Algunas palabras sobre la tercera edición en bengalí
La famosa obra del Mawlānā Sayyid Abul A‘lā Mawdudi (que Allah tenga misericordia de él), Sīrat-e Sarwar-e Ālam, volumen segundo, veníamos publicándola en bengalí en tres volúmenes, es decir, los volúmenes tercero, cuarto y quinto. Considerando la conveniencia de los lectores, hemos decidido a partir de ahora publicar los volúmenes tercero y cuarto en bengalí en un solo volumen, y así se publica desde esta edición.
En el primer volumen en bengalí se expone principalmente una discusión teórica sobre la profecía y la misión apostólica. En el segundo volumen se aborda la historia de la destrucción de los pueblos del pasado. A partir del tercer volumen comienza el estudio de la historia de la vida del Profeta Muhammad, el Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él).
La Academia de Investigación Sayyid Abul A‘lā Mawdudi, con sede en Dacca, ha planeado presentar rápidamente todas las obras del Mawlānā ante los lectores de habla bengalí. Alhamdulillah, entretanto, todas sus obras han sido traducidas y publicadas en bengalí. La presente obra ha sido traducida por el señor Abbas Ali Khan, estrecho colaborador del Mawlānā y destacado escritor. No creemos que sea necesario decirles nuevamente a los distinguidos lectores nada sobre la competencia de su labor de traducción, la maestría en el uso de las palabras y la fuerza de su lenguaje.
Damos gracias a Allah Todopoderoso por habernos permitido publicar esta obra. Que Él conceda a todos sus lectores la gracia de comprender la verdadera misión de la profecía. Amén.
Abdus Shahid Nasim
Director
Academia de Investigación Sayyid Abul A‘lā Mawdudi.
19.10.2000 d. C.
El islam es, en realidad, el nombre del movimiento que procura construir todo el edificio de la vida humana sobre la concepción y la creencia en la soberanía de un solo Dios. Este movimiento se desarrolla desde tiempos muy antiguos sobre la misma base y mediante el mismo método. Lo han dirigido aquellos a quienes se llama profetas y mensajeros de Allah, el Altísimo. Si nosotros hemos de dirigir este movimiento, inevitablemente tendremos que seguir el método de acción de esos dirigentes. Pues, aparte de este, no existe ni puede existir ningún otro método de acción para un movimiento de esta naturaleza. Cuando intentamos investigar las huellas de los nobles profetas (la paz sea con ellos) a este respecto, nos enfrentamos a grandes dificultades. No podemos saber mucho acerca de las obras de los profetas que vivieron en tiempos antiguos. En el Corán se encuentran algunas indicaciones resumidas, pero a partir de ellas no se puede reconstruir el plan completo. En el Nuevo Testamento de la Biblia se hallan algunas palabras poco fiables del profeta Jesús (la paz sea con él), que, según ciertas pruebas, arrojan luz sobre un aspecto: cómo puede dirigirse el movimiento islámico en su etapa inicial y qué problemas debe afrontar. Sin embargo, el profeta Jesús (la paz sea con él) no tuvo que enfrentarse a la etapa posterior, y tampoco se encuentra ninguna indicación al respecto. En este asunto recibimos una guía clara y completa de un único lugar: la vida del profeta Muhammad Mustafa (que Allah le bendiga y le conceda paz). Volvemos a él no solo por nuestro respeto hacia él, sino porque, en realidad, estamos obligados a acudir a él para conocer las dificultades y los obstáculos de este camino. Entre todos los dirigentes del movimiento islámico, únicamente el profeta Muhammad (que Allah le bendiga y le conceda paz) es el líder cuya vida nos permite conocer una descripción completa y absolutamente fiable de cada aspecto de este movimiento: desde su llamamiento inicial hasta el establecimiento del Estado islámico y, después, hasta la estructura del Estado, su constitución, sus políticas internas y exteriores, y los principios y métodos de su administración.
Introducción
El señor Naím Siddiqi y el señor Abdul Wakil Alvi recopilaron admirablemente en el primer volumen de esta obra (los volúmenes primero y segundo en bengalí) los debates relacionados con la risalat y la noble sira que aparecían en mis diversos escritos. Allí no consideré que hubiera mucha necesidad de ampliación o revisión.
Sin embargo, en los escritos míos que recopilaron para este volumen quedaron algunos vacíos. Con tales vacíos no se podía elaborar de ningún modo una obra de sira. Por ello, he realizado aquí numerosas adiciones y ampliaciones. Ahora se ha convertido en una obra de sira continua y coherente.
Este segundo volumen (el original) concluye con el relato de la Hégira. Inmediatamente después comenzará la etapa medinense. Esa etapa es, en esencia, como un océano sin orillas. Suplico a Allah, el Magnífico, que me conceda la fuerza y el tawfīq para completar esta obra y que la haga beneficiosa para Sus siervos.
Abul Ala
En el nombre de Allah, el Misericordioso, el Compasivo
Primer capítulo
¿Con qué rango presenta el Corán a su portador?
En el mundo siempre han nacido hombres de espíritu puro y virtuoso para guiar a la humanidad y mostrarle, mediante sus palabras y obras, el camino sencillo y recto de la verdad y la honestidad. Sin embargo, en la mayoría de los casos, la gente no solo se opuso a ellos, mostró desinterés por sus mensajes, los rechazó, los sometió a injusticias e intentó apartarlos del camino de la verdad causándoles sufrimiento; sino que también sus propios devotos y seguidores les hicieron injusticia, pues, después de su partida, distorsionaron sus enseñanzas, alteraron su guía, tergiversaron el sentido de los libros que habían traído y convirtieron sus propias personalidades en objetos de curiosidad, cubriéndolas con una capa de divinidad. El primer tipo de injusticia se limitaba a la vida de aquellos hombres puros y virtuosos o, como mucho, a los pocos años posteriores a su muerte. Pero el segundo tipo de injusticia continuó durante siglos después de su desaparición, y a muchos se les sigue infligiendo incluso hasta hoy.
Todos los mensajeros enviados al mundo hasta hoy han dedicado su vida a erradicar la divinidad de esos falsos dioses a los que la gente había convertido en dioses, aparte del Dios único. Pero siempre ha ocurrido que, después de que ellos abandonaran este mundo, sus seguidores, basándose en creencias ignorantes, los convirtieron a ellos mismos en dioses o asociados de Dios. También los incluyeron entre los ídolos que ellos habían consagrado toda su vida a destruir.
La realidad es que el ser humano padece cierto tipo de dudas y recelos, por lo que apenas cree en la posibilidad y existencia de la pureza y de las cualidades angelicales en la humanidad. Se considera nada más que un conjunto de debilidades e inferioridad. Su mente permanece privada del conocimiento y la fe en esta gran verdad: el Creador Supremo ha creado en su cuerpo de barro fuerzas y capacidades que, aun siendo humano y estando dotado de cualidades humanas, pueden conferirle un rango superior incluso al de los ángeles del mundo elevado que gozan de la cercanía de Allah. Por eso, cuando en el mundo alguien se presentó como representante de Dios, sus compatriotas, al verlo como un ser humano de carne y hueso igual que ellos, se negaron rotundamente a aceptarlo como enviado de Dios. Finalmente, al contemplar la manifestación de extraordinarias virtudes en su persona, inclinaron la cabeza con respeto y comentaron que quien poseyera virtudes tan extraordinarias jamás podría ser humano. Entonces, un grupo lo convirtió en dios; otros inventaron la idea de la transmigración y creyeron que Dios se había manifestado bajo su forma. Otros sostuvieron que poseía atributos divinos y autoridad y poder propios de Dios. Y algunos declararon que era el hijo de Dios. (¡Gloria a Él y exaltado sea por encima de lo que describen!).
La concepción de los seguidores de distintas religiones sobre sus fundadores religiosos
Al examinar la biografía de cualquier líder religioso del mundo, se observa que quienes más injusticia le han hecho han sido sus propios devotos y seguidores. Han cubierto su figura con una capa tan gruesa de fantasías vanas y supersticiones que se ha vuelto difícil distinguir su verdadera forma, apariencia y personalidad. No solo eso: ni siquiera podemos saber, a partir de sus libros distorsionados y alterados, quién fue realmente. Su nacimiento, infancia, juventud y vejez están todos envueltos en un extremo misterio. Cada palabra y obra de su vida está llena de maravillas, y hasta su muerte causa asombro. En resumen, todo, desde el principio hasta el final, parece una historia inventada. Se lo presenta con una forma y apariencia tales que parece que él mismo era Dios, o el hijo de Dios; o que Dios se manifestó adoptando su forma; o, al menos, que participaba en cierta medida de los atributos divinos.
Buda
Tomemos el caso de Gautama Buda. Después de estudiar profundamente el budismo, puede inferirse al menos que este hombre de firme resolución corrigió muchos de los defectos del brahmanismo y, especialmente, refutó la divinidad de aquellas innumerables entidades a las que la gente de aquella época había convertido en sus dioses. Sin embargo, antes de que transcurriera siquiera un siglo después de su muerte, sus seguidores, reunidos en el concilio de Vaishali, modificaron todas sus enseñanzas y doctrinas, compusieron nuevos textos en lugar de los originales y, tanto en el tronco como en las ramas y ramificaciones, introdujeron a su antojo toda clase de cambios y añadidos conforme a sus inclinaciones y pensamientos. Por un lado, establecieron en nombre de Buda creencias de su propia religión en las que no se reconocía en absoluto la existencia de Dios; y, por otro, definieron a Buda como omnisciente, rector del universo y una entidad que, en todas las épocas, viene al mundo adoptando la forma de Buda para reformarlo. Se compusieron relatos tan extravagantes sobre su nacimiento, su vida y sus nacimientos pasados y futuros que, después de leerlos, eruditos investigadores como el profesor Wilson comentaron con asombro que en la historia no se encuentra, en realidad, ninguna existencia del verdadero Buda. En el transcurso de tres o cuatro siglos, estos relatos ficticios tiñeron a Buda de divinidad. Durante el reinado de Kanishka se celebró en Cachemira una conferencia de altos dignatarios y dirigentes del budismo. Allí se proclamó la decisión de que, en realidad, [Buda] era la manifestación supramundana o corporal de Bhagaván. En otras palabras, Bhagaván se manifestaba en el cuerpo de Buda.
Ram
Este tipo de tratamiento también se aplicó a Ramachandra. La lectura del Ramayana deja claro que el rey Ramachandra era simplemente un ser humano. Es cierto que estaba adornado con las virtudes de la magnanimidad, la justicia, la valentía, la generosidad, la humildad, la modestia, la paciencia, la tolerancia y el sacrificio. Pero no había en él ni el menor rastro de divinidad o de condición divina. Sin embargo, la reunión de la humanidad y de tales virtudes adoptó una forma tan enigmática que el discernimiento de los habitantes de la India fue incapaz de resolverla. Por ello, poco después de la muerte de Ramachandra, se sostuvo la creencia de que Vishnu había adoptado forma en él [según las creencias religiosas actuales de los hindúes, Vishnu es llamado el dios o deidad Bhagaván, sustentador del universo. Probablemente, en su origen, esta era la noción de la rububiyyah de Alá, que posteriormente fue considerada una personalidad permanente. El comienzo de la idolatría entre los hindúes se produjo de este modo: cada uno de los atributos de Alá el Altísimo fue separado de Su esencia original y designado como un dios o deidad independiente. —El autor.]. Y él era una de aquellas entidades en cuyas formas Vishnu continúa manifestándose en el mundo humano en distintos momentos con el propósito de reformarlo.
Krishna
En este asunto, Krishna es aún más injustamente tratado que los dos mencionados anteriormente. Después de estudiar profundamente la forma en que el Bhagavad Gita ha llegado hasta nosotros, tras haber sido repetidamente deformado, mutilado y recortado, al menos puede saberse que Sri Krishna era monoteísta y que predicaba precisamente que el Gran Creador es una entidad soberana y omnipotente. Pero las obras Mahabharata, Vishnu Purana y Bhagavata Purana, así como el propio Gita, lo presentan de tal manera que, por un lado, parece ser la manifestación corporal de Vishnu, el creador y gobernante de la creación, mientras que, por otro, se le atribuyen debilidades tales que resulta sumamente difícil reconocerlo siquiera como un hombre de carácter virtuoso, mucho menos como Dios. Se encuentran las siguientes palabras de Sri Krishna en el Gita:
Yo soy el padre, la madre y el legislador de este mundo. Todo cuanto es cognoscible y todo objeto sagrado, eso soy yo. Soy la palabra Brahman, el Om; soy el Rig, el Sama y el Yajur Veda. Soy el destino supremo y el guía de los seres. Soy el Señor, la morada de todos los seres y el observador de su bien y de su mal. Soy el protector y el benefactor. Soy el creador y el destructor. Soy el fundamento y el lugar de la disolución. Soy la causa imperecedera del mundo. (En forma de sol) irradio calor y atraigo y derramo las lluvias. Soy la inmortalidad de los dioses y la muerte de los mortales. Soy el alma imperecedera. Soy el mundo perecedero. (Véase Gita, 9:17-19).
Ninguno de los dioses, comenzando por Brahma, ni los grandes sabios, como Bhrigu y otros, conoce el misterio de mi origen. Pues soy la causa primordial de toda clase de dioses y grandes sabios. Quien me conoce como sin principio, sin nacimiento y como el Señor supremo de todos los mundos, entre los seres humanos solo él, libre de ilusión, queda liberado de toda clase de pecados. (Gita, 10:2-3)
Oh Arjuna, dueño de tus sentidos. Yo soy el Espíritu consciente que reside en el corazón de todos los seres y soy la forma de su origen, permanencia y destrucción. Entre los doce Adityas, soy el Aditya llamado Vishnu. Entre los cuerpos luminosos, soy el sol resplandeciente. Entre los cuarenta y nueve vientos, soy Marichi, y entre las estrellas, soy la luna. (Gita, 10:20-21)
Yo soy el rey de las serpientes naga entre los nagas; entre los seres acuáticos sin fin, soy el rey Varuna. Sostengo todo este universo con una sola parte de mí. (Gita, 10:29-44)
Con estas grandiosas palabras de la Gita, se atribuyó la condición de Bhagaván. (Si la Gita hubiera afirmado que era el Libro de Dios y que Shri Krishna era quien lo presentaba, las palabras anteriores se habrían considerado palabras de Dios y no se habría atribuido divinidad a Shri Krishna. Pero la dificultad reside en que este libro se presenta a sí mismo como una recopilación de las enseñanzas de Shri Krishna. En ninguna parte de toda la obra se afirma siquiera con una sola palabra que sea la palabra de Dios o que haya sido revelada a Shri Krishna mediante revelación o inspiración divina. —El autor.) Por otro lado, el Bhagavata Purana presenta a este Shri Krishna de tal manera que, mientras las gopis se bañan, él les esconde sus ropas. Todas las gopis adoptan forma corpórea para satisfacer sus deseos sexuales. Cuando el rey Parikshit preguntó a Shukadeva: «Bhagaván se manifiesta en forma de avatar precisamente para predicar la verdadera religión. Pero ¿qué clase de Bhagaván es aquel que, violando todos los principios fundamentales de la religión, mantiene una relación ilícita con la esposa de otro?»
Para refutar esta acusación, el sabio tuvo que recurrir al argumento de que incluso las propias divinidades se apartan en ocasiones del camino de la virtud. Sin embargo, sus pecados no dejan ninguna huella en su identidad personal, del mismo modo que no se puede acusar al fuego aunque lo queme todo.
Ninguna persona dotada de una conciencia sana puede admitir que la vida de un gran maestro religioso haya podido ser tan impura. Tampoco puede imaginar que un verdadero guía religioso se haya presentado realmente como señor de los seres humanos y de la naturaleza universal. Sin embargo, al comparar el Corán y la Biblia, se nos hace evidente cómo, durante los períodos de decadencia mental y moral, diversos pueblos han representado de la manera más abominable la vida de los hombres de carácter puro y de los grandes sabios del mundo, para encontrar una justificación de sus propias debilidades; y, por otro lado, han inventado tantas historias fantásticas acerca de sus personalidades. Por eso creemos que la verdadera enseñanza y personalidad de este personaje debieron ser muy diferentes de la forma en que se lo ha presentado.
Sayyiduna Jesús, la paz sea con él
Entre los sabios cuya profecía es universalmente conocida y aceptada, nadie ha sido más oprimido que Sayyiduna Jesús, la paz sea con él. Como todos los seres humanos, el profeta Jesús también era un hombre, y poseía todas las características de la humanidad, tal como las poseen los demás hombres. La única diferencia era que Dios Altísimo le concedió sabiduría, profecía y poder milagroso, y le ordenó reformar a un pueblo decadente. Pero, al principio, su pueblo se negó a aceptarlo y ni siquiera soportó durante tres años completos su afortunada presencia. Incluso decidió matarlo cuando aún estaba en su juventud. Después de su desaparición, cuando reconocieron su grandeza, volvieron a excederse hasta tal punto que lo convirtieron no solo en hijo de Dios, sino directamente en Dios. Luego le atribuyeron la creencia de que Dios se manifestó en la forma del Mesías para que, al ser crucificado, expiara y compensara la totalidad de los pecados de la humanidad. Porque el ser humano es pecador por naturaleza y no puede alcanzar la salvación mediante sus propias obras o acciones. ¡Dios nos libre! ¿Cómo podría un profeta veraz atribuir semejante mentira a su Señor? Sin embargo, sus devotos y seguidores, llevados por la emoción de la veneración, le atribuyeron esta falsa acusación. Dominados por sus pasiones, introdujeron tales alteraciones en sus enseñanzas que hoy, fuera del Corán, no se puede encontrar en ningún libro del mundo la verdadera enseñanza del Mesías ni su verdadera identidad. Al estudiar los libros llamados los cuatro Evangelios, existentes en el Nuevo Testamento de la Biblia, se verá que están llenos de la falsa idea de que Dios se manifestó en Jesús, de que él era el hijo de Dios y de que era Dios mismo. En un lugar se anuncia a santa María: «Tu hijo será llamado Hijo de Dios» (Lucas, San Lucas: 1:25). En otro, el Espíritu de Dios desciende sobre Jesús en forma de paloma y dice en voz alta: «Este es mi hijo amado» (Mateo, San Mateo: 16-17). En otro, el propio Mesías dice: «Yo soy el hijo de Dios, y me veréis sentado a la derecha del Todopoderoso» (Marcos: 14:62). En el Día del Juicio Final, se coloca al Mesías en el trono de Dios en lugar de Dios mismo, y él dicta los decretos de castigo y recompensa (Mateo: 15:31-46). En otro lugar se ponen estas palabras en boca del Mesías: «El Padre está en mí y yo estoy en el Padre» (Juan: 1:38). En otro se hacen salir estas palabras equivocadas de los labios de aquel ser humano veraz: «He salido de Dios» (Juan: 8:42). En otro se identifica a Dios con él y se le atribuyen estas palabras: «Quien me ha visto ha visto al Padre, y el Padre realiza sus obras por medio de mí» (Juan: 14:9-10). En otro, todo lo de Dios es transferido al Mesías (Juan: 3:35). En otro, Dios le confía al Mesías todas sus responsabilidades (Juan: 5:20-22).
La verdadera causa de toda la acumulación de calumnias y falsas acusaciones con que estos diversos pueblos han cargado a sus maestros religiosos y guías es ese exceso de exageración al que nos referimos al principio. Además, lo que contribuyó a esta injusticia fue que, en la mayoría de los casos, las orientaciones y enseñanzas de estos sabios no se pusieron por escrito después de su desaparición. En algunos casos se les prestó atención, pero no se tomó ninguna medida para preservarlas. Por eso, tras el transcurso de un breve período, se produjeron en ellas tantas adulteraciones, distorsiones, cambios, ampliaciones y correcciones que se volvió muy difícil distinguir lo original de lo falso. La consecuencia de que no existieran orientaciones y guías claras fue que, cuanto más tiempo pasaba, más aumentaba sobre la verdad original la acumulación de fantasías y supersticiones, hasta que, en unos pocos siglos, la verdad genuina desaparecía. Solo quedaban relatos y leyendas fantásticos.
Sayyiduna Muhammad, que Dios le bendiga y le conceda la paz
Entre todos los guías de la humanidad, el único que posee esta característica es el Hazrat Muhammad (s): sus enseñanzas y su personalidad se han conservado completamente en su forma original durante los últimos trece o catorce siglos. Por la gracia de Dios se han establecido ciertas medidas que ahora hacen imposible su modificación. Debido a la inclinación y el apego de la gente hacia las supersticiones y los objetos y acontecimientos extraordinarios, no era imposible que incluso convirtieran a esta gran personalidad elegida, símbolo de la perfección, en un personaje de relatos fantásticos, le atribuyeran algunos atributos divinos y, en lugar de seguirlo, lo transformaran en objeto de asombro y adoración. Pero la decisión firme de Allah Todopoderoso era enviar, en la etapa final del envío de los profetas, a un guía cuya persona permaneciera como modelo eterno de todas las actividades para la humanidad y como fuente universal de orientación. Por eso protegió a la persona de Muhammad ibn Abdullah, sallallahu alaihi wa sallam, de aquellas injusticias y abusos que los devotos ignorantes suelen cometer contra otros profetas y los guías de diversos pueblos. En primer lugar, los compañeros y los tabi’in del Profeta Muhammad (s), y posteriormente los muhaddizun, a diferencia de las comunidades anteriores, realizaron por sí mismos una labor extraordinaria para conservar la biografía de su profeta; gracias a ello, incluso después de mil cuatrocientos años, hoy podemos contemplar su personalidad casi con la misma cercanía con que la contemplaban las personas de su época. Pero si este inmenso tesoro de libros desapareciera del mundo —tesoro que los dirigentes islámicos han reunido mediante muchos años de esfuerzo—, si no quedara en la tierra ni una sola página de los hadices y de la biografía de la que pudiéramos conocer algo de la vida del Profeta Muhammad (s), y solo permaneciera el Libro de Allah (el Corán), aun así podríamos encontrar en este Gran Libro las respuestas a aquellas preguntas fundamentales que surgirían en la mente de un estudiante acerca de su vida exterior.
Veamos con qué rasgos presenta el Corán a su portador.
La condición humana del Mensajero
Lo primero que el Sagrado Corán ha descrito con absoluta claridad acerca de la misión profética es que el Mensajero era un ser humano. Durante cientos de años antes de la revelación del Corán, las ideas y creencias habían proclamado como una conclusión definitiva que un ser humano jamás podía ser Mensajero ni representante de Allah. Cuando era necesario corregir y reformar el mundo, Dios mismo se manifestaba a veces en forma humana, o enviaba a un ángel o a una divinidad. En resumen, todos los sabios que habían venido para reformar el mundo eran seres sobrehumanos. Esta idea y creencia estaba tan arraigada en la mente de la gente que, cuando algún siervo piadoso de Allah llegaba para transmitirles el mensaje de Allah, lo primero que hacían era expresar su asombro y decir: «¿Qué clase de profeta es este, que come y bebe, duerme y camina como nosotros? ¿Qué clase de mensajero es este, que está expuesto, como nosotros, a toda clase de defectos y debilidades; es decir, que enferma y experimenta penas, dificultades, felicidad y bienestar? Si Allah hubiera querido guiarnos, ¿por qué habría enviado a un ser humano débil como nosotros? ¿Acaso Dios no podía venir Él mismo?». Después de la llegada de cada profeta se planteaban estas preguntas, y la gente las convertía en pretextos para negar a los profetas. Cuando el Hazrat Noé (a) llegó a su pueblo con el mensaje de Allah, ellos dijeron:
(Árabe******************)
«Este hombre no es más que un ser humano como vosotros. Quiere obtener superioridad sobre vosotros. Sin embargo, si Dios hubiera querido, habría enviado ángeles. Nunca hemos oído semejante cosa de boca de nuestros antepasados (que un profeta pueda ser un ser humano)» (Al-Mu’minun: 24).
Cuando el Hazrat Hud (a) fue enviado para guiar a su pueblo, la primera acusación que se formuló contra él fue también esta:
(Árabe******************)
—Este hombre no es más que un ser humano como vosotros. Come lo mismo que vosotros coméis y bebe lo mismo que vosotros bebéis. Si obedecéis a un ser humano como vosotros, ciertamente sufriréis una pérdida terrible (Los Creyentes: 33-34).
Cuando Hazrat Musa (a) y Hazrat Harun (a) llegaron ante el Faraón con el mensaje de la verdad, se negaron a aceptar sus palabras precisamente porque ambos eran seres humanos: (árabe******************)
¿Acaso vamos a creer en dos seres humanos como nosotros? (Los Creyentes: 47)
Una pregunta exactamente de este tipo también fue planteada cuando un hombre iletrado de La Meca, después de llevar una vida silenciosa durante cuarenta años, anunció repentinamente: «He sido enviado como Mensajero por parte de Dios».
La gente no podía comprender cómo un ser humano, provisto como ellos de manos, pies, ojos, nariz, cuerpo y alma, podía ser el Mensajero de Alá. Preguntaban con asombro:
(Árabe****************)
—¿Qué clase de Mensajero es este, que come y va de un lado a otro por los mercados? ¿Por qué no descendió con él un ángel que permaneciera a su lado y advirtiera a la gente? O, al menos, ¿por qué no se le hizo descender un tesoro, o se le concedió un jardín de frutos del que pudiera comer? (El Criterio: 7-8).
Puesto que las ideas erróneas eran el mayor obstáculo para aceptar la misión profética, el Noble Corán las refutó con palabras inequívocas. Luego explicó, con argumentos, que para guiar a los seres humanos nadie puede ser más adecuado que otro ser humano. Pues el propósito de enviar a un profeta no consiste únicamente en impartir enseñanzas, sino también en demostrar mediante sus propios actos cómo se obra y ofrecer un ejemplo de obediencia y seguimiento. Si para este fin se enviara un ángel o un ser sobrehumano que careciera de las características y debilidades humanas, la gente podría decir: «¿Cómo vamos a actuar como él? No tiene, como nosotros, inclinaciones ni deseos, y las fuerzas que impulsan al ser humano a cometer pecados no forman parte de su naturaleza».
(Árabe*****************)
—Si los ángeles pudieran desplazarse tranquilamente (de manera natural) por la tierra, entonces habríamos hecho descender sobre sus habitantes a un ángel del cielo como mensajero— (Bani Israil, 95).
Después, Allah Altísimo explica claramente que todos los profetas y guías de la verdad que habían venido anteriormente a los distintos pueblos eran igualmente seres humanos. Del mismo modo que Muhammad, el Mensajero de Allah (la paz sea con él), es un ser humano. Así como los seres humanos comen, beben y se desplazan, ellos también comían, bebían y se desplazaban. (Árabe***********************)
—Todos los mensajeros que enviamos antes de ti también eran seres humanos, a quienes revelábamos la revelación. Si no lo sabéis, preguntad a la gente del conocimiento. No dimos a aquellos profetas cuerpos que no comieran, ni eran inmortales— (Al-Anbiya, 7-8).
(Árabe******************)
—Y todos los profetas que enviamos antes de ti comían y transitaban por los mercados— (Al-Furqan, 20).
(Árabe*****************)
—Y antes de ti enviamos numerosos mensajeros, y les dimos esposas y descendencia— (Ar-Ra’d, 38).
Después, se ordenó al profeta Muhammad (s.) que declarara claramente su condición humana, para que, después de él, la gente no le atribuyera también cualidades divinas, tal como se había hecho con los profetas que le precedieron.
Este versículo aparece en diversos lugares del Corán:
(Árabe******************)
-¡Oh, profeta! Di: «No soy sino un ser humano como vosotros. Se me revela que vuestro Dios es un solo Dios» (Al-Kahf: 111; Ha-Mim As-Sajdah: 6).
Mediante estos relatos detallados no solo se cerraron todas las puertas de la fe en las ideas erróneas acerca del profeta Muhammad (s.), sino que también se liberaron de las ideas erróneas las personalidades de todos los profetas anteriores y de los sabios musulmanes.
El poder y las capacidades extraordinarias del Mensajero
El otro asunto que el Corán expone claramente es el de las capacidades y el poder extraordinarios del profeta. Cuando, por ignorancia y necedad, la gente convirtió a un gran hombre enviado por Dios en un equivalente de Dios, surgió naturalmente también la creencia de que las personas enviadas por Dios poseen capacidades extraordinarias. Se consideraba que tenían derechos especiales en el ámbito de la acción de Dios. Tenían autoridad para otorgar recompensas y castigos. Todo lo manifiesto y lo oculto estaba claro para ellos. El destino era modificado conforme a su voluntad y su decisión. También tenían poder sobre el beneficio y el perjuicio. Eran dueños del bien y del mal. Todas las fuerzas del universo creado estaban sometidas a ellos. Con una sola mirada podían cambiar el corazón de las personas y eliminar su oscuridad y su extravío. Dominadas por todas estas ideas, las personas solían presentar al Mensajero de Dios (s.) peticiones extrañas y absurdas. El Corán dice
(Árabe**************)
—Y dijeron: «No creeremos en ti de ninguna manera hasta que hagas brotar para nosotros un manantial de la tierra, o hasta que tengas un jardín de palmeras y vides y hagas correr ríos por en medio. O hasta que hagas caer sobre nosotros el cielo hecho pedazos, como afirmas; o hasta que traigas ante nosotros a Allah y a los ángeles. O hasta que tengas una casa de oro. O hasta que subas al cielo; pero tampoco creeremos en tu ascensión hasta que hagas descender sobre nosotros un libro que podamos leer».
¡Oh, Muhammad! Diles: «Mi Señor es puro y está exento de toda imperfección. ¿Acaso soy algo más que un ser humano y un mensajero?». —(Bani Israel: 90-93).
Allah refuta todas las ideas erróneas de este tipo que existían entre la gente acerca de los grandes hombres y sabios enviados por Allah, y declara claramente que el Mensajero no posee ni la más mínima parte del poder ni de las acciones divinas. Más aún, se afirma que, sin Nuestro permiso, un profeta no tiene poder para proteger a otros del daño, y mucho menos para apartar el daño de sí mismo.
(Árabe*****************)
—(¡Oh, Profeta!) Si Allah te causa algún daño, nadie excepto Él puede apartarlo; y si quiere concederte algún bien, Él tiene poder sobre todas las cosas (Al-Anam: 17).
(Texto árabe*******************)
—(¡Oh, Profeta!) Di: «No tengo poder para procurarme beneficio ni causarme daño, salvo lo que Allah quiera; si Allah quiere algo, esa es otra cuestión» (Yunus: 49).
También se ha declarado de parte de Allah que el Profeta no posee las llaves de los tesoros de Allah, que no tiene conocimiento del futuro ni está dotado de poderes sobrenaturales.
(Árabe***********)
No soy un ángel (es decir, no estoy por encima de las debilidades humanas). Solo sigo aquello que me es revelado (es decir, lo que se me ordena mediante la revelación). (Al-An‘am: 50).
(Árabe*****************)
—Si tuviera conocimiento de lo oculto o del futuro, obtendría muchos beneficios para mí y ningún daño podría alcanzarme. No soy más que un amonestador y un portador de buenas nuevas para quien acepte mis palabras. (Al-A‘raf: 188).
También se afirma que el profeta no tiene autoridad alguna sobre el ajuste de cuentas del Más Allá ni sobre el castigo y la recompensa. Su tarea consiste únicamente en transmitir el mensaje y mostrar el camino recto. Ajustar las cuentas del Más Allá y conceder el castigo o la recompensa es tarea de Dios.
(Árabe**************)
—(Oh, Muhammad) Diles: «He venido de parte de mi Señor con pruebas claras, pero vosotros las habéis negado, considerándolas falsas. Ahora no está en mi poder hacer descender sobre vosotros el castigo cuya pronta llegada exigís. La decisión pertenece enteramente a Alá. Él expone la realidad y es el mejor de los que deciden».
Diles: «Si estuviera en mi poder ese castigo por cuya llegada estáis tan impacientes, ya se habría decidido el asunto entre vosotros y yo. Pero Alá sabe mejor cómo poner fin al asunto de los injustos». (Al-An‘am: 57-58).
(Oh, Profeta,) tu tarea es solamente transmitir el mensaje. Y la tarea de pedir cuentas me corresponde a Mí. (Ar-Ra‘d: 40).
(Árabe**************)
(Oh, Profeta,) te hemos revelado este Libro con la verdad para guiar a la gente. Quien acepta la guía, lo hace en beneficio propio. Y quien se entrega al extravío, obra injustamente y se perjudica a sí mismo. Y tú no eres su guardián. (Az-Zumar: 41).
También se ha dicho que no está al alcance del Profeta cambiar el corazón de las personas ni infundir la fe en quienes no tienen deseo de aceptar la verdad. Es guía en el sentido de que cumple plenamente con el deber de exhortar y muestra el camino a quien desea verlo.
(Árabe**************)
—No puedes hacer que los muertos oigan, ni puedes hacer llegar tu voz a los sordos cuando se alejan dándote la espalda. Tampoco puedes sacar a los ciegos del extravío y llevarlos al camino recto. Solo puedes hacer oír a quienes creen en Nuestros signos y, después, inclinan la cabeza en sumisión. (An-Naml: 80-81).
(Árabe**************)
—No puedes hacer oír a los muertos que están en las tumbas. Solo puedes advertir. Te hemos enviado como portador de buenas nuevas y como advertidor con la verdad. [En un pasaje del Corán se ha dicho claramente—
(Árabe**************)
¡Oh, Profeta! Tú no puedes guiar a quien quieres; pero Allah puede guiar a quien Él quiere. Él conoce perfectamente a quienes aceptan la guía.
Se ha transmitido en Sahih al-Bujari y Muslim que este versículo fue revelado acerca de Abu Talib, el tío del Profeta (s). Cuando llegó el momento de su muerte, el Profeta (s) hizo todo lo posible para que él (su tío) pronunciara la profesión de fe «la ilaha illallah» y tuviera un buen final, es decir, que muriera con fe. Pero él (Abu Talib) prefirió exhalar su último aliento en la religión de Abd al-Muttalib. Por eso Allah dice: «Tú no puedes guiar a quien amas».
Sin embargo, es bien conocido el método de los especialistas en hadices y de los comentaristas del Corán: cuando un versículo está relacionado con un acontecimiento de la época del Profeta, lo presentan como el motivo de su revelación. Por ello, a partir de esta transmisión y de otras relacionadas con el tema —transmitidas de Abu Huraira (ra), Ibn Abbas (ra), Ibn Umar (ra) y otros, en colecciones de hadices como Tirmidhi, el Musnad de Ahmad y otras— no se puede concluir que este versículo de la sura Al-Qasas hubiera sido revelado en el momento de la muerte de Abu Talib. Lo único que se puede saber es que la verdad de este versículo se manifiesta con mayor claridad en este acontecimiento. Aunque el deseo más profundo del Noble Profeta (s) era conducir al camino recto a todos los siervos de Allah, si la muerte de una persona en la incredulidad le resultaba particularmente dolorosa, y si, por amor personal y por la relación que tenía con ella, deseaba más que nadie guiarla, esa persona era Abu Talib. Pero, puesto que el Profeta (s) tampoco pudo conducirlo al camino de la guía, quedó claro que guiar a una persona o dejar a otra privada de la guía está más allá de la capacidad del Profeta. Este asunto está enteramente en manos de Allah. Y esta dádiva procedente de Allah —la dádiva de la guía— no se concede sobre la base del parentesco ni de la fraternidad, sino sobre la base de la receptividad de la persona, su sinceridad y su plena inclinación hacia la verdad. (Fátir: 22-24).
Esto también deja claro que todo el honor y la dignidad del Profeta se deben a que obedece a Allah, cumple debidamente Sus mandatos y transmite intactas a los siervos de Allah las palabras que le son reveladas. De lo contrario, si se apartara de la obediencia y mezclara con la palabra de Allah alguna idea inventada por él, no le quedaría ninguna distinción ni característica especial; incluso, no podría escapar del castigo de Dios.
(Árabe**************)
Y si, a pesar del conocimiento que te ha llegado, siguieras los deseos de ellos, entonces serías injusto. (Al-Baqarah: 145).
(Árabe**************)
—(¡Oh, Profeta!) Si sigues sus deseos después de haberte llegado el conocimiento, no tendrás ningún wali ni ayudante que pueda salvarte del castigo de Alá. (Al-Báqara: 120).
(Árabe**************)
—(¡Oh, Muhammad!) Di: «No tengo autoridad para cambiar nada de este discurso por iniciativa propia. Yo sólo sigo aquello que me es comunicado mediante la revelación. Si desobedezco a mi Señor, temo el castigo de un día terrible». (Yunus: 15).
Estas palabras no fueron dichas porque, Dios nos libre, existiera la más mínima posibilidad de desobediencia o modificación por parte del Noble Mensajero (r). En realidad, su propósito es dejar claramente manifiesta ante el mundo esta verdad: que no existía la más mínima posibilidad de desobediencia o modificación por parte del Santo Profeta (s). En realidad, el propósito es dejar claramente manifiesto ante el mundo que la proximidad alcanzada por el Santo Profeta (s) ante Alá, el Señor de la Gloria, no se debe a que exista algún vínculo de parentesco entre la esencia del Profeta y Alá; más bien, la razón de esa proximidad es que él es absolutamente obediente a Alá y, con total sinceridad, Su siervo.
El Profeta Muhammad (s) es uno de los profetas
El tercer asunto que se menciona repetidamente y con detalle en el Noble Corán es que Muhammad (s) no es un profeta nuevo. Al contrario, es uno de los profetas y un eslabón, una parte vinculante de la continuidad de la profecía, que se prolongó desde el comienzo de la creación hasta su venida e incluyó a los profetas y mensajeros de cada pueblo y época. El Sabio Corán no limita ni circunscribe la profecía y el mensajerazgo a una sola persona, país o nación. Al contrario, declara claramente que Alá creó en cada pueblo, país y época personas puras y piadosas de esta naturaleza, que invitaron a la humanidad al Camino Recto y la advirtieron de las terribles consecuencias del extravío.
(Árabe**************)
—No hubo pueblo alguno en el que no apareciera un amonestador. (Fátir: 24)
(Árabe**************)
—Y enviamos a cada comunidad a un profeta y mensajero con este mensaje: «Adorad y obedeced a Allah, y absteneos de adorar y obedecer al Tagut». (La Abeja: 36).
Entre estos profetas y amonestadores se encontraba el Profeta Muhammad Mustafa, que Allah le bendiga y le conceda la paz. En muchos lugares se ha dicho:
—Soy uno de los amonestadores anteriores. (La Estrella: 56).
(Árabe**************)
—¡Oh, Muhammad! Tú eres uno de los mensajeros. (Ya Sin: 3).
—¡Oh, Muhammad!, di: «No soy un mensajero innovador. No sé qué se hará conmigo ni qué se hará con vosotros. Yo solo sigo aquello que me es revelado. Soy únicamente un amonestador que habla con claridad». (Las Dunas: 9).
(Árabe**************)
—Muhammad no es sino un Mensajero; antes de él también pasaron muchos otros mensajeros— (Al Imrán: 144).
No solo eso, sino que también se ha dicho que la prédica del Mensajero árabe era precisamente aquello hacia lo que, desde el comienzo de la existencia de la humanidad, había llamado todo profeta que convocaba a la verdad. El profeta Muhammad (s) llamó a la gente precisamente a esa religión natural a la que habían llamado todos los profetas y mensajeros.
(Árabe**************)
—Di: «Creemos en Allah y en la enseñanza que nos ha sido revelada, y también en lo que fue revelado a Ibrahim (a), Ismail (a), Ishaq (a), Yaqub (a) y a sus descendientes, así como en lo que fue dado a Musa (a), Isa (a) y a los demás profetas por parte de su Señor. No hacemos distinción entre ellos y nos sometemos a Allah. Si creen en lo mismo que vosotros habéis creído, estarán ciertamente en el camino recto»— (Al Baqara: 136-137).
Este análisis del Corán no deja lugar a ninguna duda respecto a que el profeta Muhammad (s) no vino con una religión o un din nuevo. Tampoco vino para declarar mentiroso a ninguno de los profetas anteriores ni para refutar el mensaje traído por ninguno de ellos. Más bien, fue enviado para presentar, libre de toda adulteración, el verdadero din que los profetas de todas las naciones habían presentado desde el principio y que posteriormente la gente había distorsionado.
El propósito del envío de los profetas
Así, después de exponer la verdadera identidad y la dignidad de su portador, el Sagrado Corán describe las tareas para las que fue enviado. En conjunto, estas tareas están relacionadas con dos ámbitos: uno educativo y otro práctico.
Las actividades educativas del Profeta
Las funciones de esta sección son las siguientes:
(1) La recitación de las aleyas, la purificación del alma y la enseñanza del Libro y la Sabiduría.
(Árabe**************)
En verdad, una gran misericordia de Allah para con los creyentes es que haya suscitado de entre ellos mismos a un Mensajero que les recita las aleyas de Allah, los purifica y les enseña el Libro y la Sabiduría. De no ser así, antes de esto habrían estado sumidos en un extravío manifiesto (Al Imrán: 164).
La recitación de las aleyas, es decir, leerlas en voz alta, significa transmitir exactamente las órdenes de Allah. La tazkiya significa purificar el carácter y la vida de las personas de las malas cualidades, costumbres y formas de actuar, y esforzarse por desarrollar en ellas buenas cualidades morales, modales y formas correctas de actuar. Enseñar el Libro y la Sabiduría significa explicar correctamente el verdadero sentido del Gran Libro de Allah y proporcionarles una visión profunda, de modo que puedan comprender los verdaderos misterios ocultos del Libro de Allah. Después, enseñarles esa sabiduría o conocimiento especial gracias al cual puedan organizar los diversos y amplios aspectos de toda su vida de acuerdo con el Libro de Allah.
(2) La perfección de la religión
(Árabe**************)
Hoy he perfeccionado para vosotros vuestra religión, he completado Mi favor sobre vosotros y he elegido para vosotros el Islam como religión. (Al-Má’idah: 3).
En otras palabras, Aquel que envió el Corán no confió a su portador únicamente la tarea de recitar y hacer oír Sus aleyas, purificar las almas de la gente (tazkiya) y enseñar el Libro y la sabiduría; más bien, por medio de ese siervo Suyo piadoso, llevó estas tareas a su perfección. Por medio de él (el Profeta), hizo llegar a la humanidad todas las aleyas y palabras que debían llegarle. Por sus manos eliminó todas las injusticias y males de los que se pretendía purificar la vida humana. Bajo el liderazgo del Profeta presentó ejemplos luminosos del desarrollo de todas aquellas cualidades y virtudes, con la dignidad con que debían manifestarse en las personas y en la sociedad. Además, por medio de él impartió una enseñanza del Libro y de la sabiduría tal que, en todas las épocas futuras, la vida humana pudiera formarse conforme al gran Libro, el Corán.
(3) La tercera tarea educativa del Santo Profeta consistió en desvelar el misterio de las diferencias de opinión que habían surgido entre las comunidades de los profetas anteriores. Además, al retirar todos los velos, eliminar toda adulteración y resolver todas las dudas, contradicciones y complejidades, iluminó el camino recto, cuyo seguimiento era siempre el único camino para alcanzar la complacencia de Dios.
(Árabe**************)
¡Por Dios, oh Muhammad! Antes de ti enviamos la guía a diversos pueblos. Pero después Satanás hizo atractivas sus acciones erradas. En realidad, hoy él mismo se ha convertido en su protector y ellos se han hecho merecedores de un castigo doloroso. Te hemos revelado este Libro únicamente para que les expongas la verdad acerca de la cual existe discrepancia entre ellos, y también para que este Libro sea una guía y una misericordia para quienes acepten seguirlo (An-Naml: 63-64).
(Árabe**************)
¡Oh, Gente del Libro! Ha venido a vosotros Nuestro Mensajero, quien os explica claramente muchas cosas que ocultáis del Libro, y pasa por alto muchas otras. Han venido a vosotros, de parte de Dios, una luz y un Libro manifiesto. A quienes viven sus vidas a la luz de este Libro, Dios les muestra mediante él el camino de la felicidad, la paz y la seguridad, los saca de las tinieblas a la luz y los guía por el camino recto (Al-Ma’idah: 15-16).
(4) Advertir a los desobedientes del castigo, anunciar a los obedientes la buena nueva de la misericordia de Dios Altísimo y difundir y propagar la religión de Dios también formaban parte de la tarea educativa del Profeta.
(Árabe**************)
¡Oh, Profeta! Te hemos enviado como testigo, como portador de buenas nuevas, como quien invita hacia Allah por Su mandato y como un sol que ilumina. (Ahzab: 45-46)
Las funciones prácticas del Profeta
Las tareas que correspondían al Profeta en la vida práctica y en sus asuntos eran las siguientes:
(1) Ordenar hacer el bien, impedir el mal, establecer los límites entre lo halal y lo haram, liberar a las personas de las ataduras de las prohibiciones impuestas por cualquiera que no fuera Allah y aligerar las cargas que se les habían impuesto.
(Árabe**************)
Él les ordena hacer el bien y les prohíbe el mal. Les hace lícitas las cosas buenas y les prohíbe las impuras. Les quita las cargas y las ataduras que pesaban sobre ellos y los mantenían oprimidos. Así pues, quienes crean en él, lo apoyen y sigan la luz que ha sido revelada con él, esos serán los triunfadores. (A‘raf: 157)
(2) Juzgar entre los siervos de Allah con verdad y justicia.
(Árabe**************)
Oh Muhammad, te hemos revelado este Libro con la verdad, para que juzgues entre la gente conforme a las leyes prescritas por Allah y no te conviertas en abogado de quienes malversan (An-Nisá: 105).
(3) Establecer el din de Allah de tal manera que todos los sistemas de la vida humana queden sometidos a él y que, frente a él, todos los demás sistemas y métodos sean subyugados.
(Árabe**************)
Él es Allah, el Único, quien envió a Su Mensajero con la guía y la religión de la verdad, para hacerla prevalecer sobre todas las demás leyes (Al-Fath: 28).
De este modo, este aspecto de la misión del Profeta abarca la política, el sistema judicial, la reforma moral y civilizatoria, y todos los aspectos de la verdad pura y sagrada.
La profecía de Muhammad es universal y eterna
La misión de Muhammad, que Allah le bendiga y le conceda la paz, no está limitada a una nación, un país o una época determinados. Por el contrario, se aplica por igual a toda la humanidad y a todas las épocas.
(Árabe**************)
—¡Oh, Muhammad! Te hemos enviado como amonestador y anunciador de buenas nuevas para toda la humanidad. Pero la mayoría de la gente no lo sabe (Saba: 28).
—¡Oh, Muhammad! Di: «¡Oh, humanidad! He venido a vosotros como Mensajero de Dios, para todos vosotros; de ese Dios que posee el reino de los cielos y de la tierra, fuera del cual no hay otra divinidad ni dios, y que tiene poder sobre la vida y la muerte. Creed, pues, en Dios y en Su Mensajero, el Profeta iletrado, que cree en Dios y en Sus palabras, y seguidle, para que encontréis el camino recto y correcto» (A‘raf: 158).
(Árabe**************).
—¡Oh Muhammad, di! Este Corán me ha sido enviado mediante la revelación, para que por medio de él pueda advertiros a vosotros y a toda persona a quien llegue— (Al-An‘am: 19)
(Árabe**************)
—El Corán no es sino una exhortación para todos los habitantes del mundo, para toda persona de entre vosotros que quiera seguir el camino recto. (Takwir: 27-28).
El sello de la profecía
Otra característica de la profecía de Muhammad es que la continuidad de la profecía y de la misión apostólica llegó a su fin con él. Después de él, ya no quedó necesidad de ningún profeta en el mundo.
(Árabe**************)
Muhammad (s) no es padre de ninguno de vuestros hombres; más bien, es el Mensajero de Alá y el último de los profetas (Al-Ahzab: 40).
Esto es, en realidad, una consecuencia inevitable del carácter universal y eterno de la profecía de Muhammad y de la perfección de la religión. Puesto que, a la luz de la descripción anterior, la profecía de Muhammad (s) es para toda la humanidad —no para una sola nación— y para todos los tiempos —no para una sola época—, y puesto que la tarea para la cual era necesaria la llegada de los profetas al mundo había alcanzado su perfección definitiva, era enteramente razonable que con él se pusiera fin a la sucesión de la profecía. El propio Profeta (s) explicó este asunto de manera muy hermosa en un hadiz. Dijo: «Mi ejemplo entre los profetas es como el de un hombre que construyó una hermosa casa. Terminó de construirla por completo, dejando únicamente el lugar de un ladrillo vacío. Entonces, quienes daban vueltas alrededor de la casa, al sentirse intrigados, decían: “Si también se hubiera colocado aquí ese último ladrillo, la casa habría quedado completamente terminada”. Ahora bien, yo soy ese ladrillo cuyo lugar quedó vacío en la casa de la profecía».
A partir de este ejemplo se puede comprender claramente la razón del sello de la profecía. Cuando la religión quedó perfeccionada; cuando los versículos de Alá fueron expuestos detalladamente, y se explicaron las órdenes y prohibiciones, las creencias doctrinales, los actos de adoración, la civilización, la vida social, el sistema estatal y la política —en resumen, instrucciones detalladas sobre cada ámbito de la vida humana—; y cuando la palabra de Alá y el excelente ejemplo del Mensajero fueron presentados ante el mundo de tal manera que quedaron protegidos de toda alteración y desviación, y se pudiera obtener de ellos guía en cada época, entonces ya no quedó necesidad alguna de la profecía. Solo se necesitaban el recordatorio y el renacimiento. Para ello bastan los ulemas veraces y la comunidad de creyentes sinceros.
Las cualidades dignas de elogio del Profeta Muhammad (s)
La última pregunta que queda por plantear es qué clase de carácter poseía personalmente el portador de este Libro. Al responder a esta pregunta, el Noble Corán no siguió, como otras escrituras conocidas, el camino de elogiar exageradamente a sus portadores. Tampoco convirtió sus alabanzas en un tema permanente. Sus rasgos de carácter aparecen simplemente insinuados en el curso de la exposición.
(1) El Corán dice que su portador se hallaba en la cumbre de las virtudes morales.
(Árabe**************)
—Y, oh Muhammad (la paz sea con él), eres de una elevadísima nobleza de carácter (Al-Qalam: 4)
(2) El Corán dice que su portador era un hombre de firme resolución, de ánimo firme y que confiaba en Allah en toda circunstancia; cuando toda su nación se empeñó en exterminarlo y él se vio obligado a refugiarse en una cueva de la montaña junto con un compañero, no perdió el valor en aquella difícil y peligrosa situación, sino que permaneció firme en su determinación.
(Árabe**************)
Recuerda el momento en que los incrédulos lo expulsaron, cuando él era el segundo de dos y ambos se encontraban en la cueva, y cuando dijo a su compañero: «No te preocupes; Allah está con nosotros» (At-Tawba: 40).
(3) El Corán dice que su portador era un hombre sumamente magnánimo y misericordioso, que incluso rogaba por el perdón de sus peores enemigos; finalmente, Allah le comunicó esta decisión definitiva: no los perdonaría.
(Árabe**************)
—Pidas perdón por ellos o no lo pidas; aunque pidieras perdón por ellos setenta veces, Allah no los perdonaría— (At-Tawba: 80)
(4) El Corán dice que el carácter de su portador era sumamente afable. Nunca mostró dureza hacia nadie y, por ello, el mundo se encariñó con él.
(Árabe**************)
—Es por misericordia de Allah que eres humilde y bondadoso con ellos. De no ser así, si fueras áspero en el habla y duro de corazón, toda esa gente se habría apartado de tu alrededor. —(At-Tawba: 151).
(5) El Corán dice que su portador sentía en su corazón una profunda inquietud por guiar por el camino de la verdad a los siervos de Dios, y sufría intensamente cuando ellos persistían obstinadamente en el extravío. Incluso se angustiaba sobremanera por su aflicción.
(Árabe**************)
—¡Oh, Muhammad (la paz sea con él)!, parece que vas a perder la vida de tanto pesar por ellos si no creen en este mensaje (Al-Kahf: 6).
(6) El Corán dice que su portador sentía un profundo amor por su umma. Deseaba sinceramente su bien. Se afligía cuando sufrían algún daño. Para ellos era un símbolo de misericordia, afecto y ternura.
(Árabe**************)
—Ha llegado a vosotros un Mensajero, salido de vosotros mismos, a quien le resulta doloroso todo lo que os perjudica; desea vuestro bien y es sumamente afectuoso y misericordioso con los creyentes— (At-Tawba: 128).
(7) El Corán dice que su portador no fue una misericordia solamente para su pueblo, sino para el mundo entero.
(Árabe**************)
—Oh Muhammad (s), te hemos enviado como misericordia para el mundo entero— (Al-Anbiya: 107).
(8) El Corán dice que su portador permanecía despierto durante horas por la noche, adorando y permaneciendo de pie en recuerdo de Dios.
(Árabe**************)
—Oh Muhammad (s), tu Señor sabe que permaneces de pie en oración casi dos tercios de la noche, y a veces la mitad de la noche y a veces un tercio de ella— (Al-Muzzammil: 20).
(9) El Corán dice que su portador era un hombre veraz. Nunca se desvió del camino verdadero en su vida. No se dejó influir por pensamientos malvados. Y jamás, dominado por sus pasiones, pronunció siquiera una palabra contra la verdad.
(Árabe**************)
—(¡Oh, gente!) vuestro compañero jamás se ha desviado del camino recto y verdadero, ni se ha apartado del pensamiento correcto. Tampoco dice nada llevado por sus deseos (Naym: 203).
(10) El Corán dice que su portador es un modelo digno de ser seguido para todo el mundo, y que toda su vida constituye el criterio correcto de una moralidad perfecta. (Árabe**************)
En el Mensajero tenéis un modelo excelente (Ahzab, 21).
Al estudiar el Noble Corán, se pueden encontrar referencias a otras características del portador del Corán. Sin embargo, este artículo no permite tratarlas en detalle.
Cualquiera que lea el Corán podrá comprobar por sí mismo cuán transparente, claro y libre de impurezas es el retrato que este Libro ofrece de su portador, a diferencia de los demás libros religiosos conocidos. En él no hay el menor rastro de divinidad. Tampoco hay exageración ni exceso alguno en las alabanzas. No se le atribuye ninguna fuerza extraordinaria. Tampoco se le hace partícipe de las obras divinas. Ni se le acusa de debilidades y defectos incompatibles con la dignidad de un guía y de quien llama a la verdad. Si todos los demás libros de la literatura islámica desaparecieran del mundo y solo permaneciera el Noble Corán, no habría posibilidad alguna de que surgieran malentendidos, dudas o incertidumbres acerca de la personalidad del Santo Profeta, ni de que se produjera defecto alguno en la veneración y el respeto hacia él. Podemos saber con toda claridad que el portador de este Libro era un ser humano perfecto, dotado de las mejores cualidades morales. Reconocía la veracidad de los profetas anteriores. No fue el inventor de una nueva religión. Tampoco afirmó ser un superhombre. Su llamamiento estaba dirigido a todo el universo. Allah, el Altísimo, le había ordenado realizar ciertos servicios específicos. Cuando cumplió plenamente esos servicios, la cadena de la profecía llegó a su culminación con él. [En realidad, este artículo fue escrito en 1927 para un número especial de la revista «Al-Jayat». Antes de incorporarlo en 1944 se le hicieron algunas modificaciones; autor.]
Segundo capítulo
El linaje del Profeta Muhammad (la paz y las bendiciones de Allah sean con él)
El venerable Abraham (la paz sea con él)
Es históricamente unánime que la familia del profeta Muhammad, que Allah lo bendiga y le conceda la paz, procede de aquella rama del linaje de Hazrat Ibrahim (la paz sea con él) que desciende de su hijo mayor, Hazrat Ismail (la paz sea con él). Esta línea genealógica es conocida como los Banu Ismail. La relación de este asunto con la biografía del profeta Muhammad (la paz sea con él) es tan profunda que, para tratar cualquier tema sobre él, hay que comenzar por los acontecimientos de las vidas de Hazrat Ibrahim (la paz sea con él) y Hazrat Ismail (la paz sea con él). De lo contrario, no se podría comprender cómo esta rama procedente de Irak se estableció en una región remota del interior de Arabia, cómo se estableció aquí la base de la qibla de los partidarios del tawhid y qué relación tenía el profeta Muhammad (la paz sea con él) con la mayoría de las tribus árabes, razón por la cual no era un desconocido, sino una personalidad sumamente conocida.
Se ha mencionado que Hazrat Ibrahim (la paz sea con él) era originario de Irak. Su patria, Ur, era la capital de la familia de Nimrod en Irak. Según los eruditos investigadores, Hazrat Ibrahim (la paz sea con él) apareció alrededor del año 2100 a. C. Ur era un gran centro de la civilización, la cultura y el comercio de aquella época. Al mismo tiempo, era la fortaleza del shirk y el kufr de aquel pueblo. Cuando Hazrat Ibrahim (la paz sea con él) comenzó a oponerse al shirk de aquel pueblo y a invitarlo al tawhid, el gobierno, toda la nación, su propia familia e incluso su padre se convirtieron en sus enemigos. Cuando todos juntos fracasaron en disuadirlo, aun después de reprenderlo y amenazarlo, acordaron unánimemente arrojarlo a una enorme hoguera para quemarlo vivo. Pero Allah, el Altísimo, hizo que el fuego fuera fresco para él, y salió de aquella hoguera vivo y sano. Este acontecimiento se narra detalladamente en el Corán (Al-Anbiya: 68-69; Al-Ankabut: 24; As-Saffat: 97-98). Véase.
Según el relato del Corán, después Hazrat Ibrahim (la paz sea con él) abandonó su patria y emigró hacia Sham y Palestina. En aquella época, estas regiones eran conocidas como la tierra de Canaán. A este respecto, el Corán dice:
(Árabe**************)
—Se dijeron entre sí: «Construid una hoguera para él y arrojadlo a este fuego ardiente». Querían tomar una medida contra él. Pero los humillamos, e Ibrahim (la paz sea con él) dijo: «Me dirijo hacia mi Señor», es decir, emigro. Él es quien me guiará por el camino recto» (As-Saffat: 97-98).
(Árabe**************)
—La respuesta de su pueblo no fue otra que decir: «Matadlo o quemadlo». Finalmente, Allah lo salvó del fuego. En aquel momento, Lut aceptó a Hazrat Ibrahim. Y Ibrahim dijo: «Emigro hacia mi Señor». Él es el Todopoderoso, el Sabio (Al-Ankabut: 24-26).
(আরবী**************)]
—Lo salvamos a él (Ibrahim) y a Lot, y los llevamos a la tierra en la que habíamos dejado abundantes bendiciones para todos los mundos. (Al-Anbiya: 71)[Por «tierra bendita» se entiende la región de Sham y Palestina. En las suras Al-A’raf: 137, Bani Isra’il: 1 y Al-Anbiya: 81, esta región ha sido mencionada como bendita (véase Tafhim, tomo 4, Saba, nota 31).
Y le concedimos a Lot juicio y conocimiento, es decir, la profecía. (Al-Anbiya: 74).
(Árabe**************)
Y Lot también estaba entre aquellos a quienes enviamos como mensajeros. (As-Saffat: 133)
El Corán no ofrece ningún relato detallado de lo que sucedió con el pueblo de Ibrahim (la paz sea con él) después de su emigración. Sin embargo, en la aleya 70 de la sura At-Tawbah, ese pueblo es mencionado junto con las naciones que sufrieron el castigo.
Ahora bien, en esta emigración, junto con Lot, también estaba Sara, acompañando a Ibrahim (la paz sea con él). El Corán no ofrece ningún análisis al respecto. Pero algunas narraciones coránicas dejan claro que Ibrahim (la paz sea con él) estaba casado y que su esposa lo acompañó en la emigración. Por ejemplo, en la sura As-Saffat se dice que, durante la emigración, Ibrahim (la paz sea con él) suplicaba así:
(Árabe**************)
—¡Oh Dios, concédeme una descendencia virtuosa! Esta súplica solo podía hacerla un hombre casado, y además en un momento en que, tras abandonar su tierra natal, la hacía durante la emigración. También se encuentra respaldo para ello en el relato histórico de la Biblia. Allí se dice que Sara lo acompañó en esta emigración. Sin embargo, otros relatos de la Biblia son completamente infundados. Por ejemplo, se afirma que Sara era hermana carnal de Lot y sobrina carnal de Ibrahim (la paz sea con él), y que después él se casó con ella. También se afirma que, en esta emigración, el padre de Ibrahim (la paz sea con él) estaba con él (Génesis, capítulo 11, versículo 27). El padre de Ibrahim (la paz sea con él) también tuvo parte en la injusticia y la persecución infligidas contra él. (Selecciones del Talmud, H. Polano, Londres, págs. 40-42). Además, ninguna ley divina permite casarse con la propia sobrina; mucho menos cabría que un profeta hiciera tal cosa.
La actividad de predicación de Hazrat Ibrahim (la paz sea con él)
Después de Hazrat Nuh (la paz sea con él), Hazrat Ibrahim (la paz sea con él) fue el primer profeta a quien Allah el Altísimo encargó difundir el mensaje universal del Islam. Primero, él mismo recorrió durante años diversas regiones, desde Irak hasta Egipto, y desde Siria y Palestina hasta los distintos lugares del desierto árabe, presentando a la gente el mensaje del Islam sobre la adoración, el servicio y la obediencia a Allah el Altísimo. Después, para continuar esta labor de predicación, nombró a sus sucesores en distintas regiones: a su sobrino Lut (la paz sea con él) en la Transjordania, a su hijo menor Ishaq (la paz sea con él) en Siria y Palestina, y a su hijo mayor Ismail (la paz sea con él) en el interior de Arabia. Luego, por orden de Allah el Altísimo, construyó en La Meca aquella Casa llamada la Kaaba, y también por orden de Allah el Altísimo se designó dicha Casa como centro de su misión.
De la descendencia de Hazrat Ibrahim (la paz sea con él) surgieron dos grandes ramas. Una estaba constituida por los descendientes de Hazrat Ismail (la paz sea con él), que permanecieron en Arabia. Los Quraysh y algunas tribus árabes estaban vinculados con esta rama. Puesto que las tribus árabes que no eran descendientes de Hazrat Ismail (la paz sea con él) por línea genealógica también estaban influidas, en mayor o menor medida, por la religión que él predicó, vincularon su propia continuidad con la de ellos. [Durante dos mil quinientos años, hasta la época del Noble Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él), diversas familias de la descendencia del profeta Ismail contrajeron relaciones matrimoniales con muchas familias árabes. Conforme a la naturaleza humana, consideraban honorable emparentar mediante matrimonio con la familia pura y sagrada de Hazrat Ismail y lo mencionaban en sus genealogías. —El autor.]
[Puesto que, hasta la época del Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él), durante dos mil quinientos años diversas familias de Hazrat Ismail (la paz sea con él) habían contraído matrimonio con muchas familias de los árabes, conforme a la naturaleza humana, todas esas familias consideraban honorable su parentesco con esta gran familia y lo mencionaban en sus registros genealógicos. —El autor.]
La segunda era la de los descendientes de Hazrat Ishaq (la paz sea con él). De esta estirpe nacieron Hazrat Yaqub (la paz sea con él), Hazrat Yusuf (la paz sea con él), Musa (la paz sea con él), Dawud (la paz sea con él), Sulayman (la paz sea con él), Yahya (la paz sea con él), Isa (la paz sea con él) y muchos otros profetas. Puesto que Hazrat Yaqub (la paz sea con él) se llamaba Israel, esta estirpe recibió el nombre de Bani Israil. Como resultado de su predicación, las naciones que aceptaron su din o bien fundieron su identidad en la de ellos, o bien permanecieron separadas en cuanto a linaje. No obstante, siguieron siendo sus seguidores en materia religiosa. Cuando en esta rama aparecieron la corrupción y la decadencia, surgió primero el judaísmo y después el cristianismo.
La verdadera tarea de Hazrat Ibrahim (la paz sea con él) consistía en llamar al mundo a la obediencia a Allah y encaminar correctamente la vida individual y social de las personas conforme a la guía enviada por Allah. Él mismo era obediente a Allah. Seguía el conocimiento que Él le había otorgado y difundía ese conocimiento en el mundo. Fue precisamente por este gran servicio que se le concedió el liderazgo del mundo. Después de él, la dignidad de este liderazgo fue confiada a la rama de su descendencia que comenzó con Hazrat Ishaq (la paz sea con él) y Hazrat Yaqub (la paz sea con él), y que recibió el nombre de Bani Israil. En esta estirpe continuaron naciendo profetas. Se les concedió el conocimiento del camino recto y se les encomendó la responsabilidad de guiar por el camino recto a las naciones del mundo. Este era el favor que Allah el Altísimo les recordó repetidamente por medio del Corán. Esta rama ocupaba el puesto de liderazgo. Bayt al-Maqdis era el centro de la invitación a Allah y la qibla de los adoradores de Dios.
El nacimiento de Hazrat Ismail (la paz sea con él)
La segunda rama de los hijos de Ibrahim (la paz sea con él) era Bani Israil. Uno de los defectos de esta rama era que distorsionaban la historia y se atribuían exclusivamente todo aquello de lo que podían enorgullecerse. En las distintas etapas de la historia, hacían todo lo posible por difamar a las naciones con las que mantenían conflictos, enfrentamientos y rivalidades. Uno de los muchos ejemplos de ello en la Biblia es que, según su versión, Hazrat Lut (la paz sea con él) no era en absoluto un profeta. Afirma que Hazrat Ibrahim (la paz sea con él) tampoco lo envió a la región de Sodoma para ninguna labor de predicación. Por el contrario, dice que surgieron disputas entre tío y sobrino, y que el tío pidió a su sobrino que se marchara a vivir a otro lugar (Génesis, capítulo 13, versículos 5-13). Un ejemplo aún más abominable es que, según la Biblia, cuando cayó el castigo sobre el pueblo de Lut, Lut (la paz sea con él) salió de allí con sus dos hijas. Después, en vez de acudir a su tío Hazrat Ibrahim (la paz sea con él), que vivía en la ciudad de Hebrón, en Palestina, cerca de Sodoma, permaneció en una cueva. Allí —¡Allah nos libre!— sus dos hijas lo embriagaron con alcohol y mantuvieron relaciones con él, quedando ambas embarazadas. Del vientre de una nació Moab, antepasado de los moabitas, y del vientre de la otra nació Ben-Amí, antepasado de los ammonitas (Génesis, capítulo 19, versículos 30-38). De este modo, Bani Israil dio rienda suelta a su rencor, manifestando su hostilidad contra los moabitas y los ammonitas. Pues la historia posterior atestigua que mantuvieron con ellos intensos conflictos y enfrentamientos.
Este tipo de comportamiento también lo han tenido con los hijos de Ismael. En la Biblia se relata que Agar, la madre de Ismael, era esclava de Sara. Como Sara no tenía hijos, un día le dijo a Abraham: «Únete a mi esclava, para que podamos formar una familia». Así pues, conforme a sus palabras, Abraham se unió a Agar y nació Ismael (Génesis, capítulo 16, versículos 10, 15-16). Sin embargo, en esta misma sección de Génesis, el capítulo 16, versículo 16, dice que el faraón de aquella época entregó a Abraham enormes riquezas, ganado, sirvientes y sirvientas como obsequio. Agar se encontraba entre ellos. [Agar (que Dios esté complacido con ella) era habitante de una aldea llamada Umm al-Arab o Umm al-Arīq. Esta se encontraba en el este de Egipto, a dos millas de la ribera del mar Romano, frente a Faramá o Atina. En la época del faraón había allí una fortaleza; hoy se la llama Tall al-Faraán —el autor—.] Por tanto, llamar a Agar esclava de Sara es incorrecto incluso desde el punto de vista de la propia Biblia. Tampoco necesitaba el permiso de Sara para mantener relaciones sexuales con ella.
La Biblia también dice que Ismael (la paz sea con él) estaba con Abraham (la paz sea con él) en Palestina. Incluso cuando tenía catorce años, Isaac nació de Abraham, del vientre de Sara (Génesis, capítulo 18, versículos 24-26; capítulo 21, versículos 1-5). Luego la Biblia dice:
«Y el niño (es decir, Isaac) creció y fue destetado. El día de su destete, Abraham organizó un gran banquete y una recepción. Cuando Sara vio que el egipcio de Agar —que era hijo de Abraham— se alegraba y reía, le dijo a Abraham: “Expulsa a esta esclava y a su hijo, porque el hijo de esta esclava no será heredero de mi hijo”. Esto le pareció muy mal a Abraham. Dios le dijo a Abraham: “No te preocupes por este muchacho ni por tu esclava. Haz lo que Sara te dice”. A la mañana siguiente, Abraham se levantó, cargó sobre los hombros de Agar pan y un odre de agua, y la despidió junto con su hijo. Ella se marchó y comenzó a vagar como una errante por el desierto de Beerseba. Cuando se acabó el agua del odre, arrojó a su hijo bajo un arbusto. Luego se alejó un poco y se sentó diciendo: “No veré la muerte de mi hijo”. Se sentó frente a él y comenzó a gritar y llorar. Dios oyó la voz del muchacho, y los ángeles de Dios llamaron a Agar desde el cielo: “¡Agar! ¿Qué te sucede? No tengas miedo, porque Dios ha oído la voz del muchacho desde el lugar donde está tendido. Levántate, alza al muchacho y sostenlo con tu mano, porque haré de él una gran nación”. Dios le abrió los ojos y ella vio un pozo de agua. Fue allí, llenó de agua el odre y dio de beber al muchacho. Dios estaba con el muchacho. Este creció y habitó en el desierto; se convirtió en arquero. Vivía en el desierto de Parán. Su madre le consiguió una esposa de la tierra de Egipto» (Génesis, capítulo 21, versículos 8-21).
Esta falsa historia fue inventada para que no se pudiera demostrar ninguna relación de Abraham (la paz sea con él) e Ismael (la paz sea con él) con Arabia, La Meca, la Kaaba y el pozo de Zamzam. Pues, si se oculta el viaje de Abraham a Arabia, y se afirma que Ismael permaneció en Palestina hasta los catorce años y que después fue abandonado en el desierto de Parán junto con el relato de su matrimonio, se elimina aquel importante capítulo de la historia islámica relacionado con el centro árabe de la religión de Abraham. Según las referencias a la región desértica de Parán que aparecen en diversos pasajes de la Biblia, esta se encontraba al sur de Palestina, al oeste del valle de Aqaba, al norte del desierto del Sinaí y al este de Egipto y del mar Romano. No tenía ninguna relación con la montaña de Parán, donde se encuentra La Meca. Además, en esta historia se ha retratado de forma despreciable el carácter de Sara (que Dios esté complacido con ella) y de Abraham (la paz sea con él), y al mismo tiempo se ha acusado a Dios. Esto revela por sí mismo una forma repugnante y abominable de las concepciones morales de los hijos de Israel. En ella se presentan de tal manera los nombres de la esposa de un profeta —Abraham (la paz sea con él)— y de otro profeta —Isaac— que la madre no está dispuesta a tolerar siquiera la risa del hijo de su rival y obliga a su marido a privar a su hijo de la herencia y expulsarlo de la familia. Al esposo, que era un profeta sumamente honorable, se lo representa como alguien que exilió a su hijo de quince o dieciséis años en el desierto, entregándole únicamente pan y un odre de agua, sin preocuparse en absoluto por la vida o la muerte de ellos. Por otra parte, también se presenta la dignidad de Dios de tal manera que Él ordena a Abraham (la paz sea con él), por el bien de Isaac —antepasado de los hijos de Israel— y de su madre, que acepte la exigencia de la madre de Isaac, quien, movida por los celos y la hostilidad hacia su rival, reclama que se cometa contra ella esa injusticia y ese abuso. Toda esta historia no es más que una combinación de falsedades y fantasías.
En cambio, podemos conocer la historia verdadera a través del Corán y los hadices. Innumerables personas entre los árabes, durante cuatro mil años, han transmitido repetidamente este relato de generación en generación, dando testimonio de esta historia.
El Corán dice que, cuando Abraham emigró de su tierra natal, suplicó ante Dios:
(Árabe**************)
«¡Oh, Señor! Concédeme una descendencia virtuosa» (As-Saffat: 100).
La súplica fue aceptada después de mucho tiempo, cuando el profeta Abraham (la paz sea con él) alcanzó una edad muy avanzada. En el Corán se recoge esta declaración del profeta Abraham (la paz sea con él): (Árabe***************)
¡Alabado sea Dios, que me concedió a Ismael e Isaac —dos hijos— a pesar de mi avanzada edad! (Ibrahim: 39).
Antes del nacimiento de estos dos hijos, Dios Altísimo había anunciado una buena nueva al profeta Abraham (la paz sea con él). Primero, la buena nueva sobre Ismael (la paz sea con él) fue anunciada con estas palabras: (***************)
—Después le anunciamos la buena nueva de un hijo paciente (As-Saffat: 101). Algunos años más tarde, cuando Ismael (la paz sea con él) estaba a punto de alcanzar la madurez, la buena nueva del segundo hijo fue anunciada de este modo: (Árabe***************)
(Y los ángeles le anunciaron —es decir, al profeta Abraham (la paz sea con él)— la buena nueva de un hijo sabio (Az-Zariyat: 28). Al recibir esta segunda buena nueva, el profeta Abraham (la paz sea con él) dijo:
(Árabe***************)
—¿Me anunciáis la buena nueva de un hijo en mi vejez? Pensad un poco: ¿qué clase de buena nueva me estáis anunciando? (Al-Hiyr: 54). Ante esta buena nueva, Sara se encontraba en este estado:
(Árabe***************)
—Su esposa avanzó gritando, se cubrió el rostro y dijo: «¡Soy una anciana y estéril!» (Adh-Dhariyat: 29).
Basándose en estos versículos, puede considerarse correcta la siguiente descripción de la Biblia: Ismael nació cuando Abraham tenía ochenta y seis años, e Isaac cuando tenía cien años (Génesis 16:16; capítulo 21, versículo 5).
El reasentamiento de Ismael en La Meca
De la discusión anterior se desprende que Ismael era el primogénito de su padre y que nació cuando este se encontraba en la vejez. A una edad así, cualquier padre habría considerado natural estrechar afectuosamente contra su pecho a su primogénito, que fue su único hijo durante catorce años, y no habría soportado siquiera perderlo de vista. Pero Abraham era profeta y, por ello, daba prioridad a la invitación a la verdad. Por esa causa soportó incontables persecuciones e injusticias en su tierra natal, emigró y recorrió tierras extranjeras, y en cada lugar dedicó sus fuerzas y esfuerzos a transmitir el mensaje de Dios. Después del nacimiento de este amado hijo, lo primero que surgió en su mente fue cómo establecer en Arabia aquel centro de la invitación al monoteísmo del que habría de surgir el Último Profeta, y que permanecería intacto hasta el Día de la Resurrección como centro de la invitación al monoteísmo. El Corán nos dice que Dios señaló primero a Abraham el lugar donde debía construirse dicho centro. En efecto, se afirma en la sura Al-Hajj: —«Y recuerda cuando señalamos a Abraham el lugar de esta Casa (la Kaaba)» (Al-Hajj: 26).
—«Y recuerda cuando señalamos a Abraham el lugar de esta Casa (la Kaaba)» (Al-Hajj: 26).
En cumplimiento de esta orden, este gran siervo de Dios dejó a su hijo lactante, junto con su madre, extraordinariamente paciente y completamente confiada en Dios, precisamente en el lugar donde finalmente habría de construir la Kaaba, aparentemente en una situación de absoluta indefensión.
En el Sahih de Bujari se ofrece un relato detallado de este acontecimiento, transmitido por Abdullah ibn Abbas. Por la manera en que Ibn Abbas cita aquí y allá las palabras del Noble Profeta, se sabe que todo lo que narró lo había escuchado directamente del Profeta. Él dijo: Abraham llevó a Hajar y a su hijo lactante Ismael, y los dejó bajo un árbol, en el lugar donde más tarde brotaría Zamzam. En aquella época no había ninguna persona en el valle escasamente poblado de La Meca, ni se encontraba agua en parte alguna. Abraham entregó a Hajar una bolsa de cuero con dátiles y un odre de agua, y se marchó. Hajar lo siguió diciendo: «¡Oh, Abraham! ¿Adónde vas, dejándonos en este desierto árido, solitario y sin vegetación?». Hajar repitió estas palabras varias veces, pero Abraham ni siquiera volvió la mirada. ****1 Finalmente, Hajar dijo: «¿Te ha ordenado Dios hacer esto?». Abraham solo respondió: «Sí». Entonces Hajar dijo: «Si es así, Dios no permitirá que perezcamos». Dicho esto, regresó y se sentó junto a su hijo.
Abraham se dirigió detrás de una montaña, hasta un lugar desde el que ya no podía ver a la madre ni al hijo, y, volviéndose hacia la Casa de Dios —donde debía construir aquella Casa—, hizo esta súplica:
(Árabe***************)
—¡Oh, Dios! He dejado a una parte de mis descendientes en un valle sin agua ni vegetación, junto a Tu Casa Sagrada, para que establezcan la oración. Haz, pues, que los corazones de la gente se inclinen hacia ellos y provéeles de frutos para que coman. Quizá sean agradecidos. —(Ibrahim: 37).
Mientras tanto, la madre de Ismael (la paz sea con él) continuó amamantándolo y bebiendo ella misma del agua del odre. Cuando el agua se acabó, ambos sintieron sed. Al ver que su hijo se retorcía de sed, no pudo quedarse quieta. Corrió hacia el valle para ver si divisaba a alguien, pero no vio a nadie. Luego descendió del monte Safa y llegó al centro del valle. Después, levantando ambos brazos, echó a correr como corre una persona angustiada. Luego subió al monte Marwa y miró para ver si divisaba a alguien en algún lugar, pero no vio a nadie. Así corrió siete veces entre Safa y Marwa. Ibn Abbas (que Dios esté complacido con él) dijo: el Profeta (que Dios le bendiga y le conceda paz) dijo:
[No volver la mirada atrás no significa crueldad, negligencia ni desprecio. Aunque el profeta Ibrahim (la paz sea con él) era un gran profeta, también era, por supuesto, un ser humano. Para obedecer la orden de Dios Todopoderoso, se había arriesgado a una prueba tan grande que estaba dejando a su hijo lactante y a la madre de este en una región deshabitada, rodeada de montañas. Al contemplar esta situación, puede imaginarse cuál debía de ser entonces el estado de su corazón. Si en esas circunstancias hubiera mirado a su esposa y a su hijo, su corazón se habría llenado de angustia y agitación. Por eso continuó su camino con una piedra sobre el pecho. Ante las repetidas preguntas de su esposa, que lo seguía, respondió solamente «sí», sin volver la mirada hacia ella.]
Por eso la gente realiza el sa’y entre Safa y Marwa. (****1) La última vez que subió al monte Marwa, oyó una voz. Entonces se dijo a sí misma: «¡Cállate!» (es decir, «no hagas ruido»), y se puso a escuchar atentamente. Cuando volvió a oír la voz, dijo: «¡Oh, quienquiera que seas! Me has hecho oír tu voz. Ahora, ¿tienes algo que pueda satisfacer mi petición?»
De repente vio un ángel en el lugar de Zamzam. En los relatos de Ibrahim ibn Nafi y de Ibn Jurayj se dice que vio a Gabriel cavando la tierra con el talón o con la mano. Entonces brotó el agua. Hajar (que Dios esté complacido con ella) comenzó a recogerla con las manos juntas y a llenar el odre. Cuanto más agua recogía, más brotaba y subía. Ibn Abbas (que Dios esté complacido con él) dijo: el Profeta (que Dios le bendiga y le conceda paz) dijo: «¡Que Dios tenga misericordia de la madre de Ismael! Si hubiera dejado Zamzam en aquel estado —es decir, si no lo hubiera rodeado con un dique por los cuatro lados—, Zamzam se habría convertido en un manantial de agua corriente».
Así, Hajar (que Dios esté complacido con ella) continuó bebiendo agua y amamantando a su hijo. El ángel le dijo: «No temas que el agua se agote. Aquí está la Casa de Dios, que este niño y su padre construirán. Dios no permitirá que perezcan quienes habiten esta Casa de Dios».
Después de que la situación continuara así durante algún tiempo, algunas personas de la tribu de Jurhum (***1) llegaron desde la región de Kada y se detuvieron en la zona baja de La Meca. Desde allí vieron un ave volando alrededor de un lugar. Dijeron: «Esta ave está dando vueltas sobre el agua». Ya habíamos pasado antes por este valle, pero no había agua en ningún sitio. Entonces enviaron a dos o tres hombres, que encontraron agua allí. Regresaron y comunicaron la noticia a los demás. Estos llegaron y encontraron allí a la madre de Ismael (la paz sea con él). Le dijeron a Hajar (que Dios esté complacido con ella): «¿Nos permites quedarnos aquí?». Hajar respondió: «Sí, pero el derecho sobre este lugar será mío, no vuestro». Ellos aceptaron.
Ibn Abbas (que Dios esté complacido con él) relata que el Profeta (la paz y las bendiciones de Dios sean con él) dijo: la tribu de Jurhum encontró a la madre de Ismael muy sociable. Ella también deseaba que algunas personas se establecieran allí. Así pues, ellos permanecieron allí y llevaron consigo a otros miembros de sus familias. Varias familias comenzaron a vivir allí. Hazrat Ismael (la paz sea con él) creció y se educó entre ellos, y aprendió la lengua árabe de ellos. (***1) Los jurhumíes llegaron a querer mucho al muchacho y comenzaron a albergar el deseo de que se casara con una joven de su propia tribu.
(****1) Este es un testimonio histórico sumamente importante de aquel acontecimiento. Después de la construcción de la Kaaba, los ritos continuos del Hayy comenzaron en la época de Hazrat Ibrahim (la paz sea con él). Desde entonces hasta hoy, cientos, miles y millones de personas han realizado el sa’y entre Safa y Marwa en memoria de este acontecimiento. Esta práctica repetida durante miles de años ha continuado hasta nuestros días sin haberse interrumpido en ningún momento. No existe en el mundo ningún otro acontecimiento cuyo testimonio histórico sea más sólido que este. En cambio, en el relato del acontecimiento ocurrido en el desierto deshabitado de Parán (continuación de la página anterior), no se menciona que allí se haya realizado tal sa’y, ni antes ni ahora.
() Es una tribu de los antiguos árabes qahtaníes del Yemen.
(1) La lengua de Hazrat Ibrahim (la paz sea con él) tampoco era el árabe. Era originario de Irak. Después pasó a vivir en Canaán. La lengua de Hazrat Hayar tampoco era el árabe. Ella era egipcia.]
El acontecimiento del sacrificio del hijo
Después de dejar a su amado hijo en aquel valle desierto, Hazrat Ibrahim (la paz sea con él) no lo abandonó a su suerte. Al contrario, acudía de vez en cuando para informarse de su estado y también permanecía algunos días junto a su esposa y su hijo. Cuando dejó en aquel lugar a su esposa y a su hijo lactante, hizo una súplica.
—¡Oh, Señor mío! Haz segura esta ciudad. Conforme a aquella súplica, este lugar poco poblado se ha convertido ahora en un asentamiento. Puede suponerse que Hazrat Ibrahim (la paz sea con él) ya había predicado también el islam entre los jurhumíes. Después ocurrió aquel acontecimiento sin precedentes en la historia de la humanidad: Hazrat Ibrahim (la paz sea con él) se dispuso, por indicación de Dios, a sacrificar en su primera juventud a su hijo, nacido en su vejez y único primogénito. El Corán narra este acontecimiento de la siguiente manera:
(Árabe*********************)
—Después, cuando el muchacho alcanzó la edad de correr y andar con él, un día Ibrahim dijo: «¡Hijo mío! He visto en sueños que te sacrificaba. Dime ahora, ¿qué opinas?». Él respondió: «¡Padre mío! Haz lo que se te ha ordenado. Si Dios quiere, me encontrarás paciente». Finalmente, cuando ambos se sometieron a la voluntad de Dios, Ibrahim tendió a su hijo boca abajo y Nosotros le llamamos: «¡Oh, Ibrahim! Has hecho realidad el sueño. Así recompensamos a los virtuosos. Ciertamente, esto era una prueba manifiesta». Y le dimos como rescate un gran sacrificio, y salvamos a este hijo (as-Saffat: 102-107). Este acontecimiento tuvo lugar en La Meca [en el Corán, este lugar también es llamado «Bakka» (Al Imrán: 96). Sin embargo, según el relato de Ibn Hisham (tomo I, pág. 119), este no era su nombre antiguo, sino que posteriormente, cuando adquirió la condición sagrada de haram, también fue llamado así. Ibn Hisham dice que La Meca fue llamada Bakka porque (****************) quebranta el cuello de los tiranos. Explica además que, en la época de la ignorancia, La Meca no permitía que ninguna injusticia ni abuso perdurara mucho tiempo. A quienes cometían abusos se los expulsaba de esta ciudad —(el autor)] y el lugar al que Hazrat Ibrahim (a.s.) llevó a su hijo para sacrificarlo era Mina; allí se sigue realizando hasta hoy, en esa misma fecha (el 10 de Dhul-Hiyya) [era necesario llevarlo a Mina porque en aquel tiempo ya se había establecido población en La Meca y la madre de Hazrat Ismail (a.s.) también residía allí. Por eso Hazrat Ibrahim (a.s.) llevó a su hijo fuera de La Meca, a la región montañosa y poco poblada de Mina]. Además, esto ocurrió cuando Hazrat Ismail (a.s.) no tenía más de doce o trece años. Hazrat Ishaq aún no había nacido, pues después de relatar este acontecimiento en la sura as-Saffat, Allah Todopoderoso dice:
(Árabe*********************)
—Y dimos a Ibrahim la buena nueva de uno de los profetas virtuosos (versículo 112).
Los versículos anteriores requieren algunas explicaciones, que se presentan a continuación:
(1) Hazrat Ibrahim (a.s.) no vio en sueños que ya había sacrificado a su hijo; más bien, vio que lo estaba sacrificando. Pero en aquel momento entendió que el significado del sueño era que Allah le ordenaba sacrificar a su hijo para poner a prueba la autenticidad de su fe. Por ello, se preparó con serenidad para sacrificar a su hijo, que era parte de su corazón.
(2) El propósito de preguntar a su hijo no era que Ibrahim cumpliría la orden de Allah si el hijo consentía, y no la cumpliría si no consentía. Más bien, Hazrat Ibrahim (a.s.) quería ver cuán virtuoso era el hijo piadoso por el que había suplicado a Allah. Si él también estaba dispuesto a entregar su vida por complacer a Allah, eso significaba que la súplica había sido aceptada plenamente y que el hijo no era su descendiente solamente en sentido físico, sino también, moral y espiritualmente, un hijo verdaderamente digno de elogio.
(3) Cuando Hazrat Ismail (a.s.) dijo: «Haz aquello que se te ha ordenado», quiso decir que consideraba el sueño de su padre profeta equivalente a la orden de Allah y a la revelación. Si esta concepción no hubiera sido correcta, Hazrat Ibrahim (a.s.) habría dicho que aquello no era más que una orden recibida en sueños, y Allah Todopoderoso también habría refutado su concepción en estos versículos. Este es uno de los argumentos sobre cuya base, en el islam, el sueño de un profeta puede considerarse una de las formas de la revelación.
(4) Hazrat Ibrahim (a.s.) no tendió a su hijo boca arriba para sacrificarlo; más bien, lo colocó boca abajo para no ver el rostro de su hijo y evitar que, por el amor paternal, le temblara la mano. Por eso quiso pasar el cuchillo por la garganta colocando la mano por debajo.
(5) Antes de que Hazrat Ibrahim (a.s.) sacrificara a su hijo, Allah Todopoderoso dijo: «¡Oh, Ibrahim! Has hecho realidad el sueño». Esta declaración de Allah era plenamente justa, porque en el sueño no se le había mostrado que hubiera sacrificado a su hijo, sino que se le había mostrado que lo haría. Por eso, cuando cumplió lo que se le había mostrado en el sueño, se proclamó: «Has hecho realidad el sueño y has superado la gran prueba a la que te sometimos. Así recompensamos a Nuestros siervos virtuosos, tal como te hemos recompensado a ti. Sin hacer que mataras a tu hijo con tus propias manos, manifestamos por medio de ti que, por amor a Nosotros, eres capaz de sacrificar incluso a tu propio hijo».
(6) «El gran sacrificio» también puede referirse a un carnero que los ángeles de Allah llevaron a Hazrat Ibrahim para sacrificarlo en lugar de Hazrat Ismail. También puede referirse al sacrificio que se practicó desde aquella época hasta la época del Profeta Muhammad (s.a.w.) y que, desde la época del Profeta hasta hoy, todos los musulmanes del mundo realizan durante el Hayy y el Eid al-Adha.
¿Fue Hazrat Ishaq, o Ismail, quien debía ser sacrificado?
Ya se ha mencionado que los Hijos de Israel tenían la costumbre de atribuirse todo asunto glorioso, acusar falsamente a otros o reclamar como propio mucho de lo que pertenecía a otros. Conforme a esta costumbre, atribuyeron el acontecimiento del sacrificio del hijo a Hazrat Ishaq, en lugar de a Hazrat Ismail. La Biblia dice:
«Dios puso a prueba a Abraham y le dijo: “Ve al país de Moriah con tu amado y único hijo, Ishaq, y allí, en uno de los montes que te indicaré, preséntalo para quemarlo y ofrecerlo en sacrificio”» (Génesis, capítulo 22, versículos 1-2).
En este relato, por un lado se afirma que Allah Todopoderoso había pedido el sacrificio de Ishaq y, por otro, que él era el único hijo. Sin embargo, las demás narraciones de la propia Biblia demuestran con certeza que Hazrat Ishaq no era el único hijo. Véase a continuación la explicación bíblica al respecto:
«Y Sara, la esposa de Abraham, no tenía hijos. Tenía una esclava egipcia llamada Agar. Y Sara dijo a Abram: “Mira, Dios me ha privado de hijos. Por tanto, ve a mi esclava. Quizá por medio de ella tenga un hijo en mi casa”. Y Abram accedió a lo que Sara le dijo. Después de haber vivido diez años en el país de Canaán, Sara le entregó su esclava egipcia para que fuera su esposa. Y él se acercó a Agar, y ella quedó embarazada» (Génesis, capítulo 16, versículos 1-3).
«El ángel de Dios le dijo: “Estás embarazada y darás a luz un hijo. Le pondrás por nombre Ismail”» (Génesis 16:11).
«Cuando Ismael nació del vientre de Agar, Abram tenía 86 años» (Génesis 16:16). Y Dios dijo a Abram: «También te daré un hijo de tu esposa Sara; le pondrás por nombre Isaac, y nacerá del vientre de Sara en esta misma época el año próximo». Entonces Abram tomó a su hijo Ismael y a todos los varones de su casa y, ese mismo día, por mandato de Dios, los circuncidó. Abram tenía 99 años cuando fue circuncidado, e Ismael fue circuncidado a los trece años» (Génesis 17:15-25).
«Y cuando nació de él su hijo, Abram tenía cien años» (Génesis 21:5).
A partir de esto queda clara la contradicción de la narración bíblica. Es evidente que, hasta que cumplió catorce años, el profeta Ismael (la paz sea con él) fue el único hijo del profeta Abraham (la paz sea con él). Si se había pedido el sacrificio del hijo único, no se había pedido el de Isaac (la paz sea con él), sino el de Ismael (la paz sea con él), porque él era el único hijo. Y si se había pedido el sacrificio de Isaac, entonces es incorrecto decir que se había pedido el sacrificio del hijo único.
Si después examinamos las tradiciones islámicas, encontramos una gran divergencia de opiniones. Entre las narraciones de los Compañeros y los Seguidores citadas por los comentaristas, un grupo sostiene que aquel hijo era el profeta Isaac. Entre los eminentes sabios de este grupo se encuentran los siguientes:
El profeta Umar, el profeta Alí, el profeta Abdullah ibn Masud, el profeta Abbas ibn Abd al-Muttalib, el profeta Abdullah ibn Abbas, el profeta Abu Huraira, Qatada, Ikrima, Hasan Basri, Muyahid, Shaabi, Masruq, Makhul, Zuhri, Ata, Muqatil, Suddí, Kaab al-Ahbar, Zayd ibn Aslam y otros eminentes sabios.
El segundo grupo sostiene que era el profeta Ismael (la paz sea con él). Entre los eminentes sabios de este grupo se encuentran los siguientes:
El profeta Abu Bakr, el profeta Alí, el profeta Abdullah ibn Umar, el profeta Abdullah ibn Abbas, el profeta Abu Huraira, el profeta Muawiya, Ikrima, Muyahid, Yusuf ibn Mihran, Hasan Basri, Muhammad ibn Kaab, al-Qurazi, Shaabi, Said ibn al-Musayyab, Dahhak, Muhammad ibn Alí ibn Husayn (el imán Muhammad al-Baqir), Rabi ibn Anas, Ahmad ibn Hanbal y otros eminentes sabios.
Al examinar estas dos listas, se verá que algunos nombres aparecen en ambos grupos. Es decir, se han atribuido a una misma persona dos declaraciones contradictorias entre sí. Por ejemplo, Ikrima transmitió de Abdullah ibn Abbas que el hijo era el profeta Isaac. Pero de él mismo, Ata ibn Abi Rabah transmitió también esta declaración: «Los judíos sostienen que era el profeta Isaac. Pero los judíos mienten». Asimismo, se encuentra una narración de Hasan Basri según la cual él sostuvo que el profeta Isaac (la paz sea con él) fue quien iba a ser sacrificado. Sin embargo, Amr ibn Ubayd dice que Hasan Basri no tenía ninguna duda al respecto: el hijo de Abraham (la paz sea con él) al que se ordenó sacrificar era el profeta Ismael (la paz sea con él). El resultado de esta discrepancia ha sido que algunos sabios, con absoluta confianza, se han pronunciado a favor de Isaac, como Ibn Yarir y el cadí Iyad. Otros afirman categóricamente que fue Ismael quien fue sacrificado, como Ibn Kazir; y otros permanecen indecisos, como Jalaluddin al-Suyuti. Pero si se examina el asunto desde la perspectiva de la investigación y el análisis, no queda la menor duda de que fue Ismael (la paz sea con él) quien iba a ser sacrificado. Los argumentos son los siguientes:
(1) En la sura As-Saffat se encuentra la declaración de Allah Todopoderoso de que, al emigrar de su patria, el profeta Abraham (la paz sea con él) suplicó por un hijo virtuoso. En respuesta, Allah Todopoderoso le anunció la buena nueva de un hijo paciente. Por la forma de la expresión se entiende claramente que hizo esta súplica cuando aún no tenía hijos. Después, el hijo cuya buena nueva se le anunció fue su primogénito. Luego, la continuidad del relato de esta sura manifiesta que, cuando aquel hijo alcanzó la edad de correr y jugar con su padre, se le indicó que debía ser degollado. Ahora bien, queda establecido con certeza que el primer hijo del profeta Abraham (la paz sea con él) fue el profeta Ismail (la paz sea con él), y no el profeta Ishaq (la paz sea con él).
El propio Noble Corán ha descrito así el orden de los dos hijos:
(Árabe***************)
—Alabado sea Allah, que en mi vejez me concedió a Ismail e Ishaq— (Ibrahim: 39).
(2) En el Noble Corán, al anunciarse el nacimiento del profeta Ishaq (la paz sea con él), se emplean las palabras ghulāmin ʿalīm (hijo sabio) (Adh-Dhariyat: 28), y en la sura se dice: (árabe*************)
No temas; te anuncio la buena nueva de un hijo sabio — (Al-Hiyr: 53). Pero en la sura As-Saffat, al anunciarse la buena nueva del hijo, se emplean las palabras ghulāmin halīm (hijo paciente). De esto queda claro que las cualidades distintivas de ambos hijos eran diferentes, y que la orden de degollar no era para el hijo sabio, sino para el hijo paciente, porque el acontecimiento del sacrificio del hijo tuvo lugar después de que este hijo naciera y se aproximara a la juventud, y la buena nueva del nacimiento del segundo hijo fue dada después.
(3) Al anunciarse en el Noble Corán la buena nueva del nacimiento del profeta Ishaq (la paz sea con él), se anuncia asimismo que en su descendencia nacería un hijo como Yaqub (la paz sea con él): (árabe***************)
—Le anunciamos la buena nueva de Ishaq y, después de Ishaq, la de Yaqub— (Hud: 71).
Es evidente que, junto con la noticia del nacimiento de un hijo, se anunció también que tendría un hijo virtuoso. Si a Ibrahim (la paz sea con él) se le hubiera mostrado, respecto de ese hijo, un sueño en el que lo sacrificaba, Ibrahim (la paz sea con él) jamás habría podido entender por ello que se le estaba indicando que sacrificara a ese hijo. Pues, después de sacrificarlo, no habría posibilidad alguna de que naciera de su descendencia otro hijo, es decir, Ya‘qub (la paz sea con él).
El sabio Ibn Yarir responde a este argumento de la siguiente manera: posiblemente este sueño le fue mostrado a Ibrahim cuando Ya‘qub nació de Isaac. Pero esta es una respuesta sumamente débil. Las palabras del Noble Corán son: «Cuando el muchacho alcanzó la edad de correr y moverse junto a su padre», fue entonces cuando se le mostró este sueño. Si alguien lee estas palabras con una mente imparcial, ante sus ojos aparecerá la imagen de un niño de ocho, diez o, como mucho, doce o trece años. Nadie puede imaginar que estas palabras se emplearan para un hijo que ya era joven y padre de un hijo.
(4) Después de narrar toda la historia, Allah Todopoderoso dice finalmente: «Le anunciamos la buena nueva de Isaac, un profeta virtuoso». De esto se sabe claramente que este no era el hijo al que se había indicado sacrificar. Más bien, primero se había anunciado la buena nueva de otro hijo. Luego, cuando este alcanzó la edad de correr y caminar junto a su padre, se le ordenó sacrificarlo. Después, cuando Ibrahim (la paz sea con él) superó esta prueba, se le anunció la buena nueva del nacimiento de otro hijo, Isaac. Esta sucesión de acontecimientos establece con certeza que el hijo al que se ordenó sacrificar no era Isaac (la paz sea con él), sino que había nacido varios años antes que él. El sabio Ibn Yarir refuta este argumento evidente diciendo que primero se anunció el nacimiento de Isaac (la paz sea con él). Luego, cuando estuvo dispuesto a entregar su vida por la complacencia de Dios, su recompensa consistió en que se le anunció que sería profeta. Pero esta respuesta es aún más débil que la primera. Si en realidad el asunto hubiera sido así, Allah Todopoderoso no habría dicho, a propósito de este acontecimiento: «Le anunciamos la buena nueva de Isaac», sino que habría dicho: «Le anunciamos esta buena nueva: este hijo tuyo será un profeta virtuoso».
(5) Está demostrado por cadenas de transmisión fiables que los cuernos del carnero sacrificado como rescate por Ismael (la paz sea con él) se conservaron en la Casa de la Kaaba hasta la época de ‘Abdullah ibn az-Zubayr (que Allah esté complacido con él). Más tarde, cuando Hayyach ibn Yusuf sitió a Ibn az-Zubayr (que Allah esté complacido con él) en el Santuario y destruyó la Casa de la Kaaba, aquellos cuernos se perdieron. Ibn ‘Abbas (que Allah esté complacido con él) y ‘Amir ash-Sha‘bi (que Allah tenga misericordia de él) atestiguan que ellos mismos vieron esos cuernos en la Casa de la Kaaba (Ibn Kazir). Esto demuestra que el acontecimiento de este sacrificio no tuvo lugar en el país de Sham, sino en La Meca, y que tuvo lugar con Ismael (la paz sea con él). Por eso se conservaron sus recuerdos en la Casa de la Kaaba, construida por Ibrahim (la paz sea con él) e Ismael (la paz sea con él).
(6) Durante muchos siglos se conservó en la tradición de los árabes la afirmación de que este acontecimiento del sacrificio tuvo lugar en Mina. Y no se trataba solamente de una tradición. Desde aquel tiempo hasta la época del Noble Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él), entre los ritos del Hayy siempre estuvo incluido que la gente ofreciera sacrificios precisamente en el lugar de Mina donde Ibrahim (la paz sea con él) había realizado el sacrificio. Después, cuando el profeta Muhammad (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) fue enviado como el último profeta, también mantuvo esa práctica. Incluso hoy, durante el Hayy, se ofrecen sacrificios en Mina el día 10 de Dhul-Hiyya. La continuidad de esta práctica durante cuatro mil quinientos años constituye una prueba irrefutable de que los herederos del sacrificio de Ibrahim (la paz sea con él) fueron los hijos de Ismael, no los hijos de Isaac. Entre los descendientes de Isaac (la paz sea con él) no existía ninguna práctica por la cual toda la nación ofreciera sacrificios al mismo tiempo y con un mismo propósito, considerándolos un recuerdo del sacrificio de Ibrahim (la paz sea con él).
Al contemplar estos argumentos y pruebas, resulta sorprendente cómo pudo difundirse dentro de la propia comunidad musulmana la idea de que el sacrificado fue Isaac (la paz sea con él). Si los judíos, al privar a Ismael (la paz sea con él) de su dignidad, intentaron atribuir ese honor a su antepasado Isaac (la paz sea con él), se puede comprender. Pero ¿cómo pudo un numeroso grupo de musulmanes aceptar semejante engaño? El sabio Ibn Kazir dio una respuesta muy satisfactoria a esta pregunta en su obra de exégesis. Dice: «En realidad, todo cuanto se ha dicho en favor de que el sacrificado fue Isaac (la paz sea con él) procede de Ka‘b al-Ahbar. Cuando este hombre se hizo musulmán en la época de ‘Umar (que Allah esté complacido con él), le relataba los asuntos mencionados en los antiguos libros de judíos y cristianos, y ‘Umar (que Allah esté complacido con él) los escuchaba. Por ello, los demás también comenzaron a escuchar sus palabras y luego transmitían todo lo que él decía, disparates y cosas sin fundamento incluidos. Sin embargo, esta comunidad no tenía necesidad de conocer nada de esos asuntos».
La narración de Muhammad ibn Ka‘b al-Qurazi arroja luz adicional sobre esta cuestión. Dice: En cierta ocasión, estando yo presente, se planteó ante ‘Umar ibn ‘Abd al-‘Aziz (que Allah tenga misericordia de él) la cuestión de si el sacrificado había sido Isaac (la paz sea con él) o Ismael (la paz sea con él). En aquella audiencia se encontraba un hombre que anteriormente era considerado uno de los sabios judíos, pero que después había abrazado sinceramente el islam. Dijo: «¡Oh, príncipe de los creyentes! Juro por Dios que aquel que fue sacrificado fue Ismael. Los judíos también lo sabían. Pero, movidos por la envidia hacia los árabes, afirmaron que el sacrificado había sido Isaac» (Ibn Yarir).
Al considerar conjuntamente estas dos afirmaciones, se comprende que, en realidad, se trataba de propaganda judía que se había difundido entre los musulmanes. Los musulmanes no albergaban fanatismo en cuestiones intelectuales. Por eso, muchos de ellos aceptaron como una realidad intelectual aquellas narraciones judías que estos presentaban, revestidas de tradición histórica y atribuidas a antiguos libros, sin percatarse de que en ellas, en lugar de conocimiento, había parcialidad y hostilidad.
La construcción de la Kaaba
Primero se ha mencionado que, gracias a la bendición de Zamzam, varias familias de la tribu de Yurhum llegaron a establecerse cerca de Hazrat Ismael (que la paz sea con él) y Hazrat Hayar (que Allah esté complacido con ella), y que La Meca estaba adquiriendo la forma de una ciudad. También se ha señalado que, gracias al carácter sociable de Hazrat Hayar, se desarrolló una buena relación entre el padre y el hijo y los nuevos pobladores. Hazrat Ismael
(Mapa de la Kaaba Sharif)
(que la paz sea con él) fue criado y educado entre ellos. Cuando llegó a la juventud, los yurhumíes, cautivados por su carácter incomparable y sus virtudes, desearon casar a Hazrat Ismael (que la paz sea con él) con una de sus mujeres. Según una narración de Hazrat Abd Allah ibn Abbas (que Allah esté complacido con él) recogida en el Sahih al-Bujari, Hazrat Ismael (que la paz sea con él) se casó primero con una joven. Sin embargo, esa nuera no fue del agrado de Hazrat Ibrahim (que la paz sea con él). Por ello, Hazrat Ismael (que la paz sea con él) se separó de ella y se casó con otra joven que sí era del agrado de Hazrat Ibrahim (que la paz sea con él). Con ella tuvo doce hijos. Según la narración de al-Bujari, Hazrat Hayar (que Allah esté complacido con ella) pasó a habitar el Paraíso inmediatamente después del primer matrimonio de Hazrat Ismael (que la paz sea con él).
Después, Hazrat Ibrahim (que la paz sea con él) llegó a La Meca para cumplir su verdadera misión, aquella con cuyo propósito, treinta años antes, había llevado a esta parte de su familia y la había asentado en un valle desierto, sin agua ni vegetación. En la narración de Ibn Abbas (que Allah esté complacido con él) recogida en al-Bujari y mencionada anteriormente, este continúa diciendo que, cierto día, Hazrat Ismael (que la paz sea con él) estaba sentado bajo un árbol, junto a Zamzam, fabricando flechas. En ese momento, Ibrahim (que la paz sea con él) llegó inesperadamente allí. En cuanto Hazrat Ismael (que la paz sea con él) lo vio, se puso de pie, y padre e hijo se reunieron como se reúnen un padre con su hijo y un hijo con su padre. Entonces Hazrat Ibrahim (que la paz sea con él) dijo: «¡Ismael! Allah me ha ordenado realizar una tarea». Hazrat Ismael (que la paz sea con él) respondió: «Cumpla sin duda la tarea que su Señor le ha ordenado». Ibrahim (que la paz sea con él) dijo: «¿Me ayudarás en esta tarea?». Él respondió: «Sí, ciertamente le ayudaré». Entonces Hazrat Ibrahim (que la paz sea con él) señaló la parte del valle que estaba algo elevada por encima del terreno circundante y dijo: «Allah me ha ordenado construir aquí una casa». Así pues, ambos, padre e hijo, construyeron los cimientos de la Casa de Allah. Hazrat Ismael (que la paz sea con él) traía las piedras, mientras Ibrahim (que la paz sea con él) levantaba las paredes. Cuando la pared alcanzó una altura considerable, Hazrat Ibrahim (que la paz sea con él) trajo la piedra que se hizo célebre como el Maqam de Ibrahim. Hazrat Ibrahim (que la paz sea con él) se subía a ella, continuaba colocando las piedras y elevaba aún más las paredes.
La dignidad de la Kaaba en Arabia y en todo el mundo
Esta Casa no era simplemente un lugar de culto, como lo son las mezquitas. Por el contrario, desde el primer día fue considerada el centro para la difusión y expansión del movimiento universal de la religión del islam. El propósito era que quienes creen en un solo Dios salieran de todos los lugares, se reunieran aquí, adoraran juntos a Dios y regresaran llevando consigo el mensaje del islam. Cómo se construyó nuevamente este centro, con qué emociones y súplicas ambos padres e hijos levantaron las paredes de esta Casa y cómo iniciaron el Hayy: el Noble Corán expone así los detalles de todo ello.
(Árabe***************)
-En verdad, la primera Casa que fue establecida para la humanidad es aquella que fue construida en La Meca. Esta es una Casa bendita y un centro de guía para todos los habitantes del mundo. En ella hay signos manifiestos de Allah y el مقام de Abraham. Quienquiera que entre en ella estará a salvo (Al Imrán: 96).
(Árabe***************)
-¿Acaso no han visto cómo hemos hecho de ella un santuario seguro, mientras que a su alrededor se arrebata a la gente? (Al-Ankabut: 67)
Es decir, durante dos mil años, a su alrededor se sucedían intensamente el saqueo, los asesinatos, la devastación y las guerras; sin embargo, en este santuario siempre reinaba la seguridad. Incluso un beduino incivilizado, aunque viera dentro de sus límites al asesino de su padre, no se atrevía a ponerle la mano encima.
(Árabe***************)
-Y recuerda cuando hicimos de esta Casa un centro para la gente, un lugar de retorno y de seguridad, y ordenamos: «Mantén Mi Casa pura para quienes la circunvalan y para quienes se inclinan y se prosternan». Y cuando Abraham suplicó: «Señor mío, haz de este lugar una ciudad segura y concede sustento de frutos a sus habitantes, a quienes de entre ellos crean en Allah y en el Último Día». Y cuando Abraham e Ismael levantaban los cimientos de esta Casa, suplicaban: «¡Señor nuestro! Acepta nuestro esfuerzo. Tú eres Quien todo lo oye y todo lo sabe. Señor nuestro, haznos a ambos musulmanes, sometidos a Ti, y suscita de nuestra descendencia una comunidad sometida a Ti. Muéstranos las formas y los ritos de nuestra adoración y dirige hacia nosotros Tu misericordia. Tú eres el Gran Perdonador, el Misericordioso. ¡Señor nuestro! Envía entre estas gentes un Mensajero de su propio pueblo, que les recite Tus aleyas, les enseñe el Libro y la sabiduría y los purifique. Ciertamente, Tú eres el Poderoso, el Sabio» (Al-Báqara: 125-129). (ÁRABE***************)
Y cuando Abraham suplicó: «Señor mío, haz de esta ciudad una ciudad segura y protégeme a mí y a mis hijos de la adoración de los ídolos. Señor mío, ciertamente esos ídolos han extraviado a muchas personas. Así pues, quien siga mi camino será de los míos; y quien se aparte de mi camino, Tú eres ciertamente Perdonador, Misericordioso. Señor mío, he establecido a una parte de mi descendencia junto a Tu Casa Sagrada, en este valle sin agua ni vegetación, para que, ¡Señor mío!, establezcan la oración. Haz, pues, que los corazones de la gente se inclinen hacia ellos y provéeles de frutos, para que sean agradecidos» (Ibrahim: 35).
(Árabe***************)
Y cuando asignamos a Abraham el lugar de esta Casa, le ordenamos: «No asocies a nadie Conmigo y mantén Mi Casa pura para quienes realizan el tawaf, se inclinan y se prosternan; y proclama entre la gente el llamamiento general al Hayy, para que vengan a ti, ya sea a pie o montados en camellos enjutos procedentes de lugares remotos, para que sean testigos de los beneficios religiosos y mundanales que hay para ellos. Luego, en los días determinados, pronuncien el nombre de Dios sobre los animales que Él les ha concedido; es decir, ofrézcanlos en sacrificio. Coman de su carne y alimenten también con ella a los indigentes y necesitados» (Hayy: 26-28).
Las bendiciones de la Kaaba en la época de la ignorancia
En Arabia, la importancia de la Kaaba no se limitaba a ser un lugar de adoración. Más bien, debido a su posición central y a su santidad, se había convertido en el sostén de la vida económica y cultural de todo el país. Gentes de todas partes acudían en grupos a la Kaaba para el Hayy y la Umra, y mediante estas concentraciones se establecía un vínculo de unidad entre los árabes, que estaban divididos en innumerables grupos. Las personas de distintas regiones y tribus establecían relaciones culturales mutuas. Las competiciones poéticas contribuían al desarrollo de su lengua y su literatura. Las transacciones comerciales satisfacían las necesidades económicas de todo el país. Gracias a los meses sagrados [Los meses sagrados son: Rayab para la Umra, y Dhu al-Qi‘da, Dhu al-Hiyya y Muharram para el Hayy. Durante estos meses cesaban las guerras y nadie molestaba a los viajeros que se dirigían a la Umra y al Hayy —el autor—], los árabes disfrutaban de paz y seguridad durante una tercera parte del año. Era el periodo en que sus caravanas podían desplazarse sin dificultad de un extremo del país al otro. Si llevaban consigo animales destinados al sacrificio, con collares atados al cuello, podían viajar con mayor facilidad de un lugar a otro. Esto se debía a que, al ver los animales que llevaban collares como señal de una ofrenda votiva, los árabes inclinaban la cabeza con respeto. Ninguna tribu saqueadora se atrevía a interferir con ellos.
La misión profética de Ismael (la paz sea con él) y su influencia sobre los árabes
Cuando Abraham (la paz sea con él) e Ismael (la paz sea con él) construyeron la Kaaba y, después de declarar la Casa como centro y refugio, se hizo el llamamiento para acudir a ella cada año con motivo del Hayy, es muy probable que precisamente entonces Ismael (la paz sea con él) fuera investido con la dignidad de profeta, para que pudiera cumplir la misión de propagar la religión del Islam en Arabia. Sobre él se dice en el Corán:
«Y recuerda en este Libro a Ismael. En verdad, fue fiel a su promesa y fue mensajero y profeta. Ordenaba a su gente que hiciera la oración y pagara el zakat, y era grato a su Señor» (María: 54-55).
Aunque la historia no ofrece ningún relato detallado sobre la vida de Ismael (la paz sea con él) ni sobre su misión profética, la prueba de que su misión tuvo éxito es que la Kaaba alcanzó una posición central en toda Arabia. Gentes de las regiones más remotas de Arabia acudían en grupos, con entusiasmo y fervor, para realizar el Hayy y la Umra. Los ritos del Hayy eran los mismos que se habían establecido al principio. La práctica de realizar el sa‘i entre Safa y Marwa y de ofrecer sacrificios en Mina el día de Dhu al-Hiyya también estaba extendida entre los árabes; sin duda, era un recuerdo del sa‘i de Agar (que Dios esté complacido con ella) y del sacrificio de Abraham (la paz sea con él). En toda Arabia se reconocía universalmente la prohibición de cuatro meses con motivo del Hayy y la Umra. También estaban extendidos entre los árabes muchos otros signos de la religión de Abraham. Por ejemplo, la circuncisión, el baño ritual de purificación tras la emisión seminal, el sacrificio de animales, el sacrificio de camellos, el entierro de los muertos, el matrimonio y el divorcio, las normas de duelo de las viudas, considerar ilícito casarse con la madre, la hermana o la hija, la ley de vida por vida, etcétera. Además, algunos hombres sabios realizaban la ablución. Algunos hacían la oración, como Quss ibn Sa‘ida al-Iyadi. Abu Dharr comenzó a orar tres años antes de aceptar el Islam, aunque no se sabe qué clase de oración era. Asimismo, entre los árabes estaba extendida la práctica del ayuno. También realizaban el retiro espiritual. Según un hadiz, Umar (que Dios esté complacido con él) había hecho en la época de la ignorancia el voto de realizar un retiro espiritual durante una noche. Había muchas acciones que los árabes consideraban virtuosas y elogiaban, como alimentar a los huéspedes y viajeros, ayudar a los pobres, cumplir los derechos de los parientes, etcétera. Si la misión profética de Ismael (la paz sea con él) no hubiera alcanzado un éxito extraordinario, no habría sido posible que, a pesar de permanecer sumidos durante dos mil quinientos años en la oscuridad de la ignorancia, los signos de la religión que él predicó subsistieran por toda Arabia hasta la llegada del Santo Profeta (la paz y las bendiciones de Dios sean con él). Lo más importante es que, gracias a la predicación de él y de quienes recibieron su influencia, entre los árabes se conservaron hasta la llegada del último Profeta aquellas mismas concepciones acerca de Dios que se mencionan en el Noble Corán (véanse, por ejemplo, las suras Az-Zujruf: 87; Al-Ankabut: 61-63; Al-Muminun: 61-63; Yunus: 22-23 y 31; y Bani Isra’il: 67).
Otro efecto de la misión de Ismael fue que, hasta la llegada del Profeta Muhammad (la paz y las bendiciones de Dios sean con él), hubo en Arabia un grupo de personas a las que la historia recuerda con el nombre de hanifes. Se encontraban en distintos lugares, entre las diversas tribus de Arabia. Rechazaban el shirk y reconocían el tawhid, y deseaban seguir la religión de Abraham. En el cuarto tomo de Tafhim al-Qur’an hemos incluido una lista de ellos. A continuación describimos la situación de algunos de ellos:
An-Nābigha al-Ja‘dī: pertenecía al clan de Banū ‘Āmir ibn Ṣa‘ṣa‘a. En la época de la ignorancia hablaba de la religión de Abraham y del hanifismo, es decir, de apartarse de todas las direcciones para obedecer únicamente a Dios. Ayunaba y pedía perdón a Dios. En sus palabras de la época de la ignorancia mencionaba el monoteísmo, la vida después de la muerte, el castigo y la recompensa, el Paraíso, el Infierno y otros temas semejantes. Más tarde abrazó el islam (Al-Istī‘āb, tomo I, p. 31).
Sirma ibn Anas: pertenecía a la descendencia de Banū ‘Adī ibn an-Najjār. En la época de la ignorancia llevaba una vida semejante a la de un asceta. Abandonó la idolatría. Realizaba el baño ritual después de la impureza mayor y se mantenía alejado de las mujeres menstruantes. Detestaba el vino y las demás sustancias embriagantes. Al principio quiso hacerse cristiano, pero desistió. Construyó una casa semejante a una mezquita. No permitía entrar a ninguna persona que debiera realizar el baño ritual ni a ninguna mujer menstruante. Decía:
«Adoro al Señor de Abraham y sigo la religión de Abraham.»
A continuación se citan dos versos de su poesía: (árabe***************)
—La alabanza pertenece a Dios, mi Señor, que no tiene socio alguno. Quien no acepta esto comete injusticia contra sí mismo.
Cuando el Mensajero de Dios, que Dios le bendiga y le conceda paz, llegó a Medina, aquel hombre había quedado encorvado por la extrema vejez. Se presentó ante el Profeta y abrazó el islam (Al-Istī‘āb, tomo I, p. 323; Al-Iṣāba, tomo II, p. 179; Ibn Hishām, tomo II, p. 156).
‘Amr ibn ‘Abasa: pertenecía al clan de Banū Sulaym. Ibn Sa‘d dice que abandonó la idolatría antes de abrazar el islam. Aḥmad ibn Ḥanbal cita sus palabras: «Consideraba que la gente de la época de la ignorancia estaba sumida en el extravío, y mi opinión sobre los ídolos era que no eran nada.»
Otra de sus declaraciones es la siguiente:
«Y se había arraigado en mi mente la convicción de que la idolatría era falsa. Al oír esto, alguien me dijo: “En La Meca hay un hombre que dice cosas así”. Por ello vine a La Meca. Me encontré con el profeta Muhammad (la paz sea con él), conocí sus enseñanzas y abracé la fe» (Al-Isti‘ab, tomo 2, pág. 431).
El relato más aleccionador es el de Amr ibn Nufayl, primo de Hazrat Umar (que Allah esté complacido con él) y padre de Hazrat Sa‘id ibn Zayd [cuñado de Hazrat Umar (que Allah esté complacido con él)]. Poseía una convicción monoteísta sumamente firme. Consideraba ilícitos la idolatría, los animales muertos, la sangre y los sacrificios ofrecidos en nombre de los ídolos. Consideraba muy abominable matar a las niñas e intentaba salvarlas. También refutó las religiones de los judíos y los cristianos. Decía: «¿Cuál es la diferencia entre el shirk de nuestra gente y el shirk de ellos?»
Hazrat Asma, hija de Abu Bakr (que Allah esté complacido con ella), dijo: «Vi a Zayd ibn Amr sentado, apoyado contra el muro de la Kaaba. Decía: “¡Oh, qurayshíes! ¡Por Allah!, no comeré la carne de ningún animal que haya sido sacrificado en nombre de alguien distinto de Allah. ¡Por Allah!, no hay nadie más que yo que siga la religión de Ibrahim”».
También decía: «¡Oh, Dios! Si supiera cuál de las formas de adorarte es la que más te complace, te adoraría precisamente de esa manera». Se postraba apoyando la cabeza sobre las palmas de las manos. Viajó hasta Siria en busca de la religión de Ibrahim, pero tampoco la encontró en las religiones de los judíos y los cristianos. Entonces alzó las manos y suplicó:
«¡Oh, Dios! Te pongo por testigo de que sigo la religión de Ibrahim».
Finalmente, cinco años antes de la aparición del profeta Muhammad (la paz sea con él), alguien lo mató en la ciudad de Lajm. Su tío y su hermanastro al-Jattab lo hostigaban mucho por haber abandonado la religión ancestral. Finalmente, se vio obligado a abandonar La Meca. Se apostó a unos matones de los qurayshíes para impedirle entrar en la ciudad de La Meca.
En la época islámica, Hazrat Umar (que Allah esté complacido con él) y Hazrat Sa‘id ibn Zayd (que Allah esté complacido con él) preguntaron respetuosamente al Noble Profeta (la paz sea con él): «¿Conocéis las creencias de Zayd? ¿Podemos pedir perdón por él?»
El Profeta respondió: «Sí; él será resucitado el Día de la Resurrección como una comunidad por sí solo» (Al-Isti‘ab, tomo 2, pág. 539; Al-Isaba, tomo 1, pág. 552; Ibn Hisham, tomo 1, págs. 239-240).
Sin embargo, se puede conocer la clase de politeísmo en la que estaba sumida la generalidad de los árabes por la talbiya que recitaban durante el Hayy. Dicha talbiya era la siguiente:
(Árabe***************)
—Aquí estoy, ¡oh, mi Dios!, aquí estoy. Aquí estoy; no tienes asociado alguno, excepto un asociado que te pertenece. Tú eres dueño de él y también de aquello que él posee.
Esto significa que, a pesar de aceptar como divinidades a sus numerosos dioses inventados, reconocían a Alá como el Señor supremo y creían que todas esas divinidades eran siervos y esclavos de ese Ser glorioso y excelso. ¿Cómo puede explicarse esto sino por la influencia ismaelita de la profecía, que hizo que, aun estando sumidos en la más vil ignorancia y el politeísmo, conservaran en su corazón esta creencia acerca de Alá?
La responsabilidad de administrar la Casa de la Kaaba después de Ismael (la paz sea con él)
Mientras el profeta Ismael (la paz sea con él) vivió, la responsabilidad de administrar la Casa de la Kaaba estuvo en sus manos. Después de su fallecimiento, su hijo mayor, Nabé, se convirtió en su custodio. Pero, tras la muerte de Nabé, los miembros de la tribu de Yurhum, que se habían establecido en La Meca en tiempos de Agar (que Alá esté complacido con ella), se apoderaron por la fuerza de la administración de la Casa de la Kaaba. Esto se debió a que los descendientes de Ismael (la paz sea con él) eran pocos, mientras que el número de los yurhumíes de La Meca había aumentado considerablemente. Junto con ellos, una rama de los amalecitas, Qatūra o Banu Qaytūr, también participó durante algún tiempo en la administración de La Meca. Los yurhumíes cobraban el diezmo a quienes llegaban desde las afueras de la ciudad, y los amalecitas obligaban a pagarles el diezmo a quienes venían de las zonas bajas. Finalmente, después de algún tiempo, expulsaron a los responsables de la administración de la Casa de la Kaaba. Después, ellos mismos dominaron la Casa de la Kaaba y La Meca durante varios siglos (Murūŷ al-Dhahab, al-Samʿūdī, tomo II, p. 50; Ibn Hisham, tomo I, p. 118). Entre ellos se produjo gradualmente tal corrupción que comenzaron a destruir la dignidad de La Meca. Consumían injustamente las riquezas ofrecidas como donativos a la Kaaba. Hostigaban a quienes acudían a visitarla. Incluso, si alguno de ellos no encontraba otro lugar para cometer adulterio, iba a la Casa de la Kaaba y cometía allí ese pecado. Un hecho de aquella época es que un hombre llamado Isaf cometió un acto ilícito con una mujer llamada Na’ila en la Casa de la Kaaba, y Alá dejó paralizados a ambos. Algún tiempo después, hicieron estatuas de ellos, colocaron una en Safa y la otra en Marwa, y comenzaron a adorarlas. Los custodios de la Casa de la Kaaba habían caído a semejante extremo de vileza.
Finalmente, cuando los excesos de los yurhumíes llegaron al límite, Banu Bakr ibn Abd Manat, de la tribu de Kinana, y Gubshan, de la tribu de Juzāʿa, lucharon conjuntamente contra ellos y los expulsaron de La Meca. Al marcharse, arrojaron las riquezas de la Kaaba al pozo de Zamzam, lo cegaron y lo borraron de todo rastro, y partieron hacia su patria, Yemen. Después, la responsabilidad de administrar la Kaaba quedó en manos de aquella rama de Banu Juzāʿa conocida como Gubshan. Ellos fueron los custodios de la Kaaba durante tres o cuatro siglos, y en su época la Casa de la Kaaba se convirtió en un templo repleto de ídolos. Esto comenzó de la siguiente manera: el jefe de aquella tribu, Amr ibn Luhay, se convirtió en el rey sin corona de Juzāʿa debido a su riqueza y generosidad, y todos seguían sin vacilar cualquier nuevo rito religioso (bidʿa) que él inventaba. En una ocasión viajó a la región de Siria, donde vio a los amalecitas adorando diversos ídolos. Esto le agradó mucho, y de allí trajo un ídolo llamado Hubal y lo instaló en la Kaaba. Poco a poco aumentó el número de ídolos nuevos. Entre ellos se incluyeron también estatuas del profeta Abraham (la paz sea con él), del profeta Ismael (la paz sea con él) y de María (la paz sea con ella). Es probable que la estatua de María se colocara para que los cristianos de Arabia se orientaran hacia la Kaaba. En una narración de Ibn Abbas (que Alá esté complacido con él) transmitida en el Kitab al-Anbiya de Bujari, se dice que en la Casa de la Kaaba también había estatuas del profeta Abraham (la paz sea con él) y de María (la paz sea con ella). En una segunda narración se afirma que las estatuas del profeta Abraham (la paz sea con él) y del profeta Ismael (la paz sea con él) tenían la forma de ambos sosteniendo en sus manos flechas de juego o dados. Ibn Ishaq dice que las innovaciones de Bahira, Sa’iba, Wasila y Ham fueron inventadas por Amr ibn Luhay, y que fueron refutadas en la aleya 103 de la sura al-Ma’ida. Sin embargo, no es correcto afirmar que este hombre fue quien inició la idolatría entre los seguidores de la religión de Abraham. Ibn Ishaq dice que todos los que abandonaban La Meca para trasladarse a otras regiones de Arabia llevaban consigo una piedra de La Meca y, dondequiera que se establecían, la colocaban allí y comenzaban a circunvalarla (Ibn Hisham, tomo I, pp. 79-80).
La autoridad de los juzāʿíes sobre la Kaaba, es decir, el derecho a administrarla, llegó a su fin cuando Qusay ibn Kilab, de la tribu de Quraysh, recibió esta responsabilidad de su suegro. Más adelante se narrará este asunto.
Los descendientes de Ismael (la paz sea con él)
Los genealogistas árabes y la tradición unánime de la Biblia sostienen que el profeta Ismael (la paz sea con él) tuvo doce hijos. Sin embargo, después de que los Yurhumíes establecieron su dominio en La Meca, solo un número muy reducido de descendientes de Ismael permaneció en la ciudad, mientras que todos los demás se dispersaron por distintas regiones de Arabia. La historia guarda silencio acerca de adónde fueron los descendientes de sus doce hijos y qué personas nacieron de sus linajes. Lo que está conservado y es fiable en la ciencia genealógica árabe, y sobre lo cual no existe discrepancia, es que Adnán fue uno de los descendientes de Nabut, el hijo mayor del profeta Ismael (la paz sea con él). Existe discrepancia sobre cuántas generaciones transcurrieron entre Adnán y el profeta Ismael (la paz sea con él), y no se ha conservado la genealogía de los antepasados de Adnán. Urwah ibn al-Zubayr (que Dios esté complacido con él) dijo: «No hemos encontrado a nadie que conociera la genealogía comprendida entre Adnán y el profeta Ismael (la paz sea con él)».
Ibn Masud (que Dios esté complacido con él) e Ibn Abbas (que Dios esté complacido con él) dijeron ambos que quienes recitan una genealogía por encima de Adnán mienten. El califa Umar (que Dios esté complacido con él) dijo: «Quienes recitan una genealogía por encima de Adnán mienten; la genealogía solo debe recitarse hasta Adnán». En las Tabaqat de Ibn Saad y en Ansab al-Ashraf de Baladhuri se transmite asimismo esta declaración del propio Noble Profeta (la paz y las bendiciones de Dios sean con él): después de recitar la genealogía hasta Maad ibn Adnán ibn Udad, dijo: «Quien recite una genealogía de los antepasados posteriores es un mentiroso». Sin embargo, que no se haya conservado la genealogía ascendente no significa que exista duda alguna sobre la pertenencia de Adnán a los descendientes de Ismael. Todos los árabes estaban de acuerdo en que Adnán pertenecía a los hijos de Ismael. El consenso de los árabes sobre este asunto constituye una prueba irrefutable de su civilización, pues concedían gran importancia a la genealogía. Si no hubiera existido una tradición transmitida continuamente de generación en generación, les habría sido imposible ponerse de acuerdo sobre el linaje de alguien.
La genealogía del Noble Mensajero y su relación con las tribus árabes
Se ha conservado la genealogía de los grupos tribales árabes surgidos de los descendientes de Adnán, y no existe discrepancia al respecto entre los genealogistas. Aquí presentamos la genealogía del profeta Muhammad (la paz y las bendiciones de Dios sean con él). Después explicaremos en qué antepasado se conectan las distintas tribus árabes con el linaje del Profeta. La genealogía del Profeta (la paz y las bendiciones de Dios sean con él) es la siguiente:
Muhammad () ibn Abd Allah ibn Abd al-Muttalib ibn Hashim ibn Abd Manaf ibn Qusay ibn Kilab ibn Murra ibn Kab ibn Luayy ibn Ghalib ibn Fihr ibn Malik ibn al-Nadr ibn Kinana ibn Juzayma ibn Mudrika ibn Ilyas [Algunos autores pronuncian este nombre Ilyas, pero Suhayli afirmó en su obra que la forma correcta es Ilyas. Baladhuri también escribió esta misma pronunciación en su Ansab al-Ashraf. —Autor.] ibn Mudar ibn Nizar ibn Maad ibn Adnán.
Las siguientes tribus se conectan con el linaje del Profeta al remontar su genealogía hasta el antepasado de cada uno de sus miembros:
La genealogía ascendente de los descendientes de Ukk, hijo de Adnán, llega hasta Adnán y se une al linaje de los antepasados del Profeta (la paz y las bendiciones de Dios sean con él). Los descendientes de Ukk se establecieron en Yemen y contrajeron vínculos matrimoniales con los asharios. Abu Musa al-Ashari (que Dios esté complacido con él) pertenecía a esta tribu.
Banu Qudāʿa y las tribus —entre ellas Banu Bakr ibn Wā’il, Taghlib, Nāḍila y otras—, Banu ʿAbd al-Qays, ʿAnaza y Namir ibn Qās se vincularon con Nizār.
Todas las tribus de Qays —Sulaym, Māzin, Fazāra, ʿAbs, Ashjaʿ, Murra, Dhabiyān, Ghatfān, ʿUqayl, Qushayr, Jusham, Thaqīf, Bāhila, Banu Saʿd— descienden de Banu Saʿd ibn Bakr.
Banu Tamīm, Banu Dabra, Muzayna, Khuzāʿa, Aslam, Kalb, Taym y otras tribus se vincularon con al-Ilyās.
Buzayl, la tribu en la que nació ʿAbdullah ibn Masʿūd —que Dios esté complacido con él—, se vinculó con Mudrika.
Banu Asad, Qāra y todos los Banu al-Hūn ibn Khuzayma se vincularon con Khuzayma.
Banu ʿAbd Manāt —entre los que se incluyen Banu Bakr y Banu Dhamīra—, Banu Mālik, Banu Qalqān, ʿAtba, Milqān, Banu Hudhayl, Banu Firās, Banu Faqīm y otras tribus se vincularon con Kināna. La tribu de Abū Dharr al-Ghifārī —que Dios esté complacido con él— procedía de Banu Mālikān.
Quraysh
Un grupo de genealogistas sostiene que Quraysh era el sobrenombre de al-Nadr ibn Kināna. Sin embargo, los eruditos investigadores afirman que, en realidad, Quraysh era el sobrenombre de Fihr, nieto de al-Nadr e hijo de Mālik ibn al-Nadr.
Quienes son descendientes de él están incluidos entre los qurayshíes, y quienes no son descendientes de él también están incluidos entre los qurayshíes. [Existen discrepancias acerca del significado de la palabra «Quraysh». Uno de sus significados es reunirse después de haberse dispersado. En este sentido, el título «Quraysh» podría corresponder propiamente a Qusay ibn Kilab, pues fue en su época cuando todas las familias de Quraysh se reunieron en La Meca. El segundo significado es ganarse la vida y comerciar, actividades que constituían la profesión de los qurayshíes. El tercero es investigar; en este sentido, «Quraysh» sería el título de Nadr ibn Kinana, pues la tradición árabe relata que recorría los lugares en busca de personas necesitadas y las ayudaba. Otro significado es la inmensidad del mar, que devora todo cuanto encuentra. Existe una opinión según la cual Quraysh ibn Badr era un hombre de la descendencia de Banu Nadr ibn Kinana que organizaba el aprovisionamiento de los viajeros y de las mercancías; por ello, al ver las caravanas de esta tribu, los árabes decían: «Ha llegado la caravana de Quraysh». Existen diversas opiniones de este tipo. Sin embargo, la información obtenida mediante la investigación indica que Quraysh era el título de Banu Fihr —el autor—.]
La reunión de los qurayshíes en La Meca y la obtención de la responsabilidad de administrar la Kaaba
Ya hemos dicho que, después de que los yurhumíes establecieran su dominio en La Meca, los descendientes de Ismael comenzaron a dispersarse por distintas regiones de Arabia. Esta misma situación se produjo mientras la responsabilidad de administrar la Kaaba estaba en manos de Shiqah y Ghubshan, pertenecientes a Banu Khuzaya. Al igual que las demás ramas de los hijos de Ismael, Quraysh también se dispersó por las distintas aldeas de Banu Kinana. Solo una pequeña parte de ellos permaneció establecida en La Meca. Hacia el año 400 d. C. [Según el relato de Ibn Kathir, entre la muerte de Ka’b ibn Lu’ayy —bisabuelo de Qusay— y la misión profética de Muhammad (la paz y las bendiciones de Dios sean con él) hubo una diferencia de 560 años. De acuerdo con esto, es posible que Ghalib ibn Fihr fuera contemporáneo de Jesús, la paz sea con él. Ibn Kathir, citando a Suhayli y a otros imanes, también relata que, en la época de Ma’ad ibn Adnan, Nabucodonosor destruyó Jerusalén y llevó cautivos a los judíos. Este acontecimiento tuvo lugar en el año 587 a. C.; al-Baladhuri afirmó que Ma’ad ibn Adnan fue contemporáneo de Nabucodonosor —el autor—.] Esta situación llegó a su fin a manos de Qusay ibn Kilab; La Meca pasó a estar bajo el dominio de Quraysh y la administración de la Casa de la Kaaba también quedó en sus manos.
El comienzo de todo esto fue el siguiente: después de la muerte de Kilab ibn Murra, padre de Qusay, su madre, Fatima bint Sa’d, de la estirpe de Azd Shanū’a, contrajo matrimonio con Rabi’a ibn Haram, un hombre de Banu Khuzaya, y se marchó a Siria. Allí, de este segundo marido y en su seno, nació un hijo llamado Zurah ibn Rabi’a. Cuando Qusay llegó a la juventud, en cierta ocasión tuvo una disputa con un hombre de Banu Khuzaya. Este lo reprendió diciéndole: «Habiéndote criado entre nosotros, ahora alzas tu voz contra nosotros. ¿Por qué no vas con tu propia gente?»
Entonces Qusay preguntó a su madre: «¿Cuál es mi identidad?». Ella respondió: «Eres hijo de Kilab y perteneces a la tribu de Quraysh. Tu pueblo vive junto a la Casa Sagrada y en la ciudad de La Meca y sus alrededores». Entonces Qusay decidió firmemente: «Iré junto a mi pueblo».
Después, cuando llegó la época del hajj, llegó a La Meca junto con los peregrinos de Banu Khuzaya. Allí ya estaba establecido su hermano, Zuhra, quien era un joven cuando murió Kilab. Qusay permaneció junto a él. En aquel tiempo, Hulail ibn Habshiyya al-Khuzai era el mutawalli de la Kaaba y gobernante de La Meca. Qusay pidió casarse con Hubba, hija de Hulail. Hulail, atraído por la nobleza del linaje de Qusay y por su noble carácter, dio su consentimiento de buen grado. Después se encuentran diversas narraciones acerca de cómo la administración de la Kaaba y el liderazgo de La Meca llegaron a sus manos. Según una narración, el propio Hulail dejó establecido en su testamento que, después de su muerte, Qusay era quien debía asumir la administración de la Casa de la Kaaba. Otra narración afirma que, tras la muerte de Hulail, Qusay sostuvo que era más digno que los demás de ocupar ese cargo. Como Banu Khuzaya y Banu Bakr no aceptaron esto, pidió ayuda a su medio hermano Riza y a Banu Kinana y Banu Khazaym. Luego reunió también a los qurayshíes que vivían en los alrededores. Después expulsó por la fuerza de La Meca a Banu Khuzaya y Banu Bakr. Más tarde, cuando ambas partes aceptaron como árbitro a Yamur ibn Awf, perteneciente a Banu Abd Manaf ibn Kinana, este decidió que Qusay tenía más derecho que Banu Khuzaya a ser el mutawalli de la Casa de la Kaaba, porque su ascendencia estaba confirmada como descendiente de Banu Ismael.
Una vez liberado de la disputa con Banu Khuzaya, Qusay dirigió su atención hacia Banu al-Ghawth ibn Mur. Eran llamados Sufa. Durante el dominio de Yurhum y de Banu Khuzaya habían obtenido el privilegio de que, durante el hajj, nadie pudiera regresar de Arafat sin su permiso. Solo con su autorización se podía ir a Mina. Nadie podía partir de Mina hacia su casa hasta que Sufa hubiera arrojado piedras en los yamaraat. Solo después de ellos podían partir los demás peregrinos, realizando el ramy, es decir, arrojando piedras. Como resultado de una práctica mantenida durante mucho tiempo, esto llegó a parecer una religión que era obligatorio observar. Durante la época del hajj, Qusay combatió contra Sufa y los despojó de su dignidad —Ibn Hisham—.
Así, cuando Qusay obtuvo la administración de la Kaaba y el liderazgo de La Meca, reunió en La Meca, desde las distintas regiones de Arabia, a todos los descendientes de Fihr, conocidos como Quraysh, y distribuyó La Meca entre ellos, estableciendo a cada familia en una parte de la ciudad. [Qusay distribuyó la ciudad de La Meca entre las familias de Quraysh de la siguiente manera: estableció en las zonas adyacentes al Haram, así como en los valles y las tierras altas de las montañas situadas a ambos lados, a las distintas ramas de Banu Ka’b ibn Lu’ayy. Entre ellas estaban Banu Adi, Banu Jumah, Banu Sahm, Banu Taym, Banu Makhzum, Banu Zuhra, Banu Abd Wud, Banu Abd al-Dar, Banu al-Muttalib, Banu Hashim, Banu Abd Shams y Banu Nawfal. Eran llamados Quraysh al-Bitah, es decir, los habitantes de la parte interior de La Meca y de las casas del Haram por naturaleza. Las familias descendientes de Fihr, antepasado superior de Kaaba, como Banu Muharib, Banu al-Harith, Banu Taym Ullah, Banu Amir ibn Lu’ayy y otras, eran los «Quraysh al-Zawahir», y se les asignó la parte exterior de La Meca —el autor—.] Por esta razón, Quraysh los llamó «Mujamma».
Juzafa bin Gánem al-Adawi dice:
(Árabe*******************)
—A vuestro antepasado se le llamaba Muyámmia. Por medio de él, Allah reunió a las tribus de Fihr.
La ciudad-Estado de La Meca y la administración del Hayy
Por este gran servicio de Qusay, todas las tribus de Quraysh lo reconocieron como su jefe. Cuando una muchacha de cualquier familia de Quraysh alcanzaba la pubertad, se le ponía el camisón en la casa de Qusay; y si se celebraba un matrimonio, tenía lugar en la casa de Qusay. Cuando ocurría un asunto importante o estaba a punto de estallar una guerra con alguna tribu, los jefes de todas las familias se reunían en su casa para deliberar. Por eso aquella casa era llamada «Dar al-Nadwa». Tenía una puerta orientada hacia el Santuario. En tiempos de guerra, se designaba a uno de los hijos de Qusay como portador de la bandera. Este cargo se llamaba «al-Liwa». Toda la administración del Hayy estaba en manos de los descendientes de Qusay. Una de sus funciones era «as-Siqaya», es decir, dar de beber a los peregrinos. La segunda era «ar-Rifada», es decir, encargarse de alimentar a los peregrinos. Para ello, todas las familias de Quraysh reunían sus contribuciones y se las entregaban a Qusay. Él se ocupaba de alimentar, hasta el regreso del Hayy, a aquellos peregrinos que no podían procurarse comida por sí mismos.
La tercera era «al-Hiyaba», es decir, la custodia de las llaves de la Kaaba. Su función consistía en abrir y cerrar la Kaaba para los visitantes.
Qusay fue durante toda su vida el dueño absoluto del Estado de La Meca. Cuando se acercó el final de su vida, vio que su hijo Abd Manaf había alcanzado fama en Arabia y que su posición también estaba siendo reconocida. Entonces confió todas las responsabilidades del Estado de La Meca —Nadwa, Hiyaba, Rifada y Liwa— a su segundo hijo, Abdud-Dar. Tras la muerte de Qusay, durante algún tiempo se respetó su decisión. Después, en cierto momento, comenzó una disputa por el reparto de estos cargos. En esta disputa, algunas familias de Quraysh se aliaron con Abdud-Dar y otras con Abd Manaf. Entre las familias de Quraysh que se aliaron con Abd Manaf estaban los Banu Asad bin Abd al-Uzza, los Banu Zuhra bin Kilab, los Banu Taym bin Murra y los Banu Hariz bin Fihr. Su jefe era Abd Shams. Quienes se aliaron con Abdud-Dar fueron los Banu Majzum, los Banu Sahm, los Banu Yumah y los Banu Adi. Su jefe era Amir bin Hashim. Los Banu Amir bin Luayy y los Banu Muharib bin Fihr permanecieron neutrales en esta disputa.
La disputa amenazaba con prolongarse, pero se alcanzó un acuerdo antes de que estallara una guerra civil. Como resultado, la Hiyaba, el Liwa y la Nadwa quedaron bajo la autoridad de Abdud-Dar, mientras que la Siqaya y la Rifada fueron entregadas a Abd Manaf. Los hijos de Abd Manaf, tras consultarse entre sí, otorgaron estos dos cargos a Hashim. Estas disposiciones permanecieron intactas hasta la conquista de La Meca por el Mensajero de Allah (s), exactamente tal como habían sido confiadas a ambas familias. Después de la conquista de La Meca, el Profeta (s) abolió todos los cargos excepto la Hiyaba y la Siqaya. La Hiyaba ha seguido siendo administrada hasta hoy por Shayba bin Uzman, perteneciente a una rama de Abdud-Dar. En cuanto a la responsabilidad de la Siqaya, finalmente pasó a manos de Abbas bin Abd al-Muttalib y permaneció durante algún tiempo en manos de los Banu Abbas. Después, el primer califa renunció personalmente a ella —autor.
Hashim
El verdadero nombre de Hashim era Amr. Recibió el sobrenombre de «Hashim» cuando una vez hubo una hambruna en La Meca. En aquella ocasión, Hashim trajo alimentos de Siria y preparó pan. Sacrificó numerosos camellos y preparó un caldo con ellos. Luego desmenuzó el pan dentro de él, preparó una especie de malida y alimentó a la gente. La palabra «hashm» significa romper y triturar. Como desmenuzaba el pan y lo echaba en el caldo para preparar malida, fue llamado Hashim.
Después de que la responsabilidad de la rifada y la siqaya fue encomendada a Hashim, este tenía por costumbre que, cuando llegaba la época del hajj, reunía a la gente de Quraysh y les decía: «Estas personas son vecinos de Allah y miembros de Su Casa; en este momento vienen a vosotros para realizar la visita. Son huéspedes de Allah. Los huéspedes de Allah son quienes más derecho tienen a ser agasajados.
Allah os ha concedido esta distinción y, gracias a ella, os ha revestido de honor y dignidad. Él os ha protegido de una manera que ningún vecino protege a su vecino. Por eso, honrad a los huéspedes de Allah y a los visitantes. Vienen de regiones lejanas, cubiertos de polvo. Llegan montados en camellas débiles y esqueléticas. Sus ropas se han ensuciado y sus provisiones se han agotado. Por tanto, dadles de comer y de beber».
Para ello, todas las familias de Quraysh aportaban contribuciones. El propio Hashim gastaba una gran cantidad de dinero de su patrimonio. Después, se recogía agua de todos los pozos de La Meca y se llenaban los depósitos de cuero. Esto se debía a que los yurhumíes habían destruido Zamzam y lo habían hecho desaparecer. Se cocinaban juntos el pan y el caldo, y también se cocinaban juntos el pan y la leche para comerlos. Asimismo, se les daban sattu, dátiles y otras cosas para comer. Se agasajaba a los peregrinos de diversas maneras hasta que partían de Mina. Este servicio público de Hashim hizo que fuera querido por todas las tribus, pues cada año, durante el hajj, tenían la oportunidad de beneficiarse de su generoso servicio a la gente.
