Palabras del autor
Hace aproximadamente dieciocho años se me encomendó la tarea de escribir la historia de los musulmanes de Bengala. La idea era escribir la historia de este extenso período, desde la primera llegada de los musulmanes a Bengala hasta la partición de la India en 1947. Sin embargo, se me pidió especialmente que mencionara en la historia, con datos fiables, cómo fueron la actitud y el comportamiento del Gobierno británico y de los hindúes hacia los musulmanes después de que los ingleses se apoderaran del poder. Después de escribir la historia hasta la Government of India Act-1935, no encontré en absoluto tiempo libre para volver a tomar la pluma. Recientemente he podido concluir la labor de escribir esta historia, tras varios años de trabajo y esfuerzo, y por ello doy infinitas gracias a Alá Todopoderoso.
En ninguna parte de esta historia he expresado la más mínima falsedad, invención personal o exageración. Puede resultar amargo para muchos, pero he intentado registrar de principio a fin únicamente hechos verdaderos.
Como fui un estudiante dedicado de la historia, desde entonces nació en mi mente la inclinación a conocer y escribir la verdadera historia. Cuando era estudiante de cuarto curso de la licenciatura en el Carmichael College de Rangpur, redacté en inglés un artículo de investigación sobre Akbar y Aurangzeb. A pesar de cierta oposición y algunos obstáculos, el artículo fue publicado en la revista del colegio.
Después de terminar mi vida estudiantil, pasé veinticinco años trabajando en empleos públicos y privados. Quedé completamente privado de la oportunidad de realizar cualquier trabajo de investigación sobre historia. Más bien, empecé a olvidar la historia misma. Al cumplir la responsabilidad que se me había encomendado hacía aproximadamente dieciocho años, tuve la oportunidad de volver a estudiar historia.
La historia infunde fuerza vital en una nación. Para destruir a una nación, hay que hacerle olvidar su historia pasada o presentársela deformada. Si un supuesto musulmán no tiene la oportunidad de adquirir una concepción correcta del islam y permanece ignorante de la historia pasada de su nación, de su boca saldrán palabras contra los musulmanes y contra el islam que incluso un no musulmán pensaría mucho antes de pronunciar. El número de musulmanes tan necios e ignorantes aumenta constantemente, y los enemigos jurados de los musulmanes los reciben con guirnaldas de flores.
Para preservar la existencia de la identidad nacional musulmana, es absolutamente indispensable emprender una amplia iniciativa para transmitir a la nueva generación, junto con la verdadera historia de su pasado, un conocimiento y una comprensión correctos del islam. En la historia de los musulmanes de Bengala se han tratado brevemente, de manera incidental, los principios fundamentales del islam. Para detener la agresión cultural de las fuerzas dominantes y expansionistas, hay que revisar la historia y dar a conocer en todos los niveles la esencia de la cultura islámica.
La vida musulmana es, por entero, una vida de lucha eterna. En el islam no hay lugar para la aversión a la lucha. Por eso, hay que desempeñar un papel de vanguardia en la lucha contra las fuerzas enemigas del islam y de los musulmanes. De lo contrario, la nación tendrá que morir lentamente, aplastada bajo la rueda de molino de la opresión de sus enemigos.
En «La historia de los musulmanes de Bengala» se ha narrado la historia de la opresión y las injusticias cometidas por los hindúes contra los musulmanes durante casi doscientos años. Algunos quizá consideren inventados los hechos del pasado. ¿Acaso no ven lo que está ocurriendo actualmente en la India? ¿No ven que allí los musulmanes están siendo exterminados en las horripilantes matanzas que se producen continuamente? Recientemente se publicó el veredicto de la comisión judicial de investigación constituida por los disturbios ocurridos en Bombay. En su veredicto, la comisión responsabilizó a la policía de colaborar con los amotinados. También criticó la conducta discriminatoria del gobierno estatal y del primer ministro. Entonces, en la India, país de los extremistas enemigos de los musulmanes, ¿dónde está la seguridad de la vida y los bienes de los musulmanes? Quizá en el futuro se redacte una historia correcta de estos hechos.
Es sumamente lamentable que, como parte de una conspiración, se haya mantenido a la nueva generación de la nación completamente ignorante de su historia pasada. El fantasma de esta conspiración también se había instalado firmemente sobre los gobernantes pakistaníes del período posterior a la partición. No se enseñó a la nueva generación nada acerca de por qué se creó Pakistán, cuál era su trasfondo ideológico, por qué se llevó a cabo durante siete largos años el movimiento por Pakistán, sin descanso y sin hacer concesiones, ni por qué millones de mujeres, hombres y niños, atravesando un mar de sangre, buscaron refugio en Pakistán.
Tuve que desempeñar el cargo de director de una escuela secundaria entre 1952 y 1962. En los libros de historia de entonces no se mencionaba en absoluto la historia del movimiento por Pakistán. Como consecuencia, los cimientos de Pakistán siguieron debilitándose por diversos motivos. El descontento y la indignación de la población hacia Pakistán y sus gobernantes fueron aumentando, y finalmente la región oriental de Pakistán se separó y apareció como el Estado independiente de Bangladés.
En esta historia se ha dirigido la atención de la nueva generación hacia el glorioso pasado histórico del pueblo musulmán. La historia del pueblo musulmán no comenzó en un momento determinado de la época ni terminó en otro momento determinado. Esta historia se inició con la llegada a este mundo del primer ser humano, el profeta Adán (la paz sea con él). Desde entonces hasta hoy, esta historia ha continuado de manera ininterrumpida, atravesando los altibajos del tiempo, las épocas y las circunstancias del entorno, y continuará mientras exista el mundo. Los musulmanes deben avanzar aprendiendo de la historia del pasado.
Para escribir esta historia, reuní materiales de las obras de numerosos historiadores célebres. Por ello, les guardaré eterna gratitud a todos. Asimismo, puesto que el Centro Islámico de Bangladés se ha encargado de la publicación de este libro, expreso mi infinita y sincera gratitud a su director, mi muy respetado amigo, el profesor A. K. M. Nazir Ahmad Sahib.
Respetados lectores, si logran obtener de este libro alguna enseñanza e inspiración islámica, consideraré que mis varios años de perseverancia y esfuerzo han dado fruto. Que Allah acepte este libro. Amén.
Dhaka, 15 de Yumada al-Awwal
17 de Kartik
1 de noviembre de 1993.
Autor
Historia de los musulmanes de Bengala
Capítulo primero
La llegada de los musulmanes a Bengala
Determinar cuándo llegaron por primera vez los musulmanes a Bengala y establecer el año y la fecha exactos es una tarea sumamente difícil. Sin duda, extraerlos de los estratos dispersos de la historia antigua es una labor muy ardua. Aun así, considero aconsejable que los historiadores presten atención a esta tarea.
Los musulmanes que llegaron del mundo exterior al subcontinente indio de aquella época pueden dividirse en dos categorías. Los musulmanes de una de ellas llegaron a diversas regiones de la India por motivos comerciales y difundieron el sublime mensaje del islam. Algunos awliya, derviches y alfaquíes llegaron exclusivamente para invitar al islam y realizar su predicación, y pasaron toda su vida en esta noble labor, hasta morir aquí.
Los musulmanes de la otra categoría llegaron como conquistadores, en expediciones para conquistar el país. Como resultado de sus victorias, los musulmanes de esta tierra lograron establecerse políticamente. Es innecesario decir que en el año 712 d. C. Muhammad bin Qasim llegó por primera vez a la provincia india de Sindh como conquistador, y esto constituyó una gran victoria política del islam. Su conquista no se limitó a Sindh, sino que se extendió hasta Multán, en Punyab. Incluiremos su relato en el lugar correspondiente.
Por otro lado, aunque la llegada de los musulmanes a Bengala tuvo lugar en algún momento propicio del remoto pasado, su establecimiento político se produjo en el año 600 de la Hégira, es decir, en 1203 d. C. Durante el reinado del entonces emperador de la India, Qutbuddin Aibak, Muhammad bin Bakhtiyar Khilji logró, por así decirlo, de manera milagrosa, establecer su poder político en Bengala. El relato detallado de estas dos victorias políticas de los musulmanes está registrado en las páginas de la historia. Pero también es una verdad indiscutible que mucho antes de todo ello se había sembrado en este país la semilla del islam y que, tras germinar, aquella semilla llegó posteriormente a adquirir la forma de un gran árbol; determinar la época en que ocurrió esto es precisamente la cuestión fundamental, algo sumamente necesario para todo estudiante de historia deseoso de investigar. Intentemos una vez ver si es posible hallar alguna orientación en el horizonte histórico.
Antes de la aparición del islam, los árabes no eran únicamente un pueblo bárbaro, pendenciero y sediento de sangre. Por el contrario, quienes se contaban entre ellos como nobles y adinerados se dedicaban al comercio para ganarse la vida. Desde tiempos inmemoriales, en aquel país desértico tenían que comerciar para obtener alimentos y demás artículos de primera necesidad que les permitieran subsistir. El grupo de mercaderes que rescató al profeta José (la paz sea con él) del pozo y lo vendió a un funcionario noble de la corte egipcia era árabe. Por tanto, la profesión comercial de los árabes era muy antigua y se extendía hasta países lejanos.
Los árabes ejercían su comercio tanto por tierra como por agua. Viajaban de un país a otro por tierra con la ayuda de camellos y, mediante embarcaciones, se desplazaban de región en región por motivos comerciales. Ya en la época preislámica habían extendido su campo comercial, por una parte, hasta Abisinia por vía marítima y, por otra, hasta la remota China, en el Lejano Oriente. A mitad de camino entre Arabia y la lejana China se encontraba uno de sus distritos costeros. Geográficamente, toda la península recibe el nombre de Malabar. En las transcripciones de los geógrafos árabes se lo denominó Malibar(Árabe****).
Maulana Akram Khan dice en su obra Historia social de la Bengala musulmana:
«En la palabra Moli (MALI) de los griegos modernos se encuentra una referencia al nombre actual de Malabar. Sin embargo, que el nombre completo “Malabar” fue dado por los árabes es una conclusión muy razonable del editor de la enciclopedia. En nuestra opinión, Malabar es una palabra de la lengua árabe: Malay+abar = Malabar. En la transcripción árabe(Árabe***) Malay+abar. Malay es originalmente el nombre de una montaña, mientras que abar significa cúmulo de agua, estanque. Los árabes también llamaban a este país Ma’bar(Árabe*****) . Su significado es lugar de paso, vado. En la geografía actual, los Ghats orientales y los Ghats occidentales. Puesto que los mercaderes y navegantes árabes atravesaban estos dos Ghats para viajar a Madrás y a la provincia del Hiyaz, y viajaban desde Egipto a China y a otras ciudades y puertos situados a lo largo del camino. De estos dos nombres también se puede saber que su conocimiento de este país era muy antiguo y que sus relaciones con él eran sumamente estrechas». (Historia social de la Bengala musulmana, pp. 47-48).
Mucho antes de la llegada del profeta Muhammad Mustafa (la paz y las bendiciones sean con él) al mundo, numerosos mercaderes árabes habían llegado a este país, Malabar. Pasaban constantemente por esta ruta, es decir, por Malabar, hacia Chittagong y desde allí, pasando por Sylhet y Kamrup, viajaban a China. De este modo, Chittagong, en Bengala, y Sylhet, en el entonces Assam, también eran utilizados como bases de sus desplazamientos. De ello se desprende claramente que ya en la época preislámica se habían establecido asentamientos árabes en lugares como Malabar, Chittagong y Sylhet.
A finales del siglo VI d. C., el profeta Mustafa (la paz y las bendiciones sean con él) nació en la ciudad árabe de La Meca y, a los cuarenta años de edad, es decir, al comienzo del siglo VII, inició la predicación de la religión del islam. Su movimiento de predicación fue sumamente revolucionario. No hace falta decir que las olas de esta revolución también llegaron, por medio de los mercaderes árabes, a Malabar, Chittagong, Sylhet y China. Así como un grupo se opuso encarnizadamente al movimiento revolucionario del profeta Muhammad (la paz y las bendiciones sean con él), otro grupo también lo aceptó de todo corazón. Es muy probable que los árabes de Malabar abrazaran el islam ya al comienzo del calendario de la Hégira. También es un hecho histórico que, hasta el siglo VII, fueron los mercaderes árabes quienes difundieron el mensaje del islam en Asia y África.
Los emigrantes árabes que, tras abrazar el islam, se establecieron permanentemente en Malabar son conocidos como moplas. Su principal ocupación para ganarse la vida era pescar con embarcaciones grandes y pequeñas, así como transportar mercancías y pasajeros. Muchas veces tenían que cruzar el océano Índico y viajar a Arabia para ganarse la vida y satisfacer otras necesidades. De este modo entraron en contacto con la revolucionaria da‘wa del islam.
En cuanto a los moplahs, deseo abordar el tema en algún capítulo posterior. Aquí solo quiero dejar constancia de que eran sumamente laboriosos y perseverantes. Poseían cuerpos hermosos y robustos. Son célebres desde siempre por su valor. Se dejan crecer la barba y llevan gorro en la cabeza; muchos de ellos pertenecían al pueblo de los pescadores, y su principal actividad era difundir el mensaje del islam entre los pescadores.
Poco a poco, la influencia del islam también comenzó a hacerse visible entre los habitantes no árabes de Malabar. En aquella época, los seguidores del budismo y del jainismo sufrían en la India la cruel e inhumana persecución del brahmanismo hindú. Ante aquellas persecuciones y opresiones, la compañía y cercanía de los santos musulmanes los atrajeron hacia el islam.
La principal razón de la rápida expansión del islam entre los habitantes no árabes de Malabar fue la conversión al islam del rey local de Malabar. Se ha relatado una extraordinaria historia sobre la conversión del rey de Malabar.
Maulana Akram Khan dice en su obra ya mencionada:
«En las antiguas escrituras y en la literatura de la sociedad hindú se encuentran algunas referencias a Malabar. El señor editor de la enciclopedia ha citado muchas de ellas. La mayoría no son más que unos relatos legendarios extravagantes sobre las hazañas de Parashurama, extraídos de libros como el Mahabharata y los Puranas, extraídos de libros como el Mahabharata y los Puranas, sobre las hazañas de Parashurama. Sin embargo, este enciclopedista mismo ha mencionado un acontecimiento particular relacionado con el rey hindú de Malabar. Dice: “Según la historia antigua, el último rey del reino de Chera, Cherumal Perumal, abandonó voluntariamente el trono y marchó a La Meca con el deseo de abrazar la religión musulmana” (Vishvakosh, 14:234).»
En la obra Tohfatul Muyahidin, escrita por el jeque Zaynuddin, también se relata que un rey viajó a La Meca, se presentó ante el Noble Mensajero y abrazó voluntariamente el islam. De este relato se desprende que entre los musulmanes locales era bien conocido que el rey de Malabar había viajado a La Meca, se había presentado ante el Mensajero y había prestado ante él el juramento de fidelidad al islam».
Maulana añade además en la misma obra:
«Aunque haya discrepancias sobre los detalles relativos al lugar, la época y otras circunstancias, y aunque estos se consideren increíbles, no hay razón para descartar como carente de fundamento el relato de que el rey fue a La Meca, se presentó ante el Mensajero y, después de permanecer allí algún tiempo, emprendió el viaje de regreso a su país. No puede considerarse razonable, de ningún modo, descartar como antihistórica y carente de fundamento una tradición que todos los habitantes de un país, musulmanes y no musulmanes por igual, han transmitido colectivamente desde tiempos inmemoriales. En este contexto, merece especial consideración el relato de la enciclopedia. El enciclopedista dice: “Según la historia antigua, el último rey del reino de Chera (Malabar), Cherumal Perumal, abandonó voluntariamente el trono y marchó a la ciudad de La Meca con el deseo de abrazar la religión musulmana”. Por tanto, no puede ser en absoluto correcto descartar como carente de fundamento el relato de que el rey del reino de Malabar abandonó espontáneamente el trono, se presentó ante el Mensajero y abrazó el islam» (Historia social de Bengala musulmana).
Ahora bien, a la luz del relato de la obra Tohfat-ul-Muyahidin, escrita por el jeque Zainuddin, del relato de la enciclopedia y de la tradición secular de todos los habitantes de Malabar, musulmanes y no musulmanes por igual, no debería haber ninguna duda ni vacilación en aceptar como verdadero el hecho de que el rey abrazó el islam. Sin embargo, queda una pregunta en la mente. Es esta: ¿por qué un acontecimiento tan importante no fue relatado en ningún libro de hadices? Ciertamente, el jeque Zainuddin menciona a algunos transmisores en su relato. Pero, según los expertos en hadices, se ha señalado que estos «no están exentos de dudas». ¿Cuál fue entonces el verdadero asunto? Si se acepta que el acontecimiento carece por completo de fundamento, no se plantea ninguna cuestión sobre su mención en los libros de hadices. Pero tampoco sería sorprendente que, así como los emigrantes árabes de Malabar abrazaron el islam en grupos durante el primer año de la Hégira, el rey de Malabar hubiera abrazado el islam junto con aquellos emigrantes árabes después de renunciar al trono. Tampoco es imposible que, tras renunciar al trono, ocultara su identidad; y quizá por esta razón su conversión al islam no despertó curiosidad alguna entre los Compañeros venerables. No obstante, el autor de Tohfat-ul-Muyahidin menciona algunos hadices y transmisores.
Después de que los emigrantes árabes de Malabar y el rey local abrazaran el islam, los habitantes locales de Malabar también se sintieron atraídos por el islam y se convirtieron en grupos. Después se construyeron sucesivamente diez mezquitas en Malabar. La primera fue construida por Malik ibn Dinar en Karnakror (Korangunur), o Cranganore, la capital de Perumal. Asimismo, se construyeron mezquitas en Kurkbe, en el territorio de Travancore; en la ciudad de Máilor; en la ciudad de Dharmapattanam; en la ciudad de Chaliyam; en Surukundapuram; en Pantharini; y en Kanjarakot.
«El autor de la enciclopedia dice: No hay duda de que, al mismo tiempo que se fundaron las mezquitas, la influencia musulmana se extendió en este país. También se donaron muchas propiedades para sufragar los gastos de estas mezquitas. En aquella época aumentó considerablemente el número de musulmanes habitantes de la costa y de los habitantes nativos iniciados en la religión islámica. Poco a poco llegaron a tener influencia dentro del reino». (Historia social de la Bengala musulmana)
De la discusión anterior se hace evidente que ya en el siglo VII de la era cristiana se había formado en Malabar, India, un poderoso centro de los musulmanes. No tenían ningún objetivo político. El comercio y la predicación y expansión del islam eran su único propósito.
Después de Malabar, se mencionan Chittagong y Sylhet, otros destinos de la ruta comercial de los emigrantes árabes musulmanes. Tras el establecimiento permanente de los emigrantes árabes en Malabar, se formaron allí algunos asentamientos suyos. Esto era completamente natural. Ahora bien, la pregunta es si, así como el islam echó raíces en Malabar ya en el primer siglo de la Hégira, su predicación en Chittagong tuvo lugar en la misma época o mucho después. No es posible ofrecer información fiable al respecto. Sin embargo, puede afirmarse sin temor que durante los siglos VIII y IX de la era cristiana se estableció una estrecha relación entre los comerciantes musulmanes árabes y Chittagong.
El doctor Abdul Karim, en su «Hubo contacto entre Chittagong y los comerciantes musulmanes árabes. Posteriormente se han encontrado más pruebas de las visitas de comerciantes árabes a Chittagong. Aunque los comerciantes árabes no establecieron un reino independiente en Chittagong, su influencia en la cultura de Chittagong todavía se observa como resultado de los contactos con los árabes. En la lengua de Chittagong se utilizan numerosas palabras árabes. El uso, en la lengua de Chittagong, de la palabra negativa “na” antes del verbo también es resultado de la influencia de la lengua árabe. Muchas familias de Chittagong afirman descender de los árabes. Muchos consideran también que los rasgos faciales de los habitantes de Chittagong se parecen a los de los árabes. Además, varias zonas de Chittagong, como Alkaran, Suluk Bahar (Suluk-ul-Bahar), Bakalia, etc., aún llevan nombres árabes. Ya se ha dicho que algunos eruditos creen que las palabras árabes shat District Gazetteer, Chittagong, pág. 1».
Aunque los musulmanes habían vivido en Chittagong durante varios siglos, no alcanzaron ningún establecimiento político. Su actividad consistía en el comercio y la predicación del islam. Mucho después de que Muhammad bin Bakhtiyar Khalji estableciera el gobierno musulmán en Bengala, el sultán independiente de Sonargaon, Fakhruddin Mubarak Shah (1338-1349 d. C.), conquistó Chittagong por primera vez y la incorporó al dominio musulmán.
Capítulo segundo
Los musulmanes como conquistadores
Por lo general, es universalmente sabido que Muhammad ibn Qasim dirigió la guerra contra el rey de Sindh, Dahir, y enarboló la bandera de la victoria del islam en la provincia de Sindh. Pero, en realidad, las campañas militares hasta la provincia de Sindh habían comenzado mucho antes. La expedición a Sindh se inició a mediados del primer siglo de la Hégira. Antes de la conquista de Sindh por Muhammad ibn Qasim, los musulmanes libraron varias guerras contra la provincia de Sindh. Sin embargo, antes de Muhammad ibn Qasim, los musulmanes no intentaron establecer allí una influencia permanente. Debido a que los comerciantes musulmanes eran saqueados repetidamente por piratas con la ayuda del rey de Sindh, fue necesario combatirlos. Tras derrotarlos en la guerra, recuperar los bienes saqueados y liberar a los comerciantes cautivos, los musulmanes regresaron a su patria.
En el decimoquinto año de la Hégira, durante el califato de Hazrat Umar (que Dios esté complacido con él), Uthman ibn Abu al-As-Saqafi fue nombrado gobernador de Bahréin y Omán. Uthman dejó a su hermano Hakam en Bahréin y se dirigió personalmente a Omán. Desde allí envió un ejército hacia la frontera de la India. Después de aquella expedición, volvió a enviar a su hermano Mughira, al frente de un ejército, hacia Debal (la actual Karachi). Mughira derrotó a los piratas de Sindh y a sus fuerzas auxiliares, y regresó a su patria.
Al comienzo del año 39 de la Hégira, durante el califato de Hazrat Ali (que Dios esté complacido con él), Harith ibn Murra al-Abdi dirigió una expedición contra la frontera de Sindh y salió victorioso. Capturó a numerosos soldados enemigos y obtuvo abundante botín.
Durante el gobierno del emir Muawiya (que Dios esté complacido con él), Muhallab ibn Abu Sufra atacó la frontera de Sindh y avanzó hasta Banna y Ahwaz, lugares situados entre Multán y Kabul.
Cuando, durante el gobierno del califa Walid, Hajjaj ibn Yusuf fue nombrado gobernador de Irak, envió sucesivamente a Muhammad ibn Harun Nasiri, Ubaydullah ibn Nabhan y Budayl ibn Tuhfa Bajali con el propósito de emprender una campaña contra Sindh. Finalmente, en el año 93 de la Hégira, Muhammad ibn Qasim llevó a cabo una expedición por mar y tierra, y conquistó Sindh.
Mucho antes de que Muhammad ibn Qasim conquistara definitivamente la provincia de Sindh, el islam ya había sido predicado y difundido en la región occidental de la India de aquel tiempo. La prueba de ello es que, después de que el rey Dahir muriera en la batalla, toda la provincia de Sindh quedó en manos de los musulmanes. Después de establecer allí el orden administrativo, mientras Muhammad ibn Qasim avanzaba, tuvo que enfrentarse a los habitantes de Sawandar. Lo sorprendente es que los habitantes de la localidad atacada eran musulmanes. Naturalmente, tras llegar a un acuerdo con ellos, Muhammad ibn Qasim conquistó muchos otros lugares y llegó a Multán, un lugar del Punyab. Multán también cayó en sus manos.
El establecimiento político de los musulmanes en Bengala
Como resultado de la conquista de Bengala por Malik Ijtiyaruddin Muhammad Bakhtiyar, los musulmanes obtuvieron por primera vez una posición política en este país. Desde entonces, y de manera continua e ininterrumpida, innumerables musulmanes comenzaron a llegar a Bengala desde las regiones occidentales de la India, Afganistán, Irán, Arabia y Turquía. La mayoría llegaba como soldados; los demás, con el propósito de dedicarse al comercio, propagar el islam y buscar refugio. Así, el número de musulmanes en Bengala aumentaba constantemente.
La conquista de Bengala por Muhammad bin Bakhtiyar fue un acontecimiento sumamente asombroso. En cierto sentido, este hombre mismo fue una maravilla histórica. Era descendiente de la dinastía Khalaj de Turkistán. Por eso, para indicar su linaje, se añadieron a su nombre las palabras Khalaji o Khilji. La tierra ancestral de sus antepasados se encontraba en Garamsir o Dasht-i Margó, situado en el extremo oriental de la frontera. Ijtiyaruddin Muhammad Bakhtiyar Khalji abandonó su tierra natal para ganarse la vida y llegó primero a Gazni y después a Badaun, en la India. Era de baja estatura y sus brazos eran extraordinariamente largos. Probablemente por esa razón no aceptaron su solicitud de ingreso en los ejércitos de Gazni y Delhi. Sin embargo, al comprender que poseía un valor inconmensurable y capacidad para dirigir audaces expediciones, el sipahsalar de Badaun lo incorporó al ejército. Fue allí donde comenzó su ascenso. Después de la batalla de Tirauri o Tarain, el tío de Bakhtiyar obtuvo Kasmundi o Kastamundi del gobernador de Nagaur, Ali Nagauri, subordinado de Muhammad-i-Mahmud Nagauri. Tras la muerte de su tío, Bakhtiyar heredó ese dominio. Algún tiempo después acudió ante el malik de Ayodhya, Muazzam Hisabuddin. En ese período reunió caballos y armas. Según algunos, las dos aldeas eran Bhagwat y Doili; según otros, Sahland y Sahili, o bien Kampila y Patiyali. En el Riyazus-Salatin de Ghulam Husain Salimi, los nombres de esas dos aldeas aparecen como Kambala y Betali.
Desde allí, Muhammad Bakhtiyar avanzó hacia Bihar, derrotó a los terratenientes o jefes de varios lugares y se apoderó de un abundante botín. Con este, continuó reuniendo numerosos caballos y armas. La fama de su valor también se extendió por todas partes. Debido a las repetidas rebeliones, guerras y derramamientos de sangre en regiones como Ghor, Gazni y Jorasán, numerosos habitantes de esos lugares abandonaron sus países, llegaron a la India y vagaron en busca de fortuna. Al oír la buena reputación y fama de Bakhtiyar, se incorporaron en grupos a su ejército. De este modo, Bakhtiyar se volvió sumamente poderoso.
Al enterarse de la inmensa valentía de Bakhtiyar, el sultán de Delhi de aquel tiempo, Qutbuddin Aibak, le envió un khilat en señal de honor, y con ello la fuerza y el valor de Bakhtiyar aumentaron muchas veces. Después logró extender su dominio por toda la provincia de Bihar. A continuación dirigió su campaña hacia Bengala y, en 1203, conquistó las regiones de Rarh y Varendra.
Durante la invasión de Bengala, su gobernante era Rai Lakshman Sen. La capital era Nadia. Esta región, incluida la capital, era llamada Lakshmanavati. En el Tabaqat-i Nasiri se relata una historia curiosa al respecto.
El grupo de astrólogos brahmanes de la corte real hizo una profecía: pronto este país caería en manos de los musulmanes turcos. Si el país era atacado, el rey tendría que someterse; de lo contrario, sus habitantes tendrían que enfrentarse a un gran derramamiento de sangre y a la humillación.
El rey preguntó a los eruditos brahmanes si las antiguas escrituras religiosas describían alguna señal de un invasor musulmán semejante, por la cual pudiera ser reconocido a tiempo. Ellos respondieron que, cuando ese soldado turco permaneciera erguido, sus brazos le llegarían hasta las rodillas. El rey Rai Lakshman Sen designó a un grupo de hombres de confianza para investigar el asunto. Después de investigar, le dijeron al rey que Muhammad Bakhtiyar presentaba dicha señal. Mientras tanto, nadie ignoraba las audaces campañas de Muhammad Bakhtiyar ni sus triunfos. Los eruditos brahmanes, los nobles y hombres instruidos, así como los terratenientes y los principales personajes, abandonaron el país y buscaron refugio en Jagannath, Kamarupa y otros lugares seguros. El rey aún no consideraba conveniente abandonar su capital. Pero, cuando de pronto Muhammad Bakhtiyar atacó Nadia y entró en la capital, el rey huyó por la puerta trasera del palacio real y buscó refugio en Vikrampur. Así, toda Lakshmanavati cayó en manos de Bakhtiyar. Lo asombroso fue que Muhammad Bakhtiyar atacó y conquistó Nadia con tan solo diecisiete jinetes.
Después, su campaña se extendió y Navadvipa y Gaur cayeron en sus manos. En el Tarikh-i Firishta se afirma que Muhammad Bakhtiyar construyó en Bangladesh una nueva capital llamada Rangpur. Esto permite comprender que, salvo la región oriental de Bengala, toda la región de Rarh y Varendra, es decir, Bengala occidental y septentrional, quedó bajo su dominio. Aunque Rai Lakshman Sen se refugió en Vikrampur, Bakhtiyar no lo persiguió. Como consecuencia, la región oriental de Bengala quedó fuera de su dominio. Un siglo después, en 1330, Muhammad Tughluq Shah conquistó la región oriental y estableció respectivamente sus capitales en Satgaon y Sonargaon.
Sin embargo, como resultado de la conquista de Bengala por Muhammad Bakhtiyar, musulmanes procedentes del exterior se establecieron en este país en grandes grupos. Innumerables musulmanes llegaron a este país para ganarse la vida mediante el comercio, el servicio en el ejército y diversos otros medios, y este flujo migratorio continuó ininterrumpidamente hasta mediados del siglo XVIII.
Desde la conquista de Bengala por Muhammad Bakhtiyar Khalji hasta la caída del reino musulmán en el campo de Plassey, en 1757, durante quinientos cincuenta y cuatro años, ciento un gobernantes o más gobernaron Bengala.
El gobierno musulmán de Bengala puede dividirse en varias etapas:
Bengala, bajo los khaljíes, 1230-1227 d. C.
Bengala, bajo el gobierno de Delhi, 1227-1341 d. C.
Bengala, bajo la dinastía Ilyas Shahi (primera etapa), 1342-1413 d. C.
Bengala, bajo Ganesh Jalaluddin, 1414-1441 d. C.
Bengala, bajo la dinastía Ilyas Shahi (segunda etapa), 1442-1487 d. C.
Bengala bajo el gobierno de los habshíes: 1487-1493 d. C.
Bengala bajo la dinastía Husain Shahi: 1493-1583 d. C.
Bengala bajo los pathanes (Sher Shah y la dinastía Sur): 1538-1564 d. C.
Bengala bajo la dinastía Karrani: 1565-1576 d. C.
Bengala bajo el gobierno mogol: 1576-1757 d. C.
Entre quienes ocuparon el trono de Bengala durante más de cinco siglos y medio, algunos ascendieron al trono de Bengala por la fuerza de sus propias armas y obtuvieron la aprobación del emperador de Delhi. Algunos gobernantes fueron completamente independientes. Y los restantes, tras recibir su nombramiento de la corte de Delhi, gobernaron Bengala como gobernadores o nazims.
Después de llegar a este país con la apariencia de conquistadores, los musulmanes lo amaron de todo corazón, lo aceptaron como su patria permanente y quisieron vivir en armonía con los habitantes no musulmanes del país. Como gobernantes, no cometieron ninguna injusticia ni abuso contra los gobernados. El pueblo también aceptó su gobierno. Después de la conquista de Bengala, Muhammad Bakhtiyar estableció el orden y la seguridad internos. Aunque fundó mezquitas y madrasas para los musulmanes en diversos lugares del país, adoptó una política liberal hacia los no musulmanes. Si hubiera querido, podría haber perseguido al fugitivo Lakshman Sen y derrotarlo. Pero jamás dio cabida a tal idea en su mente. Jadunath Sarkar dice en su «Historia de Bengala»:
«……Pero no era sediento de sangre. No le gustaban la matanza ni la opresión de los súbditos. Mediante el establecimiento en el país de una especie de sistema de jagires o de un gobierno feudal, satisfacía a la administración interna y a los jefes militares»……
(Historia de Bengala, vol. 2, período musulmán, p. 9)
Los gobernantes de BengalaLos emperadores contemporáneos de Delhi
1203-1206 d. C. Muhammad Bakhtiyar Khalji Qutbuddin Aibak
1206-1208 d. C. Malik Izzuddin Muhammad Shiran Khalji El mismo
1208-1210 d. C. Husamuddin Iwaz El mismo
12010-1213 d. C. Ali Mardan (sultán Alauddin Khalji) El mismo
1213-1227 d. C. Sultán Ghiyasuddin-Iwaz Khalji Aram Shah (hijo de Qutbuddin Aibak)
Los sultanes independientes de Bengala
El primer sultán independiente de todo Bengala fue Shamsuddin Iliyas Shah. Sin embargo, el emperador de Delhi, Firoz Shah Tughlaq, emprendió una campaña militar contra él, pero regresó decepcionado tras fracasar. En 1358 d. C., el hijo de Iliyas Shah, Sikandar Shah, ascendió al trono como sultán independiente de Bengala y envió cincuenta elefantes a Delhi como obsequio, con el propósito de ganarse el favor del emperador de Delhi. Los que ocuparon el trono de Bengala desde entonces hasta 1409 d. C. fueron:
Sikandar Shah (I) 1358-1391 d. C.
Ghiyasuddin Azam Shah 1391-1396 d. C.
Saifuddin Hamza Shah 1396-1406 d. C.
Shamsuddin 1406-1409 d. C.
Raja Ganesh
A comienzos del siglo XV comenzó en Bengala un movimiento de resurgimiento de la nación hindú. Desde la conquista de Bengala por Muhammad Bakhtiyar hasta finales del siglo XIV, los gobernantes musulmanes administraron Bengala unas veces como gobernadores nombrados por los sultanes de Delhi, otras como sultanes independientes y, en ocasiones, manteniendo complacida y satisfecha la corte de Delhi mediante obsequios y otros presentes. Al examinar la historia de estos dos siglos, se observa que los musulmanes no pudieron reinar con tranquilidad y seguridad. La causa de la perturbación de esa paz fue, precisamente, la intensa discordia interna entre ellos y su vehemente deseo de apoderarse del poder por la fuerza. Pero eso no significa que los gobernantes musulmanes sometieran a la nación hindú u oprimieran a los súbditos; nunca ocurrió tal cosa. Como resultado, los súbditos, sin distinción de nación o religión, disfrutaron de felicidad, paz y plena seguridad para sus vidas y bienes. Antes de Bakhtiyar Khilji vivían en este país numerosos reyes hindúes independientes. Después del establecimiento del dominio musulmán, aunque no lo aceptaron de corazón, no consideraron prudente entrar en conflicto con los musulmanes. Solo puede haber dos razones para ello. La primera es que el poder político de Bengala estaba en manos de los musulmanes y que, desde la época de Bakhtiyar, innumerables musulmanes comenzaron a llegar continuamente a Bengala desde el extranjero. Los santos y derviches musulmanes llegaron a este país y comenzaron a difundir el sublime mensaje del islam, así como la igualdad y la fraternidad del islam. En consecuencia, la población hindú, oprimida por el brahmanismo, empezó a sentirse atraída por el islam. Aun así, los hindúes de casta de esta región podrían haberse aprovechado de la debilidad interna y las discordias de los gobernantes musulmanes para proclamar una rebelión. Pero no lo hicieron. También hay una razón para ello.
«La segunda razón es que estaban actuando conforme a un plan de largo alcance. Consistía en que, en vez de incurrir en el desagrado de los gobernantes musulmanes, se abrirían paso en los distintos niveles de la administración y se manifestarían en algún momento. A mediados del siglo XVIII lograron un éxito completo con este plan. Sin embargo, en aquel momento, en lugar de asumir ellos mismos el poder, se contentaron con abolir el dominio musulmán y entregar el poder a los ingleses. Aunque su éxito a comienzos del siglo XV no fue duradero, esta fue la primera manifestación de su plan a largo plazo.»
En esa época, un zamindar hindú de Bengala adquirió un poder y una influencia extraordinarios. En las crónicas escritas en persa, su nombre aparece como «Kans». En realidad, Kans era Kংস o Ganesh. Durante el reinado de Giyasuddin Azam Shah, ocupó el cargo de director de los departamentos de recaudación y administración. Según el relato de Riyaz-us-Salatin, Ganesh asesinó a Giyasuddin Azam Shah, nieto de Shamsuddin. Después, también asesinó a Shamsuddin, nieto de Giyasuddin, y ascendió al trono de Gauda y Bengala.
Dinastía Ilyas Shahi
Shamsuddin Ilyas Shah (1339-1358 d. C.)
Sikandar Shah (1358-1389 d. C.)
Giyasuddin Azam Shah (1389-1396 d. C.)
Sayfuddin Hamza Shah (1396-1406 d. C.)
Shamsuddin (1406-1409 d. C.) Shahabuddin Bayezid Shah (1409-1414 d. C.)
Blockman (Blockman) afirma que Ganesh no ascendió personalmente al trono. Sin embargo, después de asesinar a Shamsuddin, dejó a su hermano Shahabuddin Bayezid Shah como una marioneta y gobernó él mismo. Rakhāldās Bandyopādhyāy, en el segundo volumen de su Historia de Bengala, menciona los nombres de dos gobernantes del trono de Bengala entre 1409 y 1414 d. C. Estos fueron Shahabuddin Bayezid Shah y Ganesh.
El rey Ganesh era un brahmán bengalí de Varendra. Ganesh, el poderoso rey de la pargana de Bhaturia, en el norte de Bengala (Dinajpur), mantenía su propio ejército. Reclutaba a sus soldados entre la belicosa tribu de los Sangol. Debido a su influencia y prestigio, fue nombrado funcionario al servicio del sultán de Bengala y gradualmente se convirtió en el único administrador del tesoro real, mukhtar (sahib-i ikhtiyar-i mulk o mal). En señal de gratitud por este rango, mediante una profunda conspiración asesinó primero a Ghiyasuddin Azam Shah y, varios años después, asesinó a Shamsuddin Shah y ascendió al trono de Bengala. ৱ
El ascenso de Ganesh al trono de Bengala fue fruto de una planificación prolongada y de una profunda conspiración. Ganesh y los señores feudales hindúes que compartían sus ideas nunca pudieron aceptar de corazón el gobierno de los musulmanes en Bengala. Aunque en la historia de los dos siglos anteriores no se encuentra ningún ejemplo de persecución de los no musulmanes por parte de los gobernantes musulmanes, ellos consideraban el gobierno musulmán una extrema humillación para la nación hindú. Por ello, después de ascender al trono, Ganesh se dedicó a someter a los musulmanes. Así salió a la luz su resentimiento acumulado durante mucho tiempo contra los musulmanes.
En la descripción de Dinajpur escrita por Buchanan Hamilton se afirma que Ganesh mató a un tal jeque Badr-i Islam y a su hijo Fayz-i Islam porque no lo saludaron inclinando la cabeza. No solo eso: Ganesh asesinó cruelmente a numerosos wali y derviches musulmanes, sabios, eruditos y doctores de la ley. En cierta ocasión se enfureció mucho porque el jeque Badrul Islam, padre del jeque Muinuddin Abbas, no saludó al rey infiel Ganesh. Después, un día convocó a dicho jeque a la corte. La puerta de entrada a su habitación fue construida tan estrecha y baja que quien entrara debía hacerlo boca abajo. Al comprender la intención del rey, el jeque introdujo primero sus dos pies en la habitación y entró sin inclinar la cabeza. Pues, según las instrucciones del islam, ningún musulmán puede inclinar la cabeza ante nadie salvo ante Allah. El rey Ganesh lo mató inmediatamente y asesinó a los demás ulemas sumergiéndolos en el lecho del río dentro de una embarcación.
Al escuchar esta estremecedora historia de la matanza de musulmanes, el jeque Nur Qutb-i Alam quedó profundamente afligido y pidió al sultán Ibrahim Sharqi, gobernador de Jaunpur, que acudiera a Bengala para proteger la religión islámica. El sultán Ibrahim marchó hacia Bengala con un enorme ejército y estableció su campamento en Sarai Firozpur. Al enterarse, el rey Ganesh, aterrorizado, buscó refugio en Qutb-i Alam. Qutb-i Alam dijo que podía aconsejar al sultán Ibrahim que regresara con la condición de que Ganesh aceptara el islam. Ganesh aceptó, pero su esposa se opuso. Finalmente, se le pidió que iniciara en el islam a su hijo Yadu y le cediera el trono en lugar de Ganesh. Ganesh aceptó esta propuesta. Se le dio a Yadu el nombre musulmán de Jalaluddin y fue proclamado sultán de Bengala. El sultán Ibrahim regresó sumamente disgustado. En cuanto recibió la noticia de su partida, Ganesh recuperó el trono de manos de Jalaluddin. El ingenuo Qutb-i Alam no comprendió la astucia de Ganesh. Por eso, cuando este quiso iniciar a su hijo en el islam, perdonó el delito de homicidio cometido por el padre.
Después de recuperar el trono, Ganesh llevó a cabo la purificación de Yadu, apartado de su religión, mediante la ceremonia de la Suvarnadhenu. Es decir, el procedimiento de purificación consistía en entrar por la boca de una vaca dorada fabricada y salir por el orificio destinado a la evacuación de sus excrementos, siguiendo un método religioso especial de las escrituras hindúes.
Después de esta ceremonia de purificación, Ganesh comenzó a erradicar a los musulmanes del país. Continuó llevando a cabo la matanza de musulmanes con una crueldad aún mayor que antes. Envió prisioneros a Sonargaon al jeque Anwar, hijo de Qutb-i Alam, y al jeque Zahid, su nieto. Después, los sometió a diversas formas de tortura para que revelaran el paradero de las riquezas de su padre y su abuelo. Más tarde, el jeque Anwar fue asesinado. De este modo, Ganesh estableció en Bengala un reinado de terror durante siete años y volvió insoportable la vida de los musulmanes.
Después de la muerte de Ganesh, Jalaluddin (Yadu) volvió a ascender al trono.
El resurgimiento de la nación hindú
Rakhaldas Bandyopadhyay escribió en el segundo volumen de su Historia de Bengala: «Ganesh había intentado establecer la preeminencia de la religión hindú en el reino que acababa de fundar. La expiación de Yadu mediante el voto de Suvarṇadhenu no es más que una leve evidencia de ello. Desde la época del rey Ganesh comenzó el estudio del sánscrito en Gaur y Bengala. También comenzó la redacción de obras en sánscrito y se inició el desarrollo de la lengua bengalí. Por todas estas razones, Ganesh alcanzó un lugar prominente en la historia de Bengala, en la historia de la India y en la historia de la literatura india». (Obra citada, pp. 135-136)
Es difícil decir cuál fue realmente la razón por la que el hijo mayor de Ganesh se hizo musulmán. Sin embargo, un brahmán de gran poder e influencia, considerando esto una extrema humillación para la nación hindú, inventó numerosas historias.
Rakhaldas dice en la obra citada: «Según la tradición popular de Varendrabhumi, Yadu había renunciado a su propia religión, cautivado por la belleza de una noble mujer musulmana descendiente de Iliyas Shah».
Rakhaldas atribuye la deshonra de su propio pueblo a los seguidores de otra religión y dice:
«El historiador Stewart supone que Yadu, o Jalaluddin, era hijo de la concubina musulmana de Ganesh».
La descripción anterior constituye un ejemplo flagrante de cómo se ha mancillado la historia de la nación musulmana.
Es una verdad innegable que, en aquella época, la degradación moral de los musulmanes no había llegado al punto de que las mujeres musulmanas hubieran comenzado a ejercer la prostitución o hubieran aceptado como esposo a un no musulmán. Tampoco se comportaban, como en la época actual, andando sin velo ante hombres ajenos, de modo que Yadu, el hijo de Ganesh, se hubiera enamorado de una hermosa joven musulmana y se hubiera hecho musulmán para casarse con ella. La historia atestigua que en aquel tiempo grupos de faquires y derviches musulmanes predicaban en este país el sublime mensaje del islam, y que muchos de ellos también participaban en la administración del gobierno. Ejercían una enorme influencia sobre los gobernantes.
Tomemos como ejemplo la época de Ganesh. El famoso wali Nur Qutb-e Alam y su hijo, el jeque Anwar, fueron contemporáneos de Ganesh. Su influencia no se limitaba a los musulmanes y gobernantes de Bengala, sino que se extendía también al sultán Ibrahim Sharqi, gobernador de Ayodhya, mencionado anteriormente. Al escuchar su conducta, su carácter intachable y el dulce mensaje del islam que brotaba de sus labios, numerosos hindúes aceptaron voluntaria y gustosamente el islam; entre ellos se encontraba Yadu, hijo de Ganesh. A pesar de que ejercían semejante influencia en la sociedad, es inconcebible que una mujer musulmana ejerciera la prostitución, es decir, que se convirtiera en concubina de cualquier hombre, o que, por andar sin restricciones, despertara el amor de un hindú. Por tanto, que Ganesh tuviera una concubina musulmana y que Yadu se hubiera enamorado de una mujer musulmana son invenciones absolutamente fantasiosas y malintencionadas. No son más que un intento ridículo de cargar sobre otros la deshonra propia.
Hay otro asunto que merece especial mención. Se trata de que los musulmanes llegaron a este país con la apariencia de conquistadores. Naturalmente, entre los musulmanes conquistadores procedentes del exterior existía un sentimiento de superioridad (complejo de superioridad). Por musulmanes nobles se entendía exclusivamente a los musulmanes procedentes del exterior. Que alguna de sus mujeres aceptara como esposo a un hindú era algo inconcebible.
Por otra parte, también era irreal que, después de que los hindúes de las castas inferiores hubieran abrazado el islam, alguna de sus mujeres hubiera tomado a Ganesh por esposo. Porque Ganesh era un brahmán y un ferviente defensor y portador del brahmanismo. Para Ganesh era inconcebible casarse en la familia de aquellos hindúes que, tras abrazar el islam, se habían convertido en yavanas y mlecchas. Por tanto, no cabe duda de que estas historias no son más que invenciones fruto de una fantasía irreal.
Algunos dicen que Yadu se hizo musulmán por ambición de obtener el reino. Tampoco consideramos cierta esta afirmación. Ciertamente, para protegerse del ataque del sultán Ibrahim Sharqi, Ganesh entregó a su propio hijo a Nur Qutb al-Alam para que abrazara el islam. Después de que Yadu abrazara el islam y fuera proclamado sultán, el sultán Ibrahim Sharqi regresó sin atacar Bengala. Inmediatamente después, Ganesh volvió a destituir a Yadu y ascendió de nuevo al trono. Luego se realizó la expiación de Yadu conforme a los ritos hindúes. Ganesh reinó durante siete años con gran poder y autoridad. No fue posible destronarlo de ningún modo. Si Yadu hubiera abrazado el islam únicamente para obtener el reino, después de su expiación y de la purificación mediante la vaca de oro habría podido ascender sin impedimentos al trono de su padre como hindú. Pero Yadu no abandonó el islam.
Además, el ser humano posee una conciencia mediante la cual puede discernir la verdad de la falsedad. Junto con ella, el ser humano posee un sentido moral. Al observar la capacidad y la eficiencia de Ganesh, el sultán de Bengala lo nombró para el cargo más elevado del reino.
Pero él se apoderó del trono de Bengala mediante conspiraciones y asesinatos. Primero traicionó a su señor y después inició una masacre de musulmanes inocentes. Sin embargo, Nur Qutb al-Alam perdonó todos sus delitos a causa de que su hijo había abrazado el islam. Sin duda, Yadu debió quedar impresionado por la conducta del jeque Nur Qutb al-Alam y por la tolerancia y generosidad del islam. La traición, la ingratitud y la crueldad de su padre debieron dejar, necesariamente, una profunda huella en el corazón de Yadusen. Además, en contacto con un Kamil Oli, Yadu se había iluminado verdaderamente con la luz del islam. Esta es nuestra opinión. No es en absoluto irrazonable ni imposible.
Ahora bien, según los historiadores hostiles a los musulmanes, puesto que Yadu permanecía firme en el islam, había que difamarlo de diversas maneras. En primer lugar, se dijo que era hijo de una concubina musulmana. Es decir, su afirmación era que, en realidad, no era hindú en absoluto, sino hijo ilegítimo (?)
Rakhaldas Bandyopadhyay ha relatado en su historia un episodio sorprendente de este periodo. En la página 137 de su Historia de Bengala (volumen II), dice: «Lo que Ganesh o Yadu no pudieron hacer, o no se atrevieron a hacer, fue realizado fácilmente por otro rey hindú bengalí.
Su nombre era Danুজmardan Dev».
Después, repitiendo lo dicho en la página 139 de la obra citada, afirma: «Puesto que Danujmardan Dev y Mahendra Dev lograron aquello que ni Ganesh ni Yadu pudieron lograr, ni ningún rey hindú pudo lograr en Aryavarta, sus nombres permanecerán para siempre en la historia».
Lo curioso es que en su obra no menciona en absoluto qué fue lo que Danujmardan Dev hizo, aunque sí señala qué no pudieron hacer Ganesh y Yadu.
A este respecto, Sir Jadunath Sarkar dice:
«Precisamente en este año encontramos monedas con inscripciones en escritura bengalí, acuñadas en Pandua y Chatgaon por un rey llamado Mahendra Dev, exactamente iguales a las de Danujmardan Dev. Muy probablemente era el hijo menor de Ganesh, quien había permanecido hindú, y a quien su hermano mayor, Jadusen Jalaluddin, le había ofrecido dejar el trono paterno en caso de que no se le permitiera abrazar el islam. Evidentemente, Mahendra fue instalado en el trono por ministros hindúes justo después de la muerte de Ganesh. Creo que Mahendra, que entonces no tenía más de doce años, no era más que un títere en manos de una facción ministerial egoísta… El intento de los hacedores de reyes duró poco y terminó con su rápida derrota, pues no se acuñó ninguna moneda a nombre de Mahendra después de aquel año, 1418 d. C.»
«Precisamente en este año encontramos monedas con inscripciones en escritura bengalí, acuñadas en Pandua y Chatgaon a nombre de Mahendra Dev. Su aspecto es idéntico al de las monedas de Danujmardan Dev. Muy probablemente era el hijo menor de Ganesh. Había permanecido hindú, y Jadusen Jalaluddin le había dicho que, si no se le permitía hacerse musulmán, debía renunciar al trono de su padre. Inmediatamente después de la muerte de Ganesh, los ministros hindúes instalaron a Mahendra en el trono. Creo que Mahendra, que no tenía más de doce años, no era sino una marioneta en manos de un grupo de ministros egoístas. El intento de estos ministros de convertirlo en rey no pudo prolongarse mucho y pronto fueron derrotados, pues después de ese único año, 1418 d. C., no se acuñó ninguna otra moneda a nombre de Mahendra».
Jadunath Sarkar añade:
«Ganesh puso a su hijo, un muchacho de apenas doce años, bajo vigilancia protectora en su harén y gobernó por cuenta propia bajo el orgulloso título de Danujmardan Dev.»
«Ganesh mantuvo a su hijo de doce años bajo vigilancia protectora dentro del harén y, adoptando él mismo el glorioso título de “Danujmardan Dev”, gobernó a su voluntad».
De esto se desprende que Ganesha era en realidad Danujamardana Deva. O bien, Danujamardana era un título suyo, que él consideraba glorioso tanto para sí mismo como para toda la comunidad hindú.
Rakhaldas se equivocó precisamente en este punto. Al considerar a Danujamardana una persona distinta, entonó en su honor elogios desmedidos.
Veamos ahora cuál es el significado de la palabra Danujamardana. La palabra Danujamardana significa «destructor de demonios». Ganesha, empeñado en establecer un hinduismo militante, no podía tolerar de ningún modo el islam ni el gobierno musulmán. Su único deseo era exterminar a los musulmanes de Bangladesh y establecer un reino hindú militante. Al igual que Ganesha, los hindúes consideraban a los musulmanes forasteros «yavana-mlecchas». Sin embargo, los musulmanes eran superiores a los hindúes en constitución física y valor marcial. Por eso se los consideraba demonios yavanas y mlecchas. La destrucción y el exterminio de esos yavanas y mlecchas de aspecto demoníaco eran el propósito de Ganesha. Después del regreso de Ibrahim Sharqi a su patria, Ganesha llevó a cabo esa destrucción y exterminio con una intensidad cien veces mayor que antes. Elogiando exaltadamente las actividades de exterminio de musulmanes de Danujamardana, Rakhaldas dijo: «Puesto que realizó aquello que ningún rey hindú había podido realizar en Aryavarta, los nombres de Danujamardana Deva y Mahendra Deva permanecerán para siempre en la historia».
Inmediatamente después de la muerte de Ganesha, los ministros hindúes que él había nombrado entronizaron a su hijo Mahendra, de doce años, y, siguiendo las huellas de Ganesha, continuaron la campaña de destrucción de los musulmanes. Por eso, embargado de alegría ante las actividades de Danujamardana Ganesha y de su hijo Mahendra, el señor Rakhal los elogió con gran entusiasmo. Pero el gobierno de Mahendra duró poco tiempo.
La dinastía de Ganesha
Ganesha Danujamardana
Yadusen, también conocido como Jalaluddin Muhammad Shah (1414-1431 d. C.) Mahendra
Shamsuddin Ahmad Shah (1413-1442 d. C.)
Resurgimiento de la dinastía Ilyas Shahi
Como se ha mencionado anteriormente, Ganesh mató a dos sultanes de la dinastía Ilyas Shahi y se apoderó del trono. Al matar el nieto de Ganesh, Shamsuddin Ahmad Shah, la dinastía Ilyas Shahi volvió a establecerse en el trono de Bengala.
Nasiruddin Mahmud Shah (1442-1459 d. C.)
Ruknuddin Barrak Shah (1459-1474 d. C.)
Shamsuddin Yusuf Shah (1474-1482 d. C.)
Sikandar Shah II (1482 d. C.)
Jalaluddin Fateh Shah (1482-1486 d. C.)
Sultanes abisinios en el trono de Bengala
Durante algún tiempo, los abisinios comenzaron a llegar a Bengala. Barrak Shah y Yusuf Shah los nombraron para diversos cargos importantes. Cuando Fateh Shah, irritado por su conducta, intentó someterlos, fue asesinado, y un tal sultán Shahzada Barrak ascendió al trono.
Sultán Shahzada Barrak (1486-1487 d.C.)
Saifuddin Firoz Shah (1487-1490 d.C.)
Nasiruddin Mahmud Shah (1490-1491 d.C.)
Shamsuddin Muzaffar Mah (1491-1493 d.C.)
Alauddin Husain Shah (1493-1519 d.C.)
El cuarto sultán abisinio mencionado anteriormente, Shamsuddin Muzaffar Mah, nombró para un cargo de su gobierno a un hombre de noble linaje desconocido llamado Husain. Su ascenso fue gradual y, finalmente, tras asesinar al propio señor del primer ministro de Muzaffar Shah, se apoderó del trono de Bengala. En la historia de Bengala es conocido como Alauddin Husain Shah Sharif Makki. Más tarde también adoptó el título de «Califa de Dios».
Husain Shah
Husain Shah es una de las grandes maravillas de la historia. Se han escrito obras voluminosas para elogiarlo sin reservas. Sin embargo, en la época actual surgen en la mente del estudiante de historia inquisitivo diversas preguntas acerca de él. Habrá que buscar sus respuestas en la historia.
Al tratar sobre Husain Shah en su obra Historia social de la Bengala musulmana, Maulana Akram Khan dice:
«A pesar de numerosas investigaciones, hasta ahora no hemos podido encontrar ninguna prueba fiable sobre la raza, la religión, el origen y el título de este caballero conocido con el nombre de sultán Husain Shah».
En realidad, acerca de él se ha formado una mezcolanza de historia, leyendas y relatos fantásticos.
Sir Jadunath Sarkar dice en su Historia de Bengala:
«En casi todos los relatos históricos se lo menciona como árabe. Llegó a Bengala con su padre y se estableció allí. Los acontecimientos de su primera juventud se convirtieron en tema de numerosas leyendas populares y relatos. La mayoría de esos relatos tiene como escenario un pueblo de la subdivisión de Jangipur, en el distrito de Murshidabad, llamado: “En un pueblo de Rarh llamado Ek-Ani Chandpara, fue recibido como huésped en la casa de un cadí musulmán local. Al enterarse el cadí del linaje de su huésped, casó a su hija con Husain, el hijo menor del huésped. Después de recibir educación, Husain aceptó en Gaur un empleo modesto bajo el sultán habshi Muzaffar Shah. Salim registró este relato citando un opúsculo anónimo.»
También circula acerca de él la historia de que, durante su infancia, Husain trabajaba al servicio de un brahmán local. Al observar en el muchacho señales milagrosas de que en el futuro llegaría a ser un gran personaje, aquel brahmán lo llevó a Gaur.
Más tarde, cuando Husain se convirtió en sultán de Bengala, regaló al brahmán aquel pueblo de Chandpara a cambio de un tributo de tan solo una ana. Esta historia es idéntica a la narración de la infancia de Hasan Gangu Bahmani. Sin embargo, no se puede aceptar como verdadera sin someterla a examen. Cuando alguien de condición humilde llega a convertirse en dueño absoluto de un reino, se inventan sobre él toda clase de relatos extravagantes. Creemos que eso mismo ocurrió en el caso de Husain Shah.
Algunos historiadores dicen que el padre de Husayn, Sayyid Ashraf, era un sharif de La Meca. Sin embargo, residió durante mucho tiempo en Tirmiz. Buchanan Hamilton dice que también circula la tradición de que Husayn era oriundo del distrito de Rangpur. Nació en la aldea de Debnagar, situada a dieciséis millas de Gobindaganj. Algunos historiadores también lo han mencionado como bisnieto del sultán Ibrahim Shah de Gauda. Por lo tanto, se observa que incluso entre los historiadores existe un desacuerdo considerable respecto de su linaje y lugar de nacimiento.
Algunos historiadores dicen que no solo era árabe, sino también descendiente de los sayyids. Después, intentando embellecer el rango de su linaje con ciertos matices de imaginación, se afirmó que su padre, Sayyid Ashraf, era un sharif de La Meca. En busca de fortuna, llegó a Bengala con sus dos hijos.
Ahora surge, con toda justicia, la pregunta de si el padre de Husayn era siquiera árabe, mucho menos un sharif de La Meca. Hay razones suficientes para pensar que no solo es dudoso que Husayn fuera sayyid, sino incluso que fuera musulmán. Su conducta y sus actos después de ascender al poder dan testimonio de ello.
Consideremos primero la cuestión de su linaje. No se encuentra en la historia ninguna prueba fiable de que su padre, Sayyid Ashraf, fuera residente de La Meca y sharif. Además, que el sharif de La Meca llegara a Bengala con sus dos hijos en busca de fortuna no es más que una fantasía. ¿Por qué razón fue apartado de la dignidad de sharif y privado de sus bienes muebles e inmuebles, de modo que tuvo que venir a Bengala en busca de alimento y vestido? Algunos también lo han descrito como residente de Tirmiz. Entonces, ¿cuál de estas versiones puede aceptarse como verdadera? Cabe señalar que en aquella época el sharif de La Meca era el soberano supremo del Hiyaz, un monarca absoluto, dueño de inmensas riquezas y ocupante de un incomparable palacio real. No se encuentra en la historia ningún dato de que algún sharif de La Meca abandonara jamás su trono y viniera a Bengala con su esposa e hijos en busca de fortuna, para convertirse en dependiente de otros. Es probable que el astuto y fraudulento Husayn, presentándose como descendiente de los sayyids e hijo de un sharif, atrajera la devoción y el respeto de los musulmanes.
Luego viene lo curioso: después de obtener el trono, Husayn donó toda la aldea de Chandpara al qadi de la aldea (su suegro), o, según otra versión, a cierto brahmán Thakur, su amo durante la infancia, a cambio de un impuesto de apenas una anna; más tarde, aquella aldea o mouza pasó a llamarse «Chandpara de una anna». Pero en ninguna parte de la historia se encuentra información sobre si Husayn hizo provisión alguna para el sustento de su desventurado padre y de su hermano mayor.
Obsérvese también que el supuesto padre de Husayn, Sayyid Ashraf, buscó refugio en la casa de cierto qadi de la aldea de Chandpur, en la subdivisión de Jangipur, Murshidabad. Al ver que era un hombre de linaje sayyid, el qadi le entregó rápidamente a su hija a Husayn. También está igualmente extendida la versión de que Husayn trabajó como pastor bajo las órdenes de cierto brahmán de la aldea de Chandpara. Un día, durante ese período, el brahmán lo azotó despiadadamente por alguna falta grave. En otras ocasiones se dice que Husayn era residente de la aldea de Debnagar, en el distrito de Rangpur. De estos relatos contradictorios se desprende con claridad que Husayn era, en realidad, de linaje desconocido. No resulta sorprendente que alguien de linaje desconocido, por interés propio y aprovechando la ocasión, se hiciera pasar por musulmán aunque no lo fuera. En suma, después de que ascendió al trono de Bengala mediante conspiraciones y engaños, se inventaron diversas historias sobre su linaje y su infancia. Los narradores aficionados a la fantasía quizá habrían podido descubrir alguna tumba del supuesto padre de Husayn y mencionar que este había construido junto a ella una gran mezquita y una madrasa; pero estaban tan absortos componiendo la historia de Husayn, el poderosísimo rey de Bengala, que olvidaron por completo al desventurado padre y al hermano.
Veamos también en detalle cómo Husayn llegó al poder y cuáles fueron sus actos después de alcanzarlo.
El gobernante abisinio Muzaffar Shah nombró inicialmente a Husayn para un puesto menor. Después, gracias a su gran inteligencia, Husayn logró ganarse el favor y la satisfacción de su amo y finalmente obtuvo el cargo de primer ministro. El astuto Husayn comprendió que los gobernantes abisinios eran mal recibidos por el pueblo de Bengala. Por ello, mientras hacía que su propio amo resultara cada vez más impopular ante el ejército, los dignatarios y el pueblo, Husayn se entregó a la conspiración para apoderarse él mismo del poder. Continuó dando diversos malos consejos a su amo, Muzaffar Shah.
Rakhāldās Bandyopādhyāy dice: «Sayyid Husain fue nombrado visir y principal funcionario de Sharif Makki Muzaffar Shah. Siguiendo su consejo, Muzaffar Shah redujo los salarios de los soldados y se concentró en acumular riquezas». (Historia de Bengala, tomo II, pág. 187).
En el Riyāz-us-Salātīn y en el Tārīj-i Firišta se dice que, después de convertirse en visir, Husain comenzó a tratar bien al pueblo. Al mismo tiempo, empezó a decirles que Muzaffar Shah era un hombre de carácter vil y completamente inepto para ser rey. Por consejo de Husain Shah, Muzaffar Shah realizaba actos indeseables. Así, Husain tenía la oportunidad de presentarlo ante el pueblo como culpable y despreciable. De este modo, incitó al ejército, a los amires y nobles y al pueblo contra Muzaffar Shah. Finalmente, bajo su liderazgo, un enorme ejército entró en guerra contra Muzaffar Shah. Los historiadores dicen que en la batalla murieron ciento veinte mil soldados de ambos bandos. No se sabe que en aquella época hubiera ocurrido en ningún otro lugar del mundo una guerra tan sangrienta.
Muzaffar Shah murió en la batalla. Algunos dicen que, después de ganarse al guardia del palacio, Husain entró en el interior del palacio y mató personalmente a su propio señor.
Maulana Akram Khan, en su obra Historia social de la Bengala musulmana, citando una enciclopedia, dice:
«Los feudatarios musulmanes de todas las clases y los reyes hindúes, considerándolo (a Sayyid Husain) el candidato apropiado para el trono real, lo coronaron rey. Él, para complacerlos, ordenó saquear la capital de Gaur en el momento establecido. En aquella época, muchos súbditos hindúes ricos de la ciudad de Gaur quedaron completamente arruinados».
Lo curioso es que aquellos a quienes se había saqueado por orden del propio Husain fueron también asesinados por orden suya. Su número superaba los doce mil. Para satisfacer sus propios y mezquinos intereses, Husain manchó sus manos con la sangre de cientos de miles de personas. Tal vez la orden de saquear no fuera más que un pretexto para matar a cierto número de musulmanes.
Después de una matanza tan grande, en la que se encontraban soldados del ejército, amires y nobles, altos funcionarios, sabios y eruditos, entre otros, ya no quedó nadie que se atreviera a pronunciar siquiera una palabra contra Husain. Así, se convirtió en el gobernante absoluto del país.
Sin duda despertará la curiosidad de los lectores saber qué papel desempeñó Sayyid Husain Makki (?) después de obtener el trono. Tras asumir el poder real, reorganizó por completo su consejo de ministros. Su visir y principal funcionario fue Gopinath Basu, conocido también como Purandar Khan; el médico real, Mukunda Das; el jefe de su guardia personal, Keshav Chhatri; y el jefe de la casa de moneda, Anup. Shrīrūp y Sanātan, expertos en diversas escrituras y eminentes vaisnavas, también se convirtieron en sus ministros. Sir Jadunath Sarkar, citando a escritores vaisnavas, dice que Husain Shah creía de todo corazón que Shri Chaitanya era un avatara. Cuando Chaitanya llegó a la ciudad de Gaur, Husain le rindió un respeto especial y promulgó un firman dirigido a los funcionarios reales para que mostraran respeto al señor Chaitanya y le facilitaran viajar libremente a cualquier lugar según su voluntad.
El respetado Akram Khan dice en la página 98 de la obra antes mencionada:
«Según los escritores hindúes, desde el ascenso de Hosen Shah al trono comenzó el “reino de Rama” en la tierra de Gauda. El honorable señor Dinesh Chandra Sen dice, a modo de introducción a este asunto: No importa si los musulmanes vinieron de Irán, Turán u otros lugares; al llegar a este país se volvieron completamente bengalíes. Junto a las mezquitas comenzaron a celebrarse festividades de Durga, de Rama y del columpio. … En semejante situación tuvo lugar el ascenso del sultán Hosen. Liberado de las preocupaciones del gobierno, muy probablemente fue el primero en presentarse ante Chaitanyadeva y se convirtió en uno de sus devotos. En el “Chaitanya Charitamrita” está escrito que él (Hosen) se había convertido en devoto de Shri Chaitanya».
El sultán Hosen y Shri Chaitanya fueron contemporáneos, y la profunda relación de Hosen con Chaitanya es un hecho histórico. Por lo tanto, ciertamente no será inapropiado tratar aquí brevemente sobre Shri Chaitanya.
Shri Chaitanya
La comunidad vaishnava cree de todo corazón que Shri Chaitanya es una encarnación de Shri Krishna, e incluso el propio Shri Krishna. Shri Chaitanya creó un nuevo despertar en el conjunto de la sociedad hindú.
Sir Jadunath Sarkar dice:
«Fue una época en la que la mente bengalí alcanzó su pleno desarrollo como símbolo del Señor Gauranga. Su mensaje de amor y perdón cautivó a toda la India. El corazón y la mente de los bengalíes, rompiendo todos los lazos, quedaron hechizados por las canciones sobre los pasatiempos de Radha y Krishna. El entusiasmo interior expresado en la emoción de la religión vaishnava, en la poesía, en las canciones, en la tolerancia social y en la devoción religiosa continuó sin interrupción durante el siglo y medio siguiente. Este renacimiento hindú está íntimamente vinculado con la dinastía de Hosen Shah. Al tratar de comprender el progreso y el desarrollo alcanzados en aquella época por la religión vaishnava y la literatura bengalí, necesariamente recordamos el gobierno liberal y culto de los señores musulmanes de Gauda».
‘Jadunath Sarkar, The History of Bengal, tomo II, pág. 147)
En realidad, podemos saber con toda claridad, por sus propias palabras, cuál era el propósito de la aparición de Chaitanya. En la página 120 de Chaitanya Charitamrita, Adi-lila, lo declara con palabras inequívocas:
«Esta encarnación mía es para aniquilar a los pashandis.
Tras aniquilar a los pashandis, proclamaré la devoción».
Ahora queda claro que aniquilar a los pashandis era el verdadero objetivo de su vida. Al estudiar la historia, se sabe que, cuando los musulmanes conquistaron Bengala, la doctrina budista había desaparecido del país. Los brahmanes se negaron a acoger bajo la protección de la religión a la gran cantidad de hindúes de las castas inferiores que vivían en este país. Como resultado, comenzaron a ingresar en la sociedad vaisnava. Por tanto, en aquella época, aparte de los hindúes, la sociedad vaisnava y los musulmanes, no existían seguidores de ninguna otra religión en este país. Entonces, ¿quiénes eran los pashandis cuya aniquilación había provocado la aparición de Chaitanya?
Maulana Akram Khan dice en la obra mencionada anteriormente:
«Según Manu, todos los no hindúes que profesan religiones diferentes pertenecen a esta categoría (Saral Bangla Abhidhan). El lexicógrafo Subal Chandra Mitra, en su Beng-Eng Dictionary, define la palabra pashandi de la siguiente manera: “Not conforming himself to the tenets Vedas: Atheistic. Jaina or Buddha. A non-Hindu —quien no acepta los Vedas, quien lleva las marcas de otra casta y quien no es hindú—; estas tres explicaciones de pashandi se han aplicado en todas partes”».
Ahora ya no queda lugar para duda de que por pashandi se entiende exclusivamente a los musulmanes.
Ahora la pregunta es: ¿realmente pudo Chaitanya expulsar de este país a los pashandis, es decir, a los musulmanes? A primera vista, se observa que incluso después del sultán Hossain Shah, contemporáneo de Chaitanya, el gobierno musulmán permaneció establecido en este país durante varios siglos. Sin embargo, la aceptación por parte de Hossain Shah del discipulado de Chaitanya y su ayuda y cooperación en el establecimiento de la sociedad vaisnava hicieron que la suciedad de shirk y bid‘ah acumulada en la aqida y las creencias de los musulmanes se convirtiera, en épocas posteriores, en la causa de la decadencia de la sociedad musulmana.
El autor de la obra «Historia social de los musulmanes de Bengala» dice:
«La verdad es que, después de desarraigar por completo a la sociedad y la religión budistas de su tierra natal, dirigieron su mirada favorable hacia la sociedad musulmana. Por ello, comenzaron simultáneamente a esforzarse por destruir y desbaratar a los reyes “ yavanas” mediante la intriga política. Por otra parte, pretendían mantener a la sociedad musulmana absorta en el olvido de sí misma y hechizada, extendiendo una red de ilusiones en nombre de la religión. Como ya he dicho, este era el objetivo supremo y último de la encarnación de aquella época, de sus devotos y de sus colaboradores».
En los puranas hindúes se menciona el método de culto de Satya Narayan. Este culto se celebra en casi todos los hogares hindúes. Pero era absolutamente imposible que los musulmanes rindieran culto a Satya Narayan. Por eso, con el grandioso (?) propósito de eliminar la división entre hindúes y musulmanes, el sultán Husain estableció a Satya Pir e introdujo su método de culto. En realidad, el establecimiento del santuario de Satya Pir, la formulación de votos en su nombre y la distribución de ofrendas, así como la celebración de ceremonias en su santuario con música de tambores y timbales, constituían la versión musulmana del culto de Satya Narayan; su iniciador fue Husain Shah. Precisamente por estas razones la sociedad hindú reconoce a Husain Shah como una encarnación.
Al convertirse en el rey Husain Shah, fue un gran sabio.
Su gran fama se extendió por la quinta Gaur.
Muy versado en armas, su gloria era inconmensurable.
En la era de Kali será como una encarnación de Krishna.
(«Lengua y literatura bengalíes», Dinesh Chandra Sen).
Dinesh Chandra Sen dice en su «Lengua y literatura bengalí»:
«Kavindra Parameshwar lo ha descrito (a Hosen Shah) como un avatar de Krishna. En el Chaitanya-charitamrita y el Chaitanya-bhagavata se observa que reconoció a Chaitanyaprabhu como un avatar de Dios. Por la misma virtud por la que Akbar permanece como un collar en la voz de la historia de la India, Hosen Shah será considerado una joya resplandeciente en la historia de Bengala».
Según la creencia religiosa general de los hindúes, Chaitanya es un avatar de Shri Krishna, o el propio Shri Krishna. Por eso, sus devotos se sienten atraídos de manera sumamente intensa por los pasatiempos de Krishna. En nombre de la religión, se encuentra una imitación completa de los intensamente seductores juegos amorosos entre los vaisnavas y las vaisnavis. Una descripción completa de esto puede encontrarse en muchos textos sagrados hindúes. Los pensadores de la sociedad hindú reconocen la ruina causada en ella por la inmoralidad sexual como consecuencia de la difusión y propagación de la religión vaisnava. Es sumamente lamentable que un poderoso musulmán de Bengala haya hecho que millones de bengalíes adoptaran estas prácticas impuras y obscenas como ideal de vida, condenando y degradando así a la sociedad musulmana. No sería exagerado decir que, de este modo, Shri Chaitanya alcanzó un éxito pleno en la aniquilación de los herejes.
Aquí queremos repetir las palabras de Rakhaldas Bandyopadhyay, introduciendo en ellas algunas correcciones, y decir lo siguiente:
«El nombre del sultán Hosen Shah permanecerá eternamente en la historia, pues logró lo que Danújamardán Dev-Ganesh no pudo hacer y lo que ningún rey hindú de Aryavarta pudo hacer».
Después de toda esta discusión, las dudas sobre el linaje y la identidad religiosa de Hosen Shah se vuelven ahora aún más intensas. Puede que Hosen Shah ni siquiera fuera musulmán. Tal vez, haciéndose pasar por un musulmán de linaje sayyid, atrajo la devoción y el respeto de los musulmanes y, mediante el engaño, fue ascendiendo gradualmente hasta alcanzar el poder supremo. O bien, algún brahmán de la aldea de Chandpara, en Murshidabad, pudo haber acogido a un niño desamparado de origen desconocido, hindú o musulmán, de la propia Bengala, y haberlo empleado como pastor. Dicho brahmán vio en el muchacho un talento extraordinario y, tras instruirlo «para la aniquilación de los herejes», lo presentó en la corte de Muzaffar Shah. Gracias al favor de Muzaffar Shah, su fortuna comenzó a cambiar rápidamente. Después de observar toda su vida, los relatos contradictorios de los historiadores sobre él, sus creencias religiosas posteriores, sus actividades y conducta, y el hecho de que, tras matar a innumerables musulmanes talentosos, adornara su consejo de ministros y su corte real con personas de las sociedades hindú y vaisnava, ¿sería erróneo sostener la concepción antes expuesta sobre su origen y religión?
En resumen, fuera musulmán Hosen Shah o lo que fuera, después de matar a innumerables soldados musulmanes, emires, nobles y musulmanes distinguidos, ¿cuándo tuvo ocasión de reflexionar sobre la ruina que había causado a la sociedad musulmana al complacer a los poderosos señores feudales hindúes? En diversos períodos de la historia, los enemigos del islam han logrado sus objetivos presentando a uno u otro musulmán como un títere de madera. Por eso vemos a historiadores y literatos no musulmanes colmando de alabanzas a Hosen Shah.
Durante su reinado, el movimiento renacentista de la nación hindú cobró fuerza por medio de la lengua bengalí. Los autores bengalíes Maladhar Basu, Bipradas, Vijayagupta y Yashoraj Khan expresaron en sus obras su gratitud, junto con elogios entusiastas a Hosen Shah. Maladhar Basu tradujo al bengalí los cantos décimo y undécimo del Bhagavata. Compuso un gran poema épico bengalí titulado «Shri Krishna Vijaya», sobre los juegos amorosos de Shri Krishna. Hosen, complacido, le concedió el título de «Gunaraj Khan». Él dice:
«Indigno y sin mérito soy, no poseo riqueza alguna
el señor de Gauda me dio el nombre de Gunaraj Khan».
Gopinath Basu, hermano de Maladhar Basu, también conocido como Purandar Khan, compuso un gran poema épico titulado Krishnamangal sobre los amoríos de Sri Krishna. El brahmán Vipradas compuso el poema Manasamangal. Hosen concedió a Paragal Khan vastas propiedades en Chattogram.
Estas obras y el poema épico Manasamangal ejercieron una influencia tan grande sobre las creencias religiosas de los musulmanes que, posteriormente, el culto a Manasa se extendió en la sociedad musulmana. Para conocimiento de los lectores, inserto aquí un breve pasaje de la obra de Maulana Akram Khan.
«En el Mahabharata y en el Devi Bhagavata encontramos una descripción parcial de Manasa. Aunque existen discrepancias acerca de su nacimiento, podemos considerarla hija de Shiva. No es posible narrar la historia de Manasa manteniendo la decencia del lenguaje. En pocas palabras, inmediatamente después de nacer alcanzó la plenitud de la juventud, y Shiva o Mahadeva la llevó a su propia morada. Chandí o Durga, esposa de Shiva, cualquiera que fuese la razón, al verla estalló de furia. Como consecuencia, en el conflicto que surgió entre las dos diosas, Manasa perdió uno de sus ojos. Manasa se enfureció contra Durga. Shiva tampoco escapó a su ira. (Omitimos aquí la descripción de hacer bailar a las serpientes; Manasa, sin embargo, es venerada como diosa de las serpientes). Manasa juró que no dejaría de vengar esta humillación. Tras consultar con su compañera Netravati, decidió obligar a los devotos de Shiva y Durga a rendir culto a Manasa. Con este propósito apareció en Bengala bajo una forma especial y, con suma facilidad, logró inducir poco a poco a los pastores, pescadores y musulmanes pobres a rendirle culto. (La historia de la literatura bengalí, p. 16)»
La esposa de Chand Saudagar era una mujer devota de Manasa. Pero su marido no estuvo dispuesto bajo ninguna circunstancia a rendir culto a Manasa. Encolerizada, Manasa comenzó a someterlo a diversas desgracias y pérdidas. Sin embargo, aunque todos sus barcos se hundieron en el mar con sus siete hijos y sus abundantes riquezas, el comerciante permaneció firme en su postura. Finalmente, a pesar de las severas advertencias, su único hijo superviviente, Lakhindar, murió por la mordedura de una serpiente, y Behula, la esposa de Lakhindar, gracias a su profunda devoción y a la misericordia de Manasa, logró devolverlo a la vida. Todos los hijos y las riquezas que Chand Saudagar había perdido le fueron restituidos. Este culto a Manasa y la ceremonia fluvial de Behula relacionada con él continuaron practicándose entre los musulmanes de regiones como Jessore, Khulna y las parganas de Bakshish hasta la primera mitad del siglo XX». (Historia social de la Bengala musulmana, pp. 78-79)
No solo en el sur de Bengala, sino en casi todas las regiones de Bengala, ciertos musulmanes, manteniendo las ideas de shirk y kufr mencionadas anteriormente, organizaban con entusiasmo y fervor en las aldeas la ceremonia fluvial de Behula, o Bhásan Yatra.
Ahora vemos claramente cómo, con la ayuda de Hosen Shah y sus descendientes, los vapores venenosos de la idolatría infectaron las creencias religiosas de los musulmanes. Como consecuencia, posteriormente se emprendió el risible intento de hacer una sola e idéntica la sociedad y la cultura hindú y musulmana.
La dinastía Husain Shahi
Alauddin Husain Shah (1493-1519 d. C.)
Daniyal Nasiruddin Nasrat Shah Ghiyasuddin Mahmud Shah
(1519-1532 d. C.) (1532-1538 d. C.)
Alauddin Firoz Shah (1532 d. C.)
Al analizar la historia de Bengala, se sabe que fue precisamente durante el período de la dinastía Husain Shahi cuando, por primera vez, penetró la idolatría en las costumbres y creencias religiosas de los musulmanes. No cabe duda de que la enorme influencia de Sri Chaitanya y de la comunidad vaisnava corrompió las creencias religiosas de los musulmanes. El hecho de que Husain Shah diera muerte a cientos de miles de musulmanes nobles —emires y omras, personas piadosas, pirs y santos— y que el propio Husain Shah se hiciera discípulo de Sri Chaitanya facilitó la penetración de las ideas idólatras en la sociedad musulmana.
M. R. Tarafdar afirma en su obra Husain Shahi Bengal:
«Algunos musulmanes influyentes solían adorar a la diosa serpiente, Mannasa, por miedo a las mordeduras de serpiente. Probablemente fue el resultado de la influencia hindú sobre los musulmanes. Nasrat Shah construyó un edificio para el Profeta. Pero la conservación de la huella del Profeta no encuentra respaldo en el islam ortodoxo»
(La Bengala de Husain Shahi, M. R. Tarafdar, págs. 164, 166, 167, 89-91)
«Algunos musulmanes influyentes adoraban el altar de Manasa por temor a ser mordidos por serpientes. Esto fue probablemente resultado de la influencia hindú sobre los musulmanes. Nusrat Shah construyó edificios. Rendir homenaje a la huella del Profeta no cuenta con el verdadero respaldo del islam».
El Dr. James Wise dice que los brahmanes de Gaya obtienen grandes ganancias mostrando a los peregrinos el Vishnupada (la huella de Vishnu). Siguiendo su ejemplo, en la sociedad musulmana comenzó a difundirse la adoración del Qadam Rasul en la Bengala de Husain Shahi.
Después de que la dinastía Husain Shahi gobernara Bengala durante cuarenta y cinco años, ya no se volvió a saber nada de ella. Luego, Sher Shah y las dinastías Sur y Karrani ocuparon el trono de Bengala hasta 1575. Después, los gobernadores nombrados bajo el Imperio mogol de Delhi continuaron administrando Bengala. Sin embargo, no fue posible gobernar Bengala en paz hasta que, tras la muerte del emperador Akbar en 1605, Jahangir nombró a Man Singh gobernador de Bengala por segunda vez. La supremacía mogola en Bengala fue resistida y puesta en peligro repetidamente. Después de Man Singh, Jahangir nombró a Qutbuddin Khan Koka subadar de Bengala. En 1607, Jahangir nombró a Quli Khan, y hasta 1639 otros nueve gobernadores administraron Bengala como subadares. Después de que el príncipe Suja fuera nombrado gobernador de Bengala en 1639, los ingleses llegaron por primera vez a Bengala bajo la apariencia de comerciantes y, en 1757, extirparon para siempre el dominio musulmán y se convirtieron en los amos y señores de Bengala y Bihar.
Los que ocuparon el trono de Bengala después del príncipe Muhammad Suja y hasta 1757 fueron:
Príncipe Muhammad Suja — 1639-1660
Muazzam Khan Mir Jumla — 1660-1663
Dilir Khan-Daud Khan — 1663-1664
Shaista Khan (hermano de Mumtaz Mahal) —1664-1678 d. C.
Fida Khan, Ajn Khan Koka —1678 d. C.
El príncipe heredero Muhammad Azam —1678-1679 d. C.
Shaista Khan —1679-1688 d. C.
Khan-i-Jahan —1688-1689 d. C.
Ibrahim Khan —1689-1698 d. C.
El príncipe heredero Azim-ud-Din —1698-1717 d. C.
Murshid Quli Khan —1717-1727 d. C.
Suŷauddin Muhammad Khan —1727-39 d. C.
Sarfaraz Khan —1739-40 d. C.
Alivardi Khan —1740-56 d. C.
Sirajuddaula —1756-57 d. C.
Capítulo tercero
La llegada de la Compañía de las Indias Orientales a Bengala
Es necesario que conozcamos bien la llegada a este país y las actividades posteriores de la Compañía de las Indias Orientales, bajo cuyo dominio los ingleses se transformaron de comerciantes en gobernantes mediante más de un siglo de esfuerzos y perseverancia, desarraigaron el gobierno musulmán establecido durante más de quinientos cincuenta años y encadenaron a los habitantes de este país con las cadenas de la esclavitud.
A finales del siglo XVI (1599 d. C.), la Compañía de las Indias Orientales nació en Londres gracias al esfuerzo conjunto de varios comerciantes. Con la aprobación de la reina Isabel, comenzaron a comerciar con la India. En 1612, tras obtener un permiso del emperador Jahangir, la compañía estableció por primera vez su factoría comercial en el puerto de Surat.
Al principio, como tenían que desenvolverse entre numerosos reveses y dificultades, no lograban obtener muchas ventajas en el comercio. En 1644, mientras el emperador Shah Jahan se encontraba en el Decán, su hija sufrió graves quemaduras en un incendio. El doctor Gabriel Boughton, un cirujano experto enviado por el director de la factoría inglesa de Surat para tratarla, logró curarla. El emperador Shah Jahan quedó sumamente complacido con él y, a petición de Boughton, los comerciantes ingleses obtuvieron el derecho de comerciar en Bengala sin pagar aranceles. Cuando llegaron a Bengala en 1644 con el firman imperial, el subadar de Bengala, Bihar y Orisa era el príncipe Muhammad Shah Shuja.
Debe considerarse una gran fortuna para la Compañía que se confiara al doctor Boughton el tratamiento de un miembro de la familia de Shah Shuja, pues también aquí alcanzó gran renombre por sus dotes médicas. Por ello, Shah Shuja concedió a los ingleses la posibilidad de comerciar libremente en Bengala a cambio de tan solo tres mil rupias de salami. La extrema generosidad y el favor que el emperador Shah Jahan y su hijo habían mostrado hacia los ingleses fueron utilizados posteriormente por los comerciantes ingleses, ingratos, como una sentencia de muerte para el Imperio mogol y para la independencia de Bengala y Bihar.
En virtud del firman de Shah Shuja, los comerciantes ingleses establecieron su factoría comercial en Hugli y una agencia en Patna.
De Mir Jumla a Sirajuddaula
Después de Shah Shuja, Mir Jumla, comandante de Aurangzeb, fue nombrado subadar de Bengala. El perspicaz Mir Jumla vigilaba atentamente las actividades de los ingleses. En cierta ocasión, Mir Jumla detuvo varias embarcaciones cargadas de mercancías que se dirigían de Patna a Hugli. En represalia, el encargado de la factoría inglesa de Hugli detuvo una embarcación cargada de mercancías perteneciente a un musulmán y se apoderó de sus bienes. Debido a esta insolencia, Mir Jumla ordenó apoderarse de la factoría de Hugli. Al verse en una situación comprometida, el encargado devolvió al propietario la embarcación y las mercancías retenidas, y pidió perdón a Mir Jumla.
El nabab Shaista Khan
Después de Mir Jumla, Shaista Khan fue nombrado nabab y subadar de Bengala. Los ingleses vivían aterrorizados en todas partes por causa de Shaista Khan. Debido a su insolencia, Shaista Khan anuló los firmans anteriores. Cuando ellos pidieron perdón por su conducta y prometieron comerciar honestamente, se restablecieron los firmans anteriores. Después de eso, Shaista Khan abandonó Bengala.
Fida Khan y el príncipe Muhammad Azam
Después de Shaista Khan, Fida Khan y el príncipe Muhammad Azam, hijo del emperador Aurangzeb, fueron nombrados sucesivamente subahdares de Bengala. Tras el nombramiento de Muhammad Azam como subahdar en 1678, la Compañía le entregó un soborno de veintiún mil rupias para satisfacer sus intereses mezquinos. Al enterarse de ello, el emperador Aurangzeb lo destituyó y envió nuevamente a Shaista Khan a Bengala. En esa época, la insolencia de los ingleses alcanzó su punto culminante. Un individuo llamado Akbar se involucró en una conspiración contra el emperador, y los ingleses lo ayudaron proporcionándole armas. Al descubrir esta conspiración, Shaista Khan encarceló al señor Peacock, comandante de la fábrica de Patna. Como los negocios de la Compañía se habían visto perjudicados, desde Londres enviaron a la India varios buques de guerra bajo el mando del capitán Nicholson, con órdenes de apoderarse de Chittagong. Sin embargo, el capitán Nicholson fracasó. Debido a estas malas intenciones de los ingleses, el nawab Shaista Khan los expulsó de Sutanuti. En 1687, cuando Job Charnock, jefe de la fábrica de Kasimbazar, aceptó todas las condiciones impuestas por el nawab, se les volvió a permitir comerciar. Cuando llegó a Inglaterra la noticia de que Job Charnock había aceptado las condiciones del nawab, los funcionarios de la Compañía lo consideraron humillante. Entonces enviaron a la India un buque de guerra llamado «Defence», equipado con diversas armas y puesto bajo el mando del intrépido navegante capitán Heath. Al llegar a Sutanuti, Heath se dirigió a Baleshwar con los hombres de la Compañía para hacer la guerra contra los mogoles. Allí sometieron a la población a un trato inhumano y saquearon todas sus pertenencias. Después, Heath se dirigió de Baleshwar a Chittagong y solicitó la ayuda del rey de Arakan. También allí fracasó y, desalentado, se marchó a Madrás. Al enterarse de todas estas malas intenciones y conspiraciones, el emperador Aurangzeb confiscó las fábricas comerciales inglesas de Masulipatnam y Vizagapatam. De este modo, la Compañía afrontó un desastre total a causa de sus fechorías.
El subahdar Ibrahim Khan
Después de Shaista Khan, Khan-i Jahan fue subahdar de Bengala durante un breve período, y en 1689 Ibrahim Khan fue nombrado subahdar de Bengala, Bihar y Orisa. Con el propósito de fomentar el comercio en el país, se volvió a examinar la situación de la Compañía. Después de liberar a los ingleses cautivos en Orisa, se concedió nuevamente a Job Charnock permiso para establecer una fábrica comercial en Bengala. Job Charnock había huido y se encontraba en Madrás. En cuanto obtuvo el permiso, el astuto Job Charnock regresó a Bengala en 1691 con los comerciantes ingleses y fundó la ciudad de Calcuta, estableciéndose allí de tal manera que, como consecuencia de largo alcance, los ingleses conservaron su dominio y su imperialismo en Bengala y en todo el territorio indio hasta 1947.
En esa época se presentó una grave acusación contra los ingleses. El Shaykh al-Islam de Constantinopla informó al emperador Aurangzeb de que la gran cantidad de salitre que los ingleses recogían en la India se exportaba a Europa y se utilizaba allí para fabricar municiones que luego se empleaban contra los musulmanes. Aurangzeb prohibió la compra de salitre. Pero ellos continuaron sacándolo clandestinamente. Entonces el emperador Aurangzeb emitió un firman por el que prohibía comerciar con los europeos. Cuando el jefe de la fábrica de Hugli apeló al subahdar de Bengala, este suavizó la severidad de la prohibición.
El subahdar Azim-ush-Shan
Debido a la incompetencia de Ibrahim Khan, el emperador Aurangzeb nombró en su lugar a su nieto Azim-ush-Shan como subahdar de Bengala.
Azim-ush-Shan era extremadamente aficionado a la comodidad y codicioso. Aprovechándose de ello, los ingleses le ofrecieron abundantes presentes y obtuvieron permiso para fortificar la fábrica comercial de Sutanuti. Después, mediante otra entrega de dieciséis mil rupias como nazrana y valiosos regalos, obtuvieron las tres aldeas de Sutanuti, Gobindapur y Calcuta.
Tras la muerte de Aurangzeb en 1707, el padre de Azim-ush-Shan, Bahadur Shah, ascendió al trono de Delhi. Como consecuencia, Azim-ush-Shan fue nombrado nuevamente subahdar de Bengala, Bihar y Orisa. Para ayudar en asuntos fiscales al subahdar, incompetente, ineficaz y amante de la comodidad, se nombró a Murshid Quli Khan como diwán y se lo envió a Bengala.
Murshid Quli Khan
Después de la muerte de Bahadur Shah, Azim-ush-Shan murió a manos de Farrukh-Siyar mientras competía por obtener el trono, y Farrukh-Siyar nombró precisamente a Murshid Quli Khan como subadar de Bengala. Murshid Quli Khan no era un hombre dispuesto a convertirse en títere de los ingleses ni a dejarse someter mediante dinero. Por consiguiente, los ingleses fracasaron en obtener de él privilegios ilícitos. Al ver que la situación se volvía desfavorable, enviaron una delegación ante el emperador. Entre ellos se encontraba un médico muy competente llamado Hattilton. El subadar de Bengala sentía aversión por los ingleses. El emperador no estaba dispuesto a hacer nada contra la opinión de aquel. Sin embargo, aquí comenzó un drama amoroso que hizo que la fortuna de los ingleses les fuera sumamente favorable.
El joven emperador Farrukh-Siyar se enamoró de una hija sumamente hermosa del maharana Singh de Udaipur. Después de concertarse el matrimonio, él enfermó repentinamente de gravedad. El matrimonio quedó aplazado por tiempo indefinido. Ningún tratamiento producía resultado alguno. Finalmente, el emperador quedó bajo el tratamiento de Hattilton. Su tratamiento tampoco produjo resultado alguno. Finalmente, el emperador quedó bajo el tratamiento de Hamilton. Tras recobrar completamente la salud gracias a su tratamiento, se celebró su matrimonio con la hija de la hija del maharana.
Después de conseguir a su amada, el emperador Farrukh-Siyar quedó sumamente impresionado por el doctor Hamilton y concedió a los comerciantes ingleses treinta y ocho aldeas situadas a ambas orillas del río Hugli, al sur de Calcuta. Se fijó como impuesto anual nominal apenas la suma de ocho mil ciento veintiuna rupias. Aunque habían obtenido todo esto del emperador, por temor a Murshid Quli Khan no pudieron conseguir ninguna ventaja especial.
Suja-ud-Din
Tras la muerte de Murshid Quli en 1725, su yerno Suja-ud-Din ocupó el cargo de subadar de Bengala, Bihar y Orisa. Durante su gobierno, los ingleses progresaron considerablemente en el comercio y su arrogancia aumentó muchas veces. En cierta ocasión, el faujdar de Hugli confiscó, por una razón legítima, una embarcación cargada de mercancías perteneciente a los ingleses. Al enterarse de ello, los ingleses enviaron un grupo de soldados y arrebataron la embarcación a los guardias. Cuando el subadar se enteró de semejante insolencia, reconocieron rápidamente su delito, pagaron una cuantiosa multa y pidieron perdón. Así lograron salvarse.
Sarfaraz Khan
Después de la muerte de Suja-ud-Din, su hijo Sarfaraz Khan fue nombrado subadar. La invasión de la India por Nadir Shah tuvo lugar durante su gobierno.
Alivardi Khan
Sarfaraz Khan era incompetente y de carácter débil. Murió en un enfrentamiento con su general, Alivardi Khan, quien en 1741 se convirtió en el subadar de Bengala.
Durante la época de Alivardi Khan, los bandidos bargíes atacaron Bengala una y otra vez. Para proteger al país de sus depredaciones, varias veces recaudó grandes sumas de dinero de los comerciantes ingleses y de otros comerciantes extranjeros. Con el fin de promover el desarrollo económico del país, fomentaba el comercio y los negocios.
A pesar de que se habían adoptado numerosas medidas preventivas, los bandidos bargíes lograron entrar una vez y se entregaron al saqueo y a la matanza. Para someter a los bandidos bargíes que llegaban por las vías fluviales, Alivardi Khan consideraba necesaria la ayuda y cooperación de los ingleses. La razón era que Bengala no poseía prácticamente ninguna fuerza naval. En cambio, los ingleses tenían una poderosa flota. En cierta ocasión, el principal general de Alivardi le aconsejó expulsar del país a una fuerza maligna y creciente como la de los ingleses. En respuesta, el anciano Alivardi dijo que, por un lado, los bargíes habían dejado encendido el fuego en las rutas terrestres. Y que, si además se irritaba a los ingleses, ellos encenderían un fuego por la vía marítima que Bengala no tenía capacidad para apagar. Aprovechándose de la vejez de Alivardi y de la delicadeza de la situación, los ingleses se asentaron firmemente y comenzaron a planear su establecimiento político en este país; ese plan culminó quince años después, en 1757.
Siraj-ud-Daulah
En 1756, después de haber permanecido postrado en cama durante largo tiempo, Alivardi murió y Siraj-ud-Daulah se convirtió en su sucesor. Tras su ascensión al trono, logró frustrar hábilmente todas las conspiraciones de Ghaseti Begum, hija de Alivardi, y de su nieto Shaukat Jang, gobernador de Purnia. Inmediatamente después de la muerte de Alivardi Khan y de la ascensión de Siraj-ud-Daulah al trono, Ghaseti Begum consiguió reunir a veinte mil soldados a su lado y partió hacia Murshidabad. Siraj-ud-Daulah derrotó rápidamente al ejército de Ghaseti Begum y la recluyó en el palacio real. Por otra parte, cuando Shaukat Jang se proclamó subadar de Bengala, fue muerto por Siraj-ud-Daulah en la batalla.
Rajballabh, diwan de Nawajesh Muhammad, instigaba la rebelión de Ghaseti Begum y Shaukat Jang. Al enterarse de ello, Siraj-ud-Daulah le exigió las cuentas a Rajballabh. Como diwan bajo Nawajesh Muhammad, gobernador de Dacca, tenía a su cargo la recaudación de los ingresos. Como había malversado una enorme cantidad del dinero recaudado y no podía presentar las cuentas, el nawab Siraj-ud-Daulah ordenó confiscar los bienes de Rajballabh que se encontraban en Dacca. Al ver que la situación se tornaba peligrosa, el hijo de Rajballabh, Krishnaballabh, huyó en 1756 fingiendo ir a bañarse en el Ganges, llevándose consigo los ingresos recaudados y todos los bienes obtenidos ilegalmente, y buscó refugio entre los ingleses en Calcuta. Siraj-ud-Daulah ordenó al gobernador de Calcuta, el señor Drake, que le entregara al fugitivo Krishnaballabh junto con sus tesoros. Siguiendo el consejo de Mahtab Chand, uno de los principales hindúes más ricos y poderosos de la India de aquel tiempo, y de otros comerciantes y mercaderes hindúes, Drake se negó a obedecer la orden de Siraj-ud-Daulah. Después, la conspiración urdida por los ingleses ingratos y ávidos de poder, junto con sus principales colaboradores hindúes, para derrocar a Siraj-ud-Daulah y abolir para siempre el gobierno musulmán, se llevó a cabo definitivamente en el campo de Plassey. Antes de tratar la batalla de Plassey, sus antecedentes y la caída de Siraj-ud-Daulah, debemos conocer cuál era en aquel tiempo la situación religiosa, social y cultural de los musulmanes de Bengala.
Capítulo cuarto
Antecedentes de la abolición del gobierno musulmán en Bengala
No se puede negar que, tras la decadencia del Imperio mogol, una calamidad extrema cayó sobre la vida de los musulmanes indios. Aunque en Delhi subsistía un gobierno central meramente nominal, era sumamente débil, y aprovechando esa circunstancia los gobernantes musulmanes de diversas regiones gozaban de una especie de independencia. Se esforzaban al máximo por complacer a las clases de los zamindares, los jagirdares y los ricos comerciantes. Como consecuencia, se convirtieron naturalmente en víctimas de un complejo de inferioridad. La nación conquistada, siempre atenta a las oportunidades, se atrevió entonces a infiltrarse en las creencias religiosas y en el ámbito cultural de los musulmanes. La traducción, difusión y propagación de las escrituras religiosas hindúes en bengalí y sánscrito, la introducción de la religión vaisnava por Sri Chaitanya y las actividades sucias, obscenas y sexualmente excitantes de la sociedad vaisnava sumergieron a la sociedad musulmana en el abismo de la decadencia. Si no se puede derrotar al enemigo en un combate frontal, se lo puede vencer fácilmente si se logra dominar su fe religiosa y su esfera cultural. Así fue como la astuta nación hindú de la India, y especialmente de Bengala, se vengó de los agravios acumulados durante varios siglos. Además, en distintas etapas de la historia, aceleraron la decadencia de la nación musulmana y, para alcanzar sus objetivos, eligieron y elevaron al poder a un musulmán nominal que les resultaba enteramente aceptable. Por medio de este títere lograron satisfacer plenamente sus intereses. A ello se sumaron la infiltración de la incredulidad y la idolatría en la fe y la aqidah islámicas, así como el predominio de la nación hindú sobre la cultura musulmana, convirtiendo a los musulmanes en esclavos mentales. Su consecuencia natural fue precisamente la que cabía esperar.
El Dr. A. R. Mallick comenta en su obra:
«Así pues, los largos años de convivencia con un pueblo no musulmán que los superaba ampliamente en número, alejados de la patria original del islam y viviendo con personas medio convertidas del hinduismo, hicieron que los musulmanes se desviaran considerablemente de la fe y se indianizaran. Dejando aparte esta desviación de la fe, los musulmanes indios, al adoptar el sistema de castas de los hindúes, asestaron un golpe desastroso a la concepción islámica de la hermandad y la igualdad, en la que se había basado su fuerza en el pasado, y presentaban así, en el 19.º siglo, la imagen de una sociedad desintegrada, degenerada y debilitada por la división y subdivisión hasta tal punto que parecía estar más allá de toda posibilidad de reparación. No es de extrañar que Sir Muhammad Iqbal dijera: “Ciertamente, hemos superado al propio hindú en hinduismo; sufrimos un sistema de castas social —un sistema de castas religioso, un sistema de castas sectario y social— que hemos aprendido o heredado de los hindúes. Esta es una de las formas silenciosas mediante las cuales las naciones conquistadas se vengaron de sus conquistadores”». (British Policy and the Muslims in Bengal, A. R. Mallick)
—«Los musulmanes, tras quedar separados del centro original del islam y vivir durante muchos años junto a la mayoría no musulmana de la India, incluidos los musulmanes parcialmente convertidos, se apartaron de la fe original y se volvieron indios. Además, estos musulmanes indios, al adoptar el sistema de castas de los hindúes, asestaron un golpe definitivo a la hermandad y la igualdad islámicas, en las cuales había residido su fuerza en el pasado. Como resultado, en el siglo XIX aparecieron como una nación dividida en numerosos grupos, fragmentada y degenerada, cuya reforma parecía imposible. Por eso no hay nada de sorprendente en la afirmación de Sir Muhammad Iqbal:
Ciertamente, hemos superado a los hindúes. Estamos afectados por una doble enfermedad de castas: el sistema de castas religioso, las sectas y subdivisiones sectarias, y el sistema de castas social, que hemos aprendido o heredado de los hindúes. Esta es una de las formas silenciosas mediante las cuales los conquistados se vengan de sus conquistadores».
Es una verdad innegable que la nación hindú de Bengala y de la India en general nunca pudo aceptar de ningún modo el gobierno musulmán. Por ello trabajó silenciosamente durante siglos para destruir por completo la solidaridad musulmana. Con sus esfuerzos alcanzó un éxito total. Apartó a los musulmanes de las creencias fundamentales del islam y manchó su tahdhib y su cultura con la impureza de la idolatría. Sabían muy bien que era sumamente fácil, sin convertirlos al hinduismo, transformar a los musulmanes en personas de inclinaciones hindúes y hacer que sirvieran a los intereses hindúes; en esta tarea lograron un éxito absoluto.
Situación religiosa, social y cultural de los musulmanes
Para comprender plenamente por qué vías se produjo la decadencia de los musulmanes de Bengala y qué fuerza siniestra la avivaba desde detrás del escenario, debemos saber hasta qué punto se habían deformado entonces sus creencias religiosas, su sociedad y su cultura.
En realidad, la idolatría comenzó a penetrar en la creencia de la aqidah, la sociedad y la cultura de los musulmanes de Bengala desde la época del gobernante de Bengala, Alauddin Husain Shah. Husain Shah, cuyo gobierno estaba dirigido por un gabinete integrado y rodeado por los promotores y sostenedores del movimiento del renacimiento hindú, se sintió atraído por Sri Chaitanya y se hizo su discípulo. Si es cierta esta afirmación transmitida por los historiadores, resulta fácil deducir hasta qué punto Husain Shah creía en el tawhid. Bajo su patrocinio, la poderosa inundación del vaishnavismo arrastró a la sociedad musulmana de Bengala. Los métodos de práctica criminales, obscenos y abominables de los tántricos hindúes, el panchatattva de los vamacharis —es decir, ritos y ceremonias sexuales y repugnantes—, las lila amorosas de los vaishnavas y otras prácticas semejantes atrajeron e influenciaron fácilmente a los musulmanes convertidos del hinduismo de las clases bajas. Aunque estos ritos y lila amorosas destruyeron en gran medida la pureza, el sentido del gusto y la sensibilidad moral de la sociedad hindú, esta arma, que se cortaba la propia nariz para arruinar el viaje ajeno, carcomió la fe religiosa; los poetas y escritores musulmanes solo de nombre de aquella época fueron utilizados como títeres por quienes, en nombre del desarrollo de la lengua bengalí, eran en realidad los abanderados del movimiento del renacimiento hindú. Tomando como modelo a los poetas hindúes de la segunda época, estos poetas musulmanes comenzaron a componer poemas, padavali y obras literarias en alabanza de los dioses y diosas hindúes. Escribieron numerosos manuscritos basados en los juegos amorosos de Krishna, los kirtan de contenido sexual, las canciones de la inmersión de Manasa, los himnos a Durga y al Ganges, y los relatos mitológicos de los hindúes.
El jeque Faizullah compuso un poema épico titulado «Goraksha Vijay» y, atraído por la comunidad Nath de Bengala y por Gorakhnath, fundador del templo de Kali de Calcuta, compuso en sánscrito un himno al Ganges (Dinesh Chandra Sen, Lengua y literatura bengalí). Del mismo modo, Abdus Shukur y Syed Sultan, atraídos por las doctrinas shaiva y tántrica, compusieron obras literarias. (Véase Shukur Mahmud-er Panchali, publicado por Golam Rasul).
Los poetas Alaul y Mirza Hafez compusieron poemas que describían respectivamente alabanzas a Shiva y a Kali (Dinesh Chandra Sen, Lengua y literatura bengalí). Syed Sultan incluyó a Brahma, Vishnu, Shiva y Krishna en la lista de la genealogía de los profetas (A. R. Mallik, La política británica y los musulmanes de Bengala). Durante la época de Husain Shah, los musulmanes comenzaron a venerar a Satyanarayan bajo el nombre de Satyapir. Esto ya se ha mencionado anteriormente.
No hay manera de saber nada sobre las creencias religiosas y las biografías de los poetas y escritores mencionados. En el ámbito literario solo se encuentran sus nombres. Quizá simplemente nacieron en hogares de musulmanes convertidos y formaron su vida en un entorno completamente hindú. O quizá, tras convertirse del islam, se hicieron apóstatas como Haridas. Sin embargo, sus poemas, obras literarias, panchali, canciones y demás ejercieron influencia sobre la sociedad y la cultura musulmanas de aquella época.
Más tarde, los enemigos del islam lograron utilizar al emperador Akbar para alcanzar sus propios objetivos. Jodha Bai, la hermosa hija del rajá Bihari Mal de Jaipur, embelleció el harén mogol como esposa principal de Akbar. Se sabe que Akbar tuvo varias esposas hindúes. En aquella época, los reyes hindúes entregaban sus hijas a Akbar y lo utilizaban para sus propios intereses. A estas esposas hindúes se les concedió plena libertad para practicar la idolatría y toda clase de ceremonias religiosas dentro del palacio real. El palacio imperial del emperador mogol musulmán se convirtió en un templo de idolatría y culto al fuego. De este modo, Akbar recibió una enorme influencia no solo de sus esposas principales hindúes, sino también de la religión hindú. No es difícil imaginar hasta qué punto la idolatría influyó directamente en la mentalidad de los hijos nacidos de estas esposas principales, cuyos ojos se abrieron al conocimiento y que fueron criados y educados en semejante ambiente. Como consecuencia natural de ello, vemos que el emperador Jahangir, nacido de una esposa principal hindú, celebraba la festividad de Diwali y en Shivaratri invitaba a cenar con él a eruditos brahmanes y yoguis. En el octavo año de su reinado, celebró en el mausoleo de Akbar, en Sikandra, el rito funerario de su padre conforme a la tradición hindú.
Dara Shikoh, hijo de Shah Jahan, intentó reconciliar el hinduismo y el islam en su obra «Majma-ul-Bahrain».
A mediados del siglo XVIII, Shahamat Jang y Saulan Jang, sobrinos de Alivardi Khan, celebraron durante siete días los ritos de Holi en el palacio real de Motijhil. En esta ceremonia se amontonaban polvo de colores y kumkum. Mir Jafar también participaba en las celebraciones de Holi junto con las personas notables de la ciudad. Se cuenta que, al morir, Mir Jafar bebió el padodak de la diosa Kiriteshwari (agua con la que se lava una imagen). (La política británica y los musulmanes de Bengala, A. R. Mallik; Historia social de Bengala musulmana, maulana Akram Khan).
La Holi es, en realidad, el festival del columpio de Shri Krishna. Shri Chaitanya, considerado una encarnación de Shri Krishna, estableció el vaishnavismo. Entre sus ceremonias de culto, el festival del columpio de Shri Krishna es una de las principales. Por lo tanto, la descripción anterior deja claro que la influencia del vaishnavismo ya había penetrado entonces hasta las raíces de la sociedad musulmana.
Al determinar las causas de semejante decadencia religiosa de la sociedad musulmana, los historiadores dicen que la causa principal de la penetración de las ideas paganas en ella fue que los nuevos musulmanes de la India pasaban del paganismo a una conversión incompleta al islam (Half-Conversion). Es decir, un pagano se hacía musulmán sin comprender el islam. Después, no se le proporcionaba ninguna formación islámica. Tampoco se purificaba su pensamiento. No tenía oportunidad de conocer la futilidad del paganismo ni la verdad y la belleza del islam, que se le oponen. Al vivir en un entorno islámico, no se producían cambios ni correcciones en sus costumbres, conducta, carácter y mentalidad. Por eso, este tipo de musulmán intentaba quizá obtener algún placer mediante iluminaciones, fuegos artificiales y otras prácticas en la noche de Baraat, imitando el festival hindú de Durga. Akbar, Jahangir y los gobernantes posteriores de Bengala no vacilaron en participar públicamente en ceremonias de culto hindúes.
El historiador M. Grassin de Tassy dice que la ta‘ziya de Muharram es una imitación exacta de la puja hindú de Durga. Así como el festival de Durga dura diez días y, el último día, los adoradores llevan en procesión las imágenes, acompañados de tambores y otros instrumentos musicales, para sumergirlas en un río o estanque, los musulmanes también celebran durante diez días el festival de Muharram. El último día, la ta‘ziya es llevada en procesión al son de tambores, como en la inmersión de Durga, y sumergida en el agua.
El doctor James Wise describió el festival de Muharram como semejante al festival hindú de Rath Yatra. La señora H. Ali dice que, tras permanecer durante mucho tiempo en contacto con los hindúes, los musulmanes convirtieron sus festividades religiosas, imitando a los hindúes, en procesiones de gran pompa y ostentación externa. Al igual que los europeos, los musulmanes extranjeros consideraron semejantes festividades religiosas de los musulmanes de Bengala una deformación y profanación del islam. (La política británica y los musulmanes de Bengala: A. R. Mallik).
Durante semejante decadencia del islam y de los musulmanes, la enfermedad de la veneración de los pirs y de las tumbas se extendió por la sociedad musulmana. Según el historiador M. T. Titus, esta superstición fue importada de Afganistán, Persia e Irak. El antiguo sistema hindú de gurú y discípulo, así como la fe inquebrantable de los hindúes en el culto a numerosas divinidades locales, impulsaron a la sociedad musulmana a entregarse a esta superstición. Dice que rendían culto a los pirs con mucho más entusiasmo y fervor que los que dedicaban a los ritos religiosos obligatorios del islam. A las tumbas de aquellos santos y derviches que en el pasado habían predicado el gran mensaje del islam, los musulmanes ignorantes las convirtieron posteriormente en centros de veneración.
El doctor James Wise enumera de la siguiente manera a los santos y derviches cuyas tumbas, únicamente en Bengala, los musulmanes visitaban para ofrecer flores, dulces y nazr-niyaz con el fin de que se cumplieran sus deseos:
Shah Jalal de Sylhet; los Cinco Pirs; el derviche Munnashah; Khondkar Muhammad Yusuf de Sonargaon; Shah Ali Bagdadí de Mirpur; Pir Badr de Chittagong; Shah Jalal de Dacca; y Adam Shahid de Bikrampur. En Chittagong existe un santuario que se dice que es el dargah de Bayazid Bistami; quizá sea un santuario enteramente ficticio, probablemente descubierto por el doctor James Wise en una época posterior.
En la obra de Blochmann se mencionan muchos santuarios de este tipo en Bengala y Bihar.
Se dice que tanto los hindúes como los musulmanes de Sonargaon celebraban fiestas y ceremonias religiosas. Para obtener una buena cosecha de arroz, los campesinos llevaban al dargah algunos manojos de arroz. Para protegerse de toda clase de enfermedades y peligros, ofrecían arroz y batasa en el dargah.
En un dargah situado al este de la ciudad de Dhaka, a orillas del río Shitalakshya, había una piedra negra llamada Kadam Rasul (la huella del Profeta [la paz sea con él]). Se dice que todavía existe. El Dr. James Wise afirma que los brahmanes de Gaya ganan mucho dinero mostrando a los peregrinos el Vishnupad (la huella de Vishnu). Del mismo modo, el mutawalli del dargah obtiene grandes sumas mostrando el Kadam Rasul a los aldeanos ignorantes y crédulos.
En Ajmer, los intermediarios del mausoleo de Khwaja Muinuddin Chishti (que Dios tenga misericordia de él) retiran la cubierta del mausoleo, muestran la puerta del paraíso (?) y recaudan grandes sumas de los visitantes.
Una multitud de falsos pirs y faquires llenó de innumerables tumbas y dargahs de este tipo Bangladesh, India y Pakistán, hasta donde quedaba territorio. Incluso, en nombre de la religión, introdujeron prácticas sexuales inmorales, imitando a los vaisnavas y a los tántricos vamacharis. Puesto que la doctrina y el camino que adoptan bajo el nombre de musulmanes tienen su origen en el vaisnavismo bengalí, considero necesario mencionar aquí brevemente las prácticas, ceremonias y costumbres de los vaisnavas. Maulana Akram Khan ha tratado ampliamente este tema en su libro Historia social de los musulmanes de Bengala. Presento a los lectores un breve extracto de su obra.
«Chaitanyadeva es la divinidad venerada por la comunidad de Chaitanya de los vaisnavas de Bengala. Según la creencia general de los hindúes, Chaitanya es un avatar de Shri Krishna o, en el sentido pleno, el propio Shri Krishna. Por esta razón, después de su muerte, sus devotos excluyeron al Chaitanya humano de su ser y lo elevaron enteramente a Krishna Chaitanya, quedando intensamente cautivados por los amoríos de Krishna. La abominable corriente de inmoralidad sexual que, en nombre de la religión, fluye entre los vaisnavas y vaisnavis de cabeza rapada, no es sino una repetición o reproducción de los amoríos sexualmente apasionados de Shri Krishna descritos en los Puranas.»
El tántrico declara en términos inequívocos que, en la era de Kali (la época actual), beber alcohol no solo está permitido, sino que la práctica de beber alcohol estaba extendida; del mismo modo, también en esta era de Kali beberéis sin distinción de casta ni religión—(Mahanirvana Tantra, cuarto ullasa, verso 56)».
«Mahadeva le dice a Gauri: así como es imposible que germine una semilla sembrada en una piedra, del mismo modo la puja y la adoración sin los cinco elementos son infructuosas. Además, si se realiza la puja y la adoración sin los cinco elementos, el adorador debe enfrentarse a numerosos peligros, calamidades, obstáculos y adversidades—(Mahanirvana Tantra, quinto ullasa, versos 23-24)».
Invitamos a los lectores a escuchar de labios del propio Mahadeva la explicación del misterio de estos cinco elementos:
«Oh, Adya, en el método de adoración de Shakti se prescribe, como práctica indispensable, beber alcohol, comer carne, pescado y mudrā, y mantener relaciones sexuales».
(Madyaṃ māṃsaṃ tato matsyaṃ maithune mudrā śaktipūjā vivāhādye pañcatattvaṃ prakīrtitam —Mahanirvāṇatantra, ullāsa quinto, verso 22).
«El fundador de la Arya Samaj, Swami Dayananda, escribe acerca de este método de adoración de los tántricos vāmācāras: Los vāmācāris han adoptado como religión suprema todos estos actos de gran impiedad, contrarios a los Vedas. Consideran deseable una repugnante mezcla de alcohol, carne, pescado, mudrā y relaciones sexuales. En lo referente a las relaciones sexuales, es decir, al pañcatattva, cada hombre puede imaginarse a sí mismo como Shiva y a cada mujer como Pārvatī y, pronunciando mantras, entregarse al coito como parte de un rito religioso… Las relaciones sexuales con una mujer menstruante están prohibidas por las escrituras. Pero los vāmācāris consideran sumamente sagradas a esas mujeres, es decir, a las mujeres menstruantes.»
«En la escritura de los vāmācāris, el Rudramaṅgalatantra, se dice: Mantener relaciones sexuales con una mujer menstruante equivale a bañarse en un estanque; mantener relaciones sexuales con una caṇḍālinī equivale a peregrinar a Kāshi; con una mujer de la casta de los curtidores equivale a bañarse en Prayāga; con una lavandera equivale a peregrinar a Mathurā; y con la hija de un cazador equivale a visitar el lugar sagrado de Ayodhyā».
«Cuando los vāmācāris se reúnen en el cakra de Bhairavī (un círculo de hombres y mujeres reunidos para entregarse libremente y sin restricciones a las relaciones sexuales), no existe diferencia alguna entre un brahmán y un caṇḍāla. Un grupo de hombres y mujeres se reúne en un lugar apartado, inaccesible para los demás, y forma un círculo llamado bhairavīcakra, en el que se sientan o permanecen de pie. Todos los hombres de estos lujuriosos escogen a una mujer, la desnudan y la adoran. Del mismo modo, todas las mujeres escogen a un hombre, lo desnudan y lo adoran. Después de terminar la ceremonia de adoración comienza la orgía de bebida. Al aumentar la excitación sexual por efecto de la bebida, arrojan todas las prendas que llevan, quedan completamente desnudos y se entregan desenfrenadamente a relaciones sexuales con quien cada cual desea y con tantas personas como sea posible; no les importa siquiera que la pareja sexual sea su madre, hermana o hija. En los textos tántricos de los vāmācāris se ha establecido que, salvo la propia madre, no deben excluir de las relaciones sexuales a ninguna mujer, y que han de mantener relaciones sexuales con todas las demás, sea hija o hermana. (Jñānasaṃkalānitantra: mātṛṃ yoniṃ parityājya vihāraṃ sarvayoṇīṣu). Estos vāmācāris vaiṣṇava-tántricos tienen además tantas prácticas obscenas y abominables que es imposible expresarlas con palabras». —(Historia social de Bengala musulmana, Maulana Akram Khan).
Como consecuencia del ambiente abominable y sucio descrito anteriormente, la sociedad musulmana de Bengala de aquella época descendió a un nivel sumamente lamentable de decadencia religiosa y moral, así como de desorden social y cultural. Para presentar claramente ante la sociedad lectora el cuadro de esta decadencia, es necesario mencionar aquí las prácticas espirituales de los pīr-faqīres marfatíes o «desgreñados» que se llamaban musulmanes. Estos grupos de falsos faqīres estaban divididos en diversas comunidades y subcomunidades, como los Aul, Baul, Kartābhajā, Sahajiyā y otras. Eran versiones musulmanas de las comunidades vaiṣṇava e hindú de Chaitanya, destinadas a desviar a los musulmanes comunes e ignorantes.
Entre ellos, la comunidad Baul parece ser la más abominable y sexualmente licenciosa. Beber alcohol y practicar libremente relaciones sexuales entre hombres y mujeres forman parte inevitable del método espiritual de todas sus comunidades. Sin embargo, los Baul, al igual que los vāmācāris tántricos descritos anteriormente, consideran el coito como adoración sexual o como verdadera adoración. En esta adoración sexual deben realizar un rito llamado «la separación de los cuatro chandras». Lo consideran una práctica sagrada indispensable. Según ellos, el ser humano obtiene estos cuatro chandras, es decir, las esencias del cuerpo humano —sangre, semen, heces y orina—, de los testículos del padre y del útero de la madre. Por ello, junto con la práctica de los cuatro chandras, realizan también la «práctica de los cinco fluidos». Los cinco fluidos son, en su terminología, el negro, el blanco, el rojo, el amarillo y la palabra del murshid. Estos cuatro colores significan respectivamente alcohol, semen, menstruo y heces. Después de mantener relaciones sexuales con su propia esposa o con la esposa de otro, comen estas sustancias de los cuatro colores como parte de la observancia de la palabra del murshid.
El respetado Maulana Akram Khan dice lo siguiente acerca de estos Baul en la obra mencionada anteriormente:
La explicación que esta banda de faquires desnudos y satánicos da de las diversas palabras y doctrinas fundamentales del glorioso Corán también es extraordinaria. Por «Hawz-e Kausar» entienden el menstruo o la sangre menstrual de las mujeres, en lugar del néctar vivificante del Paraíso. Al comienzo del ritual en el que esta despreciable banda de faquires bebe semen, pronuncian la palabra «bismillah» con el significado de «Bīz me Allah» («Allah reside en el semen»; ¡Dios nos libre, Dios nos libre!).
Los sacerdotes o pīres de esta banda de faquires desnudos de la secta musulmana de los mendigos realizan una representación semejante al robo de las vestiduras de las gopīs por Sri Krishna. Cuando el pīr se digna visitar la casa de sus murīdes, todas las jóvenes y doncellas del pueblo, ataviadas con sus mejores ropas, se reúnen con el pīr en una habitación, imitando a las gopīs de Vrindavan. En el primer acto de la obra, todas estas mujeres comienzan a bailar y cantar. A continuación se ofrece la versión en prosa de esta canción de las amigas:
Oh, hermana, si quieres amar a Sri Krishna,
ven pronto, sin seguir engañándote a ti misma,
alza los ojos y míralo,
el gurú ha venido para salvaros
Nunca encontraréis en ningún otro lugar un gurú semejante.
Sí, aquello que da placer al gurú
No te avergüences de hacerlo.
«Después de cantar la canción, todas estas mujeres se quitan las vestiduras, quedan completamente desnudas y comienzan a bailar alegremente, dando vueltas. Aquí el pir se encarna en el papel de Krishna y, así como Sri Krishna arrebataba las ropas de las gopinis y las colocaba en un árbol alto para guardarlas, este pir, como no tiene flauta, excita sexualmente a estas mujeres desnudas cantando con la boca de la siguiente manera:
«¡Oh, jóvenes! El camino hacia vuestra liberación consiste en ofrecer vuestro cuerpo, como ofrenda, al sacerdote de los devotos».
Es evidente que su principal deber religioso consiste en satisfacer, sin sentir ningún pudor, la lujuria sexual del pir» (Historia social de los musulmanes de Bengala).
No cabe duda de que el acto sexual es algo placentero y agradable. Pero el ser humano siente temor y aprensión ante las relaciones sexuales ilícitas, así como vergüenza y reparo, por miedo al pecado y por miedo a la religión. Sin embargo, si la propia religión declara que este acto no es pecaminoso, sino meritorio, y que mediante él se alcanza la liberación, ¿por qué no habría de sentirse atraído el ser humano por este camino? Cierta clase de libertinos pecadores ha tendido así una trampa a personas ignorantes e incultas en nombre de la religión, engañándolas y desviándolas del camino.
El grupo de falsos pirs y faquires descrito anteriormente cometía muchas otras fechorías y actos obscenos. A modo de ejemplo, se ha expuesto aquí una pequeña parte de ellos. No cabe duda de que los lectores podrán comprender, a partir de esto, la decadencia religiosa y moral de la sociedad musulmana de aquella época. Aunque la decadencia no había alcanzado tal grado en el conjunto de la sociedad musulmana, esta no tenía capacidad para resistir la poderosa inundación de las doctrinas idolátricas y vaisnavas que arrastraba los sentimientos religiosos de los musulmanes, mezclándolos con dichas doctrinas. La razón era que los gobernantes musulmanes de entonces prestaban un apoyo directo o indirecto al idolatrismo y al vaisnavismo. En la primera mitad del siglo XIX, el movimiento islámico de Sayyid Ahmad Shahid (que Dios se apiade de él) levantó una intensa barrera de resistencia contra todo ello; la historia le ha dado erróneamente el nombre de «movimiento wahabí». Este asunto se tratará en su debido lugar. Sayyid Titumir y Haji Shariatullah también lucharon contra todo ello. A pesar de eso, el veneno de aquellas desviaciones y extravíos siguió afligiendo a una parte de la sociedad musulmana hasta las primeras décadas del siglo XX. Una prueba de ello se encuentra en el informe del censo de 1911 d. C., donde se dice que, durante el recuento de la población, se encontraron algunas comunidades que declararon que no eran ni hindúes ni musulmanas, sino una mezcla de ambas (Census of India Report, 1911 A.D.).
Sin embargo, algunos poetas musulmanes de lengua bengalí, devotos del vaisnavismo y de orientación idolátrica, han mantenido todavía vivo el gusto por las ideas idolátricas entre cierto número de musulmanes. El poeta devoto Lal Mamud era uno de ellos. Llegó a creer tanto en el vaisnavismo que plantó una planta de tulsi al pie de un baniano y comenzó a rendirle regularmente servicio y culto. El día en que el Goswami Prabhu se presentó en el ashram de Lalu, le rindió homenaje cantando la siguiente canción.
¿Dónde está mi Hari misericordioso?
He caído en la prisión de la existencia mundana; ¿quién me rescatará?
Por ser culpable de cien faltas, me hiciste nacer en un linaje musulmán
Mi vida transcurrió en vano.
Luego viene el poeta Lalon Shah. A continuación se presentan algunas de sus canciones: «Llévame a la otra orilla, oh Chand Gaur; el día se ha puesto
Mi día pasó entre la despreocupación, la indolencia y el desdén.
Hay que cruzar el río de la existencia mundana
Nitai Chand es el timonel.
Oh Chand Gaur, si logro encontrarte; oh Chand Gaur,»
echando cenizas sobre mi linaje
El fakir Lalon dice: seré sierva de Sus pies sagrados».
Más arriba, el poeta Lal Mahmud se lamenta diciendo que, al nacer en el seno de una familia musulmana, su vida resultó vana. Lalon Shah dice que, si encuentra a Gaur-Nitai, abandonará el islam y se dedicará al servicio de Sus pies sagrados.
Canciones de Lalon Shah sobre el amor a Krishna:
Con el propósito de amar a Krishna, deambulo durante toda la vida
Decidido a amar ese amor por entero
ni siquiera se colmó el anhelo de una sola rati.
La deuda de Radharani
Gaur ha llegado a Nadia; Kanai y Balai de Vrindavan
Al llegar a Naide, Gaur y Nitai entonaron el nombre sagrado.
Una clase de personas de mentalidad idólatra de la sociedad musulmana intenta mantener vivas las doctrinas de Lalon Shah en la sociedad musulmana.
Al describir las causas de semejante decadencia de la sociedad musulmana, los historiadores comentan:
«Así como las demás naciones del mundo han sido influenciadas por los pueblos conquistados, los musulmanes indios también han sido profundamente influenciados por el pueblo hindú conquistado. Esta influencia sigue siendo claramente visible en las costumbres y la conducta, en la visión de la vida e incluso en las creencias. Durante el período del dominio musulmán continuó el intercambio entre el islam y el hinduismo. En diversas épocas, la liberal política de los gobernantes musulmanes intensificó este intercambio. Como resultado, a comienzos del siglo XIX el islam en la India adoptó una forma que dio lugar al surgimiento del movimiento de renacimiento islámico. Los musulmanes indios, especialmente los de Bengala y Bihar, adoptaron junto con sus creencias religiosas ciertas prácticas y costumbres kufríes que eran excepcionales entre los musulmanes de otros países. Aunque el número de musulmanes en Bengala y Bihar era enorme, sus usos, costumbres y conducta eran igualmente irreligiosos y moralmente degradados».–(“La política británica y los musulmanes de Bengala”: A. R. Mallik).
«La razón de la penetración de prácticas no islámicas en el islam indio es que la conversión religiosa de los no musulmanes fue incompleta» (“Historia de la India”, Elliot y Dowson). Arriba se ha descrito la situación religiosa, social y cultural de los musulmanes de Bengala desde el siglo XVI hasta la primera mitad del siglo XVIII. Cuando los musulmanes seguidores del tawhid estaban atrapados en semejante red de deformaciones, y fuerzas hostiles procedentes tanto del interior como del exterior lanzaban un ataque de pinza para derrotarlos y exterminarlos, ya no existía la fuerza vital necesaria para repelerlo. Aquellos cuyos apenas diecisiete miembros habían establecido en otro tiempo la autoridad política sobre Bengala, varios siglos después, aunque se reunieran en millones, no pudieron preservar ese dominio político.
Causas políticas de la caída de Bengala
La derrota del nabab Sirajuddaula y la caída de Bengala en la quinta década del siglo XVIII no fueron el resultado de un acontecimiento aislado. Los lectores deseosos de conocer la verdad deben saber cuáles fueron las series de acontecimientos políticos que condujeron al desenlace del drama trágico de Plassey. En realidad, la caída del Imperio mogol provocó la caída del dominio musulmán en todo el subcontinente. En los cincuenta años transcurridos desde la muerte del emperador Aurangzeb en 1707 hasta la batalla de Plassey, librada en 1757, al menos siete personas ascendieron al trono de Delhi. Pero ninguno de ellos tenía la capacidad necesaria para salvar al imperio en declive. Naturalmente, algunos historiadores imprudentes responsabilizan a Aurangzeb de la destrucción del Imperio mogol. Sin embargo, un examen y una revisión minuciosos de la historia dejan claro que las semillas de la destrucción habían sido sembradas mucho antes por el propio emperador Akbar y que, poco a poco, estaban adquiriendo la forma de un enorme árbol gigantesco. Aurangzeb contuvo esa destrucción durante toda su vida con todas sus fuerzas. Si sus sucesores hubieran sido tan fuertes y perspicaces como él, probablemente la historia de la India se habría escrito de otra manera. El respetado Akram Khan comenta en su obra “Historia social de la Bengala musulmana”:
«Las consecuencias de todas las malas acciones cometidas durante el reinado de Akbar no terminaron con su muerte. Hasta el último momento de la existencia del Imperio mogol, todos sus sucesores tuvieron que pagar el precio de esas malas acciones con todo cuanto poseían en la vida. Los cien millones de musulmanes de la India aún no han sido liberados de la responsabilidad hereditaria restante de reparar los daños causados por las malas acciones de Akbar. No creemos que sea necesario explicar detalladamente a los lectores musulmanes la naturaleza de esta herencia».
