Palabras del autor

Entre las creencias doctrinales sobre las que se erige el edificio de la fe, la creencia en el Más Allá ocupa un lugar fundamental. Si no existe creencia en el Más Allá, no nace una fe verdadera en Allah, el Mensajero, el Libro de Allah y demás. Además, liberarse de la esclavitud de las pasiones y de las instigaciones satánicas, y realizar buenas obras con sinceridad, no es posible de ningún modo sin una firme creencia en el Más Allá.

Tampoco basta con tener cualquier clase de creencia en el Más Allá. Por el contrario, esa creencia debe estar conforme con el islam y con el Corán y los hadices. Si esta creencia es incompleta o errónea, todo el edificio de la fe y de las obras se derrumbará por completo.

En la medida del conocimiento sobre el islam y la historia islámica que Allah me ha concedido alcanzar, he llegado a la firme convicción de que, una vez que se adquiere una idea clara del Más Allá, es posible seguir el camino de Dios en la vida terrenal. Además, la inclinación a cometer pecados que surge en el corazón puede destruirse desde su brote si la creencia correcta y firme en el Más Allá permanece siempre despierta en la mente.

La vida terrenal no es la única vida; por el contrario, la vida después de la muerte es la verdadera vida eterna. Allí se manifestarán necesariamente las consecuencias morales de la vida terrenal. Allí Allah, el Señor de los mundos, presentará para ser juzgadas todas las acciones secretas y manifiestas de los seres humanos. Ese día se pronunciará una decisión justa sobre cada pecado y cada virtud. Si la terrible imagen de ese día permanece siempre viva en un rincón del corazón, y junto a ella está el temor de Dios, Omnisciente y Todopoderoso, solo entonces será posible apartarse de los pecados y adquirir un carácter elevado y noble. No existe, ni puede existir, ningún segundo camino o camino alternativo para alcanzar un carácter así.

Liberado del bullicio del mundo, escribí esta obra, «Más allá del telón de la muerte», durante el período en que llevé una vida carcelaria, solitaria y silenciosa. Recibí de pronto la inspiración para escribirla mientras leía el tafsir de la sura «Qaf» en Tafhimul Qur’an. Además de esto, en aquel momento tampoco tuve la oportunidad de consultar a ningún sabio erudito ni de recurrir a ninguna obra de referencia autorizada. Por ello, no es extraño que hayan quedado en el libro algunas deficiencias y ciertos errores o faltas. Si algún lector de buen corazón informa al autor al respecto o aporta datos y conocimientos adicionales, estos se incorporarán con gratitud a una edición posterior, insha Allah. Asimismo, espero ofrecer un análisis más detallado en la próxima edición.

Desde luego, en el mercado existen libros escritos por muchas personas sobre este tema. Sin embargo, aunque durante la redacción de esta obra no tuve a mano ningún «libro de referencia» (obra autorizada que pueda tomarse como guía), intenté escribirla desde una perspectiva nueva. En cualquier caso, corresponde al lector juzgar si el libro es bueno o malo.

Como la obra pudo publicarse casi dos años después de haber sido escrita, considero que esto se debe únicamente a la infinita gracia de Allah, y ante Él inclino la cabeza en señal de agradecimiento.

Si, tras leer este pequeño libro, alguien intenta orientar su vida por el camino de Dios a la luz de sus enseñanzas, consideraré que el esfuerzo de mis días solitarios y silenciosos no ha sido en vano.

Eso es lo que pido a los distinguidos lectores y lectoras: que Allah, el Señor de los mundos, me conceda también la fuerza para seguir caminando sin cesar por Su ‘Sirat al-Mustaqim’. Amén.

Atentamente

—El autor

Rabí al-Awwal de 1395 d. H.

1975 d. C.

Ningún ser humano está advertido de su propia muerte;

hace planes para cien años, pero no sabe nada del instante siguiente.

Esa persona no está alerta ni consciente

No teme a su muerte.

Ni siquiera sabe del instante

Sueños coloridos de cien años.

La pregunta natural de la mente humana

¿Es la vida en este mundo la única vida, o existe alguna vida después de esta? Es decir, ¿la vida humana termina en el mismo instante de la muerte, o continuará después? Esta es una pregunta natural de la mente humana, y en todas las épocas ha habido desacuerdo al respecto; sobre esa base se han formado dos sistemas sociales opuestos.

Después de nacer, el ser humano permanece algún tiempo en este mundo y luego se marcha. Para algunos, ese período de permanencia dura apenas unos instantes; para otros, unos días, unos meses o unos años. Hay también quienes viven más de cien años. Y algunos, en una vejez extrema, llevan una vida más indefensa que la de un niño.

Durante la vida, ¡cuántas esperanzas y aspiraciones, cuántos sueños coloridos alberga el ser humano! La vida de algunos se llena de una felicidad y un bienestar inagotables, y tienen la oportunidad, los medios y los recursos para disfrutarla plenamente. Riquezas, honor, fama y gloria; y tantas cosas más. Finalmente, un día debe abandonar este mundo, dejándolo todo atrás y haciendo llorar a todos. Su trono de Mayura, su soberanía, sus cortesanos, visires y funcionarios, sus amigos y admiradores, sus inmensas riquezas: nadie pudo retenerlo, ni nadie podrá hacerlo en el futuro. Reyes y súbditos, ricos y pobres, blancos y negros, todos deben probar el sabor de la muerte.

En la vida de algunas personas sobrevienen sufrimientos y penurias ininterrumpidos: el desprecio, la opresión y la persecución de los demás; la injusticia y el aplastamiento. Durante toda su vida deben soportarlo todo en silencio. Finalmente, tras liberarse de los crueles vínculos de la sociedad, también ellas abandonan un día este mundo.

También se observa que una persona lleva una vida sumamente honesta. La mentira, el odio y la envidia de los bienes ajenos son contrarios a su naturaleza. Dar alimento al hambriento, ayudar al necesitado, hablar bien, hacer el bien y pensar bien se cuentan entre sus virtudes.

Pero de su pueblo recibió el más extremo desprecio, opresión e injusticia. Finalmente, en medio de crueles torturas, su vida terminó tras los muros de una prisión o en el cadalso. En esta vida no recibió recompensa alguna por su verdad y su bondad. ¿Acaso su humanidad fracasará limitándose a lanzar un grito de dolor? También abundan los ejemplos de personas o grupos que, al alzar la voz por la verdad y luchar por establecerla, enfurecieron al poderoso opresor adorador de la falsedad e hicieron temblar y tambalearse el trono de su poder. Entonces, al intentar satisfacer su venganza, hizo prisionero al portador de la bandera de la verdad. En la prisión hizo pasar sobre él el rodillo de la tortura más cruel; golpe tras golpe, dejó su cuerpo herido, desgarrado y exhausto. Sin embargo, no pudo apartarlo del camino de la verdad. Todo aquel que oyó hablar de sus sufrimientos y torturas sintió un estremecimiento en el cuerpo. Quizá incluso derramó, en señal de compasión, un par de lágrimas.

¿Acaso quienes siguen la justicia, la verdad y la bondad no desean que la persona oprimida sea recompensada y que el déspota opresor sea castigado? Pero ¿cuándo y cómo?

También hay ejemplos de una persona que vive feliz con su esposa, sus hijos y su familia. Nunca ha cometido una injusticia contra nadie. De pronto, un día, un grupo de criminales armados asaltó injustamente su casa. Mató al dueño de la casa y a sus hijos, cometió atrocidades bestiales contra las mujeres, saqueó las riquezas del hogar y prendió fuego a lo que quedaba. Todo el que oyó lo sucedido lo lamentó profundamente. En boca de todos estaba la misma exclamación: «¡Ah! ¿Un acto tan cruel y despiadado? ¿No habrá justicia para esto?»

Quizá ni siquiera exista posibilidad alguna de que se haga justicia. Porque quienes tienen en sus manos la responsabilidad de juzgar quizá estén vinculados y colaboren con esos monstruos inhumanos. ¿Acaso esta desenfrenada injusticia contra los seres humanos continuará indefinidamente? Antes de que se hiciera justicia, el aliento vital de aquellos seres humanos oprimidos ya se había extinguido. ¿Dónde están ahora? ¿Se han disuelto en el vasto espacio las almas oprimidas? ¿Han dejado de existir por completo o todavía vagan lanzando gritos de dolor? ¿Cómo es el capítulo posterior a su muerte? ¿Un vacío absoluto o algo más?

Y los opresores, esos monstruos inhumanos, no recibieron ningún juicio en este mundo; ellos también morirán. ¿No les ocurrirá nada después de la muerte? ¿No habrá ningún castigo dispuesto para ellos?

Y veamos: en este mundo, si se quisiera castigar debidamente a alguien por sus crímenes y recompensarlo por sus buenas obras, ¿acaso sería posible hacerlo de manera adecuada?

Suponga que una persona ha asesinado injustamente a más de un centenar de seres humanos. Cientos de familias han quedado destruidas debido a su opresión. Finalmente, un día fue llevado ante el tribunal. Al llegar allí, todavía puede escapar por alguna laguna de la ley o por otros medios. Si no queda ningún camino para salvarlo, usted lo castigará. ¿Qué castigo? El castigo máximo podría ser la pena de muerte. Incluso la pena de muerte del asesino convicto puede ser perdonada. La persona más poderosa y con mayor autoridad podría incluso liberar al asesino para utilizarlo en beneficio de sus propios intereses. Y si la pena de muerte llegara a ejecutarse, ¿bastaría una sola pena de muerte por la responsabilidad de haber asesinado a más de un centenar de personas? ¿Sería suficiente ese castigo? Pero usted tampoco tiene poder para hacer algo más.

Por otro lado, una persona, mediante los esfuerzos de toda su vida, su trabajo incansable y sus sacrificios y abnegación, liberó a toda una nación de las cadenas de la esclavitud humana y la sometió a la ley justa de un Ser Todopoderoso. Estableció para ellos un hermoso y feliz sistema social. Ellos se volvieron felices, prósperos y desarrollados. Sus vidas, bienes, honor y dignidad quedaron completamente seguros. ¿Puede una persona tan grandiosa recibir una recompensa verdaderamente adecuada?

Si las consecuencias de las acciones de las personas mencionadas anteriormente se prolongaran después de la muerte, y algún Ser Todopoderoso castigara y recompensara debidamente a ambas clases —a cada una según lo que merece—, ¿no habría entonces verdadera justicia? Pregunte, pues, a su conciencia: ¿no es también indispensable la vida después de la muerte?

Esta es la pregunta natural que, desde tiempos inmemoriales, ha turbado y agitado la mente humana.

El ser humano no encuentra ni puede encontrar la respuesta correcta mediante la reflexión y la investigación. Para obtener la respuesta correcta, hay que recurrir a un Ser omnisciente e infalible. Este libro es precisamente la respuesta correcta a esa pregunta.

Diversas doctrinas sobre la vida después de la muerte

Desde la antigüedad han surgido diversas doctrinas en la búsqueda de una respuesta a la pregunta natural de la mente humana descrita anteriormente.

Otra pregunta está íntimamente vinculada con esta. Es la siguiente: ¿existe o no existe un dueño, un gobernante de la vida y la muerte? ¿Tiene o no tiene un Creador este mundo y la innumerable multitud de criaturas, los cielos, la luna y el sol, los planetas y las estrellas, las montañas, los ríos y todo lo demás? Las respuestas a estas preguntas se obtienen al mismo tiempo.

1. Una doctrina sostiene que no existe nada llamado Creador. Este mundo, el cielo, los seres humanos, los animales y todas las demás criaturas surgieron de repente como consecuencia de algún accidente. El nacimiento y la muerte del ser humano son también resultado de ese accidente. No existe nada llamado vida después de la muerte. Todo lo que está siendo destruido, incluida la humanidad, no tiene ninguna posibilidad de volver a existir. Este mundo ciertamente será destruido algún día. Después no quedará nada.

2. Algunos dicen que este mundo es eterno, sin principio ni fin. No será destruido. Solamente perecerán los seres vivos. Pero no será posible volver a la vida.

3. Otros creen en la doctrina de la reencarnación. Esto significa que, para experimentar las consecuencias de sus actos buenos o malos, el ser humano nacerá una y otra vez en este mundo después de morir.* [Si esta doctrina de quienes creen en la reencarnación fuera correcta, quienes vuelven a nacer después de morir deberían conservar algún conocimiento de la etapa posterior a la muerte. Pero ¿acaso alguien ha hablado de la condición posterior a la muerte? Después de reencarnarse, también sería indispensable conservar el conocimiento de la vida terrenal anterior. De lo contrario, ¿cómo se sabría que el nacimiento posterior es la consecuencia del nacimiento anterior? Y si eso ni siquiera se sabe, ¿cómo se experimentarían la recompensa o el castigo de la reencarnación? —El autor]

4. Otros sostienen que, después de la muerte, existen para el ser humano el infierno y el paraíso. Sin embargo, después de sufrir el castigo en el infierno, el pecador volverá a nacer para llevar también una vida humillada en este mundo. Aquí también queda una pregunta: ¿acaso el castigo del infierno no es suficiente para el pecador?

5. La doctrina de algunos es que este mundo es el lugar del gran pecado. La vida aquí misma es un gran castigo. Mientras el alma humana permanezca vinculada a este mundo material, tendrá que regresar aquí, naciendo repetidamente después de la muerte. La verdadera liberación del alma humana está en el mahānirvāṇa (Emancipation of soul) o en su destrucción. Y esto puede ocurrir de la siguiente manera: en cada nacimiento, la persona debe adquirir cierto mérito. Después, si al reunir los méritos de varios nacimientos su mérito resulta considerable, entonces tendrá lugar su «fanā» o destrucción. Esa era su liberación de este mundo pecaminoso, o mahānirvāṇa.

Tampoco aquí existe un castigo o una recompensa permanentes por el pecado y el mérito.

6. También existe otro grupo que cree en la vida después de la muerte, el paraíso y el infierno. Afirman que son herederos de un linaje que era sumamente amado y elegido por Dios. Por tanto, no tienen nada que temer en la otra vida. Aunque sean arrojados al infierno por sus pecados, será solo por un breve tiempo. Teniendo en cuenta su nobleza de linaje, Dios los ascenderá muy pronto al paraíso.

7. Existe otro grupo que cree en la vida después de la muerte, el infierno y el paraíso. Afirman que Dios condenó a muerte en la cruz a su único hijo (?), y que, a cambio de ello, perdonó todos los pecados de toda la humanidad. Con solo creer en este hijo suyo y alabarlo un poco, se podrá alcanzar la salvación en la otra vida.

 8. Algunos creen ciertamente en el Más Allá, el infierno y el paraíso. Sin embargo, también consideran que, ya en este mundo, ciertas personas (muertas o vivas) poseen cualidades especiales y poderes extraordinarios. Creen que, en el Más Allá, esas personas intercederán ante Dios en su favor y les conseguirán la salvación. Movidos por esta creencia, quieren complacer, en lugar de a Dios, a esos supuestos hombres poderosos e influyentes. Cuando mueren, se depositan flores, dulces consagrados, ofrendas votivas y promesas en sus tumbas, e incluso se les rinde postración ante ellas. Y cuando están vivos, se intenta complacerlos ofreciéndoles diversos obsequios valiosos u ofrendas votivas.

Más arriba se han analizado diversas doctrinas sobre el Más Allá. La pregunta es: ¿cuál es la prueba de la veracidad de las doctrinas mencionadas? ¿Se basan estas doctrinas en un conocimiento exacto, sólido y bien fundamentado, o se han construido simplemente sobre conjeturas y suposiciones? ¿O son acaso la red ilusoria de una superstición ciega transmitida de generación en generación? ¿O son una red fraudulenta para saquear el dinero, tendida por alguna persona astuta y egoísta, o por varias, con el propósito de obtener méritos en nombre de la religión?

Si se basan en la imaginación y las conjeturas, o si son una superstición ciega o la red fraudulenta de personas ávidas de dinero disfrazadas de guías religiosos, todos reconocerán que de ningún modo son dignas de crédito. Si se basan en el conocimiento, ¿cuál es entonces la fuente de ese conocimiento? Por tanto, habrá que verificar el asunto en la piedra de toque del conocimiento exacto, ¿no es así?

Las verdaderas fuentes del conocimiento

Analicemos ahora cuáles son las verdaderas fuentes del conocimiento. Las fuentes del conocimiento son principalmente:

1. Los cinco sentidos (conocimiento basado en los sentidos y obtenido por medio de ellos)

2. La revelación (el conocimiento infalible y absolutamente exacto recibido por los profetas de parte de Dios).

Solo existen las dos fuentes de conocimiento mencionadas anteriormente. Los científicos adquieren este conocimiento mediante la experimentación y la observación (Experiment & Observation). Pero en su base también se encuentran los sentidos y cierto conjunto de materiales básicos (Basic Material).

También se puede adquirir conocimiento mediante testimonios y pruebas. Pero ese conocimiento procede de las percepciones sensoriales del testigo. Del mismo modo, el conocimiento que se obtiene al estudiar la historia es el que el historiador vio con sus propios ojos o escuchó con sus propios oídos. Es decir, conocimiento derivado de los sentidos. Este conocimiento tampoco es siempre exacto. A veces se presentan testimonios contrarios a la verdad, y también se escribe la historia tergiversando la verdad. No obstante, habrá que considerar todo ello como fuentes de conocimiento, tanto verdadero como falso.

Ahora bien, el conocimiento relativo al más allá —es decir, el conocimiento de que existe o de que no existe— no puede proceder de los sentidos. Porque nadie ha tenido la oportunidad de ir más allá del velo de la muerte y regresar para verlo, ni existe medio alguno de mantener contacto con las almas de los muertos; por lo tanto, nadie puede afirmar que el más allá existe o que no existe.

Algunos, fingiendo ser científicos, dicen que, puesto que nadie ha visto el más allá, no se puede creer en él de ninguna manera. Pero esta afirmación no es en absoluto científica ni propia de un hombre de ciencia. Porque, si nadie ha ido al otro lado de la muerte para conocer sus circunstancias, ¿cómo puede afirmarse que el más allá no existe?

Usted puede decir qué hay y qué no hay en mi caja después de abrirla y comprobarlo. Pero, sin abrirla, ¿cómo puede decir que no hay nada en ella? Lo único que puede afirmar con certeza es: «No sé si hay algo en la caja».

Un verdadero científico puede determinar, mediante sus experimentos y observaciones —aunque estos también se equivocan muchas veces—, si algo es verdadero o falso. Pero antes de realizar tales experimentos y observaciones no puede afirmar nada, ni sí ni no, acerca de la existencia de algo. Debe decir: «No sé nada al respecto». Por tanto, lo que dirá un verdadero científico será: «No ha sido posible realizar experimentos e investigaciones para determinar si existe o no el más allá». Así pues, sería erróneo decir que existe, del mismo modo que sería erróneo decir que no existe.

De la discusión anterior se desprende que la primera fuente del conocimiento, los cinco sentidos, no pudo darnos ninguna idea sobre el más allá. Ahora queda la segunda fuente: la revelación. Veamos qué conocimiento nos proporciona la revelación.

La venida de los profetas a través de las épocas

La creencia en la revelación solo puede surgir de la creencia en Dios. En la exposición anterior de las diversas doctrinas sobre el más allá, salvo los creyentes en las doctrinas descritas en los números 1, 2 y 5, los seguidores de todas las demás doctrinas creen, en términos generales, en un Creador o en Dios. Por otra parte, muchos han dejado de creer en el más allá aun creyendo en Dios. Pero quienes no creen en la existencia de Dios son, naturalmente, incrédulos respecto al más allá. Esta discusión sobre el más allá no tiene por objeto demostrar la existencia de Dios. Sin embargo, el análisis del más allá no solo proporcionará una prueba de la existencia de Dios, sino también de Su unicidad.

La tierra, los cielos y todo cuanto hay entre ambos, incluso cuanto existe bajo tierra y en las profundidades del mar, tienen un Creador. Él es Allah, el Todopoderoso. Después de crear a los seres humanos, envió profetas, época tras época, a los pueblos de diversas tierras para informarles sobre el modo correcto de vida que debían seguir. Cabe señalar que los profetas también eran seres humanos. Sin embargo, Allah, el Altísimo, escogió como profetas a los mejores hombres de la sociedad. El conocimiento que Allah transmite al profeta se denomina conocimiento de la revelación. El profeta recibe este conocimiento directamente de Dios, por medio del ángel Gabriel (la paz sea con él) o a través de sueños. Puesto que este conocimiento se obtiene de Dios, es absolutamente infalible y constituye la verdad decisiva.

El primer profeta en este mundo fue el propio primer ser humano, Adán (la paz sea con él). El último profeta fue el árabe Muhammad (la paz y las bendiciones sean con él). En total, llegaron a este mundo ciento veinticuatro mil profetas, o, según otra opinión, más o menos. En el Corán se menciona a algunos profetas. En cambio, no se menciona a muchos otros. Esto mismo se declara en el Corán.

El último profeta, Muhammad (la paz y las bendiciones sean con él), y todos los demás profetas presentaron exactamente la misma doctrina acerca de la vida futura. No existe la más mínima discrepancia entre las declaraciones de los profetas sobre la vida futura. Todos dijeron lo mismo.

Debe recordarse que estos cientos de miles de profetas no pertenecieron a la misma época ni a la misma población, de modo que no pudieron celebrar una conferencia y llegar a una conclusión después de numerosas deliberaciones. Desde el gran diluvio de Noé (la paz sea con él) hasta el último profeta, Muhammad (la paz y las bendiciones sean con él), durante casi seis mil años fueron enviados profetas a pueblos diversos. También llegaron muchos profetas en el período comprendido entre Adán (la paz sea con él) y Noé (la paz sea con él).

Por lo general, cuando, tras la desaparición de un profeta, la gente olvidaba por completo sus enseñanzas y su ejemplo, era enviado otro profeta. El último profeta apareció seiscientos años después de la desaparición de Jesús (la paz sea con él). Salvo unos pocos, ningún profeta se encontró con otro. Sin embargo, aunque pertenecían a personas de épocas y tiempos diferentes, todos dijeron lo mismo. La razón es que el mensaje que predicaron a la gente no era producto de su imaginación. Ellos solo transmitieron entre los seres humanos el conocimiento otorgado por Allah. Fue precisamente de este conocimiento concedido por Allah que presentaron una doctrina idéntica acerca de la vida futura.

Solo existe una respuesta correcta

Es un hecho reconocido por todos que solo puede existir una respuesta correcta. Lo que es erróneo puede ser múltiple. Entre quienes se equivocan no hay unidad de pensamiento. Sus ideas no proceden de una fuente exacta. Por eso, si pide a veinte alumnos de una clase que resuelvan un problema matemático, verá que la respuesta correcta es idéntica. Quienes se equivocaron al responder no pudieron ponerse de acuerdo. Sus respuestas fueron diversas, porque no se basaron en un conocimiento correcto.

Los profetas de Allah respondieron a la pregunta relativa a la vida futura. Su respuesta es correcta porque la respuesta de todos ellos fue exactamente la misma. Y la razón de su corrección y veracidad era que su conocimiento procedía de Dios.

Por tanto, el conocimiento que los profetas transmitieron acerca del Más Allá era, por un lado, una gran verdad y, por otro, uno y el mismo para todos.

La doctrina islámica sobre el Más Allá

La concepción transmitida por los profetas acerca del Más Allá, llamada concepción o doctrina islámica, puede resumirse así: un día, inevitablemente, la Tierra, los cielos y todas las criaturas que hay entre ellos serán destruidos. El Corán describe detalladamente el comienzo y el desarrollo de esta destrucción. Todo cuanto existe, excepto Dios, será destruido. Después, por mandato de Dios, se creará un mundo nuevo. Cada ser humano resucitará y comparecerá ante Dios. Ese día, ante Dios, tendrá que rendir cuentas de todo lo bueno y lo malo que haya hecho durante su vida terrenal. A esto se le ha llamado el Día del Juicio. El único dueño y juez de ese día será el propio Allah Altísimo.

Durante ese juicio no habrá abogados ni defensores que apoyen a la parte acusada. Tampoco será necesario ningún testigo humano. Si se niega la culpa, los propios miembros del cuerpo darán testimonio veraz. No habrá manera de negar la culpa. Pues cada acto de cada instante de la vida humana está siendo registrado minuciosamente ya en este mundo. Se está realizando una película exacta de sus palabras y conversaciones, sus risas y llantos, los movimientos de sus miembros e incluso cada una de sus acciones secretas y públicas. Esa prueba viviente será presentada ante él. No habrá manera alguna de negar nada.

Si alguien sale aprobado en el juicio de aquel día, su morada será el Paraíso. Será un lugar de felicidad infinita. Quienes fracasen en el juicio de ese día tendrán su lugar en el Infierno. Será un horno ardiente que permanecerá encendido eternamente. Tanto si el ser humano va al Paraíso como si va al Infierno, su vida o existencia será eterna. Obtendrá una vida inmortal. A esta vida eterna se la llama el Más Allá, denominado en la terminología coránica «Ajira».

Oposición al Más Allá

En todas las épocas, los ignorantes se han opuesto vehementemente al Más Allá. No querían creer de ningún modo que, después de la muerte, el ser humano volvería a resucitar. Aunque creían en un Creador, su concepción de Sus atributos y de Su identidad era errónea e inferior. Por eso no podían creer de ninguna manera en el Más Allá.

Después de la muerte, cada miembro del cuerpo humano, sus huesos, piel y carne, cada molécula y átomo, se destruyen, se descomponen y desaparecen. O la tierra devora todo ello. Entonces, ¿cómo podrá recuperar de nuevo aquel cuerpo descompuesto y aquella vida? Esto estaba más allá de su conocimiento y razón. Por ello, cuando cada profeta intentaba despertar el sentido de responsabilidad de las personas hablando del Más Allá, los ignorantes lo llamaban loco. No solo se negaban a aceptar su doctrina, sino que además lo torturaban de diversas maneras, acusándolo de predicarla.

¿Por qué oponerse a la vida del más allá?

¿Por qué era tan trascendental creer en la vida del más allá? ¿Por qué la difusión de esta doctrina enfurecía tanto a sus adversarios? ¿Qué calamidad les sobrevenía a causa de esta predicación, que no podían tolerarla?

Detrás de ello había una razón psicológica. Era la siguiente: quienes creen en la vida del más allá tienen un carácter, unas actividades, unos hábitos y comportamientos, unos gustos y una mentalidad, una civilización y una cultura de cierto tipo. En cambio, todo eso en los incrédulos es completamente opuesto. Es una verdad comprobada.

En los creyentes en la vida del más allá se desarrolla una mentalidad tal que, a cada instante, piensan que después de la muerte tendrán que rendir cuentas ante Dios por cada una de sus acciones, secretas o manifiestas. Tienen la firme convicción de que cada una de sus palabras y acciones está siendo registrada con exactitud por una fuerza invisible. No les es posible ocultar ninguna de ellas. Por cada una de sus malas acciones tendrán que recibir un castigo. Esa es su firme convicción. Por eso procuran abstenerse de todo mal.

El carácter de quienes no creen en la vida del más allá es exactamente el opuesto. Puesto que, según su concepción o creencia, después de la muerte no hay nada más, no tendrán que rendir cuentas ante nadie por sus actos. Aunque en la vida terrenal se entreguen a la depravación extrema y a la anarquía sexual, aunque sean bandidos y saqueadores, aunque priven a las personas de su libertad individual y las obliguen a vivir una vida inferior a la de los animales, no tienen motivo alguno para temer. Pues creen que, por todo ello, después de la muerte no tendrán que rendir cuentas ante nadie. Después de su muerte no hay absolutamente nada: ni una nueva vida ni las molestias y complicaciones de rendir cuentas.

Se ha elaborado una nueva doctrina que niega a un Creador y la vida del más allá. Sostiene que, puesto que no existe ningún creador del universo ni existe nada llamado vida del más allá, mientras se esté vivo hay que disfrutar plenamente de este mundo. Porque después de la muerte todo llegará a su fin. Por tanto, come, bebe y disfruta de la vida (Come, bebe y sé feliz). También se dice que la vida en este mundo no es más que una lucha por la existencia (Una lucha por la existencia). Solo quien es fuerte, astuto e inteligente tiene derecho a sobrevivir (Supervivencia del más apto). En cambio, quien es débil, aunque sea honrado y justo, no tiene derecho alguno a sobrevivir.

Reconocer al Creador y la vida del más allá significa ponerle freno a los deseos, poner fin al libertinaje y al desenfreno, y no poder disfrutar de la vida mediante la injusticia y los medios deshonestos. Además, la vida debe hacerse ordenada y estrictamente regulada. Y, si se hace eso, ya no se podrá disfrutar de la vida hasta el límite. Por tanto, esta era la razón psicológica que se ocultaba detrás de su negación de la existencia de Dios y de la vida del más allá.

La visión y la mentalidad anteriores se forman a causa de la incredulidad en la vida del más allá. No creen en virtudes como la moralidad, la justicia, la equidad, la compasión y la misericordia hacia los débiles y los oprimidos. La crueldad, la barbarie, el asesinato, el incumplimiento de las promesas y la traición no son reconocidos por ellos como delitos. Su conciencia no siente remordimiento alguno al convertir a las mujeres en objetos de placer para satisfacer sus deseos sexuales, ni al convertir en esclavo o destruir, para alcanzar sus propios intereses, no solo a un ser humano, sino a todo un país y una nación. Por eso la historia atestigua que, aunque muchos pueblos del pasado alcanzaron las cumbres del progreso y la prosperidad mundanos, debido a su incredulidad en la vida del más allá se hundieron en el abismo de la decadencia moral. Se convirtieron en opresores extremos y monstruos sedientos de sangre. Por eso Allah los destruyó por completo y borró de la faz de la tierra todo rastro de sus nombres.

Esta era la verdadera razón por la que, cuando algún profeta invitaba a creer en la Otra Vida, los incrédulos en ella lo humillaban, lo herían arrojándole piedras o lo desterraban de su patria. Al creer en la Otra Vida, no querían hacer ordenada y disciplinada su forma de vida ni refrenar su desenfrenado deseo de placer. Tampoco querían renunciar a su ambición de esclavizar a la gente y ejercer dominio sobre ella como si fueran dioses. Esa era precisamente la causa fundamental de su oposición a los profetas.

A causa de su incredulidad en la Otra Vida y de su extrema decadencia moral, en el pasado los pueblos de Nuh (la paz sea con él), de Lut (la paz sea con él), Nimrod, Faraón, los pueblos de Ad y Zamud, Tubba y otros se convirtieron en ruinas. En la sociedad humana, sus nombres se pronuncian con odio y maldición. Las antiguas civilizaciones griega y romana se han convertido únicamente en objetos de la historia pasada.

Solo el temor de Dios reprime la inclinación al delito

En todos los países se promulgan diversos códigos penales para combatir el delito. Desde luego, tampoco puede negarse su necesidad. Pero ¿acaso puede reprimirse la inclinación al delito únicamente mediante la promulgación de códigos penales y la imposición de castigos a los delincuentes?