El comercio de Quraysh y su desarrollo
El comercio de Quraysh se menciona en la sura de Quraysh (árabe************)
Se presentó como una gracia de Allah bajo el nombre de los viajes de verano y de invierno. Esta idea surgió por primera vez en la mente de Hashim. Él, junto con sus tres hermanos, Abd Shams, Muttalib y Nawfal, planeó que participaran en el comercio internacional que se desarrollaba por las rutas árabes entre las ciudades orientales, Siria y Egipto. Al mismo tiempo, debían comprar y traer los artículos necesarios para los árabes, de modo que las tribus situadas a lo largo del camino pudieran comprarlos y los comerciantes de otros países acudieran a los mercados de La Meca para adquirir mercancías. Hubo un tiempo en que el gobierno reinante de Irán había establecido su dominio sobre aquel comercio internacional. Ese comercio se realizaba entre el Imperio romano y las ciudades orientales por las rutas del norte y del golfo Pérsico. Por ello, el comercio de la gran ruta comercial que se extendía desde el sur de Arabia, a lo largo de la costa del mar Rojo, hasta Siria y Egipto, era muy activo. En comparación con las demás caravanas comerciales árabes, Quraysh tenía la ventaja de que, además de ser custodios de la Casa de Allah, servían a los peregrinos; por ello todos les estaban agradecidos. No temían que alguien asaltara sus caravanas en el camino. Las tribus situadas a lo largo de la ruta tampoco les cobraban los elevados peajes que exigían a las demás caravanas. Teniendo en cuenta todos estos aspectos, Hashim elaboró un plan comercial e incluyó en él a sus tres hermanos. Hashim obtuvo facilidades comerciales del rey gasánida de Siria; Abd Shams, del rey de Abisinia; Muttalib, de los emires del Yemen; y Nawfal, de los gobiernos de Irak y Persia. [Al-Tabari dice que Hashim obtuvo facilidades comerciales y garantías de seguridad durante los viajes del César de Roma y de los reyes de Siria y Gasán; Abd Shams, del rey de Abisinia, el Negus; Nawfal, del rey de Irán; y Muttalib, de los reyes de Himyar. Ibn Saad dice que el César de Roma tenía un respeto especial por Hashim y que este avanzaba hasta Ankara con fines comerciales —el autor—.] De este modo, su comercio se desarrolló rápidamente.
Por ello, estos cuatro hermanos se hicieron famosos con el nombre de mutayirín (comerciantes profesionales). Debido a las relaciones que establecieron con las tribus y los Estados vecinos, también se les llamaba ashab al-ilaf, cuyo significado es «creadores de amistad». Sin embargo, como término técnico, ilaf significa una relación amistosa basada en la cual se obtiene seguridad al atravesar los caminos y también al residir en los territorios de los pueblos amigos. Se trataba de un pacto de naturaleza distinta de una alianza política.
Gracias al comercio, los qurayshíes tuvieron la oportunidad de establecer relaciones con Siria, Egipto, Irán, Irak, Yemen y Abisinia. Al entrar en contacto con la civilización y la cultura de diversos países, su inteligencia y previsión se desarrollaron hasta tal punto que ninguna otra tribu de Arabia podía compararse con ellos. También eran los más destacados de Arabia en cuanto a riqueza. Como resultado, La Meca se convirtió en un importante centro comercial de la península arábiga. Esto les proporcionó una gran ventaja en las relaciones internacionales: trajeron de Irak un alfabeto que ninguna otra tribu poseía. Por ello, el Profeta (s) dijo:
(Árabe**************)
—Quraysh es el líder de la humanidad (Musnad Ahmad, narrado por Amr ibn al-As).
En al-Bayhaqi aparece la siguiente narración de Ali (ra):
(Árabe**************)
Al principio, el liderazgo de Arabia estaba en manos de los himyaríes; después, Allah Todopoderoso se lo quitó a ellos y se lo concedió a Quraysh.
Quraysh continuó avanzando por el camino del progreso hasta que ocurrió el ataque repentino de Abraha. Si en aquel momento Abraha hubiera logrado apoderarse de esta ciudad sagrada y destruir la Kaaba, en Arabia no solo se habría destruido el prestigio de Quraysh, sino también el de la propia Kaaba. La creencia de los árabes de la época de la ignorancia en que esta Casa era realmente la Casa de Allah se habría debilitado. Debido a que eran los custodios de esta Casa, el prestigio que Quraysh tenía en todo el país también habría desaparecido por completo. Después de que los abisinios hubieran avanzado hasta La Meca, el Imperio romano habría continuado avanzando y se habría apoderado de la ruta comercial entre Siria y La Meca. Su situación habría sido aún peor que la que tenían antes de Qusay ibn Kilab. Pero cuando Allah Todopoderoso manifestó milagrosamente Su poder y ejércitos de aves, golpeando con piedras, destruyeron y aniquilaron a los sesenta mil soldados abisinios de Abraha, y los hombres de aquel ejército destruido comenzaron a morir, esparcidos por todo el camino desde La Meca hasta Yemen, la convicción de todos los árabes de que la Kaaba era la Casa de Allah se hizo muchas veces más firme y fuerte. Al mismo tiempo, el prestigio de Quraysh aumentó en todo el país. Entonces los árabes adquirieron la firme convicción de que Allah les había concedido una gracia especial. Como consecuencia, los qurayshíes viajaban sin temor por toda Arabia con sus caravanas comerciales. Nadie se atrevía a molestarlos. Incluso si concedían protección a alguien que no era qurayshí, nadie ponía objeciones.
Abdul Muttalib ibn Hashim
Durante sus viajes de negocios a Sham, Hashim solía detenerse cerca de Medina. Anteriormente había contraído matrimonio con una mujer de la tribu medinense de los Jazray, quien le dio una hija llamada Hayya y un hijo llamado Sayfi. En otro viaje vio a una joven llamada Salma bint Amr ibn Zayd, de la familia Banu Nayyar de la misma tribu de los Jazray, sentada en un lugar elevado del mercado y dando órdenes sobre qué comprar para ella y qué vender en su nombre. Atraído por su belleza, elegancia, discernimiento y perspicacia, Hashim le propuso matrimonio. Ella no aceptaba casarse con nadie salvo bajo la condición de que pudiera actuar según su propia voluntad y separarse de él si dejaba de agradarle. Hashim aceptó sus condiciones. La mujer aceptó casarse al observar la nobleza de linaje y la personalidad de Hashim. El matrimonio de ambos se celebró en Medina, y allí mismo, aproximadamente en el año 495 d. C., nació Abdul Muttalib, hijo de ella. Durante ese mismo viaje, cuando Hashim llegó a Gaza, enfermó y murió. Así, Abdul Muttalib permaneció en Medina junto a su madre hasta antes de alcanzar la juventud. Al morir, Hashim dejó dispuesto que, después de su muerte, su hermano al-Muttalib asumiría en su lugar la administración de la Siqaya y la Rifada, y que se encargaría de su familia y sus bienes. Desde entonces, los Banu Hashim y los Banu al-Muttalib quedaron unidos y así permanecieron. En cambio, los Banu Abd Shams —de quienes proceden los Banu Umayya— y los Banu Nawfal se convirtieron en aliados y permanecieron así hasta épocas posteriores. Durante la misión profética de Muhammad (la paz sea con él), cuando todas las tribus de Quraysh rompieron sus relaciones con él y lo mantuvieron sitiado en el valle de Abu Talib, los Banu al-Muttalib permanecieron junto al Profeta en aquel boicot, al igual que los Banu Hashim. Por el contrario, los Banu Nawfal y los Banu Abd Shams se alinearon con el grupo opositor.
El verdadero nombre de Abdul Muttalib era Shayba, y por su belleza física también se le llamaba «Shaybat al-Hamd». Mientras crecía en Medina, un día Sābit ibn Mundhir, padre de Hassán ibn Sābit (que Dios esté complacido con él), fue a La Meca y se reunió con al-Muttalib. Sābit ya tenía relación con él. Durante la conversación, Sābit le dijo: «Tu sobrino Shayba… ve a verlo una vez; tu corazón se llenará de alegría. Es un joven muy apuesto y robusto».
Al oír aquello, al-Muttalib se impacientó, fue a Medina, sentó a su sobrino con él sobre el camello y lo llevó a La Meca. Al ver que aquel joven llegaba con al-Muttalib, los habitantes de Quraysh comenzaron a decir: «Abdul Muttalib» —es decir, «el esclavo de al-Muttalib»—. Al-Muttalib los reprendió diciendo: «Este es Shayba, hijo de mi hermano Hashim; no es mi esclavo».
Sin embargo, el nombre Abdul Muttalib se hizo tan famoso que su nombre original quedó olvidado. Algún tiempo después, al-Muttalib viajó a Yemen con propósitos comerciales y murió allí. Abdul Muttalib lo sucedió y asumió ambos cargos, la «Siqaya» y la «Rifada».
Ibn Sa’d lo elogia diciendo que era el más apuesto, el más saludable, el más sereno y paciente, el más generoso de Quraysh, y el que se mantenía más alejado de aquellas malas prácticas que conducían a los hombres a la degradación.
Ibn Hisham también dice que alcanzó entre su pueblo un grado de honor y respeto que ninguno de sus antepasados había alcanzado. Su pueblo lo amaba y gozaba de una gran consideración entre la gente. Ibn Asir dice que Abdul Muttalib también iba durante el mes de Ramadán a la cueva de Hira para practicar el tahannuz (adoración), y alimentaba a los necesitados durante todo el mes.
At-Tabari, Ibn Asir y al-Baladhuri dicen que Nawfal, tío de Abdul Muttalib, se había apropiado de una parte de los bienes que Hashim había dejado. Abdul Muttalib se quejó ante personas influyentes, pero estas se negaron a intervenir en la disputa entre el tío y el sobrino. Entonces Abdul Muttalib pidió ayuda a la tribu de su abuelo materno, los Banu Adi ibn Tuyyar de Medina. Después, su tío materno Abu Sa’id ibn Adas llegó a La Meca acompañado de ochenta hombres, y ellos hicieron que Nawfal restituyera por la fuerza los derechos de su sobrino. A partir de entonces, Nawfal también se alió con los Banu Abd Shams contra los Banu Hashim, y hasta la época de la misión del Profeta (la paz sea con él), los Banu Nawfal permanecieron en aquel grupo que se oponía a los Banu Hashim y apoyaba a los Banu Abd Shams. Cuando Abdul Muttalib vio que los Banu Nawfal se habían unido al bando contrario, consultó con los jefes de los Banu Juzā’a y redactó formalmente un pacto. En la narración de Ibn Sa’d y al-Baladhuri hay cierta diferencia. Ellos dicen que los Banu Juzā’a se dirigieron por iniciativa propia a Abdul Muttalib y concluyeron un pacto de amistad, ayuda y cooperación mutuas. En este pacto participaron tanto los Banu Abd al-Muttalib como los Banu Hashim. Los Banu Abd Shams y los Banu Nawfal permanecieron al margen. El pacto fue escrito en la Casa de la Asamblea y colgado en la Kaaba. Conforme a él, Abdul Muttalib encomendó a sus hijos que mantuvieran la amistad con los Banu Juzā’a. Su influencia se manifestó cuando, en el momento del tratado de Hudaybiyya, una de sus cláusulas establecía que cualquiera de las tribus árabes que lo deseara podía unirse a cualquiera de las dos partes: entonces los Juzā’a decidieron aliarse con el Mensajero de Dios (la paz sea con él).
La recuperación de Zamzam por parte de Abd al-Muttalib
Este honor corresponde a Abd al-Muttalib: el pozo de Zamzam, que los yurchumíes habían clausurado por completo hasta borrar incluso sus huellas, volvió a aparecer de nuevo por sus manos. Muhammad ibn Ishaq, citando a Ali —que Allah esté complacido con él—, dice que en sueños se le indicó a Abd al-Muttalib el lugar de Zamzam y se le ordenó excavar allí para sacar este pozo sagrado. En aquel momento Abd al-Muttalib no tenía ningún hijo, excepto al-Harith. Llevando consigo a al-Harith, llegó al lugar con picos y palas y comenzó a excavar. Cuando apareció el agua, Abd al-Muttalib proclamó en voz alta el takbir. Así supieron los qurayshíes que Zamzam había sido descubierto. Se reunieron todos y comenzaron a decir: «¡Abd al-Muttalib! Este es el pozo de nuestro padre Ismael —la paz sea con él— y nosotros también tenemos derecho a él. Haznos partícipes contigo». Él respondió: «No puedo hacerlo. Esto me ha sido concedido especialmente a mí; no os ha sido concedido a ninguno de vosotros». Cuando quisieron disputar sobre ello, Abd al-Muttalib dijo: «De acuerdo, aceptemos como árbitro a alguien». Ellos propusieron a una adivina de los Banu Sad ibn Hudaym, que vivía en la región más alta de Siria. Abd al-Muttalib aceptó la propuesta y partió hacia Siria con algunos compañeros, junto con varios hombres de los Banu Umayya y algunos miembros de cada tribu qurayshí. En el camino llegaron a un desierto donde el agua de Abd al-Muttalib y sus compañeros se agotó por completo. Temieron morir por falta de agua. Pidieron agua a los demás qurayshíes que viajaban con ellos, pero estos se negaron, diciendo: «No se ve señal alguna de agua en ninguna dirección. Si compartimos nuestra agua con vosotros en estas circunstancias, también nosotros sufriremos la misma destrucción que teméis».
Finalmente, Abd al-Muttalib dijo a sus compañeros: «Venid, todavía hay vida en nuestros cuerpos. Que cada uno cave un hoyo para sí, y quien muera será enterrado en su propio hoyo». Así, cada uno cavó un hoyo y todos quedaron esperando la muerte. Entonces Abd al-Muttalib dijo a sus compañeros: «Nos estamos entregando inútilmente a la muerte. Venid, sigamos avanzando con valentía; quizá encontremos agua en algún lugar». Todos se prepararon para continuar, pero, por la obra del poder divino, cuando Abd al-Muttalib hizo levantarse a su camello y puso el pie en el suelo, de repente brotó de debajo de él un manantial de agua dulce. Abd al-Muttalib y sus compañeros proclamaron el takbir en voz alta. Bajaron de sus camellos, bebieron agua hasta saciarse y llenaron de agua sus odres. Luego Abd al-Muttalib llamó a los demás qurayshíes, los mismos que se habían negado a darles agua, y les dijo: «Bebed también vosotros y llenad vuestros odres».
Todos acudieron, bebieron hasta saciarse y dijeron: «¡Oh, Abd al-Muttalib! Allah ha decidido contra vosotros y a tu favor. Por Allah, ya no disputaremos contigo por Zamzam. El mismo Allah que te dio agua en este desierto te ha dado también Zamzam. Ahora regresa tranquilamente hacia tu propia agua».
Así, en lugar de dirigirse a aquella adivina, regresaron a La Meca.
Este cargo de la siqaya —cuyo aspecto más importante es ahora proporcionar agua de Zamzam— permaneció durante toda la vida en manos de Abd al-Muttalib. Después de su muerte, su hijo Abu Talib recibió este honor. Sin embargo, debido a su generosidad, Abu Talib comenzó a gastar en proporcionar a los peregrinos agua, bebidas, leche y otras cosas más de lo que sus medios le permitían. Por ello tuvo que pedir prestado varias veces a su hermano Abbas, y no pudo devolverle la deuda. Finalmente, Abbas puso como condición: «Si ahora no puedes pagarme, tendrás que cederme el cargo de la siqaya». De este modo, Abbas obtuvo la siqaya. Esto ocurrió en la época preislámica. También en la época islámica este cargo permaneció en manos de los Banu Abbas.
Abdullah ibn Abd al-Muttalib
Muhammad ibn Ishaq dice que, cuando Abd al-Muttalib estaba excavando Zamzam y vio que solo tenía un hijo consigo, mientras todos los qurayshíes habían acudido y lo rodeaban, hizo el voto de que, si Allah le concedía diez hijos para ayudarlo, sacrificaría a uno de ellos por la causa de Allah junto a la Kaaba. Allah cumplió su súplica y le concedió diez hijos. Todos ellos llegaron a la edad adulta. Finalmente, un día Abd al-Muttalib los reunió a todos. Todos ellos llegaron a la edad adulta. Finalmente, un día Abd al-Muttalib los reunió a todos y les habló de su voto. Todos dijeron: «Cumple el voto que hiciste ante Allah». Al oír esto, Abd al-Muttalib llevó a todos sus hijos a la Kaaba, junto a un ídolo llamado Hubal. Allí se echaban las suertes. Echó suertes para decidir cuál de sus diez hijos sacrificaría, y salió el nombre de Abdullah, que era el más apuesto de todos sus hijos y el más querido por Abd al-Muttalib. [Algunos biógrafos han dicho que Abdullah era el hijo menor de Abd al-Muttalib. Esto es incorrecto. Al-Suhayli dice que Hamza —que Allah esté complacido con él— y Abbas —que Allah esté complacido con él— eran mucho menores que Abdullah. Hamza tenía cuatro años más que el Mensajero de Allah —la paz y las bendiciones de Allah sean con él—, y Abbas era tres años mayor que él. El propio Abbas —que Allah esté complacido con él— relató que, cuando nació el Profeta —la paz y las bendiciones de Allah sean con él—, él tenía tres años. Dijo: «Recuerdo que las mujeres de la casa me llevaron ante el Profeta —la paz y las bendiciones de Allah sean con él— y me dijeron: “Acaricia a tu hermano”. Entonces lo acaricié» (Rawd al-Unuf), el autor.]
Abd al-Muttalib, sin vacilar, tomó a Abdullah de la mano y, cuchillo en mano, lo condujo hacia los dos ídolos, Isaf y Na’ila, para degollarlo. Al ver esto, los qurayshíes se levantaron de sus respectivas reuniones, corrieron hacia allí y dijeron: «¡Abd al-Muttalib! ¿Qué estás haciendo? Si haces esto, cada día alguien traerá a su hijo para degollarlo. Vamos a ver en el Hiyaz a cierta mujer. Haz lo que ella diga. Tal vez proponga una solución a este problema». [Al-Suhayli menciona que el nombre de la mujer era Qutba. Vivía en un lugar llamado Hiyr, cerca de Medina. Nota del autor.]
Siguiendo esta propuesta, llegaron a Medina y se enteraron de que la mujer vivía en Jaibar. Fueron a verla y le contaron todo. Ella preguntó: «¿Cuál es el rescate habitual por una persona entre vosotros?»
Respondieron: «Diez camellos».
Ella dijo: «Id y echad suertes para decidir si será sacrificado Abdullah o diez camellos. Si sale el nombre del muchacho, añadid otros diez camellos y volved a echar suertes. Seguid añadiendo diez camellos cada vez y echando suertes. Cuando salga el nombre de los camellos, significará que vuestro Señor ha aceptado que se sacrifiquen esa cantidad de camellos en lugar del hijo».
Aceptando lo que había dicho la mujer adivina, todos regresaron a La Meca y comenzaron a echar suertes. Diez, veinte, treinta, incluso hasta noventa, siempre salía el nombre de Abdullah. Finalmente, al llegar a cien camellos, la suerte salió a favor de los camellos. Los qurayshíes dijeron: «Ahora se ha comprendido la voluntad de tu Señor. Deja a Abdullah y sacrifica los camellos».
Pero Abd al-Muttalib no aceptó. Dijo: «Haré echar suertes tres veces más». Así pues, lanzaron las suertes tres veces, y las tres veces salieron a favor de los camellos. [De esto se sabe que, al principio, el rescate por una persona entre los árabes era de diez camellos. Después de este suceso, los árabes establecieron permanentemente cien camellos como rescate por una persona.] Entonces Abd al-Muttalib sacrificó cien camellos y anunció públicamente que cualquier persona, animal o incluso fiera podía llevarse tanta carne como quisiera.
De este modo, volvió a repetirse entre los descendientes de Abraham (la paz sea con él) aquel suceso del sacrificio que había dado comienzo al restablecimiento de esta afortunada familia de La Meca. Aunque existe una gran diferencia entre ambos sucesos en cuanto a principio y significado, se manifiesta el misterio de las obras de Allah, el Altísimo. Al principio, se pidió de otra manera el sacrificio del primer miembro de esta familia, por medio del cual debía comenzar en Arabia la llamada a la religión del islam. Ahora se pidió de otra manera el sacrificio del padre de aquel último Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él), quien debía trabajar para difundir y propagar esa llamada a toda la humanidad. El rescate del primer sacrificio fue un carnero, y el del segundo, cien camellos.
El matrimonio de Abdullah
Cuando Hazrat Abdullah tenía veinticinco años, su padre lo casó con Amena Jatún, hija de Wahab ibn Abd Manaf, jefe de los Banu Zuhra ibn Kilab. Amena era la muchacha más virtuosa de su pueblo. Después de vivir varios meses como esposos, Hazrat Amena quedó embarazada. Por entonces, su esposo Hazrat Abdullah partió con una caravana comercial hacia Gaza, ciudad de Palestina. Al regresar de allí y llegar a Medina, cayó enfermo. Dijo a sus compañeros: «Id todos a La Meca; yo me quedaré con la familia de mi abuela, la de Adi ibn Nayyār». Un mes después, murió allí mismo. Fue enterrado en Darun Nabegatel Jundi.
Sus compañeros llegaron a La Meca y comunicaron a Abd al-Muttalib que Hazrat Abdullah estaba enfermo. Abd al-Muttalib envió inmediatamente a su hijo mayor, Hariz, a Medina. Sin embargo, Hazrat Abdullah falleció antes de que él llegara a Medina.
Esta es una narración sumamente auténtica, aceptada generalmente por todos los eruditos. Sin embargo, algunas narraciones afirman que Hazrat Abdullah falleció cuando el Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) tenía veintiocho meses. Algunos han dicho que tenía dos meses y otros, siete meses. Pero la opinión sumamente confiable y universalmente aceptada es que el padre del Honorable Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) falleció mientras él se encontraba en el vientre de su madre. El Corán alude precisamente a esta verdad:
(Árabe**************)
—¡Oh, Profeta! ¿Acaso Él, tu Señor, no te encontró huérfano y luego te dio refugio?
Tercer capítulo
Desde el nacimiento hasta el comienzo de la profecía
El nacimiento auspicioso
Finalmente llegó el momento para el cual el profeta Abraham —que la paz y las bendiciones sean con él— había establecido a una parte de su familia en una desolada región, sin agua ni vegetación, y durante la construcción de la Kaaba él y su hijo, el profeta Ismael —la paz sea con él—, habían suplicado:
(Árabe*****************)
«¡Señor nuestro! Haz surgir entre ellos un Mensajero de su propia gente, que les recite Tus aleyas, les enseñe el Libro y la sabiduría, y purifique y reforme sus vidas». (Al-Báqara: 129)
Poco antes de que llegara este momento auspicioso, Abraha había venido con sesenta mil soldados para luchar contra su destino. Pero no solo con sesenta mil: aunque hubiera traído seis millones, el resultado habría sido el mismo que ocurrió. Cuando está en marcha un plan tan grandioso de Allah Todopoderoso, según el cual ha de ser traída a este lugar una personalidad que cambiará la historia del mundo, que será el último de todos los profetas y cuya llegada se ha estado preparando durante dos mil quinientos años, ninguna fuerza humana, por grande que sea, puede enfrentarse al poder de Allah sin quedar completamente deshecha.
Los hadices y los historiadores están casi unánimemente de acuerdo en que el acontecimiento de los Compañeros del Elefante —el ataque de Abraha contra La Meca— ocurrió en el mes de Muharram. El nacimiento del Mensajero de Allah —la paz y las bendiciones sean con él— tuvo lugar en el mes de Rabí al-Awwal, y fue un lunes. El propio Profeta —la paz sea con él— lo dijo en respuesta a la pregunta de un beduino (Sahih Muslim, narrado por Qatada).
Existe discrepancia sobre qué día de Rabí al-Awwal fue. Sin embargo, Ibn Shayba cita las palabras de Abdullah ibn Abbas —que Allah esté complacido con él— y de Yabir ibn Abdullah —que Allah esté complacido con él— y afirma que nació el día 12 de Rabí al-Awwal. Muhammad ibn Ishaq explicó esta opinión, y según la mayoría de los eruditos, esta es la fecha más conocida. También existe discrepancia sobre el intervalo entre el acontecimiento del Elefante y el nacimiento del Profeta —la paz y las bendiciones sean con él—. Pero la opinión más difundida es que el Profeta nació cincuenta días después de aquel acontecimiento. Conciliar los meses y años solares con los lunares es una cuestión compleja. Por eso es difícil afirmar con certeza cuál fue el año y el mes solares de su nacimiento. Generalmente se dice que nació en el año 570 o 571 d. C. Suhayli indicó el 20 de abril en Rawd al-Unuf, pero no mencionó el año. Algunos investigadores han señalado el 23 de abril de 571 d. C. Mahmud Pasha Falaki indicó el 20 de abril de 571 d. C. y, según él, correspondía al 9 de Rabí al-Awwal, lunes. Caussin de Perceval menciona en su obra Historia de los árabes que la fecha del nacimiento del Profeta —la paz sea con él— fue el 20 de agosto de 570 d. C. Hitti afirma que el Profeta —la paz sea con él— nació en 571 d. C. o cerca de ese año. Algunos orientalistas, retrocediendo dos años, han señalado el año 569 d. C. como la época de su nacimiento. Según fuentes fiables, el momento de su bendito nacimiento fue el subh al-sadiq, es decir, el amanecer.
La buena nueva y el bendito nombre
Según fuentes fiables, durante su embarazo la señora Amina soñó que de ella emanaba una luz que iluminaba hasta Siria. En otra ocasión se le dijo en sueños: «En tu vientre se encuentra el jefe de esta comunidad. Cuando nazca, llámalo Muhammad». Ibn Saad cita una narración según la cual en sueños se le indicó que lo llamara Ahmad. (En la Arabia preislámica, el nombre Muhammad rara vez pertenecía a alguien. Sin embargo, no se encuentra prueba de que nadie se llamara Ahmad. La razón, que explicamos detalladamente en Tafhim al-Qurán, tomo quinto, sura As-Saff, notas 7 y 8, es que a veces los árabes se enteraban por medio de la Gente del Libro de que aparecería otro profeta cuyo nombre sería Muhammad y que nacería entre los descendientes de Ismael. Después de oír esto, algunos árabes llamaban Muhammad a sus hijos, con la esperanza de que alguno de ellos fuera aquel profeta. El juez Iyad dijo que antes del Profeta —la paz y las bendiciones sean con él— hubo seis personas llamadas Muhammad. Ibn Jalawayh y Suhayli dijeron que fueron tres, y Abdan al-Marwazi afirmó que fueron cuatro. Pero el hafiz Ibn Hayar dice en Fath al-Bari: «Después de investigar, llegué a conocer los nombres de quince personas». Luego dice en Al-Isaba que algunos de ellos alcanzaron la época del Profeta y abrazaron el islam. Al relatar la historia de Muhammad ibn Adi ibn Rabia, escribe que le preguntaron cómo su padre le había puesto el nombre Muhammad en la época de la ignorancia. Su padre respondió: «Viajábamos por Siria. En cierto momento llegamos a un monasterio cristiano. El encargado del monasterio dijo: “Entre vuestro pueblo aparecerá un profeta, que será el último profeta”. Preguntamos: “¿Cuál será su nombre?”. Respondió: “Muhammad”. Desde entonces, a todo hijo varón que nacía en nuestra casa le poníamos el nombre Muhammad»—el autor. Probablemente estos dos nombres le fueron dados por separado, pues ambos están confirmados por los hadices. En numerosas narraciones también se menciona que la señora Amina dijo: «Cuando nació, sentí que de mi interior emanaba una luz que iluminaba Oriente y Occidente». Al-Bayhaqi e Ibn Abd al-Barr citan la narración de la madre de Uthman ibn Abi al-As, quien afirma que estuvo presente junto a la señora Amina en el momento del nacimiento del Profeta —la paz y las bendiciones sean con él—. En aquel momento, mirara hacia donde mirara, solo veía luz y más luz. La partera en el momento del nacimiento fue Safiya bint Awf bint Abd al-Harith al-Zuhri, madre de Abd al-Rahman ibn Awf.
Al séptimo día de su nacimiento, Hazrat Abd al-Muttalib celebró su aqiqah e invitó a la gente a un banquete. Después de comer, le preguntaron: «Abd al-Muttalib, ¿qué nombre le has puesto al hijo por cuyo motivo nos has ofrecido este banquete?»
Él respondió: «Le he puesto Muhammad». La gente dijo: «¿Por qué le has puesto un nombre diferente de los nombres de los demás miembros de tu familia?»
Abd al-Muttalib respondió: «Quiero que Allah lo alabe en el cielo y que Su creación lo alabe en la tierra».
Comienzo de la vida en la pobreza
Hazrat Abdullah aún era joven cuando se casó y también comenzó a dedicarse al comercio. Fue entonces cuando falleció. Por ello, no pudo dejar muchos bienes para su hijo huérfano y su esposa. Ibn Sa’d dice que dejó como herencia cinco camellos, un rebaño de cabras y una esclava. Esta esclava era Umm Ayman (que Allah esté complacido con ella), quien crió al Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) con gran cariño. Su verdadero nombre era Baraka y era de ascendencia abisinia. Más tarde, el Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) la casó con su esclavo liberado, Hazrat Zayd ibn Haritha (que Allah esté complacido con él). De ellos nació Usama ibn Zayd (que Allah esté complacido con él).
En el Corán se menciona así una etapa de pobreza de su vida sagrada:
(Árabe*************)
—Allah te encontró pobre y luego te enriqueció.
Lactancia materna
El Mensajero de Dios (que la paz y las bendiciones de Dios sean con él) mamó durante algún tiempo de Suwayba, la esclava de Abu Lahab. En al-Bujari y Muslim se relata que también mamó de ella Abu Salama (que Dios esté complacido con él) [el primer esposo de Umm Salama, Madre de los Creyentes]. Ibn Sa‘d e Ibn Hisham dicen que Hamza (que Dios esté complacido con él) y Abd Allah ibn Yahsh (que Dios esté complacido con él) también mamaron de ella. Abd Allah ibn Yahsh era hermano de Zaynab, Madre de los Creyentes (que Dios esté complacido con ella). Por ello, ambos eran hermanos de leche del Profeta (que Dios le bendiga y le conceda paz). Como muestra de gratitud por este servicio, después de alcanzar la juventud el Profeta (que Dios le bendiga y le conceda paz) siempre trató a Suwayba con gran bondad. Después de su matrimonio, Jadiya (que Dios esté complacido con ella) la honró, la respetó y la trató bien. Más tarde, Jadiya quiso comprarla para liberarla, pero Abu Lahab se negó. Después, él mismo la liberó. Incluso después de la Hégira, el Profeta (que Dios le bendiga y le conceda paz) le enviaba ropa y dinero. En el sexto año de la Hégira, cuando el Profeta (que Dios le bendiga y le conceda paz) recibió la noticia de su muerte, preguntó por la situación de su hijo Masruh. Él también era hermano de leche del Profeta. Se supo que también había muerto y que no le quedaba nadie en el mundo.
Halima al-Sa‘diyya
Era costumbre entre las familias nobles de La Meca enviar a sus hijos a algún buen hogar de las zonas desérticas para que fueran amamantados, de modo que crecieran en un clima hermoso y abierto y aprendieran la lengua árabe pura. Con este propósito, de vez en cuando llegaban a La Meca mujeres de las tribus de las regiones circundantes. Se llevaban a los hijos de los jefes y recibían una remuneración justa. Además, esperaban que se las tratara bien. Pocos días después del nacimiento del Profeta (que Dios le bendiga y le conceda paz), algunas mujeres de Banu Sa‘d ibn Bakr, una rama de la tribu de Hawazin, llegaron a La Meca para recibir niños. Entre ellas se encontraba Halima bint Abi Dhu’ayb, acompañada de su esposo, Harith ibn Abd Allah. Ibn Hisham cita el relato de la propia Halima, quien dice: «Nuestra situación era muy lamentable. Nuestra región sufría una hambruna. En comparación con las demás mujeres, nuestra situación era mucho peor. Nuestra burra era tan débil que se quedaba atrás de la caravana. Nuestra camella tampoco daba mucha leche. En mis pechos había tan poca leche que no podía saciar a los niños. El niño lloraba toda la noche y nosotras tampoco podíamos dormir. Al llegar a La Meca, supimos que ninguna mujer estaba dispuesta a llevarse al Profeta (que Dios le bendiga y le conceda paz). Todas decían: “Es huérfano. Si tuviera padre, podríamos esperar algún beneficio. No se sabe si recibiremos algo de su madre viuda y de su abuelo”».
Halima dice: «Las demás mujeres habían tomado a otros niños, pero a mí no me había tocado ninguno. Cuando todas se prepararon para regresar a casa, le dije a mi esposo: “No me gusta volver con las manos vacías. Iré a llevarme a ese niño”».
Mi esposo dijo: «¿Qué hay de malo en que lo hagas? Puede que Dios nos conceda bendiciones por medio de él».
Así pues, fui y me llevé a aquel niño, porque no había conseguido ningún otro. Después fui a la tienda donde nos alojábamos y puse mi pecho en la boca del niño. Entonces vi que salía tanta leche que él mamó hasta saciarse, y su hermano de leche, Abd Allah, también mamó hasta quedar satisfecho. Luego, cuando mi esposo fue a ordeñar la camella, esta dio tanta leche que ambos bebimos hasta saciarnos, y pasamos la noche cómodamente. A la mañana siguiente, mi esposo dijo: “¡Por Dios! Halima, has tomado un niño verdaderamente bendito”».
Halima también dice: «Durante el regreso, nuestra burra se encontraba en tal estado que comenzó a dejar atrás a todos los animales de carga de la caravana. Las mujeres que viajaban conmigo empezaron a decir: “¡Halima! ¿Es esta la misma burra en la que viniste con nosotras?”»
Dijimos: «Sí».
Respondieron: «Por Dios, su estado ha cambiado por completo».
Halimah relata: Cuando llegamos a casa, quizá no había en toda la tierra una región tan estéril en aquel tiempo como la nuestra. Sin embargo, adondequiera que fueran a pastar, las cabras regresaban con el estómago lleno de hierba y daban abundante leche. Así, cada día veíamos cada vez más las bendiciones de aquel niño. Cuando transcurrieron dos años y llegó el momento de destetarlo, el niño era más saludable y fuerte que los hijos de todas las tribus. Parecía tener cuatro años. Lo llevamos a La Meca, junto a su madre. Pero deseábamos que permaneciera con nosotros algún tiempo más. Le dije a su madre: «Permita que mi querido niño se quede conmigo un poco más, para que crezca y engorde todavía más. Temo que el clima de La Meca perjudique su salud».
En resumen, insistí tanto que ella accedió a enviarlo conmigo. Ibn Sa‘d dice que, de este modo, el Profeta (s) permaneció otros dos años en casa de Halimah.
La apertura del pecho
Halimah relata: Habían pasado dos o tres meses desde que regresamos a casa. Un día, el niño se encontraba detrás de nuestra casa con su hermano de leche, junto a nuestro rebaño de cabras. De pronto, su hermano de leche llegó corriendo y dijo: «¡Dos hombres vestidos de blanco han venido y le han abierto el vientre a mi hermano qurayshí!». Mi esposo y yo corrimos y vimos al niño de pie, con el rostro pálido. Su padre lo abrazó y le preguntó: «Hijo mío, ¿qué te ha ocurrido?». Él respondió: «Vinieron dos hombres vestidos de blanco, me tendieron en el suelo y me abrieron el vientre. Después sacaron algo de él y lo arrojaron, y dejaron mi vientre como estaba antes». Según otra narración, dijo: «Comenzaron a buscar algo dentro de mi vientre. No sé qué era». [Cabe señalar que el acontecimiento de la apertura del pecho es un misterio de Dios que los seres humanos no pueden desvelar. A los profetas (a) les ocurrieron innumerables hechos extraordinarios de este tipo, cuya explicación o análisis no es posible. Sin embargo, no conocer su explicación no constituye una razón válida para negarlos.—El autor.]
Halimah relata: Después de llevarlo a casa, mi esposo me dijo: «Halimah, temo que le ocurra algo. Será mejor devolverlo a su familia». Así que lo llevamos a La Meca, junto a su madre.
Su madre dijo: «¿Qué ha ocurrido, nodriza (la mujer encargada de amamantarlo)? ¿Por qué lo has traído? Tú querías tenerlo contigo». Respondí: «Dios ha hecho crecer al niño y he cumplido por completo la responsabilidad que tenía. Ahora temo que pueda sucederle alguna desgracia».
La señora Amina dijo: «Dime cuál es la verdadera razón».
Ante su insistencia, Halima le contó todo lo sucedido.
La señora Amina dijo: «¿Temes que Satanás pueda hacerle algo a este niño?»
Halima respondió: «Sí».
La señora Amina dijo: «Por Dios, Satanás no tiene acceso a él; este hijo mío posee una dignidad extraordinaria».
Después, la señora Amina le relató las circunstancias de su embarazo y de su nacimiento.
Debido a su estancia en el desierto durante la infancia, el idioma árabe del Santo Profeta (s) llegó a ser sumamente puro. Esto se debía a que era qurayshí y pasó su infancia entre los Banū Saʿd, cuya lengua era un árabe puro. Basándose en ello, el Profeta (s) dijo:
—Soy quien mejor conoce el árabe entre vosotros. Soy qurayshí y pasé el período de lactancia en el seno de la familia de los Banū Saʿd ibn Bakr.
Al igual que con Suwayba, el Profeta (s) siempre trató a Halima con gran afecto y bondad. Una vez, después del matrimonio del Profeta (s) con Jadiya (ra), ella (Bibi Halima) vino y dijo: «En nuestra región ha habido una terrible hambruna y todos los animales domésticos han muerto».
Al oír sus palabras, el Profeta (s) le regaló cuarenta cabras y bienes cargados sobre un camello. Ibn Sa‘d, citando la narración de Muhammad ibn al-Munkadir, dice que una mujer pidió permiso para presentarse ante el Profeta (s), pues lo había amamantado durante su infancia. Cuando llegó, el Profeta (s), diciendo: «Madre, ven, ven», extendió su manto y la hizo sentarse.
Durante la conquista de La Meca, la hermana de Halima se presentó ante el Profeta y le comunicó la muerte de Halima. Al oírlo, las lágrimas comenzaron a brotar de los ojos del Profeta (s). Después le regaló doscientos dirhams, un fardo de ropa y un camello con una silla de montar. Entre los cautivos de la batalla de Hunayn se encontraba también Shayma, la hija de Halima, que durante la infancia del Profeta (s) lo llevaba en brazos. Al verla, el Profeta (s) la reconoció, la trató con afecto y la envió honorablemente junto a su familia. Cuando la delegación de Hawazin pidió clemencia al Profeta (s) y dijo: «Entre estos cautivos están también sus tías y sus madres de leche», el Profeta (s) dijo: «Renuncio a la parte que corresponde a mí y a los Banu Abd al-Muttalib». Así, seis mil prisioneros fueron liberados. El valor de los bienes que les fueron devueltos ascendía a cincuenta millones de dirhams. Después del Profeta (s), Abu Bakr (ra) y Umar (ra) también prestaron especial atención a esta familia y los trataron bien y con honor.
El fallecimiento de la madre del Profeta
Ibn Sa‘d e Ibn Ishaq dicen que cuando el Profeta Muhammad tenía seis años, y según Ibn Hazm e Ibn al-Qayyim [respecto de Bibi Halima, Ibn Kathir dice que ella (Halima) falleció antes de la profecía de Muhammad. Sin embargo, Ibn al-Barr, citando en su al-Isti‘ab la narración de ‘Ata ibn Yasar, dice que cuando Halima, la madre de leche del Profeta (s), llegó a la presencia del Profeta durante la batalla de Hunayn, él se levantó en cuanto la vio, extendió su manto y le pidió que se sentara. Ibn al-Barr añade que Halima (ra) narró hadices del Profeta (s), y que ‘Abdullah ibn Ja‘far transmitió narraciones de ella. Hafiz Abu Ya‘la e Ibn Hibban registraron las narraciones de Halima citando a ‘Abdullah ibn Ja‘far (ra). Hafiz Ibn Hayar, en al-Isaba, citando a Ibn Ishaq respecto al esposo de Halima, dice que él llegó a La Meca y aceptó el islam ante el Profeta (s). Pero Ibn Sa‘d dice que este era ‘Abdullah, hijo de Harim, hermano de leche del Profeta. Ibn Hayar menciona en al-Isaba que Shayma se hizo musulmana—autor.] cuando tenía siete años, Bibi Amina viajó a Medina con el pequeño Muhammad y Umm Ayman para visitar a los parientes de la bisabuela del Profeta (la madre de Abd al-Muttalib), los Banu ‘Adi ibn al-Najjar, y permaneció allí algún tiempo. Le mostró al pequeño Muhammad el lugar donde había fallecido su padre y también el lugar donde había sido enterrado. El pequeño Muhammad (s) recordó bien posteriormente los acontecimientos de aquel viaje. Después de la Hégira, cuando fue a Medina, contaba a sus compañeros aquel episodio de su infancia junto a su madre. En cuanto vio la fortaleza de los Banu ‘Adi ibn al-Najjar, la reconoció. Decía: «Aquí solía jugar con una niña ansar llamada Unaysa. Solía espantar a los pájaros que se posaban aquí junto con los hijos de la familia materna de mi abuelo».
Al ver Dar al-Nabigha, dijo: «Aquí bajé con mi madre, y en esta misma casa fue enterrado mi padre. Solía nadar en los manantiales de los Banu ‘Adi ibn al-Najjar».
Después, cuando su madre partió hacia La Meca llevando al Profeta (s) y llegaron a un lugar llamado Abwa, ella falleció y allí mismo fue enterrada. Umm Ayman llegó a La Meca con el Profeta (s). Ibn Sa‘d dice que el lugar donde había sido enterrada la madre del Profeta también permanecía en su memoria. Por eso, durante la expedición de Hudaybiyya, cuando pasaba por Abwa, dijo: (Árabe***********************)
«Allah permitió a Muhammad (s) visitar la tumba de su madre». Entonces él (el Profeta (s)) fue allí, arregló la tumba y rompió a llorar. Al ver su llanto, los musulmanes también rompieron a llorar. Le preguntaron: «¿Acaso no ha prohibido usted llorar?». Él respondió: (Árabe******************)
—Recordé su bondad, afecto y ternura, y rompí a llorar.
Diversos hadices mencionan que el Profeta (s.) visitó la tumba de su madre y rompió a llorar. Estos relatos fueron transmitidos por Hazrat Burayda (r.a.), Hazrat Abdullah ibn Masud (r.a.) y Hazrat Abu Huraira, y aparecen en el Musnad de Ahmad, al-Bayhaqi y las Tabaqat de Ibn Sa’d.
bajo la tutela de Abd al-Muttalib
Después del fallecimiento de Bibi Aminah, el abuelo del Profeta (s.), Abd al-Muttalib, lo acogió en su propia casa y lo amaba más que a todos sus demás hijos. Por eso lo mantenía siempre cerca, lo sentaba a su lado y acudía a él cuando quería, ya estuviera solo o dormido. Por temor a él, los demás hijos no se atrevían a hacer lo mismo. Abd al-Muttalib nunca comía si él no estaba sentado a su lado; a veces, durante la comida, lo sentaba en su regazo. A la sombra del muro de la Kaaba se extendía un lecho para él, y por respeto a Muhammad ningún otro hijo se sentaba en él; se sentaban alrededor. El robusto niño Muhammad (s.) se sentaba directamente sobre aquel lecho. Cuando su tío le decía que se levantara, Abd al-Muttalib decía: «Dejad que mi querido hijo se quede. ¡Por Dios!, su rango es excepcional. Es de esperar que alcance una dignidad que ningún árabe haya alcanzado antes».
Según algunos relatos, Abd al-Muttalib decía: «Tiene un porte verdaderamente regio». Luego sentaba cerca de sí al niño Muhammad, le acariciaba la espalda y la cabeza, le besaba el rostro y sentía gran alegría al observar sus movimientos.
Ibn Sa’d dice que los miembros de la tribu de Banu Mudlij podían predecir el futuro de una persona observando su rostro y su constitución física. Le dijeron a Abd al-Muttalib: «Cuida especialmente de este niño, pues nunca hemos visto una huella semejante a la de este niño, comparable a la huella de Hazrat Ibrahim (a.s.) sobre el Maqam de Ibrahim».
En ese momento se encontraba presente Abu Talib. Abd al-Muttalib le dijo: «Escucha atentamente lo que están diciendo y protégelo».
Sin embargo, el pequeño Muhammad (s.) no pudo disfrutar durante mucho tiempo del afecto y el cariño de su abuelo. Cuando tenía ocho años, su abuelo falleció. Ibn Sa’d y Hafiz Sakhawi citan este relato de Umm Ayman. Umm Ayman dice: «Cuando Abd al-Muttalib murió, el Profeta (s.) estaba de pie junto a su lecho y lloraba».
Más tarde, cuando le preguntaron al Profeta (s): «¿Recuerda usted la muerte de su abuelo?», respondió: «Sí; entonces tenía ocho años».
Bajo la tutela de Abu Talib.
Tras la muerte de Abd al-Muttalib, según algunas narraciones, Abu Talib asumió, conforme a su testamento, la responsabilidad de criar al Profeta; según otras, la asumió voluntariamente. Su verdadero nombre era Abd Manaf. Sin embargo, debido a su hijo mayor, Talib, su kunya Abu Talib llegó a ser tan conocida que su nombre verdadero quedó relegado. Talib tenía la misma edad que el Profeta (s), y entre ambos había un profundo afecto. Cuando los quraysh obligaron a los Banu Hashim a marchar a la batalla de Badr, Talib se encontraba entre ellos. No participó en la batalla, su nombre tampoco figuró entre los muertos y no regresó a La Meca. Nunca se supo qué fue de él.
Abu Talib era tío paterno del Profeta (s). Amaba a su sobrino más que a sus propios hijos. Lo hacía dormir junto a él y lo llevaba consigo adondequiera que fuese. A la hora de comer, los demás no comenzaban hasta que él (el Profeta Muhammad) llegaba y se unía a ellos. Al-Waqidi transmite por diversas fuentes que, cuando los miembros de la familia de Abu Talib comían sin el Profeta Muhammad (s), ya fuera solos o juntos, ninguno lograba saciarse. Pero cuando Muhammad comía con ellos, después de que todos se hubieran alimentado hasta saciarse, aún sobraba comida. Al observar esta bendición suya, Abu Talib estableció la costumbre de que, al sentarse a comer, decía: «Esperad; dejad que venga mi muchacho». Después, cuando llegaba el Profeta (s), todos comenzaban a comer. Abu Talib decía: «Hijo mío, eres verdaderamente bendito» (dotado de bendición). Cuando los niños, al sentarse a comer, empezaban a disputarse la comida como era su costumbre, el Profeta (s) permanecía sentado con las manos recogidas. Al ver esto, Abu Talib preparaba una comida aparte para él y otra para sí mismo. Extendían una estera y nadie más se sentaba allí; solo el Profeta (s) se sentaba junto a él. Abu Talib decía: «Por el Señor de Rabia, la jefatura le sienta bien a este muchacho mío».
El pastoreo de las cabras del Profeta
Probablemente se trate de la época en que, al ver la precaria situación económica de su tío y, al mismo tiempo, su numerosa familia, el Profeta pensó en ganarse algo por sí mismo. Durante su infancia, mientras permanecía en la casa de su nodriza, pastoreaba las cabras de la familia junto con sus hermanos y hermanas de leche. Después de alcanzar la edad de la razón, comenzó a realizar este trabajo en La Meca a cambio de una remuneración. En un hadiz transmitido por Ubayd ibn Umayr se relata que el Profeta (s) dijo: «No hubo ningún profeta que no hubiera pastoreado cabras». La gente preguntó: «¿También usted pastoreó cabras?». Respondió: «Sí».
En el Kitab al-Iyara de Bujari se encuentra una narración de Abu Huraira (ra). En respuesta a esta pregunta, el Profeta (s) dijo: «Yo pastoreaba las cabras de los habitantes de La Meca a cambio de unos qarārit». Ibn Maya transmite, por conducto de Suwayd ibn Saʿid, que las palabras del Profeta (s) sobre este asunto fueron:
(Árabe*************)
—Yo pastoreaba las cabras de los habitantes de La Meca a cambio de unos qarāṭīt. Esta narración de Bujari da a entender que el Profeta (s) pastoreaba las cabras de los habitantes de La Meca a cambio de una remuneración. Sin embargo, Ibrahim al-Harbi sostiene que qarāṭīt no significa dinero en efectivo, sino el nombre de un lugar cercano a Aŷyad donde el Profeta pastoreaba las cabras. Ibn al-Yawzi y el erudito Ayni también han apoyado esta opinión. Pero, en primer lugar, no está demostrado que en la geografía de La Meca exista un lugar llamado Qarāṭīt. En segundo lugar, pastorear cabras a cambio de una remuneración no es algo censurable que requiera todos estos esfuerzos para exonerar de ello al Profeta (s). —El autor.
Qirrat es el plural de qarāṭīt (una décima parte y una vigésima parte de un dinar reciben el nombre de un qirrat). Abu Salama ibn Abd al-Rahmán relata que, en cierta ocasión, unas personas atravesaban con el Profeta (s) una zona de árboles de pilu. Entonces el Profeta (s) dijo: «Arrancad y traed los frutos que se hayan vuelto negros». En aquella época, cuando yo pastoreaba cabras, recogía estos frutos (Ibn Saad, Londres, pp. 79-80).
Manifestación de la extraordinaria personalidad del Profeta desde una edad temprana
De los acontecimientos mencionados desde el nacimiento del Profeta hasta sus diez o doce años se desprende claramente que todos los que entraron en contacto con él quedaron firmemente convencidos de que, aunque había nacido entre ellos, poseía una personalidad extraordinaria. No solo se manifestaban en él diversas formas de bendición, sino que su naturaleza y su carácter eran completamente distintos de los de los niños comunes. Incluso en su rostro y sus facciones se hacía evidente su extraordinaria personalidad.
Al-Bayhaqi e Ibn Yarir, citando una narración de Ali (r), dicen que el Profeta (s) dijo: «En no más de dos ocasiones sentí dentro de mí el deseo de realizar aquellas cosas que la gente hacía en la época de la ignorancia, y en ambas ocasiones Allah, el Altísimo, me protegió de hacerlas. Después de eso, nunca volvió a surgir en mi mente el menor pensamiento de realizar tales cosas. Un día les dije a los muchachos que pastoreaban cabras conmigo: “Vigilad un poco mis cabras; iré a La Meca y participaré por la noche en las diversiones en las que participan los demás muchachos”. Ellos aceptaron y me dirigí a la ciudad. Al llegar a la primera casa, escuché el estrépito de la música y los instrumentos. Pregunté: “¿Qué está ocurriendo?”. La gente respondió: “Fulano se está casando con mengana”. Me senté y, de inmediato, me sobrevino un sueño tan profundo que amaneció y no desperté hasta que el calor del sol me despertó».
«Otro día les dije a mis compañeros lo mismo y aceptaron. Después entré en La Meca y vi que se estaba celebrando la misma música. Me senté y también aquel día fui vencido por el sueño; pasé dormido hasta la mañana. Fui con mis compañeros y les dije: “Tampoco hoy pude ver nada”. Desde entonces nunca sentí interés por nada de ese tipo». Ibn Saad, citando a Umm Ayman, dice que había un ídolo llamado Buana al que los qurayshíes acudían para rendirle culto y al que también ofrecían votos. Abu Talib iba allí con los miembros de su familia con ese propósito. Al joven Muhammad también le pedían que los acompañara. Pero cada año surgía la misma disputa: Muhammad (s) se negaba a ir, y sus tíos y tías paternas se enfadaban muchísimo. En cierta ocasión, cansado de los reproches y las reprimendas de los mayores de la casa, durante aquella festividad el Profeta Muhammad (s) desapareció durante mucho tiempo sin que nadie supiera dónde estaba. Todos los de la casa se angustiaron por él. Cuando regresó, parecía sumamente asustado y su rostro se había vuelto pálido. Sus tías lo abrazaron y le dijeron: “Hijo, ¿qué te ha sucedido?”. Él respondió: “Temo que me ocurra algo”. Sus tías dijeron: “Allah nunca permitirá que Satanás te haga daño, pues posees estas cualidades”. Él dijo: “Cada vez que me acerco a cualquiera de los ídolos de aquella casa de ídolos, me parece que hay un hombre alto, de tez clara, de pie, que dice: “Muhammad, aléjate; no lo toques”». Umm Ayman dice que, desde entonces, nunca volvió a participar en aquella festividad.
Ibn Hisham, citando a Ibn Ishaq, dice que en La Meca había un hombre experto en la ciencia de determinar el carácter mediante el examen de los rasgos del rostro (FISIONOMISTA), relacionado con la tribu de Lahab, una rama de Azd Shanu’a, y que viajaba con frecuencia a La Meca. Cada vez que llegaba, los qurayshíes llevaban a sus hijos ante él para que, mediante su conocimiento, dijera algo acerca de ellos. En cierta ocasión, cuando llegó, Abu Talib llevó ante él al Profeta (s), junto con sus otros hijos. Al verlo, el hombre se ocupó de otra cosa. Cuando terminó, dijo: “¿Dónde está el muchacho que vi hace un momento? Traedlo”. Al ver Abu Talib que aquel hombre estaba muy ansioso por volver a ver a Muhammad, el muchacho, lo apartó de allí y lo llevó a otro lugar. El hombre dijo: “Traédmelo. ¡Por Dios!, llegará a ser un hombre extraordinario”.
Muhammad ibn Ishaq dice que el Profeta (s) dijo: «Un día, mientras jugaba con los muchachos de los qurayshíes, estaba transportando esta piedra. Todos los muchachos se habían quitado el izar o tahband para atárselo al cuello mientras llevaban las piedras, por lo que todos habían quedado desnudos. En cuanto hice yo lo mismo, de repente recibí un golpe y alguien me dijo: “Átate el izar”. Así que me até el izar».
De este modo, el Profeta Muhammad fue protegido de la desnudez desde su infancia. Un incidente exactamente similar ocurrió cuando, en el año 35 del Elefante (cuando el Profeta tenía 35 años y faltaban apenas cinco años para que recibiera la profecía), los qurayshíes comenzaron nuevamente la construcción de la Kaaba. En aquel momento, todos los qurayshíes se quitaban sus izares, se los ataban alrededor del cuello y transportaban piedras. Nadie, ni niño, ni joven ni anciano, tenía el menor sentido de la desnudez. Hazrat Abbas (que Dios esté complacido con él) le dijo al joven Muhammad (que la paz y las bendiciones de Dios sean con él) que hiciera lo mismo. En cuanto intentó hacerlo, cayó inconsciente y su mirada quedó fija hacia el cielo. Al recobrar el conocimiento, dijo: «¿Dónde está mi izar?». Entonces le pusieron su izar y se levantó. Este incidente fue narrado por Bujari y Muslim, citando a Hazrat Yabir ibn Abd Allah. Abd al-Razzaq, Tabarani y Hakim, citando a Abu Tufayl, dicen que se oyó una voz desde lo invisible: «¡Oh Muhammad, cubre tu desnudez!». Sin embargo, el propio relato no demuestra que el Profeta (que la paz y las bendiciones de Dios sean con él) hubiera quedado completamente desnudo. Cayó inconsciente antes de quitarse el izar y quedar desnudo.
Aversión a la idolatría
Desde su infancia sintió una profunda aversión por el shirk, la idolatría y las exhibiciones y prácticas relacionadas con ellos. Ni siquiera durante su vida anterior a la profecía pudo tocarle la impureza de tales cosas. En Bujari, en el capítulo sobre Zayd ibn Amr ibn Nufayl de los relatos biográficos, se encuentra un hadiz narrado por Hazrat Abd Allah ibn Umar (que Dios esté complacido con él).
En él se afirma que, en cierta ocasión, cuando le ofrecieron al Profeta (que la paz y las bendiciones de Dios sean con él) comida consagrada a los ídolos y carne de animales sacrificados para ellos, se negó a comerla. En el Musnad de Ahmad, Urwa ibn al-Zubayr narra: «Un vecino de Hazrat Jadiya (que Dios esté complacido con ella) me dijo: Escuché al Profeta (que la paz y las bendiciones de Dios sean con él) decirle a Hazrat Jadiya (que Dios esté complacido con ella):
(Árabe******************)
—Oh Jadiya, ¡por Dios!, nunca adoraré a Lat ni a Manat. ¡Por Dios!, jamás los adoraré.
Jadiya (que Dios esté complacido con ella) respondió: «¡Déjalos, Lat, y déjalos, Manat!».
Después de narrar este incidente, aquel vecino le dijo a Hazrat Urwa que los qurayshíes adoraban a estos dos ídolos antes de acostarse por la noche. Probablemente se trató de un acontecimiento de los primeros tiempos de la vida matrimonial del Profeta (que la paz y las bendiciones de Dios sean con él).
El viaje a Sham y el encuentro con el monje Bahira
Una vez, Abu Talib partió con una caravana comercial para viajar al país de Sham. El Profeta (s) tenía entonces doce años. Cuando Abu Talib se disponía a partir, el Profeta (s) se abrazó a él y, según el relato de Ibn Sa’d, dijo: «Tío, ¿a quién me dejas? No tengo ni padre ni madre que cuide de mí».
Estas palabras conmovieron el corazón de Abu Talib, quien dijo: «Por Dios, no lo dejaré atrás ni me alejaré de él. Vendrá conmigo».
Cuando esta caravana llegó a Busra, en la región de Sham, y acampó cerca de la iglesia del monje Bahira, este salió de la iglesia, contrariando su costumbre. Nunca salía de ella para recibir a ninguna caravana. Preparó comida para toda la caravana e invitó a todos a comer. Todos los miembros de la caravana fueron a comer. Solo dejaron a Muhammad (s) en el campamento, por ser aún muy joven. Bahira preguntó:
—¿Han venido todos?
Respondieron: «Solo hemos dejado en el campamento a un muchacho muy joven para que cuidara del equipaje».
Bahira dijo: «No, llamadlo también».
Uno de los qurayshíes dijo: «Por Lat y Uzza, sería muy malo para nosotros que Muhammad (s) no participara en la comida con nosotros». Entonces fue a buscar a Muhammad (s) y lo trajo.
Después de hacerlo venir, Bahira comenzó a observarlo con gran atención y a examinar su rostro y sus facciones.
Después de comer, Bahira se acercó al joven Muhammad (la paz sea con él) y le preguntó: «¡Oh, joven! Te conjuro por Lat y Uzza: responde exactamente a todo lo que te pregunte».
El Profeta (la paz sea con él) dijo: «No me conjures por Lat y Uzza. No siento aversión por nada tanto como por ellos».
Él dijo: «Está bien; entonces, por Dios, respóndeme a todo lo que te pregunte».
El Profeta (la paz sea con él) dijo: «Pregunte lo que quiera».
Entonces Bahira le preguntó al Profeta (la paz sea con él) sobre su estado, su sueño, su constitución física y otros asuntos, y el Profeta (la paz sea con él) continuó respondiendo. Luego Bahira dio vueltas a su alrededor y examinó su cuerpo. Después preguntó a Abu Talib: «¿Qué relación tiene con usted?». Abu Talib respondió: «Es mi hijo».
Bahira: «Su padre no puede estar vivo».
Abu Talib: «Es mi sobrino».
Bahira: ¿Qué le ocurrió a su padre?
Abu Talib: Su padre murió cuando él aún estaba en el vientre de su madre.
Bahira: Tienes toda la razón. Regresa a casa con tu sobrino. Protégelo de los judíos. ¡Por Dios!, si lo ven y reconocen las señales que yo he reconocido, le harán algún daño. Porque tu sobrino llegará a ser una persona de gran importancia.
Por ello, Abu Talib terminó rápidamente sus asuntos comerciales y regresó a su tierra llevando consigo al Profeta (s).
En torno a este acontecimiento, los orientalistas han construido muchos castillos de fantasías irreales y consideran que las palabras llenas de sabiduría que el Profeta (s) manifestó después de recibir la profecía eran informaciones que había aprendido de los monjes cristianos. Además, en nuestras propias narraciones hay algunas que dan cierto apoyo a estas fantasías. Si un asceta hubiera desarrollado sus facultades espirituales mediante la disciplina y, al observar algunas señales extraordinarias de bendición, hubiera percibido que en aquella caravana había una personalidad excepcional, y después de ver al Profeta (s) su suposición hubiera resultado cierta, no habría nada de extraño en ello. Asimismo, si hubiera considerado que los judíos eran un pueblo hostil y que podían perjudicar a una personalidad extraordinaria que apareciera entre los árabes iletrados, pues la considerarían una amenaza para ellos, es posible que por eso hubiera aconsejado a Abu Talib que lo protegiera de ellos. Pero no es aceptable que hubiera llegado a la conclusión de que él mismo era el futuro profeta cuya llegada había sido anunciada en los libros anteriores. Pues, según las profecías, se sabía ciertamente que vendría un profeta cuyo nombre sería Muhammad. Sin embargo, no era posible saber con certeza que el joven Muhammad (s) fuera precisamente ese profeta.
Examinemos en conjunto las narraciones que los muhaddizun y los biógrafos han registrado al respecto. Tirmidhi, Bayhaqi, Ibn Asakir, Hakim, Abu Nu‘aym, Abu Bakr al-Jarayiti e Ibn Abi Shayba citan, bajo la autoridad de Abu Musa al-Ash‘ari, que Bahira tomó la mano del Profeta (s) y dijo: «Este es el Sayyid al-Mursalin; este es el Sayyid al-Alamin. Allah Todopoderoso lo enviará muy pronto como Rahmat lil-Alamin».
Le preguntaron (según las narraciones de algunos muhaddizun, entre ellos Tirmidhi, fueron los jefes de Quraysh quienes preguntaron): «¿De dónde obtuviste el conocimiento de todo esto?»
Bahira respondió: «Cuando veníais hacia aquí, los árboles, las plantas, las colinas y las montañas se postraban. Y nadie se postra ante otro que no sea un profeta. Además, pude ver y reconocer el sello de la profecía que tiene en la espalda, entre los dos hombros. También encontramos su mención en nuestros libros».
Entonces Bahira dijo a Abu Talib: «Existe el temor de que los judíos le hagan daño. Por eso, llévatelo de regreso». En la narración que Ibn Abi Shaybah cita de Abu Musa al-Ashari se menciona que, cuando el Profeta (que Allah le bendiga y le conceda paz) se dirigía hacia la iglesia, una nube le daba sombra. También se ha narrado que, ante la insistencia de Bahira, Abu Talib envió al Profeta (que Allah le bendiga y le conceda paz) de regreso a La Meca acompañado de Abu Bakr (que Allah esté complacido con él) y Bilal (que Allah esté complacido con él). Sin embargo, Abu Bakr tenía entonces diez años, y Bilal era aún menor que él. En segundo lugar, resulta muy extraño que Bilal hubiera sido enviado, pues en aquella época no tenía ninguna relación con los Banu Abd al-Muttalib que hubiera permitido a Abu Talib contar con sus servicios. También se ha dicho acerca de este viaje que siete romanos salieron con la intención de matar al Profeta (que Allah le bendiga y le conceda paz) y llegaron a la iglesia de Bahira. Bahira les preguntó: «¿Por qué habéis venido?». Ellos respondieron: «Hemos sabido que este profeta vendrá por aquí durante este mes. Por eso se ha enviado gente en todas direcciones y nosotros hemos venido aquí». Bahira dijo: «¿Creéis que alguien puede impedir aquello que Allah ha decretado?». Ellos respondieron: «No». Entonces renunciaron a su intención.
Todo esto significaría que, cuando tenía doce años, el propio Profeta (que Allah le bendiga y le conceda paz), los coraichitas e incluso los gobernantes de Roma ya sabían que el joven Muhammad (que Allah le bendiga y le conceda paz) estaba destinado a ser profeta.
Hafiz Ibn Hayar afirma en la obra al-Isaba, citando Sharful Mustafá de Abu Said al-Naysaburi, que trece años después de este acontecimiento, cuando Muhammad (que Allah le bendiga y le conceda paz) viajó a Siria con las mercancías comerciales de la honorable Jadiya (que Allah esté complacido con ella), se encontró por segunda vez con Bahira. Esta vez dijo,
—Doy testimonio de que no existe ninguna divinidad excepto Allah, y doy testimonio de que tú eres el Mensajero de Allah, el profeta iletrado cuya venida fue anunciada por Jesús, hijo de María.
Basándose en esto, Ibn Mandah y Abu Naim incluyeron a Bahira entre los Compañeros. Hafiz al-Dhahabi afirma en Tayrid al-Sahaba que Bahira creyó en él antes de la llegada del Profeta.
También se ha dicho acerca del segundo viaje a Siria que, en Busra, el Profeta (que Allah le bendiga y le conceda paz) se detuvo bajo un árbol situado cerca de la iglesia del monje Nástura. Nástura salió y preguntó a Maisara, que acompañaba al Profeta (que Allah le bendiga y le conceda paz), quién se encontraba bajo el árbol. Él respondió: «Un hombre de los coraichitas, habitante del Santuario». Waqidi e Ibn Ishaq dicen que Nástura respondió: «Desde Jesús (la paz sea con él), nadie se ha detenido aquí durante estos doscientos años excepto un profeta». Abu Said añade en Sharful Mustafá que después Nástura se acercó al Profeta (que Allah le bendiga y le conceda paz), le besó la cabeza y los pies, y dijo: «Doy testimonio de que eres el Mensajero de Allah, el profeta iletrado cuya venida anunció Jesús (la paz sea con él), diciendo: “Después de mí, bajo este árbol no se detendrá nadie excepto un profeta iletrado, hachemí, árabe, mequí, poseedor del Estanque y de la Intercesión, y portador del Estandarte de la Alabanza”».
Maisara recordó estas palabras. Después, el Profeta (que Allah le bendiga y le conceda paz) se dirigió al mercado de Busra para comprar y vender. En ese momento tuvo una disputa con un hombre acerca del precio de una mercancía. El hombre le dijo: «Jura por Lat y Manat». El Profeta (que Allah le bendiga y le conceda paz) respondió: «Jamás he jurado por ellas». Entonces el hombre dijo: «Acepto lo que dices». Después llamó a Maisara aparte y le dijo: «Él es un profeta. Por Aquel en cuya mano está mi vida, él es el profeta cuyo nombre nuestros sacerdotes encuentran en sus libros». Maisara también recordó estas palabras.
Abu Naim narra que, durante este viaje, Maisara vio a dos ángeles dando sombra al Profeta (que Allah le bendiga y le conceda paz). Cuando la caravana llegó a La Meca, era el mediodía. La honorable Jadiya (que Allah esté complacido con ella) se encontraba entonces en su cámara superior. También ella vio al Profeta (que Allah le bendiga y le conceda paz) sobre el camello, con dos ángeles dándole sombra. Otros, aparte de Abu Naim, añaden que la honorable Jadiya (que Allah esté complacido con ella) mostró esta escena a otras mujeres que estaban con ella, y ellas expresaron su asombro. Luego Maisara se presentó ante la honorable Jadiya (que Allah esté complacido con ella) y le contó todo lo que había visto. También le relató lo que había dicho Nástura y el incidente ocurrido con un comerciante de Siria. Si se aceptan todas estas narraciones, significaría que, quince años antes, Muhammad (que Allah le bendiga y le conceda paz) ya sabía que estaba destinado a ser profeta. Maisara, Jadiya (que Allah esté complacido con ella) y muchas de las mujeres coraichitas sentadas con ella también lo sabían. Además, los miembros de la caravana de los coraichitas con la que Muhammad (que Allah le bendiga y le conceda paz) viajó a Siria, así como los habitantes de La Meca, estaban enterados de que los ángeles le daban sombra. Pues si Maisara, la honorable Jadiya (que Allah esté complacido con ella) y las mujeres que estaban con ella contemplaron aquella escena, ¿cómo podría permanecer oculta a los demás?
Aunque estas palabras fueron consignadas basándose en los relatos de sabios eruditos, no son aceptables por varias razones. En primer lugar, contradicen claramente el Corán, donde se le dice al Profeta: (árabe****************)
—Nunca esperaste que se te revelara un Libro (Al-Qasas: 86).
(Árabe**********************)
Tú no sabías qué era el Libro ni sabías qué era la fe (Ash-Shura: 52).
Los dos versículos citados son una prueba concluyente de que, antes de ser investido con la dignidad de la profecía, él ignoraba por completo que sería nombrado profeta. Si hubiera sabido esto a los doce años y se le hubiera confirmado nuevamente a los veinticinco, no habría habido razón alguna para que no esperara que se le revelara un Libro. Además, ¿cómo habría podido borrar de su mente que algún día tendría que invitar a la gente a creer?
Además del Sagrado Corán, estos relatos contradicen también los relatos auténticos transmitidos acerca del momento en que se reveló por primera vez la revelación al Profeta, de su estado físico y mental posterior y de su conversación con Jadiya. ¿Cómo habría podido encontrarse en aquel estado si hubiera sabido desde los veinticinco años que sería profeta? En tal caso, la revelación habría llegado enteramente conforme a sus expectativas. Asimismo, después de escuchar lo ocurrido en Hira, Jadiya no habría dicho en absoluto lo que dijo si hubiera sabido durante quince años que él sería profeta. Entonces habría dicho precisamente: «Ha ocurrido lo que yo esperaba».
De este modo, estos relatos contradicen toda la historia que, según una gran cantidad de narraciones transmitidas repetidamente, fue presentada en La Meca después de que él anunciara su profecía. Si la gente de Quraysh hubiera sabido durante treinta y un años que él (Muhammad) sería profeta, el anuncio de su profecía no habría sido contrario a sus expectativas, y su reacción habría sido completamente distinta de la que tuvieron ante un acontecimiento inesperado.
La guerra de Fijar
Ahora volvemos nuevamente a aquellos acontecimientos históricos.
Ibn Hisham dice que la guerra de Fijar tuvo lugar cuando el Profeta (s) tenía entre catorce y quince años. Según los relatos de Iqd al-Farid, Aghani y Yawhari, antes de esta hubo tres guerras de Fijar. El Honorable (s) participó en la cuarta guerra de Fijar. Ibn Sa’d dice que esta guerra tuvo lugar en el Año del Elefante. Yawhari escribió en su Sihah que los qurayshíes llamaron a esta guerra Fijar porque tuvo lugar durante un mes sagrado. Puesto que combatir en los meses sagrados era un pecado, los qurayshíes decían: «Hemos cometido un pecado». Por esta razón, las cuatro guerras que tuvieron lugar durante los meses sagrados fueron llamadas «la guerra de Fijar» (el autor).
Ibn Ishaq, Ibn Sa’d, Baladhuri e Ibn Yarir al-Tabari dicen que esta guerra tuvo lugar en el vigésimo Año del Elefante. [El Año del Elefante fue el año en que Abraha atacó La Meca. Fue un acontecimiento tan extraordinario que los árabes comenzaron a calcular los años y las fechas a partir de ese año: el autor.]
Según este cálculo, el Honorable (s) debería haber tenido veinte años. En esta guerra, un bando era el de Banu Kinana, que incluía también a los qurayshíes, y el otro era el de Qays Aylan, al que pertenecían, entre otros, Saqif y Hawazin. La causa de la guerra fue que un jefe de Banu Hawazin llamado Urwa al-Rahhal había permitido que la caravana comercial de Ibn Mundhir se dirigiera al mercado de Ukaz bajo su propia protección. Un jefe de Banu Kinana llamado Barras ibn Qays le dijo: «¿Le concedes protección contra Kinana?». Él respondió: «Sí, y contra todo el mundo». Esto enfureció terriblemente a Barras. Después, mató a Urwa en un lugar llamado Tayman, en la región periférica de Nayr. La noticia llegó a los qurayshíes mientras se encontraban en el mercado de Ukaz. Inmediatamente se dirigieron hacia el Santuario. Antes de que entraran en sus límites, Hawazin los alcanzó y la batalla continuó durante todo el día. Por la noche, los qurayshíes entraron en los límites del Santuario. El Profeta (s) se limitaba a recoger las flechas que caían del lado enemigo y entregárselas a sus tíos. Ibn Sa’d dice que posteriormente el Profeta (s) solía decir: «Habría sido mejor que no hubiera participado en esto ni siquiera en esa medida». Suhayli dice que el Profeta (s) fue a esta guerra con sus tíos, pero que en realidad no participó en el combate. Antes de ser nombrado profeta, no participó en ninguna otra guerra aparte de esta. Tampoco adquirió ningún tipo de experiencia militar. Esto demuestra que estaba libre de las guerras y los combates de la época de la ignorancia. También nos permite saber que la excepcional capacidad de liderazgo militar que demostró como profeta le fue otorgada por Dios. No era un comandante profesional, sino un comandante innato.
«Hilf al-Fudul»
Cuando el Santo Profeta (s) tenía veinte años, varias tribus de Quraysh concertaron un pacto llamado «Hilf al-Fudul». Ibn al-Athir, al explicar en su obra Nihaya la razón de este pacto mediante la palabra «Fudul», dice que en la época de los yurchumíes se había celebrado un pacto semejante, cuyos promotores se llamaban todos Fadl. Por eso fue denominado Hilf al-Fudul. Sin embargo, la razón correcta es la que Hafiz Ibn Kathir transmitió, citando a al-Humaydi, de Muhammad y Abd al-Rahman, los dos hijos de Abu Bakr (r.a.). Él dice que el Profeta (s) declaró: «Participé en la casa de Abdullah ibn Jud’an en un pacto de tal naturaleza que, si en el Islam se me invitara a participar en un pacto semejante, lo aceptaría con agrado». Después explicó así el contenido de aquel pacto:
(Árabe********************)
Se comprometieron mutuamente a devolver el favor a quien tuviera derecho a él y a no permitir que el opresor cometiera excesos contra el oprimido. (Al-Bidaya wa al-Nihaya, tomo 2, pág. 291).
El significado de «devolver el faḍl a quien tiene derecho a él» es que el faḍl que algún opresor haya arrebatado por la fuerza a quienes tienen derecho a él les sea devuelto, y que no se permita al opresor persistir en su opresión.
Ibn Sa‘d dice acerca de este pacto que acordaron entre sí ayudar al oprimido y hacer que recibiera su derecho.
Ibn Hisham, al relatar los detalles del pacto, dice que no permitirían que ningún habitante de La Meca ni ningún forastero fuera oprimido en la ciudad, y que ayudarían al oprimido frente al opresor. Ibn Sa‘d fijó la fecha de este pacto en el día veinte de Dhu al-Qa‘da del Año del Elefante. La causa fue la siguiente: un hombre de la tribu yemení de Zubayd llegó a La Meca con algunas mercancías. Un jefe de La Meca, ‘As ibn Wa’il, compró sus mercancías, pero no pagó su precio. El pobre hombre acudió sucesivamente a miembros de los clanes Banū ‘Abd al-Dār, Banū Majzūm, Banū Jumaḥ, Banū Sahm y Banū ‘Adī para pedir ayuda. Sin embargo, todos rechazaron su petición con palabras ásperas y se negaron a ayudarlo contra ‘As ibn Wa’il al-Sahmī. Después de quedar decepcionado por todos, al amanecer subió al monte Abū Qubays y, dirigiéndose en voz alta a los Banū Fihr, proclamó que había sido objeto de una injusticia. El tío del Profeta, Zubayr ibn ‘Abd al-Muṭṭalib, respondió diciendo que no se podía dejar el asunto así. Después reunió a los Banū Hāshim, los Banū al-Muṭṭalib, los Banū Asad ibn ‘Abd al-‘Uzzā, los Banū Zuhra y los Banū Taym en la casa de ‘Abdullah ibn Jud‘ān. Este era primo de la madre de los creyentes, ‘A’isha (que Allah esté complacido con ella). Allí todos juraron que ayudarían a cualquier oprimido en La Meca, fuera habitante de la ciudad o forastero, y que recuperarían su derecho del opresor. Luego todos se dirigieron a ‘As, recuperaron de él las mercancías del hombre de Zubayd y se las entregaron.
Muhammad ibn Isḥāq transmite, citando al imán al-Zuhrī, que el Profeta (s) dijo: «Participé en la casa de ‘Abdullah ibn Jud‘ān en un pacto por el cual, aunque me hubieran ofrecido un camello rojo como compensación, no lo habría aceptado. Incluso hoy, en la época islámica, si se me invitara a participar en un pacto de esa índole, lo aceptaría».
Participación en los negocios de Jadiya (que Allah esté complacido con ella)
Desde su infancia, la capacidad natural del Profeta (s), que ya era conocida en un círculo limitado, siguió desarrollándose: su cortesía, confianza y fiabilidad, amor a la verdad, carácter afable, honestidad, dignidad, inteligencia, dominio de sí mismo, paciencia y sentido del honor, generosidad y cualidades de liderazgo. En suma, cada una de sus nobles virtudes fue desarrollándose, por lo que comenzó a inspirar un profundo respeto y confianza en el corazón de la gente, y su influencia sobre ellos también empezó a extenderse. Fue entonces cuando Jadiya (que Allah esté complacido con ella) decidió asociarse con él en los negocios.
Jadiya (que Allah esté complacido con ella) era conocida entre los quraysh por el título de «al-Ṭāhira», debido a su castidad y pureza de carácter. Ṭāhira significa «la absolutamente pura». Toda la tribu la tenía en gran estima por su inteligencia, previsión, noble carácter y múltiples virtudes. Además, Allah, exaltado sea, le había concedido el don de la belleza física. Ninguna mujer de Quraysh era más hermosa que ella. En muchas ocasiones, las caravanas comerciales de la mitad de los mercaderes de Quraysh dependían exclusivamente de sus bienes. Su primer matrimonio fue con Abū Hāla ibn Zurāra al-Tamīmī. De él tuvo dos hijos, Hind y Hāla. Ambos abrazaron el islam en tiempos del Profeta. Después de la muerte de Abū Hāla, contrajo matrimonio con ‘Utayiq ibn ‘Abd al-Majzūmī. De él tuvo una hija llamada Hind, que también abrazó el islam posteriormente, en la época de la profecía. [Según algunos, ‘Utayiq fue su primer esposo y Abū Hāla el segundo —autor—.] Tras la muerte de su segundo esposo, quedó viuda. Muchos jefes de Quraysh manifestaron su deseo de casarse con ella, pero ella rechazó sus propuestas. Comerció con sus bienes y enviaba a alguna persona con ellos junto a las caravanas mercantiles; esa persona recibía la parte que le correspondía.
Cuando Jadiya (que Allah esté complacido con ella) conoció la veracidad, fiabilidad y noble carácter del Profeta (s), le dijo: «Vaya usted a la tierra de Siria con mis mercancías comerciales. Le daré una parte de las ganancias mayor que la que doy a los demás».
Esta es la narración de Ibn Ishaq.
La segunda narración fue citada por Ibn Sa’d de Nufaysa bint Munya, cuyo relato detallado ofrece al-Zurqani. Dice así: Abu Talib le dijo al Profeta (s): «Sobrino, no soy un hombre adinerado. Nuestra situación está empeorando y no poseemos mercancías para comerciar. Se acerca la partida de la caravana que tu pueblo envía a Siria. Khadija también desea enviar sus mercancías con esta caravana, confiándoselas a alguien. Si vas a verla, te dará preferencia sobre los demás, pues conoce tu excelente carácter».
El Profeta (s) dijo: «Temo que ella elija a otra persona».
Hazrat Khadija (ra) se enteró de esta conversación entre tío y sobrino. Sin embargo, las palabras del Profeta (s) se cumplieron, porque ella fue la primera en enviarle la propuesta de aquel negocio, mencionada anteriormente por Ibn Ishaq.
En una narración de las Tabaqat de Ibn Sa’d, citada de Muhammad ibn Aqil, se cuenta que Abu Talib fue ante Hazrat Khadija (ra) y le dijo: «Khadija, ¿te agradaría que, en vez de contratar a cualquier otra persona para tu negocio, llegara a un acuerdo con Muhammad (s)?»
Khadija respondió: «Si hubieras hablado de alguien lejano y desagradable, lo habría aceptado. Pero has hablado de alguien que es un amigo cercano».
En suma, quedó concertada la actividad comercial del Profeta (s) con Hazrat Khadija (ra), y ella envió a su esclavo Maysara con el Profeta (s) a Siria para comerciar. Este viaje comenzó los días 15 o 16 del mes de Dhul-Hiyya del año 25 del Año del Elefante. Durante el trayecto, Maysara quedó profundamente impresionado por el carácter, la conducta y las nobles cualidades del Profeta (s). Al regresar, informó detalladamente a Hazrat Khadija de todo lo ocurrido. El Profeta (s) obtuvo un éxito extraordinario en el comercio. Ibn Sa’d, citando a Nufaysa bint Munya, dice que el Profeta (s) obtuvo el doble de las ganancias que anteriormente otros hombres entregaban a Khadija, y que ella le dio el doble de la ganancia que le había prometido. [Además de este viaje, los libros de hadices y de la Sira también ofrecen relatos de otros viajes del Profeta (s). En esos viajes tuvo la oportunidad de conocer personalmente muchas regiones de Arabia. Al-Hakim menciona en su Mustadrak dos viajes del Profeta (s) a Jurash, un famoso centro comercial de Yemen, y el imán al-Dhahabi (ra) lo confirmó. En el Musnad de Ahmad se relata que, cuando una delegación de Abd al-Qays llegó a La Meca desde Bahréin, el Profeta (s) fue mencionando uno por uno los lugares de aquella región y preguntó por su situación. Cuando los hombres expresaron su asombro, él dijo: «He recorrido y observado minuciosamente vuestro país». Cabe señalar que en aquella época se llamaba Bahréin a toda la costa oriental de Arabia; no se refería a la isla que actualmente lleva ese nombre. —El autor.]
El matrimonio con Hazrat Khadija (ra)
En el largo viaje de La Meca a Siria y de Siria a La Meca, Maisara disfrutó día y noche de la compañía del Noble Profeta (s), y después de observar cada aspecto de su vida quedó profundamente encariñado con él. Tras escuchar todo de sus labios, Hazrat Jadiya (ra) decidió casarse con el Profeta (s). Aunque ella ya estaba informada acerca del Profeta (s) y también escuchaba hablar de las virtudes suyas que se difundían entre la gente de Quraish, ahora decidió que no podría encontrar un esposo mejor que él. Existen algunas discrepancias en las narraciones sobre cómo se concretó el matrimonio.
Ibn Ishaq dice que Hazrat Jadiya habló directamente con el Profeta (s). Le dijo: «Oh, sobrino, eres mi pariente [Safiyya, la tía paterna del Profeta (s), era la esposa del hermano de Hazrat Jadiya y la madre de Hazrat Zubair (ra), según el autor]. Debido a tu confianza, honestidad, noble carácter, nobleza y cualidades dignas de elogio, deseo contraer matrimonio contigo».
La segunda narración fue citada por Ibn Sa’d de Nufaisa bint Munayya [Algunos autores han dicho bint Umayya, pero bint Munayya es lo correcto. Se hizo musulmana después de la conquista de La Meca, según el autor]. Nufaisa dice: antes de que Hazrat Jadiya expresara su deseo de casarse, me envió junto a Muhammad (s) para conocer su parecer. Fui y le dije: «Oh, Muhammad (s), ¿por qué no te casas?». Él respondió: «¿Qué tengo yo para casarme?»
Le dije: «Eso ya está resuelto. Te están proponiendo matrimonio con una mujer que posee belleza, riqueza, nobleza y aptitudes. ¿Aceptarías?»
Él preguntó: «¿De quién hablas?»
Respondí: «De Jadiya».
Él preguntó: «¿Cómo podría casarme con ella?»
Respondí: «Déjame esa responsabilidad a mí».
Dijo: «Si es así, acepto».
Después, Hazrat Jadiya envió un mensaje y le pidió que acudiera a la hora fijada para la boda. Le pidió a su tío Amr ibn Asad que acudiera para oficiar el matrimonio.
Como el padre de Hazrat Jadiya, Juwaylid, había fallecido, Amr ibn Asad acudió en representación de ella; y el Profeta (s) acudió acompañado de sus tíos, Hazrat Hamza y Abu Talib.
Después se celebró el matrimonio [Ibn Sa’d dice que, según nuestras investigaciones, son falsas todas las narraciones en las que se afirma que el padre de Jadiya, Juwaylid, ofició su matrimonio. Aún más inverosímil es la narración según la cual hicieron beber alcohol a Juwaylid y él celebró el matrimonio estando ebrio. Al recobrar el conocimiento, se enfureció mucho. En nuestra opinión, lo que ha sido demostrado y conservado por los sabios es que Juwaylid murió antes de la guerra de Fijar y que su tío, Amr ibn Asad, ofició su matrimonio. El autor.]
En la boda estuvieron presentes Hazrat Abu Bakr (ra), los jefes de las tribus de Mudar y los notables de Quraysh. Como dote, el Profeta (s) entregó veinte camellos. [Según algunas narraciones, la dote fue de ocho dinares, y según otras, de quinientos dirhams. El autor.]
Ibn Abd al-Barr dice que el matrimonio tuvo lugar dos meses y cincuenta y cinco días después del regreso del Profeta (s) de su viaje a Siria. Él tenía entonces veinticinco años y Hazrat Jadiya, cuarenta.
[Véase Al-Istidrāk, pág. 128.
(En el momento del matrimonio, el Profeta (s) y Hazrat Jadiya tenían cuarenta años. Sin embargo, en algunas narraciones aisladas se dice que la edad del Profeta (s) era de veintiuno, veintinueve, treinta o treinta y siete años, y que la edad de Hazrat Jadiya (ra) era de veinticinco, veintiocho, treinta, treinta y cinco o cuarenta y cinco años. La mayoría de los sabios no aceptó esas versiones. No obstante, algunos han dado preferencia a las narraciones que sitúan la edad de Hazrat Jadiya entre los veinticinco y los treinta años, alegando que no es posible que una mujer de cuarenta años dé a luz seis hijos. Pues, si hubiera un intervalo medio de un año y medio entre cada hijo, el último habría debido nacer cuando ella tuviera cuarenta y nueve años. Y si también se aceptaran las narraciones que mencionan el nacimiento de hijos de Hazrat Jadiya después de la profecía, entonces en ese momento su edad debería haber sido de cincuenta y seis años. Eso es completamente inconcebible. En nuestra opinión, esta postura no es correcta desde el punto de vista intelectual. En la ciencia médica de la mujer (GYNAECOGY) existe una obra acreditada, redactada bajo la supervisión de diez profesores de esta disciplina (), cuya duodécima edición expone la siguiente opinión basada en investigaciones sobre este asunto:]
Por lo general, la menstruación cesa entre los cuarenta y ocho y los cincuenta y dos años de edad. Sin embargo, muchas veces el momento de la menopausia se retrasa hasta los cincuenta y cinco años, o incluso más. Por el contrario, en algunos casos la menstruación cesa a los cuarenta años, e incluso antes. Si una mujer alcanza la pubertad tempranamente, la menopausia se retrasa; y si la menstruación comienza tarde, cesa tempranamente. Obra citada, p. 101.
Basándose en esta opinión médica, no resulta en absoluto sorprendente que un hijo naciera del vientre de Jadiya (ra) cuando ella tenía entre cincuenta y cincuenta y seis años. Se ha narrado que, cuando nació Fátima (ra), la edad del Profeta Mustafá (s) era de cuarenta y un años y la de Jadiya (ra), de cincuenta y seis años.]
Los hijos del Profeta (s) nacidos del vientre de Jadiya
Todos los hijos del Profeta (s) nacieron del vientre de Jadiya (ra). Solamente Ibrahim (ra) nació del vientre de María la Copta (ra). Jadiya (ra) tuvo dos hijos varones y cuatro hijas: (1) Qasim (ra), por quien al Profeta se le llamaba Abu Qasim; (2) Abdullah (ra), a quien también se llamaba Tayyib y Tahir; (3) Zaynab (ra); (4) Ruqayya (ra); (5) Umm Kulzum (ra); y (6) Fátima (ra). Existe discrepancia acerca de cuál de ellas era mayor que las demás. Sin embargo, se sabe que cuando nació Zaynab (ra), el Profeta (s) tenía veinticinco años (al-Isaba), y que Fátima (ra) nació cuando el Profeta tenía cuarenta y un años (Sharh-e Muzahir). También está históricamente demostrado que, cuando tuvo lugar la primera emigración a Abisinia, en el quinto año de la profecía, Ruqayya (ra) emigró junto con su esposo, Uzmán (ra). Esto significa que era dos años menor que Zaynab (ra); por ello, en el quinto año de la profecía ya estaba casada.
La despreciable insolencia de cierto grupo
Algunas personas, sin temor a Dios, afirman abiertamente que Fátima (ra) fue la única hija de Jadiya (ra) y del Profeta (s), y que las demás hijas no nacieron de la unión con el Profeta, sino del matrimonio anterior de Jadiya (ra). Sin embargo, el Corán lo niega claramente.
(Árabe********************)
«Oh Profeta, di a tus esposas y a tus hijas…» (Al-Ahzab). La historia demuestra de manera irrefutable que María la Copta (ra) no tuvo, de su unión con el Profeta (s), ningún hijo aparte de los demás hijos de él. Estas palabras expresan que el Profeta (s) no tuvo una sola hija, sino varias. La historia también demuestra que, aparte de María la Copta (ra), ninguna otra esposa del Santo Profeta tuvo hijos de él. Por tanto, todas estas hijas nacieron necesariamente del vientre de Jadiya (ra). Cegadas por el rencor, esas personas no reflexionan sobre el enorme pecado que cometen al negar a los hijos del Mensajero ni sobre la severa rendición de cuentas que tendrán que afrontar por ello en el Más Allá. Todas las fuentes fiables de transmisión coinciden en que del vientre de Jadiya (ra) no nació solamente una hija del Profeta (s), Fátima (ra), sino también otras tres hijas. Muhammad ibn Ishaq, el más antiguo biógrafo del Profeta (s), después de mencionar su matrimonio con Jadiya (ra), dice que, salvo Ibrahim (ra), todos los hijos del Profeta (s) nacieron de su vientre. Sus nombres eran Tahir (Tayyib), Zaynab (ra), Ruqayya (ra), Umm Kulzum (ra) y Fátima (ra) (Sira de Ibn Hisham, vol. I, p. 202).
El célebre genealogista Hisham ibn Muhammad ibn al-Saib al-Kalbi, citando a Hazrat Abd Allah ibn Abbas (ra), ha transmitido que, en La Meca, antes de la profecía, Qasim (ra) fue el primero de todos los hijos del Profeta (s). Después nacieron sucesivamente Zaynab (ra), Ruqayya (ra), Fátima (ra) y Umm Kulzum (ra). Después de la profecía nació Abd Allah (ra), quien también era llamado Tayyib y Tahir. La madre de todos ellos era Hazrat Jadiya (ra). —Tabaqat de Ibn Sa‘d, tomo I, pág. 133.
Ibn Hazm afirma en Jawami al-Sira que de Hazrat Jadiya nacieron cuatro hijas del Profeta. La mayor de todas era Hazrat Zaynab (ra), seguida por Ruqayya (ra), después Fátima (ra) y, finalmente, Umm Kulzum (ra) (págs. 38-40).
Al-Tabari, Ibn Sa‘d, Abu Ya‘far ibn Habib, autor de Kitab al-Mujassar, e Ibn Abd al-Barr, autor de al-Isti‘ab, han transmitido mediante fuentes fiables que, antes del Profeta (s), Hazrat Jadiya había tenido dos esposos. Uno era Hala al-Tamimi, de quien nacieron Hind y Hala. Su segundo esposo fue Atiq ibn Abid al-Majzumi, de quien nació una hija llamada Hind. Después se casó con el Profeta (s). Todos los genealogistas coinciden en que de esta unión nacieron las cuatro hijas mencionadas anteriormente. (Véanse: al-Tabari, tomo II, pág. 11; Tabaqat de Ibn Sa‘d, tomo VIII, págs. 14-16; Kitab al-Mujassar, págs. 78, 79 y 452; al-Isti‘ab, tomo II, pág. 718). Al-Bayhaqi, citando a Musab ibn Abd Allah al-Zubayri, afirma que el hijo mayor del Mensajero de Allah (s) fue Qasim (ra), seguido respectivamente por Zaynab (ra), Abd Allah (ra), Umm Kulzum (ra), Fátima (ra) y Ruqayya (ra). Yunus ibn Bukayr, citando una narración de Ibn Abbas (ra), afirma que de Hazrat Jadiya nacieron del Profeta (s) dos hijos y cuatro hijas: al-Qasim (ra), Abd Allah (ra), Umm Kulzum (ra), Zaynab (ra), Ruqayya (ra) y Fátima (ra). Abd al-Razzaq, en su obra al-Musannaf, citando a Ibn Jurayj, afirma que de Hazrat Jadiya nacieron del Profeta (s) dos hijos, Abd Allah (ra) y Qasim (ra), y cuatro hijas. De ellas, la mayor era Zaynab (ra) y la menor Fátima (ra).
Todas estas narraciones demuestran de manera concluyente, de acuerdo con el relato del Sagrado Corán, que el Profeta (s) no tuvo una sola hija, sino cuatro.
Vida conyugal
Aunque había una diferencia de quince años entre las edades del Profeta (s) y Jadiya (ra), después del fallecimiento de Hazrat Jadiya el Profeta (s) continuó recordándola durante toda su vida.
En Sahih al-Bujari se ha citado una narración de Hazrat Ali (ra). En ella se afirma que el Profeta (s) dijo:
(Árabe***************)
Uno de los significados de esto es que María fue la mujer más excelente de su propia comunidad, mientras que Jadiya fue la mujer más excelente de esta comunidad. Sin embargo, en el Sahih Muslim se ha transmitido, citando a Waki‘, que cuando Waki‘ pronunció estas palabras señaló hacia el cielo y la tierra, y citó estas palabras del Profeta (s). El sentido es que Waki‘, o aquellos por medio de quienes estas palabras llegaron hasta él, todos entendieron que estas dos eran las mejores mujeres del mundo. En el Sahih al-Bujari hay una narración de Aisha (ra) en la que dice: «Entre las esposas del Profeta (s), no sentía celos de ninguna como los sentía de Jadiya. Aunque ella había fallecido antes de que yo me casara, la razón era que a menudo escuchaba al Profeta mencionarla por su nombre. Cuando el Profeta (s) sacrificaba alguna cabra, necesariamente enviaba parte de su carne a las amigas de Jadiya». En otro hadiz de al-Bujari, Aisha (ra) dice: «Una vez, la hermana de Jadiya, Hala bint Juwaylid, vino y pidió permiso para entrar. Al oír su voz, el Profeta (s) quedó profundamente conmovido y dijo: (**********)»
(¡Alá, es Hala!), porque su voz era semejante a la voz de Jadiya (ra).
Aisha (ra) dice: «Entonces, muy molesta, dije: “¿Recuerda usted tanto a una anciana de los coraich? Hace mucho que falleció, y Alá le ha dado una esposa mejor que ella”».
En una narración de Musnad Ahmad y de al-Tabarani se dice que Aisha (ra) declaró: «Entonces el Mensajero se enojó, y al verlo enojado juré: “Por el Dios que os ha enviado con la verdad, si en el futuro la menciono, lo haré únicamente con benevolencia”».
Ibn Sa‘d dice que en la batalla de Badr también fue capturado Abu al-As, yerno del Mensajero de Alá (s). La hija del Profeta, Zaynab, se encontraba entonces en La Meca. Para conseguir la liberación de su esposo, envió un rescate en el que se encontraba el collar que Jadiya (ra) le había dado como regalo con ocasión del matrimonio de Zaynab con Abu al-As, en la época de la ignorancia. En cuanto el Profeta (s) vio aquel collar, su corazón se enterneció profundamente. Dijo a sus compañeros: «Si os parece bien, dejad libre sin rescate al cautivo de Zaynab y devolvedle también su rescate». Todos estuvieron de acuerdo, y Abu al-As fue liberado sin pagar rescate.
Al-Baladhuri cita en Ansab al-Ashraf una narración de Aisha (ra) y dice que una mujer de tez oscura llegó a la presencia del Profeta. El Profeta (s) la saludó con gran alegría y cordialidad. Después de que se marchara, yo, Aisha, pregunté: «¿Por qué se alegró usted tanto con su llegada?». El Profeta (s) respondió: «Ella solía visitar con frecuencia a Jadiya (ra)». De esto puede deducirse cuán profundo era el amor del Profeta (s) por Jadiya (ra), un amor que permaneció intacto en su corazón durante toda su vida, incluso después de la muerte de ella.
Jadiya (ra) vivió como esposa del Profeta durante quince años antes de la profecía y diez años después de ella. Falleció en el décimo año de la profecía, cuando el Profeta tenía cincuenta años y ella sesenta y cinco. Sin embargo, el Noble Profeta pasó toda su juventud con aquella única esposa de edad avanzada. Durante ese tiempo, ni siquiera surgió en su mente el pensamiento de otra mujer. Y eso a pesar de que, en aquella época, que un hombre árabe tomara varias esposas no se consideraba censurable en ningún sentido. Las mujeres tampoco ponían obstáculos a ello. En todas las familias de Quraysh, incluida la propia familia de Jadiya, se encuentran numerosos ejemplos de hombres que tenían más de una esposa. A pesar de todo esto, haber permanecido satisfecho y contento, hasta los cincuenta años, llevando una vida conyugal con una sola esposa cuya edad había llegado a los sesenta y cinco años constituye una respuesta contundente a aquellos críticos que califican la unión del Noble Profeta con varias esposas durante los últimos diez años de su vida —¡Dios nos libre!— como la satisfacción de sus deseos carnales. Más adelante explicaremos por qué razones contrajo matrimonio con distintas mujeres en la última etapa de su vida.
La época de la prosperidad y la nobleza moral del Noble Profeta
Después de contraer matrimonio con Hazrat Jadiya (que Allah esté complacido con ella), desapareció la estrechez económica del Santo Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él). Al principio, Hazrat Jadiya comerciaba con la ayuda de otras personas y obtenía pocas ganancias. Esto se debía a que, por el tipo de carácter que poseían los demás, no podía esperarse que compraran y vendieran las mercancías ajenas con plena honestidad y buena voluntad. Pero cuando su negocio pasó a manos de un hombre sumamente honesto y sabio como el Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él), quien, por ser su esposo, era naturalmente muy solícito con los intereses de su esposa, su negocio prosperó enormemente, y la siguiente declaración de Allah, el Altísimo, se manifestó literalmente:
(Árabe*******************)
Y os encontró pobres y os enriqueció (Ad-Duha, 8).
En aquella época, las cualidades del Santo Profeta —su honestidad, confiabilidad, extrema diligencia y veracidad en sus actos y transacciones, su caridad, la ayuda y atención que brindaba a sus parientes, la asistencia a los desamparados, el sustento de los pobres, su sabiduría e inteligencia, entre otras— se hicieron tan evidentes para todo Quraysh y las tribus de los alrededores que aquello que antes había permanecido oculto por falta de oportunidades para manifestarse salió ahora a la luz. Desde entonces, su posición en la sociedad se elevó tanto, no solo en el aspecto moral sino también en el material, que comenzó a ser considerado uno de los principales jefes de Quraysh. La gente llegó a tener tanta confianza en él que empezó a depositar en su custodia sus bienes más valiosos. Esta situación continuó incluso cuando, después de que proclamara su misión profética, los habitantes de La Meca llegaron a tener sed de la sangre del Profeta. A pesar de albergar contra él una enemistad extrema, seguían dejando todos sus depósitos bajo su custodia. Por eso, durante la Hégira, hubo que dejar a Hazrat Alí (que Allah esté complacido con él) en La Meca, para que pudiera devolver a todos los bienes que le habían sido confiados. Esto demuestra claramente que, incluso antes de la misión profética y también después de ella, la integridad y la honradez del Profeta habían quedado grabadas en el corazón de los enemigos del islam, y que lo consideraban el hombre más digno de confianza entre ellos.
Era tan escrupuloso en los asuntos comerciales que uno de sus socios de negocios de la época de la ignorancia testificó que era el mejor de los socios. Ese hombre también atestiguó que nunca engañó, defraudó ni discutió. Su nombre aparece de distintas formas en las diversas narraciones. En Al-Isti‘ab, de Ibn Abd al-Barr, se dice que se llamaba Qays ibn as-Sa’ib Uwaymir al-Majzumí. En algunas narraciones de Musnad Ahmad aparece como Sa’ib ibn Abdullah al-Majzumí, y en otras como Sa’ib ibn Abi as-Sa’ib. En Abu Dawud (Kitab al-Adab, capítulo sobre la desaprobación de las disputas), su nombre aparece simplemente como Sa’ib. Se ha transmitido su propio relato: «Cuando me presenté ante el Mensajero de Allah, la gente comenzó a elogiarme. Él dijo: “Yo lo conozco mejor que vosotros”. Respondí: “¡Que mis padres sean sacrificados por ti! Has dicho la verdad. Fuiste mi socio en los negocios, pero siempre mantuviste nuestras transacciones claras. Nunca engañaste ni discutiste”».
En el propio Abu Dawud aparece otra narración de un hombre llamado Abdullah ibn Abi al-Jams. Él relata: «Una vez, en la época de la ignorancia, acordé con el Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) una operación de compraventa. Algunas cuestiones quedaron acordadas y otras pendientes. Le dije: “Vendré a este lugar para reunirme contigo”. Después olvidé lo que había dicho. Tres días más tarde lo recordé. Entonces fui a aquel lugar y lo encontré allí. Me dijo: “¡Oh, joven! Me has causado un gran perjuicio; llevo tres días esperándote aquí”.» (Kitab al-Adab, capítulo sobre el cumplimiento de las promesas).
El episodio de Zayd ibn Hariza
El episodio que ofrece el mayor testimonio del noble carácter del Santo Profeta es el de Zayd ibn Hariza. Era hijo de un hombre llamado Hariza ibn Shurahbil (o Sharhabil), de la tribu de Kalb. Su madre, Su‘da bint Za‘laba, pertenecía a la tribu de Tay, de la rama de Mayana. Cuando tenía ocho años, su madre lo llevó a la casa de su padre. Allí, un grupo de hombres de Banu Qayn ibn Jasr atacó repentinamente sus tiendas. Después de saquearlas, Zayd se encontraba entre aquellos a quienes se llevaron cautivos. Luego lo vendieron en la feria de Ukaz, cerca de Taif. El comprador fue Hakim ibn Hizam, sobrino de Jadiya. Él lo llevó a La Meca y se lo regaló a su tía, Hazrat Jadiya. Cuando Hazrat Jadiya se casó con el Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él), el Santo Profeta encontró a Zayd allí. Le agradaron tanto su carácter, conducta y modales que pidió que se lo entregara Hazrat Jadiya. De este modo, aquel afortunado muchacho pasó al servicio de una personalidad a la que Allah, el Altísimo, habría de convertir en profeta pocos años después. Hazrat Zayd tenía entonces quince años. Algún tiempo más tarde, su padre y su tío se enteraron de que su hijo se encontraba en La Meca.
Tras buscarlo, lo encontraron junto al Profeta. Le dijeron al Profeta: «Aceptad la cantidad de rescate que queráis y devolvednos a nuestro hijo».
El Profeta (s) dijo: «De acuerdo, voy a llamarlo y dejaré que decida por sí mismo si quiere irse con vosotros o quedarse conmigo. Si quiere irse con vosotros, no aceptaré ningún rescate y lo dejaré marcharse sin más. Pero si quiere quedarse conmigo, no soy de los que expulsan injustamente a quien desea permanecer a mi lado».
Ellos dijeron: «Esto que habéis dicho es incluso mejor que la justicia. Llamad al muchacho y preguntadle».
El Profeta (s) llamó a Zayd y le preguntó: «¿Conoces a estos dos hombres?»
Zayd dijo: «Sí, él es mi padre y él es mi tío». El Profeta (s) dijo: «Está bien; los conoces a ellos y también me conoces a mí. Ahora eres completamente libre. Si quieres, vete con ellos; y si quieres, quédate conmigo». Zayd dijo: «No quiero ir con nadie abandonándoos».
El padre y el tío de Zayd le dijeron: «¡Zayd! ¿Prefieres la esclavitud a la libertad? ¿Y quieres abandonar a tus propios padres para quedarte con otra persona?»
Zayd dijo: «He visto las virtudes de este gran hombre y, a la luz de su experiencia, no puedo preferir a nadie de este mundo sobre él».
Al oír la respuesta de Zayd, su padre y su tío estuvieron de acuerdo. Entonces el Profeta (s) liberó a Zayd. Después fue al recinto sagrado y anunció ante la gente: «Sed testigos: desde hoy, Zayd es mi hijo; él será mi heredero y yo seré el suyo».
A raíz de esta declaración, la gente comenzó a llamarlo Zayd ibn Muhammad (s). Estos acontecimientos tuvieron lugar antes de la profecía. Cuando el Profeta (s) fue investido con el rango de profeta, Hazrat Zayd llevaba ya diez años al servicio del Profeta. Tenía treinta años cuando abrazó la fe.
Hazrat Ali (ra) bajo la tutela del Profeta (s)
El Profeta (s) conservó en su memoria la bondad, el afecto y la ternura que su tío Abu Talib le había mostrado desde su infancia hasta su juventud. Ibn Ishaq dice que, en cierta ocasión, los precios de los bienes aumentaron enormemente en La Meca y sus alrededores. El Profeta (s) pensó que la situación económica de su tío era muy mala y que tenía muchos hijos. Debía hacer algo para aliviar su carga. Por ello, fue a ver a su otro tío, Hazrat Abbas, que era acomodado, y le dijo: «La familia de tu hermano es muy numerosa y su situación económica tampoco es buena. Ves la extrema penuria en la que se encuentra la gente debido al aumento de los precios. Vayamos a hablar con él para aliviar su carga. Tú encárgate de mantener a uno de sus hijos y yo me encargaré de otro».
Hazrat Abbas aceptó y ambos, tío y sobrino, fueron a ver a Abu Talib y le expusieron su intención. Él dijo: «Dejadme a Aqil o, según Ibn Hisham, a Talib; en cuanto a los demás, llevaos al que cada uno prefiera». Así pues, el Profeta (s) llevó consigo a Hazrat Ali, y Hazrat Abbas (ra) llevó consigo a Hazrat Yafar (ra). Hazrat Ali (ra) era el menor de todos. Yafar, Aqil y Talib eran todos diez años mayores que él; además de ellos, Abu Talib tenía otros hijos.
De este modo, Hazrat Ali (ra) quedó bajo la tutela del Profeta desde su infancia. El Profeta (s) y Hazrat Jadiya (ra) lo criaron como si fuera su propio hijo. Probablemente Hazrat Ali no tenía entonces más de cuatro o cinco años.
La reconstrucción de la Kaaba
Cuando el Profeta (s) tenía treinta y cinco años y faltaban apenas cinco para recibir la profecía, los quraysh decidieron reconstruir la Kaaba. La construcción estaba muy deteriorada y se hallaba a punto de derrumbarse a causa de las inundaciones. Sus muros eran muy bajos, no tenía techo y la mampostería se había hecho simplemente colocando unas piedras sobre otras, sin unirlas entre sí con ningún material. La puerta también estaba al nivel del suelo. Los bienes de la Kaaba se encontraban en un hoyo excavado dentro de la construcción. Algunas personas saltaban el muro, llegaban hasta allí y robaban esos bienes. Antes de que se tomara la decisión de reconstruirla, un esclavo de los Banu Mulayh llamado Duwayq había robado el tesoro de la Kaaba, o bien un ladrón lo había dejado en su poder. Los bienes robados fueron recuperados de manos de Duwayq. [Ibn Asir dice que se sospechaba de tres personas por el robo, entre ellas Abu Lahab; pero, puesto que los bienes fueron recuperados de Duwayq, este fue quien recibió el castigo. —El autor]
Por estas razones, los quraysh querían construir una casa alta y sólida, y colocarle un techo. Por aquel entonces, el barco mercante de un comerciante romano quedó hecho añicos al chocar, durante un mar embravecido y una violenta tormenta, según el relato de Ibn Ishaq en el puerto de Yeda y, según el relato de Ibn Sa’d, en el puerto de Shuaiba, que era el puerto situado al este de Yeda. A bordo se encontraba un arquitecto romano llamado Baqum. En La Meca también había un carpintero copto que trabajaba la madera. Al enterarse de la destrucción del barco, Walid ibn al-Mughira fue allí con algunos quraysh y compró la madera del barco. Tras hablar con Baqum, logró convencerlo para que se encargara de construir la Kaaba. Entonces, un hombre de los Banu Majzum llamado Abu Wahab ibn Amr ibn A’idh —que era tío materno del padre del Profeta— se levantó, retiró una piedra de la Kaaba y volvió a colocarla en su sitio, diciendo: «¡Oh quraysh! Emplead en esta construcción el dinero de vuestras ganancias lícitas; que nadie utilice en ella dinero obtenido mediante adulterio, dinero procedente de intereses ni dinero ganado por medio de la opresión».
Existe otra narración que dice lo siguiente: «No empleéis en la construcción de esta Casa ningún dinero que hayáis obtenido por la fuerza, rompiendo los lazos de parentesco o incumpliendo las responsabilidades mutuas». [Esta es la narración de Ibn Ishaq. Musa bin Uqba, en su obra sobre las expediciones, dijo que la declaración anterior pertenecía a Walid bin Mugira. —Autor.]
Pero los qurayshitas tenían mucho miedo de demoler la Kaaba. Finalmente, Walid bin Mugira tomó una azada para derribar la antigua construcción y dijo: «¡Oh, Alá! No nos hemos apartado de la religión. No estamos derribando la Casa sino para hacer el bien». Tras decir esto, golpeó una parte de la Kaaba y luego se detuvo. La gente permaneció despierta toda la noche, esperando para ver si le ocurría alguna desgracia a Walid. Dijeron: «Si le sucede algo, suspenderemos el trabajo y volveremos a colocar en su sitio las piedras que se hayan retirado. Si no le sucede nada, continuaremos trabajando». Cuando llegó la mañana sin que le hubiera ocurrido ninguna desgracia a Walid, las distintas tribus asumieron la responsabilidad de demoler las diferentes partes. Se derribaron las paredes hasta los cimientos construidos por Ibrahim (la paz sea con él). Después, miembros de todas las tribus participaron en la construcción, llevando las piedras una a una. [Debido a la escasez de materiales durante esta nueva construcción, una parte de la Kaaba quedó fuera y se levantó junto a ella un muro, para que se supiera que también formaba parte de la Kaaba. Se conoce como Hiyr y también como Hatim. En este lugar fueron enterrados Hagar e Ismael (Ibn Hisham). Ibn Sa’d dice que los qurayshitas hicieron la puerta de la Casa de Alá tan grande como todavía lo es. Abrían la puerta los lunes y los jueves, y un portero permanecía allí. Cuando alguien subía por la escalera, dejaba entrar a quien quería y empujaba hacia abajo a quien quería. —Autor.] Cuando la construcción llegó al lugar donde se colocaría la Piedra Negra, cada tribu quería obtener el honor de colocarla. La disputa alcanzó tal intensidad que estuvieron a punto de luchar. Durante cuatro o cinco días continuaron las discusiones y los enfrentamientos. Finalmente, todos se reunieron aquel día en el Santuario para deliberar. Un hombre de los Banu Majzum, Abu Umayya bin Mugira —hermano de Walid bin Mugira—, era el más anciano de todos. Se levantó y propuso: «¡Oh, qurayshitas! Para resolver este desacuerdo, acordad que el primero que entre por la puerta de esta mezquita [Por “puerta” se entiende la puerta de los Banu Shayba. Según una narración, resolvería el asunto la primera persona que entrara por Bab as-Safa. Musa bin Uqba dice que esta propuesta la hizo el propio Walid, pero al-Fakihi, al-Waqidi e Ibn Ishaq mencionan el nombre de Abu Umayya. —Autor.] sea quien lo dirima».
Todos aceptaron su propuesta. La voluntad de Alá era que el primero en entrar fuera el Mensajero de Alá (la paz y las bendiciones de Alá sean con él). Al verlo, la gente exclamó: «(Árabe******************)»
«Este es al-Amín; estamos de acuerdo. ¡Es Muhammad!». En una narración de Musnad Ahmad se dice que, al verlo, la gente exclamó: «(************)»
«Ha llegado a vosotros al-Amín (el hombre sumamente digno de confianza)».
Cuando el Mensajero de Alá (la paz y las bendiciones de Alá sean con él) comprendió que tendría que resolver aquella disputa, pidió que trajeran un paño. La gente le llevó uno. Entonces colocó sobre él la Piedra Negra. Después pidió a cada tribu que levantara la Piedra Negra sujetando uno de los lados del paño. Cuando llegaron al lugar donde debía colocarse la piedra, él la levantó con sus propias manos y la puso en su sitio.
Este acontecimiento tuvo lugar apenas cinco años antes de la profecía. En aquella ocasión, toda la sociedad dio testimonio de que el Profeta (la paz y las bendiciones de Alá sean con él) era al-Amín, es decir, el más digno de confianza y fiel. Toda la nación también comprobó cuán sabio era: resolvió de la manera más excelente una disputa tan peligrosa y salvó a su pueblo de una guerra civil. Ibn Sa’d dice que no fue el único caso en que el Profeta (la paz y las bendiciones de Alá sean con él) resolvió una disputa entre los qurayshitas; antes de la profecía, la mayoría de ellos acudía a él para resolver sus asuntos.
Quienes vieron de cerca al Profeta antes de la profecía
Entre quienes tuvieron la oportunidad de observar de cerca la vida del Profeta Muhammad (s) y conocer su estado general antes de su misión profética se encontraban miembros de su familia. Primero, Hazrat Jadiya (r), que vivió quince años como su esposa. Segundo, Hazrat Ali (r), criado en la casa del Profeta desde su infancia. Tercero, Hazrat Zayd ibn Hariza, que prefirió abandonar a sus padres para permanecer con el Profeta y a quien este adoptó como hijo. También estaba Umm Ayman (r), que cuidó del Profeta durante su infancia y permaneció siempre a su lado como miembro de la familia. Acerca de ella, el Profeta (s) decía: «Después de mi madre, ella es mi madre». Se dirigía a ella llamándola «tía». Además de estas personas, hubo muchos otros ajenos a la familia que tuvieron el honor de gozar de la compañía del Profeta y que pasaron bastante tiempo relacionándose con él.
Entre ellos, el amigo más cercano del Profeta era Hazrat Abu Bakr (r). Ibn Maddah, citando una narración de Ibn Abbas (r), dice que Hazrat Abu Bakr (r) comenzó a relacionarse con el Profeta a los dieciocho años, cuando la edad del Santo Profeta (s) era de veinte años. Desde entonces existió amistad entre ambos, pues en La Meca no había dos personas cuyos temperamentos, conducta y modales mostraran una semejanza como la que existía entre el Profeta (s) y Hazrat Abu Bakr. Durante la época de la ignorancia, Hazrat Abu Bakr era un hombre de gran personalidad y uno de los principales jefes de la nación. Se dedicaba al comercio. Era muy popular por su carácter y conducta. Pertenecía a aquellos que jamás habían tocado el vino. La gente de Quraysh confiaba en él para decidir la diyya, es decir, la suma fijada como compensación por un homicidio. Él también aceptaba encargarse de la diyya, y todas las tribus consentían en pagarla conjuntamente. Si otra persona asumía esa responsabilidad, nadie la aceptaba.
Los qurayshíes confiaban sobre todo en sus conocimientos acerca de las genealogías. Su influencia moral no se limitaba a Quraysh, sino que se extendía también a las tribus de los alrededores. Esto puede deducirse del hecho de que, cuando comenzó en La Meca la persecución extrema contra los musulmanes, Abu Bakr también se preparó para emigrar. Después de viajar durante uno o dos días, se encontró con Ibn al-Dughunna, jefe de los Ahābīsh. Los Ahābīsh eran el nombre de una alianza de tres tribus: los Banu al-Harith ibn Abd Manat ibn Kinana; los Banu al-Hun ibn Juzayma ibn Mudrika —es decir, las tribus de Adal, Qara y Dish—; y, entre los Juzaya, los Banu al-Mustaliq. Juntos habían celebrado, en un valle de la zona baja de La Meca llamado Ahbash, un pacto de amistad mutua, ayuda y cooperación. Por eso se les llamaba Ahābīsh. Ibn al-Dughunna le preguntó: «Abu Bakr, ¿adónde vas?»
Abu Bakr (r) respondió: «Mi pueblo me ha expulsado y, causándome muchas penas y sufrimientos, ha hecho insoportable mi vida».
Él dijo: «¡Por Dios! Tú eres un ornamento de la sociedad: ayudas a las personas en la adversidad, haces buenas obras y beneficias a los pobres. Ven, yo te daré protección».
Luego lo llevó a La Meca y anunció: «He dado protección a Ibn Abi Quhafa. Que nadie le haga ningún mal; por el contrario, que solo le haga el bien».
La segunda persona fue Hazrat Suhayb ibn Sinan al-Rumi. En realidad, era descendiente de los Banu Namir ibn Qasit. Vivía en una región cercana a Mosul, bajo el dominio del Estado iraní. Durante su infancia fue capturado en una guerra entre Irán y Roma, y durante algún tiempo vivió como esclavo bajo los romanos. Tras pasar de unas manos a otras, llegó a La Meca, donde Abdullah ibn Judan lo compró. Como Ibn Judan era pariente cercano de Hazrat Abu Bakr (r), por medio de él conoció al Profeta (s). Pasaba con frecuencia tiempo en compañía del Profeta. Alcanzó tal rango que, cuando Hazrat Umar (r) yacía en su lecho de muerte, dispuso que, hasta que la shura llegara a un acuerdo sobre la elección de un califa, él dirigiría las oraciones en la Mezquita del Profeta.
La tercera persona fue Hazrat Ammar ibn Yasir (r). Bayhaqi cita sus propias palabras, en las que dice: «¿Quién podría saber más que yo acerca del matrimonio del Mensajero de Allah (s) con Hazrat Jadiya?»
Hazrat Suhayb (ra) y Hazrat Ammar (ra) abrazaron el islam juntos.
La cuarta persona fue Hazrat Hakim bin Hizam (ra). Era uno de los nobles más distinguidos de Quraysh. Recibió el honor de encargarse de la rifada, es decir, de proporcionar comida y bebida a los peregrinos. Era sobrino de Hazrat Jadiya (ra). Era cinco años mayor que el Profeta (s). Según el relato de Irak bin Malik transmitido en el Musnad de Ahmad, se sabe que dijo: «Yo amaba al Profeta (s) más que a nadie». Zubayr bin Bakkar dice que su afecto permaneció firme incluso después de la profecía, aunque él abrazó la fe durante la conquista de La Meca.
La quinta persona fue Dima bin Saʿlabah, de la tribu de Azd Shanu’a. Ejercía como cirujano de armas. Ibn Abd al-Barr dice en su al-Istiʿab que también fue amigo del Profeta (s) durante la época de la ignorancia. En un relato de Ibn Abbas (ra) transmitido en el Musnad de Ahmad se dice que, cuando llegó a La Meca en la época de la profecía, la gente le dijo que Muhammad (s) se había vuelto loco.
Entonces fue directamente a él y le dijo: «Dígame, ¿qué enfermedad tiene? Yo lo trataré».
En respuesta, el Profeta (s) le recitó varios versículos o frases de gran efecto, que se recitan en los libros de súplicas transmitidas. Al oírlos, se hizo musulmán.
Después hubo algunas personas que, por ser parientes cercanos, conocían muy bien al Profeta (s), y ante quienes nada de su vida permanecía oculto. Entre ellos estaba Hazrat Uzman bin Affan (ra), quien era yerno de Umm Hakim al-Bayda, tía paterna del Profeta (s). Hazrat Zubayr bin Awwam era hijo de Safiya (ra), tía paterna del Profeta. Hazrat Abd al-Rahman bin Awf (ra), Hazrat Sa’d bin Abi Waqqas (ra) y Hazrat Umayr bin Abi Waqqas eran parientes por parte de la madre del Profeta. Hazrat Abu Salama (ra) era primo por parte de la tía paterna del Profeta (s) y también su hermano de leche. Hazrat Abd Allah bin Jahsh era hijo de Umayya, tía paterna del Profeta. Hazrat Yafar bin Abi Talib era su primo paterno.
Ellos fueron los primeros de todos en abrazar la fe. El significado de que abrazaran la fe es que, después de observar de cerca la vida del Profeta, la grandeza y la excelencia del Profeta quedaron grabadas en sus corazones de tal manera que no dudaron ni un instante en aceptarlo como profeta. Esta fe no puede atribuirse al parentesco, la amistad o el afecto personal. Pues por tales razones nadie puede cambiar sus creencias religiosas o su religión.
La descripción física del Profeta
Antes de concluir la descripción de la situación de la época anterior a la profecía, consideramos apropiado describir también la noble apariencia física del Profeta (s), pues existe una profunda relación entre la personalidad de una persona y su constitución y sus rasgos faciales. Basándonos en las narraciones sobre este tema transmitidas por Hazrat Ali (ra), Abu Huraira (ra), Hazrat Anas (ra), Hazrat Bara ibn Azib (ra), Hazrat Hind ibn Abi Hala (ra) y otros nobles compañeros en las colecciones de hadices como Bujari, Muslim, Musnad de Ahmad, Tirmidhi, Nasai, Bayhaqi y Dar Qutni, describimos aquí, en conjunto, la bendita apariencia del Santo Profeta (s). Su estatura no era ni muy alta ni baja, sino ligeramente superior a la media. Cuando se encontraba en una reunión, destacaba claramente. Su rostro no era alargado ni completamente redondo, sino ligeramente ovalado. Su tez no era morena, rojiza ni absolutamente blanca, sino clara, luminosa y resplandeciente. Tenía la cabeza grande, el pecho amplio y una considerable distancia entre los hombros; era robusto, pero no corpulento. Sus articulaciones eran muy fuertes. Sus brazos eran musculosos y la parte inferior de sus piernas guardaba proporción con el cuerpo. En los brazos y en la parte inferior de las piernas había una ligera cantidad de vello; el resto del cuerpo no tenía vello. Desde el pecho hasta el ombligo parecía extenderse una línea de vello. El cabello de la cabeza y de la barba era abundante. No era rizado como el de los abisinios ni completamente liso, sino ligeramente ondulado. Hasta su fallecimiento, como máximo veinte cabellos de su cabeza y su barba se volvieron blancos, y solo se podían distinguir cuando se aplicaba aceite. A veces llevaba el cabello hasta la mitad de las orejas, otras veces hasta los lóbulos y en ocasiones hasta más abajo. Sus ojos eran grandes y hermosos. Aunque no se aplicara surma, parecían estar delineados con él. En el blanco de los ojos había unas ligeras venas rojas. Las pestañas eran espesas y largas. Sus cejas estaban separadas una de otra, no unidas. Su boca era grande, algo que los árabes consideraban un signo de belleza; no les gustaban las bocas pequeñas. Las plantas de sus pies eran suaves, y los dedos de las manos y de los pies eran largos y musculosos. El dedo medio del pie era algo más largo que el dedo gordo. Las palmas de sus manos eran carnosas. A primera vista, la gente sentía cierto temor ante él; pero cuanto más se acercaba a él, más se familiarizaba con él, impresionada por su modestia, humildad y noble carácter. Al caminar, avanzaba con pasos firmes, como si descendiera o ascendiera. Cuando miraba hacia algún lado, lo hacía por completo, y cuando apartaba el rostro de una dirección, lo volvía enteramente. No tenía la costumbre de mirar de reojo ni de limitarse a girar el cuello. En su rostro se veía una sonrisa discreta; al reír no soltaba carcajadas. Su fuerza física era tal que Rukana, el poderoso luchador de los quraysh, a quien nadie había podido derrotar jamás, acudió a luchar con el Profeta. El Profeta lo derribó y lo dejó completamente vencido. No se atrevió a levantarse y volver a luchar. El Profeta (s) lo derribó de nuevo. Él exclamó: «¡Muhammad! ¿Es increíble que me derribes así?». Esto demuestra que el Profeta nunca había hecho ejercicio ni practicado la lucha; aun así, derribó dos veces al luchador Rukana. Más tarde, este hombre se hizo musulmán; que Allah esté complacido con él.
Un episodio de la infancia del Profeta (s) es que, en cierta ocasión, hubo una invitación a comer en la casa de Abdullah ibn Yudá. Abu Yahl comenzó a discutir con el Santo Profeta. Él también se encontraba entonces en la infancia. El Santo Profeta (s) lo derribó con tanta fuerza que su rodilla quedó gravemente herida, y la cicatriz permaneció durante toda su vida. Ibn Hisham dice que, cuando Abu Yahl murió en la batalla de Badr, el Santo Profeta dijo: «Buscad entre los muertos el cuerpo de Abu Yahl; encontraréis una marca de herida en su rodilla». En efecto, en el cadáver se encontró la marca de una herida en la rodilla. El Profeta (s) relató la historia de aquella cicatriz.
De este análisis detallado se comprende que el Profeta (s) no solo era la personificación de un carácter noble, sino también de las cualidades viriles y la valentía.
Cuarto capítulo
El comienzo de la misión profética y los primeros tres años de la labor secreta de invitación
La meditación, reflexión e investigación de los profetas antes de asumir la dignidad profética
El Noble Corán afirma que el conocimiento que poseían los profetas antes de recibir la revelación no se distinguía del conocimiento de la gente común. Antes del descenso de la revelación, no disponían de ninguna fuente de conocimiento que no estuviera también al alcance de los demás. Al Profeta (s) se le dijo:
(Árabe******************)
—¡Oh, Profeta! No sabías nada de qué era el Libro ni de qué era la fe —(ash-Shura: 52).
(Árabe*****************)
—Y te encontró sin conocer el camino, y luego te guió —(ad-Duha: 7).
De la sabiduría intelectual a la fe inspirada
El Corán también nos dice que, antes de la profecía, los profetas (la paz sea con ellos) atraviesan el nivel de la fe en lo oculto mediante aquellas vías generales del conocimiento, especialmente de la sabiduría, de las que también se sirve la gente común. Después de que llega la revelación, lo que sucede es que, respecto de aquellas verdades de las que sus corazones daban testimonio, la revelación proporciona un testimonio irrefutable de que son absolutamente verdaderas; y luego esas verdades les son mostradas en la realidad, para que puedan dar testimonio de ellas ante el mundo con firme convicción. Este asunto se ha expuesto repetidamente en la sura Hud:
(Árabe******************)
—Aquel que al principio se encontraba sobre una prueba clara procedente de su Señor, es decir, sobre la guía intelectual y natural, y después recibió también un testigo procedente de Dios (es decir, el Corán), mientras que antes de este ya existía el Libro de Moisés como guía y misericordia, ¿podría entonces albergar dudas sobre esta verdad? —(Hud: 17).
Luego, esta misma idea se expresa por boca del profeta Noé (la paz sea con él):
(Árabe*******************)
—¡Oh, gente de mi pueblo! Reflexionad un momento y ved: yo me basaba en una prueba clara procedente de mi Señor, y Él me había revestido, por Su parte, de misericordia (revelación y profecía), pero vosotros no podéis verla. ¿Acaso vamos ahora a imponérosla por la fuerza?
Después, en la aleya 63, el profeta Salih (la paz sea con él), y en la aleya 88, el profeta Shuayb (la paz sea con él), repitieron estas mismas palabras. Esto deja claro que, antes de adquirir mediante la revelación un conocimiento directo de la verdad, los profetas (la paz sea con ellos) alcanzaban la verdad del tawhid y del Más Allá utilizando correctamente su capacidad natural de observación, reflexión e investigación (*******************, a lo que se hace referencia en la aleya anterior).
Con ello se quiere decir que llegaban a la verdad del tawhid y del Más Allá. Este conocimiento de la verdad no era otorgado por Dios, sino adquirido. Después, Dios Altísimo les concedía el conocimiento de la revelación. Y este no era adquirido, sino concedido por Dios.
La observación de los signos naturales, la reflexión y la investigación, así como el uso del sentido común (COMMON SENSE), son cosas completamente distintas de las conjeturas y las especulaciones lejanas (seiculation), que son precisamente lo que hacen los filósofos. Esta es la misma cosa hacia la cual el Noble Corán intenta impulsar a la humanidad. Una y otra vez le dice: abre los ojos, contempla los signos del poder de Dios y extrae de ellos conclusiones correctas. De este modo, mediante la observación de los signos de Dios, una persona imparcial que busca sinceramente la verdad llega a alcanzarla. (***1)
Por el estado de la vida del Mensajero de Dios (la paz sea con él) antes de su misión profética, que hemos descrito en el capítulo anterior, queda claro que, antes de convertirse en profeta, el Maestro (la paz sea con él) ya estaba completamente libre del shirk y creía en el tawhid. Después de adquirir conocimiento, nunca aceptó las creencias politeístas de su pueblo ni participó en sus ceremonias de culto idólatra. Siempre se mantuvo alejado de los ídolos y de la adoración de ídolos. También se mantenía apartado de los sacrificios ofrecidos a las divinidades. Durante su vida anterior a la profecía, su estado era semejante al de aquellos sinceros seguidores del tawhid a los que hemos mencionado en el segundo capítulo de esta obra. Antes de su misión profética, nunca aceptó ninguna de las alteraciones que las tribus de Jurhum y Quda’a habían introducido en la religión de Ibrahim durante la época de la jahiliyyah. Del mismo modo, se mantuvo alejado de las mayores deformaciones religiosas que los qurayshíes habían introducido en su tiempo. Por ejemplo, los qurayshíes habían establecido para sí mismos ciertos privilegios discriminatorios, sobre cuya base se consideraban superiores a los demás árabes. Ibn Hisham e Ibn Sa’d dicen que, durante el Hajj, habían abandonado la costumbre de ir a Arafat y regresar de allí. Solo iban a Muzdalifah y regresaban desde allí, diciendo: «Somos los habitantes del Santuario. No nos corresponde ir fuera del Santuario y permanecer en Arafat como los peregrinos comunes. Si hiciéramos eso, ¿qué diferencia habría entre quienes viven fuera del Santuario y nosotros? Nuestra dignidad se vería menoscabada».
Sin embargo, sabían que ir a Arafat, permanecer allí y después regresar desde allí a Muzdalifah y Mina formaba parte de los ritos obligatorios del Hajj y estaba incluido en la religión de Ibrahim. Poco a poco, también aquellas tribus que vivían fuera del Santuario y estaban vinculadas a los qurayshíes por lazos de parentesco comenzaron a adoptar estas distinciones: por ejemplo, Banu Kinana, Khuza’a y Amir ibn Sa’sa’a. Incluso la posición de quienes mantenían relaciones amistosas con los qurayshíes llegó a ser superior a la de los árabes comunes, y dejaron de ir a Arafat. Pero el Profeta (la paz sea con él) rechazó esta innovación incluso antes de su misión profética. Ibn Ishaq cita una narración de Jubayr ibn Mut’im (que Dios esté complacido con él), en la que Jubayr (que Dios esté complacido con él) dice: «Vi al Maestro (la paz sea con él), antes de que descendiera la revelación, permanecer en Arafat junto con los árabes comunes».
Entre las innovaciones introducidas por los qurayshíes estaba la siguiente: cuando quienes vivían fuera del Santuario acudían para realizar el Hajj o la Umrah, no podían comer los alimentos que habían traído de fuera ni realizar el tawaf vestidos con ropa traída del exterior. Tenían que comer la comida del Santuario y, si no encontraban ropa en el Santuario, debían realizar el tawaf desnudos. Si realizaban el tawaf con ropa traída de fuera, tenían que abandonarla. No podían volver a ponérsela, ni nadie más podía tocarla. Los árabes aceptaron en silencio esta mala costumbre o innovación como si fuera parte de la religión, y así se extendió la práctica de realizar el tawaf desnudos. (****2)
La adoración devocional del Profeta (s) en soledad
Los tradicionistas narran el acontecimiento del inicio de la revelación, cada uno con su propia cadena de transmisión, remontándola al imán al-Zuhrí; este la recibió de Zubair, y él, de su tía materna, la honorable Aisha (r.a.). Ella, es decir, la honorable Aisha (r.a.), dijo: «La revelación comenzó a llegar al Mensajero de Allah (s) mediante sueños verdaderos y hermosos. Cualquier sueño que veía era como si lo estuviera viendo a plena luz del día». [Al-Bayhaquí dice que este estado comenzó seis meses antes del descenso de la revelación.]
Después comenzó a apartarse en soledad y a dedicarse a la adoración en la cueva de Hira. [Tras la aparición del estado mencionado, el Profeta (s) se retiró aún más en soledad. Sin embargo, su inclinación hacia la soledad había comenzado mucho antes. Según los relatos citados por Ibn Hisham y al-Tabarí, Ibn Ishaq, Abdullah ibn al-Zubair y Ubaid ibn Umair al-Laithí dicen que el Profeta (s) pasaba cada año un mes en Hira. Llevaba consigo provisiones para algunos días. Luego regresaba, daba primero siete vueltas a la Kaaba y volvía a Hira desde su casa con alimentos para algunos días más.
Además, la honorable Aisha (r.a.) dice que, durante este retiro y dedicación a la adoración, él alimentaba abundantemente a los necesitados. Pero no dice cuándo comenzó el Profeta (s) a retirarse y permanecer en Hira. Sin embargo, puede suponerse que llevaba varios años practicándolo (el autor).
La honorable Aisha (r.a.) expresó esta práctica del Profeta (s) con la palabra «tahannuz». El imán al-Zuhrí la explicó como adoración devocional. Era una forma de adoración que él practicaba, pues hasta entonces Allah Todopoderoso no le había indicado ningún método de adoración. Llevaba de su casa provisiones de comida y bebida para algunos días. Después acudía a la honorable Jadiya (r.a.), y ella le preparaba provisiones para algunos días más. (****3)
La razón del retiro en la cueva de Hira
Los siguientes versículos de la sura «Alam Nashrah» arrojan cierta luz sobre las razones por las que, en aquel tiempo, el Noble Profeta (s) abandonaba la población de La Meca y pasaba su tiempo en retiro dentro de la cueva de Hira, entre los desfiladeros de las montañas:
(Árabe****************)
Hemos quitado de ti la pesada carga que te quebraba la espalda.
En esta aleya, la palabra (***) significa «pesada carga». Al observar la ignorancia y las prácticas de la época de la ignorancia de su propio pueblo, la tristeza, el dolor, la preocupación y la ansiedad habían cargado de peso su sensible naturaleza. Ante sus ojos se practicaba la idolatría, y el politeísmo, la incredulidad y las supersticiones estaban ampliamente extendidos. La vida social estaba sumergida en la corrupción moral, la desnudez y la obscenidad. Las niñas eran enterradas vivas. La opresión, la injusticia y el adulterio se habían propagado ampliamente en la sociedad. Los débiles estaban hartos de la tiranía de los fuertes. Las tribus se atacaban repentinamente unas a otras. En ocasiones, los conflictos y enfrentamientos mutuos duraban cientos de años. La vida, los bienes, el honor y la honra de nadie estaban seguros si no contaba con el respaldo de un grupo poderoso. Al contemplar estas condiciones, él sufría profundamente. Sin embargo, no encontraba ningún medio para salvar a la nación de esta extrema decadencia moral. Esta preocupación había quebrantado su cuerpo y su espíritu. Allah, el Altísimo, le mostró el camino de la guía y le quitó esta pesada carga. Al ser investido con la dignidad de la profecía, comprendió de inmediato que creer en el tawhid, la misión profética y la otra vida podía resolver todos los problemas de la vida y reformar plenamente cada uno de sus aspectos y ámbitos. Esta guía de Allah, el Altísimo, aligeró todas las cargas del Profeta Mustafá (s), y quedó tranquilo y seguro de que, por medio de ella, no solo podrían salvarse de esas injusticias y corrupciones los pueblos de Arabia, sino también los grupos humanos de otros países del mundo que estaban inmersos en ellas. (****৪)
Sueños verídicos
En el hadiz transmitido por Aisha (r.a.) se afirma que el inicio de la revelación al Profeta (s) ocurrió en forma de sueños verídicos (Bujari y Muslim). Esta continuidad se mantuvo en cada etapa de la época profética. En los hadices se mencionan muchos de sus sueños, mediante los cuales se le impartía alguna enseñanza o se le informaba de algún asunto. En el Noble Corán también se menciona claramente uno de sus sueños (al-Fath: 127). Además, en diversos hadices se menciona que el Profeta (s) dijo: «Tal asunto fue inspirado en mi corazón», o «se me dijo esto», o «se me dio una orden», o «se me prohibió este asunto». La mayoría de los hadices qudsíes se refieren a estos asuntos. (***৫)
El inicio de la revelación
Cuando la edad del Profeta Mustafá (s) era de cuarenta años y seis meses [Generalmente se dice que recibió la profecía a los cuarenta años. Sin embargo, nació en el mes de Rabi al-Awwal del primer año del Elefante, y la profecía le fue otorgada en el mes de Ramadán del año del Elefante. Por ello, al comienzo de la revelación tenía cuarenta años y seis meses —el autor
Abdullah ibn al-Zubayr (r.a.), citando las narraciones de Ibn Ishaq y Ubaydullah ibn Umayr al-Layzi, dice que el Profeta (s) relató: «En sueños, Yibril (a.s.) vino y me mostró algo escrito sobre una tela de seda, en la que estaban escritos los primeros versículos de la sura Al-Alaq. Luego me dijo que leyera. Respondí: “No sé leer”. Entonces me apretó de tal manera que casi se me escapó la vida. Después me soltó y dijo: “¡Lee!”. Luego me hizo recitar hasta (****). Al despertar, me pareció que aquellas palabras estaban escritas dentro de mi pecho» (Tabari, Ibn Hisham y Suhayli). Ibn Kazir, citando esta narración, dice: «Esto fue como una introducción a aquello que se le presentó mientras estaba despierto, cuya mención se encuentra en el hadiz de Aisha (r.a.)» —el autor]
Entonces, un día del mes de Ramadán, la revelación descendió sobre él en la cueva de Hira. El ángel se colocó frente a él y dijo: *** «Lee». En varios lugares del Sahih de Bujari, este acontecimiento se narra de Aisha (r.a.). Ella cita las propias palabras del Mensajero de Allah (s), en las que dice: «Respondí: “No sé leer”. Entonces el ángel me apretó de tal manera que se me hizo insoportable. Después me soltó y me dijo: “Lee”. Respondí: “No sé leer”. Entonces me apretó por segunda vez, y se me hizo insoportable. Me soltó y volvió a decir: “Lee”. Respondí: “No sé leer”. Me apretó por tercera vez, y se me hizo insoportable. Después me soltó y dijo: ()আরবী*********************)
(Lee en el nombre de tu Señor, que creó) y luego le recitó hasta (****) (lo que él no sabía).
Hazrat Aisha (que Dios esté complacido con ella) dice: Entonces el Mensajero de Allah llegó junto a Hazrat Jadiya (que Dios esté complacido con ella), temblando de miedo, y dijo: «Cúbreme, cúbreme». Cuando desaparecieron su miedo y su ansiedad, dijo: «Oh, Jadiya, ¿qué me ha ocurrido?»
Después de contarle todo lo sucedido, dijo: «Temo por mi vida». Los eruditos mencionan doce razones para este temor. Pero, en nuestra opinión, la explicación natural y correcta es que temblaba de miedo al pensar en asumir la pesada responsabilidad de la profecía, y repetidamente se preguntaba cómo podría soportar semejante carga. De esto se puede deducir que el Profeta (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) no se consideraba alguien extraordinario, ni albergaba el deseo de que alguien como él debiera convertirse en profeta. Tampoco tenía la vanidad de creer que poseía la fuerza y la capacidad para realizar tan grandiosa tarea —el autor—.
Hazrat Jadiya (que Dios esté complacido con ella) dijo: «¡Nunca! Al contrario, alégrate. Por Dios, Allah Altísimo jamás te humillará [en otra narración se dice que Allah Altísimo jamás te afligirá ni te hará sufrir —el autor—.
Tratas bien a tus parientes. Dices la verdad. En otra narración se dice que cumples con los depósitos que se te confían. Cargas con las cargas de los desamparados. Procuras el sustento de quienes no pueden ganárselo. Honras a tus huéspedes y ayudas en las buenas obras. También se menciona en otra narración que tu carácter es sublime. Entonces Hazrat Jadiya (que Dios esté complacido con ella) llevó al Profeta (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) ante su primo Waraqa ibn Nawfal. Durante la época de la ignorancia había abandonado la idolatría y se había hecho cristiano. Escribía el Evangelio en árabe y hebreo. Había envejecido mucho y se había quedado ciego. Hazrat Jadiya (que Dios esté complacido con ella) le dijo: «Querido hermano, escucha lo que le ha ocurrido a tu sobrino». (*****৩)
Según la narración de Abu Nuaym, Jadiya (que Dios esté complacido con ella) le contó personalmente a Waraqa todo lo sucedido. Waraqa dijo al Profeta (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él): «Sobrino, ¿qué viste?». El Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) relató lo que había visto. Waraqa dijo: «Este es el Namus (el ángel que trae la revelación desde los cielos superiores) que fue enviado a Musa (que la paz sea con él). ¡Ojalá tuviera fuerza y capacidad durante tu misión profética! ¡Ojalá estuviera vivo cuando tu pueblo te expulse de tu tierra!»
El Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: «¿Esta gente me expulsará?»
Waraqa dijo: «Sí, nunca ha sucedido que alguien trajera algo como lo que tú has traído sin que se le declarara enemistad. Si viviera en tu época, te ayudaría y te apoyaría con toda mi alma».
Pero, al poco tiempo, Waraqa falleció. [Se le llama sobrino del Profeta (s) porque ʿAbd al-ʿUzzā, su antepasado de tercer grado, era hermano de ʿAbd Manāf, antepasado de cuarto grado del Profeta (s). —El autor.]
¿Qué se puede comprender de este suceso?
Este suceso manifiesta por sí mismo que, hasta un instante antes de la llegada del ángel, ni siquiera había surgido en la mente del Profeta (s) la idea de que sería convertido en profeta. Lejos de desear tal cosa, ni siquiera había imaginado que pudiera ocurrir un acontecimiento semejante. La revelación y su comparecencia ante el ángel fueron para él un hecho repentino. Su reacción fue, por tanto, la que normalmente se produce cuando algo así le sucede a una persona desprevenida. Por eso, cuando comenzó a invitar al islam, los habitantes de La Meca empezaron a formular contra él acusaciones de diversa índole. Pero ninguno dijo: «Al principio temíamos que fueras a hacer alguna afirmación, porque desde hacía algún tiempo te estabas preparando para ser profeta».
De este suceso también se sabe cuán pura y santa era la vida del Profeta Mustafa antes de la profecía, y cuán elevado era su carácter. Jadiya (que Allah esté complacido con ella) no era una mujer joven; tenía entonces cincuenta y cinco años. Había sido la compañera de vida del Profeta durante quince años. Ninguna debilidad del esposo permanece oculta para la esposa. Durante aquella prolongada vida matrimonial, ella había conocido al Profeta (s) como un hombre de tan elevada dignidad que, cuando él le relató lo ocurrido en la cueva de Hira, aceptó sin la menor vacilación que, en realidad, había sido el ángel de Allah quien había llevado la revelación hasta él. Asimismo, Waraqa ibn Nawfal era un anciano de La Meca. Desde la infancia había observado la vida del Profeta (s) y, gracias a su estrecho parentesco durante quince años, poseía un conocimiento aún más profundo de su estado. Cuando oyó este suceso, no lo consideró una ilusión ni una instigación. Por el contrario, apenas lo escuchó declaró: «Esto es exactamente el mismo Namus que fue revelado a Moisés (a)». Esto significa que, para él, el Profeta Mustafa (s) era también un hombre de tan elevada dignidad que su investidura con la condición de profeta no constituía ningún motivo de asombro. [A pesar de poseer una personalidad incomparable, aquella noble esencia estaba tan por encima del orgullo y la vanagloria que, incluso cuando fue elevada súbitamente al rango de la profecía, durante algún tiempo no pudo convencerse, mediante reflexión, de que, entre los miles de millones de personas del mundo, él era el único a quien el Señor, Dueño del universo, había elegido para ese cargo.]
Análisis del suceso
Para comprender correctamente el estado en que descendió la revelación, primero hay que recordar que este acontecimiento le sucedió al Profeta (s) de manera repentina. Antes de ello, ni siquiera había imaginado que sería convertido en profeta. En ningún rincón de su mente existía tal deseo, ni había hecho preparación alguna para ello. Tampoco esperaba que un ángel acudiera ante él con un mensaje. Sin duda, se sentaba en soledad y practicaba la meditación y la adoración, pero la idea de convertirse en profeta jamás había ocupado su mente. En tales circunstancias, cuando el ángel apareció de repente en el ambiente solitario de la cueva de Hira, quedó tan aturdido y desconcertado como necesariamente queda cualquier ser humano ante una situación semejante. Aunque era una persona de inmensa grandeza y majestad, su desconcierto no era simple ni aislado: estaba acompañado por una concatenación lógica de pensamientos diversos. Es decir, comenzaron a surgirle distintas preguntas y su mente se llenó de una enorme preocupación y ansiedad. Pensaba: «¿De verdad he sido convertido en profeta? ¿No me han enfrentado a una inmensa prueba de fuego? ¿Cómo llevaré la carga de esta gran responsabilidad? ¿Cómo diré a la gente que he venido como profeta para vosotros? ¿Cómo aceptarán las personas mis palabras? Hasta hoy he vivido con honor en esta sociedad; ahora sus miembros se burlarán de mí y me llamarán loco. ¿Cómo lucharé contra el ambiente de ignorancia?» En resumen, preguntas de este tipo surgían en su mente y lo dejaban profundamente desconcertado.
Por eso, cuando llegó a casa, estaba temblando. Apenas llegó, dijo: «Envolvedme en una manta, envolvedme en una manta».
Los miembros de la familia lo envolvieron y, al cabo de un rato, cuando recuperó la calma, relató todo el suceso a Jadiya (que Allah esté complacido con ella). Él dijo: (en árabe********************)
Temo por mi vida.
Jadicha (r.a.) lo consoló y le dijo:
(Árabe*******************)
¡Jamás! ¡Por Dios! Allah nunca te afligirá ni te hará sufrir. Tú atiendes a tus parientes, dices la verdad, ayudas a los desamparados, satisfaces las necesidades de los pobres y necesitados, recibes hospitalariamente a los huéspedes y ayudas en toda buena obra.
Después lo llevó ante Waraqa ibn Nawfal, pues él pertenecía a la Gente del Libro y conocía la situación de los profetas anteriores. Al escuchar lo que le había sucedido, exclamó espontáneamente: «Este es el mismo Namus que vino a Moisés (a.s.)».
