de Dios y de las virtudes morales.

También dijo: «Después de que esta calamidad ilimitada cayó sobre Roma y Persia, la ira divina se abatió y, como decisión de erradicar esta enfermedad mediante el tratamiento de la reforma, apareció en Arabia un Profeta iletrado (s.a.w.), cuyo carácter puro no había sido tocado por ningún rastro de su falsa aristocracia y que estaba completamente libre de la sombra de sus costumbres, normas y malas conductas. Dios envió a Su Profeta (s.a.w.) como símbolo de una vida ejemplar y de un carácter sublime. Por boca de él hizo condenar la inmoralidad y las acciones irreligiosas de romanos y persas, y declaró vana la entrega al lujo y al placer mundanos. Prohibió las costumbres no árabes, como los platos y utensilios de oro y plata, los adornos de oro y piedras preciosas, las prendas de seda, las estatuas, los ídolos y otras cosas semejantes, que fueron declaradas haram. En resumen, bajo el liderazgo del Noble Profeta, los imperios persa y romano fueron desarraigados por completo. Y por boca del Profeta se proclamó:»

*********Árabe

«Cosroes y César han desaparecido; después de ello, ya no volverán a levantarse».

En resumen, en la época de la aparición del Noble Profeta, todo el mundo se encontraba bajo la esfera de dominio de las grandes potencias de entonces, Roma y Persia. Del mismo modo que ese dominio fue aplastado, hoy todo el mundo está atrapado bajo el ala de la servidumbre de dos grandes potencias como la angloestadounidense. Si los musulmanes, en vez de juzgar el islam de manera fragmentaria, se concentraran, como otros, en desarrollar un sistema de defensa acorde con la época conforme a las instrucciones divinas y cumplieran debidamente las normas islámicas, el destino de estas dos grandes potencias actuales, en los aspectos moral, económico, militar y espiritual, tendría necesariamente que ser muy semejante al de Roma y Persia. En realidad, aparte de las dos potencias mencionadas, aunque se proclame a voz en cuello que los demás Estados son aparentemente independientes, en la práctica y desde la perspectiva de la realidad, la comunidad mundial está encadenada en diversos aspectos a las duras cadenas de su servidumbre. Su política egoísta, su cultura y civilización degradadas, y sus sucias costumbres y conductas culturales son reconocidas como dignas de imitación. Se participa con especial empeño y cuidado en la formación del propio carácter imitando su contracultura y su estilo de vida acomodado. Sin embargo, en ciertos ámbitos, la civilización y la cultura modernas de Occidente mantienen hoy a la comunidad mundial en peligro y devastada.

En pocas palabras, si el mundo desea la paz, anhela la seguridad de la vida y aspira a la tranquilidad tanto en la vida terrenal como en la del Más Allá, tendrá necesariamente que avanzar hacia la aplicación integral del Libro divino, el Noble Corán, y del islam en la vida real. Porque esta norma no es una ley elaborada por seres humanos, sino una norma eterna de vida otorgada por Dios. Además, la paz solo puede llegar al mundo creado por Dios cuando se aplique únicamente Su norma. El Noble Profeta (s.a.w.) y los Califas Rectamente Guiados pusieron en marcha, basándose en este principio, el viento del cambio en todo el mundo mediante la revolución islámica. En menos de medio siglo, tras la caída de los imperios persa y romano, se estableció por todas partes el gobierno islámico. Como resultado, los habitantes del mundo tuvieron la oportunidad de respirar aliviados bajo la sombra fresca de un Estado seguro, pacífico y benéfico. Además, ********el poder ilimitado árabe cubrió todo el mundo. Por eso, finalmente hay que decir con tono de pesar: ¡Ay! Si la nación musulmana despertara de nuevo y avanzara siguiendo la obediencia y las huellas del Noble Profeta (s.a.w.) y de los Compañeros, este mundo de los seres humanos se transformaría casi en un jardín del Paraíso. Por todas partes fluiría el manantial de la paz.

******Árabe

Es decir: quizá después de esto Dios cree una situación semejante.)

[Diez]

Justicia equitativa: código penal divino de los delitos

Los ḥudūd y los ḥuqūq de la sharía no están limitados a ninguna comunidad en particular. Es haram interceder en asuntos relacionados con los ḥudūd; quienes dan, reciben o sirven de intermediarios en sobornos para anularlos o reducirlos son todos delincuentes y pecadores. La orden del Altísimo Allah:

*******árabe

«Cuando resolváis las disputas y litigios entre las personas, juzgad con justicia». (Sura an-Nisāʾ, rukūʿ 8)

Juzgar entre las personas significa emitir veredictos respecto de los ḥudūd y los ḥuqūq de la sharía. Tanto los ḥudūd como los ḥuqūq son de dos tipos. Ninguno de ellos está vinculado a una tribu, comunidad o grupo particular. Al contrario, la nación musulmana se beneficiará precisamente de esta imparcialidad. Por ejemplo, la aplicación de los ḥudūd o del código penal de la sharía a los ladrones, salteadores, saqueadores, adúlteros y demás. Los bienes del Estado, los bienes públicos, los bienes del waqf y los bienes legados en testamento no están destinados a ninguna tribu o comunidad particular. En estos asuntos, todas las personas que ejercen el poder del Estado, los funcionarios administrativos y demás deben mantener una perspectiva especial, libre de discriminación. A este respecto, Ḥaḍrat ʿAlī (que Allah esté complacido con él) dijo:

********árabe

«Ya sea plenamente bueno o imperfectamente bueno, ya sea plenamente benevolente o imperfectamente benevolente, el liderazgo es indispensable para las personas». El pueblo preguntó: «¡Oh, Amīr al-Muʾminīn! Ya hemos comprendido la importancia de un liderazgo bueno; pero ¿cuál es el significado de una verdad imperfecta?». Él respondió:

*****Árabe

«Aquel dirigente mediante el cual se aplican los hudud (penas penales), se garantiza la seguridad de los caminos, bajo cuyo liderazgo se puede combatir contra el enemigo en la yihad y por medio del cual se pueden distribuir el fay’, es decir, los bienes obtenidos como botín de guerra». En otras palabras, aunque su liderazgo presente deficiencias en otros aspectos, debe poseer necesariamente una firmeza como la que se requiere para aplicar los hudud. Por diversas razones, esta cualidad es indispensable en el liderazgo del Estado.

Es deber ineludible que el jefe del Estado, los administradores locales y los representantes del pueblo deliberen y examinen esta cuestión, y que los hudud se establezcan para erradicar los delitos de la sociedad, sin necesidad de que nadie los solicite. La misma norma se aplica al testimonio, es decir, que debe aceptarse el testimonio sin que nadie tenga que presentar una demanda o reclamación. Sin embargo, existe discrepancia entre los imames acerca de si, para aplicar el hadd de amputar la mano del ladrón, la persona cuyo bien fue robado debe reclamar los bienes sustraídos. Según el imán Ahmad y otros, no se puede aplicar el hadd sin que el perjudicado presente una demanda. Pero la opinión unánime de todos los demás imames es que el hadd debe aplicarse, tanto si la persona cuyo bien fue robado presenta una reclamación como si no. Algunos eruditos establecen como condición la reclamación del bien para que no quede ninguna duda acerca del robo cometido por el ladrón.

Estos son los delitos por cuya comisión es obligatorio aplicar el hadd. Sea la persona noble o de bajo linaje, miembro de un grupo grande o alguien sin grupo, poderosa o débil, el hadd debe aplicarse por igual a todos; es obligatorio. En este caso, no está permitido de ningún modo anular el hadd por la intercesión de alguien, por regalos, presentes, obsequios o cualquier otra razón. Sobre quien anule el hadd pese a tener la autoridad para aplicarlo caerá la maldición de Alá, del Mensajero, de los ángeles y de todas las personas. En suma, no es aceptable ninguna intercesión para evitar la aplicación del hadd. Más bien, el intercesor ********Árabe (es decir, «el juez competente del poder judicial que vende por un precio insignificante —es decir, por un interés mundano— los versículos de Alá») que se abstiene de aplicar el hadd será considerado incluido entre las personas descritas en ese versículo.

Narrado por Abu Dawud (que Alá tenga misericordia de él), según Abdullah ibn Umar (que Alá esté complacido con él), el Noble Profeta (que la paz y las bendiciones de Alá sean con él) dijo:

*********Árabe

«Quien interceda de tal modo que obstaculice la aplicación de cualquier hadd de Alá, habrá desobedecido a Alá. Y quien, sabiendo que algo es falso, se enzarce deliberadamente en una disputa en defensa de la falsedad y lo inválido, permanecerá bajo la ira de Alá hasta que desista de la disputa. Y quien acuse o calumnie a un musulmán atribuyéndole algo con lo que no tiene ninguna relación, permanecerá retenido en la “Radaghatul Jibal”. Los compañeros preguntaron: “Oh, Mensajero de Alá, ¿qué es la ‘Radaghatul Jibal’?”. Él respondió: “La sangre y la pus derretidos de los cuerpos de los habitantes del Infierno”». (Abu Dawud)

El Noble Profeta (que la paz y las bendiciones de Alá sean con él) mencionó específicamente a los gobernantes, los testigos y los litigantes porque ellos son los pilares fundamentales de la justicia, y la resolución correcta de las diversas disputas y casos que surgen en la sociedad depende de su honestidad.

El relato de la mujer de la tribu Banu Majzum, relacionado con la intercesión y transmitido por Bujari y Muslim según Aisha (que Dios esté complacido con ella), tiene un significado especial. Aquella mujer había robado los bienes de una persona. Algunas personas acudieron ante el Mensajero de Dios (que la paz y las bendiciones de Dios sean con él) para interceder por ella y quisieron hablar sobre el asunto. Uno de ellos dijo: «¿Quién tendría el valor de hablarle de esto?». Se dijo que solo Usama ibn Zayd (que Dios esté complacido con él) podía hablarle sobre el asunto. Así pues, cuando presentó la petición ante el Noble Profeta (que la paz y las bendiciones de Dios sean con él) en favor de aquella mujer, el Profeta dijo:

********Árabe

«¿Has venido a interceder en un asunto relacionado con un hadd establecido por Dios? La única causa de la perdición de los Hijos de Israel en el pasado fue que, cuando robaba una persona noble, la dejaban libre; pero si robaba una persona débil, le aplicaban el hadd. Juro por Aquel en cuya mano está la vida de Muhammad que, si incluso Fátima, la hija de Muhammad, robara, le cortaría la mano». (Bujari y Muslim)

Este es un acontecimiento de gran valor didáctico. Esto se debe a que dos ramas de la tribu de Quraysh eran conocidas por su nobleza: (1) Banu Majzum y (2) Banu Abd Manaf. Es notable que, en este caso, ni siquiera la mujer de la tribu Majzum pudo librarse de que le cortaran la mano. Sin embargo, según algunos eruditos, la mano fue cortada por un objeto pequeño que había tomado prestado, y en realidad aquello no era un robo. Otros sostienen que sí fue un robo. Por tanto, en ese caso no cabe ninguna duda respecto a los demás. Eran más numerosos, muy nobles y, además, Usama ibn Zayd (que Dios esté complacido con él), el querido servidor del Gran Profeta (que la paz y las bendiciones de Dios sean con él), había intercedido por ella. A pesar de todo, ante aquella intercesión expresó un intenso descontento y dijo: «¿Has venido a interceder por un asunto haram e ilícito? ¿No es una intercesión injusta en relación con un hadd establecido por Dios?». Después presentó el ejemplo de Fátima (que Dios esté complacido con ella) y explicó la importancia del asunto, señalando que ni siquiera ella habría quedado exenta de una acción tan censurable.

Se relata que aquella mujer a la que le habían cortado la mano se arrepintió. Después, cuando acudía de vez en cuando ante el Noble Profeta (que la paz y las bendiciones de Dios sean con él), él atendía sus necesidades.

También se relata:

**********Árabe

«Si el ladrón se arrepiente sinceramente, esa mano que le fue cortada lo llevará al Paraíso. Pero si no se arrepiente, esa mano cortada lo conducirá por el camino del Infierno».

En la obra «Al-Muwatta», el imán Malik (que Allah tenga misericordia de él) narró que un grupo de personas apresó a un ladrón y se dirigió a la corte de Hazrat Uthman (que Allah esté complacido con él). En el camino se encontraron con Hazrat Zubayr (que Allah esté complacido con él) y le solicitaron que intercediera ante Hazrat Uthman (que Allah esté complacido con él). Él dijo: «Una vez que un caso relacionado con el hadd ha sido presentado ante la corte del califa, la maldición de Allah desciende tanto sobre quien intercede como sobre aquel en cuyo favor se intercede».

En cierta ocasión, Hazrat Safwan ibn Umayya estaba acostado en la mezquita. Un ladrón llegó, tomó su manto y se marchó. Él lo apresó y lo llevó ante el Profeta (que Allah le bendiga y le conceda paz). Safwan (que Allah esté complacido con él) dijo: «¿Le cortarán la mano por un solo manto mío? Lo he perdonado». El Honorable (que Allah le bendiga y le conceda paz) dijo:

*******árabe

«¿Por qué no lo perdonaste antes de presentármelo? Entonces le impuso el castigo de cortarle la mano». (Sunan)

Con esto, el Noble Profeta (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) quiso decir: tuviste la oportunidad de perdonarlo antes de presentarlo ante mí, pero, después de haberlo llevado ante mi tribunal, ya no es posible en modo alguno anular el hadd. Nadie tiene autoridad para anular el hadd, ya sea mediante el perdón, la intercesión o el dinero. Hasta donde sé, según el consenso unánime de los sabios de todos los niveles, una vez que ladrones, salteadores, saqueadores, secuestradores y otros malhechores de esa índole han sido llevados ante el juez, su arrepentimiento no es aceptable; el arrepentimiento no anulará la sentencia del hadd, sino que, manteniendo vigente la sentencia, es obligatorio aplicar el hadd. Si realmente se han arrepentido con absoluta sinceridad, este hadd se convertirá en una expiación para ellos. Y si logran mantenerse firmes en ello, su arrepentimiento se hará aún más sólido y fuerte. Esto equivale plenamente al qisas o represalia por el derecho del titular del derecho. En la siguiente palabra del Altísimo Allah se encuentra el principio fundamental de esto:

*********árabe

“Quien interceda por una buena obra tendrá también una parte de su recompensa; en cambio, quien interceda por una mala obra participará igualmente de sus consecuencias negativas. Allah, el Altísimo, observa plenamente todas las cosas”. (Sura an-Nisá: 85)

En realidad, intercesión significa pedir ayuda y asistencia. En árabe, [dos] se denomina «dos» o dual, mientras que su opuesto es [uno], es decir, impar o uno. Así pues, al unirse [dos] con [singular], parecía que «uno» se había convertido en dos. Por consiguiente, ayudar en una buena obra será considerado «intercesión por una buena obra». Pero si se ayuda en la injusticia, la opresión, la hostilidad y el pecado, esto se considera «intercesión por una mala obra». No hace falta decir que se ha ordenado a las personas interceder en favor de las obras piadosas y buenas, y se les ha prohibido ayudar mediante la intercesión en obras malas. Por ejemplo, por consiguiente, la ley divina consiste en no permitir que nadie fomente las acciones falsas de otra persona. Allah ha dicho: “Allah no permitirá de ningún modo que prosperen las intrigas de los traidores”. (Sura Yusuf: 52)

El Altísimo Allah también ha dicho:

*********Árabe

«El castigo de quienes hacen la guerra contra Allah y Su Mensajero y se esfuerzan por sembrar la corrupción en la tierra consiste en que las fuerzas estatales encargadas de mantener la ley y el orden los capturen y, mediante un juicio, los ejecuten o los crucifiquen, o les amputen las manos y los pies de lados opuestos, o los expulsen del país. Esta será su humillación en este mundo, y en el Más Allá tendrán un castigo terrible. Pero quedan exceptuados quienes se arrepientan antes de que caigáis sobre ellos y los capturéis; sabed que Allah es Perdonador, Misericordioso». (Sura al-Ma’idah, 33-34)

La aleya en cuestión establece la exención de dicho castigo únicamente para quienes se arrepienten sinceramente antes de ser capturados y llevados ante el tribunal del juez, y actúan conforme a su arrepentimiento. En cambio, quienes se arrepientan después de ser presentados ante el tribunal, conforme al sentido de esta aleya, no tendrán un arrepentimiento jurídicamente válido, y será obligatorio aplicarles la pena de hadd. Naturalmente, esta disposición solo entrará en vigor cuando el delito quede probado mediante testigos y pruebas apropiadas, o cuando el propio delincuente confiese su delito y se presente personalmente ante el tribunal para reconocerlo. Sin embargo, si además se arrepiente, existe una discrepancia entre los imanes al respecto. Según la narración aparente del imán Ahmad ibn Hanbal (que Allah tenga misericordia de él), en tal caso no se aplicará la pena de hadd. Pero si él mismo solicita que se le aplique la pena de hadd, esta se aplicará. Y si no desea que se le aplique la pena de hadd y se marcha, no se le aplicará. El hadiz de Ma’iz ibn Malik (que Allah tenga misericordia de él) apunta a esto. Cuando Ma’iz fue lapidado, el Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda la paz), después de escuchar de los Compañeros cómo había sido su estado, dijo: *********Árabe «¿Por qué no lo dejasteis ir?». Además, otros hadices demuestran que, si una persona se arrepiente mientras aún está detenida, antes de ser llevada ante el juez, no se le aplicará la pena de hadd.

Abu Dawud y an-Nasa’i (que Allah tenga misericordia de ellos) narraron, por transmisión de ‘Abdullah ibn ‘Umar (que Allah esté complacido con él), que el Noble Profeta (que Allah le bendiga y le conceda la paz) dijo:

*********Árabe

«Perdonaos unos a otros, pues cuando un caso sea presentado ante mí, la aplicación de la pena de hadd se volverá obligatoria».

En las colecciones de an-Nasa’i e Ibn Majah se menciona un hadiz narrado por Abu Hurayrah (que Allah esté complacido con él), en el que el Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda la paz) dijo:

*******árabe

«Aplicar las penas hadd en la tierra es más beneficioso para los habitantes del mundo que la lluvia matutina durante cuarenta días».

Y esto se debe a que los pecados reducen la provisión e infunden en los corazones el temor a los enemigos. Esto está demostrado a la luz del Corán y del hadiz. En realidad, mediante la aplicación de las penas hadd disminuye la desobediencia a Allah y se reduce el nivel de criminalidad. Por consiguiente, al disminuir la inmoralidad, aumentan la provisión y el bienestar de los siervos, y comienza a llegar la inconmensurable ayuda de Allah.

No está permitido en ninguna circunstancia aceptar bienes o riquezas de un adúltero, un bebedor de alcohol, un ladrón, un bandido o asaltante, ni de ningún delincuente, a cambio de dejar sin aplicar la pena hadd. Tampoco está permitido aceptar ese dinero en ninguna circunstancia, ya sea para beneficio personal o con el pretexto de depositarlo en el Bayt al-Mal. El dinero recibido con el propósito de suspender o anular la pena hadd es completamente haram y está prohibido. Si un juez o gobernante actúa de esa manera, habrá reunido dos actos ilícitos: (1) anuló la pena hadd a cambio de dinero haram; (2) abandonó una obligación y se entregó a un acto haram. Acerca de esto, Allah el Altísimo dice:

********árabe

«¿Por qué sus eruditos y líderes religiosos (de la Gente del Libro) no les prohibieron a sus seguidores mentir y consumir bienes haram? ¡Qué reprobables son las acciones de perdón y encubrimiento de sus líderes y ancianos religiosos!» (Sura Al-Maida: 63)

Allah Altísimo, describiendo la situación de los judíos, dijo: *******árabe

«Andan difundiendo e investigando falsedades y disfrutan de las riquezas haram» (Sura Al-Maida: 42).

Porque los judíos obtenían riquezas mediante medios ilícitos y prohibidos, como la usura y el soborno. Incluso llamaban al soborno «bartal» y «hadía».

Por tanto, si el juez magistrado acepta bienes ilícitos, también tendrá que aceptar al falso testigo. Sin embargo, el Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones sean con él) dijo:

Árabe

«El sobornado, el que soborna y quien mantiene la conexión entre ambos son todos pecadores del mismo grado». (Ahl al-Sunan)

Se narra en Sahih al-Bujari y Sahih Muslim que dos hombres se presentaron ante el Noble Profeta (la paz y las bendiciones sean con él) con un caso. Uno de ellos dijo: «¡Oh, Mensajero de Allah! Resuelve nuestro caso conforme al Libro de Allah». El segundo, que era algo más prudente, también dijo: «Sí, ¡oh, Mensajero de Allah! Que el asunto se resuelva conforme al Libro de Allah, pero pido permiso para decir algo». El Profeta (la paz y las bendiciones sean con él) dijo: «Adelante, habla». Entonces comenzó: «Mi hijo trabajaba como jornalero en la casa de este hombre. Pero, accidentalmente, mi hijo cometió zina con la esposa de este hombre. Como compensación por él, entregué cien cabras y, además, liberé a un esclavo. Tomé estas medidas después de consultar el asunto con otras personas». El Profeta (la paz y las bendiciones sean con él) respondió: «Tu hijo debe recibir cien latigazos y ser desterrado durante un año. Y a esa mujer debe aplicársele el hadd del rajm». Después dijo:

Árabe

«Juro por el Ser excelso en cuya mano está mi vida que resolveré vuestro caso basándome en la ley de Allah. Por tanto, llevad de vuelta al esclavo y las cabras. A vuestro hijo debéis darle cien latigazos y, además, desterrarlo durante un año. Y, ¡oh, Unays!, mañana temprano ve ante esa mujer y pregúntale. Si confiesa su delito, lapídala. Cuando se le preguntó conforme a esta orden, confesó su delito. Por tanto, se le aplicó el rajm, es decir, fue ejecutada mediante lapidación».

Es digno de señalar que él no anuló el hadd por aceptar bienes que llegaban a manos de musulmanes comunes, pobres necesitados y muyahidines. Por ello, según el consenso unánime de los ulemas, no está permitido aceptar bienes a cambio de anular el hadd. Además, todos están de acuerdo en que los bienes aceptados de adúlteros, ladrones, bebedores de alcohol, rebeldes contra el Estado, salteadores y otros para librarlos del hadd son completamente ilícitos e impuros. Por lo general, la mayoría de la gente, víctima de conductas contrarias a la moral y de la degradación del carácter, se apresura a anular la orden del hadd alegando sus riquezas y su honor. Como consecuencia, las ciudades y puertos, aldeas y campos, ricos y pobres, reyes y súbditos, dirigentes y soldados; en una palabra, todo el cuerpo social queda corrompido. Además, por esta causa, la dignidad y el honor de los gobernantes en el poder y de los jueces quedan reducidos a polvo. Por anular el hadd después de aceptar sobornos, hasta sus propios cargos se desestabilizan. Cuando se anula el hadd de una persona, resulta difícil aplicarlo a otra, y pierden la fuerza moral. Finalmente, pasan a pertenecer a la categoría de los judíos y los cristianos. Como dice el hadiz:

*******Árabe

«Cuando el soborno entra por una puerta, la confianza y la honradez salen por la otra».

Es ilícito el dinero recaudado bajo el nombre de «ta’dibat» con el propósito de mantener intactos el reino y la autoridad. En este sentido, resulta reveladora la conducta de esos matones obstinados y rufianes: cometen alguna fechoría o provocan algún incidente, ya sea por interés propio o en beneficio de otros, y se presentan ante los gobernantes llevando dinero y bienes. Como consecuencia, aumentan aún más su codicia, su avidez y su audacia. De este modo, mediante el soborno, arruinan por completo la reputación y la fama del Estado. Lo mismo ocurre con cierta clase de campesinos. Y de los borrachos no hace falta ni hablar. Cuando atrapan a un bebedor, este se libra pagando dinero. Todo borracho piensa: «Si me atrapan, sin duda quedaré libre gracias al poder del dinero». Es evidente que no puede haber bendición alguna en el dinero del soborno ni en los bienes obtenidos por medios ilícitos. Por el contrario, esto solo produce desorden y calamidad. Del mismo modo, si alguna persona rica y honorable les tiende una mano de ayuda y los salva del castigo de hadd; por ejemplo, si un campesino o un trabajador comete un delito y se presenta ante el bajá, el emir —es decir, el jefe del Estado o del Gobierno—, su asistente personal, secretario o representante, y este lo salva mediante ayuda o intercesión contra Alá y Su Mensajero, sobre esa clase de ayuda e intercesión han recaído la maldición de Alá y de Su Mensajero. El imán Muslim, basándose en la autoridad de Hadrat Ali ibn Abi Talib, narró que el Mensajero de Alá —la paz y las bendiciones sean con él— dijo:

******Árabe

«Sobre quienes introducen una innovación religiosa o dan refugio a un criminal recaen la maldición de Alá y la de Su Mensajero». (La innovación religiosa, o bid‘a, es la invención de cualquier principio o norma imaginados en la sharía). El Noble Profeta —la paz y las bendiciones sean con él— también dijo:

********Árabe

«Si la intercesión de alguien se convierte en un obstáculo para la aplicación de alguno de los hadd de Alá, en realidad esto equivale a intentar hacer ineficaz la orden de Alá». (Muslim)

Por tanto, si quienes tienen encomendada la autoridad y la responsabilidad de aplicar los hadd perdonan y dejan libre a un criminal a cambio de dinero, es fácil imaginar la enorme calamidad que esto provocará. Si se ayudara a alguien por temor a la influencia y el poder de otra persona, o se ayudara a quienes traspasan los límites del soborno. En segundo lugar, los bienes a cambio de los cuales se concede la libertad quizá pertenezcan al bait al-mal o al gobernante. El soborno se acepta a veces públicamente y otras en secreto; en ambos casos está prohibido y es ilícito. Esta es la decisión unánime de los juristas islámicos. Por ejemplo, actuar como garante de un vendedor de bebidas alcohólicas, proporcionarle un lugar para ello, conseguirle un lugar en otra parte, ayudarlo de cualquier otra manera o permitirlo a cambio de un soborno: todo ello pertenece a la misma categoría de delitos. Organizar por la fuerza la comisión de adulterio y aceptar una remuneración a cambio, pagar a un adivino por sus adivinaciones y vender un perro y cobrar su precio son ilícitos; del mismo modo, el soborno también es ilícito. Aquí el soborno entra en la categoría de intermediación con el propósito de realizar un acto ilícito. El Mensajero de Alá —la paz y las bendiciones sean con él— dijo:

********Árabe

«El precio de un perro es impuro, la remuneración por la fornicación es impura y los honorarios de un adivino son impuros». (Bujari)

La compensación y la remuneración por la fornicación, así como la remuneración de una prostituta, son completamente haram. El castigo aplicable a un eunuco, ya sea esclavo o libre, a quien cometa actos indecentes con ellos y a un adivino es el mismo. También es completamente haram aceptar una remuneración a cambio de estos actos prohibidos.

La condición de los jueces y gobernantes que no reprimen los delitos y las malas acciones, que no aplican los hudud, sino que liberan a los delincuentes a cambio de dinero, es como la de quienes hacen lícito lo prohibido y la de los jefes de los ladrones. Son semejantes a los proxenetas involucrados en la obscenidad y el adulterio. Quienes aceptan dinero a cambio de ayudar a los adúlteros se encuentran al mismo nivel que los sobornados. Además, su condición es como la de la anciana esposa del profeta Lot (la paz sea con él), que informó a los pecadores homosexuales de la llegada de los huéspedes de Lot (la paz sea con él), ángeles disfrazados de jóvenes. Respecto a ella, la palabra del Altísimo es:

*********Árabe

«Así pues, salvé a Lot y a su familia, excepto a su esposa, que permaneció entre los que quedaron atrás —no la salvé—». (Sura Al-A’raf: 83)

En el Corán también se dice, dirigiéndose a Lot (la paz sea con él):

*******Árabe

«Emprende el viaje durante una parte de la noche, en su último tramo, con tu familia, pero que ninguno de vosotros mire atrás; sin embargo, tu esposa no dejará de mirar atrás. Por ello, también sobre ella caerá el mismo castigo que cayó sobre esos pecadores» (sura Hud: 81).

Por consiguiente, Allah el Altísimo incluyó a aquella anciana alcahueta en el mismo castigo que había hecho descender sobre el pueblo pecador. Pues todo esto forma parte de la transgresión. Y aceptar dinero por ello equivale a colaborar en la injusticia. A una persona se le confía la autoridad de gobierno precisamente para que cumpla debidamente la responsabilidad de ordenar el bien y prohibir el mal. Ese es el objetivo fundamental del gobierno. Por tanto, que el propio gobernante, mediante la obtención de bienes y riquezas y el cobro de sobornos, permita la difusión y propagación de alguna práctica inmoral en la sociedad contradice el objetivo fundamental. Es como enviar a alguien a combatir contra el enemigo y que, al llegar allí, se ponga a ayudar precisamente al enemigo contra su señor. Otro ejemplo es que se entregue riqueza para la yihad, pero que en realidad se gaste en la matanza de musulmanes.

En otro sentido, puede explicarse diciendo que el bienestar de la humanidad se alcanza como resultado de ordenar las obras buenas y correctas y prohibir las malas. Pues la seguridad de la vida económica y social de la humanidad reside en la obediencia a Allah y a Su Mensajero. Esta obediencia solo puede alcanzar esencialmente su perfección mediante la ordenación del bien y la prohibición del mal. Sobre esta base, la nación musulmana fue declarada «khayra ummah», es decir, «la mejor comunidad», porque fue creada para el bienestar de toda la humanidad. Así se proclama:

*******Árabe

«Vosotros sois la mejor comunidad. Habéis sido enviados para procurar el bienestar de la humanidad ordenando el bien y prohibiendo el mal» (sura Al Imrán: 110).

También se ha dicho:

*********Árabe

«Debe surgir de entre vosotros un grupo de personas que convoque a la gente hacia el bien, ordene el bien y prohíba las acciones malas y reprobables» (sura Al Imrán: 104).

Al describir la situación de los Hijos de Israel, se ha dicho:

*********Árabe

«No se abstenían de las acciones reprobables en las que estaban involucrados; ciertamente, eran acciones sumamente censurables las que cometían». (Sura Al-Ma’idah: 79)

Allah el Altísimo también ha dicho:

*********Árabe

«Cuando los desobedientes olvidaron la exhortación que se les había dado, salvé de entre ellos a quienes prohibían las malas acciones; pero hice que los pecadores sufrieran un castigo severo como consecuencia de sus malas acciones». (Sura Al-A’raf: 165)

En esta aleya se menciona que aquellos que se apartaban de los pecados se salvaron del castigo, mientras que Allah el Altísimo hizo que los pecadores sufrieran un castigo severo.

Se ha narrado de Hazrat Thabit (que Allah esté complacido con él) que, en cierta ocasión, Hazrat Abu Bakr Siddiq (que Allah esté complacido con él) se levantó sobre el púlpito del Profeta para pronunciar un sermón y dijo: «¡Musulmanes! Recitáis esta aleya, pero la aplicáis con un significado equivocado:

**********আরবী

«¡Oh, creyentes! Preocupaos por vuestro propio bien. Si vosotros os mantenéis firmes en la guía, no os perjudicará el extravío de quien se extravíe». (Sura al-Má’idah: 105)

He oído decir al Noble Profeta (s. a. s.):

******আরবী

«Cuando la gente ve una mala acción y, aun así, no toma medidas para corregirla, existe la posibilidad de que muy pronto el castigo de Allah caiga ampliamente sobre ellos». En otro hadiz se dice:

«El perjuicio de un pecado cometido en secreto se limita únicamente al pecador implicado; pero si se comete públicamente y no se toman medidas para corregirlo, incluso la gente común termina sufriendo sus consecuencias. El mismo tema se ha expuesto en el capítulo “Los límites divinos y los derechos de Allah”, cuyo objetivo principal era ordenar el bien y prohibir el mal.

En realidad, actos virtuosos como la oración, el ayuno, el hach, el zakat, la veracidad, la honestidad, el buen trato hacia los padres, mantener intactos los lazos de parentesco y comportarse bien con la familia y los vecinos, entre otros, están incluidos en el “amr bil ma‘ruf”, es decir, ordenar el bien. Es responsabilidad de los gobernantes, los jueces y los funcionarios de la administración ordenar a sus subordinados que realicen la oración y castigar a quien la abandone. Todos los expertos musulmanes en derecho están de acuerdo en este asunto.

El segundo consenso unánime es que es obligatorio combatir a los grupos organizados de quienes no realizan la oración —aunque se identifiquen como musulmanes— y niegan la oración. Del mismo modo, existe la disposición de combatir a quienes abandonan el zakat y el ayuno. También debe declararse el combate contra lo prohibido. Por ejemplo, es obligatorio combatir contra quienes se casan con una mujer prohibida por la sharía y contra quienes provocan el desorden en la sociedad, entre otras cosas. También es obligatorio combatir a los grupos que niegan una norma de la sharía manifiesta e inequívoca, hasta que la religión de Allah prevalezca. En este asunto, los juristas islámicos están plenamente de acuerdo.»

Si quien no realiza la oración es una persona individual, se ha dicho que debe ser golpeado, castigado y encarcelado hasta que se comprometa a observar la oración. Según la mayoría de los especialistas, si niega la oración, el gobierno debe condenarlo a muerte. Naturalmente, el procedimiento consiste en ordenarle primero que se arrepienta y comience a rezar. Si se arrepiente y empieza a rezar, eso será lo mejor. De lo contrario, es decir, si la niega habiéndose convertido en apóstata, deberá ser condenado a muerte.

La cuestión es: ¿en qué se basa esta pena de muerte? ¿En que se convirtió en incrédulo por abandonar la oración, o en que se convirtió en un pecador impío? Existen dos opiniones al respecto. Según la mayoría de los especialistas en derecho islámico, convertirse de musulmán en incrédulo es la causa de la pena de muerte. Esta discrepancia se da cuando reconoce que la oración es obligatoria, pero no la practica; sin embargo, si niega que la oración sea obligatoria, entonces, por consenso, se convertirá en incrédulo —apóstata— debido a dicha negación. El dictamen relativo a todas las demás obligaciones, deberes y prohibiciones es análogo. Es indispensable condenar a muerte a quien, por negarlas, actúe en sentido contrario. En esta situación, la causa fundamental del castigo es abandonar las obligaciones y entregarse a las acciones prohibidas. Según el consenso general, es obligatorio para la comunidad musulmana emprender la yihad contra un grupo organizado y desobediente de esta índole. Existen innumerables pruebas de ello en el Corán y los hadices. Y la yihad es la mejor de las obras del siervo. En cierta ocasión, alguien solicitó al Noble Profeta —la paz y las bendiciones de Allah sean con él— que:

*************Árabe

«Oh Mensajero de Allah —la paz y las bendiciones de Allah sean con él—, háblame de alguna obra equivalente a la yihad en el camino de Allah». Él respondió: «No os es posible realizar una obra de ese tipo». El hombre dijo: «Dímelo». El Profeta —la paz y las bendiciones de Allah sean con él— dijo: «¿Te es posible ayunar continuamente, sin interrupción y sin romper jamás el ayuno, desde el momento en que el grupo de muyahidines parte por el camino de Allah hasta que regresa, y rezar durante toda la noche sin faltar nunca a la oración?». Él respondió: «¿Quién podría hacer algo así?». Entonces dijo: «Solo esta obra puede igualar a la yihad en el camino de Allah». (Al-Bujari y Muslim)

También declaró:

**********Árabe

«El Paraíso tiene cien niveles. La distancia entre un nivel y otro equivale a la distancia entre el cielo y la tierra. Allah, el Altísimo, ha preparado este vasto Paraíso para quienes luchan por Su causa». (Al-Bujari y Muslim)

Además, también dijo:

*********árabe

«El islam (es decir, la sumisión a Alá) es la base de todas las obras; la oración es su pilar, y la yihad por la causa de Alá es la mejor de todas».

A este respecto, Alá ha dicho:

**********árabe

«Los verdaderos creyentes son únicamente quienes creen en Alá y en Su Mensajero, y después no albergan ninguna duda, y luchan con sus vidas y sus bienes por la causa de Alá. Estos son, en verdad, los sinceros». (Sura al-Hujurat: 15)

El Todopoderoso Alá también ha dicho:

********árabe

«¿Acaso habéis considerado equivalente la acción de dar de beber a los peregrinos y mantener en buen estado la Mezquita Sagrada a la de quien cree en Alá y en el Último Día y, además, lucha por la causa de Alá? (Sabed que, en cuanto a rango,) no son iguales ante Alá, y Alá no guía por el camino recto a la gente injusta. Quienes creen, emigran y luchan con sus vidas y sus bienes por la causa de Alá poseen un rango superior ante Alá; esos son los triunfadores. Su Señor les anuncia Su misericordia, Su complacencia y jardines en los que vivirán eternamente en felicidad perpetua. Ciertamente, junto a Alá hay una recompensa y una retribución inagotables». (Sura at-Tawba: 19-22)

 [Once]

Castigo de bandidos y salteadores, y durante la

la guerra, actos prohibidos a las fuerzas armadas

Castigo de bandidos, salteadores y saqueadores. Cuando enviaba a alguien al yihad, el Noble Profeta (la paz y las bendiciones de Dios sean con él) le aconsejaba: «Combatirás al enemigo, pero no transgredirás los límites. Cumplirás tus promesas y compromisos; no mutilarás a nadie del bando enemigo cortándole las orejas o la nariz. No matarás a los niños pequeños ni matarás a quienes permanezcan inactivos en sus propias casas con sus armas. Si los infieles mutilan a los musulmanes, también está permitido que estos hagan lo mismo con los agresores, aunque es mejor no hacerlo».