A pesar de que existen leyes y códigos penales en el país, ¿por qué se cometen asesinatos, saqueos, bandidaje, adulterio, corrupción, violencia y otros delitos abominables? Es necesario investigar sus verdaderas causas.

La persona inclinada al delito generalmente lleva a cabo sus malas acciones en secreto, lejos de la mirada de la gente. Después adopta diversos métodos para eludir la ley. Por eso se observa que, aunque la ley establezca castigos severos para los delincuentes, estos logran quedar libres sin dificultad. Obtener la libertad después de cometer un delito lo anima a delinquir con el doble o el cuádruple de entusiasmo. Nuestro sistema jurídico y judicial es defectuoso porque ha sido creado por seres humanos. También falta honestidad en la práctica jurídica. Además, muchas veces el delincuente logra librarse de la condena al influir en el poder judicial o por la influencia de ciertos grupos. Como consecuencia, las personas oprimidas, agraviadas e indefensas quedan privadas de justicia. Por eso se ve que el verdadero asesino, quien saquea y malversa decenas de millones de takas, y la persona culpable de diversos delitos, eluden la ley mediante todo tipo de procedimientos deshonestos y recorren la sociedad con el pecho erguido.

No debería desearse únicamente el castigo del delincuente; debería desearse la erradicación de raíz del delito. ¿Cómo es posible?

La inclinación al delito nace primero en el rincón secreto de la mente. El ambiente pecaminoso que nos rodea, la compañía de los pecadores, la lectura de literatura obscena y de mal gusto, de obras teatrales y novelas, y las películas y programas de televisión que provocan excitación sexual contribuyen a crear la inclinación al delito. Después, el deseo, la voluntad y la determinación de cometer un delito llevan a la persona a delinquir. Ahora es necesario destruir esta inclinación en la propia mente, desde su germen. Pero esto no puede lograrse de ningún modo mediante una ley, la intimidación o una fuerza externa. Es necesario que se genere en el interior de la mente una fuerza capaz de reprimir la inclinación al delito. Solo el temor de Dios y de la Otra Vida puede ser la fuente de esa fuerza. Si existe en las personas la firme convicción de que la vida mundana no es la única vida, sino que después de la muerte existe otra vida sin fin, y de que la vida de la Otra Vida depende de las acciones realizadas en la vida mundana; si saben que en la Otra Vida deberán rendir ante Allah Ta‘ala una cuenta minuciosa de todo lo que hayan hecho en esta vida, en secreto y en público; que nada de sus pecados ni de sus buenas obras podrá ocultarse; que nadie podrá salvar a otro del castigo por sus pecados ni privarlo de la recompensa por sus buenas obras, entonces inculcar esta creencia en las personas y, conforme a ella, proporcionarles formación espiritual y forjar su carácter en la práctica protegerá a la sociedad de toda forma de inmoralidad.

Por tanto, solo el temor de Dios y del Más Allá puede mantener al ser humano alejado de los pecados. En la historia del islam hay ejemplos resplandecientes de ello. Mencionaré aquí uno.

Durante la época del segundo califa, Hazrat Umar Faruq (que Dios esté complacido con él), vivía una anciana en las afueras de Medina. En su hogar estaban ella y su hija. Después de recoger leche de diversos lugares, la vendían en el mercado y se ganaban la vida con ello.

Una noche, la anciana le dijo a su hija: «Si mezclamos un poco de agua con la leche, obtendremos un precio más alto».

La hija respondió: «¿Cómo va a ser eso posible? ¿No has oído que el Amir al-Mu’minin ha decretado un castigo para los corruptos?»

La anciana dijo: «¡Bah, tonterías! En plena noche, en esta aldea apartada, ¿dónde está el Amir al-Mu’minin y dónde está su vigilante secreto que podría descubrirnos?»

La hija dijo: «Es verdad que ningún ser humano podrá ver esta mala acción nuestra. Pero, madre, ¿podrás engañar a los ojos de Dios? En el Día de la Resurrección seremos descubiertas».

La anciana recobró el sentido. El temor de Dios y del Más Allá la llenó de espanto. Se arrepintió y reprimió su inclinación a cometer faltas.

El califa Hazrat Umar (A.), mientras recorría la ciudad disfrazado, oyó casualmente la conversación entre aquellas dos mujeres. Complacido por el temor de Dios de la muchacha, la tomó como esposa para su hijo.

En la sociedad quizá ocurran constantemente hechos de este tipo. Pero, en comparación con la población, su fuerza es insignificante.

Si el carácter de las personas se forma sobre la base del temor a Dios y al Más Allá, no será necesario mantener ninguna fuerza pública visible para erradicar el crimen y la corrupción de la sociedad. Si en el corazón de los funcionarios de los departamentos o fuerzas anticorrupción no existe temor de Dios ni del Más Allá, tampoco será extraño que ellos mismos se vuelvan corruptos. Entonces, en ese país, en lugar de combatir la corrupción y el crimen, la tarea de todos consistirá en unirse para fomentarlos.

La fe en el Más Allá y el carácter

En todas las épocas y entre todas las naciones, la formación del carácter ha gozado de gran estima. Por eso, en todas las épocas se ha mirado con respeto a las personas de buen carácter. Decir la verdad, ganarse la vida por medios lícitos, mostrar compasión hacia los demás, ayudar a los necesitados, respetar la vida, los bienes y el honor de otros, impartir justicia a todos sin distinguir entre amigos y enemigos, ser laborioso y virtuoso, sacrificarse, tener paciencia y tolerancia, expresar gratitud, etcétera, son reconocidos universalmente como cualidades de un carácter noble.

Ahora la cuestión es cómo pueden adquirirse estas cualidades de carácter. ¿Cómo se puede obtener la motivación para adquirirlas y cuál puede ser la fuente de esa motivación?

Por supuesto, no es que no se pueda adquirir cierta medida de las cualidades mencionadas sin creer en Dios y en el Más Allá. Sin embargo, será parcial, temporal, incompleta y unilateral (partial). Impulsado por el nacionalismo y el patriotismo, uno puede adquirir parcialmente esas cualidades únicamente en interés del país y de la nación. Pero, precisamente en interés del país y de la nación, también se considera una acción noble renunciar a esas cualidades. Impulsados por el nacionalismo y el patriotismo, no se considera en absoluto censurable someter a otros países y naciones, convertir en esclavos a los miembros de otros pueblos y obligarlos a llevar una vida más degradante que la de los animales.

Se presenta el ejemplo de la nación inglesa y se dice que, aunque colectivamente no cree en Dios ni en el Más Allá, es más confiable, justa, veraz, magnánima y humanitaria que otras naciones, y que está consagrada al servicio de la humanidad. Pero la realidad es que, aunque algunos de sus individuos posean ciertas cualidades de carácter, como nación entera, aquellos a quienes eligen como sus representantes nacionales cometen abiertamente y sin reparos, en el ámbito internacional, los execrables crímenes de mentira, engaño, incumplimiento de promesas, traición, injusticia, opresión y asesinato. A pesar de ello, reciben las felicitaciones de toda la nación. ¿En qué aspecto fue menos bárbara que la barbarie la conducta de los gobernantes británicos hacia los habitantes de sus colonias? Clive, el líder de la nación inglesa cuyo recuerdo se conserva desde tiempos remotos y para siempre, desempeñó en el huerto de mangos de Plassey un papel de engaño y traición para establecer los cimientos del Imperio británico; es un acontecimiento memorable de la historia. Un modesto empleado de la Compañía de las Indias Orientales llegó a la India en 1744. Cuando regresó a su patria en 1760, tenía en su poder casi veinte millones en efectivo. En el joyero de su esposa había gemas y perlas por valor de doscientos mil. En aquel momento era el hombre más rico de Inglaterra, Irlanda y Escocia. Esas riquezas eran bienes saqueados injustamente a los súbditos del reino conquistado. En su concepción de la vida, saquear los bienes ajenos no es contrario a la moral. ¿Acaso son hechos imaginarios las injusticias, la opresión y la conducta cruel de Dalhousie y Warren Hastings? ¿De qué gran carácter son dueños los estadounidenses, proclamados en el mundo actual defensores de la civilización y los derechos humanos? Por sus propios intereses, no dudaron en exterminar, con armas nucleares, a cientos de millones de seres humanos. Al establecer en Oriente Medio un Estado judío llamado Israel, se destruyó la paz de toda la región; millones de personas quedaron sin hogar y desposeídas, y llevaron una vida inhumana. ¿No son responsables de ello los estadounidenses? ¿Es esto una muestra de carácter humanitario?

En el comunismo y el socialismo no hay lugar alguno para los principios ni para la moralidad. ¿Qué clase de carácter poseían los estadistas Hitler, Lenin, Stalin y otros, incrédulos en Dios y en el Más Allá, que hicieron correr ríos de sangre de millones y millones de personas? En China también vemos la misma escena.

La declaración de Allah acerca de que no se puede ser verdaderamente virtuoso negando el Más Allá es la siguiente:

(Árabe***************************)

«La verdadera cuestión es que aquellos que no esperan encontrarse con Nosotros (en el Más Allá), que están satisfechos y tranquilos únicamente con la vida mundana y que permanecen indiferentes ante Nuestros signos, tendrán como morada final el Infierno, a cambio de las obras que realizaron (mediante sus doctrinas y métodos de acción erróneos).»

—Sura Yunus: 7-8

Si, aun negando el Más Allá, pueden adquirir un buen carácter y realizar buenas obras, ¿por qué su morada final será el Infierno en lugar de recibir como recompensa el Paraíso? Ciertamente, solo pueden adquirirse algunas cualidades morales parciales sobre la base del utilitarismo (UTILITARIANISM: la doctrina según la cual lo que beneficia al público es lo justo). Estas cualidades morales están limitadas al individuo y a la nación. Por lo tanto, independientemente de la nación o la religión, no queda otra opción que reconocer, por el bien de la humanidad, la obediencia absoluta a un Ser infinitamente poderoso.

Además, es necesario que exista un método o criterio para determinar el buen carácter. Ni puede proporcionar a las personas de un país o una nación un código de vida correcto, ni puede establecer un criterio para distinguir entre el bien y el mal. El bien y el mal se determinan según la época, las circunstancias y los intereses nacionales. Lo que hoy se considera bueno, mañana se convierte en malo. Por eso se observa que en las asambleas legislativas de algunos países se prohíbe una vez el consumo de alcohol y posteriormente se lo declara legal de nuevo. En los países nacionalistas, los ciudadanos de la propia nación reciben una consideración que las personas de otras naciones tienen completamente vedada. Incluso ante la ley, los compatriotas y los extranjeros no reciben el mismo trato.

Por eso es sumamente necesario creer en Allah y en el Más Allá. Allah ha dado a los seres humanos un código de vida hermoso, ordenado y completo, ha declarado qué es bueno y qué es malo, y ha establecido leyes y normas de conducta uniformes para determinar lo justo y lo injusto. Estas normas y métodos permanecerán firmes e inmutables.

Después de determinar el bien y el mal, y lo justo y lo injusto, Allah declara que en la otra vida las personas serán juzgadas precisamente sobre esa base. Allí, quienes tengan buen carácter serán recompensados y obtendrán una vida eternamente feliz. En cambio, el destino de quienes tengan mal carácter será sumamente terrible. Esta es una verdad inevitable que no existe ninguna razón legítima para negar.

Ahora es posible adquirir un buen carácter y vivir correctamente únicamente sobre la base de una firme convicción en Allah y en el Más Allá. Porque la motivación espontánea para formar un buen carácter solo puede obtenerse mediante la creencia en el Más Allá. Mientras esta creencia permanezca despierta en el corazón, se tendrá la motivación para hacer el bien y seguir el camino correcto.

La historia de la humanidad también atestigua que, cuando una persona o una nación ha negado a Allah y el Más Allá, o los ha olvidado, se ha hundido entonces en el abismo de la decadencia moral. Debido a las injusticias y abusos cometidos por ellos, la vida social se ha llenado de lamentos y gritos de dolor. Finalmente, esa nación ha sido aniquilada y su nombre y huella han desaparecido de la tierra.

Veamos ahora qué argumentos irrefutables presenta el Noble Corán acerca del Más Allá. La creencia en el Más Allá es tan importante que negarlo equivale a negar al propio Allah y a Sus profetas y mensajeros. Solo cuando, junto con una firme creencia en el tawhid y la risalat, se establezca una firme convicción en el Más Allá, quedará protegido el edificio de la concepción islámica de la vida y del sistema islámico de vida mostrado por los profetas y mensajeros. Y precisamente por negar el Más Allá, este edificio se derrumbará por completo.

Por eso, Allah Todopoderoso dice:

(Árabe *******************************)

«Los incrédulos juran solemnemente por Allah que Él no resucitará a los muertos. ¿Por qué no habría de hacerlo? Es una promesa que Él mismo se ha impuesto cumplir. Pero la mayoría de la gente no lo sabe. La resurrección es necesaria para que Allah manifieste ese día la verdad de aquello sobre lo que discrepaban. Entonces los incrédulos sabrán que eran mentirosos. Para dar existencia a algo, no necesita hacer nada más que decir: “¡Sé!”, y al instante ello existe». —Sura an-Nahl, 38-40.

Aquí Allah Todopoderoso expone la necesidad racional y moral de la resurrección y el levantamiento después de la muerte. Desde el comienzo de la existencia humana han surgido numerosas disputas y desacuerdos acerca de la verdad. A causa de estas divergencias, se han producido divisiones, conflictos y enfrentamientos entre linajes, pueblos y tribus. Sobre esa base, los portadores y defensores de diversas doctrinas y perspectivas construyeron sus propias religiones, sistemas sociales y civilizaciones y culturas. En apoyo de cada doctrina y para establecerla, millones de personas sacrificaron en distintas épocas sus vidas, bienes, honor y dignidad. También se produjeron enfrentamientos sangrientos con quienes sostenían opiniones diferentes. Los seguidores de una doctrina intentaron expulsar a quienes tenían otra opinión. Los partidarios de las doctrinas atacadas no abandonaron sus propias creencias y doctrinas hasta el último momento. La conciencia también exige que, respecto de una divergencia tan intensa, se revele necesariamente esta verdad: cuál de ellos estaba en lo cierto y cuál estaba en el error; quién estaba establecido en el camino verdadero y quién se había extraviado. En el mundo no parece existir ninguna posibilidad de que esta verdad sea revelada. El orden de este mundo es tal que aquí resulta difícil que la verdad quede al descubierto. Por tanto, para satisfacer esta exigencia de la conciencia, es necesario que exista otro mundo.

Esto no solo lo exige la conciencia, sino también la moral y la ética. Porque muchos grupos participaron en estas disputas, conflictos y enfrentamientos. Entre ellos, unos cometieron abusos y opresión, mientras que otros los soportaron. Unos sacrificaron sus vidas y bienes, y otros se aprovecharon de ello. Cada uno adoptó, de acuerdo con su doctrina, una filosofía y una perspectiva moral, y como consecuencia se produjeron efectos buenos o malos en la vida de millones de personas. Debe llegar necesariamente un momento en que los resultados de todo esto se manifiesten bajo la forma de recompensa o castigo. Si en el orden de este mundo no es posible que se manifiesten plenamente las consecuencias morales, entonces es indispensable que exista otro mundo en el que se manifiesten por completo.

Allah dice:

(Árabe ****************************************)

«Todos vosotros tendréis que regresar a Él. Esta es la promesa firme de Allah. Él ciertamente inicia la creación y también la recreará por segunda vez. La razón de la segunda creación es que recompensará con justicia a quienes, después de creer, hayan realizado buenas obras. Y quienes hayan seguido el camino de los incrédulos beberán agua hirviente y sufrirán un castigo doloroso. Este castigo será por todo lo que hicieron al negar la verdad». (Sura Yunus: 4)

Aquí se presenta la afirmación sobre la vida del Más Allá y su prueba. La afirmación es contundente: la vida del Más Allá, es decir, la resurrección de los seres humanos, ocurrirá sin duda. Esto no es en absoluto imposible. Como prueba, se dice que quien puede crear una vez también puede realizar esa acción repetidamente. Por tanto, si Él creó al ser humano una vez, ¿por qué no podría hacerlo por segunda vez?

A continuación se explica la necesidad de la vida del Más Allá. El argumento anterior basta para demostrar que una segunda creación es completamente posible. Después se afirma que, desde el punto de vista de la conciencia y de la justicia, existe una necesidad especial de la resurrección, y que esta necesidad no puede satisfacerse de ninguna manera sin ella. Quienes, tras reconocer únicamente a Allah como Creador y Señor, viven verdaderamente una vida de servidumbre y obediencia tienen legítimamente derecho a recibir una recompensa; y quienes rechazan la verdad y viven de manera opuesta también deberían sufrir las consecuencias de sus actos. Pero esta necesidad no se satisfizo en absoluto durante la vida mundana, ni existe posibilidad alguna de que se satisfaga. Precisamente para satisfacerla, la resurrección o la vida del Más Allá es absolutamente indispensable.

(Árabe ***********************************)

«Todos tendrán que probar la muerte y, el Día de la Resurrección, recibiréis vuestra recompensa completa. Así pues, quienes ese día sean salvados del fuego del Infierno y sean admitidos en el Paraíso serán los verdaderamente triunfantes». (Sura Al Imran: 185)

Aquí también se presenta el argumento de la necesidad de la vida del Más Allá. En primer lugar, se menciona una verdad comprobada: todo ser humano es mortal. Que todo ser vivo tenga que probar la muerte es una experiencia real cotidiana de la humanidad.

Después, en este mundo, durante su vida, el ser humano continúa realizando tanto buenas como malas acciones. Aquí no se recibe la debida retribución por las buenas y las malas acciones. Una persona virtuosa puede pasar toda su vida haciendo el bien sin recibir su recompensa, mientras que un malhechor puede pasar toda su vida cometiendo malas acciones sin sufrir castigo. Estas son verdades sumamente evidentes que nadie puede negar. Sin embargo, la recompensa por las buenas acciones y el castigo por las malas son absolutamente necesarios. Puesto que en la organización de este mundo no es posible otorgar una recompensa correcta y completa por las buenas acciones ni un castigo apropiado por las malas, la necesidad de otra vida después de la muerte es innegable.

(Árabe ***************************************************)

«Todos tendrán que morir, y en este mundo os pondremos a prueba mediante la felicidad y la desgracia; luego tendréis que regresar a Nosotros para recibir el resultado de esta prueba».

—(Sura al-Anbiya: 35)

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Los argumentos del Corán sobre la otra vida

En respuesta a la afirmación de los incrédulos de que, mucho tiempo después de que los huesos, la piel, la carne y las partículas del cuerpo humano se hayan desintegrado tras la muerte, no existe ninguna posibilidad de que vuelvan a la vida, Allah el Altísimo dice:

(Árabe ***************************************************)

«Todo lo que la tierra devora de los cuerpos muertos lo conocemos. Y todo cuanto se encuentra en cada átomo y partícula está también registrado y protegido en Nuestro Libro». (Sura Al-Kahf: 4)

Si los incrédulos ignorantes no logran comprender cómo es posible que Dios devuelva la vida, eso solo demuestra la estrechez de sus conocimientos. No significa que Allah sea incapaz de hacerlo. Ellos creen que, después de que los seres humanos que han muerto desde el principio de los tiempos, y que seguirán muriendo en el futuro, hayan visto sus cuerpos descomponerse y convertirse en polvo durante miles de años, volver a darles forma a sus cuerpos es algo imposible e irreal. Pero Allah dice que, aunque las partículas y los átomos descompuestos del cuerpo humano estén fuera del alcance de la vista y del conocimiento de las personas, nunca están fuera de Su conocimiento. Allah conoce dónde se encuentran y, además, están registrados minuciosamente en el Libro protegido. Al recibir la orden de Allah, se reunirán de nuevo y recuperarán exactamente la forma del cuerpo anterior. El ser humano no solo será resucitado, sino que recibirá exactamente el mismo cuerpo que tenía en este mundo. Esto no es en absoluto difícil para Allah.

Allah, el Altísimo, también ha respondido en muchos otros pasajes del Sagrado Corán a preguntas exactamente de este tipo:

(Árabe ****************************************)

«Os he creado. Entonces, ¿por qué no reconocéis la verdad de esto —la otra vida—?» (Sura Al-Waqi‘a: 57)

Si quien niega la otra vida reconoce que Allah es quien lo creó, ¿por qué se niega a admitir que Él también puede crearlo por segunda vez?

(Árabe ******************************************)

«¡Oh, humanidad! Si tenéis dudas acerca de que seréis resucitados el Día de la Resurrección, recordad que os creamos primero de tierra; después, de una gota de semen; después, de un coágulo; después, de un trozo de carne, formado o incompleto. Así os mostramos Nuestro poder. Y dejamos en el vientre materno a quien queremos por un plazo determinado, es decir, hasta el momento del parto. Después os sacamos del vientre materno al mundo exterior en la infancia, para que podáis llegar a la edad adulta. Entre vosotros hay quienes mueren antes de alcanzar la madurez, y hay quienes viven largos años hasta llegar a la vejez. El resultado es que, después de haber adquirido conocimiento sobre algo, volvéis a olvidarlo. Y otra cosa: ves la tierra seca y estéril; pero cuando hacemos que la lluvia caiga sobre ella, se vuelve fértil y viva, y produce toda clase de hermosos cultivos». (Sura Al-Hajj: 5)

Los acontecimientos mencionados son verdades reales que se observan constantemente. Nadie tiene forma de negarlos. Aunque quienes niegan la vida futura creen que estos hechos son verdaderos, dicen que la vida futura es irreal. Esto no es más que una negación obstinada; de lo contrario, no hay ningún argumento detrás de ella.

Allah, el Altísimo, ha llamado la atención del ser humano sobre el misterio de su nacimiento para disipar sus ilusiones:

(Árabe ***********************************************)

«¿Habéis reparado alguna vez en el semen que eyaculáis en el útero de las mujeres? ¿Sois vosotros quienes origináis a partir de él un hijo, o soy Yo? He distribuido entre vosotros la muerte. Y no soy incapaz de haceros nacer cambiando vuestra forma por otra forma que desconocéis. Ya conocéis la primera creación. ¿Por qué, entonces, no aprendéis?»

—(Sura Al-Waqi’a, 56:58-62)

Allah, el Altísimo, ha planteado ante la humanidad una cuestión sumamente importante en Su breve discurso. Si el ser humano deja de lado todas las discusiones y reflexiona únicamente sobre el misterio de su nacimiento, todo se volverá claro para él. Después de ello, no quedará en su mente ningún lugar para la duda acerca de la existencia y la unicidad de Dios ni acerca de la vida futura,

Allah, el Altísimo, pregunta: después de que el semen del hombre y de la mujer se une, ¿acaso surge de él un hijo por sí solo? ¿Es el ser humano quien realiza la tarea de engendrar, o algún otro poder? ¿Qué capacidad tienen el hombre y la mujer para que, con solo unirse sus fluidos seminales, den a luz un hijo?

Toda persona de mente sana y conciencia recta responderá: «No, no, no; todo esto está más allá de la capacidad humana». Observad la evolución gradual del semen combinado del hombre y la mujer desde que entra en el óvulo de la esposa hasta antes del nacimiento.

Después de que los minúsculos espermatozoides y óvulos del hombre y la mujer se unen, se forma una célula y, a partir de ella, un coágulo de sangre. Al cabo de algún tiempo, el coágulo desarrollado se transforma en la forma de un pequeño ser humano. Esa forma es incomparable, única. No se parece a ninguna otra. Puede ser hermosa o fea. Puede tener todos sus órganos y miembros, o estar discapacitada. Luego, dotarla de extraordinario talento, conocimiento e inteligencia, una memoria prodigiosa y una capacidad ilimitada de invención, o hacer lo contrario: ¿es obra de algún artista humano? No. ¿Es obra de algún dios o diosa, de algún demonio o monstruo, aparte de Dios?

El suministro de alimento, mediante diversos medios, para el cuerpo creciente del niño humano durante el embarazo, y la disposición anticipada de todo lo necesario para criarlo, incluso antes de su nacimiento en este mundo —alimento, bebida, refugio adecuado y un entorno rodeado de afecto, ternura y cariño genuinos—, todo ello está sujeto al plan del mismo Artista. ¿Quién puede ser ese Artista omnipotente y único, Creador, Sustentador y Señor del universo, sino Allah?

Alguien podría decir que todo esto es obra de la naturaleza. Pero ¿qué se entiende por «naturaleza»? Personas como ellos califican toda creación como una acción y reacción posterior a un accidente. Pero ¿tiene la «naturaleza» conocimiento propio, planificación, un diseño particular para cada creación, voluntad y poder de actuar, o autoridad para hacer algo? Aquello que usted quiere llamar «naturaleza» también está completamente bajo el control del Creador del universo. La luz, el aire, las nubes del cielo, la lluvia, el nacimiento de la vegetación como consecuencia de la lluvia, el hermoso verdor de los alrededores, los arroyos que fluyen con su murmullo y el canto de los pájaros en los bosquecillos: todo está controlado por la hábil mano de la misma Gran Potencia.

Además, Allah dice que ha distribuido la muerte entre nosotros; es decir, todos somos mortales y la duración de la vida no es igual para todos. Algunos abandonan este mundo apenas nacen; otros viven más de cien años. La muerte llega inesperadamente a la puerta del ser humano en cualquier momento. Allah ha determinado el momento y la hora de su llegada. No puede adelantarse ni retrasarse ni un solo instante. Pero, cuando llega la muerte, nadie puede retener a nadie. ¿Acaso alguien pudo retener, pese a cientos de esfuerzos, al emperador más poderoso del mundo, en cuyo imperio no se ponía el sol? Así, cuántos hijos dejan a sus padres sumidos en un mar de dolor; cuántos amantes hacen arder a sus amadas en el fuego de una separación eterna; cuántos padres abandonan a sus pequeños hijos, huérfanos e indefensos, y se marchan al otro lado de la muerte, sin que nadie pueda hacer nada al respecto. La ciencia se enorgullece de sus nuevos y asombrosos descubrimientos. Pero ¿ha podido alguien descubrir hasta hoy una medicina contra la muerte? ¿Ha podido alguien descubrir algún antídoto contra ella? La vida y la muerte están atadas a la cadena de leyes y principios firmes e inmutables. Están bajo el control de una mano tan poderosa que no hay forma de apartarse de ella. El único dueño de ese poder es Allah. Él es el dueño de la vida y de la muerte; es el Señor y dueño de este mundo, y también del Más Allá.

En el versículo del Sagrado Corán que nos ocupa, Allah también ha declarado que no solo es capaz de crear a la humanidad mediante un mismo método fijo y establecido. También es capaz de crearla de otras formas y con otras configuraciones que escapan al conocimiento humano. Creó de una manera al primer ser humano, Adán (la paz sea con él). Creó a Jesús (la paz sea con él) de forma excepcional a la regla ordinaria del nacimiento. Para volver a crear a un muerto, no será necesario colocar un espermatozoide en el óvulo de ninguna mujer. Él es completamente capaz de devolverle la vida exactamente con la misma constitución y el mismo desarrollo corporal con los que murió. Por tanto, ¿qué puede ser sino necedad negar el Más Allá albergando ideas erróneas sobre el poder y el conocimiento infinitos de Allah, dueño de una creación tan misteriosa y de una maestría creadora tan extraordinaria?

Allah también dice: «En la vida de este mundo os han sido concedidas de una determinada manera la vista, el oído y los demás sentidos. En el Más Allá también soy capaz de cambiarlos y hacerlos de otra forma. Ese día veréis y oiréis cosas que ahora no podéis ver ni oír. Hoy vuestra piel, manos, pies, ojos y demás órganos no tienen capacidad de hablar; la capacidad de hablar que tiene vuestra lengua os la he dado Yo. Del mismo modo, en el Más Allá también soy capaz de otorgar capacidad de hablar a cada uno de vuestros órganos y miembros. En este mundo os he concedido una vida determinada, cuya excepción nunca ha ocurrido ni ocurrirá. Pero en el Más Allá cambiaré esta ley Mía y os concederé una vida eterna e inagotable. Hoy hay un límite para el sufrimiento que podéis soportar; si lo superáis, ya no podéis seguir con vida. El nacimiento y la muerte aquí están sometidos a Mi ley inexorable. En el Más Allá cambiaré esta ley y os concederé una vida en la que permaneceréis vivos eternamente, aun sufriendo el castigo más severo durante toda la eternidad. Está más allá de vuestra imaginación que un anciano vuelva alguna vez a alcanzar la juventud. El ser humano estará completamente libre de enfermedades y la vejez no tocará a nadie. Todo lo que ocurre aquí —la sucesiva llegada de la infancia, la juventud y la vejez, el ataque de las enfermedades y la recuperación— está sujeto a Mis leyes inmutables. En el Más Allá estableceré un nuevo sistema de leyes para vuestra vida. En cuanto entre en el Paraíso, el afortunado alcanzará la juventud eterna. Entonces, ni habrá posibilidad de que el sol de su juventud se incline hacia el ocaso en el horizonte de su vida, ni podrá afectarle jamás enfermedad alguna, por leve que sea».

Finalmente, Allah dice: «Ciertamente sabéis que nacisteis mediante un método misterioso y sobrenatural. Cómo una gota de semen fue trasladada desde el órgano seminal del padre hasta el vientre de la madre, convirtiéndose en la causa de vuestro nacimiento. Cómo fuisteis criados en la oscuridad del vientre materno y enviados a este mundo como seres humanos vivos. Cómo, mediante el desarrollo y crecimiento progresivos de un minúsculo espermatozoide, se dispusieron armoniosamente en él una mente como esta, un cerebro, manos y pies, nariz, oídos y ojos. Cómo se le concedieron conciencia, capacidad de sentir, inteligencia, diversas artes y técnicas, y una extraordinaria capacidad de invención. ¿Es en algún aspecto menor que resucitar a los muertos el milagro incomparable que se manifiesta en todo esto? Este acontecimiento milagroso lo contempláis con vuestros propios ojos cientos de veces, día y noche. ¿Por qué, entonces, seguís negando el Más Allá?»

(Árabe************************************)

El incrédulo en la otra vida dice: «¿Quién podrá devolverles la vida después de que, tras la muerte, sus huesos y su carne se hayan desintegrado?». (Oh, Profeta), dile: «Aquel que los creó en un principio les devolverá la vida. Él posee plena maestría en el arte de la creación. Él es quien ha creado para vosotros el fuego a partir de los verdes árboles, y con él encendéis vuestros hornos. Quien creó los cielos y la tierra, ¿acaso no es capaz de crear algo semejante? Ciertamente, sí puede. Él es sumamente hábil en el perfecto arte de la creación. Cuando decide hacer algo, solo le ordena: “¡Sé!”, y entonces es».