Dijo esto porque conocía el carácter puro y virtuoso de Muhammad (s.a.s.) desde su infancia hasta su juventud. También sabía que en él no se había manifestado el menor indicio de preparativos para reclamar la profecía. Cuando relacionó estos dos hechos con el acontecimiento —que, de repente, alguien del mundo invisible había llegado y le había transmitido a aquel hombre mensajes semejantes a las enseñanzas de los profetas—, comprendió que aquello era, sin duda, una verdadera profecía. (9)
Si hubiera abrigado desde antes el deseo de ser profeta
Si el Profeta Muhammad (s.a.s.) hubiera pensado desde antes en convertirse en profeta, si hubiera pensado que debía serlo y, mientras esperaba ese momento, se hubiera impuesto mediante la contemplación una presión interior, aguardando que algún ángel le trajera un mensaje, entonces, en cuanto hubiera ocurrido el acontecimiento de la cueva de Hira, habría bajado de la montaña, impaciente de alegría y con una gran proclamación, habría ido directamente a su pueblo y anunciado su profecía. Pero sucedió exactamente lo contrario: quedó asombrado y atónito ante todo lo que vio. Luego llegó a casa temblando de miedo, se envolvió en una manta y se acostó. Después de recobrar un poco la serenidad, le dijo en voz baja a su esposa: «Hoy ocurrió este acontecimiento en la soledad de la cueva de Hira. No sé qué sucederá. No veo ningún bien para mi vida».
¡Qué diferente es este estado del de quien aspira a la profecía! Además, ¿quién puede conocer mejor que su esposa la vida de un marido, su situación, sus pensamientos y convicciones? Si por experiencia hubiera sabido que su marido aspiraba a la profecía y esperaba constantemente la llegada de un ángel, jamás le habría respondido como lo hizo Hazrat Khadija (RA). Ella le dijo: «¡Esposo, ¿por qué te asustas?»
Por fin has obtenido aquello que esperabas desde hacía tantos días. Anda, monta tu negocio de santidad; yo me encargaré de las ofrendas votivas.
Sin embargo, basándose en la forma de vida de su marido que había observado durante quince años de convivencia, no tardó ni un instante en comprender que Satanás no podía acercarse a un hombre tan piadoso y desinteresado, ni que Allah quisiera someterlo a una prueba funesta. Todo cuanto había visto era absolutamente verdadero. El mismo había sido el caso de Waraqa ibn Nawfal. No era un extraño, sino un miembro del propio clan de parentesco del Profeta (SAWS). Por parte de sus parientes cercanos, era su cuñado. Como solo era unos años mayor, toda la vida del Noble Profeta, desde su infancia hasta aquel momento, había transcurrido ante sus ojos. En cuanto escuchó de sus labios el relato de Hira, declaró de inmediato: «El visitante es el mismo ángel que llevó la revelación a Musa (AS)». Pues también aquí se había encontrado exactamente con la misma situación a la que se había enfrentado Hazrat Musa (AS). Era un hombre completamente puro de carácter, sencillo, afable e íntegro. No solo jamás había pensado en la profecía, sino que ni siquiera la más mínima idea de alcanzarla había ocupado un lugar en su mente. De pronto, había vivido esta experiencia de manera consciente y manifiesta. Por eso llegó a la conclusión, con la certeza de que dos y dos son cuatro, de que aquello no era en absoluto un autoengaño ni una percepción satánica; al contrario, todo cuanto aquel hombre veraz había visto sin deseo ni aspiración alguna era la verdad real.
Esto constituye una prueba tan clara de la profecía de Muhammad (SAWS) que a una persona inclinada a la verdad le resulta muy difícil negarla. Por ello, en diversos pasajes del Corán se la presenta como una prueba de la profecía. [Allah dice: (árabe***********************)
—¡Oh, Muhammad, di!— Si Allah lo hubiera querido, yo no os habría recitado jamás este Corán, ni Él os habría informado de él. Además, antes de esto he vivido toda una vida entre vosotros. ¿Es que no vais a usar vuestro entendimiento? (Yunus: 16).
(Árabe******************)
Tú no sabías qué era el Libro ni qué era la fe. Pero hicimos de ese espíritu una luz, mediante la cual guiamos a quien queremos de entre Nuestros siervos (Ash-Shura: 52)]
El contenido de la primera revelación
La primera revelación que fue enviada al Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) consistió en los primeros cinco versículos de la sura Al-Alaq, en los que se dice:
«Lee en el nombre de tu Señor, que creó. Creó al ser humano de un coágulo. Lee, y tu Señor es el Más Generoso, quien enseñó mediante la pluma; enseñó al ser humano lo que no sabía».
Esta fue la primera experiencia de la revelación que tuvo el Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él). En este mensaje no se le dijo que estaba siendo destinado a una gran tarea ni qué tendría que hacer en el futuro. Más bien, después de una introducción inicial, se le concedió un período de descanso para que desapareciera el efecto de la enorme presión que esta primera experiencia había ejercido sobre su naturaleza y temperamento, y para que pudiera prepararse mentalmente para recibir posteriormente la revelación y cumplir la responsabilidad de la profecía. [Después de la pausa, cuando la revelación comenzó por segunda vez, fueron revelados los primeros siete versículos de la sura Al-Muddázzir. En ellos, por primera vez, se ordenó al Profeta: «Levántate y advierte a la gente, creación de Dios, sobre las consecuencias de la visión del mundo que siguen». Su explicación detallada aparecerá más adelante.—El autor.]
Explicación del contenido de la revelación
Reflexionemos sobre cada palabra de la primera revelación que descendió sobre el Profeta:
(Árabe*****************)
Lee —¡oh, Profeta!— en el nombre de tu Señor, que creó (Al-Alaq: 1).
Cuando el ángel le dijo al Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él): «¡Oh, Profeta, lee!», él respondió: «Yo no sé leer». Esto permite comprender que el ángel le presentó delante estas palabras de la revelación en forma escrita. Pues si las palabras del ángel hubieran significado: «Lee tal como yo estoy leyendo», no habría sido necesario que el Profeta dijera: «No sé leer».
«Lee en el nombre de tu Señor»; es decir, lee tomando el nombre de tu Señor. En otras palabras, di «Bismillah» y lee. De esto también se supo que, antes de que le llegara esta revelación, el Mensajero de Allah (s) solo reconocía y aceptaba a Allah Ta‘ala como su Señor. Por eso no fue necesario decir quién era su Señor. Más bien se dijo: «Lee tomando el nombre de tu Señor». Es decir, lee tomando el nombre del Señor que conoces.
«Quien ha creado»; no se dijo a quién había creado. De ello se desprende por sí mismo que hay que leer tomando el nombre de ese Señor que es el Creador, quien ha creado todo el universo creado y cada una de sus cosas.
(Árabe************************)
Ha creado al ser humano a partir de una masa de carne formada por sangre coagulada. Después de mencionar la creación general del universo, se menciona específicamente al ser humano y se dice que la creación humana comenzó a partir de un estado insignificante y que fue convertido en un ser humano completo. (****) un plural (****), cuyo significado es coágulo de sangre. Este es el estado inicial que se manifiesta unos días después de la concepción. Luego adopta la forma de carne. Después, gradualmente, comienza en él el proceso sucesivo de adquirir la forma humana.
(Árabe********************)
«Lee, y tu Señor es el más generoso, quien ha enseñado el conocimiento mediante la pluma» (Al-Alaq: 304). Es decir, esta es Su gran generosidad: que, comenzando desde ese estado insignificante, hizo del ser humano un ser dotado de conocimiento, que es la mejor cualidad de la creación. No solo lo hizo conocedor, sino que también le enseñó, mediante la pluma, el arte de escribir, que se convirtió en el medio para la difusión y propagación generalizadas del conocimiento, su desarrollo y la transmisión y conservación de su responsabilidad de generación en generación.
Si Él no hubiera enseñado al ser humano, mediante un método inspirado, la ciencia de la pluma y de la escritura, la capacidad intelectual humana se habría reducido y atrofiado. No habría existido ninguna posibilidad de que se propagara, se extendiera y se desarrollara, ni de que avanzara hacia un progreso cada vez mayor de una generación a otra.
(Árabe****************)
Le dio al ser humano un conocimiento que antes no poseía.
Es decir, el ser humano era originalmente completamente ignorante; todo el conocimiento que adquirió lo obtuvo únicamente porque Allah se lo concedió. Allah Altísimo abre para el ser humano las puertas del conocimiento en la medida que Él determina, y estas van abriéndose gradualmente. Esto mismo se expresa así en el Ayat al-Kursi: (*******************)
y el ser humano no puede adquirir nada de Su conocimiento, salvo aquello que Él mismo quiere concederle.
Todo aquello que el ser humano considera fruto de su conocimiento, en realidad estaba fuera del alcance de su conocimiento. Cuando Allah lo ha querido, le ha concedido de Su conocimiento. Sin embargo, el ser humano no puede percibir que Allah le ha otorgado ese conocimiento.
Hasta aquí llegan las aleyas que fueron reveladas al Profeta (s). Por el hadiz de Hazrat Aisha (ra) se sabe que esta primera experiencia fue tan intensa que el Honorable (s) apenas podía soportarla. Por ello, en aquel momento se consideró suficiente decirle que el Señor a quien usted ya conocía y reconocía se estaba dirigiendo directamente a usted. Por parte de Él había comenzado a descender sobre usted la revelación, y Él lo había convertido en Su Profeta.
Algún tiempo después fueron reveladas las primeras siete aleyas de la sura al-Muddaththir. En ellas se le indicó qué debía hacer después de haber sido investido con la profecía. [A este respecto, conviene saber que el Mensajero de Allah (s) solo vio a Hazrat Jibril (a) dos veces en su propia forma. Fuera de ello, siempre acudía al Profeta con forma humana. En el Kitab al-Tawhid de Bujari, según el relato de Hazrat Aisha (ra), y en el Kitab al-Iman de Muslim, en una narración transmitida por la propia Hazrat Aisha (ra) del Mensajero de Allah (s), se informa que la primera vez Hazrat Jibril (a) apareció en el horizonte oriental —en la sura al-Najm se lo denomina «el horizonte más elevado» (****), y en la sura al-Takwir, «el horizonte manifiesto» (***)— y avanzó gradualmente hacia el Honorable (s). Finalmente, se detuvo sobre él en el espacio. Luego se inclinó hacia el Profeta y se aproximó tanto que entre ambos solo quedó la distancia de dos arcos. Hazrat Aisha (ra) dice que en aquel momento Jibril (a) estaba en su verdadera forma y cubría todo el ámbito superior. (Bujari.) El propio Profeta (s) dijo: «Lo vi en la forma en que Allah lo creó». Todo el espacio entre el cielo y la tierra quedó colmado por su inmensa figura. (Muslim).
¿Cuándo comenzó a descender la revelación?
¿Cuándo fue revelada por primera vez esta revelación, que comprendía las cinco primeras aleyas de la sura al-‘Alaq? Existen diversas opiniones de los transmisores al respecto. Ibn Abd al-Barr y Mas‘udi dicen que la fecha del nombramiento del Honorable como Profeta fue el 8 de Rabi al-Awwal del año 41 del Año del Elefante. Ibn al-Qayyim menciona en su Zad al-Ma‘ad que esta era la opinión de la mayoría. Sin embargo, quienes sostuvieron esta opinión probablemente determinaron el comienzo de la proclamación de la profecía a partir del momento en que, según el relato de Bayhaqi, el Profeta (s) comenzó a tener sueños verídicos, seis meses antes del descenso de la revelación. Pero el Corán afirma claramente respecto al descenso de la revelación que:
(Árabe******************)
—Ramadán es un mes en el que fue revelado el Corán (Al-Baqara: 185)
Ninguna otra afirmación contraria a esta declaración clara del Corán puede considerarse fiable.
Ahora bien, también existen diversas opiniones acerca de a partir de qué fecha de Ramadán comenzó la revelación. Algunos han dicho que fue el 7 de Ramadán. Ibn Sa’d ha mencionado en un lugar el 12 de Ramadán y, en un segundo lugar, citando al imán Baqir, el 17 de Ramadán. Baladhuri lo ha transmitido. Tabari e Ibn Kazir, citando a Abu Qilaba al-Yarmi, han mencionado el 18 de Ramadán, y otras personas, el 19 de Ramadán. Wazila ibn al-Asqa, Yabir ibn Abdulá y Abul Yulat han mencionado el 24 de Ramadán. Sin embargo, el Corán dice: (Árabe******************)
—Hemos revelado este Corán en la Noche del Decreto. La gran mayoría de los sabios de la comunidad sostiene que la Noche del Decreto es una de las noches impares de las últimas diez noches de Ramadán. La mayoría de ellos dice además que es la noche del 27 de Ramadán. [La segunda vez, el Profeta lo vio cerca del Sidrat al-Muntaha.
En una narración de Abdulá ibn Masud se dice en el Musnad de Ahmad que el Profeta dijo: «Vi a Gabriel cerca del Sidrat al-Muntaha. Tenía seiscientas alas» (Tafhim, sura An-Naym, notas 5, 7, 8, 11 y 14).]
Hadices fiables acerca de la fecha de la revelación del Corán
La narración de Abu Huraira dice que el Mensajero de Allah, al hablar de la Noche del Decreto, dijo que es la noche del 27 o del 29 (Abu Dawud y At-Tayalisi). En una segunda narración, transmitida también por Abu Huraira, se dice que es la última noche de Ramadán (Musnad de Ahmad).
Cuando Zirr bin Hubaysh preguntó a Ubayy bin Ka’b (que Dios esté complacido con él) acerca de la Noche del Decreto, este juró que era la noche del 27 (Ahmad, Muslim, Abu Dawud, Tirmidhi, al-Nasa’i e Ibn Hibban).
Cuando preguntaron a Abu Dharr (que Dios esté complacido con él) acerca de esto, respondió que Umar (que Dios esté complacido con él), Hudhayfa (que Dios esté complacido con él) y muchos otros Compañeros del Mensajero no tenían ninguna duda de que era la noche del 27 de Ramadán (Ibn Abi Shayba).
Ubadah bin Samit (que Dios esté complacido con él) dijo que el Mensajero de Dios (la paz sea con él) había dicho: «La Noche del Decreto se encuentra en una de las noches impares de las diez últimas noches de Ramadán: la noche 21, 23, 25, 27 o 29» (Musnad de Ahmad).
Abdullah bin Abbas (que Dios esté complacido con él) dijo que el Mensajero de Dios (la paz sea con él) había dicho: «Buscadla —la Noche del Decreto— entre las diez últimas noches, cuando queden nueve días para que termine el mes o cuando queden cinco días» (Bujari). La mayoría de los eruditos han entendido que el Profeta (la paz sea con él) se refería a las noches impares.
En una narración de Abu Bakr (que Dios esté complacido con él) se dice: «Cuando queden nueve días, siete días, cinco días, tres días o la última noche». Es decir, buscad la Noche del Decreto en esas fechas (Tirmidhi, al-Nasa’i).
En una narración de Aisha (que Dios esté complacido con ella) se dice que el Profeta (la paz sea con él) dijo: «Buscad la Noche del Decreto en las noches impares de las diez últimas noches de Ramadán» (Bujari, Muslim, Ahmad, Tirmidhi). En las narraciones de Aisha (que Dios esté complacido con ella) y de Abdullah bin Umar (que Dios esté complacido con él) se dice que el Profeta (la paz sea con él) hizo retiro espiritual durante las diez últimas noches de Ramadán.
Basándose en las narraciones recibidas de grandes personalidades como Muawiya (que Dios esté complacido con él), Umar (que Dios esté complacido con él) e Ibn Abbas (que Dios esté complacido con él), un gran número de los piadosos predecesores consideraron que la Noche del Decreto era la noche del 27 de Ramadán. (14)
La primera obligación después de la profecía: la oración
Al-Tabari dice: después de declarar la fe en el tawhid y abandonar la idolatría, lo primero que fue establecido como obligatorio en la sharía islámica fue la oración. Ibn Hisham e Ibn Ishaq transmiten, citando a Aisha (que Allah esté complacido con ella), que lo primero que fue establecido como obligatorio para el Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) fue la oración. Al principio consistía en dos rak‘at cada vez. El imán Ahmad cita una narración de Ibn Lahi‘a, transmitida por Zayd ibn Hariza (que Allah esté complacido con él), según la cual, después de que la revelación descendiera por primera vez sobre el Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él), Gabriel (la paz sea con él) le enseñó a realizar la ablución. Este acontecimiento también se narra en Ibn Maya y al-Tabarani, aunque con algunas diferencias en las cadenas de transmisión. Su explicación se encuentra en la narración de Ibn Ishaq, según la cual el Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) se encontraba en una zona elevada de La Meca cuando Gabriel (la paz sea con él) apareció ante él con una hermosa apariencia y una fragancia exquisita, y dijo: «¡Oh, Muhammad! Allah te saluda y dice que eres Su Mensajero para los genios y los seres humanos. Por ello, invítalos a afirmar que no hay divinidad excepto Allah».
Entonces Gabriel (la paz sea con él) golpeó el suelo con el pie y brotó un manantial. Después realizó la ablución, para que el Profeta pudiera aprender el modo de purificarse para la oración. Luego dijo: «Ahora realiza tú la ablución».
Después, Gabriel (la paz sea con él) realizó junto al Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) una oración de dos rak‘at, con cuatro postraciones. Luego el Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) llevó allí a Jadiya (que Allah esté complacido con ella), le enseñó a realizar la ablución y rezó con ella dos rak‘at. Ibn Hisham, Ibn Yarir e Ibn Kazir también narran este acontecimiento.
El imán Ahmad, Ibn Maya y al-Tabarani transmiten de Usama ibn Zayd (que Allah esté complacido con él), quien lo transmite de su padre, Zayd ibn Hariza (que Allah esté complacido con él), que después de que la revelación descendiera sobre el Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él), el primer acto que se hizo obligatorio fue que Gabriel (la paz sea con él) acudiera y enseñara al Profeta el modo de realizar la ablución. Después se puso de pie para la oración y dijo al Profeta: «Reza conmigo». Luego el Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) regresó a casa y contó este acontecimiento a Jadiya (que Allah esté complacido con ella). Ella se llenó de alegría. Entonces el Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) le indicó que realizara allí la ablución y rezó con ella del mismo modo que había rezado con Gabriel (la paz sea con él). Por tanto, este fue el primer acto obligatorio establecido después del descenso de la revelación. Probablemente ocurrió al amanecer de la noche en que descendió (*****). Desde entonces, el Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) y Jadiya (que Allah esté complacido con ella) rezaban en secreto.
Los cuatro primeros musulmanes
Existe consenso en que la primera musulmana fue Jadiya (que Allah esté complacido con ella). Después hay discrepancia sobre quién aceptó el islam primero entre Ali, Abu Bakr y Zayd ibn Hariza (que Allah esté complacido con ellos). Sin embargo, existe consenso en que, después de Jadiya (que Allah esté complacido con ella), estos tres fueron los primeros en aceptar el islam. *****)
Respecto a Ali (que Allah esté complacido con él), el hafiz Ibn Kazir, en Al-Bidaya, cita una narración de Ibn Ishaq y otra de Baladhuri, transmitida por Waqidi, y dice que, cuando el Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) y Jadiya (que Allah esté complacido con ella) comenzaron a rezar en secreto, Ali (que Allah esté complacido con él) los vio en esa situación al día siguiente. Preguntó: «¿Qué es esto?». El Profeta respondió: «Esta es la religión de Allah, que Él ha elegido para Sí y con la que ha enviado a Su Mensajero. Por eso te invito a que aceptes al Dios único, sin asociados, que Lo adores y que rechaces a Lat y Uzza».
Ali tenía entonces diez años. Dijo: «Nunca había oído algo así. No puedo tomar ninguna decisión antes de preguntarle una vez a mi padre».
En aquel momento, el Profeta (s) no quería que su secreto se diera a conocer antes de tiempo. Por eso le dijo: «Si no aceptas mis palabras, mantén el asunto en secreto». Aquella noche, Hazrat Alí (ra) permaneció callado. Después, Allah hizo surgir en su corazón el impulso hacia el islam, y por la mañana se presentó ante el Profeta y dijo: «¿Qué me dijiste ayer?»
[En los libros de historia y de biografía del Profeta, estos cuatro son mencionados como los primeros musulmanes. Sin embargo, no puede suponerse que las hijas del Profeta (s) que ya habían alcanzado la edad del discernimiento no abrazaran la fe junto con su noble madre. Hazrat Záynab (ra) tenía diez años cuando el Profeta (s) recibió la misión profética. Hazrat Umm Kulzum (ra) y Hazrat Ruqayya (ra) tenían ya la edad suficiente para que, antes del inicio de la predicación pública, fueran casadas con los hijos de Abu Lahab. En cambio, Hazrat Fátima (ra) nació un año después de la misión profética. Abrió los ojos en un ambiente islámico. Por ello, en nuestra opinión, las tres hijas deben incluirse entre los primeros musulmanes. Respecto de Hazrat Fátima, debe considerarse que abrió los ojos del entendimiento siendo ya una creyente musulmana.—El autor.]
El Profeta (s) dijo: «Da testimonio de que no existe ninguna divinidad salvo Allah, Único y sin asociado; niega a Lat y Uzza, y rompe todo vínculo con los asociados aparte de Allah».
Hazrat Alí (ra) lo aceptó de inmediato. Sin embargo, mantuvo oculto su islam por temor a Abu Talib. Naturalmente, también comenzó a rezar junto con el Profeta (s).
El imán Ahmad, Ibn Yarir e Ibn Abd al-Barr citan la narración de Afif al-Kindi (hermanastro y primo paterno de Ashyas ibn Qays), quien dice: Abbas ibn Abd al-Muttalib era un viejo amigo de mi tío y solía venir a Yemen a comprar perfume y venderlo durante la peregrinación. Una vez, durante la peregrinación, cuando me encontré con él en Mina, vi llegar a un hombre distinguido. Hizo la ablución muy cuidadosamente y luego se puso de pie para rezar. Después llegó un muchacho que aún no había alcanzado la pubertad; también hizo muy bien la ablución y se puso de pie para rezar. Dije: «¡Oh, Abbas! ¿Qué religión es esta? No conozco nada semejante».
Abbas (ra) dijo: «Este es mi sobrino Muhammad (s), hijo de Abd Allah, hijo de Abd al-Muttalib. Afirma que Allah lo ha enviado como Mensajero. Según otra narración, afirmaba que las riquezas de César y Cosroes quedarían bajo su dominio. Y este segundo es mi sobrino Alí ibn Abi Talib. Sigue su religión. Y esta es la esposa de Muhammad, Jadiya bint Juwáylid. Ella también ha seguido su religión».
Más tarde, cuando el propio Kindi se hizo musulmán, dijo lamentándose: «¡Ay, ojalá hubiera sido la cuarta persona junto a ellos!»
Ibn Hisham e Ibn Yarir dicen que, en cierta ocasión posterior, Abu Talib también vio a Hazrat Alí rezando. Le dijo: «Hijo mío, ¿qué religión es esta que sigues?». Él respondió: «Padre mío, he creído en Allah y en Su Mensajero (s), he reconocido su veracidad y he rezado junto a él».
Abu Talib dice: «Él no te invitará a nada que no sea bueno. Permanece junto a él».
Ibn Kazir cita una declaración de Abu Talib: «Permanece junto a tu primo y ayúdalo». En el comentario de Zuraqani sobre al-Mawahib se escribe, acerca de Abu Bakr (que Dios esté complacido con él), que estaba sentado en casa de Hakim ibn Hizam, sobrino de Jadiya (que Dios esté complacido con ella). En ese momento, la esclava de Hakim se acercó a él y le dijo: «Tu tía había dicho hoy que su esposo era un profeta, como Moisés (la paz sea con él), enviado por Dios». Al oír esto, Abu Bakr (que Dios esté complacido con él) se dirigió directamente al Profeta (la paz y las bendiciones de Dios sean con él) y, después de comprobar que lo que había dicho aquella esclava era cierto, abrazó la fe sin vacilación. Ibn Ishaq cita de Abd Allah ibn al-Husayn al-Taymimi el siguiente relato: el Mensajero de Dios (la paz y las bendiciones de Dios sean con él) dijo: «A todos aquellos a quienes presenté el islam les surgió alguna duda y se tomaron un tiempo para reflexionar. Pero cuando se lo mencioné a Abu Bakr, no vaciló ni tardó lo más mínimo en aceptarlo».
No se ha transmitido ningún relato detallado sobre cómo Zayd ibn Hariza (que Dios esté complacido con él) abrazó la fe. Sin embargo, durante quince años vivió en la casa del Profeta como un miembro de su familia. Sin duda, debió de ver al Profeta (la paz y las bendiciones de Dios sean con él) y a Jadiya (que Dios esté complacido con ella) rezar, y esa debió de ser la razón por la que aceptó el islam.
De estos acontecimientos también se puede saber, de paso, que, aunque al principio el Profeta (la paz y las bendiciones de Dios sean con él) actuaba en secreto, sus parientes cercanos y los de Jadiya (que Dios esté complacido con ella) sabían que estaba presentando una religión distinta de la de sus antepasados y afirmando haber sido nombrado profeta por Dios. Los miembros de su familia y, al menos, sus amigos no solo aceptaron su afirmación, sino que comenzaron a practicar la adoración y otras formas de conducta conforme a ella. Sin embargo, como sus enemigos no conocían estos asuntos y solo los conocían sus simpatizantes, los mantuvieron en secreto, tal como el Profeta (la paz y las bendiciones de Dios sean con él) había querido al principio. Tampoco hablaron ni debatieron sobre el tema; de lo contrario, la oposición habría comenzado antes de tiempo.
¿Fue enviado el ángel Israfil (la paz sea con él) para instruir al Profeta durante los tres primeros años?
Ibn Yarir en su Historia, Ibn Sa’d en al-Tabaqat, Qastallani en al-Mawahib al-Ladunniyya y Zuraqani en su comentario de al-Mawahib citan este relato del famoso tabií, el imán Sha’bi: durante los tres primeros años de la profecía, Israfil (la paz sea con él) fue asignado para instruir al Mensajero de Dios (la paz y las bendiciones de Dios sean con él). Él no traía la revelación, pues la responsabilidad de traerla correspondía a Gabriel (la paz sea con él). Sin embargo, enseñaba conocimiento al Profeta (la paz y las bendiciones de Dios sean con él) por otros medios distintos de la revelación. [Tal vez este medio fuera la inculcación interior (ilqa) o alguna enseñanza mediante encuentros, según el autor].
El imán Ahmad ibn Hanbal, el hafiz Yaqub ibn Sufyan y al-Bayhaqi también han transmitido este relato de Sha’bi, y la cadena hasta él es correcta. Pero no sé de qué fuente lo supo el propio Sha’bi, pues no mencionó la cadena de transmisión hasta el Profeta (la paz y las bendiciones de Dios sean con él). Ibn Sa’d e Ibn Yarir dicen que al-Waqidi negó su autenticidad. Afirmó categóricamente que, aparte de Gabriel (la paz sea con él), no se asignó a nadie más junto al Profeta (la paz y las bendiciones de Dios sean con él).
Este es un asunto que no puede rechazarse por completo, pero tampoco puede aceptarse como un hecho cierto. Es difícil rechazarlo porque Sha’bi era un narrador de hadices digno de confianza, y su relato mursal tampoco es tan débil como para descartarlo por completo. Pero tampoco puede considerarse un hecho confirmado, porque la cadena de transmisión del relato no es tan sólida como para que deba aceptarse necesariamente. Aun así, el asunto no está fuera del ámbito de lo posible. Después de la profecía, la inagotable riqueza de conocimiento que encontramos en las palabras y acciones del Profeta para todos los aspectos de la vida —riqueza con la que están repletos los libros de hadices y de biografía profética, y de la que no se encuentra ni el menor semejante en las palabras y acciones de ningún otro ser humano— fue ciertamente depositada en lo más profundo de su corazón desde el mundo invisible. Y es posible que Dios Todopoderoso hiciera llegar ese conocimiento mediante Israfil (la paz sea con él).
La interrupción de la revelación
Después de que descendiera la primera revelación, Yibril (la paz sea con él) dejó de traer revelaciones durante algún tiempo. Cuanto más se prolongaba esta situación, mayor era la angustia del Profeta (que Dios le bendiga y le conceda paz). Incluso, en ocasiones, se dirigía inconscientemente al monte Shabir, en La Meca, o a la cima de Hira, pensando en arrojarse desde allí. En ese estado, cuando se acercaba al borde de alguna montaña, escuchaba una voz procedente del cielo y se detenía. Al levantar la vista, veía a Yibril sentado en una silla entre el cielo y la tierra. Él decía: «¡Oh, Muhammad! Ciertamente eres el Mensajero de Dios, y yo soy Yibril».
Ibn Sa’d transmitió este relato de Abd Allah ibn Abbas; Ibn Yarir lo cita en su exégesis y Abd al-Razzaq en su Al-Musannaf, tomándolo del imán Zuhri. También se encuentra un relato detallado de ello en Bujari, Muslim y el Musnad de Ahmad. (****15)
En el relato del imán Zuhri se dice:
Durante algún tiempo, la revelación dejó de descender sobre el Mensajero de Dios (que Dios le bendiga y le conceda paz). En ese período sufrió tal angustia mental que a menudo subía a la cima de una montaña y se disponía a arrojarse desde allí. Pero cada vez que llegaba al borde de la cima, Yibril (la paz sea con él) aparecía ante él y le decía: «Tú eres el Profeta de Dios». Al oír esto, recobraba la tranquilidad y desaparecía la inquietud de su corazón. (Ibn Yarir).
Después, el imán Zuhri cita, en el relato de Yabir ibn Abd Allah, que el Mensajero de Dios (que Dios le bendiga y le conceda paz), al mencionar la interrupción de la revelación, dijo: «Un día iba por un camino cuando, de repente, escuché un sonido procedente del cielo. Al levantar la cabeza, vi al ángel que había visto en la cueva de Hira. Estaba sentado en una silla entre el cielo y la tierra. Al verlo, quedé terriblemente atemorizado y desconcertado. Cuando llegué a casa, dije: “¡Cubridme con una manta!”. Entonces los miembros de mi familia me envolvieron con mantas, y en ese momento descendió sobre mí una revelación de parte de Dios:»
(Árabe*****************)
«¡Oh, tú que estás envuelto en un manto!». Después, las revelaciones continuaron descendiendo sobre mí. (Bujari, Muslim, el Musnad de Ahmad e Ibn Yarir).
Revelación de las primeras siete aleyas de la sura Al-Muddázzir
Así transcurre el período durante el cual cesa la revelación y descienden las primeras siete aleyas de la sura Al-Muddázzir, mediante las cuales el Profeta (s) es investido con la dignidad de Mensajero y recibe la guía necesaria para cumplir con la responsabilidad de la misión. Aquí debe comprenderse claramente la diferencia: las primeras cinco aleyas de la sura Al-Alaq anunciaban que había comenzado a descender la revelación sobre el Profeta (s) y que Allah lo había hecho profeta. En cambio, mediante estas aleyas de la sura Al-Muddázzir, además de la profecía, se le impone la responsabilidad de la misión. Se le ordena: «Levántate y comienza a cumplir con tu responsabilidad». En algunas narraciones se ha llegado a afirmar que estas fueron las primeras aleyas del Noble Corán. En las colecciones de hadices de Bujari, Muslim, Tirmidhi, el Musnad de Ahmad y otras se ofrece un relato detallado de ello, transmitido por Yabir ibn Abd Allah al-Ansari (ra). Sin embargo, existe casi unanimidad entre la comunidad musulmana en que las primeras—
desde (árabe*************) hasta (*************)
fueron reveladas. Después, según Ibn Azir, la revelación cesó hasta que descendieron estas aleyas de la sura Al-Muddázzir. Luego la revelación comenzó nuevamente. El imán Zuhri transmitió del propio Yabir ibn Abd Allah al-Ansari (ra) que, antes de que descendieran estas aleyas, el Mensajero de Allah (s) vio en el cielo, entre este y la tierra, al mismo ángel que había acudido a él en la cueva de Hira. Ya hemos citado este relato anteriormente, remitiéndonos a Bujari, Muslim y otras fuentes. (****17
La guía impartida en esta sura
Ahora presten atención a estas aleyas de la sura Al-Muddázzir y vean qué guía se ofrece en ellas.
(Árabe***************)
—¡Oh, tú que estás acostado envuelto en una manta o cobija! Aquí, en lugar de dirigirse al Mensajero de Allah con las palabras «¡Oh, Mensajero!» o «¡Oh, Profeta!», se le llama «¡Oh, tú que estás acostado envuelto en una manta!». Esto se debe a que, al ver a Yibril sentado en una silla entre el cielo y la tierra, el Profeta (s) quedó aterrorizado y desconcertado; al llegar a casa en ese estado, dijo a los miembros de su familia: «¡Cúbranme! ¡Cúbranme!». Por ello, Allah, exaltado sea, se dirigió a él como «Al-Muddázzir». El significado que surge espontáneamente de este afectuoso llamamiento es: «Oh, Mi amado siervo, ¿por qué estás acostado envuelto en una manta? Se te ha encomendado una responsabilidad enorme y, para cumplirla, debes salir al campo con firme determinación».
(Árabe***********)
—Levántate y advierte.
Este es el tipo de mandato que se le dio a Noé después de conferirle la profecía. Por ejemplo:
(Árabe*****************)
—Advierte a tu pueblo antes de que les sobrevenga un castigo doloroso— (Noé: 1)
El sentido del versículo mencionado de la sura Al-Muddázzir es este: «¡Oh, tú que estás acostado, envuelto en una manta! Levántate y advierte a quienes te rodean, que viven sumidos en la negligencia. Si persisten en esta situación, adviérteles de su inevitable desenlace. Adviérteles que no viven en un reino de vino donde puedan hacer cuanto quieran y no se les pida cuentas por ello».
(Árabe**************)
Y proclama la grandeza de tu Señor.
Esta es la primera tarea que un profeta debe realizar en este mundo. Su primera tarea consiste en negar todo aquello cuya superioridad aceptan aquí los ignorantes y proclamar abiertamente ante el mundo entero que, en todo el universo, nadie posee superioridad excepto el único Dios. Por eso, en el islam se ha concedido la máxima importancia a la fórmula «Allahu Akbar». El adhan comienza con la proclamación de «Allahu Akbar». También en la oración el musulmán entra diciendo «Allahu Akbar»; después, se levanta y se sienta repetidamente pronunciándolo. Cuando se degüella un animal, se hace pasar el cuchillo diciendo «Bismillah, Allahu Akbar». Hoy, el clamor del takbir es el signo más claro y distintivo de los musulmanes de todo el mundo, porque el Profeta de esta comunidad comenzó su misión precisamente con «Allahu Akbar».
Aquí se señala un aspecto sutil que debe comprenderse adecuadamente. Según lo que se conoce sobre la ocasión de la revelación de estos versículos, al Mensajero de Allah se le ordenó emprender la enorme responsabilidad de la misión profética. También está claro que la ciudad y el entorno en los que se le ordenaba levantarse con esta misión eran un escenario del shirk. No se trataba solamente de que sus habitantes fueran idólatras como los demás árabes; lo más importante era que La Meca, la Noble, era el mayor santuario de los árabes idólatras, y los qurayshíes eran sus guardianes. Que una persona apareciera allí sola y levantara la bandera del tawhid frente al shirk era una empresa sumamente arriesgada. Por eso, junto con las palabras «Levántate y advierte», se le dijo: «Proclama la grandeza de tu Señor». Esto significa: no prestes la menor atención a las fuerzas terribles que consideras obstáculos para esta tarea. Declara claramente: mi Señor es mucho más grande que todas esas fuerzas que puedan alzarse para bloquear el camino de mi llamamiento.
¿Qué mayor estímulo y aliento podría ofrecerse a una persona para que emprendiera la obra de Allah? Quien lleva profundamente grabada en su corazón la grandeza de Allah no duda ni por un instante en luchar solo contra el mundo entero por la causa de Allah.
(Árabe**************)
—y mantén pura tu vestimenta.
Estas palabras tienen un significado amplio y sus implicaciones son de largo alcance. Uno de sus significados es: mantén pura y limpia tu vestimenta, porque la pureza de la vestimenta está estrechamente vinculada con la pureza del alma. Un alma pura no puede habitar en un cuerpo sucio y lleno de impurezas ni en una vestimenta impura. El entorno en el que el Mensajero de Allah comenzó la tarea de invitar al islam no solo estaba sumido en las profundidades de la decadencia de la creencia y del carácter, sino que también carecía de las nociones más elementales de taharat y limpieza. La tarea del Profeta consistía en enseñarles la pureza y la limpieza en todos los aspectos. Por eso se le ordenó establecer el más elevado nivel de taharat también en su vida exterior. Así pues, es fruto de esta guía que el Profeta enseñara a la humanidad, con tal detalle, las normas relativas al cuerpo y a la vestimenta, que ni la ignorancia árabe ni siquiera las naciones más civilizadas de la época moderna han tenido la fortuna de recibir una enseñanza semejante. Incluso en la mayoría de las lenguas del mundo no existe una palabra que pueda considerarse equivalente a taharat. En cambio, en el islam, los libros de hadiz y de fiqh comienzan la exposición de las normas islámicas precisamente con la taharat. En ellos se explican detalladamente la diferencia entre lo puro y lo impuro, así como los métodos de purificación.
El segundo significado de estas palabras es: mantén tu vestimenta limpia y aseada. La idea del ascetismo estableció como criterio de religiosidad en el mundo que cuanto más sucio y desaseado estuviera alguien, más religioso o santo sería. Si alguien vestía ropa limpia y aseada, se lo consideraba mundano. Sin embargo, la naturaleza humana aborrece la suciedad y la falta de higiene. Quien posee un sentido común de la educación y del buen gusto desea entablar relaciones de amistad precisamente con personas limpias y aseadas. Por esta razón, quienes inviten a la gente al camino de Allah deben cuidar que su aspecto exterior sea tan puro y limpio que las personas los miren con respeto, y que en su personalidad no haya nada desagradable que pueda despertar naturalmente repulsión.
El tercer significado de esta exhortación es: mantén tu vestimenta libre de defectos morales. Tu ropa debe ser, por supuesto, limpia y pura; pero no debe mostrar orgullo, arrogancia, afán de ostentación, lujo excesivo ni señales de influencia y poder. La vestimenta es lo primero que da a conocer la personalidad de una persona. Sea cual sea la ropa que alguien vista, al verla la gente deduce de inmediato qué tipo de persona es. Las vestimentas de los terratenientes y nawabs, las de quienes comercian con la religión, y las de los matones, los malhechores y los vagabundos reflejan todas ellas el carácter y la naturaleza de quienes las llevan. Por naturaleza, el carácter de quienes llaman a la gente hacia Allah es distinto del de esas personas. Por tanto, su vestimenta también debe distinguirse naturalmente de la de ellas. Deben vestir de tal manera que cualquiera pueda pensar, al verlos, que se trata de una persona muy educada y de gran buen gusto, que no se deja gobernar por sus pasiones ni se entrega a sus excesos.
El cuarto significado es que mantengas pura tu vestimenta. Tanto en árabe como en urdu, la expresión «mantener pura la vestimenta» (pak-dāmanī) se emplea con el sentido de mantenerse por encima de los defectos morales y estar adornado con un carácter excelente. Ibn Abbás (que Dios esté complacido con él), el imán Najai, Sha‘bi, Muyahid, Qatada, Sa‘id ibn Yubair, Hasan Basri y otros célebres comentaristas han interpretado este versículo precisamente así: mantén puro tu carácter y aléjate de toda conducta indecorosa. En árabe, esta expresión o modismo (IDIOM) se dice:
(Árabe*********************)
«La ropa de fulano es pura y su vestimenta es limpia». Esto significa que su disposición y su carácter son excelentes. En cambio, se dice
(*****************)
«Su ropa está sucia», es decir, que es una persona de mal carácter. No se puede confiar en sus palabras.
(Árabe*************************)
Aléjate de la suciedad y la impureza. Aquí, por suciedad o inmundicia se entiende toda clase de impureza: ya sea la impureza de la creencia, la fe y el pensamiento; la impureza de las obras y la moral; la impureza del cuerpo y la vestimenta; o la impureza del modo de vida. Es decir, debes mantenerte apartado de las diversas formas de inmundicia que se han extendido por toda la sociedad que te rodea. Nadie debe poder acusarte de que algunas de las inmundicias y conductas indecorosas de las que intentas apartar a la gente también dejan huella en ti.
(Árabe*****************)
—y no hagas favores buscando obtener más.
El significado de estas palabras es tan amplio que no puede traducirse en una sola frase ni explicarse en toda su dimensión. Uno de sus sentidos es que, cuando muestres misericordia y bondad hacia alguien, lo hagas desinteresadamente. Tus dádivas, favores y buenos actos deben hacerse exclusivamente por Alá. No debes obtener ventajas ni beneficios mundanos a cambio de prestar ayuda y hacer el bien, ni albergar siquiera el más mínimo deseo o anhelo de tal índole. En otras palabras, cuando beneficies a alguien, hazlo por Alá; no ayudes ni hagas el bien a nadie para obtener algún provecho.
El segundo sentido es que, aunque la misión profética que desempeñas es una obra sumamente beneficiosa, pues mediante ti la creación de Alá recibe la guía, no vayas presumiendo ante la gente de que les estás haciendo un gran bien ni obtengas de ello ningún beneficio personal.
El tercer sentido es que, aunque estás realizando un servicio enorme, no consideres tu propia obra como algo grandioso a tus propios ojos; no debe surgir en tu corazón la idea de que, al cumplir la responsabilidad profética y consagrar tu vida a esta tarea, estás haciendo un favor a tu Señor.
(Árabe*************)
—y persevera por tu Señor.
Es decir, la tarea que se te ha encomendado es sumamente agotadora. Para llevarla a cabo tendrás que enfrentarte a graves calamidades, penas, sufrimientos y terribles dificultades.
Tu propio pueblo se convertirá en tu enemigo. Toda Arabia se unirá contra ti. Pero, sea cual sea el obstáculo que aparezca en este camino, tendrás que soportarlo con paciencia y cumplir tu responsabilidad con firmeza e inquebrantable determinación. Para apartarte de esta tarea, el miedo y las amenazas, las tentaciones, la amistad y la enemistad, el afecto y el cariño, todo se convertirá en un obstáculo para ti. Frente a todo ello, permanecerás firmemente aferrado a tu resolución.
Esta fue la guía inicial que Allah, el Altísimo, dio a Su Mensajero cuando le ordenó: «Levántate y comienza tu misión». Si alguien reflexiona sobre estas breves frases y sus significados, su corazón atestiguará que, al iniciar la tarea de un profeta, no podía haberse dado una orientación y un consejo mejores. En ellas también se explica qué debe hacerse. Al mismo tiempo, se enseña con qué intención, actitud mental y pensamiento debe llevarse a cabo esta tarea. Asimismo, se advierte qué circunstancias habrá que afrontar en ella y cómo hacerles frente. Hoy, quienes, movidos por un odio ciego, dicen que —¡Dios nos libre!— después de sufrir un ataque de epilepsia, estas palabras salían de la boca del Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) como un delirio, deberían abrir un poco los ojos, observar estas frases y preguntarse por sí mismos: ¿son acaso el delirio de alguien presa de la epilepsia, o son la guía de Dios, impartida por Él a Su siervo cuando le encomendó la responsabilidad de la profecía? (******18)
La práctica de recibir la revelación
Ya hemos dicho, citando a Yáber ibn Abd Allah (que Allah esté complacido con él), que después de la sura Al-Muddázzir comenzó la revelación continua sobre el Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él). Sin embargo, en los primeros tiempos, cuando descendía la revelación, el Profeta tenía la dificultad de que, por temor a olvidarla, intentaba retenerla memorizándola. A veces también preguntaba por el significado de algo mientras descendía la revelación. Por ello, en esa etapa era necesario enseñar bien al Profeta el método para recibir la revelación. En la sura Ta-Ha se dice:
فَتَعَالَى اللَّهُ الْمَلِكُ الْحَقُّ وَلَا تَعْجَلْ بِالْقُرْآنِ مِنْ قَبْلِ أَنْ يُقْضَى إِلَيْكَ وَحْيُهُ وَقُلْ رَبِّ زِدْنِي عِلْمًا
Allah es Altísimo y Magnífico. Él es el verdadero Rey. Y observa, oh Profeta, no te apresures a recitar el Corán hasta que la revelación te haya sido transmitida por completo. Y di: «¡Señor mío, acrecienta mi conocimiento!» (Ta-Ha: 114)
La estructura del discurso deja claro que, al llegar a «(en árabe*******************)», el discurso había terminado. Después, al despedirse, el ángel, por orden de Allah, advierte al Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) sobre algo que había observado mientras descendía la revelación. No se consideró apropiado interrumpir el discurso con un comentario. Por eso, tras finalizar la transmisión del mensaje, le advierte al Mensajero sobre este asunto. ¿Qué era aquello por lo que se le advirtió? Las propias palabras de la advertencia lo ponen de manifiesto. Mientras recibía el mensaje de la revelación, el Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) intentaba recitarlo para memorizarlo. Quizá este esfuerzo interrumpía repetidamente su concentración. Tal vez se veía afectada la continuidad de la recepción de la revelación. Puede que no prestara plena atención a la escucha del mensaje. Ante esta situación, se consideró necesario explicarle el método correcto para recibir la revelación y prohibirle el intento de memorizarla que hacía de vez en cuando.
Esta misma situación se produjo también cuando fue revelada la sura Al-Qiyamah. Por ello, se le advirtió interrumpiendo el curso del discurso.
(árabe*******************)
No muevas apresuradamente tu lengua una y otra vez para memorizarlo. Hacer que lo recuerdes y recitarlo es responsabilidad nuestra. Por tanto, cuando te lo recitemos, escucha atentamente; luego también es responsabilidad nuestra hacerte comprender su significado. [La explicación que ofrecimos, por aparecer esta frase en el contexto de la sura Al-Qiyamah, no se basa en una mera suposición. Por el contrario, esta explicación aparece en narraciones fiables. Musnad Ahmad, Bujari, Muslim, Tirmidhi, Nasai, Ibn Tabarani, Bayhaqi y otros especialistas en hadices transmiten, por diversas cadenas, el relato de Abd Allah ibn Abbas (ra), según el cual, cuando el Corán era revelado al Mensajero (sa), este repetía las palabras de la revelación junto con Gabriel (a), por temor a olvidarlas. A esto se le dijo………
لَا تُحَرِّكْ بِهِ لِسَانَكَ لِتَعْجَلَ بِهِ(16)إِنَّ عَلَيْنَا جَمْعَهُ وَقُرْآنَهُ(17)فَإِذَا قَرَأْنَاهُ فَاتَّبِعْ قُرْآنَهُ(18)ثُمَّ إِنَّ عَلَيْنَا بَيَانَهُ
Esto mismo se ha transmitido de Sha‘bi, Ibn Zayd, Dahhak, Hasan Basri, Qatadah, Mujahid y otros célebres especialistas en hadices. ]
También en la sura Al-A‘la se le aseguró al Profeta (sa): «Nosotros te haremos recitar y después no lo olvidarás». [Al-Hakim transmitió de Sa‘d ibn Abi Waqqas (ra), e Ibn Muwaya transmitió de Abd Allah ibn Abbas (ra), que el Mensajero de Allah (sa) repetía las palabras del Corán por temor a olvidarlas. Mujahid y Kalbi dicen que, apenas Gabriel (a) terminaba de recitarle la revelación y se marchaba, el Mensajero (sa) comenzaba a repetir la primera parte por temor a olvidarla. Por eso Allah aseguró al Profeta (sa) que, durante la revelación, debía escuchar en silencio. Nosotros te la haremos recitar y permanecerá en tu memoria para siempre. No debes temer olvidar ninguna de sus palabras.]
سَنُقْرِئُكَ فَلَا تَنْسَى
Más tarde, cuando el Profeta adquirió experiencia en recibir los mensajes de la revelación, dejaron de producirse situaciones de este tipo. Por ello, en las suras posteriores ya no encontramos advertencias semejantes.
Los tres años de la predicación secreta
De acuerdo con la sabiduría que Allah Todopoderoso enseñó a Su Profeta para transmitir el mensaje de la risalat, él no comenzó de inmediato a proclamar su profecía ni a predicar públicamente entre la gente. Por el contrario, durante los primeros tres años continuó transmitiendo el mensaje del islam a personas nobles que, mediante pruebas, argumentos y comprensión, estaban dispuestas a aceptar el tawhid y abandonar el shirk. Al mismo tiempo, transmitía el mensaje a aquellos de quienes podía confiarse que mantendrían el secreto mientras él no decidiera, siguiendo la orden de Allah Todopoderoso, comenzar abiertamente la predicación de la invitación hacia Allah tras proclamarla ante el público en general. En esta labor, la influencia de Hadrat Abu Bakr (que Allah esté complacido con él), cuyo nombre verdadero era Abdullah ibn Uzman, fue la más eficaz. Sin embargo, su kunya, Abu Bakr, alcanzó tal fama que su nombre verdadero quedó oculto. Zamajshari dice que se le llamó Abu Bakr porque aventajaba a todos en pureza y nobleza de carácter. Este nombre ya se había hecho famoso para él en la época de la jahiliyyah —autor—. Tabari e Ibn Hisham explican la razón diciendo que era un hombre sumamente sociable y cordial, y que, por sus cualidades, gozaba de gran estima entre su pueblo. Entre los qurayshíes, nadie conocía mejor que él la genealogía. También conocía mejor que nadie quién era bueno y quién era malo, y cuáles eran las cualidades de cada persona. Era comerciante y famoso por su buen comportamiento. Sus compatriotas solían visitarlo y sentarse con él durante largos períodos, por su inteligencia y conocimiento, así como por su comercio y su buen trato. Aprovechando esta oportunidad, transmitía la invitación al islam a aquellos en quienes confiaba. Influenciadas por su predicación, un gran número de personas aceptó el islam. Después, todos los que se hacían musulmanes buscaban entre sus círculos de amistades a personas buenas y difundían el islam entre ellas. En aquella época, los musulmanes rezaban en secreto en lugares desiertos de La Meca, para que nadie descubriera que habían abrazado una nueva religión.
Establecimiento de un centro de predicación y reuniones en Dar al-Arqam
Poco después de que hubieran transcurrido dos años y medio, ocurrió un suceso que hizo temer que se iniciara prematuramente un enfrentamiento con los incrédulos de La Meca.
Ibn Ishaq dice que un día los musulmanes estaban rezando en un lugar apartado de La Meca. En ese momento, un grupo de idólatras los descubrió y comenzó a llamarlos herejes. La discusión estuvo a punto de convertirse en una pelea, y Hadrat Sa‘d ibn Abi Waqqas (que Allah esté complacido con él) lanzó un hueso de camello contra uno de ellos y le abrió la cabeza. Ibn Yarir e Ibn Hisham han ofrecido un relato resumido de este suceso. Sin embargo, al-Hakim Umari registró un relato detallado en su obra sobre las campañas militares. Dice que el hombre cuya cabeza fue abierta era Abdullah ibn Jatal, de los Banu Taym. Entonces el Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) convirtió inmediatamente la casa de Hadrat al-Arqam ibn Abi al-Arqam, situada cerca de Safa, en un centro de reuniones, de predicación y de transmisión del mensaje. Así, la gente podía reunirse allí para rezar, y quienes fueran aceptando el islam en secreto también podían acudir allí. Esta Dar al-Arqam alcanzó una fama imperecedera en la historia del islam. Incluso después de que terminara el período de tres años de predicación secreta y comenzara la predicación pública entre la gente, continuó siendo el centro de los musulmanes. El Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) permanecía allí, y los musulmanes acudían a reunirse con él. Hasta el encarcelamiento en el valle de Abu Talib, este fue el centro de la predicación islámica.
Resultados de los tres años de predicación secreta
Antes de analizar el período de la predicación islámica pública, debemos examinar cuánto se logró durante estos tres años: quiénes y cuántos miembros de las distintas tribus de Quraysh se hicieron musulmanes. A continuación se presenta una lista de cuántas personas de las familias de Quraysh, así como mawali, esclavos y esclavas, aceptaron el islam. Esta labor fue posible después de mucho esfuerzo, investigación y búsqueda, porque en ningún lugar se encuentra reunida una lista completa.
La tribu de los Banu Hashim
1. Yáfar ibn Abi Talib
2. Su esposa Asma, hija de Umais al-Jaz’amiyya (esta mujer no pertenecía a la tribu de Quraysh)
3. Safiyya (que Dios esté complacido con ella), hija de Abd al-Muttalib [la tía paterna del Profeta y madre de Zubair (que Dios esté complacido con él).]
4. Arwa (que Dios esté complacido con ella), hija de Abd al-Muttalib [madre de Tulaib ibn Umair (que Dios esté complacido con él) y tía paterna del Mensajero.]
La tribu de Banu al-Muttalib
5. Umaida (que Dios esté complacido con ella), hija de al-Harith ibn al-Muttalib.
La tribu de Banu Abd Shams ibn Abd Manaf
6. Abu Hudhaifa (que Dios esté complacido con él), hijo de Utba ibn Rabia
7. Su esposa, Sahla (r.a.), hija de Suhayl ibn Amr
La tribu de Banu Umayya
8. Uthman (r.a.) ibn Affan
9. Su madre, Arwa (r.a.), hija de Qurayz
10. Khalid (r.a.) ibn Sa’id ibn al-As ibn Umayya
11. Su esposa, Umayma (r.a.), hija de Khalaf al-Khuza’iyya (algunos dicen que su nombre era Umayna).
12. Umm Habiba (r.a.), hija de Abu Sufyan (al principio estuvo casada con Umayta ibn Jahsh; posteriormente obtuvo el honor de convertirse en Umm al-Mu’minin).
Los aliados de la tribu de Banu Umayya (vinculados a Banu Umayya por lazos de amistad).
13. Abdullah bin Jahsh
14. Abu Ahmad bin Jahsh
15. Ubaydullah bin Jahsh [Él emigró a Abisinia junto con su esposa, la honorable Umm Habiba. Allí adoptó el cristianismo y murió. —El autor.]
Estos tres eran descendientes de Banu Ghanam bin Dudan. Eran hijos de Umayma bint Abd al-Muttalib, tía paterna del Honorable (ra), y hermanos de Zaynab, madre de los creyentes.]
La tribu de Banu Taym
16. Asma bint Abi Bakr (ra)
17. Umm Ruman (ra) [Esposa del honorable Abu Bakr (ra) y madre de la honorable Aisha (ra) y del honorable Abd al-Rahman bin Abu Bakr (ra).]
18. Talha (ra) bin Ubaydullah
19. Su madre era Sa’ba (RA), hija de al-Hadrami.
20. Harith (RA) bin Khalid
Tribu vinculada por lazos de amistad con los Banu Taym
21. Suhayb (RA) bin Sinan al-Rumi
Tribu de los Banu Asad bin Abd al-Uzza
22. Zubayr (RA) bin al-Awwam (sobrino de Hazrat Jadiya y primo del Profeta (SA), por parte de su tía paterna).
23. Khalid (RA) bin Hizam (hermano de Hakim bin Hizam y sobrino de Hazrat Jadiya (RA)).
24. Aswad (RA) bin Nawfal
25. Amr ibn Umayya
La tribu de los Banu Abd al-Uzza ibn Qusayy
26. Yazid ibn Zamaya ibn al-Aswad (r.a.)
La tribu de los Banu Zuhra
27. Abd al-Rahman ibn Awf (r.a.)
28. Su madre, Shifa bint Awf (r.a.)
29. Sa’d ibn Abi Waqqas (r.a.). El nombre verdadero de Abu Waqqas era Malik ibn Usaib.
30. Su hermano, Umayr ibn Abi Waqqas (r.a.).
31. Su hermano, Amir (ra), hijo de Abi Waqqas
32. Al-Muttalib (ra), hijo de Azhar (primo paterno de Abdur Rahman ibn Awf)
33. Su esposa, Ramla (ra), hija de Abi Awf al-Sahmiyya
34. Tulaib (ra), hijo de Azhar
35. Abdullah (ra), hijo de Shihab.
Tribus vinculadas por alianza con los Banu Zuhra
36. Abdullah (ra), hijo de Masud. Era de la tribu de Hudhayl y estaba vinculado por alianza con los Banu Zuhra de La Meca.
37. Utba (ra), hijo de Masud (hermano de Abdullah ibn Masud)
38. Miqdad (ra) ibn Amr al-Kindi
39. Jabbab (ra) ibn al-Aratt
40. Shurahbil (ra) Hasanat al-Kindi
41. Yabir (ra) ibn Hasanat (hermano de Shurahbil)
42. Yunada (ra) ibn Hasanat (ídem)
La tribu de Banu Adi
43. Sa’id (ra) ibn Zayd ibn Amr ibn Nufayl [primo paterno y cuñado de Hazrat Umar (ra)]
44. Su esposa, Fátima (ra) bint al-Jattab [hermana de Hazrat Umar (ra)]
45. Zayd (ra) ibn Khattab (hermano mayor de Hazrat Umar)
46. Amir (ra) ibn Rabia al-Anazi (Khattab lo adoptó como hijo.)
47. Su esposa, Layla (ra) bint Abi Hasma
48. Ma’mar (ra) ibn Abdullah ibn Nadla
49. Nu’aym (ra) ibn Abdullah ibn Allakhkham.
50. Adi (ra) ibn Nadla
51. Urwa (ra) ibn Abi Usas (hermano por parte de padre de Amr ibn As)
52. Ma’us (ra) ibn Sayid ibn Haritha ibn Nadla.
Clan vinculado por lazos de amistad con los Banū ʿAdī.
53. Wāqid ibn ʿAbdullāh (Jattāb lo adoptó como hijo).
54. Jālid ibn Bukayr ibn ʿAbd al-Yaʿlīl al-Laylī
55. Iyās (ra) ibn Bukayr ibn ʿAbd Yaʿlīs al-Laythī
56. Yaʿs (ra) ibn Bukayr ibn ʿAbd Yaʿlīs al-Laythī
56. ʿĀmir (ra)
57. ʿAqīl (ra)
La tribu de los Banū ʿAbd al-Dār
58. Musab (ra) bin Umair
59. Su hermano Abu Rum (ra) bin Umair
60. Firas (ra) bin An-Nadr
61. Jahm (ra) bin Qays
62. Uzman (ra) bin Mazun
63. Su hermano Qudama (ra) bin Mazun
64. Su hermano Abdullah (ra) bin Mazun
65. Saib bin Uzman (ra) bin Mazun
66. Ma’mar (que Dios esté complacido con él), hijo de al-Harith, hijo de Ma’mar
67. Su hermano Hatib (que Dios esté complacido con él), hijo de al-Harith
68. Su esposa Fátima, hija de Mujallil al-Amiriyya
69. El hermano de Ma’mar, Hattab (que Dios esté complacido con él), hijo de al-Harith
70. Su esposa Fukaia, hija de Yasár
71. Sufyán, hijo de Ma’mar (que Dios esté complacido con él)
72. Nubayna (que Dios esté complacido con él), hijo de Uzmán
La tribu de Banu Sahm
73. Abdallah (ra) ibn Hudhafa
74. Junays (ra) ibn Hudhafa (yerno de Hazrat Umar (ra). Primer esposo de Hafsa (ra), Madre de los Creyentes.
75. Hisham (ra) ibn al-As ibn Wa’il
76. al-Harith (ra) ibn Qays
77. Su hijo Bashir ibn al-Harith (ra)
78. Su segundo hijo, Ma’mar ibn al-Harith (ra)
79. Qays (ra) ibn Hudhafa (hermano de Abdallah ibn Hudhafa)
80. Abu Qays (ra) ibn al-Harith
81. Abdullah (que Dios esté complacido con él) ibn al-Harith
82. Saib (que Dios esté complacido con él), el mismo
83. Hajjaj (que Dios esté complacido con él), el mismo
84. Bishar (que Dios esté complacido con él), el mismo
85. Sa’id (que Dios esté complacido con él), el mismo
Tribu aliada de Banu Sahm
86. Umay (que Dios esté complacido con él) ibn Riyab
87. Mahmiya (que Dios esté complacido con él) ibn al-Jazu [hermanastro paterno de Umm al-Fadl (que Dios esté complacido con ella), esposa de Abbas (que Dios esté complacido con él).]
La tribu de Banu Majzum
88. Abu Salama (Abdullah (ra) ibn Abd al-Asad, primo del Profeta (sa) por parte de tía paterna y hermano de leche, y primer esposo de la Madre de los Creyentes Umm Salama (ra).]
89. Bint Umm Salama (ra) (ella y su esposo Abu Salama eran parientes cercanos de Abu Yahl.)
90. Arqam (ra) ibn Abi al-Arqam (cuya casa de Arqam ya ha sido mencionada anteriormente.)]
91. Ayyash (ra) ibn Abi Rabia (medio hermano de Abu Yahl y primo de Hazrat Jálid ibn al-Walid).
92. Su hija Asma (ra), hija de Salama al-Tamimiyya.
93. Walid (ra) ibn Walid ibn Mugira.
94. Hishmam (ra) ibn Abi Hudhayfa
95. Salma (que Allah esté complacido con él), hijo de Hisham
96. Hashim (que Allah esté complacido con él), hijo de Abi Hudhayfa
97. Habbar (que Allah esté complacido con él), hijo de Sufyan
98. Su hermano, Abdullah, hijo de Sufyan
El clan aliado de Banu Majzum
99. Yasir (que Allah esté complacido con él) (padre de Ambar, hijo de Yasir).
100. Ambar, hijo de Yasir (que Allah esté complacido con él).
101. Su hermano, Abdullah, hijo de Yasir (que Allah esté complacido con él).
La tribu de Banu Amir ibn Lu’ay
102. Abu Habra (ra), hijo de Abi Ruwaym (hijo de Barra (ra), tía paterna del Profeta, hija de Abd al-Muttalib).
103. Su esposa, Umm Kulzum (ra), hija de Suhayl ibn Amr (hermana de Abu Jandal (ra).
104. Abdullah (ra), hijo de Suhayl ibn Amr.
105. Hatib (ra), hijo de Amr (hermano de Suhayl ibn Amr).
106. Salit (ra), hijo de Amr
107. Sakran (ra), hijo de Amr (hermano de Suhayl ibn Amr. Fue el primer esposo de Sawda (ra), hija de Zam’a, Madre de los Creyentes).
108. Su esposa, Sawda (ra), hija de Zamaya (después de la muerte de Sakran tuvo la dicha de convertirse en Madre de los Creyentes).
109. Salit ibn Amr, Bibi Yaqaza (que Dios esté complacido con ella), hija de Alqama (en al-Isaba se la menciona como Umm Yaqaza, mientras que Ibn Sa’d la llama Fátima, hija de Alqama).
110. Malik ibn Zam’a (que Dios esté complacido con él; hermano de Hazrat Sawda).
111. Ibn Umm Maktum (que Dios esté complacido con él).
La tribu de Banu Fihr ibn Malik
112a. Abu Ubayda (que Dios esté complacido con él), hijo de al-Yarrah
113. Suhayl (que Dios esté complacido con él), hijo de Bayda
114. Sa’id (que Dios esté complacido con él), hijo de Qays
115. Amr (que Dios esté complacido con él), hijo de al-Harith ibn Zuhayr
116. Uthmán (ra), hijo de Abd Ghanam ibn Zuhayr (primo de Abd al-Rahmán ibn Awf (ra)).
117. Hariz (ra), hijo de Saíd
La tribu de Banu Abd Qusay
118. Tushayb (ra), hijo de Umayr (hijo de Arwa bint Abd al-Muttalib, tía paterna del Profeta). Los miembros de esta tribu estaban relacionados con las familias nobles de los quraysh. Además, poseían un gran número de esclavos y esclavas. Como resultado de la labor secreta de predicación durante tres años, estas personas abrazaron el islam. Sus nombres son los siguientes:
119. Umm Ayman Barakah (ra), hija de Zalabah, quien cuidó del Profeta en brazos desde su infancia.
120. Zinnirah al-Rumiyya (ra) (esclava liberada de Amr ibn al-Muammil).
121. Bilal (ra), hijo de Rabah.
122. Su madre, Hamamah (ra)
123. Abu Fukaicha (r.a.), hijo de Yasar al-Yuhami (liberto de Safwan ibn Umayya).
124. Labiba (r.a.) (esclava de Muammal ibn Habib).
125. Umm Uways (r.a.) (esclava de Banu Tamim ibn Munqara o de Banu Zuhra. La primera opinión es la de Zubayr ibn Bakkar y la segunda, la de Baladhuri).
126. Amir ibn Fuhayra (esclavo de Tufayl ibn Abd Allah).
127. Sumayya (r.a.) (madre de Ammar ibn Yasir y esclava de Abu Hudhayfa ibn al-Mughira al-Majzumi).
A continuación se mencionan los nombres de quienes, entre los qurayshíes, abrazaron el islam en los primeros tiempos en La Meca:
128. Mihjan (r.a.), hijo de al-Adra al-Aslami.
129. Masud (r.a.), hijo de Rabia ibn Amr. Pertenecía al clan Qara de Banu al-Hun ibn Juzayma.
Si se suman 129 personas a los cuatro primeros musulmanes, su número asciende a ciento treinta y tres (133). Todas estas personas afortunadas se incorporaron al grupo de los musulmanes antes de que el Huḍur (s.a.s.) comenzara a predicar públicamente.
[Abd al-Barr escribió en al-Isti‘ab, e Ibn al-Athir en Usd al-Gaba: «Se dice que Umm al-Fadl (r.a.), esposa de Abbas (r.a.), fue la primera mujer que abrazó el islam después de Jadiya (r.a.)». Si esto es cierto, el número de estos primeros musulmanes asciende a 134. El nombre verdadero de esta mujer era Lubaba bint al-Harith. Era hermana de la Madre de los Creyentes, Maymuna (r.a.), tía materna de Jalid ibn al-Walid (r.a.) y hermanastra de Asma bint Umays, esposa de Yafar (r.a.), hijo de Abu Talib. No hemos incluido su nombre en esta lista porque «se dice» o «se cuenta» ha sido transmitido de forma débil —autor.]
Eran personas de pensamiento correcto y naturaleza sana. Mediante el razonamiento, las pruebas y la comprensión mutua, percibieron la nocividad del politeísmo, aceptaron la verdad del monoteísmo, reconocieron a Muhammad (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) como Mensajero de Dios, consideraron el Corán como la palabra de Allah y fuente de guía para ellos, y aceptaron la vida del Más Allá como una verdad indiscutible. Después de formar un grupo de trabajadores tan sinceros y dotados de comprensión religiosa, el Huḍur (s.a.s.) comenzó, por orden de Allah Altísimo, la labor de predicar públicamente el islam. (****21)
Referencias
1. Rasā’il wa Masā’il, tomo I, p. 29
2. Adición del autor
3. Tafhīm al-Qur’ān, introducción a la sura al-‘Alaq
4. La misma obra, Alam Nashrah, nota 2
5. Ibídem — Ash-Shura, nota 83
6. Ibídem — Introducción a la sura Al-Alaq
7. Ibídem, Introducción a la sura Al-Alaq
8. Rasail o Masail, tomo 3, pág. 232
9. Ibídem, ibídem, págs. 229-232
10. Tafhim al-Qur’an — Al-Qasas, nota 109
11. Ibídem, Introducción a la sura Al-Muddazir
12. Ibídem, Al-Alaq, notas 1-6
13. Ampliación del autor
14. Tafhim al-Qur’an — Al-Qadr, nota 1
15. Ampliación del autor
16. Tafhim al-Qur’an — introducción a la sura Al-Muddaththir
17. Ampliación del autor
18. Tafhim al-Qur’an, nota 11 de Al-Qiyamah
19. La misma — Al-A‘la, nota 7
20. La misma — notas de Ta-Ha, Al-Qiyamah 11, Al-A‘la 7
21. Añadido por el autor.
Capítulo quinto
La guía que se dio al Profeta (s. a. s.) para la predicación
Hemos descrito la situación durante los primeros tres años de la predicación secreta. Ahora, antes de relatar la historia del período mequí de diez años de predicación pública, consideramos necesario aclarar dos cuestiones. Esto permitirá comprender mejor los acontecimientos posteriores.
La primera es: ¿qué guía se dio al Profeta (s. a. s.) para cumplir la responsabilidad de la misión profética, que fue tan eficaz que conquistó los corazones de la gente, eliminó la desviación de sus mentes y transformó por completo a una nación incivilizada y bárbara?
La segunda es: ¿cuál era la verdadera naturaleza de la predicación islámica, por la que se levantó contra el Profeta (s. a. s.) una tormenta de oposición como nunca se había levantado en Arabia contra quienes simplemente rechazaban el politeísmo y aceptaban el monoteísmo? Sin embargo, ¿con qué firmeza se presentó esta predicación, que finalmente dejó indefensos y sin poder a los abanderados de la ignorancia?
En este capítulo trataremos el primer tema, y el segundo en el capítulo siguiente. (1****)
Breve descripción de la predicación inicial
Allah Todopoderoso eligió a uno de Sus siervos, en La Meca, la famosa ciudad central de Arabia, para la misión profética —Muhammad, que Allah le bendiga y le conceda la paz—, y le ordenó iniciar la labor de la da‘wah entre su propia ciudad y su tribu. Para comenzar esta tarea se le proporcionaron las orientaciones necesarias, relacionadas con tres asuntos.
Primero: instruir al Profeta sobre cómo prepararse personalmente para esta grandiosa tarea y mediante qué método llevarla a cabo.
Segundo: proporcionar un conocimiento inicial de la realidad de las cosas y refutar aquellas ideas erróneas acerca de la verdad que se encontraban entre la gente de su entorno y que hacían defectuosa su conducta.
Tercero: exhortar a la conducta correcta y explicar los principios morales fundamentales de la guía divina, cuya observancia puede conducir al bienestar y la felicidad de la humanidad.
En la etapa inicial, estos mensajes se transmitían en palabras breves y concisas. El lenguaje era sumamente refinado y elegante, dulce y conmovedor. Se hablaba a los destinatarios en un lenguaje literario acorde con su gusto, de modo que las palabras penetraran en lo más profundo de sus corazones, que la melodía y la belleza de su expresión atrajeran sus oídos y que, por su armonía y equilibrio, surgiera espontáneamente el deseo de recitarlas una y otra vez. Además, en estas palabras y exposiciones se hacía abundante referencia al entorno y a las circunstancias locales. Aunque se proclamaban verdades universales, los argumentos, las pruebas, los testimonios y los ejemplos se presentaban a partir del entorno más cercano, que conocían íntimamente aquellos a quienes se dirigía el discurso. Se hablaba de su propia historia y tradición, de los monumentos y las ruinas que veían cada día, y de sus propias creencias, así como de sus transgresiones morales y sociales, para que pudieran extraer enseñanzas de todo ello.
Esta etapa inicial de la da‘wah duró aproximadamente cuatro o cinco años; los tres primeros fueron la fase del movimiento secreto. Durante esta etapa, la reacción ante la da‘wah y la proclamación del Profeta se manifestó de tres formas.
(1) Algunas personas rectas aceptaron esta da‘wah y se prepararon para convertirse en miembros de la comunidad musulmana.
(2) Un gran número de personas se dispuso a oponerse, ya fuera por ignorancia y egoísmo, o por respeto y amor a la religión de sus antepasados.
(3) Traspasando los límites de La Meca y de los quraysh, la voz de esta nueva invitación llegó a un ámbito relativamente más amplio.
A partir de entonces comenzó la segunda etapa de esta invitación. En esta etapa comenzó un conflicto y enfrentamiento a muerte entre el movimiento del islam y la antigua yahiliyya, que continuó durante ocho o nueve años. No solo en La Meca y entre la tribu de Quraysh, sino también en la mayor parte de Arabia, quienes querían mantener intacta la antigua yahiliyya se empeñaron en destruir este movimiento por la fuerza. Para ello recurrieron a toda clase de artimañas, difundieron propaganda falsa y provocaron una tormenta de acusaciones, dudas, sospechas, búsqueda de defectos y duras críticas. Sembraron diversas incitaciones y falsas ideas en la mente de la gente común. Se intentaba impedir que los desconocidos escucharan las palabras del Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él). Los que aceptaban el islam eran sometidos a torturas y persecuciones inhumanas. Se rompieron con ellos las relaciones económicas y sociales. Su vida se hizo tan insoportable que en dos ocasiones se vieron obligados a abandonar sus hogares y emigrar a Abisinia. Finalmente, todos tuvieron que emigrar por tercera vez a Medina. Sin embargo, pese a estos obstáculos severos y siempre renovados, el movimiento continuó expandiéndose. En La Meca no había familia ni casa en la que ninguna persona hubiese aceptado el islam. La razón de la dureza y amargura del comportamiento hostil de la mayoría de los opositores al islam era que sus propios hermanos, sobrinos, hijos, hijas, hermanas, yernos y otros no solo se habían convertido en seguidores de la invitación islámica, sino también en fuerzas auxiliares consagradas al islam. Incluso sus propios familiares de sangre se prepararon para luchar contra ellos. Lo sorprendente es que quienes habían salido de la densa oscuridad de la antigua yahiliyya para unirse a este nuevo movimiento ya eran antes las personas más honradas de la sociedad; y, después de participar en él, llegaron a poseer un carácter tan veraz y puro que el mundo no podía dejar de reconocer la superioridad de un movimiento que atraía hacia sí a hombres tan nobles y los convertía en personas tan excelentes.
Durante este largo y duro conflicto, Allah siguió haciendo descender, según la ocasión y la necesidad, discursos tan conmovedores que parecían contener el fluir de un río, la fuerza de una inundación y el efecto de un fuego intenso. En estos discursos, por un lado, se explicaban a los creyentes sus deberes y responsabilidades iniciales y se inculcaba en ellos el sentido de vivir como una comunidad unida. Se les enseñaban la taqwa, la nobleza de carácter y una vida pura. Se les indicaba el método para proclamar la religión de la verdad. Se les infundía valor mediante la promesa del éxito y las buenas nuevas del Paraíso. Se les exhortaba a luchar por el camino de Allah con paciencia, firmeza y gran entusiasmo y fervor. Se despertaba en ellos tal entusiasmo y emoción por entregar sus vidas que quedaban preparados para afrontar cualquier peligro y hacer frente a la enorme tormenta de la oposición.
Por otro lado, se advertía a los opositores, a quienes rechazaban el camino de la verdad y pasaban su vida en la negligencia, sobre el destino de aquellas naciones cuya historia conocían. Se les instaba a extraer lecciones de las ruinas de los pueblos destruidos que encontraban durante sus viajes, atravesando sus caminos día y noche. Se presentaban pruebas racionales del tawhid y de la Otra Vida a partir de signos manifiestos que flotaban ante sus ojos día y noche en el cielo y en la tierra, y que ellos mismos veían y experimentaban plenamente en sus propias vidas. Se exponían ante ellos, con argumentos claros que penetraban hasta lo más profundo de sus corazones, los errores del shirk, la arbitrariedad, la incredulidad en la Otra Vida y el apego ciego a la imitación de los antepasados. Se eliminaba una por una cada duda y sospecha, y se daba una respuesta justa a cada acusación. Se disipaba una por una cada confusión que los afligía y que se estaba sembrando entre otros. La yahiliyya era presentada como tan vacía de contenido que no le quedaba lugar alguno en el mundo de la razón y la conciencia. Al mismo tiempo, se les mostraban el castigo de Allah, el espantoso estado del Día de la Resurrección y el temor al castigo del Infierno. Se les reprendía por su mal carácter, su modo de vida errado, sus costumbres propias de la yahiliyya, su oposición a la verdad y por hacer sufrir a quienes creían. Se les presentaban los principios fundamentales de la moral, la ética y la civilización sobre cuya base, desde tiempos inmemoriales, se ha fundado la civilización recta y justa elegida por Allah.
Esta etapa tuvo distintos niveles, y en cada uno de ellos la invitación fue ampliándose. La lucha y los obstáculos se hicieron cada vez más severos. Los musulmanes fueron enfrentándose a personas de creencias y conductas diversas y, en consecuencia, también aumentó la diversidad de los contenidos de los mensajes procedentes de Allah. (*****2)
Si se reflexiona sobre la guía detallada que se dio al Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) para llevar a cabo esta grandiosa tarea de la invitación islámica, se comprende fácilmente qué enorme fuerza moral despejó el camino para que la proclamación islámica avanzara durante la época de la intensa oposición de La Meca, y qué enseñanzas fructíferas impulsaron a quienes habían sido influenciados por la proclamación a enfrentarse, con todas sus fuerzas, a los poderes que se oponían al camino de Allah y a soportar toda calamidad y desgracia. A continuación describimos una por una estas directrices.
Observar la sabiduría y la exhortación en la invitación
ادْعُ إِلَى سَبِيلِ رَبِّكَ بِالْحِكْمَةِ وَالْمَوْعِظَةِ الْحَسَنَةِ
Oh, Profeta, invita al camino de tu Señor con sabiduría y buenas exhortaciones (An-Nahl: 125). El significado de la sabiduría es que no se debe predicar sin discernimiento, como un necio, sino hablar con inteligencia, después de comprender la mentalidad, la capacidad y la situación del interlocutor, aprovechando la ocasión adecuada. No se debe conversar con toda clase de personas empleando la misma forma de expresión. Primero hay que diagnosticar la enfermedad de la persona o del grupo al que se va a predicar. Después, hay que tratar esa enfermedad con argumentos y pruebas capaces de erradicarla por completo de lo más profundo de sus corazones.
Las buenas exhortaciones tienen dos significados. El primero es que no basta con convencer al interlocutor únicamente mediante argumentos y pruebas; también hay que apelar a sus emociones. No se trata solamente de refutar el pecado, la corrupción y el extravío mediante argumentos, sino de llamar su atención hacia la aversión innata que la naturaleza humana siente hacia ellos. Hay que advertirle del temor de sus terribles consecuencias. Tampoco basta con demostrar mediante argumentos la verdad y las virtudes de la guía y las buenas obras; hay que despertar en él amor y deseo por ellas.
El segundo significado es que el consejo debe darse de tal manera que manifieste tristeza y buena voluntad. El interlocutor, es decir, aquel a quien se aconseja, no debe sentir que se le considera insignificante y despreciable, mientras quien aconseja disfruta de su sentimiento de superioridad. Al contrario, debe percibir que en el corazón de quien aconseja existe una intensa preocupación y ansiedad por su reforma, y que en realidad solo desea su bienestar.
La conversación no debe convertirse en una batalla de argumentos ni en un duelo de ingenio. Hay que evitar las discusiones injustas, las acusaciones mutuas, las expresiones hirientes, las burlas y las mofas. El objetivo no debe ser silenciar al adversario ni hacer alarde de la propia inteligencia. Al contrario, las palabras deben ser amables y dulces, y el carácter debe ser sumamente elevado y noble. Los argumentos y las pruebas deben ser justos y aceptables. No se debe provocar en el interlocutor obstinación, orgullo por su influencia y posición, ni testarudez. Hay que intentar hacerle comprender las cosas con palabras sencillas. Si parece que está descendiendo a la sofistería, hay que dejarlo en ese estado, para que no se sumerja en un extravío aún mayor. (****3)
Un método sereno y decoroso para la invitación a la verdad
وَقُلْ لِعِبَادِي يَقُولُوا الَّتِي هِيَ أَحْسَنُ إِنَّ الشَّيْطَانَ يَنْزَغُ بَيْنَهُمْ إِنَّ الشَّيْطَانَ كَانَ لِلْإِنْسَانِ عَدُوًّا مُبِينًا () رَبُّكُمْ أَعْلَمُ بِكُمْ إِنْ يَشَأْ يَرْحَمْكُمْ أَوْ إِنْ يَشَأْ يُعَذِّبْكُمْ وَمَا أَرْسَلْنَاكَ عَلَيْهِمْ وَكِيلًا
-Y, oh Muhammad (la paz sea con él), di a Mis siervos que hablen de la mejor manera. En realidad, Satanás es quien intenta sembrar la discordia entre las personas. En verdad, es un enemigo manifiesto del ser humano. Vuestro Señor conoce muy bien vuestra situación. Si quiere, puede tener misericordia de vosotros, y si quiere, puede castigaros. Y, oh Profeta, no te hemos enviado como guardián de la gente. (Bani Israil: 53-54)
Es decir, al hablar y dialogar con los creyentes, los incrédulos politeístas y los opositores a la religión, no se debe emplear un lenguaje áspero y duro, ni decir nada de manera exagerada. Por muy irritantes que sean las palabras de los opositores, los musulmanes nunca deben pronunciar algo contrario a la verdad, ni responder, llevados por la ira, a las palabras absurdas con otras palabras absurdas. Es necesario hablar con calma y mesura, de tal manera que lo dicho sea absolutamente verdadero y acorde con la dignidad de la invitación islámica.
Y si alguna vez sentís que, al responder a las palabras de los opositores, arde en vuestro interior el fuego de la ira y se manifiesta una extrema agitación en vuestro temperamento y naturaleza, debéis comprender que Satanás os está incitando para que se malogre la labor de la invitación a la religión. Su propósito es que vosotros también, como los opositores, abandonéis la labor de reforma y corrección y os entreguéis a esas disputas y riñas en las que él quiere mantener ocupada a la humanidad.
No es correcto que de los labios de los creyentes salgan palabras como estas: «Nosotros somos del Paraíso y tal persona o grupo es del Infierno». La autoridad para decidir sobre este asunto pertenece únicamente a Allah, el Altísimo. La tarea del propio Profeta también consiste únicamente en transmitir la invitación. No se le ha confiado el destino de la gente para que anuncie un veredicto de misericordia para unos y de castigo para otros.(****)
La dignidad y la responsabilidad de quien invita
قَدْ جَاءَكُمْ بَصَائِرُ مِنْ رَبِّكُمْ فَمَنْ أَبْصَرَ فَلِنَفْسِهِ وَمَنْ عَمِيَ فَعَلَيْهَا وَمَا أَنَا عَلَيْكُمْ بِحَفِيظٍ
-Mira, ha llegado una luz de percepción de parte de tu Señor. Quien utilice esta percepción se beneficiará a sí mismo. Y quien permanezca ciego se perjudicará a sí mismo. Y yo no soy vuestro guardián (Al-An’am: 104).
«No soy vuestro guardián» significa que mi tarea se limita a presentaros esa luz que ha venido de parte de vuestro Señor. Después, abrir los ojos para verla o no verla es asunto vuestro. No se me ha impuesto la responsabilidad de abrir por la fuerza los ojos de quienes los mantienen cerrados por voluntad propia, ni de obligar a ver a quienes no quieren ver.(****5)
مَنْ يُصْرَفْ عَنْهُ يَوْمَئِذٍ فَقَدْ رَحِمَهُ وَذَلِكَ الْفَوْزُ الْمُبِينُ (16) وَإِنْ يَمْسَسْكَ اللَّهُ بِضُرٍّ فَلَا كَاشِفَ لَهُ إِلَّا هُوَ وَإِنْ يَمْسَسْكَ بِخَيْرٍ فَهُوَ عَلَى كُلِّ شَيْءٍ قَدِيرٌ
—Oh, Profeta (la paz y las bendiciones de Alá sean con él), sigue la revelación que te ha sido descendida por tu Señor. No hay otro dios aparte de Él. Y no te ocupes de estos asociadores. Si la voluntad de Alá hubiera sido que no asociaran nada con Él, no lo habrían hecho. No te hemos puesto como su guardián ni eres responsable de ellos. (Al-An’am: 16-17). Esto significa que has sido enviado como llamador y predicador, no como alguacil ni jefe de policía. No tienes que perseguirlos. Tu tarea consiste únicamente en presentar esta luz ante la gente y no escatimar esfuerzos, dentro de tus posibilidades, para exponer claramente la verdad. Si alguien no acepta esta verdad, que no la acepte. No se te ha ordenado realizar esta misión de tal modo que tengas que convertir a toda la gente en seguidores de la verdad. Tampoco tendrás que responder por quien permanezca en la falsedad dentro de los límites de tu misión profética. Por tanto, no te atormentes inútilmente pensando cómo hacer que el ciego vea ni cómo mostrar el camino a quienes no quieren abrir los ojos. Si realmente la sabiduría de Alá exigiera que no se permitiera a nadie permanecer en la falsedad en este mundo, ¿qué necesidad habría tenido Alá de encomendarte esta tarea? ¿Acaso no habría podido convertir a toda la humanidad en seguidores de la verdad con un solo mandato creador? Pero ese no es en absoluto el propósito real. El propósito es que el ser humano tenga libertad para escoger entre la verdad y la falsedad. Luego se le presenta ante sí la luz de la verdad, para ponerlo a prueba y ver cuál de las dos elige. Por tanto, la conducta correcta para ti es continuar por el camino recto, iluminado por la luz que te ha sido mostrada, e invitar también a los demás hacia ella. Haz tuyos a quienes acepten esta invitación y nunca los apartes, por insignificantes y despreciables que parezcan a los ojos del mundo. Y no persigas a quienes no acepten tu invitación. Deja que quienes desean por sí mismos dirigirse hacia un mal desenlace y están decididos a hacerlo sigan ese camino. (****6)
El método sencillo de la predicación
وَنُيَسِّرُكَ لِلْيُسْرَى () فَذَكِّرْ إِنْ نَفَعَتِ الذِّكْرَى
—Y, oh, Profeta, te facilitamos el camino más sencillo. Así pues, amonesta, si la amonestación resulta beneficiosa— (Al-A’la: 8-9).
Es decir: oh, Profeta, no queremos ponerte en dificultades con respecto a la predicación de la religión, haciendo que hables al sordo y muestres el camino al ciego. Al contrario, te damos la oportunidad de seguir el método más sencillo. Esto significa que, si percibes que en algún lugar hay personas dispuestas a aprovechar la amonestación, debes amonestarlas allí. Ahora bien, la cuestión es: ¿quién está dispuesto a aprovecharla y quién no? Es cierto que esto solo puede saberse mediante la predicación o difusión entre el pueblo. Por ello, hay que continuar predicando entre la gente. Sin embargo, el objetivo debe ser buscar y encontrar, entre los siervos de Alá, a quienes aprovechen esta oportunidad y adopten el camino de la verdad. Debes prestar especial atención a estas personas y dedicar especial cuidado a su educación y formación. No deberías perder el tiempo, dejando de lado a estas personas, tras quienes ya has comprobado que no desean aceptar tu amonestación, para perseguir a otras. (****7)
Quiénes tienen verdadera importancia en la predicación desde la perspectiva del islam
وَلَا تَطْرُدِ الَّذِينَ يَدْعُونَ رَبَّهُمْ بِالْغَدَاةِ وَالْعَشِيِّ يُرِيدُونَ وَجْهَهُ مَا عَلَيْكَ مِنْ حِسَابِهِمْ مِنْ شَيْءٍ وَمَا مِنْ حِسَابِكَ عَلَيْهِمْ مِنْ شَيْءٍ فَتَطْرُدَهُمْ فَتَكُونَ مِنَ الظَّالِمِينَ
—Y, oh Profeta, no expulses de tu presencia a quienes invocan a su Señor mañana y tarde, deseando Su complacencia. No tienes que responder por nada de aquello por lo que ellos tendrán que responder, ni ellos tienen que responder por nada de aquello por lo que tú tendrás que responder. Si aun así los expulsaras, serías injusto— (Al-An‘am: 52).
Entre quienes creyeron primero en el Mensajero de Allah, muchos eran extremadamente pobres y trabajadores. Una de las quejas que los grandes jefes y las personas acomodadas de Quraysh presentaban contra el Mensajero de Allah era: «A tu alrededor se han reunido todos los esclavos, esclavas y gente de las clases bajas de nuestra sociedad».
Se burlaban diciendo: «Mira qué compañeros honorables ha encontrado; por ejemplo, Bilal, ‘Ammar, Suhayb y Khabbab. ¿Acaso Allah no encontró entre nosotros a otros que pudieran ser elegidos?»
No se limitaban a burlarse de los pobres que habían creído; además, si alguno de ellos había tenido alguna debilidad antes de creer, la mencionaban y decían: «Mira, aquel que hasta ayer era así, y aquel otro que había hecho esto y aquello; hoy también forman parte del grupo elegido y honrado». De hecho, en la aleya 53 de la sura Al-An‘am se cita su declaración: «¿Son estos aquellos de entre nosotros sobre quienes Allah ha concedido Su gracia y favor?». En esta aleya se da la respuesta a esa declaración. Su significado es que no debes rechazar, por consideración a esos grandes hombres, a quienes acuden a ti deseando la verdad. Aunque hubieran cometido errores y faltas antes de aceptar el islam, no se te ha impuesto la responsabilidad por ello. (****8)
El relato de Hazrat Ibn Umm Maktum
Un día, varios jefes influyentes de La Meca estaban sentados en la presencia del Mensajero de Allah, y el Profeta intentaba animarlos a aceptar el islam.
[En diversas narraciones se han proporcionado los nombres de quienes estaban sentados en aquel momento en la presencia del Profeta. En esta lista aparecen los nombres de algunos de los más acérrimos enemigos del islam, como ‘Utba, Shayba, Abu Yahl, Umayya ibn Jalaf y Ubayy ibn Jalaf, entre otros. Esto permite saber que el suceso ocurrió cuando el Mensajero de Allah aún trataba con ellos y el conflicto no había llegado a tal punto que sus visitas y encuentros con él se hubieran interrumpido por completo.— (el autor de la obra).]
En ese momento, un ciego llamado Ibn Umm Maktum se presentó ante el Profeta y quiso hacerle algunas preguntas sobre el islam. Su intervención no fue del agrado del Profeta, quien manifestó cierta irritación hacia él; por ello, Allah, exaltado sea, reveló esta sura, ‘Abasa.
عَبَسَ وَتَوَلَّى () أَنْ جَاءَهُ الْأَعْمَى
Se disgustó y apartó el rostro porque el ciego acudió a él (Abasa: 1-2).
A juzgar por la forma en que aparentemente comienza el discurso, parece que en esta sura se expresa descontento hacia el Profeta (s.a.s.) por haber desatendido al ciego y prestado una atención especial a los grandes jefes. Sin embargo, al reflexionar sobre la sura en su conjunto, se comprende que, en realidad, el descontento se expresa contra aquellos jefes de Quraysh que, debido a su orgullo, arrogancia, obstinación y rechazo de la verdad, repudiaban con desprecio la predicación de la verdad del Mensajero de Allah (s.a.s.). Al señalar al Profeta (s.a.s.) el método correcto de transmitir el mensaje, también se le hizo comprender las deficiencias del procedimiento que había adoptado al comenzar su labor. Que apartara el rostro del ciego y prestara atención a los jefes de Quraysh no se debía a que considerara dignos de honor a los ricos y despreciable e insignificante al ciego, ni a que —¡Dios no lo quiera!— hubiera en su carácter alguna rudeza por la cual Allah Todopoderoso tuviera que reprenderlo. Más bien, la realidad era que, cuando un da‘i (predicador) inicia su da‘wah, naturalmente tiende a desear que las personas influyentes de la sociedad acepten su mensaje, para que la tarea se vuelva más fácil. De lo contrario, no le parece de gran importancia que la da‘wah se extienda entre personas comunes sin influencia ni prestigio, incapaces, inactivas o débiles. Al comienzo de la da‘wah, el Mensajero de Allah (s.a.s.) había adoptado aproximadamente este mismo método de trabajo. Lo impulsaban su completa sinceridad y el deseo de difundir la da‘wah de la verdad; no albergaba la idea de honrar y respetar a los grandes ni de despreciar y menospreciar a los pequeños. Pero Allah Todopoderoso le explicó que este no era el método correcto de la da‘wah islámica. Más bien, desde la perspectiva de esta da‘wah, tiene importancia toda persona que busca la verdad, sea cual sea su grado de debilidad, falta de influencia o incapacidad. En cambio, no tiene importancia quien rechaza la verdad, por muy influyente que sea en la sociedad. Por ello, el Profeta (s.a.s.) debe, ciertamente, presentar públicamente las enseñanzas islámicas entre la gente en general. Pero quienes realmente tienen derecho a atraer su atención son aquellos en quienes se encuentra el interés y el entusiasmo por aceptar la verdad. La dignidad de la gran da‘wah del Profeta se ve menoscabada si su mensaje se presenta a personas tan orgullosas que, llenas de arrogancia, creen que no son ellas quienes lo necesitan, sino él (el Profeta).
وَمَا يُدْرِيكَ لَعَلَّهُ يَزَّكَّى () أَوْ يَذَّكَّرُ فَتَنْفَعَهُ الذِّكْرَى () أَمَّا مَنِ اسْتَغْنَى () فَأَنْتَ لَهُ تَصَدَّى () وَمَا عَلَيْكَ أَلَّا يَزَّكَّى () وَأَمَّا مَنْ جَاءَكَ يَسْعَى () وَهُوَ يَخْشَى () فَأَنْتَ عَنْهُ تَلَهَّى () كَلَّا إِنَّهَا تَذْكِرَةٌ () فَمَنْ شَاءَ ذَكَرَهُ
—Oh, Profeta, ¿acaso sabes si quizá se reformará, o prestará atención a la exhortación y esta le será beneficiosa? Tú prestas atención a quienes no muestran ningún interés. Sin embargo, si no se reforman, ¿qué responsabilidad tienes tú por ello? Y en cuanto a quien acude corriendo a ti por iniciativa propia y siente temor, tú te apartas de él. ¡Nunca! Esto es una exhortación; que la acepte quien quiera. (Abasa: 3-12).
Esta es la sutil estrategia fundamental que el Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) había pasado por alto aquí en relación con la predicación de la religión. Para hacer comprender este asunto, Allah Todopoderoso comenzó criticando la conducta del Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) con Ibn Umm Maktum. Después dijo hacia quién debe dirigirse la verdadera atención, desde el punto de vista de quien llama a la verdad, y hacia quién no debe dirigirse. En primer lugar está la persona cuyo estado externo demuestra claramente que busca la verdad y la desea. Siempre teme que, al seguir la falsedad, pueda incurrir en el desagrado de Dios. Por eso ha acudido espontáneamente con el propósito de adquirir el conocimiento de la verdad y del camino recto. En segundo lugar está la persona cuya conducta demuestra claramente que no busca la verdad en absoluto. Más bien, no se considera necesitada de nadie que le muestre el camino verdadero y correcto. Entre estos dos tipos de personas, no se trata de determinar cuál de ellas, al creer, sería más beneficiosa para la religión y cuál de ellas, al creer, contribuiría menos a su difusión y expansión. Más bien, lo que debe observarse es quién está dispuesto a aceptar la guía y purificarse, y quién no muestra en absoluto respeto por este tesoro inestimable. La persona del primer tipo, ya sea ciega, coja, paralítica o indigente, o aunque aparentemente no sea apta para prestar un servicio notable en la difusión y expansión de la religión, es una personalidad valiosa para quien llama a la verdad. A ella debe prestarse atención, porque el verdadero objetivo de esta invitación es reformar y corregir a los siervos de Allah. Su estado es tal que, si se le exhorta, aceptará la reforma y la corrección. En cuanto a la persona del segundo tipo, por mucha influencia y prestigio que tenga en la sociedad, no es necesario insistir en ella. Pues su conducta declara abiertamente que no quiere reformarse. Por tanto, dedicar tiempo a intentar reformarla no es más que desperdiciar el tiempo. Si no quiere purificarse, que no se purifique. Al final, el perjuicio será suyo, y quien llama a la verdad no tendrá que cargar con ninguna responsabilidad por ello.
El ciego mencionado aquí era un famoso Compañero, el honorable Ibn Umm Maktum (que Allah esté complacido con él). Hafiz Ibn Abd al-Barr dice en su al-Isti’ab, y Hafiz Ibn Hajar en su al-Isaba, que era primo materno de la honorable Jadiya (que Allah esté complacido con ella), Madre de los Creyentes. Su madre, Umm Maktum, y Juwaylid, padre de la honorable Jadiya (que Allah esté complacido con ella), eran hermanos. Después de conocer esta relación suya con el Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él), no queda lugar para sospechar que este lo ignorara por considerarlo pobre o de baja posición y prestara atención a los ricos. Pues era cuñado del Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) y pertenecía a su misma tribu. No era una persona de clase inferior. La verdadera razón por la que el Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) se comportó así con él se conoce por la propia palabra (******). Y Allah Todopoderoso mismo señaló esto como la causa de la falta de atención y el descuido del Profeta. Es decir, el Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) pensaba que, si cualquiera de las personas a las que entonces intentaba guiar por el camino recto alcanzaba la guía, ello podría convertirse en una causa enorme del fortalecimiento del islam. En cambio, Ibn Maktum era ciego. Debido a su incapacidad, no sería tan beneficioso para el islam como podría serlo que alguno de aquellos jefes se hiciera musulmán. Por eso no debía intervenir en la conversación en ese momento. Todo lo que quisiera comprender y preguntar podría comprenderlo y preguntarlo después, en cualquier momento. (*****৯)
La sabiduría de la predicación
وَلَا تُجَادِلُوا أَهْلَ الْكِتَابِ إِلَّا بِالَّتِي هِيَ أَحْسَنُ
—Y no discutáis con la Gente del Libro sino de la mejor manera (La Araña: 46). Es decir, el debate o la conversación debe llevarse a cabo con argumentos y pruebas justos, y con un lenguaje sumamente cortés y decoroso. Debe realizarse con una actitud de comprensión mutua, para que se corrijan los pensamientos y las ideas del interlocutor. El predicador debe tener presente este asunto, de modo que pueda abrir las puertas del corazón de la otra persona, hacerle llegar allí la verdad y conducirla por el camino recto.
No debe luchar como un luchador cuyo objetivo sea derrotar al adversario. Más bien, debe tratar la enfermedad como un médico. Cuando un médico trata a un paciente, siempre presta especial atención a que ningún error suyo provoque un agravamiento de la enfermedad. Se esfuerza al máximo para que el paciente se cure con el menor sufrimiento posible. Aunque aquí esta orientación se haya dado, teniendo en cuenta las circunstancias, el momento y la persona, en relación con el diálogo con la Gente del Libro, no está destinada exclusivamente a la Gente del Libro. Más bien, en lo referente a la predicación de la religión, es una orientación general que se encuentra en diversos lugares del Noble Corán. Por ejemplo:
ادْعُ إِلَى سَبِيلِ رَبِّكَ بِالْحِكْمَةِ وَالْمَوْعِظَةِ الْحَسَنَةِ وَجَادِلْهُمْ بِالَّتِي هِيَ أَحْسَنُ
Invita al camino de tu Señor con sabiduría y una excelente exhortación, y dialoga con la gente de la manera más adecuada (An-Nahl: 125).
(Árabe*************)
El bien y el mal no son iguales. Responde a la agresión de tu adversario de la mejor manera posible. Entonces verás que aquel con quien tenías enemistad se habrá convertido en alguien tan cercano como un amigo íntimo (Hámim as-Sajda: 34).
(Árabe*****************)
Responde a la injusticia de la mejor manera. Yo sé lo que dicen contra ti (Al-Mu’minun: 96). (****10)
La manera correcta de cumplir con el derecho de la invitación
(Árabe*******************)
(¡Oh, Profeta!) Adopta la indulgencia, ordena el bien y no disputes con los ignorantes. Si alguna vez Satanás te incita, busca refugio en Allah. Él todo lo oye y todo lo sabe. En realidad, quienes temen a Allah se encuentran en tal estado que, cuando por influencia maligna de Satanás surge en ellos algún deseo perverso, inmediatamente se postran; y entonces ven con claridad (cuál es su proceder correcto). En cuanto a sus hermanos (los satanes), estos los arrastran hacia la desviación y no escatiman esfuerzos para extraviarlos. (Al-A‘raf: 199-202)
En estos versículos se enseñan al Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) varias importantes estrategias (hikmat) para la invitación, la transmisión, la guía y la reforma. El propósito no era instruir únicamente al propio Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él), sino enseñar, por medio de él, esta hikmat a todos aquellos que, ocupando su lugar, asumirían la responsabilidad de guiar por el camino recto a los habitantes del mundo. Su orden es el siguiente:
(1) Entre las cualidades especialmente necesarias para quien invita a la verdad está que sea de corazón amable, tolerante y magnánimo. Debe ser afectuoso con sus compañeros, misericordioso con el público y tolerante con sus adversarios. Debe pasar por alto tanto las debilidades de sus colaboradores como la dureza de sus opositores. Incluso en situaciones sumamente provocadoras debe mantener serenos y naturales su temperamento y su disposición. Debe soportar con magnanimidad incluso las palabras más insoportables. Por muy duras que sean las palabras de los opositores, por muchas calumnias y campañas difamatorias que emprendan, y aunque manifiesten su intención de ofrecer una resistencia injusta y violenta, lo correcto es ignorarlo todo. Mostrar dureza y aspereza, pronunciar palabras groseras e indecorosas y adoptar una actitud vengativa trae consecuencias desastrosas. Así, el propósito fracasa en vez de alcanzar el éxito. El Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) describió este asunto de la siguiente manera: «Mi Señor me ha ordenado actuar con justicia tanto cuando estoy enojado como cuando estoy tranquilo. Debo mantener vínculos con quien quiera apartarse de mí; debo conceder sus derechos a quien me priva de los míos; y debo perdonar a quien me oprime».
El Santo Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) impartía estas mismas instrucciones también a quienes enviaba en su nombre para servir a la religión. Dijo:
(Árabe****************)
Es decir, adondequiera que vayáis, que vuestra llegada lleve buenas noticias a la gente y no suscite odio. Que seáis para la gente causa de facilidades y beneficios, no de estrechez y dureza.
A este respecto, Allah Todopoderoso pronunció palabras de elogio en favor del Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él):
(Árabe****************)
—Es por misericordia de Allah que eres bondadoso con ellos. De no haber sido afable y de corazón duro, se habrían alejado de tu alrededor. (La familia de Imrán: 159).
(2) El método para alcanzar el éxito en la invitación a la verdad consiste en que, en lugar de discusiones filosóficas y teóricas, se debe exhortar a las personas hacia aquellos beneficios y bienes sencillos, claros y universalmente reconocidos que todos conocen, y cuya bondad puede comprenderse mediante el simple sentido común. De este modo, el llamamiento del invitador a la verdad influye en personas de todas las clases y llega a las profundidades del corazón del oyente. Quienes obstruyen una invitación tan conocida provocan su propio fracaso y facilitan el éxito de la invitación. Pues la gente común —por muy sumida que esté en la superstición—, cuando observa que, por un lado, una persona virtuosa y de noble carácter invita abiertamente al bien y que, por otro, muchos emplean contra ella métodos inmorales, inhumanos y desprovistos de principios, poco a poco llega espontáneamente a sentir aversión por los opositores de la verdad y a inclinarse hacia el invitador a la verdad. Finalmente, en el campo de los opositores solo permanecen aquellos cuyos intereses personales están ligados al sistema corrupto, o aquellos cuyos corazones, por seguir ciegamente a sus antepasados y por el rencor de la época de la ignorancia, ya no conservan capacidad para recibir la luz de ninguna verdad. Esta es la estrategia llena de sabiduría gracias a la cual el Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) alcanzó el éxito en Arabia. Después de él, en poco tiempo, la oleada del islam se extendió por otros países de tal manera que, en algunos lugares, el cien por ciento de los habitantes, y en otros, entre el ochenta y el noventa por ciento, buscaron refugio bajo la fresca sombra del islam.
(3) En la labor de esta invitación, es tan importante exhortar a quienes desean el bien a realizar buenas obras como no entablar discusiones con los ciegos, por mucho que estos intenten arrastrarlos a ellas. El invitador o abanderado de la verdad debe ser muy cuidadoso en este asunto y dirigirse únicamente a quienes desean comprender el mensaje de manera razonada. Si alguien comienza a comportarse con la obstinación, las disputas y las burlas propias de los ignorantes, el invitador a la verdad debe negarse a asumir el papel de adversario. No hay ningún beneficio en entablar esa discusión. Por el contrario, el perjuicio consiste en que el tiempo que podría dedicar a difundir y propagar la invitación y a formar el carácter de las personas se desperdiciaría en esta actividad inútil.
(4) En relación con lo dicho anteriormente, cabe añadir que, si alguna vez el invitador a la verdad siente en su temperamento agitación ante la opresión, la corrupción y las críticas y acusaciones nacidas de la ignorancia de sus opositores, debe pensar inmediatamente que se trata de una instigación de Satanás y buscar de inmediato refugio en Allah, para que Él proteja a Su siervo de dejarse arrastrar por la corriente de las emociones y de perder el control hasta el punto de emprender alguna acción perjudicial para la invitación a la verdad. La labor de la invitación a la verdad solo puede realizarse con serenidad en todas las circunstancias, y solo puede ser correcta la decisión que no se tome bajo el impulso de las emociones, sino después de una profunda reflexión a la luz de las condiciones y circunstancias. Pero, como Satanás no puede tolerar la expansión de esta labor, siempre intentará, por medio de sus seguidores, lanzar diversos ataques contra el abanderado de la verdad, y con cada ataque seguirá incitándolo diciéndole que debe responder al ataque. La propuesta que Satanás presenta al corazón del invitador a la verdad suele estar cubierta de grandes interpretaciones engañosas y revestida de terminología religiosa. Sin embargo, detrás de ella no hay nada salvo egoísmo. Por eso, en los dos últimos versículos mencionados se afirma que quienes poseen taqwa —es decir, quienes temen a Allah y desean mantenerse alejados del pecado—, en cuanto sienten en su interior el efecto de una insinuación satánica o el contacto de una inclinación pecaminosa, se vuelven inmediatamente alertas y vigilantes; entonces comprenden con claridad qué proceder deben adoptar en esa situación para alcanzar el objetivo de la invitación a la religión y cuál es la exigencia de la verdad. En cambio, quienes actúan movidos por el egoísmo y, por ello, mantienen una relación íntima con los satanes, no pueden resistir los ataques satánicos: aceptan la derrota y continúan por el camino errado. Después, Satanás los lleva a todos los campos a los que desea conducirlos, y ellos no logran consolidarse en ninguna posición. A cada insulto del adversario responden con otro insulto, y a cada estrategia oponen una estrategia aún mayor.
Las palabras de Allah Todopoderoso también tienen un propósito general. Este es que el modo de actuar de las personas dotadas de taqwa suele ser diferente del de quienes carecen de ella. Quienes verdaderamente temen a Allah y desean de corazón mantenerse alejados de la injusticia y del pecado reaccionan así: basta que un leve contacto con un mal pensamiento roce su interior para que sientan un dolor agudo, como el que se siente cuando una espina puntiaguda se clava en el dedo o cuando algo diminuto entra en el ojo. Como no están acostumbrados a los pensamientos pecaminosos, los deseos desordenados ni las malas intenciones, todo eso contradice su naturaleza, del mismo modo que una mancha de tinta o una salpicadura de suciedad en la ropa contradice la naturaleza de una persona pulcra que aprecia la limpieza. Cuando siente esa incomodidad, se le abren los ojos y su conciencia despierta, poniéndose a sacudirse de encima las partículas de injusticia y corrupción. En cambio, quienes no temen a Allah ni desean abstenerse de las malas acciones, y quienes mantienen relación con los satanes, dejan que los malos pensamientos, deseos, intenciones y propósitos se arraiguen en su interior, sin que esas cosas sucias les provoquen la menor inquietud. Son como el dueño de una olla en la que se está cocinando carne de cerdo sin saber qué se prepara en ella, o como un basurero cuyo cuerpo y ropa están empapados de excrementos, sin que sienta qué es lo que lo ha ensuciado y vuelto impuro. (****11)
La invitación hacia Allah en un ambiente de extrema oposición
(Árabe******************)
—¿Quién puede pronunciar palabras mejores que aquel que invita hacia Allah, obra rectamente y dice: «Soy musulmán»? (Fussilat: 33).
En las aleyas anteriores se consoló a los creyentes y se les infundió ánimo. Luego, en esta aleya, se les exhorta a realizar la verdadera tarea por la que se hicieron musulmanes. En las aleyas anteriores se les dijo que permanecieran firmes en la servidumbre y obediencia a Allah, y que, después de tomar este camino, no apartarse de él era la obra fundamental de bien que convierte al ser humano en amigo de los ángeles y lo hace merecedor del Paraíso. Ahora se les dice que el rango siguiente —más elevado que este no existe para el ser humano— consiste en que él mismo realice buenas obras y llame a otros a la adoración de Allah. Después, allí donde declarar el islam equivale a atraer sobre uno mismo calamidades y tribulaciones, deberá decir sin temor, en un ambiente tan adverso y hostil: «Soy musulmán: estoy sometido a Allah».
Para comprender plenamente la importancia de este pronunciamiento, hay que tener presente el ambiente y las circunstancias de la época en que fue formulado. La situación era tal que cualquier persona que declaraba ser musulmana sentía de pronto que había entrado en una selva de animales feroces y que cada uno de ellos corría hacia ella para despedazarla y devorarla. Y quien, además, abría la boca para transmitir el islam parecía estar invitando a las fieras: «Venid, masticadme y devoradme». En tales circunstancias se afirmó que, para una persona, reconocer a Allah como su Señor, adoptar el camino recto y no desviarse de él constituía, sin duda, una gran obra fundamental de bien. Pero la obra de bien de más alto nivel consistía en que esa persona se pusiera de pie en público y declarara: «Soy musulmán», e invitara a la gente a la adoración de Allah sin preocuparse por las consecuencias. Y, al realizar esta tarea, debía mantener sus propias obras tan puras y santas que quienes enarbolaban la bandera del islam no dieran a nadie ocasión de señalarles ninguna falta. (****12)
Responder al mal con lo mejor
(Árabe********************)
¡Oh, Profeta!, el bien y el mal no son iguales. Rechaza el mal con aquella buena acción que sea la mejor. Entonces verás que aquel que es enemigo tuyo se habrá convertido en un amigo íntimo tuyo. (Hāmīm as-Sajda: 34).
Para comprender plenamente el sentido de este pronunciamiento, hay que tener presente la situación en la que se dio esta guía al Profeta (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) y, por medio de él, a sus seguidores. La situación era que la da‘wah se enfrentaba a una obstinación extrema y a una oposición sumamente agresiva. Se empleaban toda clase de maniobras para difamar al Profeta (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) y hacer que la gente sintiera aversión hacia él. Se formulaban contra él acusaciones de todo tipo. Un grupo de opositores continuaba incitando a la gente contra el Profeta. Se infligían diversas formas de tormento a él y a sus compañeros. Al verse acosados, un número considerable de musulmanes se vio obligado a abandonar el país. Después, para impedir que el Profeta transmitiera su mensaje, se adoptó la medida de que ellos permanecieran al acecho, dispuestos a armar alboroto contra él. En cuanto él abría la boca para llamar a la gente, armaban tal estrépito que no se podía oír ninguna de sus palabras. Era una situación tan desalentadora que, aparentemente, todos los caminos de la da‘wah parecían cerrados. Fue entonces cuando se enseñó al Profeta el remedio para quebrar la fuerza de la oposición.
En primer lugar, se afirma que el bien y el mal, o la virtud y el pecado, no pueden ser iguales. Aunque, aparentemente, tus adversarios provoquen una tormenta tan violenta de injusticia y pecado que, frente a ella, la virtud, la rectitud y las buenas obras parezcan completamente impotentes, mientras el ser humano siga siendo considerado humano, su naturaleza no puede dejar de sentir repulsión por la injusticia y el pecado. El propio abanderado del pecado, no solo su colaborador, cree en lo íntimo de su corazón que es un mentiroso y un opresor, y que actúa obstinadamente únicamente por interés propio. Por ello, lejos de suscitar respeto en el corazón de los demás, se rebaja ante sus propios ojos; y en lo más profundo de su mente permanece oculto un temor que, cuando emprende acciones de oposición, golpea desde dentro su valor y su determinación. Si, frente a estas malas acciones, las buenas obras continúan sin cesar, al final necesariamente resultan victoriosas. Pues las buenas obras poseen en sí mismas una fuerza que somete el corazón, y por muy degradado que esté el ser humano, no puede evitar sentir en su interior respeto por ellas. Luego, cuando el pecado y la virtud entran en lucha y las cualidades de ambos se manifiestan claramente ante el público, después de cierto tiempo de conflicto y enfrentamiento quedan muy pocas personas que no sientan aversión por el pecado y afecto por la virtud.
En segundo lugar, se afirma que el pecado no debe enfrentarse solamente con la virtud, sino con una virtud de muy alto nivel. Es decir, si alguien te trata mal y tú lo perdonas, eso es simplemente una buena acción. Pero una buena acción de nivel muy elevado consiste en que, cuando quien te trató mal te dé la oportunidad, tú lo trates bien.
Se ha dicho que su fruto será que hasta el enemigo más encarnizado se convertirá en un amigo íntimo. Porque así es la naturaleza humana. Guardar silencio ante un insulto será, sin duda, una buena acción. Pero eso no hará callar a quien insulta. En cambio, si usted reza por él en respuesta al insulto, hasta su enemigo más desvergonzado se sentirá avergonzado y quizá rara vez vuelva a abrir la boca contra usted. Supongamos que alguien no deja escapar ninguna oportunidad de perjudicarle y usted continúa soportando sus excesos; podría suceder que se envalentonara aún más para hacerle daño. Pero si alguna vez ocurre que él resulta perjudicado y usted lo protege del daño, caerá a sus pies. Porque pocas malas acciones pueden resistir frente a una buena acción de esta magnitud. No obstante, no sería correcto entender este principio general en el sentido de que esta virtud de tan alto nivel necesariamente convertirá a todo enemigo encarnizado en un amigo íntimo. En el mundo también existen personas de naturaleza tan vil que, por mucho que usted manifieste la nobleza de perdonar sus excesos y responder a su maldad con buen comportamiento, no dejarán de clavar su aguijón venenoso como un escorpión.
Sin embargo, personas que sean la encarnación de una maldad de este tipo se encuentran muy pocas veces, del mismo modo que también son sumamente escasas las personas que encarnan el bien. (***13)
La importancia de la paciencia en la invitación a la verdad
(Árabe***********************)
Después se dijo:
«Estas cualidades solo tienen la fortuna de poseerlas quienes tienen paciencia, y solo pueden alcanzar esta categoría quienes son verdaderamente afortunados». (Aleya: 35).
En otras palabras, este método también es muy eficaz. Pero aplicarlo no es cosa fácil. Requiere una enorme fortaleza moral. Requiere una gran determinación, valentía, paciencia y un dominio extraordinario de las propias pasiones. Una persona puede responder temporalmente a una mala acción con una buena acción. Eso no es algo extraordinario. Pero cuando alguien tiene que luchar durante años por la verdad contra malhechores aferrados a falsos caminos, que no vacilan en transgredir ningún límite moral y están embriagados por el poder, continuar enfrentando la maldad con el bien —y además con un bien de elevada calidad— sin perder la paciencia ni una sola vez no es posible para una persona común. Solo puede hacerlo quien mantenga una firme determinación de trabajar con serenidad por el enaltecimiento de la verdad. La persona que somete por completo sus pasiones al conocimiento, la razón y la conciencia no puede ser rebajada de su elevada posición ni hacerle perder la paciencia por ninguna maldad o vileza.
Luego se ha dicho: «Esta categoría solo pueden alcanzarla quienes son verdaderamente afortunados». Esto es una ley natural. Solo las personas de gran dignidad están dotadas de estas cualidades. Y quienes poseen estas cualidades no pueden ser detenidos por ninguna fuerza del mundo cuando se aproximan a las puertas del éxito. Es absolutamente imposible que personas de baja condición los derroten mediante su vileza, sus despreciables artimañas y su comportamiento grosero. (****14)
Buscar refugio en Dios contra las insinuaciones de Satanás
Al final se ha dicho (Árabe*****************)
Y si percibes alguna insinuación de Satanás, busca refugio en Allah (versículo: 36).
Satanás se angustia terriblemente cuando ve que, en el conflicto entre la verdad y la falsedad, la insolencia es enfrentada con cortesía y las malas acciones con buenas obras. Desea que, de algún modo, quienes luchan por la verdad, sus dirigentes y, especialmente, su principal guía cometan al menos una equivocación, para que pueda decirse al pueblo: «Mirad, para que haya una disputa hacen falta dos partes». Si una de las partes ha tenido un mal comportamiento, la otra tampoco es tan buena persona. Ellos también han actuado de manera grosera en tal o cual ocasión. La gente común no tiene la capacidad de juzgar comparativamente, con imparcialidad, los excesos de una parte y las represalias de la otra. Mientras vean que los adversarios recurren a toda clase de bajezas, pero que el otro bando no se aparta ni un ápice del camino de la cortesía, la decencia, la honradez y la religiosidad, el pueblo seguirá dejándose influir por ello. Pero si en algún lugar estos últimos incurren en un comportamiento injusto o en una conducta que perjudique su dignidad, aunque lo hagan en respuesta a un exceso extremo, ante sus ojos ambas partes serán consideradas iguales. En consecuencia, los adversarios encontrarán una excusa para proferir mil insultos en respuesta a una sola palabra. Por eso se ha ordenado: «Guardaos del engaño de Satanás». Él os incitará fingiendo ser muy compasivo y bienintencionado, diciendo: «Tal exceso no puede tolerarse de ningún modo; a tal afirmación hay que responderle de manera contundente; a este ataque hay que responder con otro ataque. De lo contrario, os considerarán cobardes y vuestra imagen quedará dañada». Así pues, cada vez que sintáis entre vosotros este tipo de incitación en cualquier asunto, estad alerta: Satanás pretende, mediante sus insinuaciones, excitaros y enfureceros para haceros dar un paso equivocado. Después de estar prevenidos, no os dejéis llevar por la arrogancia hasta decir: «Tenemos pleno control sobre nosotros mismos. Satanás no puede hacernos cometer errores». La arrogancia por vuestra voluntad y vuestra capacidad de decisión mencionadas anteriormente sería el segundo y más terrible engaño de Satanás. En lugar de ello, debéis pedir refugio en vuestro Señor, pues el ser humano solo puede evitar equivocarse si Él le concede Su ayuda y lo protege.
Una explicación sumamente hermosa de este asunto se encuentra en un incidente que el imán Ahmad citó en su Musnad, transmitido por Abu Huraira. Él relata que, en cierta ocasión, un hombre comenzó a insultar gravemente a Abu Bakr en presencia del Profeta. Abu Bakr soportaba en silencio sus insultos. El Profeta también sonreía suavemente al verlo. Finalmente, la paciencia de Abu Bakr llegó a su límite y él también pronunció una palabra dura en respuesta. En cuanto esas palabras salieron de su boca, el Profeta se sintió sumamente incómodo, y ello se reflejó en su rostro. Luego se levantó y se marchó de allí. Abu Bakr lo siguió. Preguntó: «¿Qué sucede? Él me insultaba y usted sonreía levemente; pero en cuanto respondí, se disgustó».
El Profeta dijo: «Mientras permaneciste en silencio, había un ángel contigo que respondía en tu nombre. Pero cuando abriste la boca, Satanás ocupó el lugar del ángel. Yo no puedo sentarme con Satanás». (15)
El que invita a la verdad debe ser desinteresado
En la invitación a la verdad, quien la proclama debe situarse por encima de sus intereses personales, y esto será la prueba más clara de su sinceridad y devoción. En el Corán se ha dicho repetidamente que el Profeta, en la labor que realiza de invitar hacia Allah, no tiene ningún interés personal. Por el contrario, se ha consagrado al bienestar de las criaturas de Dios. En la sura de Al-An’am se ha dicho:
(Árabe***************)
—¡Oh, Profeta (s.a.s.), di!: No os pido ninguna remuneración por esta labor de transmisión y guía. Esto no es sino un consejo general para todos los habitantes del mundo— (Al-An‘am: 90).
—Y, ¡oh, Profeta (s.a.s.)!, no les pides ninguna remuneración por esta labor. Esto no es sino un consejo ofrecido de manera general a los habitantes del mundo (Yusuf: 104).
Aunque este discurso se dirige aparentemente al Profeta (s.a.s.), sus verdaderos destinatarios son las masas de incrédulos. Se les está diciendo: «¡Siervos de Dios, pensad un poco! ¡Qué incongruente es vuestra obstinación! Si el Profeta realizara esta labor de invitación y transmisión por algún interés personal, o si buscara algo para sí mismo, entonces tendríais motivos para decir: “¿Por qué hemos de aceptar las palabras de este hombre interesado?”. Pero veis que este hombre es desinteresado. Os aconseja por vuestro bien y por el bienestar de los habitantes del mundo. No tiene ningún interés personal en ello. ¿Qué razón válida puede haber para enfrentaros a él con obstinación? Si alguien habla desinteresadamente por el bien de todos, ¿por qué os empeñáis sin motivo en oponeros a él? Escuchad sus palabras con la mente abierta. Si os convencen, aceptadlas; si no, no las aceptéis». (16)
En la sura Al-Mu’minun se dice:
(Árabe***************)
—¡Oh, Profeta (s.a.s.)!, ¿acaso les pides algo? El don de tu Señor es mejor para ti, y Él es el mejor de los proveedores— (Al-Mu’minun: 72).
Es decir, nadie puede acusar honestamente al Profeta (s.a.s.) de que todo lo que hace esté motivado por un interés personal. Hubo un tiempo en que tenía un próspero negocio. Ahora se encuentra sumido en la pobreza y las dificultades. Hubo un tiempo en que su pueblo lo miraba con respeto y todos le mostraban la máxima reverencia. Ahora sufre insultos y pedradas. Ahora incluso su vida corre peligro. Hubo un tiempo en que vivía feliz con su esposa y sus hijos. Ahora se ha visto envuelto en un conflicto que no le permite vivir en paz ni un solo instante. Además, ha aparecido con un mensaje que ha convertido a todo el país en su enemigo. Incluso sus propios familiares se han vuelto sedientos de su sangre. ¿Quién puede decir que todo esto sea obra de un hombre interesado? El interesado, más bien, se convierte en portavoz de las supersticiones de su pueblo y su tribu y, mediante diversos recursos, intenta obtener el liderazgo. Un hombre egoísta no predica un ideal que no solo desafía las supersticiones tribales, sino que además las elimina, aun cuando sobre ellas se sustenta el dominio y el liderazgo de los politeístas de Arabia. (17)
En la sura Saba se dice:
(Árabe*****************)
—Di: «Si os he pedido alguna remuneración, es por vuestro propio bien. Mi remuneración incumbe a Allah. Él es testigo de todas las cosas» (Saba: 47).
La primera parte de la aleya puede tener dos significados. Uno es: «Si os he pedido alguna remuneración, que recaiga sobre vuestra propia suerte». El segundo significado es: «Si os he pedido alguna remuneración, no es sino por vuestro bien». El significado final es: que los acusadores presenten contra mí tantas acusaciones como quieran. Pero Allah lo sabe todo. Él es testigo de que realizo esta tarea desinteresadamente y no por ningún interés personal. (18)
(Árabe*****************)
—Di: «No os pido ninguna remuneración, ni soy uno de los impostores que se inventan cosas» (Sad: 86).
Es decir, no soy uno de aquellos que salen al campo con afirmaciones falsas para establecer su supremacía y aparentan ser algo que en realidad no son.
Esto no fue puesto únicamente en boca del Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) para informar de ello a los incrédulos de La Meca. Al contrario, toda la vida del Honorable Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él), que pasó durante cuarenta años entre aquellos incrédulos, da testimonio de ello. Hasta cada niño de La Meca sabía que Muhammad (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) no era un impostor. Nadie de toda la nación había oído de sus labios palabra alguna que pudiera hacer sospechar que aspiraba a convertirse en algo o que se esforzaba por hacerse famoso. (19)
En las suras At-Tur y Al-Qalam se dice:
(Árabe****************)
—¡Oh, Profeta (s. a. s.)!, ¿acaso les pides alguna remuneración, de modo que se sienten aplastados bajo el peso de una multa impuesta por la fuerza?— (At-Tur: 40; Al-Qalam: 46).
En realidad, esta pregunta está dirigida a los incrédulos. Su significado es el siguiente: si el Mensajero quisiera obtener algo de ustedes y realizara todos estos esfuerzos por su propio interés, entonces al menos tendrían una razón válida para alejarse de él. Pero ustedes mismos saben que él es completamente desinteresado en su prédica y que dedica su vida únicamente al bienestar de ustedes. Entonces, ¿qué razón puede haber para que ni siquiera estén dispuestos a escuchar tranquilamente sus palabras? En esta pregunta se encuentra implícita una sutil alusión. Al igual que los líderes artificiales y falsos de todo el mundo y los sacerdotes de los santuarios religiosos, también en Arabia los dirigentes religiosos, eruditos y sacerdotes de los politeístas ejercían abiertamente un negocio religioso. Por eso se les planteó esta pregunta: por un lado están esos comerciantes de la religión, que públicamente les piden ofrendas y exigen una remuneración por cada servicio religioso; por otro lado, este hombre, completamente desinteresado —es más, arruinando sus propios negocios y comercio—, intenta mostrarles, con argumentos justos y razonables, el camino recto de la religión. Ahora bien, ¿qué puede ser sino una ignorancia manifiesta que ustedes huyan de él y corran apresuradamente hacia los comerciantes de la religión? (20)
En este contexto solo hay un versículo que podría dar lugar a cierta controversia. Es el siguiente:
(Árabe***************)
—¡Oh, Profeta (s. a. s.)!, di: «No les pido ninguna remuneración; solo les pido amor hacia los parientes cercanos»— (Ash-Shura: 23).
En este versículo (*****)
Ha habido una gran discrepancia entre los exegetas al interpretar el significado de la palabra utilizada. Un grupo la ha entendido en el sentido de parentesco. Según ellos, el significado de la aleya es el siguiente: «No os pido ninguna recompensa por esta labor. Sin embargo, sí os pido que, al menos, tengáis en consideración el vínculo de parentesco que existe entre vosotros —es decir, los qurayshíes— y yo. Deberíais haber aceptado mi mensaje. Pero, si no vais a aceptarlo, no cometáis al menos esta injusticia: que, entre todos los árabes, seáis precisamente vosotros quienes os empeñéis más encarnizadamente en enemistaros conmigo».
Esta es la exégesis de Abu Abd Allah ibn Abbás —que Allah esté complacido con él—. Numerosos sabios, entre ellos el imán Ahmad, al-Bujari, Muslim, at-Tirmidhi, Ibn Yarir, at-Tabarani, al-Bayhaqi e Ibn Sa’d, la transmitieron por medio de numerosos narradores. Esta misma exégesis fue sostenida por Muyahid, Ikrima, Qatada, as-Suddí, Abu Malik, Abdurrahmán ibn Zayd ibn Aslam, ad-Dahhak, Ata ibn Dinar y otros célebres exegetas.
Otro grupo
la ha entendido en el sentido de cercanía. Según ellos, el significado de esta aleya es: «No os pido ninguna recompensa por esta labor, salvo que surja en vosotros el deseo de alcanzar la cercanía de Allah. Es decir, que os reforméis; esa es mi recompensa». Esta exégesis se ha transmitido de Hasan al-Basri. También se ha citado una declaración de Qatada en apoyo de ella. Incluso en una transmisión de at-Tabarani se atribuye una afirmación de este tipo a Ibn Abbás —que Allah esté complacido con él—. En otro lugar, el Noble Corán expresa este mismo asunto de la siguiente manera:
(Árabe***************)
Diles: «No os pido ninguna recompensa por ello; mi recompensa consiste únicamente en que quien quiera adopte el camino de su Señor» (al-Furqan: 57).
Otro grupo
la ha entendido en el sentido de los parientes. Según ellos, el significado de la aleya es: «No os pido ninguna recompensa por esta labor, salvo que améis a mis parientes». Después, algunos miembros de este grupo entendieron por «parientes» a todo el clan de los Banu Abd al-Muttalib. Otros lo restringieron a Alí —que Allah esté complacido con él—, Fátima —que Allah esté complacido con ella— y sus hijos. Se ha transmitido que esta exégesis fue sostenida por Saíd ibn Yubayr y Amr ibn Shuayb. En algunas transmisiones se atribuye también a Ibn Abbás —que Allah esté complacido con él— y a Alí ibn Husayn —es decir, Zayn al-Abidín—. Sin embargo, esta exégesis no puede aceptarse por diversas razones. En primer lugar, cuando esta sura fue revelada en La Meca, todavía no se había celebrado el matrimonio entre Alí —que Allah esté complacido con él— y Fátima —que Allah esté complacido con ella—; por tanto, ni siquiera se planteaba la cuestión de sus hijos. Además, no todos los miembros de los Banu Abd al-Muttalib apoyaban al Profeta —la paz y las bendiciones de Allah sean con él—. Al contrario, algunos de ellos se le oponían abiertamente. La enemistad de Abu Lahab es conocida por todo el mundo. En segundo lugar, el parentesco del Profeta —la paz y las bendiciones de Allah sean con él— no se limitaba a los Banu Abd al-Muttalib. Por parte de su padre, de su madre y de sus esposas, tenía vínculos de parentesco con todas las familias de Quraysh. En esas familias había compañeros eminentes suyos, pero también enemigos acérrimos. Entonces, ¿cómo habría sido posible que el Mensajero —la paz y las bendiciones de Allah sean con él— mencionara únicamente a los Banu Abd al-Muttalib entre todos sus parientes y reservara exclusivamente para ellos la exigencia de ser amados? Que Allah esté complacido con él.
La tercera cuestión, y la más importante, es la siguiente: un profeta se sitúa en una posición elevada desde la que alza la voz de la invitación hacia Allah. Que desde esa misma posición pida como recompensa: «Y amad a los parientes», es una exigencia tan baja que ninguna persona de buen juicio puede siquiera imaginar que Allah Todopoderoso haya enseñado algo semejante a Su profeta y que el profeta lo haya proclamado de pie entre los qurayshíes. Entre los relatos de los profetas —la paz sea con ellos— que aparecen en el Noble Corán, vemos que, uno tras otro, se presentaron ante sus pueblos y les dijeron precisamente esto: «No os pido ninguna recompensa; mi recompensa incumbe únicamente a Allah». (Véanse Yunus: 72; Hud: 19, 51; Ash-Shu‘ara: 109, 117, 145, 164, 180).
En la sura Ya-Sin se afirma que el criterio para comprobar la veracidad del profeta es que su invitación sea completamente desinteresada (versículo 21). Por boca del propio Profeta (que Allah le bendiga y le conceda paz) se repitió varias veces: «No os pido ninguna recompensa». Ya lo hemos citado anteriormente. Entonces, ¿cómo podría decirse además: «A cambio de la labor que realizo, por invitación de Allah, de llamaros a vosotros, amad a mis parientes»? Esto resulta aún más pertinente cuando observamos que en este discurso no se está hablando a los creyentes, sino a los incrédulos. Desde el principio hasta el final se les habla a ellos, y también lo que sigue está dirigido a ellos. En un discurso de esta naturaleza, ¿cómo podría plantearse siquiera la cuestión de pedir algún tipo de recompensa a los adversarios? La recompensa se pide a quienes aprecian en alguna medida el servicio que se les presta. ¿Qué valor daban los incrédulos a esta labor del Mensajero como para que él pudiera decirles: «Por el servicio que estoy prestando, amad a mis parientes»? Al contrario, consideraban aquello un delito e intentaban acabar con su vida. (***21)
La importancia de creer en la otra vida al comienzo de la invitación
Cuando el Profeta (que Allah le bendiga y le conceda paz) comenzó por primera vez a propagar el islam en la Noble Meca, su fundamento constaba de tres cuestiones. Primera: no se debe considerar a nadie asociado con Allah en Su divinidad. Segunda: Allah Todopoderoso eligió a Muhammad (que Allah le bendiga y le conceda paz) como Su Mensajero. Tercera: este mundo llegará un día a su fin y después surgirá un segundo mundo. Allí, todas las personas, desde la primera hasta la última, serán devueltas a la vida y resucitadas con el mismo cuerpo con el que realizaron sus obras en este mundo. Después se les pedirá cuentas de sus creencias y de sus obras. En este juicio, quienes resulten creyentes y rectos irán al Paraíso para siempre, mientras que quienes resulten incrédulos y corruptos permanecerán eternamente en el Infierno.
Aunque la primera de estas cuestiones resultaba sumamente insoportable para los habitantes de La Meca, nunca negaron la existencia de Allah Todopoderoso. Admitían que Él era el gran Señor, el Creador y el Proveedor. También admitían que aquellos a quienes consideraban sus divinidades eran igualmente criaturas de Allah. Por ello, la disputa se limitaba a si esas divinidades tenían alguna participación en los atributos de Dios, en Su autoridad y en Su divinidad.
Los habitantes de La Meca no estaban dispuestos a aceptar la segunda cuestión. Sin embargo, no podían negar que, durante los cuarenta años que el Profeta (que Allah le bendiga y le conceda paz) había vivido entre ellos antes de proclamar su misión profética, nunca lo habían encontrado mentiroso, impostor ni alguien que adoptara un camino injusto por interés personal. Ellos mismos reconocían su inteligencia, su discernimiento y su nobleza de carácter. Por eso, pese a buscar cientos de excusas y formular acusaciones contra él, les resultaba difícil convencer de ello a otros, y hasta para ellos mismos era difícil creer que fuera veraz en todos los demás asuntos, pero que —¡Allah nos libre!— mintiera únicamente al afirmar su condición de Mensajero. Así, las dos primeras cuestiones no les resultaban tan complicadas como la tercera. Cuando esta fue expuesta ante ellos, fue objeto de las mayores burlas y escarnios; expresaron ante ella el mayor asombro y comenzaron a difundirla por todas partes como algo absurdo e irreal. Sin embargo, para conducirlos al islam era absolutamente indispensable arraigar en sus corazones la creencia en la otra vida, pues sin esta creencia les era completamente imposible formar un criterio correcto sobre la verdad y la falsedad. Tampoco podían cambiar su criterio sobre el bien y el mal ni avanzar un solo paso por el camino recto que el islam quería que siguieran, abandonando la senda de la adoración del mundo. Por esta razón, en la mayoría de las suras del período inicial de La Meca se puso especial énfasis en arraigar en los corazones la creencia en la otra vida. Naturalmente, los argumentos y las pruebas se presentaron de tal manera que el concepto de la unicidad divina también quedó arraigado espontáneamente en los corazones. Al mismo tiempo, ocasionalmente se presentaron brevemente pruebas de la veracidad del Mensajero (que Allah le bendiga y le conceda paz) y del Corán. (****22)
Índice
1. Adición del autor
2. Tafhim al-Qur’an, tomo 1, Introducción
3. Tafhim al-Qur’an, tomo 2, an-Nahl, notas 122-123
4. Tafhim al-Qur’an, Bani Isra’il, notas 57-61
5. Tafhim al-Qur’an, al-An‘am, nota 69
6. Tafhim al-Qur’an, al-An‘am, nota 71
7. Tafhim al-Qur’an, al-A‘la, nota 10
8. Tafhim al-Qur’an, al-An‘am, notas 24-25
9. Tafhim al-Qur’an, Abasa, Introducción y nota 201
10. Tafhimul Quran, Al-Ankabut, nota 81
11. Tafhimul Quran, Al-A‘raf, nota 15
12. Tafhimul Quran, Ha Mim Sajdah, nota 36
13. Tafhimul Quran, Ha Mim Sajdah, nota 37
14. Tafhimul Quran, Ha Mim Sajdah, nota 40
16. Tafhimul Quran, Yusuf, nota 73
17. Tafhimul Quran, Al-Mu’minun, nota 70
18. Tafhimul Quran, Saba, notas 28-29
19. Tafhim al-Qur’an, Sad, nota 72
20. Tafhim al-Qur’an, At-Tur, nota 31
21. Tafhim al-Qur’an, Ash-Shura, nota 41
22. Tafhim al-Qur’an, introducción a la sura An-Naba
Mapa de La Meca al-Mukarrama
Comienzo del cuarto volumen
En el nombre de Al-lah, el Clemente, el Misericordioso
Sexto capítulo
La verdadera naturaleza de la invitación islámica
La causa de la hostilidad de los politeístas y la causa de su fracaso
Ahora queremos presentar la segunda parte de la discusión que se inició en el capítulo anterior. Hemos explicado qué orientaciones se dieron al Profeta (s. a.) y, por medio de él, a sus compañeros acerca de la difusión de la invitación al islam, para que pudieran hacer frente a la oposición de los abanderados de la ignorancia con el arma de la moralidad; conquistar sus corazones mediante la sabiduría, la generosidad, la paciencia y la tolerancia; convertir las montañas de la obstinación, el fanatismo ciego y la terquedad en algo justo y conmovedor; y seleccionar de entre la gente e incorporar al grupo a aquellos en quienes se encontraban el amor por la verdad y las cualidades de seguirla.
Después queremos explicar cuál era la verdadera naturaleza de la invitación que trajo el Profeta (s. a.) y cuáles eran sus cualidades y características distintivas por las que primero los qurayshíes y después los demás habitantes de Arabia se levantaron contra ella. Luego veremos qué fuerza tenía esta invitación, una fuerza que finalmente silenció a sus adversarios y le permitió alcanzar un éxito tan grandioso como no se encuentra otro ejemplo en la historia.
Puesto que el tema requiere un análisis detallado, lo expondremos bajo siete títulos. Son los siguientes:
1. La enseñanza del tawhid y la refutación del shirk.
2. La invitación a creer en la misión profética de Muhammad.
3. La invitación a creer que el Corán es la palabra de Allah.
4. La invitación a creer en el Más Allá.
5. La enseñanza moral.
6. El establecimiento de la comunidad musulmana universal.
7. La diferencia entre los métodos de acción de los profetas y los no profetas.
Primer apartado
La enseñanza del tawhid y la refutación del shirk
El primer punto, el más importante y fundamental entre los puntos de la invitación islámica es reconocer el tawhid y refutar el shirk. Aunque el Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) creía en el tawhid y rechazaba el shirk incluso antes de recibir la profecía, y también se encontraban personas con esta creencia entre los árabes contemporáneos y anteriores a él, existe una enorme diferencia entre los dos tipos de personas. Un tipo de persona simplemente sostiene la creencia de aceptar el tawhid y rechazar el shirk, y considera suficiente, como mucho, manifestarla. El otro tipo se levanta para propagar y difundir esta creencia, e invita al pueblo a abandonar el shirk y aceptar el tawhid. Luego, lo que establece una enorme diferencia entre esa simple creencia y esta invitación y predicación públicas es que la persona asume sobre sus hombros la responsabilidad de esta tarea: no solo demuestra detalladamente, con argumentos, la unicidad de Dios, sino que también explica uno por uno el significado y la esencia de esta unicidad, así como las exigencias inevitables de aceptarla, y dice a la gente: «Creed en el tawhid de Allah con esta explicación detallada».
Esta fue precisamente la tarea que realizó el Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) después de recibir el honor de la profecía. Y esta fue la primera razón de la oposición de los incrédulos hacia él. Pues cada una de sus afirmaciones entraba en conflicto con sus creencias, convicciones, supersticiones y concepciones acumuladas durante cientos de años.
La enseñanza clara e inequívoca del tawhid
En la sociedad politeísta de Arabia, la cuestión fundamental no era la existencia de Allah Todopoderoso, sino aceptar Su unicidad. Reconocían a Allah como el Creador de ellos y del universo. Tampoco negaban que Él fuera el Rabb y el Ilah. No tenían ninguna objeción aparente a adorarlo. Sin embargo, el extravío en el que estaban sumidos consistía en que no consideraban que la divinidad y la soberanía estuvieran reservadas a Allah. Al mismo tiempo, consideraban que muchas otras divinidades eran asociadas de Dios. Creían que, junto con la adoración a Allah, también debía adorarse a aquellas. (****1) Tal era su condición:
(Árabe***************)
—Y cuando tú, (¡oh, Profeta!), mencionas en el Corán a tu único Rabb, se apartan con aversión. (Bani Israil: 56)
Es decir, para ellos era insoportable que consideraras únicamente a Allah como Señor y que no mencionaras en absoluto a los numerosos señores y dioses que ellos mismos habían inventado. No podían aceptar ni por un instante esta actitud semejante a la de los wahabíes (en la terminología actual): que una persona se limitara a repetir «Allah, Allah». No había ninguna mención de gastos y ofrendas para los venerables, ni reconocimiento alguno de obtener fayz en los santuarios. Tampoco había elogios ni felicitaciones para aquellas personalidades a las que, según ellos, Allah Todopoderoso había distribuido una parte de Su divinidad. Decían: «¡Qué hombre tan extraño! Según él, el conocimiento del futuro pertenece únicamente a Allah; el poder, únicamente a Allah; y la capacidad de actuar y la autoridad, únicamente a Allah. Entonces, ¿acaso quienes están en nuestros santuarios no son nada? Sin embargo, de ellos obtenemos conocimiento; por voluntad de ellos, los enfermos se curan, los negocios prosperan y se cumplen los deseos. Entonces, ¿acaso ellos no son absolutamente nada?». (2)
En otro lugar del Corán, su aversión al tawhid y su estado de inmersión en el shirk se describen así:
(Árabe*****************)
Y cuando se menciona únicamente a Allah, quienes no creen en la Otra Vida sienten una profunda angustia; pero cuando se menciona a otros aparte de Él, de repente sus corazones se llenan de alegría. (Zumar: 54)
Esto se aplica por igual a casi todos aquellos cuya disposición y naturaleza son propias de los asociadores en el mundo. Dicen de palabra: «Creemos en Allah». Pero su estado es tal que, cuando se menciona únicamente a Allah, sus rostros comienzan a contraerse. Entonces dicen: «Este hombre no reconoce en absoluto a los grandes santos ni a los awliya de Allah. Por eso no hace más que repetir: “Allah, Allah”».
Pero si se mencionan los nombres de otros, sus rostros se iluminan de alegría. Su conducta pone de manifiesto hacia quiénes se dirigen su apego y su amor. (3)
(Árabe***************)
Su estado era tal que, cuando se les decía: «No hay ninguna deidad excepto Allah», respondían con orgullo: «¿Acaso abandonaremos a nuestros dioses por causa de un poeta loco?». (As-Saffat: 35-36)
Su gran objeción a esta afirmación del Profeta (la paz sea con él) era:
(Árabe*************)
«¿Acaso este hombre ha tomado a un solo dios en lugar de todos los dioses? ¡Esto sí que es algo muy extraño!». (Sad: 5)
En aquella sociedad y entre personas de ese modo de pensar, el Mensajero de Allah (la paz sea con él) se alzaba y proclamaba repetidamente con voz firme que Allah es la única Deidad y el único Rabb. Nadie comparte Su divinidad ni Su autoridad soberana.
(Árabe**************)
—Vuestro dios es Allah, aparte de quien no existe ningún otro dios. Su conocimiento lo abarca todo. (Taha: 98)
(Árabe*****************)
—Más bien, vuestro Señor es Aquel que es el Señor de los cielos y de la tierra y quien los creó. (Al-Anbiya: 65)
(Árabe****************)
—En realidad, vuestro Señor es uno solo. Él es el Señor de los cielos, de la tierra y de cuanto hay entre ambos, y también es el Señor de los orientes. (As-Saffat: 4-5)
Es decir, quien es el Dueño y Señor del universo es también el dios de la humanidad (el objeto de adoración y la divinidad), y, en realidad, solo Él puede ser el objeto de adoración y solo Él debe serlo. Es completamente erróneo que uno sea el Señor del universo —es decir, su Dueño, Gobernante, Educador y Sustentador—, incluido vosotros, y que otro sea la divinidad —quien tiene derecho a ser adorado—.
(Árabe******************)
-(¡Oh, Profeta!) Di: «Yo no soy sino un amonestador. No hay ninguna otra divinidad aparte de este Dios único. Él es el Dominador de todos, el Señor de los cielos, de la tierra y de cuanto hay entre ambos. Él es el Todopoderoso, el Gran Perdonador. (¡Oh, Profeta!) Di: “Esto es una noticia de la que os habéis apartado”». (Sad: 4-5)
(Árabe*******************)
-Allah ha dicho: «No toméis dos divinidades (dioses y señores). Dios no es sino uno solo. Por tanto, temedme únicamente a Mí». (La Abeja: 51)
(Árabe****************)
Y Él es el Único Dios en el cielo y el Único Dios en la tierra. Y Él es Omnisapiente y Conocedor. (Los Ornamentos: 53)
(Árabe*****************)
-Y no invoquéis a ninguna otra divinidad junto con Allah. No hay ninguna otra divinidad aparte de Él. Todo perecerá salvo Su esencia. El dominio y la autoridad pertenecen exclusivamente a Él, y a Él retornarán todas las cosas. (El Relato: 88)
Los idólatras preguntaron al Profeta (la paz y las bendiciones sean con él): «Dinos la genealogía del Señor hacia quien nos invitas. ¿De qué fue hecho? ¿De quién heredó el mundo? ¿Quién recibirá esta herencia después de Él?»
En respuesta, se expuso una definición del tawhid tan clara, universal y concisa que penetra velozmente en el corazón. No queda lugar en la mente para el menor rastro de shirk. Cada una de sus palabras presenta con absoluta claridad el concepto del tawhid. Y lo más importante es que, al estar expresada en cuatro frases breves y elegantes, ningún oyente podía borrarla de su memoria ni dejar de pronunciarla. Se declaró:
(Árabe******************)
—Di —en respuesta a sus palabras—: Él es Allah, Uno y Único. Allah es independiente de todo, y nadie entre todos es Su igual.
El significado de la primera frase es que el Señor por el que preguntáis, a quien reconozco como el Dios Único y deseo que los demás también reconozcan, no es un dios novedoso ni fruto de mi imaginación. Al contrario, Él es el mismo Dios al que llamáis Allah con vuestros propios labios; a cuya Casa llamáis Baytullah (la Casa de Allah); a quien hace apenas cuarenta años, durante el ataque de Abraha, suplicabais que os protegiera, olvidando entonces a vuestros otros dioses. Y sobre Él vosotros mismos reconocéis que es el Creador de la tierra y del cielo, y de cada cosa del mundo.
Después se declaró que Allah, exaltado sea, es Uno y Único. Todo árabe sabía qué significaba llamar a Allah Ahad en lugar de Wahid. La palabra Wahid (uno) se emplea en la lengua árabe para cualquier cosa que sea una en algún aspecto particular, aunque en ella se encuentre una multiplicidad de diversas clases en innumerables aspectos; por ejemplo: una casa, un hombre, una familia, una nación, un país o un mundo. En cambio, el uso de la palabra opuesta, Ahad, como atributo de alguien para describir su unicidad, era una forma de uso común de la que no se conocía ningún precedente en la lengua árabe antes de la revelación de la sura Al-Ikhlas. [Cabe señalar que en el Corán nunca se empleó únicamente la palabra Wahid para Allah, exaltado sea. Por el contrario, al vincularla con alguna otra palabra, se distinguió la categoría de unicidad de Allah de la categoría de unidad de cualquier otra cosa del mundo, como en «…», o «…». Pero en la sura Al-Ikhlas, la palabra Ahad se empleó como atributo de Allah de manera absoluta. Este uso está reservado a la Esencia de Allah. —El autor.]