Respecto al castigo de los bandidos que saquean y asaltan las pertenencias de viajeros y forasteros, sean habitantes rurales o aldeanos, campesinos o soldados inmorales, jóvenes de la ciudad o cualquier otra persona, el texto coránico dice:

**********Árabe

«A quienes hacen la guerra contra Dios y Su Mensajero y se dedican a sembrar la corrupción y el terrorismo destructivo en la tierra, el castigo en los tribunales islámicos será: darles muerte, crucificarlos, cortarles las manos y los pies de lados opuestos o desterrarlos. Esa será su humillación en este mundo, y en la otra vida tendrán un castigo terrible». (Sura de La Mesa Servida, 5:33)

Acerca de los bandidos y saqueadores, entre otros, Ibn Abbás (que Dios esté complacido con él) dijo: el imán al-Shafií (que Dios tenga misericordia de él) lo narró en su obra Sunan:

************Árabe

«Si cometen homicidio y saquean bienes, se les impondrá la pena de muerte como castigo y serán crucificados. Si solo cometen homicidio sin saquear bienes, se les impondrá la pena de muerte, pero no serán crucificados. Sin embargo, si únicamente se llevan los bienes y no matan a nadie, se les amputarán las manos y los pies de manera inversa. Y si no se llevan bienes y se limitan a sembrar el miedo, serán desterrados».

Esta es la opinión del imán al-Shafi‘i, del imán Ahmad y de la mayoría de los juristas islámicos. Además, esta opinión se aproxima mucho a la del imán Abu Hanifa.

Entre ellos habrá algunos respecto de los cuales el juez principal y el emir deberán ejercer el iytihad y realizar una consideración especial. Tanto si se los ejecuta como si no, deberá tenerse presente lo que resulte beneficioso. Según la naturaleza del delito y sus circunstancias, se impondrá la pena de muerte u otro castigo.

Aunque no hayan tomado dinero ni bienes, si son fuertes y valientes y tenían la capacidad de arrebatarlos si lo hubieran querido, se les aplica la misma norma. Según algunos, si saquean bienes, se les impondrá la pena de amputación de las manos, pero no serán crucificados. La mayoría de los ulemas sostiene la primera opinión.

Si una persona comete bandolerismo y, además, asesina, en tal caso el imán, el emir, el juez o el gobernante ejecutará contra ella la pena hadd: le impondrá la pena de muerte. En ninguna circunstancia está permitido perdonar a una persona así. Según Ibn al-Mundhir, existe consenso unánime —iyma— al respecto. Esto no depende de la opinión de los herederos de la víctima.

En cambio, si una persona mata a otra por enemistad mutua, animosidad o cualquier otra razón, los herederos de la víctima tienen derecho a exigir su ejecución, perdonarla o aceptar una compensación de sangre. Esto se debe a que el homicidio se cometió con un propósito y por una razón específicos.

El consenso de los alfaquíes, es decir, de los expertos en derecho islámico, es que todos los bandoleros deben ser condenados a muerte. Esto se debe a que han saqueado y robado bienes. Al igual que los ladrones, causan un grave perjuicio a la sociedad. Por ello, se les debe imponer la pena de muerte como hadd.

Si la víctima no es de la misma condición o kufūʾ que el homicida; por ejemplo, si el homicida es un hombre libre, pero la víctima es un sirviente o esclavo, o si el homicida es musulmán y la víctima es un no musulmán dhimmí o mustaʾman (que goza de protección estatal), existe discrepancia sobre si, en tal caso, es obligatorio condenarlo a muerte, basándose en el principio de «vida por vida», por haber cometido el homicidio. Sin embargo, se observa que la opinión más sólida favorece la pena de muerte. Pues, ante el temor de una gran corrupción, lo beneficioso para la sociedad es ejecutar a tal criminal sobre la base de los hudud. Del mismo modo que se corta la mano por saquear o arrebatar bienes, y se impone una pena de prisión por violar los derechos ajenos.

Si el grupo organizado de combatientes adversarios es de la clase de los bandidos y ladrones, y solo uno de ellos comete el homicidio mientras los demás son sus cómplices, se ha dicho que solo el homicida debe ser condenado a muerte. Según la mayoría de los especialistas en derecho islámico, todos ellos deben ser ejecutados, sin importar cuán numeroso sea el grupo. También se ha transmitido esta misma opinión de los Califas Rectamente Guiados. Umar (que Dios esté complacido con él) había condenado a muerte al observador cómplice del bando enemigo. Este se sentaba en un lugar elevado, vigilaba los movimientos de los musulmanes y se dedicaba a proporcionar información a los infieles. Pues el homicida logra cometer el asesinato precisamente gracias a la información y la ayuda proporcionadas por personas de esta clase. Por tanto, son copartícipes por igual tanto de la recompensa como del castigo. Del mismo modo, los muyahidines participan por igual de la recompensa y del botín. El Noble Profeta (que la paz y las bendiciones de Dios sean con él) dijo:

**********Árabe

«La sangre de los musulmanes tiene toda el mismo valor; incluso la garantía otorgada por el más humilde de ellos será plenamente respetada. Frente al adversario, son como un solo brazo. Y cuando una pequeña fuerza enviada por los musulmanes envía el botín después de obtener la victoria, quienes la enviaron y permanecieron atrás también son partícipes iguales de él».

En resumen, si una pequeña fuerza compuesta por un puñado de soldados es enviada a algún lugar por un gran ejército musulmán, después de obtener la victoria todos, incluido el ejército entero que la envió y permaneció atrás, participarán por igual del botín que haya obtenido. Esto se debe a que fue gracias a su fuerza y a su apoyo que aquella fuerza pudo vencer. Naturalmente, conceder a los soldados de la pequeña fuerza algo adicional a su parte proporcional es una cuestión aparte. El Noble Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) concedió algo adicional a las pequeñas fuerzas en las guerras de «sariyya» —es decir, aquellas en las que él mismo no participaba—. Primero les concedió, después del jums (una quinta parte), una cuarta parte. Más tarde, cuando la gente regresó al país y enviaba sariyyas desde las distintas regiones, les concedió un zuluz, es decir, una tercera parte, en lugar del jums. Del mismo modo, si el ejército obtiene un botín, también debería incluirse en él a la sariyya. Pues la sariyya también es una unidad militar de los musulmanes; había sido enviada por una necesidad especial. Así ocurrió en la batalla de Badr, cuando se concedió una parte a Talha (que Allah esté complacido con él) y a Zubair (que Allah esté complacido con él). Habían sido enviados por el bien de la comunidad y por una necesidad militar. Por tanto, como auxiliares, también tienen derecho, al igual que los demás, a beneficiarse de ello en la misma medida.

La situación de quienes mueren en guerras falsas e ilegítimas es la misma. Muchas personas se involucraban en combates mutuos motivados por el regionalismo, el sectarismo, las disputas tribales y otras cuestiones propias de la ignorancia de la época preislámica. Por ejemplo, las dos tribus de Qays y Yamani se habían involucrado en una guerra injusta, y ambas seguían una causa ilegítima. El Noble Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: «Si dos musulmanes se enfrentan entre sí con espadas y se entregan a matarse mutuamente, tanto el asesino como el asesinado estarán en el Infierno». (Bujari y Muslim)

En este caso, ambas partes se esforzaron con todo su empeño por destruirse mutuamente. Aunque el asesino y el asesinado no sabían quién mataría y quién moriría, ambos procuraban defenderse según sus posibilidades; entretanto, uno de ellos terminó muerto.

Pero si, sin matar, se limita a saquear bienes y riquezas, como era costumbre de la mayoría de los árabes de la época preislámica, habrá que amputar a cada uno la mano derecha y el pie izquierdo. La mayoría de los imanes, entre ellos el imán Abu Hanifa, el imán Shafi‘i y el imán Ahmad, sostienen esta opinión. El Corán también la respalda. Así se declara:

«O amputarles las manos y los pies de lados opuestos». (Sura al-Maida: 33)

Como realizaba el saqueo con las manos y avanzaba por los caminos con los pies, por ello, para garantizar la seguridad social y erradicar por completo esta tendencia delictiva, se debe imponer la pena de amputar estos dos miembros. Después, con el propósito de detener la hemorragia, se debe cauterizar la herida con aceite de oliva hirviendo o por algún otro medio.*(Nota: Actualmente se emplean diversos métodos para detener la hemorragia. En aquella época, para este propósito se cauterizaba con aceite de oliva.) Esto se hace para que no muera. La mano del ladrón también debe amputarse de la misma manera.

De este modo, la amputación de las manos y los pies contiene un castigo y una disciplina mucho más aterradores que la pena de muerte. Pues, cuando la gente lo ve mientras camina por la sociedad, comenta entre sí que eso es la consecuencia de tal delito. Así se infunde temor en el ánimo de la población. En el Corán se dice: «¡Oh, gente dotada de entendimiento! En el castigo de qisas —vida por vida, mano por mano y, de igual manera, miembro por miembro— hay seguridad para la vida de las personas». Además, la consecuencia de la pena de muerte puede ser olvidada por la gente al cabo de pocos días. Por eso, algunas personas prefieren ser asesinadas o morir antes que sufrir la amputación de las manos y los pies. Por tanto, puede decirse que este castigo para el ladrón es verdaderamente muy eficaz y aleccionador.

Los adversarios armados habían desenvainado sus armas, pero no habían herido a nadie ni saqueado bienes; más bien, envainaban sus espadas, huían o evitaban el saqueo y el enfrentamiento. En tal caso, deben ser desterrados. Se ha explicado que el destierro significa impedirles reunirse en grupo en las afueras de cualquier ciudad, puerto o población, o en cualquier asentamiento. Según algunos, desterrar significa mantenerlos encarcelados. Otros han dicho que corresponde al imán, al emir o al gobernante, es decir, a las autoridades estatales y judiciales, determinar qué medida es la correcta —el destierro, el encarcelamiento u otra—, según lo que sea beneficioso para la nación. Ese es el significado del exilio o destierro.

El procedimiento establecido por la ley de la sharía para ejecutar la pena de muerte de un delincuente cuya culpabilidad ha sido probada consiste en matarlo con una espada o cualquier otra arma afilada, lo cual es el método más sencillo. Esta es la disposición establecida por Dios para ejecutar la pena de muerte a una persona y sacrificar un animal. Por eso, el Profeta —la paz y las bendiciones de Allah sean con él— dijo:

«Allah ha prescrito la benevolencia y la misericordia hacia todos los seres vivos. Cuando ejecutéis —en el marco de la justicia estatal— a un delincuente cuya culpabilidad haya sido probada, hacedlo de la mejor manera; y cuando sacrifiquéis un animal, sacrificadlo de la mejor forma. Afilad bien vuestros cuchillos para que el animal sacrificado recobre rápidamente la calma». (Muslim)

También dijo: «Los creyentes son quienes proporcionan mayor tranquilidad al ejecutar la pena de muerte del delincuente». El método de crucifixión, sin crueldad, consiste en colgarlo en un lugar elevado, para que la gente pueda verlo públicamente y el hecho se difunda ampliamente. Según la mayoría de los juristas islámicos, después de ejecutar la pena de muerte se debe colgar al condenado de esa manera. Algunos sostienen que se debe ejecutar la pena de muerte crucificando al delincuente.

Algunos eruditos juristas consideran lícito ejecutar la pena de muerte también por otros medios distintos de la espada. No es lícito en absoluto mutilar al asesinado cortándole la nariz y las orejas. Sin embargo, si ellos hacían lo mismo con los musulmanes, estos también lo hacían con ellos. Aun así, se consideraba mejor no proceder de ese modo. Así, Allah, el Altísimo, dice a los creyentes:

*********Árabe

«Tratad con los enemigos con la misma dureza con la que ellos os han tratado, cuando sea necesario. Y si tenéis paciencia, eso es mejor para los pacientes. Y, ¡oh, Profeta!, tened paciencia; ciertamente, no os es posible tenerla sino con la ayuda de Alá». (Sura An-Nahl: 126-127)

Se narra que este versículo fue revelado precisamente en el contexto de la cruel conducta de los incrédulos hacia Hazrat Hamza (que Alá esté complacido con él) y los mártires de Uhud. Al contemplar la escena de la mutilación infligida a ellos, el Mensajero de Alá (la paz y las bendiciones de Alá sean con él), profundamente afligido, dijo:

*******Árabe

«Si Alá me concede la victoria, los mutilaré el doble de lo que ellos nos han hecho». Después, aunque el versículo mencionado ya había sido revelado anteriormente en La Meca, volvió a ser revelado.

*******Árabe

«¡Oh, Profeta! Te preguntan acerca del misterio del ruh. Di: “Es una orden de mi Señor”». (Sura Bani Isra’il: 85)

Asimismo, se transmite que el siguiente versículo fue revelado dos veces:

*******árabe

«¡Oh, Mensajero! Cumple la oración en ambos extremos del día y en las primeras horas de la noche. Ciertamente, las buenas obras borran las malas». (Sura Hud: 114)

De igual modo, el versículo de la sura An-Nahl fue revelado primero en La Meca y después nuevamente en Medina. Es decir, fue revelado dos veces.

Las instrucciones del Mensajero de Allah para abstenerse de la opresión en el campo de batalla

Después de que fue revelado este versículo, el Profeta (s.a.) dijo: ******Árabe «Más bien, tendremos paciencia». En Sahih Muslim se narra, por autoridad de Hazrat Baruda ibn al-Hasib (r.a.), que dijo: «Siempre que el Santo Profeta (s.a.) enviaba a alguien como comandante (líder) de una sariyya, es decir, de un pequeño destacamento, o de un gran ejército, después de darle a él y a sus compañeros consejos especiales y exhortaciones a temer a Allah, les decía:

******Árabe

«Lucha en el nombre de Allah, combate en el camino de Allah y lucha contra quienes, por incredulidad hacia Allah, obstaculizan a los viajeros del camino de la verdad y la justicia. Pero no transgredas los límites, no traiciones ni practiques la mutilación. Y no mates a los niños».1 (Muslim) (1: Esta era la estrategia militar y el carácter del Santo Profeta, colmados de justicia y valores humanos; gracias a ello, en el breve lapso de aproximadamente medio siglo, la mitad del mundo, incluido el mundo árabe, pasó a estar bajo la sombra del islam y la bandera del islam comenzó a ondear por todas partes. En la Arabia de entonces, el tribalismo, el nepotismo, el regionalismo y otras costumbres supersticiosas eran tan fuertes que no se observaban en ningún otro lugar del mundo. Cada tribu tenía su propio dios. Frente a la lealtad tribal, se ignoraban incluso la justicia, los principios y hasta la humanidad. Por grave que fuera el delito cometido injustamente por un miembro de la propia tribu, no se consideraba delito alguno frente a otra tribu, ni existía castigo o reparación por ello. Como consecuencia, las grandes potencias de entonces, los imperios persa y romano, no pudieron establecer aquí un dominio permanente. Por otra parte, nadie pudo unir las tribus locales dispersas para formar un Estado bajo una única autoridad. En realidad, la arraigada concepción errónea del tribalismo era el principal obstáculo para la unidad de los árabes. El Sagrado Corán presentó una imagen de aquel terrible tribalismo al dirigirse al Santo Profeta (s.a.).

*******Árabe

Se ha dicho: «Aunque gastaras todos los tesoros del mundo, no podrías crear en sus corazones un sentimiento de unidad y armonía; pero solo Allah ha creado afecto y amor en sus corazones. Ciertamente, Él es Todopoderoso y Sabio». (Sura Al-Anfal)

En realidad, en el mundo contemporáneo, la concepción tribal solo era literalmente efectiva en la península arábiga, por lo que esta región nunca se integró en los imperios persa y romano. Y si alguna vez ocurrió, fue algo temporal. Por eso, ninguna gran potencia pudo establecer un dominio pleno sobre esta región. Por otra parte, ellos mismos tampoco pudieron dar origen a un Estado soberano, independiente y poderoso. El Gran Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) era famoso entre la gente desde su infancia con el epíteto de «Al-Amín». Este era el título que el pueblo le había otorgado por consenso unánime. Su trato era igual para con todos. Después de la hégira a Medina, Allah, el Altísimo, le encomendó la responsabilidad del califato. En apenas cuatro o cinco años, logró unir a las tribus mutuamente dispersas con los lazos del amor y la unidad; bajo su gran liderazgo, toda la sociedad, liberada de la maldición del tribalismo de la época de la ignorancia, se fundió en un solo cuerpo y una sola alma. Gracias a esta unidad y disciplina, los imperios romano y persa se vieron obligados a postrarse ante la supremacía islámica.

Cabe destacar especialmente que, al contemplar la estremecedora escena de la mutilación perpetrada por los incrédulos en el cuerpo martirizado de Hazrat Hamza en el campo de Uhud, de los labios del Gran Profeta, con el corazón afligido, brotaron estas palabras: «Si tenemos la oportunidad, haremos lo mismo». En este contexto, Allah se dirigió a él diciendo:

*****আরবী

«¡Oh musulmanes! Si es necesario ser severos con los enemigos, adoptad exactamente el mismo grado de severidad que se ha empleado contra vosotros; pero si tenéis paciencia, eso es mejor para los pacientes. Y, oh Profeta, ten paciencia, pero no te es posible tener paciencia sino con la ayuda de Allah». (Sura An-Nahl: 126-127) Entonces él dijo: ********আরবী «Ciertamente, tendremos paciencia».

Basándose únicamente en su carácter moral, logró establecer un Estado islámico en toda la península arábiga en un período de cuatro o cinco años. Sin embargo, en lo relativo a los límites prescritos por Allah, no perdonó a nadie. En verdad, dio muestras, en su conducta y trato, de una firmeza de principios, valentía, visión de futuro, generosidad y nobleza de espíritu extraordinarias. Además, mediante una lluvia de benevolencia y misericordia, respondió al odio, la enemistad, la rebelión y toda clase de injusticia y opresión. Cuanto más aumentaba la opresión, más extendía, como respuesta, la mano de su benevolencia. Puso en práctica plenamente, con absoluta sinceridad, el propósito y el espíritu del Corán. En el Corán se ha dicho:

***********আরবী

«¡Oh Profeta! El bien y el mal no pueden ser iguales; rechaza el mal de la mejor manera. Si haces eso, incluso el peor enemigo se convertirá en un amigo íntimo. Pero solo a los pacientes se les concede la oportunidad de obrar de la mejor manera, y se les concede a quienes son verdaderamente afortunados». (Sura Ha-Mim As-Sajdah: 34-35)

También se ha declarado:

*******árabe

«Estos son aquellos a quienes se concederá una recompensa doble como retribución por su paciencia; (por haber creído en la Torá y en el Corán), y quienes repelen la falsedad con la verdad y gastan en Mi camino de los bienes que les he concedido». (Sura al-Qasas: 54)

Es digno de contemplación el ejemplo de vida del Noble Profeta (s.a.s.): sus propios familiares y miembros de su tribu lo sometían a toda clase de tormentos, le causaban sufrimiento y, mediante injustos ataques, hacían sangrar su cuerpo bendito; sin embargo, aun en tal estado, de su bendita lengua brotaban buenas súplicas en lugar de maldiciones. Después de indescriptibles tormentos, de sus labios emanaba:

**********árabe

«¡Oh, Allah! Perdona a mi pueblo, pues ellos no comprenden».

En verdad, un lenguaje como este es el que debía brotar de los labios de un profeta. Por ello, contiene materia de reflexión para las personas sensatas. El ihsan, es decir, la magnanimidad y la benevolencia, tiene cuatro grados mediante los cuales se puede hacer frente a la injusticia y la opresión del pueblo: (1) perdonar y disculpar; (2) hacer istighfar por ellos, es decir, suplicar a Allah que perdone sus faltas; (3) presentar ante Allah una súplica por causa de la injusticia y la opresión del pueblo: se comportaron así porque no comprendieron; de otro modo, no lo habrían hecho; (4) mostrar tanta bondad hacia el pueblo que se atraiga la misericordia de Allah diciendo: «¡Oh, Allah! Ellos son mis propios familiares de mi tribu». Del mismo modo que alguien intercede por su propio hijo, siervo o amigo diciendo: «Este es mi hijo, mi siervo o mi amigo; hazle este favor y acepta su petición». Es digno de reflexión: si una persona querida suplicara por los suyos con un lenguaje semejante, ¿cuánto influiría ello en ellos? Este es el ejemplo del elevado carácter, el milagro, la sinceridad y el sacrificio del Profeta, que han maravillado y conmovido al mundo. Con sus virtudes, cautivó a todos.

Después, la conquista de La Meca tuvo lugar con plena pompa y esplendor. Él entró allí con el porte de un conquistador. Los líderes derrotados de Quraysh fueron llevados ante el mismo Profeta, por cuya opresión había sufrido e incluso había sido expulsado de su tierra.

Entre los prisioneros también se encuentra el hombre que colocó las entrañas de un camello sobre la espalda del Profeta mientras este se hallaba prosternado en la oración; hoy están presentes asimismo los funcionarios que, por parte de los coraixíes, fueron a Abisinia contra los musulmanes que habían emigrado y buscado refugio junto al emperador de Abisinia, Nayashi. También están los que hirieron a Hazrat Siddiq Akbar (que Dios esté complacido con él) por predicar la profesión de la unicidad divina; los que propusieron asesinar al Santo Profeta (s.a.) en una reunión consultiva celebrada en el salón de Dar al-Nadwa y participaron en el pacto para matarlo; los instigadores que mantuvieron al Santo Profeta (s.a.) bajo vigilancia durante tres años en el «Shi’b de Abu Talib»; los tiranos que lo obligaron a abandonar su querida patria, La Meca; los infieles que participaron en las batallas de Badr, Uhud y la Trinchera; el pecador que mutiló el cuerpo de Hazrat Hamza tras matarlo; los que incitaron a las tribus árabes contra el Profeta; y los cabecillas de las conspiraciones contra el islam y el Profeta. En suma, los enemigos mortales de Su Eminencia se encuentran hoy, prisioneros y con la cabeza inclinada, ante la corte del Santo Profeta como criminales de guerra. Sin embargo, aunque entró en La Meca con el porte de un vencedor, de la boca del Santo Profeta (s.a.) se pronuncian respecto de estos criminales merecedores de muerte las siguientes palabras:

**********Árabe

«Quien entre en la casa de Abu Sufyan estará a salvo; quien cierre la puerta de su propia casa, y quien entre en la mezquita, también gozará de seguridad».

Después, de pie ante la puerta de la Kaaba Sharif, proclamó:

********Árabe

«No hay divinidad salvo Allah; Él es único y no tiene asociados. Ha cumplido Su promesa, ha auxiliado a Su siervo y Él solo ha derrotado a todas las tribus. ¡Atención! Toda compensación de sangre, todo derramamiento de sangre y todo bien reclamable quedan puestos bajo mis dos pies. Sin embargo, la custodia de las llaves de la Casa de Allah y el servicio de dar de beber a los peregrinos permanecen en manos de sus anteriores responsables».

Después, dirigiéndose a los coraixíes de La Meca con voz sumamente solemne, el Santo Profeta proclamó:

*********Árabe

«¡Oh, qurayshíes! ¿Qué clase de trato esperáis hoy de mí?»

Los qurayshíes respondieron: «Uno bueno, porque usted es nuestro hermano bondadoso y nuestro noble sobrino». En respuesta, el Profeta (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) pronunció su histórica declaración: «Id, pues; hoy sois todos libres e independientes». Su misericordia y favor son motivo de orgullo para la humanidad. Así fue como tomó venganza de sus antiguas malas acciones.

Esta es la misericordia y el favor del Profeta, y el temor de Allah del líder del Califato islámico: un modelo excelente para la humanidad y un certificado de liberación eterna.

)

Si los infieles avanzan armados hacia una población musulmana con el propósito de saquear sus bienes, ¿serán llamados «muhárib», es decir, agresores que han declarado la guerra? Existe discrepancia al respecto. Según algunos, no se los puede llamar «muhárib» ni agresores, sino que son bandidos y maleantes antisociales. Cuando se pide ayuda contra ellos, los habitantes de las ciudades y poblaciones acuden espontáneamente. La mayoría sostiene que una gran población y un desierto despoblado tienen la misma norma. El imán Malik, el imán al-Shafi‘i, la mayoría de los discípulos del imán Ahmad y algunos discípulos del imán Abu Hanifa apoyan esta opinión. Sin embargo, en realidad es más apropiado imponer un castigo severo a este tipo de delincuentes en ciudades y puertos que por el bandidaje y el saqueo en campos y llanuras despoblados. Esto se debe a que las ciudades y poblaciones suelen ser más seguras. Es fácil que sus habitantes acudan rápidamente en ayuda mutua. Por tanto, en esos lugares solo un grupo poderoso puede emprender actos de bandidaje y saqueo. Precisamente porque tienen semejante audacia, se atreven a entrar en las viviendas de los ciudadanos y apoderarse por la fuerza de sus riquezas y pertenencias. En cambio, los viajeros suelen llevar pocas pertenencias. Por ello, es fácil atacarlos con una fuerza reducida. Esta es la opinión más correcta y razonable sobre ellos.

Si combaten con palos, garrotes o piedras, también serán llamados «muhárib». Al respecto se ha transmitido la opinión de los juristas: «El combate solo puede realizarse con armas afiladas». Algunos han citado el consenso de los sabios según el cual el enfrentamiento realizado con armas afiladas y pesadas se denomina «muháraba». Haya o no discrepancia sobre este asunto, la opinión correcta es aquella sobre la que se ha establecido el consenso de los musulmanes. Y esta consiste en que quien recurre al asesinato y al saqueo con el propósito de apoderarse de bienes merece ser llamado «muhárib», bandido, saqueador, etc., cualquiera que sea la forma en que provoque el enfrentamiento. Así, al infiel que combate contra los musulmanes se lo llama «harbí». Combata como combata —con espada, lanza, piedras o cualquier otra cosa—, será denominado «harbí», mientras que a los musulmanes que se le oponen se los llamará «muyahidines en el camino de Allah». También se considerará «muhárib» a quien asesina secretamente para apoderarse de bienes: por ejemplo, quienes construyen tiendas, posadas y hoteles residenciales en lugares destacados junto a los caminos para dar alojamiento a viajeros, y luego, cuando tienen a su alcance a algún viajero extranjero, lo matan y le roban todas sus pertenencias. Algunos también llaman a sastres, médicos y curanderos a sus casas mediante el pago de honorarios, los engañan, los asesinan y les roban todo cuanto poseen. Después de saquear sus bienes, ¿se los llamará «muhárib» y se les aplicará la pena hadd? Los juristas sostienen dos opiniones al respecto. (1) Está incluido entre los muhárib. Esto se debe a que el asesinato abierto y el cometido mediante engaño pertenecen a la misma categoría. En ambos casos resulta difícil salvar la vida. Más aún, el asesinato premeditado mediante conspiración es más peligroso que el asesinato abierto, pues quizá sea posible protegerse de este último, mientras que resulta mucho más difícil salvarse de un asesinato secreto. (2) Solo el asesino que actúa abiertamente es, en realidad, un «muhárib». Además, el caso del asesino que mata mediante engaño pertenece al derecho de los herederos de la víctima. Sin embargo, la primera opinión es más compatible con los principios de la Sharía, pues en este caso existe un riesgo de daño aún mayor que en el caso del muhárib.

¿Cuál es la norma si alguien asesina al jefe del Estado? Los juristas discrepan sobre este asunto. Por ejemplo, fueron martirizados el honorable Uthman y el honorable Ali, que Allah esté complacido con ambos. Ahora bien, ¿son muháribes sus asesinos? ¿Se les aplicará la pena hadd? ¿O se confiará el caso a los herederos? Existe discrepancia al respecto. Del imán Ahmad se han transmitido dos opiniones sobre este asunto. Según una de ellas, es un muhárib, porque el asesinato de una persona de tan alto rango del Estado entraña un grave riesgo de desorden y devastación en la sociedad.

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Sobre el castigo de quienes asesinan al jefe del Gobierno o del Estado

Si al muharib que asesina al sultán o al califa se le aplicará el hadd o si el asunto se dejará en manos de los herederos; si el presidente posterior o su representante convoca al asesino, pero miembros de su tribu o grupo acuden en su ayuda y comienzan a prepararse para el enfrentamiento, los juristas islámicos coinciden en que, en tal situación, es obligatorio para los musulmanes combatirlos hasta derrotar y capturar al asesino y a sus partidarios y colaboradores.

Si el sultán, el lugarteniente del sultán, el presidente, el jefe de Gobierno o el hakim convoca ante el tribunal al asesino del jefe de Estado con el propósito de aplicarle el hadd conforme a la justicia y la equidad, y en ese momento los partidarios del asesino se preparan para entablar un enfrentamiento, entonces es obligatorio para todos los musulmanes lanzarse al yihad contra ellos, con el apoyo de las fuerzas gubernamentales. La lucha deberá continuar hasta que sean derrotados. Los juristas islámicos de todos los niveles sostienen una opinión unánime al respecto. Si no se someten salvo ante la pena de muerte, deberán ser reprimidos por cualquier medio posible. Para preservar la ley y el orden, estos rebeldes, incluidos los partidarios del asesino, deberán ser ejecutados en gran número. Esto se debe a que aquello era una cuestión de aplicar el hadd, mientras que esto es un enfrentamiento contra el islam. Por tanto, puesto que se trata propiamente de un yihad, su importancia es mayor. Al provocar el desorden en la sociedad, se agrupan para saquear riquezas, destruir los cultivos y causar muertes, entregándose a actividades destructivas para la sociedad. Su objetivo no es establecer la religión ni servir al país. Son equiparables a quienes combaten contra el islam: aquellos que se apostan en fortalezas, cumbres rocosas o valles para despojar de todos sus bienes a los viajeros y perpetrar asesinatos injustos. Si el rey, el hakim, el gobernante o el ejército los invita a obedecer y les ordena arrepentirse, pedir perdón, incorporarse al grupo de los musulmanes y someterse a la aplicación del hadd, ellos responden iniciando la guerra y adoptan medidas de defensa propia. Su situación es como la de quienes saquean los bienes de los peregrinos y viajeros, o como la de los bandidos y salteadores que acechan en las colinas de las montañas, o como la de los asaltantes que se abalanzan por sorpresa sobre viajeros que se dirigen a otros países. Aun así, enfrentarse a ellos no equivale a enfrentarse a los kafir, porque no son kafir. Antes de que saqueen los bienes ajenos, no es lícito saquear sus bienes. Y si efectivamente saquean, deberá exigírseles una indemnización equivalente, cuando no sea posible identificar al saqueador. Pero si se identifica al verdadero saqueador, tanto él como todos sus ayudantes serán culpables en igual grado, como se explicó anteriormente. Por consiguiente, una vez probado fehacientemente que alguien es el saqueador, se le cobrará como multa una cantidad de bienes equivalente a lo saqueado. De lo contrario, la responsabilidad recaerá sobre los ricos de su propia tribu. Sin embargo, si resulta difícil cobrarles la indemnización, deberá fijarse un salario mensual para los soldados que combaten contra ellos en interés de la nación. Esto se debe a que esta guerra se libra con el objetivo de aplicar el hadd y prevenir el desorden social. Si alguno de los enemigos del islam y enemigos públicos resulta gravemente herido, ellos deberán hacerse cargo de su tratamiento. Que muera, pues, sin medicinas. Si huyen, no será necesario perseguirlos mientras no exista temor de que se ponga en peligro la seguridad pública. No obstante, si es obligatorio aplicar el hadd a alguno de ellos o existe el temor de que la seguridad de la población se vea amenazada, será indispensable perseguirlos.

A quienes sean capturados entre ellos se les deberá aplicar el hadd, como a los demás. Algunos faqih se inclinan por adoptar una política aún más severa: consideran lícito confiscarles bienes de ghanima y separar de ellos el khums, es decir, la quinta parte. Sin embargo, la mayoría de los faqih se opone a esta opinión. Pero si buscan refugio en algún país fuera del Estado islámico y desde allí participan activamente en conspiraciones contra los musulmanes, deberán ser condenados a muerte por el delito de tomar las armas contra los musulmanes.

Un grupo de personas no se dedica al bandidaje ni al saqueo, pero cobra a los viajeros y caminantes una cantidad fija por persona y por cada camello u otro animal, a cambio de custodiar las caravanas y garantizar su seguridad; esto se considera una forma de impuesto. Por tanto, deben ser castigados como quienes recaudan impuestos injustos. Existe desacuerdo entre los juristas islámicos respecto a la ejecución de esta clase de delincuentes. Esto se debe a que no son bandidos ni salteadores, aunque las rutas permanecen seguras gracias a ellos. Estos recibirán un castigo severo el Día de la Resurrección.

El Noble Profeta (la paz y las bendiciones sean con él) dijo acerca de una mujer de Ghamid:

**********árabe

«Ha hecho un arrepentimiento tan sincero que, si los recaudadores del impuesto de guerra hubieran hecho un arrepentimiento semejante, también ellos habrían sido perdonados».

Y no se puede gastar en absoluto dinero en favor de quienes luchan junto con los muharibes para recuperar sus bienes, mientras no les sea posible combatir. El Noble Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo:

*********Árabe

«Quien muere protegiendo sus bienes es un mártir; quien muere protegiendo su vida es un mártir; quien muere protegiendo su religión es un mártir; y quien muere defendiendo el honor y la dignidad de su propia familia también es un mártir».

En este caso, los juristas han utilizado la palabra árabe ****, cuyo significado es un opresor sin ta’wil ni poder estatal.

Si no es posible someterlos sin combatir, habrá que recurrir necesariamente a la guerra. Pero si se puede apartarlos de ese mal camino gastando cierta cantidad de dinero con el propósito de reformarlos, sin entablar combate, eso también está permitido.

Pero si su propósito es atentar contra el honor de alguien, violar la dignidad de su madre, hermana, esposa, hija, etc., o cometer actos inmorales con una mujer o un niño, habrá que enfrentarse a ellos incluso poniendo en juego la vida y los bienes. Incluso, si fuera necesario, habrá que combatirlos. Es decir, en ninguna circunstancia se les puede permitir la oportunidad de cometer semejantes actos pecaminosos. Sin embargo, si se puede lograr el objetivo ofreciéndoles dinero, eso está permitido. Aun así, no se puede tolerar que se atente contra el propio honor ni contra el honor de las mujeres.

Y si su propósito es matar a alguien, entonces es absolutamente necesario proteger la vida y resulta indispensable adoptar medidas de autodefensa.

Al respecto, se observan dos opiniones en la escuela de los ulemas, del imán Ahmad y de otros. Esto constituye únicamente una medida militar mientras exista un sultán o gobernante en el país. Pero, «quiera Allah que no ocurra», si debido a la lucha por el poder entre dos gobernantes se produce una gran fitna en el país, la población debe mantenerse neutral y no unirse a ninguno de los bandos. Sobre este asunto también existen dos opiniones en las distintas escuelas, incluida la del imán Ahmad.

Si el gobernante logra detener a los ladrones, bandidos, salteadores y saqueadores, deberá recuperar de ellos los bienes saqueados, devolvérselos a sus legítimos propietarios y aplicarles el hadd. El mismo fallo se aplica al ladrón. Cuando se obtengan pruebas fehacientes, deberá recuperar de ellos los bienes robados, castigándolos, incluso mediante golpes si fuera necesario, devolverlos a sus propietarios y mantenerlos encarcelados. Después, estos deberán presentar los bienes saqueados por medio de un representante o indicar dónde fueron escondidos. Deberán recibir el mismo castigo que se impone a quienes se niegan a entregar lo que corresponde a los acreedores. Del mismo modo, si el marido y la esposa se niegan a cumplir mutuamente sus derechos, o si la esposa es desobediente, la sharía establece un castigo, y en este caso también se aplicará. Más bien, merecen un castigo aún mayor por no cumplir los derechos de quienes tienen derecho a ellos. No obstante, el propietario conservará el derecho a perdonar al delincuente y, si lo considera conveniente, podrá eximirlo del castigo. El asunto del hadd, sin embargo, es diferente: nadie tiene derecho a impedir su aplicación ni a perdonarlo. Es una norma definitiva establecida por Allah.

Es deber del imán o gobernante exigir al ladrón una indemnización si este destruye los bienes robados, del mismo modo que se exige una indemnización al malversador. El imán al-Shafi‘i y el imán Ahmad apoyan esta opinión. Sin embargo, si se encuentra en una situación de incapacidad, se le deberá conceder un plazo. Algunos han dicho que la multa y la amputación de la mano no pueden aplicarse simultáneamente. Esta es la opinión de los partidarios del imán Abu Hanifa. Según otros, la obligación de pagar una multa solo se aplica cuando existe solvencia económica. Esta es la opinión de los partidarios del imán Malik. No está permitido que el Gobierno cobre a los propietarios los gastos, honorarios u otras compensaciones por enfrentarse a ladrones y salteadores o por buscar los bienes. Las autoridades gubernamentales no pueden, bajo ninguna circunstancia, presionar al propietario para obtener una compensación para sí mismas o para sus soldados. Más bien, enfrentarse a ellos es comparable al yihad. Por tanto, los gastos deberán sufragarse de la misma fuente de la que se financia el yihad. Si a los muyahidines se les han concedido tierras o el Gobierno les ha asignado un salario, eso será suficiente; de lo contrario, sus necesidades se cubrirán con el tesoro público. Esto también forma parte del «yihad fi sabilillah».