—(Sura Ya-Sin: 78-82)

¿Qué argumento podría ser mayor que este acerca de la resurrección? Tomemos, por ejemplo, el caso de un fabricante de relojes que produce cientos de relojes. Si alguien destruyera un reloj ante sus ojos y dijera que ese reloj ya no podrá fabricarse de nuevo bajo ninguna circunstancia, todos reconocerían su necedad. Aquel cuyo oficio es fabricar continuamente relojes nuevos, sin duda podrá hacer otro reloj idéntico reuniendo las piezas dispersas de un reloj roto; no hay duda de ello. Pensar que el Creador y Artista Todopoderoso, que creó al ser humano por primera vez a partir de diversos elementos y mediante métodos extraordinarios, no podrá hacerlo de nuevo, es una idea extraña y ridícula. En la creación de un ser humano completo actúa un proceso gradual: primero, una célula en el vientre de la mujer; después, un coágulo de sangre; luego, una masa de carne; y finalmente, un ser humano completo. Detrás de este proceso gradual solo actúa la voluntad del gran Creador, Allah Taala. Aunque la creación humana se lleve a cabo mediante un procedimiento gradual semejante, cualquier cosa puede llegar a existir apenas se pronuncia la orden de Allah. Él también posee ese poder. Por tanto, para que el ser humano resucite después de la muerte no será necesario que atraviese las distintas etapas del vientre materno, y esa tampoco es la voluntad de Allah. Solo se necesitan Su voluntad y Su mandato. Por Su voluntad y Su mandato, las moléculas y los átomos deteriorados del cuerpo humano se unirán y, en un instante, un ser humano completo de carne, sangre, huesos y piel cobrará existencia en estado viviente. Es algo sumamente sencillo y comprensible.

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El argumento histórico sobre la otra vida

El Sapientísimo Allah Taala, al describir la otra vida, por un lado ha invitado a las personas a reflexionar e investigar sobre el extraordinario arte de la creación y, por otro, ha puesto como testigos de la certeza de la otra vida los acontecimientos del pasado.

(Árabe **************************************)

«Juro por el monte Tur. Juro por el Libro Sagrado manifiesto, escrito en una suave membrana de piel. Y juro por la Casa Frecuentada, por el cielo elevado y por el mar agitado y ondulante. El castigo de tu Señor se cumplirá ciertamente; nadie podrá impedirlo».—(Sura At-Tur: 1-8)

En el versículo en cuestión, por castigo se entiende el Más Allá. Pues el Más Allá traerá para sus incrédulos un castigo sumamente terrible y doloroso. Para hacer que las personas crean que el Más Allá es una verdad inevitable, Allah Ta‘ala ha jurado por cinco cosas. Es decir, estas cinco cosas dan testimonio de la veracidad del Más Allá.

En primer lugar, consideremos el monte Tur: es una montaña histórica y sagrada sobre la cual Allah Ta‘ala habló con Hazrat Musa (a. s.) y lo honró con la corona de la profecía. En este lugar también se tomó la decisión sobre la caída de una nación sumamente poderosa y el cambio del destino de otra nación oprimida y subyugada. Esta decisión no se tomó conforme a la ley del mundo basada en el número y la fuerza (Physical law), sino de acuerdo con la ley moral (Moral law) y la ley del castigo por las malas acciones (law of Retribution). Por ello, el monte Tur ha sido presentado como una señal de la prueba histórica de la veracidad del Más Allá.

En aquella grandiosa noche, sobre el monte Tur, se tomó la decisión de cómo Faraón, embriagado de poder y pretendiendo ser dios sobre los hombres, señor de un vasto territorio, se hundiría junto con su ejército y sus dignatarios en las profundidades del mar Rojo. También se tomó la decisión de liberar para siempre de las cadenas de la esclavitud a los desarmados, inocentes, perseguidos y subyugados Bani Israel.

El Señor Allah Ta‘ala, Dueño del universo, exige un juicio moral para los seres humanos dotados de conocimiento y conciencia, voluntad libre y capacidad de actuar; el acontecimiento mencionado permanece y permanecerá para siempre en la historia humana como un ejemplo resplandeciente de ello. Para cumplir esta exigencia de Allah Ta‘ala, es absolutamente necesario un Día del Juicio en el que toda la humanidad del mundo sea reunida y juzgada con minuciosidad. Y es razonable que esto ocurra después del fin de la vida humana. En ese Día del Juicio nadie escapará, ni siquiera por la más leve injusticia o iniquidad.

En el versículo en cuestión, por Libro Sagrado se entiende el conjunto de los libros revelados a los profetas anteriores, a saber: la Torá, el Evangelio, los Salmos y los demás libros celestiales. Estos libros todavía se conservaban entonces entre muchas personas. Por medio de ellos, los demás profetas expusieron sobre el Más Allá la misma doctrina que el último profeta, Muhammad Mustafa (s. a. s.), presentó ante los furaishíes. Todos los profetas dijeron que un día toda la humanidad sería reunida ante Dios y que entonces cada persona tendría que responder por sus propias obras. A ningún profeta le fue revelado un libro que no mencionara el Más Allá o en el que se dijera que después de la muerte no existe tal cosa como el Más Allá.

Después, Allah Ta‘ala juró por la Bayt al-Ma‘mur. En cada cielo* y en el Paraíso hay una Casa Sagrada, hacia la cual los ángeles y los habitantes del cielo se orientan para adorar y rendir culto a Allah. La Sagrada Kaaba de La Meca es llamada la Bayt al-Ma‘mur terrenal, porque esta Casa fue construida, primero por los ángeles y después por Hazrat Ibrahim (a. s.), como imitación de la ‘Bayt al-Ma‘mur’ del Paraíso.

La Sagrada Kaaba lleva el testimonio manifiesto de varias verdades. Que los profetas de Allah son verdaderos, y que Su sabiduría eterna y Su poder infinito rodean esta Casa Sagrada, es tan claro como la luz del día.

Aproximadamente dos mil quinientos años antes de la revelación de este versículo sagrado —según otra opinión, cuatro mil años antes—, un hombre se marchaba después de haber dejado en un desierto deshabitado, rodeado de montañas y sin agua, a su amada esposa y a su único hijo lactante. Tiempo después, aquel mismo hombre construyó allí una Casa para adorar a Allah y proclamó con voz elevada: «Oh, humanidad, venid, contemplad esta Casa Sagrada y cumplid el Hayy».

Su llamamiento poseía una fuerza magnética tal y conquistó de tal modo el corazón y la mente de la gente que la Casa se convirtió en el centro de atracción de toda Arabia. Aquel gran convocador no era otro que el glorioso profeta Hazrat Ibrahim Jalilulá (a. s.). A su llamado, innumerables personas acudieron desde cada ciudad, aldea y región de Arabia para visitar aquella Casa, llenando los alrededores con sus voces: «Labbayka Allahumma labbayk» («Aquí estamos, aquí estamos, oh Allah, aquí estamos»). Porque era la Casa de Allah.

Desde su construcción y durante miles de años, hasta la revelación del versículo mencionado, la Casa ha permanecido —y aún permanece— como un refugio de paz y seguridad.

En aquella época, por toda Arabia, de país en país, de nación en nación y de persona en persona, se libraban sangrientas matanzas. Sin embargo, al acercarse a esta Casa sagrada, incluso el puño de los indomables y sedientos de sangre se debilitaba. Nadie se atrevió jamás a levantar la mano dentro de sus cuatro límites. Gracias a esta Casa, los árabes pudieron disfrutar de cuatro meses sagrados durante los cuales reinaban en todas partes la paz y la plena seguridad de las vidas, los bienes y el honor. En ese tiempo se desplazaban libremente y sin temor llevando sus mercancías para comerciar. Y su comercio prosperaba como un campo de cultivo en crecimiento.

Tal era la extraordinaria majestad de esta Casa sagrada que ningún conquistador poderoso se atrevió siquiera a dirigir hacia ella una mirada codiciosa. Apenas cuarenta y cinco años antes de la revelación de esta palabra sagrada, un gobernante imprudente y engreído por su poder emprendió una expedición con el propósito de reducirla a polvo. En aquel entonces, toda Arabia carecía de fuerza para detenerlo. Pero, lejos de tocar la Casa, fue completamente destruido, junto con su enorme ejército, antes incluso de llegar a sus límites. Sus huesos y su carne quedaron hechos pedazos de una manera milagrosa. Cuando se mencionó este acontecimiento, todavía vivían muchas personas que lo habían presenciado con sus propios ojos.

¿Acaso todo esto no constituye una prueba real de que los profetas de Allah no hablan de cosas imaginarias? Sus ojos ven cosas que no son visibles para los demás. De sus labios se pronuncian verdades y hechos cuya comprensión está fuera de la capacidad de otros. Dicen y hacen cosas por las que muchos de sus contemporáneos los llaman locos. Sin embargo, después de transcurridos siglos, la gente elogia con entusiasmo su sabiduría y previsión. Cuando estos grandes hombres, en cada época, han repetido la misma verdad —que el Más Allá habrá de llegar—, ¿qué puede decirse de quien no cree en ella sino que actúa con obstinación?

Después, Allah Taala presentó como testigo del Más Allá el elevado cielo, signo de la extraordinaria maestría de Su creación. Incluso en la era del máximo desarrollo científico, los científicos no han podido alcanzar un conocimiento completo del cielo. Aún está fuera de su conocimiento cuán vasta y enorme es su extensión, y dónde comienzan y terminan sus límites. ¿Es ese espacio infinito que vemos sobre nuestras cabezas, en el que circulan la Luna, el Sol, los planetas y las estrellas, situados a millones y millones de millas unos de otros, el cielo mismo, o comienza el cielo más allá de su límite final? Es difícil decirlo con exactitud. La luz viaja a una velocidad de ciento ochenta y seis mil millas por segundo, pero la luz de muchas estrellas aún no ha llegado a la Tierra desde que emprendió su viaje a esa velocidad. Todavía no ha sido posible medir la distancia desde la Tierra hasta el lugar donde se encuentran esas estrellas.

Para los científicos, no cabe duda de que el cielo es una maravilla inmensa. Según ellos, nuestro sistema solar se encuentra en una parte de una de las regiones del cielo llamada galaxia (Vía Láctea). En esta sola galaxia existen la Luna, el Sol, los planetas y las estrellas. Los últimos estudios y observaciones de los científicos han detectado la existencia de al menos un millón de galaxias. Entre estas innumerables galaxias, la más cercana a nosotros tarda un millón de años en hacer llegar su luz a la Tierra. Y, sin embargo, esa luz viaja a una velocidad de ciento ochenta y seis mil millas por segundo.

El volumen de esa diminuta parte del universo superior cuyo conocimiento nos ha proporcionado hasta ahora la ciencia es ya enorme y vastísimo. Está más allá de nuestra imaginación cuán inmensos son el poder y el conocimiento de Aquel que creó todo esto. En este asunto, el conocimiento humano es menor que una gota de agua comparada con un océano. Ahora bien, si el ser humano más insignificante hace un comentario sobre Allah, quien dio existencia a este extraordinario reino de la creación, afirmando que no puede conceder la resurrección después de la muerte o crear un mundo nuevo después del cataclismo y la destrucción, habrá que decir que en el reino de sus pensamientos se ha producido necesariamente algún desorden.

Ahora bien, observe qué maravillosamente asombrosa es la presencia de los mares agitados y ondulantes sobre la faz de la Tierra. Tres cuartas partes de la Tierra son agua y una cuarta parte es tierra. Eso dice la geografía. Con su infinita masa de agua marina y el enorme peso de sus tierras, la Tierra gira constantemente en el vacío como una peonza. Al reflexionar en ello, hasta la cabeza del ser humano da vueltas.

Si alguien estudia y reflexiona profundamente sobre el mar con una mirada clara e imparcial, su corazón dará testimonio de que la acumulación de una masa infinita de agua sobre la Tierra es una obra de creación que nunca pudo ser resultado de un accidente repentino. Además, están vinculadas a ella innumerables sabidurías, de modo que un sistema tan perfecto, hermoso, sabio y armonioso no pudo surgir espontáneamente de ninguna manera sin un Creador y Gobernante.

En las profundidades del mar han sido creados innumerables seres vivos. Sus formas y estructuras son diversas. Cada uno ha sido creado exactamente de acuerdo con la profundidad que se le ha destinado como morada. El agua del mar ha sido hecha salada. Por ello, aunque cada día mueran innumerables seres en sus profundidades, sus cadáveres no se pudren ni se descomponen hasta contaminar el agua del mar. El aumento y la disminución de la masa de agua han sido limitados y regulados de tal manera que nunca se infiltra en el subsuelo desde el fondo del mar hasta agotarse, ni se desborda violentamente hasta inundar toda la tierra firme. Durante millones y millones de años, sus variaciones han permanecido limitadas dentro de los límites establecidos. Y estas variaciones también ocurren por orden del Creador.

Por efecto del calor del sol, el agua del mar se convierte en vapor y asciende. De ella se forman las nubes. Impulsadas por el viento, las nubes riegan diversas regiones de la tierra firme. Como resultado de la lluvia se produce todo lo necesario para la subsistencia no solo de los seres humanos, sino también de los animales terrestres.

Los seres humanos también extraen del fondo del mar abundantes alimentos. Recolectan perlas preciosas, coral, diamantes y joyas. Los barcos surcan su seno de un país a otro. Se llevan a cabo libremente actividades comerciales. Las personas viajan de un lugar a otro. Esta profunda, estrecha y beneficiosa relación entre la tierra firme y la humanidad solo es posible mediante la armoniosa administración de una mano sumamente hábil. De ninguna manera se trata de un sistema regido por una mera sucesión fortuita de acontecimientos.

A la luz del análisis anterior, ¿no habrá que aceptar como una verdad innegable que un Dios único y todopoderoso creó el mar con semejante grandeza, junto con innumerables otros bienes necesarios, para el establecimiento y la subsistencia de la humanidad?

Si es así, entonces solo una persona ignorante puede decir que Dios hará surgir nubes del mar para sostener su vida y convertirá su tierra en un lugar abundante en agua, fértil y cubierto de cultivos. Pero que jamás le preguntará si, viviendo únicamente por Su gracia, le ha dado las gracias o ha sido desobediente. Alá le ha dado la fuerza, el conocimiento y la inteligencia para navegar por el mar agitado, manteniéndolo bajo control y obediente. Pero jamás le preguntará si condujo esa embarcación por el camino de la justicia y la verdad o para saquear los bienes y las riquezas ajenos. ¿Sería erróneo llamar extraviados en su pensamiento a quienes sostienen ideas y expresan afirmaciones de este tipo?

El mar infinito y misterioso es apenas una muestra del poder ilimitado de ese Dios todopoderoso, que ha almacenado una masa infinita de agua sobre la superficie de la Tierra, que gira en el vacío; que ha disuelto una inagotable riqueza de sal y la ha mezclado en las profundidades del mar; que ha creado en él innumerables seres vivos y les ha proporcionado alimento; que cada año extrae de él miles de millones de galones de agua para regar miles de millones de acres de tierra seca. Y, después de crear una vez a la humanidad, ¿habría quedado tan impotente que ya no sería capaz de crearla nuevamente? Si alguien dijera semejantes disparates y palabras absurdas, probablemente usted diría que sin duda ha perdido el equilibrio mental.

En el Sagrado Corán, Allah Todopoderoso ha presentado innumerables argumentos irrefutables acerca de la inevitabilidad del Más Allá. Después de todo esto, no puede quedar lugar para ninguna duda respecto al Más Allá.

El mundo es el campo de prueba del ser humano

“(Árabe *********************************)

Él es quien ha dado la muerte y la vida para probaros y ver quién de vosotros es mejor en obras.” (Sura Al-Mulk: 2)

Que el mundo es el campo de prueba del ser humano también se ha dicho en varios otros lugares del Corán. El ser humano continúa realizando la prueba hasta el instante previo a la muerte. Con la muerte, su prueba termina de inmediato. La prueba ciertamente terminó, pero su resultado no llegó a conocerse en absoluto. Y una prueba carece de sentido sin el anuncio de sus resultados. La prueba existe precisamente para saber quién es el mejor en cuanto a sus obras. Quien realizó la prueba murió. No se supo si tuvo éxito o fracasó en ella. Ahora bien, puesto que murió antes de que se diera a conocer el resultado, después de la muerte es absolutamente necesario que exista otra vida para conocerlo. Esa es la vida del Más Allá.

Entonces, la conclusión es que el resultado de la prueba que el ser humano realizó durante toda su vida será anunciado después de la muerte. Para ello, cada persona será resucitada en un mundo nuevo y llevada ante la presencia de Allah Todopoderoso. A ese lugar se le llama el campo del Juicio. Desde esa presencia se anunciará el éxito o el fracaso de la prueba de cada ser humano. A los triunfadores se les ordenará entrar en el Paraíso, y a los fracasados, en el Infierno.

Aunque el anuncio definitivo de lo bueno y lo malo se hará en el tribunal del Más Allá, en el momento de la muerte cada persona comprenderá cuál será su lugar. Lo comprenderá por el comportamiento de los ángeles en el momento de su muerte. Este tema se tratará en el lugar correspondiente.

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Alam-e Barzakh

Surge una pregunta en la mente: ¿adónde va inmediatamente el alma humana después de la muerte y dónde permanece? Después del ajuste de cuentas el Día de la Resurrección, uno de los dos —el Paraíso o el Infierno— será su morada permanente. Pero, durante el largo período que precede a la Resurrección, ¿dónde permanecerá el alma?

La respuesta también se encuentra en el Sagrado Corán. Aunque el período inmediatamente posterior a la muerte se considera parte de la vida futura, al período comprendido entre la muerte y el Día del Juicio se le ha dado un nombre particular, que en la terminología islámica se denomina Alam-e Barzakh.

La palabra «barzakh» significa: velo o cortina. Alam-e Barzakh significa un mundo invisible cubierto por un velo. O bien, el invisible Alam-e Barzakh actúa como un enorme velo entre este mundo material y la vida futura.

Allah dice:

(Árabe *********************************)

«Y detrás de ellos hay un barzakh hasta el día en que sean resucitados y levantados de nuevo». (Sura Al-Mu’minun: 100)

En el islam se presenta el concepto de cuatro tipos de mundos. Primero, Alam-e Arwah: el mundo espiritual. Segundo, Alam-e Ajsam: el mundo corpóreo o material (el mundo actual). Tercero, Alam-e Barzakh: el mundo invisible cubierto por un velo que sigue a la muerte. Cuarto, Alam-e Ajirah: la vida futura, o el mundo eterno posterior a la resurrección.

En algún momento, después de la creación del primer ser humano, el profeta Adán (la paz sea con él), todas las almas de la humanidad cobraron existencia por el mero mandato de Allah. Su morada temporal es ese Alam al-Arwah, o mundo espiritual.

Allah se dirigió en cierta ocasión colectivamente a estas almas (los hijos de Adán, incorpóreos o dotados de un cuerpo sutil) y les dijo:

(Árabe ************************)

«¿Acaso no soy vuestro Creador y Señor, vuestro Sustentador?» Todas las almas respondieron al unísono: «Ciertamente, Tú eres nuestro único Creador y Sustentador».

De este modo, Allah obtuvo de todas las almas creadas para este mundo, es decir, de los seres humanos, el reconocimiento de Su servidumbre y obediencia. Pues reconocerlo como Señor constituye el reconocimiento de la servidumbre y la obediencia. El lugar donde estas almas permanecían antes de venir al mundo y donde aún permanecen es el Alam al-Arwah, el mundo en el que habitan las almas.

Después, cuando comenzó el momento de la llegada de los seres humanos a este mundo, las almas fueron trasladándose una a una desde aquel sutil mundo espiritual a este mundo material. Una vez que se hubo formado por completo la figura del hijo en el vientre materno, por mandato de Allah Ta‘ala, el alma determinada, es decir, el ser humano incorpóreo, entra desde el mundo espiritual en la forma humana que se encuentra en el vientre materno. Después nace en el momento señalado y llega al mundo.

Después de la muerte, el alma vuelve a trasladarse del mundo material al Alam al-Barzakh. El alma simplemente abandona el cuerpo. No muere.

La parte específica del Alam al-Barzakh en la que permanece el alma recibe el nombre de «qabr» (tumba). Sin embargo, no todas las tumbas serán iguales. Para algunos, la tumba será como la casa de huéspedes de Allah Ta‘ala. Para otros, será como la estrecha celda de una prisión destinada a los delincuentes.

Durante el período establecido, es decir, hasta el momento inmediatamente anterior a la Resurrección, las almas de las personas fallecidas permanecerán aquí.

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Descripción de la tumba

En el contexto de la descripción de la vida posterior a la muerte, el Sagrado Corán y los hadices han descrito las tumbas. En la era preislámica, los politeístas árabes y los judíos y cristianos, sin excepción, enterraban los cadáveres de todos.

Desde una perspectiva material y externa, una tumba no es más que una cavidad en la tierra en la que se entierra el cadáver. La tierra devora ese cadáver. Pero la verdadera tumba es algo perteneciente a un mundo sutil e invisible, más allá de nuestro conocimiento, razón e imaginación. Como se ha dicho anteriormente, la tumba es una parte del Alam al-Barzaj.

La realidad es que, tras la muerte, ya sea que una persona sea enterrada, reducida a cenizas en una pira, devorada por bestias salvajes o sumergida en el agua y convertida en alimento de animales acuáticos, el lugar donde se deposite su alma separada del cuerpo es su tumba. Al sonido del tercer toque de trompeta de Hazrat Israfil (la paz sea con él), todos recobrarán la vida, se levantarán de las tumbas y se apresurarán hacia el campo del Juicio.

Faraón se hundió junto con su ejército en las profundidades del Mar Rojo. Quizá el enorme ejército se convirtió en alimento de los animales acuáticos. O, después de que los cadáveres flotantes de muchos de ellos llegaran a la orilla, se convirtieron en alimento de chacales, perros y buitres. El cadáver de Faraón se conserva desde hace miles de años en el museo de Egipto, y cualquiera que lo desee todavía puede verlo con sus propios ojos. Pero las almas de todos ellos permanecen en sus propias tumbas. Su castigo continúa allí.

(Árabe ****************************************)

«Alá salvó al creyente de entre el pueblo del Faraón de las consecuencias funestas de sus maquinaciones, y el pueblo del Faraón quedó rodeado por un severo castigo después de su muerte. (Ese es el castigo del fuego del Yahannam). Luego, cuando tenga lugar la Resurrección, se ordenará: “Arrojad al Faraón y a su pueblo a un castigo aún más severo”». (Sura al-Mu’min: 45-46)

La aleya anterior constituye una prueba auténtica del severo castigo que los pecadores sufrirán en el mundo del Barzaj. También se han narrado muchos hadices bajo el título «el castigo de la tumba». En esta aleya, Alá el Altísimo menciona claramente dos etapas del castigo. Un castigo relativamente más leve de la primera etapa se está infligiendo al Faraón y a su pueblo antes de la Resurrección: son presentados ante el fuego del Yahannam mañana y tarde, para que se apodere de ellos el terror de que, finalmente, un día serán arrojados a ese fuego del Yahannam. Después, cuando tenga lugar la Resurrección, en la segunda etapa recibirán el enorme castigo que les ha sido destinado. Es decir, serán arrojados a ese Yahannam cuya espantosa visión se les muestra desde que se ahogaron en el mar.

Esto no está destinado únicamente al Faraón y a sus seguidores. Más bien, a todo pecador, desde el instante de su muerte hasta la Resurrección, se le mostrará ante sus ojos el terrible destino que finalmente tendrá que sufrir. Por otra parte, a los siervos virtuosos de Alá se les seguirá mostrando la hermosa y encantadora morada que Alá ha preparado para ellos. Se narra en Bujari, Muslim y el Musnad de Ahmad, según Hadrat Abdullah ibn Umar (que Alá esté complacido con él):

(Árabe **************************************)

«A cualquiera de vosotros que muera se le muestra mañana y tarde su morada final. Si es de los moradores del Paraíso o de los moradores del Infierno, se le dice: “Esta es la morada en la que entrarás cuando Alá te devuelva a la vida por segunda vez el Día de la Resurrección y te presente ante Él”».

El Noble Corán ha declarado claramente el castigo de los pecadores y la felicidad y tranquilidad de los siervos virtuosos inmediatamente después de la muerte, en la tumba o en el mundo del Barzaj:

(Árabe *****************************************)

«Si pudierais ver la situación cuando los ángeles toman las almas de los incrédulos, golpean sus rostros y sus costados, y les dicen: “¡Probad ahora el castigo de arder en el fuego!”»

-(Sura Al-Anfal: 50)

(Árabe *******************************************)

«Cuando los ángeles toman las almas de aquellos temerosos de Dios en un estado de pureza y santidad, les dicen: “La paz sea con vosotros. Entrad en el Paraíso por las buenas obras que habéis realizado.”»

-(Sura An-Nahl: 32)

En los dos versículos citados se anuncia a los pecadores y a los virtuosos, inmediatamente después de su muerte —es decir, en el Alam al-Barzaj o en la tumba—, respectivamente, su entrada en el Infierno y en el Paraíso. Antes de entrar en el Infierno o en el Paraíso, después del juicio del Día de la Resurrección, los pecadores pasarán el tiempo en el castigo del Alam al-Barzaj, mientras que los siervos piadosos vivirán en la más absoluta paz. Por ello, estos dos versículos constituyen una prueba manifiesta del castigo de los pecadores en la tumba y de la dicha y la paz de los virtuosos.

Se dice en los hadices que, para algunos, la tumba es como un jardín del Paraíso y, para otros, como un foso del Infierno. El castigo de quienes llevan una vida pecaminosa comienza desde el momento de la muerte. Son confinados en un espacio estrecho y castigados de diversas maneras. El aire abrasador y las llamas del Infierno los alcanzan. Varias serpientes venenosas y escorpiones los siguen mordiendo día y noche. El Sagrado Corán dice:

(Árabe ***************************************)

«Si pudierais ver la situación cuando los ángeles estaban tomando las almas de los incrédulos (muertos en la guerra). Los golpeaban repetidamente en el rostro y en la parte inferior del cuerpo, diciéndoles: “¡Sufrid ahora el tormento de arder en el fuego!”» -(Sura An-Nahl: 28)

(Árabe ****************************************)

«Aquellos (incrédulos) que, después de haber obrado injustamente contra sí mismos, son apresados por los ángeles (mediante la toma de sus vidas), abandonan su obstinación, se someten y dicen: “No estábamos cometiendo ningún delito”. Los ángeles responden: “Sí, es cierto. Allah conoce perfectamente lo que hacíais. Entrad ahora por las puertas del Infierno. Allí permaneceréis eternamente”. Por tanto, la verdad es que los soberbios y arrogantes tendrán una morada sumamente desagradable».—(Sura An-Nahl: 28)

(Árabe ******************************************)

«¿Cuál será entonces su situación, cuando los ángeles se apoderen de sus almas y golpeen sus rostros y sus espaldas? Esto ocurrirá porque siguieron un camino y un método que desagradaban a Allah, y no quisieron adoptar el camino que Le complacía. Por ello, Él hizo vanas todas sus obras».—(Sura Muhammad: 27-28)

Después de la muerte, las almas de los pecadores serán depositadas en determinados lugares estrechos del mundo de Al-Barzaj, y allí serán castigadas de diversas maneras. En Al-Barzaj no habrá cuerpo; solo estarán el ruh o el alma, que conservará plena percepción del placer y del sufrimiento. La situación de los pecadores será como la de acusados encarcelados.

Por otro lado, la situación de quienes temen a Allah y son virtuosos será completamente opuesta. En cierto sentido, serán huéspedes de Allah, el Altísimo, y su morada será muchas veces más confortable.

En ella habrá diversos bienes que proporcionarán felicidad y paz. Por eso se ha dicho que será como un jardín del Paraíso.

Al creyente y al muttaquí se les anunciarán buenas nuevas sobre el momento y el lugar de su muerte.

(Árabe ***************************************)

“A quienes dijeron: «Allah es nuestro Señor» y después permanecieron firmes en ello, los ángeles descenderán ciertamente sobre ellos y les dirán: «No temáis ni os aflijáis; alegraos con la buena nueva del Paraíso que se os había prometido».” (Sura Hámim as-Sayda: 30)

(Árabe ***************************************)

“¡Desgracia para esos incrédulos que obran injustamente contra sí mismos! Cuando los ángeles se apoderan de sus almas y los apresan, se someten de inmediato y dicen: «No hemos cometido ningún pecado». Los ángeles responderán: «¿Cómo que no habéis cometido ningún pecado? Allah conoce perfectamente todas vuestras acciones».” (Sura an-Nahl: 28)

El Profeta (la paz y las bendiciones sean con él) dijo:

(Árabe *************************************)

El Profeta (la paz y las bendiciones sean con él) dijo que Allah dice: “He preparado para Mis siervos virtuosos en la tumba cosas que ningún ojo ha visto jamás, ningún oído ha escuchado y que ni siquiera la imaginación humana puede concebir”.

En el Corán se dice acerca del castigo de los pecadores en la tumba:

(Árabe *****************************************)

«La abundancia y la rivalidad por las riquezas y los hijos os mantienen orgullosos de vuestro poder, y por ello olvidáis a Dios. Después, de repente, llega un momento en que morís y comparecéis en la tumba. ¿Acaso habéis pensado que después de eso no hay nada más? No lo penséis jamás. Pronto conoceréis la verdadera realidad. Si hubierais conocido con certeza la situación de aquel momento, se habría disipado vuestro error. Después de llegar a la tumba, sin duda veréis el Infierno. Aquel Infierno en el que no quisisteis creer: ese día tendréis una certeza ocular acerca de él. Después se os preguntará por las innumerables bendiciones mías de las que disfrutasteis en este mundo.» —Sura At-Takázur, 1-8

En los hadices se encuentra una explicación clara de la declaración anterior del Sagrado Corán. En Bujari y Muslim se encuentra una narración de Hazrat Abdullah ibn Umar (que Dios esté complacido con él). Se dice:

El Profeta dijo: «Cuando cualquiera de vosotros muere y llega a la tumba, se le muestra cada mañana y cada tarde su futura morada. Si es de los habitantes del Paraíso, se le muestra el lugar que ocupará en el Paraíso; y si es de los habitantes del Infierno, se le muestra el lugar que ocupará en el Infierno. Después se le dice: “Esta es tu verdadera morada.”»

El Profeta dijo: «Después, Dios te enviará allí.»

«Cuando se coloca al siervo en la tumba y sus compañeros regresan después de enterrarlo —él todavía puede oír sus pasos—, se le presentan dos ángeles. Ellos harán sentarse al difunto. Después, señalando al Profeta Mustafá (la paz sea con él), le preguntarán: “¿Qué creías en este mundo acerca de este hombre?”»

Si aquel hombre era creyente, responderá: «Él es el siervo y el Mensajero de Dios». Entonces se le dirá: «Mira qué lugar tan repugnante se había destinado para ti en el Infierno. Pero Dios ha cambiado ese lugar tuyo por un lugar en el Paraíso». Entonces verá ambos lugares.

Pero cuando se le haga esa pregunta al incrédulo, responderá: «No puedo decirlo. Yo repetía lo mismo que decía la gente».