Por tanto, llamar a Allah «Ahad» expresa que Él es Uno y Único en todos los aspectos. No pertenece a la especie de ninguna deidad, de modo que otras entidades de la misma especie pudieran ser también dioses. Al contrario, en Su existencia es único, sin comparación ni rival, y también es absolutamente único en Su divinidad. No hay en Él multiplicidad alguna bajo ningún aspecto. No es una existencia formada por partes materiales, divisible y repartible, que tenga forma y figura, que ocupe un lugar, de la que salga algo o en la que entre algo; que tenga un color o miembros, que dependa de alguna dirección o en la que se produzca cambio o crecimiento. La Esencia divina está purificada de toda clase de multiplicidad; Él es Uno y Único en todos los aspectos. Siendo Ahad, nadie puede compartir con Él la divinidad, el señorío ni la autoridad. Nadie comparte Su esencia, Sus atributos, Su poder ni Sus derechos. Ninguna criatura existente en el universo se le asemeja ni es comparable a Él.
Después se dijo que Él es independiente de todo. La palabra «Samad» se usaba ampliamente en la lengua árabe y todo árabe conocía su significado. Se empleaba para una persona que no dependía de nadie y hacia la cual acudían las personas para satisfacer sus necesidades.
Se llamaba «Samad» a quien era superior a los demás y por encima de quien no había nadie; a quien se obedecía y sin cuyo consentimiento no podía tomarse ninguna decisión; quien no tenía debilidad, era intachable, no sufría calamidades, hacía todo según su propia voluntad, cuya decisión no podía revisarse y que poseía cualidades de autoridad. También se llamaba así a aquello que no era hueco ni vacío, sino sólido y completamente lleno, de lo que nada salía ni nada entraba. Pero para Allah, exaltado sea, no se empleó simplemente «Samad», sino la expresión «As-Samad», cuyo significado es que cualquier otra cosa puede ser Samad en un aspecto, pero no en muchos otros. En cambio, el único que es plenamente As-Samad en todos los aspectos es Allah.
Después se dijo que Él no tiene hijos, ni Él es hijo de nadie. Esto refuta todas aquellas concepciones mushrik según las cuales se creía que los dioses también pertenecían a una especie en la que se producía una sucesión genealógica semejante a la de los seres humanos. Él permanecerá eternamente después de extirpar de raíz esta concepción. Antes de Él no existía ningún dios del que hubiera nacido, ni después de Él existe o puede existir ningún dios que nazca de Él.
Finalmente, se dijo que nadie es su «kufu». Kufu significa comparación, semejante, de igual rango, equivalente e igual. Con ello se hizo saber a la gente que en toda la creación no existe, ni existió jamás, ni puede llegar a existir nadie que sea como Allah, o de igual rango que Él, o que tenga alguna semejanza con Él en Sus atributos, acciones, capacidades o autoridad.
Pruebas del tawhid
El Mensajero de Allah, sallallahu alayhi wa sallam, no se limitó a presentar esta clara concepción del tawhid a la sociedad mushrik; por el contrario, la demostró con firmeza mediante argumentos irrefutables.
1. Todos los profetas enseñaban el tawhid
Un argumento sumamente sólido a este respecto era que todos los profetas que habían venido al mundo antes que él habían enseñado el tawhid y ordenado mantenerse alejados del shirk. De hecho, el Corán declara en términos generales acerca de todos los profetas:
(Árabe***************)
—Enviamos a un profeta a cada comunidad con la enseñanza de: adorad a Allah y apartaos del taghut [El célebre imán de la exégesis, Ibn Jarir al-Tabari, explicó el taghut de la siguiente manera:
Todo ser que se rebela contra Allah y al que se adora en lugar de Allah, ya sea que sus adoradores lo adoren obligados por la fuerza o voluntaria y complacidamente —es decir, aquel al que se adora—, es un tagut. Puede ser un ser humano, Satanás, una divinidad, un ídolo o cualquier otra cosa. (Yami‘ al-Bayán fi Tafsir al-Qur’an, vol. 3, pág. 13), el autor. Se mantienen alejados de la adoración. (An-Nahl: 36)
(Árabe**************)
—Y (¡oh, Profeta!) no enviamos antes de ti ningún mensajero sin haberle revelado: «No hay otra divinidad excepto Yo. Adoradme, pues, solo a Mí». (Al-Anbiyá: 25)
Acerca de todas las comunidades del pasado se ha dicho:
(Árabe**********************)
—Y no se les ordenó otra cosa sino que adoraran a Allah, consagrando exclusivamente para Él su religión y siendo completamente devotos, establecieran la oración y entregaran el zakat. Esta es la religión absolutamente recta, establecieran la oración y entregaran el zakat. Esta es la religión absolutamente recta. (Al-Báyyinah: 5)
Después se ha dicho, acerca de cada uno de los profetas, que esta era su enseñanza. El profeta Noé (la paz sea con él), el profeta Hud (la paz sea con él), el profeta Salih (la paz sea con él), el profeta Shuayb (la paz sea con él) y cada uno de los demás profetas enseñaban primero a su pueblo esto:
(Árabe****************)
-¡Oh, pueblo mío! Adorad a Alá. No tenéis otro dios aparte de Él. (Al-A’raf: 59, 65, 73, 85; Hud: 50, 61, 84; Al-Mu’minun: 23, 32)
Cuando el profeta Jacob estaba a punto de morir, preguntó a sus hijos: «¿A quién adoraréis después de mí?». Ellos respondieron: «Adoraremos al mismo Dios que fue la divinidad de usted, de su padre y de sus antepasados Abraham, Ismael e Isaac». (Al-Baqara: 133) El profeta José se dirigió así a sus compañeros de prisión:
(Árabe*****************)
-¡Oh, compañeros de prisión! ¿Es mejor adorar a numerosos dioses distintos, o a Alá, el Único, que prevalece sobre todos? Lo que adoráis aparte de Él no son sino nombres que vosotros y vuestros padres habéis puesto. Alá no ha hecho descender ninguna autoridad para ellos. El poder de gobernar pertenece únicamente a Alá. Su mandato es que no adoréis sino a Él. Esta es la religión recta. Pero la mayoría de la gente no lo sabe. (Yusuf: 39-40)
La primera revelación que descendió sobre el profeta Moisés fue:
(Árabe******************)
-¡Yo soy Alá! No hay otro dios sino Yo. Adórame, pues, y establece la oración para recordarme. (Ta-Ha: 14)
Después, cuando los Hijos de Israel comenzaron a adorar el becerro, el profeta Moisés se enfureció terriblemente con ellos y, tras quemar la estatua del ídolo que habían fabricado, dijo:
(Árabe****************)
-Vuestro verdadero Ma‘bud es únicamente Alá, aparte de Quien no hay ninguna otra divinidad. (Ta-Ha: 98)
El honorable Jesús (la paz sea con él) repetía estas palabras a los Hijos de Israel:
(Árabe****************)
En verdad, Alá es mi Señor y también vuestro Señor. Adoradlo, pues. Este es el camino recto. (Aal Imrán: 51; Maryam: 36; Az-Zujruf: 64)
(Árabe******************)
-¡Oh, Hijos de Israel! Adorad a Alá, que es mi Señor y también vuestro Señor. A quien asocie a alguien con Alá, Alá le ha prohibido el Paraíso y su morada será el Infierno. Y los injustos no tendrán ningún auxiliador. (Al-Ma’idah: 72)
Para los politeístas árabes en general, y para los politeístas de Quraysh en particular, la evidencia más contundente era la que se había presentado en el Corán mediante la historia del honorable Ibrahim (la paz sea con él). Esto se debía a que todos los politeístas árabes lo reconocían como su líder y guía. Consideraban su religión como la religión que él había mostrado. Todo el orgullo, la arrogancia, la influencia y el prestigio de Quraysh se debían a su vínculo genealógico con él y a que ejercían la custodia de la Casa de Alá que él había construido. En el Noble Corán se dijo detalladamente a Quraysh y a los árabes que la salida de su antepasado y guía religioso del reino de Nimrod (Irak) se había producido precisamente a raíz de esta disputa: su padre, su pueblo y el gobierno de su país eran todos politeístas. Él, es decir, el honorable Ibrahim (la paz sea con él), refutó públicamente este politeísmo, invitó abiertamente a su pueblo al monoteísmo y redujo a pedazos los ídolos; por ello fue arrojado a una enorme hoguera. Pero el Altísimo Alá lo sacó de ella con vida y a salvo. Después abandonó su país y partió hacia la tierra de Canaán. Más tarde, al llegar a La Meca, construyó allí esta Casa de Alá para que no se adorara a nadie excepto al Dios Único. Rogó por sus hijos, pidiendo que no se entregaran al extravío de la idolatría. El Corán ha relatado detallada, contundente y eficazmente esta historia en diversos pasajes. Al leerlos, se puede imaginar cuánto debieron conmoverse Quraysh y los politeístas en general cuando el Mensajero de Alá (la paz y las bendiciones de Alá sean con él) les relató todo esto en La Meca. Sin extendernos más, aquí incluimos únicamente la traducción de los versículos:
—Y recuerda el suceso de Abraham, cuando dijo a su padre Azar: «¿Acaso tomas a los ídolos por dioses? En verdad, te veo a ti y a tu pueblo en un extravío manifiesto.»
.. Abraham dijo: «¡Oh, gente de mi pueblo! Me he desvinculado de aquello que consideráis asociados de Dios. He vuelto mi rostro con toda sinceridad hacia Aquel que creó los cielos y la tierra, y jamás he sido de los idólatras.» Su pueblo comenzó a discutir con él. Él dijo: «¿Discutís conmigo acerca de Dios, cuando Él me ha guiado por el camino recto? No temo a vuestros asociados, salvo que mi Señor quiera algo, pues eso ciertamente puede suceder. El conocimiento de mi Señor lo abarca todo. ¿Aun así no recobraréis el juicio? ¿Por qué habría de temer a vuestros asociados, mientras vosotros no teméis asociar con Dios cosas respecto de las cuales Él no ha hecho descender ninguna autoridad? Decidme, si tenéis conocimiento: ¿cuál de las dos partes tiene más derecho a la seguridad y a la tranquilidad?» (Al-An‘am: 74-81)
—Y menciona en este Libro a Abraham. Ciertamente, fue un hombre veraz y un profeta. Cuéntales el suceso de cuando dijo a su padre: «¡Padre mío! ¿Por qué adoras aquello que ni oye ni ve, y que no puede servirte de nada? ¡Padre mío! He recibido un conocimiento que tú no has recibido; sígueme y te mostraré el camino recto. ¡Padre mío! No adores a Satanás; ciertamente, Satanás fue desobediente al Misericordioso. ¡Padre mío! Temo que te alcance un castigo del Misericordioso y que te conviertas en compañero de Satanás.»
Su padre dijo: «¡Abraham! ¿Te apartas de nuestros dioses? Si no cesas, te lapidaré. ¡Aléjate de mí para siempre!»
Abraham dijo: «La paz sea contigo. Pediré a mi Señor que te perdone; ciertamente, mi Señor es muy bondadoso conmigo. Me aparto de vosotros y de aquellos a quienes invocáis en lugar de Dios. Yo invocaré solamente a mi Señor; espero no quedar decepcionado al invocar a mi Señor.» (Maryam: 41-48)
«Y la súplica de Abraham por su padre se debió a la promesa que le había hecho. Pero cuando se le hizo evidente que él era enemigo de Dios, se desentendió de él.» (At-Tawbah: 114)
«Antes de ello, concedimos a Abraham el buen juicio y lo conocíamos bien. Recuerda cuando dijo a su padre y a su pueblo: “¿Qué son estas estatuas a las que os habéis consagrado?”. Ellos respondieron: “Encontramos a nuestros antepasados adorándolas”. Él dijo: “Tanto vosotros como vuestros antepasados estabais en un extravío manifiesto”. Dijeron: “¿Nos hablas en serio o estás bromeando?”. Él respondió: “No. Vuestro Señor es, en verdad, el Señor de los cielos y de la tierra, Quien los creó, y yo doy testimonio de ello ante vosotros. ¡Por Dios! Ciertamente, tramaré algo contra vuestros ídolos cuando os hayáis marchado”. Entonces los hizo pedazos, excepto al mayor de ellos, para que regresaran a él.»
«(Al llegar y ver el estado deplorable de sus ídolos), dijeron: “¿Quién ha hecho esto con nuestros dioses? Ciertamente, es un gran injusto”. (Algunas personas) dijeron: “Hemos oído a un joven hablar de ellos; se llama Abraham”. Dijeron: “Traedlo ante todos, para que vean qué se puede hacer con él”. (Cuando llegó Abraham), la gente dijo: “¡Abraham! ¿Has hecho esto con nuestros dioses?”. Él respondió: “No; el mayor de ellos lo ha hecho. Preguntadles, si es que pueden hablar”. Al oír esto, se volvieron hacia sí mismos y se dijeron: “En verdad, vosotros sois los injustos”, por adorar a estas estatuas indefensas. Luego, desconcertados, dijeron: “Tú sabes que ellas no pueden hablar”. Abraham dijo: “¿Acaso adoráis entonces, en lugar de Dios, aquello que no puede beneficiaros ni perjudicaros en nada? ¡Qué desgracia para vosotros y para aquello que adoráis en lugar de Dios!”»
“Dijeron: «¡Quemadlo y apoyad a vuestros dioses, si es que vais a hacer algo!». Dijimos: «¡Oh fuego!, sé frío y seguro para Abraham». Querían hacerle daño a Abraham, pero los hicimos fracasar”. (Al-Anbiya: 51-70)
“Y cuéntales la historia de Abraham, cuando dijo a su padre y a su pueblo: «¿Qué son esas cosas a las que adoráis?»”
“Respondieron: «Son ídolos a los que adoramos y cuyo servicio atendemos constantemente». Él dijo: «¿Acaso os oyen cuando los invocáis? ¿O pueden beneficiaros o perjudicaros en algo?». Respondieron: «No lo sabemos, pero vimos a nuestros antepasados hacer eso». Abraham dijo: «¿Habéis visto alguna vez qué son realmente esas cosas a las que adoráis, vosotros y vuestros antepasados? En verdad, todos ellos son mis enemigos, excepto el Señor de los mundos, Quien me creó. Él es Quien me guía, Quien me alimenta y me da de beber. Y cuando enfermo, Él es Quien me cura. Él es Quien me hará morir y luego me dará vida nuevamente, y de Quien espero que perdone mis faltas el Día del Juicio»”. (Ash-Shuara: 69-82)
“Y enviamos a Abraham. Cuando dijo a su pueblo: «Adorad a Allah y temedle. Esto es mejor para vosotros, si supierais. Aquellos a quienes adoráis en lugar de Allah no pueden proporcionaros sustento. Pedid el sustento a Allah, adoradlo y agradecedle. A Él seréis devueltos». … La respuesta de su pueblo no fue otra que: «Matadlo o quemadlo». Pero Allah lo salvó del fuego. En ello hay, ciertamente, signos para los creyentes. Y Abraham dijo: «Habéis tomado los ídolos, en lugar de Allah, como medio de afecto mutuo en la vida mundana. Pero el Día de la Resurrección renegaréis unos de otros y os maldeciréis mutuamente. El fuego será vuestro destino y no tendréis quien os auxilie». Entonces Lot creyó en Abraham, y Abraham dijo: «Emigro hacia mi Señor. Él es, ciertamente, el Poderoso, el Sabio»”. (Al-Ankabut: 16-26)
“Y Abraham siguió el camino de Noé. Cuando se presentó ante su Señor con un corazón íntegro. Cuando dijo a su padre y a su pueblo: «¿Qué son estas cosas a las que adoráis? ¿Acaso buscáis dioses inventados falsamente en lugar de Allah? ¿Qué opinión tenéis del Señor de los mundos?». Luego dirigió la mirada hacia las estrellas y dijo a la gente de su pueblo: «Estoy enfermo». Entonces ellos se marcharon, dejándolo atrás, hacia su feria. Después entró sigilosamente en el templo de sus ídolos y dijo: «¿Por qué no coméis ni bebéis? ¿Qué os pasa, que no habláis?». Luego se abalanzó sobre ellos y los golpeó con fuerza con la mano derecha.”
“La gente de su pueblo regresó corriendo hacia él. Él dijo: «¿Adoráis lo que vosotros mismos talláis? Allah os ha creado a vosotros y también lo que fabricáis». Dijeron: «Preparad un fuego para él y arrojadlo al fuego ardiente». Querían llevar a cabo una estratagema contra él, pero los humillamos. Y Abraham dijo: «Me dirijo hacia mi Señor», es decir, emigro. «Él me guiará»”. (As-Saffat: 83-99)
El profeta Abraham (la paz sea con él) fue presentado ante el rey del país, porque este se atribuía la condición de señor. Abraham no estaba dispuesto a reconocer como señor a nadie fuera de Allah. El Corán relata así la conversación que tuvo lugar entre ellos:
“Cuando Abraham dijo: «Mi Señor es Quien da la vida y causa la muerte», él respondió: «Yo también doy la vida y causo la muerte». Abraham dijo: «Bien, Allah hace que el sol salga por el este; hazlo salir tú por el oeste». Al oír esto, el incrédulo quedó desconcertado. (Al-Baqarah: 258)
Así, debido a su oposición al shirk y a su invitación al tawhid, la tierra natal de Ibrahim (la paz sea con él) se volvió estrecha para él, y abandonó su país, a su pueblo, a su familia e incluso a su propio padre, y partió para emigrar. Al marcharse, él y los creyentes que lo acompañaban dijeron claramente a su pueblo:
«Nos hemos apartado por completo de vosotros y de esos dioses vuestros a los que adoráis en lugar de Allah. Os rechazamos, y entre vosotros y nosotros han surgido la enemistad y el odio hasta que creáis en el Allah Único». (Al-Mumtahana: 4)
Asimismo, en el Corán se ha dicho que cuando el honorable Ibrahim (la paz sea con él) llegó a La Meca y construyó la Kaaba en el lugar que le había sido señalado, no lo hizo para convertirla en un templo de ídolos ni en un lugar de peregrinación para los idólatras, donde se adorara a otro que no fuera Allah y se ofrecieran sacrificios a otro que no fuera Allah.
(Árabe******************)
«Y recuerda cuando señalamos a Ibrahim el lugar de esta Casa (la Kaaba), diciéndole: “No asocies nada conmigo y mantén pura Mi Casa para quienes la circunvalan, se inclinan y se postran. Luego proclama entre la gente el Hayy, para que vengan a ti a pie y sobre camellos agotados, desde caminos lejanos, y obtengan los beneficios que hay para ellos. Después, en días determinados, mencionen el nombre de Allah sobre los animales que Él les ha concedido”». (Al-Hayy: 26-18)
Además, en el Corán se ha recordado a la gente cuál fue la súplica que el honorable Ibrahim (la paz sea con él) hizo por los habitantes de La Meca y por sus futuras generaciones.
(Árabe****************)
«¡Señor mío! Haz de esta ciudad una ciudad segura y apártame a mí y a mis hijos de la adoración de los ídolos. ¡Señor mío! Estos ídolos han extraviado a mucha gente. Quien me siga será de los míos, y quien se oponga a mi camino, Tú eres, ciertamente, Indulgente y Misericordioso». (Ibrahim: 35-36)
Este ejemplo relativo a Abraham resultaba demoledor para la columna vertebral de la religión de los quraysh y de los politeístas árabes. Podían lamentarse por ello, pero no podían negarlo, pues entre ellos estaba universalmente aceptado que Abraham (a.s.) no había sido politeísta ni adorador de ídolos. Él había construido la Kaaba únicamente para adorar a Allah, y el politeísmo se difundió entre los árabes mucho después. Su tradición conservaba el conocimiento de cuándo comenzó el politeísmo en La Meca y cuándo y de dónde fue traído cada ídolo. Por ello, el Corán invita públicamente a la gente diciendo:
(Árabe****************)
«Los más dignos de estar vinculados con Abraham son quienes siguen su camino, así como este Profeta (Muhammad, s.a.s.) y quienes creen. Y Allah es el Protector y Auxiliador de los creyentes». (Al Imrán: 68)
2. Prueba basada en el testimonio interior de los politeístas
La segunda prueba contundente del tawhid que se presenta es que, cuando una grave calamidad sobreviene a los politeístas y se enfrentan a la muerte o a la destrucción, olvidan entonces a todos sus dioses falsos y no dejan de invocar únicamente a Allah. El Sagrado Corán describe su estado de manera eficaz, despertando en ellos la conciencia de que en sus propios corazones existe la prueba de que el politeísmo es falso y el tawhid verdadero; una prueba que se manifiesta en el momento de la adversidad. Después, cuando ese momento pasa, tendéis sobre ella el velo de la negligencia. (4)
(Árabe*****************)
—Diles, oh Profeta: «Reflexionad un poco: si os sobreviene el castigo de Allah o llega vuestra hora final, ¿invocaríais a alguien aparte de Allah? Decidme, si sois veraces [respecto a vuestro politeísmo]. En ese momento invocáis únicamente a Allah. Luego, si Él quiere, aparta la calamidad por la que le invocabais para que os salvara, y olvidáis entonces a aquellos que asociabais con Él en la divinidad». (Al-An’am: 40-41)
Ikrimah (r.a.), hijo de Abu Yahl, tuvo la dicha de abrazar la fe después de observar estas señales. Cuando La Meca fue conquistada por el Profeta (s.a.s.), Ikrimah huyó hacia Yeddah y partió en un barco rumbo a Abisinia. En el trayecto se desató una tormenta terrible y la embarcación se vio en peligro. Al principio, suplicaron y rogaron pidiendo ayuda a todas las divinidades que conocían. Pero cuando aumentó la intensidad de la tormenta y los pasajeros estuvieron convencidos de que el barco se hundiría, todos comenzaron a decir: «Ahora, en este momento, no se puede invocar a nadie salvo a Allah. Solo si Él quiere podremos salvarnos». Entonces los ojos de Ikrimah se abrieron y su corazón declaró: «Si aquí no hay ningún auxiliador aparte de Allah, ¿por qué habría de haberlo en otro lugar? Esto es precisamente lo que ese siervo virtuoso de Allah nos ha estado explicando durante veinte años, mientras nosotros hemos estado disputando inútilmente con él».
Este fue un momento decisivo en la vida de Ikrimah (que Allah esté complacido con él). Entonces hizo a Allah la promesa de que, si sobrevivía a aquella tormenta, iría directamente ante Muhammad, que Allah le bendiga y le conceda la paz, y pondría su mano en la suya. En efecto, cumplió su promesa y posteriormente no solo se hizo musulmán, sino que pasó el resto de su vida haciendo yihad por el islam.(5)
Esta prueba se presenta en diversos lugares del Corán. Sin alargar el artículo, solo presentaremos la traducción de los versículos.
«Él es Allah, quien os conduce por tierra y por mar. Cuando os embarcáis y navegáis felizmente con viento favorable, luego se desata una violenta tormenta, las olas os golpean por todos lados y los pasajeros comprenden que están rodeados por la tempestad, todos invocan a Allah con una fe sincera, diciendo: “Si nos salvas de esta calamidad, seremos ciertamente siervos agradecidos contigo”. Pero cuando Él los salva, esas mismas personas se apartan del camino verdadero y comienzan a rebelarse en la tierra». (Yunus: 22-23)
«Vuestro verdadero Dios es Aquel que dirige vuestras naves en el mar para que podáis buscar Su favor, es decir, vuestro sustento. En verdad, Él es muy bondadoso con vosotros. Y cuando os sobreviene una calamidad en el mar, desaparecen todos aquellos a quienes invocáis aparte de Él. Pero cuando Él os salva y os lleva a tierra firme, os apartáis de Él. El ser humano es verdaderamente ingrato». (Los Hijos de Israel: 66-67)
«Y cuando las personas sufren alguna aflicción, se vuelven hacia su Señor y Le invocan. Luego, cuando Él les hace probar algo de Su misericordia, un grupo de ellos comienza de repente a asociar otros con su Señor (es decir, empiezan a ofrecer sus votos y ofrendas a otros dioses). Así muestran ingratitud por el favor que les he concedido». (Los Romanos: 32)
«Y cuando una desgracia aflige a una persona, se vuelve hacia su Señor y Le invoca. Luego, cuando su Señor la colma de Sus bendiciones, olvida la desgracia por la que antes Lo había invocado y empieza a considerar a otros iguales a Allah, para desviar a la gente de Su camino». (Las Multitudes: 8)
Es decir, no se limita a extraviarse él mismo, sino que también extravía a otros diciéndoles: «La calamidad que me sobrevino desapareció porque hice un voto y ofrecí un sacrificio a tal santo, a tal piadoso o a tal dios o diosa». Así, muchas otras personas se apegan a dioses imaginarios aparte de Allah, y todo ignorante, al relatar una y otra vez su experiencia de este modo, continúa alimentando el extravío de las masas.(7)
En diversos lugares del Corán se ha golpeado así en lo más profundo a los idólatras y se ha despertado en ellos el sentimiento latente del tawhid. La tierra de Arabia estaba llena de calamidades. La inseguridad general del país era motivo de gran preocupación para todos. En ninguna parte, ni siquiera a grandes distancias, existían medios para obtener medicamentos o tratamiento contra las enfermedades.
En las terribles tormentas de polvo del desierto, la gente perdía el conocimiento. En tales circunstancias, todo idólatra se enfrentaba alguna vez en su vida a una calamidad semejante, de modo que, desesperado por todos lados, extendía sus manos en súplica ante el Dios único, sin asociados, y pensaba que, en ese momento, nadie salvo el Ser Sagrado podía ayudarlo. Esto ocurría especialmente durante los viajes por mar. Esta situación se vio claramente cuando Abrahá atacó a los propios quraysh. Abandonando a todos los dioses falsos, invocaron únicamente a Allah para pedirle ayuda. En la época de la revelación del Corán aún vivían muchas personas que habían sido testigos presenciales de aquel acontecimiento. En la sura Al-Fil se les llama la atención precisamente sobre esto con las palabras: «En aquel momento, aparte de vuestro verdadero Señor, ¿quién había que, aniquilando a los sesenta mil agresores, os salvara de la destrucción?». Y en la sura Quraysh se les llama la atención sobre lo mismo con estas palabras: «Adorad a ese Dios Majestuoso en cuya Casa encontrasteis refugio y os salvasteis de la destrucción, y gracias a quien obtuvisteis en Arabia esta seguridad, estabilidad y bienestar. El Benefactor es Allah, no esos dioses que habéis reunido en Su Casa y de los que vosotros mismos sabéis que no podían salvaros de la destrucción.»
3. Pruebas extraídas del orden natural
Además de las dos pruebas anteriores, el Corán presenta, en numerosos pasajes y mediante un análisis detallado de todo el orden del universo, un argumento sumamente contundente: el Creador de todo este universo es uno y solo puede ser uno. Aquí también presentaremos únicamente la traducción de los versículos.
«¡Oh, gente! Adorad a vuestro Señor, quien os creó a vosotros y a quienes existieron antes que vosotros, para que podáis salvaros. Ese Señor hizo para vosotros la tierra como un lecho y el cielo como un techo; hizo descender agua del cielo y, mediante ella, produjo toda clase de frutos que se convirtieron en vuestro sustento. Por tanto, no atribuyáis deliberadamente iguales a Allah.» (Al-Báqara: 21-22)
«Entre Sus signos está que os creó de tierra; luego os dispersasteis por la tierra convertidos en seres humanos. Y entre Sus signos está que creó para vosotros esposas de vuestra propia especie, para que encontréis tranquilidad junto a ellas, y puso entre vosotros amor y misericordia. Ciertamente, en ello hay signos para quienes reflexionan. Y entre Sus signos están la creación de los cielos y la tierra, y la diversidad de vuestras lenguas y colores. Sin duda, en ello hay muchos signos para los sabios. Y entre Sus signos están vuestro sueño durante la noche y el día, y vuestra búsqueda del sustento por Su favor. Ciertamente, en ello hay un signo para quienes escuchan atentamente. Y entre Sus signos está que os muestra el relámpago, inspirando temor y esperanza, y hace descender agua del cielo, con la cual da vida a la tierra muerta. Ciertamente, en ello hay muchos signos para quienes razonan. Y entre Sus signos está que los cielos y la tierra se mantienen firmes por Su mandato. Luego, cuando os llame desde la tierra, saldréis súbitamente al oír una sola llamada. Suyos son todos los que hay en los cielos y en la tierra; todos son Sus siervos y están sometidos a Él. Él inicia la creación y Él la repetirá; eso le resulta aún más fácil. A Él pertenecen los atributos más sublimes en los cielos y en la tierra, y Él es el Poderoso, el Sabio.» (Ar-Rum: 20-27)
«En verdad, vuestro Señor es Allah, quien creó los cielos y la tierra en seis días y luego se estableció sobre el Trono (el trono del reino de la creación). Él hace que la noche cubra el día, mientras este la sigue rápidamente; creó el sol, la luna y las estrellas, todos sometidos a Su mandato. ¡Atención! Suyas son la creación y la orden. Bendito sea Allah, Señor y Sustentador de todos los mundos.» (Al-A‘raf: 54)
«Glorificado sea Aquel que creó parejas de todas las clases: de lo que produce la tierra, de la propia humanidad y de aquello que ellos no conocen. Y para ellos hay un signo en la noche: retiramos de ella el día y entonces quedan sumidos en la oscuridad. Y el sol se desplaza hacia su lugar de destino; ese es el cálculo establecido por el Poderoso, el Omnisciente. Y para la luna hemos determinado fases, hasta que vuelve a parecerse a una rama seca de palmera. No corresponde al sol alcanzar a la luna, ni la noche puede adelantarse al día. Todos navegan en el espacio. Y para la gente hay también un signo en que transportamos a sus descendientes en una nave cargada, y creamos para ellos otras semejantes en las que viajan. Si quisiéramos, podríamos ahogarlos; entonces no habría nadie que escuchara su súplica ni pudiera salvarlos de modo alguno. Pero los salvamos por una misericordia Nuestra y les permitimos disfrutar de la vida durante un tiempo determinado.» (Ya-Sin: 36-44)
«Su mandato, cuando quiere algo, consiste únicamente en decirle: “¡Sé!”, y es. Por tanto, glorificado sea Aquel en cuya mano está el dominio absoluto de todas las cosas, y hacia Él seréis devueltos.» (Ya-Sin: 81-83)
«Oh, Muhammad, di: ¿Acaso buscaré otro señor aparte de Allah, cuando Él es el único Señor de todas las cosas?» (Al-An‘am: 164)
«No hay criatura que se desplace por la tierra cuyo sustento no esté a cargo de Allah, y Él sabe dónde se encuentra y dónde será depositada después de morir. Todo está registrado en un Libro.» (Hud: 6)
«Él es quien creó los cielos y la tierra en seis días y luego se estableció sobre el Trono. Él conoce lo que entra en la tierra y lo que sale de ella, así como lo que desciende del cielo y lo que asciende hacia él. Está con vosotros dondequiera que estéis y ve todo cuanto hacéis. A Él pertenece el reino de los cielos y de la tierra, y todos los asuntos son devueltos a Allah para su decisión final. Él hace que la noche se transforme en día y el día en noche, y conoce perfectamente los estados de los corazones.» (Al-Hadid: 4-6)
«Él es quien administra todos los asuntos de los cielos y de la tierra. Luego, el informe de estos asuntos asciende hasta Él en un día cuya duración, según vuestro cómputo, es de mil años. Él conoce lo oculto y lo manifiesto. Es Todopoderoso y Misericordioso.»
«Él perfeccionó todo cuanto creó. Comenzó la creación del ser humano a partir de la tierra. Luego continuó su descendencia a partir de una sustancia semejante a un agua vil.» (As-Sajdah: 5-8)
«Allah es el único que hace germinar la semilla y el hueso del fruto. Él extrae lo vivo de lo muerto y extrae lo muerto de lo vivo. Ese es Allah, quien realiza todas estas cosas. ¿Cómo, entonces, os apartáis de la verdad? Él hace despuntar el alba al rasgar la oscuridad de la noche, y ha hecho de la noche un medio de sosiego. Ha establecido el cálculo de las salidas y puestas del sol y de la luna. Esa es la determinación del Poderoso, el Omnisciente. Y Él es quien ha dispuesto para vosotros las estrellas como medio para encontrar el camino en la oscuridad de la tierra y del mar. Mirad, hemos expuesto claramente los signos para quienes poseen conocimiento. Y Él es quien os creó a partir de una sola persona. Luego, para cada uno hay un lugar de permanencia y un lugar de retorno. Hemos explicado claramente estos signos para quienes comprenden y actúan con entendimiento.» (Al-An‘am: 95-98)
«Di a ellos: ¿Quién posee autoridad alguna para revocar la decisión de Allah respecto a vosotros, si Él desea causaros un daño o concederos un bien?» (Al-Fath: 11)
«Y si Allah desea afligirte con una desgracia, nadie aparte de Él puede apartarla; y si desea concederte un bien, nadie puede impedir Su favor.» (Yunus: 107)
«No hay nadie que pueda cerrar el camino de misericordia que Allah abre para la gente, ni nadie que pueda abrir el que Él cierra… ¿Acaso existe algún creador aparte de Allah que os provea del sustento de los cielos y de la tierra? No hay dios sino Él. Entonces, ¿de dónde os dejáis engañar?» (Fátir: 2-3)
«Si hubiera otros dioses en los cielos y en la tierra aparte de Allah, el orden de los cielos y de la tierra se habría desquiciado. Allah, Señor del Trono, está libre y es puro de todo cuanto le atribuyen. Él no debe responder ante nadie por lo que hace, mientras que todos deberán responder ante Él. ¿Acaso han tomado dioses aparte de Él? Diles: “Presentad vuestra prueba”.» (Al-Anbiya: 22-24)
«Allah no ha tomado a nadie como hijo, ni existe junto a Él otro dios. Si así fuera, cada dios se habría separado con su creación y unos habrían prevalecido sobre otros. Él es puro de todo cuanto le atribuyen.» (Al-Muminún: 91)
«Diles: “Si hubiera otros dioses junto a Él, como dicen, ciertamente intentarían llegar hasta el Señor del Trono. Él es puro, inmensamente sublime y superior a todo cuanto dicen”.» (Bani Israil: 42-43)
Estos son algunos de los versículos en los que se presentan pruebas tan sólidas del tawhid que cualquiera que posea siquiera un mínimo de conocimiento y entendimiento no puede dejar de reconocer que el vasto sistema de la creación, desde la tierra hasta el cielo, no puede funcionar sino bajo un solo Dios. Estas cosas han sido creadas porque Él las creó, y todo funciona porque Él lo dirige. La sabiduría, el conocimiento, el poder, la misericordia, la compasión y la capacidad de sustentar; el orden y la regularidad (); y la armonía que se observa entre las innumerables clases de criaturas del universo dejan claro que nada de esto puede existir sin el señorío de un solo Dios. No hay posibilidad de que ninguna otra persona posea siquiera la más mínima autoridad o poder divino. De lo contrario, este sistema jamás podría funcionar con tanta regularidad, sabiduría y armonía. Ahora bien, está claro que Él es el Creador, que Él es quien provee el sustento, que a Él pertenece la autoridad para conceder beneficios y causar perjuicios, y que Él es el dueño de todo poder y autoridad. Entonces, ¿quién más tiene derecho a ser adorado? Además, ¿cómo podría ejercerse el mandato y el gobierno de otro bajo el dominio de Su creación? Cuando una persona adora a alguien, lo hace creyendo que posee alguna clase de poder y autoridad, y que tiene la capacidad de conceder beneficios y causar perjuicios. Pero cuando llega a saber que no posee ningún poder ni autoridad, nadie puede ser tan necio e insensato como para adorarlo sin motivo.
4. Argumentos para refutar el shirk
Así como el tawhid ha sido demostrado en el Corán con argumentos contundentes, también se han presentado argumentos igualmente contundentes para refutar el shirk. De este modo, el shirk ha quedado hecho añicos. Aquí también presentaremos únicamente la traducción de los versículos coránicos.
«Prestad atención: todo cuanto hay en los cielos y en la tierra pertenece a Allah. Y quienes invocan a otros asociados aparte de Allah siguen meras conjeturas y se entregan tan solo a la fantasía.» (Yunus: 66)
«Aparte de Él, aquellos a quienes adoráis no son nada. No son más que nombres que vosotros y vuestros antepasados habéis puesto. Allah no ha hecho descender ninguna autoridad respecto a que sean asociados de Dios.» (Yusuf: 140)
«Por tanto, no albergues ninguna duda acerca de los ídolos que ellos adoran. Ellos no hacen sino adorar exactamente como adoraban sus antepasados.» (Hud: 109)
«Y cuando se les dice: “Seguid lo que Allah ha revelado”, responden: “Seguiremos aquello que vimos seguir a nuestros antepasados”. ¿Acaso seguirán ciegamente a sus antepasados, aunque Satanás los llame al castigo del fuego ardiente?» (Luqman: 21)
«¿Acaso les habíamos dado antes un Libro cuya autoridad conservaran para justificar la adoración de los ángeles? No; por el contrario, dicen: “Vimos a nuestros antepasados seguir un método, y seguiremos sus huellas”. Del mismo modo, cada vez que enviamos a un amonestador antes de ti a alguna ciudad, sus habitantes acomodados decían: “Vimos a nuestros antepasados seguir un método, y seguiremos sus huellas”. Cada profeta les preguntaba: “¿Y si os trajera una guía más correcta que aquella por la que visteis caminar a vuestros antepasados?”. Todos respondían a los profetas: “Negamos aquello para lo que habéis sido enviados: llamarnos a esa religión”.» (Az-Zujruf: 21-24)
«Adoran, aparte de Allah, aquello para lo que Allah no ha hecho descender ninguna autoridad que demuestre que son divinidades. Tampoco poseen conocimiento alguno de ello.» (Al-Hajj: 71)
En estos versículos y en otros semejantes se declara claramente que los idólatras no poseen ninguna prueba para considerar a otros asociados de Dios ni dignos de adoración. Simplemente siguen ciegamente a sus antepasados. Basándose únicamente en conjeturas y suposiciones, creen que ciertas entidades han obtenido una parte del dominio y poder divinos, y que por ello cumplen sus deseos. Sin embargo, Dios jamás les ha dicho, de ninguna manera, que haya concedido a determinada entidad una parte de Su dominio. No poseen ningún conocimiento directo de que algún venerable santo o alguna divinidad haya obtenido alguno de los poderes de Dios. Asimismo, el Corán presenta repetidamente pruebas de que el politeísmo es falso e irreal.
«¿Quién ha creado los cielos y la tierra y hace descender para vosotros agua del cielo, con la que luego hacemos crecer jardines hermosos cuyos árboles no podríais hacer crecer? ¿Acaso hay otra divinidad junto a Allah que participe en estas obras? No. Sin embargo, esta gente se desvía del camino recto. ¿Y quién hizo de la tierra un lugar habitable, puso ríos en ella, fijó montañas firmes en ella y estableció una barrera entre las dos masas de agua, la dulce y la salada? ¿Hay otra divinidad junto a Allah que participe en estas obras? No; la mayoría de ellos no tiene conocimiento. ¿Quién responde a la súplica del afligido cuando lo invoca y alivia su sufrimiento? ¿Quién os ha hecho sucesores en la tierra? ¿Hay otra divinidad junto a Allah que participe en estas obras? ¡Qué poco reflexionáis! ¿Quién os guía en las tinieblas de la tierra y del mar? ¿Quién envía los vientos como anuncio previo de Su misericordia? ¿Hay otra divinidad junto a Allah que haga estas cosas? Allah está por encima y es muy superior a aquello que Le asocian. ¿Quién inicia la creación y luego la repite? ¿Quién os sustenta desde el cielo y la tierra? ¿Hay otra divinidad junto a Allah que participe en estas obras? Diles: “Presentad vuestra prueba, si sois veraces en vuestro politeísmo”.» (An-Naml: 60-64)
«Bendito sea Aquel que hizo descender el Furqán sobre Su siervo, para que fuera un amonestador para todos los habitantes del mundo. A Él pertenece el reino de los cielos y de la tierra; no ha tomado ningún hijo ni tiene asociado alguno en Su reino. Él ha creado todas las cosas y les ha asignado su medida. Sin embargo, los seres humanos han tomado, aparte de Él, divinidades que no crean nada, sino que ellas mismas han sido creadas; que no tienen poder para causar beneficio ni perjuicio; que no pueden dar la muerte ni dar la vida, ni resucitar a los muertos.» (Al-Furqán: 1-3)
Después de exponer, en las aleyas 3 a 16 de la sura An-Nahl, muchas de las obras de creación de Allah el Altísimo, se dice: «¿Acaso pueden ser iguales quien crea y quien no puede crear absolutamente nada? ¿No recobraréis el juicio y la conciencia?» (aleya 17)
«(Oh, Profeta,) pregúntales: “¿Quién es el Señor de los cielos y de la tierra?”. Di: “Allah”. Luego pregúntales: “¿Habéis tomado, aparte de Él, a otros como señores, que no tienen poder sobre su propio beneficio ni perjuicio?”. Diles: “¿Acaso pueden ser iguales el ciego y el vidente? ¿Pueden ser iguales la luz y las tinieblas?”. ¿Acaso aquellos a quienes han considerado asociados de Allah han creado algo semejante a lo que Él creó, de modo que la creación les resulte confusa? Diles: “Allah es el Creador de todas las cosas y Él es el Único, el Victorioso sobre todos”.» (Ar-Ra‘d: 16)
«¡Oh, Profeta! Diles: “¿Habéis visto a esos asociados vuestros a quienes invocáis aparte de Allah? Decidme: ¿qué han creado en la tierra? ¿O tienen alguna participación en los cielos? ¿O acaso les hemos dado un Libro en virtud del cual poseen alguna prueba para su politeísmo?”. Nada de eso. Más bien, estos injustos solo se ofrecen unos a otros engañosas promesas.» (Fátir: 40)
«Y si les preguntas quién creó los cielos y la tierra, seguramente dirán: “Allah”. Diles: “¿Qué os parece? Si Allah quisiera causarme algún daño, ¿podrían vuestras divinidades —aquellas a quienes invocáis aparte de Allah— librarme del daño que Él enviara? O, si quisiera concederme misericordia, ¿podrían ellas impedir Su misericordia?”. Si no pueden afirmar que son capaces de hacerlo, diles: “Allah me basta. En Él ponen su confianza quienes confían”.» (Az-Zumar: 38)
Los politeístas decían: «Nuestros señores son nuestro medio para acercarnos a Allah y nuestros intercesores ante Él». Por eso los adoramos. Les suplicamos, los invocamos para pedirles ayuda, para que nos auxilien, nos beneficien y nos protejan del daño. El Corán también refutó detalladamente esta creencia suya.
«Estos adoran, aparte de Allah, a quienes no pueden causarles ningún beneficio ni perjuicio, y dicen: “Estos son nuestros intercesores ante Allah”. (Oh, Profeta,) diles: “¿Acaso informáis a Allah de algo que Él no conoce en los cielos ni en la tierra?”. ¡Glorificado y exaltado sea Él por encima del politeísmo que practican!» (Yunus: 18)
Y quienes, aparte de Allah, han tomado para sí otros protectores dicen: «Solo los adoramos para que nos acerquen a Allah». «Allah juzgará entre ellos acerca de aquello sobre lo que discrepan. Allah no guía a quien es mentiroso y niega la verdad.» (Az-Zumar: 13)
«Estos han tomado, aparte de Allah, otros dioses para que los auxilien. Nadie podrá auxiliarlos. Todos ellos repudiarán su adoración y, en la otra vida, se convertirán en sus adversarios.» (Maryam: 81-82)
«Estas personas han establecido otros dioses aparte de Allah y esperan que estos los ayuden. Pero ellos no pueden ayudarles en absoluto. Más bien, estas personas se han convertido, por el contrario, en un ejército permanente a su servicio (gracias al cual continúa su divinidad)». (Yasin: 74-75)
«¿Quién puede interceder ante Allah sin Su permiso?». (Al-Báqara: 55)
«¡Oh, Profeta! Diles a estos politeístas: “Llamad a aquellos a quienes consideráis vuestros señores aparte de Allah. No poseen ni siquiera la más insignificante cosa, ni en los cielos ni en la tierra; no tienen participación alguna en el dominio de los cielos y la tierra, ni hay entre ellos quien sea auxiliar de Allah. Y ante Allah la intercesión no servirá de nada, salvo en el caso de aquel a quien Allah haya concedido permiso para interceder y por quien haya permitido que se interceda”». (Saba: 22-23)
«¿Quién puede estar más extraviado que aquel que invoca, aparte de Allah, a quienes no pueden responderle hasta el Día de la Resurrección, y que ni siquiera son conscientes de que esas personas les suplican? Y cuando la gente sea reunida en la Resurrección, ellos serán enemigos de quienes los invocaban y negarán su adoración». (Al-Ahqaf: 5-6)
«Invocar a Allah es lo correcto. En cambio, aquellos a quienes invocan aparte de Allah no pueden responder en absoluto a sus invocaciones. El ejemplo de invocarlos es como el de alguien que extiende las manos hacia el agua y le pide: “Ven a mi boca”. Sin embargo, el agua no puede llegar hasta él. Así también la súplica de los incrédulos es vana: no es más que una flecha disparada sin dar en el blanco». (Ar-Ra‘d: 14)
«El ejemplo de quienes han tomado como protectores a otros aparte de Allah es como el de la araña: se construye una casa, pero, de todas las casas, la más débil es la casa de la araña. ¡Si tan solo tuvieran conocimiento!». (Al-Ankabut: 41)
«¡Oh, gente! Se os presenta un ejemplo; escuchadlo atentamente. Aquellos a quienes invocáis aparte de Allah no han creado ni siquiera una mosca. Aunque todos se reunieran para hacerlo, no podrían. Y si la mosca les arrebatara algo, tampoco podrían recuperarlo. Tanto quienes piden ayuda como aquellos a quienes se les pide ayuda son débiles. No han valorado a Allah como corresponde. La verdadera realidad es que el Poderoso y Omnipotente es únicamente Allah». (Al-Hayy: 73-74)
«¿Acaso consideran socios de Allah a quienes no han creado nada, mientras que ellos mismos han sido creados? No pueden ayudarles ni tampoco son capaces de ayudarse a sí mismos». (Al-A‘raf: 191-192)
Después de mencionar, desde la aleya 65 hasta la aleya 72 de la sura An-Nahl, la gracia, la misericordia y las bendiciones de Allah Todopoderoso hacia los seres humanos, se dice:
“¿Acaso la gente, aun viendo y escuchando todo esto, acepta la falsedad y niega la gracia y la misericordia de Allah Todopoderoso? Y adoran, aparte de Allah, a quienes no tienen autoridad para proveerles sustento ni desde el cielo ni desde la tierra; y tampoco pueden hacerlo.” (An-Nahl: 72-73)
“¿Acaso han tomado, aparte de Allah, a ciertas entidades como intercesoras? Diles: ¿Acaso intercederán aunque no tengan autoridad sobre nada y aunque no comprendan? Di: Toda la cuestión de la intercesión está bajo la autoridad de Allah. A Él pertenece el reino de los cielos y de la tierra. Después, a Él seréis devueltos.” (Az-Zumar: 43-44)
“Destruimos muchas ciudades que se encontraban a vuestro alrededor. Les enviamos signos y se los explicamos de diversas maneras, para que regresaran al camino recto. Entonces, ¿por qué no los ayudaron aquellas entidades que habían tomado como divinidades, aparte de Allah, considerándolas medios para acercarse a Allah? Por el contrario, se apartaron de ellos cuando llegó el castigo. Este fue el resultado de sus falsas y fantasiosas creencias que habían inventado.” (Al-Ahqaf: 27-28)
Después de describir, desde la aleya 11 hasta la aleya 13 de la sura Fatir, la maravillosa omnipotencia de Allah Todopoderoso, se dice: “Ese es Allah, vuestro Señor, por medio de quien se realizan todas estas obras. Suyo es únicamente el reino. Aquellos a quienes invocáis aparte de Él no poseen ni siquiera una cosa del tamaño de una brizna. Si los invocáis, no oirán vuestra invocación; y aunque la oyeran, no podrían responderos. Y el Día de la Resurrección negarán vuestro politeísmo.” (Fatir: 13-14)
“Allah juzga con verdad. En cuanto a aquellos a quienes estos politeístas invocan aparte de Allah, no pueden decidir nada. En verdad, Allah es quien todo lo oye y todo lo ve.” (Al-Mu’min: 20)
Después se dice a la gente que quien busca honor no necesita buscar la ayuda de ninguna fuerza auxiliadora, ni un intercesor, ni un medio para acercarse a Allah, ni presentar ofrendas votivas. Solo hay un medio—
(Árabe*****************)
Quienquiera que desee honor y dignidad debe saber que todo el honor pertenece a Allah. A Él ascienden únicamente las palabras puras, y las obras piadosas las elevan. (Fátir: 10)
Los politeístas han afirmado que Allah tiene un hijo, consideran a los ángeles hijas de Allah y los adoran. El Corán refuta esta afirmación con palabras severas y demuestra la vacuidad de esta creencia.
Estas personas han convertido a los yinnes en asociados de Allah, aunque Él los creó. Y, sin conocimiento alguno, han inventado para Él hijos e hijas. Él está por encima y es infinitamente exaltado respecto de lo que dicen. Él es el Originador de los cielos y de la tierra. ¿Cómo podría tener descendencia si no tiene esposa? Él ha creado todas las cosas y tiene conocimiento de todas ellas. Este es Allah, vuestro Señor; no hay más dios que Él. Él es el Creador de todo. Adoradlo, pues. Él vela por todas las cosas. (Al-An‘am: 100-102)
«Dicen: “El Misericordioso tiene un hijo”. ¡Glorificado sea Allah! Ellos, es decir, los ángeles, son siervos honrados; no hablan en voz alta ante Él, sino que obedecen Su mandato. Él sabe lo que tienen delante y también conoce aquello que escapa a su conocimiento. No interceden sino por aquel en cuyo favor Allah acepta que se interceda. Y ellos sienten temor de Allah. Si alguno de ellos dijera: “Yo también soy un dios aparte de Allah”, le haríamos probar el castigo del Infierno. Así recompensamos a los injustos». (Al-Anbiya: 26-29)
«Estas personas han considerado a algunos de Sus siervos como parte de Él. En verdad, el ser humano es manifiestamente ingrato. ¿Acaso Allah ha escogido hijas entre Sus criaturas y os ha favorecido con hijos? Sin embargo, cuando se anuncia a alguno de ellos el nacimiento de aquello que atribuyen al Misericordioso, su rostro se ensombrece y se llena de angustia. ¿Acaso se atribuye a Allah una descendencia que se cría con adornos y que, al discutir, no puede expresar claramente sus argumentos? ¿Han presenciado la creación de los ángeles, siervos del Misericordioso, a quienes consideran mujeres? Su testimonio será registrado y tendrán que responder por ello». (Az-Zujruf: 15-19)
«Pregúntales entonces si sus corazones aceptan que vuestro Señor tenga hijas, mientras que ellos tendrían hijos. ¿Acaso hemos creado a los ángeles como mujeres? ¿Y fueron testigos de ello? Escuchad bien: en realidad, están inventando la afirmación de que Allah tiene un hijo; ciertamente, son mentirosos.
¿Acaso Allah ha escogido para Sí hijas en vez de hijos? ¿Qué os pasa? ¿Qué clase de juicio estáis formulando? ¿Es que no recobráis el sentido? Si tenéis alguna prueba de ello, presentad el libro que la contiene, si sois veraces». (As-Saffat: 149-157)
«¿Habéis reflexionado alguna vez sobre la realidad de Al-Lat, Al-‘Uzza y Manat, la tercera, la otra diosa? ¿Para vosotros los hijos y para Allah las hijas? ¡Esa es una distribución sumamente injusta! No son más que nombres que vosotros y vuestros antepasados habéis inventado. Allah no ha hecho descender ninguna prueba sobre ellos, mediante la cual hubiera declarado que son Mis hijas. En realidad, estas personas siguen únicamente la superstición y las conjeturas, y se han convertido en esclavas de sus deseos, aunque les ha llegado la guía de parte de su Señor». (An-Naym: 19-23)
Al refutar uno por uno los diversos aspectos del shirk, el Corán también dijo a los idólatras que lo único que hacéis por vuestros dioses es presentarles ofrendas, continuar celebrando ritos de adoración y suplicarles que sigan cumpliendo en este mundo vuestros deseos. No tenéis ningún dios que os indique cuáles son los principios correctos y cuáles los erróneos para llevar la vida mundana, ni qué camino es correcto y cuál es falso. Ahora bien, si alguien merece ser adorado, solo puede ser Aquel que también guía el camino de Sus siervos y adoradores.
«Pregúntales: “¿Hay entre vuestros asociados designados alguno que guíe hacia la verdad?”. ¿Acaso es más digno de ser seguido quien guía hacia la verdad, o quien no encuentra el camino por sí mismo? Si alguien lo guía, eso ya es otra cuestión. La realidad es que la mayoría de ellos sigue conjeturas y suposiciones. Pero las conjeturas no pueden satisfacer en absoluto la necesidad de la verdad». (Yunus: 36)
De este modo, mediante argumentos y pruebas, se erradicó por completo el shirk y se advirtió claramente a la gente de que el shirk es un pecado que Allah jamás perdona mientras la persona no se arrepienta de él. Por mucho que una persona realice buenas obras, según su propia opinión, junto con este pecado, todas quedarán anuladas.
«Allah jamás perdona el pecado de asociarle copartícipes. Aparte de eso, puede perdonar los demás pecados si así lo quiere. Quien atribuya a Allah un asociado habrá cometido una enorme calumnia y un pecado gravísimo». (Nisa: 48)
«¡Oh, Muhammad! Diles: “¡Entonces, oh ignorantes!, ¿me pedís que adore a alguien distinto de Allah?”. Sin embargo, se les había revelado a vosotros, así como a los profetas anteriores a vosotros: “Si cometéis shirk, todas vuestras obras serán anuladas y seréis de los perdedores. Adorad, pues, únicamente a Allah y sed de los siervos agradecidos”». (Zumar: 64-66)
5. Las exigencias del tawhid
Además de demostrar claramente que el tawhid es verdadero y que el shirk es falso en todos sus aspectos, el Corán también expone con toda claridad que, después de reconocer a Allah como el único Señor y Dios, sin asociado alguno—
(1) se vuelve indispensable no adorar ni rendir culto a nadie fuera de Allah.
(Árabe***************)
—He creado a los genios y a los seres humanos no para que adoren a nadie más, sino para que adoren únicamente a Mí. (Adh-Dhariyat: 56)
(Árabe*******************)
—No os postréis ante el sol ni ante la luna; más bien, postraos ante Allah, quien os creó, si verdaderamente adoráis únicamente a Él. (Fussilat: 37)
(Árabe***************)
(¡Oh, Muhammad!) Te hemos revelado este Libro con la verdad. Adora, pues, a Allah, consagrando exclusivamente para Él la religión. ¡Cuidado! La religión pura pertenece exclusivamente a Allah. (Az-Zumar: 2-3)
(Árabe*****************)
—Di: «Se me ha prohibido adorar a aquellos a quienes invocáis aparte de Allah». (Al-Mu’min: 66)
(2) También se vuelve indispensable que no se invoque a nadie excepto a Allah. No se debe pedir ayuda a nadie considerándolo, de manera sobrenatural, proveedor de las necesidades y ejecutor de las tareas.
(Árabe**************)
—¡Oh, Allah! Solo a Ti adoramos y solo a Ti pedimos ayuda.
(Árabe****************)
—Y no invoques para pedir ayuda a nadie aparte de Allah, que no puede beneficiarte ni perjudicarte.
(Árabe****************)
—Y no invoques para pedir ayuda a ninguna otra divinidad junto con Allah. Fuera de Él, no existe ninguna divinidad verdadera.
(Árabe****************)
—Y vuestro Señor dice: «Invocadme y os responderé». Quienes, llenos de soberbia, se apartan de Mi adoración entrarán en el Infierno humillados. (Al-Mu’min: 60) [Este versículo deja claro que el sentido de la súplica y el de la adoración es el mismo. Quien suplica a alguien, en realidad lo adora. —El autor]
(Árabe*****************)
Y cuando Mis siervos te pregunten por Mí, diles que estoy cerca. [Es decir, no se necesita ningún intermediario para suplicarme. Yo escucho directamente las súplicas. —El autor] Cuando quien suplica Me invoca, respondo a su súplica. (Al-Báqara: 186) [Responder no significa que quien suplica vaya a oír la respuesta; significa, más bien, que Yo tomo medidas en respuesta a todas las peticiones y ruegos. —El autor]
(3) También es indispensable no atribuir a nadie aparte de Allah el atributo de «Alim al-Gaib». No se puede creer de ninguna otra persona que conozca todos los misterios ocultos y manifiestos del universo creado y que posea conocimiento de cada asunto, desde el pasado hasta el futuro.
(árabe**************)
Di: entre quienes están en los cielos y en la tierra, nadie conoce lo oculto excepto Allah. (An-Naml: 65)
(Árabe****************)
—En Sus manos están las llaves de lo oculto; nadie las conoce excepto Él. Él conoce todo cuanto hay en la tierra y en el mar. Sabe cuándo cae una hoja de un árbol. No hay semilla en las profundidades de la tierra, en la oscuridad absoluta, ni nada seco o húmedo que no esté registrado en un libro claro. (Al-An’am: 59)
(4) También es necesario que no se sacrifique ni se ofrezca ningún animal en nombre de nadie aparte de Allah ni en ningún santuario. Será ilícito todo animal cuyo sacrificio no se haya realizado invocando el nombre de Allah, o en el que se haya invocado junto al de Allah el nombre de otra persona. El Corán declara claramente en cuatro lugares que es ilícito todo animal cuyo sacrificio se haya realizado invocando el nombre de alguien aparte de Allah (Al-Báqara: 173; Al-Má’ida: 3; Al-An’am: 145; An-Nahl: 115). En la sura Al-Má’ida también se explica detalladamente que los animales sacrificados en los santuarios que los idólatras habían construido para ofrecer sacrificios votivos a alguien aparte de Allah son igualmente ilícitos. (Versículo: 3)
Después, en Al-An’am se dice claramente:
(Árabe******************)
«Comed, pues, de la carne de aquellos animales sobre los que se haya pronunciado el nombre de Allah (al sacrificarlos).
(Árabe****************)
Y no comáis de la carne de ningún animal sobre el que no se haya pronunciado el nombre de Allah (al sacrificarlo), pues eso es rebeldía contra Dios.»
(5) También es indispensable reconocer que el Dios cuya soberanía y autoridad sobre todo el universo creado deben aceptarse en todos los asuntos humanos (la moralidad, la civilización, la cultura, la vida social, la política, la economía, la legislación y la administración de justicia, la guerra y la paz, entre otros) es el único cuya ley será la ley; nadie tendrá derecho a promulgar leyes frente a Él. Lo que Él ha declarado haram será haram, y lo que Él ha declarado halal será halal. Nadie tiene derecho a determinar por iniciativa propia qué es halal y qué es haram. El ser humano, individualmente o como grupo, no ejercerá libremente su voluntad, ni aceptará leyes elaboradas según la voluntad de alguien distinto del Dios único. La autoridad para decidir sobre todos los asuntos humanos pertenece a Allah, no a Sus siervos.
(Árabe**************)
Cualquier asunto en el que discrepéis entre vosotros, corresponde a Allah decidirlo. (As-Shura: 10)
(Árabe****************)
¿Acaso estas personas tienen asociados de Dios que les han prescrito una ley religiosa semejante a su religión, sin que Dios lo haya permitido? (Shura: 21)
De esta aleya queda claro que por «asociados» no se alude aquí a aquellos a quienes se dirigen las súplicas, a quienes se ofrecen votos y ofrendas, ni ante quienes se celebran actos de adoración. Más bien, necesariamente se refiere a aquellas personas a quienes la gente considera asociadas a Dios en materia de mando y gobierno. Son aquellos cuyas ideas, creencias, doctrinas y filosofías la gente acepta; cuyos valores adopta; cuyos principios morales, civilización y cultura reconoce como modelo; y cuyas leyes, métodos de acción y tradiciones adopta en sus actos religiosos, su vida personal, la sociedad, la cultura, los negocios y las transacciones, los tribunales, la política y la administración del gobierno, de tal manera que todo ello parece ser su propia sharía, cuyo seguimiento están obligados a observar. (8)
(Árabe****************)
Han tomado como señores, aparte de Allah, a sus eruditos y ascetas sufíes, y también al Mesías, hijo de María. Sin embargo, sólo se les ordenó adorar a un único Allah, aparte de quien nadie tiene derecho a ser adorado. Él está libre y purificado de aquello que asocian con Él. (At-Tawba: 21)
Se relata en un hadiz que Hadrat Adí ibn Hátim (r. a.) había sido cristiano anteriormente. Cuando se presentó ante el Profeta (s. a. s.) y aceptó el islam, entre las demás preguntas formuló también la siguiente: «En esta aleya se nos acusa de haber tomado como dioses a nuestros eruditos y ascetas. ¿Cuál es el verdadero significado de esto?»
El Mensajero (s. a. s.) respondió: «¿Acaso no es cierto que considerabais ilícito aquello que ellos declaraban ilícito y lícito aquello que ellos declaraban lícito?». Él respondió: «Sí, ciertamente lo hacíamos». El Profeta (s. a. s.) dijo: «Pues eso es precisamente haberlos tomado como dioses».
De esto se sabe que quienes, sin la autoridad del Libro de Allah, establecen los límites de lo permitido y lo prohibido para la vida de las personas son, en realidad, quienes se sientan con orgullo en el trono de la divinidad. Quienes reconocen en ellos el derecho a elaborar esa sharía los toman como dioses. (9)
(Árabe****************)
—Oh, Profeta, diles: «¿Habéis considerado alguna vez las provisiones que Allah os ha concedido y de las cuales vosotros mismos habéis declarado unas ilícitas y otras lícitas?». Pregúntales: «¿Os ha dado Allah permiso para ello, o estáis inventando mentiras contra Allah?». (Yunus: 59)
(Árabe*****************)
Y no inventéis con vuestras lenguas esta mentira: «Esto es ilícito y esto es lícito», atribuyendo así una mentira a Allah. Quienes inventan mentiras contra Allah jamás alcanzarán el éxito. (An-Naml: 116)
(Árabe******************)
Y quienes no juzgan conforme a la ley revelada por Allah, esos son los incrédulos… esos son los injustos… esos son los desobedientes. (Al-Ma’idah: 44-47)
(Árabe*******************)
¿Has visto a quien ha tomado sus propios deseos como su dios (es decir, se ha vuelto arbitrario y ha comenzado a ser esclavo de sus deseos)? (Al-Yathiyah: 23)
De este modo, la enseñanza del tawhid que Rasulullah (s.a.) transmitía exigía únicamente que la gente no adorara a nadie excepto al Dios único, que no implorara a nadie y que no ofreciera sacrificios en nombre de nadie. Su enseñanza también consistía en que la gente abandonara todas sus costumbres y tradiciones, así como todas las leyes, normas y reglamentos elaborados por ellos mismos o por otros, y aceptara únicamente a Allah como Legislador y obedeciera la ley que Él había establecido. El propio Profeta (s.a.) no constituía ninguna excepción en este asunto. También se le ordenaba que obedeciera la ley revelada por Allah y que no declarara lícita o ilícita ninguna cosa según su propia voluntad.
(Árabe*************)
Oh Muhammad (s.a.), obedece aquello que te ha sido enviado por medio de la revelación desde tu Señor.
(Árabe*************)
Oh Profeta, ¿por qué declaras ilícito aquello que Allah ha hecho lícito para ti?
Era el llamamiento a una revolución integral que no solo quería transformar la religión, sino todo el sistema de vida. Naturalmente, esto debía causar agitación entre los politeístas árabes. Pero, especialmente, el enorme golpe que recibían los intereses de los Quraysh los llenó de inquietud. Pues, al haber surgido este llamamiento de su propia tribu y de su propia ciudad, veían en él su propia destrucción. (10)
La razón principal y fundamental de la oposición de los Quraysh
En el Noble Corán se dice que el peligro que los Quraysh temían al aceptar el llamamiento de Rasulullah (s.a.) era el siguiente:
(Árabe***************)
Ellos dicen: «Si comenzamos a seguir esta guía junto con vosotros, seremos expulsados del país». (Al-Qasas: 57)
Al reflexionar profundamente, se puede comprender que esta era la causa fundamental de que los qurayshitas rechazaran la verdad. Para entenderla bien, debemos examinar cuál era, desde una perspectiva histórica, la posición de los qurayshitas en aquel momento, cuya pérdida temían.
En primer lugar, lo que les otorgaba importancia en Arabia era que, según las genealogías árabes, se había demostrado que descendían del profeta Ismael (la paz sea con él). Por ello, ante los árabes, su linaje gozaba del prestigio de una familia de santos descendientes. Más tarde, cuando, gracias a los esfuerzos de Qusayy ibn Kilab, se convirtieron en custodios de la Kaaba y La Meca pasó a ser su residencia, su importancia aumentó considerablemente. Esto se debió a que ahora se habían convertido en los sacerdotes del mayor santuario de Arabia. Obtuvieron el liderazgo religioso de todas las tribus árabes. No había ninguna tribu árabe que, a causa del Hayy, no mantuviera alguna relación con ellos. Gracias a esta posición central, fueron desarrollando gradualmente sus actividades comerciales. Por fortuna, el conflicto y la rivalidad mutuos entre Roma e Irán les otorgaron una posición especial en el ámbito del comercio internacional. En aquella época, Irán mantenía bloqueado todo el comercio que se realizaba entre China, India, Indonesia y África Oriental, por un lado, y Roma, Grecia, Egipto y Siria, por otro. La última ruta pasaba por el mar Rojo. Sin embargo, después de que Irán conquistara Yemen, aquella ruta también quedó cerrada. Entonces no quedó otra manera de mantener el comercio que los comerciantes árabes transportaran, por un lado, las mercancías de los territorios dominados por Roma hasta los puertos del mar Arábigo y del golfo Pérsico y, por otro, llevaran desde esos puertos las mercancías de Oriente a los territorios dominados por Roma. Como resultado, La Meca se convirtió en un centro comercial internacional. En aquel entonces, los qurayshitas tenían el monopolio de este comercio. Pero, en el entorno caótico y anárquico de Arabia, no era posible el libre tránsito de las mercancías. Solo podían circular por aquellas rutas cuando los qurayshitas mantenían relaciones estrechas con las tribus por cuyos territorios pasaban las grandes vías comerciales. Para este propósito, los jefes qurayshitas no consideraban suficiente su propia influencia religiosa. Por eso estaban vinculados mediante tratados con todas las tribus. Se les entregaba una parte de las ganancias comerciales y también se mantenía satisfechos a los jeques y jefes tribales mediante regalos. Asimismo, habían extendido una red de negocios usurarios en la que habían quedado implicados los comerciantes y los jefes de todas las tribus vecinas.
En tales circunstancias, cuando el Profeta (la paz sea con él) presentó la invitación al tawhid, lo que provocaba la irritación de los qurayshitas contra él, más que el fanatismo religioso de sus antepasados, era que consideraban amenazados sus intereses por causa de aquella invitación. Pensaban que, aunque mediante argumentos y pruebas justos se demostrara que el shirk y la idolatría eran falsos y que el tawhid era correcto, para ellos sería funesto abandonar aquellas prácticas y aceptar este último. Si aceptaban el tawhid, toda Arabia se enfurecería contra ellos. Serían despojados de la custodia de la Kaaba. Se romperían todas las relaciones establecidas mediante tratados con las tribus idólatras, gracias a las cuales sus comerciantes transitaban día y noche por sus distintos territorios. Así, esta nueva religión destruiría tanto su influencia y autoridad religiosa como su prosperidad económica. Incluso no era imposible que todas las tribus árabes los obligaran a abandonar La Meca.
Aquí se manifiesta ante la gente una imagen extraordinaria de la miopía de los adoradores del mundo. El Mensajero de Allah (la paz sea con él) les aseguraba una y otra vez: «Si aceptáis la palabra que os presento, Arabia y las tierras no árabes quedarán sometidas a vosotros». Pero ellos veían en ella su propia muerte; pensaban que las riquezas, el poder y la influencia que poseían desaparecerían en cuanto aceptaran esta invitación, y que la sumisión de Arabia y de las tierras no árabes quedaba fuera de toda consideración. Temían que, en cuanto aceptaran esta palabra, quedarían en aquella tierra tan desprovistos de ayuda y recursos que serían expulsados de ella como un milano o un cuervo arrebata un trozo de carne, sin encontrar refugio en ninguna parte. La estrechez de su visión les impedía ver que, apenas unos años después, toda Arabia estaría a punto de quedar bajo un gobierno central dirigido por Muhammad (la paz sea con él). Después, durante la vida de aquel mismo hombre, Irán, Irak, Siria y Egipto irían quedando, uno tras otro, bajo este reino; y antes de que transcurriera un siglo, los representantes de los qurayshitas gobernarían una vasta parte del mundo, desde Sind hasta España y desde el Cáucaso hasta la costa yemení.
En respuesta a su objeción, el Corán
Veamos cuán contundente fue la respuesta que el Noble Corán dio en la sura Al-Qasas a todas aquellas excusas y objeciones suyas:
(Árabe***************)
—¿Acaso no les hemos establecido un recinto sagrado seguro como morada, al que se importan toda clase de frutos como provisión procedente de Nosotros? Pero la mayoría de ellos no lo sabe. (Al-Qasas: 57)
Esta es la primera respuesta de Allah Altísimo a sus excusas. El significado es: ¿Acaso la importación de mercancías de todo el mundo a este valle estéril se debe a algún esfuerzo o previsión de vuestra parte, o se debe a la plena seguridad del haram y a su posición central? Hace veinticinco siglos, un siervo de Allah llegó a este valle sin agua, hierba ni vegetación, situado entre escarpadas cordilleras, acompañado de su esposa y de su hijo lactante. Colocó piedras unas sobre otras, construyó una pequeña habitación y proclamó en voz alta: «Allah ha hecho de este lugar un haram. Venid hacia esta Casa y dad vueltas alrededor de ella en tawaf».
Ahora bien, ¿qué otra cosa puede ser sino una bendición otorgada por Allah el hecho de que este lugar haya sido el centro de Arabia durante veinticinco siglos? Incluso en un entorno de terrible inseguridad, este es el único lugar del país donde existe seguridad. Hasta cada niño árabe lo mira con reverencia. Cada año llegan miles de personas para hacer tawaf a su alrededor. El beneficio de esta gracia es que os habéis convertido en los líderes de los árabes y que una gran parte del comercio mundial está en vuestras manos. ¿Acaso pensáis que, apartándoos del Dios que os ha concedido esta gracia y rebelándoos contra Él, ascenderéis a las cumbres del progreso, pero que seréis destruidos tan pronto como sigáis Su religión? Luego se dijo:
(Árabe******************)
—¡Cuántas ciudades hemos destruido cuyos habitantes se habían enorgullecido enormemente de sus medios de vida! Mira ahora sus casas, vacías, en las que después de ellos solo pocos han habitado. Finalmente, Nosotros fuimos los herederos de todo ello». (Al-Qasas: 58)
Esta fue la segunda respuesta a sus excusas y objeciones. El significado es: toda la riqueza y comodidad de las que os enorgullecéis y por cuyo temor a perderlas queréis acercaros a la falsedad y apartaros del camino de la verdad, todo eso lo poseyeron en otro tiempo también los pueblos de Ad, Zamud, Saba, Madián y el pueblo de Lot. ¿Pudo acaso protegerlos de la destrucción? En realidad, la mejora del nivel de vida no es un objetivo por el que el ser humano deba perseguirla ciegamente, sin preocuparse por la verdad ni por la falsedad, y negarse a aceptar el camino recto por temor a perder ese objetivo. ¿Tenéis alguna garantía de que, aferrándoos a la desviación y la inmoralidad que destruyeron a los pueblos prósperos del pasado, escaparéis de la destrucción? ¿No tendréis un final semejante al suyo? Luego se dice:
(Árabe***************)
—Y tu Señor no destruye las ciudades hasta haber enviado en su centro a un Mensajero que les recite Nuestros signos. Y no destruimos las ciudades mientras sus habitantes no sean injustos. (Al-Qasas: 59)
Esta fue la tercera respuesta a su excusa. Los habitantes de las naciones destruidas anteriormente eran injustos, pero Dios les envió a Su Mensajero y los advirtió antes de destruirlos. A pesar de esta advertencia, no abandonaron su extravío y, por ello, fueron destruidos. Ahora vosotros os encontráis en la misma situación: también os habéis vuelto injustos. Ya ha llegado un Mensajero para advertiros. No podréis proteger vuestra prosperidad y bienestar adoptando la incredulidad y el ateísmo; por el contrario, los pondréis en peligro. La destrucción que teméis no ocurrirá por causa de la fe, sino por causa de la negación. Después se dijo:
(Árabe***************)
—Todo lo que se os ha concedido no es más que un disfrute y un adorno de la vida mundana. Pero lo que está junto a Allah es mejor y más duradero. ¿Es que no razonáis? ¿Acaso puede ser igual aquel a quien hemos prometido una promesa que ciertamente obtendrá y aquel a quien hemos concedido únicamente los bienes de la vida mundana y que el Día de la Resurrección será presentado para el castigo? (Al-Qasas: 60-61)
Esta es la cuarta respuesta a su excusa. Para comprenderla, primero hay que asimilar dos cosas.
La primera es que la duración de la vida mundana no supera unos pocos años. No es más que una etapa pasajera de un viaje. La verdadera vida eterna llegará después. Por mucho que una persona acumule bienes y por mucho que lleve una vida de placeres y disfrute en esta vida temporal, esta necesariamente llegará a su fin, y todos sus bienes tendrán que quedar aquí. Frente a estos placeres, una persona sensata aceptará también pasar aquí algunos años entre dificultades y calamidades, si puede obtener de este modo una virtud que sea la causa de su felicidad permanente en la vida eterna posterior.
La segunda cuestión es que la religión de Allah no exige a las personas que no obtengan ningún beneficio de los bienes de esta vida mundana ni que rechacen con aversión injustificada sus adornos. Lo único que exige es que den prioridad a la otra vida sobre esta. La razón es que este mundo es perecedero, mientras que la otra vida es eterna. Los placeres mundanos son inferiores, mientras que la felicidad y la paz de la otra vida son superiores. Por eso, las personas deben obtener de los bienes y adornos mundanos aquello que les proporcione el éxito en la vida eterna de la otra vida o, al menos, que no las exponga allí a una pérdida permanente. Sin embargo, si surge una competencia entre ambas —es decir, si el éxito mundano y el éxito de la otra vida se convierten en rivales—, la persona sacrificará este mundo por la otra vida y jamás seguirá, por el bien de los placeres temporales de este mundo, un camino cuyo resultado sea malo para ella por toda la eternidad.
Teniendo presentes estas dos cosas, observad qué está diciendo Allah en las frases anteriores. No está diciendo: «Abandonad los negocios y el comercio, cerrad vuestras actividades y, por aceptar a Nuestro Profeta, adoptad la pobreza». Más bien está diciendo: «La riqueza mundana en la que estáis inmersos es muy poca y, durante un breve tiempo, podéis beneficiaros de ella en esta vida. En cambio, lo que está junto a Allah es superior a ella tanto en calidad como en cantidad, y es permanente». Por eso actuaríais neciamente si, para disfrutar de las limitadas bendiciones de esta vida temporal, os comportarais de tal manera que después tuvierais que sufrir las consecuencias en forma de una pérdida eterna en la otra vida. Comparad vosotros mismos y ved quién es el triunfador: ¿la persona que obedece a su Señor con arduo trabajo y un esfuerzo agotador, y luego es colmada de Sus bendiciones para siempre, o aquella que será arrestada como criminal y presentada ante el tribunal de Dios, aunque antes de su arresto haya tenido la oportunidad de disfrutar durante unos días de bienes adquiridos ilícitamente? Al final se dijo:
(Árabe*************)
—Y (que no olviden) el día en que Él los llame y les diga: «¿Dónde están Mis asociados, aquellos que vosotros suponíais?» (Al-Qasas: 63)
Esto también se ha dicho en relación con esta cuarta respuesta. Está relacionado con la última frase de la aleya anterior. Allí se ha dicho que, por puro interés mundano, ellos se han obstinado en permanecer en el extravío del politeísmo, la idolatría y la negación de la profecía; pero tendrán que ver las terribles consecuencias de ello en la vida eterna del Más Allá. El propósito es suscitar en ellos esta reflexión: supongamos que no os sobreviene ninguna desgracia en este mundo y que disfrutáis enormemente durante la breve vida terrenal; aun así, si en el Más Allá el resultado fuera de esta naturaleza, pensad por vosotros mismos: ¿es acaso un negocio lucrativo el que estáis haciendo, o una transacción completamente ruinosa? (11)
Segundo apartado
La invitación a creer en la misión profética de Muhammad
El segundo asunto importante de la invitación islámica era aceptar a Allah, el Único y sin asociados, como el único digno de adoración, el único soberano y el único dueño de la autoridad y el señorío; y aceptar también que el Mensajero es el único profeta digno de confianza, por medio del cual Allah Todopoderoso guía a los seres humanos, les comunica Sus mandatos y disposiciones, les enseña las formas y métodos de adoración, les enseña la doctrina y las creencias correctas, y les enseña a distinguir entre los principios correctos y erróneos de las obras y la conducta. Después, Él también envía las leyes que las personas deben imitar y seguir en cada ámbito de su vida. Por ello, después de creer en la unicidad de Allah, es indispensable que las personas crean en la misión del Mensajero, lo reconozcan como el único representante de la voluntad de Allah, abandonen la obediencia a todos los demás y le obedezcan únicamente a él. Dejando de lado toda otra obediencia, seguirán los mandatos y la guía que el Mensajero transmite de parte del único Dios que lo envió. De este modo, la creencia en esta misión profética estaba dando forma real a la gran revolución que el islam pretendía realizar en la vida humana al hacer que se reconociera la unicidad de Allah. Pues, después de aceptar la unicidad divina, cuando la persona se convence de que ahora debe adorar y servir únicamente a Allah y seguir Su guía, surge la pregunta: ¿cómo hará realidad esta creencia? ¿Cómo sabrá cuál es el modo correcto de adorar y servir a Allah, y cuál es la guía Suya que ahora debe seguir? El Corán dice que este método siempre ha sido que Allah elige a uno de Sus siervos como Mensajero y le concede el conocimiento de todo aquello cuya práctica está conforme con Su voluntad. No existe otro modo práctico de servirle que aceptar la misión del Mensajero y seguir su ejemplo y sus enseñanzas. Así, la humanidad, dividida por diversas creencias y formas de pensar, supersticiones y concepciones, religiones y credos, costumbres y tradiciones, y por la servidumbre y obediencia a distintos dioses falsos, se unifica en un mismo centro, y se establece realmente aquella religión cuyo propósito, mediante la invitación islámica, es reunir y unificar a la humanidad.
Si se examina en el orden siguiente la enseñanza del Noble Corán sobre este asunto, podrá comprenderse plenamente.
Anuncio del envío de profetas al comienzo de la creación
La primera afirmación que el Corán hace acerca de la profecía es que, desde los albores de la humanidad en la Tierra, se advirtió a los hijos de Adán que debían obedecer la guía que les sería enviada por medio de los mensajeros.
(Árabe**************)
—¡Oh, hijos de Adán! Si os llega de entre vosotros mismos —es decir, de entre los seres humanos— un mensajero que os recite Mis signos, quienes se aparten de la desobediencia y reformen su conducta no tendrán motivo para temer ni entristecerse. Pero quienes rechacen Nuestros signos y se rebelen contra ellos serán moradores del Infierno, donde permanecerán eternamente. (Al-A‘raf: 35-36)
El éxito y la perdición de las personas dependen de que obedezcan o no a los mensajeros
Esto mismo se afirma en las aleyas 38-39 de la sura Al-Baqara y en las aleyas 123-124 de la sura Ta-Ha, donde se menciona el envío de Adán y Eva —que la paz sea con ambos— a la Tierra. Allí no solo se anuncia que serán enviados mensajeros para guiar a la humanidad, sino que también se proclama esta advertencia: el éxito o la perdición de las personas depende de si aceptan la guía de los mensajeros y adoptan el camino de la piedad y la rectificación. Si no lo hacen, sufrirán castigo en este mundo y también el castigo del Infierno. De hecho, en diversos pasajes se afirma que la razón por la que distintos pueblos fueron castigados en la Tierra fue que se negaron a aceptar el mensaje de los mensajeros que habían llegado hasta ellos, como se dice:
(Árabe*****************)
—¿Acaso no recorrieron la tierra para ver cuál fue el destino de quienes vivieron antes que ellos? Eran más poderosos que estos —los quraysh— y dejaron en la tierra monumentos mucho más imponentes. Entonces Dios los castigó por sus pecados, y no hubo nadie que pudiera protegerlos de Dios. Les sucedió esto porque los mensajeros acudieron a ellos con pruebas claras, pero se negaron a aceptarlas. Finalmente, Dios se apoderó de ellos. Ciertamente, Él es muy poderoso y severo al castigar.
Afirmaciones muy similares aparecen también en las aleyas 25-26 de la sura Fatir y en las aleyas 5-6 de la sura At-Tagabun. El Corán está lleno de relatos sobre pueblos que rechazaron a los mensajeros enviados a ellos y que, finalmente, sufrieron el castigo ya en este mundo.
Después se ha dicho acerca del Más Allá que allí el argumento y la prueba de Allah contra los seres humanos se basarán en que se les habían enviado Mensajeros y se les había explicado claramente la diferencia entre la verdad y la falsedad, así como el camino recto y verdadero. A pesar de ello, no los aceptaron ni obedecieron. Por eso ahora merecen el castigo.
(Árabe*************)
¡Oh, Muhammad! Te hemos enviado la revelación tal como se la enviamos a Noé y a los profetas que vinieron después de él. Estos Mensajeros fueron enviados como anunciadores de buenas nuevas y amonestadores, para que, después de su envío, las personas no tuvieran ningún argumento contra Allah. (An-Nisá: 123-124)
Es decir, la misión de estos profetas consistía en anunciar buenas nuevas de éxito y dicha a quienes creían en la enseñanza que ellos habían traído y purificaban sus pensamientos y obras de acuerdo con ella. Y advertían de un terrible desenlace a quienes no creían ni abandonaban el camino errado en sus pensamientos y acciones. El propósito de enviar a estos profetas era que Allah, por medio de ellos, explicara claramente el camino de la verdad y completara Su argumento y prueba contra la humanidad, de modo que ningún incrédulo ni culpable pudiera presentar una excusa ante el tribunal del Más Allá, alegando que no se había dispuesto ningún medio para comunicarles la verdad real y que ahora se les estaba apresando mientras estaban desinformados; de modo que ningún incrédulo ni culpable pudiera presentar una excusa ante el tribunal del Más Allá, alegando que no se había dispuesto ningún medio para comunicarles la verdad real y que ahora se les estaba apresando mientras estaban desinformados.
Al mencionar el Más Allá, el Corán advierte que allí serán anuladas todas las obras de quienes niegan y se oponen a la misión de los Mensajeros, obras que ellos consideraban buenas. Después, cuando sean introducidos en el Infierno, se les dirá: «Por medio de los Mensajeros, todos los argumentos, pruebas y evidencias para vosotros han sido establecidos de manera concluyente. Por eso ahora sufrís el castigo y, en realidad, sois merecedores precisamente de este castigo».
(Árabe*****************)
«Quienes se negaron a aceptar [es decir, se negaron a aceptar al Mensajero y la enseñanza que trajo —autor—] y apartaron a otros del camino de Allah [originalmente se empleó la expresión “saddū ʿan sabīlillāh”. La palabra “sadd” se usa en árabe tanto de forma transitiva como intransitiva. Por ello, esta frase también significa que ellos mismos se abstienen de seguir el camino de Allah. Asimismo, significa que impiden a otros venir por este camino. Hay varios modos de apartar a alguien. Primero, una persona impide por la fuerza que alguien crea. Segundo, inflige tal opresión y sufrimiento a quien cree que le resulta difícil mantenerse firme en su fe, y que otros crean al ver una situación tan aterradora. Tercero, engañan a la gente acerca de la religión de Allah y del Mensajero que la presenta, e infunden en sus corazones tales susurros que las personas se extravían y se abstienen de venir al camino de Allah. Además, toda sociedad incrédula constituye una gran fuerza obstructora en el camino de Allah, porque mediante su educación y cultura, su estructura social, sus costumbres y su fanatismo religioso crea un fuerte obstáculo para la expansión de la religión verdadera —autor—] y discutieron con el Mensajero después de que el camino de la verdad se les hubiera hecho evidente, no podrán perjudicar a Allah en absoluto. Al contrario, Allah hará vanas todas sus obras. (Muhammad: 32)»
En tal situación, Allah les preguntará:
(Árabe******************)
—¡Oh, comunidad de yinnes y seres humanos! ¿Acaso no llegó a vosotros un mensajero salido de entre vosotros mismos, que os recitaba Mis aleyas y os advertía sobre el desenlace de este día? Ellos dirán: «Damos testimonio contra nosotros mismos».
La vida mundana los había engañado. Pero en el Más Allá darán testimonio contra sí mismos de que eran incrédulos. Este testimonio se les hará prestar para demostrar que vuestro Señor no destruyó las ciudades injustamente, cuando sus habitantes desconocían la verdad. (Al-An‘am: 130-191)
(Árabe**********************)
—Cada vez que un grupo de personas sea arrojado en él, sus guardianes les dirán: «¿Acaso no vino a vosotros ningún amonestador?» [El sentido de esta pregunta no será que los guardianes del Infierno quieran averiguar si llegó o no un amonestador a ellos. Más bien, con ella querrán hacerles comprender que no se ha cometido ninguna injusticia contra ellos al arrojarlos al Infierno. Por eso querrán hacerles reconocer con sus propias bocas que Allah no los dejó sin advertencia, sino que les fueron enviados profetas. Sin embargo, no escucharon a los profetas. Por ello son dignos del castigo que se les está infligiendo —nota del autor]. Ellos responderán: «Sí, vino un amonestador, pero lo rechazamos y dijimos: “Allah no ha revelado nada, y vosotros estáis sumidos en un gran extravío”». Luego dirán: «¡Ay de nosotros! Si hubiéramos escuchado y hubiéramos actuado con sensatez, no tendríamos que sufrir el castigo de este fuego ardiente». Así reconocerán sus pecados. ¡Que perezcan los moradores del Infierno! (Al-Mulk: 8-10)
En las aleyas 71-72 de la sura Az-Zumar se expresa algo que concuerda con esta declaración. De ello queda claro que la importancia de la misión profética en el islam es tan grande que la felicidad o la desgracia de una persona, desde este mundo hasta el Más Allá, depende de que la acepte o la rechace.
Tod
A todos los pueblos llegaron profetas y su invitación era la misma
En el Corán también se ha dicho que, desde el comienzo de la humanidad, fueron llegando profetas a todos los pueblos. La religión de todos ellos era una sola. Su invitación también era una sola. El propósito de la llegada de todos ellos era asimismo uno solo. La exigencia de todos ellos era que la gente se abstuviera de desobedecer a Allah y le obedeciera.
(Árabe**************)
—No ha existido ninguna comunidad a la que no haya llegado un amonestador. (Fátir: 24)
(Árabe**************)
Cada pueblo tuvo un guía. (Ar-Ra‘d: 17)
(Árabe************)
—No destruimos ninguna población sin que hubiera llegado a ella un amonestador. (Ash-Shu‘ara: 208)
(Árabe***************)
Hemos enviado a un Mensajero a cada nación para que exhorte: «Adorad a Alá y apartaos de adorar al Tagut». (Nahl: 36)
Desde el profeta Noé (la paz sea con él) hasta el profeta Jesús (la paz sea con él), se ha dicho, mencionando el nombre de cada profeta, que todos ellos dijeron a su propio pueblo: «Temed a Alá y obedecedme». (Véanse Aal Imrán: 50; Shuará: 108, 110, 126, 131, 141, 150, 163, 171; Zujruf: 63; Nuh: 3)
El propósito de la llegada de los profetas
Después se declara que el propósito de la llegada de todos los profetas era el siguiente:
(Árabe*************)
Enviamos a Nuestros profetas con pruebas claras y les revelamos el Libro y la Balanza, para que la gente pudiera mantenerse firme en la justicia. (Hadid: 25)
Mantenerse firmes en la justicia significa ser justos con uno mismo, con Dios y con cada persona con la que se tenga relación. Justicia dentro de la propia sociedad, en toda transacción, en la propia civilización y cultura, en la política y el sistema de gobierno, en los tribunales y en las relaciones internacionales. En resumen, establecer la justicia en todos los aspectos, tanto individual como colectivamente, en cada ámbito y dimensión de la vida: ese es el propósito del envío de todos los profetas.
La misión profética de Muhammad, que Alá lo bendiga y le conceda paz
Sobre este trasfondo de la historia de la profecía y la misión apostólica, así como de su veracidad, primero se dijo a los coraichitas, después a los árabes y, posteriormente, al mundo entero, que Muhammad (s.a.s.) pertenecía a aquellos Mensajeros que habían sido enviados antes que él. Él trajo una religión que había sido la religión de todos los profetas desde el comienzo de la humanidad. El Profeta Muhammad (s.a.s.) vino para purificar esa religión de toda adulteración y distorsión, y presentarla en su forma y esencia auténticas y genuinas. Ahora bien, la religión de Dios, Su sharía, Sus leyes y normas, y Sus mandatos son presentados por el Profeta (s.a.s.) no por iniciativa propia, sino basándose en la revelación enviada por Dios. Obedecerlo es obedecer a Dios, y desobedecerlo es desobedecer a Dios. Por tanto, no basta con que la gente crea únicamente que él es el Mensajero de Dios. Después de creer, debe abandonar la obediencia a todos los demás y obedecerlo a él, al Mensajero, con total resolución. Pues apartarse de su guía significa apartarse de la obediencia al mismo Dios que lo envió al mundo como Mensajero.
Antes de la llegada del Profeta (s.a.s.), los árabes esperaban la llegada de un profeta.
Cabe señalar que, al observar el estado moral degradado y las malas acciones de los cristianos, los judíos y los seguidores de otras religiones que los rodeaban, los propios árabes solían decir: «Si aquello que había llegado a esas naciones llegara a nosotros —es decir, la misión apostólica y la guía enviada por Dios—, demostraríamos ser mejores y más desarrollados que todas ellas».
Esto fue proclamado en el Corán, pero no hubo nadie que lo negara.
(Árabe**************)
Estas personas —los coraichitas y los árabes— solían jurar solemnemente que, si llegaba a ellos un amonestador, es decir, un Mensajero, alcanzarían una guía mayor que las demás naciones del mundo. Pero cuando el amonestador llegó a ellos, su llegada no hizo sino aumentar su huida de la verdadera religión. Se volvieron aún más arrogantes y orgullosos en el mundo, y adoptaron las peores intrigas para causarle daño. Sin embargo, quienes urden tales intrigas son precisamente quienes se destruyen a sí mismos. (Fāṭir: 42-43)
(Árabe****************)
Estas personas solían decir antes: «¡Ojalá tuviéramos el Recuerdo —el mensaje de la exhortación de Dios— que recibieron las naciones anteriores! Entonces seríamos siervos sinceros de Dios». Pero cuando este llegó, lo negaron de inmediato. Pronto conocerán sus consecuencias. (As-Saffat: 167-170)
De esto se supo que la llegada del Mensajero era el anhelado deseo de ellos. Pero cuando esa gracia les llegó, comenzaron a oponerse, a obstinarse y a actuar con terquedad.
El Profeta (s.a.s.) pertenece al conjunto de los profetas, y la fuente de su conocimiento es esa revelación que era común a todos los profetas
Teniendo presente esta verdad, observen cómo presentó el Corán la misión profética del Profeta y qué rango le concedió:
(Árabe************)
—Por el Corán lleno de sabiduría: ¡oh, Muhammad!, ciertamente eres uno de los Mensajeros, sobre el camino recto. Es decir, eres uno de los Mensajeros, y la prueba evidente de tu misión profética es que presentas este Corán lleno de sabiduría. (Yasin: 1-4)
(Árabe****************)
—Y así te hemos revelado este Corán árabe para que adviertas a la ciudad madre (La Meca) y a quienes se encuentran en sus alrededores. (La Consulta: 7)
(Árabe***************)
Oh Muhammad, di: «¡Oh humanidad! Soy el Mensajero enviado a todos vosotros por parte de Dios, dueño del reino de los cielos y de la tierra». (Al-A‘raf: 158)
(Árabe*****************)
¡Bendito sea Aquel que hizo descender este Corán (el que distingue entre la verdad y la falsedad) sobre Su siervo, para que advierta a los habitantes del mundo! (Al-Furqán: 1)
(Árabe****************)
Oh Muhammad, te hemos enviado la revelación del mismo modo que se la enviamos a Noé y a quienes vinieron después de él, y del mismo modo que enviamos la revelación a Abraham (a.s.), Ismael (a.s.), Isaac (a.s.), Jacob (a.s.) y a los descendientes de Jacob, y a Jesús (a.s.), Job (a.s.), Jonás (a.s.), Aarón (a.s.) y Salomón (a.s.); y a David (a.s.) le concedimos los Salmos. (An-Nisá: 163)
El propósito del envío del profeta Muhammad (s.a.w.)
Ya hemos dicho anteriormente que (sura Al-Hadid, aleya 25) el propósito de su envío era el mismo que el propósito del envío de todos los profetas. No obstante, en el Noble Corán se expuso detalladamente ante los coraichitas y los habitantes de Arabia el propósito específico de nombrarlo Mensajero. Lo citamos a continuación de manera sucesiva.
Su profecía es eterna y universal
Él no es enviado para una nación en particular ni únicamente para toda la gente de su época; por el contrario, es el Mensajero para toda la humanidad hasta el Día de la Resurrección: para todos aquellos a quienes llegue su mensaje.
(Árabe**************)
—Y este Corán me ha sido enviado mediante la revelación para que os advierta a vosotros y a todos aquellos a quienes llegue. (Al-An‘am: 19)
Él presenta la religión pura, libre de toda deformación.
No refuta las enseñanzas traídas por los profetas anteriores, sino que confirma su veracidad. Se le encomendó la responsabilidad de eliminar las mezclas que posteriormente se habían introducido en las enseñanzas de los profetas anteriores y presentar, en su forma pura, aquella verdadera religión que era la misma religión verdadera que Dios había establecido para la humanidad desde el comienzo de la creación.
Que él no vino a refutar las enseñanzas de los profetas anteriores, sino a confirmar su veracidad, se expone en varios lugares del Corán. Por ejemplo:
(Árabe*************)
—Por el contrario, Muhammad (la paz y las bendiciones de Dios sean con él) ha venido con la verdad y confirma la veracidad de todos los profetas enviados por Dios. (As-Saffat: 37)
(Árabe*************)
-Y este Corán no es algo que pueda componerse por cuenta propia sin la revelación de Dios. Al contrario, es una confirmación de la veracidad de todo lo que vino antes y una explicación detallada de la Escritura (cada Libro procedente de Dios). No cabe duda de que procede del Señor de los mundos. (Yunus: 37)
El sentido de «explicación detallada de la Escritura» es que el resumen de todas aquellas enseñanzas fundamentales y guía que llegaron inicialmente a través de los Libros de Dios ha llegado a este Libro. Más aún, en él se exponen de manera mucho más detallada. El Corán Majestuoso también declara en diversos lugares que quienes heredaron los Libros anteriores introdujeron en ellos muchas modificaciones y adiciones por iniciativa propia. Por ello, una de las tareas del Profeta (que la paz y las bendiciones de Dios sean con él) es declararles ilícito lo que en la ley de Dios es verdaderamente ilícito y lícito lo que por naturaleza es lícito.
(Árabe*************)
-¡Desgracia para quienes escriben un Libro con sus propias manos y luego dicen: «Esto procede de Dios»! (Al-Báqara: 79)
(Árabe*****************)
-Entre ellos hay algunos que, al recitar la Escritura, retuercen la lengua de tal manera que llegáis a pensar que lo que recitan es el texto original de la Escritura, aunque no es el texto original de la Escritura. Dicen: «Esto procede de Dios», aunque no procede de Dios. Inventan deliberadamente mentiras contra Dios. (Al Imrán: 78)
En virtud de ello, se impuso al Profeta (que la paz y las bendiciones de Dios sean con él) la responsabilidad de presentar las enseñanzas de la religión verdadera, pura y libre de toda adulteración. Y considerará haram lo que en ella sea haram y halal lo que en ella sea halal.
(Árabe*************)
—Los incrédulos de entre la Gente de la Escritura y los idólatras no estaban dispuestos a abandonar su incredulidad hasta que les llegara una prueba clara: un Mensajero procedente de Allah que les recitara escrituras purificadas, en las que estuviera escrito lo absolutamente verdadero y correcto. (Al-Bayyinah: 1-3)
(Árabe******************)
—(Este Profeta ummī) les ordena hacer el bien y les prohíbe hacer el mal; hace lícitas para ellos las cosas puras y les prohíbe las impuras (es decir, anula lo que ellos habían declarado lícito o ilícito por voluntad propia), y les quita las cargas y las ataduras que pesaban sobre ellos. (Al-A‘raf: 175)
Explicación de los mandamientos divinos mediante palabras y actos, y purificación del alma
La responsabilidad del Profeta Muhammad (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) no consistía únicamente en transmitir a la gente el conocimiento que Allah le había otorgado mediante la revelación. También tenía la responsabilidad de explicar, mediante sus palabras y actos y conforme al significado de los mandamientos que le habían sido comunicados por el propio Allah, las creencias, las disposiciones, la guía, las leyes y las normas de la religión; y, basándose en ello, purificar y ordenar su modo de vida corrompido mediante la educación y la formación.
—Es responsabilidad Nuestra hacerte recordar este Corán y hacértelo recitar. Por tanto, ¡oh Profeta!, cuando lo recitemos, escucha su recitación. Luego también es responsabilidad Nuestra explicarte su significado. (Al-Qiyamah: 17-29)
(Árabe***************)
—Y hemos hecho descender sobre ti este Recuerdo (es decir, el Corán), ¡oh Profeta!, para que expliques a la gente la enseñanza que les ha sido revelada. (Naml: 44) [Mediante esta orden, Allah Todopoderoso describe una disposición cuya exigencia inevitable era que, junto con el Recuerdo, se enviara a un ser humano como profeta. El «Recuerdo» podría haber sido enviado por medio de los ángeles, y no estaba fuera del poder de Allah hacerlo llegar directamente a los seres humanos, incluso haciéndolo imprimir. Sin embargo, de ese modo no se habría cumplido el propósito real. Para cumplirlo, era necesario que la persona más capacitada lo trajera; que explicara algo a quien no lo comprendiera; que disipara cualquier duda o reserva que surgiera en el corazón de alguien; que respondiera a cualquier objeción o queja; que tratara a quienes no aceptaran, se opusieran y obstaculizaran de una manera adecuada para quien había traído el Recuerdo; y que guiara, en cada ámbito y aspecto de la vida, a quienes lo aceptaran. Les presentaría su propia vida como ejemplo. Después, mediante su formación, establecería ante el mundo entero una sociedad ejemplar cuyo sistema integral sería un reflejo de la voluntad de este Recuerdo. —Nota del autor]
(Árabe*************)
—Él es Allah, Quien suscitó entre los iletrados a un Mensajero salido de entre ellos mismos, que les recita Sus signos, purifica sus vidas y les enseña el Libro y la sabiduría, aunque antes se hallaban sumidos en un extravío manifiesto. (Yumu‘ah: 2)
(Árabe****************)
—Él es Allah, Quien hizo descender signos claros sobre Su siervo (Muhammad, que Allah le bendiga y le conceda la paz), para sacaros de las tinieblas hacia la luz. (Hadid: 9)
Hacer prevalecer la religión de la verdad sobre todo el sistema de vida
El propósito final de la venida del Profeta Muhammad (la paz sea con él) es hacer prevalecer sobre toda forma de obediencia y sobre todos los métodos y sistemas de vida la religión y la guía que él ha traído de parte de Dios. El Corán explica este propósito en tres lugares. En las suras At-Tawbah y As-Saff se dice:
—Él es Allah, Quien ha enviado a Su Mensajero con la guía y la religión de la verdad para hacerla prevalecer sobre toda clase de religión o sistema de vida. [En estos dos versículos se emplea la palabra «ad-din», que hemos traducido como «la religión de todas las naciones». En la lengua árabe, la palabra din se utiliza para designar el sistema o método de vida cuyos fundadores son reconocidos como autoridades y poseedores del derecho a ser obedecidos, y a quienes, por ello, se obedece. Por tanto, en este versículo se declara que el propósito de la venida del Mensajero es hacer prevalecer sobre todos los métodos y sistemas de carácter religioso la guía y la religión de la verdad que él ha traído de parte de Dios. En otras palabras, el Mensajero no vino para que el sistema de vida vigente, que reconoce como autoridades —y con derecho a ser obedecidos— a otros distintos de Allah, quedara por debajo de la religión que él trajo y se conformara con las oportunidades y beneficios que esta le concediera. Al contrario, el Mensajero, como representante del Rey de la tierra y del cielo, desea hacer prevalecer el verdadero sistema de su Rey sobre todos los métodos y sistemas. Si algún sistema permanece en el mundo, tendrá que hacerlo bajo el sistema divino y limitarse a los beneficios y oportunidades que este le conceda. Así, por ejemplo, al pagar la yizya, los dhimmíes pueden seguir su propio sistema de vida. —Nota del autor]
por mucho que ello resulte insoportable para los asociadores. (At-Tawba: 33, As-Saff: 18)
La orden de creer en el Profeta Muhammad (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) y obedecerle
Con este objetivo en mente, se ha ordenado a la gente que crea en él, que le obedezca y que evite obedecer a quienes están desatentos de Allah y transgreden los límites de la obediencia.
(Árabe**************)(
Por tanto, creed en Allah, en Su Mensajero y en la luz que hemos hecho descender. Allah está bien informado de cuanto hacéis. (At-Taghabun: 8)
(Árabe***************)
Por tanto, creed en Allah y en Su Profeta iletrado, enviado por Él, que cree en Allah y en Sus palabras, y obedecedle para que encontréis el camino verdadero y recto. (Al-A’raf: 158)
(Árabe************)
-Seguid la guía que os ha sido enviada por vuestro Señor y no obedezcáis a otros protectores aparte de Él. [Es decir, en cuanto a la guía que necesitáis para vivir en este mundo; al conocimiento que necesitáis para comprender los misterios de vosotros mismos y del universo creado, así como el propósito de vuestra existencia; y a los principios de los que dependéis para establecer vuestra religión, moralidad, cultura, vida social y civilización sobre bases correctas, debéis seguir únicamente la guía que Allah ha enviado por medio de Su Mensajero. Abandonar la guía revelada por Allah, buscar otra orientación y someterse a su obediencia es, en esencia, un método erróneo para la humanidad; sus consecuencias siempre han tomado la forma de la destrucción y siempre lo harán. Aquí se ha utilizado la palabra awliya (protectores) con el sentido de que, en realidad, aquel a cuyas palabras obedece una persona se convierte para ella en su wali o protector (nota del autor).]
(Árabe*******************)
-Hemos enviado al Mensajero para que, con la autorización de Allah, se le obedezca. (An-Nisa: 64) [Es decir, el Mensajero no vino de parte de Allah para que simplemente creyéramos en su misión y luego obedeciéramos a quien quisiéramos. Al contrario, el propósito mismo de la llegada del Mensajero es que, abandonando todas las demás leyes, se siga únicamente la ley de vida que él trae. La orden que transmite de parte de Allah debe obedecerse, dejando de lado todas las demás órdenes. Si alguien no hace esto, no tiene sentido reconocer a su Mensajero como Mensajero. (Nota del autor)]
(Árabe****************)
-Quien obedece al Mensajero, en realidad obedece a Allah. (An-Nisa: 80)
(Árabe***************)
-Aceptad lo que el Mensajero os dé y absteneos de aquello de lo que os prohíba. (Al-Hashr: 7)
(Árabe****************)
—Y quien obedece a Allah y a Su Mensajero, teme a Allah y se mantiene alejado de Su desobediencia, ese será de los triunfadores. (An-Nur: 52)
(Árabe***************)
—Ningún hombre ni mujer creyente tiene derecho a que, cuando Allah y Su Mensajero han decidido un asunto, pueda tomar por sí mismo otra decisión respecto de su propia persona. Quienes desobedecieron a Allah y a Su Mensajero se hundieron en un extravío manifiesto. (Al-Ahzab: 36)
(Árabe*************)
—Y no obedezcas a nadie cuyo corazón hemos apartado de Nuestro recuerdo, que sigue sus pasiones y cuyo proceder transgrede los límites. (Al-Kahf: 28)
(Árabe****************)
—Y no obedezcas a esos hombres desenfrenados que provocan la corrupción en la tierra y no promueven ninguna reforma. [Es decir, evitad obedecer a esos emires, notables de la sociedad, líderes y gobernantes bajo cuyo liderazgo funciona este sistema de vida errado. Son transgresores. Han sobrepasado todos los límites de la moralidad y se han vuelto desenfrenados. Por medio de ellos no es posible realizar ninguna reforma. El sistema que implanten traerá inevitablemente desorden y anarquía. Si existe algún camino para vuestro bienestar, consiste en que inculquéis en vosotros el temor de Allah, dejéis de obedecer a los corruptores y obedezcáis al Profeta de Allah —nota del autor.]
(Ash-Shu’ara: 151-152)
(Árabe**************)
-¡Oh, Profeta!, di: «Obedeced a Allah y al Mensajero». Y si vuelve la espalda, (que recuerde) que Allah no ama a los incrédulos. (Al Imrán: 32)
Ahora, la ley y las normas son únicamente las que Allah ha dado por medio de Muhammad (s.a.s.)
Así, junto con la proclamación de la misión profética de Muhammad (s.a.s.) y de su seguimiento e imitación, también se proclama que ahora la ley de Dios es únicamente la que fue dada por medio de Muhammad (s.a.s.). Nadie tiene derecho a discrepar de ella. Todo lo que se opone a ella es ignorancia y servidumbre del tagut. El Mensajero es el gobernante designado por Dios, cuya tarea consiste en resolver los asuntos de la gente conforme a la guía revelada por Dios.
(Árabe****************)
-Después (de los Hijos de Israel), ¡oh, Profeta!, te hemos establecido en una vía clara respecto a la religión (la sharía). Por tanto, sigue esta vía y no sigas las pasiones de quienes carecen de conocimiento. (Al-Yathiya: 18)
(Árabe***************)
-Para cada comunidad hemos establecido un modo de culto que siguen. Por tanto, ¡oh, Muhammad (s.a.s.)!, que no discutan contigo sobre este asunto. Invita hacia tu Señor. Ciertamente, estás en un camino recto. (Al-Hayy: 67)
(Árabe******************)
—¡Oh, Profeta! Te hemos revelado este Libro con la verdad para que juzgues entre la gente conforme al camino recto que Allah te ha mostrado. (An-Nisa: 105)
En numerosos pasajes del Noble Corán, las normas establecidas para la sociedad humana han sido denominadas «los límites de Allah». Es decir, son límites dentro de los cuales se ha ordenado permanecer. En algunos lugares se advierte severamente que ni siquiera se acerquen a esos límites. En otros se dice que quienes los transgreden son injustos. En otros se afirma que quienes los transgreden se hacen daño a sí mismos. También se proclama esta advertencia: para quienes transgreden los límites hay fuego del Infierno o un castigo doloroso. (Véanse las aleyas 187, 229 y 230 de la sura Al-Baqara; las aleyas 13 y 14 de la sura An-Nisa; la aleya 4 de la sura Al-Muyadila; la aleya 97 de la sura At-Tawba; y la aleya 1 de la sura At-Talaq.)
De esto se comprende cuán importantes son las leyes que fueron entregadas a la humanidad por medio del Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él). Luego se advirtió claramente:
(Árabe***************)
—¿Acaso buscan el juicio de la época de la ignorancia? Sin embargo, ¿quién puede emitir un juicio mejor que Allah para quienes creen firmemente en Allah? (Al-Ma’ida: 50)
(Árabe**************)
—Quieren recurrir al Tagut para que juzgue sus asuntos. [Aquí, por Tagut se entiende claramente al gobernante que decide conforme a una ley distinta de la ley de Allah, así como al sistema judicial que no reconoce la soberanía de Allah Todopoderoso ni acepta el Libro de Allah y la guía del Mensajero como autoridad definitiva; autor.] Sin embargo, se les ha ordenado rechazar al Tagut. Satanás quiere extraviarlos y llevarlos muy lejos. (An-Nisa: 60)
En lo referente al dīn, no hay lugar para ningún tipo de compromiso ni flexibilidad.
Al mismo tiempo que se da la instrucción clara de obedecer y seguir al Mensajero, se advierte a la gente que, en lo referente al dīn de Dios, no puede haber ningún compromiso ni flexibilidad. No puede hacerse el menor cambio, por consideración a nadie, en ninguna creencia, principio, norma, práctica ni mandato. Quien quiera aceptar debe aceptar por completo el dīn que presentó el Mensajero de Dios (la paz y las bendiciones de Dios sean con él). Y quien no quiera aceptarlo, que no lo acepte. Quien lo acepte obtendrá su propio bien, y quien no lo acepte sufrirá su propio perjuicio. Aquí no cabe en absoluto ninguna cuestión de negociación ni de acuerdo transaccional.
(Árabe*********************)
—Por tanto, ¡oh Profeta!, no cedas jamás ante la presión de quienes rechazan diciendo mentiras. Ellos quieren que tú seas un poco flexible, y entonces ellos también serán flexibles. Es decir, si aflojas un poco en la tarea de transmitir el islam, ellos adoptarán también una postura algo menos hostil en su oposición a ti. En otras palabras, si les das margen para su extravío y haces algunos cambios en tu dīn, ellos llegarán a un compromiso contigo.
(Árabe********************)
—Y cuando se les recitan claramente Nuestros signos, quienes no esperan encontrarse con Nosotros en la otra vida dicen: «Trae otro Corán en lugar de este, o cámbialo». En la explicación detallada anterior queda claro cuán importante es la segunda etapa del movimiento islámico: lograr que la gente reconozca la misión profética de Muhammad (la paz y las bendiciones de Dios sean con él) y prepararla para que le obedezca plenamente en todos los asuntos y en cada ámbito de la vida, comenzando por las creencias y la adoración. Su importancia reside en que, sin esto, el dīn no puede establecerse en la práctica. Creer en el Mensajero y obedecerle realmente es indispensable; sin ello, creer en el tawhid carece de sentido. Si reflexiona, el ser humano puede comprender que aceptar el tawhid de Dios
Las afirmaciones de los idólatras se basaban, en primer lugar, en la idea de que cuanto había presentado el Profeta (la paz y las bendiciones de Dios sean con él) no procedía de Dios, sino que era invención suya. Atribuirlo a Dios, decían, solo servía para dar mayor peso a sus palabras. En segundo lugar, sus palabras significaban: «¿Qué es todo esto que dices sobre el tawhid, la otra vida y las prohibiciones morales? Si has venido para guiarnos, presenta algo que beneficie a la nación y cuyo progreso mundano pueda apreciarse. Si, a pesar de todo, no quieres cambiar en absoluto tu llamamiento, al menos hazlo un poco más fácil y práctico, para que pueda haber algún entendimiento entre nosotros. Nosotros aceptaremos algunas de tus cosas y tú aceptarás algunas de las nuestras. Que en tu tawhid haya algún espacio para nuestro shirk; en tu adoración de Dios, para algo de nuestro culto a nosotros mismos y del culto al mundo; y en tu creencia en la otra vida, para algunas de nuestras esperanzas y deseos, de modo que podamos hacer en este mundo lo que queramos. En la otra vida, de algún modo, sin duda alcanzaremos la salvación. Además, tus principios morales inquebrantables nos resultan inaceptables. Debe haber en ellos algún espacio para nuestras supersticiones, nuestras costumbres y tradiciones, nuestros intereses personales y nacionales, y también nuestros deseos. No debe ocurrir que, de común acuerdo entre tú y nosotros, se establezca un marco preciso para las exigencias del dīn y que con ello cumplamos los derechos de Dios, para que después se nos deje libres de llevar los asuntos mundanos como queramos. Pero tú estás cometiendo esta crueldad: quieres vincular toda la vida y todos sus asuntos a la creencia en el tawhid y en la otra vida, y a las normas de la sharía». —El autor.
(¡Oh, Muhammad!) Diles: «No tengo derecho a cambiarlo por iniciativa propia. Yo no hago más que seguir la revelación que me es enviada». (Yunus: 15)
(Árabe******************)
—Y proclama: «Esta es la verdad procedente de vuestro Señor. Así pues, quien quiera, que crea, y quien no quiera, que no crea». (Al-Kahf: 29)
—Quien siga la guía lo hará para su propio bien; y a quien se extravíe, dile: «Yo no soy más que un amonestador». (An-Naml: 92)
La reacción de Quraysh y de los politeístas árabes ante la aceptación de la misión profética fue mucho más intensa que la de los politeístas comunes de Arabia. En primer lugar, no les resultaba fácil aceptar que el hombre que había vivido entre ellos durante cuarenta años como una persona común hubiese sido de repente designado por Allah como Mensajero y hubiese comenzado a recibir la revelación. Para quienes durante generaciones se habían acostumbrado a una libertad desenfrenada, tampoco era poco difícil someterse ahora a la obediencia absoluta de un hombre y cumplir plenamente, en toda su vida, la ley que él había establecido. Aún más difícil era para aquellos jefes que se habían convertido en los soberanos absolutos de sus tribus y grupos. Era difícil para aquellos dirigentes religiosos que habían establecido por todo el país grandes centros de idolatría y habían hecho prosperar sus negocios. Era difícil para aquellos adivinos que afirmaban conocer lo oculto y a quienes la gente acudía para encontrar objetos perdidos y conocer acontecimientos futuros. La misión profética significaba para cada uno de ellos un mensaje inequívoco de muerte. No podían aceptarlo; ni siquiera podían escucharlo con serenidad. En resumen, todos aquellos cuyos intereses estaban ligados a la continuidad del antiguo sistema de la ignorancia preislámica comprendieron que, si la gente aceptaba la misión profética de Muhammad y se sometía a él reconociendo que todo cuanto presentaba procedía del Dios de los cielos y de la tierra, su influencia en la sociedad no volvería a brillar jamás. Por eso, para proteger sus propios intereses, estaban decididos a impedir a toda costa que este llamamiento a la misión profética siguiera adelante. Comprendían que, si el pueblo aceptaba seguir al guía designado por Allah y obedecer la religión y la ley reveladas por Allah, finalmente ellos también tendrían que deponer las armas y, en lugar de ejercer el liderazgo, permanecer sometidos.
Por un lado estaban aquellas dificultades, y por otro, la terrible dificultad que afrontaban era que quien se había alzado entre ellos reivindicando la misión profética era el mejor hombre de su pueblo. Toda la nación reconocía su superioridad moral. Cinco años antes, toda la nación le había otorgado por unanimidad el título de «Al-Amín». Antes de presentar su reivindicación de la misión profética, subió al monte Safa y les dijo: «Si os dijera que un ejército está preparado al otro lado de la montaña para atacaros, ¿aceptaríais como verdad lo que os digo?». Todos respondieron al unísono: «Sí, lo aceptaríamos, porque nunca te hemos oído decir una mentira».
Después, llamarlo mentiroso y hacer que la gente creyera que el hombre que jamás había mentido en su vida podía hacer una afirmación tan enorme y falsa como que Dios lo había designado Mensajero y que la palabra de Dios descendía sobre él, no era una tarea fácil.
En este sentido, se dice en un lugar del Corán:
(Árabe***************)
—¡Oh, Muhammad (s.a.)! Sabemos que te apena lo que dicen estas personas. Pero no te consideran mentiroso; más bien, estos opresores niegan los signos de Allah. (Al-An’am: 33)
Esto indica precisamente esta verdad: mientras el Profeta Muhammad (s.a.) no había comenzado a recitar los signos de Allah, todos los miembros de su pueblo lo consideraban digno de confianza y veraz. Tenían plena confianza en su honestidad. Lo consideraron mentiroso cuando comenzó a transmitirles el mensaje de parte de Allah. Incluso en esta segunda etapa no hubo nadie que se atreviera a acusarlo personalmente de mentir. Ni siquiera su peor enemigo lo acusó jamás de haber sido culpable de mentir en algún asunto mundano. Todas las mentiras que le atribuyeron se debieron a su condición de profeta. Su mayor enemigo era Abu Yahl. Se ha narrado de Hadrat Ali (r.a.) que una vez Abu Yahl le dijo al Profeta (s.a.):
(Árabe***************)
No te consideramos mentiroso; más bien, consideramos falsa la verdad que has traído. [El imán Sufyan al-Zawri y al-Hakim transmitieron esta narración de Hadrat Ali (r.a.); autor.]
Durante la batalla de Badr, Ajnaf ibn Shurayq preguntó en privado a Abu Yahl: «Aquí no hay una tercera persona aparte de tú y yo. Dime sinceramente: ¿consideras veraz a Muhammad (s.a.) o lo consideras mentiroso?»
Él respondió: «¡Por Allah! Muhammad es un hombre veraz. Nunca dijo una mentira en toda su vida. Pero si la liwa (la dignidad de portar el estandarte), la hijaba (la dignidad de custodiar las llaves de la Kaaba), la siqaya (la dignidad de proporcionar agua a los peregrinos) y la profecía, todo, recae en la familia de Qusay, dime, ¿qué les queda al resto de los Quraysh?». [Ibn Jarir cita esta narración en su tafsir. Ajnaf ibn Shurayq estaba unido por lazos de alianza a los Banu Zuhra, el clan del abuelo materno del Noble Profeta (s.a.). Aunque había venido a la guerra con los Quraysh, ni él ni nadie de los Banu Zuhra participó en la batalla; autor.]
Sobre esta base, Allah el Altísimo consuela al Noble Profeta (s.a.) diciendo: «La acusación de mentiroso no se dirige contra ti, sino contra Mí. Yo la soporto con paciencia y sigo concediéndoles un plazo tras otro; entonces, ¿por qué te inquietas?»
Pretextos y objeciones, acusaciones y demandas de naturaleza extraordinaria
Después de enfrentarse a estas dos dificultades, a los coraichitas y a los demás politeístas no les quedaba otro camino que inventar toda clase de excusas y objeciones para no aceptar la misión profética del Profeta (s. a. s.), plantear acusaciones diversas y contradictorias, y exigir que mostrara milagros extraños. Pero, como han visto en el caso del tawhid, se presentaron argumentos y pruebas tan irrefutables, no solo para refutar el politeísmo, sino más bien para demostrar la unicidad de Dios, que a ninguna persona sensata le quedó posibilidad alguna de negar esas verdades. Del mismo modo, todas las artimañas de los politeístas contra la misión profética fueron enfrentadas de una manera tan razonada que cualquiera que poseyera siquiera un mínimo de inteligencia no pudo dejar de reconocer la verdad, aunque continuara oponiéndose por obstinación y terquedad. (12)
Objeción a que el Profeta (s. a. s.) fuera un ser humano
Su primera objeción era que decían: «¿Cómo podemos aceptar como Mensajero de Dios a un ser humano que es igual que nosotros? Come y bebe, tiene hijos y realiza las mismas actividades mundanas que realizan los demás». El Corán menciona estas excusas y objeciones suyas y les da respuesta.
(Árabe***************)
Y estos opresores se susurran unos a otros y dicen: «Este hombre no es más que un ser humano como vosotros. ¿Acaso vais a caer, a sabiendas, en la trampa de la magia?». (Al-Anbiya: 3)
Los grandes jefes de los incrédulos de La Meca se reunían y mantenían entre sí estas conversaciones en voz baja. Aquellos que debían enfrentarse a la invitación del Profeta decían: «Este hombre no puede ser profeta de ninguna manera. Es un ser humano como nosotros: come, bebe, recorre los mercados y tiene esposa e hijos. ¿Qué tiene de excepcional que establezca una diferencia entre él y nosotros y le otorgue, en comparación con nosotros, una relación extraordinaria con Dios? Sin duda, hay magia en sus palabras y en su personalidad. Por eso, cualquiera que lo escuche atentamente y se acerque a él termina encariñándose con él. Así que, si queréis vuestro propio bien, no escuchéis nada de lo que dice ni os relacionéis con él. Pues escuchar sus palabras y acercarse a él equivale a poner, con los ojos abiertos, el pie en la trampa de la magia». (13)
(Árabe****************)
—Y dicen: «¿Qué clase de Mensajero es este, que come y camina por los mercados? ¿Por qué no se le envió un ángel que permaneciera con él y amedrentara a los incrédulos? Y, si no, al menos se le habría hecho descender un tesoro, o habría tenido un jardín del que pudiera obtener su sustento con tranquilidad?»
Los injustos dicen: «No hacéis más que seguir a un hombre hechizado». (Al-Furqán: 7-8)
Su intención era, en primer lugar, que ya era algo extraño que un ser humano fuese mensajero. Si hubiese venido con el mensaje de Dios, debería haber sido un ángel, no un hombre de carne y hueso que necesitara alimento para vivir. Y si se había elegido a un ser humano como mensajero, al menos debería haber sido una personalidad semejante a los reyes y a los grandes de este mundo, alguien cuya visión hiciera anhelar los ojos y cuya cercanía solo pudiera alcanzarse con enorme dificultad. Pero, en lugar de eso, se había convertido en mensajero del Señor de los mundos a un hombre común que iba y venía por los mercados. ¿Quién habría de mirar con respeto a alguien con quien nos encontramos a diario al caminar y en quien no vemos nada extraordinario que lo distinga de nosotros? En otras palabras, según ellos, si era necesario enviar mensajeros, no debía ser para guiar a la gente común, sino para mostrar algo maravilloso o para crear influencia y autoridad mediante el esplendor y la pompa.
Después decían que, si se había elegido a un ser humano como profeta, se le habría debido enviar un ángel que llevara siempre un bastón en la mano y dijera a la gente: «Aceptad sus palabras; de lo contrario, ved cómo hago descender sobre vosotros el castigo de Dios». ¡Qué cosa tan extraordinaria: que el Creador del universo otorgara a alguien el gran honor de la profecía, lo dejara completamente solo y permitiera que el pobre sufriera los insultos y las piedras de la gente! Su última exigencia era que, como mínimo, Alá podría haber hecho algo: haber dispuesto dignamente el sustento de Su mensajero. ¡Qué extraño que este mensajero de Dios sea incluso más inútil que nuestros ricos comunes! No tiene dinero para sus gastos ni un huerto donde comer frutas. Y, por otro lado, afirma: «Soy el mensajero de Alá, el Señor de los mundos».
Después de decir todas esas tonterías, afirmaban que aquel hombre había sido hechizado; es decir, que alguien le había hecho magia y, como consecuencia, se había vuelto loco.
Lo sorprendente es que, en las afirmaciones suyas expuestas anteriormente, lo llamaban hechicero. Ahora dicen que había sido hechizado. También se le acusaba de ser poeta, asunto que se mencionará más adelante. (14)
Respuesta a estas excusas y objeciones
(Árabe************)
—Antes de vosotros, enviamos a muchos mensajeros y les dimos esposas e hijos. (Ar-Ra’d: 38)
Esta es la respuesta a aquellas preguntas que le hacían al Profeta (la paz sea con él): «¡Qué buen profeta, que tiene esposa e hijos! Pero ¿acaso los profetas también tienen alguna relación con el deseo sexual?». Además, los profetas y mensajeros que fueron enviados anteriormente también tenían esposa e hijos. Vosotros mismos reconocéis al propio Noé (la paz sea con él) como profeta. Si no hubiera tenido descendencia, ¿cómo habríais nacido de su linaje? El profetazgo de Abraham (la paz sea con él) y de Ismael (la paz sea con él) es algo que todos vosotros reconocéis. Relacionáis vuestro linaje y ascendencia con ellos. Si no hubieran tenido descendencia, ¿de dónde seríais vosotros, los hijos de Ismael? (15)
(Árabe*************)
—Y antes de ti, ¡oh, Muhammad!, tampoco enviamos como mensajeros sino a hombres a quienes revelábamos. Preguntad a la Gente del Libro, si no tenéis conocimiento. No les dimos cuerpos que no necesitaran alimentarse, ni fueron inmortales. (Al-Anbiya: 7-8)
—Es decir, preguntad precisamente a la comunidad judía, que comparte con vosotros su hostilidad hacia el islam y os enseña métodos para oponeros a él: ¿quiénes fueron Moisés (la paz sea con él) y los profetas de los Hijos de Israel? ¿Eran acaso seres humanos o alguna otra creación? (16)
(Árabe***************)
—¿Acaso no os ha llegado la noticia de quienes, antes de vosotros, descreyeron y sufrieron las consecuencias de sus malas obras? Y en la otra vida les espera un castigo doloroso. Esto les sucede porque sus mensajeros acudían a ellos con pruebas claras, pero ellos decían: «¿Acaso un ser humano va a guiarnos?». Así se negaron a aceptar la verdad y se apartaron. Entonces Allah prescindió de ellos. Y Allah es, en verdad, Autosuficiente y digno de toda alabanza en Su esencia. (At-Tagabun: 5-6)
Es decir, los profetas trajeron pruebas tan claras que daban testimonio evidente de que habían sido designados por Allah. Todo lo que decían era completamente razonable y lo presentaban con argumentos y pruebas sólidas. No había ninguna ambigüedad en sus enseñanzas. Por el contrario, explicaban con claridad qué era la verdad y qué era la falsedad; qué estaba permitido y qué estaba prohibido; por qué camino debía andar el ser humano y por cuál no debía andar. Pero ellos rechazaban sus palabras diciendo: «¿Ahora va a guiarnos un ser humano?». Y esto se convirtió en la causa de su destrucción. Pues no había otro medio para que la humanidad conociera la conducta correcta que su Creador le concediera el conocimiento de la verdad y encomendara a los profetas la tarea de impartir ese conocimiento y transmitirlo a los demás. Con este propósito, Él envió a los profetas con pruebas claras, para que no hubiera ninguna razón legítima para dudar de su veracidad. Sin embargo, se negaron por completo a aceptar que un ser humano pudiera ser mensajero de Allah. Después de eso, no les quedó ningún otro medio para alcanzar la guía. En este asunto se nos presenta un cuadro asombroso de la ignorancia y necedad de las personas extraviadas: jamás dudaron en aceptar la guía de otros seres humanos. Incluso convirtieron en divinidades ídolos de madera y piedra destinados a guiarlos mediante ciertos seres humanos. Llegaron a aceptar al propio ser humano como dios, encarnación de Dios e hijo de Dios. Después, siguiendo ciegamente a dirigentes que los extraviaban, adoptaron caminos tan extraños que destruyeron la civilización, la cultura y el carácter humanos. Pero cuando el mensajero de Allah llegó ante ellos con la verdad y se la presentó sin prejuicios, elevándose por encima de todo interés personal, dijeron: «¿Ahora va a guiarnos un ser humano?». Esto significaba que, si un ser humano extraviaba a la gente, su guía debía aceptarse sin reparos; pero si mostraba el camino verdadero, entonces no era aceptable seguir su orientación.
Por tanto, cuando se apartaron de la guía enviada por Allah, a Allah tampoco le importó en qué abismo de destrucción cayeran. Allah no tenía ningún interés propio en juego: no es que, si lo reconocían como Dios, hubiera tres dioses, ni que, de lo contrario, el trono de la divinidad se le escapara de las manos. Él no necesitaba su adoración ni sus cantos de alabanza. Lo que quería era guiarlos por el camino recto para su propio bien. Pero cuando se apartaron de Él, Allah también prescindió de ellos. Después, ni les concedió la guía ni asumió la responsabilidad de protegerlos; ni los salvó de caer en el abismo de la destrucción ni les impidió que la destrucción cayera sobre ellos mismos. Pues ellos mismos no dependían de Su guía ni de Su protección. (17)
(Árabe***************)
—Cuando se les presentó una guía, nada les impidió creer en ella salvo estas palabras suyas: «¿Acaso Allah ha enviado a un ser humano como profeta?». Diles: «Si hubiera ángeles caminando tranquilamente por la tierra, ciertamente les habríamos enviado desde el cielo a un ángel como profeta». (Bani Isra’il: 94-95)
Es decir, la tarea del profeta no consiste únicamente en venir y transmitir el mensaje de Dios. Su tarea también consiste en reformar y corregir la vida humana de acuerdo con ese mensaje. Debe armonizar la condición de las personas con los principios fundamentales de dicho mensaje. Él mismo debe manifestar prácticamente esos principios en su propia vida. Debe desatar los nudos de la mente y la psicología de las innumerables personas de diversos tipos que intentan escuchar y comprender su mensaje. Debe organizar a quienes aceptan su mensaje, y debe organizarlos y educarlos para que, conforme a las enseñanzas de ese mensaje, pueda surgir una sociedad. Debe luchar contra quienes lo rechazan, se oponen a él y crean obstáculos, para que las fuerzas que apoyan la corrupción sean derrotadas y sean encaminadas hacia la labor reformadora para la cual Allah Todopoderoso envió a los profetas. Puesto que todas estas tareas debían realizarse entre seres humanos, ¿a quién se podía enviar sino a un ser humano? Un ángel, como mucho, podía venir, transmitir el mensaje y marcharse. Permanecer entre los seres humanos como uno de ellos, actuar como ellos y mostrar la reforma de la vida humana conforme a la voluntad de Dios no estaba al alcance de un ángel. Solo un ser humano podía ser apto para esta tarea. (18)
(Árabe***************)
—¡Oh, Muhammad!, antes de ti, todos los profetas que enviamos eran seres humanos habitantes de estas mismas poblaciones, a quienes revelábamos Nuestro mensaje. (Yusuf: 109)
Aquí se ha expresado en una sola frase una cuestión de gran importancia. Explicada detalladamente, podría decirse así:
¡Oh, Profeta! Estas personas no prestan atención a tus palabras porque se preguntan cómo pueden aceptar que aquel que ayer nació en su ciudad, creció entre ellos desde la infancia hasta la juventud y de la juventud hasta la vejez, haya sido designado repentinamente un día por Dios como Su mensajero.
Pero no es un asunto novedoso al que él se enfrente por primera vez en el mundo. Antes de él, Dios también envió a Sus profetas, y todos eran seres humanos. Tampoco ocurrió jamás que un desconocido apareciera de repente en una ciudad y dijera: «He sido enviado como profeta». Todos aquellos que fueron enviados para reformar y corregir a la humanidad eran habitantes de sus propias poblaciones. Entonces, ¿quiénes fueron el Mesías, Moisés, Abraham y Noé, la paz sea con todos ellos? ¿Acaso aparecieron desde alguna otra parte, o surgieron precisamente de las ciudades donde habían nacido? (19)
(Árabe****************)
¿Acaso ha resultado tan sorprendente para los seres humanos que hayamos enviado la revelación a uno de ellos mismos para advertir a la humanidad y anunciar a los creyentes la buena noticia de que junto a su Señor les espera un verdadero honor y dignidad? (¿Es por eso que) los incrédulos dijeron: «Este hombre no es más que un mago evidente»? Es decir, ¿qué hay de sorprendente en ello? Si se va a designar a alguien para advertir a los seres humanos, ¿acaso tendría que ser un ángel, un genio o un animal, y no un ser humano? Y si el ser humano, desatendiendo la verdad, lleva una vida desviada, ¿qué podría ser más sorprendente que su Creador y Sustentador no lo abandonara en ese estado, sino que dispusiera algún medio para guiarlo? ¿O que Dios le concediera honor y dignidad, que él podría aceptar o rechazar? Por tanto, quienes se asombran deberían reflexionar sobre aquello de lo que realmente se están asombrando.
Después de calificar de magos a quienes advierten, deberían considerar si esta acusación realmente se aplica a él. No basta con acusar de hacer magia a alguien que conquista las mentes y los corazones de la gente mediante discursos elevados. Hay que observar qué dice en esos discursos y con qué interés utiliza su capacidad oratoria. También hay que preguntarse qué tipo de efecto producen sus palabras en quienes creen. El orador que emplea el poder de un discurso mágico para alcanzar fines ilegítimos es un hablador charlatán, desenfrenado e irresponsable. Sin preocuparse por la verdad ni por la honestidad, dice toda clase de cosas que fascinan a los oyentes, por muy falsas, exageradas e irrelevantes que sean. En sus palabras, en lugar de sabiduría, hay algo que engaña al público. En lugar de pensamientos ordenados y bien estructurados, hay incoherencia e incongruencia. En vez de equilibrio, sus palabras generan desequilibrio. Para imponerse, actúa desvergonzadamente; o adormece a la gente con el opio de sus discursos para que se peleen entre sí y para incitar a un grupo contra otro. Bajo su influencia no se forma en la gente ningún nivel moral ni se observa ningún cambio beneficioso en sus vidas. Tampoco llegan a existir pensamientos rectos ni condiciones reales de bondad. Al contrario, la gente empieza a manifestar un carácter aún más bajo que antes. Pero aquí veis que el mensaje presentado por el Profeta contiene sabiduría, un sistema de pensamiento armonioso, un equilibrio supremo y una estricta adhesión a la verdad y a la veracidad. Cada palabra está medida y cada afirmación es sumamente valiosa. En su discurso no podréis identificar otro propósito aparte de reformar la creación de Dios. En lo que dice no se encuentra el menor rastro de interés personal, familiar, nacional o mundano de ningún tipo. Solo desea advertir a la gente sobre las malas consecuencias de la negligencia y la indiferencia en las que está sumida, y conducirla por un camino en el que se encuentra su propio bienestar. Además, el efecto de su discurso es completamente distinto del producido por el discurso de un orador que practica la magia verbal. Aquí, toda persona que ha recibido su influencia ha visto ordenarse su vida. Se ha convertido en alguien de carácter más noble que antes. En su conducta se han hecho manifiestas señales de bondad. Ahora juzgad vosotros mismos: ¿acaso la magia habla de esta manera? ¿Y puede su magia producir frutos tan buenos? (20)
(Árabe****************)
Concedimos a algunos profetas una posición superior a la de otros, y a David le otorgamos los Salmos. (Bani Israil: 55)
En el contexto en que se pronunció esta afirmación, se menciona de manera particular que al profeta David (sobre él la paz) le fue concedido el libro de los Salmos porque era rey y, al mismo tiempo, profeta. Los contemporáneos del profeta Muhammad (la paz sea con él) se negaban a aceptar su profecía porque, según su propia concepción, él tenía esposa e hijos como la gente común, comía y bebía, caminaba por los mercados, compraba y vendía, y realizaba todas aquellas actividades que los demás hombres mundanos realizaban por sus necesidades humanas. Los incrédulos de La Meca decían: «Tú eres un hombre mundano. ¿Qué relación tienes con alcanzar a Dios? Los enviados de Dios son aquellos que no tienen conciencia alguna de sus necesidades corporales, sino que se sientan en un rincón absortos en la contemplación de Dios. ¿Qué relación hay entre eso y preocuparse por el arroz y las legumbres?». Como respuesta, se dice que, ¿qué podría ser más mundano que gobernar un reino completo? A pesar de ello, al profeta David (sobre él la paz) le fueron concedidos la profecía y el Libro. (21)
(Árabe***************)
(Oh, Profeta, diles:) «No soy un profeta excepcional. No sé qué se hará conmigo, ni sé qué se hará con vosotros. Solo sigo la revelación que me ha sido enviada y no soy más que un claro advertidor». (Al-Ahqaf: 9)
El contexto de esta declaración es el siguiente: cuando el Profeta (la paz sea con él) se presentó como Mensajero de Dios, los habitantes de La Meca comenzaron a hacer diversas críticas. Decían: «¿Qué clase de mensajero es este, que tiene esposa e hijos, camina por el mercado, come alimentos y lleva una vida como la nuestra? En realidad, ¿qué tiene de especial para ser diferente de la gente común, de modo que podamos comprender que Dios lo ha escogido específicamente como Su Mensajero?». Luego decían: «Si Dios realmente hubiera hecho mensajero a este hombre, habría enviado a algún ángel para que lo acompañara. Este anunciaría que él es el Mensajero de Dios y azotaría a quien osara cometer la menor falta de respeto o insolencia delante de él. ¿Cómo puede ser que Dios haya designado a alguien como Su Mensajero y luego lo haya dejado indefenso, vagando así por las calles de La Meca y soportando la opresión y la persecución? Como mínimo, Dios habría construido para Su Mensajero un palacio real y un jardín floreciente. Así no ocurriría que la esposa de Su Mensajero estuviera desamparada y padeciendo hambre, ni que él careciera de una montura para ir a Taif».
Después exigían al Profeta (la paz sea con él) diversos milagros. También le preguntaban sobre los acontecimientos futuros. Según su idea, que una persona fuera el Mensajero de Dios significaba que poseería poderes sobrehumanos: con un movimiento de su dedo desplazaría las montañas y convertiría el desierto en campos verdes y frondosos. Tendría conocimiento de todo el pasado, el presente y el futuro, y cada cosa oculta se manifestaría claramente ante él.
En respuesta a estas palabras, se dijo: «Diles: no soy un mensajero sin precedentes. Que se me haya designado como Mensajero no es el primer acontecimiento de la historia del mundo, como para que os resulte difícil entender cómo es un mensajero y cómo no lo es. Antes de mí vinieron muchos mensajeros, y yo no soy diferente de ellos. ¿Acaso hubo algún profeta o mensajero en el mundo que no tuviera esposa e hijos? ¿O que no llevara una vida como la de la gente común? ¿Acaso descendió con algún mensajero un ángel que anunciara su misión profética y caminara delante de él con un bastón en la mano? ¿Para qué mensajero se construyeron palacios reales y jardines? ¿Y quién no sufrió persecución por llamar hacia Dios, como la he sufrido yo? ¿Hubo algún mensajero que pudiera realizar milagros por iniciativa propia y conocer todas las cosas por su propio conocimiento? Entonces, ¿de dónde habéis sacado este criterio extraordinario para verificar mi misión como Mensajero?»
Luego también se les respondió: «No sé qué me sucederá mañana, ni qué os sucederá a vosotros. Yo solo sigo la revelación que me es enviada. Es decir, no soy un adivino para que todo lo pasado, presente y futuro se manifieste claramente ante mí y para que adquiera conocimiento de cada cosa del mundo. Dejando de lado vuestro futuro, ni siquiera conozco mi propio futuro. Solo sé aquello cuyo conocimiento me es concedido mediante la revelación. ¿Cuándo he afirmado poseer un conocimiento superior a ese? ¿Acaso hubo en el mundo algún mensajero dotado de semejante capacidad de predicción, para que pongáis a prueba mi conocimiento del futuro a fin de verificar mi misión como Mensajero? ¿Desde cuándo es función de un mensajero encontrar objetos perdidos y decir si una mujer embarazada dará a luz un niño o una niña, o si un enfermo se recuperará o morirá? (22)»
¿Por qué fue designado el Profeta (la paz sea con él)?
Su segunda objeción era la siguiente: si Dios necesitaba enviar un profeta y tenía que enviar a alguien de entre los seres humanos, ¿acaso no encontró entre nosotros a nadie más que a Muhammad (la paz sea con él), hijo de Abdullah? ¿Es que habían muerto todos los grandes hombres de La Meca y Taif, de modo que no se pudo escoger a ninguno de ellos? Eso era lo que afirmaban.
(Árabe***********)
«¿Acaso solo este hombre de entre nosotros es aquel sobre quien se ha hecho descender la Amonestación [el consejo de Dios]?». (Sad: 8)
(Árabe***************)
—Y dicen: «¿Por qué no fue revelado este Corán a uno de los grandes hombres de una de las dos ciudades? ¿Acaso ellos distribuyen la misericordia de tu Señor? Nosotros distribuimos entre ellos los medios de subsistencia para su vida mundana y elevamos a unos de ellos por encima de otros en rango, para que unos puedan servirse de otros. Y la misericordia de tu Señor es mejor que las riquezas que esos grandes hombres acumulan». (Az-Zujruf: 31-32)
Las dos ciudades son La Meca y Taif. Los incrédulos decían: «Si realmente Dios hubiera querido enviar un mensajero y hacerle descender Su Libro, habría escogido para esta tarea a un hombre eminente de una de estas dos ciudades. ¡Para hacer mensajero, Dios no encontró a nadie más que a un hombre que nació huérfano! No recibió ninguna herencia. Pasó su juventud pastoreando cabras. Ahora vive haciendo negocios con el dinero de su esposa. No es jefe de una tribu ni líder de una familia. ¿Acaso en La Meca no había jefes famosos como Walid ibn al-Mugira y Utba ibn Rabia? ¿Acaso en Taif no había hombres ricos como Urwa ibn Masud, Habib ibn Amr, Kinana ibn Abd Amr y Abid ibn Yalil?». Esos eran sus argumentos. Al principio ni siquiera estaban dispuestos a aceptar que un ser humano pudiera ser mensajero. Pero cuando el Corán refutó repetidamente esta idea con argumentos y se les dijo que siempre habían sido seres humanos los que habían venido como mensajeros, y que para guiar a los seres humanos solo un ser humano podía ser mensajero, y no otro; y que ningún mensajero que hubiera venido al mundo había descendido de repente del cielo, sino que había nacido en una comunidad humana, caminaba por los mercados, tenía esposa e hijos y no estaba exento de comer y beber, entonces cambiaron de estrategia y comenzaron a decir: «Está bien, que un ser humano sea mensajero. Pero ciertamente debe ser un gran hombre: rico, influyente y jefe de un grupo. Debe tener una personalidad de enorme peso entre la gente. ¿Cómo puede Muhammad ibn Abd Allah —que Allah le bendiga y le conceda la paz— ser apto para este rango?»
En respuesta a estas acusaciones se han expresado, en pocas palabras, varias cuestiones importantes.
En primer lugar: ¿acaso se les ha confiado a ellos la responsabilidad de distribuir la misericordia de tu Señor? ¿Son ellos quienes decidirán sobre quién derramará Allah Su misericordia y sobre quién no? (Aquí, «misericordia» significa Su misericordia general, de la cual cada persona recibe algo.)
En segundo lugar, la profecía es un asunto de enorme importancia. Nosotros mismos nos hemos reservado la responsabilidad de distribuir los medios y recursos ordinarios necesarios para la vida mundana; no se la hemos confiado a nadie más. Creamos a unos hermosos y a otros feos; a unos elocuentes y a otros ásperos de palabra; a unos sanos y a otros discapacitados, ciegos o sordos; a unos ricos y a otros pobres; a unos como miembros de pueblos desarrollados y a otros como esclavos o miembros de pueblos atrasados. Nadie puede intervenir siquiera mínimamente en esta determinación del destino con el que nace. Aquel a quien hemos creado de una determinada manera necesariamente será así. Y nadie tiene poder para cambiar las consecuencias que estas distintas condiciones innatas produzcan en el destino de una persona. También somos Nosotros quienes distribuimos entre las personas el sustento, la fuerza, el honor, la fama, las riquezas y el poder de gobierno, entre otras cosas. A aquel cuyo destino elevamos por parte Nuestra, nadie podrá arruinarle la fortuna. Y cuando por parte Nuestra sobreviene la desgracia de alguien, nadie puede salvarlo. Frente a Nuestra decisión, fracasan todas las artimañas, esfuerzos y gestiones humanas. En este orden divino universal, ¿pretenden ellos decidir a quién hará profeta el Dueño del universo y a quién no?
En tercer lugar, en este orden divino se ha establecido como norma permanente que no se le dé todo a una sola persona ni todo a todas las personas. Mirad con los ojos abiertos: en todos los aspectos encontraréis únicamente diferencias entre los seres humanos. Si a alguien le hemos concedido algo, lo hemos privado de otra cosa y se la hemos dado a otra persona. Esto se ha hecho con la sabiduría de que ningún ser humano sea completamente independiente de los demás; por el contrario, cada uno depende de otro en algún aspecto. Entonces, ¿cómo se os ha ocurrido esa idea insensata de que a quien hemos dado autoridad y poder de gobierno también debemos concederle la profecía? ¿Diréis acaso también que la inteligencia, el conocimiento, la riqueza, la belleza, la capacidad, el poder estatal y todas las demás cualidades deben reunirse en una misma persona, y que a quien no ha recibido una sola cosa tampoco se le debe dar ninguna otra?