Si un viajero que no ha pagado el zakat resulta capturado accidentalmente junto con un ladrón, se deberá cobrarle el zakat y emplearlo en el yihad en cuestión, del mismo modo que se gasta en las tropas enviadas contra los salteadores.

Si, debido a su poder, surge la necesidad de proporcionarles ayuda económica para ganarse sus corazones, esta deberá entregarse únicamente a sus jefes, procedente de los fondos del fay’ y del zakat, con la condición de que presenten a los demás o abandonen sus actividades terroristas. Es lícito que el imán adopte una medida de este tipo, pues con ello su poder se debilitará. Además, pasarán a pertenecer a la categoría de los «mu’allafat al-qulub». El Corán, la Sunna, los principios de la sharía, el imán Ahmad y otros imanes destacados apoyan esta opinión.

No se debe enviar a débiles, viajeros, comerciantes ni personas ricas para enfrentarse a ladrones, salteadores y terroristas. Más bien, el gobernante debe obtener ayuda económica de los ricos y enviar a esta tarea a personas fuertes, valientes y dignas de confianza. Sin embargo, si no se encuentran personas de ese tipo, podrá considerarse una alternativa.

Algunos funcionarios gubernamentales, dirigentes, subjefes, jefes, gobernantes y altos oficiales militares apoyan y patrocinan, abierta o secretamente, de manera directa o indirecta, a terroristas y ladrones antisociales, y se apoderan de una parte de los bienes que estos saquean. Persuaden al denunciante a cambio de una pequeña cantidad de dinero, y este también termina aceptando por obligación. Esto constituye un delito grave. Son delincuentes aún más peligrosos que los jefes de los ladrones y salteadores, porque a estos últimos se les puede someter, mientras que a aquellos resulta difícil someterlos.

Por tanto, la norma aplicable a estos es la siguiente: por su responsabilidad en el apoyo a los antisociales, también son culpables de un delito punible. Así, si los salteadores matan, según el hadizrat Umar y la mayoría de los ulemas, también se les deberá condenar a muerte. Y si los salteadores saquean bienes, también se les amputará la mano derecha y el pie izquierdo. Si participan en ambos delitos, el asesinato y el saqueo, deberán ser ejecutados y crucificados. Según un grupo de ulemas, se les deben amputar las manos y los pies, ejecutarlos y después colgarlos en la cruz. Según otros, existe la opción de aplicar una de las dos penas: la ejecución o la crucifixión. Esto se debe a que, aunque en la práctica no participaron en el saqueo o el bandidaje ni dieron una autorización pública, sí se apropiaron de una parte de los bienes saqueados. Además, tras su captura, abusaron de su poder por interés personal y codicia, frustrando la aplicación de la norma de la sharía. Sin embargo, era obligatorio aplicarles el hadd. Y es obligatorio cumplir tanto los derechos de Allah como los derechos de Sus siervos. Al darles refugio y protegerlos, participaron por igual en los asesinatos y saqueos. Por ello también son delincuentes sobre quienes han recaído la maldición de Allah y de Su Mensajero. Así, se ha narrado en Sahih Muslim, por transmisión de Hazrat Ali, que el Noble Profeta dijo:

*********Árabe

“El delincuente, el pecador y quien da refugio al delincuente: Allah los ha maldecido”.

Si se demuestra que alguien ha dado refugio a un enemigo de la sociedad, se le debe ordenar al protector que presente al delincuente o indique su paradero. Si cumple debidamente la orden, tanto mejor; de lo contrario, no es ilícito detenerlo hasta que el delincuente sea capturado y, cuando sea necesario, golpearlo y someterlo a maltrato físico para averiguar su paradero. Ya se ha expuesto que no hay más remedio que castigar a quien impide o rehúye entregar los bienes obligatorios.

Quien conozca el paradero de los bienes o de la persona buscados tiene la obligación de revelar esa información. No le está permitido en absoluto ocultarla, pues en realidad esto constituye una colaboración en la realización del bien, y colaborar en la piedad y en las buenas obras es obligatorio. En cambio, si se busca información sobre la vida o los bienes de alguien con el propósito injusto de oprimirlo y maltratarlo, no está permitido en absoluto revelar esa información, porque en realidad ello equivale a ayudar al pecado y a la mala conducta. Más bien, es obligatorio ocultar esa información e impedirlo, porque es obligatorio ayudar al oprimido. Se ha transmitido de Anas ibn Malik (que Allah esté complacido con él) que el Noble Profeta (que Allah le bendiga y le conceda paz) dijo:

*********Árabe

«Ayuda a tu hermano opresor o a tu hermano oprimido». Pregunté: «¡Oh, Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él)! Ayudar al hermano oprimido es ciertamente correcto. Pero ¿cómo ayudaré al opresor?». Él respondió: «Impídele cometer injusticias; eso es ayudarlo» (Bujari, Muslim).

Se narra de Hazrat Bara ibn Azib (que Allah esté complacido con él), en Bujari y Muslim, que el Noble Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) me ordenó siete cosas y me prohibió siete asuntos. Me ordenó visitar a los enfermos, participar en los funerales, responder al estornudo, cumplir los juramentos, aceptar las invitaciones y ayudar a los oprimidos. Y me prohibió usar anillos de oro, beber en recipientes de plata, vestir cualquier tipo de prenda de seda —gruesa, fina o delgada— y jugar a juegos de azar.

En resumen, si una persona que conoce el paradero del delincuente se niega a proporcionar la información, está permitido detenerla hasta que la revele o imponerle otro castigo. Sin embargo, antes de imponer el castigo debe demostrarse con certeza que conoce el paradero. El «gobernador», el juez y todos los interesados deberán aplicar esta norma con la debida seriedad, de modo que, antes de castigar a una persona que posee tal conocimiento, mediante una investigación minuciosa debe demostrarse necesariamente que conoce la información secreta. La cuestión no es que únicamente ella estuviera obligada a informar, que vosotros no estuvierais obligados a cumplir con vuestro deber, ni que deba imponerse a uno el castigo correspondiente a otro. Pues en el Corán se dice:

********Árabe

«Ningún pecador cargará con la carga del pecado de otro». (Sura an-Najm: 38)

El Noble Profeta dijo:

«Debes saber que cada pecador peca en perjuicio de sí mismo». Es decir, él mismo tendrá que sufrir las consecuencias nefastas de ello.

Por ejemplo, exigir dinero a una persona que no ha sido fiadora ni representante de nadie y que tampoco posee bienes de los cuales se pueda cobrar, o castigar a alguien por el delito cometido por un pariente o vecino suyo, cuando no es culpable de haber omitido ninguna obligación, no ha cometido ningún acto prohibido y realmente desconoce el paradero del opresor. Por tanto, no está permitido castigarlo. El castigo corresponde únicamente al verdadero delincuente. Sin embargo, si conoce su paradero, tiene la obligación de revelarlo. Esta cooperación es obligatoria para él, sobre la base del Corán, el hadiz y el consenso. Pero si, como las personas sectarias y tribales, por miedo a la injusta ayuda y el favoritismo hacia el opresor, se niega a revelar su paradero o se abstiene de hacerlo, o bien oculta la información debido a una enemistad personal con el oprimido, entonces la palabra de Allah al respecto es la siguiente:

*******árabe

«Que el deseo de vengarse de cualquier persona no sea causa de vuestra injusticia. Sed justos, porque la justicia está vinculada con la taqwa —el temor de Dios». (Sura al-Ma’idah: 8)

O también puede ser que el acusado se niegue, por cobardía, a ayudar a la religión a establecer la justicia, o que se niegue con la intención de menospreciar la religión de Allah, como hacen quienes se apartan de la religión. Cuando se les dice: «Venid a combatir por la causa de Allah», se sientan indiferentes en el suelo. En resumen, según los eruditos de todos los niveles, tales personas merecen castigo.

Las personas activas en este camino vulneran los hudud establecidos por Allah y los derechos de Sus siervos. Estas personas, débiles en fuerza, poder, valor y bravura propios, son como aquel que tiene en su poder los bienes de un opresor y un estafador, pero no se los entrega al hakim y gobernante justo que cumple con su responsabilidad religiosa. Como consecuencia de su falta de cooperación, ellos se ven impedidos de cumplir con su deber. Por tanto, son delincuentes merecedores de castigo. Sin embargo, la razón por la que no informa de ello o no presenta al delincuente o los bienes sustraídos es que quien los reclama ejercerá sobre él opresión y violencia. De lo contrario, sería una persona benefactora y virtuosa; pero es sumamente difícil determinar qué constituye cooperación ilícita y qué situación surge del impulso de protegerse de la opresión y la violencia. Aquí existe la posibilidad de que se conjuguen tanto la sospecha como el impulso de las pasiones. Por consiguiente, es deber del hakim distinguir entre la verdad y la falsedad.

Esta situación suele surgir entre los ricos, tanto del campo como de la ciudad. En cuanto un pariente, un amigo o alguien que busca refugio solicita su ayuda, en sus corazones se enciende el fuego de este injusto favoritismo. Además, el deseo de establecer su influencia y autoridad entre las personas inmorales de la sociedad los impulsa a cometer esta injusticia. Por ello, anulan los derechos legítimos y las reclamaciones válidas tanto del opresor como del oprimido. Especialmente si el oprimido es un rico de su misma categoría, considera que entregar al solicitante de refugio sería humillante para él y contrario a su honor propio. Sin embargo, esto no es más que el fruto ilegítimo de una concepción ignorante nacida de la época de la ignorancia. En realidad, ellos son la fuente principal de la corrupción tanto en la religión como en la vida mundana. Se ha narrado que la mayoría de las guerras y los enfrentamientos sangrientos de la época de la ignorancia se produjeron por esta razón. El favoritismo hacia los parientes y el espíritu tribal fueron los que incitaron a los Banū Bakr y a los Banū Taghlib al célebre enfrentamiento sangriento conocido como la «Guerra de Basūs».* (Nota: La causa de la guerra llamada la «Guerra de Basūs», librada entre las famosas tribus árabes de aquel tiempo, Bakr y Taghallub, fue la siguiente: un día, el influyente jefe tribal Kulayb Wā’il ibn Rabīʿa vio que una camella desconocida pastaba junto a la suya; pertenecía a un huésped de Basūs bint Munqidh, de la tribu de Tamīm. ¿Cómo podía la camella de otro pastar y comer hierba en el mismo terreno que la suya? Esto hirió profundamente su orgullo. Inmediatamente hirió con una flecha la ubre de aquella camella y la ahuyentó. Cuando la camella herida regresó a casa, Basūs, al verla, se llevó las manos a la cabeza y gritó: «¡Ay… qué humillación!». Esto provocó una gran conmoción en la tribu de Bakr. Un miembro de la tribu de Bakr mató inmediatamente a Kulayb de un golpe de lanza. Como consecuencia, estalló un sangriento enfrentamiento entre ambas tribus, que continuó sin interrupción durante cuarenta largos años, desde el año 891 d. C. Como resultado, innumerables personas de ambos bandos perdieron la vida y numerosas familias quedaron arruinadas y devastadas. Sin embargo, en su origen no había ningún acontecimiento verdaderamente importante. El falso orgullo étnico, la vanagloria del linaje, la injusta obstinación y el deseo devastador de venganza fueron las principales causas de esta guerra.)

Con las llamas del pensamiento tribal de la época de la ignorancia y del orgullo propio, los bárbaros turco-tártaros lograron devastar el mundo musulmán. Por la misma razón, se les facilitó el camino para establecer su dominio sobre los sultanes y reyes de Mā warāʾ an-Nahr, Jorasán y otras regiones. Ocultos tras la misma ignorancia, el tribalismo, el orgullo étnico y el falso esplendor de la nobleza, lograron apoderarse del imperio musulmán y reducir a polvo la civilización musulmana construida durante mil años.* (Nota: Entre los demás factores que contribuyeron al derrumbe de los cimientos del Imperio abasí, extendido de horizonte a horizonte, la nobleza y el injusto orgullo propio fueron en gran medida responsables. Sus fronteras se extendían por un vasto territorio, desde Arabia y las tierras no árabes, desde Irán y Roma hasta Sind. Europa y Asia se encontraban dentro de su esfera de influencia. Poderosos emperadores como al-Mansur al-Abbasí, Harún al-Rashid y al-Mamún al-Rashid abrieron las puertas del conocimiento y la ciencia para el desarrollo de la civilización humana. Ellos enseñaron al mundo los métodos de gobierno; gracias a sus políticas liberales, los europeos pudieron emprender la búsqueda del conocimiento. Por iniciativa suya, en la vasta extensión del imperio se establecieron centros del saber y célebres universidades. En una palabra, no sería exagerado llamarlos maestros del mundo entero. Como potencia de aquella época, se encontraban en la cumbre de la dignidad. Pero, tras apartarse del camino de la religión, después del año 107 d. C., toda la nación, víctima de la disgregación causada por el tribalismo de la ignorancia, las disputas sectarias y las querellas entre chiíes y suníes, quedó debilitada e incapacitada; esto recuerda la situación de los judíos y cristianos en la época del Profeta, cuya condición podemos comprender en las palabras del Corán, como sigue:

***********árabe

«Y los judíos decían: “¡La religión de los cristianos! No es ninguna religión”. Por su parte, los cristianos decían: “La religión de los judíos tampoco tiene valor”, aunque ambos grupos leen el Libro». (Sura al-Baqara: 113) En fin, en aldeas y campos, en ciudades y puertos, en mezquitas y madrasas; en una palabra, por todas partes, desde el pueblo hasta los soldados, se extendieron las semillas de la disgregación y el tribalismo. Como consecuencia de semejante discordia interna, comenzaron las luchas y las matanzas entre ellos. La comunidad chií empezó a pensar en establecer su propio Estado. Finalmente, llegó a tener la oportunidad. El primer ministro chií del califato abasí, al-Alqami, aprovechando la división sectaria, invitó a Gengis Kan a atacar el califato. La nación ya estaba atrapada de antemano en la red de la disgregación, oculta tras el tribalismo y el sectarismo. Entonces, ¿quién podría detener ya a los bandidos tártaros? Así, se hizo correr un torrente de sangre en Bagdad. La metrópoli de Bagdad comenzó a flotar en la sangre sagrada de casi ciento cincuenta mil musulmanes, la mayoría de los cuales eran ulemas, eruditos, emires, ricos y comandantes militares. En suma, como resultado de la discordia interna y del sectarismo religioso, la civilización islámica, construida mediante el esfuerzo de cientos y cientos de años, quedó reducida a polvo en un instante. Incluso en semejante situación, la nación no recobró el juicio. Las discrepancias mutuas entre el sah de Jorezm y los califas abasíes se encontraban entonces en su punto culminante. En Ghor, Afganistán y la India gobernaban entonces los miembros de la dinastía ghúrida. La dinastía fatimí de Egipto estaba siendo exterminada a manos de Saladino ayubí. Precisamente en semejante situación, los feroces tártaros, respaldados por el sah de Jorezm, asestaron un golpe devastador al imperio islámico. Como consecuencia, el imperio islámico, Asia y los países de Europa oriental pasaron a estar bajo el dominio de los tártaros. Así, la civilización islámica y el imperio musulmán, construidos poco a poco durante más de mil años de esfuerzos, se desvanecieron en las terribles fauces de la autodestrucción. Por tanto, ******árabe, ¡oh pensadores, oh gente sabia!

El califato cuya base fue establecida por el propio Noble Profeta (s. a. s.) en Medina Tayyiba, y que Hazrat Siddiq-e Akbar (r. a.) y Hazrat Faruq Azam (r. a.) dirigieron conforme al principio «En nuestra religión, el desarrollo del liderazgo consiste únicamente en servir», cuyos fundamentos eran el Corán y la Sunna, cuya constitución había descendido del cielo, y que en menos de medio siglo sometió a la mitad del mundo; el califato cuya irresistible expansión de influencia en todo el mundo garantizó a la humanidad paz y seguridad; el califato considerado el centro vital de la seguridad de la humanidad; el califato que estableció en la sociedad humana la fraternidad, la igualdad, la compasión, el temor de Dios, la justicia y los principios de equidad; el cual fue una gracia divina para el bienestar de la humanidad; el califato que garantizaba la reforma integral de la religión y del mundo; el califato que era el punto de encuentro de las tribus enfrentadas de Arabia y hacia el cual incluso los ángeles del cielo deseaban dirigir la mirada y establecer su morada: así, su forma real se desvaneció en el seno del pasado. Del mismo modo que la injusticia, la opresión, el lujo y la conducta pecaminosa destruyen por completo al individuo, la familia, la tribu y, en consecuencia, a la nación, la pereza, la codicia, la ambición, el orgullo de clase y el chauvinismo quiebran la columna vertebral política y económica de una nación. *******árabe «Por tanto, los entendidos deberían reflexionar profundamente». En la historia existen innumerables pruebas de ello. A quien se humilla por Allah, Allah lo eleva en dignidad. A quien practica la justicia y se considera insignificante, Allah lo honra. Pues los temerosos de Dios, los muttaquíes y los piadosos son los más honrados y dignos ante Allah. Pero quien intenta obtener dignidad negando la verdad y mediante la fuerza y la opresión es un pecador; Allah lo humilla, y él mismo queda envilecido por sus propias acciones. Allah dice:

*******árabe

«Quien desee su propia dignidad debe saber que la dignidad pertenece exclusivamente a Allah». (Sura Fátir: 10)

Respecto a los hipócritas, Allah dice:

**********árabe

«Los hipócritas dicen: “Cuando regresemos a Medina, los honorables de allí expulsarán a los despreciados”, pero el verdadero honor pertenece a Allah, a Su Mensajero y a los creyentes; sin embargo, los hipócritas no lo saben». (Sura al-Munafiqun: 8)

Sobre las personas de este carácter también se ha declarado:

*******árabe

«¡Oh, Profeta! Hay personas cuyas palabras sobre la vida mundana te resultan atractivas y que ponen a Allah como testigo de lo que hay en sus corazones, aunque son los más encarnizados disputadores entre tus enemigos. Y, cuando se marchan, se afanan especialmente en causar corrupción en la tierra. Se esfuerzan por destruir las cosechas de los campos y la descendencia de los seres humanos y de los animales, pero Allah no ama la corrupción. Cuando se les dice: “Temed a Allah”, su vanidad y su orgullo insustanciales los impulsan a pecar. Por tanto, el Infierno les bastará; ¡qué pésima y vil morada!» (Sura Al-Báqara: 204-206)

Por consiguiente, es deber de quien ofrece refugio comprobar si el solicitante realmente está oprimido. Si en verdad ha sido víctima de persecución y opresión, le dará refugio. Sin embargo, no basta con afirmar que se es oprimido para demostrarlo; debe haber una causa válida y una participación efectiva detrás de ello. Pues muchas veces se ve que una persona se lamenta diciendo que ha sido oprimida, cuando en realidad ella misma es una opresora tiránica. Por eso, deberá preguntar a algún adversario ante las personas de su entorno y conocer los hechos reales. Si mediante la investigación se demuestra que en verdad es un opresor, intentará convencerlo y apartarlo de la opresión, se esforzará por encaminarlo hacia la rectitud mediante un trato amable, buscará una solución conciliatoria convocando a ambas partes si es posible y recurrirá a la fuerza cuando sea necesario. Si todos los esfuerzos fracasan, lo entregará a las autoridades encargadas de aplicar la ley estatal.

Si la situación es tal que cada una de las dos partes es a la vez opresora y oprimida, como suelen ser los esclavos del nafs y los materialistas —tal como se observa con frecuencia entre las tribus Qays y Yamani, así como entre los habitantes de las ciudades y del campo—, o si ninguna de las dos partes es opresora, pero ambas han entablado un conflicto por alguna sospecha o debido a una interpretación errónea, en tal caso se intentará resolver la cuestión fundamental de la disputa; incluso, si fuera necesario, habrá que recurrir al arbitraje. Allah ha dicho:

************Árabe

«Si dos grupos de creyentes se enfrentan, reconciliadlos; y si uno de ellos oprime al otro, combatid al grupo opresor hasta que vuelva al mandato de Allah. Y si regresan, reconciliadlos con equidad y justicia. Ciertamente, Allah ama a quienes actúan con justicia. Los creyentes son hermanos entre sí. Así pues, reconciliad a vuestros hermanos y temed a Allah; quizá se os tenga misericordia». (Sura Al-Huyurat: 9-10)

Además, se dice:

*************Árabe

«En la mayoría de sus consejos no hay ningún bien, salvo en quien ordena dar caridad, hacer buenas obras y ofrecer consejos beneficiosos entre la gente. Y a quien haga esto buscando la complacencia de Allah, le concederé una enorme recompensa». (Sura An-Nisá: 114)

Se relata del Noble Profeta (la paz sea con él) en Abū Dāwūd que le preguntaron: «¿Es sectarismo de la época de la ignorancia ayudar a un hombre de la propia tribu en un asunto de verdad?». Él respondió: (***árabe) No. Y dijo además:

*******árabe

Más bien, ayudar a alguien de la propia tribu en una acción injusta es lo que constituye el sectarismo. Dijo:

********árabe

“Entre vosotros, el mejor defensor es aquel que defiende a su propia tribu sin involucrarse en ninguna injusticia”.

El Noble Profeta (la paz sea con él) dijo:

*********Árabe

“Quien ayuda a su propia tribu en una acción injusta es como ese camello que cae en un pozo y mueve la cola”.

También ordena:

*********árabe

«Cuando oigas que alguien ha izado el estandarte de la ignorancia, arráncalo de raíz, para que no pueda crecer».

En suma, todo llamamiento, convocatoria o explicación de carácter genealógico, territorial, étnico, religioso o de cualquier otra índole que sea contrario al islam y a la prédica del Corán constituye la oscuridad de la yahiliya, es decir, de la ignorancia preislámica. Quien haga algo semejante habrá izado el estandarte de la ignorancia. Más bien, es semejante a aquellos dos hombres, uno de los muháyirun y otro de los ansar, que, al verse envueltos accidentalmente en una disputa, hicieron que el muháyir gritara: *******árabe (¡Oh, muháyirun!), mientras el ansar clamaba: ******árabe (¡Oh, ansar!), diciendo. Por ello, en aquella situación, el Mensajero de Allah tuvo que decir: *******árabe

«¿Acaso os lanzasteis en nombre de la yahiliya, mientras yo mismo estoy presente entre vosotros?»

En resumen, expresó su profundo descontento con la conducta de ellos.

trece

Sobre la base del testimonio o de la propia confesión

El tema de la amputación de la mano del ladrón

Cuando el robo quede probado mediante testimonios o por la propia confesión del ladrón, se le deberá amputar la mano de inmediato. Es ilícito encarcelarlo o dejarlo en libertad a cambio de dinero.

Es obligatorio amputar la mano del ladrón. Esto está sólidamente demostrado por el Corán, los hadices y el «iyma‘». Allah, el Altísimo, ha dicho:

********árabe

«Cortad las manos tanto al ladrón como a la ladrona; esto es una sanción por lo que han cometido, establecida por Allah. Ciertamente, Allah es Poderoso, Sabio. Pero quien se arrepienta después de haber cometido el delito y se reforme, Allah aceptará su arrepentimiento. En verdad, Allah es Indulgente y Misericordioso». (Sura Al-Ma’idah: 38-39)

Una vez probado el delito de robo mediante testimonios o la propia confesión, se deberá aplicar inmediatamente el «hadd» y ejecutar la pena prescrita; no está permitido retrasarlo. No se podrá encarcelar al culpable ni dejarlo en libertad a cambio de una «fidya», es decir, dinero. Su mano deberá ser amputada a plena luz del día y en el momento establecido. Pues así como el yihad en el camino de Allah es un acto de adoración, también la aplicación del «hadd» se cuenta entre los actos de adoración; y se debe mantener en el corazón la convicción de que aplicar el «hadd» es una gracia especial de Allah para la humanidad.

Por tanto, los gobernantes, jueces y responsables del Estado deben ser firmes en este asunto, sin mostrar indulgencia ni compasión, y el «hadd» no debe ser anulado bajo ninguna circunstancia. Deben albergar en su interior la convicción de que hemos tomado la medida de aplicar el «hadd» como una misericordia de Allah para el pueblo y con el propósito de apartar del mal a quienes son propensos a delinquir, no por orgullo ni por ira, sino del mismo modo en que un padre educa a su hijo. Si un padre, evitando asumir la responsabilidad de educar debidamente a su hijo, lo entrega al cuidado de la madre, la ternura propia de la maternidad le impedirá formarlo adecuadamente. Como resultado, el carácter del muchacho se corromperá. En realidad, es bajo la disciplina estricta del padre como el hijo llega a formarse civilizado, sereno, instruido y virtuoso. Esta es la responsabilidad fundamental de la paternidad y su verdadera benevolencia hacia el hijo.1 (Nota 1: Algunas personas de pensamiento superficial del mundo moderno califican la amputación de la mano por robo como una ley bárbara y un castigo severo. Sin embargo, la realidad demuestra exactamente lo contrario. Cuando en una aldea, comunidad o región donde se cometen robos se amputa la mano de una o dos personas, toda la comunidad se vuelve pacífica y segura, y nadie se atreve a volver a robar. Así se ve que esta amputación trae un beneficio inconmensurable a la sociedad. En cambio, el castigo por robo establecido hoy por las leyes creadas por el ser humano, como dice el poeta, «se volvió intenso el tormento del pecado después de recibir el castigo…». Este tipo de castigo solo perjudica a la sociedad y no le aporta ningún beneficio. Al ir a la cárcel y mezclarse con ladrones veteranos, el nuevo ladrón regresa convertido en un delincuente hábil. En cambio, si se aplica la disposición punitiva establecida por el islam, la posibilidad de robo desaparece por completo. Allah queda complacido y, además, la paz, la seguridad y la tranquilidad descienden sobre la sociedad. Al conocer los beneficios y el misterio esencial del «hadd», la persona castigada también queda satisfecha al pensar que ha encontrado un medio para librarse del severo castigo de la otra vida. Esto puede llevar al delincuente a adoptar el taqwa. Como resultado, la felicidad y la paz se establecen en la sociedad y en el Estado.

En suma, dentro de la disposición de la sharía del «hadd» se encuentran infinitas bendiciones y diversos beneficios. La paz desciende sobre la vida terrenal y la eterna. Que Allah conceda a los habitantes del mundo la capacidad de comprender la importancia de este asunto. Aunque no lo haga todo el mundo, que al menos los países musulmanes se esfuercen por aplicar esta legislación penal del islam y tengan la oportunidad de disfrutar de sus beneficios. ) O bien son como el médico compasivo que, con el propósito de curar al enfermo, le prescribe una medicina amarga. O como ese órgano putrefacto del cuerpo humano cuya separación mediante una operación permite preservar el resto del cuerpo. O como cuando se hiere el cuerpo al aplicar ventosas con la esperanza de extraer la sangre impura, y se soporta temporalmente ese dolor pensando en el bienestar futuro. En suma, para aliviar la enfermedad y alcanzar el bienestar, el ser humano soporta todos estos sufrimientos. Ese es también el misterio del «hadd»: mediante el castigo, el delincuente puede alcanzar la paz eterna.

Al aplicar las penas hadd, el objetivo del gobernante y del juez debe ser alcanzar el bienestar general del pueblo, reprimir a los malvados y fomentar el bien entre los virtuosos. Además, debe tener la intención de que, mediante ello, primero se cumpla el mandato de Alá y, segundo, este castigo resulte suficiente para la persona acusada y se convierta en un medio de salvación en el Más Allá, pues por medio de él se produce su purificación espiritual. Del mismo modo, aplicar las penas hadd, es decir, hacer cumplir el código penal islámico, no es sino una inmensa gracia directa de Alá para todos.

Por el contrario, si el objetivo de las autoridades estatales es convertir en esclavos a los siervos de Alá, mantener su propia autoridad, demostrar su superioridad y obtener beneficios personales, grupales y económicos, el resultado será opuesto. Al desviarse del objetivo principal, se perderá de vista el verdadero propósito de las penas hadd.

Se cuenta que, antes de ser nombrado califa, Umar ibn Abd al-Aziz era gobernador de Medina por designación de al-Walid ibn Abd al-Malik. Se dedicó plenamente a cumplir debidamente sus responsabilidades en el gobierno y el servicio público. En cierta ocasión, Hajjaj ibn Yusuf llegó a Medina procedente de Irak y preguntó a sus habitantes acerca de Umar ibn Abd al-Aziz:

«¿Qué influencia tiene sobre vosotros?» La gente respondió: «¿Qué podemos decir de su influencia? Ni siquiera nos atrevemos a mirarlo por miedo». Hajjaj preguntó: «¿Cómo es vuestro amor por él?» Ellos respondieron: «Lo amamos más que a nuestras propias familias». Hajjaj preguntó: «¿Cómo es su trato como gobernante hacia vosotros?» Ellos respondieron: «Suele azotarnos entre tres y diez latigazos». Entonces Hajjaj dijo:

«Este amor, temor e influencia, así como esta conducta de gobierno, han descendido del cielo; la ley de Alá es también así».

Después de cortar la mano, es recomendable aplicar inmediatamente aceite caliente en el lugar amputado.1 (Nota 1: Hoy en día se utilizan otros medicamentos para este fin. Su objetivo principal es detener la hemorragia y evitar la muerte causada por la pérdida de sangre.) También es mustahabb colgar la mano amputada alrededor de su cuello. Si roba por segunda vez, se le debe cortar el pie izquierdo. En cuanto al castigo que debe imponerse si roba por tercera vez, se observa una discrepancia entre los compañeros y los posteriores expertos en derecho islámico. Según algunos, si roba por tercera y cuarta vez, se le debe cortar la mano izquierda o la derecha. Hazrat Abu Bakr Siddiq (r. a.), el imán al-Shafi‘i y, según una transmisión, el imán Ahmad, sostienen esta opinión. La segunda opinión del imán Ahmad es que debe ser encarcelado. Hazrat Ali (r. a.) y los sufíes favorecen esta opinión. 1 (Nota 1: La opinión de Hazrat Abu Hanifa al respecto es que, en los casos de amputación de la mano, debe tenerse en cuenta la situación socioeconómica: si existe o no en la sociedad un sistema de distribución económica equitativa. Además, ¿el robo se debe a la necesidad o a un hábito?)

La mano solo debe cortarse cuando se alcanza el nisab del robo. Según el imán Malik, el imán al-Shafi‘i, el imán Ahmad y otros ulemas, así como los habitantes del Hiyaz y los expertos en hadices, la cantidad es un dinar cuarto (un cuarto de dinar) o 3 (tres) dírhams. Según algunos, el nisab para cortar la mano es un dinar o diez dírhams. En Bujari y Muslim, Hazrat Ibn Umar (r. a.) transmite del Noble Profeta (s. a. s.) que el Noble Profeta (s. a. s.) ordenó cortar la mano por el robo de una «mijanna», es decir, un escudo, valorado en tres dírhams. Por tanto, el deber del musulmán es—

************Árabe

«Le cortó la mano a un ladrón por haber robado un escudo valorado en tres dírhams». Aisha (que Allah esté complacido con ella) narró que el Noble Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo:

*******árabe

«Por robar una cuarta parte de  dinar o más, se debe cortar la mano». En Muslim también se narra:

**********árabe

«Solo se le cortará la mano al ladrón por robar un objeto cuyo valor sea de una cuarta parte de un dinar o más».

En una narración de Bujari, el Noble Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo:

*******árabe

«Cortad la mano por robar una cuarta parte de un dinar; no la cortéis por robar menos que eso». En aquella época,  el valor de un dinar era de tres dírhams, y el valor monetario de un dinar completo equivalía a 12 dírhams.

Solo se considerará probado el delito de robo después de haber sustraído un bien protegido.

Por ejemplo, la sustracción de un bien perecedero o desprotegido, de los frutos y flores de árboles situados en campo abierto, sin muros ni cercas, o de animales sin pastor, entre otros casos, no se considerará un robo sujeto al hadd. Por tanto, no se cortará la mano por sustraer tales bienes. Sin embargo, al ladrón se le impondrá ta‘zir, es decir, un castigo disciplinario, y se le exigirá el pago de una compensación doble, tal como se ha mencionado en el hadiz.

Los ulemas discrepan sobre cuál debe ser la cuantía de la compensación. Hadrat Rafi‘ ibn Jadiŷ (que Allah esté complacido con él) narra: «Oí decir al Noble Profeta (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él): “No se cortará la mano por robar frutos ni dátiles maduros”». (Sunan)

El abuelo de ‘Amr ibn Shu‘ayb dice: «Oí a un hombre de la tribu de Banu Muzayna preguntarle al Noble Profeta (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él):»

*******árabe

“He acudido ante usted para preguntarle acerca del camello perdido”.

Él dijo:

*******árabe

«Tiene consigo su alimento: comerá plantas y beberá agua en el abrevadero. Déjala; quien la busca podrá encontrarla».

El hombre preguntó: «¿Cuál es su dictamen sobre una oveja perdida?». El Hazur (r. a.) respondió:

********Árabe

«Será para ti, para tu hermano o para el tigre; protégelo hasta que venga quien lo busca». Él dijo:

******Árabe

«Harīsah», es decir, lo que se toma de la custodia del pastor». Él dijo:

*******Árabe

«Se deberá pagar el doble de su valor y aplicar taʿzīr. Y si el valor del animal robado del establo es igual al valor de un escudo, se deberá cortar la mano».

El hombre preguntó: «¡Oh, Mensajero de Allah! ¿Y si roba frutas?». El Profeta (que Allah esté complacido con él) respondió:

*********Árabe

«Quien se mete en la boca parte de estas frutas, sin llevárselas, no recibirá ningún castigo. Pero si se lleva consigo una parte, deberá pagar el doble de su valor y recibir ta‘zir. Sin embargo, si se lleva la planta entera, y su valor equivale al de un escudo, habrá que amputarle la mano; pero si su precio es inferior al de un escudo, deberá pagar una multa doble y recibir ta‘zir mediante azotes». (Sunan)

Después añadió:

*******Árabe

«Al ladrón, al asaltante y al que comete una traición no se le cortará la mano».

Al carterista y al que sustrae bienes guardados en un pañuelo o en una manga se le cortará la mano, según la opinión más sólida de los eruditos.

[Catorce]

Castigo por lapidación para los adúlteros y los homosexuales

El castigo del adúltero: dar muerte por lapidación al adúltero casado. El castigo de la «liwāṭ», es decir, la homosexualidad: matar tanto al homosexual como a aquel con quien se comete este acto abominable.

El «rajm», es decir, dar muerte por lapidación, es el castigo del adúltero casado. El Mensajero de Allah hizo lapidar a Māʿiz ibn Mālik al-Aslamī y a la mujer «ghāmidiyya»* (*Nota: Una mujer perteneciente a los compañeros, mencionada en los hadices como «la ghāmidiyya», cometió el acto de adulterio. Nadie más tenía conocimiento ni sospecha de este asunto. Sin embargo, ella creía que el Altísimo Allah conocía su pecado y que Su castigo era mucho más doloroso que todos los sufrimientos de este mundo. Por ello se presentó ante el Huzur (s.a.) y, relatando detalladamente el pecado que había cometido, suplicó: «Purifícame imponiéndome el castigo correspondiente». Como el Huzur (s.a.) no le dio mucha importancia, volvió a insistir: «¡Huzur! Lo que digo no es el delirio de una loca. Estoy haciendo esta declaración voluntaria y conscientemente. Haz que me lapiden, para que pueda librarme del castigo de la otra vida». También dijo: «Creo que he quedado embarazada como resultado de una relación ilícita». Al escuchar su relato, el Huzur (s.a.) dijo: «Si es así, ahora no se te puede aplicar el hadd. Ven después del parto».

Después del parto, aquella sierva de Allah se presentó ante el Huzur (s.a.) con el niño en brazos y suplicó: «¡Huzur! Soy aquella mujer pecadora. Ya he dado a luz; por tanto, purifícame mediante el castigo». El Huzur (s.a.) dijo: «El niño todavía depende de la leche materna. Ven cuando haya sido destetado y empiece a comer pan». Después, cuando el niño estuvo en edad de comer pan, ella se presentó ante el Huzur (s.a.) con un trozo de pan en la mano. El niño estaba masticando el pan. Ella suplicó: «¡Huzur! Soy aquella mujer pecadora. Mi hijo ya no necesita leche. Mire, está comiendo pan. Ahora entréguelo a alguien y procure mi liberación del castigo de la otra vida».

Por consiguiente, la mujer fue lapidada hasta morir. Uno de los que lanzaban piedras hizo un comentario desfavorable. Al enterarse de ello, el Huzur (r.a.) preguntó a aquel compañero: «¿Por qué hiciste eso? ¿Sabes que ella se ha arrepentido con un arrepentimiento tal que, si se distribuyera entre todos los habitantes de Medina, bastaría para la salvación de todos ellos? ¡Allah es el más grande! ¡Qué maravillosa manifestación de preocupación por la otra vida!»

También hizo aplicar el «rajm» a algunos judíos. Después de él, los Califas Rectamente Guiados y los musulmanes aplicaron el «rajm» como castigo por la zina.