Se le dirá: «No intentaste comprender mediante tu conocimiento y tu razón, ni quisiste conocerlo leyendo el sagrado Libro de Alá».

Después, será golpeado brutalmente con un martillo de hierro. Continuará lanzando gritos espantosos a causa del dolor insoportable. Todos los seres vivos sobre la faz de la tierra, excepto los genios y los seres humanos, oirán sus gritos y lamentos.

Se ha dicho que los nombres de esos dos ángeles son Munkar y Nakir.

Los detalles del tormento de la tumba están registrados en diversas recopilaciones de hadices. El tormento de la tumba es una verdad inevitable. Por eso, todos los musulmanes deben suplicar siempre con humildad a Alá Todopoderoso que los libre del tormento de la tumba y vivir como verdaderos musulmanes.

El venerable Zayd ibn Thabit dijo:

«Cierta vez, el Mensajero de Alá (s) iba montado en una mula por un jardín amurallado de la tribu de Banu Najjar. Nosotros también estábamos con él. De repente, cuando la mula se encabritó, Su Eminencia (s) estuvo a punto de caer al suelo. Vimos que allí había cinco o seis tumbas. El Profeta dijo: “¿Alguno de vosotros conoce a los ocupantes de estas tumbas?”»

Uno de nosotros dijo: «Yo los conozco».

El Profeta (s) dijo: «¿Cuándo murieron?»

Dijo: «Estos murieron en la época del shirk».

El Profeta dijo: «Esta umma, es decir, la humanidad, es sometida a prueba en la tumba y sufre castigo. Si no temiera que dejaríais de enterrar a los muertos, suplicaría a Alá que os hiciera oír el castigo de la tumba que estoy oyendo».

Después, el Profeta (s) se volvió hacia nosotros y dijo: «Todos vosotros, buscad refugio en Alá del castigo del Infierno».

Todos dijeron al unísono: «Buscamos refugio del castigo del Infierno».

El Profeta (s) dijo: «Buscad refugio en Alá del castigo de la tumba».

Todos dijeron: «Buscamos refugio en Alá del castigo de la tumba».

El Profeta (s) dijo: «Buscad refugio en Alá de toda fitna, manifiesta u oculta».

Todos dijeron: «Buscamos refugio en Alá de toda fitna, manifiesta u oculta».

El Profeta (la paz sea con él) dijo: «Ahora, buscad refugio en Allah contra la fitna del Dajjal».

Todos dijeron: «Buscamos refugio en Allah contra la fitna del Dajjal». —(Muslim)

Cabe señalar que esta súplica se recita, conforme al método enseñado por el Profeta (la paz sea con él), después de la oración y antes de pronunciar el saludo final.

En el islam está permitido visitar la tumba de una persona después de su muerte. Acercarse a la tumba, saludar a quien está enterrado en ella y hacer súplicas por él: esta es la norma conforme al islam. Sin embargo, en la sociedad musulmana se practican la adoración de las tumbas y el shirk de pedir algo a los muertos. Para preservar la fe, hay que mantenerse alejado de ello.

Entre algunos miembros de la sociedad musulmana también pueden encontrarse ciertas ideas erróneas y politeístas acerca del alma de los muertos. Creen que, incluso después de la muerte, el alma sigue desplazándose y vagando por este mundo. También creen que posee muchos poderes ilimitados. No cabe duda de que sostener tales ideas es shirk. Pues, sometidas a estas falsas creencias, muchas personas piden ayuda a esas almas imaginarias y les ofrecen votos y ofrendas en su nombre. Es absolutamente imposible que el alma regrese del mundo del barzaj a este mundo material.

Sin embargo, cuando se saluda a un muerto, Allah, mediante Su extraordinario poder, hace llegar ese saludo a dicha persona en el mundo del barzaj. Algunos dicen que el muerto también puede ver y reconocer a quien lo saluda. Preguntar cómo es posible resulta irrelevante en la era de la radio y la televisión.

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El cataclismo o la destrucción

Todo cuanto ocurre en el mundo está sujeto al plan y al programa de acción de Allah Ta’ala. La destrucción de la creación, la creación de un mundo nuevo y la resurrección de los seres humanos: todo está sujeto a Su grandioso plan y programa de acción.

El ángel Hazrat Israfil (la paz sea con él) espera la orden de Dios para dar comienzo al cataclismo. En cuanto reciba la orden, soplará su trompeta. Puede imaginarse que hará sonar una sirena de enorme potencia.

Antes de que comience el cataclismo, Hazrat Israfil (la paz sea con él) soplará la trompeta. Es decir, producirá una especie de sonido de flauta. En el Corán, esta flauta es denominada Sur (Árabe ****). En inglés se dice BUGLE. Ese sonido de flauta será el presagio del estruendo y la devastación. Esa flauta y su sonido están más allá de nuestra imaginación y tampoco es posible expresarlos con palabras. Intentemos comprenderlo mediante un ejemplo. En la actualidad, el sonido de una sirena señala un peligro y una destrucción inminentes, especialmente la sirena en tiempos de guerra; del mismo modo, el «Sur» o la trompeta seguirá produciendo un sonido aterrador y devastador, creador de pánico y horror, en el instante previo a la destrucción suprema. Aquí se ha utilizado la sirena como ejemplo para facilitar la comprensión.

De la trompeta saldrá a gran velocidad un sonido crepitante, acompañado de un estruendo continuo. De esa trompeta o sirena seguirá emanando un sonido tan estridente, aterrador y estremecedor que desgarrará los oídos. Todos oirán ese sonido por igual desde el lugar más cercano a ellos. Cada uno pensará que el sonido surge justo a su lado. También es posible que el ángel haga sonar su trompeta o sirena desde un mismo lugar. Sin embargo, por todo el mundo, cerca de los seres humanos, se instalará algún dispositivo invisible semejante a la bocina de un micrófono.

En los hadices, este Sur (Árabe ****), es decir, la trompeta, se describe como de tres clases. A saber:

1. (Árabe *****) (Nafkhatul Fiza), es decir, el sonido de la trompeta que infundirá miedo, terror y espanto.

2. (Árabe ******) (Nafkatuz Sa’iq), es decir, el sonido de la trompeta por el que caerán muertos o morirán al caer.

3. (Árabe ******) (Nafkhatu’l Qiyam), es decir, el sonido de la trompeta que resucitará a todos de las tumbas y los reunirá en el campo del Hasher.

Es decir, después del primer toque de la trompeta se producirá un aterrador caos y cataclismo natural, de modo que las personas y los animales, aterrorizados y confundidos, correrán de un lado a otro como dementes.

Al segundo toque de la trompeta, todos, estén donde estén, morirán al instante y caerán derribados. Después de un largo intervalo —que podría durar varios años, varias décadas o incluso un breve lapso— se producirá el tercer y último toque de la trompeta. Inmediatamente, todos volverán a la vida desde el lugar donde murieron o desde sus tumbas y serán reunidos en el campo del Hachr. Allah dice:

(Árabe *********************************)

«(Adviérteles de aquel día) en que la tierra será cambiada por otra tierra, y los cielos también. Entonces todos comparecerán ante Allah, el Todopoderoso, encadenados de manos y pies y privados de todo bienestar. Ese día verás a los pecadores vestidos con ropas de alquitrán, mientras las llamas abrasadoras del fuego cubrirán sus rostros. Esto ocurrirá para que Allah retribuya a cada uno según sus obras. Allah no tarda en ajustar cuentas». —(Sura Ibrahim: 48-51)

De esta aleya y de otras alusiones e indicaciones del Corán se sabe que, en el Día de la Resurrección, la tierra y los cielos no serán reducidos a la inexistencia. Más bien, llegará a su fin el sistema natural actual. En un momento determinado del intervalo entre el segundo y el tercer toque de la trompeta —momento que solo Allah conoce—, la tierra y los cielos serán recreados, con una forma distinta de la actual y con un sistema y unas leyes naturales diferentes. Este será el mundo del Más Allá. Después, con el último toque de la trompeta, todos los seres humanos que hayan muerto, desde Adán (la paz sea con él) hasta el instante anterior al Día de la Resurrección, volverán a la vida y comparecerán ante Allah. En la terminología coránica, esto se llama Hachr. Su significado literal es reunir y congregar en un solo lugar lo que se ha recogido de todas direcciones. —(Tafhim al-Qurán)

El resumen de la descripción gradual de la destrucción ofrecida en el Sagrado Corán es el siguiente: en aquel momento, en la primera fase, el sol perderá su luz. El cielo se hendirá. Las estrellas se desprenderán y caerán. Un terremoto devastador sacudirá todo el mundo. Las montañas serán pulverizadas y volarán como partículas de polvo. Los mares se agitarán y desbordarán, inundando la tierra firme. En suma, todo será destruido, deshecho y reducido al caos. No quedará existencia alguna del mundo, de los cielos ni de la creación. Ni siquiera existirá ningún ángel. Solo permanecerá la santa Esencia de Allah.

(Árabe ***************************************)

«(Ese día se preguntará a gritos:) ¿De quién es hoy el reino? (¿Dónde están hoy los gobernantes del mundo, orgullosos de su poder?) (Se alzará esta voz o respuesta:) Hoy el reino, la autoridad y el dominio pertenecen únicamente a Allah, el Omnipotente. (Se dirá:) Hoy cada persona recibirá la retribución por lo que haya adquirido. Hoy no se cometerá injusticia contra nadie. Y Allah es rapidísimo en ajustar cuentas». —(Sura Al-Mumin: 16-17)

Ahora surge la cuestión de cómo se rendirán cuentas de la vida terrenal de los seres humanos. ¿Es acaso fácil examinar hasta los más mínimos detalles de la vida de innumerables personas? Sin embargo, para Allah todo es sumamente fácil.

Allah dice que, cuando creó al ser humano, su labor no terminó después de la creación. Él observa los movimientos del ser humano. Incluso conoce los pensamientos que surgen en lo más profundo de su corazón.

Allah también dice que está más cerca del ser humano que la vena de su cuello. El conocimiento infinito de Dios lo rodea por completo. Allah no necesita ir a ningún lugar para observar cada uno de sus movimientos. Conoce perfectamente cada acto secreto y manifiesto del ser humano en cada instante. A pesar de tener conocimiento directo de todo ello, como soberano del universo ha designado a innumerables oficiales para registrar cada acto de los seres humanos. Hay dos ángeles asignados a cada hijo de Adán: uno a la derecha y otro a la izquierda. En cuanto se pronuncia una palabra de su boca, ellos permanecen siempre atentos para registrarla. De este modo, los dos ángeles van elaborando un registro exacto y minucioso de cada acto del ser humano. Este registro, o documento probatorio, será presentado el Día del Juicio como evidencia, y no habrá ninguna posibilidad de negarlo.

Es sumamente difícil concebir correctamente este registro perfecto de las acciones cotidianas del ser humano. Sin embargo, basándonos en los datos que se nos han revelado hasta hoy, puede afirmarse con certeza que, en cada rincón del entorno en el que el ser humano realiza sus actividades diarias, quedan grabadas imágenes exactas de sus actos, palabras, risas, llantos, movimientos, gestos, voz y demás. Todo esto puede hacerse visible nuevamente de tal manera que no exista diferencia alguna entre la primera y la segunda imagen. El ser humano ha logrado dominar parcialmente este fenómeno mediante instrumentos dotados de un conocimiento y una capacidad limitados. Pero los oficiales designados por Allah —los ángeles— ni siquiera necesitan tales instrumentos, y su labor no está sujeta a ninguna limitación ni impedimento. El cuerpo humano y cada objeto que lo rodea son para ellos una cinta y una película, sobre las cuales pueden grabar exactamente cada palabra y cada imagen. Luego, el Día del Juicio, pueden hacer que el ser humano escuche con sus propios oídos todo lo que dijo y que vea con sus propios ojos todo lo que hizo pública o secretamente. Después de eso, ya no le será posible negarlo de ninguna manera.

En la vida mundana, llega de repente un momento en que la muerte se presenta a la puerta del ser humano. Hay un ángel específico encargado de separar el alma del cuerpo y causar la muerte. Su nombre es Hazrat Azraíl (P). También se le llama «Malakul Maut» (el rey de la muerte o Yama). La muerte también va acompañada de un dolor insoportable. Allah dice que, cuando llega con un castigo inevitable y doloroso aquel de quien el ser humano siempre intenta escapar —la muerte—, la verdad se revela plenamente ante esa persona. Hasta entonces, entre este mundo y el Más Allá había un velo impenetrable.

En el momento de la muerte, ese velo será levantado. Entonces verá claramente el Más Allá, sobre el cual los profetas de Allah siempre han proclamado advertencias. No solo se le hará evidente la realidad del Más Allá, sino que también sabrá si inicia su viaje hacia él como una persona afortunada o desafortunada.

Durante su vida mundana, el incrédulo se burló de todas estas cosas y las rechazó, considerándolas falsas e imaginarias. Pero ahora ese Más Allá supuestamente imaginario se encuentra claramente ante sus ojos.

Así es como muere cada ser humano. Después, cuando, tras la gran catástrofe, suene la sirena para la resurrección, cada persona comparecerá en el campo del Juicio. La acompañarán dos ángeles. La tarea de uno será conducirla desde el lugar de la resurrección hasta la presencia de Dios, y el otro será quien lleve su registro y dé testimonio. Probablemente sean estos mismos dos ángeles los encargados de registrar los actos realizados por el ser humano durante su vida mundana. Cuando, al sonido de la sirena, el ser humano vuelva a la vida desde su tumba o desde el lugar de su muerte, estos dos ángeles lo tomarán bajo su custodia y lo presentarán ante Dios, del mismo modo que la policía presenta a un acusado ante el tribunal.

(Árabe ***********************************)

«Ese día Dios dirá a cada incrédulo: “Has pasado tu vida despreocupadamente, negando este Día. Hoy he retirado la cubierta de tus ojos. Ahora contempla directamente aquello en lo que no quisiste creer y que no quisiste ver con los ojos del corazón. Hoy he agudizado tu vista para que veas esta verdad”» (Sura Qaf: 22).

Los dos ángeles presentarán ante Dios a la persona que les fue encomendada, y aquel que tenga la responsabilidad de presentarla dirá:

(Árabe **************************************)

«Oh Dios, aquí te presento a quien me fue confiado». (Después del juicio se ordenará:) «Arrojad al Infierno a todo incrédulo obstinado que albergue hostilidad hacia la verdad» (Sura Qaf: 23-24).

Los principales delitos de los moradores del Infierno

(Árabe ***********************************)

«Arrojad al Infierno a todo incrédulo que albergue hostilidad hacia la verdad, obstaculice el bien o el camino recto, transgreda los límites y albergue dudas respecto a la religión» (Sura Qaf: 24-26).

Al analizar los dos versículos anteriores, los principales delitos de los moradores del Infierno eran los siguientes:

  • Negar la verdad predicada por los profetas.
  • Albergar hostilidad hacia la verdad y hacia quienes llaman a ella.
  • Ser ingratos con Dios después de recibir Su gracia y Sus dádivas a cada momento de la vida.
  • Obstaculizar el camino recto, mantenerse alejados de él y extraviar a los demás.
  • No cumplir, con los propios bienes, los derechos de Dios y de las personas.
  • Transgredir en la vida los límites establecidos por Dios.
  • Cometer injusticia y ejercer opresión contra los demás.
  • Dudar de la religión predicada por el Profeta.
  • Sembrar dudas en la mente de otros.
  • Asociar a otros con Dios.

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La disputa entre Satanás y el ser humano

Cabe señalar que, en este mundo, Satanás está constantemente ocupado en desviar a los seres humanos. En la otra vida, se ordenará que él también sea arrojado al Infierno junto con la persona condenada al castigo del Infierno. En ese momento, la persona y Satanás continuarán culpándose mutuamente. El desdichado culpará a Satanás, diciendo que se desvió únicamente por instigación suya. Por tanto, este castigo le corresponde únicamente a él.

Por su parte, Satanás, sin admitir su propia culpa, declarará culpable al hombre. Presentará su defensa ante Dios y dirá:

(Árabe ***********************)

«Oh Señor y Sustentador. Yo no intenté en absoluto extraviarlo; más bien, él ya estaba extraviado por sí mismo».

Allah les dirá a ambos: «No discutáis así delante de Mí. No sirve de nada. Porque ya os había advertido de antemano que quien se extraviara a sí mismo y extraviara también a otro, ambos tendrían que sufrir las consecuencias. Ahora sufrid ambos este castigo inevitable. Mi decisión es firme e inmutable. La orden que os fue dada no será cambiada. No habrá modificación alguna de la ley firme que proclamé en el mundo: que tanto el extraviado como quien extravía a otros deberán sufrir un castigo severo. A pesar de ello, no cometo ni la más mínima injusticia con Mis siervos. El castigo que hoy se ha decretado para vosotros os corresponde plenamente. Mi sistema de juicio está fundamentado en la verdad y la justicia. Nadie recibe un castigo del que no sea verdaderamente responsable o cuya culpabilidad no haya sido demostrada mediante pruebas irrefutables». (Véase la sura Qaf, 27-29.)

La razón del éxito de los habitantes del Paraíso

Por otro lado, acerca de quienes temen a Allah, quienes respondieron al llamado de los profetas y creyeron plenamente, sin ninguna duda, en las palabras de los profetas, Allah dice que el Paraíso será acercado mucho a ellos. Puesto que este Paraíso será su morada eterna, será acercado a ellos inmediatamente después de que se pronuncie el veredicto a su favor. No tendrán que llegar al Paraíso caminando con dificultad ni mediante ningún vehículo. En el mismo instante en que se anuncie el veredicto, entrarán fácilmente en el Paraíso. Allah también ha mencionado, en términos generales, por qué cualidades obtendrán el Paraíso.

(Árabe **********************************************)

«Y el Paraíso será acercado a los muttaqíes, sin quedar en absoluto distante. Se les dirá: “Esto es aquello que se os había prometido; para todo aquel que retorna a Allah y cumple con la custodia”». (Véase la sura Qaf, 31-32.)

(Árabe *************************************************)

«Aquel que teme al Misericordioso sin verlo. Aquel que se vuelve hacia Allah con sincera devoción». (Sura Qaf, 33.)

o Su primera cualidad será el temor reverente de Dios (taqwa). En la vida mundana permanecerán siempre atemorizados y consternados por miedo a incurrir en el desagrado de Dios. Este temor reverente los mantendrá firmes en el camino recto a cada instante.

o En el lenguaje del Corán se los denomina «awwab» y así se menciona su segunda cualidad. La palabra «awwab» (árabe ***) tiene un significado muy amplio. «Awwab» se refiere a la persona que ha abandonado la desobediencia a Dios y la servidumbre a sus pasiones, y ha adoptado únicamente el camino de obtener la complacencia de Dios. Ha abandonado todo aquello que Dios desaprueba y ha adoptado todo aquello que Dios, el Altísimo, aprueba. Es la persona que, cuando se desvía repentinamente del camino de Dios, se aflige profundamente y de inmediato se arrepiente y vuelve al camino de Dios. Es quien recuerda siempre a Dios y decide todo conforme a los principios de Dios.

o Al hablar de su tercera cualidad, se los denomina «hafiz» (árabe ****), cuyo significado común es «guardián». Es el guardián que protege plenamente los límites establecidos por Dios, las obligaciones y prohibiciones de Dios, y los demás depósitos y responsabilidades que le han sido confiados. Protege aquellos derechos que Dios le ha impuesto. Cumple los juramentos y promesas que hizo a Dios al abrazar la fe. Vigila atentamente su tiempo, energía, esfuerzo y conducta, para que no se empleen en malas acciones ni en caminos desviados. Después de arrepentirse, los protege para que no se pierdan. A cada instante se examina a sí mismo (muhasaba an-nafs) para comprobar que no ha desobedecido a Dios mediante sus palabras y actos. A una persona así se la denomina «hafiz», y quienes posean estas cualidades serán los habitantes del Paraíso.

o Es quien nunca ha visto a Dios y, sin embargo, le teme siempre, manteniendo una firme convicción en Su ilimitada misericordia. Nunca se puede ver a Dios, océano de bondad, misericordia y compasión, ni se lo puede percibir de ninguna manera mediante los sentidos. A pesar de ello, quien, temiéndole, se abstiene siempre de desobedecerlo. En su corazón, el temor al Dios invisible es mayor que el temor a cualquier otra fuerza perceptible o entidad poderosa visible. Aunque crea que Dios es el Misericordioso, el Compasivo, no peca con la esperanza de Su misericordia y perdón. Por el contrario, permanece atemorizado y preocupado ante el temor de Dios a cada instante.

En la parte de la aleya objeto de estudio (árabe *********) se señalan dos cualidades del creyente. Primero, temer a un Dios que nunca puede ser visto. Segundo, no dar un paso hacia el camino del pecado por temor a Él, a pesar de que es el Misericordioso, el Compasivo.

o A quien permanece siempre atraído hacia Dios con absoluta devoción, Dios ha descrito su corazón como «qalb munib» (árabe **********).

La palabra «munib» tiene un significado muy amplio. Así como la aguja de una brújula apunta al norte en toda circunstancia y, pese a todos los esfuerzos, no se la puede hacer girar hacia otra dirección, del mismo modo el corazón de un creyente solo puede llamarse «qalb munib» cuando, en toda situación —en la alegría y en la tristeza, en la adversidad y en la desgracia, dormido y soñando, y estando despierto— permanece atraído únicamente hacia Dios y orientado hacia Él.

Solo tendrán acceso al Paraíso de Dios esos afortunados que estén adornados con las cinco cualidades descritas anteriormente.

Después, el Altísimo Alá se dirigirá a ellos y les dirá: «Entrad en el Paraíso, donde no hay tristeza ni sufrimiento, ni preocupación alguna. Es un lugar de felicidad pura e inagotable. Allí, de parte de Mis ángeles, recibiréis la bienvenida».

Este Paraíso es un lugar donde el ser humano obtendrá todo cuanto desee. Además, Alá ha reservado para él otros tesoros inestimables que ni siquiera puede imaginar. —(Sura Al-Qaf: 31-35)

En el Más Allá, el Día del Juicio, la humanidad será dividida en tres grupos según sus pecados y sus buenas obras: el grupo de los adelantados, el grupo situado a la derecha y el grupo situado a la izquierda.

Es posible que la escena ante la majestuosa presencia de Alá el Día del Juicio sea así: delante de Él estará el grupo de los adelantados; a la derecha, un grupo, y a la izquierda, otro. Este último será un grupo sumamente desdichado.

En la sura Al-Waqi’a se describe lo siguiente:

(Árabe ****************************************)

«Ese día seréis divididos en tres grupos. Un grupo estará a la derecha. ¿Qué puedo decir de este grupo? Otro estará a la izquierda. ¿Qué se puede decir de la desgracia de este grupo? Y otro grupo será el de los adelantados. Este será el Paraíso colmado de las bendiciones de Alá. En él habrá muchos de las primeras generaciones y pocos de las últimas. Se reclinarán unos frente a otros en tronos adornados con brocado. A su alrededor circularán jóvenes eternos, sirviéndoles con alegría. Llevarán jarras de agua, copas y vasos llenos de vino puro traído de los manantiales. Al beberlo, no les comenzará a dar vueltas la cabeza ni perderán el conocimiento. Los jóvenes eternos les ofrecerán diversas frutas deliciosas, para que tomen de ellas cuanto deseen. Además, se les servirá la sabrosa carne de distintas aves, y comerán de ella a su gusto. Tendrán huríes de hermosa mirada y extraordinaria belleza. Su belleza será como la de perlas y piedras preciosas cuidadosamente protegidas. Recibirán todo esto como recompensa por las buenas obras que realizaron en el mundo. Allí no oirán conversaciones frívolas ni palabras obscenas, ni discursos pecaminosos. Sus palabras y conversaciones serán decorosas; no habrá en ellas ninguna charlatanería insensata. Solo se les dirá: “Paz, paz sobre vosotros”.» —(Sura Al-Waqi’a: 7-26)

El grupo de los adelantados

En el grupo de los adelantados mencionado anteriormente estarán quienes se encuentran a la vanguardia de todos en honestidad, en la adquisición de méritos y en el seguimiento del camino recto. Serán los primeros en haber respondido al llamado de Dios y del Mensajero (s.). Ya sea en la yihad, en la generosa donación de riquezas por la causa de Allah, en el servicio a la humanidad o en las labores de da‘wah y tabligh; en resumen, ante cualquier oportunidad de esforzarse y sacrificarse por establecer la justicia y erradicar la injusticia en este mundo, quienes se encuentren en las primeras filas serán parte del grupo de los adelantados. Por ello, en la otra vida, el Día del Juicio Final, este grupo será colocado al frente de todos. Los demás piadosos y virtuosos ocuparán el lado derecho, mientras que las desdichadas almas pecadoras estarán en el lado izquierdo.

Se ha transmitido un hadiz de Hazrat Aisha (ra) según el cual, en cierta ocasión, el Noble Profeta (s.a.s.) preguntó a la gente: «¿Sabéis quiénes serán los primeros en hallar un lugar bajo la sombra de Allah (de Su poder) en el campo de la Resurrección?»

La gente respondió: «Allah y Su Mensajero lo saben mejor».

El Profeta dijo: «Son aquellas personas que, cuando se les presenta una afirmación verdadera, la aceptan. Respecto a los demás, toman la misma decisión que tomarían respecto de sí mismos».

Anteriormente se ha hablado de los jóvenes eternos. Permanecerán siendo jóvenes de esa manera por toda la eternidad. Nunca alcanzarán la juventud adulta ni envejecerán.

Hazrat Ali (ra) y Hazrat Hasan Basri (ra) dijeron que son aquellos muchachos que murieron antes de alcanzar la pubertad. No tenían pecados ni méritos por los que pudieran recibir castigo o recompensa.

Debe señalarse que los jóvenes mencionados anteriormente serán hijos de personas cuyo destino no fue el Paraíso. Respecto a los hijos de los habitantes del Paraíso, Allah ha declarado que sus hijos serán reunidos con ellos en el Paraíso. No solo sus hijos pequeños e inocentes, sino también aquellos adultos que alcancen el Paraíso mediante sus buenas obras tendrán la oportunidad de vivir junto con sus padres. (Véase la sura At-Tur: 21).

El grupo del lado derecho

Después, acerca de los bienaventurados habitantes del Paraíso de segundo rango, Allah dice:

(Árabe **************************************************************)

«Estos obtendrán azufaifos sin espinas y jardines de frutos, extendidos a lo lejos y provistos de sombra, manantiales de agua que fluyen constantemente y frutos inagotables. Estos frutos estarán disponibles en abundancia durante todas las estaciones, y no habrá ningún obstáculo para obtenerlos ni para disfrutar de su sabor. Ellos estarán sentados en lugares elevados. Crearemos de nuevo a sus esposas y las convertiremos en vírgenes, llenas de profundo amor por sus esposos y de la misma edad. Todo esto será para los compañeros de la derecha». (Sura al-Waqi‘a, 28-38)

Las vírgenes mencionadas serán precisamente aquellas mujeres que, por su fe y su vida virtuosa, obtendrán el Paraíso. Allí recibirán una nueva juventud, aunque hayan muerto ancianas en este mundo. Sean o no hayan sido hermosas en el mundo, en el Paraíso serán convertidas en mujeres de extraordinaria belleza. Aunque hayan muerto siendo madres de varios hijos, en el Paraíso serán vírgenes eternamente. Incluso después de la relación con sus esposos, su virginidad nunca se perderá.

Si los esposos de estas afortunadas mujeres también son habitantes del Paraíso, no habrá nada más que decir. Ellas serán sus compañeras eternas. De lo contrario, contraerán un nuevo matrimonio con otro habitante del Paraíso.

En las Shamā’il de Tirmidhi se narra un hadiz. Cierta vez, una anciana le suplicó al Profeta Mustafa (la paz sea con él): «Oh Mensajero de Allah, ruegue para que pueda entrar en el Paraíso».

El Profeta, bromeando un poco, dijo: «Ninguna anciana podrá entrar en el Paraíso».

Al oír esto, la anciana se marchó de allí llorando.

El Profeta dijo a la gente: «Díganle que no podrá entrar en el Paraíso en su vejez. Allah ha dicho que hará nacer virgen a cada mujer del Paraíso».

En el Tabarani está registrada una extensa narración de Umm Salama (que Allah esté complacido con ella). Cuando se le preguntó al Profeta acerca de las mujeres mencionadas anteriormente en el Corán, explicó el versículo en cuestión y dijo que eran aquellas mujeres que habían muerto en este mundo. Eran ancianas. Sus ojos estaban hundidos en las órbitas, y sus cabellos eran canosos y blancos. Después de llegar a tal vejez, Allah las hará nacer vírgenes.

Umm Salama (que Allah esté complacido con ella) preguntó: «Si una mujer tuvo varios esposos en este mundo, ¿con cuál de ellos estará en el Paraíso?»

El Profeta dijo: «Se le dará el derecho de elegir a uno de sus esposos anteriores. Elegirá al esposo cuyo carácter, conducta y trato hayan sido mejores. Le suplicará así a Allah: “¡Oh, Allah! Puesto que el trato y la conducta de fulano conmigo fueron mucho mejores que los de los demás, concédeme el derecho de ser su compañera”».

Después, el Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: «Umm Salama, así, el buen carácter y el buen trato conquistarán el bien de este mundo y del Más Allá».

No hace falta decir que los hombres del Paraíso también recuperarán su juventud.

En diversos hadices se relata acerca de ellos que tendrán cerca de treinta años. Serán como jóvenes recién llegados a la juventud, de una edad en la que aún no les habrá crecido la barba. Tendrán rostros hermosos, robustos y de tez clara.

El grupo situado a la izquierda

Luego, acerca del desdichado grupo situado a la izquierda, se ha dicho lo siguiente sobre los habitantes del Infierno:

(Árabe *****************************************************)

«Estos permanecerán entre un viento abrasador y agua hirviente. Los cubrirá una masa de humo negro y ardiente, que jamás será fresca ni reconfortante. Estas son las personas que en la vida terrenal eran felices y prósperas. Su vida feliz y próspera las había llevado a entregarse a los actos pecaminosos. Cometían esos pecados con obstinación y terquedad. Decían: “Después de la muerte, nos convertiremos en esqueletos y nos mezclaremos con la tierra. ¿Cómo podremos volver a vivir? ¿También nuestros antepasados serán resucitados de esta manera?”. Allah dice: “¡Oh, Profeta! Diles que todos, tanto los posteriores como los anteriores, serán reunidos un día determinado. Para ello también se ha fijado un plazo. Luego Allah dice: ¡Oh, grupo de extraviados y mentirosos! Comeréis el árbol de zaqqūm en el Infierno. Con él llenaréis vuestros vientres. Después beberán hasta saciarse agua hirviente, como camellos sedientos”». (Sura al-Wāqiʿa: 42-55)

El zaqqūm es un tipo de fruto sumamente espinoso y de sabor desagradable.