En la última frase, «la misericordia del Señor» significa Su misericordia especial, es decir, la profecía. Esto significa que vosotros consideráis grandes a vuestros hombres ricos por sus riquezas, personalidad, influencia y prestigio, pero esas riquezas no son dignas de compararse con lo que se le ha concedido a Muhammad —que Allah le bendiga y le conceda la paz—. Esa riqueza posee un rango muy superior al de las riquezas de ellos, y el criterio de esta dignidad es otro. Si pensáis que todos vuestros hombres influyentes y poderosos son dignos de ser grandes profetas, eso revela el extremo deterioro de vuestra mentalidad. ¿Por qué esperáis de Allah semejante necedad? (23)
(Árabe*******************)
—En realidad, los corazones de quienes discuten sobre los signos de Allah sin ninguna autoridad ni prueba que les haya llegado están llenos de orgullo y arrogancia. Sin embargo, no alcanzarán la grandeza de la que se jactan. Así pues, busca refugio en Allah. Él todo lo ve y todo lo oye. (Al-Mu’min: 40:56)
Es decir, la verdadera causa de su oposición irracional y de sus argumentos sofísticos e incongruentes no es que no comprendieran las verdades y las enseñanzas beneficiosas de los signos de Allah que se les presentaban, y que por ello discutieran de buena fe para comprenderlas. Más bien, la verdadera causa de su conducta es que su arrogancia no está dispuesta a aceptar que, mientras ellos existan, deban reconocer en Arabia el liderazgo de Muhammad, la paz y las bendiciones de Allah sean con él, cuando ellos se consideran más merecedores de ejercer el liderazgo que él. Por eso están empleando todas sus fuerzas para impedir que la palabra del Profeta Muhammad, la paz y las bendiciones de Allah sean con él, prevalezca en cualquier circunstancia. Con tal propósito, no vacilarán en recurrir a los métodos más viles. Pero aquel a quien Allah ha elevado permanecerá elevado. Y los esfuerzos de estos hombres insignificantes por mantener su grandeza acabarán finalmente en fracaso. (24)
(Árabe*****************)
Él hace descender este Espíritu —es decir, la revelación de la profecía— sobre quien quiere, por medio de los ángeles y con Su mandato. (An-Nahl: 2)
Esta es la respuesta a las excusas y objeciones que los incrédulos planteaban con respecto al Profeta, la paz y las bendiciones de Allah sean con él. Decían: «Si Dios hubiera querido enviar a un profeta, ¿acaso Muhammad ibn Abdullah, la paz y las bendiciones de Allah sean con él, era la única persona disponible? ¿Es que habían muerto todos los grandes jefes de La Meca y Taif, de modo que no reparó en ninguno de ellos?». ¿Qué otra respuesta podía darse a este tipo de objeciones y acusaciones absurdas? En varios pasajes del Corán se ha dado precisamente esta respuesta: Dios conoce por Sí mismo Su obra; no necesita consultar a nadie. Él elige para Su misión a quien considera apto entre Sus siervos. (25)
Si sus palabras hubieran sido verdaderas, las grandes personalidades de la nación habrían creído.
(Árabe***************)
—Aquellos que se negaron a aceptarlo les dicen a los creyentes: «Si esto fuera verdad, esa gente no se nos habría adelantado en este asunto». Puesto que no pudieron aceptar la guía, ahora, sin duda, dirán: «Esto no es más que una antigua mentira» (Al-Ahqaf: 11).
Este era uno de los argumentos que los jefes de Quraysh presentaban para incitar al pueblo contra el Profeta (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él). Su razonamiento era el siguiente: si este Corán fuera verdadero y el Profeta (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) estuviera invitando a la gente a la verdad, los jefes de la comunidad, los líderes de las tribus y las personas respetables se habrían adelantado para aceptarlo. ¿Cómo podía ser que unos cuantos muchachos inexpertos y algunos esclavos de baja condición hubieran aceptado algo razonable, mientras que los grandes hombres de la nación, que eran sabios y célebres, y cuyo conocimiento, inteligencia y buen juicio merecían la confianza de la nación, lo rechazaran? Con este argumento engañoso intentaban crear entre la gente la convicción de que necesariamente había algo malo en esta nueva invitación. Por eso los grandes hombres de la nación no la aceptaban. Así pues, vosotros también manteneos alejados de ella.»
El significado de todo este análisis es que esa gente se había erigido en criterio de la verdad y la falsedad. Pensaban que aquello que ellos no aceptaran como guía debía ser necesariamente extravío. Sin embargo, no se atrevían a calificarlo de mentira novedosa, porque antes de ello los profetas (la paz sea con ellos) ya habían presentado esa misma enseñanza. Además, los Libros celestiales que poseen las gentes de la Escritura están todos llenos de esta misma doctrina, creencia y guía. Por eso calificaban aquello de mentira antigua o gastada. A sus ojos, quienes habían presentado esas verdades y las habían seguido durante miles de años parecían carecer de conocimiento y discernimiento. Como si solo ellos poseyeran conocimiento, inteligencia y buen juicio. (26)
Según el relato de Ibn Abbas (que Allah esté complacido con él), los jefes de Quraysh le decían al Profeta (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él): «Personas como Bilal (que Allah esté complacido con él), Suhayb (que Allah esté complacido con él), Ammar (que Allah esté complacido con él), Jabbab (que Allah esté complacido con él) e Ibn Masud (que Allah esté complacido con él) se reúnen y pasan tiempo contigo. Nosotros no podemos sentarnos con ellos. Expúlsalos; entonces podremos acudir a ti y averiguar qué es lo que quieres decir». Después de que el césar de Roma, Heraclio, recibiera la carta del Santo Profeta (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él), convocó a Abu Sufyan y le hizo algunas preguntas acerca del Profeta (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él). Entre las cosas que Abu Sufyan respondió estaba también lo siguiente:
(Árabe*************)
Entre nosotros, los débiles y los miembros de las clases extremadamente pobres aceptan su obediencia. En otras palabras, parecía que su manera de pensar era que solo era verdad aquello que los grandes de la nación reconocían como verdadero. Pues, a sus ojos, solo ellos poseían conocimiento e inteligencia. En cuanto a los pobres y desposeídos, el hecho mismo de que carecieran de bienes demostraba que eran necios e imprudentes. Por eso, aceptar las palabras de estos y rechazar las de los ricos significaba que aquello carecía por completo de sentido.
Exactamente ese tipo de cosas le dijeron los jefes del pueblo del Profeta Noé (la paz sea con él). Decían: «La gente de la clase más baja de la sociedad te sigue. En tales circunstancias, ¿cómo podemos seguirte nosotros?». En la aleya 27 de la sura Hud se cita así su afirmación: «Vemos que solo te siguen, sin comprender, aquellos que son los más bajos entre nosotros» (27).
(La acusación contra el Santo Profeta (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) de que pretendía obtener una posición de supremacía)
En la sura Sad se menciona que, en cierta ocasión, cuando el Profeta (s. a. s.) presentó su invitación a los jefes de Quraysh, los presentes dijeron, entre otras acusaciones:
(Árabe*************)
—Esto se dice con otro propósito. Es decir, esta invitación se hace para que nos convirtamos en seguidores de Muhammad (s. a. s.) y él gobierne sobre nosotros. (28)
Conviene señalar que esto no era más que una acusación sin fundamento alguno, nacida de la incredulidad. Por ello, sin darle respuesta alguna, el Corán declara que también en tiempos antiguos se formularon acusaciones semejantes contra los siervos de Allah que surgieron para reformar y corregir a la gente. Por ejemplo, los consejeros del Faraón dijeron a Moisés (a. s.) y a Aarón (a. s.):
(Árabe******************)
—¡Oh, Moisés! ¿Has venido para apartarnos de las costumbres y prácticas en las que encontramos a nuestros antepasados, y para que el dominio de vosotros dos se establezca en la tierra? (Yunus: 7)
Esto mismo dijeron a Noé (a. s.) los dirigentes de su pueblo:
(Árabe**************)
—Este hombre no es más que un ser humano como vosotros. Quiere imponerse sobre vosotros. (Al-Mu’minun: 24)
Un arma muy antigua de quienes se oponen a la verdad consiste en acusar a toda persona que intenta reformar y corregir algo de lo siguiente: «No es más que un ambicioso que desea obtener el poder».
El faraón formuló esta misma acusación contra Moisés (la paz sea con él) y Aarón (la paz sea con él). Decía: «Habéis salido a la palestra con el propósito de establecer vuestro dominio en el país». También se acusó a Jesús (la paz sea con él) de querer convertirse en el rey de los judíos. Los jefes de Quraysh albergaban esta misma sospecha respecto del Profeta Muhammad (la paz y las bendiciones de Dios sean con él). De hecho, en varias ocasiones intentaron negociar con el Profeta (la paz y las bendiciones de Dios sean con él) en estos términos: «Si aspiras a obtener el poder, abandona tu oposición y únete al grupo de los que están en el poder. Entonces te convertiremos en rey».
La realidad es que a quienes consagran toda su vida y todas sus energías al mundo, a sus placeres y a la influencia y el prestigio les resulta muy difícil, más bien imposible, imaginar que en este mundo una persona pueda dedicar su vida con sinceridad y desinterés al bienestar de la gente. Como pasan día y noche ante el pueblo haciendo falsas promesas de bienestar público, acompañadas de consignas engañosas y atractivas, con el fin de consolidar su propio poder e influencia, la mentira y el engaño se convierten para ellos en algo natural, y llegan a pensar que no es posible hablar del bienestar de la gente con veracidad y sinceridad, sin recurrir al fraude y al engaño. Por eso, quienquiera que mencione ese bienestar debe ser necesariamente uno de ellos. Lo curioso es que la acusación de «ambicionar el poder» contra los reformadores sociales siempre ha sido formulada por los grupos gobernantes y sus aduladores servidores. Como si el poder del que disfrutan fuera un derecho de nacimiento. Nadie puede reprocharles nada de cuanto hagan para obtenerlo y mantenerse en el trono.
Aquí debe comprenderse bien que quien luche por eliminar los defectos y desviaciones del sistema de vida vigente y presente una visión y un sistema reformistas para hacerles frente, necesariamente intentará eliminar cualquier fuerza que se interponga en el camino de la reforma y hará que lleguen al poder aquellas fuerzas capaces de aplicar la visión y el sistema reformistas. Además, cuando la misión de una persona así alcance el éxito, el resultado natural será que obtenga la dignidad de dirigir al pueblo. Entonces, las llaves del poder del nuevo sistema estarán en sus propias manos o en las de sus partidarios y seguidores. ¿Acaso hubo algún profeta o reformador del mundo cuyo propósito no fuera llevar efectivamente a la práctica su misión? ¿Y hubo alguno cuyo éxito en su misión no lo estableciera de hecho en el puesto de liderazgo? Entonces, ¿basta esto para acusarlo de ambicionar el poder y afirmar que su verdadero objetivo era obtener el liderazgo que ahora ha alcanzado? Nadie, salvo un enemigo malintencionado de la verdad, podrá responder afirmativamente. La verdad es que existe una diferencia abismal entre apoderarse del poder por interés personal y hacerlo por una gran causa, como la que hay entre el puñal de un bandido y el bisturí de un médico cirujano. Si alguien confunde al bandido con el médico y atribuye a ambos el mismo significado, habrá que decir que padece un defecto mental. De lo contrario, la diferencia entre sus intenciones, sus métodos de actuación y sus respectivos papeles es tan enorme que ninguna persona sensata puede confundir al bandido con un bandido y al médico con un médico. (30)
Exactamente el mismo trato se dispensó al profeta Hud (la paz sea con él). Los notables de su pueblo también se dirigieron a la gente diciendo:
(Árabe*****************)
—Este hombre no es más que un ser humano como vosotros. Come lo mismo que vosotros coméis y bebe lo mismo que vosotros bebéis. Y si obedecéis a un ser humano como vosotros, ciertamente sufriréis una pérdida. (Al-Mu’minun: 33-34)
Cuando los dirigentes de la comunidad temían que el pueblo se dejara influir por la pura personalidad del profeta y por sus palabras cautivadoras, ¿cómo iban a seguir funcionando nuestras artimañas? Por eso, repetían este tipo de afirmaciones para confundir a la gente. Decían: «Aquí no hay ninguna profecía proveniente de Dios ni nada parecido; solo habla así porque ansía el poder». Hermanos, deteneos un momento a pensar: ¿en qué se diferencia este hombre de vosotros? Es un ser humano de carne y hueso, igual que vosotros. No existe ninguna diferencia entre él y vosotros. Entonces, ¿por qué habría de convertirse él en vuestro señor y vosotros tendríais que obedecer sus órdenes?
En su propaganda, daban por sentado que, aunque nosotros también somos seres humanos, es natural y justo que seamos vuestros jefes o dirigentes de la comunidad. Nadie cuestiona nuestra carne y sangre ni nuestra comida y bebida. El tema en discusión no es nuestro liderazgo, pues ya está establecido por sí mismo y es reconocido por todos. El tema es ese nuevo liderazgo, esa nueva autoridad que, según parece, está a punto de establecerse.
Así, sus palabras no eran diferentes de las de los dirigentes del pueblo de Noé. Si había algo que les resultaba objetable, era el «hambre de poder» que percibían, o temían percibir, en algún recién llegado. En cuanto a sus propios estómagos, consideraban que el poder era su apetito natural; y si les causaba indigestión, tampoco veían en ello ningún problema. (31)
La acusación contra el Profeta de que era un adivino y de que Satanás se acercaba a él
Los incrédulos de La Meca acusaban a Muhammad (s.a.s.) de ser un adivino. Decían también que el Corán que presentaba no se lo había traído un ángel, sino Satanás. Esta acusación ha sido refutada en diversos pasajes del Corán.
(Árabe****************)
Por tanto, ¡oh, Profeta!, continúa exhortando. Por la misericordia de tu Señor, no eres adivino ni estás loco. (At-Tur: 29)
En árabe, la palabra kahin (***) se emplea con los sentidos de adivino, vidente, persona que predice el futuro, hombre muy astuto y otros semejantes. En la época de la ignorancia era una profesión establecida. Los kahin afirmaban, y las personas de mente débil también creían, que eran adivinos o que mantenían una relación especial con los espíritus y con los genios-satanes, gracias a la cual podían conocer el futuro o las cosas ocultas. Si algo se perdía, podían decir dónde se encontraba. Si robaban algo a alguien, decían quién lo había robado. Si alguien les preguntaba por su destino, le decían qué estaba escrito en él. Con estos fines, la gente acudía a ellos y, tras recibir algún regalo u ofrenda, ellos les revelaban noticias de lo invisible. Los kahin salían ellos mismos por las aldeas anunciándose a voces, para que la gente pudiera acudir a ellos. Vestían de una manera particular, por la que se los podía distinguir. Su lenguaje también era diferente del habla corriente. Hablaban con una voz armoniosa, como la de la poesía, y por lo general utilizaban expresiones oscuras, de modo que cada persona podía interpretarlas conforme a lo que llevaba en el corazón. Los dirigentes de Quraysh acusaban al Profeta (s.a.s.) de ser un kahin o adivino para engañar al pueblo, porque él comunicaba informaciones y verdades ocultas a la vista de los seres humanos. El Profeta (s.a.s.) afirmaba que un ángel enviado por Dios descendía hasta él con la revelación, y que las palabras de Dios que presentaba también tenían una cadencia armoniosa. Sin embargo, ningún árabe se dejaba engañar por aquella acusación, porque nadie ignoraba la profesión de los adivinos, su vestimenta, su lenguaje ni sus prácticas. Todos sabían qué hacían, con qué propósito acudía la gente a ellos, qué les decían, cómo eran sus palabras rimadas y con qué asuntos se relacionaban. Lo más importante es que la actividad de un adivino no podía consistir en absoluto en aparecer con una creencia religiosa contraria a la religión establecida en la sociedad, consagrarse día y noche a su difusión y propagación y, finalmente, hacer que toda la nación se convirtiera en su enemiga. Por eso, la acusación de que el Mensajero de Dios (s.a.s.) era un adivino o astrólogo no podía engañar a nadie. Por la misma razón, no se consideró necesario presentar ningún argumento para refutarla, pues era contradictoria en sí misma. Se consideró suficiente decir únicamente: «¡Oh, Profeta!, sin prestar atención a sus acusaciones, advierte a la gente por su negligencia respecto a sus deberes e infórmala de la verdad real. Porque no eres adivino ni estás loco». (32)
(Árabe****************)
—y no es la palabra de ningún Satanás expulsado. Entonces, ¿hacia dónde os dirigís? (At-Takwir: 25-26)
Es decir, es errónea vuestra idea de que algún Satanás viene y susurra estas palabras al oído del profeta Muhammad (s. a. s.). ¿Cómo podría Satanás realizar una obra semejante: liberar a la gente del politeísmo, la idolatría, el materialismo y el ateísmo, y enseñarles la adoración de Dios y el tawhid? En lugar de dejarlos vivir sin freno, ¿podría Satanás inculcarles el sentido de la responsabilidad, el deber y la rendición de cuentas ante Dios? ¿Podría apartarlos de las costumbres y tradiciones de la ignorancia, la opresión, la inmoralidad y la perversidad, y guiarlos hacia una vida pura, la justicia, el temor de Dios y el carácter noble? (33)
(Árabe***************)
Este Libro no descendió acompañado por Satanás. Esta tarea no le corresponde, ni él puede realizarla. Además, se le ha mantenido alejado incluso de escucharla. (Ash-Shu‘ara: 210-212)
La campaña de mentiras que los incrédulos de Quraysh habían iniciado contra el Profeta (s. a. s.) presentaba una gran dificultad: se exponía ante la gente un discurso asombroso en forma de Corán, que penetraba profundamente en los corazones; ¿cómo podía explicarse aquello? No tenían ningún medio para impedir su difusión entre el pueblo. El gran problema era ahora qué recurso emplear para crear una idea equivocada sobre el Corán y proteger a la gente de su influencia. En aquella situación desconcertante, una de las acusaciones que difundían entre el público era que Muhammad (s. a. s.), Dios nos libre, era un adivino y que, como a los adivinos comunes, Satanás le inculcaba estas palabras en la mente. Consideraban esta acusación su arma más eficaz. Pensaban que nadie tenía manera de comprobar si aquel mensaje lo traía un ángel o Satanás. Y si se afirmaba que había sido inspirado por Satanás, ¿cómo podría alguien refutarlo?
A este respecto, Dios Altísimo dice que estas palabras y este contenido jamás podrían salir de la boca de Satanás. Quien tenga conocimiento y discernimiento puede comprender por sí mismo si las palabras transmitidas por el Corán podrían alguna vez proceder de Satanás. ¿Acaso no hay adivinos en vuestra localidad? ¿No habéis oído las cosas que dicen después de comunicarse con los genios satánicos? ¿Habéis oído alguna vez que un Satanás, por medio de un adivino, haya enseñado a la gente la adoración de Dios y el temor de Dios? ¿Que la haya apartado del politeísmo y la idolatría? ¿Que le haya recomendado la honestidad, la veracidad y el buen trato hacia los demás? ¿Ha sido alguna vez propio de la naturaleza de Satanás un temperamento semejante? La disposición de los satanes consiste precisamente en sembrar entre la gente la discordia y la corrupción, y en incitarla al pecado. La gente acude a los adivinos y astrólogos que mantienen relación y comunicación con Satanás para saber si un enamorado conseguirá a su amada, qué jugada resultará provechosa en el juego, qué estrategia conviene adoptar para derrotar al enemigo, o quién ha robado el camello de cierta persona. Aparte de estos asuntos, ¿han pensado alguna vez los adivinos y los satanes que los apoyan en reformar y corregir a la gente, enseñarle las buenas obras o eliminar la corrupción? Aunque Satanás quisiera hacerlo, está más allá de sus capacidades ocupar siquiera por un momento el lugar de un verdadero maestro y reformador de la humanidad para enseñar la verdad y el bien que enseña el Corán. Aunque adopten esa apariencia para engañar, sus actos jamás pueden ser tan puros que no revelen su ignorancia y su naturaleza satánica oculta.
Quien, inspirado por Satanás, se haya convertido en líder religioso manifestará necesariamente en su vida y en sus enseñanzas intenciones deshonestas, propósitos perversos y una inmundicia moral. Satanás jamás puede infundir en nadie una pureza absoluta, una sinceridad impecable y una bondad auténtica; tampoco quienes mantienen relación y comunicación con Satanás pueden poseer esas cualidades.
Después se afirma que, cuando el Corán es infundido en el corazón mediante la revelación, ni qué decir de que Satanás pueda interferir en él: cuando el ángel Gabriel (la paz sea con él) avanza con el Corán por parte de Dios y lo hace descender en el corazón del Profeta Muhammad (la paz y las bendiciones de Dios sean con él), desde el principio hasta el final, en ningún momento ni desde ningún lugar tiene Satanás la menor oportunidad de aguzar el oído para escucharlo. Tampoco puede asomarse furtivamente desde ningún lugar de los alrededores para escuchar algunas palabras y anunciar de antemano a sus amigos: «Hoy Muhammad (la paz y las bendiciones de Dios sean con él) transmitirá este mensaje», o «En su discurso se mencionará tal asunto». (34)
La acusación de que alguien le enseñaba y le instruía
Por un lado, los incrédulos de Quraysh decían que —¡Dios no lo quiera!— Satanás infundía el Corán en la mente del Profeta (la paz y las bendiciones de Dios sean con él), y, por otro, formulaban exactamente la acusación contraria: que él aprendía y estudiaba con alguien y luego presentaba este Corán.
(Árabe*****************)
—Entonces volvieron la espalda al Mensajero y dijeron: «Este no es sino un loco al que alguien ha enseñado e instruido». —(Duján: 14)
El sentido de sus palabras era que aquel pobre hombre era una persona sencilla e ingenua. Algunas otras personas lo habían atrapado en una trampa de engaño. En secreto, componían algo bajo el nombre de versículos del Corán y se lo enseñaban para que lo recitara. Después él se presentaba ante la gente común y lo exponía. Ellos se sentaban a divertirse, mientras aquel pobre hombre recibía insultos y pedradas. De este modo, con aquellas palabras engañosas, anulaban todos los argumentos y pruebas, los buenos consejos y las enseñanzas que el Mensajero de Dios (la paz y las bendiciones de Dios sean con él) les había presentado durante años. No prestaban atención a las palabras justas expresadas en el Corán; tampoco reparaban en el rango de la persona que exponía aquellos asuntos, ni se tomaban la molestia, al formular sus acusaciones, de pensar qué disparates estaban diciendo. La realidad es que, si hubiera habido alguien que le enseñara y le instruyera desde detrás de una cortina, ¿cómo habría podido permanecer eso oculto para Jadiya (que Dios esté complacido con ella), Abu Bakr (que Dios esté complacido con él), Alí (que Dios esté complacido con él), Zayd ibn Hariza (que Dios esté complacido con él) y tantos otros de los primeros musulmanes? Nadie estaba más cerca del Mensajero (la paz y las bendiciones de Dios sean con él) ni era su compañero constante que ellos. Entonces, ¿qué razón podría haber para que precisamente esas personas se convirtieran en sus más fervientes devotos y seguidores? En realidad, si las actividades de la profecía se hubieran llevado a cabo gracias a las enseñanzas de otra persona oculta detrás de una cortina, esas mismas personas se habrían opuesto a él más que nadie.
(ÁRABE******************)
—Sabemos que dicen: «Alguien enseña e instruye a este hombre». Pero la lengua de aquel a quien señalan es extranjera, mientras que esta es una lengua árabe clara. (Nahl: 103)
En las narraciones se mencionan los nombres de varias personas, respecto de una de las cuales los infieles de La Meca sostenían que enseñaba y adoctrinaba al Profeta (la paz sea con él). En una transmisión se dice que se llamaba Yabar y que era un esclavo romano de Amir ibn Hadrami. En otra se menciona a un esclavo de Huaytib ibn Abd al-Uzza, cuyo nombre era Ayes o Yais. En otra narración aparece el nombre de Yasir, cuya kunya era Abu Fucaiha. Era el esclavo judío de una mujer de La Meca. En otra se menciona a un esclavo romano llamado Balán o Alam. Fuera quien fuese, los infieles de La Meca veían que leía la Torá y el Evangelio y que se encontraba con el Profeta Muhammad (la paz sea con él). Por eso afirmaban sin el menor reparo que, en realidad, él había compuesto el Corán y que Muhammad (la paz sea con él) lo presentaba en nombre de Dios como si procediera de él mismo. Esto no solo permite comprender hasta qué punto los adversarios del Profeta eran intrépidos al calumniarlo, sino que también muestra cuánta injusticia comete la gente al valorar a sus contemporáneos. Ante ellos se hallaba una personalidad grandiosa de la historia humana, sin equivalente en ningún lugar del mundo de entonces ni hasta nuestros días. Sin embargo, frente a él, para aquellos ignorantes, carentes de entendimiento y conciencia, un esclavo no árabe que solo podía leer algo de la Torá y el Evangelio era considerado más competente. Creían que esa rara joya irradiaba su resplandor desde aquel carbón. (36)
Pruebas claras de que el Santo Profeta era receptor de la revelación
Después de relatar en el Noble Corán la historia de Moisés (la paz sea con él), Dios, glorificado y exaltado sea, dice en un pasaje:
¡Oh, Profeta! No estabas presente en el lado occidental [al pie del monte Sinaí] cuando entregamos a Moisés este mandato de la Ley, ni eras uno de los testigos de aquel acontecimiento. Pero desde entonces hasta tu época hemos creado muchas generaciones humanas y ha transcurrido mucho tiempo después de ellas. Tampoco estabas entre los habitantes de Madián para recitarles Nuestros signos; pero somos Nosotros quienes te transmitimos [las noticias de] aquellos tiempos. No estabas al pie del monte cuando llamamos a Moisés por primera vez. Pero esto es una misericordia de tu Señor: [te comunicamos esta información] para que adviertas a un pueblo al que no había llegado ningún amonestador antes de ti. (Al-Qasas: 44-46)
Estas tres afirmaciones se presentaron como pruebas de la profecía del Mensajero de Dios (la paz sea con él): que, aparte de la revelación divina, no había ningún medio para conocer esa información. Cuando esto se declaró en el Corán, todos los jefes de la sociedad de La Meca y los infieles comunes estaban decididos a demostrar, por cualquier medio, que él no era profeta y —Dios nos libre— que era un falso profeta. Para ayudarlos, eruditos judíos y monjes cristianos se encontraban en las poblaciones del Hiyaz. Sin embargo, el Profeta Muhammad (la paz sea con él) no había venido desde los cielos superiores para recitarles este Corán; al contrario, era habitante de aquella misma La Meca. Ningún aspecto de su vida era desconocido para la gente de su aldea y de su tribu. Por eso, cuando el Mensajero de Dios (la paz sea con él) presentó estas tres afirmaciones como prueba de su profecía, en un lenguaje de desafío abierto, ni una sola persona de La Meca, del Hiyaz o de toda Arabia pudo levantarse y decir aquella absurda afirmación que hoy hacen los orientalistas hostiles al islam. Aunque no eran inferiores a estos en la invención de mentiras, ¿cómo podían pronunciar una mentira tan descarada que no habría resistido ni un instante? ¿Cómo podían decir: «¡Oh, Muhammad (la paz sea con él)! Has obtenido esta información de tales y tales eruditos judíos y monjes cristianos»? No podían mencionar en todo el país el nombre de una sola persona con ese propósito, pues en cuanto hubieran dado un nombre habría quedado demostrado que el Noble Profeta (la paz sea con él) no había obtenido información de ella. ¿Cómo podían decir: «¡Oh, Muhammad (la paz sea con él)! Tienes a tu disposición una biblioteca de historia, ciencias y literatura antiguas, y con su ayuda pronuncias estos discursos»? Porque, lejos de tener una biblioteca, no podía encontrarse siquiera en los alrededores de Muhammad (la paz sea con él) un trozo de papel en el que estuviera escrita aquella información. Todo el mundo en La Meca, jóvenes y ancianos, hombres y mujeres, sabía que Muhammad (la paz sea con él) era iletrado, y nadie podía afirmar que hubiera recurrido a traductores que le tradujeran libros persas, siríacos y griegos. Además, ni siquiera el más desvergonzado de ellos se atrevía a afirmar que hubiera adquirido esa información durante sus viajes comerciales a Siria y Palestina. Pues no había viajado solo: en cada viaje, las caravanas comerciales de La Meca acompañaban a Muhammad (la paz sea con él). Si alguien hubiera hecho tal afirmación, cientos de testigos vivos habrían atestiguado que allí no había recibido enseñanza de nadie. Además, apenas dos años después de su fallecimiento, los musulmanes comenzaron a combatir contra el Imperio romano. Si alguien hubiera dicho falsamente que el Noble Profeta (la paz sea con él) había conversado con algún monje cristiano o rabino judío de Siria o Palestina, el Imperio romano no habría vacilado lo más mínimo en exagerarlo y difundir que Muhammad —Dios nos libre— había aprendido allí todo cuanto sabía y luego había regresado a La Meca para convertirse en profeta. En resumen, en aquella época, cuando el desafío del Corán era para los infieles y politeístas de Quraysh como el toque de la hora de la muerte, y cuando su necesidad de hacerlo pasar por falso era muchas veces mayor que la de los orientalistas modernos, nadie pudo reunir de ningún lugar información alguna que demostrara que Muhammad (la paz sea con él) tenía algún medio identificable de conocer aquellos datos aparte de la revelación. (37)
La acusación de estar loco
Entre las acusaciones infundadas que se formulaban contra el Noble Profeta (la paz sea con él) estaba la de que —Dios nos libre— estaba loco. En este sentido también lo llamaban embrujado. [Decían que se había obrado magia sobre él.] Con ello también querían decir que estaba bajo la influencia o posesión de los genios. El Corán cita sus palabras:
(Árabe****************)
«Y dicen: “¿Acaso vamos a abandonar a nuestros dioses por causa de un poeta loco?”» (As-Saffat: 36)
En otro lugar se ha dicho:
(Árabe***************)
«Y estos injustos dicen: “No habéis seguido sino a un hombre hechizado”.» (Al-Furqan: 8)
Y en otro lugar se ha dicho:
(Árabe****************)
«¿Acaso dicen que está poseído por un yinn?»
(Es decir, que se ha vuelto loco por la influencia de un yinn.) (Al-Mu’minun: 70)
El propósito de todas estas acusaciones era el mismo. Porque, según los árabes, había dos causas de la locura: o alguien lo hechizaba y lo volvía loco, o un genio se apoderaba de él. (38)
Las acusaciones han sido citadas en el Noble Corán para mostrar cuán ciego era el odio que albergaban quienes las formulaban. Entre las acusaciones que se describen aquí y en otros lugares, no hay ni una sola que merezca ser discutida seriamente. Se las menciona para mostrar que los adversarios no tenían ningún argumento ni prueba, y que respondían a una llamada reformadora y razonada con palabras absurdas y sin sentido. Alguien dice: «¡Hermanos! La creencia sobre la que se han establecido los fundamentos de vuestra religión y civilización, el shirk, es una creencia errónea, y estas son las razones de su error». En respuesta, no se ofrece ningún argumento ni prueba de que el shirk sea verdadero y correcto. Simplemente se dice: «Este hombre ha sido gravemente afectado por la magia». Él dice: «No se os ha dejado sueltos en el mundo, sin ninguna restricción. Al contrario, tendréis que regresar ante vuestro Señor y rendir cuentas de vuestras propias acciones. Y esta verdad está demostrada por tales y cuales hechos morales, históricos, intelectuales y justos». En respuesta se dice: «Estas son palabras de un poeta». Él dice: «He venido de parte de Dios para enseñaros la verdad. Y estas son esas enseñanzas». No se debate ninguna de esas enseñanzas. Simplemente se le acusa, sin prueba alguna, de repetir cosas copiadas de alguna parte. Él presenta la palabra milagrosa de Dios como prueba de su misión profética. Presenta su propia vida, su conducta y sus obras. Asimismo, presenta la revolución moral que, bajo su influencia, está comenzando entre sus seguidores. Los adversarios no prestan atención a nada de ello. Simplemente preguntan: «¿Por qué comes y bebes? ¿Por qué recorres los mercados? ¿Por qué no tienes un ángel que te sirva? ¿Por qué no tienes tesoros ni jardines?». Todo esto demuestra por sí mismo cuál de las dos partes está asentada sobre la verdad y cuál, incapaz de enfrentarse a ella, está diciendo disparates. (39)
(Árabe****************)
—¡Oh, Profeta! Diles: «Os aconsejo una sola cosa: por Dios, pensad individualmente y de dos en dos, y reflexionad sobre qué hay en vuestro compañero que pueda llamarse locura. Él no hace más que advertiros antes de que llegue un castigo terrible». (Saba: 46)
Es decir, reflexionad sinceramente por Allah, liberándoos de toda clase de egoísmo, deseos de las pasiones y animosidad. Examinadlo bien, cada uno por separado y con buena intención, y también reuniéndoos en grupos de dos, cuatro o más, conversando y deliberando: ¿qué ocurrió para que hoy llaméis loco a aquel hombre al que hasta ayer considerabais el más sabio de entre vosotros? Poco antes de su misión profética ocurrió que, cuando las tribus de Quraysh comenzaron a disputar entre sí por la colocación de la Piedra Negra después de la construcción de la Kaaba, vosotros mismos, por consenso general, aceptasteis a Muhammad (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) como árbitro. Luego resolvió la disputa de tal manera que todos quedasteis satisfechos. Después de que toda la nación tuvo esta experiencia de su conocimiento, inteligencia y sabiduría, ¿qué ocurrió de repente para que ahora lo llaméis loco? La obstinación y la terquedad son otra cuestión. Pero, en realidad, ¿creéis en vuestro interior lo mismo que decís con la boca? Él os está advirtiendo antes de que llegue un castigo terrible. ¿Es ese su delito, por el que hoy lo llamáis loco? Según vosotros, ¿es sabio quien, al veros avanzar hacia la destrucción, os dice: «¡Bravo! ¡Qué bien lo estáis haciendo!»? ¿Y es loco quien os advierte antes de que sobrevenga vuestra mala situación y os señala el camino de la reforma y la rectificación en lugar del desorden y la corrupción? (40)
(Árabe*****************)
¿O dicen que este hombre está poseído por un genio? (Los Creyentes: 70)
Es decir, ¿acaso la razón por la que negaban al Profeta Muhammad (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) era que realmente lo consideraban loco? Ciertamente, esa no era su verdadera razón. Porque, dijeran lo que dijeran con la boca, en el fondo reconocían su sabiduría y discernimiento. Además, la diferencia entre un loco y una persona mentalmente sana no es un asunto oculto, hasta el punto de que resulte difícil distinguirlos. En realidad, aparte de una persona obstinada y desvergonzada, ¿quién podría, después de escuchar este discurso, decir que son palabras de un loco? Y, después de observar la vida de este hombre, ¿quién podría afirmar que es la vida de una persona mentalmente perturbada> ¡Qué extraña clase de perturbación mental —o, según los islamófobos occidentales, epilepsia— sería aquella en la que de la boca de esa persona salieran palabras grandiosas como el Corán y en la que él dirigiera un movimiento tan exitoso que cambiara el destino no solo de su propio país, sino del mundo entero! (41)
(Árabe******************)
—¡Oh, Profeta!, no estás loco por la gracia de tu Señor. Y, ciertamente, tendrás una recompensa inagotable. Y, sin duda, posees un carácter de sublime grandeza. (Al-Qalam: 2-4)
Debe observarse que aquí el destinatario explícito es el Profeta Muhammad (la paz sea con él). Pero el verdadero propósito era responder a las calumnias de los incrédulos. Por tanto, nadie debe albergar la duda de que este versículo fue revelado para consolar al Profeta (la paz sea con él), diciéndole que no estaba loco. En realidad, el Profeta no tenía ninguna duda de esa índole que fuera necesario disipar consolándolo. El verdadero propósito era decirles a los incrédulos: «El mismo Corán por causa del cual llamáis loco a quien lo presentó es la prueba de que vuestra acusación es falsa.»
Lo que se le comunica al Profeta (la paz sea con él) como consuelo es que para él existe una recompensa inagotable e incalculable. Pues, por el esfuerzo que realiza para guiar a la humanidad, tiene que escuchar palabras tan dolorosas. A pesar de ello, continúa cumpliendo con su responsabilidad.
Después se afirma que su noble carácter constituye una prueba evidente de que la acusación de locura que los incrédulos politeístas formulan contra él es absolutamente falsa. Esto se debe a que la grandeza de carácter y la perturbación mental no pueden coexistir. Se llama loco a quien ha perdido el equilibrio mental y cuyo temperamento tampoco mantiene el equilibrio en su propia naturaleza. En cambio, el carácter elevado y noble de una persona atestigua que posee una mente sana y una naturaleza equilibrada. Existe equilibrio entre su mente y su temperamento. Los habitantes de La Meca no ignoraban cómo era el carácter del Mensajero de Allah (la paz sea con él). Por eso bastaba con hacerles una simple alusión para que toda persona sensata de La Meca se viera obligada a reflexionar sobre cuán desvergonzados eran al llamar loco a alguien dotado de un carácter tan sublime. Su insolencia no perjudicaba al Mensajero de Allah (la paz sea con él), sino a ellos mismos, pues, embriagados por una oposición ciega, decían sobre el Profeta (la paz sea con él) cosas que ninguna persona sensata habría podido concebir. Lo mismo ocurre con quienes, en la época moderna, se proclaman defensores de la ciencia, el conocimiento y la investigación intelectual, y acusan al Profeta Muhammad (la paz sea con él) de padecer epilepsia. El Sagrado Corán se encuentra en todos los rincones del mundo, y la biografía del Santo Profeta también está escrita con todo detalle. Cualquiera puede comprobar por sí mismo qué insolencias profieren, cegados por el odio de una hostilidad ciega, quienes llaman mentalmente perturbado al presentador de este Libro incomparable y a quien poseía un carácter tan sublime. (42)
(Árabe****************)
¿Acaso nunca han reflexionado? Su compañero no está afectado por ninguna locura. Él no es sino un amonestador manifiesto. (Al-A’raf: 184)
«Compañero» significa el Profeta Muhammad (la paz sea con él), pues nació entre los habitantes de La Meca. Vivió entre ellos. Pasó de la infancia a la juventud y de la juventud a la vejez. Antes de la profecía, toda la nación lo conocía como un hombre de naturaleza y mente sanas. Después de la profecía, cuando comenzó a transmitir el mensaje de Dios, de repente empezaron a llamarlo loco. Cabe señalar que este calificativo de loco no se le aplicó a los actos que realizaba antes de convertirse en profeta, sino únicamente después de las palabras cuya difusión comenzó tras su nombramiento como profeta. Por eso se les dice: ¿Acaso habéis reflexionado alguna vez sobre estas cosas? ¿Cuál de estas palabras es propia de un loco? ¿Cuál de ellas es injusta, incoherente y carente de fundamento? Si hubieran reflexionado sobre la organización de los cielos y la tierra, o hubieran observado con especial atención e investigación alguna de las criaturas de Dios, habrían sabido claramente que la organización del universo y cada átomo de la creación de Dios dan testimonio de la verdad de todo cuanto su hermano —el Profeta Muhammad— les está explicando acerca de la refutación del politeísmo, el reconocimiento de la unicidad de Dios, la invitación a servir a Dios y la responsabilidad y rendición de cuentas del ser humano. (43)
La acusación de ser poeta
Los incrédulos de Quraysh también acusaban al Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) de ser poeta. Decían: «¿Acaso abandonaré a nuestras deidades por las palabras de un poeta loco?». En respuesta, se dijo:
(Árabe**************)
—Y los extraviados siguen a los poetas. (Ash-Shu‘ara: 224)
Es decir, las personas relacionadas con los poetas son, por su carácter y conducta, completamente distintas de aquellos a quienes veis junto al Profeta Muhammad (la paz y las bendiciones de Allah sean con él). La diferencia entre ambos grupos es tan evidente que se puede comprender de inmediato cómo son unos y cómo son los otros. Por un lado, se observa una extrema seriedad, cortesía, civilidad, honestidad y temor de Allah. En cada palabra se percibe un sentido de responsabilidad. En su conducta protegen los derechos de la gente. En sus obras manifiestan plena honradez e integridad. Cuando abren la boca, lo hacen únicamente para promover el bien y el beneficio. Nunca sale de sus bocas una mala palabra. Pero, sobre todo, al verlos queda claro que en sus vidas existe un objetivo puro, santo y grandioso, en cuya contemplación permanecen absortos día y noche. Toda su vida está consagrada a un propósito sublime.
Por otro lado, en algún lugar se habla de declaraciones amorosas y de beber vino, y los oyentes aclaman con voces entusiastas. En otro, la belleza de una cortesana o de una mujer casada se convierte en tema de conversación, y los oyentes lo disfrutan con todo su corazón. En otro, se narran historias de relaciones sexuales y se enciende el fuego de la pasión en los corazones de los oyentes. En otro, se hacen payasadas o se pronuncian palabras sarcásticas, y por todas partes se desborda la risa y la diversión. En otro, se ridiculiza a alguien y los oyentes disfrutan de ello. En otro, se elogia exageradamente a alguien y se lo aprueba con aplausos. En otro, se manifiestan odio, ira y enemistad contra alguien, se incita a tomar venganza y el fuego del rencor arde en los corazones de los oyentes contra esa persona. En estas reuniones se congregan multitudes enormes para escuchar las palabras de los poetas. Al ver a quienes siguen a esta clase de grandes poetas, nadie puede evitar pensar que están libres de las ataduras morales y que son arrastrados por la corriente de los deseos y pasiones del instinto. Son adoradores del placer y del goce, semejantes a animales. Nunca se les ocurre pensar si existe o no un propósito grandioso para la vida de los seres humanos en este mundo. Quien no perciba claramente la diferencia entre estos dos grupos es ciego. Y si, después de verlo todo, alguien afirma, con el único propósito de denigrar la verdad, que Muhammad (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) y sus compañeros son iguales que los poetas y sus seguidores, habrá que decir que ha traspasado todos los límites al mentir. (44)
(Árabe****************)
—¿Acaso no veis que ellos —los poetas— vagan perdidos por todos los valles? (Ash-Shu‘ara: 225)
Es decir, no existe un camino determinado sobre el que reflexionen y al que consagren su talento poético. Al contrario, el caballo de su pensamiento vaga perdido por cada valle, como un caballo sin riendas. Cada nuevo torrente de deseos, anhelos, intereses y propósitos hace brotar de sus bocas un nuevo tema; al pensar en él y describirlo, no prestan la menor atención a si lo que dicen es correcto y verdadero. A veces se eleva una ola de pensamiento y comienzan a hablar de sabiduría y buenos consejos. Pero cuando se eleva una segunda ola, de esa misma boca empieza a derramarse la miel de los deseos y pasiones más obscenos y repugnantes. Cuando están satisfechos con alguien, lo elevan hasta el cielo; y cuando se disgustan con alguien, lo arrojan a las profundidades de la tierra. Si tienen algún interés involucrado, no dudan en conceder a un avaro la categoría de Hatim, ni a un cobarde pusilánime la de Rustam e Iskandar. Por el contrario, si alguien les causa dolor, no sienten vergüenza de manchar su vida intachable, destruir su honor y dignidad, e incluso burlarse de su linaje. La devoción a Dios y la rebelión contra Dios, el materialismo y la espiritualidad, la nobleza de carácter y la falta de carácter, la pureza y la suciedad y la inmundicia, la solemnidad y la frivolidad, la adulación y la burla: todo ello puede encontrarse lado a lado en los poemas de un mismo poeta. ¿Cómo podía entrar en la mente de quien conocía estas características bien conocidas de los poetas la idea absurda de acusar de poeta al portador de este Corán? Sus palabras, en cambio, eran absolutamente mesuradas y claras. Su camino era claro y definido. Nunca dejó salir de su boca una sola palabra apartándose de la verdad, la honestidad y el llamado al bien.
En otro lugar del Corán se dice, acerca del Profeta (s.a.s.), que la composición de poesía no guardaba ninguna correspondencia con su naturaleza y carácter.
(Árabe*****************)
No le enseñamos poesía, ni corresponde que la haga. (Yasin: 69)
Esta es una verdad tan evidente que todos los que conocían personalmente al Profeta Muhammad (s.a.s.) la conocían. Según relatos fidedignos, el Profeta (s.a.s.) no tenía ningún poema completamente memorizado. Aunque en una conversación saliera de sus labios algún buen verso de un poeta, lo recitaba de manera incorrecta o cambiaba algunas palabras.
Hazrat Hasan Basri (que Dios tenga misericordia de él) dice que, en cierta ocasión, mientras pronunciaba un sermón, el Profeta (s.a.s.) recitó así unos versos de un poeta.
(Árabe**************)
Hazrat Abu Bakr (que Dios esté complacido con él) dijo: «¡Oh Mensajero de Dios! El verso de poesía es en realidad así».
(Árabe*************)
Una vez, el Profeta (la paz sea con él) le preguntó a Abbás ibn Mirdás al-Sulamí: «¿Has escrito tú este poema?»
(Árabe*************)
Él respondió: «La última parte debe decirse así, y no de aquella manera».
(Árabe***********)
El Profeta (la paz sea con él) dijo: «El significado de ambas expresiones es el mismo».
Le preguntaron a Aisha (que Dios esté complacido con ella) si el Profeta (la paz sea con él) utilizaba alguna vez poesía en sus discursos. Ella respondió que no sentía aversión por ninguna otra cosa tanto como por la poesía. Sin embargo, en ocasiones recitaba uno o dos versos de un poeta de los Banú Qays. Pero recitaba la parte final primero y la parte inicial al final. Abu Bakr (que Dios esté complacido con él) decía: «¡Oh, Mensajero de Dios! No es así, sino de esta manera».
El Profeta (la paz sea con él) decía: «Hermano, yo no soy poeta, y componer poesía tampoco es mi tarea».
La literatura poética árabe estaba repleta de deseo y pasión sexual, amor y romance, consumo de alcohol, odio y enemistad tribales, conflictos y disputas, así como orgullo y arrogancia. En ella había muy poco sobre la religiosidad y las buenas obras. Además, la mentira, la exageración, la calumnia, la sátira, los elogios inapropiados, la vanidad, las burlas y las leyendas mitológicas paganas formaban parte de esta literatura poética. Por eso, el Profeta (la paz y las bendiciones de Dios sean con él) hizo el siguiente comentario sobre ella:
(Árabe*****************)
Es mejor que el vientre de uno de vosotros se llene de pus que de poesía.
Sin embargo, cuando un poema contenía palabras nobles, el Profeta (la paz y las bendiciones de Dios sean con él) lo elogiaba. Decía:
(Árabe*************)
Algunos poemas contienen sabiduría.
Después de escuchar la poesía de Umayya ibn Abi al-Salt, dijo:
(Árabe**************)
Su poesía es creyente, pero su corazón es incrédulo.
En cierta ocasión, un compañero recitó ante el Profeta (que Allah le bendiga y le conceda paz) cerca de un centenar de excelentes poemas, y él continuaba diciendo: «¡Vaya, qué hermosos! ¡Recita más!» (45)
(Árabe*****************)
y dicen cosas que no hacen. (Los Poetas: 226)
Esta era otra característica de los poetas que contradecía el método de actuación del Profeta (que Allah le bendiga y le conceda paz). Quienes lo conocían sabían que él hacía lo que decía y decía lo que hacía. La armonía entre sus palabras y sus actos era una verdad tan evidente que nadie de la sociedad que lo rodeaba podía negarla. En cambio, ¿quién no sabía que, en el caso de los poetas, lo que decían era una cosa y lo que hacían, otra? Hablaban con tanta vehemencia sobre la generosidad que la gente pensaba que nadie podía ser más desprendido que ellos, pero al observar sus actos se veía que eran terriblemente avaros. Hablaban de valentía, pero ellos mismos eran cobardes y pusilánimes. Hablaban de independencia, satisfacción y dignidad, pero ellos mismos caían en el nivel más bajo de vileza debido a su codicia y avidez. Señalaban la más leve debilidad de los demás, mientras ellos mismos estaban sumidos en una debilidad extrema. (46)
La incoherencia en las acusaciones de los adversarios y la refutación del Corán
De todo lo expuesto anteriormente queda claro que los incrédulos de La Meca formulaban contra el Profeta (que Allah le bendiga y le conceda paz) acusaciones contradictorias y no podían concretar ninguna de ellas. El Noble Corán identificó esta debilidad suya y demostró que era falsa.
(Árabe*******************)
(¡Por tanto, oh Profeta!) Continúa exhortando. Por la gracia de tu Señor, no eres adivino ni estás loco. La gente dice: «¿Acaso este hombre es un poeta, cuyo fin esperamos que revele el paso del tiempo?». Diles: «Bien, esperad; yo también esperaré con vosotros». ¿Acaso su razón les ordena decir cosas semejantes? ¿O, en realidad, han sobrepasado los límites por hostilidad? (At-Tur: 29-32)
Estas pocas frases dejan al descubierto toda la falsedad de la propaganda de los opositores. El resumen de la argumentación es que los jefes y líderes tribales de Quraysh pretenden ser muy sensatos. Pero ¿acaso su razón les dice que llamen poeta a quien no es poeta? ¿Que llamen loco a quien toda la nación reconoce como un hombre sabio? ¿Que llamen adivino, sin motivo, a quien no tiene la menor relación con la adivinación? Si emitieran algún juicio basándose en la razón y el entendimiento, podrían emitir uno solo. Pero no pueden emitir simultáneamente muchos juicios contradictorios. ¿Cómo puede una misma persona ser a la vez poeta, loca y adivina? Si está loca, no puede ser ni adivina ni poeta. Si es adivina, no puede ser poeta, y si es poeta, no puede ser adivina. Esto se debe a que el lenguaje de la poesía y su contenido son distintos, y el lenguaje del adivino y su contenido también son distintos. Llamar poesía y, al mismo tiempo, palabras de un adivino a una misma expresión no puede ser obra de alguien que conoce la diferencia entre la poesía y las palabras de un adivino. Por tanto, está claro que estas afirmaciones contradictorias, hechas en oposición al Profeta Muhammad (la paz y las bendiciones de Allah sean con él), no son razonables. Se dicen únicamente por obstinación y terquedad. Los grandes jefes y líderes de la nación formulan, movidos por la hostilidad, acusaciones completamente infundadas, a las que las personas sensatas no conceden ninguna importancia. (47)
(Árabe******************)
(¡Oh, Profeta!) Mira qué clase de cosas dicen contra ti. Se han extraviado y no encuentran el camino. (Bani Israel: 48)
Es decir, no expresan una sola opinión acerca de ti; más bien, dicen cosas completamente diferentes y contradictorias entre sí. A veces dicen que tú mismo eres un mago. Otras veces dicen que alguien te ha hechizado. A veces dicen que eres poeta, otras que estás loco y otras que eres adivino. Estas afirmaciones contradictorias son, por sí mismas, una prueba de que ignoran la realidad del asunto. De lo contrario, en vez de decir algo diferente cada día, expresarían una opinión clara y definida. Además, esto también demuestra que no están seguros de nada. Después de formular una acusación, ellos mismos consideran que no es correcta; entonces presentan otra acusación. (48)
(Árabe******************)
Cuando la verdad llegó a ellos, la rechazaron por completo y la declararon mentira. Por eso ahora se encuentran sumidos en la duda y la confusión. (Qaf: 5)
En esta breve frase se describe un asunto de enorme importancia. Su significado es que ellos no se limitaron a expresar asombro y a calificarlo de inconcebible; por el contrario, cuando el Profeta Muhammad (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) presentó su verdadera llamada, inmediatamente lo calificaron de mentiroso, sin la menor vacilación. El resultado tenía que ser precisamente este, y así ocurrió: no lograron adoptar una opinión definida acerca de esta llamada ni de quien la presentaba. A veces lo llaman poeta, otras loco y otras adivino. A veces dicen que ha inventado todo esto por sí mismo para establecer su supremacía. Otras veces alegan que hay personas detrás de él que redactan estas cosas y se las entregan. Estas afirmaciones contradictorias demuestran que se hallan indecisos respecto a su política y a lo que deben hacer. Nunca habrían caído en esta indecisión si, antes de apresurarse a considerar mentiroso al Profeta y anunciar de antemano su decisión con absoluta seguridad, hubieran reflexionado seriamente sobre quién presentaba esta llamada, qué decía y qué argumentos ofrecía. Lo cierto es que aquel hombre no les era desconocido. No había aparecido de repente, llegado de quién sabe dónde. Era uno de los miembros de su propia nación, un hombre cuya conducta habían puesto a prueba. Su carácter, sus modales y sus capacidades tampoco les eran desconocidos. Cuando una persona así pronunciaba algo, no era necesario aceptarlo de inmediato, pero tampoco debían rechazarlo apenas lo oyeran. Además, sus palabras no carecían de argumentos y pruebas; él los presentaba de manera sistemática. Debían escucharlos y comprobar hasta qué punto eran razonables. Pero, en lugar de adoptar esta actitud, cuando por obstinación consideraron primero que aquello era falso, el resultado fue que cerraron con sus propias manos la puerta que conducía a la verdad real y abrieron numerosos caminos para vagar perdidos en todas direcciones. Ahora pueden formular diez afirmaciones contradictorias en defensa de su error inicial, pero no están dispuestos siquiera a considerar si el Profeta podría ser veraz y si podría ser verdad aquello que presenta. (49)
(Árabe*****************)
Oh Profeta, cuando estas personas te ven, comienzan inmediatamente a burlarse de ti y dicen: «¿Es a este a quien Dios ha enviado como Mensajero? Si no nos mantuviéramos firmes en nuestra devoción y veneración a nuestros dioses, este habría conseguido que aborreciéramos a nuestros dioses». (Corán: 41-42)
Estas dos afirmaciones de los incrédulos son contradictorias entre sí. De la primera se desprende que consideran inferior al Profeta (la paz sea con él), y que quieren menoscabar su dignidad burlándose de él. A sus ojos, el Profeta Muhammad (la paz sea con él) ha hecho una afirmación demasiado grande.
De la segunda afirmación se deduce que reconocen la solidez de sus argumentos y pruebas, así como la superioridad de su personalidad, y admiten inconscientemente: «Si no permaneciéramos firmes en la adoración de nuestros dioses, movidos por la hostilidad y la obstinación, este hombre nos haría apartarnos del camino». Estas afirmaciones contradictorias demuestran por sí mismas hasta qué punto el movimiento islámico los ha dejado desconcertados. Aunque se burlan de él tras haberlo menospreciado, su complejo de inferioridad los hace pronunciar, contra su voluntad, palabras que dejan claro hasta qué punto esta fuerza los ha influido. (50)
Exigencias de diversos tipos de milagros
Junto con la tormenta de acusaciones, los incrédulos de Quraysh exigían repetidamente que se mostraran milagros. En realidad, el Corán menciona estas exigencias en varios pasajes y también ofrece sus respuestas.
(Árabe******************)
Y dijeron: «No creeremos en ti hasta que hagas brotar de la tierra un manantial. O hasta que tengas un jardín de palmeras y vides y hagas que broten manantiales en él. O hasta que hagas caer sobre nosotros el cielo hecho pedazos, como afirmas. O hasta que traigas ante nosotros a Dios y a los ángeles cara a cara. O hasta que tengas una casa de oro. O hasta que subas al cielo; y ni siquiera creeremos en tu ascensión hasta que nos traigas algo escrito que podamos leer». (Oh Profeta), di: «Mi Señor está por encima de toda imperfección. ¿Acaso soy algo más que un mensajero?» (Bani Israil: 90-93)
La respuesta a la demanda de milagros se encuentra en este versículo de esta sura:
Se ha dado. (La respuesta era que, aun después de presenciar todos los milagros presentados como prueba de la profecía de un profeta, si un pueblo lo considera mentiroso, el castigo necesariamente desciende sobre él. La historia ofrece numerosos ejemplos de ello. Ahora es una misericordia de Allah que Él no esté enviando un milagro semejante. Pero vosotros sois tan insensatos que lo estáis reclamando. —Autor.) Ahora se ofrece aquí la segunda respuesta a esta demanda. La elocuencia de esta breve respuesta está más allá de toda alabanza. La exigencia de los adversarios era la siguiente: si eres profeta, dirige tu mirada hacia la tierra y haz que inmediatamente se abra y brote de ella un manantial. O bien, que al instante surja un jardín verde, frondoso, joven y exuberante, y que en él corran riachuelos. Señala hacia el cielo y haz que este se desplome sobre quienes te consideran un mentiroso. Sopla una vez y haz que, en un abrir y cerrar de ojos, se construya un palacio de oro. Da una voz y haz que inmediatamente Dios y los ángeles se presenten ante nosotros y digan que ellos han enviado a Muhammad como profeta. O sube al cielo ante nuestros ojos y trae de parte de Allah una carta dirigida a nosotros, que podamos tocar con las manos y contemplar con nuestros propios ojos.
A semejantes exigencias desmesuradas se respondió únicamente: «¡Oh, necios! ¿Acaso alguna vez pretendí ser Dios, para que me hagáis estas exigencias? ¿Cuándo os dije que poseía un poder infinito? ¿Cuándo dije que la tierra y el cielo se movían bajo mi mandato? Mi afirmación, de principio a fin, era solamente que soy un ser humano y un mensajero de parte de Dios. Si queréis comprobar algo, examinad mi mensaje. Si vais a creer, creed después de observar la verdad y la razón de este mensaje. Si vais a negarlo, mostrad sus defectos y errores. Si queréis cercioraros de mi veracidad, observad mi vida y mis actos como ser humano. Dejando todo esto de lado, ¿qué me exigís: que haga que la tierra se parta y que el cielo descienda? ¿Qué relación tienen esas cosas con la profecía?» (51)
(Árabe****************)
«Estas personas dicen: “¿Por qué no se han hecho descender signos sobre este hombre?”. Di, oh Profeta: “Los signos están junto a Allah, y yo no soy más que un amonestador manifiesto”. ¿Acaso no les basta como signo que hayamos hecho descender sobre ti el Libro, que se les recita? En verdad, en él hay misericordia y exhortación para quienes creen». (Al-Ankabut: 50-51)
Es decir, ¿no es acaso un gran milagro en sí mismo que, pese a ser iletrado, al Profeta Muhammad le haya sido revelado un Libro grandioso como el Corán, de modo que creer en su misión profética sea suficiente?
Después de esto, ¿queda acaso necesidad de algún otro milagro? Para quienes presenciaron anteriormente los milagros, aquellos fueron milagros. Pero este milagro está siempre ante vuestros ojos. Se os recita todos los días. Podéis contemplarlo constantemente. (52)
(Árabe******************)
Pero cada uno de ellos desea que se le envíe una carta abierta dirigida personalmente a él. ¡De ninguna manera! La verdadera razón es que no temen al Más Allá. ¡De ninguna manera! Esto no es sino una exhortación. Así pues, quien quiera, que extraiga una lección de ella. (Al-Muddazzir: 52-55)
Es decir, ellos dicen: «Si Allah realmente ha nombrado profeta a Muhammad (s.a.s.), entonces que escriba y envíe una carta a cada uno de los jefes y líderes tribales de La Meca, diciendo: “Muhammad (s.a.s.) es Nuestro Profeta. Reconoced su obediencia”». Además, esa carta debería ser de tal naturaleza que, al verla, naciera la convicción de que el propio Allah la había escrito y enviado.
En otro lugar del Corán se ha citado esta declaración de los incrédulos de La Meca: «No creeremos hasta que se nos conceda a nosotros mismos algo semejante a lo que les fue concedido a los mensajeros de Allah». (Al-An’am: 124) [En la sura Al-An’am se dio una respuesta breve a ello:
(Árabe***************)
Allah sabe mejor quién y cómo llevará a cabo la misión profética. (El autor)]
En otro lugar se ha citado esta exigencia suya: «Sube al cielo ante nosotros y tráenos de allí un libro escrito que podamos leer». ( )
Se respondió que esa exigencia jamás sería satisfecha. La verdadera razón por la que no creían no era en absoluto que sus exigencias no fueran satisfechas. La verdadera razón era, más bien, que no temían al Más Allá. Habían considerado que este mundo lo era todo. No tenían la idea de que, después de la vida mundana, existe otra vida en la que tendrán que rendir cuentas de sus actos. Esto mismo los había vuelto temerarios e irresponsables en el mundo. Consideraban completamente carente de sentido la cuestión de la verdad y la falsedad. Porque en este mundo no veían ninguna verdad cuyo seguimiento tuviera necesariamente un buen resultado. Tampoco veían ninguna falsedad cuyo desenlace fuera necesariamente malo en este mundo. Por eso consideraban inútil reflexionar sobre qué es la verdadera verdad y qué es la falsedad. Esta cuestión solo será objeto de reflexión para quienes consideren la vida presente de este mundo una vida temporal y reconozcan que la vida verdadera y eterna es la del Más Allá, donde el resultado de la verdad será necesariamente bueno y el de la falsedad necesariamente malo. Una persona así creerá al observar las pruebas razonables y las grandes enseñanzas: «¿Qué error hay realmente en aquello que el Corán declara erróneo: las creencias, la doctrina y las acciones?». Pero quien niega el Más Allá y no tiene ningún interés en buscar la verdad presentará cada día nuevas exigencias como motivo para no creer. Aunque alguna de sus exigencias fuera satisfecha, buscaría otra excusa para negar. Esto mismo se ha dicho en la sura Al-An’am: «¡Oh, Profeta! Aunque hiciéramos descender sobre vosotros un libro escrito en papel y la gente pudiera tocarlo con sus propias manos, quienes han rechazado la verdad dirían: “Esto no es sino magia manifiesta”». (Al-An’am: 7) (53)
(Árabe*******************)
—Dicen: «¿Por qué no se ha hecho descender ningún ángel sobre este profeta? Si hubiéramos hecho descender un ángel, el asunto ya habría sido decidido en todos sus aspectos y no se les habría concedido ningún plazo más. Y aunque hiciéramos descender un ángel, lo haríamos con forma humana. De ese modo, los sumiríamos en la misma duda en la que ahora están envueltos». (Al-An‘am: 8-9)
Su argumento era que, puesto que a este hombre se le había enviado como profeta, debería haber descendido del cielo un ángel que dijera a la gente: «Este es el profeta de Dios. Escuchadlo; de lo contrario, seréis castigados». A los ignorantes acusadores les parecía asombroso que el Creador de los cielos y de la tierra nombrara a alguien profeta y luego lo dejara expuesto a que un hombre indefenso recibiera piedras e insultos. Aunque el enviado de un rey tan poderoso no hubiera venido acompañado por un gran grupo, al menos debería haber venido un ángel como su asistente, que lo protegiera, hiciera sentir la influencia de su personalidad, garantizara la autenticidad de su misión y realizara su labor de manera sobrenatural.
La primera respuesta dada fue que, si el ángel hubiera sido enviado en su verdadera forma, habría llegado el momento de anunciar la decisión y ya no se les habría concedido ningún plazo. El plazo que se os ha dado para creer y corregir vuestro modo de actuar durará únicamente mientras la verdad real permanezca oculta tras el velo de lo invisible. Pero, cuando se descorra el velo de lo invisible, ya no habrá ninguna posibilidad de aplazamiento. Después de eso, solo quedará rendir cuentas. Esto se debe a que la vida mundana es para vosotros un periodo de prueba, y la prueba consiste en comprobar si, sin ver la verdad real, podéis percibirla únicamente mediante el uso correcto de la razón y del pensamiento; y, después de percibirla, si podéis someter vuestras inclinaciones y deseos y mantener vuestras obras rectas conforme a esa verdad. Para esta prueba, que lo invisible permanezca oculto es una condición indispensable. Vuestra vida mundana —el plazo concedido para la prueba— continuará mientras lo invisible permanezca invisible. Cuando lo invisible adopte una forma manifiesta, ese plazo terminará necesariamente y, en lugar de la prueba, llegará el momento de que se manifieste su resultado. Por eso, en respuesta a vuestra exigencia, no es posible que se quiera poner fin ante vosotros al plazo de vuestra prueba.
Luego se dio la segunda respuesta: si el ángel hubiera venido con forma humana, habría suscitado en vosotros la misma duda que ahora se suscita respecto del profeta. Naturalmente, una forma de la llegada de los ángeles podría haber sido que se mostraran ante la gente en su verdadera forma invisible. Pero ya se ha dicho que todavía no ha llegado ese momento. La otra posibilidad que queda es que vengan adoptando forma humana. A este respecto se dice: si vienen con forma humana, también suscitarán en vosotros la misma duda acerca de haber sido enviados por Dios que la que se suscita respecto de la venida de Muhammad (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) como enviado de Allah. (54)
(Árabe***************)
Esta gente dice: «¿Por qué no se ha hecho descender sobre este profeta ninguna señal (ningún milagro perceptible) de parte de su Señor?». Diles: «Allah tiene pleno poder para hacer descender señales. Pero la mayoría de ellos vive en la ignorancia». Observa cualquier criatura que se mueva por la tierra y cualquier ave que vuele por el aire con sus alas: todas son criaturas como vosotros. No hemos dejado de registrar nada de su destino. Luego serán reunidas ante su Señor. Pero quienes niegan nuestras señales son sordos y mudos, sumidos en las tinieblas. (Al-An‘am: 37-39)
El significado de estas palabras es que el hecho de no mostrar un milagro no significa que Allah carezca del poder para mostrarlo. Más bien, existe otra razón que, debido a vuestra ignorancia, no podéis comprender. Si no deseáis simplemente un juego y un espectáculo, sino que realmente queréis ver una señal para saber si es verdadera la cosa hacia la que os llama el profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él), entonces abrid los ojos y mirad: a vuestro alrededor existen innumerables señales. Reflexionad sobre la vida de cualquiera de los animales de la tierra o de las aves que vuelan en el aire. Considerad cómo su estructura ha sido formada de manera adecuada a su condición; cómo se le han dado, dentro de sus instintos naturales, capacidades acordes con sus necesidades; cómo se provee su sustento; cómo se ha determinado su destino, cuyos límites no puede sobrepasar ni hacia delante ni hacia atrás. Considerad cómo cada animal y hasta el más diminuto de los insectos recibe, en su propio lugar, el cuidado que le corresponde; cómo se le vigila, se le mantiene y se le guía; cómo se obtiene de ellos un trabajo conforme a un plan determinado; cómo se les mantiene sometidos a un sistema y cómo su nacimiento, reproducción y muerte se desarrollan de acuerdo con un orden perfecto. Si reflexionáis tan solo sobre una de las innumerables señales de Allah, sabréis que la concepción del tawhid y de los atributos de Allah que este profeta os presenta, así como la visión de la vida mundana conforme a esa concepción, hacia la cual os invita, es una verdad absolutamente decisiva. Pero vosotros ni abrís los ojos para ver ni queréis escuchar a nadie. Estáis sumidos en las tinieblas de la ingratitud y queréis que os distraigan mostrando ante vosotros las maravillas de la naturaleza. (55)
(Árabe***************)
¿Y qué ocurriría si el Corán hubiera sido revelado de tal manera que las montañas comenzaran a moverse, la tierra se hendiera o los muertos salieran de sus tumbas y comenzaran a hablar? (Ar-Ra‘d: 31)
Para comprender el significado de esta aleya, hay que recordar que el destinatario de este discurso no son los incrédulos, sino los musulmanes. Cuando estos escuchaban repetidamente las peticiones de los incrédulos de que se mostraran señales, se inquietaban pensando: «¡Ojalá se les mostrara alguna señal mediante la cual quedaran convencidos!». Luego, cuando pensaban que, debido a la ausencia de una señal de ese tipo, los incrédulos estaban teniendo la oportunidad de sembrar dudas en la gente acerca de la misión profética del Profeta (la paz sea con él), su inquietud aumentaba aún más. Por eso se dijo a los musulmanes: «Aunque junto con alguna sura del Corán se les mostraran de repente señales extraordinarias, ¿creéis que esas personas creerían? ¿Acaso tenéis de ellos la buena opinión de que están completamente dispuestos a aceptar la verdad y que solo les falta una señal? Quienes no pudieron ver la luz de la verdad en las enseñanzas del Corán, en las señales del mundo natural, en la vida pura e inmaculada del Profeta y en la vida revolucionaria de los compañeros del Profeta, ¿creéis que obtendrían alguna luz al ver moverse las montañas, abrirse la tierra y salir un muerto de su tumba?» (65)
Pruebas claras de la misión profética del Profeta (la paz sea con él)
A cada una de las acusaciones que los incrédulos formularon contra el Profeta Muhammad (la paz sea con él), así como a cada una de sus exigencias de que mostrara milagros como prueba, se le dio una respuesta sumamente justa. Después de ello, ya no quedó margen para que nadie demostrara, mediante la razón, el entendimiento y las pruebas, que la misión profética era dudosa. Luego se presentaron tres pruebas tan claras a favor de la misión profética que a los habitantes de La Meca y sus alrededores les resultó imposible negarlas. A continuación se exponen sucesivamente.
(Árabe**************)
Oh, Profeta: antes de esto no leías ningún libro ni escribías nada con tu propia mano. De haber sido así, los seguidores de la falsedad podrían haber albergado dudas. (Al-‘Ankabut: 48)
La base de la prueba presentada en esta aleya es que el Profeta (la paz sea con él) era iletrado. Todos sus compatriotas, vecinos y familiares, ante cuyos ojos transcurrió toda su vida, desde la infancia hasta la vejez, sabían perfectamente que jamás había leído un libro ni sostenido una pluma. Al presentar este hecho, Allah Todopoderoso dice que constituye la prueba más contundente de que los amplios y profundos conocimientos que brotaban de los labios de este hombre iletrado acerca de las enseñanzas de los Libros celestiales, la vida de los profetas anteriores, las distintas creencias religiosas, la historia y la civilización de los pueblos antiguos, la moral y los problemas importantes de la economía no podían haber sido adquiridos por él de ninguna otra manera que no fuera mediante la revelación. Si hubiera sabido leer y escribir, y la gente lo hubiera visto alguna vez leyendo e investigando libros, los seguidores de la falsedad habrían tenido algún fundamento para sospechar que ese conocimiento no provenía de la revelación, sino que había sido adquirido mediante el estudio y la práctica. Pero su analfabetismo no dejó ni el menor fundamento para la duda. Ahora, aparte de una obstinación extrema, no existe ninguna razón para negar su profecía que pueda considerarse razonable desde cualquier punto de vista. (57)
(Árabe******************)
¡Oh, Profeta (la paz sea con él)!, diles: «Si hubiera sido voluntad de Allah que yo no fuera hecho profeta, jamás os habría recitado este Corán, ni Allah os habría dado noticia alguna de él. Antes de esto he vivido una vida entre vosotros. ¿Acaso no vais a emplear un poco la razón y el discernimiento?» (Yunus: 16)
Este es un argumento contundente para refutar la idea de los incrédulos de La Meca de que el Profeta Muhammad (la paz sea con él) compuso el Corán por iniciativa propia y lo atribuyó a Dios; y, al mismo tiempo, respalda la afirmación del Profeta de que él no es su autor, sino que le está siendo revelado por Dios mediante la revelación. Incluso dejando de lado todos los demás argumentos y pruebas, la vida del Profeta Muhammad (la paz sea con él) estaba ante sus ojos. Había pasado ante ellos los cuarenta años completos anteriores a su misión profética. Había nacido en su propia ciudad. Ante sus ojos había transcurrido su infancia, había llegado a la juventud y había alcanzado la madurez. Su residencia, sus encuentros, sus transacciones, su matrimonio; en suma, toda clase de relaciones sociales las había mantenido con ellos. Ningún aspecto de su vida les era desconocido. ¿Qué testimonio podría ser más claro que el que ofrece una persona tan conocida, comprendida y observada por ellos?
En la vida del Santo Profeta (la paz sea con él) había dos aspectos tan evidentes que todos los habitantes de La Meca los conocían. Primero: durante los cuarenta años completos anteriores a su misión profética, no había recibido ninguna educación ni compañía de las que pudiera haber adquirido esos conocimientos y de las que, de pronto, comenzara a brotar de sus labios una fuente de saber junto con la proclamación de su misión profética. En las suras que se iban revelando sucesivamente en el Corán se trataban asuntos por los que antes nunca se le había visto mostrar interés, conversar ni expresar opiniones. Incluso durante esos cuarenta años completos, ni sus amigos más íntimos ni sus parientes más cercanos habían percibido en sus palabras o en su conducta nada que pudiera considerarse una preparación para esta gran llamada, que comenzó a presentar de repente a los cuarenta años. Esto era una prueba clara de que el Corán no era fruto de su propia imaginación ni una invención suya, sino algo que había penetrado en su corazón desde fuera. En efecto, una mente humana no puede presentar, en ninguna etapa de su vida, algo cuyos signos claros de desarrollo y evolución no se encuentren en sus etapas anteriores. Por eso, cuando algunos hombres astutos de La Meca comprendieron por sí mismos que considerar el Corán fruto de la mente del Profeta Muhammad (la paz sea con él) era una acusación completamente absurda, finalmente comenzaron a decir que había otra persona que le enseñaba esas palabras a Muhammad (la paz sea con él). Pero esta segunda afirmación era aún más absurda que la primera. Pues no solo en La Meca, sino en toda Arabia, no existía nadie de tal capacidad a quien pudieran señalar y decir: «Este hombre es, o podría ser, el autor de estas palabras». ¿Cómo podría permanecer oculto en la sociedad alguien dotado de semejante capacidad?
El segundo aspecto particularmente notable de su vida anterior era que en él no se encontraba el menor rastro de falsedad, engaño, fraude, impostura o astucia de ninguna clase. No había nadie en la sociedad que pudiera afirmar que, durante los cuarenta años de convivencia con él, hubiera experimentado en su comportamiento algo semejante. Por el contrario, todos aquellos con quienes había tenido contacto lo conocían como un hombre sumamente veraz, intachable, digno de confianza y fiel. Ahora bien, ¿había algún motivo para pensar que quien durante toda su vida jamás había recurrido a la mentira, el engaño o el fraude, ni siquiera en asuntos pequeños, se hubiera levantado de repente con un arma de falsedad y fraude tan enorme, inventando algo por cuenta propia y atribuyéndolo con insistencia a Dios? Basándose en estos hechos, Allah dice: «En respuesta a su acusación absurda, diles: ¡Siervos de Allah! Emplead un poco vuestro discernimiento y vuestra razón. No soy un desconocido llegado de fuera; por el contrario, he vivido antes una vida entre vosotros. Después de haber observado mi vida anterior, ¿cómo podéis esperar de mí que hubiera podido presentaros este Corán sin la orden y la enseñanza de Dios?» (58)
(Árabe***************)
¡Oh, Profeta! Tú nunca habías esperado que se te revelara un Libro. Esto no es sino una misericordia de tu Señor, que te lo ha revelado. (Al-Qasas: 86)
Este es otro argumento que se ha presentado en apoyo de la profecía de Muhammad (la paz sea con él). Moisés (la paz sea con él) ignoraba por completo que sería convertido en profeta; mucho menos albergaba el deseo o la intención de ser encargado de una misión grande y sublime: jamás había imaginado siquiera algo semejante. De pronto, mientras iba de camino, fue atraído hacia ello, convertido en profeta y encargado de realizar obras extraordinarias que no guardaban ninguna relación con su vida anterior. Exactamente así fue el caso del profeta Muhammad (la paz sea con él). Los habitantes de La Meca sabían perfectamente cómo era su vida el día anterior a aquel en que descendió de la cueva de Hira portando el mensaje de la profecía: cuál era su trabajo y su profesión, de qué hablaba, cuáles eran los temas de sus conversaciones, y qué clase de intereses, inclinaciones y actividades tenía. Toda su vida estaba llena de honestidad, confianza y pureza. En él destacaban sobremanera la grandeza y nobleza de carácter, el amor por la paz, el cumplimiento de las promesas, la defensa de los derechos y el espíritu de servicio a la gente. Sin embargo, no había en él nada que permitiera suponer que aquel gran hombre aparecería proclamando ser profeta. Ninguno de sus parientes, vecinos, amigos ni de quienes mantenían una relación estrecha con él podía decir que se estuviera preparando desde el principio para ser profeta. Después de aquel momento revolucionario en la cueva de Hira, comenzaron a salir de repente de sus labios asuntos y problemas sobre los que nadie había oído antes de él ni una sola palabra. Nadie lo había escuchado emplear aquel lenguaje singular, aquellas palabras y aquella terminología que la gente empezó a escuchar de él en forma de Corán. Nunca se había puesto de pie para pronunciar sermones. Nunca había salido al campo con una invitación o un movimiento; al contrario, ninguna de sus actividades permitía suponer que estuviera pensando en resolver problemas sociales, emprender una reforma religiosa o realizar una reforma moral. Incluso el día anterior a aquel momento revolucionario, su vida parecía la de un comerciante que se ganaba el sustento por medios sencillos y lícitos. Vivía alegremente con sus hijos, honraba y atendía a sus huéspedes, ayudaba a los pobres y trataba bien a sus parientes. A veces se retiraba a la soledad con el propósito de adorar. Que una persona así apareciera de repente con discursos capaces de provocar una conmoción universal, iniciara una invitación revolucionaria, produjera una literatura sin precedentes y se presentara con una filosofía de vida permanente, una forma de pensamiento, una moral y una civilización, era un cambio y una revolución que, desde el punto de vista de la psicología humana, no podían lograrse de ningún modo mediante artificio, preparación o esfuerzo deliberado. Esto se debe a que todo esfuerzo y preparación de ese tipo atraviesa etapas de desarrollo, y tales etapas no permanecen ocultas para quienes viven día y noche junto a esa persona. Si la vida del profeta (la paz sea con él) hubiera atravesado esas etapas, de las cientos de miles de bocas de La Meca se habría escuchado: «¿Acaso no decíamos que un día este hombre acabaría proclamando algo grandioso?». Pero la historia atestigua que los incrédulos de La Meca lanzaron contra él toda clase de acusaciones; sin embargo, no hubo ni una sola persona que formulara esta última acusación.
Además, la prueba de que no ambicionaba ni esperaba la profecía, sino que se encontró de repente en esa situación sin saberlo, se encuentra en el relato que los libros de hadices transmiten sobre el comienzo de la revelación. Su explicación ya fue ofrecida anteriormente, en el capítulo titulado «El inicio de la misión profética», por lo que considero innecesario repetirla aquí. (59)
Tercer apartado
La invitación a creer que el Corán es la palabra de Allah
El tercer principio fundamental de la invitación islámica es que la gente reconozca el Noble Corán como el Libro de Allah, acepte cada una de sus palabras como verdadera y la tenga por procedente de Allah. Considerará ley fundamental para su propia vida toda enseñanza que contenga acerca de la creencia, la fe, el pensamiento, la moral, la adoración y la conducta. Rechazará todo aquello que sea contrario a su guía. Esta creencia exige también aceptar necesariamente que el Corán es, letra por letra, la palabra de Allah, revelada al Profeta (la paz sea con él) mediante la revelación. No se trata de que únicamente se le hubiera inculcado el significado en el corazón y él lo hubiera expresado en su propio idioma y con sus propias palabras. Por el contrario, este Libro fue revelado al Mensajero de Allah (la paz sea con él) con una determinada serie de palabras, y fue conservado exactamente con esa misma serie de palabras. No se le hizo ninguna modificación ni se le añadió o quitó nada. La falsedad tampoco encontrará en él ninguna vía de entrada. Además, puesto que es directamente el discurso del Señor de los mundos, Allah, también tiene autoridad sobre el propio Mensajero. Aunque llegó por medio del Mensajero, el Mensajero está sometido a él. Se le ordenó obedecerlo. No tiene derecho a añadirle ni quitarle nada. Por el contrario, su deber es ser quien más y antes que nadie lo siga, y establecer la religión —es decir, el sistema completo de vida— conforme al propósito de esta palabra divina.
Esta creencia fortaleció aún más la revolución cuya realización era el objetivo del islam. Ello se debió a que se había proporcionado, de parte de Allah, un Libro eterno en el que Allah mismo había explicado claramente, en Su propio lenguaje, qué es la verdad y qué es la falsedad. Desde entonces, en todas las épocas, la gente puede recurrir siempre a él para saber qué debe hacer y qué no debe hacer a fin de obtener la complacencia de su Señor. Que, junto con el nombramiento de un ser humano como Mensajero, se le revelara también un Libro, y que se ordenara a la gente creer en ambos y obedecerlos a ambos, significa que allí donde se practiquen esta fe y esta obediencia entre los individuos y la sociedad, desaparecerá la libertad de actuar arbitrariamente. El individuo, como tal, y la sociedad en su conjunto quedarán sometidos a un guía y a un libro de leyes. Incluso después de que el guía abandone este mundo, el libro de leyes —el Corán— permanecerá siempre en el mundo para proclamar qué obras ha ordenado Allah y cuáles ha prohibido. La Sunna del Profeta (la paz sea con él), que permanecerá después de él —y que, desde la perspectiva coránica, es la explicación oficial y fidedigna de la palabra divina—, no dejará margen para que los esclavos de las pasiones o quienes creen en otras filosofías de vida continúen interpretando caprichosamente el libro de leyes.
Esta breve exposición deja claro por qué era necesario, desde el inicio de la predicación islámica, invitar a creer en el Corán y aceptarlo como la palabra de Allah, junto con el tawhid y la misión profética de Muhammad, y cuál era la importancia de ello. Ahora describiremos detalladamente qué rango se le atribuyó al Corán cuando fue presentado y qué pruebas tan contundentes de que era la palabra de Allah se expusieron ante quienes se negaban a aceptar este Libro.
El Corán es la palabra de Allah; cada una de sus palabras fue revelada al Profeta (la paz sea con él)
Este era el punto inicial, que ha sido expuesto en el Corán con tanta abundancia y firmeza que no es posible citar aquí todos los versículos relacionados con este tema. En ninguna parte del Corán hay siquiera una palabra que pueda suscitar la duda de que este profeta, Muhammad (s. a.), pronunciara sus propias palabras. Todo el Libro ha sido presentado como una revelación descendida por Dios. A modo de ejemplo, a continuación se citan algunos versículos.
(Árabe*****************)
¡Y, oh Muhammad (s. a.)! Te hemos revelado este Libro, que ha traído la verdad y que reconoce la veracidad de todos los Libros celestiales que existieron y existen antes que él, y los protege. Por tanto, juzga entre ellos conforme a lo que Alá ha revelado. No te apartes de la verdad que te ha llegado para seguir los deseos de la gente. (La Mesa: 48)
En esta aleya no solo se afirma claramente que Dios Todopoderoso reveló este Libro al profeta Muhammad (s. a.), el cual ha traído correctamente la verdad, sino que además se mencionan dos cosas. La primera es que reconoce la veracidad de todo aquello que se encuentra en los Libros revelados anteriormente en su forma auténtica y correcta. La segunda es que es el custodio de esos Libros; es decir, ha incorporado y preservado en él las enseñanzas verdaderas que se encontraban en dichos Libros. Después, con la ayuda de este Libro, se han eliminado y separado las afirmaciones contrarias a la verdad que habían sido incluidas en ellos.
(Árabe****************)
Y hemos hecho descender este Corán con la verdad, y con la verdad ha descendido. Además, no te hemos enviado como Mensajero para ningún otro propósito, sino para anunciar buenas nuevas a quien lo acepte y advertir a quien no lo acepte. (Los Hijos de Israel: 105)
(Árabe****************)
Y, oh Profeta, recita el Libro de tu Señor que te ha sido revelado. (La Caverna: 27)
(Árabe*******************)
¡Oh, Muhammad (s. a. s.)! Te hemos revelado este Libro con la verdad para la humanidad. Quien acepte la guía lo hará en beneficio propio. Y quien se extravíe sufrirá las consecuencias de su extravío; tú no eres responsable de ello. (Az-Zumar: 41)
(Árabe*****************)
Y así, oh Profeta, te hemos revelado el Corán en lengua árabe, para que adviertas al centro de las ciudades —La Meca— y a quienes viven en sus alrededores. (Ash-Shura: 7)
(Árabe**************)
Este Libro ha sido revelado por Allah, el Todopoderoso y Misericordioso (Al-Ahqaf: 1)
(Árabe****************)
Este es un Libro bendito que, oh Muhammad (s. a. s.), hemos revelado sobre ti, para que la gente reflexione sobre él y para que las personas reflexivas e inteligentes aprendan de él. (Sad: 29)
(Árabe******************)
Y, oh Muhammad, ciertamente estás recibiendo este Corán de parte de un Ser Sabio y Omnisciente. (Naml: 6)
(Árabe******************)
Y ciertamente es una revelación del Señor de los mundos. Un Espíritu digno de confianza lo hizo descender sobre tu corazón [aquí, con «espíritu fiel» o «espíritu digno de confianza» se alude a Yibril (a. s.), quien acudía al Profeta Muhammad (s. a. w.) con el Corán. En lugar de mencionar aquí su nombre, se emplean las expresiones «espíritu fiel» o «espíritu digno de confianza». El propósito de esto es señalar que él es un espíritu puro, un ser incorpóreo, y tan fiel y digno de confianza que transmite al Profeta la revelación exactamente tal como Allah Todopoderoso se la envía, sin añadirle ni quitarle nada: el autor.] para que, oh Muhammad, te conviertas en uno de los que advierten (los profetas que advierten a la humanidad), en una clara lengua árabe. (Shuara: 192-195)
(Árabe******************)
—Oh Profeta, no muevas la lengua para apresurarte a memorizar esta revelación. A Mí me corresponde hacer que la recuerdes y enseñarte su recitación. Por tanto, cuando Yo la recite, escucha atentamente esta recitación. También me corresponde explicarte su significado. (Qiyamah: 16-19)
Estos versículos no solo dejaban completamente claro que todo este Libro había sido revelado por Allah a Muhammad (s. a. w.) mediante la revelación, sino que los dos últimos versículos dejan muy claro que no solo se le hace comprender su significado en el corazón del Profeta, para que él lo exprese en su propio idioma, sino que también sus palabras son reveladas por Allah. El descenso del Espíritu Fiel (Yibril [a. s.]) con la revelación en lengua árabe de parte del Señor de los mundos, su recitación ante el Profeta, el intento del Profeta de memorizarla rápidamente y las palabras de Allah Todopoderoso: «No intentes memorizarla; más bien, cuando sea recitada, escúchala. Luego, hacer que la recuerdes, enseñarte su recitación y explicarte su significado: todo ello nos corresponde»; todo esto solo tiene sentido cuando las palabras de la revelación también son reveladas por Allah. De lo contrario, si en el corazón del Profeta solo hubieran surgido el significado y el concepto, no tendría ningún sentido que él la recitara, la escuchara, la recordara ni que fuera revelada en lengua árabe.
El Mensajero de Allah mismo recibió la orden de seguir el Corán
En el Corán también se ha declarado claramente que el Mensajero de Allah (la paz sea con él) está sometido a las órdenes del Corán. Se le ha ordenado obedecerlas. No tiene derecho a introducir en ellas ningún cambio y está sometido a ellas. Se le ha ordenado obedecerlas. No tiene derecho a introducir en ellas ningún cambio ni a aumentar o disminuir nada.
(Árabe******************)
Y, oh Muhammad (la paz sea con él), sigue todo lo que te ha sido revelado por tu Señor. Allah está informado de lo que hacéis. (Al-Ahzab: 2)
(Árabe***************)
Oh Muhammad (la paz sea con él), sigue todo lo que te ha sido revelado por tu Señor. No hay dios sino Él, y aléjate de los idólatras. (Al-An’am: 106)
(Árabe*******************)
—Oh Muhammad (la paz sea con él), diles: «Yo solo sigo la revelación que me es enviada, y no soy más que un advertidor claro». (Al-Ahqaf: 9)
(Árabe******************)
Y cuando no les presentas ningún signo (milagro), dicen: «¿Por qué no has escogido para ti mismo algún signo?». Diles: «Yo no sigo sino la revelación que me ha sido enviada por mi Señor». Esta (aleya del Corán) es una luz de sabiduría procedente de tu Señor, así como guía y misericordia para quienes creen en Él. (Al-A‘raf: 203)
Es decir, no es tarea mía descubrir o fabricar por mí mismo y presentar cualquier cosa que se me reclame o cuya necesidad yo mismo sienta. Yo soy solamente un mensajero, y mi tarea consiste únicamente en actuar conforme a la guía de Aquel que me ha enviado. En lugar de un milagro, mi Enviador me ha enviado el Corán. En él hay una luz de sabiduría, y su belleza más notable es que quienes lo aceptan encuentran el camino recto de la vida, y en su hermoso carácter se manifiestan claramente los signos de la misericordia de Allah.
(Árabe******************)
Y cuando se les recitan Nuestros versículos claros, quienes no esperan encontrarse con Nosotros en la otra vida dicen: «Trae otro Corán aparte de este o cambia algo en él». ¡Oh, Muhammad (la paz y las bendiciones de Allah sean con él!), diles: «No tengo ningún derecho a cambiarlo por iniciativa propia. Yo no sigo sino la revelación que me es enviada. Si desobedezco a mi Señor, temo el castigo de un día terrible». (Jonás: 15)
(Árabe******************)
Y si este (Profeta) hubiera inventado algo por su propia cuenta y nos lo hubiera atribuido, lo habríamos tomado con la mano derecha y le habríamos cortado la vena yugular. Entonces ninguno de vosotros habría podido impedirlo. (Al-Haqqah: 44-47)
El Corán está protegido en todos los aspectos y cada una de sus palabras es inmutable
También se ha declarado claramente en el Corán que Allah mismo ha asumido la responsabilidad de conservarlo, con cada una de sus palabras. Cada una de sus afirmaciones es firme e inmutable. La falsedad no encontrará ningún camino para penetrar en él. Allah seguirá mostrando continuamente signos en los horizontes y entre los seres humanos, mediante los cuales quedará demostrada su veracidad. (Árabe*******************)
Nosotros hemos revelado este Corán y nosotros somos sus guardianes. (Al-Hiyr: 9)
Es decir, está directamente bajo nuestra protección. Si alguien quisiera destruirlo o mantenerlo oculto, no podría hacerlo. Su dignidad no se verá menoscabada por las acusaciones ni las críticas de nadie. Aunque alguien quisiera impedir su mensaje, no podría hacerlo. Nadie tendrá la posibilidad de distorsionarlo ni alterarlo.
(Árabe******************)
Más bien, el Noble Corán está inscrito en una Tabla elevada y protegida. (Al-Buruy: 21-22)
Es decir, no se podrá borrar la escritura de este Corán. Está inscrito en la Tabla protegida de Dios, en la que no es posible ninguna alteración. Lo que ha sido escrito en ella necesariamente sucederá. Aunque todo el mundo se uniera para rechazarlo, no podría hacerlo.
(Árabe*****************)
Y la realidad es que este Corán es un Libro poderoso. La falsedad no puede alcanzarlo ni por delante ni por detrás. Ha sido revelado por Aquel que es Omnisapiente y digno de toda alabanza por Sí mismo. (Fussilat: 41:42)
Que la falsedad no pueda alcanzarlo por delante significa que, aunque alguien lo atacara directamente y quisiera demostrar que alguna de sus afirmaciones es errónea o que alguna de sus enseñanzas es falsa e injusta, no podría hacerlo. Que no pueda alcanzarlo por detrás significa que, posteriormente, no se descubrirá ninguna verdad que contradiga los datos presentados por el Corán; no podrá surgir ningún conocimiento que sea verdaderamente «conocimiento» y refute el conocimiento expuesto en el Corán. No podrá existir ninguna experiencia ni observación que demuestre que son erróneas las enseñanzas que el Corán ha presentado sobre la doctrina y la fe, la moral, las leyes, la civilización, la cultura, la economía, las ciencias sociales y la política.
(Árabe*****************)
Pronto les mostraremos Nuestros signos en los horizontes y dentro de ellos, hasta que finalmente les quede claro que este Corán es, en verdad, la verdad. (Hamim Sayda: 53)
Esto tiene dos significados. Primero: pronto la prédica de este Corán se extenderá por una gran parte del mundo, y estas personas verán con sus propios ojos qué gran revolución religiosa, moral, espiritual, política, económica y cultural se produce en la vida humana gracias a él.
El segundo significado es que, cuanto más se amplíen los conocimientos humanos sobre el mundo superior y sobre la propia existencia del ser humano, más evidente será que el Corán es la verdad.
Negar el Corán es kufr
La fe en el Corán (iman bil-Qurán) es una parte tan importante de la prédica islámica como la fe en el tawhid y la risalat. Por ello, se invitó a la gente en términos inequívocos: este es el Kalam de Allah; cree en él. Quien no crea en él es un incrédulo. Entre las cualidades de aquellos a quienes, en los primeros versículos de la sura al-Baqara, se considera firmemente guiados, también se menciona esta cualidad.
(Árabe****************)
Hemos hecho descender del Corán aquello que es curación y misericordia para quienes creen en él, y que para los injustos —que no han creído— no es sino una pérdida. (Bani Isra’il: 82)
(Árabe****************)
—Solo los incrédulos niegan Nuestros signos. (Al-Ankabut: 47)
La reacción de los incrédulos
Cuando el Corán fue presentado con su verdadera dignidad, a los incrédulos de Quraysh y a los idólatras comunes de Arabia les resultó mucho más difícil aceptarlo que reconocer al Profeta Muhammad (s.a.s.) como Mensajero de Allah. Porque, aunque después de reconocer a Muhammad (s.a.s.) como Mensajero hubieran aceptado obedecerle, podían esperar que, tras su partida de este mundo, se librarían de la carga de esa obediencia. Pero aquí se presentaba un Libro con tal dignidad que cada una de sus palabras había sido revelada por el Señor de los mundos. Los musulmanes memorizaban este Libro palabra por palabra, porque su recitación era indispensable en la oración. El Profeta (s.a.s.) hacía que se escribiera cada revelación después de que descendía. No tenían ninguna esperanza de librarse de él. Pensaban que, una vez aceptado como la palabra de Allah, sus vidas quedarían ligadas permanentemente a un sistema de normas y disciplina, apartarse del cual significaría apartarse del Señor del universo. Por ello emplearon todas sus fuerzas para negarse a aceptar el Corán como la palabra de Allah y adoptaron toda clase de estratagemas posibles con el propósito de impedir a toda costa que el Profeta Muhammad (s.a.s.) pudiera proclamarlo.
La negación de todos los Libros divinos
Su primera estratagema en este asunto fue negar todos los Libros divinos.
(Árabe******************)
Y los incrédulos dijeron: «No creeremos de ninguna manera ni en este Corán ni en ningún Libro anterior a él». (Saba: 31)
Sin embargo, los propios árabes no podían aceptar en modo alguno esta afirmación. Ellos mismos reconocían que las suhuf de Hazrat Ibrahim (a) habían sido reveladas por Dios. De hecho, en dos lugares del Corán se menciona de tal manera que se sabe que eran universalmente aceptadas por los árabes, aunque no conservaban entre ellos ni siquiera un fragmento de ellas. Esto se menciona en la aleya 37 de la sura An-Najm y en la aleya 19 de la sura Al-A‘la.
Además, en Arabia había numerosos judíos y cristianos que creían en los Libros divinos. Para enfrentarse al Mensajero de Allah (s), los incrédulos árabes necesitaban recurrir a la ayuda de esos judíos y cristianos. Por ello, no pudieron mantenerse durante mucho tiempo aferrados a aquella afirmación. (60)
La acusación contra el Profeta (s) de que él mismo compuso el Corán
Después, comenzaron a difundir con la mayor insistencia la acusación de que Su Excelencia (s) había compuesto él mismo este Corán y lo había atribuido a Allah. El Corán ha dado una respuesta detallada a ello y ha demostrado, con argumentos contundentes, que este es el discurso divino.
(Árabe******************)
Sin duda, este Libro ha sido revelado por el Señor de los mundos. (As-Sajdah: 2)
Varias suras del Corán comienzan con frases identificativas de este tipo. Su propósito es declarar, desde el inicio del discurso, de dónde procede este discurso. A primera vista, se trata de una frase introductoria como la que un locutor de radio pronuncia al comienzo de un programa, diciendo que las noticias se transmiten desde determinada emisora. Pero, a diferencia de este tipo ordinario de anuncio radiofónico, cuando una sura del Corán comienza con la extraordinaria declaración de que este mensaje procede del Soberano Señor del universo, no se limita a transmitir las palabras de un simple locutor; al mismo tiempo, encierra una gran afirmación, un contundente desafío y una terrible advertencia. Pues la declaración anuncia de inmediato que este no es el discurso de un ser humano, sino el discurso del Señor de los mundos. Con esta declaración se plantea inmediatamente ante el ser humano una gran pregunta: ¿aceptará esta afirmación o no? Si la acepta, tendrá que inclinar para siempre la cabeza en obediencia a Él. Después de eso, no conservará ninguna libertad frente a Él. Y si no la acepta, deberá afrontar el peligro de que, si realmente se trata del discurso de Allah, su rechazo le hará sufrir una desgracia eterna. Precisamente por esto, al ser esta frase introductoria tan excepcional, obliga al ser humano a escuchar este discurso con cautela y la máxima atención, y a decidir si lo aceptará o no como discurso divino.
Aquí no se consideró suficiente decir únicamente que este Libro había sido revelado por el Señor de los mundos. Por el contrario, se afirmó con plena contundencia que:
(*আরবী******)
Sin duda, este es el Libro de Dios. No hay la menor duda de que ha sido revelado por Allah. Si se examina esta afirmación categórica teniendo en cuenta el contexto circundante del Corán y su propio discurso anterior y posterior, se comprende que contiene, junto con la afirmación, también su propia prueba. Y esta prueba no estaba oculta a la gente de La Meca ante la cual se hacía tal afirmación. Toda la vida del portador de este Libro se encontraba ante ellos: su vida antes de presentar el Libro y su vida después de presentarlo. Sabían que el hombre que presentaba este Libro junto con su afirmación era el más honrado, profundamente serio y virtuoso de toda su nación. También sabían que, después de afirmar su condición profética, comenzó de pronto a proclamar este mensaje. Veían una diferencia evidente entre el lenguaje y el estilo de exposición de este Libro y el lenguaje y el estilo de exposición del propio Muhammad Mustafa (la paz y las bendiciones de Allah sean con él). También sabían que no podía haber una diferencia tan clara entre dos estilos de exposición pertenecientes a una misma persona. Observaban asimismo la milagrosa belleza literaria de este Libro y, como hablantes de árabe, sabían por sí mismos que todos sus literatos y poetas eran incapaces de producir una obra literaria semejante. Sabían muy bien, además, cuán enorme era la diferencia entre las palabras de sus poetas nacionales, adivinos y oradores, y estas palabras. Y sabían cuán nobles y sublimes eran los temas puros y santos expuestos en este mensaje. El menor rastro del interés personal que suele estar ligado a las palabras y los actos de un falso pretendiente no se encontraba ni en este Libro ni en su portador. Los adversarios no podían identificar en absoluto qué beneficio pretendía obtener el venerable Muhammad (la paz y las bendiciones de Allah sean con él), al afirmar su condición profética, para sí mismo, para su familia o para su propia nación y tribu, ni qué interés personal podía estar oculto en esta labor. También veían que algunas personas de su nación se sentían atraídas por esta invitación y que, después de vincularse con ella, sus vidas experimentaban una transformación profunda. Todo ello, en conjunto, adquiría la forma de pruebas y argumentos en favor de la propia afirmación. Por eso, en aquel contexto, bastaba con decir que no había el menor lugar para la duda respecto a que este Libro había sido revelado por el Señor de los mundos. No era necesario aportar más pruebas y argumentos. (61)
(Árabe******************)
¿Acaso dicen: «Él mismo lo ha inventado»? No, es la verdad procedente de tu Señor, para que adviertas a un pueblo al que no llegó ningún amonestador antes de ti; quizá sean guiados. (La Postración: 3)
Después de mencionar la frase introductoria anterior, se responde a la primera acusación que los idólatras de La Meca formulaban acerca de la misión profética de Muhammad (la paz sea con él). La respuesta plantea esta pregunta: aunque las palabras en las que se basa la certeza de que este Libro fue revelado por Allah son evidentes, ¿acaso estas personas hacen, pese a ello, la manifiestamente obstinada afirmación de que Muhammad (la paz sea con él) lo compuso por sí mismo y se lo atribuyó a Allah, el Señor de los mundos? ¿No les da vergüenza formular una acusación tan absurda y carente de fundamento? ¿No pueden comprender qué pensarán, al oír esta absurda acusación, quienes conocían a Muhammad (la paz sea con él), sus obras y sus palabras, y quienes podían entender este Libro?
Así como en la primera aleya se consideró suficiente decir «no hay duda al respecto» y no se estimó necesario presentar ningún argumento en favor de que el Corán es la Palabra divina, del mismo modo, en esta aleya también se considera suficiente responder a la acusación de los incrédulos de La Meca con estas únicas palabras: «Esto procede de tu Señor». La razón es la misma que explicamos al comentar la aleya número 2. Los oyentes sabían en qué ambiente y con qué dignidad había presentado el Profeta este Libro. El Libro estaba ante todos, con su lenguaje, su literatura y su contenido. Todos los miembros de aquella sociedad de La Meca veían con sus propios ojos su influencia y sus efectos. En tales circunstancias, el hecho de que este Libro procediera verdaderamente del Señor de los mundos era una realidad tan evidente que describirla con pocas palabras bastaba para refutar la acusación de los incrédulos. Intentar presentar argumentos y pruebas al respecto, en vez de fortalecer la cuestión, la habría debilitado. Supongamos que, mientras el sol está irradiando una luz brillante en pleno día, un obstinado afirma que es una noche oscura. Para responderle basta con decir: «¿Lo llamas noche? El día luminoso está ante tus ojos». Si después se continúa presentando pruebas y argumentos racionales para demostrarlo, no se fortalecerá la respuesta; al contrario, se la debilitará. (62)
(Árabe****************)
Este Corán no es algo que pudiera haberse compuesto sin la revelación y la enseñanza de Allah. Por el contrario, confirma la verdad de todo lo que había sido revelado anteriormente y ofrece una explicación detallada del Libro. No hay duda de que procede del Señor de los mundos. (Jonás: 37)
«El reconocimiento de la veracidad de todo lo que vino antes», es decir, la enseñanza fundamental que, desde el comienzo, fue transmitida a los seres humanos por medio de los profetas. Este Corán no presenta nada nuevo apartándose de ella; por el contrario, la reconoce. Si hubiera sido producto de la imaginación de un fundador de una nueva religión, sin duda se habría manifestado en él el esfuerzo por mezclar algún matiz novedoso propio con la verdad antigua, para dejar clara su posición distintiva.
«La exposición detallada del Libro» significa que estas enseñanzas fundamentales, que contienen la esencia de todos los Libros celestiales, han sido expuestas con argumentos y pruebas, junto con exhortaciones, explicaciones y análisis, y en consonancia con las circunstancias reales. (63)
(Árabe******************)
Di: «Aunque los seres humanos y los genios se unieran para intentar traer algo semejante a este Corán, no podrían hacerlo, aun cuando se ayudaran mutuamente». (Bani Isra’il: 88)
Además de este lugar, este desafío también se ha planteado en otros cuatro lugares del Corán: en la sura Al-Baqara, aleyas 23-24; en Yunus, aleya 38; en Hud, aleya 13; y en At-Tur, aleyas 33 y 34. En estos lugares, se pronunció esto en respuesta a la acusación de los incrédulos de que Muhammad (la paz sea con él) había compuesto personalmente este Corán y lo presentaba injustificadamente como la palabra de Dios. Además, en la aleya 16 de la sura Yunus, esta acusación fue refutada con estas palabras:
(Árabe******************)
¡Oh, Muhammad (la paz sea con él)! Diles: «Si Allah hubiera querido que no os recitara el Corán, no habría podido recitároslo de ningún modo. Más aún, ni siquiera os habría informado de él. He vivido entre vosotros toda una vida. ¿Es que no comprendéis ni siquiera esto?». (Yunus: 16)
Entre los argumentos presentados por estas aleyas para demostrar que el Corán es la palabra divina hay, en realidad, tres argumentos. En primer lugar, por su lenguaje, su estilo de exposición, su método de argumentación, su contenido, sus temas, sus enseñanzas y la transmisión de noticias sobre el mundo invisible, el Corán es un milagro, y presentar algo semejante está más allá de la capacidad humana. Vosotros decís que un ser humano lo ha compuesto; pero nosotros decimos que, aunque todos los seres humanos del mundo se unieran, tampoco podrían componer un libro de este tipo. Incluso si la nación de los genios, a quienes los politeístas han convertido en sus divinidades y cuya pretensión de convertirlos en divinidades este Corán ha golpeado duramente, se uniera para ayudar a quienes niegan el Corán, tampoco ellos serían capaces de componer un libro de la categoría del Corán y, de ese modo, refutar este desafío.
En segundo lugar, Muhammad (la paz sea con él) no apareció repentinamente entre vosotros procedente de un mundo exterior. Por el contrario, ya había vivido entre vosotros durante cuarenta años antes de que descendiera este Corán. ¿Acaso habíais escuchado de sus labios, siquiera un día antes de que proclamara su profecía, alguna palabra de este tipo, con semejantes problemas y temas? Si no la habíais escuchado —y ciertamente no la escuchasteis—, ¿acaso vuestra razón os dice que el lenguaje, las ideas, los conocimientos, el pensamiento y la forma de expresarse de una persona pueden experimentar de repente un cambio tan enorme?
En tercer lugar, el Profeta Muhammad (la paz sea con él) no se ocultó después de recitaros el Corán; por el contrario, sigue viviendo entre vosotros. Escucháis de sus labios tanto el Corán como otras conversaciones y discursos. Existe una diferencia tan enorme entre el lenguaje y la forma de expresión del Corán y las palabras del Profeta Muhammad (la paz sea con él) que jamás podría una misma persona pronunciar dos clases de palabras tan distintas. Esta diferencia no era evidente únicamente en aquella época, cuando el Profeta Muhammad (la paz sea con él) vivía entre su pueblo; incluso hoy se conservan innumerables palabras y discursos suyos en las colecciones de hadices. Su lenguaje y su forma de describir son tan diferentes del lenguaje y la forma de expresión del Corán que ningún crítico perspicaz de la lengua y la literatura árabes se atrevería a afirmar que ambas clases de palabras pertenecen a la misma persona. (64)
(Árabe********************)
¿Acaso dicen que el Profeta compuso por sí mismo este Libro? Di: ¡De acuerdo, entonces! Traed diez suras compuestas semejantes a él. Y traed también, si podéis, a aquellos que adoráis aparte de Allah, para que os ayuden, si sois veraces al considerarlos vuestros dioses. Si ahora no acuden en vuestra ayuda, sabed que ha sido revelado con el conocimiento de Allah, y sabed que no existe ninguna divinidad verdadera aparte de Allah. Entonces, ¿acaso inclináis la cabeza en obediencia ante esta verdad? (Hud: 13-14)
Aquí, mediante el mismo argumento, se demuestra que el Corán es la palabra divina y también se demuestra el tawhid. El resumen del argumento es el siguiente:
1. Si esto fuera palabra de un ser humano, entonces ese ser humano debería tener la capacidad de pronunciar palabras semejantes. Por tanto, vuestra afirmación de que yo, Muhammad (la paz sea con él), compuse por mí mismo este Libro solo podría ser verdadera si todos vosotros juntos no pudierais componer un libro semejante. Si no podéis hacerlo, queda demostrada la verdad de mi afirmación: no soy el autor de este Libro; por el contrario, ha sido revelado mediante el conocimiento de Allah.
2. Además, en este Libro se han contradicho abiertamente vuestros dioses y se ha declarado claramente que debéis abandonar su adoración, porque no tienen ninguna participación en la divinidad. Si no aceptáis esto, entonces vuestros dioses —si realmente son dioses— deberían ayudaros a demostrar que mi afirmación es falsa y a componer una obra semejante a este Libro. Pero, en el momento de esta decisión, no pueden ayudaros de ninguna manera ni infundir en vosotros la fuerza necesaria para componer algo semejante a este Libro. Así queda demostrado claramente que los habéis convertido en dioses sin razón. De lo contrario, en realidad no poseen ninguna fuerza ni el menor rastro de divinidad que los haga dignos de ser dioses. (65)
(Árabe*******************)
¿Acaso dicen: «El Profeta ha compuesto este Libro por sí mismo»? Di: «Si sois sinceros en vuestra acusación, traed una sura semejante y convocad, aparte de Dios, a quien queráis para que os ayude». (Jonás: 38)
Por lo general, la gente piensa que este desafío se refiere únicamente a la elocuencia y la belleza literaria del lenguaje del Corán. No es imposible que esta idea equivocada haya surgido de los debates sobre el carácter milagroso del Corán. Pero la categoría del Corán es muy superior a eso. El Corán no fundamentó su pretensión de singularidad, originalidad e incomparableza únicamente en la dulzura verbal y literaria. No hay duda de que el Corán es incomparable desde el punto de vista lingüístico. Sin embargo, la razón por la que se afirma que la mente humana no puede producir un libro semejante reside en su tema y sus enseñanzas. El propio Corán ha explicado en diversos lugares el aspecto milagroso que hay en ellos y la razón por la que fue revelado por Dios, así como por qué una composición de este tipo está más allá de la capacidad humana. (66)
(Árabe*****************)
—¿Acaso dicen: «Este hombre ha compuesto el Corán por sí mismo»? La realidad es que no quieren creer. Si son sinceros en lo que dicen, que traigan un discurso de esta categoría. (El Monte: 33-34)
En otras palabras, el sentido de esta afirmación es que incluso los propios corazones de los qurayshíes que dicen que el Corán es un discurso compuesto por el Profeta Muhammad les indican que no puede ser suyo. Entre los demás, los lingüistas perciben claramente que es muy superior y grandioso en comparación con cualquier discurso humano. Más aún, incluso quienes conocían al Profeta Muhammad no podían imaginar que se tratara de un discurso compuesto por él mismo. Por tanto, la conclusión clara es que quienes dicen que el Corán fue compuesto por el Profeta Muhammad, en realidad, no quieren creer. Por eso inventan diversas excusas falsas, y esta es una de ellas.
La cuestión no se limita a que este no sea el discurso del Profeta Muhammad; en realidad, no es en absoluto un discurso o palabra humana. Componer un discurso semejante está más allá de la capacidad humana. Si queréis afirmar que se trata de un discurso compuesto por un ser humano, traed una composición de esta categoría, como la que podría haber compuesto cualquier persona. Este desafío se dirigió inicialmente no solo a los qurayshíes, sino a todos los incrédulos del mundo, en esta aleya. Después, el desafío se repitió tres veces en La Meca la Honrada y, por última vez, en Medina la Iluminada. (Sura Jonás, aleya 38; Hud: 13; Los Hijos de Israel: 88; La Vaca: 23, nota)
Pero ni en aquel tiempo nadie tuvo el valor de responder a este desafío, ni nadie lo ha tenido hoy para presentar, frente al Corán, algo compuesto por un ser humano.
Algunas personas, por no comprender la verdadera naturaleza de este desafío, dicen que nadie puede componer una obra literaria en prosa o en verso siguiendo el método de composición de otra persona; y que esto no se aplica solo al Corán. Homero, Rumi, Shakespeare, Goethe, Paleb, Rabindranath e Iqbal son todos incomparables en este aspecto. A nadie le es posible componer algo idéntico a sus obras. Quien pretende responder al desafío del Corán parte, en realidad, de la idea equivocada de que
(Árabe*****************)
Esto significa componer una obra de este tipo según el estilo de exposición. En realidad, no significa una semejanza en el estilo de exposición. Más bien, significa: traed un libro de tal rango y dignidad que, no sólo en árabe sino en cualquier idioma del mundo, pueda ser considerado rival del Corán por aquellas características sobre cuya base se lo considera una obra milagrosa. A continuación se describen brevemente algunas de las características por las cuales el Corán era milagroso en el pasado y aún lo es hoy.
1. El Corán es un ejemplo sumamente elevado y grandioso de la literatura de la lengua en la que fue revelado. En todo el Corán no se encuentra una sola palabra ni una sola frase por debajo de este nivel. Cualquier tema que se aborda está expuesto con las palabras y el estilo más adecuados y apropiados. Un mismo tema se expone repetidamente, pero cada vez se adopta un estilo nuevo, y en ninguna parte se percibe la monotonía de la repetición. De principio a fin, el entrelazamiento de las palabras en todo el libro es tal que parece una guirnalda de perlas. El discurso es tan poderoso que ninguna persona versada en la lengua puede escucharlo sin quedar embelesada de placer. Incluso despierta placer en el corazón de quienes lo niegan y se oponen a él. Aunque han transcurrido mil cuatrocientos años, hasta el día de hoy este libro sigue siendo el mejor ejemplo de la literatura árabe; no sólo ningún libro de esta lengua puede igualarlo, sino que ni siquiera puede acercársele en rango y valor literarios. Más aún, incluso después de la aparición de esta gran Escritura, la lengua conserva el mismo nivel de elegancia que este libro estableció. Sin embargo, durante un período tan prolongado, las lenguas cambian y adquieren formas diferentes. No existe ninguna lengua del mundo que haya permanecido igual durante muchos siglos en su ortografía, construcción de las frases, estilo de expresión, gramática y uso del vocabulario. Pero sólo la fuerza de este Corán ha impedido que la lengua árabe se desvíe de su lugar propio. Hasta hoy no se ha abandonado ni una sola de sus palabras. Cada una de sus expresiones idiomáticas sigue utilizándose en la literatura árabe. Su literatura continúa siendo literatura de alto nivel en lengua árabe. ¿Existe en alguna lengua del mundo un libro escrito por un ser humano que posea tal rango?
2. Es el único Libro del mundo que ha ejercido una influencia tan amplia, profunda y total sobre el pensamiento, la moral, la civilización y el modo de vida de la humanidad, que no existe ejemplo comparable. Primero, su influencia provocó una revolución en una nación; después, esa nación inició una transformación en una gran parte del mundo. No existe otro libro que haya podido inspirar una revolución semejante. Este libro no permaneció simplemente escrito en las páginas de un papel. Por el contrario, en el mundo real dio forma a cada una de sus palabras, pensamientos y conceptos, y creó una civilización duradera. Su influencia ha continuado durante mil quinientos años y sigue extendiéndose día tras día.
3. El tema que este Libro aborda es amplio y multifacético; su alcance se extiende por todo el universo, desde el principio hasta el fin. Arroja luz sobre los misterios profundos del universo, su origen y su destino, y el orden que lo rige. Explica quién es el Creador, Director y Gobernante de este universo, cuáles son Sus atributos, cuál es Su autoridad y cuál es el verdadero misterio de las cosas por el que Él estableció todo este sistema. Describe correctamente la dignidad y la posición del ser humano en este mundo, y explica que ésta es su posición natural y su derecho innato, cuyo poder de cambiar no posee. Explica cuál es, en virtud de esta posición y dignidad, el camino correcto del pensamiento y la acción humanos, plenamente acorde con la naturaleza, y cuáles son los caminos erróneos que chocan con la verdad. Mediante innumerables argumentos y pruebas tomados de cada cosa de la tierra y del cielo, de los distintos aspectos del orden del universo, del propio ser y existencia del hombre y de toda la historia humana, demuestra la corrección del camino verdadero y el error de los caminos falsos. Al mismo tiempo, explica cómo y por qué razones el ser humano es conducido por el camino equivocado, cómo puede conocerse el camino recto —que siempre fue y siempre será el mismo— y cómo se le ha comunicado en cada época. No se limita a señalar el camino recto y guardar silencio. Más bien, presenta para recorrerlo el esquema de un sistema de vida completo, en el que se establece un método sumamente coherente para cada ámbito de la vida: las creencias, la moral, la purificación del alma (tazkiyat al-nafs), la adoración y el servicio a Dios, el sistema social, la civilización y la cultura, la economía, la política, el sistema judicial, la ley y, en suma, cada esfera de la vida. Además, explica detalladamente cuál será en este mundo la consecuencia de seguir el camino recto y de andar por el camino equivocado. Luego también expone cuál será la consecuencia en el mundo venidero, después de que termine el sistema actual de este mundo. Presenta una descripción detallada del fin de este mundo y del comienzo del segundo mundo. Explica, una por una, todas las etapas de esta transformación. Pone ante los ojos una imagen completa del otro mundo. Después describe detalladamente cómo obtendrá allí el ser humano una segunda vida, cómo se le pedirá cuenta de sus actos en la vida terrenal, sobre qué asuntos será interrogado, cómo se colocará ante él, de manera incontestable, el registro completo de sus obras, qué testimonios sólidos se presentarán para demostrarlo todo y por qué quienes reciban recompensa o castigo lo recibirán. Explica qué clase de bienes obtendrán quienes reciban recompensa y de qué formas sufrirán las consecuencias de sus actos quienes reciban castigo. La exposición de este amplio tema en el Libro no se basa en que su autor haya levantado ciertos argumentos y construido un palacio de suposiciones y conjeturas, sino en que su autor posee un conocimiento directo de la realidad. Su mirada se extiende desde el principio hasta el fin. Toda la realidad está clara ante Él. El universo entero es ante Él como un libro abierto. Él contempla de una sola mirada todo desde el comienzo de la humanidad hasta su fin y, después de éste, hasta su segunda vida, y no guía a la humanidad basándose en conjeturas y suposiciones, sino en el conocimiento de que su autor posee un conocimiento directo de la realidad. Su mirada se extiende desde el principio hasta el fin. Toda la realidad está clara ante Él. El universo entero es ante Él como un libro abierto. Él contempla de una sola mirada todo desde el comienzo de la humanidad hasta su fin y, después de éste, hasta su segunda vida, y guía a la humanidad no basándose en conjeturas y suposiciones, sino en el conocimiento. Hasta hoy no ha podido demostrarse que ninguno de los datos que presenta sobre la base del conocimiento sea erróneo. La concepción que presenta sobre el universo y el ser humano ofrece una explicación completa de todos los objetos y acontecimientos perceptibles por los sentidos, y puede constituir la base de la investigación en cada rama del conocimiento y la ciencia. En sus palabras se encuentran soluciones para todos los problemas fronterizos de la filosofía, la ciencia y las ciencias sociales, y entre ellas existe una relación tan lógica que, sobre esa base, se forma un campo de pensamiento completo, coherente y universal. Además, la guía práctica que ofrece al ser humano para cada aspecto de la vida no sólo es sumamente racional y extremadamente pura, sino que durante mil quinientos años innumerables personas la han seguido efectivamente en diversas partes del mundo. La experiencia ha demostrado que es la mejor. ¿Existe en el mundo algún libro escrito por un ser humano, de tal rango, que pueda presentarse frente a este Libro (el Corán)?
4. El Libro no fue presentado al mundo por escrito en un solo momento. Más bien, se inició un movimiento de reforma con algunas orientaciones preliminares y, durante los veintitrés años en que dicho movimiento fue atravesando sus distintas etapas, sus diferentes partes comenzaron a ser expuestas por boca del líder del movimiento, a veces en largos discursos y otras veces en forma de diversas frases, según las circunstancias y las necesidades de cada etapa. Después de concluida esta misión, esas partes, reveladas en distintos momentos, fueron recopiladas en una forma completa y presentadas al mundo; a esta recopilación se la denominó el Corán. Según la explicación del dirigente del movimiento, aquellos discursos y palabras no eran de su propia composición, sino que le habían sido revelados por el Señor de los mundos. Si alguien considera que él mismo, como líder del movimiento, los compuso, que presente de la historia del mundo algún ejemplo de un ser humano que, durante años y años de liderazgo directo y continuo de un gran movimiento social, haya pronunciado diversos discursos o expresado diversas ideas, unas veces como predicador y maestro de la moral, otras como líder de una comunidad oprimida, otras como jefe de Estado, otras como comandante de un ejército en guerra, otras como héroe victorioso, otras como legislador religioso y civil, y otras como juez; en suma, que haya desempeñado en distintas circunstancias y momentos cargos y dignidades diversos, y que, mediante la combinación de todos esos discursos y declaraciones, haya establecido un sistema completo, coherente y universal de pensamiento y acción, sin que en él se encuentre ninguna disparidad ni contradicción. En él opera, desde el principio hasta el final, una misma concepción central. Desde el primer día, aquel hombre describió los fundamentos de su predicación y, hasta el último día, siguió estableciendo sobre esos fundamentos un sistema integral de fe y conducta, cuyas partes eran plenamente coherentes entre sí. Después de observar todo esto, ninguna persona perspicaz puede dejar de pensar que, al comienzo del movimiento, ante el líder ya se manifestaba la imagen completa del movimiento hasta su etapa final. Nunca ocurrió que, en alguna etapa intermedia, surgiera en su mente una idea que no hubiera existido al principio, ni que más tarde hubiera tenido que modificarla. Si alguna vez ha existido una persona de tal categoría que haya mostrado el apogeo de su propia capacidad creadora, que se la identifique.
5. El líder de cuya boca salían aquellos discursos y palabras no aparecía de repente desde algún lugar para presentarse en público únicamente con el fin de recitarlos, ni desaparecía después de haberlos pronunciado. Ya había vivido en la sociedad humana antes de este movimiento y continuó viviendo siempre en esa misma sociedad hasta el último momento de su vida. Todos conocían bien el lenguaje y el estilo de expresión de sus conversaciones y discursos. Una gran parte de ellos aún se conserva en los hadices, por lo que posteriormente los hablantes de árabe pueden comprobar fácilmente cómo era la manera de hablar de aquel líder o guía. Sus propios compatriotas tenían claro esto en aquella época, y también hoy los hablantes de árabe consideran que el lenguaje y el estilo literario de este Libro son muy diferentes del lenguaje y el estilo literario de aquel líder, Muhammad (la paz sea con él). Incluso cuando, en medio de sus discursos, recitaba alguna parte de ese Libro, la diferencia entre ambos lenguajes podía percibirse con absoluta claridad. La cuestión es: ¿ha sido o puede ser capaz alguna persona en el mundo de mantener durante años y años la apariencia de hablar constantemente en dos estilos y formas completamente distintos, sin que jamás se descubra que ambos tipos de palabras proceden de la misma persona? Ciertamente, es posible tener éxito durante algún tiempo en la exhibición artificial de algo semejante. Pero mantenerlo de manera continua durante veintitrés años es absolutamente imposible.
6. Mientras dirigía el movimiento, este gran líder tuvo que enfrentarse a diversas situaciones. Durante largos períodos fue objeto de burlas, desprecio, humillaciones y crueles persecuciones por parte de sus vecinos y de los miembros de su propia tribu. En otras ocasiones, sus compañeros fueron sometidos a una persecución tan intensa que se vieron obligados a abandonar el país. A veces sus enemigos conspiraron para asesinarlo. En otras ocasiones, él mismo tuvo que abandonar el país. A veces tuvo que soportar una extrema dificultad económica. En otras ocasiones tuvo que enfrentarse a guerras en las que hubo tanto victorias como derrotas. A veces venció a sus enemigos, y quienes en otro tiempo lo habían oprimido cruelmente inclinaron la cabeza ante él. En otras ocasiones obtuvo dominio y autoridad, fortuna que corresponde a muy pocas personas. Cuando hablaba por iniciativa propia en todas esas situaciones, se manifestaban en sus palabras las emociones que suelen experimentar los seres humanos en circunstancias semejantes. Sin embargo, las palabras que se escuchaban de su boca en distintos momentos, basadas en la revelación descendida de parte de Dios, se mostraban completamente libres de emociones humanas, y así se siguen viendo hoy. Ningún gran crítico podrá señalar un solo lugar del Corán y afirmar que allí se manifiesta una emoción humana.
7. El conocimiento amplio y universal que se encuentra en este Libro no se hallaba en ninguno de los grandes sabios y eruditos del siglo XX, por no hablar de los árabes, los romanos, los griegos y los iraníes de aquella época. Hoy ocurre que una persona pasa toda su vida estudiando una rama de la filosofía, de la ciencia o de las ciencias sociales y, al final de esa disciplina, descubre que en este Libro se encuentra una respuesta clara a aquellos problemas. Esto no se limita a una rama particular del conocimiento, sino que se aplica correctamente a todas las ciencias relacionadas con el universo y con el ser humano. ¿Cómo se puede creer que, hace mil quinientos años, un hombre iletrado del desierto árabe poseyera un conocimiento tan amplio de cada campo del saber y que, tras reflexionar sobre cada problema fundamental, hubiera establecido respuestas claras e irrefutables?
Aunque existen muchas otras razones que demuestran el carácter milagroso del Corán, si una persona reflexiona e investiga siquiera sobre estas pocas razones, podrá comprender que el carácter milagroso del Corán es hoy muchas veces más evidente que en el momento en que fue revelado, y, si Dios quiere, seguirá haciéndose aún más evidente hasta el Día de la Resurrección. (67)
Aunque de todo lo expuesto anteriormente no queda lugar para ninguna duda respecto a que el Corán es la palabra divina, los incrédulos repetían una y otra vez, como argumento para considerarlo un libro compuesto por un ser humano, lo siguiente: si fuera la palabra de Dios, habría sido revelado por completo de una sola vez. El hecho de que se nos presente poco a poco, de vez en cuando, significa que fue compuesto después de mucha reflexión. En el Corán, al citar esta acusación de ellos o al aludir a ella, se explica con un lenguaje sumamente conmovedor por qué fue revelado gradualmente y cuál es el profundo misterio de esa revelación gradual.
(Árabe*******************)
Los incrédulos dicen: «¿Por qué no se le ha revelado todo el Corán de una sola vez?». Sí, lo hemos hecho así para afirmar firmemente su contenido en tu corazón, ¡oh, Profeta!, y con ese propósito lo hemos dispuesto en partes separadas, siguiendo un orden especial. Y otra razón es que, cuando te planteaban alguna cuestión extraña o alguna pregunta, te dábamos su respuesta exacta en el momento oportuno y explicábamos el asunto de la mejor manera. (Al-Furqán: 32-33)
Esta era una acusación que agradaba mucho a los incrédulos de La Meca. La consideraban una acusación muy poderosa y la repetían con frecuencia. Pero el Corán la refutó por completo, dándole una respuesta razonada. El sentido de su pregunta o acusación era el siguiente: si esta persona no hubiera presentado estos asuntos después de reflexionar por sí misma, preguntar a alguien o copiar de libros, sino que realmente se tratara del Libro de Dios, ¿por qué no fue traído todo de una sola vez y al mismo tiempo? Dios mismo sabe perfectamente todo lo que quiere hacer conocer. Si hubiera querido revelarlo, lo habría revelado todo junto. El hecho de que ahora, después de reflexionar, se diga una cosa y en otro momento otra, es una señal clara de que la revelación no procede de lo alto. Más bien, se está recopilando de algún lugar o se está elaborando y presentando de manera inventada.
En respuesta, se han expuesto numerosas razones profundas para que el Corán fuera revelado gradualmente, poco a poco:
(1) Se hace así también para que quede preservado en la memoria, con cada una de sus palabras. Pues su difusión y propagación no se realiza por escrito, sino oralmente, mediante un Profeta iletrado, entre oyentes iletrados.
(2) Para que sus enseñanzas queden firmemente arraigadas en el corazón. Con este propósito, hablar poco a poco, haciendo pausas, y explicar la misma idea de distintas maneras resulta mucho más eficaz.
(3) Para que la atención se concentre en el modo de vida que él ha prescrito. Con este propósito, es más conforme con la sabiduría revelar gradualmente las instrucciones y la guía. De lo contrario, si se expusieran de una sola vez todas estas leyes y el sistema completo de vida, y se ordenara establecerlo, la gente quedaría desconcertada. Además, es una realidad que, si cada orden se imparte en el momento adecuado, pueden comprenderse mejor su sabiduría y su fuerza vital. En cambio, si todas las instrucciones se compilan de manera sistemática y se entregan al mismo tiempo, no pueden ser comprendidas de la misma forma.
(4) Para que, durante el movimiento islámico, mientras continúa el conflicto y el enfrentamiento constante entre la verdad y la falsedad, se infundan valor, entusiasmo y ánimo al Profeta y a sus seguidores. En lugar de enviarles una sola vez un extenso manual de guía y dejarlos enfrentar la oposición del mundo entero, resulta mucho más eficaz que los mensajes procedentes de Dios sigan llegando repetidamente, de vez en cuando y en el momento oportuno. En esta segunda situación, la persona siente que el Dios que le ha ordenado realizar esta tarea vela por ellos, los guía en las calamidades y las dificultades, y se dirige a ellos en cada momento de necesidad, renovando así Su relación con ellos. Esto aumenta el entusiasmo y la energía, y fortalece la determinación. En la primera situación, la persona siente que está sola y que a su alrededor no hay más que tormentas.
Finalmente, se ha expuesto otra razón sabia para haber adoptado un proceso gradual en la revelación. La ocasión de revelación del Sagrado Corán no consiste en que Allah quiera redactar un libro que contenga guía y haya convertido al Profeta en un agente para difundirlo. Si así fuera, sería razonable exigir que redactara todo el libro y se lo entregara de una vez a su agente. Pero, en realidad, la ocasión de su revelación es que Allah quiere crear, frente al kufr, la ignorancia y la impiedad, un movimiento de fe, Islam, obediencia y taqwa, y para ello ha hecho surgir a un Profeta como convocador y líder. Durante el desarrollo de este movimiento, por un lado, Él ha asumido la responsabilidad de instruir y guiar al líder y a sus seguidores conforme a sus necesidades; y, por otro, también ha asumido la responsabilidad de aclarar cualquier objeción, duda, sospecha o confusión que planteen los opositores. Si alguien da una interpretación perversa a alguna declaración, Él ofrecerá su explicación correcta. El conjunto de los discursos que, para estas diversas necesidades, continúan siendo revelados por parte de Allah recibe el nombre de Corán. Y este no es un libro de leyes ni un libro de moral y filosofía, sino el libro de un movimiento. La forma correcta y natural de su existencia es que, desde el momento en que comienza el movimiento hasta su final, a medida que este avanza, el Corán continúe siendo revelado al mismo tiempo, según el momento y la necesidad. (68)
(Árabe********************)
—Cuando sustituimos un versículo por otro —y Allah sabe mejor qué revela—, ellos dicen: «Tú mismo has inventado este Corán». La realidad es que la mayoría de ellos no conoce la verdad del asunto. Diles: «El Ruh al-Qudus lo ha hecho descender gradualmente de parte de mi Señor, con toda verdad, para fortalecer la fe de quienes creen, guiar correctamente a los obedientes en los asuntos de la vida y darles buenas nuevas de bienestar y felicidad». (An-Nahl, 101-102)
La sustitución de un versículo por otro también puede significar que, después de un mandamiento, se envíe un segundo mandamiento. En efecto, los mandamientos del Corán fueron revelados gradualmente: sobre un mismo asunto se enviaron, con intervalos de varios años, dos o tres mandamientos sucesivos, como en el caso del vino o del castigo por el adulterio. Sin embargo, dudamos en aceptar este significado, porque la sura An-Nahl fue revelada en el período mequí y, hasta donde sabemos, en esa época no se presentó ningún ejemplo de mandamientos revelados sucesivamente. Por eso, aquí entenderemos que «la revelación de un versículo en lugar de otro» significa que, en distintos lugares del Corán, a veces se explica un asunto mediante un ejemplo y otras veces se presenta otro ejemplo para aclararlo. En ocasiones se expone un segundo aspecto de ese asunto; para un mismo tema se ofrece a veces un argumento y a veces otro. Una misma historia se narra repetidamente, pero cada vez con palabras diferentes. De un asunto se presenta unas veces un aspecto y otras veces su segundo aspecto. Una idea se expresa en cierta ocasión de forma resumida y en otra con detalle. Esto era precisamente lo que los incrédulos de La Meca consideraban una prueba de que el profeta Muhammad —que Allah lo proteja— había inventado por sí mismo este Corán. Su argumento era que, si el origen de este mensaje fuera el conocimiento divino, todo se habría dicho de una sola vez. ¿Acaso Allah es tan limitado en conocimiento como los seres humanos, de modo que habla reflexionando paso a paso, reúne gradualmente la información y, cuando considera que una forma de expresarse no funciona adecuadamente, habla de otra manera? En realidad, decían, todo esto son debilidades del conocimiento humano que se manifiestan en tus palabras.
En respuesta, primero se dijo que este Libro es traído de parte de Allah por el «Ruh al-Qudus». Literalmente, «Ruh al-Qudus» significa espíritu puro o espíritu santo. Como término, este título se ha dado a Yibril (la paz sea con él). En otro lugar (en la sura Ash-Shu‘ara) se emplean para él las palabras «Ruh al-Amín», es decir, el espíritu digno de confianza. Aquí, en vez de mencionar el nombre del ángel que trae la revelación, se utiliza su título para hacer conscientes a los oyentes de esta realidad: este mensaje lo trae un «espíritu» que está por encima de las debilidades y defectos humanos. No es desleal, de modo que Allah envíe algo y él lo altere por su cuenta para convertirlo en otra cosa. No es un mentiroso ni un calumniador que componga algo por sí mismo y lo atribuya a Allah. Tampoco es una persona deshonesta o ávida de riquezas que engañe y defraude para obtener algún beneficio personal. Es, por completo, un espíritu grande y puro que transmite el mensaje de Allah con absoluta fidelidad. Luego se dice que la razón por la que trae gradualmente ese mensaje, en vez de traerlo todo de una sola vez, no es que exista alguna deficiencia en el conocimiento de Allah, como vosotros habéis supuesto por vuestra ignorancia. La razón es, más bien, que existen limitaciones en la capacidad humana de comprender y retener: el ser humano no puede entender todo al mismo tiempo y, aun si lo entendiera de una vez, no podría conservarlo en la memoria. Por ello, la sabiduría de Allah exige que el Ruh al-Qudus (Yibril) traiga este mensaje poco a poco: unas veces de forma resumida y otras detalladamente; unas veces explicando una idea de una manera y otras veces de otra; unas veces adoptando un estilo narrativo y otras veces otro. Se intenta arraigar la misma verdad en el corazón por diversos medios, para que los buscadores de la verdad, dotados de capacidades y aptitudes diferentes, puedan creer y, después de creer, se fortalezcan su conocimiento, su convicción y su comprensión.
La segunda sabiduría de la revelación gradual del Corán es que quienes, después de creer, siguen el camino de la obediencia reciben en el momento oportuno la guía que necesitan para la labor de la da‘wah islámica y para los distintos problemas de la vida. Es evidente que no sería apropiado enviar estas orientaciones antes de su debido momento, ni sería provechoso proporcionar todas las orientaciones al mismo tiempo.
La tercera sabiduría es que, debido a los obstáculos y a la oposición que afrontan los obedientes, a la manera en que se les amarga la vida y la hacen insoportable, y a las montañas de dificultades que se levantan en el camino de la da‘wah islámica, necesitan repetidamente que se fortalezca su ánimo mediante buenas nuevas y se les asegure el éxito final, para que mantengan la esperanza y no se desanimen. (69)
La acusación de que otras personas componían el Corán y se lo entregaban al Profeta
En La Meca, los incrédulos formularon otra acusación, completamente opuesta a la anterior: otras personas estaban ayudando al Profeta a componer este Corán. Hacían copiar historias escritas de tiempos antiguos y luego se las recitaban. Y este trabajo se realizaba día y noche.
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Quienes se negaron a aceptar las palabras del Profeta dicen: «Este Corán no es más que una invención que este hombre ha fabricado por sí mismo, y otras personas le han ayudado en ello». Han descendido al colmo de la mayor injusticia y de la más terrible mentira. Dicen: «Esto no es sino relatos de los antiguos, que alguien le hace copiar y que le son recitados mañana y tarde». Diles, oh Muhammad (la paz y las bendiciones de Dios sean con él): «Lo ha hecho descender Aquel que conoce los misterios de la tierra y de los cielos». En verdad, Él es muy indulgente y misericordioso. (Al-Furqan: 4-6)
Su argumento era el siguiente: «Este hombre era analfabeto; no puede adquirir nuevos conocimientos mediante el estudio, pues al principio no había aprendido nada en absoluto. Ninguna de las cosas que hoy salen de su boca le era conocida hasta los cuarenta años. ¿De dónde provienen, entonces, todos estos conocimientos? Sin duda, su fuente deben ser los libros de algunos pueblos antiguos, cuyos contenidos se hacen traducir y copiar por la noche. Luego él hace que alguien se los lea, los memoriza y después nos los recita». Según algunas narraciones, también mencionaban a ciertas personas relacionadas con esto, que eran instruidas y residentes de La Meca. Uno de ellos se llamaba Addas, esclavo liberado de Huwaytib ibn Abd al-Uzza. El segundo era Layab, esclavo liberado por Ala ibn al-Hadrami. El tercero era Jabr, esclavo liberado por Amir ibn Rabi’a.
A primera vista, parece una acusación muy significativa. ¿Qué acusación podría ser más significativa que identificar la fuente del conocimiento del Profeta para refutar la afirmación de la revelación? Pero lo primero que sorprende es que, en respuesta a una acusación tan enorme, en lugar de presentar argumento alguno, el asunto se dé por concluido diciendo simplemente: «Estáis atentando contra la verdad, habláis de una manifiesta injusticia, desatáis una tormenta de mentiras y estas son las palabras de un Dios que conoce los misterios de la tierra y de los cielos».
La cuestión es que, cuando en aquel ambiente de extrema hostilidad se presentó una acusación tan contundente, ¿por qué fue refutada con semejante desprecio? ¿Por qué los propios adversarios no exigieron una respuesta detallada? ¿Por qué no dijeron: «Nuestra acusación está siendo descartada como mera opresión y mentira»? Además, después de esta acusación, ¿por qué no surgió ninguna duda en la mente de quienes se estaban convirtiendo al islam?
La respuesta a esta pregunta puede encontrarse si se reflexiona un poco sobre el ambiente de La Meca en el que se formuló esta acusación. En primer lugar, para los jefes opresores de La Meca que en aquella época torturaban físicamente a los musulmanes y les hacían la vida insoportable, no habría sido nada difícil afirmar contra ellos que traducían estos antiguos libros y se los recitaban al Profeta Muhammad (la paz y las bendiciones de Dios sean con él); podrían haber rodeado de repente sus casas, sacar de ellas todo ese material y presentarlo ante el pueblo. Incluso podrían haberlos sorprendido mientras traducían exactamente esos textos y se los enseñaban al Profeta. Pero ni siquiera durante un solo día hicieron tal cosa para presentar pruebas de su acusación. Además, las personas cuyos nombres mencionaban a este respecto eran habitantes de la propia ciudad de La Meca. Las capacidades de estas personas tampoco eran desconocidas para nadie. ¿Podía alguna persona sensata creer que esos individuos poseían el nivel de capacidad necesario para componer una obra de la categoría del Corán?
Además, esas personas eran esclavos liberados por algunos jefes de la ciudad de La Meca. En la vida tribal de Arabia, incluso después de que un esclavo obtenía la libertad, no podía sobrevivir sin el patrocinio de su antiguo amo. ¿Cómo podía imaginarse entonces que esos hombres débiles, enfrentándose al desagrado de sus protectores, se atrevieran a participar junto con el Profeta Muhammad (la paz y las bendiciones de Dios sean con él) —Dios no lo quiera— en esta conspiración para atribuirle la profecía, en aquel terrible ambiente de opresión y persecución?
Aún más sorprendente es que las tres personas mencionadas anteriormente habían creído en el Profeta Muhammad (la paz y las bendiciones de Dios sean con él) y le profesaban la misma veneración que los demás nobles Compañeros. Por haber abrazado la fe, también fueron víctimas de la tortura y la persecución junto con los demás Compañeros. En tales circunstancias, ¿quién podía creer que quienes supuestamente participaban personalmente en la composición del Corán creerían en ese Corán y en quien lo había transmitido, y soportarían torturas y persecuciones por ese supuesto delito? (70)
Un ejemplo asombroso de la obstinación de los incrédulos
Después de recibir una respuesta razonada a cada una de sus acusaciones, la obstinación de los incrédulos adopta una forma insólita. Dicen: «Aceptaríamos a Muhammad, que Allah le bendiga y le conceda la paz, como profeta si nos recitara fluidamente el Corán en una lengua que él no conociera». Como respuesta, se dijo:
(Árabe*)
-Si hubiéramos hecho descender un Corán en una lengua extranjera, habrían dicho: «¿Por qué no se han explicado claramente sus aleyas? ¡Qué cosa tan extraña! El discurso está en una lengua extranjera y se dirige a quienes hablan árabe». Diles: «Este Corán es guía y curación para los creyentes; pero para quienes no creen es sordera en sus oídos y una venda sobre sus ojos. Se les llama como si estuvieran siendo convocados desde un lugar lejano». (Ha-Mim as-Sajda: 44)
Esta era una muestra de la obstinación con la que se enfrentaban al profeta Muhammad, que Allah le bendiga y le conceda la paz. Los incrédulos decían: «Muhammad es árabe y el árabe es su lengua materna. Si presenta el Corán en árabe, ¿cómo podemos creer que no lo compuso él mismo, sino que fue enviado por Dios? Solo podríamos aceptar sus palabras como revelación de Dios si comenzara a pronunciar discursos fluidamente en una lengua que no conociera, como el persa, el romano o el griego». Allah responde que ahora se les ha enviado el Corán en su propia lengua, que pueden comprender; pero su objeción es: «¿Por qué se ha hecho descender este Corán en árabe, por medio de un árabe y para los árabes?». Sin embargo, si se hubiera enviado en otra lengua, habrían objetado: «¡Vaya cosa tan curiosa! Se ha enviado a los árabes un árabe como mensajero, pero la revelación que se le ha hecho descender está en una lengua que ni el mensajero ni su pueblo entienden». (71)
No se consideró suficiente refutar esta protesta absurda. Más bien, también se les hizo comprender que es una gracia de Allah que haya hecho descender en vuestra propia lengua un Libro que podéis entender perfectamente y mediante el cual podéis saber qué es la verdad y qué es la falsedad.
(Árabe******************)
Ha sido hecho descender por Allah, el Misericordioso, el Compasivo. Es un Libro cuyos versículos han sido expuestos con claridad: un Corán en lengua árabe para quienes poseen conocimiento; anunciador de buenas nuevas y amonestador. Pero la mayoría de ellos lo rechaza y no quiere escuchar. (Ha-Mim as-Sajda: 2-4)
Aquí se declara primero que este mensaje está siendo revelado por Dios. Es decir: podéis seguir diciendo cuanto queráis que Muhammad, que Allah le bendiga y le conceda la paz, lo compuso por sí mismo; pero la realidad es que este mensaje ha sido revelado por el Señor de los mundos. Además, se advierte a los oyentes que, si después de escuchar este mensaje fruncen el ceño y lo rechazan, no estarán actuando contra el profeta Muhammad, que Allah le bendiga y le conceda la paz, sino contra Dios mismo. Si lo rechazáis, no estaréis rechazando las palabras de un ser humano, sino las palabras de Dios; y si os apartáis de él, no estaréis apartándoos de un ser humano, sino de Dios mismo.
En segundo lugar, se afirma que quien lo ha hecho descender es Dios, sumamente misericordioso con Su creación. El hecho de mencionar el atributo de la misericordia, en lugar de otros atributos de Dios, indica que Él ha hecho descender este mensaje para cumplir con lo que exige Su misericordia y benevolencia. Con ello se advierte a los oyentes que, si alguien se aparta de este mensaje, lo rechaza o lo mira con desdén, está actuando como enemigo de sí mismo. Este es, en verdad, un don inmenso que Dios ha hecho descender directamente, por Su misericordia, para la guía y el bienestar de los seres humanos. Si Dios se hubiera apartado de la humanidad, la habría dejado vagar en la oscuridad, sin importarle en qué abismo terminaría cayendo. Pero es parte de Su misericordia y benevolencia que, además de crearla y proveerle sustento, considere también responsabilidad Suya mostrarle la luz del conocimiento para ordenar y regular correctamente su vida. Por ello ha hecho descender este mensaje sobre uno de Sus siervos. ¿Quién podría ser más ingrato y enemigo de sí mismo que aquel que, en vez de aprovechar esta misericordia, se dispone a luchar contra ella?
En tercer lugar, se afirma que los versículos de este Libro han sido expuestos con toda claridad. Es decir, no contiene nada tan incomprensible o complicado que alguien pueda objetar su aceptación diciendo que no logra entender su contenido. En él se explica claramente qué es la verdad y qué es la falsedad; cuál es la creencia correcta y cuál la errónea; cuál es el buen carácter y cuál el malo; qué es la piedad y la buena obra, y qué son la impiedad y las malas obras; qué camino conduce al bienestar de las personas y cuál las conduce a la desgracia. Si alguien rechaza una guía tan clara o no muestra ningún interés por ella, no puede presentar excusa alguna. Su significado evidente es que desea permanecer en el error.
En cuarto lugar, se afirma que este es un Corán en lengua árabe. Es decir, si el Corán hubiera sido revelado en otra lengua, los árabes podrían haber alegado que ignoraban la lengua en la que Dios había enviado este Libro. Pero, al estar en su propia lengua, no podían pretextar que no lo entendían.
En quinto lugar, se afirma que este Libro está destinado a quienes poseen conocimiento. Es decir, solo las personas instruidas pueden beneficiarse de él. Para los ignorantes es tan inútil como una joya preciosa para quien no conoce la diferencia entre una piedra y una gema.
En sexto lugar, se afirma que este Libro anuncia buenas nuevas y advierte del castigo. No se trata simplemente de una fantasía, una filosofía o una muestra literaria cuya aceptación o rechazo no tenga importancia. Al contrario, advierte abiertamente a todo el mundo que aceptarlo tendrá un desenlace extraordinario, mientras que rechazarlo tendrá consecuencias terriblemente espantosas. Solo un necio podría rechazar un Libro semejante. (72)
Las estrategias de los incrédulos para obstaculizar la predicación del Corán
Después de que fracasaran las estratagemas mencionadas anteriormente, su último recurso fue entregarse a una obstinación abierta. Intentarían impedir por la fuerza la predicación del Corán. Cuando se recitara el Corán, provocarían un alboroto terrible y lanzarían burlas desde todas partes. En el Corán se describen una por una estas conductas suyas, de modo que toda persona sensata comprendió que aquellos incrédulos no tenían argumentos para responder a los argumentos. Ahora, derrotados, estaban decididos a emplear la fuerza para silenciar la voz de la verdad.
(Árabe***************)
-Y dijeron: «Hay una cobertura sobre nosotros respecto a aquello a lo que nos llamas». (Es decir, no hay ningún camino abierto hasta nuestros corazones; tenemos tapones en los oídos. (Es decir, no lo escucharemos). Y entre tú y nosotros hay un velo (es decir, estamos separados).
Por tanto, haz lo tuyo; nosotros hacemos lo nuestro (es decir, estamos ocupados oponiéndonos a ti). (Hāmīm as-Sajda: 5)
(Árabe********************)
-Cuando estos incrédulos escuchan la exhortación (el Corán), parece que van a hacerte retroceder lanzándote miradas llenas de ira. Dicen: «Este hombre está loco». Sin embargo, este hombre es una exhortación para todos los habitantes del mundo. (Al-Qalam: 51-52)
(Árabe*******************)
-Estos incrédulos dicen: «No escuchéis nunca este Corán y provocad alboroto para impedirlo; quizá triunféis». (Hāmīm as-Sajda: 26)
(árabe*)
-Entonces, ¡oh Profeta!, ¿qué les pasa a los incrédulos, que corren hacia ti desde la derecha y la izquierda? (Es decir, corren al oír la recitación del Corán para burlarse). (73) (Al-Ma‘ārij: 36-37)
Cuarta sección
El llamamiento a creer en el Más Allá
El cuarto principio del llamamiento islámico es creer en el Más Allá. No se trata de un principio breve, sino que comprende numerosos asuntos importantes; aceptar todos ellos recibe en conjunto el nombre de fe en el Más Allá (creencia en el Más Allá).