Ahora bien, ¿se deben aplicar cien azotes antes del «rajm» y luego proceder al «rajm»? Existe divergencia de opinión al respecto entre los especialistas en derecho islámico. En la escuela del imán Aḥmad ibn Ḥanbal (que Allah tenga misericordia de él) se encuentran dos opiniones.

(1) Si el adúltero no es muḥsin (casado), se le deben aplicar cien azotes conforme a la disposición del Libro de Allah.

(2) Conforme a la indicación del hadiz del Noble Profeta (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él), junto con cien latigazos debe ordenarse el destierro o exilio por un año. Sin embargo, según algunos ulemas, no es obligatorio imponer un año de exilio.

Según la mayoría de los juristas islámicos, no se puede aplicar el hadd (castigo) al adúltero hasta que se acepte el testimonio de cuatro testigos o hasta que él mismo confiese cuatro veces. Sin embargo, algunos juristas sostienen que no es especialmente necesario confesar cuatro veces, sino que basta con confesar una sola vez. ¿Qué ocurre si alguien, después de confesar por primera vez, lo niega posteriormente? Según algunos ulemas, en ese caso se le exime del hadd (castigo por adulterio). Por el contrario, según otros, el hadd no se extingue, sino que debe ejecutarse.

Se considera muhsin a quien es ‘azad’, ‘hur’, mukalaf (apto para cumplir las disposiciones de la sharía) y, después de un matrimonio válido, ha mantenido relaciones con su esposa al menos una vez.

También se plantea aquí la cuestión de si la persona con quien se mantuvieron relaciones sexuales pertenece a la categoría de muhsin, siempre que se cumplan las condiciones mencionadas. A este respecto, se observan dos opiniones entre los ulemas.

(1) Una muchacha murhiqa (cercana a la pubertad) ha cometido adulterio con un hombre púber. O un muchacho murahiq (cercano a la pubertad) ha cometido adulterio con una mujer púber.

A continuación, para los dhimmíes se aplica la misma disposición. Si es muhsin, según la mayoría de los ulemas, se aplicará el rajm. Esta es, entre otras, la opinión del imán al-Shafi‘i y del imán Ahmad.

Pues el Noble Profeta (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) hizo lapidar a unos judíos delante de la puerta de su mezquita, y este fue el primer rajm en el islam.

Si se encuentra embarazada a una mujer sin esposo, y además no tiene ningún amo o señor presente ni existe posibilidad alguna de duda respecto al embarazo, en la escuela jurídica del imán Ahmad (que Allah tenga misericordia de él) y de otros se registran dos opiniones.

(1) No se le debe aplicar el hadd, pues es posible que haya quedado embarazada como consecuencia de haber sido violada. O que haya sido secuestrada por la fuerza. O que, debido a una confusión, se hayan mantenido relaciones con ella creyendo que era la propia esposa.

(2) Se le debe aplicar el hadd. La exención está acreditada por los Califas Bien Guiados y es conforme con los principios de la sharía; además, esta es también la opinión de la escuela jurídica de los habitantes de Medina. Esto se debe a que se trata de una posibilidad remota. Y no es apropiado conceder importancia a posibilidades tan remotas.

Por ejemplo, que haya hecho una confesión falsa o que exista la posibilidad de que el testimonio de los testigos resulte falso.

Respecto al castigo del «luti» (quien practica el coito anal entre varones) y del «liwāṭ» (coito anal entre varones), algunos juristas sostienen que también se les debe aplicar el hadd, es decir, un castigo análogo al de la zina. Según otros, por el delito de liwāṭ, es decir, homosexualidad, corresponde imponer una pena más leve que la de la zina. Por otro lado, todos los Compañeros del Profeta (ra) sostuvieron unánimemente que tanto al practicante del coito anal entre varones como a aquel con quien se practica, sea muhsan o no, ******árabe ambos deben ser condenados a muerte. Pues se ha transmitido en un hadiz, por medio de Ibn Abbás (ra), que el Noble Profeta (sa) dijo:

********árabe

«A quien encontréis realizando una práctica como la del pueblo de Lot (tanto al practicante del coito anal entre varones como a aquel con quien se practica), dadle muerte».

Abu Dawud transmite, por medio de Ibn Abbás (ra): si se encuentra a un joven luti soltero con una mujer, se le debe lapidar. El venerable Alí (ra) también sostuvo esta misma opinión. Sin embargo, los demás Compañeros (ra) discreparon acerca de su ejecución y expresaron diversas opiniones. El venerable Abu Bakr as-Siddiq (ra) ordenó que se le quemara vivo.

Los demás Compañeros (ra) dijeron que debía ser condenado a muerte. Algunos dijeron que se debía ejecutar la sentencia sepultándolo bajo un muro. Otros dijeron que debía ser confinado en un lugar pútrido y maloliente, hasta que muriera en esas condiciones. Otros dijeron que debía ser arrojado desde la cima del muro más alto de la localidad al suelo y que luego se le debían lanzar piedras desde arriba. Así fue castigado el pueblo de Lot por el Dios Todopoderoso. Esta es una transmisión de Ibn Abbás (ra).

En otra transmisión de él se ha narrado que debe ser lapidado (rajm, ejecución mediante lapidación). Esta es también la opinión de la mayoría de los salaf salihin. Como prueba de esta opinión, sostienen que Allah Altísimo lapidó al pueblo de Lot y que, por analogía con ello, se estableció mediante la lapidación el castigo del culpable de zina. En cuanto a los dos pecadores que cometieron sodomía, ambos deben ser lapidados cuando hayan alcanzado la mayoría de edad, ya sean libres, esclavos o uno de ellos sea esclavo de otra persona.

Sin embargo, si el sodomita o aquel con quien se cometió el acto, uno de los dos, es menor de edad, deberá recibir un castigo inferior a la pena de muerte. En cambio, el adulto deberá ser condenado a muerte.

[quince]

Castigo de los bebedores

El castigo por beber alcohol está establecido sobre la base de los hadices del Noble Profeta (s.a.) y del «iyma» (consenso) de los juristas islámicos. A quien beba alcohol se le deben propinar latigazos. Si vuelve a beber, se le debe azotar por segunda vez. Se ha narrado que el Noble Profeta (s.a.) azotó repetidamente a los ebrios. Además, esta es también la opinión de los Califas Bien Guiados, del iyma y de la mayoría de los ulemas.

Castigo por beber alcohol: el castigo por beber alcohol está establecido por la sunna del Noble Profeta (s.a.) y por el «iyma» (consenso) de los musulmanes.

A este respecto, los especialistas en hadices y los transmisores han ofrecido relatos detallados a través de diversas cadenas de transmisión. El Noble Profeta (s.a.) dijo:

********Árabe

«Azotad a quien beba vino; si vuelve a beber, azotadlo nuevamente; si vuelve a beber otra vez, azotadlo de nuevo; pero si bebe por cuarta vez, ejecutadlo».

Además, el Noble Profeta (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) aplicó en varias ocasiones el castigo de los azotes por el delito de beber alcohol. Posteriormente, los Califas Rectamente Guiados y los musulmanes también aplicaron el castigo de los azotes por el mismo delito. Por ello, los ulemas sostienen que, basándose en esto, la pena de muerte por el delito de beber alcohol quedó abrogada. Sin embargo, algunos consideran que esta pena es «muhkam», es decir, una disposición permanente. Otros opinan que castigar con la muerte era exclusivamente una forma de «taʿzir», es decir, una medida disciplinaria. Por tanto, cuando lo considere necesario, el imán, el presidente del Estado o el juez también tiene autoridad para imponer esta pena.

Está demostrado que el Gran Profeta (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) azotó cuarenta veces y golpeó con sandalias a quien cometía el delito de beber vino. Del mismo modo, Siddiq Akbar (que Allah esté complacido con él) azotó cuarenta veces por este delito. Por otro lado, Hazrat Umar (que Allah esté complacido con él) aplicó azotes durante su califato. Sin embargo, Hazrat Ali (que Allah esté complacido con él) ordenó en ocasiones cuarenta azotes, según las circunstancias, y en otras ocasiones ochenta. Algunos ulemas han dicho que cuarenta azotes son obligatorios. Pero si una persona se acostumbra a beber alcohol y los cuarenta azotes no la hacen desistir, la aplicación de un número mayor de azotes queda a criterio del imán o del juez. O, si existe alguna otra causa semejante, se le impondrán hasta ochenta azotes, es decir, más de cuarenta. En cambio, si el número de bebedores es reducido o alguien bebe ocasionalmente y por casualidad, en tal caso cuarenta azotes son suficientes. En realidad, esta opinión es la más práctica y razonable. El imán Shafi‘i (que Allah tenga misericordia de él) también la apoya. Según una narración, el imán Ahmad (que Allah tenga misericordia de él) sostenía asimismo esta opinión.

Durante el califato de Hazrat Umar (que Allah esté complacido con él), aumentaron considerablemente las acusaciones de consumo de alcohol, por lo que también incrementó la severidad del castigo. Por ello, desterró a algunas personas y humilló a otras afeitándoles la cabeza. Por tanto, estas eran penas adicionales de carácter disciplinario. Si, después de azotar dos veces al bebedor con cuarenta azotes cada vez, aún fuera necesario aplicar «taʿzir» (castigo adicional), lo mejor sería privarlo de su sustento y desterrarlo.*(*Nota: Hazrat Abu Shahjan al-Saqafi (que Allah tenga misericordia de él) estuvo en cierta época acostumbrado a beber alcohol. Hazrat Umar (que Allah esté complacido con él) lo azotó conforme a la ley de la sharía, pero no desistió. Volvió a beber; Hazrat Faruq al-A‘zam (que Allah esté complacido con él) le aplicó por segunda vez el mismo castigo. Pero tampoco sirvió de nada: continuó bebiendo vino repetidamente, como era su costumbre, y soportando los golpes de los azotes. Finalmente, Hazrat Umar (que Allah esté complacido con él) ordenó encarcelarlo y desterrarlo. En ese momento lo entregó a Hazrat Sa‘ad (que Allah esté complacido con él), diciéndole que lo llevara consigo allí donde permaneciera o adonde fuera. Además, debía ponerle grilletes y mantenerlo separado. Hazrat Sa‘ad (que Allah esté complacido con él) llevó consigo a Abu Shahjan y le puso grilletes en los pies. Desde entonces, adondequiera que iba, lo llevaba consigo. Así, después de atravesar diversas etapas del viaje, llegó finalmente al lejano campo de batalla de Qadisiyya, en Irán.

Durante este terrible período en Qadisiyya, Hazrat Sa‘ad (que Allah esté complacido con él) era el comandante en jefe del ejército musulmán. En aquella feroz batalla, el enemigo tomó la iniciativa y ejerció una enorme presión sobre el ejército musulmán, a consecuencia de lo cual las tropas musulmanas se vieron obligadas a retroceder trescientas sesenta millas. Al amparo de aquella retirada, el ejército islámico, fortalecido por un nuevo impulso, se preparó plenamente para alcanzar la victoria final. El comandante Hazrat Sa‘ad (que Allah esté complacido con él) no había podido estar presente en el campo de batalla principal debido a una herida leve que había sufrido anteriormente. Sin embargo, sentado en el techo de un edificio, observaba el desarrollo de la batalla. Mientras tanto, en cierto momento, el combate adquirió una intensidad extrema. Al ver la retirada de los musulmanes, que no podían resistir los feroces ataques del enemigo, repetía con tono de pesar: ********árabe

«Continuaba pronunciando esta súplica que infunde fuerza». Por casualidad, Hazrat Abu Mahjan (que Allah esté complacido con él) llegó a enterarse de aquella situación crítica. Pues lo habían mantenido encadenado en la planta baja de la casa donde vivía Hazrat Sa‘ad (que Allah esté complacido con él). Al contemplar el lamentable estado de los musulmanes, comenzó a recitar repetidamente aquel poema, con una voz entrecortada por la emoción y el llanto. Decía: ********árabe

«Hoy, para mi dolor interminable, mi tristeza y mi sufrimiento sin límites, basta con que otros hagan correr sus caballos en el campo de batalla frente al enemigo, mientras yo muero lamentándome, con los pies encadenados». Mientras recitaba aquellos versos rítmicos, derramaba lágrimas. Pero ¿qué podía hacer? No había ninguna salida. Finalmente, incapaz de soportar la angustia, suplicó a la esposa de Hazrat Sa‘ad (que Allah esté complacido con él): «¡Oh mujer virtuosa! ¡Oh hija de Hafsa! Por Allah, libérame y quítame las cadenas de los pies. Los musulmanes están luchando, mientras yo estoy privado de la virtud de la yihad y de sus benditos frutos. Una grave calamidad ha caído sobre los musulmanes, mientras yo paso el tiempo encadenado. Juro por Allah que, si regreso sano y salvo del campo de batalla, volveré a colocarme con mis propias manos las cadenas en los pies. Y me las pondré de nuevo como ahora». Entonces, la esposa de Hazrat Sa‘ad (que Allah esté complacido con él), sin preocuparse por el desagrado de su esposo, abrió los grilletes de los pies de Abu Mahjan.

Abu Mahjan, recién liberado, suplicó: «¡Oh mujer virtuosa! Consígueme un caballo para poder montar». Entonces, la esposa de Hazrat Sa‘ad, sin el permiso de su esposo, llevó el caballo pío de Hazrat Sa‘ad (que Allah esté complacido con él), de color blanco y negro, junto con la armadura de hierro, la lanza y su espada, y se los entregó a Hazrat Abu Mahjan (que Allah esté complacido con él). Hazrat Abu Mahjan (que Allah esté complacido con él) montó inmediatamente el caballo, lo lanzó al galope y llegó al campo de batalla en un abrir y cerrar de ojos, donde se arrojó al combate. Con extraordinario valor, Hazrat Abu Mahjan rompió las líneas defensivas del enemigo y comenzó a destrozarlo mediante feroces ataques. Como consecuencia de sus golpes heroicos e irresistibles, el ejército enemigo se dispersó y quedó expuesto a una desastrosa derrota. Para entonces, todos los presentes comenzaron a decirse unos a otros: «Allah ha hecho descender ángeles del cielo para ayudar a los musulmanes, y este hombre está realizando actos sobrenaturales». Entretanto, el comandante Hazrat Sa‘ad (que Allah esté complacido con él), al contemplar aquella extraordinaria demostración de valor en la batalla, decía:

**********Árabe

«Al contemplar la velocidad del caballo y su manera de lanzarse al peligro, parece que es mi propio caballo ablaq; y al observar el éxito y la victoria, parece que esta es la victoria del propio Abu Mihyan. Sin embargo, Abu Mihyan cuenta los días encadenado y cautivo».

Finalmente, los musulmanes obtuvieron una victoria extraordinaria en esta batalla. Por el contrario, el bando enemigo sufrió una derrota lamentable, lo que dio inicio a un nuevo capítulo en la historia del islam. Entretanto, Abu Mihyan (que Allah esté complacido con él) regresó del campo de batalla y, tal como había prometido, se encadenó los pies y volvió a sentarse en su lugar. Sin embargo, la hazaña de Abu Mihyan y aquel acontecimiento histórico no podían permanecer ocultos. El noble Sa‘d (que Allah esté complacido con él) bajó por fin del tejado de la casa y, dirigiéndose a su esposa, Bint Hafsa, comenzó a decir: «Los musulmanes se encontraban al borde de una derrota segura, pero, cuando el Altísimo Allah hizo descender ángeles del cielo, su derrota se transformó en victoria. Sin embargo, aquel caballo era igual que mi propio caballo, y la lanza y la armadura también eran semejantes a las de mis caballos. Apenas entró en el campo, comenzó a exterminar al enemigo de tal manera que se inició el lamento entre sus tropas y estas se dispersaron. Después, aquel ángel desapareció no sé dónde».

La esposa del noble Sa‘d (que Allah esté complacido con él) dijo humildemente: «¿Puede reconocer quién era? Es aquel héroe llamado Abu Mihyan, y está pasando los días encadenado en su casa. Al enterarse de la derrota de los musulmanes, me dijo bajo juramento: “Déjame libre y permíteme combatir en el campo de la yihad. Si sobrevivo, regresaré y me pondré las cadenas con mis propias manos”. Confiando en sus palabras, le quité las ataduras. Después, cuando pidió su caballo, le entregué su caballo. Y cuando solicitó su espada, su lanza, su jabalina y las demás armas, puse todo ello en sus manos. Montó el caballo con todas las armas y pertrechos y se lanzó al campo de la yihad. Luego, tras el triunfo de los musulmanes, regresó, se encadenó los pies y volvió a sentarse en su lugar. Al escuchar el relato verdadero de la valentía, sinceridad, devoción y sacrificio de Abu Mihyan (que Allah esté complacido con él), el comandante Sa‘d (que Allah esté complacido con él) exclamó entre sollozos: “¿Cómo puede un brazo tan heroico como el de Abu Mihyan permanecer continuamente encadenado y detenido por orden del califa?”. Inmediatamente, registró por escrito todos los detalles y envió una carta al Emir de los Creyentes, el noble Umar (que Allah esté complacido con él). Después de conocer detalladamente el asunto al leer la carta, Umar (que Allah esté complacido con él) escribió de inmediato una carta dirigida a Abu Mihyan (que Allah esté complacido con él):»

*********Árabe

«En el nombre de Allah, el Clemente, el Misericordioso. De parte del siervo de Allah, Umar, para Abu Mihyan. ¡Que Allah te conceda aún más tawfiq, oh Abu Mihyan!».

El comandante Sa‘d (que Allah esté complacido con él) continuó diciendo asombrado: «¡Por Allah! Jamás golpearé a un hombre así. En segundo lugar, tampoco es apropiado volver a mantenerlo encadenado. Habéis observado la terrible situación en la que se encontraban los musulmanes; entre el islam y la incredulidad se libraba una lucha irreconciliable. En un momento tan extremo de una prueba tan difícil, el sacrificio y la devoción ejemplar de Abu Mihyan quedarán inscritos con letras de oro en la historia del islam». Inmediatamente después de estas palabras elogiosas, el noble Abu Mihyan (que Allah esté complacido con él) exclamó: «¡Por Allah! Jamás volveré a mencionar en mi vida el consumo de sharab; desde ahora me arrepiento de mi vida anterior. Para el resto de mi vida, prometo y me arrepiento de no tocar jamás el vino ni ninguna bebida embriagadora». Posteriormente, el Altísimo Allah concedió al noble Abu Mihyan (que Allah esté complacido con él) la capacidad de permanecer firme e inquebrantable en su arrepentimiento hasta el final de su vida.»

Al enterarse de que algunos gobernadores o representantes habían compuesto poemas y versos elogiando el vino, el noble Umar (que Allah esté complacido con él) destituyó a uno de ellos. El vino que el Noble Profeta declaró haram y cuyo consumo castigó con azotes es aquello que embriaga y hace desaparecer la razón, la conciencia y el entendimiento, sin importar cuáles sean sus ingredientes ni con qué se prepare. Puede elaborarse, por ejemplo, con uvas, dátiles, higos y otros frutos; también con plantas o verduras, como trigo y cebada; con líquidos de la clase de la miel; o incluso con leche animal.

Toda clase de bebida alcohólica está incluida entre las prohibidas. Además, cuando fueron revelados al Mensajero de Allah (s. a. s.) los versículos coránicos que declaraban ilícito el vino, en Medina no había ni rastro de uvas.

Las uvas se importaban de Siria y de otros países. En la Arabia de aquella época, por lo general, el vino se preparaba con dátiles o con agua en la que se habían remojado dátiles. Sin embargo, lo que está demostrado al respecto por los hadices auténticos del Noble Profeta (s. a. s.), por los Califas Rectamente Guiados y por los nobles Compañeros es que toda sustancia embriagante es ilícita. El Gran Profeta (s. a. s.) declaró ilícita toda sustancia embriagante que provoca la desaparición de la razón y el entendimiento sanos y destruye la capacidad de conocimiento o de reflexión. En realidad, los nobles Compañeros solían beber naturalmente el dulce nabīdh de dátiles (agua en la que se habían remojado dátiles), cuya preparación consistía en dejar dátiles en agua, o en agua para la ablución, y beberlo según fuera necesario una vez transcurrido un tiempo determinado. Esto se debía a que el agua del Hiyaz era generalmente salada y el agua potable constituía allí un bien escaso en la vida cotidiana de sus habitantes. Sin embargo, solo está permitido beber nabīdh mientras no produzca embriaguez ni sensación de intoxicación. Esta es la opinión unánime de todos los eruditos musulmanes y de toda la comunidad musulmana. Ello se debe a que no causa embriaguez. Está permitido beber el jugo de uva hasta que comience a embriagar. El Noble Profeta (s. a. s.) prohibió preparar nabīdh en recipientes de madera o en vasijas metálicas estañadas. En cambio, ordenó prepararlo en recipientes de barro sin vidriar cuya abertura pudiera mantenerse cerrada. La razón subyacente es que, cuando el contenido se vuelve embriagante, esos recipientes de barro se agrietan. Así se puede saber fácilmente si el nabīdh almacenado se ha vuelto embriagante o no. Por el contrario, los recipientes metálicos estañados no se agrietan cuando el nabīdh se vuelve embriagante, ni aparece en ellos ninguna señal visible.

Por consiguiente, no existe riesgo de que quien lo bebe se deje engañar o cometa un error. No obstante, otra transmisión demuestra que posteriormente el Gran Profeta (s. a. s.) permitió preparar nabīdh en recipientes metálicos estañados.

El Mensajero de Allah (s. a. s.) dijo:

***********Árabe

«Os había prohibido preparar nabīdh en recipientes metálicos estañados. Pero ahora preparadlo en ellos; sin embargo, cuando se vuelva embriagador, no lo bebáis».

Se observa una discrepancia al respecto entre los Compañeros y los eruditos de épocas posteriores. Quienes no estaban informados de que la disposición anterior había sido abrogada, o para quienes se había establecido que estaba permitido preparar nabīdh en recipientes de este tipo, sostenían que era ilícito preparar nabīdh en tales recipientes.

Por otro lado, quienes consideraban que la disposición anterior había sido abrogada permitían preparar nabīdh en esos recipientes.

Por otra parte, cuando un grupo de juristas supo que algunos Compañeros bebían nabīdh, pensó que bebían nabīdh intoxicante. Por ello, permitieron beber diversos tipos de jarabes o bebidas, siempre que no estuvieran preparados con uvas, dátiles u otros productos semejantes. En cambio, permitieron beber nabīdh de dátiles y el jarabe o jugo de pasas mientras no fueran intoxicantes.

Sin embargo, la postura correcta y auténtica es la que cuenta con el consenso general de toda la comunidad musulmana, es decir, la opinión unánime de la mayoría: todo aquello que intoxica y hace perder el entendimiento se considera khamr, es decir, vino o bebida alcohólica. Por su consumo debe aplicarse el hadd, tanto si se bebe una sola copa como si se consume con fines medicinales. Cuando se preguntó al Noble Profeta (que Allah le bendiga y le conceda paz): «¿Y si no se encuentra otro medicamento que el khamr?», respondió:

Árabe

«Esto no es una enfermedad ni un medicamento; ciertamente, Allah Altísimo no ha puesto la curación de las enfermedades de mi comunidad en algo prohibido».

Si hay testigos del consumo de alcohol o el propio bebedor lo confiesa, es obligatorio aplicar el hadd al consumidor de sharāb. Pero si de su boca emana olor a vino o alcohol, si la gente lo ha visto vomitar o si se observa en él cualquier otro indicio de haber bebido, se ha dicho que no se le puede aplicar el hadd. En esos casos existe la posibilidad de que se tratara de una bebida no intoxicante, de que la hubiera bebido sin saberlo o de que se la hubieran dado por la fuerza, entre otras posibilidades. Más bien, si la bebida era intoxicante, deberá ser azotado. Los Califas Rectamente Guiados, los Compañeros, así como ʿUthmān, ʿAlī e Ibn Masʿūd (que Allah esté complacido con ellos), entre otros, sostuvieron esta opinión. La Sunnah del Profeta también apunta a ella, y la práctica efectiva de la gente es asimismo conforme a ella. Además, esta es la doctrina del imán Mālik y del imán Aḥmad (que Allah tenga misericordia de él), quienes también ofrecieron una explicación detallada al respecto.

La bebida alcohólica elaborada fermentando uvas y dátiles también es ilícita, y a quien la beba se le debe imponer la pena de azotes. Es aún más vil que el khamr o vino, pues destruye tanto el entendimiento como el temperamento. Incluso, bajo su influencia, una persona sana puede sufrir impotencia y desarrollar en su carácter rasgos de dayyūth. En segundo lugar, el sharāb o vino es más perjudicial y repugnante porque provoca en la sociedad graves conflictos, como disputas, peleas y riñas, y genera enfermedades morales abominables. Además, así como aparta al siervo del recuerdo de Allah, también lo aleja de la oración.

Algunos juristas de épocas posteriores se abstuvieron de pronunciarse sobre la aplicación del hadd por el delito de beber alcohol. Según ellos, debía imponerse un castigo inferior al hadd, es decir, taʿzīr, pues existía la posibilidad de que ello provocara la corrupción del entendimiento y del carácter, al igual que el consumo de bhang. Por otra parte, no se encuentra ninguna resolución o dictamen al respecto entre los eruditos y juristas islámicos de los mutaqaddimūn (las primeras generaciones). Sin embargo, estas hierbas no son de esa naturaleza; la gente las consume con placer y desea seguir tomándolas, de modo que, cuanto mayor sea la cantidad, más querrá consumirlas, tal como ocurre con el sharāb y el khamr. La mayoría de las veces esto provoca negligencia respecto al recuerdo de Allah y otros defectos. Si se consume en exceso, también aparecen deficiencias e irregularidades en la oración. Además, produce dayyūth e impotencia, y destruye el entendimiento, la razón y la mente.

Pero si es espeso y sólido, se utiliza como alimento complementario y no pertenece a la categoría de las bebidas alcohólicas, entonces existen tres opiniones entre los juristas acerca de si es impuro o no.

(1) Según la escuela jurídica del imán Ahmad (que Allah se apiade de él) y de otros, esto también es impuro, al igual que el vino. Esta opinión es la más correcta y fiable.

(2) Algunos opinan que no es impuro por ser jāmid, es decir, sólido.

(3) Algunos han señalado una diferencia entre lo sólido y lo líquido. En suma, esto también forma parte de las cosas que Allah y el Noble Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) han declarado ilícitas.

Porque, tanto en sentido lingüístico como sustancialmente, es vino, sharāb, khamr y una sustancia intoxicante.

Se narra de Hazrat Abu Musa al-Ash‘ari (r. a.) que se presentó ante el Profeta Muhammad (s. a. w.) y dijo: «¡Oh, Mensajero de Allah! Danos un dictamen sobre las dos clases de vino llamadas “Tuba” y “Mizar”, preparadas en nuestro Yemen. La “Tuba” se elabora con miel. Cuando adquieren intensidad y alcanzan el grado de intoxicación, ¿cuál es el dictamen sobre ellas?». El Profeta Muhammad (s. a. w.) era dueño de palabras breves y de gran significado. Por ello, respondió:

********Árabe

«Todo lo intoxicante es haram». (Bujari y Muslim)

Se narra de Hazrat Nu‘man ibn Bashir (r. a.) que el Noble Profeta (s. a. w.) dijo:

*********Árabe

Se prepara un tipo de bebida alcohólica a partir del trigo. También se prepara a partir de la cebada, las pasas, los dátiles y la miel. Declaro haram toda sustancia que provoque embriaguez e intoxicación. (Abu Dawud)

Sin embargo, la mencionada narración figura en Bujari y Muslim como una declaración de Hazrat Umar. Y, de pie sobre el púlpito del Noble Profeta (la paz y las bendiciones sean con él), él comentó:

******Árabe

«El khamr es aquello que hace perder la razón».

En otra narración se relata…

******Árabe

«Toda sustancia que provoca embriaguez es khamr, y todo tipo de khamr es haram». El imán Muslim lo narró en dos versiones en su mundialmente célebre colección de hadices, Sahih Muslim.

Narrado por Aisha (que Dios esté complacido con ella). El Santo Profeta (la paz y las bendiciones de Dios sean con él) dijo:

*******Árabe

«Todo lo que provoca embriaguez es ilícito. Y aquello que, al beber una cantidad equivalente a una jarra, provoca embriaguez, también es ilícito incluso en una cantidad equivalente a un puñado».

Los estudiosos del hadiz han transmitido por diversas cadenas que el Noble Profeta (la paz y las bendiciones de Dios sean con él) dijo:

*******Árabe

«Lo que provoca embriaguez al beberlo en grandes cantidades, incluso una pequeña cantidad es ilícita».

Los eruditos del hadiz han reconocido que la narración es auténtica.

Se narra de Hazrat Yabir (que Allah esté complacido con él): una persona preguntó al Noble Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él): «En nuestra región se elabora a partir de un tipo de semilla llamado Mīzar. ¿Cuál es su dictamen al respecto?». En respuesta, él le devolvió la pregunta:

*********árabe

«¿Acaso eso provoca embriaguez?»

El hombre respondió: «Sí».

Su Eminencia (la paz y las bendiciones sean con él) declaró:

*******árabe

«Toda sustancia que provoca embriaguez es ilícita. Y quien beba una bebida embriagante recibirá la amenaza de que Allah le dará de beber “Tīnat al-khabāl”». Los Compañeros preguntaron respetuosamente:

******árabe

«¡Oh, Mensajero de Allah! ¿Qué es “Tīnat al-khabāl”?» Su Eminencia (la paz y las bendiciones sean con él) declaró:

*******Árabe

El sudor de los moradores del Infierno (que emana de sus cuerpos), es decir, una sustancia líquida y maloliente». (Sahih Muslim)

Se narra de Ibn Abbás (que Dios esté complacido con él) que el Noble Profeta (la paz y las bendiciones de Dios sean con él) dijo:

*******Árabe

«Todo lo que intoxica es khamr, y todo intoxicante está prohibido». (Abu Dawud)

En resumen, se han transmitido innumerables hadices sobre este asunto. Puesto que las palabras del Venerable Profeta (la paz y las bendiciones de Dios sean con él) son “jawami al-kalim” (expresiones de significado amplio), su característica era expresar todo de forma concisa y abarcadora. Dijo que todo aquello que hace perder el conocimiento y la razón y todo lo que intoxica está prohibido, ya sea alimento o bebida.1 (Nota 1: Que las sustancias estupefacientes extremadamente perjudiciales para el cuerpo humano han arruinado la vida de los hijos talentosos y sanos de numerosas familias de este y de muchos otros países puede deducirse de los ejemplos terribles y dolorosos que se observan en la vida social de Bangladesh y en diversas familias.) Por ello, el sharab o khamr está prohibido precisamente porque intoxica. Los mutaqaddimín no trataron ninguna de sus propiedades, pues su producción comenzó en el siglo VI de la Hégira o en una época cercana. Del mismo modo, muchas clases de bebidas alcohólicas se elaboraron en épocas posteriores al Noble Profeta (la paz y las bendiciones de Dios sean con él). Sin embargo, todas ellas quedan comprendidas bajo la misma causa y bajo la gran expresión de amplio alcance operativo mencionada en el Corán y en los hadices.

[dieciséis]

El castigo por la calumnia

Castigo por difamación (qadhf): acusar falsamente de zina a una persona de conducta intachable y castigar al difamador con azotes—

Entre los castigos cuya prueba se encuentra en el Corán y los hadices, y sobre los cuales existe además el consenso (ijma) de la comunidad musulmana, se incluye el hadd del qadhf. Si alguien acusa falsamente de zina o liwatat (homosexualidad) a una persona de conducta intachable (muhsan), el juez debe imponer al difamador ochenta azotes. En este contexto, muhsan significa una persona libre e independiente, de carácter puro e irreprochable. En cambio, en el caso del castigo por zina, el término muhsan se refiere a quien ha mantenido relaciones sexuales con su propia esposa en virtud de un matrimonio legítimo conforme a la sharía (como se explicó anteriormente).

Diecisiete

Delitos cuyo castigo no está determinado

y queda a discreción del gobernante y del juez

El castigo de los pecados o delitos cuya pena no está especificada y para los cuales tampoco se menciona ninguna expiación (kaffara) depende de la decisión del juez o de la autoridad gobernante, como medida educativa. Este capítulo trata precisamente de su función al establecer el castigo apropiado según el lugar, el tiempo, las personas y las circunstancias particulares.

Entre los delitos para los cuales no se menciona ningún castigo específico ni expiación se encuentran, por ejemplo, besar a un menor o a una mujer ajena, participar en actividades preliminares al coito sin llegar a mantener relaciones sexuales, comer sustancias prohibidas como sangre derramada o carne de animales muertos, difamar sin acusar de zina, robar bienes que no estén protegidos, robar bienes por debajo del «nisab»1 (Nota 1: se denomina nisab la cantidad de riqueza cuya posesión hace obligatorio el pago del zakat.) , traicionar un depósito (quebrar la confianza), como hacen el tesorero del bait al-mal y el mutawalli, los administradores de bienes de waqf, los tutores de huérfanos o los socios de negocios conjuntos. Por ejemplo: quebrantar la confianza, engañar en las relaciones y en las transacciones, defraudar en alimentos, bienes de consumo o telas, falsear las medidas, incitar a prestar falso testimonio, aceptar sobornos, emitir decisiones contrarias a las órdenes de Allah, cometer injusticias, abusos y opresión contra los súbditos o el público, pronunciar expresiones de la época de la ignorancia o formular reivindicaciones propias de ella, dedicarse a actos prohibidos por la sharía, y otras cosas semejantes. El castigo de esta clase de delincuentes —penas ejemplares y sanciones educativas destinadas a formar y corregir el carácter— queda enteramente a discreción del juez o de la autoridad gobernante. En estos casos, impondrán el castigo después de evaluar las circunstancias, incluida la mayor o menor gravedad del delito. Si la tendencia delictiva aumenta o supera los niveles normales, conviene que la pena sea más severa y rigurosa. Pero si la cantidad y la gravedad de los delitos se mantienen dentro de lo normal, el castigo debe ser proporcionalmente más leve. En suma, si la población se entrega ampliamente a actividades delictivas y acaba habituándose a ellas, conviene imponer penas severas y graves. Por el contrario, para los delitos menores y de poca gravedad corresponde una pena leve.

El castigo debe determinarse proporcionalmente a la gravedad o levedad del delito. Por ejemplo, la pena de quien, ocasionalmente, acosa con malas intenciones a una mujer o a un niño debería ser menor que la de quien incita y acosa constantemente a mujeres y niños para que cometan actos inmorales. Ahora bien, ¿cuál será la medida del tazir, es decir, del castigo educativo, disciplinario y ejemplar? No existe una especificación concreta al respecto. El objetivo fundamental del tazir es causar sufrimiento y aflicción. Puede aplicarse mediante palabras o acciones, dejando de hablarle, interrumpiendo el trato que anteriormente se mantenía con él, mediante órdenes y consejos, o mediante amenazas, advertencias y amonestaciones. En suma, se le debe infligir un sufrimiento que cumpla la función de tazir o disciplina. Asimismo, en ocasiones este objetivo puede alcanzarse rompiendo la relación con él y dejando de saludarlo y de hablarle.

En realidad, el propósito es aplicarle ta‘zir hasta que se arrepienta de tal conducta. Así, el Noble Profeta (s.a.w.) rompió el saludo, el trato y la conversación con tres compañeros por no haber participado en el yihad.1 (Nota 1: Esos tres compañeros fueron Ka‘b ibn Malik, Hilal ibn Umayya y Murara ibn Rabi (r.a.). Sobre la aceptación del arrepentimiento de estos tres, el Corán declara:

*******Árabe

«Y también a los tres cuyo asunto había quedado pendiente hasta que se dictara el juicio de Allah: la tierra de Allah, a pesar de su amplitud, se les hizo estrecha, y sus propias vidas se les hicieron insoportables. Además, llegaron a convencerse de que no tenían más refugio de la captura de Allah que Él mismo. Luego Allah aceptó su arrepentimiento para que perseveraran en él. Ciertamente, Allah es sumamente aceptador del arrepentimiento, misericordioso» (sura At-Tawba, 118).

El Noble Profeta (s.a.w.) ordenó a todos romper las relaciones sociales con estos tres compañeros y, en la práctica, boicotearlos. Interrumpió los saludos, el trato y la conversación con ellos. Incluso los miembros de sus familias dejaron de relacionarse y conversar con ellos. Como resultado, su situación llegó a ser la que se describe en la aleya mencionada.

Esto ocurrió durante la expedición de Tabuk, que tuvo lugar en el décimo año de la Hégira. La expedición de Tabuk fue una dura prueba para los musulmanes. Por un lado, era la temporada de un calor intenso y el viaje era muy largo. No contaban con ningún recurso ni medio de apoyo. Además, era precisamente la temporada de la cosecha de dátiles, de la que dependía el alimento de todo el año para los habitantes de Medina. Por ello, todos estaban preocupados y se preguntaban cómo sería posible emprender la marcha hacia la guerra en aquellas circunstancias.