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Las desgracias de los habitantes del Infierno

En muchos lugares del Noble Corán se han descrito las condiciones de los habitantes del Paraíso y de los habitantes del Infierno. Primero se menciona el terrible destino de los habitantes del Infierno. Después también se ofrecen algunos detalles de la inmensa dicha de los habitantes del Paraíso.

(Árabe *****************************************************)

“Los incrédulos serán conducidos en grupos hacia el Infierno. Sus guardianes abrirán sus puertas y les preguntarán: «¿Acaso no vinieron a vosotros los Mensajeros de Allah para recitaros las aleyas de vuestro Señor? ¿No os advirtieron de que tendríais que enfrentaros a este día?». Responderán: «Sí, lo hicieron todo». Pero ese día se cumplirá la promesa del castigo para los incrédulos. Luego se les dirá: «Entrad en el Infierno». ¡Qué horrible morada para los incrédulos orgullosos! Y allí permanecerán eternamente”.—(Sura Az-Zumar: 71-72)

Se ha dicho acerca de los moradores del Infierno:

(Árabe ********************************************************)

“El Día de la Resurrección los presentaremos con las cabezas y los rostros vueltos hacia abajo. Su morada será el Infierno. Si el ardor del fuego del Infierno disminuye, lo aumentaremos. Ese será su castigo final, porque negaron Nuestros signos. Decían: «Después de la muerte, nuestros huesos se mezclarán con la tierra. ¿Cómo podrán ser creados de nuevo?»”.—(Sura Bani Israil: 97-98)

(Árabe ***********************************************************)

“A los incrédulos se les harán vestir ropas de fuego del Infierno. Sobre sus cabezas se derramará agua hirviente. Así se derretirán su piel y lo que haya en sus vientres. Tendrán asignadas barras de hierro. Cuando, a causa del insoportable sufrimiento, intenten salir del Infierno, serán empujados de nuevo a él. Se les dirá: «¡Saboread el castigo del fuego!»”.—(Sura Al-Hajj: 19-22)

“Para los incrédulos está destinado el fuego del Infierno. Allí no morirán ni se les aliviará el castigo. Clamarán: «¡Señor nuestro, líbranos de este castigo! Abandonaremos las malas obras que cometíamos antes y, desde ahora, haremos buenas obras». Allah les dirá: «¿Acaso no os concedimos una larga vida para que pudierais comprender la verdad?». (Puesto que no lo hicisteis), sufrid ahora este castigo. Hoy los injustos no tendrán ningún auxiliador”.—(Sura Al-Fátir: 36-37)

(Árabe *************************************************)

«A quienes han rechazado Mis signos pronto los arrojaremos al fuego. Cuando la piel de sus cuerpos se haya quemado, la sustituiremos por otra piel para que sigan sufriendo el castigo. Alá es Todopoderoso y Sabio». (Sura an-Nisá: 56)

(Árabe ****************************************************)

«Esta gente dice: “Después de nuestra primera muerte no hay nada más. Luego no seremos resucitados por segunda vez. Si eres veraz, haz que nuestros antepasados muertos se levanten”. (Como respuesta se dice:) ¿Son ellos mejores, o la nación de Tubba y sus predecesores? Los destruimos porque se habían convertido en pecadores. ………. El momento señalado para resucitarlos a todos es el Día del Juicio. Ese día ningún amigo íntimo podrá servir de nada a otro amigo íntimo, ni recibirán ayuda de ninguna parte. ………… El árbol de Zaqqum será el alimento de los pecadores. Será como heces de aceite; hervirá en sus vientres como hierve el agua. (Se dirá:) “Agárralo y arrástralo hasta el centro del Infierno. Luego derrama sobre su cabeza el castigo del agua hirviente que borbotea. ¡Prueba este sabor! Tú eras, en verdad, un hombre muy honorable y poderoso. Esto es aquello de lo que dudabais”». (Sura ad-Duján: 34-50)

El gobernante rebelde contra Dios, embriagado de poder, se había erigido en señor de los hombres. Se consideraba la persona más influyente y honorable del mundo. La gente se postraba ante él voluntaria o involuntariamente, y siempre entonaba alabanzas y lo ensalzaba. Más arriba se ha descrito cuál será su destino después del juicio del Más Allá.

«El día en que estos incrédulos sean llevados y colocados ante el fuego, se les dirá: “Consumisteis en la vida mundana las bendiciones que os correspondían y disfrutasteis de ellas. Hoy recibiréis un castigo humillante como recompensa por la arrogancia que mostrasteis en la tierra sin derecho alguno y por vuestra desobediencia”». (Sura al-Ahqaf: 20)

(Árabe ************************************************)

«¿Cuál será entonces su situación cuando los ángeles se apoderen de sus almas y se los lleven golpeándolos en el rostro y en la espalda? Esto sucederá porque siguieron métodos, prácticas y doctrinas que provocaron la ira de Alá, y no quisieron seguir el camino mediante el cual podían complacerlo. Por eso Él ha invalidado y hecho vanas todas sus obras». (Sura Muhammad: 27-28)

Las palabras anteriores se han pronunciado en el contexto del conflicto y enfrentamiento entre el islam y la incredulidad. En el mundo, estos hipócritas se habían protegido de los peligros del conflicto entre el islam y la incredulidad para salvaguardar sus propios intereses. Pero, después de la muerte, ¿adónde huirán del alcance de Dios? En ese momento, sus últimos esfuerzos y recursos no podrán salvarlos de los golpes de los ángeles.

Este versículo también constituye una prueba del tormento que habrá después de la muerte, en el mundo de Barzaj. Deja claro que el tormento de los incrédulos y los hipócritas comienza en el mismo momento de la muerte. Sin embargo, este tormento no es como el que recibirán al término del juicio, en el campo de la Resurrección.

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La dicha suprema de los habitantes del Paraíso

Por un lado, se ha descrito detalladamente el terrible desenlace en la vida futura de los gobernantes rebeldes contra Dios y de los dirigentes sociales, orgullosos de su poder, que rechazaron la invitación de los profetas a seguir la religión; por otro, también se ha descrito la vida eterna y feliz de quienes creen en la verdadera religión y consagran su vida al camino de Dios. Aquí se mencionan algunos ejemplos:

(Árabe ********************************************)

«A quienes fueron temerosos de Dios, sumisos y obedientes por temor a Él durante la vida mundana, se les conducirá al Paraíso en grupos. El guardián del Paraíso les dirá: “La paz sea con vosotros. ¡Bienvenidos! Entrad en vuestro hogar eterno, el Paraíso, y habitad aquí en completa felicidad”. Ellos dirán: “Alabado sea Allah, que cumplió la promesa que nos hizo. Nos ha concedido la plena posesión de este Paraíso. Podemos habitar en él donde queramos”. ¡Qué hermosa recompensa para quienes hacen el bien!» (Sura Az-Zumar: 73-75)

(Árabe *******************************************************)

«Para quien tema comparecer ante su Señor habrá dos jardines. ¿Cuál de las mercedes de vuestro Señor negaréis? (Esos jardines estarán) llenos de frondosas ramas verdes. ………. En ambos jardines habrá dos manantiales que fluirán constantemente. ………. En ambos jardines habrá dos variedades de cada fruto. ………. Los habitantes del Paraíso se reclinarán en lechos cuyo interior estará forrado de gruesa seda. Las ramas de los árboles del jardín se inclinarán, cargadas de frutos. Allí habrá también hermosas mujeres de mirada recatada. Antes de ellos, ningún ser humano ni genio las habrá tocado. Serán de una belleza incomparable, como perlas y rubíes protegidos. ¿Acaso puede la recompensa del bien ser otra cosa que el bien? ………. Además de esos dos jardines, habrá otros dos jardines. ………… Jardines frondosos, verdes y exuberantes. …… En ambos jardines habrá dos manantiales que brotarán como fuentes. ……… Contendrán frutos en abundancia, dátiles, granadas y otros. ……… (Entre esas mercedes habrá) esposas castas y virtuosas. ……… Huríes de grandes ojos, recluidas en pabellones. Ningún ser humano ni genio habrá tocado antes a esas habitantes del Paraíso. Los habitantes de estos jardines se reclinarán sobre alfombras verdes y hermosas y valiosas colchas.» (Sura Ar-Rahmán: 46-76)

(Árabe *******************************************************)

“Quienes cumplen el pacto hecho con Allah y no rompen la promesa; quienes mantienen intactos los vínculos que Allah ha ordenado conservar; quienes temen a su Señor y temen el severo ajuste de cuentas; y quienes soportan dificultades buscando la complacencia de su Señor, establecen la oración, gastan en secreto y públicamente de la provisión que les hemos concedido, y repelen el mal con el bien: para ellos será la morada de la Otra Vida. Es decir, tendrán jardines en los que también entrarán con ellos sus padres, sus esposas y sus hijos que sean virtuosos. Los ángeles acudirán a ellos por todas partes para darles la bienvenida y les dirán: «As-salamu alaikum» (que la paz sea con vosotros). Por haber afrontado con paciencia las circunstancias en este mundo (frente a las fuerzas contrarias al Islam), hoy habéis merecido este lugar. ¡Qué hermosa es esta morada de la Otra Vida!” (Sura ar-Ra‘d: 20-24)

(Árabe *************************************************************)

“En el Día de la Resurrección, los pecadores serán reconocidos con solo verlos. Serán arrastrados y llevados tirando de los cabellos de la parte frontal de sus cabezas y de sus pies. Ese día, ¿cuál de los poderes de Allah negaréis? Este es el Infierno que ellos rechazaban por falso. Continuarán moviéndose entre su fuego abrasador y su agua hirviente. …… En cambio, para el disfrute de quienes temen a Allah, habrá dos jardines en el Paraíso. …… Un jardín lleno de verdes plantas trepadoras. ……… Entre los dos jardines fluirán dos manantiales. ……… Cada fruto del jardín será de dos clases. …… El dueño de este jardín estará allí sentado, reclinado sobre cojines en lechos de seda hermosos. Las ramas de los árboles del jardín se inclinarán por el peso de sus frutos. Allí habrá también bellas mujeres que bajarán pudorosamente la mirada. Antes de esto, ningún ser humano ni genio las habrá tocado ……… serán de una belleza incomparable, como perlas y piedras preciosas protegidas.” (Sura ar-Rahman: 41-45)

(Árabe **************************************************)

“A quienes hayan rechazado Mis signos los quemaré en el fuego. Cuando su piel se haya consumido, les daremos otra piel en su lugar, para que puedan sufrir el castigo. Allah es Poderoso y Sabio.” (Sura an-Nisa: 56)

(Árabe ****************************************************)

“Ante Allah, la mayor dignidad corresponde a quienes han creído en Él, han abandonado por Su causa sus hogares, sus negocios y sus tierras, y han luchado con sus bienes y sus vidas en el camino de Allah (con el propósito de establecer la religión de Allah); solo la vida de ellos ha alcanzado el verdadero éxito. Su Señor (Allah) les anuncia la buena nueva de Su misericordia, Su complacencia y moradas en jardines donde habrá para ellos felicidad y paz eternas. Allí residirán para siempre. Él posee una recompensa inagotable para recompensar las buenas obras.”

(Árabe *****************************************************)

«¡Oh, creyentes! ¿Queréis que os indique un negocio que os libre de un castigo doloroso? Creed en Allah y en Su Mensajero, y esforzaos con vuestros bienes y vuestras vidas por la causa de Allah. Si queréis saberlo, escuchad: esto es lo mejor para vosotros. (Como consecuencia de ello,) Allah os perdonará vuestros pecados, os hará entrar en jardines por cuyos bajos corren ríos y os concederá, en las moradas eternas y en los jardines, espléndidas viviendas. Esta es, en verdad, la grandiosa victoria.»

En el Noble Corán se describen detalladamente, en muchos lugares, tanto los habitantes del Paraíso como los del Infierno. A modo de ejemplo, arriba solo se han mencionado algunos casos.

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El Más Allá: el día de la victoria y la derrota

Allah, exaltado sea, ha declarado que el Día del Juicio del Más Allá será verdaderamente el día de la victoria y la derrota, o el día del éxito y el fracaso:

(Árabe *************************************************************)

«Los incrédulos afirman con gran arrogancia que jamás serán resucitados después de la muerte. (¡Oh, Profeta!) Diles: “¡Por mi Señor, ciertamente seréis resucitados en el Más Allá! Luego se os informará de todo cuanto hicisteis en el mundo. Y esto es muy fácil para Allah. Creed, pues, en Allah, en Su Mensajero y en la “Luz” que he revelado. Allah está informado de todo cuanto hacéis. Todo esto lo sabréis el día en que Él os reúna para la gran asamblea (el Día de la Resurrección). Ese día será el día de la victoria y la derrota para unos y otros. A quienes crean en Allah y hagan buenas obras, Allah les borrará sus pecados y les hará entrar en el Paraíso, bajo cuyas moradas correrán ríos. Allí permanecerán eternamente. Ese será el grandioso éxito. En cambio, quienes nieguen a Allah y el Más Allá, y desmientan Mis palabras y Mis signos, serán los habitantes del Infierno. Allí permanecerán eternamente. ¡Qué pésimo destino será ese!”» (Sura At-Tagabun: 7-10)

Arriba, por «Nur» se entiende el Sagrado Corán.

La palabra «Taghabun» tiene varios significados, que se exponen a continuación uno por uno.

Todos los que se oponen a la verdad se negaban rotundamente a creer en el Más Allá. En este asunto mostraron una obstinación extrema. Sin embargo, no tenían entonces, ni tienen hoy, ningún medio que les permita afirmar con certeza que no existe el Más Allá. Este tema se ha tratado al principio del libro.

Allah ordenó al profeta Muhammad (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) que respondiera en la aleya mencionada anteriormente a la jactanciosa afirmación de los incrédulos. En realidad, Allah mismo está dando la respuesta. Y se le ordenó responder jurando por Allah. Solo puede jurar quien posee conocimiento ocular de la verdad de algo. El conocimiento que el Profeta tenía sobre el Más Allá no se limitaba a que Allah lo hubiera declarado. Ciertamente, cuando Allah dice algo, no puede quedar ninguna duda sobre su veracidad. Pero eso sería creer firmemente, sin haber visto algo, que es una verdad irrefutable. No se trata de una creencia basada en haberlo visto con los propios ojos.

El profeta Abraham (la paz sea con él) tenía una fe firme y una convicción inquebrantable de que Allah puede devolver la vida a los muertos. Aun así, quiso contemplar con sus propios ojos el proceso de devolver la vida a un muerto. Quiso convertirlo en una fe plena y alcanzar la tranquilidad mental. Por eso rogó a Dios. Entonces Dios le mostró cómo devolvía la vida a cuatro aves muertas ante los ojos del profeta Abraham. (Véase la sura al-Baqarah, aleya 260).

Ahora bien, la creencia en devolver la vida a los muertos no puede ser igual en el profeta Abraham (la paz sea con él) y en un creyente. Pero la creencia de nuestro último Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) en el Más Allá y en la resurrección de los muertos era igual que la convicción ocular antes mencionada del profeta Abraham. Allah concedió a Su último y más amado Profeta la oportunidad de contemplar con sus propios ojos, durante la noche del Mi’raj, los misterios de Su creación y muchos otros secretos. Por ello, no debía tener ninguna duda en afirmar, jurando por Dios, la verdad del Más Allá.

Las palabras de la aleya sagrada mencionada anteriormente —«Después se os informará de todo lo que hicisteis en el mundo»— son sumamente importantes. Al comienzo de esta sura, Allah dijo que, después de crear al ser humano, le concedió plena libertad de acción. Si quiere, puede convertirse en un incrédulo absoluto y seguir el camino del pecado. Puede ser un opresor despiadado, un saqueador de los bienes, la honra y el pudor ajenos, y un demonio sediento de sangre. O bien, al creer en Allah, en Su Mensajero y en el Más Allá, puede llevar una vida sumamente pura. Si se ha concedido esta libertad para seguir el camino del bien o del mal, y junto con la concesión de esta libertad se ha declarado también que el premio por seguir correctamente el buen camino y el castigo por seguir el camino del mal son inevitables, ¿cómo puede pensarse entonces que Allah, quien concedió esta libertad y advirtió, no preguntará al ser humano después de su muerte qué camino había elegido? En realidad, el Más Allá existe precisamente para saberlo. Allah es un Ser poderoso que ha dado la vida y la muerte para poner a prueba al ser humano y comprobar quién fue mejor en sus obras durante la vida mundana. (Véase la sura al-Mulk, aleya 2).

Después, este día del Más Allá ha sido llamado el día de la verdadera victoria y la verdadera derrota. Esto también es sumamente significativo, y en ello reside precisamente el sentido del Más Allá.

En este mundo, el ser humano comienza a recorrer el camino de la vida con su propio conocimiento, razón y capacidad de acción. No escatima esfuerzos, afanes ni sacrificios para hacer su vida feliz y hermosa. Cada uno quiere alcanzar el éxito llevando a cabo su propio programa de acción. El resultado de este esfuerzo y sacrificio diario del ser humano determina la victoria o la derrota.

Naturalmente, debido a las diferencias de perspectiva y de concepción de la vida, también difieren los criterios de victoria y derrota, o de éxito y fracaso. Aunque alguien logre su objetivo mediante cualquier método vil, muchos lo consideran un éxito. Incluso si para alcanzar el éxito debe recurrir a la injusticia, la opresión, la corrupción extrema y métodos incivilizados, bajos y abominables, se lo sigue considerando un éxito. Al apoderarse por la fuerza de los bienes ajenos, involucrar a alguien en procesos judiciales falsos y arruinarlo mediante falsos testimonios y pruebas, alguien se convierte en vencedor, millonario o multimillonario. Desde la perspectiva de muchos, esto también se llama éxito. Al convertirse en dueño de numerosos automóviles y casas y llevar una vida de gran lujo y felicidad junto con su esposa e hijos, esa persona es considerada victoriosa. La gente dice que, en verdad, la vida de ese hombre ha sido plena.

Alguien logra extender su dominio sobre la sociedad tras convertirse, por medios ilícitos, en dueño de una inmensa riqueza. Quiere mantener a todos sometidos a él. No puede tolerar ni el más mínimo sonido de protesta contra su persona. Un grupo de aduladores interesados se pasa día y noche entonando sus alabanzas. La voz de la verdad queda silenciada en la sociedad. Quienes sostienen y transmiten la verdad son perseguidos y atormentados por él. Su lugar pasa a ser las oscuras celdas de las prisiones. Embriagado de poder, quiere ejercer una especie de divinidad sobre todos. Esto también es, para él y para muchos, un gran éxito.

Por otro lado, una persona acepta la verdad con toda el alma e intenta llevar una vida honrada. Al rechazar la corrupción, la usura, el soborno, el mercado negro, la mentira, el engaño y el fraude, termina perjudicada. Debido a que proclama la verdad y emprende una «lucha» contra la falsedad, sus parientes, familiares y amigos se alejan de ella. El desprecio, la falta de consideración y la pobreza de la sociedad hacen insoportable su vida. La gente dice que ese hombre es sencillamente un necio. De lo contrario, su vida no habría fracasado de esa manera.

A nuestro alrededor vemos constantemente las formas externas de la victoria, el éxito y el fracaso en la vida descrita anteriormente. Pero la verdadera victoria, derrota o fracaso se determinará el Día del Juicio en el Más Allá.

Hablemos un poco sobre cómo el Más Allá determina la victoria y la derrota.

Muchos comentaristas han señalado que, al concluir el juicio en el Más Allá, los habitantes del Paraíso recibirán aquellas partes del Paraíso que habrían correspondido a los habitantes del Infierno si estos últimos hubieran obrado en la vida terrenal como los habitantes del Paraíso. Del mismo modo, los habitantes del Infierno se adueñarán de aquellas partes del Infierno que habrían correspondido a los habitantes del Paraíso si estos hubieran vivido en este mundo como los habitantes del Infierno.

En el Sahih al-Bujari se narra, por autoridad de Abu Huraira (que Dios esté complacido con él), que a toda persona que entre en el Paraíso se le mostrará la parte del Infierno que habría sido su morada si no hubiera seguido el camino recto. Como consecuencia, estará aún más agradecida a Dios. Del mismo modo, al habitante del Infierno se le mostrará la parte del Paraíso que habría obtenido si hubiera seguido el camino recto durante su vida terrenal. Con ello aumentarán aún más su pesar y su arrepentimiento.

Aquellos que fueron oprimidos y perseguidos en este mundo recibirán en el Más Allá, de los opresores, tantas buenas obras como puedan constituir la compensación por la injusticia y la opresión que sufrieron. O bien, una cantidad equivalente de pecados del oprimido será cargada sobre los hombros del opresor. Ese día, nadie poseerá bienes con los que pueda satisfacer las reclamaciones del oprimido. No habrá nada más que buenas obras y pecados. Por tanto, si alguien ha cometido una injusticia contra otra persona en este mundo, para satisfacer la reclamación del oprimido deberá entregarle las buenas obras que tenga acumuladas. Naturalmente, el oprimido recibirá del adversario exactamente una cantidad equivalente a la injusticia que se le haya cometido. O, si el opresor no tiene buenas obras en su cuenta, una cantidad equivalente de los pecados del oprimido será cargada sobre sus hombros.

Sobre esto hay un hadiz en Bujari, transmitido por Abu Huraira (r.a.). En el hadiz se dice que, si una persona ha cometido cualquier tipo de injusticia contra su hermano (es decir, contra otro ser humano), debe repararla aquí mismo, en este mundo. Porque en el Más Allá nadie poseerá ni siquiera un céntimo. Allí, por tanto, se entregará a esa persona una parte de sus buenas obras. O, si no tiene suficientes buenas obras, se le cargarà una parte de los pecados del oprimido.

Del mismo modo, se narra en el Musnad de Ahmad, por medio de Yabir ibn Abdullah ibn Unays, que el Profeta (s.a.s.) dijo: «Ningún habitante del Paraíso entrará en el Paraíso, ni ningún habitante del Infierno entrará en el Infierno, hasta que haya satisfecho la reclamación por la injusticia y la opresión que cometió. Incluso si le ha dado a alguien una sola bofetada, deberá darle su compensación».

El narrador dice: «Entonces preguntamos: “¿Cómo sucederá eso? Ese día estaremos sin un céntimo”».

El Profeta dijo: «La compensación deberá darse mediante pecados y buenas obras».

Hay una narración de Abu Huraira (r.a.) en el Sahih Muslim y en el Musnad de Ahmad. En cierta ocasión, el Noble Profeta (s.a.s.) preguntó a los compañeros reunidos: «¿Sabéis quién es el arruinado?»

Ellos respondieron: «El que no tiene ni un céntimo ni bienes; ese es el arruinado».

El Profeta (s.a.s.) dijo: «El arruinado de entre mi comunidad es aquel que se presentará en el campo de la Resurrección llevando consigo buenas obras como la oración, el ayuno y el azaque, pero habiendo insultado a alguien en este mundo, difamado y calumniado a otra persona, consumido injustamente los bienes de alguien, matado a alguien y golpeado a otra persona. Entonces sus buenas obras serán distribuidas entre los oprimidos. Después de eso, no le quedará ninguna buena obra para pagar las compensaciones. Entonces se cargarán sobre él los pecados de los oprimidos que reclaman sus derechos, y entrará en el Infierno».

El poseedor de enormes méritos terminó en el Infierno, cargando sobre su cabeza un enorme peso de pecados al pagar la compensación a los oprimidos. ¡Qué espantoso desenlace! Tan solo pensarlo hace estremecer el cuerpo. ¡Que Allah nos proteja de un desenlace semejante!

El gran engaño

En el versículo mencionado anteriormente, la palabra «tagabun» también se emplea en árabe con el significado de engaño y fraude.

Generalmente se observa que, en este mundo, las personas se ayudan y cooperan mutuamente, despreocupada y alegremente, en grandes actos pecaminosos como el shirk, el kufr, la injusticia, la opresión, el adulterio, el libertinaje y el asesinato. Entre ellos se establecen, a causa de ello, profundos vínculos de amistad y cordialidad.

Las familias moralmente descarriadas, los líderes y sus seguidores que propagan el pecado y el extravío, las bandas de bandidos y ladrones, los partidos y compañías que promueven y difunden el extravío, el pecado y la obscenidad, y los Estados y pueblos que sostienen y transmiten una injusticia, una opresión y una corrupción generalizadas, se ayudan y cooperan mutuamente para propagar el pecado. Varios Estados emprenden campañas para someter a un país o Estado débil y convertir en esclavos a sus habitantes, basándose en la creencia de que entre ellos se ha establecido una gran amistad (alianza) o un acuerdo militar (pacto militar).

Todos los que mantienen relaciones entre sí creen que son grandes amigos y que su ayuda y cooperación se desarrollan con el mayor éxito. Pero cuando comparezcan en el más allá ante el campo del juicio, comprenderán que han sido completamente engañados. Cada una de las personas mencionadas anteriormente sentirá que el padre afectuoso, el hermano, el esposo, la esposa, el amigo, el líder o aquel a quien consideraba su aliado es, en realidad, su peor enemigo. Ese día, todos los vínculos y relaciones, los lazos familiares, la amistad, la alianza o el pacto se convertirán en enemistad. Ese día se insultarán y se maldecirán unos a otros. Cada uno querrá atribuir su culpa al otro, para que sea su adversario quien sufra el castigo más severo. Esto se menciona en diversos lugares del Corán.

Las acusaciones mutuas entre los pecadores

Por su debilidad humana, el ser humano muchas veces se deja influir por otros. Muchos se entregan a actos pecaminosos por complacer al esposo o a la esposa, para hacer feliz al padre o al hijo, para agradar a un amigo, para satisfacer a un líder político o a un guía espiritual y maestro, para complacer a un superior y conservar el empleo o conseguir un ascenso, o para satisfacer a un gobernante opresor. Debido a esta necedad, en el más allá sufrirán un engaño y una decepción extremos. El Sagrado Corán menciona repetidamente este asunto y advierte a esos grupos autoengañados. A continuación se ofrecen algunas citas:

(Árabe ******************************************************)

«Aquellos cuyas palabras seguía la gente se apartarán por completo de sus seguidores el Día de la Resurrección. Ambos contemplarán el horror del terrible castigo de aquel día. Su relación quedará completamente cortada. Los seguidores dirán: “Si de algún modo pudiéramos regresar una vez al mundo, allí nos desvincularíamos por completo de ellos, tal como hoy ellos se han desvinculado de nosotros”. Pero Allah mostrará a todos sus obras, las cuales les traerán pesar y arrepentimiento. Serán arrojados al Infierno y de ningún modo podrán salir de su fuego».-(Sura Al-Baqarah: 166-167)

Al morir, los ángeles de Allah preguntarán a quienes hayan atribuido falsamente mentiras a Dios:

(Árabe **************************************************************)

«¿Dónde están hoy aquellos a quienes adorabais aparte de Allah? Ellos responderán que se han apartado de ellos. Entonces reconocerán que, en verdad, no creían en Allah. Allah les dirá: “Entrad en el Infierno junto con los grupos de genios y seres humanos que os precedieron”. Cada vez que un grupo de estos entre en el Infierno, maldecirá al grupo semejante que lo precedió. Cuando todos los grupos se hayan reunido allí, el grupo posterior dirá acerca del grupo anterior: “¡Señor nuestro!, ellos nos extraviaron. Por tanto, impónles un castigo doble en el Infierno”. Allah dirá: “Para ambos habrá un castigo doble, pero vosotros no lo sabéis”. El primero de ellos dirá al último: “No sois en absoluto mejores que nosotros. Sufrid, pues, el castigo por lo que habéis ganado”».-(Sura Al-A’raf: 37-39)

Por lo general, se observa que los débiles, los carentes de bienes, los gobernados y los oprimidos obedecen, voluntaria o involuntariamente, a los gobernantes tiránicos que están en el poder. Sobre su destino en la otra vida se ha dicho:

(Árabe **************************************************************)

«Cuando ambos grupos sean reunidos en el campo de la Resurrección, el grupo débil dirá a los de la clase poderosa y orgullosa: “Nosotros seguíamos vuestras palabras. ¿Podéis hoy aliviarnos algo del castigo de Dios?”. Ellos responderán: “Si Allah nos hubiera mostrado algún camino, os lo habríamos mostrado a vosotros. Ahora, tanto si soportamos este castigo como si lo aceptamos con paciencia, para nosotros es lo mismo. Ya no tenemos ninguna posibilidad de salvación”».-(Sura Ibrahim: 21)

(Árabe **********************************************************)

«El profeta Abraham (la paz sea con él) dijo: “El hecho de que hayáis tomado como dioses a los ídolos en lugar de Allah se debe únicamente a vuestra amistad mutua. Pero el Día de la Resurrección os enfrentaréis y os maldeciréis unos a otros. Y vuestra morada final será el Infierno. No tendréis ningún auxiliador”». (Sura Al-Ankabut: 25)

En la aleya anterior se afirma que no existe ninguna razón para tomar como dioses, en lugar de Allah, el Creador y Sustentador del universo, a ídolos fabricados por sus propias manos. Al hacerse unos a otros amigos en el asunto de convertirlos en dioses, sus intereses y amistad mutuos los impulsaron a adorar esos ídolos. Comprenderán este error suyo en la otra vida.