En rigor, Akbar era analfabeto o apenas había recibido educación. Obtuvo el trono a los quince o dieciséis años. Para un joven príncipe analfabeto habría sido absolutamente imposible gobernar Delhi, rodeada de enemigos, si el muy perspicaz y competente Bairam Khan no lo hubiera ayudado en todo como primer ministro. Al no haber tenido buenas compañías, después de conquistar un vasto imperio Akbar se hundió naturalmente en el lujo, el desenfreno y la decadencia moral. Bairam Khan no pudo encaminarlo por la buena senda, pese a haberlo intentado de todas las maneras. La bebida y los vicios que normalmente la acompañan, junto con sus extraordinarios éxitos políticos, no le dejaron ninguna oportunidad de formar o corregir su carácter. Sin embargo, su talento enfermo sembró la semilla de sus futuros descendientes. El agudo, aunque enfermizo, talento de Akbar contribuyó plenamente a agotar todas las fuerzas de la vida cultural y política de los musulmanes y a convertirlos en esclavos políticos y mentales de otros. Para conservar intacto su poder político en la India, Akbar no se limitó a establecer vínculos matrimoniales con los hindúes; además, para complacerlos, hizo todo lo posible por destruir la religión y la civilización de los musulmanes mediante la instauración de una extravagante doctrina religiosa llamada «Dīn-i Ilāhī». En el Akbarnama se encuentra una descripción detallada de ello.
Lo curioso es que, pese a las necesidades de diversos intereses políticos y personales, el mayor sueño de la vida de Akbar, ese «Dīn-i Ilāhī» inventado por su propia imaginación, no atrajo en absoluto a la nación hindú. Nadie, salvo Birbal, accedió a adoptar esta nueva doctrina religiosa. Man Singh y Todar Mal, dos de las nueve joyas de su corte, rechazaron dicha doctrina. Cuando Akbar se presentaba en la corte vestido como un asceta hindú, con un rosario de rudraksha alrededor del cuello y el cuerpo ungido de sándalo, los eruditos y cortesanos hindúes llenaban el aire con los gritos de «Dillīśvaro» o «Jagatīśvaro»; y aunque esos gritos resonaban de un extremo al otro de la India, manifestando una lealtad artificial y rindiéndole homenaje, no expresaron la menor lealtad hacia su extravagante religión. Por tanto, cualquier persona dotada de conciencia puede comprender fácilmente que alguna fuerza extremadamente maléfica utilizó el talento de Akbar únicamente para destruir la creencia monoteísta de los musulmanes y la civilización islámica. Pero Akbar fracasó por completo en hacer realidad el sueño de su vida.
Esto era un aspecto de su vida. También en su vida política llegaron la amargura del fracaso absoluto y la desesperanza.
Akbar había destruido el poder afgano de entonces en la India, es decir, la formidable fuerza militar musulmana. Lejos de crear una fuerza musulmana que sustituyera a aquella fuerza militar destruida, debilitó y agotó incluso lo que quedaba de ella. La política destructiva de Akbar se manifiesta en los asesinatos de Bairam Khan, Ahsan Khan, Muazzam Khan y otros. Incluso adoptó medidas represivas contra diversas familias musulmanas nobles procedentes del exterior. Así, siguiendo las indicaciones del enemigo, prendió fuego con sus propias manos a su propia casa y la redujo a cenizas. Al destruir todas las fuerzas y talentos que podrían haber sido útiles durante los futuros peligros del Imperio mogol, quedó paralizado por el miedo. Había observado que las naciones cristianas de Occidente expandían rápidamente su poder político y que las olas de sus actividades siniestras golpeaban las fronteras del Imperio mogol. El islam que había destruido. Por tanto, ni estableciendo tratados humillantes con los intereses políticos de los cristianos ni mostrando una obediencia reverente hacia su religión pudo impedir el camino de la destrucción del Imperio mogol.
Akbar tampoco ignoraba que, al igual que las potencias extranjeras infieles, dentro del país también estaba cobrando rápidamente fuerza el poder hindú. Pero, políticamente, había llegado a depender por completo del poder hindú de la India. Por ello adoptó diversos medios para satisfacerlo. Aunque llevó mujeres hindúes al palacio imperial como reinas y allí permitió la celebración regular de ritos de adoración de ídolos y del fuego, tampoco pudo salvar al Imperio mogol de la destrucción. Incluso después de abandonar al Dios de la tierra y del firmamento, el Ser Todopoderoso, y buscar refugio en otros dioses diversos, no obtuvo ningún beneficio.
También fracasó su ridículo plan de convertir a los hindúes y musulmanes de la India en una sola nación bajo la sombra de una nueva religión llamada «Dīn-i Ilāhī», moldeando por completo el islam según el paganismo y manteniendo intacto el hinduismo. Sin embargo, la mentalidad que creó en este asunto y la funesta herencia que dejó no fueron adoptadas únicamente por su competente hijo Jahangir; incluso en la segunda mitad del siglo XX, un sector de los musulmanes sigue siendo criado y formado por esa herencia.
No cabe duda de que este es un ejemplo extremadamente doloroso de la decadencia religiosa, nacional y cultural de los musulmanes.
Jahangir aceleró la destrucción del Imperio mogol. Cuando el capitán Hawkins llegó a Agra en 1609, recibió una recepción real. El emperador Jahangir lo aceptó como compañero íntimo, le otorgó un título y una pensión. Cuando expresó su deseo de casarse y residir en la India, le propuso el matrimonio con una joven europea del palacio imperial.
La influencia del cristianismo en el palacio imperial había llegado a tal extremo que varios príncipes se convirtieron al cristianismo y, bajo el liderazgo de Hawkins, acudían a la iglesia en procesión junto con otros cristianos expatriados, escoltados por cincuenta jinetes. Jahangir pasaba toda la noche embriagado en el palacio imperial junto con sus amigos europeos. Ya se ha dicho que el propio Akbar había comenzado a construir la tumba del Imperio mogol. Después, su hijo Jahangir, un borracho carente de ideales, junto con sir Thomas Roe y su consejero y maestro, el astuto diplomático reverendo E. Febi, aceleraron la construcción de dicha tumba. Thomas Roe persuadió a Jahangir para que aprobara sus diversas exigencias y peticiones. La factoría establecida en Surat no solo brindó a los ingleses la oportunidad de obtener ventajas comerciales, sino que se convirtió en una poderosa base militar para ellos. Conforme a las condiciones del decreto imperial, las factorías inglesas, es decir, sus bases militares, se establecieron no solo en Surat, sino también en otros lugares del Imperio mogol, como Agra, Ahmadabad y Broach. De este modo, ya se ha dicho que el propio Akbar lo había hecho. Después, su hijo Jahangir, un borracho carente de ideales, carente de ideales, junto con sir Thomas Roe y su consejero y maestro, el astuto diplomático reverendo E. Febi, aceleraron la construcción de dicha tumba. Thomas Roe persuadió a Jahangir para que aprobara sus diversas exigencias y peticiones. La factoría establecida en Surat se convirtió en una poderosa base militar para ellos. Conforme a las condiciones del decreto imperial, las factorías inglesas, es decir, sus bases militares, se establecieron no solo en Surat, sino también en otros lugares del Imperio mogol, como Agra, Ahmadabad y Broach. Así, Akbar y Jahangir cavaron canales dentro del Imperio mogol e importaron desde tierras lejanas cocodrilos devoradores de todo.
Por un lado, la potencia extranjera inglesa llegó volando a la India y se instaló allí; por otro, el poder hindú de la India también cobró fuerza. Los rajputs y los marathas se convirtieron en los mayores enemigos del Imperio mogol. Aurangzeb, el emperador y gazí, emprendió una lucha de toda la vida para restaurar el poder musulmán que Akbar había destruido. Tuvo que permanecer ocupado durante mucho tiempo en someter a los marathas y a los rajputs. Si después de él sus sucesores hubieran sido fuertes y prudentes, quizá se habría podido salvar el imperio en decadencia. Pero, por desgracia, todos los que ocuparon el trono de Delhi desde su muerte hasta la batalla de Plassey fueron incapaces de gobernar, amantes del lujo y faltos de visión.
Cabe señalar especialmente aquí que los historiadores no musulmanes atribuyen únicamente a Aurangzeb la decadencia del Imperio mogol. Así como rebosan de elogios hacia Husein Shah de Bengala y el emperador Akbar, también fueron vehementes al manchar el carácter de Aurangzeb. Se lo ha presentado como un enemigo acérrimo de los hindúes y se ha afirmado que su política de gobierno, contraria a los intereses hindúes, y especialmente la reimplantación del impuesto jizya, obligó a los hindúes de la India a enemistarse con los mogoles. Pero estas acusaciones son fruto de la pura imaginación y de malas intenciones. No puede presentarse ninguna prueba de ellas a partir de la historia. A decir verdad, los rajputs y los marathas nunca pudieron aceptar de corazón y plenamente el gobierno musulmán de la India. Al observar su creciente poder y su actitud hostil, Akbar fracasó a pesar de adoptar una política sumamente liberal para apaciguarlos. Bajo el liderazgo de Shivaji, los marathas se opusieron encarnizadamente a Aurangzeb. Shivaji murió en 1679, un año antes de que se introdujera el impuesto jizya. Por tanto, no es en absoluto razonable afirmar que el impuesto jizya fue la causa de la oposición de los hindúes.
Es innegable que, hablando en términos generales, todos los que escribieron la historia de la India de aquel tiempo eran musulmanes. Por ello, para conocer la verdadera historia de esa época será necesario estudiar obras como Badauni, Akbarnama, Kafijan, Tarij-i Ferishta y Maásir-i Alamgiri, entre otras. Sin embargo, los historiadores cristianos europeos presentaron deformados muchos acontecimientos históricos. Más tarde, su imperio se extendió por medio mundo. En todo su imperio, la lengua inglesa se utilizaba como idioma oficial. Mediante esta lengua inglesa y al amparo del poder político, presentaron a los estudiantes de historia anglófonos una versión deformada e imaginaria de la historia de los musulmanes. Durante los doscientos años de dominio inglés en la India, esta historia deformada y errónea fue inculcada profundamente en la mente de los estudiantes.
También había una razón para esta deformación. Tomemos el caso del emperador Aurangzeb. Como resultado del injusto y excesivo apoyo brindado a los ingleses por los emperadores Akbar y Jahangir, estos estaban adquiriendo fuerza contra el Imperio mogol. El emperador Aurangzeb lo comprendió. Durante su reinado, Mir Jumla de Bengala y el nawab Shaista Khan reprimieron y moderaron repetidamente la arrogancia de los ingleses. Debido a la corrupción comercial, el contrabando, las conspiraciones contra el Imperio mogol y otros motivos, fueron castigados una y otra vez, y sus factorías fueron confiscadas. Finalmente, en cierto momento, el emperador Aurangzeb promulgó un decreto por el que prohibía todo comercio de los europeos con ellos. El emperador Aurangzeb dedicó toda su vida a reconstruir la fuerza militar musulmana que Akbar había destruido, empujando así al Imperio mogol ante sus enemigos. Por las razones expuestas, Aurangzeb era culpable ante los cristianos y los hindúes. Por ello se empeñaron en presentar su reinado como deshonroso y en difundir toda clase de calumnias contra él. En su obra «Un vistazo a Aurangzeb Alamgir», Shibli Nomani refutó por completo, mediante pruebas históricas fiables, todas las manchas que los historiadores no musulmanes, movidos por sus intereses, habían arrojado sobre el carácter de Alamgir Aurangzeb. En este breve pero informativo libro, dio una respuesta adecuada a las acusaciones formuladas contra Aurangzeb.
Por tanto, desde el punto de vista histórico puede afirmarse sin vacilación que no hay ni el menor rastro de verdad en las acusaciones formuladas contra Aurangzeb. No se le puede atribuir en lo más mínimo la caída del Imperio mogol. La verdadera situación fue que, después de que Akbar aboliera el formidable ejército musulmán, su dependencia de los marathas y rajputs hindúes de la India, la acumulación de poder político por parte de los ingleses extranjeros y de otra religión bajo el pretexto del comercio, la funesta alianza entre hindúes e ingleses para derrocar el gobierno musulmán y, junto con ello, la decadencia religiosa y cultural de los musulmanes, entre otros factores, abolieron el gobierno musulmán de Bengala y, en general, de la India. En este contexto vemos cómo, en el campo de Plassey, se puso el sol de la independencia de Bengala y Bihar y se establecieron los cimientos del dominio inglés.
Tras la creación de centros comerciales ingleses en diversas partes de la India se ocultaba una enorme intriga política. Convertirse, después de llegar para comerciar, en dueños de un vasto imperio no fue resultado de ningún acontecimiento accidental o milagroso. Los descubrimientos geográficos de los siglos XV y XVI abrieron las rutas del comercio internacional y dieron comienzo a la competencia y rivalidad colonial y comercial entre las naciones europeas. Como consecuencia, se establecieron el imperio español en América, el imperio neerlandés en las islas de las especias, el imperio francés en el sudeste asiático y el imperio británico en el sur de Asia. A finales del siglo XVII, la Compañía Inglesa de las Indias Orientales adoptó en la India la política de avance (Forward Policy), y su ferviente deseo era que las zonas comerciales donde residían sus representantes se convirtieran en una fuerza política. En 1682, los ingleses fueron derrotados por los neerlandeses en Indonesia y huyeron de allí. Al año siguiente (1683), la carta otorgada a la Compañía de las Indias Orientales por la corte real de Inglaterra les permitía hacer la guerra, concertar la paz o celebrar cualquier tratado con cualquier gobernante de la India. La carta otorgada por Jacobo II les concedió poderes aún mayores. Como consecuencia, en 1686 declararon la guerra a los mogoles, pero fueron derrotados. Ya se ha mencionado que se envió a la India el buque de guerra llamado «Defence», equipado con armas y pertrechos, bajo el mando del capitán Heath. Heath avanzó desde Sutanuti para combatir, pero se encontró con el fracaso. Aunque los directores de la Compañía se desalentaron un tanto, sus representantes residentes en la India continuaron trabajando con renovado entusiasmo y energía. Su atención se dirigió entonces a los comerciantes franceses. El principal centro comercial francés era Pondicherry, y bajo su autoridad tenían fábricas establecidas en Masulipatam, Karikal, Mahé, Surat y otros lugares. Por su parte, la sede comercial inglesa estaba en Madrás, y bajo su autoridad tenían importantes fábricas en Bombay y Calcuta. Entre ellos comenzó una intensa rivalidad que finalmente tomó la forma de una guerra. Los franceses ayudaron a sus candidatos, Muzaffar Jang y Chanda Sahib, a obtener respectivamente los tronos de Hyderabad y Carnático. En 1751, Robert Clive tomó Arcot, la capital del Carnático. De este modo, los ingleses se hicieron sumamente poderosos.
La ambición de los ingleses de obtener el poder político en Bengala
Con el propósito de satisfacer sus ambiciones políticas en Bengala, los ingleses continuaron ampliando considerablemente las obras de construcción de una fortaleza en Calcuta. El nawab de Bengala, Alivardi Khan, se había vuelto entonces muy anciano y débil, y los astutos ingleses aprovechaban esa debilidad para acelerar la construcción de su fortaleza. Además, las clases hindúes de los shéth y los banias de Bengala les daban valor y ánimo en esta labor. Desde la última parte del siglo XVII hasta el segundo cuarto del siglo XVIII, una clase de hindúes se había vuelto enormemente rica e influyente al trabajar como agentes y empleados del comercio inglés, que había echado raíces en Bengala. Además, durante el régimen de los nawabs ocupaban diversos cargos importantes en la administración de los ingresos. También estaban firmemente establecidos en el ámbito económico mediante la usura, el préstamo y la banca. No podían aceptar de corazón el gobierno musulmán. Tampoco tenían el valor de rebelarse abiertamente contra él, ni consideraban apropiado hacerlo dadas las circunstancias. Por ello, para poner fin al gobierno musulmán, no había otro medio que contar con la ayuda y cooperación de los ingleses. Los ingleses aprovecharon muy bien esta oportunidad de oro. Los hindúes habían adquirido tanta influencia en la administración y la economía que se habían convertido en los hacedores de reyes (Kingmakers) de los nawabs de Bengala. En 1727, después de la muerte de Murshid Quli Khan, cuando se designó heredero a su nieto Sarfaraz Khan, los principales hindúes se opusieron, pues lo consideraban contrario a sus intereses. Entronizaron a Shuja-ud-Din, padre de Sarfaraz Khan. Durante su gobierno (1727-1739), estos shéths y banias hindúes se convirtieron, en la práctica, en los principales instigadores de las intrigas palaciegas. Sus dirigentes, Alam Chand y Jagat Seth, se habían convertido en los verdaderos gobernantes del país (De facto ruler).
Tras la muerte de Shuja-ud-Din, este grupo conspirador ayudó a Alivardi Khan, naib nawab de Orissa, a obtener el trono de Bengala. Durante su gobierno, las intrigas palaciegas llegaron a su punto culminante. Aprovechando esta situación, los marathas lanzaron repetidos ataques contra Bengala. Al verse en dificultades, Alivardi Khan pasó a depender por completo de estos conspiradores palaciegos. Los favoreció. Los nombró para cargos importantes. Como consecuencia, bajo el liderazgo de Rai Durlabh Rai, Mahtab Rai, Swarup Chand, Raja Janaki Rai, Raja Ram Narayan, Raja Manik Chand y otros, este grupo se volvió extremadamente poderoso. Después de Murshid Quli Khan, el número de funcionarios musulmanes nobles fue disminuyendo gradualmente hasta llegar a cero y, en ese tiempo, fueron prácticamente relegados tras el telón. El grupo de Jagat Seth-Manik Chand solo podía obtener algunos cargos importantes bajo el nawab. Por tanto, si lograban poner fin al gobierno musulmán mediante una alianza con la Compañía de las Indias Orientales, se apagaría el fuego de su venganza contra los gobernantes musulmanes.
El círculo dirigido por Jagat Seth-Manik Chand tenía dos objetivos para la comunidad hindú de Bengala: uno político y otro económico. Buscaban satisfacer sus intereses políticos mediante el cambio o la transferencia del gobierno de Bengala, y obtener ventajas económicas instalando a la Compañía de las Indias Orientales en el poder político. Para alcanzar estos dos objetivos, estaban siempre dispuestos y sumamente ansiosos por aliarse con la Compañía.
Por su parte, la Compañía de las Indias Orientales también estaba ligada a los hindúes por una deuda de gratitud, con vistas a la expansión y el progreso de sus negocios. Esto se debía a que su comercio no podía funcionar en absoluto sin la ayuda de agentes, gomasthas y contratistas hindúes. Además, entre 1736 y 1740, cincuenta y dos comerciantes locales participaban en la inversión de capital de la Compañía en Calcuta, y todos ellos eran hindúes. Veinticinco comerciantes hindúes participaron en el establecimiento de la fábrica de Kasimbazar, y todos ellos eran hindúes. Veinticinco comerciantes hindúes participaron en el establecimiento de la fábrica de Kasimbazar, y todos ellos estaban relacionados con ella. Solo en Dacca, de sus doce socios, apenas dos eran musulmanes. (La caída de Siraj-ud-Daulah —Dr. Mohar Ali)
En una carta dirigida al coronel Scott, ingeniero militar de la fortaleza de Fort William en Calcuta, Charles F. Noble afirma que los reyes y habitantes hindúes estaban sumamente indignados contra el gobierno musulmán. Su deseo secreto era descubrir cómo poner fin a dicho gobierno. Expresaron la opinión de que se unirían a los ingleses si estos lograban provocar una revolución.
Noble dice: «Creo que Urmichand nos será de gran utilidad. El sacerdote Nimu Gosain ejerce una considerable influencia sobre los reyes hindúes y la población del país. Un numeroso grupo armado le es enteramente leal. También podemos utilizar al grupo de sanyasis para nuestros fines. Tengo la convicción de que esta labor se llevará a cabo por medio de Nimu Gosain».
Nimu Gosai proporcionaba al coronel Scott información importante y consejos sobre la situación del país, y decía que, si fuera necesario, con la ayuda de los ingleses podría reunir a mil hombres armados en apenas cuatro días. (La caída de Sirajuddaula —Dr. Mohar Ali, p. 11)
Debe recordarse que, como consecuencia del movimiento de renacimiento de la nación hindú, en Bengala se había organizado secretamente un grupo armado bajo el nombre de movimiento sanyasi, y que este también había contribuido al fin del gobierno musulmán. Para alcanzar sus objetivos políticos, el Consejo de Fort William completó la construcción de la fortaleza en Calcuta. Por otra parte, también estableció derechos soberanos sobre el zamindari que la Compañía de las Indias Orientales había obtenido del nawab de Bengala. Los delincuentes comenzaron a buscar refugio bajo el zamindari de la Compañía para evitar el castigo previsto por las leyes del país. Todos estos delincuentes eran hindúes. La Compañía dio refugio a un comerciante llamado Ramakrishna Seth, declarado culpable de contrabando, y desobedeció la orden de entregarlo al nawab. Asimismo, violó muchas otras órdenes legales del nawab. Además, quebrantó numerosos acuerdos comerciales.
No es que el nawab Alivardi desconociera las conspiraciones, las malas acciones y la conducta ruin de los ingleses. Sin embargo, el nawab, postrado en cama y al borde de la muerte, carecía de capacidad para hacer algo. Como su futuro sucesor, Sirajuddaula, quiso frustrar las conspiraciones de los ingleses, se ganó su hostilidad. Después de Alivardi, dos personas pasaron a reclamar el trono de Bengala: su hija viuda, Ghaseti Begum, y el nawab de Purnia, Shaukat Jang. Los ingleses apoyaron la pretensión de Ghaseti Begum. La begum y su diwan Rajballabh depositaron en Calcuta, bajo la custodia de la Compañía, todos sus bienes para mantenerlos a salvo. Enviaron a Rajballabh bajo la protección de la Compañía. Al dar refugio a Krishnaballabh, los ingleses cometieron una traición extrema contra el nawab y, al incitar a Ghaseti Begum a marchar contra Siraj con veinte mil soldados, cometieron un acto de sedición. A pesar de saber todo esto, Siraj avanzó mediante conversaciones mutuas en lugar de adoptar medidas severas contra ellos. Pero los ingleses no estaban dispuestos a prestar atención a ninguna de sus palabras.
Un inglés propietario de una factoría, William Tooke, dice que, según la antigua costumbre de Oriente, después de la coronación de un nuevo rey los ciudadanos extranjeros suelen visitar al nuevo badshah o nawab con diversos obsequios y presentes. Pero esta fue la primera vez que quebrantaron esa costumbre. Añade asimismo que el hecho de dar refugio a Krishnaballabh y negarse a entregarlo al nawab demuestra que la Compañía de las Indias Orientales mantenía una profunda connivencia con los enemigos políticos de Sirajuddaula, razón por la cual se atrevió a mostrar semejante arrogancia. (Historia de Hill, vol. I, y La caída de Sirajuddaula —Dr. Mohar Ali)
La conducta arrogante del Consejo de Fort William de la Compañía de las Indias Orientales era semejante a la de un gobierno rival del gobierno de Bengala. Sirajuddaula fracasó en todos sus intentos de llegar a un acuerdo con ellos. Entonces decidió expulsarlos del país. Sobre este asunto, la esencia de la carta que envió al influyente comerciante Khwaja Wajid, de Hugli, el 1 de junio de 1756, era la siguiente:
Principalmente por tres razones no se podía permitir que los ingleses siguieran permaneciendo en este país. La primera era que, violando las leyes del país, habían construido una fortaleza muy sólida en Calcuta. La segunda, que habían quebrantado los acuerdos comerciales, recurrido a medios deshonestos y causado enormes pérdidas financieras al gobierno al evadir los impuestos comerciales. La tercera, que al dar refugio a un funcionario que había malversado fondos públicos habían cometido el delito de sedición.
El 3 de junio, Sirajuddaula tomó la factoría inglesa de Kasimbazar y presionó para llegar a un acuerdo. Después de apoderarse de la factoría, mostró generosidad: la hizo cerrar con llave y dispuso una estricta vigilancia para impedir que fuera saqueada. William Watts y Matthew Collet eran los directores de esta factoría, y fueron ellos quienes hicieron el comentario anterior. (Historia de Hill, vol. II)
Siraj liberó a todos los empleados de la factoría de Kasimbazar. Solo emprendió el viaje hacia Calcuta acompañado de Watts y Collet. Antes de partir, escribió repetidamente al Consejo de Fort William para que llegara a un acuerdo pacífico. Pero ellos no prestaron la menor atención. Por el contrario, permanecían siempre dispuestos a entablar un enfrentamiento. Después de recibir ayuda militar desde el Decán, su audacia aumentó considerablemente. Una semana antes de que el nawab llegara a Calcuta, Drake envió tropas para apoderarse del fuerte de Thana, situado en el curso bajo del río Hugli, y de Sukh Sagar, entre Hugli y Calcuta. La vanguardia enviada por el nawab repelió en ambos lugares los ataques de los ingleses. El 16 de junio, Siraj llegó a las puertas de Fort William con treinta mil soldados. Después de dos días de combate, Drake huyó a Falta con su ejército principal. Para facilitar la huida, se dejó a Holwell combatiendo y se le dijo que al día siguiente también buscara refugio en Falta con su reducido grupo de soldados. Sin embargo, Holwell se vio obligado a rendirse ante las tropas del nawab. En el testimonio prestado por William Tokke ante el Comité Selecto de la Cámara de los Comunes se afirmó que los soldados ingleses que se rindieron no sufrieron ningún maltrato. (Historia de Hill, vol. I). Por la noche, después de que algunos soldados ingleses comenzaran a realizar actos violentos tras beber grandes cantidades de alcohol, fueron encerrados en una habitación de 18 por 14 pulgadas. La habitación había sido construida por ellos mismos precisamente para encerrar a los soldados desobedientes e indisciplinados; en ella fueron encerrados entre cuarenta y sesenta hombres. Unos veinte soldados murieron debido al agotamiento extremo sufrido en la batalla. Este suceso fue exagerado desmesuradamente y quedó consignado en las páginas de la historia. Para conmemorar este acontecimiento ficticio, los gobernantes vencedores erigieron en Calcuta, en Dalhousie Square, un monumento llamado Monumento de Holwell. Este monumento fue erigido por el nawab en Calcuta, en Dalhousie Square. La columna permaneció en pie hasta la primera mitad del siglo XX, llevando la imaginaria deshonra y mancha de Sirajuddaula. Fuente de una propaganda deliberada y puramente maliciosa, la columna fue demolida antes de 1937 ante las enérgicas protestas.
En cualquier caso, se liberó a todos excepto a Holwell y a otros tres individuos. El 24 de junio, tras designar a Manik Chand para administrar Calcuta, Sirajuddaula regresó a Murshidabad junto con Holwell y sus tres compañeros. El 26 de junio, los soldados ingleses restantes se trasladaron de Calcuta a Fulta.
El 30 de junio, Sirajuddaula escribió al gobernador de Fort St. George, George Pigot. El sentido de la carta era que, si los ingleses llegaban a un acuerdo pacífico, renunciaban a su ambición de obtener poder político y continuaban observando las condiciones comerciales, se les concederían en Bengala plenas oportunidades para comerciar.
Los ingleses en Fulta
Sirajuddaula deseaba sinceramente llegar a un acuerdo justo con los ingleses. Pero su actitud era completamente opuesta. Esta actitud se manifestaba en la red de conspiraciones que estaban extendiendo desde Fulta en connivencia con los principales dirigentes hindúes locales.
Roger Drake contaba los días mientras esperaba la ayuda militar solicitada a Madrás. Mientras tanto, con el propósito de engañar al nabab, el 6 de julio comenzaron a entablar conversaciones para llegar a un acuerdo. Pero no había ninguna sinceridad en ellas. En cuanto llegara la ayuda militar de Madrás, volverían a intentar medir sus fuerzas. A este respecto, los dirigentes locales y la clase mercantil alentaban a los ingleses por todos los medios. En particular, un influyente individuo llamado Shiva Babu, principal asistente de Khwaja Wajid, les repetía constantemente a los ingleses que el nabab Sirajuddaula ya no era alguien dispuesto a concederles ninguna facilidad u oportunidad comercial. Después de sufrir la derrota en Calcuta, llegar a cualquier acuerdo no resultaba en absoluto honorable para ellos. Otro hombre llamado Gobindaram había creado obstáculos durante la campaña de Sirajuddaula contra Calcuta, arrancando árboles y dejándolos en el camino. Ahora comenzó a proporcionar información secreta a los ingleses. Manik Chand, a quien se había confiado la administración de Calcuta, traicionó su confianza y continuó ayudando de todas las maneras posibles a los ingleses establecidos en Fulta. Presentaba al nabab información engañosa de esta índole: que los ingleses ansiaban llegar a un acuerdo pacífico. Pensando que no se podía hacer nada con pocos soldados, el mayor Kilpatrick se abstuvo por el momento de entablar combate y solicitó una fuerza militar mayor y una flota a Madrás. El 15 de agosto de 1756, Kilpatrick informó al nabab de que ellos buscaban su favor. Por otra parte, escribió cartas a Manik Chand, Jagat Seth y a los demás dirigentes hindúes, pidiéndoles que ayudaran a los ingleses por todos los medios.
El nabab fue engañado por las falsas seguridades de Manik Chand y dijo que, si los ingleses no querían luchar, se les concederían toda clase de facilidades comerciales. En realidad, el nabab no disponía de ninguna fuerza naval digna de ese nombre. Aunque podía expulsar a los comerciantes extranjeros del territorio de Bengala, no tenía capacidad para expulsarlos de la costa marítima. Los ingleses aprovecharon plenamente esta circunstancia. En segundo lugar, se presentó un nuevo peligro ante Sirajuddaula. Shaukat Jang, de Purnia, logró obtener un firman del emperador mogol, por el cual era nombrado subadar de Bengala, Bihar y Orisa. Los ingleses se pusieron del lado de Shaukat Jang y esperaban su victoria. Pero, al morir Shaukat Jang en la batalla del 6 de agosto, esa esperanza quedó temporalmente reducida a polvo.
En respuesta a las cartas escritas por Drake y Kilpatrick a mediados de agosto sobre la caída de Calcuta, llegó a Madrás desde Inglaterra una ayuda militar considerable. En septiembre, los dos barcos de la Compañía, Chesterfield y Walpole, llegaron a Madrás. En octubre, el Consejo de Fort St. George decidió enviar a Bengala una expedición militar bajo el mando de Robert Clive y el almirante Watson. Se ordenó al coronel Clive que, inmediatamente después de llegar a Bengala, iniciara una guerra encarnizada. En nombre del Consejo de Fort St. George se enviaron cartas a los nababs adjuntos de Dacca, Purnia y Cuttack, solicitándoles que cooperaran con Clive. Por otra parte, también se escribió al nabab para expresar la indignación por los abusos cometidos contra los ingleses. En la carta de George Pigot, gobernador del mencionado Consejo, se decía: «Estoy enviando a un poderoso comandante llamado Clive. Parte con soldados y tropas de infantería, y gobernará en mi lugar. Deben darnos una indemnización satisfactoria por los daños que se nos han causado. Sin duda sabrá usted que siempre hemos vencido en la guerra». (Historia de Hill, tomo I.)
El sentido de esta carta dejaba claro que ya no quedaba ningún camino para un acuerdo. El 15 de diciembre, Clive llegó a Fulta. Ese mismo día, Clive le escribió a Manik Chand para agradecerle el trato amistoso y la ayuda que había brindado a la Compañía. Manik Chand respondió a la carta expresando su alegría por la llegada segura de Clive. También informó que se consagraría por completo al servicio de la Compañía, dentro de sus posibilidades. Además, envió ante Clive a un hombre llamado Radhakrishna para intercambiar información secreta. ¿Qué traición mayor podía cometer un bengalí contra Bengala?
Quinto capítulo
El ataque de los ingleses y la derrota del nabab
El veintinueve de diciembre, el buque de guerra de Clive avanzó por el río Hugli y tomó Budge Budge. Cuatro días antes, Clive había escrito al nabab por medio de Manikchand: «Hemos venido a exigir una compensación por los daños que nos ha causado; no hemos venido a pedirle perdón. Nuestro ejército es suficiente para hacer valer nuestras demandas». No se sabe si Manikchand entregó la carta al nabab. Quizá no lo hizo. De haberlo hecho, el nabab sin duda habría adoptado medidas preventivas. Manikchand mantuvo siempre al nabab desorientado. Como resultado, Clive recuperó sin oposición el Fuerte Thana el 31 de diciembre y el fuerte de Fort William el 1 de enero de 1757. Si Manikchand lo hubiera querido, habría podido repeler fácilmente el ataque inglés con la ayuda del enorme ejército del nabab. No hizo ningún intento, pues se complacía al ver que los ingleses cumplían las ambiciones de él y de su comunidad. Incluso consideró innecesario informar al nabab de que aquellos lugares habían sido ocupados por los ingleses.
Prácticamente entregó el fuerte de Fort William a los ingleses, se dirigió a Hugli y comenzó a crear las condiciones para entregar también Hugli a los ingleses. Clive le envió a Hugli una carta a su nombre, pidiéndole que también allí diera muestras de amistad, como antes. Dos días después, Clive atacó Hugli y se apoderó fácilmente de ella. Después de que los ingleses ocuparan tantos puestos importantes, Manikchand informó al nabab de que la actitud de los ingleses había cambiado. Tras la toma de Hugli, las tropas inglesas sembraron un enorme terror por toda la ciudad mediante saqueos, incendios y actos de destrucción.
En cuanto recibió la noticia de la caída de Hugli y de la devastación, Sirajuddaula llegó el 20 de enero a las afueras de Hugli con un enorme ejército. Entonces los ingleses huyeron apresuradamente de Hugli y se refugiaron en Calcuta.
El nabab Sirajuddaula les rogó repetidamente que llegaran a un acuerdo. Después de muchas conversaciones y negociaciones, el 9 de febrero se firmó un tratado de paz entre el nabab y los ingleses. La historia lo conoce como el Tratado de Alinagar. Según este tratado, debían devolver a los ingleses todas las aldeas conforme al firman de 1717. Sus mercancías quedarían exentas de impuestos y podrían fortificar aún más Calcuta. Además, podrían construir allí su propia casa de moneda.
Sirajuddaula tuvo que firmar un tratado tan humillante. La primera razón fue la extrema traición de hombres de su máxima confianza, como Manikchand. La segunda fue la invasión de la India por Ahmad Shah Abdali y la posibilidad de una campaña contra Bengala.
Por otra parte, para el astuto Clive aquel tratado no era más que una necesidad temporal. Al mismo tiempo, los ingleses consideraban necesario destronar al nabab y expulsar a los franceses de Bengala. Con este propósito, Clive envió a Watts y a Umichand ante Sirajuddaula para decirle que querían apoderarse de la ciudad de Chandernagore, ocupada por los franceses, y que el nabab debía ayudarlos. Esta era una gran estrategia. El nabab se enfrentó a un problema terrible. Siempre había seguido en su reino una política de neutralidad respecto de los comerciantes extranjeros. ¿Cómo podía quebrantar esa política? Pero la dificultad era que, si no ayudaba a los ingleses, estos lo acusarían de hostilidad hacia ellos y de favorecer a los franceses. Finalmente decidió mantenerse firme en la política de neutralidad. En consecuencia, ordenó al comandante Nandakumar que, si los ingleses atacaban Chandernagore, debía ayudar a los franceses. Del mismo modo, si los franceses atacaban a los ingleses, debía ayudar a los ingleses. Clive sobornó a Nandakumar con diez o doce mil rupias y lo puso de su parte. Por el mismo procedimiento también sometió al jefe del servicio de inteligencia del nabab. Así, Clive extendió por todas partes una red de sobornos y traiciones tan amplia que Sirajuddaula no podía mostrar firmeza en ningún asunto. Además, los banqueros y comerciantes hindúes, junto con sus funcionarios desleales, que de todo corazón habían deseado el fin del gobierno musulmán, no dejaban de darle malos consejos a Sirajuddaula. Decían que no se debía irritar a los ingleses bajo ninguna circunstancia. Por otro lado, le aconsejaban enviar allí un enorme ejército con el propósito de proteger Bengala y Bihar. De este modo se allanó el camino para el avance inglés.
Mientras tanto, el 5 de marzo llegó a Calcuta desde Inglaterra un nuevo barco, el «Cumberland», con tropas y pertrechos. El 8 de marzo, Clive sitió Chandernagore. El nawab envió un ejército hacia Chandernagore bajo el mando de Raydurlabh Ram y Mir Jafar. Sin embargo, antes de que llegaran, los franceses se rindieron. Aceptaron abandonar Chandernagore y entregar todas sus factorías en Bengala al almirante Watson y al nawab. Después, Clive exigió al nawab que erradicara a los franceses del territorio de Bengala. Además, solicitó permiso para que dos mil soldados de la Compañía avanzaran por tierra hasta Patna con el propósito de perseguir a los franceses. El nawab rechazó esta injusta petición. Por ello, se le acusó de haber ayudado a los franceses. El 23 de abril, el comité del Consejo de Fort William aprobó la propuesta de deponer al nawab. También lo acusaron de haber violado el tratado de Alinagar.
Con el propósito de deponer al nawab, se urdió una conspiración bien afianzada con los llamados hombres de confianza del propio Siraj: Raydurlabh Ram, Umichand y los hermanos Jagat Seth. Por consejo de estos, se designó al bakhshi del nawab, Mir Jafar —funcionario encargado del pago de los salarios—, para sucederlo. Los ingleses y Mir Jafar también llegaron a una decisión definitiva sobre todos los asuntos. Solo Umichand creó cierta dificultad. Exigió el cinco por ciento de todos los bienes del nawab y amenazó con revelar toda la conspiración si no se accedía a ello. Para complacer a Umichand, Clive preparó un documento con la firma falsificada de Watson. En el tratado celebrado con Mir Jafar, este reconoció que estaría obligado a cumplir íntegramente todas las condiciones del tratado de Alinagar. Además, aceptó que, en concepto de indemnización, debía pagar a la Compañía un crore de taka, cincuenta lakhs a los europeos, veinte lakhs a los principales hindúes y siete lakhs a los armenios. Toda Calcuta y el territorio situado al sur de ella debían cederse a la Compañía para siempre.
El astuto Clive retiró las tropas de Chandernagore para disipar las sospechas del nawab. Mir Jafar aceptó entregar a Clive cincuenta y dos lakhs de taka adicionales como recompensa por acelerar la revolución planeada.
Después de que Ahmad Shah Abdali abandonara la India, Sirajuddaula ordenó a Mir Jafar que, al frente de un ejército, detuviera a los ingleses en los campos de Plassey si avanzaban hacia el norte siguiendo a los franceses. Clive informó a Sirajuddaula de que, puesto que había fracasado en el cumplimiento del tratado de Alinagar, se debía encargar a Mir Jafar, Jagat Seth, Raydurlabh Ram, Mir Madan y Mohanlal la revisión del asunto. Pero, entretanto, Clive envió inmediatamente sus tropas hacia Murshidabad. Siraj se enfrentó a las tropas inglesas en los campos de Plassey. La responsabilidad de dirigir las tropas del nawab recaía en Mir Jafar, Raydurlabh Ram y otros. En el momento decisivo, se abstuvieron de dirigirlas. Como resultado, Clive obtuvo la victoria sin siquiera librar batalla. El desventurado Siraj huyó del campo de batalla, pero en el camino Miran, hijo de Mir Jafar, lo asesinó. Así cayó el telón del doloroso drama político de Plassey.
De la descripción detallada de los antecedentes de la batalla de Plassey se demuestran claramente varios hechos.
Uno. Los principales zamindares de Bengala, los ricos comerciantes y el grupo de los baniyas se involucraron en una conspiración con los ingleses para poner fin al gobierno musulmán, aun al precio de la independencia del país.
Dos. Al comprender la actitud de los principales hindúes, los ingleses utilizaron por completo a los hindúes para alcanzar sus intereses políticos.
Tres. Todos los que ocupaban los puestos de responsabilidad del nawab eran hindúes, y él tenía que depender por completo de ellos. Sin embargo, aquellos de quienes dependía eran precisamente quienes conspiraban para provocar su caída.
Cuatro. La batalla de Plassey no puede llamarse una batalla. Fue una farsa de batalla. El número de soldados del nawab era muchas veces superior al de los ingleses. Si el ejército del nawab hubiera combatido, las tropas inglesas habrían sido aniquiladas y la historia se habría escrito de otro modo. O, si Sirajuddaula hubiera dirigido personalmente la batalla, tampoco habría tenido que sufrir la derrota.
Cinco. Fue un error fatal suyo no comprender que aquellos a quienes Siraj consideraba patriotas y sus bienquerientes venderían la independencia del país para satisfacer sus viles intereses. O bien, aunque lo hubiera comprendido, no podía hacer nada. La serpiente venenosa que él y sus predecesores habían alimentado y criado con leche y plátanos acabó mordiéndolo a él mismo y puso fin al juego de su vida.
Después del trágico drama de Plassey
La derrota de Sirajuddaula en los campos de Plassey no fue únicamente la derrota de un hombre. Fue la derrota de Bengala, Bihar y de todo el subcontinente indio. Esta derrota puso al descubierto la dominación colonial británica sobre la India. Y no solo eso: la de Asia ante Europa, la de Oriente ante Occidente. La sucesión de acontecimientos posteriores da testimonio de ello. Como mínimo, la supremacía y dominación británicas sobre el subcontinente indio se prolongaron durante ciento noventa años.
La historia no ha olvidado descubrir quién o quiénes dirigieron este doloroso drama político de Plassey, quién o quiénes pusieron durante doscientos años las cadenas de la servidumbre alrededor del cuello de Bengala, Bihar y de todo el subcontinente indio. Mediante una abominable conspiración, una traición, la compra de voluntades mediante sobornos y una política feroz de venganza basada en acusaciones imaginarias, Clive y los suyos lograron derrotar y matar a Sirajuddaula, sin siquiera empuñar las armas en el campo de batalla, y establecer su dominación en este país.
Al determinar las causas de la caída de Sirajuddaula, se ha distorsionado la historia. En la historia inventada a su gusto por aquellos cuyos gritos de victoria resonaron durante casi doscientos años por la vasta extensión de la India y de Asia después de 1757, y que desempeñaron un papel activo como fuerzas auxiliares en la consecución de esa victoria, se ha intentado culpar precisamente a Sirajuddaula. Pero ¿es esa la verdadera historia?
El vasto Imperio mogol se había desintegrado; en distintas partes de la India habían surgido gobernantes independientes y semindependientes. El poder maratha avanzaba con el propósito de apoderarse del norte y del centro de la India. Pero Ahmad Shah Abdali aplastó por completo su poder en la tercera batalla de Panipat (1761) y regresó a su patria. El emperador Akbar había destruido la formidable fuerza militar musulmana de la India. No se pudo formar ninguna fuerza militar alternativa. En cuanto al poder naval, puede decirse que los musulmanes no tenían ninguno. Los comerciantes ingleses habían llegado a este país con un doble propósito. Bajo el pretexto del comercio, fueron fortaleciéndose gradualmente mediante la construcción de fortalezas en distintos lugares, el establecimiento de flotas y la importación de ejércitos desde su patria, con el objetivo de establecer la supremacía política. La clase rica y mercantil de los hindúes bengalíes, patriotas (?) de Bengala, les prestó toda clase de ayuda y cooperación para alcanzar ese objetivo.
Desde la época de Murshid Quli Khan, los musulmanes habían sido expulsados de todos los ámbitos administrativos de Bengala, dejando allí espacio para los hindúes bengalíes. Este fue el resultado de un patriotismo excesivo y de una generosidad parcial y unilateral. Aunque posteriormente hubo que pagar su precio hasta el último céntimo. Desde la época de Alivardi, ellos se convirtieron en los amos absolutos del Estado. La obtención del trono de Bengala dependía enteramente de su favor. Eran los creadores de reyes de Bengala (King-Makers).
Cuando Sirajuddaula fue designado para suceder al nawab Alivardi, los hermanos Jagat Seth, Manik Chand, Durlabh Ram y otros eran tan poderosos que para Siraj era imposible mantenerse en el poder convirtiéndose en objeto de su descontento. Sin embargo, aunque estos poderosos funcionarios estatales eran mantenidos y sostenidos por el tesoro real, no albergaban la menor intención de expresar gratitud hacia su señor. No se limitaron a dar constantemente malos consejos a Siraj; además, en secreto, mantuvieron una estrecha alianza con la Compañía. Se esforzaron al máximo por poner fin al gobierno musulmán mediante la caída de Siraj y establecer en este país el dominio inglés.
Sirajuddaula no solo era un patriota. También era un hombre sumamente valiente y heroico. La rapidez con que, inmediatamente después de asumir el poder, sofocó las rebeliones de Ghaseti Begum y Shaukat Jang demuestra su valor genuino y su prudencia. También obtuvo victorias en varios enfrentamientos con los ingleses. Si los principales dirigentes hindúes, como Alam Chand y Jagat Seth, no hubieran desempeñado un papel de extrema traición, la historia de Bengala se habría escrito de otra manera. El papel de Mir Jafar tampoco es menos condenable. Sin embargo, a él se lo convirtió en la persona más odiada y maldita del drama de Plassey. Después de derrotar estrepitosamente a los ingleses en la batalla de Fort William, en Calcuta, el nawab Sirajuddaula confió a Manik Chand la administración de Calcuta. Manik Chand reinstaló a los ingleses en Calcuta y Hugli. La conspiración para derrocar al nawab se consolidó por consejo de Ray Durlabh Ram, Umichand y los hermanos Jagat Seth. No cabe duda de que Mir Jafar fue culpable de este acto. Pero ¿qué parte tuvo realmente en esta vil conspiración? A lo sumo, una dieciseisava parte. Sin embargo, hay que decir que la ironía de su desgracia quiso que en la historia no haya nadie más odiado que él. Por eso, la expresión «Mir Jafar» se usa siempre como epíteto delante del nombre de una persona traidora.
El patriota Sirajuddaula suplicó repetidamente a los principales dirigentes hindúes, incluido Mir Jafar, que no vendieran la independencia de Bengala y Bihar a las potencias extranjeras. Pero todas sus súplicas y peticiones se convirtieron en un clamor en el desierto.
El grupo de traidores se vengó de los resentimientos acumulados durante tantos años a cambio de la independencia del país. Ni siquiera así satisficieron por completo su sed de venganza. Solo después de asesinar brutalmente a Sirajuddaula apagaron el fuego ardiente de su venganza.
El objetivo de los ingleses no era simplemente eliminar a Sirajuddaula de la faz de la tierra y colocar a otro en el trono de Bengala. Querían establecer allí su supremacía política. Como Mir Jafar no pudo satisfacer sus exigencias cada vez más injustas, finalmente también tuvo que apartarse. Sirajuddaula no era el único que resultaba desagradable para los principales dirigentes hindúes. Si ese hubiera sido el caso, Qasim no les habría resultado desagradable en su lugar. Su deseo supremo era poner fin al gobierno musulmán. Por eso no vacilaron en sacrificar voluntariamente la independencia de su propio país y ponerse al cuello las cadenas del dominio extranjero en lugar del gobierno musulmán. Después de Mir Jafar, Mir Qasim deseó sinceramente mejorar considerablemente el sistema administrativo del país y restablecer junto con ello la estabilidad económica. Pero, como tampoco pudo satisfacer el hambre insaciable de los ingleses, tuvo que abandonar asimismo el escenario político de Bengala. (Hill, Jadunath Sarkar; Malleson, Dr. Mohar Ali)
Durante los doscientos años posteriores al establecimiento del dominio británico en Bengala, Bihar y, en general, la India, el destino de la población del país fue el que cabía esperar. Aunque se alcanzó cierto bienestar material, el maleficio de la subordinación y las humillaciones y afrentas atormentaron a la nación; el grado de explotación y opresión ejercido sobre los musulmanes tiene pocos precedentes en la historia. El hambre, las epidemias y la pobreza devoraron el país. Este asunto se ha tratado detalladamente en el capítulo siguiente.
La situación económica de Bengala después de la caída de Sirajuddaula
Después de las batallas de Plassey y Buxar, la independencia de Bengala desapareció por completo. En 1765, después de que el emperador mogol nominal de Delhi, Alamgir II, concediera a la Compañía de las Indias Orientales el diwanato de Bengala, Bihar y Orissa, sus derechos legales sobre esta región quedaron firmemente establecidos. A partir de entonces, el panorama que surgió en Bengala desde el punto de vista económico fue sumamente doloroso y desalentador. Aunque después de la batalla de Plassey siguieron existiendo nawabs nominales, como Mir Jafar, quien controlaba la fuerza militar era la Compañía de las Indias Orientales. Después de 1765, la economía del país también quedó completamente bajo su control. Como consecuencia, la sociedad musulmana de Bengala fue la más perjudicada, en todos los aspectos y en el mayor grado.
Para satisfacer las exigencias económicas del acuerdo conspirativo que la Compañía concertó con Umichand y Mir Jafar para derrocar a Sirajuddaula, el tesoro de Bengala quedó vacío. Como se ha dicho antes, conforme a las condiciones de este acuerdo, la Compañía tuvo que pagar cien lakhs de rupias en concepto de falsa indemnización: cincuenta lakhs a los europeos, veinte lakhs a los principales hindúes y siete lakhs a los armenios. Para acelerar la revolución, incluso antes de firmarse el acuerdo hubo que entregar a Clive cincuenta y dos lakhs de rupias (La caída de Sirajuddowla, Dr. Mohar Ali).
Después de que Mir Jafar ascendiera al trono de Bengala como falso nawab, las exigencias de la Compañía fueron aumentando constantemente. Mir Jafar se vio obligado a mantenerlos complacidos y satisfechos. Una vez que el departamento de recaudación quedó bajo la administración de la Compañía, los recaudadores hindúes e ingleses, para satisfacer a las autoridades, recaudaban los ingresos mediante una explotación y una opresión extremas, y llenaban con ellos el tesoro de la Compañía. Antes, todo el dinero recaudado de los súbditos se gastaba en beneficio de la población del país. Desde entonces, comenzó a transferirse a los bancos y centros comerciales de Inglaterra.
En la hambruna de 1776 murió un tercio de la población de Bengala. Sin embargo, no se mostró la menor clemencia en la recaudación de impuestos. Cuando la hambruna alcanzó su máxima intensidad, se recaudaron seis lakhs de rupias más que el año anterior; al año siguiente se recaudaron otros catorce lakhs de Bengala y Bihar. Mientras los seres humanos gemían de hambre, sed y agonía de muerte, los ingleses y sus recaudadores bailaban con júbilo demoníaco después de chuparles la sangre. Estos recaudadores eran los banianes hindúes de Calcuta, los prestamistas usureros y los comerciantes. ¿Qué puede ser más cruel y diabólico hacia la humanidad que esto? (Baden Power-Land system, etc., British Policy & the Muslim in Bengal, A. R. Mallick).
La riqueza de este país también era saqueada mediante otro método abominable. La Compañía y sus empleados podían elevar al cargo de nawab a quien quisieran y destituir a quien quisieran. En apenas ocho o nueve años, entre 1757 y 1765, la Compañía y sus empleados nativos y extranjeros se embolsaron por este concepto al menos 6.261.165 libras. Cada nawab, además de conceder a la Compañía diversos privilegios y ventajas comerciales, la mantenía satisfecha con numerosos obsequios de gran valor.
Abdul Mawdud dice:
Aún no se ha establecido el balance exacto de cuánto pagó el grupo conspirador, en vísperas de la batalla de Plassey, para comprar para los habitantes de este país el cetro británico. No es posible hacerlo. Porque solo es posible conocer una parte a partir de los relatos escritos. Pero ¿cómo puede medirse la enorme cantidad de dinero que, fuera de las cuentas, fue enviada al otro lado del mar?
Durante la época británica, la economía de Bengala fue, en esencia, una historia desgarradora de explotación meticulosamente planificada. Los historiadores han calculado aproximadamente que, en apenas veintitrés años, de 1757 a 1780, fueron enviadas de Bengala a Inglaterra cerca de treinta y ocho millones de libras, es decir, seiscientos millones de rupias al valor de la época. Al valor monetario de 1900, equivalían a tres mil millones de rupias (I. O. Miller, citado por Misra, p. 15).
Del tesoro de Murshidabad se obtuvieron quince lakhs de libras, por supuesto en piedras preciosas de gran valor. Como indemnización, el ejército de tierra y la armada británicos recibieron cuatro lakhs de libras; los seis miembros del Comité Selecto recibieron nueve lakhs; los miembros del Consejo recibieron cada uno entre cincuenta y ochenta mil libras; y el propio Clive recibió doscientas treinta y cuatro mil libras, además del título de «Sabat Jang», concedido por el emperador, junto con un zamindari que producía una renta anual de treinta mil libras. Según las palabras del propio Clive, vencedor de Plassey, «él mismo se asombró de haber mostrado tanta moderación». Mir Qasim entregó en efectivo doscientas mil libras para ayudar al Consejo. Najm-ud-Daulah, nieto de Mir Jafar, entregó ciento treinta y nueve mil libras. Aparte de esto, es difícil decir cuántos cientos de miles de monedas malversaron los soldados rasos y los ingleses de las factorías. El famoso agrimensor James Rennell fue nombrado en 1764, a los veintidós años, con un salario anual de mil libras, y regresó a Gran Bretaña en 1777 después de haber malversado entre treinta y cuarenta mil libras. Esto permite imaginar qué cantidad de dinero malversaban los empleados de la Compañía. Como representantes del dominio de la Compañía en este país y, después de jubilarse, al regresar a su patria, vivían con tal lujo principesco que eran llamados «nawabs indios».
…El propio Clive reconoció: «Solo puedo admitir que nunca se ha visto en ningún otro lugar, aparte de Bengala, una imagen tan brutal de anarquía, caos, aceptación de sobornos, corrupción y despojo forzoso de riquezas». Sin embargo, el desvergonzado Clive era precisamente el sumo sacerdote de este ritual de explotación. (El desarrollo de la sociedad de clase media: la transformación de la cultura, Abdul Mawdud, pp. 60-62).
Capítulo sexto
La desgracia de la sociedad musulmana
Las ilimitadas desgracias que sufrió la sociedad musulmana después de que la Compañía de las Indias Orientales destruyera la independencia de Bengala quedarán claras en el análisis que sigue.
Antes de la batalla de Plassey, los musulmanes pertenecientes a familias distinguidas predominaban en los empleos militares y civiles. Después de que la Compañía se apoderara del poder, en la primera etapa de la reorganización administrativa se disolvió el ejército musulmán. Como consecuencia, quedaron desempleados numerosos funcionarios de las clases altas. Así, millones de personas fueron empujadas hacia el desempleo y la pobreza.
En segundo lugar, la reorganización de todo el departamento de recaudación del país según el sistema inglés dejó sin empleo a numerosos musulmanes. De acuerdo con la política gubernamental de ingresos territoriales, muchos terratenientes musulmanes fueron expulsados de sus zamindaris. La abolición del sistema de policía rural en 1793 también dejó desempleados a miles de musulmanes. De este modo, con el establecimiento del dominio británico en este país, los musulmanes de las clases altas no solo fueron privados de los empleos gubernamentales, sino también de las demás oportunidades y medios para ganarse la vida.
Las ocupaciones de los musulmanes de las clases bajas eran generalmente la agricultura y la industria textil manual. Desde el tercer cuarto del siglo XVIII, la importación en grandes cantidades de tejidos fabricados en las hilanderías de Manchester destruyó la industria textil manual de Bengala, y millones de tejedores también quedaron expuestos a la ruina. Después, les resultó extremadamente difícil vivir dependiendo únicamente de la agricultura.
Desde la llegada de la Compañía a este país, los banias hindúes de Calcuta prosperaron enormemente trabajando a su servicio. Se los llamaba «gomastas». Tras la batalla de Plassey, la nueva situación política les resultó sumamente favorable. Estos gomastas desempeñaron un papel importante en el monopolio de la sal de la Compañía y en otros negocios y comercios internos, y obtuvieron enormes ganancias. Pero destruyeron el comercio local y sumieron al pueblo en una situación de extrema miseria. Los empleados locales y extranjeros de la Compañía obligaban al público a comprar a precios exorbitantemente altos los productos importados de Inglaterra y a vender a precios ínfimos los productos del país. Para relatar sus abusos y persecuciones haría falta escribir un libro aparte. Los empleados hindúes de Bengala prestaron plena ayuda a las opresiones y abusos de la Compañía. En 1786, a un gomasta llamado Kalicharan, culpable de haber llevado a la región de Tripura al borde de la ruina mediante sus abusos y opresión, se lo trasladó de allí y se lo nombró diwán o administrador del departamento de recaudación de Chittagong. En un año recaudó injustamente treinta mil rupias de los zamindares de Chittagong. Cuando el asunto fue presentado ante lord Cornwallis, el señor Bird, controlador de la recaudación de Chittagong, declaró que Kalicharan sería destituido y que en su lugar se nombraría a su gomasta Nityanandan. Pero, debido a la intervención del muy influyente gomasta de Calcuta Joy Narayan Gosain, el asunto terminó allí mismo y Kalicharan conservó honorablemente su cargo.
De este incidente puede inferirse qué papel calamitoso desempeñaron los empleados hindúes de la Compañía en la destrucción de la Bengala rural. Un inglés comentó: «La única clase a la que los ingleses y sus leyes salvaron de la ruina fue la de los gomasthas, intermediarios y representantes nativos empleados a su servicio. La rapidez con que estas personas devoraban la Bengala rural, como una plaga de langostas, significaba que estaban atacando las propias raíces de la existencia de la India». (Muinuddin Ahmad Khan, Muslim Struggle for Freedom in Bengal, p. 8).
La política de los ingleses consistía en establecer en todos los niveles de la sociedad a aquellos con cuya ayuda habían arrebatado la independencia de este país y obtenido aquí la supremacía política, y en expulsar por completo a los musulmanes, para que en el futuro nunca pudieran reunir la fuerza necesaria para recuperar su libertad. Como consecuencia de la política de arrendamiento de tierras de Hastings y del Asentamiento Permanente de Cornwallis, los hindúes ocuparon el lugar de los zamindares musulmanes. Debido a que la política de arrendar las tierras al mejor postor en efectivo se aplicaba de manera efectiva, los antiguos y nobles zamindares musulmanes se vieron repentinamente incapaces de pagar en efectivo la oferta más alta. En cambio, la clase hindú de comerciantes, los prestamistas usureros, los banqueros y la clase hindú de ricos comerciantes aprovecharon esta oportunidad de oro. Como consecuencia del Asentamiento Permanente, la mayor parte de las antiguas zamindarías fue transferida poco después a estos ricos comerciantes. El propósito implícito del Asentamiento Permanente era reconocer a los nayebs, administradores y otros empleados hindúes designados bajo los zamindares musulmanes. Según los datos publicados en la Calcutta Review de 1844, de una docena de zamindarías cuya extensión equivalía a la de un distrito cada una, solo dos permanecieron en manos de los antiguos zamindares, mientras que las restantes pasaron a manos de los descendientes de los empleados subalternos de los antiguos zamindares. Así surgió por toda Bengala una nueva clase de zamindares, que se convirtió en completamente leal y digna de confianza para sus nuevos amos extranjeros.
Hunter dice en su obra The Indian Mussalmans: «Los recaudadores de impuestos hindúes que hasta entonces habían ocupado puestos inferiores fueron elevados a la clase de los zamindares gracias al nuevo sistema. El nuevo sistema les proporcionó derechos de propiedad sobre la tierra y oportunidades y facilidades para acumular riquezas. Sin embargo, durante su propio gobierno, los musulmanes habían disfrutado exclusivamente de estas oportunidades y facilidades». (Hunter, The Indian Mussalmans; traducción de Anisuzzaman, p. 141).
Durante el gobierno musulmán, la ley establecía que los zamindares debían vigilar estrictamente a los antisociales, delincuentes, bandidos y ladrones. Si eran capturados, debían entregarlos al Gobierno junto con los bienes robados. En 1772, la Compañía abolió esta ley. Como consecuencia, los nuevos zamindares, en lugar de entregar a los bandidos y ladrones, comenzaron a protegerlos y a convertirse en partícipes de los bienes saqueados. No debería ser difícil imaginar quiénes eran esos bandidos y ladrones, ni quiénes constituían el grupo de desgraciados saqueados de la Bengala rural. Según los datos publicados en la Calcutta Review en 1944, estos nuevos zamindares protegían a los bandidos y ladrones con el propósito de acumular riquezas. El informe del magistrado de Daca-Yalalpur, publicado en 1799, también reconocía como ciertos estos actos delictivos.
-(Muinuddin Ahmad Khan –Muslim Struggle for freedom in India –p. 10).
El Asentamiento Permanente no solo despojó a los zamindares musulmanes y estableció una nueva clase de zamindares, sino que también les otorgó plena autoridad para fijar de nuevo el impuesto sobre la tierra. En este ámbito dieron muestras de extrema arbitrariedad. Estos zamindares transferían la administración de sus zamindarías a contratistas, es decir, a patnidars, a tasas sumamente elevadas en concepto de ingresos gubernamentales. Estos, a su vez, delegaban la responsabilidad en los subpatnidars a cambio de elevados impuestos. Por consiguiente, cobraban a los campesinos por la fuerza entre cuatro y diez veces los ingresos que llegaban a las arcas del Gobierno. En pocas palabras, esta nueva clase de zamindares se había convertido en dueña absoluta de la vida y la muerte de los raiyats.
En la oficina del magistrado del distrito de Faridpur se encontraron ciertos documentos oficiales que revelan que se cobraban a los raiyats al menos veintitrés tipos de abwabs «injustos e ilegales». Buchanan dice: «Era algo muy común llevarse a los raiyats de sus casas, mantenerlos encerrados durante varios días, golpearlos y cobrarles el impuesto. Además, cobraban y se apropiaban del impuesto del zamindar de los campesinos analfabetos mediante recibos falsificados». (M. Martin –The History, Antiquities, Topography & Statistics of Eastern India, London-1838, Vol. 2).
La historia de las inhumanas atrocidades de los zamindares hindúes y el movimiento de Titumir contra los zamindares se expondrán en el lugar correspondiente.
Para trazar un cuadro preciso de cuál era, en términos generales, la situación de la sociedad musulmana de Bengala a comienzos del siglo XIX, es necesario conocer la situación que imperaba en sus tres principales componentes o sectores. Esos tres sectores de la sociedad eran: los nawabs, la clase alta y la comunidad campesina.
1. Los nawabs
Después de la batalla de Plassey, se habían convertido en títeres en manos de la Compañía. Tuvieron que ceder a la Compañía los distritos de las Veinticuatro Parganas, Bardhaman, Midnapur y Chittagong. Se les concedió el monopolio del comercio dentro del país. Además, había que entregar cuantiosos obsequios a la Compañía y a sus empleados blancos y nativos. Según las cuentas del Comité Selecto de la Compañía de 1772, el valor de los obsequios entregados por Mir Jafar ascendía a un millón doscientas cincuenta mil libras esterlinas. Después de 1865, al nawab se le concedió una asignación anual de 5.386.000 takas. En 1770 se redujo a tres millones doscientas mil, y en 1772, a apenas un millón seiscientas mil takas. Anteriormente, los nawabs empleaban a numerosos musulmanes a su servicio. Concedían abundante ayuda económica, jagires y otros beneficios a las familias nobles. Al cesar todo esto, estas familias quedaron sumidas en una extrema miseria. Algunos abandonaron Bengala y se trasladaron a otros lugares en busca de fortuna, mientras que los restantes continuaron siendo aplastados por la pobreza.
2. Los musulmanes nobles o de clase alta
Los musulmanes nobles llegaron a este país en distintas épocas, ya fuera con la apariencia de conquistadores o como audaces buscadores de fortuna. Después, llegaron a amar este país con toda el alma y lo aceptaron como su morada permanente. Como conquistadores, naturalmente tenían derecho a ocupar diversos altos cargos del gobierno. Hunter afirma que una familia musulmana noble obtenía sus riquezas de tres fuentes principales: el mando del departamento militar, la recaudación de ingresos y el servicio en los ámbitos judicial y administrativo.
La primera fuente, puede decirse, era completamente monopolio suyo. El propio Mir Jafar licenció a ochenta mil soldados. Najm-ud-Daulah solo podía conservar el número de soldados necesario para mantener su propia dignidad. Como consecuencia, varios cientos de miles de musulmanes de Bengala y Bihar quedaron aplastados por el desempleo y la pobreza.
Hunter afirma que la primera de las fuentes de sustento era el ejército. Allí se cerró el acceso a los musulmanes. Ningún hijo de una familia musulmana noble podía ya ingresar en nuestro ejército. Aunque en raras ocasiones se les concedía algún puesto por necesidades militares nuestras, este no les ofrecía ninguna oportunidad de obtener ingresos.
La segunda fuente de sus ingresos eran los importantes cargos de recaudación de ingresos. Pero ya se ha descrito anteriormente cómo los recaudadores de ingresos hindúes de bajo rango, gracias al favor de la Compañía, de un salto pasaron a convertirse en propietarios de las zamindaris de los musulmanes.
Lord Metcalfe comentó en 1820: las tierras del país fueron arrebatadas a sus legítimos propietarios y transferidas a una clase de babus, que se habían enriquecido mediante sobornos y una corrupción extrema. Esto se hizo basándose en una política tan atroz y opresiva que tiene pocos precedentes en el mundo.
(E. Thompson, La vida de Charles Lord Metcalfe; A.R. Mallick: La política británica y los musulmanes de Bengala).
Incluso antes del siglo XIX, los ingleses y los hindúes ocuparon el lugar de los funcionarios musulmanes que desempeñaban altos cargos en el departamento de ingresos y de los legítimos propietarios de las tierras.
Desde tiempos inmemoriales, los gobernantes musulmanes de la India donaban a los eruditos musulmanes, con el fin de difundir la educación entre el pueblo, tierras libres de renta bajo las denominaciones de jagir, tamgha, ayma, maddad-e-ma’ash y otras. Según Buchanan
, tan solo en los distritos de Bihar y Patna se habían donado veintiún tipos de tierras libres de renta a diversas personas e instituciones. Durante el dominio inglés, mediante diversos pretextos, se despojó a estos propietarios de tierras libres de renta de sus derechos de propiedad. Como ejemplo, puede mencionarse que en Bardhaman el señor Taylor, recaudador adjunto especial, dictó en un solo día sentencia contra 429 propietarios de tierras libres de renta, en su ausencia.
Las propiedades lakhéraj fueron recuperadas por el Gobierno bajo los Tribunals of Resumption del Gobierno inglés. Un funcionario de la Junta de Ingresos de Chittagong hizo el siguiente comentario: no habrá nada de sorprendente en que los propietarios lakhéraj llegaran a desconfiar de las intenciones del Gobierno. Es completamente natural. En los 1.463 casos, sin excepción, se falló a favor del Gobierno en ausencia de los propietarios lakhéraj. Después de esta amarga experiencia, era de esperar que perdieran la confianza en los Tribunals of Resumption (Comentario de Smith en el informe de Harvey del 19 de junio de 1840; A.R. Mallick, La política británica y los musulmanes de Bengala).
Para expulsar a los propietarios musulmanes de tierras lakhéraj de sus legítimos derechos de propiedad sobre la tierra, se empleaban diversos métodos viles, y entre los funcionarios ingleses imperaba al respecto una actitud cargada de hostilidad. Muchas propiedades lakhéraj fueron confiscadas porque no se registraban los títulos de los propietarios. Los recaudadores de distrito demoraban deliberadamente el registro oportuno de los títulos. Por ello, aunque lo intentaban, los propietarios lakhéraj no podían conseguir que se registraran sus títulos.
En Chittagong no se notificaba a los propietarios lakhéraj para que comparecieran ante el tribunal. En muchos casos se observó incluso que, mucho antes de que se emitiera el decreto del proceso, la propiedad ya había sido transferida a otro lugar. Entre 1828 y 1851, por toda Bengala y Bihar se dispersaron como enjambres espías, testigos falsos y funcionarios de resumption, con el fin de reunir información falsa sobre los propietarios lakhéraj, e implicaron a los musulmanes en litigios. En estos procesos, además del Gobierno, una tercera parte obtuvo enormes beneficios. Quienes prestaban falso testimonio y quienes proporcionaban información inventada a los funcionarios del Gobierno ganaban grandes sumas de dinero. En cambio, las clases alta y media musulmanas quedaron arruinadas. Como consecuencia de la confiscación de las propiedades lakhéraj, también cerraron muchas instituciones educativas.
El pandit Jawaharlal Nehru dice:
Después de que los ingleses se establecieron en Bengala, allí existían numerosas propiedades «muafí», es decir, tierras exentas de impuestos. Muchas de ellas eran privadas, pero la mayoría habían sido constituidas como waqf con el propósito de sufragar los gastos de las instituciones educativas. Casi todas las escuelas primarias, los maktabs y muchas instituciones de educación superior dependían de los ingresos de estas «muafí». La Compañía de las Indias Orientales sintió la necesidad de recaudar dinero rápidamente para pagar dividendos a sus accionistas en Inglaterra, pues los directores de la Compañía ejercían mucha presión al respecto. Entonces se adoptó una política, cuidadosamente planificada, de confiscar las propiedades territoriales «muafí». Se ordenó presentar pruebas contundentes en apoyo de la titularidad de esas propiedades.
Pero los antiguos certificados y los documentos relacionados ya se habían perdido en algún lugar o habían sido devorados por los insectos. Por consiguiente, casi todas las propiedades «muafí» o exentas de impuestos fueron confiscadas. Muchos terratenientes de familias distinguidas fueron despojados de sus derechos. Se cerraron las fuentes de ingresos de muchas escuelas y colegios. De este modo, muchas tierras pasaron a la posesión directa del Gobierno y numerosas familias de abolengo fueron desarraigadas. Las instituciones educativas que hasta entonces habían dependido de los ingresos de las «muafí» mencionadas cerraron. Un gran número de maestros y empleados del departamento de educación quedaron desempleados. —(Pandit Jawaharlal Nehru: The Discovery of India, pp. 376-77)
El tercer medio de subsistencia de los musulmanes de las clases altas y nobles era el empleo al servicio del Gobierno, en los departamentos judicial y administrativo. Incluso después de que la Compañía obtuviera el diwaní, continuaron ocupando sus puestos durante casi cincuenta años, porque hasta entonces la lengua oficial era el persa. Pero, de repente, el inglés fue establecido como lengua oficial en sustitución del persa. Los musulmanes no estaban en absoluto preparados de antemano para ello. En 1832, ante el Comité Selecto, el capitán T. Macam propuso que la lengua inglesa se introdujera gradualmente y que se notificara a los empleados musulmanes concediéndoles al menos cinco o seis años de plazo. Hunt Mackenzie presentó una propuesta similar. Dijo que el inglés debía introducirse gradualmente y de manera sucesiva en los distritos. Sin embargo, como el cambio se efectuó súbitamente en todas partes, miles de empleados musulmanes fueron expulsados de sus puestos, aunque su sustento dependía enteramente de ese empleo. En 1829 comenzó a enseñarse la lengua inglesa en las escuelas y colegios como medio de toda clase de educación. Desde el 1 de abril de 1837, primer día del año fiscal de entonces, el inglés fue introducido súbitamente como lengua oficial.
El señor Hunter también reconoció estos hechos y dijo sarcásticamente:
«Ahora, salvo por uno o dos empleos subalternos en las cárceles, estos antiguos amos de la India ya no encuentran lugar en ninguna parte. En las distintas oficinas, en los puestos de escribientes, en los cargos de responsabilidad de los tribunales e incluso en los puestos superiores del servicio policial, se está nombrando a jóvenes hindúes entusiastas procedentes de las escuelas gubernamentales».
Como consecuencia de este cambio, la comunidad hindú disfrutó plenamente de sus beneficios. Tras aprender inglés en diversos colegios, obtuvo en todas partes el monopolio de los empleos gubernamentales. En cambio, a raíz del cambio producido en el ámbito político, las familias musulmanas nobles fueron privadas de todas las oportunidades y ventajas para ganarse la vida, y quedaron arrojadas a la pobreza, el hambre y la ruina.
3. Los musulmanes de las clases bajas: campesinos y tejedores
Más arriba se ha ofrecido un breve atisbo de la extrema desgracia que sufrió el campesinado como consecuencia del Asentamiento Permanente.
También se ha mencionado que entre los zamindares y los campesinos propiamente dichos existían otras dos capas: los patnidars y los upapatnidars. Por medio de estas dos clases se recaudaba de los raiyats varias veces más que el alquiler exigible por los zamindares, de modo que la explotación y opresión de los raiyats o campesinos no tenía límite. Bajo la tiranía de los zamindares y patnidars, sus vidas se volvían insoportables. Obligados por las circunstancias, tenían que recurrir a los prestamistas hindúes. Debían pedir dinero prestado a tasas de interés de entre el 37 y el 60 por ciento. Además, tenían que dejar sus vacas o búfalos en prenda al prestamista. Si, debido a la necesidad, recibían del prestamista grano por adelantado, debían devolver el doble. Como, además, tenían que llevar la cosecha producida a la propia casa del prestamista, también allí eran engañados. En suma, aquellos zamindares y prestamistas disfrutaban jugando con la vida de los desdichados campesinos.
Los campesinos tampoco tenían medio alguno para remediar semejante sufrimiento y desgracia, pues hacerlo resultaba extremadamente costoso. Además, los zamindares y sus agentes aumentaban los gastos varias veces mediante sobornos y diversas formas de corrupción. El resultado era que los zamindares y prestamistas los expulsaban de sus hogares y tierras y los convertían en mendigos.
Además de producir arroz y otros cereales, la comunidad campesina también cultivaba añil. El cultivo del añil se practicaba en este país desde mucho tiempo atrás. A mediados del siglo XVII, el tinte de añil se exportó por primera vez desde la India a Europa. Los británicos organizaron el cultivo del añil en sus colonias americanas y antillanas. Después de perderlas, Bengala se convirtió en el principal país proveedor de añil. En 1805, la producción de añil en Bengala era de 64.803 man; en 1843 había llegado a duplicarse. A mediados del siglo XVIII se cultivaba añil a gran escala bajo la supervisión británica en Bengala, Bihar y, especialmente, en los distritos de población musulmana como Daca, Faridpur, Rajshahi, Pabna, Nadia y Murshidabad. Sin embargo, los gobernantes extranjeros fijaron un precio tan bajo para el añil que los cultivadores sufrían una pérdida de siete rupias por bigha, siete veces el alquiler por bigha. A pesar de ello, se obligaba a los cultivadores a cultivar añil. La historia ha registrado relatos desgarradores y estremecedores de los inhumanos abusos y tormentos infligidos por los gobernantes a los cultivadores de añil de Bengala. Los gobernantes, ebrios de poder, y sus agentes habían perdido por completo todo sentido de humanidad. De no ser así, los lamentos desgarradores de hombres, mujeres, niños y ancianos de la sociedad campesina, a causa de su opresión, no habrían desgarrado el cielo y el aire de Bengala.
Los campesinos pobres y desamparados esperaban obtener algún dinero mediante el cultivo del añil para poder sobrevivir. Aprovechándose de su pobreza e indefensión, los plantadores ingleses de añil los obligaban a comprometerse en diversos contratos contrarios a sus intereses. Muchas veces prendían fuego a los campesinos reacios. Si ni siquiera así lograban que consintieran, los plantadores de añil usurpaban sus tierras mediante contratos falsificados y hacían que sus empleados cultivaran añil en ellas. A veces, un zamindar tiránico, para castigar a su arrendatario, le arrebataba sus tierras y se las entregaba a los plantadores de añil. En una ocasión, al declarar ante la Comisión del Añil en 1860, Ashley Eden afirmó que, según diversos registros penales, se habían producido cuarenta y nueve casos en los que los plantadores de añil estaban implicados en delitos graves como disturbios, asesinatos, incendios provocados, bandolerismo, saqueo y secuestro forzoso. Muchos años antes, un magistrado había comentado ante un misionero cristiano que ni una sola caja de añil se enviaba a Inglaterra sin estar teñida con sangre humana. (Informe de la Comisión del Añil de 1861 y Calcutta Christian Observer, noviembre de 1855).
Los cultivadores de añil no tenían ningún medio para remediar sus sufrimientos y desgracias. Aunque los campesinos eran torturados cruelmente delante de los chowkidars y dafadares, estos no tenían la posibilidad de revelar el hecho ni siquiera con una palabra de reproche. En una ocasión, cuando unos crueles plantadores de añil incendiaron una aldea, un hombre reunió a la gente gritando para apagar el fuego. Por ello lo golpearon cruelmente y lo mantuvieron recluido durante cuatro meses, herido, en una habitación oscura. Por otra parte, los plantadores de añil mantenían sometida a la policía mediante fuertes sobornos. (Informe de la Comisión del Añil de 1861).
Los desdichados campesinos indefensos no podían esperar ningún tipo de reparación ni justicia de los magistrados. El mencionado Informe de la Comisión del Añil afirma que los magistrados de piel blanca siempre tomaban partido por sus compatriotas. Las leyes y procedimientos penales habían sido formulados de tal manera que castigar a un súbdito inglés era prácticamente imposible. Un campesino pobre no se atrevía a abandonar a su esposa, hijos y familiares en una zona remota y distante para viajar a Calcuta y presentar una demanda. Pues, en su ausencia, los plantadores de añil destruirían los bienes, la vida y el honor de su esposa, hijos y familiares. En las regiones de mayoría musulmana se cultivaba añil en mayor medida. Por ello, los musulmanes de las clases bajas se convirtieron en víctimas permanentes de la extrema tortura y opresión de los plantadores de añil.
Tejedores
Al igual que la clase campesina, también la clase de tejedores de este país se encontraba en una situación de extrema desgracia. Millones de tejedores musulmanes de Bengala y Bihar se ganaban la vida con la industria textil. Antes de que terminara el siglo XIX, la industria textil había dejado de existir como actividad lucrativa. Sin embargo, como no tenían otra alternativa, los musulmanes que hasta entonces se habían aferrado a la tejeduría sumaban, según el censo de 1891, 771.237 en la provincia de Bihar y en varios distritos de Bengala. Los tejedores de Nadia, Dinajpur, Rangpur, Bogra, Jalpaiguri, Noajali, Tripura y Chittagong no estaban incluidos en esta cifra. Por lo tanto, puede afirmarse sin vacilación que, al comienzo del período de la Compañía, el número de tejedores musulmanes en el conjunto de Bengala y Bihar era, como mínimo, diez veces superior a la cifra mencionada. A continuación se ofrece una breve descripción de cómo fueron arruinados estos comerciantes tejedores.
Antes de la llegada de la Compañía de las Indias Orientales a este país, su industria textil había alcanzado un grado extraordinario de desarrollo. En cada distrito se fabricaban tejidos de excelente calidad y de tipos característicos. Para satisfacer la demanda se importaban grandes cantidades de algodón. Estas industrias textiles producían tejidos tanto gruesos como finos. La India era el mercado de los tejidos gruesos, mientras que los tejidos finos y extremadamente finos se exportaban a diversos lugares de Europa. Con la ayuda, la cooperación y el patrocinio de los gobernantes musulmanes, los tejidos extremadamente finos de seda fabricados en Daca se exportaban a distintos lugares de Europa. Gracias a ese mismo apoyo y patrocinio, el tejido de seda extremadamente fino de Daca, el «muselina», había ejercido durante dos siglos una enorme atracción en los mercados europeos. Ya fueran tejidos gruesos o tejidos de seda extremadamente finos, ambos constituían una gran contribución de los tejedores musulmanes. Un comerciante inglés llamado William Bolts, al describir la indescriptible opresión ejercida por la Compañía sobre los tejedores, dice que todos los negocios y el comercio eran monopolio de las compañías. Los ingleses, así como los banianos y gomastas hindúes subordinados a ellos, fijaban arbitrariamente el precio de las telas y obligaban a los tejedores a suministrar una cantidad determinada de tejido a ese precio. También los obligaban, como a los cultivadores de índigo, a firmar contratos contrarios a sus intereses. Se obligaba a los tejedores a entregar, dentro de un plazo determinado, tejidos de una calidad y cantidad determinadas, al precio fijado por ellos; esos eran los llamados contratos. El precio que imponían era, además, entre un quince y un cuarenta por ciento inferior al precio de mercado. Si los tejedores no lograban satisfacer a la Compañía y a sus agentes tiránicos, eran azotados. Era como arrancar la piel de una persona viva y devorar su carne. Se dice que, en tiempos primitivos, los hombres bárbaros y salvajes que habitaban los bosques saciaban su hambre, cuando lo necesitaban, con la carne de hombres y mujeres. Pero ¿en qué sentido eran superiores a ellos estos ingleses supuestamente civilizados y sus agentes?
Más tarde, los directores de la Compañía asestaron un golpe decisivo a la industria textil de Bengala. En lugar de importar a Inglaterra los tejidos fabricados en Bengala, comenzaron a importar algodón y seda como materias primas. Después recomendaron que se obligara a los artesanos de los tejidos de seda a trabajar en las propias fábricas de la Compañía, en vez de hacerlo en sus telares. Como consecuencia, este país, cuya principal industria era la textil, se convirtió en un mercado de materias primas para los fabricantes textiles de Inglaterra. Después de 1789, las exportaciones de los finos tejidos de seda de Daca comenzaron a disminuir. En 1799, solamente desde Daca se exportaron tejidos por valor de 1,2 millones de rupias. Los doce lakhs de aquella época pueden considerarse fácilmente equivalentes a doce crores en el valor monetario actual. En 1813, las exportaciones disminuyeron hasta quedar en 300.000 rupias. En 1817, las exportaciones de tejidos fabricados en Daca cesaron por completo.
En resumen, tras destruir la industria textil de Bengala y Bihar, la industria textil de Mánchester se levantó sobre la sangre y la carne de la comunidad de tejedores, que había quedado sin ingresos. Poco a poco, el país exportador se convirtió en un mercado para las mercancías importadas. Entre 1786 y 1790, se importaban anualmente a este país tejidos por valor de doce lakhs de libras. En 1809, esa cantidad había ascendido a un crore y ochenta y cuatro lakhs de libras. La política británica consistía en exterminar gradualmente a la comunidad de tejedores, que en su mayoría eran musulmanes. (Abdul Mawdud: El desarrollo de la sociedad de clase media).
El erudito Jawaharlal Nehru pintó un cuadro conmovedor de los sufrimientos y desgracias de los tejedores en su libro The Discovery of India. Dice: «La antigua profesión de estos tejedores desapareció por completo. No se abrió ante ellos la puerta de ninguna nueva profesión. Solo quedó abierta la puerta de la muerte. Millones murieron». Lord Bentinck declaró en un informe de 1834: «No hay comparación con sus sufrimientos y desgracias en la historia del comercio. Los caminos y senderos de la India se han llenado de los huesos de los tejedores». (Pandit Nehru: The Discovery of India, p. 352).
En resumen, desde que, en la batalla de Plassey, la independencia y la soberanía de este país fueron entregadas a manos de los imperialistas extranjeros, la historia exacta y los diversos datos de los cien años siguientes dejan claramente establecido que la historia de este período es la historia de la explotación, el saqueo, la persecución y la opresión, el engaño y el fraude, y las matanzas de los musulmanes de Bengala. En esta labor avivó el fuego y prestó toda clase de ayuda y cooperación el grupo de «babus» nativos favorecidos por el gobierno de la Compañía. También recibieron plenamente la recompensa por su traición al país. Esa recompensa consistió en que todas las zamindarías y jotedarías del país fueron arrebatadas a sus legítimos propietarios y entregadas a esos «babus» para que las disfrutaran para siempre, ellos y sus descendientes. Y estos se convirtieron en dueños de inmensas riquezas mediante sobornos y corrupción. (E. Thompson: The Life of Charles Lord Metcalfe; A. R. Mallic: British Policy & the Muslims of Bengal).
Un ejemplo desgarrador de explotación y opresión es el siguiente: durante la «hambruna de 1770», murió un tercio de la población de Bengala y la agricultura sufrió un deterioro extremo. Sin embargo, Warren Hastings, mediante cálculos y una presión severa, recaudó más dinero que los ingresos fiscales fijados, y no gastó nada para aliviar el sufrimiento de los campesinos moribundos. Por el contrario, obtuvo una ganancia de 67.593 rupias vendiendo 33.913 man de arroz del distrito de Bakarganj. Almacenó 40.000 man de arroz de Daca en el acantonamiento de Bankipur, afirma Abdul Mawdud en su libro El desarrollo de la sociedad de clase media (p. 63).
Abdul Mawdud también dice que el Taj Mahal, que los arquitectos señalan como el mejor ejemplo de arte arquitectónico del mundo, cuya construcción costó 230 millones de dólares y cuyo concepto de diseño eclipsa y avergüenza incluso la mente del mayor conquistador del mundo, estuvo a punto de ser vendido por Lord Bentinck, ensalzado en la India como uno de sus virreyes más misericordiosos y benéficos, a un contratista hindú por tan solo 150.000 dólares, con el fin de demolerlo y apropiarse de sus materiales. (The Round the World Traveller, Loreng: p. 379). Warren Hastings arrancó el hammam del Diwan-i-Khas y lo envió como regalo a Jorge IV en Inglaterra, y Lord Bentinck vendió las demás partes del palacio para aumentar los ingresos de la India (India: Chirol, p. 54; The Story of Civilization, Our Oriental Heritage, de Will Durant, pp. 609-10).
Así, el preciosísimo Kohinoor, saqueado, todavía realza el esplendor del palacio real de Inglaterra. Este tipo de saqueo revela la extrema bajeza de los ingleses, orgullosos de su educación, cultura y civilización.
Edmund Burke hizo ciertamente una observación mordaz: «Si hoy tuviéramos que abandonar la India, no quedaría nada que demostrara que este país estuvo bajo el dominio de un animal mejor que un orangután o un tigre». (Abdul Mawdud: El desarrollo de la sociedad de clase media, p. 64).
Poco antes del fin del período de gobierno de la Compañía, John Bright dijo: «La historia de cien años sobre el pueblo inocente de la India es una historia de crímenes indecibles» (Oxford History of India: p. 680).
Relaciones entre hindúes y musulmanes: religión y cultura
Desde el comienzo de la Edad Media, los musulmanes llegaron a Bengala y al subcontinente indio desde países como Arabia, Turquía, Irán-Turán y Afganistán. Después amaron este país con todo su corazón y lo aceptaron como su patria eterna, viviendo lado a lado con los hindúes de esta tierra durante siglos. Pero la cruel verdad histórica es que, aunque hindúes y musulmanes vivieron juntos y lado a lado durante más de mil años, criándose y creciendo bajo el mismo cielo y en el mismo clima, estos dos pueblos no solo no se fusionaron completamente, sino que tampoco lograron desarrollar una relación espiritual entre ellos. Por supuesto, durante este largo período ambos no dejaron de trabajar juntos ocasionalmente ni de compartir las alegrías y las penas del otro. Sin embargo, eso ocurrió en lugares, épocas y ámbitos particulares, no como pueblos, sino como vecinos. Y aun eso, temporalmente. Nunca pudieron echar raíces firmes y permanentes la cordialidad y la identificación mutua entre ellos. Al describir la razón por la que, pese a vivir lado a lado, la distancia entre ambos permaneció intacta, el doctor Ramesh Chandra Majumdar dice:
Las creencias religiosas y las normas sociales de estas dos comunidades son completamente opuestas… Los hindúes reciben de la lengua sánscrita la inspiración para la literatura bengalí, mientras que los musulmanes la reciben del árabe y el persa. El fanatismo religioso de los musulmanes también hizo que estos se mostraran igualmente hostiles hacia aquellos. … Para impedir que los hindúes mostraran siquiera la menor simpatía hacia la sociedad musulmana, los dirigentes de la sociedad hindú establecieron estrictas disposiciones. (Ramesh Chandra Majumdar: Historia de Bangladesh: la Edad Media, pp. 242-43 y 334-50).
El poeta Rabindranath Tagore describió la razón por la que la brecha entre ambas comunidades no se disipó ni llegó a formarse una relación espiritual. Dice:
«La corriente del parentesco más profundo de todos fluye por las venas, no por las palabras. Si el camino para la unión de las venas entre quienes se imaginan como una gran nación permanece obstruido para siempre por la ley de la religión, entonces su unión nunca será una unión de corazones. —[Obras completas de Rabindranath (edición del centenario), tomo 13, p. 308]
Por lo tanto, se ve que esta diferencia y distancia no son meramente externas y artificiales. En su raíz profunda se encuentran las creencias religiosas y las culturas distintas y opuestas de ambos grupos. Puede citarse aquí el comentario que hizo H. V. Hodson, asesor constitucional del antiguo virrey de la India, lord Linlithgow, sobre las dos naciones de la India, hindúes y musulmanes. Dijo:
«…Aquí hay dos grandes comunidades que viven en el mismo país —podría decirse, en la misma aldea—, compartiendo alegrías y penas y bajo el mismo gobierno. Tampoco son diferentes por su origen racial. Pues la mayoría de los musulmanes indios descienden precisamente de los antepasados superiores de sus vecinos hindúes. Sin embargo, son distintos y separados. No solo son diferentes por sus creencias y prácticas religiosas, sino también por el conjunto de normas de la vida y por su perspectiva mental. Cada grupo o comunidad está basado en una ascendencia permanente. No existe entre ellos la práctica del matrimonio mutuo, ni tampoco la posibilidad de mezclarse y fundirse en uno solo». —(H. V. Hodson, The Great Divide, p. 10).
En Bengala, así como en el subcontinente indio, hindúes y musulmanes han conservado desde tiempos inmemoriales su diferenciación religiosa y cultural. El doctor Ramesh Chandra Majumdar dice:
«Los musulmanes, desde el comienzo hasta el final de la Edad Media, aunque en ciertos lugares vivieron junto a los hindúes durante períodos de entre 1.300 y 700 años, permanecen exactamente como antes. …Cuando, a comienzos del siglo VIII, los musulmanes conquistaron Sind y establecieron por primera vez asentamientos en la India, las diferencias fundamentales que existían entre hindúes y musulmanes siguieron siendo exactamente las mismas incluso mil años después, salvo la diferencia de idioma. …Desde comienzos del siglo actual se ha difundido en nuestro país la opinión de que, como consecuencia de la mezcla de las culturas hindú y musulmana durante la Edad Media, ambas perdieron su carácter distintivo y se formó una nueva cultura que no era ni hindú ni islámica: la cultura india. En la primera mitad del siglo XIX, Raja Rammohun Roy, Dwarkanath Tagore y otros, y en la segunda mitad, Bankim Chandra Chattopadhyay y otros de los grandes héroes de la Bengala de entonces, sostenían precisamente la opinión contraria, y la literatura bengalí del siglo XIX respalda esta opinión contraria. La verdad quedará demostrada con solo comparar lo que eran la sociedad y la religión hindúes en el año 1200 con lo que habían llegado a ser la religión y la sociedad hindúes en 1800». —(Ramesh Chandra Majumdar, Historia de Bangladés: Edad Media, pp. 242-43 y 334-50).
Después de la llegada de los musulmanes a la India, tras convivir durante más de mil años con los hindúes, en vez de formar ambos una sola nación, sus respectivas diferencias se hicieron más claras y sólidas. K. M. Panikkar observa en su obra Survey of India History: «La principal consecuencia social de la introducción del islam como religión en la India fue que el cuerpo social quedó dividido verticalmente en dos. Antes del siglo XIII, las divisiones que habían aparecido en la sociedad hindú eran de naturaleza más bien horizontal. En aquel entonces, el budismo podía asimilar estas subreligiones, y con el tiempo estas establecieron sus propios asentamientos regionales dentro de los límites del hinduismo. El islam, por el contrario, dividió de manera nítida y completa a la sociedad india en dos. Y lo que hoy conocemos como la teoría de las dos naciones nació precisamente en aquel primer momento. Desde entonces, sobre la misma base, siguieron existiendo dos sociedades paralelas, divididas verticalmente. En todos los ámbitos de la vida, las dos sociedades se volvieron separadas y distintas, y se manifestaron por separado. No quedó entre ellas ninguna relación social ni intercambio en ningún ámbito de la vida. Naturalmente, la conversión del hinduismo al islam continuó sin cesar. Pero, al mismo tiempo, surgieron nuevas doctrinas y comunidades, y se creó una nueva actitud defensiva de seguridad. Como resultado, el cuerpo social hindú apareció cada vez más fuerte».
Puede presentarse a los lectores la cruel verdad expresada por el eminente doctor Syed Mujtaba Ali, erudito formado en Visva-Bharati, fundada por Rabindranath Tagore. Dice:
«Los hijos y nietos, orgullosos de la tradición, de aquellos grandes pensadores arios creadores de sistemas filosóficos, practicaron la filosofía durante cientos de años en sus propias escuelas tradicionales después de la llegada de los musulmanes; sin embargo, no llegaron a conocer en absoluto la filosofía que durante cientos de años se había estudiado en árabe en la madrasa de la aldea vecina, desde Platón y el neoplatonismo hasta la de pensadores como al-Kindi, al-Farabi, Ibn Sina, al-Ghazali y Averroes. Y los maulanas musulmanes tampoco fueron menos negligentes: ni una sola vez se preocuparon por averiguar qué se estudiaba en la escuela tradicional de al lado. …Se dice que Sri Chaitanya conocía el islam… pero no sabemos que Chaitanyadeva intentara una síntesis doctrinal de ambas religiones. El principal propósito de su vida fue organizar y reformar el hinduismo y conducirlo del camino de la destrucción al de una nueva juventud. …Los eruditos, sabios religiosos y filósofos que llegaron a este país procedentes del Irán y Turán devastados por los mongoles, especialmente durante la época mogol, desde Akbar hasta Aurangzeb, y que en las cortes mogolas prodigaron toda su poesía y erudición, junto con los conocimientos científicos, religiosos y filosóficos que habían traído los musulmanes, no beneficiaron en lo más mínimo a los eruditos y filósofos hindúes de las escrituras religiosas de este país… No se estableció ningún vínculo entre ellos y los eruditos hindúes». —(Bড়বাবু, Syed Mujtaba Ali).
El mensaje revolucionario y conmovedor del tawhid islámico; la entrega de todo al Creador; la fraternidad universal y el amor del islam; su mensaje de igualdad y justicia; y su ideal democrático suscitaban en el corazón humano una atracción y una emoción irresistibles. Como consecuencia, grupos y grupos de hindúes comenzaron a buscar refugio bajo la fresca sombra del islam. Entonces la tarea del hinduismo pasó a ser la autodefensa. Defenderse frente al mensaje del islam no era fácil. Por eso, aquí y allá, en la India, los mensajes de armonía y unidad religiosa fueron proclamados y resonaron de época en época, con la aparición de predicadores y santos como Ramananda, Ekalavya, Dadu, Nanak y Kabir. Tomando como base el monismo del islam, quisieron reformar el hinduismo con el propósito de protegerlo del islam. O simplemente intentaron introducir la influencia y la penetración del hinduismo en la religión islámica, para empujar al islam, como el budismo y el jainismo, ante el avance avasallador del hinduismo.
A este respecto, Abdul Mawdud dice:
«Estos movimientos, ciertamente, surgieron en el campo político del siglo XX brindando amplias oportunidades y ventajas a los brahmanes; y fueron los propios políticos hindúes quienes, al calificarlos de “nacionalistas”, promovieron el espejismo de una cultura india unificada. Además, en poco tiempo se entregaron a esfuerzos activos para obstaculizar el islam y el poder musulmán portador de la espada y, si era posible, expulsarlo. Entonces se hizo evidente la retórica de la conciliación, así como su papel político y su necesidad estatal. (Abdul Mawdud: El desarrollo de la sociedad de clase media: la transformación de la cultura, p. 25).
Abdul Mawdud, citando la obra «Literatura musulmana en verso», de Ahmad Sharif (Sahitya Patrika, número de la estación de lluvias, 1367), dice:
«Hay muchas pruebas de que este propósito se hizo evidente en los movimientos shaiva o vaisnava. Por necesidades estatales, el camino de la conciliación se mantuvo desde el emperador Akbar hasta la época de Gandhi. En este camino, la canción “Ramdhún” de Gandhi y algunos poemas de Nazrul pueden considerarse el último intento».
Después dice que, en realidad, estos fueron novedosos esfuerzos del hinduismo brahmánico, ávido de devorarlo todo: por este camino se realizó un desesperado intento de absorber el islam como una pitón. Por necesidades estatales, este gran mantra de la armonización religiosa y la unidad cultural fue entonado en el pasado y se sigue entonando aún hoy. (Abdul Mawdud, ibíd., p. 25).
En el breve análisis anterior ha quedado claramente demostrado que el ridículo intento, iniciado con el emperador Akbar y prolongado hasta el segundo cuarto del siglo XX, de fabricar una mezcolanza de hindúes y musulmanes y hacerla pasar por una nación y cultura india, o por una nación y cultura bengalí, por meras razones políticas, fue rechazado por las personas apegadas a la verdad como una moneda falsa y sin valor. Porque era anormal, irrelevante e imposible.
Conflictos comunitarios
Es tan claro como la luz del día que las dos grandes naciones de Bengala y del subcontinente indio —hindúes y musulmanes— son portadoras de dos creencias religiosas y culturas distintas. Pero la pregunta es: ¿por qué los seguidores de dos religiones distintas no pudieron vivir juntos, en paz y sin conflictos, en el mismo país? A pesar de profesar religiones diferentes, ¿por qué no pudieron construir entre ellos relaciones de buena voluntad, cordialidad y afecto? ¿Quién es responsable de ello? ¿Ambos o uno solo de los grupos? Sin duda, no será especialmente difícil encontrar la respuesta correcta en las páginas de la historia.
No cabe duda de que la causa principal de la discordia y los enfrentamientos entre hindúes y musulmanes es política. Para alcanzar objetivos políticos, se ha convocado a los miembros de la propia comunidad en nombre de la religión y se ha calificado al adversario de destructor de la religión y usurpador de los bienes ajenos. Se ha presentado al adversario como extranjero invasor, asesino y violador de mujeres. Al representarlo como extranjero invasor, asesino de seres humanos, violador de mujeres y destructor de ídolos y templos, se ha suscitado un fanatismo religioso entre los miembros de la propia comunidad.
Ya se ha mencionado que la nación hindú no pudo aceptar de corazón ni de espíritu el gobierno musulmán que se estableció en este subcontinente en lugar del gobierno hindú. Desde el siglo VIII y durante varios siglos posteriores, la fuerza militar musulmana —por así decirlo, una marea de juventud y oleadas de agua— llevaba inundaciones por todos los países y regiones. Como las fuerzas políticas indias no pudieron resistir ante ese poder irresistible, no fue posible detener el gobierno musulmán. Pero eso no significa que los hindúes conquistados de este país pudieran aceptar de corazón el gobierno musulmán, sumidos en la tristeza, la humillación y la vergüenza por el reino que habían perdido. Su alma interior estallaba de indignación. La explosión del fuego de la indignación y la venganza acumuladas durante muchos siglos se produjo mediante las rebeliones de los rajputs, los marathas y los sikhs en la India central, y alcanzó su realización con la caída de Sirajuddaula en 1757. Desde entonces y hasta finales del siglo XIX, durante siglo y medio, descendieron sobre la vida de los musulmanes tiempos de extrema adversidad. Se adoptaron todos los medios y estrategias posibles para expulsarlos de la faz de la tierra mediante la fuerza conjunta de hindúes e ingleses. Durante este período, la nación hindú prodigó grandes elogios a los ingleses y difundió calumnias indecibles contra el antiguo gobierno musulmán y sus gobernantes. La literatura y la poesía bengalíes están repletas de calumnias imaginarias contra el islam y los musulmanes. Desde los poetas Ishwar Chandra Gupta, Rangalal Bandyopadhyay, Hemchandra Bandyopadhyay y Nabinchandra hasta el literato y novelista Bankim Chandra Chattopadhyay, todos los poetas y escritores hindúes, grandes y pequeños, adoptaron como misión cubrir de manchas el carácter del islam y de los musulmanes. Muchos creen que, en la deformación del carácter de los musulmanes, Sarat Chandra Chattopadhyay quedó por detrás de todos; aun así, su pluma tampoco escatimó en vitriolo.
En el subcontinente indio no faltaron los esfuerzos y empeños por lograr la unión entre hindúes y musulmanes. Mientras se desarrollaban este tipo de intentos de unión, la pluma de Sarat Babu no dejó de lanzar pullas contra los musulmanes; en un pasaje de su ensayo titulado «Relato de unos pocos días», dice:
«…Oí decir que un día la unidad hindú-musulmana se había consumado en el seno de la Asamblea Nacional. Todos salieron afuera y, suspirando aliviados, comenzaron a decir: “¡Gracias a Dios, estamos salvados; ya no hay de qué preocuparse! Los líderes han resuelto el problema hindú-musulmán; ahora solo queda trabajar, solo queda salvar al país”. Al obtener permiso para salir, los representantes, en grupos, se apresuraron a alquilar tongas, ekkas y automóviles para visitar todos los antiguos monumentos. Y no eran uno o dos, sino muchos. Con un guía al lado y papel y lápiz en la mano, iban y venían recopilando numerosos datos: qué mezquita había sido construida derribando cuántos templos hindúes; qué proporción de cada ruina era hindú y qué proporción musulmana; quién y cuándo había cortado la nariz y las orejas de cada ídolo, y cosas por el estilo. Finalmente, al terminar el día, exhaustos, se sentaban bajo un árbol, y de la boca de muchos, entre largos suspiros, comenzaba a salir: “¡Uf, la unidad hindú-musulmana!”». —(Bijli, 25 de Ashwin de 1330).
El señor Chattopadhyay añade:
«Por muchos otros defectos que tengan los ingleses, no rompen la cúpula ni siquiera del templo en el que no creen, ni cortan la nariz y las orejas del ídolo que no adoran. Por tanto, basta mirar hacia lo alto de cualquier santuario para comprender su antigüedad. El Swamiji nos señalaba: “Ese es el templo de tal divinidad; lo destruyó el emperador Aurangzeb. Ese es el templo de tal divinidad; tal emperador lo arrasó. Ese santuario fue derribado y se construyó una mezquita en su lugar (por los ingleses)”. Con estas y otras historias piadosas, endulzamos por completo nuestro ánimo y regresamos al ashram a altas horas de la noche.»
—(Bijli, 23 de Kartik de 1330).
Con la misma pluma se colma de alabanzas a los ingleses y se decapita a los antiguos gobernantes musulmanes. No solo eso: se incita a los hindúes contra los musulmanes en los templos hindúes. Entonces hay que decir que los esfuerzos por la unión entre hindúes y musulmanes no son más que una farsa, carentes de la menor sinceridad.
El poeta Hemchandra Bandyopadhyay prorrumpió en una exaltada alabanza del señor inglés:
«Si no estuvieran estos ingleses
hoy, en este bosque de arroz, ¿quién enseñaría, quién mostraría
quién me llevaría por el camino
que has abandonado durante tanto tiempo».
—Shatabdi Parikrama, editado por el Dr. Hasan Zaman, p. 284—
Durante el primer cuarto del siglo XIX, los musulmanes de Bengala estaban siendo perseguidos, oprimidos y hostigados por los zamindares hindúes y por el gobierno de la Compañía; como protesta, el movimiento Faraizi y el movimiento de Sayyid Titumir cobraron una dimensión enorme en Bengala. Posteriormente, el movimiento yihadista de Sayyid Ahmad Shahid provocó una gran conmoción en toda la India. Después, el primer movimiento de independencia de la India comenzó en 1857. Debido al fracaso de todos estos movimientos, se tratará en el lugar correspondiente la vida intolerable que llevaban los musulmanes indios, caídos bajo la ira de los ingleses. Cuando el cuerpo social musulmán estaba cubierto de heridas por las cárceles, las ejecuciones, la deportación, la confiscación de bienes muebles e inmuebles y las muchas otras torturas inhumanas y diabólicas infligidas por los ingleses, Bankimchandra Chattopadhyay comenzó a descargar los golpes crueles de su pluma sobre el cuerpo lacerado de la nación musulmana. En sus novelas Anandamath, Rajsingha, Durgeshnandini, Devi Chaudhurani y otras, lanzó contra los musulmanes tales invectivas que el lector no podía sino estremecerse. A través de su literatura se hizo un esfuerzo eficaz por crear odio contra los musulmanes y encender el fuego de la venganza de la nación hindú mediante afirmaciones, según su relato, de que los musulmanes habían «destruido templos hindúes», «violado a mujeres hindúes» y demás. En 1898, durante la sesión de la Muslim Education Society, por iniciativa de Nawab Nawab Ali Chowdhury, se aprobó una resolución que protestaba enérgicamente contra la propaganda de odio hacia los musulmanes en la literatura bengalí. La resolución fue publicada en inglés y entregada para su publicación en los periódicos hindúes. Ningún periódico la publicó; únicamente el periódico Bharati hizo un comentario sarcástico. —Bengali Muslim Public Opinion as reflected in the Bengal Press-1901-30: Mustafa Nural Islam, pp. 141-142—
A continuación se ofrecen algunas citas como ejemplo de la propaganda del odio de Bankimchandra contra los musulmanes por medio de la literatura:
«La princesa dijo: “Estoy colocando en el suelo este retrato del emperador Alamgir; que todos le den una patada en la cara con el pie izquierdo. Veamos con la patada de quién se le rompe la nariz”». —[Rajsingha, tomo 1, segundo capítulo: Chitraldana.]
«Las dos hermanas de Aurangzeb: Jahanara y Roshanara. Jahanara era el principal apoyo del reinado de Shah Jahan. …Era especialmente benévola con su padre. Pero en la misma medida en que poseía todas esas virtudes, era aún más dada a los placeres de los sentidos. Para satisfacer sus sentidos, innumerables hombres estaban a su servicio. Entre ellos, los viajeros europeos mencionan el nombre de cierto hombre, pero no pude escribirlo sin mancillar mi pluma»—(Rajsingha, tomo 2, segundo capítulo: Zeb-un-Nisa).
«Aurangzeb tuvo tres hijas. …La mayor, Zeb-un-Nisa, no se casó. Al igual que sus tías paternas, se dedicó a libar la miel de las flores como una abeja primaveral»—(Rajsingha, tomo 2, segundo capítulo: Zeb-un-Nisa).
Todo estudiante de historia tendrá que reconocer cuánta difamación se ha arrojado sobre el carácter de las castas y virtuosas mujeres musulmanas. Bankimchandra expresó su pesar diciendo: «No pude mancillar mi pluma». Pero no puede quedar ninguna duda para el lector sobre hasta qué punto deben haberse pervertido y enfermado la conciencia y el gusto de un hombre por su mero odio a los musulmanes, para que pudiera difamar de tal manera el carácter de una mujer musulmana casta, devota, temerosa de Dios, recluida en el harén y guardada detrás del purdah.
Bankim no sintió la menor vacilación al representar de una manera aún más abyecta el carácter de la virtuosa Zeb-un-Nisa. No podía ser de otro modo. Cegado por su odio hacia los musulmanes, Bankimchandra satisfizo sus deseos deformando de principio a fin, de la manera más abyecta, el carácter del emperador Aurangzeb-Alamgir y el de su erudita hija Zeb-un-Nisa.
En la obra «Durgేశনন্দিনী» se narra la historia de un amor ilícito entre Jagat Singh y una mujer musulmana imaginaria llamada Ayesha. El señor Yadunath Sarkar dice sobre «Durgೇಶনন্দিনী»: «¿Cuánta historia verdadera hay en “Durgೇಶনন্দিনী”, de Bankimchandra? Mansingh, Jagat Singh, Kutlu Khan, Khwaja Isa y Usman: todos ellos fueron personajes históricos …Aparte de esto, todo lo demás en “Durgೇಶনন্দিনী” es imaginario.…»
Ayesha, Tilottama y Bimala son todas imaginarias. Estas proceden de la obra de un escritor de historia muy renombrado y completamente fantasioso: el capitán Alexander Dow (Alexnder Dow). Este caballero, alegando que traducía frecuentemente al inglés la historia del Indostán escrita por Firishta, añadió el nombre de Firishta a la portada de su propia obra y difundió una cantidad desmesurada de falsedades inventadas, cosas que Firishta jamás escribió y que ningún escritor persa habría podido escribir de semejante manera». —[Obras de Bankim, sexta edición, 1382 (Sobre las novelas), pp. 29-30.]
Es cierto que tanto los ingleses como los hindúes han demostrado gran elocuencia al distorsionar la historia y el carácter de los musulmanes. Sin embargo, es difícil decir quién de los dos ha ido más lejos en este asunto.
En «Anandamath», Bankimchandra, despotricando contra el gobierno musulmán, dice: «Mira todos los países que existen: Magadha, Mithila, Kashi, Kanchi, Delhi, Cachemira. ¿En qué país hay una desgracia semejante? ¿En qué país la gente, al no tener qué comer, come hierba? ¿Come espinas? ¿Come tierra de termitas? ¿Come enredaderas del bosque? ¿En qué país la gente come zorros y perros, come cadáveres? ¿En qué país sus habitantes no pueden guardar dinero en sus cofres sin temor, ni colocar un shalagrama en el trono sin temor, ni tener criadas y nueras en casa sin temor, ni tener hijos en el vientre de sus criadas y nueras sin temor? Les abren el vientre y les sacan los hijos. …¿Dónde está nuestro rey musulmán para protegernos? Se perdió la religión, se perdió la casta, se perdió el honor, se perdió el linaje; ahora hasta la vida se pierde. Si no expulsamos a estos borrachos de cabeza rapada, ¿qué hinduidad les queda a los hindúes?». —(«Anandamath», primer volumen, décimo capítulo.)
Bankimchandra y sus discípulos de doctrina consideraban pecado tomar la pluma en sus obras literarias, poemas y ensayos sin anteponer a los nombres de los musulmanes epítetos como «cabezas rapadas», «simples cabezas rapadas», «mlecchas» y otros semejantes. En «Durgेशnandini» se muestra a Jagatsingh y a la imaginaria Ayesha unidos por el amor. Aun así, se obtiene satisfacción llamando a Ayesha yavani. Al final del capítulo vigésimo segundo se dice: «Aunque Ayesha era yavani, era Tilottama, y, por el gran afecto que sentía por Jagatsingh, pasó a vivir en el gineceo del fuerte junto con sus compañeras».
Burlándose de Alá, del Noble Corán y de las cinco oraciones diarias, en el cuarto volumen, quinto capítulo, de «Anandamath» se dice:
Los musulmanes comenzaron a decir: «¡Alá es el más grande! Después de tantos días de ayuno, ¿acaso el Noble Corán quedó completamente inútil? Nosotros rezamos cinco veces al día, pero esta banda de hindúes de cabeza rapada no pudo conquistar eso?»
Bipin Chandra Pal comenta sobre «Anandamath»:
«En Anandamath, él situó a la madre patria como una parte de Mahavishnu o Narayana, y vinculó nuestro amor por la patria y nuestro voto de servicio a la tierra natal con el amor por la humanidad en general y el servicio a la humanidad universal. No se puede adorar a la madre patria sin Mahavishnu, Narayana o la humanidad universal. Esta es una de las ideas más importantes de Anandamath». —(La literatura bengalí de la nueva era, p. 109)
Ramesh Chandra Dutt dice en su artículo titulado «Bankimchandra Chattopadhyay» para la «Encyclopaedia Britannica» (11.ª edición, volumen VI, p. 110):
«La idea central de Anandamath es poner fin al opresivo gobierno musulmán adoptando el gobierno británico y el sistema educativo británico. …Ya sea pronto o más tarde, Anandamath está inspirado por el ideal de establecer un reino hindú en la India».
En resumen, al escribir «Anandamath», Bankimchandra, por un lado, incitó a sus compatriotas contra la comunidad musulmana y, mediante el himno «Vande Mataram», creó entre los hindúes un impulso de renacimiento en nombre de la religión, en nombre de la diosa Madre Patria. La idea de que este renacimiento era posible aplastando a los musulmanes y dando la bienvenida al dominio británico en este país y consolidándolo fluye por cada línea de Anandamath. La expresión plena del mantra «Vande Mataram» de Anandamath se produjo en el movimiento para anular la partición de Bengala, a comienzos del siglo XX.
La partición de Bengala y el movimiento contra la partición de Bengala se analizarán en el lugar correspondiente. Sin embargo, aquí dejaré constancia de una breve muestra del terrorismo que nació bajo la ideología de «Vande Mataram».
Abdul Mawdud dice:
El terrorismo no encontró un lugar donde asentarse en suelo bengalí durante el siglo XIX, ni obtuvo la simpatía de los bhadralok. Antes de 1903, Barindrakumar Ghosh regresó de Londres a Calcuta e intentó aumentar la agitación, pero no recibió ninguna simpatía.
…Tras fracasar, acudió en Baroda a Aurobindo Ghosh. Aurobindo había recibido una educación superior en Inglaterra. En aquel entonces era vicepresidente del Colegio Gaekwad. Mientras permanecía en Baroda, Barindra comprendió que la mera agitación política no daría resultado si no se unificaba la política con la religión. Por ello, planeó la «Sociedad Anushilan» con el propósito de impartir enseñanzas políticas junto con la lectura de la Gita, y permaneció a la espera del momento adecuado.
«La oportunidad llegó en 1904; Aurobindo se incorporó en 1905. La partición de Bengala entró en vigor y la comunidad educada de los hindúes bengalíes estalló de indignación. Se dio a la partición un carácter religioso, presentándola como la mutilación de la “Madre Bengala”, y toda la Bengala hindú se entregó al movimiento». —Abdul Mawdud, El desarrollo de la sociedad de clase media: transformación cultural, p. 202.
El terrorismo nació en suelo bengalí precisamente al recibir la iniciación en el mantra «Vande Mataram» de Anandamath. El reconocimiento de Aurobindo Ghosh constituye la prueba de ello. El 16 de abril de 1907, mencionando la contribución de Bankimchandra, escribió un artículo en inglés. A continuación se ofrece un breve extracto:
«El Bankim de los primeros tiempos era solamente un poeta y un estilista; el Bankim posterior era un santo y un constructor de la nación».
Es decir: «El Bankim de los primeros tiempos era poeta y artista; el Bankim de los últimos tiempos, un rishi y constructor de la nación». Añade además:
«Fue hace treinta y dos años cuando Bankim escribió su gran canción, The Maitra fue entregada y, en un solo día, todo un pueblo se convirtió a la religión del patriotismo. La madre se había revelado. Una gran nación que ha tenido esa visión jamás puede volver a ser puesta bajo los pies del conquistador».
Es decir: «Hace treinta y dos años, Bankim compuso su famosa canción “Vande Mataram”. Se pronunció el mantra y, en un solo día, toda la nación fue iniciada en la religión de la Madre Patria. La Madre Patria se manifestó… Una gran nación que albergaba ese sueño ya no sería saqueada a los pies del conquistador». —[Shri Yogeshchandra Bagal, autor de la semblanza de Bankim en la introducción a las Obras de Bankim, pp. 25-26.]
Durante el primer cuarto del siglo XX, las publicaciones musulmanas expresaron una intensa protesta e indignación contra la virulenta hostilidad hacia la sociedad musulmana difundida a través de la literatura de Bankim. Pero no se obtuvo ningún resultado. Por el contrario, el terrorismo y la violencia por parte de los hindúes seguían aumentando cada vez más. En el número de Jaistha de 1314 de la era bengalí (1907 d. C.) de la revista mensual Islam Prachar, publicada en Calcuta, se difundió la siguiente noticia sensacional:
«Con la determinación de expulsar a los ingleses y a los musulmanes, se está incorporando en grupos, para aprender el manejo del bastón y la lucha, a hindúes de todas las clases, desde los altamente educados hasta los alumnos de las escuelas. Sus horribles actividades han encendido el fuego de la rebelión en toda Bengala. Estos bandidos han asesinado a un musulmán en Comilla, han degollado a dos en Jamalpur y, disfrazados de faquires y sannyasis hindúes y musulmanes, están sembrando el terror por toda Bengala. Disfrazados de maulvis, están instigando a los musulmanes a saquear a los hindúes, casarse con viudas hindúes y violar a mujeres hindúes, afirmando que para ello recibirán ayuda garantizada del Gobierno y del nawab de Daca.»
En este número de Islam Prachar también se informa de que en Punyab se están celebrando reuniones de protesta por parte de las asociaciones musulmanas contra las actividades terroristas de los hindúes y, en particular, contra las actividades de los agentes del Congreso ariosamajistas. Declaran en términos inequívocos que los musulmanes no tienen absolutamente ninguna relación con ese terrorismo y esa anarquía hindúes.
El tema que tratamos en este capítulo es el «conflicto comunal». La fuente principal de este conflicto comunal es la literatura de Bankim. En la literatura de Bankim, se designa a los musulmanes con términos degradantes como «yavana», «mleccha», «nere» y «pati nere», y se presenta el exterminio de esos yavanas y mlecchas como el voto y la obra meritoria de la nación hindú. El mantra “Vande Mataram” los inspira a exterminar a los yavanas. Sin embargo, durante el primer cuarto del siglo XX, mientras por un lado se entonaban canciones de unión entre hindúes y musulmanes por todo el país, en las reuniones y asambleas conjuntas de hindúes y musulmanes se cantaba inevitablemente la canción “Vande Mataram”. A pesar de las numerosas objeciones y protestas de los musulmanes, no cejaron.
En el número de Agrahayan de 1335 de la era bengalí (1928 d. C.), la revista mensual Shariyat-e Islam publicó un editorial en el que exigía que se dejara de cantar “Vande Mataram” en las reuniones conjuntas de hindúes y musulmanes. Maulvi Mujibur Rahman, editor de The Mussalman, presentó una propuesta ante el Comité Nacional del Congreso solicitando que se prohibiera “Vande Mataram” en las reuniones y asambleas. Pero tampoco esto produjo resultado alguno.
Otra causa de los conflictos entre hindúes y musulmanes fue el uso de instrumentos musicales por los hindúes frente a las mezquitas y la obstaculización del sacrificio de vacas por parte de los musulmanes bajo terratenientes hindúes y en zonas de mayoría hindú. Las numerosas disputas y protestas al respecto no produjeron ningún resultado.
Los movimientos de «purificación» y «organización» de los aryasamajistas asestaron un golpe devastador a la India musulmana. En una declaración de Lala Hardayal, uno de los principales dirigentes de este movimiento, publicada en The Times of India el 25 de julio de 1925, se afirmaba:
«Los musulmanes deben adoptar el hinduismo o, de lo contrario, abandonar la India con su vida y su honor». Satyadev, principal discípulo del swami Shraddhanand del Arya Samaj, declaró al mismo tiempo:
«Después de adquirir fuerza, presentaremos estas condiciones a los musulmanes: “El Corán ya no podrá considerarse un libro divino; no se podrá reconocer a Mahoma como profeta de Dios; deberán abandonar las ceremonias y festividades musulmanas y observar las festividades hindúes. Deberán abandonar los nombres musulmanes y adoptar nombres como Ramdhin, Krishnakhan, etcétera. En lugar de rendir culto en árabe, deberán hacerlo en hindi”». Tomado de A History of the Freedom Movement, p. 262. —(Mustafa Nurul Islam: Bengali Muslim Public Opinion as refcted in the Bengal Press 1901-1930, 0=p. 125).
La agitación política comenzó en Bombay, cuando el líder hindú Bal Gangadhar Tilak empezó a exaltar dos festividades religiosas hindúes, exacerbando y agitando a la opinión pública hindú. Una de estas festividades era la adoración de «Ganesha» y la segunda, la festividad de «Shivaji». Mediante la instrucción militar de los jóvenes de escuelas y colegios, y tomando estas dos festividades como centro, se despertó la fuerza guerrera hindú. Durante la presidencia de la festividad de Shivaji, Tilak citó el Bhagavad Gita y declaró que, salvo por motivos personales, matar al gurú y a los parientes no constituye pecado cuando se hace por la nación o por la madre patria. Bajo su enseñanza, estudiantes y profesores de escuelas y colegios, enardecidos y excitados, comenzaron a formar sociedades secretas para actividades violentas.
Después de la partición de Bengala, en 1906, este movimiento cobró repentinamente fuerza y se intentó revitalizar el hinduismo mediante la celebración de la «festividad de Shivaji» en toda la India. Todos los célebres dirigentes sociales hindúes, políticos, poetas y escritores participaron gustosamente en esta festividad. El poeta Rabindranath se sumó directamente al movimiento de revitalización del hinduismo al escribir «La festividad de Shivaji». Pronunciando «¡Gloria a Shivaji al auspicioso sonido de la caracola!», recibió la iniciación en este «mantra de meditación»:
Haré ondear como bandera la túnica superior del asceta—
la fuerza de los pobres.
«En esta India habrá un reino de una sola religión»: este gran pronunciamiento
lo tomó como apoyo.
(Indian Sedition Committee Report, 1918, p. 2; B. B. Misra: The Indian Middle Class: Their Growth; Abdul Mawdud: El desarrollo de la sociedad de clase media, véase).
En Bengala y en toda la India, la política y el movimiento de renacimiento del hinduismo llegaron a confundirse. El fanatismo religioso volvió venenoso y corrupto el ambiente político y, como consecuencia, por todas partes comenzaron los conflictos y enfrentamientos entre hindúes y musulmanes. Empezaron a teñirse las manos con la sangre unos de otros.
Durante el movimiento del Califato, aunque solo temporalmente, se produjo una mejora en las relaciones entre hindúes y musulmanes. Pero en esa época la nación hindú, por así decirlo, había sido afectada por la enfermedad del «miedo a los musulmanes». Esta enfermedad la propagaban principalmente Bipin Chandra Pal, el pandit Madan Mohan Malaviya, Lala Lajpat Rai y Swami Shraddhanand. Estos cuatro hombres fueron los iniciadores del movimiento de «shuddhi y organización», y su contribución fue la mayor en el establecimiento de la primacía del hinduismo en la política nacional del Congreso. Además, abogaban enérgicamente por la introducción del hindi escrito en caracteres devanagari en toda la India.
En el editorial titulado «El miedo de Rabindranath», publicado en el mes de Jyaishtha de 1923 por el semanario de Calcuta Sultán, editado por Riyazuddin Ahmad y el maulana Moniruzzaman Islamabadi, se lamentaba lo siguiente:
«Lamentamos que hasta Rabindranath Tagore haya sido afectado por esta enfermedad. Se le ha oído decir algo así: “Si se establece el autogobierno en la India, se instaurará el gobierno musulmán. Por eso, para los hindúes sería un error fatal unirse al movimiento del Califato. Los musulmanes han convertido a Mahatma Gandhi en una marioneta. Los intereses hindúes no tienen ninguna relación con Turquía ni con el Califato”».
A modo de conclusión, Sultán dice: «Por supuesto, reconocemos a Rabindranath como poeta, como poeta célebre, como poeta mundialmente famoso… pero no es un político; está atemorizado por el miedo imaginario al gobierno musulmán en la India».
-(Mustafa Nurul Islam, Bengali Muslim Public Opinion as Reflected in the Bengali Press 1901-1930, pp. 147-148).
En realidad, la adhesión del Congreso al movimiento de Khilafat no fue en absoluto sincera; los musulmanes pensaron que quizá esta vez terminaría el conflicto entre hindúes y musulmanes. Pero no fue así.
S. K. Majumdar dice en su obra Jinnah y Gandhi:
«Durante el movimiento de Khilafat, la unidad hindú-musulmana no se estableció sobre una base sólida. Para los musulmanes, este era un movimiento religioso; no contenía ninguna idea de independizar la India. Gandhi, por su parte, lo adoptó como el principal instrumento para alcanzar su propio objetivo. Gandhi dijo: “Creo que la Khilafat era un asunto central para ambos: para Maulana Muhammad Ali, era su religión; y para mí, consiste en asegurar y hacer inviolable la protección de la vaca, sacrificando la vida por la Khilafat. Es decir, estoy protegiendo mi religión de la daga del musulmán”».
No hace falta decir que con «religión» Gandhi se refería aquí precisamente al «dharma de la vaca». Proteger el «dharma de la vaca», o al ganado bovino, de la daga del musulmán significaba prohibir para siempre el sacrificio de vacas por los musulmanes en suelo indio.
Si se examina el registro de todos los disturbios ocurridos entre hindúes y musulmanes de 1870 a 1893, se verá que su causa inmediata era la siguiente: durante los primeros cuatro años, la Durga Puja de los hindúes y el sacrificio de los musulmanes tenían lugar al mismo tiempo, prácticamente el mismo día. Si la cuestión hubiera sido simplemente que cada uno celebrara su propia festividad —los hindúes la Durga Puja y los musulmanes el sacrificio—, estaría bien. Pero no era así. A los musulmanes no se les permitía en absoluto sacrificar vacas, mientras que los hindúes sí celebrarían la Durga Puja. Es más, el día de la inmersión, pasarían en procesión frente a las mezquitas, golpeando tambores y tocando música a todo volumen. Por consiguiente, los disturbios eran inevitables. Se provocaba deliberadamente la agitación, se desencadenaban disturbios y se hacía comparecer al musulmán ante el tribunal como acusado de asesinato, para dictar esta sentencia: “Hijo, ahora vete al país de donde viniste, llevándote tu vida, tus bienes, tu honor y tu dignidad”. Hay razones fundadas para pensar que todo esto se hacía de acuerdo con planes preconcebidos. Posteriormente, los miembros del Arya Samaj y los dirigentes de la Mahasabha Hindú lo dijeron repetidamente. En Anandamath, Bankim inició a sus seguidores, mediante el mantra Vande Mataram, en el sacrificio ritual de los «Yavana-mleccha»; y su consigna era: “Después del sacrificio, los que hayáis sobrevivido, abandonad la India”».
Los ingleses también tenían un gran interés en apoyar al bando hindú en los disturbios planificados. La razón era que, hasta finales del siglo XIX, los musulmanes eran una espina clavada en sus ojos. En 1883, John Bright fundó en Londres una asociación llamada Comité de la India e hizo miembros de ella a cincuenta parlamentarios ingleses. En 1885, Allan Hume fundó el Congreso indio. Hume era un funcionario jubilado del Servicio Civil Provincial de Bengala. Tres ingleses fueron presidentes de este Congreso y ellos mismos llevaron a cabo su propaganda en Inglaterra, presentándolo a los ingleses como una institución popular. En 1888, Charles Bradlaugh fue nombrado empleado asalariado a tiempo completo del Congreso. William Digby fue encargado de la propaganda del Congreso en Londres. En 1889 se gastaron 2.500 libras en la propaganda del Congreso. Digby propagaba que el Congreso era el único portavoz de todas las castas, comunidades y clases de la India, incluidos los musulmanes.
Mientras la India se empapaba de sangre en los disturbios entre hindúes y musulmanes, no había ni una sola persona ni una sola institución que hablara en favor de los musulmanes. Pero el Comité de la India de Gran Bretaña, apoyando al propio Congreso, afirmaba: «La armonía comunitaria permanece intacta en la India».
En las elecciones británicas de 1905, varios oficiales retirados del ICS que habían regresado de la India se convirtieron en miembros de la Cámara de los Comunes. Formaron el Comité Parlamentario Indio. Sir Henry Cotton era uno de sus miembros. Se enorgullecía de cumplir la responsabilidad de presentar ante el Parlamento británico las esperanzas y aspiraciones de los indios. Solía proclamar: «Todos los indios, sin distinción de raza o religión, se enorgullecen de pertenecer a una misma nacionalidad». Mientras en lugares como Lahore y Karnal se desarrollaban violentos disturbios comunitarios, y los terroristas hindúes creaban el terror mediante saqueos durante el movimiento contra la partición de Bengala, Henry Cotton decía: «Los intereses de los musulmanes no encuentran apoyo en ningún lugar aparte de la prensa hindú». En lo referente a la anulación de la partición de Bengala, no encuentran apoyo en ningún lugar aparte de la prensa. Ya se ha analizado en el capítulo anterior cuál fue la actitud de los caballeros ingleses aliados de los hindúes respecto de la anulación de la partición de Bengala.
Ya se ha dicho que, mediante el movimiento del Califato, se intentó promover la unión entre hindúes y musulmanes. Pero, después de que la mentalidad de la comunidad hindú se manifestara claramente en Bengala y en toda la India tras la partición de Bengala, también fracasó el intento de cubrirla artificialmente con una capa de apariencia conciliadora durante el movimiento del Califato. El acontecimiento más doloroso y estremecedor de este período fue la inhumana y diabólica persecución y opresión sufrida por la comunidad musulmana mopla.
En la prensa india comenzaron a publicarse noticias contradictorias al respecto. Los periódicos y dirigentes hindúes, especialmente los dirigentes de la Mahasabha Hindú y del Arya Samaj, exageraron enormemente los hechos reales y dieron inicio a disturbios y alborotos en la India hindú. En 1922 se publicó en Amritsar un folleto titulado «Dastane Zulm». En Saharanpur se publicó otro folleto titulado «La sangrienta historia de Malabar». La mayoría de las noticias contenidas en estos dos folletos eran exageradas, imaginarias y tomadas de fuentes poco fiables.
El resumen de la información publicada en el primer folleto es el siguiente:
La comunidad mopla armada de Malabar está dedicada a asesinatos, saqueos, violaciones de mujeres, conversiones forzosas de hindúes al islam, entre otras actividades. Se decía que primero hacían bañarse a un hombre hindú. Luego le cortaban el cabello al modo musulmán y después lo obligaban a recitar la profesión de fe musulmana. A las muchachas les ponían ropa de los moplas, les perforaban las orejas y les colocaban pendientes.
En el segundo folleto se decía que los musulmanes de Malabar obligaban a los hindúes a unirse al movimiento del Califato y a hacerse musulmanes. Si no consentían, los encerraban en sus casas y les metían carne de vaca en la boca. Golpeaban a sus seres queridos y familiares ante sus propios ojos. Si aun así no aceptaban hacerse musulmanes, los mataban, los descuartizaban y arrojaban sus restos a un pozo, y quemaban sus casas. Se estaban destruyendo templos y haciendo añicos las imágenes. Se obligaba a los ascetas hindúes a vestir pieles crudas de vaca. —(A. Hamid, Muslim Scparalismin India, pp. 158-159): (Dastane Zulm —Secretario de la Sociedad de Ayuda a los Hindúes de Malabar, Amritsar, 1922).
Se hacía el siguiente fervoroso llamamiento a la comunidad hindú:
«Despierta, comunidad hindú. Vuestra somnolencia traerá vuestra muerte. Resolveos firmemente a defenderos. Vuestra debilidad os destruirá. La muerte es cien veces preferible a llevar una vida deshonrada. Los sufrimientos y desgracias de vuestros hermanos son también vuestros». —(A. Hamid, Muslim Separation in India, p. 159, Dastane Zulm, ibídem).
Para conocer los hechos reales, se confió la tarea a un comité formado por la organización central del Califato. El resumen del informe presentado por dicho comité tras investigar sobre el terreno es el siguiente: no es correcta la caracterización oficial de los acontecimientos de Malabar como una «rebelión contra el Gobierno». La situación era normal y no había el menor indicio de rebelión. Al igual que los musulmanes de otras partes de la India, los Moplah se incorporaron al movimiento del Califato. Sin embargo, el secretario del comité local del Califato fue detenido y atado a un árbol. Llevaron allí a su esposa y, ante sus ojos, le arrancaron la piel. Después, un agente de policía abofeteó en el rostro a un respetado miembro de los Moplah por el insignificante delito de infringir las leyes de tráfico. A otro militante del Califato se le involucró injustamente en un delito de fabricación de armas. Finalmente, la policía irrumpió por la fuerza en las viviendas de los Moplah, saqueó todas sus pertenencias y sometió a los dueños de las casas a brutales abusos. Y, sin contentarse con ello, abrió fuego indiscriminadamente contra ellos. La comunidad Moplah era extraordinariamente valiente y guerrera. Por ello, venció en los enfrentamientos con la policía. Acto seguido, los enfurecidos Moplah dañaron los cables telegráficos y las vías férreas. Hasta entonces habían mantenido una completa cordialidad con los hindúes, pues, aunque eran militantes del Califato, también pertenecían al Congreso. Se dedicaban a predicar la unidad hindú-musulmana y vigilaban los barrios hindúes y sus bienes. —(A. Hamid, Muslim Separation in India, pp. 159-160; Kashfe Haqīqate Mālābār, Badaun, 1923).