En primer lugar, el ser humano no ha sido dejado en este mundo sin responsabilidad, para que haga lo que quiera sin tener que rendir cuentas. Al contrario, este mundo es un campo de prueba. El ser humano ha sido enviado aquí para ser examinado. Luego, por todo cuanto haga aquí, tendrá que rendir cuentas ante Allah.
En segundo lugar, Allah ha fijado un momento determinado para esta rendición de cuentas. Se ha concedido a la humanidad un plazo para actuar en este mundo; cuando dicho plazo termine, tendrá lugar la Resurrección, y todos los sistemas del universo quedarán deshechos. Después se establecerá un segundo orden universal. Todas las personas que hayan vivido desde el comienzo de la creación hasta la Resurrección serán devueltas a la vida al mismo tiempo y levantadas de nuevo en ese mundo. Esta segunda vida no será temporal como la vida actual de este mundo, sino permanente. Allí nunca llegará la muerte.
En tercer lugar, en ese momento se reunirá a todas las personas, anteriores y posteriores, y serán presentadas ante el tribunal de Allah. Allí cada persona tendrá que rendir cuentas individualmente por las obras que haya realizado bajo su propia responsabilidad durante la vida mundana.
En cuarto lugar, aunque Allah conoce directamente todo cuanto el ser humano hace en este mundo, para cumplir todas las condiciones de la justicia está haciendo que se prepare un registro completo y exacto de sus obras. Innumerables testimonios de cada una de sus palabras y acciones están siendo recopilados y conservados por medio de los ángeles, tanto si las realiza públicamente como en secreto. Más aún, también se conservan las pruebas de la intención y el propósito con los que habló, así como de las ideas y deseos que alberga en su corazón. Además, Allah ha establecido testimonios de que al ser humano se le habían proporcionado medios para distinguir la verdad de la falsedad y para reconocer los sistemas erróneos. Estas pruebas serán presentadas ante el tribunal de Allah de tal manera que el ser humano no podrá negarlas.
En quinto lugar, ante el tribunal de Allah no servirán ningún tipo de soborno, recomendación injusta e improcedente ni defensa contraria a la verdad. La carga de una persona no será impuesta sobre otra. Ningún amigo íntimo ni pariente muy cercano cargará sobre sus propios hombros con la carga de un amigo o familiar. Aquellos seres reales o imaginarios que el ser humano considera sus protectores y ayudantes no le servirán de nada. Allí, completamente solo, sin amigos ni auxilio, cada persona rendirá cuentas por sus propias acciones.
En última instancia, el juicio dependerá por completo de si la persona, después de aceptar en este mundo la verdad de los profetas, obedeció correctamente los mandatos de Allah conforme a ella, y de si vivió teniendo presente la responsabilidad ante Él en la otra vida, o si, olvidándola, hizo todo únicamente por este mundo. En el primer caso, le corresponderá el Paraíso, y en el segundo, el Infierno.
Esta creencia en la otra vida era tan importante para la invitación islámica como la creencia en el tawhid, la risalat y la aceptación del Noble Corán. Pues al ser humano le resulta imposible dar siquiera un paso por el camino hacia el cual el islam lo invitaba con sus ideas y acciones, mientras no considere este mundo un lugar de prueba y no se considere responsable ante Allah, y mientras no desaparezca de su mente la idea de que la vida no es más que esta vida mundana, en la que los resultados visibles constituyen el verdadero criterio del bien y del mal. Mientras no acepte sinceramente que la vida verdadera y eterna es la que comienza después de la muerte, y que, según el camino del bien o del mal que siga, habrá de afrontar una mala consecuencia, no podrá caminar por el sendero de la verdad. Sin esta creencia, el ser humano no considerará en absoluto aceptable la invitación al tawhid, a la risalat y a la fe en el Corán. Y aunque la aceptara por alguna razón, no sería sincero en la adoración de Allah, la obediencia al Mensajero y el seguimiento del Corán. Esto se debe a que, cuando una persona piensa que al final todos tendrán que convertirse en polvo y que después no existe una segunda vida en la que necesariamente haya recompensa por obedecer a Allah, al Mensajero y al Corán, y castigo por no obedecerlos, jamás querrá someterse sinceramente a las normas y principios a los que el islam quiere vincularla. Al contrario, en cada aspecto de su vida adoptará el camino que le permita obtener en este mundo alguna ventaja o placer, y evitará todo camino que pueda privarla de los placeres de la vida mundana o hacerla sufrir pérdidas, aflicciones y dificultades.
Los coraichitas consideraban la otra vida irracional e imposible
La creencia en la otra vida tenía tal importancia que, cuando el Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) la presentó ante los coraichitas y los politeístas árabes, estos se alarmaron sobremanera. Comprendieron que, si la aceptaban, toda su libertad llegaría a su fin. Incluso en un lugar apartado donde nadie los viera, no podrían realizar ningún acto prohibido por Allah y Su Mensajero. Pensaban que, aun allí donde fueran plenamente capaces de obtener alguna ventaja injusta o algún placer, esta creencia les ataría las manos. Esta creencia colocaría detrás de cada uno de ellos a un soldado invisible que de ningún modo les permitiría actuar según sus deseos. Por eso comenzaron a oponerse a ella encarnizadamente. Intentaron difundir con gran insistencia entre la gente la idea de que lo que Muhammad (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) había dicho era absolutamente contrario a la razón, imposible e irreal. Que era pura locura y una afirmación ridícula. (74)
La idea de quienes albergaban dudas sobre la otra vida
Entre los coraichitas también había un pequeño grupo que decía: «Suponemos que quizá exista la otra vida, pero no creemos en ella». Este grupo solo se menciona en un lugar del Corán, para dejar claro que eran muy pocos los que sostenían esta idea.
(Árabe***************)
Cuando se decía: «La promesa de Allah es verdadera y no hay duda de que llegará la Hora», vosotros decíais: «No sabemos qué es la Hora. Solo tenemos una suposición al respecto, pero no creemos en ella». (Al-Jathiya: 32)
A primera vista, la gran diferencia entre este grupo y quienes niegan el Más Allá es que estos últimos lo niegan por completo, mientras que este grupo admite su posibilidad. Sin embargo, en cuanto al resultado y las consecuencias, no hay ninguna diferencia entre ambos. Esto se debe a que la consecuencia moral de negar el Más Allá y la de no creer en él es la misma. Tanto si una persona niega el Más Allá como si admite su posibilidad pero no cree en él, en ambos casos quedará necesariamente libre del sentimiento de tener que rendir cuentas ante Dios, y esta falta de sentimiento la involucrará inevitablemente en pensamientos y acciones erróneos. Solo la creencia en el Más Allá puede mantener correcta la conducta del ser humano en este mundo. De no ser así, tanto la duda como la negación lo empujarán hacia el mismo tipo de conducta irresponsable. Puesto que esta conducta irresponsable es la verdadera causa de las terribles consecuencias del Más Allá, ni quienes lo niegan ni quienes no creen en él pueden salvarse del Infierno. (75)
La concepción de quienes niegan el Más Allá
Salvo en un solo lugar, en todos los demás pasajes el Corán ha reproducido claramente las declaraciones de quienes niegan el Más Allá.
(Árabe******************)
—Toda esta gente dice: «La vida no es más que esta vida nuestra en el mundo. Aquí vivimos y aquí morimos. No existe nada aparte del transcurso del tiempo que pueda destruirnos». La realidad es que no poseen conocimiento alguno; solo dicen estas cosas basándose en conjeturas. Cuando se les recitan Nuestros signos claros, no tienen otro argumento que decir: «Si eres veraz, tráenos a nuestros antepasados y hazlos resucitar». (Al-Yāthiya: 24-25)
Es decir, no existe ningún medio de conocimiento mediante el cual hayan llegado a saber verdaderamente que, después de esta vida, no habrá para el ser humano una segunda vida, ni tampoco han llegado a saber que el alma humana no es tomada por orden de ningún Dios. Más bien, el ser humano muere y desaparece por completo en el transcurso del tiempo. Quienes niegan el Más Allá no dicen estas cosas basándose en ningún conocimiento, sino únicamente en conjeturas. Desde el punto de vista racional, a lo sumo pueden decir: «No sabemos si existe una vida después de la muerte». En ningún caso pueden decir: «Sabemos que después de esta vida no existe una segunda vida».
Del mismo modo, desde el punto de vista racional, no pueden afirmar que saben que el alma humana no es extraída por orden de Dios, sino que el ser humano muere y se extingue simplemente del mismo modo que un reloj deja de funcionar después de estar funcionando. A lo sumo pueden decir: «No sabemos cuál de estas dos cosas ocurre realmente».
Ahora bien, la cuestión es la siguiente: cuando, desde la perspectiva del conocimiento humano, existe la misma posibilidad de que haya o no haya vida después de la muerte, y de que el alma sea tomada o de que la muerte ocurra por el transcurso del tiempo, ¿qué razón pueden tener para descartar la posibilidad del Más Allá y decidir con certeza a favor de negarlo? ¿Qué otra razón puede haber, sino que en realidad no deciden sobre el asunto basándose en la razón, sino en sus propios deseos? Como no desean que exista una vida después de la muerte y no quieren aceptar que la muerte no significa vacío o inexistencia, sino el traslado del alma, convierten el deseo de su corazón en su propia doctrina y creencia, y niegan todo lo demás. (76)
(Árabe****************)
—Dicen: «Cuando nos hayamos mezclado con la tierra y nuestros huesos se hayan convertido en polvo, ¿seremos resucitados de nuevo? Ya hemos escuchado muchas veces esta promesa, y también la escucharon nuestros antepasados antes que nosotros. Esto no es más que antiguas leyendas» (Los creyentes: 82-81).
(Árabe******************)
—Y si has de asombrarte, asómbrate de lo que dicen: «Cuando muramos y nos convirtamos en tierra, ¿seremos creados de nuevo?». Estos son quienes han descreído de su Señor (El trueno: 5).
Es decir, negar la otra vida y considerarla imposible equivale, en realidad, a negar el poder y la sabiduría de Dios. No se limitan a decir que es imposible ser creados por segunda vez después de habernos mezclado con la tierra; más bien, en sus palabras se oculta también la idea de que —Dios nos libre— el Dios que los creó es incapaz, débil e ignorante. (77)
(Árabe********************)
Los incrédulos dicen a la gente: «¿Queréis que os hablemos de un hombre que os anuncia que, cuando las partículas de vuestros cuerpos se hayan dispersado, seréis creados de nuevo? Quién sabe, quizá este hombre esté inventando mentiras contra Allah o esté poseído por un yinn» (Saba: 7-8).
Los jefes de Quraysh ciertamente no se atrevían a llamar mentiroso al Profeta Muhammad —que Allah le bendiga y le conceda paz—, pues toda la nación lo conocía como veraz. Durante toda su vida, nadie había escuchado de sus labios una mentira. Por eso presentaban su acusación ante la gente de esta manera: «Cuando este hombre pronuncia de su boca semejante absurdo, que después de la muerte existe otra vida, necesariamente se encuentra en uno de dos estados: o bien —Dios nos libre— está mintiendo deliberadamente, o está loco». Pero calificarlo de loco era tan infundado como llamarlo mentiroso, pues solo una persona carente de razón puede considerar loco a alguien dotado de una inteligencia completamente sana. Por eso Allah no consideró necesario presentar ningún argumento en respuesta a estas palabras absurdas, y solo respondió a aquella asombrosa afirmación que ellos hacían sobre la posibilidad de la vida después de la muerte. (78)
(Árabe***************)
-Estas personas dicen: «¿Acaso seremos realmente levantados de las tumbas cuando nos hayamos convertido en esqueletos desgastados?». Y dijeron: «Entonces, este regreso será verdaderamente desastroso». (An-Nazi’at: 10-12)
Es decir, cuando se les dijo: «Sí, eso sucederá», comenzaron a decirse unos a otros en tono de burla: «¡Oye, hermano! Si realmente tenemos que regresar a la vida, entonces estamos completamente perdidos. Después de eso ya no tendremos ningún bien». (79)
(Árabe*****************)
-Y decían: «Cuando muramos, nos mezclemos con la tierra y no queden más que esqueletos, ¿seremos levantados nuevamente? ¿También serán levantados de ese modo nuestros antepasados que ya han pasado?». (Oh, Profeta), diles: «Ciertamente, todos los primeros y los últimos serán reunidos un día determinado, cuyo momento ha sido fijado». (Al-Waqi’a: 47-50)
Pruebas racionales de la posibilidad del Más Allá
De los argumentos que se exponen en diversos lugares del Noble Corán, mencionando las afirmaciones que hacen quienes niegan el Más Allá para respaldar su negación, se demuestra que la realización del Más Allá es completamente posible. No solo es razonable considerarlo posible, sino que considerar imposible su realización es contrario a la razón.
(Árabe*****************)
¿Acaso no ve el ser humano que lo hemos creado de una gota de esperma y que luego se ha convertido en un acérrimo discutidor? Ahora nos presenta ejemplos y olvida su propia creación. Dice: «¿Quién dará vida a estos huesos podridos y descompuestos?». Dile: «Les dará vida Aquel que los creó por primera vez, y Él conoce perfectamente cada acto de la creación». (Yasin: ৭৭০৭৯)
Es decir, olvida que nosotros creamos, a partir de materia inerte, ese germen primario (MICRO) que se convirtió en el medio de su creación. Después, al nutrir y desarrollar ese germen, se le dio una forma tan avanzada que hoy es capaz de lanzar ante nosotros una catarata de palabras. Por lo general, nos consideran incapaces de crear, como las criaturas. Están sumidos en la falsa idea de que, así como el ser humano no puede devolver la vida a los muertos, nosotros tampoco podemos hacerlo. Por eso dicen: «¿Quién dará vida a estos huesos descompuestos?»
Se ha transmitido de Ibn Abbás (r.a.), Qatada (r) y Saíd ibn Yubair (r) que, en cierta ocasión, un hombre de los coraichitas de La Meca llevó del cementerio un hueso descompuesto de un muerto y, tras triturarlo delante del Profeta (s.a.) y esparcirlo al viento, dijo: «Muhammad (s.a.), tú dices que los muertos serán devueltos a la vida. Ahora dime: ¿quién dará vida a estos huesos descompuestos?»
La respuesta breve y contundente fue que Aquel que lo creó por primera vez le devolverá la vida. (80)
(Árabe***************)
Dicen: «Cuando nos hayamos convertido únicamente en huesos y polvo, ¿seremos creados y resucitados de nuevo?». Diles: «Aunque os convirtáis en piedras o en hierro, o en cualquier otra materia aún más dura, cuya recepción de la vida os parezca inconcebible, seréis resucitados». Sin duda preguntarán: «¿Quién nos devolverá nuevamente a la vida?». Responde: «Aquel que nos creó por primera vez». Entonces, sacudiendo la cabeza con burla, dirán: «Bien, ¿cuándo ocurrirá eso?». Di: «¿Qué tiene de extraño? Tal vez ese momento esté muy cerca. El día en que Él os llame, saldréis respondiendo a Su llamada y alabándolo, y pensaréis: “Solo permanecimos así durante un tiempo muy breve”». (Bani Israil: 49-52)
Es decir, consideraréis que el período comprendido entre el momento de vuestra muerte en este mundo y el momento de la resurrección el Día del Juicio no duró más que unas pocas horas. Entonces pensaréis: «Estábamos sumidos en un largo sueño. De repente, el alboroto del campo de la reunión nos despertó». (81)
(Árabe****************)
El ser humano dice: «¿Acaso, después de morir, seremos realmente devueltos a la vida?». ¿Acaso no recuerda el ser humano que lo creamos primero, cuando no era nada?
(Árabe********************)
¡Oh, gente! Si albergáis alguna duda acerca de la vida después de la muerte, debéis saber que os creé de tierra, luego de una gota de esperma, después de un coágulo y luego de una masa de carne, formada y no formada, para mostraros claramente la verdad. Y hacemos que la gota que queremos permanezca en el útero hasta un plazo determinado. Luego os hacemos salir como niños. (Os criamos) para que alcancéis la madurez. A algunos de vosotros se os hace morir prematuramente, mientras que a otros se les hace regresar a la etapa más miserable de la vida, de modo que, después de haberlo sabido todo, no sepan nada. Ves la tierra seca; pero cuando hacemos descender sobre ella la lluvia, se estremece, se hincha y produce toda clase de hermosas plantas. (Al-Hajj: 5)
El significado de crear a partir de la tierra es, por un lado, que cada ser humano es creado a partir de los elementos que se obtienen de toda la tierra, y que el inicio de la creación tiene lugar a partir del esperma. O bien, que el origen de la humanidad se remonta a Adán (la paz sea con él), quien fue creado directamente de tierra. La continuidad de la descendencia posterior de la humanidad comenzó a partir de la gota de esperma. Como se dice en la sura As-Sajda:
(Árabe******************)
Él inició la creación del ser humano a partir de arcilla. Luego hizo que su descendencia procediera de una sustancia semejante a un agua despreciable. (As-Sajda: 7-8)
En ambos casos queda demostrado que el ser humano viviente fue creado mediante la reunión de sustancias inertes y sin vida. Después de exponer esta verdad, se alude a las distintas etapas mediante las cuales se produce la concepción y el feto se establece en el seno materno. No se detallan los fenómenos que hoy pueden observarse con potentes microscopios; más bien, se mencionan aquellos grandes cambios manifiestos que incluso los beduinos comunes de aquella época conocían. Es decir, después de establecerse la gota de esperma, primero adopta la forma de un coágulo; luego se transforma en una masa de carne que al principio carece de forma y aspecto definidos. Más tarde, la forma humana comienza a hacerse evidente. Puesto que estas etapas de la creación humana podían observarse en las distintas fases del aborto, se hace referencia a ellas. Después, como respuesta a esta cuestión, se deja al propio entendimiento y conciencia del ser humano considerar cómo podría ser imposible para el Dios que crea al ser humano de este modo y lo hace desarrollarse, volver a crearlo. (82)
(Árabe****************)
Y estas personas dicen: «Cuando nos hayamos mezclado con la tierra, ¿seremos creados de nuevo?»
La realidad es que niegan el encuentro con su Señor. Diles: «El ángel de la muerte que ha sido designado para vosotros se apoderará completamente de vosotros, y luego seréis devueltos a vuestro Señor». (As-Sajdah: 10-11)
Entre la primera y la última frase hay una historia argumental completa que se ha dejado a la reflexión del oyente. La objeción de los incrédulos citada en la primera frase es tan absurda que no se consideró necesario refutarla. Se estimó suficiente citarla para poner de manifiesto su absurdo. Esto se debe a que las dos partes de las que consta su objeción son completamente irracionales. «Nos mezclaremos con la tierra»: ¿qué pueden significar sus palabras? ¿Cuándo se mezcla con la tierra aquello a lo que llaman «nosotros»? Con la tierra se mezcla solamente el cuerpo del que sale ese «nosotros». Ese cuerpo no se llama «nosotros». Mientras está vivo, aunque sus miembros sean cortados uno tras otro, aquello que es el «nosotros» permanece íntegramente en su propio lugar. Ninguna parte de ese «nosotros» se va con una parte amputada del cuerpo; y cuando ese «nosotros» sale de un cuerpo, aunque el cuerpo entero permanezca, ya no conserva la menor relación con él. Por eso un amante entregado sepulta el cadáver de su amado, porque su amado ha salido de ese cuerpo. El amante no sepulta a su amado, sino este cuerpo vacío en el que su amado habitaba. Por tanto, la primera parte del argumento del objetor ha quedado sin fundamento. Ahora queda la segunda parte, es decir: «¿Seremos creados de nuevo?»
Esta negación y esta sorprendente pregunta ni siquiera habrían surgido si quien pregunta hubiera reflexionado, aunque fuera por un instante, sobre este «nosotros» y sobre el significado de su creación antes de formular la pregunta. ¿Qué puede ser la creación actual de este «nosotros» sino que se reunieron carbón de un lugar, hierro de otro, cal de otro y otros elementos semejantes, y este «nosotros» pasó a habitar en su cuerpo de tierra? ¿Y qué ocurre después de su muerte? Cuando el «nosotros» sale de este cuerpo de tierra, o de esta morada, todos los elementos que se habían recogido de distintas partes de la tierra para construir su morada regresan a esa misma tierra. La cuestión es: quien construyó inicialmente una morada para este «nosotros», ¿no puede reunir por segunda vez aquellos elementos o materiales, reconstruir esa morada y reinstalarlo allí de nuevo? Si esto fue posible la primera vez —más aún, si se convirtió efectivamente en realidad—, ¿qué puede impedir que sea posible y se haga realidad por segunda vez? Es algo que cualquiera puede comprender por sí mismo con un poco de reflexión. Pero ¿por qué no permite que su inteligencia se dirija hacia este asunto? ¿Qué motivo puede tener para plantear, sin reflexionar, objeciones de este tipo sobre la vida después de la muerte y el Más Allá? Dejando de lado toda la discusión intermedia, Allah responde así a esta pregunta en la segunda frase: «En realidad, niegan el encuentro con su Señor». Es decir, el verdadero problema no es que la segunda creación sea un asunto enorme e imposible que no puedan comprender; más bien, lo que realmente les impide comprenderlo es su deseo de vagar sin restricciones por todo el mundo, entregarse plenamente al pecado y salir de aquí sin impedimento, para que después nadie les pida cuentas de ninguna manera ni tengan que rendir cuenta alguna por sus actos.»
Luego se dice que la morada en la que habitaba vuestro «nosotros» ciertamente se mezclará con la tierra. Pero este «nosotros» mismo no se mezclará con la tierra. Más bien, cuando concluya el plazo que se le había concedido para obrar, vendrá de parte de Dios el ángel de la muerte, lo sacará del cuerpo y se apoderará por completo de él. Ni siquiera una mínima parte suya podrá irse a la tierra junto con el cuerpo. Todo él será tomado bajo custodia (CUSTODY) y presentado ante su propio Señor.
En esta breve aleya se ha arrojado luz sobre numerosos hechos. No basta con echarle una mirada superficial (CURSORY). Los siguientes puntos merecen especial atención:
1. Aquí se explica detalladamente que la muerte no llega simplemente como un reloj que estaba funcionando pero al que no se le dio cuerda y que, por ello, se detuvo de repente mientras marchaba. Al contrario, Allah ha designado expresamente a un ángel para esta tarea. Él se apodera del ruh de manera regular, exactamente como un recaudador oficial de impuestos o un receptor oficial (OFFICIAL RECEIVER) toma algo bajo su custodia. De las descripciones adicionales sobre este asunto que aparecen en diversos lugares del Corán se sabe que bajo la autoridad de este ángel de la muerte existe un cuerpo completo de subordinados, encargados de causar la muerte, extraer los ruh del cuerpo y después mantenerlos bajo su custodia. El trato de esos subordinados con los ruh de los justos será de una clase, y con los ruh de los culpables, de otra. Para una descripción detallada, véanse la sura An-Nisá, aleya 97; Al-An‘am, aleya 93; An-Nahl, aleya 28; y Al-Waqi‘ah, aleyas 83-94.
2. De esto también se puede saber que el ser humano no deja de existir a causa de la muerte. Al contrario, su ruh continúa existiendo después de separarse del cuerpo. Las palabras del Corán: «El ángel de la muerte se apoderará completamente de vosotros» indican esta verdad, porque no se puede tomar bajo custodia algo inexistente. Tomar algo bajo custodia significa precisamente que, una vez tomado, seguirá existiendo ante quien lo ha tomado.
3. También se puede saber que aquello de lo que el ser humano se apodera en el momento de la muerte se expresa mediante las palabras «yo», «nosotros», «tú» y «vosotros», relacionadas con la identidad humana. Sea cual sea la personalidad que este «yo» haya adquirido mediante las acciones mundanas, se extrae de manera completa y exacta, sin aumentar ni disminuir ninguna de sus cualidades, y después de la muerte es presentado ante su Señor (Allah). A este mismo se le concederán una nueva vida y un nuevo cuerpo en el Más Allá. Contra él se presentará la acusación, de él se pedirá cuenta por sus actos y él mismo recibirá el castigo o la recompensa. (83)
(Árabe****************)
Pregúntales: «¿Es más difícil crearlos a ellos o crear las demás cosas que hemos creado?». A ellos los creamos de arcilla pegajosa. (As-Saffat: 11)
Esta fue la respuesta a la duda que los incrédulos de La Meca planteaban acerca del Más Allá. Ellos creían que el Más Allá era imposible, porque consideraban imposible que una persona muerta volviera a ser creada. Al argumentar sobre la posibilidad del Más Allá, Allah Todopoderoso les planteó primero esta pregunta: según vosotros, volver a crear a una persona muerta es una tarea muy difícil, algo para lo cual, según vuestra opinión, carecemos de poder. Entonces decid: ¿acaso fue fácil crear esta tierra y este cielo, junto con las innumerables cosas que hay entre el cielo y la tierra? ¿Dónde se ha extraviado vuestro conocimiento y vuestro entendimiento, para que penséis que no fue difícil para ese Dios crear este vasto universo, y que, aunque Él os creó una vez, es incapaz de crearlos por segunda vez? Luego dice que el ser humano no es algo tan grandioso. Fue creado de tierra y puede volver a ser creado de esa misma tierra. Todos los elementos de su existencia fueron tomados de la tierra. El semen del que fue creado se forma a partir de los alimentos. Desde la concepción hasta la muerte, todos los componentes de las sustancias mezcladas (INGREDIENTES) de las que está constituido su ser entero se obtienen de los alimentos. Ya sean de origen animal o vegetal, estos alimentos proceden de esa tierra que, al mezclarse con el agua, acumula tal fuerza que produce cereales, verduras y frutas para la alimentación humana, y cría los animales cuya leche y carne come el ser humano. La base de este argumento es la siguiente: si esta tierra no fuera apta para recibir la vida, ¿cómo es que hoy existís vivos? Y si hoy es posible crear vida en ella, como demuestra claramente vuestra propia existencia, ¿por qué no sería posible crearos de nuevo a partir de esta tierra en el futuro? (84)
(Árabe****************)
Crear los cielos y la tierra es una tarea mucho más difícil que crear al ser humano. Pero la mayoría de la gente no lo sabe. (Al-Mu’minun: 57)
Esta es la respuesta a la idea de los incrédulos de que el ser humano volverá a la vida después de la muerte: que eso es algo imposible. Se ha dicho que quienes hablan de ese modo son, en realidad, necios. Si reflexionaran con un poco de inteligencia y sentido común, no les resultaría difícil comprender que, para el Dios que ha creado este vasto y grandioso reino de la naturaleza, volver a crear al ser humano no es ninguna tarea difícil. (85)
(Árabe**************)
¿Es más difícil crearos a vosotros o crear el cielo? Dios lo ha creado. (An-Nazi‘at: 27)
Crear significa crear al ser humano por segunda vez, y por cielo se entiende todo el mundo superior. En él se encuentran innumerables planetas y estrellas, incontables sistemas solares y galaxias. La cuestión es que consideráis imposible recibir una segunda vida después de la muerte y repetís una y otra vez: ¿Cómo es posible que, cuando nuestros esqueletos se hayan descompuesto por completo, esas partes dispersas y separadas del cuerpo vuelvan a reunirse y se les devuelva la vida? ¿Habéis reflexionado sobre esto? ¿Es más difícil crear este vasto y grandioso reino de la naturaleza, o crear por segunda vez vuestra misma forma después de haberos creado inicialmente? Para Aquel para quien ninguna de estas cosas fue difícil, ¿cómo podría ser tan difícil esta tarea que no pudiera realizarla? (86)
(Árabe****************)
Y dicen: «Esto no es sino magia manifiesta. ¿Acaso puede ocurrir que muramos, nos mezclemos con la tierra y no queden de nosotros más que los esqueletos, y entonces se nos devuelva la vida y se nos haga levantarnos? ¿Y también serán resucitados nuestros antepasados?» Diles: «Sí, y vosotros seréis completamente impotentes ante Dios». Bastará un solo toque, y comenzarán a ver con sus propios ojos todo aquello de lo que se les informa. Entonces dirán: «¡Ay de nosotros! Este es el Día del Juicio». (As-Saffat: 15-20)
Su argumento era el siguiente: «Esto solo habla de un mundo mágico. ¿Existe acaso un mundo mágico como el que este hombre menciona, donde los muertos volverán a la vida, habrá un tribunal, se creará el Paraíso y habrá tormento en el Infierno?» Sus palabras también podían significar que este hombre decía cosas que demostraban que alguien lo había hechizado, razón por la cual un hombre bueno decía tales cosas. Se les respondió: «Sí, así será. Sois impotentes ante Dios. Él puede hacer de vosotros lo que quiera. Cuando quiso, bastó una señal suya para que llegarais a existir. Cuando quiera, con una sola señal suya moriréis; y después, cuando quiera, con una señal suya seréis levantados y puestos en pie». Cuando llegue el momento de ello, restablecer el mundo no será una tarea enorme ni prolongada. Bastará una sola sacudida y un estremecimiento para despertar a los dormidos. La expresión «sacudida o fuerte estremecimiento» es significativa aquí. Hace surgir ante los ojos una imagen de la vida después de la muerte: todos los que hayan muerto desde el comienzo de la humanidad hasta el Día de la Resurrección yacían como dormidos, cuando de pronto alguien les grita con tono de reproche: «¡Levantaos!». Y en ese mismo instante todos se levantan y se ponen de pie. (87)
(Árabe*****************)
(Estas personas no creen en el Más Allá.) ¿Acaso no observan los camellos, cómo fueron creados? ¿Y el cielo, cómo fue elevado? ¿Y las montañas, cómo fueron fijadas? ¿Y la tierra, cómo fue extendida? (Al-Gāshiya: 17-20)
Es decir, si estas personas oyen hablar de estas cosas del Más Allá y dicen: «¿Cómo puede ocurrir todo esto?», ¿acaso han mirado alguna vez el mundo que las rodea y reflexionado sobre cómo fue creado el camello, cómo este cielo fue elevado tan alto, cómo fueron establecidas las montañas y cómo fue extendida la tierra? Si todo esto puede existir y, una vez creado, se encuentra realmente ante ellos, ¿por qué no podría ocurrir la Resurrección? ¿Por qué no podría crearse otro mundo en el Más Allá? ¿Y por qué no podrían crearse el Infierno y el Paraíso? Solo un necio y un insensato puede actuar así: después de abrir los ojos al mundo, considera posible la existencia de las cosas que ve ante sí, pero, respecto de aquello que aún no ha observado ni experimentado, cierra los ojos y dice que es imposible. Si tiene algo de inteligencia, debería reflexionar sobre cómo llegó a existir todo lo que existe. ¿Cómo fue creado este camello con todas esas características, precisamente con las cualidades que necesitaban los habitantes del desierto de Arabia? ¿Cómo fue creado este cielo, cuya atmósfera contiene aire para respirar, cuyas nubes traen la lluvia, cuyo sol proporciona la luz y el calor del día, y cuya luna y estrellas brillan por la noche? ¿Cómo se convirtió esta tierra en un lecho sobre el que habita el ser humano, cuyos cultivos satisfacen todas sus necesidades y cuya vida depende de sus manantiales y pozos? ¿Cómo se elevaron estas montañas sobre la tierra, solidificadas con tierras y piedras de diversos colores y distintas clases de minerales? ¿Acaso todo esto llegó a existir sin la obra de un Ser Todopoderoso y del arte creador de un Sabio Constructor? Ninguna persona reflexiva y sensata puede responder negativamente a esta pregunta. Si no es obstinada ni testaruda, debe reconocer que cada una de estas cosas habría sido imposible si un Ser sumamente Poderoso y Sabio no las hubiera hecho posibles. Y cuando, por el poder de un Ser Poderoso, todo esto en el mundo puede llegar a existir, no hay razón para considerar imposible aquello cuya futura existencia se anuncia. (88)
أَلَمْ يَكُ نُطْفَةً مِنْ مَنِيٍّ يُمْنَى – ثُمَّ كَانَ عَلَقَةً فَخَلَقَ فَسَوَّى – فَجَعَلَ مِنْهُ الزَّوْجَيْنِ الذَّكَرَ وَالْأُنْثَى – أَلَيْسَ ذَلِكَ بِقَادِرٍ عَلَى أَنْ يُحْيِيَ الْمَوْتَى-( القيامة-40)
—¿Acaso no fue una gota de semen procedente de un agua insignificante, depositada en el vientre materno? Luego se convirtió en un coágulo; después, Dios formó su cuerpo y armonizó sus miembros. De él creó dos clases de seres humanos: varón y mujer. ¿Acaso no es capaz de dar vida a los muertos? (Al-Qiyamah: 40)
Este es otro argumento que se presenta ante los incrédulos para demostrar la posibilidad de la vida después de la muerte. Para quienes reconocen que todo el proceso, desde el inicio de la creación humana a partir de una gota hasta la formación de un ser humano completo, es una manifestación de la sabiduría creadora de Dios, en realidad no había respuesta alguna a este argumento. Porque, por más desvergonzados que fueran, su conciencia no podía dejar de admitir que el Dios que crea al ser humano de este modo en el mundo también es capaz de devolverlo a la existencia. Pero quienes son ateos y consideran la obra sabia como el resultado de un mero accidente, por mucha obstinación que expresen con sus palabras, en realidad no podían explicar cómo, desde el origen de la humanidad hasta hoy, en todas las regiones del mundo y entre cada pueblo, el mismo acto creador ha producido continuamente nacimientos de hijos e hijas en una proporción tal que jamás ha ocurrido que una comunidad haya seguido teniendo únicamente varones o únicamente mujeres, destruyendo así la posibilidad de que su linaje continuara en el futuro. Por más desvergonzados que fueran, no podían afirmar que todo esto hubiera sucedido por casualidad. Si su mente diera testimonio de que todo ello era una manifestación de la habilidad creadora de un Diseñador sabio, no les quedaría más remedio que reconocer que ese Diseñador sabio puede destruir lo que ha creado y volver a crearlo. (89)
فَلْيَنْظُرِ الْإِنْسَانُ مِمَّ خُلِقَ – خُلِقَ مِنْ مَاءٍ دَافِقٍ – يَخْرُجُ مِنْ بَيْنِ الصُّلْبِ وَالتَّرَائِبِ – إِنَّهُ عَلَى رَجْعِهِ لَقَادِرٌ-( الطارق-5-8)
—Que el ser humano observe, entonces, de qué fue creado: fue creado de un agua que brota, que sale de entre la columna vertebral y las costillas. Ciertamente, Él —el Creador— es capaz de crearlo por segunda vez. (At-Tariq: 5-8)
Es decir, que el ser humano reflexione un poco sobre su propia existencia y sobre cómo fue creado. Cuando los padres se unen sexualmente muchas veces, ¿quién convierte una de esas uniones en la causa de la concepción y en el motivo del nacimiento de una persona determinada? [Este asunto, como resultado de los descubrimientos científicos modernos, se ha vuelto varias veces más complejo para la gente de la época actual de lo que era para los árabes de aquel tiempo. A la luz de los descubrimientos realizados en la actualidad, durante la vida matrimonial del hombre y la mujer salen del cuerpo masculino innumerables espermatozoides y entran en el cuerpo femenino. En la mujer también se forman continuamente, durante muchos años, óvulos o células embrionarias; cada óvulo posee la capacidad de concebir cuando uno de los espermatozoides del hombre se une a él. Además, estos no son todos iguales; cada espermatozoide y cada óvulo posee características diferentes. De la unión de cada pareja puede nacer una persona de un tipo particular, que necesariamente será diferente de la persona nacida de la unión de otras parejas. Ahora bien, ¿quién decide cuál de los innumerables espermatozoides del hombre debe unirse con cuál de los innumerables óvulos de la mujer, en qué momento y para crear qué tipo de persona? Ni el hombre ni la mujer tienen potestad alguna sobre esto. Ningún médico ni especialista puede intervenir en ello. También es erróneo decir que la unión de un espermatozoide determinado con un óvulo determinado sea simplemente el resultado de un acontecimiento accidental (ACCIDENTAL). Porque, como resultado de esta maravillosa obra creadora, el tipo de personas que nacen en distintos países, entre distintos pueblos y en distintas épocas ejerce una influencia decisiva en los altibajos de la historia humana. Y esta influencia se establece con una sabiduría y una pericia tan grandes que ha llevado a la mente humana a concebir que la historia puede tener una filosofía. Si los seres humanos nacieran de manera arbitraria, sin ninguna sabiduría, jamás podría haberse concebido una filosofía de la historia. Por tanto, no queda más alternativa que reconocer que la creación del ser humano a partir de esta agua que brota fue realizada por un Dios sabio conforme a un plan especial. (El autor)] Luego, ¿existe algún ser que, desde la concepción, haga que el feto se desarrolle gradualmente, capa tras capa, en el vientre materno hasta llegar al estado en que nace como un niño vivo? ¿Qué poder establece ya en el vientre materno la estructura física del niño y el equilibrio de sus capacidades físicas y mentales? ¿Qué ser lo vigila continuamente desde el nacimiento hasta la muerte, lo protege de las enfermedades, lo mantiene a salvo de los accidentes y lo preserva de diversos peligros y calamidades? Le proporciona tantos medios y recursos para la vida que no pueden contarse. A cada paso crea para él en el mundo oportunidades y facilidades para mantenerse con vida, muchas de las cuales ni siquiera percibe, cuánto menos es capaz de proporcionárselas por sí mismo. ¿Acaso todo esto ocurre sin la administración y supervisión de un Dios? Si una persona sensata no responde negativamente a esta pregunta, no es difícil comprender que, del mismo modo que Él da existencia al ser humano, también puede devolverlo a la existencia después de su muerte. Si Él ha sido capaz de realizar la primera obra, y si los seres humanos viven hoy en el mundo por Su poder, ¿qué argumento razonable puede presentarse para sostener que no es capaz de realizar la segunda? Para negar esta capacidad, el ser humano tendría también que negar por completo que Dios le haya dado existencia. Y quien pueda negar esto tampoco estará lejos de que, algún día, una perturbación mental le haga afirmar que todos los libros del mundo fueron impresos por accidente, que todas las ciudades y puertos del mundo fueron construidos por accidente y que ocurrió algún accidente por el cual todas las fábricas fueron construidas y comenzaron a funcionar por sí solas. La realidad es que la creación del ser humano, la formación de su cuerpo, el surgimiento en él de la fuerza y la capacidad para actuar, y su existencia como ser vivo son obras mucho más difíciles que todas las obras que el ser humano ha realizado y realiza en el mundo. Si una obra tan compleja y difícil pudiera continuar durante millones de años, de manera constante y con sabiduría, proporción y organización, como resultado de un accidente, ¿qué cosa habría que una persona perturbada no pudiera llamar accidente? (90)
بَلْ عَجِبُوا أَنْ جَاءَهُمْ مُنْذِرٌ مِنْهُمْ فَقَالَ الْكَافِرُونَ هَذَا شَيْءٌ عَجِيبٌ – أَإِذَا مِتْنَا وَكُنَّا تُرَابًا ذَلِكَ رَجْعٌ بَعِيدٌ – قَدْ عَلِمْنَا مَا تَنْقُصُ الْأَرْضُ مِنْهُمْ وَعِنْدَنَا كِتَابٌ حَفِيظٌ-( ق-2-4)
—Más bien, les resultó sorprendente que hubiera llegado a ellos un amonestador procedente de entre ellos mismos. Entonces los incrédulos dijeron: «¡Qué cosa tan asombrosa! Cuando muramos y nos convirtamos en polvo, ¿seremos resucitados de nuevo? Este retorno es inconcebible para la razón». Sin embargo, sabemos todo lo que la tierra consume de sus cuerpos, y tenemos un Libro en el que todo está conservado. (Qaf: 2-4)
Su primera sorpresa consistía en que uno semejante a ellos, procedente de su propio pueblo, afirmara: «He venido a advertiros de parte de Dios». Luego, lo que les resultaba aún más sorprendente era que aquello sobre lo que esa persona les advertía consistía en que, después de la muerte, todos los seres humanos serían devueltos a la vida de nuevo, y que todos serían reunidos y presentados ante el tribunal de Alá. Después se rendiría cuenta de sus actos y recibirían recompensa o castigo. Después se rendiría cuenta de sus actos y recibirían recompensa o castigo. Se dijo entonces que, si esto no cabía en el entendimiento y la razón de esas personas, ello debía atribuirse a la estrechez de su entendimiento. No se deduce de ahí que el conocimiento y el poder de Alá sean limitados. Ellos creen que las partes de los cuerpos de los innumerables seres humanos que morirán desde el comienzo de la humanidad hasta el Día del Juicio están dispersas y separadas en la tierra, y que seguirán dispersándose en el futuro; por tanto, reunirlas sería absolutamente imposible. Pero la realidad es que Alá conoce directamente cada una de esas partes, tal como es y esté donde esté. Además, su registro completo se conserva en el archivo de Alá, sin que se haya omitido de él ni la más mínima parte. Cuando llegue la orden de Alá, Sus ángeles extraerán inmediatamente de ese registro cada una de las partes y formarán para todos los seres humanos exactamente los mismos cuerpos con los que vivieron en el mundo.
Este versículo también pertenece a aquellos en los que se expone detalladamente que la vida del Más Allá no será solamente una vida corporal semejante a la que existe en este mundo; más bien, el cuerpo de cada persona será también el mismo que tuvo en este mundo. Si en realidad no fuera así, carecería de sentido responder a las palabras de los incrédulos diciendo que sabemos todo lo que la tierra consume de sus cuerpos y que existe un registro de cada uno de sus átomos. (91)
أَفَعَيِينَا بِالْخَلْقِ الْأَوَّلِ بَلْ هُمْ فِي لَبْسٍ مِنْ خَلْقٍ جَدِيدٍ-( ق-15)
—¿Acaso fuimos incapaces de crear por primera vez? Pero ellos dudan de la nueva creación. (Qaf: 15)
En pocas palabras se expuso, frente a quienes niegan el Más Allá, una verdad tan clara y sencilla que quedaría arraigada en el corazón de toda persona dotada de razón. Si alguien no es un negador de Dios ni ha llegado a tal grado de insensatez que considere el ordenado reino de la naturaleza y el nacimiento del ser humano en su seno como el resultado de un mero accidente, no tendrá más remedio que admitir que únicamente Dios nos ha creado a nosotros y a este universo. Vemos esta realidad existente en este mundo, y todas las estructuras de la tierra y del cielo funcionan ante nuestros ojos. Todo ello constituye una prueba manifiesta de que Dios no fue incapaz de crear este reino de la naturaleza. Después, si alguien afirma que, una vez ocurrido el Día del Juicio, ese mismo Dios no podrá establecer un segundo orden universal ni podrá crearnos de nuevo después de la muerte, habrá que decir que está hablando contra la razón. Si Dios hubiera sido incapaz, no habría podido crear por primera vez. Puesto que creó por primera vez y, gracias a esa creación Suya, llegamos a existir, ¿qué razón sensata puede haber para pensar que es incapaz de destruir lo que Él mismo hizo y volver a crearlo? (92)
El argumento de la inevitabilidad del Más Allá
El Corán no consideró suficiente demostrar, mediante argumentos irrefutables, la posibilidad del Más Allá. Más bien, también demostró que su realización es necesaria. La exigencia de la razón, de la justicia y de la moralidad es que exista el Más Allá, donde se haga la cuenta de todos los actos de los seres humanos: los que realizaron desde que adquirieron conocimiento hasta el instante anterior a su muerte, así como todos los efectos buenos o malos de sus acciones que dejaron tras de sí y que continúan influyendo durante mucho tiempo en las generaciones futuras. Si no se hiciera esta cuenta ni se recompensaran las buenas acciones y se castigaran las malas, ello significaría que no existe justicia alguna en el mundo de Dios. Aquí el ser humano habría sido creado inútil y absurdamente, después de haber recibido razón y entendimiento, la capacidad de distinguir entre el bien y el mal, y autoridad sobre innumerables cosas y sobre otras personas. En la vida actual del mundo no es posible realizar una cuenta completa, ni una justicia plena, ni una recompensa y un castigo completos. Por ello, necesariamente debe existir un segundo mundo en el que puedan reunirse al mismo tiempo todos los seres humanos que hayan existido desde el comienzo de la creación hasta el Día del Juicio; en el que puedan examinarse todos sus actos manifiestos y ocultos y sus consecuencias, y determinarse la responsabilidad de cada individuo; y en el que la vida no sea limitada, sino eterna, de modo que cada persona pueda sufrir plenamente el castigo que merezca y recibir por completo la recompensa de la que sea digna. El Corán ha expuesto este asunto detalladamente y de diversas maneras, para que los incrédulos no tengan ningún argumento para negar el Más Allá. (93)
أَيَحْسَبُ الْإِنْسَانُ أَنْ يُتْرَكَ سُدًى-( القيامة-36)
—¿Acaso el ser humano cree que ha sido dejado sin propósito? (Al-Qiyamah: 36)
En árabe, ابل سدىse llama así al camello que vaga libremente sin rumbo. Pasta donde y hacia donde quiere. No hay nadie que lo vigile. En este sentido usamos las expresiones «camello sin riendas». Por tanto, el significado de la aleya es: ¿acaso el ser humano se considera un camello sin riendas, pensando que su Creador lo ha dejado en la tierra sin responsabilidades? ¿No se le ha impuesto ninguna obligación? ¿No se le ha prohibido nada? ¿Acaso nunca llegará el momento en que se le pedirán cuentas por sus actos? Esto mismo se expresa en otra parte del Corán de la siguiente manera: el Día de la Resurrección, Allah preguntará a los incrédulos:
أَفَحَسِبْتُمْ أَنَّمَا خَلَقْنَاكُمْ عَبَثًا وَأَنَّكُمْ إِلَيْنَا لَا تُرْجَعُونَ-( المؤمنون-115)
—¿Acaso creíais que os habíamos creado sin propósito y que jamás tendríais que regresar a Nosotros? (Al-Mu’minun: 115)
En estos dos lugares, la prueba de que la vida después de la muerte es inevitable se presenta en forma de pregunta. El sentido de la pregunta es: ¿acaso os habéis considerado realmente animales? ¿No veis una diferencia evidente entre ellos y vosotros: a ellos no se les ha dado la capacidad de distinguir entre el bien y el mal, mientras que a vosotros sí? En sus actos no se plantea ninguna cuestión de bien o mal moral, pero en vuestras acciones esta cuestión necesariamente se planteará. Entonces, ¿cómo habéis llegado a pensar de vosotros mismos que, así como el animal carece de responsabilidades y no tendrá que rendir cuentas, vosotros sois iguales? Se puede comprender por qué el animal no será resucitado por segunda vez: solo ha satisfecho las exigencias propias de su instinto innato; no ha elaborado una filosofía mediante el uso de su razón, ni ha instituido una doctrina. No ha convertido a nadie en dios ni se ha erigido él mismo en dios de alguien. No ha realizado ningún acto que pueda calificarse de bueno o malo. No ha establecido ninguna buena o mala tradición cuyos efectos hayan continuado de generación en generación. Por tanto, si muere y perece, esto podría considerarse razonable, pues no se le ha impuesto responsabilidad alguna por sus actos que hiciera necesario resucitarlo para interrogarlo. Pero ¿cómo podéis escapar de la vida después de la muerte? Porque, hasta el momento de vuestra propia muerte, continuáis realizando actos morales cuya bondad o maldad, y cuyo merecimiento de castigo o recompensa, os indica vuestra conciencia. Si alguien mata a una persona inocente y acto seguido sufre un accidente, ¿consideráis que debería quedar impune y que la víctima no debería recibir ninguna compensación por esa injusticia? Si alguien siembra en la tierra semillas de desorden y corrupción cuyas consecuencias la gente sigue sufriendo durante varios siglos, ¿acaso vuestra conciencia afirma sin vacilar que también él debería morir y desaparecer como un insecto, sin ser resucitado para responder por esas malas acciones que han destruido la vida de innumerables personas? Y quien pasa toda su vida sufriendo calamidades y aflicciones, ¿es también, según vosotros, una criatura semejante a los insectos? (94)
لَا أُقْسِمُ بِيَوْمِ الْقِيَامَةِ – وَلَا أُقْسِمُ بِالنَّفْسِ اللَّوَّامَةِ-( القيامة-1-2)
—No; juro por el Día de la Resurrección y juro por el alma que se reprocha a sí misma. Es decir, es errónea vuestra creencia de que la Resurrección no tendrá lugar. Juro por la Resurrección y por el alma que se reprocha a sí misma que, ciertamente, la Resurrección tendrá lugar.
Aquí no se menciona aquello por lo cual Allah Todopoderoso ha jurado por el Día de la Resurrección y por el alma que reprende, pues la frase siguiente lo deja claro. Jura para afirmar que Allah Todopoderoso volverá a crear al ser humano después de su muerte y que tiene plena capacidad para hacerlo. Ahora bien, la pregunta es: ¿por qué se juró por estas dos cosas? Para las personas reflexivas, la razón era entonces tan clara como lo es hoy, e incluso hoy resulta mucho más evidente.
Tomemos precisamente el Día de la Resurrección. La razón de jurar por él es que su llegada es inevitable. Todo el orden de la naturaleza del universo atestigua que este orden no es eterno ni perpetuo. Su propia naturaleza indica que no existió desde siempre ni existirá para siempre. Incluso en el pasado, la conciencia humana no poseía ningún argumento sólido para esa idea infundada de que este mundo en constante cambio pudiera ser eterno y perpetuo. Pero cuanto más aumenta el conocimiento humano sobre este mundo, más se confirma para él que este universo tuvo un comienzo, antes del cual no existía, y que necesariamente tendrá también un final, después del cual no existirá. Por ello, Allah Todopoderoso juró por el propio Día de la Resurrección para afirmar que este ocurrirá. Es como el juramento que hacemos a una persona que duda de su propia existencia, diciéndole: «¡Por tu vida, existes!». Es decir, tu propia existencia atestigua que existes.
Pero jurar por el Día de la Resurrección solo demuestra que un día este orden del universo será destruido por completo. Queda entonces la cuestión de que, después de eso, el ser humano será resucitado; tendrá que rendir cuentas por sus obras y recibirá la recompensa o el castigo correspondientes a sus actos buenos o malos. Por eso se hizo el segundo juramento, por el alma que reprende. No existe en el mundo ninguna persona desprovista por completo de algo llamado conciencia. En esa conciencia se encuentra necesariamente una percepción del bien y del mal. Por muy extraviado y desviado que esté el ser humano, su conciencia le impide hacer ciertas cosas malas y dejar de hacer ciertas cosas buenas. Sea correcto o incorrecto el criterio del bien y del mal que haya establecido, esto demuestra que el ser humano no es simplemente un animal, sino un ser moral. Posee por naturaleza la capacidad de distinguir entre el bien y el mal. Él mismo se considera responsable de sus actos buenos y malos. Así, aunque pueda acallar el reproche de su conciencia y sentirse satisfecho por la mala conducta que ha tenido con otra persona, cuando alguien comete una mala conducta contra él, su interior exige que quien lo ha tratado injustamente sea necesariamente castigado. Si la existencia en el ser humano de una conciencia que reprende —el nafs al-lawwāma— es una realidad innegable, también es innegable que este nafs al-lawwāma constituye un testimonio de la vida después de la muerte, presente en la propia naturaleza humana. Pues la exigencia de la naturaleza humana de que quien realiza actos buenos o malos es responsable de ellos y debe recibir una recompensa o un castigo no puede cumplirse sin una vida después de la muerte. Ninguna persona sensata puede negar que, si el ser humano desapareciera después de morir, se vería privada de la recompensa de muchas de sus buenas obras y escaparía de la justa sanción por muchas de sus injusticias. Por eso, mientras el ser humano no acepte la absurda idea de que una persona dotada de conciencia ha nacido en un universo carente de sentido, y de que una persona con sensibilidad moral ha nacido en un mundo cuya estructura fundamental no contiene ninguna moralidad, no puede negar la vida después de la muerte. Del mismo modo, la doctrina de la reencarnación tampoco responde a esta exigencia de la naturaleza. Porque si el ser humano siguiera naciendo de nuevo en este mismo mundo para recibir el castigo o la recompensa de sus actos morales, en cada nacimiento continuaría realizando nuevos actos morales que exigirían a su vez un nuevo castigo o una nueva recompensa; así, en esta cadena interminable, en lugar de saldar sus cuentas, estas seguirían aumentando. Por ello, la exigencia de la naturaleza solo puede cumplirse si el ser humano tiene una única vida en este mundo. Después de la destrucción de toda la humanidad debe haber una segunda vida, en la que, tras llevarse a cabo una rendición de cuentas exacta de las obras humanas, se otorguen plenamente el castigo o la recompensa. (95)
وَمَا خَلَقْنَا السَّمَاءَ وَالْأَرْضَ وَمَا بَيْنَهُمَا بَاطِلًا ذَلِكَ ظَنُّ الَّذِينَ كَفَرُوا فَوَيْلٌ لِلَّذِينَ كَفَرُوا مِنَ النَّارِ – أَمْ نَجْعَلُ الَّذِينَ آمَنُوا وَعَمِلُوا الصَّالِحَاتِ كَالْمُفْسِدِينَ فِي الْأَرْضِ أَمْ نَجْعَلُ الْمُتَّقِينَ كَالْفُجَّارِ-(ص-27-28)
No hemos creado este cielo, esta tierra y el mundo que hay entre ambos sin propósito. Esta es la idea de quienes no creen; y para quienes no creen hay perdición en el fuego del Infierno. ¿Acaso trataremos por igual a quienes creen y obran rectamente y a quienes corrompen la tierra? ¿Acaso trataremos a los temerosos de Allah como a los pecadores? (Sad: 27-28)
Es decir, no hemos creado este universo simplemente como un objeto de juego, sin sabiduría alguna en él, sin propósito, sin que haya justicia y sin que se manifieste ninguna consecuencia de las buenas o malas acciones. Aquí no se ha dejado al ser humano suelto como un camello sin riendas, ni este mundo es un reino sin ley donde cada cual haga lo que quiera sin que haya juicio alguno. Quien no está dispuesto a aceptar la recompensa y el castigo, y se ha convencido de que al final todas las personas, buenas o malas, morirán y se convertirán en polvo, sin que nadie les pida cuentas ni nadie sufra consecuencia alguna por sus actos buenos o malos, en realidad considera el mundo un juego y a su Creador un jugador. Su idea es que el Creador del universo cometió un acto absurdo al crear el mundo y al ser humano en él. Pero, en realidad, ¿os parece razonable que lo recto y lo corrupto sean iguales? ¿Os resulta aceptable que una persona no reciba ninguna recompensa por sus actos rectos ni ningún castigo por sus actos corruptos? Es evidente que, si no hubiera una vida futura, si Allah no pidiera cuentas y no hubiera recompensa ni castigo por las obras humanas, entonces no existirían la sabiduría ni la justicia de Allah Todopoderoso. En consecuencia, todo el orden de la naturaleza del universo estaría necesariamente sumido en el caos. Sobre la base de esta idea, no habría en el mundo ningún incentivo para el bien ni ningún freno que impidiera la corrupción. Si el gobierno de Dios —¡Allah nos libre!— fuera tan desprovisto de juicio, sería sumamente necio quien soportara numerosos sufrimientos en este mundo, llevara una vida recta y trabajara por la reforma y el mejoramiento de la humanidad. En cambio, sería inteligente quien, al encontrar circunstancias y un entorno favorables, aprovechara la oportunidad para excederse y disfrutara de la vida entregándose a toda clase de corrupción y pecados. (96)
زَعَمَ الَّذِينَ كَفَرُوا أَنْ لَنْ يُبْعَثُوا قُلْ بَلَى وَرَبِّي لَتُبْعَثُنَّ ثُمَّ لَتُنَبَّؤُنَّ بِمَا عَمِلْتُمْ وَذَلِكَ عَلَى اللَّهِ يَسِيرٌ-(التغابن-7)
Los incrédulos afirmaron a voz en cuello que de ninguna manera serían resucitados después de la muerte. Diles: «No; ¡por mi Señor!, seréis resucitados. Luego, ciertamente, se os informará de todo lo que hicisteis en el mundo. Y hacer esto es muy fácil para Allah». (At-Tagabun: 7)
Aunque antes ningún negador del Más Allá tenía, ni tiene hoy, medio alguno para saber que después de la muerte no existe una segunda vida, estos necios han proclamado siempre a voz en cuello tal afirmación. Sin embargo, no existe ninguna base racional ni intelectual para negarlo con certeza.
En respuesta a sus palabras, Allah dice a Su Profeta que jure por Él y les diga que ciertamente serán resucitados y que, sin duda, se les informará de cómo vivieron en la tierra. Este es el tercer lugar del Corán en el que Allah ordena a Su Profeta que jure por su Señor y diga a la gente que esto sucederá ciertamente. Primero se dijo en la sura Yunus: «Preguntan: “¿Es realmente cierta esta afirmación?”. Di: “¡Por mi Señor!, es absolutamente cierta, y no podréis impedirlo”». (Aleya: 53)
Después, en la sura Saba, se dice: «Los incrédulos preguntan: “¿Qué ocurre, que la Hora no cae sobre nosotros?”. Di: “¡Por mi Señor!, ciertamente caerá sobre vosotros”».
Ahora surge la pregunta: si se informa a un negador del Más Allá sobre el Más Allá jurando o sin jurar, ¿qué diferencia se produce con ello? Si de todos modos no acepta esto, ¿por qué habría de aceptar simplemente que se lo está diciendo bajo juramento? La respuesta es que, en primer lugar, el Mensajero de Allah (la paz sea con él) se dirigía a personas que, basándose en su propio conocimiento y experiencia, sabían que jamás había salido de su boca una mentira. Por eso, por mucho que lo difamaran públicamente, no podían imaginar en su fuero interno que un hombre tan veraz pudiera jurar por Dios algo cuya verdad no tuviera plena certeza. En segundo lugar, él no se limitaba a exponer la creencia en el Más Allá, sino que presentaba pruebas y argumentos sumamente racionales a favor de ella. Sin embargo, lo que distingue al profeta del no profeta es que, por muy sólidos que sean los argumentos que un no profeta pueda presentar a favor del Más Allá, como máximo pueden llevar a considerar más probable su existencia que su inexistencia. En cambio, la posición del profeta es muy superior a la del filósofo. Su verdadera dignidad no consiste en haber llegado, mediante argumentos conformes a la razón, a la conclusión de que el Más Allá debería existir. Su verdadera dignidad consiste en saber que el Más Allá existirá y afirmar con firme convicción que ciertamente existirá. Por eso, solo un profeta puede jurar algo así. Un filósofo no puede jurar por ninguna de sus afirmaciones. La creencia en el Más Allá solo puede surgir después de la explicación de un profeta. El razonamiento del filósofo no posee en sí mismo la fuerza necesaria para que, dejando de lado a los demás, ni siquiera el propio filósofo pueda convertirlo, basándose en su razonamiento, en un artículo de fe. Si el filósofo posee un pensamiento correcto, no puede afirmar más que que debería existir; solo un profeta puede decir: «Ciertamente existirá».
Luego, al jurar, no solo se afirmó que seríais resucitados después de la muerte, sino también que en ese momento se os informaría necesariamente de todo lo que hicisteis en el mundo. Este es el verdadero propósito por el que la humanidad será resucitada por segunda vez después de la muerte. Y en ello está contenida la respuesta a la pregunta de por qué es necesario hacerlo. Es una verdad propia de un universo ordenado que a la criatura a la que se le ha concedido la libertad de elegir entre la incredulidad y la fe, y a la que se le ha dado libertad para utilizar muchas cosas en este mundo, se le ha permitido emplear esa libertad durante toda su vida, siguiendo el camino de la incredulidad o el de la fe, de manera correcta o incorrecta, y asumir la responsabilidad de muchas obras beneficiosas o perjudiciales. Sería completamente irracional pensar que, después de haber hecho todo eso, no sea necesario que haya consecuencias para el bien y el mal, ni que llegue jamás un momento en el que sus actos puedan ser examinados y evaluados. Quien sostiene semejante absurdo incurre necesariamente en una de dos necedades. O bien piensa que este universo es una realidad regida por la sabiduría, pero que en él se ha dejado sin responsabilidad a una criatura dotada de libre albedrío como el ser humano. O bien piensa que es una creación caótica tras la cual no operaba ninguna sabiduría. La primera idea es contradictoria en sí misma, porque la irresponsabilidad de una criatura dotada de libre albedrío es contraria a la sabiduría y a la justicia dentro de un universo regido por la sabiduría. En cuanto a la segunda idea, tampoco puede presentar un análisis racional que explique cómo fue posible la existencia de una criatura dotada de conciencia como el ser humano en una creación caótica y carente de sabiduría, ni de dónde surgió en su mente la noción de justicia. Que la conciencia surja de la inconsciencia y la idea de justicia de la injusticia es algo que solo puede defender un obstinado o alguien cuyo cerebro se haya trastornado por dedicarse excesivamente a la filosofía.
Después se afirma que hacer esto es muy fácil para Allah. Este es el segundo argumento a favor del Más Allá. El primer argumento demostraba la necesidad del Más Allá, mientras que este demuestra su posibilidad: si no es difícil para Dios crear este vasto sistema del universo, ¿cómo podría ser difícil para Él crear de nuevo al ser humano, presentarlo ante Él y pedirle cuentas? (97)
إِنَّ هَؤُلَاءِ لَيَقُولُونَ – إِنْ هِيَ إِلَّا مَوْتَتُنَا الْأُولَى وَمَا نَحْنُ بِمُنْشَرِينَ – فَأْتُوا بِآبَائِنَا إِنْ كُنْتُمْ صَادِقِينَ – أَهُمْ خَيْرٌ أَمْ قَوْمُ تُبَّعٍ وَالَّذِينَ مِنْ قَبْلِهِمْ أَهْلَكْنَاهُمْ إِنَّهُمْ كَانُوا مُجْرِمِينَ – وَمَا خَلَقْنَا السَّمَاوَاتِ وَالْأَرْضَ وَمَا بَيْنَهُمَا لَاعِبِينَ – مَا خَلَقْنَاهُمَا إِلَّا بِالْحَقِّ وَلَكِنَّ أَكْثَرَهُمْ لَا يَعْلَمُونَ – إِنَّ يَوْمَ الْفَصْلِ مِيقَاتُهُمْ أَجْمَعِينَ-(الدخان-34-40)
Esta gente dice: «No hay más que nuestra primera muerte; después no seremos resucitados por segunda vez. Si dices la verdad, ¡haz que nuestros antepasados muertos vuelvan a la vida!»
¿Acaso ellos son mejores que el pueblo de Tubba y que quienes los precedieron? Los destruimos porque eran pecadores. No creamos los cielos, la tierra y todo lo que hay entre ellos como un juego y un pasatiempo. Los creamos con verdad. Pero la mayoría de la gente no sabe. El momento señalado para resucitarlos será el Día de la Decisión. (Ad-Duján: 34-40)
La afirmación de los incrédulos era que, cuando murieran por primera vez, todo terminaría y desaparecerían; después no habría ninguna otra vida. Las palabras «primera muerte» no implican necesariamente que después de ella tenga que haber una segunda muerte.
Cuando decimos que cierta persona ha tenido su primer hijo, no es necesario, para que esta afirmación sea verdadera, que después tenga obligatoriamente un segundo hijo. Basta con que antes no hubiera tenido ningún hijo. Por eso, los incrédulos no usaban las palabras «primera muerte» con el sentido de que después habría otra vida y una segunda muerte. Consideraban la primera muerte como la única y definitiva. Su argumento era: «Puesto que nunca hemos visto que alguien vuelva a levantarse por segunda vez después de morir, estamos firmemente convencidos de que no habrá una segunda vida después de la muerte. Si afirmáis que habrá una segunda vida, haced que nuestros antepasados salgan de sus tumbas, para que creamos en la vida después de la muerte. Si no podéis hacerlo, entenderemos que vuestra afirmación carece de fundamento».
A sus ojos, esto parecía una prueba concluyente para refutar la vida después de la muerte. Sin embargo, carecía por completo de sentido. ¿Quién les había dicho que quien muriera volvería a esta misma tierra después de recibir una segunda vida? ¿Acaso el Profeta (la paz sea con él) o algún musulmán había afirmado alguna vez que podía devolver la vida a los muertos?
La primera respuesta a su objeción fue que esa gente no era mejor que el pueblo de Tubba [Tubba era el título de los reyes de la tribu de Himyar. En el año 115 a. C. obtuvieron el poder en Yemen y gobernaron hasta el año 300 d. C. —Autor]. Y a ellos también los destruimos por sus pecados. En otras palabras, el sentido de esta respuesta era que negar el Más Allá es algo que necesariamente convierte en pecadora a cualquier persona, grupo o nación. La decadencia moral es su consecuencia inevitable, y la historia humana es testigo de que toda nación que ha adoptado esta visión de la vida ha terminado siendo destruida. Los incrédulos de La Meca no habían alcanzado la influencia, el poder y el progreso que habían alcanzado el pueblo de Tubba y, antes que ellos, Saba, el pueblo del Faraón y otras naciones. Pero ¿cuándo han podido ese progreso material y esa influencia mundana protegerlos de las consecuencias de la decadencia moral, como para que estos puedan protegerse de ellas con un capital y unos recursos tan escasos?
La segunda respuesta a su objeción fue que quien niega la vida después de la muerte y la recompensa y el castigo del Más Allá considera, en realidad, este sistema universal como un juguete y a su Creador como un niño insensato. Basándose en ello, ha llegado a la conclusión de que, después de que el ser humano haya creado toda clase de desorden en el mundo, un día simplemente se mezclará con la tierra y ninguna de sus buenas o malas acciones tendrá consecuencia alguna. En realidad, este universo no ha sido creado por un aficionado al juego, sino por un Creador, y no cabe esperar de un Sabio que haga algo inútil. Esta argumentación como respuesta a la negación del Más Allá aparece en diversos pasajes del Corán.
Queda su afirmación: «Haz que nuestros antepasados vuelvan a la vida, si decís la verdad». La respuesta fue que la vida después de la muerte no es un espectáculo tal que, apenas alguien la niegue, se vaya a sacar a un muerto de su tumba y se lo coloque delante. Para ello, el Señor de los mundos ha fijado un momento en el que dará una segunda vida a todos, a los primeros y a los últimos, los reunirá ante Su tribunal y pronunciará el veredicto sobre sus casos. Lo creáis o no, esto ocurrirá en el momento señalado. Si lo creéis, obraréis por vuestro propio bien, pues así podréis advertiros a tiempo y prepararos para triunfar ante ese tribunal. ¿O acaso tenéis todo lo que deseáis? ¿O habéis recibido de Nosotros una promesa y un compromiso vinculante hasta el Día de la Resurrección, según el cual se os concederá todo lo que decís? Pregúntales quién de ellos se responsabiliza de eso. ¿O tienen asociados determinados que se hayan hecho cargo de ello? Si es así, que traigan a esos asociados, si dicen la verdad. (Al-Qalam: 35-41)
En La Meca, los jefes decían a los musulmanes: «Las bendiciones que disfrutamos en este mundo son una señal de que somos amados por nuestro Señor. Y la miserable situación en la que os encontráis demuestra que sois despreciados por Él. Por tanto, si realmente existe un Más Allá, como afirmáis, también allí viviremos en dicha, mientras que el castigo será para vosotros, no para nosotros». En respuesta, se dijo: «Es contrario a la razón que Dios no haga distinción entre los obedientes y los culpables. ¿Cómo habéis llegado a pensar que el Creador de este universo es un rey ciego, que no verá quiénes obedecieron Sus mandatos en este mundo y se abstuvieron de las malas acciones, y quiénes, sin temor de Él, cometieron toda clase de pecados, injusticias y atrocidades? Vosotros visteis la miserable condición de los creyentes y vuestra propia felicidad y tranquilidad, pero no visteis la diferencia entre vuestro carácter y vuestras acciones y los de ellos, y afirmasteis sin vacilar que ante Dios se trataría a los obedientes igual que a los culpables, y que a culpables como vosotros se les concedería el Paraíso. ¿En qué os basáis para decir eso? ¿Acaso tenéis un Libro de Dios en el que esté escrito? ¿O habéis hecho algún pacto con Dios? Si es así, ¿quién de entre vosotros puede presentarse y afirmar que Allah ha tomado tal promesa? La verdad es que ninguna de las afirmaciones que hacéis en vuestra defensa tiene fundamento. También son contrarias a la razón. No podréis mostrar que tal cosa esté escrita en ningún Libro de Dios, ni nadie de vosotros podrá afirmar que ha recibido de Dios semejante promesa. Tampoco podréis hacer que ninguno de aquellos a quienes habéis convertido en dioses dé testimonio de que asumirá ante Dios la responsabilidad de llevaros al Paraíso. ¿De dónde os ha venido esta falsa idea?» (101)
وَإِذَا الْمَوْءُودَةُ سُئِلَتْ – بِأَيِّ ذَنْبٍ قُتِلَتْ-(التكوير-8-9)
«Y cuando se pregunte a la niña enterrada viva por qué delito fue asesinada». (At-Takwir: 8-9)
La forma de expresión de esta aleya manifiesta una ira tan intensa que no puede imaginarse otra mayor. El Día de la Resurrección, los padres que enterraron viva a su hija serán tan despreciables ante Allah que no se les preguntará directamente: «¿Por qué matasteis a esta criatura inocente?». En lugar de ello, apartando de ellos la mirada, se preguntará a la niña inocente: «Desdichada, ¿por qué delito fuiste asesinada?». Ella relatará su historia y dirá qué injusticias le infligieron sus padres opresores y cómo la enterraron viva bajo la tierra. Además, en esta breve aleya se han incluido dos grandes temas que, en vez de expresarse con palabras, se manifiestan por sí mismos en la forma de la narración. El primero es que, mediante ella, se despertó entre los árabes la conciencia de que la ignorancia preislámica los había sumergido en un abismo tan profundo de degradación moral que enterraban vivas con sus propias manos a sus hijas. Y, aun así, persistían obstinadamente en esa ignorancia y no aceptaban la reforma y la corrección que el Profeta Muhammad (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) quería introducir en su sociedad corrompida y degradada. El segundo es que aquí se presenta una prueba clara de la necesidad del Más Allá. La niña que fue enterrada viva debe tener, en algún lugar, la oportunidad de obtener reparación. Y quienes cometieron esa injusticia necesitan que llegue un momento en el que sean interrogados por tan cruel opresión. En este mundo no había nadie que escuchara el clamor de la niña enterrada. En la sociedad de la ignorancia preislámica, este acto inhumano ni siquiera era considerado una conducta ilícita que debiera evitarse. Los padres no sentían vergüenza por hacerlo, ni había nadie dentro de la familia que los reprendiera. Tampoco había en la sociedad quien pudiera detenerlos. ¿Acaso, entonces, una injusticia tan enorme quedará sin reparación incluso bajo el dominio de Dios?» (102)
Las consecuencias morales de negar el Más Allá
Además de presentar argumentos y pruebas tan sólidos sobre la posibilidad y la necesidad del Más Allá, el Noble Corán también declara que únicamente la fe en el Más Allá mantiene el carácter y la conducta humanos asentados sobre fundamentos morales correctos y firmes. Sin ella, no habría nada que disuadiera a las personas de la injusticia, la opresión, la corrupción, el pecado, la ruptura de pactos, la apropiación indebida, las malas acciones y demás. Por eso, por muchos argumentos que quienes niegan el Más Allá exhiban de palabra, sus actos reales muestran que, en realidad, desean la libertad de una conducta moral sin freno y niegan el Más Allá para conservarla intacta. Asimismo, el Corán identificó aquellas corrupciones morales que se habían extendido generalmente en la sociedad árabe. Luego planteó a la gente esta pregunta: ¿se habrían cometido esas mismas transgresiones si hubiera surgido en las personas la conciencia de que un día comparecerían ante Dios y tendrían que responder por cada una de sus acciones? (103)
أَيَحْسَبُ الْإِنْسَانُ أَلَّنْ نَجْمَعَ عِظَامَهُ – بَلَى قَادِرِينَ عَلَى أَنْ نُسَوِّيَ بَنَانَهُ – بَلْ يُرِيدُ الْإِنْسَانُ لِيَفْجُرَ أَمَامَهُ-(القيامة-3-5)
Si lo aceptan, solo se perjudicarán a sí mismos, pues pasarán toda la vida bajo la falsa idea de que todo lo bueno y lo malo se limita a este mundo, y de que después de la muerte no habrá juicio en el que se manifieste una consecuencia permanente de nuestras buenas y malas acciones. (98)
أَمْ حَسِبَ الَّذِينَ اجْتَرَحُوا السَّيِّئَاتِ أَنْ نَجْعَلَهُمْ كَالَّذِينَ آمَنُوا وَعَمِلُوا الصَّالِحَاتِ سَوَاءً مَحْيَاهُمْ وَمَمَاتُهُمْ سَاءَ مَا يَحْكُمُونَ- وَخَلَقَ اللَّهُ السَّمَاوَاتِ وَالْأَرْضَ بِالْحَقِّ وَلِتُجْزَى كُلُّ نَفْسٍ بِمَا كَسَبَتْ وَهُمْ لَا يُظْلَمُونَ(الجاثية-21-22)
¿Acaso quienes han cometido injusticias y transgresiones creen que los trataremos igual que a quienes han creído y obrado rectamente, haciendo que su vida y su muerte sean iguales? ¡Qué mala es la decisión que han tomado! Allah creó los cielos y la tierra con la verdad, y para que cada persona reciba la recompensa por lo que hizo, sin que se cometa injusticia contra la gente. (Al-Yāthiya: 21-22)
Este es el argumento moral a favor de la verdad del Más Allá. La diferencia necesaria entre el bien y el mal en la moral, y entre el pecado y la virtud en las acciones, exige que el destino de los rectos y el de los corruptos no sea el mismo. Por el contrario, el recto debe recibir la recompensa por sus buenas obras y el corrupto, la retribución por sus malas obras. Si no fuera así, y la recompensa del pecado y de la virtud fuera igual, la diferencia entre el bien y el mal en la moral quedaría completamente desprovista de sentido. Además, esto implicaría acusar a Dios de injusticia. Quienes siguen en el mundo el camino de las malas acciones desean, naturalmente, que no haya ni castigo ni recompensa, pues precisamente esta creencia obstaculiza su vida de disfrute. Pero es contrario a la sabiduría y a la justicia del Creador y Señor del universo que trate del mismo modo a los corruptos y a los rectos, sin tener en cuenta cómo vivió el creyente piadoso ni qué desorden creó aquí el incrédulo pecador. Una persona pasó toda su vida imponiéndose restricciones morales, cumpliendo los derechos de quienes los poseen, privándose de oportunidades injustas, comodidades y placeres, y soportando diversas pérdidas por su honestidad y veracidad. Otras personas satisficieron los deseos de sus pasiones por todos los medios posibles; no reconocieron los derechos de Dios ni se abstuvieron de violar los derechos humanos, y aprovecharon y disfrutaron cuanto pudieron de sus oportunidades y placeres. ¿Puede esperarse ahora de Dios que ignore la diferencia entre la vida de estos dos tipos de personas? Si aquellos cuyas vidas no fueron iguales hasta la muerte reciben el mismo destino después de ella, ¿qué mayor injusticia podría haber en la divinidad de Dios?
Luego se dice que la creación de la tierra y de los cielos no es un juego, sino un sistema lleno de propósito y sabiduría. En este sistema es inconcebible que quienes utilizaron correctamente las facultades y los medios que Allah les concedió e hicieron el bien, y quienes los utilizaron de manera equivocada y cometieron injusticias y corrupción, terminen todos muriendo, mezclándose con la tierra, sin que haya una segunda vida después de la muerte, en la que sus buenas y malas acciones tengan, sobre la base de la justicia, buenas y malas consecuencias. Si fuera así, este universo sería el juguete de un jugador y no un sistema intencional creado por un Ser Sabio. (99)
Los versículos 21-23 de la sura Al-Yāthiya exponen claramente que quienes niegan el Más Allá son aquellos que desean someterse a sus pasiones y consideran la creencia en el Más Allá un obstáculo para esa libertad. Después, cuando niegan el Más Allá, su servidumbre a las pasiones aumenta aún más y se hunden cada día más en su extravío. No hay transgresión de la que se abstengan. No dudan en usurpar los derechos de nadie. Si encuentran una oportunidad para cometer injusticias y excesos, no cabe esperar que se abstengan por respeto a la verdad y a la justicia en sus corazones. Ven ante sus propios ojos los acontecimientos de los que la gente puede aprender una lección, pero extraen de ellos la conclusión opuesta: que lo que hacen está bien y que deben seguir haciéndolo. Ninguna palabra buena les resulta aceptable. Un argumento que podría servir para impedir que alguien hiciera el mal no produce en ellos ningún efecto. Por el contrario, buscan toda clase de argumentos en defensa de su libertad desenfrenada. Sus mentes están ocupadas, en lugar de pensar en algo bueno, en satisfacer por cualquier medio los deseos de sus pasiones. Esto demuestra que negar el Más Allá es la causa de la destrucción del carácter humano. Lo único que puede mantener al ser humano dentro de los límites de la humanidad es la conciencia de que no estamos exentos de responsabilidad, sino que tendremos que rendir cuentas ante Dios por cada una de nuestras acciones. Sin esta conciencia, una persona puede comportarse de la manera más abominable, aunque sea un gran erudito. (100)
أَفَنَجْعَلُ الْمُسْلِمِينَ كَالْمُجْرِمِينَ – مَا لَكُمْ كَيْفَ تَحْكُمُونَ – أَمْ لَكُمْ كِتَابٌ فِيهِ تَدْرُسُونَ – إِنَّ لَكُمْ فِيهِ لَمَا تَخَيَّرُونَ – أَمْ لَكُمْ أَيْمَانٌ عَلَيْنَا بَالِغَةٌ إِلَى يَوْمِ الْقِيَامَةِ إِنَّ لَكُمْ لَمَا تَحْكُمُونَ – سَلْهُمْ أَيُّهُمْ بِذَلِكَ زَعِيمٌ – أَمْ لَهُمْ شُرَكَاءُ فَلْيَأْتُوا بِشُرَكَائِهِمْ إِنْ كَانُوا صَادِقِينَ-(القلم-35-41)
¿Acaso trataremos la situación de los obedientes como la de los criminales? ¿Qué os pasa? ¿Qué clase de comentario estáis haciendo? ¿Acaso tenéis algún libro en el que leáis que,
إِنَّ هَؤُلَاءِ يُحِبُّونَ الْعَاجِلَةَ وَيَذَرُونَ وَرَاءَهُمْ يَوْمًا ثَقِيلًا-(الدهر-27)
Estos aman lo que puede obtenerse rápidamente (la vida mundana) y desatienden el día difícil que les espera. (Al-Insán: 27)
En otras palabras, la razón por la que estos incrédulos qurayshíes desean permanecer, impulsados por la obstinación, inmersos en el extravío moral y doctrinal, y por la que sus oídos se han vuelto sordos al llamamiento del Mensajero de Allah, es en realidad su mundanalismo y su indiferencia hacia la otra vida. Por ello, el camino de una persona veraz es tan diferente del de ellos que no cabe posibilidad alguna de conciliación entre ambos. (106)
أَلْهَاكُمُ التَّكَاثُرُ – حَتَّى زُرْتُمُ الْمَقَابِرَ – كَلَّا سَوْفَ تَعْلَمُونَ – ثُمَّ كَلَّا سَوْفَ تَعْلَمُونَ – كَلَّا لَوْ تَعْلَمُونَ عِلْمَ الْيَقِينِ- لَتَرَوُنَّ الْجَحِيمَ – ثُمَّ لَتَرَوُنَّهَا عَيْنَ الْيَقِينِ – ثُمَّ لَتُسْأَلُنَّ يَوْمَئِذٍ عَنِ النَّعِيمِ-(التكاثر-1-8)
—La preocupación por obtener una mayor parte de los placeres y comodidades mundanos que los demás os ha mantenido sumidos en la distracción y la indiferencia. Hasta que finalmente, absortos en esta preocupación, llegáis a las tumbas. ¡No! Pronto sabréis. Luego, ¡no! Pronto sabréis. Si conocierais con certeza el resultado de esta conducta, no actuaríais así. Después, ciertamente seréis interrogados acerca de estas bendiciones. (At-Takázur: 1-8).
الهكمLa palabra لهوprocede de. Su significado original es indiferencia. Sin embargo, en la lengua árabe esta palabra se emplea para una actividad que hace crecer tanto el interés de una persona que, al quedar absorta en ella, se vuelve indiferente hacia otras tareas importantes. Cuando se emplea esta raíz para formar la palabraالهكم, su significado es que una distracción te ha mantenido tan absorto que ya no conservas conciencia alguna de otros asuntos importantes. Sus pensamientos se apoderan de ti, y esta absorción te convierte por completo en alguien distraído.
تكاثرes un término derivado deكثرت. Tiene tres significados: primero, que las personas se esfuerzan por alcanzar la abundancia; segundo, que se esfuerzan por aventajarse unas a otras para obtenerla; y tercero, que se jactan entre sí de haber alcanzado una abundancia mucho mayor que los demás.
Por tanto, الهكم التكاثرsignifica que el deseo de abundancia, es decir, de obtener cada vez más, os ha mantenido tan absortos entre vosotros que os ha hecho desatender asuntos más importantes que ella. Aquí no se ha explicado qué es aquello cuya abundancia se designa por takāthur ni de qué se hace desatender mediante alhākum. Aquíالهاكمtampoco se ha explicado a quiénes se dirige la expresión. Al no ofrecerse esta explicación, estas palabras transmiten un significado general. El significado de «takāthur» no es limitado; incluye esforzarse por obtener, en la mayor medida posible, todas las oportunidades y ventajas mundanas, los medios de placer y comodidad, el poder de gobierno y los recursos de fuerza y capacidad; esforzarse por adelantarse competitivamente a los demás al obtenerlos, y jactarse ante los demás de la propia abundancia. De este modo, tampoco queda limitado el número de aquellos a quienesالهاكمse dirige la expresión. Al contrario, las personas de todas las épocas, individual y colectivamente, quedan comprendidas en este llamamiento. Es decir, tanto los individuos como las naciones tienen la mentalidad de obtener la mayor cantidad posible de intereses mundanos y de avanzar mediante la competencia en este ámbito.
Del mismo modo, como en la expresión الهاكم التكاثرno se especifica de qué se ha hecho desatender a las personas, también esto se ha formulado con un sentido general. Es decir, se han apartado de Dios, del resultado final en la otra vida, de los límites morales y de la responsabilidad moral. Solo les preocupa elevar su nivel de vida; no les preocupa cuánto está descendiendo el nivel de la humanidad. Quieren cada vez más riqueza, sin importarles cómo se obtiene. Los placeres y el disfrute corporal son su objeto de deseo supremo. Sumidos en estos placeres, han quedado completamente ajenos a las consecuencias que puede tener esta conducta. Solo les preocupa reunir cada vez más poder, soldados y armas, y compiten entre sí en este ámbito. No se detienen a pensar que todo ello son medios para llenar de opresión e injusticia la tierra de Dios y destruir la humanidad. En suma, el takāthur tiene muchas formas que mantienen a individuos y naciones tan absortos en ellas que no piensan en nada aparte del mundo y sus placeres, y esta preocupación los mantiene ocupados hasta el instante previo a la muerte.
Después de advertir a la gente contra este error, se dice que os halláis bajo la equivocada suposición de que la abundancia mundana y avanzar compitiendo por ella constituyen el progreso y el éxito. Sin embargo, esto de ningún modo puede ser progreso ni éxito. Muy pronto conoceréis sus nefastas consecuencias y sabréis qué gran error era aquel en el que permanecisteis absortos durante toda vuestra vida. «Muy pronto» también puede referirse al Más Allá. Pues, para Aquel cuya mirada se extiende desde la eternidad pasada hasta la eternidad futura, varios miles o incluso varios cientos de miles de años no son más que una diminuta fracción del tiempo. Pero también puede significar la muerte, porque esta no está lejos de ningún ser humano. Y, en cuanto llegue la muerte, quedará claro para la persona si las obras y actividades en las que pasó toda su vida fueron causa de su dicha o de su desgracia. (107)
A continuación, el Corán, ofreciendo algunos ejemplos tomados de la propia sociedad árabe, explica qué males ha causado en las personas la aversión al Más Allá.
—¿Acaso cree el ser humano que no podremos reunir sus huesos? Sí, somos capaces incluso de reconstruir perfectamente las articulaciones de sus dedos. Pero el ser humano desea seguir cometiendo malas acciones en el futuro. (Qiyamah: 3-5)
En las dos primeras aleyas se responde a las objeciones de los negadores. Ellos decían: «¿Cómo puede ser posible que las partes del cuerpo de quienes murieron hace miles de años, cuyos más diminutos fragmentos se mezclaron con la tierra y desaparecieron, cuyos huesos, ya descompuestos, se hallan dispersos quién sabe dónde, y entre los cuales algunos murieron quemados en el fuego, otros fueron devorados por animales feroces y otros, al ahogarse en el mar, se convirtieron en alimento de los peces, vuelvan a reunirse, y que cada persona vuelva a ser exactamente la misma que era diez o veinte mil años atrás?». Allah ha dado una respuesta sumamente razonable y poderosa en forma de esta breve pregunta: «¿Acaso cree el ser humano que no podremos reunir sus huesos?». Es decir, si se os hubiera dicho que las partes dispersas del cuerpo se reunirían por sí solas en algún momento y que vosotros mismos volveríais a la vida con ese cuerpo, entonces habría sido comprensible que lo considerarais imposible. Pero se os había dicho que esta acción no ocurriría por sí misma, sino que Allah la realizaría. Entonces, ¿realmente creéis que el Creador del universo, a quien vosotros mismos reconocéis como el Creador, es incapaz de hacer esto?». Es una pregunta a la que ninguna persona que reconozca a Dios como Creador podía responder entonces, ni puede responder hoy, diciendo que, aunque Dios quisiera realizar esta obra, no podría hacerlo. Si algún necio dijera algo semejante, se le podría preguntar: «¿Cómo creó ese Dios el cuerpo con el que ahora existes, reuniendo sus innumerables partes procedentes del aire, del agua, de la tierra y de quién sabe cuántos lugares, cuando afirmas que Él no puede reunir esas partes?». Después se dice: «¿Por qué habría de ser difícil para Nosotros reunir los huesos grandes y reconstruir la estructura de tu cuerpo? Somos capaces incluso de reconstruir las partes más sutiles de vuestro cuerpo, hasta las articulaciones de vuestros dedos, exactamente como eran antes».
En la última frase se ha diagnosticado la verdadera enfermedad de quienes niegan el Más Allá. Lo que los impulsa a negar el Más Allá no es, en realidad, que lo consideren imposible. Más bien, la verdadera razón de su negación es que aceptar el Más Allá les impondría inevitablemente ciertas restricciones y prohibiciones morales, y eso les resulta insoportable. Quieren seguir vagando en el futuro tal como hasta hoy han vagado por todas partes, como bueyes sin yugo ni cuerda en el hocico. Quieren obtener también en el futuro plena licencia para continuar cometiendo las injusticias, la opresión, la deshonestidad, el pecado y la corrupción que han practicado hasta ahora. No quieren que la idea de tener que comparecer un día ante su Señor y rendir cuentas de sus actos les impida disfrutar de esa libertad injusta. Por ello, en realidad, no es su conciencia la que les impide creer en el Más Allá, sino los deseos y apetitos de sus pasiones los que constituyen el obstáculo en este asunto. (104)
Eso mismo se afirma en la siguiente aleya.
وَمَا يُكَذِّبُ بِهِ إِلَّا كُلُّ مُعْتَدٍ أَثِيمٍ-(المطففين-12)
Y nadie lo considera falso excepto todo transgresor pecador. (Mutaffifín: 12)
إِنَّ الَّذِينَ يَضِلُّونَ عَنْ سَبِيلِ اللَّهِ لَهُمْ عَذَابٌ شَدِيدٌ بِمَا نَسُوا يَوْمَ الْحِسَابِ-(ص-26)
-Quienes se apartan del camino de Allah tendrán un castigo severo, por haber olvidado el Día del Juicio. (Sad: 26)
كَلَّا بَلْ تُحِبُّونَ الْعَاجِلَةَ – وَتَذَرُونَ الْآخِرَةَ-(القيامة-20-21)
¡No, jamás! La verdad es que amáis lo inmediato (este mundo) y abandonáis el Más Allá. (El Levantamiento: 20-21)
Esta es la segunda razón de la negación de quienes niegan el Más Allá. La primera razón ya se ha mencionado arriba: quieren plena libertad para entregarse al pecado y desean librarse de aquellas restricciones y prohibiciones morales que, tras aceptar el Más Allá, se les imponen inevitablemente. Por eso, en realidad, son los deseos de sus pasiones los que los incitan a negar el Más Allá; después recurren a los argumentos y las disputas para demostrar su negación.
Ahora se ha expuesto la segunda razón: como quienes niegan el Más Allá tienen una visión estrecha y son miopes, para ellos toda la importancia reside en los beneficios de este mundo, que se manifiestan aquí, y no conceden ninguna importancia al resultado final que se manifestará en el Más Allá. Creen que deben obtener aquí las comodidades, el lujo, el goce y la felicidad, y dedicar a ello todos sus esfuerzos y empeños, pues, si logran obtenerlos, sería como haberlo conseguido todo, por muy malo que sea su resultado en el Más Allá. Así, consideran que lo esencial es evitar las pérdidas y los sufrimientos que puedan padecer aquí, sin prestar atención a la enorme recompensa que podrían recibir en el Más Allá por soportarlos. Quieren una ganancia inmediata. Por un futuro tan lejano como el Más Allá, no están dispuestos ni a renunciar a ningún beneficio presente ni a aceptar ninguna pérdida. Cuando, guiados por esta forma de pensar, planteaban argumentos sobre el Más Allá, no había en ellos ninguna sabiduría; más bien, detrás de ellos operaba la mentalidad que los llevaba a concluir que no se podía aceptar el Más Allá, aunque, en su interior, su conciencia les dijera que los argumentos expuestos en el Corán sobre la posibilidad y la necesidad del Más Allá eran sumamente justos, y que los argumentos que ellos presentaban en su contra eran completamente infundados. (105)
الَّذِي خَلَقَ الْمَوْتَ وَالْحَيَاةَ لِيَبْلُوَكُمْ أَيُّكُمْ أَحْسَنُ عَمَلًا-(الملك-2)
-Él es quien creó la muerte y la vida para poneros a prueba y ver quién de vosotros obra mejor. (La Soberanía: 2)
Es decir, Allah Todopoderoso inició la sucesión de la vida y la muerte de los seres humanos en este mundo para ponerlos a prueba y ver cuál de ellos realiza las obras más excelentes. En esta breve frase se alude a muchas verdades.
En primer lugar, la muerte y la vida proceden de Él. No existe nadie más que dé la vida y cause la muerte.
En segundo lugar, al ser humano, como criatura, se le ha dado la capacidad de hacer el bien y el mal. Ni su vida carece de propósito ni tampoco su muerte. El Creador lo creó aquí para ponerlo a prueba. La vida es para él una oportunidad para la prueba. La muerte significa que el tiempo de su prueba ha terminado.
En tercer lugar, el propósito de esta prueba es que el Creador ha dado a cada persona la oportunidad de actuar, para que mediante sus obras en este mundo pueda manifestar el bien y el mal, y mostrar en la práctica qué clase de persona es.
En cuarto lugar, es el Creador quien decide qué obras son buenas y cuáles son malas. Desde luego, no corresponde al examinado determinar el criterio del bien y del mal; es el examinador quien establece ese criterio. Por tanto, quien desee triunfar en la prueba debe saber qué considera buena obra el examinador.
En quinto lugar, el significado inherente de la prueba es que cada persona será recompensada conforme a sus obras. Pues, si no hubiera recompensa, la prueba no tendría ningún sentido. (111)
إِنَّا خَلَقْنَا الْإِنْسَانَ مِنْ نُطْفَةٍ أَمْشَاجٍ نَبْتَلِيهِ فَجَعَلْنَاهُ سَمِيعًا بَصِيرًا – إِنَّا هَدَيْنَاهُ السَّبِيلَ إِمَّا شَاكِرًا وَإِمَّا كَفُورًا-( الدهر-2-3)
Creamos al ser humano a partir de una gota de esperma mezclado para ponerlo a prueba, y con ese propósito lo dotamos de oído y vista. Le mostramos el camino; después, puede ser agradecido o desagradecido. (Al-Dahr: 2-3)
Esta es la verdadera dignidad del mundo para el ser humano y del ser humano para el mundo. El ser humano no es como las plantas ni como los animales, cuyo propósito de creación se cumpliría aquí mismo y que, después de realizar, conforme a las leyes de la naturaleza, su parte de trabajo durante un período determinado, morirían aquí y desaparecerían. Además, este mundo no es para el ser humano un lugar de castigo, como creen los ascetas, ni un lugar de recompensa, como creen quienes sostienen la doctrina de la transmigración. Tampoco es un pastizal ni un lugar de entretenimiento, como creen los materialistas. Ni es un campo de batalla, como creen los seguidores de Darwin y Marx. Por el contrario, es un campo de prueba para el ser humano. Lo que él considera su vida es, en realidad, el tiempo de prueba que le ha sido concedido aquí. Las capacidades, fuerzas y aptitudes que le han sido otorgadas en el mundo; las cosas cuyo uso se le ha permitido; las responsabilidades con las que actúa aquí; y las relaciones que existen entre él y los demás seres humanos son, en realidad, innumerables cuestionarios del examen, y este examen continúa hasta el último momento de su vida. No se supone que su resultado se manifieste en este mundo; más bien, después de revisar estos cuestionarios en el Más Allá, se decidirá si ha aprobado o fracasado. Su éxito o fracaso depende de con qué concepto de sí mismo haya actuado aquí y de cómo haya respondido al cuestionario que le fue entregado. Si no se consideró siervo de ningún Dios, o se consideró siervo de múltiples dioses, y respondió a todos los cuestionarios creyendo que en el Más Allá no tendría que rendir cuentas ante su Creador, entonces todas las acciones de su vida fueron erróneas. Pero si se consideró siervo de un solo Dios, actuó de la manera que correspondía a la voluntad de Dios y tomó como objetivo la rendición de cuentas en el Más Allá, entonces aprobó el examen.
Luego se dice: lo hicimos oyente y vidente. Aunque el significado de estas dos palabras árabes سميع y بصير es precisamente oyente y vidente, todo hablante de árabe sabe que las dos palabras nunca se usan para los animales, aunque los animales oigan y vean. Por tanto, aquí oír y ver no significan simplemente las facultades de oír y ver que también se han concedido a los animales. Más bien, significan los medios mediante los cuales el ser humano adquiere conocimiento y luego obtiene beneficios de él. Además, puesto que el oído y la vista son de los medios más importantes del conocimiento humano, se han mencionado brevemente solo estos dos. De lo contrario, el propósito fundamental es conceder al ser humano todos los sentidos mediante los cuales adquiere conocimiento. Asimismo, el conocimiento sensorial concedido al ser humano es, por sus características, completamente distinto de las sensaciones concedidas a los animales. Esto se debe a que detrás de cada una de sus sensaciones hay un cerebro pensante que reúne los datos obtenidos por medio de las sensaciones, los ordena, extrae conclusiones de ellos, establece opiniones y luego llega a ciertas decisiones sobre las cuales se forman su visión de la vida y su conducta. Por eso, después de decir que hemos creado al ser humano para ponerlo a prueba, se dijo que, con ese propósito, lo hicimos oyente y vidente. Su verdadero significado es que Dios le concedió la capacidad de conocimiento y discernimiento para que pudiera estar capacitado para realizar la prueba. Es cierto que, si el propósito de la Palabra divina no fuera este y la finalidad de hacerlo oyente y vidente fuera simplemente dotarlo de las facultades de oír y ver, entonces una persona ciega y sorda quedaría exenta de la prueba. Sin embargo, mientras una persona no esté privada del conocimiento y del discernimiento, no cabe siquiera la posibilidad de que quede exenta de la prueba.سميع y بصير las dos palabras nunca se usan. Aunque los animales sean oyentes y videntes.
وَيْلٌ لِلْمُطَفِّفِينَ – الَّذِينَ إِذَا اكْتَالُوا عَلَى النَّاسِ يَسْتَوْفُونَ – وَإِذَا كَالُوهُمْ أَوْ وَزَنُوهُمْ يُخْسِرُونَ – أَلَا يَظُنُّ أُولَئِكَ أَنَّهُمْ مَبْعُوثُونَ – لِيَوْمٍ عَظِيمٍ – يَوْمَ يَقُومُ النَّاسُ لِرَبِّ الْعَالَمِينَ-( المطففين-1-6)
—¡Destrucción para quienes defraudan en la medida! Cuando reciben de la gente, exigen la medida completa; pero cuando les miden o les pesan, les hacen perder dándoles menos. ¿Acaso no creen estos que serán resucitados para un día grandioso? Un día en que toda la gente se pondrá de pie ante el Señor de los mundos. (Los Defraudadores: 1-6)
مطففينLa palabra طفيف procede de . En árabe significa una cosa pequeña e insignificante. Y تطفيف como término técnico significa dar menos de lo debido, defraudando en el peso. Quien comete esta acción no merma una gran cantidad al pesar o entregar, sino que, con un pequeño hurto disimulado, engaña a cada cliente en una cantidad mínima, sin que el pobre cliente llegue siquiera a comprender cuánto le ha hecho perder el comerciante. Es cierto que esta injusticia, extendida en la sociedad, nunca habría podido difundirse si la gente hubiera recordado el Más Allá. (108)
كَلَّا بَلْ لَا تُكْرِمُونَ الْيَتِيمَ – وَلَا تَحَاضُّونَ عَلَى طَعَامِ الْمِسْكِينِ – وَتَأْكُلُونَ التُّرَاثَ أَكْلًا لَمًّا – وَتُحِبُّونَ الْمَالَ حُبًّا جَمًّا-( الفجر-17-20)
—¡De ninguna manera! (La prosperidad o la desgracia mundanas no son el criterio del honor y la deshonra). Sin embargo, no tratáis al huérfano con respeto, ni os exhortáis unos a otros a alimentar al necesitado. Os apropiáis de toda la herencia y os consumís de amor o avidez por las riquezas. (El Alba: 17-20)
Es decir, considerar la prosperidad y la desgracia mundanas como el criterio del honor y la deshonra no es más que vuestra perspectiva materialista. De lo contrario, el verdadero criterio es la nobleza del carácter y la mala conducta. Vuestra situación es tal que, mientras el padre del huérfano está vivo, tratáis al huérfano de una manera, pero cuando su padre muere, ni los vecinos ni los parientes lejanos —por no hablar del tío paterno, el tío materno e incluso el hermano mayor— quieren siquiera verlo. En vuestra sociedad no existe la costumbre de alimentar a los pobres. Nadie está dispuesto por sí mismo a dar de comer a un hambriento, ni se observa entre la gente el estímulo de reflexionar sobre cómo saciar el hambre de los hambrientos y exhortarse unos a otros a organizarlo. En materia de herencia habéis privado a las mujeres y a los niños. Además, entre los herederos del difunto, quien es fuerte e influyente se apropia sin escrúpulos de toda la herencia. La parte de quienes no tienen la fuerza ni la capacidad para obtenerla se pierde. A vuestros ojos no existe diferencia entre derecho y responsabilidad: no dais honradamente al titular de un derecho lo que le corresponde, considerándolo vuestro deber, tanto si tiene capacidad para reclamarlo como si no. En cuanto a adquirir riquezas, no os preocupa si es lícito o ilícito, ni si es halal o haram. No dudáis en obtener riquezas de cualquier manera. Y por muchas riquezas que obtengáis, el fuego de vuestra avidez y codicia nunca se apaga.
أَرَأَيْتَ الَّذِي يُكَذِّبُ بِالدِّينِ – فَذَلِكَ الَّذِي يَدُعُّ الْيَتِيمَ – وَلَا يَحُضُّ عَلَى طَعَامِ الْمِسْكِينِ-( الماعون-1-3)
—¿Has visto a quien considera mentira la recompensa y el castigo del Más Allá? Ese es quien empuja al huérfano y no incita a alimentar al indigente. (Al-Maún: 1-3)
Aquí, Allah Ta‘ala ha expuesto en realidad, mediante dos ejemplos claros, qué clase de consecuencias morales acarrea al ser humano negar el Más Allá. El propósito principal no es señalar únicamente estos dos males, como si al no creer en el Más Allá solo se manifestaran en que la gente reprende a los huérfanos y no incita a alimentar a los indigentes. Más bien, entre los innumerables desmanes que surgen de este extravío, se han presentado como ejemplos dos acciones que toda persona de naturaleza sana reconocerá como sumamente abyectas. Con ello se pretende arraigar en el corazón esta idea: si ese individuo hubiera aceptado comparecer ante Dios y rendir cuentas, no habría cometido una conducta tan vil como usurpar el derecho del huérfano, oprimirlo y reprenderlo, ni se habría negado a alimentarlo personalmente o a pedir a otros que lo alimentaran. Las cualidades de quienes creen en el Más Allá se describen en las suras Al-Balad y Al-Asr. Se dice que se exhortan mutuamente a mostrar misericordia hacia las criaturas de Dios y se aconsejan unos a otros aferrarse a la verdad y cumplir los derechos. (110)
El mundo es un campo de prueba para el ser humano
Por un lado, el Corán ha disipado, de manera sumamente razonada, toda duda y sospecha de los seres humanos acerca de la posibilidad y la necesidad del Más Allá; y, por otro, también les ha hecho saber que, debido a su negligencia, han llegado a considerar este mundo un mero lugar de pastoreo o de entretenimiento. Sin embargo, este es un campo de prueba en el que constantemente se está poniendo a prueba en todos los asuntos personales y sociales de su vida. Y esta prueba no se realiza sin su conocimiento; por el contrario, Allah Ta‘ala ha dispuesto plenamente hacerle saber de qué depende aquí su éxito o su fracaso.
No permanecieron ignorantes de la diferencia entre las obras ni de los principios morales y las disposiciones legales que ellos presentaron. Supieran o no que habían adquirido ese conocimiento de las enseñanzas de los profetas y de los Libros de Allah, quienes hoy niegan a los profetas y los Libros revelados, o no saben nada de ellos, también siguen muchas cosas que, en realidad, les han llegado de una u otra manera precisamente a través de las enseñanzas de los profetas y de los Libros, sin saber cuál es su verdadera fuente. (112)
Hay un día fijado para dictar sentencia
Luego, en distintos pasajes del Corán se ha dicho que el resultado de la prueba no se manifestará en este mundo. Más bien, se ha fijado un momento en el que los descendientes de las generaciones anteriores y posteriores de este mundo serán devueltos a la vida por segunda vez y todos serán llamados a rendir cuentas. A cada uno se le dará recompensa o castigo conforme a sus obras.
إِنَّ يَوْمَ الْفَصْلِ مِيقَاتُهُمْ أَجْمَعِينَ-( الدخان-40)
-Hay un tiempo señalado para el Juicio para todos. (Duján: 40)
قُلْ إِنَّ الْأَوَّلِينَ وَالْآخِرِينَ – لَمَجْمُوعُونَ إِلَى مِيقَاتِ يَوْمٍ مَعْلُومٍ-( الواقعة-49-50)
-Diles: ciertamente, a los primeros y a los últimos se los reunirá juntos, sin duda, en un día cuyo momento está determinado. (Al-Waqi’a: 49-50)
وَنُفِخَ فِي الصُّورِ فَصَعِقَ مَنْ فِي السَّمَاوَاتِ وَمَنْ فِي الْأَرْضِ إِلَّا مَنْ شَاءَ اللَّهُ ثُمَّ نُفِخَ فِيهِ أُخْرَى فَإِذَا هُمْ قِيَامٌ يَنْظُرُونَ-( الزمر-68)
-Y aquel día se soplará la trompeta, y morirán quienes estén en los cielos y en la Tierra, excepto aquellos a quienes Allah quiera mantener con vida (como los ángeles). Luego se soplará en ella por segunda vez y, de repente, todos se levantarán y mirarán. (Az-Zumar: 68)
وَقِيلَ لِلظَّالِمِينَ ذُوقُوا مَا كُنْتُمْ تَكْسِبُونَ-( الزمر-24)
-Y se dirá a los injustos: «Saboread el fruto de vuestras obras». (Az-Zumar: 24)
Arriba كسب se ha utilizado la palabra. En la terminología coránica, significa el derecho a la recompensa y al castigo que una persona adquiere mediante sus actos. La verdadera ganancia de quien realiza buenas obras consiste en hacerse merecedor de la recompensa de Allah. La ganancia de quienes adoptan el camino del extravío es el castigo que recibirán en la otra vida. (113)
الْيَوْمَ تُجْزَى كُلُّ نَفْسٍ بِمَا كَسَبَتْ لَا ظُلْمَ الْيَوْمَ-(المؤمن-17)
-(En ese momento se dirá:) Hoy se recompensará a cada persona por lo que ganó en el mundo. Y no se cometerá ninguna injusticia contra nadie. (Mumin: 17)
Es decir, no se cometerá ningún tipo de injusticia. Cabe señalar que, en materia de recompensa, la injusticia puede adoptar varias formas. Primera: que una persona se haga merecedora de una recompensa y no se le conceda. Segunda: que no se le conceda íntegramente la recompensa que merece. Tercera: que no sea merecedora de un castigo, pero se la castigue. Cuarta: que sea merecedora de un castigo, pero no se la castigue. Quinta: que alguien merezca un castigo leve, pero se le imponga uno más severo. Sexta: que la persona agraviada permanezca esperando mientras el opresor salga absuelto delante de ella. Séptima: que se responsabilice a una persona por el delito de otra. Allah desea que ninguna de las formas posibles de injusticia tenga lugar en Su tribunal. (114)
Allah está directamente informado de todo cuanto el ser humano hace en el mundo
También se ha dicho en el Noble Corán que Allah está directamente informado de todo cuanto el ser humano hace en este campo de prueba. Ningún acto de una persona, ni siquiera ninguno de sus pensamientos o deseos íntimos, puede permanecer oculto para Allah. Por eso, en el Día del Juicio, el ser humano comparecerá ante ese Dios que conoce todas las actividades de su vida.
وَأَسِرُّوا قَوْلَكُمْ أَوِ اجْهَرُوا بِهِ إِنَّهُ عَلِيمٌ بِذَاتِ الصُّدُورِ-( الملك-13)
-Podéis hablar en secreto o en voz alta (para Él es lo mismo); ciertamente, Él conoce incluso lo que hay en los corazones. (Mulk: 13
أَمْ يَحْسَبُونَ أَنَّا لَا نَسْمَعُ سِرَّهُمْ وَنَجْوَاهُمْ بَلَى وَرُسُلُنَا لَدَيْهِمْ يَكْتُبُونَ-( الزخرف-80)
¿Acaso creen que no escuchamos sus secretos y sus conversaciones en privado? Sí, lo escuchamos todo. Además, Nuestros ángeles están junto a ellos y lo registran todo. (Az-Zujruf: 80)
وَنَعْلَمُ مَا تُوَسْوِسُ بِهِ نَفْسُهُ وَنَحْنُ أَقْرَبُ إِلَيْهِ مِنْ حَبْلِ الْوَرِيدِ-( ق-16)
Conocemos incluso los malos pensamientos que surgen en su mente (waswasa). Estamos más cerca de él que su vena yugular. (Qaf: 16)
Luego se ha dicho que no solo le hemos concedido la capacidad del conocimiento y de la conciencia, sino que también le hemos mostrado el camino, para que pueda saber cuál es el camino de la gratitud y cuál el de la incredulidad. Después, cualquiera que sea el camino que adopte, la responsabilidad recaerá sobre él. En la sura Al-Balad, este asunto se expone de la siguiente manera:
وَهَدَيْنَاهُ النَّجْدَيْنِ
Le hemos mostrado claramente ambos caminos (el del bien y el del mal).
Asimismo, en la sura Ash-Shams se ha dicho lo mismo de la siguiente manera:
وَنَفْسٍ وَمَا سَوَّاهَا – فَأَلْهَمَهَا فُجُورَهَا وَتَقْوَاهَا
—y juro por el alma humana y por Aquel que la formó perfectamente, con todas sus fuerzas manifiestas y ocultas. Luego le inspiró su inclinación al pecado y su temor de Dios.
Si se examina todo esto teniendo en cuenta, al mismo tiempo, las detalladas explicaciones del Noble Corán acerca de las disposiciones que Allah ha establecido para guiar a los seres humanos, se comprende que la guía mencionada en este versículo no significa un único método de orientación, sino innumerables métodos. Por ejemplo:
1. Junto con conceder a cada ser humano la capacidad de conocer y comprender, se le ha otorgado también un sentimiento moral, gracias al cual puede distinguir entre el bien y el mal. Considera malas ciertas acciones y cualidades, aunque incurra en ellas, y considera buenas otras acciones y cualidades, aunque se mantenga alejado de ellas. Incluso quienes, para satisfacer sus intereses y los deseos de sus pasiones, han inventado filosofías mediante las cuales han declarado lícitos para sí muchos pecados y actos de corrupción, se encuentran en tal situación que, si otra persona comete contra ellos esas mismas transgresiones, se ponen a clamar; entonces se descubre que, pese a sus propias filosofías erróneas, en realidad las consideran malas. Del mismo modo, por mucho que alguien considere las buenas acciones y cualidades fruto de la ignorancia, la necedad y lo anticuado, cuando se beneficia personalmente de la conducta virtuosa de otra persona, su naturaleza le obliga a considerarla digna de respeto.
2. Allah ha colocado en cada ser humano algo llamado conciencia (la mente recriminadora, nafs al-lawwama), que lo detiene cuando está a punto de cometer una mala acción. Por mucho que una persona trate de adormecer esta conciencia con halagos o intente volverla insensible, nunca podrá hacerla desaparecer por completo. Puede adoptar una actitud desvergonzada y tratar de demostrar que carece totalmente de conciencia; puede intentar engañar al mundo mediante pruebas y argumentos fabricados, y puede presentar innumerables excusas por sus actos para engañarse incluso a sí misma. Sin embargo, el censor (CRÍTICO) que Allah ha colocado en su naturaleza es tan vivaz que ni siquiera al hombre inmoral le quedará oculto qué es en realidad. Esto mismo se expresa así en la sura de al-Qiyamah:
—Más bien, el ser humano se conoce perfectamente a sí mismo, aunque presente todas las excusas y objeciones que quiera.
3. En la propia existencia del ser humano y en todos los rincones de la naturaleza universal, desde la tierra que lo rodea hasta los cielos, están esparcidos innumerables signos que atestiguan que nada de esto puede existir sin Dios. Tampoco pueden múltiples dioses ser los constructores y administradores de esta fábrica del universo. Así, estos signos del mundo superior y del mundo interior presentan pruebas racionales de la Resurrección y de la Otra Vida. Si el ser humano cierra los ojos ante ellos, o, dejándose guiar por su conciencia, no reflexiona sobre ellos, o vacila en aceptar las verdades que estos signos identifican, la culpa será suya. Allah no ha dejado nada sin hacer para presentar ante los seres humanos los signos que, de Su parte, anuncian la verdad.
4. En la vida del propio ser humano, en el mundo contemporáneo y en las experiencias de la historia pasada pueden observarse innumerables hechos que demuestran que un gobierno superior rige tanto a él como a toda la naturaleza universal. Ante él, el ser humano es absolutamente impotente; Su voluntad prevalece sobre todas las cosas, y el ser humano depende de Su ayuda. Estas experiencias y observaciones no anuncian esta verdad únicamente en el mundo exterior; también existe, en la naturaleza humana, el testimonio de la existencia de esa autoridad gobernante superior. Sobre esta base, incluso los ateos más acérrimos extienden sus manos en súplica ante Dios en momentos de extrema aflicción.
5. La conciencia del ser humano y su naturaleza innata indican plenamente la necesidad de que el delito sea castigado y la buena acción sea recompensada. Precisamente sobre esta base se establece en toda sociedad algún tipo de sistema judicial y también se dispone una recompensa para aquello que se considera digno de elogio. Esto demuestra claramente que existe una relación tan indispensable entre la moralidad y la ley de retribución (LAW OF RETRIBUTION) que al ser humano le resulta imposible negarla. Ahora bien, si se reconoce universalmente que en el mundo existen innumerables delitos cuya pena completa —qué decir de cualquier castigo— no puede aplicarse, y que existen innumerables buenas acciones por las cuales la persona virtuosa no recibe ninguna recompensa, por no hablar de la recompensa adecuada, entonces no queda otra alternativa que aceptar el Más Allá. Naturalmente, sería distinto si algún necio pensara, o algún obstinado quisiera concluir, que quienes tienen el concepto de justicia nacieron en un mundo que, por sí mismo, no posee ningún concepto de justicia. Pero entonces sigue siendo responsabilidad suya responder a esta pregunta: ¿de dónde surgió en la mente de los seres humanos nacidos en un mundo así el concepto de justicia?
6. Allah envió profetas al mundo y reveló Libros para guiar claramente a los seres humanos; en ellos se explicó con claridad cuál es el camino de la gratitud y cuál el camino de la incredulidad, y cuál es el resultado de seguir cada uno de estos dos caminos. Estas enseñanzas transmitidas por los profetas y los Libros de Allah se han difundido tan ampliamente, directa e indirectamente, por todo el mundo que no existe ninguna comunidad humana cuyo concepto de Dios, del Más Allá, de lo bueno y de lo malo
وَهُوَ مَعَكُمْ أَيْنَ مَا كُنْتُمْ وَاللَّهُ بِمَا تَعْمَلُونَ بَصِيرٌ-( الحديد-4)
-Él (Allah) está con vosotros dondequiera que os encontréis. Y Allah ve todo lo que hacéis. (Al-Hadid: 4)
يَعْلَمُ خَائِنَةَ الْأَعْيُنِ وَمَا تُخْفِي الصُّدُورُ – وَاللَّهُ يَقْضِي بِالْحَقِّ-( المؤمن-19-20)
Allah conoce incluso las miradas furtivas de vosotros y conoce también todos los secretos ocultos en los corazones. Allah juzgará con la verdad. (Al-Mu’min: 19-20). (115)
En el Más Allá se presentarán pruebas de sus obras mediante testimonios irrefutables
En el Noble Corán se ha explicado detalladamente que, en el Más Allá, Allah no juzgará basándose únicamente en Su propio conocimiento. Por el contrario, hace que se elabore un registro completo, detallado y exacto de las obras y acciones de cada persona. Luego, en el tribunal del Más Allá, se presentarán testimonios de las acciones humanas de tal naturaleza que no habrá posibilidad alguna de negarlos.
إِذْ يَتَلَقَّى الْمُتَلَقِّيَانِ عَنِ الْيَمِينِ وَعَنِ الشِّمَالِ قَعِيدٌ – مَا يَلْفِظُ مِنْ قَوْلٍ إِلَّا لَدَيْهِ رَقِيبٌ عَتِيدٌ-( ق-17-18)
Dos escribas están sentados a su derecha y a su izquierda, registrándolo todo. No sale de su boca ninguna palabra sin que haya allí un guardián siempre presente para conservarla. (Qaf: 17-18)
El significado de todo esto es que, por un lado, Allah Taala conoce directamente los movimientos, la conducta, los gestos y las expresiones del corazón de cada persona; y, por otro, hay dos ángeles asignados a cada ser humano que registran cada una de sus palabras. Ninguna de sus palabras ni acciones queda fuera de sus registros. Esto significa que, cuando una persona sea presentada ante el tribunal de Allah Taala, Allah mismo sabrá qué ha hecho. También estarán presentes dos ángeles para dar testimonio, quienes presentarán ante él los documentos y pruebas de sus actos. Nos resulta muy difícil imaginar con precisión qué forma tendrán esas pruebas y documentos. Sin embargo, después de observar los datos que se nos están revelando, podemos saber con certeza que, en el entorno en el que el ser humano vive y actúa, los sonidos, las imágenes, los movimientos y las impresiones de sus gestos quedan grabados por todas partes en cada átomo y partícula; y que cualquiera de ellos puede reproducirse por segunda vez exactamente con la misma expresión y el mismo sonido, de tal manera que no haya la menor diferencia entre el original y la copia. Hoy el ser humano realiza esta tarea de manera muy limitada con la ayuda de máquinas. Pero los ángeles de Allah no dependen de tales máquinas ni están sujetos a esas limitaciones. El propio cuerpo humano y todo lo que lo rodea son su película, sobre la cual pueden grabar exactamente cada sonido y cada imagen en su estado más minucioso y detallado; y el Día de la Resurrección pueden hacer que la persona escuche con sus propios oídos y en su propia voz todo lo que hacía en el mundo. Pueden mostrarle a sus propios ojos las imágenes en movimiento de todos sus actos, cuya autenticidad le será imposible negar.
Aquí también debe comprenderse claramente que Allah Taala no castigará a nadie en el tribunal del Más Allá basándose únicamente en Su propio conocimiento. Por el contrario, lo castigará después de cumplir todas las condiciones de la justicia. Por eso, en el mundo se está elaborando un registro completo de las palabras y acciones de cada persona, para que se presenten pruebas completas e irrefutables de sus actos mediante testimonios incontestables. (116)
وَإِنَّ عَلَيْكُمْ لَحَافِظِينَ – كِرَامًا كَاتِبِينَ – يَعْلَمُونَ مَا تَفْعَلُونَ-( الانفطار-10-12)
(Hay vigilantes encargados de vosotros. Son escribas honorables, conocedores de cada una de vuestras acciones. (Al-Infitar: 10-12)
Es decir, que neguéis el Día del Juicio, lo consideréis una mentira o os burléis de él no cambia en nada la verdad. La verdadera realidad es que vuestro Señor no os ha dejado sueltos en el mundo como camellos sin rienda. Por el contrario, ha designado para cada uno de vosotros vigilantes extremadamente veraces. Ninguna de vuestras acciones está oculta para ellos, ya las realicéis en la oscuridad, en algún lugar apartado, en un bosque deshabitado o en cualquier situación en la que estéis seguros de que aquello que habéis hecho permanece oculto a la vista de la gente.
Para estos ángeles vigilantes, Allah Taala ha utilizadoكراما كاتبينlas dos palabras. Es decir, son escribas sumamente honorables. No tienen amistad ni enemistad personal con nadie, de modo que no mostrarán injustamente compasión hacia una persona ni, por oposición injusta a otra, elaborarán un registro contrario a los hechos. Tampoco son desleales, de manera que, sin haber estado presentes en el acto, redacten por su cuenta un informe inventado. Tampoco aceptan sobornos, de modo que, tras recibir algo, presenten un informe falso a favor o en contra de alguien. Su condición está por encima de todas estas debilidades morales. Por ello, tanto las personas buenas como las malas deben tener la certeza de que las buenas obras de cada uno serán registradas sin la menor omisión y que no se atribuirá a nadie ningún pecado que no haya cometido.
Después se describe la segunda cualidad de esos ángeles: «Ellos saben todo lo que hacéis». Es decir, su condición no es como la de los agentes de los departamentos CID y DIB del mundo, a quienes, pese a todos sus esfuerzos, muchas cosas siguen siendo desconocidas. Ellos están plenamente informados de las acciones de cada persona. En todo lugar y en toda circunstancia permanecen tan estrechamente junto a cada ser humano que este ni siquiera sabe que alguien lo está vigilando. También saben con qué intención realizó cada persona determinada acción. Por eso, el registro que elaboran es un registro completo, en el que nada deja de quedar consignado. Sobre esto se dice en la aleya 49 de la sura al-Kahf que, el Día de la Resurrección, los pecadores se quedarán asombrados al ver que en el registro de sus obras que se les presenta no se ha omitido nada, ni pequeño ni grande. Verán ante sí, exactamente, todo lo que hicieron. (117)
وَأَخْرَجَتِ الْأَرْضُ أَثْقَالَهَا – وَقَالَ الْإِنْسَانُ مَا لَهَا – يَوْمَئِذٍ تُحَدِّثُ أَخْبَارَهَا – بِأَنَّ رَبَّكَ أَوْحَى لَهَا-( الزلزلة-2-5)
—Y la tierra sacará fuera todas las cargas que contiene. Y el ser humano dirá: «¿Qué le pasa?». Ese día, ella —la tierra— relatará todo lo que haya ocurrido sobre ella, porque tu Rabb le habrá ordenado hacerlo así. (Al-Zilzal: 2-5)
Este es el asunto que se menciona de la siguiente manera en la aleya 4 de la sura al-Inshiqaq:
وَأَلْقَتْ مَا فِيهَا وَتَخَلَّتْ
—Y quedará vacía, arrojando fuera todo lo que contiene.
Esto tiene varios significados. Primero: la tierra sacará fuera a los muertos, allí donde estén sepultados, en la forma y condición en que se encuentren. La frase siguiente indica que, en ese momento, todas las partes separadas y dispersas de sus cuerpos se reunirán y volverán a la vida con la misma forma y apariencia que tenían en su primera vida. Porque, si no fuera así y fueran personas completamente nuevas, ¿cómo podrían decir: «¿Qué le ha pasado a la tierra?»? Si fueran personas nuevas, ¿cuándo habrían visto el estado anterior de la tierra como para pronunciar semejantes palabras?
El segundo significado es que la tierra no se limitará a arrojar fuera solamente a los muertos. También sacará y arrojará fuera el cúmulo de testimonios de sus actos, gestos, movimientos y conducta durante su primera vida, que estaba enterrado dentro de ella.
Después, mediante las frases siguientes, se da a entender precisamente que la tierra relatará lo que haya ocurrido sobre ella.
Un tercer significado: algunos exegetas también han dicho que se extraerán y arrojarán fuera los montones de oro, plata, joyas y toda clase de riquezas que se encuentran bajo tierra, y la gente verá que esas son las cosas por las que se consumió durante su vida en la tierra, por las que cometió tantos asesinatos, usurpó los derechos de quienes tenían derecho a ellos, robó y saqueó, pilló por tierra y por mar, provocó guerras y conflictos, y destruyó a tantas naciones. Ese día, todo ello estará presente ante él, pero no le proporcionará ningún beneficio; al contrario, será únicamente causa de castigo.
En la segunda frase, por «el ser humano» puede entenderse también cada ser humano. Porque, en cuanto vuelvan a la vida, su primera reacción será: «¿Qué está sucediendo?»
Más tarde se les hará evidente la verdad: que este es el Día de la Resurrección. También es posible que por «el ser humano» se aluda a quienes niegan la Otra Vida. Pues aquello que consideraban imposible estará ocurriendo ante sus propios ojos. Como consecuencia, quedarán confundidos y angustiados. En cambio, los creyentes no tendrán motivo alguno para angustiarse, porque todo esto sucede conforme a su credo y su fe.
En la tercera aleya o frase se dice que la tierra relatará su estado, porque su Señor le habrá ordenado hacerlo. Se transmite de Hazrat Abu Huraira (que Allah esté complacido con él) que el Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él), después de recitar esta aleya, preguntó: «¿Sabéis cuál será su estado?». Los Compañeros respondieron: «Allah y Su Mensajero saben mejor». El Profeta dijo: «Su estado será este: la tierra dará testimonio de las obras de cada hombre y de cada mujer que hayan realizado sobre su superficie. Dirá: “Tal persona hizo tal cosa en tal día”. Este será el estado que la tierra relatará». (Musnad Ahmad, Tirmidhi, Nasai, Ibn Yarir, Abd ibn Humayd, Abu al-Mundhir, Hakim, Ibn Marduya, Bayhaqi).
Hazrat Rabiat al-Yurashi dice que el Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: «Cuidaos de la tierra, pues ella es vuestro fundamento original. No hay nadie que realice una obra sobre ella sin que esta informe de su obra, sea buena o mala». (Mu‘yam al-Tabarani).
Hazrat Anas (que Allah esté complacido con él) dice que el Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: «El Día de la Resurrección, la tierra traerá cada obra que se haya realizado sobre su superficie». Luego recitó esta aleya. (Marduya, Bayhaqi).
Se ha relatado acerca de Hazrat Ali (que Allah esté complacido con él) que, cuando distribuía todos los bienes de la Casa del Tesoro y dejaba vacío el tesoro, rezaba dos rak‘at y decía: «Tendrás que dar testimonio de que te llené con lo que era justo y te vacié con lo que era justo». Respecto de la tierra se ha dicho que relatará todo lo que haya ocurrido sobre ella. Para la gente de tiempos antiguos resultaba muy sorprendente pensar cómo hablaría la tierra. Pero en la época actual, en la era de los descubrimientos de la ciencia física, del cine, los altavoces, la radio, la televisión, las grabadoras, la electrónica y demás, no es difícil comprender cómo la tierra relatará su estado. La huella de todo lo que el ser humano dice con la boca queda impresa en el aire, en las ondas luminosas, en las paredes de las habitaciones, en el suelo, en cada partícula del techo, en los campos y llanuras, y en las tierras de cultivo. Cuando Allah quiera, podrá hacer que todos esos sonidos se repitan exactamente tal como salieron de la boca humana. En ese momento, la persona oirá con sus propios oídos que ese es su propio sonido y que le resulta familiar. Todos reconocerán que cuanto están oyendo es el sonido y la voz de aquella misma persona. Después, de cada movimiento que el ser humano haya realizado al hacer algo en cualquier lugar y circunstancia sobre la tierra, habrá quedado una huella en cada objeto que lo rodeaba, y también su imagen habrá quedado grabada en ellos. Aunque haya realizado una obra en una oscuridad total, por el poder de Allah existen rayos de luz de tal naturaleza que no se plantea la cuestión de luz u oscuridad. Él puede captar su imagen en cualquier circunstancia. Todas esas imágenes aparecerán ante la gente el Día de la Resurrección como una película en movimiento y mostrarán qué obras realizó a lo largo de su vida, cuándo y dónde las realizó.
Lo cierto es que, aunque Allah Todopoderoso conoce directamente por Sí mismo las acciones de cada persona, cuando establezca el tribunal en el Más Allá, a quien castigue lo hará después de satisfacer plenamente todas las exigencias de la justicia. El caso que se presente ante Su tribunal contra cada culpable será probado mediante testimonios tan manifiestos que no quedará ninguna posibilidad de discutir su culpabilidad.
En primer lugar, se presentará el registro de las obras de la persona, en el que los Kiraman Katibin, que permanecen constantemente con ella, han ido consignando cada palabra y cada acción. Este registro de las obras se le entregará y se le dirá: «Lee el registro de las acciones de tu vida. Tú mismo bastas para hacerte las cuentas». (Bani Israil: 14) Al leerlo, la persona quedará atónita al comprobar que no hay nada, pequeño ni grande, que no haya sido consignado en él. Después, estará el propio cuerpo de la persona, con cuya ayuda actuó en el mundo. Ante el tribunal de Allah, su propia lengua testificará sobre todo lo que dijo por medio de ella. Sus propias manos y pies testificarán sobre las acciones que realizó con ellos. (Nuh: 24) Sus ojos testificarán sobre todo lo que vio con ellos. Sus oídos testificarán sobre todo lo que escuchó con ellos. Toda la piel de su cuerpo testificará sobre sus acciones. Desconcertada, dirá a sus propios miembros: «¿También vosotros testificáis contra mí?». Sus miembros responderán: «Hoy, por mandato de Allah, todo habla. Por Su mandato, nosotros también hablamos». (Ha-Mim Sajdah: 20-22) Después, también se presentarán testimonios adicionales provenientes de la tierra y de todo lo que la rodea, cuando la persona oiga con sus propios oídos el sonido de su propia voz y vea con sus propios ojos la imagen exacta de sus acciones.
Incluso después de todo esto, se sacarán a la luz y se expondrán las ideas, deseos, anhelos e intenciones que estaban ocultos en el corazón de la persona, y con qué intención realizó sus actos. Como se ha dicho en la sura Al-Adiyat, por eso, después de que se presenten todas estas pruebas irrefutables, claras e innegables, la persona quedará atónita y no tendrá ninguna oportunidad de ofrecer una justificación en su defensa. (Véase la sura Al-Mursalat, versículos 35-36). (118)
وَوُضِعَ الْكِتَابُ فَتَرَى الْمُجْرِمِينَ مُشْفِقِينَ مِمَّا فِيهِ وَيَقُولُونَ يَا وَيْلَتَنَا مَالِ هَذَا الْكِتَابِ لَا يُغَادِرُ صَغِيرَةً وَلَا كَبِيرَةً إِلَّا أَحْصَاهَا وَوَجَدُوا مَا عَمِلُوا حَاضِرًا وَلَا يَظْلِمُ رَبُّكَ أَحَدًا-( الكهف-49)
Y se colocará delante el registro de las obras. Entonces verás que los culpables, aterrorizados al contemplar lo consignado en el libro de sus vidas, dirán: «¡Ay de nuestra desgracia! ¿Qué clase de libro es este, que no deja fuera ninguna de nuestras acciones, ni grandes ni pequeñas, sino que las ha consignado todas?». Encontrarán delante de sí todo lo que hicieron, y tu Señor no será injusto con nadie. (Al-Kahf: 49)
Es decir, nunca ocurrirá que a alguien que no haya cometido un delito se le registre injustamente en el registro de sus obras. Tampoco ocurrirá que alguien sea castigado más de lo que corresponde por su delito, ni que se castigue a un inocente. (119)
وَكُلُّ شَيْءٍ فَعَلُوهُ فِي الزُّبُرِ – وَكُلُّ صَغِيرٍ وَكَبِيرٍ مُسْتَطَرٌ-( القمر-52-53)
Todo lo que hicieron está consignado en los registros. Cada asunto, pequeño o grande, está registrado. (Al-Qamar: 52-53)
Es decir, que estas personas no permanezcan atrapadas en la idea errónea de que sus actos han desaparecido quién sabe dónde. No: se conserva el registro completo de cada individuo, grupo y nación. A su debido tiempo saldrá a la luz. (120)
يَوْمَ يَبْعَثُهُمُ اللَّهُ جَمِيعًا فَيُنَبِّئُهُمْ بِمَا عَمِلُوا أَحْصَاهُ اللَّهُ وَنَسُوهُ وَاللَّهُ عَلَى كُلِّ شَيْءٍ شَهِيدٌ-( المجادلة-6)
(Este castigo humillante tendrá lugar) el día en que Allah resucite a todos y les informe de todo lo que hicieron. Ellos lo han olvidado, pero Allah ha conservado y registrado minuciosamente sus actos; y Allah es testigo de cada cosa. (Al-Muyádila: 6)
Es decir, aunque ellos lo hayan olvidado, el asunto no ha quedado zanjado. Para ellos, desobedecer a Allah y transgredir Sus mandatos puede ser algo tan habitual que, después de hacerlo, ni siquiera lo recuerdan. Más aún, ni siquiera lo consideran algo censurable por lo que deban preocuparse. Pero ante Allah no es algo insignificante. En Su registro ha quedado escrito cada uno de sus actos. Qué persona hizo qué acción, cuándo y con qué propósito; cuál fue su propia reacción después, y dónde y de qué forma aparecieron sus consecuencias: todo ello ha quedado consignado en Su registro. (121)
الْيَوْمَ نَخْتِمُ عَلَى أَفْوَاهِهِمْ وَتُكَلِّمُنَا أَيْدِيهِمْ وَتَشْهَدُ أَرْجُلُهُمْ بِمَا كَانُوا يَكْسِبُونَ-( يس-65)
-Hoy les sellamos la boca. Sus manos hablarán con Nosotros y sus pies darán testimonio de lo que habían ganado en el mundo. (Yasin: 65)
Esta orden se dará en el caso de esos criminales empedernidos que se nieguen a reconocer su culpa, consideren falsas las pruebas y tampoco acepten la autenticidad del registro de sus obras. Entonces Allah ordenará: «Bien, dejad de parlotear y ved qué informe presentan las partes de vuestro cuerpo sobre vuestras acciones». (122)
يَوْمَ تَشْهَدُ عَلَيْهِمْ أَلْسِنَتُهُمْ وَأَيْدِيهِمْ وَأَرْجُلُهُمْ بِمَا كَانُوا يَعْمَلُونَ-(النور-24)
(Para que no olviden aquel día) en que sus rostros, sus manos y sus pies darán testimonio de sus obras. (An-Nur: 24)
Aquí surge la pregunta: en la aleya antes mencionada de la sura Ya-Sin, Allah dice: «Sellaremos sus bocas». En cambio, en la sura An-Nur se dice que sus bocas darán testimonio. ¿Cómo se puede conciliar ambas afirmaciones?
La respuesta es que sellar sus bocas significa privarlos del derecho a hablar. Es decir, después ya no podrán hablar según su propia voluntad. Que sus bocas den testimonio significa que ellas mismas comenzarán a relatar qué actos cometieron esos injustos, qué formas de incredulidad practicaron, qué mentiras dijeron, qué sediciones provocaron y qué palabras pronunciaron con sus bocas en cada ocasión. (123)
حَتَّى إِذَا مَا جَاءُوهَا شَهِدَ عَلَيْهِمْ سَمْعُهُمْ وَأَبْصَارُهُمْ وَجُلُودُهُمْ بِمَا كَانُوا يَعْمَلُونَ-وَقَالُوا لِجُلُودِهِمْ لِمَ شَهِدْتُمْ عَلَيْنَا قَالُوا أَنْطَقَنَا اللَّهُ الَّذِي أَنْطَقَ كُلَّ شَيْءٍ وَهُوَ خَلَقَكُمْ أَوَّلَ مَرَّةٍ وَإِلَيْهِ تُرْجَعُونَ-(حم السجده-20-21)
-Entonces, cuando todos hayan llegado allí, sus oídos, sus ojos y la piel de sus cuerpos darán testimonio contra ellos de todo lo que hacían en el mundo. Preguntarán a la piel de sus propios cuerpos: «¿Por qué habéis testificado contra nosotros?». Ella responderá: «Nos ha dado la capacidad de hablar el mismo Dios que ha otorgado el poder de hablar a todas las cosas. Él os creó por primera vez y hacia Él seréis devueltos». (Hamim As-Sayda: 20-21)
En los hadices se ha explicado que, cuando un criminal empedernido y obstinado siga negando su crimen y rechazando como falsas todas las pruebas y testimonios, por orden de Allah sus miembros darán testimonio uno tras otro de los actos que cometió con ellos. Esto fue transmitido del Profeta por Anas, Abu Musa al-Ashari, Abu Sa’id al-Judri e Ibn Abbas —que Allah esté complacido con ellos—, y eruditos del hadiz como Muslim, Ibn Yarrayr, Ibn Abi Hatim y al-Bazzar, entre otros, registraron esta narración.
Esta aleya es una de aquellas que demuestran que el Más Allá no es únicamente un mundo espiritual; allí el ser humano será resucitado de nuevo con cuerpo y alma, tal como existe ahora en el mundo. Más aún, se le dará el mismo cuerpo en el que existe actualmente. Los miembros y las partículas de los que está compuesto su cuerpo en este mundo serán reunidos el Día de la Resurrección, y será levantado con su cuerpo anterior, el mismo con el que realizó sus obras en el mundo. Es evidente que los miembros del ser humano solo podrán dar testimonio allí en ese estado si son los mismos miembros con los que cometió sus delitos durante su vida terrenal. Las siguientes aleyas también presentan argumentos concluyentes sobre este tema: Bani Isra’il: 49-51, 98; Al-Mu’minun: 35-38, 82-83; An-Nur: 24; As-Sayda: 10; Ya-Sin: 65, 78-79; As-Saffat: 16-18; Al-Waqi’a: 47-50; An-Nazi’at: 10-14. (124)
إِنَّا نَحْنُ نُحْيِي الْمَوْتَى وَنَكْتُبُ مَا قَدَّمُوا وَآثَارَهُمْ وَكُلَّ شَيْءٍ أَحْصَيْنَاهُ فِي إِمَامٍ مُبِينٍ-(يس-12)
Ciertamente, un día resucitaremos a los muertos. Estamos registrando todas las obras que han realizado, y también conservamos las huellas que han dejado atrás. Hemos consignado cada cosa en un Libro manifiesto. (Yasin: 12)
De esto se sabe que el Libro de las obras de cada ser humano será consignado de tres maneras. La primera es que Allah registra en el libro todo lo bueno y lo malo que cada persona hace. La segunda: todo lo que el ser humano imprime en los objetos que lo rodean y en los miembros de su propio cuerpo queda conservado. Entonces, en ese momento, todas esas imágenes se manifestarán de tal modo que se podrá oír su propio sonido. Podrá ver grabado en el corazón un relato completo de sus propios pensamientos, deseos y anhelos. La tercera: después de su muerte, la influencia de sus buenas y malas obras sobre sus descendientes futuros, sobre su sociedad y sobre toda la humanidad seguirá siendo registrada en su libro de cuentas durante todo el tiempo y en todos los lugares en que dicha influencia permanezca vigente. Se seguirá elaborando un registro completo de las buenas o malas enseñanzas que haya transmitido a sus hijos, del bienestar o la corrupción que haya difundido en su sociedad, y de las flores o espinas que haya sembrado para la humanidad, mientras la cosecha que plantó continúe dando en el mundo sus buenos o malos frutos. (125)
وَتَرَى كُلَّ أُمَّةٍ جَاثِيَةً كُلُّ أُمَّةٍ تُدْعَى إِلَى كِتَابِهَا الْيَوْمَ تُجْزَوْنَ مَا كُنْتُمْ تَعْمَلُونَ – هَذَا كِتَابُنَا يَنْطِقُ عَلَيْكُمْ بِالْحَقِّ إِنَّا كُنَّا نَسْتَنْسِخُ مَا كُنْتُمْ تَعْمَلُونَ-(الجاثية-28-29)
—Ese día verás a todos los pueblos arrodillados. A cada grupo se le llamará y se le dirá: «Venid y contemplad vuestro Libro de las obras». Se les dirá: «Hoy recibiréis la retribución por las obras que realizabais». Este es el Libro de las obras que hemos elaborado, que da testimonio veraz sobre vosotros. Estábamos registrando todo lo que hacíais. (Yasiya: 28-29)
No existe únicamente un método para registrar algo: escribirlo sobre papel. El propio ser humano ya ha descubierto en este mismo mundo diversos métodos para representar las palabras y las acciones de las personas y volver a presentarlas exactamente con su misma forma y apariencia, y ni siquiera podemos imaginar qué otras posibilidades ocultas habrá en el futuro que el ser humano podrá dominar. Ahora bien, ¿quién puede saber mediante qué métodos Allah hace que quede grabada cada palabra, cada movimiento y gesto del ser humano, así como cada asunto sumamente secreto de sus pensamientos, deseos, voluntad y anhelos? (126)
وَإِذَا الرُّسُلُ أُقِّتَتْ-(المرسلات-11)
—Y cuando llegue el momento de que los Mensajeros comparezcan. (Mursalat: 11)
En diversos lugares del Noble Corán se ha dicho que, cuando el caso de la humanidad sea presentado en el campo de la Resurrección, se hará comparecer a los Mensajeros de cada pueblo para que den testimonio de que transmitieron el mensaje de Allah a sus pueblos. Este será el primer y más contundente argumento de Allah contra los extraviados y pecadores, mediante el cual se demostrará que ellos mismos son responsables de su conducta errónea. Por parte de Allah no se habrá dejado nada sin hacer para advertirles. Como ejemplo, véase la explicación de los siguientes versículos: sura Al-Araf: 172-173; Az-Zumar: 69; Al-Mulk: 8. (127)
وَوُضِعَ الْكِتَابُ وَجِيءَ بِالنَّبِيِّينَ وَالشُّهَدَاءِ وَقُضِيَ بَيْنَهُمْ بِالْحَقِّ وَهُمْ لَا يُظْلَمُونَ-(الزمر-69)
—Y se traerá y colocará el registro de las obras. Se hará comparecer a los profetas y a todos los testigos. Se juzgará entre las personas con absoluta justicia, y no se cometerá ninguna injusticia contra ellas. (Zumar: 69)
Los profetas testificarán que transmitieron el mensaje de Dios. En cuanto a los demás testigos, se refiere a aquellas personas que testificarán que, después de los profetas, transmitieron el mensaje de Dios a la gente. También habrá testigos que darán testimonio de las obras de las personas. No es necesario que estos testigos sean únicamente seres humanos. Los ángeles, los genios, los animales y las aves, las extremidades humanas, las casas y las moradas, las plantas y los árboles, la tierra y las piedras: todos estarán incluidos entre esos testigos. (128)
أَفَلَا يَعْلَمُ إِذَا بُعْثِرَ مَا فِي الْقُبُورِ-وَحُصِّلَ مَا فِي الصُّدُورِ-( العاديات-9-10)
—¿Acaso no sabe cuándo será el momento en que se saque lo que está sepultado en las tumbas y se extraiga y examine todo cuanto está oculto en los corazones? (Adiyat: 9-10)
Es decir, después de la muerte, la persona fallecida será sacada del lugar y del estado en que se encuentre y resucitada con forma humana. Se descubrirán y expondrán todos los deseos, anhelos, intenciones, propósitos, ideas y pensamientos ocultos en su interior, así como los motivos que estaban detrás de sus actos manifiestos. Luego se examinarán y clasificarán, separando lo bueno de lo malo. En otras palabras, el juicio no se basará únicamente en el aspecto exterior, considerando lo que la persona hizo en la práctica; también se pondrán al descubierto los secretos ocultos en su corazón, para mostrar con qué intención y propósito realizó cada acto. Al reflexionar sobre este asunto, nadie puede dejar de reconocer que la justicia verdadera y perfecta no se encuentra en ningún lugar salvo en el tribunal de Dios.
Incluso las leyes seculares del mundo consideran, en principio, necesario que una persona no sea castigada basándose únicamente en sus actos externos. También debe examinarse con qué intención realizó ese acto. Sin embargo, ningún tribunal del mundo posee los medios necesarios para conocer exactamente la intención de una persona. Solo Allah, el Altísimo, puede examinar también la motivación oculta que opera detrás de cada acto externo del ser humano y decidir después qué castigo o recompensa merece.
Además, las palabras de la aleya ponen de manifiesto que esta decisión no se basará únicamente en el conocimiento que Allah, el Altísimo, tenía de los deseos y las intenciones del corazón. Por el contrario, el Día de la Resurrección se descubrirán estos secretos y se expondrán públicamente ante todos; luego, en el tribunal público, serán examinados para determinar cuánto bien y cuánto mal había en ellos. Por esta razón,تحصيل se ha empleado la expresión حصل ما فى الصدور también significa sacar algo al exterior, como extraer la médula después de quitar la fibra o la cáscara. Luego también se separan unas cosas de otras, recortándolas y distinguiéndolas. Por tanto, para conocer los secretos del corazón se emplean ambos sentidos: descubrirlos y exponerlos, y separar lo bueno de lo malo mediante su clasificación. (129)
يَوْمَ تُبْلَى السَّرَائِرُ – فَمَا لَهُ مِنْ قُوَّةٍ وَلَا نَاصِرٍ – وَالسَّمَاءِ ذَاتِ الرَّجْعِ وَالْأَرْضِ ذَاتِ الصَّدْعِ – إِنَّهُ لَقَوْلٌ فَصْلٌ – وَمَا هُوَ بِالْهَزْلِ-(الطارق-9-14)
—El día en que se examinen los secretos ocultos, el ser humano no tendrá fuerza propia ni ningún auxiliador. Juro por el cielo que hace descender la lluvia y por la tierra que se hiende (cuando germinan los cultivos): esto es una palabra decisiva, no una broma. (At-Táriq: 9-14)
Los secretos ocultos se refieren a todas aquellas obras de cada persona que permanecieron como un secreto en el mundo, así como a aquellas acciones que se manifestaron ante el mundo en su forma externa, pero cuyas intenciones, objetivos y deseos operantes detrás de ellas, así como las emociones internas que las impulsaron, permanecieron ocultos para la gente. El Día de la Resurrección, todo ello quedará expuesto y saldrá a la luz. El examen no consistirá únicamente en determinar qué hizo una persona, sino también por qué lo hizo, en interés de qué, con qué intención y con qué propósito. Del mismo modo, ha permanecido oculto para todo el mundo, incluso para quien realizó la acción, qué efecto tuvo en el mundo la obra que hizo, hasta dónde llegó y cuánto tiempo perduró. Este misterio también será desvelado el Día de la Resurrección, y se examinará minuciosamente qué semilla había sembrado en el mundo una persona, en qué campos y durante cuánto tiempo había producido su cosecha, y quiénes la habían llevado a sus hogares.
El significado de la última frase es que, así como la lluvia que cae del cielo y la tierra que se hiende para que de ella broten las plantas no son motivo de risa ni de diversión, sino una realidad, del mismo modo, aquello de lo que habla el Corán —que el ser humano tendrá que regresar de nuevo a su Señor— no es motivo de risa ni de diversión, sino una afirmación absolutamente cierta, una realidad irrefutable y una verdad eterna que necesariamente se cumplirá. (130)
يُنَبَّأُ الْإِنْسَانُ يَوْمَئِذٍ بِمَا قَدَّمَ وَأَخَّرَ – بَلِ الْإِنْسَانُ عَلَى نَفْسِهِ بَصِيرَةٌ – وَلَوْ أَلْقَى مَعَاذِيرَهُ-(القيامة-13-15)
—Ese día se le informará al ser humano de todas sus obras anteriores y posteriores. Más bien, el ser humano se conoce perfectamente a sí mismo, por más excusas y objeciones que presente. (Al-Qiyamah: 13-15)
Las palabras exactas son بما قدم واجر Esta es una expresión de significado amplio que puede tener varios sentidos. Probablemente se haya expresado con todos ellos. Uno de sus sentidos es que ese día se le informará al ser humano de qué obras buenas o malas había realizado y enviado por adelantado para la Otra Vida antes de morir, durante su vida mundana, y también se le presentará el registro del efecto que sus obras buenas o malas habían dejado tras de sí, un efecto que había perdurado durante mucho tiempo entre las generaciones futuras.
El segundo sentido es que se le informará de todo aquello que debía hacer pero no hizo, y de todo aquello que no debía hacer pero hizo.