Por consiguiente, durante esta expedición los habitantes de Medina quedaron divididos en cinco grupos. (1) El Noble Profeta (s.a.w.), los muháyirun y los ansar: en cualquier circunstancia, se prepararon plenamente, firmemente decididos a emprender la marcha hacia la guerra. (2) Algunas personas de entre los muháyirun y los ansar que al principio dudaron en emprender la marcha, pero que finalmente se prepararon y partieron con el propósito de incorporarse a la guerra. (3) En este grupo había solamente tres personas, que se abstuvieron de emprender la marcha por negligencia y pereza. Después de que el Noble Profeta (s.a.w.) regresó a Medina de la guerra, ellos también se presentaron ante Su Eminencia (s.a.w.). Cuando se les preguntó por qué no habían participado en el yihad, no recurrieron a la mentira, sino que expusieron sinceramente los hechos: la culpa era nuestra; sin motivo, nos abstuvimos de marchar al yihad. Desde la corte profética llegó la orden de boicotear socialmente a estos tres. Su Eminencia (s.a.w.) les dijo que esperaran la revelación; se actuaría conforme a la orden que llegara de parte de Allah. (4) El cuarto grupo estaba formado por los hipócritas. En la sura At-Tawba se expone detalladamente su caso, con severos reproches y reprimendas. (5) Aquellas personas que no pudieron participar en esa guerra por alguna excusa o incapacidad. En esta aleya se menciona el favor y la misericordia de Allah. Por tanto, a cada uno se le concedió una parte del favor, la gracia y la misericordia de Allah conforme a su propia situación. El don de Allah Ta‘ala a los muháyirun y los ansar consistió en que no dudaron en absoluto respecto a emprender la marcha hacia la guerra; al contrario, poseían una firme determinación y una voluntad inquebrantable. Y el favor de Allah hacia quienes habían dudado consistió en que finalmente marcharon a la guerra como compañeros del Profeta (s.a.w.). Asimismo, el favor de Allah hacia estos tres —Ka‘b (r.a.), Hilal (r.a.) y Murara (r.a.)— consistió en que reconocieron su propia culpa, y Allah Ta‘ala aceptó su arrepentimiento.

En resumen, si como resultado del boicot social el delincuente aprende la lección y se abstiene de cometer delitos, esto también puede considerarse, si resulta eficaz, en el tribunal.

Por tanto, la conclusión es que, respecto a aquellos delitos para los que no se ha establecido un hadd o castigo, pero en los que se pretende aplicar ta‘zir, corresponde al imán, al gobernante o al juez aplicar ta‘zir o imponer un castigo conforme a la situación del delincuente y mantenerlo apartado del delito.)

Y si un supervisor, juez o gobernante comete un delito para el cual no se ha prescrito ningún hadd, el califa, es decir, el jefe del Gobierno, debe destituirlo, tal como hicieron el Mensajero de Allah (s. a. s.) y los Compañeros (que Allah esté complacido con ellos). En ciertos casos, también debe aplicársele ta‘zir obligándolo a retirarse temporalmente del servicio. Supongamos que alguien servía en las fuerzas militares y de defensa de los musulmanes, combatiendo contra los incrédulos, con las espadas enfrentadas, y que en esas circunstancias un miembro del ejército musulmán huyó, aunque huir del campo de batalla es un pecado grave. Por consiguiente, en tal situación, suspender su salario, sus prestaciones y su manutención también constituye una forma de ta‘zir o castigo.

Del mismo modo, si un emir, juez o gobernante se involucra en una actividad que la sociedad considera aborrecible y censurable, debe ser destituido o privado de su autoridad. Esto se considerará ta‘zir para él.

A veces será necesario aplicar ta‘zir al delincuente encarcelándolo. Según las circunstancias y la persona, también deberá aplicársele ta‘zir embadurnándole el rostro con cal y hollín, montándolo de espaldas sobre un burro y haciéndolo desfilar por mercados, bazares y lugares públicos, para humillarlo y deshonrarlo públicamente. Se narra de Hazrat Umar ibn al-Jattab (que Allah esté complacido con él) que aplicó este tipo de ta‘zir a un falso testigo. Con sus palabras mentirosas, el mentiroso se había ennegrecido él mismo el rostro. Por ello, como consecuencia de sus actos, se le ennegreció la cara. En segundo lugar, puesto que había tergiversado la palabra recta y sencilla, también fue castigado haciéndolo montar de espaldas sobre un burro.

En el caso del ta‘zir, deben imponerse como máximo diez azotes, no más. Sin embargo, según numerosos expertos en derecho islámico, el ta‘zir debe alcanzar una medida que no llegue al límite del hadd. A este respecto se observan dos opiniones entre ellos. Algunos sostienen que puede llegar hasta ese límite. El hadd para una persona libre es de un mínimo de cuarenta u ochenta azotes. Por tanto, no es correcto imponer en el ta‘zir ese mismo número de azotes. En realidad, es apropiado que el ta‘zir de un esclavo no sea igual a la cantidad mínima del hadd correspondiente al esclavo. Por ejemplo, el hadd del esclavo es de veinte o cuarenta azotes; por tanto, el ta‘zir no debe ser de igual número.

Por otra parte, algunos sostienen que, sea libre o esclavo el delincuente, no es apropiado que el ta‘zir alcance la cantidad del hadd del esclavo. Un tercer grupo afirma que el ta‘zir aplicado a las personas libres debe ser igual a su hadd. El tipo y la clase de ta‘zir que se aplique no deben exceder en gran medida el hadd. Por ejemplo, si un ladrón roba bienes de un lugar sin vigilancia, no se le cortará la mano como castigo, sino que se le aplicará otro tipo de ta‘zir. Aunque ese ta‘zir llegue al nivel del hadd por calumnia, si es necesario deberá recibir más azotes que los correspondientes al hadd por calumnia. Por ejemplo, si alguien no comete zina, pero realiza actos relacionados con ella —besa a una mujer, se acuesta con ella o comete cualquier otra acción semejante relacionada con la zina—, su ta‘zir no puede ser de cien azotes. Sin embargo, es deseable que sea superior al de la calumnia. Se narra, por ejemplo, que en tiempos de Hazrat Umar (que Allah esté complacido con él), un hombre fabricó un anillo adornado y le incrustó algo de riqueza que había robado del Bayt al-Mal. Cuando se comprobó el hecho, Hazrat Umar (que Allah esté complacido con él) le propinó cien azotes el primer día. Se narra de los Califas Rectamente Guiados que una noche encontraron a un hombre acostado bajo la misma manta que una mujer ajena. Como castigo, ambos recibieron cien azotes cada uno.

Se narra del Noble Profeta (s. a. s.) que, si un hombre mantiene relaciones sexuales con la esclava de su propia esposa, debe ser lapidado hasta la muerte. Esta es la opinión del imán Ahmad (que Allah tenga misericordia de él). Las dos primeras disposiciones se ajustan a la escuela jurídica del imán Shafi‘i (que Allah tenga misericordia de él). Se ha transmitido del imán Malik (que Allah tenga misericordia de él) y de otros que existen delitos para los cuales no se ha mencionado ningún hadd específico, pero cuyo ta‘zir o castigo puede llegar a la pena de muerte. Algunos discípulos del imán Ahmad (que Allah tenga misericordia de él) también siguen esta opinión. Por ejemplo, si un musulmán se dedica al espionaje en favor de los incrédulos y de los enemigos, poniendo en peligro las vidas y los bienes de los musulmanes, el imán Ahmad (que Allah tenga misericordia de él) guardó silencio sin expresar una opinión. Sin embargo, según algunos imanes hanbalíes, como el imán Malik (que Allah tenga misericordia de él) e Ibn ‘Uqayl, debe ser condenado a muerte. En cambio, según la opinión del imán Abu Hanifa (que Allah tenga misericordia de él), del imán Shafi‘i (que Allah tenga misericordia de él) y de otros imanes hanbalíes, como Abu Ya‘la, no es apropiado condenarlo a muerte.

Si alguien introduce una innovación o una práctica contraria a la sharía y opuesta al Corán y al hadiz, o invita a la gente a seguirla y hace propaganda en su favor, el tribunal puede condenarlo a muerte. Muchos discípulos y alumnos del imán Malik (que Allah tenga misericordia de él) también sostienen esta opinión. Por otra parte, el imán Malik (que Allah tenga misericordia de él) y otros imanes ordenaron condenar a muerte a los qadariyya. Esta orden no se basó en que los qadariyya fueran murtaddun, es decir, apóstatas, sino en que habían causado fasad fi al-ard, es decir, desorden en el Estado y en la sociedad.

Del mismo modo, algunos han expresado la opinión de que también debe condenarse a muerte a los hechiceros. La mayoría de los ulemas sostienen igualmente esta opinión. A este respecto, se ha transmitido de Hazrat Jundub (que Allah esté complacido con él), tanto por una cadena mawquf como por una cadena marfu‘, la siguiente narración.1(Nota 1: El relato de Hazrat Jundub (que Allah esté complacido con él) ha sido transmitido con su cadena de transmisión en la obra Al-Aghani, escrita por Abu al-Faraj al-Isfahani. En la descripción del suceso se menciona lo siguiente:

En cierta ocasión, un mago se presentó en la corte de Walid ibn Uqba. Mediante un hechizo, entraba y salía fácilmente del vientre de una vaca. Casualmente, Hazrat Yundub (que Dios esté complacido con él) se encontraba allí y observó lo que ocurría. Se levantó sin que nadie lo advirtiera, salió de la casa y regresó con una espada en la mano. En un momento del espectáculo, cuando el mago entró en el vientre de la vaca, de un poderoso golpe de espada partió en dos a la vaca junto con el mago. Y continuó recitando:

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«¿Acaso os habéis dedicado conscientemente a practicar la magia?» (Sura de los Profetas: 3)

Al comprender la gravedad de la situación, todos los presentes quedaron aterrorizados. Por orden de Walid, el gobernador de Irak, arrestaron a Yundub y lo enviaron a prisión. También se envió al califa Uzmán (que Dios esté complacido con él) una carta en la que se relataban detalladamente los hechos. Por casualidad, el jefe de la prisión era cristiano. Hazrat Yundub (que Dios esté complacido con él) se levantaba en plena noche para realizar el taháyyud y ayunaba durante el día. Al ver esto, el guardia cristiano pensó: «¡Por Dios! El pueblo cuya gente delincuente, fraudulenta y malvada se encuentra en este estado, y cuya religión es así, debe ser ciertamente verdadero y puro». Encargó la prisión a otra persona y se dirigió él mismo a Kufa. Allí observó la condición de la gente y preguntó a los habitantes del lugar quién era entonces la persona más honrada y piadosa. Ellos respondieron que era Ashʿaz ibn Qays. Se hospedó en su casa y observó que él dormía por la noche y comía por la mañana. Después volvió a preguntar a los habitantes de Kufa: «¿Quién es aquí la mejor persona?». Ellos respondieron: «Yarir ibn Abd Allah». El cristiano lo encontró semejante a Hazrat Ashʿaz ibn Qays. Entonces, vuelto hacia la quibla, comenzó a proclamar:

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«Aquel que es el Señor de Yundub es también mi Señor y Sustentador, y la religión de Yundub es mi religión». Inmediatamente después de pronunciar estas palabras, recitó la profesión de fe y aceptó el islam. El imán Bayhaqí relata este episodio en el Sunan al-Kubra con ligeras modificaciones, de la siguiente manera: Walid ibn Uqba era entonces el gobernador de Irak. Un mago se presentó ante él y comenzó a mostrar sus trucos mediante sus encantamientos. Le cortó la cabeza a un hombre. Después gritó a voz en cuello llamando por su nombre al hombre muerto. Entonces, por sí sola, la cabeza cercenada regresó, se unió al cuerpo y este volvió a la vida. Al ver la escena, la gente presente exclamó con asombro y admiración **********árabe «¡Subhan Allah! ¡Estoy viendo que este da vida a los muertos!». Al día siguiente, al observar tal situación, uno de los emigrados se presentó en el lugar con una espada en la mano. Cuando el mago comenzó sus engaños como el día anterior, aquel hombre avanzó entre la multitud y, de un solo golpe de espada, le separó la cabeza del cuerpo. Y comentó: «Si realmente es capaz de devolver la vida a los muertos, que vuelva él mismo a la vida». Entonces Walid ordenó al guardia de la prisión llamado Dinar que lo arrestara y lo arrojara a la cárcel. En resumen, la magia es una práctica contraria al islam, pues mediante ella la gente es engañada. Por tanto, el único criterio de la verdad y de la religión son el Libro de Allah y la Sunna del Mensajero (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él); todo cuanto concuerde con ambos es verdadero, mientras que todo lo contrario será considerado extravío. Por esta razón, los eruditos especialistas en derecho islámico han opinado a favor de la pena capital para el mago. En este caso, el episodio del envío a prisión constituye una forma de tomarse la ley por su propia mano.»

*****árabe

«La pena legal o castigo del mago consiste en ejecutar su muerte mediante un golpe de espada». (Tirmidhi)

Según Hazrat Umar (que Allah esté complacido con él), Hazrat Uzman (que Allah esté complacido con él), Hazrat Hafsa (que Allah esté complacido con ella), Hazrat Abdullah ibn Umar (que Allah esté complacido con él) y otros Compañeros, el castigo del hechicero es la pena de muerte. Sin embargo, existe discrepancia entre ellos acerca de la razón de ello. Según algunos sabios, el hechicero debe ser ejecutado porque también se convierte en un incrédulo. Otros han dicho que el hechicero merece ser ejecutado, pero por fasad fil ard’ ******árabe, es decir, por causar desorden en la sociedad. No obstante, según la mayoría de los ulemas, es un delincuente merecedor de la ejecución basándose precisamente en el hadd de la sharía.

Asimismo, cuando la pena de determinados delitos pasa a ser obligatoriamente la muerte, el imán Abu Hanifa (que Allah tenga misericordia de él) sostiene que, si tales delitos se repiten, debe imponerse la pena de muerte como ta‘zir. Por ejemplo, si alguien practica repetidamente el ‘liwatat’, es decir, la relación sexual entre varones, o si alguien engaña a las personas y, recurriendo al fraude, se apodera de su dinero, será obligatorio condenarlo a muerte. Del mismo modo, si se demuestra respecto de alguien que, salvo matándolo, no existe otra manera de protegerse de sus actos dañinos y destructivos, en tal caso deberá ser ejecutado.

El imán Muslim transmitió en su célebre colección de hadices, Sahih Muslim, una narración de Hazrat ‘Arfaja al-Ashja‘i’ (que Allah tenga misericordia de él). Él dijo: «Escuché al Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) decir:»

******árabe

«Quien entre en vuestra sociedad con la intención de provocar división, desorden y discordia será digno de recibir la pena de muerte».

En otro hadiz se relata:

********árabe

«Entonces surgirán fitnas una tras otra. Si alguien de esta nación maquina crear división entre ella y se esfuerza por destruir vuestra unidad y cohesión, quienquiera que sea, deberá ser condenado a muerte mediante el golpe de la espada, después de ser juzgado».

Respecto al consumo de bebidas alcohólicas, también se ha dicho algo similar: si, pese a varias penas de ta‘zir, no se abstiene, entonces la cuarta vez deberá ser condenado a muerte. En apoyo de esta opinión, se ha transmitido en la obra, por medio del imán Ahmad, un relato de Daylam al-Himayari (que Allah esté complacido con él). Daylam (que Allah esté complacido con él) preguntó: «¡Oh Mensajero de Allah! Vengo de una región donde, con la ayuda del vino, se realizan grandes tareas. También se utiliza para tratamientos médicos. Preparamos bebidas alcohólicas a partir del trigo y obtenemos una fuerza considerable gracias al vino. Además, tenemos bastante éxito en este negocio. Por otra parte, en nuestra región hace un frío intenso, y lo utilizamos para mantener el cuerpo caliente». El Noble (que Allah le bendiga y le conceda paz) dijo:

«¿Produce embriaguez?». Respondí: «Sí». Él dijo: «Abstente de ello». Volví a suplicar: «¡Oh Noble! La gente no lo abandonará de ninguna manera».

Entonces el Profeta dijo:

«Si no lo abandonan, deberán ser condenados a muerte».

En realidad, la razón principal de esta disposición es que, por medio de ello, se producen fitna, corrupción y desorden en la sociedad. (Además de los daños al cuerpo humano y otros perjuicios.) En segundo lugar, esto es semejante a un agresor perjudicial. Por ello, así como es lícito y necesario matar a un agresor feroz con el fin de defenderse, del mismo modo, ante los grandes perjuicios causados por las sustancias estupefacientes, su حكم se encuentra en la misma categoría. Todos coinciden en que los castigos son de dos tipos: (1) el castigo por delitos cometidos en el pasado, que la persona sufre en este mundo y mediante el cual queda liberada del desagrado de Allah. Por ejemplo, azotar al bebedor de alcohol y al que formula acusaciones falsas; amputar la mano del rebelde y del ladrón, etc. (2) No cumplir los derechos obligatorios que recaen sobre uno y persistir continuamente en el pecado. El propósito de castigar a un delincuente de esta clase es hacer que cumpla lo que le corresponde y obligarlo a adoptar una firme resolución de abstenerse del pecado en el futuro. Por ejemplo, el murtad que abandona el islam. Primero se le debe invitar a arrepentirse y a aceptar el islam. Si responde a la invitación y, mediante el arrepentimiento, se convierte en musulmán, eso será lo mejor; de lo contrario, se le deberá aplicar la pena de muerte. Asimismo, en el caso de quien abandona la oración o el ayuno, y de quien no cumple los derechos de otros o los perjudica, se le debe conceder la oportunidad de cumplir los derechos y obligaciones. En circunstancias excepcionales, deberán tomarse medidas contra él.

Por consiguiente, en los delitos del segundo tipo se debe aplicar el ta‘zir con mayor severidad que en los del primer tipo. Por ello, al que abandona la oración y el ayuno se le debe disciplinar azotándolo repetidas veces hasta que cumpla las obligaciones que recaen sobre él.

A continuación se cita un hadiz de Bujari y Muslim sobre este asunto. El Noble (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo:

*********Árabe

«No se deben aplicar más de diez azotes, salvo los hudud prescritos por Allah». En la interpretación, una parte de los ulemas sostiene que el sentido de este hadiz es que los hudud prescritos por Allah han sido establecidos como prohibidos en lo relativo a los derechos de Allah. Pues el significado de hudud, tal como se menciona en el Corán y en los hadices, es la línea divisoria entre lo halal y lo haram; es decir, la frontera situada entre el límite final de lo halal y el límite inicial de lo haram. Respecto al límite final de lo halal, Allah dice:

***********árabe

«Estos son los límites establecidos por Allah. Por tanto, no los transgredáis». Por otro lado, acerca de los límites iniciales del haram, la palabra de Allah es:

********Árabe

«Estas son los límites decretados por Allah. Por tanto, tampoco os acerquéis a ellos».

Ahora bien, ¿por qué se denomina hudud a dicho castigo? Se puede responder que se trata de un término nuevo. Su significado ya se ha explicado anteriormente.

El propósito del hadiz mencionado es el siguiente: si alguien, para hacer valer lo que le corresponde, llega a una situación de agresión y golpes, entonces le está permitido propinar más de diez golpes. A modo de ejemplo, puede ocurrir que surja una discordia entre un esposo y su esposa y que se observe una conducta injusta y abusiva por parte de uno de ellos. En tal situación, es necesario castigar al transgresor para hacer valer los derechos del oprimido. Sin embargo, en el caso del castigo con azotes, no deben ser más de diez.

[dieciocho]

El tipo de látigo con el que se castigará al delincuente

y las partes del cuerpo que no deben ser azotadas

El látigo que, según la sharía, debe aplicarse al delincuente ha de ser de intensidad moderada. Pues el Noble Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo:

******Árabe

«Es decir, lo mejor es adoptar la moderación».

Hazrat Ali (que Allah esté complacido con él) dijo: El golpe no debe ser demasiado fuerte, ni tampoco completamente ligero. El látigo no debe ser demasiado grande ni demasiado pequeño. No se debe golpear con un trozo de madera, ni tampoco con un objeto provisto de púas. En este caso, el látigo no basta; más bien, el látigo debe utilizarse para el taʿzir, es decir, el castigo educativo. En el hadd de la sharía, el castigo debe ejecutarse únicamente con un látigo.

Hazrat Umar ibn al-Jattab (que Allah esté complacido con él) utilizaba el látigo con el propósito de enseñar modales a alguien. Sin embargo, cuando ejecutaba un hadd sharʿi, hacía traer un azote. Al azotar, no se deben quitar todas las prendas que lleva el delincuente; solo se le quitará la cantidad de ropa que impida la intensidad del golpe. Debe procurarse que la acción de azotar no alcance los nervios ni los intestinos. No se debe atar a la persona condenada salvo en caso de necesidad especial. No se debe golpear el rostro del delincuente. El propósito fundamental es enseñarle, no quitarle la vida. Los golpes deben darse con tal intensidad que cada parte de su cuerpo los sienta y quede atormentada por el dolor. Por ejemplo, se debe golpear la espalda, los hombros y los muslos.

[Diecinueve]

Clasificación de los castigos y de quienes los reciben

Los castigos impuestos por desobedecer a Allah y a Su Mensajero (s.a.s.) son de dos tipos. (1) El primero se aplica a una, dos o más personas, y ya se ha mencionado su descripción. (2) El segundo se aplica contra un grupo o colectividad poderosa que no puede ser controlada sin recurrir a la pena de muerte. Dentro de esta categoría se encuentra la «yihad» bajo autoridad estatal, es decir, la guerra librada contra la agresión de los enemigos de Allah y de Su Mensajero (s.a.s.).

Aunque la predicación y la difusión de la religión se hayan extendido ampliamente, contra quienes no solo se niegan a aceptar el islam, sino que además participan en conspiraciones agresivas contra él, se vuelve obligatorio hacer la yihad. Mientras no se eliminen la fitna y la corrupción contra la religión, y la religión de Allah no quede establecida y victoriosa, esta yihad1 (1. Nota: Yihad significa realizar un esfuerzo total para alcanzar el objetivo de establecer la religión de Allah. El uso de la fuerza para defenderla solo constituye su forma extrema.) debe mantenerse a pesar de todas las adversidades.

En la etapa inicial del islam, al Noble Profeta (s.a.s.) se le ordenó únicamente transmitir la invitación islámica. Todavía no se había concedido permiso para la yihad. Cuando, en cierto momento, se vio obligado a emigrar hacia Medina y allí también los enemigos del islam fueron a combatir contra ellos, Allah el Altísimo concedió al Noble Profeta (s.a.s.) y a los Compañeros permiso para realizar la yihad en una situación de legítima defensa.

A este respecto, la palabra de Allah el Altísimo es:

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«Se les ha dado permiso para combatir en defensa propia contra los infieles a aquellos musulmanes contra quienes los infieles combaten, porque están siendo objeto de opresión. Y ciertamente Allah tiene poder y fuerza suficientes para ayudarlos. Estos son los oprimidos y agraviados que fueron expulsados injustamente de sus tierras únicamente por haber declarado: “Allah es nuestro único Señor y Sustentador”. Y si Allah no hubiera dispuesto que un grupo de personas fuera reprimido por otro, habrían sido destruidos hace mucho los monasterios (de los cristianos), las sinagogas (de los judíos) y las mezquitas (de los musulmanes), en las cuales se menciona abundantemente el nombre de Allah. Y quienes ayuden a la religión de Allah, Allah también los ayudará ciertamente. Sin duda, Allah es el más fuerte y poderoso.

(Esta debería ser la característica de los musulmanes:) Si les concedo autoridad y dominio en alguna tierra, establecerán la oración en la sociedad, pagarán el zakat, ordenarán el bien y prohibirán el mal. Y el derecho de otorgar el resultado de todas las acciones está exclusivamente en manos de Allah». (Sura Al-Hajj: 39-41)

Después descendió el versículo que declaraba obligatorio el yihad para los musulmanes:

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“¡Oh musulmanes! Se os ha prescrito el yihad, aunque os resulte desagradable. Y sabed que quizá algo os desagrade, cuando en realidad sea beneficioso para vosotros; y quizá algo os agrade mucho, cuando en realidad sea perjudicial para vosotros. En verdad, Allah conoce el desenlace, pero vosotros no lo conocéis”. (Sura Al-Báqara: 216)

Después, en las suras medinenses, se expusieron la importancia y la necesidad del yihad; se declaró obligatorio el yihad y se censuró a quienes lo abandonan.

Además, quien abandona el yihad fue calificado de estar enfermo de corazón. Así, Allah declara:

**********Árabe

“¡Oh Profeta! Diles a los musulmanes: si vuestros padres, vuestros hijos, vuestros hermanos, vuestras esposas, vuestros parientes, las riquezas que habéis adquirido —cuya pérdida teméis—, los negocios cuyo estancamiento teméis y las viviendas en las que os gusta habitar os son más queridos que Allah, Su Mensajero y el yihad por la causa de Allah, entonces esperad hasta que Allah lleve a cabo lo que Él haya dispuesto. Y Allah no guía por el camino recto a la gente que desobedece Sus mandatos”. (Sura At-Tawba: 24)

Allah también dice:

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“Los verdaderos creyentes son únicamente quienes creen en Alá y en Su Mensajero y luego, sin vacilar, se esfuerzan por la causa de Alá con sus vidas y bienes mediante el yihad1 (1. Nota: El significado literal del yihad es realizar todos los esfuerzos posibles para alcanzar un objetivo. En la terminología islámica, significa realizar todos los esfuerzos posibles para establecer la religión de Alá y los principios y valores islámicos en la vida individual y colectiva; si alguien obstaculiza gravemente este camino, su significado secundario es combatir en resistencia para la autodefensa. —Traductor.)

yihad; en verdad, ellos son los veraces, los musulmanes sinceros”. (Sura al-Huyurat: 15)

También dice:

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“Después, cuando se revele una sura inequívoca que contenga una orden de combatir, ¡oh, Profeta!, verás que quienes tienen en sus corazones la enfermedad de la hipocresía te miran como si el miedo a la muerte hubiera caído sobre ellos. ¡Ay de ellos! De sus bocas brotan declaraciones de obediencia y palabras agradables. Pero cuando se da la orden definitiva, si fueran sinceros ante Alá respecto al pacto que hicieron con Él, eso sería mejor para ellos. Así pues, si os apartáis, ¿acaso estaréis a punto de causar corrupción en la tierra o de romper los lazos de parentesco?” (Sura Muhammad: 20-22)

En el Sagrado Corán existen muchos versículos de esta naturaleza. Asimismo, en la sura As-Saff se han descrito la excelencia y la importancia del yihad y de los muyahidines.

El Altísimo también ha dicho:

********Árabe

«¡Oh, creyentes! ¿Queréis que os indique un negocio que os salvará del doloroso castigo de la otra vida? Consiste en creer en Alá y en Su Mensajero, y luchar por la causa de Alá con vuestra vida y vuestros bienes. Esto es lo mejor y lo más beneficioso para vosotros, si sois personas de entendimiento y sensatez. (Si realizáis estas obras,) Alá perdonará vuestros pecados y os hará entrar en los jardines del Edén, bajo los cuales corren ríos, y también en hermosas moradas de los jardines eternos. Ese es el éxito supremo. Además, recibiréis otra bendición que amáis: ayuda de parte de Alá y una victoria cercana. (¡Oh, Profeta!) Anuncia esta buena nueva a los creyentes». (Sura As-Saff: 10-13)

En el Noble Corán también se ha dicho:

***********Árabe

«¿Acaso consideráis iguales a quienes dan de beber a los peregrinos y mantienen en buen estado la Mezquita Sagrada, es decir, la Noble Kaaba, y a quien cree en Alá y en el Día de la Resurrección y lucha por la causa de Alá? No son iguales ante Alá. Y Alá no guía jamás a los injustos. Quienes creen, emigran y luchan por la causa de Alá con sus vidas y sus bienes tienen un rango muy elevado ante Alá. Además, ellos son los plenamente triunfadores. Su Señor les anuncia, de parte Suya, misericordia, complacencia y jardines en los que habrá para ellos una dicha permanente, y allí permanecerán eternamente. Ciertamente, junto a Alá hay una recompensa grandiosa». (Sura At-Tawba: 19-22)

El Altísimo también ha dicho:

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«¡Oh, creyentes! Si alguno de vosotros reniega de su religión, Alá creará pronto un pueblo al que amará y que también Lo amará. Será bondadoso con los musulmanes y severo con los incrédulos; luchará por la causa de Alá y no temerá la censura de ningún censurador. Esta es una gracia especial de Alá, que Él concede a quien quiere. Alá es el Dueño de una provisión ilimitada y es Omnisciente». (Sura Al-Ma’ida: 54)

A este respecto, Allah también dice:

*******Árabe

«Esto se debe a que la sed, el esfuerzo y el sufrimiento del hambre que padecen en el camino de Allah, las acciones que emprenden provocando la ira de los incrédulos y cualquier perjuicio que reciben de parte del enemigo les son registrados como buenas obras. Ciertamente, Allah no deja que se pierda la recompensa de las buenas obras de quienes son sinceros y virtuosos. Y todo cuanto gastan, grande o pequeño, en el camino de Allah, así como todo valle o campo que atraviesan durante la guerra, queda registrado a su favor. Así, Allah les concederá una recompensa mejor por sus obras». (Sura At-Tawba: 120-121)

Después, al mencionar la situación creada como consecuencia de todas estas actividades sociales, se estableció el mandato de la yihad. La yihad se menciona en numerosos pasajes del Corán y los hadices. Además, en esta etapa también se declaró que la yihad es la mejor obra. Por ello, el dictamen unánime de los ulemas es que la yihad es superior incluso al hach, la umra y el ayuno voluntario. También hay pruebas de ello en el Corán y los hadices. El Mensajero de Allah (s. a. s.) dijo:

********Árabe

«El islam es la obra más excelsa, la oración es su pilar y la yihad es la mejor práctica del islam».

También dijo:

*******Árabe

«En el Paraíso hay cien grados, y entre dos grados hay una distancia equivalente a la que existe entre el cielo y la tierra. Allah Ta‘ala ha reservado estos grados para quienes combaten por la causa de Allah». (Bujari, Muslim)

También dijo:

*******Árabe

«Permanecer un día y una noche en la causa de Allah es mejor que ayunar voluntariamente durante un mes y velar durante un mes entero. Si muriera en tal estado, existen narraciones en las Sunan sobre este asunto. Por ejemplo, el Mensajero —que Allah le bendiga y le conceda la paz— dijo:

******Árabe

«Toda comunidad realiza viajes; el viaje de mi comunidad consiste en salir a una expedición de yihad por la causa de Allah cuando sea necesario».

La exposición sobre la yihad se ha desarrollado de forma muy extensa y amplia. Se han transmitido tantos hadices acerca del significado de la yihad, sus prácticas, su recompensa y mérito, sus resultados y virtudes, y otros asuntos relacionados, que no se ha transmitido una cantidad semejante de hadices sobre ningún otro tema o práctica. Al reflexionar, esto resulta evidente. La razón es que los beneficios y frutos de la yihad son amplios para el propio muyahidín y para todos los demás, tanto en la religión como en este mundo. Toda adoración y servicio, manifiesto y oculto, externo e interno, queda comprendida en su ámbito. Pues el amor a Allah, la sinceridad y el tawakkul, en relación con el establecimiento de la justicia y la verdad y con superar la prueba de la fe, forman parte de la yihad por la causa de Allah. Entregarse a Allah con la propia vida y los bienes, la paciencia, la piedad, el recuerdo de Allah y todas las buenas obras están incluidos en ella. No se observa ninguna otra práctica aparte de la yihad en la que se reúnan conjuntamente todas estas prácticas.

La persona o nación que se dedica a la yihad obtiene dos tipos de beneficio: (1) la ayuda y la victoria de Allah; (2) o entrar en el Paraíso adornada con el rango de mártir. Para el ser humano, el problema de la vida y la muerte es sumamente complejo. En la yihad se encuentra la felicidad de la religión y de este mundo. Por ello, mediante ella existe una solución muy sencilla para este difícil problema. En cambio, como consecuencia de abandonar la yihad, se queda completamente privado de la felicidad de este mundo y del Más Allá, o esta resulta perjudicada. Algunas personas emprenden rigurosas disciplinas y prácticas difíciles con el propósito de alcanzar el éxito en la religión y en este mundo. Sin embargo, aun así, el beneficio que obtienen suele ser muy escaso. En cambio, la yihad es una práctica o labor más fructífera que todas las demás prácticas difíciles. A veces se observa que una persona, con el propósito de reformar su alma y alcanzar el progreso espiritual, se entrega a una rigurosa disciplina, poniendo su vida en juego y enfrentándose a la muerte. Pero, cuando lo exige la necesidad real, la muerte del mártir es más fácil y mejor que cualquier otra forma de muerte.

El objetivo fundamental de la guerra y del combate es hacer que el yihad sea conforme a la sharía, y la esencia del yihad consiste en que la religión —es decir, todas las actividades y reflexiones de la vida humana— se ajuste exclusivamente a las disposiciones de Allah, y en que la Palabra de Allah obtenga plena preeminencia en todos los ámbitos. Por tanto, el veredicto de todos, conforme al consenso de toda la umma (ijmāʿ al-umma), es que se debe combatir y eliminar, bajo la autoridad del gobierno, a quienes se oponen al yihad, lo prohíben, crean obstáculos o entablan combate contra él. Sin embargo, respecto de quienes no ofrecen resistencia ni participan directamente en combates contra los musulmanes —como las mujeres, los niños, los líderes religiosos, los ancianos, los muy ancianos, los ciegos, los cojos, los lisiados, los discapacitados, los inválidos y otros semejantes—, la opinión unánime de la mayoría de los especialistas islámicos es que no se les puede matar en el campo de batalla. Solo pueden ser matadas aquellas personas que, con sus palabras y sus actos, participan en combates y guerras contra los musulmanes. No obstante, algunos han expresado una opinión contraria. Su argumento es que, puesto que los rebeldes son incrédulos, deben ser sometidos mediante la guerra y, si es necesario, condenados a muerte por decisión de un tribunal islámico. Y prohíben matar a las mujeres y a los niños. La primera opinión es la correcta y auténtica. En realidad, esta es precisamente la razón por la que se ha establecido el mandato del yihad: cuando presentamos la invitación a la religión, difundimos el islam y procuramos establecer la paz mediante la propagación y expansión de la religión verdadera, ellos nos declaran la guerra, nos lo impiden y crean obstáculos a las labores de tabligh y predicación.

Por consiguiente, la palabra del Altísimo Allah es:

(Árabe*********)

“¡Oh musulmanes! [Para establecer la justicia y la verdad:] combatid en el camino de Allah contra quienes combaten contra vosotros. Pero no cometáis excesos ni transgredáis los límites infringiendo las normas islámicas de la guerra. Allah no ama en absoluto a los transgresores.

Se ha narrado en las Sunan que el Noble Profeta (la paz sea con él) vio en un lugar una multitud de personas. Allí yacía el cadáver de una mujer. En esa situación, dijo:

(árabe*******) “Esta mujer no era alguien capaz de matar a nadie”. En otra ocasión, el Noble Profeta (la paz sea con él) le dijo a un hombre:

(Árabe**********)

“Ve, reúnete con Jálid y dile que no mate a los niños pequeños, a los trabajadores ni a los esclavos”.

(En la misma colección de Sunan se narra que el Noble Profeta (s) dijo:

(Árabe**********)

«No matéis a los ancianos de edad muy avanzada, a los niños pequeños ni a las mujeres».

La yihad fue autorizada por el bien de la creación y para poner fin a la opresión. En el islam, el propósito de la orden de aplicar la pena de muerte a quienes obstaculizan el establecimiento de la justicia, la rectitud y la paz es el bien general de la humanidad y de toda la creación. Pues Allah dice:

(Árabe*********)

«La fitna, los disturbios y la sedición son un crimen más grave que el asesinato». Ciertamente, el asesinato también es un delito punible, pero el kufr y la fitna y la corrupción provocados por los kafir son delitos aún mayores. Por consiguiente, el kufr de quien no obstaculiza ni ofrece resistencia a la difusión del dīn y al establecimiento de las justas leyes del islam solo le perjudica a él mismo, y no a los musulmanes. Desde esta perspectiva, los fuqahā han afirmado que inventar una bid‘a contraria al Corán y al hadiz, invitar a la gente a seguirla y difundirla y promoverla equivale a insultar abiertamente el dīn y oponerse públicamente a él. Por tanto, tanto el inventor como el propagador de la bid‘a deben ser castigados. Sin embargo, si alguien no actúa activamente al respecto, sino que permanece neutral o en silencio, no se le puede castigar.

Se ha narrado en un hadiz:

(Árabe********)

«Si el pecado se comete en secreto, solo el pecador involucrado causa perjuicio; pero cuando el pecado se comete públicamente y no se le pone freno, perjudica ampliamente a la población».

Por eso la sharía hizo obligatoria la yihad contra los kafir. Sin embargo, no hizo obligatoria la yihad contra los incapaces y desamparados. Más bien, si alguien libra una guerra secreta contra los musulmanes, aconseja sobre asuntos relacionados con ella, muestra a las embarcaciones o barcos sus rutas marítimas, realiza cualquier otra actividad bélica, desvía a los musulmanes del camino correcto o les sugiere alguna estrategia, en tal caso es indispensable que el dirigente del Estado islámico —es decir, el imán, el wali o el gobernante— adopte una actitud moderada en lugar de aplicar medidas extremadamente severas. Deberá buscar, mediante la razón y la prudencia, la manera de evitarlo y ordenar al dirigente adversario correspondiente que se abstenga de esa actividad. En suma, según la naturaleza y el carácter del delito, si no es posible corregirlo, el tribunal le impondrá la pena de muerte; o, movido por la misericordia, lo dejará en libertad, le concederá la libertad bajo fianza o hará lo que considere conveniente. Esta es la opinión de la mayoría de los fuqaha o especialistas en derecho islámico, y también está demostrada por el Corán y el hadiz.