Dos semanas después, numerosas fuerzas policiales y tropas, equipadas con armamento pesado, regresaron y tomaron el control de la situación. La mayoría de los hindúes comenzó a actuar como espía para proporcionar información sobre los Moplah «rebeldes». Como consecuencia, los Moplah se irritaron con los hindúes. La policía incitó a los hindúes contra los Moplah. Los activistas de la Arya Samaj también los ayudaron. La policía y las tropas emprendieron conjuntamente represalias contra los Moplah. Bajo el régimen militar, tuvieron que soportar torturas inhumanas. Cientos de Moplah quedaron desamparados y en la miseria. Cientos de personas fueron encarceladas y doscientas fueron condenadas a muerte. —(A. Hamid, ibid., p. 160; Kashfe Haqīqate Mālābār).
En el Indian Annual Register se relató que, tras derrotar a la policía y a la administración gubernamental, los Moplah establecieron el Califato y declararon la yihad contra los gobernantes. La noticia de conversiones masivas de hindúes carecía de fundamento. Los Moplah se ocultaron en bosques y selvas y llevaron a cabo actividades guerrilleras.
En dicho registro se menciona una barbarie sin parangón. Consistió en que cien prisioneros Moplah fueron hacinados en un vagón de mercancías del ferrocarril, cuyas puertas se cerraron, y enviados a otro lugar. Al llegar a su destino y abrirse las puertas, se descubrió que 66 habían muerto y que los restantes se encontraban agonizantes. El registro comenta: cuántos acontecimientos inhumanos y estremecedores de los capítulos oscuros de la historia de Malabar de aquel período permanecen desconocidos, solo el futuro puede revelarlo. —(A. Hamid, Muslim Separatism in India, p. 160; Indian Annual Register 1922, p. 266).
Estos acontecimientos atrajeron la atención de hindúes y musulmanes de toda la India. La India musulmana quedó consternada y pidió ayuda para los Moplah. La respuesta recibida desde todas partes fue extraordinaria. En cambio, los periódicos y dirigentes hindúes continuaron incitando a los hindúes a tomar represalias.
En todo el país comenzaron de nuevo los enfrentamientos entre hindúes y musulmanes, inicialmente en torno a la celebración de Muharram. En 1923 se repitieron y se produjeron violentos enfrentamientos en Saharanpur. Se afirma que allí el número de muertos superó los trescientos. Al año siguiente, en dieciocho disturbios, murieron 86 personas y 776 resultaron heridas. El enfrentamiento más grave se produjo en Kohat. Su causa principal fue la publicación, por parte de un hindú, de un poema contrario al islam. En los disturbios, que duraron dos días, murieron 36 personas y 145 resultaron heridas; se saquearon comercios y se destruyeron bienes por valor de aproximadamente setenta mil rupias. Aunque al año siguiente, 1925, la situación se calmó un tanto, en 1926 volvió a arder con furia. Ese año se produjeron en todo el país un total de 36 disturbios, como consecuencia de los cuales murieron dos mil personas. Ese año los disturbios comenzaron en la ciudad de Calcuta a causa de la música tocada por hindúes frente a una mezquita. Antes de que la situación quedara bajo control, fueron saqueadas doscientas tiendas, doce edificios sagrados fueron destruidos o dañados, se produjeron 150 incendios y el número de víctimas ascendió a mil cuatrocientas cincuenta.
En 1927 se produjeron treinta y un disturbios en todo el país, batiendo todos los récords anteriores. Esta vez el número de víctimas fue de mil seiscientas. El número de muertos fue de ciento cuarenta.
En 1928 la situación se calmó un tanto. Pero entre febrero y mayo de 1929 se produjeron disturbios en la ciudad de Bombay, como consecuencia de los cuales el número de víctimas ascendió a mil cien. Al igual que en los disturbios anteriores de Calcuta, también allí se saquearon comercios. En 1931 comenzaron violentos disturbios en Kanpur, y durante tres días continuaron los asesinatos, saqueos e incendios. Al intentar forzar el cierre de los comercios en honor de un asesino hindú, comenzaron los enfrentamientos entre hindúes y musulmanes; fueron destruidas numerosas mezquitas y templos, y muchas viviendas fueron incendiadas. —(A. Hamid, Muslim Separation in India, p. 162; Cumming, Political India, pp. 114-117).
Cuando se le expusieron a Gandhiji los pormenores de estos enfrentamientos desde el punto de vista de hindúes y musulmanes, cargó la culpa sobre los musulmanes. Gandhiji comentó: «No tengo ninguna duda de que, en la mayoría de las disputas, los hindúes ocupan el segundo lugar. Mi comentario se basa en mi experiencia personal: los musulmanes son por naturaleza de carácter pendenciero, mientras que los hindúes son naturalmente cobardes. Y allí donde hay personas cobardes, siempre habrá una banda de matones».
(The Indian Quarterly Register, p. 647; A. Hamid: Separation in India, p. 105).
El señor Gandhi no contribuyó a frenar la discordia y los conflictos entre hindúes y musulmanes. Por el contrario, su comentario anterior declaró culpables a los musulmanes y se convirtió en un poderoso respaldo para los agitadores hindúes.
Al comprender que la discordia o los conflictos entre hindúes y musulmanes constituían un obstáculo en el camino hacia la independencia de la India, no es que el señor Gandhi no se sintiera desconcertado. Sin embargo, no se percibe ningún esfuerzo suyo por encontrar una solución adecuada y duradera a la unión entre hindúes y musulmanes.
En una ocasión dijo que solo sobre la base de un acuerdo o pacto podía alcanzarse una solución duradera entre hindúes y musulmanes. Pero más tarde dijo: «Mediante un pacto puede haber unidad, pero por medio de él no se puede llegar a ser uno. Si el pacto es la base para llegar a ser uno, será completamente absurdo, o incluso peor. La naturaleza del pacto es el separatismo. El pacto no despierta el deseo de acercarse unos a otros, no crea una actitud de sacrificio y tampoco puede unir a los grupos para alcanzar el objetivo principal. En lugar de acercarse unos a otros, los grupos sujetos al acuerdo intentan obtener unos de otros tanto como sea posible. En vez de sacrificarse por el interés común de todos, los grupos sujetos al acuerdo siempre se cuidan de que el sacrificio de un grupo no redunde en beneficio del otro. …Sin una unión de corazones entre hindúes y musulmanes, el “Swaraj” seguirá siendo solamente un sueño».
Pero inmediatamente después volvió a decir: «El problema de la protección de las vacas no es menos importante que el problema del “Swaraj”; mientras no seamos capaces de proteger a las vacas, no podremos alcanzar la libertad». Estas declaraciones de Gandhi demuestran que la independencia india no era más que otro nombre para la consecución de los estrechos intereses del hinduismo. En un discurso presidencial pronunciado en una conferencia de unidad celebrada en Lahore, expresó su temor ante la mayoría musulmana en Punyab. También manifestó su preocupación de que, si en un futuro próximo Punyab se convertía en el hogar de una nación experta en la guerra, la paz del subcontinente se vería destruida. —(Muhammad Amín Yuberí, Siyasat-e Millia, pp. 175-84).
Cuando el cuerpo social hindú y musulmán estaba ensangrentado por los disturbios y los desórdenes, él podría haber utilizado su enorme personalidad e influencia en beneficio de ambos. Pero, en lugar de eso, se apartó de la política, comenzó una vida retirada en el ashram de Sabarmati, cerca de Ahmedabad, y pasó sus días como un espectador imparcial de la política india. Sin permanecer completamente inactivo, escribió artículos sobre la grandeza del khadi y de los tejidos confeccionados a mano, los beneficios de la leche de cabra, los perjuicios de las vacunas y las inyecciones, las propiedades nutritivas de la soja, entre otros temas; pero guardó silencio sobre las relaciones entre hindúes y musulmanes. (Muhammad Amín Yuberí: Siyasat-e Millia, p. 170).
El verdadero rostro de la nación hindú de la India quedó al descubierto a través del Congreso Nacional Indio después de 1937, cuando, después de 1935, bajo la Ley de la India de 1935, se formaron ministerios en las provincias de la India sobre la base de la autonomía provincial; se formaron ministerios sobre la base de la autonomía provincial en las provincias musulmanas, y se les confió la formación de ministerios en cuatro provincias musulmanas y siete provincias hindúes. El Congreso Indio —la única institución política representativa de todas las naciones y comunidades de la India, hindúes y musulmanas por igual— sostenía que el futuro poder de gobierno de la India debía confiarse exclusivamente al Congreso. Por otro lado, la Liga Musulmana, la única institución representativa de los musulmanes indios, venía expresando el temor de que, si el poder de gobierno se transfería a manos del Congreso, todos los intereses de los musulmanes indios serían aplastados y la nación musulmana, tras verse obligada a renunciar a su religión, sus tradiciones y su tahzib y tamaddun, se convertiría en esclava de los hindúes.
Después de 1937, las afirmaciones del Congreso quedaron demostradas como falsas y los temores de los musulmanes se hicieron realidad. El Congreso formó gobiernos ministeriales mayoritarios en Madrás, las Provincias Unidas, las Provincias Centrales, Bihar, Orissa, Bombay y la Provincia de la Frontera Noroeste.
Antes de las elecciones, se esperaba que en las provincias de mayoría musulmana, especialmente en las Provincias Unidas y Bombay, el Congreso formara gobiernos de coalición con miembros de la Liga Musulmana. Se ordenó a los gobernadores que los incluyeran en los ministerios. En las Provincias Unidas, los musulmanes constituían una sexta parte de la población total. Allí su influencia y cohesión eran mucho mayores en proporción a su número y, por ello, existía un entendimiento no escrito entre el Congreso y la Liga Musulmana de que se tomaría al menos a dos ministros de la Liga Musulmana. Sin embargo, ni en las Provincias Unidas ni en Bombay se concedió un puesto ministerial a ningún miembro de la Liga Musulmana. El Congreso cometió allí un grave error. El Congreso declaró en términos inequívocos que solo él representaba a toda la India. Para los musulmanes, esto equivalía a someterse al dominio hindú. Como consecuencia, surgió el lema «el islam está en peligro» y el «raj del Congreso» llegó a considerarse mucho peor que el raj británico. En el intercambio de cartas que tuvo lugar entre Pandit Jawaharlal Nehru y el señor Jinnah a comienzos de 1938, la demanda de Nehru era una India unida y secular, mientras que la del señor Jinnah era que se reconociera a la Liga como igual al Congreso en estatus. No fue posible resolver la cuestión sobre la base de ninguna fórmula o acuerdo (H. V. Hodson: The Great Divide, p. 63, pp. 66-67).
Después de 1937, quedaron demostradas como falsas las grandes proclamas del Congreso de que, una vez establecido su gobierno en la India, se haría justicia a todas las clases y comunidades y se protegerían los intereses de las minorías, entre otras promesas de ese tipo. El gobierno de dos años y medio del Congreso en siete provincias de la India, entre 1937 y 1939, adquirió notoriedad como el «Ramraj hindú», y, debido a las injusticias cometidas contra los musulmanes y a los intentos de eliminar su religión, tahzib y tamaddun, entre otras cosas, el Congreso perdió por completo la confianza de los musulmanes de toda la India. En la sesión de la Liga Musulmana celebrada en Patna en diciembre de 1938, el señor Muhammad Ali Jinnah declaró que todas las esperanzas de paz y armonía comunales habían quedado hechas añicos por el «fascismo del Congreso». En toda la India comenzaron a producirse manifestaciones musulmanas que exigían el fin del opresivo gobierno del Congreso.
La Liga Musulmana formó un comité para investigar las injusticias cometidas contra los musulmanes en las provincias gobernadas por el Congreso. El informe presentado por este comité llegó a conocerse como el «Informe Pirpur». Un comité constituido por la Liga Musulmana provincial de Bihar presentó un informe titulado «Las quejas de los musulmanes de Bihar». Este recibió el nombre de «Informe Sharif». Después del «Informe Pirpur», el «Informe Sharif» fue presentado en marzo de 1939. Posteriormente, en diciembre, el primer ministro de Bengala, el señor A. K. Fazlul Huq, presentó un informe titulado «Los sufrimientos y penurias de los musulmanes bajo el gobierno del Congreso». La prensa hindú negó las acusaciones expuestas en los informes, y el Gobierno de Bihar rechazó el «Informe Pirpur».
H. V. Hodson afirma en su obra The Great Divide:
«Es un hecho bien conocido de la historia de la India que, desde que hindúes y musulmanes comenzaron a vivir uno junto al otro en este país, ha existido cierto grado de tensión religiosa. Por ejemplo, la adoración de la vaca, la obstrucción de la llamada a la oración, la profanación de mezquitas, la violación y el rapto de mujeres, entre otros ataques personales. Por otra parte, persisten nuevas acusaciones de carácter político y administrativo, especialmente las descritas en el razonado “Informe Pirpur”. El urdu está siendo arrinconado en favor del hindi; la policía y los magistrados actúan con parcialidad; en los empleos públicos se priva a los musulmanes de su parte justa; no esperan ningún tipo de justicia de los ministerios del Congreso; los comités del Congreso permiten que funcione un gobierno paralelo semejante; el gobierno del Congreso, es decir, el gobierno hindú: en todas partes se ondea la bandera del Congreso, se canta como himno nacional la canción antiislámica “Vande Mataram” y se está introduciendo, conforme al “Plan Wardha”, un sistema de educación rural. Este es el ideal imaginado por el señor Gandhi, cuya base son la no violencia, la producción de hilo y la industria del tejido, y la abstinencia de la religión. Los musulmanes se ven obligados a rebelarse contra ello, porque su educación primaria se había basado siempre en el Corán». (H. V. Hodson, The Great Divide, pp. 73-74).
El señor Hodson añade:
«Los gobernadores británicos de las provincias gobernadas por el Congreso generalmente sostenían la opinión de que, aunque sus ministros intentaban en muchos casos mantenerse neutrales en cuanto al comunalismo, en las ciudades de distrito y las zonas rurales la tendencia de los congresistas a ejercer el poder los llevaba a comportarse con arrogancia y de manera provocadora. En resumen, en el futuro será gobernada por un centro mayoritario. Y detrás de este habrá una organización que jamás tolerará la oposición ni consentirá en compartir el poder con nadie. No cabe duda de que los dos años y medio de autonomía provincial, de 1937 a 1939, fueron una causa de la difusión de la doctrina de las dos naciones y del movimiento por Pakistán». (H. V. Hodson: The Great Divide, p. 74).
Con el fin de resolver los conflictos y las disputas entre hindúes y musulmanes en la India, el poeta Iqbal aconsejó dividir el patio el 21 de junio de 1937. El 7 de julio, el poeta Rabindranath Tagore dijo, dirigiéndose a la comunidad estudiantil musulmana:
Convertís aquella ruina en algo valioso al precio de la religión
Insultáis a Dios
Dividido el patio, tú y yo a cada lado
¿A qué Satán adoramos?
Después transcurrieron diez años entre mayores disputas y conflictos. Más arriba se ha aludido a los dos años y medio del infame gobierno del Congreso. El 17 de octubre de 1939, durante la Segunda Guerra Mundial, el virrey de la India, lord Linlithgow, emitió una declaración en la que exhortaba al Congreso y a la Liga Musulmana a ayudar y cooperar con el Gobierno británico en la guerra. No por mostrar simpatía hacia las protestas de los musulmanes, sino por no estar de acuerdo con la declaración del virrey, el alto mando del Congreso ordenó a los ministerios que dimitieran. Estos obedecieron la orden en silencio, y así terminó el mal gobierno del Congreso en siete provincias. Por ello, bajo el liderazgo de la Liga Musulmana, los musulmanes celebraron en todo el país el «Día de la Liberación».
Estuviera justificada o no la celebración del «Día de la Liberación» en todo el país, promovida por la Liga Musulmana, una cosa quedó clara como la luz del día: en este país ya no era posible de ningún modo la unidad y la concordia entre hindúes y musulmanes en el ámbito del gobierno. Por tanto, aparte de dividir el patio, conforme al consejo de Allama Iqbal, no quedaba ningún otro camino hacia una solución permanente. Pero no estaban en absoluto dispuestos a dividir el patio. Por ello, era inevitable un conflicto aún mayor entre ambos. Finalmente, el patio fue dividido después de diez años sangrientos. Es decir, al dividirse el patio de la India, el 14 de agosto de 1947 nació el Estado de Pakistán para los musulmanes. Sin embargo, los musulmanes que permanecieron en el patio de la India tuvieron que pagar durante muchos años un alto precio por el delito de haber querido dividirlo.
Séptimo capítulo
La educación y formación tradicionales de los musulmanes
Los musulmanes siempre han concedido una importancia inmensa al aprendizaje y a la adquisición de conocimientos, porque esta era la instrucción de su Profeta. Por costoso y difícil que fuera, y aun cuando fuese necesario viajar de un país a otro, había que estudiar y adquirir conocimientos: tal era la instrucción explícita del Profeta del islam, Muhammad Mustafa (s.a.). En el pasado, la nación musulmana cumplió esta instrucción al pie de la letra. Fueron ellos quienes, en cierta época, encendieron la antorcha del conocimiento e iluminaron a la Europa sumida en las tinieblas con la educación y el saber. Este es un hecho histórico. En todo el mundo musulmán, las personas instruidas son objeto de especial honor y respeto. Un padre musulmán procura, en la medida de sus posibilidades, proporcionar educación y formación a sus hijos, y considera esto un deber y un precepto religioso.
Al examinar la historia pasada de los musulmanes de la India, se sabe que, cuando un niño cumplía cuatro años y cuatro días, se daba comienzo a su educación. Mediante una ceremonia especial, se recitaban al niño algunos pasajes del Sagrado Corán y el niño los repetía. Esta era una costumbre indispensable en toda familia musulmana. (A.R. Mallick, Br. Policy & the Muslims in Bengal, p. 149; M. Fazlur Rahman, The Bengali Muslims & Eng. Education, P. I; L.F. Smith, Appendix to Chahar Darvesh, p. 253).
El señor Smith presenció esta ceremonia en 1801, en la Provincia de la Frontera del Noroeste, y la describió en su obra «Chahar Darvesh».
Los gobernantes musulmanes de la India alentaron de diversas maneras el aprendizaje y la adquisición de conocimientos, y asignaron cuantiosos fondos para ello. En las cortes reales, las personas instruidas, los hombres de mérito y los eruditos eran objeto de especial consideración. Para promover la educación, se donaban grandes extensiones de tierras libres de impuestos en distintos lugares del reino. No había mezquita ni imambarah donde no hubiera profesores encargados de enseñar árabe y persa.
En los lugares donde había una mayoría musulmana se abrían maktabs para la educación primaria, y allí los niños musulmanes aprendían árabe, persa y educación islámica. En particular, los sultanes de Bengala sentían un gran interés por la educación y prestaban toda clase de ayuda y cooperación para su expansión. Inspirados por ellos, los zamindares musulmanes, los lakhrajdares, los aymadars y otros nobles dirigentes musulmanes establecían maktabs y madrasas en sus respectivas zonas y donaban grandes riquezas y tierras para sufragar sus gastos.
El primer sultán de Bengala, Muhammad Bakhtiyar Khilji, era sumamente aficionado al saber y, siguiendo el ejemplo del emperador de Delhi, Qutbuddin Aibak, estableció en diversos lugares del país mezquitas, colegios y dargahs (centros de enseñanza del Corán y del hadiz). (S.M. Jaffar, Education in Muslim India, 1935, p. 66; N.N. Law, Promotion of Learning in India during Muhammadan Rule, pp. 19-22).
Poco después de ascender al trono de Bengala, el primer Ghiyasuddin (1212-27 d.C.) construyó en Lakhnau, o Lakshmanavati, la capital de Bengala, una mezquita sumamente hermosa, un colegio y una posada. El segundo Ghiyasuddin (1367-1373) era por sí mismo un poeta célebre. Estableció un colegio en Darsbari, cerca de la aldea de Omarpur. (M. Fazlur Rahman, The Bengali Muslims & English Education, p. 4). Durante el reinado de sultanes como Husain Shah y Nasrat Shah también se produjo un enorme progreso de la educación.
Murshid Quli Khan era un hombre sumamente erudito y un excelente escritor, y siempre honraba a los sabios y virtuosos. Mantenía a casi dos mil ulemas y miembros de la comunidad de eruditos. Estos se dedicaban constantemente a recitar el Sagrado Corán, impartir educación religiosa y realizar ritos y ceremonias. Ghulam Husain relata en su historia que, inspirado por Murshid Quli Khan, un zamindar de Birbhum llamado Asadullah destinaba la mitad de sus ingresos al sustento de los sabios y a otras obras de beneficencia. Ghulam Husain añade que Alivardi Khan invitó a eruditos instruidos de las regiones occidentales de la India a establecerse en Murshidabad y les asignó generosas pensiones a cada uno. Llevaron consigo tal cantidad de valiosos libros que tan solo la biblioteca de un tal Mir Muhammad Ali contaba con dos mil volúmenes o más. —(M. Fazlur Rahman: The Bengali Muslims & English English Education, p. 5; Ghulam Husain Seiyere- Mutakherin, vol. 2, pp. 63, 69, 70 y 165).
Durante el período del gobierno musulmán existían en el interior del país innumerables instituciones educativas, maktabs, madrasas, colegios y otras instituciones destinadas al aprendizaje y al cultivo del conocimiento, pero resulta muy difícil obtener una descripción exacta de ellas. Tras el fin del gobierno musulmán, esas instituciones educativas desaparecieron casi por completo. En los informes sobre educación redactados por Buchanan Hamilton y W. Adam, respectivamente entre 1807 y 1814, y entre 1835 y 1838, se encuentra una breve descripción de las pocas que aún subsistían. W. Adam afirma que en Kasba Bagha, en el distrito de Rajshahi, se donaron cuarenta y dos aldeas para instituciones educativas y obras de servicio público. (Adam, Second Report, p. 37). Todos los gastos de los estudiantes que estudiaban en la institución educativa de Kasba Bagha —alojamiento, alimentación, ropa, libros, comida y lápices, tinta y plumas, artículos de aseo y demás— corrían por cuenta de la institución. —(A.R. Mallik, Br. Policy & Muslims in Bengal, p. 150).
Inspirándose en el Corán y el Hadiz, las personas adineradas de la sociedad se ocupaban de la educación de los estudiantes pobres. Entre las familias nobles y acaudaladas también existía la costumbre de proporcionar educación a sus hijos mediante tutores particulares competentes. Los estudiantes pobres también recibían educación de ellos gratuitamente. En Pandua estaba extendida la práctica de que los terratenientes musulmanes contrataran, a sus propias expensas, maestros para educar a los estudiantes pobres de las proximidades. No había terrateniente adinerado ni jefe de aldea que no contratara un maestro con ese propósito. —Adam, First Report, p. 55; M. Fazlur Rahman, The Bengali Muslims and English Education, p. 6).
La enseñanza del Corán, el Hadiz y el islam se consideraba una obra piadosa, y casi siempre una sola persona sufragaba todos los gastos de una institución educativa, directamente o mediante donaciones, un waqf o un fideicomiso. Esas personas pagaban los salarios de los maestros y cubrían todos los gastos de la institución educativa, sus edificios y demás instalaciones. Como en aquella época no había libros de texto, la enseñanza se impartía gratuitamente. Los maestros se ganaban la vida de manera casi independiente, como imanes de mezquita o mediante algún pequeño empleo gubernamental. Por ello impartían enseñanza a los estudiantes sin cobrar. De este modo surgieron numerosas instituciones educativas privadas musulmanas, cuyos gastos corrían a cargo de personas acaudaladas y caritativas. En los maestros y en esos generosos benefactores se observaba especialmente la convicción de que el propósito de impartir educación no era ganarse la vida. Por el contrario, su objetivo era elevar el nivel religioso y moral de la nación mediante la difusión de la educación. —(M. Fazlur Rahman, The Bengali Muslims & English Education, pp. 7 y 8).
El informe de W. Adam deja también muy claro que en aquella época se podía obtener educación a muy bajo costo, incluso, podría decirse, gratuitamente. Cada mezquita era un centro de atracción para la población musulmana, y en las madrasas existentes en las mezquitas cualquier muchacho podía aprender a leer y escribir sin pagar. Como no había libros de texto impresos, no había gasto alguno en la compra de libros. La tinta y las plumas podían fabricarse en casa. Para la educación superior, naturalmente, había que pagar cierta cuota, pero esta era sumamente reducida. Tras la llegada de los ingleses, en las escuelas de los misioneros cristianos se impartía educación inglesa. Allí nadie podía estudiar gratuitamente. Si alguien adoptaba la religión cristiana, se daba a sus hijos la oportunidad de estudiar sin pagar. La razón única de que los musulmanes dispusieran de educación gratuita o de muy bajo costo era que los gobernantes musulmanes y los musulmanes adinerados donaban generosamente riquezas, tierras y otros bienes con fines educativos. —(M. Fazlur Rahman, The Bengali Muslims & English Education, p. 11).
Tras la llegada de los ingleses
Detrás de la educación y el desarrollo cultural de cualquier nación se encuentran el apoyo, la ayuda y la cooperación. Es innecesario decir que, poco después de que el gobierno musulmán de Bengala fuera abolido en el campo de Plassey, la «economía política» se derrumbó, todo el país quedó sumido en la pobreza, la aflicción y la miseria, y, especialmente en la vida nacional de los musulmanes, descendió el horror de la destrucción. Ya en los primeros tiempos del gobierno de la Compañía, los musulmanes de Bengala quedaron expuestos al peligro y la calamidad. Aplastado por la incesante opresión y tiranía de la concesión de la «diwaní» que la Compañía de las Indias Orientales obtuvo para mantenerse en el poder sin asumir responsabilidad alguna (Power without responsibility), el orden social establecido por los musulmanes comenzó a quebrarse y desmoronarse.
Después de ser apartados del poder político, todos sus medios de subsistencia comenzaron a cerrarse; como consecuencia, la estructura social se desintegró y también se rompieron las relaciones y los vínculos mutuos entre las distintas clases. —(M. Fazlur Rahman, The Bengali Muslims & English Education, p. 14).
Como consecuencia de la transferencia del poder de manos de los musulmanes a manos de los ingleses, la educación de los musulmanes sufrió tanto como su vida política y económica. Como se ha descrito anteriormente, su sistema educativo dependía por completo de la ayuda gubernamental y de las donaciones de los principales musulmanes, de los bienes waqf, los fideicomisos y otros recursos. Los musulmanes consideraban la difusión y expansión de la educación una obra religiosa sumamente meritoria, y por ello donaban generosamente grandes cantidades de dinero, riquezas y tierras. En muchos lugares, mediante fideicomisos u organizaciones religiosas, los hijos de todos, ricos y pobres por igual, podían recibir educación sin pagar matrícula ni otros gastos. Tras ser apartados del poder político, este sistema educativo de los musulmanes quedó destruido. Los musulmanes fueron expulsados de todos los empleos gubernamentales, grandes y pequeños; los jefes militares musulmanes se marcharon a otros países o se dirigieron a regiones remotas del país en busca de sustento, donde lo moderno, es decir, el inglés, se distribuía entre los ingleses y los hindúes; como consecuencia, la clase media musulmana desapareció y surgió una nueva clase media hindú. Por tanto, era completamente natural que, ante la ausencia de un gobierno musulmán, de funcionarios musulmanes de alto rango y de una clase media musulmana, el sistema educativo de los musulmanes quedara enteramente arruinado; y así sucedió.
Por no hablar de la educación de los musulmanes, la verdad es que, durante un siglo después del comienzo del dominio inglés, la existencia misma de la nación musulmana estuvo en realidad en peligro. Cuando su única preocupación era sobrevivir, ¿cómo podían pensar en la educación de sus hijos y descendientes?
En el capítulo anterior se ha demostrado que la Compañía de las Indias Orientales puso fin al dominio musulmán mediante una profunda conspiración con los ricos comerciantes, la clase de los banias, los banqueros y otros hindúes de Bengala. Huelga decir que los intereses de ambas partes estaban igualmente implicados. Por un lado, la Compañía, ambiciosa de obtener el poder político, consiguió el poder; por otro, los hindúes, deseosos de poner fin al dominio musulmán, obtuvieron de la Compañía ventajas materiales, comerciales y económicas. Después de que la Compañía asumiera el poder, los hindúes se acercaron a ella. Para conseguir empleos y dedicarse al comercio bajo su autoridad, consideraron necesario aprender la lengua inglesa.
Calcuta se había desarrollado como centro comercial y, a decir verdad, sus habitantes eran casi todos hindúes. Los comerciantes, banqueros, banias y miembros de la clase media hindú querían forjar su futuro teniendo esta ciudad de Calcuta como centro. Para obtener empleos y dedicarse al comercio bajo la Compañía, pensaban que «English is money» —el inglés era otro nombre para el dinero— y por ello se mostraron sumamente interesados en aprender todo el inglés que pudieran. En la segunda mitad del siglo XVIII surgieron escuelas inglesas por todas partes, como hongos, en Calcuta y sus alrededores, y los hindúes aprendieron en ellas el inglés necesario para desenvolverse.
Por otro lado, examinemos brevemente cuál era la situación de los musulmanes. W. W. Hunter dice en su obra: «Cientos de antiguas familias musulmanas han quedado arruinadas. Como resultado, el sistema educativo de los musulmanes, que se sostenía mediante tierras libres de renta, también ha cesado para siempre». (W. W. Hunter, The Indian Mussalmans, edición de Bangladesh, 1975, p. 167).
Sin hablar siquiera de los musulmanes comunes, el propio señor Hunter ha trazado en su obra un cuadro conmovedor del trato bárbaro y opresivo que los ingleses dispensaron a la sociedad musulmana después de su llegada, y del desolador destino que sufrieron los descendientes de los nababs:
«En cada distrito, algún descendiente de los antiguos nababs agoniza consumido por la angustia interior y muere lentamente en un palacio en ruinas y sin techo, o junto a un estanque deteriorado cubierto de musgo y algas. He tenido la oportunidad de conocer personalmente a muchas de estas familias. En sus edificios arruinados se apiñan sus hijos ya adultos, sus nietos y nietas, sus sobrinos y sobrinas, y ninguno de estos hambrientos descendientes tiene oportunidad alguna de hacer algo en la vida. Sentados en verandas deterioradas o en salones de visitas con el techo agujereado, cuentan los momentos que les quedan hasta la muerte y se hunden en el profundo abismo de las deudas. Finalmente, el prestamista hindú vecino provoca una disputa con ellos y crea una situación tal que, de repente, se ven obligados a hipotecar todo cuanto poseen para responder por sus deudas. Así, la deuda los devora y la existencia de las antiguas familias musulmanas desaparece de la faz de la tierra». (W. W. Hunter, The Indian Mussalmans, edición de Daca, 1975, p. 138).
Después de la llegada de los ingleses, toda la nación musulmana de la India de entonces sufrió daños. Sin embargo, los musulmanes de Bengala fueron quienes más sufrieron.
Hunter dice: «Estoy especialmente familiarizado con los acontecimientos de esta provincia. Por lo tanto, según todo lo que sé, los habitantes musulmanes de aquí son quienes más han sufrido durante el dominio inglés». —(W. W. Hunter, The Indian Mussalmans, pp. 140-141).
En aquella época, por Bengala se entendían Bengala, Bihar y Orisa. En ese entonces, una solicitud presentada en nombre de los musulmanes de Orisa ante el comisionado divisional, el señor E. W. Salonee, C. S., puso de manifiesto el cuadro de su lamentable situación. En la solicitud se decía:
«Creemos que, como súbditos leales de Su Majestad la misericordiosa Reina, tenemos iguales derechos a todos los empleos de la administración del país. Pero, a decir verdad, los musulmanes de Orisa están siendo progresivamente relegados y no tienen ninguna esperanza de volver a erguirse. Aunque nacimos en familias distinguidas, nos hemos empobrecido porque se nos ha cerrado el camino para ganarnos la vida, y, por falta de patrocinio estatal, nuestra situación se ha vuelto semejante a la de un pez sacado del agua y arrojado a tierra firme. Presentamos ante usted esta lamentable condición de los musulmanes con la convicción de que usted es el representante de Su Majestad la Reina en la división de Orisa, y esperamos que haga justicia a todas las clases, sin distinción de color, casta o religión. Privados de los empleos públicos, hemos quedado sin un centavo. Nuestra situación se ha vuelto tan deplorable que estamos dispuestos a ir a cualquier región remota del mundo —ya sea a las cumbres nevadas del Himalaya o a las deshabitadas extensiones de Siberia— si recibimos la garantía de que, viajando así de un país a otro, obtendremos algún empleo público con un salario de apenas diez chelines semanales». —(W. W. Hunter, The Indian Mussalmans, pp. 158-159).
No solo las familias musulmanas distinguidas cuyos miembros ocupaban diversos cargos públicos quedaron sumidas en la pobreza y desaparecieron al ser privados de sus empleos tras la llegada de los ingleses; la situación de las familias musulmanas comunes de Bengala también llegó a ser similar. Las comunidades de campesinos y tejedores de Bengala también afrontaron una extrema calamidad.
Durante los primeros tiempos del gobierno de la Compañía, no tuvieron fin los sufrimientos y desgracias de los musulmanes. El sistema social establecido se desmoronó por completo bajo la opresión y tiranía de la administración de la diwaní, «poder sin responsabilidad» (Power without responsibility). Antes de la obtención de la diwaní, la renta de la tierra no se recaudaba con la misma severidad con que se hace ahora. Además, antes, cualesquiera que fueran los medios, los ingresos estatales se gastaban dentro del país, por lo que sus habitantes se beneficiaban de una u otra forma. En palabras de un poeta indio, el impuesto recaudado por el rey es como la humedad de la tierra. Esa humedad se seca bajo el calor del sol y regresa a la tierra en forma de lluvia fertilizante. Pero actualmente, la humedad que se extrae del suelo de la India desciende en forma de una lluvia semejante en otro país, no en la tierra india. (R. C. Dutt, Economic History of India, pp. 11-12). Tras la llegada de los ingleses, se enviaba a Inglaterra un tercio de los ingresos totales. El tesoro estatal ya no siguió siendo un «bait al-mal», del que el pueblo pudiera recibir ayuda en tiempos de necesidad. Los ingresos fiscales también se duplicaron. El llamado último nawab de Bengala recaudó 817.553 libras en su último año (1764); apenas treinta años después, los ingleses recaudaban 2.680.000 libras. (R. C. Dutt, Economic History of India, p. 9; M. Fazlur Rahman, The Bengali Muslims & English Education, p. 14).
Nadie ignora la extrema ruina a la que se enfrentó la comunidad campesina durante los años posteriores a la batalla de Plassey y después. Por un lado, la riqueza del país salía continuamente al extranjero en cantidades cada vez mayores; por otro, a causa del establecimiento permanente, los nuevos zamindares sometían a los campesinos a una inhumana opresión. Como consecuencia, estos no pudieron mejorar en modo alguno su suerte y hasta el día de hoy siguen cultivando para los intereses de los zamindares, como si fueran esclavos. (M. Fazlur Rahman, The Bengali Muslims & English Education, p. 20; R. C. Dutt, p. 27).
Examinemos también brevemente hasta qué punto había favorecido la fortuna a la sociedad hindú. Al igual que en el comercio, también en el ámbito de la administración de la tierra fueron sumamente afortunados. Como consecuencia del establecimiento permanente de Cornwallis, casi todos los zamindaríes de los musulmanes pasaron a manos de los hindúes. Sin embargo, ningún hindú perdió ninguno de sus zamindaríes. Ciertamente, algunos antiguos zamindaríes hindúes afrontaron dificultades en ciertos casos, pero su administración fue confiada a nuevos hindúes favorecidos y a advenedizos. En lugar de la antigua comunidad aristocrática surgió una nueva clase acaudalada. Este fue un aspecto importante del desarrollo y la expansión de la sociedad hindú. En cambio, entre los musulmanes, aquello quedó en cero. —(M. Fazlur Rahman, The Bengali Muslims & English Education, p. 25).
Se expulsó a los musulmanes de los empleos, los zamindaríes, los jagires, las industrias artesanales y demás, y se estableció una creciente clase media hindú. La historia de Bengala de comienzos del siglo XIX es precisamente la historia de esta nueva clase media. Y esta clase había surgido de la clase mercantil hindú. Por lo tanto, no es de extrañar que atrajera por completo la atención del gobierno. —(M. Fazlur Rahman, The Bengali Muslims & English Education, p. 118).
El sistema de castas de la comunidad hindú facilitó el surgimiento de esta clase media. Porque fue precisamente este sistema el que separó a una clase particular para que se ganara la vida mediante el comercio y los negocios. Los miembros de esta clase estaban interesados en esta nueva educación inglesa. Como estaban estrechamente relacionados con la Compañía y ocupaban puestos como agentes comerciales y funcionarios subalternos del gobierno, lograron atraer especialmente la atención de los nuevos gobernantes. Al leer los pequeños folletos que los funcionarios subalternos y los misioneros escribieron sobre la administración del país, se sabe que el gobierno mencionaba repetidamente a estos caballeros hindúes (la clase media) y estaba sumamente preocupado por complacerlos y mejorar su situación. El gobierno también se vio influido por varias otras razones en este asunto. La primera razón era que consideraba el dominio musulmán una dominación extranjera bajo la cual los habitantes de este país, es decir, los hindúes, habían sido oprimidos. En segundo lugar, cuando se estaban adoptando algunas medidas para mejorar la situación, los musulmanes afligidos habían abandonado las ciudades y se habían trasladado a zonas remotas para ganarse la vida. Por consiguiente, no pudieron atraer la atención del gobierno.
En tercer lugar, el gobierno adoptó una política de laissez-faire extremo respecto de los musulmanes, porque albergaba una desconfianza y falta de confianza naturales hacia aquellos de quienes había arrebatado el poder. En cambio, los hindúes de Bengala y los hindúes de otras regiones ocupadas por los ingleses atrajeron la atención del gobierno de tal manera que este se concentró en complacerlos. Además, los misioneros cristianos encontraron que los hindúes eran más sensibles que los musulmanes a la doctrina y la propaganda cristianas y, como resultado, los gobernantes ingleses dirigieron una atención excesiva hacia los hindúes. Estos se mostraron ansiosos por adquirir, al menos, un conocimiento superficial de la lengua inglesa. En este aspecto, los musulmanes no tuvieron ninguna oportunidad. Lo más importante es que entre los musulmanes no existía una clase media que pudiera presentar sus reivindicaciones y obtener ciertas oportunidades y ventajas en las circunstancias cambiantes. Posteriormente, el General Committee of Public Instruction, formado por el gobierno, comentó precisamente que, al no existir entre ellos una clase media que fuera «la riqueza nacional, poderosa y verdadera protectora», no pudieron aprovechar la educación ni otras oportunidades y ventajas. -(M. Fazlur Rahman The Bengali Muslims & English Education, pp.25-27) C.E. Trevelyan On the Education of the people of India, pp. 4-8).
Los misioneros cristianos y los comienzos de la educación inglesa
Durante el período del dominio musulmán, existían por todas partes innumerables instituciones educativas conforme a su propio sistema de educación; cómo fueron destruidas se expuso en el capítulo anterior, al tratarse de la introducción de la lengua inglesa. Esto era completamente natural. La clase hindú comprendió muy bien la situación cambiada y, por ello, avanzó rápidamente para aprender la lengua inglesa. No es que los musulmanes no comprendieran en absoluto esta situación. Sin embargo, aquí queremos analizar algunos de los obstáculos que existían para que aceptaran la nueva educación, es decir, la educación inglesa, y por qué muchas veces no lograron triunfar en este asunto pese a sus grandes esfuerzos.
En realidad, la enseñanza de la lengua inglesa en Bengala y, en general, en la India estaba relacionada con la predicación de la palabra de Jesús, o del Evangelio, por parte de los misioneros británicos. En un mensaje de 1659, la Corte de Directores expresó su profundo beneplácito por la predicación de la palabra de Jesús por todos los medios posibles. Se permitía a los misioneros viajar a la India en sus barcos y, una vez allí, se los alentaba a aprender la lengua materna del país con el propósito de predicar la palabra de Jesús entre los pobres y los ignorantes. En la carta concedida a la Compañía de las Indias Orientales en 1698 se hizo hincapié en que debían aprender la lengua materna del lugar donde la Compañía residiera, para poder formarlos. Porque serían sirvientes o esclavos de la Compañía, o sus representantes en la religión protestante. -(M. Fazlur Rahman Bengali Muslims & Eng.Education, p. 28; Shap, p.3, Parochial Annals of Bengal bi H. B. Hyde; Court of Directors’ letter to Fort St. George, 25 February, 1695; LAW: promotion of Learning in India by Early European Serrlers, p. 19).
Sir John Shore, gobernador general de Bengala, afirma que, más que por razones religiosas, era necesario convertir a los habitantes de este país al cristianismo por razones políticas.
Mientras nuestros súbditos no se hayan vinculado vivamente con nosotros sobre la base de una fe religiosa común, el reino que hemos ocupado no estará a salvo de invasiones externas ni de agitaciones y movimientos internos. -(M. Fazlur Rahman Bengali Muslims & English Education, p. 34; Sharp Review of Bukanan’s Ireatise. Vol. 1. p. 113).
Ahora queda demostrado claramente que, para consolidar y prolongar el dominio británico en Bengala y en la India, consideraron necesario aprender la lengua de los habitantes de este país, a fin de poder propagar fácilmente entre ellos la doctrina cristiana.
El proceso de expansión de la educación inglesa en este país fue gradual. En la primera etapa, los misioneros cristianos establecieron escuelas de lengua bengalí con el patrocinio del Gobierno. En la segunda etapa, fundaron instituciones educativas de lengua inglesa con el propósito de impartir educación occidental y la civilización occidental.
Los misioneros continuaron trabajando ininterrumpidamente año tras año. Establecieron una imprenta en Hugli y Serampore, mediante la cual publicaron numerosos libros en lengua bengalí. En sus campañas de proselitismo no encontraron ningún obstáculo; por el contrario, recibieron estímulo. Como resultado de sus incansables esfuerzos, para 1815 habían establecido 202 escuelas únicamente en los alrededores de Calcuta. Mucho antes, en 1794, cierto Carey estableció en Maldah una escuela con internado gratuito. Al llegar a Bengala, comenzó a trabajar como supervisor en una plantación de índigo. En la escuela que fundó se enseñaban sánscrito, persa y bengalí. Además, se impartían conocimientos sobre diversas materias y también doctrina cristiana. Cierto señor Archer estableció en 1780 una escuela para varones y, poco después, otra para niños y niñas. John Stranshenow estableció una más. Sin embargo, la característica de la escuela fundada por Brown era que había sido establecida para jóvenes hindúes.
(M. Fazlur Rahman, The Bengali Muslims & Eng. Education, p. 30; Calcutta Review, 1913: «Old Calcutta»: Its Schoolmaster, por K. N. Dhas, p. 338).
Con el apoyo estatal, se establecieron en Inglaterra varias sociedades para propagar la doctrina cristiana. Entre ellas, las más destacadas fueron SPCK (Society for Promotion of Christian Knowledge), S. P. G. (Society for the Propagation of the Gospel), CMS (Church Missionary Society), entre otras. Su contribución a la propagación de la doctrina cristiana en Bengala es innegable. Los misioneros de Bengala presentaron a sus respectivas sociedades el siguiente informe:
«El comercio ha despertado una nueva manera de pensar y una nueva energía para la acción. Si podemos impartir educación gratuita con eficacia, cientos de personas acudirán para aprender la lengua inglesa. Espero que algún día logremos hacerlo y que, mediante ello, se abra un camino agradable para propagar el mensaje de Jesucristo». (M. Fazlur Rahman, Bengali Muslims & Eng. Education, p. 35; Mussalmans, vol. 1, pp. 130-131).
Al propagar la doctrina cristiana bajo el pretexto de establecer escuelas bengalíes e inglesas, los misioneros cristianos no vacilaron en hacer campaña contra el islam y su gran Profeta. Cornwallis prohibió la predicación del cristianismo en las vías públicas y en las aldeas (Beveridge: Hist. of India, vol. 2, pp. 850-851).
No obstante, continuaron realizando esta actividad. Finalmente, después de que Minto asumiera sus responsabilidades, tomó medidas severas contra los misioneros por el delito de publicar folletos que contenían afirmaciones indecorosas e irrelevantes sobre el islam y el profeta Muhammad (la paz y las bendiciones sean con él). (M. Fazlur Rahman, Bengali Muslims & Eng. Education, p. 36; Lethbridge, p. 59).
En 1818 se estableció el Colegio de Serampore (Hugli), bajo la presidencia de William Carey. El propósito de establecer este colegio era impartir conocimientos de Oriente y Occidente y convertir al cristianismo a los habitantes de este país por medio de su lengua materna. En aquella época, el Colegio de Serampore era el único colegio universitario de Asia. (Mc. Cully, p. 41; M. Fazlur Rahman, Bengali Muslims & Eng. Education, pp. 39-40).
Como se ha dicho anteriormente, el objetivo principal del Serampore College era predicar y difundir el cristianismo en la India. Para ello, era necesario formar cristianos nativos que tradujeran al bengalí las doctrinas cristianas y se encargaran también de su publicación. Con este propósito, las puertas de este colegio estaban abiertas a los no cristianos, y se alentaba a las personas locales influyentes a ayudar y cooperar en la propagación de las doctrinas cristianas. Hasta diciembre de 1838, se observó que, de un total de 101 estudiantes de este colegio, solo 34 eran no cristianos. Eran hijos de brahmanes y de otras familias de Serampore y sus alrededores (Mc. Cully, pp. 64, 65).
No había ningún estudiante musulmán por dos razones. En primer lugar, el propósito de la enseñanza en este colegio era la propagación del cristianismo; en segundo lugar, allí se enseñaba un bengalí que resultaba incomprensible para los musulmanes. Esto se debía a que ese bengalí se basaba en el conocimiento de la gramática sánscrita, que los musulmanes, naturalmente, no tenían por qué conocer en absoluto. (M. Fazlur Rahman, Bengali Muslims & English Education, p. 140).
En las escuelas y colegios establecidos por los misioneros, así como en el Fort William College, establecido por el gobierno en 1800, con la colaboración de maestros hindúes se enriquecía la lengua bengalí siguiendo el modelo del sánscrito, y este tipo de bengalí era desconocido para los musulmanes. Aunque los musulmanes de la Baja Bengala hablaban bengalí, su bengalí estaba mezclado con árabe y persa. D. H. H. Wilson, al declarar ante el Comité Selecto de la Cámara de los Comunes británica, afirmó que el bengalí y el hindi guardaban una estrecha relación con el sánscrito. Según él, en el Shakiespear’s Hindustanee Dictionary, de 500 palabras, 305 eran sánscritas. En el libro de texto universitario bengalí titulado «Hitopadesha», de las primeras 147 palabras, solo 5 no eran sánscritas. [A. R. Mallik: Br. Policy and the Muslims in Bengal, p. 156; Sixth Report, Select Committee (HC), 1853, Minutes of Evidence, p. 9. En respuesta a una pregunta, Wilson afirmó que nadie podía entender el bengalí sin algún conocimiento del sánscrito.]
En las escuelas de lengua materna se enseñaba un bengalí abundante en palabras sánscritas; las puertas de esas escuelas estaban cerradas para los musulmanes. Asimismo, en Bihar se enseñaba hindi con el alfabeto devanagari, y este también era completamente desconocido para los musulmanes. (Report of Bengal Provincial Committee, Education Commission, p. 215. Testimonio de Abdul Latif en respuesta a Q1).
Además, Dakshina, Amar Singh, Chanakya, Saraswati Vandana, Manbhanjan, Kalanka Bhanjan, entre otros.
Libros hindúes como Dan Lila, Dadhi Lila, entre otros, que trataban sobre los juegos amorosos de Krishna durante su infancia. En Bihar también se enseñaban Sudam Charit, Ram Yamuna, entre otros. (A. R. Mallick: British Policy and the Muslims in Bengal, p. 156).
Estos datos demuestran claramente que el plan de los misioneros cristianos, los gobernantes ingleses y sus colaboradores locales para privar a los musulmanes de la luz de la educación era una conspiración. Alexander Duff estableció en Calcuta una institución educativa para la enseñanza del inglés, que gracias a los esfuerzos de Duff se convirtió en una institución educativa especialmente destacada. Sin embargo, estaba destinada únicamente a los hindúes de las clases bajas y fue establecida con la colaboración de Raja Rammohan Roy. Deliberadamente, esta escuela fue instalada en un barrio hindú y en el mismo lugar donde en otro tiempo se había levantado el Hindu College. Duff no hizo ningún intento de establecer una escuela en ninguna zona musulmana. (M. Fazlur Rahman, Bengali Muslims & English Education, p. 41; N. Chattaerhce: Life of Mahatma Raja Rammohan Roy (bengalí), p. 394).
Entre 1807 y 1814, el Dr. Francis Buchanan realizó, por orden del gobierno, un estudio de los distritos de Bengala y Bihar. En 1938, su informe fue publicado en tres volúmenes por R. S. Martin. Durante el mandato de Lord Bentinck, entre 1835 y 1838, W. Adam elaboró tres informes basados en los documentos de Buchanan. El tercer informe fue elaborado en 1938, después de sus propios exámenes y observaciones sobre el terreno. Presentó un balance comparativo de la situación educativa de las comunidades hindú y musulmana, como sigue:
Hindú Musulmán
(a) Escuelas primarias autóctonas ১১ ১৬
(b) Escuelas secundarias ৩৮ ০
(c) Familias en las que los padres o amigos
impartían educación a los hijos e hijas ১২৭৭ ৩১১
El cuadro anterior se ofrece como ejemplo para la thana de Natore, en el distrito de Rajshahi, donde en aquella época la población hindú era de ৬,৫৬,৫৫৮ y la musulmana, de ১২৯৬৪০১. En una thana con semejante predominio musulmán, la proporción de musulmanes que recibían educación era tan insignificante como se ha descrito arriba. En dicho cuadro se indica el número total de maestros, entre los cuales solo había un maestro musulmán.
Al describir las causas de semejante situación de los musulmanes en el ámbito educativo, dice que, económicamente, llevaban una vida sumamente miserable. Añade que, en esas circunstancias, aconsejarles que recibieran educación equivalía a ascender al cielo colocando una escalera, algo completamente imposible y absurdo. Adam dice que, en todo el distrito de Rajshahi, solo había una escuela destinada a la educación de los musulmanes, en Kasbabagh, thana de Bilmaria, que tenía varios cientos de años de antigüedad y había sido establecida bajo el patrocinio de los sultanes musulmanes de Bengala y de magnánimos notables musulmanes
W Adam redactó su tercer informe (1838) después de visitar cinco distritos de Bengala y Bihar. El cuadro que elaboró basándose en ello es el siguiente:
Cuadro n.º 1: escuelas árabe-persas, su número y número de alumnos, hindúes y musulmanes.
Distrito Persas Escuelas árabes Alumnos hindúes Alumnos musulmanes Total
Murshidabad ১৭ ২ ৬২ ৪৭ ১০৯
Bardhaman ৯৩ ৮ ৪৭৭ ৪৯৪ ৯৭১
Birbhum ৭১ ২ ২৪৫ ২৪৫ ৪৯০
Tirhut ২৩৪ ৪ ৪৪৫ ১৫৩ ৫৯৮
Bihar meridional ২৭৯ ১২ ৮৬৭ ৬১৯ ১৪৮৬
Total ৬৯৪ ২৮ ২০৯৬ ১৫৫৮ ৩৬৫৪
Lo curioso es que el número de estudiantes hindúes que asistían a las escuelas árabe-persas era mayor en una proporción de tres a cuatro. Si se incluye además el número de estudiantes hindúes que asistían a las escuelas sánscritas, su número asciende a 4651, y el de musulmanes, a 1558. Cuadro n.º 2: escuelas de lengua materna: su número, número de estudiantes y estudiantes hindúes y musulmanes.
Distrito Escuelas bengalíes Escuelas hindi Estudiantes hindúes Estudiantes musulmanes Otros Total
Murshidabad ৬২ ৫ ৯৯৮ ৮২ ০ ১০৮০
Burdwan ৬৩০ ০ ১২৪০৮ ৭৬৯ ১৩ ১৩১৯০
Birbhum ৪০৭ ০ ৬১২৫ ২৩২ ২৬ ৬৩৮৩
Tirhut ০ ৮০ ৫০২ ৫ ০ ৫০৭
Bihar meridional ০ ২৮৬ ২৯১৮ ১৭২ ০ ৩০৯০
Total ১০৯৯ ৩৭৬ ২২৯৫১ ১২৬০ ৩৯ ২৪২৫
Del registro anterior se desprende que los musulmanes estaban muy rezagados con respecto a los hindúes en la educación en la lengua materna. La razón también es muy clara. En primer lugar, el bengalí cargado de sánscrito era incomprensible para ellos y, en segundo lugar, los temas de los libros de texto estaban repletos de ensayos y relatos de carácter idólatra. En tercer lugar, al no existir escuelas en lugar de las escuelas hindi, los musulmanes permanecían rezagados en la educación. W. Adam recomendó abrir escuelas de urdu para los musulmanes y redactar libros de texto bengalíes adecuados para ellos. Pero el Gobierno no prestó ninguna atención a este asunto.
[Nota: A. R. Mallick, British Policy and Muslims in Bengal, págs. 161-65]
Por iniciativa de la sucursal de Calcuta de la Sociedad Misionera Cristiana (C.M.S.), en 1819 se estableció en Burdwan una escuela inglesa para hindúes. Cuando los representantes de la sucursal de Calcuta, Mr. Shew y Mr. Thompson, trasladaron la escuela a sus instalaciones, esta fracasó debido al temor de que los estudiantes fueran iniciados en la religión cristiana. De manera similar, en 1832 el obispo Corrie (Corrie) estableció una escuela inglesa en Kalinga, una zona de Calcuta habitada predominantemente por musulmanes. Pero cuando se construyó una iglesia junto a ella, un gran número de estudiantes musulmanes abandonó la escuela. En su informe, Mr. Thomson explicó la causa de la disminución del número de alumnos y afirmó (1841) que, así como los hindúes sentían afición por las lenguas y la literatura occidentales, los musulmanes no la sentían. —(M. Fazlur Rahman, Bengali Muslims & English Education, págs. 44-45; Long, Handbook of Bengal Mission, pág. 125).
El señor Thomson ocultó la verdadera causa y cargó la culpa sobre los musulmanes. La verdadera razón era que la cuestión de la religión occidental estaba íntimamente ligada a las lenguas y la literatura occidentales. Para los musulmanes era mucho más difícil prepararse mentalmente para asistir a una escuela misionera que para los hindúes. Los musulmanes sentían aversión por el cristianismo, e incluso podría decirse que lo odiaban. Esto se debía a que habían construido sus creencias religiosas rechazando el cristianismo. Los hindúes, por el contrario, no tenían tal conocimiento previo y, por ello, eran fácilmente influenciados por el cristianismo.
Los misioneros sabían que, como resultado de sus contactos, un mayor número de hindúes había abrazado el cristianismo. Por ello, dirigían todos sus esfuerzos hacia los hindúes. En 1858, un misionero comentó en un folleto que había escrito que no se había realizado ningún esfuerzo verdaderamente sincero para difundir la educación entre los musulmanes. Los europeos encargados de inspeccionar las instituciones educativas gubernamentales no tenían ningún conocimiento de la lengua, el carácter ni las costumbres de los musulmanes. —(M. Fazlur Rahman, Bengali Muslims & English Education, pág. 46; India Office Tract, 242).
La desaparición del gobierno musulmán en la segunda mitad del siglo XVIII y la obtención del diwani por la Compañía de las Indias Orientales convirtieron, por así decirlo, a los ingleses en los amos absolutos de este país. Como consecuencia, su comercio, centrado en Calcuta, aumentó cien veces. En Calcuta comenzaron a construirse enormes palacios. Los hindúes gracias a cuya ayuda y colaboración había sido posible establecer el dominio inglés en este país avanzaron en grupos para conseguir empleos bajo la Compañía, convertirse en socios de sus negocios o trabajar como intermediarios comerciales. Comprendieron la urgente necesidad de aprender inglés para ello. Por consiguiente, fueron ellos quienes dieron el primer paso para establecer escuelas inglesas. Los comerciantes y ricos hombres de negocios hindúes, con la ayuda y colaboración de sus amigos comerciantes europeos, establecieron escuelas inglesas privadas en diversos lugares. En la década de los noventa del siglo XVIII, cierto Nityananda Sen estableció una escuela de este tipo en Kalutola, Calcuta.
Aquí debe mencionarse especialmente otra cuestión. En este país, los misioneros se dedicaron a difundir ampliamente el cristianismo mediante el establecimiento de escuelas en lengua bengalí. Cuando comenzaron a excederse considerablemente en este asunto, el Gobierno británico impuso ciertas restricciones a sus actividades. Sin embargo, la Charter Act de 1813 abolió las restricciones impuestas sobre ellos. Esta ley abrió el camino para establecer el episcopado (Episcopacy) en la India. En 1814, el obispo Middleton (Middleton) llegó a Calcuta. Animados por su entusiasmo y energía, los misioneros comenzaron a trabajar con renovado vigor. Él se involucró estrechamente con el Bishop’s College de Calcuta. A petición suya, el gobernador general donó sesenta y dos bighas de tierra para este colegio. Posteriormente se le concedió una ayuda gubernamental aún mayor. El propio obispo Middleton donó quinientas libras para establecer la iglesia del colegio y quinientos libros para su biblioteca.
Los comerciantes europeos se adelantaron para ayudar y colaborar con la labor de los misioneros y, en realidad, fueron ellos quienes sentaron las bases de la educación inglesa en Bengala. Gracias a sus esfuerzos, y especialmente con la ayuda y colaboración del señor David Hare y de sir Edward Hyde East, en 1817 se estableció en Calcuta el Hindu College para la educación de los jóvenes hindúes. El 27 de agosto de 1816, en una asamblea general celebrada en la residencia de sir Edward en presencia de hindúes, se redactaron los estatutos y reglamentos del colegio propuesto. Se declaró que el objetivo primordial de esta institución era impartir a los hijos de familias hindúes distinguidas educación en las lenguas inglesa e india y en la literatura y las ciencias de Europa y Asia. —(M. Fazlur Rahman, The Bengali Muslims & English Education, págs. 48-51; citado de las reglas aprobadas por los suscriptores y la asamblea general celebrada el 27 de agosto de 1816, Calcutta Christian Observer, julio de 1832, pág. 72).
Este Hindu College se convirtió en un colegio gubernamental en 1832. De este modo, el Gobierno patrocinó a una comunidad particular en el ámbito educativo. Por lo general, se ha imputado a los musulmanes que sentían una profunda aversión por la educación inglesa y occidental. Incluso se mostraban indiferentes hacia la lengua bengalí. Ya se ha dicho cómo se llenó de sánscrito la lengua bengalí para mantener a los musulmanes alejados del ámbito de la educación. ¿Fue realmente esta la verdadera razón por la que los musulmanes se negaron a aprender inglés? Sostener tal idea sería cometer una injusticia contra ellos. Estudiar en escuelas y colegios ingleses era extremadamente costoso, y los musulmanes estaban sumidos en la pobreza. Los ricos comerciantes y prestamistas hindúes, con la ayuda y colaboración de sus amigos ingleses, fundaron por iniciativa propia escuelas privadas de inglés y, sin ayuda gubernamental, facilitaron el acceso de sus hijos a la educación inglesa. Para los musulmanes, tales esfuerzos eran imposibles e impracticables. Puede afirmarse sin reservas que, por nacimiento, por pertenencia étnica y por su religión, los musulmanes eran más amantes de la educación que cualquier otra comunidad. Sin embargo, al quedar destrozadas sus estructuras políticas y económicas, quedaron rezagados en el ámbito educativo. También sentían inclinación por la educación inglesa, es decir, por la educación occidental. Pero en este aspecto no lograron atraer ni la más mínima simpatía del Gobierno. Como institución gubernamental destinada al sistema educativo de los musulmanes, Warren Hastings fundó la Madrasa de Calcuta en 1780. Sin embargo, la historia de esta madrasa durante los cuarenta años comprendidos entre 1780 y 1829 es sumamente dolorosa. El Gobierno podría haber convertido esta institución en un centro de educación superior para los musulmanes, incluida la enseñanza inglesa y occidental. Pero no lo hizo. A pesar de las reiteradas demandas de abrir clases de inglés en la Madrasa de Calcuta, el Gobierno pasó largos años dando largas. Para la educación superior de los hindúes, además del Hindu College, se fundaron numerosas escuelas inglesas por iniciativa de hindúes, ingleses, misioneros y la Sociedad Escolar de Calcuta. Pero en ninguna parte había posibilidad alguna de que los musulmanes ingresaran. Según la descripción del señor Adam, en Calcuta había dos escuelas, una fundada por un cristiano y otra por un hindú, en Upper Circular Road y en Bara Bazar. Ellos mismos también enseñaban en las escuelas. Había otra en Shobhabazar. En ella estudiaban trescientos alumnos. Esta escuela también estaba dirigida por un cristiano y un hindú. Como estas escuelas eran privadas, cobraban elevadas matrículas a los alumnos. No se sabe si los musulmanes tenían acceso a ellas. Pero, aun si lo hubieran tenido, puede afirmarse sin duda que no habrían podido enviar allí a sus hijos por falta de recursos. Calcutta Review (1850) menciona varias escuelas más de este tipo, entre las cuales destaca especialmente el Oriental Seminary. La escuela fue fundada en 1823. En 1850 contaba con 585 alumnos. Ocupaba el segundo lugar después del Hindu College. Se dice que Gaur Mohan Addy fundó la escuela para sus compatriotas y que contrató como docentes a un tal señor Charnbull y a un abogado llamado Herman Geoffery. Muy probablemente, tampoco allí tenían acceso los alumnos musulmanes. Además, se fundaron algunas escuelas especiales para los hijos de los cristianos, en las que se permitía el ingreso de hindúes y musulmanes. Eran The Calcutta High School, The Parental Academic Institution, The Philanthropy-Academy, The Verulam Academy, entre otras. La Parental Academy estaba situada en un lugar al que los musulmanes acomodados podían enviar a sus hijos. Los musulmanes distinguidos y acomodados enviaban a sus hijos a St. Paul’s School y a la Parental Academy. La razón para enviarlos a estas dos instituciones era que allí los muchachos adquirían dominio del inglés y que ninguna de las dos era de carácter misionero. Al explicar por qué los musulmanes asistían a estas dos escuelas, el señor Mouat (Mouat 1952) —[F. J. Mouat, secretario del Comité de Educación]— afirma que, como la enseñanza en la Madrasa de Calcuta no era buena y presentaba además otras deficiencias, se vieron obligados a acudir a otros lugares. —(M. Fazlur Rahman: The Bengali Muslims & English Education, pp. 57-58; Calcutta Review, 1850, p. 457; Adam, op. cit., pp. 37, 41).
La Madrasa de Calcuta, fundada en 1780 para la educación de los musulmanes, fue objeto de tal negligencia por parte de la Compañía y del Gobierno británico que parece que el objetivo de las autoridades era impartir ignorancia y mala educación en lugar de educación. Considero necesario arrojar algo de luz sobre este asunto.
En respuesta a la petición de un número considerable de renombrados eruditos musulmanes, Hastings fundó en 1780 la Madrasa de Calcuta para la educación de los musulmanes. Hasta ese momento, los musulmanes desempeñaban diversas funciones en los tribunales penales y civiles y en el departamento de policía, y como el persa era la lengua utilizada en la administración, al Gobierno de la Compañía también le resultaba necesario mantener un sistema educativo para los musulmanes, al menos provisionalmente, con el fin de administrar el gobierno. Se encomendó la dirección de la madrasa. Sin embargo, entre 1780 y 1791 no se observó ningún progreso en ella. Se detectaron deficiencias en la administración de Mazduddin; este fue destituido y se confió la responsabilidad a un tal Muhammad Israel. Se reorganizó el comité de la madrasa y se elaboró el siguiente plan de estudios:
Filosofía natural (Natural Philosophy), jurisprudencia islámica, derecho, astronomía, geometría, matemáticas, lógica y gramática. Sin embargo, hasta 1922 no se produjo ningún cambio en la situación. Por lo tanto, el doctor Lamsden (Lamsden), miembro influyente del comité de la madrasa, recomendó en su informe el nombramiento de un director europeo. El Gobierno rechazó dicha recomendación, aunque Lamsden solicitó en su informe que se nombrara un director europeo. En 1818, el comité propuso nombrar a un secretario europeo. El Gobierno aceptó la propuesta, pero asignó la responsabilidad financiera al comité, para que no recayera ninguna presión sobre los ingresos gubernamentales. Es lamentable que las propuestas del Dr. M. Lamsden de traducir al árabe y al persa los libros de conocimiento y ciencia occidentales, introducir la enseñanza del inglés en la madrasa y enseñar inglés a los alumnos musulmanes fueran rechazadas por el Gobierno o quedaran durante muchos años en espera. —(M. Fazlur Rahman, Bengali Muslims & English Education, pp. 68-70; A. R. Mallick, British Policy & the Muslims of Bengal, p. 176).
Cuando un miembro responsable del comité (Dr. M. Lamsden) propuso abrir clases de inglés en la madrasa, debe entenderse, sin duda, que los alumnos musulmanes y sus tutores sentían interés por la educación inglesa. De lo contrario, se habrían opuesto a la propuesta. Conviene recordar que en 1815 se había presentado una propuesta para abrir clases de inglés en el Sanskrit College de Benarés. El comité de la madrasa quedó rezagado en este asunto. Por otro lado, en 1816 se fundó el Hindu College y comenzó a impartirse enseñanza en inglés. En 1854, a raíz de las peticiones de los musulmanes, este Hindu College se transformó en el Presidency College y sus puertas se abrieron a los estudiantes de todas las religiones y comunidades. (Abdul Mawdud, El desarrollo de la sociedad de clase media: la transformación de la cultura, p. 94; Siglos en perspectiva: Dr. Hasan Zaman, profesor Abdur Rahim, p. 239).
En cualquier caso, conforme a la propuesta de Lamsden, el capitán Irwin fue nombrado secretario del comité con un sueldo mensual de trescientas rupias. En agosto de 1821 se celebró el primer examen conforme al nuevo reglamento, y los resultados fueron satisfactorios. Los resultados de los dos años siguientes también fueron buenos. En 1823, el señor John Adam formó el Comité General de Instrucción Pública (General Committee of Public Instruction). El comité declaró satisfactorios los resultados de los exámenes de 1824 y 1825. Lamsden volvió a proponer que los libros de texto ingleses fueran traducidos al árabe y al persa con el propósito de despertar entre los estudiantes el interés por aprender inglés. Insistió especialmente en la necesidad de establecer una escuela preparatoria (Preparatory) para mejorar la calidad de la educación primaria de la madrasa. Sin embargo, el comité de la madrasa, influido por los europeos, aceptó todas las propuestas de Lamsden, pero se negó a aceptar la cláusula relativa a la expansión de la educación inglesa. La mayoría de sus miembros opinaba que, si se introducía la educación inglesa o europea, fracasaría el propósito para el cual se había fundado la madrasa. (Board’s Collection, 909, p. 321, pp. 365-67, 909, p. 322; Lamsden to Madrasah Committee, 30 May, 1823; Madrasah Committee to Governor-General, 3 July 1832). Como consecuencia, esta negativa del comité creó un obstáculo extremo en el camino de los estudiantes musulmanes hacia la educación inglesa. Por otra parte, el Comité de Instrucción Pública examinó con entusiasmo la propuesta de abrir clases de inglés en el Sanskrit College de Calcuta y asumió la dirección del Hindu College para administrarlo adecuadamente. Nombró al Dr. H. H. Wilson secretario del comité y, al mismo tiempo, inspector gubernamental de este colegio. Para ello también se asignó una considerable cantidad de fondos públicos. A pesar de las reiteradas peticiones para introducir la enseñanza del inglés en la madrasa, una institución educativa gubernamental, el gobierno no le concedió ninguna importancia. En cambio, sobre el Hindu College, una institución privada, se desbordaban la benevolencia, la ayuda, la simpatía y las donaciones del gobierno. De esto se comprende claramente cuán indiferente era el gobierno hacia los musulmanes y, en particular, hacia su educación inglesa. Esto demuestra también que carecía de fundamento la acusación de que los musulmanes habían rechazado la educación inglesa. La acusación formulada contra ellos por pertenecer a una clase particular también carecía de fundamento. Se culpó a los musulmanes precisamente para encubrir el delito de favoritismo hacia una clase determinada. Quien conozca bien la actividad de los misioneros cristianos entre los hindúes y la historia de la propagación del cristianismo, e incluso la historia del Hindu College, una institución propia de los hindúes, tendrá que admitir que el desprecio o la falta de interés de los hindúes por la educación inglesa no era menor que el de los musulmanes. —(M. Fazlur Rahman, Bengali Muslims & English Education, pp. 73-74).
Después del examen anual de la madrasa de 1825, los examinadores, el señor Mill y el señor Thomson, al observar el notable éxito de los estudiantes en el examen, propusieron impartirles conocimientos científicos y generales occidentales. Animado por su propuesta, Lamsden presionó para introducir la enseñanza del inglés en la madrasa. En el informe que envió al comité declaró que, como resultado de su prolongado y estrecho contacto con los estudiantes musulmanes y con el público, había llegado a la conclusión de que, si la lengua inglesa se aceptaba únicamente como medio para adquirir los conocimientos necesarios, los musulmanes no tendrían ninguna objeción, sino que la aceptarían con entusiasmo. Sin embargo, si mediante los libros de texto se facilitaba la propagación de la Biblia, o si se herían las creencias religiosas de los musulmanes, era natural que surgieran objeciones. —(M. Fazlur Rahman, Bengali Muslims & English Education, p. 74; Board’s Collection, 909, pppp. 713; Lamsden to General Committee, 19 February 1825). Lamsden propuso además que, para fomentar la educación inglesa, se concediera a cada estudiante una beca de ocho rupias. Macaulay protestó enérgicamente y la propuesta fue rechazada.
Aunque no se abrieron clases de inglés en la madrasa, los estudiantes habían llegado a estar tan interesados en aprenderlo que comenzaron a estudiar algo de inglés con los maestros a cambio de una remuneración muy pequeña. De ese modo tampoco lograban aprender bien el inglés. Lamsden propuso entonces al comité nombrar a un profesor de lengua inglesa. Pero tampoco de ello se obtuvo ningún resultado. Así, los estudiantes de la madrasa no fueron privados de la educación inglesa por culpa de los musulmanes, sino por la conducta parcial de las autoridades y por su falta de sinceridad en la expansión de la educación entre los musulmanes.
Mientras tanto, el eminente educador Dr. H. H. Wilson, por estar vinculado al Hindu College, reclamó una ayuda gubernamental mayor para el desarrollo progresivo de dicha institución. El señor Holt Mackenzie, responsable del Departamento de Educación, propuso establecer un colegio privado para una clase y comunidad particulares. Sin embargo, el Gobierno rechazó la propuesta alegando que requeriría un gasto considerable. Este rechazo fue una gran bendición para el Hindu College. A partir de entonces, toda la atención favorable del Comité se concentró en este Hindu College, que fue reconocido como el único centro de educación inglesa. En el informe de 1825 sobre este colegio, el Comité General expresó su satisfacción y declaró que el número de alumnos había aumentado de cien a doscientos, y que, si se podía impartir a tal cantidad de alumnos los conocimientos necesarios y formación en lengua inglesa, cabía esperar, sin duda, el desarrollo y perfeccionamiento de las cualidades intelectuales de los principales y más eminentes habitantes de la ciudad de Calcuta (Principal Inhabitants of Calcutta). Aquí resulta especialmente digno de atención el término «principales y más eminentes habitantes de la ciudad de Calcuta». No cabe duda de que con esta expresión se aludía únicamente a la «clase media hindú» de Calcuta. Esta expresión deja claramente de manifiesto la verdadera actitud del Gobierno británico en materia educativa.
En realidad, la política o doctrina educativa de los gobernantes ingleses era la política de filtración (Policy fo filtration), mediante la cual se limitaban las oportunidades y facilidades para la educación superior, es decir, para el aprendizaje de los conocimientos científicos y culturales occidentales por medio de la lengua inglesa, a una clase selecta de hindúes, llamados Principal Inhabitants of Calcutta (principales y más eminentes habitantes de Calcuta), es decir, la clase media hindú. Estos recibirían educación inglesa y se dedicarían a difundirla por el país. Es decir, en las instituciones educativas que ellos establecieran, tanto los profesores como los alumnos serían hindúes. Y eso fue, en realidad, lo que ocurrió. En otras palabras, esta educación estaba principalmente destinada a los hindúes. Y eso fue, en realidad, lo que ocurrió. En otras palabras, esta educación estaba además limitada principalmente a los hindúes de las clases superiores, es decir, a los brahmanes. La clase mercantil hindú también se benefició de los resultados de esta política de filtración. No solo los musulmanes, sino también las demás clases de la sociedad hindú quedaron excluidas de ella. El reverendo Lal Behari Dey comenta: «El filtro de las clases superiores en la India no es, desde ningún punto de vista, un filtro. Es una vasija de barro cuya abertura está cerrada de tal manera que no puede entrar desde el exterior ni luz ni aire. Mientras un brahmán se alimenta hasta saciarse del conocimiento de la lógica, la metafísica y las escrituras religiosas, por otro lado, el shudra, junto con el leproso, mira con avidez y sin esperanza, preguntándose cuándo llegará a su suerte un pedazo de alimento de la mesa de su amo». (L. B. Dey, en respuesta a Babu Kishori Chand, reunión de la British India Association, 1868; citado por H. A. Stark, Verncular Education in Bengal, p. 89).
De acuerdo con esta política de filtración, el Gobierno prestó la máxima atención al Hindu College. Se concedieron a los estudiantes ocho becas de dieciséis rupias y una subvención mensual de trescientas rupias. Posteriormente, se asignaron 49.376 rupias para imprimir libros de texto elementales y 5.000 rupias para adquirir libros en Inglaterra.
Después de brindar al Hindu College la oportunidad de ascender a las más altas cumbres del progreso, Wilson dirigió su atención al Sanskrit College. Tan pronto como se anunció la apertura de clases de inglés, 40 de sus 136 estudiantes manifestaron interés en estudiar inglés. El señor Tytler, uno de los profesores del Hindu College, fue encargado adicionalmente de enseñar en el Sanskrit College. Después de todo esto, quizá avergonzado, el Gobierno decidió abrir clases de inglés en la Madrasa de Calcuta en 1829. En el informe de abril del primer año se supo que el número de estudiantes había disminuido de 136 a 102. Se señaló que la pobreza era la principal causa. La razón era que la mayoría de los estudiantes musulmanes que acudían a estudiar inglés procedían de zonas remotas del país. Debido a su pobreza, estudiaban alojándose en las viviendas de los khansamas de los caballeros ingleses y con ayuda económica de los sahibs. (M. Fazlur Rahman, Bengali Muslims & English Education, pp. 74-80; Hunter, The Indian Mussalmans, p. 203).
La extensa exposición sobre la educación de los musulmanes durante el dominio británico se ha presentado por dos razones. La primera es demostrar el trato discriminatorio del Gobierno inglés hacia los musulmanes. La segunda es demostrar que la acusación de que los musulmanes habían rechazado la educación inglesa carece de fundamento. Espero que estos dos puntos hayan quedado claros en la exposición anterior. Como prueba, añadiré un par de observaciones más.
Lord Macaulay fue nombrado miembro encargado de asuntos jurídicos del Parlamento británico en 1834. Al describir el objetivo de la política educativa del Gobierno británico en la India, dijo:
«Actualmente debemos formar una clase que actúe como intérprete entre los gobernantes y los gobernados. Serán indios por la constitución de su cuerpo y el color de su piel, pero serán auténticamente ingleses en cuanto a gustos, opiniones, principios morales e intelecto. (Woodrow, Minutes on Education in India de Macaulay, 1862; Abdul Mawdud, El desarrollo de la sociedad de clase media: la transformación de la cultura, p. 97).
Macaulay añadió: «Tengo la firme convicción de que, si nuestra política educativa se lleva a cabo, dentro de treinta años no quedará ningún idólatra en la sociedad bengalí educada y distinguida». (Trevelyan, Life and Letters of Lord Macaulay, vol. 1, p. 455).
Es posible que el señor Macaulay no hubiera podido ver, desde Inglaterra, que ya había comenzado aquello que en su primera declaración deseaba ver treinta años después. En 1832 se recopilaron datos sobre cuánto había aumentado la demanda de productos británicos. El informe señalaba que, entre la clase media de Calcuta, no solo había aumentado la demanda de tejidos británicos, sino también la demanda y la popularidad de las bebidas alcohólicas británicas. Había crecido entre ellos la atracción por los artículos de lujo británicos. Tenían casas amuebladas con mobiliario británico, coches de caballos y también bebían alcohol. Sin duda, los nativos bebían más. Con ello querían demostrar que no sentían indiferencia, odio ni aversión hacia la anglificación —en palabras de Macaulay, ser auténticamente ingleses en gustos, opiniones y principios morales—. Bebían alcohol, brandy y cerveza. (Select Committee Report, House of Commons, 1831-32; Mawdud, p. 10).
Al explicar la «política de filtración» del Gobierno en materia de educación, el señor Trevelyan dijo: «Los ricos comerciantes y las comunidades educadas serán los primeros en beneficiarse; aparecerá un grupo de nuevos maestros; se publicarán más libros en las lenguas vernáculas. Entonces, por medio de ellos, avanzaremos de las ciudades a las aldeas y de unos pocos hogares a los hogares de la vasta población; se establecerán escuelas primarias, pero nuestros recursos son limitados, mientras que debemos educar a millones de personas. Por eso es necesario seleccionar, y al principio se ha prestado atención principalmente a las personas de la clase media alta. Porque, si ellas reciben educación, la oportunidad se extenderá también entre el pueblo».
(Abdul Mawdud: El desarrollo de la sociedad de clase media, pp. 97-98; Trevelyan, p. 48).
Las palabras que anidaban en la mente de los gobernantes ingleses salieron de boca del señor Trevelyan. Con la colaboración de las clases hindúes adineradas, comerciantes y de clase media, arrebataron a los musulmanes el poder político. A través del comercio y los negocios, su alianza con esta clase media se estrechó aún más. Manteniéndolos completamente satisfechos, podrían conservar intacto el poder gobernante en este país. Por lo tanto, no es de extrañar que, aunque fuera injusto, sus favores se derramaran plenamente sobre esta clase particular. Los misioneros cristianos se esforzaron por difundir la educación en este país. Sin embargo, sus intenciones no eran en absoluto nobles. Como sus llamamientos e invitaciones a los musulmanes a aceptar su «Evangelio», hechos en nombre de la educación, terminaron en fracaso, no podían mirar a los musulmanes con buenos ojos. Este fracaso finalmente los llevó a dedicarse a la propaganda contra el islam y su Profeta. Así, en el círculo formado por los misioneros, los gobernantes ingleses y la clase media hindú que era su aliada, el destino de los musulmanes fue aplastado; fueron expulsados del ámbito de la educación y de los medios de subsistencia, y privados de todas las demás oportunidades y ventajas.
El dinero necesario para la educación y el bienestar de los habitantes de este país no tenía que traerse de Gran Bretaña. El dinero de este país podía gastarse en beneficio de sus propios habitantes. Y eso nunca se consideraba un favor o una dádiva. Era un derecho de los habitantes de este país. Pero los musulmanes fueron privados de ese derecho. Lejos de asignar fondos del tesoro público para la educación de los musulmanes, las autoridades incluso malversaron las donaciones destinadas a su educación y las emplearon en fines impropios. Tomemos como ejemplo la donación del filántropo Haji Muhammad Muhsin. En lugar de presentar aquí la opinión de los musulmanes sobre este asunto, se reproducirá lo que dijo el eminente inglés y cristiano señor Hunter:
En 1806, un musulmán rico y distinguido del distrito de Hugli, al morir, donó su enorme zamindari para que se empleara en obras de caridad. Más tarde surgió una disputa entre sus dos fideicomisarios. Cuando en 1810 se acusaron mutuamente de malversar los bienes, la crisis llegó a su punto culminante y el recaudador inglés del distrito tomó posesión de la propiedad, a la espera de la decisión del tribunal. Como el litigio continuó hasta 1816, entonces destituyó a ambos fideicomisarios y el Gobierno asumió directamente la administración de dicho zamindari. El Gobierno asumió por sí mismo la responsabilidad de uno de los fideicomisarios y nombró a otra persona en lugar del segundo. Al año siguiente, toda la propiedad fue arrendada con la condición de pagar los ingresos fiscales fijados. Durante el curso del litigio, el total de los ingresos obtenidos por el arrendamiento, incluidos los atrasos pendientes, ascendió a 105.700 libras esterlinas. (Con estos ingresos se pagó también el costo del edificio del colegio). Además, hasta la fecha se ha acumulado un excedente de 12.000 libras esterlinas procedente de los ingresos anuales del zamindari.
«Como ya he dicho, se constituyó un fideicomiso para gastar los ingresos del zamindari en diversas obras de beneficencia. Entre las buenas obras especificadas en el testamento se encontraban la celebración de ciertos actos de predicación religiosa, el mantenimiento del imambara de Hugli o de la gran mezquita, un cementerio, varias becas y el sostenimiento de diversas instituciones religiosas. Proporcionar fondos a una institución educativa entra dentro de los objetivos para los que se constituyó el fideicomiso. Pero, conforme a la voluntad del fundador, debía tratarse de una institución educativa propiamente musulmana. En los países musulmanes, fundar colegios para estudiantes pobres y talentosos se considera una obra religiosa. Sin embargo, gastar el dinero de este testamento en un colegio no musulmán se consideraría contrario a la voluntad del testador y constituiría un grave abuso de poder por parte de los fideicomisarios.
«Por consiguiente, resulta fácil imaginar con qué indignación podían los musulmanes acusar al Gobierno inglés de malversar los fondos por haber gastado el dinero de este fondo en establecer un colegio inglés. En efecto, eso es precisamente lo que ocurrió. Con el dinero de una propiedad destinada exclusivamente a fines religiosos islámicos, el Gobierno creó una institución educativa en la que se enseñan materias contrarias a los principios del islam y de la que, en la práctica, los musulmanes han sido excluidos.»
Actualmente, el director de esta institución es un caballero inglés que no conoce ni una sola letra de las lenguas persa o árabe. Por enseñar materias que los musulmanes detestan, este director recibe un salario anual de 1.500 libras esterlinas, pagado con fondos destinados exclusivamente a fines musulmanes. Desde luego, esto no constituye un delito del propio director. Los culpables son los gobernantes que lo nombraron para ese cargo. Durante los últimos treinta y cinco años, el Gobierno ha estado malversando deliberadamente los fondos de ese enorme fondo educativo. En un intento fallido de encubrir su grave incumplimiento de confianza, el Gobierno vinculó una pequeña escuela musulmana, la madraza de Hugli, al colegio inglés. Además de malversar el dinero de dicho fondo para construir el edificio del colegio, se gastan anualmente 5.000 libras esterlinas del fondo en su mantenimiento. En otras palabras, la situación real es que, de los ingresos del fondo, que ascienden a 5.260 libras esterlinas, solo se gastan 250 libras en la pequeña escuela musulmana mencionada, y únicamente esta pequeña escuela musulmana ha sobrevivido como prueba de la naturaleza esencial del fideicomiso.
«Es muy difícil discutir la acusación de malversación, porque no es posible refutarla. Los musulmanes vienen denunciando que el Gobierno inglés infiel aprovechó la mala administración de los fideicomisarios musulmanes de esta enorme propiedad religiosa con el malicioso propósito de apoderarse de su propiedad, y que después, contraviniendo el sagrado propósito religioso del donante, el Gobierno creó una institución educativa contraria a los intereses de los musulmanes; por ello, el delito cometido por el Gobierno se vuelve aún más grave. Se ha dicho que, hace algunos años, entre los trescientos estudiantes del colegio inglés en cuestión no había ni siquiera un uno por ciento de musulmanes. Aunque posteriormente disminuyó esta humillante discriminación, el descontento de los musulmanes ante la injusticia continúa hasta el día de hoy. Un civil que examinó profundamente la cuestión escribió:
la ha establecido allí donde se enseñan materias contrarias a los principios del islam y de cuya institución se ha excluido efectivamente a los musulmanes.
Actualmente, el director de esta institución es un caballero inglés que no conoce ni una sola palabra de persa o árabe. Este director recibe un salario anual de 1.500 libras esterlinas, pagado con fondos destinados exclusivamente a los musulmanes, por enseñarles materias que estos detestan. Desde luego, esto no constituye una falta de dicho director. Los culpables son los gobernantes que lo nombraron para esa responsabilidad. Durante los últimos treinta y cinco años, el Gobierno ha malversado deliberadamente los fondos de ese enorme fondo educativo. El Gobierno vinculó al colegio una pequeña escuela musulmana —la Madrasa de Hugli—. Además de malversar el dinero del fondo para construir el edificio del colegio, se gastan anualmente 5.000 libras esterlinas del fondo en el mantenimiento del colegio. Es decir, la situación real es que, de los ingresos de 5.260 libras esterlinas del fondo, solo se gastan 250 libras esterlinas en dicha pequeña escuela musulmana, y esta pequeña escuela musulmana es lo único que subsiste como prueba de las características fundamentales del fideicomiso.
«Es muy difícil discutir la acusación de esta malversación, porque no es posible refutarla. Los musulmanes vienen denunciando que el Gobierno inglés infiel, con el malvado propósito de apoderarse de la propiedad de este enorme patrimonio religioso musulmán, aprovechó la mala administración musulmana de los bienes y, después, contraviniendo el sagrado propósito religioso del donante, estableció una institución educativa contraria a los intereses de los musulmanes; por ello, el delito cometido por el Gobierno se ha vuelto aún más grave. Se ha dicho que, hace algunos años, entre los trescientos alumnos del colegio inglés en cuestión, ni siquiera el uno por ciento era musulmán. Aunque posteriormente disminuyó esta humillante discriminación, el descontento de los musulmanes contra la injusticia continúa. Un funcionario civil que examinó profundamente el asunto escribió:»
«Puedo demostrar que no es fácil exagerar el odio y la humillación que el Gobierno británico se ha granjeado en este asunto por sus propios actos: durante los veintiocho años que viví en la India, comprobé la veracidad de la cuestión —a las pocas semanas de llegar por primera vez a este país visité Hugli—, y puedo afirmar que entonces no escuché nada diferente de nadie, ni nativo ni europeo. Sea cierto o no, los musulmanes creen que, en este asunto, el Gobierno se comportó con ellos de manera injusta y estrecha de miras, y para ellos esto se ha convertido en una experiencia permanente de amargura». »
(W. W. Hunter, The Indian Mussalmans, traducción bengalí de M. Anisuzzaman, pp. 163-165).
Estas fueron las declaraciones explícitas de dos señores ingleses que habían venido a este país como funcionarios de suma responsabilidad del Gobierno británico. Al contemplar la extrema injusticia cometida contra los musulmanes, quizá su conciencia se rebeló entre sollozos. Esa fue la expresión que apareció en sus escritos. Pero ¿acaso esto hizo reaccionar al Gobierno irreflexivo y opresor? Consideraban enemiga a una clase de este país y amiga íntima a otra. Se apropiaron de los derechos legítimos del enemigo y con ellos complacieron al amigo. Esta injusticia continuó hasta el final del dominio británico. El autor pasó su infancia, de 1925 a 1930, en la pequeña escuela musulmana adyacente al mencionado colegio. Tampoco entonces se observaba cambio alguno en la situación descrita por el señor Hunter. Puede afirmarse sin reparos que en toda la historia de la humanidad no se encontrará en ninguna parte una malversación y un abuso mayores de donaciones religiosas. Hay que decir que fue una desgracia para los musulmanes que, después de que los británicos abandonaran este país, la propiedad y los fondos de dicha donación pasaran por herencia a los antiguos aliados de aquellos. Por tanto, es inconcebible que la situación cambie.
Fue como resultado de la profunda conspiración de este tríptico —la clase gobernante inglesa, los misioneros cristianos y la clase media hindú de Bengala— que los musulmanes fueron privados del patrocinio estatal y, en consecuencia, se les cerraron los caminos de la educación y de la subsistencia. A partir del 1 de abril de 1837 se introdujo el inglés en los asuntos oficiales, las oficinas y los tribunales del Gobierno. Cabe señalar que los ingleses, valiéndose de su astucia, introdujeron en secreto la política de anglicización para hacer efectiva su determinación sin poner al pueblo al corriente. Sin embargo, la clase favorecida por ellos conocía esta conspiración secreta. Por eso, en cuanto el inglés se impuso súbitamente a partir del 1 de abril, sus miembros se instalaron firmemente en todas las oficinas gubernamentales. Entretanto, mediante las maniobras de los misioneros ingleses, se creó el hindustaní, cargado de palabras sánscritas, que desplazó incluso al urdu —la gran aportación lingüística de los musulmanes, basada en palabras árabes y persas—, y fue reconocido como la única lengua vernácula aprobada por el Gobierno y como certificado para obtener empleo.
(Abdul Mawdud: El desarrollo de la sociedad de clase media, pp. 98-99). Su propósito era cerrar a los musulmanes las puertas de todos los empleos.
Así, la introducción de la educación inglesa se produjo principalmente por motivos políticos y para beneficio de una sola clase de habitantes urbanos. En la práctica, la educación inglesa era el único pasaporte de los habitantes del país para obtener empleos en las oficinas y tribunales del Gobierno. Por ello, el aprendizaje de esta lengua se extendió con rapidez, certeza y amplitud. Sin embargo, el aspecto más grave de esta política educativa fue que se limitó exclusivamente a la respetable clase media, mientras que el pueblo quedó trágicamente desatendido. Además, los hindúes de la clase media se apropiaron de todas las oportunidades y ventajas de la educación inglesa; los hindúes de la aristocracia y la totalidad de los musulmanes quedaron al margen. En esta lucha de penetración para convertir el país en inglés, los partidarios de Macaulay resultaron vencedores. (Abdul Mawdud: El desarrollo de la sociedad de clase media, pp. 99-100; John Marshal, An Advanced History of India, pp. 818-19).
A continuación se incluyen algunos registros para comprender cabalmente cuál era la situación de los musulmanes en los ámbitos de la educación y el empleo durante el siglo XIX.
Número de estudiantes hindúes y musulmanes en las escuelas y colegios públicos al 30 de abril de 1852:
Institución educativa Hindúes Musulmanes Otros Total
Hindu College 471 0 0 471
Pathmala 216 0 0 216
Branch School 255 0 0 255
Sanskrit College 299 0 0 299
Madrasa 0 433 0 433
Colegio de Hooghly 389 6 2 397
Escuela filial de Hooghly 160 2 2 164
Madrasa de Hooghly 18 145 0 163
Maktab de Hooghly 9 47 0 56
Madrasa de Sitapur 0 40 0 40
Colegio de Daca 323 29 31 383
Colegio de Krishnanagar 205 7 1 213
Colegio de Chittagong 97 8 20 125
Colegio de Comilla 81 6 4 91
Colegio de Sylhet 80 11 1 92
Colegio de Baulia 83 0 2 85
Colegio de Medinipur 117 7 1 125
Colegio de Jessore 96 7 0 103
Colegio de Burdwan 71 3 0 74
Colegio de Bankura 74 0 0 74
Colegio de Barasat ১৭৪ ০ ০ ১৭৪
Colegio de Howrah ১২৩ ৬ ০ ১২৯
Colegio de Uttarpara ১৭৫ ০ ০ ১৭৫
Colegio de Barrackpur ৮৮ ২ ০ ৯০
Colegio de Raspagala ১০ ৩৭ ০ ৪৭
Total ৩৮৪১ ৭৯৬ ৬৪ ৪৬৭৪
(A.R. Mallick British Policy & the Muslims in Bengal, p.280)
Número de estudiantes de las instituciones educativas mencionadas en abril de 1856. Para entonces, el Hindu College se había convertido en el Presidency College y en la Madrasa de Kolkata se había abierto una sección anglo-persa (A.P.) para la enseñanza del inglés.
Institución educativa Hindú Musulmán Otros Total
Presidency College 127 0 5 132
Hindu College 462 0 0 462
Escuela de Kalutola 567 0 4 571
Madrasa (árabe) 0 59 0 59
Madrasa (A.P.) 0 111 0 111
Escuela de Kalinga 124 15 4 143
Colegio de Sánscrito 339 0 0 339
Escuela primaria 345 0 0 345
Colegio Médico 148 96 34 278
Madrasa de Hooghly 4 175 0 179
Escuela filial de Hooghly 169 8 0 177
Colegio de Dacca 390 24 41 455
Colegio de Krishnagar 240 7 0 247
Colegio de Berhampore 227 10 5 242
Escuela de Howrah 229 3 4 236
Escuela de Uttarpara 203 0 0 203
Escuela de Birbhum 104 10 0 114
Escuela de Medinipur 145 10 0 155
Escuela de Bankura 146 1 0 147
Escuela de Baulia 129 5 0 134
Escuela de Raspagla 40 63 0 103
Escuela de Barasat 192 3 0 195
Escuela de Barrackpur 116 2 0 118
Escuela de Jessore 134 5 2 141
Escuela de Patna 144 4 0 148
Escuela de Faridpur 102 4 0 106
Escuela de Barisal 209 22 3 234
Escuela de Comilla 93 16 7 116
Escuela de Noajali 66 1 4 71
Escuela de Chittagong 166 42 14 222
Escuela de Bogra 85 6 0 91
Escuela de Dinajpur 114 8 4 126
Escuela de Mymensingh 167 9 8 184
Escuela de Sylhet 157 5 2 164
Total 6338 731 147 2216
(A.R. Mallick British Policy & the Muslims in Bengal, p.281)
El señor Hunter añadió en su obra un resumen de la situación de los musulmanes, en abril de 1871, en el ámbito del empleo bajo el patrocinio estatal en Bengala. Es el siguiente:
Europeos Hindúes Musulmanes Total
Servicio civil contratado
(nombrados por la Reina desde Inglaterra
nombrados 260 0 0 260
En los distritos no sujetos al Reglamento
Funcionarios del departamento judicial 47 0 0 47
Comisionados asistentes extraordinarios 26 7 0 33
Magistrados adjuntos y recaudadores adjuntos 53 113 30 196
Tasadores del impuesto sobre la renta 11 43 6 60
Departamento de registro 33 25 2 60
Juez del Small Cottage Court y
Juez subordinado ১৪ ২৫ ৮ ৪৭
Munsif ০ ১৭৮ ৩৭ ২১৬
Departamento de Policía, de todos los grados
Oficiales con nombramiento en el boletín oficial ১০৬ ৩ ০ ১০৯
Departamento de Obras Públicas, establecimiento
de ingeniería ১৫৪ ১৯ ০ ১৭৩
Departamento de Obras Públicas, subordinado
Personal ৭২ ১২৫ ৪ ২০১
Departamento de Obras Públicas, contabilidad
Personal ২২ ৫৪ ০ ৭৬
Departamento médico,
en los colegios de medicina, en las cárceles,
en los dispensarios de beneficencia, de sanidad
y en el departamento de medicina preventiva
empleados destinados y los distritos
Oficiales médicos, etc. 89 65 4 158
Departamento de Educación Pública 38 14 1 53
Aduanas, navegación fluvial, inspección del opio
control y otros diversos departamentos 412 10 0 422
Total 1334 681 92 2111
W. W. Hunter, The Indian Mussalmans, edición de Bangladesh, 1975, p. 152).
Después de añadir el cuadro anterior, el señor Hunter hizo el siguiente comentario:
Hace cien años, todos los cargos gubernamentales eran monopolio exclusivo de los musulmanes. Si los gobernantes distribuían ocasionalmente algunos favores, los hindúes también los aceptaban agradecidos; y se veía a uno que otro europeo en algún puesto menor o a dos o cuatro en labores de oficina. Pero el cálculo anterior muestra que, posteriormente, la proporción de musulmanes frente a los hindúes ha quedado reducida a menos de una séptima parte. Además, el número de hindúes supera la mitad del de los europeos, mientras que el de musulmanes es inferior a una cuarta parte del de los europeos. Quienes hace cien años tenían el monopolio de los empleos gubernamentales representan ahora apenas una vigésima tercera parte del total. Esto ocurre incluso en el caso de los empleos gazeteados, donde se observa bastante cautela al distribuir el patrocinio estatal. En los empleos relativamente ordinarios de la ciudad presidencial, el nombramiento de musulmanes está prácticamente suspendido. Hace unos días se observó que no había en ningún departamento ni siquiera un empleado que conociera la lengua musulmana, y que rara vez se encuentra en Calcuta una oficina gubernamental donde haya un solo musulmán empleado en un puesto superior al de chaprasi o peón.
¿Se debe todo esto a que los hindúes son más capaces que los musulmanes y que solo ellos tienen derecho a recibir un trato justo? ¿O acaso se debe a que no desean incorporarse al servicio público y han dejado sus puestos para los hindúes? Naturalmente, los hindúes poseen una inteligencia superior; pero eso no significa que actualmente posean la inteligencia universal y extraordinaria necesaria para monopolizar los empleos públicos, y su historia pasada también contradice tal afirmación. La verdad es que, cuando el poder de gobierno de este país llegó a nuestras manos, los musulmanes eran la nación superior. Su superioridad no se debía únicamente a la fuerza moral y física, sino también a su capacidad para dirigir la organización política y a su conocimiento práctico de la administración del Estado. A pesar de todo ello, se cerró el acceso de los musulmanes a los empleos públicos y privados. (W. W. Hunter: The Indian Mussalmans, pp. 152-53).
El estado de los musulmanes en el departamento de educación pública, mostrado en el registro anterior, deja claramente de manifiesto cómo se les mantuvo alejados del ámbito educativo para cerrarles el camino de la subsistencia. Se exigió repetidamente al Gobierno que organizara la enseñanza del inglés para los musulmanes. Pero todo quedó en un clamor en el desierto. Los musulmanes estaban oprimidos por la pobreza. No podían afrontar los gastos de la educación superior. Sin embargo, tampoco se utilizaron debidamente las donaciones de los musulmanes destinadas a este fin. Al contrario, fueron malversadas.
En 1837, un musulmán de Patna llamado Syed Amir Hossain fue nombrado miembro de la Asamblea Legislativa de Bengala en lugar de Ishwar Chandra Mitra. Entre los musulmanes, publicó un folleto sobre la educación de los musulmanes y puso especial énfasis en la expansión de su educación. Dijo:
La educación inglesa de los musulmanes no está progresando. El Gobierno se muestra indiferente al respecto. Al no estudiar inglés, los musulmanes no pueden competir con las demás comunidades de la India. Sin embargo, los musulmanes están interesados en la educación inglesa… Se ha oído a muchas personas instruidas en árabe y persa lamentarse de no haber tenido la oportunidad de estudiar inglés. Por ello, no tienen ningún medio de subsistencia. El sistema de educación madrasa existente en Hooghly, Rajshahi y Chittagong con fondos del Fondo Mohsin no produce ningún beneficio. Por lo tanto, debe cerrarse la madrasa de Hooghly. Deben reducirse los gastos de las madrasas de Rajshahi y Chittagong. De este modo, con las 93 mil rupias que sobrarían del Fondo Mohsin, debe abrirse un colegio independiente de grado en el edificio de la Madrasa de Kolkata. Como resultado, aumentará la educación superior inglesa entre los musulmanes, sin que el Gobierno tenga que realizar un gasto adicional.
Pero el Gobierno no aceptó un argumento tan razonable. El gobernador de entonces no prestó atención a la propuesta de Amir Hossain. Con este pretexto, dijo: «El interés de los musulmanes por la educación madrasa todavía no ha disminuido, ni ha aumentado su interés por la educación inglesa. En todo Bengala, un promedio de 32 muchachos musulmanes aprueba anualmente el examen de ingreso. De ellos, como máximo 20 estudian en la universidad. No sería razonable abrir un colegio como el Presidency College con un número tan reducido de estudiantes. Bastará con disponer que los estudiantes musulmanes estudien en los colegios de Kolkata pagando un tercio de la matrícula».
Por un lado, la opresión, la indiferencia y el desprecio causados por la actitud hostil de la potencia extranjera gobernante; por otro, la inhumana privación impuesta por la comunidad vecina, favorecida por esa misma potencia, y la expulsión sistemática de los musulmanes de todos los ámbitos de la educación y de los medios de subsistencia, impulsada por la defensa de sus intereses: estas fueron las causas del atraso de los musulmanes.
(Abdul Mawdud: El desarrollo de la sociedad de clase media, pp. 332-34).
Al comprender la necesidad de la educación inglesa, no eran únicamente los muchachos musulmanes quienes la anhelaban. Detrás del purdah, las muchachas musulmanas también estaban interesadas en ella. Pero no se organizó nada para ellas. Aunque en 1849 se estableció en Kolkata la Escuela Bethune, posteriormente convertida en el Colegio Bethune, las muchachas musulmanas no tenían acceso a ella. Abdul Mawdud, citando el periódico Muslim Bangla Samayikpatra, publicado el día 23 de Magh del año 1309, dice:
En un artículo de la revista «Mihir o Sudhakar», titulado «La educación inglesa en la sociedad de las mujeres musulmanas», se escribió lo siguiente:
Nunca habíamos imaginado siquiera en sueños que el censo de 1901 nos informaría de que cuatrocientas (400) mujeres musulmanas recibían educación inglesa. Una vez difundida esta noticia, ¿cuál es nuestro deber? Si es posible introducir la educación inglesa en el harén, ¿qué objeción puede haber a establecer escuelas para educar a las niñas? Las niñas musulmanas no tienen permitido ingresar en la escuela Bethul de Calcuta. Aparte de la escuela Bethune, pueden estudiar en las demás escuelas. En particular, establecer la enseñanza del inglés en nuestras madrasas para niñas sería la mejor opción. (Abdul Mawdud: El desarrollo de la sociedad de clase media…, p. 335).
Pero todas las peticiones y súplicas de los musulmanes, todas sus demandas para establecer sus derechos, se convirtieron en un clamor en el desierto. Como consecuencia, la desventurada comunidad musulmana permaneció privada de la luz de la educación durante casi un siglo. En el primer cuarto del siglo XX, en 1925, se fundó la Escuela Femenina Kolkata Memorial para la educación superior de las musulmanas. Poco antes de la partición de la India, se fundó en Calcuta el Lady Brabourne College para las musulmanas.
Los musulmanes de Bengala y la nueva lengua bengalí creada
Los eruditos de la lengua bengalí han debatido extensamente sobre el nacimiento y la evolución de la lengua bengalí y, en particular, de su prosa, y han escrito enormes obras sobre el tema. Aquí no hay ocasión para abordar ese debate. Sin embargo, si se omite el examen de la lengua bengalí de la historia de los musulmanes de Bengala, se cometería una injusticia contra la historia. Por ello, aunque sea brevemente, es necesario dejar expuestos algunos puntos esenciales sobre este asunto. Al estudiar la historia de la lengua bengalí, se observa que antes de 1778 su forma y estructura eran de una clase, y que después la lengua adoptó otra forma.
Antes de la llegada de los ingleses a este país, la forma de la lengua bengalí contenía una abundante mezcla de palabras árabes y persas. Era la lengua materna de toda Bengala en aquella época. Esta literatura se desarrolló principalmente en verso. La literatura en prosa no estaba tan extendida. Y aunque existía, no se emprendió ningún esfuerzo para perfeccionarla. Esta lengua bengalí, rica en palabras árabes y persas, no era únicamente la lengua de los musulmanes de este país. Era la lengua de todos, hindúes y musulmanes por igual. Tanto hindúes como musulmanes utilizaban esta lengua en cartas, escrituras y documentos, y peticiones dirigidas al Gobierno. Como ejemplo, se presenta a continuación una carta escrita por cierto hindú, tomada de antiguos registros:
Sri Ram. Que el benefactor de los pobres esté a salvo. En mi zamindari, en la pargana de Kakjol, dos aldeas han sido destruidas y esas dos aldeas han sido restauradas; Sri Hare Krishta Roy Chaudhuri, de Chakal-Ekbelpur, las ha ocupado por la fuerza y las disfruta. Estoy pereciendo por la provisión de los ingresos territoriales; ruego que el Gobierno envíe también un choprasi para que llegue al lugar, cite a las partes, celebre el juicio y me haga obtener justicia. Fin. Año 1185, día 11 de Shravan. Su humilde servidor, Jagatadhib Roy. (La fecha inglesa de la carta sería el 26 de julio de 1778).
Al referirse a esta carta, Sajanikanta hizo el siguiente comentario sobre la literatura y la cultura bengalíes contemporáneas:
En cierto sentido, la manifestación autorizada de la lengua que se observa en 1778 fue resultado de la influencia musulmana en el país. Posteriormente, Henry-Peter Forster y William Carey, considerando la lengua bengalí hija de la madre sánscrita, abogaron enérgicamente contra la intrusión ilegítima del árabe y el persa. (Historia de la literatura bengalí, p. 62).
Sajanikanta añade: «Pero si los ingleses no hubieran llegado, todavía hoy tendríamos que comenzar diciendo “Garib Nawaz salamat” y terminar diciendo “fidwi”. Si eso habría sido auspicioso o inauspicioso, hoy no sirve de nada juzgarlo. … En 1778 comenzó este sacrificio destinado a exterminar el árabe y el persa, y en 1838, con la ayuda de una ley, se consumó cuando, durante el período de la Compañía, el bengalí y el inglés sustituyeron al árabe y al persa en los tribunales principales y provinciales. Bankim Chandra nació también en ese año. La historia de este sacrificio es sumamente interesante. En aquella época se compusieron y publicaron varios diccionarios para declarar impuro el árabe y el persa y difundir términos “puros”. Siempre que tenían la oportunidad, los sahibs se oponían al árabe y al persa y daban primacía al bengalí y al sánscrito. Como resultado, en apenas diez o quince años cambiaron por completo la forma y la naturaleza de la prosa bengalí. (Historia de la literatura en prosa bengalí, p. 32).»
Había una razón para que el William Carey mencionado anteriormente y los sahibs abogaran contra el árabe y el persa. Abdul Mawdud dijo acertadamente: «La conquista europea de Oriente se llevó a cabo mediante tres métodos cuidadosamente planificados: primero, como comerciantes portadores de mercancías; detrás de ellos, con armas, bajo el pretexto de proteger las mercancías; y detrás de estos, con misioneros, con el noble propósito de impartir educación y cultura occidentales». (Abdul Mawdud: El desarrollo de la sociedad de clase media…, p. 363).
En la tercera etapa llegaron los misioneros cristianos para impartir educación y cultura occidentales. El hecho es sumamente significativo. En Inglaterra se habían constituido varias organizaciones religiosas para propagar el cristianismo en los países sometidos al Imperio británico; entre ellas destacaba especialmente la facción de Clapham, dirigida por Wilberforce (Clapham Seer). Charles Grant era miembro de esta facción y director de la Compañía de las Indias Orientales. Tras visitar la India, presentó un cuadro desalentador de la situación religiosa y moral de sus habitantes y dijo: «La única solución para quienes están sumidos en la oscuridad es encender entre ellos la luz del cristianismo. Los hindúes se equivocan porque son ignorantes. Nadie les ha mostrado sus errores. La mejor manera de eliminar la desenfrenada conducta y los vicios en los que están inmersos es distribuir entre ellos nuestra luz y nuestro conocimiento».
(Observaciones de Grant, publicadas en el documento parlamentario impreso relativo a los asuntos de la India, Several Vol. 8 (734), Apéndice 1. Publicado en 1832, pp. 3-60; M. Fazlur Rahman: Los musulmanes bengalíes y la educación inglesa, pp. 30-32).
Los misioneros cristianos eligieron principalmente a los hindúes de este país para propagar su religión. Para ello, necesariamente necesitaban aprender y enseñar la lengua bengalí. Con este propósito establecieron una imprenta en Hugli, Serampore. Ya se ha dicho que la forma que la lengua bengalí había adquirido hasta entonces era un bengalí mixto, es decir, un bengalí mezclado con palabras árabes y persas. Aunque este bengalí era la lengua hablada tanto por hindúes como por musulmanes, los eruditos brahmanes hindúes lo despreciaban. Para ellos, la nación musulmana era «mleccha», «yavana» y una criatura aborrecible. Su lengua árabe y persa también era despreciable para ellos. Probablemente, los eruditos hindúes ortodoxos percibían en las palabras árabes y persas el olor de la carne de vaca. Maldijeron esta lengua, calificándola de prakrita o vernácula. Anteriormente, durante el gobierno de los sultanes musulmanes, se habían traducido a esta lengua muchas obras de la religión hindú. Los eruditos de aquella época dictaminaron:
«Los dieciocho Purāṇas y la historia de Rama
y demás textos, quienquiera que los escuche en la lengua vernácula, tendrá como destino el infierno de Raurava.»
(Abdul Mawdud: El desarrollo de la clase media…, p. 344).
Los misioneros cristianos también comprendieron perfectamente que, sin purificar la lengua que los eruditos hindúes despreciaban, sería difícil atraer mediante ella a las personas al cristianismo. Por ello, avanzaron con el plan de matar dos pájaros de un tiro: proteger la lengua del contacto con el árabe y el persa para hacerla aceptable para los hindúes, y llevar a cabo el sacrificio de exterminio, o destrucción, de la lengua materna bengalí de los musulmanes, al que se refirió Sajanikanta. Con este noble (?) propósito, Nathaniel Brassey Halhed (Halhed) elaboró en 1778 una gramática bengalí titulada A Grammar of the Bengali Literature, que fue publicada por la imprenta de Serampore. Como libro impreso, fue el primero en utilizar los caracteres bengalíes. A través de esta gramática se creó una nueva lengua bengalí en lugar de la lengua bengalí que se había usado hasta entonces: una lengua completamente desprovista de palabras árabes y persas y abundante en palabras sánscritas. En el prólogo de la gramática, Halhed dice: «En esta época, hablan una lengua refinada aquellos que mezclan innumerables sustantivos árabes y persas con los verbos indios». Por lo tanto, es indudable que la lengua hablada refinada y la estructura de la lengua en prosa bengalíes del siglo XVIII contenían una mezcla de innumerables palabras árabes y persas, como observamos en la carta de cierto Jagatadhip Ray hindú mencionada anteriormente.
Cabe señalar que en 1801 se abrió un departamento de bengalí en el Colegio de Fort William para enseñar la lengua bengalí a los civiles ingleses de la Compañía. William Carey fue nombrado director de este departamento. Bajo su dirección fueron designados ocho eruditos; entre ellos, los nombres de Mrityunjay Tarkalankar y Ramram Basu son los más célebres. Con su ayuda, Carey comenzó a redactar y publicar libros de prosa bengalí. Primero se escribió «Kathopakathan» y después «Itihasamala». No hace falta decir que el lenguaje de ambos libros era de estilo sánscrito y que su contenido estaba libre de musulmanes. Pratapaditya, Rupa Sanatana y Birbal eran los personajes centrales de la historia india. Así, tanto por la lengua como por el contenido, bajo el patrocinio inglés se amplió el campo para los esfuerzos de los eruditos y para establecer la grandeza del hinduismo. Por un lado, los misioneros albergaban la arrogancia de llevar a una nación incivilizada de la oscuridad a la luz. Por otro, los eruditos mostraban un entusiasmo y un empeño ilimitados por consolidar el bengalí como hija del sánscrito y proclamar la grandeza de los hindúes. Estos dos propósitos se reflejan plenamente al valorar la lengua y el contenido de los libros escritos por los eruditos en aquella época bajo el liderazgo de Carey.
(Historia de la literatura bengalí en prosa, Sajanikanta Das, p. 112; Abdul Mawdud: El desarrollo de la clase media: la transformación de la cultura, p. 364).
Por lo tanto, basándonos en estos datos, hoy resulta tan claro como la luz del día que, mediante la connivencia entre los ingleses y los hindúes, los musulmanes no solo fueron expulsados de los ámbitos político y económico. También se anuló la lengua materna que habían desarrollado durante varios siglos. Fueron arrojados desde la posición elevada que ocupaban en la sociedad. Se les arrebató el bocado de la boca para dárselo a otros, y hasta se destruyó, mediante el «sacrificio de exterminio», el último recurso que les quedaba: la lengua de sus labios.
El respetado Abdul Mawdud dice: «Justo cuando comenzaba a desarrollarse una literatura en esta lengua bengalí de estilo mixto, la balanza del comerciante se transformó en cetro real, y los misioneros, servidores de los comerciantes, también cambiaron el rumbo de la lengua literaria.
Los promotores de la educación occidental también moldearon la estructura de la lengua bengalí según un nuevo patrón, para la comunidad de los babus. Como resultado, la cultura de los babus fue inaugurada en una lengua que no solo se inclinaba hacia el sánscrito, sino que era enteramente sánscrita. Y esto también ocurrió en el contexto de la introducción de una nueva lengua y cultura, mientras los misioneros se esforzaban por arrebatarles la lengua de la boca a los musulmanes y dejarlos desprovistos también en los ámbitos de la literatura y la cultura».
(Abdul Mawdud: El desarrollo de la clase media, p. 358).
La nueva lengua bengalí de los musulmanes, que se desarrolló basándose en el bengalí anterior a los ingleses y a los misioneros, y en la que el árabe y el persa infundían fuerza e inspiración, puede denominarse bengalí musulmán. Naturalmente, no era en absoluto aceptable para los hindúes. Después de 1837, una vez que el bengalí hindú (un bengalí abundante en palabras sánscritas y desprovisto de palabras árabes y persas) fue reconocido oficialmente como lengua materna provincial, se cerró el camino al progreso del bengalí musulmán. La lengua persa, utilizada hasta entonces en oficinas y tribunales, perdió su prestigio propio, mientras que la lengua bengalí recién normalizada comenzó a recibir patrocinio estatal. El nuevo bengalí siguió avanzando gradualmente y, tras la fundación de la Universidad de Calcuta, obtuvo reconocimiento como vehículo de la cultura hindú y de las aspiraciones nacionales hindúes.
Esta nueva lengua bengalí se hizo obligatoria como lengua materna en las escuelas y colegios. Incluso en la Madrasa de Calcuta, donde muchos estudiantes ni siquiera conocían el bengalí musulmán, se incluyó como asignatura este nuevo bengalí. Eruditos europeos como el profesor Wilson comenzaron a defender el sánscrito con tal vehemencia que el aprendizaje de esta lengua por parte de los sahibs se convirtió en una verdadera obsesión. Wilson redactó una gramática sencilla del sánscrito y facilitó así a los sahibs el camino para aprenderlo. En 1828 se convirtió en presidente de la Sociedad para la Traducción del Conocimiento y la Ciencia Europeos a la Lengua Bengalí y, bajo el patrocinio del General Committee of Public Instruction, o Comité General de Instrucción Pública, redactó numerosos libros en la nueva lengua bengalí. Estos libros se convirtieron en manuales escolares. Entre el bengalí musulmán y el nuevo bengalí había una diferencia abismal no solo desde el punto de vista lingüístico, sino también en cuanto al contenido, la cultura y las creencias religiosas, por lo que para los musulmanes aceptar la nueva lengua se volvió sumamente peligroso.
A modo de ejemplo, a continuación se ofrecen los nombres de algunas obras:
Karuna Nidhan Bilas, Padanka Dut, Bishva Mangal, Gita Govinda —relacionadas con Sri Krishna,
Chandi, Ananda Mangal —relacionadas con Durga,
Mahima Stava, Ganga Bhakti —relacionadas con Shiva y el Ganges
Chaitanya Charitamrita, Rasa Manjari, Adi Rasa, Padavali, Ratikal, Rati Bilas —estimulantes del amor
Adoptados como libros de texto en las escuelas:
«Shishu Bodhak» se enseñaba ampliamente en todas las escuelas urbanas y rurales de Bengala. Contenía numerosas traducciones de versos sánscritos, escritos principalmente sobre los dioses y diosas hindúes. Sus primeras lecciones comenzaban con oraciones dirigidas a Sarasvati, Ganga y otras divinidades.
Después viene la obra «Ananda Mangal». Esta también está llena, de principio a fin, de alabanzas y loas al hinduismo y a sus dioses y diosas. Se encuentran los nombres de muchos otros libros de texto de este tipo. M. Fazlur Rahman: The Bengali Muslims & English Education, pp. 106-108).
Cabe señalar que, antes del bengalí hinduizado de estilo sánscrito, la lengua bengalí que había sido cultivada y enriquecida durante varios siglos era principalmente la literatura poética vil o la literatura de puthis. En la época moderna, esta literatura se identifica precisamente como literatura de puthis. Sin embargo, dos de quienes la cultivaron, «Male Muhammad» y «Muhammad Danish», llamaron a su estilo «bengalí corriente», mientras que «Rezaullah» (1861) lo llamó «bengalí islámico». En 1855, el reverendo Long, en su catálogo bibliográfico, llamó a esta lengua «bengalí musulmán» y denominó «literatura bengalí musulmana» a la literatura escrita en ella.
(Abdul Maudud: El desarrollo de la sociedad de clase media… La transformación de la cultura, p. 355).
La atención del señor Hunter se sintió atraída por esta literatura, y dijo:
Hasta el día de hoy, la sociedad campesina de la región del delta es musulmana. El islam está tan profundamente arraigado en Bengala Inferior que ha dado origen a una literatura religiosa propia y a un dialecto popular. En la misma medida en que el urdu del norte de la India difiere del persa de Herat, el dialecto conocido como «bengalí musulmán» difiere del urdu». (W. W. Hunter: The Indian Mussalmans, p. 146).
Cualquiera que sea el nombre que se le dé a esta literatura, no carecía de vitalidad. Durante varios siglos, hizo surgir oleadas literarias en el corazón de millones de hombres y mujeres. Influyó en sus pensamientos, reflexiones, esperanzas y aspiraciones. Shri Shri Kumar Bandyopadhyay dice:
El acervo de relatos de la literatura musulmana tampoco era en absoluto pobre. Narraciones como «Las mil y una noches», «Hatim Tai», «Layla y Majnun», «Los cuatro derviches» y «Gule Bakawali» sin duda habían abierto ante los lectores bengalíes un mundo de misterio y belleza inimaginables. Cuando, a mediados del siglo XIX, nuestra literatura novelística se iba formando gradualmente siguiendo el modelo de la literatura inglesa, la traducción de relatos musulmanes de esta clase se convirtió en una parte importante de nuestro esfuerzo literario. Si no hubieran tocado el corazón de los lectores y atraído su gusto, una parte fundamental de nuestro empeño literario jamás habría podido dedicarse a traducirlos. Al menos, todos estos relatos poseen una abundancia ilimitada de algo sensacional (Sensational), de colorido novelesco (Romance) y de un afán de belleza sin reglas ni restricciones; eso fue precisamente lo que atrajo con fuerza irresistible el gusto de un sector nuestro, agotado por la degustación de tratados religiosos y abrumado por el tedio. (La corriente de la novela en la literatura bengalí, Shri Shri Kumar Bandyopadhyay, 4.ª ed., pp. 18-19).
La literatura bengalí moderna y el comunalismo
Entre quienes contribuyeron a la creación, el enriquecimiento y el desarrollo de la literatura bengalí moderna, son especialmente dignos de mención los nombres de Ramram Basu, Mrityunjay Vidyalankar y Raja Rammohan. Los dos primeros formaban parte de los pandits nombrados por William Carey. La obra «Pratapaditya», de Ramram Basu, se publicó en 1801. Mrityunjay Vidyalankar escribió cinco obras, entre las cuales destaca especialmente «Rajabali» (1808). Después viene el nombre de Rammohan. Su prosa era vigorosa y vivaz. Sin embargo, en la literatura de estos autores no había comunalismo ni aversión hacia los musulmanes. No obstante, «Rajabali», de Mrityunjay, fue el primer intento de escribir una historia continua, desde «Bichitravali», sobre los hijos nacidos del campo de la dinastía lunar, hasta el establecimiento del dominio de la Compañía en Bengala; y el período musulmán está escrito con gran descuido y en un tono cargado de hostilidad.
Más tarde aparecieron en el ámbito de la literatura bengalí dos grandes figuras: Michael Madhusudan en la poesía bengalí y Bankimchandra en la prosa. Su mayor contribución a la literatura bengalí es innegable.
Abdul Maudud dice:
Cuando el cielo del mediodía se cernía sobre el campo de desarrollo del talento de Bankimchandra, también el cielo político de Bengala había cambiado de rumbo. Entonces, una facción reclamaba con insistencia, plenamente consciente de sí misma, la totalidad del favor inglés. El problema del desempleo comenzaba a manifestarse en la sociedad hindú educada de las castas superiores. Y, como consecuencia, el sentimiento de desaliento en su ánimo era hijo de la mentalidad de la época. Él apareció en el firmamento literario de Bengala como representante del espíritu de la sociedad hindú conservadora y como el sabio iniciador del mantra del nacionalismo hindú. Y así, la marca venenosa del intenso comunalismo que difundió con su pluma no tiene segundo ejemplo en la historia del mundo. A pesar de poseer una erudición profunda, una inteligencia afilada y una gran capacidad de análisis, convertido en instrumento de los ideales y objetivos de la estrecha, reaccionaria y conservadora sociedad hindú, el daño y la deshonra que infligió a la humanidad tampoco tienen parangón en la historia del mundo. La herida causada por un arma desaparece incluso bajo el bálsamo del tiempo.
Pero la herida causada por la pluma no tiene fin ni curación: de una era a otra, continúa manando sangre.
-(Abdul Maudud: Madhyabitta Samajer Bikash: Sanskritir Rupantar, pp. 369-370).
A través de su literatura, Bankimchandra encendió un fuego venenoso contra la sociedad y la nación musulmanas; ya hemos analizado parte de ello, con ejemplos, en un capítulo anterior. Su literatura es la principal responsable del extremo deterioro de las relaciones entre hindúes y musulmanes en Bengala y, de hecho, en el subcontinente indio.
El fuego venenoso del odio hacia los musulmanes que Bankim Chandrā vomitó en sus obras «Rajsingha» y «Anandamath» consumió y borró por completo el pequeño cauce de armonía que existía entre las dos grandes comunidades de este vasto subcontinente. … Bankimchandra también negó la existencia de los musulmanes en este subcontinente y, propugnando su expulsión, se mostró una y otra vez entusiasta de invitar y establecer a la benevolente nación británica. (Ibíd., p. 370).
La labor literaria de los musulmanes anterior a la literatura bengalí moderna no ejerció la influencia de una doctrina ni tuvo un propósito alegórico disfrazado; sus acontecimientos tampoco eran un reflejo de la vida cotidiana. Estaba impregnada de la delicada emoción de un ideal superior nacido de la vida y de la imaginación, y resplandecía con el toque de lo extraordinario.
—La evolución de la novela en la literatura bengalí, Shri Shri Kumar Bandyopadhyay, 4.ª ed., pp. 18-19).
Cabe señalar que Bhudev Mukhopadhyay fue el primero en sembrar la semilla del sectarismo en el ámbito literario, con su obra «Intercambio de anillos» (1857). Probablemente inspirado por él, Bankim convirtió aquella semilla en un enorme árbol venenoso del sectarismo. Después de la muerte de Bankim, la literatura bengalí no pudo liberarse de la inmundicia del sectarismo. Siguiendo sus huellas, también después de aquel período empuñaron la pluma miembros de la comunidad hindú de casta, eruditos e ignorantes, literatos y no literatos.
La escritura de los dos poetas e intelectuales que adornaron la literatura bengalí con belleza y la coronaron —Rabindranath Tagore y Sarat Chandra Chattopadhyay— tampoco pudo mantenerse libre del contacto con aquella inmundicia. Más arriba hemos citado ejemplos de la escritura de Sarat Chandra, contaminada por el veneno del sectarismo.
Pero cuando veo que también el poeta Rabindranath se sumerge en este torbellino, en medio de la indignación y la vergüenza, un musulmán exclama espontáneamente con voz dolorida: en lugar de expresar una opinión personal sobre Julio César, ruego al público lector que lea el relato «Durasha» y el poema «Shivaji Utsav» de Rabindranath.
(Abdul Maudud: La transformación de la cultura, p. 317).
Capítulo octavo
La literatura bengalí moderna y los musulmanes
Cuando la labor literaria de Bankimchandra se hallaba en la cumbre del éxito, un musulmán contemporáneo suyo apareció en el firmamento de la literatura bengalí. Se llamaba Mir Mosharraf Hossain. Su literatura era verdaderamente literatura bengalí moderna y se elevaba muy por encima de la política y del comunalismo. Mientras Bankimchandra esparcía el veneno del comunalismo en el ámbito literario, Mosharraf Hossain, sin prestarle la menor atención, se consagró, con una actitud propia de un artista, a escribir obras literarias de carácter instructivo para los musulmanes. Se dedicó a la literatura durante más de cuarenta años, y su labor literaria abarcó novelas, biografías, relatos históricos, obras teatrales, escritos humorísticos, poemas y canciones. Su obra más importante fue Bishad Sindhu. Aunque los personajes de Bishad Sindhu fueron tomados de la historia, no puede considerarse una obra histórica. No obstante, en la sociedad musulmana era el libro más leído.
En el firmamento de la literatura bengalí contemporánea apareció otro astro: el poeta rebelde Nazrul Islam. En aquella misma época llegaron también al ámbito de la literatura bengalí muchos otros poetas y escritores musulmanes, como Kaykobad, Ismail Hossain Siraji, Moniruzzaman Islamabadi, Munshi Meherullah y otros. Al crear literatura siguiendo sus propias corrientes, despertaron en la nación musulmana la conciencia de sí misma y el sentido de su identidad. Incluso antes de Nazrul habían aparecido en la escena literaria bengalí muchos poetas y escritores musulmanes. Pero existía una diferencia clara entre su corriente literaria y la de Nazrul. Los demás parecían haber entrado en la escena literaria con pasos tímidos y con debilidad de espíritu. Considerando la literatura bengalí como propiedad del hindú, hija del sánscrito, se cuidaban de que las palabras árabes, urdues y persas de los musulmanes no la tocaran; incluso evitaban cuidadosamente, en las comparaciones, los ornamentos y el estilo de composición, las huellas y señales musulmanas. Pero la súbita aparición de Nazrul en la historia de la literatura bengalí no solo produjo asombro, sino que también inauguró una era revolucionaria. La lengua y la literatura bengalíes de los musulmanes habían sido orientadas hacia los Vedas, los Puranas y la identidad hindú; Nazrul cambió su rumbo y las orientó hacia la quibla de los musulmanes. Tras regresar del campo de batalla, enrojecido por la sangre fresca de los hombres, entró con ímpetu y valentía en el campo de la literatura; del mismo modo, tras regresar del campo de batalla, con ímpetu y valentía, entró en el campo de la literatura. En su mente jamás tuvieron cabida la vacilación, la timidez ni la cobardía. Por eso pudo izar su estandarte de victoria en el campo literario. Al disipar las vacilaciones y los reparos de los poetas y escritores musulmanes de su tiempo, llevó al ámbito literario una libertad propia de los musulmanes. En cada verso de sus poemas volvió a escucharse el resonar del árabe y del persa. Su manera de emplear las palabras árabes y persas era tan magistral, ordenada y vivaz que la lengua adquirió un curso desenvuelto, el ritmo se volvió fluido y la resonancia de la melodía se hizo dulcísima y conmovedora. Al introducir palabras árabes y persas en la lengua bengalí moderna, no solo embelleció el idioma, sino que también restableció en la lengua bengalí la identidad y los derechos propios de los musulmanes. Les abrió un nuevo horizonte a los cultivadores musulmanes de la literatura bengalí. El poeta Nazrul fue una maravilla extraordinaria del mundo de la poesía y la literatura. Este talento suyo era enteramente un don de Dios. Su aparición fue como la de un cometa, en un momento en que Rabindranath Tagore ya había conquistado un lugar honorable en el ámbito de la literatura mundial. El poeta revolucionario tuvo que reconocer el talento de Nazrul con estas palabras de bendición:
Ven, ven, oh cometa
Tiende un puente de fuego en la oscuridad
Sobre la cima de esa fortaleza de los días aciagos—
¡Haz ondear tu estandarte de victoria!
La marca de los malos augurios
Que se escriba al ritmo de la noche
Despiértalos con un destello
A quienes están medio conscientes
Así como el talento poético de Nazrul lo ha elevado a un sitial supremo en el mundo literario, asimismo su poesía revolucionaria despertó la adormecida conciencia musulmana y le dio una fuerza vital y una inspiración indomables para avanzar por nuevos caminos. Hasta entonces, los musulmanes habían sido marginados en el ámbito literario; esa ignominia desapareció. Su letargo se quebró. Se lanzaron a todos los campos de actividad de la vida con renovado entusiasmo y energía. Nazrul llamó así a los musulmanes adormecidos:
Por doquier vuelve a arder la roja antorcha de la fe islámica,
¡Oh, desprevenido, levántate tú también, despierta y enciende también tu lámpara de la vida!
Su llamado no fue en vano. No solo en el ámbito literario: también en el político, la nueva caravana musulmana emprendió su marcha con un impulso incesante.
Los musulmanes en el siglo XIX
Los musulmanes ante la prueba de fuego extrema
Desde 1800 hasta 1857, y también durante varias décadas posteriores, fue una era de fuego para los musulmanes. En esa época, los musulmanes de Bengala se encontraban, como pueblo, al borde de un cráter de fuego. Después de que el poder político escapara de sus manos, también se produjo una catástrofe extrema en los ámbitos económico, religioso y cultural. A pesar de la persecución y opresión de los gobernantes extranjeros y de sus colaboradores locales favorecidos por ellos, los musulmanes no pudieron aceptar su dominación y explotación. Durante ese siglo, esto se manifestó repetidamente y en numerosos lugares mediante rebeliones y enfrentamientos aislados contra los gobernantes. La rebelión de los faquires, el movimiento Faraizi, el movimiento de Titumir, el movimiento de yihad de Saiyid Ahmad y el movimiento de independencia de 1857 fueron explosiones violentas contra el trato inhumano y diabólico infligido a los musulmanes por los británicos y los hindúes. El tema central de este capítulo es el análisis separado de cada uno de ellos.
El movimiento de los faquires
Por cuanto puede conocerse de la historia del movimiento de los faquires, se demuestra que la «rebelión de los faquires» comenzó después de la batalla de Plassey y, especialmente, después de la derrota de Mir Qasim en 1764, cuando la Compañía de las Indias Orientales obtuvo la «diwani» y comenzó a imponer su régimen opresivo; su final se produjo en 1833 o 1834. Es difícil decir si detrás de la rebelión de los faquires existía algún propósito elevado y si contaban con una fuerza organizada y disciplinada para dirigirla. También es difícil determinar si existía algún vínculo entre las rebeliones de los faquires que tuvieron lugar en diferentes momentos y lugares. Sin embargo, la razón por la que proclamaron la rebelión fue, por una parte, la opresión y persecución inhumanas de la Compañía de las Indias Orientales y, por otra, de los nuevos zamindares hindúes y prestamistas favorecidos por ella.