El tercer significado es que se presentará, con un registro minucioso de todo lo que hizo primero y de todo lo que hizo después, junto con las fechas y los años correspondientes.
El cuarto significado es que se le informará tanto de las buenas obras como de las malas obras que haya realizado, y también se le hará saber de qué buenas obras o malas obras se abstuvo.
Sin embargo, el propósito real de poner ante el ser humano su libro de obras no será simplemente informar al culpable de sus faltas. Más bien, será necesario hacerlo porque la exigencia de la justicia no puede cumplirse sin demostrar el delito ante el tribunal. De lo contrario, cada persona sabe perfectamente quién es en realidad. Un mentiroso puede engañar a todo el mundo, pero él mismo sabe que está mintiendo. Un ladrón puede emplear innumerables artimañas para ocultar su robo, pero ante su propia conciencia no permanece oculto que es un ladrón. Un extraviado puede presentar mil argumentos y pruebas para convencer a la gente de que el kufr, el ateísmo o el shirk en los que cree son, en realidad, su convicción sincera. Pero su propia conciencia no ignora qué apego tiene a esas creencias ni qué es lo que realmente le impide comprender su error y aceptarlo. Un opresor, una persona desleal, un libertino y quien consume lo prohibido pueden intentar también acallar la voz de su conciencia presentando diversas excusas y justificaciones por sus malas acciones, para impedir que ella los censure y hacer que acepte que, en verdad, existen ciertas coacciones, algunas conveniencias y determinadas necesidades que los llevan a hacer todo eso. A pesar de ello, sabe perfectamente a quién ha oprimido y de quién ha usurpado un derecho. Por eso, cuando sean presentados ante el tribunal del Más Allá, todo incrédulo, todo hipócrita, todo pecador y todo criminal sabrá por sí mismo en qué condición se encuentra de pie ante Dios. (131)
فَإِذَا جَاءَتِ الطَّامَّةُ الْكُبْرَى – يَوْمَ يَتَذَكَّرُ الْإِنْسَانُ مَا سَعَى-(النازعات-34-35)
-Entonces, cuando ocurra la gran calamidad, ese día el ser humano recordará todas sus obras. (An-Nazi‘at: 34-35)
Es decir, cuando el ser humano vea que ha llegado el día del juicio del que se le había advertido en el mundo, antes incluso de recibir en sus manos su libro de obras, comenzará a recordar, una tras otra, todas las cosas que hizo en el mundo. Algunas personas tienen en este mismo mundo la experiencia de que, cuando de repente se enfrentan a una situación tan peligrosa que la muerte parece estar muy cerca, la imagen de toda su vida se refleja súbitamente en el espejo de su corazón. (132)
وَجِيءَ يَوْمَئِذٍ بِجَهَنَّمَ يَوْمَئِذٍ يَتَذَكَّرُ الْإِنْسَانُ وَأَنَّى لَهُ الذِّكْرَى-يَقُولُ يَا لَيْتَنِي قَدَّمْتُ لِحَيَاتِي-(الفجر-23-24)
-Y ese día se hará comparecer al Infierno. Ese día el ser humano lo comprenderá todo. Pero ¿de qué le servirá comprenderlo entonces? Dirá: «¡Ay de mí! ¡Ojalá hubiera enviado algo por adelantado para esta vida!». (Al-Fayr: 23-24)
—La primera aleya o frase puede tener dos significados. Uno es que ese día la gente recordará todo lo que hizo en el mundo y se arrepentirá de ello. Pero eso no le servirá de nada. El segundo significado es que ese día la gente recobrará el sentido y comprenderá que todo lo que dijeron los profetas era cierto, y que fue una necedad no aceptar sus palabras. Pero recobrar el sentido y comprender su error ese día no le servirá de nada.
عَلِمَتْ نَفْسٌ مَا قَدَّمَتْ وَأَخَّرَتْ-( الانفطار-5)
—En ese momento, cada persona sabrá todas las obras que realizó antes y después. (Al-Infitar: 5)
– مَا قَدَّمَتْ وَأَخَّرَتْ puede tener varios significados. Todos ellos se emplean aquí. Por ejemplo:
1. Lo bueno o malo que una persona ha hecho y enviado por adelantado es مَا قَدَّمَتْ y lo que se abstuvo de hacer es أَخَّرَتْ مَاEn este sentido, estas palabras son equivalentes a las palabras inglesas COMMISSION y OMISSION.
2. Lo que hizo primero es ما قدمت y lo que hizo después es ما اخرتes decir, la lista completa de las actividades humanas se publicará en orden, con año y fecha.
3. Las obras buenas y malas que una persona realizó durante su vida son ما قدمت y los efectos de esas obras que dejó tras de sí en la sociedad humana son (134) ما اخرت
يَوْمَئِذٍ يَصْدُرُ النَّاسُ أَشْتَاتًا لِيُرَوْا أَعْمَالَهُمْ – فَمَنْ يَعْمَلْ مِثْقَالَ ذَرَّةٍ خَيْرًا يَرَهُ – وَمَنْ يَعْمَلْ مِثْقَالَ ذَرَّةٍ شَرًّا يَرَهُ-( الزلزلة-6-8)
Ese día, las personas regresarán en diferentes estados, para que se les muestren sus obras. Entonces, quien haya hecho una bondad, aunque sea del peso más ínfimo, la verá; y quien haya cometido un pecado, aunque sea del peso más ínfimo, lo verá. (Az-Zilzal: 6-8)
La primera frase puede tener dos significados. Uno es que cada persona comparecerá sola, como individuo. La familia, el grupo, la alianza y la nación quedarán separados. Esto también se menciona en otros pasajes del Corán. Por ejemplo, en la sura Al-Anam se dice que ese día Allah dirá a la gente: «Ahora habéis comparecido ante Nosotros solos, tal como os creamos la primera vez». (Aleya 94). En la sura Maryam se dice: «Vendrán a Nosotros solos» (aleya 80). «Cada uno de ellos comparecerá solo ante Allah el Día de la Resurrección». (Aleya 95)
El segundo significado es que quienes hayan muerto en distintos lugares durante miles de años continuarán llegando en grupos desde todos los rincones de la tierra. Así se dice en la sura An-Naba: «El día en que se sople el cuerno, acudiréis en grupos». (Aleya 18)
Mostrarles sus obras significa que a cada persona, recta o impía, se le entregará su registro de obras, para que vea qué hizo en el mundo. En diversos pasajes del Sagrado Corán se ofrece una explicación detallada de que a todos —incrédulos y creyentes, virtuosos y pecadores, obedientes y desobedientes— se les entregará su registro de obras. (Véanse Al-Haqqa, aleyas 19 y 25, e Al-Inshiqaq, aleyas 7-10).
Debe señalarse que no hay diferencia entre mostrarle a alguien sus obras y entregarle su registro de obras. Además, cuando la tierra presente los acontecimientos ocurridos sobre ella, se hará manifiesto ante todos el cuadro completo del conflicto entre la verdad y la falsedad, que se prolongó desde el comienzo de los tiempos hasta la Resurrección. Todos verán entonces qué hicieron quienes lucharon por la verdad y qué esfuerzos desplegaron, frente a ellos, los partidarios de la falsedad. Tampoco es imposible que las personas oigan con sus propios oídos todos los discursos y palabras de quienes llamaban a la guía y de quienes difundían el extravío. El registro completo y exacto de los escritos propagandísticos y de la literatura de ambos bandos será colocado ante todos. Las multitudes del campo de la reunión verán con sus propios ojos todas las escenas de la opresión y persecución de los partidarios de la falsedad contra los partidarios de la verdad, así como todos los conflictos y enfrentamientos ocurridos entre ambos.
Luego se dice que quien haya hecho una mínima obra recta también la verá, y que quien haya hecho una mínima obra injusta también la verá. El significado sencillo, y enteramente correcto, es que ninguna obra buena o mala, por insignificante que sea, quedará excluida del registro de obras de una persona. Sin duda la verá. Pero si se entiende «ver» como recibir y contemplar la recompensa o el castigo, entonces sería completamente erróneo interpretarlo en el sentido de que, en la Otra Vida, se concederá a cada persona por separado la recompensa de cada bondad insignificante y el castigo de cada pecado insignificante. Allí nadie será privado de la recompensa de sus buenas obras ni quedará exento del castigo de sus pecados. En primer lugar, esto significaría que el castigo de cada mala acción y la recompensa de cada buena acción se concederían por separado. En segundo lugar, significaría que incluso un creyente muy virtuoso no podría librarse del castigo de ninguna falta menor, y que ni siquiera el peor incrédulo, opresor y malhechor quedaría privado de la recompensa de ninguna buena acción insignificante. Ambas interpretaciones contradicen las explicaciones y exégesis del Corán y del Hadiz, y la razón tampoco acepta que eso sea exigido por la justicia. Considérenlo con sensatez: ¿cómo podría aceptarse que un sirviente o empleado suyo sea sumamente fiel y dedicado, pero que usted no perdone ninguno de sus errores insignificantes y, al mismo tiempo que le pague y recompense cada servicio, le imponga también, contando uno por uno, el castigo por cada error? Del mismo modo, tampoco resulta razonable que un criado de su casa, criado y educado por usted y objeto de su gran benevolencia, lo traicione y corresponda a sus favores con ingratitud, pero que usted ignore su conducta general y le imponga un castigo separado por cada traición y una recompensa separada por cada servicio, ya consistiera este en traer un poco de agua en alguna ocasión o en abanicarlo. Queda ahora el asunto del Corán y el Hadiz. El Corán y el Hadiz exponen detalladamente un sistema de recompensas y castigos para diversas clases de personas: creyentes, hipócritas, incrédulos, creyentes virtuosos, creyentes pecadores, creyentes opresores y perversos, incrédulos puros, incrédulos que provocan corrupción, opresores y otros. Estas recompensas y castigos regulan la totalidad de la vida humana, desde este mundo hasta la Otra Vida.
A este respecto, el Corán explica detalladamente ciertos principios. Primero: las obras de los incrédulos, politeístas e hipócritas —obras que se consideran buenas— serán anuladas. En la Otra Vida no recibirán ninguna recompensa por ellas. Si les correspondía alguna recompensa, ya la recibirán en este mundo. Como ejemplos, véanse Al-Araf: 127; At-Tawba: 17, 67-69; Hud: 15-16; Ibrahim: 18; Al-Kahf: 104-105; An-Nur: 39; Al-Furqan: 23; Al-Ahzab: 19; Az-Zumar: 65; Al-Ahqaf: 20.
Segundo: el castigo por un pecado será equivalente al pecado cometido. Pero la recompensa por una buena obra será mayor que la obra realizada. Incluso se explica en algunos pasajes que la recompensa de cada buena obra será multiplicada por diez. También se dice en otros que Allah aumentará la recompensa de las buenas obras tanto como quiera. (Véanse Al-Baqara: 261; Al-Anam: 16; Yunus: 66-67; An-Nur: 38; Al-Qasas: 48; Saba: 37; Al-Mumin: 40).
En tercer lugar: si el creyente se abstiene de los pecados graves, se le perdonarán sus pecados menores. (Véanse: An-Nisá: 31; Ash-Shura: 37; An-Najm: 32).
En cuarto lugar: al creyente piadoso se le hará un juicio fácil. Sus malas acciones serán pasadas por alto y será recompensado por sus mejores obras. (Véanse: Al-Ankabut: 7; Az-Zumar: 35; Al-Ahqaf: 16; Al-Inshiqaq: 8).
Los hadices aclaran aún más este asunto. Hazrat Anas (ra) relata que, en cierta ocasión, Hazrat Abu Bakr (ra) estaba comiendo con el Profeta (sa). En ese momento fue revelado este versículo (el último versículo de Az-Zálzala). Hazrat Abu Bakr (ra) retiró la mano de la comida y preguntó: «¡Oh, Mensajero de Allah (sa)! ¿Veré la recompensa incluso de los errores y faltas más insignificantes que haya cometido?». El Profeta (sa) respondió: «¡Oh, Abu Bakr (ra)! Lo que te sobrevenga de aquello que te resulte insoportable será la compensación por esas insignificantes faltas que hayas cometido, mientras que las buenas acciones, aunque sean pequeñas, que poseas, Allah Ta‘ala las ha reservado para ti en la otra vida» (Ibn Yarir, Ibn Abi Hatim, At-Tabarani en Al-Awsat, Al-Bayhaqi en Ash-Shu‘ab, Ibn al-Mundhir, Al-Hakim, Ibn Marduyah, Abd bin Hamid).
A propósito de este versículo, el Mensajero de Allah (sa) dijo a Hazrat Abu Ayyub Ansari (ra): «Quienquiera de vosotros haga una buena acción tendrá su recompensa en la otra vida. Y quien cometa cualquier clase de pecado sufrirá su castigo ya en este mundo, en forma de calamidades y enfermedades» (Ibn Marduyah). Qatada citó, transmitiéndolo de Hazrat Anas (ra), estas palabras del Mensajero de Allah (sa): «Allah Ta‘ala no obra injustamente con el creyente. En este mundo, al proporcionarle sustento a cambio de sus buenas acciones, se salda la recompensa de sus buenas obras. Después, cuando llegue la Resurrección, no quedará ninguna buena acción en su cuenta» (Ibn Yarir).
Masruq relata que Hazrat Aisha (ra) preguntó al Mensajero de Allah (sa): «Abdullah bin Yud‘an trataba bien a sus parientes en la época de la ignorancia, alimentaba a los necesitados, hospedaba a los invitados y liberaba a los prisioneros. ¿Le serán beneficiosas estas acciones en la otra vida?»
El Profeta (sa) dijo: «No. Antes de morir, nunca dijo:
(Árabe***********344*************)
«¡Oh, Dios! Perdona mis pecados el Día del Juicio» (Ibn Yarir).
El Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) también dio una respuesta de este tipo respecto de algunas otras personas que realizaban buenas obras en la época de la ignorancia, pero que murieron en estado de incredulidad y politeísmo. Sin embargo, por algunas declaraciones del Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) se sabe que las buenas obras de un incrédulo no podrán salvarlo del castigo del Infierno, aunque no recibirá un castigo tan severo como el que se impondrá a los incrédulos injustos, pecadores y malhechores. Así, según un hadiz, Hatim al-Ta’i recibirá un castigo leve por su generosidad. (Ruh al-Ma‘ani)
No obstante, este versículo hace que el ser humano sea consciente de una realidad de gran importancia: cada buena acción, por insignificante que parezca, tiene su propia importancia y dignidad. Lo mismo ocurre con las malas acciones: incluso un pecado pequeño forma parte del cómputo y no debe ser tratado como algo que pueda ignorarse. Por ello, no se debe abandonar una buena acción pequeña por considerarla insignificante, pues muchas buenas acciones de este tipo pueden reunirse y ser consideradas una gran buena acción en el registro de Allah. Del mismo modo, no se deben cometer pecados pequeños, porque muchos pecados pequeños pueden acumularse hasta convertirse en un montón de pecados. Esto mismo fue declarado por el Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) en diversos hadices. En Bujari y Muslim se cita la narración de ‘Adi ibn Hatim (que Allah esté complacido con él), según la cual el Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: «Protegeos del fuego del Infierno, aunque sea dando un trozo de dátil o pronunciando una buena palabra». También se ha transmitido auténticamente otra declaración del Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él), narrada por ‘Adi ibn Hatim (que Allah esté complacido con él): «No consideres insignificante ninguna buena obra, aunque consista en verter un poco de agua en el recipiente de alguien que la necesita, o en encontrarte con tu hermano con una sonrisa».
En Bujari se encuentra una narración de Abu Huraira (que Allah esté complacido con él), según la cual el Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) se dirigió a las mujeres y dijo: «¡Oh mujeres musulmanas! Que ninguna vecina considere insignificante enviarle algo a su vecina, aunque solo sea una pezuña de cabra».
En el Musnad de Ahmad, al-Nasa’i e Ibn Maya se encuentra una narración de Aisha (que Allah esté complacido con ella), según la cual el Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) decía: «Oh Aisha (que Allah esté complacido con ella), aléjate también de los pecados que se consideran pequeños, porque Allah pedirá cuentas incluso por ellos». En el Musnad de Ahmad se encuentra una narración de Abdullah ibn Mas‘ud (que Allah esté complacido con él), según la cual el Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: «¡Cuidado! Alejaos de los pecados pequeños, porque serán reunidos para las personas y acabarán destruyéndolas». (135)
En el Más Allá, nadie podrá servir de ayuda a nadie
La última cuestión importante que el Corán menciona acerca del Más Allá es que allí nadie podrá servir de ayuda a nadie. Cada uno estará preocupado únicamente por sí mismo. Nadie pensará en salvar a su padre, hijo, hermano, esposo, esposa, amigos, discípulo o maestro espiritual. Cada persona cargará con el peso de sus propias obras. Nadie cargará siquiera con una cantidad mínima del peso de otro. El principio de justicia de Allah no impondrá la carga de uno sobre otro. En ese momento, el juicio estará únicamente en manos de Allah, el Dueño del Día del Juicio. Ese día nadie tendrá poder para hablar; pero si Allah concede permiso a alguien, solo dirá la verdad.
وَلَا تَزِرُ وَازِرَةٌ وِزْرَ أُخْرَى وَإِنْ تَدْعُ مُثْقَلَةٌ إِلَى حِمْلِهَا لَا يُحْمَلْ مِنْهُ شَيْءٌ وَلَوْ كَانَ ذَا قُرْبَى-( فاطر-18)
—Ningún portador de una carga llevará la carga de otro. Si alguien agobiado por una carga llama a otro para que la levante, nadie acudirá a llevar ni siquiera una pequeña parte de ella, aunque se trate de un pariente muy cercano. (Fátir: 18)
El significado de carga es el de la carga de la responsabilidad por las acciones. Es decir, cada persona es responsable de sus propios actos. A cada uno se le impone la responsabilidad de sus propias acciones. No existe posibilidad alguna de que la responsabilidad de una persona sea impuesta por Allah sobre otra. Tampoco es posible que alguien cargue sobre sus propios hombros con la responsabilidad de otra persona y se exponga a ser castigado por su delito para salvarla. Esto se dijo aquí porque, en La Meca, los familiares y miembros del clan de quienes aceptaban el islam les decían: «Abandonad esta nueva religión por nuestra insistencia y manteneos firmes en la religión de vuestros padres y antepasados. Su castigo y su recompensa correrán por nuestra cuenta».
En la primera frase se describe la ley de la justicia de Allah: no hará responsable a una persona por el pecado de otra. Más bien, cada uno será considerado responsable de su propio pecado. En la frase siguiente se dice que quienes hoy afirman: «Seguid cometiendo actos de incredulidad y pecado bajo nuestra responsabilidad; el Día de la Resurrección cargaremos con el peso de vuestros pecados», en realidad están dando una falsa promesa. Cuando tenga lugar la Resurrección y la gente vea qué consecuencias afronta por sus propias acciones, todos se llenarán de preocupación. El hermano se apartará de su hermano y el padre de su hijo. Nadie estará dispuesto a cargar sobre sus propios hombros ni siquiera con el peso equivalente a una partícula del pecado de otro. (136)
يَوْمَ يَفِرُّ الْمَرْءُ مِنْ أَخِيهِ – وَأُمِّهِ وَأَبِيهِ – وَصَاحِبَتِهِ وَبَنِيهِ – لِكُلِّ امْرِئٍ مِنْهُمْ يَوْمَئِذٍ شَأْنٌ يُغْنِيهِ-( عبس-34-37)
-Ese día el hombre huirá de su propio hermano, de su madre, de su padre, de su esposa y de sus hijos. Ese día, todos ellos se encontrarán en una situación tan angustiosa que no tendrán conciencia para preocuparse por nadie salvo por sí mismos. (Abasa: 34-37)
El significado de huir es que, aquel día, al ver a sus amigos más queridos en peligro, en lugar de ayudarles huirán para que no puedan llamarles en busca de auxilio. También puede significar que, en el mundo, al no temer a Dios y permanecer indiferentes ante la otra vida, cometían pecados por consideración mutua y se extraviaban unos a otros. Ahora, al ver ante sí las consecuencias, cada uno huirá del otro para que no puedan hacerles cargar con la responsabilidad de sus pecados y su extravío. El hermano temerá al hermano, los hijos a sus padres, el esposo a su esposa y los padres a sus hijos, por miedo a que esos desdichados sean testigos contra ellos en el proceso. (137)
وَلَا يَسْأَلُ حَمِيمٌ حَمِيمًا- يُبَصَّرُونَهُمْ يَوَدُّ الْمُجْرِمُ لَوْ يَفْتَدِي مِنْ عَذَابِ يَوْمِئِذٍ بِبَنِيهِ – وَصَاحِبَتِهِ وَأَخِيهِ – وَفَصِيلَتِهِ الَّتِي تُؤْوِيهِ – وَمَنْ فِي الْأَرْضِ جَمِيعًا ثُمَّ يُنْجِيهِ-( المعارج-10-14)
-Ningún amigo íntimo preguntará por otro amigo íntimo. Sin embargo, se les hará verse unos a otros. El culpable querrá, para salvarse del castigo de aquel día, ofrecer como rescate a sus propios hijos, a su esposa, a su hermano, a sus parientes más cercanos que le daban refugio y a todos los habitantes de la tierra, con la esperanza de que este recurso le conceda la salvación. (Al-Ma’arij: 10-14)
Es decir, no ocurrirá que no puedan verse unos a otros; por eso no preguntarán. Al contrario, verán con sus propios ojos la desgracia en la que han caído. Después no preguntarán más, porque la desgracia pesa sobre sus propios hombros. En cambio, querrán ofrecer a todos como rescate para salvarse ellos mismos. (138)
مَا لِلظَّالِمِينَ مِنْ حَمِيمٍ وَلَا شَفِيعٍ يُطَاعُ-(المؤمن-18)
-Para los injustos no habrá ningún amigo ni intercesor cuya intercesión sea escuchada. (Mumin: 187)
Por injusto se entiende toda persona que ha obrado injustamente contra la verdad y ha adoptado el camino de la falsedad.
La palabra del versículo citado حميمsignifica el amigo de una persona que, al verla atacada, se indigna y se apresura a protegerla. La última afirmación se hizo para refutar la creencia de los incrédulos sobre la intercesión. La realidad es que allí los injustos no tendrán ningún intercesor en absoluto. Pues, si alguien recibe permiso para interceder, solo podrán hacerlo los siervos piadosos de Alá. Y los siervos piadosos de Alá jamás pueden ser amigos de los incrédulos, politeístas y pecadores, de modo que piensen en interceder para protegerlos. Sin embargo, puesto que los incrédulos, los politeístas y los extraviados generalmente tenían —y todavía tienen— la creencia de que los santos a cuyo manto se aferran jamás permitirán que entren en el Infierno; al contrario, se interpondrán como una barrera, conseguirán que sean perdonados y su intercesión tendrá que ser aceptada. (139)
يَوْمَ يَقُومُ الرُّوحُ وَالْمَلَائِكَةُ صَفًّا لَا يَتَكَلَّمُونَ إِلَّا مَنْ أَذِنَ لَهُ الرَّحْمَنُ وَقَالَ صَوَابًا-( النبأ-38)
-Ese día, cuando el Ruh (Yibril) y los ángeles estén de pie, alineados en filas, nadie hablará, excepto aquellos a quienes Alá, el Rahmán, el Misericordioso, dé permiso, y ellos dirán lo correcto. (Naba: 38)
Es decir, en el campo de la reunión, el temor y la imponente autoridad de la corte divina serán tan grandes que ningún habitante de la tierra ni del cielo se atreverá a abrir voluntariamente la boca ante Alá ni a intervenir en el juicio. Hablar significa interceder, y se ha dicho que ello será posible bajo dos condiciones. La primera es que la persona a la que Alá conceda permiso para interceder por un pecador solo podrá interceder por esa persona. La segunda condición es que el intercesor diga por sí mismo lo correcto y no haga una intercesión injusta. Además, se desprende otra condición: aquel por quien se interceda deberá haber pronunciado al menos la profesión de fe en este mundo; es decir, deberá ser simplemente un pecador, no un incrédulo. (140)
يَوْمَ لَا تَمْلِكُ نَفْسٌ لِنَفْسٍ شَيْئًا وَالْأَمْرُ يَوْمَئِذٍ لِلَّهِ-( الانفطار-19)
Este es el día en que nadie podrá hacer nada por ninguna persona, y ese día la decisión estará enteramente en manos de Allah. (Al-Infitar: 19)
Resumen de la exposición
Esta era la cuarta etapa de la da‘wat islámica, presentada con tal fuerza, lógica y amplitud que, frente a ella, no podían sostenerse en absoluto las burlas y sarcasmos de los incrédulos ni afirmaciones tan necias como: «Haz que nuestros antepasados vuelvan a la vida». Salvo aquellos que luchaban por sus propios intereses y que necesariamente tenían que hacerlo, ninguna persona sensata podía dejar de reflexionar que la vida del Más Allá no era imposible ni contraria a la razón. Tampoco era posible que, liberado de la conciencia de tener que rendir cuentas ante Dios, el proceder humano en este mundo pudiera establecerse firmemente sobre los principios permanentes de la verdad y la justicia. Asimismo, el ser humano no podía obtener una justicia verdadera y completa por ningún otro medio que no fuera que, después de que terminara el sistema actual del mundo, tuviera lugar la Resurrección, se reuniera a toda la descendencia humana, anterior y posterior, y fuera presentada ante el Dueño del universo; entonces, con absoluta imparcialidad, se determinaría la responsabilidad de cada cual y se daría castigo o recompensa a quien fuera merecedor de ella. (141)
Quinta sección
La enseñanza moral
Al presentar las creencias de la da‘wat islámica de una manera conmovedora y con argumentos y pruebas, la da‘wat islámica también expuso ante la humanidad una concepción sumamente clara de la moralidad. Gracias a ello, todo oyente y lector del Corán pudo saber con claridad qué tipo de carácter aprueba el islam y cuál desaprueba. Qué modelo o ideal de humanidad considera malo y desea cambiar y eliminar; y qué ideal de humanidad considera bueno y desea crear, cultivar y desarrollar. Qué son, desde su perspectiva, el mal y la corrupción, por qué surgen y qué formas adoptan en la vida humana; y qué cosas los hacen desarrollarse. Y, exactamente en oposición a ellos, qué es el bien desde su perspectiva y cuál es su fuente; cómo se abren los caminos para que se manifieste y bajo qué formas y aspectos llega a manifestarse.
La da‘wat islámica afirma que el objetivo del islam es erradicar de raíz todas las causas del mal y la corrupción, facilitar el camino del bien, ampliarlo cada vez más y establecer el bien en todos los ámbitos de la vida, desde el individuo hasta la sociedad, en lugar del mal. Esta descripción se presentó en la da‘wat islámica con tal detalle, claridad y fuerza conmovedora, y en un lenguaje tan comprensible para el sentido común, que incluso para quienes, durante cientos de años, habían estado sumergidos en las profundidades de la decadencia moral de la sociedad de la ignorancia no era difícil comprender que, verdaderamente, el peor modelo de humanidad era aquel que el islam calificaba de malo, y que el mejor era aquel conforme al cual quería transformar a las personas y a la sociedad. (142)
Algunas realidades fundamentales sobre la moralidad
En este sentido, primero se expusieron ante la gente algunos hechos, para que pudieran comprender la cuestión moral en sus aspectos fundamentales.
وَنَفْسٍ وَمَا سَوَّاهَا – فَأَلْهَمَهَا فُجُورَهَا وَتَقْوَاهَا – قَدْ أَفْلَحَ مَنْ زَكَّاهَا- وَقَدْ خَابَ مَنْ دَسَّاهَا-( الشمس-7-10)
—Y por el nafs del ser humano, y por Aquel que lo perfeccionó; luego le inspiró su propensión al pecado y su piedad. En verdad, triunfó quien purificó el nafs, y fracasó quien lo corrompió y reprimió. (Shams: 7-10)
Perfeccionar el nafs humano significa que el Creador le otorgó un cuerpo de forma y estructura correctas, completamente apto para vivir como ser humano en cuanto a sus manos, pies, mente y cerebro. Le concedió sentidos para ver, oír, tocar, saborear y oler, que, por sus proporciones y características, podían constituir los mejores medios para adquirir conocimiento. Le fueron concedidos conocimiento, inteligencia y capacidad de pensar; capacidad de tomar decisiones mediante el razonamiento; capacidad de comprender, memoria, capacidad para distinguir entre el bien y el mal, voluntad y otras facultades mentales, mediante las cuales puede realizar en este mundo las acciones propias del ser humano. No fue creado como un malhechor por naturaleza ni como un pecador innato, sino sobre una naturaleza correcta y recta. En su constitución no se dejó ninguna curvatura ni deformidad que le impidiera seguir el camino correcto aun cuando quisiera hacerlo.
La palabra ilham se utiliza para designar la inserción, por parte de Allah, de un pensamiento o una idea en la mente de Su siervo sin que este sea consciente de ello. La inspiración en la mente humana de la propensión al pecado, a las buenas obras y a la piedad puede tener dos significados. El primero es que el Creador depositó en ella tanto la inclinación y el deseo de hacer el bien como la inclinación y el deseo de pecar. Y esto es algo que toda persona percibe en sí misma. El segundo significado es que Allah puso en el subconsciente de cada ser humano la noción de qué es bueno y qué es malo en el carácter y la conducta, y de que el bien y la taqwa (abstenerse de las malas acciones) son cosas nobles. Esta noción no es desconocida para el ser humano; por el contrario, su naturaleza está plenamente familiarizada con ellas. El Creador le concedió innatamente la capacidad de distinguir entre el bien y el mal.
Tazkiya se emplea con el sentido de purificar, hacer crecer y desarrollar. En cambio, también se utiliza con el sentido de reprimir, ocultar, seducir y extraviar. En la aleya se afirma de manera concluyente que el éxito y el fracaso del ser humano dependen de cuál de las inclinaciones buenas y malas de su mente desarrolla y cuál reprime, utilizando las facultades que Allah le ha concedido. El éxito corresponde únicamente a quien mantiene su mente purificada del pecado, la hace crecer hasta llevarla a las cumbres de la taqwa y desarrolla en ella el bien. Fracasa quien reprime la inclinación al bien que existe en él, seduce su propia mente y la conduce hacia las inclinaciones malas. Después fortalece tanto la conducta pecaminosa que la taqwa queda oculta bajo ella, fuera de la vista, como un cadáver enterrado en una tumba y cubierto de tierra. (143)
إِنَّا خَلَقْنَا الْإِنْسَانَ مِنْ نُطْفَةٍ أَمْشَاجٍ نَبْتَلِيهِ فَجَعَلْنَاهُ سَمِيعًا بَصِيرًا – إِنَّا هَدَيْنَاهُ السَّبِيلَ إِمَّا شَاكِرًا وَإِمَّا كَفُورًا-(الدهر-2-3)
—Creamos al ser humano a partir del esperma mezclado de un hombre y una mujer para ponerlo a prueba; y con este propósito lo hicimos oyente y vidente. Le mostramos el camino, ya sea agradecido o ingrato. (Dahr: 2-3)
De la unión del esperma de los padres nacen tanto los animales como el ser humano. Pero la diferencia entre el ser humano y los animales es que estos no fueron creados en este mundo para ser puestos a prueba. El ser humano fue creado para ser puesto a prueba. Por eso, a diferencia de los animales, Allah Ta’ala lo hizo oyente y vidente; es decir, le concedió la facultad del conocimiento y el entendimiento para que pudiera estar capacitado para la prueba. Después no se lo dejó abandonado con estas facultades. Por el contrario, también se le mostró el camino, para que comprendiera cuál es, como siervo de Dios, el camino de la gratitud y cuál es el camino de la ingratitud o de la deslealtad. Ahora su prueba consiste en esto: después de conocer la diferencia entre ambos caminos, ¿utiliza estas facultades para adoptar el camino de la gratitud o el de la incredulidad? (144)
(Árabe**************)
¿Acaso no le dimos dos ojos, una lengua y dos labios? ¿Y no le mostramos los dos caminos perfectamente claros? (Balad: 8-10)
El significado de los dos ojos no es el de los ojos de una vaca o un búfalo, sino el de ojos humanos que, al abrirse para mirar, le permiten ver por todas partes signos que hacen clara la realidad y le permiten comprender la diferencia entre la verdad y la falsedad. El significado de la lengua y los labios no es solamente el de instrumentos para hablar, sino también el de una mente dotada de capacidad de razonamiento, que con la ayuda de estos dos instrumentos reflexiona y expresa lo que hay en el corazón. Después Allah dice: no lo dejamos abandonado con conocimiento, entendimiento y capacidad de reflexión para que eligiera por sí mismo su camino. Por el contrario, para guiarlo, dejamos claramente ante él los dos caminos del bien y del mal, de la virtud y del pecado, para que, tras reflexionar profundamente, pudiera adoptar cualquiera de los dos bajo su propia responsabilidad. (145)
(Árabe**************)
—Creamos al ser humano con la mejor de las formas. Luego lo devolvimos a la condición más baja. Excepto a quienes creyeron y realizaron buenas obras. (At-Tin: 4-6)
Es decir, Allah Ta’ala concedió al ser humano un cuerpo de tan elevada dignidad como no concedió a ningún otro animal. También le concedió la mejor capacidad para reflexionar, conocer y comprender, como no concedió a ninguna otra criatura. Pero cuando, en lugar de adoptar el camino de la fe y las buenas obras, utiliza las facultades de su cuerpo y de su mente por el camino del mal, Allah le concede únicamente la capacidad de realizar malas acciones y lo hace llegar a un grado tan extremo de degradación que ni siquiera la más vil de las criaturas puede alcanzarlo.
Esta es una realidad que puede observarse frecuentemente en la sociedad humana. Quien se sumerge en la codicia, el egoísmo, la autopromoción, la adicción a las drogas, la vileza, la furia y otras inclinaciones semejantes llega, desde el punto de vista moral, al nivel más bajo. Como ejemplo, basta considerar un solo caso: cuando una nación queda cegada por la hostilidad hacia otra, ¿cómo llega a superar en ferocidad a todos los animales salvajes? Un animal feroz caza a otro únicamente para alimentarse; no mata a todos los animales juntos. Pero el ser humano comete genocidio contra otros seres humanos de su misma especie. El animal feroz caza con sus garras y sus colmillos. Pero el ser humano, creado con la mejor de las formas, continúa fabricando, mediante su inteligencia y su capacidad inventiva, un arma destructiva tras otra, para poder destruir poblaciones enteras. El animal feroz solamente hiere o mata. Pero el ser humano adopta, para torturar a otros seres humanos como él, métodos tan atroces que ningún animal salvaje podría siquiera imaginarlos. Después, para satisfacer su deseo de hostilidad y venganza, desciende a un nivel tan bajo de vileza que organiza marchas desnudas de las mujeres de sus enemigos; diez o veinte hombres violan a cada mujer para satisfacer su apetito sexual. Ante los ojos de sus padres, hermanos y esposos, ultraja el honor de sus hijas, hermanas y esposas. Mata a sus hijos ante sus madres y padres. Obliga a una madre a beber la sangre de su hijo. Se quema vivos a seres humanos hasta matarlos y se los entierra vivos. No existe en el mundo ningún animal, por más feroz que sea, capaz de rivalizar en algún grado con esta bestialidad humana. Lo mismo ocurre con las demás malas cualidades: en cualquiera de ellas hacia la que el ser humano se inclina, demuestra ser una criatura sumamente vil. Incluso la religión, que para el ser humano es una de las cosas más sagradas, la degrada de tal manera que, después de adorar plantas, animales y libros, al llegar al nivel más bajo de la degradación se entrega al culto de los órganos sexuales femeninos y masculinos. También establece en los templos la práctica de mantener devadasis para complacer a dioses y diosas, y se comete adulterio con ellas considerándolo una obra piadosa. En sus puranas o libros religiosos se introducen relatos imaginarios tan obscenos que resultarían vergonzosos incluso para la persona más vil. (146)
Al describir estas realidades, el Corán también ha descrito tres formas distintas del alma humana. Una de ellas es el nafs al-ammārah, que incita al ser humano a las malas acciones. (Yusuf: 53)
La segunda es el nafs al-lawwāmah. Su función consiste en advertir al ser humano, hasta el punto de que, antes de que tome una decisión conforme a sus deseos y anhelos, lo alerta. Luego, después de que comete una mala acción, continúa reprochándosela. (Al-Qiyāmah: 2) La tercera es el nafs al-muṭmaʾinnah. Con plena tranquilidad, evita el camino del mal y adopta el camino recto, sin lamentar haber renunciado al sabor y a las oportunidades y comodidades de las malas acciones, ni haber soportado, por el bien, privaciones, sacrificios, aflicciones, sufrimientos y calamidades. Lejos de lamentarlo, su corazón se siente satisfecho de haberse salvado de la inmundicia y la impureza de las malas acciones y de haber alcanzado la pureza del bien. El Corán ha denominado a este tercer tipo de nafs el alma complacida por Dios y le ha anunciado la buena nueva del Paraíso. (Al-Fayr: 27-30)
Causas del extravío
Después, el Noble Corán ha descrito, una por una, aquellas causas por las cuales el ser humano suele caer en el extravío. Los incrédulos de Arabia también cayeron en el extravío por estas mismas causas. Son las siguientes:
1. Seguimiento ciego de los antepasados
La primera de todas estas cosas es el seguimiento ciego de la religión de los antepasados. Solo se hacía todo esto porque así se había hecho desde la época de los padres y abuelos. Nunca intentaron, aplicando la razón, reflexionar sobre si lo que habían hecho sus antepasados era razonable o no. La única prueba de este seguimiento ciego era que se trataba de la costumbre de los padres y abuelos. A este respecto, el Corán ha presentado numerosos ejemplos tomados de la historia.
Cuando el profeta Hud (la paz sea con él) aconsejó al pueblo de ʿĀd que abandonara su extravío y siguiera el camino recto, ellos rechazaron todas sus pruebas, argumentos y exhortaciones diciendo solamente: «¿Has venido a nosotros para que adoremos únicamente a Allah y abandonemos a esos dioses que nuestros padres y abuelos han adorado?». (Al-Aʿrāf: 70)
Cuando el profeta Ṣāliḥ (la paz sea con él) intentó hacer comprender las cosas al pueblo de Zamūd, esta fue su respuesta: «¡Oh, Ṣāliḥ! Antes de esto eras una persona de la que esperábamos mucho. ¿Acaso ahora quieres impedirnos adorar a esos dioses a los que nuestros padres y abuelos adoraban? Tenemos grandes dudas y sospechas sobre el camino al que nos invitas, y ello es causa de una terrible inquietud y preocupación para nosotros». (Hūd: 62)
Cuando Hazrat Shuayb (la paz sea con él) advirtió a los habitantes de Madián sobre su evidente extravío, esta fue su respuesta:
¡Oh, Shuayb! ¿Acaso tu oración te enseña que debemos abandonar a los dioses de nuestros antepasados? (Hud: 87)
Cuando Hazrat Ibrahim (la paz sea con él) dijo a su padre y a su pueblo: «¿Qué son estas estatuas a las que os habéis aficionado?», ellos no tuvieron otra respuesta que decir: «Hemos visto a nuestros antepasados adorarlas». Entonces Hazrat Ibrahim (la paz sea con él) les dijo claramente: «Tanto vosotros como vuestros antepasados estabais en un evidente extravío». (Al-Anbiya: 52-54)
Hazrat Ibrahim (la paz sea con él) les preguntó: «¿Acaso os responden cuando las invocáis? ¿Pueden beneficiaros o perjudicaros en algo?»
Ellos respondieron: «No nos preocupa eso. Solo hacemos estas cosas porque encontramos a nuestros antepasados haciéndolas así». (Ash-Shuara: 72)
Cuando Hazrat Musa (la paz sea con él) invitó a Faraón y a sus cortesanos a la verdad, acompañado de señales claras, ellos también dijeron: «¿Has venido a nosotros para apartarnos del camino en el que vimos a nuestros antepasados?» (Yunus: 78)
Al presentar estos ejemplos, el Noble Corán declara que todas las naciones ignorantes rechazaron la invitación de sus profetas mediante este argumento carente de fundamento. Al mencionar a las primeras naciones, el Corán dice que, si alguna vez respondieron a las pruebas claras, los argumentos, las exhortaciones y las advertencias de sus profetas, respondieron así: «No eres más que un ser humano como nosotros. Quieres apartarnos de la adoración de aquellos dioses que nuestros antepasados adoraban». (Ibrahim: 10)
En otro lugar se dice: «¡Oh, Profeta! Siempre que enviamos una advertencia a alguna ciudad antes de ti, sus habitantes acomodados dijeron: “Hemos visto a nuestros antepasados seguir una determinada tradición y seguimos sus huellas”. Cada profeta les preguntó: “¿Continuaréis siguiendo ese mismo camino, aunque os muestre un camino más recto y correcto que aquel en el que encontrasteis a vuestros antepasados?”. Todos respondieron a los profetas: “Negamos aquello para lo que habéis sido enviados”». (Az-Zujruf: 23-24)
Esta no era solamente la situación de los pueblos de épocas pasadas; más bien, esta ha sido y sigue siendo la costumbre de los ignorantes de todas las épocas: discutir acerca de Allah sin conocimiento ni un Libro que aporte luz y guía. Cuando se les dice: «Venid a la enseñanza que Allah ha revelado», responden: «No; seguiremos el camino en el que encontramos a nuestros antepasados».
Aunque Satanás los esté llamando, junto con sus antepasados, hacia el Infierno. (Luqmán: 20-21)
Después de presentar estos ejemplos, el Corán advierte directamente a los qurayshíes y a los árabes: vosotros sois iguales que ellos. No reflexionáis, con ayuda de vuestro conocimiento y razón, sobre si la religión que seguís es correcta. Tampoco meditáis sobre la falsedad de vuestra religión, costumbres y tradiciones, que se os está mostrando con argumentos y pruebas. Simplemente os aferráis obstinadamente a algo falso por la única razón de que os ha llegado de vuestros antepasados.
En la sura As-Saffat se dice que estas personas encontraron extraviados a sus antepasados y, por ello, se apresuraron a seguir sus pasos; sin embargo, la mayoría de quienes vivieron antes que ellos también se había extraviado. (Aleyas: 69-71)
En la sura Hud se le dice al Noble Mensajero: no albergues ninguna duda acerca de esas divinidades o ídolos que estas personas adoran. Se les adora exactamente como los adoraban sus antepasados. (Aleya: 109)
Cuando se ordenó a los qurayshíes y a los árabes que se abstuvieran de cosas sumamente vergonzosas, como la indecencia y la desnudez, y se les dijo que ni siquiera dudaban en circunvalar desnudos la sagrada Kaaba, que no podía haber nada más abominable que esto y que debían avergonzarse de ello, intentaron también declarar lícita esta práctica basándose en el seguimiento de sus antepasados. En realidad, en la sura Al-A‘raf se dice que, cuando cometen una acción vergonzosa, dicen: «Hemos visto a nuestros antepasados hacer esto, y Allah nos ha ordenado hacerlo».
¡Oh, Profeta! Diles: «Allah jamás ordena la indecencia. ¿Acaso decís, invocando el nombre de Allah, aquello que no sabéis si Allah ha ordenado?». (Aleya: 28)
Los incrédulos de Arabia permanecían aferrados a diversas costumbres y tradiciones irracionales de la época de la ignorancia, y, sin ninguna prueba, habían dado por sentado que estas habían sido establecidas por Allah. Sobre esto se dice en la sura Al-Maida: «Y cuando se les dice: “Venid a la enseñanza que Allah ha revelado y venid al Mensajero”, responden: “Nos basta aquello en lo que encontramos a nuestros antepasados”. ¿Acaso seguirán ciegamente a sus antepasados, aunque estos no poseyeran conocimiento ni estuvieran en el camino recto?». (Aleya: 104)
Así, los incrédulos de Arabia se impusieron a sí mismos muchas restricciones respecto de lo halal y lo haram. Todas estas normas eran invenciones suyas, y las hicieron obligatorias alegando que se habían transmitido desde tiempos antiguos. Entre ellas, declaraban haram muchas cosas halal y halal muchas cosas haram, vergonzosas y repugnantes. Sobre esto se dice en la sura Al-Báqara: «Cuando se les dice: “Seguid la guía que Allah ha revelado”, responden: “No; seguiremos el camino en el que encontramos a nuestros antepasados”. ¿Acaso seguirían también a sus antepasados aunque estos no hubieran tenido entendimiento ni hubieran estado guiados?» (aleya: 170)
En la sura Al-An‘am, esta imitación ciega fue demostrada como incoherente y contraria a la razón mediante argumentos tan sólidos que incluso el más obstinado de los árabes quizá tuvo que admitir, al menos una vez en su fuero interno, que realmente estábamos siguiendo algo absurdo.
En dicha sura se dice: «Han destinado para Allah una parte de las cosechas y del ganado que Él mismo ha creado, y dicen: “Esto es para Allah” —según su propia suposición— “y esto es para nuestros asociados que hemos inventado”. Pero lo destinado a sus asociados no llega a Allah, mientras que lo destinado a Allah sí llega a sus asociados. [Es decir, si algo de las cosechas, frutos y demás que se apartaban en nombre de Allah caía o se perdía, lo añadían a la parte de los asociados. Pero si algo caía de la parte de los asociados o aparecía en la parte de Allah, lo devolvían a la parte de aquellos. Si alguna vez el agua de la parcela destinada a las ofrendas a los asociados corría hacia la parcela destinada a las ofrendas a Allah, toda la cosecha se incorporaba a la parte de los asociados. Pero si ocurría lo contrario, no añadían nada a la parte de Allah. Si alguna vez, debido a la sequía, necesitaban consumir la parte destinada a las ofrendas, se comían la parte de Allah. Sin embargo, temían tocar la parte de los asociados, por miedo a que les sobreviniera alguna desgracia. Si por alguna razón disminuía la parte de los asociados, la completaban con la parte de Allah. Pero si disminuía la parte de Allah, no daban ni un solo grano de la parte de los asociados a la de Allah. —Autor.]»
Y así sus asociados hicieron atractiva para muchos politeístas la práctica de matar a sus propios hijos, con el fin de hundirlos en la perdición y hacer confusa para ellos su religión. [Es decir, los arrojaban a la confusión haciéndoles creer que esto también formaba parte de la religión que habían recibido de Abraham e Ismael (la paz sea con ellos). Aquí queda claro que «asociados» no significa ídolos u otras divinidades, sino aquellos dirigentes religiosos que, en épocas posteriores, difundieron creencias falsas y prácticas religiosas inventadas. La gente las seguía del mismo modo en que debería seguir la ley de Allah. —Autor.]
Dicen: «Estos animales de ganado y estas cosechas están reservados; nadie puede comer de ellos salvo aquellos a quienes nosotros alimentamos». Todo esto es una invención suya. Hay animales sobre los que se ha prohibido montar y transportar cargas. Y hay otros sobre los que no mencionan el nombre de Allah, atribuyéndole falsamente que Él prohibió mencionar Su nombre sobre ellos. … También dicen: «Lo que hay en el vientre de estos animales está reservado para nuestros varones y prohibido para nuestras mujeres; pero, si nace muerto, todos, hombres y mujeres, pueden compartirlo». Son ocho parejas: dos de ovejas y dos de cabras. Pregunta: «¿Ha prohibido Allah los dos machos o las dos hembras, o lo que contienen los vientres de las dos hembras? Informadme con conocimiento verdadero y preciso, si sois sinceros». Y hay dos clases de camellos y dos clases de vacas. Pregunta: «¿Ha prohibido Allah los dos machos o las dos hembras, o lo que contienen los vientres de las dos hembras? ¿Acaso estabais presentes cuando Allah os ordenó que todo esto fuera prohibido?» ¿Y quién es más injusto que quien inventa una mentira contra Allah para extraviar a la gente sin conocimiento? Ciertamente, Allah no guía al camino recto a los injustos. (aleyas: 136-144)
2. La imitación errónea de los ricos y los dirigentes
El Corán ha señalado otra causa de extravío cercana a la imitación ciega de los antepasados, que no es inferior a ella en ningún aspecto a la hora de volver desenfrenadas a las personas y destruir la sociedad. Se trata de seguir a los grandes de la propia nación o del mundo, a los dirigentes, líderes religiosos y ricos notables de la sociedad. Los siguen sin reflexionar adónde los conducen, únicamente por su posición; por eso, el Día de la Resurrección, esta clase de seguidores se arrepentirá y dirá: «¡Señor nuestro! Seguimos a nuestros jefes y a nuestros grandes, y ellos nos extraviaron. ¡Señor nuestro! Concédeles un castigo doble y maldícelos con una maldición severa». (Al-Ahzab: 67-68)
«¡Señor nuestro, muéstranos a los genios y a los seres humanos que nos extraviaron! Los pisotearemos para que sean completamente humillados y despreciados». (Hamim as-Sayda: 29)
-(Cuando Allah castigue), se producirá una situación en la que los líderes y figuras prominentes que eran seguidos en este mundo anunciarán que rompen toda relación con sus seguidores. Pero ellos verán el castigo y se cortarán todos sus medios y recursos. Quienes los seguían en este mundo dirán: «¡Ay de nosotros! Si se nos diera otra oportunidad, nos apartaríamos de ellos del mismo modo que hoy ellos se apartan de nosotros rompiendo toda relación». Allah les presentará todas las obras que realizaban en este mundo de tal manera que solo sentirán vergüenza y pesar. Pero no encontrarán ninguna salida del fuego del Infierno. (Al-Baqara: 166-167)
—¡Ay! Si pudieras ver la situación de estos injustos cuando sean puestos ante su Señor y se enfrenten unos a otros en una disputa. Los que fueron subyugados en este mundo dirán a los grandes: «Si no hubiera sido por vosotros, habríamos sido musulmanes». Esos grandes dirán a los subyugados: «¿Acaso os impedimos aceptar la guía cuando llegó a vosotros? Más bien, vosotros mismos erais culpables». Los subyugados dirán a los grandes: «No; más bien, fue un engaño continuo, de día y de noche, cuando nos decíais: “Negaremos a Allah y atribuiremos iguales a otros junto a Él”». (Saba: 31-33)
El Corán ha descrito esta realidad como una ley universal: lo que finalmente destruye a una sociedad es la degradación moral de sus miembros acomodados y de las clases altas. Cuando se acerca la desgracia de una nación, sus ricos y personas influyentes se entregan a los pecados y comienzan a cometer toda clase de malas acciones, como la opresión, la persecución y el adulterio; finalmente, esas injusticias y maldades destruyen a toda la nación. El Corán dice:
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—Cuando decidimos destruir una ciudad, ordenamos a sus habitantes acomodados, y entonces comienzan a cometer en ella toda clase de actos perversos. Así, el decreto del castigo se cumple contra esa ciudad y la destruimos. (Los Hijos de Israel: 16)
3. Orgullo y arrogancia
La tercera causa importante del extravío que identifica el Corán es que una persona se niega a aceptar la verdad porque considera humillante reconocer que su visión es errónea. O cree que, si acepta esta verdad, perderá la elevada posición que ocupa en una sociedad extraviada. O piensa que abandonar su propia opinión y aceptar la de otro perjudicaría su alta dignidad, por muy erróneas que sean sus palabras y por muy verdadera que sea la opinión presentada por el otro.
El Noble Corán ha expuesto repetidamente ante la humanidad esta causa del extravío, para quebrantar el orgullo y la arrogancia que le impedían aceptar la verdad y para que conozca la causa del extravío de esos abanderados del error que, en su propia época o en épocas pasadas, se interponían en el camino de la verdad.
A modo de ejemplo, en la sura de Noé se cita esta declaración del honorable Noé (la paz sea con él): «¡Oh, mi Señor! He llamado día y noche a la gente de mi pueblo para que se acerque a la verdad. Pero el resultado de mi llamamiento ha sido que se han alejado aún más. Y cada vez que los he invitado a la verdad para que Tú los perdonaras, se han puesto los dedos en los oídos, se han cubierto el rostro con sus vestiduras, han persistido en su conducta y se han ensoberbecido con arrogancia». (Noé: 6-7) [La arrogancia significa que consideraron humillante para su honor inclinarse ante la verdad y aceptar el consejo del Mensajero de Dios. Por ejemplo, imaginemos que una persona buena aconseja a alguien depravado, y este, en respuesta, se marcha meneando la cabeza y golpeando el suelo con los pies. Esto es rechazar el consejo con arrogancia. —El autor]
En la sura Al-Mu’min se narra que, cuando el faraón manifestó su intención de matar al honorable Moisés (la paz sea con él), un hombre sincero de su corte le aconsejó, con compasión y buena voluntad, en términos razonables, que abandonara su conducta errónea y siguiera el camino correcto. Pero él no prestó ninguna atención y permaneció obstinado en su actitud. Al analizar esto, Allah dice:
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«Así es como Allah sella el corazón de todo soberbio y opresor». (Al-Mu’min: 35)
Es decir, cuando un corazón se llena del aire de la arrogancia, la tiranía y la opresión, sus puertas se cierran a todo consejo y a toda palabra de verdad. Entonces Allah pone sobre él el sello de Su maldición, de tal manera que, por mucho que alguien intente conducirlo al camino recto, nunca se corrige.
En la sura Al-A‘raf se dice que, cuando Allah escribió para el honorable Moisés (la paz sea con él) la guía sobre las tablas, también le advirtió: «Apartaré de Mis signos a quienes se ensoberbezcan en la tierra sin derecho. Aunque vean cualquier signo, jamás creerán en él. Aunque el camino recto se les presente, no lo seguirán; pero si ven el camino desviado, lo seguirán». (Al-A‘raf: 146)
En la sura Al-Baqara se dice: «Entre la gente hay quien te agrada por lo que dice sobre la vida mundana y jura repetidamente por Allah que sus intenciones son buenas, pero es el mayor enemigo de la verdad. Cuando se aleja, dedica todos sus esfuerzos a causar corrupción y desorden, y a destruir las cosechas y la descendencia humana. Sin embargo, Allah no ama la corrupción. Y cuando se le dice: “Teme a Allah”, su orgullo lo mantiene firme en el pecado». (Al-Baqara: 204-206)
En la sura Al-Muddazzir se presenta la conducta de uno de los jefes de La Meca. Este había dicho claramente a los jefes de Quraysh que todas las acusaciones que formulaban contra Muhammad (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) eran falsas. El Corán era un discurso sumamente dulce; sus raíces eran muy profundas y sus ramas, fructíferas. Pero cuando se enfrentó a esta cuestión —«¿Acusaré de mentiroso a este Mensajero y conservaré así mi jefatura?»— dio prioridad a lo segundo y, luchando contra su propia conciencia, terminó inventando una acusación. Sin embargo, su corazón sabía que estaba formulando una mentira evidente únicamente para mantener su supremacía. El Corán presenta este retrato suyo y deja al descubierto su perversidad:
—Reflexionó y trató de inventar algunas palabras. ¡Que Dios lo maldiga! ¡Cómo trató de inventar palabras! Luego miró a la gente. Después frunció el ceño y torció el rostro. Luego se volvió y cayó en la trampa de la soberbia. Finalmente dijo: «Esto no es más que magia. Es algo que se ha transmitido desde tiempos antiguos. No es sino palabra humana». (Al-Muddázzir: 18-25)
4. Considerar la prosperidad y la pobreza mundanas como criterio del bien y del mal
A continuación, el Corán afirma que otra gran causa del extravío es la idea de que el resultado visible en este mundo constituye el criterio del bien y del mal. Si alguien aquí es próspero, aunque su prosperidad se deba a alguna mala acción, se le considera exitoso y triunfador. En cambio, quien aquí es pobre, aunque su pobreza vaya acompañada de buenas obras, se considera fracasado. Es decir, el bien sería aquello cuyo resultado se ve manifiestamente bueno aquí, y el mal, aquello cuyo resultado se ve manifiestamente malo aquí. No se observa cuánto sustento ilícito y cuántas malas acciones hay detrás de ese bien aparente, ni cuánto mérito y riqueza de carácter elevado hay detrás de ese mal aparente. El Corán ha presentado ejemplos de esta perspectiva errónea tomados de la historia pasada y también la ha puesto claramente de manifiesto en las palabras y la conducta de los habitantes de La Meca y de los árabes.
En el relato de Noé (la paz sea con él) se dice que los notables de su pueblo se negaron a aceptar su enseñanza y su guía, alegando que quienes habían creído en él eran pobres y no gozaban de una posición elevada en la sociedad.
(Árabe************)
—Dijeron: «¿Acaso vamos a creerte, cuando los más bajos de la gente te han seguido?» (Ash-Shu‘ará: 111)
En el relato de Salih (la paz sea con él) también se menciona claramente que los ricos y poderosos de su pueblo preguntaron a sus pobres seguidores:
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¿Acaso sabéis realmente que Ṣāliḥ es el profeta de su Señor?
Ellos responden:
Nosotros creemos en aquello con lo que él ha sido enviado.
Los notables responden:
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—No creemos en aquello en lo que vosotros habéis creído. (Al-Aʿrāf: 75-76)
Es decir, no creemos en aquello que han aceptado personas de clase baja como vosotros.
Respecto de todos los profetas, el Corán dice que se les opusieron los acomodados de sus pueblos, y que su perspectiva era que quien hubiera tenido la fortuna de obtener abundantes riquezas y descendencia en este mundo estaba establecido en la verdad.
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—Y nunca sucedió que enviáramos a un amonestador a una ciudad sin que sus habitantes acomodados dijeran: «No creemos en el mensaje con el que has sido enviado», y añadieran: «Nosotros poseemos más riquezas y más hijos que vosotros, y jamás seremos castigados». (Saba: 34-35)
Esta era la manera de pensar de los incrédulos de La Meca y de Arabia en la época del Mensajero de Allah, que la paz y las bendiciones de Allah sean con él. El Corán ha señalado repetidamente que era errónea.
En la sura Maryam se dice que, cuando se les recitan Nuestros versículos claros, los incrédulos dicen a los creyentes: «Decidme, ¿cuál de los dos grupos se encuentra en mejor situación y cuál tiene las reuniones más espléndidas?»
Sin embargo, antes que ellos hemos destruido a muchas naciones semejantes, que poseían más riquezas que ellos y los aventajaban en esplendor manifiesto. (Maryam: 73-74)
En la sura Al-Mu’minun se dice: «¿Acaso creen que, al proporcionarles riquezas e hijos, los estamos ayudando, o que lo hacemos para procurarles el bien? No, no es así; pero ellos no tienen conciencia de la realidad. En verdad, quienes temen a su Señor, quienes creen en los versículos de su Señor, quienes no asocian a nadie con su Señor y quienes, cuando dan —lo que sea que den— tienen el corazón tembloroso porque saben que han de regresar a su Señor, esos son quienes se apresuran hacia el bien y lo alcanzarán adelantándose a los demás». (Versículos: 55-61)
Para hacer comprender esto, la sura Al-Fajr describe primero la transgresión y la rebelión contra Allah de grandes naciones y reinos, como los de ‘Ad, Zamud y el Faraón; después afirma que el ser humano aún permanece sumido en la falsa idea de que las bendiciones y riquezas mundanas constituyen el verdadero honor, y que la pobreza y las dificultades económicas de este mundo constituyen la verdadera deshonra. Sin embargo, estas no son el criterio del honor y la deshonra. (Al-Fajr: 15-16)
5. Seguir los deseos de la pasión y las conjeturas
Al exponer las causas del extravío, el Corán identifica otra causa importante: que el ser humano, basándose únicamente en conjeturas y suposiciones, decide que algo es verdadero y que otra cosa es falsa. O bien convierte sus propios deseos en su dios y los sirve de tal manera que arrastra su voluntad hacia donde estos quieren. El Corán ha advertido repetidamente al ser humano sobre este error, para que, en lugar de perderse y vagar por el valle de las conjeturas y los deseos, adopte el camino recto de la razón y el conocimiento, tanto si ha seguido el camino otorgado por Dios como si marcha por el camino de sus propios deseos, y para que sepa si ese camino es correcto y razonable.
En la sura Al-A‘raf se presenta el ejemplo de un hombre que, pese a poseer conocimiento, al entregarse a sus deseos se convierte en un perro mundano. Después, al examinar a personas como él, se dice: «Hemos creado para el Infierno a muchos genios y seres humanos. Tienen corazones, pero no reflexionan con ellos; tienen ojos, pero no ven con ellos; tienen oídos, pero no oyen con ellos. Son como el ganado; más bien, aún más extraviados. Estos son los que viven sumidos en el sueño de la negligencia y la distracción». (Versículos: 173-179)
En la sura Al-Anfal se menciona a quienes, aun después de oírlo todo, actúan como si no hubieran oído nada. Luego se afirma que, en realidad, ante Dios, entre todas Sus criaturas, las peores son esos mudos y sordos que no emplean su razón y su entendimiento. (Versículo: 22) «Mudos y sordos» no significa mudos y sordos en el sentido físico, sino aquellas personas que ni escuchan la verdad ni hablan la verdad.
Ninguna de las divinidades a las que los idólatras han asociado con el Señor del universo en Su divinidad posee atributos ni autoridad divinos. Después de presentar, uno por uno, los argumentos y las pruebas al respecto en los versículos 31 a 35 de la sura Yunus, se declara claramente que no las han convertido en dioses basándose en conocimiento alguno. Más bien, basándose únicamente en conjeturas y suposiciones, las personas han decidido que también poseen alguna participación en la divinidad. La mayoría de ellos no siguen sino conjeturas. En realidad, las conjeturas no satisfacen ninguna necesidad de la verdad. (Versículo: 46)
En la sura Al-Hajj, al llamar la atención sobre las ruinas de las antiguas naciones extraviadas, se dice: «¿Acaso no han recorrido la tierra y visto —al contemplar las ruinas de sus ciudades destruidas— que sus corazones podían comprender y sus oídos podían escuchar? En realidad, no son los ojos los que se vuelven ciegos, sino los corazones que están en los pechos». (Versículo: 46)
De este modo, después de llamar la atención en la sura Al-Furqan sobre el destino del pueblo de Noé, de ‘Ad, de Zamud, de los compañeros de Ar-Rass, del pueblo del Faraón y del pueblo de Lot, se le dice al Mensajero de Dios (s. a.): «¿Has considerado a quien ha tomado sus propios deseos como su dios? ¿Puedes asumir la responsabilidad de guiar por el camino recto a una persona así? ¿O crees que la mayoría de ellos oye o emplea su razón? Son como el ganado; más bien, aún más extraviados». (Versículos: 43-44)
También se dice en la sura Al-Yathiya: «Oh, Profeta, ¿has considerado alguna vez la situación de quien ha tomado sus propios deseos como su dios y, pese a tener conocimiento, Dios lo ha arrojado al extravío? Se han sellado su corazón y sus oídos, y se ha colocado un velo sobre sus ojos. Entonces, ¿quién, aparte de Dios, puede guiarlo?». (Versículo: 23)
6. Considerar bello lo malo y permanecer sumido en la falsedad
Otro asunto que el Corán considera una de las grandes causas del extravío de la sociedad es que la gente empieza a considerar buenas las malas acciones. Al actuar contra la verdad, no siente ningún malestar interior. Por el contrario, se entrega a ello, se enorgullece de ello y no siente ninguna necesidad de conocer la verdad. En realidad, en la sura Fāṭir se dice: «¿Acaso tiene fin el extravío de quien encuentra embellecidas y adornadas sus malas acciones y las considera buenas?» (aleya: 8)
Y en la sura al-Mu’min se dice que, cuando la gente esté siendo castigada en el Infierno, se les dirá: «Este desenlace os ha sobrevenido porque en el mundo os entregabais a la falsedad y os enorgullecíais de ella». (aleya: 75)
7. La idea de que las buenas acciones y la sinceridad con la verdad conducen a la ruina mundana de la persona
El Noble Corán también ha mencionado esta idea como una de las grandes causas del extravío. En la sura al-A‘rāf se relata que, cuando el profeta Shu‘ayb (la paz sea con él) pidió a su pueblo que dejara de falsear las pesas, saquear las caravanas y practicar el bandolerismo, los notables del pueblo dijeron a la gente:
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«Si seguís a Shu‘ayb, ciertamente pereceréis». (aleya: 90) Era como si con estas palabras quisieran decir: «Si somos honrados en los negocios y el comercio, ¿cómo prosperará el comercio? Y si vivimos en la ruta de las caravanas comerciales y no practicamos el bandolerismo, ni hacemos peligrosos los caminos para cobrar elevados peajes a las caravanas, ¿cómo se mantendría nuestra prosperidad económica?». Esto mismo decían los jefes de Quraysh al Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él).
(Árabe**************)
«Si seguimos contigo esta guía, seremos arrancados de la tierra». (al-Qaṣaṣ: 75) Es decir, toda la influencia y autoridad que tenemos sobre los árabes se debe a que aquí somos los líderes religiosos de los politeístas de Arabia. Por eso nuestro comercio es tan próspero. Por eso nuestras caravanas gozan de seguridad en todos los caminos y regiones del país. Y por eso todas las tribus de Arabia nos miran con respeto. Si aceptamos tus palabras y adoptamos el camino que propones, toda Arabia se volverá contra nosotros. La posición que ocupamos en el país desaparecerá y ni siquiera será posible permanecer seguros en La Meca.
8. La concepción politeísta de la intercesión
Desde los tiempos más remotos, en todas las épocas, esta fue una de las principales causas de la desviación. Y cuando en Arabia comenzó la predicación islámica, tuvo que enfrentarse a esta desviación. La gente creía que había algunos siervos predilectos de Allah cuya palabra no podía ser rechazada bajo ninguna circunstancia. Si uno se aferraba firmemente a ellos y los complacía mediante ofrendas, votos y actos de adoración, después podía hacer en este mundo lo que quisiera. Su intercesión protegería a las personas de todos los crímenes y pecados. Existiendo un medio tan sencillo para obtener la misericordia de Allah y satisfacer los deseos del corazón, ¿quién tendría necesidad de encadenarse los pies con las ataduras de la piedad y la abstinencia, privándose del gusto de cada pecado y de las oportunidades y facilidades para cometer toda injusticia y exceso? Los incrédulos de Arabia decían:
(Árabe**************)
«Nosotros solo los adoramos para que nos acerquen a Allah». (Az-Zumar: 3) Es decir: el tribunal de Allah está tan elevado que, ¿de dónde sacaríamos nosotros la capacidad para llegar directamente hasta Él? Por eso hemos convertido a estos venerables personajes en intermediarios para que nos conduzcan hasta Él.
(Árabe**********)
«Estos son nuestros intercesores ante Allah». (Yunus: 18)
Mientras persista esta creencia errónea, ningún llamado a las buenas obras y al bien puede prosperar. Por eso, el Corán la ha atacado repetidamente y ha demostrado con argumentos su falta de fundamento, de tal manera que ya no es posible para ninguna persona sensata apoyar una intercesión tan insensata.
En la sura Al-Mu’min se dice: «¡Oh, Profeta! Advierte a estas personas del día que se acerca, cuando los corazones subirán hasta las gargantas y permanecerán en silencio, conteniendo su angustia. No habrá ningún amigo afectuoso de los injustos, ni tampoco ningún intercesor cuya palabra sea aceptada. Allah conoce incluso la mirada furtiva de los ojos y lo que los corazones ocultan en su interior. Allah juzgará con equidad y justicia. Y aquellos a quienes estos politeístas invocan aparte de Allah no decidirán absolutamente nada. En verdad, Allah todo lo oye y todo lo sabe». (Ayat: 18-20)
Estos versículos han hecho añicos la creencia en esta concepción idolátrica de la intercesión. En primer lugar, es contrario a la razón y a la justicia que se interceda por un opresor; además, es contrario a la majestad divina de Dios que alguno de Sus siervos sea un intercesor cuya palabra deba aceptar, es decir, que Dios se vea obligado a aceptar su intercesión. Más importante aún, resulta inconcebible que ante Dios tenga validez la intercesión de personas que se pondrán del lado de los criminales que han cometido injusticias en el mundo y querrán que Dios perdone, por consideración hacia ellos, al criminal opresor. Y más importante todavía: un juez que conoce plenamente el delito de una persona y debe resolver su caso con justicia, ¿concedería a alguien el derecho de interceder por ese criminal sin saber siquiera qué ha hecho dicha persona?
En otro lugar, esta concepción de la intercesión ha sido refutada con argumentos contundentes. Se ha dicho que aquellos a quienes invocan, aparte de Dios, no tienen ningún derecho a interceder. Pero si alguien da testimonio de la verdad basándose en el conocimiento, ese es un caso diferente. (Az-Zujruf: 86)
Es decir, quien sostenga acerca de algún dios o de algún venerable que necesariamente tiene derecho a interceder y que posee una autoridad de intercesión que no puede ser rechazada, debe presentarse y dar sobre este asunto un testimonio verídico basado en el conocimiento. Es completamente absurdo aceptar, basándose únicamente en leyendas o en conjeturas, una creencia cuya veracidad no pueda atestiguarse sobre la base del conocimiento. Dicho de otro modo, quienes afirman que ciertas entidades poseen una autoridad de este tipo jamás pueden decir: «Sabemos que tienen esta autoridad y estamos dando un testimonio correcto».
Sin embargo, el Corán tampoco ha negado la intercesión. Por el contrario, ha dicho repetidamente que solo puede interceder aquel a quien Dios haya dado permiso, y que solo puede interceder a favor de aquel por quien Dios acepte que se escuche la intercesión. La condición adicional es que esa persona interceda conforme a la verdad y no diga nada contrario a la verdad y a la justicia. Aun así, aceptar o no la intercesión está en manos de Dios. Él nunca está obligado a aceptar la intercesión de nadie. La explicación detallada del Corán sobre este asunto es la siguiente:
(Árabe****************)
-¿Quién puede interceder ante Él sin Su permiso? (Al-Baqara: 255)
(Árabe**************)
-Y ante Él la intercesión no servirá de nada, excepto para aquel a quien Él haya dado permiso. (Saba: 23)
(Árabe***************)
-El día en que el Espíritu (Hazrat Jibril, la paz sea con él) y los ángeles se alineen de pie. Nadie hablará, excepto aquel a quien el Misericordioso haya dado permiso y que diga lo correcto. (An-Naba: 38)
(Árabe*****************)
-¡Oh, Profeta! Di: «Toda intercesión está bajo la autoridad de Allah. A Él pertenece el reino de los cielos y de la tierra». (Az-Zumar: 44)
Es decir, escuchar o no la intercesión, aceptarla o rechazarla, está por completo bajo la autoridad de Allah. Él es el dueño del reino del universo. Nadie tiene capacidad para interceder sin Su permiso, ni nadie posee tal rango que Allah esté obligado a escuchar y aceptar su intercesión.
Ejemplos de buena y mala conducta en la historia de la humanidad
Todas las causas del extravío cuya explicación detallada presenta el Corán estaban presentes en la sociedad de los qurayshíes y de los árabes. Cuando cada uno de ellos escuchaba esto, comprendía que, en realidad, todas esas causas del extravío estaban presentes entre ellos. Después, en el Noble Corán, se presentan sucesivamente ejemplos de personajes y conductas de la historia humana que eran de elevada calidad, así como ejemplos de conductas que eran depravadas, para que la gente pudiera comprender claramente qué clase de personas quiere formar el islam y qué clase de personas le desagradan, cuya conducta debería corregirse, de cuya presencia debería purificarse la sociedad, o a quienes, finalmente, Allah mismo convirtió en objeto de Su ira y destruyó en este mundo. Examinemos esta exposición del Corán siguiendo el orden cronológico de la historia.
El relato de los dos hijos de Adán (la paz sea con él)
El primer acontecimiento aleccionador que se encuentra en la historia de la humanidad es el de los dos hijos de Hazrat Adán (la paz sea con él). En él pueden observarse dos tipos de conducta enfrentados entre sí. Los dos hermanos ofrecen sacrificios: el sacrificio de uno es aceptado, mientras que el del otro no. Entonces, el segundo, enfurecido por la envidia, le dice a su hermano: «Te mataré». Su hermano responde: «Allah solo acepta el sacrificio de quienes Le temen» (es decir, yo no soy culpable de que tu sacrificio no haya sido aceptado. Esfuérzate por corregir las deficiencias de tu carácter y de tus obras por las cuales tu sacrificio no fue aceptado). Pero si estás decidido a matarme, yo no te mataré, porque temo a Allah, el Señor de los mundos. En vez de pelear contigo y compartir el pecado de un homicidio injusto, prefiero que cargues tú mismo con tu pecado y con el mío.
Finalmente, aquel hermano opresor mató a su propio hermano. Después se arrepintió profundamente.
Después de relatar este acontecimiento, en un ambiente donde la vida humana no tenía ningún valor y los asesinatos eran hechos cotidianos, el Corán transmite a la humanidad una grandiosa enseñanza. El Corán dice: quien mate a una persona, no como castigo por otra muerte ni por haber sembrado la corrupción en la tierra, será como si hubiera matado a toda la humanidad; y quien salve una vida será como si hubiera dado vida a toda la humanidad. (Maidah: 27-32; véase.)
Hazrat Noé (la paz sea con él) y su pueblo. El primer pueblo que, en la historia, desató sobre el mundo la tormenta de la rebelión contra Dios fue el pueblo de Hazrat Noé (la paz sea con él). En varios pasajes, el Corán relata la historia de ese pueblo: por un lado, describe la conducta del pueblo y de sus jefes, por la cual todos terminaron sufriendo el castigo; por otro, presenta el brillante ejemplo de la conducta del propio Hazrat Noé (la paz sea con él). En la sura Al-Ankabut se dice que, frente a una oposición extrema, durante novecientos cincuenta años continuó intentando reformar a aquel pueblo con enorme paciencia y tolerancia (versículo 14). Hizo todo lo posible, con gran compasión, para guiar a la gente por el camino recto, sin dejar nada por hacer. Pero los jefes del pueblo no permitieron que ninguno de sus esfuerzos tuviera éxito (toda la sura Noé). Lo llamaron loco y lo censuraron y reprendieron (Qamar: 9). Lo humillaron y despreciaron a él y a sus pobres seguidores (Hud: 27). Lo amenazaron diciéndole que, si no desistía, lo matarían a pedradas (Shuará: 116). Pero él declaró con firmeza: «Si mi presencia y mis exhortaciones os resultan insoportables, haced contra mí todo lo que queráis y no me deis ningún respiro. Mi confianza está puesta en Allah» (Yunus: 71). Después, cuando el conflicto llegó a su punto culminante, su pueblo le dijo: «Tráenos ese diluvio con el que nos amenazas». Entonces Hazrat Noé (la paz sea con él) comenzó a construir, ante sus propios ojos, el arca en la que él y los creyentes que lo acompañaban querían embarcarse para salvarse del próximo diluvio. Pero su pueblo empezó a burlarse y mofarse de la construcción del arca. Decían: «La locura del viejo ha llegado al extremo de prepararse para hacer navegar un barco en tierra firme». No sabían que muy pronto aquella tierra firme se convertiría en un mar cuyas olas alcanzarían la altura de las montañas. En él perecerían ahogados todos los miembros del pueblo, incluido el hijo de Noé (la paz sea con él), y el arca que estaba sobre la tierra terminaría chocando contra una montaña. (Hud: 32-44)
La etapa final de esta historia se presenta así: cuando Hazrat Noé (la paz sea con él) vio que su hijo también se ahogaba junto con los incrédulos, abrumado por el afecto y el cariño humanos, suplicó a Allah que lo salvara. Allah lo reprendió diciendo: «No seas ignorante. Es cierto que es tu hijo, pero no pertenece a tu familia; más bien, es una persona de conducta no recta». Al escuchar la respuesta a su súplica, Hazrat Noé (la paz sea con él) pidió perdón y dijo: «¡Oh, mi Señor! Busco refugio en Ti de pedirte aquello cuyo conocimiento no tengo. Si no me perdonas, estaré perdido». (Hud: 44-47)
El pueblo de Ad y Hazrat Hud (la paz sea con él)
Ad era un pueblo célebre de Arabia, del que incluso los niños árabes estaban bien informados. La gente también sabía de ellos que habían sido destruidos por el castigo de Dios. Respecto de ellos, el Corán explica cuáles eran sus defectos de carácter, además de su politeísmo y adoración de ídolos. En la sura Ha-Mim As-Sajdah se dice que se ensoberbecieron en la tierra sin ningún derecho y decían: «¿Quién es más fuerte que nosotros?» (versículo 15). En la sura Al-Fayr se dice que se rebelaron contra Dios en la tierra y sembraron mucha corrupción (véanse los versículos 6-12). En la sura Ash-Shuará se relata que Hazrat Hud (la paz sea con él) les dijo: «¿Qué conducta es esta vuestra, que construís monumentos elevados en cada lugar alto y edificáis enormes palacios como si fuerais a vivir eternamente? Y cuando apresáis a alguien, lo hacéis como tiranos» (versículos 128-130). Obedecían las órdenes de todo tirano enemigo de la verdad (Hud: 59). Por más que Hazrat Hud (la paz sea con él) intentó hacerles comprender, respondieron a todo con transgresión, hostilidad y estratagemas llenas de oposición. Finalmente, al igual que Hazrat Noé (la paz sea con él), también tuvo que decirle a su pueblo: «Haced todos juntos contra mí cuanto podáis y no me deis ningún respiro. Mi confianza está puesta en Allah, que es mi Señor y también vuestro Señor. No existe criatura alguna cuya frente no esté bajo Su poder» (Hud: 55-56). Finalmente, Dios dijo al profeta: «Si eres veraz, está bien; tráenos entonces el castigo con el que nos amenazas». Después, cuando vieron que aquel castigo se acercaba de frente, aquellos necios creyeron que era una nube que iba a regar su valle. Pero era un viento huracanado y devastador que destruyó todo. (Al-Ahqaf: 22-25)
Tamud y Hazrat Salih (la paz sea con él)
Después de Ad, entre las antiguas naciones de Arabia, los tamudeos fueron una nación muy famosa. Sus ruinas abandonadas están esparcidas por todo el norte del Hiyaz y todavía pueden verse. Las caravanas comerciales de los qurayshíes pasaban por allí rumbo a Shām (Siria). También era de conocimiento general que un terrible terremoto destruyó a aquella nación, a consecuencia del cual las montañas de esa región siguen derrumbándose hasta hoy. En el Corán se afirma que aquella nación no solo se rebeló contra Dios incurriendo en shirk y adorando ídolos, sino que además desató una tormenta de rebelión y corrupción sobre la tierra de Dios. (Fayr: 6-12; A‘rāf: 74). Los jefes y dirigentes de aquella nación eran transgresores y corruptores, y por medio de ellos no se realizaba ninguna labor de reforma o corrección. (Shu‘arā’: 151-152). Para entregarse al lujo y exhibir su rango, construían palacios en lugares abiertos y tallaban mansiones en las montañas. (A‘rāf: 74; Shu‘arā’: 149). Una característica de una sociedad decadente es que, mientras los pobres no encuentran un lugar donde cobijarse, la clase rica construye palacios suntuosos. Para aquellos ricos, el profeta Ṣāliḥ (la paz sea con él) no era digno de que se creyera en él, porque los pobres habían creído en él. (A‘rāf: 75-76). Cuando el profeta Ṣāliḥ (la paz sea con él) los invitó a adorar a Dios y les pidió que se abstuvieran de la opresión, la corrupción y los placeres excesivos, nueve grandes alianzas tribales de corruptores deliberaron entre sí y dijeron: «Juremos por Dios y decidamos que atacaremos por sorpresa durante la noche a Ṣāliḥ y a su familia. Después diremos al wali de Ṣāliḥ, es decir, al jefe de su tribu, que no estábamos presentes cuando mataron a su familia, y que estamos diciendo toda la verdad». (Naml: 48-49). Allah frustró su conspiración. Ellos exigieron al profeta Ṣāliḥ (la paz sea con él) un milagro. En respuesta a su petición, Allah hizo aparecer ante ellos una camella. Su propia existencia era un milagro. Entonces, por medio del profeta Ṣāliḥ (la paz sea con él), se les advirtió que aquella camella pastaría donde quisiera, en sus campos y tierras de cultivo. Un día bebería agua sola, y al día siguiente todos ellos y sus animales beberían agua. Si la tocaban con malas intenciones, el castigo caería sobre ellos. (Véanse A‘rāf: 73; Hūd: 64; Shu‘arā’: 155).
Durante algún tiempo siguieron tratando a aquella camella con temor. Finalmente, aunque sabían que la camella era un milagro, llamaron al jefe más valiente de entre ellos y le dijeron: «Líbranos de este peligro». Él asumió la responsabilidad de hacerlo y la mató. Después de mostrar tal insolencia, desafiaron al profeta Ṣāliḥ (la paz sea con él) y dijeron: «¡Haz que nos llegue el castigo con el que nos amenazabas!». (A‘rāf: 77). El profeta Ṣāliḥ (la paz sea con él) dijo: «Está bien; disfrutad y regocijaos en vuestras casas durante tres días». Después llegó un terrible terremoto acompañado de un estruendo atronador, que destruyó a toda la nación excepto al profeta Ṣāliḥ (la paz sea con él) y a los creyentes. Sus casas quedaron convertidas en ruinas, como si nunca hubiera vivido nadie allí. (A‘rāf: 78; Hūd: 65; Qamar: 31).
El profeta Ibrāhīm (la paz sea con él)
El carácter y la conducta más ejemplares que se presentan en el Corán son los del profeta Ibrāhīm, la paz sea con él. Los árabes lo reconocían como el líder de su religión. Precisamente por su relación con él se habían establecido las bases de toda la gloria, orgullo, honor, dignidad, influencia y poder de los qurayshíes. El Corán les dice qué cualidad tan hermosa poseía para que Allah, el Señor de los mundos, considerara a aquel siervo suyo como Su jalīl (amigo). (Nisā’: 125). Allah dijo: «Voy a convertirte en líder de todas las naciones». (Baqara: 124). Cuando se le hizo evidente la verdad de que no existe otro Señor ni otra divinidad aparte de Allah, y que su padre y todo su pueblo estaban extraviados, abandonó la imitación ciega de sus antepasados. No tardó ni un instante en abandonar la religión de su pueblo y entregarse por completo, con un solo propósito, a la obediencia del Creador de la tierra y del cielo. No se limitó a permanecer como un sincero adorador de Dios en su propio lugar, sino que declaró abiertamente a sus antepasados y a la gente de su pueblo: «Estoy harto y disgustado de esta religión vuestra, llena de shirk, y, en mi opinión, estáis sumidos en un extravío manifiesto». (An‘ām: 74-81). Le dijo claramente a su padre: «Al adorar a dioses y divinidades ciegos, sordos y sin autoridad, en realidad estás adorando a Satanás». Su padre lo reprendió severamente y lo expulsó de casa. (Maryam: 43-46). Después de intentar hacerles comprender la verdad mediante argumentos, cuando se negaron a aceptarla, aprovechó una ocasión para entrar en su templo y romper sus ídolos; así les mostró de hecho que aquellos a los que adoraban no solo eran incapaces de ser adorados, sino que ni siquiera podían protegerse a sí mismos. (Anbiyā’: 53-67; Ṣāffāt: 85-96). El profeta Ibrāhīm (la paz sea con él) fue llevado ante el rey del país, que afirmaba ser el Señor. Él dijo sin temor: «No reconozco a nadie como Señor, excepto a Aquel en cuyas manos están mi vida y mi muerte». El rey respondió: «La vida y la muerte también están en mis manos». El profeta Ibrāhīm (la paz sea con él) dijo: «Allah hace que el sol salga por el este; hazlo salir tú por el oeste». Con estas palabras dejó en ridículo al rey arrogante. (Baqara: 258).
Prepararon para él una enorme hoguera. Se decidió arrojar al profeta Ibrāhīm en ella y quemarlo vivo. Sin embargo, estuvo dispuesto a no inclinar la cabeza ante la falsedad y a morir consumido por el fuego por la causa de la verdad. Fue por la gracia y la generosidad de Allah que Él hizo que el fuego se enfriara y lo volvió inofensivo para él. Pero él mismo no dejó de demostrar que podía aceptar ser arrojado al fuego, pero no podía abandonar la verdad y aceptar la adoración de la falsedad. (Anbiyā’: 68-70; Ṣāffāt: 97-98).
Finalmente, cuando se le planteó la disyuntiva de abandonar la religión o abandonar su país, no abandonó la religión; por el contrario, dejó para siempre su casa, su familia, su pueblo y su país, y salió confiando en Dios. Sabía lo arriesgado que era abandonar el propio país y convertirse en extranjero, especialmente en aquella época, cuando partir hacia una región desconocida tras salir del amparo del propio pueblo podía ser sumamente peligroso. Pero, con el corazón firme, dijo: (árabe***********) «Me dirijo hacia mi Señor; Él ciertamente me guiará». (Ṣāffāt: 99).
En su vejez, después de muchas súplicas y ruegos, nació un hijo suyo. Entonces su Señor lo sometió a otra dura prueba. Le indicó: «Deja a este lactante junto con su madre en aquel lugar desierto de La Meca, en aquella extensión despoblada donde quiero construir Mi Casa». También se preparó para cumplir esta orden y, llevando a su esposa y a su hijo desde su morada en Palestina, recorrió cientos de millas y los dejó allí, confiando enteramente en Dios. (Hayy: 26; Ibrāhīm: 37). Después tuvo que afrontar una prueba aún más difícil. Cuando aquel hijo creció y alcanzó la edad en que podía correr junto a su padre, recibió la indicación de sacrificarlo por Dios. También se preparó para cumplir esta orden. Pero cuando estaba a punto de pasar el cuchillo por la garganta de su hijo, Allah aceptó su sacrificio y le dio, como rescate, un «gran sacrificio». (Ṣāffāt: 100-107).
No estaba dispuesto a mostrar favoritismo hacia nadie en lo relacionado con Dios y Su religión. Al abandonar su tierra natal, dijo claramente a su pueblo: «La enemistad y la separación entre nosotros y vosotros han comenzado para siempre, hasta que creáis en un solo Dios» (Al-Mumtahina: 4). Prometió orar por el perdón de su padre, y también oró por él. Pero cuando comprendió que su padre era enemigo de Allah, rompió también la relación de afecto que lo unía a él (At-Tawba: 114). Este era el carácter y la conducta que la predicación islámica presenta a la gente como modelo.
Hazrat Lot (a.s.) y el pueblo de Lot
Hazrat Lot (a.s.) era sobrino de Hazrat Ibrahim (a.s.) y emigró con él hacia Palestina. Cerca del lugar que había convertido en su residencia vivía un pueblo sumamente perverso; no tenía igual en el mundo en cuanto a corrupción y depravación. Allah le encomendó la difícil tarea de reformarlos, lo hizo profeta y lo envió a su región. La situación de aquel pueblo era tal que las relaciones sexuales entre hombres constituían algo común. No las practicaban en secreto, sino abiertamente, unos delante de otros y en las reuniones públicas. Además, se dedicaban al bandidaje. Ninguna persona ni caravana podía atravesar aquella región a salvo (An-Naml; Al-Ankabut: 29).
Durante muchos años, Hazrat Lot (a.s.) les advirtió que temieran a Dios y les pidió que se abstuvieran de aquellas malas acciones. Ellos respondieron: «¡Oh, Lot! Si no dejas de decir esas cosas, te expulsaremos de aquí» (Ash-Shuara: 167). Sin prestar atención a aquellas amenazas, Hazrat Lot continuó con su predicación. Entonces deliberaron entre sí y decidieron expulsar de su ciudad a la familia de Lot, pues se presentaban como gente sumamente pura e inocente (Al-A’raf: 82; Al-Ankabut: 56). Finalmente, Allah decidió castigarlos y adoptó un método extraordinario para ejecutar Su decisión. Envió a algunos ángeles a la casa de Hazrat Lot en forma de jóvenes apuestos, como huéspedes. En cuanto llegaron, una ola de alegría y excitación recorrió toda la ciudad. Grupos de hombres corrieron hacia la casa de Hazrat Lot (a.s.) con la intención de cometer actos inmorales con aquellos jóvenes. Hazrat Lot (a.s.) les suplicó repetidamente: «No me deshonréis con respecto a mis huéspedes». Pero no hicieron caso de sus palabras; por el contrario, lo reprendieron y dijeron: «¿Acaso no te hemos prohibido una y otra vez que te conviertas en objeto de desprecio para todo el mundo?» (Al-Hijr: 70).
Entonces los ángeles dijeron a Hazrat Lot (a.s.): «Somos ángeles enviados por Dios y hemos sido enviados para hacer descender el castigo sobre ellos. Saldrás de aquí con la gente de tu casa antes del amanecer». A quienes habían irrumpido en dirección a la casa de Hazrat Lot se les dejó ciegos. Su ciudad fue puesta del revés y sobre ellos se hizo llover una lluvia de piedras, cada una de las cuales estaba marcada para acabar con una persona determinada (Hud: 82-83). Era un pueblo tan desdichado que en toda aquella región no se encontraba la casa de ningún creyente, salvo la de Lot (a.s.) (Adh-Dhariyat: 36). Incluso en aquella única casa, la esposa del propio Lot (a.s.) era incrédula; por ello se le ordenó que no la llevara consigo, pues ella también debía sufrir el castigo (Hud: 81). El Corán relata esta historia en distintos lugares para mostrar a la gente cómo es un pueblo inmoral, cuál es su destino y en qué circunstancias trabajaron los profetas de Allah.
La historia de Hazrat Yusuf (a.s.)
Después llega, desde el punto de vista histórico, el turno de la historia de Hazrat Yusuf, la paz sea con él, sobre quien fue revelada una sura completa del Corán en la que se presentan frente a frente los buenos y los malos caracteres. Por un lado, se muestra el carácter de los hermanos de Yusuf (a.s.), quienes, debido a que su honorable padre, Hazrat Yaqub (a.s.), amaba más a su hijo menor Yusuf (a.s.), decidieron después de deliberar que debían matarlo o arrojarlo en algún lugar y regresar aparentando ser hombres de bien. Luego engañaron a su padre, llevaron a su hermano fuera con el pretexto de viajar y divertirse, y lo arrojaron a un pozo seco. Después regresaron con su camisa manchada falsamente de sangre y dijeron a su padre que un lobo lo había atrapado y devorado.
La conducta de los miembros de aquella caravana de comerciantes fue que, al encontrar a Hazrat Yusuf (a.s.) en el pozo seco, convirtieron al muchacho oprimido en parte de sus mercancías y lo llevaron a Egipto para venderlo.
Vean el carácter de la esposa del Aziz de Egipto, cuyo esposo había comprado al profeta José (la paz sea con él) y en cuya casa él creció hasta alcanzar la juventud. Su descaro llegó al extremo de invitar al profeta José (la paz sea con él) a cometer un pecado. Él huyó de ella, decidido a no ceder, y ella lo siguió. En ese momento apareció su esposo. Entonces ella presentó contra él la acusación contraria: que él había intentado deshonrarla. Cuando su mentira quedó demostrada y las mujeres de la alta sociedad comenzaron a hablar de su amor por él, las invitó a una reunión y llevó ante ellas al profeta José (la paz sea con él), diciendo: «Si no me enamoré de un joven tan hermoso, ¿de qué me enamoré entonces?». Luego les dijo a todas las presentes: «Si no acepta mantener una relación ilícita conmigo, lo enviaré a una prisión».
El comportamiento de las mujeres de la alta sociedad egipcia fue tal que, al contemplar la belleza del profeta José (la paz sea con él) en aquella reunión, se cortaron las manos. Ellas también se enamoraron de él y comenzaron a intentar atraerlo hacia sí.
Vean la conducta de los jueces de Egipto, quienes castigaron al profeta José (la paz sea con él) por la degradación moral de sus propias mujeres y, aunque era inocente, lo enviaron a prisión durante varios años.
Por otra parte, los ejemplos de la pureza moral del profeta José (la paz sea con él) fueron apareciendo uno tras otro. Soportó la prisión, pero no soportó mancharse con el pecado. A pesar de ello, no surgió en él ningún orgullo por su piedad. Con gran humildad y modestia suplicó a Allah Todopoderoso: «¡Oh, mi Señor! La prisión me es más querida que aquello a lo que estas personas me invitan. Si no me proteges de las trampas que estas mujeres me han tendido, me inclinaré hacia ellas y pasaré a formar parte de los ignorantes».
Incluso en la prisión intentó exhortar a los siervos de Allah, aconsejarlos y guiarlos por el camino recto; no dejó escapar ninguna oportunidad de proclamar la verdad. En la sura José se relata un solo episodio, desde las aleyas 36 hasta la 40, del cual se sabe cómo continuó cumpliendo la responsabilidad de llamar a Allah durante su largo encarcelamiento.
Después, cuando interpretó un sueño del rey de Egipto, el rey quedó impresionado y expresó su deseo de liberarlo y recibirlo. Pero él se negó a aceptar la libertad hasta que la esposa del Aziz de Egipto y las demás mujeres que la acompañaban dieran testimonio de su pureza de carácter y de su propia culpabilidad.
Luego llegó el momento en que obtuvo la autoridad para gobernar Egipto. Por entonces, sus hermanos, aquellos que lo habían arrojado a un pozo seco, comenzaron a acudir repetidamente ante él para pedirle alimentos y cereales. Él continuó dándoles grano. Pero jamás pensó en vengarse de ellos por la opresión que le habían infligido. Al principio, ellos ni siquiera sabían quién era el gobernante de Egipto de quien estaban obteniendo grano. Solo el profeta José (la paz sea con él) los reconoció. Pero la tercera vez que fueron, José (la paz sea con él) les dijo: «Yo soy ese hermano vuestro contra quien cometisteis una injusticia de la que sois conscientes». Entonces confesaron su delito. La respuesta de José fue:
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—Hoy no se os hará rendir cuentas por vuestros pecados. Que Allah os perdone; Él es el más misericordioso de todos—. Luego, no solo convocó a su honorable padre, el hazrat Ya‘qub (a), a Egipto, sino que también hizo venir a sus hermanos con sus familias y los reinstaló con todos los honores.
En la sura Yusuf se muestra la suprema nobleza del carácter de este gran hombre: no manifestó ninguna clase de orgullo ni arrogancia por su elevada posición. Por el contrario, inclinó humildemente la cabeza ante Allah Todopoderoso y le suplicó:
—¡Oh, mi Señor! Me has concedido autoridad sobre el Estado y me has dado conocimiento para comprender los significados sutiles de todas las cosas. ¡Oh, Creador de los cielos y de la tierra! Tú eres mi Protector y Amigo en este mundo y en el Más Allá. Hazme morir como musulmán y reúneme con los justos. (Yusuf: 101)
El hazrat Shu‘ayb (a), el pueblo de Madián y el pueblo de Aykah
En el Noble Corán también se relata la historia del pueblo de Madián y de los compañeros de Aykah, que habitaban en la región septentrional del Hiyaz. Se dice de ellos que, además de adorar a otros junto con Allah, tenían varios defectos morales: daban menos de lo debido en las medidas, practicaban el bandidaje y sembraban la discordia y la corrupción. Allah envió al hazrat Shu‘ayb (a) como profeta a Madián. También le encomendó la tarea de reformar al pueblo de Aykah. Durante mucho tiempo les exhortó, advirtiéndoles del temor de Allah, a abandonar aquellas malas acciones. Pero solo un número muy reducido creyó en él, mientras que los demás permanecieron aferrados a su conducta. Los jefes de Madián dijeron al hazrat Shu‘ayb: «¿Acaso tu oración te ordena que abandonemos los ídolos de nuestros antepasados o que dejemos de hacer con nuestras riquezas lo que queramos?». (Hud: 87) En otras palabras, insistían en que debían adorar a otros aparte de Allah porque sus antepasados los habían adorado. También insistían en que debían tener libertad para obtener riquezas a su antojo, ya fuera saqueando, engañando en el comercio o cometiendo injusticias contra los débiles. Decían a su pueblo: «Si seguís a Shu‘ayb, ciertamente pereceréis». (Al-A‘raf: 90) Según su opinión, el progreso y el desarrollo de la nación dependían de que adquiriera riquezas por toda clase de medios ilícitos. Adoptar medios lícitos significaba, para ellos, que la nación quedaría destruida. Amenazaron al hazrat Shu‘ayb (a), diciendo: «Te expulsaremos a ti y a quienes han creído contigo». (Al-A‘raf: 88) También dijeron: «Te consideramos un hombre débil entre nosotros. Si no fuera por tu clan, te habríamos lapidado. No tienes suficiente fuerza ni poder para imponerte sobre nosotros». (Hud: 91) En respuesta, el hazrat Shu‘ayb (a) los avergonzó diciendo: «¿Es mi clan más poderoso que Allah frente a vosotros? Sin embargo, habéis dejado a Allah a vuestras espaldas». (Hud: 92)
El pueblo de Aykah también se comportó de esa manera con el hazrat Shu‘ayb. No aceptaron ninguno de sus consejos y respondieron: «Si eres veraz, haz que caiga sobre nosotros un fragmento del cielo». (Ash-Shu‘ara: 187)
Finalmente, ambos pueblos se enfrentaron al castigo de Allah y fueron destruidos. Durante sus viajes comerciales a Siria, los habitantes de La Meca atravesaban aquellas regiones donde estos dos pueblos habían sido alcanzados por el castigo. Por eso, no podían dejar de sentirse impactados por este relato del Corán.
La historia del faraón y de Musa (a)
En todo el mundo, todos conocían este terrible acontecimiento histórico: el Faraón y sus tropas se ahogaron en las profundidades del mar, víctimas del castigo de Dios. En Arabia vivían numerosos judíos y cristianos, por medio de los cuales todos los árabes sabían que Moisés, la paz sea con él, había sido enviado a ellos como profeta y que les había invitado a la verdad mostrando milagros extraordinarios. Sin embargo, no creyeron aun después de haber visto los milagros. Incluso los propios miembros de Quraysh conocían estos milagros de Moisés, la paz sea con él. De hecho, una de sus objeciones contra el Profeta era también:
(Árabe***************)
¿Por qué a este profeta no se le ha dado el milagro que le fue dado a Moisés? (Qasas: 48)
Por esta razón, el Corán relata en numerosos pasajes, con gran detalle, la historia de Moisés, la paz sea con él, y del Faraón. En ella se presentan claramente ante la humanidad las conductas buenas y malas, junto con sus características.
Los crímenes del Faraón se identifican uno por uno. Mostró una terrible arrogancia en la tierra, dividió a sus habitantes en grupos, humillaba y deshonraba enormemente a uno de ellos, mataba a sus hijos varones y dejaba con vida a sus hijas. En realidad, pertenecía a los corruptores. (Qasas: 4) Es decir, la norma de su gobierno no era que todos los ciudadanos del país fueran iguales ante la ley y recibieran los mismos derechos. Por el contrario, adoptó una política destinada a dividir a los habitantes del país en distintos grupos. A unos, concediéndoles privilegios y ventajas, se les consideraba el grupo gobernante; a otros se les consideraba súbditos y eran sometidos y oprimidos. Entre estos últimos, los hijos de Israel sufrían especialmente una cruel persecución y opresión. Mataba a sus hijos varones y dejaba con vida a sus hijas, para que su linaje se extinguiera gradualmente y para que, una vez sometidas las mujeres al control de los egipcios, naciera una estirpe egipcia mediante ellas. Por esta razón, cuando Moisés, la paz sea con él, nació en una familia israelita, Dios inspiró a su madre que, cuando temiera que mataran a su hijo, lo colocara en una cesta y lo arrojara al río. (Qasas: 7)
El cuadro completo del trato que el Faraón dispensaba incluso a su propio pueblo egipcio está resumido en una sola frase de la sura Az-Zujruf.
Él consideraba despreciable e insignificante a su propio pueblo, y ellos le obedecían. En realidad, eran gente perversa. (Az-Zujruf: 54)
En esto se hace patente tanto la política del Faraón como el estado de decadencia moral de su pueblo.
Cuando una persona intenta imponer su gobierno despótico en un país y adopta toda clase de estratagemas para ello, recurre a todo tipo de engaños y fraudes, comercia abiertamente con las conciencias y aplasta cruelmente a quienes no se venden, entonces, lo diga o no con palabras, manifiesta mediante sus actos que, en realidad, considera insignificantes a los habitantes de ese país en cuanto a conciencia, carácter y valentía. Llega a creer que puede llevar a esos necios, cobardes y desprovistos de conciencia en la dirección que quiera. Luego, cuando sus estratagemas se han establecido con éxito en el país y sus habitantes permanecen como esclavos, con las manos juntas en actitud suplicante, demuestra con sus actos que ellos son exactamente como los había considerado. La verdadera razón por la que han caído en este estado deshonroso es que, en lo fundamental, son fásicos. No les preocupa qué es la verdad y qué es la falsedad, qué es la justicia y qué es la opresión, ni si la veracidad, la honradez y la cortesía merecen respeto, o si lo merecen la mentira, la deslealtad y la vileza. En lugar de todo ello, lo único que tiene verdadera importancia para ellos es el interés personal, por el cual cada uno está dispuesto a colaborar con todo opresor, inclinar la cabeza ante todo poderoso, aceptar toda mentira y silenciar toda voz de la verdad.
Cuando Hazrat Musa (la paz sea con él) llegó a la corte del Faraón junto con su hermano Hazrat Harún (la paz sea con él), como mensajeros de Alá, y presentó una tras otra demostraciones tan evidentes que ni siquiera la persona más necia podía imaginar que fueran un juego de magia, él continuó llamándolas magia únicamente por orgullo y arrogancia. Sus cortesanos repetían sus asentimientos. Incluso los hábiles magos que había invitado reconocieron que la transformación del bastón en una serpiente gigantesca no era obra de su destreza, sino un milagro de Dios.
Quedan ahora los demás milagros: por ejemplo, que todo Egipto sufriera una hambruna, conforme al anuncio previo de Hazrat Musa (la paz sea con él), y que esta desapareciera nuevamente gracias a su súplica; que, después de su anuncio, una terrible tormenta de lluvia azotara todo el país y luego cesara por su súplica; que, tras su anuncio, se produjera una devastadora invasión de langostas y que todo desapareciera por su súplica. Asimismo, según sus anuncios, los piojos, los pequeños insectos, las ranas y la plaga de sangre se extendían sucesivamente por todo el país y desaparecían únicamente por su súplica. Esto no dejaba lugar a dudas de que no se trataba de la magia de un mago, pues ningún mago había podido ni podía hacer algo semejante. Estos milagros mostraban que eran maravillosas manifestaciones del poder de Alá, el Señor de los mundos. Por eso, cada vez que llegaba un castigo, el Faraón y sus cortesanos decían a Hazrat Musa (la paz sea con él): «Ruega a tu Señor, basándote en la posición que tienes ante Él, para que aparte de nosotros este castigo. Entonces aceptaremos tu palabra». Pero, una vez que la calamidad desaparecía, rompían su promesa. (A‘raf: 134-135; Zujruf: 49-50)
El Corán afirma claramente que, en su fuero interno, creían que Hazrat Musa (la paz sea con él) estaba en la verdad. Sin embargo, continuaban negándolo por opresión y arrogancia. (Naml: 14) Esta verdad se hizo completamente manifiesta cuando el Faraón comenzó a hundirse junto con sus tropas y gritó: «Acepto que no hay dios excepto Aquel en quien han creído los hijos de Israel, y soy de los musulmanes». (Yunus: 90)
Así, aun después de conocer la verdad, él y sus cortesanos, adoradores de la falsedad, cometieron una opresión y una arrogancia desmedidas. Sus cortesanos le dijeron: «¡Señor! ¿Acaso dejarás que Musa y su pueblo sigan así, causando corrupción en el país y abandonando la adoración de usted y de sus dioses?»
Él respondió: «No. Ahora mismo ordeno que maten a sus hijos varones y dejen con vida a sus hijas». (A‘raf: 127)
En realidad, se renovó la orden que había sido promulgada antes del nacimiento de Hazrat Musa (la paz sea con él). Luego se emitió una nueva orden: que también fueran asesinados los hijos varones de quienes habían creído en Musa (la paz sea con él), y que se dejara con vida a las hijas. (Mu’min: 25)
Le dijo a Hazrat Musa (la paz sea con él): «Si aceptas como dios a alguien distinto de mí, te encarcelaré». (Shu‘ara: 29) En su corte abarrotada dijo: «¡Jefes! No sé que tengáis otro dios aparte de mí». (Qasas: 38) Dijo sin temor: «Yo soy vuestro dios supremo». (Nazi‘at: 24) Con absoluta desvergüenza, dijo a su ministro Hamán: «Construye un edificio alto; subiré a él para ver dónde está el dios de Musa». (Qasas: 38; Mu’min: 36-37) Incluso una vez decidió matar a Musa (la paz sea con él) y dijo a sus cortesanos: «Dejadme; mataré a este Musa. Después, que invoque a su dios y lo compruebe». (Mu’min: 26)
En estos relatos también se observa un tipo de conducta: la de Faraón, sus cortesanos y su pueblo. Otro comportamiento aleccionador es el de los magos de Egipto, que se habían reunido desde distintas partes del país para enfrentarse al profeta Moisés (la paz sea con él) en defensa de su religión. Ellos le dijeron a Faraón: «Si vencemos, ¿recibiremos algún premio?»
Faraón respondió: «No solo recibiréis un premio, sino que además estaréis entre quienes gozan de mi cercanía».
Pero cuando aquellos mismos magos vieron que el milagro del profeta Moisés (la paz sea con él) había derrotado su magia, comprendieron que allí no actuaba la magia, sino el poder divino. Entonces cayeron postrados y gritaron: «Creemos en el Señor de los mundos, el Señor de Moisés y Aarón (la paz sea con ambos)».
Entre ellos se produjo de repente una transformación tan extraordinaria que, aun después de que Faraón los amenazara con cortarles las manos y los pies y colgarlos en la horca, no le dieron ninguna importancia a nada de ello. Le dijeron claramente: «Haz todo lo que puedas hacer. No nos apartaremos de la verdad manifiesta que hemos visto, ni de nuestro Creador, por consideración hacia ti». (Al-A‘raf: 113-126; Ta-Ha: 70-73; Ash-Shu‘ara: 41-51; véase).
Otra conducta fue la de uno de los cortesanos de Faraón. Había creído en su corazón, pero lo había mantenido oculto. Sin embargo, cuando Faraón decidió matar al profeta Moisés (la paz sea con él), se puso de pie en plena corte y dijo: «¿Acaso mataréis a un hombre solo porque dice: “Mi Señor es Dios”?»
Después pronunció un discurso largo y enérgico, citado íntegramente en la sura Al-Mu’min, desde la aleya 28 hasta la 44. En su discurso, advirtió abiertamente a Faraón, a los altos funcionarios y miembros de su Estado y al pueblo sobre el castigo de Dios. Exhortó a todos a seguir el camino recto. No le preocupó en absoluto qué consecuencias tendría que afrontar por decir aquella verdad.
La conducta más admirable de este relato es la del profeta Moisés (la paz sea con él). Pertenecía a un pueblo que llevaba una vida extremadamente humillante. No tenía siquiera el valor moral suficiente para lamentarse un poco por el asesinato de sus hijos. El propio profeta Moisés (la paz sea con él) estaba acusado de haber matado a un egipcio y existía una orden de arresto contra él. Abandonó el país y se refugió durante varios años en Madián. En esas circunstancias, Dios lo convirtió en profeta y le ordenó enfrentarse a un gobernante tiránico como Faraón, provisto como milagros de un bastón y de la mano luminosa. Confiando en Dios, llegó a la corte de Faraón sin ninguna fuerza militar. No se amedrentó ante sus amenazas. No inclinó la cabeza ante su opresión y tiranía. Continuó afrontando durante años y años situaciones sumamente difíciles. Cuando Faraón anunció públicamente que lo mataría, le cerró la boca diciéndole estas palabras:
(Árabe**************)
—Me refugio en mi Señor y vuestro Señor, de todo soberbio arrogante que no cree en el Día del Juicio. (Al-Mu’min: 27)
Otros ejemplos históricos
Así, al presentar en el Corán muchos otros ejemplos históricos, se ha dejado claro qué tipo de conducta y carácter aprueba el islam y qué tipo de personas le desagradan. Por un lado estaban el profeta David y el profeta Salomón, quienes, aun ocupando el trono real, no se apartaron del temor de Dios ni de Su adoración. En lugar del orgullo y la arrogancia, permanecieron firmes en la gratitud y la obediencia. Siempre que percibieron que Dios los estaba poniendo a prueba, se inclinaron de inmediato ante Él con humildad y sumisión. (Sad: 17-24, 34-35; An-Naml: 19-40, véase)
Aunque la reina de Saba gobernaba a un pueblo politeísta, cuando conoció la verdad la aceptó sin vacilación, sin preocuparse por si su pueblo politeísta la apoyaría o no. (An-Naml: 44)
En la sura Ya-Sin se menciona a un hombre de la verdad cuyo pueblo se opuso a tres profetas y se dispuso a matarlos a pedradas. En aquella peligrosa situación, él corrió desde un extremo de la ciudad, exhortando a su pueblo; demostró con argumentos su extravío por no aceptar a los profetas, proclamó claramente su propia fe y, finalmente, renunció a toda esperanza de conservar la vida. Es decir, lo mataron. Sin embargo, de su boca no salió ninguna maldición contra los opresores. Por el contrario, esperaba: «¡Ojalá mi pueblo supiera por qué medio he alcanzado, de parte de mi Señor, el honor y la dicha del perdón!». (Ya-Sin: 13-27)
Después se menciona a los Compañeros de la Cueva, quienes, para proteger su fe de la opresión de un pueblo politeísta, se ocultaron en una cueva de la montaña confiando únicamente en Dios, sin pensar cuánto tiempo tendrían que pasar en estado de indefensión en aquel refugio. Su única preocupación era no apartarse del camino de la fe. (Al-Kahf: 13-20)
Por otro lado, el Corán también menciona a Qarún. Era uno de los miembros del pueblo del profeta Moisés. Sin embargo, por su adoración del mundo, se había unido al círculo de los cortesanos más cercanos del Faraón. Se hizo dueño de una inmensa riqueza por medios ilícitos y comenzó a alardear de ella. Cuando los hombres rectos lo exhortaban a llevar una vida virtuosa, rechazaba sus esfuerzos diciendo: «Lo que he obtenido es resultado de mi propia capacidad». Las personas fascinadas por el mundo, al contemplar su esplendor, lo consideraban muy afortunado y deseaban tener una fortuna semejante. Pero cuando Dios lo sepultó bajo tierra junto con sus riquezas y su palacio, aquello se convirtió en una lección para quienes deseaban alcanzar una fortuna como la suya. (Al-Qasas: 76-82)
Dios había convertido en un paraíso terrenal la tierra donde vivía el pueblo de Saba. Pero cuando adoptaron el camino de la desobediencia a Dios, Él los destruyó mediante una terrible inundación. Sus jardines se transformaron en matorrales de arbustos espinosos, y quedaron tan dispersos que su dispersión se convirtió en un ejemplo en Arabia. (Saba: 15-19)
El peor ejemplo lo constituyeron los judíos. Desobedecieron a Dios y provocaron dos veces grandes desórdenes en la historia, por lo que también tuvieron que sufrir el castigo correspondiente. En una ocasión, los crueles gobernantes babilonios y asirios los expulsaron. En la segunda, los romanos los dispersaron desde Palestina por todo el mundo. Después de esta última dispersión, llegaron a Arabia. Cada uno de sus defectos morales era conocido por los árabes. Al señalar estos defectos, el Corán dice a la gente que Allah detesta profundamente a quienes poseen semejantes defectos. Deliberadamente se entregaban a pecados contrarios a las enseñanzas de la religión para satisfacer sus intereses mundanos y los deseos de sus pasiones, confiando en que de todos modos serían perdonados. (A‘raf: 169)
Decían que no era pecado apropiarse de las riquezas de los no judíos ni tratarlos mal. (Âl Imrán: 175) Sus eruditos, líderes religiosos y ascetas consumían injustamente los bienes de la gente. (Tawba: 34) La usura estaba ampliamente extendida entre ellos, aunque estaba prohibida en su religión. (Nisa: 161)
Atribuían injustamente al profeta Salomón (la paz sea con él) las actividades satánicas que habían convertido en un negocio lucrativo con la ayuda de la magia, la hechicería y los espíritus. (Baqara: 102)
Entre ellos se habían extendido toda clase de abusos y pecados, y habían abandonado la práctica de impedirse mutuamente las malas acciones. Por ello se hundían en el abismo de la decadencia moral. (Ma’ida: 79) El Corán ha presentado estos defectos como causas generales de la destrucción de todos los pueblos. En efecto, después de relatar en la sura Hud los repetidos castigos que sufrieron los pueblos del pasado, se dijo: «¿Por qué no hubo, entre los pueblos que os precedieron y que destruimos, personas virtuosas que prohibieran la corrupción en la tierra? Sólo unos pocos, a quienes salvamos de entre ellos, lo hicieron. En cambio, los injustos se entregaron a los placeres que les habíamos concedido en abundancia y fueron pecadores». (Versículos: 116-117)
Los abusos que el Corán condenó
Esta era una forma de exposición mediante la cual el Corán, al relatar acontecimientos históricos, explicaba sus enseñanzas morales. La segunda forma de exposición consistía en condenar directamente las malas conductas, acciones y caracteres que se encontraban entre los qurayshíes, los árabes y la sociedad humana en general. Eran acciones tan malas que nadie se atrevía a llamarlas buenas. Frente a ellas, el Corán explica cuáles son las virtudes, el carácter y las obras rectas con las que el islam desea ver adornados al individuo y a la sociedad. Eran virtudes cuya grandeza moral nadie podía negar.
Ahora expondremos los defectos que el Corán ha condenado y sobre los cuales ha dicho a la gente que el islam desea purificar la vida humana.
—La perdición está asegurada para todo aquel que insulta a la gente cara a cara y difunde sus defectos a sus espaldas; que acumula riquezas y las cuenta una y otra vez; que piensa que sus riquezas permanecerán con él para siempre. (Humaza: 1-3)
—¿Has visto a quien niega la recompensa y el castigo de la otra vida? Ese es quien aparta bruscamente al huérfano y no incita a alimentar al necesitado. (Es decir, ni se exhorta a sí mismo a ello ni exhorta a otros a hacer algo para saciar el hambre de los pobres y necesitados.) Luego, ¡ay de quienes rezan, pero son negligentes con respecto a su propia oración; de quienes hacen ostentación y se abstienen de prestar incluso las cosas necesarias de uso cotidiano! (Al-Maún)
La condición del ser humano es tal que, cuando su Señor lo pone a prueba y, como parte de la prueba, le concede honor y abundantes favores, dice: «Mi Señor me ha honrado». Pero cuando lo pone a prueba y, en consecuencia, restringe su sustento, dice: «Mi Señor me ha humillado». ¡No! (Es decir, estas no son las medidas del honor y la humillación.) Más bien, no tratáis dignamente a los huérfanos, no os exhortáis unos a otros a alimentar al necesitado, devoráis acumuladamente todos los bienes de la herencia y os entregáis por completo al amor de las riquezas. (Al-Fayr: 15-20)
—Quienes consumen injustamente los bienes del huérfano, llenan sus vientres de fuego. (An-Nisá: 10)
—La preocupación por acumular cada vez más bienes mundanos y por superaros unos a otros os ha sumido en la negligencia, hasta que finalmente llegáis a las tumbas con esa misma preocupación. ¡No! (Es decir, eso no es ningún bien.) Pronto sabréis. (At-Takázur: 1-3)
—Nunca obedezcas a quien jura excesivamente y carece de importancia; a quien insulta, maldice y difunde calumnias; a quien obstaculiza el bien y se entrega a la injusticia y la transgresión; al gran pecador, brutal y depravado, además de ser de baja estirpe. (No te sometas a su presión únicamente porque) posee abundantes riquezas e hijos. (Al-Qalam: 10-14)
—¡Ay de los defraudadores, que cuando reciben de la gente toman la medida completa, pero cuando les miden o les pesan, les dan menos! ¿Acaso no saben que serán resucitados en un día grandioso? Ese será el día en que toda la humanidad comparecerá ante el Señor de los mundos. (Al-Mutaffifín: 1-6)
—Medid con exactitud y justicia, y no alteréis hacia arriba ni hacia abajo el fiel de la balanza (para engañar al comprador). (Ar-Rahmán: 9)
—(El Día del Juicio, los habitantes del Paraíso) preguntarán a los culpables habitantes del Infierno: «¿Qué os condujo al Infierno?». Ellos responderán: «No formábamos parte de quienes rezaban; no alimentábamos a los huérfanos; nos sumábamos a quienes inventaban palabras contrarias a la verdad y negábamos el Día de la Retribución». (Al-Muddazzir: 40-46)
—(El Día de la Resurrección, cuando se lleve encadenado al condenado al Infierno, se dirá:) Esta persona no creía en el Dios Altísimo ni exhortaba a alimentar al miskín. Por eso, hoy no tiene aquí ningún amigo compasivo, ni alimento alguno excepto secreciones de las heridas, que nadie come salvo los pecadores. (Al-Háqqah: 33-37)
—Dice: «He gastado una enorme cantidad de riquezas». ¿Acaso piensa que nadie lo ha visto? (Al-Balad: 6-7)
—Gastar una enorme cantidad de riquezas significa gastar dinero en exceso para exhibir su riqueza y manifestar su orgullo y arrogancia. El significado de la última frase es: ¿Acaso este orgulloso y arrogante piensa que nadie lo ve, cómo ha adquirido su riqueza y con qué propósito y en qué la ha gastado?)
—Quienes gastan sus riquezas por la causa de Allah, no buscan de nadie ninguna recompensa después de gastar ni causan aflicción a la persona favorecida, tendrán su recompensa junto a su Señor y no habrá para ellos motivo alguno de tristeza ni de temor.
Una palabra amable y mostrar indulgencia ante un asunto desagradable son mejores que una limosna seguida de aflicción. (Al-Báqara: 162-163)
—No arruinéis vuestra caridad, pidiendo una recompensa y causando aflicción, como quien gasta sus riquezas para ser visto por la gente. (Al-Báqara: 264)
—Quien escatima en gastar los bienes que Allah le ha concedido por Su favor, no debe pensar que eso es bueno para él; al contrario, es sumamente perjudicial para él. Lo que haya acumulado por avaricia se convertirá, el Día de la Resurrección, en cadenas alrededor de sus cuellos. (Alí Imrán: 180)
La avaricia no consiste únicamente en que una persona no gaste sus riquezas ni en sí misma ni en sus hijos. Más bien, se llama avaricia al hecho de que lo gaste todo en sus placeres, diversiones y en exhibir sus propias riquezas, pero no sienta deseo de gastar en ninguna buena obra.
-Allah nunca ama a quien es arrogante y se jacta de su propia superioridad. A quien es avaro, insta a los demás a ser avaros y oculta lo que Allah le ha concedido por Su gracia. (Nisa: 36-37)
-Solo triunfarán quienes se protejan de la mezquindad de corazón. (Tagabun: 16)
-No hables a la gente con el rostro vuelto hacia otro lado ni camines por la tierra con arrogancia. Allah no ama a ningún engreído jactancioso. Adopta moderación en tu manera de caminar y baja un poco tu voz. De todos los sonidos, el rebuzno del asno es el más desagradable. (Luqman: 18-19)
-No ambicionéis aquello con lo que Allah ha favorecido a unos de vosotros por encima de otros. (Nisa: 32)
La causa principal de la envidia y la rivalidad es inquietarse al ver que alguien supera a uno en algún aspecto; por ello, la persona sufre un ardor interior. Desea el mal de esa persona para alcanzar su propio bien. Y, como no puede lograr ese progreso por medios lícitos, recurre a medios ilícitos.
-¡Oh, Profeta! Diles a la gente: «Mi Señor ha prohibido las obscenidades, tanto manifiestas como ocultas; los pecados y las transgresiones contra la verdad. Y ha prohibido que asociéis con Allah aquello para lo cual Él no ha hecho descender ninguna autoridad, y que digáis acerca de Allah aquello de lo que no tenéis conocimiento de que proceda de Él». (A‘raf: 33)
-No uséis el nombre de Allah en vuestros juramentos como pretexto para absteneros de hacer el bien, practicar la piedad y promover la reconciliación entre la gente. (Baqarah: 224)
-Cumplid el pacto hecho con Allah cuando hayáis contraído un acuerdo con Él. No quebrantéis vuestros juramentos después de haberlos confirmado, habiendo puesto a Allah como testigo sobre vosotros. Allah conoce perfectamente todo lo que hacéis. No seáis como aquella mujer que hiló con esfuerzo su hilo y luego lo deshizo en pedazos. No hagáis de vuestros juramentos un instrumento de engaño y fraude entre vosotros, para que un grupo obtenga mayores ventajas que otro. En verdad, Allah os pone a prueba mediante estos juramentos y pactos. (Nahl: 91-92)
-Y para quienes rompen el pacto que han establecido firmemente con Allah, cortan los lazos que Allah ha ordenado mantener y siembran la corrupción en la tierra, habrá maldición, y tendrán una pésima morada en la otra vida. (Ar-Ra’d: 25)
-Cuando un rey entra en un país, lo arruina y humilla a sus dignatarios. Así es como actúan. (An-Naml: 34)
-Los defectos morales censurados en la sura Al-Huyurat son: burlarse unos de otros, insultarse, llamarse con malos nombres, albergar injustamente malas sospechas, espiar la situación de los demás y difamar a otros a sus espaldas. (Véanse los versículos 11-12.)
-Ciertamente han sufrido una gran pérdida quienes, por ignorancia, mataron a sus hijos. (Al-An’am: 140)
-Cuando a uno de ellos se le anuncia el nacimiento de una hija, su rostro se ensombrece y queda abatido, como si hubiera tragado un sorbo de sangre. Se oculta de la gente, preguntándose cómo podrá mostrarse ante ellos después de esta mala noticia. Piensa si conservarla con humillación o enterrarla bajo tierra. (An-Nahl: 58-59)
-(El Día de la Resurrección, cuando la gente comparezca ante Allah,) se preguntará a la niña enterrada viva: «¿Por qué delito te mataron?». (At-Takwir: 8-9)
-Quien comete por sí mismo un delito o un pecado y luego acusa de ello a un inocente, carga sobre sus hombros una gran calumnia y un pecado. (An-Nisa: 112)
-No defiendas a ningún traidor. Allah no ama a ningún traidor ni a quien está habituado a cometer delitos. (An-Nisa: 105-107)
-El traidor se presentará el Día de la Resurrección llevando consigo su traición. Luego, cada persona recibirá plenamente la recompensa por lo que haya ganado, y nadie será tratado injustamente. (Alí Imrán: 161)
-No traicionéis deliberadamente los depósitos que otros os hayan confiado. (Al-Anfal: 27)
-Lo que dais en usura para que aumenten los bienes de la gente no aumenta ante Allah. Pero la zakat que dais buscando la complacencia de Allah, esos que la entregan son quienes, en realidad, hacen aumentar sus bienes. (Ar-Rum: 39)
-No os apropiéis injustamente de los bienes de los demás. Pero si se trata de una transacción realizada de mutuo acuerdo, es diferente. No os matéis unos a otros. … A quien de entre vosotros haga eso con injusticia y transgresión, ciertamente lo arrojaremos al Infierno. (An-Nisa: 29-30)
-No os apropiéis injustamente de los bienes de los demás, ni los llevéis ante los jueces con el propósito de apoderaros deliberadamente de una parte de los bienes de la gente. (Al-Baqara: 188)
-Esto también significa que no debéis intentar obtener ventajas ilícitas sobornando al juez. Aunque sepáis que el bien pertenece en realidad a otra persona, no llevéis el caso ante los tribunales con el único propósito de que esa persona no pueda demostrar su propiedad o de que vosotros ganéis el pleito mediante alguna manipulación.
-Los testigos no deben negarse a declarar cuando sean convocados para hacerlo, y no debéis ocultar el testimonio. Quien lo oculte tendrá el corazón manchado por el pecado. (Al-Baqara: 282-283)
-Absteneos de mentir. (Al-Hajj: 30)
También se incluye aquí el falso testimonio, acerca del cual el Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: «El falso testimonio equivale al shirk asociado con Allah».
-Quien interceda por una buena obra tendrá una parte de ella, y quien interceda por una mala obra tendrá una parte de ella. (An-Nisa: 85) Es decir, también será partícipe de la obra, buena o mala.
-En la sura An-Nur, desde la aleya 4 hasta la 23, se condena severamente la imputación de falsas acusaciones contra mujeres castas y virtuosas, su difusión después de haberlas oído y la propagación de la obscenidad en la sociedad. Considero suficiente citar únicamente esas aleyas, sin exponer sus detalles. Además, esto no se limita únicamente a las mujeres: también es pecado lanzar una calumnia o falsa acusación contra los hombres.
-Vivid con vuestras esposas de la mejor manera. (An-Nisa: 19)
-Si divorciáis a las mujeres y se acerca el final de su período de espera, entonces retenedlas de manera honorable o separaos de ellas de manera honorable. No las retengáis para perjudicarlas y transgredir contra ellas. Quienes hagan eso se perjudican a sí mismos. (Al-Baqarah: 231)
-Casaos con las mujeres con el permiso de sus tutores y pagadles su dote de manera reconocida, para que el vínculo matrimonial quede protegido. No os entreguéis libremente a conductas sexuales ni establezcáis relaciones sexuales ilícitas en secreto. (An-Nisa: 25)
-¡Oh, Profeta! Pídeles a las mujeres el compromiso de que no asociarán a nadie con Allah, no cometerán adulterio, no matarán a sus propios hijos, no inventarán falsas acusaciones que hayan urdido entre sus manos y no te desobedecerán en ningún asunto justo y reconocido. (Al-Mumtahanah: 12)
-Hay dos explicaciones sobre el significado de inventar y presentar una falsa acusación. Primera: que una mujer acuse a otras mujeres de mantener relaciones ilícitas con hombres ajenos y difunda esa acusación. Segunda: que un hijo haya nacido de otro hombre y se engañe al esposo haciéndole creer que ese hijo es suyo.
—¡Oh, hijos de Adán! Hemos hecho descender sobre vosotros vestiduras para cubrir las partes vergonzosas de vuestro cuerpo; y también son un medio de embellecimiento. ¡Oh, hijos de Adán! Que Satanás no os arroje a la sedición, como expulsó del Paraíso a vuestros padres —Adán y Eva—
y les quitó sus vestiduras, de modo que sus partes vergonzosas quedaron expuestas una a la otra. (A‘raf: 26-27)
—¡Oh, Profeta! Diles: «¿Quién ha declarado ilícita la belleza de Allah, que Él ha dispuesto para Sus siervos, y quién ha declarado ilícitas las cosas puras para el consumo?» (A‘raf: 32)
—La innovación del monacato fue inventada por ellos mismos —los cristianos—. Nosotros no se la impusimos como obligación. (Hadid: 27)
—De los frutos de las palmeras y de las vides obtenéis bebidas embriagantes y también un buen sustento. (Nahl: 67) Es decir, utilizáis el buen sustento que Allah os había concedido para convertirlo en una mala acción, esto es, en una sustancia que provoca embriaguez.
El Corán condenó estos malos caracteres, cualidades y acciones. A nadie le era posible negar su nocividad. Ninguna persona entre los qurayshíes y los árabes tenía el valor de afirmar que su sociedad estaba libre de estas transgresiones. Tampoco nadie podía decir que alguno de los males de los que el Corán apartaba a la gente se encontraba en el Mensajero de Allah o en sus compañeros. Salvo los obstinados y testarudos, todos aquellos que poseían una mentalidad limpia y libre de supersticiones no tenían otra opción que admitir que, en realidad, la gente y la sociedad debían mantenerse alejadas de estos males, y que no cometía ningún delito quien quisiera purificar la vida humana de ellos.
Orientación moral integral
Al mismo tiempo que identificaba estas malas acciones, el Corán ofrecía repetidamente una orientación moral integral cuyas nobles cualidades influían en el corazón y en la mente, de modo que una persona de naturaleza sana no tenía otra alternativa que aceptarlas como verdaderas. Resultaba especialmente atractiva por otra razón: no se limitaba a describirlas. Por el contrario, el Mensajero de Allah, que las presentaba, y quienes creían en él las observaban plenamente. A continuación se citan de manera ordenada:
—Allah ordena la justicia, hacer el bien y dar a los parientes. Prohíbe la indecencia, la maldad, la opresión y la transgresión. Os exhorta para que reflexionéis. (Nahl: 90)
—¡Oh, Muhammad (s)! Di a la gente: «Venid, os recitaré las prohibiciones que vuestro Señor os ha impuesto: que no asociéis a nadie con Él en Su divinidad; que tratéis bien a vuestros padres; que no matéis a vuestros hijos por temor a la pobreza. Nosotros os proveemos y también les proveeremos a ellos. No os acerquéis a las acciones indecentes, sean manifiestas u ocultas. No matéis a ninguna persona a la que Allah haya concedido honor, salvo con justo derecho. Estas son las cosas que Él os ha ordenado observar, para que actuéis con comprensión y discernimiento. Y no os acerquéis a los bienes del huérfano, excepto de la manera que sea mejor, hasta que alcance la edad de la madurez. Dad la medida y el peso con justicia. No imponemos a nadie una carga mayor de la que puede soportar. Cuando habléis, hablad con justicia, aunque se trate de un pariente. Y cumplid el pacto contraído con Allah».
[El significado del pacto contraído con Allah comprende los pactos que el ser humano contrae con Allah; también los pactos que se contraen con las personas invocando el nombre de Allah; y el pacto que surge espontáneamente entre el ser humano y Allah, y entre los seres humanos, cuando una persona nace en una sociedad humana sobre la tierra de Allah. Aunque en la formación de este último pacto natural () no intervienen la voluntad ni la conciencia del ser humano, en cuanto a su carácter honorable no es inferior en ningún aspecto a un pacto contraído conscientemente. —El autor.]
Allah os ha exhortado acerca de estos asuntos para que reflexionéis. (An‘am: 151-152)
Vuestro Señor ha decretado: primero, que no adoréis a nadie, sino que adoréis únicamente a Él.
Segundo: tratad bien a vuestros padres. Si uno de ellos o ambos llegan a la vejez estando a vuestro cargo, no les digáis ni siquiera «¡uf!». No los reprendáis; habladles con respeto. Inclinaos ante ellos con humildad y sumisión, y seguid suplicando: «¡Oh, Señor mío! Ten misericordia de ellos, así como ellos me criaron durante mi infancia con misericordia, afecto y ternura». Vuestro Señor sabe perfectamente lo que hay en vuestros corazones. Si sois rectos, Él es indulgente con todos aquellos que, conscientes de sus faltas, adoptan una conducta de obediencia.
Tercero: dad a los parientes lo que les corresponde, y también al indigente y al viajero lo que les corresponde.
Cuarto: no gastéis con derroche. En verdad, quienes derrochan son hermanos de Satanás, y Satanás es desagradecido con su Señor.
Cinco: Y si debéis apartaros de ellos —es decir, de los necesitados— porque estáis buscando la misericordia de Allah que esperáis alcanzar, respondedles con palabras corteses y amables.
Seis: No mantengáis las manos atadas al cuello —es decir, no seáis avaros—, pues, si lo hacéis, quedaréis censurados e impotentes. Vuestro Señor aumenta el sustento de quien quiere y lo restringe para quien quiere. Él conoce perfectamente a Sus siervos y los observa.
Siete: No matéis a vuestros hijos por temor a la pobreza. Nosotros les proveeremos, y también a vosotros. En verdad, matarlos es un pecado enorme.
Ocho: Y no os acerquéis a la fornicación. Es, ciertamente, una acción sumamente obscena y un camino pésimo.
Nueve: Y no cometáis el delito de matar la vida que Allah ha declarado sagrada, salvo por una causa justa. Y a quien haya sido asesinado injustamente le hemos concedido a su wali el derecho a la represalia legal. Pero que este no exceda los límites en el asunto del homicidio. Ciertamente, recibirá ayuda.
Diez: Y no os acerquéis a los bienes de los huérfanos, salvo de la mejor manera, hasta que alcancen la madurez.
Once: Y cumplid las promesas y los compromisos. Se os pedirá cuenta de las promesas.
Doce: Cuando midáis con un recipiente, llenadlo por completo. Y cuando peséis con la balanza, hacedlo con una balanza exacta. Esto es lo mejor y también lo mejor en cuanto a sus consecuencias.
Trece: No sigas aquello de lo que no tienes conocimiento alguno. Ten la certeza de que se os pedirá cuenta de todo: de los ojos, los oídos y el corazón.
Catorce: No camines por la tierra con arrogancia. No podrás hender la tierra ni alcanzar la altura de las montañas.
Lo malo de cada una de estas órdenes es detestable para tu Señor. Estas son algunas de las palabras llenas de sabiduría que tu Señor te ha revelado (Bani Israil: 23-30).
Adorad a Allah y no asociéis a nadie con Él en esta adoración. Tratad bien a vuestros padres. Tratad con bondad a los parientes, los huérfanos y los necesitados. Mostrad bondad y misericordia al vecino pariente, al vecino desconocido, al compañero cercano, al viajero y a los esclavos y esclavas que están bajo vuestra posesión. (Nisa: 36)
La virtud no consiste en que volváis vuestros rostros hacia el este o hacia el oeste. La virtud consiste en que la persona crea sinceramente en Allah, en el Día del Más Allá, en los ángeles, en el Libro y en los profetas; que, por amor a Allah, entregue sus bienes más preciados a los parientes, los huérfanos, los necesitados, los viajeros y quienes piden ayuda; que gaste para liberar a los esclavos de una vida de servidumbre; que establezca la oración y dé el zakat. Son virtuosos quienes, cuando hacen un pacto, cumplen su promesa; quienes tienen paciencia en la pobreza y las desgracias, y permanecen firmes en la lucha entre la verdad y la falsedad. Estos son los veraces y los temerosos de Allah. (Baqara: 177)
Ciertamente han triunfado los creyentes: aquellos que observan humildad y recogimiento en sus oraciones; aquellos que protegen sus partes privadas de la desnudez y la inmoralidad sexual, salvo con sus esposas y las esclavas que poseen, por lo cual no serán censurados. Pero quienes busquen algo más allá de esto son transgresores. Y han triunfado los creyentes que guardan sus depósitos y sus pactos, y preservan sus oraciones. (Muminun: 1-9)
Los verdaderos siervos del Misericordioso son aquellos que caminan humildemente por la tierra y, cuando los ignorantes se dirigen a ellos con palabras polémicas, responden: «Paz». Aquellos que pasan la noche postrados y de pie en oración ante su Señor. Aquellos que suplican: «¡Señor nuestro! Sálvanos del castigo del Infierno; ciertamente, su castigo es devastador para la vida. ¡Qué mal lugar de permanencia y morada!». Aquellos que, cuando gastan, no son extravagantes ni tacaños, sino que mantienen sus gastos en un equilibrio entre ambos extremos. Aquellos que no invocan a nadie junto con Allah, no matan injustamente a ninguna persona cuya muerte Allah ha prohibido y no cometen adulterio. Quien haga esto recibirá el castigo de su pecado. El Día de la Resurrección se le duplicará el castigo y permanecerá allí humillado. Excepto quien se arrepienta de esos pecados, crea y comience a hacer buenas obras: a tales personas Allah les cambiará sus malas acciones por buenas. Él es sumamente indulgente. Quien se arrepiente y comienza a hacer buenas obras vuelve a Allah como debe volver.
Los verdaderos siervos del Misericordioso son aquellos que no dan falso testimonio y que, al pasar junto a alguna actividad vana, se apartan de ella con gran cortesía y decoro. Cuando se les recitan y recuerdan las aleyas de su Señor, no permanecen sordos ni ciegos ante ellas. Aquellos que suplican: «¡Señor nuestro! Concédenos, por medio de nuestras esposas y nuestros hijos, el consuelo de nuestros ojos, y haznos líderes de los temerosos de Allah». (Furqan: 63-74)
—Todo cuanto se os ha dado aquí no es sino provisión para vivir algunos días en este mundo. Y lo que está junto a Allah es mejor y perdurable. Es para quienes han creído y ponen su confianza en su Señor. [Es decir, no confían en sus propias fuerzas, inteligencia, capacidades ni medios, sino en la gracia de Allah, y creen que la guía que Él ha dado es la verdadera y correcta. También creen que junto a Él no se perderá la recompensa de ninguna buena obra. —El autor.]
Quienes se apartan de los pecados graves y de las acciones vergonzosas; y cuando se enojan, perdonan. Quienes obedecen las órdenes de su Señor, establecen la oración, realizan sus asuntos mediante la consulta mutua y gastan de la provisión que les hemos concedido. [Por provisión se entiende la provisión lícita. En el Corán, las riquezas ilícitas nunca han sido llamadas provisión de Allah. El sentido de la aleya es que,
a. gasta de la provisión lícita que le hemos concedido.
b. no acumula esa provisión en un lugar, sino que la gasta.
c. De ello también gasta en el camino de Dios. No lo da todo como limosna para sí mismo.]
Cuando se comete una injusticia contra él, la enfrenta. La retribución de una mala acción es otra mala acción equivalente. Pero quien perdona y se reconcilia, tendrá su recompensa a cargo de Allah. Allah no ama a los injustos. No se puede censurar a quienes, después de haber sido objeto de una injusticia, se defienden. La censura solo recae sobre quienes oprimen a los demás y se exceden injustamente en la tierra. Para tales personas hay un castigo doloroso. Pero quien tiene paciencia y perdona, eso es ciertamente una de las obras de gran valentía. (Ash-Shura: 36-43)
El ser humano ha sido creado de naturaleza estrecha y ansiosa. Por eso, cuando le sobreviene una desgracia, se llena de terrible angustia, y cuando alcanza la prosperidad, comienza a mostrarse avaro. Pero están libres de estos defectos quienes oran, quienes observan constantemente la oración (cumpliendo correctamente sus normas y preceptos), aquellos en cuyos bienes existe un derecho determinado para quienes piden ayuda y para los privados de medios [es decir, han decidido que, de sus bienes, hay una parte correspondiente a quienes piden ayuda y a los privados de medios, y que seguirán entregándosela. Quien pide ayuda es una persona necesitada que solicita auxilio. El privado de medios es alguien de cuya situación llega a saber que, pobre infeliz, se encuentra privado de los medios de subsistencia necesarios para satisfacer sus necesidades. Tanto si viene a pedir como si no. Pero, después de conocer su situación, le presta ayuda por iniciativa propia. —el autor.] quienes creen en la verdad del Día del Juicio y temen el castigo de su Señor. Pues el castigo de su Señor no es algo de lo que uno pueda sentirse seguro. Quienes protegen sus partes íntimas (de la desnudez y la fornicación), salvo con sus esposas y sus esclavas (con quienes no se les reprochará no proteger sus partes íntimas), no serán censurados. Pero quienes buscan algo distinto de esto, esos son los transgresores; quienes cumplen las promesas y compromisos que han asumido, quienes se mantienen firmes en la veracidad al prestar testimonio y quienes guardan sus oraciones. (Al-Ma’arij: 19-34)
¡Apresuraos por el camino que conduce al perdón de vuestro Señor y a un Paraíso cuya extensión es como la de la tierra y los cielos, preparado para quienes temen a Allah!
Quienes gastan sus bienes por la causa de Dios tanto en la prosperidad como en la adversidad, reprimen la ira y perdonan las faltas de los demás. Tales personas virtuosas son las predilectas de Allah. Su condición es que, si cometen alguna mala acción —es decir, algún pecado— y se perjudican a sí mismas, recuerdan a Allah y le piden perdón por su pecado. ¿Y quién puede perdonar los pecados sino Allah? Y no persisten deliberadamente en sus actos cometidos. (Al Imrán: 133-135)
—Los habitantes del Paraíso son quienes cumplen sus votos [Por voto se entiende una buena acción que la persona se ha comprometido espontáneamente a realizar con el propósito de obtener la complacencia de Allah —autor—] y temen aquel Día cuyo infortunio se verá extendido por todas partes. Alimentan, por amor a Allah, a los huérfanos, los pobres y los cautivos, y dicen: «Os alimentamos únicamente por Allah. No esperamos de vosotros recompensa ni agradecimiento alguno. Tememos a Allah por el castigo de aquel Día, un día largo y terrible por sus calamidades». (Ad-Dahr: 7-10)
Corred hacia el camino que conduce a vuestro perdón y al Paraíso, cuya extensión es como la de los cielos y la tierra. Este Paraíso ha sido preparado para los temerosos de Allah, quienes gastan sus bienes tanto en la prosperidad como en la adversidad, reprimen la ira, perdonan las faltas de los demás; y Allah ama a quienes obran así. Aquellos cuya condición es que, si en algún momento cometen una obscenidad o se perjudican a sí mismos mediante algún pecado, recuerdan a Allah y le piden perdón por sus pecados. ¿Y quién puede perdonar los pecados aparte de Allah? No persisten conscientemente en sus actos cometidos. (Al Imrán: 133-135)
La enseñanza de la nobleza moral
Estas detalladas orientaciones éticas son de tal naturaleza que ninguna persona inclinada a la reforma, que posea cierto sentido moral y conocimiento del bien y del mal, puede dejar de sentirse influida por ellas. El Corán no consideró suficiente limitarse a esto. Más bien, expone claramente cada una de las virtudes morales y explica con qué cualidades quiere el Islam adornar al ser humano; y el Mensajero de Allah (la paz sea con él) y sus compañeros demostraron en la práctica que estas cualidades no son algo que deba limitarse a las palabras, sino que el Islam, allí donde ha encontrado un camino para entrar en la vida, la ha adornado con ellas. Puesto que aquí no es posible ofrecer una explicación detallada, cito algunos ejemplos.
—Ayudaos mutuamente en las buenas obras y en la piedad, y no os ayudéis en el pecado ni en la transgresión. Temed a Allah, pues Allah es severo en el castigo. (Al-Máida: 2)
—(El profeta Moisés, la paz sea con él) dijo: «¡Oh, mi Señor! Después del favor que me has concedido, jamás seré ayudante de los delincuentes». (Al-Qasas: 17)
—Repele el mal con aquello que sea mejor. Sabemos muy bien lo que traman contra ti. Y di: «¡Oh, mi Señor! Busco refugio en Ti contra las insinuaciones de los demonios, y busco refugio en Ti para que no se acerquen a mí». [Es decir, pide refugio a Allah para que Satanás nunca pueda incitarte a responder a un insulto con otro insulto, a una mentira con otra mentira, a la opresión con otra opresión, ni a la injusticia y la violación de los derechos con más injusticia y violación de los derechos —autor—]. (Al-Mu’minún: 96-98)
-Repelen el mal con el bien y gastan de la provisión que les hemos concedido. Cuando oyen palabras vanas, se abstienen de responder y dicen: «Nuestros actos son para nosotros y vuestros actos son para vosotros. La paz sea con vosotros. No queremos adoptar el camino de los ignorantes». (Al-Qasas: 54-55)
-Destinaremos la morada del Más Allá (el Paraíso) a quienes no buscan la supremacía en la tierra ni desean causar corrupción. (Al-Qasas: 83)
-(Son creyentes) aquellos a quienes, si les concedemos autoridad en la tierra, establecen la oración, instituyen el sistema del zakat, ordenan el bien y prohíben el mal. (Al-Hajj: 41)
-(Los guiados hacia la luz de Allah) se encuentran en casas que Él ha permitido elevar y en las que se recuerda Su nombre. Allí lo glorifican por la mañana y por la tarde hombres a quienes ni el comercio ni las compraventas distraen del recuerdo de Allah, de establecer la oración ni de dar el zakat. Temen el día en que los corazones se trastornarán y los ojos quedarán petrificados. (An-Nur: 36-37)
-¡Oh, vosotros que habéis creído! Que vuestros bienes y vuestros hijos no os distraigan del recuerdo de Allah. Quienes hagan eso serán los perdedores. (Al-Munafiqun: 9)
-¡Oh, vosotros que habéis creído! Sed abanderados de la justicia y testigos por Allah, aunque la justicia que practiquéis y vuestro testimonio recaigan sobre vosotros mismos, sobre vuestros padres y sobre vuestros parientes cercanos.
Ya se trate de una persona rica o pobre, Allah es más solícito por su bien que vosotros. No dejéis, pues, de ser justos con ellos por seguir vuestras pasiones. Y si habláis para complacerlos o os apartáis de la verdad, sabed que Allah está bien informado de todo cuanto hacéis. (An-Nisa: 135)
-¡Oh, vosotros que habéis creído! Manteneos firmes en la verdad por Allah y sed testigos de la justicia. Que la enemistad hacia un pueblo no os lleve a tal extremo que no podáis ser justos. Sed justos, porque eso está más cerca del taqwa, y temed a Allah. Allah está plenamente informado de cuanto hacéis. (Al-Ma’idah: 8)
-Combatid por la causa de Allah contra quienes combaten contra vosotros, pero no transgredáis los límites. Allah no ama a los transgresores. (Al-Baqarah: 194)
-Si alguien os agrede, agredidle en la misma medida en que os haya agredido, y temed a Allah. Y sabed que Allah está con quienes se abstienen de obrar mal. (Al-Baqarah: 194)
-Si queréis tomar represalias, hacedlo en la misma medida en que se os haya agredido. Pero si tenéis paciencia, eso es mejor para quienes tienen paciencia. (An-Nahl: 126)
-Escucharéis de parte de la Gente del Libro y de los idólatras palabras muy dolorosas. Pero si tenéis paciencia ante tales palabras provocadoras y permanecéis firmes en el temor de Allah, eso será una muestra de gran determinación. (Al Imran: 186)
-Allah no ama que la gente pronuncie palabras malas, excepto en el caso de quien haya sufrido una injusticia. [Es decir, el oprimido tiene derecho a alzar la voz contra el opresor; autor.] [ (An-Nisa: 148)
-Allah os ordena devolver los depósitos a quienes tienen derecho a recibirlos. [Con esta orden de Allah se instruye a los ciudadanos de la sociedad musulmana para que no traicionen los depósitos que se les confían. Por el contrario, deben entregar debidamente todo depósito que se les haya confiado. En términos generales, se instruye a toda la sociedad y a sus dirigentes a confiar los cargos de responsabilidad (positions of trust) a personas capaces de soportar la carga de esta responsabilidad. No confiéis el liderazgo religioso, el liderazgo nacional ni los cargos de gobierno del país a personas incompetentes, corruptas, estrechas de miras y carentes de carácter. Porque el liderazgo de personas deshonestas destruye a toda la sociedad; autor.]