Sin embargo, algunos fuqaha consideran abrogado y inválido dejar en libertad mediante benevolencia, clemencia o rescate. En cuanto a la gente de la Escritura y los magos (adoradores del fuego), la disposición de la sharía es que se debe continuar combatiéndolos hasta que abracen plenamente el islam o paguen la yizya. Existe desacuerdo entre los fuqaha respecto a aceptar la yizya de otros pueblos distintos de esos dos grupos. Pero, en general, los fuqaha no son partidarios de cobrar la yizya a los demás.

Es obligatorio hacer la yihad contra cualquier grupo o comunidad vinculada al islam y considerada musulmana que prohíba a otros cumplir las disposiciones manifiestas y mutawatir (ininterrumpidamente transmitidas) de la sharía, o que las desobedezca por sí misma. Esta es la opinión unánime de los musulmanes. Sin embargo, la yihad contra quienes se resisten debe mantenerse hasta que la religión se aplique plenamente; esto es obligatorio. Por ejemplo, Hazrat Abu Bakr Siddiq (que Dios esté complacido con él) y todos los compañeros hicieron la yihad contra quienes negaban la zakat. Aunque al principio algunos expresaron su desacuerdo, posteriormente también llegaron a un consenso. Hazrat Umar (que Dios esté complacido con él) se dirigió así a Hazrat Abu Bakr Siddiq (que Dios esté complacido con él):

(Árabe***********)

«¿Cómo hará usted la yihad contra la gente, cuando el Profeta (que la paz sea con él) dijo: “Se me ordenó combatir a la gente hasta que den testimonio de que no hay divinidad excepto Dios y de que Muhammad es el Mensajero de Dios”? Cuando den ese testimonio, sus vidas y sus bienes estarán a salvo. Si alguien tiene un derecho o una deuda pendiente, su caso se juzgará por separado; en cuanto a sus cuentas, quedan en manos de Dios». Hazrat Abu Bakr Siddiq (que Dios esté complacido con él) respondió a este argumento:

(Árabe***********)

«La zakat es un derecho de la profesión de fe. ¡Por Dios! Aunque se nieguen a entregar al gobierno siquiera esa pequeña parte que entregaban al Mensajero de Dios (que la paz sea con él), continuaremos tomando las armas contra ellos».

Posteriormente, Hazrat Umar (que Dios esté complacido con él) solía decir: «Ciertamente, Allah Todopoderoso había abierto el corazón de Hazrat Abu Bakr (que Dios esté complacido con él) respecto al asunto de la guerra. Ahora comprendo plenamente que él estaba en la verdad».

Se ha transmitido por diversas cadenas que el Noble Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) ordenó hacer la yihad contra las comunidades extremistas. Así, en Bujari y Muslim se ha transmitido de Ali ibn Abu Talib (que Dios esté complacido con él) que el Noble Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo:

(Árabe************)

«Al final de los tiempos aparecerá un grupo de personas que serán jóvenes de edad e insensatos, entregados a ilusiones. Hablarán de las mejores personas de la creación, pero la fe no atravesará sus gargantas ni penetrará en su interior. Así como la flecha sale disparada del arco, la religión saldrá de ellos con la misma rapidez. Por tanto, dondequiera que se produzca un enfrentamiento directo con ellos —cuando esas personas de fe efímera avancen con ataques armados para destruir la existencia del islam y de los musulmanes—, combatidlos unidos, y dondequiera que los encontréis en el campo de batalla, conducidlos a la muerte. Quien los mate tendrá derecho a una recompensa el Día de la Resurrección».

En otro hadiz transmitido por Hazrat Ali (que Dios esté complacido con él) en Sahih Muslim, se dice: «Le oí decir al Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él):»

(Árabe*************)

«Surgirá de entre mi comunidad un grupo de personas que recitará el Corán; comparada con su recitación, vuestra recitación no será nada, y lo mismo ocurrirá con vuestro ayuno frente a su ayuno. Recitarán el Corán y creerán que este constituye una prueba a su favor, cuando en realidad el Corán testificará contra ellos. Su recitación del Corán no penetrará en sus gargantas. Saldrán de los límites del islam del mismo modo que la flecha sale del arco».

Por tanto, todo ejército al que llegue esta decisión pronunciada por el Noble Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) deberá comprender ciertamente su significado y actuar de acuerdo con ella.

Abu Sa‘id (que Dios esté complacido con él) lo transmitió añadiendo otra narración a este hadiz anterior:

(Árabe************)

«Ellos matarán a los musulmanes e invitarán también a los idólatras a participar en esta acción. Si me los encontrara, los mataría como maté al pueblo maldito de ‘Ad». (Bujari, Muslim)

En otra narración de Muslim se dice:

(Árabe************)

«Mi comunidad se dividirá en dos grupos. De entre ambos grupos surgirá un grupo de apóstatas, y entonces los seguidores de la verdad los exterminarán».

Estos son aquellos contra quienes el hazrat Ali (que Dios esté complacido con él) combatió por haber provocado discordia y división entre los iraquíes y los sirios. Los Compañeros los identificaron con el nombre de “haruríes”.

El Noble Profeta (la paz y las bendiciones de Dios sean con él) declaró que ambos grupos estaban excluidos de su comunidad y que los compañeros de Ali (que Dios esté complacido con él) eran los seguidores de la verdad, firmes en ella. En aquel momento, el Profeta (la paz y las bendiciones de Dios sean con él) no exhortó a combatir contra nadie, salvo contra esos (*******) apóstatas (que recitaban exteriormente la profesión de fe). Más bien, ordenó combatir y emprender la yihad contra aquellos que se habían apartado del islam, habían abandonado la comunidad islámica y habían declarado lícitos y permitidos para sí mismos los bienes y las vidas de los musulmanes.

Por consiguiente, está demostrado por el Corán, los hadices y el «consenso de la comunidad» que es lícito combatir contra aquellos musulmanes que se han salido de los límites de la sharía islámica, aunque declaren verbalmente su profesión de fe, la kalima de la shahada (árabe************).

Los juristas dicen: si un gran grupo organizado se opone a una sunna muákkada, la niega y se dispone a abandonarla —por ejemplo, si niega la sunna de la oración del alba—, según ambas opiniones, el Estado deberá tomar medidas contra ellos. Y si niegan una obligación o algo prohibido cuya prohibición está demostrada inequívocamente, existe consenso en que también se deberá emplear la fuerza estatal contra ellos hasta que ese grupo organizado cumpla debidamente las disposiciones del islam, como la oración, el ayuno, el hayy y el zakat, y se abstenga de las cosas prohibidas, como casarse con su propia hermana, comer sustancias impuras y ordenar a los musulmanes que hagan tales cosas. Es obligatorio que el Gobierno adopte medidas severas contra esas personas. Sin embargo, esta obligación solo se establece cuando el llamamiento y el mensaje del Noble Profeta (s) les hayan llegado debidamente.

Pero si ellos mismos comienzan primero la guerra contra los musulmanes, entonces es obligación individual de todo musulmán, en general, lanzarse al yihad contra ellos y enfrentarlos con valentía. Hay que combatirlos de la misma manera en que atacan a los musulmanes y en que se combate a los opresores, como a una banda de salteadores violentos. Más aún, es todavía más obligatorio combatir contra quienes se niegan a pagar el zakat, se oponen a las disposiciones de la sharía y provocan la fitna como los jariyíes.

Cabe señalar que, en materia de guerra, lo mejor es librar una guerra defensiva, y esta constituye un fard kifaya. Si algunos musulmanes participan en el yihad, la obligación del yihad queda cumplida en nombre de todos. Sin embargo, quienes participan activamente tienen mayor virtud y rango. Al respecto, Allah dice:

(Árabe**********)

«Los musulmanes que se abstienen de participar en el yihad sin excusa ni motivo alguno jamás podrán ser iguales a quienes participan espontáneamente y con mérito». (Sura an-Nisa: 95)

Si el enemigo lanza un ataque repentino contra los musulmanes, en tal situación es, en general, obligación de todo musulmán participar en la guerra defensiva. La razón por la que repeler este ataque se convierte en una obligación para los musulmanes atacados es que es obligatorio acudir en ayuda de los musulmanes afligidos. Así dice Allah:

(Árabe**********)

«Si os piden ayuda en asuntos de la religión, es vuestro deber ayudarlos. Pero no contra el pueblo o la tribu con la que tenéis un pacto mutuo».

En el mismo contexto, el Noble Profeta (s) dijo: «El musulmán ayudará al otro musulmán».

En verdad, es obligatorio ayudar a los musulmanes, se reciba o no alguna remuneración o subsidio por ello. No obstante, es preferible que el Estado proporcione un salario. En este caso, es deber de todos los musulmanes ayudar al Estado islámico con sus bienes y sus vidas, según sus propias posibilidades. Esta ayuda es obligatoria para ellos. Cada uno debe prestar ayuda en toda circunstancia, según su capacidad, sea esta poca o mucha, ya tenga que ir a pie o montado. Por ejemplo, después del ataque de los incrédulos durante la batalla de la Trinchera, la yihad se volvió obligatoria para cada musulmán conforme a su propia situación.

Ningún musulmán tenía permiso alguno para quedar exento de marchar a esta guerra. Así había sido también en la época inicial del islam. En esta situación, Allah, exaltado sea, describió a los musulmanes divididos en dos grupos: (1) los qāʿid, es decir, quienes no participaron en la guerra; y (2) los khārij, es decir, quienes se unieron a la yihad, tanto no combatientes como combatientes. Incluso en esta situación, algunos solicitaron al Noble Profeta (s) permiso para no ir a la guerra. Sobre ellos, Allah hizo descender un versículo de reproche y dijo:

(Árabe**********)

«Uno de ellos pidió al Mensajero de Allah (s) permiso para regresar a casa, diciendo: “Nuestras casas están desprotegidas”, aunque en realidad no lo estaban. Su verdadera intención era huir.

Esta guerra fue enteramente defensiva, destinada a proteger su religión, su honor, sus vidas, sus bienes y demás. Se vieron obligados a librarla. En cambio, la guerra mencionada anteriormente tenía como objetivo la expansión del islam y el establecimiento de la supremacía de la religión: ejercer influencia sobre los enemigos, mantenerlos aterrorizados y evitar que el adversario pudiera alzar nuevamente la cabeza. La batalla de Tabuk constituye una prueba práctica de ello.

Por tanto, esta medida ofensiva constituye un método represivo contra ese poderoso grupo rebelde. Pero si la fuerza rebelde no es considerablemente poderosa, sino débil, y solo comete uno o dos incidentes aislados, esta medida no se aplica contra ellos. Si son poderosos y su presencia se hace manifiesta incluso en las ciudades y poblaciones musulmanas, es responsabilidad del amīr o gobernante acostumbrar a esas personas a las prácticas y actos de adoración obligatorios, necesarios, sunníes, recomendables, etc., enseñarles los principios fundamentales del islam y las cuestiones jurídicas necesarias de la religión, y obligarlos a actuar conforme a ellos. Además, es deber del imán del Estado obligarlos a adquirir cualidades como la honestidad en su conducta y comportamiento, el cumplimiento de los depósitos confiados, de los pactos y de las promesas.

Por lo tanto, a quienes no rezan, y especialmente a las mujeres, que por lo general son negligentes con la oración, se les debe ordenar firmemente que recen. A pesar de ello, a quienes no recen se les debe castigar hasta que comiencen a rezar. Este es el «iyma» o consenso unánime de los expertos en jurisprudencia islámica. Existe también otra opinión: primero se debe instar al que no reza a arrepentirse y luego ordenarle que rece. Si esto da resultado y comienza a rezar, tanto mejor; de lo contrario, se le debe condenar a muerte. La cuestión es: ¿por qué delito se le debe imponer la pena de muerte? ¿Porque «se convirtió en un kafir por no rezar»? ¿O porque se convierte en un murtadd y un fasiq?

En respuesta a esto, según la escuela jurídica del imán Ahmad y otros, se observan dos opiniones. Según una de ellas, se convierte en kafir, mientras que según la segunda se convierte en fasiq. Por esta razón se le debe condenar a muerte. Según la mayoría de los expertos salaf, es decir, los especialistas de las primeras generaciones, se convierte en kafir; por tanto, es obligatorio ejecutarlo. Esta pena se aplica a un ciudadano musulmán cuando acepta y reconoce verbalmente que la oración es obligatoria, pero en la práctica no reza. Sin embargo, si esa persona niega que la oración sea obligatoria, entonces, por consenso unánime, es kafir.

Por consiguiente, es obligatorio para los tutores ordenar a los niños y niñas menores que comiencen a rezar desde los siete años. Y cuando cumplan diez años, deben acostumbrarlos a la oración, incluso mediante golpes y azotes. El Profeta (s) dijo:

(Árabe**********)

«Cuando el hijo cumpla siete años, ordénale que rece; y si, aun después de cumplir diez años, no reza, golpéalo y separa sus camas.»

Asimismo, es obligatorio enseñar a los hijos las cuestiones jurídicas necesarias relativas a la oración, la pureza ritual y las cuestiones indispensables. Entre los asuntos relacionados con la oración se incluyen también mantener activa la mezquita, designar al imán de la mezquita y otras cuestiones semejantes. Se les debe ordenar que recen y dirijan la oración del mismo modo que el Mensajero de Allah (s). Pues el Mensajero de Allah (s) dijo: (ÁRABE**********)

«Rezad tal como me habéis visto rezar.» (Bujari)

En cierta ocasión, condujo a los compañeros cerca del púlpito y dirigió la oración; después dijo:

(Árabe**********)

«He establecido este método para que me sigáis y aprendáis la manera y el procedimiento de realizar la oración.»

También es responsabilidad del imán prestar plena atención a la oración del pueblo, para que no haya ningún tipo de defecto o deficiencia en sus oraciones. Mientras dirige la oración, el imán debe hacer que se realice de manera completa; esa es su responsabilidad. No debe dirigirla como se realiza la oración individual, pues esta puede abreviarse debido a una excusa válida. Prestar atención a los defectos y deficiencias y disponer su corrección es una responsabilidad especial del imán.

La misma norma se aplica al imán del hayy: debe prestar atención a todos los problemas y necesidades de los peregrinos y disponer que se les enseñen las cuestiones jurídicas necesarias del hayy. El mismo principio se aplica también al comandante militar, al igual que en el caso de la oración. Debe prestar atención a las facilidades y problemas de los soldados bajo su mando. El asunto se aclara aún más si observamos un ejemplo práctico. Así como el abogado administra los bienes de su cliente, y el tutor encargado de sus compras y ventas —el gerente— se ocupa de los bienes de su propietario, los supervisa, los conserva y los administra, ellos adoptan para este propósito los métodos más eficaces y productivos. Incluso si por azar sus propios bienes sufren daños, dejan de lado su interés personal y protegen los bienes y los intereses del cliente y del propietario. En comparación con esa responsabilidad de quien ejerce autoridad sobre sus subordinados, este asunto religioso es aún más importante. Los juristas han aclarado más el asunto: cuando los dirigentes responsables, es decir, los gobernantes del país, se esfuerzan por reformar la religión del pueblo, se preservan tanto la religión como la vida mundana de ambas partes. Gobernantes y gobernados, reyes y súbditos, todos alcanzarán el umbral del éxito. De lo contrario, el problema se agravará y para los dirigentes gobernar se volverá difícil e imposible. Desear el bien de los gobernados, los súbditos y el pueblo, mantener sinceridad y una intención recta: en esto reside, en suma, tanto el bienestar mundano como el desarrollo de la religión. Y se debe confiar únicamente en Alá. Pues el ijlas y el tawakkul son dos cualidades de las que dependen el éxito y el bienestar de todos: gobernados y gobernantes, pueblo, ricos y pobres. Por eso se nos ha ordenado recitar en la oración: (Árabe**********) «Solo a Ti adoramos y solo a Ti pedimos ayuda». Sobre estas dos frases se ha dicho que la esencia de todos los Libros celestiales está contenida en ellas. Por ello, el Profeta (P) dijo: cuando el siervo: (Árabe**********)

(«Soberano del Día del Juicio; solo a Ti adoramos y solo a Ti pedimos ayuda») recita, la cabeza asentada sobre los hombros del siervo tiembla. En muchos lugares del Corán aparecen versículos con el mismo significado. Por ejemplo: (Árabe**********) «Adora únicamente a Él y confía en Él». (Sura Hud: 123)

También se ha dicho: di: (Árabe**********) «Solo en Él confío y hacia Él regresaré». (Sura Hud: 88)

El Noble Profeta (P), al sacrificar el animal de la ofrenda, decía: (Árabe**********) «¡Oh, Alá! Esto me ha sido concedido por Ti y está dedicado únicamente a Ti.»

Cómo el gobierno y el pueblo reciben la ayuda de Alá

La ayuda de Alá llega en mayor medida al gobernante y al pueblo por medio de tres cosas: (1) la ijlás (sinceridad), (2) el tawakkul (la confianza en Alá) y (3) la súplica. Estas cualidades pueden alcanzarse protegiendo el corazón durante la oración y preservando el cuerpo de los pecados.

En segundo lugar, beneficiar a las personas mediante donaciones, limosnas, zakat y ayuda económica, lo cual se denomina «ihsán»; esto también es un medio para obtener la ayuda de Alá.

En tercer lugar, tener paciencia cuando alguien nos haya causado sufrimiento o nos haya herido. Continúa actuando con paciencia. Por eso se ha dicho: «Busca la ayuda de Alá mediante la paciencia y la oración». (Sura Al-Baqara: 45)

También se ha dicho:

(Árabe**********)

«Reza, especialmente, en las dos partes del día, es decir, por la mañana y por la tarde, y en la primera parte de la noche. No seas negligente, pues las buenas obras borran los pecados. Esto es un recordatorio para quienes recuerdan a Alá. Soporta las dificultades de la adoración. Ciertamente, Alá no deja sin recompensa a los virtuosos».

Él también dijo:

(Árabe**********)

«Soportar sus palabras sin dejarse perturbar. Y, antes del amanecer y antes de la puesta del sol, glorifica a tu Señor alabándolo y proclama Su alabanza». (Sura Taha: 130)

A este respecto, también se declara en el Corán:—(árabe**********)

«Conozco perfectamente lo que dicen, por lo cual te afliges. Así pues, glorifica a tu Señor alabándolo y prostérnate ante Él». (Sura Al-Hiyr: 97-98)

En muchos pasajes del Corán se mencionan conjuntamente la oración y el zakat. En realidad, mediante la oración, el zakat y la paciencia, todos —gobernantes y gobernados, ricos y pobres— alcanzan conjuntamente la purificación del alma. Cuando una persona logra comprender plenamente este significado, entiende la grandeza de los nombres atributivos de Allah, realiza la oración con comprensión y eleva las manos en súplica ante Allah mientras se ocupa de Su recuerdo, recita el Sagrado Corán, cumple la oración con sinceridad y tawakkul, sirve a la gente mediante el zakat y la sadaqa, acude en ayuda de quienes padecen dificultades económicas, ayuda a los necesitados afligidos y satisface las necesidades de los menesterosos, entonces Allah le allana el camino. Se ha narrado del Noble Profeta (s) en Bujari y Muslim: (árabe**********) «Toda buena obra forma parte de la sadaqa».

La palabra (****) incluye toda clase de ihsan o buena obra. Hablar con una sonrisa, pronunciar la kalima tayyiba y hablar con sinceridad: todo ello pertenece a las formas del ihsan. (Bujari, Muslim)

Se ha narrado de Ali ibn Hatim (que Allah esté complacido con él) que el Mensajero de Allah (s) dijo:

(Árabe**********)

«El Señor de cada uno de vosotros le hablará sin que haya ningún guardián ni intérprete entre Allah y él. Mirará hacia la derecha y verá lo que haya enviado anteriormente; mirará hacia la izquierda y verá las obras que haya enviado anteriormente. Luego mirará delante de sí y no verá nada salvo el Fuego. Por tanto, quien de vosotros quiera protegerse del Fuego, aunque sea dando un trozo de dátil, que lo haga. Y quien no tenga siquiera esa posibilidad, que se apresure a librarse del Fuego, aunque sea mediante una buena palabra. Según una narración de las Sunan, el Noble Profeta (s) dijo:—

(Árabe**********)

«No consideréis insignificante ninguna buena acción, aunque consista en saludar a vuestro hermano con una sonrisa. Y aunque solo sea que vertáis agua de vuestro recipiente en el recipiente de alguien sediento.»

También se narra en las Sunan que el Profeta (s) dijo:

(Árabe**********)

«Entre las cosas pesadas en la balanza, es decir, en la balanza de las buenas obras, la más pesada será el buen carácter.» En otro hadiz con el mismo significado, el Noble Profeta (s.a.) se dirigió a Umm Salama y dijo:

(Árabe**********)

«¡Oh, Umm Salama! Todo el bien de este mundo y del Más Allá lo ha acaparado el noble carácter.»

Soportar el daño y las heridas infligidos por otros, dominar la ira, perdonar a las personas, oponerse a las malas inclinaciones del corazón y a los deseos pasionales, abandonar las acciones injustas y la arrogancia, y otras virtudes semejantes, forman parte de la paciencia. A este respecto, Allah dice:

(Árabe**********)

«Y si hago que el ser humano pruebe Mi misericordia y luego se la arrebato, se vuelve desesperado e ingrato. Y si, después de las desgracias que le han sobrevenido, le hago probar algún bienestar, seguramente dirá: “Todas mis calamidades han desaparecido”. Entonces se vuelve sumamente exultante y jactancioso. Pero quienes tienen paciencia y realizan buenas obras —ellos son la excepción— tendrán un perdón especial y una gran recompensa». (Sura Hud: 9-11)

En otra aleya, dirigiéndose al Noble Profeta (la paz sea con él), se dice:

(Árabe**********)

«¡Oh, Profeta! El bien y el mal no son iguales. Repele esa inclinación mediante la conducta o el método que sea mejor para combatir la injusticia y la mala inclinación. Entonces verás que aquel que era tu enemigo se ha convertido en un amigo íntimo. Esta cualidad solo corresponde a quienes tienen paciencia, y únicamente los afortunados pueden alcanzar este rango. Además, si percibes alguna incitación por parte de Satanás, busca refugio en Allah. Él todo lo oye y todo lo sabe». (Sura Fussilat: 34-36)

Allah, exaltado sea, también dice:

(Árabe**********)

«La recompensa de una mala acción es una mala acción semejante. Pero quienes perdonan y reconcilian, su recompensa y premio corresponden a Allah. Allah no ama en absoluto a los injustos». (Sura Ash-Shura: 40)

Hasan al-Basri (que Allah tenga misericordia de él) dijo:

El Día del Juicio, los ángeles proclamarán desde debajo del Trono: «¡Que se pongan de pie aquellos cuya recompensa y premio están garantizados por Allah!». Entonces, únicamente quienes hayan perdonado y procurado la reconciliación podrán responder a este llamado y ponerse de pie».

Tratar bien y con amabilidad a los súbditos y al pueblo no significa que haya que concederles todo lo que pidan, sea razonable o no, ni satisfacer todas sus demandas. Tampoco significa que deban ser perdonados indiscriminadamente y dejados en libertad, hagan el delito injusto que hagan. Pues, a este respecto, Allah dice:

(Árabe**********)

«Si la verdad siguiera los deseos de esa gente, los cielos, la tierra y quienes los habitan se arruinarían». (Al-Mu’minun: 71)

Allah dice, dirigiéndose a los Compañeros:

(Árabe**********)

«Sabed bien que el Mensajero de Allah está entre vosotros. Si os obedeciera en muchos asuntos, vosotros mismos caeríais en una grave dificultad». (Sura Al-Huyurat: 7-8)

Se denomina «ihsán» realizar aquello que es beneficioso para este mundo y para el Más Allá, aunque a ellos no les agrade. Para el pueblo, esta cosa es beneficiosa, pero ellos la consideran mala. No quieren comprender sus beneficios. En tal situación, es responsabilidad del emir o gobernante explicarles y convencerlos mediante un trato amable y palabras dulces, hasta obtener su aceptación y consentimiento. En Bujari y Muslim se narra que el Noble Profeta (s) dijo:

(Árabe**********)

«Cuando se emplea la amabilidad en un asunto, esta trae como resultado el bien y la amabilidad. En cambio, cuando se adopta la dureza en un asunto, al final trae consigo el mal». En otro hadiz, el Mensajero (s) dijo:

(Árabe**********)

«Sin duda, Allah es amable y misericordioso, y aprecia la amabilidad. Lo que concede a la persona misericordiosa y amable no se lo concede a quien es áspero, desprovisto de compasión y de naturaleza dura».

El honorable Umar ibn Abd al-Aziz (r) dice: «A veces me propongo separar y entregarles sus partes del tesoro público, pero temo que lo desaprueben; por eso sigo teniendo paciencia. Luego, cada vez que se reúne ante mí algún bien mundano agradable (mercancía), inmediatamente les entrego lo que les corresponde. Si no les agrada, procuro tranquilizarlos con alguna otra cosa».

El Noble Profeta (s) también se comportaba de tal manera que, cuando algún necesitado se presentaba ante él, satisfacía su necesidad o lo despedía contento mediante palabras amables. En una ocasión, sus familiares expresaron el deseo de ser nombrados administradores de una propiedad waqf y pidieron que se les fijara de ella una asignación. En respuesta, dijo:

(Árabe**********)

“La limosna no es lícita para Muhammad ni para sus familiares.” Él se negó por completo a darles limosna. Sin embargo, les dio algo del fay’, es decir, de los bienes obtenidos en la guerra, y los despidió. En cierta ocasión, respecto a la crianza de la hija de Hamza (que Dios esté complacido con él), Alí (que Dios esté complacido con él), Zayd (que Dios esté complacido con él) y Ya‘far (que Dios esté complacido con él) presentaron por igual sus reclamaciones. Cada uno de ellos reclamó movido por el vínculo de parentesco. El Noble Profeta (paz y bendiciones sean con él), sin fallar a favor de ninguno de ellos, entregó directamente a la tía materna de la niña la responsabilidad de criarla. Pues la tía materna ocupa el lugar de la madre. Después satisfizo a todos con palabras amables y los despidió complacidos. Le dijo a Alí (que Dios esté complacido con él):

(Árabe**********) “Tú y yo somos uno.” Le dijo a Ya‘far (que Dios esté complacido con él): (Árabe**********) “En ti existe una semejanza con mi carácter.” Y, dirigiéndose a Zayd (que Dios esté complacido con él), dijo: (Árabe**********) “Tú eres nuestro hermano y amigo.”

Por lo tanto, los gobernantes, las personas en el poder y los jueces deben actuar de este modo al distribuir los bienes del Estado y emitir otras disposiciones. Esto se debe a que el pueblo siempre solicita y espera de los gobernantes y los jueces cosas que quizá no sea posible o apropiado concederles. Por ejemplo, esperan que se atiendan sus recomendaciones en asuntos de Estado, en la concesión de autoridad administrativa, de riquezas y de los beneficios de los bienes, así como para reducir las penas hadd o los castigos establecidos por la sharía. Sin embargo, está fuera de su poder satisfacer esas demandas. En tal situación, se debe intentar mantenerlos satisfechos dándoles otra cosa diferente o mostrándoles amabilidad, cortesía, palabras dulces y un buen trato. No es correcto despreciarlos, ignorarlos o tratarlos con dureza sin motivo. Pues cuando se rechaza la petición de quien solicita, sin duda siente una herida en su corazón. En particular, no es apropiado herir los sentimientos de aquellas personas cuya satisfacción se considere especialmente necesaria por el bien del islam. Dios Altísimo dice:

(Árabe**********)

«No reprendas al que pide o suplica». (Sura ad-Duha: 10)

En otra aleya del Corán, Allah dice: (árabe**********)

«Sigue cumpliendo el derecho de cada uno de los parientes, los pobres y los viajeros, pero no derroches gastando inútilmente ni desperdicies los bienes. Ciertamente, los derrochadores son hermanos de Satanás, y Satanás es ingrato con su Señor. Y si necesariamente tienes que apartarte de ellos, mientras esperas la misericordia de tu propio Señor, háblales entonces con palabras amables a estos pobres necesitados». (Sura Bani Isra’il: 26-28).

Dar un dictamen contrario a la petición de alguien ciertamente causa dolor en su corazón. Por ello, en tales casos, mantener satisfecho al solicitante mediante las palabras, los actos y el comportamiento es una muestra de verdadera gobernanza política y previsión. Un ejemplo de ello es como cuando un médico administra al paciente una medicina amarga y después le ofrece algo mejor en su lugar, de modo que esto la compensa. Allah, exaltado sea, ordenó al profeta Moisés (la paz sea con él) y a su hermano que fueran ante el Faraón, y dijo:

(Árabe**********)

«Habladle con suavidad, para que pueda comprender o tema Mi castigo». (Sura Ta-Ha: 44)

(Árabe**********)

«Tratad a la gente con amabilidad, no con aspereza; mantenedla satisfecha y no provoquéis su descontento; tratadla mutuamente con afecto y no sembréis la discordia».

Una vez, un hombre ignorante de una zona rural orinó en la mezquita. Los Compañeros comenzaron a reprenderlo, pero el Noble Profeta (s) dijo:

(Árabe**********)

«No interrumpáis su micción». Después, mandó traer un cubo de agua y lo vertió sobre la orina, y dijo a los Compañeros:

(Árabe**********)

«Habéis sido enviados para ser amables, no para ser duros ni ásperos». (Ambos hadices fueron narrados por al-Bujari y Muslim)

Este tipo de gobierno es necesario para la propia persona, para su familia y para la protección y el cuidado de los súbditos y del pueblo por parte de los gobernantes. Pues, por naturaleza, el ser humano no se inclina a aceptar la verdad hasta que se le aseguran sus bienes preciados y se satisfacen sus necesidades básicas. Por tanto, tratar bien a las personas y comportarse con benevolencia también forma parte de la adoración de Dios. Y estas conductas serán consideradas adoración de Dios cuando la intención sea sincera. ¿Acaso no sabéis que los alimentos, la vestimenta, la vivienda, etc., forman parte de las necesidades básicas y de los artículos indispensables para la vida humana? Incluso está permitido que una persona desesperada coma animales muertos en la medida necesaria para preservar su vida; más aún, en ciertos casos es obligatorio. Los sabios también han emitido dictámenes jurídicos al respecto. Por consiguiente, si una persona, en una situación de necesidad extrema, muere por no comer carroña, será pecadora y habitará en el Infierno. No es posible cumplir la adoración sin preservar la vida. Y aquello sin lo cual no es posible cumplir una obligación también se convierte en obligatorio. Por ello, en comparación con los demás, es indispensable procurar alimentos prioritariamente para la propia familia y para preservar la propia vida. Así, se narra de Abu Huraira (que Dios esté complacido con él) en las Sunan que dijo: (*****) «Dad caridad». Un hombre preguntó: «¡Oh, Mensajero de Dios (que la paz y las bendiciones de Dios sean con él)! Solo tengo un dinar». El Noble Profeta (que la paz y las bendiciones de Dios sean con él) respondió: (আরবী**********)

«Dónalo para tus propias necesidades». Él dijo: «Tengo otro dinar». El Profeta (que la paz y las bendiciones de Dios sean con él) dijo: (আরবী**********)

«Gástalo en las necesidades de tu esposa». El hombre dijo: «Tengo además un tercer dinar». El Profeta (que la paz y las bendiciones de Dios sean con él) dijo: (আরবী**********)

«Gástalo en las necesidades de tus hijos». Él dijo: «También tengo un cuarto dinar». Él respondió: (আরবী**********)

«Gástalo en tu sirviente». El hombre dijo: «Tengo además otro dinar ahorrado». El Noble Profeta (que la paz y las bendiciones de Dios sean con él) respondió: (আরবী**********) «Tú sabes mejor dónde debes gastarlo». En Sahih Muslim se narra de Abu Huraira (que Dios esté complacido con él) que el Gran Profeta (que la paz y las bendiciones de Dios sean con él) dijo:

(Árabe**********)

«Si gastas un dinar en el camino de Dios, otro dinar en liberar a un esclavo, otro dinar en dar caridad a un pobre y otro dinar en las necesidades de tu familia, el dinar que gastes en las necesidades de tu familia será el que tenga mayor recompensa». (Muslim)

Se ha narrado de Abu Umama (que Allah esté complacido con él) en el Sahih Muslim que el Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo:

(Árabe**********)

«¡Oh, hijos de Adán! Es mejor para vosotros gastar el excedente de vuestra riqueza que retenerlo. Gastar según las necesidades no es censurable. Gastad primero en aquellos cuyo sustento y manutención están bajo vuestra responsabilidad. En verdad, la mano de arriba (la del donante) es mejor que la mano de abajo (la del receptor)». (Muslim).

Además, existe una aleya del Corán que dice: (árabe**********)

«Te preguntan cuánto deben gastar. Diles: lo que exceda de sus necesidades». El significado de esto es el mismo.

(******) significa riqueza excedente. Pues mantener a uno mismo y a la propia familia es una obligación individual (fard ayn). En cambio, gastar en la yihad fi sabilillah (la yihad en el camino de Allah), en la guerra islámica, y dar limosna a los pobres es una obligación colectiva (fard kifaya) o recomendable (mustahab). Sin embargo, en determinadas circunstancias y ocasiones también se convierte en una obligación individual (fard ayn). Esto ocurre cuando no hay ningún otro donante. Pues dar de comer al hambriento es una obligación individual (fard ayn). A este respecto se ha narrado en un hadiz:

(Árabe**********)

«Si el mendigo es veraz, no hay ningún bien en despedirlo con las manos vacías».

Abū Ḥātim al-Bustī (r) narró en su obra auténtica un relato extenso y detallado que contiene muchas enseñanzas profundas: «Una de las palabras sabias de la familia de David (a) es que también es deber de los sabios y eruditos dividir su tiempo en cuatro partes. Una parte la dedicarán a la súplica, la invocación y el recuerdo de Allah; otra, al autoexamen; la tercera, a estar en compañía de sus amigos, para que puedan señalarle sus defectos; y en la cuarta parte disfrutarán de sus cosas preferidas. Esto se debe a que esta última parte ayuda a las otras tres.»

A la luz del relato citado, se hace evidente que es necesario dedicar una parte del tiempo al esparcimiento lícito y permitido por la sharía. Esto fortalece los demás momentos. En este sentido, los fuqahā o pensadores islámicos han dicho: corregir el estado de ánimo y procurar su bienestar es rectitud. Por ello, Abū al-Dardā (ra) decía: «A veces me distraigo incluso con cosas vanas, para que ello me ayude a seguir el camino de la verdad y la justicia». En realidad, Allah ha creado las cosas que ama y que son agradables para que las criaturas se beneficien de ellas. Así, la ira fue creada para que, mediante ella, sea posible protegerse de las cosas perjudiciales. En cuanto a las bajas pasiones y los deseos de placer, solo se ha prohibido aquello que resulta perjudicial para la vida humana. Pero el disfrute que ayuda a seguir la verdad se considera ʿamal ṣāliḥ, es decir, una buena obra. Por eso se narra en un hadiz auténtico que el Mensajero de Allah (s) dijo: (árabe**********)

«Tener relaciones con vuestras esposas también es una caridad». Los Compañeros preguntaron: «¡Oh, Mensajero de Allah (s)! ¿También hay recompensa por satisfacer nuestros deseos?». El Profeta (s) respondió:

(Árabe**********)

«¿Acaso no consideráis que, si se hubiera gastado por una vía ilícita, habría pecado?». Los Compañeros dijeron: «Por supuesto que sí». Él dijo:

(Árabe**********)

«Entonces, tenéis en cuenta lo ilícito, pero no tendréis en cuenta lo lícito».

Se narra en los dos Ṣaḥīḥ, a través de la transmisión de Saʿd ibn Abī Waqqāṣ (ra), que el Noble Profeta (s) le dijo:

(Árabe**********)

«Todo lo que gastes con la esperanza de obtener la complacencia de Allah aumenta ciertamente tu dignidad y honor; incluso por el bocado que llevas a la boca de tu esposa obtienes una recompensa». (Bujari, Muslim)

Hay muchos hadices sobre este tema. En verdad, si el siervo creyente realiza sus obras con devoción y sinceridad, puede obtener una abundante recompensa en cada momento.

Además, mediante las buenas obras lícitas y aprobadas por la sharía, pueden reformar sus almas y espíritus y formarlos libres de impurezas. Por el contrario, bajo la influencia perniciosa del corazón corrompido del hipócrita, sus intenciones también se vuelven reprochables. El hipócrita recibe su castigo a causa de sus malas acciones. Su adoración queda llena de ostentación, por lo que, en lugar de beneficiarlo, termina perjudicándolo. Por ello, se ha narrado en el Sahih de Bujari que el Profeta dijo:

(Árabe**********)

«Sabed con certeza que dentro del cuerpo hay un trozo de carne: si está sano, todo el cuerpo está sano; pero si está enfermo y corrompido, todo el cuerpo enferma y se corrompe. Sabed que ese trozo es el corazón del ser humano».