(Árabe ************************************************************)

«¡Oh, humanidad! Temed a Allah, vuestro Señor, y temed el día en que ningún padre podrá ser de utilidad para su hijo, ni ningún hijo para su padre. Ciertamente, la promesa que Allah os ha hecho acerca del Día de la Resurrección es una verdad ineludible. Por tanto, que vuestra vida mundana no os engañe ni el seductor Satanás os aparte de Allah». (Sura Luqman: 33)

(Árabe ***************************************************************)

«El día de la Resurrección, cuando sean arrojados de bruces al Infierno, dirán: “¡Ojalá hubiéramos obedecido a Allah y al Mensajero!”. Y dirán: “¡Oh, nuestro Señor! ¡Ay de nosotros! Solo seguíamos a nuestros líderes y mayores. Por tanto, ¡oh, Señor!, duplícales el castigo y maldícelos con una maldición extrema”». (Sura Al-Ahzab: 66-68)

(Árabe *******************************************************************)

«Estos incrédulos dicen: “De ningún modo creeremos en el Corán, ni creeremos en ninguno de los Libros anteriores”. ¡Si pudieras ver cuando estos injustos estén de pie ante su Señor y se reprochen unos a otros! Ese día, los débiles e indefensos dirán a los orgullosos dirigentes de la sociedad: “Si no hubiera sido por vosotros, habríamos creído en Alá”. Los dirigentes orgullosos dirán a los débiles: “¿Acaso os apartamos del camino recto después de que os llegó el mensaje de la guía? Más bien, vosotros mismos fuisteis culpables”. Los débiles dirán a los ricos: “Sí, ciertamente. Al contrario, fueron vuestras conspiraciones de día y de noche las que nos mantuvieron extraviados. Vosotros nos ordenabais negar a Alá y asociarle copartícipes en la adoración y la obediencia servil”. Alá dice: “Cuando vean el castigo, tratarán de ocultar su vergüenza y su arrepentimiento. Pondremos cadenas en los cuellos de quienes negaron estas verdades. Recibirán la consecuencia de sus actos, conforme a sus obras”». (Sura Saba, 31-33)

Veamos también cómo, en la sociedad, los gobernantes que se apartan de Alá y se rebelan contra Él, y que ejercen su dominio sobre los demás, entran en una profunda oposición con quienes llaman a la verdad. Miran con desprecio a los temerosos de Alá que se aferran a la verdad, y la clase gobernante, para justificar la sedición y la corrupción de la sociedad, acusa a quienes llaman a la verdad de extraviados, impostores, personas que llevan una máscara religiosa y sembradores de confusión. Pero en la otra vida sufrirán un gran engaño cuando la verdad real se manifieste ante ellos. Dirán:

(Árabe *************************************)

«Y dirán —desde el Infierno—: “¿Qué ocurre? No vemos a aquellos a quienes contábamos entre los malvados; no los vemos”». (Sura Sād, 62)

El día de la Resurrección, Alá, exaltado sea, dirá a los incrédulos:

(Árabe *****************************************)

«“Hoy es el día de la decisión final que vosotros negabais”. (Entonces se dará la orden de Alá:) “Traed a esos injustos junto con sus compañeros y con aquellos cuyas órdenes seguían, rodeadlos y conducidlos al Infierno. Esperad, hacedlos detenerse un momento, pues se les harán algunas preguntas. ¿Qué os pasa, que hoy no os ayudáis unos a otros?”. ¡Vaya! Hoy vemos que unos abandonan a los otros. Los dirigentes y sus seguidores discutirán, enfrentándose unos a otros. Los seguidores dirán: “Vuestra llegada ejercía una enorme influencia sobre nosotros; es decir, no teníamos otra opción que obedecer vuestras órdenes”. Los dirigentes dirán: “Vosotros mismos no quisisteis creer. ¿Qué autoridad teníamos sobre vosotros? Más bien, vosotros mismos erais desobedientes y rebeldes. Ahora se ha cumplido la palabra de nuestro Señor y tendremos que probar ese castigo nuestro”. (Después admitirán y dirán:) “Os extraviamos, y nosotros mismos estábamos extraviados”. Alá dice: “Ese día ambos grupos compartirán por igual el castigo. Así tratamos a los pecadores”». (Sura as-Saffat, 21-34)

Quienes, por meros intereses mundanos, se entregan a la desobediencia de Alá para complacer a los dirigentes y gobernantes rebeldes y apartados de Él deben extraer una lección de la exposición anterior.

Por ello, el Noble Profeta (la paz y las bendiciones sean con él) declara:

(Árabe **********************************)

«No se puede obedecer en absoluto a ninguna criatura (persona) desobedeciendo a Allah».

(Árabe ********************************************************************)

«Quienes habían negado a Allah y la otra vida dirán el Día de la Resurrección: “¡Señor nuestro! Muéstranos a aquellos, entre los yinn y los seres humanos, que nos extraviaron. Hoy los pisotearemos y los humillaremos”». —(Hamim as-Sajda: 29)

(Árabe *******************************************************************)

«El Día de la Resurrección, cuando los amigos se encuentren, ninguno hablará con el otro. Ese día, los pecadores pensarán que, para librarse del castigo de ese día, podrían entregar a cambio a su hijo, a su esposa, a su hermano, a sus familiares e incluso todo lo que hay en el mundo, con tal de salvarse. Pero eso jamás podrá ocurrir. El castigo les alcanzará inevitablemente, y ese día las llamas del Yahannam reducirán su piel a cenizas». —(Sura al-Ma‘arij: 10-16)

(Árabe **********************************************************************)

«En aquel terrible día de la Resurrección, el ser humano huirá de su hermano, de su madre, de su padre, de su esposa y de sus hijos. Ese día, cada uno estará tan aterrorizado y preocupado que no tendrá tiempo para prestar atención a nada más». (Sura Abasa: 34-37)

La enorme decepción y el gran engaño que estos rebeldes contra Dios y apartados de Dios sufrirán en la otra vida han quedado claramente expuestos en el análisis anterior.

En este mundo, algunas personas han convertido a otros seres humanos en socios de Dios. Es decir, para complacer a esos socios inventados de Dios, desobedecen las palabras y las órdenes de Dios, Creador del universo, y, abandonando el camino recto, adoptan el camino equivocado en la vida. Sean o no llamados abiertamente «ilah» o «rabb», cuando se les obedece de la manera en que debe obedecerse a Dios, se les convierte en partícipes y socios de Dios. Sobre esos falsos dioses, es decir, sobre los socios de Dios y sus seguidores, se ha dicho:

(Árabe ***********************************************************)

«(Que no olviden aquel día,) el día en que Dios los llamará y dirá: “¿Dónde están hoy Mis socios, a quienes considerabais Mis socios?”. Aquellos contra quienes se pronuncie esta acusación dirán: “¡Oh, Señor nuestro! Estos son los que nosotros extraviamos. Así como nosotros estábamos extraviados, también los extraviamos a ellos”. Luego se dirá a sus seguidores: “Llamad en busca de ayuda a aquellos a quienes convertisteis en Mis socios”. Los llamarán, pero ellos no les responderán. Entonces ambos grupos verán acercarse el castigo del Infierno. ¡Cuánto mejor habría sido que hubieran seguido el camino recto!». (Al-Qasas: 62-64)

La otra vida: el día de las ganancias y las pérdidas

En los versículos del Sagrado Corán mencionados anteriormente, la otra vida es llamada Yawm at-Taghabun. La palabra «taghabun» significa victoria y derrota, así como engaño y decepción, cuyo análisis completo se ha expuesto anteriormente. Además, en árabe, las ganancias y pérdidas de un negocio también se llaman «taghabun». Es decir, la otra vida es verdaderamente el día de las ganancias y las pérdidas.

El ser humano emprende un negocio con la esperanza, guardada en su corazón, de obtener ganancias mediante él. Cuando su negocio resulta rentable, naturalmente se alegra. Cuando afronta pérdidas, se entristece y queda desconsolado.

Allah ha comparado todo lo que la gente del mundo hace a lo largo de su vida con un negocio. Después, las ganancias y las pérdidas de ese negocio se conocerán el Día del Juicio en el Más Allá. Al respecto, Allah dice:

(Árabe *******************************************************************)

«Oh, vosotros que habéis creído, escuchad. ¿Acaso no queréis que os hable de un negocio que os salvará de un castigo doloroso? Ese negocio consiste en que creáis en Allah y en Su Mensajero, y luchéis por la causa de Allah con vuestros bienes y vuestras vidas. Esto es lo mejor para vosotros, si supierais. Entonces Allah os perdonará y os hará entrar en jardines por cuyos bajos fluyen ríos, para que permanezcáis en ellos eternamente, y en moradas hermosas en los jardines de la residencia eterna. Esa es, en verdad, la gran victoria.» —(Sura As-Saff: 10-12)

Un negocio es algo en lo que la persona invierte su capital, tiempo, esfuerzo, capacidad e inteligencia. Hace todo esto para obtener beneficios. En el versículo del Sagrado Corán que estamos tratando, la fe y la lucha por la causa de Allah han sido llamadas un negocio. Si una persona consagra todo lo que posee a esta labor, lo que obtendrá como beneficio se menciona en el versículo siguiente. Son principalmente tres cosas:

o Obtendrá salvación en el Más Allá del severo y doloroso castigo.

o Allah le perdonará todos sus pecados.

o Tendrá un lugar en un Paraíso donde disfrutará de las infinitas dichas y riquezas de Allah. Será su morada eterna. Y a todo esto se le ha llamado la gran victoria. Por la explicación anterior se ha sabido aquí que el Más Allá es, en realidad, el árbitro final de las ganancias y pérdidas eternas de la persona.

En la explicación anterior también se ha demostrado claramente que el Más Allá, es decir, la vida que viene después de la muerte, es una verdad inevitable e ineludible. También se ha explicado su necesidad.

1. La palabra «yihad» significa esfuerzo total. Se llama yihad a todo tipo de esfuerzo físico, mental, económico e intelectual, así como al empleo de todos los medios y recursos para alcanzar algo. La yihad puede ser de dos tipos: la yihad por la causa de Allah y la yihad por la causa de Satanás. La yihad que se realiza únicamente para obtener la complacencia de Allah y mediante los métodos y procedimientos establecidos por Él se denomina yihad por la causa de Allah. La yihad que se realiza exclusivamente por intereses mundanos y personales es la yihad por la causa de Satanás. En otras palabras, la yihad contra la religión de Allah es la que se denomina yihad por la causa de Satanás o por la causa del tagut. En todas las épocas, las fuerzas rebeldes contra Dios han librado la yihad por la causa de Satanás contra la verdadera religión. Esto merece especial mención. Todo está bien cuando termina bien. Por tanto, el éxito final en la otra vida será el verdadero éxito.

La realidad es que la vida mundana es un gran centro de pruebas para el ser humano.

(Árabe ***************************************************************)

«Allah ha dado la vida y la muerte para probaros y ver quién de vosotros es mejor en sus obras.» (Sura al-Mulk: 2)

El ser humano ha sido enviado aquí dotado de conciencia, conocimiento del bien y del mal, y libertad de acción. Ha sido enviado por un tiempo determinado. También se le ha dado el programa de su vida. Cuando su tiempo llegue a su fin, deberá regresar junto a Aquel que lo envió. Después de su retorno, naturalmente y con plena justicia, se le preguntará hasta qué punto cumplió el programa que se le había dado.

El programa de su vida es el sagrado Corán. Su realización plena se encuentra en toda la vida del último profeta, Muhammad Mustafa (la paz sea con él). Por eso, esta vida constituye para cada ser humano un modelo grandioso e indispensable.

Por cumplir dicho programa, el ser humano será recompensado en la vida posterior a la muerte. Y si lo descuida, necesariamente tendrá que recibir un castigo. Sin embargo, se ha dejado enteramente a su libertad la decisión de ponerlo en práctica o no. Esta es su gran prueba de fuego. La alegría de aprobar y la tristeza de no aprobar son cosas completamente naturales. Que el examinado, si descuida su deber, tenga que enfrentarse al máximo arrepentimiento y remordimiento no es nada nuevo.

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Las cinco preguntas del Más Allá

En el Sahih de Tirmidhi se narra un hadiz sobre las principales preguntas que Allah, exaltado sea, hará a la humanidad el Día del Juicio. Lo narró Hazrat Ibn Masud (que Allah esté complacido con él). Se ha dicho:

(Árabe ****************************************************************)

Ese día se le harán principalmente cinco preguntas al ser humano. No podrá dar ni un paso adelante sin responderlas. Las preguntas son:

o ¿En qué empleó los momentos de su vida?

o (En particular) ¿En qué ocupó el tiempo de su juventud?

o ¿Cómo obtuvo sus ingresos?

o ¿Cómo y por qué medios gastó el dinero y los bienes que adquirió? ¿En qué medida puso en práctica en su vida el conocimiento verdadero que había adquirido?

Entre las respuestas a estas cinco preguntas se revelará el retrato completo de toda la vida del ser humano. El hombre puede vivir su vida de dos maneras. En primer lugar, puede vivir obedeciendo a Alá después de creer en Alá, el Mensajero y el Más Allá.

En segundo lugar, puede llevar una vida rebelde contra Dios y alejada de Él, opuesta a la obediencia a Dios. El pecado, la inmoralidad, la injusticia y la opresión contra los demás, la corrupción, la usura, el soborno, el adulterio y el asesinato, entre otros, son manifestaciones de una vida rebelde contra Dios y alejada de Él. Se le preguntará cuál de estas dos formas de vida ha seguido.

La primera pregunta mencionada anteriormente tampoco carece de importancia. En realidad, después de la primera pregunta no haría falta ninguna de las demás. Sin embargo, las otras preguntas señalan dónde radican las debilidades del ser humano.

La juventud es una etapa de la vida humana en la que se desarrollan plenamente su energía para actuar y sus facultades. También se desarrolla su impulso sexual. Un río rebosante y encendido por la pasión sexual se agita ante el golpe de una ligera brisa, desborda sus límites e inunda ambas orillas. Del mismo modo, en el río caudaloso de la vida humana, las ráfagas de los instintos pueden hacer que sus oleadas sexuales desborden sus límites. Esto no es anormal. La verdadera prueba de fuego del ser humano consiste precisamente en dejar los instintos sin control o mantenerlos reprimidos y sometidos. Durante la juventud, una persona puede abusar también de su capacidad física. O bien puede servir a la humanidad mediante virtudes como la moderación, el amor y el afecto, el perdón, la misericordia y la generosidad. Por eso esta pregunta es sumamente importante.

La tercera y la cuarta preguntas revelan el verdadero carácter humano. Obtener dinero y riquezas es una necesidad natural del ser humano. También es sumamente necesario para sustentar la vida.

Es indispensable establecer un principio tanto para obtener como para gastar las riquezas. Pues la felicidad y la desgracia, el progreso y el retroceso de toda la sociedad humana dependen de la forma en que se obtienen, gastan y distribuyen los recursos.

Muchos no admiten que sea necesario seguir algún principio al obtener y gastar el dinero. Según ellos, se puede ganar dinero por cualquier medio. Así como desean libertad ilimitada para obtener riquezas explotando a otros mediante la usura y el soborno, o desviándolos mediante la embriaguez de la obscenidad, también desean exactamente la misma libertad para gastarlas. A su juicio, no hay nada censurable en gastar las riquezas obtenidas, sin distribuir una parte entre quienes carecen de ellas ni emplearla en alguna obra beneficiosa, simplemente en el lujo y el disfrute, o en promover y difundir la inmoralidad, el pecado y la obscenidad. Tampoco consideran injusto concentrar por medios deshonestos y reprobables las riquezas de toda la sociedad en manos de unos pocos y dejar a los demás desnudos y hambrientos.

Por otra parte, quienes protestan contra semejante sistema económico opresivo e injusto nacionalizan la política de distribución de las riquezas, los ingresos y los gastos, y convierten a toda la nación en esclava política. Entonces los seres humanos de ese país llegan a ser peores que los animales. Ya no tienen libertad personal ni dignidad humana alguna. Como el ganado y los búfalos del campesino, deben trabajar con los ojos cerrados en los campos y las llanuras para producir las cosechas, sobre las cuales no tienen ningún derecho. Para muchos, tampoco este sistema injusto es censurable.

Sin embargo, la instrucción del Señor Allah el Altísimo, Creador, Dueño y Sustentador de toda la creación, es que, así como cada persona debe ganar dinero por medios honestos y legítimos, también debe gastarlo por medios honestos y con buenos propósitos. De los bienes adquiridos debe dar a los pobres, los incapaces, los desamparados, los ciegos, los enfermos, los afligidos que carecen de ingresos y a las personas necesitadas. También se ha advertido que los bienes adquiridos no deben permanecer acumulados como ahorros guardados ni gastarse en lujos y placeres. Por eso estas dos preguntas tienen tanta importancia en la otra vida.

La quinta y última pregunta será esta: cuando el llamado a la verdad llegó a la persona, o cuando pudo comprender la verdad, ¿la aceptó o la rechazó? Después de adquirir el conocimiento de la verdad, ¿formó su carácter conforme a él? ¿Vivió su vida bajo la luz iluminadora de ese conocimiento? Si, sometida a sus pasiones, rechazó la verdad por intereses personales y placeres mundanos, o por albergar una ciega hostilidad hacia quien llamaba a la verdad, eso también deberá presentarse ante Dios en el Día del Juicio.

Aunque los eruditos de la nación judía comprendieron que el llamado del último Profeta era verdadero, se dedicaron a oponérsele por intereses mundanos y por una ciega hostilidad hacia el último Profeta. Una gran parte de la comunidad musulmana de la actualidad sigue dejándose arrastrar por la corriente de ese mismo error.

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El alma

Una pregunta es si el castigo de la tumba recae sobre el alma o sobre el cuerpo. Hay diferencias de opinión al respecto. Algunos dicen que recae únicamente sobre el alma. Otros dicen que recae tanto sobre el alma como sobre el cuerpo. En este contexto, también es necesario hablar de qué es el alma.

Aunque el alma es una entidad invisible y sutil, ¡es una realidad innegable! Por eso también es muy difícil analizarla. Allah dice:

(Árabe ******************************************************************)

“Cuando lo haya formado completamente y haya insuflado en él algo de Mi Ruh, entonces postraos ante él.” (Sura Al-Hiyr: 29)

A partir de la aleya anterior se puede comprender que el alma insuflada en el cuerpo humano es, en realidad, una sutil imagen luminosa de los atributos de Allah. La longevidad, el conocimiento, la fuerza, la voluntad, la facultad de elección y todos los demás atributos que existen en el ser humano, cuya suma recibe el nombre de alma, constituyen un sutil reflejo o imagen luminosa de los atributos divinos, que fue depositado o insuflado en el cuerpo humano.

Es evidente que no nos es posible analizar correctamente el alma. Sin embargo, podemos comprender al menos que el alma mantiene vivo y activo el cuerpo. Su ausencia convierte al ser humano en un cadáver inmóvil.

El alma es algo que, aunque nunca sea visible, puede percibirse claramente. Es una fuerza tan misteriosa que, en cuanto se une al cuerpo humano, este cobra vida y se vuelve activo.

En realidad, el alma es el ser humano verdadero. El cuerpo no es más que el vehículo o la envoltura de ese ser humano. Aunque el alma es una entidad sutil e invisible, tiene una forma, y esa forma es exactamente igual a la del cuerpo. El alma es la verdadera; el cuerpo es una imitación. Cuando dice “yo”, es al ser humano, es decir, al alma, a quien se refiere. El dolor y la aflicción, así como la alegría y la felicidad, no pertenecen al cuerpo de “mí” (del alma). Aunque el ser humano (el alma) y el cuerpo son dos entidades separadas, están vinculados entre sí.

El placer y el sufrimiento se sienten en el cuerpo. Sin embargo, muchas veces también se experimentan placer, sufrimiento y alegría sin el cuerpo. La relación del cuerpo es con el mundo material, mientras que la relación del alma es con el mundo eterno e invisible.

No es difícil concebir que el alma pueda experimentar placer o sufrimiento en la tumba o en el mundo posterior a la muerte. Por supuesto, ya se ha dicho que la verdadera naturaleza de ese mundo está más allá de nuestro conocimiento, intelecto e imaginación. No obstante, solo podemos hacer una cierta conjetura.

La persona (el alma) que, durante el sueño, abandona el cuerpo y vaga por otros lugares —en países y sociedades diferentes, en el agua, en la tierra y en el espacio— también experimenta plenamente el placer y el sufrimiento. También posee un cuerpo incorpóreo con todos sus miembros completos. Y, puesto que el placer y el sufrimiento pertenecen al alma, a veces, en una pesadilla, la persona invisible que ha abandonado el cuerpo, agobiada por el dolor y la aflicción, derrama lágrimas. Al despertar, se observa que las mejillas de la persona corpórea que yace en la cama están húmedas por sus lágrimas. Sin embargo, el derramamiento de lágrimas del ser humano que es el alma y la causa de ello quizá hayan ocurrido a cientos de miles de millas de distancia. El cansancio que se siente después de un esfuerzo intenso en un sueño permanece como efecto hasta después de despertar. Cuando estábamos en Calcuta, una noche, en nuestro propio barrio, un famoso jugador de fútbol soñaba que jugaba al balón. De repente, sumido en el sueño, gritó en voz alta “¡gol!” y pateó el balón. Como su patada alcanzó a su esposa, que dormía a su lado, tuvieron que llamar a un médico esa misma noche.

Es posible que el alma invisible de la persona, atacada en algún lugar muy lejano de su lecho por tigres, osos o bandidos y ladrones, esté gritando desesperadamente pidiendo ayuda. Muchas veces también se puede oír el eco de sus gritos desde el cuerpo yacente.

Ya se ha dicho que el alma de la persona que, en sueños, realiza sus actividades en otro lugar también posee un cuerpo. Sus alegrías y sufrimientos son semejantes a los de una persona dotada de un cuerpo material. Puesto que, tanto en el estado de sueño como en el de vigilia, la alegría y el sufrimiento pertenecen al alma, y no al cuerpo, si se anestesia una parte del cuerpo con un medicamento, se corta su relación con el alma y se secciona esa parte con un cuchillo, el alma no sentirá nada. Se ha dicho que la relación del alma es con el mundo invisible y sutil. El mundo invisible y sutil es ilimitado y constituye un mundo situado más allá del mundo material. Por eso, en sueños, se puede encontrar a una persona fallecida que se encuentra en el barzaj. Esto no significa que la persona fallecida, o su alma, regrese a este mundo material.

Al despertar, olvidamos las alegrías y los sufrimientos breves, considerándolos ilusorios. Después de que el sueño termina, se lo considera irreal y falso. Pero si el sueño nunca terminara, entonces sería real y verdadero.

Después de la muerte, en la tumba, el alma de la persona puede experimentar alegría y sufrimiento, o los siervos virtuosos pueden disfrutar y las almas pecadoras sufrir de una manera contraria a nuestras ideas. Si la alegría y el sufrimiento pertenecen al alma, y no al cuerpo, ¿qué razón podría haber para que no haya alegría ni sufrimiento después de la muerte?

A propósito de mencionar el sueño y las visiones, recuerdo otra cuestión. ¿Qué es, entonces, este fenómeno del sueño? Durante el sueño, ¿permanece el alma vinculada al cuerpo o se separa de él? Esta es, ciertamente, una pregunta.

No sé qué dirán los científicos y los fisiólogos. Pues su campo de estudio es la materia, no los asuntos invisibles. Ciertamente, muchas sustancias invisibles pueden detectarse con la ayuda del microscopio. Pero ¿ha sido alguna vez detectada al microscopio una sustancia como el alma? No solo el alma: ¿se ha hecho alguna vez visible mediante algún instrumento la sensación del alma, ya sea alegría, tristeza o dolor?

Por eso surge la pregunta: ¿adónde va el alma durante el sueño? ¿Y dónde permanece? Tal vez los psicólogos puedan decir algo. Pero eso también se basa en conjeturas y suposiciones. ¿Cuál es la prueba de su veracidad? A decir verdad, este es un asunto sumamente difícil de comprender. Sin duda, constituye un aspecto notable del misterio de la creación. El Noble Corán dice:

(Árabe ***********************************************************************)

«Alá se lleva las almas en el momento de su muerte, y también se lleva durante el sueño las almas cuya muerte aún no ha llegado. Luego retiene aquellas para las que ha decretado la muerte y devuelve las demás hasta un plazo determinado. En ello hay muchas señales para las personas reflexivas». (Sura Az-Zumar: 42)

Alá también dice:

(Árabe *********************************************************************)

«Él se lleva vuestras almas durante la noche y sabe lo que hacéis durante el día. Luego, después de llevarse vuestras almas, os devuelve nuevamente a vuestra actividad durante el día, para que se cumpla el plazo determinado de la vida. Finalmente, tendréis que regresar a Él. Entonces os informará de lo que hacíais». (Sura Al-Anam: 60)

En estos dos versículos se afirma que el alma abandona el cuerpo en el momento de la muerte y también durante el sueño. Sin embargo, la diferencia es que las almas de aquellos cuya muerte no ha sido decretada son devueltas durante un plazo determinado.

Se entiende, pues, que el sueño sobreviene cuando el alma abandona el cuerpo. Sin embargo, el sueño es temporal, porque el alma vuelve a ser enviada al cuerpo. A aquel cuya alma no es devuelta se le declara definitivamente muerto.

También se señala en el primer versículo que en ello hay materia para la reflexión de las personas reflexivas.

El profesor Arthur Ellison, tras reflexionar e investigar los versículos del Corán, llegó a la conclusión de que la muerte y el sueño son lo mismo en cuanto al abandono del cuerpo por parte del alma. Sin embargo, durante el sueño el alma vuelve al cuerpo, mientras que durante la muerte no vuelve; esto ha quedado demostrado por el estudio de PARA PSYCHOLOGIC.

Sin embargo, esta forma de separación del cuerpo es distinta. Cuando el alma se separa del cuerpo para siempre, la persona puede percibirlo en el momento de la separación y sufre un dolor insoportable.

(Árabe*************)

«Y verdaderamente llegó la agonía de la muerte. (Esta muerte es algo) de lo que tratabas de escapar».–(Sura Qaf: 19)

A veces también se observa lo contrario. Hay personas sanas que están rezando. Mientras se encuentran postradas, la muerte llega sin que ni ellas ni los demás se den cuenta. O bien cenan por la noche y se duermen plácidamente, pero ese sueño ya no se interrumpe. También se oyen casos semejantes. Mi madre, sana y fuerte, después de terminar las labores de todo el día, se puso de pie para realizar la oración de la noche, la oración de Isha. Tenía la intención de comer después de terminar la oración. Pero, mientras estaba postrada, su alma salió de su cuerpo. Que Allah la perdone.

Al separarse el alma del cuerpo en el momento de la muerte, dejan de existir en el cuerpo el latido, la circulación de la sangre y la vitalidad. Pero durante el sueño todo eso permanece. En realidad, esta diferencia entre el sueño y la muerte también depende de la decisión de Allah, Dueño del cuerpo y de la vida. Cuando se decide la muerte, el estado del cuerpo cambia; y cuando no se decide, el estado del cuerpo permanece en gran medida normal. Esta es también una manifestación del poder infinito de Allah, y no hay manera de negarlo. Intentemos comprenderlo con un ejemplo. Supongamos que un hombre cambia de casa y se marcha a otro lugar. En tal caso, se lleva todos los muebles y enseres de su casa, hasta la escoba y el felpudo. Después queda solamente una vivienda vacía. Pero cuando se marcha a otro lugar de visita por unas horas o unos días, los muebles y enseres de su casa permanecen como antes; solo él está ausente. La muerte es así: no es simplemente un cambio de casa, sino un traslado de este mundo al Más Allá. Al partir, no deja en su morada ninguno de los enseres del cuerpo: ni el latido del corazón, ni la circulación de la sangre, ni la vitalidad del cuerpo, ni el conocimiento, la conciencia, la capacidad de sentir ni nada semejante. Pero durante el sueño, el alma se marcha por un tiempo a otro lugar, dejando en su morada todos sus enseres.

Espero que, después de este ejemplo, no resulte difícil comprender la diferencia entre el sueño y la muerte.

La intercesión en el Más Allá

Como el tema del Más Allá no quedaría completo sin un análisis detallado de la intercesión, considero necesario presentar aquí una idea general, aunque clara, sobre ella.

Allah Ta‘ala es el Creador de este universo y de toda la creación que hay en él. Él es el Dueño tanto de la dunya como de la Âjira. Así como Él es el único Soberano de la autoridad y el gobierno, también en el Más Allá, en el campo del Hasher, sólo Él tiene el derecho exclusivo de examinar las obras de Sus siervos y decidir al respecto. Él dice: (Árabe************) «Ese día —el Día de la Resurrección— el reino pertenecerá únicamente a Allah Ta‘ala. Él decidirá sobre el futuro de los seres humanos». —(Sura al-Hajj: 56)

Es decir, para el juicio de ese día no tendrá ninguna necesidad de buscar la ayuda de nadie, establecer un tribunal de jurados para tomar la decisión correcta ni aceptar el consejo de nadie. Él es omnisciente por Sí mismo. Conoce las obras ocultas y manifiestas de cada persona. Además, para hacer patente la justicia y la equidad, Sus ángeles han registrado minuciosamente y con exactitud cada obra oculta y manifiesta de los siervos, preparando un registro en forma de libro de obras. Este libro de obras será entregado a cada persona. Al verlo, los pecadores expresarán su asombro y dirán: (Árabe************)

«¡Qué asombroso que en este libro de obras no haya quedado sin registrar ningún pecado, ni grande ni pequeño!». —(Sura al-Kahf: 49)

El libro de obras es escrito por los ángeles. Ellos no cometen errores. No tienen ninguna inclinación a equivocarse ni a pecar. Pero ¿acaso Allah depende del libro de obras escrito por los ángeles? De ninguna manera. Los ángeles escriben en el mismo momento cada acto que ven realizar al siervo. No tienen conocimiento de las obras futuras del siervo. Sólo registran aquello que lo ven hacer. Pero para Allah, el pasado y el futuro están presentes por igual. Las obras futuras del siervo también se presentan ante Él como algo presente. Por tanto, incluso sin el libro de obras escrito por los ángeles, Él puede tomar la decisión correcta basándose en Su conocimiento perfecto. Sin embargo, desde la perspectiva de la justicia y para que los siervos crean, Él ha dispuesto que se escriba el libro de obras. Por consiguiente, si se necesitara una tercera parte para tomar una decisión, se estaría rebajando a Allah de Su sublime rango. Que alguien ejerza influencia sobre Él o le proporcione un conocimiento mayor acerca de las obras y la moral de los siervos es algo que sólo podría pensar un idólatra. Por tanto, en aquel Día del Juicio Él no necesitará aceptar el consejo ni la intercesión de ninguna persona. (Árabe****************)

«Antes de que llegue ese día, en el que no habrá transacciones, ni amistad ni afecto, ni intercesión». —(Sura al-Báqara: 254)

Pero es sumamente lamentable que muchas personas alberguen una concepción errónea acerca del tawhid. Más bien, creen firmemente que existen ciertas personas que intercederán por los pecadores ante Allah en el campo del Hasher. Allah Ta‘ala los perdonará conforme a la intercesión de esas personas y los enviará al Paraíso.

Ellos creen que esta intercesión será eficaz. Por eso conceden más importancia a la intercesión que a la adoración de Allah. Una razón de esta importancia es que consideran a los intercesores como los favoritos de Allah, muy cercanos a Él y sumamente influyentes. La consecuencia inevitable es que, en lugar de refrenar sus pasiones, renunciar a los placeres mundanos, sacrificarse y obedecer los mandatos de Allah, se vuelven excesivamente ansiosos por complacer a aquellas personas que han aceptado como intercesores. Así pues, para obtener su satisfacción, les ofrecen nazr-niyaz, hacen votos de nazr-niyaz en su nombre, colocan flores y shirni en sus tumbas, esparcen rosas sobre ellas, encienden lámparas y distribuyen shirni en nombre de los santos fallecidos, entre otras prácticas; ellos mismos las realizan con gran entusiasmo e incitan a otros a hacerlas. Creen que de este modo podrán complacerlos. Una vez complacidos, sin duda intercederán por ellos en el campo del Hasher. Y esta intercesión nunca fracasará.