El objetivo principal de sus campañas era expulsar a los zamindares explotadores creados y protegidos por la Compañía de las Indias Orientales y saquear sus tesoros. Como consecuencia de sus campañas en el norte de Bengala, muchos zamindares ya habían buscado refugio en distintos lugares del distrito de Mymensingh (1773). (La campaña de los faquires en Mymensingh, Khalekdad Chowdhury, en «Recorrido por los siglos», editado por el Dr. Hasan Zaman, p. 26).
Entre quienes dirigieron el movimiento de los faquires destacaron Majnu Shah, Maju Shah, Tipu Pagal y Ghazanfar Turkshah. Khalekdad Chowdhury menciona a Majnu Shah como el hermano mayor de Maju Shah en su ensayo «La campaña de los faquires en Mymensingh». De él se sabe tan solo que formó una fuerza armada contra el dominio de la Compañía de las Indias Orientales. Con la derrota de Mir Qasim Ali en 1764, la dominación inglesa quedó consolidada en este país…. Pero, al mismo tiempo, en Kumarkhali, en el actual distrito meridional de Kushtia, las fuerzas británicas tuvieron que sufrir una derrota a manos de los seguidores de Majnu (Majnu Shah). («La contribución del sur de Bengala al movimiento revolucionario», Azizur Rahman, en «Recorrido por los siglos», editado por Hasan Zaman, p. 180).
En 1784, Maju Shah saqueó todas las riquezas de los zamindares de las parganas de Mymensingh, Alapsing, Jafarsahi y Sherpur. Allí se difundió la noticia de que el hermano de Maju Shah, Majnu Shah, se dirigía a la pargana de Jafarsahi con doscientos faquires temerarios. Temiendo su campaña, los zamindares y los campesinos huyeron a otros lugares. Sin embargo, según el informe del señor Day, jefe de Dacca, fue el ejército de Begumbari el que repelió aquella campaña. Como resultado, los faquires se retiraron. El informe del señor Day también señala que no era verdad que se hubieran saqueado las riquezas de los zamindares. Para evadir el pago de los impuestos, zamindares astutos y deshonestos habían enviado semejante noticia falsa al Comité de Rentas. («Recorrido por los siglos», p. 27).
Las campañas de los faquires comenzaron nuevamente dos años después, en 1786. Para proteger Mymensingh de los ataques de los faquires, enviaron a Dacca al teniente Field. Desde Goalpara, en Assam, enviaron al capitán Creighton para ayudar a Roughton, el recaudador de Mymensingh. En el feroz enfrentamiento entre los faquires y las tropas inglesas, bien equipadas, la fuerza de los faquires fue derrotada y se dispersó. Después, durante mucho tiempo, no se tuvo noticia de ninguna actividad suya.
Después de que cesaron las incursiones de los faquires, los zamindares comenzaron a recaudar de los campesinos ingresos fiscales cada vez mayores, con el pretexto de compensar sus pérdidas, y a imponer nuevos impuestos. Como consecuencia, la miseria de los campesinos llegó a su extremo.
Con el propósito de poner fin a la opresión de los campesinos, en 1826 un faquir influyente llamado Tipu Pagal formó un poderoso ejército con campesinos arrendatarios. Los zamindares, ignorando todos los principios de justicia y el Reglamento n.º 8 de 1793, comenzaron a imponer diversos «abwab» a los campesinos. Estos abwab y los nuevos impuestos opresivos se recaudaban por la fuerza. Además, los zamindares volvieron a arrendar temporalmente sus zamindaris a personas poderosas por sumas elevadas. Los arrendatarios recaudaban de los campesinos impuestos muy altos mediante la opresión dentro del plazo establecido. Tipu organizó a los campesinos para poner fin a estas persecuciones.
En la historia, muchos han llamado saqueadores y bandidos a estos faquires expedicionarios. Pero en realidad no era así. Eran, de hecho, personas pertenecientes a la respetada clase de los valíes y derviches del pueblo.
Tipu Pagal era el mastán de un faquir influyente de la aldea de Letirkanda, en la pargana de Sabub. Todos creían que era un derviche kámil. Aún hoy circulan numerosas historias milagrosas sobre él, y con motivo del urs siguen congregándose muchas personas en su mausoleo (Khalekdad Chowdhury, Shatabdi Parikrama, págs. 28-29).
La tarea de estos faquires era enseñar a la gente las prácticas religiosas. Pero, al ver la extrema miseria de la población, su alma se llenaba de dolor. Como resultado, al ver la extrema miseria de la población, su alma se llenaba de dolor. Por ello, de vez en cuando emprendían incursiones contra los opresores.
Tampoco es cierto que estos grupos de faquires fueran incivilizados y bárbaros. Eran personas educadas y de buen gusto. Incluso la madre de Tipu poseía una extraordinaria capacidad organizativa. La madre de Tipu inspiraba a Tipu y a su ejército. En 1825, bajo el liderazgo de Tipu, el grupo de faquires inició un movimiento para impedir el pago de los impuestos a los zamindares. En un enfrentamiento entre la fuerza de barkandaz de los zamindares y los faquires, la fuerza de barkandaz fue aniquilada. En un enfrentamiento entre los zamindares, la fuerza de barkandaz fue aniquilada. Los zamindares recurrieron a la Compañía. La Compañía envió un ejército armado para capturar a Tipu y a su ayudante Ghazanfar Turkshah. Una unidad militar fue derrotada y huyó, pero otra capturó a Tipu. Turkshah atacó con su grupo a aquella unidad de la Compañía y liberó a Tipu.
Después de este suceso, el magistrado Dampier llegó a Sherpur con un ejército poderoso y bien adiestrado. Tras una batalla encarnizada con las fuerzas de Tipu, Tipu fue capturado junto con su madre.
Más tarde, en 1833, el grupo de faquires volvió a organizarse bajo el liderazgo de dos poderosos colaboradores de Tipu y atacó la comisaría de Sherpur, incendiándola. Después se envió un ejército bajo el mando del capitán Seal y del teniente Younghusband para someter a las fuerzas de los faquires. Se produjo un violento enfrentamiento, en el que las fuerzas de los faquires fueron derrotadas y dispersadas.
Arriba se han ofrecido algunos detalles de la rebelión de los faqires. Sin embargo, existen razones suficientes para suponer que las ideas erróneas sobre los faqires, consignadas en las obras de escritores e historiadores ingleses, fueron deliberadamente difundidas. Warren Hastings los llamó beduinos, mientras que Hunter los calificó de «bandidos». Durante varias décadas, sus campañas de ataque hicieron tambalearse aquí al recién establecido Raj británico; probablemente fue por ese resentimiento que se escribió una historia distorsionada sobre ellos. Arriba se ha dicho que Majnu Shah y Maju Shah eran hermanos. No poseemos datos ni pruebas históricas que permitan verificar la veracidad de ello. No obstante, algunos han afirmado que Majnu Shah nació en la región de Mewat, en el estado indio de Gwalior. Majnu Shah residía en la dargah de Shah Madar, situada en Makanpur, a cuarenta millas de Kanpur. Desde allí emprendía campañas, acompañado por miles de seguidores armados, contra los ingleses y los zamindares opresores en distintas partes de Bengala y Bihar. Se dice que su campo de operaciones abarcaba la región de Purnia, en Bihar, y Rangpur, Dinajpur, Jalpaiguri, Cooch Behar, Rajshahi, Maldá, Pabna y Mymensingh, en Bengala.
A comienzos de 1772, Majnu Shah apareció en el norte de Bengala acompañado por un gran número de seguidores armados. Se tiene noticia de su aparición por una carta que el supervisor de Rajshahi envió a la Compañía el 22 de enero de 1772. En ella se decía que un grupo de trescientos faqires se había llevado mil takas de los impuestos recaudados y que se temía que quizá llegaran a apoderarse incluso de la oficina recaudadora de la pargana. Estaban armados con espadas, lanzas, mosquetes de mecha y armas de fuegos artificiales. Algunos decían que incluso poseían cañones giratorios. (Historia de la lucha por la independencia, Abu Zafar, p. 33)
En 1776, Majnu Shah llegó a Mahasthangarh, en Bogra, y construyó una fortaleza. En aquel entonces, el supervisor del distrito de Bogra era el señor Gladwin. Aterrorizado, envió una solicitud al Consejo Provincial pidiendo ayuda militar. En agosto y septiembre de 1786, el jefe de los faqires, Majnu Shah, tuvo que enfrentarse consecutivamente a dos combates contra los ingleses. En ambos casos, aunque algunos hombres del bando de los faqires resultaron muertos o heridos, los ingleses también sufrieron pérdidas similares. … Los datos históricos permiten suponer que después Majnu Shah cruzó el Ganges y regresó a su tierra. Nunca más se le volvió a ver en Bangladesh. Según fuentes oficiales, murió aproximadamente en 1787 en la zona de Makhanpur, distrito de Kanpur. Su cadáver fue trasladado de allí a Mewat, su tierra natal, donde fue enterrado (Historia de la lucha por la independencia, Abu Zafar, pp. 40-41).
Después de la muerte de Majnu Shah, sus discípulos —entre ellos su hijo Parag Ali, su hijo adoptivo Cherag Ali y sus devotos cercanos Musa Shah, Sobhan Shah y Shamsher Shah— continuaron la lucha contra los ingleses hasta finales del siglo XVIII.
Noveno capítulo
El movimiento Faraidí
Los ingleses no se limitaron a derrotar a Sirajuddaula mediante intrigas y estratagemas, fingiendo una batalla en Plassey, ni a derrotar a Mir Qasim en 1764 y apoderarse del poder de gobierno de Bengala, Bihar y Orisa. Al contrario, comenzaron a buscar nuevos planes y artimañas para exterminar a la nación musulmana. Su insaciable afán de riquezas los llevó a oprimir a la población. Las propiedades ayma y lakhraj de los musulmanes fueron confiscadas. Para recaudar impuestos de los musulmanes, comenzaron a someter a los campesinos a una explotación y una opresión crueles. Se inició el trabajo de exterminar a los tejedores para crear un mercado para los tejidos británicos (1770-1825). En 1766, se impuso un impuesto de dos takas por maund de sal y el comercio de la sal quedó bajo el monopolio exclusivo de los europeos. De este modo, los musulmanes fueron expulsados de todos los sectores económicos y comenzaron a ser aplastados por la pobreza.
No solo eso: los musulmanes también comenzaron a verse obstaculizados en la observancia de sus ceremonias religiosas. En las zonas de los zamindares hindúes opresores se prohibieron el sacrificio de vacas y la llamada a la oración. Los zamindares hindúes impusieron un impuesto sobre las barbas de los campesinos musulmanes. Se obligó a los musulmanes a contribuir a sus festividades religiosas, a proporcionar ofrendas para las ceremonias y a realizar trabajos forzados. Se obligó a los musulmanes a vestir dhotis, afeitarse la barba y llevar bigote. Se puso en marcha un plan desastroso para destruir la religión y la cultura musulmanas y disolverlas por completo en la nación hindú. Los musulmanes piadosos quedaron desorientados. En aquella época de extrema desdicha para los musulmanes de Bengala, Haji Shariatullah nació en 1784 en la pargana de Bandar, distrito de Faridpur. A los dieciocho años, permaneciendo allí, recibió formación en religión, ciencias sociales y política; a los dieciocho años, permaneciendo allí, recibió formación en religión, ciencias sociales y política. Probablemente fue también en esa época cuando adquirió una comprensión clara del islam y conocimiento de la concepción islámica de la vida. El islam no es simplemente un conjunto de ciertos ritos y ceremonias; es, más bien, un sistema de vida completo. También comprendió que era imposible observar plenamente las normas del islam en todos los ámbitos de la vida sin poder político. Posteriormente, en 1820, regresó a su patria.
Durante su estancia en La Meca, también entró en contacto con el movimiento de reforma islámica de Muhammad bin Abdul Wahhab Naydi y se sintió atraído por dicho movimiento.
En Delhi, bajo el liderazgo de Shah Abdul Aziz Dehlavi, también comenzó en la India un movimiento de reforma islámica inspirado en Abdul Wahhab Naydi, al que los historiadores dieron el nombre deformado de «movimiento wahabí». Shah Abdul Aziz declaró que la India era «Dar al-Harb» y Sayyid Ahmad Barelvi, Shah Ismail, sobrino de Shah Abdul Aziz, y el maulana Abdul Hay, su yerno, se consagraron activamente a convertir «Dar al-Harb» en «Dar al-Islam», es decir, en un Estado islámico.
Haji Shariatullah también declaró que este país era «Dar al-Harb» y proclamó que, mientras este país no se convirtiera en «Dar al-Islam», no era lícito celebrar aquí las oraciones del viernes y del Eid. Calificó de contraria al islam —shirk y haram— cualquier ayuda o colaboración económica o física en las festividades y pujas de los hindúes. También dijo que los musulmanes debían abandonar el dhoti y vestir tahband-piyama, dejarse crecer la barba y arrepentirse de toda clase de supersticiones. En suma, debían abandonar todos los actos pecaminosos y llevar nuevamente una vida islámica.
Las masas musulmanas explotadas, privadas de sus derechos y oprimidas sintieron un nuevo aliento ante el llamamiento de Haji Shariatullah y comenzaron a acudir a él en grupos para recibir su iniciación. En poco tiempo, diez mil musulmanes se unieron a su grupo. Esto constituía un motivo de gran alarma para los zamindares hindúes. Ahora cesaría la opresión de los musulmanes, y también perderían el control de aquellos musulmanes pobres de las castas inferiores a quienes habían convertido en sus esclavos más serviles y arrojado lejos de la religión islámica. Por tanto, era natural que se sintieran inquietos y aterrorizados. «Los zamindares se alarmaron ante la propagación de la nueva doctrina, que unía al campesinado musulmán como un solo hombre» —Dr. James Wise; Journal of Asiatic Society of Bengal, vol. LXII, 1894, n.º 1—.
Los zamindares hindúes se unieron y resolvieron firmemente reprimir a Haji Shariatullah. A su grupo se sumaron algunos musulmanes a medias, movidos por sus propios intereses, que eran los esclavos más serviles de los zamindares hindúes. También se alzaron contra el movimiento faraizí los mullahs, maulavis y pirs miopes que ganaban unas monedas entre los musulmanes en nombre de supersticiones como el shirk y la bid‘a.
Por un lado los británicos y por otro los continuos abusos y la opresión de los tiránicos zamindares y prestamistas hindúes habían dejado a los musulmanes sin alternativa, obligándolos a inclinar la cabeza y soportarlo todo. Al llamamiento de Shariatullah, los musulmanes oprimidos comenzaron a acudir a él y congregarse en grupos, y juraron construir un movimiento irresistible contra los británicos y los hindúes. Probablemente, los faraizíes, cuyo nombre procedía de la palabra «farz», habían comenzado a olvidarlo y habían introducido en la sociedad musulmana numerosos ritos y ceremonias no islámicos. Abandonar todas las costumbres contrarias al islam y restablecer el islam establecido por el profeta Muhammad (la paz y las bendiciones sean con él) era el objetivo principal de los movimientos de los grandes reformadores Muhammad bin Abdul Wahhab Naydi de Arabia, Sayyid Ahmad Shahid, Haji Shariatullah, Sayyid Nisar Ali, conocido como Titumir, y otros. Abandonar todas las costumbres contrarias al islam y restablecer el islam establecido por el profeta Muhammad (la paz y las bendiciones sean con él) era el objetivo principal de los movimientos de los grandes reformadores Muhammad bin Abdul Wahhab Naydi de Arabia, Sayyid Ahmad Shahid, Haji Shariatullah, Sayyid Nisar Ali, conocido como Titumir, y otros.
Como el movimiento de Haji Shariatullah había asestado un golpe extremo a los intereses hindúes, estos emplearon todas sus fuerzas para reprimirlo con la ayuda de los gobernantes ingleses. Una carta publicada en el Samachar Darpan del 22 de abril de 1837 demuestra hasta qué punto era hostil hacia Haji Shariatullah la actitud de la sociedad hindú de aquel tiempo. La carta se reproduce a continuación:
Últimamente, en la aldea de Bahadurpur, dentro de los límites de la comisaría de Shivchar, perteneciente al distrito de Faridpur, un hombre llamado Saritulla, deseoso de convertirse en rey, ha reunido a unos doce mil tejedores y musulmanes, ha promulgado una nueva sharía y ha hecho que sus seguidores se dejen crecer la barba, se quiten la vestimenta inferior y se aten una cuerda religiosa alrededor de la cintura; después, atacando las casas de los hindúes de los alrededores, está causando toda clase de daños a las pujas de las deidades. Ha derribado y arrojado al río los doce lingas de Shiva erigidos por el dewan Mrityunjay Rai, residente de Rajnagar, en la comisaría de Matlabganj, perteneciente al distrito de Dacca; y, tras atacar durante la noche la casa de un caballero en la aldea de Poragachha, dentro de los límites de aquella comisaría, saquear todos sus bienes y prender fuego a su vivienda, reduciendo a cenizas lo que quedaba, un yavan murió y fue entregado al tribunal de Dacca.
Y se llegó a saber que los malvados yavanes pertenecientes al grupo de Saritulla, tras cometer diversos abusos contra Babu Tarini Charan Majumdar, del pueblo de Patkanda, en el distrito de Faridpur, es decir, después de perturbar el culto a los dioses y diosas en su casa y perpetrar malas acciones como el sacrificio de vacas, cuando el señor Majumdar, considerando que no podía enfrentarse abiertamente con los yavanes, informó de todos aquellos abusos al señor magistrado de Faridpur, este, tras examinar el caso, encarceló a varios yavanes y está realizando una minuciosa investigación al respecto. Señor editor, los malvados yavanes, lejos de poner fin a tales atrocidades y abusos en las zonas rurales, se han dispuesto incluso a atacar el tribunal. Se supo que todos los funcionarios y procuradores designados en el despacho del señor magistrado de Faridpur son partidarios de los yavanes de Saritulla; su método consiste en que, cuando quieren presentar una acusación falsa contra alguien, uno comparece como demandante y otro como testigo, y así presentan el pleito; por consiguiente, son doce mil personas organizadas en grupo. ¿Qué defecto puede haber en los demandantes o en los testigos en semejante situación?… Creo que, si los yavanes de Saritulla continúan organizándose de esta manera, en poco tiempo la religión hindú desaparecerá y sobrevendrá prematuramente la destrucción del mundo. Titumir no cometió ni la centésima parte de los atropellos de Saritulla. Fin, año 1243, día 24 de Chaitra». («Relatos de aquellos tiempos en los periódicos», editado por Brajendranath Bandyopadhyay, Shatabdi Parikrama, págs. 194-95).
En cada línea de aquella carta se hace patente la actitud de la sociedad hindú hacia los musulmanes.
Atraído también por el movimiento de Syed Ahmad Bareilvi para establecer un Estado islámico, Haji Shariatullah enviaba desde Bengala a la sede de Sitana, en el oeste de la India, numerosos muyahidines, grandes sumas reunidas mediante el zakat, el fitra y la lillah, así como diversos tipos de ayuda.
El nuevo campo de actividad de Shariatullah se estableció inicialmente en Nayabari, en el distrito de Dacca. Sin embargo, debido a la extrema oposición de los terratenientes hindúes, tuvo que regresar a su propia aldea y comenzar allí su labor de predicación. Su movimiento se extendió por los distritos de Dacca, Barisal, Nadia, Pabna, Mymensingh y otros. Se impulsaron con pleno vigor la práctica de la oración y el ayuno entre los musulmanes analfabetos, campesinos, tejedores y demás gente común; el uso del tahband y el gorro en lugar del dhoti; y la restauración de las mezquitas. El propio Haji Shariatullah llevaba en la cabeza un enorme turbante y sobre la camisa una hudriya, prendas que por lo general ningún musulmán utilizaba. Tras su fallecimiento en 1840, su competente hijo Dudu Mía continuó su movimiento.
Mohammad Muhsin, hijo de Haji Shariatullah, conocido también como Dudu Mía, nació en 1819. En 1831 viajó a La Meca para cumplir el hach y permaneció allí cinco años; al regresar, ayudó a su padre en su labor.
Al igual que su padre, Dudu Mía también inició un movimiento contra los terratenientes opresores. Tuvo que enfrentarse repetidamente con ellos. En 1842 atacó la residencia de un terrateniente de Faridpur, capturó a Madan Narayan Ghosh y posteriormente lo mató. La policía arrestó a 117 fِarayezíes, incluido él. En el juicio, 22 fueron condenados a prisión. Pero Dudu Mía fue absuelto por falta de pruebas. En 1846, Kali Prasad, el gomasta de Andrew Anderson, se presentó en la casa de Dudu Mía con setecientos u ochocientos hombres por orden de su amo y saqueó numerosos bienes y riquezas, incluidas joyas valoradas en casi ciento cincuenta mil. Aunque acudió al magistrado en busca de justicia, no obtuvo ningún resultado.
Al no obtener justicia después de acudir a los tribunales contra las opresiones de los terratenientes y los plantadores de añil, Dudu Mía decidió esta vez imponer por su propia mano el castigo merecido a sus enemigos. En noviembre de 1846, un mes después del saqueo de su casa, incendió y redujo a cenizas la fábrica del plantador de añil Dunlop, instigador de las atrocidades y persecuciones de sus enemigos, y mató al gomasta Kali Prasad. Tras dos años de proceso, Dudu Mía fue exonerado de los cargos presentados contra él.
El gobierno quedó preocupado al observar la extraordinaria influencia y autoridad de Dudu Mía entre el pueblo. Durante el movimiento de independencia de 1857, fue encarcelado con el pretexto de que podía provocar agitación. Primero fue recluido en Alipur y después en la cárcel de Faridpur. Tras ser liberado en 1859, llegó a Dacca, donde murió.
Dudu Mía ciertamente fortaleció aún más el movimiento de su padre. Pero, en cuanto a los principios, modificó en cierta medida el ideal de su padre. Los seis puntos sobre los que Haji Shariatullah fundamentó su movimiento son los siguientes:
>> La oración del viernes y la oración del Eid no son válidas en ningún lugar que no sea un país gobernado por musulmanes;
>> Observar las festividades y ceremonias de Muharram es contrario al islam y constituye un acto pecaminoso;
>> En lugar de los términos «pir» y «murid», deben utilizarse los términos «ustad» y «shagred». La razón es que el «murid» entrega todo cuanto posee a su «pir», lo cual no es correcto. En cambio, el «shagred» no tiene que hacerlo.
>> Entre quienes se incorporen a este movimiento no habrá ninguna distinción entre altos y bajos, ni entre «ashraf» y «atraf». Por el contrario, se establecerá la igualdad de dignidad entre todos, algo que está ausente en la relación «pir-murid».
>> Declaró que la veneración de los pires y la veneración de las tumbas eran censurables según el islam, y protestó enérgicamente contra ellas.
>> En lugar de la costumbre entonces vigente de hacer la «bayat» poniendo la mano en la mano del pir, quien se incorporara al movimiento «Faraizi» debía arrepentirse sinceramente de todos los actos pecaminosos y jurar llevar una vida plenamente islámica.
>> También declaró contrario al islam que la partera cortara el cordón umbilical del recién nacido, y afirmó que esa tarea correspondía al padre, no a una partera ajena.
James Taylor dice que el objetivo del movimiento Faraizi era observar el Corán al pie de la letra, y que debían abandonarse todas las ceremonias que el Corán no respaldara. No solo estaba prohibido celebrar las ceremonias de Muharram, sino también presenciar sus actividades. (Dr. A. R. Mallick: British Policy & the Muslims in Bengal. P. 69).
Tras la muerte de Haji Shariatullah, Dudu Miyan dividió todo el este de Bengala en varias zonas para fortalecer el movimiento y nombró un califa en cada zona. Sus tareas consistían en convocar a la gente al movimiento, reclutar activistas y recaudar fondos para dirigir la organización. Así se creó una estructura organizativa cuya cabeza, Dudu Miyan, pasó a ocupar el puesto de «pir», precisamente la institución de los pirs que su padre había rechazado. (Journal of the Asiatic Society of Bengal, Vol. LXIII, pt. 2, No.1,1894, p.50; Encyclopedia of Islam, Vol.2, p-59).
El movimiento dirigido durante la vida de Haji Shariatullah fue principalmente un movimiento de reforma religiosa. Salvo por uno o dos enfrentamientos provocados por los zamindares opresores, su movimiento no entró en conflicto con los intereses establecidos. Sin embargo, durante la época de Dudu Miyan el movimiento adquirió en gran medida un carácter político. Todos los zamindares y los plantadores de índigo se unieron contra su movimiento. Por ello, Dudu Miyan pasó toda su vida luchando contra ellos. Por un lado, las diversas formas de opresión ejercidas por los zamindares y los plantadores de índigo sobre los pobres campesinos arrendatarios y, por otro, los esfuerzos exhaustivos de Dudu Miyan por aliviar sus sufrimientos los unieron bajo su liderazgo. La capacidad organizativa de Dudu Miyan también era extraordinaria. Los zamindares de Bengala eran casi siempre hindúes, mientras que los plantadores de índigo eran cristianos ingleses y sus agentes y empleados eran todos hindúes. Por esta razón también los campesinos arrendatarios se unieron bajo el liderazgo de Dudu Miyan contra los zamindares y los plantadores de índigo. Dudu Miyan pasó toda su vida luchando contra los zamindares y los plantadores de índigo. Lo involucraban en nuevos y falsos procesos judiciales. A causa de todo ello, finalmente tuvo que soportar la pobreza.
Tras la muerte de Dudu Miyan, sus dos primeros hijos, Giyasuddin Haidar y Naya Miyan, respectivamente, lideraron el movimiento Faraizi. Después de la muerte de Naya Miyan, el tercer hijo de Dudu Miyan, Aladin Ahmad, dirigió el movimiento. Cooperó con el nawab Salimullah en apoyo de la partición de Bengala de 1905. Después de Aladin, su hijo Badshah Miyan dirigió el movimiento. En 1922 se unió al movimiento del Califato, y durante ese período el Gobierno lo arrestó. Después de ello, el movimiento Faraizi se fue apagando. El movimiento de reforma religiosa con el que había comenzado fue debilitándose gradualmente y acabó fluyendo por otra corriente. La relación pir-murid que Haji Shariatullah había rechazado, dando al movimiento la forma de un auténtico movimiento de reforma islámica, terminó transformando este movimiento precisamente en esa relación pir-murid. Como consecuencia, la inspiración y el espíritu combativo y de yihad que antes caracterizaban las actividades y los métodos de los seguidores de este movimiento desaparecieron.
Capítulo décimo
El mártir Titumir
El mártir Titumir fue una persona extremadamente oprimida de su época. Al igual que Haji Shariatullah, también inició un movimiento de reforma en una sociedad musulmana degradada. En su movimiento de reforma puramente religiosa, los zamindares hindúes no solo crearon obstáculos, sino que su ciego odio hacia el islam y hacia la nación musulmana quedó claramente manifiesto. Es sumamente lamentable que en la historia contemporánea el carácter de Titumir haya sido presentado de forma extremadamente distorsionada. La razón también es muy clara. Las opiniones cargadas de odio que se han expresado son distorsionadas, fruto de la imaginación y motivadas por intereses. A un sabio de carácter puro y amante de Dios como Titumir se le ha calificado de inmoral, criminal y bandido. En la página 76 de su obra British Policy & the Muslims in Bengal, el Dr. A. R. Mallick presentó información distorsionada citando Calcutta Review, Boards Collections, 54222, p-401, Colvin to Barwell, 8 March 1832 para 6, Magistrate of Banaset to Commissioner of Ciccuit, 18 Div.28 November, 1831, para 35, entre otras fuentes. Se ha afirmado que Titumir no nació en una familia notable, aunque se casó en la familia de un terrateniente acomodado llamado Munshi Amir. También se ha afirmado que Titumir era conocido como un criminal inmoral y que trabajó como matón contratado bajo las órdenes de un zamindar hindú de Nadia. Estas afirmaciones no son más que una completa negación de la verdad. A partir de estos relatos, o cegado por su odio al islam, también el señor Hunter hizo el siguiente comentario: «En aquella época, entre los discípulos, subordinados y seguidores de los líderes religiosos que había en Calcuta, había un hombre llamado Titumir que era luchador profesional y de naturaleza pendenciera. Aunque este hombre comenzó su vida como hijo de un campesino acomodado, mejoró su posición al casarse en la casa de un zamindar. Sin embargo, debido a su carácter vehemente y arrollador, no pudo conservar aquella posición». (W.W. Hunter The Indian Mussalmans. B. D. First Edition, 1975, pp.34-35).
El señor Hunter, un cristiano inglés, también hizo afirmaciones conocidas sobre el célebre y siempre recordado sabio del mundo musulmán, Sayyid Ahmad Shahid. Su discusión se presentará en el lugar correspondiente. Examinaremos el movimiento y las actividades del mártir Titumir basándonos en toda la información fiable que se ha podido conocer sobre él. Como resultado, espero que quede demostrado que no existe la más mínima relación entre la educación, el carácter, el amor a Dios y la actitud combativa que mantuvo durante toda su vida contra la falsedad, la injusticia y la opresión, por una parte, y la descripción imaginaria anterior, por otra.
Veinticinco años después de la batalla de Plassey y setenta y cinco años antes de la lucha por la independencia de toda la India de la quinta década del siglo XIX (1857), en 1782, nació Sayyid Nisar Ali, conocido también como Titumir, en la aldea de Chandpur, en el distrito de los Veinticuatro Parganas, Bengala Occidental. Su padre se llamaba Mir (Sayyid) Hasan Ali y su madre, Abeda Rukaya Khatun. (Shahid Titumir, Abdul Gafur Siddiqi, p. 1).
Los historiadores ingleses, con desprecio y con el propósito de menospreciar a Titumir, lo describieron como originario de una familia campesina insignificante. Pero, en realidad, nació en la célebre estirpe sayyid. Entre los santos y derviches que llegaron a Bengala en la antigüedad con el propósito de propagar el islam, los nombres de Sayyid Shah Hasan Razi y Sayyid Shah Jalal Razi aparecen en antiguos documentos y registros. Mir Nisar Ali, conocido también como Titumir, nació de dos hermanos carnales, Sayyid Abbas Ali y Sayyid Shah Shahadat Ali, descendientes, respectivamente, en la trigésima generación, de Sayyid Shah Jalal Razi y Sayyid Shah Hashmat Ali. (Shahid Titumir, Abdul Gafur Siddiqi, pp. 3-4).
Titumir se casó con Maymuna Khatun Siddika, nieta del célebre derviche de aquella época, Shah Sufi Muhammad Asmatullah Siddiqi, e hija de Shah Sufi Muhammad Rahimullah Siddiqi. (Shahid Titumir, Abdul Gafur Siddiqi, p. 16).
Abu Yafar afirma que el padre de Mir Nisar Ali se llamaba Mir Hasan Ali y su madre, Abeda Rukaya Khatun. Titumir se casó con Maymuna Siddika, hija de Hazrat Shah Sufi Muhammad Rahimullah Siddiqi. Catorce días después de la boda falleció su abuelo paterno menor, Sayyid Umar Daraz Razi. Seis meses después murió su padre, Mir Hasan Ali. (Historia de la lucha por la independencia, Abu Yafar, pp. 117-118). Su propio abuelo, Sayyid Shah Qadam Rasul, había fallecido antes del nacimiento de Nisar Ali. El padre de Nisar Ali, Mir Hasan Ali, se convirtió en discípulo de su hermano menor, Shah Umar Daraz Razi.
Estos datos demuestran que Sayyid Nisar Ali, conocido también como Titumir, nació en una familia de muy alta alcurnia. Sin embargo, se lo ha presentado como un joven indisciplinado y de mala índole, miembro asalariado de la banda de matones de cierto terrateniente hindú. Al analizar, sobre la base de información fiable, su educación y la formación de su carácter, se demostrará que los comentarios anteriores sobre él carecen de fundamento.
Según la costumbre entonces vigente en las familias nobles de la sociedad musulmana, cuando Nisar Ali tenía cuatro años, cuatro meses y cuatro días, sus padres nombraron a su maestro, Munshi Lalmia, para enseñarle árabe, persa y urdu. Sus padres tampoco descuidaron en absoluto la enseñanza de la lengua materna. Por ello nombraron a Pandit Rarakamal Bhattacharya, de la aldea vecina de Sherpur, para enseñarle bengalí, aritmética elemental, matemáticas y otras materias. En esa época, cuando un erudito y competente educador llamado Hafiz Niamatullah llegó a la aldea de Chandpur desde Bihar Sharif, los tutores de la aldea lo nombraron director de la escuela, y Nisar Ali se convirtió en hafiz del Corán. Además, alcanzó una especial erudición en gramática árabe, la ciencia de los faraid, hadices y filosofía, lógica, tasawwuf, y poesía y literatura árabe y persa. Podía pronunciar discursos con fluidez en árabe, persa y bengalí.
En la época en que nació Titumir, los adolescentes y jóvenes de Bengala practicaban ejercicio físico con regularidad. El recinto de la madrasa situada entre las aldeas de Chandpur y Haidarpur era un centro de entrenamiento físico. Sheikh Muhammad Hanif, residente de Haidarpur, impartía allí las enseñanzas de educación física. En este centro se enseñaban la lucha cuerpo a cuerpo, el juego de hadudu, la lucha con bastón, el manejo del escudo y la espada, el uso de la espada, el arco y la honda, el manejo de fusiles de bambú y otras prácticas. Hafiz Niamatullah continuaba enseñando no solo árabe y persa, sino también el Corán. Todos los días, durante las reuniones y por la tarde y la noche, enseñaba diversas técnicas de ejercicio físico y manejo de armas. Los dos alumnos principales de este centro fueron Sheikh Muhammad Hanif y Sayyid Nisar Ali, conocido también como Titumir.
Probablemente se casó en la primera década del siglo XX. Aproximadamente un año y medio después, comenzó a residir con su maestro, Hafiz Niamatullah, en Calcuta y en Talibtola —actualmente llamada Taltala—, en la casa de Hafiz Muhammad Israel. Hafiz Israel también era oriundo de Bihar Sharif. Fue nombrado imán principal de la mezquita congregacional de Taltala; allí se casó y se estableció en Calcuta. En aquel entonces, una parte de Talibtola o Taltala se llamaba Misriganj. Allí había un centro o recinto de competiciones de lucha cuyo presidente era Jamaluddin Afendi. En aquella época aún no se habían establecido las competiciones profesionales de lucha. Los ricos entregaban premios y khilat a los vencedores para estimularlos a adquirir fuerza física y valor, y daban únicamente premios a los vencidos. La idea de ganarse la vida mediante la lucha todavía no había arraigado en la mente de los luchadores.
Durante la estancia de Titumir en Calcuta, en la akhara de Misrigunj se celebraban competiciones de lucha y se otorgaba un abundante premio al luchador vencedor. Allí, Titumir alcanzó gran renombre en las competiciones de lucha. Hafiz Niamatullah y Hafiz Muhammad Israel eran especialmente aficionados a ellas.
Había otro gran aficionado a la lucha. Se llamaba Mirza Ghulam Anbia. No será improcedente ofrecer aquí una breve reseña suya. Pertenecía a una familia real y no tenía hijos. Era zamindar y, como no tenía descendencia, destinaba a obras benéficas la mayor parte de los ingresos de su zamindari.
Su casa solariega se encontraba en la zona de Mirzapur, en Amherst Street, en la Calcuta de antes de la partición de la India. Su casa se llamaba Mirza Manzil. La calle de Mirzapur recibió ese nombre en su honor. Al sur de Mirza Manzil se encontraban Mirza Talab y Mirzabagh. Más tarde, este Mirzabagh pasó a llamarse Mirzapur Park. El lugar donde estaba su sala de reuniones recibió posteriormente el nombre de Vaithakkhana Road. El señor Mirza se entregaba siempre al culto y la devoción. Ya anciano, donó al municipio de Calcuta los terrenos de Mirzapur y de Vaithakkhana Road, Mirza Talab, Mirzabagh y otros bienes, y emigró a La Meca tras vender sus casas y demás propiedades. Mirza Talab y Mirzabagh, conocidos y llamados Mirzapur Park casi hasta el final del dominio británico, recibieron en la década de 1930 el nombre de Swami Shraddhanand Park. El municipio no tenía legítimamente derecho a hacerlo. Entre veinte y veinticinco mil musulmanes indignados se congregaron en Mirzapur Park para protestar contra esta injusticia. Pero no sirvió de nada.
Después de entrar en contacto con el mencionado Mirza Ghulam Anbia, Mir Nisar Ali sintió un intenso deseo de hacer la baya con un murshid perfecto. Más tarde, cuando un derviche llamado Zaki Shah llegó a Talibtola, en Calcuta, Nisar Ali se presentó ante él y expresó su deseo de convertirse en su murid. Shah Sahib lo miró al rostro durante un rato y dijo: «Si no visitas la Noble Casa de Dios, no encontrarás al pir que te ha sido destinado».
Finalmente, con la esperanza de encontrar un verdadero murshid, Mir Nisar Ali viajó a La Meca, donde se encontró con Saiyid Ahmad Barelvi. Allí mismo hizo la baya con él y se convirtió en su murid.
Tras completar el hach y los demás ritos, Saiyid Ahmad Barelvi impartió las siguientes instrucciones a sus califas, Maulana Shah Muhammad Ismail y Maulana Ishaq:
«Al llegar cada uno a su casa, descansaréis durante quince días. Después, cuando lleguéis a Bareilly, recorreré con vosotros diversos lugares de la India. Tras descansar unos días en Patna, iremos a Calcuta.
Sus instrucciones a los califas de Bengala eran las siguientes:
Al llegar a Patna, informaré a Maulana Abdul Bari Khan (padre de Maulana Akram Khan), a Maulana Muhammad Hosen, a Maulana Haji Shariatullah, a Maulana Sayyid Nisar Ali (Titumir), a Maulana Sufi Khodadad Siddiqui y a Maulana Karamat Ali. Podrán saber por ellos la fecha de mi llegada a Calcuta. En la reunión que celebraremos en Calcuta se adoptará nuestro programa definitivo de acción.
Después, todos regresaron de La Meca a sus respectivos hogares. Más tarde, en el momento señalado, se reunieron en la casa-jardín de Shansunnisa Khanam, en Calcuta. Tras deliberar, se decidió que Patna sería la capital central de los muyahidines y que habría una capital provincial en cada provincia. Desde las capitales provinciales se enviarían al centro los fondos para dirigir la yihad.
Después de estas decisiones, fue especialmente notable el discurso que Maulana Sayyid Nisar Ali (Titumir) pronunció en dicha reunión. Dijo:
La fe de los musulmanes de Bengala se ha debilitado mucho. Sería peligroso enviarlos a la yihad mientras no se conviertan en musulmanes verdaderos. Asumo la responsabilidad de llevar la invitación islámica entre ellos. No solo eso, también creo que los hindúes de las castas inferiores pueden unirse a nuestra lucha… porque no están satisfechos con las castas de los brahmanes, vaidias, kshatriyas y kayasthas. Si podemos convertir a los musulmanes en musulmanes firmes y unir a los hindúes de las castas inferiores con los musulmanes, entonces… no nos resultará difícil establecer contacto con el centro y ayudarlo.
Después, en la reunión consultiva se decidió que Bengala ayudaría secretamente al centro en todos los demás asuntos. Sin embargo, no participaría abiertamente en la yihad. No obstante, no se impediría que quienes desearan unirse al centro lo hicieran.
(Shahid Titumir, Abdul Gafur Siddiqui, pp. 22-37).
Después, Sayyid Nisar Ali inició sus actividades, que queremos analizar detalladamente más adelante. Ya se han presentado arriba los pormenores de sus actividades, desde su etapa de estudios, pasando por su vida en Calcuta, sus viajes en busca de un pir, la realización del hach y su discipulado de Sayyid Ahmad Barelvi, entre otras. La afirmación de que alguna vez trabajó como lathial mercenario en la banda de matones de algún zamindar hindú es absolutamente infundada y carente de base. Es un intento deliberado de distorsionar sus grandes ideales, su carácter y su nobleza, para degradarlo y hacerlo objeto de desprecio ante la opinión pública.
En el discurso citado, Titumir había dicho: «La fe de los musulmanes de Bengala se ha debilitado enormemente». Antes de analizar las actividades de su movimiento, debemos saber hasta qué punto era débil la fe de los musulmanes y en qué ambiente comenzó su labor de invitación islámica. La comunidad hindú de Bengala, conspirando con los ingleses y cometiendo una extrema traición contra su propia patria, no solo despojó a los musulmanes de su reino, sino que también les cerró todos los medios para ganarse la vida y no escatimó esfuerzos para destruir incluso la fe, el mayor recurso de un musulmán. Quería convertirlos en esclavos de esclavos, manteniéndolos musulmanes solo de nombre, apartándolos de la fe, del modo de vida islámico y de la cultura, y transformándolos en seres aún más inferiores que los hindúes de las castas bajas.
Ya hemos analizado, en el capítulo anterior titulado «La situación religiosa, social y cultural de los musulmanes», hasta qué punto la comunidad musulmana había descendido en su decadencia religiosa y cultural a comienzos del siglo XVIII. También considero necesario examinar brevemente cuánto se había deteriorado esa situación en la época de Titumir.
Los nuevos zamindares hindúes de Bengala se habían convertido en grandes favoritos de los ingleses. Su dominio permanente en este país dependía por completo, por un lado, de mantenerlos satisfechos en todos los aspectos y, por otro, de mantener sometidos a los musulmanes. Por consiguiente, los zamindares hindúes se atrevían a dictar órdenes, justas o injustas, contra los musulmanes de las clases comunes.
Así como los brahmanes habían privado a los hindúes de las clases bajas de la libertad en las prácticas religiosas y del derecho a entrar en los templos, del mismo modo los hindúes de las clases altas hicieron surgir entre los musulmanes a un grupo de personas como «brahmanes musulmanes» y privaron a las masas musulmanas de la luz del islam.
Abdul Gafur Siddiqi dice en su obra:
Los zamindares hindúes y los hindúes de las castas altas de Bengala Occidental les decían a los musulmanes analfabetos: «Son pobres. Si no se dedican a la agricultura y al trabajo jornalero, sus familias no pueden subsistir. En tales circunstancias, ¿cuándo tienen tiempo para realizar sus oraciones diarias, semanales y anuales, el ayuno, el hach, la zakat, la oración funeraria, las súplicas, el lavado de los cadáveres y demás prácticas religiosas? Y, después de realizar todas esas actividades, ¿cuándo tendrán tiempo para ganar dinero y cómo mantendrán a sus familias? Por tanto, nosotros también realizaremos esas prácticas religiosas por ustedes, y ustedes tampoco perderán su tiempo.»
Los musulmanes de las clases campesina y jornalera de Bengala Occidental, privados de la enseñanza del din del islam, aceptaron sinceramente este consejo de los babus. Poco a poco, esta enfermedad se extendió también a la sociedad musulmana de Bengala Oriental. Al mismo tiempo, Satanás Azazil y el nafs al-ammara los incitaron. En respuesta a las palabras de los babus, dijeron:
«Babu, tiene usted toda la razón. Hasta ahora nadie nos había dado un consejo tan beneficioso. Somos unos ignorantes; no entendemos nada. Haga usted con nosotros lo que considere conveniente.»
(Titumir mártir, Abdul Gafur Siddiqi, pp. 5-6).
Como era de esperar, tampoco faltaron personas que se disfrazaran de brahmanes entre los musulmanes. En tiempos antiguos, en la corte real musulmana se conferían a ciertos musulmanes excelentes títulos como recompensa por sus méritos y, además, se les donaban ayma, propiedades lakhiraj y diversos tipos de bienes inmuebles para su manutención. Tras la llegada de los ingleses, todos estos bienes les fueron confiscados. Quedaron desposeídos y sin recursos. Como no estaban acostumbrados al trabajo físico, también se cerró para ellos el camino de la subsistencia. Tampoco tenían capacidad para recibir educación.
En realidad, se habían convertido en un grupo de mendigos distinguidos. Entre ellos había cierto número de personas que llevaban nombres como Sheikh, Sayyid, Mir y Qazi. Eran hijos de antiguas familias fundamentales. Pero, acosados por la necesidad, ahora tenían que recurrir a campesinos, trabajadores y jornaleros. Aprovechándose de su situación desamparada, los hindúes de castas superiores comenzaron a decirles con tono compasivo:
Los musulmanes de las clases bajas, como campesinos y jornaleros, ya no los respetan como antes ni desean respetarlos. Tampoco les muestran devoción ni reverencia. Nosotros también sentimos un gran dolor en el corazón por su conducta. ¿Qué se puede hacer? Es la era de Kali. Queremos confiarles a ustedes la responsabilidad de realizar sus prácticas religiosas y ayudarlos. Adopten cargos como akhanji, mulla, ustadji, munshi y qazi en la sociedad musulmana, y ejerzan influencia sobre ellos. Entonces su futuro será brillante. Ellos también permanecerán obedientes a ustedes. El grupo de desposeídos, ignorantes y semianalfabetos Sheikh, Sayyid, Mir y Qazi, que se consideraban personas nobles, cayó en la trampa de las palabras de los brahmanes, kayasthas y vaidya babus hindúes. Adoptaron los cargos de akhanji, mulla, ustadji y munshi, y se sentaron fingiendo ser los brahmanes de la nación musulmana. Abrieron el camino a la ruina nacional de la comunidad musulmana. Siguiendo el modelo de los brahmanes de la sociedad hindú, también se creó el cargo de brahmán en la sociedad musulmana. Los musulmanes comunes, embelesados por aquella dulzura aparente, se desviaron muy lejos del camino del islam y de la sharía islámica. Como resultado de la conspiración política de la casta brahmánica hindú, se suicidaron. (Véase Shahid Titumir —Abdul Gafur Siddiqi, p. 7).
Las instituciones educativas nacionales y tradicionales de los musulmanes habían quedado devastadas. En todas las aldeas se habían establecido escuelas rurales de los eruditos hindúes. Los musulmanes de las clases comunes tenían que mezclarse y relacionarse en esas escuelas con los maestros, alfareros, lavanderos, barberos y adivinos hindúes, entre otros. Todos ellos prepararon conjuntamente el terreno para los brahmanes musulmanes.
Los musulmanes que tenían medios enviaban a sus hijos a esas escuelas. Allí, junto con los alumnos hindúes, los alumnos musulmanes también tenían que memorizar himnos y alabanzas a diversas deidades, especialmente la invocación a Saraswati.
Los libros de texto estaban llenos de elogios a la grandeza del hinduismo, invocaciones a las deidades y alabanzas. En el gusto y el tierno corazón del alumno musulmán quedaba grabada la huella del hinduismo. Al terminar las clases, tenían que recitar la siguiente rima, saludar con una reverencia al maestro y volver a casa:
Saraswati, diosa divina, concédeme tu bendición,
Ven, hermano, estudiemos todos; vayamos a casa.
Centelleando, centelleando, centellea el brillo dorado,
lleva el pat-dot contigo, ¡victoria al Gurudev!
Luego quedaba el aspecto moral. En el siglo XVI, la introducción de la doctrina vaisnava por Sri Chaitanya provocó la extrema decadencia moral de la nación hindú. La corriente de abominables aberraciones sexuales que, bajo el nombre de religión, se derivó de los juegos amorosos de Sri Krishna y de los vaisnavas y vaisnavis de cabeza rapada no solo arrastró a una gran parte de la sociedad hindú, sino que también atrajo hacia esas prácticas a los musulmanes comunes e ignorantes. Influida por las aberraciones sexuales de los tantristas de la vía izquierda, surgió también entre los musulmanes una clase de impostores dedicados a prácticas sexuales, que sumergieron a los musulmanes comunes, en nombre de la religión, en el lodazal de la anarquía sexual (SEXUAL ANARCHY). Además, la amplia difusión del culto a los pirs y de la veneración de las tumbas había llevado a los musulmanes al mismo nivel que las comunidades hindúes idólatras.
Después, los hindúes tampoco dejaron de interferir injustamente en la cuestión de poner nombres a los musulmanes. En nombre del nacionalismo basado en la lengua bengalí, los arrastraron por el camino equivocado. Los maestros hindúes Thakur comenzaron a decir:
Por consiguiente, siguiendo las disposiciones de los maestros Thakur, comenzaron a poner a los musulmanes nombres como Gopal, Nepal, Gobardhan, Nabai, Kushai, Padma, Chini, Champa, Badal, Patal, Mukta y otros. Desde mi infancia conocía a muchos musulmanes de las zonas rurales que llevaban nombres de ese tipo.
Después, confundidos por los consejos de los maestros Thakur, los musulmanes empezaron a abandonar el tahband y a vestir el dhoti; se afeitaban la barba y comenzaron a dejarse bigote. Podría decirse que no había manera alguna de reconocer a un musulmán como musulmán.
En el momento de esta extrema decadencia religiosa y moral de los musulmanes apareció Sayyid Nisar Ali, conocido también como Titumir. Es cierto que no pudo completar su gran obra, pero la lucha total que inició contra la corrupción religiosa y moral y contra la injusta opresión de los terratenientes hindúes sirvió posteriormente como un faro en el camino hacia la libertad política, económica y religiosa de los musulmanes.
Tras concluir en Calcuta la reunión consultiva de Sayyid Ahmad Barelvi, Titumir regresó a su aldea natal, Chandpur, y, después de descansar allí durante algunos días, comenzó su labor de predicación islámica.
El núcleo de la prédica de Titumir era establecer una fe plena en el islam y obedecer las instrucciones de Alá y de Su Mensajero en cada acto y ocupación. No podía ignorar la opresión y los abusos de los zamindares hindúes y de los plantadores de índigo. Por eso decía que era necesario unirse a los hindúes de la comunidad campesina y organizar una resistencia contra sus abusos. A petición de los habitantes de la aldea llamada Sarfarazpur, restauró la mezquita destruida de la época imperial que se encontraba allí y estableció una khanqah para la predicación. El discurso que pronunció allí, después de la oración del viernes, ante los hindúes y musulmanes reunidos, era sumamente significativo. Dijo:
El islam es la religión de la paz. Alá y Su Mensajero no aprueban en absoluto que se entablen disputas y conflictos con quienes no son musulmanes únicamente porque difieren en materia de religión. Sin embargo, el islam enseña que, si un no musulmán poderoso y fuerte oprime injustamente a un musulmán débil, los musulmanes están obligados a ayudar a ese débil.
También dijo que los musulmanes debían ser musulmanes verdaderos en sus palabras y en su conducta. Si preferían las costumbres, los modales y las actividades de los no musulmanes, el día del Juicio Final Alá los colocaría junto a los no musulmanes. Titumir dijo que la sharía islámica, la tariqa, la haqiqah y la ma’rifah, tomadas conjuntamente, constituían la vida completa de los musulmanes, y que en ellas se encontraba su salvación en este mundo y en el más allá. Si alguien las desatendía, Alá lo castigaría severamente. Rezar, ayunar, dejarse crecer la barba y recortarse el bigote eran deberes de cumplimiento obligatorio para los musulmanes. A quienes abandonaran estas prácticas siguiendo el ejemplo de los no musulmanes, Alá los castigaría severamente.
Este era el núcleo de su prédica inicial. Podía pronunciar sin cesar discursos conmovedores, y sus discursos y actividades de predicación despertaron de manera extraordinaria a los musulmanes descarriados y adormecidos.
No había nada injusto en la labor que Titumir había comenzado. Al contrario, como musulmán, era su responsabilidad y su deber. Pero ¿por qué iban a tolerarlo los hindúes de las castas superiores? Su profunda conspiración para exterminar a la comunidad musulmana había quedado frustrada, y se enfurecieron contra Titumir y sus seguidores. Comenzó entonces una nueva conspiración para exterminarlos.
La restauración de la mezquita destruida de Sarfarazpur, la organización de la oración en congregación y el ardiente discurso de Titumir ante la gente reunida después de la oración llenaron de temor y agitación a Krishna Deb Ray, el zamindar de Pura. Al musulmán Paik Mati, leal y de confianza del zamindar, se le encomendó reunir información sobre los movimientos y las actividades de predicación de Titumir. El zamindar le dijo a Mati:
Titu es partidario de la religión wahabí. Los wahabíes son los mayores enemigos de la doctrina religiosa de vuestro Hazrat Muhammad. Pero son tan astutos que no se puede descubrir por sus palabras que son wahabíes. Por tanto, no puedo permitir que mis súbditos musulmanes se descarríen. Desde hoy vigilarás los movimientos de Titu y me informarás de todo.
Después, Krishna Deb Ray, tras consultar con Debnath Ray, el zamindar de Gobra Gobindpur, y Kali Prasanna Mukhopadhyay, el zamindar de Gobardanga, obligó a algunos súbditos a presentar una denuncia contra Titumir por alteración del orden. Luego, por orden del zamindar, Matiullah acudió a la oficina del zamindar acompañado de su tío Gopal y de sus parientes Nepal y Gobardhan, y presentó la denuncia. Su resumen era el siguiente:
Titumir, residente de Chandpur, ha venido a nuestro pueblo de Sarparajpur (cuyo nombre musulmán es Sarfarajpur) para predicar su religión wahabí y ha establecido allí su campamento; además, está cometiendo toda clase de abusos y coacciones para iniciarnos en la doctrina wahabí. Titumir nos impide practicar la religión de nuestros antepasados tal como la hemos practicado generación tras generación. Presentamos esta denuncia ante Su Señoría para que tome las medidas pertinentes, a fin de que Titumir y sus seguidores no puedan maltratar de ninguna manera a los habitantes de Sarparajpur para convertirlos a su religión, ni puedan obligarnos por la fuerza a dejarnos crecer la barba, recortarnos el bigote, sacrificar vacas o adoptar nombres de países árabes, ni puedan provocar conflictos entre hindúes y musulmanes. Su Señoría es nuestro amo. Su Señoría es nuestro padre y nuestra madre.
Después de recibir dicha petición, provista de las impresiones digitales de Gopal, Nepal y Gobardhan, el zamindar Krishnadeb Ray emitió una orden.
1. Quienes acepten ser discípulos de Titumir y se hagan wahabíes, se dejen crecer la barba y se recorten el bigote deberán pagar al gobierno del zamindar un impuesto de dos rupias y media por cada barba y de cinco sikas por cada bigote.
2. Si se construye una mezquita, deberán entregarse al gobierno del zamindar quinientas rupias por cada mezquita de adobe y mil rupias por cada mezquita de mampostería.
3. Si se cambia el nombre que los antepasados hayan dado a un hijo y se le pone un nombre árabe conforme a la doctrina wahabí, deberán depositarse en el gobierno del zamindar cincuenta rupias de tasa de registro por cada nombre.
4. Si alguien sacrifica una vaca, se le cortará la mano derecha, para que nunca más pueda sacrificar una vaca.
5. Todo wahabí que dé alojamiento a Titumir en su casa será expulsado de su vivienda y de sus tierras.
(Titumir, el mártir — Abdul Gafur Siddiqui, pp. 48-49; Historia de la lucha por la independencia, Abu Zafar, p. 119; Bengal Criminal Judicial Consultation, 3 de abril de 1832, n.os 5 y 6).
En relación con las multas y los abusos del tipo mencionado anteriormente contra los súbditos musulmanes, los nombres del zamindar Ram Narayan, de Gour Prasad Choudhury, naib del zamindar de Kurgachhi y residente de Nagarpur, y del zamindar Krishnadev Ray aparecen en el registro Bengal Criminal Judicial Consultancy, 3 April 1832, No. 5. (Dr. AR Mallick, British Policy & the Muslims in Bengal, p. 76).
Se presentó una demanda contra el zamindar Ram Narayan ante el tribunal del magistrado adjunto de Barasat, en la que un testigo declaró que dicho zamindar le había impuesto una multa de veinticinco rupias por dejarse crecer la barba y le había ordenado que se la arrancara. Bengal Criminal Judicial Consultancy, 3 April 1832, No. 5; (Dr. AR Mallick, British Policy & the Muslims in Bengal, p. 76).
Titumir informó a Krishnadev Ray, mediante una carta, que no había cometido ninguna injusticia, sino que se dedicaba a predicar el islam entre los musulmanes. Interferir en esa labor no podía ser justo bajo ninguna circunstancia. Rezar, ayunar, dejarse crecer la barba y recortarse el bigote, entre otras cosas, son preceptos religiosos para los musulmanes. Impedir tales prácticas equivale a interferir en la religión de otra persona.
También es necesario que los lectores sepan cuál fue la reacción de Krishnadev Ray después de que uno de los mensajeros de Titumir le entregara la carta; lo mencionamos aquí.
Cuando le preguntó quién había entregado la carta, el mensajero mencionó al señor Titumir, de Chandpur. En cuanto oyó el nombre de Titumir, el zamindar montó en cólera. Gruñendo de rabia, dijo: «¿Quién es ese Titumir wahabí? ¿Y tú, bribón, quién eres?»
Cerca de allí se encontraba un tal Mochiram Bhandari. Él dijo: «Se llama Aman Mondal. Su padre se llama Kaman Mondal. Es súbdito del señor. Antes se afeitaba la barba, pero ahora, como se la ha dejado crecer, su señoría ya no puede reconocerlo».
El mensajero dijo: «Señor, me llamo Aminullah y mi padre se llama Kamaluddin; la gente nos llama Aman-Kaman. Además, dejarse crecer la barba es un mandato de nuestra religión. Por eso lo he cumplido».
Krishnadev, temblando de rabia, dijo: «Bribón, ¿has pagado el impuesto por la barba? ¿Has pagado el impuesto por cambiarte de nombre? Muy bien, ahora te enseñaré una lección. ¿Te atreves a discutir conmigo, insolente?» Dicho esto, ordenó a Mochiram que lo encerrara en el calabozo y le infligiera el castigo correspondiente. Huelga decir que, como consecuencia de las torturas y los golpes inhumanos, Aminullah se convirtió en el primer mártir del movimiento islámico de Titumir. La noticia se difundió por todas partes. Los musulmanes quedaron consternados, pero, al no poder hacer nada contra el zamindar, tan poderoso, por falta de testigos y pruebas, permanecieron en silencio.
Reunión conspirativa de los zamindars en Kolkata
Con el propósito de reprimir a Titumir y a sus seguidores, en esta reunión celebrada en la casa de cierto Latu Babu, en Kolkata, se hicieron presentes las siguientes personas: Latu Babu (Kolkata), el zamindar Kali Prasanna Mukhopadhyay de Gobardanga, Debanath Ray de Gobra-Gobindapur, el administrador del zamindar de Nurnagar, el naib principal del zamindar de Taki, el administrador del zamindar de Ranaghat, Krishnadev Ray de Pura, el daroga Ramram Chakraborty de la comisaría de Bashirhat, Durgacharan Chakraborty de Yadur Ati y otros.
En la reunión se resolvió que, puesto que la caída de la nación hindú sería inevitable si no se lograba reprimir a Titumir, había que someterlo de cualquier manera, y que todos los zamindars prestarían toda la ayuda y cooperación posibles al respecto. También se resolvió solicitar la ayuda de los plantadores ingleses de añil. Se les haría entender que Titumir había iniciado asimismo una lucha contra los ingleses. Había que difundir entre el público hindú que Titu había destruido la casta al hacer que se introdujera carne de vaca. Se pidió al daroga Chakraborty, de Bashirhat, que prestara toda clase de ayuda en este asunto. Kali Prasanna Mukhopadhyay le dijo al daroga: «Usted es brahmán, y nosotros también somos brahmanes. Además, usted es pariente nuestro. En este peligro que nos amenaza, debe ayudarnos por todos los medios». El daroga respondió: «Ayudaré incluso entregando mi vida y demostraré que Titumir es un sedicioso».
Después de la reunión conspirativa de Kolkata, Krishnadev Ray envió hombres para recaudar de los habitantes de Sarfarazpur el impuesto sobre la barba y el bigote, así como la tarifa de kharijana por los nombres árabes. Pero, cuando estos se negaron a pagar el impuesto, el empleado del zamindar regresó e informó a este del asunto. Luego fueron enviados doce barqandaz armados para capturar y traer a Titumir. Sin embargo, no se atrevieron a apresarlo.
Después, Krishnadev envió a las siguientes personas a distintos lugares para pedir consejo:
1. Anukul Chandra Mukhopadhyay a Gobardanga,
2. Khareswar Mukhopadhyay a Gobra-Gobindapur,
3. Lal Bihari Chattopadhyay ante el señor Benjamin, de la fábrica de añil de Serpur,
4. A Banamali Mukhopadhyay, en la fábrica de índigo de Hugli,
5. A Loknath Chakraborty, en la comisaría de Basirhat.
Cabe señalar que Loknath Chakraborty era cuñado de Ramram Chakraborty, el daroga de Basirhat.
Después, más de mil guerreros valientes —lathiales, lanceros y portadores de escudos y espadas— llegaron desde distintos lugares a la casa de Krishnadev, en Pura, para ayudarlo. Al día siguiente, viernes, se ordenó atacar a Titumir y a sus hombres en Sarfarazpur.
Al día siguiente, viernes, cuando Krishnadev Ray llegó a Sarfarazpur a caballo, seguido por sus fuerzas armadas, los fieles se habían puesto de pie para rezar después de la jutba del viernes. Los soldados de Krishnadev rodearon la mezquita entre diversos gritos contra los musulmanes y le prendieron fuego. Cuando Titumir y los fieles salieron de la mezquita con quemaduras de diversa gravedad, fueron atacados. Dos fueron alcanzados por lanzas y murieron como mártires, y muchos resultaron heridos.
Después, los musulmanes presentaron en el puesto policial de Kalinga una denuncia contra Krishnadev Ray y sus tropas por homicidio, lesiones, agresión y otros delitos. El funcionario encargado del puesto policial recibió, en efecto, la declaración. Pero ordenó enterrar los cadáveres sin siquiera presentarse en el lugar de los hechos.
En el informe de J. R. Colvin se afirma que, cuando los empleados del zamindar fueron a Sarfarazpur para recaudar impuestos, entre otros, sobre la barba y el bigote, fueron golpeados y uno de ellos fue detenido. Entonces Krishnadev Ray los atacó con sus fuerzas armadas y prendió fuego a la mezquita.
(Board’s Collection 54222, pp. 405-406, informe de Colvin, párr. 9; Dr. A. R. Mallick: British Policy & the Muslims in Bengal, p. 79).
Dieciocho días después del incidente mencionado, Krishnadev Ray presentó una demanda contra Titumir y sus seguidores, alegando que habían golpeado a sus hombres y que ellos mismos habían incendiado la mezquita para incriminarlo. (Bengal Criminal Judicial Consulations, 3 de abril de 1832, n.º 6).
Krishnadev Ray también acusó en su ijahar: «Un musulmán wahabí de carácter feroz, llamado Titumil, enemigo del cultivo del añil, de los zamindares y de la Compañía de las Indias Orientales, y sus más de mil discípulos, han secuestrado y hecho desaparecer ilegalmente a dos barkandaz y a un gomasta del honorable zamindar de Pura, Sriyut Krishnadev Ray. A pesar de numerosas pesquisas, no logramos encontrarlos. Dichos paik y gomasta nuestros habían ido a la hacienda para recaudar los impuestos de los campesinos de la mahala de Sarfarazpur. Como surgió una disputa con los campesinos respecto al pago y la recaudación de los impuestos, no se sabe dónde los hombres de su grupo, por orden de Titumir, han detenido por la fuerza a nuestros gomastas y paiks. Titumir proclama con arrogancia que él es el rey de este país. Por lo tanto, ya no habrá que pagar impuestos al zamindar». (Shahid Titumir — Abdul Gafur Siddiqui, p. 60).
Ramram Chakravarti sabía, al menos, muy bien cómo fabricar un caso falso, pues estaba decidido a demostrar que Titumir era un traidor al Estado. En cualquier caso, no hace falta decir que la declaración del zamindar, presentada dieciocho días después del incidente, no era creíble. Solo se había presentado para salvarse. Aun así, se inició la investigación de ambos casos.
El jamadar del puesto policial de Kalinga inició la investigación preliminar del caso. En su informe se decía que las acusaciones de ambas partes eran sumamente graves. Añadió: «He visto muchas pruebas de las acusaciones de los musulmanes». La investigación sobre el caso presentado por el naib del zamindar Krishnadev Ray contra Titumir y su grupo reveló que todos los empleados cuyo secuestro se había denunciado se encontraban con el naib. La respuesta del naib fue que, después de que él se marchara al distrito, los hombres de Titu los habían dejado en libertad. En mi opinión, conviene encomendar la investigación de estos dos complicados casos y la presentación del informe final al experimentado daroga de Bashirhat, Ramram Chakravarti.
Mientras tanto, el magistrado conjunto de Barasat citó a Krishnadev Ray ante el tribunal, le concedió la libertad bajo fianza y ordenó a Ramram Chakravarti investigar y presentar el informe final.
Ramram Chakravarti llegó a Sarfarazpur con el pretexto de investigar, insultó y golpeó a Titumir y a los aldeanos con lenguaje indecible, y, después de pasar varios días siendo agasajado como un yerno en la casa del zamindar Krishnadev Ray, presentó el siguiente informe:
1. Titu y sus hombres habían mantenido ilegalmente detenidos a los gomastas y paiks del zamindar Krishnadev Ray. Más tarde, estos escaparon astutamente y se ocultaron. Se presentaron después de la llegada de la policía. Por consiguiente, este caso carece de fundamento y debe ser desestimado.
2. Titumir y sus lathiales han presentado acusaciones falsas de asesinato, lesiones, saqueo, incendio provocado y otros delitos contra el zamindar Krishnadev Ray y sus paiks y barkandaz.
3. Titu y sus hombres incendiaron ellos mismos la sala de oración. Por lo tanto, este caso no puede continuar.
El informe del daroga es completamente inventado y no constituye más que una expresión de su mente hostil. Aunque los musulmanes tengan cientos de defectos, jamás tendrían el valor de cometer un acto tan pecaminoso como incendiar una mezquita.
Es sumamente lamentable que el juez no haya prestado atención a la cuestión de la recaudación ilegal de impuestos, que era la causa principal del disturbio. Como resultado, el zamindar no solo ganó el juicio, sino que además se legitimó su actividad de recaudación ilegal. El comisionado divisional afirma que el fallo dictado por el magistrado conjunto, por un lado, no tenía como objetivo detener la recaudación ilegal y opresiva de impuestos por parte de los zamindares y, por otro, tampoco contenía nada que pudiera apaciguar la actitud provocadora de la parte contraria. (Bengal Criminal Judicial Consultations, 3 de abril de 1832, n.º 3; Commissioner to Deputy Secretary; 28 de noviembre de 1831, párr. 3).
A consecuencia de este fallo injusto del magistrado, el zamindar se envalentonó para adoptar medidas fraudulentas y opresivas. Conforme al Reglamento n.º 7 de 1799, obtuvo la facultad de arrestar y detener a los campesinos con el pretexto de cobrar los impuestos atrasados. Incluso quienes no eran campesinos del zamindar, pero habían testificado contra él, fueron arrestados y detenidos bajo la falsa acusación de adeudar 38 rupias, y fueron sometidos a diversos castigos físicos. Después, tras cobrar una parte de los atrasos, les hizo firmar una obligación por la que prometían pagar el resto, para impedirles recurrir a los tribunales. (Board’s Collection, 54222, Enclosure n.º 4, the Colvin’s Report; también en Bengal Criminal Judicial Consultations, 3 de abril de 1832, n.º 6).
El 25 de septiembre de 1831, los musulmanes fueron a Calcuta con una copia del fallo del caso para presentar una apelación ante el tribunal del comisionado. Pero, debido a la ausencia del comisionado, no pudieron presentar su apelación y regresaron desconsolados.
La mezquita de la aldea de Sarfarazpur fue destruida, muchas personas murieron o resultaron heridas, y las casas de Habibullah, Hafizullah, Golam Nabi, Ramzan Ali y Rahman Bakhsh fueron reducidas a escombros; numerosas riquezas fueron quemadas y saqueadas, pero el Gobierno inglés no tomó ninguna medida al respecto. Como la vida de los habitantes de Sarfarazpur, y especialmente la de Saiyid Nisar Ali, corría peligro, siguiendo el consejo de todos, Saiyid Nisar Ali, alias Titumir, se trasladó de Sarfarazpur a la aldea de Narikelbaria el 17 de octubre, pese a su extrema renuencia, acompañado de los cinco hombres mencionados, que habían quedado sin hogar. El 29 de octubre de 1831, Krishnadev Ray atacó la aldea de Narikelbaria con más de mil lathiales y una banda de matones armados con diversas armas, golpeando y hiriendo a numerosos hombres y mujeres. El 30 de octubre se presentó una denuncia en el puesto de policía. Pero no produjo ningún resultado. La policía ni siquiera acudió a investigar.
Los musulmanes quedaron desorientados ante los ataques sucesivos de las fuerzas de los zamindares. Entonces se vieron obligados a prepararse para su propia defensa. Cuando Krishnadev Ray volvió a lanzarse contra los musulmanes con sus fuerzas el 6 de noviembre, se produjo un violento enfrentamiento y hubo numerosas bajas en ambos bandos. Después, Krishnadev Ray difundió por toda la sociedad hindú que los musulmanes estaban oprimiendo sin motivo a los hindúes; difundió por toda la sociedad hindú que los musulmanes estaban oprimiendo sin motivo a los hindúes. Esta propaganda provocó una gran agitación entre los hindúes, y el zamindar dedicado al cultivo del índigo de Gobardanga, Kaliprasanna Mukhopadhyay, incitó contra los musulmanes al señor Davis, gerente de la fábrica de índigo de Mollaati. Davis atacó Narikelbaria con unos cuatrocientos guerreros abisinios y diversas armas mortíferas. También esta vez hubo numerosas bajas en ambos bandos. Davis huyó. Los musulmanes destruyeron su bajra. Algunos días después de este suceso, Debnath Ray, zamindar de Gobra-Gobindapur, atacó Narikelbaria con una enorme fuerza. En la encarnizada batalla, Debnath Ray murió alcanzado por un golpe de lanza.
La carta que, después de los acontecimientos mencionados, Manohar Ray, zamindar de Chatuna, escribió a Krishnadev Ray, zamindar de Pura, merece especial mención. Escribió:
La pasión por el cultivo del índigo se ha apoderado de ustedes. Por eso hoy hemos perdido a un hombre valiente como Debnath Ray. Todavía hay tiempo. Sin seguir excediéndose, dejen que Titumir haga su trabajo y ustedes hagan el suyo. Titumir está propagando su religión; ¿por qué forman una alianza para impedírselo? Dominados por la pasión por el índigo, se han unido a los plantadores ingleses de índigo y a los misioneros, causando la ruina de los habitantes del país y de la comunidad campesina. ¿Cómo podrían olvidarlo? Si continúan imponiendo de este modo abusos a los habitantes del país, me veré obligado a avanzar en ayuda de Titumir. Lo repito: no atraigan sobre ustedes la maldición de los habitantes del país por causa del cultivo del índigo.
—Shrimanohar Ray Bhushan (Shahid Titumir, Abdul Gafur Siddiqui, p. 79).
Si hubieran aceptado el buen consejo de Monohar Ray, no se habría representado un drama histórico tan trágico. Pero, por un lado, la ilimitada codicia de Krishnadev Ray y, por otro, su extremo odio los habían privado de todo juicio sobre lo conveniente y lo perjudicial. Por eso no pudo poner fin a sus actividades diabólicas.
El daroga de Bashirhat, Ramram Chakrabarti, presentó al Gobierno informes ficticios, distorsionados e interesados contra Titumir y los miembros de su grupo; asimismo, los zamindares hindúes enviaron cartas al recaudador y al magistrado conjunto solicitando al gobernador que reprimiera a Titumir. A su vez, el gobernador dio instrucciones al recaudador de Nadia y al juez de Alipur, adjuntando los informes mencionados. Mientras tanto, nada más recibir la orden del gobernador, el recaudador de Nadia pidió a Krishnadev Ray que se reuniera con él lo antes posible. El juez de Alipur se encontraba entonces en Nadia. Cuando Krishnadev Ray se presentó a su debido tiempo, partió como guía del recaudador y del juez hacia Narikelbaria, a bordo de la bajra de estos últimos.
Mientras tanto, ciertos círculos interesados difundieron el rumor de que el señor Benjamin, administrador de la fábrica de índigo de Sherpur, había partido para atacar Narikelbaria acompañado de numerosos hombres armados con garrotes y lanzas. Al recibir esta noticia, Gholam Masum avanzó con los hombres del grupo de Titumir para impedirles el paso y permaneció oculto entre la maleza y los matorrales de la aldea de Bargharia. Cuando la bajra llegó y atracó en el embarcadero de Bargharia, los hombres de Titumir vieron que a bordo había dos ingleses y, con ellos, su acérrimo enemigo Krishnadev. Creyendo que los dos ingleses eran Davis y Benjamin, se prepararon para atacar. Krishnadev dijo: «Señor, mire allí. Gholam Masum, el principal comandante de Titumir, ha llegado hasta aquí para atacar la bajra». Entonces el sahib ordenó abrir fuego. El otro bando también comenzó a lanzar flechas y lanzas. Después de que varios hombres de ambos bandos resultaran muertos o heridos, el recaudador suspendió el combate y se refugió en medio del río.
Ciertos círculos interesados engañaron al grupo de Titumir con una noticia falsa. Creyendo que eran Davis y Benjamin, atacaron la bajra. Esos círculos interesados querían enfurecer así al Gobierno de la Compañía de las Indias Orientales contra el grupo de Titumir. Su propósito se cumplió. De haber conocido los hechos reales, no habrían acudido a atacar la bajra de ese modo. En particular, al ver a Krishnadev Ray a bordo, lo consideraron un enemigo.
Lo curioso es que, al subir apresuradamente a la bajra desde el embarcadero de Bargharia para refugiarse en medio del río, Krishnadev no logró subir a tiempo. Así, le ocurrió lo que estaba destinado a ocurrirle. Sin embargo, los musulmanes no lo mataron. Murió de forma desdichada al ahogarse en el río.
Titumir no tenía ningún deseo de entrar en conflicto con el Gobierno de las Indias Orientales. El curso de los acontecimientos, ciertos rumores infundados y un círculo particularmente interesado provocaron el enfrentamiento entre Titumir y el Gobierno. Algunos misioneros, plantadores de índigo nacionales y extranjeros, y zamindares hindúes enviaban continuamente informes incendiarios contra Titumir al señor Alexander, magistrado conjunto de Barasat. Como consecuencia, la impresión que el señor Alexander se formó de Titumir y su grupo lo llevó a decidir firmemente que debía reprimir a Titumir. Es probable que, después de que Ramram Chakrabarti muriera en el enfrentamiento, se nombrara un nuevo daroga en la comisaría de Bashirhat. Se le ordenó que fuera a Narikelbaria con algunos cipayos y un jemadar para advertir a Titumir, y que después informara de todo lo ocurrido. Probablemente, en vez de ir a Narikelbaria, el daroga se quedó en la comisaría y presentó un informe diciendo que había escapado con vida por muy poco del ataque de los hombres de Titu. Como resultado, Alexander se vio obligado a presentar ante las autoridades un informe severo sobre Titumir.
El 14 de noviembre de 1831, el señor Alexander llegó a Baduria, a tres krosh de Narikelbaria, acompañado por un havildar, un jemadar y cincuenta cipayos armados con fusiles y espadas. El daroga de Basirhat se reunió con Alexander en Baduria junto con un jemadar cipayo. El total de las fuerzas de ambos era de ciento veinte hombres. En el feroz enfrentamiento que siguió, hubo bajas en ambos bandos. Alexander quedó asombrado ante la valentía de los musulmanes bajo el liderazgo de Gholam Masum, y el daroga y un jemadar fueron capturados por los musulmanes. Al verse en apuros, Alexander huyó para salvar la vida.
El informe de Alexander y sus repercusiones
El magistrado conjunto, señor Alexander, regresó a Barasat y presentó un informe a las autoridades superiores solicitando que sometieran a Titumir. Las autoridades, es decir, el Gobierno de la Compañía de las Indias Orientales, nombraron al coronel Stewart comandante y le ordenaron marchar hacia Narikelbaria con cien soldados europeos montados, trescientos soldados nativos de infantería y dos cañones. La noche del 13 de noviembre, las tropas de la Compañía llegaron a Narikelbaria y sitiaron la aldea.
Para protegerse del ataque enemigo, Titumir y sus hombres rodearon por todos lados la huzra de Titumir con gruesos y resistentes postes de bambú; en la historia se la conoce como «el fuerte de bambú de Titumir».
Al describir algunos acontecimientos ocurridos antes del comienzo de la batalla, Abdul Gafur Siddiqui cuenta que el coronel Stewart llegó ante la entrada principal, situada frente a la habitación-huzra de Titumir, y vio a un hombre vestido con un pirhan blanco y un turbante blanco, que realzaba su apariencia, absorto en la meditación sobre Alá con un tasbih en la mano. Stewart, fascinado y lleno de asombro, preguntó a su guía, Ramchandra Bandyopadhyay: «¿Este hombre es Titumir? ¿Acaso parece un rebelde?»
Ramchandra respondió: «Este hombre es Titumir. Se presenta a sí mismo como Titu Badshah. Hoy, con motivo de su llegada, ha cambiado de actitud y se ha disfrazado de santo».
Entonces Stewart le dijo a Ramchandra: «Dígale a Titu que he venido como comandante en nombre del gobernador general, lord Bentinck. Que Titumir se rinda. O dígame palabra por palabra lo que él diga».
Ramchandra le dijo a Titumir: «Usted ha luchado contra el Gobierno de la Compañía y ahora ha tomado el rosario. Venga, empuñe la espada y demuestre que es digno de llamarse Badshah».
Titumir dijo: «No he librado una guerra contra el Gobierno de la Compañía. Al igual que los hindúes, nosotros también somos súbditos del Gobierno de la Compañía. Solo he hecho un pequeño esfuerzo para frenar la opresión de los zamindares y de los plantadores de añil, y para convertir en verdaderos musulmanes a quienes solo llevan el nombre de musulmanes».
Después de escuchar la respuesta de Titumir, Ramchandra le dijo a Stuart, en calidad de intérprete: «El rebelde Titumir dice que no se rendirá, sino que luchará. Dice que no le importan los cañones ni los proyectiles. Dice que, gracias a su poder, se tragará a todos uno tras otro. Él es el soberano de este país; ¿quién es entonces la Compañía?». (Shahid Titumir, Abd al-Gafur Siddiqi, pp. 95-96).
No es difícil para ningún lector comprender qué incendio provocó Ramchandra al desempeñar su labor de intérprete.
El resultado de la batalla que tuvo lugar después podía preverse fácilmente. ¿Cuánto tiempo podían resistir los bastones, las flechas y las lanzas frente a los soldados ingleses bien adiestrados y los proyectiles de su pesada artillería? Sin embargo, Syed Nisar Ali, conocido como Titumir, Ghulam Masum y sus compañeros, sin dejarse aterrorizar ni inclinar la cabeza en señal de obediencia ante el adversario, se enfrentaron serenamente al enemigo hasta el último instante de sus vidas y bebieron el néctar del martirio. Esto, por una parte, permanecerá eternamente como una gloria imperecedera de la historia y, por otra, mantendrá viva para las futuras generaciones humanas la inspiración y la conciencia de luchar con todas sus fuerzas contra la falsedad, la injusticia y la opresión.
Cuarenta años después de dicho acontecimiento se publicó un artículo anónimo en Calcutta Review. En él se criticaba al Gobierno de la Compañía contemporáneo de Titumir, acusándolo de haber permanecido indiferente ante las actividades sediciosas de Titumir. Según el autor del artículo, Titumir aspiraba a obtener el poder político. Por tanto, el Gobierno debería haber adoptado de antemano medidas severas contra él. Añade asimismo que Titumir y sus seguidores exigían el fin del dominio de la Compañía y reivindicaban a los musulmanes despojados del poder por los ingleses como herederos de la soberanía. Hunter también hizo comentarios similares. (Calcutta Review, n.º CI, p. 36).
El señor Hunter creyó ciegamente las acusaciones infundadas e interesadas de los zamindares hindúes, los plantadores de añil y algunos sacerdotes, y las incorporó a su obra. Hunter también hizo comentarios sumamente viles e indecentes sobre Syed Ahmad Shahid. Esto se examinará en el lugar correspondiente.
J. R. Colvin fue designado para determinar las causas y la naturaleza de los disturbios de Narikelbariya, bajo la jurisdicción de Barasat. El informe que presentó, basado en información obtenida de fuentes documentales, merece aquí especial atención. Afirma con certeza que los disturbios fueron un asunto enteramente local y que los habitantes implicados directa o indirectamente en ellos no eran personas de ninguna importancia destacada. Salvo dos o tres, todos eran oriundos de la región septentrional de Barasat. Todos eran súbditos (rayat), tejedores y musulmanes de clase ordinaria. (Board’s Collection, 54222, p. 400; Colvin a Barwell, 8 de marzo de 1832, párr. 4; A. R. Mallick: British Policy & the Muslims in Bengal, p. 87).
Después del mencionado informe de Colvin, el Gobierno no concedió demasiada importancia al asunto. El doctor A. R. Mallick, citando Board’s Collection y Bengal Criminal Judicial Consultations, afirma que el mayor Scott dirigió las tropas de la Compañía. Murieron unas cincuenta personas, incluido Titumir, y 250 fueron arrestadas. Los cadáveres fueron quemados. Las casas de los miembros del grupo de Titumir fueron saqueadas y también fueron arrestadas las personas sospechosas. (Dr. A. R. Mallick, British Policy & the Muslims in Bengal, p. 86).
En total, fueron juzgadas 197 personas. De ellas, Ghulam Masum fue condenado a muerte, 11 a cadena perpetua y 128 a penas de prisión de diversa duración.
Cuatro personas murieron durante el juicio. Cincuenta y tres fueron absueltas.
Como el brazo derecho del hijo mayor de Titumir, Sayyid Gauhar Ali, había sido arrancado por el impacto de una bala de cañón, fue liberado de la pena de prisión. El otro hijo, Torab Ali, era menor de edad, por lo que fue condenado a dos años de trabajos forzados. Más tarde, el Gobierno de entonces, al comprender su propio error, dispuso una pensión para los tres hijos de Titumir. Sin embargo, posteriormente fue suprimida debido a los esfuerzos de los hindúes. (Shahid Titumir, Abdul Gafur Siddiqi, p. 100).
El análisis anterior demuestra claramente que, si el Gobierno hubiera conocido los hechos reales, quizá el asunto no habría llegado tan lejos. La hostilidad de los zamindares hacia los musulmanes, la propaganda falsa, la influencia ilimitada que ejercían sobre los campesinos pobres y, además, el informe unilateral, parcial y ficticio del daroga Ramram Chakravarti mantuvieron a las autoridades alejadas de los hechos reales. Por otra parte, la injusticia y la opresión inhumanas e ilimitadas de los zamindares y plantadores de índigo obligaron a la parte que, tras acudir al Gobierno en busca de justicia, quedó decepcionada, a adoptar una postura extremista. Además, no tenía otra salida. El informe de Colvin también afirma lo mismo. Los zamindares tenían un poder ilimitado para hostigar y oprimir a los campesinos por cualquier medio. Colvin describe esto como la causa fundamental del disturbio. Añade que, en tales circunstancias, cuando la persona culpable era dueña de una enorme riqueza, llegar a una decisión correcta era algo imposible. (A.R. Mallick: British Policy & the Muslims in Bengal, p. 88; Board’s Collection, 54222, Colvin’s Report, párr. 36).
Capítulo undécimo
El movimiento yihadista de Sayyid Ahmad, el Mártir
El movimiento yihadista de Sayyid Ahmad Barelvi ha sido descrito en la historia como el movimiento wahabí. Esta afirmación es completamente contraria a la verdad y carece de fundamento. Puede decirse sin temor que se trata de una presentación sumamente distorsionada de la historia. En realidad, en ningún lugar del mundo existió un movimiento llamado movimiento wahabí. A comienzos del siglo XVIII, Muhammad ibn Abd al-Wahhab al-Najdi inició en Arabia un movimiento de reforma islámica. Su movimiento fue exclusivamente islámico. Este movimiento fue denominado movimiento wahabí. Ese nombre se lo dieron los europeos hostiles al islam. Lo llamaron WAHABISM o WAHABI MOVEMENT. El islam, la ley revelada por Allah, fue llevado a su forma perfecta por el último y más grande de los profetas, Hazrat Muhammad (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él). En lugar de llamar «islam» al islam predicado por Muhammad (la paz sea con él), lo llamaron «muhamedanismo», y al musulmán lo llamaron «mahometano» (MEHOMEDAN). Hasta la década de 1930 del siglo actual, en el lenguaje oficial se llamaba MEHOMEDAN a los musulmanes. Durante el mandato como primer ministro de Sher-e-Bangla, mediante una declaración oficial, la palabra MEHOMEDAN fue sustituida por MUSSALMAN o MUSLIM. Del mismo modo, el movimiento islámico de Muhammad ibn Abd al-Wahhab no solo fue llamado movimiento wahabí, sino que además se difundió propaganda que lo calificaba de extremadamente contrario al islam, con el fin de suscitar entre los musulmanes odio y hostilidad hacia él. En la historia, el movimiento wahabí fue calificado de contrario al islam y la palabra «wahabí» fue convertida en un insulto. Esta propaganda también influyó y engañó a algunos musulmanes. Por eso, para humillar y hacer odiosa a una persona en la sociedad musulmana, se la insulta llamándola «wahabí». Desde hace casi tres siglos, algunas personas permanecen sumidas en un grave error. Por consiguiente, la necesidad de un análisis y una explicación especiales de este asunto es innegable.
Muhammad ibn Wahhab
A comienzos del siglo XVIII nació en Arabia un gran reformador religioso o muyahid cuyo nombre era Muhammad. Su padre se llamaba Abdul Wahhab. Según la costumbre árabe de añadir al nombre el del padre, su nombre completo era Muhammad ibn Abdul Wahhab. Wahhab es uno de los nombres atributivos de Alá y significa «el Omnipotente Dador». Muhammad ibn Abdul Wahhab quería erradicar toda infiltración pagana en el islam, establecer firmemente la gloria del mensaje del tawhid puro y, poniendo fin a toda perturbación política en Arabia, unir toda la península arábiga en un solo Estado, basado únicamente en los principios islámicos de igualdad y fraternidad.
Durante su juventud, al realizar el hach, quedó profundamente afligido al observar en La Meca y Medina las prácticas no islámicas de los musulmanes. En aquel entonces, una gran parte de Arabia estaba bajo el dominio de los sultanes turcos. Al entrar en contacto con la civilización europea, los turcos, especialmente la clase gobernante turca, habían adoptado muchas costumbres y ceremonias europeas. Estas se habían extendido por los países árabes, incluso por La Meca y Medina. Se habían construido enormes mausoleos alrededor de las tumbas, y los musulmanes, de pie junto a ellas, pedían prosperidad mundana y bienestar en la otra vida. Se encendían lámparas en las tumbas, se las adornaba con guirnaldas de flores, se ofrecían votos y ofrendas y se hacían promesas votivas, entre otras prácticas. Todo ello era una imitación del paganismo. Maulana Masud Alam Nadwi señaló en su biografía titulada Muhammad ibn Abdul Wahhab Najdi que en aquella época había en Arabia ciertos árboles ante los cuales los musulmanes celebraban una especie de culto festivo, imitando a los paganos. Incluso realizaban actos más abominables que el culto hindú al lingam de Shiva. En suma, al contemplar una forma sumamente deformada del islam, Muhammad ibn Abdul Wahhab alzó una voz enérgica contra todo aquello. Inició este movimiento reformista en la ciudad de Damasco. También se manifestó abiertamente contra las prácticas antislámicas de la clase gobernante turca. Como consecuencia, cayó en desgracia ante la clase gobernante y fue expulsado de Damasco. Finalmente, después de recorrer diversos lugares, llegó a Dar‘iya o Dir‘iya, en la provincia de Nayrán, su tierra natal. (El jefe o gobernante de Dar‘iya apoyó su movimiento reformista y se casó con su hija. Después, con la ayuda del gobernante de Dar‘iya, Muhammad ibn Saud, continuó simultáneamente el movimiento de reforma islámica y la lucha política mediante la formación de la Liga Árabe.
Aquí no hay espacio para tratar detalladamente su movimiento político. Sin embargo, es cierto que la plena realización del islam es absolutamente imposible sin poder político. En el poderoso movimiento político que comenzó con la ayuda y cooperación de Muhammad ibn Saud participaron millones de beduinos. Como resultado, tras atravesar repetidos desastres, finalmente llegaron a dominar toda Arabia. La monarquía de la dinastía Saud se estableció en toda la península arábiga, y por ello este país es conocido como Arabia Saudita. El resultado directo del éxito del movimiento de reforma islámica de Muhammad ibn Abdul Wahhab fue precisamente la obtención de este poder político.
Ya se ha mencionado que Muhammad ibn Saud, gobernante de Dar‘iya, se casó con la hija de Muhammad ibn Abdul Wahhab. En poco tiempo, la autoridad de Muhammad ibn Abdul Wahhab quedó establecida en las regiones desérticas, especialmente en Nayrán. Entregó todo el poder de gobierno a su yerno, Muhammad ibn Saud, y permaneció como autoridad suprema únicamente en los asuntos religiosos, es decir, en el movimiento de reforma islámica. Después hubo repetidos enfrentamientos con los gobernantes turcos. Tanto la victoria como la derrota correspondieron a ambos bandos. Una vez establecido su poder en todo Nayrán, según algunos, por primera vez desde la época del cuarto califa se intentó organizar en un país un sistema religioso, político, social y económico basado en el Corán. Según algunos, entre ellos Masud Alam Nadwi, Muhammad ibn Abdul Wahhab fue un muyahidid exitoso que llegó a contemplar en vida el pleno triunfo de su labor de renovación o reforma.
Examinemos ahora algunos aspectos de los principios fundamentales de su movimiento de reforma. Ya se ha dicho que no predicó ninguna doctrina nueva contraria al islam por la que sus ideas pudieran ser calificadas de doctrina wahabí. En Arabia no existe ninguna escuela jurídica ni tariqa denominada wahabí. Esta definición se difundió fuera de Arabia; la palabra «wahabí» fue creada por los enemigos extranjeros de los seguidores de esta doctrina, especialmente los turcos y los europeos, y solo entre ellos llegó a utilizarse. Algunos escritores europeos, como Neibuhr, llamaron profeta a Muhammad ibn Abdul Wahhab. Tales ideas extravagantes tampoco tienen fundamento alguno. En realidad, Muhammad ibn Abdul Wahhab no creó ninguna escuela jurídica. Era seguidor del imán Ahmad ibn Hanbal, uno de los cuatro imanes, y su empeño consistía en retornar al islam primigenio, sencillo y claro, tal como había sido en la época del Profeta del mundo y de los califas bien guiados. También enseñaba que la religión no es monopolio exclusivo de ninguna clase. La interpretación del Corán y del hadiz tampoco pertenece exclusivamente a una persona o clase determinada, ni está limitada a una época particular; todo erudito tiene derecho a interpretar el Corán y el hadiz. Sus enseñanzas y doctrinas estuvieron influidas principalmente por las doctrinas expuestas en los escritos de Ibn Taymiyya y sus discípulos, aunque en muchos asuntos no coincidía con ellos. (El movimiento wahabí, Abdul Maudud, pág. 116).
Los principios fundamentales del movimiento de reforma de Muhammad ibn Abdul Wahhab, que él incluyó en su «Kitab al-Tawhid», son, en términos generales, los siguientes:
1. No existe ningún otro ser ni poder, aparte de Allah, al que se pueda adorar, servir, obedecer o cuyos mandatos y gobierno se puedan acatar.
2. La mayoría de las personas no son partidarias del tawhid. Acuden a santos, derviches y otros semejantes, y les piden sus bendiciones. Estas prácticas y ceremonias suyas son semejantes a las de los idólatras de La Meca descritos en el Corán.
3. Rezar invocando los nombres de los profetas, santos y ángeles durante el culto es shirk, tan censurable como la adoración de múltiples dioses.
4. Buscar la intercesión de alguien distinto de Alá no es sino shirk.
5. Hacer un voto en nombre de alguien distinto de Alá también es shirk.
6. Buscar apoyo en un conocimiento distinto de las indicaciones claras e inevitables del Corán, los hadices y la razón es kufr.
7. Albergar dudas sobre la creencia en el qadar o destino es ateísmo.
Además, hizo especial hincapié en erradicar aquellas innovaciones religiosas (todas las novedades introducidas en el islam que no cuentan con la aprobación del Corán y los hadices ni fueron instituidas por el propio Profeta) que favorecen el shirk y el kufr. Su enseñanza fundamental era la dependencia absoluta e inquebrantable de Alá, el Único, y la eliminación de toda existencia o idea de intermediación entre el Creador y los seres humanos. Amparándose en esa intermediación, se había establecido el culto a los pires, o un brahmanismo musulmán, manteniendo a los musulmanes alejados de las verdaderas enseñanzas del islam. Quería eliminar la adoración de los musulmanes a los pires y santos, así como a sus tumbas, e incluso la concepción semidivina de Hazrat Muhammad (la paz y las bendiciones sean con él). (También se observa entre los musulmanes la adhesión a esta doctrina. Por ejemplo,
Ese velo de mim de Ahmad
te ha mantenido oculto.)
La construcción de mausoleos sobre las tumbas no es más que el último vestigio del paganismo, sobre el cual el Profeta de Dios dejó una severa advertencia. Por ello se ordenó demolerlos, para que los musulmanes no pudieran venerarlos ni acudir allí a pedir su propio bienestar.
El resultado natural de su movimiento fue que dos clases de musulmanes se vieron duramente afectadas. Una: quienes, de pie junto a las tumbas, pedían prosperidad mundana y bienestar en la otra vida, y se ganaban el sustento recaudando dinero de los visitantes en nombre de la custodia y el servicio de las tumbas. La otra: los gobernantes turcos, porque habían perdido su autoridad sobre La Meca y Medina. El sultán de Turquía era entonces el califa autoproclamado del mundo musulmán. Al haber perdido las manos de los turcos los dos lugares sagrados más importantes del islam, La Meca y Medina —podría decirse, los únicos dos—, la pretensión del califato quedó sin sentido. Como no era fácil recuperar La Meca y Medina por la fuerza, se formularon toda clase de acusaciones infundadas y falsas contra Muhammad ibn Abd al-Wahhab y sus seguidores, con el fin de enfurecer a los musulmanes del mundo. Por muy contrarios al islam que fueran los gobernantes turcos, cuando el califa de los musulmanes emitió una fatua contra Muhammad ibn Abd al-Wahhab, los musulmanes lo creyeron sin reservas. Como consecuencia de esta propaganda, entre 1803 y 1806 el número de peregrinos que llegaban a La Meca desde países extranjeros fue insignificante.
En Bengala y la India, figuras eminentes como Sayyid Ahmad Shahid, Haji Shariatullah y Titumir alzaron la voz, al igual que Muhammad ibn Abd al-Wahhab, contra las diversas supersticiones de los musulmanes. Esta vez, en interés propio, el Gobierno británico se dedicó a difamar a estos hombres eminentes, calificándolos de wahabíes y emprendiendo una campaña contra ellos. ¿Qué puede ser una tergiversación de la verdad y una ironía más cruel que esta?
Muhammad Waliullah dice:
Temiendo que, si alguna vez despertaba entre las masas musulmanas el odio hacia los no creyentes, su imperio en Asia y África se desmoronaría como un castillo de naipes, los británicos imperialistas comenzaron a derramar lágrimas de cocodrilo por el islam. Así, en el siglo XIX, cada vez que un patriota musulmán de la India intentaba levantarse contra la dominación extranjera, los ingleses lo calificaban de «wahabí» y azuzaban contra él a las masas ignorantes; sobornaban con cientos de miles de rupias o, alternativamente, amenazaban con perseguirlos, y obtenían fatuas contra él de sus ulemas sumisos; conseguían certificados para sí mismos de un funcionario obediente del jerife turco, asalariado de estos. Incluso traían predicadores de la propia Arabia para que difundieran por boca de ellos las historias ficticias inventadas por los ingleses y destinadas a ser utilizadas contra él. Además, mediante magistrados de distrito y funcionarios de alto rango, hacían establecer en cada distrito, con la ayuda de musulmanes reaccionarios, organizaciones como «Anjuman-e Islamia», «Asociación Hizbulá» y «Anjuman-e Ashaat-e Islam», y las utilizaban contra los musulmanes patriotas. A cambio de ello, no se puede decir si Dios Todopoderoso les concedería el Jardín del Firdaus. Pero sí es cierto que, en esta campaña de protección del islam, lograron tender trampas a cientos de musulmanes, ahorcarlos y enviarlos exiliados a la lejana Andamán, allanándoles al menos el camino hacia la salvación en la otra vida.
(Nuestra lucha por la liberación, Muhammad Waliullah, págs. 60-61).
Cronología del ascenso y la caída del Estado fundado por Muhammad ibn Abd al-Wahhab y su yerno Muhammad ibn Saud
1703 d. C.: Nacimiento de Muhammad ibn Abd al-Wahhab en la región de Uyayna, en la rama Banu Sinan de la tribu Tamim, en Arabia.
1747 d. C.: enfrentamiento con el jeque de Riad.
1773 d. C.: Dahham, gobernante de Riad, derrotado.
1787 d. C.: fallecimiento de Muhammad ibn Abd al-Wahhab.
1791 d. C.: ataque a La Meca.
1797 d. C.: todos los dominios turcos de Asia quedan en manos de Saud, nieto de Muhammad ibn Saud.
1803 d. C.: conquista de La Meca.
1804 d. C.: conquista de Medina.
1806 d. C.: reconquista de La Meca.
1811 d. C.: Desde Alepo, al norte, hasta el océano Índico, y desde el golfo Pérsico y la frontera iraquí hacia el este hasta el mar Rojo, todo estaba en manos de Saúd.
1811 d. C.: Desde Alepo, al norte, hasta el océano Índico, y desde la frontera iraquí hacia el este hasta el mar Rojo, todo estaba en manos de Saúd.
1811 d. C.: El ejército egipcio tomó Medina.
1812 d. C.: El ejército egipcio tomó Medina.
1812 d. C.: El ejército egipcio tomó La Meca.
1814 d. C.: Murió Saúd.
1818 d. C.: La capital de Dariya fue devastada.
1904 d. C.: Restablecimiento. Abdul Aziz bin Abdur Rahman, nieto de Saúd, estableció su poder en Naydit.
1924 d. C.: conquista de La Meca.
1925 d. C.: conquista de Medina y Yeda.
De este modo, casi toda la Jazirat al-Arab —salvo los territorios de unos pocos emiratos pequeños— se transformó en el Estado nacional árabe denominado Arabia Saudita, que aún existe. (Véase El movimiento wahabí, de Abdul Maudud, pp. 112-115).
También se reproduce aquí el comentario que el señor Hunter hizo en su obra acerca de Muhammad ibn Abd al-Wahhab.
Los principios que habían inscrito con letras de sangre eran grandiosos. Ante todo, aquello en lo que ponían énfasis era que los turcos habían mancillado la Ciudad Sagrada —La Meca— con su sensualidad. Ni siquiera se habían saciado con la poligamia. Cuando acudían al hach, llevaban consigo mujeres de la peor reputación y se entregaban a toda clase de actos viles, completamente prohibidos por el Corán. Bebían públicamente alcohol y consumían opio en las calles de la Ciudad Sagrada. Los grupos de peregrinos turcos se comportaban de la manera más licenciosa en el camino hacia La Meca. Muhammad ibn Abd al-Wahhab fue el primero en alzar una voz de enérgica protesta contra todas estas prácticas abominables. Poco a poco, sus opiniones adquirieron la forma de una doctrina religiosa y se difundieron con el nombre de doctrina wahabí. —[El término «wahabí» o «ohabí» es una creación del mundo imaginario del exterior, especialmente de los europeos]. En la actualidad, la mayoría de los musulmanes indios sigue esta doctrina. Según ella, la religión predicada por Muhammad había sido convertida en un monoteísmo puro y se asentaba sobre siete principios. Uno: fe inquebrantable en un solo Dios. Dos: negar la existencia de cualquier intermediario entre el Creador y el ser humano. Se rechazaba rezar ante santos y derviches, e incluso cualquier concepción semidivina de Muhammad. Tres: el derecho a la interpretación personal de las escrituras musulmanas y el rechazo de la interpretación clerical de los textos sagrados. Cuatro: rechazar las costumbres, tradiciones y prácticas externas que los musulmanes de la Edad Media y de la época moderna habían impuesto sobre la creencia pura en el tawhid. Cinco: esperar al imán bajo cuyo liderazgo los verdaderos creyentes triunfarán en la lucha contra los infieles. Seis: reconocer siempre, en teoría y en la práctica, que luchar contra todos los infieles es un deber obligatorio de los musulmanes. Siete: lealtad firme al guía espiritual.
Según Hunter, gracias a los esfuerzos de Muhammad ibn Abd al-Wahhab, la religión predicada por Muhammad —es decir, el islam— fue convertida en un monoteísmo puro. En otras palabras, su labor consistió en liberar al islam de la infiltración de la irreligión, la heterodoxia y la idolatría, y devolverle su verdadera forma y configuración islámicas. Con ello sirvió al islam verdadero. Esa es precisamente la labor del musulmán auténtico. El Profeta del islam había anunciado que, para cambiar la forma deformada del islam y restablecerlo en su forma verdadera, aparecerían reformadores en cada época; en la terminología islámica se les llama «mujaddid». Pero ¿por qué se calificaron sus actividades de contrarias al islam y su doctrina de una doctrina distinta del islam, dándole el nombre de doctrina «wahabí»? ¿Qué respuesta tienen a esto los europeos y cierta clase de musulmanes sumergidos en un profundo océano de error? Los cristianos europeos pueden obrar así debido a su eterna actitud hostil hacia el islam y los musulmanes. Es propio de su naturaleza; no hay nada de sorprendente en ello. Pero quienes deformaron el islam, introdujeron en él diversas prácticas idólatras y no islámicas y supersticiones, lo convirtieron en una religión reducida a ritos externos y mantuvieron —y aún mantienen— floreciente el mercado de sus negocios, verdaderamente no tienen respuesta para esto. Los gobernantes turcos irreligiosos y licenciosos emprendieron una vil campaña de difamación contra el mujaddid Muhammad ibn Abd al-Wahhab. Más tarde, cuando Sayyid Ahmad Barelvi inició un movimiento reformista semejante en la India británica, los británicos, movidos por sus intereses e imperialistas, lo calificaron de «wahabí» y, por medio de personas que se hacían pasar por ulemas mercenarios, continuaron disparando contra él incesantemente desde la ametralladora de las fetuas. Sin embargo, durante el movimiento yihadista de Sayyid Ahmad, las balas y proyectiles de esas ametralladoras acabaron en el fracaso. Por eso Hunter dijo: «La mayoría de los musulmanes indios sigue actualmente esta doctrina».
Shah Waliullah
Cuatro años antes de la muerte del emperador Aurangzeb Alamgir, en 1703, Shah Waliullah nació en la ciudad de Delhi, en el seno de una familia muy noble. Su padre, Shah Abd al-Rahim, era un ulema eminente. Los antepasados de Shah Waliullah descendían del segundo califa del islam, el venerable Umar al-Faruq (que Dios esté complacido con él).
Shah Waliullah recibió su educación de su padre, Shah Abdur Rahim. Más tarde enseñó durante doce años en la escuela fundada por su padre. Después viajó a Arabia y pasó mucho tiempo en La Meca y Medina. Durante su estancia allí, Shah Sahib adquirió las cualidades y la capacidad necesarias para el iytihad. Shibli dice que, después de Ibn Rushd y del imán Ibn Taymiyyah, Shah Waliullah Dehlawi (que Dios tenga misericordia de él) fue quien reavivó el mundo musulmán tras la extrema decadencia que había sufrido. La inspiración obtenida de sus prolongadas visitas a La Meca y Medina lo impulsó a iniciar un movimiento revolucionario.
La anarquía y el desorden que surgieron tras la muerte de Aurangzeb hicieron que, poco a poco, el Imperio mogol, y con él el sultanato en la India, quedara reducido a polvo, mientras los ingleses llegaban al país disfrazados de comerciantes y lo iban ocupando gradualmente ante los ojos de Waliullah. Esta situación afligió y atormentó profundamente a Shah Sahib. Comprendió plenamente que la principal causa de la decadencia de los musulmanes era su decadencia moral y religiosa.
Como resultado de su conocimiento completo del islam y de sus reflexiones e investigaciones, en su mente había tomado forma el esbozo de un Estado islámico. Sin embargo, comprendió plenamente que no era posible establecer un Estado únicamente por la fuerza de las armas mientras no se contara con personas poseedoras de verdadera capacidad y cualidades. Formar personas dotadas de auténtico conocimiento islámico y carácter era un requisito previo para gobernar un Estado islámico. Pero no solo escaseaban las personas con tales cualidades y capacidades; además, los musulmanes estaban atrapados en las redes de diversas supersticiones ignorantes o antiislámicas. Para liberar a la sociedad musulmana de estas cadenas, se dedicó primero al movimiento de reforma islámica. El principal objetivo de su movimiento era reformar el islam para devolverlo a su pureza original y a su vitalidad, destruir la creciente fuerza inglesa en el país y volver a izar la bandera victoriosa del islam. Por ello, al igual que el muyáddid y muyáhid árabe Muhammad ibn Abd al-Wahhab, Shah Waliullah intentó extirpar las costumbres antiislámicas, las supersticiones y las prácticas corruptas de los musulmanes.
Shah Waliullah había observado que la indiferencia y el desprecio de los sufíes orientados al tasawwuf hacia la sharía del islam eran perjudiciales para el islam y la sociedad musulmana, y que la penetración de muchas de sus prácticas corruptas y de sus doctrinas contrarias al islam había contaminado y deformado la vida religiosa musulmana. La penetración de los sufíes mercantilistas había contaminado y deformado la vida religiosa musulmana. La proliferación de los sufíes mercantilistas y las prácticas de veneración de los pires y de las tumbas también aumentaban continuamente. Waliullah, por supuesto, no quería abolir el tasawwuf; quería reformarlo y purificarlo por completo. Quería reformar el sufismo y orientarlo hacia el bien. En su testamento hay muchos argumentos irrefutables e instrucciones contra los pires profesionales, los faquires, la veneración de las tumbas, los actos milagrosos y prácticas similares.
Al comprender la necesidad de formar el carácter de las personas en un ambiente pacífico y sin perturbaciones, Shah Waliullah inició su movimiento reformista, es decir, su labor constructiva. Mediante su afilada pluma, señaló por un lado los defectos y las supersticiones de la sociedad musulmana y, por otro, aclaró su camino correcto de acción. Escribió numerosos libros valiosos, entre los que destacan especialmente Fath al-Kabir y Huyyatullah al-Baligha. Se esforzó denodadamente por devolver a una nación muerta, dormida y descarriada la vida y la conciencia mediante los golpes de látigo de su pluma, y conducirla por el camino correcto. En 1762, este talentoso sabio abandonó este mundo.
Shah Abdul Aziz Dehlawi (que Dios tenga misericordia de él)
Tras la muerte de Shah Waliullah, su digno hijo mayor, Shah Abdul Aziz (1746-1823), avanzó siguiendo el camino que él había mostrado. Fue la primera persona entre los ulemas indios que, sin temor, emitió una fetua declarando este país dar al-harb. La cuestión de cuál sería la situación social y religiosa de los musulmanes en este país gobernado por los ingleses infieles mantenía inquietos los corazones y las mentes de los musulmanes. El heroico muyáhid Shah Abdul Aziz declaró con voz elevada y sin temor que vivir como musulmanes en una sociedad y un Estado no islámicos era contrario a la fe. Debían convertir este país en un Estado islámico mediante el yihad o, de lo contrario, emigrar a otro lugar mediante la hégira. Esta declaración hizo brotar en el corazón de los musulmanes una ola de irresistible inspiración para el yihad.
Con un intenso deseo de liberar a la India musulmana de la influencia de los tiranos, Shah Abdul Aziz inició un movimiento de reforma social llamado «Targib-e Muhammadiyya». El objetivo de este movimiento era extirpar las costumbres, los ritos y las supersticiones contrarios al islam que habían penetrado en la sociedad musulmana, e inspirar a los musulmanes con la verdadera enseñanza y doctrina islámicas. Mediante un método cuidadosamente planificado, Shah Sahib dirigió este movimiento por toda la India y para esta labor reclutó a un grupo de personas desinteresadas e incansables que habían recibido su educación junto a él. Con el tiempo, en muy poco tiempo, el movimiento «Targib-e Muhammadiyya» adoptó la forma de un movimiento de yihad e inició un movimiento de liberación contra los tiránicos sijes y los ingleses. Quienes dieron forma práctica a este movimiento fueron Saiyid Ahmad Shahid Barelvī, y sus principales colaboradores fueron el sobrino de Shah Sahib, Shah Ismail Shahid, y su yerno, Maulana Abdul Hai.
Genealogía de Shah Waliullah
Shah Waliullah (1703-62 d. C.)
(1) Shah Abdul Aziz (2) Shah Rafiuddin (3) Shah Abdul Qader (4) Shah Abdul Ghani
(5) Mawlana Abdul Hai (yerno) (6) Shah Mahfuzullah (7) Shah Ismail
(5_1) Mawlana Ishaq (5_2) Mawlana Yaqub
Sayyid Ahmad Shahid
A comienzos del siglo XIX surgió en toda la India un gran movimiento de independencia, bien organizado. Este movimiento fue dirigido exclusivamente por musulmanes indios. La fuerza vital de este movimiento fue Sayyid Ahmad Shahid Barelvi (que Dios tenga misericordia de él). En la historia, este movimiento ha sido denominado «movimiento wahabí», aunque fue simultáneamente un movimiento islámico y de independencia. El objetivo de este movimiento era establecer un Estado islámico independiente e indiviso, desde el mar hasta el Himalaya. Sin embargo, debido a la extrema traición de algunas personas, no fue posible alcanzar el objetivo deseado. Aun así, la forma en que este movimiento avanzó de principio a fin, en secreto y mediante un programa de acción sumamente hábil, sorprende y deja estupefacta incluso a la imaginación.
Sayyid Ahmad nació el 6 de Safar de 1201 de la Hégira (1786 d. C.) en Rai Bareli, Allahabad. Sus biógrafos han mencionado un acontecimiento extraordinario relacionado con su nacimiento. Cuando aún se encontraba en el vientre materno, su piadosa madre soñó que una hoja de papel, escrita con su sangre, ondeaba en el aire. Al escuchar el sueño, uno de sus parientes cercanos le dijo: «No hay motivo de preocupación. Quien nazca de su vientre será una persona muy célebre en la historia». (Sayyid Ahmad Shahid, Gholam Rasul Mehr, pág. 56).
Este sueño se convirtió en realidad, letra por letra. La tierra de la India, desde Bangladesh hasta Balakot, quedó teñida con la sangre fresca de Sayyid Ahmad Shahid y sus seguidores. El recuerdo escrito con su sangre inspiró incesantemente a los musulmanes al yihad durante todo un siglo posterior, hasta culminar en 1947 con la fundación de Pakistán, liberando a los musulmanes del yugo de la dominación y la explotación extranjeras y no musulmanas.
Cuando Sayyid Ahmad tenía cuatro años, cuatro meses y cuatro días, fue enviado al maktab conforme a la costumbre de los musulmanes de familias distinguidas. Pero el pequeño Sayyid Ahmad no sentía ningún interés por sus estudios.
Ghulam Rasul Mehr dice que es difícil explicar por qué durante su infancia mostraba aversión por los estudios. Sin embargo, más tarde se comprobó que había dominado bien el persa y podía hablarlo con fluidez. También había aprendido suficiente árabe para leer por sí mismo el «Mishkat al-Masabih». Podía recitar poemas de Hafiz, Bedil y otros poetas. No obstante, conforme a la tradición familiar, su educación infantil no fue satisfactoria. Sus hermanos mayores, Sayyid Ibrahim y Sayyid Ishaq, insistían mucho en que estudiara. Pero su padre decía, con resignación: «Déjalo en sus propias manos».
Cuando más tarde fue a Delhi, Shah Abdul Aziz dispuso su alojamiento en la mezquita de Akbarabadi y nombró a Shah Abdul Qadir para instruirlo. Sayyid Ahmad estudiaba árabe y persa con él. Es cierto que no pudo obtener una formación académica como la de Shah Ismail o Mawlana Abdul Hayy, pero podía hablar árabe y persa y comprenderlos fácilmente.
Mawlavi Saiyid Jafar Ali Naqvi dice que Shah Ismail explicaba hadices diariamente después de la oración del fajr. El propio Sayyid Sahib también explicaba la importancia de algunos hadices, y los oyentes se beneficiaban especialmente de ello. —(Sayyid Ahmad Shahid, Ghulam Rasul Mehr, pp. 56, 71 y 73)
Desde su infancia, Sayyid Ahmad practicaba ejercicio físico y poseía una fuerza corporal extraordinaria. Desde niño estaba despierta en él la inspiración del yihad, y solía decir ante sus compañeros de casi la misma edad: «Haré el yihad, haré el yihad». Todos consideraban aquello una declaración infantil y jactanciosa. Pero su madre creía que las palabras del niño eran verdaderas. Ghulam Rasul Mehr, citando Tarikh-e Ajamia, dice que el joven Sayyid Ahmad formaba entre los muchachos del barrio un grupo llamado «Lashkar-e Islam»; luego atacaba a un imaginario «Lashkar-e Kuffar» entre gritos de yihad y, proclamando a voz en cuello que el «ejército islámico» había vencido y el «ejército de los infieles» había sido derrotado, hacía resonar el cielo y la tierra. —(Sayyid Ahmad Shahid, Ghulam Rasul Mehr, p. 59).
Así, imaginando por un lado a los «soldados islámicos» y por otro a los «soldados no musulmanes», y llevando a cabo ataques y contraataques, Sayyid Ahmad se formó desde la infancia con inclinación al yihad; esto se reflejó más tarde en su vida real.
A los dieciocho años, Sayyid Ahmad Ahmad fue a Lucknow acompañado por un grupo de ocho personas. El propósito de los demás era buscarse el sustento. Pero el propósito de Sayyid Sahib era diferente. Después de permanecer cuatro meses en Lucknow, instó a sus compañeros a abandonar el deseo de conseguir un empleo y a dirigirse a Delhi para recibir instrucción espiritual de manos del Imam de la India, Shah Abdul Aziz. Después, llegaron a pie al cabo de unos días a la presencia del Shah Sahib, aceptaron la bay‘a de su mano y se hicieron sus discípulos.
Como se ha descrito anteriormente, mientras permanecía en la mezquita de Akbarabad, Sayyid Ahmad continuó adquiriendo conocimientos del Corán, el hadiz, el fiqh y otras ciencias, y recibiendo formación espiritual de Shah Abdul Aziz. Tras recibir esta educación durante cinco años, Sayyid Ahmad regresó a su lugar de nacimiento, Rae Bareli. Apenas había cumplido entonces veintitrés años. En esa época se casó con una joven de familia noble llamada Sayyida Zahra. Al año siguiente tuvo una hija. Sin embargo, la inspiración para el yihad que había albergado en su corazón desde la infancia no le permitió permanecer atado a los afectos, los encantos y el amor del hogar. Abandonó su casa y se incorporó al ejército del nawab Amir Khan. Su propósito era inspirar a Amir Khan al yihad y, con su ayuda, formar un ejército de muyahidines. Después de permanecer siete años en el ejército de Amir Khan, lo abandonó decepcionado. Sus esperanzas y aspiraciones quedaron completamente destruidas cuando Amir Khan estableció una alianza con los ingleses, contra quienes había planeado emprender el yihad. La carta que escribió a Shah Abdul Aziz se cita a continuación: «Aquí ha fracasado el plan de formar un ejército. El nawab se ha unido a los ingleses. Ya no hay manera de permanecer aquí». —
(Sayyid Ahmad Shahid, Golam Rasul Mehr, p. 109).
Tras abandonar el ejército del nawab Amir Khan, Sayyid Sahib volvió a ponerse al servicio de Shah Abdul Aziz. El propósito y objetivo de su vida era formar a los musulmanes como verdaderos musulmanes, reavivar la inspiración para el yihad que había estado viva entre los musulmanes de la primera época y establecer en la India los cimientos de un Estado islámico auténtico.
Sayyid Sahib había alcanzado una posición espiritual tan elevada que personas de alta dignidad de la familia de Shah Waliullah, como el maulavi Muhammad Yusuf, Shah Ismail y el maulana Abdul Hai, recibieron de sus manos la bay’a. A partir de entonces, la gente comenzó a convertirse en sus discípulos en grupos cada vez más numerosos. El objetivo del yihad al que iniciaba a sus seguidores era luchar por la verdad y seguir el camino recto y correcto mostrado por Allah. Por este camino guio a sus seguidores durante toda su vida.
En una carta escrita a Shah Ismail, al describir el yihad, dijo:
«El objetivo del yihad no es adquirir riquezas. Tampoco es conquistar diversas regiones, satisfacer los propios intereses ni establecer un reino para uno mismo. El verdadero objetivo del yihad es complacer a Allah y destruir las supersticiones que prevalecen en la sociedad musulmana». —(Historia de la lucha por la libertad, Abu Zafar, p. 83)
Acerca de aquel cuyo propósito era tan grande y sagrado, cuyo carácter era puro e inmaculado, que estaba muy por encima de los intereses personales y cuyo único objetivo en la vida era alcanzar la complacencia de Allah, Hunter dice: «El origen de esta extraordinaria influencia no se encontraba únicamente en una base siniestra. Sayyid Ahmad comenzó su vida como líder religioso como defensor de dos grandes principios. Estos dos principios eran la unidad de Dios y la igualdad de los seres humanos. Todos los verdaderos predicadores de la religión siguen estos dos principios. Sayyid Ahmad, inspirado por un impulso espontáneo, llamó a las puertas de la mente religiosa de los musulmanes, donde durante mucho tiempo había permanecido adormecido el sentimiento religioso de sus compatriotas y donde las supersticiones originadas por siglos de convivencia con la religión hindú habían aumentado excesivamente, cubriendo las mentes de los musulmanes y dejando casi sin aliento a la religión islámica. Aunque es cierto que él y sus discípulos más cercanos se habían convertido en un grupo de impostores (Imposters), no puedo dejar de creer que hubo un período intermedio en la vida de Sayyid Ahmad en el que, con el corazón dolorido y con toda el alma, deseó la liberación de sus compatriotas y su corazón quedó consagrado únicamente a Allah».
[W. W. Hunter, The Indian Mussalmans — traducción de Anisuzzaman (con algunas modificaciones), p. 36]
Cualquier persona dotada de discernimiento podrá comprender qué afirmaciones contradictorias hizo el señor Hunter en su obra. A la persona cuyo «corazón estaba consagrado a Alá» y que «con todo su corazón dolorido había deseado la liberación de sus compatriotas», Hunter la llamó bandido, malhechor e hipócrita.
El señor Hunter añade: «Se entregaba tanto a la meditación religiosa que, según la ciencia occidental, podía calificarse de epilepsia». [W. W. Hunter, The Indian Mussalmans, traducción de Anisuzzaman —con algunas modificaciones—, p. 36]
En la terminología del tasawuf, estar absorto en la contemplación de Alá se denomina muraqaba-mushahada. Los científicos occidentales ateos como Hunter lo llaman epilepsia. Es fácil comprender hasta qué punto puede afectar a la mente y al cerebro la enfermedad del odio al islam para que se pronuncien afirmaciones tan indecorosas. Si Saiyid Ahmad se hubiera limitado a estar «absorto en la meditación religiosa», probablemente los escritores occidentales no lo habrían criticado desfavorablemente. Pero, como había «deseado la liberación de sus compatriotas» del dominio de los infieles y de los extranjeros, a sus ojos era un malhechor y un hipócrita «afectado de epilepsia». Esto era precisamente una manifestación de su mentalidad dominada por el odio y deformada.
Como el célebre erudito Shah Ismail, sobrino de Shah Abdul Aziz Dehlawi, y su yerno, Maulana Abdul Hai, se hicieron discípulos del señor Saiyid, la fama del señor Saiyid se extendió a la velocidad del rayo por la India central. La gente comenzó a invitarlo desde todas partes, y, con permiso de su murshid, Shah Abdul Aziz, realizó extensos viajes por diversos lugares de la región del Doab, como Ghaziabad, Meerut, Muzaffarpur, Saharanpur y Deoband. Cerca de cuarenta mil personas recibieron instrucción espiritual de él, y también muchos no musulmanes abrazaron el islam bajo su guía. Durante estos viajes oyó por primera vez relatos de la persecución de los musulmanes a manos de los sijes, y su corazón se derritió de compasión. En 1819 regresó por última vez a Delhi y, poco después, volvió a Rae Bareli.
Pasó algún tiempo en Rae Bareli. Allí, la vida de aquellos devotos de Dios era ejemplar y digna de enseñanza para los visitantes. En una región azotada por el hambre, unas setenta u ochenta personas vivían en chozas que habían construido con sus propias manos en el recinto de la antigua mezquita de la familia Saiyid, situada a orillas del río Sai. Aquel año (1819), durante el verano, cayeron lluvias torrenciales y los ríos se desbordaron violentamente. Los alimentos se volvieron caros y escasos. Sin embargo, el señor Saiyid, con ánimo imperturbable y acompañado de sus ochenta compañeros amantes y devotos de Dios, permaneció ocupado día y noche en la adoración, el servicio a la gente y la predicación. En la intensa actividad de aquellos días se observa la aplicación literal de las célebres enseñanzas de Hazrat Jesús (la paz sea con él) en el «Sermón de la Montaña»: no te preocupes por qué comerás o qué beberás en tu vida; ni siquiera te preocupes por tu cuerpo, por qué vestirás. Establece, en cambio, el reino del amor de Alá, y entonces tendrás todo eso.
-(El movimiento wahabí, Abdul Maudud, pp. 154-155)
En aquel grupo se encontraban numerosas luminarias del saber del mundo islámico, entre ellas Hujjat al-Islam Maulana Shah Muhammad Ismail, Shaykh al-Islam Maulana Abdul Hai, Qutb-i-Waqt Maulana Muhammad Yusuf y otros. Shah Ismail, con su inmensa erudición y saber, permaneció junto a su propio pir y murshid como una sombra hasta el último momento de su vida, y junto a él bebió el néctar del martirio. Predicación matutina, exhortación religiosa, explicación del Corán y los hadices, duro trabajo físico durante el día y toda la noche dedicada al taháyyud y a la adoración: tal era el programa diario de aquellos amantes de Dios.
La principal característica de las enseñanzas del señor Saiyid era eliminar del culto la hipocresía y la ostentación, y seguir en cada etapa de la vida el modo de vida sencillo y simple del Profeta universal. En materia de fe, era completamente partidario del tawhid, creía firmemente en la soberanía de Alá y observaba devotamente la sunna en los actos religiosos. Se mantenía alejado de toda forma de shirk: por ejemplo, pedir a los pires y santos beneficios mundanos y ultramundanos, solicitar ayuda de lo oculto, practicar diversas formas de adoración de tumbas y observar los ritos y ceremonias de los idólatras y de otros infieles. En lugar de convertir el islam en un conjunto de meras formalidades, daba mucho más énfasis a llevar una vida verdaderamente piadosa, pues por medio de ello el ser humano llega a depender de una gran misericordia. Es tan cierto como la luz del día que había sometido por completo sus deseos, esperanzas y aspiraciones a la voluntad y al beneplácito de Alá; por eso estaba dispuesto a conducirse, en cada instante de su vida, conforme únicamente a la voluntad de Alá.
Antes de avanzar por el camino que se había propuesto, el señor Sayyid expresó su deseo de realizar el hach en la Casa de Dios. Hombres y mujeres comenzaron a reunirse en grupos a su alrededor para acompañarlo en el sagrado hach. El 30 de Shawwal de 1236 de la Hégira, en julio de 1821, una gran caravana de unas cuatrocientas mujeres y hombres llegó a sumar setecientas personas. La gente acudía en grupos para recibir su iniciación. Él exhortó a la gente a llevar una verdadera vida musulmana y explicó también la necesidad del hach.
La caravana del hach llegó a Azimabad en barco, atravesando desde Allahabad Benarés, Mirzapur, Chunargarh, Ghazipur, Danapur, Phulwari Sharif y otros lugares.
Durante su estancia en Azimabad, un grupo procedente del Tíbet se entrevistó con él. Les encomendó la tarea de difundir la da‘wa islámica en el Tíbet y les dijo que debían continuarla con infinita paciencia. Así, la invitación del señor Sayyid a la religión siguió difundiéndose también en el Tíbet.
Cuando la caravana del hach llegó a Hugli desde Azimabad, cierto munshi llamado Aminuddin, residente en Calcuta, llevó a toda la caravana a Calcuta como huéspedes suyos. Allí, miles de hombres y mujeres, enloquecidos de amor por Dios y llegados de todas partes, se convirtieron en sus discípulos. Mucha gente le ofreció numerosos regalos y presentes para el hach. El señor Sayyid, por su parte, sació su sed espiritual con sus elocuentes y dulces discursos. Ghulam Rasul Mehr registró en su obra un relato detallado de todo el viaje del hach. Sin embargo, no consignó la fecha en que partieron de Calcuta hacia La Meca en barco.
La caravana del señor Sayyid contaba en total con setecientos cincuenta y tres peregrinos del hach. Fueron distribuidos entre diez barcos. El señor Sayyid emprendió el viaje con ciento cincuenta pasajeros en un barco antiguo llamado «Dariya Baka». Reservó los mejores barcos para los demás.
Diez meses después de partir de Rae Bareli, el señor Sayyid entró en la sagrada ciudad de La Meca con la caravana el 28 de Sha‘ban de 1237 de la Hégira, es decir, el 21 de mayo de 1822.
Después del hach, el señor Sayyid permaneció varios meses en La Meca. Pasó todo el mes de Ramadán en el Haram Sharif. Luego, al comienzo de Dhu al-Qa‘da, abandonó Yeda rumbo a su hogar y llegó a Bombay el 20 de Dhu al-Hiyya. Desde Bombay pasó por Calcuta y, finalmente, llegó a Rae Bareli, su lugar de nacimiento, el 29 de abril de 1824.
Después de regresar del hach, adondequiera que iba, innumerables personas se agolpaban para verlo aunque fuera una sola vez y para prestar juramento de fidelidad en su sagrada mano. Miles de personas recibían su iniciación y pasaban a formar parte de su grupo.
Después de llegar a Rae Bareli, el señor Sayyid continuó preparándose para una lucha total, es decir, para el yihad. Shah Ismail inició la labor de reforma y rectificación con el fin de liberar a los musulmanes de las supersticiones no islámicas y convertirlos en auténticos seguidores del tawhid. La obra que compuso, «Taqwiyat al-Iman», es un libro valioso y de autoridad sobre este tema. Naturalmente, también hubo oposición por parte de quienes habían consolidado sus negocios basándolos en la veneración de los pirs y de las tumbas.
Cuando se abrió el ojo del entendimiento del señor Sayyid, pudo ver con claridad que el vasto Imperio mogol de este país había quedado hecho añicos y destruido. Los pocos Estados musulmanes que habían levantado la cabeza sobre sus ruinas también habían llegado a su fin. Aunque los ingleses habían extendido su dominio sobre toda la India, en una vasta región se había establecido un Estado sij. Los musulmanes no solo habían perdido el poder, sino que también se habían alejado mucho de su propia religión y del «camino recto». Sus creencias doctrinales, ideas, concepciones, costumbres y ceremonias estaban influidas por pensamientos y prácticas religiosas no islámicos. Los emires y nobles musulmanes que aún quedaban estaban entregados a los placeres y al lujo, y el único objetivo de sus vidas era conservar, fuera como fuese, los medios y recursos para disfrutar de sus comodidades. Cualquiera que fuese la consecuencia para la nación, no tenían ocasión de reflexionar sobre ello. La mayoría del pueblo se encontraba como si un rayo hubiera caído sobre ellos y hubieran perdido el conocimiento y la conciencia, o como si hubiera comenzado un terremoto devastador y hubieran quedado desorientados. Quienes conservaban algo de inteligencia y razón no encontraban ninguna solución. Consideraban el oscuro futuro como algo escrito por el destino y permanecían sentados, callados y resignados, pensando que sucedería lo que tuviera que suceder. Pero cuando una embarcación cae en un remolino en medio del río, sus velas quedan hechas pedazos, el ancla deja de servir y no se encuentra al timonel, ¿puede subsistir alguna esperanza de que los pasajeros salven la vida? Así se debatían entonces los musulmanes en un mar de desesperación.
En una situación tan desesperada de la vida nacional de los musulmanes, el señor Sayyid abrió los ojos del entendimiento. Vio que ante él solo había tres caminos abiertos.
Uno: abandonar la verdad y establecer vínculos y relaciones con la falsedad.
Dos: no abandonar la verdad; por el contrario, soportar en silencio todos los peligros, adversidades, sufrimientos y pobreza que sobrevinieran por permanecer vinculados a ella.
Tres: enfrentarse a la falsedad con valor y bravura viriles, y esforzarse al máximo por crear una situación que propiciara el comienzo de la victoria y el éxito de la verdad.
El primero es el camino de la muerte, no el de la vida. El resultado del segundo podría ser que, poco a poco, languideciendo y atravesando una situación dolorosa, se extinguiera la llama de la vida de la nación. El tercer camino es el de la dignidad nacional, el heroísmo y el valor noble; el camino de obtener una nueva vida y volver a establecerse en la dignidad. El señor Sayyid adoptó precisamente este tercer camino. Poseía en plenitud todas las aptitudes y cualidades necesarias para recorrerlo.
Durante varios años después de regresar de La Meca a Rae Bareli, llevó a cabo preparativos y actividades de difusión para el yihad. Envió cartas a los dirigentes religiosos del país para que comprendieran la importancia y la necesidad del yihad como obligación religiosa. Él mismo había comprendido claramente que, para reformar y organizar la sociedad, era absolutamente necesario adquirir poder y establecer un Estado. Solicitó a algunos musulmanes distinguidos que participaran plenamente en el yihad y que prestaran su ayuda. En una carta escribió al nawab Suleimanzah:
Por un giro del destino, el Indostán ha quedado durante algún tiempo bajo el gobierno de cristianos e hindúes, y estos han comenzado a oprimir severamente a los musulmanes. El país se ha visto cubierto de incredulidad e innovaciones religiosas, y las costumbres islámicas casi han desaparecido. Al ver y oír todo esto, mi corazón se ha llenado de dolor. He decidido emigrar o emprender la yihad.