Y cuando juzguéis entre la gente, juzgad con justicia.
-Sólo las personas sensatas aceptan el consejo. [Su conducta es la siguiente:] cumplen el pacto contraído con Allah y no rompen los acuerdos. Mantienen los vínculos que Allah ha ordenado mantener. Temen a su Señor y temen que tal vez Él les pida cuentas con severidad. Quienes tienen paciencia buscando la complacencia de su Señor, establecen la oración, gastan pública y secretamente de aquello con lo que les hemos provisto, y repelen las malas acciones con buenas acciones. (Ar-Ra’d: 19-22)
-No podéis alcanzar la excelencia de las buenas obras hasta que gastéis por la causa de Allah aquello que amáis. Y cualquier cosa que gastéis, Allah la conoce. (Al Imrán: 92)
-¡Oh, creyentes! Gastad por la causa de Allah lo mejor de los bienes que habéis adquirido y de lo que hemos hecho brotar para vosotros de la tierra, y no escojáis deliberadamente lo peor para darlo. Porque vosotros mismos nunca aceptaríais esas cosas, salvo mostrando desdén al recibirlas. Allah no necesita de semejante gasto por vuestra parte. Él está dotado de las cualidades más excelsas. (Al-Baqarah: 267)
-Si dais limosna públicamente, eso es bueno. Pero si la ocultáis y la distribuís entre los pobres, será mejor para vosotros. Por estas obras se os borrarán muchos pecados, y Allah sabe todo lo que hacéis. (Al-Baqarah: 271)
-Si el deudor se encuentra en dificultades económicas, concededle un plazo hasta que mejore su situación. Y si renunciáis a la deuda como limosna —es decir, si la perdonáis—, eso es mejor para vosotros, si lo comprendierais. (Al-Baqarah: 280)
-Del fuego del Infierno será apartado el hombre sumamente piadoso que da sus bienes para purificarse. No tiene sobre sí ningún favor de alguien cuya compensación deba devolver. Lo hace únicamente para obtener la complacencia del Allah Magnífico y Excelso. (Al-Lail: 17-20)
-Gastad de los bienes que os hemos concedido antes de que la muerte llegue a alguno de vosotros y diga: «¡Ay de mí! Si mi Señor me concediera un poco de plazo, daría limosna y estaría entre los justos». (Al-Munafiqun: 10)
-Entregad a los huérfanos sus bienes. No sustituyáis lo bueno por lo malo, ni consumáis sus bienes mezclándolos con los vuestros. Eso es un gran pecado. (An-Nisa: 2)
-¡Oh, Profeta! Di a los hombres creyentes que bajen la mirada y protejan sus partes íntimas —de la desnudez y la fornicación—… Y di a las mujeres creyentes que bajen la mirada, protejan sus partes íntimas y no exhiban sus adornos, excepto aquello que aparece por sí solo. Que cubran con sus velos el pecho y no muestren sus adornos sino ante aquellos mencionados en la sura An-Nur, como sus esposos, padres, suegros, hijos y otros. Y que, al caminar, no golpeen los pies de manera que se revele su belleza oculta. (An-Nur: 30-31)
-Si teméis a Dios, no habléis con voz dulce y seductora, para que ninguna persona de naturaleza perversa pueda albergar deseos hacia vosotras. Por el contrario, hablad con palabras claras y directas. Permaneced en vuestras casas y no os adornéis ni os engalanéis como en los tiempos de la antigua ignorancia. (Al-Ahzab: 32-33)
-¡Oh, gente! No declaréis ilícitas las cosas buenas que Dios os ha hecho lícitas, ni transgredáis los límites; ciertamente, Dios no ama a los transgresores. Comed de las cosas buenas y lícitas que Dios os ha concedido, y guardaos de desobedecer a Dios, en quien habéis creído. (Al-Ma’idah: 87-88)
-Los hombres y las mujeres creyentes son amigos unos de otros: ordenan lo bueno, prohíben lo malo, establecen la oración, dan el zakat y obedecen a Dios y a Su Mensajero. (At-Tawbah: 71)
-Quienes desean honor y dignidad deben saber que todo el honor pertenece a Dios. Lo que asciende es la palabra pura, y la obra virtuosa la eleva. (Fatir: 10)
-Y os ponemos a prueba enfrentándoos tanto a la prosperidad como a la adversidad. (Al-Anbiya: 35)
[Es decir, os ponemos a prueba para ver si, en la prosperidad, no os volvéis arrogantes, injustos, olvidadizos de Dios y esclavos de las pasiones, y si, en la pobreza o en la adversidad, no adoptáis conductas viles, despreciables e ilícitas. Es propio de una persona estrecha de miras que, en la prosperidad, se convierta en un faraón, y que, en la desgracia, se arrastre por el suelo y adopte cualquier medio lícito o ilícito para cambiar su situación. La tarea del creyente consiste en mantenerse firme en la veracidad en toda circunstancia. —El autor.]
No solo se desean individuos virtuosos, sino también una sociedad virtuosa
Junto con las virtudes morales mencionadas anteriormente, el Corán también declara que el objetivo del islam no es únicamente formar personas virtuosas, sino también reunirlas para constituir una sociedad virtuosa. Pues, sin esto, es absolutamente imposible salvar a la humanidad del daño y alcanzar la prosperidad. Aunque este asunto ha sido expuesto de diversas maneras en muchos lugares, aquí presentamos solo dos pasajes como ejemplos.
(Árabe****************)
—¿Acaso no le dimos al ser humano dos ojos, una lengua y dos labios? ¿Y no le mostramos los dos caminos claros del bien y del mal? ¿Acaso no se atrevió a atravesar el paso escarpado? ¿Y qué te hará comprender qué es ese paso escarpado? Liberar a alguien de las cadenas de la esclavitud, o alimentar, en un día de hambre, a un huérfano cercano, cubierto de polvo, o a un indigente. Luego, además, formar parte de quienes han creído; quienes se aconsejan mutuamente la paciencia y la misericordia. (Al-Balad: 8-17)
Características de una sociedad virtuosa
Entre estas acciones se han presentado como ejemplos una o dos obras de piedad individual —como liberar a un esclavo o alimentar a un huérfano cercano y a un indigente cubierto de polvo—, obras que forman parte de las buenas acciones de innumerables personas y que deberían existir en el individuo.
Pero también se ha considerado necesario que las personas virtuosas de esta clase no permanezcan aisladas y dispersas. Por el contrario, deben unirse y formar una comunidad con quienes creen, exhortándose mutuamente a la paciencia y aconsejándose mostrar misericordia hacia las criaturas de Dios, para que, gracias a ellos, pueda surgir una sociedad paciente y compasiva. Una sociedad que se mantenga firme en la moralidad pura, que se mantenga alejada de los actos pecaminosos y de la incitación al pecado, que afronte con valentía las dificultades y los obstáculos del camino de la verdad, que permanezca firmemente establecida en la senda de la verdad y que no sea opresora ni de corazón pétreo hacia las criaturas de Dios, sino misericordiosa y afectuosa. Una sociedad de este tipo no puede formarse sin la fe en Dios y en el Más Allá, ni sin una confianza y una convicción inquebrantables en la ley que Él ha traído. Por ello, estas cualidades necesariamente pueden establecerse sobre bases sólidas únicamente en una sociedad musulmana, que no se desprenda de sus cualidades aun ante ninguna prueba que se produzca en la vida mundana.
(Árabe******************)
¡Por el tiempo! En verdad, el ser humano se encuentra en una gran pérdida, excepto quienes creen, obran rectamente, se aconsejan mutuamente la verdad y se exhortan mutuamente a la paciencia.
Aquí, el tiempo puede significar el tiempo pasado o la historia. También puede significar el tiempo que transcurre y que se ve afectado a cada instante. Jurar por él significa que es testigo de esta realidad que se expondrá a continuación.
Aquí, la palabra «hombre» se emplea en su sentido más amplio. Por ello, puede significar tanto cada individuo como el conjunto de los seres humanos o toda la humanidad.
La palabra «khusr» puede significar pérdida, perjuicio y fracaso, lo contrario de prosperidad, beneficio y éxito.
Las cuatro cualidades de las que dependen el éxito y la prosperidad de la humanidad
En estas breves frases, tras jurar, se afirma con certeza que tanto la historia pasada como la situación actual atestiguan que el ser humano, como individuo, como nación y como especie, está sumido no en la prosperidad, sino en la pérdida. Solo están a salvo de esta pérdida quienes poseen las cuatro cualidades que se mencionan a continuación.
La fe
Es decir, la firme convicción de que únicamente Allah, Único y sin asociados, es el Creador, el Dueño, el Proveedor, quien satisface las necesidades, la Divinidad y el Soberano; solo a Él se debe adorar, obedecer y glorificar. La guía traída por el Mensajero de Allah es la verdad que se debe seguir. Y por vida no se entiende únicamente la vida temporal de este mundo, sino que después comenzará una vida eterna, en la que las personas deberán rendir cuentas por todas las obras que realizaron en este mundo. Luego recibirán su recompensa o sufrirán su castigo. Esta fe es la primera condición para alcanzar el éxito y la prosperidad, pues no existe ninguna otra cosa capaz de establecer una base sólida para el carácter, la moral y la conducta, sobre la cual pueda erigirse el edificio de una vida virtuosa y pura.
Sin ella, por muy hermosa que parezca exteriormente la vida humana, se asemeja a un barco sin ancla que es arrastrado por las olas de los intereses personales, los deseos y las fantasías. No encuentra ningún lugar donde detenerse.
Las buenas obras
La relación de esta cualidad con la fe es como la relación entre la semilla y el árbol. La fe es una semilla sin la cual no puede crecer el árbol de las buenas obras. Aunque en la vida de algunas personas puedan encontrarse, sin fe, ciertas cualidades manifiestas y temporales y algunas buenas acciones, el árbol representa aquellas buenas obras cuya germinación y desarrollo en la vida de una persona son la exigencia de la razón y de la lógica cuando en su corazón se ha sembrado la semilla de la fe. Si esta semilla ha sido sembrada en algún lugar, pero no ha crecido el árbol de las buenas obras, debe entenderse que el corazón de esa persona se ha convertido en la tumba de la semilla y que ya no hay ninguna garantía de librarse de la perdición. Pues, junto con la fe, las buenas obras constituyen la segunda condición para librarse de la perdición.
Las dos cualidades mencionadas anteriormente pueden encontrarse en las personas de manera individual y pueden garantizar únicamente el éxito personal. Sin embargo, el éxito colectivo no es posible si no se forma una sociedad dotada de esas cualidades y en la que también se encuentren las otras dos cualidades adicionales que en esta sura se han establecido como condiciones para librarse de la perdición.
Exhortarse mutuamente a la verdad
La palabra haqq es lo opuesto de la falsedad. Generalmente se emplea en dos sentidos. Primero, para designar aquello que es correcto, verdadero, justo y conforme a la realidad, ya se refiera a la fe, la doctrina y las convicciones, o a los asuntos mundanos. Segundo, para designar un derecho cuyo cumplimiento es obligatorio para la persona, ya sea el derecho de Dios, el de los demás o el propio. Por tanto, exhortarse a la verdad significa que la sociedad de los creyentes sinceros no será tan insensible que, mientras la falsedad levanta la cabeza y viola los derechos de las personas, estas permanezcan observando el espectáculo en silencio. Por el contrario, su conciencia colectiva estará tan viva y sus miembros considerarán un deber suyo que, allí donde la falsedad levante la cabeza o donde se vea que la verdad está siendo vulnerada, salgan al campo para oponerse a la falsedad y apoyar la verdad. Nadie considerará suficiente ser por sí mismo partidario de la verdad, sincero y justo, y hacer que se cumplan los derechos de quienes los poseen; por el contrario, exhortará también a los demás a actuar de ese modo. Esto es lo que protege y garantiza a la sociedad contra la decadencia moral. Si en una sociedad no se encuentran estas nobles cualidades, no podrá librarse de la perdición. Más aún, cuando el desorden general siga aumentando, también resultará difícil que los derechos individuales permanezcan establecidos.
Exhortarse mutuamente a la paciencia
El significado lexicográfico de la palabra «sabr» es resistir y poner obstáculos, o contenerse y abstenerse. En árabe, esta palabra se emplea con el sentido de tolerancia, paciencia, autocontrol, firmeza de voluntad y dedicación resuelta para hacer frente con valentía y firmeza a cualquier fuerza que constituya un obstáculo. Sin embargo, en el Noble Corán se ha empleado con un significado tan amplio que toda la vida del creyente se convierte en una vida de sabr.
El significado coránico de sabr
En el Corán, esta palabra se emplea en más de un centenar de lugares. Al reflexionar sobre esos pasajes, se puede saber que se emplea con los siguientes significados.
Mantener las propias emociones, inclinaciones, deseos y tendencias dentro de los límites establecidos por Alá.
Por muchas oportunidades de ganancias y placeres que se presenten mediante la desobediencia a Alá, no dejarse desviar por la codicia de obtenerlas y aceptar con una sonrisa todas las pérdidas, sufrimientos y privaciones que haya que soportar por obedecer a Alá.
Mantener sometida la pasión durante toda la vida, rechazar las incitaciones de Satanás al pecado y los deseos de la propia pasión. Permanecer firme en la defensa de la verdad frente a cada tentación y temor. Soportar las pérdidas y sufrimientos que sobrevengan por practicar la honestidad en el mundo. Rechazar todas las ventajas y facilidades que puedan obtenerse recurriendo a medios ilícitos.
Lejos de impacientarse por la envidia y el deseo al contemplar el esplendor de quienes se alimentan de lo prohibido, ni siquiera dirigirle la mirada, y comprender serenamente que la pureza sin brillo que Alá le ha concedido por Su gracia es superior a esa suciedad y podredumbre relucientes.
Asumir toda clase de riesgos por abrazar la fe. Soportar con valentía la opresión y la tiranía de los enemigos de la verdad. Permanecer firme en apoyo de la verdad frente a la tormenta de la oposición y el embate de las calamidades. No inclinarse ante la falsedad ni dar cabida en el corazón a la idea de llegar a un compromiso con ella.
No dejarse provocar espontáneamente por los excesos, las burlas y la propaganda maliciosa de los opositores; sino continuar en silencio, sin dejarse llevar por las emociones y conforme al camino correcto, con las labores de tabligh y reforma, aunque no se vislumbre en un futuro lejano ninguna posibilidad de que den fruto.
No perder la paciencia ante una conducta extremadamente provocadora y adoptar precipitadamente medidas erróneas que sean contrarias a la estrategia adecuada para la invitación de la verdad y perjudiciales para el propósito de dicha invitación.
Luchar durante años contra quienes siguen caminos falsos, violan todos los límites de la ética y están embriagados por el poder y la autoridad. Pero no abandonar en ninguna circunstancia la honestidad ni adoptar tácticas injustas como las suyas.
No desanimarse ni abatirse al ver la debilidad de la verdad frente a la falsedad, los continuos fracasos de quienes luchan por establecer la verdad y el éxito de los dirigentes de la falsedad. No pensar jamás, víctima de la frustración, el desaliento y la pérdida de valor, que la lucha por establecer la verdad carece de sentido y que lo correcto ahora es sentarse satisfecho con esa pequeña dosis de religiosidad que se puede conservar bajo un régimen de incredulidad y perversidad. Incluso en las circunstancias más extremas, continuar esforzándose con determinación y valentía por mantener en alto la verdad.
Un creyente paciente no hace todo esto esperando obtener sus frutos en este mundo. Más bien, cree que recibirá sus frutos en la segunda vida que comenzará después de la muerte.
No se vuelve tan necio que, si llegan tiempos favorables y alcanza el éxito en este mundo, se convierta en un faraón dominado por el orgullo y la arrogancia. Y cuando llegan tiempos difíciles, no se dedica a lamentarse ni duda en adoptar los medios más viles para superar la adversidad.
Mantiene su equilibrio en toda circunstancia. No cambia con los vaivenes del tiempo. Más bien, permanece siempre firme en una conducta justa y correcta. Cuando las circunstancias le son favorables y, aun ascendiendo a la cima de la riqueza, el honor y la fama, no se embriaga con la soberbia de su propia superioridad. Si alguna vez es triturado en el molino de las desgracias, las calamidades y los sufrimientos, no permite que estos destruyan sus cualidades humanas. Ya sea que la prueba de Dios llegue en forma de don o de calamidad, su paciencia permanece intacta.
El propósito de la sura «Al-‘Asr» es que el ser humano solo puede salvarse de la perdición cuando, tanto individualmente como en sociedad, sea creyente, virtuoso, defensor de la verdad y paciente, y cuando por medio de ellos exista una sociedad en la que cada uno exhorte a los demás a seguir la verdad y a tener paciencia.
Esta herramienta de la educación moral era tan poderosa que los politeístas de Quraysh y los incrédulos de Arabia no tenían ningún medio para contrarrestarla. Por muchas acusaciones que formularan contra el Profeta (la paz y las bendiciones de Dios sean con él) y contra el islam, ninguna persona sensata podía creer ni por un instante que una enseñanza moral de tan alto nivel pudiera proceder de un egoísta, un loco o un hechicero. (147)
Sexta sección
El establecimiento de la comunidad musulmana universal
Uno de los principios fundamentales de la Da‘wat islámica era que, en realidad, toda la humanidad es una sola y que todos son iguales en cuanto seres humanos. Las diferencias de naturaleza, nación, linaje, tribu, lengua y tierra natal creadas por Allah entre ellos existen únicamente para que puedan reconocerse y desarrollar un espíritu de cooperación mutua. No existen para que surjan entre ellos discrepancias y desacuerdos, se genere enemistad, un grupo considere despreciable y vil a otro y se tenga a sí mismo por noble y distinguido, ni para que un grupo se empeñe en oprimir, aplastar, saquear y exterminar a otro. Dentro de los límites de esta igualdad humana fundamental, si hay algo que pueda ser motivo de distinción legítima y justa entre las personas, es la diferencia de creencia y pensamiento sobre cuya base se unen y forman una comunidad. Y dentro de esta umma, lo único que legítimamente puede ser causa de superioridad y grandeza es la taqwa: es decir, temer a Allah, abstenerse de desobedecerle y, recordando la rendición de cuentas en la Otra Vida, evitar seguir caminos erróneos.
Sobre la base de esta doctrina o ideología, el islam dejó únicamente una diferencia entre los habitantes del mundo: la diferencia entre la fe y la incredulidad. Todo aquel que, pertenezca al país, nación, tribu, raza o linaje que pertenezca y hable la lengua que hable, acepte la unicidad de Allah tal como la presentó Muhammad (la paz y las bendiciones de Allah sean con él), reconozca a Muhammad (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) como el último Mensajero para toda la humanidad, acepte el Corán como el último Libro de Allah y crea en la Otra Vida, es un creyente, hermano de los creyentes, miembro de la comunidad de los creyentes y parte de la umma musulmana; en la sociedad musulmana, todos sus derechos son iguales en todos los aspectos. En cambio, quien no sostenga esta creencia es un incrédulo. Sea quien sea para un creyente —su padre, madre, hermano, hermana, hijo, hija, esposa o esposo—, el hecho de pertenecer a la misma tribu, tierra natal o raza no le confiere una posición superior. El creyente puede mantener con él los vínculos humanos, pero en todos los demás aspectos su sociedad será distinta de la sociedad musulmana. En los asuntos mundanos puede conservar con él las relaciones que normalmente existen entre las personas. Pero, en materia de religión, no puede mantener con él amistad ni afecto, ni formar junto con él una comunidad y una sociedad. Incluso si su propio padre es incrédulo, no puede pedir perdón por él. Si por causa de la religión se ve obligado a enfrentarse a una guerra, el hermano luchará contra el hermano y el padre contra el hijo; no vacilará siquiera en matarlo. Si el país y la nación se convierten en obstáculos en el camino de la religión, abandonará su casa, su nación y su país y emigrará, pero no sacrificará la religión por el país y la nación.
El nombre de esta comunidad era, desde siempre, la comunidad musulmana. La comunidad de cada profeta era musulmana, y también recibieron ese nombre quienes creyeron en Muhammad (la paz y las bendiciones de Allah sean con él). Por ello, estaba abierta a todos los habitantes de la Tierra, fueran del país que fueran, del este o del oeste, del norte o del sur. Ninguna nación poseía una característica que estuviera vedada a las demás. Su fundamento no se basaba en haber nacido en un determinado lugar, sino en abrazar conscientemente la fe. Y todos los habitantes del mundo que podían participar de esta fe podían integrarse en esta comunidad con los mismos derechos.
Además, no era una comunidad que se limitara a creer y quedarse sentada. Era, más bien, una comunidad de da‘is —invocadores— y de propagadores de la fe. Cada uno de sus miembros era un activista de un movimiento, y su objetivo más querido era transmitir a los demás la verdad que le había llegado por medio de Allah y de Su Mensajero. Se esforzaba por salvar de la desviación en este mundo y del castigo de Allah en la Otra Vida a tantas personas como pudiera.
Este era un asunto que inquietó no solo a los qurayshíes, sino a todas las tribus de Arabia. Durante miles de años, todo su sistema social se había asentado sobre el tribalismo. Este era su protector. Los vínculos de sangre constituían la base de sus relaciones y de su ayuda mutua. Sobre ellos dependían su nobleza y su honor. Cada tribu se enorgullecía frente a las demás alegando que sus antepasados habían hecho determinadas contribuciones. Ahora veían surgir entre ellos una predicación que desarraigaba el tribalismo, que extraía personas de cada grupo y tribu y las reunía en una comunidad permanente bajo un nombre distinto; personas que no reconocían ni nación ni tribu, sino que construían sobre una creencia los fundamentos de una fraternidad y una amistad universales, ponían fin a todas las antiguas concepciones de orgullo y nobleza y equiparaban a nobles y plebeyos. Además, consideraban la diferencia entre la incredulidad y la fe como fundamento de la amistad y la enemistad, separando al hijo del padre, al hermano del hermano y al esposo de la esposa. Entonces se agotó su paciencia. No podían aceptar aquella gran revolución social. Decidieron destruirla desde su mismo brote, para que nunca pudiera producir flores ni convertirse en un jardín. Pero quienes poseían algo de inteligencia y entendimiento, y cuyos corazones no estaban cerrados por la superstición y el fanatismo, comprendieron que esta era precisamente la medicina capaz de acabar con la enemistad, el odio y el rencor tribales y unir a toda Arabia. Y que, avanzando aún más, podía vincular a las naciones del mundo entero con una misma cuerda.
La plena importancia de este resumen de esta parte de la Da‘wat islámica, expuesto anteriormente, podrá comprenderse cuando la gente conozca en el Corán su explicación detallada. (148)
El nombre de esta comunidad era, desde siempre, la comunidad musulmana. La comunidad de cada profeta era musulmana, y también recibieron ese nombre quienes creyeron en Muhammad (la paz y las bendiciones de Allah sean con él). Por ello, estaba abierta a todos los habitantes de la Tierra, fueran del país que fueran, del este o del oeste, del norte o del sur. Ninguna nación poseía una característica que estuviera vedada a las demás. Su fundamento no se basaba en haber nacido en un determinado lugar, sino en abrazar conscientemente la fe. Y todos los habitantes del mundo que podían participar de esta fe podían integrarse en esta comunidad con los mismos derechos.
Además, no era una comunidad que se limitara a creer y quedarse sentada. Era, más bien, una comunidad de da‘is —invocadores— y de propagadores de la fe. Cada uno de sus miembros era un activista de un movimiento. Su objetivo más querido era transmitir a los demás la verdad que le había llegado por medio de Allah y de Su Mensajero. Se esforzaba por salvar de la desviación en este mundo y del castigo de Allah en la Otra Vida a tantas personas como pudiera.
Este era un asunto que había inquietado no solo a los coraichitas, sino a todas las tribus de Arabia. Durante miles de años, todo su sistema social se había sustentado en el tribalismo. La tribu era aquello a lo que estaban vinculados y sobre lo cual se había establecido su sociedad. Ella era su protectora. Los vínculos de sangre constituían la base de sus relaciones, parentesco, ayuda y cooperación. Sobre ellos dependían su nobleza, honor y prestigio. Cada tribu se enorgullecía frente a las demás afirmando que sus antepasados habían realizado tales y cuales contribuciones. Ahora, al ver que entre ellos estaba surgiendo una invitación que desarraigaba el tribalismo, que extraía personas de cada grupo y tribu y las reunía en una comunidad permanente bajo un nombre distinto —una comunidad que no reconocía ni nación ni tribu, sino que establecía los fundamentos de la fraternidad y la amistad universales sobre una creencia—, que ponía fin a todas las antiguas concepciones de orgullo y nobleza, igualaba a nobles y plebeyos, y consideraba la diferencia entre la incredulidad y la fe como fundamento de la amistad y la enemistad, separando al hijo del padre, al hermano del hermano y al esposo de la esposa, entonces se rompió el dique de su paciencia. Para ellos era imposible aceptar aquella gran revolución social. Decidieron destruir aquella planta desde su brote, para que nunca pudiera convertirse en flor ni dar lugar a un jardín floreciente. Sin embargo, quienes poseían algo de inteligencia y razón, y cuyos corazones no estaban cerrados por los cerrojos de la superstición y el fanatismo, comprendieron que esta era precisamente la gran medicina capaz de poner fin a la enemistad y al odio tribales y unir a toda Arabia. Más aún, podía extenderse más allá de Arabia y vincular a los pueblos del mundo entero con una misma cuerda.
La plena importancia de este aspecto de la invitación islámica, cuyo resumen se ha expuesto anteriormente, podrá comprenderse cuando la gente conozca su explicación detallada a partir del Corán. (148)
Todos los seres humanos son iguales en lo fundamental, y el único criterio de superioridad entre ellos es la taqwa
En este contexto, la primera verdad fundamental que expuso el Corán fue que toda la humanidad desciende de un mismo padre y una misma madre y que, sobre esta base, todos los seres humanos son iguales en lo fundamental.
يَا أَيُّهَا النَّاسُ اتَّقُوا رَبَّكُمُ الَّذِي خَلَقَكُمْ مِنْ نَفْسٍ وَاحِدَةٍ وَخَلَقَ مِنْهَا زَوْجَهَا وَبَثَّ مِنْهُمَا رِجَالًا كَثِيرًا وَنِسَاءً – (النساء 1)
—¡Oh, seres humanos! Temed a vuestro Señor, que os creó de una sola persona, creó de ella a su pareja y difundió a partir de ambos muchos hombres y mujeres por el mundo. (An-Nisá: 1)
Luego, la segunda verdad fundamental importante que presentó el Corán fue que la diversidad de pueblos y tribus creada dentro de la unidad humana tiene únicamente el propósito de que se reconozcan unos a otros. El criterio de grandeza entre ellos no es el linaje, el color, la lengua ni la tierra natal, sino la cualidad moral de la taqwa.
يَا أَيُّهَا النَّاسُ إِنَّا خَلَقْنَاكُمْ مِنْ ذَكَرٍ وَأُنْثَى وَجَعَلْنَاكُمْ شُعُوبًا وَقَبَائِلَ لِتَعَارَفُوا إِنَّ أَكْرَمَكُمْ عِنْدَ اللَّهِ أَتْقَاكُمْ –( الحجرات— 13)
—¡Oh, gente! Os hemos creado de un hombre y una mujer. Luego os hemos convertido en pueblos y tribus para que os conozcáis unos a otros. En verdad, ante Allah, los más honorables de entre vosotros son quienes poseen mayor piedad, es decir, quienes más se protegen de desobedecer a Allah.
En esta aleya, dirigida a toda la humanidad, se ha identificado aquel enorme extravío que siempre ha sido causa de sedición y corrupción universales en el mundo: el fanatismo por el linaje, la raza, la lengua, la tierra natal y el nacionalismo. Desde los tiempos más antiguos hasta hoy, en cada época, los seres humanos han tendido generalmente a ignorar a los demás y a construir a su alrededor pequeños círculos, considerando propios a quienes nacían dentro de ellos y extraños a quienes nacían fuera. Estos círculos no se han construido sobre bases intelectuales ni morales, sino sobre el mero hecho accidental del nacimiento. En unos lugares, su base ha sido nacer en una determinada familia, tribu o comunidad de una lengua particular. Luego, la distinción entre propios y ajenos establecida sobre estas bases no se ha limitado a tratar con mayor amor y prestar más ayuda y cooperación a quienes eran considerados propios que a los demás. Por el contrario, esta distinción ha adoptado las formas más viles de odio, enemistad, desprecio, opresión y tiranía. Se han elaborado filosofías para justificarla. Se han inventado religiones, se han redactado principios morales y las naciones y los Estados la han convertido en su doctrina permanente, aplicándola durante cientos de años. Sobre esta base, los judíos consideraron a los hijos de Israel la creación predilecta de Dios, o incluso los hijos de Dios, y hasta en sus normas religiosas situaron los derechos y la dignidad de quienes no eran israelitas por debajo de los de los israelitas. Entre los hindúes, esta distinción dio origen al sistema de castas, mediante el cual se estableció la superioridad de los brahmanes. Frente a las clases superiores, se consideró a todos los demás seres humanos inferiores e impuros, y a los shudras se los arrojó por completo al abismo de la humillación y el desprecio. No hace falta buscar en las páginas de la historia la opresión ejercida sobre los negros de África y América a causa de la distinción entre negros y blancos; incluso en este siglo XX todos pueden verla con sus propios ojos. El trato que los europeos dieron a los indígenas americanos al entrar en el continente americano, y el que dieron a los pueblos débiles de Asia y África después de establecer su dominio sobre ellos, se basaba interiormente en la idea de que tenían permitido apoderarse de la vida, los bienes, el honor y la dignidad de quienes habían nacido fuera de las fronteras de su país y su nación. Creían tener derecho a saquearlos y esclavizarlos, e incluso, cuando fuera necesario, a borrarlos de la faz de la tierra. La idolatría de la nación entre los pueblos occidentales ha convertido a una nación en una bestia feroz frente a las demás, y sus peores ejemplos se han visto y todavía se ven en las guerras de los tiempos recientes. En particular, al observar la violencia desplegada en la guerra mundial pasada por la doctrina racista de la Alemania nazi y la idea de la superioridad de la raza nazi, se puede comprender fácilmente cuán grave y destructivo era el extravío cuya corrección buscaba la revelación de esta aleya del Noble Corán.
En esta breve aleya, Allah, dirigiéndose a toda la humanidad, ha expuesto tres realidades de suma importancia.
Primera: todos sois iguales en vuestro origen. Toda vuestra generación surgió del mismo hombre y de la misma mujer. Todos los linajes que existen hoy en el mundo son, en realidad, ramas y ramificaciones del mismo linaje original, que comenzó con el mismo padre y la misma madre. En ninguna parte de esta continuidad genealógica existe fundamento alguno para la diferencia y la superioridad o inferioridad en las que os habéis extraviado. El mismo Dios es vuestro Creador. No es que distintos dioses hayan creado a distintas personas. Todos habéis nacido de la misma materia y los mismos elementos, no unos de materia pura y otros de alguna materia impura e inferior, a partir de la cual hubieran nacido por separado los habitantes de las distintas regiones del mundo.
Segundo: aunque sois iguales en vuestro origen, es natural que estéis divididos en pueblos y tribus. Es evidente que no puede existir una sola familia formada por todos los seres humanos del mundo. Con el crecimiento de la descendencia, era inevitable que surgieran innumerables familias; después, era igualmente natural e inevitable que de estas familias surgieran tribus y pueblos. Así, tras establecerse en distintas regiones de la Tierra, era inevitable que difirieran en el color, la apariencia, la lengua y las formas de vida. También era natural que quienes vivieran en una misma región estuvieran más cerca unos de otros y que quienes vivieran en regiones lejanas estuvieran más distantes. Pero estas diferencias y divergencias naturales no exigían en modo alguno que, basándose en ellas, se estableciera una distinción entre nobles e innobles, superiores e inferiores. No exigían que un linaje demostrara su superioridad sobre otro, que las personas de una raza consideraran despreciables e insignificantes a las de otra, que una nación estableciera su superioridad y dominio sobre otra, ni que un grupo obtuviera prioridad sobre otro en los derechos humanos.
La razón por la que el Creador organizó a los grupos humanos en pueblos y tribus fue únicamente que esta era la forma natural de que se conocieran y se ayudaran mutuamente. De este modo, los miembros de una familia, un grupo de parientes, una tribu y un pueblo podían unirse para formar un sistema social universal y ayudarse unos a otros en las actividades de la vida. Pero fue pura ignorancia satánica transformar aquello que Allah había creado como un medio natural de identificación en un instrumento de orgullo, arrogancia y odio, y finalmente convertirlo en opresión y crueldad.
Tercero: si existe, y puede existir, algún fundamento para la superioridad entre unas personas y otras, este es únicamente la superioridad moral. Todos los seres humanos son iguales por nacimiento, porque su Creador es uno, sus elementos y su proceso de nacimiento son los mismos, y el linaje de todos se remonta a los mismos padres. Además, que una persona nazca en un país o grupo étnico determinado es un hecho accidental, en el que no intervienen su voluntad, su elección, sus esfuerzos ni su carácter. No existe ninguna razón justa para que, por este aspecto, alguien sea superior a otro. El verdadero fundamento por el que una persona puede ser superior a otra es que tema más a Dios que los demás, se mantenga alejada de los actos pecaminosos y siga el camino de la bondad y la pureza. Una persona así, pertenezca al linaje, nación o país que pertenezca, merece respeto por sus cualidades personales. En cambio, quien tenga una actitud opuesta es una persona de rango inferior, sea negra o blanca, oriental u occidental.
Estas realidades, que se han expuesto en una breve aleya del Corán, fueron explicadas detalladamente por el Mensajero de Allah en varios de sus discursos. En el discurso que pronunció después de realizar la circunvalación con ocasión de la conquista de La Meca, dijo:
(Árabe*******************)
Alabado sea Dios, que ha eliminado de vosotros los defectos de la yahiliya y su orgullo y arrogancia. ¡Oh, gente! Toda la humanidad puede dividirse únicamente en dos grupos. El primero: el virtuoso y piadoso, honrado ante Dios. El segundo: el pecador y desdichado, despreciable ante Dios. De lo contrario, toda la humanidad es descendiente de Adán. Y Dios creó a Adán del barro.
Durante el Hayy de la Despedida, en un sermón pronunciado a mediados de los días de tashriq, el Profeta (la paz sea con él) dijo:
(Árabe******************)
—¡Oh, gente! Prestad atención. Vuestro Dios es uno solo. Ningún árabe tiene superioridad sobre un no árabe, ni ningún no árabe sobre un árabe; ningún blanco sobre un negro, ni ningún negro sobre un blanco, y ningún negro sobre un blanco, salvo en virtud de la piedad. El más honrado de vosotros ante Dios es el más piadoso de vosotros. Decidme, ¿os he transmitido Mi mensaje? La gente reunida respondió: «Sí, oh Mensajero de Dios». Él dijo: «Entonces, que quienes están presentes transmitan este mensaje a quienes están ausentes».
En un hadiz, él dijo:
(Árabe***************)
—Todos vosotros sois hijos de Adán, y Adán fue creado del barro. Que la gente abandone el orgullo por sus antepasados. De lo contrario, será ante Dios más despreciable que un insecto insignificante.
También dijo:
(árabe************)
—Allah no les preguntará por sus linajes el Día de la Resurrección. Para Allah, el más honorable entre ustedes es el más piadoso.
También dijo: (árabe****************)
—Allah no mira sus rostros, su apariencia ni sus riquezas; mira sus corazones y sus obras.
Estas enseñanzas no se limitaron a meras palabras. Por el contrario, el islam estableció conforme a ellas una fraternidad universal entre los creyentes y la demostró en la práctica: en ella no hay diferencias de raza, linaje, lengua, país ni nacionalidad. En ella no existen las nociones de superioridad e inferioridad, intocabilidad, discriminación, división ni fanatismo. Todas las personas que desean formar parte de ella pueden hacerlo —y de hecho lo han hecho— con plenos derechos iguales, sin importar a qué linaje, pueblo o país pertenezcan. Incluso los adversarios del islam han tenido que reconocer que la igualdad y la unidad humanas han sido llevadas a la práctica en la sociedad musulmana con tal éxito que no existe ejemplo semejante en ninguna religión ni en ningún sistema del mundo, ni lo ha habido jamás. Solo el islam es esa religión o sistema de vida que ha reunido a los innumerables linajes y pueblos dispersos por todo el mundo, convirtiéndolos, sobre la base de una misma creencia, en una sola umma. (149)
Esta regla eterna también se aplicará en el Más Allá
Más adelante, el Corán informa al ser humano de que este método de diferenciación y unión, basado en la creencia y las obras en lugar del linaje, el pueblo y el país, también se aplicará de este modo en la segunda vida del Más Allá, después de que termine el mundo presente. Todos los grupos establecidos en este mundo sobre otras bases se dispersarán por completo.
وَيَوْمَ تَقُومُ السَّاعَةُ يَوْمَئِذٍ يَتَفَرَّقُونَ-( الروم-14)
—El día en que ocurra la Hora, ese día todos los seres humanos se dividirán en grupos diferentes. (Ar-Rum: 14)
Todos los grupos y pueblos del mundo que se han formado sobre la base de la raza, el linaje, la patria, la lengua, la tribu, el clan y los intereses políticos y económicos se desintegrarán ese día, y se llevará a cabo una nueva clasificación en grupos basada en la creencia correcta, el carácter y la conducta. Por un lado, de entre los pueblos anteriores y posteriores de la humanidad, se escogerá por separado a los creyentes y a las personas rectas, y ellos formarán un grupo. Por otro lado, de aquel vasto océano humano se escogerá y separará a quienes sostienen diversos credos y doctrinas desviados, así como a quienes cometen distintas injusticias y delitos, y formarán grupos separados. En otras palabras, aquello que el islam considera en este mundo la verdadera base para separar y unir a las personas, y que los adoradores de la ignorancia se niegan a aceptar en este mundo, será precisamente la base sobre la que en la Otra Vida se separarán y se reunirán. El islam afirma que la verdadera realidad que separa y une a los seres humanos es la creencia y el carácter moral. Quienes creen y fundamentan su sistema de vida en la guía de Dios constituyen una sola umma, sin importar de qué región del mundo procedan. Y quienes siguen el camino de la incredulidad y la inmoralidad constituyen otra umma, sin importar de qué país o linaje sean. La nacionalidad de ambos grupos no puede ser una sola. No pueden avanzar juntos formando un único camino de vida universal en este mundo, ni puede ser igual su destino en la Otra Vida. Desde este mundo hasta la Otra Vida, sus caminos y destinos son distintos. Los adoradores de la ignorancia han proclamado firmemente esto en todas las épocas y aún hoy sostienen que la agrupación debe basarse en el linaje, el país y la lengua. Quienes son iguales en esos fundamentos deberían formar una sola nación, pasando por alto su religión y su creencia, y unirse contra otras naciones semejantes. Además, esa nacionalidad debería tener un sistema de vida en el que los seguidores del monoteísmo, del politeísmo y del ateísmo pudieran convivir juntos. Esta era la idea de Abu Yahl, Abu Lahab y los dirigentes de Quraysh. Repetidamente acusaban a Muhammad —la paz y las bendiciones de Dios sean con él— diciendo: «La llegada de este hombre ha creado división entre nuestra nación». Contra esta idea, el Corán advierte aquí que todos esos grupos que habéis establecido en este mundo sobre fundamentos adquiridos acabarán desintegrándose. No habrá una división permanente entre la humanidad basada en la creencia, la filosofía de vida, el carácter y la conducta, que son precisamente los fundamentos sobre los que el islam quiere establecer la vida en este mundo. Si sus destinos no son iguales, ¿cómo podrían ser iguales los caminos de sus vidas? (150)
La umma musulmana
Después de considerar a todos los seres humanos como una sola comunidad, según la descripción anterior, el islam ha señalado únicamente la taqwa como causa de distinción entre ellos. Desde la perspectiva del islam, la taqwa significa seguir la creencia y las instrucciones descritas en el Libro de Dios, así como las de Su Mensajero. También significa, teniendo presente la rendición de cuentas en la Otra Vida, abandonar la conducta de desobediencia y adoptar una conducta de obediencia a los mandatos. Por esta razón, el islam divide a toda la humanidad en dos partes: una, quienes han creído; y dos, quienes no han creído. Convierte a los creyentes en una sola umma y la llama la umma musulmana, en la que pueden participar todos los creyentes del mundo. Y este no es un nombre nuevo que Muhammad —la paz y las bendiciones de Dios sean con él— haya dado solamente a quienes creen en él. Al contrario, Dios dio este mismo nombre a las comunidades de todos los profetas desde los tiempos más antiguos.
هُوَ سَمَّاكُمُ الْمُسْلِمِينَ مِنْ قَبْلُ وَفِي هَذَا-( الحج-78)
—Dios os llamó musulmanes anteriormente y también en este Corán. (Al-Hajj: 28)
El tratamiento «vosotros» no se dirigió especialmente solo a aquellos creyentes que estaban presentes cuando se reveló esta aleya, ni únicamente a quienes después se incorporaron a las filas de los creyentes. Al contrario, la segunda persona de este tratamiento se refiere a todas aquellas personas que, desde el comienzo de la historia humana, creyeron en el monoteísmo, la Otra Vida, la profecía y los Libros celestiales. En resumen, quienes aceptaban esta religión verdadera no fueron llamados en el pasado noéítas, abrahámicos, mosaicos, etc.; más bien, su nombre era musulmanes (quienes se someten a Dios). Y tampoco hoy son mahometanos, sino musulmanes. Por no comprender esto, para la gente se ha convertido en un enigma la pregunta de en qué libro, antes del Corán, se dio el nombre a los seguidores de Muhammad —la paz y las bendiciones de Dios sean con él—. No es necesario que la palabra árabe «musulmán» se haya usado en todas las lenguas. Sin embargo, cualquier nombre que se haya dado en una lengua a quienes aceptaron a los profetas es equivalente a «musulmán». (151)
La universalidad y atemporalidad de la comunidad musulmana
الَّذِينَ آتَيْنَاهُمُ الْكِتَابَ مِنْ قَبْلِهِ هُمْ بِهِ يُؤْمِنُونَ – وَإِذَا يُتْلَى عَلَيْهِمْ قَالُوا آمَنَّا بِهِ إِنَّهُ الْحَقُّ مِنْ رَبِّنَا إِنَّا كُنَّا مِنْ قَبْلِهِ مُسْلِمِينَ-( القصص-52-53)
—A aquellos a quienes anteriormente dimos el Libro, creen en este (el Corán). Y cuando se les recita, dicen: «Creemos en él. En verdad, es la verdad procedente de nuestro Señor. Ya éramos musulmanes desde el principio». (Al-Qasas: 52-53)
Es decir, también antes creíamos en los profetas y en los Libros celestiales; por eso, también entonces no teníamos otra religión aparte del islam. Luego aceptamos igualmente al profeta que ahora ha venido de parte de Allah con un Libro. Por tanto, en realidad nuestra religión no ha cambiado. Al contrario, así como éramos musulmanes al principio, seguimos siendo musulmanes ahora.
La declaración de la Gente del Libro que creyó, citada en el Corán, explica claramente que el islam no es únicamente el nombre de la religión que trajo el profeta Muhammad (la paz y las bendiciones de Allah sean con él), ni el término «musulmán» se limita exclusivamente a los seguidores del Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él). Por el contrario, desde siempre la religión de todos los profetas fue el islam, y sus seguidores fueron musulmanes en todas las épocas. Si en algún momento estos musulmanes se volvieron incrédulos, fue únicamente cuando se negaron a aceptar a algún profeta verdadero que vino posteriormente. Pero quienes primero creyeron en un profeta y después creyeron en el profeta que vino posteriormente no sufrieron ninguna interrupción en su islam: así como eran musulmanes antes, siguieron siéndolo después.
Es sorprendente que incluso algunos grandes eruditos hayan fracasado en comprender esta realidad. Ni siquiera quedaron satisfechos después de ver esta aleya tan clara. El erudito Al-Suyuti redactó un tratado detallado sobre este tema. Él sostenía que el término «musulmán» estaba reservado exclusivamente para la comunidad de Muhammad (la paz y las bendiciones de Allah sean con él). Después, cuando esta aleya se presentó ante él, dijo personalmente: «Mi argumento y mi prueba han quedado refutados». Sin embargo, añadió: «Volví a suplicar a Dios que me concediera, respecto de este asunto, la apertura del pecho». Finalmente, en vez de cambiar de opinión, se mantuvo firme en ella y ofreció varias interpretaciones de esta aleya, cada una más débil que la anterior. Una de sus interpretaciones era la siguiente:ان كنا من قبله مسلمينSu significado es que, incluso antes de la llegada del Corán, teníamos la intención de hacernos musulmanes. Pues habíamos recibido en nuestro Libro la noticia de su llegada, y también deseábamos que, cuando llegara, aceptaríamos el islam.
Su segunda interpretación era que, en esta frase,مسلمينdespués deبهse sobreentiende la palabra. Es decir, desde el principio aceptábamos el Corán, porque esperábamos su llegada y habíamos creído anticipadamente en él. Por eso éramos musulmanes no por aceptar la Torá y el Evangelio, sino por aceptar el Corán antes de su revelación.
Su tercera interpretación era que desde el principio estaba escrito en nuestro destino que aceptaríamos el islam después de la llegada de Muhammad (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) y del Corán. Por eso, en realidad, ya éramos musulmanes desde el principio. Al leer cualquiera de estas interpretaciones, no parece que haya en ellas ningún efecto de la apertura del pecho concedida por Dios.
El asunto es que no solo en este lugar, sino también en muchos otros pasajes del Corán, se ha expuesto esta verdad fundamental: en realidad, solo existe el islam (la obediencia a Allah). Y en el reino creado por Dios no puede haber para los siervos de Dios ninguna otra religión aparte de esta. Desde el comienzo de la humanidad, todo profeta que vino para guiar a los seres humanos vino con esta religión. Y los profetas (la paz sea con ellos) siempre fueron musulmanes por sí mismos. A sus seguidores les ordenaron insistentemente permanecer musulmanes. Aquellos de sus seguidores que inclinaron la cabeza ante los mandatos de Dios proclamados mediante la profecía fueron musulmanes en todas las épocas. A continuación se presentan algunos ejemplos al respecto:
إِنَّ الدِّينَ عِنْدَ اللَّهِ الْإِسْلَامُ-( آل عمران-19)
-En verdad, para Allah la única religión es el islam.
وَمَنْ يَبْتَغِ غَيْرَ الْإِسْلَامِ دِينًا فَلَنْ يُقْبَلَ مِنْهُ-( آل عمران-85)
-Y a quien desee una religión distinta del islam, nunca le será aceptada. (Al Imrán: 85)
Hazrat Noé (la paz sea con él) dice:
إِنْ أَجْرِيَ إِلَّا عَلَى اللَّهِ وَأُمِرْتُ أَنْ أَكُونَ مِنَ الْمُسْلِمِينَ-( يونس-72)
-Mi recompensa solo incumbe a Allah. Y se me ha ordenado que permanezca entre los musulmanes. (Jonás: 72)
Se declara acerca de Hazrat Abraham (la paz sea con él) y sus hijos:
إِذْ قَالَ لَهُ رَبُّهُ أَسْلِمْ قَالَ أَسْلَمْتُ لِرَبِّ الْعَالَمِينَ – وَوَصَّى بِهَا إِبْرَاهِيمُ بَنِيهِ وَيَعْقُوبُ يَا بَنِيَّ إِنَّ اللَّهَ اصْطَفَى لَكُمُ الدِّينَ فَلَا تَمُوتُنَّ إِلَّا وَأَنْتُمْ مُسْلِمُونَ – أَمْ كُنْتُمْ شُهَدَاءَ إِذْ حَضَرَ يَعْقُوبَ الْمَوْتُ إِذْ قَالَ لِبَنِيهِ مَا تَعْبُدُونَ مِنْ بَعْدِي قَالُوا نَعْبُدُ إِلَهَكَ وَإِلَهَ آبَائِكَ إِبْرَاهِيمَ وَإِسْمَاعِيلَ وَإِسْحَاقَ إِلَهًا وَاحِدًا وَنَحْنُ لَهُ مُسْلِمُونَ-( البقرة-131-133)
-Cuando su Señor le dijo: «Sométete», respondió: «Me he sometido al Señor de los mundos». Abraham encomendó esto a sus hijos, y también Jacob: «¡Oh, hijos míos! Alá ha elegido esta religión para vosotros. Así pues, no os llegue la muerte sino estando “musulmanes”».
(¡Oh, judíos!) ¿Acaso estabais presentes cuando la muerte se acercó a Jacob? Cuando preguntó a sus hijos: «¿A quién adoraréis después de mí?», respondieron: «Adoraremos a tu Dios y al Dios de tus antepasados Abraham, Ismael e Isaac, aceptándolo como un Dios único, y somos musulmanes ante Él». (Al-Báqara: 131-133)
مَا كَانَ إِبْرَاهِيمُ يَهُودِيًّا وَلَا نَصْرَانِيًّا وَلَكِنْ كَانَ حَنِيفًا مُسْلِمًا-( آل عمران-67)
-Abraham no era judío ni nazareno, sino un musulmán íntegro. (Aal Imran: 67)
Hazrat Abraham (la paz sea con él) y Hazrat Ismael (la paz sea con él) suplican personalmente:
رَبَّنَا وَاجْعَلْنَا مُسْلِمَيْنِ لَكَ وَمِنْ ذُرِّيَّتِنَا أُمَّةً مُسْلِمَةً لَكَ-( البقرة-128)
—¡Oh, Señor nuestro! Haznos musulmanes tuyos y suscita de nuestra descendencia una comunidad que sea musulmana tuya. (Al-Báqara: 128)
En el relato del profeta Lot (la paz sea con él) se dice:
فَمَا وَجَدْنَا فِيهَا غَيْرَ بَيْتٍ مِنَ الْمُسْلِمِينَ-(الذاريات-36)
—No encontramos en la ciudad del pueblo de Lot más que una casa de musulmanes (la propia casa del profeta Lot, la paz sea con él). (Adh-Dhariyat: 36)
El profeta José suplica ante su Señor:
تَوَفَّنِي مُسْلِمًا وَأَلْحِقْنِي بِالصَّالِحِينَ-(يوسف-101)
—Hazme morir siendo musulmán e inclúyeme entre los justos. (José: 101)
El profeta Moisés (la paz sea con él) dice a su pueblo:
يَا قَوْمِ إِنْ كُنْتُمْ آمَنْتُمْ بِاللَّهِ فَعَلَيْهِ تَوَكَّلُوا إِنْ كُنْتُمْ مُسْلِمِينَ-(يونس-84)
-¡Oh, pueblo mío! Si habéis creído en Alá, depositad vuestra confianza en Él, si sois musulmanes. (Yunus: 84)
La verdadera religión de los Hijos de Israel no era el judaísmo, sino el islam. Amigos y enemigos por igual lo sabían. En efecto, esto es lo último que dice el faraón cuando se está ahogando en el mar:
آمَنْتُ أَنَّهُ لَا إِلَهَ إِلَّا الَّذِي آمَنَتْ بِهِ بَنُو إِسْرَائِيلَ وَأَنَا مِنَ الْمُسْلِمِينَ-( يونس-90)
-He aceptado que no hay ninguna divinidad aparte de Aquel en quien creyeron los Hijos de Israel, y que soy de los musulmanes. (Yunus: 90)
La religión de todos los profetas de los Hijos de Israel también era este islam.
إِنَّا أَنْزَلْنَا التَّوْرَاةَ فِيهَا هُدًى وَنُورٌ يَحْكُمُ بِهَا النَّبِيُّونَ الَّذِينَ أَسْلَمُوا لِلَّذِينَ هَادُوا-( المائدة-44)
-Hemos hecho descender la Torá, en la que hay guía y luz. Conforme a ella, el profeta que era musulmán juzgaba los asuntos de quienes se habían hecho judíos. (Al-Ma’idah: 44)
Esta era la religión de Sulaymán (la paz sea con él). De hecho, la reina de Saba, al creer en él, dijo:
أَسْلَمْتُ مَعَ سُلَيْمَانَ لِلَّهِ رَبِّ الْعَالَمِينَ-( النمل-44)
-Me he sometido como musulmana, junto con Sulaymán, al Señor de los mundos. (An-Naml: 44)
Esta era la religión del venerable Jesús (la paz sea con él) y de sus discípulos:
وَإِذْ أَوْحَيْتُ إِلَى الْحَوَارِيِّينَ أَنْ آمِنُوا بِي وَبِرَسُولِي قَالُوا آمَنَّا وَاشْهَدْ بِأَنَّنَا مُسْلِمُونَ-( المائدة-111)
-Y cuando inspiré a los discípulos: «Creed en Mí y en Mi mensajero», dijeron: «Creemos; y sé testigo de que somos musulmanes». (Al-Má’idah: 111)
Si alguien, basándose en esto, alberga la duda de cómo era posible que las palabras árabes islam y musulmán se utilizaran en distintos países y lenguas, tal afirmación sería una muestra evidente de ignorancia. Porque lo esencial que debe tenerse en cuenta no son estas palabras árabes, sino el significado por el cual fueron empleadas en árabe. En realidad, lo que se afirma en estas aleyas es que la verdadera religión enviada por Dios no es el cristianismo, ni el mosaísmo, ni el mahometanismo, sino inclinar la cabeza en obediencia ante el mandato de Dios transmitido por medio de los profetas y los Libros celestiales; y quienquiera que, en cualquier lugar y en cualquier época, haya adoptado esta conducta como siervo de Dios, se ha convertido en seguidor de la verdad de la misma religión universal y eterna. Para quienes adoptaron esta religión con verdadera comprensión y sinceridad, aceptar a Jesús (la paz sea con él) después de Moisés (la paz sea con él), y a Muhammad (la paz y las bendiciones de Dios sean con él) después de Jesús (la paz sea con él), no fue cambiar de religión, sino una exigencia natural y lógica de seguir la verdadera religión. En cambio, quienes se incorporaron al grupo de los profetas sin reflexionar, o nacieron en él, y para quienes el fanatismo nacional, genealógico y partidista había asumido la forma de la verdadera religión, permanecieron siendo judíos y cristianos; y, con la llegada de Muhammad (la paz y las bendiciones de Dios sean con él), quedó al descubierto el engaño de su ignorancia. Pues al negar al último profeta, no solo rechazaron aceptar seguir siendo musulmanes en el futuro, sino que su conducta demostró que tampoco habían sido musulmanes antes. Simplemente estaban apegados a la personalidad de un profeta o de ciertos profetas, o habían convertido en religión la obediencia ciega a sus antepasados. (152)
El proceso de formación de la comunidad musulmana
De este modo, el Mensajero de Allah (la paz sea con él) no solo revitalizó la religión que había continuado desde tiempos anteriores, sino que también restableció la comunidad que, desde la época de todos los profetas, había sido conocida como la comunidad musulmana. A todos aquellos que se habían incorporado a esta comunidad, procedentes de distintas tribus, familias y regiones, los convirtió en colaboradores y auxiliadores unos de otros, en hermanos y en personas mutuamente compasivas y solidarias. Declaró igualmente inviolables la vida, los bienes, el honor y la dignidad de todos; consideró iguales los derechos y deberes de todos, y no reservó para nadie ningún privilegio del que los demás carecieran. Esto era algo extraordinario para el ambiente árabe, dominado por la adoración de las tribus y afligido por el fanatismo; sus corazones y mentes no estaban de ningún modo preparados para aceptarlo. (153)
Se ha transmitido de Ibn Zayd que un día Abu Lahab, tío del Mensajero (la paz sea con él), le preguntó: «¿Qué beneficio obtendré si acepto tu religión?». El Profeta (la paz sea con él) respondió: «Obtendrás lo mismo que obtendrán los demás creyentes». Él preguntó: «¿Acaso no habrá ningún honor especial para mí (para el tío del Mensajero)?». El Profeta (la paz sea con él) dijo: «¿Qué más desea usted?»
Abu Lahab dijo: (Árabe******************)
—¡Que perezca esta religión en la que yo soy igual que los demás! (Ibn Yarir) (154)
En oposición a esta idea fanática, el Corán declaró claramente:
لَنْ تَنْفَعَكُمْ أَرْحَامُكُمْ وَلَا أَوْلَادُكُمْ يَوْمَ الْقِيَامَةِ
—El Día de la Resurrección no os servirán de nada ni vuestros lazos de parentesco ni vuestros hijos. (Al-Mumtahana: 3)
Así pues, la relación de sangre permanecerá plenamente aquí, en este mundo, pero allí no proporcionará ningún beneficio. Lo esencial es la fe, que será útil en el Día de la Resurrección. Por ello, también en este mundo vuestras relaciones de parentesco deberían basarse en la fe.
إِنَّمَا وَلِيُّكُمُ اللَّهُ وَرَسُولُهُ وَالَّذِينَ آمَنُوا الَّذِينَ يُقِيمُونَ الصَّلَاةَ وَيُؤْتُونَ الزَّكَاةَ وَهُمْ رَاكِعُونَ-( المائدة-55)
-Vuestros verdaderos amigos son únicamente Allah, Su Mensajero y aquellos creyentes que establecen la oración, entregan el zakat y se postran ante Dios. (Al-Ma’idah: 55)
إِنَّمَا الْمُؤْمِنُونَ إِخْوَةٌ فَأَصْلِحُوا بَيْنَ أَخَوَيْكُمْ-( الحجرات-10)
-Los creyentes son hermanos unos de otros. Por tanto, reconciliad a vuestros hermanos. (Al-Huyurat: 10)
Estos y otros versículos semejantes han establecido una hermandad universal entre todos los musulmanes del mundo. La bendición de esta enseñanza es que entre los seguidores de ninguna otra religión o ideología se encuentra la hermandad que surgió entre los musulmanes y que aún existe. El Profeta Purificado (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) expuso su importancia y sus exigencias en numerosos discursos, mediante los cuales se despertó aún más toda su fuerza vital.
Hazrat Jarir ibn Abdullah relata: el Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) tomó mi juramento de fidelidad respecto a tres cosas: primero, que estableciera la oración; segundo, que continuara entregando el zakat; y tercero, que fuera un bienqueriente de todo musulmán. (Bujari, Libro de la Fe).
Hazrat Abdullah ibn Masud (que Allah esté complacido con él) relata que el Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: insultar a un musulmán es impiedad (un acto pecaminoso), y luchar contra él es incredulidad. (Bujari, Libro de la Fe). En el Musnad de Ahmad, Hazrat Ibn Malik (que Allah esté complacido con él) narra este asunto citando a su padre.
Hazrat Abu Huraira (que Allah esté complacido con él) relata que el Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: para todo musulmán, la vida, los bienes y el honor de otro musulmán son inviolables. (Muslim, Libro de la Benevolencia y los Vínculos).
Hazrat Abu Saíd al-Judri y Hazrat Abu Huraira dicen que el Profeta (s. a. s.) dijo: «El musulmán es hermano del musulmán; no lo oprime, no lo abandona ni lo humilla. Para una persona, es una maldad muy grande humillar a su hermano musulmán». (Musnad de Ahmad)
Hazrat Sahl ibn Saad as-Saidi, citando las palabras del Profeta (s. a. s.), dice: «La relación de un creyente con la comunidad de los creyentes es como la relación del cuerpo con la cabeza. Siente el sufrimiento de un miembro de la comunidad de los creyentes del mismo modo que la cabeza siente el dolor de cada parte del cuerpo». —Musnad de Ahmad. (155)
Hazrat Nu‘mán ibn Bashir narró este hadiz del Profeta (s. a. s.).
(Árabe***************************)
—El ejemplo de los creyentes, en cuanto a su mutua misericordia, amor y compasión, es el de un solo cuerpo. Si una parte del cuerpo sufre, todo el cuerpo padece insomnio y fiebre por causa de ello.
Hazrat Abu Musa al-Ashari dice que el Profeta (s. a. s.) dijo: (árabe**********************)
—El creyente es para otro creyente como un muro, cuyas partes se refuerzan mutuamente.
Hazrat Abd Allah ibn Umar citó este hadiz del Profeta (s. a. s.) (árabe***************)
-El musulmán es hermano del musulmán: no lo oprime ni se abstiene de ayudarlo. Quien se esfuerza por satisfacer alguna necesidad de su hermano, Allah se esfuerza por satisfacer su necesidad. Y quien salve a un musulmán de alguna aflicción, Allah lo salvará de una aflicción el Día de la Resurrección. Y quien oculte las faltas de un musulmán, Allah ocultará sus faltas el Día de la Resurrección. (156)
Hazrat Yábir bin Abdullah (que Allah esté complacido con él) y Abu Talha bin Sahal Ansari (que Allah esté complacido con él) narran este hadiz del Profeta (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él).
(Árabe***********************)
-Cuando se está humillando y deshonrando a un musulmán, y se está atacando su honor, si nadie acude en su ayuda, Allah el Altísimo tampoco lo ayudará cuando se encuentre necesitado de la ayuda de Allah. Y si alguien ayuda a un musulmán cuando se está atacando su honor y se le está humillando, Allah el Altísimo también lo ayudará cuando desee que Allah lo auxilie. (157)
Hazrat Abdullah bin Amr bin As (que Allah esté complacido con él) dice que el Profeta (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: (árabe****************)
-Musulmán es aquel de cuya lengua y manos los musulmanes están a salvo.
Hazrat Abu Bakra Nufai bin Al-Haris (que Allah esté complacido con él) dice que, durante el Hayy de despedida, el Profeta (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo en el sermón del Día del Sacrificio:
(Árabe******************)
—¡Cuidado! Después de mí, no os volváis como los incrédulos, matándoos unos a otros.
Hazrat Anas (que Allah esté complacido con él) relata que el Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo una vez:
—Ayuda a tu hermano, ya sea opresor u oprimido. Alguien preguntó: «Si está oprimido, lo ayudaré, pero ¿cómo puedo ayudarlo si es opresor?»
El Profeta dijo:
—Impídele cometer injusticias y aléjalo de ellas. Esa será precisamente su ayuda. (Bujari)
Hazrat Abdullah bin Amr bin As (que Allah esté complacido con él) relata que el Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo:
—La sangre de los creyentes tiene el mismo valor, y frente al enemigo todos son como una sola mano.
Hazrat Anas bin Malik (que Allah esté complacido con él) cita este hadiz del Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él):
—Se me ha ordenado combatir a la gente hasta que atestigüen que no hay ninguna divinidad excepto Allah y que Muhammad es el Mensajero de Allah. Luego, cuando atestigüen esto, se vuelvan hacia nuestra qibla, coman de los animales que sacrificamos y hagan la oración como nosotros, su sangre y sus bienes se vuelven inviolables para nosotros. Naturalmente, si tienen algún derecho que reclamar, eso es otra cuestión. Para ellos los mismos derechos que para los musulmanes, y sobre ellos las mismas obligaciones que sobre los musulmanes—
Una comunidad portadora del estandarte de la predicación y del movimiento
Pero esta comunidad no era de aquellas cuyos miembros, después de creer, se limitaran a invocar a Allah en privado, realizar buenas obras y ser mutuamente solidarios, auxiliadores, bienintencionados y compasivos. Al contrario, la misión de esta comunidad consistía en difundir la predicación del islam entre todas las personas, ordenar el bien y prohibir el mal. Esta comunidad entera fue escogida y extraída de entre todas las naciones y tribus para reformar y corregir a estos siervos de Dios. Su relación con todas las naciones sería una relación basada en la verdad y la justicia, y no tendría con nadie una relación de falsedad ni de injusticia. Si el asunto se hubiera limitado al primer estado, los qurayshíes y los politeístas de Arabia habrían estado dispuestos a tolerarlo en cierta medida. Pero este segundo estado era tal que veían que esta comunidad no solo no tenía intención de crecer y expandirse, sino que cada uno de sus miembros individualmente y toda la comunidad colectivamente estaban muy activos en la difusión de su movimiento. Por ello, su temor [el de los qurayshíes] superó los límites de la paciencia, pues veían que cada día algunos de sus hombres abandonaban su grupo y se unían al nuevo grupo. (158)
وَمَنْ أَحْسَنُ قَوْلًا مِمَّنْ دَعَا إِلَى اللَّهِ وَعَمِلَ صَالِحًا وَقَالَ إِنَّنِي مِنَ الْمُسْلِمِينَ-(همالسجده-33)
—¿Y quién puede expresar mejores palabras que aquel que llama hacia Allah, obra rectamente y dice: «Soy musulmán»? (Hamim as-Sajdah: 33)
En los versículos 30-32 se había dicho anteriormente a los musulmanes que mantenerse firmes en la adoración de Allah y no apartarse de este camino después de haberlo adoptado es, por sí mismo, una buena obra mundana que convierte a la persona en amiga de los ángeles y merecedora del Paraíso. Después, en este versículo, se les dijo que la obra cuyo rango no puede ser superado por ningún otro es que realicen buenas obras por sí mismos y llamen a otros a la adoración de Allah. Que digan sin temor «soy musulmán» incluso en un ambiente de extrema oposición, un ambiente en el que proclamar el islam y manifestarlo significaba atraer el peligro sobre uno mismo. Para comprender plenamente la importancia de esta declaración, es necesario tener presente el ambiente en el que fue pronunciada. En aquel tiempo, quien manifestaba que era musulmán sentía que estaba entrando en un bosque de fieras, donde todos corrían hacia él para despedazarlo y devorarlo. Y quien, yendo aún más lejos, abría la boca para predicar el islam era como si llamara a las fieras y les dijera: «Venid, despedazadme y devoradme». En tales circunstancias se declaró que adoptar el camino recto reconociendo a Allah como Señor y no apartarse de él constituye una gran y fundamental buena obra. Pero una buena obra de rango superior consiste en ponerse de pie y decir: «Soy musulmán», y llamar a la gente hacia Allah sin preocuparse por las consecuencias. Al realizar esta tarea, debe mantener sus propias obras tan puras y limpias que nadie tenga ocasión de formular acusación alguna contra el islam ni contra quien porta su estandarte. (159)
Instrucciones a los musulmanes para el liderazgo mundial
وَكَذَلِكَ جَعَلْنَاكُمْ أُمَّةً وَسَطًا لِتَكُونُوا شُهَدَاءَ عَلَى النَّاسِ وَيَكُونَ الرَّسُولُ عَلَيْكُمْ شَهِيدًا-( البقرة-143)
—Y así os hemos convertido en una umma excelente, para que podáis ser testigos ante toda la humanidad y para que el Mensajero sea testigo ante vosotros. (Al-Báqara: 143)
Esta fue la proclamación del liderazgo mundial de la umma de Muhammad (s. a. s.). De este modo, también se indicaba la guía de Allah mediante la cual los seguidores del Profeta Muhammad (s. a. s.) podían encontrar el camino recto y, progresando continuamente, alcanzar tal rango que serían considerados la «umma wasat». También se aludía al cambio de la qibla, que los ignorantes consideran simplemente un giro del rostro de una dirección hacia otra. En realidad, el significado del cambio de la qibla de Bayt al-Maqdis hacia la Kaaba era que Allah había retirado de manera ordenada a los Hijos de Israel del rango de liderazgo mundial y había instalado a la umma de Muhammad en dicho rango.
La expresión «umma wasat» tiene un significado tan amplio que no es posible hacerle justicia mediante una sola palabra alternativa. Significa un grupo noble y honorable que adopta la equidad, la justicia y la moderación. Alcanzará una posición preeminente entre las naciones del mundo. Su relación con todos será igual, y será una relación basada en la sinceridad, no en la falsedad ni en la injusticia.
Cuando se dijo que habíais sido convertidos en la umma wasat para que fuerais testigos ante la gente y el Mensajero fuera testigo ante vosotros, su significado era, y sigue siendo, el siguiente: cuando en el Más Allá se pida cuentas conjuntamente a toda la humanidad, el Mensajero (s. a. s.), como representante responsable de Allah, testificará acerca de vosotros que os transmitió íntegra y fielmente la enseñanza que Allah le había dado sobre el pensamiento correcto, las buenas obras y un sistema justo, y que os mostró en la práctica cómo actuar conforme a ella. Después, por haber sucedido al Mensajero, tendréis que comparecer como testigos ante la gente en general y declarar que no escatimasteis esfuerzos para transmitirles todo cuanto el Mensajero os comunicó y mostrarles todo cuanto él os mostró.
Así pues, que una persona o un grupo sea investido en este mundo por Allah con la dignidad de prestar testimonio significa, en realidad, que es investido con la dignidad del liderazgo. Esto incluye, por un lado, honor y autoridad y, por otro, la pesada carga de la responsabilidad. Significa que, así como el Mensajero de Allah (s. a. s.) fue para esta umma un testigo viviente del temor de Allah, la veracidad, la justicia y la defensa de la verdad, esta umma también debe ser un testigo viviente para el mundo entero. De modo que, al observar sus palabras y obras, su carácter y su conducta, el mundo pueda saber qué es el temor de Allah, en qué consiste la veracidad, qué significa realmente la justicia, cómo es la defensa de la verdad y que el islam ha venido para formar así a los seres humanos. (160)
Características de la umma musulmana
كُنْتُمْ خَيْرَ أُمَّةٍ أُخْرِجَتْ لِلنَّاسِ تَأْمُرُونَ بِالْمَعْرُوفِ وَتَنْهَوْنَ عَنِ الْمُنْكَرِ وَتُؤْمِنُونَ بِاللَّهِ-( آل عمران-110)
Sois la mejor umma que ha surgido en el mundo para la guía y la reforma de la humanidad. Ordenáis las buenas obras, impedís las acciones injustas y creéis en Allah. (Alí Imrán: 110)
En este versículo se dice a los seguidores del Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) que vosotros habéis sido investidos con el rango de liderazgo y guía del mundo del que los Hijos de Israel fueron despojados por su incapacidad. Esto se debe a que, en cuanto a carácter y obras, os habéis convertido en la mejor comunidad del mundo y han surgido en vosotros las cualidades necesarias para un liderazgo justo: el impulso y el esfuerzo por establecer las buenas obras y eliminar las malas, y aceptar a Allah, sin asociado, como vuestro Ilah y vuestro Señor mediante la fe y las obras. Por tanto, se os ha confiado la tarea del liderazgo mundial. (161)
وَالْمُؤْمِنُونَ وَالْمُؤْمِنَاتُ بَعْضُهُمْ أَوْلِيَاءُ بَعْضٍ يَأْمُرُونَ بِالْمَعْرُوفِ وَيَنْهَوْنَ عَنِ الْمُنْكَرِ وَيُقِيمُونَ الصَّلَاةَ وَيُؤْتُونَ الزَّكَاةَ وَيُطِيعُونَ اللَّهَ وَرَسُولَهُ-( التوبة71)
-Los hombres creyentes y las mujeres creyentes son aliados unos de otros. Ordenan hacer el bien y prohíben el mal, establecen la oración, entregan el zakat y obedecen a Allah y a Su Mensajero. (At-Tawbah: 71)
Es decir, los hombres y mujeres creyentes se han convertido en una comunidad cuyos miembros poseen por igual todas estas características: sienten tanto amor por las buenas obras que ordenan a los habitantes del mundo realizarlas; sienten tal aversión por las malas obras que disuaden al mundo de ellas. El recuerdo de Dios forma para ellos parte de las necesidades indispensables de la vida, como para los Compañeros; sus corazones y sus manos están abiertos para gastar sus bienes en el camino de Dios. La obediencia a Dios y al Mensajero se ha convertido en su naturaleza. Esta disposición moral universal, esta naturaleza y este modo de vida los han unido entre sí. (162)
El impulso de entregar la vida
También se ha inculcado en los miembros de esta comunidad el impulso de dar prioridad a su religión sobre todas las cosas. Estarán dispuestos a sacrificarlo todo por ella, pero no estarán dispuestos a sacrificarla por nada.
Si es posible servir a Dios permaneciendo en el propio país, con la familia y en el hogar, no hay problema alguno. Pero si eso no es posible, la prueba consistirá en saber si abandona el servicio a Dios por apego a su hogar, sus hijos, su familia y el amor a la patria, o si, por servir a Dios, deja todo ello y acepta el riesgo de emigrar y exiliarse.
وَالَّذِينَ هَاجَرُوا فِي اللَّهِ مِنْ بَعْدِ مَا ظُلِمُوا لَنُبَوِّئَنَّهُمْ فِي الدُّنْيَا حَسَنَةً وَلَأَجْرُ الْآخِرَةِ أَكْبَرُ لَوْ كَانُوا يَعْلَمُونَ-( النحل-41)
A quienes emigraron después de soportar la opresión, les daremos en este mundo un excelente lugar de residencia; y la recompensa de la otra vida es aún mucho mayor. (An-Nahl: 41)
يَا عِبَادِيَ الَّذِينَ آمَنُوا إِنَّ أَرْضِي وَاسِعَةٌ فَإِيَّايَ فَاعْبُدُونِ-كُلُّ نَفْسٍ ذَائِقَةُ الْمَوْتِ ثُمَّ إِلَيْنَا تُرْجَعُونَ-وَالَّذِينَ آمَنُوا وَعَمِلُوا الصَّالِحَاتِ لَنُبَوِّئَنَّهُمْ مِنَ الْجَنَّةِ غُرَفًا تَجْرِي مِنْ تَحْتِهَا الْأَنْهَارُ خَالِدِينَ فِيهَا نِعْمَ أَجْرُ الْعَامِلِينَ-الَّذِينَ صَبَرُوا وَعَلَى رَبِّهِمْ يَتَوَكَّلُونَ-وَكَأَيِّنْ مِنْ دَابَّةٍ لَا تَحْمِلُ رِزْقَهَا اللَّهُ يَرْزُقُهَا وَإِيَّاكُمْ وَهُوَ السَّمِيعُ الْعَلِيمُ-(العنكبوت56-60)
—¡Oh, Mis siervos que habéis creído! En verdad, Mi tierra es vasta; adoradme, pues, solo a Mí. Toda alma probará la muerte; luego seréis devueltos todos a Mí. A quienes hayan creído y obrado rectamente, ciertamente les asignaremos en el Paraíso aposentos elevados bajo los cuales correrán los ríos, donde permanecerán eternamente. ¡Qué excelente recompensa para quienes obran! Para aquellos que fueron pacientes y depositaron su confianza en su Señor. ¡Cuántas criaturas hay que no llevan consigo su sustento! Alá las sustenta, y también os sustenta a vosotros. Él es el Oyente, el Omnisciente. (Al-Ankabut: 56-60)
De la sura Al-Ankabut se puede saber cuál era el estímulo que se había despertado en aquella época entre la comunidad musulmana.
La primera aleya aludía a la hégira: es decir, si adorar a Dios en La Meca se ha vuelto difícil, abandonad el país. La tierra de Dios no es estrecha. Id adonde podáis permanecer como siervos de Dios. Debéis adorar a vuestro Dios, no a vuestra nación ni a vuestro país. De esto se sabe que lo esencial no son la nación, la tierra natal ni el país, sino la adoración de Alá. Si alguna vez las exigencias del amor a la nación, a la tierra natal y al país chocan con las exigencias de la adoración de Dios, entonces llega el momento de la prueba de fuego para la fe del creyente. El creyente sincero adorará únicamente a Dios y rechazará el país y la nación. Quienes afirman falsamente tener fe abandonarán la fe y permanecerán ligados a su país y a su nación. Esta aleya deja claro a este respecto que una persona sinceramente devota de Dios puede ser patriota y amar a su nación, pero no puede adorar a la nación ni al país. Para ella, la adoración de Dios es más querida que cualquier otra cosa, y por Él sacrificará todo lo que hay en el mundo, pero no lo sacrificará por ninguna cosa mundana.
El significado de la segunda aleya es que no os preocupéis por la vida, pues esta habrá de terminar en cualquier momento. Nadie viene al mundo para permanecer eternamente. Por tanto, aquello que debe preocuparos no es cómo salvar la vida, sino cómo preservar la fe y cómo cumplir las exigencias de la adoración de Dios. Al final tendréis que regresar a Mí. Si venís habiendo perdido la fe para salvar la vida en este mundo, el resultado será uno; pero si venís habiendo perdido la vida para salvar la fe, el resultado será otro. Así pues, preocupaos por esto: cuando regreséis a Mí, ¿con qué regresaréis? ¿Con una fe sacrificada por la vida, o con una vida sacrificada por la fe?
En la tercera aleya se dice que, si por seguir el camino de la fe y de las buenas obras permanecéis privados de todas las bendiciones mundanas y morís con un fracaso desde la perspectiva terrenal, debéis creer que vuestra compensación será ciertamente concedida. No solo recibiréis una compensación, sino también la mejor de las recompensas.
En la cuarta aleya se dice que, en la otra vida, esta recompensa suprema será para quienes permanezcan firmes en la fe, enfrentándose a toda clase de calamidades, aflicciones, sufrimientos y persecuciones; para quienes acepten el riesgo que implica la fe y no le den la espalda; para quienes, aun viendo con sus propios ojos las oportunidades, ventajas y beneficios de abandonar la fe, no les presten atención; para quienes, aun viendo el progreso y la prosperidad de los incrédulos, los transgresores y los pecadores, no les den ninguna importancia; para quienes no depositen su confianza en sus riquezas, negocios, comercio, tribu y familia, sino en su propio Señor; para quienes, ignorando los medios y recursos mundanos, se preparen para afrontar el mero enfrentamiento y conflicto de fuerzas y, cuando sea necesario, abandonen sus hogares y partan; para quienes crean en su Señor que la recompensa por permanecer firmes en la fe y en las buenas obras nunca se perderá. Y también para quienes mantengan la confianza de que Él ayudará a Sus siervos creyentes y virtuosos incluso en este mundo, y en la otra vida les concederá la mejor recompensa por sus obras.
En el último versículo se ha dicho que, después de emigrar, no debéis preocuparos por el sustento además de preocuparos por vuestra vida. Ved cómo innumerables animales, aves y criaturas acuáticas se desplazan ante vuestros ojos por el agua, la tierra y el aire. Vayan adonde vayan, por la gracia de Alá encuentran algún sustento. Por eso, no perdáis el valor pensando y preocupándoos por de dónde comeréis si abandonáis vuestro hogar por causa de la fe. A vosotros también os dará sustento Aquel que proporciona sustento a Sus innumerables criaturas. (163)
La naturaleza de la relación de los creyentes con los incrédulos
Por un lado, se ha dejado claro cuál debe ser la relación mutua entre los miembros de la comunidad musulmana y cómo deben estar íntimamente vinculados con la religión y la fe. Por otro lado, se ha explicado qué tipo de relación deben tener los musulmanes con los incrédulos.
لَا يَتَّخِذِ الْمُؤْمِنُونَ الْكَافِرِينَ أَوْلِيَاءَ مِنْ دُونِ الْمُؤْمِنِينَ-( آل عمران-28)
-Los creyentes nunca tomarán a los incrédulos como amigos, dejando de lado a los creyentes. (Al Imrán-28)
يَا أَيُّهَا الَّذِينَ آمَنُوا لَا تَتَّخِذُوا الْكَافِرِينَ أَوْلِيَاءَ مِنْ دُونِ الْمُؤْمِنِينَ-( النساء-144)
-¡Oh vosotros que habéis creído! No toméis a los incrédulos como amigos, dejando de lado a los creyentes. (An-Nisá: 144)
أَمْ حَسِبْتُمْ أَنْ تُتْرَكُوا وَلَمَّا يَعْلَمِ اللَّهُ الَّذِينَ جَاهَدُوا مِنْكُمْ وَلَمْ يَتَّخِذُوا مِنْ دُونِ اللَّهِ وَلَا رَسُولِهِ وَلَا الْمُؤْمِنِينَ وَلِيجَةً-( التوبة-16)
-¿Acaso pensáis que seréis dejados así, sin más, mientras Allah aún no ha hecho evidente quiénes de vosotros han luchado por Su causa y no han tomado como amigo íntimo a nadie salvo a Allah, al Mensajero y a los creyentes? (At-Tawba: 16)
En esta aleya de la sura At-Tawba se dirige el llamamiento a quienes se habían hecho musulmanes recientemente. Se les dijo que, mientras no superéis esta prueba de fuego y demostréis que, en verdad, consideráis a Allah y a Su religión más queridos que vuestra vida, vuestros bienes y vuestros familiares y amigos, no seréis considerados creyentes sinceros. Hasta ahora, aparentemente, vuestra situación es que os habéis hecho musulmanes porque el Islam, gracias a los esfuerzos denodados de los verdaderos creyentes y de los primeros en aceptar la fe, ha triunfado y se ha extendido por todo el país. (164)
يَا أَيُّهَا الَّذِينَ آمَنُوا لَا تَتَّخِذُوا آبَاءَكُمْ وَإِخْوَانَكُمْ أَوْلِيَاءَ إِنِ اسْتَحَبُّوا الْكُفْرَ عَلَى الْإِيمَانِ وَمَنْ يَتَوَلَّهُمْ مِنْكُمْ فَأُولَئِكَ هُمُ الظَّالِمُونَ – قُلْ إِنْ كَانَ آبَاؤُكُمْ وَأَبْنَاؤُكُمْ وَإِخْوَانُكُمْ وَأَزْوَاجُكُمْ وَعَشِيرَتُكُمْ وَأَمْوَالٌ اقْتَرَفْتُمُوهَا وَتِجَارَةٌ تَخْشَوْنَ كَسَادَهَا وَمَسَاكِنُ تَرْضَوْنَهَا أَحَبَّ إِلَيْكُمْ مِنَ اللَّهِ وَرَسُولِهِ وَجِهَادٍ فِي سَبِيلِهِ فَتَرَبَّصُوا حَتَّى يَأْتِيَ اللَّهُ بِأَمْرِهِ وَاللَّهُ لَا يَهْدِي الْقَوْمَ الْفَاسِقِينَ-( التوبة-23-24)
-¡Oh, vosotros que habéis creído! No toméis a vuestros padres ni a vuestros hermanos como amigos íntimos si prefieren la incredulidad a la fe. Quienes de vosotros los tomen como amigos íntimos, esos serán los injustos. ¡Oh, Profeta! Diles: si vuestros padres, vuestros hermanos, vuestras esposas, vuestros amigos y parientes, los bienes que habéis adquirido, vuestro comercio cuya decadencia teméis y vuestras viviendas que os agradan os son más queridos que Allah, Su Mensajero y luchar por Su causa, entonces esperad hasta que Allah tome Su decisión respecto a vosotros. Y Allah no guía a la gente perversa.
قَدْ كَانَتْ لَكُمْ أُسْوَةٌ حَسَنَةٌ فِي إِبْرَاهِيمَ وَالَّذِينَ مَعَهُ إِذْ قَالُوا لِقَوْمِهِمْ إِنَّا بُرَآءُ مِنْكُمْ وَمِمَّا تَعْبُدُونَ مِنْ دُونِ اللَّهِ كَفَرْنَا بِكُمْ وَبَدَا بَيْنَنَا وَبَيْنَكُمُ الْعَدَاوَةُ وَالْبَغْضَاءُ أَبَدًا حَتَّى تُؤْمِنُوا بِاللَّهِ وَحْدَهُ-( الممتحنة-4)
-Tenéis un excelente ejemplo en Ibrahim (la paz sea con él) y en quienes estaban con él, cuando dijeron claramente a su pueblo: «Nos hemos desvinculado de vosotros y de aquello que adoráis aparte de Allah. Os rechazamos, y entre nosotros y vosotros han quedado establecidas para siempre la enemistad y la aversión, hasta que creáis en Allah, el Único». (Al-Mumtahana: 4)
يَا أَيُّهَا الَّذِينَ آمَنُوا لَا تَتَّخِذُوا عَدُوِّي وَعَدُوَّكُمْ أَوْلِيَاءَ تُلْقُونَ إِلَيْهِمْ بِالْمَوَدَّةِ وَقَدْ كَفَرُوا بِمَا جَاءَكُمْ مِنَ الْحَقِّ يُخْرِجُونَ الرَّسُولَ وَإِيَّاكُمْ أَنْ تُؤْمِنُوا بِاللَّهِ رَبِّكُمْ إِنْ كُنْتُمْ خَرَجْتُمْ جِهَادًا فِي سَبِيلِي وَابْتِغَاءَ مَرْضَاتِي-( الممتحنة-1)
-¡Oh, creyentes! Si habéis salido de vuestros hogares para luchar por Mi causa y buscando Mi complacencia, no toméis como amigos a Mis enemigos y a vuestros enemigos. Les ofrecéis afecto, aunque han rechazado aceptar la verdad que os ha llegado. Expulsan al Mensajero y a vosotros de vuestros hogares porque creéis en Allah, vuestro Señor. (Al-Mumtahana: 1)
لَا تَجِدُ قَوْمًا يُؤْمِنُونَ بِاللَّهِ وَالْيَوْمِ الْآخِرِ يُوَادُّونَ مَنْ حَادَّ اللَّهَ وَرَسُولَهُ وَلَوْ كَانُوا آبَاءَهُمْ أَوْ أَبْنَاءَهُمْ أَوْ إِخْوَانَهُمْ أَوْ عَشِيرَتَهُمْ أُولَئِكَ كَتَبَ فِي قُلُوبِهِمُ الْإِيمَانَ وَأَيَّدَهُمْ بِرُوحٍ مِنْهُ-( المجادلة-22)
-Nunca verás que quienes creen en Alá y en el Último Día mantengan amistad con quienes se han opuesto a Alá y a Su Mensajero, aunque estos sean sus padres, sus hijos, sus hermanos o los miembros de su familia. Estos son aquellos en cuyos corazones Alá ha inscrito la fe y a quienes ha fortalecido y auxiliado con un espíritu procedente de Él. (Al-Muyádila: 22)
En esta aleya de la sura Al-Muyádila se exponen dos cuestiones: una de carácter normativo y otra que describe hechos reales.
En términos normativos, se afirma que la fe en la religión de la verdad y el amor hacia los enemigos de la religión son dos cosas mutuamente contradictorias. De ningún modo puede concebirse la unión de ambas. Es absolutamente imposible que la fe y el amor hacia los enemigos de Dios y del Mensajero puedan reunirse en un mismo corazón. Del mismo modo, en el corazón de una persona no pueden coexistir al mismo tiempo el amor por su propia persona y el amor por sus enemigos. Por tanto, si veis a alguien que afirma tener fe y, al mismo tiempo, mantiene vínculos afectivos con personas contrarias al islam, no debéis dejaros confundir pensando que quizá, a pesar de su conducta, sea sincero al afirmar que tiene fe. Quienes mantienen simultáneamente la misma relación con el islam y con sus opositores deben reflexionar seriamente sobre su propia condición y preguntarse qué son en realidad: ¿creyentes o hipócritas? Si conservan siquiera un poco de sinceridad y sienten en alguna medida que, desde el punto de vista moral, la hipocresía es la peor conducta para una persona, deben abandonar el intento de montar a la vez en dos barcas. La fe les exige una decisión firme. Si alguien quiere seguir siendo creyente, debe romper todo parentesco y toda relación que entren en conflicto con el islam. Si considera más querida otra relación que la relación con el islam, debe renunciar a la falsa afirmación de tener fe.
Hasta aquí se ha expuesto el principio. Pero Dios Todopoderoso no consideró suficiente en este pasaje limitarse a enunciarlo. Por el contrario, presentó también ante quienes afirmaban tener fe un hecho real como ejemplo: quienes eran verdaderos creyentes rompieron efectivamente, ante los ojos de todos, todos aquellos vínculos que constituían un obstáculo para la religión de Dios. Fue un hecho real que toda Arabia pudo contemplar en las batallas de Badr y Uhud. Los nobles compañeros que emigraron de La Meca a Medina lucharon, únicamente por Dios y por Su religión, contra sus propias tribus y sus parientes más cercanos.
Abu Ubaida mató a su padre, Abd Allah ibn al-Yarrah. Musab ibn Umair mató a su propio hermano, Ubaid ibn Umair. Umar mató a su tío materno, As ibn Hisham ibn al-Mugira. Abu Bakr se dispuso a luchar contra su propio hijo, Abd al-Rahman. Ali, Hamza y Ubaida ibn al-Hariz mataron a Utba, Shayba y Walid ibn Utba, que eran sus parientes cercanos. Umar solicitó al Profeta, respecto de los prisioneros de la batalla de Badr, que todos fueran ejecutados y que cada uno de nosotros matara a su propio pariente. En esa batalla de Badr, un ansarí estaba apresando y atando a Abu Aziz ibn Umair, hermano carnal de Musab ibn Umair. Al verlo, Musab gritó: «¡Átalo firmemente! Su madre es muy rica y pagará un cuantioso rescate por su liberación». Abu Aziz dijo: «¿Dices eso siendo mi hermano?». Musab respondió: «En este momento ya no eres mi hermano; por el contrario, este ansarí es mi hermano, pues él te está apresando». En esa misma batalla de Badr fueron hechos prisioneros Abbas, tío del propio Profeta, y Abu al-As, su yerno, esposo de Zaynab, hija del Profeta. Sin embargo, no se les dispensó ningún trato discriminatorio basado en su parentesco con el Mensajero que los diferenciara de los demás prisioneros. Así se mostró a los habitantes del mundo, mediante hechos reales, cómo son los musulmanes auténticos y cómo es su relación con Dios y con Su religión.
Al-Daylami ha citado, transmitida por Muaz, esta súplica del Mensajero de Dios:
«¡Oh Dios! No permitas que ningún malhechor —según otra narración, ningún corrupto— me muestre benevolencia, de modo que nazca en mi corazón amor por él. Pues he encontrado en la revelación que Tú has hecho descender que quienes creen en Dios y en la religión del Más Allá no pueden albergar amor hacia quienes se oponen a Dios y a Su Mensajero». (165)
No se puede abandonar la fe por consideración a nadie.
وَوَصَّيْنَا الْإِنْسَانَ بِوَالِدَيْهِ حَمَلَتْهُ أُمُّهُ وَهْنًا عَلَى وَهْنٍ وَفِصَالُهُ فِي عَامَيْنِ أَنِ اشْكُرْ لِي وَلِوَالِدَيْكَ إِلَيَّ الْمَصِيرُ – وَإِنْ جَاهَدَاكَ عَلَى أَنْ تُشْرِكَ بِي مَا لَيْسَ لَكَ بِهِ عِلْمٌ فَلَا تُطِعْهُمَا وَصَاحِبْهُمَا فِي الدُّنْيَا مَعْرُوفًا-( لقمان-14-15)
-Hemos exhortado expresamente al ser humano a reconocer los derechos de sus padres. Su madre lo llevó en su vientre soportando sufrimiento tras sufrimiento, y tardó dos años en destetarlo. (Por ello le hemos aconsejado:) «AgradeceMis gracias a Mí y a tus padres. A Mí será vuestro regreso». Pero si ambos te presionan para que Me asocies a alguien de quien no tienes conocimiento como asociado Mío, no les obedezcas jamás. Sin embargo, trátalos con bondad en este mundo. (Luqmán: 14-15)
وَوَصَّيْنَا الْإِنْسَانَ بِوَالِدَيْهِ حُسْنًا وَإِنْ جَاهَدَاكَ لِتُشْرِكَ بِي مَا لَيْسَ لَكَ بِهِ عِلْمٌ فَلَا تُطِعْهُمَا-( العنكبوت-8)
-Hemos ordenado al ser humano que trate bien a sus padres. Pero si ambos te presionan para que Me asocies a otro al que no reconoces como asociado Mío, no les obedezcas. (Al-Ankabut: 8)
Según las narraciones de Muslim, Tirmidhi, Ahmad, Abu Dawud y Nasai sobre esta aleya de la sura Al-Ankabut, fue revelada acerca de Sa’d ibn Abi Waqqas (ra). Él aceptó el islam a los dieciocho o diecinueve años. Su madre era Hamna bint Sufyan ibn Umayya (sobrina de Abu Sufyan). Cuando supo que su hijo se había hecho musulmán, dijo: «Mientras no reniegues de Muhammad (saw), no comeré ni beberé, ni siquiera me sentaré a la sombra. Cumplir el derecho de la madre es una orden de Allah. Si no me obedeces, también estarás desobedeciendo a Allah».
Hazrat Sa’d quedó sumamente angustiado por esto, se presentó ante el Mensajero de Allah (saw) y le contó todo; entonces fue revelada esta aleya. Es posible que otros jóvenes que abrazaron el islam en los primeros tiempos en La Meca también se enfrentaran a esta situación. Por ello, este asunto fue repetido con gran énfasis en la aleya de la sura Luqmán que hemos citado anteriormente.
El propósito de la aleya es que, si entre toda la creación alguien tiene el mayor derecho sobre una persona, son sus padres; pero si incluso los padres la obligan a cometer shirk, no se les debe obedecer. Mucho menos se debe hacer algo así por indicación de cualquier otra persona. Las palabras de la orden eran وان جاهدك es decir, si ambos emplearan todas sus fuerzas para obligarte. De esto se deduce que también debe rechazarse una presión relativamente menor, o la presión ejercida por uno solo de los padres. Asimismo, debe prestarse atención a ماليس لك به علم . Su significado es: aquel al que no reconoces como asociado Mío. Se ha presentado una justificación legítima para no obedecer a los padres. Los padres tienen, por supuesto, el derecho de que sus hijos los sirvan, los honren y respeten, y obedezcan sus palabras lícitas. Pero nadie tiene derecho a seguir ciegamente a sus padres en contra de lo que sabe. No puede ser correcto que un hijo o una hija siga una religión únicamente porque es la religión de sus padres. Si los hijos descubren que la religión de sus padres es errónea, deben abandonarla y adoptar una religión correcta. Incluso ante la presión de los padres, no deben seguir un camino cuya desviación sea evidente. Y si esta conducta es necesaria con los padres, también puede serlo con cualquier persona del mundo. No es correcto seguir ciegamente a nadie hasta saber que esa persona está firmemente establecida en la verdad. (166)
وَقَالَ الَّذِينَ كَفَرُوا لِلَّذِينَ آمَنُوا اتَّبِعُوا سَبِيلَنَا وَلْنَحْمِلْ خَطَايَاكُمْ وَمَا هُمْ بِحَامِلِينَ مِنْ خَطَايَاهُمْ مِنْ شَيْءٍ إِنَّهُمْ لَكَاذِبُونَ – وَلَيَحْمِلُنَّ أَثْقَالَهُمْ وَأَثْقَالًا مَعَ أَثْقَالِهِمْ وَلَيُسْأَلُنَّ يَوْمَ الْقِيَامَةِ عَمَّا كَانُوا يَفْتَرُونَ-( العنكبوت-12-13)
-Los incrédulos dicen a los creyentes: «Seguid nuestro camino y nosotros cargaremos con vuestras faltas». Sin embargo, no cargarán con nada de sus faltas. En verdad, están mintiendo descaradamente. Ciertamente cargarán con sus propias cargas y con muchas otras cargas además de las suyas. Y el Día de la Resurrección serán interrogados por las mentiras que inventaban. (Al-Ankabut: 12-13)
El significado de estas palabras de los incrédulos era que las afirmaciones sobre la vida después de la muerte, la resurrección, la rendición de cuentas, la recompensa y demás no eran sino engaños y fraudes. Pero, si realmente existiera una vida después de la muerte y allí se realizara algún interrogatorio, nosotros asumimos la responsabilidad de cargar ante Dios con todo el castigo. Estamos diciendo: abandonad esta nueva religión y volved a la religión de vuestros antepasados.
Se ha narrado acerca de varios jefes de Quraysh que, al principio, se encontraban con quienes habían aceptado el islam y les decían precisamente cosas de este tipo. También se ha dicho acerca de Umar —que Dios esté complacido con él— que, cuando abrazó la fe, Abu Sufyan y Harb ibn Umayya ibn Khalaf se reunieron con él y le dijeron algo semejante.
Por eso se ha dicho que, en primer lugar, es absolutamente imposible que alguien asuma ante Dios la responsabilidad de otra persona y que, por intervención de alguien, un pecador escape del castigo de sus propios pecados. Allí, cada persona será responsable por sí misma de sus obras. (árabe************************)
Pero, aun si fuera así, cuando las consecuencias de la incredulidad y el politeísmo aparezcan ante ellos en forma de un Infierno ardiente, ¿quién tendrá el valor de decir, por vergüenza de la promesa que hizo en este mundo?: «¡Señor! Perdona y envía al Paraíso a la persona que, por mis palabras, abandonó la fe y tomó el camino de la apostasía o la renuncia a la religión. Yo estoy dispuesto a sufrir, junto con el castigo de mi incredulidad, también el castigo de su incredulidad». (167)
Está prohibido pedir perdón para los incrédulos
مَا كَانَ لِلنَّبِيِّ وَالَّذِينَ آمَنُوا أَنْ يَسْتَغْفِرُوا لِلْمُشْرِكِينَ وَلَوْ كَانُوا أُولِي قُرْبَى مِنْ بَعْدِ مَا تَبَيَّنَ لَهُمْ أَنَّهُمْ أَصْحَابُ الْجَحِيمِ-( التوبة-113)
-No corresponde al Profeta ni a los creyentes pedir perdón por los politeístas, aunque sean sus parientes, cuando les ha quedado claro que son dignos del Infierno. (At-Tawba: 113)
Solicitar el perdón para una persona significa, en primer lugar, albergar simpatía y amor por ella y, en segundo lugar, considerar que sus faltas son dignas de ser perdonadas. Esto se aplica a la persona que forma parte de los obedientes, pero que simplemente es pecadora. Sin embargo, albergar simpatía y amor por quien se rebela abiertamente, y considerar perdonables sus delitos, no solo es incorrecto desde el punto de vista de los principios, sino que también hace sospechosa nuestra propia obediencia, la de quienes pedimos perdón. Si, únicamente por el vínculo de parentesco, deseamos que sea perdonado, eso significa que para nosotros el vínculo familiar es más valioso que la exigencia de obedecer a Dios. También significa que nuestro amor por Dios y por Su religión no es desinteresado ni imparcial. Y cuando mantenemos relaciones afectuosas con quienes se rebelan contra Dios, queremos que Dios mismo acepte esas relaciones y que perdone necesariamente a nuestros parientes, aunque arroje al Infierno a otros culpables del mismo delito. Todo esto es erróneo y contrario a la sinceridad y a la obediencia. También es contrario a la fe, cuya exigencia es que nuestro amor por Dios y por Su religión sea completamente imparcial: los amigos de Dios son nuestros amigos y Sus enemigos son nuestros enemigos. Por eso Allah no dijo: «No pidáis perdón por los politeístas», sino que lo expresó así: «No es apropiado para vosotros; no os corresponde pedir perdón por ellos». Es decir, si después de que Yo os lo prohíba os abstenéis, eso no basta. El sentimiento de obediencia dentro de vosotros debería ser tan intenso que albergar simpatía por quienes se rebelan contra Mí y considerar perdonables sus delitos os pareciera impropio incluso para vosotros mismos.
Aquí también debe entenderse que la simpatía hacia quienes se rebelan contra Dios ha sido prohibida únicamente cuando esa simpatía interfiere en los asuntos de la religión. Pero la compasión humana, mostrar misericordia y bondad a los parientes cercanos en las relaciones mundanas, la benevolencia, la generosidad y el trato afectuoso no están prohibidos; al contrario, son dignos de elogio. Sean creyentes o incrédulos los parientes, sus derechos mundanos deben cumplirse necesariamente. Hay que ayudar a quienes están en peligro y procurar medios de sustento para los necesitados. No debe escatimarse ayuda ni compasión a los enfermos y heridos. Hay que extender una mano de cariño y afecto hacia los huérfanos. En estos asuntos nunca debe establecerse diferencia entre quién es musulmán y quién no lo es.
También están prohibidos el matrimonio con ellos y los vínculos de herencia.
لَا هُنَّ حِلٌّ لَهُمْ وَلَا هُمْ يَحِلُّونَ لَهُنَّ-( الممتحنة-10)
-Ni las mujeres musulmanas son lícitas para los incrédulos, ni los incrédulos son lícitos para ellas. (Al-Mumtahana: 10)
وَلَا تُمْسِكُوا بِعِصَمِ الْكَوَافِرِ-( الممتحنة-10)
-Y tampoco vosotros mantengáis a las mujeres incrédulas ligadas a vuestro vínculo matrimonial. (Al-Mumtahana: 10)
Sin embargo, esta disposición presenta la diferencia de que los hombres musulmanes pueden casarse con mujeres de la Gente del Libro, como se ha dicho en la aleya 5 de la sura Al-Ma’ida. En cuanto a las mujeres musulmanas, la cuestión es que no son lícitas ni permitidas para nadie excepto para los hombres musulmanes.
وَلَا تَنْكِحُوا الْمُشْرِكَاتِ حَتَّى يُؤْمِنَّ وَلَأَمَةٌ مُؤْمِنَةٌ خَيْرٌ مِنْ مُشْرِكَةٍ وَلَوْ أَعْجَبَتْكُمْ وَلَا تُنْكِحُوا الْمُشْرِكِينَ حَتَّى يُؤْمِنُوا وَلَعَبْدٌ مُؤْمِنٌ خَيْرٌ مِنْ مُشْرِكٍ وَلَوْ أَعْجَبَكُمْ-( البقرة-221)
-No os caséis jamás con mujeres idólatras hasta que crean. Una esclava creyente es mejor que una mujer de noble linaje idólatra, aunque os agrade. Y no caséis a vuestras hijas con hombres idólatras hasta que crean. Un esclavo creyente es mejor que un idólatra de noble linaje, aunque os guste. (Al-Báqara: 221)
Se ha narrado de Usama bin Zayd (que Allah esté complacido con él) que el Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: (árabe*****************)
-Ni el musulmán puede heredar del incrédulo, ni el incrédulo puede heredar del musulmán. (Bujari, Muslim, Nasai, Ahmad, Tirmidhi, Ibn Maya, Abu Dawud).
Hay dos tipos de incrédulos y existe una diferencia en el trato que se les dispensa
Después de separar así por completo a la comunidad musulmana de los incrédulos, solo en un aspecto se ha establecido una diferencia en el trato de los musulmanes hacia los dos tipos de incrédulos. Este consiste en que Allah no os prohíbe tratar con bondad y justicia a quienes no os han combatido por causa de la religión ni os han expulsado de vuestros hogares. Allah ama a quienes actúan con justicia. Lo que os prohíbe es entablar amistad con quienes os han combatido por causa de la religión, os han expulsado de vuestros hogares y se han ayudado mutuamente en vuestra expulsión. Quienes entablen amistad con ellos son injustos. (Al-Mumtáhina: 8-9)
En otras palabras, se ha ordenado a los musulmanes que actúen distinguiendo entre los incrédulos enemigos y los incrédulos no enemigos. Deben tratar con bondad a aquellos incrédulos que nunca les han tratado mal. Un excelente análisis de esto se encuentra en un acontecimiento. Se trata de que la esposa de Abu Bakr (que Allah esté complacido con él) era incrédula, y de ella nació Asma bint Abi Bakr. Ella permaneció en La Meca. Después del Tratado de Hudaybiyya, cuando comenzaron los desplazamientos entre los habitantes de La Meca y Medina, la esposa incrédula de Abu Bakr (que Allah esté complacido con él) fue a Medina para visitar a su hija. También llevó algunos regalos.
La propia Hazrat Asma (que Dios esté complacido con ella) relata: «Entonces fui personalmente a preguntarle al Mensajero de Dios (la paz y las bendiciones de Dios sean con él) si podía visitar a mi madre y tratarla con afecto familiar. El Profeta (la paz y las bendiciones de Dios sean con él) respondió: “Sí, visítala y trátala también con afecto familiar”» (Musnad Ahmad, Bujari, Muslim). De esto se deduce que está permitido que un musulmán ayude a sus padres, hermanos y demás parientes no musulmanes, siempre que no sean enemigos del islam. Del mismo modo, también se puede dar caridad a un pobre dhimmí (Aḥkām al-Qur’an, Rūḥ al-Maʿānī). (169)
La verdadera dignidad de la umma musulmana
La comunidad (el grupo) que surgió de este modo no era, en ningún sentido, una nación. Su verdadera naturaleza se comprende claramente a partir de las palabras empleadas en el Corán y en los hadices.
Hizb
Hay una palabra, «hizb», que se emplea en dos lugares para referirse a los musulmanes (La Mesa Servida, aleya 56; La Discusión, aleya 22). Esta palabra es verdaderamente sinónima de partido o grupo. En ambos lugares se llama a los musulmanes «Hizbulá» (la gente del partido de Dios), es decir, la gente de ese grupo que se ha consagrado a la obra de Dios. Una nación se constituye sobre la base del linaje y la familia, mientras que un grupo se constituye sobre la base de principios e ideologías. Desde este punto de vista, los musulmanes en realidad no son una nación, sino un grupo. Pues han sido distinguidos del mundo entero y vinculados entre sí únicamente porque creen en un principio y una doctrina y los siguen. En cambio, quienes no comparten sus principios y su doctrina no tienen ninguna afinidad con ellos, aunque sean sus parientes más cercanos.
El Corán solo reconoce dos grupos entre los habitantes de la Tierra: uno es el partido de Dios (Hizbulá) y el otro, el partido de Satanás (Hizb al-Shaytán). Por muchas diferencias que haya dentro del partido de Satanás en cuanto a principios e ideologías, el Corán los considera a todos iguales. Esto se debe a que sus pensamientos y métodos de acción no son islámicos y, pese a sus diferencias menores, todos están de acuerdo en obedecer a Satanás. El Corán dice:
اسْتَحْوَذَ عَلَيْهِمُ الشَّيْطَانُ فَأَنْسَاهُمْ ذِكْرَ اللَّهِ أُولَئِكَ حِزْبُ الشَّيْطَانِ أَلَا إِنَّ حِزْبَ الشَّيْطَانِ هُمُ الْخَاسِرُونَ-(المجادلة-19)
—Satanás se ha apoderado de ellos y les ha hecho olvidar el recuerdo de Dios. Ellos son la gente del partido de Satanás. ¡Tened cuidado! La gente del partido de Satanás es la que pierde. (La Discusión: 19)
Exactamente lo contrario ocurre con los miembros del partido de Allah: por muy diferentes que sean entre sí en cuanto a linaje, patria, raza, lengua e historia y tradiciones —e incluso aunque entre sus antepasados hubiera existido una enemistad de mutuo derramamiento de sangre—, cuando llegaron a estar de acuerdo en el pensamiento y el modo de vida prescritos por Allah, quedaron unidos como por un vínculo divino (Hablulá); y, al incorporarse a este nuevo grupo, todos sus vínculos con los partidarios del partido de Satanás quedaron cortados.
Umma
La segunda palabra, utilizada en cuatro lugares del Corán con el sentido de grupo (Al-Báqara: 128, 143; Alí Imrán: 104, 110), es umma. Esta palabra también se emplea en numerosos lugares de los hadices. Se llama umma al grupo cuyos miembros están unidos por algún asunto amplio y común. Por ejemplo, se llamaba umma a las personas de una misma época. También se llamaba umma a las personas de un mismo linaje o de un mismo país. Sin embargo, la base de la verdadera universalidad por la que se llama umma a los musulmanes no es el linaje, la patria ni los intereses económicos; sino su «misión en la vida, sus principios fundamentales y su modo de vida». En realidad, el Corán dice:
(Árabe***************)
—Sois la mejor umma que ha sido suscitada para la humanidad. Ordenáis el bien, impedís el mal y creéis en Allah. (Alí Imrán: 110)
(Árabe***************)
—Y así os hemos convertido en una umma intermedia, para que seáis supervisores de la humanidad y el Mensajero sea vuestro supervisor. (Al-Báqara: 143)
De estos dos versículos se desprende claramente que el «musulmán» es, en realidad, miembro de un grupo internacional. De entre todas las naciones del mundo han sido escogidas aquellas personas que han sido preparadas para seguir un principio particular, llevar a cabo un programa particular y cumplir una misión. Puesto que estas personas han surgido de cada una de las naciones y, después de convertirse en un solo grupo, ya no mantienen vínculo con ninguna nación, forman una umma entre sí. Pero, después de romper sus vínculos con todas las naciones, se ha establecido entre ellos una segunda relación con todas las naciones. Esta consiste en que cumplirán en el mundo la responsabilidad de comandantes del ejército divino. Las palabras «sois supervisores de la humanidad» indican que el musulmán ha sido nombrado por Allah comandante de Su ejército en el mundo, y las palabras «ha sido suscitada para la humanidad» dejan claro que la misión de los musulmanes es internacional. La esencia de esta misión es que el líder del «Hizbulá», Sayyiduna Muhammad (s. a. s.), pueda hacer efectivo en el mundo, mediante el empleo de todas las fuerzas intelectuales, morales y materiales, el sistema de pensamiento y acción que Allah le había otorgado, y pueda someter frente a él todos los demás sistemas y métodos: (árabe****************). Esta es la realidad sobre cuya base se ha convertido a los musulmanes en una umma.
Yamaat
La tercera palabra técnica que el Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) empleó en muchos lugares para expresar la condición colectiva de los musulmanes es «yamaat», y esta palabra también es sinónima de grupo, al igual que «hizb». (****) y (******)
Al prestar atención a muchos hadices de este tipo, se sabe que el Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) evitó usar «qawm», «shaab» (***) u otra palabra equivalente, y empleó en su lugar el término «yamaat». Nunca dijo: «Permanezcan siempre con el qawm», ni: «La mano de Allah está sobre el qawm». Por el contrario, en todos estos casos utilizaba la palabra «yamaat». La razón de ello —y esta puede ser la explicación— es que resulta más apropiada para expresar la forma en que los musulmanes se reúnen. La palabra «qawm», por lo general, se emplea en un sentido tal que una persona puede pertenecer a una nación, sea cual sea su ideología o los principios que siga, si ha nacido dentro de ella y está vinculada a esa nación por su nombre, su modo de vida y sus relaciones sociales.
La diferencia entre un grupo ideológico y un grupo nacional
Ahora bien, existe un grupo que, teniendo en cuenta las circunstancias particulares de una nación o un país, adopta una ideología y un programa específicos de estrategia política. Un grupo de este tipo no es más que un partido político. Por ello, puede trabajar y trabaja como parte integrante de la nación en cuyo seno ha nacido.
El segundo grupo es aquel que aparece con una ideología y una concepción universales. Para toda la humanidad sostiene una ideología universal, sin distinción de nación ni de patria. Aspira a moldear la vida entera de una manera determinada. Quiere organizar según su propio molde cada aspecto, desde su ideología y su modo de vida, su aqidah y su pensamiento, y sus principios éticos, hasta los detalles de la conducta individual y de la organización social colectiva. Desea establecer una cultura permanente y una civilización particular. Aunque también es un grupo, no es un grupo que pueda actuar como parte de una nación. Se sitúa por encima del nacionalismo limitado. Su misión consiste en eliminar todos los fanatismos ciegos que han dado lugar a la creación de distintas naciones en el mundo sobre la base del linaje, la raza, la lengua, la patria y la tradición. ¿Cómo podría este grupo vincularse a esas naciones? En lugar de las nacionalidades genealógicas e históricas, establece una nacionalidad basada en la razón. En lugar de la nacionalidad de origen, crea una nacionalidad expansiva. Él mismo se transforma en una nacionalidad destinada a reunir en su seno a todas las fuerzas humanas del mundo sobre la base de la unidad del pensamiento y la cultura. Pero, aun siendo una nacionalidad en este sentido, sigue siendo un grupo. Pues incorporarse a él no depende del nacimiento casual de las personas, sino de seguir conscientemente la ideología y el modo de vida sobre cuya base se ha formado este grupo.
Los musulmanes son, en realidad, el nombre de este segundo tipo de grupo. No es un grupo formado dentro de una nación. Al contrario, es un grupo que surge con el propósito de establecer un sistema permanente de vida integral y de civilización y cultura, y que desea formar, superando los estrechos límites de las pequeñas nacionalidades, una gran nacionalidad universal sobre bases racionales. Es correcto llamarlo nación en el sentido de que no está dispuesto a vincularse emocionalmente con ninguna de las naciones del mundo basadas en el linaje y en la historia y la tradición. Por el contrario, construye por sí mismo, de manera independiente, su propio edificio cultural conforme a su visión de la vida y su filosofía social. Pero, aunque en este sentido sea una nación distinta, en realidad sigue siendo un grupo. Pues un nacimiento meramente accidental no puede convertir a una persona en miembro de este grupo mientras no crea en su ideología y la siga. Del mismo modo, que una persona haya nacido dentro de otra nación no le impide abandonar su propia nación y unirse al grupo si está dispuesta a creer en su ideología. Por tanto, todo lo que hemos dicho significa, en realidad, que la nacionalidad de los musulmanes se basa en su condición de grupo. La condición de grupo es la raíz y la condición de nacionalidad es su rama; si se separa de ella la condición de grupo, queda reducida a una simple nación, y eso constituye su decadencia. Más aún, en realidad significa negar su existencia como musulmana. (170)
Resumen de la discusión
Aunque la organización separada de la comunidad musulmana bajo el liderazgo del Mensajero de Allah (la paz sea con él), y la formación de una sociedad completamente distinta de la sociedad no musulmana, no se hicieron de la noche a la mañana, sino que se lograron gradualmente a lo largo de varios años, por la naturaleza que había adoptado la convocatoria islámica, la gente comprendió hacia dónde avanzaba este movimiento y qué revolución acabaría provocando. Por ello, quienes querían conservar la antigua sociedad de la yahiliya se alarmaron enormemente y emplearon todas sus fuerzas para impedir el surgimiento de esta nueva comunidad desde dentro de sus propias filas. (171)
Séptima sección
La diferencia entre la labor de un profeta y la de un reformador no profético
Al final de esta exposición, consideramos necesario comprender claramente, a la luz de todo lo dicho hasta ahora, la diferencia entre el liderazgo y el método de trabajo de un profeta y los de un reformador no profético.
Cuando el Mensajero de Allah (la paz sea con él) recibió la orden de llevar la convocatoria islámica a Arabia, existían innumerables problemas morales, culturales, económicos y políticos en el mundo entero y también en su propio país, cuya solución era indispensable. Los dos imperios, Roma e Irán, se encontraban en la cumbre del despotismo. Las desigualdades de linaje y de clase habían alcanzado su extremo. La opresión del poderoso sobre el débil era insoportable. También se practicaban con toda intensidad diversas formas de explotación económica ilícita. Se había extendido la inmoralidad más degradada. Arabia estaba aquejada de problemas aún mayores que esos países. El pueblo que habitaba el mismo país y hablaba la misma lengua estaba dividido en innumerables tribus, aunque entre ellas existían vínculos de parentesco por linaje y ascendencia. No tenían siquiera el concepto de una «nación árabe». Cada persona consideraba que su propia tribu era su nación. Por todas partes eran evidentes el desorden, las guerras civiles, la inseguridad, la ignorancia, la decadencia moral, la opresión y la tiranía, el hambre y la pobreza. Las potencias extranjeras aprovechaban esas debilidades de Arabia y continuaban infiltrándose en el país. Por el norte, su ocupación había llegado hasta las fronteras del Hiyaz. El Gobierno romano extendía su influencia en el interior de Arabia, difundiendo dinero y misioneros. El reino cristiano de Abisinia, situado frente a la costa occidental, llevaba mucho tiempo atacando Yemen y tratando de apoderarse de él. Incluso una vez sus ejércitos llegaron hasta La Meca. Irán había establecido su dominio sobre la costa oriental de Arabia y algunas regiones del interior. Más tarde, su dominio llegó incluso hasta Yemen. Los judíos llegados del exterior habían mantenido durante varios siglos su control sobre la mayoría de las tierras fértiles del Hiyaz. Habían atrapado a los árabes en las redes de su usura.
En una situación semejante, si hubiera aparecido en Arabia un líder de tipo reformista, quizá habría comenzado su labor intentando impedir las costumbres y tradiciones de la yahiliya, la inmoralidad y las guerras civiles entre ellos. O habría planteado la cuestión de ricos y pobres, incitando y enfureciendo a los pobres contra los ricos para saciar el hambre de la gente común y eliminar la pobreza. Y si hubiera aparecido un líder de tipo político, habría intentado seducir a los árabes y convertirlos en sus seguidores diciéndoles: «Os convertiré en una nación poderosa, expulsaré del país a los saqueadores extranjeros, transformaré Arabia en un gran reino y promoveré vuestro comercio, vuestra industria y vuestras artes. Aumentaré vuestros recursos económicos, eliminaré vuestro hambre y, después de adquirir fuerza, os lanzaré a agredir a los países vecinos para que vuestras riquezas aumenten enormemente».
En todas esas empresas no se habría planteado en absoluto la cuestión del carácter, y, para asegurar el éxito de su liderazgo político, no habría vacilado lo más mínimo en recurrir al engaño, la conspiración, las artimañas, el uso de la fuerza y las matanzas colectivas. Además, ambos tipos de liderazgo habrían sido nacionalistas. Aunque se elevaran por encima del fanatismo tribal propio, a lo sumo llegarían al fanatismo árabe. No podrían llegar a mostrar simpatía hacia otras naciones y países.
El método de trabajo distintivo del movimiento islámico
Primero, observen un poco al Mensajero de Allah, enviado por Dios (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él). La situación y los problemas de entonces eran precisamente los que se han descrito anteriormente. Todos eran importantes y ninguno podía ser ignorado. El Profeta (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) tampoco los consideró asuntos que pudieran ignorarse. No solo resolvió cada uno de ellos en su debido momento, sino que además llevó a cabo y mostró una revolución tan grandiosa que ningún reformador no profético ni dirigente político habría podido siquiera imaginar. Sin embargo, al comienzo de su misión apartó la mirada de todo aquello y concentró por completo su atención en una sola reforma fundamental, que era la clave para resolver todos los problemas. Aunque nació en una tribu y en una ciudad, desde el primer día del movimiento islámico su mirada estuvo dirigida hacia toda la humanidad, a la que se había levantado para llamar al camino recto. Y la reforma fundamental en la que concentró todos sus esfuerzos, dejando de lado todos los demás problemas, era la siguiente:
1. Que la gente crea en el tawhid, abandone la adoración de todos los demás y adopte la adoración del Allah Único, considerando Su mandato de cumplimiento obligatorio.
2) Que reconozca a Muhammad, el Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él), como Mensajero de Allah, y siga toda la guía, enseñanza y legislación que, por medio de él, ha llegado desde el camino de Allah.
3) Que reconozca el Corán como la palabra de Allah y cumpla necesariamente sus mandatos en todo momento.
4) Que crea en el Más Allá y actúe en este mundo teniendo presente que, finalmente, después de la muerte, deberá comparecer ante Allah y rendir cuentas de sus actos.
5) Que siga los principios inmutables relativos a los aspectos buenos y malos del carácter que han presentado Allah, Su Mensajero y Su Libro.
6) Quienes entre la gente acepten esta llamada se convertirán en una ummah que se alzará como portadora de su estandarte; deberán prepararse para asumir enormes riesgos con su vida y sus bienes a fin de hacerla triunfar. Se unirán plenamente entre sí y, formando su propia sociedad futura, romperán con los incrédulos las relaciones de amistad, afecto y convivencia social efectiva. (172)
La importancia de este método de acción
La razón por la que, apartándose inicialmente de todos los demás asuntos, se emplearon todas las fuerzas únicamente en esta reforma fundamental fue, en primer lugar, que esta era la obra correcta y verdadera. La verdadera tarea del Mensajero consiste precisamente en presentar la verdad. La segunda razón era que, desde la perspectiva del movimiento islámico, la causa real de todos los males y desórdenes que surgen en la vida moral y civilizatoria del ser humano es que este se considera independiente y exento de responsabilidad; se considera a sí mismo su propio dios y, excluyendo al Dios del universo, considera que otros —ya sean seres humanos u otras entidades— poseen atributos, autoridad y derechos divinos. Si este mal está arraigado, ninguna reforma superficial o de apariencia podrá, desde la perspectiva del islam, eliminar la degradación individual ni los males colectivos. Si se elimina el mal por un lado, volverá a levantar la cabeza por otro. Por tanto, el comienzo de la reforma solo puede consistir en eliminar de la mente de las personas la ilusión de la independencia y de la falta de rendición de cuentas, y hacerles comprender que el mundo en el que viven no es, en realidad, un reino sin gobernante. Al contrario, tiene un Rey soberano y absoluto, y la persona es súbdita suya por nacimiento. Su soberanía no depende de que la reconozca. No puede poner fin a ella ni salir de su dominio para ir a otro lugar. Mientras exista esta realidad inmutable, su ilusión de independencia no es más que una idea necia y equivocada, cuyas consecuencias tendrá que soportar. La exigencia de la realidad es que se incline directamente ante Él y permanezca como un siervo obediente. Por otro lado, también hay que mostrarle este aspecto de la realidad: en toda la creación existe un único Rey, un único Propietario y un único poseedor de autoridad y señorío. Aquí nadie más tiene derecho a dar órdenes, ni de hecho se obedece verdaderamente la orden de nadie más. Por eso no debe ser siervo de nadie salvo de Él, ni obedecer la orden de nadie, ni inclinar la cabeza ante nadie. Aquí no existe ninguna «His Majesty»; la majestad pertenece exclusivamente a ese Ser único. Aquí no existe ninguna «His Highness»; la grandeza solo le corresponde a Él. Aquí no existe ninguna «His Holiness»; la santidad le está reservada por completo. Aquí no existe ninguna «His Lordship»; todo el señorío le pertenece a Él. Aquí no existe ningún legislador: la ley es exclusivamente Suya, y solo Él tiene derecho a establecerla y a castigar el delito de infringirla. Aquí no existe ningún gobierno, ningún benefactor misericordioso, ningún rey o emperador, ningún santo ni funcionario, ningún eliminador de desgracias y calamidades, ningún oyente de súplicas ni solucionador de las aflicciones de quien implora. Nadie posee las llaves del poder de gobierno. Nadie tiene derecho a la superioridad. Desde la tierra hasta el cielo, todos son siervos, esclavos y obedientes. Solo hay un Señor y Amo. Por tanto, hay que abandonar toda forma de esclavitud, obediencia y sumisión, convertirse en siervo y obediente únicamente de Él, y aceptar únicamente Su mandato y gobierno.
Esta es la base fundamental de todas estas reformas. Sobre ella se derriba y desmantela por completo todo el edificio del carácter individual y del sistema colectivo, para reconstruirlo conforme a un diseño especial. Y todos los problemas surgidos en la vida humana desde Adán (la paz sea con él) hasta hoy, así como los que surgirán desde ahora hasta el Día de la Resurrección, serán resueltos sobre esta base y de una manera nueva.
El método con el que el Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) inició su invitación
Muhammad (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) no adoptó, para invitar a esta reforma fundamental, un método basado en preparativos previos o en una introducción, mediante el cual primero realizaría algunas actividades políticas y sociales para ganarse la influencia de la gente; después, utilizando esa influencia, obtendría cierta autoridad propia de un gobernante y, valiéndose de ella para dirigir a la gente, la conduciría hasta este punto. Nada de eso. Vemos allí a un hombre que proclama únicamente: «La ilaha illallah». Su atención no se dirigió a nada inferior a esto. La razón no fue solamente la valentía propia de un profeta ni el fervor de la predicación; en realidad, este es el método de acción del movimiento islámico. La influencia y el poder que pueden producirse por otros medios no son en absoluto útiles para esta labor reformadora. Quienes buscan la cooperación de la gente basándose en cualquier otra cosa distinta de «La ilaha illallah» no servirán al Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) en la tarea de reconstruir sobre esta base. En cambio, su participación será mucho más provechosa si acuden corriendo hacia quien llama en cuanto escuchan «La ilaha illallah». Esta obra será su verdadera atracción. Harán de esta realidad el fundamento de sus vidas y, basándose en ella, avanzarán para actuar. Por tanto, la exigencia de la estrategia y del programa especiales necesarios para llevar adelante el movimiento islámico es que la labor comience, sin introducción alguna, con la invitación al tawhid.
La amplitud del concepto del tawhid
Este concepto del tawhid no es solamente una creencia religiosa. De él se deriva el desarraigo de todo el sistema de la vida individual y social construido sobre la base de la libertad humana y de la autoridad y el señorío de quienes no son Allah. Y sobre una segunda base se construye un nuevo edificio. Hoy la gente escucha con calma al almuédano del mundo proclamar «Ashhadu an la ilaha illallah»; ni quien llama sabe qué está diciendo, ni quienes escuchan perciben en ello ningún significado ni propósito. Pero si llegaran a saber que el propósito de esta proclamación es declarar una rebelión contra todo el sistema actualmente vigente y establecer en su lugar un sistema nuevo, créanme: en ninguna parte se toleraría que esta voz se alzara tranquilamente. Vayan ustedes a luchar contra alguien o no, el mundo mismo vendrá a luchar contra ustedes. En cuanto alcen esta voz, les parecerá que de repente la tierra y el cielo se han convertido en sus enemigos, y verán por todas partes serpientes, escorpiones y bestias feroces.
La razón del éxito de este método de acción
Esta fue precisamente la situación que se manifestó cuando el Profeta Muhammad (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) alzó públicamente esta voz. El llamado fue proclamado conscientemente por quien lo hacía, y los oyentes también comprendieron su significado; por ello resolvieron firmemente silenciarla. Los idólatras y sacerdotes vieron en ella una amenaza para su brahmanismo y su papado; los ricos, para sus riquezas; los usureros, para sus negocios basados en el interés; los adoradores de la genealogía, para su superioridad de linaje; los adoradores de las costumbres, para sus tradiciones y usos; los nacionalistas, para su nacionalismo; los adoradores de los antepasados, para los métodos y sistemas heredados de sus padres y abuelos; en otras palabras, cada adorador de un ídolo vio en esa sola voz la amenaza de destrucción de su propio ídolo. Por eso, conforme a «al-kufru millatun wahidatun» (*******), quienes antes estaban enfrentados entre sí se unieron para combatir este nuevo movimiento. En aquellas circunstancias, solo acudieron al Profeta Muhammad (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) quienes tenían pensamientos claros, capacidad para comprender y aceptar la realidad, y un amor por la sinceridad tan grande que, una vez convencidos de que algo era verdad, estaban dispuestos a arrojarse al fuego y jugarse la vida por ello. Para este movimiento se necesitaban precisamente personas así. Llegaban uno, dos, cuatro a la vez, y los conflictos y enfrentamientos también aumentaban. A algunos se les negó el sustento; los miembros de su familia expulsaron a algunos de sus hogares; los amigos y seres queridos de otros rompieron sus relaciones con ellos. A unos se los encarceló; a otros se los arrastró sobre arenas ardientes; a algunos se los recibió públicamente con piedras e insultos; a unos les arrancaron los ojos; a otros les aplastaron la cabeza; y a algunos intentaron comprarlos mediante tentaciones de mujeres, riquezas, reinos y todo cuanto pudiera ofrecerse. Todo esto sucedió y era necesario que sucediera. Sin ello, el movimiento islámico no habría podido fortalecerse ni avanzar.
El método natural para seleccionar y formar a las personas dedicadas a la causa
El resultado inevitable de esto fue que las personas de carácter mezquino y débil, y de voluntad débil, no podían acercarse a este movimiento. Quienes acudieron eran los más capacitados entre los hijos de Adán y, en realidad, aquellos que se necesitaban. No había otra manera de seleccionar a las personas aptas para la causa entre las incapaces: todos los que acudían tenían que pasar por la prueba del fuego. Además, quienes acudieron no tuvieron que afrontar los peligros por intereses personales ni por objetivos familiares o nacionales. Por el contrario, todo cuanto tuvieron que soportar fue únicamente por la verdad y la sinceridad, por Dios y por Su complacencia. Por ello recibieron golpes y murieron de hambre y sed. Sufrieron la opresión y la persecución de todo el mundo. Como resultado, comenzó a formarse en ellos la correcta mentalidad islámica que se necesitaba. Se formó en ellos un carácter islámico firme y digno de confianza. La sinceridad en su adoración de Dios nació y siguió creciendo. Que las realidades islámicas se desarrollaran en este poderoso campo de formación, compuesto de calamidades y tribulaciones, era algo natural. Cuando una persona se levanta para alcanzar un objetivo y avanza superando por él conflictos y enfrentamientos, esfuerzos agotadores, peligros y adversidades, sufrimientos y penas, inquietudes, encarcelamiento y abusos, hambre y sed, destierro y otras pruebas, entonces, gracias a su experiencia personal, todas las realidades de ese objetivo colman su mundo interior. Después, toda su personalidad se transforma de acuerdo con ese objetivo. Como ayuda para alcanzar la perfección en este aspecto, lo primero que se hizo obligatorio para él fue la oración, a fin de eliminar todo riesgo de ilusión o confusión de la visión. Así, su mirada debía permanecer fija en su objetivo. Al reconocer repetidamente la autoridad de Aquel a quien había aceptado como su gobernante, debía afianzarse en su creencia. Que Aquel conforme a cuyo mandato debía actuar en el mundo es el Conocedor de lo oculto y de lo manifiesto, el Dueño absoluto, y el Soberano de toda Su creación, debía quedar firmemente arraigado en su corazón, de modo que en ninguna circunstancia encontrara lugar en él la idea de obedecer a alguien aparte de Él.
La razón de la expansión del llamamiento islámico
Por un lado, quienes acudían eran formados de esta manera y, por otro, el movimiento islámico se expandía debido a estos conflictos y enfrentamientos. Cuando la gente veía que un pequeño grupo era golpeado, encarcelado y expulsado de sus hogares, surgía inevitablemente en ella el deseo de investigar y trataba de averiguar la causa de tanto alboroto. Cuando descubrían que no era por mujeres, dinero ni propiedades, que aquellas criaturas de Allah no tenían ningún interés personal y que solo recibían golpes porque se les había revelado la verdad de un asunto, surgía espontáneamente en sus corazones el deseo de saber qué era, en realidad, aquello por lo que esas personas soportaban tales calamidades y tribulaciones. Luego, cuando descubrían que aquello era «La ilaha illallah» y que esto producía una revolución de tal naturaleza en la vida humana, y que salían al campo con este llamamiento personas que, únicamente por amor a la verdad, rechazaban todas las comodidades y oportunidades mundanas y sacrificaban sus vidas, bienes e hijos, entonces se les abrían los ojos y comenzaban a disiparse las capas que habían cubierto sus corazones. En ese contexto, esta verdad llegaba a su objetivo como una flecha. Esa era la razón por la que todos, salvo quienes habían quedado cegados por el orgullo de su posición personal, la ignorancia de la obediencia ciega a sus antepasados o el encanto de los intereses mundanos, comenzaban a sentirse atraídos por este movimiento. Algunos se sentían atraídos de inmediato, mientras que otros resistían esa atracción durante mucho tiempo. Pero, tarde o temprano, toda persona amante de la verdad y desinteresada tuvo que vincularse con ella.
La extraordinaria influencia del carácter del Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él)
Durante este período, el líder del movimiento, el Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él), hizo claros, mediante su propia vida, los principios fundamentales del movimiento y todos los aspectos por los que este existía. De cada una de sus palabras, cada una de sus acciones y cada una de sus actividades emanaba la verdadera fuerza vital del islam, y la gente comprendía qué era el islam.
Su esposa, la honorable Jadiya (que Allah esté complacido con ella), era la mujer más rica del Hiyaz. El Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) comerciaba con sus bienes. Cuando comenzó el llamamiento al islam, todos sus negocios y actividades comerciales cesaron. Al estar completamente ocupado con su labor de llamamiento y después de convertir a toda Arabia en su enemiga, ya no era posible continuar con el comercio. Durante varios años, ambos cónyuges agotaron en la difusión de este movimiento todo cuanto les quedaba de los días anteriores. Finalmente, la situación llegó al punto de que, cuando fue a Taif, aquel que en otro tiempo había sido el principal comerciante del Hiyaz ni siquiera pudo conseguir un burro para su transporte.
Los coraichitas ofrecieron al noble Profeta (s. a.) el trono del gobierno del Hiyaz. Dijeron: «Te convertiremos en nuestro rey, te casaremos con la muchacha más hermosa de Arabia y pondremos montañas de riquezas a tus pies, con la condición de que abandones este movimiento». Pero aquel que había surgido para la liberación y el bienestar de la humanidad rechazó todas esas propuestas y aceptó soportar insultos y pedradas.
Los coraichitas y los jefes árabes dijeron: «Muhammad (s. a.), ¿cómo podemos acudir a sentarnos contigo y cómo podemos escuchar tus palabras, cuando en tu asamblea siempre se sientan esclavos, indigentes y —Dios nos libre— personas de baja condición? Has reunido a tu alrededor a quienes consideramos de la clase más baja. Apártalos para que podamos reunirnos contigo». Pero aquel que había venido para igualar a los seres humanos, sin distinción entre altos y bajos, se negó a expulsar a los pobres para complacer a los ricos.
Por el bien del movimiento, el Profeta (s. a.) no se preocupó en absoluto por los intereses de su país, pueblo, tribu o familia. Quien creía era de los suyos; quien no creía era ajeno a él. Esto infundió en los habitantes del mundo la firme convicción de que había surgido como ser humano únicamente para el bienestar de la humanidad, y esto mismo atrajo a cada país y pueblo hacia su llamamiento. Si se hubiera preocupado por su familia, ¿qué interés habrían tenido en ello quienes no eran hachemíes? Si hubiera estado ansioso por mantener de algún modo intacta la autoridad dominante de los coraichitas, ¿qué interés habrían tenido los no coraichitas en participar en esta tarea? Si hubiera trabajado por la superioridad de los árabes, ¿qué necesidad habrían tenido Bilal de Abisinia (ra.), Suhaib de Roma (ra.) y Salman de Persia (ra.) de colaborar con él? En realidad, lo que atraía a todos era la pura adoración de Dios y su elevación por encima de los intereses personales, familiares y nacionales. (173)
Referencias
1. Añadido por el autor
2. Tafhim al-Qur’an: volumen 2, Bani Israil, nota 92
3. Tafhim al-Qur’an: volumen 4, Az-Zumar, nota 64
4. Añadido por el autor]
5. Tafhim al-Qur’an: tomo 1, Al-An’am, nota 29
6. Añadido por el autor
7. Tafhim al-Qur’an: tomo 4, Az-Zumar, nota 27
8. Tafhim al-Qur’an: tomo 4, Ash-Shura, nota 38
9. Tafhim al-Qur’an: tomo 2, At-Tawbah, nota 31
10. Añadido por el autor
11. Tafhim al-Qur’an: tomo 3, Al-Qasas, notas 80-85
12. Añadido por el autor
13. Tafhim al-Qur’an: 3.er tomo, Al-Anbiya, nota 5
14. Tafhim al-Qur’an: 3.er tomo, Al-Furqan, notas 14-17
15. Adición del autor
16. Tafhim al-Qur’an: 3.er tomo, Al-Anbiya, nota 10
17. Tafhim al-Qur’an: 5.º tomo, At-Tagabun, notas 11-13
18. Tafhim al-Qur’an: 2.º tomo, Bani Israil, nota 108
19. Tafhim al-Qur’an: 2.º tomo, Yusuf, nota 79
20. Adición del autor
21. Tafhim al-Qur’an: volumen 2, Bani Israil, nota 63
22. Tafhim al-Qur’an: volumen 4, Az-Zujruf, notas 30-32
24. Tafhim al-Qur’an: volumen 4, Al-Mu’min, notas 75-76
25. Tafhim al-Qur’an: volumen 2, An-Nahl, nota 4
26. Tafhim al-Qur’an: volumen 4, Al-Ahqaf, notas 15-16
27. Tafhim al-Qur’an: volumen 3, Ash-Shu’ara, nota 81
28. Tafhim al-Qur’an: volumen 4, Sad, nota 8
29. Adición del autor
30. Tafhim al-Qur’an: tomo 3, Al-Mu’minún, nota 27
31. Tafhim al-Qur’an: tomo 3, Al-Mu’minín, nota 36
32. Tafhim al-Qur’an: tomo 5, At-Tur, nota 22
33. Tafhim al-Qur’an: tomo sexto, At-Takwir, nota 21
34. Tafhim al-Qur’an: tomo 3, Ash-Shu’ara, notas 130-133
35. Tafhim al-Qur’an: tomo 4, Ad-Dujan, nota 12
36. Tafhim al-Qur’an: tomo 2, An-Nahl, nota 70
37. Tafhim al-Qur’an: tomo 3, Al-Qasas, nota 64
38. Añadido por el autor
39. Tafhim al-Qur’an: tomo 3, Al-Furqan, nota 18
40. Tafhim al-Qur’an: tomo 4, Saba, notas 66-67
41. Tafhim al-Qur’an: tomo 3, Saba, notas 66-67
42. Tafhim al-Qur’an: tomo 6, Al-Qalam, notas 2-4
43. Tafhim al-Qur’an: tomo 2, Al-A’raf, nota 143
44. Tafhim al-Qur’an: tomo 3, Ash-Shu’ara, nota 142
45. Tafhim al-Qur’an: tomo 3, Ash-Shu’ara, nota 143
46. Tafhim al-Qur’an: tomo 3, Ash-Shu’ara, nota 144
47. Tafhim al-Qur’an: tomo 5, At-Tur, nota 25
48. Tafhim al-Qur’an: tomo 2, Bani Isra’il, nota 54
49. Tafhim al-Qur’an: tomo 5, Qaf, nota 5
50. Tafhim al-Qur’an: tomo 3, Al-Furqan, nota 55
51. Tafhim al-Qur’an: tomo 2, Bani Isra’il, nota 106
52. Tafhim al-Qur’an: tomo 3, Al-Ankabut, nota 91
53. Tafhim al-Qur’an: tomo 6, Al-Muddaththir, nota 39
54. Tafhim al-Qur’an: volumen 1, Al-An‘am, nota 5-7
55. Tafhim al-Qur’an: volumen 1, Al-An‘am, nota 26-27
56. Tafhim al-Qur’an: volumen 2, Ar-Ra‘d, nota 47
57. Tafhim al-Qur’an: volumen 3, Al-‘Ankabut, nota 88
58. Tafhim al-Qur’an: volumen 2, Yunus, nota 21
59. Tafhim al-Qur’an: volumen 3, Al-Qasas, nota 109
60. Añadido por el autor
61. Tafhim al-Qur’an: volumen 4, As-Sajdah, nota 1
62. Tafhim al-Corán: 4.º tomo, As-Sajda, nota 2-4
63. Tafhim al-Corán: 2.º tomo, Yunus, nota 45
64. Tafhim al-Corán: 2.º tomo, Bani Israil, nota 105
65. Tafhim al-Corán: 2.º tomo, Hud, nota 14
67. Tafhim al-Corán: 2.º tomo, Yunus, nota 46
68. Tafhim al-Corán: 3.º tomo, Al-Furqán, notas 44-46
69. Tafhim al-Corán: 2.º tomo, An-Nahl, notas 102-106
70. Tafhim al-Corán: 3.º tomo, Al-Furqán, nota 12
71. Tafhim al-Qur’an: volumen 4, Hamim Sajda, nota 54
72. Tafhim al-Qur’an: volumen 4, Hamim Sajda, nota 1
73. Añadido por el autor
74. Añadido por el autor
75. Tafhim al-Qur’an: volumen 4, Yathiya, nota 44
76. Tafhim al-Qur’an: volumen 4, Yathiya, nota 34
77. Tafhim al-Qur’an: volumen 2, Ra’d; nota 12
78. Tafhim al-Qur’an: volumen 4, Saba, nota 10
79. Tafhim al-Qur’an: volumen sexto, An-Nazi’at, nota 4
80. Tafhim al-Qur’an: volumen cuarto, Ya-Sin, notas 64-67
81. Tafhim al-Qur’an: volumen segundo, Bani Isra’il, nota 56
82. Tafhim al-Qur’an: volumen segundo, Al-Hayy, notas 5-6
83. Tafhim al-Qur’an: volumen cuarto, As-Sajdah, notas 20-21
84. Tafhim al-Qur’an: volumen cuarto, As-Saffat, notas 8-9
85. Tafhim al-Qur’an: volumen cuarto, Al-Mu’min, nota 79
86. Tafhim al-Qur’an: volumen sexto, An-Nazi’at, nota 14
87. Tafhim al-Qur’an: tomo 4, As-Saffat, notas 8-12
88. Tafhim al-Qur’an: tomo 6, Al-Ghashiya, nota 7
89. Tafhim al-Qur’an: tomo 5, Qaf, nota 4
90. Tafhim al-Qur’an: tomo 5, Qaf, nota 4
91. Tafhim al-Qur’an: tomo 5, Qaf, nota 4
92. Tafhim al-Qur’an: tomo 5, Qaf, nota 18
93. Adición del autor de la obra
94. Tafhim al-Qur’an: tomo 6, Al-Qiyama, nota 24
95. Tafhimul Corán: sexto tomo, Qiyamah, nota 2
96. Tafhimul Corán: cuarto tomo, Sad, notas 29-30
97. Tafhimul Corán: quinto tomo, Taghabun, notas 15-17
98. Tafhimul Corán: cuarto tomo, Dukhan, notas 31-32
99. Tafhimul Corán: cuarto tomo, Jathiyah, notas 27-28
100. Tafhimul Corán: cuarto tomo, Jathiyah, nota 33
101. Tafhimul Corán: sexto tomo, Qalam, notas 19-23
102. Tafhimul Corán: sexto tomo, Takwir, nota 9
103. Adición del autor
104. Tafhimul Corán: tomo 6, Qiyamah, nota 3-5
105. Tafhimul Corán: tomo 6, Qiyamah, nota 15
106. Tafhimul Corán: tomo 6, Dahar, nota 21
107. Tafhimul Corán: tomo 6, Takasur, nota 1-3
108. Tafhimul Corán: tomo 6, Mutaffifín, nota 1
109. Tafhimul Corán: tomo 6, Fajr, nota 11-14
110. Tafhimul Corán: tomo 6, Maún, nota 7
111. Tafhim al-Qur’an: tomo 6, Al-Mulk, nota 4
112. Tafhim al-Qur’an: tomo 6, Ad-Dahr, notas 3-5
113. Tafhim al-Qur’an: tomo 4, Az-Zumar, nota 45
114. Tafhim al-Qur’an: tomo 4, Al-Mu’min, nota 28
115. Adición del autor
116. Tafhim al-Qur’an: tomo 5, Qaf, nota 21
117. Tafhim al-Qur’an: tomo 6, Al-Infitar, nota 7
118. Tafhim al-Qur’an: tomo 6, Az-Zilzal, notas 2-4
119. Tafhim al-Qur’an: 3.er volumen, Al-Kahf, nota 46
120. Tafhim al-Qur’an: 5.º volumen, Al-Qamar, nota 28
121. Tafhim al-Qur’an: 5.º volumen, Al-Mujadalah, nota 17
122. Tafhim al-Qur’an: 4.º volumen, Ya-Sin, nota 55
123. Tafhim al-Qur’an: 4.º volumen, Ya-Sin, nota 55
124. Tafhim al-Qur’an: 4.º volumen, Ha-Mim Sajdah, nota 25
125. Tafhim al-Qur’an: 4.º volumen, Ya-Sin, nota 9
126. Tafhim al-Qur’an: 4.º volumen, Al-Yathiyah, nota 42
127. Tafhim al-Qur’an: tomo 4, az-Zumar, nota 80
128. Tafhim al-Qur’an: tomo 6, al-Adiyat, nota 8
129. Tafhim al-Qur’an: tomo 6, at-Tariq, notas 5-7
130. . Tafhim al-Qur’an: tomo 6, at-Tariq, notas 5-7
131 Tafhim al-Qur’an: tomo 6, al-Qiyamah, notas 9-10
132. Tafhim al-Qur’an: tomo 6, al-Qiyamah, nota 20
133. Tafhim al-Qur’an: tomo 6, al-Fajr, nota 17
134. Tafhim al-Qur’an: tomo 6, al-Infitar, nota 3
135. Tafhim al-Qur’an: tomo 6, Az-Zilzal, notas 5-7
136. Tafhim al-Qur’an: tomo 4, Fatir, notas 39-40
137. Tafhim al-Qur’an: tomo 6, Abasa, nota 22
138. Tafhim al-Qur’an: tomo 6, Al-Ma‘arij, nota 11
139. Tafhim al-Qur’an: tomo 4, Al-Mu’min, notas 31-32
140. Tafhim al-Qur’an: tomo 6, An-Naba’, notas 23-24
141. Adición del autor
142. Adición del autor
143. Tafhim al-Qur’an: tomo 6, ash-Shams, notas 4-6
144. Añadido por el autor
145. Tafhim al-Qur’an: tomo 6, al-Balad, notas 9-10
146. Tafhim al-Qur’an: tomo 6, at-Tin, notas 2-4
147. Añadido por el autor
148. Añadido por el autor
149. Tafhim al-Qur’an: tomo 5, al-Hujurat, nota 28
150. Tafhim al-Qur’an: tomo 3, ar-Rum, nota 18
151. Tafhim al-Qur’an: tomo 3, Hajj, nota 132
152. Tafhim al-Qur’an: tomo 3, Qasas, nota 73
153. Adición del autor
154. Tafhim al-Qur’an: tomo 6, Lahab, introducción
155. Tafhim al-Qur’an: tomo 5, Hujurat, nota 18
156. Tafhim al-Qur’an: tomo 6, Balad, nota 14
157. Tafhim al-Qur’an: tomo 5, Hujuratak, nota 26
158. Adición del autor
159. Tafhim al-Qur’an: volumen 4, Ha-Mim as-Sajdah, nota 136
160. Tafhim al-Qur’an: volumen 1, Al-Báqara, nota 144
161. Tafhim al-Qur’an: volumen 1, Al Imrán, nota 88
162. Tafhim al-Qur’an: volumen 2, At-Tawba, nota 80
163. Tafhim al-Qur’an: volumen 3, Al-Ankabut, notas 94-99
164. Tafhim al-Qur’an: volumen 2, At-Tawba, nota 18
165. Tafhim al-Qur’an: volumen 5, Al-Mujádala, nota 37
166. Tafhim al-Qur’an: volumen 3, Al-Ankabut, notas 17-18
167. Tafhim al-Qur’an: volumen 3, Al-Ankabut, nota 17-18
168. Tafhim al-Qur’an: volumen 2, At-Tawbah, nota 111
169. Tafhim al-Qur’an: volumen 5, Al-Mumtahanah, nota 13
170. Extraído de «El Estado islámico»: páginas 159-176
171. Añadido por el autor
172. Añadido por el autor
173. Extraído de «El camino de la revolución islámica»