Esta concepción ha surgido por falta de una comprensión y una fe fundamentales en el islam. Algunas personas no quieren aceptar las creencias fundamentales del islam y formarse conforme a ellas; en realidad, son malhechores. No tienen una concepción correcta de la Âjira. Tampoco desean imitar el Corán y el hadiz, ni la vida práctica del Santo Profeta (la paz y las bendiciones sean con él) y de sus nobles compañeros. Piensan que, aunque exista la Âjira, quizá haya allí algún otro camino fácil para alcanzar la salvación. Los demonios de entre los genios y los seres humanos les susurran que algún santo fallecido, conocido por cierto nombre, realizará por ellos la intercesión. Con esta esperanza en el corazón, acuden a la tumba de algún musulmán piadoso o a alguna tumba imaginaria y le ofrecen una veneración, un respeto y unas súplicas que corresponden únicamente a Allah Ta‘ala. Los fallecidos tampoco tienen forma de saber nada de lo que hacen en esas tumbas. Y cuando Allah Ta‘ala les informe de ello, no estarán complacidos con los adoradores de tumbas, sino profundamente afligidos por sus actos de shirk. Para quienes quieren convertir a los seres humanos en dioses en lugar de Allah, o hacerlos socios de Allah, no puede esperarse de ningún justo otra súplica o intercesión que una maldición.

Consideremos ahora a algunos de los llamados santos vivos de este mundo. Allí también se congregan los peores delincuentes de la sociedad. Acuden a ellos creyendo que tienen tanta influencia ante Dios que, el Día del Juicio, sin duda influirán en Dios para obtener su salvación. Con esta esperanza, los colman de toda clase de valiosas ofrendas y donativos.

Es totalmente razonable pensar que, el Día del Juicio, Alá Todopoderoso concederá a esas personas el honor de interceder; por tanto, serán ciertamente habitantes del Paraíso. De lo contrario, quien no tiene ninguna esperanza de alcanzar su propia salvación, ¿cómo podría obtener la dicha de interceder por otros? Y, en realidad, si algún pīr o walī es verdaderamente piadoso, ¿cómo podría ser amigo de pecadores y delincuentes? El Día del Juicio, los pecadores no tendrán ningún amigo ni intercesor.

«Los injustos no tendrán ningún amigo íntimo ni ningún intercesor cuya palabra sea escuchada.» (Sura Al-Mu’min: 18)

Algunos de los llamados pīres y walíes, a cambio de grandes sumas de nazrana y valiosos regalos y dádivas, en lugar de reformar el carácter de personas pecadoras y contrarias a la sociedad, las alientan a persistir en el pecado; su propia salvación es incierta y, más aún, por ayudar a los opresores, ellos también merecerán el castigo.

El Corán dice acerca de estas personas:

«En el Día del Juicio, esos líderes, a quienes se seguía en el mundo, manifestarán su desvinculación de sus seguidores; sin embargo, ciertamente recibirán el castigo y todos los vínculos y relaciones entre ellos quedarán cortados. Quienes siguieron a esos líderes en el mundo dirán: “¡Ay de nosotros! Si se nos hubiera dado una oportunidad en el mundo, hoy les habríamos mostrado nuestro rechazo, tal como ellos nos muestran su descontento y repugnancia”. Alá Todopoderoso les presentará de este modo las obras que realizaron en el mundo, y quedarán abrumados por la aflicción y el arrepentimiento. Pero no habrá ninguna salida del fuego del Infierno.» (Sura Al-Baqara: 166-167)

Los líderes religiosos de las comunidades anteriores alejaban así a la gente del camino de Alá, en nombre de la religión y movidos por la codicia de ganar dinero.

El Corán dice:

«Es decir, la mayoría de los eruditos (de la Gente del Libro), los pirs y derviches consumen ilícitamente los bienes y riquezas de la gente y los apartan del camino de Allah». (Sura At-Tawba: 34)

Así, esos extraviados opresores, sentados en sus tronos religiosos, venden fatwas, obtienen ganancias ilícitas y saquean las ofrendas votivas (nazr-niyaz); inventan toda clase de normas y prácticas religiosas mediante las cuales la gente les compra la salvación del Más Allá, hasta el punto de que no puede realizar sus asuntos de vida y muerte, matrimonios y demás sin alimentarlos, agasajarlos y satisfacerlos, y los convierte en los encargados de forjar y quebrar su destino. No se contentan con eso; por sus propios intereses, estos pirs y derviches atrapan a la gente en las redes del extravío y, cuando se proclama una invitación a la verdad para la reforma y la rectificación, estos comerciantes de la religión son los primeros en desplegar sus redes de engaño y se empeñan decididamente en bloquear el camino de la invitación a la verdad.

Al presentar este ejemplo de la Gente del Libro de las comunidades anteriores, Allah advirtió a los musulmanes. Pero muchos de nosotros, imitándolos, mantenemos prósperos unos tronos religiosos artificiales.

Quienes no están dispuestos a cumplir ellos mismos los preceptos del islam y, engañando en nombre de la religión, mantienen a la gente alejada del islam, también estarán angustiados por su propia salvación; ¿dónde tendrían siquiera la capacidad de interceder por otros?

El concepto islámico de la intercesión

¿Acaso eso significa que no existe en las creencias islámicas nada llamado intercesión? Sí, ciertamente existe. Sin embargo, el Corán Sabio refuta repetidamente el concepto politeísta de la intercesión descrito anteriormente y presenta un concepto conforme al islam. Algunas personas intercederán por otras en el campo de la Resurrección.

Esta intercesión será de una naturaleza completamente distinta. Con ella no disminuirá ni siquiera en la mínima medida ninguno de los atributos de Allah, ni disminuirán en lo más mínimo Su señorío y Su autoridad. La intercesión de aquel día tendrá lugar con Su permiso, estará sujeta a condiciones especiales y será limitada. Se llevará a cabo conforme a normas y procedimientos especiales.

  • En primer lugar, el asunto de la intercesión estará enteramente en manos de Allah y se realizará conforme a Su voluntad.

(Árabe*************)

«Di: Toda la cuestión de la intercesión está en manos de Allah». —(Sura Az-Zumar: 44)

(Árabe**************)

«¿Quién podrá interceder ante Él sin Su permiso?». —(Sura Al-Baqara: 255)

  • Solo podrá hablar el intercesor en favor de aquel por quien Allah, complacido, conceda permiso para interceder.

(Árabe********)

«No se podrá interceder por nadie salvo por aquellos con quienes Allah esté complacido». —(Sura Al-Anbiya: 28)

  • Todo lo que diga el intercesor durante la intercesión será, en todos los aspectos, verdadero y justo.

(Árabe************)

«Nadie podrá hablar excepto aquellos a quienes Allah, el Misericordioso, conceda permiso, y dirán exactamente la verdad». —(Sura An-Naba: 38)

La intercesión que tendrá lugar dentro de las condiciones y los límites mencionados no será como ninguna recomendación ante los gobernantes de este mundo. Será únicamente una súplica humilde, una oración y una petición de perdón, en actitud de absoluta servidumbre. No será nada más. En la mente del intercesor no habrá lugar ni siquiera para la más sutil idea de que la intercesión tenga como fin cambiar la decisión de Allah o aumentar Su conocimiento. Después de recibir el permiso, concedido por la inmensa gracia del Único Dueño y Rey del Más Allá, el intercesor dirá con extrema humildad y sumisión: «¡Oh, Dueño y Rey del mundo! Perdona los pecados y las faltas de ese siervo tuyo. Acógelo en el ámbito de Tu perdón y Tu misericordia».

De esto se demuestra que, así como Allah es quien concede y acepta la intercesión, en realidad el intercesor también es Allah mismo.

(Árabe********)

«Fuera de Él (Allah), no tienen ningún protector o tutor, ni tampoco ningún intercesor». —(Sura Al-An’am: 51)

Los hadices han explicado quiénes serán los intercesores y por quiénes se intercederá. Los intercesores serán las personas virtuosas y cercanas a Allah. Se intercederá por aquellos cuya fe y obras sean tan insuficientes en la balanza que no alcancen para obtener el perdón. Les quedará cierta carencia para reunir las condiciones necesarias para ser perdonados. Para compensar esa carencia, Allah, por Su gracia, concederá permiso para interceder por ellos.

De la exposición anterior queda claro que nadie tiene autoridad para interceder según su propia voluntad. Allah concederá a alguien permiso para interceder por aquellos por quienes se intercederá, con la intención de perdonarlos tras quedar complacido con ellos.

Entonces surge naturalmente en la mente la pregunta: si es así, es decir, si Allah Todopoderoso lo hará todo, ¿cuál es entonces la razón de la intercesión?

La respuesta es que, en aquel día de la gran prueba, cuya visión aterradora hará que no solo la gente común, sino también los profetas, se sientan temerosos y aterrorizados, y en el que nadie tendrá la fuerza ni el valor para hablar ante el Gran Señor, Allah elevará la dignidad de algunos de Sus siervos escogidos y amados concediéndoles permiso para interceder. El grado más elevado de esta dignidad corresponderá al último Profeta, el honorable Muhammad Mustafa (la paz y las bendiciones de Allah sean con él).

En esta exposición detallada ha quedado absolutamente claro que la intercesión es, en realidad, el nombre de un método especial de perdón de Allah Todopoderoso, algo diferente de las normas generales del perdón. Podemos llamarla el principio de la gracia adicional en la concesión del perdón (leyes especiales de clemencia). También es, ciertamente, un principio y un método. Asimismo, responde plenamente a las exigencias de los atributos de Allah, como Su unicidad, señorío, autoridad, majestad y conocimiento. Esto no menoscaba en absoluto las leyes que rigen la recompensa o el castigo.

También es necesario recordar que obtener el perdón en el Más Allá es absolutamente imposible sin la gracia de Allah. El Profeta dijo: (árabe***************)

«Sabed que ninguna persona de entre vosotros puede esperar la salvación únicamente en virtud de sus obras» (Muslim).

Pero, así como esto es cierto, también es cierto que esta gracia o «favor y benevolencia» de Allah Todopoderoso se basa en un principio. Él dará cobijo bajo Su favor y benevolencia únicamente a quienes, por su fe y sus obras, sean dignos de ello. Cuanto mejores sean la fe y las obras de una persona, tanto más merecedora será de Su favor y benevolencia. Y cuanto menor sea el capital de fe y obras de alguien, tanto menos merecedor será de recibir Su gracia. También habrá muchos desdichados que no serán dignos en absoluto del perdón.

En resumen, en la práctica el perdón depende de la fe y las obras de las personas. Y, en este asunto, el derecho de tomar la decisión desde el principio hasta el final pertenece exclusivamente a Allah Todopoderoso.

Todo lo que se ha dicho constituye la concepción correcta de la intercesión desde la perspectiva del islam. Si no se borran de la mente las concepciones erróneas y politeístas sobre la intercesión descrita anteriormente, y no se adopta la concepción islámica, la fe en el Más Allá perderá todo sentido.

¿Puede el muerto oír algo del mundo terrenal?

Después de la muerte, la persona permanece en un mundo invisible llamado Alam al-Barzaj. Ahora bien, la pregunta es si puede oír las conversaciones de la gente del mundo terrenal, sus alabanzas y glorificaciones, sus elogios, sus súplicas y sus ruegos.

La respuesta se encuentra en el Sagrado Corán. Allah dice: (Árabe************)

«¿Y quién está más extraviado que aquel que invoca, en vez de Allah, a quienes no pueden responderle hasta el Día de la Resurrección? Más bien, no tienen conocimiento alguno de las invocaciones que se les dirigen». —(Sura Al-Ahqaf: 5)

Las invocaciones de quienes, en el mundo terrenal, los llaman no les llegan en absoluto. Ellos no oyen esas invocaciones con sus propios oídos, ni reciben por ningún medio la noticia de que alguien los está llamando.

Para comprender detalladamente esta declaración de Allah Ta’ala, hay que entenderla de la siguiente manera: las entidades a las que todos los politeístas del mundo invocan, aparte de Allah, son de tres tipos. El primero consiste en objetos inanimados, que los propios seres humanos fabricaron con sus manos y convirtieron en divinidades.

En segundo lugar, algunas personas piadosas y venerables que ya han fallecido.

En tercer lugar, aquellas personas extraviadas y descarriadas que abandonaron este mundo después de haber extraviado y corrompido también a otros.

Respecto a las divinidades del primer tipo, es evidente que, al ser materia inanimada y sin vida, no pueden oír ni ver nada, ni tienen poder alguno para hacer nada.

Las divinidades del segundo tipo, es decir, los piadosos y venerables que han fallecido, también permanecerán ajenos a las súplicas y oraciones de la gente del mundo por dos razones. La primera es que se encuentran ante Allah en una condición en la que las voces de la gente del mundo no llegan directamente hasta ellos; la segunda, que Allah y Sus ángeles tampoco les transmiten ninguna noticia del mundo. La razón es que quienes durante toda su vida enseñaron a la gente a suplicar únicamente ante Allah son ahora aquellos a quienes la gente invoca; nada podría resultarles más doloroso. Allah no desea en absoluto causar ningún tipo de sufrimiento a las almas de Sus siervos piadosos.

Las divinidades del tercer tipo también permanecen ajenas por dos razones. La primera es que se encuentran como acusados en la prisión de Allah, donde no llega ningún sonido del mundo. Su misión ha tenido mucho éxito en el mundo y la gente los ha convertido en divinidades; sin embargo, Allah y Sus ángeles no les transmiten este hecho.

Si se les comunicara una noticia semejante, sería para ellos motivo de gran alegría. Y Allah nunca desea complacer a estos opresores.

A este respecto, debe entenderse que los saludos y las oraciones de la gente del mundo son transmitidos a los siervos piadosos de Allah, porque eso será motivo de alegría para ellos.

Del mismo modo, Allah hace oír a los pecadores y criminales las maldiciones, humillaciones, reproches, insultos y demás expresiones de la gente del mundo. Con ello aumenta aún más su sufrimiento.

Está escrito en el hadiz que, después de la batalla de Badr, se hizo oír a los incrédulos muertos en combate el reproche del Noble Profeta, porque eso les causaba sufrimiento. Pero a los siervos piadosos no se les transmite nada que pueda causarles sufrimiento.

Considero que la discusión anterior dejará claro si los muertos pueden conocer y oír algo del mundo.

Hace algún tiempo, después de visitar en Ajmer el mausoleo del señor Khwaja, le pregunté a un amigo cantante: así como nosotros pedimos muchas cosas ante Allah el Altísimo, suplicamos, rogamos y lloramos, vi que algunas personas también le pedían muchas cosas al difunto señor Khwaja, suplicándole y rogándole. Algunos estaban interpretando qawwali en su mausoleo. Esto está estrictamente prohibido en el islam; ¿qué opina usted?

Él dijo: en cualquier caso, si cantar en su mausoleo estuviera prohibido, él lo habría prohibido, o nos habría alcanzado su maldición, pero eso no le ha ocurrido a nadie; además, a él le gustaban las canciones qawwali.

Mi amigo evitó responder a las primeras cuestiones, pero creía que, cuando se cantaba qawwali en su mausoleo, él lo escuchaba y se alegraba. Considero que la discusión anterior refutará esta clase de ideas y creencias de mi amigo y de muchas otras personas. Se les piden muchas cosas a numerosos santos y derviches de Allah, pues se los considera poseedores de un poder infinito. Sin embargo, nadie, ninguna fuerza ni entidad aparte de Allah, puede causar daño o beneficio alguno a los seres humanos. Esto se afirma en muchos pasajes del Sagrado Corán.

Lo curioso, y el gran logro de Satanás, es que aquellos que enseñaron el tawhid durante toda su vida fueron convertidos por la gente en dioses después de su muerte.

Hazrat Abdul Qader Jilani (r) enseñó que, después de su muerte, incluso dirigirse a él diciendo «¡Oh Abdul Qader, da algo por amor de Allah!» sería shirk; sin embargo, he visto esas palabras escritas con grandes letras en la pared exterior de la famosa khanqah de la orden Qaderiya. En su nombre también se practican muchas formas de shirk. Pero él y muchos otros como él no pueden saber en absoluto que personas ignorantes los han convertido en dioses.

Algunas personas también creen que el alma del difunto va y viene por el mundo; si esta creencia fuera cierta, demostraría que las afirmaciones anteriores son falsas. Entonces Khwaja de Ajmer y Hazrat Abdul Qader Jilani (r) podrían ver personalmente que la gente los había convertido en dioses, y eso les causaría una terrible angustia. Y Allah nunca lo desea. Por tanto, no hay ninguna manera de regresar al mundo desde el alam al-barzaj.

Una idea equivocada

Es indiscutible que en la otra vida triunfarán las personas rectas y virtuosas. Entre los no musulmanes, muchos realizan diversas buenas obras. Decir la verdad, ayudar a los afligidos, gastar dinero y hacer sacrificios para procurar el bienestar alimentario, realizar muchas obras de beneficio público y otras acciones semejantes también se observan entre personas de otras religiones. Aunque no creen en el tawhid de Allah ni en el din de la verdad, poseen esas cualidades mencionadas. Tampoco hay duda de que las obras descritas son virtudes. Entonces, ¿qué les sucederá en el juicio de la otra vida?

Muchos creen que, como recompensa por sus buenas obras, ellos también obtendrán el cielo o el Paraíso. Examinemos y comprobemos una vez qué grado de verdad hay en esta creencia o ধারণা.

(Árabe****************)

«Y quien haga una buena obra, sea hombre o mujer, pero sea creyente, esos entrarán en el Paraíso y no se les hará la menor injusticia (es decir, no se menoscabará en lo más mínimo ninguno de sus derechos)».–(Sura An-Nisá: 124)

(Árabe*******)

«Quienquiera que haga una buena obra, sea hombre o mujer, con la condición de que sea creyente, le concederemos en este mundo una vida pura y santa, y (en el Más Allá) le daremos la mejor recompensa conforme a las obras de esas personas».–(Sura An-Nahl: 97)

(Árabe**********)

«Y quien haga buenas obras, sea hombre o mujer, si es creyente, todos ellos entrarán en el Paraíso, donde se les concederán provisiones innumerables».–(Sura Al-Mumin: 40)

Los versículos anteriores anuncian una recompensa por las buenas obras. Pero en cada ocasión se ha impuesto la condición de que quien realiza buenas obras debe ser necesariamente creyente. Solo después de creer en las creencias fundamentales del islam se recibirá la recompensa por las buenas obras.

En muchos lugares del Noble Corán se dice así:

(Árabe**************)

Quienes han creído y han realizado buenas obras; es decir, la fe es una condición previa para las buenas obras. Primero hay que creer en Allah, en Su Libro, en Sus Mensajeros y en el Más Allá, entre otras cosas. Después también se han especificado cuáles son las buenas obras. Los profetas y mensajeros mostraron personalmente estas buenas obras en la vida real. Hay que realizarlas según los métodos y procedimientos que ellos enseñaron. El objetivo de estas obras será realizarlas únicamente para obtener la satisfacción de Aquel a quien se ha aceptado como Creador, Proveedor, Dueño, Señor, Rey y Gobernante —lo cual significa tener fe—. Si no existe fe en Aquel que posee el único derecho a otorgar la recompensa, ni deseo de obtener Su satisfacción, ¿de dónde vendrá la recompensa? Por eso, la salvación y la recompensa en el Más Allá dependen de las buenas obras, y las buenas obras serán fructíferas junto con la fe.

¿Quién puede negar que el único Creador, Dueño y Señor del universo y de cada partícula de sus criaturas es Allah, el Altísimo? Ese Allah ha dado al ser humano todo lo necesario para vivir. Él ha creado todos los medios y elementos necesarios para el bienestar y la comodidad, así como para los nuevos inventos destinados al progreso y la prosperidad en la vida. Él le ha dado conocimiento, inteligencia y discernimiento, fuerza para trabajar y una extraordinaria capacidad inventiva. Él es quien ha enviado para la humanidad el dīn de la verdad, es decir, un sistema de vida verdadero, hermoso y beneficioso. Para guiar siempre a las personas por el camino recto y brindarles educación moral, ha enviado, generación tras generación, a los profetas y mensajeros. Él es el Creador, Dueño y Señor de este mundo y del Más Allá. Él es también el único Dueño y Juez del Día del Juicio. Sin embargo, se negó la soberanía, autoridad y obediencia debidas a un Allah semejante. Se negó a Sus profetas y mensajeros, así como el Día del Juicio del Más Allá. En lugar de glorificar, obedecer y servir al Allah Creador, Señor y Sustentador, se glorificó y adoró a alguna de Sus criaturas o a algún objeto imaginario. Más arriba se mencionó la veracidad como una de las cualidades de las personas no musulmanas buenas. Pero después de negar la verdadera religión y negar la gratitud hacia el Creador, Señor y Sustentador misericordioso, ¿qué valor insignificante puede conservar la veracidad?

En segundo lugar, se mencionaron cualidades como su generosidad, sus obras de beneficio público y sus donaciones y caridades. Pero piensen: las riquezas y bienes, todos los medios necesarios para las obras de beneficio público, el conocimiento, la inteligencia y la fuerza para trabajar, todo es un don de Allah. Por un lado, se ayudó a otros con bienes donados y, por otro, se negó la obediencia, el servicio y la gratitud al verdadero Dador. Es como donar al santo una vaca ajena. ¿Qué valor puede tener semejante donación?

¿Acaso no es señal de orgullo, arrogancia e ingratitud inclinar la cabeza en obediencia a Allah, el Creador y Sustentador, y negar Su glorificación, adoración y servicio? ¿No es esto extrema insolencia, ingratitud y traición? Además, se ofrecieron adoración, servicio, sumisión y obediencia a otras criaturas de Allah. Se otorgó a la criatura la grandeza propia del Creador. ¿Puede haber una insolencia, una injusticia y una opresión mayores que estas? Por eso Allah dice:

(Árabe**********)

«El ejemplo de quienes se negaron a aceptar la religión de Dios es que sus buenas obras serán como cenizas. En un día de tormenta, cuando un viento violento las disperse por el aire, no podrán obtener nada de esas buenas obras. Porque su incredulidad en la religión de Dios los había extraviado y llevado muy lejos del camino.» —(Sura Ibrahim: 18)

Es decir, aquellos que han actuado con ingratitud, traición, arbitrariedad, desobediencia y pecado hacia su propio Señor, Alá, y se han negado a adoptar los modos de servidumbre, obediencia y adoración cuya invitación trajeron los profetas —la paz sea con ellos—, verán finalmente que todas las actividades de su vida y el capital de sus obras y conducta acumuladas a lo largo de ella quedan reducidos a algo tan inútil y carente de sentido como un enorme montón de cenizas que, al acumularse poco a poco, ha adquirido la forma de una montaña. Pero, con el violento viento de un solo día, cada partícula de sus cenizas se dispersará en el vacío. Su hermosa civilización y cultura, basadas en el engaño; sus sorprendentes obras de arte y arquitectura; sus enormes universidades; sus ilimitados tesoros de conocimiento, ciencia y bellas artes; e incluso sus cultos y devociones, sus buenas obras manifiestas, sus donaciones, limosnas y actividades de beneficio público demostrarán ser nada más que un enorme montón de cenizas. Todas esas actividades de las que se enorgullecían y jactaban no tendrán ningún peso ni importancia en la balanza del juicio, el Día del Juicio en el Más Allá.

Alá también dice:

(Árabe*************)

«Quienes de entre vosotros renieguen de la religión del islam y mueran en la incredulidad verán anuladas todas sus buenas obras en este mundo y en el Más Allá. Serán los moradores del Infierno y permanecerán allí eternamente». —Sura de Al-Baqarah: 217

No solo se perderán las buenas obras de quienes son incrédulos en la religión del islam; también quienes, después de creer en la religión del islam, la abandonen tendrán un destino igual al de los incrédulos infieles.

En resumen, el Corán Majestuoso declara de manera inequívoca, casi página tras página, que todos aquellos que se han negado a aceptar la religión de la verdad enviada por Alá, hagan o no alguna buena obra en este mundo, tendrán su lugar en el Infierno.

Si quienes niegan a Alá y al Mensajero desean fervientemente recibir una recompensa en el Más Allá, deberían reclamarla a aquellos a quienes adoraron y glorificaron, bajo cuyas órdenes y dominio vivieron, y cuya señoría y autoridad aceptaron. Pero, aparte de Alá, ¿habrá ese día algún ser poderoso capaz de conceder a alguien una recompensa o infligirle un castigo? ¿Tendrán la capacidad, el valor y la osadía de organizar consignas o marchas de protesta para reclamar el Paraíso? Además, quienes negaron la resurrección, el Más Allá, el juicio y el ajuste de cuentas, el Infierno y el Paraíso, ¿qué pueden esperar obtener allí, o qué pueden decir para reclamarlo?

Por tanto, si en el Más Allá no se concede ningún valor a las buenas obras de los incrédulos rebeldes contra Alá y alejados de Él, ello estará basado en una justicia perfecta.

Sin embargo, si han hecho alguna buena obra en este mundo, recibirán su recompensa aquí mismo. Después de la muerte no les quedará nada por recibir.

Los beneficios terrenales de creer en el Más Allá

Toda persona, sea cual sea su país o su pueblo, anhela la paz. Esta paz reside en vivir tranquila y seguramente con la esposa, los hijos y la familia; desplazarse libremente con seguridad; disfrutar de los derechos fundamentales y estar a salvo de la intromisión ajena en los propios derechos. Asimismo, esta paz reside en la libertad y las oportunidades para construir la vida conforme a los propios ideales y valores. Si alguno de estos aspectos se ve obstaculizado, o falta la garantía de cualquiera de ellos, la paz se perturba.

Pero ¿existe esta paz en algún lugar de la sociedad humana? En algunos lugares no existe en absoluto y, donde existe, es solo en pequeña medida. Si en su familia no hay una lucha de ideales ni sopla la tormenta de un desacuerdo extremo; si dentro de los límites de su hogar nunca rondan ladrones y malhechores; si puede recoger en casa toda la cosecha de sus campos sin peligro; si sus sirvientes, al hacer las compras, no se apropian ni de una sola moneda, ni atentan contra su vida y sus bienes por causa de conspiraciones externas, entonces, sin duda, podrá decirse que vive en paz. Pero hoy en día se observa lo contrario en todas partes; por eso no hay paz en ningún lugar.

Tomemos como ejemplo nuestra sociedad. Como consecuencia de la extrema decadencia moral, la enfermedad de la corrupción extrema en todos los niveles sociales ha hecho insoportable la vida de la gente. Hay corrupción entre el pueblo en general, corrupción entre profesores y alumnos, corrupción entre los responsables de todos los niveles. Desde el robo de zapatos en las mezquitas hasta el robo de bienes del Estado, todo ocurre a gran escala. También hay corrupción en las instituciones encargadas de combatir la corrupción y la delincuencia. El fantasma se ha escondido en la misma mostaza con la que se pretende expulsarlo. Como consecuencia, el orden público se ha desmoronado. Por eso la persona oprimida no obtiene justicia; los ricos poderosos y los antisociales logran sus malos propósitos burlándose de la ley.

Además, observen cómo hoy el terrorismo extremo ha echado raíces en distintos países. Asesinatos, bandolerismo, atracos —incluido el secuestro de aviones—, matanzas brutales y la destrucción de edificios y viviendas mediante dinamita y toda clase de explosivos se han convertido en hechos cotidianos. En el hogar, en los centros educativos y en las calles, el honor, la integridad e incluso la vida de las mujeres ya no están a salvo. Un país poderoso lanza una agresión armada contra otro y establece su dominio sobre él. Mata cruelmente a cientos de miles de hombres y mujeres. Incendia una aldea tras otra y quema los campos de cultivo. De los esqueletos humanos solo se elevan lamentos y gritos de dolor. No hay remedio para esta opresión y este aplastamiento. Toda la humanidad se encuentra hoy indefensa.

¿Tiene alguien un remedio para todo esto? Hace apenas unos días, terroristas volaron el edificio de la embajada estadounidense en Beirut. Hubo enormes pérdidas de vidas y bienes. Un avión de pasajeros de Corea del Sur fue destruido por el impacto de un misil ruso. Varios cientos de hijos inocentes de Adán perdieron la vida. Rusia se apoderó de Afganistán por la fuerza, arrasó los hogares y las tierras de los afganos, mató cruelmente a cientos de miles de personas y dejó sin hogar, por miedo a perder la vida, a millones de personas. Sus lamentos y gritos de dolor afligieron a la gente del mundo. Israel convirtió todo el Líbano en una Karbala. Pero ¿se obtuvo algún remedio? Este tipo de hechos estremecedores sigue ocurriendo cada día, con nuevas formas, por todo el mundo. En respuesta a la pregunta de si se tomarían medidas contra los terroristas, Casper Weinberger no pudo decir nada en nombre del Gobierno estadounidense; ¿y qué iba a decir? Si se responde a un golpe con otro golpe, habrá que esperar un golpe aún mayor. ¿Cómo puede eliminarse la actitud de golpear injustamente? ¿Conocen las sociedades modernas y los gobernantes de los Estados civilizados algún método eficaz para reformar el carácter de los enemigos de la humanidad —antisociales, delincuentes, bandidos, saqueadores, terroristas y otros semejantes—? No; en absoluto. Solo saben competir en la fabricación de armas para atacar y para defenderse de los ataques. No poseen ningún arma para reformar el carácter humano.

Esta arma solo la posee el islam. Allah la ha enviado a la humanidad por medio de los profetas y mensajeros. Esa arma es una creencia: una convicción firme sobre cuya base se forman la mentalidad, el carácter, los gustos y los valores de la vida. Es una creencia que presenta una filosofía de vida, enseña su meta y propósito, enseña los deberes y el sentido de responsabilidad de la vida, la hace significativa y crea un intenso sentimiento de rendir cuentas por cada acto ante un poder invisible. Esta creencia enseña que el universo y los seres humanos que hay en él no fueron creados sin propósito. Después de crearlos, no se los dejó aquí sin riendas para que hicieran cuanto quisieran, sin que nadie recompensara las buenas obras ni castigara las malas. La verdad es que, después de la muerte, habrá que regresar ante Aquel que los creó. Después habrá que rendirle cuentas de cada obra buena y mala realizada durante la vida terrenal. Si alguien ha cometido una injusticia en este mundo, o ha destruido vidas y bienes humanos como delincuente y terrorista, tendrá que recibir necesariamente el castigo que merece. Ese día nadie tendrá poder para impedir el castigo del Castigador. El castigo de entonces será eterno, porque la vida de entonces tampoco tendrá fin y la muerte jamás volverá a tocar a nadie. Esto es la creencia en el Más Allá. Quien ese día otorgará el castigo o la recompensa es Allah Todopoderoso, Creador también de este mundo, Creador de todos los seres vivos y de todas las cosas, incluidos los seres humanos, y Creador, Dueño y Señor del Más Allá.