-(El movimiento wahabí, Abdul Mawdud, p. 157)
El señor Sayyid adoptó la yihad en el camino de Allah como el único objetivo de su vida y como el único camino hacia la salvación en el Más Allá. No solo para sí mismo, sino también para inspirar a otros a emprender la yihad, escribió numerosas cartas, con un lenguaje ardiente, a muchos gobernantes y emires musulmanes del país y del extranjero. Ghulam Rasul Mehr menciona algunas de sus numerosas cartas en su obra.
El señor Sayyid envió cartas a los siguientes gobernantes:
1. Amir Dost Muhammad Khan Barakzai — Kabul.
2. Yar Muhammad Khan — Peshawar.
3. Sultán Muhammad — Kohat y Bannu.
4. Sayyid Muhammad Khan — Hashtgar.
5. Shah Mahmud Durrani – Herat.
6. Zaman Shah Durrani.
7. Nasrullah – Bujará.
8. Sulaimán Shah – Chitral.
9. Ahmad Ali – Rampur.
10. Muhammad Bahawal Khan Abbasi Nusrat Jang – Bahawalpur.
Además, invitó por carta a entre treinta y treinta y cinco de los emires y nobles más influyentes de la India a unirse a la yihad y a prestar toda clase de ayuda y apoyo. Entre ellos, también envió una carta a un rey hindú de Gwalior, llamado Hindu Rao. El contenido de la carta era el siguiente:
“Los comerciantes extranjeros se han convertido en los gobernantes de este país. Nos están conduciendo hacia la ruina en todos los aspectos. Quienes están al frente del reino desempeñan ahora el papel de espectadores silenciosos. En semejante situación, obligados por el estricto deber, algunos hombres indigentes y pobres, confiando en Alá, han salido de sus hogares para servir a Su religión. No aspiran a las riquezas mundanas ni a cargos o honores. Su propósito es que, si triunfan, el gobierno de este país sea entregado a los propios habitantes de este país”.
Con el propósito de preparar ampliamente el movimiento, Sayyid Sahib estableció una organización y nombró a sus fieles jalifas o representantes en las principales ciudades de la India. Entre ellos destacaban las siguientes personas:
1. Maulana Sayyid Muhammad Ali Rampuri fue enviado a Hyderabad (Dáccán) junto con tres colaboradores.
2. Cuando Sayyid Muhammad Ali partió después hacia Madrás, se envió a Maulana Belayet Ali Azimabadi.
3. Maulana Enayet Ali Azimabadi fue enviado a Bengala.
4. Maulasa Sayyid Awlad Hasan Kanauji y Sayyid Hafizuddin recibieron responsabilidades en las Provincias Unidas.
5. Esta responsabilidad fue encomendada a Mia Din Muhammad, Mia Pir Muhammad y muchos otros: recorrerían diversos lugares de la India, difundirían el llamamiento a la yihad y recaudarían fondos.
Patna fue elegida como el centro principal para dirigir las actividades de la yihad. En 1822, cuando Sayyid Ahmad fue elegido para establecer Patna como el centro principal. En 1822, cuando Sayyid Ahmad llegó a Patna, Belayet Ali y Muhammad Hossain le ofrecieron una grandiosa recepción. Tras establecer Patna como centro principal del movimiento, Sayyid Sahib nombró a cuatro representantes. Eran Maulana Belayet Ali, Muhammad Hossain, Enayet Ali y Farhad Hossain.
Después de concluir por toda la India la propaganda y los preparativos para la yihad, Sayyid Ahmad abandonó en 1826 Raebareli, su tierra natal. Después ya no tuvo ocasión de regresar allí. Pasó los años restantes de su vida perseverando en la yihad por el camino de Allah, y ennobleció su vida bebiendo el néctar del martirio.
Sin embargo, antes de la partida comenzaron a llegar de diversos lugares de la India dinero, armas y pertrechos de guerra, caballos, provisiones y demás. Miles de muyahidines comenzaron a reunirse bajo su estandarte para sacrificar sus vidas por el camino de Alá. Así, al emprender la marcha, el número de sus tropas de muyahidines ascendía a doce mil. El nabab de Tonk, devoto y ferviente seguidor del señor Sayyed, invitó a las tropas de muyahidines, les proporcionó bajo su propia supervisión todo el equipo necesario para el yihad y luego se despidió de ellas.
Después, las tropas de muyahidines atravesaron desde Tonk lugares como Sindh, Hyderabad y Shikarpur, y entraron en Kandahar, Afganistán, por el paso de Bolan.
Anteriormente, Mir Rustam Ali de Khairpur, en Sindh, se había convertido en discípulo del señor Sayyed y le había prestado una considerable ayuda económica, al igual que el nabab de Tonk. Al llegar a Afganistán, el señor Sayyed solicitó la ayuda del emir afgano. El emir se negó a prometerle cualquier tipo de ayuda. De todos modos, desde allí las tropas de muyahidines llegaron a Nowshera, en la frontera. A lo largo de este extenso trayecto, las tropas de muyahidines tuvieron que soportar enormes dificultades y sufrimientos. Sin embargo, durante su marcha, jefes, gobernantes, funcionarios locales y el pueblo de todas partes juraron lealtad al señor Sayyed. Algunos le ofrecieron diversos regalos, otros prestaron bay‘a en sus manos y otros se incorporaron a sus tropas. A sus tropas se unieron personas de diversas provincias de la India, incluso numerosos muyahidines de la lejana Bengala. Entre ellos destacó el sufí Nur Muhammad Nizamipuri, de Chittagong, quien, tras el desastre de Balakot, regresó como gazí a su tierra natal. Su discípulo y califa era el sufí Fateh Ali Sahib, que yace en el sueño eterno en Maniktala, Calcuta. Numerosos bengalíes alcanzaron el martirio, y muchos otros establecieron su residencia permanente en lugares como Balakot y Swat. Sus descendientes aún existen. En 1963, el autor tuvo la fortuna de entrevistarse en Balakot con uno de sus descendientes.
Cuando el señor Sayyed viajó de Rae Bareli a Delhi y recibía instrucción y formación junto al Shah Abdul Aziz, supo de la extrema persecución sufrida por los musulmanes bajo el reino sij del Punyab. Su corazón se conmovió ante el sufrimiento de los musulmanes oprimidos y entonces resolvió remediarlo. Quería establecer un Estado islámico en la frontera habitada por musulmanes y, desde allí, emprender campañas contra las fuerzas enemigas de los musulmanes en otros lugares. Por eso eligió la frontera como centro inicial de su lucha. Pero es sumamente lamentable que la extrema traición de aquellos musulmanes de la frontera cuya ayuda y cooperación había esperado al elaborar el plan de su yihad condujera finalmente su lucha al fracaso. Desde su llegada a Nowshera hasta la batalla de Balakot, llamó abiertamente a los sikhs, en once ocasiones o más y conforme a los procedimientos establecidos, a aceptar el islam, someterse o enfrentarse con las armas. Finalmente tuvo lugar la batalla, y en un combate nocturno apenas novecientos muyahidines derrotaron a un gran ejército sij. Su victoria despertó la admiración de los habitantes de la frontera, quienes se unieron en masa a las tropas de muyahidines. Muchos jefes locales, especialmente los yusufzais, se incorporaron al bando del señor Sayyed.
Algún tiempo después, los sikhs también sufrieron una derrota en Manpuri Panjtar. Como resultado de este éxito de los muyahidines, diez mil guerreros de Garhi Imazi reconocieron al señor Sayyed como imán. Los habitantes de Peshawar le pidieron al señor Sayyed que estableciera una base en Nowshera y comenzara una campaña general contra los sikhs. En ese momento, cerca de cien mil personas se incorporaron a las tropas de muyahidines.
Pero los jefes de la frontera eran extremadamente egoístas y avariciosos. El comandante sij Budh Singh, mediante el soborno, se ganó al jefe de Peshawar. Descendieron a tal bajeza que, por dinero, envenenaron en secreto al señor Sayyed. Sin embargo, por la infinita gracia de Alá, sobrevivió milagrosamente. En la batalla que tuvo lugar entonces contra los sikhs, los jefes se pusieron del lado de estos y las tropas de muyahidines fueron derrotadas.
Debido a los cambios de bando y las traiciones de los jefes pastunes de la frontera, las tropas de muyahidines tuvieron que afrontar grandes dificultades. Por una carta escrita por el señor Sayyed al nabab de Tonk se sabe que cerca de trescientas mil personas prestaron bay‘a y se unieron a su grupo. Sin embargo, casi todas eran gente del lugar. Probablemente se unieron al grupo del señor Sayyed con el propósito de saquear el botín de guerra. Carecían por completo de carácter islámico. El señor Sayyed fue engañado por ellos a causa de su excesiva ingenuidad. Sus únicos colaboradores dignos de confianza eran quienes habían llegado desde fuera. En las dificultades y peligros permanecían junto al señor Sayyed como una sombra y, cuando era necesario, entregaban generosamente sus vidas. Eran alrededor de un millar. Cuando algunos de ellos alcanzaban el martirio en la batalla, eran reemplazados por grupos de recién llegados. Desde regiones lejanas llegaban caravanas con personas deseosas de unirse al yihad, dinero, provisiones y cartas. El abastecimiento de estas personas se realizaba gracias a la labor clandestina de la organización «Targib-e Muhammadiya», extendida por toda la India. Burlando la vigilancia del servicio de inteligencia del Gobierno británico, llegaba dinero desde Bihar y Bengala. Con él llegaban también grupos de muyahidines consagrados al camino de Dios.
Las provisiones de guerra, los alimentos, el dinero y todo lo demás que llegaba se depositaban en el bait al-mal, cuyo custodio era Maulana Muhammad Yusuf, sobrino del Shah Waliullah y qutb de las tropas de muyahidines. Las provisiones y el dinero se distribuían entre las tropas de muyahidines con suma justicia, imparcialidad y disciplina. El propio señor Sayyed tampoco recibía más que un muyahidín común.
La ironía del destino era que estos queridos siervos de Alá, consagrados al camino de Alá, debían enfrentarse a tres bandos. Los sijs, los jefes pathanes traidores y Khade Khan, señor de la fortaleza de Hund: estas tres fuerzas eran enemigas del ejército de los muyahidines. Tuvieron que enfrentarse simultáneamente a estas tres fuerzas.
Las hostilidades con los sijs eran casi constantes. Los muyahidines de Bengala, Bihar y las Provincias Centrales combatían con valor. Los sijs y los pathanes traidores sufrían derrotas a sus manos. Los jefes durraníes de Peshawar también se unieron abiertamente a los sijs, y Khade Khan incitaba constantemente a los pathanes locales contra los muyahidines.
Esta vez, para someter a Khade Khan, Saiyed Sahib envió a Shah Ismail con apenas ciento cincuenta muyahidines para conquistar la fortaleza de Hund. Atacaron Hund por sorpresa en la oscuridad de la noche, la tomaron y Khade Khan murió. El hermano de Khade Khan, Yar Muhammad, avanzó con un enorme ejército para recuperar la fortaleza de Hund. Se produjo un violento enfrentamiento y Yar Muhammad murió. Se capturaron numerosos cañones del bando enemigo, y el ejército de los muyahidines se apoderó de abundante material y equipo de guerra. Sin embargo, los habitantes locales saquearon la mayor parte. Tras la muerte de los principales enemigos traidores del ejército de los muyahidines —Khade Khan, Yar Muhammad Khan y Amir Khan—, solo quedaban como rivales Malik y el sultán Muhammad Khan de Peshawar. Después de la batalla de Hund, cuando Saiyed Sahib decidió establecer una base en Peshawar, Payenda Khan de Amb se opuso. También aquí el ejército de los muyahidines tuvo que enfrentarse a las fuerzas combinadas de Malik y los pathanes. También aquí fueron derrotados, y se reconoció la autoridad del ejército de los muyahidines desde Amb hasta Mardan. Ya no quedaba ningún obstáculo para avanzar hasta Peshawar.
El astuto sultán Muhammad, al ver que la situación se volvía insostenible, prestó bay‘ah ante Saiyed Sahib y pidió perdón. Cuando se comprometió a gobernar de acuerdo con la sharia islámica, Saiyed Sahib lo perdonó y le confió la responsabilidad del gobierno. Maulana Jafar Thaneswari comenta en su obra «La vida de Saiyed Ahmad Shahid» que Saiyed Sahib, debido a su sencillez, cometió el error de confiar desinteresadamente la responsabilidad al sultán Muhammad. Muchos se preguntaron por ello, pero nadie tuvo el valor de protestar contra las decisiones de Saiyed Sahib. Maulana Shah Mazhar Ali fue nombrado cadí para juzgar conforme a la ley de la sharia.
Saiyed Sahib y los muyahidines formados por él no albergaban ningún deseo de obtener cargos ni rangos. Su objetivo en la vida era establecer la religión de Alá y hacer cumplir la ley de Dios en la vida social. La decisión de confiar la responsabilidad al sultán Muhammad también respondía a un propósito político de Saiyed Sahib: aunque entre los muyahidines forasteros había personas capacitadas, confió la responsabilidad a un hombre local. Su propósito era hacer cumplir las disposiciones de la sharia, no disfrutar personalmente del poder.
En apariencia, se había establecido el dominio islámico sobre una vasta región. Saiyed Sahib emprendió esfuerzos especiales para introducir la sociedad islámica y la ley islámica. Se desplegaron predicadores por Peshawar y por toda la zona fronteriza. Se dedicaron a difundir de aldea en aldea las normas de la vida islámica y las leyes de la sharia.
Pero, lamentablemente, los habitantes locales eran pobres, ignorantes, ávidos de dinero y estaban atrapados en las redes de supersticiones jahilíes arraigadas desde hacía mucho tiempo. Cuando los predicadores comenzaron a exhortarlos a abandonar aquellas supersticiones y a vivir de acuerdo con el modo de vida islámico, sus intereses familiares, sociales, tribales y económicos recibieron un duro golpe. Por ello comenzaron a oponerse. El grupo de mulás ávidos de poder y dinero, producto de la ignorancia y la superstición, también ofreció una feroz resistencia. Como consecuencia, los habitantes locales estallaron en una ciega hostilidad contra Saiyed Sahib. El traidor sultán Muhammad también deseaba aquello y aprovechó plenamente la situación. Se tejió en absoluto secreto una profunda red de conspiración por toda la región, y el mismo día y a la misma hora, durante la oración del alba, el grupo de predicadores muyahidines que se encontraba rezando fue exterminado cruelmente. Uno de ellos logró salvarse milagrosamente y, tras huir, relató lo sucedido a Saiyed Sahib.
Saiyed Sahib quedó profundamente consternado. En aquel único ataque, varios cientos de sus colaboradores consagrados al camino de Alá perdieron la vida. También se desvaneció su esperanza de construir una sociedad islámica ideal. Decidió abandonar el país de los traidores y los desagradecidos y marcharse a otro lugar.
Jafar Thanesarí dice que entonces el señor Sayyid reunió a sus colaboradores y les dijo: «He quedado destrozado. Los pastunes han cometido una traición extrema. Ya no queda aquí ninguna esperanza de formar una sociedad islámica. Ahora no tengo más alternativa que emigrar. Me marcharé a otro país por la ruta de Balakot y Gilgit. Si Alá me concede la gracia, volveré a emprender esta obra. El camino por el que deseo avanzar es sumamente escabroso y a cada paso acechan peligros. No os invitaré a seguir este camino. Si queréis, cada uno puede regresar a su hogar».
Entonces todos dijeron al unísono: «Retroceder después de haber emprendido la yihad es contrario a la fe. Queremos permanecer en todo momento como compañeros inseparables del Huzur».
Después, el señor Sayyid partió hacia Balakot con los muyahidines que le quedaban. En ese momento, las tropas de Sher Singh se encontraban frente a los muyahidines.
El contenido de la carta que el señor Sayyid escribió desde Balakot al nawab Wazir-ud-Daulah es el siguiente:
«Los habitantes de Peshawar fueron tan desdichados que no se unieron a nuestras fuerzas de muyahidines en la yihad. Además, cayeron en la tentación y asesinaron a muchos de los nobles que se ocupaban de diversas tareas por todo el país. …El verdadero propósito de nuestra permanencia allí era obtener la ayuda y la simpatía de un gran número de musulmanes locales para la yihad contra los infieles. Ahora que ya no queda ninguna esperanza, hemos decidido trasladarnos desde allí a la región montañosa de Pakhal. Los enemigos ni siquiera podrán encontrarnos. Continúe suplicando día y noche ante la corte de Alá por el progreso del islam y el éxito de las fuerzas de muyahidines».
-(El movimiento wahabí, Abdul Mawdud, pág. 164)
El señor Sayyid había escogido para descansar, junto con sus fuerzas de muyahidines, el hermoso valle de Balakot. Por el este fluía sin cesar, con un murmullo cadencioso, el río montañoso Kunhar o Kaghan. Desde el noroeste, el estrecho torrente montañoso Barna jugaba al escondite entre grandes bloques de piedra; al norte del torrente se extendía la apacible llanura de Nuri. Al entrar en este escenario del juego de la naturaleza, parecía que alguien hacía señas desde la otra orilla del río de la vida. Aunque los muyahidines, fatigados por la batalla, levantaron aquí su campamento para descansar, quizá no escapó a sus miradas la llamada de la otra orilla. Por eso, el descanso no les fue concedido.
Mientras tanto, los sijs buscaban a las fuerzas de muyahidines. Creían que de los cientos de miles de muyahidines del señor Sayyid solo habían sobrevivido unos pocos cientos y que estaban desalentados. Debían atacarlos precisamente en esa oportunidad.
En aquella época solo había dos caminos para llegar a Balakot. Uno atravesaba una zona montañosa cubierta de una selva tan densa que recorrerlo era sumamente peligroso para cualquiera que no fuera de la localidad. El otro pasaba por un estrecho desfiladero y por un puente. Naturalmente, se habían dispuesto guardias en ambos caminos. Sin embargo, algunos traidores, tentados por una gran suma de dinero, mostraron a los sikhs precisamente el camino cubierto de bosque. Como resultado, estos rodearon por sorpresa al ejército de muyahidines. Aunque el ejército de muyahidines se encontraba completamente desprevenido, combatió con heroico valor. Sayyid Ahmad, Shah Ismail y los demás principales compañeros de Sayyid Sahib alcanzaron el martirio mientras hacían la yihad.
Abdul Mawud dice: «El gran movimiento que él había dirigido no quedó paralizado. Después de aquella matanza, muchos de los que habían sobrevivido establecieron el centro de este movimiento en Tonk o en Chhatrana, en Bihar Sharif, bajo el liderazgo de un fiel servidor de Sayyid Sahib. Más tarde, cuando los ingleses imperialistas del Punyab comenzaron a oprimir como los sikhs, toda la ira de los muyahidines se dirigió contra ellos. Pero lo que les tocó en suerte fueron los crueles castigos de la prisión, la tortura y la muerte en la horca; y aún más bajo fue que los mulás de baja categoría y los llamados ulemas difundieran calumnias sin fundamento y pronunciaran falsedades contra estos pioneros combatientes».
Añade: «Ha llegado el momento de reconocer y honrar las gloriosas y extraordinariamente audaces acciones de estos heroicos muyahidines, porque fueron ellos quienes, en realidad, mucho tiempo atrás, mediante la colocación de los cimientos de Pakistán en este subcontinente, hicieron la yihad contra toda clase de injusticia. Aunque Pakistán no se obtuvo por medio de la institución de Sayyid Sahib, es innegable que en ella estaba la idea germinal; y toda persona informada comprenderá que la contribución de Sayyid Ahmad Shahid de Rae Bareli fue inmensa para despertar esta conciencia».
—(El movimiento wahabí, Abdul Mawud, págs. 165-166)
Ya se ha dicho que, para el movimiento de yihad de Sayyid Ahmad Shahid, desde Bangladés fueron enviados varios miles de muyahidines y una enorme cantidad de dinero. Cuando muchos habitantes de Bangladés partieron de Rae Bareli con el propósito de hacer la yihad, se unieron a Sayyid Sahib; y durante la yihad, así como desde Bangladés llegaron abundantes fondos a la frontera, también llegaron miles de muyahidines.
Golam Rasul Mehr dice: «Por distintas rutas, los muyahidines se reunían con Sayyid Sahib en grupos. En uno de esos grupos se encontraba Maulavi Fateh Ali Azimabadi. De la lista de su grupo que presentó —naturalmente, solo recordaba los nombres de algunos—, seis eran de Bangladés. Sus nombres eran:
1. Maulavi Imamuddin
2. Zahurullah
3. Lutfullah
4. Talebullah
5. Fayezuddin
6. Qazi Madani
(Sayyed Ahmad Shahid, Gholam Rasul Mehr, pág. 412, apéndice). Los muyahidines tuvieron aproximadamente once o doce enfrentamientos encarnizados con los sijs y los pastunes. Naturalmente, muchos de los muyahidines también fueron martirizados en esas batallas. No se conocen los nombres ni los datos personales de aquellos, ni tampoco los de los varios cientos que fueron martirizados un día durante la oración del alba. Sin embargo, Gholam Rasul Mehr presentó una lista de nombres de quienes fueron martirizados en Balakot. Según la lista que proporcionó, en Balakot fueron martirizados en total ciento treinta y cinco muyahidines. Cinco de ellos eran de Bangladesh. Sus nombres son: Alimuddin, Fayezuddin, Lutfullah, Sharafuddin y Sayyed Muzaffar Hossain. En dicha lista aparecen también los nombres de Qader Bakhsh, Abdul Qader, Ghaziuddin y Bakhshullah. Sin embargo, no se indica de dónde eran. Solo al final del nombre de Bakhshullah se dice: «hermano de Mehr Ali». (Sayyed Ahmad Shahid, Gholam Rasul Mehr, págs. 432-434).
Mientras en la frontera los muyahidines llegados de toda la India estaban entregados a la yihad, exactamente en ese mismo momento Sayyed Nisar Ali, conocido como Titumir, estaba entregado a la yihad contra los zamindares hindúes, los plantadores de índigo y los ingleses. Titumir era discípulo del señor Sayyed. Sin embargo, se había involucrado de tal manera en su propia tierra que no tuvo la fortuna de alcanzar el martirio en compañía del señor Sayyed. No obstante, el mártir Titumir siguió el mismo camino por el que su murshid se unió con Dios. El 6 de mayo de 1831, viernes, aproximadamente hacia el mediodía, el más grande de los muyahidines del subcontinente, Sayyed Ahmad Barelvī (que Dios tenga misericordia de él), sufrió el martirio. El 19 de noviembre de 1931, Sayyed Titumir sufrió el martirio bajo los proyectiles de los cañones de las tropas inglesas.
Causas del desastre de Balakot
Debemos investigar necesariamente las causas por las que los grandes pensadores, encabezados por Sayyed Ahmad Barelvī y entre los que se encontraban Shah Muhammad Ismail y Maulana Abdul Hai, construyeron en la India el impetuoso movimiento para instaurar la libertad islámica, es decir, un gobierno o sistema de administración islámico, y por las que dicho movimiento, pese a avanzar hasta las puertas del éxito, se enfrentó al fracaso. Esto se debe a que un análisis minucioso y un examen riguroso de la historia pasada pueden permitir determinar correctamente el curso de acción futuro. Examinemos brevemente las causas del fracaso del movimiento antes mencionado que expusieron los pensadores reflexivos. Aunque el movimiento fracasó temporalmente, sus repercusiones fueron de largo alcance. La inspiración impetuosa para recorrer el camino teñido de sangre que Sayyed Ahmad Shahid dejó a los musulmanes indios hizo que estos, fueran bengalíes, biharis, panyabíes, sindhis o pastunes, continuaran recorriendo sin descanso ese camino durante casi un siglo. Ni la prisión y la opresión, ni la horca, ni la deportación a las islas, ni la confiscación de bienes muebles e inmuebles, ni las torturas físicas inhumanas y diabólicas pudieron desviarlos de ese camino, ni siquiera por un instante. Aun así, también debemos identificar las razones por las que el propio dirigente de este movimiento no pudo contemplar su éxito durante su vida. Muchos han expresado la opinión de que las principales causas son las siguientes.
1. El carácter de cada uno de los miembros que se necesitan para el movimiento islámico, es decir, para emprender la yihad por el camino de Alá, debe estar formado conforme a un ideal islámico puro. Deben estar consagrados al camino de Alá. Sin duda, los muyahidines que el señor Sayyid llevó consigo desde fuera poseían dicho carácter. También tenían un carácter semejante y poseían esas cualidades quienes, durante la yihad, abandonaron a sus familiares, sus hogares y sus tierras de cultivo en regiones como Bengala, Bihar y las Provincias Centrales, y se incorporaron al ejército de muyahidines del señor Sayyid con el único propósito de obtener la complacencia de Dios. Pero su número siempre estuvo limitado a entre mil y dos mil. Al escuchar los apasionados discursos del señor Sayyid en favor de la yihad y al ver las inesperadas victorias obtenidas al principio sobre los sijes, los pastunes se unieron al grupo del señor Sayyid. Sin embargo, no poseían un verdadero carácter islámico. Tenían mucha inspiración y entusiasmo islámicos. Pero la mayoría eran pobres, ignorantes, ávidos de dinero y estaban atrapados en las redes de supersticiones acumuladas durante mucho tiempo. Incluso quienes eran sardares o gobernantes tribales eran extremadamente egoístas y oportunistas. En algunas ocasiones, el número de muyahidines llegó hasta trescientos mil. Casi todos eran miembros de diversas tribus pastunes. Traicionaron por codicia, se unieron a los soldados sijes adversarios en momentos críticos o, mientras combatían contra el ejército de muyahidines, se dedicaron únicamente a saquear el botín, quebrantando la disciplina y el orden de las tropas. Bajo la poderosa inundación del egoísmo ciego y la codicia, su inspiración y entusiasmo islámicos, semejantes a burbujas de agua, fueron arrastrados y desaparecieron.
2. Aunque el propio señor Sayyid y Shah Ismail eran intrépidos guerreros y estrategas militares, no se impartió a todo el ejército de muyahidines formación en las ciencias bélicas de aquella época.
3. Tampoco fue correcto depositar una confianza plena en los pastunes traidores y carentes de carácter. No fue correcto confiar la administración de Peshawar a ese sultán Muhammad Khan y sus hermanos, que se oponían encarnizadamente al señor Sayyid. Finalmente, el propio sultán Muhammad asestó un golpe decisivo al movimiento y, mediante una conspiración cuidadosamente planeada, asesinó en una misma noche a varios cientos de los mejores muyahidines del señor Sayyid. Como consecuencia, el señor Sayyid tuvo que retirarse de Peshawar.
4. El objetivo de los pastunes locales era salvar la vida y obtener beneficios mundanos, no entregarla por el camino de Alá. Por eso, durante las batallas obligaban a los verdaderos muyahidines a permanecer en la vanguardia, mientras ellos se mantenían tan inactivos como podían y buscaban oportunidades para saquear.
5. Después de conquistar el dominio del país, también se actuó en contra de la sabiduría al aplicar la ley de la sharía. Entre la población se habían arraigado con tanta fuerza diversas supersticiones antiguas que, al aplicar la ley de la sharía, estas recibieron un golpe extremo. Los grupos de mulás ignorantes que se ganaban la vida manteniendo vivas esas supersticiones se enfurecieron. Los sardares oportunistas también aprovecharon la situación. Por consiguiente, la población, los mulás y los sardares comenzaron a oponerse conjuntamente a los muyahidines. Al principio, debió iniciarse la labor de reformar y corregir el carácter de la población, y la ley de la sharía debió aplicarse gradualmente cuando sus mentes y corazones estuvieran preparados para observarla. La población, ciertamente, creía firmemente en el islam y era una intrépida combatiente por la libertad, pero su vida social y estatal no era en modo alguno superior a la de los preislámicos «Días de la Ignorancia».
Entre la población local y los aborígenes estaban extendidas muchas prácticas perniciosas completamente contrarias a la sharía islámica. Por ejemplo, casarse por la fuerza con quien se quisiera, vender a las hijas a un precio elevado para concertar su matrimonio, repartir a las viudas entre los herederos del difunto, tomar más de cuatro esposas, no permitir que las viudas volvieran a casarse y entregar a los mulás una cantidad determinada de dinero por la salvación del difunto, entre otras. La ley de la sharía promulgada por Sayyid Ahmad establecía que toda clase de ceremonias, costumbres, usos y prácticas contrarios a la sharía debían quedar completamente abolidos. También establecía que se crearían tribunales de la sharía para resolver los casos civiles y penales; que, después de recaudar el «ushr», o décima parte de las cosechas, y la zakat, lo recaudado se depositaría en el bayt al-mal; que desde ese bayt al-mal se distribuiría equitativamente entre los muyahidines y los demás; que, si surgía alguna disputa entre los aborígenes y los miembros de las tribus, el derecho a resolverla definitivamente correspondería únicamente al califa; que se establecería un departamento de policía cuya función sería regular la vida religiosa y moral de la población; y que todo musulmán estaría obligado a observar el ayuno (sawm) y la oración ritual (salat). También se promulgaron muchas otras leyes constructivas y orientadas al bienestar. Sin duda, se trataba de un método idealista adoptado imitando precisamente la práctica del Profeta Mustafa y de los Califas Rectamente Guiados. Pero los aborígenes, los pastunes tribales, la población y los mulás no habían desarrollado una mentalidad capaz de aceptar estas medidas. Por tanto, al imponérseles de repente la ley de la sharía, en lugar de aplicarla gradualmente, se negaron a obedecerla.
Otra causa principal de la oposición de los pastunes aborígenes fue que, por el bien de la paz y el orden, todos habían quedado sometidos a una autoridad central. Pero la inclinación innata de los pastunes aborígenes era no someterse a las órdenes de nadie. Para ellos, la libertad significaba una arbitrariedad desenfrenada. Sin embargo, cuando un gobierno civilizado intentó controlar su arbitrariedad en aras de la ley y el orden, adoptaron una actitud rebelde contra el gobierno islámico.
Abdul Maudud dice: «En una situación semejante, merece consideración hasta qué punto fue apropiado introducir de repente la ley de la sharía. Si se juzga a la luz de las lecciones de la historia y del criterio de la previsión, parece que no era posible realizar este cambio de ese modo. Es necesario transformar y reformar gradualmente el curso de la vida nacional, procurando conformarlo a la mentalidad colectiva. Si se ignora la mentalidad colectiva y se intenta cambiarla de la noche a la mañana, las dudas y el conflicto mental hacen que la opinión pública se aparte de ella y no pueda aceptarla de corazón. En muchos casos, los intentos de cambiar rápidamente el modo de vida, despreciando la mentalidad colectiva y el entorno, han fracasado dolorosamente y resultado estériles».
-(El movimiento wahabí, Abdul Mawdud, pág. 177)
«Alzarse contra el gobernante opresor es la mejor de las yihades»: tal fue la enérgica declaración del Profeta. Cuando la sociedad musulmana de Bengala se encaminaba hacia la desaparición debido al opresivo dominio de la Compañía y a la tiranía y persecución de los zamindares hindúes, los prestamistas, los cultivadores de índigo y sus agentes nativos, alzaron la voz contra ellos Hachí Shariatullah y, después, Sayyid Nisar Ali, conocido como Titumir, digno califa de Sayyid Ahmad Barelvi. Del mismo modo, Sayyid Ahmad proclamó abiertamente la yihad mediante un amplio programa de acción contra el dominio extranjero y no musulmán de los ingleses. Esta era la exigencia de la fe de un musulmán verdadero. Al aceptar cualquiera de estas tres opciones —la hégira, la yihad o el martirio—, el musulmán da testimonio de su fe. Por eso, Maulana Muhammad Ali Jauhar dijo: «La historia de la vida del musulmán consta únicamente de tres capítulos: la hégira, la yihad y el martirio». Las vidas de Sayyid Ahmad y Shah Ismail fueron la encarnación de estos tres capítulos.
Después del desastre de Balakot
Aunque los muyahidines sufrieron una derrota catastrófica en el campo de Balakot, y aunque Sayyid Ahmad Barelvi, director del ejército de los muyahidines, y Shah Ismail alcanzaron el martirio junto con otros, las actividades de quienes tuvieron la fortuna de convertirse en gazi no disminuyeron en absoluto. Muchos de ellos mantuvieron vivo el movimiento de la yihad entre los musulmanes indios, cuyo desenlace se produjo en la rebelión de los cipayos de 1857, es decir, en el movimiento de independencia de toda la India. Este movimiento no quedó paralizado en 1857; por el contrario, mantuvo al Gobierno británico perturbado y en peligro hasta 1868. Al frente de este movimiento se encontraban los califas del mártir Sayyid Ahmad, entre ellos Maulana Belayat Ali, Maulana Mahmudullah y el sufí Nur Muhammad Nizam Puri. Sin una breve exposición sobre ellos, no podrá hacerse plenamente visible el cuadro completo del movimiento de la yihad.
Maulana Belayat Ali
Maulana Belayat Ali era hijo del maulvi Fateh Ali, de Patna, y descendiente del célebre emir Rafíuddin Husain Khan de aquella ciudad. Belayat Ali creció en el seno de una gran riqueza. Pasó su adolescencia y juventud en Lucknow, la ciudad gloriosa de los emires y nobles. Cuando Sayyid Ahmad llegó entonces a Lucknow para presentar el llamamiento a la yihad, Belayat Ali abandonó su vida lujosa, respondió al llamamiento de la yihad y marchó a Rae Bareli. Allí comenzó a estudiar la ciencia del hadiz con Maulana Shah Muhammad Ismail y, en lugar de su vida de lujo, empezó a llevar una vida ascética. Trabajaba como albañil junto con Sayyid Ahmad el Mártir y recogía leña en los bosques para cocinar con sus propias manos. Sayyid Sahib amaba profundamente a un alma tan entregada al camino de Alá. Cuando partió hacia La Meca con el propósito de realizar el hach, lo nombró su sucesor y le confió la responsabilidad de propagar el islam. Por orden de Sayyid Sahib, llevó a cabo durante dos meses actividades de predicación en Afganistán. Junto con un tal Maulana Muhammad Ali, continuó predicando en Swat, Hyderabad y el Decán. Mientras se encontraba en el Decán, Sayyid Sahib alcanzó el martirio en Balakot.
Después del desastre de Balakot, Maulana Belayat Ali entró en la India británica y se hizo cargo de la obra inconclusa de Sayyid Sahib. Envió a distintas personas a diversos lugares para realizar actividades de predicación. Envió a su hermano carnal, Maulana Enayat Ali, a Bengala. Nombró predicadores a Maulana Zaynul Abedin y Maulana Abbas Ali, respectivamente, en Orissa y en las Provincias Unidas.
Tras establecer la sede central en Patna, Maulana Belayat Ali comenzó sus actividades de predicación. Dos años después partió hacia La Meca para realizar el hach. Después del hach, recorrió Yemen, el Neyed, Mascate, Hadramaut y otros lugares. Durante este período obtuvo una certificación en la ciencia del hadiz del célebre muhaddiz cadí Muhammad ibn Ali al-Shawkani.
Después de regresar de Arabia, envió a la frontera una fuerza de muyahidines bajo el mando de su hermano Enayet Ali para emprender la yihad contra Gulab Singh. Al ver que la situación se volvía desfavorable, Gulab Singh celebró un tratado de paz con los británicos. Como consecuencia, comenzaron los conflictos internos entre los musulmanes de la frontera y la fuerza de muyahidines de Enayet Ali se dispersó.
Tras el fracaso de la campaña fronteriza, Maulana Belayet Ali regresó a Lahore. El comisario de policía de Lahore obligó a los dos hermanos Maulana a firmar una fianza por dos años, comprometiéndose a abstenerse de toda actividad. Después, regresaron a Patna y comenzaron a predicar el islam.
Una vez expirado el plazo de dos años de la fianza, Maulana Belayet Ali viajó de Patna a Delhi con algunos compañeros con el propósito de emprender la hégira. Durante ese período, continuó difundiendo la invitación al islam en la mezquita Jama de Delhi y en la mezquita Fatehpur. Esto ocurrió apenas unos años antes del movimiento de independencia de 1857. En ese tiempo, invitado por Bahadur Shah, se reunió una vez con él en el Fuerte Rojo.
Después de permanecer algún tiempo en Delhi, Maulana Belayet Ali viajó a Sittana, en la frontera del Punjab, pasando por Ludhiana. Sittana era un importante centro de la fuerza de muyahidines. Allí se habían establecido una khanqah y una madrasa. Los muyahidines entendían por khanqah su centro de operaciones. Patna era llamada la pequeña khanqah y Sittana, la gran khanqah. Desde la pequeña khanqah se enviaban fondos, suministros y muyahidines a la gran khanqah.
Al llegar a Sittana, Maulana Belayet Ali comprobó que la actividad del lugar había disminuido considerablemente. Era un orador de apasionada elocuencia. Reanimó el espíritu de la fuerza de muyahidines.
En ese momento se presentó contra Maulana Belayet Ali un caso de conspiración contra el Gobierno británico. Mientras el proceso estaba en curso, sus bienes muebles e inmuebles, valorados en varios cientos de miles de rupias, incluidos sus dos domicilios y su casa con jardín en Sadiqpur, Patna, fueron reducidos a ruinas. A los habitantes de la casa, especialmente a los niños y las mujeres, se les dejó sin recursos y sin techo. En 1853, enfermó y falleció.
Acerca de los hermanos Maulana Belayet Ali y Maulana Enayet Ali, Hunter dice en su informe The Indian Muslim que los dos califas mencionados (Maulana Belayet Ali y Maulana Enayet Ali) eran ampliamente conocidos en el Punjab como muyahidines y que, por ello, fueron arrestados y enviados a Patna bajo custodia policial. El magistrado obtuvo de ellos, así como de dos correligionarios suyos pertenecientes a la alta clase adinerada, una fianza con la condición de que observaran buena conducta en el futuro. Sin embargo, en 1850 los vi realizando actividades propagandísticas sediciosas en el distrito de Rajshahi, en la llanura de Bengala. En más de una ocasión fueron expulsados de Rajshahi, dos veces cada uno, por realizar ese tipo de propaganda. Por mucho que estas dos figuras fueran confinadas en sus propios hogares de Patna mediante una fianza, en 1851 volvieron a ser vistos lanzando fuego contra el dominio inglés en la frontera del Punjab».
El revolucionario Ahmadullah
En el movimiento yihadista de Sayyid Ahmad participaron activamente musulmanes de toda la India, bengalíes y no bengalíes por igual. Campesinos, jornaleros, sastres, carniceros, mulás, maulavis, maulanas y altos funcionarios de los departamentos gubernamentales participaron en el movimiento yihadista, arriesgando sus vidas por alcanzar únicamente la complacencia de Dios. El magistrado adjunto Ahmadullah fue uno de ellos.
El padre de Ahmadullah se llamaba Elahi Bakhsh. Ahmadullah nació en la primera década del siglo XIX, en el seno de una familia muy distinguida de Sadiqpur, localidad de Patna célebre por su historia. Ahmadullah recibió una educación superior en árabe, persa y urdu. También poseía amplios conocimientos de inglés. Su padre no se hizo discípulo de Sayyid Shahid, pero convirtió a sus tres hijos —Yahya Ali, Faiz Ali y Ahmadullah— en discípulos del señor Sayyid. Al principio de su vida, Ahmadullah fue destinado al departamento de Educación del Gobierno británico. El nombre que le había dado su padre era Ahmad Bakhan. Sayyid Sahib lo cambió y le dio el nuevo nombre de Ahmadullah. Su primer nombre cayó en desuso y pasó a ser conocido únicamente como Ahmadullah.
Durante la guerra contra los sijs en la frontera, el ejército del señor Sayyid contaba con más de doscientos mil hombres. Para esta enorme fuerza se reunieron hombres y fondos procedentes de casi todas las provincias de la India de entonces, especialmente Bengala, Bihar, Orisa, las Provincias Unidas, las Provincias Centrales, Sind y la Provincia Fronteriza. Esta labor se llevaba a cabo mediante una organización secreta y perfectamente coordinada, de cuya existencia el Gobierno británico no tuvo la menor noticia durante veinte o veinticinco años, hasta antes de 1852. Un informe presentado al Gobierno de Bengala el 9 de mayo de 1865 por el señor Raven Shaw revela hasta qué punto Ahmadullah, alto funcionario gubernamental, estaba estrechamente implicado en esta organización secreta y en todas sus actividades. El informe decía:
En 1852, las autoridades de Punyab se apoderaron de una carta conspiratoria. Esta carta demostraba que los fanáticos religiosos indostaníes (los muyahidines) habían intentado provocar un disturbio entre los habitantes de las cumbres y el Cuarto Regimiento Indio (Regimiento de Infantería Nativa). Se descubrió que numerosos maulavis de la familia de Sadiqpur y muchas caravanas armadas habían partido entonces hacia la frontera. Una carta sin firma procedente de Peshawar informaba de que los maulavis Wilayat Ali, Enayat Ali, Faiz Ali y Yahya Ali (dos hermanos de Ahmadullah), junto con un sastre de Dinajpur llamado maulavi Karam Ali, habían establecido su campamento en Sittana, en el territorio de Surat, y se preparaban para luchar contra el Gobierno con la ayuda del rey Sayyid Akbar. Ya he dicho que Sayyid Akbar era un rey de Swat designado por el Gobierno. La carta describía lo siguiente: el maulavi Farhat Ali, hermano del maulavi Wilayat Ali, se encontraba en Azimabad; Ahmadullah, hermano del maulavi Faiz Ali, y el maulavi Yahya Ali recaudaban fondos en sus respectivas casas y barrios, y enviaban armas y suministros. Por otras cartas se supo que las tropas y los suministros se enviaban desde Patna pasando por Meerut y Rawalpindi. En estos dos lugares había agentes designados por separado, que se encargaban de organizar todo el abastecimiento necesario para la yihad en la frontera.
«A petición del Gobierno de Punyab, el magistrado de Patna, Husein Ali Khan, registró la casa. Era la residencia de Ahmadullah y la correspondencia circulaba a su nombre. Sin embargo, la noticia del registro del magistrado se había conocido dos días antes por medio de un hakim (médico nativo) que había regresado de Punyab, y toda la correspondencia de su casa fue destruida. En cualquier caso, en su informe del 10 de agosto de 1852, el magistrado informó al Gobierno de que los wahabíes habían aumentado considerablemente y de que en las casas del maulavi Wilayat Ali, de Ahmadullah y de su padre, Elahi Bakhsh, se celebraban toda clase de consultas secretas para la yihad y desde allí se realizaban actividades de propaganda. También informó de que los wahabíes mantenían contactos con la policía local. Por esa razón, no había llegado a su poder ninguna prueba fiable de sus actividades. No obstante, en la casa del maulavi Ahmadullah había entre seiscientos y setecientos hombres armados preparados para oponerse al registro del magistrado y alzar la bandera de la rebelión».
«En la reunión del Consejo del 7 de septiembre de 1852 se registró una minuta sobre estas cartas, redactada de acuerdo con el escrito del Gobierno de Punyab, en la que también se reconocía la necesidad de declarar la guerra contra los habitantes de la frontera. Munshi Muhammad Wali, del Cuarto Regimiento Nativo, fue entregado a la justicia penal; fue juzgado y castigado en Rawalpindi el 12 de mayo de 1853. En las pruebas y testimonios volvieron a aparecer los nombres del maulavi Ahmadullah y de otros habitantes de Patna, y también se trató el asunto del envío de suministros a la frontera por parte de estos».
«Es muy lamentable que el Gobierno no adoptara ninguna medida activa ni desbaratara la conspiración de Patna. Sin duda se habría producido la rebelión, no se habrían perdido soldados en la expedición de Ambala y los funcionarios del Gobierno se habrían librado de muchos esfuerzos y humillaciones innecesarias, porque el Ahmadullah rebelde y armado de 1852 no era sino un “simple hombre de libros”, y el “caballero wahabí” de 1857.»
—(El movimiento wahabí, Abdul Maudud, pp. 198-200)
Cuando en 1857 el movimiento de liberación estalló con intensidad en toda la India, el entonces comisionado, el señor Taylor, arrestó y encarceló a numerosos musulmanes de Patna, incluido Ahmadullah. Taylor sospechaba que aquellos musulmanes estaban implicados en el movimiento del año cincuenta y siete. Sin juicio alguno, Taylor comenzó a ahorcar diariamente a cierto número de los musulmanes encarcelados, de manera sumamente cruel y diabólica, en el patíbulo situado en el terreno de su bungaló, obteniendo así una satisfacción personal. Pero, apenas esta cruel e injusta atrocidad llegó a oídos de las autoridades, se ordenó la liberación de los presos restantes y se exigieron explicaciones a Taylor. De este modo, Ahmadullah se salvó de la matanza organizada por Taylor. Debido a esta masacre diabólica, Taylor fue destituido de su cargo de comisionado.
Una vez sofocado y apaciguado el movimiento de liberación del año cincuenta y siete, los ingleses adoptaron una política destinada a ganarse el afecto de los musulmanes. Por su parte, Sir Sayyid Ahmad también se esforzó al máximo por restablecer las relaciones entre los musulmanes y los ingleses. El Gobierno comenzó asimismo a mostrar simpatía hacia Ahmadullah. En consecuencia, mediante una proclama del 21 de septiembre de 1860, fue nombrado magistrado adjunto. Sin embargo, desde la gran khanqah de Patna, o centro principal, continuaba regularmente el suministro de muyahidines y provisiones a Mulka y Sittana. Aunque era un funcionario de alto rango del Gobierno, Ahmadullah cooperaba plenamente con las fuerzas muyahidines con el único propósito de obtener la complacencia de Dios. Bajo su supervisión, se trabajaba con todo empeño en reunir muyahidines y provisiones procedentes de Bengala y Bihar. La principal base para esta actividad era su propia casa. Todos los viernes, después de la oración del magrib, se organizaba un milad en su casa; con el pretexto del milad, los muyahidines se reunían allí y establecían el programa diario. Para sus actividades utilizaban un sistema de señales (CODE) que nadie, salvo ellos, podía comprender. Cada uno era conocido entre ellos por un nombre diferente.
En Bengala y Bihar, Ahmadullah contaba con agentes fieles, diligentes y consagrados al camino de Dios. El agente de Bengala era Haji Badruddin, un célebre comerciante de cuero de Dacca. Reunía todo el dinero de la región oriental y lo enviaba mediante una hundi a nombre de un comerciante de Patna llamado Farulal. En el barrio de Murigunj, en Calcuta, eran agentes Abdul Jabbar y otro hombre llamado Mukshed Ali, procurador del Tribunal Superior. Mukshed Ali también tenía una casa en Patna. Además, había agentes en distritos como Veinticuatro Parganas, Jessore, Faridpur, Murshidabad, Malda y Rangpur. También se habían designado agentes en las principales ciudades de Bihar, Orissa, las Provincias Unidas y las Provincias Centrales. El señor Ahmadullah se comunicaba con ellos por carta utilizando un lenguaje cifrado. Desde 1860 hasta 1865, el maulvi Ahmadullah fue el principal dirigente del movimiento yihadista. Era completamente natural que dirigiera este movimiento sin restricciones, aprovechando plenamente su alto cargo gubernamental, pues para que triunfe cualquier revolución es indispensable la ayuda y cooperación de la policía, las fuerzas militares, la administración y demás organismos del Gobierno establecido.
La fuerza muyahidín inspiró el movimiento revolucionario que se desarrolló en toda la India en 1857. La fuerza muyahidín participó activamente en él. Pero, aunque debido a las circunstancias adversas aquel movimiento no produjo resultados, los muyahidines no se desanimaron ni perdieron el valor. Su impulso para actuar no disminuyó en absoluto. Aunque no fue posible alcanzar la victoria final, incluso después del desastre del año cincuenta y siete continuaron impulsando el movimiento durante una década, llevándolo casi hasta el umbral del éxito.
Miles de musulmanes de toda Bengala se reunían en la casa del señor Ahmadullah, en Sadikpur, Patna, con el deseo de convertirse en gazíes o mártires, y desde allí partían hacia Sittana, divididos en pequeños grupos. Cuatro musulmanes bengalíes de uno de esos grupos fueron apresados por un sargento panyabí llamado Gujar Khan cuando se dirigían a Ambala. Fueron llevados ante el magistrado. Al declarar que eran transeúntes inocentes e inofensivos, el magistrado los puso en libertad. Gujar Khan se disgustó profundamente y comunicó que cierto Zafar Ali, residente de Thanesar, se encargaba de enviar muyahidines y provisiones a Sittana. En cuanto recibieron la noticia, las autoridades registraron la casa de Zafar Ali en Thanesar y se apoderaron de numerosos documentos sospechosos. Zafar Ali huyó, pero fue capturado en Aligarh junto con muchos muyahidines. Por sus declaraciones se supo que eran espías de Elahi Bakhsh, de Sadikpur. Incluso después de registrar la casa de Elahi Bakhsh, se encontraron allí numerosos documentos comprometedores.
A partir de aquellos documentos, las autoridades descubrieron una terrible conspiración y encomendaron la investigación al magistrado de Patna, Raven Shaw. Al mismo tiempo que comenzaba la investigación, el señor Ahmadullah fue arrestado y destituido de su cargo. Tras cuatro meses de investigación, se formularon contra Ahmadullah ocho cargos, entre ellos el de sedición, y fue enviado a prisión. En el juicio, el juez de sesiones lo condenó a muerte. Contra esta sentencia se presentó un recurso ante el tribunal de Calcuta. Los jueces Trevor y O. Lock (Trevor and O. Lock J.J.) dictaron sentencia el 13 de abril de 1865. En ella declararon: «En lugar de confirmar la orden de pena capital, ordenamos que sea condenado a deportación perpetua y que todos sus bienes y propiedades sean confiscados por el Gobierno.»
En junio de aquel mismo año fue enviado a las islas Andamán y, tras vivir casi dieciséis años como prisionero, este valiente muyahidín abrazó la muerte con una sonrisa en 1881.
Su hermano menor, Yahya Ali, también había sido condenado a deportación perpetua, y ya había fallecido en las islas Andamán. El último deseo de Ahmadullah era ser enterrado junto a su hermano. Pero el Gobierno inglés ni siquiera cumplió este deseo suyo, inocente e inofensivo.
La residencia de la familia Sadiqpur era una de las más distinguidas y célebres de Patna. La residencia fue arrasada y en su lugar se construyó el mercado municipal de Patna. Los gastos de esta construcción se sufragaron con el dinero obtenido de la venta de otras propiedades de la familia.
Es raro encontrar en la historia un ejemplo de cómo esta distinguida y célebre familia de Sadiqpur fue destruida por completo al seguir el camino de Allah, y del testimonio de sacrificio y abnegación incomparable que dejó. Todos los miembros de la familia, sin excepción de mujeres ni niños, se consumieron poco a poco bajo la ira del Gobierno. Lo más desgarrador fue que, en el día sagrado y alegre del Eid de los musulmanes, el Gobierno inglés obtuvo la máxima satisfacción al expulsar a la familia de Ahmadullah de su residencia, vestida únicamente con la ropa que llevaba y con las manos vacías. No se encontrará semejante humillación en la historia de ninguna nación civilizada. Aquel día, los lamentos y gemidos silenciosos de los niños inocentes y las mujeres desgarraron el cielo. Quizá por eso Ahmadullah, al recordar aquel día, compuso la siguiente elegía:
Cuando amaneció tras la noche del Eid
Nos expulsaron de nuestro hogar
Toda alegría se convirtió en luto
Nuestro Eid se convirtió en Muharram.
Cuando, al final de la noche del Eid, apareció la luz del alba, todos fuimos expulsados de nuestro hogar. Toda la efusión de alegría tomó la forma del luto: nuestro Eid se convirtió en la Karbala de Muharram.
La barbarie no terminó ahí. El vasto cementerio familiar de la familia Sadiqpur fue arado y arrasado, y sus terrenos fueron adjudicados a los hindúes.
Maulana Yahya Ali
Maulana Yahya Ali era el hermano mayor del revolucionario Ahmadullah. Es sumamente asombroso cómo mantuvo vivo el movimiento contra los británicos, manteniendo contacto con los muyahidines desde un extremo de la India hasta el otro, con el fin de completar la obra inconclusa de Sayyid Ahmad Shahid Barelvi. Para esta tarea sacrificó su propia vida y sus bienes en el camino de Dios. Se puede decir que, después del martirio del señor Sayyid, Maulana Yahya Ali fue el líder espiritual o imán de los muyahidines. Después de dirigir el movimiento yihadista hasta 1864, fue acusado, junto con otros, en el proceso por conspiración contra los británicos.
Hunter dice en su obra: «El imán principal, Yahya Ali, tenía a su cargo múltiples responsabilidades. Como director espiritual de la comunidad wahabí en la India, debía mantener correspondencia regular con los predicadores subordinados. Tenía que redactar cartas en una especie de lenguaje secreto, inventado por él mismo. También era él quien dirigía la organización para enviar regularmente grandes cantidades de dinero a los campamentos rebeldes de la frontera. Dirigir la oración como imán en la mezquita, examinar los fusiles de los fanáticos y entregárselos, pronunciar sermones religiosos ante los estudiantes y, mediante el estudio personal, profundizar aún más en los conocimientos teológicos propugnados por los maestros religiosos árabes: todo ello formaba parte de su programa».
En resumen, era simultáneamente director del ejército de los muyahidines, instructor de su adiestramiento militar, imán de la mezquita, murshid de la ciencia del tasawwuf e inventor de un sistema de señales para dirigir la guerra. Citando el veredicto dictado por el juez de sesiones de Ambala, sir Herbert Edwardes, en julio de 1864, Hunter dice: «En la mezquita de Patna, él (Yahya Ali) estaba dedicado a la propaganda religiosa con el propósito de establecer en la India el dominio de la media luna (islámica). Para recaudar fondos y dirigir el yihad de los musulmanes, nombró a numerosos agentes subordinados».
También dice: «Del proceso judicial de este caso se desprenden tres hechos sumamente sorprendentes: la sagacidad de los organizadores para construir una organización en una extensa área; la habilidad de los trabajadores para mantener el secreto mientras desarrollaban sus actividades; y su plena lealtad mutua. En gran medida, el fundamento de su éxito fue el sistema de adoptar seudónimos y la introducción de una especie de lenguaje secreto para intercambiar información.
En este proceso había un total de once acusados. Los dirigentes del movimiento fueron condenados a muerte. Sin embargo, aceptaron la sentencia de muerte con tal serenidad que asombraron al Gobierno británico. La razón era que la concepción de estos muyahidines sobre la vida y la muerte difería de la de los gobernantes. Estaban firmemente convencidos de que alcanzar el martirio en el camino de Dios era el mayor éxito de la vida. Por ello, el tribunal superior de la provincia perdonó sus condenas a muerte y las conmutó por cadena perpetua. El señor Hunter, reconociendo esta verdad, dijo: «El Gobierno británico demostró su inteligencia al no dar siquiera a quienes eran los principales dirigentes de la conspiración la oportunidad de convertirse en mártires».
Los acusados en este proceso eran:
Maulana Yahya Ali; Abdul Ghaffar, tesorero del centro de propaganda de Patna; Jafar Thaneshwari; Muhammad Shafi, contratista proveedor de carne para los acantonamientos británicos; Abd ur Rahim; Elahi Bakhsh; Muhammad Husain; Qazi Mianjan; Abdul Karim; Husaini de Thaneshwar; y Abdul Ghaffar (2).
Los muyahidines bengalíes se reunían y se alojaban en la casa del acusado número cinco, Abdur Rahim. Khadem guardaba su dinero, les proporcionaba comida, los atendía con consideración y les devolvía el dinero al partir. Yahya Ali los inspiraba con fervor yihadista.
Elahi Bakhsh enviaba los fondos recaudados a Jafar Thaneshwari, y este los remitía a los campamentos rebeldes de Mulka y Sittana.
Muhammad Husain, de Patna, era el khadem de Elahi Bakhsh. Cosió monedas de oro dentro de la manga, viajó de Patna a Delhi y, conforme a las instrucciones, se las entregó a Jafar Thaneshwari.
Qazi Miñazan se encargaba de reclutar muyahidines; también reunía y enviaba dinero y se ocupaba del intercambio de correspondencia.
Abdul Karim era un espía de Muhammad Shafi, el proveedor de carne. También transportaba dinero desde Patna. Muhammad Jafar Thaneshwari afirma en su obra Taʾrikh-i Ajib que Miñazan era oriundo de Kumarkhali, en el distrito de Kushtia. Murió en prisión.
Husaini, de Thaneshwar, mantenía el contacto con Muhammad Jafar Thaneshwari y Muhammad Shafi. Un día fue sorprendido in fraganti cuando llevaba 290 monedas de oro desde Muhammad Jafar Thaneshwari hacia Muhammad Shafi.
El maulana Yahya Ali murió allí mientras cumplía cadena perpetua en las islas Andamán. Así terminó, bajo la opresión de los gobernantes ingleses, la vida de uno de los principales pioneros del movimiento por el establecimiento del gobierno islámico en la India.
Jafar Thaneshwari fue uno de los tres condenados a muerte —el maulana Yahya Ali, Haji Muhammad Shafi y Muhammad Jafar Thaneshwari—. Era una persona muy influyente de Thaneshwar. Le conmutaron la pena de muerte por cadena perpetua. Tras cumplir dieciocho años de prisión en las islas Andamán, regresó a su país. Escribió una obra titulada Taʾrikh-i Ajib. En ella incorporó numerosos datos valiosos sobre sus largos años en Andamán, el trato inhumano dispensado a los prisioneros, el movimiento independentista de 1857 y el movimiento yihadista. En esta obra incorporó numerosos datos valiosos sobre su movimiento. Ofrece una descripción sorprendente de la guerra de Ambala de 1863. Dice:
«En 1863 se libró una guerra terrible en la frontera occidental de la India como consecuencia de la coerción extrema del Gobierno británico. El general Chamberlain era el comandante del bando inglés. Sus tropas tuvieron que soportar grandes penalidades en la base de Ambala. Esto equivalía a invadir un país extranjero y violar sus fronteras. Por ello, el célebre pir sahib de Swat también marchó a la guerra contra las tropas inglesas, acompañado de numerosos discípulos, con el propósito de ayudar al ejército musulmán de muyahidines. Los afganos se lanzaron a la batalla para proteger el honor de su país y de su nación.»
La feroz batalla continuó. El propio general Chamberlain resultó gravemente herido. Cerca de siete mil soldados ingleses murieron o resultaron heridos. El Gobierno británico había enviado esta expedición al interior de un país extranjero con el objetivo de destruir por completo al ejército de muyahidines. La resolución de los muyahidines era: victoria o martirio. Se empeñaron en demostrar el máximo valor. Por consiguiente, la batalla adquirió una intensidad terrible.
Mientras tanto, el virrey de la India, lord Elgin, murió repentinamente en la cima de las montañas de Kumban, consumido por las consecuencias de sus actos irracionales y de su injusta agresión. La India quedó sin virrey. La guerra y la muerte del virrey, ocurridas simultáneamente, crearon sin duda una crisis. En ese momento, el 11 de diciembre de 1866, Gujan Khan, un policía pathán de caballería encargado del puesto de Panipat, en el distrito de Karnal, descubrió de algún modo mi vínculo con el ejército de muyahidines. Naturalmente, consideró aquello una oportunidad de oro para obtener un ascenso. Entonces informó de ello al comisionado adjunto de Karnal mediante una extensa declaración. Dijo que, en la terrible lucha que se libraba en la frontera contra el ejército de muyahidines, Muhammad Jafar, el zamindar de la ciudad de Thanesar, ayudaba con dinero y hombres. En cuanto recibió la noticia, el comisionado adjunto informó por telégrafo a las autoridades del distrito de Ambala, bajo cuya jurisdicción se encontraba la ciudad de Thanesar. En cuanto salió el informante, uno de mis amigos policías fue al bungalow del comisionado adjunto. Al enterarse por él de la información secreta, envió a un oficial de policía para informarme; como yo me había quedado dormido, se marchó pensando que me lo comunicaría al día siguiente. Por desgracia, antes de que mi amigo policía pudiera regresar, el superintendente de policía, capitán Parsons, ya había rodeado mi casa».
(Tawarikh-i-Ajib, traducción bengalí de «La autobiografía de un prisionero de Andamán», pp. 1-2).
Maulana Imamuddin
Maulana Imamuddin nació en la aldea de Hajipur (Sadullapur), bajo la comisaría de সদর del distrito de Noakhali, en Bangladesh. Durante su infancia viajó a Calcuta para estudiar y desde allí marchó a Delhi para recibir instrucción de Shah Abdul Aziz Dehlawi. Durante su estancia en Delhi tuvo ocasión de conocer a Sayyid Ahmad Shahid. Sin embargo, no recibió entonces su iniciación. Más tarde volvió a encontrarse con Sayyid Ahmad en la ciudad de Lucknow. Esta vez recibió de sus manos la bay‘a y se incorporó al ejército de muyahidines; algún tiempo después, Sayyid Sahib lo nombró su califa.
Cuando Sayyid Sahib viajó al Hiyaz con intención de realizar el hach, Maulana Imamuddin se despidió en Calcuta de su propio murshid y fue a Noakhali para visitar a su anciano padre. Después viajó al Hiyaz acompañado de su hermano menor Alimuddin y de entre treinta y cuarenta hombres, y se reunió con la caravana de Sayyid Sahib.
Después del hach participó en la campaña de yihad y fue compañero de Sayyid Sahib en la llanura de Balakot. Su hermano Alimuddin cayó mártir en la batalla, y él regresó como gazí. Tras el desastre de Balakot, viajó al reino de Tonk por invitación del nawab Waziruddaula de Tonk. El nawab aprendió de él sobre numerosos asuntos.
Sufí Nur Muhammad Niyampuri
El sufí Nur Muhammad era residente de Chittagong. Aunque no se conoce su biografía detallada, fue uno de los principales jalifas de Sayyid Ahmad Shahid. Se incorporó debidamente al ejército de muyahidines, realizó el hach formando parte de la caravana de Sayyid Sahib y participó junto a él hasta el final en la campaña de yihad. Después de la batalla de Balakot, también tuvo la fortuna de convertirse en gazí.
El célebre pir Shah Sufí Fateh Ali Sahib, de Bengala Occidental, recibió del sufí Nur Muhammad la iniciación en el conocimiento del tasawwuf y lo sucedió. El mausoleo del sufí Fateh Sahib se encuentra en Maniktala, Calcuta. Su jalifa y sucesor fue el maulana Shah Sufí Abu Bakr Siddiqi, residente de Furfura, en el distrito de Hugli.
Capítulo duodécimo
La primera lucha por la libertad en la India británica
En 1857 comenzó en toda la India una intensa lucha contra los británicos. La clase gobernante la denominó «rebelión de los cipayos». La lucha que iniciaron en 1857 los cipayos, las masas y los muyahidines sacudió los cimientos del dominio británico en este país. Desde la perspectiva de los gobernantes, podía llamarse «rebelión». Pero, en realidad, fue una auténtica lucha por la libertad contra el dominio y la explotación extranjeros.
En los últimos dos siglos de la India, hay tres acontecimientos históricos especialmente memorables. Estos tres acontecimientos tuvieron lugar en 1757, 1857 y 1947. En 1757 tuvo lugar la batalla de Plassey. Mediante la conspiración, el engaño y la traición, el astuto Clive obtuvo la victoria sin siquiera librar una batalla y puso fin a un sólido dominio musulmán en el este de la India. La campaña de Plassey fue resultado de la conspiración conjunta de la Compañía Inglesa de las Indias Orientales y los hindúes de clase media. Para ello, naturalmente, se colocó a Mir Jafar Ali como pantalla. En 1857 tuvo lugar la batalla de Plassey. Mediante la conspiración, el engaño y la traición, el astuto Clive obtuvo la victoria sin siquiera librar una batalla y puso fin a un sólido dominio musulmán en el este de la India. La campaña de Plassey fue resultado de la conspiración conjunta de la Compañía Inglesa de las Indias Orientales y los hindúes de clase media. Para ello, naturalmente, se colocó a Mir Jafar Ali como pantalla. La lucha de 1857 fue la lucha de los cipayos y las masas para liberar la tierra de la India de las cadenas de esclavitud impuestas por los arbitrarios gobernantes británicos. Noventa años después, en 1947, la lucha de los musulmanes indios consistió en expulsar a los británicos y establecer su propia patria independiente, sin quedar sometidos al dominio de la mayoría hindú. Los musulmanes triunfaron en esta última lucha.
No es propósito de este texto distorsionar la larga historia de la lucha por la libertad de 1857. El objetivo de este artículo es mencionar brevemente sus antecedentes, los principales acontecimientos de la lucha y las causas fundamentales de su derrota.
Antecedentes
Para determinar los antecedentes y las causas de esta lucha, debemos remontarnos otros cien años en la historia. Después de la batalla de Plassey, los musulmanes no solo perdieron su poder político. Junto con él, también quedaron en peligro su entidad estatal, su situación económica, su educación y su tahzib-tamaddun. Durante el gobierno musulmán, los comerciantes ingleses llegaron a la India con el pretexto del comercio. Para obtener oportunidades y facilidades comerciales, suplicaban ante las puertas de los soberanos musulmanes y esperaban día tras día obtener su favor. Los soberanos musulmanes, con espíritu generoso, les concedieron toda clase de oportunidades y facilidades para comerciar en este país. Pero ellos comenzaron a abusar repetidamente de esas oportunidades, por lo que a veces fue necesario adoptar medidas severas contra ellos. Así, en sus corazones se encendió el fuego de la venganza contra los soberanos musulmanes y contra el dominio musulmán. Planearon poner fin al gobierno musulmán en este país y apoderarse del cetro del poder. La sociedad hindú de clase media de Bengala alimentó el fuego de ese plan.
Ironías del destino: cuando aquellos mismos comerciantes ingleses ocuparon los tronos de Bengala y Delhi, comenzaron a mirar con odio y sospecha a los antiguos dueños de la India, gracias a cuya benevolencia habían podido extender sus redes comerciales en este país. Considerando a los musulmanes un obstáculo para la expansión de su dominio, aplicaron contra ellos una política de extrema represión. En cambio, sus favores y bendiciones comenzaron a derramarse en abundancia sobre la comunidad hindú.
Los gobernantes ingleses adoptaron una política destinada a oprimir y eliminar económicamente a toda la sociedad musulmana. Durante el gobierno musulmán, la mayoría de los puestos del servicio público de toda clase estaba en manos de musulmanes. Después de que los ingleses se convirtieron en los dueños y amos de este país, los musulmanes comenzaron a ser expulsados gradualmente de los puestos de todos los departamentos. Finalmente, la política oficialmente declarada por el Gobierno llegó a consistir en que, cada vez que quedaba vacante un puesto en cualquier departamento, los anuncios especificaban expresamente que nadie salvo un musulmán podía presentarse como candidato. En segundo lugar, el Gobierno inglés aprobó una ley de confiscación y arrebató a los musulmanes todos los bienes territoriales —como jagires, ayma, lakhraj, altamgha y madad-i-ma’ash— concedidos por los soberanos musulmanes, convirtiéndolos en mendigos del camino. Solo en Bengala fueron confiscadas no menos de cincuenta mil propiedades lakhraj, y mediante la Comisión de Inam fueron confiscadas veinte mil propiedades lakhraj en el Decán. El Gobierno retuvo injustamente bajo su propia administración las propiedades donadas en waqf por Haji Muhammad Muhsin, cuyos ingresos ascendían a muchos lakhs de rupias, privando de ellas a sus legítimos beneficiarios. Como consecuencia de estas medidas represivas del Gobierno, numerosas antiguas familias musulmanas quedaron arruinadas, y desaparecieron muchas instituciones musulmanas de educación y beneficencia pública, como las khanqahs, madrasas y mezquitas.
En tercer lugar, mediante el asentamiento permanente de Bengala y la Ley del Ocaso, se arrebataron a los musulmanes todos sus zamindaris, talukdaris, ijara y demás derechos, y se distribuyeron entre los hindúes. Como resultado, las distinguidas familias musulmanas fueron despojadas de sus bienes. El setenta y cinco por ciento de los campesinos de Bengala eran musulmanes. A consecuencia del asentamiento permanente, la clase de los zamindares pasó a ser hindú y se convirtió en la dueña absoluta de la tierra. El campesinado quedó enteramente dependiente de su favor y voluntad. Solo le quedó el permiso para cultivar la tierra; no conservó ningún derecho ni título sobre ella. Los zamindares hindúes comenzaron a explotar de diversas maneras la sangre de los campesinos. El aumento continuo de la renta de la tierra, los abwabs, la selami, la nazrana y diversos impuestos estuvieron a punto de quebrar la columna vertebral de los campesinos. Los zamindares hindúes comenzaron a cobrar por la fuerza a los musulmanes impuestos sobre la barba, impuestos para las mezquitas, impuestos por poner nombres musulmanes e impuestos para las festividades religiosas, entre otros. Contra estas exacciones lucharon los grandes hombres Haji Shariatullah, Titumir y otros. Estos asuntos se han tratado en el lugar correspondiente.
En cuarto lugar, también se expulsó a los musulmanes muy lejos del ámbito del comercio y de la educación. El comercio y las industrias manufactureras desaparecieron.
Abdul Maudud dice: «Tras aplastar cruelmente a la clase de artesanos autóctonos, también se detuvo la producción de bienes industriales del país. Como consecuencia, a los trabajadores no les quedó abierto ningún medio de subsistencia salvo cultivar la tierra. En el ámbito comercial, además, en las factorías de los reyes comerciantes surgió una nueva clase de intermediarios-comerciantes, con los títulos de banián, mutsaddi, munshi y diwan. La clase de intermediarios que crearon, apoderándose de todos los sectores del comercio exterior e interior, también llegó a mostrarse hostil a la industria y la artesanía autóctonas por codicia y afán de gozar de los beneficios. Como resultado de esta nueva organización económica, surgió una nueva comunidad de terratenientes e intermediarios; ninguno de ellos era musulmán —los musulmanes ni siquiera tenían acceso a aquella sociedad—, y esta comunidad era el principal enemigo de la amplia agitación popular o del despertar nacional. Lord Bentinck también reconoció este hecho—»
«Es cierto que el asentamiento permanente tiene muchas deficiencias importantes, pero mediante él se creó una gran clase de ricos terratenientes con plena autoridad sobre el pueblo. Una de sus grandes ventajas es que, si como consecuencia de una agitación popular generalizada o de una revolución se perturbara la continuidad de la administración, esta comunidad estaría siempre dispuesta, en defensa de sus propios intereses, a mantener el dominio británico».
-[El trasfondo de la Rebelión de los Cipayos, Abdul Maudud (Shatabdi Parikrama), p. 62].
A este respecto, Abdul Maudud dice:
«No faltan tampoco en este país partidarios de esta opinión. Hace apenas unos días, durante una conferencia sobre el pueblo de Bengala en Visva-Bharati, el señor Qazi Abdul Wadud dijo: “En aquella época, al menos en Bengala, y particularmente en Calcuta, el corazón de Bengala, no se sintió ningún efecto de la Rebelión de los Cipayos”. Harish Mukherjee, editor de Hindu Patriot, comentó sobre esta rebelión: “La Rebelión de los Cipayos no fue más que una acción de cipayos supersticiosos; no tenía ninguna relación con los súbditos del país. El pueblo está unido y agradecido al Gobierno inglés, y su lealtad al soberano permanece inquebrantable”».
El señor Qazi añade que una buena prueba de que, en términos generales, aquella era la opinión de Bengala en ese entonces, como la del editor de Hindu Patriot, es que incluso bengalíes de espíritu independiente, como Vidyasagar y Debendranath, no mostraron por entonces ningún interés en la Rebelión de los Cipayos. …La Rebelión de los Cipayos no conmovió entonces al bengalí instruido ni agitó al bengalí hindú analfabeto» (El trasfondo de la Rebelión de los Cipayos, Abdul Maudud, p. 58).
El comentario del señor Qazi es correcto, y también lo es el del editor de Hindu Patriot. Con “bengalíes”, el señor Qazi, y con “el pueblo”, Harish Mukherjee, se referían a la comunidad hindú. Es cierto, desde luego, que, salvo algunas excepciones, la comunidad hindú de toda Bengala y de toda la India no participó en la Rebelión de los Cipayos, es decir, en el movimiento por la independencia de la India. Los hindúes que participaron en esta lucha fuera de Bengala habían sufrido un duro golpe contra sus intereses por parte del Gobierno inglés. Pero, en particular, ¿por qué habría de rebelarse la comunidad hindú de Bengala contra los británicos? El Gobierno británico la había establecido firmemente en la sociedad y había abierto para ella las puertas de todo tipo de oportunidades y ventajas en el país. La había colocado firmemente en todos los ámbitos de la vida en lugar de los musulmanes. Ellos eran los únicos amigos fieles y bienquerientes de los amos ingleses. Los musulmanes, por el contrario, eran considerados sospechosos y enemigos. Por tanto, era completamente natural que Vidyasagar, Debendranath y, en general, el pueblo hindú permanecieran unidos y agradecidos al Gobierno inglés, y que su lealtad al soberano siguiera siendo inquebrantable. Por eso, después de sufrir la derrota en la lucha, solo los musulmanes de la India fueron consumidos por el fuego de la ira británica: fueron asesinados en masa, expulsados de toda clase de bienes inmuebles y muebles, y tuvieron que sufrir la cárcel, la horca y la cadena perpetua.
El señor Sayyid Ahmad Khan determinó algunas causas de la “Rebelión de los Cipayos” en su folleto titulado Risala Asbab-e-Baghawat-e-Hind. El señor Sayyid era un funcionario público leal a los británicos. Cuando estaba destinado en Bijnor, comenzó la rebelión. Los rebeldes rompieron las puertas de la cárcel y saquearon alimentos. En aquel momento, el señor Sayyid Ahmad salvó la vida de muchos ingleses en peligro.
Antes de describir en su folleto las causas de la rebelión, el señor Sayyid Ahmad dice que los rebeldes no se unieron a la lucha con el propósito de emprender la yihad; según él, quienes alzaron el grito de la yihad no eran personas religiosas ni eruditos de las escrituras. Eran individuos depravados y ebrios de la clase más baja (Depraved and filthy bacchanals). Ningún musulmán del pasado ni del presente estuvo ni está de acuerdo con Sayyid Ahmad. Sin duda, debió de hacer semejante comentario después de haber visto con sus propios ojos los saqueos y asesinatos que tuvieron lugar ante él. Sin embargo, las actividades revolucionarias de 1857 estaban fuera del control de quienes, desde varias décadas antes, habían inspirado el espíritu de la yihad entre los musulmanes. Esta rebelión no fue dirigida bajo un liderazgo central. Las masas enteras estallaron en una furia terrible contra los británicos; no hubo ningún freno, y fueron ellas las que cometieron los saqueos y los asesinatos brutales. Pero no se encuentra ningún ejemplo de semejante conducta por parte de quienes habían luchado durante varias décadas con un verdadero espíritu y una auténtica inspiración de yihad.
En fin, volvamos al tema principal. Las causas de la Rebelión de los Cipayos que describe Sayyid Ahmad son las siguientes:
1. La causa de la intensa indignación popular contra el gobierno de la Compañía fue la actividad de conversión de los misioneros cristianos. La creencia general de todos era que el gobierno inglés convertiría gradual e inevitablemente a los habitantes de este país al cristianismo. Su plan avanzaba en secreto y, debido a la pobreza y la ignorancia del pueblo, con el tiempo se lo convertiría al cristianismo. Esta acusación contra ellos se difundió ampliamente cuando, durante la hambruna de 1837, se entregó a los misioneros un gran número de niños huérfanos para que fueran criados como cristianos. En 1856, un funcionario llamado Edmund envió desde la residencia del virrey en Calcuta una carta a los empleados de todos los niveles de la Compañía, presionándolos para que reflexionaran sobre la verdad de la religión cristiana. Además, se ejerció presión sobre ellos para dar una forma definitiva a la unidad india, mediante los modernos medios de transporte y sobre la base de los vínculos espirituales del cristianismo. Esto se interpretó como un llamamiento general dirigido a los apóstatas, y la sospecha quedó demostrada cuando se vio que el gobierno nombraba a los misioneros y les pagaba sus salarios con fondos públicos. Los funcionarios de alto rango contribuían generosamente al fondo misionero y entablaban debates religiosos con los empleados indios subordinados. Obligaban a los empleados de bajos salarios a ir a sus casas para escuchar la predicación y la propaganda cristianas. Los misioneros comenzaron a distribuir públicamente entre la población folletos propagandísticos que contenían expresiones indecentes contra otras religiones. Conforme a la política gubernamental de 1854, comenzaron a surgir por todas partes escuelas misioneras como hongos, pues todas recibirían ayuda estatal. Los funcionarios del gobierno visitaban con frecuencia esas escuelas y alentaban a los alumnos a leer la Biblia, diciéndoles que serían recompensados si podían responder las preguntas de acuerdo con la fe cristiana. En las escuelas rurales solo se enseñaba urdu, y el árabe y el persa habían sido excluidos del plan de estudios.
2. Se daba de comer a los presos de todas las comunidades en una misma cocina. Esto era contrario a su tradicional sistema de castas. En 1950, mediante una ley, se declaró que privar de la herencia a quien abandonara su propia religión sería legalmente punible. Así, a nadie le quedó duda de que esta ley alentaba la conversión al cristianismo. Una ley de 1856 alentó el matrimonio de las viudas. Con ello se asestó un golpe al hinduismo.
3. La insaciable avidez de explotación económica de la clase de prestamistas usureros y la excesiva carga impuesta a los campesinos llevaron a muchas familias nobles al borde de la ruina, y estas adoptaron una actitud hostil hacia la lealtad británica. La introducción del sistema de timbres para solicitar justicia se consideró como vender la justicia o negarla. En algunas provincias se otorgaron poderes arbitrarios a los jueces.
4. Bajo el gobierno de la Compañía, la confiscación de las propiedades lakhraj llevó a la ruina a innumerables familias. Se destruyeron la industria y el comercio autóctonos, y la economía del país quedó en bancarrota.
5. Como última causa, Sir Sayyid afirma que los musulmanes habían sido apartados de los puestos superiores de la administración pública. El objetivo declarado era nombrar para los cargos gubernamentales a personas capaces mediante exámenes competitivos. Sin embargo, los puestos importantes se cubrían con personas que eran de «baja estirpe» (Low form), vulgares y sin modales (Vulgar, ill-bed). Estas no podían ganarse el respeto del pueblo.
(Muslim Separatism in India, Abdul Hamid, pp. 2-4 y 6).
Sayyid Ahmad presentó en la conclusión de su folleto la solución a esta rebelión revolucionaria. Dice:
«La solución a estas dificultades consistía en acercar al gobernante y a los gobernados mediante la admisión de miembros indios en la Legislatura, para garantizar que las leyes aprobadas por este órgano satisficieran las necesidades del país y no fueran meramente académicas. No deseo entrar en la cuestión de cómo se podría permitir que las personas ignorantes y sin educación del Indostán participaran en las deliberaciones del Consejo Legislativo, ni de cómo deberían ser seleccionadas para formar una asamblea como el Parlamento británico. Estos son puntos difíciles». Ibíd., p. 4.
—«Estos conflictos solo podrán resolverse si se logra admitir a miembros indios en la Asamblea Legislativa y estrechar así las relaciones entre gobernantes y gobernados. Para garantizar que las leyes no sean irreales ni ineficaces, debe asegurarse que todas las leyes aprobadas en la Asamblea Legislativa puedan satisfacer las necesidades del país. Sin embargo, no deseo entrar en el debate de cómo se dará a los indios ignorantes e inexpertos la oportunidad de participar en las deliberaciones de la Asamblea Legislativa, ni de cómo serán elegidos para una asamblea legislativa semejante al Parlamento británico».
Altaf Husain Hali menciona en su obra Hayat-e Javid un ejemplo de que las relaciones entre gobernantes y gobernados no eran en absoluto buenas; por el contrario, la clase gobernante miraba a los habitantes de la India con desprecio. En 1867 se celebró una exposición en Agra y después tuvo lugar el durbar del gobernador. El magistrado distrital de Agra ordenó que, en el durbar, los europeos y los indios ocuparan sus asientos por separado. Al ver un asiento vacío, un distinguido invitado indio se sentó en el que estaba reservado para un funcionario británico. De inmediato se le ordenó abandonar aquel asiento y ocupar un lugar entre los suyos. Sir Sayyid se sintió profundamente humillado y se enfureció ante aquella desvergonzada manifestación de discriminación racial. A causa de ello también tuvo una acalorada discusión con un funcionario británico. Un tal Thornhill pareció consumirse de ira y comenzó a gruñir furiosamente: «En la rebelión de los cipayos ustedes se comportaron de la peor manera. ¿Cómo esperan después sentarse en pie de igualdad con nosotros y nuestras mujeres?» Sayyid Ahmad abandonó el lugar, enfurecido y humillado. Sus superiores expresaron gran descontento por ello y tuvo que rendir cuentas.
—(Muslim Separatism in India, A. Hamid, p. 6).
Estos relatos demuestran que las numerosas y diversas causas hicieron que toda la India estallara en 1857 con furia terrible contra los británicos. En aquel año, la indignación acumulada durante siglos hizo erupción como un volcán. La inspiración yihadista que Shah Waliullah y los shah-muyahidines habían infundido actuó como una cerilla arrojada sobre un depósito de pólvora. Por todas partes se encendió con violencia el fuego de la revolución. Impulsados por su propia voluntad, todos se unieron a la lucha allí donde pudieron. Junto a la mayoría de los cipayos, que no poseían un verdadero carácter islámico, se unió la gente común: campesinos, trabajadores y numerosos empleados públicos y privados. La lucha no fue dirigida bajo el control de ningún liderazgo central guiado por ideales. Además, muchos oportunistas acudieron a sumarse al movimiento. Por ello, en algunos lugares se violaron los principios islámicos y hubo saqueos y matanzas innecesarias. Durante la vida del Profeta Mustafá (la paz sea con él) hubo numerosas guerras; en la época dorada de los Califas Bien Guiados se conquistaron país tras país; Saladino Ayyubí y Nur al-Din Zangi libraron una guerra tras otra. Pero en ninguna de ellas se violaron los principios islámicos, se atentó contra los derechos humanos ni se derramó sangre injusta e indeseada. Tampoco se observó ninguna conducta contraria a los principios por parte de los discípulos iniciados por Sayyid Ahmad Shahid.
Ciertas medidas represivas del Gobierno inglés aceleraron la revolución. En 1843, el Gobierno inglés arrebató Sind a los emires. En 1849, lord Dalhousie incorporó toda la provincia del Punyab al Imperio británico. Antes de ello, el Gobierno de la Compañía había promulgado una ley que anulaba el derecho sucesorio del hijo adoptivo de un rey sin descendencia masculina. Conforme a esta política de extinción del derecho sucesorio (Doctrine of Lapse), lord Dalhousie se apoderó de los estados de Satara, Jhansi, Nagpur, Sambalpur y otros. Además, suspendió las pensiones de los hijos adoptivos de los soberanos de Anjor, Karnataka y otros estados. Tras perder su reino en la guerra de 1818, el peshwa Bajirao II vivía en Bithur, cerca de Kanpur, con una pensión anual de ochocientas mil rupias. Después de su muerte, se suspendió la pensión de su hijo adoptivo. Cuando Dalhousie promulgó en 1850 una ley que concedía derechos sucesorios sobre los bienes a los cristianos recién convertidos, no surtió efecto alguno la petición presentada al gobernador general, firmada por sesenta mil ciudadanos de la sola ciudad de Calcuta, para protestar contra ella. Como consecuencia, arraigó en la mente del pueblo la firme convicción de que el Gobierno inglés quería convertir a los habitantes de este país al cristianismo. En 1856, Dalhousie incorporó injustamente al Imperio británico Oudh, el último reino independiente de los musulmanes. Todas las riquezas muebles e inmuebles del desventurado nawab de Oudh, Wajid Ali Shah, incluso los manuscritos de su biblioteca personal, valorados en doscientas mil rupias, fueron vendidos en pública subasta para llenar las arcas de la Compañía. Con las begums del harén se cometieron un trato aún más diabólico y una barbarie todavía mayores. Fueron sacadas por la fuerza del harén, y sus bienes valiosos fueron destruidos y saqueados. A cambio de una pensión anual de doce lakhs de rupias, el inocente nawab fue llevado a Calcuta y puesto bajo custodia. Sir Charles Outram acudió personalmente a Oudh para llevar a cabo este acto diabólico. Reconoció que, al presenciar aquella acción cruel y bárbara, los cipayos de su propia escolta sintieron una profunda indignación y tristeza. Estas crueldades, los actos contrarios a la humanidad y la insaciable ansia de expansión imperial tomaron la forma de opresión, sufrimiento, lamentos desgarradores y gritos de angustia, estremecieron el aire de la India y se manifestaron en 1857 como una gran revolución.
En las obras Annals of the Indian Rebellion, de Sir J. W. Kaey, History of the Sepoy War, de Sir J. W. Kaey, y History of the Indian Mutiny, de Col. J. B. Malleson, se encuentra un relato detallado de la rebelión de los cipayos. En enero de 1857 se obtuvo en Barrackpore, en la Bengala de entonces, un claro presagio de la revolución. El 22 de enero, el capitán Wright, de la Escuela de Mosquetería de Dum Dum, informó que entre los cipayos se habían producido una intensa indignación y agitación respecto de las sustancias empleadas para engrasar los cartuchos del nuevo rifle Enfield. El 28 de enero, desde el acantonamiento de Barrackpore, el mayor general Hearsey informó al ayudante general del ejército británico que, como resultado de la propaganda de los opositores al matrimonio de las viudas en Calcuta, había surgido la creencia de que se obligaría a los cipayos a abrazar el cristianismo y que, con ese propósito, se había dispuesto la distribución de los nuevos cartuchos del rifle Enfield. Estos cartuchos estaban mezclados con grasa de vaca y de cerdo y debían abrirse con los dientes para utilizarlos. De ese modo, hindúes y musulmanes perderían su religión. Hearsey informó además que tres bungalows habían sido reducidos a cenizas, entre ellos el bungalow de un cirujano de Raniganj y el del funcionario de telégrafos de Barrackpore.
El 11 de febrero, Hearsey volvió a informar al secretario del Gobierno de la India:
Vivimos en Barrackpore sobre una mina a punto de estallar.
El 26 de febrero, el 18.º regimiento de Berhampore se negó a utilizar los cartuchos durante el desfile. El teniente coronel Mitchell les dijo entonces a los cipayos, en términos severos, que, si no utilizaban los cartuchos, serían enviados a China y Rangún. Los cipayos se enfurecieron aún más y consideraron preferible morir en su propia patria que morir en el extranjero. Como castigo por su desobediencia, fueron trasladados de Berhampore a Barrackpore y el regimiento fue disuelto. De los mil cipayos de este 19.º regimiento, 409 eran brahmanes, 250 rajputs, 150 musulmanes y el resto hindúes de las castas inferiores.
Los hicieron ponerse delante de cañones preparados para disparar, los desarmaron y, bajo la vigilancia del 85.º regimiento europeo, los hicieron cruzar Faltaghat. Esta operación de desarme se llevó a cabo el 31 de marzo.
De esto se desprende que la causa principal y directa (causa inmediata) de la rebelión de los cipayos de Bengala fue obligarlos a utilizar cartuchos mezclados con grasa. La mayoría de estos cipayos eran hindúes de casta alta y brahmanes.
Mientras tanto, hacia finales de marzo, se difundió la noticia de que tropas europeas llegaban a Barrackpore en barcos para someter a los rebeldes. Al oírla, Mangal Pandey, de la 5.ª compañía del 34.º regimiento, pensó que se acercaba la hora de su perdición. Entonces salió casi enloquecido, con un arma en la mano, y disparó contra el sargento general Hewson y Hearsey. Pero no acertó. Pandey fue condenado a la horca. El 6 de mayo, el 34.º regimiento fue licenciado en masa.
La noticia de Berhampore llegó rápidamente a Ambala. Los acantonamientos de allí fueron reducidos a cenizas por el fuego. El 1 de mayo comenzó la rebelión en Bijnor, bajo el liderazgo del nawab Ahmadullah Khan de Najibabad. El 30 de mayo, los cipayos del 48.º regimiento incendiaron los bungalows de los europeos en el acantonamiento. En el combate frontal, las tropas de sir Henry Lawrence sufrieron una derrota desastrosa. Los soldados ingleses se vieron obligados a refugiarse en la Residencia, donde pasaron tres meses bajo asedio.
Hay suficientes razones para pensar que muchas escenas de la lucha por la independencia de 1857 permanecen ocultas tras el telón. Sikandar Dara Shikoh dice:
En una etapa decisiva de la revolución, gracias a los esfuerzos de Dilawar Jang y del maulvi Ahmadullah, Birjis Qadr fue entronizado en el trono de Ayodhya, y Begum Hazrat Mahal asumió, como regente, la responsabilidad de supervisar la administración del país.
Ahmadullah Shah y Hazrat libraron una lucha encarnizada contra las tropas británicas. …Shah Sahib estableció un «gobierno islámico» en Muhammadipur. El príncipe Firoz Shah y Rana Rao fueron nombrados ministros de ese gobierno. El general Bakht Khan fue nombrado comandante en jefe.
…pero el propio Firoz Shah soñaba con convertirse en emperador. Por ello, Ahmadullah no pudo permanecer allí durante mucho tiempo. Invitado por el rajá Baldev Singh, partió hacia Gaddi. Un día, instigado por unos traidores, montó en un elefante y, encontrándose en esa posición, alcanzó el martirio al recibir los disparos del enemigo. Le cortaron la cabeza y la colgaron en la kotwali, mientras que su cuerpo fue descuartizado y quemado. Algunos días después, su sagrada cabeza fue enterrada en el barrio de Ahmadpur. El rajá (Baldev Singh) concedió una recompensa de cincuenta mil rupias al asesino de Ahmadullah Shah. —(Shatabdi Parikrama, págs. 147-148)
Una de las razones por las que la lucha de la India, en el año 57, al llegar al umbral de la independencia terminó en fracaso fue la extrema traición de algunos individuos movidos por sus intereses.
La principal fábrica de cartuchos para los fusiles Enfield se encontraba en Meerut. Cuando allí 85 soldados de la Tercera Caballería se negaron a tocar los nuevos cartuchos, fueron enviados a prisión el 9 de mayo, encadenados, tras un juicio militar. Al anochecer del día siguiente, los disparos hicieron resonar los alrededores. Liberaron de la prisión a los 85 soldados encadenados y quemaron los bungalows de los europeos. En este asunto, los habitantes de la ciudad y del mercado principal mostraron mayor actividad que los soldados. Sayyid Hasan Ali Barelvī era el dirigente de los revolucionarios. La población sublevada y los soldados cometieron aquí un grave error. Sin prestar atención a los dos regimientos europeos, al acantonamiento ni al arsenal, partieron de noche hacia Delhi.
Sin embargo, lograron recorrer de algún modo las cuarenta millas y entrar en la ciudad de Delhi. En aquel entonces, en Delhi había un total de 35.000 soldados nativos y 50 oficiales ingleses, pertenecientes a los regimientos de infantería números 38, 54 y 74 y a dos compañías. A las siete de la mañana, un grupo de jinetes revolucionarios solicitó entrevistarse con Bahadur Shah. El capitán Douglas, el residente Fraser y el magistrado Habinson murieron cuando intentaban impedirlo. A las tres de la tarde, cuando los revolucionarios entraron en dos sectores del arsenal, al ver que la situación se volvía desesperada, Scully, por orden del teniente Willoughby, jefe del depósito de pólvora, prendió fuego a un montón de pólvora. Entonces comenzó el caos en la ciudad de Delhi. Con un estruendo tremendo, el depósito de pólvora voló por los aires. Murieron cerca de quinientas personas de los alrededores y muchas quedaron abrasadas. Enfurecidos, los revolucionarios comenzaron a incendiar y saquear. Saquearon el tesoro y se apoderaron de 2.184.000 rupias, que fueron puestas bajo la custodia del emperador. Por la noche, veintiún cañonazos retumbaron uno tras otro, rindiendo así un saludo real al emperador Bahadur Shah Zafar.
El 12 de mayo, el propio emperador montó en un elefante, recorrió la ciudad y dispuso la apertura de los comercios del mercado. Los príncipes fueron enviados a las distintas puertas de la ciudad con el propósito de mantener la paz.
El 16 de mayo, varios soldados revolucionarios informaron al emperador, mediante una carta secreta sellada, de que el médico del emperador, Hakim Ahsanullah, y el consejero, Nawab Mahbub Ali Khan, estaban implicados en una conspiración con los británicos. Los acusados negaron la acusación y declararon que la carta era falsa. De este modo, el emperador fue engañado. Los príncipes fueron nombrados comandantes de la infantería y su nieto, Mirza Abu Bakr, comandante de la caballería. El príncipe Mirza Jawan Bakht fue nombrado visir principal. Hakim Ahsanullah, con la intención de apartar a Mirza Abu Bakr de Delhi, dispuso que fuera nombrado comandante de Meerut. El 31 de mayo, sus tropas fueron derrotadas por los ingleses a orillas del río Hindon debido a la falta de municiones necesarias.
El fuego de la rebelión ardía intensamente por todas partes. Los soldados nativos se habían sublevado en Firozpur, Bareilly, Kanpur, Jaunpur, Sitapur y otros lugares. Todas las tropas europeas de Kanpur se habían refugiado en dos hospitales militares. El comandante sir Hugh Wheeler recibió el 6 de junio la noticia de que los rebeldes atacarían el reducto. La «Safeda Kuthi» de Nana Sahib se había convertido en el ministerio de los revolucionarios. Los consejeros eran Azimullah Khan, y los comandantes Tika Singh, Tatya Tope, Jwala Prasad y Bal Rao. Baba Bhatt y Minabai asumieron la dirección del ejército nacional. Desde la «Safeda Kuthi», las mujeres y los niños europeos fueron trasladados a la «Bibighar», y el coronel Havelock partió hacia Kanpur con el 64.º regimiento europeo. En Fatehpur se enfrentaron a Jwala Prasad. En el campo de batalla, el comandante Renaud murió en un choque con las tropas de Bal Rao. Enloquecidos por la alegría de la victoria, los soldados nativos asesinaron cruelmente a las mujeres y los niños retenidos en la Bibighar. Dolido por esta cruel y contraria a los principios matanza, Azimullah Khan abandonó Kanpur, se dirigió a Lucknow y se unió al ejército muyahidín de Maulvi Ahmadullah. Murió en Nepal.
Esto demuestra que quienes se habían formado en la doctrina de la yihad por la causa de Allah para liberar al país del dominio extranjero se mantuvieron alejados de los asesinatos injustos y de las actividades contrarias a los principios. Se caracterizaban por la tolerancia y el temor de Dios, y su único objetivo era obtener la complacencia de Allah. «Combatid en la senda de Allah a quienes os combatan, pero no transgredáis. Porque Allah no ama a los transgresores»—
Intentaron vivir respetando la palabra de Dios.
Sin embargo, los ingleses no permanecían en absoluto inactivos. Comenzaron a reclutar soldados desde diversos lugares. Trajeron europeos de China, Ceilán y otros lugares, y gurjas de las regiones montañosas. Desde Persia llevaron tres ejércitos a Bengala. Las tropas inglesas se reunieron en una colina cerca de Delhi y establecieron allí su base. Ambos bandos comenzaron a prepararse para la batalla final. El 29 de mayo, algunos soldados sij del bando inglés, pertenecientes al rey Narendra Singh, se unieron a los revolucionarios. Entonces, para hacer que los sij regresaran, los ingleses iniciaron una vil campaña propagandística, rebuscando en el estercolero de la historia pasada. En este asunto, el traidor Rajab Ali ayudó a los ingleses. Desde la corte del emperador les suministraba información secreta favorable al emperador, y también estableció una connivencia con Hakim Ahsanullah.
Por desgracia, en Delhi comenzaron unas lluvias torrenciales. En la ciudad surgió escasez de los artículos de primera necesidad. Los productos se encarecieron. Mientras tanto, los ingleses establecieron un cerco alrededor de Delhi e interrumpieron el suministro de alimentos y otros artículos de primera necesidad. El 23 de junio, los ingleses tomaron Sabzimandi. En la primera semana de julio, el general Muhammad Bakht Khan, comandante de las fuerzas de Bareilly, llegó a Delhi con cuatro cuerpos de infantería, 700 jinetes, 14 elefantes y abundantes fondos y armas. Entonces el número total de soldados en Delhi ascendía a 90.000. Pero, debido al saqueo del arsenal de Wazirabad por los bandidos, surgió escasez de municiones en el fuerte. En agosto, una repentina explosión hizo volar la fábrica de pólvora. Todos sospecharon que Hakim Ahsanullah había tramado aquello. Sin embargo, como ya había huido, no pudieron encontrarlo. Naturalmente, la casa del hakim fue saqueada. El 7 de septiembre, por orden del comandante inglés Wilson, se instalaron cañones frente a todas las puertas de Delhi. El 11 de septiembre comenzó un intenso bombardeo desde esos cañones. Tras repetidos impactos, finalmente se derrumbó la Puerta de Cachemira. El 18 de septiembre se cerró la puerta del Diwan-i-Khas. El general Bakht Khan continuó combatiendo al enemigo con un valor ilimitado. Pero dondequiera que Mirza Mughal dirigía las tropas, se producía un desastre. Los proyectiles ingleses abrieron brechas en dos lugares de la muralla de la ciudad. En el ejército nacional surgió un desorden extremo. El 20 de septiembre, el general Bakht Khan dijo al rey: «Por todas partes hay conspiraciones de los traidores. Todos nuestros planes llegan a conocimiento del enemigo. Miles de rohillas siguen dispuestos a dar la vida. Salga usted; volveremos a unirnos y venceremos en la guerra».
Pero, como Mirza Elahi Baksh y Begum Zeenat Mahal no estuvieron de acuerdo, el rey rechazó la petición del general Bakht Khan. Finalmente, Bakht Khan fue a Ayodhya, se unió a las fuerzas de Ahmadullah y participó en las batallas de Lucknow y Shahjahanpur. Pero cuando la negra sombra del desastre descendió por todas partes, marchó con el corazón destrozado al valle de Nepal, donde exhaló su último aliento.
Precisamente como resultado del espionaje de los traidores Hakim Ahsanullah Khan, Sheikh Rajab Ali y Mirza Elahi Baksh, el emperador Bahadur Shah, Begum Zeenat Mahal y el príncipe Jawan Bakht fueron capturados por el capitán Hodson. Tres príncipes buscaron refugio en el mausoleo de Humayun. Cuando los llevaban presos desde allí, el monstruoso Hodson los mató personalmente a tiros en el camino. Con el propósito de sembrar el terror, sus cadáveres fueron colgados públicamente frente a la kotwali. Después, los ingleses convirtieron la ciudad de Delhi en un espantoso cementerio. Las grandes avenidas de la ciudad quedaron cubiertas de cadáveres de ciudadanos inocentes.
Para sofocar la revolución en todas partes, iniciaron por doquier una matanza demoníaca. En los centros revolucionarios de Aligarh, Allahabad, Lucknow, Bareilly, Cawnpore, Fatehpur, Jhansi, Gwalior, Danapur, Chota Nagpur y otros lugares, comenzaron una persecución inhumana y una campaña de exterminio.
Tan pronto como los soldados de Chittagong iniciaron la revolución, los ingleses huyeron por las rutas forestales para salvar la vida. Los soldados saquearon sin oposición el tesoro, liberaron a los prisioneros, incendiaron el acantonamiento y volaron el polvorín; luego se marcharon por las rutas selváticas hacia Sylhet y las montañas.
En la mañana del 22 de noviembre tuvo lugar un acto atroz en la ciudad de Dhaka: los ingleses atacaron por sorpresa el Fuerte Rojo. Allí se produjo un violento enfrentamiento con los revolucionarios; finalmente, estos huyeron cruzando el río a nado. A los que fueron capturados los llevaron al campo de Andarghar (actual parque Bahadur Shah), Sadarghat, Lalbagh y Chowk Bazaar, donde fueron ahorcados.
Una comisión militar constituida por orden de sir John Lawrence juzgó al emperador Bahadur Shah. La acusación contra él era que se había proclamado emperador de la India y había hecho la guerra contra el Gobierno británico. Es una cruel ironía de la historia que el dueño de la casa se convirtiera en bandido y el bandido, en dueño de la casa. La verdad histórica es que, mediante un tratado firmado en 1765, la Compañía de las Indias Orientales reconoció al emperador de la India como depositario de la autoridad suprema. Después de eso, no se celebró ningún otro tratado entre la Compañía y el emperador. Por tanto, en realidad, el emperador Bahadur Shah era el verdadero gobernante legítimo de la India de aquel tiempo, y fue la Compañía de las Indias Orientales la que cometió deslealtad y rebelión contra la autoridad real. Por consiguiente, lo que era una lucha por la defensa de la independencia y la soberanía, los intereses creados lo calificaron de rebelión. Con el juicio de la comisión militar, la última huella del dominio musulmán que había perdurado durante varios siglos en la India desapareció para siempre.
Las principales razones por las que fracasó este movimiento por la libertad de la India fueron las siguientes:
Uno: frente a las modernas y superiores armas de los ingleses, las armas de los revolucionarios eran antiguas e inadecuadas.
Dos: entre los soldados nativos había falta de unidad y disciplina.
Tres: aunque la rebelión comenzó espontáneamente por todas partes, en una vasta región que se extendía desde Chittagong, Dacca, Barrackpore y Baharampur hasta Delhi, no tenía un liderazgo central. Tampoco existía ningún vínculo recíproco entre ellos.
Cuatro: las actividades de algunos traidores llevaron el desastre contra los revolucionarios. Toda clase de información secreta de los revolucionarios era suministrada al enemigo y, al explotar dos veces los depósitos de pólvora por obra de los traidores en el momento crucial, los soldados nativos se enfrentaron a una escasez de municiones.
Cinco: muchos de los soldados nativos carecían de un carácter ejemplar. Muchas personas indeseables se unieron al bando de los revolucionarios con el propósito de saquear y cometer asesinatos injustos. A esto se sumó la desconfianza mutua entre hindúes y musulmanes.
Seis: las potencias de Hyderabad, Gwalior, Nepal y los sijs, entre otras, fueron, por decirlo así, pasivas o favorables a los ingleses.
Séptimo: los soldados nativos no tenían otro gran ideal aparte de expulsar a los ingleses. La rebelión comenzó antes de que, por parte de quienes habían mantenido viva la inspiración de la yihad entre los musulmanes de este país desde la época de Sayyid Ahmad Shahid, se adoptara cualquier decisión bien planificada, y el curso de esta actividad revolucionaria quedó fuera de su control.
Aunque este movimiento por la libertad fracasó temporalmente, sus consecuencias fueron de enorme alcance. Es cierto que, durante la guerra, los soldados nativos enloquecidos perpetraron actos atroces en diversos lugares. Pero la atrocidad con que los ingleses tomaron represalias añadió un capítulo de enorme vergüenza a la historia de la civilización humana. Aun después de eso, los muyahidines musulmanes continuaron durante una década su lucha contra los ingleses.
Después de la sexta década del siglo XIX, el estado de silencio y calma que reinaba en la India podía describirse como el silencio de un cementerio. Se responsabilizó exclusivamente a los musulmanes de la India de aquel tiempo por el movimiento de liberación. Como resultado, la sociedad musulmana quedó devastada por la furiosa ira y la opresión aplastante de los británicos. Desde la lejana Bengala hasta la frontera, sobre la sociedad musulmana descendió la sombra negra, silenciosa e inmóvil de un cementerio, mediante detenciones masivas, encarcelamientos y ejecuciones, deportaciones y confiscaciones de bienes muebles e inmuebles. Sin embargo, aquel silencio era artificial. El brillante ideal de amor a la libertad que los musulmanes habían enarbolado en su prolongada lucha quedó grabado en las páginas de la historia. Este gran ideal inspiró posteriormente a los habitantes de la India. Como resultado, noventa años después de 1857, los habitantes de la India lograron romper para siempre las cadenas de la esclavitud inglesa.
Pero, no obstante, es innegable que, después de que la lucha de Sayyid Ahmad Shahid, el movimiento Faraizi y la lucha de Titumir, la lucha por la independencia de 1857 y, posteriormente, la lucha antibritánica en la frontera terminaran en fracaso, la nación musulmana de la India se enfrentó a una extrema adversidad y a tiempos aciagos. En aquel período de desgracia, el papel de Sir Sayyid Ahmad Khan contribuyó especialmente a aliviar la penosa situación de los musulmanes.
Capítulo decimotercero
Sir Sayyid Ahmad Khan
Ya se ha mencionado que Sir Sayyid Ahmad Khan ocupaba un puesto de alto rango bajo el Gobierno británico. Había llegado a creer que sobre las ruinas del Imperio mogol se había establecido firmemente en la India un gobierno británico ordenado. En el conocimiento científico moderno y en el arte bélico moderno, ellos también eran muchas veces superiores a los musulmanes. No era fácil expulsarlos repentinamente de este país. En aquellas circunstancias, enfrentarse a ellos habría equivalido al suicidio para los musulmanes. Él apoyó a los británicos en la guerra de independencia. Pero se sintió profundamente afligido por la inhumana opresión ejercida a gran escala contra los musulmanes, cargando únicamente sobre sus hombros toda la culpa de la lucha por la independencia —la «rebelión», según ellos—. Mediante sus célebres folletos titulados «Asbab-i-Baghawat-i-Hind» y «Los musulmanes indios», intentó apaciguar la furiosa ira de los británicos contra los musulmanes. Señaló el atraso de los musulmanes en el conocimiento científico occidental como la causa de su decadencia. Su mensaje era: «Primero cura la enfermedad de la raíz. Entonces el árbol crecerá». En 1865 fundó en Ghazipur una sociedad de traducción. A través de esta sociedad se tradujeron y publicaron numerosas obras extranjeras.
Su mayor contribución al progreso de la sociedad musulmana fue que, siguiendo el modelo de las universidades de Cambridge y Oxford, fundó en 1875 el Colegio Oriental Mahometano de Aligarh. En este colegio se impartía, junto con el conocimiento científico occidental, educación religiosa. En aquella época, como las escuelas inglesas gubernamentales no ofrecían educación religiosa, los musulmanes dudaban en enviar allí a sus hijos. El Colegio de Aligarh eliminó ese obstáculo del camino hacia la educación moderna.
Mediante la fundación de este colegio, el movimiento que Sir Sayyid Ahmad desarrolló para reformar la sociedad musulmana y extender la educación alcanzó notoriedad con el nombre de «Movimiento de Aligarh». En este movimiento de renacimiento musulmán participaron, entre otros intelectuales, el poeta Hali, Muhsinul Mulk, Nazir Ahmad y Chiragh Ali, contribuyendo a su progreso.
Como salvaguardia de los intereses musulmanes, Sir Sayyid Ahmad exigió un sistema separado de nominación oficial para los musulmanes en las instituciones autónomas. Sostuvo que, si en esas instituciones se introducía el sistema de elecciones generales conjuntas, los intereses de los musulmanes serían pisoteados. El 12 de enero de 1883, ante el Consejo del gobernador general, en apoyo del sistema separado de nominación para los musulmanes, declaró: «Mediante el sistema de elecciones generales conjuntas solo se representan la opinión y los intereses de la mayoría. Este sistema es aceptable en un país habitado únicamente por personas de una sola nación y una sola religión. Pero en la India viven diversas comunidades: algunas son mayoritarias y otras minoritarias, y entre ellas existen diferencias de casta y de religión. En tales circunstancias, la introducción de elecciones conjuntas necesariamente producirá consecuencias perjudiciales. Si se introduce este sistema, los intereses de las minorías serán pisoteados por las comunidades mayoritarias. Con ello, la hostilidad entre comunidades y la hostilidad religiosa adquirirán una intensidad considerable. El Gobierno será el responsable de ello».
Su propuesta razonada abrió una vía de reflexión para la sociedad musulmana y dio fruto veintiséis años después. El 1 de octubre de 1906, una delegación de treinta y seis destacados musulmanes de la India, encabezada por el Aga Khan, presentó al gobernador general de la India, lord Minto, un memorando en demanda de un sistema electoral separado. Esta demanda fue reconocida en las reformas Morley-Minto de 1909. Como consecuencia, la sociedad hindú mayoritaria de la India se enfureció, pues la política declarada del Congreso Nacional Indio era el nacionalismo unitario. A causa de ello, durante muchos años hubo discusiones y amargura entre hindúes y musulmanes. Finalmente, en 1916, se celebraron en la ciudad de Lucknow las sesiones anuales del Congreso y de la Liga Musulmana. Tras las deliberaciones, los representantes debidamente autorizados de ambas organizaciones firmaron un acuerdo basándose en sus respectivas decisiones. Este fue denominado el histórico Pacto de Lucknow. El pacto fue aprobado oficialmente por el Congreso y la Liga Musulmana. En el Pacto de Lucknow se reconoció a los musulmanes el derecho electoral separado para la elección de los miembros de las asambleas legislativas. De este modo, el Congreso hindú aceptó en la India la teoría de las dos naciones en lugar del nacionalismo unitario, lo que constituyó la base fundamental de la creación de Pakistán en 1947.
Aunque no sea posible estar de acuerdo con cada una de las políticas y palabras de Sir Sayyid Ahmad, gracias a su aguda visión política advirtió a los musulmanes indios que no se unieran al Congreso, afirmando que este representaría únicamente los intereses hindúes de la India y que los intereses musulmanes serían ignorados. Aunque al principio grandes intelectuales musulmanes como Maulana Muhammad Ali y el señor Muhammad Ali Jinnah no comprendieron esta verdad, posteriormente la veracidad de la advertencia de Sir Sayyid se les hizo tan clara como la luz del día. Como resultado, despertó entre los musulmanes el impulso hacia una nacionalidad separada y el pensamiento musulmán avanzó por ese camino. Por ello debe decirse que Sir Sayyid Ahmad había sembrado mucho tiempo antes la semilla de la supervivencia de los musulmanes indios como nación separada.
La partición de Bengala
Antes de analizar la partición de Bengala y sus repercusiones, debemos saber cuál era la posición de hindúes y musulmanes en el escenario político de Bengala y de toda la India durante el último cuarto del siglo XX. Después de 1857, la herida que había lacerado todo el cuerpo de la sociedad musulmana aún no se había cerrado y todavía manaba sangre de ella. La sociedad hindú de la India había adoptado plenamente la educación y las ideas occidentales, y obtenía del Gobierno británico todas las ventajas y oportunidades posibles. Tras adquirir conocimientos de inglés, se había afianzado en oficinas y tribunales mediante los empleos gubernamentales. Mantenía una profunda amistad con el Gobierno británico desde la época del dominio de la Compañía. Para someter debidamente a la nación musulmana revolucionaria, ambas partes necesitaban estrechar aún más esa amistad. Los británicos responsabilizaron exclusivamente a los musulmanes de los movimientos Faraizi y de Titumir en Bengala, del movimiento de Sayyid Ahmad Shahid y del primer movimiento de independencia de la India, llevado a cabo mediante la rebelión de los cipayos de 1857, entre otros acontecimientos. Después comenzaron a perseguirlos, planeando exterminar por completo a los musulmanes o dejarlos incapacitados para siempre. El segundo proceso de Patna, calificado de antibritánico, terminó a finales de 1871 o en 1872.
Basándose únicamente en un informe incoherente del jefe del Departamento de Inteligencia, el señor J. H. Ralli, el Gobierno arrestó y acusó a siete personas. …Cinco de los acusados fueron condenados a deportación perpetua a las islas y todos sus bienes y propiedades fueron confiscados.
(Mohammad Waliullah: Nuestra lucha por la liberación, p. 153)
En un momento tan crítico para los musulmanes de la India, Sir Sayyid Ahmad Khan se adelantó. Comprendió que un enfrentamiento con los británicos no beneficiaría a los musulmanes, sino que les perjudicaría. La comunidad hindú había avanzado considerablemente en la educación, el empleo, el comercio y otros ámbitos. Los musulmanes debían adquirir educación, especialmente en lengua inglesa y en las ciencias y conocimientos modernos, antes de entrar en la lucha por la vida. Según él, el deber inmediato de la nación musulmana era establecerse en la sociedad mostrando lealtad al Gobierno. Por ello, Sayyid Ahmad Khan hizo especial hincapié en que los musulmanes recibieran conocimientos científicos modernos mediante la lengua inglesa y, gracias a sus esfuerzos incansables, en 1877 se fundó la Escuela Pública Inglesa, el Colegio Anglooriental Mahometano (M.A.O. College). En 1886, Sayyid Ahmad fundó la Conferencia Educativa Mahometana, brindando por primera vez a los musulmanes del subcontinente la oportunidad de expresar sus ideas.
Arya Samaj
Por otra parte, en 1857 Dayanand fundó el Arya Samaj en la ciudad de Bombay. Más tarde, su sede principal fue trasladada a Lahore. Dayanand inició en la India una campaña por la protección de las vacas y, con ese propósito, fundó una asociación.
El Arya Samaj envió al Gobierno una enorme petición para que se prohibiera el sacrificio de vacas en el país. Exhortó a la sociedad hindú a volver a las antiguas creencias védicas y emprendió una intensa campaña para erradicar religiones extranjeras como el islam y el cristianismo. «La India para los indios»: este llamamiento suyo a la lucha tuvo enormes consecuencias políticas.
-(A. Hamid, Muslim Separatism in India, p. 27; Farquhar, Modern Religious Movement in India, p. 205)
En el caso de los musulmanes, ni siquiera hace falta hablar de ello; aunque existía una estrecha alianza política entre los hindúes y el Gobierno británico, la actitud entre gobernantes y gobernados era completamente diferente. Sir Bampfyde Fuller afirma en su libro, basado en sus experiencias personales: «Algunos ingleses que llegaron a la India habían olvidado incluso las reglas elementales del comportamiento cortés. En los círculos, restaurantes y clubes ingleses estaba prohibida la entrada de los indios. En Kanpur se había creado un jardín en memoria de los ingleses muertos durante la rebelión de los cipayos, y ningún indio podía entrar allí. En los lugares frecuentados por los ingleses, desplazarse para los indios era peligroso. Su odio y hostilidad hacia los indios llegaron a tal extremo que a menudo los maltrataban e incluso los mataban. Los culpables no recibían ningún castigo o, cuando lo recibían, este se limitaba a una multa insignificante. Para ellos, la vida de los indios no tenía ningún valor. También hay ejemplos de acusados abatidos a tiros o condenados a muerte sin juicio. Los abusos de los oficiales en este sentido eran igualmente pasados por alto. Sir Bampfylde dejó constancia en su diario de que, cuando recorría las calles de Kanpur, el magistrado del distrito azotaba a los transeúntes para obligarlos a apartarse del camino.»
-(Sir Fuller Bampfylde: Some Personal Experiences, p. 56, Muorag, Londres, 1930; A. Hamid: Muslim Separatism in India, p. 28)
Congreso Nacional Indio
Ocurrieron muchos incidentes aislados, grandes y pequeños, como consecuencia de los cuales comenzó a propagarse un descontento latente contra los británicos. En ese momento, en 1885, se fundó el Congreso Nacional Indio. Lo curioso es que su fundador fue un civil inglés retirado llamado «Allan Hume». Además de poseer aptitudes, era también dueño de una considerable fortuna. Así como puso todo su empeño en la creación del Congreso, esta contó asimismo con la bendición del entonces virrey de la India, Dufferin. Después de retirarse del Servicio Civil de Bengala, el señor Hume permaneció en la India y comprendió la necesidad de una organización panindia destinada a lograr el progreso político mediante la reforma social de la India. Con este propósito, mediante una carta abierta, hizo un llamamiento a los graduados de la Universidad de Calcuta en favor de la unidad y la organización. Insistió en que el Gobierno se mantenía alejado del pueblo y que, por esa razón, había fracasado en resolver los problemas económicos del país. La tarea de reconstrucción debía ser realizada por los habitantes del país; los extranjeros no podían hacerlo. En la segunda conferencia anual del Congreso, el gobernador de Madrás agasajó a los delegados ofreciéndoles una recepción vespertina con té. Por tanto, en su etapa inicial existía una relación cordial entre el Congreso y el Gobierno. Los principios e ideales de sus dos líderes indiscutibles, Bal Gangadhar Tilak y Surendranath Banerjee, permiten conocer el objetivo fundamental del Congreso.
Bal Gangadhar Tilak
Después de recibir una educación superior en la Universidad de Bombay, Bal Gangadhar Tilak ingresó en los campos del periodismo y la política durante la década de 1880 del siglo pasado. Se le vio en la primera línea del movimiento contra la partición de Bengala. Era un político sumamente hábil. En lugar de la oposición mediante procedimientos parlamentarios, creía en el principio de la lucha directa (Acción directa). Revivió las tradiciones religiosas y políticas de la belicosa nación maratha y las introdujo en el Congreso.
-(C. Y. Chintamoni, India Politics Since the Mutiny, p. 81, Andhra University, Waltair, 1937; A. Hamid, Muslim Separatism in India, p. 29)
En la década de 1860 del siglo pasado, Surendranath Banerjee ingresó en el Servicio Civil. Unos años después, tras ser expulsado de su puesto, se incorporó al periodismo. Desde mucho tiempo antes había comprendido que el nacionalismo hindú no podría adquirir fuerza de ningún modo si no abandonaba su carácter secular. Por ello, varios años antes, amplió las actividades de la Sociedad para la Prevención de la Matanza de Vacas (Ati-cow-killing Society) y dispuso la composición, publicación y distribución de canciones especiales para la celebración del festival de Ganapati. Estas canciones estaban repletas de temas relacionados con la histórica «guerra sangrienta entre hindúes y musulmanes» y con la «llegada del día del ajuste de cuentas». Despertó una conciencia de clase hindú extremista. Aunque la Sociedad para la Prevención de la Matanza de Vacas de Tilak se fundó originalmente en el Decán, sus actividades se extendieron por todo el país. Grupos de propagandistas comenzaron a distribuir, en ciudades y aldeas de todo el país, folletos titulados «El lamento de la madre vaca» (The Cry of the Cow). En las reuniones públicas, los hindúes comenzaron a aprobar resoluciones contra la matanza de vacas, y mediante los periódicos fueron provocando agitación entre la población. Naturalmente, como consecuencia de ello, también comenzaron a producirse enfrentamientos entre hindúes y musulmanes en diversos lugares.
-(A. Hamid, Muslim Separatism in India, pp. 45, 48)
Mientras en todo el país prevalecía una situación tan tensa, en 1899 lord Curzon asumió el cargo de virrey de la India. Cabe señalar que, en aquella época, la capital de la India británica era Calcuta. Durante sus primeros años, Curzon fue muy apreciado por los hindúes bengalíes. Pero cuando concedió una importancia excesiva a la eficiencia administrativa y se concentró en mejorar la administración eliminando la incompetencia, la corrupción y la negligencia en el cumplimiento del deber, entre otras cosas, los sectores interesados comenzaron a censurarlo y criticarlo en lugar de elogiarlo, ensalzarlo y colmarlo de alabanzas. Curzon introdujo muchos cambios y ampliaciones en la administración. Aunque no todos fueron de su agrado, fueron aceptados sin protestas. Sin embargo, su partición de Bengala enfureció sobremanera a los reaccionarios.
La partición de Bengala fue la medida más beneficiosa de la administración de Curzon. Sin embargo, provocó consecuencias nefastas, modificó el curso futuro de la política india y creó odio, hostilidad y desconfianza entre las comunidades hindú y musulmana. Entre los musulmanes, que durante algún tiempo se habían mantenido alejados del ámbito político, volvió a despertar la conciencia política. Por tanto, no cabe duda de que la partición de Bengala ocupa un lugar sumamente importante en la política india.
Ahora es necesario analizar con una perspectiva imparcial cuáles fueron realmente las causas de la partición de Bengala y por qué fue anulada medio siglo después.
La partición de Bengala se llevó a cabo por razones administrativas, para garantizar una gestión eficaz y beneficiosa. En aquel entonces, Bengala era la principal provincia de la India británica. Bihar y Orissa formaban parte de esta provincia. Su superficie era de 179.000 millas cuadradas y su población ascendía a 79.000.000 de habitantes. Una provincia tan extensa estaba bajo el gobierno de un vicegobernador o gobernador. Era absolutamente imposible administrar adecuadamente una provincia tan grande, mantener firme el orden público y prestar atención al desarrollo de todas sus regiones. Como la zona oriental de Bengala estaba surcada por ríos y carecía de buenas vías de comunicación, el vicegobernador no podía supervisarla. Puesto que durante sus cinco años de mandato no tenía oportunidad de visitar esa región ni siquiera una vez, esta zona estaba sumamente desatendida y subdesarrollada. (A.R. Mallick, Parition ofBengal, p. 2; M. A. Rahim, Historia de los musulmanes de Bengala, p. 201).
En la década de 1860 del siglo pasado, la comisión de investigación designada para explicar las causas de la hambruna de Orissa observó que la causa de aquella hambruna era la mala administración de la vasta provincia de Bengala. El gobernador de Bengala, William Grey, en 1867, y Sir John Campbell, en 1872, se quejaron de que para una sola persona era sumamente difícil administrar una provincia tan extensa. Como consecuencia, Sylhet, Cachar y Goalpara quedaron bajo la administración de un comisionado jefe. Aun así, la provincia de Bengala siguió siendo enorme, lo que creó dificultades para su administración. Nuevamente, en 1892 y en 1896, desde las propias esferas oficiales se propuso formar una nueva provincia con Assam, la división de Chittagong de Bengala Oriental y los distritos de Daca y Mymensingh. A finales de este siglo, cuando Lord Curzon asumió el cargo de virrey, se le presentó dicha propuesta.
Antes de examinar dicha propuesta, otro asunto grave llamó la atención de Lord Curzon. Sir Andrew Fraser, comisionado jefe de las Provincias Centrales, propuso que, puesto que en los tribunales de Sambalpur, bajo la administración de las Provincias Centrales, se utilizaba la lengua oriya, aunque esta lengua no se hablaba en toda la provincia, se empleara el hindi en lugar del oriya, o que Sambalpur se incorporara a Orissa. Cabe señalar que Orissa estaba unida a Bengala. También se propuso que, de no ser así, toda Orissa se separara de Bengala y se incorporara a las Provincias Unidas.
Por un lado, las propuestas de los gobernadores de Bengala para reducir la extensión de Bengala y, por otro, la propuesta de Sir Andrew Fraser pusieron a Lord Curzon en una situación incómoda. Él mismo estaba dedicado a intentar incorporar Berar a la India británica. En mayo de 1902 dejó consignado en el expediente de la Secretaría el siguiente comentario: la cuestión de Berar podía considerarse junto con el problema de Bengala.
Tras las deliberaciones, se presentó la propuesta de vincular el puerto de Chittagong con Assam. Se argumentó que así se aliviaría la carga administrativa del Gobierno de Bengala, se eliminarían las deficiencias observadas en la administración de los distritos de Bengala Oriental y se satisfaría, mediante la incorporación de Chittagong, la necesidad imperiosa de Assam de contar con una ruta marítima. En 1903, Lord Curzon aprobó esta propuesta e informó al secretario de Estado para la India. Después observó la opinión y la reacción de la población al respecto. Comprendió claramente que la población no aceptaría bajo ninguna circunstancia la incorporación de Bengala Oriental a Assam.
Después, Lord Curzon viajó a Inglaterra y regresó a Bengala a comienzos de 1905. Durante su ausencia se adoptó el plan para formar un Assam ampliado. Tras el regreso de Curzon, el plan fue presentado al secretario de Estado para la India, Brodrick. Brodrick dio a la nueva provincia proyectada el nombre de Bengala Oriental y Assam (Eastern Bengal and Assam).
-(A. Hamid: Muslim Separatism in India, pp. 51-52)
Aunque la partición de Bengala fue sumamente beneficiosa para la sociedad musulmana, desgarrada y devastada por numerosos golpes y contratiempos, los musulmanes no habían hecho ningún esfuerzo para lograrla. El enorme beneficio que iba a derivarse para ellos de la partición de Bengala era completamente inesperado. La partición había sido planificada por los gobernantes para hacer que la administración fuera más fácil, rápida, ordenada y eficiente, y para que sus beneficios pudieran alcanzar también a la desatendida y subdesarrollada región oriental de Bengala, no por iniciativa de los musulmanes. Sus razones eran sumamente justas y eran las siguientes:
En primer lugar, esta región estaba subdesarrollada en todos los aspectos. Los terratenientes hindúes explotaban a los campesinos arrendatarios de la región y, sentados en Calcuta, derrochaban en lujos el dinero obtenido de esa explotación. Mostraban una extrema negligencia e indiferencia hacia la educación, el bienestar, la comodidad y las oportunidades económicas de los arrendatarios. La ciudad de Calcuta y Bengala Occidental ascendían progresivamente a las cumbres del desarrollo. El sistema administrativo también era defectuoso. Como consecuencia, la región oriental estaba siendo empujada hacia la ruina. Puesto que esta región estaba surcada por ríos, los piratas saqueaban sin impedimento las riquezas de los pasajeros de las embarcaciones, sin que pudiera establecerse ninguna medida para impedirlo. La fuerza policial era insuficiente y débil, por lo que reinaban la anarquía y el desorden en todos los niveles de la sociedad. Los gobernantes de la provincia habían renunciado a la responsabilidad de administrar esta región, y todo su tiempo y esfuerzo se dedicaban a Calcuta. Sentían temor y aprensión ante la región oriental y consideraban que ser trasladados allí equivalía a una pena de exilio.
La partición de Bengala se llevó a cabo para resolver los problemas mencionados. La nueva provincia se formó con Assam, Bengala del Norte y Bengala Oriental, y su superficie alcanzó las 106.500 millas cuadradas; dos tercios de sus habitantes eran musulmanes. Es decir, la provincia pasó a ser una provincia de mayoría musulmana. La formación de la nueva provincia fue anunciada el 20 de julio de 1905 y sus actividades comenzaron el 16 de octubre. El primer gobernador de la nueva provincia, Sir Bampfylde Fuller (Sir Bampfylde Fuller), llegó a Dacca el primer día y se vio desconcertado. Los musulmanes dieron una calurosa bienvenida al nuevo gobernador, mientras que los hindúes manifestaron una intensa protesta. Se negaron a ofrecer al nuevo gobernador las felicitaciones acostumbradas. Una turba enfurecida atacó a tres mujeres inglesas mientras caminaban por la calle.
(Fuller, Some Personal Experiences, p. 126; A. Hamid, Muslim Separatism in India, p. 53)
La Bengala hindú adoptó una actitud virulenta como consecuencia de la partición de Bengala. En un primer momento, los círculos hindúes la calificaron de ataque contra la «unidad nacional». Después comenzaron a explicarla de diversas maneras: como «el castigo por haber dirigido su movimiento político», como «favoritismo del Gobierno hacia los musulmanes» y, finalmente, como el «establecimiento de la autoridad musulmana». De la noche a la mañana, los hindúes iniciaron un movimiento contra la partición de Bengala. Con expresiones incendiarias como «la nación ha sido dividida en dos», «la sagrada Bengala ha sido partida en dos» y «una alianza siniestra entre el Gobierno británico y los musulmanes traidores a la patria», la sociedad hindú de Bengala comenzó a envenenar el ambiente de toda la región.
Los abogados hindúes plantearon la cuestión de su validez jurídica, mientras que los literatos de lengua bengalí comenzaron a difundir que se había asestado un golpe terrible a la lengua y la literatura bengalíes. Toda la Bengala hindú empezó a proferir este tipo de desvaríos.
¿Cuál era la causa de una propaganda tan incoherente e irreal? ¿Por qué comenzaron de repente estos ataques y expresiones indecorosas contra los musulmanes? La realidad era que, con la partición de Bengala, los intereses establecidos se habían visto amenazados y habían quedado desestabilizados. La superioridad numérica que había permitido a los hindúes bengalíes establecer un monopolio sobre los empleos y los medios de subsistencia en ambas Bengalas quedó destruida como consecuencia de la partición. En la nueva Bengala, los musulmanes se convirtieron en mayoría. Los musulmanes de la región oriental de Bengala se liberaron de la subordinación y la derrota ante la mayoría hindú, y nació en ellos la esperanza de que ahora tendrían derecho a hacer oír su voz sobre los problemas locales. El escritor contemporáneo Sardar Ali Khan afirma: «Todo el alboroto y el movimiento patriótico que comenzó repentinamente, de la noche a la mañana, no tiene ninguna relación con el bienestar de la patria o de la India. En una provincia donde los hindúes son una minoría manifiesta, este movimiento no tiene otro noble objetivo que mantener intacta su predominancia de clase». (Sardar Ali Khan, India of Today, p. 62. Bombay, Times Press, 1908)
Uno de los principales líderes del movimiento contra la partición de Bengala, Surendranath Banerjee, dice:
El anuncio de la partición de Bengala cayó como un rayo inesperado. El 16 de octubre, día en que comenzó la nueva Bengala (Bengala Oriental y Assam), los hindúes de Calcuta observaron un día de duelo nacional. Ese día llevaron brazaletes negros, se untaron ceniza en la cabeza, renunciaron a comer y beber y, entre diversos gritos de protesta, marcharon para bañarse en el Ganges. Por la tarde se reunieron en una asamblea pública y juraron anular la partición de Bengala.
Mohammad Waliullah dice en su libro «Nuestra lucha por la liberación»: «En la época a la que se hace referencia, Bengala, Bihar y Orissa estaban bajo la administración de un mismo gobernador adjunto. Para facilitar la administración, el Gobierno británico llevaba mucho tiempo considerando la formación de una nueva provincia uniendo Bengala Oriental con Assam. Finalmente, el virrey lord Curzon, tras consultar con el secretario de Estado para la India, tomó la decisión definitiva a favor de la partición de Bengala. En cuanto se hizo pública esta decisión, la sociedad hindú educada de Bengala se alzó en protesta contra ella. Incluso en los distritos más remotos comenzaron a aprobarse resoluciones contra la partición de Bengala en reuniones y asambleas». (Nuestra lucha por la liberación, p. 177).
Al mencionar cómo se extendió y cobró fuerza el movimiento contra la partición de Bengala, Waliullah dice:
«El movimiento comenzó a extenderse de las ciudades a las aldeas y de unas aldeas a otras. Los revolucionarios que ocupaban posiciones dirigentes, manteniéndose a cierta distancia, empezaron a reclutar miembros entre los estudiantes de espíritu exaltado y a fortalecer así su grupo. Mientras tanto, Sri Aurobindo Ghose renunció a su empleo en el estado de Baroda y regresó a Bengala. Los revolucionarios recibieron de él una nueva inspiración. Sri Bipin Chandra Pal, mediante discursos pronunciados con su característica elocuencia vigorosa, continuó sembrando las semillas de la revolución por todo el país» (Nuestra lucha por la liberación, p. 179).