[20]

Para cumplir los–fard y wajib y actuar conforme a ellos y evitar lo haram y protegerse de ello, se prescribe el castigo

El castigo y las penas se han establecido precisamente para que se cumplan las obligaciones y deberes religiosos y para protegerse de lo prohibido. Por tanto, deben presentarse incentivos atractivos que animen a la gente hacia el bien y la obediencia. Por otra parte, es necesario apartar a la gente de todo aquello que incite al mal.

El castigo se ha establecido para abstenerse de lo prohibido y cumplir con lo obligatorio. Todo aquello que contribuye a este objetivo ha sido declarado conforme a la Sharía. Por consiguiente, deben adoptarse medios que incrementen el estímulo hacia el camino del bien y la obediencia, y que demuestren ser un apoyo y una ayuda para ello. Es conveniente emplear todos los medios posibles para atraer a la gente hacia el bien y la obediencia. Por ejemplo, es necesario gastar en los propios hijos y familiares, y que los funcionarios y gobernantes del Estado gasten en favor del pueblo. Sin embargo, los gastos deben realizarse de tal manera que despierten su conciencia, los animen y los impulsen, ya sea mediante dinero, bienes y riquezas, elogios o cualquier otro medio alternativo. Por esta razón, se ha declarado conforme a la Sharía gastar energías y ejercitar el cuerpo en carreras de camellos y caballos, en el manejo de flechas y lanzas, y actividades semejantes. El Noble Profeta (s) y los califas rectamente guiados participaban en carreras de caballos. Lo mismo ocurre con los mu’allafat al-qulub: se debe mostrar hacia ellos un trato amable y buenos modales. Se ha narrado en una tradición que un hombre llega a convertirse en un musulmán sincero y genuino, hasta que el islam se convierte para él en el objeto más querido, por encima de todas las cosas y de todas las personas del mundo.

Lo mismo sucede en el caso de las malas acciones y los pecados. Por tanto, corresponde al liderazgo estatal erradicar de la sociedad las raíces del pecado, la delincuencia, la tendencia al crimen y la injusticia. Es un deber indispensable cerrar todos los caminos y todas las brechas de la injusticia y la delincuencia. Es necesario mantener, con todas las fuerzas, la lucha para impedir todas las actividades que inciten por el camino del pecado, hasta que se presente una razón válida y racional para hacer lo contrario: permanecer callado y asumir el papel de un espectador silencioso. Un ejemplo de ello puede observarse en las palabras del Noble Profeta (s). Él dijo:

(Árabe**********)

«Ningún hombre ajeno se reunirá a solas con una mujer ajena, pues Satanás se convierte en el tercero que los acompaña».

También dijo:

(Árabe**********)

«La mujer que cree en Allah y en el Más Allá no puede emprender un viaje de dos días de distancia sin su esposo o un mahram (alguien con quien no está permitido casarse)».

El Noble Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) prohibió encontrarse con mujeres ajenas y viajar a solas con ellas para que la injusticia, el delito y la inmoralidad fueran extirpados de raíz de la sociedad.

Se narra de Imam Sha‘bi que una delegación de la tribu de «Abd al-Qays» se presentó ante el Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él). Entre ellos se encontraba también un joven apuesto y atractivo. Al verlo, ordenó al joven que se sentara detrás de él y dijo: «Esta mirada fue la causa del error del profeta David (la paz sea con él)».

En cierta ocasión, ‘Umar ibn al-Jattab (que Allah esté complacido con él) escuchó recitar la poesía de una mujer, uno de cuyos versos decía:

(Árabe**********)

«¿Hay alguna manera de conseguir vino para beber…? ¿Podré alguna vez encontrarme con Nasr ibn Hajjaj…?」

Hazrat ‘Umar ibn al-Jattab (que Allah esté complacido con él) mandó llamar inmediatamente a Nasr ibn Hajjaj, un joven apuesto, de complexión robusta y rostro resplandeciente. Hazrat ‘Umar (que Allah esté complacido con él) le afeitó la cabeza. Sin embargo, esto hizo que el brillo y la belleza de su rostro aumentaran aún más. Finalmente, le ordenó abandonar el país, para que las mujeres de Medina no cayeran en la fitna.

En otra ocasión se narró de Hazrat ‘Umar ibn al-Jattab (que Allah esté complacido con él) que, al enterarse de que los muchachos solían reunirse y frecuentar a cierto hombre, les prohibió sentarse con él y visitarlo.

Hazrat ‘Umar (que Allah esté complacido con él) prohibía acercarse y relacionarse con personas cuya compañía pudiera hacer temer que hombres y mujeres cayeran en la fitna o pudiera ser causa de ello. Es deber de los tutores de esos muchachos no permitirles salir sin necesidad, prohibirles acicalarse y perfumarse, y no permitirles acudir a los baños públicos. Si fuera absolutamente necesario que fueran, deben impedir que se quiten la ropa que cubre su cuerpo y mantenerlos alejados de las reuniones de canto y música. Es especialmente necesario mantenerlos bajo una disciplina y supervisión estrictas en estos asuntos.

Así, debe impedirse que quien es públicamente acusado de ser un destacado practicante de malas acciones y pecados posea o sea dueño de un esclavo hermoso y apuesto, y debe separársele de un esclavo de esa índole. Esto se debe a que los juristas están de acuerdo en que el testimonio de una persona conocida y públicamente inmersa en el pecado no es aceptable. Además, la parte contraria tiene el derecho legítimo de impugnar su testimonio. Mientras una persona pasaba delante del Profeta (s) durante un cortejo fúnebre, los presentes pronunciaron palabras de elogio sobre ella. Él dijo: (****) «Se ha hecho obligatorio». Luego, al pasar otro cortejo fúnebre, la gente comentó: «Este era un hombre sumamente malvado». Él dijo: (*****) «Se ha hecho obligatorio». Los Compañeros preguntaron: «¡Oh, Mensajero de Allah! Respecto de ambos, ¿por qué dijiste (*****) y qué fue lo que se hizo obligatorio?». Él respondió:

(Árabe**********)

«Como elogiasteis al primero de los fallecidos, dije que el Paraíso se había hecho obligatorio para él. En cambio, como censurasteis al segundo fallecido, dije que el Infierno se había hecho obligatorio para él. Esto se debe a que vosotros sois testigos de Allah sobre la faz de la tierra».

En la época del Noble Profeta (s), una mujer inmoral practicaba abiertamente el pecado. Sobre ella, él decía:

(Árabe**********)

«Si lapidara a alguien sin testigos, ciertamente lapidaría a esta mujer». La razón es que, en la Sharía, no está permitido aplicar el hadd sin testigos ni confesión. Sin embargo, para las personas de semejante carácter no es necesario comprobarlo mediante observación directa en lo referente a su testimonio y su confiabilidad; basta con el rumor general. Y si el rumor fuera relativamente escaso, deben establecerse pruebas teniendo en cuenta a sus compañeros y amigos. Abdullah ibn Masud (r) dijo (árabe**********)

«Juzga a una persona por sus amigos».

Es decir, hay que observar su trato y convivencia con personas de ese carácter, y evaluarlo conforme a ese carácter. ¿Qué tipo de personas son sus amigos íntimos? Si son de mal carácter, es necesario mantenerse alejado de ellos, del mismo modo que hay que protegerse del enemigo. A este respecto, el honorable Umar ibn al-Jattab (r) dijo:

(Árabe**********)

«Guardaos de las malas sospechas de la gente».

Esta es una instrucción de ʿUmar (que Allah esté complacido con él). Sin embargo, no está permitido imponer ningún tipo de castigo basándose en meras sospechas.

[Veintiuno]

Obscenidad, Homicidio, Parientes cercanos, Débiles, Ajena Propiedad Usurpación Posesión De Alejarse Mantenerse

El tema tratado en este capítulo comprende los límites y los derechos, el asesinato de una persona sin causa justificada, que el asesinato injusto será el primer caso juzgado el Día de la Resurrección, y que en el «qisās», es decir, la represalia por asesinato, existe la posibilidad de una nueva vida. Asimismo, incluye la imposición de la pena de muerte por el asesinato de una persona determinada o a cambio de un derecho, entre otras cuestiones.

A este respecto, la palabra del Altísimo Allah es:

(Árabe**********)

«Diles: “Venid aquí; os recitaré lo que vuestro Señor os ha prohibido: que no asociéis nada con Él; que tratéis bien a vuestros padres; que no matéis a vuestros hijos por temor a la pobreza, pues Nosotros os proveemos a vosotros y a ellos; y que no os acerquéis a las acciones indecentes, tanto manifiestas como ocultas. No matéis a ninguna persona que Allah haya declarado inviolable, salvo que sea conforme a la justicia (mediante el procedimiento judicial del Estado); eso es un asunto distinto. Estas son las cosas que Allah os ha ordenado, para que comprendáis. Asimismo, no os acerquéis a los bienes del huérfano, excepto de la mejor manera (podéis hacerlo), hasta que alcance la madurez; y dad el peso y la medida con plena exactitud y equidad. No imponemos a nadie una carga superior a su capacidad. Cuando habléis, sed justos, aunque se trate de un pariente cercano; y cumplid el pacto contraído con Allah. Esto es lo que Él os ha ordenado, para que recibáis consejo. En verdad, este es Mi camino recto; seguidlo, pues, y no sigáis los caminos injustos, porque os apartarían de Su camino. Esto es lo que Él os ha ordenado, para que seáis piadosos» (sura al-An‘am: 151-153).

El Altísimo Allah también ha dicho:

(Árabe**********)

«No es lícito que un musulmán mate a otro musulmán, salvo que sea por error; eso es un asunto distinto. ….. Y quien mate intencionadamente a un musulmán, tendrá como retribución el Infierno, donde permanecerá eternamente. La ira y la maldición de Allah caerán sobre él; además, Allah le ha preparado un castigo terrible» (sura an-Nisa: 92-93).

Allah, el Altísimo, también dice:

«Por esta razón decreté para los Hijos de Israel que quien mate a una persona, no como retribución por un asesinato ni como castigo por sembrar la corrupción en la sociedad, sino injustamente, será como si hubiera matado a toda la humanidad; y quien salve la vida de una persona será como si hubiera salvado la vida de toda la humanidad» (sura al-Ma’idah: 32).

Se relata en Sahih al-Bujari y Sahih Muslim que el Noble Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo:

(Árabe**********)

«El Día de la Resurrección, el primer asunto que será juzgado será el homicidio injusto». Cabe señalar que el homicidio es de tres tipos:

(1) Qatl al-‘amd (homicidio intencional): aquel en el que no existe posibilidad alguna de error o de confusión con un homicidio accidental. Su explicación es matar injustamente a alguien, como suele hacerse: golpeándolo con una espada, un puñal, un cuchillo, un martillo, una pala, un azadón, un hacha, un escudo u otras armas; disparándole; quemándolo o ahogándolo en el agua; arrojándolo desde un lugar elevado; estrangulándolo; ejerciendo una presión intensa sobre sus testículos; asfixiándolo al taparle la boca; o quitándole la vida mediante veneno. Por tanto, por este tipo de homicidio debe aplicarse el hadd, es decir, debe darse muerte al homicida. Sin embargo, los herederos de la víctima tendrán pleno derecho a elegir cualquiera de estas tres opciones: (1) matarlo; (2) perdonarlo; o (3) dejarlo libre después de aceptar la diyya, es decir, el precio de sangre. Pero los herederos de la víctima no tienen permitido matar a nadie que no sea el homicida. Al respecto, dice el Altísimo Allah:

(Árabe**********)

«No matéis injustamente a la persona cuya muerte Allah ha prohibido, salvo por una causa legítima. Y a quien haya sido asesinado siendo oprimido e injustamente, hemos concedido autoridad a su heredero. Que este, pues, no exceda los límites en la venganza. Ciertamente, él tiene derecho a exigirla y será auxiliado». (Sura Banī Isrā’īl: 33)

En la exégesis de este versículo se ha dicho que solo el homicida puede ser ejecutado. No es lícito condenar a muerte a ninguna otra persona. Se narró de Abū Shurayḥ al-Khuzā‘ī (que Allah esté complacido con él) que el Noble Profeta (que Allah le bendiga y le conceda paz) dijo:

(Árabe**********)

«Si una persona es asesinada, o es encontrada en estado crítico y después muere, solo existen tres opciones en tal situación: (1) ejecutar al homicida; (2) perdonarlo; (3) dejarlo libre después de aceptar el precio de sangre. Si alguien adopta una cuarta vía distinta de estas tres, su acción constituye una injusticia; por ello le corresponde el Infierno, donde permanecerá eternamente». (Ahl al-Sunan, Tirmidhi)

Matar al homicida después de perdonarlo o de aceptar el precio de sangre es un pecado gravísimo, incluso un crimen más abominable que el primer homicidio. En este punto, algunos ulemas también han dicho que debe ser ejecutado conforme a la norma del hadd, pues los herederos de la víctima no tienen derecho a matarlo después de haber aceptado el precio de sangre».

A este respecto, las palabras del Altísimo son:

(Árabe**********)

«Se os ha prescrito, con respecto a los asesinados de entre vosotros, que el libre sea por el libre, el esclavo por el esclavo y la mujer por la mujer. Pero si el hermano del asesinado perdona una parte de la retribución debida al asesino, deberá exigírsele el pago con amabilidad, conforme a la ley de la sharía. Y el asesino deberá efectuar correctamente dicho pago a los herederos del asesinado, tratando con ellos de la mejor manera. Esto es una facilidad y una misericordia especial de vuestro Señor para vosotros. Después de esto, quien transgreda los límites tendrá un castigo muy doloroso. ¡Oh, gente de entendimiento! En la retribución hay seguridad para vuestra vida, para que os abstengáis de cometer asesinatos». (Sura de Al-Báqara: 178-179)

Al analizar esto, los eruditos dicen que los corazones de los herederos del asesinado se llenan de ira y deseo de venganza. Si pudieran, se lanzarían, enloquecidos, a exterminar incluso al asesino y a sus herederos. Así, a veces la situación llega a tal punto que no se contentan con matar únicamente al asesino, sino que, junto con él, matan también a sus familiares e incluso a los jefes y líderes de su tribu. Es una situación sumamente terrible. Pues, aunque el asesino cometió primero la injusticia, los herederos del asesinado, al vengar el homicidio, cometen actos de opresión y tiranía desmedidos, que ni siquiera el verdadero asesino había cometido. Además, realizan acciones contrarias a la sharía y, en la época de la ignorancia, tanto los habitantes del campo como los de las ciudades se unían colectivamente a esa práctica, que continuaba de generación en generación. Los herederos del asesinado empleaban todas sus fuerzas para intentar matar a los herederos del asesino. El bando contrario, a su vez, continuaba matándolos. Finalmente, ambos bandos reunían a sus propios aliados y, organizándose en grupos, se entregaban a una guerra permanente en un ambiente mortal de peleas, matanzas y enfrentamientos, manteniendo durante mucho tiempo los conflictos sangrientos.

De este modo, bajo el manto de la ayuda y la cooperación mutuas, la llama inextinguible del odio y la venganza entre las tribus, así como el torrente abrasador de la enemistad, continuaban avanzando sin cesar. La razón principal era que, al apartarse del camino de la justicia y la equidad, no creían en el principio del «qisas», es decir, «vida por vida», ni lo consideraban suficiente. Por ello, en vez de recurrir a una represalia legal por el homicidio conforme a la sharía, convertían el incidente en una matanza generalizada. Sin embargo, Dios Altísimo nos ha prescrito el qisas con el propósito de establecer un sistema de justicia basado en la equidad para los homicidios injustos y erradicar de la sociedad la opresión y la injusticia.

A este respecto, también se ha declarado: «En el qisas está vuestra vida». Pues, gracias al qisas, se detiene el derramamiento de sangre entre los tutores y herederos del asesino, se salvan vidas y desaparecen la sedición y el desorden. [Gracias al qisas, el asesino no tiene oportunidad de cometer más homicidios.] Además, aunque una persona albergue secretamente la intención de matar a alguien, cuando sepa que posteriormente tampoco se le perdonará su propia vida querida y que morirá como retribución por el qisas, sin duda se abstendrá de asumir un riesgo tan grave y mortal.

Se ha transmitido de Alí ibn Abi Talib (que Dios esté complacido con él) y de Amr ibn Shuayb (que Dios esté complacido con él) que el Noble Profeta (la paz y las bendiciones de Dios sean con él) dijo:

(Árabe**********)

«Todos están de acuerdo en que la sangre de todos los musulmanes es igual, y todos se esfuerzan por tratar bien a los dimmíes. ¡Cuidado! Que no se mate a ninguna persona bajo pacto mientras permanezca fiel a su compromiso, ni a ningún musulmán en enfrentamiento con un incrédulo». (Ahmad, Abu Dawud)

Al respecto, el Noble Profeta (s) declaró: la sangre de todos los musulmanes, sin distinción entre pequeños y grandes, nobles y plebeyos, es de igual valor. No concedió ninguna superioridad al árabe sobre el no árabe, al qurayshí hāshimí sobre el no qurayshí hāshimí, al hombre libre sobre el esclavo emancipado, al sabio sobre el ignorante ni al rey sobre el súbdito. Esta es la opinión unánime de todos los musulmanes y una decisión consensuada. Sin embargo, debido a que los portadores de concepciones propias de la época de la ignorancia y las autoridades gobernantes judías emitieron decretos egoístas bajo la protección de políticas contrarias y erróneas, todo el mundo árabe se entregó a la hostilidad y a las luchas mutuas.

En las localidades cercanas a Medina residían dos tribus judías: los Banū Naḍīr y los Banū Qurayẓa. La tribu de Banū Naḍīr había sufrido un número mayor de muertes que Banū Qurayẓa, por lo que habían designado al Noble Profeta (s) como juez. Los judíos habían alterado la norma relativa a la pena por adulterio hasta el punto de marcar con hierro el cuerpo del culpable en lugar de lapidarlo. Después, los judíos acudieron a los musulmanes y comenzaron a decir: «Si vuestro Profeta dicta esta sentencia, será una prueba a nuestro favor. De lo contrario, quedará demostrado que habéis abandonado la norma de la Torá». En este contexto, Allah, exaltado sea, reveló la siguiente aleya:

(Árabe**********)

«¡Oh, Mensajero! Que no te aflijan ni te entristezcan las actividades de incredulidad de la gente: quienes dicen únicamente con la boca: “Hemos creído”, aunque sus corazones no hayan creído realmente….

Por tanto, ¡oh, Profeta!, si se presentan ante ti para que resuelvas el litigio, queda a tu elección juzgar o no entre ellos; pero si te apartas de su caso o te abstienes, no podrán perjudicarte en lo más mínimo. Y si debes juzgar entre ellos, hazlo con justicia, pues ciertamente Allah, exaltado sea, ama a quienes actúan con justicia y equidad…

No temáis a la gente; temedme a Mí, y no aceptéis un precio insignificante a cambio de Mis aleyas. Quienes no juzguen conforme al Libro revelado por Allah, esos son los incrédulos. Y en la Torá prescribí para los judíos que una vida se paga con una vida, un ojo con un ojo, una nariz con una nariz, un oído con un oído, un diente con un diente y una herida con una herida de igual magnitud». (Sura al-Mā’ida: 41-45)

En la aleya mencionada, Allah, exaltado sea, ha explicado que toda vida pertenece al mismo rango y que no hay lugar para que una tenga superioridad sobre otra. Sin embargo, los judíos solían manifestar este tipo de principio discriminatorio en sus transacciones y en su conducta.

(Árabe**********)

«¡Oh, Profeta! Te hemos revelado el Libro verdadero, que confirma los Libros revelados anteriormente y es también su custodio. Así pues, juzga entre ellos conforme a lo que Allah te ha revelado, y no sigas sus inclinaciones y deseos, apartándote de la verdad que te ha sido revelada. Para cada uno de vosotros hemos establecido un camino particular y una sharía….

¿Acaso todavía desean el juicio de la época de la ignorancia? ¿Y quién puede ser mejor juez que Allah para quienes creen (en Allah)?» (Sura Al-Ma’ida: 48-50)

En la aleya mencionada, Allah, el Altísimo, ha decretado que la vida, el alma y la sangre de todos los musulmanes, sin distinción entre los elevados y los humildes, tienen el mismo valor y se encuentran al mismo nivel. Sin embargo, la mayoría de los homicidios, asesinatos, heridas y demás actos de la época de la ignorancia se cometían según las exigencias de las pasiones y los caprichos. Como consecuencia, todas las poblaciones, incluidas las ciudades, los puertos y las aldeas apartadas, quedaban afectadas por sus funestas consecuencias. Cualesquiera que fueran sus causas aparentes, en realidad la única responsable era la tendencia rebelde contra Allah en los corazones y la ausencia de un papel efectivo de la justicia, la equidad y la imparcialidad en la administración de justicia. Entre las tribus continuaba sin interrupción la competencia por establecer la superioridad, la excelencia y el dominio unas sobre otras; ya fuera en materia de homicidios y asesinatos o en lo relativo a las riquezas y los bienes, se consideraba un asunto de honor y gloria dominar a los demás. Ninguno de los dos grupos tenía la menor consideración por la paciencia, la generosidad y la magnanimidad, sacrificando la eficacia de la justicia y la equidad. Tanto una parte como la otra cometían injusticias, opresión y persecución contra sus adversarios. Lo que hacía un bando, el otro no lo hacía en absoluto en menor medida. Tal era el panorama real de la justicia social de aquel tiempo. Por ello, en un ambiente tan incómodo y anárquico, el Sagrado Corán ordenó poner en práctica la justicia, la equidad y la imparcialidad, y declaró abolidas todas las leyes, normas y mandatos de la época de la ignorancia vigentes en la sociedad contemporánea. Cuando un mujaddid o un reformador se presenta en el campo para desempeñar una función de reforma social y adoptar medidas prácticas, debe avanzar desde el comienzo apoyándose en la justicia, la equidad y la imparcialidad. Esta ha sido la pauta que se ha mantenido a lo largo de los siglos.

A este respecto, el veredicto del Sagrado Corán es:

(Árabe**********)

«Y si dos grupos de musulmanes entran en guerra y conflicto entre sí, reconcíliadlos. Pero si uno de ellos oprime y agrede al otro, combatid al grupo agresor hasta que vuelva al mandato de Allah. Cuando regresen, reconciliad a ambos grupos sobre la base de la igualdad y la justicia. Ciertamente, Allah ama a quienes son justos y equitativos. Los musulmanes son, ciertamente, hermanos unos de otros; por tanto, estableced la reconciliación, la armonía y la fraternidad mutua entre vuestros hermanos.» (Sura Al-Huyurat: 9-10)

En lo relativo a la represalia por un asesinato, la mejor manera es, ante todo, pedir perdón a los herederos de la persona asesinada. Pues en el Corán se ha declarado:

(Árabe**********)

“La retribución de una herida es una herida semejante. Pero quien, siendo una persona oprimida, perdone la retribución por la injusticia cometida contra él, eso será una expiación por sus propios pecados.” (Sura al-Mā’ida: 45)

Se ha narrado de Hazrat Anas (que Allah esté complacido con él) que dijo: (Árabe**********)

“Cuando se presentaba ante el Noble Profeta (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) un caso o proceso que podía dar lugar al qisās, ordenaba perdonarlo.” (Abu Dawud)

En el Sahih Muslim se narra, según la transmisión de Abu Huraira (que Allah esté complacido con él), que el Noble Profeta (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo:

(Árabe**********)

“La caridad no disminuye la riqueza; quien perdona a otro, Allah ciertamente aumenta su honor y dignidad, y quien muestra humildad por Allah, Allah le concede una elevada posición.” (Muslim)

Se ha discutido precisamente el principio igualitario del islam, y ha quedado claro que todos los musulmanes pertenecen a la misma clase y tienen derecho a la igualdad. Sin embargo, en cuanto a la igualdad de rango, un dhimmí incrédulo y un musulmán no pueden estar al mismo nivel, sino que existe aquí una diferencia de creencia. Todos los eruditos están de acuerdo al respecto. Del mismo modo, si algún dhimmí incrédulo llega a una ciudad habitada por musulmanes con el propósito de viajar o comerciar, por consenso tampoco tendrá el mismo rango que un musulmán, ni será considerado merecedor de los mismos derechos que este.

Sin embargo, algunos ulemas han opinado que también en el caso del dimmí se aplica el «kufū», es decir, la igualdad islámica, y que este tiene derecho a disfrutar de todos los beneficios y oportunidades, al igual que un ciudadano musulmán.

El segundo tipo de homicidio es el «qatl al-jata» (matar por error), que (******), es decir, es casi semejante al «homicidio intencional». Al respecto, el dicho del Gran Profeta (s) es:

(Árabe**********)

«¡Prestad atención! Por el homicidio intencional cometido con un golpe de látigo o de bastón, como castigo equivalente al «qatl al-jata», deberán entregarse cien camellos, de los cuales cuarenta serán camellas preñadas.»

En realidad, esto ha sido denominado «shibh al-amd», porque quien golpea con un látigo o un bastón ciertamente ha cometido una injusticia. Al golpear, no pudo mantenerse dentro de una medida y unos límites razonables. Pero también es cierto que este tipo de golpe no siempre causa la muerte; por el contrario, a menudo se observan excepciones.

El tercer tipo de homicidio es el «qatl al-jata», es decir, el homicidio involuntario. Por ejemplo, alguien dispara un arma o lanza una flecha contra una presa, pero esta alcanza el cuerpo de una persona, aunque no tenía en absoluto intención ni plan alguno al respecto. Como consecuencia, ocurre este hecho inimaginable. Por ello, en este caso no se aplicará la norma del «hadd», es decir, la pena de muerte; más bien, la ley de la sharía establece que deben ofrecerse la expiación, la diyya y el precio de la sangre. Muchas cuestiones relacionadas con esto están recogidas en las numerosas obras compiladas o escritas por los eruditos.

[Veintidós]

Qisas por las heridas y qisas de las extremidades

Qisas por las heridas:, por la– mano o el pie, habrá que cortar la– mano o el pie ;, si se rompe un diente, habrá que romper el diente ;, si se corta la cabeza de alguien , habrá que cortar la cabeza en su lugar .।

Es obligatorio aplicar el qisas o tomar represalias por las heridas. Esto está demostrado por el Corán, los hadices y el consenso de los sabios. Sin embargo, la condición es mantenerse dentro de los límites que preservan la igualdad. Si alguien rompe la mano de otra persona desde la muñeca, estará permitido, como represalia, romperle al agresor la mano desde la muñeca. Si a alguien le rompen un diente, estará permitido romperle el diente al oponente en represalia. Si la cabeza y el rostro son heridos de tal manera que se ven hasta los huesos internos, estará permitido herir el rostro y la cabeza del agresor en la misma medida. (Por supuesto, todo esto debe llevarse a cabo por medio de la administración de justicia.)

En realidad, si la herida alcanza tal gravedad que no es posible establecer la igualdad mediante un golpe de represalia, por ejemplo, si se ha fracturado un hueso interno o si la herida es de tal naturaleza que el hueso interno no queda visible, en ese caso no podrá aplicarse el qisas; en su lugar, deberá pagarse una indemnización proporcional a la herida.

La forma del qisas o represalia consiste en golpear con la mano o azotar con un bastón. Por ejemplo, se dará una bofetada, un golpe con el puño o un golpe con un bastón. Según algunos sabios, en la situación objeto de análisis no será aplicable la norma del qisas; más bien, deberá imponerse un taʿzir, es decir, un castigo disciplinario y educativo. Esto se debe a que en este caso no es posible establecer una igualdad proporcional. Sin embargo, en las declaraciones de los califas rectamente guiados y de otros compañeros del Profeta se encuentra que el qisas está prescrito por la sharía en este caso.

El imán Ahmad y los demás imanes también sostuvieron esta opinión, y los hadices del Noble Profeta tienen asimismo este significado. Abu Firás dijo: En una ocasión, Umar ibn al-Jattab pronunció un sermón sobre este asunto, citando un hadiz, cuyo contenido era el siguiente:

(Árabe**********)

«¡Prestad atención! Recordad que, ¡por Dios!, no os envío gobernantes para que os golpeen ni los envío con el propósito de apoderarse de vuestros bienes; más bien, los envío para que os enseñen vuestra religión y las enseñanzas y el ejemplo del Gran Profeta. Por tanto, si alguno de ellos hace algo contrario a esto, que sea presentado ante mí. Juro por Aquel en cuya mano está mi vida que, de esos hombres —los funcionarios gubernamentales opresores—, tomaré sin duda el qisas o represalia.»

Entonces, Amr ibn al-As se levantó y dijo: «¡Oh, Emir de los creyentes! Si un emir o gobernador se ocupa de proteger a los musulmanes y está dedicado a formar el carácter del pueblo y a impartir educación moral, ¿tomarás también qisas de él? Umar respondió: “Sí, ¡por Dios! Si comete una injusticia semejante, también tomaré qisas de él. Y no soy el único que aplica el qisas; el propio Noble Profeta también tomaba qisas o represalias por su propia vida y su propia persona. ¡Cuidado! No golpeéis a los musulmanes, no los humilléis ni les neguéis sus derechos. Pues, como consecuencia de todo esto, no sería extraño que surgiera entre ellos una tendencia hacia la incredulidad.”» (Musnad de Ahmad)

El resumen de la narración objeto de análisis es que los gobernantes, jueces, administradores regionales y gobernadores no deben golpear ni castigar injustamente a nadie. Si, por una causa legítima, se golpea a alguien del pueblo y el golpe o la herida se inflige conforme a las disposiciones de la sharía, entonces, por consenso unánime, no se aplicará la norma del qisas a los funcionarios mencionados. Esto se debe a que un golpe, una agresión o una herida legítimos y conformes a la sharía pueden ser obligatorios o bien mustahabb, es decir, lícitos y recomendables. Y en ninguno de estos tres casos se aplica el qisas.

[veintitrés]

Diversos tipos de difamación qisas

El–honor también tiene su qisás lícito, Insultar es un delito। También existe un qisás prescrito por la ley। Si alguien profiere insultos contra el padre–y el abuelo, el linaje y la tribu de otra persona mediante expresiones obscenas y declaraciones ofensivas no está permitido que lo haga, En respuesta, no está permitido proferir contra el oponente insultos sobre su padre–y abuelo, su linaje y su tribu ni hacer declaraciones similares en su nombre। porque ellos no le habían hecho ninguna injusticia।

Tomar represalias por el honor, la dignidad y la reputación de una persona también es un asunto conforme a la Sharía. Es decir, si alguien lanza maldiciones contra otra persona o formula una mala súplica contra ella, la segunda persona tiene permitido dirigir palabras semejantes contra la primera como represalia. Si alguien profiere un insulto verdadero, sin mezcla alguna de mentira, la otra persona también puede responderle con un insulto. Sin embargo, perdonar es mejor. El Altísimo Alá dice:

(Árabe***********)

«La recompensa de una mala acción es otra mala acción semejante; pero quien perdona y reconcilia, tendrá su recompensa junto a Alá. Ciertamente, Él no ama a los injustos. Y quienes, después de haber sufrido una injusticia, se vengan, no serán objeto de ninguna medida punitiva. (Sura Ash-Shura: 40-41)»

El Noble Profeta (que la paz y las bendiciones sean con él) dijo:

(Árabe***********)

«A quien diga algo cara a cara se le responderá de la misma manera; pero al iniciador le corresponderá algo más, mientras no cometa una injusticia contra el oprimido.»

Precisamente a esto (****) se le llama tomar represalias. En segundo lugar, si los insultos no contienen el menor rastro de mentira, también son susceptibles de represalia; por ejemplo, revelar los defectos que existen en el carácter moral de esa persona, o llamarla perro, burro, etc. Pero si alguien presenta contra otra persona una acusación falsa y le atribuye defectos inventados, no está permitido responderle con afirmaciones igualmente inventadas y acusaciones falsas. Si alguien llama a otro kafir o fasiq sin motivo, no le está permitido llamarlo, en respuesta, kafir o fasiq. Si alguien maldice al padre, al abuelo, al linaje, a la tribu o a los conciudadanos de otra persona, no está permitido responderle con palabras semejantes. Esto es injusticia y opresión. Pues ellos no le hicieron nada. Más bien, la injusticia y el daño que se le hayan causado fueron cometidos por la persona directamente implicada. A este respecto, el Altísimo Alá dice:

(Árabe***********)

¡Oh, creyentes! Manteneos firmes dando testimonio con justicia por Allah. Que el odio hacia un pueblo, es decir, vuestro deseo de venganza, no os lleve a cometer injusticia; más bien, actuad con equidad. Esto está más cerca de la taqwa, es decir, del temor de Allah. (Sura Al-Maida: 8)

Por tanto, es haram difamar a alguien y oprimirlo dañando su honor y dignidad. En realidad, es posible tomar represalias por ello: por ejemplo, si una persona lanza una mala súplica contra otra, la persona oprimida puede dirigir contra la primera una mala súplica equivalente, sin exagerar ni excederse. Pero si en ello está implicado un derecho de Allah, como cuando aquella persona mintió, no le está permitido responder con una mentira.

Del mismo modo, la mayoría de los juristas islámicos dicen: si alguien mata a una persona quemándola, ahogándola en agua, estrangulándola o quitándole la vida de cualquier otro modo, como represalia puede adoptarse judicialmente un método semejante al que utilizó. Sin embargo, debe cuidarse que el castigo de represalia no sea haram. Por ejemplo, si alguien hizo beber alcohol a otra persona, no se le hará beber alcohol a él como compensación. O si practicó sodomía, no se practicará sodomía con él a cambio.

Algunos especialistas en derecho islámico opinan que el castigo por quemar hasta matar, ahogar en agua y estrangular debe ser la decapitación mediante un golpe de espada. Sin embargo, el comentario mencionado anteriormente sobre este asunto es más concordante con el Corán y el hadiz.

[veinticuatro]

Zina–—fornicación— la acusación de quien la formula el castigo a propósito de

No hay qisas por una acusación falsa; sin embargo, existe una disposición de castigo para ella. No se aplicará el hadd de qadhf a quien acuse falsamente de adulterio a musulmanes casados, libres e inocentes. No se aplicará el hadd de qadhf a quien acuse de zina, es decir, adulterio, a una persona entregada abiertamente al pecado. Contra las palabras inventadas y las acusaciones falsas no existe la disposición de qisas, sino la de castigo. Entre las acusaciones falsas se incluye el hadd de qadhf, cuya validez está demostrada por el Corán, el hadiz y el consenso de los sabios. La palabra del Altísimo Allah es:

(Árabe***********)

“A quienes acusen falsamente a mujeres castas y no puedan presentar cuatro testigos que lo respalden, azotadlos con ochenta latigazos y nunca aceptéis su testimonio; esos son los transgresores. Pero, después de eso, si se arrepienten y se corrigen —la norma en ese caso es distinta—, Allah es ciertamente indulgente, misericordioso.” (Sura an-Nur: 5-4)

Si se acusa falsamente a una persona honrada de zina o liwatat (homosexualidad masculina), se hace obligatorio aplicarle el «hadd del qazf» (la pena por acusación falsa de adulterio). Entonces se le impondrán ochenta latigazos. Si se le acusa falsamente de cualquier otra cosa, deberá aplicársele ta‘zir, es decir, un castigo disciplinario.

La persona calumniada (*****) es exclusivamente quien tiene derecho a este hadd. Por tanto, este hadd solo se aplicará cuando solicite que se aplique. Esta es la decisión unánime de los expertos. Si la persona calumniada perdona, el hadd puede ser perdonado. También existe consenso absoluto de los ulemas sobre este asunto, porque en este caso prevalece el derecho de la persona perjudicada, como en la represalia por bienes y otros derechos individuales. Sin embargo, algunos sostienen que el hadd no será perdonado, pues también está involucrado el derecho de Allah. Por ello, al igual que los demás hadd, este tampoco será perdonado.

El «hadd del qazf» solo será efectivo si el makdhuf (la persona contra quien se ha formulado la acusación) es casado, musulmán, libre e irreprochable. Por tanto, no se aplicará el hadd por acusar falsamente a una persona ya manchada por diversas calumnias y actos pecaminosos. Del mismo modo, tampoco se aplicará el hadd por formular una acusación falsa contra un kafir o un esclavo. No obstante, se les aplicará ta‘zir. Está permitido que el marido haga pública una acusación de adulterio contra su esposa si ella ha cometido adulterio, aunque no haya quedado embarazada a causa de la zina. Pero si la esposa queda embarazada por zina y da a luz al niño, es obligatorio acusarla de adulterio y repudiar al hijo diciendo: «No es mío», para no atribuirse algo ajeno.

Si el marido acusa a su esposa de zina, ella podrá reconocer el adulterio o realizar li‘an, tal como se ha descrito en el Corán y en los hadices. Si quien formula el qazf, es decir, la acusación falsa, es un esclavo, se le aplicará la mitad del hadd. En las penas por zina —adulterio— y por beber alcohol rige la misma norma: deberá recibir la mitad del castigo. Por ello, la palabra del Corán acerca de los esclavos y las esclavas es:

(Árabe***********)

“Si, después de casarse, cometen adulterio, su castigo —el de las esclavas— será la mitad del de las mujeres libres.” (Sura an-Nisa: 25)

Pero cuando la pena del hadd exige la ejecución o la amputación de la mano, el castigo no será reducido a la mitad; por el contrario, deberá ejecutarse íntegramente: es decir, la pena capital deberá llevarse a cabo por completo y la mano se amputará en la medida exacta en que deba ser cortada. En este caso, el castigo no puede dividirse por la mitad.