Solo esta fe puede convertir al ser humano en verdaderamente humano; puede transformar al despiadado y cruel en alguien afectuoso y misericordioso. Puede convertir al hombre sin carácter en una persona íntegra, y al malhechor saqueador en protector de la vida y los bienes de las personas. Puede convertir al terrorista en alguien compasivo y amigo de la humanidad, y al corrupto en un combatiente contra la corrupción. En el séptimo siglo de la era cristiana ocurrió un milagro de esta naturaleza en Arabia, bajo el liderazgo del profeta Muhammad Mustafa (la paz sea con él). El Profeta (la paz sea con él) inculcó en los seres humanos pecadores la fe en Allah, con todos Sus atributos, y también creó en ellos la fe en el Más Allá y el sentido de la responsabilidad ante Allah. Basándose en esta fe, reformó su carácter. Transformó a una nación feroz y sedienta de sangre en una nación dedicada al bienestar de la humanidad. A través de ellos estableció un verdadero Estado del bienestar. Unió a todos mediante los sólidos lazos de la fraternidad, el afecto y el amor, la compasión por el sufrimiento ajeno y la ayuda y cooperación mutuas. Toda injusticia desapareció de la sociedad. Se estableció una sociedad tan feliz y hermosa como el mundo jamás había visto antes. Incluso hoy no existe en ningún lugar del mundo un sistema social semejante.

Si hoy las superpotencias y los Estados que gozan de su favor creyeran en Allah y en el Más Allá, y destinaran al servicio de la humanidad la enorme cantidad de dinero que gastan en la carrera armamentista, surgiría un mundo nuevo. Si, bajo el liderazgo ideológico del profeta universal Muhammad Mustafa (la paz sea con él) respecto de Allah y del Más Allá, las personas extraviadas de todas partes formaran su carácter, cesaría en todo lugar el sangriento juego con la vida humana. Cada uno consideraría seguras su vida y sus bienes, y desaparecería la mentalidad corrupta. La administración, el orden público, los negocios y el comercio, la educación, la justicia y todos los demás ámbitos funcionarían correctamente y en beneficio de la gente. Las fuerzas del orden no violarían ellas mismas la ley. No sacarían al extranjero los recursos del país. Nadie se apropiaría de los bienes del Estado ni engañaría a otra persona. Nadie se sentaría como dictador sobre el cuello de la nación con ayuda de las armas. La voz del oprimido nunca sería silenciada; nadie tendría que quedar encadenado a la esclavitud; en ningún lugar se escucharían lamentos por falta de alimento y vestido; y nadie sufriría los tormentos de la enfermedad por falta de atención médica. Todo esto constituye el bienestar y los beneficios terrenales de creer en el Más Allá. Si los orgullosos del poder, los gobernantes despóticos, los portadores y esclavos mentales de la civilización materialista occidental que no cree en Allah ni en el Más Allá lograran comprender esta verdad, toda la humanidad podría beneficiarse.

Las responsabilidades de los padres hacia los hijos y de los hijos hacia los padres

El hijo que nace del padre y del vientre de la madre es amado por ambos más que nadie. Los padres no pueden soportar ningún tipo de sufrimiento o dificultad de su hijo. Cuando el hijo cae enfermo, el padre y la madre se llenan de angustia. Sin embargo, puede afirmarse sin ninguna duda que, por lo general, para la madre el hijo es un objeto de amor aún mayor que para el padre. Para obtener este ser querido y deseado, objeto de su más profundo amor y ternura, la madre acepta voluntariamente y con una sonrisa las dificultades del embarazo y los intensos dolores del parto. Este dolor es semejante al de la muerte. Muchas mujeres incluso mueren por no poder soportarlo. Aun así, nadie se niega a volver a quedar embarazada. Después de intensos dolores y sufrimientos, cuando el hijo nace, basta con que la madre lo mire para que desaparezcan todas sus penas, sufrimientos y dolores, y en su rostro brote una sonrisa de dicha celestial. Es natural que este hijo sea para ella el objeto de su mayor amor.

Como la sangre del padre corre también por las venas del hijo, este es asimismo el ser más amado por el padre. Por eso, naturalmente, tanto la madre como el padre desean ver a sus hijos llevar una vida feliz y hermosa. Los padres no escatiman ningún esfuerzo para hacer felices a sus hijos. El padre que tiene ingresos les deja tierras, construye casas y les deja dinero en el banco, para que puedan vivir con la mayor felicidad.

Si eso es todo lo que hacen por ellos, hay que entender que su concepto de la vida es erróneo o incompleto. La vida terrenal no es la única vida, sino una parte de la vida completa. En este libro se ha expuesto ampliamente que existe una vida después de la vida terrenal y que esa es la verdadera vida.

Por tanto, hay que admitir que quienes desean ver a sus hijos vivir felices y libres de sufrimientos también deben reflexionar necesariamente sobre la vida que viene después de la vida terrenal. Pero, entre quienes reconocen que existe el Más Allá, ¿qué porcentaje piensa en la vida eterna de sus hijos en el Más Allá? Si sus hijos tienen un buen empleo, automóvil, casa, abundantes ingresos obtenidos con ambas manos, fama y prestigio, los padres se llenan de alegría. No se detienen a pensar cómo ganan el dinero sus hijos ni por qué camino están conduciendo sus vidas. No consideran necesario averiguar si viven como verdaderos musulmanes o si están sumergidos en los placeres de una vida materialista, sin ideales ni freno. Si pueden casar a su hija con el hijo de un rico, o si el yerno es un alto funcionario o un empresario, consideran cumplido por ese lado el propósito de su vida. Si su hija se convierte en bailarina o cantante, o en una estrella de cine que entretiene a innumerables personas entregadas a los placeres, muchos padres sienten que el pecho se les hincha de alegría. Naturalmente, es normal que quienes no creen en el Más Allá actúen así. Allah, el Altísimo, también ha dicho:

(Árabe*************************)

«Comed, bebed y disfrutad por unos días, porque sois unos criminales» —(Sura Al-Mursalat: 46)

Han negado la vida del Más Allá. Creen que la vida no es más que la vida de este mundo. Pero, aunque ellos lo crean, ¿acaso la verdad deja por ello de ser verdad? El Más Allá ciertamente llegará, y en esa vida no tendrán nada que les corresponda. Ese día serán destruidos quienes consideraban falsa la vida del Más Allá.

Esto es lo que ocurre con quienes no creen en el Más Allá. Pero quienes se llaman musulmanes muestran exactamente la misma conducta. ¿Acaso no es esto motivo de reflexión?

Por otra parte, es deber de los hijos estar agradecidos con sus padres, obedecerlos, servirlos y no permitir que sufran penas ni dificultades durante su vida. Muchos cumplen con ese deber, pero otros no. Quienes no lo hacen son ciertamente ingratos y desobedientes, y merecen la humillación. Pero quienes consideran que mostrar gratitud es su responsabilidad y su deber también deben esforzarse para que la vida de sus padres en el Más Allá sea feliz. Además, si durante la vida de sus padres ven que alguno de ellos sufre, el hijo ejemplar se aflige profundamente y hace todo lo posible por aliviar sus penas y sufrimientos. Del mismo modo, después de su muerte, el hijo ejemplar piensa que quizá su madre o su padre esté sufriendo. Aunque en realidad ya no pueda hacer nada por ellos, el hijo suplica de todo corazón a Allah Altísimo: «¡Oh Señor! Ten misericordia de ellos, tal como ellos me criaron con gran cariño cuando era pequeño». Esta súplica también fue enseñada por Allah Altísimo. Por tanto, si el hijo la hace sinceramente por sus padres, puede esperar que ciertamente sea aceptada. Así es como un hijo puede cumplir debidamente los derechos de sus padres, tanto durante su vida como después de su muerte.

Pero ¿qué vemos? Con frecuencia ocurre que un padre no puede tratar por igual a sus varias esposas y a sus hijos. Al repartir sus bienes, da a algunos más de lo que justamente les corresponde, a otros menos y priva por completo a otros de su derecho. Asimismo, algunos hijos, impulsados por una visión materialista de la vida, influyen injustamente en su padre, privan a sus hermanos y hermanas de sus derechos y consiguen que el padre les adjudique mediante documentos la parte mayor de sus bienes. El padre pone bienes ocultos a nombre de alguna esposa o de alguno de sus hijos. La conducta de ambas partes es una gran injusticia y una grave deshonestidad. Por ello tendrán que afrontar un severo castigo de Allah en el Más Allá.

Por tanto, si los padres desean para sus hijos una vida feliz en el Más Allá, y si los hijos desean ver feliz y hermosa la vida de sus padres en el Más Allá, la conducta de unos y otros en este mundo debe ser la que Allah y Su Mensajero han enseñado.

Es deber de los padres moldear el carácter de sus hijos conforme al islam desde la infancia, para que vivan plenamente como musulmanes. Por el contrario, si un hijo virtuoso ve que sus padres se han desviado del camino, hará todo lo posible por conducirlos al camino recto.

Si ambos cumplen sus respectivas responsabilidades, la vida de ambos en el Más Allá estará llena de dicha inagotable. Entonces, por la gracia de Allah Altísimo, podrán vivir juntos una vida de felicidad eterna en el mismo lugar.

Allah dice:

(Árabe*****************)

«Un Paraíso que será su morada eterna. Ellos (los creyentes) entrarán en él por sí mismos, y también irán allí con aquellos de sus padres, esposas e hijos que sean piadosos. Los ángeles acudirán a ellos desde todas partes para darles la bienvenida y les dirán: “La paz sea con vosotros. Hoy habéis alcanzado esta dicha por haber afrontado con paciencia todas las cosas en el mundo. ¡Qué excelente morada es esta del Más Allá!”» (Sura Ar-Ra‘d: 23-24)

También se ha dicho:

(Árabe************)

«Los ángeles que llevan el Trono divino y los que se encuentran a su alrededor glorifican todos a su Señor, alabándolo. Creen en Él y piden perdón en favor de quienes creen. Dicen: “¡Señor nuestro! Tú abarcas todas las cosas con Tu misericordia y Tu conocimiento. Perdona, pues, y salva del castigo del Infierno a quienes se han arrepentido y han seguido Tu camino. ¡Señor nuestro! Haz que entren en los Jardines eternos que les prometiste, y haz que lleguen allí con ellos también aquellos de sus padres, esposas e hijos que sean rectos (piadosos). Sin duda, Tú eres el Todopoderoso, el Omnisapiente”». (Sura Al-Mu‘min: 7-8)

El significado de las palabras anteriores de Allah, exaltado sea, es sumamente claro y no necesita explicación. En la sura At-Tur se dice con mayor claridad:

(Árabe***************)

«A quienes han creído y cuya descendencia ha seguido sus huellas en algún grado de fe, reuniré también con ellos a esos descendientes. Y no les disminuiré nada de sus obras». –(Sura At-Tur: 21)

En la sura Al-Mu’min se dice que los creyentes y las personas virtuosas alcanzarán la dicha del Paraíso. Entonces, para alegrar sus ojos, se les concederá a sus padres, esposas e hijos la oportunidad de permanecer junto a ellos, si después de creer hubieran realizado buenas obras. Es decir, al igual que en la vida terrenal, también en la vida del Más Allá podrán vivir juntos en el Paraíso, con sus esposas, hijos y familiares. Lo adicional que se dice en la sura At-Tur es que, si los hijos siguen las huellas de sus padres y antepasados en algún grado de fe, serán reunidos con ellos, aunque no hayan alcanzado la elevada posición que sus padres y antepasados obtuvieron por su fe y sus obras superiores. Y esa reunión no será como cuando alguien va ocasionalmente a visitar a otra persona. Al contrario, continuarán viviendo junto a ellos en el Paraíso. Además, se ha dado la seguridad de que, para reunir a los hijos con sus padres y antepasados, no se rebajará la posición de estos últimos ni se les hará descender; más bien, se elevará la posición de los hijos y se les reunirá con sus padres.

Por ejemplo, supongamos que padre e hijo han alcanzado el Paraíso gracias a su fe y sus obras. Pero el padre pertenece al primer rango y el hijo al tercero. Ahora bien, para reunirlos no se hará descender al padre al tercer rango; más bien, se ascenderá al hijo, mediante una promoción, al primer rango y se le concederá la oportunidad de vivir junto a su padre. Sin duda, esto es una muestra de la infinita gracia y generosidad de Allah Todopoderoso hacia Sus siervos virtuosos.

Este asunto merece la profunda reflexión de todos los padres y de todos los hijos. Si unos y otros cumplen correctamente sus respectivas responsabilidades, no solo su vida en el Más Allá será feliz y hermosa, sino que también en este mundo se formarán una sociedad y un entorno hermosos, puros y virtuosos. No existirán la maldad, la injusticia ni la obscenidad, y nacerá una sociedad humana basada en la justicia, con seguridad para las personas y sus bienes.

Palabras finales

La conclusión es que, después de la muerte, el ser humano obtendrá una nueva vida y entrará en una existencia nueva: esta es una verdad inevitable e irrefutable. Este mundo existe precisamente para hacer feliz y llena de dicha esa vida final. La vida terrenal es el campo de acción para la vida del Más Allá.

(Árabe*****************)

La llegada de las lluvias en los meses de Ashar y Shravan tiene lugar precisamente para que, en Poush, los graneros se llenen con las doradas espigas del arroz nuevo. El agricultor sensato que, bajo el agua de las lluvias y el ardor del sol, se esfuerza incansablemente en los campos y las tierras de cultivo, mojándose y quemándose, es quien obtiene al final de Hemanta la dorada cosecha de Shravan. Del mismo modo, este mundo es un campo de cultivo para obtener la cosecha en el Más Allá. Tal como sean las obras aquí, exactamente así será su fruto en el Más Allá.

Allah, el Altísimo, el Misericordiosísimo, ha advertido repetidamente a la humanidad en todo el Sagrado Corán acerca de su vida futura. Él ama profundamente a los seres humanos que ha creado. Por eso desea que embellezcan también su vida eterna en el Más Allá. En cada advertencia de Allah se manifiestan Su profunda compasión y Su tierna misericordia.

«Este Día del Juicio es una verdad suprema absolutamente cierta. Por tanto, quien quiera, que elija junto a su Señor su refugio final. Os hemos advertido y os advertimos de que se acerca un día de terrible castigo. Ese día, cada persona verá el fruto de sus propias obras. Los incrédulos de ese día dirán arrepentidos: “¡Ay de nosotros! ¡Ojalá hubiéramos sido polvo en vez de haber nacido seres humanos!”»—(Sura An-Naba: 39-40)

También cabe señalar que Allah no siente, ni puede sentir, odio hacia los rebeldes contra Dios y quienes se apartan de Él. ¿Cómo podría sentir odio por Sus criaturas, que dependen de una partícula de Su gracia? Por el contrario, Su misericordia y compasión infinitas se manifiestan cuando dirige un ferviente llamamiento incluso a los más rebeldes contra Dios y pecadores para que regresen a Él.

También debemos recordar que Él no tiene ningún interés personal en este ferviente llamamiento.

(Árabe**************)

«No espero de ellos (los seres humanos y los genios) ningún sustento. Tampoco quiero que me proporcionen alimento. Ciertamente, Allah es el Proveedor y el Omnipotente.»—(Sura Adh-Dhariyat: 57-58)

En el versículo en cuestión, Allah ha declarado con voz firme que no tiene ningún interés propio en relación con los genios y los seres humanos. Tanto si el ser humano sirve y obedece a Dios como si no, Su divinidad es eterna e imperecedera. Dios no depende en absoluto de la servidumbre y obediencia de nadie. Por el contrario, servir a Dios es un deber innato y natural del ser humano. Para eso fueron creados. Si se apartan de la servidumbre y obediencia a Dios, estarán actuando contra su propia naturaleza y provocarán su propia destrucción.

En todo el mundo, los falsos dioses dependen de la obediencia de sus súbditos. De esa obediencia dependen el esplendor de su falsa divinidad, la abundancia de sus riquezas y su vida lujosa. No son proveedores del sustento de sus seguidores; al contrario, son sus súbditos y seguidores quienes hacen posible su sustento y bienestar. Cuando los habitantes sometidos y obedientes de un país se rebelan, el palacio de su falsa divinidad queda reducido a escombros. Pero Allah, el Todopoderoso y Magnífico, es el Proveedor del sustento y el Sustentador de todos los seres vivos.

Entonces, ¿por qué les hace repetidamente un ferviente llamamiento para que regresen a Él? Su único propósito es perdonarlos si regresan a Él.

Él quiere concederles las partículas de Su gracia.

(Árabe**********)

«Y quienes no asocian a ninguna otra divinidad con Allah, no matan a ninguna persona, salvo por una causa justa —en cuyo caso es distinto—, y no cometen adulterio —ellos son los verdaderos siervos amados de Allah—; y quienes hacen eso sufrirán sus consecuencias. El Día de la Resurrección, su castigo se duplicará, y permanecerán eternamente en el Infierno, sumidos en la humillación. Pero quienes se arrepienten, regresan a Allah, creen y siguen obrando rectamente, Allah les registra buenas obras en lugar de sus pecados. Y Allah es sumamente poderoso y misericordioso». (Sura Al-Furqan: 68-70)

En estos versículos, antes de anunciar el perdón de Allah, se mencionan tres pecados sumamente graves:

Primero: asociar a otro con Allah. Invocar a alguien aparte de Allah para que ayude en las desgracias y calamidades o para que cumpla los deseos del corazón; en la terminología islámica, esto se denomina shirk.

Segundo: matar injustamente. Este también es un pecado tan grave que, por ello, habrá que convertirse en habitante del Infierno eternamente, como los incrédulos politeístas.

(Árabe**************)

“Y quien mate intencionadamente a un creyente, su morada será el Infierno, donde permanecerá eternamente. Allah se enojará con él, lo maldecirá y le ha preparado un castigo terrible.” —(Sura An-Nisá: 93)

Allah desea ver plena paz y orden en la sociedad humana, y desea ver completamente protegidas la vida, los bienes, el honor y la dignidad de cada persona. Nada contrario a esto es en modo alguno Su intención. Por eso dice:

(Árabe***********)

“Quien mate a una persona en la tierra, sin que esta haya cometido el delito de matar a alguien o de sembrar la corrupción en ella, será como si hubiera matado a toda la humanidad; y quien salve la vida de una persona será como si hubiera salvado la vida de toda la humanidad.” —(Sura Al-Máida: 32)

Allah ha declarado inviolable la sangre de los seres humanos para los demás. Por ello se han anunciado la declaración anterior y la severa pena.

Tres: entre los pecados mayores, anteriormente se ha mencionado otro pecado: el adulterio.

Sin embargo, el Magnánimo y Misericordioso Allah ha dado un mensaje de esperanza a los pecadores incluso después de que cometieran estos pecados. ¡Ha prometido sustituir los pecados del pecador arrepentido y que retorna (que hace tawba) por buenas obras! Es decir, si después de cometer un pecado una persona se arrepiente, pide perdón a Dios, abandona las malas acciones, alcanza una fe plena y comienza a realizar buenas obras, entonces se borran los pecados anteriores escritos en el registro de sus obras y en su lugar se escriben buenas acciones. Se eliminan la turbiedad, la corrupción y las manchas de su corazón, que se vuelve bello, transparente y puro. Cambian sus pensamientos, su capacidad de reflexión y sus gustos. Se convierte en merecedor de la infinita gracia y misericordia de Allah. ¿Qué oportunidad más dorada podría haber para los pecadores?

No obstante, hay un asunto que merece especial atención. Se ha dicho que, después de cometer un pecado, debe arrepentirse y tener fe. La expresión «tener fe» tiene un significado especial. Tener fe no significa únicamente creer en la existencia y la unicidad de Allah. También hay que creer en el Libro: en el Libro de Allah se han expuesto claramente lo lícito y lo ilícito, el pecado y la virtud, la verdad y la mentira. Hay que creer que lo que Él ha declarado ilícito es ilícito, lo lícito es lícito, el pecado es pecado y la virtud es virtud. Cuando se considera el pecado como pecado, es natural sentir arrepentimiento y remordimiento por él. Sin embargo, después de pecar, muchos ni siquiera lo consideran un pecado. Tras cometer homicidio y adulterio, en vez de arrepentirse, se enorgullecen de ello y se complacen en contárselo a los demás. Hay que creer de corazón y con toda el alma en cada norma y mandato expuestos en el Libro de Allah y someterse a Él. Hay que aceptar el Corán como el código de vida para toda la existencia. Solo entonces Allah aceptará el arrepentimiento y las buenas obras. En cualquier caso, el camino para que los pecadores regresen a Allah permanece siempre abierto. No cabe duda de que esto es una manifestación de la infinita misericordia y compasión de Allah.

El siguiente hadiz es digno de consideración para comprender cuán complacido se siente Allah con Sus siervos arrepentidos.

El narrador del hadiz, Hazrat Anas (que Allah esté complacido con él), relató que el Profeta de Allah dijo: «Cuando un siervo se arrepiente sinceramente ante Allah, Él se alegra mucho más que aquel hombre que, mientras atravesaba una desolada llanura pedregosa, pierde de repente el animal que le servía de montura. Sobre el lomo del animal llevaba sus alimentos, bebidas y demás provisiones. Tras buscarlo durante mucho tiempo, desesperado, se refugia bajo la sombra de un árbol. Abatido por la desesperanza y la tristeza, poco después descubre de repente que el animal perdido, con todas sus provisiones, se encuentra de pie ante él. Entonces toma sus riendas y, de tanta alegría, de su boca salen por error estas palabras: “¡Oh Allah, tú eres mi siervo y yo soy tu Señor!”» (Muslim)

A este respecto, cabe mencionar aquí otro hadiz. Hazrat Umar Faruq (que Allah esté complacido con él) dijo:

Una vez, algunos prisioneros de guerra fueron llevados ante el Profeta (que Allah le conceda paz y bendiciones). Entre ellos había una mujer cuyo hijo lactante se había separado de ella. Cada vez que veía delante de sí a un niño pequeño, lo estrechaba contra su pecho y le daba de mamar. Al ver su lamentable estado, el Profeta (que Allah le conceda paz y bendiciones) nos preguntó: «¿Podéis imaginar alguna vez que esta mujer arrojara con sus propias manos a su propio hijo al fuego?»

Respondimos: «Jamás. No solo no lo arrojaría con sus propias manos al fuego, sino que, incluso si él estuviera a punto de caer por sí mismo, no escatimaría ningún esfuerzo para salvarlo.»

El Profeta dijo:

(Árabe**********)

«Allah es mucho más misericordioso con Sus siervos de lo que esta mujer lo es con su hijo.» (Véase el comentario de la sura Hud en Tafhimul Qur’an.)

¡Vean cuán misericordioso es Allah y cuán desobedientes e ingratos son los seres humanos!

Por tanto, aunque alguien haya cometido pecados en exceso impulsado por sus pasiones, no hay razón para que se desespere. Debe regresar a Dios con corazón arrepentido sin demora, abandonar el camino del pecado y entregarse a Su servidumbre y obediencia. Quienes han abandonado el sistema de vida dado por Dios y creen en un sistema de vida creado por los seres humanos, y quienes han abandonado el liderazgo del Profeta universal Muhammad (la paz sea con él) y corren fascinados tras un liderazgo sin Dios, deben regresar al Mensajero de Allah mientras aún estén a tiempo.

El Profeta dijo: «La precipitación es obra de Satanás. Solo es buena en cinco casos: (1) casar pronto a una hija cuando alcanza la madurez. (2) Pagar una deuda tan pronto como se presenta la oportunidad de saldarla. (3) Enterrar inmediatamente al difunto después de su muerte. (4) Atender al huésped en cuanto llega. (5) Arrepentirse inmediatamente después de cometer un pecado».

¿De qué servirá arrepentirse ahora mismo? Dejemos pasar unos días más. Que la edad madure un poco. Si me arrepiento ahora, no podré mantenerme firme en ello, y cosas por el estilo: todo esto es un gran engaño de Satanás.

No hay seguridad ni siquiera de un solo momento de la vida. Se cuenta que el venerable Jesús (la paz sea con él) dijo: «El mundo consta únicamente de tres días. El ayer ya se fue y no tienes nada de él en tus manos. No sabes si estarás vivo mañana. Solo tienes el día de hoy. Por tanto, considera este día como tu provisión y aprovéchalo».

¡Qué palabras tan valiosas! Sin embargo, muchas personas llegan al final de sus vidas sumergidas en los engaños de Satanás. Ya no tienen la oportunidad de arrepentirse. Como consecuencia, mueren mientras se hunden una y otra vez en el pecado.

Hay otra cuestión. Quienes piensan que bastará con arrepentirse en algún momento del futuro y dedicarse entonces a las prácticas religiosas, y que no hay necesidad de aparentar religiosidad tan temprano,

no comprenden hasta qué punto se engañan a sí mismos. Porque, al persistir en el pecado, su corazón se endurece tanto que la disposición al arrepentimiento ya no vuelve jamás. Y si la muerte llegara de repente mientras siguen pecando, ¿cómo podrían impedirlo?

Por tanto, no cabe duda de que todos esos pensamientos son engaños y artimañas de Satanás. Que Allah Todopoderoso nos proteja de ellos. Amín.

Después de hacer tawba, es especialmente necesario adquirir conocimiento del Corán y del hadiz para saber cuáles son las buenas obras que Allah ha ordenado. Después de creer en Allah y reconocer Su obediencia, la primera obligación que se debe cumplir es establecer el namaz. De todas las obras que Allah ha ordenado al ser humano, la primera es el namaz. El primer signo de declarar la fe en Allah y reconocer Su obediencia es precisamente el namaz. Quienes transgreden esta obligación del namaz impuesta por Allah deben ser considerados como quienes han negado la obediencia; por ello, tampoco pueden cumplir las demás obligaciones de Allah. La primera cuestión sobre la que se pedirá cuenta en la otra vida será el namaz. Si se supera esta primera etapa del examen, las demás etapas serán mucho más fáciles. Pero si se fracasa precisamente en la primera etapa, las restantes serán mucho más difíciles.

Hay que conocer bien la realidad o esencia del namaz. Asimismo, hay que adquirir el hábito de conocer bien y cumplir cada mandato y orden de Allah, incluidos el zakat, el ayuno, el hajj y, en suma, todos Sus mandatos.

Siempre hay que recordar una cosa: algunos mandatos de Allah Todopoderoso son obligatorios en la vida personal. Por ejemplo, establecer el namaz, observar el ayuno de Ramadán, dar el zakat, realizar el hajj y hacer caridad adicionalmente; gastar dinero por la causa del islam, ganarlo y gastarlo por medios lícitos, y no tener envidia, rencor, arrogancia ni hablar mal de los demás, entre otras cosas.

Y hay otros mandatos que se relacionan con la familia, los parientes, la sociedad y toda la humanidad. Hay que tratar bien a todos y cumplir sus derechos, no cometer injusticia ni opresión contra nadie, no vulnerar los derechos ajenos, etcétera. No hay alternativa a cumplirlos. De ningún modo puede permitirse que nada en la vida de una persona esté centrado exclusivamente en su interés personal. Por eso, es deber del padre preparar a los hijos bajo su tutela para que sigan el camino de Allah. El deber del esposo hacia su esposa es el mismo. El ser humano ama más que a nadie a su propia esposa y a sus hijos. No puede soportar ni siquiera sus leves enfermedades o sus penas y sufrimientos. Por tanto, ¿no debería desear que su vida eterna después de la muerte sea feliz y hermosa? Sin embargo, la mayoría permanece indiferente al respecto.

Después, hay que superar los límites de la propia familia y realizar en la sociedad exterior la labor de invitar al islam y transmitirlo. Del mismo modo, un Estado musulmán presentará la invitación al islam dentro y fuera del Estado, en el ámbito internacional. Este es un deber que debe cumplir.

Si no se intenta detener la injusticia, la opresión, la corrupción y el pecado por todos los medios posibles, las desgracias y calamidades que llegan de parte de Allah incluso en la vida terrenal no recaen únicamente sobre los opresores, sino también sobre aquellas personas virtuosas que no intentaron detenerlas.

Allah dice:

(Árabe***********)

«Temed una calamidad que no afligirá únicamente a quienes hayan obrado injustamente entre vosotros». —(Sura Al-Anfal: 25)

Al estudiar nuevamente el Sagrado Corán, también se sabe que quienes siempre han seguido el camino de Allah y han trabajado en la propagación del islam, realizando el «amr bil ma’ruf» (ordenar el bien) y el «nahy anil munkar» (impedir el mal), aunque Allah haga descender el castigo por los pecados de cierto grupo de personas, ha protegido de diversas maneras a quienes realizaron las buenas obras mencionadas. Por lo tanto, para salvarse de los peligros de este mundo y del Más Allá, lo prudente será adoptar ese camino.

Finalmente, antes de concluir este libro sobre «Más allá del telón de la muerte», es decir, sobre el Más Allá, quiero dejar dicho algo más.

La fe es como una semilla, y las obras son su árbol y su fruto. Cuanto más firme sea la creencia en el Más Allá, más sólido será también el árbol de las obras, y más adornado estará con ramas, flores y frutos.

Visto desde otro ángulo, la fe es un pacto entre Allah y Su siervo. La esencia de ese pacto es que, puesto que Allah es el Creador y Rey de los seres humanos, y el ser humano es por nacimiento Su esclavo y súbdito, el esclavo y súbdito obedecerá en todos los ámbitos de su vida únicamente las órdenes, prohibiciones y leyes de su Señor y Rey. Obedecerá las órdenes, prohibiciones y leyes del Creador, Señor y Rey. En vez de obedecer la ley del Creador, Señor y Rey, obedecer la ley de cualquier otro —que no es su Creador, ni su Señor, ni su Rey— sería una traición, una ingratitud y la más extrema necedad, además de constituir una violación del pacto.

Por otra parte, la fuerza que impide obedecer la ley de Allah o cumplir Su servidumbre y obediencia en todos los ámbitos de la vida es la fuerza tagútica y la fuerza que reclama una divinidad artificial. Para hacer efectivo el pacto celebrado entre Allah y Su siervo, es también una exigencia inevitable derrocar esa fuerza tagútica. Por eso, en todos los ámbitos de la vida —es decir, en todos aquellos campos y asuntos estrechamente vinculados con la vida y el sustento, la felicidad y la tristeza, la vida, los bienes y el honor de las personas—, en una palabra, en la vida individual y familiar, en la vida política y económica, en el ámbito de la educación y la cultura, en la guerra, la paz, la enemistad, la amistad y las relaciones internacionales, y en otros campos semejantes, la exigencia de la fe es establecer el gobierno, el dominio y la autoridad de la ley de Allah. La lucha por hacer realidad esta exigencia se denomina «al-yihadu fi سبيلillah» —el yihad en el camino de Allah—. Y su resultado exitoso es la «iqamat al-din» —el establecimiento de la religión del islam—, para cuya realización vinieron todos los profetas. Esta labor es indispensable para alcanzar el éxito en el Más Allá. Cada momento de la vida del Último Profeta se dedicó a esta labor, y seguir plenamente su ejemplo en ella es la única tarea del verdadero creyente. A la luz de esto, es un deber indispensable determinar el programa de toda la vida de un creyente.

Finalmente, elevamos nuestra humilde súplica ante Allah, el Misericordioso y Compasivo. Que Él nos conceda la capacidad plena para cumplir las responsabilidades mencionadas. Que, manteniéndonos puros y libres de toda clase de pecados, nos conceda la fuerza para caminar por Su sirat al-mustaqim. Que al final podamos encontrarnos con Él como Sus amados siervos. Amén.

(Árabe***********************)

— Fin —