Algunos musulmanes, confundidos por la propaganda hindú y por el llamado movimiento patriótico, se unieron al movimiento contra la partición de Bengala. Pero cuando vieron que dirigentes hindúes como Bal Gangadhar Tilak presentaban a Shivaji como símbolo del movimiento y comenzaban a despertar el odio y la hostilidad latentes de la nación hindú contra los musulmanes, comprendieron los beneficios de largo alcance de la partición de Bengala y el verdadero secreto de su oposición, y abandonaron el movimiento. A este respecto, Abdul Mawdud dice en su libro «El desarrollo de la sociedad de clase media: la transformación de la cultura»: «Sin embargo, el estruendoso movimiento que la comunidad de hindúes de casta alta y educados organizó en torno a esta partición de Bengala hizo resonar los periódicos británicos y a los periodistas asalariados. Los informes y despachos de sus corresponsales presentaban noticias contradictorias en The Times y el Manchester Guardian, con lo que la opinión pública británica quedó confundida e incapaz de comprender la verdadera situación. En The Times se publicaron hermosos editoriales en apoyo de la partición de Bengala y dando plena aprobación a las acciones de Curzon; en el Manchester Guardian comenzaron a aparecer artículos encendidos que condenaban la partición, junto con relatos estremecedores de sus corresponsales sobre el movimiento y en apoyo de las protestas. Cotton, Nevinson y Hardy difundieron declaraciones en apoyo de las protestas. Nevinson era el corresponsal del Manchester Guardian en Calcuta y una persona cercana al Congreso. En Gran Bretaña difundió la siguiente noticia, digna de mención: “La conmemoración anual de la injusticia nacional se ha convertido en el Miércoles de Ceniza de la India”. Ese día, miles y miles de indios llevan una marca de ceniza en la frente. Al amanecer se bañan silenciosamente en el Ganges y ayunan como acto religioso. En los hogares, las ciudades y los mercados cierran todas las tiendas; las mujeres no cocinan y renuncian a los adornos y cosméticos. Los hombres se atan mutuamente hilos amarillos en las manos, con el propósito de hacer memorable este día de vergüenza, y pasan casi todo el día en penitencia, duelo y ayuno. (The New Spirit of India, pp. 167-170)
Un abogado llamado Abdur Rasul y algunos musulmanes se unieron a este movimiento por intereses personales. Se proclamó a bombo y platillo que ambas comunidades, la hindú y la musulmana, participaban en el movimiento contra la partición de Bengala. A este respecto, son especialmente dignos de atención los datos publicados por Abdul Mawdud. Él dice:
«Según informes policiales contemporáneos, el Congreso había contratado a Míster Rasul, con una asignación mensual de 125 rupias, a Liaquat Hossain, de Noakhali, con 60 rupias, y a cierto Dilwar Ahmad, de Madaripur, con 40 rupias, para propagar el movimiento entre los musulmanes. El informe lo muestra. El informe lo muestra. En el informe se leía claramente: “El señor Rasul es un líder musulmán de los hindúes” (el señor Rasul, líder musulmán de los hindúes).
—(Abdul Mawdud, El desarrollo de la sociedad de clase media: la transformación de la cultura, p. 282)
Lo curioso es que, hacia finales de 1907, el señor Hardy vino a este país para observar el movimiento. Cuando llegó a Bengala, el periódico Amrita Bazar publicó: «La gente, al verlo, se ha vuelto loca de alegría. Y Dios lo ha enviado para revelar una enorme conspiración contra los hindúes».
Así, Hardy, el «dios otorgado por Dios» de los hindúes, recibió de ellos un respeto ilimitado y una calurosa acogida; al regresar al país, declaró que ambas comunidades, hindú y musulmana, se oponían intensamente a la partición de Bengala. Dijo que en Sirajganj había oído a los musulmanes cantar «Vande Mataram», y que en Barisal tanto hindúes como musulmanes le habían cantado esa canción, entre otras cosas. Sin embargo, cuando el editor del periódico Englishman le pidió que mencionara los nombres de uno o dos musulmanes, respondió que aquello era extremadamente confidencial. Hay que decir que tuvo la desgracia de que quizá ni siquiera conociera el nombre de Abdur Rasul. El periódico Times lo reprendió severamente, y otros periódicos le otorgaron los epítetos de «necio», «ridículo», «bufón y loco».
(Abdul Maudud: ibíd., pp. 282-283)
Un testimonio contundente de que los musulmanes no apoyaban el movimiento contra la partición son los discursos y declaraciones de Khwaja Salimullah, de Dacca, y de A. K. Fazlul Huq, entonces líder musulmán bengalí en ascenso y posteriormente conocido como Sher-e-Bangla. Tras fracasar, pese a sus numerosos esfuerzos por impedir la anulación de la partición de Bengala, Khwaja Salimullah quedó profundamente apenado; y las palabras que pronunció en su discurso presidencial durante la sesión de la Liga Musulmana celebrada en Calcuta en marzo de 1912 reflejaron el descontento y la protesta de los musulmanes de Bengala. Dijo que la anulación de la partición de Bengala había provocado tristeza. Añadió que, como consecuencia de la partición, los musulmanes de la atrasada Bengala Oriental habían recibido un golpe extremo y que la tristeza se había extendido a todos sus hogares. También dijo que, incapaces de tolerar las oportunidades que la partición había brindado a los habitantes desatendidos de la atrasada Bengala Oriental y Assam, y especialmente las oportunidades de progreso para los musulmanes, los opositores a la partición habían recurrido a conspiraciones sediciosas para hacer fracasar la partición de Bengala. Con ello, afirmó, el Gobierno británico había cedido ante este movimiento y había menoscabado su propio prestigio. El nabab Salimullah criticó duramente al Gobierno británico y declaró: «Hasta ahora, en todo Oriente se creía que, ocurriera lo que ocurriera, el Gobierno británico nunca rompía sus promesas. Si por alguna razón se quebranta esta confianza, el prestigio británico se verá menoscabado en la India y en Oriente».
(Dr. M. A. Rahim: Historia de los musulmanes de Bengala, pp. 209-210; A. Hamid, Muslim Separatism in India, pp. 94-95)
El nabab Salimullah añadió en aquella sesión:
«Nosotros no obtuvimos gran cosa con la partición de Bengala. Sin embargo, como nuestros compatriotas de la otra comunidad no pudieron soportarla, provocaron una agitación que sacudió cielo y tierra para arrebatárnosla. Comenzaron a tomar represalias mediante asesinatos y robos. Boicotearon los productos británicos. Todo esto carecía de sentido para el Gobierno. Los musulmanes, en lugar de participar en estos actos delictivos, mostraron lealtad al Gobierno. …La comunidad de campesinos musulmanes se había beneficiado de esta partición. Sus terratenientes hindúes intentaron arrastrarlos a la lucha de oposición. Ellos no hicieron caso de esos intentos.…»
Esto provocó enfrentamientos entre hindúes y musulmanes. …El Gobierno adoptó una política de represión. Tampoco eso dio resultado. De un lado estaba la comunidad rica y agitada. Del otro, los musulmanes pobres, que se pusieron del lado del Gobierno. Así transcurrieron los años. De pronto, el Gobierno anuló la partición de Bengala por razones administrativas. …Antes de eso, tampoco se nos consultó. Soportamos todo en silencio». Posteriormente, Salimullah expresó su pesar por el título de GCSI que el Gobierno le confirió en el Durbar de Delhi, y consideró dicho título un soborno y un vínculo de deshonra alrededor de su cuello. (A. Hamid, Muslim Separatism in India, p. 92; Ahmad, Ruh-e Rawshan Mustaqbel, pp. 58-59)
Posteriormente, Maulana Muhammad Ali dijo:
A los musulmanes de Bengala Oriental se les hizo entrar en la guerra de sus gobernantes…
…y cuando continuar la guerra dejó de resultar conveniente, hicieron las paces con toda conveniencia.
No se encontrará en la historia un ejemplo más abominable: como recompensa por su lealtad, se les arrebataron los derechos recién adquiridos, y expresar satisfacción fue considerado un delito gravísimo y castigado.
(Iqbal, Select Writings and Speeches, p. 262)
Como consecuencia de la partición de Bengala, los desventurados musulmanes de Bengala Oriental vieron surgir una luz de esperanza de oportunidades y beneficios. El intenso movimiento iniciado por la Bengala hindú para anular la partición y echar por tierra esas esperanzas llenó de temor a los perspicaces políticos musulmanes. Todos los musulmanes, pensadores y políticos de la India, comenzaron a esforzarse por desenmascarar la conspiración de los hindúes y salvaguardar los intereses musulmanes de Bengala y de la India. En 1906, el nawab Salimullah de Daca convocó en esa ciudad una conferencia bajo el nombre de Conferencia Educativa Musulmana de Toda la India. Todos comprendieron la necesidad de una conferencia semejante en aquel momento de crisis para los musulmanes, y ocho mil delegados acudieron desde distintos lugares de la India. Entre ellos destacaban Muhsinul Mulk, Vikharul Mulk, Aga Khan, Hakim Ajmal Khan y Maulana Muhammad Ali. En la reunión se creó por unanimidad un partido separado para los musulmanes indios. La razón era que, durante el movimiento contra la partición, las acciones del Congreso Nacional Indio habían demostrado claramente que el objetivo de ese partido era únicamente proteger los intereses hindúes y aplastar los intereses musulmanes. Para frustrar la partición se recurrió a toda clase de estratagemas. Después de discutirlo en las frecuentes reuniones de los hindúes de casta superior en Calcuta, se proclamó: «El imperialismo británico ha dividido a la Madre Bengala para exterminar a la nación bengalí; se trata de una despreciable conspiración para emplear a los campesinos bengalíes como trabajadores contratados en las plantaciones de té de Assam. Por tanto, oh nación bengalí, acepta la “anulación de la partición de Bengala” como la “carta de liberación” de los bengalíes y lánzate a la lucha. Quienes no creen en la “carta de liberación” no son bengalíes, sino traidores y agentes de los ingleses». En la sesión de la Liga Musulmana se confió al nawab Salimullah la responsabilidad de mantener a los musulmanes de Bengala alejados del movimiento de la «carta de liberación», concebido por las fértiles mentes de los hindúes. Como resultado, toda la furia de los hindúes de casta superior recayó sobre Khwaja Salimullah. Comenzaron actividades fascistas y terroristas. Cuando el señor Khwaja visitó Barisal, le mostraron banderas negras y lo insultaron llamándolo agente de los ingleses y «enemigo de Bengala». Fue atacado en una reunión pública en Kushillah. Mientras los estudiantes, profesores de la madraza Hosamiah y la población musulmana marchaban en procesión con él, un hindú llamado Yogiram Pal lo humilló desde el balcón de un segundo piso, mostrándole repetidamente una escoba. Al atravesar las calles de Rajganj, le dispararon. Aunque salvó la vida, murió un joven llamado Said. Aunque externamente el movimiento terrorista bengalí estaba dirigido contra los ingleses, el objetivo de los participantes era matar dos pájaros de un tiro: presentar a los musulmanes como agentes de los ingleses y exterminarlos, y expulsar a los ingleses del país.
El 30 de mayo de 1908, el periódico Jugantar de Calcuta, mediante un fervoroso llamamiento a los hindúes, incitó al pueblo contra los partidarios de quienes habían dividido a la Madre Bengala. Se decía: «La madre, sedienta, pregunta a sus propios hijos qué única cosa puede saciar su sed. Nada salvo sangre humana y cabezas cercenadas puede apaciguarla. Por tanto, corresponde a los hijos de la madre rendirle culto y satisfacerla con el objeto que desea. Aunque para conseguirlo haya que sacrificar la propia vida, no se debe retroceder. El día en que se rinda así culto a la madre en cada aldea, ese día los habitantes de la India serán investidos de poder y bendiciones celestiales».
—(Ibn Rayhan, Historia de la partición de Bengala, pp. 6-7).
Después del ferviente llamamiento a complacer a la Madre Bengala, comenzaron las actividades violentas y el sangriento juego de Holi.
Mohammad Waliullah dice en su obra «Nuestra lucha por la liberación»: «El movimiento revolucionario se desarrolló principalmente en torno a Calcuta y Dacca. Los revolucionarios de Calcuta formaron la organización llamada “Yugantar”, y los de Dacca, la llamada “Anushilan”. Por lo general, eran los miembros de estas dos asociaciones quienes se encargaban de fabricar bombas e importar armas de fuego. Posteriormente, también se formaron asociaciones clandestinas con otros nombres en algunos lugares de las zonas rurales».
-(Mohammad Waliullah: Nuestra lucha por la liberación, p. 180)
Sir Surendranath Banerjee condenó enérgicamente la partición de Bengala y dijo que, al dividir Bengala, se había insultado y humillado a los hindúes. En protesta contra la partición de Bengala, el Congreso Nacional Indio inició el movimiento Swadeshi el 7 de agosto de 1906. Se boicotearon los productos británicos y se les prendió fuego. Los estudiantes de escuelas, colegios y universidades abandonaron los centros educativos. Bal Gangadhar Tilak, con el fin de despertar y consolidar el nacionalismo hindú contra la partición de Bengala, organizó la entronización del héroe maratha Shivaji como héroe nacional de todos los hindúes de la India. En todo el país se celebró oficialmente el aniversario del nacimiento de Shivaji. En reunión tras reunión, los dirigentes del Congreso comenzaron a elogiar la lucha de Shivaji contra el emperador musulmán. Llamaron a Shivaji héroe nacional de los hindúes y a su lucha, lucha nacional. En aquel momento surgieron organizaciones terroristas entre los hindúes de Bengala. Su objetivo era anular la partición de Bengala asesinando a funcionarios británicos de alto rango. -(M. A. Rahim: Historia de los musulmanes de Bengala, pp. 205-206; Surendranath Banerjee: Nation in Making, 18; A. Hamid: Muslim Separatism in India, 57, 69-70).
Después de la partición de Bengala, los hindúes bengalíes se enfurecieron tanto contra los musulmanes que en los periódicos y en las reuniones públicas comenzaron a emplearse diversas expresiones insultantes y burlonas contra ellos. Se escribieron historias inventadas que incluían relatos sobre la supuesta barbarie pasada de los musulmanes. Se calificó a Sayyid Ahmad Khan de traidor a la patria y a los musulmanes de agentes de los británicos. … Cada día se publicaban en los periódicos noticias de este tipo: que el Gobierno estaba incitando a los musulmanes a atacar a los hindúes y desatendía su seguridad. Se exhortaba a los hindúes a armarse para defenderse. Un periódico llegó a decir que ni siquiera quemando vivos a los matones musulmanes y a los funcionarios gubernamentales que los ayudaban sería suficiente la venganza de la sociedad hindú. -(Khan, India of Today, p. 87; A. Hamid, Muslim Separatism in India, p. 61)
El señor N. C. Chowdhury dice que la partición de Bengala destruyó para siempre las relaciones entre hindúes y musulmanes y que, en lugar de amistad, hizo surgir en nuestros corazones odio hacia ellos. En las calles, las escuelas, los mercados y en todas partes se manifestaba ese sentimiento de odio. En la escuela, los muchachos hindúes expresaban su rechazo a sentarse cerca de los musulmanes, diciendo que de sus bocas salía olor a cebolla. El señor Chowdhury dice que fue a la escuela y presenció personalmente ese comportamiento. Como consecuencia, se dispusieron asientos separados para hindúes y musulmanes en el aula. Añade: «Antes de que aprendiéramos a leer y escribir, nos decían que, en otro tiempo, los musulmanes habían oprimido a nuestro pueblo al gobernar este país. Que habían impuesto el islam en este país, con el Corán en una mano y la espada en la otra. Que los gobernantes musulmanes habían raptado a nuestras mujeres, destruido nuestros templos y profanado nuestros lugares religiosos. Por tanto, la partición de Bengala no creó el odio y la hostilidad de los hindúes hacia los musulmanes. Estos sentimientos ya existían desde mucho antes. La partición de Bengala simplemente los intensificó».
-(N. C. Chowdhury: The Auto-biography of an Unknown Indian, pp. 227, 230; Zuberi, TAZKIRA WADAR, pp. 169-170; A. Hamid: Muslim Separatism in India, pp. 61-62)
Se ha intentado confundir a las generaciones posteriores presentando una historia deformada, ficticia y absurda, según la cual los hindúes y musulmanes de ambas Bengalas llevaron conjuntamente el movimiento para anular la partición de Bengala. También se afirma que, salvo Khwaja Salimullah, ningún musulmán bengalí aceptó la partición de Bengala. Esto no es más que una negación de la verdad histórica. Del análisis anterior queda claro que, como la partición de Bengala parecía ofrecer la posibilidad de que se reflejaran las esperanzas y aspiraciones de la desatendida sociedad musulmana, los hindúes bengalíes, movidos únicamente por la envidia, iniciaron el movimiento contra la partición. Sus discursos y declaraciones, su conducta y sus esfuerzos por despertar el nacionalismo hindú llevando al líder maratha Shivaji al centro de la escena, entre otras cosas, destruyeron la unidad y la concordia entre hindúes y musulmanes; estallaron disturbios y desórdenes por todas partes, y comenzaron las persecuciones contra los musulmanes. Después de todo esto, afirmar que hindúes y musulmanes anularon conjuntamente la partición de Bengala es, sin duda, señal de una mente trastornada o de una intención maliciosa.
Cabe mencionar que, como consecuencia de la partición de Bengala, los hindúes bengalíes habían creado en Bengala un terrorismo que no contaba con ningún apoyo de los musulmanes; por el contrario, había puesto en peligro sus vidas y bienes. Para protegerse de ese terrorismo y determinar los deberes de los musulmanes en aquella coyuntura crítica, en 1906 se convocó en Dacca la Conferencia Educativa Musulmana de Toda la India. La mayor contribución al éxito de esta conferencia correspondió a Abul Qasem Fazlul Huq, el entonces emergente líder de los musulmanes de Bengala. A. K. Fazlul Huq y Vikharul Mulk fueron los secretarios conjuntos del comité preparatorio constituido para la conferencia. Para asegurar el éxito de esta, A. K. Fazlul Huq, un joven de treinta y tres años, recorrió toda la India con gran entusiasmo y energía, gracias a lo cual asistieron 8.000 delegados. Fue precisamente en esta conferencia donde se fundó la Liga Musulmana, con el propósito de proteger los intereses de los musulmanes de Bengala y de toda la India y de guiar a la comunidad por el camino correcto. En otras palabras, fue el fuego del odio, la ira y el rencor hindúes encendido contra los musulmanes a raíz de la partición de Bengala lo que dio origen a la Liga Musulmana. Después de eso, Fazlul Huq no pudo desempeñar ningún papel político, pues en 1906 fue nombrado magistrado adjunto y permaneció al servicio del Gobierno hasta 1911. Tras renunciar a su cargo en 1911, y siguiendo el consejo de Jwaya Salimullah, comenzó a ejercer la abogacía en el Tribunal Superior de Calcuta. En 1913 fue elegido miembro del Consejo Legislativo de Bengala. Elegido por la circunscripción electoral de Dacca, obtuvo una contundente victoria al derrotar a su rival, Rai Bahadur Kumar Mahendra Mitra. Posteriormente, en su primer discurso durante la primera sesión presupuestaria del Consejo Legislativo, criticó duramente la anulación de la partición.
Es innegable que no se puede pensar en los musulmanes de Bengala sin A. K. Fazlul Huq. Por lo tanto, cuando él estaba a favor de la partición de Bengala y expresó su protesta en el Consejo Legislativo de Bengala contra su anulación, resulta increíble, ridículo e inconcebible afirmar que hindúes y musulmanes unidos dirigieron el movimiento para anularla. El discurso del señor A. K. Fazlul Huq en el Consejo Legislativo de Bengala deja aún más claro que la anulación de la partición iba en contra de los intereses de los musulmanes y les causó un daño irreparable. El 4 de abril de 1913, durante la sesión presupuestaria del Consejo Legislativo de Bengala correspondiente a 1913-1914, el popular líder de los musulmanes bengalíes, el señor A. K. Fazlul Huq, declaró en su primer discurso:
«Solo quisiera recordar a los funcionarios que, por honor, están obligados a conceder a la comunidad musulmana una compensación adecuada por todo el grave perjuicio que se le infligió al anular la partición de manera tan arbitraria. Reclamamos nuestra parte como un derecho indivisible, y reclamamos el excedente en concepto de compensación por el daño que se nos causó con la anulación de la partición. Esta es la opinión general de la población musulmana, y si los funcionarios no satisfacen plenamente estas demandas, es seguro que habrá descontento en la comunidad».
(Discurso presupuestario del Sr. A. K. Fazlul Huq , del Consejo Legislativo de Bengala, fechado el 4 de abril de 1913, Bangladesh Historical Studies—Journal of the Bangladesh Itihash Samiti, vol. 1, 1976, p. 148)
«Quiero recordar a los funcionarios del Gobierno que están obligados, por principio, a otorgar una compensación adecuada por el cruel agravio que infligieron a la comunidad musulmana al anular la partición de Bengala de manera tan arbitraria. Reclamamos nuestra parte como un derecho indivisible, y exigimos una cantidad adicional en concepto de compensación porque se cometió una injusticia contra nosotros al anular la partición. Esta es la demanda de la población musulmana, y si no se satisface, es seguro que la comunidad musulmana se sentirá agraviada».
El discurso presupuestario antes citado del líder de los musulmanes bengalíes, el señor Fazlul Huq, expresó precisamente los sentimientos íntimos de la población musulmana de Bengala. La extrema injusticia cometida contra los musulmanes al anular la partición de Bengala, y la profunda aflicción y el descontento que esto les causó, se manifestaron en el discurso antes citado del señor Huq. ¿Cómo puede afirmarse entonces que la partición de Bengala era indeseada por los musulmanes? ¿Y cómo puede decirse que, para lograr su anulación, se aliaron con una clase cuyo odio hacia los musulmanes y cuya política y programa de opresión contra ellos habían quedado claramente expuestos, como a plena luz del día, en Bengala y en toda la India?
Después de la partición de Bengala, como se habían visto perjudicados los intereses y las oportunidades exclusivos de los hindúes, toda la Bengala hindú, el Congreso Nacional Indio y, en suma, la nación hindú de toda la India comenzaron a agitar cielo y tierra para sabotear dicha partición, e iniciaron simultáneamente una campaña terrorista contra los musulmanes y los gobernantes británicos. Esto dejó a los británicos sumamente alarmados y desconcertados; por ello, no tenían medios para conocer la verdadera situación de la India y de Bengala. En los diversos periódicos de Londres se publicaban noticias contradictorias sobre los acontecimientos de Bengala y de la India. Además, como el Congreso Nacional Indio había sido fundado por un inglés y muchos oficiales jubilados del Servicio Civil Indio eran miembros del Congreso, naturalmente contaba con su apoyo y colaboración, favorables al Congreso y a la nación hindú.
En las elecciones celebradas para el Parlamento británico en 1905, fueron elegidos para la Cámara de los Comunes varios hombres que eran oficiales jubilados del Servicio Civil Indio. Mantuvieron estrechos vínculos con el movimiento contrario a la partición de Bengala y, planteando una pregunta tras otra en el Parlamento, pusieron al Gobierno en aprietos. Uno de ellos, Sir William Wedderburn (William Wedderburn), fue elegido presidente del Comité Parlamentario Indio. Otro miembro de este grupo, Sir Henry Cotton, se enorgullecía de representar las esperanzas y aspiraciones de los indios. Todos estos miembros repetían una y otra vez que el único camino para establecer la paz en la India era reunificar las dos Bengalas. En una carta que un miembro del Parlamento escribió desde Londres a un amigo indio, llegó a decir: «Morley cederá; mantengan el movimiento». La carta apareció en los periódicos bengalíes y, como consecuencia, el movimiento cobró cada vez más fuerza. (S. M. Mitra, Indian Problems, p. 72, Murray, Londres, 1908; A. Hamid, Muslim Separatism in India, p. 66)
Dos dirigentes del Partido Laborista, Ramsay MacDonald y Keir Hardie (Keir Hardie), llegaron a la India con el pretexto de una misión de paz. El Congreso Indio elaboró el programa de su visita y les ofreció una recepción regia en todas partes. Tras viajar durante seis semanas, MacDonald comentó que la partición de Bengala había sido un error grave. Aseguró a cierto hindú que, si el Gobierno británico no atendía sus demandas, los miembros del Partido Laborista no apoyarían al gabinete. Hardie permaneció dos meses en la India. Los periódicos hindúes de Calcuta publicaban ampliamente su itinerario y sus discursos y declaraciones. Dijo que la situación de Bengala Oriental era más terrible incluso que la de Rusia. Afirmó que allí los hindúes sufrían una extrema persecución. Acusó repetidamente a los musulmanes de deshonrar a las viudas hindúes. Esto provocó un grave deterioro de las relaciones entre hindúes y musulmanes. «Dios ha enviado a Hardie para frustrar toda conspiración». Al regresar a Inglaterra, Hardie propuso que la siguiente sesión del Congreso Indio se celebrara en Londres, con el fin de atraer la atención del mundo entero hacia las quejas y privaciones de la India.
-(A Hamid, Muslim Separatism in India, 67. The Times Edition, Londres, octubre de 1907, enero-abril de 1908, diciembre de 1910)
Lord MacDonald, conocido por su extremo odio hacia los musulmanes, calificó la partición de Bengala como el error más grave cometido por el Gobierno británico en el ámbito administrativo de la India desde la victoria de Clive en Plassey. (Times Weekly Edition, Londres, enero de 1908, p. 4)
A finales de 1910, Lord Minto sucedió al virrey Curzon. Al año siguiente estaba prevista la visita a la India del príncipe Jorge (posteriormente, el rey Jorge V). Lord Minto se sintió sumamente preocupado ante el temor de que, si los hindúes agitados por la partición de Bengala mostraban algún comportamiento indeseable durante su visita, ello constituiría una falta de respeto hacia el príncipe y dañaría la reputación del Gobierno de la India. Por ello, se preocupó junto con Surendranath Banerjee y Gokhale. Por ello, se reunió con Surendranath Banerjee y Gokhale e intentó hacerles comprender que él no era en absoluto responsable de la partición de Bengala. Mediante sus conversaciones logró calmarlos considerablemente. Como resultado, no pudo prestar tanta atención a la plena aplicación de la partición por parte de Minto. Sin embargo, en ese momento ocurrieron ciertos acontecimientos que hicieron que el movimiento contra la partición volviera a cobrar fuerza, aunque Fuller, gobernador de Bengala Oriental, no fuera en absoluto responsable de ellos. El hecho fue el siguiente: un tribunal inferior condenó a muerte a un tal Uday Pande por el delito de asesinato. Cuando la cuestión fue planteada en la Cámara de los Comunes de Inglaterra, el secretario de Estado para la India dio una respuesta que culpaba a Fuller. Nadie quedó tampoco para apoyar a Fuller. Esto avivó el movimiento contra la partición. Un grupo de estudiantes exaltados de una escuela atacó a un empleado bancario inglés y asaltó un carro de bueyes cargado de mercancías británicas. Conforme a las normas oficiales, Fuller solicitó al Senado de la Universidad de Calcuta que excluyera la escuela de la lista de centros reconocidos. El Gobierno de la India consideró imprudente la medida y pidió a Fuller que retirara su solicitud. Fuller se negó a obedecer las instrucciones del Gobierno de la India, pues ello revelaría la debilidad del gobernador provincial. De lo contrario, amenazó incluso con dimitir de su cargo. El virrey se mantuvo firme en su decisión y Fuller tuvo que presentar su dimisión. El virrey aceptó inmediatamente su renuncia. La destitución planificada de Fuller no produjo ninguna mejora en la situación. El movimiento aumentó cien veces. La destitución de Fuller actuó como una chispa sobre un depósito de pólvora. Los opositores a la partición parecieron recibir nuevo entusiasmo, energía e inspiración. En realidad, los protectores de piel blanca de los agitadores hacían sonar desde Londres los tambores de guerra. Ya estaba el círculo de amigos del Congreso hindú de la India; también había bastantes miembros del Parlamento británico de 1905, y, aunque no se unió directamente a ellos, el secretario de Estado para la India, Morley, lo hizo indirectamente. Comenzaron a hacer bailar a los hindúes de la India al son de la anulación de la partición de Bengala.
Cabe señalar que el Congreso Nacional Indio, fundado en 1885 por cierto inglés, no había pronunciado ni una sola palabra contra los gobernantes ingleses antes de 1905. La idea del «swaraj» jamás había encontrado lugar, ni siquiera en un rincón de sus mentes. Aunque instituciones como el «Arya Samaj» de Dayanand Saraswati y el «Brahmo Samaj» de Raja Rammohan Roy alzaban la voz contra los musulmanes, nunca abrieron la boca contra los amos ingleses. Al contrario, en nombre de la sociedad hindú de Bengala se decía: «Siempre rezamos al Altísimo para poder permanecer generación tras generación bajo el dominio inglés. ¡Cuán virtuosa debió de ser la tierra de la India para haber recibido un amo inglés!». —Sangbad Bhaskar, 20 de junio de 1857, Calcuta; reproducido por cortesía de «La rebelión de los cipayos y la sociedad hindú bengalí», publicado por la Society for Pakistan Studies.
Hasta antes de 1905, la sociedad había mantenido precisamente esa actitud hacia los ingleses. Desde la batalla de Plassey hasta finales del siglo XIX, los musulmanes de Bengala y, en general, de la India, eran perseguidos y oprimidos por ingleses e hindúes. Pero, cuando como consecuencia de la partición de Bengala comenzaron a verse algunos indicios de mejora en la suerte de los musulmanes de Bengala Oriental, la sociedad hindú estalló de envidia. La Bengala hindú se entregó a un intenso movimiento para anular la partición de Bengala. En el libro Glimpses of Old Dhaka se afirma: «Este siniestro movimiento fue patrocinado y dirigido por los babus Surendra Nath Banerjee (que posteriormente recibió el título de caballero) y Bepin Chandra Pal, líder y demagogo de los jóvenes hindúes. Comenzaron a boicotear y quemar productos fabricados en Gran Bretaña, a causa de lo cual resultaron afectadas las fábricas de Lancashire. Los terroristas y sus organizaciones secretas comenzaron a hostigar a los ingleses mediante bombas y revólveres. Esta banda de gánsteres educados comenzó a cometer robos para crear una sensación de inseguridad en el país» (Glimpses of Old Dhaka, p. XXVII).
«Los promotores y dirigentes de este movimiento siniestro fueron Babu Surendra Banerjee (posteriormente distinguido con el título de caballero) y Babu Bipinchandra Pal, líderes de la comunidad juvenil hindú. También comenzaron a boicotear y quemar productos británicos, por lo que las fábricas de Lancashire estaban sufriendo daños. Los terroristas y sus organizaciones secretas comenzaron a hostigar a los ingleses mediante ataques con bombas y revólveres. Su banda de gánsteres educados también empezó a dedicarse al bandidaje para perturbar la seguridad del país».
Uno de los principales terroristas, Barindra Kumar Ghosh, llegó de Londres a Calcuta en 1904, cuando el plan de la partición de Bengala ya estaba consolidado. Al año siguiente llegó su hermano Aurobindo. La partición de Bengala recibió una forma religiosa al ser presentada como la desmembración de la «Madre Bengala». Toda la Bengala hindú se entregó al movimiento terrorista.
El odio de los hindúes de toda la India hacia los musulmanes aumentó cien veces más por otras dos razones. Hasta entonces no había ninguna institución que hablara de los intereses políticos de los musulmanes. El movimiento contra la partición de Bengala dio origen en 1906 a una institución política de los musulmanes llamada Liga Musulmana Panindia. Ese mismo año, el 1 de octubre, una delegación de treinta y seis musulmanes destacados, encabezada por el Aga Khan, se entrevistó con el virrey y presentó la demanda de elecciones separadas para los musulmanes. El virrey accedió y, tras la fuerte presión ejercida posteriormente y gracias a los esfuerzos decididos de Sayyid Amir Ali, el Parlamento británico aprobó en 1909 el sistema de elecciones separadas. La institución política separada de los musulmanes, la «Liga Musulmana», y el sistema electoral independiente para los musulmanes incendiaron toda la India hindú. Como consecuencia, el terrorismo y el movimiento del «swaraj» agitaron simultáneamente toda la India. Su primer objetivo era frustrar la partición de Bengala. Para resucitar y satisfacer a la «Madre Bengala» dividida en dos, se adiestró a la gente en el uso de armas mortíferas. La destrucción de oficinas y tribunales gubernamentales mediante explosiones de bombas, el sabotaje de reuniones y asambleas, los asesinatos, las agresiones, los saqueos y demás actos continuaron con todo vigor. Khudiram, de Midnapore, y Prafulla Chaki, de Bogra, se consagraron a esas actividades destructivas y asesinatos. Si alguien apoyaba el movimiento contra la partición, no tenía ninguna posibilidad de salvarse. Incluso a quien criticara el vandalismo y los asesinatos se le decapitaba. Por estas razones, en 1909 un abogado hindú del gobierno fue asesinado a tiros. En 1910 también fue asesinado el DSP Shamsul Alam. El teniente gobernador de Bengala fue atacado nada menos que cuatro veces. Se arrojó una bomba de mano contra Allen, el magistrado de distrito de Daca.
Estos terroristas eran implacables contra los musulmanes que apoyaban la partición de Bengala. Por otra parte, para atraer al movimiento contra la partición a algunos musulmanes inocentes y de carácter sencillo, los hindúes adoptaron otro camino. En «La historia de la partición de Bengala», Ibn Rayhan dice:
Las muchachas hindúes iban de casa en casa de los musulmanes y les ataban en las manos el rakhi, símbolo de la unión de las dos almas, hindú y musulmana, es decir, de las dos Bengalas; para conquistar sus corazones y sus mentes, de todas partes llegaban melodiosas canciones entonadas con dulces voces—
La tierra de Bengala, las aguas de Bengala,
el aire de Bengala, los frutos de Bengala.
Que sea verdad, que sea verdad, que sea verdad
oh, Bhagaván.
El alma de Bengala, la mente de Bengala
Todos los hermanos y hermanas de los hogares bengalíes
¡Que sean uno, que sean uno, que sean uno
Oh, Bhagaván.
-(La historia de la partición de Bengala, Ibn Rayhan, págs. 10-11)
Algunos musulmanes se dejaron confundir por aquel cautivador y elevado llamamiento de voz femenina. Entre ellos estaba el abogado Abdul Rasul, residente de Brahmanbaria. Ya se ha relatado anteriormente su historia. Pero estos musulmanes autoengañados salieron de su error cuando vieron las obras literarias y los folletos de propaganda de los terroristas, repletos de elevados llamamientos al renacimiento del hinduismo. Su contenido estaba enteramente dedicado a los brahmanes hindúes, y los asesinatos eran consagrados. Esto se hacía tocando agua del Ganges y recitando mantras especiales. La aprobación de las escrituras religiosas hindúes para los asesinatos brutales se obtenía de este modo: en el Bhagavad Gita se dice que, para proteger el hinduismo, matar seres humanos no es censurable, sino más bien una obra piadosa. El juramento del movimiento «Swadeshi» se tomaba en el recinto del templo de Kali. Así, el movimiento contra la partición cobraba vida mediante las prácticas rituales del hinduismo. Después de observar todo esto, a ningún musulmán le era posible en modo alguno seguir vinculado a ese movimiento. (A. Hamid, Muslim Separatism in India, p. 60)
Las escrituras religiosas hindúes no solo consideran lícito el homicidio, sino que incluso lo consideran indispensable. En Kapalkundala, de Bankim, vemos cómo el kapálika tántrico hindú practicaba su religión adorando a Bhairavi con carne humana. Para recordárselo a los lectores, cito aquí un par de frases:
«El kapálika llevó a Nabakumar por el lado de la casa hacia aquella playa; en ese momento, la mujer que había visto antes pasó junto a él a la velocidad de una flecha. Al pasar, le dijo al oído: “¡Huye todavía! ¿No sabes que un tántrico no puede realizar su पूजा sin carne humana?”
Al ver la fuerza de Nabakumar, el kapálika dijo: “¡Necio! ¿Por qué manifiestas tu fuerza? Hoy tu nacimiento ha cobrado sentido. En la adoración de Bhairavi será ofrecido este pedazo de tu carne; ¿qué mayor fortuna podría tener alguien como tú?”»
-(Tomado de Kapal Kundala, de Bankim: sexto capítulo, «Con el kapalik».)
Por lo tanto, el terrorismo y los asesinatos a los que se había dado una forma religiosa —una forma propia del hinduismo— no podían tener ninguna relación con los musulmanes. Y precisamente porque no podían tenerla, los musulmanes también fueron víctimas de ese terrorismo y de esos asesinatos.
El terrorismo y la inseguridad de la vida de los ciudadanos, especialmente de los ingleses, habían perturbado al Gobierno británico; pero posiblemente lo había perturbado aún más la política de boicot a los productos extranjeros. Las fábricas de Manchester se habían enfrentado a pérdidas enormes. La asociación de comerciantes hindúes ejercía una presión constante ante la Cámara de Comercio de Manchester. Se les decía en términos inequívocos: «Si queréis vender vuestros textiles y demás productos en este país, anulad la partición de Bengala».
El Congreso de la India también declaró que el único camino para anular la partición de Bengala era boicotear los productos extranjeros. Sin embargo, el Congreso también dijo que esta política de boicot se limitaría únicamente a Bengala.
Es especialmente digno de señalar aquí que el curso del movimiento contra la partición iba fluyendo gradualmente hacia otro cauce. Es decir, hacia la completa eliminación de la nación musulmana del territorio de la India. Cuando el emperador Jorge V llegó a la India en 1911, en las peticiones que numerosas instituciones hindúes le presentaron se afirmaba que, mediante diversas reformas, se estaban otorgando favores especiales a los musulmanes. Los periódicos hindúes decían que los musulmanes eran traidores y desleales, que su lealtad al Gobierno no era más que una farsa, que no sentían la menor simpatía por Gran Bretaña y que estaban confabulados con los rebeldes egipcios —(A. Hamid, Muslim Separatism in India, p. 83). Sir Valentine, corresponsal de The Times de Londres, decía que a los hindúes nacionalistas de Punyab y Bengala, así como a los de las escuelas fundadas en Pune conforme a la ideología de Tilak, se les oía decir casi lo siguiente: así como los musulmanes habían sido exterminados de España varios siglos antes, también serían exterminados de la India. Sir Walter Lawrence, vinculado al personal privado del virrey Curzon, comentó lo siguiente acerca del maharajá Sir Pratap Singh de Indore:
«En cierta ocasión, Sir Pratap Singh fue invitado a una cena de despedida ofrecida en Shimla por Lord Curzon a mi esposa y a mí. Después de la cena conversé con él hasta las dos de la madrugada. Me confió muchas de las esperanzas y aspiraciones de su vida. Una de ellas era eliminar a los musulmanes de la India. Protesté contra sus palabras y mencioné los nombres de algunos amigos musulmanes que ambos teníamos. Él dijo: “Sí, me gustan, pero me gusta aún más que mueran”».
Sir Lawrence dice: «A menudo pienso en conversaciones de este tipo con Sir Pratap. Uno puede conocer a los indios durante muchos años. Pero llegará un momento en que, de repente, abrirán las puertas de su corazón y revelarán su secreto interior. Sir Pratap Singh es un buen rajput hindú. Ha viajado por muchos países. Se ha relacionado con mucha gente. Habla bien inglés. Conoce a personas de muchas naciones. En otras palabras, es portador de una civilización cosmopolita. Pero en las profundidades de su corazón se ha instalado un odio musulmán indeleble».
(Sir Walter Lawrence: The India We Served, p. 209, Cassell, Londres, 1928; A. Hamid, Muslim Separatism in India, pp. 83-84)
Sir Lawrence ha revelado una verdad sumamente decisiva. La eliminación de los musulmanes de la tierra de la India no era solamente el pensamiento íntimo de uno o dos caballeros hindúes como Sir Pratap Singh; más bien, era el pensamiento íntimo de toda la nación hindú. Más tarde, durante el movimiento por Pakistán en la India, los dirigentes de la Mahasabha Hindú, entre ellos Shyama Prasad Mukherjee, expresaron repetidamente esa actitud en discursos y declaraciones públicas.
Capítulo decimocuarto
La anulación de la partición de Bengala y sus consecuencias
El Gobierno había adoptado medidas severas contra el terrorismo en Bengala. Como resultado, el movimiento fue debilitándose gradualmente. A finales de 1910, la situación comenzaba a volver a la normalidad. Los soldados del movimiento estaban, por así decirlo, exhaustos de la batalla. Ese mismo año, un hindú bengalí intentó plantear nuevamente el asunto en la Asamblea Legislativa, pero fracasó. Más tarde, accedió a retirar su propuesta. Sir Surendranath Banerjee había sido uno de los iniciadores del movimiento. Finalmente, también declaró a través de su periódico «Bengalí»: «Reconocemos, desde luego, que esta partición se hizo para que perdurara, y no queremos frustrarla».
-(Fraser, India Under Cuzon and After, p. 391. A. Hamid: Muslim Separatism in India, p. 86)
Pero no se supo qué mano poderosa, en la lejana Londres, continuaba fabricando armas mortíferas contra la partición de Bengala.
El rey Jorge V llegó a la India en 1911 con la intención de anunciar personalmente su ascensión al trono del Imperio británico. Que llegara a una colonia lejana, atravesando miles de kilómetros únicamente para anunciar su coronación, fue un acontecimiento inaudito y sin precedentes en la historia del dominio británico en la India. El temor a las siniestras conspiraciones de los terroristas aún no había desaparecido de las mentes. En la India reinaba entonces la hambruna. Los musulmanes estaban agitados a causa de la guerra ítalo-turca. Por estas razones, el gabinete de Jorge V consideró imprudente su visita a la India e intentó disuadirlo. El rey ignoró todos los consejos y continuó preparando el viaje. Partió hacia la India en noviembre y, en la primera mitad de diciembre, desembarcó en Bombay. Se preguntaba con qué premios o dádivas agasajaría a los habitantes de la India. Finalmente llegó el momento. En una asamblea sumamente fastuosa y en un ambiente solemne, el rey Jorge V comenzó a derramar, uno tras otro, sus infinitas mercedes sobre sus queridos súbditos. Se proclamó una amnistía general para todos los presos políticos; se asignó una suma considerable para el desarrollo de la educación; se eliminó la inelegibilidad de los soldados indios para recibir la distinción de la «Victoria Cross»; se concedió medio mes adicional de salario a los empleados públicos mal remunerados; y la capital de la India fue trasladada de Calcuta a Delhi. Por último, se anunció que se anulaba la «partición de Bengala». Los hindúes estallaron de alegría y júbilo. El beneficio inmediato de la proclamación de la anulación de la partición de Bengala fue que se garantizó el viaje seguro de la pareja real a través de las regiones del Imperio indio infestadas de delincuencia.
Pocos días después, cuando el rey llegó a Calcuta, los hindúes bengalíes, fuera de sí de alegría, organizaron enormes procesiones para demostrar su inquebrantable lealtad del rey al Imperio británico. La prensa hindú llegó al extremo de proponer la instalación de estatuas del blanco maharajá y de la maharaní en los templos hindúes. El Congreso Nacional Indio aprobó una resolución para expresar su gratitud al rey y se deshizo en elogios hacia Lord Hardinge.
Por otra parte, la anulación de la partición constituyó una extrema traición contra los musulmanes. Curzon llevó a cabo la partición y Hardinge la anuló. Sin embargo, la gran diferencia entre los procedimientos de ambos es que Curzon propuso públicamente la partición de Bengala y presentó argumentos justos en su favor. Se debatió sobre ello durante mucho tiempo y se gastó mucha tinta y papel. La propuesta fue debidamente aprobada como decisión definitiva y se aplicó en el momento oportuno. Por el contrario, el plan de Hardinge avanzó de manera sumamente secreta y fue dado a conocer al público de forma completamente repentina y con un carácter extraordinariamente sorprendente. Aunque esta decisión del Gobierno británico arruinó a unos y llevó prosperidad a otros, su jactancia, sus volteretas y su mentalidad injusta e inicua —que primero devolvía a una comunidad de una región subdesarrollada sus derechos legítimos y luego se los arrebataba de nuevo— quedarán indeleblemente grabadas en las páginas de la historia.
Lo poco que puede vislumbrarse sobre las razones de esta ridícula representación del Gobierno británico es que el juego de anular la partición había encontrado lugar en la mente de «Crew», el entonces secretario de Estado para la India. La intención de Crew era apaciguar a quienes se habían indignado, calificando la partición de error gravísimo. Hardinge dice: «Más tarde se me informó de que, si se quería establecer la paz en ambas Bengalas, se había vuelto absolutamente indispensable hacer algo para eliminar aquello que todos los bengalíes consideraban una injusticia. Naturalmente, también en el extranjero se esperaba por entonces que se hiciera algo para eliminar esta “injusticia”. Comprendí que, si no se hacía nada, en el futuro nos enfrentaríamos a peligros mucho mayores que en el pasado».
-(Hardige of Penhurst My India Years, p.36, Murray London, 1948; A. Hamid Muslim Soparatism in India, p.88)
De la declaración antes citada de sir Surendranath Banerjee se puede entender que los opositores a la partición, completamente desanimados, habían caído en la apatía e incluso habían empezado a querer aceptar la partición. Pero los amigos blancos de Londres que estaban instigando la agitación no se dieron por vencidos. Continuaron con su labor, por medio de la cual sin duda influyeron en Crew, el secretario de Estado para la India.
Abdul Hamid dice que, entre los diversos argumentos presentados a favor de anular la partición, uno era el siguiente: «Los hindúes de ambas Bengalas eran propietarios de casi todas las tierras. También ejercían un dominio exclusivo sobre el comercio y los empleos. Como consecuencia, habían extendido una influencia excesiva sobre la población. La riqueza y la cultura les habían conferido influencia y prestigio, pero, a causa de la partición de Bengala, se verían privados de esa influencia y ese prestigio. Este es un argumento en defensa de la preservación de los intereses creados y de la supremacía de clase.
Era evidente por lo dicho anteriormente que detrás de la anulación de la partición no había ningún propósito noble; más bien, por decirlo claramente, había una extrema mala intención: el Gobierno los había engañado. A cambio de su lealtad, se les había privado de sus derechos legítimos. Al respecto, Mushtaq Hossain dice en uno de sus artículos:
«Los musulmanes considerarán con desprecio esta medida (la reunificación de ambas Bengalas). El Gabinete británico se negó a reconsiderar la decisión de Curzon. En consecuencia, la reunificación de ambas Bengalas demuestra que las autoridades han quedado paralizadas. En el futuro nadie podrá confiar en las promesas del Gobierno británico. …No emprenderemos ningún movimiento para cambiar esta decisión definitiva. Pero nuestra exigencia es que las oportunidades y ventajas que los musulmanes de Bengala Oriental obtuvieron como resultado de la partición les sean garantizadas de cualquier manera. …La política británica respecto de Trípoli y Persia ha llevado a los musulmanes al límite de la paciencia. …Esta medida severa ha creado amargura en el corazón de nuestra nación. Han empezado a pensar que no obtuvieron ningún beneficio especial al apartarse del Congreso. Algunos quizá abandonen la Liga Musulmana y se unan al Congreso. Eso era precisamente lo que el Congreso esperaba desde hacía tiempo. Pero no estamos de acuerdo con semejante forma de pensar. No podemos sacrificar nuestra propia institución para fusionarnos y quedar absorbidos dentro de una mayoría poderosa. Este es el camino del suicidio. Un río caudaloso, después de unirse al mar, pierde su identidad. No somos hostiles al Congreso por el hecho de mantener nuestra lealtad al Gobierno. La lealtad no es nuestro objetivo principal, sino únicamente un medio para alcanzar el objetivo. La lealtad siempre está condicionada. La lealtad no puede soportar una presión desmedida.
…Es tan claro como la luz del día que los musulmanes ya no pueden depositar su confianza en el Gobierno. Debemos confiar en Dios y en nuestros propios esfuerzos. …Si logramos organizarnos sólidamente en este aspecto, el Gobierno se verá obligado a respetar nuestros sentimientos. Debemos aprender de todo lo que ha sucedido.
…….El Gobierno consideró innecesario consultarnos y debatir con nosotros nuestro futuro. La proclamación emitida en nombre del rey pasó por encima del cadáver de los musulmanes, aplastándolo cruelmente como una fuerza de artillería”.
-(Zuberi, Tazkira Waqar, pp. 228-40; A. Hamid, Muslim Separatism in India, p. 91)
En el discurso presidencial de la sesión de la Liga Musulmana celebrada en Calcuta en marzo de 1912, Khwaja Salimullah, veterano herido de la lucha contra la Partición de Bengala, dijo:
Después de que cesara el movimiento contra la Partición de Bengala, ninguna persona responsable y consciente pudo descubrir una razón justa para volver a plantear la cuestión. Esta división se llevó a cabo en 1905 y estuvo vigente hasta 1911. Al ver las posibilidades de las esperanzas y aspiraciones de los musulmanes, nuestros enemigos se afligieron. En realidad, como consecuencia de la división no obtuvimos gran cosa. Lo poco que habíamos obtenido, la otra comunidad vecina nos lo arrebató provocando una agitación que conmovió cielo y tierra. Tomaron represalias mediante asesinatos y saqueos, y boicotearon los productos británicos. El Gobierno no prestó ninguna atención a ello. Aunque los musulmanes no participaron en esos asesinatos, permanecieron leales al Gobierno. …Como consecuencia de la división, el campesinado musulmán se benefició. Los terratenientes hindúes intentaron arrastrarlo al movimiento, pero no les hizo caso. Así comenzaron los enfrentamientos entre hindúes y musulmanes. El Gobierno adoptó una política de represión, pero no dio resultado. De un lado estaba la comunidad acomodada y rebelde, y del otro los musulmanes pobres, que estaban con el Gobierno. Así transcurrieron varios años. De manera repentina, el Gobierno anuló la división. Tampoco se nos consultó ni se debatió con nosotros este asunto. (Ahmed, Ruh-i-Raushan Mustaqbil, pp. 58-59; A. Hamid, Muslim Separatism in India, p. 92)
En la sesión especial del Congreso Nacional Indio celebrada en Cocanada en 1923, Maulana Muhammad Ali protestó enérgicamente contra la anulación de la Partición de Bengala y dijo en su discurso presidencial: «Como recompensa por su lealtad, se les privó de los derechos que acababan de obtener y se castigó como un crimen supremo la expresión de satisfacción hacia el Gobierno. Es un ejemplo tan abominable que sería difícil encontrar otro semejante en la historia».
-(Iqbal, Select Writings & Speeches, p. 162)
Muchos de ellos llegaron a sentir que el Gobierno británico había traicionado a los musulmanes, había cambiado bruscamente de postura, había cometido una extrema injusticia contra ellos y, debido a ciertos actos de terrorismo y violencia, había tenido que inclinar sus cabezas, hasta entonces orgullosas. También comprendían que, al modificar siete años después, mediante una proclamación pronunciada por el rey Jorge V, una decisión meditada durante largo tiempo y aprobada por el Parlamento británico, habían menoscabado su prestigio ante el mundo. Por ello, muchos intentaron proteger la reputación del rey Jorge V distorsionando la historia de las causas de la Partición de Bengala. Finalmente, para consolar a los musulmanes de Bengala Oriental y compensar la enorme pérdida que habían sufrido a causa de la anulación de la Partición de Bengala, el Gobierno decidió establecer una universidad en Dacca, a fin de facilitar la educación superior a los habitantes atrasados de esta región. Es cierto que los hindúes de Bengala se llenaron de alegría con la reunificación de las dos partes de Bengala, pero de ningún modo estaban dispuestos a tolerar que los musulmanes alcanzaran progreso, felicidad o prosperidad. Por eso, la decisión del Gobierno de establecer una universidad en Dacca les cayó como un nuevo rayo. Algunos dirigentes del Congreso, enfurecidos, protestaron enérgicamente contra esta decisión. Como la Universidad de Calcuta era el principal centro de la educación, la cultura y la influencia hindúes, comenzaron a difundir que, si se establecía otro centro educativo rival, se vería menoscabado el prestigio del primero. Una delegación encabezada por Surendranath Banerjee se entrevistó inmediatamente con el virrey, lord Hardinge. Dijeron que el establecimiento de otra universidad en la provincia destruiría la paz y la armonía de la vida nacional. La discordia existente entre los habitantes de las zonas correspondientes a ambas universidades aumentaría progresivamente. También advirtieron al virrey que el nuevo centro universitario comenzaría de forma extremadamente insignificante y ridícula. Según ellos, carecería de estudiantes suficientemente capacitados y dudaban de que una institución de educación superior destinada principalmente a los campesinos musulmanes tuviera algún valor.
-(Gobierno de la India, Speeches by Lord Hardinge of Penhurst, vol. 1, pp. 203-20, Calcuta, 1916)
A este respecto, considero especialmente digno de mención el discurso pronunciado por el difunto líder musulmán bengalí A. K. Fazlul Huq en la sesión presupuestaria de 1913-14 de la Asamblea Legislativa de Bengala, del cual cito brevemente un pasaje. En su discurso dijo:
«En el informe del Gobierno de la India del 25 de agosto se prometió que los cambios efectuados como consecuencia de la anulación de la partición de Bengala no perjudicarían los intereses musulmanes. Han transcurrido ya dieciocho meses y ha llegado el momento de comprobar hasta qué punto cumplen su promesa. Poco después de la proclamación del Durbar de Delhi, cuando Su Excelencia el virrey llegó a Dacca, todos esperaban que hiciera algún anuncio para satisfacer a los musulmanes. Ciertamente, hemos oído anunciar la fundación de la Universidad de Dacca. Pero debo decir que, en comparación con lo que esperábamos, esto es muy poca cosa. No deseo menospreciar la importancia de la Universidad de Dacca, pues mediante ella se eliminará el obstáculo que se había creado para el desarrollo de la educación en Bengala Oriental. Tampoco niego las extraordinarias oportunidades y ventajas que ofrece una universidad residencial en un centro musulmán. Pero protesto contra la afirmación de que esta universidad se establece únicamente en beneficio de los musulmanes o de que constituye una medida especial para complacerlos. El virrey dijo claramente: “Esta universidad es para hindúes y musulmanes por igual, y así debe ser”. Esto se ha restringido por temor a que entre los hindúes pueda suscitarse una reacción contra la partición de Bengala. Tampoco puede considerarse un favor a los musulmanes el hecho de que, junto con esta universidad, se haya proyectado un colegio musulmán y una Facultad de Estudios Islámicos. Durante más de medio siglo, el Gobierno ha mantenido en Calcuta un colegio exclusivamente hindú, con una plantilla completa de profesores y empleados y todo el equipamiento necesario; por tanto, la creación de un colegio musulmán en Dacca sería el reconocimiento, largamente demorado, de una demanda musulmana desatendida durante mucho tiempo. En cuanto al Departamento de Estudios Islámicos, en una región donde los musulmanes han aspirado durante largo tiempo a estudiar árabe y persa, dicho departamento no es más que el resultado natural del plan de estudios de la universidad de esa región. Quizá no sea conocido por todos que un gran número de estudiantes de los distritos de Bengala Oriental estudia en las madrasas de Bangladesh, y que una universidad no habría sido en absoluto justa si no dispusiera de medios para satisfacer las necesidades y proporcionar la formación académica a los habitantes de esta clase. Espero que los funcionarios del Gobierno comprendan que, aunque los musulmanes han votado a favor de la Universidad de Dacca, no consideran esta, ni siquiera un colegio musulmán y una Facultad de Estudios Islámicos, como un favor hacia ellos.»
—(Estudios históricos de Bangladesh, discurso sobre el presupuesto de 1913-14, pp. 149-150)
De la discusión anterior ha quedado claro cuál fue la actitud y la conducta de la India hindú y de los ingleses respecto de la partición de Bengala, la fundación de una universidad en Dacca y la concesión de cualquier oportunidad o facilidad a los musulmanes.
Es necesario examinar y valorar qué ganaron y qué perdieron los musulmanes como consecuencia de la partición de Bengala y de su anulación.
Con el fin de establecer una administración adecuada y equilibrada, los funcionarios británicos de la India llevaban mucho tiempo considerando la redistribución y reorganización de ciertas zonas provinciales, y en la Secretaría se habían preparado numerosos expedientes sobre el asunto. Basándose en ello, lord Curzon dividió Bengala, la provincia más extensa, y creó una nueva provincia llamada “Bengala Oriental y Assam”. Los musulmanes de Bengala no tenían ninguna idea al respecto. Sin embargo, como consecuencia de la partición, se concibieron esperanzas de todo tipo de bienestar y progreso para los musulmanes de Bengala Oriental, de mayoría musulmana. Los dirigentes hindúes de Bengala, movidos por pura envidia ante las futuras oportunidades y ventajas de los musulmanes, iniciaron una intensa agitación contra la partición. Más tarde, ese movimiento adoptó la forma de terrorismo y actividades violentas. En este asunto quedó claramente de manifiesto la actitud hostil de los hindúes hacia los musulmanes. Los musulmanes llegaron a considerar amenazadas su existencia, su tahzib-o-tamaddun, su cultura y sus tradiciones en tierras de la India. Para su autodefensa se fundó una institución política panindia para los musulmanes de la India, llamada “Liga Musulmana”. Los musulmanes también percibieron la conspiración destinada a borrar su identidad y absorberlos en la nacionalidad hindú bajo el pretexto de una nacionalidad común de hindúes y musulmanes en la India. Un grupo de treinta y seis destacados dirigentes musulmanes, bajo el liderazgo del Aga Khan, explicó sus esperanzas y aspiraciones al virrey y estableció el sistema de electorados separados. Los musulmanes obtuvieron el reconocimiento como una nación distinta; como consecuencia de ello, la India fue dividida y surgieron dos Estados independientes, llamados India y Pakistán.
Capítulo decimoquinto
De 1906 a 1936
La historia de estos treinta años, de 1906 a 1936, constituye un capítulo importante del movimiento de independencia de los musulmanes. Sin embargo, hay que decir que durante estas tres décadas estuvieron atormentados por el conflicto entre la esperanza y la desesperanza, y que a veces vemos cómo su espíritu político se adormeció sumido en el desaliento.
Los dos extremos de estas tres décadas estuvieron marcados por dos características brillantes y vigorosas. En 1906, el despertar de la nacionalidad distintiva de los musulmanes resplandeció con la brillante luz de la esperanza; y en 1936, conforme a la Ley del Gobierno de la India (India Act of 1935), se mostraban decididos a participar en las elecciones como nación distinta, sobre la base de electorados separados. El período intermedio transcurrió en conflictos y disputas con la comunidad hindú vecina, en la lucha y la competencia por afirmarse, en la exposición ante el Gobierno británico de la confianza de los musulmanes en sí mismos y, paralelamente, continuó también el movimiento de independencia.
En 1905, lord Curzon propuso la división de Bengala por razones de conveniencia administrativa. Pero cuando se llevó a cabo la división de Bengala y se abrieron las puertas de la educación y del progreso material para los habitantes desatendidos de la región oriental, de mayoría musulmana, toda la sociedad hindú comenzó a oponerse encarnizadamente a dicha división. Esta ciega oposición reveló precisamente la verdad de que hindúes y musulmanes eran dos naciones distintas: sus esperanzas y aspiraciones, prácticas religiosas, visión de la vida, sociedad y cultura, política y trayectoria económica eran completamente diferentes y separadas. Impulsada por esta conciencia, en 1906 una poderosa delegación musulmana presentó al Gobierno la demanda de electorados separados. Puesto que la autonomía política era indispensable para la singularidad nacional, en 1906 surgió en Daca una organización política de los musulmanes llamada «Liga Musulmana»: el resultado inevitable de la nueva conciencia política y nacional.
El Congreso Nacional Indio tenía como grandilocuente consigna el nacionalismo unitario. Pero el movimiento unido de toda la nación hindú para revocar la partición de Bengala desenmascaró su fachada de nacionalismo unitario. La distinción entre hindúes y musulmanes se hizo evidente, la amargura mutua aumentó cada vez más y finalmente adoptó la forma de enfrentamientos comunales. En la opresión de los musulmanes ejercida por los ingleses desde después del drama trágico de Plassey hasta el último cuarto del siglo XIX, los hindúes eran enteramente sumisos a los ingleses y sus favoritos. Los musulmanes, por el contrario, eran para ellos personas indignas de confianza y enemigas. Pero cuando, a causa de la partición de Bengala, los electorados separados y otras medidas, surgió en ellos la idea de que la actitud británica hacia los musulmanes había cambiado y que los británicos se habían vuelto favorables a ellos, la hostilidad de los hindúes recayó también sobre sus amos británicos. Entonces comenzó el terrorismo antibritánico.
El rey Jorge V y la reina María llegaron a la India en 1911. Con motivo de su llegada, se celebró en Delhi una gran y fastuosa asamblea imperial. Al concluir esta, el rey anunció, dejando a todos atónitos, que la capital de la India sería trasladada de Calcuta a Delhi. El anuncio siguiente fue aún más sorprendente e inesperado. Declaró que la partición de Bengala quedaba anulada. Esto fue una extrema traición hacia los musulmanes, y la oposición de estos al dominio británico se hizo más intensa.
Por el contrario, los hindúes estallaron de júbilo ante la anulación de la partición de Bengala. Como consecuencia, por un lado aumentaron las diferencias y la distancia ideológicas y políticas entre hindúes y musulmanes, y por otro creció la oposición de los musulmanes al dominio británico. Entre los tres objetivos de la Liga Musulmana, el primero mencionaba precisamente fomentar la lealtad hacia los británicos. Pero el segundo anuncio del rey Jorge V desvió su pensamiento por otro cauce. En la sesión de la Liga Musulmana celebrada en 1912, se aprobó una propuesta para ampliar los objetivos de la organización, en consonancia con la creciente protesta de los musulmanes. Fue una propuesta de enorme importancia. Esta modificación estableció ante la Liga el objetivo firme de alcanzar la independencia plena. Como resultado, la atención de la clase media musulmana también se orientó hacia ese objetivo.
Cabe señalar que Muhammad Ali Jinnah asistió a la mencionada sesión de la Liga. Sin embargo, por entonces no se percibía en él entusiasmo alguno por la organización de la Liga. La razón de su falta de interés por la Liga era que hasta ese momento consideraba que su política tenía un carácter comunitario. Era un miembro muy entusiasta del Congreso y creía en la unidad hindú-musulmana. Se inició en la política bajo la tutela de Gopal Krishna Gokhale. Gokhale comentó: «Jinnah posee las cualidades necesarias para ser un embajador de la unidad hindú-musulmana».
Se hizo miembro de la Liga porque no consideraba que pertenecer formalmente a ella fuera incompatible con seguir siendo miembro del Congreso. Su ferviente deseo era intentar unir a hindúes y musulmanes como miembro tanto de la Liga como del Congreso. Y se esforzó con todas sus fuerzas. Sin embargo, en sus incansables esfuerzos por lograr la unión observó que, lejos de unirse hindúes y musulmanes, sus diferencias se hacían evidentes mediante los enfrentamientos comunales. Los objetivos y propósitos políticos de ambos eran distintos, y sus actividades también discurrían por cauces separados.
Cuando comenzó la Primera Guerra Mundial, en 1914, tanto el Congreso como la Liga Musulmana ayudaron a los británicos. Durante este período, los esfuerzos por lograr la unidad entre hindúes y musulmanes cobraron gran impulso. En 1916 se celebró el Pacto de Lucknow en un comité conjunto del Congreso y la Liga. Este pacto tuvo dos consecuencias. Primero, señaló el antecedente de la unidad entre el Congreso y la Liga durante el posterior movimiento del Califato. Segundo, mediante este pacto, el Congreso Nacional Indio, que enarbolaba la bandera del nacionalismo unitario, reconoció la existencia y la importancia políticas de la Liga. El Congreso reconoció asimismo la existencia y la importancia de los consejos legislativos indios. El Congreso aceptó conceder a los musulmanes una representación del 40 por ciento en Bengala, del 50 por ciento en el Punyab, del 25 por ciento en Bihar y del 30 por ciento en las Provincias Unidas; al aceptar además el sistema de elecciones separadas, reconoció la especificidad musulmana.
Sin embargo, comenzaron fuertes protestas por parte de los hindúes contra el Pacto de Lucknow, y también estallaron disturbios comunales en distintas regiones de la India.
Se ha observado varias veces que, siempre que se ha intentado lograr la unión entre hindúes y musulmanes sobre alguna base, el grupo mayoritario ha hecho fracasar ese esfuerzo iniciando disturbios comunales.
Tres acontecimientos de este período alcanzaron notoriedad histórica: el movimiento del Califato, la rebelión moplah y el movimiento de la Hégira. Considero necesario describir también su contexto.
Durante la Primera Guerra Mundial, el Congreso y la Liga Musulmana cooperaron plenamente con los británicos. En agradecimiento por ello, esperaban que el Gobierno británico aceptara sus demandas mínimas. En 1917, la declaración que el entonces secretario de Estado leyó ante la Cámara de los Comunes contenía la promesa de establecer gradualmente un gobierno responsable en el subcontinente indio. Sin embargo, el plan de reformas Montagu-Chelmsford anunciado en 1919 era muy insuficiente frente a las demandas ampliadas del Pacto de Lucknow. Otra ley promulgada ese año, conocida como la Ley Rowlatt, dejó atónimos e indignados a los indios. Dicha ley otorgaba al Gobierno el poder de adoptar medidas severas contra los opositores al Estado sin el asesoramiento de un jurado. A nadie le quedó ya duda de que la ley había sido aprobada precisamente para reprimir cualquier movimiento en la India. Este fue el premio que se concedió a los habitantes de la India por su incondicional apoyo durante la guerra. La ley fue aprobada el 18 de marzo, y Gandhi convocó una huelga general en todo el país para el 30 de marzo en señal de protesta. Al realizarse la huelga, se produjeron violentos enfrentamientos en el Punyab. Como consecuencia, tuvo lugar una masacre brutal en Jallianwala Bagh. El general Dyer disparó despiadadamente 1.650 ráfagas, mató a 379 personas e hirió a 1.137, añadiendo así un capítulo sumamente ignominioso a la dominación británica en este país.
El movimiento del Califato
El movimiento del Califato estuvo relacionado con estos acontecimientos. Sin embargo, conviene añadir algunas palabras al respecto. Los musulmanes indios, tras haber perdido el poder de gobernar este país, pasaban sus días sumidos en el dolor y el orgullo herido. Intentaron encontrar cierto consuelo a ese dolor apoyándose en el sultán de Turquía. Turquía no era simplemente un Estado musulmán; además, se consideraba al sultán de Turquía el califa del mundo musulmán y el símbolo de la unidad musulmana. Naturalmente, mientras el Imperio mogol fue poderoso en la India, no se otorgó al sultán de Turquía esa dignidad. En cualquier caso, más tarde la conciencia panislámica de los musulmanes aceptó a Turquía como símbolo de la unidad musulmana. En la Primera Guerra Mundial, Turquía se unió al bando contrario a los británicos. Los musulmanes indios esperaban que, debido a su incondicional apoyo a los británicos, Turquía quedara exenta de cualquier castigo. Lloyd George también había dado garantías en ese sentido. Pero el objetivo de los británicos era destruir el símbolo de la unidad del mundo musulmán. Por eso enviaron a Lawrence como propagador del venenoso mensaje del nacionalismo árabe entre los árabes. El jerife Sharif Hussein Hachemí, influido por la propaganda de Lawrence, inició una guerra contra los propios musulmanes en nombre de la «independencia nacional árabe», ignorando la unidad del mundo musulmán, y apuñaló así a Turquía por la espalda. El objetivo británico era destruir, mediante los vapores venenosos de un estrecho nacionalismo regional basado en la raza, el sultanato turco y, con él, el símbolo de la unidad del mundo musulmán; y lo logró. Las potencias aliadas vencieron en la Primera Guerra Mundial y, apenas obtuvieron la victoria, dividieron el vasto Imperio turco mediante un tratado secreto, repartiéndolo como un pastel entre monos. En mayo de 1919, en la capital otomana quedó un sultán meramente nominal. Toda la región, desde Argelia hasta Baréin, fue fragmentada y distribuida entre Francia, Grecia y Gran Bretaña.
La fragmentación del Estado otomano provocó así un profundo descontento entre los musulmanes indios. Los dirigentes musulmanes expresaron su indignación al virrey de la India. Una delegación de dirigentes, entre ellos Maulana Muhammad Ali Jauhar y Sayyid Sulayman Nadwi, viajó a Londres para comunicar su posición a las autoridades británicas. Se les respondió que no se devolverían a Turquía otros territorios aparte de su propio territorio. Por ello, en la India comenzó un intenso movimiento del Califato para restablecer el califato en Turquía.
En la India se constituyó un poderoso Comité de Khilafat. Los dolores y sufrimientos acumulados durante siglo y medio entre los musulmanes, teniendo ante sí la crisis del califato, encendieron las llamas de una intensa protesta. El pionero del despertar de la conciencia musulmana fue Maulana Muhammad Ali Jauhar. Fue el visionario que soñaba con establecer un «islam libre en una India libre». Por medio de un periódico en inglés llamado Comrade, se esforzó por propagar un nuevo despertar entre los musulmanes. Declaró que responder al movimiento de Khilafat era un deber ineludible de todo musulmán.
El Congreso y la Jamiat Ulema-e-Hind, partidaria del Congreso, expresaron su incondicional apoyo al movimiento de Khilafat. Se convocó a celebrar el Día de Khilafat en todo el país el 10 de agosto de 1919. En todo el país comenzó una actividad sin precedentes e incontenible mediante huelgas generales, manifestaciones y reuniones públicas. En el plazo de un mes, veinte mil musulmanes se entregaron para ser encarcelados. En los mercados y los campos, en las ciudades y los puertos, en las aldeas y las zonas rurales, solo se hablaba del movimiento de Khilafat y de la disposición a realizar cualquier sacrificio y ofrenda por su causa.
En noviembre comenzó en Delhi la sesión del Comité de Khilafat. El señor Gandhi asistió a ella. En su discurso aconsejó adoptar una política de «no cooperación» con el Gobierno británico.
En la conferencia del Comité de Khilafat celebrada en mayo de 1920 se tomó la decisión de emprender el «movimiento de no cooperación» (Non-Cooperation Movement). Mediante el movimiento de no cooperación, las protestas contra los británicos fueron intensificándose.
En 1922 recibí por primera vez la instrucción elemental en una escuela de una remota aldea de Bangladesh. Hasta donde recuerdo, durante aquella infancia vi que, entre estudiantes y maestros, campesinos y trabajadores, y personas de toda condición, el pueblo entero permanecía firme e inquebrantable en su determinación de restablecer el califato. Todos estaban siempre dispuestos a aceptar cualquier sacrificio y a entregar la vida con una sonrisa.
Pero, a pesar de todo esto, este vigoroso movimiento de Khilafat se enfrentó a una muerte prematura. Kemal Atatürk, de Turquía, reconquistó con enorme valor y heroísmo muchas regiones de manos de los ingleses. Unificó al pueblo turco y devolvió a Turquía su dignidad gloriosa. Sin embargo, apenas alcanzó el poder, en noviembre de 1922 depuso al sultán Muhammad Hashim y, en marzo de 1924, exilió del país al último califa de Turquía, el sultán Abdülmecid, reducido a una figura meramente decorativa, y abolió el califato. El movimiento de Khilafat en la India terminó en fracaso. La desesperanza cayó sobre los musulmanes. El doctor Moinul Huq dice: «Las medidas de Kemal Atatürk asestaron un golpe extremo al corazón de los musulmanes vinculados con el movimiento de Khilafat en el subcontinente indio. Quien recibió el golpe más doloroso fue Maulana Muhammad Ali, pues él era la fuente y el centro vital de este movimiento. Sharif Husain, que había sido un subordinado de los británicos y que, por sus actos, se había vuelto impopular ante el mundo musulmán, se proclamó ahora pretendiente al califato. Los británicos no le prestaron ninguna ayuda al respecto. Por otro lado, tampoco tuvo fuerzas para impedir la campaña del líder wahabí Ibn Saud. Antes de terminar el año, Ibn Saud lanzó una campaña contra La Meca y Taif, se apoderó de ambas y, de ese modo, extendió su dominio sobre la mayor parte del Hiyaz».
-(Dr. Moyenal Huq, History of Freedom Movement Vol. 3. Part. 1; Abul Afak: una vida, una doctrina, un movimiento —obra en urdu—, p. 69)
Movimiento de hiyra
Durante el movimiento del Califato comenzó en la India el movimiento de la Hégira. Maulana Abul Kalam Azad inició el movimiento de la Hégira después de ser liberado de la prisión de Ranchi. Los ulemas emitieron una fetua declarando que la India era un dar al-harb y que de allí había que emigrar a algún dar al-Islam. El soberano de Afganistán, el emir Amanulá Jan, declaró en una asamblea pública: «Los musulmanes indios pueden emigrar y venir, sin duda, a nuestro país». A propuesta de Maulana Azad, los musulmanes se decidieron por la Hégira con los ojos completamente cerrados. En Delhi se estableció un Comité de la Hégira y se abrió una oficina como correspondía. Como consecuencia de este movimiento, cuyo inspirador fue el propio Maulana Abdul Kalam Azad, miles de musulmanes vendieron todo cuanto poseían y partieron rumbo a Afganistán. Tan solo en agosto de 1920, dieciocho mil personas emigraron mediante la Hégira. Entre quinientos mil y dos millones de musulmanes quedaron desarraigados a causa de este movimiento, y les tocó padecer una desgracia indescriptible.
Pero la base de este movimiento no era más que un impulso irreflexivo. Se lanzaron a él sin ningún plan bien meditado y sin examinar ni analizar sus consecuencias.
Ali Sufian Afaki dice: «Maulana Maududi y su hermano decidieron emigrar mediante la Hégira. El secretario del Comité de la Hégira, el señor Tajammul Husein, era pariente suyo. Él animó a los dos hermanos a emprender la Hégira. Pero en el curso de las conversaciones se supo que el Comité de la Hégira no tenía ningún plan adecuado al respecto. Aunque grupos de personas se marchaban a Afganistán, no se había hablado del asunto con el Gobierno afgano. Muftí Kefayatullah y Maulana Ahmad Said no habían hablado del asunto. Muftí Kefayatullah y Maulana Ahmad Said eran los que iban a la vanguardia en este asunto. El señor Maududi se reunió con estos dos y señaló los defectos y deficiencias de un movimiento sin plan. Después de que ellos reconocieran los errores, pidieron al señor Maududi que elaborara un plan. El señor Maududi dijo que, ante todo, había que preguntar al Gobierno afgano si estaba dispuesto a reasentar a los emigrantes procedentes del Indostán y cuál sería el procedimiento para su reasentamiento. Se conversó con el embajador afgano. Él dijo: “Su Gobierno se encuentra actualmente muy apremiado. Naturalmente, su Gobierno vacila en devolver a quienes se han marchado a Afganistán. Pero, aun así, está más allá de sus posibilidades cargar con su manutención”. Así llegó allí mismo a su fin la cuestión de la Hégira».
-(Abul Afak: «Una vida, un pensamiento, un movimiento», pp. 77-78).
De este modo, el poderoso impulso del movimiento del Califato y del movimiento de la Hégira en la India se detuvo de repente, y ambos movimientos fracasaron. Los musulmanes indios no fueron responsables en absoluto de este fracaso. La causa de su fracaso fue Turquía. Kemal Bajá no solo puso fin al Califato; al cabo de dos años, exilió también al califa. La llama ardiente que se había encendido en la India con motivo del movimiento del Califato y que había aterrorizado al Gobierno indio se extinguió, en gran medida, entre una nube de humo, pulverizando las esperanzas y el entusiasmo de los musulmanes.
El esfuerzo por promover la unidad entre hindúes y musulmanes que se desarrollaba a través de este movimiento también fracasó junto con el fracaso del movimiento. Volvieron a comenzar los enfrentamientos sangrientos entre hindúes y musulmanes. Hubiera o no sinceridad en la colaboración de Gandhi con el movimiento del Califato, muchos miembros hindúes del Congreso no pudieron apoyarlo de todo corazón. Muchos de ellos se preguntaban qué beneficio obtendrían con el restablecimiento del Califato de los musulmanes. Así, aunque el movimiento del Califato mantuvo reprimida durante algún tiempo la tendencia a los enfrentamientos comunales entre ellos, después de su fracaso volvió a levantar la cabeza. Ellos provocaron disturbios con el pretexto de hacer sonar música por la fuerza frente a las mezquitas, y aquellos disturbios fueron adquiriendo la forma de enfrentamientos sangrientos y extendiéndose por todas partes. La diferencia comunitaria entre ellos se hizo cada vez más evidente. Cuando los musulmanes, desatendidos y atrasados durante el siglo y medio anterior, intentaban obtener alguna oportunidad o ventaja en la vida, era inevitable que entraran en conflicto con la comunidad mayoritaria y más poderosa. En aquella época, los terratenientes hindúes de Bengala y los comerciantes del Punyab comenzaron a ejercer una extrema opresión sobre sus súbditos y deudores musulmanes. La indignación cuya expresión habían alentado en el ánimo de la gente los movimientos del Califato y de No Cooperación, después de que ambos movimientos se paralizaran, encontró expresión a través de los enfrentamientos comunales.
La rebelión mopla
La rebelión mopla de aquella época estuvo vinculada al movimiento del Califato. Al sofocar esta rebelión mopla, por un lado quedó patente la crueldad de los gobernantes ingleses y, por otro, se manifestó la actitud violenta de los hindúes hacia los musulmanes.
Al comienzo de la obra se ha ofrecido una breve descripción de los moplahs. Eran habitantes musulmanes de la región de Malabar, en el sur de la India, y afirmaban descender de comerciantes árabes. Eran sumamente valientes y piadosos. Debido a la explotación y opresión que sufrían a manos de los ingleses, proclamaron rebeliones contra los británicos en 1873, 1885, 1894 y 1896. Por ello fueron perseguidos repetidamente por los británicos. La agricultura y la pesca eran sus principales medios de subsistencia. Se encontraban rezagados en materia educativa, y los terratenientes, prestamistas y recaudadores de impuestos hindúes los sometían a una extrema opresión y persecución. Aunque presentaron peticiones y súplicas ante los gobernantes británicos, no obtuvieron ningún resultado. Por tanto, su historia de persecución se remontaba a muchos años atrás. Bajo la opresión de los terratenientes y prestamistas británicos e hindúes, languidecían y morían lentamente desde hacía generaciones. Después, al final de la segunda década del siglo XX, comenzaron en la India los movimientos de Khilafat y de no cooperación. La ola de estos movimientos llegó también a Malabar. Como ya se ha dicho, los moplahs eran independientes, valientes y piadosos. Al creer que la restauración del califato islámico y, junto con ella, la consecución de la independencia de la India pondrían fin a su prolongada persecución y opresión, se unieron al movimiento de Khilafat y de no cooperación con gran entusiasmo y fervor. Inmediatamente después comenzaron sus enfrentamientos con los gobernantes. La población hindú vecina ayudó plenamente a la clase gobernante en su labor de reprimirlos. Como consecuencia, los moplahs tuvieron que luchar simultáneamente contra el grupo gobernante y contra la comunidad hindú.
No se encuentran palabras para describir la estremecedora y dolorosa historia de la barbarie y crueldad que mostró el Gobierno británico al reprimir a los moplahs. Mientras se ejercían contra ellos abusos y persecuciones, el Gobierno prohibió en todo Malabar la celebración de reuniones públicas, la entrada de noticias y periódicos procedentes del exterior, así como el envío desde Malabar al exterior, sin censura, de noticias, telegramas y cartas. Malabar quedó oculto tras un telón de hierro. Sin embargo, si de algún modo la historia de su persecución llegaba a conocerse fuera y la gente del mundo exterior, especialmente los musulmanes, comenzaba a simpatizar con ellos, ciertos sectores interesados iniciaban una intensa campaña de propaganda precisamente contra los moplahs. Aquellas campañas eran infundadas, inventadas y fruto de la imaginación. En 1922, los hindúes publicaron dos folletos de propaganda, uno en Saharanpur y otro en Amritsar.
En el folleto titulado «Dastan-e Zulm», publicado en Amritsar, se intentó enfurecer a la comunidad hindú contra los musulmanes mediante el relato de una historia de atrocidades indescriptibles supuestamente cometidas por los moplahs contra los hindúes. Se formularon contra los moplahs acusaciones de asesinato, saqueo, incendio, rapto de mujeres hindúes y conversión forzosa al islam, entre otras. El relato afirmaba que, si la víctima de la persecución era un hombre hindú, primero se le hacía bañar, luego se le cortaba el cabello al estilo musulmán y después se le llevaba a una mezquita, donde se le obligaba a recitar la kalima, se le practicaba la circuncisión y se le hacía vestir ropa musulmana. Si era una mujer, simplemente se le hacía ponerse una especie de vestido moplah de colores y se le colocaba un tipo de arete.
En el folleto «La sangrienta historia de Malabar», publicado en Saharanpur, se afirmaba que los moplahs invitaban a los hindúes vecinos a unirse al movimiento de Khilafat. Si aceptaban, bien; de lo contrario, encerraban al que se negaba en la casa de los moplahs y lo obligaban por la fuerza a comer carne de vaca. Después, mataban ante sus ojos a sus familiares. Si aun así no cedía, lo mataban, arrojaban sus restos descuartizados a un pozo y reducían su casa a cenizas.
Mientras, por un lado, se intentaba promover la unión entre hindúes y musulmanes y, mediante el esfuerzo conjunto de ambos, se trabajaba a través de los movimientos de Khilafat y de no cooperación para crear en la India el espíritu y la disposición necesarios para la lucha por la independencia, por otro lado no solo se incitaba a la comunidad hindú contra los musulmanes y se la apartaba de los movimientos de Khilafat y de no cooperación, sino que también se llamaba a emprender por todo el país una matanza masiva de musulmanes. Para cierta clase de personas, la matanza de musulmanes era más querida que la conquista de la independencia. Por ello propagaron historias ficticias y envenenaron el ambiente comunitario, como resultado de lo cual comenzaron a estallar disturbios por toda la India bajo una nueva forma.
Estas peligrosas campañas de propaganda no pasaron inadvertidas para los musulmanes que participaban en el movimiento de Khilafat. El Comité Central de Khilafat envió una comisión para recopilar información correcta sobre los moplahs, y en el informe que esta presentó responsabilizó principal y primordialmente a los funcionarios locales del Gobierno de la rebelión moplah. Afirmaron que la situación era completamente normal y pacífica, y que no se había observado ningún indicio de rebelión. Al igual que los musulmanes de otras regiones de la India, los musulmanes moplahs se unieron al movimiento de Khilafat, y el Gobierno local se empeñó en reprimirlo con mano dura. La brutalidad de la policía los obligó a rebelarse. El enfrentamiento comenzó cuando la policía arrestó al secretario del comité local de Khilafat y lo ató a un árbol. Después llevaron a su esposa ante él, la desnudaron y él permaneció mirando en aquella dirección, impotente. Un agente de policía lo abofeteó. Luego acusaron a otro militante de Khilafat, bajo un pretexto inventado, de fabricar armas. Finalmente, la policía irrumpió en las casas de los moplahs, saqueó todas sus pertenencias y en algunos lugares sometió brutalmente a los miembros de las familias. Como ni siquiera esto los detuvo, abrieron fuego indiscriminadamente contra los moplahs. Los moplahs eran por naturaleza independientes, valientes y aguerridos. Cuando fueron sometidos a semejante brutalidad, se alzaron contra la policía decididos a luchar hasta la muerte y finalmente resolvieron combatir. En la lucha que comenzó después, las fuerzas combinadas de la policía y los magistrados fueron derrotadas y expulsadas de sus puestos. Huyeron dejando atrás muchas armas. A partir de entonces, la situación quedó completamente bajo el control de los moplahs. Hasta ese momento sus relaciones con los hindúes habían sido buenas. En aquella situación tensa, los moplahs protegieron la vida y los bienes de los hindúes. En agosto de 1921, los moplahs proclamaron formalmente la independencia. En el plazo de una semana desde el comienzo de la rebelión, arrebataron al Gobierno británico dos grandes taluks, llamados Ernad y Walluvanad, y establecieron allí un Estado independiente de Khilafat.
Dos semanas después, el Gobierno británico envió a Malabar cientos de soldados, tanques grandes y pequeños, cañones, bombas, varias cañoneras y buques de guerra, creando una situación como si hubiera comenzado una gran guerra contra una poderosa fuerza. Durante los primeros enfrentamientos, varios terratenientes y prestamistas opresores, al igual que la policía, murieron víctimas de la furia del pueblo. El Gobierno británico dio a aquello un carácter comunitario y lanzó a los hindúes contra los moplahs. Entonces la población hindú y los terratenientes y prestamistas avanzaron con el apoyo de los soldados y la policía. La mayoría de los hindúes comenzó a espiar a los moplahs y a entregarlos injustamente a las autoridades. Como consecuencia, estos tuvieron que lanzarse a luchar contra británicos e hindúes por igual. Pero ¿cuánto tiempo podían luchar los desventurados moplahs contra el enorme y bien organizado ejército británico? Cientos de voluntarios del Arya Samaj llegaron a Malabar desde distintas partes de la India con el pretexto de distribuir ayuda y comenzaron a ayudar de diversas maneras a la policía y a los soldados.
Los Mopla continuaron durante un mes su lucha contra los británicos y los hindúes con un valor inconmensurable. El Gobierno bombardeó indiscriminadamente las zonas mopla desde el aire y abrió fuego con buques de guerra y cañones, causando la muerte de casi diez mil hombres, mujeres y niños, y convirtiendo sus casas, tiendas y campos en ruinas. Luego, con la ayuda de la población hindú, comenzaron las detenciones masivas y las torturas y persecuciones satánicas. La crueldad y barbarie del Gobierno pueden demostrarse mediante un acontecimiento. Cerca de un centenar de destacados dirigentes mopla fueron arrestados, amontonados en un vagón de mercancías y enviados a Calicut con las puertas cerradas. Cuando se abrieron las puertas en el destino, se vio que sesenta habían muerto y que los restantes se encontraban agonizantes. Ni siquiera se mostró respeto por los cadáveres; un trato tan satánico y brutal de unos seres humanos hacia otros no se encontraría ni en la historia de la Edad de Oro, y mucho menos en la de la época primitiva.
Después de las torturas y persecuciones infligidas por la policía y los soldados del Gobierno británico, comenzó el juicio de quienes habían sobrevivido. Cerca de veinte mil hombres y mujeres mopla fueron arrestados. Incluso en las cárceles fueron sometidos a torturas inhumanas. El Gobierno creó tribunales especiales para juzgarlos. Como no se permitió la entrada en Malabar a ningún abogado procedente de fuera, los desdichados Mopla ni siquiera tuvieron la oportunidad de defenderse. Durante los juicios, en los hogares de los acusados sometidos a proceso comenzó el clamor por la falta de alimentos y ropa. Muchos hombres, mujeres y niños murieron por inanición. En aquel momento, el cielo y el aire de Malabar resonaban y se estremecían con los desgarradores lamentos y llantos de los oprimidos. Cerca de mil personas fueron condenadas a muerte. Los Mopla condenados a cadena perpetua, a trabajos forzados de larga duración o deportados superaron los dos mil. Solo un número muy reducido de Mopla fue absuelto. Cerca de ocho mil Mopla recibieron condenas de trabajos forzados de cinco a diez años. Entre los restantes, nadie recibió una condena inferior a seis meses. Casi todos los imanes de las mezquitas de las zonas afectadas fueron acusados de sedición. De este modo, también se empujó a las mezquitas al borde de la destrucción. Después de que los Mopla condenados sufrieran durante varios años un padecimiento indescriptible en el exilio, el Gobierno permitió que sus familias fueran a las islas Andamán para vivir con ellos. Así, el Gobierno británico obtuvo satisfacción al expulsar casi por completo a los Mopla de Malabar.
En la historia del movimiento del Califato y del movimiento de no cooperación de la India, el relato de las torturas y persecuciones infligidas a los Mopla por el Gobierno británico es el más desgarrador y conmovedor. Gandhi y el Congreso mantuvieron al respecto un silencio absoluto.
En aquel entonces, bajo la poderosa inundación del movimiento del Califato y del movimiento de no cooperación, la comunidad musulmana se encontraba como muerta en vida, y la voz débil de sus miembros no llegó a los oídos del Gobierno británico. Con grandes dificultades, el Comité del Califato fue el único que pudo prestar alguna ayuda a los indefensos Mopla. De no haber sido así, muchos más hombres, mujeres y niños mopla habrían caído prematuramente en brazos de la muerte. La actitud del Congreso hacia los Mopla causó dolor a muchos miembros musulmanes del Congreso; precisamente porque contaba con el apoyo del Congreso, este adoptó el silencio.
Al analizar la historia de la India de los últimos varios siglos, colocando lado a lado al Gobierno británico, a los hindúes y a los musulmanes, resulta claramente evidente que, en este subcontinente, los británicos y la comunidad hindú no dejaron de desempeñar, en ningún aspecto, su papel de acérrimos enemigos de los musulmanes. Su único objetivo era la eliminación de la nación musulmana de este subcontinente. Esta verdad se hará aún más evidente al examinar la historia posterior.
(Véanse Muslim Separatism in India, de Abdul Hamid, y Nuestra lucha de liberación, de Muhammad Waliullah).
La represión de la rebelión de los Mopla con extrema brutalidad, el fracaso del movimiento del Califato y del movimiento de no cooperación, y la completa indiferencia del Congreso y de Gandhi hacia los Mopla volvieron a crear una fractura en las relaciones entre hindúes y musulmanes. En 1924, el doctor Mahmud, enviado por el señor Gandhi, recopiló información entre la comunidad hindú de Malabar y presentó a Gandhi un informe en el que se afirmaba que las acusaciones contra los Mopla eran infundadas. La acusación de que habían convertido por la fuerza a hindúes al islam era completamente falsa y carecía de fundamento. En respuesta, Gandhi dijo: «Nadie conoce la verdad real».
-(Tha Indian Quarterly Register, 1942, vol. 1, n.º 2, p. 645; Muslim Separatism in India, A. Hamid, p. 160)
La afirmación anterior de Gandhi demuestra que no considera digna de crédito ninguna palabra de los musulmanes, mientras que está dispuesto a aceptar como palabra sagrada todo cuanto diga un hindú.
Lo que ocurrió después de estos tristes acontecimientos fue aún más lamentable. En septiembre de 1922, en Multán, los hindúes atacaron a los musulmanes con motivo de la celebración de Muharram. Al año siguiente, la situación empeoró gravemente en Saharanpur, desde donde el año anterior se había atizado el fuego comunal entre los hindúes mediante la distribución del folleto titulado «La sangrienta historia de Malabar». En este conflicto comunal de Saharanpur murieron 300 personas, la mayoría de ellas musulmanes. En 1924 se produjeron dieciocho disturbios en distintos lugares. Estos enfrentamientos comunales se extendieron rápidamente hasta Bihar y Bengala, y adquirieron grandes proporciones hasta 1926.
Ataque premeditado contra el islam y los musulmanes
La Liga Musulmana India iba perdiendo gradualmente su popularidad. Ya había quedado rezagada en popularidad durante los movimientos del Califato y de No Cooperación. Durante los disturbios comunales entre hindúes y musulmanes en todo el país, no podía hacer frente a los hindúes respaldados por la policía. Por lo tanto, también estaba más allá de sus posibilidades prestar una ayuda significativa a los musulmanes durante los disturbios. Mientras tanto, como numerosos miembros del Congreso, confiados en el pacifismo y en la unidad comunal, continuaban instigando los disturbios, el Congreso también se convirtió en objeto de odio para los musulmanes. En su afán de mostrar una generosidad excesiva con la esperanza de lograr la unidad comunal, los musulmanes violaron los principios tradicionales del islam. Permitieron que Swami Shraddhanand, líder del Arya Samaj, pronunciara un discurso desde el sagrado mimbar de la Mezquita Jama de Delhi. La extraordinaria generosidad que los musulmanes mostraron hacia él y hacia la sociedad hindú, aun menoscabando la santidad de la mezquita, fue correspondida por Swami Shraddhanand de tal manera que quedó como un ejemplo incomparable en la historia de la traición.
Cabe señalar que este líder del Arya Samaj también era un destacado miembro del Congreso y que fue encarcelado por participar en el movimiento de No Cooperación. Mientras se encontraba en la cárcel de Lahore, mantuvo consultas secretas con un funcionario inglés de alto rango del Punyab y fue liberado antes de que expirara su condena. Apenas salió de la cárcel, su propósito fue convertir a los musulmanes al hinduismo y transformarlos en una nueva casta inferior de intocables. Se entregó a la tarea de degradar a la nación musulmana hasta el nivel de una casta impura. En lugares como Gurgaon, Alwar y Bharatpur, se comenzó a convertir a un gran número de musulmanes analfabetos mediante diversas tentaciones y amenazas. Antes de la conversión, se obligaba a los musulmanes a beber agua mezclada con estiércol de vaca y a bañarse lavándose de pies a cabeza con esa misma agua. Así, la conversión forzosa de musulmanes inocentes y analfabetos al hinduismo continuó con todo vigor.
El Gobierno británico nunca tuvo una actitud respetuosa hacia los musulmanes ni hacia su religión. De lo contrario, si hubiera querido, podría haber detenido fácilmente esta persecución religiosa. Pero optó por guardar un silencio absoluto. Estas actividades nefastas de los miembros del Arya Samaj —probablemente instigadas por algunos poderosos funcionarios británicos— habían agitado y enfurecido tanto a los musulmanes que un tal Abdul Rashid puso fin a ellas asesinando a Shraddhanand a plena luz del día. Cuando Abdul Rashid, de origen desconocido, fue condenado a muerte, subió sonriente al patíbulo.
Después de este suceso, el propio Gandhi comenzó a hacer públicamente comentarios insultantes contra el islam. En reuniones públicas, empezó a afirmar: «El islam inicia a los seguidores de otras religiones en el precepto de matar, y los musulmanes consideran esto un medio para alcanzar la salvación en la otra vida».
Las palabras anteriores de Gandhi llenaron de dolor e indignación a la India musulmana. En cierta ocasión, durante un discurso en la Mezquita Jama de Delhi, Maulana Muhammad Ali expresó su pesar y dijo: «Es necesario dar una respuesta contundente a esta afirmación de Gandhiji, porque con ella se está tergiversando la sagrada y grandiosa yihad del islam».
Posteriormente, el maulana Sayyid Abul A‘la Maududi compuso una obra documental sumamente razonada, titulada «Al-Yihad fi al-Islam». En esta obra expuso con abundante erudición los principios fundamentales del islam, sus objetivos y fines, la guerra y la tregua islámicas, así como la política y las relaciones internacionales, entre otros temas; asimismo, refutó los conceptos erróneos que Gandhi intentó crear mediante sus declaraciones acerca del islam y del yihad islámico.
Considero que no será irrelevante poner en conocimiento de los lectores algunas cosas acerca de esta obra.
En los primeros cinco capítulos de esta extensa obra se explica detalladamente la dignidad del yihad islámico, la guerra defensiva, la guerra reformadora, la propagación del islam y la espada, así como las normas de la ley islámica relativas a la guerra y la tregua.
El sexto capítulo trata de las políticas bélicas de las religiones hindú, budista, judía y cristiana.
El séptimo capítulo está dedicado al análisis de la guerra y la tregua bajo la civilización contemporánea. Puede afirmarse sin la menor duda que, hasta hoy, nadie ha escrito en ninguna lengua del mundo una obra tan informativa, razonada y autorizada sobre este tema.
Alá concedió este honor exclusivamente al maulana Sayyid Abul A‘la Maududi.
Alá Iqbal elogió sobremanera la obra. La obra ha sido traducida al bengalí y consta de 592 páginas.
El movimiento de organización
El líder del «movimiento Sangathan», Lala Hardayal, declaró públicamente que los musulmanes debían convertirse al hinduismo o recoger sus bártulos y abandonar la India.
En 1925, un dirigente hindú llamado Satyadev declaró: «Como somos poderosos en calidad de mayoría, propondremos a los musulmanes las siguientes condiciones:
“No se permitirá reconocer el Corán como libro divino, ni se aceptará a Muhammad como profeta. Deberán abandonar las festividades musulmanas y celebrar las festividades hindúes. Deberán renunciar a los nombres musulmanes y adoptar nombres como Ramdid, Krishnakhan, etcétera. Deberán rendir culto en hindi en lugar de árabe”.
-(Una historia del movimiento por la libertad, La opinión pública musulmana bengalí reflejada en la prensa bengalí, 1901-1930, Mustafa Nurul Islam.)
Durante el período contemporáneo al movimiento de purificación de la Arya Samaj, el Dr. Munje y Bhai Parmanand, mediante el movimiento «Sangathan», incitaron a los hindúes contra los musulmanes. Como consecuencia, estallaron sangrientos enfrentamientos comunitarios en diversos lugares. Cuando la situación se encaminó hacia un extremo deterioro, el Dr. Saifuddin Kitchlew salió al terreno junto con el movimiento. Gracias a sus incansables esfuerzos, el ímpetu devastador de los movimientos «Shuddhi» y «Sangathan» se apaciguó en cierta medida.
Pero la llama comunitaria no se extinguió en absoluto en el corazón de los hindúes. Un miembro de la Arya Samaj llamado Rajpal, de Lahore, volvió a encender el fuego del odio contra los musulmanes. Publicó un libro titulado «Rangila Rasul», en el que se atribuían infames y repugnantes calumnias al carácter del Profeta Universal Muhammad Mustafa. Con ello se asestó un golpe extremo a los sentimientos religiosos de los musulmanes. Entonces un musulmán llamado Ilmuddin mató a Rajpal y subió sonriente al patíbulo.
La reivindicación de la autonomía de las regiones de población musulmana
En lugar de apaciguarse, la violencia y los disturbios comunitarios siguieron aumentando progresivamente hasta adquirir una forma terrible. En 1927, el maulana Hasrat Mohani, de Kanpur, presentó en la prensa, mediante una declaración, una propuesta que reivindicaba la autonomía de las regiones de población musulmana de la India. Puede considerarse la primera guía del camino hacia el movimiento de Pakistán.
Conferencia de todos los partidos
Mientras tanto, Maulana Muhammad Ali, el Sr. Muhammad Ali Jinnah, Maulana Abul Kalam Azad, Hakim Ajmal Khan, la Sra. Sarojini Naidu, Raja Gopalacharia, el Dr. Ansari y otros dirigentes se esforzaban al máximo por restablecer la armonía comunitaria, pero no lograban encontrar ningún medio para impedir los disturbios. Finalmente, en 1928, en vísperas de la sesión del Congreso que se celebraría en Calcuta, se convocó una conferencia de todos los partidos. Dirigentes destacados hindúes, musulmanes y sijes de la India participaron en la conferencia. El presidente saliente del Congreso, el Dr. Mukhtar Ahmad Ansari, presidió la conferencia. Sin embargo, debido a la obstinación de los hindúes extremistas, la conferencia terminó en fracaso.
Con el propósito de establecer la armonía comunitaria, los musulmanes estuvieron dispuestos a ceder a los no musulmanes algunos de los escaños que les correspondían en los consejos legislativos de sus provincias de mayoría, aun teniendo una mayoría absoluta, y, a cambio, estuvieron dispuestos a ceder a los no musulmanes algunos escaños en la Asamblea Legislativa Central, más allá de la proporción de escaños que justamente les correspondía, y, a cambio, exigieron un tres por ciento adicional de escaños en la Asamblea Legislativa Central respecto de la proporción de escaños que justamente les correspondía. Se trataba de exigir una pequeña ganancia en el centro a cambio de ceder un mayor número de escaños. Pero la mayoría de los dirigentes hindúes y sijes de la conferencia se opusieron vehementemente a esta propuesta y expresaron su desacuerdo con firmeza. Las repetidas peticiones del Sr. Muhammad Ali Jinnah para que se mostrara una pequeña generosidad a cambio de una mayor generosidad por parte de los musulmanes fracasaron. Como resultado, la conferencia de todos los partidos terminó en un fracaso total, sin adoptar ninguna decisión.
Las históricas catorce propuestas de Muhammad Ali Jinnah
Al principio, el Sr. Muhammad Ali Jinnah fue un miembro muy entusiasta y dedicado del Congreso, y era un embajador de la unidad entre hindúes y musulmanes. Pero sus esfuerzos de tantos años por lograr la unidad fracasaron. Le dolió profundamente la conducta de los miembros hindúes del Congreso y su política hostil hacia los musulmanes. Posteriormente, en diciembre de 1921, durante la sesión del Congreso en Nagpur, rompió su larga relación con el Congreso. Sin embargo, hasta la conferencia de todos los partidos celebrada en 1928 se abstuvo de oponerse públicamente al Congreso. Al observar en esta conferencia la actitud hostil de los hindúes y los sijes, quedó profundamente afligido. Inmediatamente después, en la Conferencia Musulmana celebrada en Delhi, presentó sus catorce propuestas. Entre los aspectos más destacados de estas catorce propuestas estaban la separación de Sindh de Bombay y la formación de la provincia de Sindh; la introducción de reformas administrativas en Baluchistán y la Provincia de la Frontera; la distribución de escaños en los consejos legislativos de las provincias de mayoría musulmana en proporción a la población; y la introducción de elecciones separadas para los musulmanes en la elección de representantes para las instituciones autónomas del país. A partir de entonces, el Sr. Jinnah —posteriormente Quaid-e-Azam— se volvió abiertamente activo en la oposición al Congreso. Más tarde, la mayoría de los puntos de las «catorce propuestas» fueron reconocidos en el Laudo Comunal del primer ministro británico Ramsay MacDonald. Además de estas catorce propuestas, Orissa y Assam, de mayoría hindú, obtuvieron el rango de dos provincias separadas.
La Comisión Simon
Con el propósito de determinar la futura política respecto al gobierno de la India, o con el propósito de sofocar el movimiento de independencia de la India, el Gobierno británico envió a la India una comisión real en 1928. El presidente de esta comisión era Sir John Simon. Como no se incluyó a ningún miembro indio en la comisión, el Congreso, la Liga Musulmana y otros partidos políticos decidieron boicotearla. Cuando los miembros de la comisión desembarcaron en Bombay, se les mostraron banderas negras. No obstante, la Comisión Simon presentó en Londres una recomendación para celebrar una conferencia de mesa redonda.
Conferencia de mesa redonda
Según las recomendaciones de la Comisión Simon, en 1930 se convocó en Londres la Conferencia de la Mesa Redonda. El Congreso se abstuvo de participar en ella. Aceptaron la invitación dirigentes como Maulana Muhammad Ali, el señor Muhammad Ali Jinnah, el señor A. K. Fazlul Huq, Sir Muhammad Ismail, el Aga Khan, Sir Abdul Qaiyum, Sir Abdul Halim Ghaznavi, Sir Haidari, Sir Muhammad Shafi y Sir Shah Nawaz Bhutto, entre otros. Al llegar a Londres, los miembros musulmanes eligieron al Muy Honorable Aga Khan como su líder.
La conferencia duró aproximadamente dos meses. Maulana Muhammad Ali asistió a ella con la salud quebrantada y, aun encontrándose enfermo, pronunció sentado en su escaño su discurso más extenso, de noventa minutos. El discurso encendido de aquel hombre de fuego era, por un lado, una obra literaria de alto nivel y, por otro, una de las mayores contribuciones a la historia del movimiento por la independencia de la India. En la conferencia celebrada bajo la presidencia del emperador Jorge V, criticó duramente al Gobierno británico con unas palabras que, para él, constituían el bien más preciado de su vida. En cierto momento de su discurso, dijo con voz sumamente emocionada: «Quiero regresar a mi patria llevando la esencia de la independencia de la India. Si no nos concedéis la independencia, prefiero morir en un país libre antes que regresar a mi país».
Aquella declaración sincera fue una profecía cuya realización, letra por letra, no tardó en llegar. Ya no tuvo que regresar a su amada patria. La India no alcanzó la independencia; pocos días después, fue su vida la que llegó a su fin en el propio Londres.
Maulana Muhammad Ali había quedado completamente debilitado de salud tras ser encarcelado repetidas veces y pasar largos períodos en prisión. Su muerte repentina sumió en un mar de duelo a cientos de millones de hombres y mujeres de la India. Murió el 4 de enero de 1930, y esta terrible noticia se extendió con la rapidez de un rayo por todo el mundo musulmán. La gente culta del mundo, profundamente conmovida, comenzó a enviar telegramas para rendir su último homenaje a este hombre de la India, semejante a un león.
Maulana Muhammad Ali había quedado completamente debilitado de salud tras ser encarcelado repetidas veces y pasar largos períodos en prisión. Su muerte repentina sumió en un mar de duelo a cientos de millones de hombres y mujeres de la India. Murió el 4 de enero de 1930, y esta terrible noticia se extendió con la rapidez de un rayo por todo el mundo musulmán. La gente culta del mundo, profundamente conmovida, comenzó a enviar telegramas para rendir su último homenaje a este hombre de la India, semejante a un león.
De acuerdo con el último deseo de Maulana Muhammad Ali, su cuerpo no fue llevado a la tierra de la India sometida; fue enterrado en el recinto de la mezquita del califa Omar, situada en Bait al-Maqdis.
El vacío creado en la vida política de la India por la muerte de Maulana Muhammad Ali Jauhar, patriota, poeta y escritor, periodista y orador, nunca volvió a llenarse. Sin embargo, cuando durante su viaje a Londres lo subieron al barco en el puerto de Bombay con la ayuda de una camilla, muchos dijeron con la voz entrecortada por las lágrimas: «¿Quién ocupará su lugar en la India?». Entonces él respondió: «Entre vosotros queda Muhammad Ali Jinnah». También se cumplió este último deseo suyo. Más tarde, las esperanzas y aspiraciones de los musulmanes se hicieron realidad gracias a los incansables esfuerzos de Muhammad Ali Jinnah.
La segunda Conferencia de la Mesa Redonda
El Congreso Nacional Indio había boicoteado la primera Conferencia de Mesa Redonda. Además, el señor Gandhi inició el movimiento de desobediencia a la ley de la sal y puso en dificultades al Gobierno británico en la India. El Gobierno también intentó reprimir con mano dura a los participantes en el movimiento. En tales circunstancias, con el fin de alcanzar un acuerdo con el Gobierno, dirigentes como sir Tej Bahadur Sapru, el nawab Hamidullah Khan de Bhopal, Srinivasa Sastri y Sri Jayakar se reunieron con el señor Gandhi para entablar conversaciones. En las conversaciones se creó un marco para el acuerdo. Después de las conversaciones directas entre Gandhiji y el virrey, el Congreso aceptó participar en la segunda Conferencia de Mesa Redonda.
En agosto de 1931, el señor Gandhi viajó a Londres como único representante del Congreso para la Conferencia de Mesa Redonda que se celebraría entonces. Al llegar a Londres, supo que el Gobierno estaba decidido a reconocer a las comunidades catalogadas, al igual que a los musulmanes, como una comunidad independiente. Gandhi no estaba dispuesto a aceptarlo y regresó a la India en protesta. Gandhi fue encarcelado junto con los activistas del movimiento contra los británicos.
Tras la retirada de Gandhi de la Conferencia de Mesa Redonda, esta continuó durante dos meses y se formaron varios subcomités. Para examinar los informes de esos comités, en agosto del año siguiente se convocó la tercera sesión de la Conferencia de Mesa Redonda.
Tercera Conferencia de Mesa Redonda
En lo relativo al número de escaños de los musulmanes en las distintas asambleas legislativas y al sistema electoral, los miembros hindúes desempeñaron su habitual papel hostil. Intentaron conducir la Conferencia de Mesa Redonda al fracaso, del mismo modo que habían hecho fracasar la conferencia celebrada en Calcuta en 1928 al manifestar una actitud intransigente. Sin embargo, bajo el competente liderazgo del Aga Khan, los dirigentes musulmanes, especialmente el señor Muhammad Ali Jinnah, presentaron sus justas demandas con tal capacidad y fuerza argumentativa que el Gobierno británico estuvo dispuesto a aceptar la mayoría de ellas. También fue especialmente notable el papel desempeñado por dirigentes como sir Muhammad Shafi, sir Abdul Halim Ghaznavi y sir Akbar Hydari, además del Aga Khan y del señor Muhammad Ali Jinnah. Tras ser derrotados en la argumentación, dirigentes como el pandit Madan Mohan Malaviya, el doctor Moonje y Sri Jayakar, después de consultar con los demás miembros hindúes, encomendaron al entonces primer ministro británico, Ramsay MacDonald, la resolución de la cuestión mencionada: la distribución de los escaños de los musulmanes en las asambleas legislativas y el sistema electoral.
Los hindúes tenían profunda confianza en MacDonald, porque en el pasado había mostrado simpatía por los hindúes y había sido un firme partidario del Congreso. Sin embargo, en el laudo comunal (Communal Award) que proclamó, se fijó el número de escaños para los musulmanes y las demás comunidades en las distintas asambleas legislativas. También se reconoció el sistema de electorados separados. Solo se intentó hacer aceptable para ambas partes introduciendo algunos cambios en el número de escaños.
Los hindúes quedaron atónitos y consternados ante la proclamación de MacDonald, pues nunca habían esperado algo semejante. Se sintieron especialmente afligidos por la propuesta de electorados separados incluso para los hindúes pertenecientes a las comunidades catalogadas. El señor Gandhi cumplía entonces su condena en la cárcel de Yerwada. En protesta contra los electorados separados, anunció una huelga de hambre hasta la muerte.
El Pacto de Poona
Por un lado, los dirigentes hindúes se dirigieron a Poona y continuaron suplicando repetidamente a Gandhi que desistiera de su ayuno; por otro, los hindúes de casta siguieron presionando a los excluidos para modificar las disposiciones pertinentes del laudo. Se celebró una conferencia bajo la presidencia del poeta Rabindranath. El Dr. Ambedkar, líder de la comunidad de los excluidos, se sometió a los hindúes de casta, y se decidió que, aunque se reservarían escaños para los excluidos en las diversas asambleas legislativas, estos tendrían que ser elegidos mediante un sistema electoral mixto. Este acuerdo pasó a la historia con el nombre de Pacto de Poona.
Cabe señalar que el objetivo del Congreso Nacional Indio y de los hindúes de casta de la India era someter a todos los habitantes de la India al yugo de una nacionalidad única y crear una nacionalidad cuya autoridad y dirección estuvieran en manos de la mayoría hindú. En consecuencia, la nación musulmana sería fusionada con una nacionalidad artificial y su singularidad quedaría eliminada. Sin embargo, mediante el reconocimiento gubernamental de electorados separados para los musulmanes, también se reconoció su singularidad nacional. Esto hizo añicos el sueño largamente acariciado por los hindúes de casta, y toda su ira recayó sobre el Gobierno británico, que había sido su antiguo amigo íntimo, benefactor y tutor. De ahí surgió el terrorismo. Comenzaron a sucederse continuamente nuevos actos destructivos, saqueos de arsenales, asesinatos políticos y otros acontecimientos semejantes. Entre los hechos destacados de algunos años de este período figuran el saqueo del arsenal de Chittagong, dirigido por el terrorista hindú Surya Sen; el asesinato de Khan Bahadur Ahsan Ullah, uno de los oficiales del departamento de inteligencia; el ataque al Club Europeo y el asesinato de varios hombres y mujeres; el asesinato del magistrado de distrito de Medinipur; la conspiración de la dinamita, entre otros. Estos hechos terroristas se produjeron en el transcurso de dos o tres años, mientras se celebraba en Londres la Conferencia de la Mesa Redonda.
Ley del Gobierno de la India
El siguiente acontecimiento destacado fue la Ley del Gobierno de la India de 1935. El contenido o propósito de esta ley era establecer un gobierno parcialmente responsable en las provincias y un gobierno federal en el centro. En virtud de la Ley del Gobierno de la India, el virrey y los gobernadores provinciales conservaron más poder que el que el Gobierno británico había concedido a los indios mediante las reformas administrativas de Montagu-Chelmsford. También se anunció que esta nueva Ley del Gobierno de la India entraría en vigor a partir de abril de 1937.
Las autoridades del Congreso no pudieron sentirse en absoluto satisfechas con este poder limitado o controlado (Controlled Power). No obstante, después de diversas maniobras dilatorias, participaron en las elecciones celebradas conforme a la nueva ley. Sin embargo, se negaron a aceptar cargos ministeriales. Más adelante se expondrá detalladamente cómo el Congreso formó ministerios en siete provincias de la India y cómo, durante sus dos años y medio de gobierno, ejerció injusticias, opresión y persecución contra los musulmanes, abriendo así el camino al movimiento musulmán por Pakistán como reacción a ello.
Cuando se promulgó la Ley del Gobierno de la India de 1935, el Sr. Muhammad Ali Jinnah hizo un ferviente llamamiento a todos para que se reunieran bajo la bandera de la Liga Musulmana. En las elecciones generales de 1937 también fueron elegidos algunos miembros de la Liga Musulmana. Hasta entonces, el movimiento de la Liga Musulmana aún no se había transformado en un movimiento de masas. Después de las elecciones, el Sr. Jinnah tendió la mano al Congreso para cooperar con él. Pero el Congreso rechazó la propuesta. Para un jurista tan enérgico y célebre como Jinnah no era posible someterse a la arrogancia antes mencionada del Congreso. Tras muchas ofensas y resentimientos, cuando el Congreso aceptó formar un ministerio después de las garantías ofrecidas por el virrey Linlithgow, el Sr. Jinnah ordenó a los miembros de la Liga que se opusieran.
El movimiento por la independencia de la India continuó en medio de los conflictos y disputas entre la Liga y el Congreso. El trato de madrastra de los hindúes hacia los musulmanes, la indiferencia hacia la civilización y la cultura de los musulmanes, los intentos de establecer un Raj hindú de Rama en las provincias gobernadas por el Congreso y las injusticias cometidas por el Congreso hindú contra los musulmanes obligaron a estos a luchar por obtener una patria separada. Esa lucha llegó a su fin con el nacimiento, en 1947, de dos Estados independientes, India y Pakistán.
Segunda parte
Primer capítulo
En la primera parte de «Historia de los musulmanes de Bengala» se ha analizado detalladamente la historia del gobierno musulmán de Bengala, que duró más de quinientos cincuenta años (1302-1757 d. C.), desde la primera llegada de los musulmanes a Bengala y, en general, a la región oriental del subcontinente indio. Después, se ha estudiado la historia del período comprendido entre el inicio del dominio inglés en este territorio y la entrada en vigor de la Ley de la India de 1935 (Government of India Act, 1935).
Ahora, en la segunda parte de esta historia, deseo analizar la historia del período comprendido entre la aplicación de la mencionada ley de 1935 y la partición de la India en 1947.
Aunque para algunas personas la partición de la India pudo parecer desafortunada, fue una realidad inevitable y natural. En un país donde, tras el establecimiento del gobierno de una pequeña minoría musulmana sobre una población mayoritariamente no musulmana, este se prolongó durante mil doscientos años, y donde musulmanes y no musulmanes convivieron en paz y armonía durante todo ese largo período, ¿por qué no pudieron seguir viviendo juntos al llegar la mitad del siglo XX? Las generaciones presentes y futuras deben conocer necesariamente la historia correcta y objetiva de este asunto. Si se analiza, con una perspectiva imparcial, la historia continua de la conducta de los hindúes y los británicos hacia los musulmanes desde el establecimiento del dominio inglés, especialmente los dos años y medio de mal gobierno del Congreso en la India británica, se llegará a la conclusión de que la partición de la India fue una realidad inevitable y natural.
Como consecuencia de la entrada en vigor de la Ley de la India de 1935, se estableció una autonomía limitada en las provincias. El Congreso logró formar gobierno en siete provincias de mayoría hindú sin la colaboración de ningún otro partido y, embriagado por el poder, comenzó a tratar a los musulmanes de manera tan inhumana que estos empezaron a sentir que su propia existencia en el subcontinente estaba en peligro. Las relaciones entre hindúes y musulmanes se deterioraron gravemente; por todo el país comenzaron horribles enfrentamientos comunales, y los musulmanes fueron despojados de sus vidas, bienes, honor y dignidad. Finalmente, la situación tomó un rumbo del que ya no había ninguna posibilidad de retorno. La India quedó dividida en dos Estados independientes separados. Detrás de esta división estaban la inquebrantable fe y los ideales religiosos de los musulmanes indios, su concepción de una nacionalidad diferenciada, su propia historia, tradiciones y civilización y cultura, así como el profundo temor a que su existencia nacional desapareciera junto con todo ello. Una de las partes quería mantener a la otra en la esclavitud o, en caso contrario, eliminarla del territorio de la India. La otra quería vivir con dignidad y con todos sus derechos. Espero que un análisis imparcial de la historia demuestre esta verdad.
Ley de la India de 1935 (Govt. of India Act, 1935)
Esta ley entró en vigor el 1 de abril de 1937. La segunda parte de la ley relativa a la Federación India no llegó a aplicarse, porque un número determinado de los Estados principescos indios no pudo aceptar la federación.
La característica especial de esta ley fue que, por primera vez, otorgó a las provincias una existencia separada reconocida legalmente. Sind quedó separado de Bombay y recibió la condición de provincia independiente. La Provincia de la Frontera del Noroeste recibió por primera vez plena condición provincial. Se redujo la proporción de riqueza exigida a los votantes y, con ello, aumentó el número de electores.
Según la ley, habrá un consejo de ministros en cada provincia y el gobernador seguirá sus recomendaciones. Sin embargo, en ciertos casos podrá, si lo desea, tomar decisiones conforme a su propio criterio. Se abolió el sistema de diarquía. En la provincia habrá un gabinete según el modelo británico, y el gobernador desempeñará sus funciones siguiendo su consejo.
Elecciones a los consejos provinciales
Las elecciones a los consejos provinciales se celebraron en febrero y marzo de 1937. A finales de 1936, la Liga Musulmana y el Congreso anunciaron sus manifiestos electorales. Las políticas sociales de ambos manifiestos eran similares. Tampoco se encontraban muy alejados el uno del otro en las cuestiones políticas. Pero existía una gran diferencia de opinión entre ambos en dos asuntos. Uno de ellos era que la Liga Musulmana se había comprometido a preservar y promover la lengua y el alfabeto urdu. El Congreso, por el contrario, estaba decidido a convertir el hindi en la lengua estatal de la India. En segundo lugar, la Liga Musulmana se mantenía firme en favor de los electorados separados. El Congreso, en cambio, se oponía tajantemente a ellos. En 1916, el Congreso aceptó los electorados separados y firmó con la Liga Musulmana un acuerdo conocido como el Pacto de Lucknow. Muchos dirigentes del Congreso elogiaron entusiastamente el Pacto de Lucknow y lo consideraron un puente para la unidad hindú-musulmana. Pero posteriormente el Congreso incumplió este acuerdo y comenzó a oponerse a los electorados separados. No obstante, a pesar de la intensa oposición del Congreso, los electorados separados se mantuvieron vigentes hasta la partición de la India.
El manifiesto de la Liga Musulmana no contenía nada que obstaculizara la unidad hindú-musulmana. Por el contrario, incluía un claro llamamiento a la cooperación. El Congreso rechazó arrogantemente este llamamiento de la Liga Musulmana a la cooperación. La afirmación del Congreso era que todos los habitantes de la India constituían una sola nación y que el Congreso era la institución política que representaba a los habitantes de la India. Pero las elecciones de 1937 demostraron que esta afirmación era falsa.
Los resultados electorales publicados muestran que, de un total de 1.771 escaños, el Congreso obtuvo solamente 706, menos de la mitad. La mayoría de los escaños musulmanes fue obtenida por el Partido Unionista del Punyab de Sir Fazle Hussain. Como la Liga Musulmana todavía estaba desorganizada, obtuvo 102 de los 482 escaños. Pero ¿en cuántos escaños musulmanes resultó vencedor el Congreso como partido que representaba tanto a hindúes como a musulmanes? Se presentó en 58 escaños y solo ganó en 26. En el Punyab obtuvo 18 de un total de 175 escaños, y en Bengala, 60 de 250.
(The Struggle for Pakistan, I. H. Qureshi. Cuadro que muestra el resultado de las elecciones en la India, noviembre de 1937)
De un total de treinta y cinco millones de votos, el Congreso obtuvo aproximadamente quince millones. Por lo tanto, quedó demostrado que era falsa su pretensión de ser la única institución política de la India.
En las Provincias Unidas, solo un musulmán fue elegido con la candidatura del Congreso. Fue elegido mediante elección conjunta por un distrito electoral universitario especial. El presidente provincial del Congreso —un musulmán— fue derrotado en las elecciones. —(The Struggle for Pakistan, I. H. Qureshi)
De las once provincias del país, el Congreso logró obtener la mayoría de los escaños en seis. Estas eran Bombay, Madrás, las Provincias Unidas, las Provincias Centrales, Bihar y Orisa. Sin embargo, pese a realizar numerosos esfuerzos, no pudo reunir un número suficiente de candidatos musulmanes en las provincias de mayoría musulmana. En tres de las seis provincias mencionadas —Bombay, las Provincias Centrales y Orisa— ningún candidato musulmán nominado por el Congreso logró ser elegido.
Conforme a la nueva ley vigente, los gobernadores provinciales convocaron a los dirigentes del partido mayoritario en las legislaturas provinciales, y se formaron gobiernos en cinco provincias, entre ellas la Provincia de la Frontera y Assam, que comenzaron a funcionar como unidades autónomas a partir del 1 de abril. En las seis provincias restantes, el Congreso se negó a formar gobiernos mientras los gobernadores no garantizaran que se abstendrían de ejercer sus poderes especiales conforme a la Constitución. Los gobernadores se negaron a otorgar tal garantía. Posteriormente, emprendieron la formación de gobiernos interinos con los representantes de aquellos partidos o grupos que estuvieran dispuestos a constituirlos. Se formaron gobiernos interinos bajo liderazgo musulmán en Bombay, Bihar y las Provincias Unidas, y también se dio cabida en ellos a algunos miembros de la Liga Musulmana. Sin embargo, no se los denominó «gobiernos de la Liga Musulmana».
Estancamiento en torno a la cuestión de las salvaguardias
Las Instrucciones impartidas a los gobernadores provinciales en virtud de la Ley del Gobierno de la India de 1935 les asignaban una responsabilidad especial. La responsabilidad especial de los gobernadores consistía en velar por las salvaguardias (Safeguard) garantizadas por la ley para la protección de los intereses de las minorías.
Se decía:
Los Instrumentos de Instrucciones emitidos a los gobernadores en virtud de la Ley del Gobierno de la India de 1935 impusieron ciertas responsabilidades especiales a las autoridades provinciales. Estas incluían la «salvaguardia de todos los intereses legítimos de las minorías», lo que exigía que, en general, se asegurara que aquellas comunidades raciales o religiosas cuyos miembros contaban con representación especial en la legislatura, así como aquellas clases de personas confiadas a su protección que, ya fuera por lo reducido de su número, por su falta de ventajas educativas o materiales, o por cualquier otra causa, todavía no pudieran confiar plenamente en la acción política conjunta en la legislatura para su bienestar, no sufrieran ni tuvieran motivos razonables para temer el abandono o la opresión.
La ley mencionada garantizaba la protección de todos los intereses legítimos de toda clase de comunidades minoritarias. Se asignó a los gobernadores provinciales la responsabilidad especial de velar por que sus intereses quedaran protegidos.
Hay ciertas comunidades raciales y religiosas cuyos miembros cuentan con representación especial en la legislatura; estas comunidades y clases, que por encontrarse bajo la tutela del gobernador, por carecer de ventajas materiales o por cualquier otra razón todavía no pueden confiar plenamente en las medidas políticas conjuntas adoptadas en la legislatura para su bienestar, no sufrirán ningún perjuicio ni tendrán motivo alguno para temer el abandono o la opresión. De este modo, la responsabilidad de proteger sus intereses quedó encomendada a los gobernadores.
Por minoría de la India se entiende principalmente a los musulmanes, y estos llevan largo tiempo luchando por la protección y salvaguardia de todos sus intereses.
Este subcontinente fue el hogar de varias naciones, entre las cuales también había mayorías y minorías. El Congreso no reconocía esta realidad. El Congreso afirmaba que solo había una organización representativa de todos los habitantes de la India, y que esa era el Congreso. El señor Gandhi dijo al representante de News Chronicle: «Aquí solo hay un partido capaz de hacer el bien, y ese es el Congreso. No aceptaremos ningún partido aparte del Congreso».
También dijo: «Llamadlo como queráis; en la India solo puede haber un partido, y ese es el Congreso» (Muslim Separatism in India, A. Hamid, p. 217).
La actitud de Jawaharlal Nehru era similar. Dijo que ni siquiera con la ayuda de un microscopio podría descubrirse la existencia de alguna comunidad minoritaria en la India. En el país solo hay dos partidos: el Congreso y el Gobierno. Y quienes están fuera de ellos deben aceptar nuestro programa de acción y permanecer con nosotros. Quienes no están con nosotros están contra nosotros.
Esto era precisamente la manifestación de la mentalidad fascista del pandit Nehru arriba mencionada. —Muslim Separatism in India, A. Hamid.
La Ley de 1935 contempla salvaguardias para proteger los intereses de las minorías y ha conferido responsabilidades especiales a los gobernadores provinciales para que los intereses de las minorías no se vean perjudicados. Pero, puesto que, según las palabras del pandit Jawaharlal Nehru, en este país no existe nada que pueda llamarse una minoría, según el Congreso tampoco es necesario que los gobernadores ejerzan poderes especiales para cumplir sus responsabilidades especiales. El significado evidente de esto es que el Congreso no está dispuesto en absoluto a proteger los intereses de los musulmanes. Por esta razón, el Congreso se negó a formar gobiernos y mantuvo creado el punto muerto.
Finalmente se alcanzó un acuerdo de compromiso entre el Congreso y el virrey lord Linlithgow, sobre cuya base, el 7 de julio, el Comité de Trabajo del Congreso aprobó una propuesta para permitir al Congreso formar gobiernos.
Tras obtener secretamente plenas garantías por parte del virrey, el Congreso abandonó todo resentimiento y formó gobiernos en siete provincias en julio de 1937. En 1938, al dimitir el primer ministro de Assam, sir Muhammad Sa’dullah, Gopinath Bordoloi formó en Assam un gobierno de coalición del Congreso. En todas esas provincias, los intereses de los musulmanes comenzaron a ser pisoteados. Este asunto se examinará más adelante.
Resultados de las elecciones
Antes de examinar la intensa reacción que se produjo en la India musulmana tras la formación de los ministerios del Congreso, analicemos primero cuál era la situación de las provincias en las que se formaron gobiernos desde comienzos de 1937.
Bengala
Después de las elecciones, la composición partidaria de la Asamblea Legislativa de Bengala era la siguiente:
Congreso 54
Hindúes no pertenecientes al Congreso 42
Musulmanes independientes 43
Liga Musulmana 40
Otros musulmanes 38
Europeos angloindios 31
Musulmanes independientes 2
Total >>> 250
Entre los musulmanes que no pertenecían a la Liga Musulmana, 35 eran miembros del Partido Krishak Praja. El líder de este partido era el maulvi A. K. Fazlul Haq (Sher-e-Bangla). Aquí no había otra forma de constituir un gabinete que no fuera mediante una coalición. Por consiguiente, en abril de 1937 se formó un gabinete de coalición integrado por la Liga Musulmana, el Partido Krishak Praja, la comunidad de las Castas Registradas (Scheduled Castes) y los hindúes de casta independientes o no pertenecientes al Congreso; su líder era Sher-e-Bangla A. K. Fazlul Haq. Formó un gabinete de diez miembros, cinco de los cuales eran musulmanes y cinco hindúes.
Cabe señalar que, después de las elecciones, en una asamblea pública celebrada el 3 de febrero en Munshiganj, el señor Fazlul Haq anunció el programa de su partido. El 15 de febrero, el comité ejecutivo del Partido Krishak Praja aprobó el acuerdo celebrado con los dirigentes de dicho partido con el propósito de poner en vigor la nueva constitución de la Liga Musulmana. El 6 de marzo, el señor Fazlul Haq aceptó formar el gabinete. A petición de Quaid-e-Azam Muhammad Ali Jinnah, el señor Haq se incorporó a la Liga Musulmana. Posteriormente, prestó juramento como primer ministro de Bengala.
El gabinete de coalición de Fazlul Haq no pudo funcionar sin dificultades, porque el Congreso se opuso encarnizadamente a él a cada paso. Sin embargo, el resultado beneficioso fue que, en la misma medida en que aumentaba la oposición, la unidad musulmana se consolidaba y fortalecía dentro y fuera de la asamblea.
Después de la formación del gabinete de coalición, mejoraron las relaciones entre el Partido Krishak Praja y la Liga Musulmana. En septiembre de 1837, asistió a la sesión de la Liga Musulmana de toda la India celebrada en Lucknow y declaró que los miembros de su partido se incorporarían a la Liga Musulmana. En su gabinete ocuparon cargos Khawaja Nazimuddin y Huseyn Shaheed Suhrawardy.
Los cuatro años y medio de Fazlul Huq Sahib como primer ministro trajeron una nueva oleada tanto a su vida como a la fuerza política musulmana de Bengala indivisa. Su gabinete logró infundir una enorme esperanza en el pueblo y crear confianza en sí mismos entre los musulmanes. Su complejo de inferioridad, mantenido durante tanto tiempo, desapareció, y comenzaron a considerar a los hindúes como sus iguales. Los discursos de Fazlul Huq y Suhrawardy en la asamblea, sus respuestas contundentes a las palabras de sus adversarios y su ingenio fueron de un nivel superior al de los dirigentes del Congreso y de la Hindu Mahasabha. Con su vitalidad y sabiduría, la agudeza de su inteligencia, su elocuencia inagotable y capacidad organizativa, así como su arduo trabajo y perspicacia, demostraron en la asamblea su superioridad sobre los miembros hindúes.
El nuevo espíritu de vida que surgió entre los musulmanes de Bengala no se limitó a las cuatro paredes del edificio de la asamblea. Se hizo visible en todos los ámbitos de la actividad humana: la organización política, la literatura, el arte, el periodismo, los deportes y otros. La Liga Musulmana se estaba convirtiendo en una organización fuerte y dinámica, e infundía una nueva vida y confianza entre los musulmanes.
El predominio que durante casi un siglo habían ejercido los poetas y escritores hindúes sobre la literatura bengalí llegó a su fin con la aparición de Kazi Nazrul Islam en el firmamento literario. Y no estuvo solo: también son innegables las contribuciones inmortales al mundo de la poesía de poetas como Jasimuddin, Golam Mostofa, Benzir Ahmad y otros. Las canciones islámicas, murshedi y bhatiali, interpretadas con las melodías cautivadoras del emperador de la música Abbasuddin, infundieron inspiración islámica en los corazones de los musulmanes.
El surgimiento de una nueva prensa musulmana contribuyó enormemente a este renacimiento musulmán. Aunque desde Calcuta se publicaban algunas revistas mensuales y semanales en el ámbito del periodismo, no existía ningún diario regular. En 1936, Maulana Akram Khan publicó el diario Azad y prestó un gran servicio a la nación musulmana; el gabinete de coalición de Fazlul Huq le brindó un apoyo activo. En ese período, el diario The Star of India, publicado por Abdul Karim Ghaznavi, y el diario The Morning News, publicado por Khwaja Nuruddin, representaban las esperanzas y aspiraciones de los musulmanes.
El primer gabinete de Sher-e-Bangla A. K. Fazlul Huq (1937-1941) puede considerarse una época dorada en la historia del gobierno parlamentario de Bengala. Durante ese período, viajó por las provincias de Bihar, Orissa y Assam, organizó la Liga Musulmana y la transformó en una organización poderosa. Pronunció discursos en las conferencias de la Liga Musulmana celebradas en Lucknow en 1937, en Karachi en 1938 y en Cuttack en 1939. En 1940, se celebró en Lahore, bajo la presidencia de Quaid-e-Azam Muhammad Ali Jinnah, la conferencia de la Liga Musulmana los días 22, 23 y 24 de marzo. En la sesión del 23 de marzo presentó la histórica Resolución de Pakistán.