[veinticinco]

El esposo–y la esposa mutuas relaciones y derechos

Los derechos mutuos de los esposos en cuanto a las relaciones sexuales, la relación conyugal, la dote, la manutención y los asuntos domésticos constituyen el tema de este capítulo.

Es obligatorio para ambos mantener buenas relaciones mutuas en la vida conyugal y actuar conforme al mandato de Allah para cumplir debidamente los derechos del otro. Las palabras del Altísimo son:

(Árabe***********)

“Después, retenedla conforme a lo establecido o dejadla libre con bondad.” (Sura Al-Baqara: 229)

Es obligatorio para ambos esposos esforzarse por cumplir debidamente los derechos del otro, con alegría y buen ánimo, en la vida conyugal. La esposa tiene derechos sobre los bienes del esposo. Mientras él viva, estos son la dote y la manutención. En cuanto al derecho físico, el esposo debe satisfacer las necesidades sexuales de la esposa de manera lícita y correcta, y tratarla debidamente. Si, en este asunto, el esposo jura a su esposa que no tendrá relaciones con ella —lo que se denomina “ila”—, entonces, por consenso unánime de los sabios de todos los niveles, la esposa tendrá derecho a divorciarse. Aunque el esposo tenga un órgano sexual defectuoso o sea eunuco y sea incapaz de mantener relaciones, sigue siendo obligatorio para él mantener relaciones con su esposa y compartir su lecho. Algunos han dicho que, si la causa es congénita, no es obligatorio que mantenga relaciones con ella. Sin embargo, la opinión correcta es que mantener relaciones es obligatorio. El Corán, los hadices y los principios fundamentales de la sharía (****) respaldan esta opinión. El Noble Profeta (la paz sea con él) vio que Abdullah ibn Umar (que Allah esté complacido con él) ayunaba mucho y pasaba largo tiempo rezando; entonces dijo: (Árabe***********) “También tienes obligaciones para con tu esposa.”

Por tanto, mantener relaciones sexuales es obligatorio. Pero ¿cada cuánto tiempo deben tenerse? Existe discrepancia al respecto. Algunos han dicho que es obligatorio mantener relaciones al menos una vez cada cuatro meses. Otros han dicho que no; más bien, es obligatorio según la capacidad del esposo y las necesidades de la esposa, del mismo modo que la manutención es obligatoria. En realidad, esta es la solución más razonable. Por otro lado, la esposa también tiene derechos sobre el esposo. Es decir, él puede mantener relaciones con ella cuando lo desee. Pero la condición es que la esposa no sufra ningún daño ni quede incapacitada para cumplir otro derecho obligatorio. Es deber de la esposa permitir al esposo una relación satisfactoria para él. Además, está prohibido que la esposa abandone el hogar conyugal sin el permiso del esposo o sin autorización de la sharía.

Existen diferencias de opinión entre los fuqahá respecto a las tareas domésticas. Por ejemplo, los juristas islámicos discrepan sobre tender la cama, barrer la casa, mantener limpios y ordenados el hogar y sus dependencias, preparar arroz, curry y otros alimentos, y cocinar en general. Según algunos, realizar estas tareas es obligatorio para la esposa; según otros, no lo es. Otro grupo afirma que prestar un servicio de nivel moderado es lo que resulta obligatorio para la esposa.

[Veintiséis]

La riqueza–y los bienes en la resolución mantener la balanza de la justicia firmemente

La resolución de los asuntos relativos a la riqueza y los bienes debe realizarse sobre la base de la justicia; adoptar la justicia y la equidad en la conducta y el trato es la clave de la felicidad y la paz, y por medio de ello se purifican tanto este mundo como el Más Allá.

De acuerdo con las instrucciones de Alá y de Su Mensajero (la paz y las bendiciones sean con él), la resolución de los asuntos relativos a la riqueza y los bienes debe realizarse precisamente sobre la base de la justicia y la equidad. Por ejemplo, es obligatorio distribuir la herencia entre los herederos conforme a la Sunnah, aunque existen discrepancias respecto a algunas de sus cuestiones. Del mismo modo, en las transacciones y los intercambios —como la compraventa, el alquiler, el nombramiento de un representante, las sociedades, la hiba, el waqf y el testamento— es obligatorio resolver y decidir sobre la base de la justicia y la equidad. Asimismo, en todas las transacciones en las que la compraventa y la toma de posesión sean condiciones, es obligatorio establecer la justicia y la equidad. Esto se debe a que la estabilidad del mundo depende de la justicia. Sin ella, la claridad y la purificación de este mundo y del Más Allá no pueden alcanzarse. Toda persona sensata puede comprender la necesidad de la justicia y la equidad en estos asuntos. Por ejemplo, el comprador está obligado a pagar inmediatamente el precio del artículo adquirido. Por su parte, el vendedor está obligado a entregar al comprador la mercancía vendida. Reducir o alterar el peso es absolutamente haram. En la compraventa es obligatorio decir la verdad y proporcionar una descripción correcta. En cambio, mentir, traicionar, quebrantar la confianza, adulterar y engañar son haram. Es obligatorio pagar las deudas, expresar gratitud al acreedor y elogiarlo.

Por lo general, la justicia y la equidad no pueden aplicarse a aquellas conductas y prácticas que el Corán y los hadices han prohibido; en las acciones prohibidas siempre hay, en mayor o menor medida, opresión e injusticia. Por ejemplo, obtener ingresos de manera ilícita, como mediante la usura y el juego. Estas prácticas fueron prohibidas por el Noble Profeta (la paz y las bendiciones sean con él). Por tanto, toda clase de juego y de usura es haram. Además, es haram comerciar mediante el engaño y la astucia. También son fasid: vender un ave sin haberla capturado; vender peces bajo el agua sin haberlos capturado; vender sin fijar un plazo; vender algo basándose en conjeturas y estimaciones; vender mercancía adulterada o deteriorada presentándola como pura; vender frutos antes de que sean aptos para el consumo; establecer sociedades por medios ilícitos; las transacciones que provocan disputas entre los musulmanes; aquellas en las que existe algún tipo de perjuicio; las compraventas dudosas; y aquellas compraventas que algunos consideran lícitas y justas, mientras que otros consideran injustas y opresivas. Es obligatorio y necesario que el Estado las anule. Por ello, es indispensable abstenerse de ellas. Alá dice:

(Árabe************)

«Si creéis en Alá y en el Último Día, obedeced a Alá, obedeced al Mensajero y a quienes tienen autoridad entre vosotros. Si discrepáis sobre algún asunto, remitidlo a Alá y a Su Mensajero. Eso es lo mejor y la interpretación más hermosa». (Sura an-Nisá: 59)

La norma fundamental en este ámbito es que las transacciones y actividades comerciales que son haram según el Corán y la Sunna son haram. Y el acto de adoración que es conforme a la sharía y está probado por el Corán y los hadices es una adoración. Allah Todopoderoso censuró a aquellas personas que habían declarado haram para sí mismas cosas que, en realidad, Allah no había declarado haram. Por el contrario, habían declarado permitidos y lícitos para sí mismos objetos cuya permisibilidad no contaba con ninguna prueba jurídica conforme a la sharía.

(Árabe************)

«¡Oh Allah! Concédenos la capacidad de considerar lícito aquello que Tú has hecho lícito. Asimismo, concédenos la gracia de considerar ilícito aquello que Tú has hecho ilícito.»

Y, oh Dios, concédenos la gracia de seguir las normas que Tú has establecido.

[veintisiete]

Sistema consultivo para la administración del país

Para el amir, la persona en el poder y el gobernante, es necesario consultar. Allah el Altísimo ordenó a Su Mensajero (s): (árabe************) «Consulta con ellos sobre los asuntos importantes». Allah elogia a quienes consultan: (árabe************)

«Es indispensable que las personas investidas de autoridad se consulten mutuamente.»

Alá ordenó a Su propio Mensajero (s): (Árabe************)

«Perdónalos, pide para ellos súplicas de perdón y consúltalos en los asuntos. Y cuando hayas tomado una decisión firme sobre algún asunto, deposita tu confianza en Alá. Ciertamente, Alá ama a quienes depositan su confianza en Él». (Sura Al Imrán: 159)

Narrado por Abu Huraira (ra). Él dijo: (Árabe************)

«No hubo nadie que consultara más con sus compañeros que el Mensajero de Alá (s)».

Se ha dicho que al Mensajero de Alá (s) se le ordenó consultar con el propósito de obtener la satisfacción de los nobles Compañeros. Además, se pretendía que, posteriormente, siguiendo el ejemplo del Mensajero de Alá (s), la consulta se convirtiera en un principio. Cuando un asunto no ha sido resuelto mediante la Revelación, como en el caso de las guerras y los asuntos menores, es necesario recabar la opinión de las personas para tomar una decisión. Si el propio Noble Profeta (s) consultaba en los asuntos en que lo hacía, los demás tienen aún mayor necesidad de consultar. Alá mismo —aunque no necesita consejo— mostró a Sus siervos un ejemplo de ello al consultar la opinión de los ángeles antes de la creación del ser humano. Alá elogió a quienes consultan. Por ello, se proclama:

(Árabe************)

«Lo que está junto a Alá es mejor y más perdurable. Es para aquellos creyentes y musulmanes que depositan su confianza en su Señor, y para ellos es ese bien y disfrute perdurable. También pertenecen a él quienes se apartan de los pecados graves y de las obscenidades, perdonan a los demás aun cuando están enojados, responden al llamado de su Señor, establecen la oración, llevan a cabo sus asuntos mediante la consulta mutua y gastan de la provisión que les hemos concedido». (Sura Ash-Shura: 36-38)

«Ulul amr», es decir, las autoridades investidas de poder o los líderes. Cuando, mediante la consulta y basándose en el Corán, el hadiz y el consenso jurídico, se llega a una decisión, queda prohibido seguir a alguien en oposición a ella. Aceptar la decisión adoptada y actuar conforme a ella se vuelve también obligatorio para los «ulul amr». Este mismo principio se aplica a todos los problemas, grandes y pequeños, de la religión y de la vida mundana. En este caso no está permitido seguir a ninguna otra persona. A este respecto, la orden de Alá es:

(Árabe************)

«¡Oh, creyentes! Obedeced a Al-lah, obedeced al Mensajero y obedeced a quienes, entre vosotros, tienen autoridad y responsabilidad general.» (Sura An-Nisá: 59)

Pero si surge una discrepancia entre los musulmanes acerca de algún problema que se haya planteado, en tal situación es especialmente necesario solicitar consejo al pueblo. Por tanto, se debe actuar conforme al dictamen y al consejo que sean más concordantes y cercanos al Corán y al hadiz. El mandato de Al-lah, el Altísimo, es:

(Árabe************)

Pero si surge una discrepancia entre los musulmanes acerca de algún problema que se haya planteado, en tal situación es especialmente necesario solicitar consejo al pueblo. Por tanto, se debe actuar conforme al dictamen y al consejo que sean más concordantes y cercanos al Corán y al hadiz. El mandato de Al-lah, el Altísimo, es:

(Árabe************)

«Si discrepáis en algún asunto, recurrid respecto de él a Al-lah y al Mensajero, si creéis en Al-lah y en el Último Día. Esto es mejor y el resultado final también será mejor.» (Sura An-Nisá: 59)

La dirección gobernante, es decir, los «ulil amr», es de dos tipos: (1) los gobernantes; (2) los ulemas. Si ellos son virtuosos, el pueblo también llegará a ser virtuoso. Por consiguiente, responsabilidad de ambas clases es verificar e investigar todos los actos y palabras. Cuando, a la luz del Corán y del hadiz, se encuentre una solución clara al problema, es obligatorio actuar conforme a ella. Cuando surja un problema difícil, debe examinarse y analizarse minuciosamente, con profunda atención y concentración, el problema planteado, para determinar de qué manera es posible seguir a Al-lah y al Mensajero (s) al tomar una decisión.

Hay que observar hacia dónde apuntan las indicaciones del Corán y la Sunna. La decisión se tomará después de un juicio y una reflexión sumamente cuidadosos. Si, debido a la falta de tiempo, a la debilidad de quienes deben verificar, a pruebas contradictorias o a cualquier otra razón, no fuera posible alcanzar una solución rápida, entonces será deber de los gobernantes seguir a una persona cuya sabiduría, previsión y piedad sean reconocidas por todos. Esta es la solución correcta.

También se ha dicho que no está permitido hacer taqlid o seguir ciegamente a nadie». Estas tres vías están narradas en la escuela jurídica de Imán Ahmad y otros. Asimismo, hay que observar si los jueces y quienes detentan el poder poseen las cualidades y características morales indispensables. La misma norma se aplica a todos los actos de culto, como la oración y la yihad: se debe actuar y obrar de acuerdo con la capacidad y las fuerzas disponibles. Si los involucrados no tienen suficiente capacidad y son incapaces, no es norma de Allah ordenar a alguien algo que exceda sus fuerzas.

Sobre este mismo principio se fundamentan también las cuestiones relativas a la tahara y la pureza ritual. En primer lugar, se prescribe purificarse con agua. Sin embargo, si el agua es escasa o se teme que su uso cause daño —por ejemplo, cuando el frío es extremadamente intenso o existe el temor de que el uso del agua agrave una herida—, en tal situación se prescribe purificarse mediante tayammum. En este contexto, el Noble Profeta (s), dirigiéndose a Imrán ibn Husayn (ra), dijo:

(Árabe************)

«Reza de pie; si no puedes, reza sentado. Si tampoco tienes fuerzas para sentarte, reza acostado».

Del mismo modo, Allah ha ordenado realizar la oración en su momento, de la manera que sea posible en esas circunstancias. A este respecto, se ha declarado:

(Árabe************)

«Sed cuidadosos con las oraciones, especialmente con la oración intermedia, y permaneced de pie ante Allah con humildad. Si teméis al enemigo, rezad caminando o montados, en cualquier estado en que os encontréis; pero cuando os sintáis seguros, recordad a Allah tal como Él os ha enseñado, algo que no sabíais». (Sura Al-Baqarah: 238-239)

Allah Altísimo ha establecido la oración como obligatoria para todos: quienes están seguros o atemorizados, sanos o enfermos, ricos o pobres, residentes o viajeros; esto está demostrado por el Corán y los hadices. Asimismo, ha establecido la pureza, la limpieza, cubrir las partes íntimas y orientarse hacia la quibla, entre otras cosas, como requisitos previos de la oración. Sin embargo, ha dispensado de estos requisitos a quien sea incapaz de cumplirlos. Incluso si el barco de alguien se hunde, los ladrones le saquean sus bienes y le quitan sus prendas, en tal situación deberá realizar la oración desnudo, conforme a sus circunstancias. En ese caso, el imán se colocará en medio de todos de manera que las partes íntimas de nadie queden expuestas a la vista. Si alguien no sabe dónde está la quibla, deberá esforzarse cuanto pueda para averiguarlo y solo después de haber realizado el máximo esfuerzo rezará. Si no encuentra ninguna prueba que le permita determinar una dirección concreta, rezará orientándose, en la medida de lo posible, hacia cualquier dirección, tal como se rezaba en la época del Noble Profeta (s).

Lo mismo se aplica a la yihad, la administración del Estado y todos los asuntos religiosos. En este contexto, Allah Altísimo declaró en el Corán el siguiente principio:

(Árabe************)

«Temed a Allah cuanto podáis». (Sura At-Tagabun: 16)

Y el Noble Profeta (s) dijo:

«Cuando os ordene realizar alguna acción, cumplidla en la medida de vuestra capacidad».

Del mismo modo, Allah Altísimo declaró ilícitos los alimentos y bebidas «jabīz», es decir, impuros, no aptos para el consumo y defectuosos; pero, además de ello, también dijo:

(Árabe************)

«Quien se encuentre en una situación de necesidad, sin ser injusto ni transgresor (aunque coma carne de animal muerto en la cantidad necesaria para salvar la vida), no incurrirá en pecado. Alá es indulgente y misericordioso». (Sura al-Baqara: 173)

También dijo: (árabe************)

«No os ha impuesto ninguna disposición difícil en vuestra religión». (Sura al-Hayy: 78)

En otro lugar dijo: (árabe************)

«Alá no quiere causaros dificultad». (Sura al-Ma’ida: 6)

Por tanto, el Altísimo Alá solo ha hecho obligatorias aquellas cosas que están dentro de la capacidad humana. En cambio, lo que está fuera del poder y la capacidad no es obligatorio. Por eso, en una situación de necesidad, no ha declarado ilícitas aquellas cosas sin las cuales no hay alternativa. Por tanto, si un siervo, obligado por la necesidad, utiliza o realiza algo prohibido de forma limitada, no incurre en pecado.

[Veintiocho]

Asumir el poder y administrar el gobierno es una gran obra religiosa

Asumir el poder, gobernar y administrar el Estado constituyen los pilares más importantes de la religión y responsabilidades fundamentales; más aún, la existencia y permanencia de la religión están vinculadas a ello.

En este sentido, el Noble Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: (Árabe************)

«Cuando tres personas emprendan un viaje, deberán elegir a uno de ellos como líder (imán)». (Abu Dawud)

Asumir el poder y gobernar el Estado constituyen las responsabilidades más grandes e importantes de la religión; más aún, la existencia y estabilidad de la religión están vinculadas a ello. Esto se debe a que el bienestar nacional y colectivo de las personas no es posible sin un esfuerzo unido. Las necesidades y demandas de algunas personas son de tal naturaleza que su solución es sencillamente imposible sin un grupo o una comunidad. Puesto que la comunidad es obligatoria e indispensable, también es obligatorio que tenga un emir o líder.

El imán Ahmad relata en su Musnad, por transmisión de Abdullah ibn Umar (que Allah esté complacido con él), que el Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo:

(Árabe************)

«Si tres personas viajan por un desierto, es absolutamente necesario que designen a uno de ellos como su amil». (Musnad de Ahmad)

El Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo que, por pequeño que sea un grupo, y tanto si se encuentra en una situación completamente temporal como si está de viaje, es obligatorio que designe a uno de sus miembros como emir. Esto debe servir de advertencia para todos los demás grupos: si incluso en el caso de que solo tres personas se reúnan para viajar es obligatorio que elijan entre ellos un emir o líder, con mayor razón es necesario aplicar esta norma a las demás comunidades. Esto se debe a que Allah, Exaltado sea, ha hecho obligatorios (****) (ordenar el bien) y (*****) (prohibir el mal). Sin un amil, los demás no pueden cumplir adecuadamente esta responsabilidad.

Del mismo modo, no es posible poner en práctica obligaciones religiosas como el yihad, el establecimiento de la justicia, la realización del hach, la celebración de la oración del viernes y de las dos fiestas del ‘Id, la ayuda a los afligidos y oprimidos, la aplicación de las penas hadd, etc., sin fuerza, autoridad y el liderazgo de un dirigente. Se ha transmitido al respecto: (আরবী************)

«Ciertamente, el sultán o gobernante justo es como la sombra de Allah sobre la faz de la tierra».

Además, se ha dicho que sesenta años bajo el poder de un sultán o gobernante injusto y opresor son preferibles a pasar una sola noche sin gobernante. La experiencia práctica también indica que es preferible la existencia de un rey tirano y opresor a vivir sin gobernante. En este contexto, Fudayl ibn ‘Iyad, el imán Ahmad ibn Hanbal y otros de los salaf salih han pronunciado afirmaciones de este tipo:

(Árabe************)

«Si nuestras súplicas fueran aceptadas indefectiblemente, suplicaríamos por el sultán».

El Noble Profeta (s) dijo:

(Árabe************)

«Hay tres cosas con las que Allah está complacido de vosotros. Primero: adoraréis únicamente a Él y no asociaréis a nadie con Él. [El pueblo no puede vivir en ninguna circunstancia sin un emir y un gobernante, pues en tal situación unos cometerían abusos, injusticias y opresión contra otros. Como consecuencia, se destruirían a sí mismos, ya que no habría nadie que impidiera ni protegiera de la opresión injusta. Las personas corruptas ejercerían libremente y sin temor la opresión y saquearían los bienes de los demás. Después surgirían entre ellos la anarquía y el desorden. De este modo, se destruirían a sí mismos y llevarían a otros a la destrucción. Por eso es sumamente necesario que exista un sultán, es decir, un gobernante, aunque sea injusto. En este contexto se ha dicho: “Ser gobernado durante sesenta años bajo un gobernante injusto es mejor que pasar una noche sin autoridad gobernante”.] Segundo: aferraros todos juntos a la cuerda de Allah y no os dividáis. Tercero: aconsejaréis y desearéis el bien de aquel a quien Allah, exaltado sea, haya designado como vuestro gobernante».

También dijo:

«El corazón de un musulmán no puede ser mezquino en tres asuntos: (1) realizar sus obras con absoluta sinceridad por Allah; (2) ofrecer consejo sincero a los gobernantes del país; y (3) aferrarse a la comunidad de los musulmanes. Pues la súplica de ellos los rodea por detrás». (Ahl al-Sunan)

En Sahih al-Bujari se ha narrado un hadiz del Noble Profeta (s.):

(Árabe************)

«La religión es consejo sincero; la religión es consejo sincero; la religión es consejo sincero». (Bujari)

Los compañeros preguntaron: «Oh Mensajero de Allah (s.), ¿para quién es el consejo sincero?». Él respondió: «Para Allah, para Su Libro y para Su Mensajero; para el pueblo musulmán y para sus imanes, es decir, sus dirigentes».

Por tanto, los musulmanes deben crear un liderazgo islámico y establecer un gobierno islámico, teniendo como objetivo la religión y la proximidad a Allah, mediante lo cual sea posible alcanzar dicha proximidad. Pues obedecer a Allah y a Su Mensajero (s.) es la mejor forma de adoración. Pues obedecer a Allah y a Su Mensajero (s.) es la mejor forma de adoración. Sin embargo, con el tiempo aparecen la sedición, la corrupción y el desorden. Se desea obtener riquezas bajo la protección del poder estatal y se convierte este en un medio para alcanzar las riquezas anheladas. Como consecuencia, se arruina la propia religión y la vida futura. Así, Ka‘b ibn Malik (r. a.) narra un hadiz del Noble Profeta (s.). El Profeta (s.) dijo:

(Árabe**********)

«Es como si se hubieran soltado dos lobos hambrientos en un rebaño de ovejas, ocupados en devorarlas. Uno es el apego y la codicia por las riquezas de la gente, y el segundo es el afán de honor y prestigio en asuntos de la religión». (Al-Tirmidhi lo calificó como un hadiz hasan.)

El Profeta —la paz y las bendiciones de Allah sean con él— advirtió al respecto que el apego a la riqueza y el afán de poder son dos cosas que destruyen la religión. En la práctica también se observa que la mayoría de las discordias y corrupciones se producen precisamente por causa de estos dos lobos hambrientos. En realidad, estos dos lobos hambrientos son los que desgarran y saquean al rebaño humano.

Allah, el Altísimo, ha informado acerca de una persona cuyo registro de obras le será entregado en la mano izquierda. Al verlo, exclamará:

(Árabe**********)

«De nada me ha servido mi riqueza. Mi poder también ha desaparecido». (Sura Al-Haqqah: 28-29)

El destino de quienes ambicionan el reino y el poder es como el de Faraón, y la condición de quien acumula riquezas es como la de Qarún.

Allah, el Altísimo, señaló en el Noble Corán la situación de Faraón y Qarún, y dijo:

(Árabe**********)

«¿Acaso no viajan por la tierra? Entonces podrían ver cuál fue el destino de quienes les precedieron. Ellos eran más poderosos que estos en fuerza y mucho más formidables en la tierra por sus obras. Luego, Allah los castigó por sus pecados, y no hubo nadie que pudiera protegerlos del castigo de Allah». (Sura Al-Mu’min: 21)

Allah también dice: (árabe**********)

«Esta es la morada de la otra vida, que he destinado para quienes no desean establecer su superioridad en la tierra ni sembrar la corrupción. Y el buen desenlace pertenece únicamente a los piadosos». (Sura Al-Qasas: 83)

Por lo general, las personas son de cuatro tipos.

(1) Aquellos que ambicionan una elevada posición, el liderazgo, la autoridad y el señorío crean desorden y corrupción en la tierra de Allah. Para alcanzar una elevada posición y el liderazgo, consideran lícitas la hipocresía, la astucia, el engaño y cosas semejantes. Sin embargo, esto es un delito grave y sumamente abominable. Los reyes, monarcas, presidentes y líderes malhechores de este tipo forman parte del grupo del Faraón y del círculo del Faraón. En el mundo creado por Allah, son las criaturas más viles. Allah, el Altísimo, dice:

(Árabe**********)

«Ciertamente, el Faraón se ensoberbeció en su tierra y dividió a sus habitantes en grupos; debilitó a un grupo de ellos: mataba a sus hijos varones y dejaba con vida a sus mujeres. Él era uno de los corruptores. (Sura Al-Qasas: 4)

Se ha narrado en Sahih Muslim, según la transmisión de Ibn Abbas (que Allah esté complacido con él), que el Noble Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo:

(Árabe***********)

«Quien albergue en su corazón siquiera un ápice de soberbia no entrará en el Paraíso, y no entrará en el Infierno quien conserve en su corazón siquiera un ápice de fe.» (Muslim)

Alguien preguntó: «¡Oh, Mensajero de Allah (s)! Me gusta mucho que mi ropa, mis vestiduras y mis camisas y zapatos se vean hermosos. ¿Acaso esto también se considera soberbia y vanidad?». Él respondió:

(Árabe***********)

«No; eso no es vanidad ni soberbia. Allah, Exaltado sea, es hermoso y ama la belleza. La soberbia consiste en negar y pisotear la verdad, y en considerar inferiores y despreciables a las personas. Esta es la condición de quienes son ambiciosos, buscan liderazgo, autoridad, honor y prestigio, y provocan el desorden en la sociedad.»

(2) Aquellas personas que provocan la corrupción en la tierra y son instigadoras del desorden, pero que, en realidad, no tienen ninguna relación con la alta posición, el liderazgo ni la autoridad; por ejemplo, ladrones, salteadores, matones y malhechores. Por lo general, esta clase de delincuentes son personas que provocan el desorden en la sociedad y pertenecen a las clases bajas.

(3) Aquellas personas que desean honor, prestigio, dignidad y respeto, pero no están interesadas en provocar el desorden y la corrupción en la sociedad. Pertenecen a la clase de los devotos, que poseen la religión. Y es precisamente por medio de esta religión que buscan honor y respeto entre la gente.

(4) En esta categoría se encuentran aquellas personas que realmente son dignas del Paraíso: son devotas de Allah y siguen la verdad. No desean honor ni prestigio. Además, tampoco provocan la corrupción en la tierra; aun así, poseen una posición elevada. Por ejemplo, en el Noble Corán se ha dicho:

(Árabe***********)

«No desfallezcáis ni os entristezcáis; vosotros seréis los vencedores si sois creyentes». (Sura Al Imran: 139)

También se ha dicho:

«No desfallezcáis ni propongáis la paz; vosotros seréis los vencedores. Allah está con vosotros y nunca dejará que se pierdan vuestras obras». (Sura Muhammad: 35)

Allah también ha dicho:

«El honor, la dignidad y el poder pertenecen a Allah, a Su Mensajero y a los creyentes». (Sura Al-Munafiqun: 8)

En suma, hay personas engreídas por su poder y sumamente ambiciosas que, sin embargo, son las más despreciadas, humilladas y pisoteadas, y han caído en el colmo de la vileza. Por otro lado, también hay personas de elevada dignidad que, aunque se mantienen alejadas de crear fitna, corrupción y calamidades, permanecen en la cumbre de la dignidad. Esto se debe a que albergar la idea de ejercer dominio sobre las criaturas de Allah equivale a oprimirlas. Pues toda la humanidad pertenece a la misma clase y a la misma tribu. En tal situación, que un individuo, impulsado por el deseo de dominar a sus semejantes, se dedique a emplear la fuerza y la astucia para que los demás queden dentro de la esfera de sus derechos constituye una opresión extrema. Por ello, es natural que en la sociedad surjan envidia, hostilidad y resentimiento hacia esa clase de personas. En cambio, para una persona justa resulta inconcebible extender su dominio sobre su propio hermano o siquiera imaginar obligarlo a llevar una vida infrahumana. Sin embargo, el opresor tiránico desea que su supremacía y señorío se establezcan sobre todos. También ellos poseen conciencia y entendimiento. Observan que a uno de ellos se le ha concedido superioridad sobre otro, tal como se menciona en el fragmento de la aleya. Ya se ha dicho anteriormente que la organización de un cuerpo humano dotado de forma y estructura no es posible sin la cabeza, que es su órgano principal. A este respecto, Allah, el Altísimo, dice:

(Árabe***********)

«Él os ha hecho representantes en la tierra y ha elevado a algunos de vosotros sobre otros en rango, para poneros a prueba respecto de lo que os ha concedido». (Sura al-An‘am: 165)

Allah también ha dicho: (árabe***********)

«En su vida terrenal, Yo distribuyo entre ellos sus medios de subsistencia y elevo a unos sobre otros en rango, para que unos puedan poner a otros a trabajar». (Sura az-Zujruf: 32)

La Sharía islámica ha ordenado enfáticamente que el Estado y las riquezas sean puestos íntegramente al servicio de la causa de Allah y se gasten debidamente en los asuntos de la religión. El propósito del Estado es también alcanzar, por medio de él, la cercanía de Allah y, en segundo lugar, que la religión de Allah sea establecida y fortalecida. Por tanto, cuando las riquezas se gasten en la causa de Allah, será inevitable que se logre el bienestar de ambos mundos, el religioso y el mundano. Por el contrario, si el amir, el sultán o el gobernante se mantiene alejado del islam, todos los aspectos morales, éticos y espirituales del pueblo corren el riesgo de deteriorarse.

La diferencia entre los siervos obedientes de Allah, el Altísimo, y los pecadores y desobedientes puede discernirse por sus intenciones y sus buenas obras. En este contexto, se ha transmitido en un hadiz de Bujari y Muslim que el Profeta (s.) dijo:

(Árabe***********)

«Allah, el Altísimo, no mira vuestras formas, vuestros rostros ni vuestros bienes; más bien, observa vuestros corazones y vuestras obras». (Bujari y Muslim)

La mayoría de los presidentes de Estado, gobernantes, emires y jefes están absortos en el mundo. La riqueza, el orgullo de linaje, la dignidad y cosas semejantes se utilizan para intereses terrenales y fines mundanos. Están directamente privados de la esencia de la fe y de la religión completa. Ciertamente, algunos de ellos poseen una fuerte conciencia religiosa, pero desconocen aquello mediante lo cual se alcanza su plenitud; por ello han abandonado estos asuntos. Por otra parte, quizá algunos de ellos perciban su necesidad, pero, aun así, permanecen apartados de ellos. Y esto se debe a que han llegado a considerar la administración del Estado, el liderazgo, el mando y cosas semejantes como actividades contrarias al islam. En realidad, creen que estas cuestiones son contrarias a la religión del islam. Según ellos, la religión no es más que humillación y deshonra. En esencia, están privados y despojados del elevado sitial de la dignidad, el honor y la consideración.

La situación de los judíos y de los seguidores del cristianismo es también igual y casi idéntica. Consideran incompleta su propia religión y se creen incapaces y culpables. Además, al ver las diversas dificultades y calamidades que surgen en la tarea de establecer el din, se debilitan. Consideran humillante el din y terminan abandonándolo. Como consecuencia, los límites del din se van estrechando y, de este modo, al no poder obtener ningún beneficio para sí mismos ni para otros mediante su religión, abandonan la religión original. Hubo en otro tiempo dos religiones y dos caminos semejantes. Un grupo consideró incompleta su propia religión y, al ver los numerosos obstáculos para establecer el din, se atemorizó. Por ello, el camino religioso se volvió muy difícil. Considerando el din un objeto de humillación, abandonaron el din. Además, para establecer el din son indispensables el poder, la riqueza y el conocimiento relacionado con las estrategias de guerra. Su religión es, en la práctica, incapaz de satisfacer sus necesidades; por eso, con aversión, abandonaron la religión original y se apartaron de ella.

La otra parte encontraba en su sistema religioso directrices sobre el Estado, la riqueza y los bienes, la adquisición de medios y pertrechos militares y, cuando era necesario, la orientación para la guerra y los combates; pero, como asumir la responsabilidad de establecer el din quedaba fuera de sus objetivos, renunciaron a la religión original y exhalaron un suspiro de alivio. Las dos partes son los judíos (malditos) y los cristianos (extraviados). Los judíos abandonaron por completo el reino, el gobierno y el liderazgo religiosos, mientras que los cristianos dejaron la religión original.

Por tanto, el Sirāt al-Mustaqīm (el camino recto y fácil) es el camino recorrido por aquellos sobre quienes descendió la especial misericordia y gracia de Allah.

A este respecto se ha declarado: (Árabe***********)

«Este es el camino de aquellos a quienes Allah ha concedido una gracia especial: los profetas, los siddiqīn, los mártires y las personas virtuosas.»

Este mismo camino y esta misma vía fueron los del Profeta Muhammad (s), después de él, los de los califas rectamente guiados, los nobles compañeros y, posteriormente, los de quienes los siguieron.

A este respecto, la palabra eterna del Corán es: (Árabe***********)

«Allah está complacido con los primeros de los emigrados y de los auxiliares que avanzaron conforme a la exigencia de la fe, y con quienes los siguieron sinceramente; y ellos están complacidos con Él. Él les ha preparado jardines bajo los cuales corren ríos, donde permanecerán eternamente. Este es el gran éxito.» (Sura At-Tawba: 100)

Por consiguiente, es un deber individual obligatorio para todo musulmán esforzarse, en la medida de sus posibilidades, por establecer el Din. La responsabilidad y el deber de quien tiene encomendada la autoridad y el gobierno del Estado son máximos en este asunto. Mediante ello cumplirá la obediencia a Allah, el establecimiento del Din y el bienestar de los musulmanes; y ese mismo es el propósito de obtener el poder estatal. Por ello, es necesario proteger la autoridad del Estado y del gobierno. El gobernante se abstendrá, tanto como pueda, de las cosas haram y se esforzará por proteger también a los demás. No se le pedirá cuentas por aquello que esté fuera de su capacidad.

Cabe señalar que no se debe colocar a personas deshonestas en posiciones de autoridad. Sin embargo, quien sea incapaz de cumplir, mediante el liderazgo y la jefatura, la responsabilidad de establecer el Din y combatir en el camino de Allah, prestará el servicio que esté en condiciones de realizar. Se dedicará con sinceridad y devoción al bienestar de la nación y suplicará a Allah por el amor mutuo y el bienestar de la Ummah de Muhammad. Además, se ocupará de promover el bien en la medida de sus posibilidades. Pues Allah no impone ni ordena a nadie una responsabilidad que exceda su capacidad. El establecimiento del Din es posible únicamente mediante la guía del Libro de Allah, el Corán, pues este guía el camino. Y, en este asunto, la Sunna del Mensajero tiene un papel efectivo. Haciendo de ambos guías, se puede obtener la ayuda de Allah. El propio Allah también ha expuesto en el Corán los mandamientos y disposiciones relativos a este asunto.

Por consiguiente, es obligatorio para todo musulmán dar prioridad al Corán Sabio y al Hadiz del Mensajero (s.a.s.) por encima de todo. Después, continuará pidiendo únicamente a Allah ayuda y bienestar. Debe recordarse que este mundo existe para ser empleado al servicio del Din. Como dijo el venerable Mu‘adh ibn Jabal (que Allah esté complacido con él):

(Árabe***********)

«¡Oh, hijos de Adán! Necesitas tu mundo y tus bienes; del mismo modo, en la Otra Vida necesitas tus provisiones, pero tienes mayor necesidad de las provisiones de la Otra Vida. Por tanto, comienza tu labor con tu parte de la Otra Vida. Al mismo tiempo, esfuérzate un poco por tu parte de este mundo. Pero si prestas primero tu atención a buscar los bienes de este mundo, perderás tus bienes de la Otra Vida, y este mundo se volverá peligroso para ti».

El hadiz del Noble Profeta (s.a.s.), transmitido por Tirmidhi, respalda sus palabras. El Mensajero de Allah (s.a.s.) dijo:

(Árabe***********)

«A quien comienza la mañana de tal manera que la preocupación por la Otra Vida constituye su principal asunto, Allah pondrá en orden su situación, infundirá en su corazón la serenidad de la abundancia y este mundo se presentará ante él humillado. En cambio, quien comienza la mañana de tal manera que este mundo es su objetivo principal, Allah dispersará sus bienes y la pobreza aparecerá ante sus ojos. En verdad, en este mundo solo obtendrá la porción que Allah haya decretado para él».

En realidad, el sentido fundamental de este hadiz también está contenido en el Noble Corán, como sigue:

(Árabe***********)

«He creado a los seres humanos y a los genios únicamente para que me adoren y me obedezcan sin reservas. No les pido sustento ni deseo que me alimenten. Allah es el único que provee el sustento y Él es el Poderoso, el Omnipotente». (Sura Adh-Dhariyat: 56-58)

Apéndice y súpli’ca

Alzamos nuestras manos en súplica ante el Magnífico Allah, diciendo: «¡Oh Allah! Concédenos a nosotros, a nuestros hermanos en la fe y a todos los miembros de la comunidad musulmana aquello que amas y con lo que estás complacido».

(Árabe***********)

Fin