Fazlul Huq había comprendido que la educación era la clave del desarrollo y progreso de la nación musulmana. Por ello, asumió personalmente la responsabilidad del Ministerio de Educación en su gabinete de coalición. Estableció numerosas instituciones educativas para el progreso de los musulmanes en el ámbito de la educación, entre ellas: Lady Brabourne College (colegio femenino), Calcuta; Eden Girls’ College, Dacca; Colegio Agrícola (Tejgaon, Dacca); Fazlul Huq Muslim Hall, Dacca; y Fazlul Huq College, Chakhar, Barisal.
Quiso reducir en cierta medida el orgullo y la arrogancia de la Universidad de Calcuta. En realidad, esta era un templo del saber protegido de los hindúes, un poderoso instrumento del Renacimiento hindú y del establecimiento de la supremacía intelectual hindú en Bengala. Era una institución enorme e indomable que también controlaba los exámenes de ingreso y de secundaria. Por consiguiente, su influencia sobre la educación superior era mucho mayor que la del ministro de Educación y su departamento. Para proteger a los examinados de esa influencia, intentó presentar ante el Consejo Legislativo un proyecto de ley destinado a crear una Junta de Educación Secundaria. Como consecuencia, toda la comunidad hindú se enfureció terriblemente y, olvidando todas sus divisiones internas, se unió contra el proyecto de ley propuesto. No se había visto una protesta tan intensa desde la partición de Bengala de 1905. En 1940 se celebró en Calcuta una conferencia de protesta bajo la presidencia de un erudito como Sir Prafulla Chandra Ray. Cerca de diez mil delegados de toda la provincia participaron en la conferencia. El poeta Rabindranath Tagore padecía entonces una enfermedad propia de la vejez. A pesar de ello, permitió que en dicha conferencia se utilizasen su nombre y su prestigio. En la parte final del mensaje que envió a la conferencia, dijo:
Mi vejez y mi salud me impiden asistir a la conferencia. Pero el peligro que ha amenazado la existencia cultural de nuestra provincia me ha perturbado profundamente. Por ello, no pude dejar de enviar unas palabras a la conferencia desde mi lecho de enfermo.
Debido a la enérgica oposición de los hindúes, no se llevó a cabo el plan que el primer ministro de Bengala había formulado para crear una Junta de Educación Secundaria.
Sin embargo, la medida más importante que adoptó Sher-e-Bangla Fazlul Huq como primer ministro fue disponer que, en todos los empleos públicos de la provincia, el cincuenta por ciento correspondiera a hindúes y el cincuenta por ciento a musulmanes. Como consecuencia de la injusta situación extrema que se había infligido a los musulmanes debido al establecimiento del monopolio tradicional de los hindúes en el ámbito del empleo público, la adopción de esta medida despertó grandes esperanzas y alegría entre los jóvenes musulmanes instruidos en cuanto a sus perspectivas de vida. Para la nación musulmana, esto fue un gran servicio.
Punyab
Entre las provincias donde no pudo formarse un gabinete del Congreso estaban Punyab, Sind y Assam. Como resultado de las elecciones, la posición de los partidos en Punyab era la siguiente:
Congreso 18
Hindúes y sijes no pertenecientes al Congreso 36
Liga Musulmana 2
Otros musulmanes 4
Unionistas 88
Independientes 27
Total >>>175
Posteriormente, al incorporarse ocho miembros al Partido Unionista, el número total de miembros de este partido ascendió a 96. El Partido Sij Nacionalista Khalsa también expresó su apoyo a Sir Sikandar Hayat, y este aprovechó la ocasión para formar el gabinete. Tras su muerte en 1942, Malik Khizar Hayat Khan se convirtió en primer ministro, y este gabinete se mantuvo en funciones hasta la disolución de todos los consejos provinciales en 1945.
Sindh
La composición partidaria de la provincia de Sindh era la siguiente:
Congreso 8
Hindúes no pertenecientes al Congreso 14
Musulmanes independientes 9
Otros musulmanes 7
Partido Unido Musulmán de Sindh 18
Independientes 4
Total >>> 60
Como nadie logró obtener la mayoría, hubo que formar un gabinete mediante componendas. En consecuencia, ninguno pudo ser estable. Los gabinetes continuaron funcionando aquí entre rupturas y reconstrucciones. Primero, Sir Ghulam Hosain Hedayatullah formó un gabinete. Después, el cargo de primer ministro fue alternándose entre Allah Bakhsh y Mir Bande Ali Khan.
Assam
La posición de los partidos aquí es la siguiente
Congreso 32
Hindúes no pertenecientes al Congreso 9
Musulmanes independientes 30
Independientes 33
Total >>> 108
Tampoco aquí pudo formarse un gobierno estable. Sir Muhammad Saadullah formó un gabinete y presentó su dimisión en septiembre de 1938. Posteriormente, por invitación del gobernador, el líder del Congreso Gopinath Bordoloi formó un gabinete. Tras el estallido de la Segunda Guerra Mundial, el gabinete de Gopinath dimitió junto con todos los demás gabinetes. Posteriormente, Sir Muhammad Saadullah tuvo nuevamente la oportunidad de formar un gabinete. Sin embargo, a finales de 1941 cayó su ministerio y el gobernador asumió personalmente la administración de la provincia en virtud del artículo 93 de la Ley del Gobierno de la India de 1935.
Capítulo segundo
Los gabinetes del Congreso en las provincias
Examinemos ahora la situación real de las provincias gobernadas durante un breve período y el tipo de trato que dispensaron a los musulmanes.
Ya hemos sabido que el Congreso no aceptaría formar gobierno si no se le garantizaba que los gobernadores no ejercerían los poderes especiales que la ley les confería para proteger los intereses de las minorías. Es decir, su postura clara era que no estaban dispuestos en absoluto a proteger los intereses de las minorías, es decir, de los musulmanes. La esencia de la política británica en el gobierno de la India era mantener satisfechos a toda costa al Congreso y a la nación hindú india. En el pasado se habían visto muchos ejemplos de complacer a los hindúes pisoteando los intereses musulmanes. También esta vez el virrey, lord Linlithgow, aseguró secretamente al Congreso, para persuadirlo de formar gobierno, que los gobernadores no ejercerían los poderes especiales que les otorgaba la Ley de 1935. Solo después de recibir esta garantía el Congreso aceptó formar el ministerio.
El Congreso formó ministerios en siete provincias, y toda la política partidaria provincial quedó completamente bajo su control.
En Madrás, el Congreso obtuvo 74 escaños y Raja Gopalacharia formó el ministerio. En Bombay, el Congreso solo logró obtener 48 escaños. B. J. Kher formó el ministerio con varios partidos pequeños afines. En Bombay, el Congreso solo logró obtener 48 escaños. B. J. Kher formó el ministerio con varios partidos pequeños afines.
En las Provincias Unidas, el Congreso obtuvo el 59 por ciento de los escaños y G. B. Pant se convirtió en primer ministro. En Bihar, tras obtener el 62 por ciento de los escaños, Shri Krishna Sinha formó el gobierno. En las Provincias Centrales, después de obtener el 63 por ciento de los escaños, el Dr. Khare y posteriormente Shukla fueron primeros ministros.
Aunque en la Provincia de la Frontera del Noroeste el Congreso obtuvo apenas el 38 por ciento de los escaños, el Dr. Khan formó el gobierno.
En Orissa se produjo una excepción parcial. Antes del ministerio del Congreso, el maharajá de Paralakhemundi formó un gobierno de corta duración durante cuatro meses (de abril a julio). Biswanath Das dirigió el ministerio del Congreso hasta julio de 1937. Tras la dimisión del ministerio del Congreso, el gobernador asumió el gobierno. A finales de 1941, varios miembros de la asamblea, bajo el liderazgo de Godavari Mishra, se rebelaron contra el alto mando del Congreso y ayudaron al maharajá de Paralakhemundi a formar un ministerio. El maharajá formó un ministerio de tres miembros: él mismo, Mishra y un ministro musulmán. A pesar de la vehemente oposición del alto mando del Congreso, el ministerio continuó funcionando.
El gobierno del Congreso en las provincias
El gobierno del Congreso durante casi dos años y medio (de julio de 1937 a octubre de 1939) en siete de las once provincias de la India, incluida la Provincia de la Frontera, constituye una historia sumamente dolorosa de las relaciones entre hindúes y musulmanes. En esas provincias, las llaves de todo el poder estaban en manos del Congreso. Examinemos ahora cómo utilizó el Congreso ese poder y qué consecuencias nefastas provocó en el ámbito del progreso político y constitucional.
Negativa a formar un gobierno de coalición
Inmediatamente después de las elecciones de 1937, el presidente de la Liga Musulmana, el señor Muhammad Ali Jinnah, declaró en un comunicado:
La Constitución y la política de la Liga Musulmana no nos impiden cooperar en favor de los intereses de otros partidos. Podemos cooperar con cualquier partido, tanto dentro como fuera de la Asamblea Legislativa.
Todos, incluidos algunos partidarios del Congreso, esperaban que en las provincias de mayoría hindú se formaran gobiernos de coalición entre el Congreso y la Liga Musulmana. Pero la negativa del Congreso a cooperar de cualquier forma con la Liga Musulmana impidió que esa esperanza se hiciera realidad. Como ejemplo, puede describirse aquí la situación de las Provincias Unidas. Allí, de un total de 228 escaños en la Asamblea Legislativa, 64 estaban reservados para los musulmanes. De ellos, el Congreso obtuvo uno, la Liga Musulmana 26, los musulmanes independientes 28 y el Partido Agrario Nacional 9. Sobre la formación de una coalición entre el Congreso y la Liga Musulmana se llevaron a cabo largas conversaciones entre ambos. Finalmente, Maulana Abul Kalam Azad, uno de los miembros de la dirección suprema del Congreso, informó al líder de la Liga Musulmana, Chaudhry Khaliquzzaman, de las condiciones bajo las cuales la Liga Musulmana podía incorporarse a los gobiernos provinciales. Las condiciones eran las siguientes:
1. La Liga Musulmana no actuará como un partido separado en la Asamblea Legislativa de las Provincias Unidas.
2. El actual grupo de la Liga Musulmana en la Asamblea Legislativa de las Provincias Unidas será considerado parte del Congreso; como miembros del Partido del Congreso, disfrutarán de todas las prerrogativas y beneficios de los demás miembros del partido. También tendrán derecho a participar en las deliberaciones del partido. También tendrán derecho a participar en las deliberaciones del partido. Todas las cuestiones se decidirán por mayoría de votos. Cada miembro tendrá derecho a emitir un solo voto.
3. Los miembros del Congreso y estos miembros acatarán la política que el Comité de Trabajo del Congreso establezca para los miembros de la Asamblea Legislativa, así como las instrucciones que imparta.
4. Debían disolverse la U.P. y la Junta Parlamentaria de la Liga Musulmana. En el futuro, dicha junta no podría presentar ningún candidato en ninguna elección parcial. Si algún escaño quedaba vacante, debía apoyarse al candidato que el Congreso nominara para la elección.
5. Si el Congreso decidía que sus miembros dimitieran de sus cargos ministeriales y de sus escaños en la Asamblea Legislativa, los miembros procedentes de la Liga Musulmana estarían obligados a acatar esa decisión.
Las condiciones anteriores impuestas a la Liga Musulmana por el alto mando del Congreso eran ridículas, estaban inspiradas por intenciones deshonestas y revelaban una mentalidad fascista. Ninguna persona o partido con el más mínimo sentido de la dignidad habría podido aceptar siquiera una de esas condiciones. Porque habría sido un acto suicida.
No es en absoluto difícil determinar la causa de esta arrogancia irreflexiva del Congreso. El señor Gandhi y Jawaharlal Nehru no estaban dispuestos a reconocer la existencia en la India de ningún otro partido aparte del Congreso. Tampoco estaban preparados para admitir que en este país existiera un problema hindú-musulmán. El 12 de mayo de 1937, Jawaharlal Nehru dijo a Chaudhuri Khaliquzzaman que, según su opinión, el problema hindú-musulmán en la India se limitaba únicamente a un reducido número de intelectuales, zamindares y capitalistas, quienes estaban creando un problema que el pueblo no reconocía. Lanzó burlas contra la idea de que dentro de la Asamblea Legislativa existiera un partido separado de los musulmanes.
De acuerdo con la política anunciada por el Congreso, se exhortó a los musulmanes destacados a disolver sus propios partidos y unirse al Congreso para adquirir la elegibilidad necesaria para convertirse en miembros del gabinete. En las Provincias Unidas, Hafiz Muhammad Ibrahim, y en Bombay, M. Y. Noori, firmaron el juramento del Congreso y se incorporaron a los gabinetes del Congreso. En Orissa no se incluyó a ningún musulmán en el gabinete. Aunque en las Provincias Centrales se incorporó a cierto Sharif, posteriormente fue reemplazado por un hindú.
En las provincias dominadas por el Congreso no se planteaba en absoluto la cuestión de formar gobiernos de coalición. Sin embargo, en las provincias no dominadas por el Congreso se permitió que este se incorporara a coaliciones. Esto abrió el camino a la división de la comunidad musulmana. Fazlul Huq, primer ministro de Bengala, declaró en el discurso que pronunció en la conferencia de la Liga Musulmana de Calcuta en 1938 que el Congreso ejercía repetidamente presión, afirmando que un gobierno de coalición con el Congreso, excluyendo a la Liga Musulmana, sería más estable. En Sindh, gracias a las ventajas estratégicas que los hindúes habían obtenido por el Premio Comunal, estos crearon enormes obstáculos para la formación de un grupo de la Liga Musulmana en el Consejo Legislativo de Sindh. El gabinete no congresista de la Provincia de la Frontera del Noroeste fue destituido al caer en las garras del Congreso. El Congreso quería disolver todos los demás partidos y aparecer como el único partido del país. El Congreso creía en la política de «un país, un partido, un líder». Ese liderazgo estaba en manos del señor Gandhi. Todos los gobiernos del Congreso recurrían a Gandhi para determinar cada política y obedecían sus instrucciones como si fueran palabras sagradas. Ya se tratara de una crisis constitucional, de una disputa o conflicto con el gobernador, o de la adopción de una política general, los primeros ministros de las provincias gobernadas por el Congreso acudían a él para recibir instrucciones y consejos. El señor Gandhi conversaba con el virrey en nombre del Congreso, pero se presentaba como un observador político neutral. Aunque su autoridad y control dictatorial sobre el Congreso eran manifiestos, su nombre no figuraba en la lista de miembros del Congreso. Uno de sus admiradores, Seth Govind Das, dijo que para los congresistas la posición de Gandhi era como la de Mussolini para los fascistas, Hitler para los nazis y Stalin para los comunistas (Muslim Separatism in India, Abdul Hamid, p. 218).
La afirmación del Congreso de que en su seno se mantendría intacta una mentalidad parlamentaria quedó demostrada como infundada. Porque los ministros congresistas no eran responsables ni ante el electorado ni ante la Asamblea Legislativa. Eran como súbditos obedientes sometidos a la Comisión de Trabajo del Congreso. El trato del alto mando del Congreso hacia el primer ministro de las Provincias Centrales, el doctor Khare, y hacia Subhas Chandra Bose, de Calcuta, demuestra su carácter dictatorial.
Subhas Chandra Bose fue elegido presidente del Congreso Nacional Indio en 1938. Al año siguiente volvió a competir en las elecciones y fue elegido nuevamente. Algunos dirigentes del Congreso se opusieron a su candidatura y crearon enormes obstáculos en las elecciones. Muchos consideran que esto equivalía a una derrota del señor Gandhi. Los miembros del Comité de Trabajo del Congreso dimitieron en conjunto. Finalmente, para complacer a Gandhi, el presidente elegido del Congreso fue destituido.
El gobierno del Congreso y los musulmanes
El gobierno ministerial en las provincias de mayoría hindú fue una terrible pesadilla para los musulmanes. La negativa del Congreso a formar gobiernos de coalición con la Liga Musulmana en esas provincias fue una advertencia para los musulmanes. Pero, cuando en la práctica el Congreso puso en marcha en esas provincias su autonomía provincial planificada, los musulmanes se encontraron en una situación mucho más insoportable de lo que habían temido. Surgió el temor extremo de que sus creencias religiosas, su civilización y su cultura fueran eliminadas, y comenzó una campaña planificada para expulsarlos también de los ámbitos social, administrativo y económico. Incluso sus vidas, bienes, honor y dignidad comenzaron a ser completamente saqueados bajo el gobierno del Congreso.
Entre las conductas de los gobiernos del Congreso y de la población hindú que hirieron gravemente los sentimientos religiosos de los musulmanes se encontraban el canto de «Vande Mataram», impedir el llamado a la oración, atacar a los fieles mientras rezaban, organizar procesiones con música frente a las mezquitas y prohibir la carne de vaca, entre otras.
A pesar de las objeciones de los musulmanes, se cantaba obligatoriamente «Vande Mataram» antes del inicio de las actividades diarias de la asamblea legislativa. Bankim Chandra Chatterjee compuso la canción «Vande Mataram» como grito de guerra de los hindúes contra los musulmanes en su novela «Anandamath», publicada en 1882. Después de 1905, los hindúes cantaban «Vande Mataram» como himno nacional durante el movimiento para anular la partición de Bengala. El propósito de esta canción era suscitar odio y hostilidad de los hindúes contra los musulmanes.
No solo se menoscabaron el honor, la dignidad y la influencia de los pocos musulmanes que ocupaban cargos públicos, sino que también se puso en peligro la duración de sus empleos. Entre los muchos incidentes, puede mencionarse aquí uno como ejemplo. En una entrevista, el primer ministro de las Provincias Centrales declaró que su gabinete se oponía firmemente a la confirmación en el cargo del único funcionario civil musulmán del distrito de la provincia. La única razón era que era musulmán.
La población musulmana se convirtió en víctima de la extrema arbitrariedad de sus vecinos hindúes y del aparato administrativo. En algunos barrios de las Provincias Centrales se incendiaron las casas de los musulmanes y se ultrajaron el honor y la dignidad de mujeres musulmanas. A ciento cincuenta hombres musulmanes de una aldea, acusados de asesinato, se los mantuvo recluidos durante varios días en una comisaría, sin darles oportunidad de comer ni beber, y fueron humillados y torturados de diversas maneras. Más tarde, el tribunal los absolvió. Durante los juicios de musulmanes acusados ante los tribunales —en casos sub judice—, los ministros de las Provincias Centrales expresaban sus opiniones, lo que causaba una enorme incomodidad a los jueces. El presidente del Tribunal Superior de Nagpur declaró valientemente, en la sentencia de un caso, que la policía, los dirigentes del Congreso, los magistrados, los hakim y los ministros empujaban conjuntamente a personas inocentes hacia el patíbulo. El único delito de aquellos desdichados era ser musulmanes. (Muslim Separatism in India, Abdul Hamid, p. 122)
Con el propósito de encontrar una solución a las diversas formas de persecución y opresión que sufrían los musulmanes en las provincias gobernadas por el Congreso, en la sesión del Consejo de la Liga Musulmana de Toda la India, celebrada el 20 de marzo de 1938, se decidió establecer un comité de investigación. Se formó un comité de ocho miembros, presidido por el Raja Syed Muhammad Mahdi de Pirpur. El comité presentó su informe completo el 15 de noviembre del mismo año. El informe se presentó después de realizar personalmente investigaciones sobre el terreno.
En marzo del año siguiente se publicó otro informe, llamado Informe Sharif. En este informe se relataban las persecuciones infligidas por los hindúes a los musulmanes en la provincia de Bihar. En diciembre de 1939 se publicó otro informe, lleno de denuncias escritas contra los gobiernos del Congreso. Su autor fue A. K. Fazlul Huq, primer ministro de Bengala.
Estos tres documentos informativos y valiosos, junto con los expedientes de los acontecimientos publicados en los periódicos musulmanes contemporáneos, proporcionan los materiales y elementos fundamentales de las acusaciones de los musulmanes contra el papel antidemocrático y hostil a los musulmanes de los ministerios provinciales del Congreso. Puesto que el carácter y la naturaleza del régimen del Congreso terminaron popularizando la idea y la doctrina de Pakistán y alejando a los musulmanes de la ideología de una India indivisa, es necesario presentar y examinar detalladamente los hechos revelados en los informes de investigación.
Informe de Pirpur
En el Informe de Pirpur se hizo hincapié en los siguientes puntos:
1. El Gobierno del Congreso no logró garantizar la libertad religiosa y cultural de las minorías (los musulmanes).
2. Se demostró que el Congreso era una organización sectaria hindú.
3. La adopción por parte del Congreso, embriagado de poder, de una política de puertas cerradas (Closed door policy) y su negativa a formar un gobierno de coalición provocaron un deterioro extremo de las relaciones entre hindúes y musulmanes.
4. Según la concepción del nacionalismo del Congreso, no puede haber nada más opresivo que el gobierno de la mayoría, la injusticia y la persecución.
5. Se presentaron a la Liga Musulmana propuestas sumamente humillantes, como: «Disuelvan el Partido Parlamentario de la Liga; disuelvan el grupo de la Liga en la legislatura y firmen sin vacilar el juramento del Congreso», etc.
6. El Movimiento de Contacto Masivo (Mass Contact Movement), cuyo objetivo era provocar divisiones entre los musulmanes, así como comprar de diversas maneras a ciertos musulmanes y emplearlos en propaganda calumniosa contra la Liga Musulmana, y
7. Amplios enfrentamientos comunales en las provincias bajo el gobierno del Congreso y enormes pérdidas de vidas y bienes entre los musulmanes.
Declaración del señor Fazlul Huq
Inmediatamente después de la dimisión de los ministerios del Congreso, la declaración que hizo el primer ministro de Bengala, el señor A. K. Fazlul Huq, fue reimpresa en forma de folleto. En su declaración dijo:
Con el propósito de romper el dique de la paciencia, el Congreso ha lanzado a los hindúes belicosos al terreno para que hagan gala de la máxima arrogancia. Ha iniciado esta acción para imponer su voluntad y determinación sobre los musulmanes, que son una minoría. ¿Qué quiere el Congreso? Quiere que se proteja a la vaca sagrada y que no se permita a los musulmanes comer carne de vaca. La religión de los musulmanes debe ser degradada y mantenida bajo opresión. ¿Acaso este no es un país hindú?
Después comenzaron las restricciones y prohibiciones contra el adhan. Se atacó a los fieles que rezaban en las mezquitas. Durante las horas de oración, se organizaban procesiones frente a las mezquitas, haciendo sonar tambores y otros instrumentos. ¿Qué tiene de sorprendente que un incidente lamentable provoque otro incidente lamentable?
A continuación, la declaración mencionaba setenta y dos incidentes ocurridos en Bihar, treinta y tres en las Provincias Unidas y varios en las Provincias Centrales. Cuando algún musulmán sacrificaba una vaca en cualquier lugar para la qurbani, se asesinaba a musulmanes, se incendiaban sus casas y se maltrataba a mujeres y niños musulmanes. No se tomaba ninguna medida para remediar estos hechos. Como consecuencia, los musulmanes pertenecientes a la minoría comenzaron a llevar una vida sumamente insoportable.
Los periódicos hindúes se abstuvieron de publicar la declaración del señor Fazlul Huq, en la que describía la extrema miseria de los musulmanes bajo el gobierno del Congreso. En cambio, continuaron publicando con gran despliegue acusaciones inventadas contra los musulmanes. (I. H. Qureshi —The Struggle for Pakistan, A. Hamid —Muslim Separatism in India)
También en el ámbito educativo comenzaron a cometerse graves injusticias contra los musulmanes, por lo que los intelectuales musulmanes se sintieron sumamente preocupados y consternados. Durante el dominio británico, los musulmanes se encontraban muy atrasados en materia de educación, por lo que tenían que enfrentarse a numerosas dificultades. Durante el gobierno del Congreso, su política educativa los alarmó y consternó profundamente. En la 52.ª sesión de la Conferencia Educativa Musulmana de Toda la India (All India Muslim Educational Conferenc e), celebrada en Calcuta a finales de 1938, se decidió constituir un comité bajo la presidencia del nawab Kamal Yar Jang Bahadur.
El objetivo era examinar minuciosamente el sistema educativo de la India y elaborar un plan de educación musulmana que preservara las características de su cultura y de su organización social. Se constituyó un subcomité bajo la dirección de Sir Azizul Haque, presidente de la Asamblea Legislativa de Bengala y vicerrector de la Universidad de Calcuta. El subcomité recorrió diversos lugares de la India con el fin de recopilar información precisa y presentó su informe final en 1942. En el informe se criticó duramente el Plan de Educación de Wardha que se había implantado en las escuelas Vidyamandir. En particular, en las Provincias Centrales había adquirido una forma abominable. A pesar de la firme oposición de los musulmanes, se presentó en esta asamblea legislativa un proyecto de ley contrario al islam y a los musulmanes. Todos los miembros musulmanes y algunos miembros hindúes, incluido el Dr. Khare, se opusieron. El proyecto fue aprobado haciendo caso omiso de toda oposición.
Con arreglo a este sistema, los comités directivos de las escuelas serían elegidos mediante elecciones conjuntas. No se estableció ninguna disposición especial para las escuelas musulmanas. Los alumnos y las alumnas debían permanecer de pie ante el retrato del señor Gandhi, con las manos juntas como en la adoración hindú, y cantar himnos en su alabanza. Este plan fundamental —el Plan de Wardha— era una creación de la mentalidad gandhiana. Su objetivo era inculcar en la mente de los niños ideas religiosas hindúes y fomentar sentimientos de devoción y reverencia hacia los sabios mitológicos hindúes. El propósito de este sistema educativo era así apartar a los musulmanes de su religión, su cultura y sus tradiciones heredadas. Además de los principios fundamentales del sistema educativo del Congreso, ciertos detalles del mismo también causaron profunda preocupación entre los musulmanes. Por ejemplo, en la provincia de Bombay elaboraban los programas escolares principalmente a partir de muchos libros de texto nuevos para la enseñanza primaria. Los musulmanes objetaban enérgicamente que esos libros alababan las tradiciones hindúes y las ceremonias religiosas, y utilizaban exclusivamente un vocabulario hinduista.
La Liga Musulmana Provincial de Bombay expresó su profunda indignación al respecto y declaró que, mediante la elaboración de ese tipo de libros de texto para la enseñanza primaria, el Congreso pretendía destruir la civilización y la cultura musulmanas en la India, manteniendo a las futuras generaciones de musulmanes completamente ignorantes de su civilización y su cultura, e inspirando sus mentes infantiles con las ideas de la civilización y la cultura hindúes.
Cuando los miembros musulmanes de la Corporación Municipal de Bombay presentaron una moción para retirar los libros de texto de enseñanza primaria, esta fue rechazada. En protesta, los miembros de la Liga Musulmana abandonaron la sesión. Tras la dimisión de los gabinetes del Congreso, el Comité de Libros de Texto en Urdu volvió a examinar dichos libros y comunicó en su informe que no eran aptos para la enseñanza; por consiguiente, fueron eliminados de la lista aprobada.
(Times of India, fechas del 11 y 26 de julio y del 14 de diciembre de 1939)
Los dos años y medio de gobierno del Congreso en siete de las once provincias del subcontinente demuestran que, bajo el gobierno del Congreso, continuará el intento de borrar por completo la existencia de los musulmanes, minoría de estas tierras, junto con su civilización, cultura y tradiciones. En octubre de 1938, el señor Jinnah declaró que el Congreso intentaba establecer un dominio hindú en todo el subcontinente. En una entrevista con el Manchester Guardian, afirmó que cualquiera que observara el panorama político de la India durante el período comprendido entre 1937 y 1939 podía ver que el objetivo y la intención del Congreso eran eliminar de este país a todas las demás organizaciones y establecer una organización fascista de la peor especie. En tales circunstancias, es imposible gobernar la India mediante un gobierno parlamentario. Aquí, democracia significa dominio hindú. Los musulmanes no pueden aceptar esta situación bajo ninguna circunstancia. [Jamiluddin Ammed (ed.) —Some Recent Speeches & Writtings of Mr. Jinnah (Lahore, 1952]
Incluso sectores imparciales reconocen abiertamente, acerca de la actitud antimusulmana de los gabinetes del Congreso, que el temor de los musulmanes bajo el gobierno de la mayoría no carece de fundamento. Según un cristiano indio, el Congreso es la versión india del Partido Nazi de Alemania. (Rev. Pitt Banarjee —Letter of Manchester Guardian, 18 August, 1942; I.H. Qureshi —The Struggle for Pakistan)
Opiniones expresadas por diversos periódicos
Sobre la forma en que el nacionalismo hindú adoptó un carácter tan extremista y aumentó la amargura comunal como consecuencia de la formación de gobiernos del Congreso en siete provincias, el periódico Statesman de Calcuta escribió: Todo patriota indio se sentirá consternado al ver la terrible intensificación de las tensiones comunales provocada por el establecimiento de la autonomía provincial. El periódico Economist comentó que las provincias podían dividirse directamente en dos partes: la India musulmana y la India del Congreso. Un antiguo editor del Times of India dijo que el conflicto entre hindúes y musulmanes no se debía únicamente a razones religiosas, sino que existía una enorme diferencia entre ambas comunidades en su forma de vida. Los gobiernos provinciales congresistas continuaron gobernando bajo las instrucciones del Comité del Congreso de toda la India. Por ello, los partidarios del Congreso en Gran Bretaña comenzaron a sentirse incómodos ante semejante manifestación del dominio congresista generalizado. La política de hinduización del Congreso, la introducción del himno Vande Mataram y de la veneración del retrato de Gandhi en las instituciones educativas, entre otras medidas, demuestran fácilmente que bajo el nuevo sistema de gobierno se había establecido por completo un reino hindú. (The British Achivement in India: A Survey, Rawlinson; p. 214; El desarrollo de la sociedad de clase media: la transformación de la cultura, Abdul Mawdud, p. 287)
El brahmanismo hindú no está dispuesto a tolerar en absoluto a ninguna otra comunidad y, especialmente, a los musulmanes. Por eso no fue posible la unión entre hindúes y musulmanes en la India. Los musulmanes no son en absoluto responsables de ello. La India hindú califica al señor Muhammad Ali Jinnah de comunalista. Pero ¿puede alguien negar que fue un pionero de la unión entre hindúes y musulmanes? Durante muchos años hizo todo lo posible por lograr esa unión y, decepcionado, abandonó la India, prometiendo no regresar jamás. Sin embargo, más tarde tuvo que volver a la India para luchar por la obtención de las justas demandas y derechos de los musulmanes y asumir el liderazgo de la Liga Musulmana.
Lejos de producirse una unión entre hindúes y musulmanes, todo el país quedó devastado durante ocho años, desde 1920, por disturbios comunales causados por el intenso odio de los hindúes hacia los musulmanes. En 1923 se produjeron 11 grandes disturbios; en 1924, 18; en 1925, 16; en 1926, 35; y hasta noviembre de 1927, 31. En la Fortnightly Review, un escritor inglés afirmó que la unión entre hindúes y musulmanes era una imposibilidad, como tantas otras cosas imposibles en el mundo. En la revista Asiatic Review, un tal Patrick Fagan escribió que los musulmanes de la India sometida tenían dos caminos abiertos: o bien disolverse en la nación hindú, o bien establecer, mediante la fuerza física, Estados independientes en determinadas regiones de la India. (El desarrollo de la sociedad de clase media: la transformación de la cultura, Abdul Mawdud, p. 286)
En ningún año cesaron los disturbios y desórdenes comunales en la India. Estos disturbios se producían en las regiones de mayoría hindú. También es cierto que la comunidad hindú mayoritaria instigaba esos disturbios y era principalmente responsable de ellos. Pero el señor Gandhi, haciendo la vista gorda, culpó a los musulmanes en todos los casos. Como consecuencia, se alentó a los verdaderos culpables.
Más arriba se ha tratado brevemente el modelo de reino hindú de Ram que se estableció durante los dos años y medio de gobierno del Congreso, así como la extrema desgracia que cayó sobre los musulmanes. En ese período, en 1938, Subhas Chandra Bose fue elegido presidente del Congreso. Se le consideraba algo más liberal que los demás. Mantuvo un largo intercambio epistolar con el Quaid-e-Azam Muhammad Ali Jinnah. El Quaid-e-Azam dijo repetidamente al señor Subhas Chandra Bose que el Congreso y la Liga Musulmana debían reunirse para resolver todas sus disputas y diferencias de opinión. El Quaid-e-Azam hizo el último intento de lograr la unión entre el Congreso y la Liga Musulmana y, por tanto, entre hindúes y musulmanes. Pero Subhas Bose respondió a la carta del Quaid-e-Azam diciendo:
En cuanto a entablar conversaciones con la Liga, el Comité de Trabajo no tiene nada más que hacer. (Muslim Political Thiught the Ages 1562-1947-G. Allana Moqbul, Lahore, p. 242)
El Quaid-e-Azam Muhammad Ali Jinnah dijo en su discurso presidencial en la sesión de la Liga Musulmana celebrada en Patna en 1938:
Los dirigentes del Congreso quieren que los musulmanes de la India acepten incondicionalmente el dominio hindú. ….Ustedes saben perfectamente que el Congreso ha cerrado todos los caminos hacia el entendimiento entre hindúes y musulmanes con el propósito de ejercer una dominación y autoridad fascistas. Dijo que en la India hay cuatro fuerzas activas: (1) los británicos, (2) los gobernantes de los Estados indios, (3) los hindúes y (4) los musulmanes. Por mucho que los periódicos y revistas del Congreso lo proclamen a bombo y platillo, aunque publiquen ediciones al mediodía, por la tarde y por la noche, y por mucho que los dirigentes del Congreso vociferen que el Congreso es una organización nacional, yo digo que eso no es cierto en absoluto. No es más que una organización hindú. Esta es la verdad, y los dirigentes del Congreso lo saben muy bien. El hecho de que unos pocos —unos pocos musulmanes confundidos y descarriados— estén vinculados a ella con malas intenciones no la convierte ni puede convertirla en una organización nacional. El Congreso es principalmente una organización hindú, y desafío a cualquiera a que lo niegue. Pregunto: ¿representa el Congreso a los musulmanes?
Los oyentes respondieron al unísono: «No, no, no».
Pregunto: ¿representa el Congreso a la comunidad cristiana? ¿Representa a las comunidades catalogadas? ¿Representa a los no brahmanes? El pueblo respondió al unísono a cada pregunta: «No, no, no».
Añadió que el Congreso ni siquiera representa a todos los hindúes. Tampoco representa a la Mahasabha Hindú ni a la Federación Liberal. Sin duda, el Congreso es un partido de mayoría absoluta. No es nada más.
Dijo que era una desgracia para el país que el alto mando del Congreso estuviera absolutamente decidido a establecer el dominio hindú, exterminando a las demás comunidades y culturas.
Acto seguido, Qaid-e-Azam mencionó uno por uno los actos del Congreso y demostró que no es una organización nacional. Dijo: ¿Qué hace el Congreso cuando llega al poder? Aunque finge defender el nacionalismo, comienza con «Vande Mataram». Es universalmente reconocido que «Vande Mataram» no es un himno nacional.
Sin embargo, se canta como himno nacional y se impone también a los demás. No se canta únicamente en sus reuniones partidarias. Al contrario, se obliga a todos a cantarlo incluso en las escuelas públicas y municipales. Lo permita o no su fe religiosa, los musulmanes deben aceptar necesariamente «Vande Mataram» como himno nacional. Esto es idolatría y un himno de alabanza que suscita odio contra los musulmanes.
Dijo: Tomemos luego la bandera del Congreso. No es la bandera nacional de la India reconocida por todos. Sin embargo, todos deben mostrarle respeto y debe izarse en todas las viviendas, públicas y privadas. No importa cuánto protesten los musulmanes al respecto. La bandera del Congreso debe izarse necesariamente como bandera nacional de la India y debe imponerse por la fuerza a los musulmanes. Después habló del plan hindi-hindustaní y dijo que su propósito es relegar el urdu y estrangularlo hasta darle muerte.
Proyecto educativo de Wardha
En el análisis anterior se han expuesto las terribles consecuencias del ficticio proyecto educativo de Wardha del señor Gandhi (Warda Scheme of Education).
En su discurso, el Qaide Azam dijo: Hoy en día se está fomentando cuidadosamente la mentalidad y la perspectiva hindúes, y se está obligando a los musulmanes a adoptar ideales y corrientes de pensamiento hindúes en su vida cotidiana. ¿Están haciendo los musulmanes algo semejante en algún lugar? ¿Están imponiendo en algún lugar la cultura musulmana a los hindúes? Por el contrario, en cuanto elevan la más leve voz de protesta contra la imposición de la cultura hindú a los musulmanes, se les tacha de comunalistas. Se les llama perturbadores de la paz y, de inmediato, el aparato administrativo del gobierno autocrático se pone en su contra. Tomemos, por ejemplo, los acontecimientos ocurridos en Bihar: bajo el gobierno del Congreso, ¿contra la cultura de quién se arremetió? Contra la de los musulmanes. ¿Contra quién se aplicó una política represiva, se impusieron prohibiciones y se efectuaron detenciones? Todas esas medidas se dirigieron contra los musulmanes. Pero ¿puede alguien presentar siquiera un ejemplo de que la Liga Musulmana o algún musulmán haya intentado imponer la cultura musulmana a los hindúes? (Creation of Pakistan, Justice Syed Shameem Hossain Kadir, pp.139-143)
Tercer capítulo
Conversaciones entre la Liga Musulmana y el Congreso
Desde 1935 hasta el comienzo de la Segunda Guerra Mundial, la Liga Musulmana realizó numerosos intentos de llegar a un acuerdo con el Congreso. Con este propósito, el Qaide Azam Muhammad Ali Jinnah se reunió varias veces con Babu Rajendra Prasad, presidente del Congreso. Pero aquellas reuniones no produjeron ningún resultado. Finalmente, ambos dirigentes publicaron una declaración conjunta en la que expresaron su pesar porque los esfuerzos realizados para encontrar una solución al problema comunal aceptable para todos los partidos interesados habían terminado fracasando.
A comienzos de 1938 hubo un intercambio de cartas entre Jinnah y Gandhi. Ese intercambio dejó claramente de manifiesto las diferencias fundamentales de opinión existentes entre ambos partidos. En la carta que el Qaide Azam Muhammad Ali Jinnah escribió al señor Gandhi el 3 de marzo de 1938, expuso en dos frases el tema central de sus conversaciones. Dijo: Reconozca a la Liga Musulmana como el único partido representativo y confiable de los musulmanes de la India, y, por su parte, represente usted al Congreso y a todo el país. Solo sobre esta base podremos avanzar y concebir un proceso de progreso. En su respuesta del 8 de marzo, el señor Gandhi dijo: En el sentido que usted ha expresado, no represento ni al Congreso ni a los hindúes. Sin embargo, para llegar a una solución honorable, ejerceré mi influencia moral sobre los hindúes. (The full Text of Jinnah-Gandhiletters in Durlab Singh, pp.16-32. The Struggle for Pakistan- I.H Quershi, p.109)
La respuesta anterior del señor Gandhi carecía de veracidad y sinceridad. Cualquiera que sea la política declarada de una organización, su verdadera identidad se conoce por sus actividades y su conducta reales. Negar que el Congreso era una organización completamente hindú sería negar la verdad. La conducta del Congreso siempre ha manifestado la conciencia y los intereses hindúes. La colaboración del Congreso con el movimiento Khilafat en la India puede haber creado una impresión equivocada en algunas personas. Pero aquella colaboración no contenía ninguna sinceridad; ocultaba una intención maliciosa, como lo demuestra la propia declaración de Gandhi. Él dijo: Creo que el Khilafat es una cuestión central para ambos: para Muhammad Ali, es su religión; y para mí, al entregar mi vida por el Khilafat, estoy haciendo indudable la protección de las vacas. Es decir, Jinnah & Gandh, p.61; মধ্যবিত্ত সমাজের বিকাশঃ সংস্কৃতির রূপান্তর, আবদুল মওদূদ-পৃঃ ১৬৮)
El señor Gandhi dijo al representante de News Chronicle: «En este país hay un solo partido capaz de promover el progreso y el bienestar. Y ese es el Congreso. No estoy dispuesto a aceptar ningún otro partido aparte del Congreso».
Añadió que, se lo llame por el mal nombre que se quiera, en la India hay un solo partido, y ese es el Congreso. (Muslim Separatism in India, Abdul Hamid, p. 217)
El Quaid-e-Azam también intercambió correspondencia con el pandit Jawaharlal Nehru. Cabe señalar que, después de las elecciones a las asambleas legislativas provinciales, el pandit Jawaharlal Nehru había declarado que en el país solo había dos partidos: el Congreso y el Gobierno. Y los demás debían seguir necesariamente la línea de actuación del Congreso. Quienes no están con nosotros están contra nosotros. (Muslim Separatism in India, Abdul Hamid, p. 217)
A pesar de conocer la mentalidad fascista de Jawaharlal Nehru, el Quaid-e-Azam hizo sinceros esfuerzos por alcanzar un acuerdo conciliatorio entre ambos partidos. En una extensa carta escrita el 6 de abril de 1938, el pandit Nehru negó todas las acusaciones del Quaid-e-Azam. Dijo que el Congreso no estaba dispuesto a abandonar el himno «Vande Mataram», pues no sería apropiado que una organización nacional hiciera algo semejante. Añadió que tampoco veía que nadie tuviera objeciones al uso de la bandera del Congreso. Puesto que la Liga Musulmana es una importante organización comunal, dijo, la tratamos como tal. Tampoco se puede ignorar a las demás organizaciones musulmanas. Por lo tanto, ni siquiera se plantea la cuestión de reconocer a la Liga Musulmana como la única organización de los musulmanes de la India.
En la carta añadió que no sabía que el Congreso estuviera intentando menoscabar el urdu o establecer un Ram Rajya. «¿Quién está haciendo esas cosas?», preguntó. Añadió también que no sabía qué se entendía por un ministerio de coalición.
El significado sencillo y claro de sus palabras era que el Congreso no estaba dispuesto en absoluto a compartir el poder en las provincias con la Liga Musulmana ni con ningún otro partido, y que se mantenía firme en esa posición. Al final de la carta, Nehru dijo: «Personalmente no me gustan los acuerdos, los entendimientos ni nada de esa índole».
Subhas Chandra Bose fue elegido presidente del Congreso en 1938. Después de fracasar el intercambio de correspondencia con Gandhi y Nehru, el Quaid-e-Azam intercambió cartas con Subhas Bose. En mayo, el Quaid-e-Azam presentó al Consejo Ejecutivo de la Liga Musulmana la carta escrita por el señor Bose para que fuera discutida. La resolución adoptada al respecto declaraba que la Liga Musulmana no estaba dispuesta a mantener conversaciones con el Congreso sobre la cuestión de resolver las diferencias entre hindúes y musulmanes mientras no se reconociera a la Liga Musulmana como la organización que gozaba de la confianza de los musulmanes de la India y que los representaba. En consecuencia, el Quaid-e-Azam dijo al señor Bose en una carta fechada el 2 de agosto:
En el pacto entre el Congreso y la Liga Musulmana firmado en Lucknow en 1916, la Liga Musulmana fue reconocida como la organización que gozaba de la confianza de los musulmanes de la India y que los representaba. Desde entonces hasta las conversaciones entre Jinnah y Rajendra Prasad en 1935, nadie planteó ninguna cuestión al respecto. Los musulmanes que forman parte del Congreso no pueden representar a los musulmanes de la India. La Liga Musulmana tampoco tenía conocimiento de que algún partido político musulmán hubiera reclamado representar a los musulmanes de la India. La respuesta del Congreso fue sorprendente: en otras palabras, el Congreso no estaba dispuesto a aceptar ninguna de las reivindicaciones de la Liga Musulmana. (The Struggle for Pakistan, I. H. Qureshi, pp. 107-112)
Como resultado de las conversaciones y el intercambio de cartas entre el Congreso y la Liga Musulmana, se aclararon varios asuntos de gran importancia. Primero: el Congreso niega las acusaciones de opresión e injusticia contra los gabinetes ministeriales del Congreso. Segundo: el Congreso no considera que el problema hindú-musulmán sea un problema en absoluto. Según su opinión, se trata de una emoción y un entusiasmo pasajeros que, con el cambio de los tiempos, se hundirán en el abismo del olvido. Tercero: el Congreso sostiene que es una organización que representa al movimiento nacionalista panindio. El Congreso es la única organización nacional auténtica que representa a todos, sin distinción de raza o religión. Muchos partidos políticos musulmanes apoyan al Congreso. Solo la Liga Musulmana se mantiene apartada. ¿Cuánto tiempo permanecerá así? Quizá pronto se unirá al Congreso. Entonces, ¿qué necesidad hay de dar importancia a las reivindicaciones de la Liga Musulmana?
La mencionada perspectiva del Congreso provocó naturalmente una reacción dentro de la Liga Musulmana y la hizo más unida, cohesionada y poderosa. A lo largo de esta extensa discusión quedó claro que el Congreso es un partido que representa a la India hindú. Su objetivo no es solamente mantener sometidos a los musulmanes en el ámbito político, sino también exterminarlos. El movimiento de Bal Gangadhar Tilak, el movimiento de purificación de Swami Shraddhanand y la filosofía política del Congreso y de la Hindu Mahasabha tenían el mismo objetivo: mantener a los musulmanes oprimidos y sometidos, o exterminarlos para establecer el Ramrajya hindú.
Cabe señalar que, durante el movimiento de anulación de la partición de Bengala, en 1906 se celebró en toda la India el «Festival de Shivaji» con el objetivo de revivir el hinduismo. Todos los líderes de la sociedad hindú, políticos, poetas, escritores y educadores participaron con entusiasmo en este festival. Con tal motivo, el poeta Rabindranath Tagore se sumó directamente a la labor de revitalización del hinduismo escribiendo «El Festival de Shivaji» y, al pronunciar «¡Victoria para Shivaji al son de la auspiciosa caracola!», recibió la iniciación en este mantra de meditación:
Sosteniendo la bandera, izaré como estandarte la túnica superior del asceta—
la fuerza de los pobres.
«En esta India» se establecerá un reino de la religión; esta gran máxima
haré de ella mi sostén.
La política y el renacimiento del hinduismo se entrelazaron inseparablemente. En la atmósfera ardiente de la conciencia religiosa se intentó transformar la política en un movimiento de masas.
(B. B. Misra, The Indian Class: Their Growth). Abdul Mawdud: Desarrollo de la sociedad de clase media: transformación de la cultura)
Antes de la Primera Guerra Mundial, un amigo musulmán del corresponsal de The Times, sir Valentine Chirol, le dijo que se oía decir abiertamente a Tilak, a sus seguidores y a los nacionalistas hindúes del Punyab y Bengala que, del mismo modo que en el pasado los musulmanes habían sido expulsados de España, serían expulsados de la India. Sir Walter Lawrence expresó una opinión similar. Era miembro del personal del virrey Curzon. También lo oyó expresar una actitud semejante al maharajá de Indore, sir Pratap Singh. Dijo: «Antes no había podido comprender la profundidad de su odio. Lord Curzon vino a Shimla para honrar a mi esposa y a mí. Sir Pratap también vino a Shimla para asistir a la cena que ofreció. Después de la cena, sir Pratap conversó hasta las dos de la madrugada sobre sus esperanzas y aspiraciones. Una de sus aspiraciones era eliminar a los musulmanes del suelo de la India».
…Sabía bien inglés, se había relacionado con muchas nacionalidades y creía en una civilización cosmopolita. Pero, bajo su noble corazón, albergaba un odio implacable hacia los musulmanes.
(Sir Walter Lawrence: The India We Served, p. 209; Abdul Hamid: Muslim Separatism in India, pp. 83-84)
Quienquiera que haya sido capaz de analizar con mente imparcial y minuciosidad las relaciones entre hindúes y musulmanes del subcontinente ha percibido esa misma mentalidad hindú respecto de los musulmanes. Por eso, Patrick Fagan afirmó en un artículo publicado en la revista Asiatic Review que, en la India sometida, a los musulmanes solo les quedaban dos caminos: uno, disolverse en la comunidad hindú; el otro, crear mediante la fuerza física Estados independientes en algunas regiones de la India. Finalmente, no quedó otra alternativa que una lucha a muerte para establecer un hogar separado e independiente para los cien millones de musulmanes de la India.
Capítulo cuarto
El movimiento por Pakistán
El movimiento para establecer en el subcontinente un hogar independiente y soberano para los musulmanes, llamado «Pakistán», era completamente natural y, sobre la base de todos los argumentos y razonamientos, sumamente justo. Porque la existencia misma de los musulmanes del subcontinente dependía enteramente del establecimiento de Pakistán. Por un lado, el Gobierno británico no pudo aceptar la demanda del movimiento por Pakistán; por otro, el Congreso hindú no solo se negó a aceptarla, sino que se opuso a ella empleando todas sus fuerzas. Sin embargo, como resultado de la lucha unida de los cien millones de musulmanes del subcontinente durante siete años consecutivos y a cambio de la sangre de cientos de miles de hombres y mujeres musulmanes, un país independiente llamado Pakistán obtuvo un lugar en el mapa del mundo. El ideal y la conciencia islámica que actuaron y prevalecieron detrás del movimiento por Pakistán constituyen un legado imperecedero de la nación musulmana, y es absolutamente necesario que las futuras generaciones musulmanas conozcan y recuerden su historia objetiva.
En esta obra se ha examinado detalladamente la partición de Bengala de 1905, realizada por lord Curzon únicamente por razones administrativas, el movimiento de los hindúes para revocarla y su anulación en 1911; los conflictos comunales provocados repetidamente y en todas partes por los hindúes contra los musulmanes, causando enormes pérdidas de vidas y bienes a estos últimos; y los dos años y medio de mal gobierno del Congreso en siete provincias. Este análisis ha dejado claro que, debido a que la comunidad hindú es abrumadoramente mayoritaria y poderosa en el subcontinente, desea mantener a la comunidad musulmana como su esclava absoluta o exterminarla. Para alcanzar este objetivo, la exigencia del Congreso era que el único organismo político de los habitantes del subcontinente fuera el Congreso Nacional Indio y que el Gobierno británico le transfiriera a él el poder. Junto con esto, el Congreso sostenía otra exigencia extraña e irreal: que todos los habitantes del subcontinente formaban una sola nación, la nación india. Pero la realidad es que este subcontinente no pertenece a una sola nación, sino que es la patria de muchas naciones. Entre ellas, las principales y más importantes son las comunidades hindú y musulmana. El único objetivo del Congreso era el renacimiento de la civilización y la cultura hindúes y del hinduismo, así como el establecimiento del Ramrajya hindú. Las diversas conductas de los dirigentes y funcionarios del Congreso en distintos momentos arraigaron esta convicción en el corazón de los musulmanes; por ello, estos se vieron obligados a emprender el movimiento por Pakistán.
Veamos ahora qué dicen los historiadores hindúes acerca de la nacionalidad india del Congreso y del establecimiento del Ramrajya.
El Dr. Ramesh Chandra Majumdar dice: El verdadero carácter del despertar de la conciencia nacional hindú que surgió en la segunda mitad del siglo XIX era el renacimiento del hinduismo, cuyo único objetivo era establecer el “Ramrajya”. En aquella época, la fundación de la Hindumela en Bengala, de la Sarvajanik Sabha en Pune y de la Mahajan Sabha en Madrás respondía esencialmente al esfuerzo por revivir el antiguo hinduismo. La fundación por Dayananda de la “Gorakshini Samiti” en 1882 y la celebración del “festival de Shivaji” por Bal Gangadhar Tilak en 1896 nacieron de la misma inspiración. La labor literaria de Bankimchandra también estuvo impulsada por el mismo propósito. Su obra “Anandamath” y el himno “Vande Mataram” difundieron al unísono la idea de que el hinduismo, la nación y la conciencia nacional eran un mismo asunto indivisible: la expresión de una misma corriente de pensamiento. Por ello, no escatimó en lanzar sobre las cabezas de los musulmanes maldiciones, insultos y torrentes de odio. […] En aquella época hubo que importar biografías de héroes. El patriotismo del rey Pratap y las hazañas heroicas de Shivaji eran celebrados en todos nuestros hogares. En ninguna otra literatura se encuentran poemas de un tono heroico semejante a los que Rabindranath escribió sobre Shivaji y sobre los gurús sij Banda y Guru Gobind. En realidad, el intenso movimiento de hostilidad entre comunidades que surgió y cobró fuerza a través de la literatura y la prensa bengalíes de aquel tiempo no tiene equivalente en la literatura de ningún país del mundo. (Dr. R. C. Majumdar, History of Freedom Movement, pp. 202-205; Abdul Mawdud, El desarrollo de la sociedad de clase media: la transformación de la cultura, p. 267)
Las palabras del historiador Dr. Ramesh Chandra Majumdar han dejado claro que el nacionalismo del Congreso significaba el renacimiento del hinduismo y el establecimiento del Ramrajya hindú. ¿Cómo podían tener cabida los musulmanes en ese nacionalismo? Aun así, ¿podía la pretensión del Congreso de representar la nacionalidad india ser algo distinto de un engaño absoluto? El Dr. Majumdar también ha arrojado luz sobre esta pretensión. Dice: ¿Existía en 1833 una nacionalidad india? La respuesta será que no […] En aquella época, los dirigentes bengalíes, incluido Rammohun Roy, rezaban a Dios para que los británicos triunfaran en la guerra contra las demás fuerzas indias. […] En 1833 había en Bengala dos comunidades: hindúes y musulmanes. Aunque vivían en el mismo país, eran diferentes en todos los aspectos salvo la lengua. En la religión, la educación y la vida social y cultural habían vivido durante seiscientos años como si habitaran en dos mundos distintos. Rammohun Roy, Dwarkanath Tagore, Prasanna Kumar Tagore y otros ciudadanos eminentes de Calcuta consideraban a los musulmanes la fuente de todas las desgracias y calamidades que los hindúes se habían visto obligados a soportar durante novecientos años. Consideraban el dominio británico una bendición de la Providencia, gracias a la cual los hindúes se habían librado del infame gobierno musulmán. En toda la literatura y la prensa bengalíes, se aludía a los musulmanes como “yavan”; en aquel entonces no existía ningún deseo de expulsar a los británicos y establecer un gobierno hindú o indio. Ni siquiera Rammohun Roy había concebido tal deseo. Incluso ciudadanos eminentes como Prasanna Kumar Tagore decían abiertamente que, si Dios le pidiera elegir entre el “swaraj” y el dominio británico, escogería este último sin vacilar. (Dr. R. C. Majumdar, History of Freedom Movement, p. 193)
El Dr. Majumdar ha demostrado que hindúes y musulmanes eran dos naciones distintas. Los pensadores hindúes mencionados anteriormente consideraban a los musulmanes enemigos de la nación hindú. ¿Cómo era posible formar una sola nación india con estas dos naciones distintas y opuestas? ¿Cuándo surgió esta idea y quién fue el impulsor de esta nacionalidad única?
El difunto Maulana Abul Kalam Azad, sin ninguna razón lógica, se mantuvo vinculado al Congreso hindú hasta el último momento de su vida. Él mismo consideraba también a hindúes y musulmanes dos naciones distintas. En cierta época, en el periódico “Diario Al-Hilal”, publicado en Calcuta bajo su dirección, declaró con palabras inequívocas:
“¿Qué sentido tiene construir una nacionalidad mezclando entre sí a hindúes y musulmanes? ¿Acaso uno de ellos no es aceite y el otro agua?”
“¡Qué ridículo es formar una nación uniendo a hindúes y musulmanes! ¿Acaso uno de ellos no es aceite y el otro agua?”
El Dr. Majumdar también ha puesto de relieve las características completamente distintas de hindúes y musulmanes. Por lo tanto, hay que decir que la idea de una nacionalidad india era imaginaria y engañosa. El primer movimiento de independencia del subcontinente, iniciado en 1857 gracias a los esfuerzos de los soldados musulmanes, también fue rechazado por los hindúes. Raja Rammohan incluso rezó a «Dios» para que los británicos triunfaran en esta guerra de independencia. Al respecto, el historiador Benoy Ghosh dice: Durante la rebelión de los cipayos (el movimiento de independencia de los cipayos), nuestra prensa nacional no mostró ninguna simpatía por los rebeldes………. Toda la prensa ensalzó entonces los beneficios del dominio británico y denigró a los rebeldes, calificándolos de gente de las clases inferiores de la sociedad. Casi todos los periódicos y revistas desempeñaron también ese papel. Porque la clase media hindú de aquella época no estaba dispuesta a tolerar ninguna rebelión contra el dominio británico (Benoy Ghosh, History of Bengal 1757-1905, C.U. Contribution, pp. 227-28).
La afirmación del señor Nirod Chandra Chaudhuri demuestra cuán absurda era la idea de unir a hindúes y musulmanes del subcontinente en una nacionalidad india. Él dice: La partición de Bengala creó una separación eterna entre hindúes y musulmanes y, al despertar el odio hacia ellos en nuestros corazones, rompió para siempre los lazos de amistad. Esto se manifestó en las calles, en los mercados y bazares, y en las instituciones educativas, y encontró un lugar en el corazón de la gente.
También dice que, en la escuela donde estudiaba, sentían repugnancia por sentarse junto a sus compañeros musulmanes porque de sus bocas emanaba olor a cebolla. Por ello, a petición de los hindúes, se separaron los lugares donde se sentaban los estudiantes hindúes y musulmanes.
El señor Chaudhuri dice que, incluso antes de que aprendiéramos a leer, nos decían que, en otro tiempo, durante el dominio musulmán en este país, ellos nos habían torturado y oprimido, y habían propagado su religión en la India llevando el Corán en una mano y la espada en la otra. Además, los gobernantes musulmanes habían secuestrado a nuestras mujeres, destruido nuestros templos y profanado nuestros lugares religiosos sagrados. (N. C. Chaudhury: The Autobiography of an Unknown Indian; Abdul Hamid: Muslim Separatism in India)
Toda esta propaganda incesantemente difamatoria contra los musulmanes durante siglos, y el hecho de que los poetas y escritores hindúes los llamaran «yavan» y «mleccha», significaban que formar una nación con ellos implicaba, conforme a las costumbres religiosas hindúes, mantener a los musulmanes como una clase sumamente inferior, como esclavos de los hindúes. O exterminarlos por la fuerza. «Los musulmanes eran plenamente conscientes de esto y de ningún modo podían aceptar la idea de una sola nacionalidad.
Examinemos una vez la historia del nacimiento del Congreso, que se proclama la única organización representativa del subcontinente y afirma defender una nacionalidad india, para comprobar si realmente era benevolente y representativo de los musulmanes.
La fundación del Congreso
Dos años antes del nacimiento del Congreso, en 1883, John Bright formó el «Comité de la India» e hizo miembros del mismo a cincuenta parlamentarios británicos. En 1885, el influyente civil británico retirado del Servicio Civil Indio, Allan Octavian Hume (A. O. Hume), fundó el Congreso Nacional Indio. Siguió viviendo en la India incluso después de jubilarse. Concibió la idea de establecer una organización panindia para la regeneración social de la India, que pudiera contribuir al progreso político. En consecuencia, envió una carta abierta a los graduados de la Universidad de Calcuta. En la carta insistía firmemente en la necesidad de establecer una asociación y una organización, y afirmaba que, debido a la falta de comunicación y contacto entre el pueblo y el Gobierno, no se habían podido resolver los problemas económicos. La tarea de reconstrucción debía realizarla el propio pueblo del país, algo que no podía esperarse de los extranjeros, por mucho que amaran esta tierra.
En cualquier caso, como resultado de las ideas y los esfuerzos mencionados de Allan Hume, se formó el Congreso Nacional Indio. Aunque el virrey, lord Dufferin, le brindó considerable apoyo, no quiso involucrarse directamente en él. Sin embargo, esperaba que la organización se fortaleciera y consolidara hasta poder desempeñar el papel de una oposición responsable. Hume propuso que se permitiera a un gobernador provincial presidirlo. Lord Dufferin expresó su desacuerdo. Después de la segunda sesión anual del Congreso, el gobernador de Madrás agasajó a los delegados con una cena. Por ello, algunos ingleses expresaron su pleno apoyo a la formación del Gobierno y del Congreso. Entre ellos destacaban sir William Wedderburn (WEDDERBURN), George Yule (YULE) y Charles Bradlaugh (BRADLAUGH). Charles Bradlaugh (BRADLAUGH) fue nombrado empleado remunerado del Congreso en 1888. William Digby era un propagandista especial en Londres. Mediante el periódico India se presentaban especialmente ante el público inglés el programa del Congreso y los asuntos indios. William Hunter era un gran partidario del Congreso, y su biógrafo afirma que el mérito de Hunter fue el único medio eficaz para influir en la opinión pública británica. El profesor Seeley enseñaba a los estudiantes de Oxford. Decía que India no podía compararse con Inglaterra ni con Francia. Al igual que en muchas naciones de Europa, en India vivían numerosos pueblos. Según sir Henry James, las prácticas religiosas de los hindúes eran las responsables de los conflictos comunitarios en India. Sir Theodore Morrison decía que, aunque los musulmanes no eran una nación según la definición europea, se consideraban distintos de los demás indios y estaban formándose como nación. (Abdul Hamid: Muslim Separatism in India, p. 29; Justice Syed Shameem Hussain Kadir: Creation of Pakistan, p. 12; Abdul Maudud, Desarrollo de la sociedad de clase media; Transformación de la cultura, pp. 279-80)
El carácter y las características que podía llegar a tener el Congreso como organización política podían inferirse claramente de las políticas, la filosofía política y los principios de dos de sus dirigentes más célebres y enormemente influyentes. Eran Bal Gangadhar Tilak y Surendranath Banerjee.
Después de graduarse, Tilak adoptó la profesión del periodismo y entró en el campo de la política a comienzos de la década de 1880 del siglo pasado. Sin embargo, estuvo al frente del movimiento para revocar la partición de Bengala. Era un político hábil y creía en la lucha directa (direct action). Revivió las tradiciones religiosas y políticas del pueblo maratha, de espíritu militar, e inspiró al Congreso con ese impulso. Formó la Sociedad para la Prevención del Sacrificio de Vacas (anti-cow-slaughter society) y emprendió movimientos contra los musulmanes y en protesta por la prohibición de tocar instrumentos musicales frente a las mezquitas, como consecuencia de lo cual comenzaron disturbios comunitarios en India. Por tanto, la actividad de renacimiento hindú iniciada bajo el liderazgo de Tilak en todos los ámbitos era indudablemente antimusulmana, y no había ninguna diferencia entre su «nacionalismo indio» y su «nacionalismo hindú». (Abdul Hamid, Muslim Separatism in India, p. 30)
Surendranath Banerjee ingresó en el Servicio Civil Indio (ICS) en la década de 1860 del siglo XIX. Sin embargo, después de ser destituido de su puesto unos años más tarde, se incorporó a la política. Era una figura central sumamente influyente del Congreso. Pero empleó todas sus capacidades y aptitudes en actividades contrarias a los intereses musulmanes.
Fue él quien hizo sonar por primera vez la señal de alarma en el movimiento contra la partición de Bengala. Decía que, al oír el anuncio de la división de Bengala, había sentido como si un rayo hubiera caído sobre nosotros desde el cielo. Habíamos sido humillados, insultados y engañados. Posteriormente, por iniciativa suya, el 16 de octubre de 1905 se celebró en Calcuta un día nacional de luto. Todos los hindúes llevaron brazaletes negros y se untaron ceniza en la cabeza. Observaron ayuno y se bañaron en el Ganges. Surendranath Banerjee dirigió este movimiento.
Como resultado del intenso movimiento terrorista de los hindúes durante seis años, la partición de Bengala fue anulada en 1911. Para consolar a los musulmanes indignados, el Gobierno anunció la fundación de una universidad en Dacca. Ante una decisión de ese tipo por parte del Gobierno, algunos dirigentes del Congreso expresaron su profunda indignación. Dijeron que, si se establecía otra universidad en Bengala, se perjudicaría la imagen de la Universidad de Calcuta. Por ello, una delegación encabezada por Surendranath Banerjee se entrevistó con el virrey, lord Hardinge. El portavoz, Surendranath Banerjee, dijo que, si había otra universidad en la provincia, las diferencias existentes entre los habitantes de las dos regiones aumentarían muchas veces (A. Hamid: Muslim Separatism in India, pp. 30, 93)
Estos ejemplos demuestran precisamente que el Congreso es una institución hindú. Su objetivo es el renacimiento del hinduismo y el establecimiento del Ramrajya.
Entre los musulmanes del subcontinente, sir Sayyid Ahmad Khan fue la primera persona que no pudo ver favorablemente al Congreso. Tras analizar la historia del nacimiento del Congreso, su estructura central, sus dirigentes, su política y sus objetivos y propósitos, el perspicaz y previsor Sayyid Ahmad comprendió que,
El Congreso golpeará los intereses musulmanes a cada paso. Por eso, exhortó a los musulmanes del subcontinente a abstenerse de ingresar en el Congreso. Dijo que, aunque el virrey, el secretario de Estado e incluso toda la Cámara de los Comunes apoyaran públicamente al Congreso, él se opondría firmemente a este. Añadió: «Tengo la firme convicción de que, si se aplican las propuestas del Congreso, al Gobierno británico le resultará imposible mantener la paz o detener la violencia y una guerra civil inevitable». (Justice Syed Sharneem Hussain Kadir, Creation of Pakistan, p. 12; I. H. Qurrshi, Struggle for Pakistan, p. 29; The Times, 12 de noviembre de 1888)
Las preocupaciones y profecías de Sayyid Ahmad acabaron reflejándose posteriormente. Asimismo, los periódicos musulmanes contemporáneos expresaron sus opiniones contra el Congreso. Entre ellos destacaban Muhammadan Observer, The Victoria Paper, The Muslim Herald, Rafiq-e-Hind, entre otros. Las siguientes organizaciones e instituciones musulmanas también dirigieron conjuntamente un llamamiento al Congreso:
Central National Muhammadan Association, The Muhammadan Literary Society of Bengal, Anjuman-e-Islam of Madras, Dindigul Anjuman, Muhammadan Central Association of the Punjab. (Justice Syed Shameem Kadir, Creation of Pakistan, pp. 13-14)
El Congreso intentó engañar a los musulmanes y al mundo exterior mediante una propaganda falsa y engañosa. Algunos ingleses partidarios del Congreso también difundieron una propaganda del mismo tipo. Digby, propagandista del Congreso en el Reino Unido, afirmó que el Congreso era portavoz de todas las naciones y clases, incluso de los musulmanes. Allen Hume, fundador del Congreso, no podía tolerar las críticas contra este. El Comité de la India, constituido en Inglaterra, también hablaba en sintonía con el Congreso. Sin embargo, pese a todo ello, los musulmanes del subcontinente llegaron a ser reconocidos como una nación distinta, y esa fue la base de Pakistán.
La base ideológica de Pakistán
Sobre la base de la fe religiosa, los ideales, su propia civilización y cultura, su historia y tradición, su concepción particular de la vida y su sistema de vida, así como la responsabilidad ante el Creador y el Mensajero de los mundos en la otra vida, los musulmanes constituyen una nación que rechaza todas las demás definiciones de nacionalidad. La base de esta nacionalidad, es decir, de la nacionalidad islámica, se estableció en el subcontinente en el mes de Rayab del año 93 de la Hégira —es decir, en el año 712 d. C.—, cuando un joven comandante de diecisiete años llamado Imad al-Din Muhammad ibn al-Qasim desembarcó en el puerto de Debal (la actual Karachi) y liberó de la prisión del rey Dahir a mujeres y niños musulmanes. Tras derrotar al rey Dahir, construyó allí la primera mezquita.
Quaid-e-Azam Muhammad Ali Jinnah dijo: «El movimiento por Pakistán comenzó precisamente cuando el primer musulmán puso pie por primera vez en el territorio de Sind». (Justice Shameem Hussain Kadir, Creation of Pakistan, p. 1). Después de Debal, es decir, Karachi, y luego de Nirun (la actual Hyderabad), la bandera victoriosa del islam fue izada en Sehwan. Posteriormente, el día 10 de Ramadán al-Mubarak (93 de la Hégira), fue ocupado el fuerte de Rawar, y el rey de Debal fue derrotado y muerto en la batalla. Poco después, Brahmanabad (la actual Sanghar) y Alor (la ciudad situada al este de la actual Rohri) cayeron en manos de los musulmanes, por lo que Multán se rindió. En el año 96 de la Hégira, el norte de la India también se preparaba para reconocer voluntariamente la soberanía de Muhammad ibn al-Qasim, cuando el califa lo convocó a Damasco.
El hábil comandante musulmán Muhammad ibn al-Qasim estableció en los territorios que había conquistado un sistema de gobierno islámico ejemplar, que logró ganarse de tal manera el corazón de los súbditos hindúes y budistas que un gran número de súbditos no musulmanes abrazaron voluntariamente el islam. La influencia de la enseñanza islámica sobre quienes aceptaron el islam fue tan grande que reorganizaron sus vidas conforme a las instrucciones del Corán y la Sunna; también se adoptó el alfabeto árabe para la lengua sindhi.
El establecimiento, auge y caída del Estado islámico en el subcontinente
Muhammad bin Qasim no solo fue quien estableció el Estado islámico en este subcontinente, sino también un precursor del establecimiento de la civilización y la cultura islámicas. El gobierno islámico y la civilización y cultura islámicas fueron los principales estímulos que impulsaron la fundación de Pakistán. La semilla de esa civilización y cultura fue plantada, germinó y, con el transcurso del tiempo, se desarrolló y creció; posteriormente, gracias a la llegada al subcontinente de numerosos gobernantes musulmanes con la apariencia de conquistadores, la bandera islámica ondeó por todo el subcontinente. Desde la conquista del Sind por Muhammad bin Qasim hasta mediados del siglo XVIII, el gobierno musulmán del subcontinente llegó a su fin a causa de las intensas luchas internas, la decadencia moral y los ataques de potencias extranjeras.
Las características innatas y naturales del islam
El significado del islam es someterse espontáneamente a la servidumbre y obediencia absolutas de Allah Todopoderoso, y su característica natural es que los seguidores del islam no pueden aceptar ningún sistema ateo ni la supremacía de los no musulmanes. El islam presenta para la humanidad un sistema de vida completo, cuyos principios fundamentales se aplican por igual a todos los aspectos espirituales y materiales de la vida. El Estado y la religión en el islam no están separados entre sí; por el contrario, los aspectos materiales y mundanos de la vida están integrados con sus aspectos espirituales. Un musulmán, ya sea como gobernante del Estado o como ciudadano común, realiza todas sus actividades con la firme convicción de que Allah Todopoderoso observa todas sus acciones y que, finalmente, deberá rendir cuentas ante Él por todos sus actos. Sobre la base de los principios fundamentales, ideales y normas éticas del islam mencionados anteriormente, se estableció el gobierno musulmán en el subcontinente y se mantuvo durante varios siglos. Aunque la ley del país (Law of the land) era islámica, en materia de derecho personal y familiar cada una de las demás comunidades tenía derecho a regirse por sus propias normas religiosas.
Entre los gobernantes musulmanes del subcontinente, todos salvo Akbar fueron portadores de la civilización y la cultura islámicas. Aunque algunos de ellos no lograron observar plenamente los preceptos islámicos en su vida personal, en todo el país prevalecía el islam. Los gobernantes no se ocuparon directamente de la propagación y expansión del islam. Esa labor fue realizada con devoción por numerosos ulemas, pires y derviches procedentes de otros lugares. Sin embargo, los gobernantes musulmanes establecieron innumerables mezquitas, madrasas y khanqas para extender la educación islámica. Para sufragar sus gastos, donaron muchas lakheraj, tierras exentas de impuestos. Sin duda, estas instituciones desempeñaron un papel eficaz en la expansión de la educación islámica y de la da‘wa islámica en el subcontinente. Como consecuencia, los no musulmanes del subcontinente, cautivados por la belleza del islam, se refugiaron en grupos bajo su fresca sombra. Con el tiempo, las regiones noroccidental y sudoriental del subcontinente pasaron a tener una mayoría musulmana, y posteriormente se transformaron en el Estado de Pakistán.
Después del establecimiento del dominio británico en el subcontinente, el gobierno islámico fue abolido gradualmente y se introdujeron y aplicaron el Indian Civil and Criminal Codes of Procedure y el Indian Penal Code, contrarios a las creencias y principios fundamentales del islam. Se dejó a los musulmanes completamente despojados en el ámbito económico.
Mediante la connivencia y la conspiración de los británicos y la nación hindú, los musulmanes fueron despojados de todo y aplastados por la opresión del hambre y la pobreza. Pero, a pesar de ello, no fue posible erradicar de sus mentes y corazones las creencias fundamentales del islam ni el pensamiento y la conciencia islámicos. Como reacción natural, durante el siglo pasado hubo protestas contra el gobierno británico y se proclamaron rebeliones. El Tahrik-i Mujahidin y la yihad armada de Sayyid Ahmad Shahid Barelvi, el movimiento Faraizi en Bangladesh, el movimiento islámico de Titumir y otros manifestaron la incontenible conciencia islámica. El establecimiento de la civilización y la cultura islámicas en el subcontinente, su cultivo durante varios siglos y la lucha por preservarlas intactas sentaron las bases del movimiento de Pakistán.
Los musulmanes constituyen una nación
La discusión anterior ha dejado claro que musulmán es el nombre de una nación. En todos estos aspectos —la fe y la ‘aqidah (creencia religiosa), los ritos religiosos, la determinación del bien y el mal, lo justo y lo injusto, y lo lícito y lo ilícito según la religión, el sentimiento de tener que rendir cuentas ante Allah Ta‘ala en la otra vida por cada acto manifiesto y oculto de la vida, la civilización y la cultura, el gusto y la capacidad intelectual, y el pensamiento y la conciencia— los musulmanes constituyen una nación distinta. Este sentido de singularidad emana precisamente de la fe religiosa. Quienes creen verdaderamente en el tawhid, la risalat y el Más Allá, y cumplen plenamente en todos los aspectos de la vida las responsabilidades que Dios les ha confiado, constituyen una nación distinta entre toda la humanidad; y Allah Ta‘ala ha reconocido a esta nación como la ‘Ummah musulmana’. El conjunto humano dotado de las cualidades mencionadas constituye la nación musulmana, mientras que el conjunto humano dotado de cualidades opuestas constituye las naciones no musulmanas; entre ellas se encuentran los hindúes, los cristianos, los judíos, los budistas y otros. Los musulmanes no pueden constituir una sola nación junto con ninguna de ellas. En el subcontinente, hindúes y musulmanes son dos naciones completamente separadas: puesto que sus creencias religiosas, ritos religiosos y criterios de lo justo y lo injusto, así como de lo lícito y lo ilícito, son totalmente distintos y opuestos, constituyen dos naciones separadas. Pakistán fue creado precisamente sobre la base de esta teoría de las dos naciones.
La doctrina de que los musulmanes constituyen una nación distinta no es un descubrimiento de la era moderna. El primer ser humano del mundo fue musulmán, profeta y califa de Allah. Allah le otorgó un inmenso tesoro de conocimiento. De él se iniciaron el islam y la nacionalidad islámica. Para preservar la existencia de los musulmanes en el subcontinente, se exigió, sobre la base de esta doctrina, una patria separada e independiente. Esta nacionalidad es la eterna «teoría» o doctrina del islam. El Congreso hindú creó la confusión de la nación única con el fin de establecer el dominio de los hindúes, que eran mayoría, sobre los musulmanes, que eran minoría, en el subcontinente. Un célebre erudito, el shayj al-hadiz de Deoband, Maulana Sayyid Husain Ahmad Madani, declaró, siguiendo la misma línea que el Congreso, que todos los musulmanes que vivieran dentro de las mismas fronteras geográficas, sin distinción, constituían juntos una sola nación. Posteriormente, la Liga Musulmana exigió Pakistán precisamente sobre la base de la teoría de las dos naciones (Two Nation Theory). La declaración anterior de Maulana Madani dejó atónitos y perplejos no solo a la Liga Musulmana, sino también a la comunidad de ulemas y a los musulmanes comunes. Aunque todavía no se había planteado la exigencia de Pakistán, todos conocían ya la verdad de que los musulmanes constituían una nación distinta, y esta afirmación fue proclamada repetidamente en diversas ocasiones.
La declaración de Maulana Madani fue comunicada a Allama Iqbal, el poeta filósofo visionario de Pakistán. Se encontraba postrado en el lecho de la enfermedad. Lentamente, con el cuerpo tembloroso, se incorporó en la cama y, aun en medio de los dolores de la enfermedad, como poeta nato, criticó duramente las palabras del señor Madani en unos cuantos versos:
Aún los no árabes no han comprendido en absoluto el secreto de la religión,
¡Qué extraño es Husain Ahmad de Deoband!
Un canto desde el púlpito: que la nación procede de la patria,
¡Qué ignorante es de la posición de Muhammad el Árabe!
Únete a Mustafa, pues él es toda la religión,
Si no alcanzaste a Muhammad, todo será Abu Lahab.
(Allama Iqbal: Armaghan-e-Hiyaz, p. 278)
Significado: Los habitantes de Aŷam no comprendieron en absoluto la esencia de la religión.
Por eso, ¡qué cosa tan extraña la de Husain Ahmad de Deoband!
Proclamó desde el púlpito: «La patria es lo que forma la millat».
Está ignorante de la dignidad de Muhammad al-Arabí. Si no logra alcanzarla, todo será Abu Lahab.
Aunque los pocos versos del Dr. Iqbal refutaron la doctrina del Maulana Madani, no fueron suficientes para demostrar la falsedad de la idea de una sola nación. En ese momento, el Maulana Sayyid Abul Ala Maududi realizó un minucioso análisis político, religioso y cultural del subcontinente y, en la revista mensual Tarjuman al-Qur’an, que editaba, publicó por entregas un extenso artículo titulado «Los musulmanes y la actual lucha política», en el que arrojó abundante luz sobre la nacionalidad islámica. Sobre este tema se publicó una obra independiente de más de cien páginas. En ella, al describir los fundamentos de la nacionalidad islámica, afirmó:
«Alá y Su Mensajero hicieron añicos las bases estrechas, materiales, sensoriales y supersticiosas sobre las que se habían erigido los edificios de las distintas nacionalidades del mundo. La humanidad había sido dividida en fragmentos diversos y diminutos por causa de la raza, la tribu, la patria, la economía y la ignorancia política; el islam ha establecido para todas sus clases la igualdad de dignidad y la igualdad de derechos.
“En la nacionalidad islámica ciertamente se hacen distinciones entre las personas, pero no por ninguna razón material, mundana o externa. Se hacen desde la perspectiva espiritual, moral y humanitaria. Se presenta ante la humanidad una ley natural y verdadera llamada Islam. Se invita a toda la humanidad a la servidumbre y obediencia a Alá, a la pureza y limpieza del corazón y la mente, a la rectitud de las acciones, a la honestidad y al seguimiento de la religión. Luego se declara que quienes acepten esta invitación serán considerados una sola nación, mientras que quienes la rechacen pertenecerán por completo a una nación diferente. Es decir, una de las naciones es la de la fe y el Islam, y el conjunto de sus individuos forma una ummah. La otra es la nación de la incredulidad y el extravío. Sus seguidores, a pesar de sus diferencias y divergencias mutuas, son considerados un mismo grupo y una misma comunidad.”
“Entre estas dos naciones no existe diferencia en cuanto a linaje o tribu. La diferencia está en la creencia y las obras. Incluso dos hijos del mismo padre pueden, debido a la mencionada diferencia entre el Islam y la incredulidad, ser considerados miembros de dos naciones distintas; y dos personas sin parentesco ni relación pueden pertenecer a una misma nación por haber abrazado el Islam.”
“La diferencia de patria tampoco puede ser causa de separación entre estas dos naciones. Aquí la distinción se establece sobre la base de la verdad y la falsedad. Y ni la verdad ni la falsedad tienen una ‘patria’ o lugar de nacimiento. La nacionalidad de dos personas que viven en la misma ciudad, el mismo barrio e incluso la misma casa puede ser diferente debido a la distinción entre el Islam y la incredulidad. Un negro puede convertirse, por medio del Islam, en hermano de un marroquí.”
“La diferencia de raza tampoco es causa de diferencia nacional aquí. El color de la apariencia externa carece de importancia en el Islam. Aquí solo tiene importancia el color de Alá. Ese es el color más excelente.”
“La diversidad de lenguas tampoco es causa de diferencia entre el Islam y la incredulidad. En el Islam, la lengua de la boca no tiene ningún valor. El valor reside en las palabras sin lengua del corazón y de la mente.”
“El centro de este círculo de la nacionalidad islámica es la profesión de fe: la ilaha illallah, Muhammadur Rasulullah. La amistad y la enemistad se establecen sobre la base de esta profesión de fe. Su aceptación une a las personas, mientras que su rechazo provoca una separación definitiva entre ellas. A quien esta profesión de fe separa, ninguna relación de sangre, tierra, lengua, raza, alimento, sistema de gobierno ni ningún parentesco puede volver a unirlo. Del mismo modo, nada puede separar a quienes esta profesión de fe une.”
El maulana añade:”
“Cabe señalar que la relación de la nación musulmana con las naciones no musulmanas tiene dos aspectos. El primero es que, en cuanto seres humanos, musulmanes y no musulmanes son iguales. El segundo es que, debido a la diferencia entre el Islam y la incredulidad, debemos tratarlos con simpatía, compasión, generosidad y cortesía. Pues, desde el punto de vista de la humanidad, ese es el trato que pueden recibir. Incluso, si no son enemigos del Islam, puede haber amistad, paz y cooperación con ellos para alcanzar un objetivo común (Common Cause). Pero ninguna relación material o mundana puede unirlos con nosotros hasta convertirnos en ‘una sola nación’.”
Esta obra de Maulana Mawdudi sobre el nacionalismo islámico provocó una gran conmoción en la sociedad musulmana intelectual de aquella época, y disipó por completo la confusión causada por los discursos y folletos de Maulana Madani. Los dirigentes y activistas del movimiento por Pakistán la utilizaron como un arma afilada. En realidad, esta obra estableció la base científica de la teoría de las dos naciones y se convirtió en la causa principal de la creación de Pakistán. La obra refutó el peligroso plan del Congreso para establecer el Ramrajya y los argumentos de Maulana Husain Ahmad Madani a favor del nacionalismo regional, demostrando que eran acientíficos, irracionales, antiislámicos y carentes de sustancia.
Precisamente por las razones fundamentales expuestas anteriormente surgieron, desde los albores de la creación humana, dos entidades nacionales distintas: musulmanes y no musulmanes; esta realidad se ha mantenido hasta ahora y perdurará para siempre. Por esas mismas razones, en el subcontinente los musulmanes y las demás comunidades son completamente distintos. Aquí hindúes y musulmanes han vivido juntos durante cientos de años —en las mismas ciudades, aldeas y barrios, a uno y otro lado del mismo patio—. Ambos hablan la misma lengua, nacen en la misma tierra y han sido criados y desarrollados bajo la misma luz y el mismo aire. Pero no se han mezclado hasta volverse indistinguibles ni se han convertido en una sola nación. Muchas personas eruditas del subcontinente reconocen también esta verdad. Tomemos, por ejemplo, las palabras del propio poeta Rabindranath Tagore. Él dice:
«Ya no hay necesidad de decir mentiras. Ahora debemos reconocer que existe un conflicto entre hindúes y musulmanes. No solo somos distintos; también somos opuestos.
Durante muchos cientos de años hemos vivido uno junto al otro, disfrutando de los frutos de un mismo campo, del agua de un mismo río y de la luz de un mismo sol. Hablamos una misma lengua; somos personas que comparten las mismas alegrías y tristezas. Sin embargo, entre nosotros no ha existido la relación humana y prescrita por la religión que debe existir entre vecinos. Durante un largo período entre nosotros
hemos alimentado un pecado tal que, aun permaneciendo juntos, no hemos podido impedir la separación.»
Sabemos que en muchos lugares de Bangladesh hindúes y musulmanes no se sientan sobre la misma alfombra: cuando un musulmán entra en una casa, se retira una parte de la estera y se tira el agua de la pipa de agua» (Rabindra-Rachanavali, tomo 12, p. 909; Abdul Mawdud, El desarrollo de la sociedad de clase media: la transformación de la cultura, p. 420).
Babu Nirad Chaudhuri dice:
«A decir verdad, la teoría de las dos naciones surgió mucho antes que el señor Jinnah o la Liga Musulmana. Y no se trata solamente de una teoría, sino de un hecho histórico real. Todos conocían su existencia a comienzos del siglo actual. Incluso nosotros lo sabíamos desde nuestra infancia, desde antes del movimiento Swadeshi» (Autobiografía de un indio desconocido, pp. 229-231).
Esta verdad tampoco pasó inadvertida para los europeos. Un historiador inglés lo expresa claramente:
«Aunque hindúes y musulmanes vivían en la misma aldea, la misma ciudad y el mismo distrito, siempre conservaron su existencia como dos naciones distintas. Especialmente en el ámbito religioso, permanecieron aún más separados que dos naciones europeas. Por ejemplo, las naciones francesa y alemana son consideradas por los europeos como dos naciones acérrimamente enemigas. Sin embargo, un joven francés que vaya a Alemania por negocios o para estudiar puede vivir fácilmente en cualquier familia alemana, comer junto con ella y entrar en el mismo templo de culto. Pero ningún musulmán tiene semejante acceso a una familia hindú». (S. T. Morison, Political India, p. 103)
La extrema estrechez, el fanatismo, la superstición y la absoluta falta de tolerancia hacia las demás religiones de las normas religiosas inventadas por el propio hinduismo o por los brahmanes son responsables del trato inhumano hacia los musulmanes. Una característica del hinduismo es su sistema de castas (caste system). Según este sistema, cierto número de personas consideradas pertenecientes al hinduismo son llamadas de clase inferior. El hinduismo no les concede ningún derecho humano. Se les ha inculcado que son despreciables, impuros e intocables, y que fueron creados únicamente para servir a los hindúes de clase alta; que eso es su religión y su gran acto de mérito. Un hindú de clase inferior no puede estudiar en la misma escuela que un hindú de clase alta. Aunque sea hindú, el hindú de clase inferior no puede leer los textos religiosos ni entrar en los templos. Si la sociedad hindú trata de ese modo a quienes se consideran pertenecientes al hinduismo, es natural que trate a los musulmanes de una manera aún más bárbara. Por ello, todo contacto con los musulmanes se vuelve impuro e inaceptable para los hindúes. Sin embargo, se adoptó una dureza aún mayor en el trato con los musulmanes después del fin del gobierno musulmán y del establecimiento del dominio británico; la mera existencia de los musulmanes en el subcontinente les resultaba intolerable.
Impulsados por el odio y la hostilidad hacia los musulmanes, los hindúes buscaban pretextos y excusas para entrar en conflicto con ellos. Por ejemplo, en tiempos antiguos los hindúes no tenían prohibido comer carne de vaca. La carne de vaca es un alimento muy apreciado, y todos los pueblos del mundo, incluidos los musulmanes, la comen. Sacrificar animales para obtener la complacencia de Alá es un mandato del islam para los musulmanes. Entre los animales cuyo sacrificio está permitido, la vaca es uno de los principales. Como pretexto para provocar enfrentamientos con los musulmanes en el subcontinente, se elevó a la vaca al rango de deidad adorada por los hindúes. Después, mediante la creación de organizaciones como la Sociedad para la Prevención de la Matanza de Vacas y la Sociedad de Protección de las Vacas, se dio inicio a enfrentamientos comunales con los musulmanes. Un mismo objeto es alimento para una nación y deidad adorada por otra. Después de reconocer a la vaca como una deidad, eliminar a todo el que coma carne de vaca en el mundo se convierte en el principal deber religioso del hinduismo. Por tanto, ¿cómo podría una nación adoradora de la vaca aceptar la formación de dos naciones, una que come vaca y otra que la adora? El intento de unir a estas dos naciones para formar una sola no solo es ridículo, sino también malintencionado.
Que hindúes y musulmanes son dos naciones separadas también lo demostró de manera concluyente, con argumentos irrefutables, el Quaid-e-Azam Muhammad Ali Jinnah. En su discurso presidencial ante la 27.ª sesión anual de la Liga Musulmana, celebrada el 22 de marzo de 1940 en el parque Minto de Lahore, dijo:
«Es muy difícil comprender por qué nuestros hermanos hindúes no pueden entender la verdadera naturaleza del islam y del hinduismo. En realidad, estos dos no son religiones, sino, en esencia, dos órdenes sociales distintos y claramente definidos (Social order), y formar una sola nacionalidad uniendo a hindúes y musulmanes no es más que una fantasía. La falsa idea de un nacionalismo indio ha traspasado todos los límites y se ha convertido en la causa de nuestra inestabilidad política. Si no cambiamos a tiempo nuestro punto de vista, India será empujada al borde de la destrucción. Hindúes y musulmanes tienen filosofías religiosas, costumbres sociales y literaturas distintas. También poseen dos civilizaciones y culturas diferentes, formadas sobre la base de dos concepciones y creencias opuestas. La historia de sus vidas recibe inspiración de fuentes diferentes. Tienen epopeyas distintas, grandes textos distintos, héroes nacionales distintos y elementos de referencia y cronologías de acontecimientos distintos.
En la mayoría de los casos, el héroe nacional de uno es el enemigo del otro. Si se une en un mismo Estado a dos naciones tan opuestas, de las cuales una es mayoría y la otra minoría, la agitación seguirá aumentando, y cualquier estructura que se cree para gobernar un Estado semejante terminará finalmente destruida.
Según cualquier definición de nación, los musulmanes son una nación y necesariamente deben tener una patria, un territorio o región y un Estado. Deseamos que nuestra nación progrese, conforme a su propio genio y basándose en sus propios ideales, en la vida espiritual, cultural, económica, social y política».
Finalmente, Quaid-e-Azam dijo:
«Avancen como siervos obedientes del islam. Organicen al pueblo en los ámbitos económico, social, político y educativo. Estoy seguro de que se convertirán en una fuerza que ninguna potencia del mundo podrá derrotar.»
Al día siguiente, es decir, el 23 de marzo, se aprobó por unanimidad la propuesta de crear Estados independientes con las regiones noroccidental y oriental del subcontinente, donde los musulmanes constituían la mayoría. La propuesta fue presentada por el primer ministro de Bengala, Sher-e-Bangla Maulvi A. K. Fazlul Huq. El texto original de la propuesta decía lo siguiente:
Se resuelve que, a juicio de esta sesión de la Liga Musulmana de toda la India, ningún plan constitucional sería viable en este país ni aceptable para los musulmanes, a menos que se diseñe sobre los siguientes principios básicos: que las unidades geográficamente contiguas sean delimitadas mediante los reajustes territoriales que resulten necesarios; que las zonas en las que los musulmanes son numéricamente mayoría, como las zonas noroccidental y oriental de la India, sean agrupadas para constituir «Estados independientes», en los cuales las unidades constituyentes sean autónomas y soberanas.
Que se establezcan especialmente en la Constitución garantías adecuadas, eficaces y obligatorias para las minorías de estas unidades y regiones, destinadas a proteger, previa consulta con ellas, sus derechos e intereses religiosos, culturales, económicos, políticos, administrativos y de otra índole; y que, en las demás partes de la India donde los musulmanes sean minoría, se establezcan especialmente en la Constitución garantías adecuadas, eficaces y obligatorias para ellos y para las demás minorías, destinadas a proteger, previa consulta con ellas, sus derechos e intereses religiosos, culturales, económicos, políticos, administrativos y de otra índole.
Justice Syed Shameem Husain Kadir, Creación de Pakistán, p. 192.
Junto con la propuesta de Lahore se hizo también explícita la declaración de que, previa consulta con las comunidades minoritarias residentes allí, se protegerían sus derechos e intereses religiosos, culturales, económicos, políticos y administrativos. Del mismo modo, en aquellas regiones de la India donde los musulmanes fueran minoría, sus derechos e intereses religiosos, culturales, económicos, políticos y administrativos debían protegerse sobre la base de consultas con ellos.
La oposición de los hindúes
Sin examinar ni considerar de ninguna manera los aspectos positivos de la Resolución de Lahore, comenzaron a publicarse, por parte de los hindúes, declaraciones y comentarios indecentes en su vehemente oposición a ella. Se iniciaron toda clase de actividades para confundir a los musulmanes y provocar divisiones entre ellos. Wardha también continuó hablando en el mismo tono. El señor Gandhi esperaba que los dirigentes y los diversos periódicos influenciados por los hindúes se mantuvieran firmes respecto de la Resolución de Lahore. Dijo: «Todavía espero que los hindúes conscientes examinen detenidamente nuestra propuesta, porque en ella está contenida la posibilidad de alcanzar la independencia en poco tiempo. Podremos conservar pacíficamente esta independencia dentro y fuera del país». El 26 de mayo de 1940 se celebró la conferencia de la Liga Musulmana Provincial de Bombay. Quaid-e-Azam, al referirse a la falsa propaganda del Congreso, dijo:
Es sumamente sorprendente que personas como el señor Gandhi y el señor Rajagopalachari califiquen la Resolución de Lahore de «vivisección de la India» (Vivisection of India) y de «cortar al niño en dos». India, por supuesto, ya está dividida por la naturaleza. En el mapa geográfico de la India tienen su lugar la India musulmana y la India hindú. Entonces, ¿por qué tanto alboroto? ¿Qué es lo que, según ellos, está siendo dividido y partido en dos? ¿Dónde está ese gobierno central cuya autoridad se estaría desobedeciendo? El hecho de que India esté bajo el dominio británico ha creado la idea de una India indivisa y de un único gobierno central. Nunca existieron una nación india ni un gobierno central. Esto no es más que un capricho del alto mando del Congreso. … Nuestro ideal y nuestra lucha no pretenden perjudicar los intereses de nadie, sino defendernos a nosotros mismos.
(Justice Syed Shameem Husain Kadir, Creation of Pakistan, pp. 193-94)
Cabe señalar que, aunque la palabra «Pakistán» no aparecía en la Resolución de Lahore, fue la propia India hindú la que la denominó Resolución de Pakistán. Y eso era lo correcto. Finalmente resultó acertado el nombre que Chaudhry Rahmat Ali le había dado muchos años antes.
La concepción de Pakistán
La concepción o el plan de Pakistán no constituye ninguna filosofía política novedosa. El verdadero significado de esta palabra es un sistema estatal islámico. Por eso, Quaid-e-Azam Muhammad Ali Jinnah dijo que Pakistán tuvo su inicio cuando Muhammad bin Qasim entró en Sindh con la apariencia de un conquistador. Después, durante varios siglos, en este subcontinente estuvo vigente un sistema estatal islámico. Hacia el final del dominio británico comenzaron nuevamente en la India británica las reflexiones y los esfuerzos por afirmar la singularidad de la nación musulmana y establecer un Estado. La mayoría musulmana de las regiones noroccidentales y sudorientales del subcontinente no pasó inadvertida para los pensadores políticos. Por ello, Sayyid Jamaluddin, precursor de la unidad islámica mundial, fue el primero en reflexionar sobre la posibilidad de formar una república musulmana que comprendiera Afganistán y la región noroccidental del subcontinente; muchos denominaron a esto panislamismo.
En 1915, durante un discurso pronunciado en el acto de Bazm-e Shibli, Chaudhry Rahmat Ali afirmó que, puesto que el norte de la India estaba habitado predominantemente por musulmanes, debía considerarse un país musulmán. No solo eso, sino que dijo: «Lo convertiremos en un Estado musulmán. Esto solo será posible cuando nosotros y nuestra región septentrional dejemos de ser indios. Esta es la condición previa. Por tanto, cuanto antes abandonemos el indianismo (indianism), tanto más beneficioso será para nosotros y para el islam». (I. H. Qureshi, The Struggle for Pakistan, pp. 115-116)
Posteriormente, en 1917, el doctor Abdul Jabbar Khairi y el profesor Abdus Sattar Khairi —conocidos como los hermanos Khairi— presentaron en la conferencia celebrada en Estocolmo una propuesta de plan para la división de la India. (Syed Sharifuddin Pirzada, Evolution of Pakistan, Lahore, 1963, pp. 68-90)
En la revista «Zulqarnain» de Badaun se publicó, en marzo-abril de 1920, una carta abierta dirigida al señor Gandhi por un tal Abdul Qadir Bilgrami. En esas cartas presentó los argumentos a favor de la división del subcontinente. También presentó una lista de los distritos de mayoría musulmana para dicha división, que coincidía aproximadamente con los límites geográficos de las dos partes del Pakistán establecido. Como los temas mencionados en esas cartas atrajeron la atención de muchos, fueron publicadas dos veces en forma de folleto. La segunda edición apareció en 1925. (Muhammd Abdul Qadir Bilgrami Hindu Muslim Ittehad par Khula Khat Mahatma Gandhi Ken am Aligarh, 1925)
A comienzos de la Primera Guerra Mundial, Lovatt Fraser, editor de The Times of India, publicó en el Daily Express de Londres un mapa en el que se dibujaba una flecha desde Constantinopla hacia Saharanpur, en la India. En él se mostraba un corredor musulmán hacia las regiones de mayoría musulmana. (I.H Qureshi The Muslim Community of the indo-pakistan Subcontinent, pp. 295-96)
Savarkar, presidente de la Hindu Mahasabha, solía afirmar que hindúes y musulmanes eran dos naciones distintas. Lala Lajpat Rai, otro dirigente del Congreso y de la Hindu Mahasabha, propuso la división de la India en 1924. (LH. Qureshi: The Struggle for Pakistan, p. 116: Richard Symonds The Naking of Pakistan, 1950,p.59)
Sardar Muhammad Gul Khan, del distrito de Dera Ismail Khan, presentó en 1923 ante el Comité de Investigación de la Frontera argumentos a favor de la división de la India en interés de hindúes y musulmanes. Exigió que la región desde Peshawar hasta Agra fuera destinada a los musulmanes. (I.H> Qureshi The Struggle for Pakistan, p.116-17)
En la Convención de Todos los Partidos celebrada en Calcuta en 1928, Aga Khan planteó la exigencia de la autonomía de cada provincia. (La obra citada)
En 1930, después de debatir los diversos problemas de la India en la conferencia anual de la Liga Musulmana celebrada en Allahabad, el doctor Muhammad Iqbal planteó la propuesta de crear un Estado independiente para los musulmanes, ya fuera dentro o fuera del Imperio británico.
El doctor Iqbal no dio ningún nombre al Estado musulmán que propuso. Esa tarea la realizó Chaudhry Rahmat Ali. En enero de 1933, Chaudhry Rahmat Ali y tres de sus compañeros de Cambridge publicaron un folleto titulado Now or Never.
Chaudhry Rahmat Ali envió su folleto a los dirigentes musulmanes de la India, a los delegados musulmanes que participaron en la Tercera Conferencia de la Mesa Redonda celebrada en Londres y a los principales dirigentes políticos de Inglaterra. Se envió el folleto acompañado de una carta en la que se decía: «Por la presente, presento ante ustedes una petición en nombre de los treinta millones de musulmanes de Pakistán, que viven en cinco provincias de la región septentrional de la India, a saber: Punyab, la Provincia de la Frontera del Noroeste, Cachemira, Sind y Baluchistán». Cabe señalar que Chaudhry Rahmat Ali exigía la creación de un Estado musulmán con esas cinco provincias, al que dio el nombre de Pakistán.
Esta petición se presentó en un momento decisivo, entre la vida y la muerte, para los musulmanes. Se dijo que la India no era el país de una sola nación, sino el país de muchas naciones. ………. Nuestra religión y cultura, nuestra historia y tradición, nuestras costumbres sociales y nuestro sistema económico, nuestras leyes relativas a la herencia y al matrimonio son fundamentalmente diferentes de las de las demás naciones que viven en la India. Tenemos costumbres y prácticas nacionales distintas, así como calendarios diferentes para los años, meses y días. Incluso nuestros alimentos y nuestra vestimenta son completamente diferentes. Si se engaña a los musulmanes de Pakistán, privándolos de los rasgos claros de nuestra nacionalidad, y se los incorpora a la federación india propuesta, seremos convertidos en una minoría. Esta propuesta equivale al tañido fúnebre de nuestra nación. —(G. Allana, Muslim Political Thought Through the Ages 1562-1947, pp. 295-300)
Puede decirse sin ninguna duda que el nombre «Pakistán» fue creado por Chaudhry Rahmat Ali; mediante la Resolución de Lahore se estableció en el escenario político de la India y, aproximadamente siete años después, se convirtió en una realidad.
Syed Sharifuddin Pirzada dice en su obra (Evolution of Pakistan): Todas estas propuestas y sugerencias, presentadas por personas como Sir Abdullah Harun, Maulana Maududi y Chaudhry Khaliquzzaman, fueron, en cierto sentido, una guía hacia la creación de Pakistán.
Finalmente, en 1940, la Liga Musulmana aprobó por unanimidad, en términos inequívocos, la Resolución de Lahore, es decir, la Resolución de Pakistán.
Capítulo sexto
Oposición al movimiento por Pakistán
Los hindúes consideraron que la propuesta de Pakistán, es decir, de la partición de la India, era contraria a sus intereses y no pudieron aceptarla; por ello comenzaron a oponerse enérgicamente. El pandit Jawaharlal Nehru dijo en Pune, el 6 de mayo, que ni la Mahasabha Hindú ni la Liga Musulmana tenían un programa positivo. Calificó la propuesta de Pakistán de insensatez y dijo que no duraría más de veinticuatro horas. El 19 de mayo, la Mahasabha Hindú calificó la propuesta de Pakistán de antihindú y antinacional.
A pesar de la extrema oposición y los obstáculos de la Liga del Congreso y de la nación hindú, el movimiento por Pakistán continuó, y la oposición y la propaganda maliciosa de los hindúes siguieron fortaleciendo la unidad de los musulmanes.
Con el objetivo de popularizar y fortalecer el movimiento por Pakistán, se realizó un esfuerzo total en la historia de la India musulmana para llevar a cabo una amplia campaña de propaganda: se formó un comité de escritores bajo la convocatoria de Jamiluddin Ahmad, de la Universidad Musulmana de Aligarh. Eminentes ensayistas redactaron diversos folletos, que fueron publicados por Sheikh Muhammad Ashraf, de Lahore, con el nombre de serie Pakistan Literature. Jamiluddin Ahmad declaró que el Pakistán independiente y el Hindustán independiente continuarían existiendo en un ambiente de amistad y fraternidad. La unidad india es una fantasía ilusoria y contraria a la verdad histórica. (I. H. Qureshi, The Struggle for Pakistan, p. 136)
El 1 de julio de 1940, mientras se encontraba en Simla, Quaid-e-Azam presentó varias propuestas al virrey y las calificó de «tentativas». Las propuestas eran las siguientes:
El Gobierno no podrá publicar ninguna declaración que contradiga los principios de la Resolución de Lahore, por la que se aprobó la partición de la India y la creación de Estados musulmanes en las regiones noroccidental y oriental.
El Gobierno deberá dar a los musulmanes de la India una garantía clara de que no se elaborará ningún proyecto constitucional, provisional o definitivo, sin el consentimiento de la India musulmana. Ante la rapidez con que cambia la situación en Europa y el peligro al que se enfrenta la India, comprendemos plenamente que debe intensificarse el esfuerzo bélico, de modo que sea posible garantizar la seguridad interna, la paz y el orden, si el Gobierno británico está dispuesto a aceptar al liderazgo musulmán como socio igualitario en la administración de los Gobiernos central y provinciales.
De manera provisional y durante la guerra, deberán adoptarse las siguientes medidas para poder seguir una fórmula de cooperación con el Gobierno basada en la participación igualitaria dentro de la autoridad y jurisdicción gubernamentales:
a. Deberá ampliarse el Consejo Ejecutivo del virrey en el marco de la ley constitucional vigente. El número de miembros adicionales se determinará después de las conversaciones. Sin embargo, la representación musulmana deberá ser necesariamente igual a la hindú si el Congreso participa. De lo contrario, la mayoría de los miembros adicionales deberá estar compuesta por musulmanes, pues la principal responsabilidad recaerá sobre los musulmanes.
b. En las provincias donde esté vigente el artículo 93 de la ley, deberán nombrarse asesores no oficiales. El número se determinará después de las conversaciones. No obstante, la mayoría de los asesores deberá estar constituida por representantes musulmanes. En las provincias donde haya gobiernos de coalición, corresponderá a los partidos interesados tomar una decisión sobre la base de las conversaciones.
c. Se constituirá un Consejo de Guerra (War Council) de quince miembros, incluido el presidente. El virrey lo presidirá. También en este caso el número de musulmanes será igual al de hindúes si el Congreso participa.
Por último, la Liga Musulmana elegiría a quienes serían los representantes musulmanes en el Consejo de Guerra, en el Consejo Ejecutivo del virrey (Executive Council) y entre los asesores no oficiales del gobernador.
El primero de julio, Subhas Chandra Bose fue arrestado, y el tres de julio el señor Gandhi instó a todos los ciudadanos de Gran Bretaña a adoptar una política de no violencia y abstenerse de utilizar armas. Inmediatamente después, en la reunión del Comité de Trabajo del Congreso celebrada en Delhi, se reiteró la exigencia de declarar la plena independencia de la India. Asimismo, se exigió la formación de un gobierno nacional en el centro.
El virrey comunicó al señor Jinnah su posición respecto de la propuesta provisional (Tentative) que este le había presentado, en una carta escrita el 6 de julio. Aceptó ampliar su Consejo, pero se negó a incluir en él una participación musulmana. Tampoco estuvo dispuesto a aceptar la exigencia de que la Liga Musulmana nominara a los miembros musulmanes del Consejo. Según explicó, ese era un derecho del secretario de Estado para la India, y los miembros del Consejo no serían nominados por partidos políticos. Tampoco podía aceptar el nombramiento de asesores no oficiales de los gobernadores provinciales. La cuestión de formar un Consejo de Guerra (War Council) era importante. Sus detalles se determinarían posteriormente.
Se rechazaron las condiciones de la propuesta provisional del señor Jinnah. Pero el experimentado político que era el señor Jinnah no era de los que se dejaban desanimar. Continuó sus conversaciones.
La propuesta de agosto del Gobierno británico
El Gobierno británico no se había desanimado por las discrepancias entre el Congreso y la Liga Musulmana, ni por las diferencias entre la Liga del Congreso y el virrey. La declaración emitida por el Gobierno británico el 8 de agosto de 1940 pasó a conocerse como la Propuesta de Agosto. Esta declaración introdujo algunas ideas nuevas. En primer lugar, por primera vez en la historia indo-británica se prometió formar una asamblea constituyente integrada por indios. Hasta entonces, la voluntad del Parlamento británico había sido definitiva, y la Ley del Gobierno de la India de 1935 había autorizado la supremacía británica. Ahora no solo se respaldaba la idea de una asamblea constituyente india, sino que también se prometía su formación. En segundo lugar, se rechazó la concepción del Congreso sobre la asamblea constituyente. También se dejó claro que la asamblea constituyente no tomaría ninguna medida que perjudicara los derechos de las minorías. En tercer lugar, se consideró que el estatus de dominio era el objetivo de la India. Estas medidas se aplicarían después del fin de la guerra. La Propuesta de Agosto también tenía algunos aspectos negativos, que fueron señalados en las propuestas de la Liga y del Congreso.
El señor Jinnah intercambió opiniones sobre la propuesta anterior los días 12 y 14 de agosto. Sin embargo, la decisión final se tomó en la reunión del Comité de Trabajo de la Liga Musulmana celebrada en Bombay los días 1 y 2 de septiembre. La Liga Musulmana expresó su satisfacción por que se hubiera aceptado la exigencia de que la futura constitución del país no se redactara sin su aprobación. Asimismo, el Comité de Trabajo consideró necesario declarar que se mantenía firme en los principios fundamentales de la Propuesta de Lahore y sus condiciones: que los musulmanes de la India constituían una nación y que solo ellos tenían derecho a determinar su destino futuro. La propuesta del Gobierno para el acuerdo provisional era insatisfactoria. No se habían aceptado las exigencias planteadas por la Liga Musulmana el 16 de junio. La Liga Musulmana declaró que no aceptaba la Propuesta de Agosto del Gobierno por las siguientes razones:
1. No se había consultado al presidente de la Liga ni al Comité de Trabajo sobre la propuesta relativa al número de miembros del Consejo Ejecutivo del virrey.
2. No se informó al Comité de Trabajo sobre la forma en que se constituiría el Consejo.
3. El Comité de Trabajo no fue informado sobre con qué otros partidos se invitaría a trabajar a la Liga.
4. La Liga no tenía ninguna idea de qué carteras se asignarían a los nuevos miembros del Consejo.
5. La propuesta presentada sobre el Consejo Consultivo de Guerra es imprecisa e incomprensible.
El Comité de Trabajo de la Liga Musulmana otorgó a su presidente la autoridad para exigir al Virrey explicaciones sobre la constitución propuesta, el procedimiento de formación y las responsabilidades y deberes del Consejo Consultivo de Guerra, así como sobre la ampliación del Consejo Ejecutivo del Virrey.
El señor Jinnah se entrevistó con el Virrey el 20 de septiembre, y al día siguiente el Virrey respondió a las preguntas planteadas por la Liga. En la sesión del Comité de Trabajo de la Liga celebrada en Nueva Delhi el 28 de septiembre se debatieron las respuestas del Virrey. El Comité expresó la opinión de que las explicaciones del Virrey no eran satisfactorias. La reacción del Congreso a la propuesta de agosto del Gobierno fue extremadamente severa. El presidente del Congreso, Maulana Abul Kalam Azad, se negó a entrevistarse con el Virrey el 10 de agosto. El Congreso rechazó la propuesta. Se dijo que el Gobierno no estaba dispuesto a ceder el poder y que la propuesta incitaba directamente a la lucha y al enfrentamiento. La cuestión de las minorías constituía un obstáculo insuperable para el progreso de la India. Se presentó al Congreso como obligado a emprender una lucha directa.
La propuesta de agosto del Gobierno no fue aceptada por los partidos políticos. Sin embargo, los musulmanes obtuvieron algunos beneficios con ella. El Gobierno prometió que, en el futuro régimen constitucional, ya fuera provisional o definitivo, se obtendría la aprobación satisfactoria de los musulmanes. No es poco mérito de la Liga Musulmana que, en el plazo de un año desde el comienzo de la guerra y cinco meses después de la Resolución de Lahore, el Gobierno hiciera una declaración tan inequívoca. Este mérito se obtuvo como resultado de la conducta del Congreso hacia los musulmanes. El Gobierno no consideró conveniente dejar el destino de los musulmanes en manos del Congreso.
El movimiento de no cooperación del Congreso y los musulmanes
El señor Gandhi se entrevistó con el virrey, lord Linlithgow, los días 27 y 30 de septiembre, pero no pudo aceptar su punto de vista. Dijo que un opositor de conciencia podía no participar en la guerra y presentar su punto de vista ante el pueblo. Pero no se le podía permitir que incitara a otros a obstaculizar la guerra. El 11 de octubre, el Comité de Trabajo del Congreso decidió iniciar el satyagraha.
Siguiendo las instrucciones de Gandhi, Vinoba Bhave fue el primero en ofrecerse para ser arrestado. Raja Gopalacharia y Abul Kalam Azad también fueron encarcelados. El encarcelamiento masivo de los partidarios del Congreso no suscitó ninguna emoción entre la gente común. En particular, este satyagraha no logró atraer a la población de las provincias musulmanas. En toda la India, la respuesta más débil se obtuvo en la Provincia de la Frontera del Noroeste. Al principio, el doctor Khan expresó su renuencia a unirse al movimiento. Pero su arresto, el 14 de diciembre, apenas produjo una pequeña ondulación en el ambiente de calma de la opinión pública.
En abril de 1941, el señor Gandhi abrió el satyagraha a todos los miembros del Congreso. Como resultado, unas 20.000 personas se ofrecieron voluntariamente para ser encarceladas. Para el Congreso, esta cifra era muy insignificante. El movimiento fue apagándose gradualmente.
Los musulmanes no pudieron aceptar el movimiento de satyagraha del Congreso, porque comprendían sus malas intenciones. En un discurso pronunciado en Delhi en noviembre de 1940, el señor Jinnah se burló de las exigencias del Congreso y dijo que el Congreso estaba llevando a cabo un movimiento por la independencia. Para él y para el Gobierno británico estaba claro que el Congreso quería intimidar al Gobierno para obtener el reconocimiento de que era la única organización representativa del pueblo de la India. La actitud del Congreso era: «Rechacen las demandas de los musulmanes y de las demás minorías y acepten nuestras demandas. El Congreso quiere obtener el poder y quiere presionar al Gobierno británico para que transfiera el poder de emplear la fuerza contra las demás comunidades.»
En la sesión del Consejo de la Liga Musulmana celebrada en febrero de 1941 y en la sesión anual de la Liga Musulmana de Madrás celebrada en abril, las resoluciones adoptadas en apoyo del discurso del señor Jinnah declararon que, si el Gobierno rompía las promesas que había hecho en distintas ocasiones y aceptaba las demandas del Congreso, la Liga Musulmana estaría preparada para tomar cualquier medida con el fin de hacer frente a la situación resultante.
(La lucha por Pakistán, Ishtiaq Hussain Qureshi, pp. 163-64)
Propuesta del Partido Liberal de 1941
Después de analizar las políticas de los dos partidos principales, el Congreso y la Liga Musulmana, veamos qué actitud adopta la Federación Liberal Nacional. Cuenta con un pequeño grupo en la Asamblea Legislativa. Sin embargo, entre sus miembros también hay personas experimentadas y competentes como sir Tej Bahadur Sapru, sir Chimanlal Setalvad y sir Srinivasa Sastri. También es necesario conocer sus puntos de vista y su actitud. En su sesión anual celebrada en Calcuta en diciembre de 1940, los liberales declararon los principios fundamentales de su programa político, y consideraban que estos serían adoptados como base para una solución. La propuesta que formularon sobre este asunto es la siguiente:
1. Prestar pleno apoyo al esfuerzo bélico.
2. El Gobierno británico debería declarar que
India se convertirá en un dominio dentro de los dos años siguientes al fin de la guerra.
3. El Gobierno central debe ser reorganizado de modo que el virrey pueda ser el jefe constitucional de un gobierno nacional plenamente constituido.
4. Debe rechazarse la partición de la India y abolirse gradualmente el sistema de electorados comunales.
5. El movimiento de no cooperación del Congreso es lamentable. En marzo de 1941, los liberales se reunieron en Bombay en una conferencia independiente. Aunque la conferencia fue calificada de independiente, estaba influida por el Mahasabha hindú. Aunque participaron tres o cuatro musulmanes, no pudieron decir nada en defensa de los intereses musulmanes. Tres dirigentes del Mahasabha hindú —Savarkar, el doctor Moonje y el doctor Shyama Prasad Mukherjee— asistieron a la conferencia. Tej Bahadur Sapru la presidió, y Sir Nripendra Nath Sarkar presentó varias propuestas, que fueron aprobadas. El Gobierno rechazó dichas propuestas. Los llamados liberales expresaron su indignación por ello, y el 29 de junio se celebró en Pune una sesión del consejo de la Federación Liberal Nacional. Se criticó duramente al Gobierno por haber rechazado las propuestas que ellos habían presentado para resolver la crisis. Se expresó indignación por la negativa del secretario de Estado para la India a adoptar cualquier medida sin el consentimiento de la Liga Musulmana. Se manifestó oposición a la propuesta de partición de la India y se hizo un llamamiento a todos los indios para que resistieran la partición propuesta.
Al expresar su reacción ante la propuesta o recomendación de Sapru, Quaid-e-Azam Muhammad Ali Jinnah afirmó que la demanda del Congreso de formar un gobierno nacional central equivalía a anular la propuesta de Sapru. El secretario de Estado para la India, L. M. Amery, al pronunciar un discurso sobre este asunto en la Cámara de los Comunes el 22 de abril de 1941, declaró que el estancamiento constitucional existente en la India no se debía a que Gran Bretaña no estuviera dispuesta a concederle la independencia, sino a que la India no había podido ponerse de acuerdo sobre sus demandas. El nuevo tipo de Ejecutivo, dotado de mayores poderes, cuya creación se proponía, no apaciguaría la discordia entre hindúes y musulmanes, sino que la agravaría. Apelo a personas como Sapru para que intenten establecer la unidad entre el Congreso y la Liga Musulmana.
La reacción de Gandhi
El señor Gandhi protestó enérgicamente contra la declaración del secretario de Estado para la India. Dijo que Amery había insultado la inteligencia india al afirmar que la independencia de la India se estaba retrasando debido a la desunión. Los políticos británicos eran responsables de las divisiones de clase en la India. Mientras mantuvieran a la India sometida mediante las armas británicas, continuarían estas divisiones y desacuerdos. Reconozco que, por desgracia, existe una brecha infranqueable entre el Congreso y la Liga Musulmana. ¿Acaso los políticos británicos no reconocen que esto es una disputa doméstica? Que abandonen la India; después, prometo que el Congreso, la Liga y los demás partidos se unirán, por sus propios intereses, y encontrarán una solución para formar el Gobierno de la India. …Si acordamos no solicitar ninguna intervención externa, quizá esta crisis solo dure quince días. En otras palabras, una vez que los británicos abandonen el poder, los hindúes serán suficientemente fuertes para hacer entrar en razón a las minorías, especialmente a los musulmanes. Nadie podía dejar de entender estas palabras de Gandhi. Hasta julio de 1947 siguió repitiéndolas. La intolerancia hacia la existencia de la nación musulmana y las declaraciones indecorosas mencionadas aceleraron la creación de Pakistán.
Formación del Consejo de Defensa
El 20 de julio de 1941, el gobernador de Bombay, sir Roger Lumley, hizo llegar al señor Jinnah un mensaje del virrey en el que le comunicaba que, con la aprobación del Gobierno británico, el virrey había decidido ampliar su Consejo Ejecutivo con cinco carteras adicionales. Quienes aceptaron ocupar los nuevos cargos fueron sir Homi Mody, sir Akbar Hydari, R. Rao, M. S. Aney y sir Firoz Khan Noon. Al mismo tiempo, se anunció la formación de un Consejo de Defensa compuesto por treinta miembros. También se incorporarían diez miembros procedentes de los Estados principescos. Puesto que era indispensable la representación de la comunidad musulmana, invitó asimismo a los primeros ministros de Bengala, Assam, Punyab y Sind a aceptar la membresía.
Al día siguiente, en respuesta a la carta de sir Roger Lumley, el señor Jinnah expresó su enérgica desaprobación de la medida del virrey y declaró que había sido contrario a los principios invitar a esas personas pasando por encima del presidente y del Comité de Trabajo de la Liga Musulmana. Los días 24, 25 y 26 de agosto se celebró en Bombay una reunión del Comité de Trabajo de la Liga Musulmana. En la resolución aprobada el día 25 se ordenó a los primeros ministros del Punyab, Bengala y Assam, respectivamente sir Sikandar Hayat Khan, Fazlul Huq y sir Sa’dullah, que dimitieran del Consejo Nacional de Defensa.
Ocho musulmanes aceptaron la invitación para incorporarse al Consejo de Defensa. De ellos, cinco —Sikandar Hayat, Fazlul Huq, Sa’dullah, Begum Shah Nawaz y el nawab de Chhatar— dimitieron del Consejo de Defensa el 11 de septiembre, siguiendo las instrucciones de la Liga, al igual que los primeros ministros del Punyab, Bengala y Assam. El nawab de Chhatar había dimitido anteriormente porque era presidente del Consejo Ejecutivo de Hyderabad. Begum Shah Nawaz y sir Sultan Ahmad fueron expulsados de la Liga por cinco años por no presentar su dimisión. En su reunión de Delhi de los días 26 y 27, la Liga decidió retirarse de la totalidad del período de sesiones de la Asamblea Central. En consecuencia, el día 28 el grupo de la Liga Musulmana abandonó la Cámara. Alegaron que el Gobierno británico se negaba a conceder a la Liga su verdadera participación en las responsabilidades y los derechos tanto en el centro como en las provincias. (The Struggle for Pakistan, I. H. Qureshi, pp. 169-191)
A mediados de octubre se completó la ampliación del Consejo Ejecutivo del virrey. Ese mismo día fueron puestos en libertad muchos congresistas que estaban relacionados con el movimiento de no cooperación. Un sector del Congreso propuso volver a asumir el poder en las provincias. Pero el señor Gandhi no estuvo de acuerdo.
Mientras tanto, la situación de la Liga no estaba exenta de crisis. Los grupos que consideraban que sus intereses estaban siendo perjudicados se unieron contra la Liga Musulmana. Aunque A. K. Fazlul Huq, primer ministro de Bengala, dimitió del Consejo de Defensa, lo hizo de mala gana. Los sectores opuestos a la Liga le garantizaron indirectamente su apoyo. Un grupo de la Liga Musulmana exigía la expulsión del señor Fazlul Huq de la Liga. Otro defendía una actitud más flexible. El propio Quaid-e-Azam era partidario de conceder cierto margen para que el primer ministro de Bengala pudiera volver a su posición anterior. Tras debatirse en el Comité de Trabajo de la Liga la carta en la que Fazlul Huq expresaba su pesar, el asunto llegó a su fin.
Pero a finales de año, el señor Fazlul Huq y uno de sus colegas, el nawab de Dacca, abandonaron el grupo de la Liga en el Consejo Legislativo de Bengala y, uniéndose al Congreso y a otros partidos hindúes, formaron un gobierno de coalición. El grupo europeo del Consejo también expresó su apoyo. El nuevo gobierno de coalición demostró que, por un lado, el Congreso y, por otro, el Gobierno británico querían destruir la influencia de la Liga Musulmana en Bengala. Cuando la Liga pidió al señor Fazlul Huq que diera explicaciones, él continuó dando largas. Por ello, el 11 de diciembre de 1941, el señor Fazlul Huq fue expulsado de la Liga. (Creation of Pakistan, Justice Sayed Shameem Husain Kadir, pp. 226-27)
Capítulo octavo
La misión Cripps
Hacia finales de 1941, la Segunda Guerra Mundial adquirió un carácter terrible y comenzó a avanzar hacia el subcontinente indio. Singapur, la fortaleza de Gran Bretaña y de sus fuerzas aliadas, cayó en manos de Japón, y la caída de Birmania también era inminente. Algunas personas simpatizaban con Japón. Muchos dirigentes del Congreso veían a Gran Bretaña y a sus enemigos con el mismo criterio. Gandhi afirmó que Dios había enviado a Hitler como castigo por las malas acciones del Imperio británico. El Congreso creía que, si Gran Bretaña quedaba acorralada en la guerra, podría obtener de ella cada vez mayores beneficios políticos.
El 7 de marzo de 1942, Japón ocupó Birmania. Apenas cuatro días después, el 11 de marzo, tras una importante declaración del primer ministro británico, sir Winston Churchill, ante la Cámara de los Comunes, el Gabinete de Guerra llegó a ciertas decisiones. Estas decisiones fueron incorporadas a un proyecto de declaración. Sir Stafford Cripps llegó a la India el 29 de marzo con dicho proyecto de declaración. En su introducción se decía que el objetivo de la declaración era formar un nuevo dominio indio.
El resumen del proyecto de declaración era el siguiente:
Inmediatamente después del fin de la guerra, se formaría en la India un «órgano» o consejo para redactar la Constitución. Este consejo sería elegido sobre la base de la representación proporcional de los consejos provinciales del país. También estarían representados en él los Estados principescos.
Gran Bretaña aceptaría cualquier Constitución redactada por este órgano o consejo bajo tres condiciones:
1. Cualquier provincia podría abstenerse de incorporarse a la Unión propuesta, conservando su estatus constitucional. Si lo deseaban, esas provincias también podrían formar sus propias uniones separadas, semejantes a la Unión propuesta.
2. Puesto que el poder está a punto de transferirse por completo de manos británicas a manos indias, Gran Bretaña y la Asamblea Constituyente celebrarán un acuerdo sobre todos los asuntos relacionados con ello. Este acuerdo establecerá medidas para proteger los intereses de las minorías.
3. Si los Estados principescos no aceptan la Constitución, será necesario entablar conversaciones con ellos para introducir ciertos cambios en los acuerdos correspondientes.
Sir Stafford Cripps explicó el proyecto de declaración en un discurso radiofónico el 30 de marzo. Después del discurso, Cripps hizo un llamamiento a todos los habitantes de la India para que aceptaran el plan de Cripps.
La reacción india
Sir Stafford Cripps continuó las conversaciones con los dirigentes políticos de la India. Estas discusiones giraron en torno a tres cuestiones: (1) la libertad de las provincias para no adherirse a la propuesta Unión India; (2) la representación de los Estados principescos en la Asamblea Constituyente; y (3) la formación inmediata de un gobierno responsable.
La cláusula de no adhesión (Non-accession Clause) del proyecto de declaración otorgaba a las provincias la libertad de abstenerse, individual o colectivamente, de adherirse a la Unión India. La reacción del Congreso a este respecto fue extremadamente vehemente. Consideraba que ello asestaría un golpe gravísimo a la integridad de la India. Por tanto, no podía aceptarse de ningún modo.
La reacción del Congreso ante la cuestión de la representación de los Estados principescos fue extremadamente vehemente. Consideraba que ello asestaría un golpe gravísimo a la integridad de la India. Por tanto, no podía aceptarse de ningún modo.
En cuanto a la representación de los Estados principescos, la exigencia del Congreso era que los representantes fueran elegidos mediante un sistema electoral conjunto. La ventaja de este sistema para el Congreso consistía en que los representantes elegidos apoyarían al Congreso mayoritario. Sin embargo, la Liga Musulmana no podía aceptar este sistema. En tercer lugar, la firme exigencia del Congreso era que se formara de inmediato un gobierno responsable en el centro. La Liga Musulmana no podía aceptar esta exigencia, pues se convertiría en una pequeña minoría.
Durante algunos días, el presidente del Congreso intercambió correspondencia con Sir Stafford Cripps. Sin embargo, como no se aceptaron las demandas del Congreso, el 11 de abril el Congreso anunció el rechazo de la propuesta de Cripps.
La Liga Musulmana tampoco pudo aceptar la propuesta de Cripps. La posición de la Liga Musulmana era que, mientras no se aceptaran los principios fundamentales del plan de Pakistán y no se reconociera el derecho de autodeterminación de los musulmanes mediante algún procedimiento que reflejara el verdadero veredicto de la India musulmana, la Liga Musulmana no podría aceptar ningún plan o propuesta futura.
Después del fracaso de la misión de Cripps
Después del fracaso de la misión de Cripps, el Congreso fue víctima de un fracaso extremo y de la desesperanza. El Congreso quería establecer su poder de gobierno sobre el subcontinente mediante la formación de un gobierno nacional. Esto constituía una cruel conspiración para mantener a los musulmanes indios aplastados. En cualquier caso, el Gobierno británico no pudo aceptar, por sus propios intereses, esta injusta exigencia del Congreso.
Dando por sentado que Gran Bretaña había perdido la guerra, Gandhi escribió en mayo de 1940 una carta al virrey en la que decía: «Hay que detener esta matanza. Ustedes están perdiendo. Si aun así se empeñan en continuar, habrá un derramamiento de sangre aún mayor. Hitler no es un hombre malo. Si hoy ponen fin a la guerra, él también los seguirá». El virrey respondió a esta insolencia y traición con suma amabilidad, diciendo: «Ahora estamos en guerra. No retrocederemos antes de alcanzar nuestro objetivo. Comprendemos su preocupación por nosotros. Sin embargo, todo saldrá bien».
Al no quedar satisfecho con la respuesta del virrey, Gandhi, en un llamamiento dirigido el 6 de julio a todos los habitantes de Inglaterra, dijo: «Abandonen las armas. Porque estas han fracasado en protegerlos a ustedes mismos y a la humanidad. Ustedes traerán a Hitler y a Mussolini, y ellos les arrebatarán todo. Está bien, dejen que se apoderen de su hermosa isla, incluidos sus encantadores palacios».
-(La lucha por Pakistán, I. H. Qureshi: ambas cartas están citadas en G. D. Birla, A la sombra del Mahatma: memorias personales (Bombay, 1953, p. 302).
El discurso radiofónico de Cripps
Sir Stafford Cripps, en el discurso radiofónico que pronunció el 26 de julio para los estadounidenses, explicó el trasfondo de la política del Congreso, desde el momento de su visita a la India hasta sus amenazas más recientes. Dijo que ningún gobierno responsable podía considerar las exigencias del Congreso. Los musulmanes, firmemente opuestos a la dominación del Congreso, y varios millones de miembros de las comunidades atrasadas tampoco podían aceptar esas exigencias. Aceptar las demandas de Gandhi significaba crear una anarquía y un caos extremos.
Añadió que no podíamos permitir que un fantasioso obstaculizara los esfuerzos de las Naciones Unidas por alcanzar la victoria en Oriente, por grande que hubiera sido su lucha por la libertad en el pasado.
En protesta por aquel discurso radiofónico, Pandit Nehru calificó a Stafford Cripps de «abogado del diablo» (Devil’s Advocate). Dijo que, por el daño que Gran Bretaña había causado y seguía causando a la India, debería haberse arrepentido y presentado humildemente una petición ante nosotros.
Nehru rechazó la oposición de los musulmanes a las exigencias del Congreso y dijo: «Conozco a mis compatriotas musulmanes mucho mejor que Sir Stafford Cripps, y lo que se ha dicho sobre ellos no es más que una calumnia». (The Struggle for Pakistan, I.H. Quershi; Documents in the Indian Situations Since the Cripps Mission, pp. 47-48)
El movimiento «Abandonen la India» (Quite India Movement)
El Comité del Congreso de toda la India, en su sesión celebrada en Bombay el 8 de agosto de 1942, aprobó la resolución «Abandonen la India» (Quite India). Su causa psicológica fue sumamente lamentable.
Los dirigentes del Congreso habían pensado que la derrota de las potencias aliadas en la guerra era inevitable. Aprovechando esa oportunidad, el plan del Congreso consistía en crear un caos extremo en el país y apoderarse del poder para gobernar todo el territorio. De ese modo podrían rechazar todas las demandas de los musulmanes y establecer el dominio hindú en el subcontinente. El reconocimiento de este plan del Congreso se encuentra en la obra de Maulana Abul Kalam Azad, India gana la libertad. Dice:
En su mente estaba el plan de que, en cuanto los japoneses llegaran a Bengala y las tropas británicas se replegaran hacia Bihar, el Congreso asumiría el control de todo el país. Pero el plan del Congreso demostró ser infundado e irrealizable.
Sin embargo, en la resolución aprobada el 8 de agosto, el Congreso declaró que la exigencia del momento era que el dominio británico en la India debía terminar. Ninguna promesa ni garantía para el futuro mejoraría la situación presente. Por lo tanto, debía proclamarse cuanto antes la independencia de la India. Después se formaría un gobierno provisional con la cooperación de los principales partidos del país. Su tarea sería defender la India y resistir la agresión. El Comité del Congreso aprobó la propuesta de iniciar, por medios no violentos, un movimiento popular extremo en apoyo de la independencia de la India. Gandhi lo calificó de rebelión abierta (Open rebellion), algo que ningún gobierno podía tolerar. Por ello, al día siguiente, 9 de agosto, todos los dirigentes del Congreso fueron arrestados y el Congreso fue declarado ilegal.
A pesar de la adopción de medidas tan inmediatas, no fue posible impedir el programa del Congreso. Lo que Gandhi llama no violento es, en realidad, violento. Así, se vio que en todas las provincias hindúes comenzaron a gran escala el desorden y las actividades destructivas. Actividades «no violentas» (?) como incendiar estaciones de ferrocarril, arrancar las vías, cortar los cables telegráficos, saquear e incendiar oficinas de correos, entre otras, continuaron con toda intensidad. También se produjeron asesinatos en muchos lugares.
No solo la Liga Musulmana, sino tampoco muchas organizaciones hindúes pudieron apoyar un programa tan temerario del Congreso. El Dr. Ambedkar criticó duramente la campaña del Congreso. Los liberales, así como Tej Bahadur Sapru y Jayakar, hicieron comentarios desfavorables. La Liga Nacionalista India condenó esta conducta insensata de Gandhi. El Partido Comunista de la India también se mantuvo alejado de este movimiento. Bhai Parmanand, vicepresidente de la Mahasabha Hindú, criticó el movimiento «Quit India», y el presidente V. D. Savarkar ordenó a sus seguidores que no apoyaran la campaña del Congreso. (The Struggle for Pakistan, I. H. Qureshi, p. 190)
El Quaid-i-Azam Muhammad Ali Jinnah consideraba que el movimiento «Quit India» equivalía a obligarlos, mediante la fuerza y a punta de bayoneta, a aceptar sus demandas, así como a una devastadora guerra civil. Esta rebelión contra el Gobierno era, en realidad, una declaración de guerra contra la Liga Musulmana y las demás organizaciones no congresistas. No cabe duda de que este movimiento del Congreso era ilegal e inconstitucional, pues su objetivo era derrocar a un gobierno establecido.
Los británicos y los diversos periódicos de aquel país criticaron duramente este movimiento. Los periódicos de Europa y América también hicieron una crítica desfavorable del movimiento de agosto.
El objetivo de la rebelión del Congreso contra el Gobierno británico, en el momento crítico de la Segunda Guerra Mundial, era apoderarse apresuradamente del poder sobre toda la India. Para ello se llevaron a cabo extensas actividades destructivas. Por esta razón se rechazó la propuesta de Cripps.
Otra razón de este movimiento de agosto era que, si la transferencia del poder se retrasaba después del fin de la guerra, la partición del país, es decir, la creación de Pakistán, quedaría asegurada. Por lo tanto, para impedir la partición de la India y la creación de Pakistán, no había otra opción que apoderarse del poder en la India. Tal era el pensamiento y la política irreflexivos del Congreso.
La fórmula de C. R.
La actitud hostil del Congreso hindú hacia los musulmanes del subcontinente y el sueño delirante de sus dirigentes de establecer un Ram Rajya, eliminándolos o, como mínimo, manteniéndolos pisoteados, habían trastornado el equilibrio de los líderes del Congreso. Por ello, su política de principio a fin consistía en que, si en cualquier asunto se veía que los musulmanes obtenían aunque fueran unas pocas ventajas y facilidades, el Congreso no permitiría que eso sucediera de ningún modo, como quien se corta la nariz para arruinar el viaje de otro. Al descubrir en la Propuesta de Cripps cierto rastro de Pakistán o de la partición de la India, el Congreso la rechazó. Después, considerando inevitable la derrota británica en la guerra, inició el movimiento «Abandonen la India» (Quite India), es decir, actividades extremadamente destructivas por toda la India, especialmente en las provincias de mayoría hindú. Esperaba que, si los japoneses ocupaban una parte de la India, el Gobierno británico se vería obligado a aceptar las demandas del Congreso y este lograría establecer su dominio en toda la India. Pero el resultado fue el contrario. Ningún sector apoyó el movimiento «Abandonen la India». Incluso la Mahasabha Hindú y el Partido Comunista lo criticaron duramente. El Congreso fue declarado ilegal, y todos sus dirigentes, incluido Gandhi, fueron arrestados y enviados a prisión.
Por otro lado, la política previsora de la Liga Musulmana incrementó su popularidad tanto dentro como fuera del país. En 1943 y 1944, había ministerios de la Liga Musulmana en Bengala, Assam, Sind y la Provincia de la Frontera del Noroeste. Aunque en Punyab estaba vigente un ministerio del Partido Unionista, sus miembros apoyaban a la Liga Musulmana y la partición de la India. Como la Liga Musulmana mantenía un contacto estrecho con el pueblo, su popularidad siguió creciendo y el movimiento por Pakistán también se fortaleció. Esto sumió a los dirigentes del Congreso en una profunda frustración.
En una carta escrita al virrey lord Wavell el 27 de julio de 1943, Gandhi declaró que estaba dispuesto a aconsejar al Comité de Trabajo del Congreso que retirara el movimiento de no cooperación y ofreciera plena colaboración al esfuerzo bélico, siempre que se proclamara de inmediato la independencia de la India, con la condición de que, mientras durara la guerra, las actividades militares continuaran como hasta entonces, pero no se impusiera ninguna carga financiera sobre la India.
El virrey respondió a esta carta el 15 de agosto. En ella se rechazaba la propuesta de Gandhi. Se decía que, una vez terminada la guerra y elaborada una constitución consensuada, el Gobierno británico estaba dispuesto a proclamar la independencia de la India. Antes también tendría que celebrarse un tratado con Gran Bretaña. Para formar, conforme a la demanda de Gandhi, un gobierno nacional responsable ante el Parlamento central, habría que modificar la constitución vigente. Eso no era posible en absoluto en ese momento. Sin embargo, el virrey declaró: «En las circunstancias actuales, hago un llamamiento a todos para que cooperen en la formación de un gobierno de transición (Transitional Govt.) conforme a la constitución vigente». Si todos los partidos coincidían en principio sobre los métodos y procedimientos para elaborar la futura constitución, el gobierno propuesto podría funcionar bien.
Gandhi, expresando su reacción habitual, declaró que el Gobierno británico no estaba dispuesto a transferir el poder de gobierno que ejercía sobre cuatrocientos millones de personas mientras los habitantes de la India no hubieran adquirido la capacidad de arrebatárselo.
Estas palabras del señor Gandhi contenían una exhortación implícita a otro movimiento violento.
En cualquier caso, tras recibir del virrey una respuesta decepcionante, algunos dirigentes del Congreso sintieron la necesidad de ponerse en contacto con Quaid-e-Azam Muhammad Ali Jinnah. Pensaban que habría sido muy bueno si el Congreso hubiera podido llegar, mediante sus esfuerzos, a un acuerdo con el Gobierno. Pero, puesto que eso no era posible, se había vuelto indispensable llegar a un acuerdo con la Liga Musulmana.
Antes de que cambiara esta actitud del Congreso, el veterano dirigente congresista Raja Gopalacharia llegó a la conclusión de que la partición de la India era indispensable para poner fin al estancamiento constitucional. Continuó expresando públicamente su postura para convencer de ella a los dirigentes del Congreso. En abril de 1943, en una reunión pública en Madrás, declaró: «Estoy a favor de Pakistán, porque no quiero un Estado en el que ni nuestros hindúes ni nuestros musulmanes tengan dignidad ni honor. Que los musulmanes obtengan Pakistán. Nosotros, hindúes y musulmanes, podremos conservar nuestra dignidad y honor. Si el Gobierno británico crea dificultades, las enfrentaremos. …Estoy a favor de Pakistán, pero creo que el Congreso no estará de acuerdo con ello». (The Struggle for Pakistan, I.H. Quershi, p. 205, discurso en Madrás, abril de 1943, citado en Khaliquzzaman, p. 309)
Rajagopalachari añade: «Queremos poner fin al dominio británico. También queremos resolver las diferencias políticas entre hindúes y musulmanes. Debemos aceptar a la Liga Musulmana como representante de los musulmanes. Ellos quieren que aceptemos sus demandas. La más importante de sus demandas es Pakistán».
(The Struggle for Pakistan, I. H. Quershi, pp. 205)
En 1943, Rajagopalachari elaboró una fórmula que recibió el nombre de fórmula C. R. Consideraba que la fórmula serviría de base para un acuerdo entre el Congreso y la Liga. Mientras Gandhi se encontraba en prisión y ayunaba, le mostraron la fórmula durante una visita, y Gandhi la aprobó. Posteriormente, el 10 de julio de 1943, la fórmula fue publicada en los periódicos.
Mahatma Gandhi y el señor Jinnah aceptarían la fórmula como base de un acuerdo entre el Congreso y la Liga Musulmana, y procurarían respectivamente que el Congreso y la Liga Musulmana la aceptaran. El contenido de la fórmula era el siguiente:
1. La Liga Musulmana apoya la demanda de independencia de la India, sujeta a las siguientes condiciones relativas a la constitución de una India independiente, y cooperará con el Congreso en la formación de un gobierno provisional interino durante el período de transición.
2. En las regiones noroccidental y oriental de la India, donde los musulmanes constituyen una mayoría absoluta, se nombrará una comisión para delimitar las fronteras. Después se celebrará en esas regiones un plebiscito basado en el sufragio de los adultos, y mediante dicho plebiscito se decidirá la cuestión de la separación de la India. Si se obtiene una mayoría de votos a favor de un Estado soberano separado de la India, la decisión se hará efectiva. Sin embargo, cualquier distrito fronterizo tendrá derecho a adherirse a cualquiera de los Estados.
3. Antes de la celebración del plebiscito, todos los partidos tendrán derecho a exponer sus posiciones.
4. Después de decidirse la separación de la India, deberán celebrarse acuerdos mutuos sobre defensa, comercio y comunicaciones.
5. El traslado de población será completamente voluntario y opcional.
6. Al transferir Gran Bretaña todos los poderes y responsabilidades para el gobierno de la India, será obligatorio cumplir las condiciones de la fórmula.
Después de examinar la fórmula, el Comité de Trabajo de la Liga Musulmana delegó en Jinnah la responsabilidad de tomar una decisión al respecto.
Gandhi y Jinnah intercambiaron numerosas cartas sobre el asunto. Jinnah planteó varias preguntas. Gandhi no pudo responder satisfactoriamente a todas ellas.
Causas del fracaso de la fórmula C. R.
Al investigar las causas del fracaso de la fórmula de Raja Gopalacharia, surgen varias preguntas. ¿Cuál era el propósito del prolongado intercambio de cartas entre Gandhi y Jinnah sobre este asunto? ¿Cuál era la actitud del Congreso al respecto? ¿Cuál era la opinión de los demás partidos?
La principal causa del fracaso de las conversaciones fue que Gandhi no pudo aceptar de ningún modo la demanda musulmana de Pakistán. Rechazó la teoría de las dos naciones y creía que únicamente el Congreso era la organización representativa de todos los habitantes de la India. El propósito de las conversaciones era mostrar al mundo que había intentado llegar a un acuerdo.
Las propuestas de Sapru
Tras el fracaso de la Fórmula C. R., Sir Tej Bahadur Sapru presentó varias propuestas e intentó crear un entendimiento entre el Congreso y la Liga Musulmana. En 1941 convocó una conferencia independiente. No produjo ningún resultado.
El comité permanente de la Conferencia Independiente de Sapru se reunió en Allahabad el 3 de diciembre de 1944 y formó un comité de conciliación. Sus miembros fueron Sir Tej Bahadur Sapru (presidente), M. R. Jayakar (no asistió), el obispo Foss Westcott, S. Radhakrishnan, Sir Homi Mody, Sir Maharaj Singh, Muhammad Yunus, N. R. Sarkar, Frank Anthony y Sant Singh.
Después, el 10 de diciembre, Sapru escribió a Jinnah describiendo los objetivos del Consejo de Conciliación y solicitando una entrevista.
En su respuesta del 14 de diciembre, Jinnah declaró que no estaba dispuesto a reconocer de ninguna manera a ninguna conferencia independiente ni a su comité permanente. Al año siguiente, el 8 de abril de 1945, Sapru anunció las propuestas de su Comité de Conciliación.
Las propuestas del comité pusieron de manifiesto su actitud. La primera cláusula se oponía firmemente a la partición de la India. También proponía abolir los electorados separados. No hace falta decir que estas propuestas no podían ser aceptables para los musulmanes bajo ninguna circunstancia. Jinnah comparó este comité con una sirvienta doméstica del Congreso y dijo que había hablado al unísono con Gandhi.
El pacto Desai-Liaquat
Tras la llegada del nuevo año, 1945, empezó a soplar un nuevo viento político. Los dirigentes del Congreso aún estaban encarcelados por su participación en el movimiento de agosto anterior. En los periódicos de la India comenzaron a aparecer noticias o rumores sobre un acuerdo entre el Congreso y la Liga. Durante varios meses, los miembros del Congreso en la Asamblea Legislativa Central asistieron regularmente a las sesiones y trabajaron en cooperación con los miembros de la Liga Musulmana en la Asamblea. Se decía que Bhulabhai Desai, dirigente del Partido Parlamentario del Congreso, estaba trabajando en completo acuerdo con Liaquat Ali Khan, dirigente del grupo de la Liga. También se decía que ambos dirigentes habían llegado a un entendimiento sobre la constitución de un gobierno nacional provisional. El 13 de enero, Desai se reunió con Sir Evan Jenkins, secretario privado del virrey, y el 20 de enero se reunió con el virrey. En esta última reunión se informó al virrey de que se había alcanzado un acuerdo entre Desai y Liaquat. Desai dijo que Gandhi apoyaba dicho acuerdo. Añadió que Jinnah estaba informado de las conversaciones mantenidas con Liaquat Ali y que aprobaba el supuesto acuerdo.
El supuesto acuerdo era el siguiente:
El Congreso y la Liga están de acuerdo en que se incorporarán a un gobierno interino en el centro. Este se constituirá de la siguiente manera:
(a) El Congreso y la Liga nominarán igual número de miembros (no será necesario que los nominados sean miembros de la Asamblea Legislativa Central).
(b) Representantes de las minorías (especialmente de las comunidades registradas y de los sijes).
(c) El comandante en jefe de las fuerzas armadas.
Una vez constituido, el gobierno seguirá funcionando conforme a la Ley del Gobierno de la India de 1935. Si el gabinete no logra que la Asamblea Legislativa apruebe alguna política o medida específica, no recurrirá a los poderes especiales del gobernador general o del virrey para hacerla efectiva. De este modo, tendrá la oportunidad de actuar independientemente, libre de la influencia del virrey.
El Congreso y la Liga también llegaron a un acuerdo sobre este punto: si se constituía un gobierno interino de este tipo, su primera tarea sería poner en libertad a los miembros del Comité de Trabajo del Congreso que estaban encarcelados.
Sobre la base de este acuerdo, se solicitaría al gobernador general que presentara al Gobierno una propuesta en el sentido de que estaba dispuesto a constituir un gobierno interino basado en el acuerdo entre el Congreso y la Liga.
El gobernador general comunicó al secretario de Estado para la India las propuestas del acuerdo Desai-Liaquat. Este planteó varias preguntas al respecto y solicitó aclaraciones.
Mientras el gobernador general se disponía a reunirse con Desai y Liaquat Ali, Jinnah declaró en un comunicado que no sabía nada del acuerdo. Desai, sin desanimarse, continuó expresando su firme convicción sobre la validez del acuerdo. Para examinar el asunto, el gobernador general pidió al gobernador de Bombay, sir John Colvin, que se reuniera con Jinnah y le solicitara que acudiera a Delhi, pues estaría encantado de entrevistarse con él. Jinnah declaró que no sabía nada del acuerdo Desai-Liaquat Ali y que este había sido concertado sin la autorización de la Liga Musulmana.
Mientras tanto, aunque contaba con la aprobación de Gandhi, los dirigentes del Congreso criticaron a Desai. Tanto el Congreso como la Liga Musulmana rechazaron el acuerdo.
Capítulo noveno
El Plan Wavell de 1945
Tras el fracaso del acuerdo Desai-Liaquat Ali, el virrey viajó a Londres en mayo para mantener conversaciones con el Gobierno británico. Posteriormente regresó a la India con una propuesta del Gobierno destinada a superar el estancamiento.
El secretario de Estado para la India presentó el 14 de junio, mediante una declaración en la Cámara de los Comunes, una propuesta destinada a resolver los futuros problemas constitucionales de la India. La propuesta establecía que el virrey reorganizaría su Consejo Ejecutivo de modo que pudiera nombrar como consejeros a ciertas personas procedentes de los partidos políticos indios. En él habría una representación equilibrada de las principales comunidades, con igual proporción de musulmanes e hindúes de casta. En este Consejo, todos salvo el virrey y el comandante en jefe serían indios. Una vez obtenida la cooperación de todos para reorganizar este Consejo, se retiraría la aplicación del artículo 93 en todas las provincias, a fin de que pudieran formarse ministerios populares.
Ese mismo día, el virrey, lord Wavell, pronunció desde Delhi un discurso radiofónico en el que explicó la propuesta. Gandhi y el Congreso se negaron a aceptar una representación numéricamente igual de musulmanes e hindúes de casta en el Consejo.
La Conferencia de Shimla
El virrey convocó el 25 de junio la conferencia de todos los partidos en Simla, con el fin de continuar sus esfuerzos. A la conferencia asistieron veintiún representantes del Congreso, de la Liga Musulmana y de otros partidos, entre ellos seis de la Liga Musulmana, incluidos Jinnah y Liaquat Ali. En la conferencia se hizo patente un profundo desacuerdo entre el Congreso y la Liga Musulmana. Maulana Abul Kalam Azad declaró que el Congreso no podía aceptar ninguna fórmula, temporal o permanente, que menoscabara su dignidad nacional, obstaculizara el avance de la reivindicación de una sola nación y convirtiera al Congreso en una organización comunal. Jinnah declaró que la Liga no podía aceptar una constitución basada en nada que no fuera Pakistán. Las conversaciones continuaron los días 26 y 27. Como Jinnah se encontraba conversando con G. B. Pant (PANT), ex primer ministro de las Provincias Unidas, la reunión del día 27 fue aplazada poco después de comenzar. Posteriormente, los días 28 y 29, se celebraron las sesiones de la conferencia. Se supo que las conversaciones entre Jinnah y Pant habían fracasado. El virrey adoptó entonces un camino diferente para las conversaciones y pidió a cada partido participante en la conferencia que presentara una lista de nombres de quienes serían miembros del Consejo del Virrey. Expresó la esperanza de que tanto el Congreso como la Liga Musulmana presentaran una lista de entre ocho y doce nombres.
El 3 de julio, el Congreso envió su lista de nombres al virrey. El 6 de julio, tras consultar con el Comité de Trabajo de la Liga Musulmana, Jinnah presentó al virrey al día siguiente las siguientes propuestas:
1. En lugar de aceptar una lista de nombres de parte de la Liga Musulmana, los representantes para el Consejo serían seleccionados después de una conversación personal entre Jinnah y el virrey.
2. La Liga Musulmana elegiría a todos los miembros musulmanes del Consejo.
3. Debía establecerse una salvaguardia eficaz para proteger los intereses musulmanes de las decisiones de la mayoría de los miembros del Consejo.
Finalmente, tras las conversaciones del 11 de julio entre el virrey y Jinnah, el virrey declaró que cuatro miembros musulmanes serían incorporados al Consejo por parte de la Liga Musulmana, y que la quinta persona sería, y la quinta persona sería, un musulmán panyabí que no perteneciera a la Liga.
Después de esto, Jinnah declaró que la Liga no podía cooperar con el Gobierno en la formación del Consejo. Por lo tanto, la Conferencia de Simla del virrey también fracasó.
Causas del fracaso
La misma razón que provocó el fracaso de la Conferencia de Shimla ha frustrado todos los esfuerzos de conciliación entre el Congreso y la Liga. Una persona que cree en el tawhid, la risalat y el Más Allá no puede, de ninguna manera, formar una sola nación junto con quien niega el tawhid, la risalat y el Más Allá. Por eso, la afirmación de la Liga Musulmana de que los musulmanes constituyen una nación distinta es una verdad irrefutable, demostrada por innumerables acontecimientos ocurridos en este subcontinente. Por tanto, si Jinnah sostiene que, puesto que los musulmanes constituyen una nación distinta, el derecho a designar a los representantes musulmanes en el Consejo del virrey corresponde a la Liga Musulmana, la organización representativa de la nación musulmana, todos deberían aceptarlo en principio. Precisamente porque los musulmanes constituyen una nación distinta, se ha reivindicado para ellos un Estado independiente separado, Pakistán, y la lucha por él continúa. En cambio, la injusta e irrealista reivindicación del Congreso es que todos los hindúes y musulmanes del subcontinente, sin distinción, forman una sola nación y que el Congreso los representa. El Congreso reclama el futuro poder gobernante del país y, si lo obtiene, podrá exterminar a los musulmanes bajo el dominio de la mayoría hindú. El temor de los musulmanes no es fruto de la imaginación, sino una verdad demostrada. El Congreso no está dispuesto a aceptar esta verdad. Cuando el virrey rechazó la propuesta de Jinnah en apoyo de las exigencias del Congreso, y esta fracasó, la conferencia fracasó.
Elecciones generales
La Segunda Guerra Mundial terminó el 15 de agosto de 1945, después de la rendición de Japón.
Antes de ello, a finales de julio, el Partido Laborista obtuvo una enorme mayoría en las elecciones generales de Inglaterra. Desde mucho tiempo atrás existían estrechas relaciones entre el Partido Laborista y el Congreso, y el resultado de estas elecciones llenó de júbilo al Congreso. Este comenzó a movilizarse para obtener beneficios políticos de ello. La política británica había sido favorable a la unidad de la India, y el Congreso esperaba obtener un apoyo cada vez mayor del Partido Laborista en este asunto. Precisamente esta cuestión había creado una enorme distancia entre el Congreso y la Liga Musulmana. El Congreso sostenía que musulmanes y no musulmanes formaban una sola nación y que, en una India unida, debía gobernar el partido mayoritario. La Liga Musulmana, por el contrario, sostenía que los musulmanes constituían una nación completamente distinta y que, por esa razón, debían tener un Estado independiente separado. El Gobierno anunció que, para resolver definitivamente estas dos reivindicaciones opuestas, a finales de año, durante la temporada invernal, se celebrarían elecciones generales para las asambleas legislativas central y provinciales.
En las elecciones, las reivindicaciones de la Liga Musulmana obtuvieron pleno reconocimiento. La Liga Musulmana ganó todos los escaños musulmanes de la Asamblea Legislativa central. De los 495 escaños musulmanes de las asambleas legislativas provinciales, la Liga Musulmana obtuvo 446. En las provincias de mayoría hindú, el Congreso consiguió la mayoría, lo cual era completamente natural. En Bengala, de los 119 escaños musulmanes, la Liga Musulmana obtuvo 113. A. K. Fazlul Haq le arrebató seis escaños a la Liga Musulmana. Allí, Husain Shahid Suhrawardy formó el Gobierno provincial.
En Punyab, la Liga Musulmana obtuvo 79 de los 86 escaños musulmanes. También en Sind se formó un Gobierno de la Liga Musulmana. En la Provincia de la Frontera, debido a la enorme influencia de Abdul Ghaffar Khan, un acérrimo partidario del Congreso conocido como el Gandhi de la Frontera, la Liga Musulmana obtuvo 17 de los 36 escaños, y el doctor Khan formó el Gobierno provincial.
Sin embargo, es innegable que estas elecciones generales demostraron de manera irrefutable que la Liga Musulmana era la única organización política representativa de la India. Esto intensificó aún más la oposición del Congreso a la Liga Musulmana. En lugar de reconocer el carácter representativo de la Liga Musulmana y llegar con ella a un acuerdo político, el Congreso adoptó una política destinada a provocar divisiones entre los musulmanes y se negó a transferir el poder político a representantes en quienes los musulmanes confiaban, incluso en las provincias de mayoría musulmana. Como consecuencia, las diferencias comunitarias se agudizaron y cualquier acuerdo entre ambos se volvió imposible.
La política adoptada por el Congreso respecto de Punyab es un ejemplo destacado de su actitud hostil. En Punyab, la Liga Musulmana obtuvo 79 de los 86 escaños musulmanes. Este partido contaba con apenas diez miembros, de los cuales tres no eran musulmanes. El Congreso tenía 51 escaños y los sijs akali, 22. Era sumamente justo que la Liga Musulmana, el partido más grande, formara el Gobierno provincial. La Liga Musulmana podría haber formado un Gobierno incluyendo a hindúes y sijs. Pero, debido al ciego odio del Congreso hacia los musulmanes y a la falta de prudencia de los sijs, eso no fue posible. El presidente del Congreso, Abul Kalam Azad, y Baldev Singh persuadieron y convencieron a Khizar Hayat, dirigente del Partido Unionista, para que formara un Gobierno con la colaboración del Congreso y del partido de los sijs akali. Esta coalición carente de principios fue constituida con el propósito de impedir que la Liga Musulmana asumiera el poder en el Punyab, de mayoría musulmana. Abul Kalam Azad se sintió sumamente satisfecho y orgulloso de haber podido formar en Punyab un Gobierno que no pertenecía a la Liga Musulmana. (Maulana Abul Kalam Azad: India Wins Freedom, p. 137)
Jawaharlal Nehru condenó la incorporación del Congreso al ministerio de Punjab, y Gandhi, apoyando a Abul Kalam Azad, dijo que, desde el punto de vista del Congreso, no había ninguna solución mejor. (The Emergence of Pakistan: Choudhury Muhammad Ali, p. 49)
Capítulo décimo
Plan de la Misión del Gabinete
El Gobierno británico anunció el 19 de febrero de 1946 que enviaría a la India una misión especial compuesta por tres ministros del Gabinete, con el objetivo de alcanzar, tras debatir con el virrey lord Wavell y los dirigentes indios, un acuerdo sobre la cuestión constitucional.
En este contexto, durante un debate celebrado el 15 de marzo en la Cámara de los Comunes, el primer ministro Attlee declaró: «La eliminación de la compleja situación que se ha creado en la India, un país de muchas naciones, religiones y lenguas, deberá ser obra de los propios indios. Somos conscientes de los derechos de las minorías. … Pero eso no significa que podamos permitir que las minorías ejerzan un veto sobre el progreso de las mayorías».
Las palabras del primer ministro llenaron de entusiasmo al Congreso. Pero suscitaron dudas en los círculos de la Liga, y Jinnah presentó el ejemplo de una mosca invitada a entrar en la telaraña y dijo: «Si la mosca se niega, se dice que está ejerciendo un veto y que la mosca es intransigente» (cuando la mosca rechaza la invitación de la araña, se dice que está ejerciendo un veto y que la mosca no está dispuesta a transigir).
-(Cabinet Mission and after, Muhammad Ashraf, pp. 1-3; Choudhury Mohammad Ali: Emergnce of Pakistan, p. 52)
No podría haber un ejemplo más ilustrativo. Si la minoría no está dispuesta a caer en la trampa de la supremacía y la dominación absolutas de la mayoría, el primer ministro británico Attlee considera que eso equivale a ejercer un veto y declara que no se puede permitir. Con ello queda claramente de manifiesto la actitud de Attlee y del Gobierno británico.
Sin embargo, la Misión del Gabinete, integrada por Pethick-Lawrence (secretario de Estado para la India), sir Stafford Cripps (presidente de la Junta de Comercio) y el señor A. D. Alexander (primer lord del Almirantazgo), llegó a Nueva Delhi el 24 de marzo de 1946.
Los miembros de la misión se reunieron e intercambiaron opiniones con los dirigentes de los partidos políticos, con los primeros ministros provinciales y con otras personas representativas. También conversaron con los gobernantes y ministros de los estados principescos.
Al saber que Cripps formaba parte de la Misión del Gabinete, Abul Kalam Azad expresó profunda satisfacción, pues era un antiguo amigo íntimo de los congresistas. Cripps ya había visitado la India y había aceptado la hospitalidad de un hindú indio llamado Sudhir Chandra Gupta. (Moulana Abul Kalam Azad: ‘India Wins Freedom’, p.146)
Azad se reunió con la misión el 3 de abril. Había construido el edificio de sus argumentos sobre la base de la independencia. Su idea era que una Asamblea Constituyente elaborara la futura constitución, y la demanda del Congreso consistía en formar un gobierno federal en cuyas manos quedarían, al menos, la defensa del país, las comunicaciones y los asuntos exteriores. El Congreso no aceptaría de ningún modo la partición de la India.
Jinnah se reunió con la misión el 4 de abril. El 7 de abril, Azad volvió a reunirse con ella. Tanto el Congreso como la Liga Musulmana presentaron sus respectivas posiciones. La posición de la Liga Musulmana fue comunicada al presidente del Congreso.
El Congreso quería que hubiera una sola Asamblea Constituyente que redactara la constitución para el Gobierno Federal de toda la India y para la Asamblea Legislativa. El Gobierno Federal central tendría a su cargo los asuntos exteriores, la defensa, las comunicaciones, los derechos fundamentales, la moneda, las aduanas y la planificación.
En la resolución adoptada en la convención celebrada en Delhi el 9 de abril de 1946, con la participación de los miembros de la Liga Musulmana de las asambleas legislativas central y provinciales, se exigió la creación de un Estado soberano e independiente de Pakistán, integrado en el noreste por Bengala y Assam, y en el oeste por Punyab, la Provincia de la Frontera, Sind y Baluchistán; asimismo, se exigió la formación de dos Asambleas Constituyentes separadas, compuestas por los habitantes de Pakistán y de Hindustán, para redactar sus respectivas constituciones. De acuerdo con esta propuesta, la Liga Musulmana presentó ante la Misión del Gabinete la propuesta de formar una Asamblea Constituyente para las seis provincias del grupo de Pakistán y otra para las seis provincias del grupo de Hindustán.
El Congreso y la Liga Musulmana no pudieron aceptar las propuestas del otro. La principal cuestión controvertida era si en el subcontinente habría un solo Estado independiente y soberano o dos Estados independientes y soberanos. En ambos casos existía el problema de las minorías. La Misión del Gabinete fue incapaz de eliminar las diferencias entre ambos partidos.
Finalmente, la Misión del Gabinete y el virrey publicaron el 16 de mayo una declaración con el propósito de resolver el problema constitucional. El tema central de su declaración era la preservación de un único Estado en la India. Por razones administrativas, económicas y militares, el Gobierno británico rechazó la propuesta de crear dos Estados independientes y soberanos.
La Misión del Gabinete llegó a la India el 24 de marzo de 1946 y, tras permanecer allí durante más de tres meses, abandonó el país el 29 de junio. El objetivo del Gobierno británico al enviar la Misión del Gabinete a la India era presentar una solución constitucional ante la situación surgida. Los miembros de la Misión del Gabinete no escatimaron esfuerzos en este sentido. Sin embargo, es cierto que, al intentar resolver el problema, dieron prioridad a los intereses del Congreso y, por tanto, de la comunidad hindú, especialmente debido a que su miembro más influyente, Stafford Cripps, era un amigo íntimo del Congreso.
Maulana Abul Kalam Azad dice que la Misión del Gabinete llegó a la India el 23 de marzo. Cuando Stafford Cripps llegó anteriormente a la India en una ocasión, J. C. Gupta se encargó de su hospitalidad. Él me dijo que iba a Delhi para reunirse con Cripps. Le envié por su intermedio una carta a Cripps, felicitándolo por regresar a la India. (Abul Kalam Azad: India Wind Freedom, p. 140)
Añade también que, durante la estancia de Cripps en la India, mantuve continuamente un intercambio de cartas con él. (Abul Kalam Azad: India Wins Freedom, p. 172)
Ishtiaq Husain Qureshi lo menciona en la nota al pie de la página 266 de su obra The Struggle for Pakistan:
Sudihir Ghosh, Gandhi’s Emissary (Bombay, 1967), ofrece un revelador relato de las negociaciones secretas entre bastidores entre la Misión del Gabinete y los dirigentes del Congreso. No hubo contactos tan íntimos entre la Liga Musulmana y el Gobierno británico; las relaciones con este último actuaron contra los intereses musulmanes en cada etapa crítica. Los británicos tenían la vista puesta en las ventajas futuras que podrían obtener de la amistad con la comunidad más grande y poderosa, y estaban dispuestos a llegar muy lejos para satisfacer sus deseos.
Ya se ha mencionado que la cuestión que constituye la causa principal del conflicto entre el Congreso y la Liga Musulmana es la demanda de establecer un Estado independiente y soberano llamado Pakistán. Esta era la demanda de los musulmanes del subcontinente, que el Congreso y el Gobierno británico no estaban en absoluto dispuestos a aceptar. Mediante el plan de la Misión del Gabinete, el Congreso intentó por todos los medios tender una trampa a la Liga Musulmana y establecer su dominio absoluto. El perspicaz político Quaid-e-Azam Muhammad Ali Jinnah comprendió cabalmente esta conspiración para atraparla y accedió a aceptar condicionalmente la propuesta de la Misión del Gabinete. Pero todo se malogró debido a la obstinación del Congreso.
Al describir la larga historia de las actividades de la Misión del Gabinete durante más de tres meses y de sus conversaciones con el Congreso, la Liga Musulmana y el virrey, quiero decir brevemente que el Congreso creó enormes obstáculos para alcanzar una solución de compromiso. La razón era que el Congreso aspiraba a obtener el dominio y la autoridad exclusivos sobre la futura India independiente. El Congreso no estaba dispuesto en absoluto a compartir el poder con la Liga Musulmana. En ese momento, Gandhi escribió a Cripps: «Si tienen el valor, hagan lo que he estado diciendo desde el principio. …. Elijan entre el Congreso y la Liga Musulmana». (Pyarelal, Mohatma Gandhi: The Lasy Phase vol. 1, p. 225; Chudhury Muhammad Ali: The Emergence of Pakistan, p. 62)
Finalmente, la Misión del Gabinete y el virrey decidieron emitir una declaración con el propósito de formar un gobierno interino fuerte y representativo. En la declaración publicada por ellos el 16 de mayo se anunciaron los nombres de catorce personas, a quienes el virrey invitaba a incorporarse como miembros del gabinete interino. Este incluiría a seis miembros del Congreso, cinco de la Liga Musulmana, un sij, un cristiano indio y un parsi, incluido un representante de las comunidades catalogadas.
Cabe señalar que el párrafo 8 de la declaración publicada el 16 de mayo garantizaba que, si los dos partidos principales, o cualquiera de ellos, no aceptaban incorporarse a un gobierno de coalición conforme al procedimiento mencionado, el virrey avanzaría hacia la formación de un gobierno interino. Este gobierno estaría compuesto por quienes aceptaran incorporarse al Gobierno conforme a la declaración del 16 de mayo y sería lo más representativo posible.
Después, durante una semana, los dirigentes del Congreso, los funcionarios hindúes de alto rango y la prensa hindú desencadenaron una violenta campaña contra la Misión del Gabinete y el virrey. Se difundió el rumor de que los miembros de la Liga Musulmana ocuparían los escaños vacantes de los musulmanes en el gabinete. En el gabinete, los miembros de la Liga Musulmana ocuparían los escaños vacantes de los musulmanes. Gandhi amenazó con abandonar Delhi si no se incorporaba al gabinete a un musulmán nacionalista, aunque el presidente del Congreso, Abul Kalam Azad, había dado por escrito la garantía de que el Comité de Trabajo no insistiría en este asunto. Gandhi dijo en tono amenazante que, en tal caso, la Asamblea Constituyente se convertiría en una organización rebelde. Cuando Cripps acudió apresuradamente a Gandhi, este dijo que la Misión del Gabinete debía elegir a uno de los dos partidos y que no se intentaría ninguna combinación.
-(Pyarelal, Mohatma Gandhi: The Last Phase, vol. 1, pp. 234-237; Chodhury Muhammad Ali: The Emergence of Pakistan, pp. 62-63)
En el plazo de una semana, la Misión del Gabinete se rindió ante Gandhi. El 22 de junio, Sudhir Ghose, amigo de Cripps, le dijo a Gandhi que se había reunido con Cripps. Dijo que, si el Congreso no aceptaba incorporarse, no se podía depender únicamente de la Liga Musulmana.
Sudhir Ghose volvió a reunirse con Cripps y fue a decirle a Gandhi que la Misión del Gabinete había decidido que, si el Congreso rechazaba la propuesta de corto plazo y aceptaba el plan de largo plazo, se anularía todo lo que se había hecho hasta entonces para formar el gobierno interino y se intentaría nuevamente desde el principio. Les pidieron que acudieran Gandhi y Patel. Gandhi fue a reunirse con la Misión del Gabinete acompañado de Patel (Sardar Vallabhbhai Patel) y Sudhir Ghose. Patel ya había hablado con Pethick-Lawrence. Pethick-Lawrence le dijo a Gandhi: «He comprendido que usted desea rechazar todo el plan del gobierno interino que hemos venido desarrollando hasta ahora y reconsiderar la situación desde el principio. Muy bien».
Luego se informó al Comité de Trabajo del entendimiento alcanzado entre la Misión del Gabinete y Gandhi; posteriormente, el 25 de junio, el presidente del Congreso comunicó por escrito al virrey que el Congreso rechazaba la propuesta de gobierno interino y aceptaba el plan de largo plazo.
Esta actitud del Congreso y de Gandhi se manifestó hasta los momentos inmediatamente anteriores a la partición de la India. En el breve análisis anterior, el rostro repulsivo de las intenciones de Gandhi y de la Misión del Gabinete ha quedado claramente expuesto en las páginas de la historia.
Reacción de la Liga
La luz de esperanza que se había vislumbrado para resolver los problemas constitucionales de la India se extinguió debido al incumplimiento de las promesas hechas por la Misión del Gabinete y el virrey. Para analizar esta situación, en la última semana de julio se celebró en Bombay una sesión del Consejo de la Liga. En ella, Jinnah dijo que, durante las conversaciones con la Misión del Gabinete, la Liga Musulmana había hecho a la Liga del Congreso una concesión tras otra (made concession after concession). Lo hicimos porque queríamos llegar a un acuerdo amistoso y pacífico, de modo que no solo hindúes y musulmanes, sino todos los habitantes del subcontinente, pudieran avanzar hacia la libertad. Pero el Congreso causó un enorme perjuicio al pueblo de la India con su retórica mezquina y sus regateos. Durante todas las conversaciones, la Misión del Gabinete se convirtió en víctima del terrorismo y la intimidación del Congreso. Todo esto demuestra sin lugar a dudas que la única solución a todos los problemas de la India es Pakistán.
Creo que no hemos dejado ningún argumento sin presentar. Ahora no existe ningún tribunal al que podamos recurrir. La nación musulmana es nuestro único tribunal.
Posteriormente, mediante una resolución aprobada en la sesión, se revocó la aceptación de las propuestas de la Misión del Gabinete y se informó de ello al secretario de Estado para la India.
Capítulo undécimo
Acción Directa
En esa sesión se aprobó otra resolución en la que se afirmaba que había llegado el momento de que la nación musulmana adoptara la Acción Directa con el fin de lograr Pakistán y liberarse de la esclavitud británica y de la futura dominación de los hindúes de casta superior. Se solicitó la elaboración de un programa para organizar a los musulmanes y luchar cuando fuera necesario. Además, se instó a las personas interesadas a renunciar a todos los títulos otorgados por gobiernos extranjeros, en protesta contra la actitud y la conducta británicas.
En una conferencia de prensa convocada el 31 de julio, Jinnah declaró con absoluta claridad que la Acción Directa no era una declaración de guerra contra nadie. Dijo que la Liga Musulmana era la única que había actuado por medios constitucionales, dentro del marco de la Constitución. Durante las conversaciones sobre el plan de la Misión del Gabinete, la Liga Musulmana vio que el Gobierno británico estaba aterrorizado por el Congreso. Temían que, si no lograban satisfacer al Congreso, este emprendiera una lucha mil veces más terrible que la de 1942. Los británicos tienen ametralladoras y pueden utilizarlas a voluntad. El Congreso está armado con otro tipo de armas, y no se lo puede considerar insignificante. Por lo tanto, ahora nos vemos obligados a abandonar los métodos constitucionales para nuestra defensa y protección. Hemos decidido prepararnos para emprender la lucha en el momento oportuno. (Cabinet Mission and After, Muhammad Ashraf, pp.311-19; Emergence of Pakistan-Choudhury Mohammad Ali-pp.69-70)
El 16 de agosto fue fijado para la Acción Directa. Dos días antes, Jinnah declaró que aquel día estaba destinado a explicar al pueblo musulmán de la India la resolución aprobada por el Consejo de la Liga Musulmana el 29 de julio, y no a iniciar ningún tipo de enfrentamiento directo. Por ello, hago un llamamiento a los musulmanes para que sigan plenamente nuestras instrucciones, se comporten de manera sumamente pacífica y ordenada, y no se conviertan en juguetes en manos del enemigo.
Declaración de Abul Kalam Azad
Observé entre el pueblo el sentimiento de que el 16 de agosto la Liga Musulmana atacaría a los congresistas y saquearía sus bienes. El 16 de agosto es un día negro en la historia de la India. Ese día murieron cientos de personas y fueron saqueados bienes por valor de millones y millones de rupias. Las procesiones de la Liga Musulmana comenzaron los saqueos y los incendios provocados. (Abul Kalam Azad, India Wins Freedom, pp. 168-169)
A pesar de mi sincero y profundo respeto por Maulana Azad, diré que expresó lo que pensaba el Congreso hindú. Ese día se encontraba en Delhi. Por lo tanto, sin haber presenciado los hechos, formuló el comentario anterior basándose únicamente en lo que había oído de otros.
En su mencionada obra dice que el día de la Acción Directa de la Liga Musulmana parecía ser de una naturaleza diferente. Observé en Calcuta el sentimiento general de que el 16 de agosto la Liga Musulmana atacaría a los partidarios del Congreso y saquearía sus bienes. La declaración del 16 de agosto como día festivo oficial por parte del Gobierno de Bengala propagó el pánico en grado extraordinario. El grupo del Congreso en el Consejo Legislativo de Bengala protestó contra esta decisión. Al no obtener ningún resultado con su protesta, abandonaron el edificio de la Asamblea. Una terrible inquietud reinaba entre la población de Calcuta, y esa inquietud aumentaba porque el Gobierno de la Liga Musulmana estaba establecido y Huseyn Shaheed Suhrawardy era el primer ministro. (India Wins Freedom, de Abul Kalam Azad, pp. 168-169)
La declaración anterior de Maulana Abul Kalam Azad identifica las verdaderas causas de los espantosos enfrentamientos comunales de Calcuta. Las causas son:
1. En Bengala se había establecido un ministerio de la Liga Musulmana, algo intolerable para los hindúes.
2. El primer ministro era Huseyn Shaheed Suhrawardy, a quien los hindúes consideraban hostil a los hindúes.
3. Desde varios días antes del 16 de agosto comenzó a difundirse el falso rumor de que la Liga Musulmana, es decir, los musulmanes de Calcuta, atacarían a los hindúes y saquearían sus bienes. El propósito de difundir este rumor era que los hindúes se prepararan para exterminar a casi el veinticinco por ciento de los musulmanes de Calcuta.
Aunque en aquel entonces ocupaba un importante cargo en la administración pública, apoyaba de todo corazón el movimiento por Pakistán. No llegó a mis oídos ni el más mínimo indicio de que en los círculos de la Liga Musulmana existiera algún plan para atacar a los hindúes. Yo vivía entonces en Calcuta con mi familia; en casa solo estaban conmigo mi esposa y mi hija de cuatro años. Si hubiera existido algún temor de disturbios, de ninguna manera habría podido dejarlas solas y acudir tranquilamente al mitin de la Liga Musulmana el 16 de agosto.
Al mitin celebrado en el Maidan acudieron muchos otros como yo. Al llegar, vimos que Raja Ghaznfar Ali Khan estaba pronunciando un discurso en inglés.
No vimos en manos de los militantes de la Liga Musulmana ni siquiera un palo, mucho menos un arma. Sin embargo, todos parecían jubilosos y llenos de entusiasmo ante la esperanza de obtener Pakistán.
Después de que el señor Raja terminó y el señor Suhrawardy subió al estrado, comenzaron a llegar noticias de ataques armados de los hindúes contra las marchas de la Liga Musulmana y contra quienes acudían al mitin. Después, muchos de los musulmanes atacados se presentaron en la reunión con la ropa ensangrentada y empezaron a relatar los ataques armados de los hindúes. La alegría de los oyentes se convirtió en tristeza. La terrible tensión, el miedo y la aprensión fueron aumentando. En Calcuta, los musulmanes representan entre el veinte y el veinticinco por ciento de la población. Casi todos son pobres. Aproximadamente el cinco por ciento son forasteros que trabajan en distintos lugares.
En los rostros de todos se hizo visible la preocupación por cómo regresarían sanos y salvos a sus casas quienes habían acudido al mitin y cuál sería la situación de sus familias desprotegidas. El primer ministro lo comprendió. No recuerdo ninguna de sus palabras. Sin embargo, para tranquilizar a la multitud, les dijo «ham sab dekh lenge» y les pidió que regresaran a sus casas ordenadamente. Nosotros volvimos a casa como pudimos, repitiendo «Alá, Alá». Tuvimos la suerte de vivir en Park Circus, un barrio musulmán de Calcuta; de lo contrario, sin duda habríamos sido víctimas de los ataques de los hindúes.
Sobre este espeluznante acontecimiento, el editor del diario The Statesman de Calcuta de aquella época, Lan Stepens, dijo: «Probablemente durante los enfrentamientos del primer día, y con toda seguridad durante el segundo y el tercero, los musulmanes sufrieron las mayores pérdidas de vidas y bienes.
(lan Stephens, Pakistan, Londin, Ernest Bena, 1963, p. 106; Choudhury Mohammad Ali, The Emergence of Pakistan, p. 76)
Estos acontecimientos demuestran sin lugar a dudas que la Liga Musulmana no tenía ningún plan para atacar a los hindúes el 16 de agosto. Por el contrario, para utilizar la Acción Directa de la Liga en beneficio de sus propios intereses mezquinos, el Congreso elaboró un plan meticuloso para exterminar a los musulmanes. Sin embargo, esto resultó beneficioso para los musulmanes. La creación de Pakistán se aceleró, aunque sus posibilidades se habían debilitado un tanto después de la propuesta de la Misión del Gabinete. Jinnah condenó abierta y francamente la brutal violencia de Calcuta y expresó su profunda solidaridad con los muertos y los afectados.
Después de la Acción Directa de la Liga Musulmana
El conflicto comunal de Calcuta se convirtió en un tema de debate controvertido. En el subcontinente, de vez en cuando, estallan disturbios entre hindúes y musulmanes aquí y allá. Pero la crueldad y la brutalidad perpetradas el 16 de agosto de 1946 no tuvieron parangón. Esta matanza se llevó a cabo conforme a un plan cuidadosamente elaborado para exterminar a los musulmanes de Calcuta.
El virrey anunció el 24 de agosto los nombres de los miembros del Gobierno interino.
Debían asumir sus cargos el 2 de septiembre.
Cabe señalar que el virrey invitó a Nehru el 6 de agosto a formar un Gobierno interino. El 7 de agosto, el Comité de Trabajo del Congreso aceptó formar el Gobierno. El 17 de agosto, Nehru dijo al virrey que quería formar un Gobierno fuerte ocupando los escaños musulmanes con personas ajenas a la Liga. El virrey discrepó y dijo que, por el momento, los escaños musulmanes debían mantenerse vacantes durante algún tiempo. Nehru no aceptó esta propuesta y se mantuvo firme en la suya.
Más tarde se reveló que, en vísperas de la ceremonia de juramento del Gobierno interino del Congreso, el virrey había pedido al Gobierno británico que la ceremonia se aplazara hasta que la Liga Musulmana aceptara incorporarse al Gobierno. El primer ministro Attlee rechazó el argumento del virrey, afirmando que cualquier demora en ese momento agravaría el ánimo de los dirigentes del Congreso y provocaría una ruptura entre el Congreso y el Gobierno británico. Posteriormente, un comunicado oficial emitido desde Delhi anunció que el nuevo Consejo asumiría sus funciones el 2 de septiembre.
Los miembros que se incorporaron al nuevo Consejo (The New Executive Council) fueron: Nehru, Patel, Raja Gopalacharia, Rajendra Prasad, Asaf Ali, Sarat Chandra Bose, John Matthai, Baldev Singh, Sir Shafayat Ahmad Khan, Jagjivan Ram, Ali Zahir y C. H. Bhabha. Posteriormente se incorporarían dos musulmanes. (The Indian Register, 1946, vol. 2, p. 228; Ishtiaq Hossain Qureshi, The Struggle for Pakistan, pp. 274-275).
Después de llevar a cabo una tarea contraria a su temperamento y naturaleza, el virrey visitó Calcuta, devastada por los disturbios comunales. Tras visitar Calcuta, quedó convencido de que, si no se alcanzaba un acuerdo entre el Congreso y la Liga, toda la India caería víctima de una terrible guerra civil. A su regreso de Calcuta, intentó convencer a los dirigentes del Congreso y, con ese propósito, se reunió con Gandhi el 27 de agosto. Propuso formar gobiernos de coalición en Bengala y en el centro, y presentó una fórmula. El 28 de agosto, Nehru informó al virrey de que el Comité de Trabajo había rechazado la fórmula.
El virrey, lord Wavell, fracasó tras hacer todo lo posible por alcanzar un acuerdo. El Congreso interpretó este esfuerzo de otra manera. Consideró que Wavell era un obstáculo para establecer la supremacía y autoridad exclusivas del Congreso sobre el subcontinente, y se empeñó en lograr su castigo. Al regresar de sus conversaciones con Wavell, Gandhi y Nehru se pusieron ambos a escribir cartas. Gandhi envió primero un telegrama a Attlee en el que afirmaba que el estado mental del virrey era tal que se necesitaba una solución inmediata. La acusación contra él era que había perdido el equilibrio mental a causa de los acontecimientos de Calcuta. Gandhi exigió que se nombrara en su lugar a una persona más competente. Gandhi también amonestó a Wavell por carta, acusándolo de querer someter al Congreso a su voluntad mediante amenazas. Añadió que, si el virrey se había atemorizado por el deterioro de las relaciones comunales y quería emplear la fuerza para contenerlo, entonces los británicos debían abandonar pronto la India y confiar al Congreso la responsabilidad de establecer la paz en el país.
Por otra parte, Nehru informó por carta a algunos de sus amigos influyentes en Gran Bretaña de que el virrey era un hombre sumamente débil y había perdido su flexibilidad mental. Lo estaba empujando a la India hacia el peligro para complacer a Jinnah. Dijo que el virrey actuaba siguiendo el consejo de sir Francis Mudie y George Abel, y, en opinión de Nehru, ambos eran rabiosamente pro-musulmanes (Rabidly pro-Muslim). Nehru también los llamó mulás ingleses. En suma, el sentido de las cartas de Nehru era: «Wavell tiene que marcharse».
-(Leonard Mosley, op. cit., pp. 44; la carta de Gandhi a Wavell reproducida íntegramente en Pyarelal’s Miahatma Gandhi The Last Phase (Ahmedabad, 1956); I. H. Qureshi, The Struggle for Pakistan, p. 276).
Capítulo duodécimo
La incorporación de la Liga al Consejo Ejecutivo
El Gobierno interino asumió sus funciones en la fecha señalada, es decir, el 2 de septiembre de 1946. El Congreso estaba eufórico. Pattabhi Sitaramayya declaró que, en pocos años, se establecería en la India un gobierno nacional. No importaba que la Liga Musulmana se incorporara o no: eso no cambiaba nada. La caravana seguiría avanzando. Ahora debemos asumir el gobierno de este territorio. (I. H. Qureshi: The Struggle for Pakistan, p. 277)
Diversos observadores políticos de la India musulmana y de Gran Bretaña expresaron su profundo pesar por el establecimiento de un gobierno de partido único en la India. El 25 de agosto, Jinnah emitió una declaración en términos sumamente severos. Expresó su pesar por la decisión del virrey y dijo que esta era incompatible con las garantías y las promesas que se habían dado a la Liga Musulmana. El mismo día en que el nuevo gobierno asumió sus funciones, los musulmanes izaron banderas negras en sus hogares y comercios de toda la India.
Sir Winston Churchill, de Gran Bretaña, protestó enérgicamente contra la decisión gubernamental y advirtió que el intento de establecer el gobierno de la mayoría hindú no tendría éxito sin una guerra civil. Cripps utilizó injustamente su influencia para conceder ventajas y facilidades a los hindúes. Más tarde afirmó que había sido un error fundamental confiar la responsabilidad del Gobierno de la India al señor Nehru, un hindú de casta superior. Lord Templer Wood, uno de los autores de la Ley del Gobierno de la India de 1935, advirtió contra la formación de un gobierno con la colaboración de una sola comunidad. Lord Scarborough predijo que se ejercería una terrible presión sobre el Gobierno británico desde la India para transferir el poder a manos de un solo partido, y expresó su esperanza de que dicha presión fuera resistida. Lord Crasborne criticó duramente al Gobierno por permitir que el Congreso formara gobierno en agosto, quebrantando la promesa hecha a los musulmanes en junio. Así, diversos sectores de Gran Bretaña expresaron sus reacciones. (I.H. Qureshi: The Struggle for Pakistan, pp. 277-278
Antes de que transcurriera un mes desde la formación del Gobierno interino, la Liga Musulmana comprendió que permanecer fuera del Gobierno era totalmente contrario a los intereses musulmanes. En principio, la Liga Musulmana se había negado a incorporarse al Gobierno. Esta política seguiría vigente. Sin embargo, las necesidades políticas y, al mismo tiempo, el establecimiento en el país de un gobierno hindú hostil obligaron a la Liga a cambiar su política. Mientras la Liga Musulmana permaneciera fuera, los musulmanes seguirían sufriendo calamidades. El deterioro de la ley y el orden estaba empeorando, y existía el temor de que los musulmanes fueran expulsados de numerosas regiones. Al Congreso no le preocupaba en absoluto. Parecía que la permanencia de un gobierno hindú en el poder alentaba a los malhechores. Por tanto, en esas circunstancias, la Liga Musulmana debía incorporarse necesariamente al Gobierno con el fin de proteger a la India musulmana. Según Jinnah, desde dentro del Gobierno de coalición podría librar mejor la lucha por establecer Pakistán que permaneciendo fuera de él.
El virrey estaba personalmente muy interesado en que la Liga Musulmana se incorporara al Gobierno de coalición, pues era consciente de las crisis futuras. Por esta razón, se desarrollaron largas y complejas conversaciones, por un lado, entre Jinnah y Nehru y, por otro, entre Jinnah y el virrey. Finalmente, el 25 de octubre de 1946, el Consejo Ejecutivo fue reorganizado de la siguiente manera:
Congreso
Jawaharlal Nehru – (Asuntos Exteriores y Relaciones con la Commonwealth)
Vallabhbhai Patel – (Interior, Información y Radiodifusión)
Sr. Raja Gopalacharia – (Educación y Artes)
Asaf Ali – (Transportes y Ferrocarriles)
Jagjivan Ram –(Trabajo)
Liga Musulmana
Liaquat Ali Khan –(Finanzas)
I. I. Chundrigar –(Comercio)
Abdur Rab Nishtar –(Comunicaciones)
Ghazanfar Ali Khan –(Salud)
Jogendra Nath Mandal –(Legislativo)
Minoría
John Mathai –(Industrias y Suministros)
C. H. Bhabha –(Obras, Minas y Energía)
Baldev Singh –(Defensa)
Nehru no veía con buenos ojos la incorporación de la Liga Musulmana al Gobierno de coalición. Además, mostró una extrema obstinación en el reparto de las carteras. El virrey quería que cualquiera de las tres carteras de máxima importancia —Asuntos Exteriores, Interior y Defensa— fuera entregada a la Liga Musulmana. Nehru se opuso tajantemente. Finalmente, entre las cinco carteras que se otorgaron a la Liga Musulmana se encontraba la de Finanzas. El Congreso había accedido a entregar la cartera de Finanzas a la Liga Musulmana porque creía que esta sería incapaz de dirigirla o que, más bien, al intentarlo haría el ridículo. Maulana Abul Kalam Azad expresó su pesar por esta decisión del Congreso y dijo que sus colegas habían cometido un grave error. Abul Kalam Azad ha tratado este asunto de manera amena en su libro India Wins Freedom; ofrecemos aquí dicho pasaje para que los lectores puedan disfrutarlo.
Maulana Azad dijo:
Puesto que la Liga había accedido a incorporarse al Gobierno, el Congreso tendría que reorganizarlo y hacer sitio en él a los representantes de la Liga Musulmana. La cuestión era ahora quiénes abandonarían el Gobierno. Se consideró que Sarat Chandra Bose, el señor Shafaat Ahmad Khan y Syed Ali Zaheer dimitirían para dejar sitio a los nominados de la Liga. La propuesta del virrey era que la cartera de Interior se entregara a la Liga Musulmana. Sardar Patel se opuso vehementemente a esta propuesta. En mi opinión, el mantenimiento del orden público era necesariamente una cuestión provincial; según el esquema que presentaba el plan de la Misión del Gabinete, al centro le quedaba muy poco por hacer en este asunto. Por lo tanto, en la nueva estructura gubernamental, el Ministerio del Interior no tenía gran importancia en el centro. Por esta razón, yo estaba a favor de la propuesta de Lord Wavell. Pero Patel era absolutamente inflexible. Dijo: «Preferiría salir del Gobierno antes que renunciar al Ministerio del Interior».
Entonces consideramos una alternativa. Rafi Ahmad Kidwai propuso que la cartera de Finanzas se entregara a la Liga Musulmana. Añadió que era una cartera sumamente importante. Pero se trataba de un asunto altamente técnico y no había nadie dentro de la Liga Musulmana que pudiera dirigirla adecuadamente. Kidwai pensaba que la Liga Musulmana se negaría a aceptar esa cartera. El Congreso no perdería nada con ello. Y si la aceptaban, más adelante quedarían en evidencia como unos incapaces.
Patel se lanzó sobre la propuesta y le brindó su más enérgico apoyo (Patel saltó ante la propuesta y le dio su apoyo más firme). Intenté señalar que el Ministerio de Finanzas era la clave de un Gobierno y que, si quedaba bajo el control de la Liga Musulmana, nos enfrentaríamos a enormes dificultades. Patel me contradijo y dijo que la Liga no podría dirigir esa cartera y se vería obligada a rechazar la propuesta. No pude sentirme satisfecho con esta decisión. Sin embargo, como todos estaban de acuerdo, tuve que aceptarla.
Cuando Lord Wavell informó a Jinnah sobre la propuesta, este dijo que respondería al día siguiente.
Jinnah también tenía dudas sobre si Liaquat Ali, el principal representante de la Liga en el gabinete, podría dirigir este departamento. Después de enterarse de ello, algunos funcionarios musulmanes del Departamento de Finanzas se reunieron con Jinnah. Dijeron que la propuesta del Congreso era como un fruto maduro e inesperado y que anunciaba una gran victoria para la Liga. …Como resultado del control del Departamento de Finanzas, la autoridad de la Liga se ejercería en todos los departamentos del Gobierno. Le aseguraron a Jinnah que no había motivo para temer. Le prometieron a Liaquat Ali toda clase de ayuda y cooperación para que pudiera cumplir debidamente con sus responsabilidades.
El Congreso pronto comprendió que había cometido un grave error al entregar el Departamento de Finanzas a la Liga. (Abul Kalam Azad: India Wins Freedom, pp. 177-179)
A este respecto, Chowdhury Mohammad Ali dice:
Cuando en junio surgió por primera vez la posibilidad de formar un gobierno interino, el Quaid-e-Azam discutió conmigo los posibles departamentos que corresponderían a la Liga. Expresó su deseo de asumir los departamentos del Interior y de Defensa (Interior y Defensa). Le dije que la ley y el orden, así como la policía, eran asuntos provinciales sobre los que el centro no tenía ningún control. Las provincias del Congreso no prestarían ninguna atención al ministro del Interior de la Liga. Del mismo modo, los gobiernos provinciales de la Liga Musulmana no considerarían necesario seguir sus consejos. Le dije que el Departamento de Defensa era ciertamente ventajoso. Pero si la Liga quería influir en la política del Gobierno en todos los departamentos, debía asumir el Departamento de Finanzas. En aquel momento no pude explicarle la importancia estratégica del Departamento de Finanzas. Sin embargo, ahora, por una circunstancia fortuita, el Departamento de Finanzas había caído en manos de la Liga. Cuando volvieron a convocarme, repetí con gran énfasis mi consejo anterior. Él estaba indeciso porque el Departamento de Finanzas había sido confiado a Liaquat Ali como principal representante de la Liga. Le ofrecí toda la ayuda y cooperación posibles y aseguré tanto al Quaid-e-Azam como a Liaquat Ali Khan que el resultado sería satisfactorio. Mi propuesta fue aceptada y Liaquat Ali se convirtió en ministro de Finanzas. (Chowdhury Mohammad Ali: The Emergence of Pakistan, p. 84).
Gobierno de coalición
Debido a la completa desconfianza y actitud hostil del Congreso hacia la Liga, el Congreso quería que Nehru fuera reconocido como líder de todo el gabinete. La Liga se negó a aceptarlo. En una conferencia de prensa, Liaquat Ali Khan declaró claramente que Nehru no era líder de nadie en el gabinete salvo del partido del Congreso. Aunque rechazó la responsabilidad colectiva en el sentido constitucional, afirmó que los ministros de la Liga trabajarían en armonía con sus colegas, no solo por los intereses de los musulmanes, sino por los intereses de todos los habitantes de la India.
Como los enfrentamientos comunales no dejaban de aumentar, la unidad y la cooperación eran sumamente necesarias. En la segunda semana de octubre comenzaron los disturbios en los distritos de Noakhali y Comilla, en Bengala Oriental, y antes de que terminara el mes la situación había sido controlada. Después de investigar personalmente, el gobernador Sir Frederick Burrows comentó que allí no había habido ninguna campaña agresiva de la población musulmana contra los hindúes. Los disturbios habían sido provocados por personas de naturaleza pendenciera. El teniente general Sir Francis Tuker, oficial general al mando del Comando en Jefe, afirmó que el número de muertos era inferior a trescientos. Pero la perturbada prensa hindú inventó deliberadamente relatos terroríficos y espeluznantes y los difundió por todo el mundo. Estas propagandas despertaron un intenso deseo de venganza entre los hindúes de Bihar y de las Provincias Unidas. [E.W.R. Lumby: The Transfer of Power in India -1945-47 (London George Allen and Unwin, 1954), p.120; Sir Francis Tuker, While Memory Server (London-Casell, 1950), p.176; Choudhury Mohammad Ali, The Emergence of Pakistan, p.85].
A comienzos de noviembre comenzó en Bihar, de manera planificada, la matanza de musulmanes. Entre todos los terribles disturbios de 1946, la masacre de Bihar fue la más espeluznante y dolorosa. Lo más cobarde de ella fue que la población hindú, con todos los preparativos dispuestos de antemano, se abalanzó repentinamente sobre los musulmanes conforme al plan. Estos musulmanes y sus antepasados habían convivido pacíficamente con sus vecinos hindúes. En estos disturbios murieron entre siete y ocho mil mujeres, hombres y niños. (Sir Francis Tuker: While Momory Server, pp. 181-82; Choudhury Mohammad Ali: Emergency of Pakistan, p. 86).
El virrey y los ministros del Gobierno central visitaron las zonas afectadas por los disturbios entre hindúes y musulmanes, y formularon llamamientos a la armonía comunal y a la paz. A pesar de conocer los acontecimientos de Bihar, Gandhi se encontraba entonces en Calcuta, de camino a Noakhali. Los musulmanes del Congreso pidieron repetidamente a Gandhi que fuera a Bihar para contener a los hindúes sedientos de sangre. A pesar de ello, en lugar de dirigirse a Bihar, Gandhi fue a Noakhali, donde permaneció cuatro meses.
Finalmente, en marzo de 1947, lograron convencer a Gandhi de que fuera a Bihar. Esta vez se le abrieron los ojos. El gabinete provincial eludió todo mediante subterfugios y no mostró en absoluto arrepentimiento. El general Tuker dice que lo que más sorprendió a nuestros oficiales fue cómo los ministros hindúes pudieron aceptar con tanta calma una matanza tan brutal. Ellos afirmaban haber hecho todo lo posible. Pero cuando Gandhi señaló que hasta entonces no se había formado ninguna comisión de investigación, el primer ministro Shri Krishna Sinha expresó su temor de que la Liga obtuviera beneficios políticos de ello.
Las pruebas de la masacre de Bihar son tan contundentes que nadie puede sembrar confusión al respecto. Piarilal tituló un capítulo de su libro ‘Mahatma Gandhi: The Last Phase’ —The veil lifted. En él afirma que los disturbios de Bihar de 1946 destruyeron el sueño de una India indivisa. Esta matanza también quebró la fe de Gandhi en el pacifismo innato de los hindúes (Pacifism). A partir de entonces se produjo en él un cambio notable. Antes, en cada disturbio comunal, su principal preocupación era proteger a los hindúes. Ahora comenzó a preocuparse también por la protección de los musulmanes. A pesar del intento de establecer la supremacía política hindú sobre toda la India, hizo un esfuerzo supremo por evitar el derramamiento de sangre. Sus sentimientos humanitarios habían despertado, y tuvo que pagar el precio por ellos con su vida.
Pocos días después de la masacre de Bihar, tuvo lugar otra matanza de musulmanes en Garhmukteshwar, en la provincia de la UP. Allí se celebra cada año una feria hindú. Un pequeño número de comerciantes musulmanes instalaba sus puestos en la feria. De repente fueron atacados. El general Tuker dice:
Toda mujer, hombre y niño musulmán fue asesinado cruelmente. Ninguna noticia de la matanza pudo atravesar el telón de acero y llegar al mundo exterior. El Gobierno provincial, con la colaboración del aparato administrativo hindú, mantuvo oculta la matanza perpetrada por los hindúes. En los periódicos hindúes se difundió deliberadamente, con gran estrépito, que los musulmanes se habían vengado varias veces más. Esto se hizo para encubrir las fechorías de los hindúes. El primer ministro, Pandit Pant, anunció que se constituiría una comisión de investigación judicial. Pero no se hizo nada. (Sir Francis Tuker: While Memory Server; pp. 196-201; Chowdhury Mohammad Ali: Emergence of Pakistan, p. 87).
Capítulo decimotercero
Asamblea Constituyente
A finales de julio de 1946 fueron elegidos los 296 representantes de la Asamblea Constituyente. El Congreso triunfó en todos los escaños generales salvo nueve, y la Liga triunfó en todos los escaños musulmanes salvo cinco; y la Liga triunfó en todos los escaños musulmanes salvo cinco. La primera sesión de la Asamblea Constituyente debía celebrarse el 9 de diciembre de 1946. Pero la Liga se negó a participar en ella. Incluso se negó a reconocerla como legítima mientras el Congreso no aceptara la interpretación de la Liga Musulmana del párrafo 19 de la declaración de la Misión del Gabinete del 16 de mayo. El virrey instó al Congreso a aceptar esa interpretación. La recompensa por esta petición fue que Gandhi y Nehru enviaron telegramas y cartas al Gobierno británico para solicitar la destitución del virrey. Al no ver otra salida, el virrey invitó el 20 de noviembre a participar en la Asamblea Constituyente conforme al plan de la Misión del Gabinete. Inmediatamente, Jinnah calificó esto de paso gravemente erróneo. Dijo que el virrey no había logrado comprender la terrible situación ni su realidad, y que estaba intentando complacer al Congreso. El 9 de diciembre ningún representante de la Liga asistió a la sesión de la Asamblea Constituyente.
En tal situación, con el propósito de hacer un último intento, el Gobierno británico invitó a Londres a dos dirigentes del Congreso y a dos de la Liga. A propuesta del virrey, también se invitó a un representante sij.
El 2 de diciembre de 1987, Lord Wavell viajó a Londres acompañado de Nehru, Jinnah, Liaquat Ali Khan y Baldev Singh. Las conversaciones duraron cuatro días.
La diferencia fundamental de opinión entre el Congreso y la Liga se refería a la interpretación de la declaración de la Misión del Gabinete del 16 de mayo, es decir, a la agrupación de las provincias. La propia Misión del Gabinete dio precisamente la interpretación que sostenía la Liga Musulmana. Pero Nehru no estaba dispuesto en absoluto a aceptar esa interpretación. Se produjo un estancamiento político extremo.
Como no se alcanzó ningún acuerdo de compromiso debido a la obstinación y la actitud irreflexiva del Congreso, el Gobierno británico publicó una declaración el 6 de diciembre. En su último párrafo se decía que no podía esperarse que la Asamblea Constituyente tuviera éxito sin decisiones basadas en un procedimiento consensuado. Si la Asamblea Constituyente redactaba una constitución en cuya elaboración no estuviera representada una gran parte del pueblo de la India, el Gobierno británico no podría imponer por la fuerza una constitución de ese tipo a una población que no la aceptara.
La declaración anterior del Gobierno y la declaración de la Misión del Gabinete del 25 de mayo no lograron producir ningún cambio en el Congreso. Nehru y Baldev Singh regresaron a la India con el propósito de participar en la Asamblea Constituyente. Jinnah y Liaquat Ali permanecieron algunos días más en el Reino Unido. En una conferencia de prensa en Londres, Jinnah dijo: «Si el Congreso acepta en términos inequívocos la interpretación del Gobierno británico de la declaración publicada el 16 de mayo, pediré al Consejo de la Liga que reconsidere la cuestión». En un discurso pronunciado en Londres, Jinnah señaló que la población de Pakistán era mayor que la de cualquier otro Estado del mundo. Estamos aceptando el control del Congreso sobre tres cuartas partes de la India. La objeción del Congreso a aceptar Pakistán se debe a que quiere toda la India. Entonces, ¿dónde quedamos nosotros? Ahora la cuestión es esta: ¿quiere el Gobierno británico transferir el poder, mediante la fuerza de sus bayonetas, a una mayoría hindú? Si es así, diremos que han perdido hasta la última partícula de su honor, rectitud, justicia, imparcialidad y conducta honorable. (Some Recent Writings of Mr. Jinnah, vol. 2, ed. por Jamiluddin Ahmad, Lahore, Muhammad Ashraf, 1947, pp. 496-508; Chowdhury Mohammad Ali, The Emergence of Pakistan, pp. 91-92).
Por un lado, en la India el Congreso continuaba exigiendo enérgicamente que, si la Liga no se incorporaba a la Asamblea Constituyente, fuera expulsada del Gobierno interino; por otro, la declaración del Gobierno británico del 6 de diciembre presagiaba un nuevo cambio del panorama político en un futuro cercano.
E. W. R. Lumby, vinculado a la Secretaría de la Misión del Gabinete, dice que esta fue la primera declaración del Gobierno británico en la que se anunciaba que se abandonaría el plan de la Misión del Gabinete. Después de la propuesta de Cripps, fue la primera declaración oficial que contenía, de una u otra forma, una indicación de Pakistán. Al pronunciar un discurso en la Cámara de los Comunes, Cripps señaló el último párrafo de la declaración oficial y dijo claramente que, si no se lograba persuadir a la Liga para que se incorporara a la Asamblea Constituyente, no se podría obligar mediante ninguna decisión a las regiones del país en las que ella constituía la mayoría. (E. W. R. Lumby, op. cit., p. 129; I. H. Wuershi, The Struggle for Pakistan, pp. 184-
Ahora queda una pregunta, y es la siguiente: ¿por qué era tan inflexible el Congreso en su exigencia de expulsar a la Liga del Gobierno? Había varias razones. El Congreso llamaba al Gobierno interino «Gobierno nacional» y este tenía responsabilidad colectiva. Se consideraba a Nehru el primer ministro de este Gobierno. También en Gran Bretaña la prensa favorable al Congreso y la prensa de izquierda cantaban la misma canción con el mismo tono. Por ejemplo, The New Statesman calificaba al Gobierno de gabinete con responsabilidad colectiva cuyo primer ministro era Nehru (7 de septiembre de 1946). Lord Ismay, jefe del Estado Mayor de Mountbatten en la India, se refirió a Nehru como viceprimer ministro (The Memories of General the Lord Ismay, Londres, 1960, p. 418). Su afirmación era sumamente ridícula. Porque, si Nehru era el primer ministro, ¿acaso el virrey era primer ministro?
Los consejeros de la Liga se negaron a aceptar a Nehru como jefe del Gobierno interino, ni siquiera como jefe del bloque no perteneciente a la Liga. Jinnah dijo que el Gobierno interino no era más que el Consejo Ejecutivo del virrey. Se lo había reorganizado políticamente. El virrey era su jefe, con sus poderes especiales. Nehru solo era vicepresidente del Consejo. Su función consistía únicamente en presidirlo en ausencia del virrey. No tenía más poder ni dignidad que los consejeros.
Esto hirió el orgullo de Nehru, por lo que continuó haciendo la injusta exigencia de expulsar a la Liga. (I. H. Quershi: The Struggle for Pakistan, pp. 282-283).
Capítulo decimocuarto
La misión de Mountbatten
A comienzos del nuevo año, 1947, la situación política y constitucional de la India era tal que en el centro había un Gobierno interino, o Consejo Ejecutivo del virrey, en el que el Congreso y la Liga Musulmana permanecían enfrentados por enormes diferencias de opinión. Desde el 9 de diciembre de 1946 se celebraba la sesión de la Asamblea Constituyente, que la Liga continuaba boicoteando. Como consecuencia, el Congreso exigía que la Liga fuera expulsada del Consejo del virrey. El 13 de febrero, Nehru exigió por carta al virrey la expulsión de la Liga. El 15 de febrero, Patel amenazó diciendo que, si la Liga no abandonaba el Gobierno, el Congreso abandonaría el Gobierno interino. (The Indian Annual Register 1847, vol. 1, p. 35; I. H. Quershi, The Struggle for Pakistan, p. 287).
En una situación tan tensa, el 20 de febrero de 1947 el primer ministro Attlee publicó una declaración. Dijo que no se podía permitir que una situación tan incierta se prolongara más. El Gobierno británico quería dejar claro que, dentro del mes de junio, tomaría las medidas necesarias para transferir el poder a manos de indios responsables. Si para entonces una Asamblea Constituyente plenamente representativa no había redactado una constitución consensuada, el Gobierno consideraría a quién transferiría el poder en la India británica llegado el momento: a un Gobierno central de cualquier tipo en la India británica, o mediante cualquier disposición vigente que se considerara sumamente razonable y favorable a los intereses del pueblo indio.
Al final de la declaración también se anunció que, en lugar de Wavell, sería nombrado virrey el almirante vizconde Mountbatten.
Cuatro días después, el secretario de Estado para la India declaró en la Cámara de los Lores que esta decisión había sido tomada siguiendo el consejo de los sectores responsables de la India. El propósito era ejercer presión para que los partidos indios llegaran a un acuerdo.
Aquí no debería resultar difícil para nadie comprender que, por los sectores responsables de la India, se aludía a Gandhi y Nehru, y que por acuerdo se entendía que el Congreso aceptara las demandas de la Liga.
Los lectores seguramente sentirán curiosidad por saber por qué Lord Wavell fue destituido en el momento más crítico de la política india. Por más que digan algunos simpatizantes del Congreso, ciertos acontecimientos atestiguan que el castigo de Wavell tuvo como propósito complacer al Congreso, especialmente a Gandhi y Nehru.
¿Acaso Lord Wavell tuvo alguna divergencia extrema con el primer ministro Clement Attlee y su gabinete, cuyo precio tuvo que pagar? No se encuentra en la historia ninguna prueba de ello. La causa fue otra. Investigémosla, pues.
Cabe señalar que Lord Wavell fue inicialmente una figura muy querida por el Congreso. En junio de 1946, cuando la Liga Musulmana quiso formar un gobierno interino, Wavell se lo impidió. Más tarde, permitió que el Congreso formara el gobierno excluyendo a la Liga. Anteriormente había afirmado con bastante firmeza que la unidad geográfica o integridad de la India no podía ser negada bajo ninguna circunstancia, lo que provocó la vehemente indignación de la Liga. Posteriormente, la relación entre el virrey y el Congreso comenzó a enfriarse. Después de los sangrientos disturbios de Calcuta, el Congreso pidió al virrey que disolviera el gabinete de la Liga en Bengala, aun violando los derechos conferidos por la Ley del Gobierno de la India de 1935. El virrey no accedió. Como resultado, se convirtió en objeto del resentimiento del Congreso. Después, cuando el virrey se negó a aceptar las repetidas demandas de expulsar a los consejeros de la Liga del Executive Council del virrey, la ruptura de las relaciones llegó a su punto culminante. Luego, Gandhi envió telegramas y cartas al Gobierno británico para lograr la destitución del virrey, y Nehru envió cartas a sus amigos en Gran Bretaña con el mismo propósito; el secretario de Estado para la India calificó todo ello como «el consejo de los sectores responsables de la India». Nehru se alegró enormemente de la destitución de Wavell y de la llegada de Mountbatten a la India como virrey.
Lord Mountbatten llegó a Delhi el 22 de marzo. Su nombramiento llenó de júbilo al Congreso. Ya tenía una relación previa con Nehru. No era un desconocido en la India, pues durante la Segunda Guerra Mundial había sido comandante supremo de las fuerzas aliadas en el Sudeste Asiático. Por esa razón tenía que viajar repetidamente a la India, que era una base de operaciones de la guerra (Base for operation). Mucho antes, en Malaya, se había reunido con Nehru y ambos se sintieron atraídos mutuamente. Sin embargo, no se sabía que fuera un admirador del Congreso. Su estrecho consejero, Lord Ismay, temía que Mountbatten fuera considerado un hinduista y enemigo de la Liga Musulmana. (Cempbell-Johnson, Allan: Mission with Mountbatten, p.23; Abdul Hamid Muslim Separatism in India, p.239).
Como era habitual, se autorizó a Mountbatten a formar una secretaría personal adicional al personal del virrey. Esa era su «gabinete de cocina». La personalidad más poderosa en la base de su éxito fue V. P. Menon. El virrey lo incorporó a su círculo de formulación de políticas. Este caballero venía desempeñándose desde 1942 como asesor constitucional del Gobierno central. Además de capacidad administrativa, poseía una considerable perspicacia política. Era devoto de Patel. La lectura de su propia obra, The Transfer fo Power, Calcutta, 1957, deja claro que, incluso antes de vincularse a la secretaría personal del virrey, siempre había expresado opiniones contrarias a la Liga. Ahora se convirtió en una fuerza enorme detrás de las riendas del gobierno.
-(Abdul Hamid Muslim Separatism in India, p.239).
Mountbatten había seleccionado y traído cuidadosamente desde Inglaterra a los miembros de su Estado Mayor. Uno de ellos era lord Ismay, quien durante la Segunda Guerra Mundial había sido el principal asesor personal de Churchill. También estaban Eric Civil, antiguo secretario privado de lord Wavell y secretario privado adjunto de Jorge VI. Estos dos eran los principales asesores del virrey en los asuntos generales y civiles, mientras que lord Ismay era el jefe del Estado Mayor. V. P. Menon era el asesor constitucional. Las reuniones del Estado Mayor se celebraban con frecuencia. Al principio, Menon era convocado ocasionalmente a ellas; después, era convocado a todas las reuniones. El virrey y todos los demás sabían que Menon era un hombre absolutamente fiel a Patel. Como resultado, Patel no solo conocía todos los secretos internos del Consejo del Virrey, sino que también, por medio de aquel portavoz suyo, influía en la política del virrey. Si en lugar de Menon hubiera habido un musulmán que mantuviera contacto con Jinnah, ni el virrey ni el Congreso lo habrían tolerado. ¿Podía la Liga Musulmana, y por tanto los musulmanes de la India, esperar justicia de semejantes personas?
La evolución del Plan del 3 de junio
Mountbatten había sido nombrado virrey de la India con el propósito de buscar una solución consensuada para una India unida, sobre la base del Plan de la Misión del Gabinete. Sin embargo, después de llegar a la India y observar el curso de los acontecimientos y las posiciones opuestas de los dirigentes políticos, no vio ninguna posibilidad de una solución consensuada ni de mantener una India unida. Por ello, el virrey se concentró en elaborar un plan tomando como eje el anuncio del primer ministro del 20 de febrero.
Después de consultar con sus asesores, elaboró un plan para la transferencia del poder. Su base era que el poder y la autoridad se transferirían a las provincias, o a las confederaciones de aquellas provincias que decidieran agruparse antes de la transferencia efectiva del poder. El 1 de abril, Ismay entregó a Menon el borrador del plan para que preparara un calendario con sus modificaciones. Menon cumplió la orden y, al mismo tiempo, expresó su opinión diciendo que era un mal plan y que no funcionaría. El plan definitivo fue presentado y aprobado en la conferencia de gobernadores. El 2 de mayo, lord Ismay y George Abell partieron hacia Londres llevando el plan para obtener la aprobación de Whitehall. El virrey esperaba recibir la aprobación antes del 10 de mayo y solicitar que los dirigentes de los partidos se reunieran el 17 de mayo para conocer sus reacciones.
Después, Mountbatten se dirigió a Shimla acompañado por sir Eric Civil y Menon. Allí Menon tuvo la oportunidad de hablar en privado con el virrey y, argumentando contra el plan enviado a Londres, dijo que no funcionaría. Antes de escuchar todos los argumentos de Menon, Nehru y Krishna Menon llegaron inesperadamente a Shimla el 8 de mayo para permanecer junto al virrey. El virrey pidió a Menon que hablara con Nehru. El 9 de mayo, Menon le dijo a Nehru que, sobre la base del estatus de dominio, el poder se transferiría a dos Indias, y no a las confederaciones de las provincias. El 10 de mayo, el virrey discutió el plan con Nehru, Menon y sir Eric Civil; la discusión quedó registrada en las actas y pasó a considerarse parte de los archivos del Gobierno de la India.
Ese mismo día, el virrey recibió de Londres el plan aprobado, aunque con algunas modificaciones. Después de la cena, el virrey llamó a Nehru y le mostró el plan que había sido aprobado. Tras leerlo, Nehru se enfureció y dijo: «Ni yo, ni el Congreso ni la India podemos aceptarlo».
El 11 de mayo, Mountbatten convocó a Menon, le comunicó la reacción de Nehru y le preguntó qué se podía hacer ahora. Menon dijo: «La aplicación del plan que propuse el 9 y el 10 de mayo dividirá el país en numerosas unidades, mientras que mi plan preservará la unidad esencial de la India. Y se permitirá separarse a las regiones que no deseen permanecer como parte de la India».
Se convocó apresuradamente una reunión del Estado Mayor y también se invitó a Nehru. El virrey le preguntó a Nehru si aprobaba el plan de Menon. Después de examinarlo, Nehru lo aprobó.
Después, el virrey regresó a Delhi el 14 de mayo y viajó a Londres el 18 de mayo para convencer al Gabinete de que aprobara el plan. Lord Ismay y George Abell se opusieron al plan de Menon. El virrey declaró enfáticamente: «Si el Gobierno británico no aprueba este plan, dimitiré». El Gabinete aprobó el plan en apenas cinco minutos, sin cambiar siquiera una «coma». El virrey regresó a la India el 31 de mayo, junto con su equipo, con aire de vencedor.
Ahora es tan cierto como la luz del día que el plan que iba a acelerar el fin del Imperio británico en la India e iniciar un cambio en el mapa de Asia y del mundo fue elaborado por un consejero hindú del virrey, devoto del Congreso, con la colaboración de Nehru y Krishna Menon. Durante un mes, el virrey discutió este plan, destinado a cambiar el destino del país y de sus varias decenas de millones de habitantes, con un reducido grupo de sus allegados; sin embargo, en ningún momento se invitó a Jinnah, ni siquiera una sola vez. Esto ha puesto de manifiesto la mentalidad extremadamente estrecha y radicalmente hostil a los musulmanes de Mountbatten y, por extensión, del Gobierno británico. Quedará grabado para siempre en las páginas de la historia.
Una pregunta que agita la mente
El plan para la partición de la India ha sido aprobado definitivamente por el Gobierno británico. Será anunciado oficialmente el 3 de junio. Nehru ya había dado su consentimiento al plan antes de que este fuera aprobado por el Gobierno. Ahora la pregunta es: ¿cómo fue posible? ¿Cómo accedieron el Congreso, la India hindú y sus principales portavoces, Gandhi, Nehru y Patel, a amputar a la Madre India? ¿Abandonaron acaso su antiguo y dorado sueño de establecer el Ram Rajya en una India unida?
El general Tuker, al arrojar luz sobre la actitud vengativa de la mayoría hindú, dice:
Finalmente dijeron: «Bueno, si la Liga Musulmana quiere Pakistán, está bien, dejemos que lo obtenga. Iremos recortando centímetro a centímetro su territorio, de modo que parezca que ya no podrá sobrevivir y que, de lo que sobreviva, ya no sea posible sostenerse económicamente». (Sir Francis Tuker: White Memory Server, Londres, Cassel, 1950, p. 257; Choudhury Mohammad Ali: The Emergence of Pakistan, p. 123).
El discurso que Patel pronunció en 1949 ante la Asamblea Constituyente de la India demuestra la exactitud de la observación anterior de Tuker. En su discurso, Patel dijo: «Acepté la partición del país como último recurso, cuando lo habíamos perdido todo. El señor Jinnah nunca quiso un Pakistán recortado. Pero al final tuvo que tragárselo». (Citado en Kewnl L. Panjabi, The Indemiable Sardar, Bombay, Bharatiya Vidya Bhaban, 1962, p. 124; Choudhury Mohammad Ali, ibíd., p. 123).
La aceptación de la partición por parte del Congreso fue una maniobra estratégica. Pero el objetivo seguía siendo el mismo; para alcanzarlo era necesario:
1. Hindustán, o la Unión India, deberá ser reconocida como sucesora del Gobierno británico en la India. Se considerará que Pakistán se ha separado, junto con ciertos territorios.
2. Las áreas que se asociarán con Pakistán serán muy pequeñas y estarán limitadas a Bengala Oriental, Punyab Occidental, Sind y Baluchistán. La Provincia de la Frontera quedará fuera de Pakistán. Como resultado, Pakistán quedará estratégicamente rodeado.
3. Se crearán enormes obstáculos privando a Pakistán de tiempo, medios, recursos, personal militar y civil, así como de suministros, para impedir que pueda consolidarse.
4. Se hará todo lo necesario para impedir que Pakistán sobreviva. (Los dirigentes del Congreso estaban convencidos de que Pakistán no duraría mucho. Por ello, su objetivo era intentar destruir la economía de Pakistán).
Para alcanzar estos bajos objetivos, la India hindú necesitaba la ayuda británica, que controlaba toda la administración civil y el ejército. En vísperas de su partida, toda la administración, incluido Mountbatten-Radcliffe, trabajó en favor de la India hindú, como se mencionará más adelante.
-(Chudhury Mohammad Ali: The Emergence of Pakistan, pp. 123-24).
CAPÍTULO QUINTO
El proceso de transferencia del poder
Se inició el proceso de transferencia del poder a la India. Se ordenó a las asambleas legislativas provinciales de Bengala y Punyab que se reunieran, cada una, en dos grupos: uno integrado por los distritos de mayoría musulmana y otro por los restantes. Los miembros de las dos partes de cada asamblea se reunirían por separado y tendrían derecho a decidir si deseaban o no la partición de su provincia. Si una mayoría simple (Simple majority) de cualquiera de las partes decidía a favor de la partición, esta se llevaría a cabo. Después de decidir sobre la partición, cada parte de la asamblea decidiría, en nombre de las áreas que representaba, si se incorporaría a la Asamblea Constituyente existente o a una nueva Asamblea Constituyente. Una vez tomada esta decisión, el gobernador general nombraría una «Comisión de Límites» para delimitar las fronteras entre las dos partes del Punyab. Esto se haría sobre la base de identificar las áreas contiguas de mayoría musulmana y no musulmana. También se recomendó a la comisión que considerara otros factores. Se dieron instrucciones similares a la Comisión de Límites de Bengala.
Los miembros de la Asamblea Legislativa de Sindh, excepto los europeos, se reunirían conjuntamente y decidirían si se incorporarían a la Asamblea Constituyente existente o a una nueva Asamblea. En la Provincia de la Frontera del Noroeste se celebraría un referéndum para determinar a cuál Asamblea Constituyente se incorporarían sus votantes.
También se daría a Baluchistán la oportunidad de expresar su opinión al respecto. Si la provincia de Bengala decidía a favor de la partición, se celebraría un referéndum en el distrito de Sylhet, en Assam. De este modo se decidiría si deseaban que Sylhet permaneciera como parte de Assam o que se uniera a Bengala Oriental. Si deseaban unirse a la nueva provincia, la «Comisión de Límites» delimitaría la frontera.
Si se decidía a favor de la partición del Punyab y Bengala, se celebrarían nuevas elecciones para la Asamblea Constituyente sobre la siguiente base:
Provincia Escaños generales Musulmanes Sijs Total
Distrito de Sylhet 1 2 0 3
Bengala Occidental 15 4 0 19
Bengala Oriental 12 29 0 41
Punyab Occidental 3 12 2 17
Punyab Oriental 6 4 2 12
Dado que el Gobierno británico deseaba transferir el poder antes de junio de 1948, en la actual sesión del Parlamento se aprobaría una ley para que ese mismo año pudiera transferirse el poder a una o dos autoridades sobre la base del «estatus de Dominio».
El virrey convocó el dos de junio una reunión de los siete líderes para deliberar. Eran Nehru, Patel, Kripalani, Jinnah, Liaquat Ali Khan, Abdur Rab Nishtar y Baldev Singh. El plan les fue presentado y aprobado. Mountbatten, al reunirse con Gandhi, intentó convencerlo diciéndole que, en las circunstancias presentes, el plan era sumamente bueno. Aunque Gandhi había apoyado el plan antes de que fuera enviado a Gran Bretaña, ahora se oponía a él, únicamente para engañar al mundo y a la Liga.
El plan del 3 de junio fue hecho público ante todo el mundo. El virrey declaró en una conferencia de prensa el 4 de junio que había trabajado, en cada etapa y en cada momento, codo a codo con los líderes. Por ello, el plan no les había causado ni indignación ni sorpresa.
A alguien tan responsable como él no le remordió la conciencia decir una mentira tan descarada para engañar a la población mundial. Nadie, salvo los miembros de su personal, el artífice del plan V. P. Menon y Nehru, conocía siquiera remotamente el plan. También se lo mantuvo en secreto ante la Liga.
En aquella conferencia de prensa se anunció, no obstante, que el 15 de agosto de 1947 había sido fijado como fecha tentativa para la transferencia del poder.
El Comité del Congreso de toda la India se reunió el 14 de junio y aprobó una resolución para aceptar el plan. Al mismo tiempo, respecto a la partición de la India, afirmó enfáticamente que ninguna organización humana podía cambiar la forma y configuración que la geografía, las cordilleras y los mares habían dado a la India tal como era, ni podía obstaculizar la determinación de su destino final. El Comité creía que, cuando se apaciguaran las emociones del momento, los problemas de la India serían examinados en su perspectiva adecuada y que la errónea doctrina de las dos naciones sería desacreditada y abandonada. Abul Kalam Azad declaró: «Estoy seguro de que la partición será temporal». La Hindu Mahasabha afirmó que la India era una e indivisible y que no se establecería la paz mientras las zonas separadas no fueran incorporadas a la Unión India.
Diversos líderes, autores y periódicos hindúes albergaban la esperanza de que en el futuro la India volviera a ser una e indivisa, y expresaron esa esperanza antes, durante y después de la partición. El 15 de agosto, Gandhi dijo: «Estoy seguro de que llegará un momento en que esta partición será abandonada». El órgano de prensa del Congreso, ‘The Hindustan Times’, expresó también una esperanza semejante en su editorial. Menon, el propio artífice del plan de partición, dijo que el propósito de agosto de 1947 no era romper el vínculo que había mantenido unida a la India durante más de ciento cincuenta años. Entre los hindúes existía la creencia generalizada de que Pakistán no duraría mucho y que, bajo el Congreso, la India se convertiría en una India indivisa (Economist, 17 May 1947; Sunday Times 1 June 1947; Manchester Guardian 15 Auh. 1947, Round Table Sept. 1947 p.370; Guy Wint The British in Asia-p.179; I.H. Quershi The Struggle for Pakistan, pp.195-96).
Estas declaraciones y reacciones demuestran claramente que la India hindú no pudo aceptar de corazón la existencia de Pakistán. Más aún, desde el 15 de agosto de 1947 hasta el momento de escribir estas palabras (octubre de 1993), la India hindú ha estado realizando esfuerzos totales para apoderarse de todo el territorio llamado Pakistán y establecer un Ram Rajya en una India indivisa. Actualmente se afirma abiertamente, en diversos seminarios y mítines públicos, que debe restaurarse la situación geográfica de la India anterior a 1947. Con este propósito, la agresión económica y cultural por parte de la India se ha intensificado enormemente.
Campaña y debate en torno al cargo de gobernador general
En esta situación candente de la India, tanto el Congreso como la Casa del Virrey sostenían la idea de que el gobernador general de los dos nuevos Dominios sería la misma persona: Mountbatten.
Pocos días antes, Jinnah había dicho que debía haber un supergobernador general por encima de los gobernadores generales de los dos Dominios. Probablemente esta idea se había planteado para que el proceso relacionado con la partición pudiera completarse con facilidad y desde una perspectiva imparcial. Pero Mountbatten se opuso, y Whitehall apoyó a Mountbatten.
Cuando Nehru propuso a Mountbatten que fuera gobernador general de la India, este dijo a Nehru y Patel que esperaba una propuesta similar también de la Liga Musulmana.
A pesar de sus numerosos esfuerzos, Mountbatten no logró convencer a Jinnah.
El 2 de julio, Jinnah le informó que había decidido ser él mismo el gobernador general de Pakistán. Aun así, Mountbatten no abandonó la esperanza. También fracasó al intentar valerse del nawab de Bhopal. Esto supuso para Mountbatten un enorme golpe a su amor propio. Sin embargo, es cierto que, si Mountbatten hubiera sido nombrado gobernador general de Pakistán, habría sido el gobernador general indio de Pakistán. Jinnah salvó al país de este peligro. (I.H. Wureshi: The Struggle for Pakistan, pp.296-300).
Aplicación del Plan del 3 de junio
La Asamblea Legislativa de Bengala se reunió el 20 de julio y, por 126 votos contra 90, decidió incorporarse a la nueva Asamblea Constituyente. Posteriormente, los miembros de las zonas de mayoría no musulmana decidieron, por 58 votos contra 21, la partición de la provincia y su incorporación a la Asamblea Constituyente existente. Los miembros de las zonas de mayoría musulmana de Bengala Oriental decidieron, por 106 votos contra 35, oponerse a la partición de la provincia y, al mismo tiempo, incorporarse a la nueva Asamblea Constituyente. Posteriormente, los miembros de las zonas de mayoría musulmana de la provincia votaron, por 69 votos contra 27, en contra de la partición de la provincia. Por su parte, los miembros de las zonas de mayoría hindú votaron, por 50 votos contra 22, a favor de la partición y de incorporarse a la Asamblea Constituyente india.
La Asamblea Legislativa de Sind se reunió el 26 de junio y decidió, por 30 votos contra 20, incorporarse a la nueva Asamblea Constituyente. En Baluchistán, la Shahi Jirga y los miembros de la municipalidad de Quetta se reunieron y decidieron por unanimidad incorporarse a la nueva Asamblea Constituyente.
Por otra parte, en el referéndum celebrado en Sylhet a comienzos de julio, una abrumadora mayoría de los votantes optó por separarse de Assam y unirse a Bengala Oriental.
La condición del referéndum de la Provincia de la Frontera Noroccidental era que los votantes eligieran entre incorporarse a la Asamblea Constituyente india o a la nueva Asamblea Constituyente. Abdul Ghaffar Khan exigió que se diera a los votantes la oportunidad de votar a favor de un Pachtunistán independiente. Gandhi y Nehru apoyaron la exigencia de Abdul Ghaffar Khan. El virrey rechazó la exigencia, alegando que el procedimiento incorporado al Plan del 3 de junio no podía modificarse sin el consentimiento de ambas partes. Jinnah no estaba dispuesto a aceptar ese cambio. Ghaffar Khan ordenó a sus seguidores abstenerse de votar. Aun así, se emitieron 289.244 votos a favor de la nueva Asamblea Constituyente y solamente 2.874 a favor de la Asamblea Constituyente india.
El primer ministro Attlee presentó el proyecto de Ley de Independencia de la India en la Cámara de los Comunes el 4 de julio. Fue aprobado por la Cámara de los Comunes el 15 de julio y por la Cámara de los Lores el 16 de julio. El proyecto recibió la sanción real el 18 de julio. Posteriormente, el 20 de julio se establecieron dos gobiernos provisionales separados para la India y Pakistán.
Como fruto de siete años de lucha, se estableció un nuevo Estado independiente y soberano llamado Pakistán. Era la primera vez en la historia del mundo que se establecía un Estado de ese tipo.
Pakistán llegó a establecerse, pero cuando el Congreso, la India hindú y el Gobierno británico fracasaron en su oposición extrema, aceptaron de repente, en un plazo muy breve, un Pakistán recortado (Truncated Pakistan). El plan de transferencia del poder fue elaborado por un funcionario hindú partidario del Congreso. Mantuvieron a Jinnah completamente al margen de este asunto. El plan se publicó apenas dos meses y medio antes de la transferencia definitiva del poder, para que la Liga Musulmana no tuviera ninguna oportunidad de reflexionar. Fue como atacar de repente el campamento enemigo mientras dormía. La Comisión de Fronteras redujo aún más el Pakistán recortado. Muchas zonas de mayoría musulmana que legítimamente correspondían a Pakistán fueron incorporadas por la fuerza a la India. Además, después de la partición, Pakistán fue privado por completo incluso de los bienes estatales que legítimamente le correspondían. Probablemente, esta fue la sanción económica por el delito de exigir Pakistán. Todo esto se hizo mediante una conspiración del Congreso y los británicos para impedir que Pakistán sobreviviera siquiera durante algún tiempo.
Después, la razón fundamental de la demanda de Pakistán era que, si el poder de la India se transfería a la mayoría hindú, no solo estarían en peligro la vida, los bienes, el honor y la dignidad de los musulmanes, sino que se eliminaría su propia identidad nacional. El gobierno del Congreso durante dos años y medio, antes de 1940, en las provincias de mayoría hindú constituye una prueba contundente de ello.
Pero incluso después de la partición de la India no cesó la masacre de musulmanes en el país. Millones de hombres, mujeres y niños musulmanes, atravesando un mar de sangre, cruzaron la frontera y buscaron refugio en Pakistán.
El señor Altaf Gauhar, un funcionario de alto rango del Gobierno de Pakistán, dijo:
Llegué a Karachi antes de que comenzaran las matanzas en Delhi. ….El número de los desamparados que llegaban cruzando la frontera en busca de refugio no dejaba de aumentar, y los relatos estremecedores de las matanzas masivas obligaban a todos a prestar un servicio nacional cada vez mayor. (Artículo publicado en una edición especial de un diario pakistaní).
Altaf Gauhar aludió a las matanzas ocurridas en la propia Delhi, la capital de la India. Con el propósito de poner fin a las horripilantes matanzas en distintos lugares de Delhi, el señor Gandhi mantuvo un ayuno. Pero, al final, ni siquiera entregando su vida pudo detenerlas.
Maulana Abul Kalam Azad dice:
Gandhi-ji comenzó a exponer las condiciones para poner fin a su ayuno. Eran las siguientes:
1. Los ataques de hindúes y sijes contra los musulmanes deben cesar de inmediato. Hay que garantizarles que podrán vivir juntos como hermanos.
2. Deben hacerse todos los esfuerzos para garantizar a los hindúes y a los sikhs que ningún musulmán abandone la India por falta de seguridad para su vida y sus bienes.
3. Deben detenerse los ataques contra los musulmanes en los trenes en marcha, y debe hacerse que cuanto antes se abstengan de atacar todos los hindúes y sikhs que los están perpetrando.
4. Los musulmanes que vivían en los alrededores de las dargahs de Nizamuddin Auliya, Khwaja Qutbuddin Bakhtiyar Kaki y Nasiruddin Chiragh Dehlavi han abandonado sus barrios; deben ser devueltos a sus asentamientos y reasentados allí.
5. La dargah de Qutbuddin Bakhtiyar Kaki ha sido dañada. Naturalmente, el Gobierno puede encargarse de repararla. Pero deben ser los hindúes y los sikhs quienes realicen esta tarea como expiación.
6. Lo más importante es que hace falta un cambio de actitud. Su importancia es mayor que la del cumplimiento de las condiciones. Los líderes hindúes y sikhs deben dar garantías para que, por esta causa, ya no sea necesario volver a ayunar. Entonces Gandhiji dijo: «Que este sea mi último ayuno». (Abul Kalam Azad, India Wins Freedom, p. 238).
Dice Maulana Azad:
Después de la partición del país, la situación llegó al extremo. Un sector de los hindúes, bajo el liderazgo del Hindu Mahasabha y de la Rashtriya Swayamsevak Sangh, comenzó a declarar abiertamente que Gandhiji estaba ayudando a los musulmanes contra los hindúes. También se distribuyeron panfletos sobre este asunto. En uno de ellos se decía que, si Gandhiji no cambiaba su política, se tomarían medidas para asesinarlo. (Abul Kalam Azad, India Wins Freedom, pp. 240-241).
Finalmente, Gandhi tuvo que dar la vida el 30 de enero de 1948. Maulana Azad dice: «Volví a ir a Birla House y me sorprendí al ver la puerta cerrada. Vi que miles de personas se habían congregado. Comprendí lo ocurrido. Bajé del automóvil y caminé hasta la puerta de su habitación. Vi que la puerta de la habitación también estaba cerrada por dentro. Alguien me vio por la ventana de vidrio y me hizo entrar. Alguien dijo con voz entrecortada por el llanto: “Gandhiji ha sido baleado”. Lo vi tendido en el suelo. Tenía el rostro pálido y los ojos cerrados; sus dos nietos le sujetaban los pies y lloraban. Como en un sueño, escuché: “Gandhiji ha muerto”». (Abul Kalam Azad, India Wins Freedom, pp. 141-142).
Han transcurrido varias décadas desde la partición del país. Durante este tiempo, más de un millón de musulmanes fueron asesinados en la India independiente, y muchas de sus mezquitas y lugares religiosos fueron destruidos. Nadie fue visto haciendo una huelga de hambre en protesta por ello. Sin embargo, si alguien se hubiera atrevido a hacerlo, habría tenido que correr la misma suerte que Gandhi. En la India independiente, hablar en favor de los musulmanes se considera un delito gravísimo. En las masacres murieron cientos de miles de hombres, mujeres y niños musulmanes; sus tiendas y viviendas fueron incendiadas y sus riquezas saqueadas. Pero el Gobierno no toma, o no puede tomar, ninguna medida para encontrar y castigar a los asesinos. Tras la destrucción de la histórica mezquita de Babri, lejos de castigar a los culpables, el Gobierno de la India tuvo que permanecer rehén de ellos. Precisamente porque comprendieron con certeza que todo esto ocurriría, los musulmanes tuvieron que exigir una patria separada e independiente. En realidad, fue el extremo odio hacia los musulmanes de la nación hindú y de sus dirigentes lo que dio origen a Pakistán.
Capítulo decimosexto
Conclusión
En la parte final de esta historia también ha sido necesario escribir brevemente la historia del movimiento por Pakistán. Esto se debe a que los musulmanes de Bengala estuvieron íntimamente vinculados con dicho movimiento. Además, tuvo el honor de presentar la histórica Resolución de Lahore, es decir, la Resolución de Pakistán, el ilustre hijo de la Bengala indivisa, amigo de los musulmanes y primer ministro de Bengala, Mawlānā Abul Kasem Fazlul Huq (Sher-e-Bangla). Aunque el movimiento por Pakistán estuvo dirigido por Quaid-e-Azam Muhammad Ali Jinnah, la contribución de los musulmanes de Bengala a este movimiento fue la mayor.
El anuncio de la partición de Bengala, realizado el 20 de julio de 1905, y su entrada en vigor el 16 de octubre enfurecieron enormemente a la población hindú de Bengala y de toda la India, y comenzó un intenso movimiento para revocarla. Este movimiento creó una oleada de nueva conciencia entre los musulmanes y despertó en ellos la inspiración de una identidad nacional musulmana separada. Como resultado, en 1906 nació en Dacca la Liga Musulmana, la única organización política de los musulmanes del subcontinente. El 1 de octubre de ese año, una delegación de treinta y seis musulmanes, encabezada por el Aga Khan, se entrevistó con el virrey en Simla y, al exigir la introducción de un sistema electoral separado para los musulmanes por ser una nación distinta, su petición fue aceptada. En las Reformas Morley-Minto promulgadas en 1909 se reconoció el sistema electoral separado. Así, este se convirtió en un documento constitucional.
Después de la partición del país, ciertos sectores plantearon la cuestión de si detrás de la exigencia de Pakistán actuaba únicamente una emoción pasajera, o si su causa era exclusivamente política y económica. ¿O exigieron los musulmanes Pakistán como reacción al comportamiento hostil del Congreso?
Ninguna de estas cosas fue la causa fundamental del movimiento por Pakistán. Sin duda, existía emoción. Esa emoción es la que impulsa a las personas a entregar la vida para alcanzar su objetivo. Pero aquella emoción no era pasajera ni carente de sentido. Una emoción meramente sentimental no puede producir una revolución histórica tan grande. Gandhi, muchos dirigentes hindúes y diversos periódicos hicieron comentarios de este tipo: cuando se calmara aquella emoción pasajera de los musulmanes, estos volverían a integrarse en una India indivisa. Sin embargo, después de transcurridas más de cuatro décadas, como la emoción de los musulmanes favorables a Pakistán no se había calmado ni un ápice, es verdad que no se trataba de algo pasajero. Detrás de la creación de aquella emoción había un propósito noble.
Sobre el noble propósito por el cual se exigió Pakistán y se llevó a cabo el movimiento por Pakistán, Quaid-e-Azam Muhammad Ali Jinnah dijo con absoluta claridad en el discurso que pronunció en la sesión de la Liga Musulmana celebrada en marzo de 1940:
Es extremadamente difícil entender por qué nuestros amigos hindúes no logran comprender la verdadera naturaleza del islam y del hinduismo. No son religiones en el sentido estricto de la palabra, sino, de hecho, órdenes sociales diferentes y distintos. Es un sueño pensar que hindúes y musulmanes puedan llegar a formar una nacionalidad común, y esta idea errónea de una sola nación india ha ido mucho más allá de los límites y conducirá a la destrucción de la India si no revisamos a tiempo nuestras concepciones nacionales. Hindúes y musulmanes pertenecen a dos filosofías religiosas, costumbres sociales y literaturas diferentes. No se casan entre sí ni comen juntos y, en realidad, pertenecen a dos civilizaciones distintas, basadas principalmente en ideas y concepciones enfrentadas. Su visión de la vida y de su sentido son diferentes. Es bastante claro que hindúes y musulmanes derivan sus aspiraciones de fuentes diferentes y tienen episodios históricos distintos. Muy a menudo, el héroe de unos es enemigo de los otros, y del mismo modo sus victorias y derrotas se superponen. Uncir a dos naciones semejantes bajo un solo Estado, una como minoría numérica y la otra como mayoría, necesariamente conducirá a un descontento creciente y a la destrucción final de cualquier estructura que pueda construirse para gobernar tal Estado (Fundamentos ideológicos de Pakistán, del Dr. Waheed Qurashy, pp. 96-97).
Qaide-Azam Muhammad Ali Jinnah expuso precisamente esta verdad en su discurso: que hindúes y musulmanes son, en muchos aspectos, dos naciones separadas y distintas, y que es imposible e irrealista formar un Estado unificándolos. India fue dividida sobre la base de esta teoría de las dos naciones.
Pero ¿acaso la teoría de que hindúes y musulmanes son dos entidades nacionales completamente separadas y opuestas fue un nuevo descubrimiento de Jinnah o de los musulmanes? De la respuesta correcta a esta pregunta dependerá saber si Pakistán fue exigido bajo el impulso de emociones y agitación, o por razones políticas y económicas.
El sistema de vida islámico
Para obtener la respuesta correcta a la pregunta anterior, es necesario adquirir conocimientos sobre el sistema de vida islámico. La concepción correcta del islam presentada por Allah Todopoderoso y Sus profetas y mensajeros es la siguiente: el islam no es, como las demás religiones, únicamente un conjunto de ciertos ritos y ceremonias. El islam es un sistema de vida completo, establecido sobre la base del Sagrado Corán, el gran Libro revelado por Allah, y la sunna del profeta Muhammad (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él).
Según la concepción de la religión que actualmente prevalece en el mundo, el islam es mucho más que una religión. No es simplemente el nombre de la relación entre el Creador y el ser humano. La concepción religiosa del islam es sumamente amplia. Desde la fe y la aquida hasta la adoración, establece un control completo sobre todos los aspectos y ámbitos de la vida. El islam posee su propia civilización y cultura, su propia historia y tradición, y sus propios sistemas moral, político y económico. Posee un sistema jurídico, un sistema judicial, sistemas familiar y educativo, así como su propia política de guerra y paz y su sistema de relaciones exteriores. Así como existe una relación inseparable entre las raíces, las ramas, las hojas, los brotes, las flores y los frutos de un árbol, del mismo modo todos estos sistemas están inseparablemente vinculados y estrechamente entrelazados entre sí.
En realidad, el islam es para la humanidad un sistema de vida completo que permite vivir una vida plena en este mundo. El islam enseña el método para llevar una vida plena tanto en este mundo como en el Más Allá. Por esta razón, la concepción religiosa del islam es completamente distinta de la concepción de las demás religiones.
Según la concepción histórica del islam, esta verdadera religión —el islam— fue revelada por primera vez por Allah Todopoderoso a Adán (la paz sea con él). Adán (la paz sea con él) fue el primer ser humano. A partir de él, la descendencia humana comenzó a extenderse por el mundo. Desde entonces, esta verdadera religión —el islam— se practicó en el mundo. Después de él, a lo largo de las épocas, en distintos países y entre diversos pueblos, fueron llegando profetas y mensajeros que continuaron presentando la invitación a la verdadera religión. Finalmente, el islam alcanzó su plenitud por medio del profeta Muhammad Mustafa (la paz y las bendiciones de Allah sean con él).
El concepto de nacionalidad en el islam
A quienes aceptan de corazón esta religión y este sistema se les llama «mumin», y a quienes los rechazan se les llama «kafir». Un mumin y un kafir nunca pueden ser uno. Cuando Allah envió al mundo al primer ser humano y primer profeta, Adán (a.s.), le dio la siguiente instrucción:
«Dije: “Descended todos de aquí. Luego, para quienes sigan el sistema de vida que os llegue de Mi parte, no habrá motivo alguno de preocupación. Pero quienes se nieguen a aceptarlo y rechacen Mi palabra y Mis mandatos y prohibiciones serán, ciertamente, moradores del Yahannam, donde permanecerán eternamente”» (sura al-Baqara: 38-39).
De los versículos anteriores del Sagrado Corán queda claro que la guía divina ha dividido a la humanidad en dos grupos o dos naciones: una, los mumin; la otra, los kafir. Esta división se estableció en el mundo desde el primer día de la vida humana. Cada profeta mantuvo intacta esta división en su época. El profeta Shuayb (a.s.) explicó que estos dos grupos eran dos millat o naciones distintas. Así: «Sus jefes y notables, orgullosos de su superioridad, le dijeron: “¡Oh, Shuayb! Te expulsaremos de esta población a ti y a quienes creen en ti, a menos que regreséis a nuestra millat”. Shuayb respondió: “¿Acaso hemos de regresar por la fuerza, aunque no estemos de acuerdo?”
Seríamos unos falsos acusadores de Allah si regresáramos a vuestra millat después de que Allah nos haya liberado de ella.
(Sura al-A‘raf: 89-90)
Este versículo también deja claro que, incluso en la época del profeta Shuayb (a.s.), la millat de los musulmanes era distinta y la millat de los kafir también era distinta. Esta división y esta terminología siguen vigentes en la umma de Muhammad y se utilizan hasta el día de hoy.
El concepto de nacionalidad en el islam es universal. Una persona de cualquier país y de cualquier nación, después de recitar la profesión de fe, entra en la religión del islam y se convierte en partícipe igualitario de la nacionalidad islámica. En el islam, reconocer la fe y la creencia es suficiente para adquirir la nacionalidad. El método del islam para obtener la nacionalidad difiere de los métodos de las demás naciones del mundo. Para obtener la nacionalidad judía, es necesario, además de la creencia judía, ser de ascendencia judía. Para obtener la nacionalidad hindú, basta con participar en la adoración de ídolos hindú y en las ceremonias religiosas.
Sistema social independiente
La exigencia lógica del modo de vida integral del islam y de su nacionalidad distintiva es que se establezca para este un sistema social independiente. Debe existir un Estado independiente donde puedan cumplirse las órdenes y prohibiciones del islam. Sin embargo, al vivir bajo dominación extranjera, no es posible cumplir la mayoría de los mandatos.
Después de vivir durante trece años en La Meca, en una sociedad controlada por los mushrikin, cuando el Noble Profeta (s. a.) llegó al entorno favorable de Medina, estableció allí el sistema social islámico y el Estado islámico. Él era el dirigente de ese Estado. Allí puso plenamente en vigor la ley islámica. Entonces, Allah Todopoderoso reveló el siguiente versículo:
«He perfeccionado para vosotros el din».
El din alcanzó su perfección cuando, para su perfeccionamiento, aplicación y difusión, se encontró una patria separada y se estableció un sistema social independiente.
La palabra «Pakistán» no se utilizó en el sentido de una región geográfica, sino en el sentido de un Estado islámico independiente y distinto. En este sentido, el erudito Shabbir Ahmad Usmani denominó al Estado islámico de Medina «el primer Pakistán». Él dijo:
Finalmente, Allah Todopoderoso estableció en Medina una especie de «Pakistán» mediante la histórica hégira del Mensajero aceptado (s. a.), por obra de Su poder.
(Jutba-e Usmani, erudito Shabbir Ahmad Usmani, p. 140; Tarikh-e Nazariyaye Pakistan, profesor Muhammad Salim, p. 31).
La patria independiente cuya reivindicación se formuló en la Resolución de Lahore no fue llamada Pakistán. Este nombre fue del agrado de Choudhury Rahmat Ali. Por primera vez, en 1915, al pronunciar un discurso en el acto de ‘Bazm-e-Shibiri’, dijo: «El norte de la India es ‘musulmán’ y lo mantendremos ‘musulmán’. No solo eso: lo convertiremos en un Estado musulmán. Solo podremos hacerlo cuando nosotros y esta región septentrional nuestra dejemos de ser indios. Esta es la condición previa. Cuanto antes abandonemos el indianismo, tanto mejor será para nosotros y para el islam» (Chudhury Rahmat Ali: p. 172; I. H. Qureshi: The Struggle for Pakistan, pp. 115-116).
Choudhury Rahmat Ali tampoco utilizó inicialmente el nombre Pakistán. Habló de un Estado musulmán o islámico.
Al examinar la historia, se demuestra sin lugar a dudas que el movimiento por Pakistán comenzó en el mes de Rayab del año 93 de la Hégira (712 d. C.), cuando Imaduddin Muhammad bin Qasim, un comandante de diecisiete años, desembarcó en el puerto de Debal, liberó de la prisión del rey Dahir a las mujeres y los niños musulmanes oprimidos y construyó allí la primera mezquita. Quaid-e-Azam dice que el movimiento por Pakistán comenzó cuando el primer musulmán puso los pies en la tierra de Sind, que era la puerta de entrada del islam en la India.
Después de Debal, Nirun —la actual Hyderabad— y luego Sehwan se inclinaron ante la bandera islámica. El día 10 de Ramadán fue capturada la fortaleza de Rawar, y el rey Dahir fue derrotado y muerto en la batalla. Más tarde fueron conquistadas Brahmanabad —la actual Sanghar— y Alor. En el año 96 de la Hégira, Multán se rindió, y el norte de la India se dispuso a reconocer voluntariamente la soberanía de Muhammad bin Qasim. Pero, por desgracia, Muhammad bin Qasim fue convocado a Damasco. En las regiones bajo su dominio estableció un verdadero sistema de gobierno islámico. Este sistema impresionó tanto a los hindúes y budistas que un gran número de ellos buscó refugio bajo la apacible sombra del islam (Justice Syed Shameem Husain Kadri: Creation of Pakistan, pp. 1-2).
Las características inherentes del islam
Una característica inherente del islam es que un musulmán no puede aceptar la sumisión, el señorío, la autoridad, la ley ni el gobierno de nadie salvo de Alá, Uno y sin asociado. El islam es un sistema de vida completo, y sus principios abarcan los aspectos espirituales y mundanos de la vida humana. El Estado y la religión no pueden separarse ni aislarse uno del otro. Mediante la profesión de fe, Kalima Tayyiba, se han aceptado la soberanía de Alá y el liderazgo del Mensajero (la paz y las bendiciones de Alá sean con él).
Establecimiento del gobierno de la ley islámica en el subcontinente
Muhammad bin Qasim no fue únicamente el fundador del Estado islámico en este subcontinente. Más bien, fue un pionero de la civilización y la cultura islámicas. El árbol de civilización y cultura que plantó fue creciendo y desarrollándose con el paso del tiempo, y la bandera islámica llegó a ondear en todo el subcontinente indio. Los musulmanes continuaron llegando a la India como conquistadores. Con ellos llegaron soldados, poetas, escritores, líderes espirituales, intelectuales y artistas. Entre aquellos gobernantes, muchos no eran buenos musulmanes en su vida personal, y también hubo muchos hombres de naturaleza derviche. Sin embargo, durante el período del dominio musulmán, la ley islámica estuvo vigente en el país de principio a fin.
Pero, tras el fin del gobierno musulmán, en lugar de la ley islámica se introdujeron leyes occidentales elaboradas por el hombre: se implantaron los Códigos Civiles y Penales y de Procedimiento de la India, así como el Código Penal de la India. De este modo, los musulmanes no solo perdieron el poder estatal, sino que, en lugar de la ley islámica, es decir, la ley de Alá, se les impusieron leyes de kufr. En esta obra se ha analizado detalladamente cómo se les cerraron todos los medios de subsistencia, cómo se les arrebataron sus numerosas propiedades libres de impuestos y cómo se les convirtió en mendigos de camino.
En una entrevista con Radio Pakistán, el maulana Maududi, al describir el trasfondo ideológico de Pakistán, dijo:
Si limitamos nuestra discusión a las palabras y la terminología de «movimiento de Pakistán», no estaremos haciendo justicia alguna a este asunto. Porque una cosa son la palabra y la terminología de Pakistán, y otra es el objetivo que los musulmanes de este subcontinente habían albergado durante mucho tiempo y que finalmente llevaron a una etapa en la que pudieron luchar por obtener también un país asociado con esta terminología. Este objetivo se hizo claro para los musulmanes indios solo cuando cayó el gobierno musulmán en este subcontinente. Entonces comprendieron que, puesto que tenían una visión particular del mundo y de la vida y eran seguidores de una civilización específica, solo podrían preservar su identidad nacional si el poder del gobierno permanecía en sus manos. Si el poder del gobierno pasaba a manos de los no musulmanes, no podrían vivir como musulmanes en este país y dejarían de tener una vida propiamente musulmana. Este sentimiento comenzó a surgir entre ellos inmediatamente después de la caída del gobierno musulmán en la India. Y en distintos momentos adoptó formas diferentes.
A veces este sentimiento se manifestó cuando Hazrat Sayyid Ahmad Shaheed Barelvi y Hazrat Shah Ismail Shaheed aparecieron al frente de un movimiento de yihad. Entregaron generosamente sus vidas por la formación de un Estado islámico. En otras ocasiones, este sentimiento adoptó la forma de establecer madrasas religiosas en diversos lugares, para que los musulmanes, olvidando su din, no fueran arrastrados por la poderosa inundación de la civilización atea y de las corrientes de pensamiento y doctrinas irreligiosas importadas de Europa.
Después comenzó una segunda etapa: el gobierno inglés quedó firmemente establecido aquí y poco a poco empezó a poner en marcha en este país un proceso democrático del tipo que regía el sistema de gobierno en su propio país. Su concepto de nacionalidad y democracia era que todos los habitantes de Inglaterra constituían una sola nación y que se reconocían los derechos del partido mayoritario. Los ingleses quisieron aplicar también este principio democrático en la India. Según ellos, todos los habitantes de la India constituían igualmente una sola nación y allí también podía aplicarse el gobierno de la mayoría. Esto hizo surgir entre los musulmanes el sentimiento de que, si aquí se establecía un gobierno del partido mayoritario, tendrían que permanecer para siempre como una minoría y su civilización, cultura e identidad nacional desaparecerían. Porque, bajo ese gobierno, los musulmanes no podrían elaborar leyes desde su propia perspectiva. No tendrían ningún derecho en la administración del gobierno ni en la determinación de sus demás políticas. En otras palabras, los musulmanes no podrían poner en práctica su civilización, cultura y concepción de la vida. Por el contrario, se les impondrían por la fuerza una civilización y una concepción de la vida no islámicas.
El maulana dice que aquella era la situación que, tras el establecimiento del gobierno inglés, se presentó ante los musulmanes en forma de una pregunta o un desafío. A los musulmanes les llevó mucho tiempo encontrar la respuesta. Durante un largo periodo intentaron resolver esta difícil cuestión: en un sistema de gobierno en el que se considerara a los habitantes de la India una sola nación y se aplicara el método de formar un gobierno de la mayoría, ¿qué forma podría adoptar la seguridad política, cultural y social de los musulmanes como minoría? Para obtener esa seguridad y determinar su forma, se evaluaron diversos asuntos. En una etapa se exigió establecer un sistema de electorados separados (la Delegación de Simla, 1906). Después, sobre esa base, se alcanzó un acuerdo entre la Liga y el Congreso (el Pacto de Lucknow, 1916). También se reflexionó posteriormente sobre diversas propuestas. Poco a poco, los musulmanes comprendieron que ninguna garantía jurídica de un sistema democrático de este tipo les serviría de nada. Lo sintieron claramente cuando, en 1937, se estableció el gobierno del Congreso en las provincias de mayoría hindú. En aquel momento los musulmanes tuvieron la experiencia directa de que un gobierno del partido mayoritario en este subcontinente y su propia vida como minoría bajo ese gobierno significaban que su identidad nacional sería gradualmente eliminada. Después de esta experiencia comenzaron a pensar que el enfoque mediante el cual se había intentado resolver este problema hasta entonces era inútil e irreal.
El maulana dice que en aquel momento se aseguraba repetidamente a los musulmanes que los musulmanes y los no musulmanes de la India constituían una sola nación. Pero la realidad es que nunca fueron una sola nación ni pueden llegar a serlo. Desde que los musulmanes llegaron a este país y comenzaron a vivir en él, nunca convivieron con los no musulmanes como una sola nación. Si fueran una sola nación, ¿de dónde habría surgido esta enfermedad de la intocabilidad entre hindúes y musulmanes? ¿Por qué sus héroes nacionales son distintos? ¿Por qué son diferentes las fuentes de su inspiración, sus emociones y sus sentimientos? Si fueran una sola nación, ¿cómo podrían los musulmanes vivir como una nación distinta de los hindúes? Por tanto, es una verdad absoluta que nunca fueron una sola nación ni podrían serlo en ningún momento. Ahora se intenta imponer por la fuerza a los musulmanes una hipótesis irreal. Que esto no podía ser eficaz ni dar resultados quedó claro como la luz del día después de que el Congreso estableciera gobiernos en varias provincias (1937-1939). Quienes proclamaban que hindúes y musulmanes formaban una sola nación demostraron con sus propios actos que hindúes y musulmanes no son una sola nación. Más bien, se trataba de un enorme engaño político mediante el cual pretendían mantener a los musulmanes convertidos en una nación esclavizada.
El maulana dice:
Era una época en la que, en 1937, comencé a escribir aquellos artículos mediante los cuales desperté entre los musulmanes la conciencia de que ustedes no podrán preservar su existencia nacional viviendo bajo el dominio de una comunidad de mayoría no musulmana. … Entonces comprendí profundamente que ninguna garantía legal podría salvar a los musulmanes. Por ello, no había otra alternativa que pensar en otro medio para garantizar la seguridad de los musulmanes en el subcontinente. Para mí, la vía alternativa era esta, y la expuse claramente: ante todo, debía despertarse plenamente entre los musulmanes el sentido de su singularidad nacional, para que conocieran su propia identidad. Debían conocer cuáles eran los principios fundamentales de su vida, cómo eran distintos y diferentes de las demás naciones; más aún, cómo constituían una millat, y cuál era el medio para mantener despierto ese sentido de singularidad nacional. En aquel momento ni siquiera había comenzado el movimiento por Pakistán. En aquel entonces, lo primero que había que hacer era, como he dicho, encontrar la manera de salvar a los musulmanes de la trampa de esa nacionalidad única que se estaba extendiendo a su alrededor. —[Como resultado de la obra que el maulana compuso para demostrar la nacionalidad diferenciada de los musulmanes, titulada «Mas’ala-ye Qawmiyyat», la idea de una nacionalidad separada quedó firmemente arraigada entre ellos.]
El maulana añadió: cuando la idea de una nacionalidad separada comenzó a arraigarse entre los musulmanes, también creció entre ellos la conciencia de la necesidad de establecer un Estado separado. Así, el movimiento por Pakistán adquirió una forma definida y concreta. En esas circunstancias surgieron dos preguntas importantes. La primera era que las regiones donde los musulmanes constituían la mayoría estaban muy alejadas unas de otras. El vínculo entre ellas no era ni podía ser otra cosa que el islam. La segunda pregunta era que los musulmanes eran minoría en gran parte de la India. Si se establecía un gobierno democrático, inevitablemente tendrían que someterse allí a la servidumbre de la mayoría. ¿Qué medio tendrían entonces para garantizar su seguridad? No había una respuesta clara a esta pregunta. Pero de ello se desprendía claramente esta verdad: en última instancia, la idea que inspiró a los musulmanes indios en la lucha por establecer Pakistán y los unió no era un sentimiento político ni económico. Era, más bien, un sentimiento religioso puro y auténtico. De otro modo, los musulmanes de regiones como Madrás, Bombay, C. P. y U. P. no habrían tenido ninguna razón para luchar por obtener Pakistán. Nunca podían esperar que sus territorios fueran incluidos en Pakistán. La realidad es que, en las regiones que posteriormente formaron Pakistán, el movimiento por Pakistán no fue tan fuerte como en las regiones donde los musulmanes eran minoría. ¿Qué otra razón podía haber, aparte de que el único impulso de este movimiento era el sentimiento islámico? Los musulmanes tenían la plena convicción de que, cualquiera que fuese su destino, gracias a su sacrificio al menos llegaría a existir, en nombre del islam, un Estado donde se exaltaría el mensaje del islam y se establecería en la práctica el sistema social islámico. Ese era el sentimiento que se expresó en el lema: «¿Cuál es el fundamento de Pakistán? La ilaha illal-lah». Era un lema que, al oírlo, hizo que los musulmanes se precipitaran como polillas al fuego del movimiento por Pakistán. Después, tanta gente apoyó el movimiento por Pakistán que, como máximo, solo uno o dos musulmanes de cada cien expresaban su desacuerdo. Para mí, el movimiento por Pakistán tenía únicamente dos fundamentos. El primero era que no formábamos parte de ninguna otra nación del mundo, sino que éramos una nación distinta e independiente. Tampoco podíamos formar una nacionalidad mixta uniéndonos a otra nación. En segundo lugar, la base de nuestra nacionalidad era nuestra religión. No teníamos ninguna otra base para nuestra nacionalidad. Para mí, ese era el único significado de la idea de Pakistán.
—(Una entrevista histórica. Radio Pakistán grabó esta entrevista y, cuatro años después, en 1980, fue transcrita y publicada.)
Ahora está tan claro como la luz del día que el movimiento por Pakistán no se llevó a cabo por meras razones políticas y económicas ni impulsado por un sentimiento pasajero. El movimiento sí tuvo, por supuesto, un componente emocional. Pero la fuente de ese sentimiento era la fe y la creencia doctrinal de los musulmanes, cuyo origen se remontaba al mismo comienzo de la creación de la humanidad.
Casi medio siglo después de la fundación de Pakistán, se proclama a voz en cuello que la teoría de las dos naciones ha demostrado ser errónea. Sus propagandistas son tan dados a la fantasía que, dando por demostrado que la teoría de las dos naciones era errónea, promueven un movimiento para devolver al subcontinente a la situación geográfica anterior a 1947.
Mientras, por un lado, la matanza de musulmanes continúa a plena escala en la India y Cachemira y se destruyen mezquitas para construir templos, por otro se lleva a cabo una propaganda falsa y engañosa a favor de una nacionalidad única. Sin embargo, así como esa clase de propaganda no les sirvió de nada en el pasado, tampoco les servirá en el futuro.
La historia de los musulmanes de Bengala ha demostrado que los hindúes quisieron vengarse de los varios siglos de dominio musulmán en el subcontinente, manteniendo a los musulmanes como esclavos o exterminándolos. Para ello, se distorsionó la historia afirmando que durante el dominio musulmán los hindúes fueron perseguidos, que fueron convertidos por la fuerza al islam, que sus mujeres fueron disfrutadas libremente, y así sucesivamente. Los escritores hindúes, mediante su literatura, propagaron el odio hacia los musulmanes y azuzaron a los hindúes contra ellos. En esto, la comunidad hindú y el Gobierno británico se prestaron plena ayuda y cooperación mutuas: sin la activa ayuda y cooperación de los hindúes, los ingleses no habrían podido consolidar su trono en este país; del mismo modo, sin la bendición de los ingleses, los hindúes no habrían podido tratar a los musulmanes de manera inhumana y diabólica. Finalmente, el proceso de transferencia del poder en la India fue elaborado apresuradamente, dejando a los musulmanes en la oscuridad; se dividieron Punjab y Bengala, reduciendo y restringiendo Pakistán, y se cometió una extrema injusticia contra los musulmanes al demarcar las fronteras. De ese modo, al complacer a los hindúes, el Gobierno británico se vengó de ellos por el odio acumulado durante muchos años contra los musulmanes. Además, al incorporar repentinamente a la India, dos días después, el distrito de Gurdaspur, que legítimamente correspondía a Pakistán, se sembraron las semillas de un conflicto y enfrentamiento eternos entre Pakistán y la India por la cuestión de Cachemira. También se cometió una injusticia semejante al determinar las fronteras de la Bengala dividida.
Aquí termina esta historia. Creemos que, en la sociedad, no faltan personas capaces de escribirla de manera aún mejor, desde el contexto y la perspectiva en que ha sido escrita. Con el propósito de impartir a la nueva generación un conocimiento correcto de su historia pasada y de infundir nueva vitalidad en la identidad nacional musulmana, pongo fin a mi escrito dejando esta petición: que los pensadores den un paso adelante.
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Referencias
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